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Title: La nao Santa María: memória de la Comisión arqueológica ejecutiva, 1892
Author: Spain. Comisión arqueológica ejecutiva
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "La nao Santa María: memória de la Comisión arqueológica ejecutiva, 1892" ***

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[Illustration: La Nao "Sta María" en 1892]



LA NAO SANTA MARÍA

[Illustration]

MEMORIA

DE LA

COMISIÓN ARQUELÓGICA EJECUTIVA

1892

DIBUJOS DE R. MONLEÓN

LA NAO SANTA MARÍA

CAPITANA DE CRISTÓBAL COLÓN

EN EL DESCUBRIMIENTO DE LAS INDIAS OCCIDENTALES

RECONSTITUÍDA

POR INICIATIVA DEL MINISTERIO DE MARINA

Y LEY VOTADA EN CORTES

EN EL ARSENAL DE LA CARRACA

PARA SOLEMNIDAD DEL CENTENARIO CUARTO DEL SUCESO

[Illustration: EXCMO. SR. D. JOSÉ M. DE BERÁNGER MINISTRO DE MARINA EN
AGOSTO DE 1892]



ÍNDICE

    * Exposición histórica
    * Interrogatorio formulado por el Excmo. Sr. D. Casimiro Bona,
        Inspector general de Ingenieros de la Armada,
        antes de proceder à los cálculos de la Nao «Santa María»
    * Respuesta dada por los Sres. Fernández Duro y Monleón.
    * Cuadro de las dimensiones principales de la nao «Santa María»
    * Nombre genérico de la embarcación
    * Primera navegación de la nao «Santa María»
    * Buques que concurrieron á la fiesta naval del 3 de agosto de 1892
    * Armamento de las carabelas de Colón
    * Tripulación de la nao «Santa María» y de las carabelas «Pinta» y «Niña»
    * Instrumentos de que se sirvió Colón en sus viajes
    * La vida en las carabelas de Colón
    * Banderas
    * Cámaras y alojamientos
    * Camas
    * Matalotaje
    * Fogón
    * Beques
    * Luces
    * Bombas
    * X Disposición del ánima
    * Trajes
    * Índice

COLOCACIÓN DE LAS LAMINAS

    * Excmo. Sr. D. José María de Beránger,
        Ministro de Marina en Agosto de 1892.
    * La Nao Santa María en 1892 por la aleta de babor.
    * La Nao Santa María en 1892 de través.
    * Fiesta naval celebrada fuera de la barra de Sáltes
        el 3 de Agosto de 1892.
    * Planos.



Las Carabelas DE COLÓN

[Illustration: Las Carabelas DE COLÓN]

Tantos, tan variados y tan erróneos á veces han sido los conceptos en la
mayoría de los que se han ocupado de Cristóbal Colón y de su famoso
descubrimiento, respecto á las _naos y carabelas_ en el siglo XV usadas,
que más bien que ilustrar han extraviado la opinión, no ya solamente
entre la masa indocta sino entre gentes que pasa por instruídas,
produciendo confusión inextricable. Algunos modernos escritores han
procurado, sin embargo, indicar camino racional á las ideas y llegar por
medio de la inducción y la deducción de documentos auténticos, á unos
tipos de embarcaciones por lo menos verosímiles, porque no parecen tales
las que los antiguos fantasistas describieron.

Figura en primer término entre estos autores, el Capitán de navío de
Académico de la Historia D. Cesáreo Fernández Duro, que ya por los años
1875 y 76 hizo estudio especial del asunto publicándolo en el _Museo
Español de Antigüedades_ y en las _Disquisiciones náuticas_. Siguióle el
inteligente restaurador del Museo naval D. Rafael Monleón, tratándolo
en su curiosísima obra de _Arquitectura naval_ (todavía inédita), y
dibujando, con planos aclaratorios, tipos de aquella edad, así como
también de las anteriores y las sucesivas; pero estos trabajos no
lograron notoriedad, por su índole poco simpática á la generalidad de
los lectores.

Al aproximarse el centenario cuarto de la invención del Nuevo Mundo, con
la idea sin contradicción aceptada, de solemnizar tan grande
acontecimiento, despertóse la curiosidad ansiando conocer de una manera
cierta, no tan sólo el génesis de la idea y las circunstancias de su
realización, sino los pormenores todos; las figuras que intervinieron,
sus caracteres, costumbres, recursos y medios, á tiempo que finaba la
ruda edad media iniciándose la moderna con los altares de un
renacimiento en todas las manifestaciones de las artes. Ofrecióse
naturalmente a la inteligencia entre tantos incentivos de investigación,
el de los bajeles con que quedó rota la barrera temerosa del Océano,
vehículos en que el insigne almirante y la gente española llevaban la
Cruz civilizadora y habían de traer el conocimiento de un Hemisferio ya
ligado al viejo; vehículos por muchos considerados _malas barcas
desprovistas de cubierta_; por no pocos estimados como _Fustas_
incapaces casi de navegar, y por los más y más entendidos, embarcaciones
pequeñas y toscas de estrafalaria forma, lanzadas á merced de las olas
con insuficientes medios de propulsión y de gobierno.

Por todas partes se significó la conveniencia de aclarar preferentemente
este punto escudriñando cuál fuera el porte y condición de aquellas
naves, más que la de Jasón famosa, por la empresa magna. En Alemania, en
Italia, en Portugal, en América, buscaron la resolución del problema
eruditos marinos y avezados arqueólogos[1]; aquí la proseguían los
mencionados señores Fernández Duro y Monleón, descubriendo el primero
nuevos y curiosos documentos ocultos en los archivos; interpretando el
segundo con el lápiz las fórmulas dudosas, y sometiendo á pública
decisión los resultados en la _Revista general de Marina_[2].

[Nota 1: En los Estados Unidos de América el Capitán Fox; en Italia
el Capitán E. A. D'Albertis; en Portugal el Teniente López de Mendoza;
en Austria el Director de la Escuela naval de Lusimpíccolo Sr. Gelcich,
han hecho interesantes estudios.]

[Nota 2: Dos opúsculos acompañados de importantes ilustraciones,
publicó el Sr. Monleón después de aparecer en la mencionada revista en
Mayo y en Noviembre de 1891. Posteriormente condensó estos trabajos en
la revista titulada _El Centenario_.]

Así las cosas, pensó el Gobierno de S. M. que á España, por sus
gloriosas tradiciones y por la incomparable hazaña con su bandera
realizada, más que á otra nación correspondía satisfacer el deseo de
todas, contribuyendo el Ministerio de Marina á la solemne fiesta
universal del Centenario con la reconstitución de una nao del siglo xv,
que tan fiel y exactamente cuanto quepa, remede á la inolvidable _Santa
María_, capitana del atrevido navegante é insigne descubridor del Nuevo
Mundo; ejemplar tangible de la arquitectura náutica de su tiempo y
muestra de los elementos que al espíritu de nuestros pasados sirvieron
para explorar y dar á conocer la figura juntamente con las dimensiones
del orbe.

Creó al efecto el referido Ministerio, de orden de S. M., una Junta
presidida por el General de ingenieros de la Armada D. Casimiro Bona y
compuesta del Capitán de navío D. Cesáreo Fernández Duro, del artista D.
Rafael Monleón, anteriormente mencionados, actuando como secretario el
Capitán de fragata D. Emilio Ruiz del Árbol, que lo era de la Secretaría
militar del mismo Ministerio, y por garantía de acierto en cuestiones
ajenas al tecnicismo, pidió á la Academia de la Historia el concurso de
dos de sus miembros en el estudio, siendo designados los Sres. D.
Aureliano Fernández-Guerra y D. Juan de Dios de la Rada y Delgado.

Á esta Junta presentó el Sr. Monleón como ponente, los planos, modelos y
memoria[3] que por preliminares había formado y que en principio se
aceptaron sin perjuicio de discutir las cuestiones obscuras ó difíciles,
de las cuales el Sr. General presidente formuló interrogatorio. En
sucesivas sesiones se fueron determinando las dimensiones principales
del vaso y su relación íntima, con arreglo á las prácticas y
proporciones de que existe noticia escrita; el porte ó tonelaje, el
carácter de las líneas determinantes, el repartimiento interior, hasta
el mueblaje que debería llevar, y tomando á su cargo el Sr. Bona los
cálculos de estabilidad, con los demás de construcción, arboladura y
superficie de velamen, por escrupulosidad hubo de repetirlos y rehacer
los reformados supliendo con su inteligencia y por tanteos trabajosos la
falta de datos seguros.

[Nota 3: Titúlase _Restauración hipotética de las carabelas de
Cristóbal Colón_ por D. Rafael Monleón. Madrid. Imprenta de Infantería
de Marina, 1891, 8.º, 22 págs. Siendo destinada al estudio de la Junta
se tiraron pocos ejemplares.]

El Sr. Ministro de Marina acogió benévolamente la memoria razonada y
planos de la Junta, dándose por satisfecho de sus trabajos; ordenó
separadamente los de formación de presupuesto de obras en el concepto de
facilitar los arsenales del Estado el material que no tuviera aplicación
directa á los buques de moderna construcción y de que la Junta directiva
del Centenario facilitaría los fondos indispensables para el pago de
otros accesorios y pertrechos que no hubiera en almacén. Formulando el
plan completo en proyecto de ley, obtuvo aprobación de los cuerpos
colegisladores.

El plazo apremiaba porque iba consumiéndose en estos trámites el mes de
Abril y aunque para lo esencial bastaran las investigaciones hechas por
la referida y ya disuelta Junta, muchos puntos difíciles de llevar á la
práctica se ofrecían, necesitándose á la vez dirección facultativa,
inspección artística y consulta arqueológica que coadyuvaran á la obra
material de reconstitución.

Á este efecto fué creada en Real orden que expidió el dicho Ministro de
Marina, Excelentísimo Sr. D. José María de Beránger el 21 del mismo mes,
una Comisión ejecutiva, encomendándola la realización del proyecto, en
unión de un ingeniero naval, con atribuciones bastantes para aclarar y
resolver desde luego cuantas dudas ó dificultades ocurrieran, así como
también para invertir la cantidad entregada por la Junta directiva del
Centenario con la justificación reglamentaria. Compusiéronla, el Capitán
de navío D. Cesáreo Fernández Duro, Presidente, el Teniente de navío de
1.ª clase y oficial de Secretaría del Ministerio D. Francisco Cardona,
el restaurador del Museo naval D. Rafael Monleón y el Contador de navío
D. Francisco Gómez Súnico, Secretario, y designóse al ingeniero jefe de
2.ª clase D. Leopoldo Puente para dirigir la construcción.

La quilla de la nao _Santa María_ se asentó en grada del Arsenal de la
Carraca el 23 de Abril.

[Illustration]

Salvados los tropiezos que eran de presumir, por el Sr. Cardona, que
desde el comienzo de las obras representaba en el departamento de Cádiz
á la Comisión ejecutiva con suma discreción, apoyado en la buena
voluntad de las autoridades superiores, impulsó los trabajos con rapidez
y acierto. El Sr. Puente identificándose con la idea, comprendiendo
perfectamente la índole de la fábrica especial que se aparta de los
estilos modernos, con elevado criterio ha sabido armonizar las
exigencias profesionales con la necesidad de dar á la construcción el
carácter de las de tiempos remotos, poniendo al servicio de las
prácticas añejas los adelantos novísimos de la ciencia. Tal ha sido su
actividad; tales el entusiasmo y buen ánimo de los maestros y obreros á
sus órdenes en los diferentes talleres del Arsenal, que el 26 de Junio,
á los sesenta y tres días de funcionar las hachas, el casco de la nueva
_Santa María_ se deslizaba sobre las anguilas de la grada hundiendo la
popa en las saladas ondas y flotando gallardamente, saludada por la
concurrencia, con un calado medio de 1 metro 47 que era justamente el
calculado.

Faltaba arborlarla y aparejarla; atender exterior é interiormente al
decorado, armarla con la artillería; concluir el detalle, para lo que
simultáneamente se afanaban los operarios en los obradores; allá
labrando tablas, acá barnizando muebles, aparte cosiendo velas, pintando
escudos, acicalando lanzas, con inusitada amalgama de picapedreros que
hacían balas de mármol, de herreros forjando el fanal de popa, insignia
antigua de almirante; de imagineros sacando del roble ojivas, de
ajustadores puliendo y graduando astrolabio y ballestilla, y á todo
acudían los señores repetidos, Puente, Cardona y Monleón, mientras no
llegó el momento satisfactorio de ver á la nave airosa embanderada en la
bahía de Cádiz, presta para ir á Palos y dar la vela en el momento de
cumplirse el aniversario centésimo cuarto en que la verdadera _Santa
María_ lo hizo.

Es la nueva construcción, según va dicho, reproducción en cuanto cabe
después de cuatro siglos de intervalo, de la nao que gobernaba Cristóbal
Colón en el primer viaje á las ignotas tierras de Occidente, situadas en
el camino de Catay y Cipango, que él buscaba. Las diferencias que en la
moderna puedan observarse; las variantes que por necesidad se han
introducido sin afectar voluntariamente al carácter esencial
arqueológico se explican: primero, por las prácticas en la obra de mano,
por el empleo de los instrumentos del trabajo, por los procedimientos de
la industria, tan distintos ahora á los de la Edad Media, y en segundo
término, porque la rapidez de los trabajos, forzándola lo apremiante del
plazo en que se han ejecutado, no han consentido la inspección minuciosa
ni el cuidado en menudencias de que no se tiene noticia segura.

Mide la nueva _Santa María_[4] de eslora 22,60 metros; de manga 7,80; de
puntal en la maestra 4,10; en la toldilla 8,20; en el castillo 4,90.

Pesa 127,57 toneladas.

[Nota 4: En tiempo de Colón y mucho después se contaba en
construcción naval por codos, equivaliendo la unidad á 2 pies
castellanos ó dos tercias de la vara de Burgos, como después se dijo.
Siendo ásta en relación oficial con el metro equivalente á 0,m 8,359,
para la práctica puede estimarse 1 codo==0,56.]

Economizando en cuanto sea posible la nomenclatura profesional, puede
decirse que es el casco corto, ancho y muy alto, comparado con los que
actualmente navegan. Es muy lleno de fondos, con escasas salidas de
agua, las curvas convexas y completamente plano por debajo. Las
extremidades tienen considerable lanzamiento, siendo bastante henchidas
con el fin de desplazar mucho y soportar el enorme peso de los
_castillos_; en los costados hay algún _pantoque_; la borda es alterosa.
Anchas _cintas_ y _cintones_ corren de popa á proa ligando los miembros
y otros refuerzos exteriores llamados _bulárcamas_ los consolidan en
sentido vertical. La proa es llena y redondeada; la popa completamente
plana y _de escudo_, como antes se decía, con ancha abertura nombrada
_lemera_ por encima del _yugo_ principal, por donde entra la caña del
timón. Otras dos aberturas circulares más reducidas, correspondientes á
las de la proa (_escobenes_), sirven para dar paso á las armarras de
_codera_. El timón, de pala ancha, por ser poca la salida de aguas del
barco según va dicho, y muy reforzado en todas sus partes, funciona con
la caña horizontal desde la batería, debajo de la _tolda_.

No tiene la _Santa María_ más que una cubierta; entre ésta y la bodega
va una serie de _baos al aire_, sobre los que en caso necesario á la
comodidad ó á la carga se sientan tablones formando _falso sollado_. Á
proa está formado el _pañol_ de pertrechos; á popa la despensa. En la
cubierta dan acceso á la bodega dos grandes _escotillas_ y dos
_escotillones_ á los pañoles. Por encima de la cubierta, desde el centro
del barco á popa, corre otra llamada _tolda_ con escotilla y escala de
comunicación entre ambas. Sobre la tolda se levanta la _chupeta_ ó
_chopa_, alojamiento del comandante, y su cubierta se nombra _toldilla_.

Debajo de la tolda queda la cubierta bastante desahogada y en su espacio
resguardado de la intemperie se acomodaban para dormir los oficiales y
marineros, aunque éstos aprovechaban el abrigo del castillo de proa, que
avanza mucho, pareciendo como suspendido sobre el mar.

Constituyen el aparejo propulsor tres _árboles_, _mástiles_ ó palos
verticales, _mayor_, _trinquete_ y _mesana_, con velas redondas ó de
cruz en los dos primeros, á saber: _papahigo_ ó _treo_ con dos _bonetas_
y _gavia_ en el mayor; _trinquete_ solo en el de su nombre. El de popa
tiene _mesana latina_, y además, en el _bauprés_, otro palo inclinado
sobre la proa, se orienta la _cebadera_. Todas estas velas están
guarnecidas á la manera con que antiguamente se manejaban, lo mismo que
los _mástiles_ y _entenas_ ó vergas.

Entre los primeros se asegura el mayor con ocho _obenques_ por banda,
dos _coronas_ y _brandales_ y dos _estais_, _mayor_ y de _galope_. El
trinquete no necesita más de dos aparejos de _estrellera_ por banda y el
_estai_, lo mismo que el mesana, así que no tienen mesa de guarnición
como el mayor, ni _bigotas_, ni _acolladores_[5], por ser éste el mástil
de desempeño y de gobierno los otros.

[Nota 5: Las mesas de guarnición lo mismo que sus cadenotes son
reforzadas; las bigotas tenían figura de almendra, pero por falta de
tiempo se han aprovechado ahora unas circulares que estaban hechas,
estimando de escasa significación la diferencia.]

En las vergas se ha copiado asimismo el _guarnimento_; _drizas_ dobles;
_amantillos_ cuadruplicados, con _motones_; _brazolotes_ y _brazas_,
_troza_ y _racamento_. Las velas no tienen _rizos_; se aumenta la
superficie del _papahigo_ con fajas nombradas _bonetas_ que se cosen á
la _relinga_ inferior por medio de _bazadas_, pasándolas por los
_ollaos_ ú ojetes abiertos en una y otra lona y señalados de diez en
diez con una letra para no dudar en la correspondencia, siendo estas
letras tradiciones A. M. G. P. que quieren decir piadosamente _Ave María
Gratia Plena_[6].

[Nota 6: Á la operación se decía _empalomar_ (empalmar) la boneta.]

La mesana se maneja con _ostas_ en la _pena_, _borriquetes_ en el _car_
y _caza escota_ que sale fuera de la popa; la _cebadera_ corre á lo
largo del _botalón_ y se orienta como las velas cuadras con _brazas_ y
_escotas_.

Sería ocioso explicar el _laboreo_ de los cabos que fácilmente
concebirán los marinos; conviene sí consignar que el aparejo de _La
Santa María_ está inventariado por el mismo Colón al escribir en su
_Diario_[7]: «tornó a ventar muy amoroso e yo llevaba todas mis velas de
la nao, _mayor con dos bonetas, trinquete y vela de gavia y cebadera_, y
el batel por popa».

[Nota 7: El miércoles 24 de Octubre de 1492.]

[Illustration]

La nao nueva dispone, como aquélla, de dos embarcaciones: la primera el
_batel_, lancha grande, que rara vez se metía á bordo por tener de
eslora la longitud que medía la afrizada del castillo y la fuga de la
tolda, es decir, unos quince codos, con siete bancos para remos pareles.
Calculábase que podía cargar su nao en cincuenta barcadas. La segunda
embarcación ó _chalupa_, lancha mejor que bote, de popa ancha y llana,
con cinco bancos para remos pareles, se metía dentro de la nao al salir
de puerto[8].

[Nota 8: Al hacer la maniobra decían los marineros proverbialmente,
«chalupa dentro, amigo fuera».]

Además empachaban la cubierta, el fogón donde se guisaba con leña;
barriles con agua potable, las lombardas, la madera de respeto y los
pertrechos necesarios á mano.

Aunque las antiguas naves se amarraban con cuatro anclas pequeñas de
ocho á doce quintales, habiéndose encontrado enterradas en el arsenal de
la Carraca dos, forjadas cuando menos al fin de siglo XVI y de forma
igual á las del tiempo de Colón[9], no ha tenido dificultad la Comisión
en utilizarlas, aunque excedan en las dimensiones y peso proporcional,
dejándolas en el estado en que parecieron; es decir, conservando el
sello de su antigüedad, si bien poniendo nuevos los cepos de madera que
faltaban; solamente se ha construído de nuevo, con arreglo á los dibujos
y reglas de la época, la _fornaresa_ ó ancla de la esperanza.

[Nota 9: Abona el parecido el ancla partida recientemente hallada en
la isla de Santo Domingo, cerca del fuerte de Navidad, en el sitio en
que la verdadera _Santa María_ naufragó, siendo por tanto admisible que
fuera suya.]

Como armamento ostenta la capitana dos _lombardas_ de recámara cerrada,
en la batería, debajo de la tolda, y seis _falconetes_ en las _regalas_
altas de los castillos. Estas piezas se han construído en los talleres
de artillería del arsenal de la Carraca, bajo la dirección del Teniente
Coronel D. Manuel Ramos Izquierdo, por el mismo procedimiento empleado
en el siglo XV que en otro lugar de esta memoria se explica, resultando
con tal perfección, que á tener la patina de los años, se confundirán
con las antiguas. Tiran _pelotas_ de piedra de dos libras de peso; están
montadas en cureñas marinas, cuyos modelos corpóreos, así como los de
las lombardas y falconetes hizo el Sr. Monleón siguiendo los datos
aludidos.

[Illustration: Bandera que lleva la Nao.]

Para idea de las armas portátiles se han dispuesto en la Cámara y en la
batería panoplias compuestas de corazas, capacetes, espadas, lanzas,
picas, hachas de armas y de abordaje, adargas, ballestas, bolsas con
virotes, obras de balas, frascos de pólvora y espingardas. No hay
constancia del número de cada una, mas sí de que de todas ellas iban
provistos los tripulantes de las naves de Colón, y no habían de carecer
de la garantía que por entonces constituían, los caballeros y escuderos
de la expedición. Los trajes están bosquejados en dos acuarelas, obra
del Sr. Monleón, que ha tenido á la vista no solamente tipos de pilotos,
grumetes y otros hombres de mar, sino también de la gente de armas de
las mesnadas y acostamientos con sus bizarros arreos[10].

[Nota 10: Las acuarelas de figurines, puestas en cuadros, van en la
nao al lado de las panoplias.]

En punto al decorado de bajel débese también advertir que alguna
alteración se ha introducido teniendo en cuenta la ocasión fastuosa en
que hace papel _La Santa_ _María_. Eran los mareantes de su siglo, en
general, parcos en los accesorios de adorno y pintura. Preservaban las
maderas de resalte tales como _cintas_, _boceles_, _bulárcanas_, con
barniz de brea ó grasa de ballena; las partes de menos roce embijaban
con _almazarrón_ (ocre rojo), negro humo ú otro color natural poco
definido. Los fondos se ensebaban, reponiendo con frecuencia la capa,
para lo cual _ponían á monte_ los vasos; es decir, los varaban en
cualquiera playa á propósito[11].

[Nota 11: Por dos veces lo hizo Colón con las carabelas en el primer
viaje: una en el puerto de Mares de la Isla de Cuba, que él nombró Juana
y otra en la Isla Española, donde mandó calafatear las costuras para el
regreso. Véanse en su Diario, los días 5 y 6 de Noviembre de 1492 y los
7 y 14 de Enero de 1493.]

La Comisión ejecutiva, no obstante, ha estimado oportuno decorar la popa
con adornos de la época, de poco realce, formando doselete donde se
resguarda la imagen de la Virgen nuestra Señora, como era costumbre
poner en las naves de cierta importancia ó que se construían con fin
determinado desde los tiempos de D. Alfonso el sabio[12], y para el
_engalanado_ ha preferido á la _pavesada_ sencilla de lienzo rojo y
blanco, la de los paveses pintados con las armas y blasones de Castilla,
León, Aragón y Sicilia, más propios y usados en los navíos de guerra.
Campean también estos blasones en las banderolas de la _regala_, además
de la Cruz Verde, enseña la empresa del descubrimiento, en el palo
trinquete, dominando á todas, en el tope mayor el estandarte de Castilla
cuartelado de rojo y blanco con castillos de oro y leones de gules.
Ondea aún en la arboladura el escudo de los monarcas católicos cobijado
por el águila del Evangelista San Juan, tal cual se conserva en el
monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo, así como en las monedas
de oro llamadas _excelentes_, y en la entena de mesana la gran flámula
tradicional de las armadas de Castilla[13].

[Nota 12: Véase el Códice de las Cantigas.]

[Nota 13: Además de estas banderas, lleva la nao en la cofa un
gallardete rojo con las armas completas de España, las de los Reyes
Católicos con el lema «Tanto monta» y un crucifijo todo pintado, según
era práctica constante, y en el tope del trinquete otro gallardete
blanco con la cruz verde de la Empresa.--_Todas están representadas en
la viñeta ut supra._]

Expuesto queda que no había en la nao más alojamiento cerrado que la
_chupeta_: de presumir es, dada la elevación del cargo que Colón tenía,
que allí se albergara él solo. La ha dotado por tanto la Comisión de los
muebles estrictamente necesarios, teniendo á la vista las indicaciones
de su Diario. Cama con _traspontin_ y _arambel_ encarnado; armario donde
guardar ropa, planos y libros; un sitial, dos sillas y una mesa donde
pudieran comer dos personas: todos estos objetos son del gusto gótico
dominante entonces. Se completa el mueblaje y adorno con una imagen de
la Virgen, _Maris Stella_, de que eran devotos los mareantes, y ante la
que cantaban la _Salve_ todos los sábados.

La _bitácora_, el _cuadrante_, la _ballestilla_ se han construído
cuidadosamente por modelos de la época, como asimismo el farol insignia
de popa, en su totalidad de hierro forjado[14]. Con la misma fidelidad
se ha procurado reproducir el _guión_, emblema del poder real conferido
á Colón como Almirante, simulacro preciado que tuvo en la mano al pisar
la tierra descubierta y tomar su posesión. Este pendón se colocaba á
bordo en los momentos solemnes á estribor, ó sea á la derecha, saliendo,
de la puerta de la cámara; seguía al Almirante en funciones de mando,
llevándolo un alférez, y era insignia ante la cual todas las otras se
abatían. Empuñábanle los propietarios en momentos supremos de peligro ó
de victoria. Según los ejemplares existentes en la Armería Real, es de
damasco carmesí, bordado y recamado de oro, mostrando en una cara la
imagen de Jesús crucificado y la de la Virgen María en la otra.
Adórnanlo cordones y borlas de seda y oro.

[Nota 14: Véanse los planos que representan estos objetos.]

[Illustration: De la carta de Juan de la Cosa.]

Mil otros detalles curiosos, la figura de los _motones_, la situación de
los _guindastes_, la disposición en que se guardaban la pólvora, balas,
víveres, agua, ha sido preciso estudiar y merecerían indicaciones si con
ella no se alargara demasiado esta reseña. Basta saber que si todo no se
ha trasuntado con escrupulosidad absoluta; si alguna cosa no corresponde
exactamente en forma y posición á la que quiere representar, débese á
que no siempre es realizable el deseo, máxime habiendo de luchar con
escasez de tiempo, con falta de ciertos materiales y con ausencia de
enseñanzas. No ha sido pequeña la dificultad de convencer al obrero de
que había de entregar tosca la obra encomendada á sus manos.

Resulta pues la nueva nao, algo más cargada de madera, más sólida y con
más esmero de ejecución, sin duda, que la original, pues aun siendo ésta
de las mejores de su tiempo, no tendría de seguro, forradas las bandas,
sino los _barraganetes_ al descubierto como lo están las _cuadernas_ en
el interior; las _bordas_ ó _amuradas_ habían de ser más bajas,
particularmente en los castillos; las _regalas_, sencillas, sin _tapas_
verticales; los _cintones_ en cambio más robustos y salientes, y con
clavos defensivos de gruesas cabezas. La jarcia, aunque de buen cáñamo
de Calatayud no era tampoco tan torcida, ni los palos tan tersos, en una
palabra; si bien entendido y apropiado á las necesidades y conocimientos
de relación de la época, era todo en el siglo XV más rudo, menos
perfilado, como productos de combinaciones inimitables.

Para justificación de los acuerdos y decisiones de la Junta consultiva
que primeramente procuró interpretar el pensamiento del Gobierno de S.
M., y de los actos de la Comisión ejecutiva que después se ha afanado
por realizarlo, se hace relación siquiera concisa, de documentos que han
servido de guía á los estudios hasta encontrar fundamento á las
resoluciones.

[Illustration: De la primera carta de la Isla Española atribuida á D.
Fernando Colón.]

Componen la primera serie las cartas de marear españolas, anteriores y
posteriores á Colón (de que hay buen número), en las cuales están
diseñados por mano pericial, los navíos, las banderas, los escudos,
rosas náuticas y otros instrumentos. Entre ellas las hay de excepcional
testimonio; ejemplo la de Juan de la Cosa, maestre y piloto de Colón en
los dos primeros viajes y justamente propietario de la genuina nao
_Santa María_.

Trazó esta carta ó mapamundi en el Puerto de Santa María el año 1500;
ahora se custodia en el Museo naval por monumento geográfico. Al
delinear por vez primera la costa de la Tierra firme, pintó sobre ellas
dos naos fondeadas con el estandarte de Castilla en el palo mayor,
plantándolo asimismo en los diversos puntos de la costa é islas de que
se habían tomado posesión. Sobre la costa de África dibujó otras naos y
carabelas con la bandera de Portugal, distinguiéndose á primera vista
las condiciones y forma de las _redondas_ y las _latinas_.

Otra carta, la primera también que se hizo de la Isla Española, posee la
biblioteca colombina de Sevilla. Abrígase allí la creencia de que sea
obra del grande Almirante, pero es más probable que la delineara su
hijo D. Fernando Colón, al cual perteneció. Como quiera que sea, muestra
pintadas en dos lugares distintos tres naves navegando en conserva; dos
de ellas con aparejo redondo y la tercera latino. Si no quieren
representar ó copiar las famosas embarcaciones que hicieron el
descubrimiento, como parece presumible, hay seguridad al menos de que
muestran los tipos de la época y se nota completa conformidad esencial
entre ellas y las de Juan de la Cosa.

[Illustration: Del libro del consulado, tratado de los hechos maritimos,
etc. (Barcelona, 1502).]

La epístola en que noticiaba Colón á Gabriel Sánchez el hallazgo de las
islas oceánicas, se imprimió en Roma en 1493 con grabados de naves un
tanto convencionales, mas no despreciables bajo muchos puntos de vista.
Como ellas hay bastantes en libros del tiempo, y las tienen más
estimadas dos relativos al arte de navegar impresos en el siglo XVI,
siendo preferentemente de citar los _Regimientos_ del maestro Pedro de
Medina, estampados en Sevilla, y el _Consulado de mar_, dado á luz en
Barcelona en 1502. De este género de grabados y dibujos ha reunido el
Sr. Fernández Duro varios, en colección especial náutica muy rara y
útil, porque con la comparación de los diseños, con la evidencia de
pormenores, acaso desproporcionados en ocasiones, pero que por lo mismo
acusan la certeza, como de objetos que despertaron poderosamente la
atención de los artistas copiantes, llega á conocerse la imagen
completa, tomando de los unos la forma perfectamente acusada de los
castillos en popa y proa, en otros las _bularcamas_, los _cintones_, los
_boceles_; en tal las _mesas de guarnición_; y las _bigotas_ en cual la
_lemera_ del timón y sus herrajes; en éste las _gatas_ ó _cofas_ con
minuciosidad de palos y vergas; en aquél la maniobra de las velas, con
sus bonetas; por fin, cualquier pormenor que bien se busca; trajes,
paveses, anclas, estandartes, flámulas con sus cordones y borlas
vistosas.

Todavía mejor se aprecian determinados detalles en la pintura y en la
escultura siendo de enumerar entre las obras que la Comisión ha visto,
un cuadro existente en la sacristía de la iglesia de Zumaya, porque
representa combate naval entre naos castellanas y portuguesas firmado,
el año 1495, y los bellísimos relieves de la parroquia de San Nicolás de
Burgos, en que con delicadeza incomparable se han esculpido naos
azotadas por la tempestad, partidas las jarcias, deshechas las velas,
atribulada la gente en espera de inmediato siniestro[15].

[Nota 15: Al pie del retablo, obra maravillosa de piedra, hay
inscripción sepulcral en que se lee que el noble caballero Gonzalo López
Polanco, á cuya costa se hizo, falleció el año MDIII. Corresponde pues
de lleno á la época de _La Santa María_.]

[Illustration: De la carta dibujada por Gracioso Benincasa (Ancoma
1482).]

Tan detenido como el examen gráfico ha sido el de los primitivos
tratados y disciplinas de fábrica de naos en que se manifiestan las
proporciones del vaso y de la arboladura, labra de los miembros, su
enlace, materiales, clavazón, dando lugar preferente á las obras de
Diego García de Palacio y de Juan Escalante de Mendoza entre todas las
publicadas ó inéditas que ha dado á conocer el Sr. Fernández Duro en sus
_Disquisiciones náuticas_.

Lo concerniente á pertrechos, armamento y efectos varios han esclarecido
relaciones de viajes regios y de jornadas militares, reunidas por el
mismo académico, en junto con inventarios en que se expresa el parte de
naos, su artillería, tripulación sueldos, raciones, ordenanzas, deberes
y atribuciones.

[Illustration: De grabados del siglo XV.]

[Illustration: Parte del cuadro existente en la iglesia de San Pedro de
la Villa de Zumaya, que representa un combate naval, pintado en 1495.]

Falta no obstante lo principal, lo que ni la diligencia ni la voluntad
conseguirán de modo alguno. En las ruinas de los edificios de remota
fecha queda siempre algo que ayuda á formar idea de la fábrica; quedan
cuando menos materiales dispersos con marca de la mano que les dió
forma: de los bajeles, siendo cuanto les constituye perecedero ha
desaparecido con la materia la noción de sus preparaciones. Así entre
los ramos de la Arqueología es el más obscuro y dificultoso el referente
á la náutica.

[Illustration: Alto-relieve de una retablo dedicado á San Nicolás
(patrón de los marineros) existente en la iglesia del mismo santo en
Burgos y labrado desde 1480 á 1503.]

Si considerado todo, no presume la Comisión haber alcanzado el éxito que
anhelaba, puede dar fe del buen deseo con que los individuos componentes
han tratado de reconstruir un tipo aproximado al de la nao gloriosa que
enlazó las dos mitades del universo mundo. Por muestra de los
escudriñado se acompañan algunos de los estudios especiales del señor
Fernández Duro, y de las interpretaciones, difíciles con que el lápiz
del Sr. Monleón ha reanimado el espíritu de artistas de otras edades, y
para demostración de la escrupulosidad con que la Comisión ha procedido
en la adquisición de datos y noticias pertinentes á su objeto, véanse
aquí el interrogatorio completísimo que formuló el Excmo. Sr. Presidente
de la Junta Arqueológica, y las respuestas dadas por el Vocal y ponente
de la misma Sres. Fernández Duro y Monleón, que fueron por todos los
demás señores aprobadas.



_Interrogatorio formulado por el Excmo. Sr. D. Casimiro Bona, Inspector
general de Ingenieros de la Armada antes de proceder á los cálculos de
la nao «Santa María.»_


CASCO

1. Dimensiones principales; eslora, manga, puntal, calados y
desplazamiento ó arqueo de la nave.

2. Formas de las extremidades y parte central.

3. Portas, portillas de luz, escotillas y sus brazolas.

4. Alojamientos y detalles de la distribución interior.

5. Dimensiones y formas de la quilla, el codaste, la roda y los
dormidos.

6. Especie de cuadernas que formaban el costillaje; si sencillas ó
dobles; la clara entre ellas y cómo era el macizado de los fondos.

7. Distribución de las tracas del forro exterior, y cómo estaban
dispuestas las costuras de dicho forro.

8. Cómo estaba dispuesto el forro interior ó si sólo constaba de
palmejares.

9. Disposición de la cubierta y del plano, baos, durmientes,
trancaniles, tapas, entremiches, medios baos, etc. Cómo estaba todo esto
dispuesto y cuáles eran las dimensiones de estas piezas.

10. Gruesos á las líneas y grúa ó anchos de las ligazones; altura de
bragada de las cuadernas, si llevaba sobrequilla y cuáles eran sus
dimensiones.

11. Espesores de los forros, y si llevaba cintas, cuál era su grueso.

12. Si llevaba bulárcamas ó sobreplanes exteriores é interiores, cómo
iban dispuestos y cuáles eran sus dimensiones.

13. Dimensiones del forro ó entablado de las cubiertas, y si las
costuras de estas tenían curvatura horizontal, esto es, si eran de doble
curvatura ó si eran, como ahora, curvas planas paralelas al plano
diametral del buque.

14. Disposición y menas de la clavazón de los forros exterior é
interior, y de las cubiertas.

15. Si llevaba batayolas ó sólo tapas de regala cubriendo las cabezas de
los barraganetes.

16. Si llevaba guindastes, propaos, cornamusas y cabilleros para la
maniobra, y cómo estaban dispuestos.

17. Si llevaba molinete para la maniobra de las anclas y si éstas se
levaban con vivador y mojeles.

18. Si llevaba escobenes, gateras y bitas para los cables y algo que
sustituyese á las mordazas y estopores actuales, así como á los
disparadores para dar fondo.

19. Si las anclas tenían los arganeos, caña, brazos, uñas y cepos como
las ordinarias de ahora.

20. Si llevaba algo que sustituyera á la serviola, y el pescante de
gatilla y á los aparejos de gata y gatilla.

21. De qué manera se varaban y abozaban las anclas durante la
navegación.

22. Cómo estaba dispuesto el lastre y en qué consistía.

23. Qué clase de artillería montaba, cuáles eran las formas, dimensiones
y calibres de las piezas y cómo estaban montadas.

24. Si los cañones iban en portas; si se usaban portillas para dar luz y
ventilación á los alojamientos y si estaban éstas provistas de
arandelas.

25. Cómo estaba dispuesta la aguja de rumbo y si llevaban ballestillas
para las observaciones astronómicas.

26. Qué forma tenían el timón y su caña; si ésta se manejaba
directamente á mano ó por medio de guardines y cómo laboreaban éstos.

27. Si llevaba beques, de qué forma eran éstos y cómo iban instalados.

28. De qué medios de achique disponían para el caso de una vía de agua.

29. Si llevaba portalón en la amurada y escala ó tojinos para subir á la
cubierta alta.

30. Qué clase de embarcaciones menores llevaba; cuáles eran sus
dimensiones y si iban colgadas en pescantes ó montadas sobre calzos en
la cubierta.

31. Si llevaba mesas de guarnición para las jarcias firmes, brazales y
curvas-bandas en el tajamar y pescantes para las amuras de la mayor
trinqueta.

32. Qué clase de muebles y utensilios llevaba, tales como fogón,
literas, colchonetas, coys, sillas, bancos cajonados, envases para
víveres, aguada, etc.

33. Cómo eran los proyectiles; cómo estaban dispuestas las cargas y de
qué modo se hallaban estivadas á bordo.

34. De qué número de hombres constaba la dotación y para cuánto tiempo
llevaban víveres y aguada.


APAREJO

1. Cuántos palos llevaba y si éstos tenían ó no caída hacia popa ó hacia
proa.

2. Si los palos eran enterizos y si en las fogonaduras llevaban capas
para impedir el paso del agua al interior del buque.

3. Si llevaban masteleros para las velas altas ó simplemente galopes ó
prolongaciones de los palos por encima de las encapilladuras de las
jarcias firmes.

4. Cómo estaban encapilladas estas jarcias y si se empleaban bigotas y
acolladores para tesar la obencadura.

5. Si las tablas de jarcia llevaban flechastes y si los obenques
llevaban sotrozos y jaretas para su estrangulación cerca de la
encapilladura.

6. Si los palos llevaban cacholas y baos y crucetas ó cómo estaba
dispuesta esta parte de la arboladura.

7. Si para sujeción transversal de los masteleros se usaban obenquillos
y si para poder tesar éstos sin alabeo de las cofas ó crucetas se usaban
arraigadas cosidas en sus extremidades inferiores á los sotrozos de las
jarcias firmes.

8. Si llevaban burdas, bradales, volantes y estáys.

9. Qué clase de aparejo usaban en cada palo y cómo estaba guarnido.

10. Si las vergas de las redondas llevaban cajeras en los penoles para
los escotines de las velas inmediatamente superiores á ellas.

11. Qué forma era la de estas vergas y cómo iban suspendidas y sujetas á
los palos; esto es, si llevaban drizas con aparejos, coronas, estrobos y
trozas.

12. Si llevaban los amantillos dispuestos de una manera análoga á los de
ahora.

13. Si las entenas de las latinas llevaban ostas volantes encapilladas á
la pena y si el car se maniobraba por los mismos medios que ahora se
usan.

14. Si llevaba verga de cebadera y de sobrecebadera ó cebadera sola y si
ésta iba de firme ó con arritranco ó raca que la permitiera correr á lo
largo del bauprés ó del botalón.

15. Si el botalón llevaba foque.

16. Si las velas cuadras llevaban bolinas y amuras y escotas como
actualmente y si la forma era rectangular ó trapecial.

17. Si estas velas llevaban vainas ó fajas y relingas en el gratil y las
caídas.

18. Si llevaban los envergues y las fajas de rizos dispuestas como ahora
se usan ó si llevaban bonetas.

19. Si los rizos estaban pasados por ollaos ó en otra forma.

20. Si las empuñiduras iban firmes á garruchos cosidos á las relingas, y
si sus vueltas se apoyaban sobre tojinos en las vergas.

21. Si se usaban fajas de rizos.

22. Si se usaban palanquines y chafaldetes para cargar las velas cuadras
y cargaderas para las otras.

23. Si se usaban brioles ó briolines en las redondas y candalizas en las
latinas.

24. Si las velas llevaban los paños dispuestos como ahora, y de qué
ancho eran, y si llevaban batideros y sobresanos para prevenir los
degüellos de las mismas velas.

25. Cómo iban arboladas las banderas y las insignias.

26. Si en los guarnimientos del aparejo se usaban motones y cuadernales
de formas y con gazas semejantes á las actuales, esto es, capuchinos
para los escotines; de canasta para palanquines ó chafaldetes, etc.,
etc.

27. Si el colchado de las jarcias firmes y de labor era como el de
ahora, y si se entrañaban, precintaban ó aforraban las jarcias muertas
del mismo modo que ahora se usa.

28. Si las vergas de las redondas llevaban guardamancebos ó marchapiés y
estribos.

29. Cómo se pasaban las brazas, y si las vergas llevaban brazalotes.

30. Si el bauprés ó botalón llevaba trincas, mostachos y vientos.



_Respuesta dada por los Sres. Fernández Duro y Monleón._


CASCO

1. Reunidas las escasas referencias que se han encontrado acerca de las
naves que condujo Cristóbal Colón y consultadas las obras de
construcción naval más inmediatas á su tiempo, se conjetura que las
dimensiones de _La Santa María_ debían de ser:

Quilla 34-1/2 codos==69 pies de burgos de 0m,28==19m,92.

Eslora en floración á 9 pies.

Eslora en cubierta 42 codos==84 pies.

Manga fuera de miembros y forro 13 codos==26 pies==7m,34.

Puntal 6 codos==12 pies==3m,36.

El puntal se medía desde la cara superior de la sobrequilla á la cara
inferior del tablón central de la cubierta.

Lanzamiento de proa, desde la vertical de la cubierta por el canto
exterior de la roda, 5-1/2 codos==11 pies.

De popa, desde el canto exterior del yugo al pie del codaste 2-1/2
codos==5 pies.

Manga ó anchura del yugo y espejo de popa 8 codos==16 pies.

Rasel de popa alto en el codaste 4-1/2 codos==9 pies.

Rasel de proa, largo desde el canto inferior externo roda 5 codos==10
pies.

Calado medio 4-1/2 codos==9 pies.

Idem máximo 5 codos==10 pies.

Idem mínimo 3 codos==6 pies.

Ofrece sobre el particular un dato importante el Diario de Colón en su
primer viaje, pues dice el 10 de Enero de 1493 que _La Pinta_ entró en
un río cuya barra tenía _dos brazas de agua_; es decir, 12 pies. _La
Santa María_ era de más calado.

El desplazamiento puede calcularse en 200 á 240 toneladas métricas,
porque los más de los autores, singularmente Juan de Escalante afirman
que las naves del Almirante eran poco mayores de 100 toneles y no
llegaban á 200. La indicación, que algunos han creído referente al
arqueo, es con más probabilidad la de la carga que podía llevar la nao,
y en este concepto suponiendo que no excedería la última de 150 toneles
machos ó de Cantabria y que esta cifra compusiera las 0,35 partes del
desplazamiento total; suponiendo también que el peso del casco con
arboladura y aparejo equivaliera á 0,6; que las anclas, pertrechos,
víveres y aguada ascendieran á 0,05, sería:

Desplazamiento==0,35 d + 0,6 d' + 0,5 d" ó sea;

Carga 150 + 257,143 + 21,429==428,572 toneles, y como el tonel macho
equivalía por entonces á 2 pipas de 27-1/2 arrobas, según Escalante,
Palacio y Veitia, ó sea 632 kilogramos por tonelada, resultan 270,858
kilogramos, que divididos por 1.000 de la tonelada métrica actual, dan
un desplazamiento de 271 toneladas aproximadamente.

2. Por los dibujos así como por los tratados de construcción citados se
advierte que eran las extremidades llenas, pero de mucho vacío en la
popa, formada sobre un dormido cuya forma indica el diseño adjunto. La
cuaderna maestra era muy llana desde la flotación hacia abajo y cerraba
un poco de boca. El plan tendría unos 12 pies sin astilla muerta, pues
ésta no se inventó hasta el año de 1601, en los tiempos de innovación de
D. Diego Brochero.

3. No llevaban portas ni portillas de luz más que en la chupeta ó cámara
alta á popa. Las brazolas de las escotillas eran muy bajas, y éstas se
cerraban completamente con cuarteles macizos en malos tiempos.

4. No hay noticia de que hubiera más alojamiento que el de popa, en la
chupeta, y de él se dan pormenores en el estudio especial titulado _la
vida en las carabelas de Colón_, que acompaña á esta memoria.

5. Las dimensiones y formas de las piezas de construcción se especifican
en pliego separado y se trazan en los planos siguientes.

6. Las cuadernas eran sencillas en las naos de poco porte; la clara
próximamente igual al ancho de una de ellas; el macizado se hacía
algunas veces con mampostería para que sirviera de lastre fijo.

7. Se expresa la distribución de tracas en el pliego de dimensiones. Las
costuras eran sencillas y en muchas naves se cubrían con tapa-juntas de
tabla.

8. Hasta el siglo XVII no empezó á ponerse el forro interior: sólo se
usaban los palmejares.

9. Véase el pliego de dimensiones y planos adjuntos.

10. Ídem, ídem.

11. Ídem, ídem.

12. Llevaban bulárcamas y sobreplanes: véanse los planos y el pliego de
dimensiones.

13. No se han encontrado pormenores para contestar con seguridad á esta
pregunta: se supone que las costuras fueran en curva por ser el sistema
primitivo. Las dimensiones van en el pliego de éstas.

14. Juan de Escalante al tratar de la clavazón recomienda la de hierro
de Vizcaya con exclusión de la cabilla de madera que usaban las naciones
del Norte, y añade que la de bronce es la mejor, pero la más cara. Por
ello, sin duda, se empleaba poco. Debe adoptarse para _La Santa María_
la de hierro más sencilla, teniendo en cuenta que su construcción era
ligera y económica.

15. Llevaban tapas de regala muy gruesas formando bordón saliente. En
los castillos de popa y proa se formaba un almenado de tabla para
defensa de los arqueros ó se colgaban los paveses blasonados de los
combatientes, de donde vino luego la pavesada.

16. Llevaban guindaste al pie del palo mayor con su correspondiente
cabillero y cornamusas para afirmar los cabos de maniobra. En el Museo
naval existe un modelo de nave, de autenticidad garantida, con firma del
año 1523 y en él se han estudiado estos y otros muchos detalles que no
es posible apreciar en los dibujos y que por insignificantes omiten los
tratadistas de construcción naval.

17. Llevaban molinete á proa, en el centro ó hacia un costado, con
objeto de dejar en el opuesto mayor espacio á la colocación del batel.
Escalante indica que también se servían en su tiempo de cabrestantes, y
en caso preciso levaban con los aparejos reales.

18. Llevaban en la proa dos escobenes grandes forrados de plomo, con
reborde al exterior, y dos gateras á popa para paso de las coderas. Como
las amarras eran de cables de cáñamo, no necesitaban mordazas ni
estopores. Dábase vuelta á los cables en las bitas ó bitones y se
aseguraban con bozas de piña. Para disparar las anclas no tenían
mecanismo especial: servíanse de un cabo sencillo pasado por el argáneo
y cuyo chicote se arriaba.

19. Eran las áncoras ó anclas muy largas de caña, los brazos delgados,
las uñas triangulares, cepo muy grande, de madera con los cantos
ochavados, zunchos de hierro, ó trincas de cabo. El argáneo circular,
muy grande, forrado con meollar ó tejido de piola para que no se rozara
el cable. Escalante consigna por regla que la nao de 100 toneladas
llevaba anclas de 10 quintales y cables de otros 10. También está
escrito que llevaban las naos dos ó cuatro anclas ordinarias, según su
porte; otra mayor llamada _fornaresa_ y adelante _esperanza_ y un
anclote de _atoar_ ó de espía. Para el batel y chalupa rezones. La
fornaresa debía de tener 16 á 18 quintales de peso, el rezón del batel 6
arrobas y 4 el de la chalupa. Las dos anclas ordinarias iban en la proa;
la fornaresa dentro, en la escotilla, contra el pie de carnero, á punto
de utilizarla en caso de necesidad.

20. No tenían serviolas, pescantes, gatillas, ni nada equivalente para
servicio de las anclas.

21. Las echaban arriba con el penol de la verga de trinquete y las
aseguraban en la regala.

22. Usaban dos clases de lastre; el uno constante y fijo de gruesa
piedra amalgamada con mortero ó argamasa, el otro variable para
sustituir á la carga, que consistía en arena, canto rodado ó grava según
se ofrecía á la mano. También se empleaban lingotes de hierro como
lastre fijo, pero no era tan común como la piedra.

23 y 24. Véase el estudio especial titulado _Armamento de las carabelas
de Colón_, inserto en esta memoria.

25. Véase igualmente el estudio _Instrumentos de que se sirvió Col en
sus viajes_.

26. El timón era recto, de pala ancha que se estrechaba hacia la parte
superior con dos escalones. El grueso era el mismo del codaste en la
parte interior en que iban los machos y ensanchaba en la parte exterior,
teniendo la sección horizontal forma de cuña. Véase la relación de
dimensiones. Se manejaba por medio de caña que encajaba en la cabeza.
Ordinariamente no eran necesarios guardines pero poníanse en caso de mar
gruesa ó vientos recios. Á veces con un sencillo mecanismo se gobernaba
desde la tolda. Véanse los detalles de los planos.

27. Llevaban beques en la proa que consistían en una labia agujereada.
Véase el estudio _La vida en las carabelas_.

28. Tenían bombas de madera. Véase el mismo estudio.

29. No se cuidaban tanto de la comodidad como para tener escalas al
exterior del buque; como era baja la borda se satisfacían con poner los
tojinos necesarios en el costado.

30. Llevaban batel y chalupa. El primero tenía de eslora la medida desde
la fuga de la tolda hasta la afrizada del castillo: la capacidad se
calculaba de modo que en 50 barcadas pudiera cargar la nao; es decir que
á la nave arqueaba 200 toneladas, el batel debía soportar 4. Tenía la
proa llena y fuerte y la proa estrecha. Según esta regla, el batel de
_La Santa María_ debe tener 30 pies de eslora; 9 de manga: 1-1/2 de
puntal; 7 bancos de remos pareles. La chalupa era un tercio menor, la
proa fina; la popa ancha y llana á fin de tender ó levar con ella las
anclas en caso necesario.

31. Las naos del porte de _La Santa María_ sólo llevaban mesas de
guarnición en el palo mayor, apoyándolas sobre las bulárcamas. El
tajamar no tenía brazales ni curvas-bandas ni pescantes de amuras. En
las esculturas de la iglesia de San Nicolás de Burgos están
perfectamente acusados estos detalles.

32. Véase el estudio especial de _La vida en las carabelas_.

33. Véase el estudio sobre _Armamento_.

34. No hay seguridad acerca del número de los tripulantes por
discrepancia de los escritores de la época. Parece lo más admisible que
llevaron un total de 120 las tres carabelas, de ellos 90 hombres de mar.
En _La Santa María_ irían 60 en todos; 10 empleados y 50 tripulantes. Se
ha escrito que llevaban víveres para un año y parece mucho. Colón
únicamente escribió en el Diario que salía de Palos _muy bastecido de
mantenimientos_, comprobándolo el hecho de haber alcanzado el bizcocho,
con otros artículos, para los viajes de ida y vuelta. Puede conjeturarse
que embarcaron víveres para seis meses y agua cuanta cabía en los
toneles y pipas. Véase el estudio especial de la tripulación.


APAREJO

1. Demostrado está por diferentes documentos, incluso el Diario del
Almirante, que las naves de la expedición tenían tres palos principales.
El mayor, en candela ó ligerísimamente inclinado hacia popa, tenía de
altura la longitud de la quilla más el lanzamiento de proa, cuando
menos. Era enterizo, muy grueso y estaba reforzado con reatas de codo en
codo. Á veces era el galope ó mastelerillo de otra pieza empalmado por
el calces con zunchos de hierro ó trincas de cabo. Como único palo de
desempeño y marcha (los otros servían principalmente al gobierno) se
aseguraba y reforzaba con cuidado. El de _La Santa María_ tendría 2 á
2-1/2 pies de diámetro en la fogonadura y 1 á 1-1/2 en la cabeza, por
debajo de la encapilladura.

El trinquete, ligeramente inclinado hacia proa medía próximamente la
mitad de la longitud total del mayor y un tercio menos grueso, no
llevando galope á veces no bajaba hasta la quilla, teniendo la carlinga
en la cubierta principal.

El mesana, algo caído hacia atrás era poco menos que el trinquete, con
galope y su carlinga estaba en la tolda.

Á más de estos tres palos verticales llevaba la nao bauprés, un quinto
menor que el mesana en longitud; muy engallado y agudo en la extremidad.

2. Llevaban capas de lona en las fogonaduras para impedir el paso del
agua al interior del buque.

3. Dicho queda que el mastelero formaba cuerpo con el palo
ordinariamente y que por ello debe más bien llamarse galope.

4. Eran las encapilladuras de lo más sencillo y tesábanse los obenques
con bigotes y acolladores. El modelo del Museo naval y las esculturas de
la iglesia de Burgos ofrecen enseñanza de estos particulares así como de
todos los de arboladura, aparejo y maniobra de modo que no es necesario
discurrirlos.

5. Las tablas de jarcia del palo mayor tenían flechastes; en las de
trinquete y mesana no los había porque la sujeción de los palos
consistía en aparejos de estrellera.

6. No tenían cacholas los palos; bastábales un resalte en que se
apoyaban las encapilladuras. En el mayor había gata ó cofa circular en
forma de taza, sostenida en doble cruceta ó sea cuatro baos ó canecillos
con los extremos cruzados y apoyados en el resalte de la cabeza del
palo, pasando por encima la encapilladura, que quedaba cubierta por la
gata. Ésta se formaba con armazón de madera forrada de cuero y pintada;
la circunferencia debía ser igual á la boca de la nao, y desde ella se
arrojaban en combate dardos, venablos y piedra. En ella se recogía la
vela de gavia.

7. Por innecesarios no se usaban obenquillos, ni por tanto arraigadas.

8. Se aseguraba el palo mayor con 6 á 8 obenques gruesos; dos coronas
con aparejos, dos burdas para el galope y dos estáys.

9. En el palo mayor se largaba una vela cuadra nombrada treo y también
papahigo cuya superficie se aumentaba á voluntad cosiendo por la relinga
inferior una ó dos bonetas. Encima de esta vela iba la gavia, de forma
trapezoidal con caída central igual á la anchura de su gratil, que era
la de la manga del barco y pujamen algo menor que el gratil de la mayor.

En el trinquete iba una vela cuadra equivalente en superficie á la
cuarta parte de la mayor con bonetas; la verga medía 1-1/2 veces la
manga.

La mesana era latina con superficie equivalente á la mitad de la mayor.

En el bauprés se largaba la cebadera, vela cuadra de superficie
equivalente á la mitad del trinquete.

En resumen, se calcula para _La Santa María_, según los adjuntos planos:

    Superficie de la mayor con bonetas      2.496 pies cuadrados.
    ----       del trinquete                1.225
    ----       de la mesana                   945
    ----       de la gavia                    735
                                        ---------
                         TOTAL              5.401

Durante los siglos XV y XVI era frecuente pintar en las velas figuras de
adorno prefiriendo las de los santos patronos de España y de los
navegantes, ó las armas y blasones, pero la cruz era lo más común, y se
manifiesta en el grabado de las carabelas de Colón que se hizo en Roma
el año 1493.

10. No tenían las vergas cajeras en los penoles; los escotines de gavia
pasaban por la de un cuadernal de dos ojos, sirviendo la otra para los
amantillos.

11. Estas vergas, entonces nombradas entenas, solían ser de dos perchas
empalmadas por la cruz. La mayor se suspendía con dos drizas de doble
aparejo y se sujetaban al palo con raca de vertellos; ayudaban á
suspenderla dobles amantillos en los tercios. La de trinquete tenía
también dos drizas y una la gavia y la mesana.

12. Como queda expresado, la mayor llevaba doblas amantillos, en el
penol y en el tercio.

13. Tenía la mesana una sola osta de corona y borriquetes en el car.

14. Llevaba sólo cebadera en el bauprés con arritranco que le permitía
correr hacia fuera y hacia dentro según convenía.

15. No llevaba foques, velas adoptadas en época posterior.

16. Eran las velas rectangulares y trapezoidales, salvo el alunamiento,
y se orientaban por medio de amuras, escotas y bolinas.

17. En el gratil de la mayor había una vaina de dos dedos por cada lado
y en las caídas y gratil, de cinco dedos; en ellas se abrían ollaos á
distancia de medio pie unos de otros; pasábase por la vaina un meollar y
después se guarnecía por el gratil un cabo de 12 hilos con empalomaduras
á cinco dedos unas de otras. En las caídas y pujamen se guarnecía con
empalomaduras un cabo de 45 hilos con descuello en los puños. Las
bonetas tenían relinga de 3 hilos y se hacían á la medida de los ollaos
del papahigo unas bazadas dobles, poniendo una más larga de 10 en 10 y
una letra para encontrar la correspondencia.

Las otras velas se guarnecían de manera semejante.

18 y 19. Eran los envergues de culebra; no tenían fajas de rizos las
velas.

20. La misma relinga del gratil, prolongada, servía de empuñidura,
afirmándola en el resalte del penol.

21. Está contestada en la 17.

22. Usábanse palanquines y chafaldetes, que entonces se llamaban
aferravelas y cargaderas.

23. También se usaban briolines de pie de gallo.

24. Era muy alunada la relinga y no habiendo rozamiento en la gavia con
la cofa, no había menester de batideros.

25. Es difícil determinar este detalle: al parecer se llevaban las
banderas é insignias envergadas en mástiles que se izaban en los topes.

26. Era toda la motonería muy distinta de la que ahora se emplea: los
motones tenían forma de almendra y carecían de gaza. En la parte aguda
de la caja, en la misma dirección del eje de la roldana se abría un
barreno y por él pasaba un estrobo con cazonete. Los cuadernales no
tenían las roldanas paralelas, sino una sobre otra.

27. Es de suponer que los adelantos alcanzados en la fábrica de jarcias
no las diferencian mucho de las antiguas y que las firmes en las naos se
entrañaban y aforraban, aunque toscamente. Puede, sí, afirmarse que en
general era en los tiempos de Colón la jarcia de más mena que ahora.

28. Las velas no se aferraban por alto; arriábase siempre la verga, mas
de todos modos tenían que apoyarse los marineros en un marchapié,
imprescindible en la cebadera.

29. Tenía brazalotes y brazas dobles la verga mayor, en las otras vergas
eran las brazas sencillas.

30. Sería prolijo detallar el laboreo de los cabos de maniobras que, lo
mismo el de las brazas, respondía á las necesidades subsistentes. En el
modelo del Museo naval, antes mencionado, pueden apreciarse las
variaciones introducidas para alcanzar facilidad y rapidez mayor en las
faenas con empleo de menos brazos que en el siglo XV.

31. No llevaba el bauprés más que un barbiquejo y las trincas al
tajamar[16].

[Nota 16: No se inserta el pliego de dimensiones por no tener
interés para la mayoría de los lectores. Queda archivado en el arsenal
de la Carraca.]

Con todos estos datos se formaron los planos generales de la nao, pero
luego hubo necesidad de reformarlos ligeramente, en algunas partes, al
proceder á su construcción, resultando algunas diferencias tan leves que
no merecen anotarse. Véanse aquí ahora los planos y cálculos formados
por el ingeniero ya citado Sr. Puente, aprobados por la Comisión
ejecutiva, por los que se han construído exactamente la nueva _Santa
María_.

Terminada felizmente la nao, arbolada, aparejada y astillada, hiciéronse
en el dique las pruebas de estabilidad que dieron excelente resultado
como se ve en los datos adjuntos, resultando más cerca del exceso que de
la falta de equilibrio sobre las ondas. Igualmente se verificaron en el
mismo arsenal las de resistencia de lombardas y falconetes, que
resultaron completamente satisfactorias.

[Illustration: LA NAO «SANTA MARÍA» EN 1892, POR LA ALETA DE BABOR]



CUADRO DE LAS DIMENSIONES PRINCIPALES DE LA NAO «SANTA MARÍA»

DE SU BATEL Y SU CHALUPA


=Nao.= Metros. Toneladas.

    Longitud de la quilla                                     18,50       »
    Eslora en la flotación                                    21,76       »
    Idem entre perpendiculares                                22,60       »
    Idem máxima                                               39,10       »
    Manga fuera de miembros                                    7,84       »
    Puntal desde c. b. q. á la linea recta del bao maestro en
      la cubierta principal                                    3,80       »
    Idem, id. al bao de la toldilla                            8,00       »
    Idem, id. al del Castillo                                  6,00       »
    Idem, id. al coronamiento de la regala en el Castillo      8,74       »
    Idem, id., id. en la toldilla                             10,30       »
    Altura del centro de carena desde el c. b. q.              1,47       »
    Idem del metacentro id., id.                               2,84       »
    Valor de p--a (Par de estabilidad transversal)             1,37       »
    Calado en proa                                             2,18       »
    Idem en popa                                               3,02       »
    Diferencia de calados                                      0,837      »
    Calado medio                                               2,60       »
    Desplazamiento con estos calados                             »        233
    Peso del casco                                               »     90,500
    Longitud y peso del palo mayor                            27,25     3,092
    Idem, id. trinquete                                       18,69     1,289
    Idem, id. mesana                                          13,73     0,517
    Idem, id. bauprés                                         14,02     0,679
    Idem, id. verga mayor                                     18,20     0,615
    Idem, id. trinquete                                        9,42     0,140
    Idem, id., id., gavia                                      7,00     0,058
    Idem, id., id., cebadera                                   6,25     0,036


    =Batel.=

    Eslora entre perpendiculares                               8,30       »
    Manga                                                      2,52       »
    Puntal á popa                                              1,26       »
    Idem á proa                                                1,58       »
    Idem con la maestra                                        1,07       »
    Peso del casco                                                »     1,480


    =Chalupa.=

    Eslora entre perpendiculares                               5,58      »
    Manga                                                      1,94      »
    Puntal á popa                                              0,78      »
    Idem á proa                                                0,96      »
    Idem á la maestra                                          0,56      »
    Peso del casco                                               »      0,590

    =Superficie y peso de las velas.=

    Mayor                                                  231,94-2     0,200
    Trinquete                                               94,66-2     0,085
    Mesana                                                  78,20-2     0,079
    Gavia                                                   39,84-2     0,043
    Cebadera                                                21,66-2     0,031

[Illustration: LA NAO «SANTA MARÍA» EN 1892, DE TRAVÉS]



NOMBRE GENÉRICO DE LA EMBARCACIÓN


La comisión llama siempre Nao á _La Santa María_, fundada en varias
razones de las que apuntamos alguna como justificación de ello; véanse
aquí:

Escribió el almirante Colón en una de sus memorias: «vine á la villa de
Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres _navíos_ muy aptos para
semejante fecho...» En el Diario extractado por el P. Las Casas
distinguió entre estos navíos dos especies, como indican los siguientes
párrafos:

«Domingo 14 de Octubre: En amaneciendo mandé aderezar el batel de la
«nao» y las barcas de las carabelas y fuí al luengo de la isla...»

Lunes 15 de Octubre: «Y porque el viento cargaba á travesía de Sueste,
no me quise detener y partí para la nao, y una almadía grande estaba á
bordo de la carabela _Niña_...» «y la almadía que habían dejado la
llevamos á bordo de la carabela _Niña_... y traía un cestillo á su guisa
en que tenía un ramalejo de cuentecillas de vidrio y dos blancas, por
las cuales conocía que venía de la isla de San Salvador y había pasado á
aquella de Santa María y se pasaba á la Fernandina, el cual se llegó á
la «nao»; y le hice entrar, que así lo demandaba él, y le hice poner su
almadía en la nao...»

16 de Octubre...» y también los mandaba dar para que comiesen cuando
venían á la «nao» miel y azúcar...»

17 de Octubre «...y Martín Alonso, capitán de la carabela _Pinta_»...

Viernes 19 de Octubre: «En amaneciendo levanté las anclas y envié la
carabela _Pinta_ al Leste y Sueste y la carabela _Niña_ al Sursueste y
yo con la «nao», fuí al Sueste...»

He aquí cómo refiere la pérdida de _La Santa María_ ocurrida en la noche
del 25 de Diciembre:

«Quiso nuestro Señor que á las doce horas de la noche, como habían visto
acostar y reposar el Almirante y vian que era calma muerta, y la mar
como en una escudilla, que todos se acostaron á dormir, y quedó el
gobernalle en la mano de aquel muchacho, y las aguas que corrían
llevaron la «nao» sobre uno de aquellos bancos. Los cuales, puesto que
fuese de noche, sonaban que de una grande legua se oyeran y vieran, y
fué sobre él tan mansamente que casi no se sentía. El mozo que sintió el
gobernalle y oyó el sonido de la mar, dió voces, á las cuales salió el
Almirante, y fué tan presto que aun ninguno había sentido que estuviesen
encallados. Luego el maestre de la nao, cuya era la guardia, salió; y
díjoles el Almirante á él y á los otros que halasen el batel que traían
por popa, y tomasen un ancla y la echasen por popa, y él con otros
muchos saltaron en el batel, y pensaba el Almirante que hacían lo que
les había mandado; ellos no curaron sino de huir á la carabela que
estaba á barlovento media legua. La carabela no los quiso rescebir
haciéndolo virtuosamente, y por esto volvieron á la nao, pero primero
fué á ella la barca de la carabela. Cuando el Almirante vido que se
huían y que era su gente, y las aguas menguaban y estaba ya la «nao» la
mar de través, no viendo otro remedio, mandó cortar el mastel y alijar
de la «nao» todo cuanto pudieron para ver si podían sacarla, y como
todavía las aguas menguasen no se pudo remediar, y tomó lado hacia la
mar traviesa, puesto que la mar era poco ó nada, y entonces se abrieron
los conventos[17] y no la «nao». El Almirante fué á la carabela para
poner en cobro la gente de la nao en la carabela, y como ventase ya
ventecillo de la tierra, y también aun quedaba mucho de la noche, ni
supiesen cuanto duraban los bancos, temporejó á la corda hasta que fué
de día, y luego fué á la nao por de dentro de la restringa del banco.»

[Nota 17: Herrera en la Dec. 1.ª, lib. I, cap. XVIII, refiere
puntualmente este suceso, y dice que _conventos_ llamaban á los vacíos
que hay entre costillas y costillas de una nave.--Navarrete.]

[Illustration]



PRIMERA NAVEGACIÓN DE LA NAO «SANTA MARÍA»

[Illustration: PRIMERA NAVEGACIÓN DE LA NAO «SANTA MARÍA»]


Completamente terminada, lista, aparejada y dispuesta á dar la vela
estaba la nueva _Santa María_ el 28 de Julio de 1892 á los 95 días de
haberse puesto su quilla, cuando fué visitada, en el mismo arsenal de la
Carraca, por el Excmo. Sr. Vicealmirante Ministro de Marina D. José M.
de Beránger acompañado del Capitán general del Departamento,
contraalmirante D. Eduardo Butler; del Director del personal del
Ministerio, contraalmirante D. Manuel Delgado y Parejo y del Estado
Mayor, mostrándose altamente satisfecho así de la construcción, del
aparejo, mueblaje y adorno como de la rapidez con que en tan brevísimo
plazo se habían realizado las obras felicitando por todo sinceramente al
Sr. Ingeniero encargado de ellas y á la Comisión ejecutiva que tan
eficazmente le había ayudado y hecho entrega de la nave por la citada
Comisión, como _completamente terminada_, el Sr. Ministro confirió su
mando al Capitán de fragata D. Víctor Concas y como segundo Comandante
nombró al Sr. Gutiérrez Sobral.

El día 30, arbolada la insignia en el vapor _Legazpi_, quiso el referido
Sr. Ministro que diera remolque á la nao y bajó á la bahía de Cádiz,
saludando á su paso los buques de guerra españoles y extranjeros que
estaban fondeados.

El 31 se trasladó al puerto de Huelva siguiendo las aguas del _Legazpi
La Santa María_ remolcada por el vapor de la Compañía transatlántica
_Piélago_, y en formación de dos líneas, los cruceros nacionales y
extranjeros cuyo calado permitían franquear la barra.

El 2 de Agosto dió la vela la nao para el puerto de Palos. Era el viento
flojo y recibiéndolo por la cuadra con la mayor, el trinquete y la
gavia, alcanzó marcha de cuatro y media á cinco millas por hora,
gobernando bien, con tendencia á orzar.

Llegado el aniversario centésimo cuarto del comienzo de la magna empresa
de Colón, se arbolaron en la altura del Convento de la Rábida las
banderas de todas las naciones americanas, saludándolas las lombardas de
_La Santa María_ y una batería de campaña en la misma altura dispuesta.
Estaba proyectado que á esta señal levara el ancla la nave que remeda á
la capitana de D. Cristóbal, saliendo á la mar alta por el mismo rumbo
que marcó el Almirante de las Indias, mas en este 3 de Agosto no sopló
el suave terral como en el del año 1492 conmemorado. Densos nubarrones
cubrían el cielo: el horizonte fosco velaba los arreboles de la aurora y
el viento contrario traía hacia la costa una neblina fría, envolvente en
las escuadras surtas afuera. Fué preciso remolcar al simbólico bajel, si
bien pasada la barra pudo orientar por un momento las velas, en que está
pintado el signo de la redención, y llegar con ellas largas, aunque
siempre á remolque, á la cabeza de las líneas de acorazados,
saludándolos con las lombardas y falconetes.

Al hacerlo todos ellos al antiguo estandarte de Castilla con la
artillería, las músicas y las voces de la gente en las vergas, ofrecía
la rada un espectáculo grandioso. El contraste de un ejemplar del arte
naval del siglo XV al lado de los más hermosos tipos producidos en el
final del XIX; aquella navecilla endeble comparada con los colosos que
hoy flotan y se mueven á voluntad con marcha pasmosa, traía á la mente,
de golpe, todo lo que en la distancia de ambas fechas ha hecho cambiar
el discurso del hombre influído no poco por el descubrimiento á que la
navecilla contribuyó.

Poco menos de una hora la honraron los acorazados y cruceros
escoltándola en formación de columnas hacia el Sur: el Sr. Ministro de
Marina inició entonces el movimiento de contramarcha y al volver por el
costado de cada uno, las voces, las músicas, los cañones, repitieron la
salva por despedida, dando ya el sol con espléndida luz, brillo al
engalanado de banderas; contento á los espectadores que habían salido
del puerto en embarcaciones de vela y de vapor.

Tanto la formación de las dos columnas de acorazados y cruceros, como el
paso de la nao con su escolta de buques de menor porte y la última
evolución que todos hicieron acompañándola á su regreso, resultaron
maniobras lucidísimas que acreditaron la pericia de Almirantes y
Comandantes y sobre todo la del Vicealmirante Sr. Beránger, Ministro de
Marina, bajo cuya dirección se verificaron aquéllas, y á cuyas acertadas
disposiciones se debió que, á pesar del número y porte de los buques que
en el festejo tomaron parte no ocurriesen ni las averías ni los
abordajes que tan comunes son en esta clase de funciones marítimas,
siendo quizás esta la primera en que no se han registrado.

Tomaron parte en las manifestaciones los buques siguientes:

[Illustration]



BUQUES QUE CONCURRIERON Á LA FIESTA NAVAL DEL 3 DE AGOSTO DE 1892

  DE LA
  REPÚBLICA  |_Almirante Brown_, Almirante D. Daniel Solier.
  ARGENTINA  |Comandante C. F. T. Domec García.
             |_Veinticinco de Mayo_, Comandante C. N.

  AUSTRIA     _Aurora_, Comandante C. F. M. Thewalt.


  ESTADOS
  UNIDOS     |_Newarck_, Almirante A. E. K. Benham.
  DE AMÉRICA |Comodoro C. S. Carey

             |_Duguesclin_, Comandante C. N. Mr. Blanc.
  FRANCIA    |_Hirondelle_, Comandante C. F. Mr. Bellue.

  HOLANDA     _Bonaire_, Comandante C. F. A. F. Krabbe.

             |_Australia_, C. Swinton C. Holland.
             |_Amphion_, C. John R. E. Pattison.
  INGLATERRA |_Scout_, C. Walter S. Goodridge.
             |_Torpedero_, Liut Hugh le D. Stapleton.
             |_Torpedero_, Liut Allan T. Everett.

             |_Lepanto_, Almirante C. A. De Liguori.
             |C. N. S. Grenet Francesco.
  ITALIA     |_Bausan_, C. N. Cavaliere de Libero.
             |_Dogali_, C. F. Cav. Giorelo.
             |_Duilio_, C. F. Conde Candiani de Olivala.

  MÉJICO      _General Zaragoza_, Comandante Reginald Carey Brenton.

  PORTUGAL    _Vasco de Gama_, Comandante C. N.

             |_Legazpi_, Ministro de Marina D. José M. de Beránger.
             |Comandante, T. N. I.º D. Adriano Sánchez Lobatón.
             |_Pelayo_, Contraalmirante D. Zoilo Sánchez Ocaña.
             |Comandante C. N. D. Luis Pastor.
             |_Reina Regente_, Comandante C. N. D. José Pilón.
             |_Victoria_, Comandante C. N. D. Manuel Dueñas.
             |_Alfonso XII_, Comandante C. N. D. José de Guzmán.
  ESPAÑA     |_Isla de Cuba_, Comandante C. F. D. Salvador Rapallo.
             |_Isla de Luzón_, Comandante C. F. D. Ramón Valenti.
             |_Temerario_, Comandante T. N. I.ª D. Rafael Pascual de Bonanza.
             |_Cocodrilo_, Comandante T. N. I.ª D. Adolfo España.
             |_Nautilus_, Comandante C. F. D. Fernando Villamil.
             |_Arlanza_, Comandante T. N. D. Alberto Castaño.
             |_Cuervo_, Comandante T. N. D. Manuel Pasquin.
             |_Piélago_, Capitán D. N. Plá.

  _Santa María_, Comandante C. F. D. Víctor Concas.

  Agosto 1892.

  LA COMISIÓN

[Illustration: FIESTA NAVAL CELEBRADA FUERA DE LA BARRA DE SALTES EL 3
DE AGOSTO DE 1892]



ESTUDIOS AUXILIARES PARA RECONSTITUCION DE LA NAO SANTA MARÍA POR EL
CAPITAN DE NAVIO RETIRADO D. CESAREO FERNÁNDEZ DURO DE LAS REALES
ACADEMIAS DE LA HISTORIA Y DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO



ARMAMENTO DE LAS CARABELAS DE COLÓN

[Illustration: ARMAMENTO DE LAS CARABELAS DE COLÓN]


Las indicaciones del diario de navegación del Almirante de las Indias
son tan someras, que no puede por ellas formarse juicio, ni aun
aproximado, del número, calidad, forma y disposición de las piezas de
artillería montadas en las carabelas.

No es dudoso, sin embargo, por esas mismas indicaciones, qué artillería
llevaban. El 7 de Octubre de 1492 anotó Colón que «la carabela _Pinta
tiró una lombarda_ por señal de tierra y levantó una bandera en el tope
del mástil».

El 18 de Diciembre escribió que en conmemoración de la fiesta de la
Virgen tiráronse _muchos tiros de lombarda_; puso las banderas y atavió
la nao. Vino á bordo el cacique de Santo Domingo, y al despedirle hizo
tirar _muchas lombardas_.

Queriendo luego que los indios tuvieran saludable temor á las armas de
los españoles, después que se perdió la nao capitana, «mandó armar _una
lombarda_ en tierra y tirar al costado de la dicha nao. Vido como lo
pasó y fué muy lejos _la piedra_ por la mar». Era esto el 2 de Enero de
1493.

Á poco, acabada la fábrica del fuerte nombrado de Navidad, dice que dejó
en él _mucha artillería_, pólvora, pertrechos y _un artillero_.

Esto es cuanto enseña el mencionado diario, según el extracto conservado
por el P. Las Casas y dado á luz por D. Martín Fernández de Navarrete en
la _Colección de viajes y descubrimientos que hicieron por mar los
españoles_.

Para suplir lo que calla, necesario es acudir á los primeros tratados
militares del siglo XVI, por las noticias que recogieron de los
anteriores. Las expediciones navales de D. Alfonso V de Aragón al reino
de Nápoles, mediado el XV; la guerra de Granada emprendida por los Reyes
de Castilla y Aragón, y en ella el sitio de Málaga, en que se emplearon
fuerzas navales; la armada que fué á Italia con Gonzalo Fernández de
Córdoba; la que se dispuso para el viaje de D. Fernando á Nápoles en
1506; por fin, las escuadras que acometieron á Berbería en 1505 y 1509,
comprendieron á la época en que se realizó el descubrimiento de las
islas oceánicas, y fijando límites entre los que no fueron notables los
adelantos y variaciones de las armas; ofrecen alguna enseñanza.

Han estudiado modernamente el modo de ser de la milicia de mar y tierra
al acabar la Edad Media, Capmany, Navarrete, el Conde de Clonard, Pérez
de Castro, Salas, Barado y algunos más reuniendo cédulas, relaciones,
inventarios y dibujos de gran utilidad, muy aumentados é ilustrados para
el caso presente en la obra especial dada á la estampa por D. José
Arantegui y Sanz con título de _Apuntes históricos de la Artillería
española_ en los siglos XIV, XV y XVI. (Madrid, 1887-1891.) Poniendo á
contribución los textos y algo más, inédito, que va apareciendo, se
advierte:

Que las naos de la marina aragonesa á fines del siglo XIV y principios
del XV, no llevaban más de una, dos, tres y hasta cuatro lombardas,
según su porte.

Que el rey D. Alfonso V tenía el año 1418 en la galera real dos
lombardas que tiraban 9 y 7 libras de pelota de piedra, y solo 10
proyectiles por pieza.

Que la otra galera real en que hizo D. Fernando el mismo viaje á Nápoles
en 1506, llevaba una lombarda, dos cerbatanas y dos pasavolantes.

Que en las armadas de naos por el mismo tiempo aprestadas para Italia y
Berbería, aunque no seguramente averiguado, iban cuando más, cuatro
lombardas en cada una.

Parece deducirse de estas noticias que al emprender las carabelas de
Palos su viaje, la artillería no era numerosa en los bajeles, y las
confirma una cédula de los Reyes Católicos, del año 1505, mandando
entregar 10 lombardas, las dos grandes y las ocho pequeñas para la
carraca de Iñigo de Artieta, general de la Armada de Vizcaya que estuvo
en Cádiz al emprender Colón la descubierta, por si necesario fuera
protegerla. Las dos grandes _tiraban piedra de cada setenta libras_; las
otras como _ribadoquines_.

En instrucciones que se dieron á D. Johan Manuel para fletar dos
carracas de 2.000 botas cada una, se indicaba que montaban _cient
lombardas de todos calibres_, seis de ellas de 25 á 30 libras, _tirando
por puertas levadizas_[18]. Conforma en cierto modo con este dato los
que ofrecen las relaciones de vistas celebradas en Saona por Luis XII de
Francia con nuestro D. Fernando el año 1507. Un historiador del
primero[19] refiere que el almirante Philippe de Ravestain lució en la
ocasión una carraca nombrada _La Charente_, de las mejores que flotaban
en la mar: llevaba á bordo 1.200 hombres de guerra sin los marineros y
montaba 200 piezas de artillería, _de las cuales 14 tenían ruedas_ y
tiraban piedras grandes.

[Nota 18: Arantegui, obra cit., t. II, pág. 316.]

[Nota 19: D'Anton, _Histoire de Louis XII_.]

No contradicen estas referencias á las anteriores: aun tratando de
carracas que eran las naves de mayor porte y capacidad, y de una tan
excepcional por la grandeza y objeto, como _La Charente_, se comprende
que, separadas las 14 piezas encabalgadas, el mayor número componían las
de horquilla y pinzote fijo en la borda, manejadas por un hombre, si
comprendidas en la denominación genérica de piezas de artillería,
distinguidas en particular con las de falconetes, versos y pasavolantes.

La frase _mucha artillería_ empleada por Cristóbal Colón al hablar de la
que dejó en el fuerte de Navidad, sería relativa ó hiperbólica, como lo
era al referirse á las salvas. Debe entenderse que en la fortaleza dejó
toda la que montaba la nao perdida, ya que en las otras sólo de estorbo
había de servirle. Habiendo encarecido en su narración la docilidad y
natural pacífico de los indios, querría decir que la artillería era
mucha, por estimarla más que suficiente para estorbarles el acceso.

El número efectivo en _La Santa María_ no excedería seguramente del que
tenía la carraca capitana de Iñigo de Artieta, y suponiéndolo igual,
esto es, de dos lombardas y seis falconetes, estaría bien armada,
considerada la época y el porte. Apoya la hipótesis la certeza de ser la
nave una de aquellas de Cantabria destinadas al comercio con los estados
de Flandes, que conciliaban en lo posible los medios de seguridad con la
mayor carga, y no es de presumir que los primeros se alteraran al
emprender un viaje de exploración para el que lo importante era contar
con vitualla y agua en la ida y la vuelta; vitualla calculada, según
algunos marinos dijeron, para un año, si bien parece cifra en doble
exagerada.

La fundición de artillería de bronce estaba en mantillas al empezar el
reinado de doña Isabel; era de hierro forjado la que se empleaba para la
defensa y ataque de las plazas, así como para el armamento de las naves,
sobresaliendo en la fábrica los ferreros de Vizcaya, y un curioso
documento del Archivo de Simancas[20] relativo á la comisión que se dió
á Pedro Ruiz de Ibarra y á Juan Pérez de Tolosa, repostero de cámara de
sus Altezas, ambos vascongados, para comprar en aquel país las piezas
que hicieran falta al organizar la expedición de Mazalquivir en 1505
explica las dimensiones, calibre y costo de las que se destinaban á los
buques.

[Nota 20: Publicado por Arantegui, obra citada, tomo II, pág. 312.]

Dice la primera partida de la cuenta: «Que se hicieron hacer (en
Vizcaya) veynte e cuatro lombardas que tiran piedra de diez libras (15
cm) de nueve palmos en largo con cada tres servidores con sendas
corueñas, que fué igualada cada pieza en veinte e un ducados».

Las otras partidas especifican las variaciones, salvo la longitud que
era la misma en todas las piezas (el mismo longor de nueve palmos) como
sigue:

    24 lombardas que tiran 10 libras, á 25 ducados.
     8          --          7   --    á 14    --
    11          --          6   --    á 12    --
    20          --          5   --    á 10    --
    14          --          4   --    á  8    --
    12          --          3   --    á  6    --
    10          --          2   --    á  4    --
     3 de diez palmos      27   --    á 30    --

Por la escala gradual de calibres es de juzgar que á las carabelas, como
naves menores, se destinarían las lombardas que tiraban dos ó tres
libras de pelota de piedra y que así las llevaron las de Colón. En el
Museo de Artillería de Madrid se conserva un ejemplar de lombarda
pequeña, de las de dos libras, cuyas dimensiones corresponden
exactamente con las de la relación de Ruiz de Ibarra y Pérez de Tolosa y
también con inventario del año 1500, copiado en Simancas por el
brigadier de ingenieros Sr. Aparici. La ha discutido y dibujado á escala
el comandante de artillería D. José Arantegui[21]: tiene los nueve
palmos de longitud y diámetro que por la fórmula P==VxD, ó sea 920==4,
18V 3x2, 40, da para el de la pelota de piedra poco más de 9 cm.

[Nota 21: En la obra citada, tomo I, pág. 401 y lám. 9.]

Por el examen detenido se deduce el método racional de fabricación,
formando primeramente el cilindro del ánima con barras ó duelas de
hierro batido, de 6 cm. de grueso, sujetas con manguitos de 12 cm.
también de grueso y de 55 á 65 de longitud, y cubiertas las uniones de
uno y otro con zunchos de 5 cm. de grueso y 20 de anchura. El refuerzo
de la boca se alargaba en la parte superior formando una arista paralela
al eje y á la determinada por dos zunchos suplementarios en los tercios,
con sendas argollas.

De estas piezas había _con servidor_ ó recámara postiza y también con
culata cerrada, haciéndose en el último caso el tapón á sombrerete,
soldando las duelas á martillo. La disposición del fogón era entonces
próxima al plano de la culata, terminando arriba en una pequeña cazoleta
de 18 mm. de amplitud. Cortado el sombrerete venía á tener esta pieza
1m,430 de longitud.

Se empleaban las piezas de servidor al aire libre porque teniendo dos y
tres que se cargaban independientemente, era el tiro más rápido; las de
culata cerrada se preferían en baterías bajo cubierta. Diego García del
Palacio explicaba la causa en su _Instrucción náutica_, escribiendo:

«Todas las piezas abiertas que se sirven con cámaras han de estar sobre
cubierta, porque si están debajo, el humo que queda dentro ocupa la
vista á los que los sirven.

[Illustration]

Por manera que éstas y los versos se han de poner sobre las toldas de
popa y proa, y las cerradas, que son de culata, que echan el humo por la
boca, abajo...»[22]

[Nota 22: Según noticia del capitán Sr. E. A. D'Alberti, del fondo
del puerto de Génova se han extraído dos lombardas cerradas, que se
cargaban por la boca, semejantes á las que aquí se describen: tiene la
una 1m,11 de longitud y 0m,09 de diámetro en la boca: la otra
1m,12 y el mismo calibre.]

Lo dificultoso de todo punto es determinar la forma y construcción de
los montajes, que según la cuenta extractada del año 1505 ya se llamaban
por entonces _corueñas_. Es esta una de las investigaciones más obscuras
entre las que atañen á la artillería antigua: nada hay averiguado
históricamente hasta ahora, pues los dibujos que en las piezas de sitio
y de campaña suplen en muchos casos la falta de descripciones, no dejan
ver de qué modo se colocaban en el interior de la nao esas lombardas. El
discurso tiene que guiarse por analogías con los montajes de plaza y por
indicaciones vagas como lo es la de aquella carraca _La Charente_ en que
había algunas piezas _con ruedas_.

El mencionado García de Palacio decía: «Terná la nao sus portañuelas dos
palmos en cuadro con sus bisagrones para cerrallas y abrillas cuando
convenga, y en los lados de cada una dos argollones de hierro fuerte, y
cerca del muñón un gancho, y del á las argollas puestos sus aparejos
para zallar las piezas, y de las argollas á la culata de cada una de sus
retenidas tan largas cuanto es menester para recular la pieza,
advirtiendo que la una sea mas corta que la otra, para que reculando la
pieza y teniendo la boca dentro, por la retenida corta dé media vuelta y
quede prolongada de popa á proa, para que el lombardero pueda tornalla á
cargar, sin que por la portañuela le puedan hacer daño.»

Como la construcción es casi un siglo posterior al tiempo de las
carabelas de Colón y trata ya de piezas con muñones y de portañuelas
cuadradas, sirve solamente como dato del progreso que en ciertos
detalles se había conseguido: mas á falta de otras, y cotejada con lo
que se sabe de montaje de artillería de sitio y de campaña, ayuda á
conjetura, siendo, sobre todo, de utilidad, para el conocimiento de los
herrajes y guarnimientos de palanquines y del braguero con dos brazos,
_corto y largo_.

Por presunción lógica tenía que estar la lombarda montada ó encabalgada
sobre una pieza sólida de madera en la que, á media caña, se hubiera
rebajado el lugar del asiento á tope de la culata. Sentaría sobre dos
tablones adelante y atrás prolongados lo suficiente para dar, como base,
mayor estabilidad al conjunto y á fin de que, no estando dicha base en
contacto continuo con la cubierta de la nave, dejaran espacio é hicieran
posible y fácil dar las fuertes trincas de cabo ó cuerda que hacían de
la lombarda y su cureña un solo cuerpo, y tesarlas ó reforzarlas á
medida que el ejercicio requiera mantener la sujeción.

Bien podía conseguirse teniendo la corueña un eje delantero con ruedas
pequeñas enterizas; pero las ruedas representan otro adelanto que no es
probable se hallara en práctica en las carabelas, toda vez que como
novedad y cosa rara se señalaba años después.

Claro es que no podría con esta disposición variarse la puntería en
altura, y que habían de ir los tiros rasando el agua, como dice el
cronista portugués García de Resende; con todo, siendo como era corto el
alcance y empleada por consiguiente la artillería sólo como preliminar
del abordaje, cumpliría tal afuste con su objeto, sirviendo al disparo
de la pelota de piedra, de cuyo efecto en los costados de madera habla
Julio César Firrufino, y el mismo Colón dió idea en la ocasión citada
precedentemente, contando cómo pasaba el proyectil la endeble obra
muerta de su nao.

Justifica al mismo tiempo la inmovilidad de la lombarda en su montaje,
porque no se abrían compuertas cuadradas en los costados. Una abertura
circular de poco mayor diámetro que la boca de la pieza era suficiente
para el disparo y protegía más á los sirvientes contra los tiros de
armas portátiles.

El modo de cargar las piezas con pólvora á granel introducida con
cuchara, se indica en la siguiente Cédula real, que recomienda la
sustitución en las Indias de la artillería de hierro forjado por la de
bronce[23].

[Nota 23: _Colecc. de docum. inéd. de Indias_, t. XXXI.]

«El Rey.--Comendador mayor, nuestro veedor general de la nuestra
Artillería. Porque para la isla Española son menester algunas piezas de
artillería, Yo vos mando que luego questa viéredes, fagais facer en esa
cibdad de Málaga cinco sacabuches e un cañon pedrero que tenga _una
linterna de oxa villa (?)_ engastada en el atacador, para le atacar, e
ducientas e cincuenta piedras para él, e dos falconetes e ducientas
piedras de plomo, e un molde de azofar para los falconetes, _e otra
linterna_ como la del cañón, e sea todo de buen metal porque de yerro
luego se dapna allá a cabsa de la humedad de la tierra, los quales ansí
fechos con todos sus aparejos, los entregareís a nuestros oficiales de
la Casa de la Contratación que residen en Sevilla, ó a quien su poder
ovier. E mando a Juan de Soria, mi Contador de la artillería, que ansí
se los faga luego entregar su carta de pago, o de quien su poder oviere,
cuanto que sean rescebidos. Fecha en la villa de Medina del Campo a 30
de Setiembre de 1504 años.--Yo el Rey.--Por mandado del Rey, Gaspar de
Gricio.»

Los falconetes ó versos fijos en la borda que equivalían á las piezas
actuales de tiro rápido, eran de hierro batido, como las lombardas; se
fabricaban de la misma manera, diferenciándose en el calibre menor; en
que lanzaban proyectiles formados con dado de hierro revestido de plomo
y en que no teniendo cureña, pues giraban verticalmente sobre muñones y
horizontalmente sobre horquilla acabada en pinzote, tenían en la parte
posterior un bastidor ó marco para afianzar con cuña el servidor, y una
rabera con que lo manejaba el lombardero.

No es necesario reconstituir estas piezas discrecionalmente, pues
existen en el Museo de Artillería de Madrid dos ejemplares auténticos
extraídos del fondo del mar y por primera vez descritos en el _Museo
Español de antigüedades_. Uno de ellos tiene 70 milímetros de calibre y
23 de espesor en el brocal: la bala de hierro emplomado pesaría 1.500
gramos. El otro tiene 45 milímetros de calibre y la pelota no debía
pesar más de 360 gramos. En el último son las duelas de 5 milímetros,
los manguitos de 17 y los zunchos de 40. La longitud de la caña es de
750 milímetros; la del marco, en dirección al eje, 250; la de la rabera
340, de modo que la longitud total alcanza á 1m,340[24]. Que las naos
y carabelas grandes ó pequeñas llevaban artillería, acredita el
_Memorial_ que Cristóbal Colón dirigió á los Reyes en 1498 enumerando
las cosas que necesitaba, diciendo[25]:

«Es mas menester para los navyos que fueren, como para la gente que allá
residiere ansy armas, lombardas para los navyos, e lanzas e espadas e
puñales e ballestas e madexuelas para las ballestas, e almacén para las
ballestas.»

[Nota 24: Se han extraído falconetes casi iguales del fondo de los
puertos de Santander, Alicante y Barcelona, y según noticia del Capitán
Sr. E. A. D'Albertis, otros tres ejemplares muy parecidos en todo se han
encontrado en los puertos de Génova y de Rapallo; dos de ellos tienen
1m,33 de longitud y 0m,04 de diámetro; el otro sólo 1m de
longitud.]

[Nota 25: Original en la Academia de la Historia, donación del
General San Román.]

Relativamente al cuarto viaje del descubridor de las Indias hay
constancia oficial en las cuentas de Rodrigo de Narváez conservadas en
Simancas[26], importante al fundamento de lo que va expuesto, por esta
partida:

«Data.--Por una cédula fecha en 20 de Marzo de 1502 años se libró en el
dicho Rodrigo de Narváez mayordomo del Artillería de sus Altezas dos
ribadoquines é 24 quintales de pólvora que lo dé a Xºval Colón,
Almirante para el viaje que ha de facer, lo cual se le libró por una
cédula del thesorero A.º de Morales fecha en Sevilla a 8 de Marzo de
1502.»

[Nota 26: Contadurías, 1.ª época, núm. 613. Copia del Sr. Aparici,
1847. Remesa 13, núm. 21.]

Con la experiencia de lo acontecido á la nao _Santa María_ quiso D.
Cristóbal llevar bajeles de menor porte en este viaje que había de ser
de exploración por las costa de Tierra-firme y, según refiere el P. Las
Casas, compró cuatro navíos de gavia á propósito, el mayor de los cuales
no pasaba de 70 toneles ni el menor de 50 bajaba. Los dos ribadoquines
entregados por el mayordomo de la artillería de Málaga no serían únicas
piezas con que se armaron las cuatro naves, pues en tal caso fuera
excesiva la cantidad de 24 quintales de pólvora con que se las dotaba;
es de concebir por ello que con esas dos piezas se aumentó y mejoró el
armamento ordinario de artillería de hierro que las carabelas tendrían,
á petición del Almirante.

Consignó el cura de los Palacios, cronista de los Reyes Católicos, al
tratar de la guerra con Portugal y batalla de Toro[27], que el duque de
Villahermosa, fué por entonces (1475) el primero que metió
_ribadoquines_ en Castilla. Para el sitio de Ponferrada ya se fundieron
en Zamora y Benavente, sabiéndose por las cuentas del tesorero Ruy López
de Villalobos (1486) haberse encargado la fundición á los maestros Pedro
y Juan, á condición de pagarles por cada uno que saliera limpio y bueno,
sufriendo la prueba de dos tiros 1.000 maravedís, siendo de su cargo la
leña, carbón, molde y demás cosas necesarias, _excepto el cobre y
estaño_. Fundieron 17, y salieron tan buenos, que sobre el precio
estipulado se les abonaron 1.500 maravedís[28].

[Nota 27: Cap. XVIII.]

[Nota 28: _Memorias históricas de la ciudad de Zamora_, tomo II, pág
105.]

Eran pues los ribadoquines piezas ligeras de bronce de reciente
adopción, cuyas condiciones se descubren en las partidas de cuentas de
gastos hechos para aquel sitio, á saber:

Bancos de ribadoquines pagados á los carpinteros.

Maderos de olmo labrados á hacha para los mismos.

Maromas.

Hoja de lata para medida de ribadoquines.

Dados de hierro para pelotas de ribadoquines.

Dos carros e dos pares de bueyes en que se llevaron seis ribadoquines.

Poco después se aplicaba tal artillería á la defensa de las plazas: los
inventarios del mayordomo manifiestan haber entregado en 1501, con otras
piezas; para la fortaleza de Bermiliana un ribadoquín que pesó 2
quintales e 1 arroba e 10 libras.

Para la de Buñol, 1 ribadoquín e 2 arcabuches que pesaron 3 quintales e
18 libras de metal.

Para la de Adra, 2 ribadoquines e 2 arcabuches que pesaron 5 quintales e
2 arrobas e 10 libras.

Para la de Lanjarón, 1 ribadoquín e 2 sacabuches que pesaron 2 quintales
e 3 arrobas e 1 libra.

Las relaciones del año siguiente de 1502 hacen distinción de
_Ribadoquines San Migueles_; ribadoquines con muñones; ribadoquines
chicos, y aun dicen que Maestre Cristóbal, fundidor, entregó 19
ribadoquines _ochavados_, 14 ribadoquines _redondos_ y moldes de pelotas
para ellos.

Los arcabuches ó sacabuches eran, por lo que parece, piezas de campaña,
más ligeras y modernas que los ribadoquines. No atañe al Almirante, sino
á su sucesor en el gobierno de la isla Española la primera mención,
hallada en la siguiente cédula, digna de notoriedad[29].

[Nota 29: Simancas, copias del Sr. Aparici, publicada por Arantegui,
tomo II, pág. 175.]

«El Rey e la Reina.--Rodrigo de Narváez, mayordomo de nuestra
Artillería. Nos vos mandamos que deis y entreguis al Comendador de
Lares, nuestro gobernador de las Indias, o a la persona quel con su
carta embyare, veinte e cuatro _sacabuches de metal_[30] e la pólvora e
pelotas que fuere menester para ellos e para quince espingardas que le
mandamos de otra parte dar, e así mismo le dad los moldes e otro aparejo
que fuere menester para hacer las dichas balas, lo cual todo es para
llevar a las Indias, e tomad su carta de pago, ó de la persona que
asymismo enviare con la cual e con esta mandamos que vos sea rescibido
en cuenta lo que asy le dieredes y entregaredes, lo cual vos mandamos
que hagades, asentando esta nuestra cédula el Comendador mosen San
Martyn nuestro proveedor e veedor de la dicha artillería e Joan de Soria
contador della, e dando ellos su parescer en las espaldas desta nuestra
cédula de las cosas susodichas que les debais dar.

[Nota 30: Ya se ha visto que en algunas cuentas se nombran
_arcabuches_; también _hacabuches_.]

Fecha en la ciudad de Granada a 31 días de Agosto de 501 años.--Yo el
Rey.--Yo la Reina.--Por mandado del Rey e de la Reina, Gaspar de
Gricio.»

Cuando llegó Colón al puerto del Retrete en el cuarto viaje, después de
reconocer las costas de Mosquitos y de Veragua, le hostilizaron los
indios, osando llegar hasta cerca de los navíos, que estaban con el
bordo en tierra. Para atemorizarlos mandó al Almirante tirar
_lombardas_ sin pelota, pero con el ruido se alborotaron más, burlándose
del recurso. D. Fernando Colón, testigo presencial, refiere que, visto
su demasiado atrevimiento, por espantallos, mandaba tirar el Almirante
alguna _lombarda_ de cuando en cuando, y que ellos respondían con gran
grita, dando con sus bastones en las ramas de los árboles, haciendo
grandes amenazas y mostrando no tener temor del sonido ó estruendo de
las _lombardas_, pensando que debían ser como los truenos secos sin
rayos, no más de para causar espanto; y que porque no tuviesen tan gran
soberbia, ni menospreciasen á los cristianos, mandó que una vez tirase
una _lombarda_ contra una cuadrilla de gente que estaba junta y
apeñuscada en un cerrito, y dando por medio dellos la pelota, hízoles
cognocer que aquella burla era también rayo como trueno, por tal manera
que después aun tras los montes no se osaban asomar.»

Acredita el dicho que las carabelas disponían de piezas de mayor calibre
que los dos ribadoquines entregados por Narváez, pues que éstos no se
comprendían en el nombre general de lombardas, aplicado á las grandes.
Que todas las carabelas montaban algunas indica el mismo libro de D.
Fernando Colón, al decir que sufriendo temporal sobre la costa de
Veragua «los truenos eran tan bravos y espesos, que pensaban los de un
navío que los de los otros disparaban _el artillería_ demandando
socorro, porque se hundían».

El diario referido de Colón, en el primer viaje, menciona la espingarda
como arma de mano de que disponían los tripulantes de las carabelas;
pero habían de ser muy pocas, no estando por entonces generalizadas. El
contingente de ejército de 6.000 hombres que salió de Sevilla para la
guerra de Granada sólo contaba con 400 espingarderos; el de la Santa
Hermandad, cuerpo de hombres escogidos á cuyo cargo estaba la seguridad
en los caminos y despoblados, tenía una espingarda para cada diez. En
fin, al alistarse las 17 naves con que emprendió el Almirante el segundo
viaje llevando 1.500 hombres, se ordenó por cédula dada en Barcelona á
23 de Mayo de 1493, que se le entregaran 100 espingardas y 100
ballestas, resultando aún menor la proporción.

Hállanse dibujadas y descritas estas armas en los tratados de arte é
indumentaria militar aludidos; hay además ejemplares en la Armería Real,
y para las espingardas se cuenta con otro dato de gran interés; la
sillería del coro de la Catedral de Toledo, obra ejecutada en el reinado
de doña Isabel. Allí se ven esculpidos espingarderos en función. Tenía
la espingarda un cañón corto con boca acampanada, sujeto á larga caja de
madera. Cargábase con baqueta, llevando la pólvora á granel en frasco de
hierro y las balas en bolsa. Se disparaba sosteniendo la puntería con la
mano izquierda y aplicando con la otra una mecha al oído.

Menciona asimismo el referido diario arcos turquescos que disparaban
flechas, á diferencia de las ballestas, con que se lanzaban jaras. Como
el Almirante se sirvió de lanza para matar la monstruosa iguana cuya
piel mostró á la vuelta, en España, como cosa rara, hay evidencia, que
no fuera necesaria, de que con lanzas y espadas muy cortantes[31]
combatía la mayor parte de la gente. Todos los inventarios de la época
cuentan como de mayor número estas especies de armas ofensivas
distinguiéndolas en clases que nombran _lanzas manesgas_, _lanzas
largas_, _chuzos ó picas_, _romañolas_, _guadañas_, etc., amén de las
arrojadizas que entraban por cientos, como dardos, virotes y barras
aguzadas.

[Nota 31: Encareciendo Colón la simplicidad de los indios de las
Lucayas dice que tomaban las espadas por la hoja y se cortaban las
manos.]

[Illustration]

Como defensivas tenían corazas compuestas de peto y espaldar, capacetes,
gorguerinas y otras piezas diversas de arnés; rodelas con la divisa real
pintada y paveses con las mismas insignias. Los últimos servían de
defensa y adorno para cubrir las bordas, y de ellos viene el nombre de
pavesada que conserva el vocabulario naval, aplicándolo ahora á la
cubierta de los cois, igualmente colocados por parapeto defensivo. En
las cuentas que dieron Pedro Ruiz y Juan Pérez de Tolosa de las compras
hechas en Vizcaya el año 1502 para la jornada de Mazalquivir, antes
citadas, hay pormenores curiosos de las armas portátiles; comprenden
armaduras suizas, cada una de ellas con piastron e guarnición de brazo
izquierdo y celada e barbote, sin manopla, que costaban á 610 maravedís;
corazas fechas en cueros de cordobanes, marcadas y estañadas y templadas
á prueba de ballesta, cada una á 485 mrs.; ballestas echizas con sus
poleas de á cada dos cuerdas e con sus cintos de armar e con sus cuerdas
e con todo el aparejo que era menester á 480 mrs.; lanzas de mano con
hierros acerados enclavados, con sus regatones de hierro á 250 mrs. la
docena; dardos con sus hierros e puestos sus avientos, á 50 mrs. la
docena; pasadores acerados grandes y pequeños, á 5 mrs.; saetas, etc.,
etc.

Comparados tales elementos con los que al cabo de cuatro siglos tiene á
su disposición la marina militar, parecerán poca cosa; ¡pero qué enorme
cifra de maravedís cuestan ahora!

CESÁREO FERNÁNDEZ DURO.

[Illustration]



TRIPULACIÓN DE LA NAO «SANTA MARÍA» Y DE LAS CARABELAS «PINTA» Y «NIÑA»
CON NOTICIAS BREVES DE PERSONAS Y NAVES EN LOS VIAJES DE CRISTÓBAL COLÓN


Jerónimo Cardano, matemático del siglo XVI, reformador del aparato de
suspensión de la aguja náutica, decía que exaltar á Colón no es celebrar
á un hombre ni enaltecer á un linaje, ni alabar á una ciudad ni á un
reino; es proclamar una gloria de la humanidad beneficiada con su
descubrimiento.

Al hallar el navegante, en quien esa gloria está sintetizada, las Indias
occidentales, regía una escuadrilla de tres naves tripuladas por nautas
que con él se arrojaron á rasgar el velo del Océano, acompañándole en
los riesgos, en los trabajos y en las privaciones; á todos debía tocar y
tocó parte proporcional en el resultado de la empresa homérica; á todos
alcanza en la consideración aquella solidaridad que el poético
sentimiento del pueblo estableció en el adagio

    «Quien ama á la flor
    Ama las hojitas de su alrededor.»

Por ello con repetido empeño se ha procurado averiguar los nombres de
los que en el puerto de Palos embarcaron en las tres naves,
consiguiéndolo de muy pocos, porque con la pérdida de los papeles del
tiempo, los más se han obscurecido.

Don Martín Fernández de Navarrete publicó en su _Colección de Viajes y
descubrimientos_ lista de cuarenta individuos que le fué remitida desde
el Archivo de Indias, entendiendo por la expresión del encabezamiento,
que rezaba murieron en la isla Española, fueran los que dejó Colón en la
fortaleza de la Navidad después del naufragio de la capitana y, por
tanto, los que en ella habían ido, primeros europeos que fecundaron con
su sangre la tierra recientemente hollada.

En esta creencia se ha reproducido muchas veces la relación; se insertó
en el libro titulado _Colón y Pinzón_ con aditamento de otros nombres
posteriormente descubiertos, y se esculpió en el monumento erigido en
Madrid á la gloriosa memoria del Almirante; mas ahora registrando
legajos del mismo Archivo de Indias de Sevilla en busca de documentos
convenientes al objeto del Centenario, ha encontrado el archivero D.
Francisco Javier Delgado ciertas anotaciones en los libros de _Cuenta y
razón_ pertenecientes á la Tesorería de la Casa de la Contratación que
comprenden los años 1503 á 1515, por las que necesariamente hay que
modificar aquellas impresiones, pues aparecen partidas de pagos hechos á
las viudas ó herederos de diez personas, especificando repetidamente en
cada una de ellas «murió en las Indias entre las treinta y siete (así en
unas partidas; en otras dice treinta y ocho) que cuando la primera vez
la isla Española se descubrió, los dejó el Almirante Colón, y el segundo
viaje que fué á poblar los halló muertos, según parece por la nómina de
su Alteza.»

Los nombres de estas diez personas no corresponden con los de la lista
de Navarrete y no pueden agregarse á ella, porque en tal caso, añadidos
también los de Diego de Arana que es sabido quedó por gobernador, y los
de sus tenientes Rodrigo de Escobedo y Pedro Gutiérrez, sumarían
cincuenta y tres, cifra que excede con mucho á la registrada
oficialmente. Habrá por tanto que eliminar la mencionada relación de
Navarrete, entendiendo que los individuos fallecidos en las Indias que
comprende, murieron en otros viajes, no todos en el primero. Si se
admitiera la defunción separadamente de los que guarnecieron la
fortaleza de Navidad, los cuarenta sumados á los treinta y ocho
compondrían casi el total de los expedicionarios.

No hay seguridad tampoco de cuántos fueron éstos: D. Fernando Colón y el
P. Las Casas fijan en 90 hombres la gente de los tres bajeles; Oviedo la
eleva á 120; Pedro Mártir de Angleria la pasa de 200; Fr. Antonio de
Aspa apunta erróneamente que iban más navíos y más marineros de lo que
se supone. Lo racional, compulsados los datos, teniendo en cuenta el
porte de las embarcaciones y la capacidad que exigían los víveres y
aguada acopiados para la eventualidad de un viaje largo, es suponer que
fueran 90 los hombres de mar y que con los funcionarios nombrados por
los Reyes, los escuderos y los criados llegaran en totalidad á los 120,
conciliándose así las indicaciones de los cronistas primitivos de
Indias.

Recuerdan todos ellos, acordes con el _Diario_ de navegación de D.
Cristóbal, los nombres de los capitanes, los de los pilotos, con los de
algunas más personas señaladas; de la mayoría no hacen mención y
estuviera del todo olvidada, si la conveniencia ó la necesidad de hacer
probanza no hubiera estimulado á D. Diego Colón á buscar y presentar por
testigos en el pleito que sostuvo contra la Corona, á los que habían
navegado con su padre, haciendo lo mismo el fiscal del Consejo de Indias
en defensa de su gestión.

Citados para declarar todos los que los litigantes hubieron á la mano,
fueron haciendo relación de ocurrencias y consta por consiguiente en los
autos, en contestación á las preguntas generales, el nombre, edad,
naturaleza y oficio ó situación de los testigos. Cabe duda de la nave en
que fueron porque ni esto se les preguntó ni lo dijeron todos al
expresar desde cuándo y cómo conocían al Almirante D. Cristóbal, pero en
lo último fueron explícitos, así que, apartando los que dijeron haber
ido en el primer viaje aparecen sesenta, número no escaso dada la
dificultad de componerlo; el de la mitad de los expedicionarios, que
eran:

NAO SANTA MARÍA

    Cristóbal Colón, capitán de Sus Altezas.
    Juan de la Cosa, maestre, de Santoña.
    Sancho Ruiz, piloto.
    Alonso Pérez Roldán, piloto.
    Maestre Alonso, físico, de Moguer.
    Maestre Diego, contramaestre.
    Rodrigo Sánchez de Segovia, veedor.
    Pedro Gutiérrez, repostero de estradas del Rey.
    Rodrigo de Escobedo, escribano de la Armada.
    Diego de Arana, alguacil mayor, de Córdoba.
    Diego Lorenzo, alguacil.
    Luis de Torres, judio converso, intérprete.
    Domingo de Lequeitio.
    Lope, calafate.
    Jacome el Rico, Genovés.
    Pedro Terreros, maestresala.
    Rodrigo de Jerez, de Ayamonte.
    Ruiz García, de Santoña.
    Rodrigo de Escóbar.
    Francisco de Huelva.
    Rui Fernández de Huelva.
    Pedro de Soria.
    Pedro de Bilbao, de Larrabezua.
    Pedro de Villa, del Puerto.
    Diego de Salcedo, criado de Colón.
    Pedro de Acevedo, paje.


CARABELA PINTA

    Martin Alonso Pinzón, capitán, de Palos.
    Francisco Martin Pinzón, maestre, de Palos.
    Cristóbal García Xalmiento, piloto.
    Juan de Umbria, piloto.
    Juan de Jerez, marino, de Palos.
    Bartolomé García, contramaestre, de Palos.
    Juan Pérez Vizcaino, calafate, de Palos.
    García Hernández, despensero, de Palos.
    Rodrigo de Triana, de Lepe (el que cantó tierra).
    Juan Rodríquez Bermejo, de Molinos[32].
    Juan de Sevilla.
    García Alonso, de Palos.
    Goméz Rascón, de Palos.
    Cristóbal Quintero, de Palos.
    Juan Quintero, de Palos.
    Diego Bermúdez, de Palos.
    Juan Bermúdez, da Palos (descubridor de la isla Bermuda).
    Francisco García Vallejo, de Moguer.
    Francisco García Gallego, de Moguer.
    Pedro de Arcos, de Palos.

[Nota 32: Es probable que Rodrigo de Triana y Juan Rodríguez, que
también se dice cantó tierra, fueran, uno mismo.]

CARABELA NIÑA

    Vicente Yáñez Pinzón, capitán, de Palos.
    Juan Niño, maestre, de Moguer.
    Pedro Alonso Niño, piloto, de Palos.
    Bartolomé Roldán, piloto, de Palos.
    Diego Martín Pinzón, el viejo de Palos.
    Francisco Pinzón, de Palos.
    Francisco Niño, de Moguer.
    Bartolomé Pérez.
    Gutiérrez Pérez, de Palos.
    Juan Ortiz, de Palos.
    Alonso Gutiérrez Querido, de Palos.
    Pedro de Lepe.
    Alonso Morales.
    Andrés de Huelva, grumete.

Las clases y categorías que en los diarios se mencionan son:

Capitán, maestre, piloto mayor, piloto, veedor, escribano, físico,
alguacil mayor, alguacil, contramaestre, marinero, escudero, grumete,
paje y bajo el título de _oficiales de nao_, carpintero, calafate,
tonelero, despensero, lombardero y trompeta.

Los que con toda certeza quedaron en la fortaleza de la isla Española y
allí finaron;

    Diego de Arana, gobernador.
    Pedro Gutiérrez, teniente.
    Rodrigo de Escobedo, teniente.
    Maestre Alonso, físico.
    Diego Lorenzo, alguacil.
    Luis de Torres, intérprete.
    Lope, calafate.
    Domingo de Lequeitio.
    Jacome el Rico, Genovés.
    Pedro de Lepe.
    Alonso Morales.
    Andrés de Huelva.
    Francisco de Huelva.

Repítalos por siempre la historia.

Los tres viajes sucesivos que emprendió el Almirante no despiertan
interés tan vivo como el primero, y como fueron muchas las personas que
le acompañaron sería también difícil reunir los nombres de las
principales siquiera.

Llevaba al salir de Cádiz el 24 de Septiembre de 1493 una flota de 17
naves; de ellas 3 carracas muy grandes cargadas de víveres y pertrechos;
2 naos, una nombrada _Marigalante_, en que arboló la insignia de mando,
y 12 carabelas. Embarcaron en el número de funcionarios distinguidos
Pedro Margarit, Alonso de Valencia, Gómez Tello, Ginés de Gorbalán,
Alonso de Ojeda, Juan de Luján, Pedro Fernández Coronel, Bernal Díaz de
Pisa, Alonso de Carvajal, Sebastián de Olano, Melchor Maldonado, Álvaro
de Acosta, Francisco de Peñalosa, Pedro de Las Casas (padre de Fr.
Bartolomé), el Dr. Diego Álvarez Chanca, el ensayador de metales Fermín
Cado, el delegado apostólico Fr. Bernal Buyl, Fr. Román Pane, Fr. Juan
Tisín, Fr. Diego Márquez, Fr. Juan de la Duela...

Llegados felizmente al puerto de Navidad, en la Española, despachó el
Almirante para volver á Castilla 12 de las naves al mando de Antonio de
Torres, hermano de la nodriza del príncipe D. Juan, con el piloto mayor
Pero Alonso Niño, y quedóse con las otras cinco embarcaciones para
atender á las necesidades que ocurrieran. Con tres carabelas nombradas
_San Juan_, _Cordera_ y _Niña_ (la misma del primer viaje), emprendió el
reconocimiento de las islas Jamaica y Cuba, en Mayo de 1494, y por haber
levantado testimonio el notario Fernán Pérez de Luna, se sabe que iban á
la exploración 50 hombres de mar, cuyos nombres se escribieron[33],
notándose los de los maestres Cristóbal Pérez Niño, Alonso Pérez Roldán
y Alonso Medel; de los pilotos Francisco Niño y Bartolomé Pérez, y del
maestro de hacer cartas Juan de La Cosa.

[Nota 33: _Colección de Viajes_ de Navarrete, t. I.]

Regresó Colón á España en 1494 en la mencionada carabela _Niña_,
acompañado de otra que por ser la primera construída en las nuevas
tierras se llamó _La India_. Iban en su compañía 220 europeos.

Para el tercer viaje, emprendido en 1498, alistó 4 naos de más de 100
toneles y 2 carabelas. Despachó directamente para la Española, desde
Canarias, tres de los navíos, mandados por Pedro de Arana, hermano de
doña Beatriz Enríquez, Alonso Sánchez de Carvajal y Juan Antonio
Colombo, su pariente. Con una nao y dos carabelas hizo el descubrimiento
del Continente en Paria y bocas del Orinoco, siéndole de gran servicio
durante la enfermedad que padeció el capitán Pedro Terreros.

Dolorosísimo fué el retorno, viniendo en 1500 bajo partida de registro,
con grillos, lo mismo que sus hermanos Bartolomé y Diego en la carabela
_Gorda_, cuyo maestre y propietario era Andrés Martín de la Gorda, y el
capitán Alonso Vallejo. Debió de escoltarle la carabela _Antigua_ que
había llevado á Española el comendador Bobadilla.

Del cuarto y último viaje del Almirante en 1502 hay rol completo, que
formó el contador Diego de Porras y se conserva[34]. Colón eligió cuatro
navíos de gavia cuales convenía á su propósito de reconocer costas y
bajíos; el mayor no excedía de 70 toneles ni el menor de 50 bajaba. En
número redondo dicen sus cartas que juntó en la flotilla 140 hombres; en
el rol parecen 148 sin cortar su persona, la del adelantado D.
Bartolomé, su hermano, y la de D. Fernando, su hijo. En resumen.

[Nota 34: Navarrete, _Colección de Viajes_, t. I.]

La carabela capitana ganaba nueve mil maravedís de flete al mes; tenía
por capitán á Diego Tristán; llevaba piloto mayor, maestre,
contramaestre, físico, tonelero, calafate, carpintero, 2 lombarderos, 2
trompetas, 14 marineros, 4 escuderos, 20 grumetes, en total 52 personas,
incluídas las del Almirante y su hijo.

La carabela _Santiago_, capitán Francisco de Porras, ganaba diez mil
maravedís al mes, componiendo la tripulación 47 hombres en total.

El navío _Gallego_ se fletó á razón de 8.333 maravedís; mandábalo Pedro
de Terreros, llevando 27 hombres, de capitán á Paje.

El navío _Vizcaino_ fletado por 7.000 maravedís, regía Bartolomé de
Fiesco, tripulándolo 25 hombres. Total general, 151. Durante la campaña
fallecieron 31, cifra enorme, que pasa del 20 por 100.

Anota Porras que el velamen de la carabela era:

    2 velas maestras del árbol mayor con una boneta.
    1 vela maestra de trinquete con una boneta.
    1 vela de mesana.
    1 vela de gavia.

El sueldo mensual de la gente de mar era[35]:

    Un Capitán      2.500 maravedís.
    Un piloto       2.000 --
    Un marinero       830 --
    Un grumete        730 --
    Un paje           530 --

[Nota 35: Relación de la Armada que se reunió en Cartagena para la
jornada de Orán, en el mes de Marzo de 1509.--_Archivo de Simancas._]

Perdidas las cuatro naves, en la costa de Veragua dos y en Jamaica las
otras, el Almirante fletó en la isla Española dos más embarcando en la
del maestra Diego Rodríguez con 25 de sus compañeros. El Adelantado D.
Bartolomé vino en la segunda, llegando á Sanlúcar de Barrameda el 7 de
Noviembre de 1504.

No es de olvidar que los restos mortales del insigne marinero fueron
embarcados é hicieron todavía dos viajes atravesando el Atlántico y el
mar de las Antillas. Según refiere Garibay[36], cuando la virreina doña
María do Toledo fué por última vez á la isla Española el año 1544, llevó
consigo los huesos de su suegro y marido, dándoles sepultura en la
capilla mayor de la iglesia catedral de Santo Domingo. Allí reposaron
hasta que por el tratado de paz de Basilea, dejó la isla de ser
española. Acordaron entonces las autoridades llevarse los de D.
Cristóbal; con pompa extraordinaria le acompañaron hasta el bajel que
por casual coincidencia llevaba el significativo nombre de _El
Descubridor_, y transbordados en el puerto de Ocoa al navío _San
Lorenzo_, antes de acabarse el año 1795, los condujo á la Habana, con
los honores de almirante que le eran debidos, el teniente general de la
Armada D. Gabriel de Aristizábal.

[Nota 36: F. Duro, _Nebulosa de Colón_, páginas 222 y 223.]

[Illustration: CESÁREO FERNÁNDEZ DURO.]

[Illustration]



INSTRUMENTOS DE QUE SE SIRVIÓ COLÓN EN SUS VIAJES


El aparato que se emplea para estimar la velocidad de las naves, llamado
por los marineros españoles _Corredera_, no se generalizó hasta los
fines del siglo XVII, aunque antes se hubieran ensayado diversos
mecanismos. D. Amonio de Gaztañeta escribía todavía[37]: «No puedo dejar
de decir con qué pocos fundamentos se discurre entre algunos navegantes
el conocimiento de lo que una nao navega de distancia, pues algunos,
haciéndose astrólogos judiciarios, solamente se atienen á su conjetura,
sin más fundamento que sólo mirar á la espuma que deja la nao con su
movimiento... Otros hay que la distancia ajustan solamente con echar un
pedazo de palo ó astilla por la proa de la nao, algo distante, y luego,
así que empareje la astilla con él, camina para popa según la astilla;
hecho esto hace la consideración: «si yo caminara en tierra según aquí,
lo que podía caminar en una hora sería...»; y con este discurso ajusta
el camino que hace en la navegación. Otros hay que hacen unas señales en
el costado, de medidas determinadas, y luego echan un palo por la proa,
y emparejando á la primera señal empiezan á contar, y según fueron
contando y á qué señal llegan, hacen la conjetura de lo que camina una
nao.»

[Nota 37: _Norte de la navegación_, Sevilla, 1692.]

El conocimiento de las propiedades de la embarcación y el juicio de los
hombres experimentados sobre la fuerza de los vientos y demás
accidentes, era en efecto de lo que se servían para calcular la marcha y
á lo que hubo de acudir Cristóbal Colón al atreverse á penetrar en el
Atlántico, perdiendo de vista por la popa las costas de las islas
Canarias.

Desde un principio lo indica con claridad su diario, apuntando á 8 de
Agosto de 1492 «que hubo entre los pilotos de las tres carabelas
opiniones diversas donde estaban, y la suya salió más verdadera», y
repite en los sucesivos haberse propuesto llevar dos cuentas, poniendo
en una menos leguas de las que andaba «por si el viaje fuese luengo, no
se espantara ni desmayara la gente.»

Mucho confiaba en su criterio y en su autoridad para imponerlo á los
pilotos, pues lo mismo que él podían apreciar la velocidad de las
carabelas por rutina, y mejor debían de conocer las propiedades de
barcos de su pertenencia en que antes habrían navegado. El propósito de
contar menos leguas era contrario á la regla que observaban los
españoles, calculando más largo el camino á fin de no aventurar el
encuentro de la tierra, sobre todo de noche. Acaso por lo mismo lo
adoptó, teniendo presente cuanto pudiera influir en la imaginación el
exceso, al hacer camino por un paralelo sin que la diferencia de latitud
lo afectara.

«De Leste Oeste (enseñaban las disciplinas) no se da altura ninguna
porque el polo (yendo contino por este via) ni se alza ni se abaja mas
en una parte que en otra; e asi el que Leste Oeste navegare, la cuenta
de su camino es á su arbitrio, considerando lo que el navio puede andar
según el tiempo y navio y la carga fueren»[38].

[Nota 38: Medina--_Regimiento de navegación_, Sevilla, 1563.]

Ello es que á 1.º de Septiembre escribía D. Cristóbal: «Aquí
descubrieron sus puntos los pilotos; el de la _Niña_ se hallaba de las
Canarias 440 leguas; el de la _Pinta_ 420; el de la _Santa María_ 400
justas», y en 1.º de Octubre volvía á decir: «el piloto de la _Santa
María_ tenía hoy en amaneciendo que habían andado desde la isla de
Hierro hasta aquí 578 leguas; la cuenta menor que el Almirante mostraba
á la gente eran 584, pero la verdadera que juzgaba y guardaba era 707.»

La última cuenta era de tal modo aproximada á la verdad, que avistada la
isla Guanahaní al cabo de treinta y tres días de viaje y de un trayecto
de más de mi leguas; trazando la derrota en carta de las modernas,
resulta error no ya pequeño, considerado el tiempo y los elementos de
que las carabelas disponían, sino sorprendente hoy mismo con todos los
adelantos conseguidos.

En el viaje de vuelta lo tuvo mayor, así por los rumbos al Nordeste, que
requerían apreciación de apartamiento del meridiano, como por los
temporales que dificultaban la estima de la marcha. El 10 de Febrero de
1493 dice el Diario:

«En la carabela carteaban ó echaban punto[39] Vicente Yáñez y los
pilotos Sancho Ruiz y Pero Alonso Niño y Roldán, y todos ellos pasaban
mucho adelante de las islas Azores, al Este, por sus cartas, y navegando
al Norte ninguno tomaba la isla de Santa María, ques la postrera de
todas las de los Azores, antes serían delante cinco leguas e fueran en
la comarca de la isla de la Madera ó de Porto Santo. Pero el Almirante
se hallaba muy desviado de su camino, hallándose mucho más atrás
quellos, porque esta noche le quedaba la isla de Flores al Norte y al
Este iba en demanda á Nafe, en África y pasaba á barlovento de las isla
de la Madera de la parte del Norte. Así quellos estaban más cerca de
Castilla quel Almirante con 150 leguas. Dice que mediante la gracia de
Dios desque vean tierra se sabrá quien estaba más cierto.»

[Nota 39: _Punto de fantasía_ llamaban á éste.]

Ocho días después, llegados á la isla, se complacía con razón de la
confianza que puso en los pronósticos: «Dice que aquella en navegación
había sido muy cierta y que había carteado bien, aunque se hacía algo
delantero. Y diz que fingió haber andado más camino por desatinar á los
pilotos y _quedar señor_ de aquella derrota de las Indias, _como de
hecho queda_, porque ninguno de todos ellos trae su camino cierto, por
lo cual ninguno puede estar seguro de su derrota.»

Fingió á la ida andar menos porque la gente no se desalentase; fingió á
la vuelta andar más por desatinar á los pilotos; si á esta declaración
se junta la que hacía á los Reyes en la carta que escribió desde
Jamaica, diciendo que sólo él sería capaz de decir dónde estaba Veragua
y de volver á la costa, no puede menos de reconocerse, ya que no la
pedantería de que le acusa el escritor alemán Rodolfo Cronau, cierta
inmodestia. Acaso le juzgó severo Girava en aquellos día teniéndole por
_gran marinero y mediocre cosmographo_[40]; el Sr. Gelcich, director de
la escuela náutica de Lusinpíccolo, estima ahora con más justicia sus
excelentes dotes de piloto, dotes que resaltan en el Diario de
navegación que nos sirve de prueba; mas los hechos demuestran al mismo
tiempo que ni excedía mucho en conocimiento y menos en práctica á los
compañeros que con él carteaban, ni había de serle fácil _desatinar_ á
pilotos tales como los Pinzones, La Cosa, Pero Niño y tantos más como
fueron explorando el Nuevo Mundo á pasar de las precauciones que
autoritariamente tomó recogiéndoles las cartas, derroteros, vistas y
descripciones que hacían, _por quedar único señor del camino_, pues
llegó el extremo, que él mismo lamentaba, de haberse hecho descubridores
_hasta los sastres castellanos_.

[Nota 40: _Dos libros de Cosmographia compuestos nuevamente_, por
Hieronymo Girava, Tarragonés. Milán, 1556.]

Veamos ahora de qué medios disponían los astrólogos náuticos para
diferenciarse de los judiciarios á quienes D. Antonio de Gaztañeta
enderezaba la sátira del principio.

Tanto como yerran los que han creído que eran las carabelas de Palos
embarcaciones menores sin cubierta, tanto se equivocan muchos al
presumir se guiaban por la aguja flotante primitiva á que aluden las
Leyes de Partida y las obras de Raimundo Lulio. La aguja náutica recibió
durante el siglo XIV dos de las más importantes modificaciones cuyo
conjunto constituye su actual disposición; á saber, la de apoyarla en un
estilo vertical sobre el que puede girar libremente dentro del mortero;
y la de colocar éste en la suspensión de dos círculos concéntricos;
sencillos, pero admirables inventos que además del carácter de utilidad
que los distingue, lleva el sello del verdadero genio[41]. Así las
construía en Mallorca Jaime Ribes, antes de dirigir la Academia de
Sagres á que le llamó el infante D. Enrique; así las usaban las naves
portuguesas y castellanas en la navegación de la Mina de África y de la
carrera de Flandes, siendo una de las causas de sus progresos[42].

[Nota 41: D. Francisco de P. Márquez. _Discurso leído ante la Real
Academia de Ciencias_, Madrid 1875.]

[Nota 42: Lulio Gregorio Gyraldi, escritor de Ferrara en el libro
que dedicó á Ercules de Este, titulado _De re nautica_, Basilea 1540,
dice que los españoles y los portugueses utilizando esta aguja han
extendido el conocimiento del mundo.]

Colón por su mano dió testimonio del uso de la aguja perfeccionada en el
Mediterráneo en la carta fechada en la isla Española en Enero de 1495
que dirigió á los Reyes y cuyo texto nos ha conservado el P. Las
Casas[43].

[Nota 43: _Historia de las Indias_, t. I, cap. III, pág. 48.]

«A mi acaeció (escribía) que el rey Reynel, que Dios tiene, me envío á
Tunez para prender la galeaza _Fernandina_; y estando ya sobre la isla
de San Pedro en Zerdeña, me dijo una saetia que estaban con la dicha
galera dos naos y una carraca; por lo que se alteró la gente que iba
conmigo, y determinaron de no seguir en el viaje, salvo de ser volver á
Marsella por otra nao y más gente. Yo, visto que no podía sin algún arte
forzar su voluntad, otorgué su demanda, _y mudando el cabo de la aguja_
di la vela al tiempo que anochecía, y otro día al salir el sol estábamos
dentro del Cabo de Carthagine, teniendo todos ellos por cierto que
íbamos á Marsella...»

No es ocasión de examinar si con procedimiento tan sencillo, utilizado
por Julio Verne en una de sus novelas, es fácil engañar á marineros de
guerra que con vista de las estrellas y aun con la dirección del viento
solo habían de conocer el verdadero rumbo, ni importa investigar á qué
fin enderezaba D. Cristóbal el cuento: lo que de él se deduce y al
objeto presente aprovecha, es que la rosa estaba pegada á la aguja y
ocultaba sus giros sobre el estilo, sin lo cual no podía imaginar el
ardid.

En las más antiguas cartas mallorquinas que se conocen está ya pintada
la _rosa náutica_ con treinta y dos vientos tal cual se fijaba sobre la
aguja tocada del imán; tal cual la llevó Colón en las carabelas y con la
elegancia con que la dibujó Juan de la Cosa en su famoso mapamundi.

De que así era da otras pruebas al referido Diario de Colón, documento
primordial en nuestras investigaciones. El 9 de Septiembre anota
observación por la cual se advierte que estaban marcadas en la rosa las
divisiones de media partida, ó sea de 5 en 5 grados. Los días 17 y 30
del mismo mes, expresa que los pilotos marcaron repetidas veces la
estrella polar y el sol al hallarse en el horizonte.

Pormenores de la construcción del instrumento no tenemos de los mismos
días ni parece que estuvieran publicados, toda vez que el maestro Pedro
de Medina decía en el proemio de su _Regimiento_: «Viendo yo que de
España se hacen más largas navegaciones que de otra ninguna parte del
mundo y que para tan largos caminos por la mar casi ninguna cosa había
escripta que aviso para las navegaciones les diese, tomé gran voluntad
de escribir...para esto he compuesto este libro.»

Antes lo habían hecho Martín Fernández de Enciso[44] y Francisco
Falero[45].

[Nota 44: _Suma de geographia que trata de todas las partidas et
provincias del mundo, en especial de las Indias, et trata largamente del
arte del marear..._, Sevilla 1519.]

[Nota 45: _Tratado del Esphera y del arte de marear..._, Sevilla
1535.]

El mismo Medina dió á luz primero el _Arte de navegar_ (1545) y la _Suma
de Cosmographia_ (1561), siguiéndole Martín Cortés que completó las
teorías y prácticas del tiempo[46], Medina y Cortés enseñaron á Europa
la ciencia del piloto propagándola con universal crédito entre los
navegantes; uno y otro alcanzaron á Colón; estuvieron al corriente de
sus viajes y lo que dicen de los instrumentos es por tanto aplicable á
los que el Almirante usó.

[Nota 46: _Breve Compendio de la sphera y de la arte de navegar_,
Sevilla 1551.]

Más minucioso Cortés que el otro, trata de la construcción de la aguja
en términos curiosos que no han de holgar aquí.

«Tómese un papel como de naipes y dese en él un círculo de cuantidad de
una mano, poco más ó menos, en el cual se han de pintar los 32 vientos
con los colores y la orden que dimos al tratar de la carta, no olvidando
de señalar el Norte con una flor de lis y el Levante con una cruz, y
demás desto, cada uno según su fantasía la hermoseará y agraciará.»

Así lo hacían todos los constructores, con oro y colores varios,
poniendo en el centro la imagen de la Virgen, por el estilo de la que se
ve en la carta de Juan de la Cosa. Rodrigo Zamorano dibujó otra muy
bella en su arte[47] poniendo por leyenda MARIS STELLA SVCVRRE NOBIS.

[Nota 47: _Compendio del arte de navegar_, del licenciado Rodrigo
Çamorano, cosmógrafo y piloto mayor de S. M., Sevilla 1588.]

Sigue explicando Cortés que la línea norte-sur se señala en la parte
opuesta para asentar los fierros ó aceros. «Para estos se ha de tomar un
filo tan grueso como una alfiler gordo; se ha de doblar de modo que cada
una de las partes sea tan luenga como el diámetro de la brújula y más la
cuarta parte. Los cabos, ó puntas de estos fierros ó aceros se han de
apretar y ajustar y en los medios se han de abrir ó apartar uno de otro
hasta que los cabos vengan á igualar con las extremidades del diámetro
de la brújula, y así quedarán los aceros cuasi en figura oval[48]. Estos
fierros se han de pegar por la parte baja de la brújula, de manera que
las extremidades ó puntas vengan precisamente por la línea del
Norte-Sur, y para fijarlos así, se han de cubrir con un papel delgado
engrudado, dejando las puntas ó extremidades descubiertas. Y estas
extremidades se han de tocar en la piedra imán de esta manera: la parte
que está debajo de la flor de lis se ha de refregar con aquella parte de
la piedra que corresponde al norte, y esto bastaba para la perfección
del aguja; pero algunos quieren para superabundancia tocar la otra parte
del fierro con aquella parte de la piedra que corresponde al Sur. Este
tocamiento del fierro con la piedra para que la virtual demostrativa sea
engendrada, se ha de hacer dando con un martillo algunos golpes en
aquella parte de la piedra que se ha de tocar, es á saber, en el norte ó
en el sur, y allí le saldrán unas barbas donde se ha de refregar la
punta del fierro como quien lo amolase, y quedarle tan pegadas algunas
de las dichas barbas de la piedra, y así tocados y pegados los fierros
hase de tomar una punta de latón de figura piramidal, que es abajo
ancha y arriba hace punta, y por lo bajo ó ancho se ha de barrenar con
un taladro. Esta pirámide, á que los marineros dicen chapitel, hase de
encajar por el centro de la brújula, como la punta salga por la parte
más ancha y allí se ha de pegar y bien fijar.»

[Nota 48: Zamorano recomienda que con los alambres se forme una
figura de hierro de lanza.]

Explica luego cómo se hace á torno una caja cilíndrica de madera
(redonda dice) de poco mayor diámetro que la rosa, con el fondo postizo
para que se pueda quitar con facilidad cada vez que hayan de tocarse con
la piedra (á que dicen cebar); cómo se coloca el estilo en el centro, y
porque no entre viento por la parte de arriba, se cubre con un vidrio, y
sus juntas con cera. Esta caja se pone en otra cuadrada sobre dos
círculos «_enejados_ uno con otro, que sirvan para que no penda el aguja
aunque penda la nao»[49].

[Nota 49: Siguiendo exactamente este método se ha construído la
aguja que lleva la nueva nao _Santa María_.]

Medina cuenta en el _Regimiento de navegación_ impreso «a la gloria de
Dios nuestro Señor y de su benditísima madre y para provecho e utilidad
de los navegantes», que como antiguamente no había otra navegación sino
de Flandes á Levante, y las agujas en Flandes y en Francia se comenzaron
á hacer, y de allí fué el principio de poner flor de lis por cabeza en
el Norte, así se pone. Se cree que esa navegación de Levante
desarrollada por las cruzadas es la que impuso la Cruz en el Este.

Zamorano llama ya _mortero_ á la caja cilíndrica de madera que contiene
la rosa _por tener hechura de una grande escudilla_; recomienda que si
la aguja se inclina se ponga en la parte contraria un poco de cera ó una
delgada lámina de plomo, y hecho el instrumento, llamado _aguja de
marear_, se asiente en la popa, donde está la bitácora, en la línea que
pasa desde el bauprés por el centro del mástil mayor.

No hablando ninguno de estos autores más inmediatos á Colón, de
fórmulas, se preguntará cómo se hacían las marcaciones á la estrella
polar y al sol, que el Almirante menciona en el diario. Se hacían
rudimentariamente: puesta la vista en el objeto, se describía con la
mano de canto un arco de círculo vertical, repitiendo la operación
cuantas veces se creía necesaria. Á este modo de marcar llamaban los
marineros _bendiciones del piloto_.

Duda de más interés han suscitado los términos concisos de las
anotaciones hechas por Colón. Á 17 de Septiembre se lee en el Diario:
«Tomaron los pilotos el Norte, marcándolo, y hallaron que las agujas
noruesteaban una gran cuarta, y temían los marineros y estaban penados y
no decían de qué. Conociolo el Almirante, mandó que tornasen á marcar el
Norte en amaneciendo, y hallaron que estaban buenas las agujas.»

Llegando aquí D. Martín Fernández de Navarrete en su obra de _Viajes_,
puso por comentario: «El ingenioso Colón, que fué el primer observador
de la variación, procuraba disipar los temores de su gente,
explicándoles de un modo especioso la causa de este fenómeno. Así lo
asegura su historiador Muñoz, y así era la verdad, como se comprueba al
ver las reflexiones que hace en su tercer viaje sobre estas alteraciones
del imán. La misma sorpresa y cuidado de los pilotos y marineros es una
prueba decisiva de que hasta entonces nadie había notado esta variación
en las agujas. Así lo dicen Casas, Hernando Colón y Herrera,
historiadores exactos y fidedignos; y por lo mismo es muy singular que
haya cundido tanto la opinión de que el primero que observó las
declinaciones del imán fuese Sebastián Caboto, que no salió á descubrir
hasta el año 1497 con permiso del rey de Inglaterra Enrique VII,
suponiendo que publicó esta novedad el año 1549; y que otros le
atribuyan á un tal Criñon, piloto de Dieppe, hacia el año 1534. Nuestro
erudito Feijóo incurrió en este error y lo sostuvo, tomándolo, según
dice, de Mr. de Fontenelle en su historia de la Real Academia de
Ciencias del año 1712. El P. Fournier atribuye la primacía de aquella
observación á Caboto y á Gonzalo Fernández de Oviedo, sin duda porque
habló de ella en el libro II, cap. XI de su Historia general de las
Indias. Así se ha procurado obscurecer el mérito de Colón hasta en las
observaciones que eran propias de su situación é hijas de su meditación
y conocimientos.»

Raro parece que Fernández de Navarrete, tan entendido en materias
náuticas y tan escrupuloso en las investigaciones de su historia, al
censurar con razón á los que atribuyen á Caboto y navegantes posteriores
el descubrimiento de la variación, por que lo dijeran Muñoz y los que
cita, incurriera en el mismo error de atribuirla á Colón y en el de
pensar que se obscurezca su mérito con negarle éste que no le pertenece.
Ni la noticia consignada en el Diario el 17 de Septiembre de 1492 ni las
reflexiones del Almirante durante el tercer viaje, que menciona sin
examinarlas; aun más, ni la sorpresa y cuidado de los pilotos y
marineros, constituyen prueba menos que decisiva de que hasta entonces
nadie había notado la variación. El juicio de don Martín tanto se aparta
de la exactitud como al presumir que «el ingenioso Almirante procuraba
disipar los temores de su gente explicándolas de un modo especioso la
causa del fenómeno». No para satisfacción de la gente escribía el
Diario, documento secreto en que consignaba aquello de las dos cuentas
de leguas y del propósito de _desatinar_ á los pilotos. Lo que anotó el
17 de Septiembre refleja las impresiones que de momento sentí al marcar
la estrella polar, corroborándolo segunda anotación hecha el 30 del
mismo mes de Septiembre en iguales términos:

«En anocheciendo, las agujas noruestean una cuarta, y en amaneciendo
están con la estrella justo: por lo cual parece que la estrella hace
movimiento como las otras estrellas, y las agujas piden siempre la
verdad.»

Esta impresión repetida quiere decir que las observaciones imperfectas
hechas al amanecer, le hacían dudar de las que con verdad marcaban
durante la noche la variación de la aguja y le inducían en el nuevo
error de suponer que la estrella describiera al rededor del polo un
círculo de más de 12 grados (_una gran cuarta_).

Continuadas las observaciones en los otros viajes, llegó ya á comprender
la realidad, aunque no de un modo absoluto todavía; la reflexión á que
Navarrete se refiere sin haberla estudiado, dice literalmente:

«Cuando yo navegué de España á las Indias, fallo luego en pasando cien
leguas á Poniente de las Azores grandísimo mudamiento en el cielo e en
las estrellas... Fallo que de septentrión en austro, pasando las dichas
cien leguas, que luego en las agujas de marear _que fasta entonces
nordesteaban, noruestean una cuarta de viento todo entero_, y esto es en
allegando allí á aquella línea como quien traspone una cuesta...»

No podía descubrir Colón la variación de la aguja porque de mucho tiempo
atrás estaba descubierta[50]; lo que sí advirtió ó descubrió, lo mismo
que los pilotos y marineros, por ser los primeros que atravesaron el
Océano, es que la variación de la aguja no es constante; que no es la
misma en todos los lugares de la tierra; que existe más allá de las
Azores una línea de Septentrión en Austro un meridiano magnético, pasado
el cual las agujas se desvían desde el Nordeste (variación que en 1492
tenían en España, conocida por Colón y para todos los marineros) al
noroeste, y este cambio inexplicable, que en vano Colón quería penetrar,
era lo que á los pilotos preocupaba.

[Nota 50: Winsor, _Cristopher Columbus_, pág. 200. La variación de
la aguja, observada por Peregrini en 1269 fué claramente marcada en la
carta de Andrea Bianco de 1436.]

Tal era la confusión del Almirante, que como entre otras especies
escribiera[51]: «fallé allí que en anocheciendo tenía yo la estrella de
Norte alta 5 grados, y entonces las guardas estaban encima de la cabeza,
y despues de la media noche fallaba la estrella alta 10 grados, y en
amaneciendo, que las guardas estaban en los pies, 15»; hubieran de
llamar la atención, y Pedro Mártir de Angleria recogió las objeciones
escribiendo[52]:

«Refiere el Almirante acerca de la diferencia del polo ciertas cosas
(copia el párrafo antecedente), que por parecerme que van en contra del
sentir de todos loa astrólogos, las tocaré ligeramente.

»Es cosa sabida que aquella estrella polar que los marineros llaman
tramontana, no es el punto del polo ártico sobre el cual gira el eje de
los cielos; y esto se conoce fácilmente, si cuando salen las estrellas,
miras á esa por un agujero pequeño; y si en la última vigilia, cuando la
aurora las oculta miras por el mismo agujero, encontrarás que ha mudado
de sitio. Mas como pueda suceder que en el primer crepúsculo de la noche
se eleve en aquella región (de Paria) 5 grados en Junio, y al retirarse
las estrellas por los rayos solares que vienen, se eleva 15 grados,
tomando el mismo cuadrante, no lo entiendo, y las razones que él da no
me satisfacen del todo, ni tampoco en parte, pues dice que ha
conjeturado que el orbe de la tierra no es esférico, sino que en su
redondez, al ser criado, se levantó cierto lomo; de modo que no tomó la
forma de una pelota ó de una manzana, como otros siente, sino la de una
pera pendiente del árbol, y que Paria es la región que ocupa la
eminencia aquella (el pezón escribe el Almirante) más próxima al cielo».

[Nota 51: En la misa relación del tercer viaje.]

[Nota 52: Dec. I, lib. VI, cap. IV, traducción del Sr. Torres
Asensio.]

No valía la pena que se dió Fernández de Navarrete de discutir si
navegantes posteriores á Colón descubrieron la dicha variación de la
aguja que el Almirante adjudica; á mano tenía los libros de Enciso
(1519), de Falero (1535), los más antes citados, en que se discurrió
sobre el fenómeno[53]. Basta aquí de la cuestión y del instrumento que
hacía pensar á Medina. ¿Qué primor ni sutileza hay en el mundo tan
grande que se compare con la del aguja de marear?

[Nota 53: De los primitivos tratados de navegación escribieron
juicios ó comentarios útiles para el objeto presente, D. Rafaél Pardo de
Figueroa, _Crítica del Regimiento de navegación del maestro Pedro de
Medina_, Cádiz 1867; D. Francisco de P. Márquez, _Discurso citado_,
Madrid 1875; Fernández Duro, _Disquisiciones náuticas_.]

Á 13 de Diciembre de 1492 explica el _Diario_ de D. Cristóbal: «Halló
por el _cuadrante_ questaba de la línea equinoccial 34 grados». Este
instrumento que en otras ocasiones menciona el Almirante y de que habla
también Pedro Mártir de Angleria en la crítica transcrita, era
modificación del astrolabio y vino á sustituirlo en los navíos, de
forma, que ya Rodrigo Zamorano escribía que astrolabio y cuadrante eran
una misma cosa.

[Illustration]

Martín Cortés lo describe con la minuciosidad que los otros
instrumentos, y desde luego se advierte que en el astrolabio náutico se
suprimieron por falta de aplicación, las doce casas celestes, la línea
crepuscular, los doce vientos, la red aránea con todo aquel complicado
mecanismo de que se servían los astrónomos en los observatorios.
Redújose á un círculo de latón de un palmo de diámetro y medio dedo de
grueso, aunque solía dársele más, porque para algunos pilotos, cuanto
más pesado por mejor la tenían. Pendía de una argolla por la que se
introducía el dedo pulgar de la mano derecha, dejándolo colgar
libremente. Trazados dos diámetros, que representaban el horizonte y el
vertical, en la parte exterior se graduaba en 90 partes desde el
horizonte al zenit, y por esto se llamaba cuadrante. Sobre el centro
giraba una alidada ó _fiducia_ con dos pínulas ó almenillas y dos
agujeros en cada una; el primero grande cuanto cupiera un alfiler gordo,
que servía para tomar la altura de las estrellas; el otro tan sutil
cuanto cupiera una aguja de labrar, y éste servía para la altura del
sol. Tomando el instrumento por la anilla, colocándolo en el plano
vertical del astro y moviendo con la otra mano la aliada, hasta
conseguir que un rayo de luz penetrando por el agujero de la pínula
superior, correspondiera con el otro, la línea fiducia señalaba la
altura, contada desde la línea del horizonte[54].

[Nota 54: Más pormenores pueden verse en las _Disquisiciones
náuticas_, t. IV.]

Para tomar la altura de la estrella polar preferían los pilotos, y
llevaba Colón, la _ballestilla_, báculo ó radio astronómico de muy
antiguo usado. Era una vara cuadrangular de madera dura, de seis ó más
palmos de longitud, «porque cuanto más larga era más precisa», y otra
más pequeña que á través de una escopladura corría por la primera en
sentido perpendicular ó en cruz. La primera se llamaba _virote_ ó radio;
su extremo inferior coz de la _ballestilla_; la segunda vara se nombraba
_sonaja_. Se graduaba el virote desde el extremo de la coz, por un
método gráfico sencillísimo que explican todos los autores citados.

Se observaba con ella aplicada la coz al lagrimal del ojo, puesta la
cara hacia la estrella y mirándola por la parte alta del un extremo de
la sonaja, se había de dirigir á la vez una visual por el extremo bajo
de la misma sonaja al horizonte, corriéndola en uno ú otro sentido hasta
conseguir la coincidencia, en cuyo caso, los grados y minutos contados
hasta la sonaja, representaban la distancia del astro al cenit, ó
complemento de altura.

Agregando á los tres instrumentos, aguja, cuadrante y ballestilla, la
ampolleta ó reloj de arena de media hora, se completa la colección de
que dispusieron los descubridores del Continente nuevo y aun de los
primeros que rodearon el mundo, dándonos á conocer la verdadera figura
de la tierra, tan satisfechos de los resultados, como de los medios. El
referido maestro Pedro de Medina escribía:

«Cosa muy justa es que el caballero que ha de entrar en batalla tenga
sus armas y caballo bien aderezados, y en tal manera, que cuando fueren
menester no le hagan falta. Bien así es justo que el piloto para entrar
en la batalla de la navegación, donde no menos peligros que en las otras
batallas suele haber, tenga las armas con que se ha de defender que son
sus instrumentos, bien aparejados y ciertos, y su caballo que es el
navío... Dos cosas deben tener los instrumentos de la navegación: una
que sean ciertos, y otra que sean polidos e muy bien hechos, y que el
piloto se precie de tenellos tales. Pues el ser ciertos le es gran
provecho, y ser polidos y muy bien hechos da contento».

_Polido_, cual ninguno, brindaba y sigue brindando la Providencia á los
marineros el _Relox del Norte_, cuya manilla, _la guarda delantera_ (P.
Ursæ Minoris), jamás se descompone. El referido maestro Medina decía de
este recurso natural:

«Provecho grande y aviso muy bueno es para el que navega saber que hora
es de la noche, donde quier que estoviere; lo cual por el ampolleta no
puede todas veces saberse; porque el ampolleta muchas veces se para y
otras se duerme el que la vela.»

Que lo último ocurriera no era raro por ser incumbencia de los pajes,
muchachos de pocos años, _la vela_, y cuando no se dejaban vencer del
sueño, buenas sacudidas daban al instrumento porque la arena corriera y
se acabara más presto su guardia. Cantaban al punto un estribillo de que
Eugenio de Salazar nos ha conservado memoria, y _se picaba la hora_ en
la campana[55].

[Nota 55: _Disquisiciones náuticas, tomo II._ Para los que
desconocen la vida de mar no será impertinente expresar que desde tiempo
inmemorial hasta ahora, aunque mucho he que desapareció la vela, sigue
la campana de las naves de todas las marinas del mundo, tocándose por
ampolletas, y como ocho de estas, ó cuatro horas dura la guardia, no dan
nunca las campanas más de ocho golpes, repitiéndolos en la guardia
siguiente, con intervalos que diferencian la hora y la media, como
sigue:

        CAMPANADAS HORAS
    -------------------------------------

    I              4-1/2, 8-1/2, 12-1/2
    II                   5, 9, 1
    II--I          5-1/2, 9-1/2, 1-1/2
    II--II              6, 10, 2
    II--II--I     6-1/2, 10-1/2, 2-1/2
    II--II--II          7, 11, 3
    II--II--II--I 7-1/2, 11-1/2, 3-1/2
    II--II--II--II      8, 12, 4

Los pajes antaño cantaban al volver la ampolleta:

      Buena es la que va,
    Mejor es la que viene;
    Una (ó las que fueren) es pasada y en dos muele:
    Mas molerá si Dios quisiere;
    Cuenta y pasa, que buen viaje faza.
    ¡Ah de proa! ¡Alerta; buena guardia!

]

Cristóbal Colón creyó observar que el _Relox del Norte_ atrasaba en el
Nuevo Mundo; el Domingo 30 de Diciembre de 1492 anotaba en el Diario
que «las estrellas que se llaman las guardias, cuando anochece están
junto al brazo de la parte de Poniente, y cuando amanece están en la
línea del brazo al Nordeste, que parece que en toda la noche no andan
salvo tres líneas, que son nueve horas, y esto cada noche.»

Se proveían por entonces los pilotos de unas efemérides perpetuas de la
declinación del sol, deducidas de las Tablas Alfonsinas, con las cuales
y la altura meridiana calculaban la latitud con error que podía llegar á
dos grados. Otra tabla tenían que daba las leguas navegadas y el
apartamiento de meridiano, resolviendo un triángulo rectilíneo
rectángulo en que eran conocidos un cateto (diferencia de latitud de un
día á otro) y el ángulo adyacente (ángulo de rumbo).

Por último, se servían de la carta de marear ó representación en un
plano de la superficie de la tierra, en que se consideraba cada
hemisferio como un cilindro cuya base era el Ecuador, y los meridianos
eran paralelos. En la carta, partiendo de un punto conocido se situaban
todos los demás por rumbo y distancia, ó por rumbo y diferencia de
latitud ó por distancia y distancia de latitud.

Á esto se reducía el _Arte de Navegar_ cuando Colón salió de Palos con
ánimo asombroso de llegar á la India Oriental por Occidente.

[Illustration]

[Illustration]



LA VIDA EN LAS CARABELAS DE COLÓN

I


Se ha investigado ya la forma de las naves que desde el puerto de Palos
abrieron en el Océano el primer surco hasta las Antillas el año
afortunado de 1492; la capacidad del vaso; la proporción de sus
miembros; la arboladura y velamen que servían á la moción. Se han
reunido datos seguros del armamento con que iban apercibidas á la
defensa y á la ofensa: conocemos nombres de una buena parte de la
tripulación regida por los maestres, pilotos, capitanes y caudillo por
siempre famosos. Del estado de la ciencia náutica entonces, de las
cartas, instrumentos, fórmulas, de que en la navegación se pudieron
utilizar, también se ha hecho estudio auxiliar de los otros; con todo,
no satisfacen en junto á la curiosidad, deseosa de penetrar cuanto
atañe á la vida de los expedicionarios en su temerosa empresa.

No es fácil escudriñarla en todos sus pormenores, habiendo transcurrido
tan largo espacio; no es sin embargo imposible, formar idea aproximada
de los principales, acudiendo al registro de los escritos del tiempo,
entre los que nos quedan relaciones de viajes por mar del rey D.
Fernando el Católico; de la princesa Margarita de Austria; de la infanta
doña Juana _la Loca_; de su hijo el emperador Carlos V; regimientos é
instrucciones de Almirantes castellanos y aragoneses; asientos ó
capitulaciones con los descubridores; documentos esencialmente marineros
ya colegidos[56] y libros de varia lección en que por incidencia suele
haber noticias útiles. Procuraremos ahora aumento del caudal, empezando
por las que se refieren á la figura, colores y blasones de las insignias
que, á la vez que enseñaban con el simbolismo heráldico el nombre y
poderío de la nación española, alegraban la vista engalanando los
mástiles.

[Nota 56: En las _Disquisiciones náuticas_ del autor de este
artículo.]



II BANDERAS


La carta ó mapamundi de Juan de la Cosa, documento fehaciente como obra
del maestre y propietario de la nao capitana de Colón, representa á las
carabelas en la tierra nuevamente descubierta, ostentando en el palo
mayor el estandarte real de Castilla, que era de figura rectangular con
las puntas exteriores redondeadas, en forma de escudo; cuartelado de
rojo y blanco, con castillos de oro y leones de gules. El mismo
estandarte pone sobre la costa en todos aquellos puntos de que se había
tomado posesión[57], conforme en todo con el guión que pintó cierto
fraile franciscano á mediados del siglo XIV en códice que se conserva en
la biblioteca del Palacio real[58]; conforme con la enseña desplegada
por el rey D. Juan II el año 1431 en la batalla de la Higueruela, según
se ve en el monasterio del Escorial; conforme con las cartas de marear
antiguas que nos quedan; conforme asimismo con la descripción del pendón
real hecha en el inventario que formó Gaspar de Gricio de las cosas que
la Reina Católica tenía en los Alcázares de Segovia[59], es decir, tal
cual en Castilla se usó en un período de dos siglos cuando menos.

[Nota 57: Véase la reproducción de la Carta, publicada en _El
Centenario_, t. I.]

[Nota 58: _El libro del conocimiento de todos los reinos, tierras y
señoríos que son por el mundo, publicados por el Sr. D. Marcos Jiménez
de la Espada en el Boletín de la Sociedad geográfica de Madrid_, t. II.]

[Nota 59: Fernando Duro, _Tradiciones infundadas_, pág. 267.]

El Diario de D. Cristóbal reza el 12 de Octubre de 1492. «El Almirante
salió á tierra en la barca armada y Martín Alonso Pinzón y Vicente
Yáñez, su hermano, que era Capitán de _La Niña_. Sacó el Almirante la
bandera real y los capitanes con dos banderas de la cruz verde, que
llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una I;
encima de cada letra su corona, una de un cabo de la [símbolo de la cruz
de Malta] y otra del otro...»

Consigna el mismo Diario á 18 de Diciembre que entre las cosas que
mostró el Almirante y dieron contento al cacique Guacanagarí, fueron
_las banderas reales y las otras de la cruz_. Entre las primeras
contaría, sin duda, el guión, insignia privativa de los capitanes
generales de mar y tierra, que era un cuadrado de damasco carmesí puesto
en asta de lanza, pintado en la tela un crucifijo[60]. De estas
insignias hay varios ejemplares en la Armería real, comprendiendo la que
usó D. Juan de Austria, y que era semejante la del primer Almirante da
las Indias, se colige por referencia de Ramusio de llevar «_Una banniera
nella quale era figurato il Nostro Signore Jesucristo in croce_[61].»

[Nota 60: _Tradiciones infundadas_ citadas antes.]

[Nota 61: Ramusio, _Della navigatione e viaggi_, _raccolta_, t. III.
fol. I.]

Teodoro de Bry, que, como es sabido, fué el primero en vulgarizar por
Europa la noticia de los descubrimientos, publicando relaciones
acompañadas de láminas, dibujó á Colón armado de todas armas, ó sea con
arnés completo, teniendo en la mano derecha el bastón de capitán general
y en la izquierda el guión con el crucifijo[62]; dibujo reproducido en
muchas ediciones de la misma obra y en otras referentes á las Indias
occidentales de que recientemente ha salido á luz noticia compilada[63].

[Nota 62: _Insignis Almiranda Historia de reperta primum occidentali
India a Christophoro Colombo._]

[Nota 63: _Narrative and critical history of America_, edited by
Justin Winsor. Boston.]

En varios pasajes repite el Diario del Almirante, ya al avistar la
tierra, ya por celebridad de la fiesta de la Virgen María que _ponía
banderas en los topos de los mástiles y ataviaba la nao_, y como quiera
que desde el siglo XIV se acostumbraban flámulas con los castillos y
leones, diciendo el cronista francés Froissart que en la batalla de la
Rochela las llevaban las naos castellanas tales, que desde los topes
llegaban á tocar el agua, _cosa hermosa de ver_, es presumible que por
gala las tuvieran las carabelas, así como otras particulares y de señas
que la ordenanza autorizaba. Á ellas hacen sin duda alusión las palabras
del Almirante: la de _atavío_ debe referirse á las pavesadas de paño
colorado que ponían los bajeles de la época en las bordas y alrededor de
la gata ó cofa, en fiestas y combates, según se ve en varias pinturas,
singularmente en una de la iglesia de Zumaya, en que se representa
combate de naos castellanas y portuguesas[64].

[Nota 64: Véase la página 19.]



III CÁMARAS Y ALOJAMIENTOS


Durante el siglo XV no parece que llevaron los bajeles más de una cámara
alta en la popa, que ocupaba el almirante ó capitán, y no á descanso,
pues según las máximas de D. Juan Escalante de Mendoza[65], «no han de
fiar estas personas de nadie porque no se cumpla el refrán que dice
_duelo ajeno de pelo cuelga_; así que han de velar siempre de noche, y
lo que hubieren de dormir sea de día y poco».

[Nota 65: _Itinerario y navegación de los mares. Disquisiciones
náuticas_, tomo V, pág. 486.]

De las dimensiones que tenía la de la nao capitana de Colón puede
juzgarse por el relato escrito en su Diario el 18 de Diciembre de 1492,
de la visita que le hizo el cacique de Santo Domingo: éste sólo se sentó
á la mesa con D. Cristóbal; otros dos indios lo hicieron en el suelo y
los demás tuvieron que quedarse fuera. Se prendó Guacanagarí del arambel
ó colcha colorada de la cama que Colón le regaló de buen grado; mostróle
las banderas que allí tenía, una moneda de oro con las efigies de los
Reyes y otras cosas.

Se deduce del pasaje que había en la cámara una mesa para dos personas,
un sillón, una silla de tijera, la litera ó cama, y probablemente un
armario ó arcón para guardar ropa y papeles[66].

[Nota 66: El Sr. D. Rodrigo Amador de los Ríos en su artículo
titulado _La Rábida (España y sus monumentos)_ concibe de este modo los
referidos muebles de la época en la celda de Fr. Juan Pérez. Mesa de
pino ó de nogal de pies retorcidos y trabados entre sí por elegantes
brazos de hierro forjado. Sitial de madera tallada con respaldo ornado
de resaltadas labores, pináculos en los extremos, rosetones en la capa
inferior. Arcón de nogal cuyo frente llevaba filigranado encaje de
agujas, círculos, flores, cardinas y enrejados, sobre el cual
destacaban, tomadas algún tanto del orín por la humedad de los marinos
aires, dos grandes cerrajas de hierro, cuyas fallebas fingían enroscadas
sierpes.]

En la capitulación firmada para el viaje de Vicente Yáñez Pinzón en
1508[67] se determinaba que los capitanes tendrían francas sus cámaras;
á los pilotos y maestres se les permitiría un arca que no había de tener
más de cinco palmos en largo y tres en alto; á los marineros un arca
entre dos; á los grumetes una entre tres y á los pajes entre cuatro.

[Nota 67: _Colec. de docum. inéd. de Indias_, tomo XXXI, pág. 513.]

La parquedad en alojamiento y mobiliario confirman las observaciones del
padre Guevara, reinando Carlos V, al decir[68]: «que no hay escaño a do
se echar, banco a do reposar, mesa a do comer ni silla a do se asentar,
y que se come en el suelo como moro ó en las rodillas como mujer y se
duerme en una tabla tomando por almohada una rodela». Mas esto era
aplicable á los pasajeros. Eugenio de Salazar refiere años después[69]
que el capitán, maestre y piloto comían en una mesa; todos los demás lo
hacían en cubierta sobre un pedazo de lona que más que de mantel servía
para no manchar las tablas. Los marineros tenían platos grandes de
madera en común y una gaveta de lo mismo para el vino.

[Nota 68: _Disquisiciones náuticas_, tomo II.]

[Nota 69: Idem, íd.]

Muchas referencias ayudan á la persuasión de no haberse construído
camarotes para oficiales hasta muy adelantado el siglo XVI, y esto sin
autorización, por corruptela que hubo de corregirse varias veces antes
que en la ordenanzas de 1613 se mandara terminantemente «que no haya
camarotes en la popa arriba, más que una chopa para el piloto». En otra
ordenanza de 1678 se ordenaba todavía que no hubiera en galeras más que
dos taburetes, seis sillas de tijera y una mesa y que ninguna persona de
guerra ó mar embarcara más de una caja de las dimensiones dichas y un
_trasportín_, bajo pena de pérdida de los objetos.



IV CAMAS


En expediciones militares, cuando á la tripulación ordinaria de las naos
se agregaban compañías de guerra, se concedía únicamente á los capitanes
derecho á participar de la cámara de popa y por ello empezaron á
construirse los _cadalechos_ ó literas, adosando al costado con carácter
provisional, bastidores de lona. Los oficiales y cualquiera otra persona
pasajera, por alto que fuera su rango, habían de contentarse con el
_trasportín_ ó colchoneta, liados durante el día en petate de esparto y
almacenados en la bodega; tendidos de noche donde no estorbaran. Los
marinos y soldados carecían de semejante comodidad; estaba prohibido que
ninguno durmiera bajo de cubierta, aun acabado su cuarto, para estar á
mano si cargaba el tiempo de repente[70].

[Nota 70: _Disquisiciones náuticas_, tomo VI, pág 173.]

Tenían las esterillas del petate la ventaja de servir de mortajas en
caso necesario: cuéntalo Gonzalo Fernández de Oviedo, que con ser
persona de calidad no había tenido excepción en la regla, en estos
términos[71]:

«Queriendo un marinero aprovecharse del serón de esparto que allí estaba
debajo de un colchón en que yo iba echada, le dijo el criado: «no tomes
el serón, que ya ves que el capitán está muriéndose, e muerto, no hay
otro en que envolverlo y echarlo á la mar;» lo cual oí muy bien y
sentándome en la cama muy enojado, dije: «sacad el serón, que no tengo
de morir en la mar, ni quiera Dios que me falte sepultura en tierra.» En
efecto, empezó desde entonces á mejorar, reaccionado con la indignación
que le produjo aquel deseo de heredarle en vida.

[Nota 71: _Historia general de Indias_, lib. L. _Infortunios y
naufragios._]

Cervantes dió por tan sabida la costumbre que hablando en _El celoso
extremeño_ de la resolución de aquel hidalgo falto de dinero y aun con
no muchos amigos que se acogió al remedio de pasarse á las Indias,
refiere cómo habiéndose acomodado con el Almirante _aderezó su mortaja
de esparto_ y se embarcó en Cádiz. Con más autoridad lo expresa una Real
cédula fecha en Tordesillas á 20 de Noviembre de 1510 diciendo á los
oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla: «Yo vos mando que
demás del pasaje que agora mando dar á los frailes dominicos que van á
las Indias, les deis á cada uno dos mantas y una jerga para hacer camas
para que lo lleven en los navios en que han de ir, é se les quede allá,
de los cuales yo les hago merced é limosna»[72].

[Nota 72: _Colecc. de docum. ined. de Indias._ 2.ª serie, t. V, pág.
243.]

De los indios aprendió Colón, lo mismo que sus compañeros, la manera de
dormir en hamacas colgadas que andando el tiempo se dieron á los
mareantes[73].

[Nota 73: Un pasaje del Diario de Colón indica que no se carecía en
absoluto de camas á su bordo, al decir que en la recalada á la isla de
Santa María, en las Azores, vinieron á la carabela tres portugueses, y
el Almirante mandóles dar camas en que durmiesen aquella noche. Véase
día 19 de Febrero de 1493.]



V MATALOTAJE


«Así Dios me ayude, escribía D. Fernando Colón en la Historia de su
padre, que vi muchos que esperaban la noche para comer la mazamorra[74]
por no ver los gusanos que tenía, y otros estaban ya tan acostumbrados
que aun no quitaban los gusanos aunque los viesen, porque si se
detuviesen á esto perderían la cena.»

[Nota 74: Galleta menuda y sopa que se hace con ella.]

La relación del viaje de Jaime Rasquín al Río de la Plata[75] consigna
que se distribuía el agua por ración de medio cuartillo escaso cada día.
En la expedición de Mendaña «la ración que se daba era media libra de
harina de que sin cernir hacían unas tortillas amasadas con agua del mar
y asadas en las brasas, con medio cuartillo de agua lleno de podridas
cucarachas. Andaban los enfermos con la rabia pidiendo una sola gota,
mostrando la lengua con el dedo, como el rico avariento á Lázaro...»

[Nota 75: Colecc. Muñoz, t. 88, pág. 96.]

Envasada el agua en pipería de madera con aros de los mismo, se
corrompía, derramaba y escaseaba generalmente. El bizcocho, base de la
alimentación á bordo, fermentaba por efecto combinado del calor y la
humedad de la bodega, aunque resistía mucho más que el tocino y pescado
salados, el garbanzo y el queso, componentes de la ración. Así y todo,
en circunstancias ordinarias la despachaban con buen ánimo: dejémosle
contar al facecioso Salazar[76].

[Nota 76: _Disquisiciones náuticas_, t. II, pág. 187.]

«En un santiamén se sienta la gente marina en el suelo á la mesa, dando
la cabecera al Contramaestre. Uno echa las piernas atrás, otro los pies
adelante; cuál se sienta en cuclillas y cuál recostado y de otras muchas
maneras. Y sin esperar bendición, sacan los caballeros de la tabla
redonda sus cuchillas ó gañavetes de diversas hechuras, que algunos se
hicieron para matar puercos, otros para desollar borregos, otros para
cortar bolsas; y cogen entre manos los pobres huesos y así los van
desforneciendo de sus nervios y cuerdas, como si toda su vida hubiesen
andado á la práctica de la anatomía en Guadalupe ó en Valencia, y en un
credo los dejan más tersos y limpios que el marfil. Los viernes y
vigilias comen sus habas guisadas con agua y sal. Las fiestas recias
comen su abadejo. Anda un paje con la gaveta del brebaje en la mano, y
con su taza, dándoles de beber harto menos y peor vino, y más baptizado
que ellos querrían. Y así comiendo el ante por pos, y el pos por ante, y
el medio por todos, concluyen su comida sin quedar conclusa su hambre...
Pedid de beber en medio de la mar; morireis de sed, que os darán el agua
por onzas como en la botica, después de hartos de cecinas y cosas
saladas; que la señora mar no sufre ni conserva carnes ni pescados que
no vistan su sal. Y así todo lo más que se come es corrompido y
hediondo, como el mabonto de los negros zapes. Y aun con el agua es
menester perder los sentidos del gusto y olfato y vista para beberla y
no sentirla. De esta manera se come y se bebe en esa agradable ciudad.
¿Pues si en comer y en beber hay este regalo, en lo demás cuál será?
Mozos y viejos, sucios y limpios, todos, van hechos una molola, pegados
unos con otros; y así uno regüelda, otro suelta los vientos, otra
descarga las tripas, vos almorzais; y no se puede decir á ninguno que
usa de mala crianza, porque las ordenanzas de esta ciudad lo permiten
todo.»



VI FOGÓN


Isleta de las ollas denominaba el mismo Salazar á este factor de la
comida, que no poca materia dió también al buen humor del Obispo de
Mondoñedo. Antonio de Herrera refiere[77] que en una nao portuguesa
derrotada hasta la isla de Siete Ciudades, poco después de mediado el
siglo XV, _habiendo tomado tierra para el fogón_, se advirtió la
aparición de partículas de oro fundidas, con que se despertó el afán de
las exploraciones por dar con tan afortunado lugar.

[Nota 77: _Decadas de Indias_. Dec. I.]

La práctica de poner tierra por cama del combustible, que era leña, duró
mucho tiempo, manteniendo en los buques de guerra una frase que han oído
muchos de los que viven. Cuando algún marinero inexperto cantaba desde
el tope _¡tierra!_ engañado por el celaje, contestábanle desde abajo
_¡la del fogón!_

Con estos antecedentes es de conjeturar que el de las carabelas en su
viaje de descubrimiento era un cuerpo de ladrillo de forma cúbica con
aristas de hierro, hornillas y tierra en el fondo, semejante á los que
en Andalucía se llaman anafres.

Como en las naos iba sobre cubierta, hacíasele un tambucho sin abrigo en
forma de tienda.



VII BEQUES


Lugares no excusados son estos á que poéticamente nombra _jardines_ la
gente de mar. Ni al restaurar las carabelas cabe olvidarlos, ni con
aroma los sabrá describir quien no tenga la sal de los dos autores
antináuticos con tanta frecuencia citados en esta exposicion. Háganlo
ellos. Salazar, llegando al punto, escribía:

«Quereis proveeros, provéalo Vargas; es menester colgaros á la mar como
castillo de grumete; y hacer cedebones al sol y á sus doce sinos, á la
luna y á los demás planetas, y emplazarlos á todos y asiros bien á las
crines del caballo de palo so pena que, si soltais, os derribará de
manera que no cabalgueis más en él; y es tal el asiento que...» (Al
llegar aquí no halló vocablos castellanos; tradujo la idea en dialecto
gallego.)

Don Antonio de Guevara, sin tanto circunloquio, lamentaba la precisión
de que vieran las gentes á todo un Reverendísimo Señor Obispo asentado
en la necesaria como le veían comer á la mesa. También lamentaría la
aspereza de la estopa embreada de filástica con que le sirviera algún
proel respetuoso.



VIII LUCES


Como insignia de mando que era el farol de popa, sólo podían usarlo y
encenderlo los jefes de escuadra: como distintivo exterior se procuraba
darle visualidad artística, según los tiempos[78]. En un principio
resguardaban al hachote de cera láminas de talco; después se adoptaron
vidrios.

[Nota 78: _Disquisiciones náuticas_, t. I, pág. 231.]

Indica el Diario del Almirante que encendía todas las noches el farol de
popa, y que al separarse _La Pinta_ sobre la costa de Cuba, puso en los
palos otros faroles de señales. En el tercer viaje destacó desde
Canarias tres de sus naves, ordenando cuál de los capitanes había de
_hacer farol_.

Las instrucciones dadas en Marzo de 1508 á Juan Díaz de Solís y á
Vicente Yáñez regulaban el uso de esta insignia previniendo que las
naves subordinadas, todos los días, una vez por la mañana y otra por la
tarde _salvaran_ á la capitana _como de uso y costumbre_ y tomaran la
orden de lo que se iba á hacer durante la noche[79].

[Nota 79: _Docum. inéd. de Indias_, t. XXXI, pág. 513.]

Esta costumbre inmemorial traducida en precepto, consistía en pasar muy
cerca por la popa de la capitana, saludar á la voz y con trompetas, dar
cuenta de ocurrencias y recibir la orden[80]. De ella hablaba el
cronista del emperador Carlos V al narrar[81] el primer viaje que desde
Flandes á España hizo en 1517 con armada de 52 bajeles, diciendo era
espectáculo en verdad majestuoso contemplar aquellas naos soberbias como
otros tantos castillos, obedientes á la voz del soberano; á la hora de
la amanecida sobre todo, cuando una á una pasaban por la popa de la Real
_á dar el buen viaje_ con ciertas voces al son del pito del
contramaestre, y cañonazos.

[Nota 80: _Disquisiciones náuticas_, t. V. pág. 490.]

[Nota 81: Juan de Vandenesse, _Diario del viaje de D. Carlos_.]

Aparte del farol de popa no había más luz en la nave que la del timonel
puesta en la forma que el curioso Salazar apunta. «La luz y la aguja de
esta ciudad se encierra de noche en la _bitácora_, que es una caja
semejante á estas en que se suelen meter y encubrir los servicios de
respeto que están en recámaras de señoras.»

Desde el momento de encenderla entraban los pajes á velarla con la
ampolleta, cantando:

    La guarda es tomada;
    La ampolleta muele;
    Buen viaje haremos
    Si Dios quisiere.

«Es obligación de los pajes, decían las instrucciones, á boca de noche
traer en una lanterna lumbre á la bitácora para que el timonero y piloto
vean la aguja de marear. Nunca jamás ha de permitirse que nadie meta
lumbre debajo de cubierta sino dentro de lanterna, porque el naufragio
que en la mar sucede por fuego es de los más temerosos y trabajosos que
pueden suceder y así debe haber vigilantísimo cuidado y recato con todo
lo tocante á la guarda del fuego y lumbre de la nao.»

Natural era que al rey D. Carlos se guardaran consideraciones
excepcionales en el viaje referido: su cronista consigna que ponían á
las señoras linternas de hierro mientras se acostaban, después de lo
cual el capitán del navío visitaba los lugares y no quedaba más lumbre
que en los faroles de popa; una linterna en la cámara del Rey; otra en
la de la infanta doña Leonor, su hermana; la de la bitácora y la del
castillo de popa «bajo la cual se resguardan los marineros mientras el
pito no les llama.»

Á pesar de tantas precauciones se incendió durante la navegación el
navío de la caballeriza, quizá por irreflexión de la gente joven que
conducía, y perecieron abrasadas 160 personas, entre ellas el segundo
caballerizo y 22 pajes del Rey[82].

[Nota 82: Fr. Prudencio de Sandoval. _Historia del Emperador._]

Empleábanse en el alumbrado velas de sebo.



IX BOMBAS


Las españolas, consideradas mejores que las flamencas é italianas, eran
hechas de madera á torno, que se breaba exteriormente: llevábanse para
ellas hierros de respeto, cuero curtido, tachuelas, morterete y zunchos,
siendo cargo del calafate componer los desperfectos. García de Palacio
recomendaba para cuando se desconcertasen y fuere menester entrar en el
arca de la sentina, meter antes una linterna con vela encendida, y si
estuviese dentro buen rato sin apagarse, se podía entrar seguramente; en
otro caso, entendiendo que había dentro aire corrupto que podría matar,
debía echarse vinagre en cantidad, orines y agua fría para que la
mundificaran y quitaran el daño y pestilencia que suele tener.

En la advertencia se acredita la verdad con que el consabido Salazar
decía: «hay en esta ciudad una fuente ó dos, que se llaman bombas, cuya
agua, ni la lengua ni el paladar las querían gustar, ni las narices
oler, ni aun los ojos ver, porque sale espumeando como infierno y
hedionda como el diablo». Dicho esto, completaremos la pintura que de la
nao hacía el chistoso Iegista.

«Algunos llaman á esto caballo de palo, y otros rocín de madera, y otros
pájaro puerco, aunque yo le llamo pueblo y ciudad, mas no la de Dios que
describió el glorioso Augustino. Porque no ví en ella templo sagrado ni
casa de justicia, ni á los moradores se dice misa, ni los habitantes
viven sujetos á la ley de razón. Es un pueblo prolongado, agudo y
afilado por delante y más ancho por detrás, á manera de cepa de puente;
tiene sus calles, plazas y habitaciones; está cercado de su _amuradas_;
al un cabo tiene _castillo de proa_ con más de diez mil caballeros en
cada _cuartel_; al otro su _alcázar_ tan fuerte y bien cimentado, que un
poco de viento le arrancará las raíces de cuajo, os volverá los
cimientos al cielo y los tejados al profundo. Tiene su artillería y su
_condestable_ que la gobierna; tiene _mesas de guarnición_; tiene
_bigotes_ y aun _bigotas_... tiene un _molinete_ que con su furia mueve
á los marineros y con su ruido á los pasajeros. Hay aposentos tan
cerrados, oscuros y olorosas que parecen bóvedas ó carneros de difuntos.
Tienen estos aposentos las puertas en el suelo que se llaman
_escotillas_, porque los que por ellas entran escotan bien el contento,
alivio y buen olor que han recibido en los aposentos de la tierra, y
porque como los aposentos parecen senos del infierno (si no lo son), es
cosa cuadrante que las puertas y entradas estén en el suelo de manera
que entren hundiendo los que allá entraren. Hay tantas _redes de jarcia_
y cuerdas á la una y la otra banda, que los hombres allí dentro parecen
pollos y capones que se llevan á vender en gallineros de red de esparto.
Hay _árboles_ en esta ciudad, no de los que sudan gomas y licores
aromáticos, sino de los que corren contino puerca pez y hediondo sebo.
El terreno de este lugar es de tal cualidad que cuando llueve está tieso
y cuando los soles son mayores se enternecen los lodos y se os pegan los
pies al suelo que apenas los podreis levantar. De las cercas adentro
tiene grandísima copia de volatería de cucarachas y grande abundancia de
montería de ratones que muchos de ellos se aculan y resisten á los
monteros como jabalíes. Es esta ciudad triste y oscura; por de fuera
negra, por dentro negrísima; suelos negrales, paredes negrunas,
habitadores negrazos y oficiales negretes.



X DISPOSICIÓN DEL ÁNIMA


Generalizada la navegación de las Indias, ninguna persona embarcaba, con
todo, sin haber hecho testamento y sin confesar y comulgar la víspera.
Las instrucciones y ordenanzas de los capitanes generales hacían
obligatorio lo último para los hombres de mar y guerra, encomendándoles
fueran abordo en estado de gracia, pues que habían de ir en peligro de
muerte; prohibiendo durante el viaje pecados públicos, blasfemias,
juegos demasiados, hacer ni decir cosa contra el servicio y honra de
Dios ó el Rey[83].

[Nota 83: _Disquisiciones náuticas_, t. V., pág. 484.]

Cumpliéndose tales prevenciones en tiempo en que el camino era trillado
por tantas flotas, con mayor razón había de hacerse al emprenderlo por
primera vez sin saber adonde conducía, sábese que D. Cristóbal acudió al
tribunal de la penitencia y que los que le acompañaron en el viaje
fueron, componiendo imponente procesión á la iglesia de Palos, para
disponerse á bien morir. Días de angustia y zozobra les esperaban; el
viento constante parecía vedarles el retroceso; la mar cuajada de yerba
extraña iba á impedirles el avance; el horizonte se presentaba cada hora
ilimitado... perdieron no sin razón la confianza que les inspirara su
caudillo, mas conservaron la esperanza en Dios.

El piadoso Almirante consignó en el Diario que en la tarde del 11 de
Octubre, víspera del hallazgo de la tierra deseada, habían cantado las
tripulaciones á la oración, _la Salve acostumbrada_, y luego, en el
momento supremo, cuando cayó de rodillas y con los ojos arrasados, la
gorra en la mano, dió gracias al Altísimo, le imitó la gente entonando
con indecible emoción _Gloria in excelsis Deo_; _Te Deum laudamus..._

De la costumbre á que alude D. Cristóbal hay repetida mención de los
escritores del tiempo. Uno de ellos, anónimo[84] escribía: «Es
obligación y ejercicio de los pajes, en las mañanas cantar los buenos
días y á la tarde, después de anochecido, las buenas noches. Á boca de
noche, la oración, encomendando en ella á las ánimas del purgatorio para
que recen un _Pater noster_ y _Ave María_.» «Han de velar la ampolleta
por sus cuartos, repite Escalante[85], y rezar y cantar el _Ave María_,
y los buenos días.»

[Nota 84: _Disquisiciones náuticas_, tomo VI, pág. 201.]

[Nota 85: Idem, tomo V, pág. 480.]

No dejó Salazar sin recuerdo las oraciones de los pajes que todavía hoy
recuerdan las trompetas al tomar y dejar las camas los marineros,
expresando que al alba cantaban

    Bendita sea la luz
    y la santa veracruz,
    y el señor de la verdad
    y la Santa Trinidad:
    Bendita sea el alma
    Y el Señor que nos lo manda;
    Bendito sea el día
    Y el Señor que nos le envía.

_Pater noster._--_Ave María._--_Amén._ Dios nos dé buenos días. Buen
viaje ¡buen pasaje!

Al anochecer:

    Bendita sea la hora
    En que Dios nació;
    Santa María que le parió,
    San Juan que le bautizó.

_Pater noster._--_Ave María._--_Amén._ Dios nos dé buenas noches. Buen
viaje, ¡buen pasaje[86]!


[Nota 86: Solían enseñarse á los loros en América, estas cantinelas
de los pajes y la voz de fuego á babor y á estribor al pasar las naos
por la popa de la Capitana real.]

«Llegado el sábado, sigue contando, estando puesto un altar con imagen y
velas encendidas, se comienza la salve y todos somos cantores: todos
hacemos de garganta. No fuimos en nuestro canto por terceras, quintas ni
octavas, sino cantando á un tiempo todos ocho tonos y más otros medios
tonos y cuartas. Porque como los marineros son amigos de divisiones y
dividieron los cuatro vientos en treinta y dos, así los ocho tonos de la
música los tienen repartidos en otros treinta y dos tonos diversos,
perversos, resonantes y muy disonantes, de manera que hacíamos este día
en el canto de la Salve y letanía una tormenta de huracanes de música,
que si Dios y su gloriosa Madre y los Santos á quien rogamos, miraran á
nuestros tonos y voces y no á nuestros corazones y espíritus, no nos
conviniera pedir misericordia con tanto desconcierto de alaridos.

«Acabada la Salve y letanía dijo el Maestre, que allí es preste;
«digamos todos un credo á honra y honor de los bienaventurados
Apóstoles, que rueguen á nuestro Señor Jesucristo nos dé buen viaje.»

Luego dicen el credo todos los que le creen. Luego dice un paje, que es
allí monacillo: «digamos un _Ave María_ por el navío y compañía»:
responden los otros pajes, «sea bien venida», y luego rezamos todos el
_Ave María_. Después dicen los muchachos levantándose: «Amén y Dios nos
dé buenas noches». Y con esto se acaba la celebración de este día, que
es la ordinaria de cada sábado.»

Aunque de observador humorístico, coinciden las noticias con las
recogidas por el criado del Emperador, Juan de Vandenesse, en presencia
de su augusto señor. Refiere que al anochecer llamaba el Contramaestre
con el pito á toda la gente del navío, grandes y pequeños, y si alguno
andaba remiso le avivaba con un chicote, de manera que corrían aquellos
hombres como ratas. Reunidos, hacían el saludo y rezo, á que asistía el
Rey. Las oraciones empezaban, cantando los pajes _Ave María_; después,
por todos _Salve Regina_. Unos (dice) lo hacían por alto; otros por
bajo; cada cual como podía, y Dios sabe el desconcierto que resultaba.
Después un marinero de buena voz invitaba á la compañía á rogar á la
Santísima Trinidad que se dignara conducir al Rey á buen puerto y le
guardara _de mal andar_.

E aínda, pensaba el P. Guevara, que por privilegio no tienen los
mareantes memoria del Miércoles de Ceniza, ni Semana Santa, ni Cuatro
témporas, ni aun de la Cuaresma mayor, porque si ayunan, no es por la
vigilia, sino porque les falta la vitualla. No tienen pena ni forman
conciencia (escribía) por no oir en las fiestas misas. Ninguno al morir
es obligado á tomar la extremaunción ni á pagar al sacristán los
clamores del tañer, ni á los cofrades los derechos del llevar, ni á cura
el enterramiento, ni á frailes la misa cantada, ni á pobres el llevar de
la cera, ni á ganapanes el abrir de la huesa, ni aun á comadre el coser
de la mortaja, porque el triste y mal aventurado que allí muere, apenas
ha dado á Dios el ánima, cuando arrojan á los peces el cuerpo.



XI TRAJES


No se diferenciaban los hombres de mar de los de tierra, en el vestido,
al transcurrir los siglos XV y XVI, exceptuando las ocasiones de
embarque de personas reales, que entonces los primeros recibían ropas de
grana, por tradición conservada desde los tiempos de D. Alfonso el
Sabio. En lo ordinario, no exigiéndose uniformidad en los trajes de la
milicia de mar y tierra, vino á ser distintivo de mareante el bonete
rojo, como de soldado lo era el coleto de ante. Con este bonete cónico
se representan los primeros en las pinturas de la época y muchas veces
lo menciona el Diario del Almirante, ya porque agasajaba á los indios
con los que llevaban las carabelas de repuesto[87]; ya porque se servía
del de cualquier grumete para depositar los garbanzos y sortear el
romero que cumpliera los votos hechos al sufrir temporal[88].

[Nota 87: Véanse los días 11 y 15 de Octubre de 1492 y 14 de Enero
de 1493.]

[Nota 88: Idem el 14 de Febrero.]

Procedían generalmente de los telares de Toledo, ciudad en que había
gremio de boneteros, muy acreditado; pero usaban también los marinos
unos capuces característicos, excelentes para defensa de la lluvia, que
consistían en una especie de esclavina corta con capucha, y abrigaban
cabeza, cuello y hombros. En las naos del retablo de San Nicolás de
Burgos, labrado á fines del siglo XV, están patentes.

Don Antonio de Guevara nombra calzas marineras á las más fuertes, que se
recomendaban para embarco. Escalante insinúa que en su tiempo,
principalmente entre los pilotos empezaba á compartir el color azul la
predilección; por ser sufrido para la mar, y es constante que aun los
forzados de galeras tenían un capote grande con mangas y capucha en la
estación rigorosa.

En _la vida de la galera_ se lee:

    Luego me mandaron dar
    Un almilla colorada
    Aforrada con gear

      * * *

    También capote y calzones
    Y un bonete colorado,
    Capote y calza á montones...

Los trompeteros, porque á veces servían de heraldos, se vestían con más
delicadeza; calzas rojas, justillo con mangas perdidas y el escudo de
armas reales bordado sobre el pecho, gorra de paño.

Ha sido causa el gabán marinero de paño pardo (llamado también
_papahigo_ por alusión á la vela mayor de las naos), que D. Cristóbal,
como todos, usaba á las veces, de que algunos creyeran que llevaba
hábito de fraile franciscano y aunque era hermano de la Orden
Tercera[89]. Probablemente se funda la suposición en lo que Gonzalo
Fernández de Oviedo, el P. Las Casas y el cura de los Palacios
escribieron del traje cuando regresaba del segundo viaje. Oviedo
refirió, que sentido el Almirante de las pesquisas de Aguado, _vistióse
de pardo como fraile e dejóse crescer la barba_. Bernáldez, que alojó en
su casa al aludido, contaba: «vino el Almirante en Castilla en el mes de
Junio de 1496 vestido de unas ropas _de color de hábito de San Francisco
de la observancia e en la hechura poco menos que de hábito y con cordón
de San Francisco por devoción_». Las palabras del P. Las Casas, no son
menos claras: «y él, porque era muy devoto de San Francisco, vistióse de
pardo, y yo le vide en Sevilla al tiempo que llegó de acá vestido _cuasi
como fraile_ de San Francisco».

[Nota 89: No parece que hubiera omitido esta circunstancia el P. Las
Casas en los varios pasajes en que trata de las relaciones de D.
Cristóbal con frailes de la orden, singularmente en el que se refiere al
guardián del convento de la Rábida, al decir: «Cognoscio que despues de
Almirante, siempre fué devoto de aquella orden». _Hist. de las Indias_,
t. I, pág. 250. Parecida referencia hizo D. Fernando Colón en las
historia de su padre, diciendo que en la última hora le amortajaron con
hábito de San Francisco.]

Hay conformidad en todos de que el traje era del color, pero no de la
hechura del hábito de San Francisco; por ello, sin duda, discutiendo D.
Angel de los Ríos y Ríos con el autor de la _Iconografía española_[90],
opinaba que lo que pareció al cura de los Palacios ropa monacal por
comparación de la sociedad en que vivía, no era otra cosa que el abrigo
de los marinos; el tabardo de las órdenes militares; el capote
petrificado en las costumbres; el ropón de que hablaba el Dr. Girón á
principios del siglo XVI, diciendo:

«También traían _tabardos_, que eran unas ropas cortadas como capuces e
con su capilla: otras cerradas, pero tenían abiertas una _maneras_ á los
lados, en derecho de los brazos, por donde los sacaban, e tenían unas
mangas junto a las maneras, por detrás, angostas, tan largas como era la
ropa».

[Nota 90: _Boletín de la Academia de la Historia_, t. I.]

Pudiera agregarse que aun hoy en Sagayo y otros lugares de Castilla la
Vieja se mantiene con el nombre de _anguarina_ el traje pardo del
Almirante con igual longitud y anchura; con las maneras, las mangas
largas y la capilla, con que sin serlo, parecen frailes de San Francisco
los campesinos.

Se ha escrito que Cristóbal Colón, considerándose Almirante de las
Indias desde el momento de descubrir la tierra nueva, por virtud de las
capitulaciones de Santa Fe, tomó la posesión como tal Almirante con rica
vestidura de grana sobre el arnés que deslumbraba la vista de los
naturales. En el _Diario_ no consta el pormenor, mas sí dice (á 30 de
Diciembre) que se quitó un _capuz de fina grana_ que llevaba (el capuz
marinero), y lo dió al cacique Guacanagarí, al cual había agasajado
antes con unos zapatos colorados[91]. Comprueban sus palabras que solía
vestir abordo, del color rojo tradicional.

[Nota 91: El 18 de Diciembre.]

El resto del traje usado entonces por los capitanes y caballeros de
cuenta era calza entera escarlata, justillo de raso, sobre cuerpo sin
mangas con vueltas ó ribetes de color, que no llegaba á la rodilla;
botas más altas que ésta y gorra con vueltas que podía bajarse y cubrir
las orejas, algo semejante á las monteras que gastan los murcianos. La
pragmática de los trajes que prohibía el uso de brocados, bordados de
seda, chapados de oro, etc., y que se hizo extensiva á las Indias por
Real Cédula de 12 de Noviembre de 1509, sirve para conocer nombres de
las prendas de vestir y telas en ellas empleadas, por cuanto entre otras
cosas decían:

«Las personas que tengan bienes en cuantía de mil castellanos traigan
jubón e caperuzas e bolsas e ribetes e pestañas de seda de cualquier
color que fueren, con tanto que en una ropa no traigan mas de un ribete
e que no haya en los dichos ribetes e pestañas mas anchura de como un
dedo pulgar, e que no se traigan en los ruedos de las ropas, e que
puedan traer becas de tercinel e de tafetan e papahigos de camino
aforrados en el mismo tercinel e tafetan, e así mismo permitimos que
puedan traer de seda las corazas e guarniciones, las faldas e goretes e
capacetes e baberas e griyotes».

Pero podría asegurarse que no rezó con el Almirante la pragmática, pues
sin tantas razones se exceptuó al comendador de Lares Frey Nicolás de
Ovando en 26 de Septiembre de 1501, mandando que por el tiempo que en
las islas y tierra firme estuviera por gobernador, «pudiera vestir y
cubrir su persona de raso de colores, de brocados de seda e paños e
joyas, seda, oro e piedras preciosas sin embargo ni impedimento
alguno[92]», y más lata concesión se hizo posteriormente en favor de la
virreina doña María de Toledo, expresando en la cédula la facultad de
aplicar oro y joyas á la montura y arreos de las cabalgaduras que usara.

[Nota 92: _Docum. inéd. de Indias_, t. XXXI, pág. 61.]

Una cuestión se ha debatido últimamente con motivo del examen y
discusión de los retratos del Almirante, si debería representarse su
efigie con barba ó sin ella. El pasaje anteriormente citado del cronista
Oviedo, al explicar que por circunstancias eventuales dejó de afeitarse;
indica que ordinariamente lo hacía, como era costumbre. El rey D.
Fernando, el Gran Capitán, los personajes de la Corte de que tenemos
memorias, están retratados sin ese natural crecimiento capilar en la
cara del hombre, y como quiera que el mismo cronista, en todo conforme
con los coetaneos, bosquejó físicamente á D. Cristóbal sin barba, es
razonable admitir que así él como capitanes y maestres de las carabelas,
se acomodaban al uso general de España, proscribiéndola.


[Illustration: CESÁREO FERNÁNDEZ DURO]

[Illustration: Nao Santa María PLANO DE VELAMEN]

[Illustration: Nao Santa María PLANO DE TRAZADO]



ERRATAS MAS NOTABLES

[Nota del transcriptor: ya corregidas]

    Página.      Línea      DICE                  LÉASE
    -------      -----      ----                  -----
      8           1         Símico                Súnico.
     17           7         anelas                anclas.
     23          16         entreniches           entremiches.
     30          16         tirábanse             tesábanse.
     32          25         reformaron            formaron.
     40          11         convenio              comienzo.
     67          16         Cronan                Cronau.
     67          17         Girara                Girava.
     67          21         su conocimiento       en conocimiento.
     67          40         Hieronyano            Hieronymo.
     68          11         mandando al cabo      mudando el cabo.
     72           2         jasta                 fasta.
     73          19         aliada                alidada.
     74          29         P. Ursae              ß Ursae.
     79          22         Troissart             Froissart.
     79          36         frimum                primum.
     81           3         trasportin            traspontin.
     89          31         sortea                sortear.

[Illustration]

[Illustration: TOLDA Y TOLDILLA DE LA NAO SANTA MARÍA]





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "La nao Santa María: memória de la Comisión arqueológica ejecutiva, 1892" ***

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