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Title: Historia de Teruel
Author: Blasco, Cosme, 1838-1900
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

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HISTORIA DE TERUEL.

por

DON COSME BLASCO,

CATEDRATICO.

TERUEL.

Imprenta de J. Alpuente.--Año 1870.

_Es propiedad de su autor._



ÍNDICE.

PRIMERA PARTE.


Cap. I. Teruel la antigua.--Punto que ocupaba.--Sus primeros
pobladores.--Diferentes nombres que ha recibido.--Su
demolición.--Desgracia de sus habitantes.--El río
Guadi-Albiar.--Villa-Vieja.

II. La moderna ciudad de Teruel.--Los árabes.--Su conquista por el rey
de Aragón.--Opiniones sobre su población.--El Toro y la estrella de las
armas de Teruel.--Cual es la opinión mas verosímil.

III. Importancia de la nueva ciudad de Teruel.--Servicios prestados al
rey por el caballero D. Pascual Sanchez Muñoz.--Resultado de la primera
expedición a Valencia.--Conquista de esta ciudad.--Los Muñoces y
Marcillas.

IV. Continúan los célebres bandos de Teruel.--El rey D. Pedro IV concede
a Teruel el título de ciudad.--Guerras entre D. Pedro de Aragón y D.
Pedro de Castilla.--Las Comunidades.--Las Córtes celebradas en la
Iglesia de Santa María.--El Juez de Teruel D. Francisco Villanueva.--Los
reyes católicos en Teruel.

V. Comunidad de Teruel.--Teruel en 1591 y 1592.

VI. Teruel desde el reinado de Felipe II, hasta la conclusión de la
guerra civil.--Noticias de diversas épocas.[27]

VII. Los Amantes de Teruel.

VIII. Los esqueletos de los Amantes de Teruel.

IX. Los Obispos de Teruel.

X. Los Obispos de Teruel. (Conclusión.)

XI. Hijos notables de Teruel.


SEGUNDA PARTE.


Cap. I. Situación de la moderna ciudad de Teruel.--Sus barrios.--El
escuche del Molino nuevo.--Los ríos, puentes, vega, ermitas y demás
alrededores de Teruel.

II. Aspecto esterior e interior de Teruel.--La puerta de San
Salvador.--La de la Anda-quilla.--La de la Traición.--El auto de fe.--El
Acueducto de Teruel.

III. Las Calles, las Plazas, las Fuentes y los Algibes de Teruel.

IV. La antigua Iglesia de Santa María de Media-Villa, ahora la
Catedral.--S. Pedro.--S. Martín.

V. Las Iglesias de S. Juan, S. Andrés, San Salvador, Santiago, y San
Miguel.--Los conventos y los ex-conventos de Teruel.

VI. Continuación de los ex-conventos.--El Seminario.--La Sala Capitular.

VII. El Hospital.--La Casa provincial de Beneficencia.--La Casa de la
Comunidad.--Las Casas Consistoriales de Teruel.

VIII. La instrucción pública en Teruel.--El periodismo.--El Casino
turolense.--El Teatro.--La plaza de Toros.--El Cementerio.--El Torreon
de Anibeles.--La Torre Lombardera.--La Muralla de Teruel.

IX. Calidad y circunstancias del terreno de Teruel.--Paseos y medios de
comunicación con otras poblaciones.--Correos.--Fondas.--Producciones del
país--Artes e industria.--Comercio.--Ferias y mercados de Teruel.--Las
armas y títulos de esta ciudad.

_Capítulo adicional._ El barranco de las Calaveras.


AL

Excmo. Ayuntamiento Constitucional

DE LA MUY NOBLE, FIDELISIMA, HEROICA, VENCEDORA Y EXCELENTISIMA

CIUDAD DE TERUEL.


EXCMO. SEÑOR.
_Nacido en el hermoso suelo aragonés, cuna del valor y de la lealtad, he
admirado siempre las glorias de las tres provincias que constituyen este
antiguo reino, de inmortal memoria._

_Un deseo vehemente de que el noble y generoso pueblo turolense, de
quien V. E. es dignísimo representante, tuviera un libro que guardase
las glorias de sus mayores; ha sido el único móvil que he tenido para
escribir la_ Historia de Teruel, _humilde obra que hoy, lleno mi corazón
de indecible gozo, tengo el distinguido honor de dedicar a V. E._

_Si tiene a bien aceptarla y ponerla bajo su égida, será para mi el
mayor galardon que V. E. puede concederme._

Excmo. Sr.
Cosme Blasco.

_Omnia mutantur naturæ lege creata:

Nec se cognoscunt terre vertentibus annis._

Manilio.



HISTORIA DE TERUEL.



PRIMERA PARTE.



Capitula primero.

_Teruel la antigua._--_Punto que ocupaba._--_Sus primeros
pobladores._--_Diferentes nombres que ha recibido._--_Su
demolición._--_Desgracia de sus habitantes._--_El rio
Guadi-Alviar._--_Villa-vieja._

No es nuestro propósito escribir una historia completa de la Ciudad de
Teruel, proponémonos sólo dar a conocer algunos apuntes tomados de los
libros que hemos visto[1], y que por cierto no se ocupan mucho de
nuestro asunto; y de los datos que nos han suministrado varias personas
de las mas ancianas de la población.

Como obra humana, como obra de un jóven, de esperar es que contenga
alguna que otra inexactitud; pero no dudamos que de todo seremos
dispensados, siquiera sea por nuestra confesión franca y sincera, y lo
que es más, por nuestro buen deseo de publicar las invidiables,
preclaras e imperecederas glorias de Aragón, país para nosotros tan
querido, país que al ojear una tras otra las páginas de su historia,
llénase de noble orgullo nuestro corazón.

¡Dichosos aquellos hombres, que escapados por fortuna de la general
esclavitud, echaron sobre las cumbres del Uruel la primera raíz de aquel
árbol que fragante y pomposo, había de extender su sombra hasta los
cristalinos mares de Sicilia y Constantinopla!

¡Preciosa tradición que repite en su murmullo el torrente al
precipitarse de lo alto de las nevadas montañas!

¡Magnífica epopeya que parece relatarnos el viento que gime por entre
los jarales del Pirineo!

Teruel la antigua, llamada _Turba_ o _Túrbula_, que, según el P. Traggia
contaria de setenta a ochenta vecinos, se hallaba situada en el lugar
que hoy ocupa el ex-convento de Capuchinos, que se encuentra como a un
cuarto de hora del punto en que hoy está la ciudad, frente al puente
llamado del Cubo y a la izquierda de la carretera de Zaragoza, yendo de
esta capital a la que es objeto de las presentes líneas.

A nuestro humilde juicio y conformes con el de personas competentes que
han estudiado el terreno, ocupaba la antigua población principalmente
una gran parte del sitio en que hoy se extiende el Barrio de las Cuevas,
barrio que viene a terminar por casi detrás de la actual Casa provincial
de Beneficencia, y designado con aquel nombre por las muchas cuevas que
hay, y por los restos de otras que en su tiempo serían tal vez ocupadas
por los moros.

Créese por algunos, que los primeros pobladores de la primitiva ciudad
fueron los fenicios, y que el nombre de esta era _Turba_, palabra que
deriban unos de _Turba oppidum_, latino; otros de _Turba-lium_, griego,
pueblo turba, compuesto de este nombre y de leos, pueblo: no falta quien
como el erudito D. Miguel Cortés le haga venir también del hebreo _Thor_
y _bat_, que significa lo que _Domus tauri_: admisible hasta cierto
punto parece esta esplicación, si atendemos a que la voz _bat_, o _bet_,
se halla en la composición de muchos nombres de nuestra primitiva
nomenclatura geográfica, que lejos de repugnar a la explicación hebraica
de Cortés, podría citarse aun en su corroboración: lo mismo sucede con
la voz _Thor_, pues, aunque por diversidad de aplicaciones, parece menos
segura su razón o su significado, todos los objetos, cuyos nombres la
ofrecen, tienen la esencial circunstancia de la fortaleza y el toro, que
parece símbolo de esta, pudo tener por nombre lo que no era mas que
adjetivo para los demás objetos. Aun se confirma esto con las medallas
celtíberas que se han hallado en los contornos de Teruel, «en las que se
ve el buey arrodillado, en ademán de recibir las divinas influencias de
la diosa Venus, representada en el lucero, con caracteres celtíberos en
el exergo, que a lo que podemos congeturar, quieren decir: _Santo Dios
Toro_.» (Cortés.)

Otros, en su afán de acumular nombres, vengan o no al caso, se acomoden
o no a la historia y geografía; la aplican los de _Tintania_,
_Turupia_, y _Tiar-Julia_, y hasta el de _Turdeto_ o _Turbeto_,
suponiendo haberla fundado los turdetanos que los cartaginenses enviaron
de la Bética o Andalucía, para oponerlos a Sagunto confederada de los
romanos: el mismo poco caso que hacemos de estas palabras, hacémoslo
extensivo a la de _Terulium_, que Don Juan de la Serna trae en su
diccionario geográfico.

En lengua fenicia se llamó _Thorbat_ o _Thorbet_; _Turba_ en la
celtíbera y _Túrbula_ en la latina: con este último nombre la designa
Tolomeo.

Esta ciudad, tanto por su situación en territorio que fue de los
celtíberos, como por la alusión de los nombres, es indudablemente la
famoso _Turba_ o _Túrbula_ de la España primitiva: sus habitantes los
turditanos, turboletas o turbuletas, cuya capital fue _Turba_,
estuvieron en guerra con los de Sagunto por cuestión de límites: es
consiguiente que aquellos, no solo no se opondrían a la ruina de la
desgraciada ciudad, sino que serían los primeros en acometerla al frente
de su poderoso auxiliar el ejército de los cartagineses, de quienes
_Turba_ fue constante aliada.

Cuando los saguntinos pidieron condiciones honrosas para evitar la total
ruina que llegaron a mirar de cerca, una de las que se les impuso fue la
restitución de los territorios que tenían usurpados a los turbuletas.
Estos vieron por fin colmados sus deseos con la destrucción de Sagunto,
heroica ciudad digna de mejor suerte, y entraron en posesión de los
territorios cuestionados, mientras aquellos de sus enemigos que habían
sobrevivido a los horrores de tan terrible guerra, eran vendidos por
esclavos.

Condición tan desgraciada, poco haría temer ya a los turboletas o
turbuletas de la rivalidad saguntina, mayormente en vista de lo que
había valido a esta asolada ciudad la decantada amistad romana, y que su
destructor Aníbal tramontaba los Pirineos y los Alpes en ademán de
llevar igual suerte sobre la misma Roma.

Pero.... eran otros los decretos del destino. Tres años después los
Escipiones, victoriosos de los ejércitos cartagineses por toda la España
citerior, libertan del cautiverio a los desgraciados saguntinos, les
restituyen sus ruinas, y sus campos y aldeas quedaron tributarios de sus
antiguos émulos.

Tolomeo hace mención del río _Pallantia_ (Turia), que en tiempo de Festo
Avieno se llamó _Canus flumen_ o río blanco, con cuyo nombre le hallaron
los árabes, y le llamaron _Guadi-Albiar_, que quiere decir también río
blanco: el nombre primitivo de este río, fue _Turia_, derivado de
_Tur-iar_, esto es, río de Turba.

Tiempos después de ser destruida la antigua _Turba_, se edificó en la
parte mas llana del mismo sitio una ermita dedicada a N.ª S.ª de la
Cabeza, ermita que, cuando el convento de Capuchinos se quitó del punto
que hoy ocupa el paseo del Obalo, y se trasladó a donde estaba _Turba_,
quedó encerrada en una Iglesia mayor, obra que tuvo lugar por los años
1797: desde la fundación de dicha ermita, se celebra en ella por la
Pascua de Resurrección una fiesta a la Virgen de la Cabeza; muchos
vecinos de Teruel y sus barrios acuden a allí en animada romería, y raro
es el que, además de otras viandas, no lleva una tortilla: de esta
antigua costumbre viene el que la clase humilde del pueblo de Teruel
llame a aquella Pascua, «la de las tortillas.»

Junto a dicha Iglesia, hay un edificio bastante espacioso, reedificado
en parte y arreglado todo por disposición del Obispo (hoy difunto) D.
Francisco de Paula Gimenez, en el año 1867, y ocupado por los Paules
desde este año hasta el mes de Octubre de 1868.

Muy cerca también de la misma Iglesia hay una fábrica de bayetas y otros
efectos, y algunas casas de mediano aspecto donde viven los que trabajan
en el establecimiento: los Teruelanos distinguen este sitio con el
nombre de _Villavieja_, sin duda por haber estado allí la antigua
_Turba_.



Capítulo II.

_La moderna ciudad de Teruel.--Los árabes.--Su conquista por el rey
de Aragón.--Opiniones sobre su población.--El toro y la estrella de
las armas de Teruel.--Cual es la opinión mas verosímil._


Afirma el Sr. Cortés que la fábrica de los muros y torres de Teruel,
sus magníficas puertas de grandes sillares etc., son restos de su
antigüedad romana, pero todo lo que se dice de esta ciudad relativamente
a Cesar es imaginario y así mismo cuanto se quiera aumentar respecto de
la edad de los romanos; pues ni la gran diligencia con que aquel
escritor buscó las antigüedades de Teruel, de la que dio origen al
pueblo de su naturaleza, bastó a proporcionarle otras noticias hasta la
invasión de los árabes, época en que empezamos a encontrar datos,
verdaderos en su mayor parte, sobre la moderna ciudad que nos ocupa.

El Sr. Cean Bermudez, al tratar del origen y nombre de esta, dice que
_parece_ que después que los romanos demolieron la antigua _Turba_ y
vendieron por esclavos a todos sus habitantes, la repararon después los
moros con murallas sobre los cimientos antiguos, entre los que se
encontró una figura de toro, la que con una estrella adoptaron los
vecinos por armas en campo rojo, y dándole otro nuevo nombre de
_Torbél_.

Hasta aquí el Sr. Bermudez, reservemos nuestra opinión para después, y
veamos ahora como explican los manuscritos antiguos y las personas mas
ancianas de la ciudad, la fundación y población de la moderna Teruel.

En el año 1170 el rey D. Alonso II de Aragón venció a los moros de las
riberas de Alfambra y Guadalaviar, y en el siguiente de 1171, según
Zurita, fundó y pobló en las riberas del segundo de estos ríos la ciudad
de Teruel; duró uno y otro hasta el 1177, esto es, seis años, estando en
guerra con los moros que se oponían con gran resistencia a llevar a cabo
la obra, que se inició así:

Conquistando iba dicho rey, el terreno que ocupaban los moros, cuando
llegó frente a un pequeño cerro cubierto en su mayor parte de espeso
bosque y malezas (cerro que hoy ocupa Teruel), y conociendo los
caballeros que componían el principal acompañamiento de D. Alonso, que
aquel sitio era favorable para fortificarse y dejar gente que pudiera
quedar allí para sostener el empuje de los enemigos, caso de tener ellos
que retirarse; o de punto de descanso, caso de seguir avanzando,
determinaron echar los cimientos a una nueva ciudad: ocurrió, que al
dirigirse al bosque, divisaron un toro que apenas les vio, empezó a
mugir fuertemente y a retirarse hacia el interior, observando al propio
tiempo en el firmamento una estrella, que al parecer de los caballeros
seguía la misma dirección que el toro. Creyendo este suceso
providencial, internáronse mas en el bosque, y encontraron casi en la
cumbre del cerro al mismo animal, parado y sin demostrar fiereza alguna,
debajo precisamente de la estrella cuya dirección habían seguido: con
este motivo fundaron allí la nueva ciudad, que pusieron por nombre
_Toro-el_ (el Toro), que por corrupción ha venido a cambiarse en
_Teruel_, y hé aquí porque el toro y la estrella se encuentran en las
armas, escudos, monumentos y demás objetos que se refieren a la ciudad
de que hablamos.

Lo que acabamos de narrar aparece confirmado en el M. S. que se conserva
en la Biblioteca de la Academia de la Historia, Colección del P.
Traggia, t. XIX, confirmación que, escrita con la sencillez primitiva no
exenta de la tosquedad y rudeza propias de la edad media, dice así:

«Según cuentan los viejos, en el tiempo pasado de Teruel ayusso toda la
tierra hera de moros. En aquel tiempo vino el noble señor D. Alfonso por
gracia de Dios rey daragon, compte de Barcelona et marqués de Proenza a
da quel lugar que hera de Santa María de la villa vieja de Teruel con
buena gent et de grant esfuerzo de tener frontera contra los moros. Et
el dito señor Rey tractaba et ordenaba entre sí si pudiese en esta
comarca hacer una villa. Empezó vidiendo que hera muy peligrosa cossa
defer por la grant meltitud de moros q. heran arededor a todas partes;
temiose q. no podrie haver cabo de q. se perderien en casa mucha gent,
por esso hecholo assi en olvido, et la buena gent q. heran allí con el
Rey entendieron la voluntat de el dito Rey.

«Et el gran dubdó, et con gran esfuerzo, digerónle; Señor, dadnos
aquellos fueros, franquezas et libertades q. nos vos demandaremos por
vos et por todos los vuestros et por todos tiempos para nos, et para los
nuestros presentes et advenideros, et nos con ayuda de Dios poblarémos
una villa en esta comarca, por la cual fiamos por Dios que
conquerreremos et ganaremos mas tierra adelante.

«Et el Rey, visto el gran peligro et dificultat dijo q. él no lo queríe,
ni le otorgaba, que grant vergüenza le seríe et menosprecio de comenzar
obra non valedera, et dijoles que si tal cosa querien fer, que la
ficiesen por sí, mas no por él, ni en su nombre, antes los agenaba et
desnaturaba de sí como no vasallos suyos pda. (pérdida o prendida) lux
obra no hubiese cabo, que a él no fuese vergüenza, ni le pudiese seyer
retrahido q. había comenzado tal obra, et que no le había dado cabo. Et
la buena gent con grant esfuerzo digeron que ellos si querían aventurar
a la merced et ayuda de Dios. Et de si dejolos el Rei con grant
horrencia, et encomendolos a Dios, et a la buena gent que aquí fincaron,
amándose como a buenos hermanos et teniéndose buena voluntat los unos a
los otros.

* * *

«En el nombre de Dios pusieron en obra la dicha población et andaron por
todas las otras muelas que están cerca esta villa, et non hubieron tan
buenos señales como en esta muela do es agora la villa de Teruel. Et
los adalides[2] et los mas sabidores de tal fecha subieron a la muela et
allí do es agora la plaza de mana en el alba trobaron un bel toro et
andaba una bella estrella sobre él. E luego que los vido el toro comenzó
a bramar et fuir et luego lo trobaron manso et digeron los adalides que
aquí habían buenas señales por fer la población do aquel toro les
clamaba; et daquel encuentro daquel toro tomaron señal.

«Et por esto facen en la señal toro y estrella.....

«Et luego con gran traballo comenzaron a fer los muros de la villa, no
solament con agua et con tierra et con piedra, mas aun con sangre, por
que los unos lanzaban los muros et los otros defendienlos et combatiense
con los moros. Et de primero ficieron un antipecho con que se
defendiesen, et fendo aquel et lidiando con los moros, murien los homes
cada día sobre los fundamientos de los adarves, volviendo hi lur sangre,
sobre la qual sangre multiplicaban los adarves.»

Sentadas estas opiniones, diremos que, a nuestro humilde juicio,
pudieron muy bien los moros construir gran parte de los cimientos de la
nueva ciudad y alguno que otro edificio y destruir a su huida lo poco o
mucho que pudieran, aprovechando después los caballeros del Rey D.
Alonso aquellas ruinas para elevar y fortificar las murallas, y levantar
nuevos edificios.



Capítulo III.

_Importancia de la nueva ciudad de Teruel.--Servicios prestados al
Rey por el caballero D. Pascual Sanchez Muñoz.--Resultado de la
primera expedición a Valencia.--Conquista de esta ciudad.--Los
Muñoces y Marcillas._


Dio el Rey el feudo y honor de Teruel, como se usaba entonces a un rico
hombre de Aragón, llamado D. Berenguer de Estenza, y señaló a los
caballeros[3] que la poblaron, para su régimen y gobierno, el fuero
antiguo que el Rey D. Sancho el Mayor y anteriormente los Condes Fernan
Gonzalez y García Fernandez habían dado a los habitantes de Sepúlveda.

Desde los primeros años de la repoblación adquiere suma importancia el
naciente puesto avanzado de Teruel; allí se preparan todas las
expediciones que hacen los caballeros cristianos al reino de Valencia;
secreto presentimiento les está diciendo que no tardará en derrumbarse
el poderío musulmán por aquella parte de España; que pronto caerá
Valencia en sus manos, y allá van a Teruel cuantos quieren enriquecerse
con el botín de la victoria.

El año 1225, mandó el Rey despachar cartas de llamamiento a los ricos
hombres que tenían las villas y lugares, para que se reuniesen en Teruel
con sus correspondientes mesnadas; el Rey trataba de entrar en el Reino
de Valencia y apoderarse de algún lugar muy principal, para cuya empresa
le sirvió con espléndidos donativos Don Pascual Sanchez Muñoz, que había
sido privado del Rey D. Pedro III y pertenecía a las mejores y mas
principales familias que se establecieron en Teruel, habiendo ofrecido
dar el Rey para aquella guerra, el dinero que fuese necesario, y
encargándose además de facilitar a la gente de armas, los víveres que se
necesitaran para el consumo de tres semanas.

Esta primera expedición no tuvo resultado, por culpa de D. Pedro Ahones,
magnate poderoso que arrastró a los ricos hombres a la confederación y
liga que se hizo en Alagon; con este motivo el Rey se volvió a Teruel,
partió para Zaragoza, y dada orden para prender a Ahones, este al huir,
fue matado de una lanzada.

A principios del año 1232, supo el mismo Rey que los del concejo de
Teruel se habían apoderado de Ares, lugar fuerte en los confines del
reino de Valencia, y casi al mismo tiempo le llegaron mensajeros con la
noticia de que Morella se había rendido a D. Blasco de Alagon, oriundo
de la villa de Sallent, valle de Tena en el Alto-Aragón; en vista de
esto, marchó a Teruel, y allí recibió el homenage que le tributó
Zeit-Abu-Zeyt[4], emir destronado de Valencia, de serle fiel valedor y
amigo en la proyectada conquista, llevada a cabo en 1238.

En 1322 empezaron los célebres bandos de Teruel entre las dos familias
rivales de Muñoces y Marcillas, que durante mucho tiempo se disputaron
la supremacia del gobierno de la ciudad. Zurita cuenta que fue allá un
hijo de Alfonso IV para apaciguarlos. Tan encrespados estaban los ánimos
que un día en presencia del infante vinieron a las manos estando en su
mismo palacio, y solo pudo dominar por entonces aquellas turbulencias,
desterrando a Juan Sanchez Duran, verdadero promovedor, por cuatro años
fuera del reino.



Capítulo IV.

_Continúan los célebres bandos de Teruel.--El Rey D. Pedro IV,
concede a Teruel el título de ciudad.--Guerras entre D. Pedro de
Aragón y D. Pedro de Castilla--Las Comunidades--Las Córtes
celebradas en la Iglesia de Santa María.--El Juez de Teruel D.
Francisco Villanueva.--Los Reyes Católicos en Teruel._


Algún tiempo después del en que hemos dejado la narración de los sucesos
de Teruel volvieron a renacer las rivalidades entre las familias Muñoces
y Marcillas, pues en los Anales de la ciudad háblase de muchas muertes y
heridas en 1356; de haber sido quemado vivo en la plaza del Mercado de
Teruel, Ramiro, hijo de Ferránt-Sanchez Muñoz, en 1366; y de otra
refriega que hubo en la plaza en 1461, durante las fiestas que se
hicieron para obsequiar a los infantes de Aragón que habían ido a la
ciudad.

El año 1348, año de triste recuerdo en la historia de Aragón por la
peste desoladora que afligió el reino, las Córtes que se celebraban en
Zaragoza, hubo necesidad de trasladarlas a Teruel que ya estaba libre
de la epidemia.

Durante la estancia del rey D. Pedro IV, recibió Teruel el título de
ciudad y por disposición del mismo monarca fueron restauradas sus
puertas y murallas que ya se encontraban en ruinoso estado: los
teruelanos, agradecidos por la predilección que manifestaba el Rey a su
ciudad, diéronle repetidas muestras de lealtad auxiliándole en la guerra
de la Unión, y en 1347, tomaron parte en la batalla de Játiva, en la
cual murió su jefe Pedro Muñoz.

Mucho sufrió Teruel, durante las guerras que hubo entre D. Pedro de
Aragón y D. Pedro de Castilla, guerras que causaron innumerables daños
en varios pueblos, sobre todo en los que están situados en la zona
comprendida entre Daroca (en la carretera de Zaragoza) y Sarrion (en la
de Valencia): muchas aldeas fueron quemadas, y otras en el partido de
Teruel quedaron despobladas; entre ellas Alcamin, Alcarria de Bellestar,
Cañada de García Lopez, Castellon de Cabras, Gazapos, Cuevas de Rocin,
Gallél, Hornos, Malezas, Piedra del Salz, Vallidau, Fuentes de Garcia y
Villar de Menga.

Lo mas recio del empuje castellano lo tuvieron que resistir las
comunidades de Calatayud, Daroca, y especialmente Teruel; y para proveer
en lo que convenía a la defensa del reino, nombró en 1363 Don Pedro IV,
por capitanes de la Comunidad de Teruel (cuya casa se conserba en esta
ciudad), a D. Guillen Ramón de Ceruelo y a un caballero llamado Garcia
Ganosa, entrambos muy valientes y prácticos en las cosas de la guerra, y
dispuso que se derribasen los lugares y fortalezas de aquella comarca,
que no estuvieran en disposición de defenderse y que la gente se
guareciera en los lugares fuertes: nombrose igualmente a D. Pedro, Conde
de Urgel y sobrino del Rey, Capitán general de la Comunidad y ciudad de
Teruel, plaza fuerte que, después de nueve días de sitio, y merced a una
traición fue tomada por los Castellanos en 1364, y estuvo en poder de
estos hasta el 5 de Abril de 1367.

En 1427, estando en Valencia el Rey Alfonso V, mandó convocar Córtes del
reino de Aragón para la ciudad de Teruel, y se reunieren el 19 de
Noviembre del mismo año, celebrándose las primeras sesiones en la
Iglesia de San Martín de Teruel y por disposición del Monarca se
trasladaron luego a la de Santa María de Mediavilla (parte de la
Catedral actual).

Estas Córtes duraron hasta el mes de Abril de 1488, y una de las
cuestiones importantes que en ellas se trataron fue, la unificación
monetaria en toda la corona de Aragón, para cuyo efecto llegaron
comisionados de Barcelona, de Valencia y de Mallorca.

Alfonso V dio algunas disposiciones sobre la integridad de los antiguos
fueros de Teruel, disposiciones que, así como algunos odios personales,
suscitaron la oposición vigorosa de Francisco Villanueva, juez que era
de la ciudad de Teruel en aquel año: no quiso doblegarse al mandato del
Rey, y pagó con la vida su entereza pues murió ahogado en las antiguas
casas consistoriales y arrojado su cuerpo desde el balconaje a la plaza
del Mercado.

Su cadáver fue enterrado en la Iglesia de San Pedro, el día seis de
Diciembre de 1427, y para sustituirle fue nombrado juez de Teruel, D.
Martín de Orihuela.

En 7 de Enero de 1482, los Reyes Católicos que venían de Valencia,
entraron en Teruel acompañados de numeroso séquito, del cual formaban
parte el Cardenal Mendoza, y muchos grandes de Castilla y de Aragón;
fueron recibidos del vecindario con extremado regocijo y grandes
fiestas; juraron los reyes en la Iglesia de Santa María los privilegios
y libertades de la ciudad, recibiendo de esta un donativo de doscientos
florines de oro: Teruel, durante la permanencia de las regias personas,
fue ricamente engalanada con tapices y caprichosos arcos de triunfo, por
las noches estuvo profusamente iluminada, y sus calles pobladas a toda
hora de los habitantes de los pueblos inmediatos, que acudieron a danzar
y cantar ante los reyes católicos, a quienes ofrecieron ricas telas,
exquisitas frutas, buenas maderas de construcción, y minerales de
muchísima estimación.

Dos años después de la llegada de las augustas personas, promoviéronse
en Teruel algunos alborotos con motivo del establecimiento de la
inquisición, en los que peligró la vida del Inquisidor Juan de
Solivella: el 7 de Enero de 1486 se celebró un auto de fe, del que
hablaremos mas adelante.



Capítulo V.

_Comunidad de Teruel.--Teruel en 1591 y 1592._


El origen de la Comunidad de Teruel,[5] se remonta al reinado de D.
Alonso II, que hizo donación a los pobladores de la villa de un estenso
territorio que no abarcaba menos de cien aldeas, número que fue
disminuyendo con el tiempo hasta quedar reducido a noventa que tenía en
los últimos años del siglo pasado: el mismo rey les concedió los fueros
de Sepúlveda o de Estremadura, que diferían bastante de los generales de
Aragón.

Durante los dos primeros siglos después de la reconquista, conservose
intacta la supremacia de Teruel sobre las aldeas, pero a medida que
estas fueron aumentado su riqueza y su vecindario, quisieron
naturalmente intervenir de una manera mas eficaz y directa en la
administración de justicia, y de aquí las prolongadas contiendas que
empezaron a mediados del siglo XV, y no terminaron hasta el reinado de
Cárlos II.

Ciento cincuenta años antes de la época citada, esto es, por el año
1300, ya se habían separado las aldeas de la villa, en lo tocante a los
asuntos puramente administrativos, formando su concejo independiente al
que se llamaba el Común de las aldeas, sin que para evitar esta
separación bastara la influencia del mismo Rey de Navarra, lugarteniente
del Reino que en 1450 fue a Teruel; al fin terminó todo en 1601, pues se
deslindaron por el Rey los derechos de cada parte.

El mecanismo de la organización y gobierno de la Comunidad de Teruel,
era el siguiente: de conformidad con los fueros de Sepúlveda, había en
la ciudad de Teruel un juez universal para todos los pueblos de la
Comunidad y alcaldes que conocían de las causas civiles y criminales: de
las decisiones del juez de Teruel, parece que no se admitía apelación en
la Audiencia del Reino, pudiendo hacerse solo por el recurso llamado de
Perorencia: según el fuero se nombraban los jueces por suerte, pero
desde 1444 fueron nombrados por los reyes.

Los pastos, maderas y leñas de los montes y dehesas de la Comunidad,
eran de uso común para todos los pueblos que la componían, pero el pago
de décimas y de los impuestos reales, así como todo lo que se refiere a
la jurisdicción local, era propio y esclusivo de los Concejos de las
aldeas, que obraban en esto con completa independencia de la Comunidad:
esta comunión de intereses no se limitaba únicamente al goce y
aprovechamiento de los términos, sino que se estendía a los servicios
que de tropas y dinero se hacían a los reyes, y como quiera que desde
tiempo inmemorial hubiese querellas sobre la cantidad con que debían
contribuir la villa y respectivamente las aldeas, se declaró por varias
sentencias, que las últimas contribuyesen con tres partes, y la primera
con lo restante, o sea una cuarta parte, cuya jurisprudencia estuvo en
uso hasta que se establecieron las leyes de Castilla.

A principios del siglo XIV, cada pueblo de la Comunidad tenía su concejo
particular que lo regía en el orden político, económico y contencioso,
con subordinación a los jueces de Teruel: con delegación de todas las
aldeas se formaba una junta general, presidida por el procurador
general, y a la cual asistían seis regidores llamados de _sexma_, a
causa de estar todo el territorio dividido en seis trozos o partes,
compuesto cada uno de doce o trece pueblos: existía además otra junta
llamada _Pliega general_, compuesta del Procurador general, regidores de
sexma, y un jurado y prohombre de cada pueblo, ascendiendo a ciento
cincuenta el número total de miembros, y a cuyo cargo estaba la
determinación de los asuntos mas arduos de la comunidad.

Los jueces de Teruel fueron nombrados por elección popular, hasta que
Don Fernando el Católico, bajo pretesto de que aquellos funcionarios no
tenían fuerza para dominar los bandos y discordias que había en la
ciudad, y entre esta y las aldeas, decidió que en lo sucesivo fueran de
nombramiento real. Cárlos V. siguiendo la tradición de sus abuelos, así
en Aragón como en los antiguos reinos de la monarquía, envió a Teruel,
entre otros a Juan Perez de Escanilla, que murió en una conmoción
popular que había salido a sosegar; viniendo después por orden de
Felipe II D. Matías de Moncayo, Señor de Ráfales, que aparece en la
historia con el nuevo dictado de presidente de Teruel.

Los de esta ciudad favorecían las pretensiones de D. Pedro Fernandez de
Heredia al priorato de Alfambra, (pueblo inmediato a Teruel), del cual
querían desposeer al Comendador Bou que le tenía en secuestro; y siendo
contrario a este intento el presidente Moncayo, hallándose en una junta
celebrada en Rubielos (villa de la provincia), los jurados de Teruel
quisieron escluirle de ella, presentándole al efecto una _Firma_ o
decreto de la Córte del Justicia de Aragón.

Sabedor de esto Felipe II decidió que Moncayo sostuviera su autoridad y
que no permitiera la invasión y el intento de los de Teruel, y en 30 de
Junio de 1562, le mandó que procediese contra los jurados de Teruel y
demás que le hubiesen presentado las firmas, como infractores del fuero
promulgado por Pedro IV, en virtud del cual estaba prohibido a la ciudad
y comunidad de Teruel recurrir al Justicia de Aragón por vía de firmas y
manifestaciones.

Reacios los firmantes, tomó el rey una resolución definitiva: comisionó
al Duque de Segorbe para que fuese a Teruel con dos mil soldados y
defendiese su autoridad, si con la fuerza fuere atacada: entró el Duque
en la ciudad medio en son de guerra, y para mas seguridad y mayor
significación del encargo que llevaba, mandó reedificar un antiguo
castillo[6] que estaba casi derruido y puso en él fuerza bastante para
defenderlo.

No se intimidaron los turolenses con la presencia del Duque y de sus
soldados; antes por el contrario, se querellaron por conducto de su juez
ordinario y alcaldes, a la Córte del Justicia y obtuvieron firmas y
provisiones de aquel tribunal: mandó el Duque proceder contra aquellos
funcionarios, y estos, lejos de ausentarse, y dando pruebas de un valor
cívico, muy común entonces, se estuvieron quietos en sus casas, y el
Duque los mandó poner presos en el castillo, sin que por ello
desfalleciese el ánimo de aquellos dignos ciudadanos. Nueve años duró
su prisión, y bien se alcanza que si resultaran culpables, no perdiera
la ocasión de castigarles el inexorable Felipe II; pero salieron libres
en 1580 por mandamiento del mismo rey.

Bien merece, que consignemos en este lugar, los nombres de tan ilustres
patricios, que fueron: Pedro de la Capilla, juez ordinario; Bernardino
de la Mata, alcalde; Miguel Juan y Francisco Malo, individuos de
familias distinguidas; Gerónimo Dolz, asesor del juez de Teruel, y
Gerónimo de la Mata, síndico; de los cuales, el último, fue muy versado
en las leyes y privilegios de la comunidad, y los teruelanos le
comisionaron, juntamente con el doctor Gil Garnier, para que fuese a la
córte de Felipe II a informar y reclamar lo que mas conviniera en el
asunto que se debatía: con tal obgeto escribió y presentó al rey y al
Supremo Consejo de Aragón un tratado en forma de memorial, en que se
daba noticia de las leyes de la Comunidad, de su uso, y de los sucesos
desde el año 1570 hasta el 1579, y del temperamento que daban de si
estos mismos sucesos.

La lucha entre los poderes locales y el poder central, fue por aquellos
tiempos en estremo porfiada, especialmente en Aragón, y sobre todo en la
ciudad de Teruel, y aunque las Córtes de Monzon celebradas en 1585
decidieron que las ciudades y comunidades de Albarracin y Teruel podían
acudir al Justicia como todos los aragoneses, pero que no podían hacerlo
en los casos en que se lo prohibiese algún fuero o ley particular: esta
sentencia no dejó satisfechos ni a los partidarios de la autoridad real
ni a los defensores de los fueros: cada cual la interpretaba a su modo
cuando era menester aplicarla, y en tal estado las cosas, llegaron las
alteraciones y sublevación de Zaragoza, de los años 1591 y 1592.

El desenlace de tales hechos fue, en Zaragoza la decapitación del
Justicia mayor D. Juan de Lanuza, y algún tiempo después las de Pedro
Fuertes, Dionisio Perez, Francisco Ayerbe, Don Diego de Heredia y D.
Juan de Lunas; y en Teruel, fueron descuartizadas nueve personas en
castigo de la muerte de los hermanos Novellas[7], que se habían
mostrado propicios a la autoridad real, y que espada en mano, se
defendieron heroicamente.



Capítulo VI.

_Teruel desde el reinado de Felipe II hasta la conclusión de la
guerra civil--Noticias de diversas épocas._


La ciudad, objeto de este libro, no siguió el impulso de Aragón, y
abrazó la causa de Felipe V, manteniendo a sus espensas un batallon de
seiscientos hombres, que hizo la guerra desde 1705 a 1715.

Durante la guerra de la Independencia sufrieron la ciudad y la provincia
las varias alternativas de aquella prolongada lucha, y muchos de sus
habitantes fueron a reforzar, como buenos aragoneses, las huestes de los
zaragozanos en los memorables sitios, y las de otros puntos donde sus
hermanos peligraban, no apartando entre tanto su vista de Teruel, a la
que acudieron a socorrer en el sitio que sufrió de los franceses.

Parte no menos activa tomó en la guerra fratricida que llenó de luto a
las familias de España: no queremos recordar hechos que para bien de
unos y otros quisiéramos ver borrados del universal libro de la
Historia; consignemos solo que en los dos bandos diéronse pruebas de
valor y hubo verdaderos héroes; como también hubo distinguidas heroínas
en la provincia de Teruel; tal fue en Montalban _Manuela Cirugeda_, de
veintidos años, hija de la misma villa, que sirvió en el sitio de esta
como el nacional mas denodado, corriendo los puestos de mayor peligro,
hasta del cansancio y las fatigas, se le originó una enfermedad, de que
sanó en la sala de distinguidos del hospital de Zaragoza; tal fue, por
último, la heroína de Monreal del Campo, _Francisca Latorre_, de
cuarenta y un años, que mereció y obtuvo la Cruz de San Fernando por su
heroico comportamiento.

       *       *       *       *       *

Espuestas ya las noticias anteriores, tomadas en parte de la Crónica
general de España, obra en la que aparece un trabajo sobre la provincia
de Teruel, firmado por el malogrado jóven D. Pedro Pruneda; vamos a dar
otras sueltas que comprenden épocas distintas de la historia que nos
ocupa, aunque sea a trueque de faltar a una relación ordenada.

--La primera casa que se hizo en Teruel fue la que tiene dos arcos en la
plaza del Mercado, propia del Escribano D. Juan Dolz.--En 1222, existían
ya las Comunidades de Teruel y sus villas: mas adelante de la notable
casa de la Comunidad, cuyo frente da a la plaza de la Marquesa, (hoy de
la Libertad).--En 1336 enterraron vivo en Teruel a D. García de la Foz
por haber matado traidoramente a un compañero suyo.--En 1364, día de San
Marcos, fue la toma de Teruel por los Castellanos reinando D. Pedro IV
en Aragón, y D. Pedro el Cruel en Castilla.

--En 1375 fue muy rigoroso el invierno en dicha ciudad, y el miércoles
de ceniza del mismo año a la hora de maitines hubo un fuerte terremoto
que alarmó considerablemente a la población.--En 1379, llovió casi sin
cesar desde el día 26 de Marzo hasta el 10 de Mayo: el trigo llegó a
venderse hasta cinco sueldos[8] la fanega, y el centeno a dos y a
cuatro dineros.--En 1402, hubo tantas mariposas que se comieron casi
todas las hojas de árboles y viñas y fue un año abundantísimo en frutas.

--En 1405, llovió sin cesar en Teruel, tres días, y cubrió el agua toda
la vega, desde la acequia de la Peña, hasta la del baño llamado de Pero
Carmelo, y se llevó todas las paredes de los huertos.--En 1407, nevó
tanto que había en tierra llana mas de ocho palmos de nieve que duró mas
del mes de Marzo.

--En 1413, fue a Teruel, San Vicente Ferrer y estuvo detenido en la
Iglesia de Santiago.--En 1418, D. Francés de Aranda, consejero y elector
de reyes, noble caballero, intrépido soldado, monge fervoroso, alma
templada para los grandes hechos y corazón formado para el bien, para la
conmiseración y para la caridad inagotable; dejó para los pobres, aparte
de otras cosas, una limosna de cincuenta mil sueldos de renta: murió el
mismo Aranda en 1441.

--En 1420, Gil Sanchez Muñoz, hijo de Teruel, fue electo Papa.--En 1428,
se incorporó la ciudad y comunidad de Teruel, a la corona de Aragón por
Don Alfonso V.--En 1430, celebráronse Córtes en la Iglesia de Santa
María de Teruel (ahora la Catedral), en donde está la capilla de N.ª S.ª
de la Salud y la de San Felipe y Santiago.

--En 1421, (registro del notario Don Antonio Ferrer), D. Juan Galvez
Heredia, Don Martín Garcés de Marcilla, y Mosen Juan Fernandez de los
Arcos, fueron herederos de la infortunada Isabel, a la cual y su
desgraciado amante D. Diego, bien merece que les dediquemos uno o mas
capítulos, tomando la relación del hecho, de la tradición, y de algunos
libros entre ellos del notable que escribió D. Esteban Gabarda, Abogado
teruelano, quien con escrituras y otros muchos documentos justificativos
probó la verdad del trágico suceso de que vamos a tratar.



Capítulo VII.

_Los Amantes de Teruel._


Por los escritos que se conservan y por una constante tradición no
interrumpida hasta nuestros días, saben los vecinos y moradores de
Teruel, que a fines del siglo XII existían en esta ciudad las dos
ilustres familias de los Marcillas y Seguras.

La casa solar de estos era la que hoy es cochera de la del Conde de la
Florida y la de aquellos se hallaba al frente ambas familias pues,
vivían en la antigua calle de Ricos-hombres (ahora de los Amantes), en
la que todavía se conservan las casas de otras familias nobles, cuyas
armas están sobre sus puertas.

_D. Juan Diego Martínez de Marcilla_[9] hijo de D. Martín Garcés de
Marcilla y de D.ª Constanza Perez Tizon[10], profesaba desde sus mas
tiernos años amorosa inclinación a _Doña Isabel de Segura_, hija única
de D. Pedro Segura, amen de caballero muy rico: la sensible jóven
correspondía tiernamente a la pasión de D. Diego, quien a la edad de
veintidos años manifestó a su amada, que deseaba tomarla por esposa;
Isabel le contestó que iguales eran sus deseos, pero que tuviera
entendido no lo haría sin que sus padres se lo mandasen: esta prudente
contestación encendió mas en Marcilla la llama de su amor, y buscando
ocasión propicia, hizo entender sus deseos al padre de la enamorada
Isabel.

Este procuró desentenderse del casamiento de su hija con buenas
palabras, diciendo: «que ciertament el era mui bien pagado del jóven, e
que venía bien; non se quejase, e que su padre tenía otros fijos quen
mas non le podía heredar, e quel podía dar a su fija treinta mil
sueldos, e que apres tenía toda su casa, asá que non lo faría[11].

Desengañado Marcilla, y convencido de que la falta de riquezas era el
verdadero obstáculo para conseguir la mano de su adorada Isabel, informó
a esta de la contestación que le había dado su padre, y la persuadió le
concediera un plazo de cinco años, ofreciéndola «ir a treballar por mar
y por tierra en dó hubie dineros.» Colocada Isabel en la amarga
alternativa de renunciar a su pasión o de disgustar a su padre, otorgó a
su amante el plazo que le pedía, y Marcilla partió para la guerra contra
moros, confiado en la fidelidad y constancia de su amada, y decidido a
todo trance en adquirir lo que le faltaba.

Durante la ausencia de Marcilla no se descuidó el Padre de Isabel en
procurar a su hija el desvanecimiento de su arraigada pasión, al efecto,
evitó que esta adquiriera noticia alguna de su amante; trató de
halagarla con las ventajas de otro casamiento y aun la hostigó para que
tomase marido; pero Isabel, con filial y respetuosa modestia, diole por
respuesta que las mugeres no se deben casar, sin que primero sepan y
puedan gobernar la casa, y además tenía hecho voto de virginidad hasta
los veinte años.

Su padre, que la amaba tiernamente y que tampoco desconocía la situación
de su hija, quiso complacerla, y se resignó a esperar el plazo que ella
indicaba, tratando al mismo tiempo de evitar que recibiese cartas ni
noticias de su amante.

Llegó el día en que ya habían trascurrido los cinco años, y el padre de
Isabel conoció ser llegado el momento de triunfar de la resistencia de
su hija. Armado de su autoridad, de los halagos y de la persuasión,
«Fija, la dijo: es mi deseo que tomes tu compañía.» Isabel, acosada por
el vencimiento del plazo, ignorando la vida de Marcilla, recelosa de no
haber tenido cartas suyas, y temerosa de oponerse a la voluntad de su
padre, condescendió a la propuesta, y este aprovechando la oportunidad
del rendimiento de su hija, hízola contraer esponsales con D. Pedro
Fernandez de Azagra, heredero del Señorío de Albarracin, y al poco
tiempo se celebraron las bodas.

Holgáronse de ello los padres y deudos de ambas familias, pero la novia
dio en estar de adelante melancólica y pensativa; las galas servíanla de
un torcedor y su trage era un vestido de luto. En el mismo día del
convite de la boda, penetró un page en el aposento de Isabel y la dijo:
que al viejo Marcilla acababan de darle noticia de que su hijo venía muy
rico[12] y con salud, por lo que todos estaban llenos de regocijo. Con
efecto, en aquel mismo día entró Marcilla en Teruel, y en la casa de sus
padres le refirieron que Isabel se había casado con Azagra, hermano del
Señor de Albarracin.

Según antigua tradición, Marcilla fue a Teruel por el camino de San
Cristóbal, y al llegar a los Arcos oyó que daban las once en una torre
de la ciudad, e hincando espuela a su cabalgadura dijo a su escudero:
«Camacho, perdidos somos.»

Marcilla, aunque consternado con la infausta noticia del casamiento de
Isabel, procuró empero cuanto pudo recatar su profunda pesadumbre, para
no ahogar la alegría de sus regocijados padres, y se apercibió cauteloso
para tener con ella una entrevista. Logró entrar disfrazado en la casa
de su amada, la vio bailar en medio de los convidados, y traspasado de
dolor abandonó aquel sitio de tormento y se introdujo en el aposento
arreglado para el tálamo de los novios.

Concluido el festín y despedidos los convidados, se recogieron los
desposados a su cuarto y Marcilla no pudo salir del sitio donde estaba
escondido. El novio Azagra quiso usar del derecho que le concedía el
matrimonio, pero Isabel le rogó y consiguió que se abstuviese por
aquella noche, única que le faltaba para cumplir al cielo cierto voto.

Dormido ya Azagra, salió muy quedo Marcilla, y dominándose cuanto podía
por no ser oído, habló y reconvino brevemente a Isabel; esta procuró
disculparse por haber pasado el plazo, no haber recibido cartas suyas, y
haberla obligado su padre cuando estaba celosa y desdeñada. En el fuego
del amor, en el arrebato de los celos, y en premio de su fe y de sus
servicios, pidió Marcilla a Segura la fineza de un beso, pero esta se lo
negó como esposa fiel y como honrada: Marcilla una y otra vez importunó
a Isabel y una otra vez negose ella.

Luchando entonces el infeliz Marcilla entre el pundonor de caballero, la
delicadeza de cortesano, y el fuego devorador de su pasión y de los
celos, reconvino por última vez a Isabel diciéndola: «¿No consideras
que sino fuera yo tan cortesano, tomara lo que te pido a la fuerza,
matando a tu esposo y mi enemigo? Pero no lo permita el santo cielo, que
no lo quiero yo sino con gusto: hazme pues este bien: bésame que me
muero.»

Dijo, y no consiguiendo que Isabel accediese a su demanda, cayó exánime
a sus pies, despidiéndose con estas palabras: _a Dios, Isabel_.

Luego que esta desgraciada reconoció el rostro de su amante, halló su
frente sin calor, y observó que no respiraba su pecho, se convenció de
la muerte, y prorrumpió en desesperadas voces y lamentos: despertose su
marido y enterado del suceso, para libertarse de los procedimientos de
la justicia y del enojo de los deudos de Marcilla, determinaron llevar
su cadáver a la puerta de la casa de su padre, lo que ejecutaron sin ser
vistos por la cautela con que lo hicieron, y por que, según digimos en
otro lugar, la casa de los Marcillas se hallaba frente a la de los
Seguras.

Al día siguiente, la luz descubrió el infortunio que la noche conservara
oculto: los primeros que pasaron por la calle, reconocieron la
identidad del cadáver de Marcilla y le hallaron cubierto el rostro con
su montante al lado. Noticiáronlo a su padre, quien sobre dicho cadáver
de su hijo, entre deudos y amigos, tributó el justo homenaje de paternal
sentimiento y desahogó su pecho con imprecaciones de venganza.

Tan lamentable caso escitó la piedad de los sensibles teruelanos, y
hasta el mismo esposo de Isabel acudió a la casa de Marcilla para quitar
sospecha, y consolar al afligido padre. Luego que el sentimiento dio
lugar a la reflexión, determinaron enterrar a D. Diego al día siguiente
y prepararon tan triste acto con toda la pompa que se merecía un jóven
tan célebre y distinguido, como funestamente desgraciado.

A la sazón Teruel era plaza de armas en la empresa que el rey D. Jaime
quería hacer contra los moros de Valencia; había diez banderas de
soldados y corporaciones eclesiásticas; componíase su población de
aquellos soldados ilustres y aguerridos que, haciéndose superiores a los
peligros y fatigas de la guerra, habían sabido levantar, según digimos
antes, las murallas y fortalezas de la ciudad, contrarestando los
continuos ataques de numerosos ejércitos moriscos.

En la Iglesia de San Pedro se celebraban las exequias de Marcilla; y el
lúgubre clamor de las campanas anunció a Teruel la hora del funeral
aparato: hombres y mugeres de distintas edades acudieron a la casa del
difunto, así como los eclesiásticos de San Pedro y de las demás
parroquias: el entierro marchaba en esta forma: iban delante los
soldados en orden de batalla, detrás cuatro capellanes llevaban en
hombros el cuerpo de Marcilla; seguían los oficios con hachas
encendidas, los capuces, las gramallas[13] de los deudos y amigos; y en
pos de todos una pequeña escolta y casi todo el pueblo de Teruel.

La desconsolada Isabel apenas oyó desde su retrete los tristes cánticos
del entierro, hizo que la dueña que la acompañaba, subiese con ella a la
reja mas alta de la casa, para ver el funeral concurso: así que
descubrió el féretro donde iban los últimos despojos de su malogrado
amor, quedó pasmada por algunos momentos, y abandonándose luego a las
irresistibles inspiraciones de su corazón, se despojó de todas sus galas
vistiose con un mongil de bayeta, y despeinado el cabello, bajó a la
calle muy apresurada, y confundiéndose entre las muchas mugeres que
acompañaban el duelo, pudo seguir llena del mayor abatimiento: en el
tránsito se reconvenía de haber sido la causa de la desgracia de
Marcilla y ella misma se acusaba y condenaba, haciendo a la vez de
fiscal, de juez y de reo.

Entró el entierro en la Iglesia de San Pedro, el cadáver de Marcilla fue
colocado en un gran túmulo y diose principio al Oficio. La infeliz
Isabel, no pudiendo resistir mas, abrió al dolor la llave, dio rienda
suelta al llanto, y abalanzándose cubierta a donde estaba el féretro,
esclamó:

_¿Es posible que estando tu muerto, tenga yo vida? No tengas de mi fe
duda que pueda vivir un solo punto; ¡ay! perdona mi tardanza, que al
instante contigo me tendrás._

Dijo, y descubriéndole la cara le dio un beso tan fuerte que se oyó en
toda la Iglesia, y con un ¡ay! faltole el aliento en un instante y la
Parca puso un sello en sus ojos.

Creyeron los circunstantes sería alguna deuda o hermana del difunto,
pero cuando el clero principiaba el _In exitu_, fueron a apartarla y la
encontraron inmóvil: llámanla hasta tercera vez, y no responde;
descubren el manto que la velaba el rostro, y ven era Isabel que tenía
su boca pegada a la de Marcilla, y su cuerpo sirviéndole de losa
sepulcral: la sensible y virtuosa Isabel, después de haber apurado el
cáliz amargo de dilatadas penas, buscó en alas de la muerte la compañía
de su amante hasta el mismo templo de la eternidad.

La estraña singularidad del suceso, el respeto imponente del lugar
sagrado, el pavoroso aparato funeral, y la melancólica gravedad de todos
los semblantes, dejaron absortos a cuantos se hallaban en el templo:
Azagra, esposo de Isabel, procuró entonces quitar de esta toda sospecha
y refirió en voz alta el trágico suceso de su casa en la noche
precedente.

Todos quedaron perplejos, y nadie se atrevía a proponer la resolución
que debía adoptarse, hasta que un viejo, pariente de Marcilla, de mucha
autoridad y cuyas razones pasaban por oráculo, sacó al concurso de la
duda. «Supuesto, dijo, que es verdad cierta que Isabel y Diego, desde
niños se tuvieron entrañable amor, y que en su ausencia larga han pasado
los dos una pena y un tormento, y que juntos ambos han padecido un
género de muerte; y supuesto también que se ligaron los dos con palabra
y juramento de esposos, primero que Azagra, será razón que se entierren
los dos juntos en un sepulcro.»

Oído este parecer, mereció la aprobación de los padres de Isabel y de D.
Diego, del Justicia y Regimiento: Azagra consintió también en ello, y
colocaron juntos en un sepulcro de alabastro a _los dos Amantes_,
honrando su fidelidad con muchos epitafios.

Esto sucedió en el año 1217, siendo juez de Teruel D. Domingo Celada:
este y algunos eclesiásticos y vecinos de la parroquia de S. Pedro,
dejaron por escrito consignado el hecho para memoria de la posteridad.



Capítulo VIII.

_Los esqueletos de los Amantes de Teruel._


Según resulta de las apuntaciones del archivo de S. Pedro, y de
Escrituras públicas y demás documentos justificativos que en su citado
libro trae el Sr. Gabarda; el año 1555, siendo juez de Teruel Miguel
Perez Arnal, al labrarse una capilla antigua de la Iglesia de San Pedro,
se hallaron los cuerpos de _D. Diego Martínez de Marcilla y de Doña
Isabel de Segura_, en un sepulcro y enteros, sin estar casi nada
gastados.

En 13 de Abril de 1619, fueron encontrados sepultados juntos en la
capilla de los Santos Médicos Cosme y Damian, en la misma parroquia de
San Pedro, los esqueletos de dichos Amantes, con señales evidentísimas
de ser los pertenecientes a D. Diego y D.ª Isabel.

En 1708, con motivo de la nueva obra que se hizo en la Iglesia de San
Pedro, fueron trasladados al claustro inmediato que tiene la parroquia y
que servía de cementerio, y allí se colocaron los dos juntos, puestos en
pie, en un armario metido en la pared, donde recibían las visitas de
casi todos los forasteros estrangeros o nacionales, que aun cuando solo
se detengan pocas horas en Teruel, rara vez dejan de acudir a satisfacer
su curiosidad.

Sobre dicho armario se leía:

_Aquí yacen los celebrados Amantes de Teruel, D. Juan Diego Martínez de
Marcilla y D.ª Isabel de Segura. Murieron en 1216 y en el de 1708 se
trasladaron a este panteon._

En el año 1814 cuando pasó el rey D. Fernando VII por Teruel, se sacaron
del armario los dos esqueletos de los Amantes y los colocaron adornados
en la sacristía de la Iglesia de S. Pedro donde fueron visitados por el
rey y la grandeza de su comitiva, restituyéndolos después a su morada
ordinaria.

En Mayo de 1854, después de haber adquirido los fondos necesarios para
erigir a los dos esqueletos un sitio mas decente y que correspondiera a
su justa celebridad, fueron trasladados con gran regocijo de los
teruelanos al salón que se les tenía hecho en el mismo claustro de la
Iglesia parroquial de S. Pedro, y se les colocó en una magnífica urna de
nogal con preciosos embutidos, construida por el ebanista D. Antonio
Lacarrier, natural de París y concluida por su discípulo D. Policarpo
Serrano, también ebanista y vecino de Teruel.

Dicha _Urna_, que hemos examinado detenidamente, es un templete de orden
corintio, sostenido por ocho columnas, que se le puede dar vuelta al
rededor y ser vistos los _Amantes_ con toda claridad: la figura es
octógona y tiene un metro y noventa centímetros de ancho, y cuatro
metros, cuarenta y cinco centímetros de alto: se compone de seiscientas
quince piezas de pino para la armazón interior, de ochocientas noventa y
seis de nogal y de cuatro mil nuevecientas veinticinco de doradillo, que
al todo hacen 6436 piezas.

El _Salón_, que es una nave rectangular, está dividido por su longitud
en cuatro espacios de tres metros: tiene cuatro pilastras por lado que
limitan los espacios, y en cada uno de ellos hay un cuadro apaisado con
molduras de relieve, y encima de la puerta de entrada por la parte
interior hay otro cuadro igual a los anteriores: sobre dichas pilastras
descansa el cornisamento y se elevan unos esbeltos arcos apuntados y
decorados con molduras, y el todo está cubierto por bóveda de arista,
formando el conjunto de este salón, una bella nave que pertenece al
orden gótico-bizantino.

Los esqueletos de los _Amantes_, están bien conservados, y solo
cubiertos con unas enaguas cortas de gasa muy trasparente, para que
puedan ser vistos y examinados por los que les visiten: el de D.ª Isabel
está a la derecha del de D. Diego, y es de admirar como después de tanto
tiempo se hallan en tan buen estado.

¡Y qué diferente efecto, dice el Sr. Gabarda, produce la vista de estos
ilustres esqueletos a la curiosa multitud que los visita! El vulgo
admirador se sobrecoge por un especie de pavor sagrado; el liviano
superficial sale haciendo asquillos, porque sus ojos no han visto mas
que los materiales despojos de la humanidad; el ilustrado naturalista
contempla absorto el prodigio de este fenómeno físico; y el sabio, que
penetra el poder de las pasiones y la moralidad de las acciones
humanas, esperimenta en su presencia un recogimiento respetuoso, que
evocando los pensamientos mas serios, le hace esclamar en el silencio de
su corazón; ¡Padres de familia! procurad con la educación, con vuestro
ejemplo, con la persuasión y hasta con vuestra autoridad, precaver a
vuestros hijos del trato e inclinaciones con aquellas personas, que
vuestra prudencia no juzgue convenientes para unir con ellas la sangre,
la fortuna y el nombre de vuestra alcurnia; pero si vuestro descuido, o
la imperiosa voz de la naturaleza, en fuerza de irresistibles simpatías,
han llegado a crear la necesidad de la unión de dos almas sensibles,
respetad este inesplicable enajenamiento del amor, esta pasión que
consume y alienta, que no se enciende mas que una vez en la vida, y que
sacrificada con violencia, termina desastrosamente castigando la
terquedad de los padres con dolorosos remordimientos, que les acompañan
hasta las tristes sombras del sepulcro.

Sobre los AMANTES DE TERUEL han escrito: _Juan Yagüe de Salas_, un
poema; _Juan Perez de Montalvan_, una comedia; _Andrés Rey de Artieda_,
una tragedia; _D. Juan Eugenio Hartzenbusch_, un drama; _Renato de
Castel-Leon_, una novela histórica; _D. Isidoro Villarroya_, una novela;
_D. Esteban Gabarda_, una historia y además en distintas épocas han
escrito en menor estensión sobre dichos AMANTES, _Blasco de Lanuza_,
_Don Isidoro Antillon_, _D. Pedro Albentosa_, y algunos otros.



Capítulo IX.

_Los Obispos de Teruel._


Pocos años después de la fundación de Teruel, su primitiva Iglesia de
Santa María fue parroquial, como luego lo fueron las de San Salvador, S.
Miguel, San Juan, San Pedro, San Andrés, Santiago, San Martín y San
Esteban, la cual fue unida a la de S. Pedro en 1292: la misma de Santa
María se hizo Colegiata en 1423, con autoridad de Don Alonso, Obispo de
Zaragoza; dándole constituciones en 1425. El Rey D. Pedro el IV
ennobleció a Teruel con el título de Ciudad, aunque solicitó de la Santa
Sede la erección de Catedral, no tuvo efecto hasta que a petición de
Felipe II fue erigida por Gregorio XIII en 30 de Julio de 1577, y
arreglada por Sisto V en Bula de 5 de Octubre de 1587, y confirmada
después por Clemente VIII por la suya de 3 de Julio de 1593.

Al fallecimiento de D. Fernando de Aragón, Arzobispo XIII de Zaragoza,
ocurrido en 29 de Enero de 1577, fue nombrado en este año Obispo de
Teruel, _D. Juan Perez de Artieda_, Canónigo de Zaragoza, pero como
murió antes de ser consagrado no empezamos por él el Catálogo de los
Obispos, y sí por el que realmente lo fue.

PRIMER OBISPO DE TERUEL, _Don Andrés Santos_: este Prelado nació en
Quintanar de la Vega, diócesis de Leon: fue inquisidor en los tribunales
de Llerena, Cuenca, Córdoba, Valladolid y Zaragoza: tomó posesión en 20
de Diciembre de 1578, y fue muy estimado de los teruelanos por sus
virtudes, talento y prudencia: hizo varios reglamentos conforme a los
cánones y disciplina de la Iglesia, y de algunos se hace memoria en las
Constituciones Synodales de su sucesor: la Iglesia de Teruel le debe su
primer forma y orden, cuyos servicios fueron tan agradables al Rey que
le trasladó a la metropolitana de Zaragoza en Marzo de 1579; salió de
Teruel en 28 de Julio del mismo año, y la mayor parte de los vecinos de
esta ciudad le acompañaron hasta una gran distancia, habiendo sido
sentida por todos su partida, especialmente por los pobres. Asistió
después a las Cortés de Monzon, murió en 13 de Noviembre de 1585, y fue
enterrado con la mayor solemnidad en el templo del Salvador de la ciudad
de Zaragoza.

2. _D. Jayme Gimeno de Lobera_: natural de Ojos negros pueblo de la
provincia de Teruel: era Arcediano de la Cámara de Huesca y Jaca, y Juez
de competencias de Aragón: fue nombrado Obispo de Teruel en 25 de
Noviembre de 1579 y tomó posesión en 10 de Junio de 1580, edificó la
casa episcopal, gastando en está obra doce mil ducados; hizo Estatutos
para el buen gobierno de la Catedral que aprobó y confirmó Clemente VIII
en su Bula de 3 de Julio de 1593: se celebró con su autoridad en la
ciudad de Teruel el primer Sínodo diocesano en el mes de Febrero de
1589, cuyas constituciones arreglaron el buen orden en el culto divino
y funciones de dicha Iglesia. Visitó el Obispado dejando en todas partes
memoria de su liberalidad y misericordia con los pobres, y consagró la
Iglesia de Camañas, pueblo de la provincia de Teruel. En la Catedral hay
un Crucifijo de marfil en Cruz de plata dorada y otras alhajas que
recuerdan su episcopado. En las alteraciones del orden en el Reino, fue
nombrado Virrey, y después de haber procurado la paz se restituyó a su
Iglesia, en donde murió en 12 de Diciembre de 1594. Sus entrañas fueron
sepultadas en el Presbiterio de la Santa Iglesia Catedral de Teruel, y
su cuerpo fue trasladado a Zaragoza a la Iglesia del Pilar y colocado en
la capilla de San Miguel, que había sido construida a sus espensas.

3. _D. Francisco de Val_, natural de Cogolludo en el Obispado de
Sigüenza, era Arzobispo de Callér en Cerdeña cuando fue nombrado para la
Iglesia de Teruel, y habiendo pasado a Roma murió allí y no se verificó
su residencia.

4. _D. Martín Ferrer_, natural de Daroca, provincia de Zaragoza, fue
Colegial Mayor de San Ildefonso en Alcalá de Henares y Canónigo de la
metropolitana de la capital de Aragón: en 1593 fue electo Obispo de
Albarracin en donde permaneció tres años y algunos meses, dando ejemplos
de su piedad con los pobres socorridos por sus limosnas; a su costa se
edificó la torre de aquella Catedral, Iglesia que nunca olvidó pues en
1604 dotó competentemente la solemnidad de la octava de la fiesta al
Smo. Sacramento. Fue trasladado a la silla episcopal de Teruel y tomó
posesión de ella en 25 de Setiembre de 1596, y la gobernó por espacio de
diez y ocho años, aclamándosele universalmente con el tierno título
de--Padre de los pobres. Dio perfección a la obra de la casa episcopal,
y en sus días y a costa suya fueron levantadas las naves laterales de la
Catedral, la cual conserva también otras memorias de su liberalidad,
como son: el terno negro de terciopelo bordado en oro, un palio de tisú
y cenefa de terciopelo carmesí, y el verjado y sillería del coro: fundó
un Colegio en la Universidad de Alcalá de Henares para estudiantes
teólogos de Aragón, con dotación de mil escudos anuales: en Daroea se
construyó a sus espensas una capilla y capellanía, cuyo patronato es de
la casa del Marqués de Villalba. En el año 1612 celebró Sínodo en Teruel
y en él se formaron constituciones muy importantes para el servicio de
Dios y provecho de los fieles: después de haber gobernado diez y siete
años la Iglesia de Teruel, fue promovido a la de Tarazona en Abril de
1614, continuando los ejemplos de humildad y caridad con los pobres: en
los años 1614 y 1615 asistió al Concilio provincial de Zaragoza, en
donde hizo brillar su celo y doctrina. Murió en 28 de Noviembre de 1631
y fue sepultado en su capilla de Daroca.

5. _D. Tomás Cortés_: natural de Huesca, Canónigo de aquella Iglesia;
del Obispado de Jaca fue trasladado al de Teruel, y tomó posesión de
esta Silla en 5 de Noviembre de 1614; gobernó este Obispado con mucha
prudencia y paz en medio de algunas discordias que ocurrieron entre los
pueblos: murió en Huesca el 9 de Diciembre de 1624 y fue sepultado en el
presbiterio de la Iglesia de San Lorenzo en la que había fundado un
priorato y raciones.

6. _D. Fernando Valdés y Llano_, natural de Cangas de Tineo, del
Obispado de Oviedo en el Principado de Asturias; fue inquisidor de
Barcelona, Salamanca y Toledo; electo Obispo de Teruel, entró en esta
ciudad el 13 de Diciembre de 1625. En Octubre de 1627 celebró Sínodo
diocesano: en 1632 fue trasladado al Obispado de Leon. De allí pasó al
Arzobispado de Granada, y a instancia del Conde Duque de Olivares, le
nombró S. M. para Presidente del Consejo de Castilla, y en el desempeño
de este honorífico empleo, murió.

7. _D. Pedro Apaolaza_, hijo de Moyuela, pueblo del partido de Belchite
en la provincia de Zaragoza; nació en 13 de Julio de 1567, siguió su
carrera literaria en la Universidad Cesaraugustana, donde fue graduado
de Maestro en Artes y de Doctor en Sagrada Teología: siendo Beneficiado
de la Iglesia de su pueblo, pasó a Rector de la Iglesia de Santa Cruz de
Zaragoza, y después de la de Torres los Negros, lugar del Arzobispado.
En sus curatos dio los mayores ejemplos de celo y piedad; su virtud y
literatura hiciéronle digno de la Abadía de San Victorian en 1612, con
cuyo carácter fue diputado del Reino de Aragón en 1620, y luego fue
elegido Obispo de Barbastro y tomó posesión en 19 de Noviembre de 1622,
en que fue trasladado a la Silla de Teruel, habiendo renunciado antes
los Obispados de Orihuela, Lérida y Mallorca: en 18 de Agosto de 1635 y
después de gobernar su Obispado por espacio de diez años, fue promovido
a la Metropolitana de Zaragoza de la que tomó posesión en 1.º de Marzo
de 1635: en todos los Obispados manifestó el caudal de su doctrina, su
celo en la reforma de costumbres, e hizo brillar su paciencia en algunas
persecuciones que padeció; su humildad se insinuaba en su trato que se
llevaba tras de sí el respeto y la admiración de las gentes; en sus
frecuentes visitas diocesanas dejó decretos muy edificantes y empleó sus
rentas en el socorro de los pobres; cincuenta de estos asistieron en
Teruel a su mesa el día y octava de su cumple-años el primer año de su
Obispado en la misma ciudad: dejó fundaciones piadosas en la Iglesia de
su patria; renovó la capilla de N.ª S.ª de la Blanca en la Metropolitana
del Salvador de Zaragoza; dotó las cátedras de Filosofía y Teología en
su Universidad; dio a conocer su literatura en los dos tomos que
escribió con el título de _Mensa Eucharistica paraneticis excursionibus
illustrata_, y en otras diferentes obras y sermones que se hallan
impresos: su oratoria sagrada es digna de compararse con la de los
Santos Padres de la Iglesia y sus sermones eran tan frecuentes que en
ocasión de haber enfermado de gravedad en Teruel el orador cuaresmero,
predicó él en días alternados, llamando tanto la atención que la
Catedral el día de sermon llenábase de oyentes de la población y de
fuera, que se disputaban la entrada por colocarse donde poder oírle
mejor: otra vez en la Iglesia del Hospital de Zaragoza faltó también el
orador de cuaresma a consecuencia de haber tenido que salir de la ciudad
por muerte de su madre y una hermana; con este motivo el ilustrado
paisano y Obispo de que hablamos, predicó todos los días con el mayor
fruto, siendo la admiración de todos los zaragozanos, quienes le
regalaron un precioso terno: también los teruelanos le hicieron regalo
de un anillo de muchísimo valor, pero él pidió permiso para venderlo y
su producto fue repartido entre los mendigos, quienes le dieron el
honroso dictado de _El Obispo de los pobres_. Desempeñó su ministerio
apostólico con gloria inmortal, y murió en olor de santidad en Zaragoza
en 25 de Junio de 1643: fue depositado su cadáver en dicha capilla del
Salvador y al año siguiente trasladado a la Iglesia de Moyuela.

8. _D. Juan Cebrian_, natural de Perales, pueblo de la provincia de
Teruel; su familia noble es conocida con el título del Condado de
Fuenclara: entró religioso mercenario en el convento del Olivar donde
profesó solemnemente y cultivó su talento en los estudios literarios,
logrando todos los grados del Orden hasta el Magisterio general de la
misma electo en Toledo en 1617. Noticiosa la Córte de sus virtudes y
saber, el rey D. Felipe IV, le nombró Obispo de Albarracin, cuya Iglesia
gobernó desde 1632 hasta el 12 de Febrero de 1635, que fue promovido a
la silla episcopal de Teruel, de la que tomó posesión en 31 de Agosto
del mismo año, y la gobernó hasta el 21 de Junio de 1644, que fue
nombrado Arzobispo de Zaragoza: la presencia del rey, y las públicas
aclamaciones de la nobleza, el clero y el pueblo, hicieron solemnísima
su entrada en aquella ciudad, acompañándole desde su convento de San
Lázaro hasta la Iglesia. El Rey le nombró de su Consejo de Estado
Embajador y para acompañar a la reina D.ª Mariana de Austria que venía a
casarse con el rey. Desempeñó la comisión de conducir el cadáver del
Príncipe D. Baltasar al sepulcro del Escorial, con la mayor
magnificencia. El mismo Rey le dio el nombramiento de Capitán general de
Aragón. Sus virtudes pastorales fueron de acuerdo con su política y se
vio su caridad en el socorro de los enfermos en la peste del año 1651, y
sus limosnas con los pobres fueron estraordinarias: como obras debidas a
su piedad citaremos la renovación de su convento del Olivar, la
fundación del Colegio de San Pedro Nolasco para los estudios de los
religiosos de la provincia, y el convento de Capuchinas de Zaragoza
débele toda su perfección: casi en vísperas de perder para siempre la
salud, marchó a Juslibol, pueblo cercano a Zaragoza y construyó de su
bolsillo varias casas sobre cuyas puertas se lee el nombre de su
fundador: murió en el mismo pueblo el día 27 de Diciembre de 1662,
dejando dispuesto que su corazón se llevase a su Iglesia de Perales y su
cadáver fuera enterrado en la Iglesia de las Capuchinas.

9. _D. Domingo Abad y Huerta_, natural de Cubél, provincia de Zaragoza;
fue inquisidor de Barcelona donde sufrió mucho por su fidelidad en los
días de las turbaciones de aquel Principado, pero el Rey Felipe IV le
premió nombrándole Obispo de Teruel, de que tomó posesión en 19 de
Setiembre de 1644: los breves días de su pontificado privaron a esta
Iglesia de las esperanzas que concibió en los ensayos de su celo por la
paz y felicidad de los teruelanos: murió al año y medio de su residencia
en 16 de Mayo de 1646: su cuerpo fue enterrado al lado derecho del
Presbiterio de la Catedral, quedó heredera y enriquecida con sus
preciosos pontificales.

10. _D. Diego de Chueca_, hijo de Calcena, villa de la diócesis de
Zaragoza, en cuya ciudad hizo su carrera literaria, obtuvo el grado de
Teología, desempeñó cátedra de la facultad y consiguió la Canongía
Magistral de la Iglesia metropolitana donde frecuentemente predicó la
palabra divina con mucho fruto y edificación: el Rey Felipe IV le
nombró Obispo de Barbastro y luego de Teruel, donde tomó posesión en 5
de Setiembre de 1647, verificando su entrada en la ciudad el día 29 del
próximo mes: celebró Sínodo diocesano en 1657 y en él se arreglaron
todas las cosas pertenecientes al buen gobierno de la Catedral, de las
parroquias de la ciudad y las de las aldeas, tanto en sus rentas como en
sus funciones eclesiásticas. De acuerdo con el Cabildo procuró la
dotación competente de la renta de la fábrica de la Iglesia Catedral y
contribuyó para ello anualmente con sumas considerables de sus rentas,
gastando también en equipar de ornamentos la sacristía mayor. En sus
días se hizo la fundación del convento de Monjas descalzas de Santa
Teresa, en cuya fábrica gastó mas de 40,000 escudos, y al regreso de su
primera diputación del Reino se trajo de Zaragoza, en 1660, las Madres
fundadoras que salieron del convento de aquella ciudad, conocido con el
nombre de su fundador Diego Fecét, con el vulgar de las Fecetas,
debiéndose a su piedad este virtuoso establecimiento, que desde entonces
ha estado sujeto a la jurisdicción de los Obispos: murió en Zaragoza el
18 de Junio de 1672.

11. _D. Diego Antonio Francés_, hijo de Zaragoza, estudió jurisprudencia
en su Universidad, fue Arcipreste de Daroca, dignidad de la Iglesia
metropolitana, luego Obispo de Barbastro y después de Teruel: tomó
posesión en 18 de Mayo de 1673, y en 22 de Junio siguiente pasó a
Tarazona.

12. _D. Andrés Aznar_, natural de Zaragoza, religioso agustino, Obispo
de Jaca, y luego de Teruel, del que tomó posesión en 17 de Julio de
1674, y haciendo la visita de la diócesis murió en Bueña en 5 de Mayo de
1682.

13. _D. Gerónimo Zolivera_, nació en Barbastro, electo Obispo de Teruel,
tomó posesión en 20 de Abril de 1683, fue a Zaragoza diputado del Reino
en 1685: en sus días se reedificó la nave mayor de la Catedral de
Teruel, a él se debe la capilla que hay frente a la nave izquierda
dedicada a María Santísima, enriqueció la sacristía con varias alhajas,
y a sus espensas hízose un magnífico aparato fúnebre con terno, cubierta
de tumba y blandones para los Oficios de Difuntos; perfeccionó la obra
de la casa Episcopal, formando una portada de buen orden de
arquitectura en donde se ve el escudo de sus armas, todo de piedra: en
sus días edificáronse también los graneros de Camarillas y la Puebla
para la recolección de los frutos de la Mensa episcopal: murió en 28 de
Marzo de 1700, y su corazón fue depositado en su capilla, llamada
vulgarmente el Diario.

14. _D. Manuel Lamberto Lopez_, natural de Zaragoza, de familia
nobilísima, conocido con el título del Marqués del Risco, que heredó su
hermano D. Juan Luis Lopez, Regente del Supremo Consejo de Aragón:
estudió Jurisprudencia en aquella Universidad, fue Catedrático de
Cánones, Dignidad de Chantre de la metropolitana, e inquisidor del santo
oficio en Zaragoza y Valencia. Felipe V, le nombró Obispo de Teruel;
tomó posesión en 4 de Junio de 1701; hizo muchas limosnas, y costeó el
retablo mayor de la Iglesia de San Martín, el de las Monjas descalzas de
Teruel, y el de las Agustinas de Rubielos: murió en su cuarto habitación
repentinamente al llegar de paseo el día 1.º de Abril de 1717: su
pérdida fue llorada universalmente y fue enterrado con gran pompa en la
Catedral.

15. _D. Felipe Analso de Miranda Ponce de Leon_, natural de la villa de
Grado en el Principado de Asturias, de la familia del Marqués de
Valdecarza: estudió Jurisprudencia y Cánones en Salamanca, se hizo
Bachiller en Cánones en la Universidad de Oviedo, y después Obispo de
Teruel,[14] habiendo tomado posesión en 8 de Noviembre de 1720; en los
primeros años de su Pontificado trató de construir un Seminario conforme
al Santo Concilio Tridentino y no siéndole posible por las dificultades
que se presentaron, se contentó con fundar uno clerical, para
instrucción de los que se dedicaban al estado eclesiástico; y al efecto
fue construido el edificio en Villavieja; constantemente procuró con
oportunas providencias la mejor instrucción del clero; decoró todos los
templos de Teruel; contribuyó con sus caudales para la erección de una
capilla dedicada a San Francisco de Paula en la Iglesia de San Andrés;
fue muy limosnero, y consagró al Obispo de Albarracin Don Juan Navarro y
Alonso: murió en 20 de Agosto de 1731 y fue sepultado en la Iglesia de
Santa Teresa.



Capítulo X.

_Los Obispos de Teruel._

(Conclusión.)


16. _D. Francisco Perez Prado y Cuesta_, natural de Aranda de Duero en
el Reino de Leon, fue inquisidor de Córdoba y Sevilla, el Rey Felipe V
le nombró en 1732, Obispo de Teruel, de cuyo cargo tomó posesión en 7 de
Noviembre del mismo año. En casi los veintitres de su Pontificado, no
hubo día que dejara señalado con los rasgos mas brillantes de las
virtudes propias del Obispado, hallándose retratados en tan digno
Prelado todos los caracteres retratados en la carta del Apóstol a
Timoteo; su espíritu verdaderamente apostólico estuvo siempre solícito
del bien de la Iglesia; desposado con la de Teruel por su ordenación y
consagración, nunca quiso dejarla, renunciando la mitra de Jaén y de
Palencia que le fueron ofrecidas, y solamente se vio obligado a
ansentarse de su silla, por la causa pública de la Religión y del
Estado, a la Córte de Madrid a donde Fernando VI le llamó, nombrándole
inquisidor general de las Españas y Comisario general de la Cruzada, sin
olvidar por esta separación la solicitud de su amada Iglesia de Teruel,
como los primeros años de su residencia en ella, tomando noticia exacta
de todas las necesidades públicas y particulares de su diócesis,
aplicando los remedios oportunos en todo lance y favoreciendo siempre
todas las piadosas empresas que animaba con sus facultades.

El Hospital general de Teruel débele toda su perfección en la obra de la
Iglesia, ensanche de las habitaciones, arreglo y aumento de sus rentas,
en que gastó 14,475 rs: todas las comunidades religiosas fueron
participantes de sus limosnas en que empleó mas de cien mil pesos:
familias enteras le debieron su subsistencia, entre ellas algunas de las
mas distinguidas, cuyos gastos con las cantidades repartidas en las
limosnas diarias esceden de treinta y cuatro mil pesos: en las Monjas
de Santa Teresa costeó la obra de la enfermería y cerca; en las de
Rubielos la obra de escalera; en la Catedral de Teruel hizo la Custodia
de plata, fabricada en Córdoba, en la que gastó veintidos mil pesos;
ropas de la sacristía y varias alhajas de plata para el altar mayor
fueron regaladas por el mismo: la capilla de la Concepción detrás del
claustro del altar mayor le costó cuatro mil pesos; la dotación de su
fiesta y octava mas de cinco mil pesos: en el Capítulo general dotó
igual solemnidad por otra segunda octava: en varios templos de la ciudad
y Obispado cuidó de erigir capillas en honor de la Purísima Concepción,
como en la de San Pedro que consagró: en la de S. Miguel procuró colocar
dicha imagen en el altar mayor cuyo retablo levantó a sus espensas
grabando allí sus armas, y contribuyendo a la fábrica con copiosas
limosnas hasta que vio concluida obra tan magnífica: en resumen, en
gastos de Iglesia empleó 7,666 pesos.

La fundación, dotación y construcción del colegio de los Jesuitas
ocuparon la atención del célebre Prelado de que hablamos, en los últimos
años de su Pontificado, y la dirección y política de aquellos P. P.
consiguieron en siete años ver levantada su fábrica y edificio con la
mayor magnificencia, empleando en dicha obra mas de ciento trece mil
pesos, sin contar las pinturas y alhajas que se colocaron después en la
Iglesia y en el Oratorio, sagrados lugares que justamente llaman la
atención del viagero.

El mismo Sr. Obispo murió en Madrid el 10 de Julio de 1755, a la edad de
78 años, y fue depositado en la Iglesia del Colegio Imperial y
trasladado a los seis años de su fallecimiento a la del Colegio de
Teruel, celebrándose sus exequias el día 13 de Octubre de 1761, habiendo
asistido todas las corporaciones civiles y militares de la población y
muchas comisiones de las ciudades, villas y lugares de la provincia: su
cuerpo fue colocado en un magnífico sepulcro de mármol al lado derecho
del Presbiterio.

17. _D. Francisco Perez de Baroja_, natural de Autól, diócesis de
Calahorra; siendo Canónigo Magistral de Valladolid fue presentado para
Obispo de Teruel, y que tomó posesión en 30 de Enero de 1756 y murió en
29 de Marzo de 1757, siendo sepultado en el panteon de la Catedral.

18. _D. Francisco José Rodriguez Chico_, natural de la Nava del Rey,
villa del Reino de Castilla la vieja: estudió en Salamanca, fue Canónigo
en Leon, haciéndose notable ya por su asistencia diaria a los enfermos
pobres, entre quienes repartía todo lo que tenía: el Rey Fernando VI le
nombró Obispo de Teruel, de cuya silla tomó posesión en 27 de Noviembre
de 1757, y al cabo de los cuatro meses de su llegada, comenzó su visita
con el fin de mejorar el estado de sus Iglesias: la dotación de los
curatos, la unión de beneficios incongruos, los planes de dotación de
las raciones de los templos de la ciudad y la buena administración de
sus rentas, sus desvelos por el buen gobierno del Hospital general, la
economía de su vida para dar de comer a un crecido número de pobres en
unos años estériles, su celo en procurar la instrucción de los
eclesiásticos y del pueblo de todo su Obispado; son un testimonio de su
pastoral solicitud. Pero en donde trabajó con el mayor esmero fue en los
tres establecimientos debidos a su ilustración y caridad: fue el
primero, la _Casa_ para la enseñanza de las niñas, cuya obra hizo a sus
espensas, aseguró la dotación y proveyó de maestras útiles para la
instrucción de las educandas en toda labor de mano, y en las letras y
catecismo: el segundo fue el de la _Biblioteca pública_ dentro de la
misma casa episcopal, enriquecida con abundantes libros para la
instrucción de los amantes de la sabiduría, proveyéndola de un
Bibliotecario dotado suficientemente con una pensión de trescientos
ducados sobre la Mitra: fue el establecimiento tercero, el _Seminario
Conciliar_, establecido en el Colegio de Jesuitas bajo el Real patronato
y soberana protección del monarca D. Cárlos III, y sus sucesores, bajo
la advocación de la Concepción de María Santísima y Santo Toribio de
Mogrovejo, como todo se halla espreso en el decreto de erección,
constituciones, dotación, gobierno y enseñanza, dado en su Palacio
episcopal de Teruel a 10 de Setiembre de 1776: son bien notorios los
felices frutos que goza la ciudad y obispado con este santo y útil
establecimiento debido al celo constante y prudente de su Illmo.
Fundador, que murió en 12 de Marzo de 1780, siendo sepultado en el
panteon de la Catedral.

19. _D. Roque Martín Merino_, natural de Fuentes de Don Bernardo en
Castilla la vieja, provincia de Palencia: fue beneficiado de la Iglesia
de su pueblo, Canónigo lectoral de Coria, hizo oposiciones en Burgos,
Zamora, Salamanca y Santiago, y a pesar de su vasta erudición y
admirable elocuencia, sufrió los reveses de la ingratitud con ánimo
sereno: el Rey D. Cárlos III, le nombró capellán mayor de la Iglesia
primada de Toledo, y desempeñando este alto cargo se dio a conocer en
varias obras que escribió y en otras que corrigió, entre estas el
breviario mozárabe conforme al rito gótico: el mismo monarca le elevó al
obispado de Teruel: apenas tomó posesión, giró una visita por las
Iglesias de su diócesis, examinó a casi todos los eclesiásticos y a cada
uno colocó en el lugar que le correspondía, administró muchas veces la
confirmación en la Iglesia de la Merced (en el arrabal de Teruel), y la
arregló hasta igualarla con las de la ciudad; se llevó y mantuvo en el
palacio a todos los religiosos del convento de San Francisco, cuando
este fue inundado por haber salido de madre los ríos Guadalaviar, Turia
y Alfambra, y cubierto las aguas toda la vega, ocasionando este
desbordamiento desgracias personales y pérdidas de gran consideración;
no pudo llevar a cabo su pensamiento de renovar el estilo arquitectónico
y ensanchar la Catedral, dio cuatro mil pesos para la fábrica, parte de
los cuales empleó después el Cabildo en blanquearla y enriquecer la
Sacristía con preciosos pontificales; el ilustrado Obispo que nos ocupa,
murió en 6 de Noviembre de 1794, siendo enterrado en el panteon.

20. _D. Félix Chico_, hijo de Castalla en el reino de Valencia, en cuya
Universidad estudió Teología y Cánones. Fue Abogado de los Reales
Consejos, beneficiado de la parroquia de San Andrés, Arcediano de la
Iglesia de Santa María del Mar en Barcelona, Canónigo Doctoral de la
metropolitana de Valencia, Censor de la Real Sociedad de Amigos del
País, y Caballero gran Cruz de la Real y distinguida orden de Cárlos
III: el Rey Don Cárlos IV le nombró Obispo de Teruel y tomó posesión en
10 de Julio de 1795, distinguiéndose desde luego por su celo en colocar
a todo su Obispado al nivel de los mas notables de España, y la obra
grande de su piedad que hará eterna su memoria en Teruel y su provincia
fue, _la fundación de la Casa-Hospicio de Misericordia_; en ella agotó
toda la actividad y desvelos de su celo, trazó los planos un sabio
arquitecto de la Academia de Zaragoza, conforme al magnífico diseño de
la Casa de la capital y procurando competir con esta en la
magnificencia: el Monarca, el Obispo, el Clero, el Ayuntamiento y el
Pueblo, todos contribuyeron a dar cima a la obra, cuya primera piedra
colocó y bendijo el Señor Rico, el cual después no pasaba día por malo
que fuese que no hiciera su visita al sitio donde tan benéfica casa se
edificaba. Murió en 31 de Mayo de 1799, y se le hizo el entierro el 4 de
Junio siguiente, al que asistió todo el pueblo y cuantas niñas y niños
había en la Misericordia.

21. _D. Francisco Javier Lizana_, nació en Arnedo, Obispado de
Calahorra, estudió gramática y filosofía con los jesuitas de Calatayud,
jurisprudencia civil y canónica en la antigua Universidad de Oñate y en
la no menos antigua de Zaragoza[15] donde recibió los grados de
Licenciado y de Doctor y el claustro le nombró Presidente de la
numerosísima Academia de dicha facultad: fue Doctoral de Sigüenza,
Penitenciario de Zamora, Gobernador de esta Mitra, Obispo Auxiliar del
Arzobispado de Toledo, y después por nombramiento del Rey D. Cárlos IV,
Obispo de Teruel en cuya ciudad hizo su entrada el cuatro de Diciembre
de 1799; el mismo día, esplicó su celo por el decoro del Templo y dio
orden de hacer colgaduras de terciopelo carmesí y galones de oro para el
Presbiterio y de damasco para las columnas, colocándose todo a sus
espensas: al día siguiente manifestó su misericordia y beneficencia,
llevando la primera atención de sus visitas los pobres enfermos y
encarcelados a quienes socorrió con largueza y con saludables
exhortaciones que repetía casi todas las semanas, atrayendo con su
ejemplo a muchos de los sacerdotes que le ayudaban en estas laudables
tareas: manifestó mucho celo por las Iglesias de su Obispado, formó una
Congregación de ministros del Señor para predicar al pueblo en la
Iglesia del Seminario y sus oficinas fueron notables por la diligencia y
acierto con que eran despachados cuantos asuntos afluían a ellas: en
1802 fue promovido al Arzobispado de Méjico, sintiéndose mucho en la
provincia la ausencia de tan ilustrado y laborioso Prelado.

22. _D. Blas Joaquin Alvarez de Palma_, nació en Jerez de la Frontera,
Arzobispado de Sevilla, fue presbítero confesor y predicador en varias
diócesis, hízose licenciado en Teología en la Universidad de Granada, y
siendo Obispo de Albarracin fue trasladado al de Teruel en 1802, tomó
posesión en 24 de Febrero de 1803, y en 19 de Diciembre de 1814 fue
promovido al Arzobispado de Granada.

23. _D. Felipe Montoya y Diez_, natural de Griota, Obispado de Palencia:
siendo Lectoral de Plasencia, fue electo para la Silla de Teruel en 22
de Julio de 1815, tomó posesión en 28 de Setiembre del mismo año, y
murió en Valencia el 12 de Marzo de 1825.

24. _D. Jacinto Rodriguez Rico_, natural de Villamayor, diócesis de
Leon: siendo Dean de Zamora fue nombrado Obispo de Teruel: tomó posesión
en 20 de Marzo de 1826, y fue trasladado a Cuenca en Junio de 1827.

25. _D. Diego Martínez Carlón y Teruel_, hijo de Lorca, diócesis de
Cartagena: era Chantre de Almería, cuando fue electo Obispo de Teruel, y
preconizado en Roma en 25 de Junio de 1827: tomó posesión en 8 de
Octubre del mismo año, y fue trasladado a Jaén en 23 de Febrero de 1832.

26. _D. José Asensio de Ocón y Toledo_, natural de Albarracin, de la
misma diócesis: siendo Obispo de Palencia fue trasladado a la silla de
Teruel, en 24 de Febrero de 1832, tomó posesión en 13 de Junio del mismo
año, y murió en 2 de Diciembre de 1833.

27. _D. Antonio Lao y Cuevas_; nació en Tiñana, villa de la diócesis de
Guadix; era Abad mayor de la Colegiata del Salvador de Granada, fue
nombrado Obispo de Teruel en 16 de Agosto de 1847, tomó posesión en 17
de Diciembre del propio año y trasladado a Guadix en 1849.

28. _D. Jaime Solér y Roquér_, natural de San Juan de las Abadesas en
Cataluña, fue Canónigo Magistral de la Catedral de Vich, y nombrado
Obispo de Teruel en 21 de Julio de 1847, tomó posesión en 7 de Octubre
de 1850, y murió en Segorbe el 21 de Marzo de 1851.

29. _D. Francisco Landeira y Sevilla_, hijo de Ribeira de Santa Eugenia,
pueblo de Galicia; fue Catedrático de Teología en la Universidad de
Madrid, y electo Obispo de Teruel, entró en esta ciudad en la tarde del
7 de Diciembre de 1852:--Dos o tres días habían trascurrido desde esta
entrada, cuando supo que desde la guerra civil el Seminario se hallaba
ocupado militarmente y la Iglesia convertida en depósito de armas y
proyectiles: enseguida empezó sus gestiones para que estos efectos
desapareciesen de allí y una vez conseguido, hizo mejoras en el
Seminario, volvió a su Iglesia las imágenes que se hallaban distribuidas
en los templos de la ciudad, se llevó procesionalmente la imagen de la
Virgen de los Dolores, y con motivo de la bendición de la Iglesia se
celebró una fiesta solemnísima como pocas veces se ha visto en Teruel,
y jamás los vecinos de esta capital han contemplado la misma Iglesia tan
ricamente engalanada y con tanta profusión alumbrada. Este Obispo fue
uno de los mas queridos de los teruelanos, y de los pueblos de la
provincia, ya por su celo en el buen gobierno de sus diocesanos, ya por
sus reconocidas virtudes, ya por su vasta erudición, ya por la
afabilidad de su trato, ya, en fin, porque estendido el cólera en la
capital y pueblos de su diócesis, fue el consuelo de los enfermos pobres
atacados de aquella epidemia, entrando en sus casas, acompañándoles
muchos ratos y llegando su anhelo por socorrer sus necesidades hasta el
punto de vender su coche y las mulas, cuyo producto en dinero lo
distribuyó enseguida entre los enfermos mas pobres. ¡Nunca olvidará la
provincia de Teruel el nombre de tan buen Obispo! ¡No era de estrañar
que fuese tan sentida su traslación a Murcia en el año 1862!

30. _D. Francisco de Paula Gimenez y Muñoz_, nació en 8 de Abril de 1807
en Bliecos, pueblecillo de la provincia de Soria, diócesis de Osma:
estudió en el Seminario Conciliar del Burgo de Osma, recibió el grado
de Bachiller en Teología en la Universidad de Zaragoza y los de
Licenciado y Doctor en la misma facultad en la de Valladolid; hizo
oposiciones a la Lectoral de Osma, y a las Penitenciarías de Sigüenza,
Avila y Segovia: obtuvo por oposición la Magistral de Salamanca, de cuyo
Seminario fue Catedrático: presentado para la Silla de Teruel en 25 de
Setiembre de 1861, preconizado en Roma en 23 de Diciembre del mismo año,
y consagrado en Salamanca en 27 de Abril de 1862, entró en Teruel el día
3 de Junio de 1862. Este Obispo, Caballero gran Cruz de Isabel la
Católica y Socio correspondiente de las Academias Española y de la
Historia, visitó con celo verdaderamente apostólico toda la diócesis,
administrando el santo Sacramento de la Confirmación hasta en los
pueblos mas pequeños, y dirigiendo en todos ellos su paternal y cariñosa
voz a los fieles: reedificó la escuela de la enseñanza y reconstruyó el
ex-convento de Capuchinos en las inmediaciones de Teruel, para
establecer en él como estableció una casa de misión y corrección[16].
Escribió y publicó varios artículos en la Revista Católica, Pastorales y
discursos llenos de erudición, entre ellos el que pronunció en Madrid
por encargo de la Academia Española, en el aniversario de Cervantes, año
1864. Después de una larga y penosa enfermedad que sufrió con edificante
conformidad y resignación, falleció el día 3 de Junio de 1869.



Capítulo XI.

_Hijos notables de Teruel._


Mucho podríamos estendernos en este Capítulo, pero atendiendo a los
límites que nos hemos señalado, y reservándonos ocasión para tratar de
este asunto, en otro o en otros volúmenes; vamos a dar noticia de
algunos turolenses que se han distinguido en las ciencias, artes y
letras.

D. JUAN ANTONIO MUÑOZ, dominico, notable por su ilustración y por sus
buenas dotes oratorias; hizo traducir del griego vulgar en idioma
aragonés, _las Vidas de Plutarco_.

D. JUAN CEBRIAN, Maestro en Teología, Canónigo de la Santa Iglesia
metropolitana de Zaragoza, después de la mitad del siglo XV; fue muy
erudito y virtuoso, escribió algunas _observaciones y notas
eclesiásticas_ y una _Memoria geológica sobre los alrededores de
Teruel_.

FR. PEDRO GARCÉS DE MARCILLA, octavo Obispo de Albarracin, hombre de
muchísimo carácter y de un talento poco común, hizo varias mejoras en
las Iglesias de aquella ciudad, especialmente en la Catedral; dejó
escritos _Varios tratados y papeles relativos a la Unión de las Iglesias
de Albarracin y Segorbe y forma canónica de su establecimiento_.

D. ANTONIO SANCHEZ MUÑOZ, oriundo de la antigua y noble familia de este
apellido, y de la línea de Don Pascual Muñoz, ilustre ciudadano de
Teruel, del que trata el Rey D. Jaime I de Aragón en su Historia,
alabándole por su industria y bienes con que le sirvió en la conquista
de Valencia: el de que ahora hablamos, estudió en la Universidad de
Salamanca, fue Doctor en Cánones, Catedrático de esta facultad, Obispo
de Albarracin y Segorbe, asistió al Concilio general de Leon que celebró
el Papa Gregorio X en el año 1274, y escribió _una docta Defensa y
Memoria sobre las pretensiones de los Arzobispos de Toledo y Tarragona
para enclavar en su diócesis la Iglesia de Albarracin_.

GIL SANCHEZ MUÑOZ: Aislado vivía en Peñiscola D. Pedro Martínez de
Lunas, que años atrás había sido elegido Papa, con el nombre de
Benedicto XIII; y aunque el Concilio de Constanza lo declaró cismático,
escomulgado y anti-papa el 26 de Junio de 1417, y el rey de Aragón D.
Fernando I le negó la obediencia, siguió inalterable en su propósito
hasta el último instante de su vida, haciendo jurar a los cardenales que
tenía a su lado que le nombrarían sucesor. Así lo cumplieron, eligiendo
a D. Gil Sanchez Muñoz, natural de la ciudad de Teruel, canónigo de
Barcelona y muy afecto a la causa de Benedicto: decidiose Sanchez Muñoz
a admitir el cargo por las vivas instancias de Alonso V de Aragón, que
por motivos políticos y personales, quería valerse de él en contra de
ilegítimo pontífice Martíno V. Esto sucedía en 1429, pero en 1434, hizo
renuncia Gil Muñoz de la tiara dejando el nombre de Clemente VIII que
había tomado, y contentándose con el obispado de Mallorca con que le
agració el verdadero pontífice, terminando así aquel gran cisma que
había durado cincuenta años. En otro lugar volveremos a hablar de este
Obispo, debiendo añadir ahora que en el archivo de Teruel se guarda la
carta que escribió a los teruelanos, participándoles su renuncia del
pontificado, en obsequio de la paz de la Iglesia.

FRANCÉS DE ARANDA. Nació también en Teruel en 1396, fue consejero de los
reyes de Aragón D. Juan I y D. Martín, y fue elegido para representar al
reino de Aragón en el Parlamento de Caspe: ya de edad madura, se retiró
a la Cartuja de Portaceli (Valencia), de donde no quiso salir a pesar de
las reiteradas instancias que se le hicieron para volver a su antigua
privanza. Fundó la Santa Limosna de Teruel para socorro de pobres
vergonzantes, y dotación de doncellas menesterosas, para cuyo objeto
dejó las salinas de Armillas que le pertenecían, redactando el mismo
los _Reglamentos_ para la buena administración de su pio legado. Murió
en Portaceli a la edad de 85 años en 1441.

D. GERÓNIMO RIPALDA: sabio jesuita que nació en 1536, y a la edad de
quince años entró en el instituto de San Ignacio de Loyola: gran parte
de su vida residió en Toledo, donde esplicó con lucimiento humanidades,
filosofía y teología, y donde murió en 1618 a la edad de 84 años,
dejando escrito el _Catecismo y esposición breve de la doctrina
cristiana_, que aun sirve de texto en las escuelas públicas, y del cual
se han hecho innumerables ediciones en España y en todas las naciones
católicas de Europa, dejando también traducido el libro de Kempis
_Contemptus Mundi_, o sea la _Imitación de Cristo_.

D. JUAN YAGUE DE SALAS: Hijo y ciudadano de Teruel y secretario de su
Concejo; tuvo cierta popularidad en su época, y ha llegado su nombre
hasta nosotros por su poema titulado: _Los Amantes de Teruel_, impreso
en Valencia en 1616, obra de escasa valía como producción literaria,
pero que no carece de importancia bajo el punto de vista histórico, ya
por las noticias que contiene sobre la historia antigua de Aragón,
historia la mas notable de los antiguos reinos de España; ya por reunir
las tradiciones que se conservaban en su tiempo sobre el patético
episodio de los Amantes.

D. JUAN MARTINEZ SALAFRANCA: Nació en la misma ciudad el 9 de Mayo de
1677, en cuya parroquial de San Pedro fue bautizado: siguió la carrera
eclesiástica, y aunque pudo alcanzar altas dignidades en la iglesia,
nunca quiso salir de su modesta posición de presbítero. Residió muchos
años en Madrid, consagrado al egercicio de su ministerio y a estudios
históricos y literarios. En 1737 se asoció con D. Francisco Manuel
Huerta y con D. Leopoldo Gerónimo Puig, para la publicación del _Diario
de los literatos_, el primer periódico que se publicó en España: fue
esta publicación de crítica literaria, y sus redactores no carecían de
la ilustración, entereza y criterio que requieren esta clase de
trabajos; pero ya fuese por la oposición de escritores coetáneos, ya
consistiera en que la nación no estaba todavía en estado de apreciar la
delicadeza de su crítica, ello es que no vivió el _Diario_, mas que un
año y nueve meses, en cuyo tiempo se publicaron siete tomos en octavo.
Salafranca reunía dotes de escritor de primer orden, pues además de
estar muy versado en los idiomas del latín, griego, hebreo, francés e
italiano, era grandísima su erudición en ciencias eclesiásticas,
historia y bellas artes, y su estilo puro, correcto y de una sencillez
elegante: fue académico cofundador de la Academia de la Historia:
escribió muchas obras, entre las cuales solo citaremos las siguientes:
_Memorias eruditas para la crítica de artes y ciencias_: se publicaron
dos tomos y dejó manuscritos el tercero y cuarto.--_Gramática italiana,
castellana, latina, hebrea y griega._--_Población de Teruel y noticias
sacadas de los antiguos anales de esta ciudad que se conservan en su
Archivo._--_Advertencias pertenecientes a la ciudad de Teruel y sus
jueces._--_Método de estudios._--_Reyes que han visitado la ciudad de
Teruel._



SEGUNDA PARTE.



Capítulo primero.

_Situación de la moderna ciudad de Teruel.--Sus barrios.--El
escuche del Molino nuevo.--Los ríos, puentes, vega, ermitas y demás
alrededores de Teruel._


Asentada sobre una meseta o altura de bastante consideración en la
carretera de Zaragoza a Valencia y a la izquierda del río Turia, se
halla la _Ciudad de Teruel_, capital de la provincia del mismo nombre,
cuyos viejos muros, en parte desmoronados, atestiguan su respetable
antigüedad.

Cual centinelas que la guardan, tiene a su rededor los ocho barrios
siguientes: 1.º el de _San Julian_, así llamado por una antigua ermita
de su nombre, denominada hoy de San Antonio Abad, en cuyo día celébrase
allí una fiesta al fin de la cual, los labradores con sus bien
enjaezadas caballerías dan carreras por el camino de Valencia que
atraviesa el barrio. 2.º el de las _Ollerías_, porque en él están las
alfarerías que proveen a Teruel, y a muchos pueblos de la provincia y de
fuera, de cántaros, ollas, jarros, baldosas, ladrillos y demás objetos
de tierra cocida, tierra que con abundancia le proporcionan los cerros
vecinos. 3.º el del _Arrabal_, próximo al anterior y a la parte alta de
la ciudad. 4.º el de las _Estaciones_, nombre que recibe de las cruces y
escenas de la Pasión que se hallan hechas en baldosa sobre pedestales de
ladrillo en el camino del cementerio[17] 5.º el de las _Cuevas_,
denominado así a causa de las que había en la antigüedad habitadas por
los moros, y convertidas hoy en casas de mediano aspecto, habiendo
alguna que otra cueva que revela bien lo que fue especialmente la
marcada con el número 114, que se encuentra a la derecha del camino que
desde el molino viejo conduce a Capuchinos por detrás de la casa de
Beneficencia. 6.º el del _Cármen_, que comprende las casas de campo que
hay desde la cárcel pública hasta algo mas allá de la ermita de aquel
título, sita en la carretera de Zaragoza. 7.º el de _San Francisco_, así
llamado del ex-convento de este nombre. Y 8.º el barrio de la _Florida_;
sin duda denominado de este modo por formarle las casas que se
encuentran en la vega, desde el paseo del Obalo hasta el _Molino nuevo_;
frente al cual, en la ribera izquierda del río, y subiendo a una pequeña
altura dejando a la izquierda la torre o casa de campo del Sr.
Arcipreste Don Martín Sanchez, está el llamado por muchos, _Escuche del
Molino nuevo_, porque efectivamente, levantando allí algo la voz,
vuelven a oírse con muchísima claridad las palabras pronunciadas, como
si otra voz las repitiese en el sitio de enfrente por donde pasa la
carretera de Cuenca, entre cuyos dos puntos hay una distancia bastante
regular.

Al hablar de los ríos debemos citar el _Guadalaviar_, o Guadi-Albiar, el
_Alfambra_ o _Alhambra_, tierra roja y el _Turia_: el primero, que
significa río blanco, lleva sus aguas con aquel nombre hasta mezclarlas
con las del segundo, y desde esta unión siguen las aguas por toda la
vega, formando el río _Turia_. Antes de llegar a San Blas, pueblecito
distante una hora de Teruel, hay un puente de piedra sobre el río
Guadalaviar, y antes de encontrarse con el Alfambra, se ve una acequia
cuyo alcantarillado no queda duda que fue obra de arquitectura árabe:
sobre el Alfambra, hay un puente de piedra, llamado del Cubo, que da
paso a la carretera de Zaragoza, cerca del cual se construye ahora una
ferrería: sobre el río Turia se encuentra, siguiendo la corriente un
hermoso y sólido puente de hierro, obra que data del año 1867, sirviendo
de paso a la carretera de Cuenca, y mas abajo hay otro llamado de
Tablas: también debajo de los Arcos hay otro puente de madera denominado
de la Reina, por el que pasa la carretera de Alcañiz.

Los ríos citados riegan la vega de Teruel, vega pequeña pero muy bien
trabajada: los campos, huertos y viñas que se hallan al rededor de la
ciudad, presentan en determinadas épocas del año un alegre panorama.

Además de la Iglesia-ermita del ex-convento de Capuchinos, donde estuvo
la antigua ciudad y donde además de un batán hay varias casas y una
buena fábrica de bayetas que hoy está cerrada; se encuentra en la
carretera de Zaragoza la ermita de Ntra. Sra. del Cármen, y en el barrio
de San Julian la de San Antonio Abad; antiguamente junto al portal de
Valencia había un pequeño cerro en cuya cumbre se elevaba una bonita
ermita llamada de _San Redentor_, a la que el día de Santa Cruz de Mayo
iba el clero de la Catedral y después de bendecir desde allí los
términos, se celebraba con este motivo una fiesta muy solemne: en la
carretera de Alcañiz y a la vista todavía de Teruel, se ve el _llano de
San Cristóbal_, donde antes estuvo el _Fonsal_ o cementerio de los
judíos[18]: se llama de S. Cristóbal, porque había una ermita dedicada a
este Santo, en cuyo día los teruelanos iban a ella en animada romería y
se corría ensogado y embolado un toro llamado _El Toro de la Ciudad_,
que llevaba una estrellita en el testuz y una mantilla con toretes y
estrellas bordados.

Los alrededores de Teruel dan a entender claramente al observador, que
allá en tiempos estuvo todo cubierto por las aguas de un gran lago, pues
aparte de otras pruebas, encuéntranse multitud de impresiones de yerbas,
peces, caracolillos etc. etc.: en cuanto a lo demás por allí se
encuentra tierra arcillosa, por allá canteras de piedra, por acullá
depósitos de piedra de yeso, y por do quiera vetas de _turba_, de donde
tal vez algunos dieran este nombre a Teruel, cuyos contornos así como
casi todo el terreno de la provincia, encierra en sus entrañas riquezas
inmensas, del reino mineral, que sin lugar a duda hacen en esto a _la
provincia de Teruel la mas rica de todas las de España_. ¡Sensible es
que no se esplote mas! ¡Lástima que el proyectado ramal de ferro-carril
de Calatayud a Teruel, no se lleve a cabo, para facilitar esa
esplotación y animar la vida de la capital y de sus pueblos!



Capítulo II.

_Aspecto esterior e interior de Teruel.--La puerta de San
Salvador.--La de la Anda-quilla.--La de la Traición.--El auto de
fe.--El Acueducto de Teruel._


Vista por fuera la ciudad de Teruel admira por su posición soberbia y
por la magestad de sus altas y moriscas _torres_ coronadas de
caprichosos arabescos y levantadas sobre arcos que por su pie abren paso
a la calle con pintoresca osadía.

No tan bella parece la ciudad en su interior, antes bien produce una
impresión algo desagradable lo empinado de sus cuestas, lo tortuoso de
muchas lóbregas calles, y el mezquino y ruinoso aspecto de sus
edificios, entre los cuales descuellan por su solidez y grandes
proporciones, ya que no por su artística belleza, la casa de la
Comunidad y el Seminario, edificios situados el primero en la antigua
plaza de la Marquesa, ahora de la Libertad, y el segundo en la plaza de
su nombre dando ya fuera de la ciudad.

La distribución interior de las casas, es antigua y de poco gusto,
ofreciendo por lo general en su esterior un aspecto poco ventajoso y sin
ningún orden arquitectónico: en los últimos años, sin embargo, se han
mejorado y cada día se mejoran mas algunos edificios, y se construyen o
se reedifican otros, según el gusto moderno.

No se busque en Teruel, ni tampoco en su provincia, los nuevos adelantos
de la industria y del comercio, ni los goces refinados de la
civilización moderna: pero bastante pureza de costumbres, nobleza de
carácter, franca hospitalidad mezclada con alguna rudeza y pueblos
esencialmente agrícolas, eso si se encontrará.

De las siete puertas que antes daban entrada en Teruel, solo hoy están
en pie las tres siguientes:

1.ª La de _San Salvador_, nombre que recibe del templo y de la calle a
que da paso; es toda de piedra y de gran solidez y se cree fue
construida muy poco después de la fundación de la ciudad.

2.ª La de la _Anda-quilla_, hecha en la misma muralla, y cuyo nombre,
según algunos, procede de que cuando D. Diego Garcés de Marcilla,
llegaba a Teruel montado en una jaca la noche en que se cumplía el plazo
de espera dado por su amada D.ª Isabel de Segura, al entrar por aquella
puerta oyó la primera campanada de un reloj que daba las once y que D.
Diego creyó las doce, y entonces hincando la espuela a su cabalgadura
para llegar a tiempo a la casa de Isabel, dijo a su escudero: «_Camacho
perdidos somos_» y a la jaca «_Anda, jaquilla_,» palabra que corrompida
hoy la pronuncia el pueblo «_Anda-quilla_.»

3.ª La puerta de la _Traición_,[19] situada junto al sitio que por la
parte de la ciudad empieza el acueducto: la traición conserva sin duda
ese nombre, a causa de haber penetrado por ella llevándolo todo a sangre
y fuego, las tropas de D. Pedro I de Castilla (el Cruel o el
Justiciero), durante la guerra de los nueve años: no faltó denuedo a los
teruelanos para defender sus hogares: por espacio de nueve años
sostuvieron las embestidas de los ballesteros castellanos y no les
intimidaron la ruina y mortandad que producían las enormes piedras que
desde fuera lanzaban las bombardas. Rindiose Teruel, según dice el P.
Traggia, _el día negro de Santa Cruz--1365--Miércoles al medio día por
tracto malo et falso_.

Siguiendo la muralla en la parte mas alta del Tozal[20], se hallaba la
puerta de _Zaragoza_, porque antes empezaba desde ella el camino que
conducía a dicha ciudad: entre ambas puertas hay una pequeña planicie,
en la cual el día 7 de Enero de 1486, tuvo lugar un auto de fe: fueron
allí quemados por heréticos o judaizados, nueve vecinos de Teruel, siete
hombres y dos mugeres: desplegose fúnebre e inusitada pompa para el
cruento espectáculo: escoltados por mucha gente armada de a pie y de a
caballo llevaron a los presos por la carretera de la cárcel, desde las
casas llamadas del Arzobispo, hasta la plaza llamada del Mercado, en la
cual habían erigidos dos cadalsos: subieron al uno el inquisidor y sus
ministros con trages negros; ocuparon el otro las víctimas con
sambenitos amarillos y mitras de color negro: después de una arenga que
les dirigió el inquisidor, leyose a cada uno su proceso y deposición de
testimonios, y luego llevados a la planicie mencionada, y en la era de
Pero Pancha fueron quemados en las grandes hogueras que al efecto se
habían encendido.

He aquí los nombres de los condenados: Jaime Martínez Santangel, mayor;
Francisco Tristán, mayor; Francés de Puigmija; Diego de Toledo; Pero
Pomar, mayor, Jaime Pomar, su hermano; el notario Joan Sanchez De xarch
(a) el Royo; la muger de Ferrando Rám y la de Gil de Gonzalvo Roiz.

Algunos meses antes de este suceso, del que el cronista, testigo
presencial, dice con ingenua conmiseración, que era piedad ver una cosa
tan nueva en Teruel, algunos meses antes, decíamos, el 30 de Agosto de
1485, habían sido también quemados en la plaza del Mercado, Berenguer
Rám; Gonzalvo Royz, mayor; su hijo Gil de Gil Royz, y Violante de
Santangel, su muger. La mayor parte pertenecían a las familias mas
distinguidas de Teruel, especialmente la de los Santangel, que era una
de las mas poderosas y opulentas.

El _Acueducto de Teruel_, o los _Arcos_, como le llaman comunmente, es
uno de los monumentos mas notables por su construcción y por el buen
servicio que presta a la población: junto a la puerta de la Traición se
levantan los esbeltos arcos que le forman: en el año 1537[21], el
insigne arquitecto Pierres Bedel empezó a fabricar esta escelente obra
que se hizo para conducir el agua de una fuente que dista media legua de
la ciudad para el abasto de esta: fue preciso taladrar un monte de
piedra picada, con el fin de que en dicho trecho reposase el agua;
coronando esta obra al remate de ella, para pasar un valle, con ocho
arcos de tanta altura y maravilloso primor, que se tiene por obra de las
mas admirables de España: tiene cada arco de concavidad noventa y cuatro
palmos geométricos y costó mas de cincuenta mil escudos.

En la parte del suelo del barranco hay dos grandes arcos, y encima de
estos hay seis, por cuya parte superior atraviesa el cauce del agua para
surtir las fuentes de la capital; el punto de donde arrancan los seis
arcos sirve de puente para pasar al camino y barrio de las Estaciones.

Dicho acueducto, pertenece a la clase de los _aparentes_, está
construido con grandes piedras sillares, la canal por donde va el agua
está revestida interiormente de un cimiento muy duro, los arcos están
sostenidos por seis pies derechos y sobre el punto de donde salen los
pilares del segundo orden, hay grandes almohadillados que contribuyen a
hacer mas admirable el acueducto y a dar mas solidez a la obra.

Dejando a la izquierda el barrio citado poco ha, encuéntrase otro arco
sólido pero de poco gusto que da paso al agua que vá por el acueducto
descrito, y siguiendo adelante, cerca ya del cementerio se halla una
fuente de un caño sobre del cual se lee: _Desde este punto a la mina del
Collado se varió la cañería y se colocó de hierro:--año
1866._--Efectivamente desde este sitio sigue la cañería, y pasan por
debajo del Collado o cerro de Santa Bárbara, al depósito de donde parten
las aguas para recorrer todo el trayecto que desde el acueducto hemos
venido recorriendo.



Capítulo III.

_Las Calles, las Plazas, las Fuentes y los Algibes de Teruel._


Las calles de Teruel son por lo general estrechas, tortuosas y
medianamente empedradas, pero muchas hay muy aseadas y algunas con
alcantarillas: para el sistema de las calles puede considerarse la
ciudad dibidida en dos partes; por la del Salvador que unida al Mercado
y calle del Tozal, corre de E. a O. formando una línea semicurva desde
la puerta del Salvador a la antigua de Zaragoza. En el lado izquierdo de
esta línea hay veintisiete calles; la mayor parte en línea recta y
paralelas entre sí, distribuidas con bastante regularidad, siendo las
principales la del _Seminario_, por que conduce a la plaza donde está
este establecimiento: antes se llamaba de _Acuavera_ por vivir en ella
una de las mas antiguas familias de Teruel; la de los _Amantes_, porque
allí habitaron estos y sus familias; antes se llamó de Ricos-Hombres,
por las familias nobles que en ella vivían y en cuyas casas se ven
todavía los escudos de armas: la de _S. Juan_ que conduce a la plaza de
su nombre: la de los _Mártires_, por haber vivido en ella los
compatronos de Teruel, San Juan de Perusia y San Pedro de Saxoferrato:
la de _Francés de Aranda_, en memoria de este ilustre y caritativo
personaje; también se llamó esta calle la de la Pescadería, porque antes
era el único punto donde se vendía el pescado: la de _Santa María_, así
llamada porque conduce a la Catedral conocida antiguamente por «Iglesia
de Santa María de Media-Villa» a causa de que ocupaba precisamente el
centro de la villa de Teruel: en esta calle, al buscar tierra firme para
levantar el cimiento de la casa de Lagasca, se encontró a unos treinta
metros de profundidad un espacioso subterráneo sostenido por columnas de
piedra; la parte de un lado parecía baño árabe, y la del otro que se
dirigía hacia la plaza del Mercado, tenía a una distancia regular,
cavidades largas a manera de pesebres: se cree con fundamento ser todo
esto obra de moros, y mas si se fija la atención en una pequeña mezquita
que hay casi debajo y delante de la fuente de la plaza del Mercado, con
la que tal vez se comunicaba el subterráneo encontrado en la casa de
Lagasca: todavía hay personas en Teruel que en tiempos de la guerra
estuvieron en dicha mezquita, ya casi desconocida.

_Plazas, Fuentes y Algibes._ Se encuentran catorce plazas en Teruel, la
_Mayor_ o del _Mercado_, cuya figura es un polígono, tiene quinientas
treinta y siete varas cuadradas y soportales en sus contornos bien
pavimentados: en esta plaza se ven las principales tiendas de comercio y
fuera de los soportales el abundante mercado de artículos de consumo de
todas clases y diferentes puestos, que se llaman _paradas_: Valencia,
Sagunto y otros puntos surten a esta población de cuanto se cría en
aquellas fértiles huertas y de todo lo demás que necesita: hubo un
tiempo en que en la plaza de que tratamos se dieron corridas de toros, a
las que asistían muchísimos espectadores habiendo llegado a pagar a
media onza el asiento en uno de los espaciosos balcones que todavía
existen: en ella está también la antigua casa de Ayuntamiento, desde
cuyo balconage dirigieron la palabra al pueblo teruelano por diferentes
veces, los que después fueron mártires Fr. Juan y Fr. Pedro de Pisa, con
el fin de calmar los ánimos, pues a consecuencia de la trágica muerte
de los _Amantes_, del dolor y lástima pasaron las circunstancias a la
ira, volviendo a recrudecerse los bandos y parcialidades que dividían la
población principalmente entre los Muñozes, Garceses y Seguras, quienes
hubieran acudido a las armas a no mediar con su palabra aquellos
venerables religiosos.

Casi en medio de dicha plaza hay una antigua fuente de construcción
irregular, que tiene cuatro caños de agua la que va a parar a un pilón
tal cual ancho: en el centro se eleva una columna, sin mérito alguno
artístico y en su parte superior hay un toro que le sirve de adorno: al
pie próximamente de esta fuente,[22] hay una piedra que cubre una
angosta escalera que da a un recinto fuerte y abovedado, parecido a una
mezquita de la cual nos hemos ocupado poco ha. Cerca de allí debajo del
pavimento, hay tres _algibes_, que, según un manuscrito conservado en la
Academia de la Historia, Colección del P. Traggia, tomo XIX,[23] los
comenzó a obrar en el año 1375, el Sr. Castellan de Amposta, et después
día domingo a 30 días de Octubre, faciendo hi una almoneda de D.ª Juana
de Alcañiz, sumiose la cubierta del uno con veinticuatro homes et cuatro
mullieres, y no escapó mas de uno.

La plaza de la _Marquesa_, (ahora de la Libertad), es de figura
cuadrilátera de cuatrocientas veinte varas de superficie: está decorada
con las fachadas de la Comunidad y la de la Marquesa de la Cañada, con
una fuente pública en el lado del Oeste.

La de la _Catedral_, es un polígono de trescientas ochenta y nueve
varas de superficie con una fuente en el costado del Norte, y las
fachadas de las casas consistoriales y la Catedral. La de _Santiago_, de
figura cuadrilátera con sesenta y seis varas de superficie, y una fuente
al lado del Oeste. La del _Seminario_, figurando un polígono de
cuatrocientas treinta y seis varas, está decorada con el frontispicio
del Seminario conciliar de quien toma el nombre. La de _San Miguel_, de
forma cuadrilátera con setenta y dos varas de superficie. La del
_Paseador_, que tiene ochocientas veintitres. La de _Bolanár_, treinta y
ocho. La de _San Andrés_, cincuenta y siete con una fuente en medio. La
del _Tremedal_, de ciento treinta y cinco varas. La del _Gobernador_, de
forma cuadrilátera y de ochenta y siete varas. La de _San Juan_, de
ochocientas treinta y ocho, llamada así del templo que hay en ella. Las
dos primeras corridas de toros que se celebraron en Teruel con motivo de
unas fiestas reales por Fernando VII, diéronse en esta plaza, habiéndose
invertido una cuantiosa suma en madera para formar tendido y cerrar la
plaza: en ella se encuentra la antigua casa de los Barones de Escriche
y el Hospital, del que nos ocuparemos mas adelante.

Por último la plaza de la _Judería_, de trescientas sesenta y siete
varas de superficie: se llama así por que en ella y en algunas calles
vecinas habitaron los judíos, quienes por la noche cerraban con grandes
puertas el barrio que ocupaban, en el que todavía existe la casa donde
residía el caudillo, y que mas tarde ocupó el Rey D. Alonso; siendo
digno de particular mención el techo de madera de la habitación
principal por sus notabilísimas pinturas de figuras, monstruos, sierpes,
toros con estrella y alguna que otra representación quimérica, pinturas
que han llamado estraordinariamente la atención de cuantos curiosos y
amigos de antigüedades han ido a examinar aquella casa, hoy ocupada por
la honrada familia de un tejedor. Tenía comunicación con un torreón de
piedra llamado castillo de _Ambeles_, que hay en el paseo-ronda de este
nombre, y que, según voz común, había a su pie una puerta por la que
subterráneamente se podía salir al cerro de Santa Bárbara que está en la
sierra vecina, dándosele aquel nombre porque dicha Santa tuvo erigida
allí una ermita: cerca de ella hay una cueva de regular profundidad, que
por tener tres agujeros para entrar, se conoce por la _Cueva de las tres
puertas_.



Capítulo IV.

_La antigua Iglesia de Santa María de Media-Villa, ahora la
Catedral.--San Pedro.--San Martín._


La fábrica de todos los templos de Teruel, es de igual antigüedad, y los
restos que aun se conservan en algunos desde su primera planta respiran
aquel gusto de la arquitectura arábiga como son las torres para los
campanarios, únicos restos que han quedado de la antigüedad, por que lo
demás de los edificios se han renovado en la sucesión de los siglos, y
algunos han llegado a la mejor forma y perfección de la arquitectura.

Por lo que hace al templo que nombramos primeramente en el epígrafe de
este capítulo, diremos que, antes tenía la advocación de _Santa María de
Media Villa_, por ocupar el medio o centro de la entonces villa de
Teruel: en un principio era simple parroquia, hasta que en 1423 se
erigió en Colegiata a solicitud de los teruelanos, hallándose en Teruel
el Arzobispo de Zaragoza D. Alonso Argüello y el Rey D. Alfonso V.
celebrando Córtes con los aragoneses: En 6 de Octubre de 1347, el Rey D.
Pedro el IV solicitó de la Santa Sede, la elevación de la Colegiata a
Catedral, pero no se consiguió hasta que reiterada la petición por el
monarca Felipe II al Papa Gregorio XIII, este, en 30 de Julio de 1577,
espidió una bula accediendo a la solicitud del Rey. Nuevamente se
reiteró por Sisto V en bula de 5 de Octubre de 1587, confirmada después
por otra del Pontífice Gregorio VIII, fecha 3 de Julio de 1593.

Consta de tres naves paralelas con un crucero, sobre el cual descansa un
cimborio de dos cuerpos al estilo gótico: la nave de enmedio y el
tras-altar han sido renovados de arquitectura moderna: los adornos del
templo son bastante escasos por cierto, siendo muy regular el techo de
las naves laterales. El altar mayor en cuanto a su arquitectura es de
estilo medio o plateresco, pero el de la escultura es mas grandioso,
pertenece a la escuela florentina del tiempo del célebre Miguel Angel.
En doce tableros colocados en los diferentes cuerpos del retablo se ven
asuntos de la vida y pasión del Redentor con figuras casi totalmente
relevadas: en el parage principal está la Asunción de Nuestra Señora, de
escultura y treinta y tres estátuas colocadas en los nichos del retablo.
En el libro de estatutos y otras memorias de la Catedral se lee: _El año
1536, M. Juan Navarro y los Canónigos, hicieron hacer el retablo mayor
de masonería; hízolo Maestre Gabriel Francés, y año 1538, murió dicho
oficial: está enterrado en la puerta del Coro, costó, como está en
blanco y sin dorar, veinte mil escudos._--En otros asientos dice:
_Aniversario, día de San Josef por Maestre Gabriel Yoli, imaginario de
quince sueldos a cargo de la fábrica._

A la derecha del crucero hay un magnífico cuadro de las Once mil
Vírgenes firmado en 1628, _pinxit Antonius Bisquert_; este eminente
artista era valenciano, se estableció en Teruel en 1620, y murió en
1646. Al lado de la Epístola y propiedad de los Duques de Villahermosa
está la capilla de los Santos Reyes; todas las pinturas del retablo
honran sobremanera al artista, pero muy particularmente la de la
Epifanía representada en el parage principal: es copia de otra de
Rubens, ejecutada por Francisco Gimenez, natural de Tarazona: atribuyese
la muerte de Bisquert, a la melancolía que le ocasionó el haber
intentado en valde hacer igual pintura. En dos urnas colocadas a cada
lado de la capilla, se encierran las reliquias de los santos mártires
Alejandro, Jacinto, Leon y Eugenio; y las de las vírgenes Gerónima,
Margarita y Escolástica.

La reja del Coro, de gusto gótico, se ve adornada con grandes follages,
y algunos ramilletes ejecutados con el mayor primor: su sillería, regalo
del Obispo de Teruel D. Martín Ferrer, después de ser promovido a la de
Tarazona, a principios del siglo XVII, es de orden dórico con columnas
istriadas entre los asientos.

Varias son las alhajas que se conservan en este templo tales son: una
custodia de plata de orden plateresco con seis columnas abalaustradas;
en el tabernáculo ovalado y entre los dos ángeles que sostienen la
sagrada Hostia, hay un pequeño dosél y un arco para el monumento, todo
del mejor gusto, teniendo la siguiente inscripción: _Humilium
celsitudini Petrus Martínus Rubio, Decanus Turolensis, surdinæ vice
Regia Gubernator, sacræ Romanæ Rotæ auditor._ Posteriormente el Obispo
de Teruel, D. Francisco Perez Prado y Cuesta, regaló, según digimos al
tratar de los Obispos, otra preciosa custodia labrada en Córdoba, en
1742 por Bernabé García de los Reyes: consta de mas de catorce arrobas
de plata, su estilo es churrigueresco, su forma la de un templete de dos
cuerpos sobrepuestos, sostenidos por columnas con relieves y adornos de
buen gusto, y terminando en una corona imperial: costó dos mil pesos.

Otra reliquia notable es la cabeza de Santa Emerenciana, vírgen y
mártir, patrona de Teruel, cuya festividad se tiene trasladada a la
feria tercera después de la Ascensión: fue proporcionada esta
preciosísima reliquia el año 1361, por D. F. Juan de Heredia, Gran
Maestre de Rodas. La imagen de esta Santa, es de plata, como también la
de la Asunción de Nuestra Señora, y la de Santa Gerónima.

Nada mas de notable contiene este templo: tiene dos puertas, una que da
a la plaza que lleva su nombre, y otra al Palacio Episcopal, edificio
formado y estendido con otros adyacentes, y en el que nada llama la
atención del artista ni del curioso, si se esceptua su patio compuesto
de un intercolumnio jónico labrado con buen gusto.

El templo de la parroquial de _San Pedro_, acaso se conserva, a pesar de
su renovación en 1741, en general, como en su primitiva fundación:
parece atestiguarlo así su anchura y aplastada nave gótica, única de que
consta: estátuas colosales y de muy mediano gusto, representando en su
mayor parte el apostolado, se ven esculpidas en los postes. El altar
mayor, como obra de un mismo artífice, aunque mas en pequeño, es igual
en su orden al de la Catedral, con la diferencia de que así como en este
se representan pasages y misterios de la vida del Redentor, en aquel son
concernientes a la vida y martirio del santo Apóstol: también es obra de
Gabriel Yoli, otro retablito al lado de la Epístola, con relieves en
miniatura, y en cuya parte principal se ven representados de escultura,
los médicos San Cosme y San Damian: aquí se encontraron los cadáveres de
los _Amantes de Teruel_. Como se incorporó a esta parroquia la de San
Esteban, se ve este santo colocado en el testero de la reja de hierro de
la puerta donde fina el arco sobre que se halla, a manera de la de San
Martín y San Salvador, fundada su torre. Rebajada en 1795, perdió todo
su mérito artístico, porque se adulteró su primer cuerpo, y se hizo el
segundo de bastante mal gusto.

Cual perenne centinela se descubre por la carretera de Zaragoza, la
arabesca Torre de _San Martín_, pegada a su Iglesia e inmediata a la
puerta de la Anda-quilla: levantada la torre sobre un arco que abre paso
para la mencionada puerta, al verla, asalta a la imaginación la idea de
si fue o no árabe su artífice, por lo arabesco de su construcción, por
sus adornos del mismo género, y por las almenas que en el último término
la ciñen. Fundida al parecer en un mismo molde que la de San Salvador,
tienen ambas en sus cuatro lados multitud de compartimientos, cornisas y
frisos sobrepuestos, y cuadros en que están intercaladas algunas
pequeñas columnas de barro cocido y embarnizado de varios colores,
multitud de ladrillos formando una especie de mosaico muy grato a la
vista.

Consta el cuerpo superior de una galería de arcos ojivos, sobre los
cuales se dejan ver otros menores de forma también arábiga: desgastada
por los cimientos, tratose de su reparación en 1549, con cuyo objeto se
citaron los mas hábiles profesores que a la sazón había en el
territorio: presentó cada uno su plan, y por juzgarlo mas basado en
principios y por consiguiente de mas prontos y felices resultados, fue
admitido el de Pedro Bedel, francés; que se hallaba entonces labrando la
Iglesia de Mora (provincia de Teruel). Apuntaló la torre perfectamente y
con tal maestría, que sostenida por las vigas abrió el cimiento y lo
obró de cal y canto hasta la cara de la tierra, dejando suspendida la
torre y la obra en este estado para que formara asiento por espacio de
un año; y en 1551, comenzó a ir cortando y reparando poco a poco, hasta
que la dejó tal como en el día se encuentra, con gran admiración y
aplausos de todo el pueblo teruelano que acudió a ver quitar el
andamiage el día señalado al efecto. Fue la construcción de los andamios
y puntales tan portentosos, que ávidos corrían los viajeros instruidos a
estudiarlos, los curiosos a embeberse en su contemplación, y no pocos
trasladáronse a Teruel, con el único y esclusivo objeto de admirar la
obra del inmortal y modesto Bedel, que se concluyó en el mismo año. Como
homenage digno a su genio, se le encomendó después el acueducto, y
merced a su fama hubo de construir la célebre mina de Daroca, la fuente
de Celadas y últimamente la Catedral de Albarracin, donde murió en 1567:
el jornal de Bedel en los días que trabajaba era el de diez sueldos:
pago harto mezquino a tanto mérito.

La Iglesia de San Martín es una de las mejores de Teruel, y de orden
dórico sencillo; separada de su torre en la memorable guerra de la
Independencia, se reconstruyó con el objeto de volverla a unir por Mosen
Rafael Perez, prior que era del Capítulo, todo el crucero del trascoro,
pero tan perfectamente y tan bien continuado el orden arquitectónico,
que es necesario hasta el mas inteligente, que se le advierta la
renovación para conocerla: tiene esta Iglesia dos copias bastante bien
acabadas de Güercino y Aníbal Caraci, y un retablo en la sacristía de
dos cuerpos con cuatro columnas corintias, cuyas pinturas son de Antonio
Risquért.



Capítulo V.

_Las Iglesias de San Juan, San Andrés, San Salvador, Santiago y San
Miguel.--Los conventos y los ex-conventos de Teruel._


Poco tiene de notable el templo de la parroquia de _San Juan_; su torre
que data desde 1342, parece hallarse levantada sobre un torreón árabe,
que, con otros dos de igual orden que se hallaban donde hoy está el
ex-convento de Dominicos, y otro denominado la Torre del Redentor,
formaban el punto mas fuerte de Teruel que se llamaba la _Ciudadela_; el
templo se renovó a principios del siglo 18; sus altares respiran regular
gusto artístico: fue profanada esta Iglesia por las tropas a las que
sirvió de cuartel, pero después fue renovada y restaurada celebrándose
en memoria de esto último una solemne fiesta el día 7 de Febrero en que
se abrió nuevamente al culto, habiéndose encontrado enterrada, no
sabemos con que objeto una imagen de Jesucristo, que mas tarde fue
restablecida en la mayor veneración por su hallazgo, y devoción general
de los teruelanos.

Sobre la puerta de la parroquia de _San Andrés_, dascuella la torre
cuadrilonga y almenada, remedo de la de San Martín y Salvador, pero con
escasísimo número de labores: la Iglesia renovada también nada tiene de
notable en su orden arquitectónico: el altar mayor es de figura de
templete y en el centro se ve de bulto el santo patrono: en esta Iglesia
descansan las cenizas de D. Antonio Sanchez Muñoz, Obispo de Albarracin
y Segorbe, y miembro del Concilio Lugdunense en 1274: murió en Teruel su
patria en 1.º de Setiembre de 1318: este ilustre Señor y su familia
debieron ser decididos patronos de esta Iglesia, puesto que sus armas se
ven pródigamente repetidas en el cimborio y bóvedas del templo.

La Iglesia parroquial de _San Salvador_, dedicada en un principio a la
Epifanía, es de gran buque, pero de mal gusto: venérase en este templo
un Cristo (colocado ahora en el altar mayor y antes en la capilla de
Santa Ana,) llamado el _de las tres manos_, a causa de verse una pegada
en el costado derecho[24]: es la imagen en que mas fe tienen los
turolenses, y a quien muy devotos acuden en sus lances mas apurados de
sequía, epidemias y catástrofes, como la mejor áncora de su salvación.
Cuando el Rey D. Jaime hallábase en Teruel en disposición de emprender
la conquista de Valencia, adelantáronse los teruelanos a buscar al
enemigo sin orden del rey, y al tiempo de partir sacaron
procesionalmente al mismo Cristo hasta fuera de la población como en
señal de despedida. En Junio de 1867, hallándose los habitantes de
Teruel en el estado mas aflictivo por la grande escasez de aguas, causa
del aspecto desconsolador que presentaban los frutos de la tierra,
agostados por los abrasadores rayos del sol; se llevó a la Catedral en
solemne procesión rogativa dicha Sacratísima Imagen, a la que asistió el
pueblo entero de Teruel: concluido el tiempo de novena, durante el cual
llovió aunque poco, fue vuelta con la misma solemnidad a su Iglesia de
San Salvador, y al regresar el clero y demás acompañamiento a la
Catedral llovió de una manera tan abundante como pocas veces han visto
los ancianos de Teruel, algunos de los cuales así como los documentos
que hemos consultado, confirman lo que acabamos de consignar acerca del
Santísimo Cristo del Salvador.

* * *

Con referencia a papeles antiguos podemos añadir sobre esta Imagen, que
con favorable éxito fue sacada de su templo y llevada a la Catedral en
solemne procesión rogativa en el siglo pasado, en las fechas siguientes
y por los motivos puestos a continuación.--En 7 de Mayo de 1702 por
sequía; en 1,º de Setiembre de 1703, por epidemia: en 15 de Mayo de
1712, en 13 de Octubre de 1751, y en 29 de Setiembre de 1752, por
sequía: en 24 de Marzo de 1754, por terremotos; y en 2 de Junio de 1780,
por sequía. Consérvase en este mismo templo un esqueleto en el mejor
estado, de una estatura colosal, ignorándose hasta la fecha su auténtica
procedencia, si bien se supone sería algún militar, por descubrirse en
su cuerpo un agujero de la figura de un balazo.

En la primera capilla, entrando en la Iglesia parroquial de _Santiago_,
hay un magnífico retablo de Antonio Bisquert; no cediéndole en mérito
otro retablito que hay en la sacristía: su torre, según la tradición,
fue cárcel del tiempo de los romanos, y en ella estuvieron presos en su
paso para Valencia S. Vicente Martir y su maestro San Valero: también
según la tradición, fue esta Iglesia mezquita; y palacio árabe el
convento inmediato de religiosas de Santa Clara, o de las Monjas de
Arriba, como le dicen en la ciudad.

La Iglesia de _San Miguel_, parroquia de este nombre, consta de tres
naves iguales, separadas por ocho antas de arquitectura moderna: fue
renovada a mediados del siglo pasado: el altar mayor, costeado casi todo
por el Ilmo. Sr. Obispo turolense D. Francisco Perez de Prado, tiene en
su parte principal la Purísima, con cuya condición el prelado ayudó con
sus fondos particulares a la construcción: al lado de la Epístola y en
una urna, se ve a Santa María Magdalena, de bulto, en actitud penitente
y contemplativa, perfectamente acabada: debajo del órgano hay un altar
de San Jorge, de bastante mérito, y que se supone con mucho fundamento
ser de la época del Rey D. Jaime, así como un Nazareno con la Cruz a
cuestas, que va en las procesiones de Semana Santa: el mencionado Rey D.
Jaime, cuyo retrato se conserva al lado del retablito de San Jorge,
fundó en 1262 una cofradía de Caballeros de Teruel, siendo el monarca el
primer cofrade: hay en la Secretaría de esta Iglesia un San Juan
Bautista de cuerpo entero, que patentiza la valentía del pincel que le
esculpió en el lienzo.

El Convento de _Monjas Claras_, de _arriba_, fundado por los Reyes de
Aragón D. Pedro IV, y D.ª Leonor en 1367; tiene una Iglesia de tres
naves, en donde se ven algunos frescos de Vicente Vidal: su titular es
Santa Catalina Martir, cuya imagen se halla en el lienzo del altar
mayor: todo el edificio revela la antigüedad y magnificencia de sus
reales fundadores.

El Convento de _Monjas descalzas de Santa Teresa_, o Monjas de _Abajo_,
es de una nave con cruz latina: para esta fundación dejó sus bienes D.
Domingo de Vencochea, natural de la ciudad de Teruel, pero no siendo
suficientes, se proporcionaron mayores con la piedad del pueblo, y sobre
todo con los generosos auxilios del Ilmo. Sr. Obispo D. Diego de Chueca,
que dirigió la obra con la mayor magnificencia y tuvo el grato consuelo
de consumarla y establecer las fundadoras que llevó de Zaragoza en 1660.

El ex-convento de _San Francisco_, es de la mayor antigüedad y es de los
días del Santo Fundador, quien envió a dos religiosos llamados San Juan
de Perusia y San Pedro de Saxoferrato, italianos, los que fueron
admitidos en Teruel a principios del año 1217 precisamente en el que
ocurrió el trágico suceso de los _Amantes_, en cuya época tomaron
posesión de la ermita de San Bartolomé, que les concedió el Ayuntamiento
de Teruel, ermita que hoy se conserva dentro de los que fueron claustros
de dicho convento: cada uno se arregló su habitación a los dos lados de
la ermita, conservándose todavía el pozo llamado de los Mártires a cuyas
aguas atribuyen, algunas personas piadosas de Teruel, la virtud de
curar varias enfermedades: dichos religiosos edificaron al pueblo con
sus buenos ejemplos y llevados del celo de la religión pasaron a
Valencia en donde sufrieron el martirio, siendo rey de los moros,
Zeit-Abu-Zeit que algunos llaman _Azoto_, el cual se levantó con el
título de _Christíanorum maximus persecutor_, grandísimo perseguidor de
los Cristianos.[25]--El pueblo de Teruel pronuncia siempre con gran
respeto los nombres de aquellos Santos Mártires, a quienes tiene por
compatronos, y recuerda con su respeto los beneficios que hicieron, ora
llevando la paz a muchas familias, ora aquietando los ánimos de los
bandos de Teruel, en la época de los _Amantes_; ora, en fin, estendiendo
su consuelo en la mayor parte de los pueblos enclavados en la provincia
de Teruel. Al ser arrojados los moros de Valencia, en cuya empresa
distinguieronse no poco los hijos de la capital que historiamos,
pidieron por este motivo y por los indicados, los cuerpos de aquellos
ilustres Mártires que se conservan en la Catedral. En 1225 se hallaba ya
bastante número de religiosos que continuaron la empresa de sus Santos
Fundadores. En 1399 D. García Fernandez Heredia, Arzobispo de Zaragoza,
favoreció la renovación y fábrica de este convento, y a sus espensas se
hizo la Iglesia que fue magnífica por su solidez y arquitectura aunque
de una sola nave y adornada con buenos altares. Se celebraron allí
algunos capítulos provinciales, y allí también hacían antes mansión
todos los Obispos a su arribo a Teruel, y después de descansar del viaje
y recibir las primeras visitas, entraban solemnemente en la ciudad a
tomar posesión de su Silla.

El extinguido Convento que nos ocupa, situado extramuros de Teruel en la
ribera del Turia, a juzgar por la gran exornación de la puerta, el
gablete, las ventanas subdivididas, así como los rosones en gemelas
secundarias con columnitas fasciculadas, cruciformes y bases sencillas
con un solo toro bastante complanado; pertenecía a la arquitectura
gótica (estilo ojivál.)

En 1783, siendo Obispo de Teruel, D. Roque Martín Merino, inundose toda
la vega y llegó el agua hasta el mismo altar mayor, penetrando también
por todo el convento, con cuyo motivo dicho Prelado se llevó a su
Palacio mantuvo a todos los religiosos. Muchos años antes siendo prados
todo lo que hoy es la vega y a la sazón que se mantenían en ellos un
número considerable de animales, especialmente de ganado vacuno, hubo
grandes tronadas, aumentáronse las aguas de los ríos sobre todo las del
Guadalaviar, y arrastraron cuantos animales había en los prados
ocasionando además perjuicios sin cuento a los vecinos de Teruel: en
virtud de este triste acontecimiento, y para evitar en lo posible su
repetición, se construyó una magnífica compuerta y se colocó mas arriba
del puente de piedra que hay pasado el pueblecillo de San Blas, cerca de
la masía llamada de los Frailes, logrando con esto y con acequias que
abrieron, contener por un lado y desaguar poco a poco por otro la
corriente del Guadalaviar: andando el tiempo, no se tuvo cuidado de
sostener esta buena precaución, y ahora está espuesta con poca
diferencia la vega de Teruel, a las mismas inundaciones.



Capítulo VI.

_Continuación de los ex-conventos.--El Seminario.--La Sala
Capitular._


La fundación del Convento de _Religiosos Mercenarios_, es casi tan
antigua como su instituto: los Reyes de Aragón ayudaron mucho al
patriarca en esta empresa en la época precisamente en que el Rey D.
Alonso II había creado en Teruel la orden militar llamada del Redentor,
que por la semejanza en sus objetos fue una imagen de este instituto; y
este establecimiento que aquí tuvo su origen y centro, fue
posteriormente incorporado a la compañía de los caballeros de San Jorge
de Alfambra y en la Iglesia parroquial de San Miguel de Teruel,
consérvase una capilla y altar antiquísimo que pertenecía a dicha orden.
Por disposiciones capitulares fue agregado este convento a la provincia
de Valencia y en todos tiempos hubo en él religiosos doctos y
ejemplares: el edificio era muy hermoso, el templo muy digno de
admiración, y su titular era el _Salvador_: quedó dicho convento muy
arruinado en la guerra contra los franceses, casi del mismo modo que el
que fue Trinidad, y que hoy está destinado a escuelas públicas.

* * *

El Convento de _Capuchinos_, que por incidencia hemos nombrado en otro
lugar, fue fundado por los mismos religiosos en lo que ahora es paseo
del Obalo, ausiliados por D. Lupercio Arbizú, Caballero de la orden
militar de San Juan de Jerusalem y Comendador de Caspe, habiéndose
gastado en ello pingües rentas: El Obispo D. Fernando Valdés dio su
aprobación y el Ayuntamiento y el pueblo teruelano prestaron su
consentimiento y contribuyeron con la mayor liberalidad a su
engrandecimiento que les fue correspondido con usura por los religiosos
del convento, cuyo edificio se arruinó totalmente en los calamitosos
tiempos de la guerra: después la piedad del Rey y la del Obispo D.
Felipe Montoya proporcionaron a los religiosos en Setiembre de 1816 un
nuevo convento en el sitio de Villa-Vieja.

La fundación del convento de _Carmelitas descalzos_, preséntase en la
historia en una época mas moderna, y aunque hubo que vencer algunas
dificultades para su admisión, se les dio sitio para ello en la misma
entrada de la ciudad y fue edificado con la mayor magnificencia, siendo
su Iglesia de bella forma, su titular era San José y tenía destinados
para su conservación bienes de la noble casa de Castellót, amen de
muchísimas limosnas de los fieles, que después eran devueltas a un
número considerable de pobres que iban al convento a demandar la
caridad. Destruido este convento después de la fatal guerra civil, fue
demolida su Iglesia por donde hoy pasa la carretera de Zaragoza, y el
resto del edificio se destinó a cuartel de la tropa que guarnece la
ciudad: ahora está convertido en graneros desde los sucesos de 1868, y
la guarnición ocupa parte del Seminario.

El convento de Predicadores de la orden de _Santo Domingo_, ocupado
ahora por el Instituto, Oficinas de Hacienda y Guardia civil, se hallaba
fundado en el sitio que fue la Ciudadela o principal fuerte de la
ciudad de Teruel en el muro de la misma: hízose esta fundación en el año
1611, por D. Miguel Andrés, vecino de la capital cuya historia venimos
escribiendo, y su titular era San Raymundo de Peñafort: gastó sumas muy
considerables en la fábrica suntuosa de la Iglesia y Casa que sirvió de
Colegio de estudios con muchísima utilidad del pueblo y lugares
comarcanos, concurriendo a sus aulas un crecido número de discípulos, y
de este mismo establecimiento y del Seminario salieron hombres notables
hasta tal punto, que además de haber desempeñado altos cargos y
dignidades, honraron dentro y fuera de España la ciudad de Teruel y los
muchos pueblos de los que hoy constituyen su provincia. ¡Cuanto nos
alegraríamos que esta saliese de su marcada apatía en la instrucción y
se colocara a la altura de las capitales de España! Permítannos los
hijos de Teruel y sus comprovincianos que deploremos su estado en esta
digresión, somos aragoneses, nacidos en Zaragoza, y deseamos con toda
nuestra alma, que tanto aquella ciudad siempre heroica que con delirio
amamos, como las de Huesca y Teruel, no degeneren en nada de lo que
fueron en otro tiempo, y sigan con la nobleza de carácter que las
distingue, el camino de la gloria científica, artística y militar que la
legaron sus mayores, triple gloria que constituía el mas rico florón de
la antigua corona Aragonesa.

Reciban desde las pobres páginas de esta nuestra humilde _Historia_, el
tributo de la mas entusiasta admiración y gratitud, los aragoneses
contemporáneos nuestros que no se dan punto de reposo en honrar con su
pluma o con su palabra el noble país en que nacieron, entre los que
figuran los nombres de _D. Gerónimo Borao_, _Don Manuel Andreu_, D.
_Manuel Lasala_, _Don José Nadál_, _D. Bienvenido Comin_, _Don Mauricio
Martínez_, _D. Bartolomé Martínez_, _D. Vicente Ventura_, _D. José
Puente_, _D. Narciso Ena_, _D. Custodio_, _Don Mariano_ y _D. Vicente
Carderera_, _D. Angel Gallija_, _D. Tomás Lalaguna_, _D. José María
Huici_, _D. Esteban Gabarda_, _D. Miguel Ferrer_, _D. Joaquin Mateo_,
_D. Martín Sanchez_, _D. Leon Ros_, y _D. José Ríos_ y una distinguida
pléyade de jóvenes aragoneses en cuyo número se cuentan _D. Eusebio
Blasco_, _D. Joaquin Tomeo_, _D. Martín Villar_, _D. Pablo Gil_, _D.
Juan Clemente Cavero_, _D. Joaquin Marton_ _D. Agustin Paraiso_, _D.
Julio Monreal_, _D. Joaquin Gil Verges_, _D. Mariano Viscasillas_, _D.
Eugenio Borao_, _D. Francisco Codera_, _D. Constantino Gil_, _Don Juan
Pablo Solér_, _D. Francisco Navarro_, _D. Santos Pina_, _D. Bruno
Solano_, _el vizconde de Torres-Solanot_, _D. Iñigo Figueras_, _D.
Cándido Campo_, _Don Marceliano Isabal_, _D. Leon Abadías_, _D. Mariano
Supervia_, _D. Antonio Aparicio_, _D. Mariano Baranda_, _D. Pedro Andrés
Catalan_, _D. Andrés Cabañero_, _D. Joaquin Torres_, _D. Mariano
Martín_, _D. Pedro Pomar_, _D. Elías Vicente_, _D. Filomeno Cueva_, y,
en fin, otros muchos jóvenes que nos dispensarán si no les nombramos por
sernos infiel la memoria al entrar en prensa estas páginas, y que todos
dan y esperamos que darán días de gloria al país aragonés.

Contiguo al ex-convento de la Trinidad, descuella el _Seminario_,
edificio de colosales dimensiones pero sin ningún orden arquitectónico
marcado: fue en un principio colegio de jesuitas, parque en la guerra
civil, seminario después, y ahora en su mitad cuartel de infantería: en
toda época por su solidez, por sus proporciones y por su situación, ha
sido considerado como el mejor punto militar, y por consiguiente en
todas las guerras ha sido destinado para este objeto: tiene una
magnífica Iglesia de una nave con cruz latina, si bien aglomeradísimos y
confusos los adornos y frescos, de los que los hay de perfección rara y
muy bien conservados: lo mejor de este templo (en donde se ven unos
cuantos centenares de armas en mal estado e inútiles), es el busto de su
fundador el Obispo de Teruel e inquisidor general D. _Francisco Perez de
Prado_, ejecutado por D. Felipe de Castro.

Espulsados de España los jesuitas, por real pragmática de 2 de Abril de
1767, ocupáronseles al mismo tiempo sus temporalidades, con la reserva
empero de adjudicarlas, muy particularmente sus edificios, a los objetos
que se considerasen mas útiles, previos informes en especial de los
diocesanos respectivos: Hallábase a la sazón ocupando la Silla de Teruel
el Ilmo. Sr. D. Francisco José Rodriguez Chico, quien impetró del Rey
Cárlos III, la concesión del Colegio e Iglesia de la extinguida orden y
algunas de sus rentas para Seminario Conciliar, gracia que concedió el
monarca en 25 de Agosto de 1769. Concedido que fue, se hizo preciso
atender a su sostenimiento presupuestado en cinco mil pesos, no
habiéndose podido reunir por de pronto mas que mil ochocientos treinta y
dos; luego, merced a una módica cantidad proporcional en dinero, que
debía satisfacerse en los meses de Mayo y Junio de cada año, impuesta a
todos los partícipes de diezmos del Obispado, se reunió la suma total de
tres mil doscientos cuarenta y tres pesos, que si bien no llenaba
absolutamente el presupuesto, esto no obstante, era ya suficiente a lo
mas necesario y perentorio. En este estado se abrió el Seminario en el
que se han venido dando con ligeras interrupciones, las enseñanzas
peculiares a esta clase de establecimientos.

La _Sala Capitular_, llamada así por ser un local destinado para
celebrar sus reuniones el Capítulo general, es un paralelógramo bastante
espacioso y cómodo con su techado de bóveda: está situado en la calle
del Seminario en la acera opuesta al teatro y frente al lienzo de pared
que mira al norte de la Iglesia de Santiago: a la izquierda entrando
tiene un altar dedicado a la Inmaculada Concepción, patrona de la
corporación, y en el segundo cuerpo Santa Emerenciana, patrona de la
ciudad. En el testero de enfrente colocada en una urna, existe la cabeza
auténtica y embalsamada del célebre y eminente D. Gil Sanchez Muñoz, con
una inscripción en un cuadro colocado en el lado izquierdo, del tenor
siguiente:

«_El rostro de este busto, que embalsamado se ha conservado por la
familia de los ilustres señores Sanchez Muñoz, barones de Escriche, es
del Ilmo. Señor D. Gil Sanchez Muñoz, racionero de la Iglesia de San
Martín de esta ciudad, canónigo de Santa María de la misma, canónigo de
la metropolitana de Barcelona, y electo Papa en el día 10 del mismo
Junio del año 1423 por los cardenales de la obediencia del llamado
Benedicto XIII. Renunció tan alta dignidad por la paz de la Iglesia,
cuya determinación participó al Ayuntamiento y capitulares de Teruel en
26 de Julio de 1429. Quedose con el Obispado de Mallorca, en cuyo
gobierno murió, y su cuerpo yace en la sala capitular de aquella Santa
Iglesia._»

El capítulo general en obsequio de tan digno y benemérito individuo,
construyó esta urna y se colocó en la sala el día 6 de Junio del año
1825: la conservación de este precioso, auténtico, e inestimable
monumento se debe al benemérito prior D. Rafael Perez.

En otro cuadrito se conserva una carta del beato Juan de Ribera,
patriarca, arzobispo, virrey y capitán general de Valencia, escrita con
la ortografía y términos que siguen:

_A los muy Rdos. y magníficos Señores el Prior y Capítulo general de la
ciudad de Teruel:_

_Magníficos y muy Rdos. Señores con la carta de Vs. ms. y El recaudo que
de su parte me a dado El Rdo. maestro pons e Recibido muego
contentamiento, pues se offrece cosa que en esta casa ayan de mandar, y
en ella les podamos servir conforme a lo que yo Edeseado. Y el piadoso
zelo que Vs. ms. tienen del prouecgo de mis feligreses en el servicio de
me Señor me obliga mas, La doctrina del padre fray Moreno donde qaiera
que aestado agecgo siempre muego fruto acompañada de subuena vida y
exemplo y estoy mux satisfecgo de que El resida en esta mi diócesi:
pero, por lo que dicgo tengo procuraré con sus superiores que para el
tiempo que Vs. ms. señalan le den licencia que torne a essa ciudad y en
todo lo demás que ocurriere Vs. ms. no dexen de mandar en esta casa
donde ay muy entera voluntad para servilles, cuyas muy Rdas. personas
ntro. Señor guarde y acreciente en su sto servicio de Valencia A XX de
Octubre de 1575._»

En ambos costados de la Sala están los patronos de las parroquias, los
retratos de D. Raymundo de Castrocol, Obispo de Zaragoza, que en 1217
concordó sobre décimas con el Ayuntamiento y Capítulo eclesiástico de
Teruel. El de D. Pedro el IV. El de D. Alonso II y el del Sr. D. Gil
Sanchez Muñoz.



Capítulo VII.

_El Hospital.--La Casa provincial de Beneficencia.--La Casa de la
Comunidad.--Las Casas Consistoriales de Teruel._


El _Hospital_ de Teruel situado en la plaza de San Juan, frente a la
antigua casa de los barones de Escriche, fue en un principio una casa
destinada a los leprosos, con la denominación de San Lázaro, fundada
por algunos vecinos de Teruel, antecesores de _Magdalena de la Cañada_,
quien, habiéndola habitado desde la niñez, y gobernádola y servido con
su persona y bienes, trató después de elevarla a hospital impetrando con
este objeto de D. Alonso el IV, le concediera para sí y los suyos, el
derecho privativo sobre la mencionada casa de San Lázaro, el privilegio
perpetuo de administración y todos los derechos del hospital, gracia que
le fue concedida por el monarca en Teruel a 16 de Marzo de 1333. El Rey
D. Pedro el IV confirmó dicho privilegio a _Francisca Fillol_, nieta de
Magdalena de la Cañada, en Valencia a 10 de Marzo de 1362. El mismo Rey
a _Garcia Fillol_, en Zaragoza a 5 de Febrero de 1381. D. Martín de
Aragón a _Juana Fillol_ en Altura a 10 de Noviembre de 1401. Don
Fernando el Católico a García Fillol y Bartolomé Fillol en Burgos a 8 de
Julio de 1508. Finalmente, Mariano Martín Fillol, clérigo, con la
calidad de heredero del hospital y sus derechos, lo vendió y cedió a
favor de la ciudad de Teruel en 2 de Octubre de 1555.

Tiene este edificio cuatro salas muy cómodas y ventiladas en donde
anchurosamente pueden acomodarse de ochenta a noventa enfermos: dos de
ellas destinadas a enfermedades de medicina y las otras dos a las de
cirugía: tiene una Iglesia ovalada con cuatro tribunas y en cuyo retablo
mayor está la Asunción.

La _Casa de Misericordia_. Al observar la constante emigración de
familias a la ciudad y reino de Valencia por la esterilidad del terreno
de la ciudad y partido de Teruel, y que otras en bastante número
mendigaban, y de aquí la multitud de ociosos que por do quier pululaban,
los Ilmos. Sres. Obispos Don Francisco Rodriguez Chico, y D. Roque
Martín Merino, trataron ya de fundar un hospicio de Misericordia, no
pudiendo, sin embargo, llevar a cabo sus buenos deseos. Igual
pensamiento y con los mismos resultados tuvieron con respecto a una casa
de expósitos; pero el Ilmo. Sr. D. Félix Rico prohijó y dio cima a tan
filantrópicas ideas, autorizado para ello por cédula expedida en
Aránjuez a 3 de Abril de 1796. Designose para edificio el Seminario de
Villavieja, pero las consideraciones de su distancia y que importaría
tanto su reedificación como si se construyera de nuevo, hiciéronle
desistir de este proyecto. Esto, no obstante, mientras se edificaba la
nueva obra, habilitó aquel Seminario, y en él empezaron ya por de pronto
a mejorar su suerte los mendigos y los expósitos. Después de vacilar por
algún tiempo acerca del sitio que debía ocupar la nueva casa, se decidió
por el que hoy existe, con cuyo objeto compró un huerto de los
racioneros de San Martín y otro de Don Alejandro Barrachina. En seguida
Don Francisco Roca, académico de la de San Fernando y Director de
arquitectura de la de San Luis de Zaragoza, levantó el plano muy
parecido a la de aquella ciudad, si bien mas en pequeño, nombrándose
director de obras a D. Ramón Pardo, arquitecto y vecino de la capital de
Aragón. Abriéronse las zanjas y en el día 9 de Febrero de 1798, a las
tres en punto de su tarde se colocó la primera piedra entre una
concurrencia numerosísima de lo mas selecto de la ciudad convidada al
efecto: la colocación de esta piedra fue en el ángulo derecho saliendo
de la casa a la parte de O: finalizó la obra a principios del presente
siglo: hasta el año 1821 hubo una fábrica de paños bastante acreditada;
hoy hay algunos telares de lienzo, alpargatería y varios se dedican
también a trabajar esparto: está situada en las afueras de la ciudad, a
la izquierda del río Turia y de la carretera de Zaragoza.

En la plazuela de la Marquesa o de la Libertad, se halla la casa de la
_Comunidad_. En ella estuvo el Instituto provincial, en ella celebró
sesiones la Diputación, en ella se recibían los quintos de la ciudad y
de la provincia, y en ella existe hoy el casino llamado del _Porvenir_.
Este edificio fue construido en el siglo XVI, con el objeto de reunirse
en él para deliberar los comunistas: es de una solidez poco común: su
fachada principal de sillería, tiene el carácter de romana; el pórtico
se compone de un intercolumnio corintio, terminando el frontispicio con
una galería de arcos esféricos apoyados sobre columnas dóricas: el
interior es de poco gusto y escasa comodidad.

Las _Casas Consistoriales_, cuyo frente principal da a la plaza de la
Catedral, están en regular estado de solidez, y tienen de notable que
fue la casa solariega de D. Francisco Fernandez Perez de Aranda, ayo y
preceptor del infante D. Fernando, hijo del rey de Aragón D. Juan I,
eminente diplomático, fundador de la Santa Limosna, monje lego en la
cartuja de Portaceli, y uno de los miembros de la asamblea celebrada en
Caspe en 14 de Marzo de 1412, con el objeto de la legitimidad del
derecho a la corona de Aragón, entre sus varios pretendientes por la
muerte sin sucesión y sin heredero alguno, cuyo derecho fue
indisputable, del rey D. Martín I, recayendo la corona en el infante Don
Fernando de Castilla. Murió Perez de Aranda en Portaceli en 1438. Está
enterrado en el mencionado monasterio en el ángulo de la obediencia.

Frente al costado izquierdo del edificio, hay levantado otro al gusto
moderno y también para casa consistorial, pero paradas las obras hace ya
bastante tiempo, existe todavía sin poder servir para el Ayuntamiento.



Capítulo VIII.

_La instrucción pública en Teruel.--El Periodismo.--El Casino
Turolense.--El Teatro.--La Plaza de Toros.--El Cementerio.--El
Torreon de Ambeles.--La Torre Lombardera. La Muralla de Teruel._


Como primer establecimiento de Instrucción pública de la provincia,
debemos citar el _Instituto de segunda enseñanza_, el cual está dotado
de los Catedráticos que marca la ley y con arreglo al plan se la
instruye también a los alumnos: tiene un gabinete de física bastante
regular y una biblioteca compuesta de 391 obras completas en 1323 tomos,
y 217 incompletas en 620 volúmenes, lo que constituye un total de 808
obras y 1943 volúmenes.

Como bibliotecas de alguna consideración merecen citarse la del Palacio
episcopal, la del Seminario, la particular del Sr. Lanzarote y alguna
otra.

En el _Seminario_ se da hoy la enseñanza de Teología.--La _Escuela
normal_ se suprimió algunos meses ha.--Para la instrucción primaria hay
varias escuelas de niñas y niños en la ciudad y en la casa de
Beneficencia, a cuyo frente se hallan maestros suficientemente
ilustrados y celosos por el aprovechamiento de sus discípulos.

Desde el año 1840, se han publicado en Teruel, los periódicos _El
Centinela de Aragón_, _El Constitucional_, _El Avisador_, _El
Teruelano_, _El Turia_, _La Voluntad_, _El Órgano de Móstoles_, _El
Duende_, y después _El Tio Pelamangos_, _La Fraternidad_, luego _La
Idea_, _La Concordia_, y la _Unión del Magisterio_: los dos últimos de
primera enseñanza, el Duende, el Órgano de Móstoles y el tío Pelamangos,
satíricos, y los demás políticos.

El _Casino Turolense_, sito en la calle de los Amantes, antes de Ricos
Hombres, ocupa la casa que fue de los padres de la desgraciada D.ª
Isabel de Segura, frente a la cual se ve el solar de la que fue de los
de D. Diego Garcés de Marcilla: el gabinete de lectura es bastante bueno
y si mal no nos han informado estuvo allí la alcoba de D.ª Isabel y
Azagra, alcoba donde exhaló el postrer suspiro en la mas terrible
agonía el mismo D. Diego, caballero digno de mejor suerte Tanto este
Casino como el del Porvenir, están suscrito a muchos periódicos y en
ambos el servicio es bastante bueno.

La figura esterior del _Teatro_ es la de un paralelógramo y la interior
de una aproximada elipse: caben unas setecientas personas: tiene dos
órdenes de palcos, sostenidos y divididos por columnas de madera con
capiteles toscanos: el palco escénico no ofrece muchas comodidades;
tiene un telar, algunos escotillones, dos vestuarios y algunas
decoraciones en regular estado: este edificio fue cuartel de caballería:
construyose el teatro por varios vecinos en sociedad: la propiedad del
edificio pertenece al Ayuntamiento.

A la distancia de un cuarto de hora próximamente de Teruel, está la
_Plaza de Toros_, cuya figura es un polígono regular de veinticuatro
codos y su total diámetro consta de ochenta varas castellanas: tiene
setenta y dos palmos, grada cubierta y tendido y puede dar cabida a mas
de 9000 personas, quedando para la lid un circo de 50 varas de diámetro:
es sumamente cómoda y espaciosa en toda su distribución: tiene café,
enfermería, pieza de guadarnés, cuadra y cuatro puertas a los cuatro
puntos cardinales. Al frente de la del O. y en la parte esterior se
hallan nueve toriles, dispuestos de modo que, todos tienen salida a un
patio común con objeto de sacar el toro que se quiera, sin necesidad de
incomodar a los demás.

La construcción y decoración esterior de la plaza consiste en un zócalo
en todo su perímetro, de mampostería compuesta: sobre este una faja
horizontal, de la cual arrancan en sus veinticuatro ángulos, igual
número de fajas perpendiculares, que juegan con otra de coronación, y
hace el lugar de arquitrave o friso, componiendo la parte de cornisa los
solerones inferior y superior, con sus canecillos y terminando con el
tejado a dos vertientes. El todo de la obra es de buen gusto, por sus
bellas proporciones, pero en lo que mas resalta este es en la atinada
alternativa y variada combinación de los vanos, en lo cual parece que
fijó mas la atención el Director de la obra D. Hermenegildo Lopez.

Cerca de esta plaza y en lo mas elevado de la colina del llano de San
Cristóbal, del que ya hicimos mérito en otro lugar, está el _Cementerio
nuevo_, muy regular y de una capacidad bastante.

Casi desde el ex-convento de Santo Domingo, empiezan a descubrirse
perfectamente los antiguos muros, y en el Oriente de la ciudad, en su
punto mas elevado, se levanta el _Torreon de Ambeles_, de arquitectura
romana, de sillares de una magnitud regular: su figura es la de una
estrella con sus ángulos interpolados, mas y menos salientes, que no
llegan a la base: está abierto por la parte de la ciudad, y desde el
centro de su elevación principia una escalera de caracol: según la
tradición, fue el alcázar de la antigua fortaleza, teniendo vías
subterráneas de comunicación con otros torreones y con el río Turia.

Reconstruidos los muros en tiempo de D. Pedro el IV de Aragón, cúpole a
la puerta de Zaragoza, _vulgo_ del Tozal, entre E. y N. un torreón a
cada costado, que hoy están embebidos en los edificios, y con respecto a
los murales ordenó aquel monarca lo siguiente:

_Item que sian fetas duas torres veques tró en egual del andador del
múr, en la entrada de la porta de Zaragoza, que hajan de front cinh
soldes, e isquen del mur a fora cuatro soldes, e vian ben valletjadas,
ab ponts llevadizos, e entre las duas torres sia lo pasaetje de la
porta, e que se continuen a lo mur, e sian envestidas en las altras duas
torres vellas que y sontjá, pertal com las torres aquellas son flacas, e
no ixen fora lo mur 11 de abril de 1847._

Al N. de la ciudad se encuentra otro torreón de arquitectura árabe
llamado _Torre Lombardera_: construido de sillares en los ángulos, de
mampostería vasta algo mas de la mitad de su altura, y el resto de tapia
de yeso, cal y canto. Entre O. y N. existe otro cuadrado, y fundado
sobre un peñasco, constituye parte de la muralla, siendo el contorno de
esta de figura irregular, su construcción de tabiques de medio pie de
espesor con sus aspilleras correspondientes, y esplanadas en los ángulos
salientes, por los cuales se comunica a otra parte de la fortificación
interior que se llama muro.

¡Verdadera lástima es que no se haya conservado en pie toda la muralla
o al menos una gran parte de ella, ora para admirar su muchísima
solidez, ora para hacer recordar a los actuales teruelanos que la
argamasa para unir las piedras se tintó muchas veces con la sangre de
los que las construían, edificando y peleando a un mismo tiempo contra
los enemigos de la Cruz! ¡Cuántos hijos de Teruel, han perecido en dicha
muralla, ya conquistando el país, ya defendiendo heroicamente la ciudad
en el reinado de D. Pedro, en la guerra de la independencia, y en la
triste lucha de hermanos contra hermanos!



Capítulo IX y último.

_Calidad y circunstancias del terreno de Teruel.--Paseos y medios
de comunicación con otras
poblaciones.--Correos.--Fondas.--Producciones del país.--Artes e
industria--Comercio.--Ferias y mercados de Teruel.--Las armas y
títulos de esta ciudad._


Por lo que atañe a la _calidad y circunstancias del terreno_, diremos
que en lo general es lo que se llama duro y poco asequible a ciertas
producciones como olivos, viñedos y frutas, produciendo casi
principalmente cáñamo, trigo, cebada, centeno y avena.

A Teruel fáltanle paseos, aunque con este nombre existen el llamado
_Obalo_, sin duda por su figura, y el de la _Glorieta_, que ahora nada
tiene de esto, pero sin embargo, es un regular sitio en algunas épocas
del invierno: sirven de paseos las afueras de la ciudad y cruceros de la
vega que si bien no merecen este nombre por faltarles flores y arbolado,
pueden suplirlos: en cuanto a las afueras, la mejor es la carretera de
Zaragoza, por cuyo punto la entrada en Teruel es amena y agradable,
dominándose desde ella toda la vega. La carretera de Valencia, los
trozos de las de Alcañiz y Cuenca, bastante bien construidos suplen la
falta de paseos.

Yendo de Zaragoza a Teruel, muy poco antes de llegar a la Casa
provincial de Beneficencia, y en el mismo lado, se encuentra un hermoso
vivero que compró la Diputación de la provincia para surtir de árboles a
los paseos y carreteras que sirven de comunicación con otras
poblaciones importantes.

Donde se nota diariamente la verdadera animación en Teruel, es en el
paseo del Obalo entre diez y una del día: allí, donde existen dos
posadas y una fonda, afluyen el correo que va de Valencia y vuelve a
salir luego de Teruel, allí acuden los muchos carreteros de Zaragoza,
Sigüenza, Molina, Valencia y otros puntos: allí, en fin, acostumbra
venderse la caza, la leña, el carbón y otras cosas que llevan los
naturales o vecinos de los pueblos inmediatos. El día que el proyectado
camino de ferro-carril llegue a realizarse, no dudamos que la ciudad y
provincia de Teruel, ha de entrar en una nueva vida, pero vida próspera
y animada: entonces el comercio recibirá mayor actividad, los pueblos
podrán vender con mas facilidad sus mercancías, serán mas fáciles los
medios de comunicación, y la provincia toda no podrá menos de recojer
los inmensos beneficios que ha de traerla la esplotación de las
muchísimas minas que encierra en sus entrañas.

La Administración de correos de Teruel está bien servida, y a pesar de
la actividad desplegada para la mas pronta circulación de la
correspondencia, no puede conseguirse que a Madrid, Zaragoza, Valencia,
Alcañiz etc. puedan salir de Teruel y llegar en un día a su destino o al
contrario las cartas o impresos; efecto todo de las inmensas distancias
que separan a la ciudad de que tratamos de las poblaciones mas
principales que aunque lejos rodean la provincia.

Las fondas de Teruel son la de _Fortea_, en el paseo del Obalo; la
llamada de _Mochola_, en la calle del Pozo; la del _Tozal_, en la calle
de su nombre; la de _Zapater_, en la calle de los Amantes; y algunas
posadas y regulares casas de huéspedes.

Las producciones del término municipal de Teruel, dijimos antes que eran
algo escasas, menos el cáñamo, que es el ramo que constituye
esencialmente la riqueza de la vega: arbolado se ve ya bastante.

Hay tenerías en el barrio de la Florida y una fábrica de bayetas al otro
lado del Turia: la agricultura es la ocupación especial en Teruel, sin
que, como dejamos indicado, sean conocidos hasta ahora, los preciosos
resultados del vapor y demás agentes motores.

En cuanto al comercio, los efectos o artículos que se importan en la
capital, son en pequeñas cantidades, algunos cereales procedentes del
río Cella y del campo de Visiedo judías, arroz, naranjas de la provincia
de Valencia, y géneros de distintas especies de Cataluña y Zaragoza: la
esportación está circunscrita al cáñamo, tanto en hilaza como trabajado.

Respecto de ferias y mercados, el 30 de Mayo y 21 de Setiembre, se
celebra feria en Teruel: en lo general se compone de contrataciones,
ventas y permutas de ganado lanar, vacuno y caballar: los mercados son
semanales, y a ellos acuden las gentes de los pueblos inmediatos a
proveerse de los artículos que necesitan.

_La Muy Noble, Fidelísima, Heroica, Vencedora y Excelentísima Ciudad de
Teruel_, que cuenta unos once mil, cuatrocientos treinta y dos
habitantes, ha usado desde la mas remota antigüedad un escudo de armas
consistente en dos cuarteles ovalados entre banderas del pabellón
Nacional, conteniendo el primero las barras de Aragón en campo rojo; y
el segundo en campo azul, el toro y la estrella que simbolizan la
localidad, estando enlazados y sostenidos por un murciélago, emblema de
la gran parte que tomaron los hijos de Teruel en la conquista de
Valencia por el rey D. Jaime de Aragón, y con corona ducal; y por
servicios distinguidos en todos tiempos defendiendo con tesón y denuedo
la causa de la patria, y por haber resistido Teruel el sitio que la puso
el brigadier Enna a fines de Junio de 1843, a pesar de la gran
constancia y valor con que la atacaron las tropas sitiadoras, el
gobierno provisional de la Nación por decreto de 11 de Setiembre de
1843, concedió a su Ayuntamiento el tratamiento de _Excelencia_, y el
añadir a sus armas un nuevo cuartel en campo rojo, con un cañón y un
obús cruzados, y en su centro una pila de balas como emblema del ataque
sufrido y de la victoria conseguida, confirmando a la ciudad los títulos
que de tiempo inmemorial goza de _Muy Noble_, _Fidelísima_, _Heroica y
Vencedora_. Tiene por distintivo el Excelentísimo Ayuntamiento, según
Real cédula de 9 de Noviembre de 1819, en vez de la banda de tafetán
encarnada, concedida por Real orden de 27 de Julio de 1807, una cinta
roja de aguas de una mano o algo mas de ancho, con los cantos de color
de plata, dos borlas de oro a sus estremos y el escudo de armas de la
ciudad en el pecho con una orla, y en ella el siguiente lema: _En premio
de lealtad._



Capítulo adicional.

_El barranco de las Calaberas._


A una hora de la ciudad de Teruel, próximamente, se halla el pueblo de
_Concúd_, en cuyas inmediaciones está el barranco objeto de estos
renglones: la arcilla terciaria forma su base: es un depósito de huesos
fósiles en bancos de mucho espesor, alternando con alguno de
conglomerado y calizo.

Saliendo del lugar hacia el N. se suben y bajan tres colinas pequeñas, y
después se llega a una que llaman Cavarrubia, por una especie de tierra
roja, que las aguas del barranco han descubierto. Este tiene cerca de
doscientos pasos de largo, treinta de ancho y ochenta de profundidad: la
línea de la colina que bordea el barranco es de una peña parda de cal,
mas o menos dura, en capa de dos y tres pies de grueso, llena de conchas
terrestres y fluviales: hay también en el centro de las mismas peñas
muchos huesos, que Bowles cree que son de buey y dientes de caballo y de
jumento, con otros huesecillos de animales domésticos.

Muchos de estos huesos se conservan como los que se ven en los
cementerios, otros se han calcinado, y se hallan algunos sólidos y otros
que se deshacen en polvo: otros se encuentran también que, al citado
naturalista y algunas personas entendidas les han parecido tibias y
femures humanos, cuya cabidad está llena de una materia cristalina.

Al otro lado del barranco hay un corral[26], en que se hallan aun
después de haber sacado muchos los curiosos, bastante cantidad de
huesos: la crónica de la provincia dice que en otro tiempo existía una
cueva, donde se vieron huesos en una capa de tierra de mas de sesenta
pies de altura.

El barranco de las Calaberas, es acaso el mas admirable depósito de
fósiles que se encuentra en toda Europa.

Antes de conocerse la ciencia geológica, y cuando aun no se habían hecho
estudios paleontológicos, se ocuparon de dicho barranco, mas bien como
objeto de curiosidad que como motivo de esploración científica, el Padre
Feijóo, el naturalista Bowles, el geógrafo Antillon y el abate Juan
Andrés.

Es de notar que casi todos los que se han ocupado del barranco de las
Calaveras, han creído encontrar en él huesos humanos en estado fosíl, a
cuya creencia ha contribuido no poco, la tradición que aun se conserva,
de haberse dado una gran batalla en aquellos llanos en tiempos
remotísimos. La historia ha conservado también la memoria de la derrota
que allí sufrieron los celtíberos, mandados por Budar, siendo Pretor
Quinto Minucio Termo.

Hemos llegado a la conclusión de nuestro trabajo: la ciudad de Teruel
tiene ya su _Historia_, aunque escrita quizá de una manera desaliñada;
otro tal vez consiga levantar el edificio en el que hemos colocado una
piedra; y puesto que hemos escrito sobre una parte de Aragón,
permítasenos antes de hacer punto, nombrar aquí a nuestros paisanos _D.
Paulino Sabiron y Estevan_, _D. Mariano Pescador_, _Don Andrés Doméc_,
_D. Agapito Diaz_, _Don Manuel Lopez y D. Mariano Judez_, que por olvido
involuntario no mencionamos al hablar en capítulo anterior y que no
menos que los demás jóvenes honran el país donde nacieron; séanos lícito
también en medio del entusiasmo de que estamos poseídos, de enviar
nuestro afectuosísimo saludo y un cariñoso abrazo a nuestros amigos
aragoneses, D. GERONIMO BORAO, incansable literato y autor de la
_Imprenta en Zaragoza_ y de la _Historia de su Universidad_; a D.
JOAQUIN TOMEO y a D. JOSE LOSTAL, que escribieron sobre la _Historia de
Zaragoza_; a DON NICOLAS SANCHO, que escribió sobre la de _Alcañiz_; y a
D. CARLOS SOLER, laborioso Catedrático del Instituto oscense, y autor de
la _Historia de Huesca_, el cual, aunque no paisano nuestro, es tan
amantísimo como nosotros de las glorias de Aragón y muy interesado en
publicarlas. Por último, demostramos nuestra gratitud al anticuario y
Catedrático del Instituto de Teruel, _Don Pedro Garcés_, por las
noticias que nos ha dado para esta obra.

[Illustration: FIN]



OBRAS

de D. Cosme Blasco.

_De Geografía e Historia._

1.ª _Curso de Geografía-histórico-antigua_, con los periplos de Hannon y
de Himilcon.

2.ª _Curso de Geografía universal moderna_, con un compendio de la
antigua, y noticias de los hombres mas célebres en cada una de las
provincias de España.

3.ª _Estudio Elemental de Geografía aplicada a la Historia._

4.ª _Los Cometas_, su descripción, preocupaciones vulgares sobre su
aparición, principales observados hasta el día.

5.ª _Programa de las lecciones de Geografía histórica_, esplicadas por
el autor, siendo Auxiliar de la Facultad de Filosofía y Letras en la
Universidad literaria de Zaragoza.

6.ª _Definicionario geográfico-físico_, ilustrado con notas.

7.ª _Noticia de los principales descubrimientos geográficos._


NOTAS:

[1] Cortés y López. _Diccionario Geográfico._--_Colección_ del P.
Traggia.--_Diferentes manuscritos antigüos._--_Estudio y observaciones_
del autor, _y otros que se citarán_.

[2] Los Anales que contiene el _Libro verde_ que se conserva en el
archivo del Ayuntamiento de Teruel, mencionan como los mas principales,
_a Sancho Sanchez Muñoz y Blasco Garcés de Marcilla_ y nosotros podemos
añadir que se les unieron después los _Dolz y Garci Fernandez de
Heredia_.

[3] Entre los pobladores de Teruel pocos ignoran los claros nombres de
_Cuevas_, _Marcillas_ y _Muñoces_. D. Isidoro Antillon, en sus cartas a
Don Ignacio Lopez de Ansó, sobre la antigua legislación municipal de
Teruel y Albarracin, página 58. 1799.

[4] Este Zeit se convirtió mas adelante a la fe cristiana, y residía en
Teruel cuando el Rey le confirmó la donación que le había hecho para
durante su vida, de las villas de Ricla y Magallon.

[5] Las Comunidades de Aragón alcanzaron su mayor esplendor en los
siglos XIII y XIV y empezaron casi al mismo tiempo que la reconquista,
fueron cuatro, a saber: la de _Teruel_. la de _Albarracin_, la de
_Daroca_ y la de _Calatayud_.

[6] El de _Ambeles_, situado en la ronda del mismo nombre.

[7] D. Baltasar y Don Melchor.

[8] En el siglo XII un sueldo valía en Aragón cuatro dineros de plata.
_Asso._ Hist. de la economía política de Aragón, página 430 y
siguientes.

[9] Marcilla es su apellido en el teatro, y en la boca del pueblo se
dice Marsilla.

[10] El capitán D. Joseph Tomás Garcés, caballero de la orden militar de
Ntra. Sra. de Montesa, etc. descendiente de la rama de D. Diego Garcés
de Marcilla, llamado el _Amante_, presentó a S. M. en el año 1780, una
Memoria sobre la genealogía de esta familia y afirma en fe de los mas
seguros documentos: que los Garceses de Marcilla traen su origen de
sangre real, siendo su progenitor y cabeza _Fortun Garcés_, hijo del
infante D. García, y nieto del rey de Navarra D. García I, tomando el
nombre de Garcés del propio de su padre D. García.--Hijo de Fortun
Garcés fue D. García Fortunez, que casó con Doña Toda, y tuvieron a D.
Lope y a D. Gimeno Garcés.--De D. Lope procedió Fortun Garcés, famoso
por su esfuerzo militar entre los que concurrieron en 1096 a la
conquista de Huesca.--Hermano de este, y por consiguiente hijo de Lope,
fue García Garcés de Marcilla, llamado así por la villa de este nombre
en Navarra, de la que era señor, (de Don García y de Doña Sancha Gomez
Subira, nació D. _Martín Garcés de Marcilla_ que casó en Teruel con
_Doña Constanza Perez Tizon_, y tuvieron a D. Sancho, D. DIEGO EL
AMANTE, y D. Pedro Garcés y Marcilla.) (Memorial literario de Madrid,
publicado en 1785.)

[11] Son palabras de una escritura pública, y de un papel de letra muy
antigua, titulado: _Historia de los Amantes de Teruel_, que se
conservaba a principios del siglo XVII en el archivo de la ciudad,
copiado por el secretario Juan Yagüe y testificado por el mismo como
notario público, existente en el día en el archivo de la Iglesia de San
Pedro, y publicado por el Sr. Antillon en sus noticias históricas sobre
los Amantes de Teruel, párrafo 1.º página número 5.

[12] Según una escritura pública «Marcilla, revolviéndose contra moros
ganó en cinco años cien mil sueldos.» Consta asimismo que tomó parte en
la batalla de las Navas de Tolosa, y que fue el que con el Rey de
Navarra rompió el palenque de las cadenas que tenía la tienda del Rey
moro; y por esta razón los Reyes de Navarra pusieron las cadenas en el
escudo de Marcilla, cómo se ve en el escudo de armas de los Garceses de
Marcilla, que hay en la capilla de San Juan Bautista de Albarracin, con
tres fajas, la cruz, la corona real y las esmeraldas.

[13] _Gramalla_: vestidura larga hasta los pies, a manera de bata, como
la de los religiosos Agustinos, de que se hizo mucho uso en la
antigüedad.

[14] Antes de este fue nombrado Obispo de Teruel, _D. Juan Andrés
Capero_, natural de Castellon de la Plana, siendo ya Obispo de Lugo,
pero al ir a tomar posesión de su nuevo Obispado, murió en Valencia el
10 de Marzo de 1719.

[15] No podemos menos de aprovechar esta ocasión para recomendar a
nuestros lectores la _Historia de la Universidad de Zaragoza_, escrita
por la envidiable pluma del que fue nuestro ilustrado Maestro y nuestro
imparcial Mecenas, y ahora nuestro verdadero amigo, D. GERONIMO BORAO,
justamente llamado _Príncipe de los literatos aragoneses
contemporáneos_.

[16] Esta casa se halla cerrada desde los sucesos políticos de 1868.

[17] En este mismo camino encuéntrase en una casa una ventana
verdaderamente morisca, y otra existe también en la calle del Mercado
casi frente a la puerta falsa del templo llamado de San Salvador.

[18] Debió estar en el camino de las Estaciones donde hace pocos años se
encontraron restos de sepulturas antiguas.

[19] El pueblo la llama de San Miguel, por estar cerca de este templo.

[20] _Tozal_, lugar alto y eminente.

[21] Nos referimos a la _Memoria_ que se conserva en el archivo
municipal de Teruel.

[22] En los alrededores de Teruel están las llamadas de _Atarazanas_, la
del _Orispo_, la de _Mosen Morante_, la de la _Fuenfresca_, la del
_Gallo_, la de los _Fabianes_, la del _Chorro_, la del puente de hierro
y otras.

[23] Este manuscrito se titula: _Libro que trata de la fundación de
Teruel y las cosas numerables y señaladas que desde entonces han
acaecido._». Este libro lo copió el P. Traggia, a fines del siglo
pasado, en la librería del convento de Santo Domingo de Teruel; estaba
casi completo, puesto que solo faltaba una hoja comprensiva de los años
1525, 26, 27 y principios del año 1528. El manuscrito que vio el P.
Traggia en Teruel, debió ser copia del _Libro de los anales_, que aun se
conserva en el archivo del Ayuntamiento, pero sin duda la conservada en
el convento de Santo Domingo debió sacarse antes de que se perdieran las
hojas que ahora faltan al original, que está mucho mas incompleto que la
copia.

[24] ¿Podrá pertenecer esta imagen a algún paso de descendimiento, y ser
la mano del costado la de alguna de las figuras que ayudaban a bajar de
la Cruz a Jesucristo?

[25] Así consta del libro: _Cifra histórica, vida de los Santos Mártires
San Juan de Perusia y San Pedro de Saxoferrato_, compuesto por Fr. José
Herrera y Esmir, Predicador y Cronista del reino de Aragón, y dedicada
desde Zaragoza a la muy antigua, muy noble y muy leal ciudad de Teruel,
en sus inclitos Cónsules y Jurados, en el día 7 de Marzo del año 1690.

[26] Los del pueblo le llaman _Corral de las Maravillas_.

[27] En este capítulo, página 40, línea 9, hay una errata notable;
dice--villas: mas adelante de la notable casa--Debe decir: _villas mas
adelante hablaremos de la notable casa_ etc., las demás erratas son de
poca importancia y dejamos su corrección al buen juicio del lector.





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