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Title: Reina Valera New Testament of the Bible 1862
Author: Valera, Cipriano de, 1532?-1625 [Translator], Reina, Casiodoro de, 1520?-1594 [Translator]
Language: Spanish
As this book started as an ASCII text book there are no pictures available.
Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Reina Valera New Testament of the Bible 1862" ***

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[Empieza Aviso e Introducción]

La Valera 1862 de la SPCC.


Aviso:

Este texto del Nuevo Testamento (Valera 1862) fue bajado de la pagina de web:
Antigua Versión Valera 1909 – La palabra de Dios en español.
(www.valera1909.com)  Este texto no tiene derechos reservados, puedes
distribuirlo como quieres.  Solamente pedimos que por respeto del trabajo que
invertimos en dándote este texto (Encontrando, escaneando, y corrigiendo.),
que dejes este aviso y la siguiente introducción (Todo entre [Empieza…] y
[Termina…]) en cualquier copia que publicas sobre el Internet.  Si tienes
cualquier pregunta o comentario por favor escribe a: info@valera1909.com.

Introducción a la Valera 1862 de la SPCC.



El siguiente texto fue escaneado de una Biblia en Español que obtuve de una
colección privada en León, Guanajuato, México en 1986.  Esta copia, impresa
en Madrid, España en 1884 para la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera
(SBBE), representa la edición SBBE de la revisión de Valera hecha para la
Sociedad para la Propagación de Conocimiento Cristiano (SPCC) en 1862.  Esta
revisión fue hecha por Lorenzo Lucena Pedrosa M.A., profesor de Lengua y
Literatura Española en Queens College de Liverpool, y luego en Oxford.

        Esta edición de la SPCC 1862 fue publicada por la SBBE en 1884.  Siendo
que no tenemos ninguna otra edición de la 1862, no podemos asegurar que este
texto es precisamente idéntico a la original SPCC 1862.  Algunas diferencias
nos hacen sospechar que la SBBE revisó ligeramente la SPCC 1862 en esta
impresión de 1884.  Sin embargo, reproducimos esta edición de SBBE para
demostrar que la Revisión de Valera de 1862 era esencialmente idéntica a la
Valera 1909 de hoy.  Esto confirma que la Valera 1909 en realidad fue una
revisión hecha en 1862, antes de la publicación de Vaticanus o Sinaíticus, y
décadas antes de la apostasía Inglesa de Westcott y Hort.

        Una diferencia que sí verás en esta impresión de la 1862, hecha por
SBBE en 1884, es que introduce muchas palabras itálicas que no se encuentran
ni en la original 1602, ni tampoco en su descendiente, la 1909.  O estas
itálicas fueron añadidas por la SBBE en su revisión ligera de la revisión de
1862 de SPCC, o la revisión de 1909 quitó del texto la mayoría de las
itálicas añadidas innecesariamente.  Aparte de esto, muy pocos cambios se
evidencian en la revisión de 1909 de este texto.

        En todos nuestros textos, letra itálica se reproduce entre corchetes
[...], para que se convierte fácilmente el Nuevo Testamento a muchos
diferentes formatos.  Algunas ediciones impresas tenían tanto letra itálica y
palabras entre corchetes.  En estos casos, para mantener la integridad de la
reproducción, aún corcheteamos palabras inicialmente itálicas, pero para
indicar la diferencia encerramos entre símbolos relativos <...> las palabras
originalmente entre corchetes.

        Todas las copias impresas que hemos escaneado y duplicado contienen
errores de impresión y puntuación.  Algunos son obvios, pero de vez en cuando
había varias posibilidades en la corrección.  En tales casos determinamos la
corrección según la original 1602, o la norma actual, la 1909.  En todos los
casos que hicimos correcciones señalamos la palabra alterada con el
circunflejo (^).  Además señalamos con la misma marca aquellos lugares donde
parecía haber error, pero por no estar seguros, no cambiamos nada.

        Todos los asteriscos (*) en el texto son reproducciones de la
impresión original.  Significan alguna referencia en la margen, la cual
reproducimos en abrazaderas {*...} al final del versículo.



Guillermo Kincaid



[End Notice and Introduction]



El

NUEVO TESTAMENTO

DE

NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO

QUE CONTIENE

LOS ESCRITOS EVANGÉLICOS Y APOSTÓLICOS

ANTIGUA VERSION DE CIPRIANO DE VALERA

REVISADA

Con arreglo al original griego.

MADRID

SE HALLA EN EL DEPÓSITO CENTRAL DE LA SOCIEDAD BÍBLICA B. Y E.

Calle de Preciados, número 46.

1884


EL SANTO EVANGELIO

DE

NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO

SEGUN

SAN MATEO.



CAPITULO 1.

 1 LIBRO de la generacion de Jesu-Cristo, hijo de David, hijo de Abraham.

 2 Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró á Jacob: y Jacob engendró á
Júdas y á sus hermanos:

 3 Y Júdas engendró de Thamar á Pháres y á Zara: y Pháres engendró á Esrom: y
Esrom engendró á Aram:

 4 Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á Naason: y Naason
engendró á Salmon:

 5 Y Salmon engendró de Rahab á Bóoz: y Bóoz engendró de Ruth á Obed: y Obed
engendró á Jessé:

 6 Y Jessé engendró al rey David: y el rey David engendró á Salomon de la
[que fué mujer] de Urías:

 7 Y Salomon engendró á Roboam: y Roboam engendró á Abia: y Abia engendró á
Asá:

 8 Y Asá engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á Joram: y Joram engendró á
Ozías:

 9 Y Ozías engendró á Joatam: y Joatam engendró á Achaz: y Achaz engendró á
Ezechias:

 10 Y Ezechias engendró á Manasés: y Manasés engendró á Amon: y Amon engendró
á Josías:

 11 Y Josías engendró á Jeconías y á sus hermanos, en la trasmigracion de
Babilonia:

 12 Y despues de la trasmigracion de Babilonia, Jeconías engendró á Salatiel:
y Salatiel engendró á Zorobabel:

 13 Y Zorobabel engendró á Abiud: y Abiud engendró á Eliaquim: y Eliaquim
engendró á Azor:

 14 Y Azor engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á Aquim: y Aquim engendró á
Eliud:

 15 Y Eliud engendró á Eleázar: y Eleázar engendró á Matan: y Matan engendró
á Jacob:

 16 Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesus, el cual
es llamado el Cristo.

 17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David, [son]
catorce generaciones: y desde David hasta la trasmigracion de Babilonia,
catorce generaciones: y desde la trasmigracion de Babilonia hasta Cristo,
catorce generaciones.

 18 Y el nacimiento de Jesu-Cristo fué así: que siendo María su madre
desposada con José, ántes que se juntasen, se halló haber concebido del
Espíritu Santo.

 19 Y José su marido, como era justo y no quisiese infamarla, quiso dejarla
secretamente.

 20 Y pensando él en esto, hé aquí el ángel del Señor le aparece en sueños,
diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer: porque
lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

 21 Y parirá Hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará su pueblo de
sus pecados.

 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor
por el profeta, que dijo:

 23 Hé aquí la vírgen concebirá, y parirá hijo, y llamarás su nombre
Emmanuel, que declarado es: Con nosotros Dios.

 21 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le habia
mandado, y recibió á su mujer.

 25 Y no la conoció hasta que parió á su Hijo primogénito: y llamó su nombre
JESUS.



CAPITULO 2.

 1 Y COMO fué nacido Jesus en Bethlehem de Judéa en dias del rey Heródes, hé
aquí unos magos vinieron del Oriente á Jerusalem,

 2 Diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su
estrella hemos visto en el Oriente, y venimos á adorarle.

 3 Y oyendo [esto] el rey Heródes, se turbó, y toda Jerusalem con él.

 4 Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del
pueblo, les preguntó donde habia de nacer el Cristo.

 5 Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judéa; porque así está escrito por el
profeta:

 6 Y tu Bethlehem, [de] tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los
príncipes de Judá; porque de tí saldrá un Guiador, que apacentará á mi pueblo
Israel.

 7 Entónces Heródes, llamando en secreto á los magos, entendió de ellos
diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella;

 8 Y enviándoles á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia
por el Niño; y despues que lo hallareis, hacédmelo saber, para que yo tambien
vaya y le adore.

 9 Y ellos, habiendo oido al rey, se fueron: y hé aquí la estrella que habian
visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre
donde estaba el Niño.

 10 Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

 11 Y entrando en la casa, vieron el Niño con su madre María, y postrándose
lo adoraron: y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso, y
mirra.

 12 Y siendo avisados por revelacion en sueños, que no volviesen á Heródes,
se volvieron á su tierra por otro camino.

 13 Y partidos ellos, hé aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José
diciendo: Levántate, y toma al Niño y á su madre, y huye á Egipto, y estate
allá hasta que yo te [lo] diga: porque ha de acontecer, que Heródes buscara
al Niño para matarlo.

 14 Y él despertando, tomó al Niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto:

 15 Y estuvo allá hasta la muerte de Heródes; para que se cumpliese lo que
fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo.

 16 Heródes entónces, como se vió burlado de los magos, se enojó mucho: y
envió, y mató todos los niños que habia en Bethlehem, y en todos sus
términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que habla entendido
de los magos.

 17 Entónces fué cumplido lo que se habia dicho por el profeta Jeremías, que
dijo:

 18 Voz fué oida en Ramá, grande lamentacion, lloro, y gemido; Rachel que
llora sus hijos; y no quiso ser consolada, porque perecieron.

 19 Mas muerto Heródes, hé aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José
en Egipto,

 20 Diciendo: Levántate, y toma al Niño, y á su madre, y vete á tierra de
Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del Niño.

 21 Entónces él se levantó y tomó al Niño, y á su madre, y se vino á tierra
de Israel.

 22 Y oyendo que Arqueláo reinaba en Judéa en lugar de Heródes su padre,
temió ir allá; mas amonestado por revelacion en sueños, se fué á las partes
de Galiléa.

 23 Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese
lo que fué dicho por los profetas, que habia de ser llamado Nazareno.



CAPITULO 3.

 1 EN aquellos dias vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judéa,

 2 Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.

 3 Porque este es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:
Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, enderezad
sus veredas.

 4 Y tenia Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero
alrededor de sus lomos, y su comida era langostas, y miel silvestre.

 5 Entónces salia á el Jerusalem y toda Judéa, y toda la provincia de
alrededor del Jordan;

 6 Y eran bautizados de él en el Jordan, confesando sus pecados.

 7 Y viendo él muchos de los Fariséos y de los Saducéos, que venian á su
bautismo, decíales: Generacion de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de la
ira que vendrá?

 8 Haced pues frutos dignos de arrepentimiento;

 9 Y no penseis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre: porque
yo os digo, que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras.

 10 Ahora, ya tambien la segur está puesta á la raiz de los árboles; y todo
árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

 11 Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento: mas el que viene
tras mí, mas poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de
llevar: él os bautizará en Espíritu Santo, y [en] fuego.

 12 Su aventador en su mano [está,] y aventará su era; y allegará su trigo en
el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

 13 Entónces Jesus vino de Galiléa á Juan al Jordan, para ser bautizado de
él.

 14 Mas Juan lo resistia mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de tí,
¿y tu vienes á mí?

 15 Empero respondiendo Jesus le dijo: Deja ahora: porque así nos conviene
cumplir toda justicia. Entónces le dejó.

 16 Y Jesus despues que fué bautizado, subió luego del agua: y hé aquí los
cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendia, como
paloma, y venia sobre el,

 17 Y hé aquí una voz de los cielos que decia: Este es mi Hijo amado, en el
cual tengo contentamiento.



CAPITULO 4.

 1 Entónces Jesus fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del
diablo.

 2 Y habiendo ayunado cuarenta dias y cuarenta noches, despues tuvo hambre.

 3 Y llegándose á él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, dí que estas
piedras se hagan pan.

 4 Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el
hombre; mas con toda palabra que sale de la boca de Dios.

 5 Entónces el diablo le pasa á la santa ciudad, y le pone sobre las almenas
del templo;

 6 Y le dice: Si eres Hijo de Dios échate abajo; que escrito está: A sus
ángeles mandará por tí, y te alzarán en las manos, para que nunca tropieces
con tu pié en piedra.

 7 Jesus le dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios.

 8 Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los
reinos del mundo, y su gloria,

 9 Y dícele: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

 10 Entónces Jesus le dice: Vete, Satanás; que escrito esta: Al Señor tu Dios
adorarás, y á él solo servirás.

 11 El diablo entónces le dejó: y hé aquí los ángeles llegaron, y le servian.

 12 Mas oyendo Jesus que Juan era preso, se volvió á Galiléa;

 13 Y dejando á Nazaret, vino, y habitó en Capernaum, [ciudad] marítima, en
los confines de Zabulon y de Nephtalim:

 14 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:

 15 La tierra de Zabulon, y la tierra de Nephtalim, camino de la mar, de la
otra parte del Jordan, Galiléa de los Gentiles;

 16 El pueblo asentado en tinieblas, vió gran luz: y á los sentados en region
y sombra de muerte, luz les esclareció.

 17 Desde entónces comenzó Jesus á predicar, y á decir: Arrepentíos, que el
reino de los cielos se ha acercado.

 18 Y andando Jesus junto á la mar de Galiléa, vió á dos hermanos, Simon, que
es llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque
eran pescadores:

 19 Y díceles: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

 20 Ellos entónces, dejando luego las redes, le siguieron.

 21 Y pasando de allí, vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedéo, y
Juan su hermano, en el barco con Zebedéo, su padre, que remendaban sus redes,
y los llama.

 22 Y ellos dejando luego el barco, y á su padre, le siguieron.

 23 Y rodeó Jesus á toda Galiléa enseñando en las sinagogas de ellos, y
predicando el Evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia
en el pueblo.

 24 Y corria su fama por toda la Siria: y le trajeron todos los que tenian
mal, los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y
lunáticos, y paralíticos; y los sanó.

 25 Y le siguieron muchas gentes de Galiléa, y de Decápolis, y de Jerusalem,
y de Judéa, y de la otra parte del Jordan.



CAPITULO 5.

 1 Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus
discípulos.

 2 Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:

 3 Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los
cielos.

 4 Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolacion.

 5 Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.

 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos
serán hartos.

 7 Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.

 8 Bienaventurados los de limpio corazon: porque ellos verán á Dios.

 9 Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de
Dios,

 10 Bienaventurados los que padecen persecucion por causa de la justicia:
porque de ellos es el reino de los cielos.

 11 Bienaventurados sois, cuando os vituperaren, y [os] persiguieren, y
dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.

 12 Gozáos y alegráos; porque vuestra merced [es] grande en los cielos: que
así persiguieron á los profetas que [fueron] ántes de vosotros.

 13 Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere, ¿con qué
será salada? no vale mas para nada, sino que sea echada fuera y hollada de
los hombres.

 14 Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se
puede esconder.

 15 Ni se enciende una lámpara, y se pone debajo de un almud, mas sobre el
candelero; y alumbra á todos los que [están] en casa.

 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres; para que vean vuestras
obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que [está] en los cielos.

 17 No penseis que he venido para abrogar la ley, ó los profetas: no he
venido para abrogar, sino á cumplir.

 18 Porque de cierto os digo, [que] hasta que perezca el cielo y la tierra,
ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean
hechas.

 19 De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy
pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino
de los cielos: mas cualquiera que hiciere, y enseñare, este será llamado
grande en el reino de los cielos.

 20 Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que [la] de los
escribas y de los Fariséos, no entraréis en el reino de los cielos.

 21 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que
matare, será culpado del juicio.

 22 Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano,
sera culpado del juicio: y cualquiera que dijere á su hermano: Raca, será
culpado del concejo: y cualquiera que dijere: Fátuo, sera culpado del
infierno del fuego.

 23 Por tanto, si trajeres tu Presente al altar, y allí te acordares que tu
hermano tiene algo contra tí,

 24 Deja allí tu Presente delante del altar, y véte; vuelve primero en
amistad con tu hermano, y entónces vén, y ofrece tu Presente.

 25 Concíliate con tu adversario presto, entretanto que estás con él en el
camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez
te entregue al alguacil, y seas echado en prision.

 26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último
cuadrante.

 27 Oísteis que fué dicho: No adulterarás:

 28 Mas yo os digo, que cualquiera que mira la mujer para codiciarla, ya
adulteró con ella en su corazon.

 29 Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasion de caer, sácalo, y échalo de
tí: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu
cuerpo sea echado al infierno.

 30 Y si tu mano derecha te fuere ocasion de caer, córtala, y échala de tí:
que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo
sea echado al infierno.

 31 Tambien fué dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, dele carta de
divorcio:

 32 Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de
fornicacion, hace que ella adultere: y él que se casare con la repudiada,
comete adulterio.

 33 Además habeis oido que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas
pagarás al Señor tus juramentos:

 34 Mas yo os digo: No jureis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es
el trono de Dios:

 35 Ni por la tierra, porque es el estrado de sus piés; ni por Jerusalem,
porque es la ciudad del gran Rey.

 36 Ni por tu cabeza jurarás; porque no puedes hacer un cabello blanco ó
negro.

 37 Mas sea vuestro hablar, Sí, sí: No, no: Porque lo [que es] mas de esto,
de mal procede.

 38 Oisteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente:

 39 Mas yo os digo: No resistais al mal: ántes á cualquiera que te hiriere en
tu mejilla diestra, vuélvele tambien la otra.

 40 Y al que quisiere ponerte á pleito, y tomarte tu ropa, déjale tambien la
capa.

 41 Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con el dos.

 42 Al que te pidiere, dále: y al que quisiere tomar de tí emprestado, no se
lo rehuses.

 43 Oisteis que fué dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo:

 44 Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen,
haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os
persiguen;

 45 Para que seais hijos de vuestro Padre que [está] en los cielos; que hace
que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.

 46 Porque si amareis á los que os amen, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen
tambien lo mismo los publicanos?

 47 Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué haceis demás? ¿no
hacen tambien así los Gentiles?

 48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que [está] en los cielos
es perfecto.



CAPITULO 6.

 1 MIRAD que no hagais vuestra justicia delante de los hombres, para ser
vistos de ellos: de otra manera no tendreis merced de vuestro Padre que
[está] en los cielos.

 2 Cuando pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de tí, como
hacen los hipócritas en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de
los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su recompensa.

 3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha:

 4 Para que sea tu limosna en secreto y tu Padre que ve en secreto, él te
recompensará en público.

 5 Y cuando oras, no seas como los hipócritas: porque ellos aman el orar en
las sinagogas, y en los cantones de las calles en pié, para que sean vistos
de los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su pago.

 6 Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu
Padre que [está] en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en
público.

 7 Y orando, no seais prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su
parlería serán oidos.

 8 No os hagais pues semejantes á ellos: porque vuestro Padre sabe de que
cosas teneis necesidad, ántes que vosotros le pidais.

 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro, que [estás] en los cielos,
santificado sea tu nombre:

 10 Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, [así] tambien en
la tierra.

 11 Dános hay nuestro pan cotidiano.

 12 Y perdónanos nuestras deudas, como tambien nosotros perdonamos á nuestros
deudores.

 13 Y no nos metas en tentacion, mas líbranos del mal: porque tuyo es el
reino, y la potencia, y la gloria, por todos los siglos. Amen.

 14 Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará tambien á
vosotros vuestro Padre celestial.

 15 Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os
perdonará vuestras ofensas.

 16 Y cuando ayunais, no seais como los hipócritas, austeros: porque ellos
demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo,
que [ya] tienen su pago.

 17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro;

 18 Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que [está] en
secreto: y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará en público.

 19 No os hagais tesoros en la tierra donde la polilla y el orin corrompe, y
donde ladrones minan y hurtan.

 20 Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orin corrompe, y
donde ladrones no minan ni hurtan.

 21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazon.

 22 La lámpara del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu
cuerpo será luminoso.

 23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso: así que si la
lumbre que en tí hay son tinieblas, ¿cuántas [serán] las mismas tinieblas?

 24 Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno, y amará
al otro; ó se llegará al uno, y menospreciará al otro: no podeis servir á
Dios y á Mammon.

 25 Por tanto os digo: No os congojeis por vuestra vida, qué habeis de comer,
ó qué habeis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habeis de vestir: ¿no es la
vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?

 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en
alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta: ¿no sois vosotros mucho
mejores que ellas?

 27 ¿Mas quién de vosotros podrá congojándose añadir á su estatura un codo?

 28 Y por el vestido, ¿por qué os congojais? Reparad los lirios del campo,
cómo crecen: no trabajan, ni hilan:

 29 Mas os digo, que ni aun Salomon con toda su gloria fué vestido así como
uno de ellos.

 30 Y si la yerba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios
[la] viste así, ¿no [hará] mucho más á vosotros, [hombres] de poca fé?

 31 No os congojeis, pues, diciendo: ¿Qué comerémos, ó qué beberémos, ó con
qué nos cubriremos?

 32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial
sabe que de todas estas cosas habeis menester.

 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia: y todas estas
cosas os serán añadidas.

 34 Así que, no os congojeis por el dia de mañana; que el dia de mañana
traerá su fatiga: basta al dia su afan.



CAPITULO 7.

 1 NO juzgueis, para que no seais juzgados.

 2 Porque con el juicio con que juzgais seréis juzgados; y con la medida con
que medís, os volverán á medir.

 3 Y ¿por qué miras la mota que [está] n el ojo de tu hermano, y no echas de
ver la viga que [está] en tu ojo?

 4 O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota; y hé aquí la
viga en tu ojo?

 5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo: y entónces mirarás en echar la
mota del ojo de tu hermano.

 6 No deis lo santo á los perros; ni echeis vuestras perlas delante de los
puercos: porque no las rehuellen con sus piés, y vuelvan y os despedacen.

 7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallarás; llamad, y se os abrirá.

 8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama
se abrirá.

 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una
piedra?

 10 ¿Y, si [le] pidiere un pez, le dará una serpiente?

 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros
hijos, ¿cuánto más vuestro Padre, que [está] en los cielos, dará buenas cosas
á los que le piden?

 12 Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con
vosotros, así tambien haced vosotros con ellos: porque esta es la ley, y los
profetas.

 13 Entrad por la puerta estrecha: porque ancha [es] la puerta, y espacioso
el camino;^ que lleva á perdicion; y muchos son los que entran por ella.

 14 Porque estrecha [es] la puerta, y angosto el camino, que lleva á la vida;
y pocos son los que la hallan.

 15 Y guardáos de los falsos profetas que vienen á vosotros con vestidos de
ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.

 16 Por sus frutos los conocereis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de
los abrojos?

 17 Así todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos
frutos.

 18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol maleado llevar
frutos buenos.

 19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.

 20 Así que por sus frutos los conocereis.

 21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos;
mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que [está] en los cielos.

 22 Muchos me dirán en aquel dia: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu
nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos
milagros?

 23 Y entónces les protestaré: Nunca os conocí; apartáos de mí, obradores de
maldad.

 24 Cualquiera pues que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un
hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña:

 25 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron
aquella casa: y no cayó; porque estaba fundada sobre la peña.

 26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un
hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

 27 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, é hicieron
ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué grande su ruina.

 28 Y fué [que] como Jesus acabó estas palabras, las gentes se admiraban de
su doctrina:

 29 Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.



CAPITULO 8.

 1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas gentes.

 2 Y hé aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres,
puedes limpiarme.

 3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego
su lepra fué limpiada.

 4 Entónces Jesus le dijo: Mira no [lo] digas á nadie; mas vé, muéstrate al
sacerdote, y ofrece el Presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos.

 5 Y entrando Jesus en Capernaum vino á él un centurion, rogándole,

 6 Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente
atormentado.

 7 Y Jesus le dijo: Yo iré, y le sanaré.

 8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de
mi techado: mas solamente dí la palabra, y mi mozo sanará.

 9 Porque tambien yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí
soldados: y digo á éste: Vé; y va; y al otro: Ven; y viene; y á mi siervo:
Haz esto; y [lo] hace.

 10 Y oyendo Jesus, se maravilló, y dijo á los que [le] seguian: De cierto os
digo, que ni aun en Israel he hallado fé tanta.

 11 Y os digo que vendrán muchos del Oriente, y del Occidente, y se asentarán
con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos.

 12 Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí
será el lloro y el crujir de dientes.

 13 Entónces Jesus dijo al centurion: Vé, y como creiste, te sea hecho. Y su
mozo fué sano en el mismo momento.

 14 Y vino Jesus á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en cama, y con
fiebre.

 15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servia.

 16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados; y echó [de ellos]
los demonios con la palabra, y sanó todos los enfermos:

 17 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo:
El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó [nuestras] dolencias.

 18 Y viendo Jesus muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte
[del lago.]

 19 Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré donde quiera que
fueres.

 20 Y Jesus le dijo: las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos;
mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste [su] cabeza.

 21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero,
y entierre á mi padre.

 22 Y Jesus le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos.

 23 Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron.

 24 Y hé aquí fué hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubria
de las ondas: mas él dormia.

 25 Y llegándose sus discípulos le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos,
[que] perecemos.

 26 Y él les dice: ¿Por qué temeis, [hombres] de poca fé? Entónces,
levantándose, reprendió á los vientos y á la mar, y fué grande bonanza.

 27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué [hombre] es este, que aun
los vientos y la mar le obedecen?

 28 Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los Guerguesenos, le
vinieron al encuentro dos endemoniados que salian de los sepulcros, fieros en
gran manera, que nadie podia pasar por aquel camino.

 29 Y hé aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesus Hijo de Dios?
¿has venido acá á molestarnos ántes de tiempo?

 30 Y estaba léjos de ellos un hato de muchos puercos paciendo.

 31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel
hato de puercos.

 32 Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron á aquel hato de puercos: y
hé aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la
mar, y murieron en las aguas.

 33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad contaron todas las cosas,
y lo que habia pasado con los endemoniados.

 34 Y hé aquí toda la ciudad salió á encontrar á Jesus: y cuando le vieron,
le rogaban que saliese de sus términos.



CAPITULO 9.

 1 ENTÓNCES entrando en el barco,  pasó á la otra parte, y vino á su ciudad.

 2 Y hé aquí le trajeron un paralítico echado en una cama: y viendo Jesus la
fé de ellos, dijo al paralítico: Confia hijo: tus pecados te son perdonados.

 3 Y hé aquí algunos de los escribas decian dentro de sí: Este blasfema.

 4 Y viendo Jesus sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensais mal en vuestros
corazones?

 5 Porque, ¿Qué es más fácil, decir: los pecados te son perdonados: O decir:
Levántate, y anda?

 6 Pues para que sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de
perdonar pecados, (dice entónces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y
vete á tu casa.

 7 Entónces él se levantó, y se fué á su casa.

 8 Y las gentes viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron á Dios, que habia
dado tal potestad á los hombres.

 9 Y pasando Jesus de allí, vió á un hombre, que estaba sentado al banco de
los públicos tributos el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se
levantó, y le siguió.

 10 Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, hé aquí que muchos
publicanos y pecadores, que habian venido, se sentaron juntamente á la mesa
con Jesus y sus discípulos.

 11 Y viendo [esto] los Fariséos, dijeron á sus discípulos: ¿Por que come
vuestro Maestro con los publicanos y pecadores,

 12 Y oyéndolo Jesus les dijo: los que están sanos, no tienen necesidad de
médico, sino los enfermos.

 13 Andad pues, y aprended qué cosa es, Misericordia quiero, y no sacrificio:
Porque no he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.

 14 Entónces los discípulos de Juan vienen á él, diciendo: ¿Por qué nosotros
y los Fariséos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan?

 15 Y Jesus les dijo: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que
el Esposo está con ellos? mas vendrán dias, cuando el Esposo será quitado de
ellos, y entónces ayunarán.

 16 Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; porque el tal
remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.

 17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se
rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros: mas echan el vino
nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente.

 18 Hablando él estas cosas á ellos, hé aquí vino un principal, y le adoraba,
diciendo: Mi hija es muerta poco há: mas ven, y pon tu mano sobre ella, y
vivirá.

 19 Y se levantó Jesus, y le siguió, y sus discípulos.

 20 Y hé aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años habia,
llegándose por detrás, tocó la franja de su vestido:

 21 Porque decia entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré salva.

 22 Mas Jesus volviéndose, y mirándola, dijo: Confia, hija, tu fé te ha
salvado. Y la mujer fué salva desde aquella hora.

 23 Y llegado Jesus á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y
la gente que hacia bullicio,

 24 Díceles: Apartáos, que la muchacha no es muerta, mas duerme. Y se
burlaban de él.

 25 Y como la gente fué echada fuera, entró, y tomóla de la mano, y se
levantó la muchacha.

 26 Y salió esta fama por toda aquella tierra.

 27 Y pasando Jesus de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo:
Ten misericordia de nosotros, Hijo de David.

 28 Y llegado á la casa, vinieron á él los ciegos; y Jesus les dice: ¿Creeis
que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.

 29 Entónces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fé os sea
hecho.

 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesus les encargó rigurosamente,
diciendo: Mirad [que] nadie [lo] sepa.

 31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra.

 32 Y saliendo ellos, hé aquí le trajeron un hombre mudo endemoniado.

 33 Y echado fuera el demonio, el mudo hablo: y las gentes se maravillaron
diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel.

 34 Mas los Fariséos decian: Por el príncipe de los demonios echa fuera los
demonios.

 35 Y rodeaba Jesus por todas las ciudades y aldéas, enseñando en las
sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino, y sanando toda
enfermedad y todo achaque en el pueblo.

 36 Y viendo las gentes, tuvo compasion de ellas; porque estaban derramadas y
esparcidas, como ovejas que no tienen pastor.

 37 Entónces dice á sus discípulos: A la verdad la mies [es] mucha, mas los
obreros pocos.

 38 Rogad pues al Señor de la mies, que envie obreros para su mies.



CAPITULO 10.

 1 Entónces llamando sus doce discípulos, les dió potestad contra los
espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y
toda dolencia.

 2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: el primero, Simon, que es
dicho Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo [hijo] de Zebedéo, y Juan su
hermano:

 3 Felipe, y Bartolomé; Tomás, y Mateo el publicano: Jacobo [hijo] de Alféo,
y Lebéo, por sobrenombre Tadéo:

 4 Simon el Cananita, y Júdas Iscariote, que tambien le entregó.

 5 Estos doce envió Jesús, á los cuales dió mandamiento diciendo: Por el
camino de los Gentiles no ireis, y en ciudad de Samaritanos no entreis:

 6 Mas id ántes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.

 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.

 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios:
de gracia recibísteis, dad de gracia.

 9 No apresteis oro, ni plata, ni cobre, en vuestras bolsas;

 10 Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordon;
porque el obrero digno es de su alimento.

 11 Mas en cualquier ciudad, ó aldéa donde entrareis, investigad quién sea en
ella digno, y reposad allí hasta que salgais.

 12 Y entrando en la casa, saludadla.

 13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella: mas si no fuere
digna, vuestra paz se volverá á vosotros.

 14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de
aquella casa, ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros piés.

 15 De cierto os digo, [que el castigo] será mas tolerable á la tierra de los
de Sodoma, y de los de Gomorra en el dia del juicio, que á aquella ciudad.

 16 Hé aquí, yo os envío como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes
como serpientes, y sencillos como palomas.

 17 Y guardáos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus
sinagogas os azotarán.

 18 Y aun á príncipes y á reyes seréis llevados por causa de mí, por
testimonio á ellos y á los Gentiles.

 19 Mas cuando os entregaren, no os apureis por como ó qué hablaréis: porque
en aquella hora os será dado qué habeis de hablar.

 20 Porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu de vuestro
Padre que habla en vosotros.

 21 Y el hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo: y los
hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.

 22 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que soportare hasta
el fin, éste sera salvo.

 23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de
cierto os digo, [que] no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que
no venga el Hijo del hombre.

 24 El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo mas que su Señor.

 25 Bástale al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si
al [mismo] Padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto mas á los de su
casa?^

 26 Así que no los temais: porque nada hay encubierto, que no haya de ser
manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.

 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz: y lo que oís al oido,
predicadlo desde los terrados.

 28 Y no temais á los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed
ántes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

 29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo ni uno de ellos cae
á tierra sin vuestro Padre.

 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados.

 31 Así que no temais: más valeis vosotros que muchos pajarillos.

 32 Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo
tambien delante de mi Padre, que [está] en los cielos.

 33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo tambien
delante de mi Padre, que [está] en los cielos.

 34 No penseis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para
meter paz, sino espada.

 35 Porque he venido para hacer disension del hombre contra su padre, y de la
hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra.

 36 Y los enemigos del hombre, los de su casa.

 37 El que ama padre ó madre mas que á mí, no es digno de mí: y el que ama
hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí.

 38 Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí.

 39 El que hallare su vida, la perderá: y el que perdiere su vida por causa
de mí, la hallará.

 40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al
que me envió.

 41 El que recibe profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibirá: y
el que recibe justo en nombre de justo, merced de justo recibirá.

 42 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un vaso de [agua] fria
solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, [que] no perderá su
recompensa.



CAPITULO 11.

 1 Y FUÉ, que acabando Jesus de dar  mandamientos á sus doce discípulos, se
fué de allí á enseñar y á predicar en las ciudades de ellos.

 2 Y oyendo Juan en la prision los hechos de Cristo, le envió dos de sus
discípulos,

 3 Diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á otro?

 4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, y haced saber á Juan las cosas que oís
y veis.

 5 Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los
sordos oyen; los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciado el
Evangelio.

 6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.

 7 E idos ellos, comenzó Jesus á decir de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á
ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento?

 8 Mas ¿qué salísteis á ver? ¿un hombre cubierto de delicados vestido? Hé
aquí, los que traen [vestidos] delicados, en las casas de los reyes están.

 9 Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? tambien os digo, y más que profeta.

 10 Porque este es de quien está escrito: Hé aquí yo envio mi mensajero
delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de tí.

 11 De cierto os digo, [que] no se levantó entre los que nacen de mujeres
otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy más pequeño en el reino de
los cielos, mayor es que él.

 12 Desde los dias de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se
hace fuerza, y los valientes le arrebatan.

 13 Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron.

 14 Y si quereis recibir, él es aquel Elías que habia de venir.

 15 El que tiene oidos para oir, oiga.

 16 Mas ¿á quién compararé esta generacion? Es semejante á los muchachos que
se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,

 17 Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailásteis; os endechamos, y no
lamentásteis.

 18 Porque vino Juan, que ni comia ni bebia, y dicen: Demonio tiene.

 19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe; y dicen: Hé aquí un hombre
comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la
sabiduría es justificada por sus hijos.

 20 Entónces comenzó á reconvenir á las ciudades en las cuales habian sido
hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habian arrepentido,
[diciendo:]

 21 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidon
fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo
se hubieran arrepentido en saco y en ceniza.

 22 Por tanto os digo, [que] á Tiro y á Sidon será más tolerable [el castigo]
en el dia del juicio, que á vosotras.

 23 Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos
serás abajada: porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que
han sido hechas en tí, hubieran quedado hasta el dia de hoy.

 24 Por tanto os digo, [que] á la tierra de los de Sodoma será más tolerable
[el castigo] en el dia del juicio, que á tí.

 25 En aquel tiempo, respondiendo Jesus, dijo: Te alabo, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los
entendidos, y las hayas revelado á los niños.

 26 Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos.

 27 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo,
sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y [aquel] á quien el
Hijo [lo] quisiere revelar.

 28 Venid á mí todos los que estais trabajados, y cargados, que yo os haré
descansar.

 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí; que soy manso y humilde
de corazon; y hallaréis descanso para vuestras almas.

 30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.



CAPITULO 12.

 1 EN aquel tiempo iba Jesus por los sembrados en Sábado; y sus discípulos
tenian hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.

 2 Y viéndo[lo] los Fariséos le dijeron: Hé aquí tus discípulos hacen lo que
no es lícito hacer en Sábado.

 3 Y él les dijo: ¿No habeis leido qué hizo David, teniendo él hambre y los
que con él estaban?

 4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposicion, que
no le era lícito comer, ni á los que estaban con él, sino á solos los
sacerdotes?

 5 O ¿no habeis leido en la ley, que los Sábados en el templo los sacerdotes
profanan el Sábado, y son sin culpa?

 6 Pues os digo que [uno] mayor que el templo está aquí.

 7 Mas si supieseis que es: Misericordia quiero, y no sacrificio; no
condenariais á los inocentes:

 8 Porque Señor es del Sábado el Hijo del hombre.

 9 Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos.

 10 Y hé aquí habia [allí] uno que tenia una mano seca: y le preguntaron,
diciendo: ¿Es lícito curar en Sábado? por acusarle.

 11 Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si
cayere esta en una fosa en Sábado, no le eche mano, y [la] levante?

 12 Pues ¿cuánto mas vale un hombre que una oveja? Así que lícito es en los
Sábados hacer bien.

 13 Entonces dijo á aquel hombre: Extiende tu mano. Y él [la] extendió, y
[le] fué restituida sana como la otra.

 14 Y salidos los Fariséos, consultaron contra él para destruirle.

 15 Mas sabiéndo[lo] Jesus, se apartó de allí: y le siguieron muchas gentes,
y sanaba á todos.

 16 Y él les encargaba eficazmente que no le descubriesen:

 17 Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que
dijo:

 18 Hé aquí mi Siervo, al cual he escogido; mi Amado, en el cual se agrada mi
alma: pondré mi Espíritu sobre él, y á los Gentiles anunciará juicio.

 19 No contenderá, ni voceará: ni nadie oirá en las calles su voz.

 20 La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que
saque á victoria el juicio.

 21 Y en su nombre esperarán los Gentiles.

 22 Entónces fué traido á él un endemoniado, ciego y mudo: y le sanó, de tal
manera que el ciego y mudo hablaba y veia.

 23 Y todas las gentes estaban atónitas, y decian: ¿Es este aquel Hijo de
David?

 24 Mas los Fariséos, oyéndo[lo], decian: Este no echa fuera los demonios,
sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.

 25 Y Jesus, como sabia los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino
dividido contra sí mismo es desolado; y toda ciudad, ó casa, dividida contra
sí misma, no permanecerá.

 26 Y si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo,
pues, permanecerá su reino?

 27 Y si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos por quién
[los] echan? por tanto ellos serán vuestros jueces.

 28 Y si por Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha
llegado á vosotros el reino de Dios.

 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus
alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entónces saqueará su casa.

 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama.

 31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres;
mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada á los hombres,

 32 Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado;
mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni
en este siglo, ni en el venidero.

 33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno; ó haced el árbol corrompido, y
su fruto dañado: porque por el fruto es conocido el árbol.

 34 Generacion de víboras, ¿cómo podeis hablar bien, siendo malos? porque de
la abundancia del corazon habla la boca.

 35 El hombre bueno del buen tesoro del corazon saca buenas cosas: y el
hombre malo del mal tesoro saca malas cosas.

 36 Mas yo os digo, que toda palabra ociosa, que hablaren los hombres, de
ella darán cuenta en el dia del juicio.

 37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás
condenado.

 38 Entónces respondieron algunos de los escribas y de los Fariséos,
diciendo: Maestro deseamos ver de tí señal.

 39 Y él respondió, y les dijo: La generacion mala y adulterina demanda
señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta.

 40 Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres dias y tres
noches, así estará el Hijo del hombre en el corazon de la tierra tres dias y
tres noches.

 41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generacion, y
la condenarán: porque ellos se arrepintieron á la predicacion de Jonás; y hé
aquí mas que Jonás en este lugar.

 42 La reina del Austro se levantará en el juicio con esta generacion, y la
condenará: porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de
Salomon; y hé aquí más que Salomon en este lugar.

 43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos,
buscando reposo, y no [lo] halla.

 44 Entónces dice: Me volveré á mi casa, de donde salí: y cuando viene, [la]
halla desocupada, barrida, y adornada.

 45 Entónces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y
entrados moran allí; y son peores las cosas últimas del tal hombre que las
primeras: así tambien acontecerá á esta generacion mala.

 46 Y estando él aun hablando á las gentes, hé aquí su madre y sus hermanos
estaban fuera, que le querian hablar.

 47 Y le dijo uno: Hé aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te
quieren hablar.

 48 Y respondiendo él al que le decia [esto,] dijo: ¿Quién es mi madre, y
quiénes son mis hermanos?

 49 Y extendiendo su mano hácia sus discípulos, dijo: Hé aquí mi madre y mis
hermanos.

 50 Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que [está] en los
cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.



CAPITULO 13.

1 Y AQUEL dia, saliendo Jesus de casa, se sentó junto á la mar.

 2 Y se allegaron á el muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó,
y toda la gente estaba á la ribera.

 3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: Hé aquí el que sembraba,
salió á sembrar.

 4 Y sembrando, parte [de la simiente] cayó junto al camino; y vinieron las
aves, y la comieron.

 5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y nació luego,
porque no tenia profundidad de tierra.

 6 Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenia raiz.

 7 Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.

 8 Y parte cayo en buena tierra, y dió fruto, cual á ciento, cual á sesenta,
y cual á treinta.

 9 Quien tiene oidos para oir, oiga.

 10 Entónces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por que les hablas por
parábolas?

 11 Y él respondiendo, les dijo: Porque á vosotros es concedido saber los
misterios del reino de los cielos, mas á ellos no es concedido.

 12 Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá mas: pero al que no
tiene, aun lo que tiene le será quitado.

 13 Por eso les hablo por parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen,
ni entienden.

 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oido
oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis.

 15 Porque el corazon de este pueblo esta engrosado, y de los oidos oyen
pesadamente, y de sus ojos guiñan: para que no vean de los ojos, y oigan de
los oidos, y del corazon entiendan, y se conviertan, y yo los sane.

 16 Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oidos, porque
oyen.

 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo
que veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.

 18 Oid pues vosotros la parábola del que siembra.

 19 Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndo[la,] viene el
malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazon: este es el que fué
sembrado junto al camino.

 20 Y el que fué sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y
luego la recibe con gozo;

 21 Mas no tiene raiz en sí, ántes es temporal: que venida la afliccion ó la
persecucion por la palabra, luego se ofende.

 22 Y el que fué sembrado en espinas este es el que oye la palabra; pero el
afan de este siglo, y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y hácese
infructuosa.

 23 Mas el que fué sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la
palabra, y el que lleva el fruto; y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y
otro á treinta.

 24 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante
al hombre que siembra buena simiente en su campo.

 25 Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró zizaña entre el
trigo, y se fué.

 26 Y como la yerba salió, é hizo fruto, entónces apareció tambien la zizaña.

 27 Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no
sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde pues tiene zizaña?

 28 Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron:
¿Quieres pues que vayamos y la cojamos?

 29 Y él dijo: No: porque cogiendo la zizana, no arranqueis tambien con ella
el trigo.

 30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de
la siega yo diré á los segadores: Coged primero la zizaña, y atadla en
manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí.

 31 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante
al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo:

 32 El cual á la verdad es el más pequeño de todas las simientes; mas cuando
ha crecido, es el mayor de [todas] las hortalizas, y se hace árbol, que
vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.

 33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura
que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo
quedó leudo.

 34 Todo esto habló Jesus por parábolas á las gentes; y sin parábolas no les
hablaba:

 35 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré
en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundacion del mundo.

 36 Entónces, despedidas las gentes, Jesus se vino á casa; y llegándose á él
sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la zizaña del campo.

 37 Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo
del hombre;

 38 Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la
zizaña son los hijos del malo:

 39 Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo;
y los segadores son los ángeles.

 40 De manera que como es cogida la zizaña, y quemada al fuego, así será en
el fin de este siglo.

 41 Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los
escándalos, y los que hacen iniquidad,

 42 Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de
dientes.

 43 Entónces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre:
el que tiene oidos para oir, oiga.

 44 Ademas, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el
campo, el cual hallado, el hombre [lo] encubre, y de gozo de ello va, y vende
todo lo que tiene, y compra aquel campo.

 45 Tambien el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca
buenas perlas;

 46 Que hallando una preciosa perla fué, y vendió todo lo que tenia, y la
compró.

 47 Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la
mar, coge de todas suertes [de peces:]

 48 La cual estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo
bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.

 49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos
de entre los justos,

 50 Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de
dientes.

 51 Y Jesus les dice: ¿Habeis entendido todas estas cosas? Ellos le
responden: Sí, Señor.

 52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es
semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas
viejas.

 53 Y aconteció [que] acabando Jesus estas parábolas, pasó de allí.

 54 Y venido á su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera
que ellos estaban atónitos, y decian: ¿De dónde tiene este esta sabiduría, y
[estas] maravillas?

 55 ¿No es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María; y sus
hermanos, Jacobo, y José, y Simon, y Judas?

 56 ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde pues tiene este
todas estas cosas?

 57 Y se escandalizaban en él. Mas Jesus les dijo: No hay profeta sin honra,
sino en su tierra, y en su casa.

 58 Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la incredulidad de ellos.



CAPITULO 14.

 1 EN aquel tiempo Heródes el tetrarca oyó la fama de Jesus,

 2 Y dijo á sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los
muertos, y por eso virtudes obran en él.

 3 Porque Heródes habia prendido á Juan, y le habia aprisionado, y puesto en
la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano.

 4 porque Juan le decia: No te es lícito tenerla.

 5 Y queria matarle, mas temia al pueblo; porque le tenian como á profeta.

 6 Mas celebrándose el dia del nacimiento de Heródes, la hija de Herodías
danzó en medio y agradó á Heródes.

 7 Y prometió él con juramento de darle todo lo que pidiese.

 8 Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dáme aquí en un plato la
cabeza de Juan el Bautista.

 9 Entónces el rey se entristeció: mas por el juramento, y por los que
estaban juntamente á la mesa, mandó que se [le] diese.

 10 Y enviando degolló á Juan en la cárcel.

 11 Y fué traida su cabeza en un plato, y dada á la muchacha; y ella [la]
presentó á su madre.

 12 Entónces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y
fueron, y dieron las nuevas á Jesus.

 13 Y oyéndo[lo] Jesus, se apartó de allí en un barco á un lugar desierto
apartado: y cuando las gentes [lo] oyeron, le siguieron á pié de las
ciudades.

 14 Y saliendo Jesus, vió un gran gentío, y tuvo compasion de ellos, y sanó
los que de ellos habia enfermos.

 15 Y cuando fué la tarde del dia, se llegaron á él sus discípulos, diciendo:
El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que
se vayan por las aldéas, y compren para sí de comer.

 16 Y Jesus les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.

 17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.

 18 Y el les dijo: Traédmelos acá.

 19 Y mandando á las gentes recostarse sobre la yerba, y tomando los cinco
panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo; y partió y dió los
panes á los discípulos, y los discípulos á las gentes.

 20 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos,
doce cestas llenas.

 21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los
niños.

 22 Y luego Jesus hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de
él á la otra parte [del lago,] entre tanto que él despedia las gentes.

 23 Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, á orar: y como fué la
tarde del dia, estaba allí solo.

 24 Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque
el viento era contrario.

 25 Mas á la cuarta vela de la noche Jesus fué á ellos andando sobre la mar.

 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo:
[Alguna] fantasma es. Y dieron voces de miedo.

 27 Mas luego Jesus les habló, diciendo: Confiad: yo soy; no tengais miedo.

 28 Entónces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tu eres, manda que yo vaya
á tí sobre las aguas.

 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas
para ir á Jesus.

 30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió
voces, diciendo: Señor, sálvame.

 31 Y luego Jesus extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh [hombre] de
poca fé, ¿por qué dudaste?

 32 Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento.

 33 Entónces los que [estaban] en el barco vinieron, y le adoraron, diciendo:
Verdaderamente eres Hijo de Dios.

 34 Y llegando á la otra parte, vinieron á la tierra de Genezaret.

 35 Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda
aquella tierra alrededor, y trajeron á él todos los enfermos:

 36 Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que
tocaron, quedaron sanos.



CAPITULO 15.

 Entónces llegaron á Jesus ciertos escribas y Fariséos de Jerusalem,
diciendo:

 2 ¿Por que tus discípulos traspasan la tradicion de los ancianos? porque no
se lavan las manos cuando comen pan.

 3 Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué tambien vosotros traspasais el
mandamiento de Dios por vuestra tradicion?

 4 Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre: y, El que
maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte.

 5 Mas vosotros decís: Cualquiera que dirá al padre ó á la madre: [Es ya]
ofrenda mia [á Dios] todo aquello con que pudiera valerte,

 6 No deberá honrar á su padre ó á su madre [con socorro.] Así habeis
invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradicion.

 7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:

 8 Este pueblo de labios me honra; mas su corazon lejos está de mí.

 9 Mas en vano me honran, enseñando doctrinas [y] mandamientos de hombres.

 10 Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oid, y entended.

 11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la
boca, esto contamina al hombre.

 12 Entónces llegándose sus discípulos le dijeron: ¿Sabes que los Fariséos
oyendo esta palabra se ofendieron?

 13 Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial
será desarraigada.

 14 Dejadlos: son ciegos guias de ciegos; y si el ciego guiare al ciego,
ambos caerán en el hoyo.

 15 Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.

 16 Y Jesus dijo: ¿Aun tambien vosotros sois sin entendimiento?

 17 ¿No entendeis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es
echado en la letrina?

 18 Mas lo que sale de la boca del corazon sale, y esto contamina al hombre

 19 Porque del corazon salen los malos pensamientos, muertes, adulterios,
fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.

 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por
lavar no contamina al hombre.

 21 Y saliendo Jesus de allí, se fué á las partes de Tiro y de Sidon.

 22 Y hé aquí una mujer Chananéa, que habia salido de aquellos términos,
clamaba diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es
malamente atormentada del demonio.

 23 Mas él no le respondió palabra. Entónces llegándose sus discípulos, le
rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.

 24 Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la
casa de Israel.

 25 Entónces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.

 26 Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo
á  los perrillos.

 27 Y ella dijo: Sí, Señor: mas los perrillos comen de las migajas que caen
de la mesa de sus señores.

 28 Entónces respondiendo Jesus dijo: Oh mujer, grande [es] tu fé: sea hecho
contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.

 29 Y partido Jesus de allí, vino junto al mar de Galiléa; y subiendo al
monte, se sentó allí.

 30 Y llegaron á él muchas gentes, que tenian consigo cojos, ciegos, mudos,
mancos, y otros muchos [enfermos;] y los echaron á los piés de Jesus, y los
sanó:

 31 De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los
mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de
Israel.

 32 Y Jesus llamando á sus discípulos, dijo: Tengo lastima de la gente, que
ya [hace] tres dias [que] perseveran conmigo, y no tienen qué comer: y
enviarlos ayunos no quiero; porque no desmayen en el camino.

 33 Entónces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en
el desierto, que hartemos tan gran compañía?

34 Y Jesus les dice: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete, y unos
pocos pececillos.

 35 Y mandó á las gentes que se recostasen sobre la tierra.

 36 Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió, y dió á
sus discípulos, y los discípulos á la gente.

 37 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos,
siete espuertas llenas.

 38 Y eran los que habian comido cuatro mil hombres, sin las mujeres y los
niños.

 39 Entónces despedidas las gentes, subió en el barco, y vino á los términos
de Magdalá.



CAPITULO 16.

 1 Y LLEGÁNDOSE los Fariséos y los Saducéos, para tentar[le,] le pedian que
les mostrase señal del cielo.

 2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del dia, decís: Sereno;
porque el cielo tiene arreboles:

 3 Y á la mañana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste.
Hipócritas, que sabeis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las
señales de los tiempos no podeis?

 4 La generacion mala y adulterina demanda señal, mas señal no le será dada
sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fué.

 5 Y viniendo sus discípulos de la otra parte [del lago,] se habian olvidado
de tomar pan.

 6 Y Jesus les dijo: Mirad, y guardáos de la levadura de los Fariséos, y de
los Saducéos.

 7 Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: [Esto dice] porque no tomamos
pan.

 8 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Por qué pensais dentro de vosotros,
[hombres] de poca fe, que no tomasteis pan?

 9 ¿No entendeis aun, ni os acordais de los cinco panes [entre] cinco mil
[hombres,] y cuántos cestos alzásteis?

 10 ¿Ni de los siete panes [entre] cuatro mil, y cuántas espuertas tomásteis?

 11 ¿Cómo [es que] no entendeis que no por el pan os dije, que os guardaseis
de la levadura de los Fariséos y de los Saducéos?

 12 Entónces entendieron que no les habia dicho que se guardasen de la
levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariséos y de los Saducéos.

 13 Y viniendo Jesus á las partes de Cesaréa de Filipo, preguntó á sus
discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?

 14 Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros,
Jeremías, ó alguno de los profetas.

 15 El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

 16 Y respondiendo Simon Pedro, dijo: Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios
viviente.

 17 Entónces respondiendo Jesus, le dijo: Bienaventurado eres, Simon, hijo de
Jonás: porque no te [lo] reveló carne ni sangre; mas mi Padre que [está] en
los cielos.

 18 Mas yo tambien te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta piedra edificaré
mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

 19 Y á tí daré las llaves del reino de los cielos: y todo lo que ligares en
la tierra, será ligado en los cielos: y todo lo que desatares en la tierra,
será desatado en los cielos.

 20 Entónces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesus el
Cristo.

 21 Desde aquel tiempo comenzó Jesus á declarar á sus discípulos, que le
convenia ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes
de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero
dia.

 22 Y Pedro, tomándole aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten
compasion de tí: en ninguna manera esto te acontezca.

 23 Entónces él volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás;
me eres escándalo; porque no entiendes lo que [es] de Dios, sino lo que [es]
de los hombres.

 24 Entónces Jesus dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de
mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

 25 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera
que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.

 26 Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y
perdiere su alma? O, ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?

 27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus
ángeles, y entónces pagará á cada uno conforme á sus obras.

 28 De cierto os digo, [que] hay algunos de los que están aquí, que no
gustarán la muerte, hasta que hayan visto el Hijo del hombre viniendo en su
reino.



CAPITULO 17.

 1 DESPUES de seis dias Jesus toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano,
y los lleva aparte á un monte alto.

 2 Y se transfiguró delante de ellos: y resplandeció su rostro como el sol, y
sus vestidos fueron blancos como la luz.

 3 Y hé aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

 4 Y respondiendo Pedro, dijo á Jesus: Señor, bien es que nos quedemos aquí:
si quieres, hagamos aquí tres pabellones; para tí uno, y para Moisés otro, y
otro para Elías.

 5 Y estando aun él hablando, hé aquí una nube de luz [que] los cubrió: y hé
aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo
contentamiento; á el oid.

 6 Y oyendo [esto] los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en
gran manera.

 7 Entónces, Jesus llegando, les tocó, y dijo: Levantáos, y no temais.

 8 Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesus.

 9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesus, diciendo: No digais á
nadie la vision, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.

 10 Entónces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los
escribas, que es menester que Elías venga primero?

 11 Y respondiendo Jesus, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero; y
restituirá todas las cosas.

 12 Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; ántes hicieron en él
todo lo que quisieron: así tambien el Hijo del hombre padecerá de ellos.

 13 Los discípulos entónces entendieron, que les habló de Juan Bautista.

 14 Y como ellos llegaron al gentío vino á él un hombre hincándosele de
rodillas;

 15 Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo; que es lunático, y padece
malamente: porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.

 16 Y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar.

 17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¡Oh generacion infiel y torcida! ¿hasta
cuando tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir?
traedmele acá.

 18 Y Jesus le reprendió, y salió el demonio de él, y el mozo fué sano desde
aquella hora.

 19 Entónces llegándose los discípulos á Jesus aparte, dijeron: ¿Por qué
nosotros no le pudimos echar fuera?

 20 Y Jesus les dijo: Por vuestra incredulidad: porque de cierto os digo, que
si tuviereis fé, como un grano de mostaza, diréis á este monte: Pásate de
aquí allá: y se pasará; y nada os será imposible.

 21 Mas este linaje [de demonios] no sale sino por oracion y ayuno.

 22 Y estando ellos en Galiléa, Jesus les dijo: El Hijo del hombre será
entregado en manos de hombres:

 23 Y le matarán, mas al tercer dia resucitará. Y ellos se entristecieron en
gran manera.

 24 Y como llegaron á Capernaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos
dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?

 25 El dice: Sí. Y entrado él en casa Jesus le habló ántes, diciendo: ¿Qué te
parece, Simon? Los reyes de la tierra ¿de quién cobran los tributos, ó el
censo? ¿de sus hijos, ó de los extraños?

 26 Pedro le dice: De los extraños. Jesus le dijo: Luego los hijos son
francos.

 27 Mas porque no los escandalicemos vé á la mar, y echa el anzuelo, y el
primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca hallarás un estatero:
tómalo, y dáselo por mí, y por tí.



CAPITULO 18.

 1 EN aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesus, diciendo: ¿Quién es el
mayor en el reino de los cielos?

 2 Y llamando Jesus un niño, le puso en medio de ellos,

 3 Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños,
no entraréis en el reino de los cielos.

 4 Así que cualquiera que se humillare como este niño, este es el mayor en el
reino de los cielos.

 5 Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe.

 6 Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños, que creen en
mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y
que se le anegase en el profundo de la mar.

 7 ¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan
escándalos mas ¡ay de aquel hombre, por el cual viene el escándalo!

 8 Por tanto, si tu mano ó tu pié te fuere ocasion de caer, córtalos y
écha[los] de tí: mejor te es entrar cojo ó manco en la vida, que teniendo dos
manos ó dos piés ser echado en el fuego eterno.

 9 Y si tu ojo te fuere ocasion de caer, sácalo y écha[lo] de tí: mejor te es
entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el
infierno del fuego.

 10 Mirad no tengais en poco á alguno de estos pequeños: porque os digo, que
sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre, que está en los
cielos.

 11 Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se habia perdido.

 12 ¿Qué os parece? Si tuviese algun hombre cien ovejas, y se descarriase una
de ellas, ¿no iria por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la
que se hubiera descarriado?

 13 Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquella,
que de las noventa y nueve que no se descarriaron.

 14 Así no es la voluntad de vuestro Padre, que [está] en los cielos, que se
pierda uno de estos pequeños.

 15 Por tanto si tu hermano pecare contra tí, ve, y redargúyele entre tí y él
solo: si te oyere, has ganado á tu hermano.

 16 Mas si no [te] oyere, toma aun contigo uno ó dos para que en boca de dos
ó de tres testigos consta toda palabra.

 17 Y si no oyere á ellos, dí[lo] á la iglesia: y si no oyere á la iglesia,
ténle por un étnico, y un publicano.

 18 De cierto os digo [que] todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en
el cielo: y todo lo^ que desatareis en la tierra, sera desatado en el cielo.

 19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de
toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre, que [está] en los
cielos.

 20 Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en
medio de ellos.

 21 Entónces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á
mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?

 22 Jesus le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.

 23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que
quiso hacer cuentas con sus siervos.

 24 Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debia diez mil
talentos.

 25 Mas á este no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y á su mujer é
hijos, con todo lo que tenia, y que se [le] pagase.

 26 Entónces aquel siervo postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

 27 El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó, y le perdonó
la deuda.

 28 Y saliendo aquel siervo, halló uno de sus consiervos, que le debia cien
denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes.

 29 Entónces su consiervo, postrándose á sus piés, le rogaba, diciendo: Ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

 30 Mas él no quiso; sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la
deuda.

 31 Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho; y
viniendo declararon á su señor todo lo que habia pasado.

 32 Entónces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda
te perdoné, porque me rogaste.

 33 ¿No te convenia tambien á tí tener misericordia de tu consiervo, como
tambien yo tuve misericordia de tí?

 34 Entónces su señor enojado le entregó á los verdugos, hasta que pagase
todo lo que le debia.

 35 Así tambien hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de
vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.



CAPITULO 19.

 1 Y ACONTECIÓ que acabando Jesus estas palabras, se pasó de Galiléa, y vino
á los términos de Judéa, pasado el Jordan.

 2 Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí.

 3 Entónces se llegaron á él los Fariséos, tentándole, y diciéndole: ¿Es
lícito al hombre repudiar á su mujer por cualquiera causa?

 4 Y él respondiendo, les dijo: ¿No habeis leido que el que [los] hizo al
principio, macho y hembra los hizo,

 5 Y dijo: Por tanto el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y
serán dos en una carne?

 6 Así que no son ya mas dos sino una carne: por tanto lo que Dios juntó, no
[lo] aparte el hombre.

 7 Dícenle: ¿Por qué pues Moisés mando dar carta de divorcio, y repudiarla,

 8 Díceles: Por la dureza de vuestro corazon Moisés os permitió repudiar á
vuestras mujeres; mas al principio no fué así.

 9 Y yo os digo, que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere por
causa de fornicacion, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con
la repudiada, adultera.

 10 Dícenle sus discípulos: Si así es la condicion del hombre con [su] mujer,
no conviene casarse.

 11 Entónces él les dijo: No todos reciben esta palabra, sino [aquellos] á
quienes es dado.

 12 Porque hay eunucos, que nacieron así del vientre de su madre; y hay
eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos, que se
hicieron á sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos: el que pueda
ser capaz de eso, séalo.

 13 Entónces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos
sobre ellos, y orase: y los discípulos les riñeron.

 14 Y Jesus dijo: Dejad á los niños, y no les impidais de venir á mí: porque
de los tales es el reino de los cielos.

 15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió de allí.

 16 Y hé aquí uno llegándose le dijo: Maestro bueno, ¿que bien haré, para
tener la vida eterna?

 17 Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno [es] bueno sino uno, [es
á saber,] Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

 18 Dícele: ¿Cuáles? Y Jesus dijo: No matarás: No adulterarás: No hurtarás:
No dirás falso testimonio:

 19 Honra á tu padre y á [tu] madre: y, Amarás á tu projimo como á tí mismo.

 20 Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta?

 21 Dícele Jesus: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y
dá[lo] á los pobres; y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

 22 Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste; porque tenia muchas
posesiones.

 23 Entónces Jesus dijo á sus discípulos: De cierto os digo, que un rico
difícilmente entrará en el reino de los cielos.

 24 Mas os digo, que más liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de
una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

 25 Mas sus discípulos, oyendo [estas cosas,] se espantaron en gran manera,
diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo?

 26 Y mirándo[los] Jesus, les dijo: Para con los hombres imposible es esto;
mas para con Dios, todo es posible.

 27 Entónces respondiendo Pedro, le dijo: Hé aquí, nosotros hemos dejado
todo, y te hemos seguido: ¿qué pues tendrémos?

 28 Y Jesus les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habeis seguido,
en la regeneracion, cuando se sentará el Hijo del hombre en el trono de su
gloria, vosotros tambien os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar á las
doce tribus de Israel.

 29 Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre,
ó mujer, ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y
heredará la vida eterna.

 30 Mas muchos primeros serán postreros; y postreros, primeros.



CAPITULO 20.

 1 PORQUE el reino de los cielos es semejante á un hombre, padre de familia,
que salió por la mañana á ajustar obreros para su viña.

 2 Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al dia, los envió á
su viña.

 3 Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que estaban en la plaza
ociosos;

 4 Y les dijo: Id tambien vosotros á mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y
ellos fueron.

 5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, é hizo lo mismo.

 6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos y
díceles: ¿Por qué estais aquí todo el dia ociosos?

 7 Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id tambien vosotros á la
viña, y recibiréis lo que fuere justo.

 8 Y cuando fué la tarde del dia, el señor de la viña dijo á su mayordomo:
Llama los obreros, y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta
los primeros.

 9 Y viniendo los que [habian ido] cerca de la hora undécima, recibieron cada
uno un denario.

 10 Y viniendo tambien los primeros, pensaron que habian de recibir más; pero
tambien ellos recibieron cada uno un denario.

 11 Y tomándo[lo], murmuraban contra el padre de la familia,

 12 Diciendo: Estos postreros solo han trabajado una hora, y los has hecho
iguales á nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del dia.

 13 Y él respondiendo dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio: ¿no te
concertaste conmigo por un denario?

 14 Toma lo que es tuyo, y véte: mas quiero dar á este postrero como á tí.

 15 ¿No me es lícito á mí hacer lo que quiero con lo mio? ó ¿es malo tu ojo,
porque yo soy bueno?

 16 Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos
son llamados, mas pocos escogidos.

 17 Y subiendo Jesus á Jerusalem, tornó sus doce discípulos aparte en el
camino, y les dijo:

 18 Hé aquí subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los
príncipes de los sacerdotes, y á los escribas, y le condenarán á muerte;

 19 Y le entregarán á los Gentiles, para que [le] escarnezcan, y azoten, y
crucifiquen: mas al tercero dia resucitará.

 20 Entónces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedéo, con sus hijos,
adorándo[le], y pidiéndole algo.

 21 Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Dí que se sienten estos dos
hijos mios, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino.

 22 Entónces Jesus respondiendo, dijo: No sabeis lo que pedís: ¿podeis beber
el vaso que yo he de beber; y ser bautizados del mismo bautismo de que yo soy
bautizado? Ellos le dicen: Podemos.

 23 Y él les dice: A la verdad mi vaso bebereis; y del bautismo de que yo soy
bautizado, seréis bautizados, mas el sentaros á mi mano derecha, y á mi
izquierda, no es mio dar[lo,] sino á aquellos para quienes está aparejado de
mi Padre.

 24 Y como los diez oyeron [esto,] se enojaron de los dos hermanos.

 25 Entónces Jesus llamándolos, dijo: Sabeis que los príncipes de los
Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos
potestad.

 26 Mas entre vosotros no será así: sino el que quisiere entre vosotros
hacerse grande, será vuestro servidor;

 27 Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:

 28 Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y
para dar su vida en rescate por muchos.

 29 Entónces saliendo ellos de Jericó, le seguia gran compañía.

 30 Y hé aquí dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesus
pasaba, clamaron diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de
nosotros.

 31 Y la gente les reñia, para que callasen; mas ellos clamaban mas,
diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros.

 32 Y parándose Jesus, los llama, y dijo: ¿Qué quereis que haga por vosotros?

 33 Ellos le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.

 34 Entónces Jesus, teniendo misericordia [de ellos,] les tocó los ojos, y
luego sus ojos recibieron la vista: y le siguieron.



CAPITULO 21.

 1 Y COMO se acercaron á Jerusalem, y vinieron á Bethfage, al monte de las
Olivas, entónces Jesus envió dos discípulos,

 2 Diciéndoles: Id á la aldéa que está delante de vosotros, y luego hallaréis
una asna atada, y un pollino con ella; desatad[la,] y traédme[los.]

 3 Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester. Y luego los
dejará.

 4 Y todo esto fué hecho, para que se cumpliese lo que fué dicho por el
profeta, que dijo:

 5 Decid á la hija de Sion: Hé aquí tu Rey viene á tí manso, y sentado sobre
una asna, y [sobre] un pollino hijo de animal de yugo.

 6 Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesus les mando.

 7 Y trajeron la asna, y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se
sentó sobre ellos.

 8 Y la compañía, [que era] muy numerosa, tendia sus mantos en el camino; y
otros cortaban ramos de los árboles, y los tendian por el camino.

 9 Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo:
Hosanna al Hijo de David; bendito el que viene en el nombre del Señor:
Hosanna en las alturas.

 10 Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo: ¿Quién
es este?

 11 Y las gentes decian: Este es Jesus el profeta, de Nazaret de Galiléa.

 12 Y entró Jesus en el templo de Dios, echó fuera todos los que vendian y
compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las
sillas de los que vendian palomas;

 13 Y les dice: Escrito esta: Mi casa, casa de oracion será llamada; mas
vosotros cueva de ladrones la habeis hecho.

 14 Entónces vinieron á él ciegos y cojos en el templo, y los sanó.

 15 Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas
que hacia, y los muchachos aclamando en el templo, y diciendo: ¡Hosanna al
Hijo de David! se indignaron,

 16 Y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesus les dice: Sí ¿nunca
leisteis: De la boca de los niños, y de los que maman perfeccionaste la
alabanza?

 17 Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad á Bethania; y posó allí.

 18 Y por la mañana volviendo á la ciudad, tuvo hambre.

 19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino á ella, y no halló nada en
ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más para siempre nazca de tí
fruto. Y luego se seco la higuera.

 20 Y viendo [esto] los discípulos, maravillados decian: ¡Cómo se secó luego
la higuera!

 21 Y respondiendo Jesus, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fé, y
no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, mas si á este monte dijereis:
Quítate, y échate en la mar; será hecho.

 22 Y todo lo que pidiereis en oracion, creyendo, [lo] recibiréis.

 23 Y como vino al templo, llegaron á él, cuando estaba enseñando, los
príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, diciendo: ¿Con qué
autoridad haces esto? y ¿quién te dió esta autoridad?

 24 Y respondiendo Jesus, les dijo: Yo tambien os preguntaré una palabra, la
cual si me dijereis, tambien yo os diré con qué autoridad hago esto.

 25 El bautismo de Juan ¿de dónde era? ¿del cielo, ó de los hombres? Ellos
entónces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; nos dirá: ¿Por
qué pues no le creísteis?

 26 Y si dijéremos: De los hombres; tememos al pueblo; porque todos tienen á
Juan por profeta.

 27 Y respondiendo á Jesus dijeron: No sabemos. Y él tambien les dijo: Ni yo
os digo con que autoridad hago esto.

 28 Mas ¿qué os parece? Un hombre tenia dos hijos, y llegando al primero, le
dijo: Hijo, ve hoy á trabajar en mi viña.

 29 Y respondiendo él, dijo: No quiero, Mas despues arrepentido, fué.

 30 Y llegando al otro, [le] dijo de la misma manera: y respondiendo él,
dijo: Yo señor, [voy.] Y no fué.

 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero.
Díceles Jesus: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van
delante al reino de Dios;

 32 Porque vino á vosotros Juan en camino de justicia, y no le creisteis; y
los publicanos y las rameras le creyeron: y vosotros viendo [esto,] no os
arrepentísteis despues para creerle.

 33 Oid otra parábola: Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una
viña, y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar; y edificó una torre, y
la dió á renta á labradores, y se partió léjos.

 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos á los
labradores, para que recibiesen sus frutos.

 35 Mas los labradores, tomando los siervos, al uno hirieron, y al otro
mataron, y al otro apedrearon.

 36 Envió de nuevo otros siervos, mas que los primeros, é hicieron con ellos
de la misma manera.

 37 Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo.

 38 Mas los labradores, viendo al hijo dijeron entre sí: Este es el heredero,
venid, matémosle, y tomemos su heredad.

 39 Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron.

 40 Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores?

 41 Dícenle: A los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á
otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos.

 42 Díceles Jesus: ¿Nunca leisteis en las escrituras: La piedra que
desecharon los que edificaban, esta fué hecha por cabeza de esquina: por el
Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?

 43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será
dado á gente que haga los frutos de él.

 41 Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella
cayere, le desmenuzará.

 45 Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos sus parábolas,
entendieron que hablaba de ellos.

 46 Y buscando como echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenian por
profeta.



CAPITULO 22.

 1 Y RESPONDIENDO Jesus, les volvió á hablar en parábolas, diciendo:

 2 El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su
hijo:

 3 Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas; mas no
quisieron venir.

 4 Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: Hé aquí, mi
comida he aparejado; mis toros, y animales engordados [son] muertos, y todo
[está] prevenido: venid á las bodas.

 5 Mas ellos no se cuidaron, y se fueron; uno á su labranza, y otro á sus
negocios;

 6 Y otros, tomando sus siervos, [los] afrentaron, y [los] mataron.

 7 Y el rey, oyendo [esto,] se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó á
aquellos homicidas, y puso fuego á su ciudad.

 8 Entónces dice á sus siervos: las bodas á la verdad están aparejadas; mas
los que eran llamados no eran dignos.

 9 Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos
hallareis.

 10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron á todos los que
hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.

 11 Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí un hombre no vestido
de boda.

 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo vestido de boda? Mas él
cerró la boca.

 13 Entónces el rey dijo á los que servian: Atado de piés y de manos tomadle
y echadle en las tinieblas de afuera; ahí será el lloro, y el crujir de
dientes.

 14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

 15 Entónces idos los Fariséos, consultaron como le tomarian en [alguna]
palabra.

 16 Y envian á él los discípulos de ellos con los Herodianos, diciendo:
Maestro, sabemos que eres amador de verdad, y [que] enseñas con verdad el
camino de Dios, y [que] no te curas de nadie, por que no tienes acepcion de
persona de hombres.

 17 Dínos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo á César, ó no?

 18 Mas Jesus, entendida la malicia de ellos, [les] dice: ¿Por qué me
tentais, hipócritas?

 19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

 20 Entónces les dice: ¿Cuya [es] esta figura, y lo que está encima escrito?

 21 Dícenle: De César. Y díceles: Pagad, pues, á César lo [que es] de César,
y á Dios lo [que es] de Dios.

 22 Y oyendo [esto] se maravillaron, y dejándole se fueron.

 23 Aquel dia llegaron á él los Saducéos, que dicen no haber resurreccion, y
le preguntaron,

 24 Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano
se casará con su mujer, y despertará simiente á su hermano.

 25 Fueron pues entre nosotros siete hermanos: y el primero tomó mujer, y
murió; y no teniendo generacion, dejó su mujer á su hermano.

 26 De la misma manera tambien el segundo, y el tercero, hasta los siete.

 27 Y despues de todos murió tambien la mujer.

 28 En la resurreccion, pues, ¿de cuál de los siete sera ella mujer? porque
todos la tuvieron.

 29 Entónces, respondiendo Jesus, les dijo: Errais, ignorando las escrituras,
y la potencia de Dios.

 30 Porque en la resurreccion, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres
maridos; mas son como los ángeles de Dios en el cielo.

 31 Y de la resurreccion de los muertos, ¿no habeis leido lo que os es dicho
por Dios, que dice:

 32 Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios
no es Dios de muertos, sino de vivos.

 33 Y oyendo [esto] las gentes, estaban atónitas de su doctrina.

 34 Entónces los Fariséos, oyendo que habia cerrado la boca á los Saducéos,
se juntaron á una;

 35 Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole, y diciendo:

 36 Maestro, ¿cuál [es] el mandamiento grande en la ley?

 37 Y Jesus le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu
alma, y de toda tu mente.

 38 Este es el primero y el grande mandamiento.

 39 Y el segundo [es] semejante á este: Amarás á tu prójimo como á tí mismo.

 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas.

 41 Y estando juntos los Fariséos, Jesus les preguntó,

 42 Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿de quién es Hijo? Dícenle: De
David.

 43 El les dice: ¿Pues cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo:

 44 Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, entretanto que pongo tus
enemigos por estrado de tus piés?

 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo?

 46 Y nadie le podia responder palabra; ni osó alguno desde aquel dia
preguntarle más.



CAPITULO 23.

 1 ENTÓNCES habló Jesus á las gentes, y á sus discípulos,

 2 Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los
Fariséos;

 3 Así que todo lo que os dijeren que guardais, guardad[lo] y haced[lo;] mas
no hagais conforme á sus obras: porque dicen y no hacen.

 4 Porque atan cargas pesadas, y difíciles de llevar, y [las] ponen sobre los
hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.

 5 Antes todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres: porque
ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;

 6 Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las
sinagogas;

 7 Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres: Rabí,
Rabí.

 8 Mas vosotros, no querais ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro,
el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.

 9 Y vuestro padre no llameis [á nadie] en la tierra; porque uno es vuestro
Padre, el cual [está] en los cielos.

 10 Ni seais llamados maestros: porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.

 11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

 12 Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será
ensalzado.

 13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque cerrais el
reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entrais, ni á los
que están entrando dejais entrar

 14 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos hipócritas! porque comeis las casas
de las viudas, y por pretexto haceis larga oracion: por esto llevaréis más
grave juicio.

 15 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque rodeais la mar y
la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le haceis hijo del
infierno doble más que vosotros.

 16 ¡Ay de vosotros, guias ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el
templo, es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es.

 17 Insensatos, y ciegos; porque ¿cuál es mayor, el oro, ó el templo, que
santifica al oro?

 18 Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare
por el Presente que [está] sobre él, deudor es.

 19 Necios y ciegos: porque, ¿cuál es mayor, el Presente, ó el altar, que
santifica al Presente?

 20 Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que [está]
sobre él.

 21 Y el que jurare por el templo, jura por él, y por Aquel que habita en él.

 22 Y el que jurare por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquel que
está sentado sobre él.

 23 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque diezmais la
menta, y el eneldo, y el comino, y dejásteis lo que es lo más grave de la
ley, [es á saber,] el juicio, y la misericordia, y la fé: esto era menester
hacer, y no dejar lo otro.

 24 Guias ciegos, que colais el mosquito, mas tragais el camello.

 25 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque limpiais lo [que
está] de fuera del vaso, y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de
injusticia.

 26 Fariséo ciego, limpia primero lo [que está] dentro del vaso y del plato,
para que tambien lo [que está] fuera se haga limpio.

 27 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque sois semejantes
á sepulcros blanqueados; que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas
de dentro están llenos de huesos de muertos, y de toda suciedad.

 28 Así tambien vosotros, de fuera, á la verdad, os mostrais justos á los
hombres, mas de dentro, llenos estais de hipocresía é iniquidad.

 29 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque edificais los
sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los justos;

 30 Y decís: Si fuéramos en los dias de nuestros padres, no hubiéramos sido
sus compañeros en la sangre de los profetas:

 31 Así que testimonio dais á vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que
mataron á los profetas.

 32 Vosotros tambien henchid la medida de vuestros padres.

 33 Serpientes, generacion de víboras ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?

 34 Por tanto hé aquí, yo envio á vosotros profetas, y sabios, y escribas; y
de ellos [á unos] mataréis y crucificaréis, y [á otros] de ellos azotaréis en
vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad:

 35 Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado
sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de
Zacarías, hijo de Barachías, al cual matásteis entre el templo y el altar.

 36 De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generacion.

 37 Jerusalem, Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son
enviados á tí; ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta
sus pollos debajo de las alas, y no quisisteis.

 38 Hé aquí vuestra casa os es dejada desierta.

 39 Porque os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digais: Bendito
el que viene en el nombre del Señor.



CAPITULO 24.

 1 Y SALIDO Jesus, íbase del templo: y se llegaron sus discípulos, para
mostrarle los edificios del templo.

 2 Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto, de cierto os digo, que no
será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruida.

 3 Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él [sus]
discípulos aparte, diciendo: Dínos, cuándo serán estas cosas, y qué señal
[habrá] de tu venida, y del fin del mundo?

 4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Mirad que nadie os engañe.

 5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo y á muchos
engañaran.

 6 Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad [que] no os turbeis; porque
es menester que todo [esto] acontezca; mas aun no es el fin.

 7 Porque se levantará nacion contra nacion, y reino contra reino: y habrá
pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares.

 8 Y todas estas cosas, principio de dolores.

 9 Entónces os entregarán para ser afligidos, y os matarán: y seréis
aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

 10 Y muchos entónces serán escandalizados; y se entregarán unos á otros, y
unos á otros se aborrecerán.

 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán á muchos.

 12 Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará.

 13 Mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo.

 14 Y será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, por
testimonio á todos los Gentiles; y entónces vendrá el fin.

 15 Por tanto cuando viereis la abominacion del asolamiento, que fué dicha
por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda.)

 16 Entónces los que [están] en Judéa, huyan á los montes;

 17 Y el que sobre el terrado, no descienda á tomar algo de su casa;

 18 Y el que en el campo, no vuelva atrás á tomar sus vestidos.

 19 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crian en aquellos dias!

 20 Orad pues que vuestra huida no sea en invierno, ni en Sábado.

 21 Porque habrá entónces grande afliccion, cual no fué desde el principio
del mundo hasta ahora, ni será.

 22 Y si aquellos dias no fuesen acortados, ninguna carne seria salva: mas
por causa de los escogidos, aquellos dias serán acortados.

 23 Entónces si alguno os dijere: Hé aquí [está] el Cristo, ó allí; no
creais.

 24 Porque se levantaran falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales
grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si [es] posible, aun á los
escogidos.

 25 Hé aquí os [lo] he dicho ántes.

 26 Así que si os dijeren: Hé aquí en el desierto está; no salgais: Hé aquí
en las cámaras; no creais.

 27 Porque como el relámpago que sale del Oriente, y se muestra hasta el
Occidente, así será tambien la venida del Hijo del hombre.

 28 Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las
águilas.

 29 Y luego despues de la afliccion de aquellos dias, el sol se oscurecerá, y
la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes
de los cielos serán conmovidas.

 30 Y entónces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y
entónces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre
que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria.

 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos
de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.

 32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las
hojas brotan, sabeis que el verano [está] cerca.

 33 Así tambien vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está
cercano, á las puertas.

 34 De cierto os digo, [que] no pasará esta generacion, que todas estas cosas
no acontezcan.

 35 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

 36 Empero del dia y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino
mi Padre solo.

 37 Mas como los dias de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.

 38 Porque como en los dias ántes del diluvio estaban comiendo y bebiendo,
casándose y dando en casamiento, hasta el dia que Noé entro en el arca,

 39 Y no conocieron hasta que vino el diluvio, y llevó á todos, así será
tambien la venida del Hijo del hombre.

 40 Entónces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será
dejado:

 41 Dos mujeres moliendo á un molinillo; la una será tomada, y la otra será
dejada.

 42 Velad pues; porque no sabeis á que hora ha de venir vuestro Señor.

 43 Esto empero sabed que si el padre de la familia supiese á cual vela el
ladron habia de venir, velaria, y no dejaria minar su casa.

 44 Por tanto tambien vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre
ha de venir á la hora que no pensais.

 45 ¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor sobre su
familia, para que les dé alimento á tiempo?

 46 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su Señor viniere, le hallare
haciendo así.

 47 De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá.

 48 Y si aquel siervo malo dijere en su corazon: Mi Señor se tarda en venir;

 49 Y comenzare á herir [sus] consiervos, y aun á comer y á beber con los
borrachos;

 50 Vendrá el Señor de aquel siervo, en el dia que no espera, y á la hora que
no sabe,

 51 Y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será
el lloro, y el crujir de dientes.



CAPITULO 25.

 1 ENTÓNCES el reino de los cielos sera semejante á diez vírgenes, que
tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo.

 2 Y las cinco de ellas eran prudentes y las cinco fátuas.

 3 Las que [eran] fátuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite:

 4 Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, [juntamente] con sus
lámparas.

 5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.

 6 Y á la media noche fué oido un clamor: Hé aquí, el esposo viene, salid á
recibirle.

 7 Entónces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.

 8 Y las fátuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque
nuestras lámparas se apagan.

 9 Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte á nosotras y
á vosotras, id ántes á los que venden, y comprad para vosotras.

 10 Y mientras^ que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban
apercibidas, entraron con él á las bodas, y se cerró la puerta.

 11 Y despues vinieron tambien las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor,
ábrenos.

 12 Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, [que] no os conozco.

 13 Velad pues, porque no sabeis el dia ni la hora, en que el Hijo del hombre
ha de venir.

 14 Porque el reino de los cielos [es] como un hombre que partiéndose léjos
llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes.

 15 Y á este dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno; á cada uno
conforme á su facultad, y luego se partió lejos.

 16 Y el que habia recibido cinco talentos se fué, y granjeo con ellos, é
hizo otros cinco talentos.

 17 Asimismo el que [habia recibido] dos ganó tambien él otros dos.

 18 Mas el que habia recibido uno, fué, y cavó en la tierra, y escondió el
dinero de su señor.

 19 Y despues de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, é hizo
cuentas con ellos.

 20 Y llegando el que habla recibido cinco talentos, trajo otros cinco
talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; hé aquí otros cinco
talentos he ganado sobre ellos.

 21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel,
sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

 22 Y llegando tambien el que habia recibido dos talentos, dijo: Señor, dos
talentos me entregaste; hé aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.

 23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel,
sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

 24 Y llegando tambien el que habia recibido un talento, dijo: Señor, yo te
conocia que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde
no esparciste:

 25 Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: hé aquí tienes lo
que [es] tuyo.

 26 Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabias que
siego donde no sembré, y [que] recojo donde no esparcí:

 27 Por tanto te convenia dar mi dinero á los banqueros; y viniendo yo,
hubiera recibido lo que [es] mio con usura.

 28 Quitadle pues el talento, y dad[lo] al que tiene diez talentos.

 29 Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más: y al que no
tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el
lloro, y el crujir de dientes.

 31 Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos
ángeles con él, entónces se sentará sobre el trono de su gloria.

 32 Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos
de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos:

 33 Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.

 34 Entónces el Rey dirá á los que [estarán] á su derecha: Venid, benditos de
mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundacion del
mundo.

 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de
beber; fuí huésped, y me recogisteis;

 36 Desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis: estuve en la cárcel,
y vinisteis á mí.

 37 Entónces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento, y [te] sustentamos? ¿ó sediento, y [te] dimos de beber?

 38 ¿Y cuándo te vimos huésped, y [te] recogimos? ¿ó desnudo, y [te]
cubrimos?

 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á tí?

 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo, [que] en cuanto [lo]
hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí [lo] hicisteis.

 41 Entónces dirá tambien á los que [estarán] á la izquierda: Apartáos de mí
malditos, al fuego eterno preparado para el diablo, y para sus ángeles.

 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis
de beber;

 43 Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubrísteis; enfermo, y
en la cárcel, y no me visitásteis.

 44 Entónces ellos tambien le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no
te servimos?

 45 Entónces les responderá, diciendo: De cierto os digo, [que] en cuanto no
[lo] hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí [lo] hicisteis.

 46 E irán estos al tormento eterno; y los justos á la vida eterna.



CAPITULO 26.

 1 Y ACONTECIÓ que como hubo acabado Jesus todas estas palabras, dijo á sus
discípulos:

 2 Sabeis que dentro de dos dias se hace la Pascua, y el Hijo del hombre es
entregado para ser crucificado.

 3 Entónces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos
del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás.

 4 Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesus, y matar[le.]

 5 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto en el
pueblo.

 6 Y estando Jesus en Bethania, en casa de Simon el leproso,

 7 Vino á él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran
precio, y lo derramó sobre la cabeza de él estando sentado á la mesa:

 8 Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por que se pierde
esto?

 9 Porque esto se podia vender por gran precio, y darse á los pobres.

 10 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Por qué dais pena á esta mujer, pues
ha hecho conmigo buena obra.

 11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros; mas á mí no siempre me
tendréis.

 12 Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme [lo] ha
hecho.

 13 De cierto os digo, [que] donde quiera que este Evangelio fuere predicado
en todo el mundo, tambien será dicho para memoria de ella lo que esta ha
hecho.

 14 Entónces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fué á los
príncipes de los sacerdotes,

 15 Y les dijo: ¿Que me quereis dar, y yo os le entregaré? Y ellos le
señalaron treinta [piezas] de plata.

 16 Y desde entónces buscaba oportunidad para entregarle.

 17 Y el primer dia [de la fiesta] de los [panes] sin levadura, vinieron los
discípulos á Jesus, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para tí para
comer la Pascua?

 18 Y el dijo: Id á la ciudad á cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi
tiempo esta cerca; en tu casa haré la Pascua con mis discípulos.

 19 Y los discípulos hicieron como Jesus les mandó, y aderezaron la Pascua.

 20 Y como fué la tarde del dia, se sentó á la mesa con los doce.

 21 Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo que uno de vosotros me ha de
entregar.

 22 Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á
decirle: ¿Soy yo, Señor?

 23 Entónces el respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato,
ese me ha de entregar.

 24 A la verdad el Hijo del hombre va como está escrito de él; mas ¡ay de
aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal
hombre no haber nacido.

 25 Entónces respondiendo Júdas, que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro?
Dícele: Tú [lo] has dicho.

 26 Y comiendo ellos, tomó Jesus el pan, y bendijo, y [lo] partió, y dió á
sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

 27 Y tomando el vaso, y hechas gracias se les dió, diciendo: Bebed de él
todos;

 28 Porque esto es mi sangre del Nuevo Pacto, la cual es derramada por muchos
para remision de los pecados.

 29 Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta
aquel dia, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi
Padre.

 30 Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.

 31 Entónces Jesus les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta
noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán
dispersas.

 32 Mas despues que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galiléa.

 33 Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en tí, yo
nunca seré escandalizado.

 34 Jesus le dice: De cierto te digo que esta noche, ántes que el gallo
cante, me negarás tres veces.

 35 Dícele Pedro: Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos
los discípulos dijeron lo mismo.

 36 Entónces llegó Jesus con ellos á la aldéa, que se llama Getsemaní, y dice
á sus discípulos: Sentáos aquí, hasta que vaya allí, y ore.

 37 Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedéo, comenzó á entristecerse,
y á angustiarse en gran manera.

 38 Entónces Jesus les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedáos
aquí, y velad conmigo.

 39 Y yéndose un poco más adelante se postró sobre su rostro, orando y
diciendo: Padre mio, si es posible pase de mí este vaso; empero no como yo
quiero, sino como tú.

 40 Y vino á sus discípulos y los halló durmiendo; y dijo á Pedro: ¿Así, no
habeis podido velar conmigo una hora?

 41 Velad, y orad, para que no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad
[está] presto, mas la carne enferma.

 42 Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo: Padre mio, si no puede este
vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

 43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo: porque los ojos de ellos estaban
agravados.

 44 Y dejándolos, fuese de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas
palabras.

 45 Entónces vino á sus discípulos, y díceles: Dormid ya, y descansad; hé
aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de
pecadores.

 46 Levantáos, vamos: hé aquí ha llegado el que me ha entregado.

 47 Y hablando aun él, hé aquí Júdas, uno de los doce, vino, y con él mucha
gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y
de los ancianos del pueblo.

 48 Y el que le entregaba les habia dado señal, diciendo: Al que yo besare,
aquel es; prendedle.

 49 Y luego que llegó á Jesus, dijo: Salve, Maestro. Y le besó,

 50 Y Jesus le dijo: Amigo, ¿á que vienes? Entónces llegaron, y echaron mano
á Jesus, y le prendieron.

 51 Y hé aquí uno de los que [estaban] con Jesus, extendiendo la mano, sacó
su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja.

 52 Entónces Jesus le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que
tomaren espada, á espada perecerán.

 53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daria mas de
doce legiones de ángeles,

 54 ¿Cómo pues se cumplirian las escrituras, [de] que así conviene que sea
hecho?

 55 En aquella hora dijo Jesus á las gentes: Como á ladron habeis salido con
espadas y con palos á prenderme: cada dia me sentaba con vosotros enseñando
en el templo, y no me prendisteis.

 56 Mas todo esto se hace, para que se cumplan las escrituras de los
profetas. Entónces todos los discípulos huyeron dejándole.

 57 Y ellos, prendido Jesus, le llevaron á Caifás pontífice, donde los
escribas y los ancianos estaban juntos.

 58 Mas Pedro le seguia de léjos hasta el patio del pontífice; y entrado
dentro, estábase sentado con los criados para ver el fin.

 59 Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo,
buscaban [algun] falso testimonio contra Jesus para entregarle á la muerte:

 60 Y no [lo] hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban: mas á la
postre vinieron dos testigos falsos,

 61 Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres dias
reedificarlo.

 62 Y levantándose el pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? ¿qué testifican
estos contra tí?

 63 Mas Jesus callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el
Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios.

 64 Jesus le dice: Tú [lo] has dicho: y aun os digo, que desde ahora habeis
de ver al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y que
viene en las nubes del cielo.

 65 Entónces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿Qué
más necesidad tenemos de testigos? Hé aquí ahora habeis oido su blasfemia.

 66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos dijeron: Culpado es de muerte.

 67 Entónces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le
herian con mojicones,

 68 Diciendo: Profetízanos tú, Cristo quién es el que te ha herido.

 69 Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó á él una criada,
diciendo: Y tú con Jesus el Galileo estabas.

 70 Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.

 71 Y saliendo él á la puerta le vió otra, y dijo á los que [estaban] allí:
Tambien este estaba con Jesus Nazareno.

 72 Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.

 73 Y un poco despues llegaron los que estaban [por allí,] y dijeron á Pedro:
Verdaderamente tambien tú eres de ellos; porque aun tu habla te hace
manifiesto.

 74 Entónces comenzó á hacer imprecaciones, y á jurar, [diciendo:] No conozco
al hombre. Y el gallo cantó luego.

 75 Y se acordó Pedro de las palabras de Jesus, que le dijo: Antes que cante
el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente.



CAPITULO 27.

 1 Y VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los
sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesus, para entregarle á
muerte.

 2 Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente.

 3 Entónces Júdas, el que le habia entregado, viendo que era condenado,
volvió arrepentido las treinta [piezas] de plata á los príncipes de los
sacerdotes, y á los ancianos,

 4 Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron:
¿Qué [se nos da] á nosotros? viéras[lo] tú.

 5 Y arrojando [las piezas] de plata en el templo, partióse; y fué, y se
ahorcó.

 6 Y los príncipes de los sacerdotes tomando [las piezas] de plata, dijeron.
No es lícito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre.

 7 Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por
sepultura para los extranjeros:

 8 Por lo cual fué llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el dia de hoy.

 9 Entónces se cumplió lo que fué dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y
tomaron las treinta [piezas] de plata precio del apreciado, que fué apreciado
por los hijos de Israel;

 10 Y las dieron para [comprar] el campo del alfarero, como me ordenó el
Señor.

 11 Y Jesus estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó,
diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?  Y Jesus le dijo: Tu [lo] dices.

 12 Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos,
nada respondió.

 13 Pilato entónces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra tí?

 14 Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se
maravillaba mucho.

 15 Y en el dia de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un
preso, cual quisiesen.

 16 Y tenian entónces un preso famoso, que se llamaba Barrabás.

 17 Y juntos ellos, les dijo Pilato: ¿Cuál quereis que os suelte? ¿á
Barrabás, ó á Jesus, que se dice el Cristo?

 18 Porque sabia que por envidia le habian entregado.

 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió á él, diciendo: No
tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños
por causa de él.

 20 Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, persuadieron al
pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesus matase.

 21 Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos quereis que os
suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.

 22 Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesus que se dice el Cristo? Dícenle
todos: Sea crucificado.

 23 Y el presidente [les] dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban
más diciendo: Sea crucificado.

 24 Y viendo Pilato que nada adelantaba, ántes se hacia más alboroto, tomando
agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la
sangre de este justo: veréis[lo] vosotros.

 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre [sea] sobre nosotros, y
sobre nuestros hijos.

 26 Entónces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesus, le entregó
para ser crucificado.

 27 Entónces los soldados del presidente llevaron á Jesus al pretorio, y
juntaron á él toda la cuadrilla;

 28 Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana:

 29 Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su
mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo:
Salve, Rey de los Judíos.

 30 Y escupiendo en él tomaron la caña, y le herian en la cabeza.

 31 Y despues que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le
vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificar[le.]

 32 Y saliendo hallaron á un Cirenéo, que se llamaba Simon: á este cargaron
para que llevase su cruz.

 33 Y como llegaron al lugar que se llama Gólgotha, que es dicho, El lugar de
la Calavera,

 34 Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel; y gustando no quiso
beber[lo.]

 35 Y despues que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando
suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se
repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.

 36 Y sentados, le guardaban allí.

 37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS
JUDÍOS.

 38 Entónces crucificaron con él dos ladrones; uno á la derecha, y otro á la
izquierda.

 39 Y los que pasaban, le decian injurias, meneando sus cabezas,

 40 Y diciendo: Tú el que derribas el templo [de Dios,] y en tres dias [lo]
reedificas, sálvate á tí mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

 41 De esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, con
los escribas, y los Fariséos, y los ancianos, decian:

 42 A otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel,
descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

 43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de
Dios.

 44 Lo mismo tambien le zaherian los ladrones que estaban crucificados con
él.

 45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la
hora de nona.

 46 Y cerca de la hora de nona, Jesus exclamó con grande voz, diciendo: Eli,
Eli, ¿lama sabachthani? Esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has
desamparado?

 47 Y algunos de los que estaban allí, oyéndo[lo,] decian: A Elías llama
este.

 48 Y luego, corriendo uno de ellos, tomo una esponja, y [la] hinchió de
vinagre, y poniéndo[la] en una caña, dábale de beber.

 49 Y los otros decian: Deja, veamos si viene Elías á librarle.

 50 Mas Jesus habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu.

 51 Y hé aquí el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo; y la
tierra tembló, y las piedras se hendieron;

 52 Y abriéronse los sepulcros: y muchos cuerpos de santos, que habian
dormido, se levantaron,

 53 Y salidos de los sepulcros despues de su resurreccion, vinieron á la
santa ciudad, y aparecieron á muchos.

 54 Y el centurion y los que estaban con él guardando á Jesus, visto el
terremoto, y las cosas que habian sido hechas, temieron en gran manera,
diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era este.

 55 Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habian seguido
de Galiléa á Jesus, sirviéndole;

 56 Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de
José, y la madre de los hijos de Zebedéo.

 57 Y como fué la tarde del dia, vino un hombre rico de Arimatéa, llamado
José, el cual tambien habia sido discípulo de Jesus.

 58 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus: entónces Pilato mando
que se [le] diese el cuerpo.

 59 Y tomando José el cuerpo, le envolvió en una sábana limpia,

 60 Y lo puso en su sepulcro nuevo, que habia labrado en la peña: y revuelta
una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué.

 61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del
sepulcro.

 62 Y el siguiente dia, que es despues de la preparacion, se juntaron los
príncipes de los sacerdotes y los Fariséos á Pilato,

 63 Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aun:
Despues de tres dias resucitaré.

 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el dia tercero; porque no
vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de
los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.

 65 Y Pilato les dijo: Teneis una guardia; id, asegurad[le] como sabeis.

 66 Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la
guardia.



CAPITULO 28.

 1 Y LA víspera de Sábado, que amanece para el primer dia de la semana, vino
María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro.

 2 Y hé aquí, fué hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor
descendiendo del cielo y llegando, habia revuelto la piedra [del sepulcro,] y
estaba sentado sobre ella.

 3 Y su aspecto era como un relámpago. y su vestido blanco como la nieve.

 4 Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos.

 5 Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres: No temais vosotras; porque yo
sé que buscais á Jesus, que fué crucificado.

 6 No está aquí, porque ha resucitado como dijo: venid, ved el lugar donde
fué puesto el Señor.

 7 E id presto, decid á sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y hé
aquí va delante de vosotros á Galiléa; allí le veréis; hé aquí os [lo] he
dicho.

 8 Entónces ellas saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron
corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y mientras iban á dar las nuevas
á sus discípulos,

 9 Hé aquí Jesus les sale al encuentro diciendo: Salve. Y ellas se llegaron,
y abrazaron sus piés, y le adoraron.

 10 Entónces Jesus les dice: No temais; id, dad las nuevas á mis hermanos,
para que vayan á Galiléa, y allá me verán.

 11 Y yendo ellas, hé aquí unos de la guardia vinieron á la ciudad, y dieron
aviso á los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habian
acontecido.

 12 Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero á los
soldados,

 13 Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron,
durmiendo nosotros.

 14 Y si esto fuere oido del presidente nosotros le persuadirémos, y os
harémos seguros.

 15 Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estaban instruidos: y este dicho
fué divulgado entre los Judíos hasta el dia de hoy.

 16 Mas los once discípulos se fueron á Galiléa, al monte donde Jesus les
habia ordenado.

 17 Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.

 18 Y llegando Jesus, les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el
cielo y en la tierra.

 19 Por tanto id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándoles en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:

 20 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y hé aquí yo
estoy con vosotros todos los dias hasta el fin del mundo. Amen.



EL SANTO EVANGELIO

DE

NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO

SEGUN

SAN MARCOS.



CAPITULO 1.

 1 PRINCIPIO del Evangelio de JesuCristo, Hijo de Dios.

 2 Como está escrito en Isaías el profeta: Hé aquí yo envio á mi mensajero
delante de tu faz, que apareje tu camino delante de tí.

 3 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad
sus veredas.

 4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento
para remision de pecados.

 5 Y salia á él toda la provincia de Judéa, y los de Jerusalem; y eran todos
bautizados por él en el rio del Jordan, confesando sus pecados.

 6 Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero
alrededor de sus lomos; y comia langostas y miel silvestre.

 7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al
cual no soy digno de desatar encorvado la corréa de sus zapatos.

 8 Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu
Santo.

 9 Y aconteció en aquellos dias, [que] Jesus vino de Nazaret de Galiléa, y
fué bautizado por Juan en el Jordan.

 10 Y luego, subiendo del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu, como
paloma, que descendia sobre él.

 11 Y hubo [una] voz de los cielos, [que decía]: Tú eres mi Hijo amado; en tí
tomo contentamiento.

 12 Y luego el Espíritu le impele al desierto.

 13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta dias; y era tentado de Satanás; y
estaba con las fieras; y los ángeles le servian.

 14 Mas despues que Juan fué encarcelado, Jesus vino á Galiléa predicando el
Evangelio del reino de Dios,

 15 Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca:
arrepentíos, y creed al Evangelio.

 16 Y pasando junto á la mar de Galiléa, vió á Simon, y á Andres su hermano,
que echaban la red en la mar; porque eran pescadores.

 17 Y les dijo Jesus: Venid en pos de mí, y haré que seais pescadores de
hombres.

 18 Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.

 19 Y pasando de allí un poco más adelante, vió á Jacobo, [hijo] de Zebedéo,
y á Juan su hermano, tambien ellos en el navío, que aderezaban las redes.

 20 Y luego los llamó: y dejando á su padre Zebedéo en el barco con los
jornaleros, fueron en pos de él.

 21 Y entraron en Capernaum; y luego los Sábados entrando en la sinagoga,
enseñaba.

 22 Y se admiraban de su doctrina: porque los enseñaba como quien tiene
potestad, y no como los escribas.

 23 Y habia en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual
dió voces,

 24 Diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesus Nazareno? ¿Has venido á
destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.

 25 Y Jesus le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él.

 26 Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando á gran voz, salió
de él.

 27 Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirian entre sí, diciendo:
¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta que con potestad aun á los
espíritus inmundos manda, y le obedecen?

 28 Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galiléa.

 29 Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron á casa de Simon y de Andrés,
con Jacobo y Juan.

 30 Y la suegra de Simon estaba acostada con calentura; y le hablaron luego
de ella.

 31 Entonces llegando [él], la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó
la calentura, y les servia.

 32 Y cuando fué la tarde, luego que el sol se puso, traian á él todos los
que tenian mal, y endemoniados.

 33 Y toda la ciudad se juntó á la puerta.

 34 Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó
fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocian.

 35 Y levantándose muy de mañana aun muy de noche, salió y se fué á un lugar
desierto, y allí oraba.

 36 Y le siguió Simon y los que estaban con él;

 37 Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.

 38 Y les dice: Vamos á los lugares vecinos, para que predique tambien allí;
porque para esto he venido.

 39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galiléa, y echaba fuera los
demonios.

 40 Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla le dice: Si
quieres, puedes limpiarme.

 41 Y Jesus teniendo misericordia de él, extendió su mano y le tocó, y le
dice: Quiero; se limpio.

 42 Y así que hubo él hablado, la lepra se fué luego de aquel, y fué limpio.

 43 Entonces le apercibió, y despidióle luego,

 44 Y le dice: Mira no digas á nadie nada; sino vé, muéstrate al sacerdote y
ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio á ellos.

 45 Mas él salido, comenzó á publicar[lo] mucho, y á divulgar el hecho, de
manera que ya Jesus no podia entrar manifiestamente en la ciudad, sino que
estaba fuera en los lugares desiertos; y venian á él de todas partes.



CAPITULO 2.

 1 Y ENTRÓ otra vez en Capernaum despues de [algunos] dias; y se oyó que
estaba en casa.

 2 Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabian ni aun á la puerta; y
les predicaba la palabra.

 3 Entónces vinieron á él [unos] trayendo un paralítico, que era traido por
cuatro.

 4 Y como no podian llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo
[de] donde estaba, y hacienda abertura, bajaron el lecho en que yacia el
paralítico.

 5 Y viendo Jesus la fé de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te
son perdonados.

 6 Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en
sus corazones,

 7 Decian: ¿Por qué habla este así? blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar
pecados, sino solo Dios?

 8 Y conociendo luego Jesus en su espíritu que pensaban así dentro de si
mismos, les dijo: ¿Por qué pensais estas cosas en vuestros corazones?

 9 ¿Qué es más fácil: Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; ó
decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?

 10 Pues para que sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra
de perdonar los pecados: (dice al paralítico)

 11 á tí digo: Levántate, y toma tu lecho, y véte á tu casa.

 12 Entonces [él] se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de
todos; de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo:
Nunca tal hemos visto.

 13 Y volvió á salir á la mar, y toda la gente venia á él, y los enseñaba.

 14 Y pasando vió á Leví, [hijo] de Alféo, sentado al banco de los públicos
tributes, y le dice: Sígueme. Y levantándose, le siguió.

 15 Y aconteció que estando Jesus á la mesa, en casa de él, muchos publicanos
y pecadores estaban tambien á la mesa juntamente con Jesus y con sus
discípulos: porque habia muchos, y le habian seguido.

 16 Y los escribas y los Fariséos, viéndole comer con los publicanos, y con
los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto que él come y bebe con
los publicanos y con los pecadores?

 17 Y oyéndo[lo] Jesus les dice: los sanos no tienen necesidad de médico, mas
los que tienen mal. No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores.

 18 Y los discípulos de Juan, y de los Fariséos ayunaban; y vienen, y le
dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan, y [los] de los Fariséos ayunan, y tus
discípulos no ayunan?

 19 Y Jesus les dice: ¿Pueden ayunar los que están de bodas, cuando el Esposo
está con ellos? Entre tanto que tienen consigo al Esposo no pueden ayunar.

 20 Mas vendrán dias, cuando el Esposo les será quitado, y entónces en
aquellos dias ayunarán.

 21 Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el
mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.

 22 Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo
rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden: mas el vino
nuevo en odres nuevos se ha de echar.

 23 Y aconteció que pasando él por los sembrados en Sábado, sus discípulos
andando, comenzaron á arrancar espigas.

 24 Entónces los Fariséos le dijeron: Hé aquí, ¿por qué hacen [tus
discípulos] en Sábado lo que no es lícito?

 25 Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y
tuvo hambre, él y los que con él [estaban]?

 26 ¿Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió
los panes de la proposicion, de los cuales no es lícito comer sino á los
sacerdotes, y aun dió á los que con él estaban?

 27 Tambien les dijo: El Sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre
por causa del Sábado.

 28 Así que el Hijo del hombre es Señor aun del Sábado.



CAPITULO 3.

 1 Y OTRA vez entró en la sinagoga; y habia allí un hombre que tenia una mano
seca:

 2 Y le acechaban si en Sábado lo sanaria, para acusarle.

 3 Entonces dijo al hombre que tenia la mano seca: Levántate en medio.

 4 Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en Sábados, ó hacer mal? ¿Salvar la
vida, ó quitarla? Mas ellos callaban.

 5 Y mirándolos alrededor con enojo condoleciéndose de la ceguedad de su
corazon, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué
restituida sana.

 6 Entónces saliendo los Fariséos tomaron consejo con los Herodianos contra
él, para matarle.

 7 Mas Jesus se apartó á la mar con sus discípulos: y le siguió gran multitud
de Galiléa, y de Judéa,

 8 Y de Jerusalem, y de Iduméa, y de la otra parte del Jordan: y los que
[moraban] alrededor de Tiro y de Sidon, grande multitud, oyendo cuan grandes
cosas hacia, vinieron á él.

 9 Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla,
por causa del gentío, para que no le oprimiesen.

 10 Porque habia sanado á muchos; de manera que caian sobre él cuantos tenian
plagas por tocarle.

 11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban
voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.

 12 Mas él les reñia mucho que no le manifestasen.

 13 Y subió al monte, y llamó á sí á los que él quiso; y vinieron á él.

 14 Y estableció doce para que estuviesen con él, y para enviarlos á
predicar.

 15 Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:

 16 á Simon, al cual puso por nombre Pedro;

 17 Y á Jacobo [hijo] de Zebedéo, y á Juan hermano de Jacobo; y les apellidó
Boanerges, que es, Hijos del trueno:

 18 Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Mateo, y á Tomás, y á Jacobo
[hijo] de Alféo, y á Tadéo, y á Simon el Cananéo,

 19 Y á Judas Iscariote, el que le entregó: y vinieron á casa.

 20 Y agolpóse de nuevo la gente; de modo que ellos ni aun podian comer pan.

 21 Y como [lo] oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decian:
Está fuera de sí.

 22 Y los escribas que habian venido de Jerusalem, decian que tenia á
Beelzebub: y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

 23 Y habiéndoles llamado, les decia en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar
fuera á Satanás?

 24 Y si [algun] reino contra sí mismo fuera dividido, no puede permanecer el
tal reino.

 25 Y si [alguna] casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la
tal casa.

 26 Y si Satanás se levantare contra si mismo, y fuere dividido, no puede
permanecer; ántes tiene fin.

 27 Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si
ántes no atare al valiente, y entónces saqueará su casa.

 28 De cierto os digo [que] todos los pecados serán perdonados á los hijos de
los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren;

 29 Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás
perdon, mas está expuesto á eterno juicio.

 30 Porque decian: Tiene espíritu inmundo.

 31 Vienen despues sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron á él
llamándole.

 32 Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: Hé aquí, tu
madre y tus hermanos te buscan fuera.

 33 Y él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

 34 Y mirando á los que estaban sentados alrededor de él, dijo: Hé aquí mi
madre y mis hermanos.

 35 Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, este es mi hermano, y
mi hermana, y mi madre.



CAPITULO 4.

 1 Y OTRA vez comenzó á enseñar junto á la mar, y se juntó á él mucha gente;
tanto que entrándose él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente
estaba en tierra junto á la mar.

 2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decia en su doctrina:

 3 Oid: Hé aquí, el sembrador salió á sembrar.

 4 Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las
aves del cielo, y la tragaron.

 5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y luego
salió, porque no tenia la tierra profunda.

 6 Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenia raiz, se secó.

 7 Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no
dió fruto.

 8 Y otra parte cayó en buena tierra, y dió fruto, que subió y creció: y
llevó uno á treinta, y otro á sesenta, y otro á ciento.

 9 Entónces les dijo: El que tiene oidos para oir, oiga.

 10 Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los
doce [sobre] la parábola.

 11 Y les dijo: á vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas á
los que están fuera, por parábolas todas las cosas:

 12 Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan:
porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

 13 Y les dijo: ¿No sabeis esta parábola? ¿Cómo pues entenderéis todas las
parábolas?

 14 El que siembra [es el que] siembra la palabra.

 15 Y estos son los de junto al camino; en los que la palabra es sembrada,
mas despues que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué
sembrada en sus corazones.

 16 Y asimismo estos son los que son sembrados en pedregales; los que cuando
han oido la palabra, luego la toman con gozo:

 17 Mas no tienen raiz en sí, ántes son temporales que en levantandose la
tribulacion, ó la persecucion por causa de la palabra, luego se escandalizan.

 18 Y estos son los que son sembrados entre espinas; los que oyen la palabra,

 19 Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las
codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace
infructuosa.

 20 Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra; los que oyen la
palabra, y [la] reciben, y hacen fruto, uno á treinta, otro á sesenta, y otro
á ciento.

 21 Tambien les dijo: ¿Tráese la antorcha para ser puesta debajo del almud, ó
debajo de la cama? ¿No [es] para ser puesta en el candelero?

 22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni secreto que
no haya de descubrirse.

 23 Si alguno tiene oidos para oir, oiga.

 24 Les dijo tambien: Mirad lo que oís: Con la medida que medis, os medirán
otros; y será añadido á vosotros los que oís.

 25 Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le
será quitado.

 26 Decia más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la
tierra;

 27 Y duerme, y se levanta de noche y de dia: y la simiente brota y crece
como él no sabe.

 28 Porque de suyo fructifica la tierra, primero yerba, luego espiga; despues
grano lleno en la espiga.

 29 Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega
es llegada.

 30 Y decia: ¿A qué harémos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola
le compararémos?

 31 [Es] como el grano de la mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es el
más pequeño de todas las simientes que hay en la tierra;

 32 Mas despues de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres;
y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo
de su sombra.

 33 Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que
podian oir.

 34 Y sin parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular
declaraba todo.

 35 Y les dijo aquel dia cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte.

 36 Y despachando la multitud, le tomaron, como estaba en el barco, y habia
tambien con él otros barquitos.

 37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las alas en el
barco, de tal manera que ya se henchia.

 38 Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le
dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?

 39 Y levantándose increpó al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y
cesó el viento, y fué hecha grande bonanza.

 40 Y á ellos dijo: ¿Por qué estais así amedrentados? ¿Cómo no teneis fé?

 41 Y temieron con gran temor, y decian el uno al otro: ¿Quién es este, que
aun el viento y la mar le obedecen?



CAPITULO 5.

 1 Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos.

 2 Y salido él del barco, luego le salió al encuentro de los sepulcros un
hombre con un espíritu inmundo,

 3 Que tenia domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podia
alguien atar.

 4 Porque muchas veces habia sido atado con grillos y cadenas; mas las
cadenas habian sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados: y
nadie le podia domar.

 5 Y siempre de dia y de noche andaba dando voces en los montes y en los
sepulcros, é hiriéndose con las piedras.

 6 Y como vió á Jesus de léjos, corrió, y le adoró.

 7 Y clamando á gran voz dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesus, Hijo del Dios
Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.

 8 Porque le decia: Sal de este hombre, espíritu inmundo.

 9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo; Legion me llamo;
porque somos muchos.

 10 Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.

 11 Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo:

 12 Y le rogaron todos [aquellos] demonios, diciendo: Envíanos á los puercos
para que entremos en ellos.

 13 Y luego Jesus se lo permitió: y saliendo aquellos espíritus inmundos,
entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los
cuales eran como dos mil, y en la mar se ahogaron.

 14 Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y
en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que habia acontecido.

 15 Y vienen á Jesus, y ven al que habia sido atormentado del demonio, y que
habia tenido la legion, sentado y vestido, y en su juicio cabal, y tuvieron
miedo.

 16 Y les contaron los que [lo] habian visto, como habia acontecido al que
habia tenido el demonio, y [lo] de los puercos.

 17 Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos.

 18 Y entrando él en el barco, le rogaba el que habia sido fatigado del
demonio, para estar con él.

 19 Mas Jesus no lo permitió, sino le dijo: Véte á tu casa á los tuyos, y
cuéntales cuan grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y [cómo] ha tenido
misericordia de tí.

 20 Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesus
habia hecho con él: y todos se maravillaban.

 21 Y pasando otra vez Jesus en un barco á la otra parte, se juntó á él gran
compañía; y estaba junto á la mar.

 22 Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le
vió, se postró á sus piés,

 23 Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrá las
manos sobre ella, para que sea salva, y vivirá.

 24 Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.

 25 Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacia,

 26 Y habia sufrido mucho de muchos médicos, y habia gastado todo lo que
tenia, y nada habia aprovechado, ántes le iba peor,

 27 Como oyó [hablar] de Jesus, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su
vestido.

 28 Porque decia: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.

 29 Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba
sana de aquel azote.

 30 Y luego Jesus conociendo en si mismo la virtud que habia salido de él,
volviendose á la compañía dijo: ¿Quién ha tocado á mis vestidos?

 31 Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices:
¿Quién me ha tocado?

 32 Y él miraba alrededor para ver á la que habia hecho esto.

 33 Entónces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí habia sido
hecho, vino, y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

 34 Y él le dijo: Hija, tu fé te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de
tu azote.

 35 Hablando aun él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo:
Tu hija es muerta: ¿para qué fatigas más al Maestro?

 36 Mas luego Jesus oyendo esta razon que se decia, dijo al príncipe de la
sinagoga: No temas, cree solamente.

 37 Y no permitió que alguno viniese tras de él sino Pedro, y Jacobo, y Juan
hermano de Jacobo.

 38 Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que
lloraban y gemian mucho.

 39 Y entrando les dice: ¿Por qué alborotais, y llorais? La muchacha no es
muerta, mas duerme.

 40 Y hacian burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la
madre de la muchacha y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha
estaba.

 41 Y tomando la mano de la muchacha le dice: Talitha cumi, que es, si lo
interpretares: Muchacha, á tí digo, levántate.

 42 Y luego la muchacha se levantó, y andaba, porque tenia doce años; y se
espantaron de grande espanto:

 43 Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de
comer.



CAPITULO 6.

 1 Y SALIÓ de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos.

 2 Y llegado el Sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole
estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué
sabiduría es esta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son
echas?

 3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y
de Júdas, y de Simon? ¿No están tambien aquí con nosotros sus hermanas? Y se
escandalizaban en él.

 4 Mas Jesus les decia: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre
sus parientes, y en su casa.

 5 Y no pudo allí hacer alguna maravilla; solamente sanó [unos] pocos
enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

 6 Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos: y rodeaba las aldéas de
alrededor enseñando.

 7 Y llamó á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en dos: y les dió
potestad sobre los espíritus inmundos.

 8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente [un]
báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa.

 9 Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.

 10 Y les decia: Donde quiera que entreis en una casa, posad en ella hasta
que salgais de allí.

 11 Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí,
sacudid el polvo que está debajo de vuestros piés en testimonio á ellos. De
cierto os digo que más tolerable será de los de Sodoma y Gomorra el dia del
juicio, que el de aquella ciudad.

 12 Y saliendo predicaban, que los hombres se arrepintiesen.

 13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungian con aceite á muchos enfermos, y
sanaban.

 14 Y oyó el rey Heródes [la fama de Jesus], porque su nombre se habia hecho
notorio, y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos; y por
tanto virtudes obran en él.

 15 Otros decian: Elías es. Y otros decian: Profeta es, ó alguno de los
profetas.

 16 Y oyéndo[lo] Heródes dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha
resucitado de los muertos.

 17 Porque el mismo Heródes habia enviado y prendido á Juan, y le habia
aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;
pues la habia tomado por mujer.

 18 Porque Juan decia á Heródes: No te es lícito tener la mujer de tu
hermano.

 19 Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podia:

 20 Porque Heródes temia á Juan, sabiendo que era varon justo y santo, y le
tenia respeto: y oyéndole hacia muchas cosas; y le oia de buena gana.

 21 Y venido un dia oportuno, en que Heródes, en la fiesta de su nacimiento,
daba una cena á sus príncipes y tribunos, y á los principales de Galiléa,

 22 Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á Heródes, y á
los que estaban con él á la mesa, el rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que
quisieres, que yo te lo daré.

 23 Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino.

 24 Y saliendo ella dijo á su madre, ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de
Juan Bautista.

 25 Entónces [ella] entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que
ahora luego me des en un plato la cabeza de Juan Bautista.

 26 Y el rey se entristeció mucho; [mas] á causa del juramento, y de los que
estaban con él á la mesa, no quiso desecharla.

 27 Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traida su
cabeza.

 28 El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y
la dió á la muchacha, y la muchacha la dió á su madre.

 29 Y oyéndo[lo] sus discípulos, vinieron, y tomaron su cuerpo, y le pusieron
en un sepulcro.

 30 Y los apóstoles se juntaron con Jesus, y le contaron todo lo que habian
hecho, y lo que habian enseñado.

 31 Y [él] les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un
poco; porque eran muchos los que iban y venian, que ni aun tenian lugar de
comer.

 32 Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte.

 33 Y los vieron ir muchos, y lo conocieron; y concurrieron allá muchos á pié
de las ciudades, y llegaron ántes que ellos, y se juntaron á él.

 34 Y saliendo Jesus, vió [una] grande multitud, y tuvo compasion de ellos,
porque eran como ovejas que no tenian pastor; y les comenzó á enseñar muchas
cosas.

 35 Y como ya fuese el dia muy entrado, sus discípulos llegaron á él,
diciendo: El lugar es desierto, y el dia es ya muy entrado;

 36 Envíalos para que vayan á los cortijos y aldéas de alrededor, y compren
para sí pan; porque no tienen qué comer.

 37 Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron:
¿[Qué], vamos y compremos pan por doscientos denarios, y démosles de comer?

 38 Y él les dice: ¿Cuántos panes teneis? Id, y vedlo. Y sabiendolo, dijeron:
Cinco, y dos panes:

 39 Y les mandó que hiciesen recostar á todos por partidas sobre la yerba
verde.

 40 Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en
cincuenta.

 41 Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y
partió los panes, y dió á sus discípulos para que [los] pusiesen delante. Y
repartió á todos los dos peces.

 42 Y comieron todos, y se hartaron.

 43 Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces.

 44 Y los que comieron eran cinco mil hombres.

 45 Y luego dió priesa á sus discípulos á subir en el barco, é ir delante de
él á Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedia la multitud.

 46 Y despues que los hubo despedido, se fué al monte á orar.

 47 Y como fué la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y él solo en
tierra.

 48 Y los vió fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca
de la cuarta vigilia de la noche vino á ellos andando sobre la mar, y queria
precederlos.

 49 Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y
dieron voces:

 50 Porque todos le veian, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les
dijo: Alentáos; yo soy, no temais.

 51 Y subió á ellos en el barco, y calmó el viento: y [ellos] en gran manera
estaban fuera de sí, y se maravillaban.

 52 Porque aun no habian considerado lo de los panes; por cuanto estaban
ofuscados sus corazones.

 53 Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron á tierra de Genezaret, y
tomaron puerto.

 54 Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron;

 55 Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron á traer de todas
partes enfermos en lechos, adonde oian que estaba.

 56 Y donde quiera que entraba, en aldéas, ó ciudades, ó heredades, ponian en
las calles los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el
borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos.



CAPITULO 7.

 1 Y SE juntaron á él Fariséos, y algunos de los escribas que habian venido
de Jerusalem:

 2 los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos
comunes, es á saber, no lavadas, [los] condenaban.

 3 (Porque los Fariséos y todos los Judíos, teniendo la tradicion de los
ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.

 4 Y [volviendo] de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas
cosas hay que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos [de
beber], y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)

 5 Y le preguntaron los Fariséos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no
andan conforme á la tradicion de los ancianos, sino que comen pan con manos
comunes?

 6 Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros
Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su
corazon léjos está de mí.

 7 Y en vano me honran, enseñando [como] doctrinas, mandamientos de hombres.

 8 Porque dejando el mandamiento de Dios, teneis la tradicion de los hombres;
las lavaduras de los jarros, y de los vasos [de beber]: y haceis otras muchas
cosas semejantes [á estas].

 9 Les decia tambien: Bien invalidais el mandamiento de Dios para guardar
vuestra tradicion.

 10 Porque Moisés dijo: Honra á tu padre y á tu madre: y, El que maldijere al
padre ó á la madre, morirá de muerte.

 11 Y vosotros decis: [Basta] si dijere un hombre al padre ó á la madre: [Es]
Corban (quiere decir, don [mio á Dios]) todo aquello con que pudiera valerte.

 12 Y no le dejais hacer más por su padre, ó por su madre;

 13 Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradicion que dísteis; y
muchas cosas haceis semejantes á estas.

 14 Y llamando á toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended:

 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; mas
lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.

 16 Si alguno tiene oidos para oir, oiga.

 17 Y [apartado] de la multitud habiendo entrado en casa, le preguntaron sus
discípulos sobre la parábola.

 18 Y díjoles: ¿Tambien vosotros estais así sin entendimiento? ¿No entendeis
que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar?

 19 Porque no entra en su corazon, sino en el vientre; y sale [el hombre] á
la secreta, purgando todas las viandas.

 20 Mas decia: que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.

 21 Porque de dentro, del corazon de los hombres, salen los malos
pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el
ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez.

 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

 24 Y levantándose de allí, se fué á los términos de Tiro y de Sidon; y
entrando en casa, quiso que nadie [lo] supiese; mas no pudo esconderse.

 25 Porque una mujer, cuya hija tenia un espíritu inmundo, luego que oyó de
él, vino, y se echo á sus piés.

 26 Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nacion, y le rogaba que echase fuera
de su hija al demonio.

 27 Mas Jesus le dijo: Deja primero hartarse los hijos; porque no es bien
tomar el pan de los hijos y echarlo á los perrillos.

 28 Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor, pero aun los perillos debajo de
la mesa comen de las migajas de los hijos.

 29 Entónces le dice: Por esta palabra, vé; el demonio ha salido de tu hija.

 30 Y como fué á su casa, halló que el demonio habia salido, y la hija echada
sobre la cama.

 31 Y volviendo á salir de los términos de Tiro, vino por Sidon á la mar de
Galiléa, por mitad de los términos de Decápolis.

 32 Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima.

 33 Y tomándole aparte de la gente metió sus dedos en las orejas de él, y
escupiendo tocó su lengua;

 34 Y mirando al cielo gimió, y le dijo: Ephphatha: que es [decir]: Sé
abierto.

 35 Y luego fueron abiertos sus oidos y fué desatada la ligadura de su
lengua, y hablaba bien.

 36 Y les mandó que no lo dijesen á nadie; pero cuanto más les mandaba tanto
más y más [lo] divulgaban.

 37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace á
los sordos oir, y á los mudos hablar.



CAPITULO 8.

 1 EN aquellos dias, como hubo gran gentío, y no tenian que comer, Jesus
llamó sus discípulos, y les dijo:

 2 Tengo compasion de la multitud porque ya hace tres dias que están conmigo,
y no tienen qué comer:

 3 Y si los enviare en ayunas á sus casas, desmayarán en el camino; porque
algunos de ellos han venido de lejos.

 4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar á estos
de pan aquí en el desierto?

 5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete.

 6 Entónces mandó á la multitud que se recostase en tierra; y tomando los
siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dió á sus discípulos que [los]
pusiesen delante: y [los] pusieron delante á la multitud.

 7 Tenian tambien unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que tambien
los pusiesen delante.

 8 Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los pedazos que habian sobrado,
siete espuertas.

 9 Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió.

 10 Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino á las partes de
Dalmanuta.

 11 Y vinieron los Fariséos, y comenzaron á altercar con él pidiendole señal
del cielo, tentándole.

 12 Y gimiendo en su espíritu dice: ¿Por qué pide señal esta generacion? De
cierto os digo que no se dará señal á esta generacion.

 13 Y dejándoles volvió á entrar en el barco, y se fué de la otra parte.

 14 Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenian sino un pan consigo en el
barco.

 15 Y les mandó diciendo: Mirad, guardáos de la levadura de los Fariséos, y
de la levadura de Heródes.

 16 Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.

 17 Y como Jesus lo entendió, les dice: ¿Qué altercais, porque no teneis pan?
¿No considerais ni entendeis? Aun teneis endurecido vuestro corazon?

 18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oidos no oís? ¿Y no os acordais?

 19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas
de los pedazos alzásteis? Y ellos dijeron: Doce.

 20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de
los pedazos alzásteis? Y ellos dijeron: Siete.

 21 Y les dijo: ¿Cómo aun no entendeis?

 22 Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.

 23 Entonces tomando la mano del ciego le saco fuera de la aldéa, y
escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veia
algo.

 24 Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan, como árboles.

 25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y
fué restablecido, y vió de léjos y claramente á todos.

 26 Y enviólo á su casa, diciendo: No entres en la aldéa, ni [lo] digas á
nadie en la aldéa.

 27 Y salió Jesus y sus discípulos por las aldéas de Cesaréa de Filipo. Y en
el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres
que soy yo?

 28 Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de
los profetas.

 29 Entonces él les dice: Y vosotros ¿Quién decis que soy yo? Y respondiendo
Pedro le dice: Tú eres el Cristo.

 30 Y les apercibió que no hablasen de él á ninguno.

 31 Y comenzó á enseñarles, que convenia que el Hijo del hombre padeciese
mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes,
y de los escribas, y ser muerto, y resucitar despues de tres dias.

 32 Y claramente decia esta palabra. Entonces Pedro le tomó y le comenzó á
reprender.

 33 Y él, volviéndose y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo:
Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que [son] de Dios, sino
las que [son] de los hombres.

 34 Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que
quisiere venir en pos de mí, niéguese á si mismo, y tome su cruz, y sígame.

 35 Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su
vida por causa de mí y del Evangelio, la salvará.

 36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su
alma?

 37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

 38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generacion
adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará tambien de él,
cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.



CAPITULO 9.

 1 TAMBIEN les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí
que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el reino de Dios que viene
con potencia.

 2 Y seis dias despues tomó Jesus á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y los sacó
aparte solos á un monte alto, y fué transfigurado delante de ellos.

 3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve,
tanto que ningun lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.

 4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesus.

 5 Entonces respondiendo Pedro, dice á Jesus: Maestro, bien será que nos
quedemos aquí, y hagamos tres pabellones: para tí uno, y para Moisés otro, y
para Elías otro.

 6 Porque no sabia lo que hablaba; que estaban espantados.

 7 Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube que decia: Este
es mi Hijo amado; á él oid.

 8 Y luego, como miraron, no vieron más á nadie consigo, sino á Jesus solo.

 9 Descendiendo ellos del monte, les mandó que á nadie dijesen lo que habian
visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos.

 10 Y [ellos] retuvieron la palabra en sí altercando qué seria aquello:
Resucitar de los muertos.

 11 Y le preguntaron diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es
necesario que Elías venga ántes?

 12 Y respondiendo él, les dijo: Elías á la verdad, viniendo ántes,
restituirá todas las cosas: y como está escrito del Hijo del hombre,
[conviene] que padezca mucho, y sea tenido en nada,

 13 Empero os digo que Elías [ya] vino, y le hicieron todo lo que quisieron,
como está escrito de él.

 14 Y como vino á los discípulos, vió grande compañía alrededor de ellos, y
escribas que disputaban con ellos.

 15 Y luego toda la gente, viéndole, se espantó, y corriendo á él, le
saludaron.

 16 Y preguntóles: ¿Qué disputais con ellos?

 17 Y respondiendo uno de la compañía, dijo: Maestro, traje á tí mi hijo, que
tiene un espíritu mudo,

 18 El cual donde quiera que le toma le despedaza, y echa espumarajos, y
cruje los dientes, y se va secando: y dije á tus discípulos que le echasen
fuera, y no pudieron.

 19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generacion infiel! ¿hasta cuándo estaré
con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele.

 20 Y se le trajeron: y como le vió, luego el espíritu lo desgarraba; y
cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.

 21 Y [Jesus] pregunto á su padre: ¿Cuánto tiempo ha que le aconteció esto? Y
él dijo: Desde niño:

 22 Y muchas veces le echa en el fuego, y en aguas, para matarle; mas, Si
puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros.

 23 Y Jesus le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible.

 24 Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo; ayuda mi incredulidad.

 26 Y como Jesus vió que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu
inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no
entres más en él.

 26 Entonces [el espíritu] clamando, y desgarrándole mucho, salió; y [él]
quedó como muerto, de modo que muchos decian: Está muerto.

 27 Mas Jesus tomándole de la mano, enderezólo, y se levantó.

 28 Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué
nosotros no pudimos echarle fuera?

 29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oracion y ayuno.

 30 Y habiendo salido de allí, caminaron por Galiléa; y no queria que nadie
lo supiese.

 31 Porque enseñaba á sus discípulos, y les decia: El Hijo del hombre será
entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto [él], resucitará al
tercer dia.

 32 Pero ellos no entendian [esta] palabra, y tenian miedo de preguntarle.

 33 Y llegó á Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué
disputabais entre vosotros en el camino?

 34 Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habian disputado en el
camino quién [había de ser] el mayor.

 35 Entónces sentándose, llamó á los doce, y les dice: Si alguno quiere ser
el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.

 36 Y tomando un niño, púsolo en medio de ellos; y tomándole en sus brazos,
les dice:

 37 El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, á mí recibe: y el
que á mí recibe, no recibe á mí, mas al que me envió.

 38 Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto á uno que en tu nombre
echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue: y se lo prohibimos, porque
no nos sigue.

 39 Y Jesus dijo: No se lo prohibais; porque ninguno hay que haga milagro en
mi nombre que luego pueda decir mal de mí.

 40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

 41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de
Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

 42 Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí,
mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado
en la mar.

 43 Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida
manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser
apagado;

 44 Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.

 45 Y si tu pie te fuere ocasion de caer, córtale: mejor te es entrar á la
vida cojo, que teniendo dos piés ser echado en la Gehenna, al fuego que no
puede ser apagado;

 46 Donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.

 47 Y si tu ojo te fuere ocasion de caer, sácale: mejor te es entrar al reino
de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado á la Gehenna;

 48 Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

 49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con
sal.

 50 Buena es la sal: mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobareis?
Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.



CAPITULO 10.

 1 Y PARTIÉNDOSE de allí, vino á los términos de Judéa, y tras el Jordan: y
volvió el pueblo á juntarse á él; y de nuevo los enseñaba como solia.

 2 Y llegándose los Fariséos, le preguntaron, para tentarle, si era lícito al
marido repudiar á su mujer.

 3 Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés?

 4 Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar.

 5 Y respondiendo Jesus, les dijo: Por la dureza de vuestro corazon os
escribió este mandamiento:

 6 Pero al principio de la creacion, macho y hembra los hizo Dios.

 7 Por esto dejará el hombre á su padre y á la madre, y se juntará á su
mujer,

 8 Y los que [eran] dos serán hechos una carne: así que no son más dos, sino
una carne.

 9 Pues lo que Dios juntó, no [lo] aparte el hombre.

 10 Y en casa volvieron los discípulos á preguntarle de lo mismo.

 11 Y les dice: Cualquiera que repudiare á su mujer, y se casare con otra,
comete adulterio contra ella.

 12 Y si la mujer repudiare á su marido, y se casare con otro, comete
adulterio.

 13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñian á los
que los presentaban.

 14 Y viéndolo Jesus se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo
estorbeis; porque de los tales es el reino de Dios.

 15 De cierto os digo que el que no recibiere el reino de Dios como un niño,
no entrará en él.

 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecia.

 17 Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, é hincando la
rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la
vida eterna?

 18 Y Jesus le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno [hay] bueno, sino
[solo] uno, Dios.

 19 Los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas falso
testimonio: No defraudes: Honra á tu padre y á tu madre.

 20 El entónces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde
mi mocedad.

 21 Entónces Jesus mirándole, amólo, y díjole: Una cosa te falta; ve, vende
todo lo que tienes, y dá á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo: y ven,
sígueme tomando tu cruz.

 22 Mas él, entristecido por esta palabra, se fué triste, porque tenia muchas
posesiones.

 23 Entónces Jesus mirando alrededor, dice á sus discípulos: ¡Cuán
dificilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

 24 Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesus respondiendo
les volvió á decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios los
que confian en las riquezas,

 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar
en el reino de Dios.

 26 Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá
salvarse?

 27 Entónces Jesus mirándolos, dice: Para los hombres, [es] imposible; mas
para Dios, no: porque todas cosas son posibles para Dios.

 28 Entónces Pedro comenzó á decirle: Hé aquí, nosotros hemos dejado todas
las cosas, y te hemos seguido.

 29 Y respondiendo Jesus, dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya
dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó
heredades, por causa de mí y del Evangelio,

 30 Que no reciba cien tantos, ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y
hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo
venidero la vida eterna.

 31 Empero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros.

 32 Y estaban en el camino subiendo á Jerusalem; y Jesus iba delante de
ellos, Y se espantaban y le seguian con miedo: entónces volviendo á tomar á
los doce [aparte], les comenzó á decir las cosas que le habian de acontecer:

 33 Hé aquí subimos á Jerusalem; y el Hijo del hombre será entregado á los
príncipes de los sacerdotes, y á los escribas, y le condenarán á muerte, y le
entregarán á los Gentiles:

 34 Y le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al
tercer dia resucitará.

 35 Entónces Jacobo y Juan, hijos de Zebedéo, se llegaron á él, diciendo:
Maestro, queriamos que nos hagas lo que pidiéremos.

 36 Y él les dijo: ¿Qué quereis que os haga?

 37 Y ellos le dijeron: Dános que en tu gloria nos sentemos el uno á tu
diestra, y el otro á tu siniestra.

 38 Entónces Jesus les dijo: No sabeis lo que pedis. ¿Podeis beber del vaso
que yo bebo, ó ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?

 39 Y ellos le dijeron: Podemos: y Jesus les dijo: á la verdad del vaso que
yo bebo, bebereis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados:

 40 Mas que os senteis á mi diestra, y á mi siniestra, no es mio darlo, sino
á los que está aparejado.

 41 Y como [lo] oyeron los diez, comenzaron á enojarse de Jacobo y de Juan.

 42 Mas Jesus llamándoles, les dice: Sabeis que los que se ven ser príncipes
entre las gentes, se enseñorean de ellas; y los que entre ellas son grandes,
tienen sobre ellas potestad.

 43 Mas no será así entre vosotros; ántes cualquiera que quisiere hacerse
grande entre vosotros, será vuestro servidor:

 44 Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de
todos.

 45 Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir,
y dar su vida en rescate por muchos.

 46 Entónces vienen á Jericó: y saliendo él de Jericó, y sus discípulos, y
una gran compañía, Bartiméo el ciego, hijo de Timéo, estaba sentado junto al
camino mendigando.

 47 Y oyendo que era Jesus el Nazareno, comenzó á dar voces, y decir: Jesus,
hijo de David, ten misericordia de mí.

 48 Y muchos le reñian, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de
David, ten misericordia de mí.

 49 Entonces Jesus parándose, mandó llamarle: y llaman al ciego, diciéndole:
Ten confianza; levantate, [que] te llama.

 50 El entónces echando su capa, se levantó, y vino á Jesus.

 51 Y respondiendo Jesus le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le
dice: Maestro, que cobre la vista.

 52 Y Jesus le dijo: Vé; tu fé te ha salvado. Y luego cobró la vista y seguia
á Jesus en el camino.



CAPITULO 11.

 1 Y COMO fueron cerca de Jerusalem, de Bethfagé, y de Bethania al monte de
las Olivas, envia á dos de sus discípulos,

 2 Y les dice: Id al lugar que [está] delante de vosotros, y luego entrados
en él, hallareís un pollino atado, sobre el cual ningun hombre ha subido;
desatadle, y traedle.

 3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué haceis eso? Decid que el Señor lo ha
menester; y luego le enviará acá.

 4 Y fueron, y hallaron el pollino atado á la puerta fuera, entre dos
caminos, y le desataron.

 5 Y unos de los que estaban allí, les dijeron: ¿Qué haceis desatando el
pollino?

 6 Ellos entónces les dijeron como Jesus habia mandado: y los dejaron.

 7 Y trajeron el pollino á Jesus, y echaron sobre él sus vestidos, y se sentó
sobre él.

 8 Y muchos tendian sus vestidos por el camino, y otros cortaban hojas de los
árboles, y [las] tendian por el camino.

 9 Y los que iban delante, y los que iban detrás, daban voces diciendo:
¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 10 Bendito el reino de nuestro padre David, que viene en el nombre del
Señor: ¡Hosanna en las alturas!

 11 Y entró Jesus en Jerusalem, y en el templo: y habiendo mirado alrededor
todas las cosas, y siendo ya tarde, salióse á Bethania con los doce.

 12 Y el dia siguiente, como salieron de Bethania, tuvo hambre.

 13 Y viendo de léjos una higuera, que tenia hojas, se acercó, si quizás
hallaria en ella algo: y como vino á ella, nada halló sino hojas; porque no
era tiempo de higos.

 14 Entónces Jesus respondiendo, dijo á la higuera: Nunca más coma nadie
fruto de tí para siempre. Y [esto] oyeron sus discípulos.

 15 Vienen pues á Jerusalem; y entrando Jesus en el templo, comenzó á echar
fuera á los que vendian y compraban en el templo, y trastornó las mesas de
los cambistas, y las sillas de los que vendian palomas:

 16 Y no consentia que alguien llevase vaso por el templo.

 17 Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oracion
será llamada por todas las gentes? mas vosotros la habeis hecho cueva de
ladrones.

 18 Y lo oyeron los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban
cómo le matarian; porque le tenian miedo, por cuanto todo el pueblo estaba
maravillado de su doctrina.

 19 Mas como fué tarde, Jesus salió de la ciudad.

 20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se habia secado desde las
raices.

 21 Entónces Pedro acordándose, le dice: Maestro, hé aquí la higuera que
maldijiste, se ha secado.

 22 Y respondiendo Jesus les dice: Tened fé de Dios.

 23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere á este monte: Quítate,
y échate en la mar; y no dudare en su corazon, mas creyere que será hecho lo
que dice, lo que dijere le será hecho.

 24 Por tanto os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que [lo]
recibiréis y os vendrá.

 25 Y cuando estuviereis orando, perdonad, si teneis algo contra alguno; para
que vuestro Padre que [está] en los cielos, os perdone tambien á vosotros
vuestras ofensas.

 26 Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que [está] en
los cielos, os perdonara vuestras ofensas.

 27 Y volvieron á Jerusalem: y andando él por el templo, vienen á él los
príncipes de los sacerdotes y los escribas, y los ancianos,

 28 Y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas? ¿y quién te ha dado esta
facultad para hacer estas cosas?

 29 Y Jesus, respondiendo entónces, les dice: Os preguntaré tambien yo una
palabra: y respondedme, y os diré con que facultad hago estas cosas.

 30 El bautismo de Juan ¿era del cielo ó de los hombres? Respondedme.

 31 Entónces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo,
dirá: ¿Por qué pues no le creisteis?

 32 Y si dijéremos: De los hombres, tememos al pueblo: porque todos juzgaban
de Juan, que verdaderamente era profeta.

 33 Y respondiendo, dicen á Jesus: No sabemos. Entónces respondiendo Jesus,
les dice: Tampoco yo os diré con qué facultad hago estas cosas.



 CAPITULO 12.

 1 Y COMENZÓ á hablarles por parábolas: Plantó un hombre una viña, y la cercó
con seto, y cavó un lagar, y edificó una torre, y la arrendó á labradores, y
se partió léjos.

 2 Y envió un siervo á los labradores, al tiempo, para que tomase de los
labradores del fruto de la viña:

 3 Mas ellos, tomándole, le hirieron y le enviaron vacío.

 4 Y volvió á enviarles otro siervo, mas [ellos] apedreándole, le hirieron en
la cabeza, y volvieron á enviarle afrentado.

 5 Y volvió á enviar otro, y á aquel mataron; y á otros muchos, hiriendo á
unos y matando á otros.

 6 Teniendo pues aun un hijo suyo amado, enviólo tambien á ellos el postrero,
diciendo: Tendrán en reverencia á mi hijo.

 7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid,
matémosle, y la heredad será nuestra.

 8 Y prendiéndole, le mataron, y echaron fuera de la viña.

 9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá á estos
labradores, y dará su viña á otros.

 10 ¿Ni aun esta escritura habeis leido: La piedra que desecharon los que
edificaban, esta es puesta por cabeza de esquina;

 11 Por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?

 12 Y procuraban prenderle; porque entendian que decia á ellos aquella
parábola: mas temian la multitud, y dejándole se fueron.

 13 Y envian á él algunos de los Fariséos y de los Herodianos, para que le
sorprendiesen en [alguna] palabra.

 14 Y viniendo ellos, le dicen: Maestro sabemos que eres hombre de verdad, y
[que] no te cuidas de nadie; porque no mires a la apariencia de hombres,
ántes con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo á César, ó
no? ¿Darémos, ó no darémos?

 15 Entónces él, como entendia la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me
tentais? Traedme la moneda para que la vea.

 16 Y ellos se la trajeron: y les dice: ¿Cuya es esta imágen y esta
inscripcion? Y ellos le dijeron: De César.

 17 Y respondiendo Jesus les dijo: Dad lo que [es] de César á César; y lo que
es de Dios, á Dios. Y se maravillaron de ello.

 18 Entonces vienen á él los Saducéos, que dicen que no hay resurreccion, y
le preguntaron diciendo:

 19 Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y
dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y levante
linaje á su hermano.

 20 Fueron, [pues], siete hermanos; y el primero tomó mujer, y muriendo, no
dejó simiente.

 21 Y la tomó el segundo, y murió: y ni aquel tampoco deja simiente: y el
tercero, de la misma manera.

 22 Y la tomaron los siete; y tampoco dejaron simiente: á la postre murió
tambien la mujer.

 23 En la resurreccion, pues, cuando resucitaren, ¿de cuál de ellos será
mujer? porque los siete la tuvieron por mujer.

 24 Entonces respondiendo Jesus, les dice: ¿No errais por eso, porque no
sabeis las escrituras, ni la potencia de Dios?

 25 Porque cuando resucitarán de los muertos, ni se casarán, ni serán dados
en casamiento, mas son como los ángeles que [están] en los cielos.

 26 Y de que los muertos hayan de resucitar, ¿no habeis leido en el libro de
Moisés, como le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo [soy] el Dios de
Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?

 27 No es Dios de muertos, mas Dios de vivos: así que vosotros mucho errais.

 28 Y llegándose uno de los escribas que los habia oido disputar, y sabia que
les habia respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de
todos?

 29 Y Jesus le respondió: El primer mandamiento de todos [es]: Oye, Israel,
el Señor nuestro Dios, el Señor uno es:

 30 Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de
toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento.

 31 Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como á tí mismo. No
hay otro mandamiento mayor que estos.

 32 Entonces el escriba le dijo: Bien Maestro, verdad has dicho, que uno es
Dios, y no hay otro fuera de él:

 33 Y que amarle de todo corazon, y de todo entendimiento, y de toda el alma,
y de todas las fuerzas; y amar al prójimo como á sí mismo, más es que todos
los holocaustos y sacrificios.

 34 Jesus entónces viendo que habia respondido sabiamente, le dice: No estas
lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

 35 Y respondiendo Jesus decia, enseñando en el templo: ¿Cómo dicen los
escribas que el Cristo es Hijo de David?

 36 Porque el mismo David dijo por Espíritu Santo: Dijo el Señor á mi Señor:
Siéntate á mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus piés.

 37 Luego llamándole el mismo David Señor, ¿de dónde pues es su Hijo? Y los
[que eran] del comun del pueblo le oian de buena gana.

 38 Y les decia en su doctrina: Guardáos de los escribas, que quieren andar
con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas,

 39 Y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las
cenas;

 40 Que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas
oraciones. Estos recibirán mayor juicio.

 41 Y estando sentado Jesus delante del arca de la ofrenda, miraba como el
pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.

 42 Y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí.

 43 Entonces llamando á sus discípulos les dice: De cierto os digo que esta
viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca:

 44 Porque todos han echado de lo que les sobra; mas esta de su pobreza echó
todo lo que tenia, todo su alimento.



CAPITULO 13.

 1 Y SALIENDO del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué
piedras, y qué edificios.

 2 Y Jesus respondiendo le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará
piedra sobre piedra que no sea derribada.

 3 Y sentándose en el monte de los Olivos delante del templo, le preguntaron
aparte Pedro, y Jacobo, y Juan, y Andrés:

 4 Dinos: ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal [habrá] cuando todas estas
cosas han de cumplirse?

 5 Y Jesus respondiéndoles, comenzó á decir: Mirad que nadie os engañe;

 6 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy [el Cristo;] y
engañarán á muchos.

 7 Mas cuando oyereis guerras, y rumores de guerras, no os turbeis; porque
conviene hacerse [así,] mas aun no [será] el fin.

 8 Porque se levantará nacion contra nacion, y reino contra reino; y habrá
terremotos en muchos lugares; y habrá hambres, y alborotos: principios de
dolores [serán] estos.

 9 Mas vosotros mirad por vosotros: porque os entregarán en los concilios, y
en sinagogas seréis azotados; y delante de presidentes y de reyes seréis
llamados por causa de mí en testimonio á ellos.

 10 Y á todas las gentes conviene que  el Evangelio sea predicado ántes.

 11 Y cuando os trajeren para entregaros, no premediteis qué habeis de decir,
ni [lo] penseis: mas lo que os fuere dada en aquella hora, eso hablad; porque
no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu Santo.

 12 Y entregará á la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo; y se
levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.

 13 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que perseverare hasta
el fin, este será salvo.

 14 Empero cuando viereis la abominacion de asolamiento, que fué dicha por el
profeta Daniel, que estará donde no debe, (el que lee, entienda), entónces
los que estén en Judéa huyan á los montes:

 15 Y el que esté sobre el terrado, no descienda á la casa, ni entre para
tomar algo de su casa:

 16 Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrás á tomar su capa.

 17 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos dias!

 18 Orad pues que no acontezca vuestra huida en invierno.

 19 Porque aquellos dias serán [de] afliccion, cual nunca fué desde el
principio de la creacion que crió Dios, hasta este tiempo, ni será.

 20 Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos dias, ninguna carne se
salvaria; mas por causa de los escogidos que él escogió, abrevió aquellos
dias.

 21 Y entónces si alguno os dijere: Hé aquí, aquí está el Cristo; ó hé aquí,
allí [está], no [le] creais;

 22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán señales y
prodigios, para engañar, si se pudiese hacer aun á los escogidos.

 23 Mas vosotros mirad: os lo he dicho ántes todo.

 24 Empero en aquellos dias, despues de aquella afliccion, el sol se
oscurecerá, y la luna no dará su resplandor:

 25 Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que [están] en los
cielos serán conmovidas.

 26 Y entónces verán al Hijo del hombre que vendrá en las nubes con mucha
potestad y gloria.

 27 Y entónces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro
vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo.

 28 De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se enternece, y
brota hojas, conoceis que el verano está cerca.

 29 Así tambien vosotros cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que está
cerca, á las puertas.

 30 De cierto os digo que no pasará esta generacion, que todas estas cosas no
sean hechas.

 31 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

 32 Empero de aquel dia y de la hora, nadie sabe, ni aun los angeles que
están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

 33 Mirad, velad y orad; porque no sabeis cuando será el tiempo.

 34 Como el hombre, que partiéndose léjos, deja su casa, y dió facultad á sus
siervos, y á cada uno su obra, y al portero mandó que velase.

 35 Velad pues, porque no sabeis cuando el señor de la casa vendrá; si á la
tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana;

 36 Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo.

 37 Y las cosas que á vosotros digo, á todos [las] digo: Velad.



CAPITULO 14.

 1 Y DOS dias despues era la Pascua, y [los dias] de los panes sin levadura;
y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas como le
prenderian por engaño, y le matarian.

 2 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto del
pueblo.

 3 Y estando él en Bethania en casa de Simon el leproso, y sentado á la mesa
vino una mujer teniendo un [vaso de] alabastro de ungüento de nardo espique
de mucho precio, y quebrando el alabastro, derramóselo sobre su cabeza.

 4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha
hecho este desperdicio de ungüento?

 5 Porque podia esto ser vendido por más de trescientos denarios, y darse á
los pobres. Y refunfuñaban contra ella.

 6 Mas Jesus dijo: Dejadla: ¿por qué la fatigais? buena obra me ha hecho.

 7 Que siempre tendréis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis, les
podréis hacer bien; mas á mí no siempre me tendréis.

 8 Esta ha hecho lo que podia: porque se ha anticipado á ungir mi cuerpo para
la sepultura.

 9 De cierto os digo que donde quiera que fuere predicado este Evangelio en
todo el mundo, tambien esto que ha hecho esta, será dicho para memoria de
ella.

 10 Entónces Judas Iscariote, uno de los doce, vino á los príncipes de los
sacerdotes, para entregarselo.

 11 Y ellos oyéndo[lo] se holgaron, y prometieron que le darian dineros. Y
buscaba oportunidad como le entregaria.

 12 Y el primer dia [de la fiesta] de los panes sin levadura, cuando
sacrificaban la Pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vayamos á
disponer para que comas la Pascua?

 13 Y envia dos de sus discípulos, y les dice: Id á la ciudad, y os
encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle:

 14 Y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está
el aposento donde he de comer la Pascua con mis discípulos?

 15 Y él os mostrará un gran cenáculo ya preparado: aderezad para nosotros
allí.

 16 Y fueron sus discípulos, y vinieron á la ciudad, y hallaron como les
habia dicho; y aderezaron la Pascua.

 17 Y llegada la tarde, fué con los doce.

 18 Y como se sentaron á la mesa, y comiesen, dice Jesus: De cierto os digo
que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar.

 19 Entónces ellos comenzaron á entristecerse, y á decirle cada uno por sí:
¿[Seré] yo? Y el otro: ¿[Seré] yo?

 20 Y él respondiendo les dijo: [Es] uno de los doce que moja conmigo en el
plato.

 21 A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito: mas ¡ay de
aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera á
aquel hombre, si nunca hubiera nacido.

 22 Y estando ellos comiendo, tomó Jesus pan, y bendiciendo, partió, y les
dió, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo.

 23 Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, les dió: y bebieron de él
todos.

 24 Y les dice: Esto es mi sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es
derramada.

 25 De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta aquel dia,
cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios.

 26 Y como hubieron cantado el himno, se salieron al monte de los Olivos.

 27 Jesus entónces les dice: Todos seréis escandalizados en mí esta noche;
porque escrito está: Heriré al pastor, y serán derramadas las ovejas.

 28 Mas despues que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galiléa.

 29 Entónces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo.

 30 Y le dice Jesus: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, ántes que
el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.

 31 Mas él con mayor porfía decia: Si me fuere menester morir contigo, no te
negaré. Tambien todos decian lo mismo.

 32 Y vienen al lugar que se llama Getsemaní, y dice á sus discípulos:
Sentáos aquí, entretanto que yo oro.

 33 Y toma consigo á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y comenzó á atemorizarse, y
á angustiarse;

 34 Y les dice: Está muy triste mi alma hasta la muerte: esperad aquí, y
velad.

 35 Y yéndose un poco adelante se postró en tierra, y oró, que si fuese
posible, pasase de él aquella hora:

 36 Y decia: Abba, Padre, todas las cosas son á tí posibles; traspasa de mí
este vaso: empero no lo que yo quiero sino lo que tú.

 37 Y vino, y los halló durmiendo; y dice á Pedro: ¿Simon, duermes? ¿No has
podido velar una hora?

 38 Velad y orad, para que no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad
[es] presto, mas la carne enferma.

 39 Y volviéndose á ir, oró, y dijo las mismas palabras.

 40 Y vuelto, los halló otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban
cargados, y no sabian que responderle.

 41 Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya y descansad: basta, la hora
es venida; hé aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los
pecadores.

 42 Levantáos, vamos: hé aquí el que me entrega está cerca.

 43 Y luego, aun hablando él, vino Júdas, que era uno de los doce, y con él
una compañía con espadas y palos de parte de los príncipes de los sacerdotes,
y de los escribas, y de los ancianos.

 44 Y el que le entregaba les habia dado señal comun diciendo: Al que yo
besare, aquel es; prendedle, y llevadle con seguridad.

 45 Y como vino, se acercó luego á él y le dice: Maestro, Maestro. Y le besó.

 46 Entónces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron.

 47 Y uno de los que estaban allí sacando la espada, hirió al siervo del sumo
sacerdote, y le cortó la oreja.

 48 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Como á ladron habeis salido con espadas
y con palos á tomarme?

 49 Cada dia estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis:
pero, [es así] para que se cumplan las escrituras.

 50 Entónces dejándole todos [sus discípulos], huyeron.

 51 Empero un mancebillo le seguia cubierto de una sabana sobre [el cuerpo]
desnudo: y los mancebos le prendieron.

 52 Mas él, dejando la sabana, se huyó de ellos desnudo.

 53 Y trajeron á Jesus al sumo sacerdote: y se juntaron á él todos los
príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y los escribas.

 54 Empero Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo
sacerdote: y estaba sentado con los servidores, y calentándose al fuego.

 55 Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, buscaban [algun]
testimonio contra Jesus, para entregarle á la muerte; mas no [le] hallaban.

 56 Porque muchos decian falso testimonio contra él; mas sus testimonios no
concertaban.

 57 Entónces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:

 58 Nosotros le hemos oido decir: Yo derribaré este templo, que es hecho de
mano, y en tres dias edificaré otro hecho sin mano.

 59 Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos.

 60 Entónces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó á Jesus
diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan estos contra tí?

 61 Mas él callaba, y nada respondia. El sumo sacerdote le volvió á
preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?

 62 Y Jesus le dijo: Yo soy: y veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra
de la potencia [de Dios,] y viniendo en las nubes del cielo.

 63 Entónces el sumo sacerdote rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos
necesidad de testigos?

 64 Oido habeis la blasfemia: ¿Qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser
culpado de muerte.

 65 Y algunos comenzaron á escupir en él, y cubrir su rostro, y á darle
bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le herian de bofetadas.

 66 Y estando Pedro abajo, en el atrio, vino una de las criadas del sumo
sacerdote;

 67 Y como vió á Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesus el
Nazareno estabas.

 68 Mas el negó diciendo: No [le] conozco, ni sé lo que dices. Y se salió
fuera á la entrada; y cantó el gallo.

 69 Y la criada viéndole otra vez, comenzó á decir á los que estaban allí:
Este es de ellos.

 70 Mas él negó otra vez. Y poco despues, los que estaban allí dijeron otra
vez á Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galiléo, y tu habla
es semejante.

 71 Y él comenzó á maldecirse, y á jurar: No conozco á este hombre de quien
hablais.

 72 Y el gallo cantó la segunda vez: y Pedro se acordó de las palabras que
Jesus le habia dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres
veces: y pensando [en esto], lloraba.



CAPITULO 15.

 1 LUEGO por la mañana, habiendo tenido consejo los príncipes de los
sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio,
llevaron á Jesus atado, y [le] entregaron á Pilato.

 2 Y Pilato le preguntó: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y respondiendo él, le
dijo: Tú [lo] dices.

 3 Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho.

 4 Y le pregunto otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? Mira de
cuántas cosas te acusan.

 5 Mas Jesus ni aun con eso respondió, de modo que Pilato se maravillaba.

 6 Empero en el dia de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que
pidiesen.

 7 Y habia uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motin,
que habian hecho muerte en una revuelta.

 8 Y viniendo la multitud, comenzó á pedir [hiciese] como siempre les habia
hecho.

 9 Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Quereis que os suelte al Rey de los
Judíos,

 10 Porque conocia que por envidia le habian entregado los príncipes de los
sacerdotes.

 11 Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la multitud, que les
soltase ántes á Barrabás.

 12 Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues quereis que haga del
que llamais Rey de los Judíos?

 13 Y ellos volvieron á dar voces: Crucificale.

 14 Mas Pilato les decia: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos daban más voces:
Crucificale.

 15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó á Barrabás, y entregó
á Jesus, despues de azotarle, para que fuese crucificado.

 16 Entónces los soldados le llevaron dentro á la sala, es á saber, al
pretorio y convocan toda la cohorte.

 17 Y le visten de púrpura; y poniéndole una corona tejida de espinas,

 18 Comenzaron luego a saludarle: Salve, rey de los Judíos.

 19 Y le herian en la cabeza con una caña, y escupian en él, y le adoraban
hincadas las rodillas.

 20 Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la [ropa de] púrpura y le
vistieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.

 21 Y cargaron á uno que pasaba, (Simon Cirenéo, padre de Alejandro y de
Rufo, que venia del campo) para que llevase su cruz.

 22 Y le llevan al lugar de Gólgotha, que declarado, quiere decir: Lugar de
la Calavera.

 23 Y le dieron á beber vino mezclado con mirra: mas él no lo tomó.

 24 Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos echando
suertes sobre ellos, que llevaria cada uno.

 25 Y era la hora de las tres cuando le crucificaron.

 26 Y el título escrito de su causa era; EL REY DE LOS JUDÍOS.

 27 Y crucificaron con él dos ladrones uno á su derecha, y otro á su
izquierda.

 28 Y se cumplió la escritura que dice: Y con los inicuos fué contado.

 29 Y los que pasaban, le denostaban meneando sus cabezas, y diciendo: Ah, tú
que derribas el templo de Dios, y en tres dias lo edificas,

 30 Sálvate á tí mismo, y desciende de la cruz.

 31 Y de esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo
decian unos á otros, con los escribas á otros salvó, á sí mismo no se puede
salvar.

 32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y
creamos. Tambien los que estaban crucificados con él le denostaban.

 33 Y cuando vino la hora de sexta fueron hechas tinieblas sobre toda la
tierra, hasta la hora de none.

 34 Y á la hora de nona exclamó Jesus á gran voz, diciendo: Eloi, Eloi,
¿lamma sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mio, Dios mio, ¿por qué
me has desamparado?

 35 Y oyéndole unos de los que estaban [allí,] decian: Hé aquí, llama á
Elías.

 36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una
caña, le dió á beber, diciendo: Dejad veamos si vendrá Elías á quitarle.

 37 Mas Jesus, dando una grande voz, espiró.

 38 Entónces el velo del templo se rasgó en dos de alto á bajo.

 39 Y el centurion, que estaba delante de él, viendo que habia espirado así
clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios.

 40 Y tambien estaban [algunas] mujeres mirando de léjos; entre las cuales
estaban* María Magdalena, y María la madre de Jacobo el menor, y de Josés, y
Salomé;

 41 Las cuales, estando aun él en Galiléa, le habian seguido, y le servian; y
otras muchas que juntamente con él habian subido á Jerusalem.

 42 Y cuando fué la tarde, porque era la preparacion, es decir, la víspera
del Sábado,

 43 José de Arimatéa, senador noble, que tambien esperaba el reino de Dios,
vino y osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus.

 44 Y Pilato se maravilló que ya fuese muerto; y haciendo venir al centurion,
preguntóle si era ya muerto.

 45 Y enterado del centurion, dió el cuerpo á José:

 46 El cual compró una sábana, y quitándole, le envolvió en la sábana, y le
puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña; y revolvió una piedra á la
puerta del sepulcro.

 47 Y María Magdalena, y María [madre] de Josés, miraban donde era puesto.



CAPITULO 16.

 1 Y COMO pasó el Sábado, María Magdalena, y María [madre] de Jacobo, y
Salome, compraron [drogas] aromáticas, para venir á ungirle.

 2 Y muy de mañana, el primer [dia] de la semana, vienen al sepulcro, [ya]
salido el sol.

 3 Y decian entre sí: ¿Quién nos revolverá la piedra de la puerta del
sepulcro?

 4 Y como miraron, ven la piedra revuelta; que era muy grande.

 5 Y entrados en el sepulcro, vieron  un mancebo sentado al lado derecho,
cubierto de una ropa larga blanca: y se espantaron.

 6 Mas él les dice: No os asusteis: buscais á Jesus Nazareno, el que fué
crucificado: resucitado ha; no está aquí: hé aquí el lugar en donde le
pusieron.

 7 Mas id, decid á sus discípulos, y á Pedro, que él va ántes que vosotros á
Galiléa: allí le veréis, como os dijo.

 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro: porque las habia tomado temblor y
espanto; ni decian nada á nadie, porque tenian miedo.

 9 Mas como Jesus resucito por la mañana, el primer [dia] de la semana,
apareció primeramente á María Magdalena de la cual habia echado siete
demonios.

 10 Yendo ella, lo hizo saber á los que habian estado con él, [que estaban]
tristes y llorando.

 11 Y ellos como oyeron que vivia, y que habia sido visto de ella, no [lo]
creyeron.

 12 Mas despues apareció en otra forma á dos de ellos que iban caminando,
yendo al campo.

 13 Y ellos fueron y lo hicieron saber á los otros; y ni aun á ellos
creyeron.

 14 Finalmente se apareció á los once mismos, estando sentados á la mesa, y
censuróles su incredulidad, y dureza de corazon, que no hubiesen creido á los
que le habian visto resucitado.

 15 Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el Evangelio á toda criatura.

 16 El que creyere, y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere,
será condenado.

 17 Y estas* señales seguirán á los que creyeren: En mi nombre echarán fuera
demonios; hablarán nuevas lenguas;

 18 Quitarán serpientes: y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre
los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

 19 Y el Señor, despues que les habló fué recibido arriba en el cielo, y
sentóse á la diestra de Dios.

 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el
Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguian.



EL SANTO EVANGELIO

DE

NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO SEGUN

SAN LUCAS.



CAPITULO 1.

1 HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre
nosotros han sido ciertísimas,

 2 Como nos [lo] enseñaron los que desde el principio [lo] vieron por sus
ojos, y fueron ministros de la palabra;

 3 Me ha parecido tambien [á mí,] despues de haber entendido todas las cosas
desde el principio con diligencia, escribírte[las] por órden, oh muy buen
Teófilo.

 4 Para que conozcas la verdad de las cosas, en las cuales has sido enseñado.

 5 HUBO en los dias de Heródes rey de Judéa, un sacerdote llamado Zacarías,
de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aaron, llamada Elisabet.

 6 Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprension en todos los
mandamientos y estatutos del Señor.

 7 Y no tenian hijo: porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en
dias.

 8 Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el
orden de su vez,

 9 Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner incienso,
entrando en el templo del Señor.

 10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.

 11 Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pié á la derecha del altar
del incienso.

 12 Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre él.

 13 Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oracion ha sido oida;
y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.

 14 Y tendrás gozo y alegria, y muchos se gozarán de su nacimiento.

 15 Porque será grande delante de Dios; y no beberá vino ni sidra; y será
lleno del Espíritu Santo aun desde el seno de su madre.

 16 Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.

 17 Porque él ira delante de él con el espíritu y virtud de Elías para
convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la
prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.

 18 Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y
mi mujer avanzada en dias.

 19 Y respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de
Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.

 20 Y hé aquí estarás mudo, y no podrás hablar, hasta el dia que esto sea
hecho; por cuanto no creiste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su
tiempo.

 21 Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se
detuviese en el templo.

 22 Y saliendo, no les podia hablar; y entendieron que habia visto vision en
el templo: y él les hablaba por señas, y quedo mudo.

 23 Y fué, que cumplidos los dias de su oficio, se vino á su casa.

 21 Y despues de aquellos dias concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por
cinco meses, diciendo:

 25 Porque el Señor me ha hecho así en los dias en que miró para quitar mi
afrenta entre los hombres.

 26 Y al sexto mes el ángel Gabriel fué enviado de Dios á [una] ciudad de
Galiléa llamada Nazaret,

 27 A una vírgen desposada con un varon que se llamaba José, de la casa de
David; y el nombre de la vírgen [era] María.

 28 Y entrando el ángel adonde estaba, dijo ¡Salve, muy favorecida! el Señor
[es] contigo: bendita tú entre las mujeres.

 29 Mas ella cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué
salutacion fuese esta.

 30 Entónces el ángel le dijo: María no temas, porque has hallado gracia
cerca de Dios.

 31 Y hé aquí que concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su
nombre JESUS.

 32 Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y le dará el Señor
Dios el trono de David su padre.

 33 Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.

 34 Entónces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varon.

 35 Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre tí, y la
virtud del Altísimo te hará sombra: por lo cual tambien lo Santo que nacerá,
será llamado Hijo de Dios.

 36 Y hé aquí, Elisabet tu parienta, tambien ella ha concebido hijo en su
vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril:

 37 Porque ninguna cosa es imposible para Dios.

 38 Entónces María dijo: Hé aquí la criada del Señor; hágase á mí conforme á
tu palabra. Y el ángel partió de ella.

 39 En aquellos dias levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una
ciudad de Judá,

 40 Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.

 41 Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutacion de María, la criatura
saltó en su vientre; y Elisabet fué llena de Espíritu Santo,

 42 Y exclamó á gran voz, y dijo: Bendita tu entre las mujeres, y bendito el
fruto de tu vientre.

 43 ¿Y de donde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí?

 44 Porque hé aquí, que como llegó la voz de tu salutacion á mis oidos, la
criatura saltó de alegria en mi vientre.

 45 Y bienaventurada la que creyó porque se cumplirán las cosas que le fueron
dichas [de parte] del Señor.

 46 Entónces María dijo: Engrandece mi alma al Señor;

 41 Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador.

 48 Porque ha mirado á la bajeza de su criada: porque hé aquí, desde ahora me
dirán bienaventurada todas las generaciones.

 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso: y santo [es] su nombre.

 50 Y su misericordia de generacion á generacion á los que le temen.

 51 Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su
corazon.

 52 Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes.

 53 A los hambrientos hinchió de bienes; y á los ricos envió vacíos.

 54 Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia.

 55 Como habló á nuestros padres, á Abraham y a su simiente para siempre.

 56 Y se quedó María con ella como tres meses: despues se volvió á su casa.

 57 Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.

 58 Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios habia hecho con ella grande
misericordia, y se alegraron con ella.

 59 Y aconteció, que al octavo dia vinieron para circuncidar al niño, y le
llamaban del nombre de su padre, Zacarías.

 60 Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.

 61 Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llama de este
nombre.

 62 Y hablaron por señas á su padre como le queria llamar.

 63 Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos
se maravillaron.

 64 Y luego fué abierta su boca, y su lengua, y habló bendiciendo á Dios.

 65 Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas
de Judéa fueron divulgadas todas estas cosas.

 66 Y todos los que [las] oian, [las] conservaban en su corazon, diciendo:
¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.

 67 Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:

 68 Bendito el Señor Dios de Israel que ha visitado y hecho redencion á su
pueblo.

 69 Y nos alzó un cuerno de salvacion en la casa de David su siervo,

 70 Como habló por boca de sus santos profetas, que fueron desde el
principio:

 71 Salvacion de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos
aborrecieron;

 72 Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santo
pacto;

 73 Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, que nos habia de dar,

 74 Que sin temor librados de nuestros enemigos, le serviríamos

 75 En santidad y justicia delante de él, todos los dias nuestros.

 76 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado: porque irás ante la faz
del Señor, para aparejar sus caminos,

 77 Dando conocimiento de salud á su pueblo, para remision de sus pecados,

 78 Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de
lo alto el Oriente,

 79 Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para
encaminar nuestros piés por camino de paz.

 80 Y el niño crecia, y se fortalecia en espíritu; y estuvo en los desiertos
hasta el dia que se mostró á Israel.



CAPITULO 2.

 1 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que salió edicto de parte de Augusto César,
que toda la tierra fuese empadronada.

 2 Este empadronamiento primero fué hecho, siendo Cirenio gobernador de la
Siria.

 3 E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad.

 4 Y subió José de Galiléa, de la ciudad de Nazaret, á Judéa, á la ciudad de
David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David,

 5 Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba
en cinta.

 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los dias en que ella
habia de parir.

 7 Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un
pesebre; porque no habia lugar para ellos en el meson.

 8 Y habia pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias
de la noche sobre su ganado.

 9 Y hé aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los
cerco de resplandor; y tuvieron gran temor.

 10 Mas el ángel les dijo: No temais, porque hé aquí os doy nuevas de gran
gozo, que será para todo el pueblo:

 11 Que os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el
Señor.

 12 Y esto os [será por] señal: hallaréis al Niño envuelto en pañales, echado
en un pesebre.

 13 Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos
celestiales, que alababan á Dios, y decian:

 14 Gloria en las alturas á Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con
los hombres.

 15 Y aconteció, que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los
pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos, pues, hasta Bethlehem, y
veamos esto que ha sucedido, [y] que el Señor nos ha manifestado.

 16 Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al Niño acostado en
el pesebre.

 17 Y viéndo[le] hicieron notorio lo que les habia sido dicho del Niño.

 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les
decian.

 19 Mas María guardaba todas estas cosas confiriéndo[las] en su corazon.

 20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las
cosas que habian oido y visto, como les habia sido dicho.

 21 Y pasados los ocho dias para circuncidar al Niño, llamaron su nombre
Jesus, el cual [le] fué puesto por el ángel ántes que él fuese concebido en
el vientre.

 22 Y como se cumplieron los dias de la purificacion de ella, conforme á la
ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentar[le] al Señor;

 23 (Como está escrito en la ley del Señor: Todo varon que abriere la matriz,
será llamado santo al Señor:)

 24 Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor,
un por de tórtolas, ó dos palominos.

 25 Y hé aquí, habia un hombre en Jerusalem, llamado Simeon, y este hombre,
justo y pio, esperaba la consolacion de Israel; y el Espíritu Santo era sobre
él.

 26 Y habia recibido respuesta del Espíritu Santo, que no veria la muerte
ántes que viese al Cristo del Señor.

 27 Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al Niño Jesus sus padres
en el templo para hacer por él conforme á la costumbre de la ley,

 28 Entónces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:

 29 Ahora despides, Señor, á tu siervo, conforme á tu palabra, en paz:

 30 Porque han visto mis ojos tu Salvacion,

 31 La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;

 32 Luz para ser revelada á los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel.

 33 Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decian de él.

34 Y los bendijo Simeon, y dijo á su madre María: Hé aquí que este es puesto
para caida y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal á la que
será contradicho:

 35 Y una espada traspasará tu alma de tí misma, para que sean manifestados
los pensamientos de muchos corazones.

 36 Estaba tambien [allí] Ana, profetisa hija de Fanuel, de la tribu de Aser;
la cual habia venido en grande edad, y habia vivido con su marido siete años
desde su virginidad:

 37 Y [era] viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del
templo, sirviendo de noche y de dia con ayunos y oraciones.

 38 Y esta sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor y
hablaba de él á todos los que esperaban la redencion en Jerusalem.

 39 Mas como cumplieron todas las cosas segun la ley del Señor, se volvieron
á Galiléa, á su ciudad de Nazaret.

 40 Y el Niño crecia, y fortalecíase, y se henchia de sabiduría; y la gracia
de Dios era sobre él.

 41 E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua.

 42 Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la
costumbre del dia de la fiesta.

 43 Y acabados los dias, volviendo ellos se quedó el Niño Jesus en Jerusalem
sin saberlo José y su madre.

 44 Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un dia, y le
buscaban entre los parientes y entre los conocidos.

 45 Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole.

 46 Y aconteció, que tres dias despues le hallaron en el templo sentado en
medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.

 47 Y todos los que le oian, se pasmaban de su entendimiento y de sus
respuestas.

 48 Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo ¿por qué nos
has hecho así? Hé aquí tu padre y yo te hemos buscado con dolor.

 49 Entónces [él] les dice: ¿Que hay? ¿Por qué me buscabais? ¿No sabiais que
en los negocios de mi Padre me conviene estar?

 50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.

 51 Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su
madre guardaba todas estas cosas en su corazon.

 52 Y Jesus crecia en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los
hombres.



CAPITULO 3.

 1 Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de
Judéa Poncio Pilato, y Heródes tetrarca de Galiléa, y su hermano Felipe
tetrarca de Ituréa y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de
Abilinia,

 2 Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan,
hijo de Zacarías, en el desierto.

 3 Y él vino por toda la tierra alrededor del Jordan, predicando el bautismo
de arrepentimiento para la remision de pecados;

 4 Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice:
Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced
derechas sus sendas.

 5 Todo valle se henchirá, y bajaráse todo monte y collado; y los [caminos]
torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados;

 6 Y verá toda carne la salvacion de Dios.

 7 Y decia á las gentes que salian para ser bautizados de él: Oh generacion
de víboras, ¿quién os enseñó á huir de la ira que vendrá?

 8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comenceis á decir en
vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios,
aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham.

 9 Y ya tambien el hacha está puesta á la raiz de los árboles: todo árbol
pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.

 10 Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?

 11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y
el que tiene qué comer, haga lo mismo.

 12 Y vinieron tambien publicanos para ser bautizados, y le dijeron:
¿Maestro, qué harémos?

 13 Y él les dijo: No exijais mas de lo que os está ordenado.

 14 Y le preguntaron tambien los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué
harémos? Y les dice: No hagais extorsion á nadie, ni calumnieis; y contentáos
con vuestras pagas.

 15 Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones,
si él fuese el Cristo,

 16 Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua;
mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la
corréa de sus zapatos: el os bautizará en Espíritu Santo y fuego;

 17 Cuyo bieldo [está] en su mano, y limpiará su era y juntará el trigo en su
alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.

 18 Y amonestando, otras muchas cosas tambien anunciaba al pueblo.

 19 Entónces Heródes el tetrarca, siendo reprendido por él á causa de
Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que habia hecho
Heródes,

 20 Añadió tambien esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel:

 21 Y aconteció que, como todo él pueblo se bautizaba, tambien Jesus fuese
bautizado; y orando, el cielo se abrió,

 22 Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y
fué hecha una voz del cielo que decia: Tú eres mi Hijo amado, en tí me he
complacido.

 23 Y el mismo Jesus comenzaba á ser como de treinta años hijo de José, como
se creia, que fué hijo de Elí,

 24 Que fué de Matat, que fué de Leví, que fué de Melqui, que fué de Janne,
que fué de José,

 25 Que fué de Matatías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Eslai,
que fué de Naggai,

 26 Que fué de Maat, que fué de Matatías, que fué de Semei, que fue de José,
que fué de Júdas,

 27 Que fué de Joana, que fué de Resa, que fué de Zorobabel, que fué de
Salathiel, que fué de Neri,

 28 Que fué de Melqui, que fué de Addi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam,
que fué de Er,

 29 Que fué de Josue, que fué de Elieser, que fué de Jorim, que fué de Matat,
que fué de Leví,

 30 Que fué de Simeon, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonan,
que fué de Eliaquim,

 31 Que fué de Meléas, que fué de Menan, que fué de Matata, que fué de
Nathan, que fué de David,

 32 Que fué de Jessé, que fab de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmon,
que fué de Naason,

 33 Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de
Pháres, que fué de Judá,

 34 Que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Tara,
que fué de Nacor,

 35 Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Falec, que fué de Heber,
que fué de Sala,

 36 Que fué de Cainan, que fué de Arfaxad, que fué de Sem, que fué de Noé,
que fué de Lamech,

 37 Que fué de Matusalá, que fué de Enoc, que fué de Jared, que fué de
Malaleel, que fué de Cainan,

 38 Que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.



CAPITULO 4.

 1 Y JESUS, lleno de Espíritu Santo, volvió del Jordan, y fué llevado por el
Espíritu al desierto,

 2 Por cuarenta dias, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos
dias: los cuales pasados tuvo hambre.

 3 Entónces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí á esta piedra que se
haga pan.

 4 Y Jesus respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el
hombre, mas con toda palabra de Dios.

 5 Y le llevó el diablo á un alto monte y le mostró en un momento de tiempo
todos los reinos de la tierra;

 6 Y le dijo el diablo: A tí te daré toda esta potestad, y la gloria de
ellos: porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy.

 7 Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.

 8 Y respondiendo Jesus, le dijo: Véte de mí, Satanás, porque escrito está: A
tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás.

 9 Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo:
Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo.

 10 Porque escrito está; Que á sus ángeles mandará de tí, que te guarden;

 11 Y en las manos te llevarán, porque no dañes tu pié en piedra.

 12 Y respondiendo Jesus, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.

 13 Y acabada toda tentacion, el diablo se fué de él por [algun] tiempo.

 14 Y Jesus volvió en virtud del Espíritu á Galiléa, y salió la fama de él
por toda la tierra de alrededor.

 15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.

 16 Y vino á Nazaret, donde habla sido criado y entró, conforme á su
costumbre, el dia del Sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.

 17 Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el
lugar donde estaba escrito:

 18 El Espíritu del Señor [es] sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar
buenas nuevas á los pobres; me ha enviado para sanar los quebrantados de
corazon: para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para
poner en libertad á los quebrantados;

 19 Para predicar el año agradable del Señor.

 20 Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos
en la sinagoga estaban fijos en el.

 21 Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros
oidos.

 22 Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de
gracia que salian de su boca, y decian: ¿No es este el hijo de José?

 23 Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á tí mismo, de
tantas cosas que hemos oido haber sido hechas en Capernaum, haz tambien aquí
en tu tierra.

 24 Y dijo: De cierto os digo que ningun profeta es acepto en su tierra.

 25 Mas en verdad os digo, [que] muchas viudas habia en Israel en los dias de
Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una
grande hambre en toda la tierra;

 26 Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidon, á una
mujer viuda.

 27 Y muchos leprosos habia en Israel en tiempo del profeta Eliséo; mas
ninguno de ellos fué limpio, sino Naaman el Siro.

 28 Entónces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;

 29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la
cumbre del monte, sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para
despeñarle.

 30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.

 31 Y descendió á Capernaum, ciudad de Galiléa y [allí] los enseñaba en los
Sábados.

 32 Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.

 33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenia un espíritu de un demonio
inmundo, el cual exclamó á gran voz,

 34 Diciendo: Déjanos. ¿Qué tenemos contigo, Jesus Nazareno? ¿Has venido á
destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.

 35 Y Jesus le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entónces el demonio,
derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.

 36 Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros diciendo: ¿Qué palabra
es esta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y
salen?

 37 Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la
comarca.

 38 Y levantándose Jesus de la sinagoga, entró en casa de Simon; y la suegra
de Simon estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.

 39 E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre, y la fiebre la dejó: y ella
levantándose luego, les servia.

 40 Y poniéndose el sol, todos los que tenian enfermos de diversas
enfermedades, los traian á él: y él, poniendo las manos sobre cada uno de
ellos, los sanaba.

 41 Y salian tambien demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el
Hijo de Dios: mas riñéndoles no les dejaba hablar; porque sabian que él era
el Cristo.

 42 Y siendo ya de dia salió, y se fué á un lugar desierto: y las gentes le
buscaban, y vinieron hasta él; y le detenian para que no se apartase de
ellos.

 43 Mas él les dijo: Que tambien á otras ciudades es necesario que anuncie el
Evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.

 44 Y predicaba en las sinagogas de Galiléa.



CAPITULO 5.

 1 Y ACONTECIÓ, que estando el junto al lago de Genezaret, las gentes se
agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios.

 2 Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los
pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.

 3 Y entrando en uno de estos barcos, el cual era de Simon, le rogó que le
desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las
gentes.

 4 Y como cesó de hablar, dijo á Simon: Tira á alta mar, y echad vuestras
redes para pescar.

 5 Y respondiendo Simon, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche,
nada hemos tomado: mas en tu palabra echaré la red.

 6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se
rompia.

 7 E hicieron señas á los compañeros que [estaban] en el otro barco, que
viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que
se anegaban.

 8 Lo cual viendo Simon Pedro, se derribó de rodillas á Jesus, diciendo:
Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

 9 Porque temor le habia rodeado, y á todos los que [estaban] con él, de la
presa de los peces que habian tomado:

 10 Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedéo, que eran compañeros de
Simon. Y Jesus dijo á Simon: No temas; desde ahora pescarás hombres.

 11 Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron.

 12 Y aconteció que estando en una ciudad, hé aquí un hombre lleno de lepra,
el cual viendo á Jesus, postrándose sobre el rostro, le rogó diciendo: Señor,
si quisieres, puedes limpiarme.

 13 Entónces extendiendo la mano le toco, diciendo: Quiero; sé limpio. Y
luego la lepra se fué de él;

 14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie. Mas ve, ([díjole]) muéstrate al
sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para [que sirva de]
testimonio á ellos.

 15 Empero tanto más se extendia su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y
ser sanadas de sus enfermedades.

 16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.

 17 Y aconteció un dia, que él estaba enseñando, y los Fariséos y doctores de
la ley estaban sentados, los cuales habian venido de todas las aldéas de
Galiléa, y de Judéa, y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba [allí] para
sanarlos.

 18 Y hé aquí unos hombres, que traian sobre un lecho un hombre, que estaba
paralítico: y buscaban [por donde] meterle, y ponerle delante de él.

 19 Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima
de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de
Jesus.

 20 El cual, viendo la fé de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son
perdonados.

 21 Entónces los escribas y los Fariséos comenzaron á pensar, diciendo:
¿Quién es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo
Dios?

 22 Jesus entónces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les
dijo ¿Qué pensais en vuestros corazones?

 23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados; ó decir:
Levantate, y anda?

 24 Pues para que sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra
de perdonar pecados, (dice al paralítico): A tí digo: Levántate, toma tu
lecho, y véte á tu casa.

 25 Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que
estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios.

 26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos de temor,
diciendo: Que hemos visto maravillas hoy.

 27 Y despues de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví,
sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme.

 28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió.

 29 E hizo Leví gran banquete en su casa; y habia mucha compañía de
publicanos, y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.

 30 Y los escribas y los Fariséos murmuraban contra sus discípulos, diciendo:
¿Por que comeis y bebeis con los publicanos y pecadores?

 31 Y respondiendo Jesus, les dijo: los que están sanos no necesitan médico
sino los que están enfermos.

 32 No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.

 33 Entónces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas
veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariséos; y tus discípulos
comen y beben?

 34 Y él les dijo: ¿Podeis hacer que los que están de bodas ayunen,
entretanto que el Esposo está con ellos?

 35 Empero vendrán dias cuando el Esposo les sera quitado; entónces ayunarán
en aquellos dias.

 36 Y les decia tambien una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en
vestido viejo, de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo
nuevo.

 37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo
romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.

 38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se
conserva.

 39 Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El
añejo es mejor.



CAPITULO 6.

 1 Y ACONTECIÓ que pasando el por los sembrados en un Sábado segundo del
primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comian, estregándo[las] con las
manos.

 2 Y algunos de los Fariséos les dijeron: ¿Por qué haceis lo que no es lícito
hacer en los Sábados?

 3 Y respondiendo Jesus les dijo: ¿Ni aun esto habeis leido qué hizo David
cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban?

 4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposicion, y
comió y dió tambien á los que [estaban] con él; los cuales no era lícito
comer, sino á solos los sacerdotes?

 5 Y les decia: El Hijo del hombre es Señor aun del Sábado.

 6 Y aconteció tambien en otro Sábado, que él entró en la sinagoga y
enseñaba; y estaba allí un hombre que tenia la mano derecha seca.

 7 Y le acechaban los escribas y los Fariséos, si sanaria en Sábado, por
hallar de qué le acusasen.

 8 Mas él sabia los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenia la mano
seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pié.

 9 Entónces Jesus les dice: Os preguntaré [una cosa:] ¿Es lícito en Sábados
hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla?

 10 Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él lo
hizo así, y su mano fué restaurada.

 11 Y ellos se llenaron de rabia, y hablaban los unos á los otros qué harian
á Jesus.

 12 Y aconteció en aquellos dias, que fué al monte á orar, y pasó la noche
orando á Dios.

 13 Y como fué de dia, llamo á sus discípulos, y escogió doce de ellos, los
cuales tambien llamó apóstoles:

 14 A Simon, al cual tambien llamó Pedro, y á Andrés su hermano; Jacobo y
Juan, Felipe y Bartolomé,

 15 Mateo y Tomás, y Jacobo [hijo] de Alféo, y Simon el que se llama Celador;

 16 Júdas hermano de Jacobo, y Júdas Iscariote, que tambien fué el traidor.

 17 Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus
discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judéa y de Jerusalem, y
de la costa de Tiro y de Sidon, que habian venido á oirle, y para ser sanados
de sus enfermedades;

 18 Y [otros] que habian sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban
curados.

 19 Y toda la gente procuraba tocarle; porque salia de él virtud, y sanaba á
todos.

 20 Y alzando él los ojos á sus discípulos, decia: Bienaventurados [vosotros]
los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

 21 Bienaventurados los que ahora teneis hambre; porque seréis saciados.
Bienaventurados los que ahora llorais; porque reiréis.

 22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os
apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo por
el Hijo del hombre.

 23 Gozáos en aquel dia, y alegráos; porque hé aquí vuestro galardon [es]
grande en los cielos: porque así hacian sus padres á los profetas.

 24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque teneis vuestro consuelo.

 25 ¡Ay de vosotros, los que estais hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de
vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.

 26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros!
porque así hacian sus padres á los falsos profetas.

 27 Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos; haced bien á
los que os aborrecen.

 28 Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.

 29 Y al que te hiriere en la mejilla, dále tambien la otra: y al que te
quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.

 30 Y á cualquiera que te pidiere, dá: y al que tomare lo que [es] tuyo, no
vuelvas á pedir.

 31 Y como quereis que os hagan los hombres, así hacedles tambien vosotros.

 32 Porque si amais á los que os aman; ¿qué gracias tendréis? porque tambien
los pecadores aman á los que los aman.

 33 Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿que gracias tendréis?
porque tambien los pecadores hacen lo mismo.

 31 Y si prestareis á aquellos de quienes esperais recibir, ¿qué gracias
tendreis? porque tambien los pecadores prestan á los pecadores, para recibir
otro tanto.

 35 Amad pues á vuestros enemigos; y haced bien, y prestad no esperando de
ello nada: y será vuestro galardon grande, y seréis hijos del Altísimo:
porque él es benigno [aun] para con los ingratos y malos.

 36 Sed pues misericordiosos, como tambien vuestro Padre es misericordioso.

 37 No juzgueis, y no sereis juzgados: no condeneis, y no seréis condenados:
perdonad, y seréis perdonados.

 38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando, darán
en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á
medir.

 39 Y les decia una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán
ambos en el hoyo?

 40 El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el
maestro, será perfecto.

 41 ¿Por qué miras la paja que [está] en el ojo de tu hermano, y la viga que
[está] en tu propio ojo no consideras?

 42 ¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja
que [está] en tu ojo, no mirando tú la viga que [está] en tu ojo? Hipócrita,
echa primero fuera de tu ojo la viga, y entónces verás bien para sacar la
paja que [está] en el ojo de tu hermano.

 43 Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da
buen fruto.

 44 Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de las
espinas, ni vendimian uvas de las zarzas.

 46 El buen hombre del buen tesoro de su corazon saca bien: y el mal hombre
del mal tesoro de su corazon saca mal; porque de la abundancia del corazon
habla su boca.

 46 ¿Por qué me llamais, Señor, Señor, y no haceis lo que digo?

 47 Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, [yo] os
enseñaré á quien es semejante:

 48 Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y
puso el fundamento sobre la peña: y cuando vino una avenida, el rio dió con
ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear; porque estaba fundada sobre la
peña.

 49 Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa
sobre tierra, sin fundamento; en la cual el rio dió con ímpetu, y luego cayó:
y fué grande la ruina de aquella casa.



CAPITULO 7.

 1 Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.

 2 Y el siervo de un centurion, al cual tenia él en estima, estaba enfermo y
á punto de morir

 3 Y como oyó [hablar] de Jesus, envió á él los ancianos de los Judíos,
rogándole que viniese, y librase á su siervo.

 4 Y viniendo ellos á Jesus, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es
digno de concederle esto;

 5 Que ama nuestra nacion, y él nos edificó una sinagoga.

 6 Y Jesus fué con ellos; mas como ya no estuviesen lejos de su casa envió el
centurion amigos á él diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno
que entres debajo de mi tejado:

 7 Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á tí; mas dí la palabra, y
mi criado será sano.

 8 Porque tambien yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí
soldados; y digo á este: Ve; y va: y al otro: Ven; y viene: y á mi siervo:
Haz esto; y [lo] hace.

 9 Lo cual oyendo Jesus, se maravilló de él; y vuelto, dijo á las gentes que
le seguian: Os digo [que] ni aun en Israel he hallado tanta fé.

 10 Y vueltos á casa los que habian sido enviados, hallaron sano al siervo
que habia estado enfermo.

 11 Y aconteció despues, que [él] iba á la ciudad que se llama Nain, é iban
con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.

 12 Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, hé aquí que sacaban fuera á
un difunto, unigénito á su madre, la cual tambien era viuda: y habia con ella
grande compañía de la ciudad.

 13 Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.

 14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que [le] llevaban, pararon. Y dice:
Mancebo, á tí digo, levántate.

 15 Entónces se incorporó él que habia muerto, y comenzó á hablar; y diólo á
su madre.

 16 Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran
profeta se ha levantado entre nosotros, y que Dios ha visitado á su pueblo.

 17 Y salió esta fama de él por toda Judéa, y por toda la tierra de
alrededor.

 18 Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llama
Juan á dos de sus discípulos.

 19 Y envió á Jesus, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó
esperarémos á otro?

 20 Y como los hombres vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha
enviado á tí, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á
otro,

 21 Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades, y plagas, y de
espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.

 22 Y respondiendo Jesus les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habeis
visto y oido: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son
limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado
el Evangelio.

 23 Y bienaventurado es él que no fuere escandalizado en mí.

 24 Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las
gentes: ¿Que salisteis á ver al desierto? ¿Una caña que es agitada del
viento?

 25 Mas ¿qué salisteis á ver? ¿Un hombre cubierto de vestidos delicados? Hé
aquí que los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los
palacios de los reyes están.

 26 Mas ¿qué salisteis á ver? ¿Un profeta? Tambien os digo, y aun más que
profeta.

 27 Este es de quien está escrito: Hé aquí envio mi mensajero delante de tu
faz, el cual aparejará tu camino delante de tí.

 28 Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que
Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que
él.

 29 Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios
bautizándose con el bautismo de Juan.

 30 Mas los Fariséos, y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios
contra sí mismos, no siendo bautizados de él.

 31 Y dice el Señor: ¿A quién pues compararé los hombres de esta generacion,
y á qué son semejantes?

 32 Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los
unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailásteis; os
endechamos, y no llorásteis.

 33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comia pan, ni bebia vino; y decís:
Demonio tiene.

 34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe; y decís: Hé aquí un hombre
comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.

 35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.

 36 Y le rogó uno de los Fariséos, que comiese con él. Y entrando en casa del
Fariséo, sentóse á la mesa.

 37 Y hé aquí una mujer que habia sido pecadora en la ciudad, como entendió
que estaba á la mesa en casa de aquel Fariséo, trajo un [vaso de] alabastro
de ungüento;

 38 Y estando detrás á sus piés, comenzó llorando á regar con lágrimas sus
piés, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza: y besaba sus piés, y
[los] ungia con el ungüento.

 39 Y como vió [esto] el Fariséo que le habia convidado, habló entre sí,
diciendo: Este, si fuera profeta, conoceria quién y cuál es la mujer que le
toca, que es pecadora.

 40 Entónces respondiendo Jesus, le dijo: Simon, una cosa tengo que decirte.
Y él dice: Dí, Maestro.

 41 Un acreedor tenia dos deudores: el uno le debia quinientos denarios, y el
otro cincuenta.

 42 Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó [la deuda] á ambos. Dí, pues
¿cuál de estos le amará más?

 43 Y respondiendo Simon, dijo: Pienso que aquel al cual perdonó más. Y él le
dijo: Rectamente has juzgado.

 44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simon: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no
diste agua para mis piés; mas esta ha regado mis piés con lágrimas, y los ha
limpiado con los cabellos.

 45 No me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis
piés.

 46 No ungiste mi cabeza con óleo; mas esta ha ungido con ungüento mis piés.

 47 Por lo cual te digo [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó
mucho: mas al que se perdona poco, poco ama.

 48 Y á ella dijo: los pecados te son perdonados.

 49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron a decir entre
si: ¿Quién es este que tambien perdona pecados?

 50 Y dijo á la mujer: Tu fé te ha salvado: vé en paz.



CAPITULO 8.

 1 Y ACONTECIÓ despues, que él caminaba por todas las ciudades y  aldéas
predicando, y anunciando el Evangelio del reino de Dios: y los doce con él,

 2 Y algunas mujeres que habian sido curadas [por él] de malos espíritus, y
de enfermedades; María, que se llamaba Magdalena, de la cual habian salido
siete demonios,

 3 Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Heródes, y Susana, y otras muchas
que le servian de sus haciendas.

 4 Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad
vinieron á él, dijo por una parábola:

 5 Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una [parte]
cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron.

 6 Y otra [parte] cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenia
humedad.

 7 Y otra [parte] cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente,
la ahogaron.

 8 Y otra [parte] cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á
ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oidos para oir,
oiga.

 9 Y sus discípulos le preguntaron diciendo, qué era esta parábola.

 10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios:
mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no
entiendan.

 11 Es pues esta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.

 12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen, y luego viene el
diablo, y quita la palabra de su corazon, porque no crean y se salven.

 13 Y los de sobre la piedra, [son] los que habiendo oido, reciben la palabra
con gozo, mas estos no tienen raices: que á tiempo crecen, y en el tiempo de
la tentacion se apartan,

 14 Y la que cayó entre las espinas, estos son los que oyeron; mas yéndose,
son ahogados [luego] de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos
de la vida, y no llevan fruto.

 15 Mas la que en buena tierra, estos son los que con corazon bueno y recto
retienen la palabra oida, y llevan fruto en paciencia.

 16 Ninguno que enciende la antorcha la cubre con [alguna] vasija, ó la pone
debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran, vean
la luz.

 17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa
escondida que no haya de ser entendida, y de venir á luz.

 18 Mirad pues como oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á
cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.

 19 Y vinieron á él su madre y hermanos; y no podian llegar á él por causa de
la multitud.

 20 Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera que
quieren verte.

 21 El entónces respondiendo les dijo: mi madre y mis hermanos son los que
oyen la palabra de Dios y la ejecutan.

 22 Y aconteció un dia, [que] él entro en un barco con sus discípulos, y les
dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron.

 23 Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de
viento en el lago; y henchian [de agua,] y peligraban.

 24 Y llegándose á él le despertaron, diciendo: Maestro, Maestro, que
perecemos. Y despertado él, increpó al viento y á la tempestad del agua; y
cesaron y fué hecha bonanza.

 25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fé? Y atemorizados se maravillaban
diciendo los unos á los otros: ¿Quién es este que aun á los vientos y al agua
manda, y le obedecen?

 26 Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galiléa.

 27 Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que
tenia demonios [ya] de mucho tiempo y no vestia vestido, ni estaba en casa,
sino por los sepulcros.

 28 El cual como vió á Jesus, exclamó y se postró delante de él, y dijo á
gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesus, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que
no me atormentes.

 29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque [ya]
de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos,
mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)

 30 Y le preguntó Jesus diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legion.
Porque muchos demonios habian entrado en él.

 31 Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.

 32 Y habia allí un hato de muchos puercos que pacian en el monte: y le
rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.

 33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato de
ellos se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.

 34 Y los pastores, como vieron lo que habia acontecido, huyeron; y yendo,
dieron aviso en la ciudad y por las heredades.

 35 Y salieron á ver lo que habia acontecido, y vinieron á Jesus: y hallaron
sentado al hombre, de quien habian salido los demonios, vestido, y en su
juicio, á los piés de Jesus: y tuvieron miedo.

 36 Y les contaron los que [lo] habian visto como habia sido salvado aquel
endemoniado.

 37 Entónces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor le
rogaron que se fuese de ellos; porque tenian gran temor. Y él subiendo en el
barco, volvióse.

 38 Y aquel hombre, de quien habian salido los demonios, le rogó para estar
con él; mas Jesus le despidió, diciendo:

 39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y
él se fué, publicando por toda la ciudad cuan grandes cosas habia Jesus hecho
con él.

 40 Y aconteció que volviendo Jesus recibióle la gente; porque todos le
esperaban.

 41 Y hé aquí un varon llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga,
vino, y cayendo á los piés de Jesus, le rogaba que entrase en su casa:

 42 Porque tenia una hija única, como de doce años, y ella se estaba
muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.

 43 Y una mujer que tenia flujo de sangre hacia ya doce años, la cual habia
gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno habia podido ser curada,

 44 Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido: y luego se
estancó el flujo de su sangre.

 45 Entónces Jesus dijo: ¿Quien [es] él que me ha tocado? Y negando todos,
dijo Pedro, y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y
oprime, y dices: ¿Quién [es] él que me ha tocado?

 46 Y Jesus dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido
virtud de mí.

 47 Entónces, como la mujer vió que no se habia ocultado, vino temblando y
postrándose delante de él, declaróle delante de todo el pueblo la causa por
qué le habia tocado, y como luego habia sido sana.

 48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado: vé en paz.

 49 Estando aun él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle:
Tu hija es muerta; no des trabajo al Maestro.

 50 Y oyéndo[lo] Jesus, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.

 51 Y entrado en casa, no dejo entrar á nadie [consigo,] sino á Pedro y á
Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.

 52 Y lloraban todos, y la plañian. Y él^ dijo: No lloreis; no es muerta,
sino que duerme.

 53 Y hacian burla de él, sabiendo que estaba muerta.

 54 Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.

 55 Entónces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mandó que le diesen
de comer.

 56 Y sus padres estaban atónitos; á los cuales él mando, que á nadie dijesen
lo que habia sido hecho.



CAPITULO 9.

 1 Y JUNTANDO sus doce discípulos les dió virtud y potestad sobre todos los
demonios, y que sanasen enfermedades

 2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los
enfermos.

 3 Y les dice: No tomeis nada para el camino, ni báculos, ni alforja, ni pan,
ni dinero; ni tengais dos vestidos cada uno.

 4 Y en cualquiera casa que entrareis quedad allí y de allí salid.

 5 Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el
polvo sacudid de vuestros piés en testimonio contra ellos.

 6 Y saliendo [ellos,] rodeaban por todas las aldéas, anunciando el
Evangelio, y sanando por todas partes.

 7 Y oyó Heródes el tetrarca todas las cosas que hacia; y estaba en duda,
porque decian algunos: Juan ha resucitado de los muertos,

 8 Y otros: Elías ha aparecido: y otros: Algun profeta de los antiguos ha
resucitado.

 9 Y dijo Heródes: A Juan yo [le] degollé: ¿quién pues será este, de quien yo
oigo tales cosas? Y procuraba verle.

 10 Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habian hecho. Y
tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama
Bethsaida.

 11 Y como [lo] entendieron las gentes, le siguieron: y el las recibió, y les
hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenian necesidad de cura.

 12 Y el dia habia comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron:
Despide las gentes, para que yendo á las aldéas y heredades de alrededor,
procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.

 13 Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que
cinco panes y dos pescados; si no vamos nosotros á comprar viandas para toda
esta compañía.

 14 Y eran como cinco mil hombres. Entónces dijo á sus discípulos: Hacedlos
sentar en ranchos de cincuenta en cincuenta.

15 Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.

 16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los
bendijo; y partió y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las
gentes.

 17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos
de pedazos.

 18 Y aconteció, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos: y
les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?

 19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y
otros, que algun profeta de los antiguos ha resucitado.

 20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entónces respondiendo Simon
Pedro, dijo: El Cristo de Dios.

 21 Mas él conminándoles, mandó que á nadie dijesen esto,

 22 Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea
desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los
escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer dia.

 23 Y decia á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí
mismo, y tome su cruz cada dia, y sígame.

 24 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera
que perdiere su vida por causa de mí, este la salvará.

 25 Porque ¿qué aprovecha al hombre si granjeare todo el mundo, y se pierda
él á sí mismo, ó corra peligro de sí?

 26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo
del hombre se avergonzará, cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los
santos ángeles.

 27 Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no
gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.

 28 Y aconteció como ocho dias despues de estas palabras, que tomó á Pedro, y
á Juan, y á Jacobo, y subió al monte á orar.

 29 Y entretanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su
vestido blanco y resplandeciente.

 30 Y hé aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y
Elías,

 31 Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual habia de
cumplir en Jerusalem.

 32 Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como
despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.

 33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesus: Maestro,
bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones; uno para tí, y uno
para Moisés, y uno para Elías: no sabiendo lo que se decia.

 34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió y tuvieron
temor, entrando ellos en la nube.

 35 Y vino una voz de la nube, que decia: Este es mi Hijo amado; á él oid.

 36 Y pasada aquella voz, Jesus fué hallado solo: y ellos callaron, y por
aquellos dias no dijeron nada á nadie de lo que habian visto.

 37 Y aconteció al dia siguiente, que apartándose ellos del monte, gran
compañía salió al encuentro.

 38 Y hé aquí que un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote
que veas á mi hijo, que es el único que tengo.

 39 Y hé aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y
hace echar espuma, y apénas se aparta de él, quebrantándole.

 40 Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.

 41 Y respondiendo Jesus, dice: ¡Oh generacion infiel y perversa! ¿hasta
cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.

 42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y despedazó: mas Jesus
increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se le volvió á su padre.

 43 Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos
de todas las cosas que hacia, dijo á sus discípulos:

 44 Poned vosotros en vuestros oidos estas palabras: porque ha de acontecer
que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.

 45 Mas ellos no entendian esta palabra, y les era encubierta para que no la
entendiesen: y temian preguntarle de esta palabra.

 46 Entónces entraron en disputa, cuál de ellos seria el mayor.

 47 Mas Jesus, viendo los pensamientos del corazon de ellos, tomó un niño, y
púsole junto á sí,

 48 Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe;
y cualquiera que [me] recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que
fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande.

 49 Entónces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba
fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no [te] sigue con
nosotros.

 50 Jesus le dijo: No se lo prohibais, porque el que no es contra nosotros,
por nosotros es.

 51 Y aconteció [que] como se cumplió el tiempo en que habia de ser recibido
arriba, el afirmó su rostro para ir á Jerusalem.

 52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una
ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.

 53 Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.

 54 Y viendo [esto] sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres
que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?

 55 Entónces volviéndose él, les reprendió diciendo: Vosotros no sabeis de
que espíritu sois;

 56 Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los
hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldéa.

 57 Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré
donde quiera que fueres.

 58 Y le dijo Jesus: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos
nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza,

 59 Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y
entierre á mi padre.

 60 Y Jesus le dijo: Deja á los muertos que entierren á sus muertos; y tú vé,
y anuncia el reino de Dios.

 61 Entónces tambien dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida
primero de los que están en mi casa.

 62 Y Jesus le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es
apto para el reino de Dios.



CAPITULO 10.

 1 Y DESPUES de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales
envió de dos en dos, delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde él habia de
venir.

 2 Y les decia: La mies á la verdad [es] mucha, mas los obreros pocos: por
tanto rogad al Señor de la mies que envie obreros á su mies.

 3 Andad, hé aquí yo os envio como á corderos en medio de lobos.

 4 No lleveis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludeis en el camino.

 5 En cualquier casa donde entrareis primeramente decid: Paz [sea] á esta
casa.

 6 Y si hubiere allí algun hijo de paz vuestra paz reposará sobre él: y si
no, se volverá á vosotros.

 7 Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque
el obrero digno es de su salario. No [os] paseis de casa en casa.

 8 Y en cualquier ciudad donde entrareis? y os recibieren, comed lo que os
pusieren delante;

 9 Y sanad los enfermos que en ella hubiere; y decidles: Se ha llegado á
vosotros el reino de Dios.

 10 Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por
sus calles, decid:

 11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros piés,
sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha
llegado á vosotros.

 12 Y os digo que los de Sodoma tendrán más remision aquel dia, que aquella
ciudad.

 13 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidon
hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya dias ha
que, sentados en cilicio y ceniza, se habrian arrepentido.

 14 Por tanto Tiro y Sidon tendrán más remision que vosotras en el juicio.

 15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los
infiernos serás abajada.

 16 El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí
desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.

 17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se
nos sujetan en tu nombre.

 18 Y les dijo: Yo veia á Satanás, como un rayo, que caia del cielo.

 19 Hé aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los
escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará.

 20 Mas no os goceis de esto, [á saber,] que los espíritus se os sujetan;
ántes gozáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

 21 En aquella misma hora Jesus se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo,
oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los
sabios entendidos, y las has revelado á los pequeños: así Padre, porque así
te agradó.

 22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el
Hijo, sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo
lo quisiere revelar.

 23 Y vuelto particularmente á [sus] discípulos, dijo: Bienaventurados los
ojos que ven lo que vosotros veis;

 24 Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros
veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.

 25 Y hé aquí, un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo:
Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?

 26 Y él le dijo: ¿Qué esta escrito en la ley? ¿Cómo lees?

 27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de
toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu
projimo, como á tí mismo.

 28 Y díjole. Bien has respondido: haz esto, y vivirás.

 29 Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesus: ¿Y quién es mi
prójimo?

 30 Y respondiendo Jesus, dijo: Un hombre descendia de Jerusalem á Jericó, y
cayó en [manos de] ladrones, los cuales le despojaron, é hiriéndole, se
fueron dejándole medio muerto.

 31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por el mismo camino; y viéndole
se pasó de un lado.

 32 Y asimismo un Levita llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó
de un lado.

 33 Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué
movido á misericordia;

 34 Y llegándose, vendó sus heridas echándo[le] aceite y vino: y poniéndole
sobre su cabalgadura, llevólo al meson, y cuidó de él.

 35 Y otro dia al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo:
Cuídamele; y todo lo que demás gastares, yo cuando vuelva te [lo] pagaré.

 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquel que
cayó en [manos de] los ladrones?

 37 Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entónces Jesus le dijo: Vé
y haz tú lo mismo.

 38 Y aconteció, que yendo, entró él en una aldéa; y una mujer, llamada
Marta, le recibió en su casa:

 39 Y esta tenia una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose á los
piés del Señor, oia su palabra.

 40 Empero Marta se distraia en muchos servicios; y sobreviniendo, dice:
Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Díle, pues, que
me ayude.

 41 Pero respondiendo Jesus, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con
las muchas cosas estás turbada:

 42 Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no
le será quitada.



CAPITULO 11.

 1 Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus
discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como tambien Juan enseñó á sus
discípulos.

 2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos,
sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el
cielo, así tambien en la tierra.

 3 El pan nuestro de cada dia, dános[le] hoy.

 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque tambien nosotros perdonamos á todos
los que nos deben. Y no nos metas en tentacion, mas líbranos del malo.

 5 Díjoles tambien: ¿Quien de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media
noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes:

 6 Porque un amigo mio ha venido á mí de camino, y no tengo qué ponerle
delante?

 7 Y [si] él de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta
está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y
darte:

 8 Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su
importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.

 9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará: buscad, y hallaréis; tocad, y os será
abierto.

 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca halla; y al que toca,
se abre.

 11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?
ó, si pescado, ¿en lugar de pescado le dará una serpiente?

 12 O, si [le] pidiere un huevo, ¿le dará un escorpion?

 13 Pues si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros
hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que
lo pidieren de él?

 14 Y estaba él lanzando un demonio el cual era mudo: y aconteció que salido
fuera el demonio, el mudo habló, y las gentes se maravillaron.

 15 Y algunos de ellos decian: En Beelzebul, príncipe de los demonios, echa
fuera los demonios.

 16 Y otros, tentando, pedian de el señal del cielo.

 17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino
dividido contra sí mismo es asolado, y una casa [dividida] contra sí misma,
cae.

 18 Y si tambien Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pié
su reino? porque decís, que en Beelzebul echo yo fuera los demonios.

 19 Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebul, ¿vuestros hijos en quién
los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces.

 20 Mas si en el dedo de Dios echo fuera los demonios, cierto el reino de
Dios ha llegado á vosotros.

 21 Cuando el fuerte armada guarda su atrio, en paz está lo que posee.

 22 Mas si sobreviniendo [otro] más fuerte que él, le venciere, le toma todas
sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.

 23 El que no es conmigo, contra mí es, y el que conmigo no recoge,
desparrama.

 24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos
buscando reposo; y no hallándo[le,] dice: Me volveré á mi casa, de donde
salí.

 25 Y viniendo la halla barrida y adornada.

 26 Entónces va, y toma otros siete espíritus peores que el; Y entrados,
habitan allí; y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.

 27 Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía levantando
la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos, que
mamaste.

 28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la
guardan.

 29 Y juntándose las gentes á él, comenzó á decir: Esta generacion mala es:
señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.

 30 Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así tambien será el Hijo del
hombre á esta generacion.

 31 La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta
generacion, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la
sabiduría de Salomon; y hé aquí más que Salomon en este lugar.

 32 los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la
condenarán: porque á la predicacion de Jonás se arrepintieron; y hé aquí más
que Jonás en este lugar.

 33 Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud; sino en
el candelero, para que los que entran, vean la luz.

 34 La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, tambien
todo tu cuerpo será resplandeciente: mas si fuere malo, tambien tu cuerpo
será tenebroso.

 35 Mira pues, si la lumbre que en tí hay, es tinieblas.

 36 Así que [siendo] todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte
de tiniebla, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te
alumbra.

 37 Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariséo que comiese con él: y entrado
Jesus, se sentó á la mesa.

 38 Y el Fariséo como [le] vió, maravillóse de que no se lavó ántes de comer.

 39 Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariséos lo de fuera del vaso y
del plato 1impiais; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de
maldad.

 40 Necios, ¿él que hizo lo de fuera, no hizo tambien lo de dentro?

 41 Empero de lo que os resta dad limosna; y hé aquí, todo os será limpio.

 42 Mas ¡ay de vosotros, Fariséos! que diezmais la menta, y la ruda, y toda
hortaliza: mas el juicio y la caridad de Dios pasais de largo. Pues estas
cosas era necesario hacer, y no dejar las otras.

 43 ¡Ay de vosotros Fariséos! que amais las primeras sillas en las sinagogas,
y las salutaciones en las plazas.

 44 ¡Ay de vosotros! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que
andan encima no [lo] saben.

 45 Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando
dices esto, tambien nos afrentas á nosotros.

 46 Y el dijo: ¡Ay de vosotros tambien, doctores de la ley! que cargais los
hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo
tocais las cargas.

 47 ¡Ay de vosotros! que edificais los sepulcros de los profetas, y los
mataron vuestros padres.

 48 De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres:
porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificais sus sepulcros.

 49 Por tanto la sabiduría de Dios tambien dijo: Enviaré á ellos profetas, y
apóstoles, y de ellos [á unos] matarán, y [á otros] perseguirán;

 50 Para que de esta generacion sea demandada la sangre de todos los
profetas, que ha sido derramada desde la fundacion del mundo;

 51 Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el
altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generacion.

 52 ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habeis quitado la llave de la
ciencia: vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.

 53 Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariséos comenzaron á
apretar[lo] en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas;

 54 Asechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.



CAPITULO 12.

 1 EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban,
comenzó á decir á sus discípulos primeramente: Guardáos de la levadura de los
Fariséos, que es hipocresía.

 2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que
no haya de ser sabido.

 3 Por tanto las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oidas; y lo
que hablasteis al oido en las cámaras, será pregonado en los terrados.

 4 Mas os digo, amigos mios: No temais de los que matan el cuerpo, y despues
no tienen más que hacer.

 5 Mas os enseñará á quien temais: Temed á aquel que despues de haber quitado
la vida, tiene poder de echar en la gehenna: así os digo: A este temed.

 6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está
olvidado delante de Dios.

 7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temais pues:
de mas estima sois [vosotros] que muchos pajarillos.

 8 Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, tambien
el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios:

 9 Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los
ángeles de Dios:

 10 Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será
perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no [le] será
perdonado.

 11 Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades,
no esteis solícitos cómo ó qué hayais de responder, ó qué hayais de decir;

 12 Porque el Espíritu Santo os ensenará en la misma hora lo que será
necesario decir.

 13 Y díjole uno de la compañía: Maestro, dí á mi hermano que parta conmigo
la herencia.

 14 Mas él le dijo: hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre
vosotros?

 15 Y díjoles: Mirad, y guardáos de toda avaricia; porque la vida del hombre
no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

 16 Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico habia
llevado mucho;

 17 Y [él] pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo donde
junte mis frutos?

 18 Y dijo: Esto haré; derribaré mis alfolíes, y edificaré[los] mayores; y
allí juntaré todos mis frutos y mis bienes,

 19 Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos
años: repósate, come, bebe, huélgate.

 20 Y díjole Dios: ¡Necio! esta noche vuelven á pedir tu alma: y lo que has
prevenido, ¿de quién será?

 21 Así [es] el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.

 22 Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo, no esteis afanosos de vuestra
vida, que comeréis, ni del cuerpo, qué vestiréis.

 23 La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido.

 24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen
cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros
que las aves?

 25 ¿Y quién de vosotros podrá con [su] afan añadir á su estatura un codo?

 26 Pues si no podeis aun lo que es ménos, ¿para qué estaréis afanosos de lo
demás?

 27 Considerad los lirios, como crecen; no labran, ni hilan: y os digo, que
ni Salomon con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

 28 Y si así viste Dios á la yerba, que hoy está en el campo, y mañana es
echada en el horno, ¿cuánto más á vosotros, [hombres] de poca fé?

 29 Vosotros, pues, no procuréis qué hayais de comer, ó qué hayais de beber,
ni estéis en ansiosa perplejidad.

 30 Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo: que vuestro Padre
sabe que necesitais estas cosas.

 31 Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

 32 No temais, manada pequeña, porque al Padre ha placido daros el reino.

 33 Vended lo que poseeis, y dad limosna; hacéos bolsas que no se envejecen,
tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladron no llega, ni polilla
corrompe.

 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí tambien estará vuestro corazon.

 35 Estén ceñidos vuestros lomos, y [vuestras] antorchas encendidas:

 36 Y vosotros, semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver
de las bodas; para que cuando viniere, y tocare, luego le abran.

 37 Bienaventurados aquellos siervos á los cuales, cuando el señor viniere,
hallare velando; de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la
mesa y pasando les servirá.

 38 Y aunque venga á la segunda vigilia: y aunque venga á la tercera vigilia,
y [los] hallare así, bienaventurados son los tales siervos.

 39 Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á que hora habia de
venir el ladron, velaria ciertamente y no dejaria minar su casa.

 40 Vosotros, pues, tambien estad apercibidos: porque á la hora que no
pensais, el Hijo del hombre vendrá.

 41 Entónces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó tambien
á todos?

 42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor
pondrá sobre su familia, para que en tiempo les de [su] racion?

 43 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando el señor viniere, hallare
haciendo así.

 44 En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.

 45 Mas si el tal siervo dijere en su corazon: Mi señor tarda en venir, y
comenzare á herir los siervos y las criadas, y á comer, y á beber, y á
embriagarse,

 46 Vendrá el señor de aquel siervo el dia que [él] no espera, y á la hora
que [él] no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles.

 47 Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió,
ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.

 48 Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco:
porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y
al que encomendaron mucho, mas le será pedido.

 49 Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?

 50 Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio
hasta que sea cumplido!

 51 Pensais que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disension.

 52 Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos, tres contra
dos, y dos contra tres.

 53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre, la
madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y
la nuera contra su suegra.

 54 Y decia tambien á las gentes: Cuando veis la nube que sale del Poniente,
luego decís: Agua viene: y es así.

 55 Y cuando sopla el Austro, decís: Habrá calor; y lo hay.

 56 ¡Hipócritas! Sabeis examinar la faz del cielo y de la tierra: ¿Y cómo no
reconoceis este tiempo?

 57 ¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgais lo que es justo?

 58 Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino
librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al
alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.

 59 Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último
maravedí.



CAPITULO 13.

 1 Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los
Galiléos cuya sangre Pilato habia mezclado con sus sacrificios.

 2 Y respondiendo Jesus les dijo: ¿Pensais que estos Galiléos, porque han
padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos las Galiléos?

 3 No, os digo: ántes, si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.

 4 O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los
mató, ¿pensais que ellos fueron más deudores que todos los hombres que
habitan en Jerusalem,

 5 No, os digo: ántes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.

 6 Y dijo esta parábola: Tenia uno una higuera plantada en su viña, y vino á
buscar fruto en ella, y no [lo] halló.

 7 Y dijo al viñero: Hé aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta
higuera, y no [le] hallo; córtala, ¿por que ocupará aun la tierra?

 8 El entónces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aun este año, hasta que
[yo] la excave, y estercole.

 9 Y si hiciere fruto, [bien;] y si no, la cortarás despues.

 10 Y enseñaba en una sinagoga en Sábado.

 11 Y hé aquí una mujer que tenia espíritu de enfermedad diez y ocho años,
andaba agobiada que en ninguna manera [se] podia enhestar.

 12 Y como Jesus la vió, llamó[la,] y díjole: Mujer, libre eres de tu
enfermedad.

 13 Y puso las manos sobre ella, y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.

 14 Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado que Jesus hubiese
curado en el Sábado, dijo á la compañía: Seis dias hay en que es necesario
obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en dia de Sábado.

 15 Entónces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros
no desata en Sábado su buey, ó su asno del pesebre, y [lo] lleva á beber?

 16 Y á esta hija de Abraham, que hé aquí que Satanás la habia ligado diez y
ocho años, ¿no convino desatarla de esta ligadura en dia de Sábado?

 17 Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo
el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas.

 18 Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?

 19 Semejante es al grano de la mostaza, que tomándo[lo] un hombre [le] metió
en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo
hicieron nidos en sus ramas.

 20 Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?

 21 Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y [la] escondió en tres
medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.

 22 Y pasaba por todas las ciudades y aldéas enseñando, y caminando á
Jerusalem.

 23 Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

 24 Porfiad á entrar por la puerta angosta: porque os digo que muchos
procurarán entrar, y no podrán.

 25 Despues que el padre de familias se levantare, y cerrare la puerta, y
comenzaréis á estar fuera, y tocar á la puerta, diciendo: Señor, Señor,
ábrenos: y respondiendo [él] os dirá: No os conozco de donde seais:

 26 Entónces comenzaréis á decir: Delante de tí hemos comido y bebido, y en
nuestras plazas enseñaste.

 27 Y [os] dirá: Dígoos que no os conozco de donde seais: apartáos de mí,
todos los obreros de iniquidad.

 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á
Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros
excluidos.

 29 Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte, y del Mediodia, y se
sentarán á la mesa en el reino de Dios.

 30 Y hé aquí, que son postreros los que eran los primeros; y que son
primeros los que eran los postreros.

 31 Aquel mismo dia llegaron unos de los Fariséos, diciéndoles: Sal y véte de
aquí, porque Heródes te quiere matar.

 32 Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: Hé aquí, echo fuera demonios, y
acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer dia soy consumado.

 33 Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine: porque no
es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.

 34 ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas los que son
enviados á tí: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus
pollos debajo de [sus] alas, y no quisiste!

 35 Hé aquí os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis,
hasta que venga [tiempo] cuando digais: Bendito el que viene en nombre del
Señor.



CAPITULO 14.

 1 Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariséos un Sábado
á comer pan, ellos le acechaban.

 2 Y hé aquí un hombre hidrópico estaba delante de él.

 3 Y respondiendo Jesus, habló á los doctores de la ley, y á los Fariséos
diciendo: ¿Es lícito sanar en Sábado?

 4 Y ellos callaron. Entónces él tomándo[le,] lo sanó, y despidió[le.]

 5 Y respondiendo á ellos, dijo: ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá
en [algun] pozo, y [él] no le sacará luego en dia de Sábado?

 6 Y no le podian replicar á estas cosas.

 7 Y observando como escogian los primeros asientos á la mesa, propuso una
parábola á los convidados, diciéndoles:

 8 Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te sientes en el primer
lugar; no sea que otro mas honrado que tú esté por él convidado,

 9 Y viniendo el que te llamó á tí y á él, te diga: Da lugar á este: y
entónces comiences con vergüenza á tener el lugar último.

 10 Mas cuando fueres convidado, vé, y siéntate en el postrer lugar; porque
cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entónces tendrás
gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa.

 11 Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla,
será ensalzado.

 12 Y dijo tambien el que le habia convidado: Cuando haces comida ó cena,^ no
llames á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á [tus]
vecinos ricos; porque tambien ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha
compensacion.

 13 Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los
ciegos,

 14 Y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir: mas te será
recompensado en la resurreccion de los justos.

 15 Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le
dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.

 16 El entónces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convido á muchos.

 17 Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid,
que ya todo esta aparejado.

 18 Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado una
hacienda, y necesito salir, y verla; te ruego que me des por excusado.

 19 Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos:
ruégote que me des por excusado.

 20 Y el otro dijo: Acabo de casarme y por tanto no puedo ir.

 21 Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entónces enojado
el padre de la familia, dijo á su siervo: Vé presto por las plazas, y por las
calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.

 22 Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.

 23 Y dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y
fuérza[los] á entrar, para que se llene mi casa.

 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados,
gustará mi cena.

 25 Y muchas gentes iban con él; y volviéndose les dijo:

 26 Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é
hijos, y hermanos, y hermanas, y aun tambien su vida, no puede ser mi
discípulo.

 27 Y cualquiera que no trae su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi
discípulo.

 28 Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero
sentado los gastos, si tiene [lo que necesita] para acabar[la?]

 29 Porque despues que haya puesto el fundamento, y no pueda acabar[la,]
todos los que [lo] vieren, no comiencen á hacer burla de él,

 30 Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.

 31 ¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose
primero, no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene
contra él con veinte mil?

 32 De otra manera, cuando aun el otro está léjos, le ruega por la paz,
enviándole embajada.

 33 Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que
posee, no puede ser mi discípulo.

 34 Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida ¿Con qué se adobará?

 35 Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien
tiene oidos para oir, oiga.



CAPITULO 15.

 1 Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.

 2 Y murmuraban los Fariséos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores
recibe, y con ellos come.

 3 Y él les propuso esta parábola, diciendo:

 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas,
no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta
que la halle?

 5 Y hallada, [la] pone sobre sus hombros gozoso;

 6 Y viniendo á casa junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme
el parabien: porque he hallado mi oveja que se habia perdido.

 7 Os digo, que así habrá [más] gozo en el cielo de un pecador que se
arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.

 8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende
el candil y barre la casa. y busca con diligencia hasta hallar[la?]

 9 Y cuando [la] hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo:
Dadme el parabien, porque he hallado la dracma que habia perdido.

 10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador
que se arrepiente.

 11 Y dijo: Un hombre tenia dos hijos;

 12 Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dáme la parte de la hacienda
que [me] pertenece: y [él] les repartió la hacienda.

 13 Y no muchos dias despues, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á
una provincia apartada, y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.

 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella
provincia, y comenzóle á faltar.

 15 Y fué, y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le
envió á su hacienda para que apacentase los puercos.

 16 Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comian los puercos;
mas nadie se [las] daba.

 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen
abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

 18 Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el
cielo, y contra tí;

 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus
jornaleros.

 20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su
padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y
besóle.

 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí, y ya no
soy digno de ser llamado tu hijo.

 22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle,
y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus piés;

 23 Y traed el becerro grueso, y matad[lo,] y comamos, y hagamos fiesta.

 24 Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es
hallado. Y comenzaron á regocijarse.

 25 Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca
de casa, oyó la sinfonía y las danzas;

 26 Y llamando uno de los criados, preguntóle qué era aquello.

 27 Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro
grueso, por haberle recibido salvo.

 28 Entónces [él] se enojó, y no queria entrar. Salió por tanto su padre, y
le rogaba [que entrase.]

 29 Mas él respondiendo, dijo al padre: Hé aquí, tantos años [há que] te
sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un
cabrito para gozarme con mis amigos.

 30 Mas cuando vino este tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras
has matado para él el becerro grueso.

 31 El entónces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas
son tuyas.

 32 Mas era menester hacer fiesta y holgar[nos,] porque este tu hermano
muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.



CAPITULO 16.

 1 Y DIJO tambien á sus discípulos; Habia un hombre rico, el cual tenia un
mayordomo; y este fué acusado delante de él como disipador de sus bienes.

 2 Y lo llamó, y le dijo: ¿Qué [es] esto [que] oigo de tí? da cuenta de tu
mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.

 3 Entónces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita
la mayordomía. Cavar, no puedo, mendigar, tengo vergüenza.

 4 [Yo] sé lo que haré, para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me
reciban en sus casas.

 5 Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero:
¿Cuánto debes á mi señor?

 6 Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligacion, y
siéntate presto, y escribe cincuenta.

 7 Y despues dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de
trigo. Y él le dijo: Toma tu obligacion, y escribe ochenta.

 8 Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque
los hijos de este siglo son en su generacion mas sagaces que los hijos de
luz.

 9 Y yo os digo: Hacéos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando
faltareis, os reciban en las moradas eternas.

 10 El que es fiel en lo muy poco, tambien en lo más es fiel: y el que en lo
muy poco es injusto, tambien en lo mas es injusto.

 11 Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo
verdadero?

 12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?

 13 Ningun siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y
amará al otro; ó se allegará al uno, y menospreciará al otro.  No podeis
servir á Dios y á las riquezas.

 14 Y oian tambien todas estas cosas los Fariséos, los cuales eran avaros, y
se burlaban de él.

 15 Y díjoles: Vosotros sois los que os justificais á vosotros mismos delante
de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones: porque lo que los hombres
[tienen] por sublime, delante de Dios [es] abominacion.

 16 La ley y los profetas hasta Juan: desde entónces el reino de Dios es
anunciado, y quien quiera se esfuerza á entrar en él.

 17 Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un
tilde de la ley.

 18 Cualquiera que repudia á su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que
se casa con la repudiada del marido, adultera.

 19 Habia un hombre rico, que se vestia de púrpura y de lino fino, y hacia
cada dia banquete con esplendidez:

 20 Habia tambien un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la
puerta de él, lleno de llagas,

 21 Y deseando hartarse de las migajas que caian de la mesa del rico; y aun
los perros venian y le lamian las llagas.

 22 Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno
de Abraham: y murió tambien el rico, y fué sepultado.

 23 Y en el infierno alzó sus ojos estando en los tormentos, y vió á Abraham
de lejos, y á Lázaro en su seno.

 24 Entónces él dando voces dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y
envia á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua;
porque soy atormentado en esta llama.

 25 Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y
Lázaro tambien males; mas ahora este es consolado aquí, y tú atormentado.

 26 Y además de todo esto, una grande sima está constituida entre nosotros y
vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de
allá pasar acá.

 27 Y dijo: Ruégote, pues, padre, que le envies á la casa de mi padre;

 28 Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan
ellos tambien á este lugar de tormento.

 29 Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen; óiganlos.

 30 El entónces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los
muertos, se arrepentirán.

 31 Mas [Abraham] le dijo: Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se
persuadirán, si alguno se levantare de os muertos.



CAPITULO 17.

 1 Y A sus discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de
aquel por quien vienen!

 2 Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le
lanzasen en el mar, que escandalizar uno de estos pequeñitos.

 3 Mirad por vosotros: Si pecare contra tí tu hermano, repréndelo; y si se
arrepintiere, perdónale.

 4 Y si siete veces al dia pecare contra tí, y siete veces al dia se volviere
á tí, diciendo: Pésame; perdónale.

 5 Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fé.

 6 Entónces el Señor dijo: Si tuvieseis fé como un grano de mostaza, diréis á
este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá.

 7 ¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del
campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?

 8 ¿No le dice ántes: Adereza que cene, y arremángate, y sírveme hasta que
haya comido y bebido; y despues de esto come tú y bebe?

 9 ¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le habia sido mandado? Pienso que
no.

 10 Así tambien vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado,
decid: Siervos inútiles somos; porque lo que debiamos hacer, hicimos.

 11 Y aconteció que yendo él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de
Galiléa.

 12 Y entrando en una aldéa, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos,
los cuales se pararon de léjos,

 13 Y alzaron la voz diciendo: Jesus, Maestro, ten misericordia de nosotros.

 14 Y como él [los] vió, les dijo: Id, mostráos á los sacerdotes. Y
aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.

 15 Entónces uno de ellos como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando
á Dios á gran voz;

 16 Y derribóse sobre el rostro á sus piés, dándole gracias: y este era
Samaritano.

 17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los
nueve donde [están?]

 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios, sino este extranjero?

 19 Y díjole: Levántate, véte; tu fé te ha salvado.

 20 Y preguntado por los Fariséos cuando habia de venir el reino de Dios, les
respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia;

 21 Ni dirán: Hélo aquí, ó hélo allí; porque hé aquí el reino de Dios entre
vosotros está.

 22 Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los
dias del Hijo del hombre, y no [lo] veréis.

 23 Y os dirán: Hélo aquí, ó hélo allí. No vayais ni sigais.

 24 Porque como el relámpago relampagueando desde una parte debajo del cielo,
resplandece hasta [la otra] debajo del cielo, así tambien será el Hijo del
hombre en su dia.

 25 Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta
generacion.

 26 Y como fué en los dias de Noé, así tambien será en los dias del Hijo del
hombre.

 27 Comian, bebian, [los hombres] tomaban mujeres, y las mujeres maridos
hasta el dia que entró Noé en el arca y vino el diluvio, y destruyó á todos.

 28 Asimismo tambien como fué en los dias de Lot: comian, bebian, compraban,
vendian, plantaban, edificaban:

 29 Mas el dia que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y
destruyó á todos:

 30 Como esto será el dia en que el Hijo del hombre se manifestará.

 31 En aquel dia, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no
descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.

 32 Acordáos de la mujer de Lot.

 33 Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la
perdiere, la salvará.

 34 Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado,
y el otro será dejado.

 35 Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra
dejada.

 36 Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.

 37 Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde [estuviere]
el cuerpo, allá se juntarán tambien las águilas.



CAPITULO 18.

 1 Y PROPÚSOLES tambien una parábola sobre que es necesario orar siempre, y
no desmayar.

 2 Diciendo: Habia un juez en una ciudad, el cual ni temia á Dios, ni
respetaba hombre.

 3 Habia tambien en aquella ciudad una viuda, la cual venia á él, diciendo:
Hazme justicia de mi adversario.

 4 Pero él no quiso por [algun] tiempo: mas despues de esto dijo dentro de
sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre;

 5 Todavia porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin
no venga y me muela.

 6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto.

 7 ¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él dia y noche,
aunque sea longánime acerca de ellos?

 8 Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre
viniere, ¿hallará fé en la tierra?

 9 Y dijo tambien á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á
los otros, esta parábola:

 10 Dos hombres subieron al templo á orar; el uno Fariséo, y el otro
publicano.

 11 El Fariséo, en pié, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias,
que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como
este publicano.

 12 Ayuno dos veces en la semana; doy diezmos de todo lo que poseo.

 13 Mas el publicano estando lejos, no queria ni aun alzar los ojos al cielo;
sino que heria su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí, pecador.

 14 Os digo que éste descendió á su casa [más] justificado que el otro:
porque cualquiera que se ensalza, será humillado, y el que se humilla, será
ensalzado.

 15 Y traian á él los niños para que los tocase; lo cual viéndo[lo] los
discípulos, les reñian.

 16 Mas Jesus llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los
impidais, porque de tales es el reino de Dios.

 17 De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como
un niño, no entrará en él.

 18 Y preguntóle un príncipe diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer
la vida eterna?

 19 Y Jesus le dijo: ¿Por qué me dices bueno? ninguno [hay] bueno sino solo
Dios.

 20 Los mandamientos sabes: No matarás, No adulterarás, No hurtarás, No dirás
falso testimonio, Honra á tu padre, y á tu madre.

 21 Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.

 22 Y Jesus, oido esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que
tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

 23 Entónces él, oidas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.

 24 Y viendo Jesus que se habia entristecido mucho, dijo: ¡Cuán
dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

 25 Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que
un rico entrar en el reino de Dios.

 26 Y los que [lo] oian, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?

 27 Y él [les] dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es
para Dios.

 28 Entónces Pedro dijo: Hé aquí, nosotros hemos dejado las posesiones
nuestras, y te hemos seguido.

 29 Y él les dijo: De cierto os digo que nadie hay que haya dejado casa, ó
padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,

 30 Que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero
la vida eterna.

 31 Y Jesus tomando [aparte] los doce, les dijo: Hé aquí subimos á Jerusalem,
y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas del
Hijo del hombre.

 32 Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y
escupido.

 33 Y despues que le hubieren azotado, le matarán; mas al tercer dia
resucitará.

 34 Pero ellos nada de estas cosas entendian, y esta palabra les era
encubierta; y no entendian lo que se decia.

 35 Y aconteció que acercándose él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al
camino mendigando:

 36 El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello.

 37 Y dijéronle que pasaba Jesus Nazareno.

 38 Entónces dió voces, diciendo: Jesus, hijo de David; ten misericordia de
mí.

 39 Y los que iban delante, le reñian que callase; mas él clamaba mucho mas:
Hijo de David, ten misericordia de mí.

 40 Jesus entónces parándose, mandó traerle á sí: y como él llegó, le
preguntó,

 41 Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea.

 42 Y Jesus le dijo: Vé: tu fé te ha hecho salvo.

 43 Y luego vió, y le seguia, glorificando á Dios: y todo el pueblo como vió
[esto,] dió á Dios alabanza.



CAPITULO 19.

 1 Y HABIENDO entrado [Jesus,] iba pasando por Jericó:

 2 Y hé aquí un varon llamado Zaquéo, el cual era el principal de los
publicanos, y era rico.

 3 Y procuraba ver á Jesus quien fuese; mas no podia á causa de la multitud,
porque era pequeño de estatura.

 4 Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque habia
de pasar por allí.

 5 Y como vino á aquel lugar Jesus, mirando le vió, y díjole: Zaquéo, dáte
priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.

 6 Entónces el descendió aprisa, y le recibió gozoso.

 7 Y viendo [esto] todos, murmuraban, diciendo que habia entrado á posar con
un hombre pecador.

 8 Entónces Zaquéo, puesto en pié, dijo al Señor: Hé aquí, Señor, la mitad de
mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo
con el cuatro tanto.

 9 Y Jesus le dijo: Hoy ha venido la salvacion á esta casa; por cuanto él
tambien es hijo de Abraham.

 10 Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se habia
perdido.

 11 Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió y dijo una parábola, por cuanto
estaba cerca de Jerusalem; y porque pensaban que luego habia de ser
manifestado el reino de Dios.

 12 Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para
sí un reino, y volver.

 13 Mas llamados diez siervos suyos les dió diez minas, y díjoles: Negociad
entretanto que vengo.

 14 Empero sus ciudadanos le aborrecian; y enviaron tras de él una embajada,
diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros.

 15 Y aconteció que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á si á
aquellos siervos, á los cuales habia dado el dinero, para saber lo que habia
negociado cada uno.

 16 Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.

 17 Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel,
tendrás potestad sobre diez ciudades.

 18 Y vino otro diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.

 19 Y tambien á este dijo: Tú tambien se sobre cinco ciudades.

 20 Y vino otro diciendo: Señor, hé aquí tu mina, la cual he tenido guardada
en un pañizuelo,

 21 Porque tuve miedo de tí, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste,
y siegas lo que no sembraste.

 22 Entónces [él] le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabias que yo era
hombre recio, que tomo lo que no puse, y siego lo que no sembré;

 23 ¿Por qué pues no diste mi dinero al banco; y yo viniendo lo demandará con
el logro?

 24 Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que
tiene las diez minas.

 25 Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.

 26 Pues [yo] os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que
no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

 27 Y tambien á aquellos mis enemigos, que no querian que yo reinase sobre
ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.

 28 Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.

 29 Y aconteció, que llegando cerca de Bethfage, y de Bethania, al monte que
se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos.

 30 Diciendo: Id á la aldéa de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis
un pollino atado, en el que ningun hombre se ha sentado jamás: desatadle, y
traed[lo.]

 31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué [le] desatais? le responderéis así:
Porque el Señor lo ha menester.

 32 Y fueron los que habian sido enviados, y hallaron como [él] les dijo.

 33 Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por que desatais
el pollino?

 34 Y ellos dijeron: Porque el Señor le ha menester.

 35 Y trajéronlo á Jesus; y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino
pusieron á Jesus encima.

 36 Y yendo él, tendian sus capas por el camino.

 37 Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la
multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz
por todas las maravillas que habian visto,

 38 Diciendo: Bendito el rey que viene en nombre del Señor: paz en el cielo,
y gloria en lo altísimo.

 39 Entónces algunos de los Fariséos de la compañía le dijeron: Maestro,
reprende á tus discípulos.

 40 Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras
clamarán.

 41 Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,

 42 Diciendo: ¡Oh si tambien tú conocieses, á lo ménos en este tu dia, lo que
[toca] á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.

 43 Porque vendrán dias sobre tí, que tus enemigos te cercarán con baluarte;
y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho;

 44 Y te derribarán á tierra, y á tus hijos, [los que están] dentro de tí; y
no dejarán sobre tí piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de
tu visitacion.

 45 Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendian y
compraban en él,

 46 Diciéndoles: Escrito esta: Mi casa, casa de oracion es; mas vosotros la
habeis hecho cueva de ladrones.

 47 Y enseñaba cada dia en el templo mas los príncipes de los sacerdotes, y
los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.

 48 Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso
oyéndole.



CAPITULO 20.

 1 Y ACONTECIÓ un dia, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando
el Evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, con
los ancianos,

 2 Y le hablaron, diciendo: Dínos ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó
quién es el que te ha dado esta potestad?

 3 Respondiendo entónces Jesus, les dijo: Os preguntaré yo tambien una
palabra; respondedme:

 4 El bautismo de Juan ¿era del cielo, ó de los hombres?

 5 Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; dirá:
¿Por qué pues no le creisteis?

 6 Y si dijéremos: De los hombres: todo el pueblo nos apedreará; porque están
ciertos que Juan era profeta.

 7 Y respondieron, que no sabian de donde [habia sido.]

 8 Entónces Jesus les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.

 9 Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre planto una viña, y
arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo.

 10 Y al tiempo envió un siervo á los labradores, para que le diesen del
fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío.

 11 Y volvió á enviar otro siervo: mas ellos á este tambien herido y
afrentado le enviaron vacío.

 12 Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos tambien á este echaron
herido.

 13 Entónces el señor de la vina dijo: ¿Qué haré? enviaré mi hijo amado:
quizás cuando á este vieren, tendrán respeto.

 14 Mas los labradores viéndole, pensaron entre sí diciendo: Este es el
heredero, venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.

 15 Y echáronlo fuera de la viña, y [le] mataron. ¿Qué pues les hará el señor
de la viña?

 16 Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su vina á otros. Y como
ellos [lo] oyeron, dijeron: Guarda.

 17 Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que
condenaron los edificadores, esta fué por cabeza de esquina?

 18 Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre
el que la piedra cayere, le desmenuzará.

 19 Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano
en aquella hora, porque entendieron que contra ellos habia dicho esta
parábola; mas temieron al pueblo.

 20 Y acechándo[le] enviaron espías que se simulasen justos, para
sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la
potestad del presidente:

 21 los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas
bien, y que no tienes respeto á persona; ántes enseñas el camino de Dios con
verdad.

 22 ¿Esnos lícito dar tributo á Cesar, ó no?

 23 Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentais?

 24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imágen y la inscripcion? Y
respondiendo dijeron: De César.

 25 Entónces les dijo: Pues dad a César lo que es de César; y lo que es de
Dios, á Dios.

 26 Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo, ántes
maravillados de su respuesta, callaron.

 27 Y llegándose unos de los Saducéos, los cuales niegan haber resurreccion,
le preguntaron,

 28 Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere
teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante
simiente á su hermano.

 29 Fueron pues siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.

 30 Y la tomó el segundo, el cual tambien murió sin hijos.

 31 Y la tomó el tercero, asimismo tambien todos siete: y murieron sin dejar
prole.

 32 Y á la postre de todos murió tambien la mujer.

 33 En la resurreccion, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete
la tuvieron por mujer.

 34 Entónces respondiendo Jesus, les dijo: los hijos de este siglo se casan,
y son dados en casamiento:

 35 Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo, y de la
resurreccion de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento:

 36 Porque no pueden ya mas morir; porque son iguales á los ángeles, y son
hijos de Dios, cuando son hijos de la resurreccion.

 37 Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó junto á la
zarza, cuando dice al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de
Jacob.

 38 Porque Dios no es [Dios] de muertos, mas de vivos; porque todos viven
[cuanto] á él.

 39 Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.

 40 Y no osaron más preguntarle algo.

 41 Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es Hijo de David?

 42 Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi
Señor: Siéntate á mi diestra,

 43 Entretanto que pongo tus enemigos [por] estrado de tus piés.

 44 Así que David le llama Señor: ¿como pues es su hijo?

 45 Y oyéndo[lo] todo el pueblo, dijo á sus discípulos:

 46 Guardáos de los escribas; que quieren andar con ropas largas, y aman las
salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los
primeros asientos en las cenas:

 47 Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga
oracion: estos recibirán mayor condenacion.



CAPITULO 21.

 1 Y MIRANDO, vió los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.

 2 Y vió tambien una viuda pobrecilla que echaba allí dos blancas.

 3 Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó mas que todos.

 4 Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios
mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenia.

 5 Y á unos que decian del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y
dones, dijo:

 6 Estas cosas que veis, dias vendrán que no quedará piedra sobre piedra que
no sea destruida.

 7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal
[habrá] cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?

 8 El entónces dijo: Mirad, no seais engañados; porque vendrán muchos en mi
nombre, diciendo: Yo soy, y el tiempo está cerca: por tanto no vayais en pos
de ellos.

 9 Empero cuando oyereis guerras y sediciones no os espanteis; porque es
necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego [será] el fin.

 10 Entónces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino:

 11 Y habrá grandes terremotos en [varios] lugares, y hambres, y
pestilencias; y habrá espantos, y grandes señales del cielo.

 12 Mas ántes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán
entregándo[os] á las sinagogas, y á las cárceles, siendo llevados á los reyes
y á los gobernadores por causa de mi nombre.

 13 Y os será [esto] para testimonio.

 14 Poned pues en vuestros corazones no pensar ántes como habeis de
responder.

 15 Porque yo os daré boca y sabiduría á la cual no podrán resistir ni
contradecir todos los que se os opondrán.

 16 Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y
amigos: y matarán [á algunos] de vosotros.

 17 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.

 18 Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.

 19 En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas.

 20 Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entónces que su
destruccion ha llegado.

 21 Entónces los que estuvieren en Judéa, huyan á los montes; y los que en
medio de ella, váyanse, y los que [estén] en los campos, no entren en ella.

 22 Porque estos son dias de venganza; para que se cumplan todas las cosas
que están escritas.

 23 Mas ¡ay de las preñadas y de las que crian en aquellos dias! porque habrá
apuro grande sobre [esta] tierra, é ira en este pueblo.

 24 Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos á todas las
naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de
las gentes sean cumplidos.

 25 Entónces habrá señales en el sol y en la luna, y en las estrellas; y en
la tierra angustia de gentes por la confusion del sonido de la mar y de las
ondas:

 26 Secándose los hombres á causa del temor y espectacion de las cosas que
sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos
serán conmovidas.

 27 Y entónces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad
y majestad grande

 28 Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras
cabezas, porque vuestra redencion está cerca.

 29 Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles:

 30 Cuando ya brotan, viéndolo de vosotros mismos entendeis que el verano
está ya cerca.

 31 Así tambien vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que
está cerca el reino de Dios.

 32 De cierto os digo que no pasará esta generacion, hasta que todo sea
hecho.

 33 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

 34 Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de
glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida; y venga de repente
sobre vosotros aquel dia.

 35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de
toda la tierra.

 36 Velad pues orando en todo tiempo, que seais tenidos por dignos de evitar
todas estas cosas que han de venir y de estar en pié delante del Hijo del
hombre.

 31 Y enseñaba de dia en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte
que se llama de las Olivas.

 38 Y todo el pueblo venia á el por la mañana, para oirle en el templo.



CAPITULO 22.

 1 Y ESTABA cerca el dia de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua.

2 Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarian,
mas tenian miedo del pueblo.

 3 Y entró Satanás en Júdas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del
número de los doce;

 4 Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados,
de cómo se lo entregaria,

 5 Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.

 6 Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin bulla.

 7 Y vino el dia de los ázimos, en el cual era necesario matar [el cordero
de] la Pascua.

 8 Y envió á Pedro, y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos [el cordero de] la
Pascua, para que comamos.



 9 Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?

 10 Y él les dijo: Hé aquí, cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un
hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare.

 11 Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde
esta el aposento donde tengo de comer [el cordero de] la Pascua con mis
discípulos?

 12 Entónces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí.

 13 Fueron pues, y hallaron como les habia dicho; y aparejaron [el cordero
de] la Pascua.

 14 Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con él los apóstoles.

 15 Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta Pascua
ántes que padezca;

 16 Porque os digo que no comeré mas de ella, hasta que se cumpla en el reino
de Dios.

 17 Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partid
entre vosotros;

 18 Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino
de Dios venga.

 19 Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo:
Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

 20 Asimismo tambien [tomó y les dió] el vaso, despues que hubo cenado,
diciendo: Este vaso [es] el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se
derrama.

 21 Con todo eso hé aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.

 22 Y á la verdad el Hijo del hombre va, segun lo que está determinado;
empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado!

 23 Ellos entónces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos seria el
que habia de hacer esto.

 24 Y hubo entre ellos una contienda: Quién de ellos parecia [que habia de]
ser el mayor.

 25 Entonces él les dijo: los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y
los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores:

 26 Mas vosotros, no así; ántes el que es menor entre vosotros, sea como el
más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.

 27 Porque ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es
el que se sienta á la mesa? y yo soy entre vosotros como el que sirve.

 28 Empero vosotros sois los que habeis permanecido conmigo en mis
tentaciones:

 29 Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordeno [á mí,]

 30 Para que comais y bebais en mi mesa en mi reino: y os senteis sobre
tronos juzgando á las doce tribus de Israel.

 31 Dijo tambien el Señor: Simon, Simon, hé aquí [que] Satanás os ha pedido
para zarandaros como á trigo;

 32 Mas yo he rogado por tí que tu fé no falte; y tú, una vez vuelto,
confirma á tus hermanos.

 33 Y él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel, y á muerte.

 34 Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy ántes que tú
niegues tres veces que me conoces.

 35 Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos,
¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.

 36 Y les dijo: Pues ahora el que tiene bolsa tóme[la,] y tambien la alforja;
y el que no tiene, venda su capa y compre espada.

 37 Porque os digo, que es necesario se cumpla todavia en mí aquello que está
escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que [está escrito] de mí,
[su] cumplimiento tiene.

 38 Entónces ellos dijeron: Señor, hé aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta.

 39 Y saliendo, se fué, como solia, al monte de las Olivas; y sus discípulos
tambien le siguieron.

 40 Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entreis en tentacion.

 41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas,
oró,

 42 Diciendo: Padre, si quieres pasa este vaso de mí; empero no se haga mi
voluntad, sino la tuya.

 43 Y le apareció un ángel del cielo confortándole.

 44 Y estando en agonía, oraba mas intensamente; y fué su sudor como gotas de
sangre que descendian hasta la tierra.

 45 Y como se levantó de la oracion, y vino á sus discípulos, hallólos
durmiendo de tristeza.

 46 Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantáos, y orad que no entreis en
tentacion.

 47 Estando él aun hablando, hé aquí una turba, y el que se llamaba Judas,
uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesus para besarlo.

 48 Entónces Jesus le dijo: Júdas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?

 49 Y viendo los que estaban con él lo que habia de ser, le dijeron: Señor,
herirémos á cuchillo?

 50 Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le
quitó la oreja derecha.

 51 Entónces respondiendo Jesus, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja,
le sanó.

 52 Y Jesus dijo á los que habian venido á él, [de] los príncipes [de] los
sacerdotes, y [de] los magistrados del templo, y [de] los ancianos: ¿Como á
ladron habeis salido con espadas y con palos?

 53 Habiendo estado con vosotros cada dia en el templo, no extendisteis las
manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

 54 Y prendiéndole, trajéronlo, y metiéronle en casa del príncipe de los
sacerdotes. Y Pedro le seguia de lejos.

 55 Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos
alrededor, se sentó tambien Pedro entre ellos.

 56 Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y
dijo: Y este con él estaba.

 57 Entónces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco.

 58 Y un poco despues viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo:
Hombre, no soy.

 59 Y como una hora pasada, otro afirmaba diciendo: Verdaderamente tambien
este estaba con él; porque es Galiléo.

 60 Y Pedro dijo: Hombre, no sé que dices. Y luego, estando aun él hablando.
el gallo cantó.

 61 Entónces, vuelto el Señor, miró á Pedro; y Pedro se acordó de la palabra
del Señor, como le habla dicho: Antes que el gallo cante me negarás tres
veces.

 62 Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.

 63 Y los hombres que tenian á Jesus, se burlaban de él hiriéndole.

 64 Y cubriéndolo, herian su rostro, y preguntábanle diciendo: Profetiza
quien es el que te hirió.

 65 Y decian otras muchas cosas injuriándole.

 66 Y cuando fué de dia, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes
de los sacerdotes, y los escritas, y le trajeron á su concilio,

 67 Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? Dínos[lo.] Y les dijo: Si os [lo] dijere,
no creeréis;

 68 Y tambien si os preguntare, no me responderéis, ni [me] soltaréis:

 69 Mas despues de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la
potencia de Dios.

 70 Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros
[lo] decís que yo soy.

 71 Entónces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros
[lo] hemos oido de su boca.



CAPITULO 23.

 1 LEVANTÁNDOSE entónces toda la multitud de ellos lleváronle á Pilato.

 2 Y comenzaron á acusarle diciendo: A este hemos hallado que pervierte la
nacion, y que veda dar tributo á Cesar, diciendo que él es el Cristo, el Rey.

 3 Entónces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y
respondiendo él, dijo: Tu [lo] dices.

 4 Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna
culpa hallo en este hombre.

 5 Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda
Judéa, comenzando desde Galiléa hasta aquí.

 6 Entónces Pilato, oyendo [hablar] de Galiléa, pregunto si el hombre era
Galiléo.

 7 Y como entendió que era de la jurisdiccion de Heródes, le remitió á
Heródes, el cual tambien estaba en Jerusalem en aquellos dias.

 8 Y Heródes, viendo á Jesus, holgóse mucho, porque hacia mucho [tiempo] que
deseaba verle; porque habia oido de él muchas cosas, y tenia esperanza que le
veria hacer alguna señal.

 9 Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió.

 10 Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con
gran porfía.

 11 Mas Heródes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una
ropa rica; y volviólo á enviar á Pilato.

 12 Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Heródes en el mismo dia; porque
ántes eran enemigos entre sí.

 13 Entónces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los
magistrados, y el pueblo,

 14 Les dijo: Me habeis presentado á este por hombre que desvía al pueblo; y
hé aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en
este hombre de aquellas de que le acusais.

 15 Y ni aun Heródes; porque os remití á él, y hé aquí que ninguna cosa digna
de muerte ha hecho.

 16 Le soltaré pues castigado.

 17 Y tenia necesidad de soltarles uno en cada fiesta.

 18 Mas toda la multitud dió voces á una diciendo: Quita á este [la vida,] y
suéltanos á Barrabás:

 19 El cual habia sido echado en la cárcel por una sedicion hecha en la
ciudad, y una muerte.

 20 Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesus.

 21 Pero ellos volvieron á dar voces diciendo: Crucifícale, crucifícale.

 22 Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? ninguna culpa
de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y soltaré[lo.]

 23 Mas ellos instaban á grandes voces pidiendo que fuese crucificado; y las
voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecian.

 24 Entónces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedian.

 25 Y les soltó á aquel que habia sido echado en la cárcel por sedicion y una
muerte, al cual habian pedido; y entregó á Jesus á la voluntad de ellos.

 26 Y llevándole, tomaron á un Simon Cirenéo, que venia del campo, y le
pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesus.

 27 Y le seguia una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le
lloraban, y lamentaban.

 28 Mas Jesus, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloreis á
mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.

 29 Porque hé aquí vendrán dias en que dirán; Bienaventuradas las estériles,
y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron.

 30 Entónces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros; y á los
collados: Cubridnos.

 31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?

 32 Y llevaban tambien con él otros dos, malhechores, á ser muertos.

 33 Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron
allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.

 34 Y Jesus decia: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen. Y
partiendo sus vestidos, echaron suertes.

 35 Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban [de el] los príncipes con
ellos, diciendo: A otros hizo salvos; sálvese á sí, si este es el Mesías, el
escogido de Dios.

 36 Escarnecian de él tambien los soldados, llegándose y presentándole
vinagre,

 37 Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á tí mismo.

 38 Y habia tambien sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas,
y hebráicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.

 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si
tú eres el Cristo, sálvate á tí mismo y á nosotros.

 40 Y respondiendo el otro, reprendióle diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios,
estando en la misma condenacion,

 41 Y nosotros, á la verdad, justamente [padecemos;] porque recibimos lo que
merecieron nuestros hechos; mas este ningun mal hizo.

 43 Y dijo á Jesus: Acuerdate de mí cuando vinieres á tu reino.

 43 Entónces Jesus le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el
paraiso.

 44 Y cuando era como la hora de sexta fueron hechas tinieblas sobre toda la
tierra hasta la hora de nona.

 45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rompió por medio.

 46 Entónces Jesus, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo
mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.

 47 Y como el centurion vió lo que habia acontecido, dió gloria á Dios
diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

 48 Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo,
viendo lo que habia acontecido, se volvian hiriendo sus pechos.

 49 Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habian seguido desde
Galiléa estaban de léjos mirando estas cosas.

 50 Y hé aquí un varon llamado José, el cual era senador, varon bueno y
justo,

 51 El cual no habia consentido en el consejo ni en los hechos de ellos, de
Arimatéa, ciudad de la Judéa, el cual tambien esperaba el reino de Dios;

 52 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus.

 53 Y quitado, le envolvió en una sábana: y le puso en un sepulcro abierto en
una peña, en la cual ninguno habia aun sido puesto.

 54 Y era dia de la víspera [de la Pascua;] y estaba para rayar el Sábado.

 55 Y las mujeres que con él habian venido de Galiléa, siguieron tambien, y
vieron el sepulcro, y como fué puesto su cuerpo.

 56 Y vueltas aparejaron [drogas] aromáticas, y ungüentos; y reposaron el
Sábado, conforme al mandamiento.



CAPITULO 24.

 1 Y EL primer [dia] de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro,
trayendo las [drogas] aromáticas que habian aparejado, y algunas [otras
mujeres] con ellas.

 2 Y hallaron la piedra revuelta [de la puerta] del sepulcro.

 3 Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesus.

 4 Y aconteció que estando ellas espantadas de esto, hé aquí se pararon junto
á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;

 5 Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron:
¿Por qué buscais entre los muertos al que vive?

 6 No está aquí, mas ha resucitado: acordáos de lo que os habló, cuando aun
estaba en Galiléa,

 7 Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de
hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer dia.

 8 Entónces ellas se acordaron de sus palabras.

 9 Y volviendo del sepulcro dieron nuevas de todas estas cosas á los once, y
á todos los demás.

 10 Y eran María Magdalena, y Juana, y María [madre] de Jacobo, y las demás
[que estaban] con ellas, las que dijeron estas cosas á los apóstoles.

 11 Mas á ellos les parecian como locura las palabras de ellas, y no las
creyeron.

 12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y como miró dentro, vió solo
los lienzos [allí] echados, y se fué maravillándose de lo que habia sucedido.

 13 Y hé aquí, dos de ellos iban el mismo dia á una aldéa que estaba de
Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús;

 14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habian acaecido.

 15 Y aconteció, que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro,
el mismo Jesus se llegó é iba con ellos juntamente.

 16 Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen.

 17 Y díjoles: ¿Qué platicas son estas que tratais entre vosotros andando, y
estais tristes?

 18 Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tu solo
peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han
acontecido estos dias?

 19 Entónces él les dijo: ¿Que? Y ellos le dijeron: De Jesus Nazareno, el
cual fué varon profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de
todo el pueblo:

 20 Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes, y nuestros
príncipes á condenacion de muerte, y le crucificaron.

 21 Mas nosotros esperábamos que él era el que habia de redimir á Israel; y
ahora sobre todo esto, hoy es el tercer dia que esto ha acontecido.

 22 Aunque tambien unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales
ántes del dia fueron al sepulcro;

 23 Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que tambien habian visto
vision de ángeles, los cuales dijeron que el vive.

 24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron [ser] así como
las mujeres habian dicho; mas á él no le vieron.

 25 Entónces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazon para creer todo
lo que los profetas han dicho!

 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara
[así] en su gloria?

 27 Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales [esto]
en todas las escrituras que de él [hablaban.]

 28 Y llegaron á la aldéa á donde iban; y él hizo como que iba más léjos.

 29 Mas ellos le detuvieron por fuerza diciendo: Quédate con nosotros, porque
se hace tarde, y el dia ya ha declinado. Entró pues á estarse con ellos.

 30 Y aconteció que estando sentado con ellos á la mesa, tomando el pan,
bendijo, y partió, y dióles.

 31 Entónces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se
desapareció de los ojos de ellos.

 32 Y decian el uno al otro: ¿No ardia nuestro corazon en nosotros, mientras
nos hablaba en el camino, y cuando nos abria las escrituras?

 33 Y levantándose en la misma hora tornáronse á Jerusalem, y hallaron á los
once reunidos, y á los que estaban con ellos,

 34 Que decian: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á
Simon.

 35 Entónces ellos contaban las cosas que [les habian acontecido] en el
camino y como habia sido conocido de ellos al partir el pan.

 36 Y entretanto que ellos hablaban estas cosas, él se puso en medio de
ellos, y les dijo: Paz [sea] á vosotros.

 37 Entónces ellos espantados, y asombrados, pensaban que veian [algun]
espíritu.

 38 Mas él les dice: ¿Por qué estais turbados, y suben pensamientos á
vuestros corazones?

 39 Mirad mis manos y mis piés, que yo mismo soy. Palpad, y ved: que el
espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

 40 Y en diciendo esto, les mostró las manos y los piés.

 41 Y no creyéndolo aun ellos de gozo y maravillados, díjoles: ¿Teneis aquí
algo de comer?

 42 Entónces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.

 43 Y el tomó, y comió delante de ellos.

 44 Y les dijo: Estas son las palabras que os habló, estando aun con
vosotros: Que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están
escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.

 45 Entónces les abrió el sentido, para que entendiesen las escrituras.

 46 Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese,
y resucitase de los muertos al tercer dia;

 47 Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remision de
pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem.

 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas.

 49 Y hé aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; mas vosotros
asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seais investidos de potencia de
lo alto.

 50 Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos los bendijo.

 51 Y aconteció que bendiciéndoles, se fué de ellos, y era llevado arriba al
cielo.

 52 Y ellos, despues de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran
gozo.

 53 Y estaban siempre en el templo alabando y bendiciendo á Dios. Amen.



EL SANTO EVANGELIO

DE

NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO

SEGUN

SAN JUAN.



CAPITULO 1.

 1 EN el principio [ya] era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era
Dios.

 2 Este era en el principio con Dios.

 3 Todas las cosas por él fueron hechas y sin él nada de lo que es hecho, fué
hecho.

 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

 5 Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la
comprendieron.

 6 Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la Luz, para que
todos creyesen por él.

 8 No era él la Luz; sino para que diese testimonio de la Luz.

 9 [Aquel Verbo] era la Luz verdadera que alumbra á todo hombre que viene á
este mundo.

 10 En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él, y el mundo no le
conoció.

 11 A lo [que era] suyo vino, y los suyos no le recibieron.

 12 Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de
Dios, á los que creen en su nombre:

 13 Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de
voluntad de varon, mas de Dios.

 14 Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros, (y vimos su
gloria, gloria como del Unigénito del Padre,) lleno de gracia y de verdad.

 15 Juan dió testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que [yo] decia:
El que viene tras mí, es ántes de mí; porque es primero que yo.

 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia,

 17 Porque la ley por Moisés fué dada: [mas] la gracia y la verdad por Jesu-
Cristo fué hecha.

 18 A Dios nadie le vió jamás: el Unigénito Hijo, que está en el seno del
Padre, él [nos le] declaró.

 19 Y este es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalem
sacerdotes y Levitas, que le preguntasen, ¿Tú, quién eres?

 20 Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo.

 21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú [el]
profeta? Y respondió: No.

 22 Dijéronle, pues, ¿Quién eres? para que demos respuesta á los que nos
enviaron. ¿Qué dices de tí mismo?

 23 Dijo: Yo [soy] la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino
del Señor, como dijo Isaías profeta.

 24 Y los que habian sido enviados eran de los Fariséos.

 25 Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué, pues, bautizas si tú no eres el
Cristo, ni Elías, ni el profeta?

 26 Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua, mas en medio de
vosotros ha estado, á quien vosotros no conoceis.

 27 Este es el que ha de venir tras mí, el cual es ántes de mí; del cual yo
no soy digno de desatar la corréa del zapato.

 28 Estas cosas acontecieron en Bethábara, de la otra parte del Jordan, donde
Juan bautizaba.

 29 El siguiente dia ve Juan á Jesus que venia á él, y dice: Hé aquí el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

 30 Este es del que dije: Tras mí viene un varon, el cual es ántes de mí;
porque era primero que yo.

 31 Y yo no le conocia: mas para que fuese manifestado á Israel, por eso vine
yo bautizando con agua.

 32 Y Juan dió testimonio, diciendo: Ví al Espíritu que descendia del cielo
como paloma, y reposó sobre él.

 33 Y yo no le conocia; mas el que me envió á bautizar con agua, aquel me
dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste
es el que bautiza con Espíritu Santo.

 34 Y yo [le] ví, y he dado testimonio que este es el Hijo de Dios.

 35 El siguiente dia otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.

 36 Y mirando á Jesus que andaba [por allí,] dijo: Hé aquí el Cordero de
Dios.

 37 Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á Jesus.

 38 Y volviéndose Jesus, y viéndoles seguir[le,] díceles: ¿Qué buscais? Y
ellos dijeron: Rabí, (que declarado, quiere decir, Maestro,) ¿dónde moras?

 39 Díceles: Venid, y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con
él aquel dia: porque era como la hora de las diez.

 40 Era Andrés, hermano de Simon Pedro, uno de los dos que habian oido de
Juan, y le habian seguido.

 41 Este halló primero á su hermano Simon, y díjole: Hemos hallado al Mesías,
(que declarado es, el Cristo.)

 42 Y le trajo á Jesus. Y mirándole Jesus dijo: Tú eres Simon, hijo de Jonás:
tu serás llamado Cephas, (que quiere decir piedra.)

 43 El dia siguiente quiso Jesus ir á Galiléa; y halla á Felipe, al cual
dijo: Sígueme.

 44 Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

 45 Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien
escribió Moisés en la ley, y [tambien] los profetas; á Jesus, el hijo de
José, de Nazaret.

 46 Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe:
Vén, y ve.

 47 Jesus vió venir á sí á Natanael, y dijo de él: Hé aquí un verdadero
Israelita, en el cual no hay engaño.

 48 Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respóndele Jesus, y díjole: Antes
que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te ví.

 49 Respondió Natanael, y díjole: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el
Rey de Israel.

 50 Respondió Jesus, y díjole: ¿Porque te dije: Víte debajo de la higuera,
crees? cosas mayores que estas verás.

 51 Y dícele: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo
abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del
hombre.



CAPITULO 2.

 1 AL tercer dia hiciéronse unas bodas en Caná de Galiléa; y estaba allí la
madre de Jesus.

 2 Y fué tambien llamado Jesus y sus discípulos á las bodas,

 3 Y faltando el vino, la madre de Jesus le dijo: Vino no tienen.

 4 Y dícele Jesus: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora,

 5 Su madre dice á los que servian: Haced todo lo que os dijere.

 6 Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la
purificacion de los Judíos, que cabian en cada una dos ó tres cántaros.

 7 Díceles Jesus: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta
arriba.

 8 Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron[le.]

 9 Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabia de dónde era,
(mas lo sabian los sirvientes, que habian sacado el agua,) el maestresala
llama al esposo,

 10 Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino; y cuando están
satisfechos, entónces lo que es peor: mas tú has guardado el buen vino hasta
ahora.

 11 Este principio de señales hizo Jesus en Caná de Galiléa, y manifestó su
gloria; y sus discípulos creyeron en él.

 12 Despues de esto descendió á Capernaum él, y su madre, y hermanos, y
discípulos; y estuvieron allí no muchos dias.

 13 Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesus á Jerusalem.

 14 Y halló en el templo á los que vendian bueyes, y ovejas, y palomas, y los
cambiadores sentados.

 15 Y hecho un azote de cuerdas. echólos á todos del templo, y las ovejas, y
los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas.

 16 Y á los que vendian las palomas dijo: Quitad de aquí esto; y no hagais la
casa de mi Padre casa de mercado.

 17 Entónces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa
me comió.

 18 Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que
haces esto?

 19 Respondió Jesus, y díjoles: Destruid este templo, y en tres dias le
levantaré.

 20 Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fué este templo
edificado, ¿y tú en tres dias le levantarás?

 21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

 22 Por tanto cuando resucitó de los muertos sus discípulos se acordaron que
habia dicho esto; y creyeron á la escritura, y á la palabra que Jesus habia
dicho.

 23 Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el dia de la fiesta, muchos
creyeron en su nombre, viendo las señales que hacia.

 24 Mas el mismo Jesus no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocia
á todos;

 25 Y no tenia necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque
él sabia lo que habia en el hombre.



CAPITULO 3.

 1 HABIA un hombre de los Fariséos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los
Judíos.

 2 Este vino á Jesus de noche, y díjole: Rabí, sabemos que has venido de Dios
[por] Maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no
fuere Dios con él.

 3 Respondió Jesus, y díjole: De cierto de cierto te digo, que el que no
naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.

 4 Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar
otra vez en el vientre de su madre, y nacer?

 5 Respondió Jesus: De cierto, de cierto é digo, que el que no naciere de
agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,
espíritu es.

 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.

 8 El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido, mas ni sabes de donde
viene, ni donde vaya; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

 9 Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse?

 10 Respondió Jesus, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes
esto?

 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos
visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

 12 Si os he dicho cosas terrenas, y no creeis; ¿cómo creeréis, si os dijere
las celestiales?

 13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, [á saber,] el
Hijo del hombre que está en el cielo.

 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que
el Hijo del hombre sea levantado:

 15 Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida
eterna.

 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo Unigénito,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

 17 Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo; mas
para que el mundo sea salvo por él.

 18 El que en él cree, no es condenado: mas el que no cree, ya es condenado,
porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios.

 19 Y esta es la [causa de su] condenacion, [á saber,] porque la luz vino al
mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras
eran malas.

 20 Porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz, y no viene á la luz;
porque sus obras no sean redargüidas.

 21 Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean
manifiestas que son hechas en Dios.

 22 Pasado esto, vino Jesus con sus discípulos á la tierra de Judéa; y estaba
allí con ellos, y bautizaba.

 23 Y bautizaba tambien Juan en Enon junto á Salim, porque habia allí muchas
aguas: y venian, y eran bautizados.

 24 Porque Juan no habia sido aun puesto en la cárcel.

 25 Y hubo cuestion entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la
purificacion.

 26 Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabí, el que estaba contigo de la otra
parte del Jordan, del cual tú diste testimonio, hé aquí bautiza, y todos
vienen á él.

 27 Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere
dado del cielo.

 28 Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que
soy enviado delante de él.

 29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que esta
en pié y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo: así pues este mi
gozo es cumplido.

 30 A él conviene crecer; mas á mí menguar.

 31 El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno
es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.

 32 Y lo que vió y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio.

 33 El que recibe su testimonio, este signó que Dios es verdadero

 34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: Porque no [le] da
Dios el Espíritu por medida.

 35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano.

 36 El que cree en el Hijo, tiene vida eterna: mas el que es incrédulo al
Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.



CAPITULO 4.

 1 DE manera que como Jesus entendió que los Fariséos habian oido que Jesus
hacia y bautizaba mas discípulos que Juan,

 2 (Aunque Jesus no bautizaba, sino sus discípulos,)

 3 Dejó á Judéa, y fuése otra vez á Galiléa.

 4 Y era menester que pasase por Samaria.

 5 Vino pues á una ciudad de Samaria que se llama Sichar, junto á la heredad
que Jacob dió á José su hijo.

 6 Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesus, cansado del camino, así se
sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.

 7 Vino una mujer de Samaria á sacar agua: [y] Jesus le dice: Dame de beber.

 8 (Porque sus discípulos habian ido á la ciudad á comprar de comer.)

 9 Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me demandas á mí de
beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los
Samaritanos.

 10 Respondió Jesus, y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el
que te dice: Dáme de beber, tú pedirias de él, y él te daria agua viva.

 11 La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar[la,] y el pozo es hondo:
¿de dónde, pues, tienes agua viva?

 12 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo; del cual
él bebió, y sus hijos, y sus ganados?

 13 Respondió Jesus, y díjola: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á
tener sed:

 14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed:
mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida
eterna.

 15 La mujer le dice: Señor, dáme esta agua, para que [yo] no tenga sed, ni
venga aca á sacar[la.]

 16 Jesus le dice: Vé, llama á tu marido, y ven acá.

 17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Dícele Jesus: Bien has dicho:
No tengo marido:

 18 Porque cinco maridos has tenido; y el que ahora tienes, no es tu marido:
esto has dicho con verdad.

 19 Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.

 20 Nuestros padres adoraron en este monte; y vosotros decís, que en
Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.

 21 Dícele Jesus: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte,
ni en Jerusalem, adoraréis al Padre.

 22 Vosotros adorais lo que no sabeis: nosotros adoramos lo que sabemos;
porque la salud viene de los Judíos.

 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque tambien el Padre tales adoradores
busca que le adoren.

 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es
necesario que adoren.

 25 Dícele la mujer: [Yo] sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el
Cristo: cuando él viniere, nos declarará todas las cosas.

 26 Dícele Jesus: Yo soy, que hablo contigo.

 27 Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con
[aquella] mujer; mas ninguno [le] dijo: ¿Qué preguntas? ó ¿Qué hablas con
ella?

 28 Entónces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos
hombres:

 29 Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es
este el Cristo?

 30 Entónces salieron de la ciudad, y vinieron á él.

 31 Entretanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.

 39 Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabeis.

 33 Entónces los discípulos decian el uno al otro: ¿Si le habrá traido
alguien de comer?

 34 Díceles Jesus: Mi comida es, que yo haga la voluntad del que me envió, y
que acabe su obra.

 35 ¿No decís vosotros, Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? Hé
aquí yo os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están
blancas para la siega.

 36 Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna: para que
el que siembra tambien goce, y el que siega.

 37 Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra y otro es
el que siega.

 38 Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrásteis: otros labraron, y
vosotros habeis entrado en sus labores.

 39 Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la
palabra de la mujer que daba testimonio [diciendo:] Que me dijo todo lo que
he hecho.

 40 Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se
quedó allí dos dias.

 41 Y creyeron muchos más por la palabra de él;

 42 Y decian á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos
hemos oido, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el
Cristo.

 43 Y dos dias despues, salió de allí, y fuése á Galiléa.

 44 Porque el mismo Jesus dió testimonio, que el profeta en su tierra no
tiene honra.

 45 Y como vino á Galiléa, los Galiléos le recibieron, vistas todas las cosas
que habia hecho en Jerusalem en el dia de la fiesta: porque tambien ellos
habian ido á la fiesta.

 46 Vino, pues, Jesus otra vez á Caná de Galiléa, donde habia hecho el vino
del agua: y habia en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.

 47 Este, como oyó que Jesus venia de Judéa á Galiléa, fué á él, y rogábale
que descendiese, y sanase su hijo; porque se comenzaba á morir.

 48 Entónces Jesus le dijo: Si no viereis señales y milagros, no creeréis.

 49 El del rey le dijo: Señor, desciende ántes que mi hijo muera.

 50 Dícele Jesus: Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesus
le dijo, y se fué.

 51 Y cuando ya él descendia, los siervos le salieron á recibir, y le dieron
nuevas diciendo: Tu hijo vive.

 52 Entónces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle:
Ayer á las siete le dejó la fiebre.

 53 El padre entónces entendió, que aquella hora era cuando Jesus le dijo: Tu
hijo vive: y creyó él y toda su casa.

 54 Esta segunda señal volvió Jesus á hacer cuando vino de Judéa á Galiléa,



CAPITULO 5.

 1 DESPUES de estas cosas, era un dia de fiesta de los Judíos, y subió Jesus
á Jerusalem.

 2 Y hay en Jerusalem á [la puerta] del ganado un estanque, que en Hebráico
es llamado Beth-esda, el cual tiene cinco portales.

 3 En estos yacia multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban
esperando el movimiento del agua.

 4 Porque un ángel descendia á cierto tiempo al estanque, y revolvia el agua:
y el que primero descendia en el estanque despues del movimiento del agua,
era sano de cualquiera enfermedad que tuviese.

 5 Y estaba allí un hombre que habia treinta y ocho años que estaba enfermo.

 6 Como Jesus vió á este echado, y entendió que ya habia mucho tiempo,
dícele; ¿Quieres ser sano?

 7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el
estanque, cuando el agua fuere revuelta porque entretanto que yo vengo, otro
ántes de mí ha descendido.

8 Dícele Jesus: Levántate, toma tu lecho, y anda.

 9 Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase; y era Sábado
aquel dia.

 10 Entónces los Judíos decian á aquel que habia sido sanado: Sábado es: no
te es lícito llevar tu lecho.

 11 Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho, y anda.

 12 Preguntáronle entónces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho, y anda,

 13 Y el que habia sido sanado, no sabia quién fuese; porque Jesus se habia
apartado de la gente que estaba en aquel lugar.

 14 Despues le halló Jesus en el templo, y díjole: Hé aquí has sido sanado;
no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.

 15 El se fué [entónces,] y dió aviso á los Judíos, que Jesus era el que le
habia sanado.

 16 Y por esta causa los Judíos perseguian á Jesus, y procuraban matarle,
porque hacia estas cosas en Sábado.

 17 Y Jesus les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.

 18 Entónces, por tanto, mas procuraban los Judíos matarle, porque no solo
quebrantaba el Sábado, sino que tambien á su Padre llamaba Dios, haciéndose
igual á Dios.

 19 Respondió entónces Jesus, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No
puede el Hijo hacer algo de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre;
porque todo lo que él hace, esto tambien hace el Hijo juntamente.

 20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace: y
mayores obras que estas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilleis.

 21 Porque como el Padre levanta los muertos, y [les] da vida, así tambien el
Hijo á los que quiere da vida.

 22 Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo,

 23 Para que todos honren al Hijo como honran al Padre; el que no honra al
Hijo, no honra al Padre que le envió.

 24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha
enviado, tiene vida eterna, y no vendrá á condenacion, mas pasó de muerte á
vida.

 25 De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos
oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren, vivirán.

 26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió tambien al Hijo que
tuviese vida en sí mismo.

 27 Y tambien le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.

 28 No os maravilleis de esto: porque vendrá hora, cuando todos los que están
en los sepulcros oirán su voz;

 29 Y los que hicieron bien, saldrán á resurreccion de vida: mas los que
hicieron mal, á resurreccion de condenacion.

 30 No puedo yo de mí mismo hacer algo: como oigo, juzgo, y mi juicio es
justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del
Padre.

 31 Si yo doy testimonio de mí mismo mi testimonio no es verdadero.

 32 Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí,
es verdadero.

 33 Vosotros enviásteis á Juan, y [él] dió testimonio á la verdad.

 34 Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que
vosotros seais salvos:

 35 El era antorcha que ardia, y alumbraba; y vosotros quisisteis recrearos
por un poco á su luz.

 36 Mas yo tengo mayor testimonio que [el] de Juan; porque las obras que el
Padre me dió que cumpliese, [es á saber,] las mismas obras que yo hago, dan
testimonio de mí que el Padre me haya enviado.

 37 Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habeis
oido su voz, ni habeis visto su parecer;

 38 Ni teneis su palabra permanente en vosotros: porque al que él envió, á
este vosotros no creeis.

 39 Escudriñad las escrituras; porque á vosotros os parece que en ellas
teneis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí.

 40 Y no quereis venir á mí, para que tengais vida.

 41 Gloria de los hombres no recibo.

 42 Mas yo os conozco, que no teneis amor de Dios en vosotros.

 43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en
su propio nombre, á aquel recibiréis.

 44 ¿Cómo podeis vosotros creer, pues tomais la gloria los unos de los otros,
y no buscais la gloria que de solo Dios viene?

 45 No penseis que yo os tengo de acusar delante del Padre: hay quien os
acusa: Moisés, en quien vosotros esperais.

 46 Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeriais á mí; porque de mí
escribió él.

 47 Y si á sus escritos no creeis, ¿cómo creeréis á mis palabras?



CAPITULO 6.

 1 PASADAS estas cosas fuése Jesus de la otra parte de la mar de Galiléa,
[que es] de Tiberias.

 2 Y seguíale grande multitud, porque veian sus señales que hacia en los
enfermos.

 3 Y subió Jesus á un monte, y se sentó allí con sus discípulos.

 4 Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.

 5 Y como alzó Jesus los ojos, y vió que habia venido á él grande multitud,
dice á Felipe: ¿De dónde comprarémos pan para que coman estos?

 6 Mas esto decia para probarle; porque él sabia lo que habia de hacer.

 7 Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que
cada uno de ellos tome un poco.

 8 Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simon Pedro:

 9 Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos;
¿mas qué es esto entre tantos?

 10 Entónces Jesus dijo: Haced recostar la gente. Y habia mucha yerba en
aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones.

 11 Y tomó Jesus aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los
discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los
peces cuanto querian.

 12 Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que
han quedado, porque no se pierda nada.

 13 Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de
cebada, que sobraron á los que habian comido.

 14 Aquellos hombres entónces, como vieron la señal que Jesus habia hecho,
decian: Este verdaderamente es el profeta, que habia de venir al mundo.

 15 Y entendiendo Jesus que habian de venir para arrebatarle, y hacerle rey,
volvió á retirarse al monte, él solo.

 16 Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar.

 17 Y entrando en un barco, venian de la otra parte de la mar hácia
Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesus no habia venido á ellos.

 18 Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba.

 19 Y como hubieron navegado como veinte y cinco ó treinta estadios, ven á
Jesus que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo.

 20 Mas él les dijo: Yo soy, no tengais miedo.

 21 Ellos entónces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á
la tierra donde iban.

 22 El dia siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como
vió que no habia allí otra navecilla sino una, y que Jesus no habia entrado
con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habian ido solos,

 23 Y que otras navecillas habian arribado de Tiberias junto al lugar donde
habian comido el pan, despues de haber el Señor dado gracias,

 24 Como vió pues la gente que Jesus no estaba allí, ni sus discípulos,
entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesus.

 25 Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabí, ¿cuándo
llegaste acá?

 26 Respondióles Jesus, y dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscais,
no porque habeis visto las señales, sino porque comisteis el pan, y os
hartásteis.

 27 Trabajad, no por la comida que perece, mas por la comida que a vida
eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á este señaló el
Padre, [es á saber,] Dios.

 28 Y dijéronle: ¿Qué harémos para que obremos las obras de Dios?

 29 Respondió Jesus, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creais en el que
él ha enviado.

 30 Dijéronle entónces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te
creamos? ¿Qué obras?

 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan
del cielo les dió á comer.

 32 Y Jesus les dijo: De cierto, de cierto os digo, [que] no os dió Moisés
pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo, y da vida al
mundo.

 34 Y dijéronle: Señor, dános siempre este pan.

 35 Y Jesus les dijo: Yo soy el pan de vida; el que á mí viene, nunca tendrá
hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

 36 Mas [ya] os he dicho que, aunque me habeis visto, no [me] creeis.

 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no [le]
echo fuera.

 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la
voluntad del que me envió.

 39 Y esta es la voluntad del que me envió, [es á saber,] del Padre: Que todo
lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el dia postrero.

 40 Esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo,
y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el dia postrero.

 41 Murmuraban entónces de él los Judíos, porque habia dicho: Yo soy el pan
que descendí del cielo.

 42 Y decian: ¿No es este Jesus, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros
conocemos? ¿Cómo, pues, dice este: Del cielo he descendido?

 43 Y Jesus respondió, y díjoles: No murmureis entre vosotros.

 44 Ninguno puede venir á mí, si el Padre, que me envió, no le trajere: y yo
le resucitaré en el dia postrero.

 45 Escrito esta en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios: así que
todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí.

 46 No que alguno haya visto al Padre sino aquel que vino de Dios, este ha
visto al Padre.

 47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

 48 Yo soy el pan de vida.

 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.

 50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no
muera.

 51 Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo: si alguno comiere de este
pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré
por la vida del mundo.

 52 Entónces los Judíos contendian entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este
darnos su carne á comer?

 53 Y Jesus les dijo: De cierto, de cierto os digo [que] si no comiereis la
carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en
vosotros.

 54 El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le
resucitaré en el dia postrero.

 55 Porque mi carne es verdadera comida: y mi sangre es verdadera bebida.

 56 El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

 57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que
me come, él tambien vivirá por mí.

 58 Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron
el maná, y son muertos: el que come de este pan vivirá eternamente.

 59 Estas cosas dijo en la sinagoga enseñando en Capernaum.

 60 Y muchos de sus discípulos oyéndo[lo,] dijeron: Dura es esta palabra;
¿[y] quién la puede oir?

 61 Y sabiendo Jesus en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto,
díjoles: ¿Esto os escandaliza?

 62 ¿Pues [qué será,] si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba
primero?

 63 El Espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que
yo os he hablado, son espíritu, y son vida.

 64 Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesus desde el principio
sabia quiénes eran los que no creian, y quién le habia de entregar.

 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere
dado del Padre.

 66 Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con
él.

 67 Dijo entónces Jesus á los doce: ¿Quereis vosotros iros tambien?

 68 Y respondióle Simon Pedro: Señor ¿á quién irémos? Tú tienes palabras de
vida eterna.

 69 Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios
viviente.

 70 Jesus les respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y el uno de
vosotros es diablo?

 71 Y hablaba de Judas Iscariote [hijo] de Simon; porque este era el que le
habia de entregar, el cual era uno de los doce.



CAPITULO 7.

 1 Y PASADAS estas cosas, andaba Jesus en Galiléa: que no queria andar en
Judéa, porque los Judíos procuraban matarle.

 2 Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, [la] de los tabernáculos.

 3 Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y véte á Judéa para que tambien
tus discípulos vean las obras que haces.

 4 Que ninguno que procura ser claro hace algo en oculto: Si estas cosas
haces, manifiéstate al mundo.

 5 Porque ni aun sus hermanos creian en él.

 6 Díceles entónces Jesus: Mi tiempo aun no ha venido; mas vuestro tiempo
siempre está presto.

 7 No puede el mundo aborreceros á vosotros; mas á mí me aborrece, porque yo
doy testimonio de él, que sus obras son malas.

 8 Vosotros subid á esta fiesta: yo no subo aun á esta fiesta; porque mi
tiempo aun no es cumplido.

 9 Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galiléa.

 10 Mas como sus hermanos hubieron subido, entónces él tambien subió á la
fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto.

 11 Y buscábanle los Judíos en la fiesta, y decian: ¿Dónde está aquel?

 12 Y habia grande murmullo de él entre la gente; porque unos decian: Bueno
es. Y otros decian: No, ántes engaña las gentes.

 13 Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos.

 14 Y al medio de la fiesta subió Jesus al templo, y enseñaba.

 15 Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este letras, no
habiendo aprendido?

 16 Respondióles Jesus, y dijo: Mi doctrina no es mia, sino de aquel que me
envió.

 17 El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de
Dios, ó si yo hablo de mí mismo.

 18 El que habla de sí mismo, propia gloria busca: mas el que busca la gloria
del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.

 19 ¿No os dió Moisés la ley, y ninguno de vosotros hace la ley? ¿Por qué me
procurais matar?

 20 Respondió la gente, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar?

 21 Jesus respondió y díjoles: Una obra hice, y todos os maravillais.

 22 Cierto Moisés os dió la circuncision, (no porque sea de Moisés, mas de
los padres,) y en Sábado circuncidais al hombre.

 23 Si recibe el hombre la circuncision en Sábado, para que la ley de Moisés
no sea quebrantada, ¿os enojais conmigo porque en Sábado hice sano todo un
hombre?

 24 No juzgueis segun lo que parece, mas juzgad justo juicio.

 25 Decian entónces unos de los de Jerusalem: ¿No es este al que buscan para
matarle?

 26 Y hé aquí, habla públicamente, y no le dicen nada: ¿Si habrán entendido
verdaderamente los príncipes, que este es el Cristo?

 27 Mas este, sabemos de donde es; y cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de
donde sea.

 28 Entónces clamaba Jesus en el templo enseñando, y diciendo: Y á mí me
conoceis, y sabeis de donde soy: y no he venido de mí mismo; mas el que me
envió es verdadero, al cual vosotros no conoceis.

 29 Yo le conozco: porque de él soy, y él me envió.

 30 Entónces procuraban prenderle mas ninguno metió en él mano, porqué aun no
habia venido su hora.

 31 Y muchos del pueblo creyeron en él, y decian: ¿El Cristo, cuando viniere
hará mas señales que las que este hace?

 32 Los Fariséos oyeron la gente que murmuraba de él estas cosas, y los
príncipes de los sacerdotes y los Fariséos enviaron servidores que le
prendiesen.

 33 Y Jesus dijo: Aun un poco de tiempo estaré con vosotros, é iré al que me
envió.

 34 Me buscaréis, y no [me] hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis
venir.

 35 Entónces los Judíos dijeron entre sí: ¿A dónde se ha de ir este que no le
hallemos? ¿Se ha de ir á los esparcidos entre los Griegos, y á enseñar á los
Griegos?

 36 ¿Qué dicho es este que dijo: Me buscaréis, y no [me] hallaréis: y donde
yo estaré, vosotros no podréis venir?

 37 Mas en el postrer dia grande de la fiesta, Jesus se ponia en pié, y
clamaba diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí, y beba.

 38 El que cree en mí, como dice la escritura, rios de agua viva correrán de
su vientre.

 39 (Y esto dijo del Espíritu que habian de recibir los que creyesen en él;
pues aun no habia [venido] el Espíritu Santo; porque Jesus no estaba aun
glorificado.)

 40 Entónces algunos de la multitud, oyendo este dicho, decian:
Verdaderamente este es el profeta.

 41 Otros decian: Este es el Cristo. Algunos empero decian: ¿De Galiléa ha de
venir el Cristo?

 42 ¿No dice la escritura: Que de la simiente de David, y de la aldéa de
Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo?

 43 Así que habia disension entre la gente acerca de él.

 44 Y algunos de ellos querian prenderle; mas ninguno echó sobre él manos.

 45 Y los ministriles vinieron á los principales sacerdotes y á los Fariséos;
y ellos les dijeron: ¿Por qué no lo trajísteis?

 46 Los ministriles respondieron: Nunca ha hablado hombre así como este
hombre [habla.]

 47 Entónces los Fariséos les respondieron: ¿Estais tambien vosotros
engañados?

 48 ¿Ha creido en él alguno de los príncipes, ó de los Fariséos?

 49 Mas estos comunales, que no saben la ley, malditos son.

 50 Díceles Nicodemo, (el que vino á él de noche, el cual era uno de ellos,)

 51 ¿Juzga nuestra ley á hombre, si primero no oyere de él, y entendiere lo
que ha hecho?

 52 Respondieron y dijéronle: ¿No eres tú tambien Galiléo? Escudriña y ve que
de Galiléa nunca se levantó profeta.

 53 Y fuése cada uno á su casa.



CAPITULO 8.

 1 Y JESUS se fué al monte de las Olivas.

 2 Y por la mañana volvió al templo y todo el pueblo vino á él; y sentado él,
los enseñaba.

 3 Entónces los escribas y los Fariséos le traen una mujer tomada en
adulterio; y poniéndola en medio.

 4 Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho,
adulterando;

 5 Y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales: ¿Tú, pues, qué dices?

 6 Mas esto decian tentándole, para poderle acusar. Empero Jesus, inclinado
hacia abajo, escribia en tierra con el dedo.

 7 Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: El que de
vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero.

 8 Y volviéndose á inclinar hacia abajo, escribia en tierra.

 9 Oyendo pues ellos [esto,] redargüidos de la conciencia, salíanse uno á
uno, comenzando desde los mas viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesus,
y la mujer que estaba en medio.

 10 Y enderezándose Jesus, y no viendo á nadie mas que á la mujer, díjole:
Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te ha condenado?

 11 Y ella dijo: Señor, ninguno. Entónces Jesus le dijo: Ni yo te condeno:
véte, y no peques mas.

 12 Y hablóles Jesus otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el queme
sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida.

 13 Entónces los Fariséos le dijeron: Tú de tí mismo das testimonio; tu
testimonio no es verdadero.

14 Respondió Jesús, y díjoles: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi
testimonio es verdadero; porque sé de donde he venido, y á donde voy: mas
vosotros no sabeis de donde vengo, y á donde voy.

 15 Vosotros segun la carne juzgais: mas yo no juzgo á nadie.

 16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo; sino yo, y el
que me envió, el Padre.

 17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es
verdadero.

 18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo: y da testimonio de mí el que me
envió, el Padre.

 19 Y decíanle: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni á mí [me] conoceis,
ni á mi Padre. Si á mí me conocieseis, á mi Padre tambien conocierais.

 20 Estas palabras habló Jesus en el lugar de las limosnas, enseñando en el
templo; y nadie le prendió, porque aun no habia venido su hora.

 21 Y díjoles otra vez Jesus: Yo me voy, y me buscaréis, mas en vuestro
pecado moriréis: adonde yo voy, vosotros no podeis venir.

 22 Decian entónces los Judíos: ¿Hase de matar á sí mismo, que dice: Adonde^
voy, vosotros no podeis venir?

 23 Y decíales: Vosotros sois de abajo yo soy de arriba; vosotros sois de
este mundo, yo no soy de este mundo.

 24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creyereis
que yo soy, en vuestros pecados moriréis.

 25 Y decíanle: ¿Tú quién eres? Entónces Jesus les dijo: El que al principio
tambien os he dicho.

 26 Muchas cosas tengo que decir, y juzgar de vosotros: mas el que me envió,
es verdadero; y yo lo que he oido de él, esto hablo en el mundo.

 27 Mas no entendieron que él les hablaba del Padre.

 28 Díjoles, pues, Jesus: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entónces
entendereis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me
enseñó, esto hablo.

29 Porque el que me envió, conmigo está: no me ha dejado solo el Padre porque
yo, lo que á él agrada, hago siempre.

 30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.

 31 Y decia Jesus á los Judíos que le habian creido: Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

 32 Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará

 33 Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos á nadie:
¿cómo dices tú: Seréis libres?

 34 Y Jesús les respondió: De cierto os digo que todo aquel que hace pecado,
es siervo de pecado.

 35 Y el siervo no queda en casa para siempre: [mas] el Hijo queda para
siempre.

 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

 37 [Yo] sé que sois simiente de Abraham; mas procurais matarme, porque mi
palabra no cabe en vosotros.

 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros haceis lo que habeis
oido cerca de vuestro Padre.

 39 Respondieron, y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesus: Si
fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham hariais.

 40 Empero ahora procurais matarme; hombre que os he hablado la verdad, la
cual he oido de Dios: no hizo esto Abraham.

 41 Vosotros haceis las obras de vuestro padre. Dijéronle entónces: Nosotros
no somos nacidos de fornicacion: un Padre tenemos, [es á saber,] Dios.

 42 Jesus entónces les dijo: Si vuestro Padre fuera Dios, ciertamente me
amariais [á mí,] porque yo de Dios he salido, y he venido: que no he venido
de mí mismo, mas él me envió,

 43 ¿Por qué no reconoceis mi lenguaje? [es] porque no podeis oir mi palabra.

 44 Vosotros de [vuestro] padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre
quereis cumplir. El homicida ha sido desde el principio; y no permaneció en
la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla;
porque es mentiroso, y padre de la mentira.

 45 Y porque yo digo verdad, no me creeis.

 46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo verdad, ¿por qué
vosotros no me creeis?

 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por esto no [las] oís
vosotros, porque no sois de Dios.

 48 Respondieron entónces los Judíos y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros,
que tú eres Samaritano, y [que] tienes demonio?

 49 Respondió Jesus: Yo no tengo demonio: ántes honro á mi Padre, y vosotros
me habeis deshonrado.

 50 Y no busco mi gloria: hay quien [la] busque, y juzgue.

 51 De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá
muerte para siempre.

 52 Entónces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio:
Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guardare mi palabra, no
gustará muerte para siempre.

 53 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? Y los profetas
murieron: ¿quién te haces á tí mismo?

 54 Respondió Jesus: Si yo me glorifico á mí mismo, mi gloria es nada: mi
Padre es el que me glorifica; el que vosotros decís que es vuestro Dios:

 55 Y no le conoceis: mas yo le conozco: y si dijere que no le conozco, seré
como vosotros, mentiroso: mas conózcole, y guardo su palabra.

 56 Abraham vuestro padre se gozó por ver mi dia: y [le] vió, y se gozó.

 57 Dijéronle entónces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años, ¿y has visto
á Abraham?

 58 Díjoles Jesus: De cierto, de cierto os digo, Antes que Abraham fuese, Yo
soy.

 59 Tomaron entónces piedras para tirarle: mas Jesus se encubrió, y salió del
templo; y atravesando por medio de ellos, se fué.



CAPITULO 9.

 1 Y PASANDO [Jesus,] vió un hombre  ciego desde [su] nacimiento.

 2 Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó este ó sus
padres, para que naciese ciego?

 3 Respondió Jesus: Ni este pecó, ni sus padres: mas para que las obras de
Dios se manifiesten en él.

 4 Conviéneme obrar las obras del que me envió, entretanto que el dia dura:
la noche viene, cuando nadie puede obrar.

 5 Entretanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.

 6 Esto dicho, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con el
lodo sobre los ojos del ciego;

 7 Y díjole: Vé, lávate en el estanque de Siloé, que significa, si [lo]
interpretares, Enviado: y fué entónces, y lavóse, y volvió viendo.

 8 Entónces los vecinos, y los que ántes le habian visto que era ciego,
decian: ¿No es este el que se sentaba, y mendigaba?

 9 Unos decian: Este es; Y otros: A él se parece: [Y] él decia: Yo soy.

 10 Y dijéronle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?

 11 Respondió él y dijo: [Aquel] hombre que se llama Jesus, hizo lodo, y me
untó los ojos, y me dijo: Vé al Siloé, y lávate: y fuí, y me lavé, y recibí
la vista.

 12 Entónces le dijeron: ¿Dónde está aquel? [El] dijo: No sé.

 13 Llevaron á los Fariséos al que ántes habia sido ciego.

 14 Y era Sábado cuando Jesus habia hecho el lodo, y le habia abierto los
ojos.

 15 Y volviéronle á preguntar tambien los Fariséos de qué manera habia
recibido la vista. Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y
veo.

 16 Entónces unos de los Fariséos decian: Este hombre no es de Dios, que no
guarda el Sábado. Otros decian. ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas
señales? Y habia disension entre ellos.

 17 Vuelven á decir al ciego: ¿Tú que dices del que te abrió los ojos? Y él
dijo: Que es profeta.

 18 Mas los Judíos no creian de él, que habia sido ciego, y hubiese recibido
la vista, hasta que llamaron á los padres del que habia recibido la vista.

 19 Y preguntáronles, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís
que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?

 20 Respondiéronles sus padres, y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo,
y que nació ciego;

 21 Mas cómo vea ahora, no sabemos; ó quien le haya abierto los ojos,
nosotros no lo sabemos: él tiene edad; preguntadle á él; él hablará de sí.

 22 Esto dijeron sus padres, porque tenian miedo de los Judíos: porque ya los
Judíos habian resuelto que si alguno confesase ser él el Mesías, fuese fuera
de la sinagoga.

 23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene; preguntadle á él.

 24 Así que, volvieron á llamar al hombre que habia sido ciego, y dijéronle:
Dá gloria á Dios; nosotros sabemos que este hombre es pecador.

 25 Entónces él respondió, y dijo: Si es pecador, no [lo] sé: una cosa sé,
que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

 26 Y volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

 27 Respondióles: Ya os [lo] he dicho, y no habeis atendido: ¿por qué [lo]
quereis otra vez oir? ¿Quereis tambien vosotros haceros sus discípulos?

 28 Y le ultrajaron, y dijeron: Tú seas su discípulo: que nosotros discípulos
de Moisés somos.

 29 Nosotros sabemos que á Moisés habló Dios: mas este no sabemos de donde
es.

 30 Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, maravillosa cosa es esta,
que vosotros no sabeis de donde sea, y [á mí] me abrió los ojos.

 31 Y sabemos que Dios no oye á los pecadores: mas si alguno es temeroso de
Dios, y hace su voluntad, á este oye.

 32 Desde el siglo no fué oido, que abriese alguno los ojos de uno que nació
ciego.

 33 Si este no fuera [venido] de Dios, no pudiera hacer nada.

 34 Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo: ¿y tú nos
enseñas? Y echáronle fuera.

 35 Oyó Jesus que le habian echado fuera: y hallándole, díjole: ¿Crees tú en
el Hijo de Dios?

 36 Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?

 37 Y díjole Jesus: Y le has visto, y el que habla contigo, él es.

 38 Y él dice: Creo, Señor. Y adoróle.

 39 Y dijo Jesus: Yo, para juicio he venido á este mundo, para que los que no
ven, vean; y los que ven, sean cegados.

 40 Y [algunos] de los Fariséos que estaban con él oyeron esto, y dijéronle:
Somos nosotros tambien ciegos?

 41 Díjoles Jesus: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; mas ahora porque
decís: Vemos; por tanto vuestro pecado permanece.



CAPITULO 10.

 1 DE cierto, de cierto os digo [que] el que no entra por la puerta en el
corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladron y robador.

 2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

 3 A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y á sus ovejas llama por
nombre y las saca.

 4 Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas: y las
ovejas le siguen, porque conocen su voz.

 5 Mas al extraño no seguirán, ántes huirán de él; porque no conocen la voz
de los extraños.

 6 Esta parábola les dijo Jesus; mas ellos no entendieron qué era lo que les
decia.

 7 Volvióles pues Jesus á decir: De cierto, de cierto os digo, que yo soy la
puerta de las ovejas.

 8 Todos los que ántes de mí vinieron, ladrones son y robadores; mas no los
oyeron las ovejas.

 9 Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá,
y hallará pastos.

 10 El ladron no viene sino para hurtar, y matar, y destruir [las ovejas:] yo
he venido para que tengan vida, y para que [la] tengan en abundancia.

 11 Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por [sus] ovejas.

 12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las
ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye; y el lobo las
arrebata, y esparce las ovejas.

 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de
las ovejas.

 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis [ovejas,] las mias me conocen.

 15 Como el Padre me conoce [á mí,] y yo conozco al Padre: y pongo mi vida
por las ovejas.

 16 Tambien tengo otras ovejas que no son de este redil: aquellas tambien me
conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

 17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla á tomar.

 18 Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo; [porque] tengo poder para
ponerla, y tengo poder para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi
Padre.

 19 Y volvió á haber disension entre los Judíos por estas palabras.

 20 Y muchos de ellos decian: Demonio tiene, y está fuera de sí: ¿^para qué
le oís?

 21 Decian otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio
abrir los ojos de los ciegos?

 22 Y se hacia la fiesta de la dedicacion en Jerusalem, y era invierno.

 23 Y Jesus andaba en el templo por el portal de Salomon.

 24 Y rodeáronle los Judíos, y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el
alma? Si tú eres el Cristo, dínos[lo] abiertamente.

 25 Respondióles Jesus: Os [lo] he dicho, y no creeis: las obras que yo hago
en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí.

 26 Mas vosotros no creeis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;

 28 Y yo les doy vida eterna; y no perecerán para siempre, ni nadie las
arrebatará de mi mano.

 29 Mi Padre que me [las] dió, mayor que todos es: y nadie [las] puede
arrebatar de la mano de mi Padre.

 30 Yo y el Padre una cosa somos.

 31 Entónces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle.

 32 Respondióles Jesus: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por
cuál obra de esas me apedreais?

 33 Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos sino
por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

 34 Respondióles Jesus: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Dioses
sois?

 35 Si dijo dioses á aquellos, á los cuales fué hecha palabra de Dios, y la
escritura no puede ser quebrantada:

 36 ¿A [mí á] quien el Padre santificó, y envió al mundo, vosotros decís: Tú
blasfemas; porque dije: Hijo de Dios soy?

 37 Si no hago obras de mi Padre, no me creais.

 38 Mas si [las] hago, aunque á mí no creais, creed á las obras, para que
conozcais y creais que el Padre está en mí, y yo en el Padre.

 39 Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos.

 40 Y volvióse tras el Jordan, á aquel lugar donde primero habia estado
bautizando Juan, y estúvose allí.

 41 Y muchos venian á él, y decian: Juan á la verdad ninguna señal hizo; mas
todo lo que Juan dijo de este era verdad.

 42 Y muchos creyeron allí en él.



CAPITULO 11.

 1 ESTABA entónces enfermo uno [llamado] Lázaro, de Bethania, la aldéa de
María y de Marta su hermana.

 2 (Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor
con ungüento, y limpió sus piés con sus cabellos.)

 3 Enviaron pues sus hermanas á él, diciendo: Señor, hé aquí, el que amas
está enfermo.

 4 Y oyéndo[lo] Jesus, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por
gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

 5 Y amaba Jesus á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.

 6 Como oyó, pues, que estaba enfermo, quedóse aun dos dias en aquel lugar
donde estaba.

 7 Luego, despues de esto, dijo á [sus] discípulos: Vamos á Judéa otra vez.

 8 Dícenle los discípulos: Rabí, ahora procuraban los Judíos apedrearte; ¿y
otra vez vas allá?

 9 Respondió Jesus: ¿No tiene el dia doce horas? El que anduviere de dia, no
tropieza; porque ve la luz de este mundo.

 10 Mas el que anduviere de noche tropieza: porque no hay luz en él.

 11 Dicho esto, díceles despues: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á
despertarle del sueño.

 12 Dijeron entónces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará.

 13 Mas [esto] decia Jesus de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba
del reposar del sueño.

 14 Entónces, pues, Jesus les dijo claramente: Lázaro es muerto:

 15 Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creais. Mas
vamos á él.

 16 Dijo entónces Tomás, el que se dice el Dídimo, á sus condiscípulos: Vamos
tambien nosotros, para que muramos con él.

 17 Vino pues Jesus, y halló que habia ya cuatro dias [que estaba] en el
sepulcro,

18 Y Bethania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios^.

 19 Y muchos de los Judíos habian venido á Marta y á María, á consolarlas de
su hermano.

 20 Entónces Marta, como oyó que Jesus venia, salió á encontrarle; mas María
se estuvo en casa.

 21 Y Marta dijo á Jesus: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera
muerto.

 22 Mas tambien sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.

 23 Dícele Jesus: Resucitará tu hermano.

 24 Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurreccion en el dia
postrero.

 25 Dícele Jesus: Yo soy la resurreccion y la vida: el que cree en mí, aun
que este muerto, vivirá.

 26 Y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

 27 Dícele: Sí, Señor, yo he creido que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios,
que has venido al mundo.

 28 Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El
maestro está aquí, y te llama.

 29 Ella, como [lo] oyó, levántase prestamente, y viene á él.

 30 (Que aun no habia llegado Jesus á la aldéa, mas estaba en aquel lugar
donde Marta le habia encontrado.)

 31 Entónces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como
vieron que María se habia levantado prestamente, y habia salido, siguiéronla,
diciendo: Va al sepulcro á llorar allí.

 32 Mas María como vino donde estaba Jesus, viéndole, derribóse á sus piés
diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.

 33 Jesus entónces, como la vió llorando, y á los Judíos que habian venido
juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse.

 34 Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve[lo.]

 35 [Y] lloró Jesus.

 36 Dijeron entónces los Judíos: Mirad como le amaba.

 37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podia este, que abrió los ojos del ciego,
hacer que este no muriera?

 38 Y Jesus conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro: era una
cueva, la cual tenia una piedra encima.

 39 Dice Jesus: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se habia muerto
le dice: Señor, hiede ya; que es de cuatro dias.

 40 Jesus le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios?

 41 Entónces quitaron la piedra de donde el muerto habia sido puesto: y
Jesus, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oido.

 42 Que yo sabia que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que esta
alrededor, [lo] dije, para que crean que tú me has enviado.

 43 Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.

 44 Y el que habia estado muerto, salió, atadas las manos y los piés con
vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesus: Desatadle,
y dejadle ir.

 45 Entónces muchos de los Judíos que habian venido á María, y habian visto
lo que habia hecho Jesus, creyeron en él.

 46 Mas algunos de ellos fueron á los Fariséos, y dijéronles lo que Jesus
habia hecho.

 47 Entónces los pontífices, y los Fariséos juntaron concilio; y decian: ¿Qué
hacemos? porque este hombre hace muchas señales.

 48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y quitarán
nuestro lugar y la nacion.

 49 Y Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros
no sabeis nada;

 50 Ni pensais que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que
toda la nacion se pierda.

 51 Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de
aquel año, profetizó que Jesus habia de morir por la nacion;

 52 Y no solamente por aquella nacion, mas tambien para que juntase en uno
los hijos de Dios que estaban derramados.

 53 Así que desde aquel dia consultaban juntos de matarle.

 54 Por tanto Jesus ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas fuese
de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se llama
Ephraim: y estábase allí con sus discípulos.

 55 Y la Pascua de los Judíos estaba cerca: y muchos subieron de aquella
tierra á Jerusalem ántes de la Pascua, para purificarse.

 56 Y buscaban á Jesus, y hablaban los unos con los otros estando en el
templo: ¿Qué os parece, que no vendrá á la fiesta?

 57 Y los pontífices y los Fariséos habian dado mandamiento, que, si alguno
supiese donde estuviera, [lo] manifestase para que le prendiesen:



CAPITULO 12.

 1 Y JESUS, seis dias ántes de la Pascua, vino á Bethania, donde estaba
Lázaro que habia sido muerto, al cual [Jesus] habia resucitado de los
muertos.

 2 E hiciéronle allí una cena; y Marta servía, y Lázaro era uno de los que
estaban sentados á la mesa juntamente con él.

 3 Entónces María tomó una libra de ungüento de nardo liquido de mucho
precio, y ungió los piés de Jesus, y limpió sus piés con sus cabellos: y la
casa se llenó del olor del ungüento.

 4 Y dijo uno de sus discípulos, Júdas Iscariote, [hijo] de Simon, el que le
habia de entregar:

 5 ¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dió
á los pobres?

 6 Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenia de los pobres, sino porque
era ladron, y tenia la bolsa, y traia lo que se echaba [en ella.]

 7 Entónces Jesus dijo: Déjala: para el dia de mi sepultura ha guardado esto.

 8 Porque á los pobres siempre los teneis con vosotros, mas á mí no siempre
me teneis.

 9 Entónces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí: y vinieron
no solamente por causa de Jesus, mas tambien por ver á Lázaro, al cual habia
resucitado de los muertos.

 10 Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar tambien á
Lázaro:

 11 Porque muchos de los Judíos iban y creian en Jesus por causa de él.

 12 El siguiente dia mucha gente que habia venido al dia de la fiesta, como
oyeron que Jesus venia á Jerusalem,

 13 Tomaron ramos de palmas, y salieron á recibirle, y clamaban: Hosanna,
Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel.

 14 Y halló Jesus un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito:

 15 No temas, hija de Sion; hé aquí tu Rey viene sentado sobre un pollino de
asna.

 16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero cuando
Jesus fué glorificado, entónces se acordaron que estas cosas estaban escritas
de él, y que le hicieron estas cosas.

 17 Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó á Lázaro
del sepulcro, y le resucitó de los muertos.

 18 Por lo cual tambien habia venido la gente á recibirle; porque habia oido
que él habia hecho esta señal.

 19 Mas los Fariséos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovechais? hé aquí
que el mundo se va tras de él.

 20 Y habia ciertos Griegos de los que habian subido á adorar en el dia de la
fiesta.

 21 Estos, pues se llegaron á Felipe, que era de Bethsaida de Galiléa, y
rogáronle, diciendo: Señor, queríamos ver á Jesus.

 22 Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entónces, y Felipe, [lo] dicen á
Jesus.

 23 Entónces Jesus les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del
hombre ha de ser glorificado.

 24 De cierto, de cierto os digo que si el grano de trigo no cae en la
tierra, y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva.

 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo,
para vida eterna la guardará.

 26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí tambien estará mi
servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

 27 Ahora está turbada mi alma: ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora: mas
por esto he venido en esta hora.

 28 Padre, glorifica tu nombre.  Entónces vino una voz del cielo: Y [le] he
glorificado, y [le] glorificaré otra vez.

 29 Y la gente que estaba presente, y [la] habia oido, decia que habia sido
trueno; otros decian: Angel le ha hablado.

 30 Respondió Jesus, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por
causa de vosotros.

 31 Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será
echado fuera.

 32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo.

 33 Y esto decia dando á entender de qué muerte habia de morir.

 34 Respondióle la gente: Nosotros hemos oido de la ley: Que el Cristo
permanece para siempre: ¿Cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre
sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?

 35 Entónces Jesus les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros:
andad entre tanto que teneis luz, porque no os sorprendan las tinieblas;
porque el que anda en tinieblas, no sabe donde va.

 36 Entre tanto que teneis la luz, creed en la luz, para que seais hijos de
luz. Estas cosas habló Jesus, y fuése, y escondióse de ellos.

 37 Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creian en él:

 38 Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: Señor, ¿quién
ha creido á nuestro dicho, ¿y el brazo del Señor á quien es revelado?

 39 Por esto no podian creer, porque otra vez dijo Isaías:

 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazon; porque no vean con los
ojos, y entiendan de corazon, y se conviertan, y yo los sane.

 41 Estas cosas dijo Isaías, cuando vió su gloria, y habló de él.

 42 Con todo eso aun de los príncipes muchos creyeron en él; mas por causa de
los Fariséos no [lo] confesaban, por no ser echados de la sinagoga.

 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

 44 Mas Jesus clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que
me envió.

 45 Y el que me ve, ve al que me envió.

 46 Yo [la] luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí, no
permanezca en tinieblas.

 47 Y el que oyere mis palabras, y no [las] creyere, yo no le juzgo; porque
no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo.

 48 El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la
palabra que he hablado, ella le juzgará en el dia postrero.

 49 Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el Padre que me envió, él me dió
mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que lo que yo hablo, como el
Padre me lo ha dicho, así hablo.



CAPITULO 13.

 1 ANTES de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesus que su hora habia venido
para que pasase de este mundo al Padre, como habia amado á los suyos, que
estaban en el mundo, amólos hasta el fin.

 2 Y la cena acabada, como el diablo ya habia metido en el corazon de Judas,
[hijo] de Simon, Iscariote, que le entregase,

 3 Sabiendo Jesus que el Padre le habia dado todas las cosas en las manos, y
que habia salido de Dios, y á Dios iba,

 4 Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse.

 5 Y luego puso agua en un lebrillo, y comenzó á lavar los piés de los
discípulos, y á limpiar[los] con la toalla con que estaba ceñido.

 6 Entónces vino á Simon Pedro, y Pedro le dice: Señor, ¿tú me lavas los
piés?

 7 Respondió Jesus, y díjole: Lo que yo hago, tu no entiendes ahora; mas [lo]
entenderás despues.

 8 Dícele Pedro: No me lavarás los piés jamás. Respondióle Jesus: Si no te
lavare, no tendrás parte conmigo.

 9 Dícele Simon Pedro: Señor, no solo mis piés, mas aun las manos, y la
cabeza.

 10 Dícele Jesus: El que está lavado, no necesita sino que lave los piés, mas
está todo limpio. Y vosotros limpios estais, aunque no todos.

 11 Porque sabia quién le habia de entregar; por eso dijo: No estais limpios
todos.

 12 Así que, despues que les hubo lavado los piés, y tomado su ropa,
volviéndose á sentar á la mesa, díjoles: ¿Sabeis lo que os he hecho?

 13 Vosotros me llamais Maestro y Señor; y decís bien, porque [lo] soy:

 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros piés, vosotros
tambien debeis lavar los piés los unos á los otros.

 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros tambien
hagais.

 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor; ni el
apóstol es mayor que el que le envió.

 17 Si sabeis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis.

 18 No hablo de todos vosotros; yo sé los que he elegido: mas para que se
cumpla la escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mi su calcañar.

 19 Desde ahora os lo digo ántes que se haga, para que cuando se hiciere,
creais que yo soy.

 20 De cierto, de cierto os digo [que] el que recibe al que yo enviare, á mí
recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió.

 21 Como hubo dicho Jesus esto, fué conmovido^ en el espíritu, y protestó, y
dijo: De cierto, de cierto os digo que uno de vosotros me ha de entregar.

 22 Entónces los discípulos mirábanse los unos á los otros, dudando de quién
decia.

 23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesus amaba, estaba recostado en el seno
de Jesus.

 24 A este pues hizo señas Simon Pedro, para que preguntase quien era aquel
de quien decia.

 25 El entónces recostándose sobre el pecho de Jesus, dícele: Señor, ¿quién
es?

 26 Respondió Jesus: Aquel es á quien yo diere el pan mojado: y mojando el
pan, dió[le] á Júdas Iscariote, [hijo] de Simon.

 27 Y tras el bocado Satanás entró en él. Entónces Jesus le dice: Lo que
haces, haz[lo] mas presto.

 28 Mas ninguno de los que estaban á la mesa entendió á qué propósito le dijo
esto.

 29 Porque los unos pensaban, porque Júdas tenia la bolsa, que Jesus le
decia: Compra lo que necesitamos para la fiesta; ó, que diese algo para los
pobres.

 30 Como él pues hubo tomado el bocado, luego salió; y era [ya] noche.

 31 Entónces como él salió, dijo Jesus: Ahora es glorificado el Hijo del
hombre, y Dios es glorificado en él.

 32 Si Dios es glorificado en él, Dios tambien le glorificará en sí mismo; y
luego le glorificará.

 33 Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije á
los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podeis venir; así digo á vosotros
ahora.

 34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os ameis unos á otros: como os he amado,
que tambien [os] ameis los unos á los otros.

 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los
unos con los otros.

 36 Dícele Simon Pedro: Señor, ¿adónde vas? Respondióle Jesus: Donde yo voy,
no me puedes ahora seguir; mas me seguirás despues.

 37 Dícele Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré
por tí.

 38 Respondióle Jesus: ¿Tu alma pondrás por mi? De cierto, de cierto te digo,
[que] no cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.



CAPITULO 14.

 1 NO se turbe vuestro corazon: creeis en Dios, creed tambien en mí.

 2 En la casa de mi padre muchas moradas hay; de otra manera, os [lo] hubiera
dicho: voy pues á preparar lugar para vosotros.

 3 Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí
mismo; para que donde yo estoy, vosotros tambien esteis.

 4 Y sabeis á donde yo voy, y sabeis el camino.

 5 Dícele Tomás: Señor, no sabemos adonde vas: ¿cómo pues podemos saber el
camino?

 6 Jesus le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al
Padre, sino por mí.

 7 Si me conocieseis, tambien á mi Padre conocierais: y desde ahora le
conoceis, y le habeis visto.

 8 Dícele Felipe: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta.

 9 Jesus le dice: ¿Tanto tiempo [ha que] estoy con vosotros, y no me has
conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como, pues, dices
tú: Muéstranos al Padre?

 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo
os hablo, no [las] hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace
las obras.

 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera creedme
por las mismas obras.

 12 De cierto, de cierto os digo [que] el que en mí cree, las obras que yo
hago tambien el [las] hará, y mayores que estas hará; porque yo voy al Padre:

 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré; para que el
Padre sea glorificado en el Hijo.

 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo [lo] haré.

 15 Si me amais, guardad mis mandamientos:

 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con
vosotros para siempre;

 17 Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le
ve, ni le conoce; mas vosotros le conoceis, porque está con vosotros, y será
en vosotros.

 18 No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros.

 19 Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis:
porque yo vivo, y vosotros tambien viviréis.

 20 En aquel dia vosotros conoceréis que yo [estoy] en mi Padre, y vosotros
en mí, y yo en vosotros.

 21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama: y el
que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á él.

 22 Dícele Júdas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de
manifestar á nosotros, y no al mundo?

 23 Respondió Jesus, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre
le amará, y vendrémos á él, y harémos con él morada.

 24 El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habeis oido no
es mia, sino del Padre que me envió.

 25 Estas cosas os he hablado estando con vosotros.

 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi
nombre, el os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os
he dicho.

 27 La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo [la] da, yo os [la] doy:
no se turbe vuestro corazon, ni tenga miedo.

 28 Habeis oido como yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis,
ciertamente os gozariais porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre
mayor es que yo.

 29 Y ahora os [lo] he dicho ántes que se haga, para que cuando se hiciere,
creais.

 30 Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo;
mas no tiene nada en mí.

 31 Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y que como el Padre me
dió el mandamiento, así hago. Levantáos, vamos de aquí.



CAPITULO 15.

 1 YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará; y todo aquel que lleva
fruto, le limpiará, para que lleve más fruto.

 3 Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.

 4 Estad en mí, y yo [estaré] en vosotros. Como el pámpano no puede llevar
fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no
estuviereis en mí.

 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, este
lleva mucho fruto: (porque sin mí nada podeis hacer.)

 6 El que en mí no estuviere, será echado fuera como [mal] pámpano, y se
secará: y los cogen, y [los] echan en el fuego, y arden.

 7 Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, todo lo que
quisiereis pediréis, y os será hecho.

 8 En esto es glorificado mi Padre, [en] que lleveis mucho fruto, y seais
[así] mis discípulos.

 9 Como el Padre me amó, tambien yo os he amado: estad en mi amor.

 10 Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo tambien he
guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.

 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro
gozo sea cumplido.

 12 Este es mi mandamiento: Que os ameis los unos á los otros, como [yo] os
he amado.

 13 Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.

 14 Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando.

 15 Ya no os diré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas
os he dicho amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho
notorias.

 16 No me elegisteis vosotros [á mí,] mas yo os elegí á vosotros; y os he
puesto para que vayais y lleveis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que
todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, [él] os lo dé.

 17 Esto os mando: Que os ameis los unos á los otros.

 18 Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció ántes que á
vosotros.

 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaria lo suyo: mas porque no sois del
mundo, ántes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo.

 20 Acordáos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su
señor. Si á mí me han perseguido, tambien á vosotros perseguirán; si han
guardado mi palabra, tambien guardarán la vuestra.

 21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre; porque no conocen al que
me ha enviado.

 22 Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrian pecado; mas
ahora no tienen excusa de su pecado.

 23 El que me aborrece, tambien á mi Padre aborrece.

 24 Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningun otro ha hecho, no
tendrian pecado; mas ahora, y [las] han visto, y me aborrecen á mí, y á mi
Padre.

 25 Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin
causa me aborrecieron.

 26 Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el
Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí.

 27 Y vosotros daréis testimonio, porque estais conmigo desde el principio.



CAPITULO 16.

 1 ESTAS cosas os he hablado, para que no os escandaliceis.

 2 Os echarán de las sinagogas: y aun viene la hora, cuando cualquiera que os
matare, pensará que hace servicio á Dios.

 3 Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre ni á mí.

 4 Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordeis
que yo os lo habia dicho: esto empero no os lo dije al principio, porque yo
estaba con vosotros.

 5 Mas ahora voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde
vas?

 6 Antes porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro
corazon.

 7 Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya; porque si yo no
fuese, el Consolador no vendria á vosotros: mas si yo fuere os le enviaré.

 8 Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de
juicio:

 9 De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí:

 10 Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más:

 11 Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo [ya] es juzgado.

 12 Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no [las] podeis llevar,

 13 Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad;
porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere; y os hará
saber las cosas que han de venir.

 14 El me glorificará, porque tomará de lo mio, y os [lo] hará saber.

 15 Todo lo que tiene el Padre, mio es: por eso dije que tomará de lo mio, y
os [lo] haré saber.

 16 Un poquito, y no me veréis: y otra vez un poquito, y me veréis: porque yo
voy al Padre.

 17 Entónces dijeron [algunos] de sus discípulos unos á otros: ¿Qué es esto
que nos dice: Un poquito, y no me veréis: y otra vez un poquito y me veréis;
y, porque yo voy al Padre?

 18 Decian pues: ¿Qué es esto que dice: Un poquito? No entendemos lo que
habla.

 19 Y conoció Jesus que le querian preguntar, y díjoles: ¿Preguntais entre
vosotros de esto que dije, Un poquito, y no me veréis; y otra vez un poquito,
y me veréis?

 20 De cierto, de cierto os digo que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el
mundo se alegrará: empero aunque vosotros estaréis tristes, vuestra tristeza
se tornará en gozo.

 21 La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas despues
que ha parido un niño, ya no se acuerda de la apretura, por el gozo de que
haya nacido un hombre en el mundo.

 22 Tambien, pues, vosotros ahora á la verdad teneis tristeza: mas otra vez
os veré, y se gozará vuestro corazon, y nadie quitará de vosotros vuestro
gozo.

 23 Y aquel dia no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo que
todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os [lo] dará.

 24 Hasta ahora nada habeis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis, para
que vuestro gozo sea cumplido.

 25 Estas cosas os he hablado en proverbios: mas viene la hora cuando ya no
os hablaré por proverbios, sino que claramente os anunciaré de mi Padre.

 26 Aquel dia pediréis en mi nombre; y no os digo, que yo rogaré al Padre por
vosotros:

 27 Porque el misino Padre os ama, por cuanto vosotros me amasteis, y habeis
creido que yo salí de Dios.

 28 Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al
Padre.

 29 Dícenle sus discípulos: Hé aquí ahora hablas claramente, y ningun
proverbio dices.

 30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te
pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.

 31 Respondióles Jesus: ¿Ahora creeis?

 32 Hé aquí la hora viene, y ha venido que seréis esparcidos cada uno por su
parte, y me dejaréis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

 33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengais paz: en el mundo
tendréis apretura; mas confiad, yo he vencido á mundo.



CAPITULO 17.

 1 ESTAS cosas habló Jesus y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la
hora es llegada; glorifica á tu Hijo; para que tambien tu Hijo te glorifique
á tí:

 2 Como le has dado la potestad de toda carne, para que de vida eterna á
todos los que le diste.

 3 Esta empero es la vida eterna: Que te conozcan solo Dios verdadero, y á
Jesu-Cristo, al cual has enviado.

 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que
hiciese.

 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de tí mismo con aquella gloria que
tuve cerca de tí ántes que el mundo fuese.

 6 He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran,
y me los diste, y guardaron tu palabra.

 7 Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son de tí.

 8 Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos [las] recibieron, y
han conocido verdaderamente que salí de tí, y han creido que tú me enviaste.

 9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste,
porque tuyos son.

 10 Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido
glorificado en ellas.

 11 Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo á tí vengo.
Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean
una cosa, como tambien nosotros.

 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; á los
que me diste, yo los guardé y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de
perdicion, para que la escritura se cumpliese.

 13 Mas ahora vengo á tí; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo
cumplido en sí mismos.

 14 Yo les he dado tu palabra, y el mundo los aborreció; porque no son del
mundo, como tampoco yo soy del mundo.

 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

 17 Santifícalos en tu verdad: tu palabra es [la] verdad.

 18 Como tú me enviaste al mundo, tambien yo los he enviado al mundo.

 19 Y por ellos yo me santifico á mí mismo; para que tambien ellos sean
santificados en verdad.

 20 Mas no ruego solamente por estos, sino tambien por los que han de creer
en mí por la palabra de ellos;

 21 Para que todos sean una cosa: como tú, oh Padre, en mí, y yo en tí, que
tambien ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me
enviaste.

 22 Y yo, la gloria que me diste, les he dado; para que sean una cosa, como
tambien nosotros somos una cosa.

23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa, que el
mundo conozca que tú me enviaste, que los has amado, como tambien á mí me has
amado.

 24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén
tambien conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has
amado desde ántes de la constitucion del mundo.

 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido: mas yo te he conocido, y estos
han conocido que tú me enviaste.

 26 Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestaré[lo aun;] para que el
amor, con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.



CAPITULO 18.

 1 COMO Jesus hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el
arroyo de Cedron, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesus, y sus
discípulos.

 2 Y tambien Júdas, el que le entregaba, sabia aquel lugar, porque muchas
veces Jesus se juntaba allí con sus discípulos.

 3 Júdas, pues, tomando una compañía [de soldados,] y ministros de los
pontífices y de los Fariséos, vino allí con linternas y antorchas, y con
armas.

 4 Empero Jesus, sabiendo todas las cosas que habian de venir sobre él, salió
delante, y díjoles: ¿A quién buscais?

 5 Respondiéronle: A Jesus Nazareno. Díceles Jesus: Yo soy. (Y estaba tambien
con ellos Júdas el que le entregaba.)

 6 Y como les dijo: Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra.

 7 Volvióles, pues, á preguntar: ¿A quién buscais? Y ellos dijeron: A Jesus
Nazareno.

 8 Respondió Jesus: [Ya] os he dicho que yo soy: pues si á mí buscais, dejad
ir á estos:

 9 Para que se cumpliese la palabra que habia dicho: De los que me diste,
ninguno de ellos perdí.

 10 Entónces Simon Pedro, que tenia espada, sacóla, é hirió al siervo del
pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.

 11 Jesus entónces dijo á Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el
Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?

 12 Entónces la compañía [de los soldados] y el tribuno, y los ministros de
los Judíos, prendieron á Jesus, y le ataron.

 13 Y lleváronle primeramente á Anás, porque era suegro de Caifás, el cual
era pontífice de aquel año.

 14 Y era Caifás el que habia dado el consejo á los Judíos: Que era necesario
que un hombre muriese por el pueblo.

 15 Y seguia á Jesus Simon Pedro, y otro discípulo: y aquel discípulo era
conocido del pontífice, y entró con Jesus al atrio del pontífice.

 16 Mas Pedro estaba fuera á la puerta: y salió aquel discípulo que era
conocido del pontífice, y habló á la portera y metió dentro á Pedro.

 17 Entónces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú tambien de los
discípulos de este hombre? Dice él: No soy.

 18 Y estaban en pié los siervos y los ministros que habian allegado las
ascuas, porque hacia frio, y calentábanse; y estaba tambien con ellos Pedro
en pié, calentándose.

 19 Y el pontífice preguntó á Jesus [acerca] de sus discípulos, y de su
doctrina.

 20 Jesus le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo; yo siempre he
enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los Judíos; y
nada he hablado en oculto.

 21 ¿Qué me preguntas á mí? Pregunta á los que han oido, qué les haya [yo]
hablado: hé aquí, esos saben lo que yo he dicho.

 22 Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí dió una
bofetada á Jesus, diciendo: ¿Así respondes al pontífice?

 23 Respondióle Jesus: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien
¿por qué me hieres?

 24 Y Anás le habia enviado atado á Caifás pontífice.

 25 Estaba, pues, Pedro en pié calentándose; y dijéronle: ¿No eres tú de sus
discípulos? El negó, y dijo: No soy.

 26 Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquel á quien Pedro habia
cortado la oreja, [le] dice: ¿No te ví yo en el huerto con él?

 2'7 Y negó Pedro otra vez: y luego el gallo cantó.

 28 Y llevaron á Jesus de Caifás al Pretorio; y era por la mañana: y ellos no
entraron en el Pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la Pascua.

 29 Entónces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusacion traeis contra
este hombre?

 30 Respondieron, y dijéronle: Si este no fuera malhechor, no te lo habríamos
entregado.

 31 Díceles entónces Pilato: Tomadle vosotros y juzgadle segun vuestra ley. Y
los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie.

 32 Para que se cumpliese el dicho de Jesus que habia dicho, dando á entender
de qué muerte habia de morir.

 33 Así que Pilato volvió á entrar en el Pretorio y llama á Jesus, y díjole:
¿Eres tú el Rey de los Judíos?

 34 Respondióle Jesus: ¿Dices tú esto de tí mismo, ó te lo han dicho otro de
mí?

 35 Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente, y los pontífices, te han
entregado á mí: ¿qué has hecho?

 36 Respondió Jesus: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi
reino, mis servidores pelearian para que [yo] no fuera entregado á los
Judíos; ahora, pues, mi reino no es de aquí.

 37 Díjole entónces Pilato: ¿Luego Rey eres tú? Respondió Jesus: Tu dices que
yo soy Rey: yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar
testimonio á la verdad. Todo aquel que es [de la parte] de la verdad, oye mi
voz.

 38 Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, salió otra
vez á los Judíos, y díceles: Yo no hallo en él algun crimen.

 39 Empero vosotros teneis costumbre, que [yo] os suelte uno en la Pascua:
¿quereis, pues, que os suelte al Rey de los Judíos?

 40 Entónces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á este, sino á
Barrabas. Y Barrabas era ladron.



CAPITULO 19.

 1 ASÍ que entónces tomó Pilato á Jesus, y azotó[le.]

 2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron[la] sobre
su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana,

 3 Y decian: ¡Salve, Rey de los Judíos! Y dábanle de bofetadas.

 4 Entónces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: Hé aquí os le traigo
fuera para que entendais que ningun crimen hallo en él.

 5 Y salió Jesus fuera llevando la corona de espinas, y la ropa de grana. Y
díceles [Pilato:] Hé aquí el hombre.

 6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron
voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y
crucificadle, porque yo no hallo en él crimen.

 7 Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y segun nuestra ley debe
morir, porque se hizo Hijo de Dios.

 8 Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo mas miedo;

 9 Y entró otra vez en el Pretorio, y dijo á Jesus: ¿De dónde eres tú? Mas
Jesus no le dió respuesta.

 10 Entónces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad
para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?

 11 Respondió Jesus: Ninguna potestad tendrias contra mí, si [esto] no te
fuese dado de arriba: por tanto el que á tí me ha entregado, mayor pecado
tiene.

 12 Desde entónces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces,
diciendo: Si á este sueltas, no eres amigo de César. Cualquiera que se hace
rey, á Cesar contradice.

 13 Entónces Pilato oyendo este dicho llevó fuera á Jesus, y se sentó en el
tribunal, en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en Hebréo, Gabbatha.

 14 Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta; entónces dijo á
los Judíos: Hé aquí vuestro Rey.

 15 Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A
vuestro rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey
sino á César.

 16 Así que entónces se lo entregó para que fuese crucificado: y tomaron á
Jesus, y le llevaron.

 17 Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en
Hebréo, Gólgotha;

 18 Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno á cada lado, y Jesus en
medio.

 19 Y escribió tambien Pilato un título, que puso encima de la cruz: y el
escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.

 20 Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba
crucificado Jesus, era cerca de la ciudad: y estaba escrito en Hebréo, en
Griego y en Latin.

 21 Y decian á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de los
Judíos; sino que él dijo: Rey soy de los Judíos.

 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

 23 Y como los soldados hubieron crucificado á Jesus, tomaron sus vestidos, é
hicieron cuatro partes, (para cada soldado una parte), y la túnica: mas la
túnica era sin costura, toda tejida desde arriba.

 24 Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella de
quien será. Para que se cumpliese la escritura que dice: Partieron para sí
mis vestidos, y sobre mi^ vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron
esto.

 25 Y estaban junto á la cruz de Jesus su madre, y la hermana de su madre,
María [mujer] de Cleofas, y María Magdalena.

 26 Y como vió Jesus á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba
presente, dice á su madre:

Mujer, hé ahí tu hijo.

 27 Despues dice al discípulo: Hé ahí tu madre. Y desde aquella hora el
discípulo la recibió consigo.

 28 Despues de esto, sabiendo Jesus que todas las cosas eran ya cumplidas,
para que la escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.

 29 Y estaba [allí] un vaso lleno de vinagre. Entónces ellos hinchieron una
esponja de vinagre, y rodeada á un hisopo se la llegaron á la boca:

 30 Y como Jesus tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la
cabeza, dió el espíritu.

 31 Entónces los Judíos, por cuanto era la víspera [de la Pascua,] para que
los cuerpos no quedasen en la cruz en el Sábado, pues era el gran dia del
Sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.

 32 Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo
al otro que habia sido crucificado con él.

 33 Mas cuando vinieron á Jesus, como le vieron ya muerto, no le quebraron
las piernas:

 34 Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego
salió sangre y agua.

 35 Y el que [lo] vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe
que dice verdad, para que vosotros tambien creais.

 36 Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la escritura:
Hueso no quebrantaréis de él.

 37 Y tambien otra escritura dice: Mirarán [á aquel] al cual traspasaron.

 38 Despues de estas cosas, José de Arimatéa, el cual era discípulo de Jesus,
mas secreto, por miedo de los Judíos, rogó á Pilato que pudiera quitar el
cuerpo de Jesus: y permitió[selo] Pilato. Entónces vino, y quitó el cuerpo de
Jesus.

 39 Y vino tambien Nicodemo, el que ántes habia venido á Jesus de noche,
trayendo un compuesto de mirra y de aloes, como cien libras.

 40 Tomaron pues el cuerpo de Jesus, y envolviéronle en lienzos con especias,
como es costumbre de los Judíos sepultar.

 41 Y en aquel lugar, donde habia sido crucificado, habia un huerto, y en el
huerto, un sepulcro nuevo en el cual aun no habia sido puesto alguno.

 42 Allí, pues, por causa de la víspera [de la Pascua] de los Judíos, porque
aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesus.



CAPITULO 20.

 1 Y EL primer [dia] de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aun
oscuro, al sepulcro, y vió la piedra quitada del sepulcro.

 2 Entónces corrió, y vino á Simon Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba
Jesus, y díceles: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le
han puesto.

 3 Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.

 4 Y corrian los dos juntos, mas el otro discípulo corrió más presto que
Pedro, y llegó primero al sepulcro.

 5 Y bajándose [á mirar,] vió los lienzos echados; mas no entró.

 6 Llegó luego Simon Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los
lienzos echados;

 7 Y el sudario que habia estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos,
sino envuelto en un lugar aparte.

 8 Y entónces entró tambien el otro discípulo, que habia venido primero al
monumento, y vió, y creyó.

 9 Porque aun no sabian la escritura: Que era necesario que él resucitase de
los muertos.

 10 Y volvieron los discípulos á los suyos.

 11 Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y estando llorando,
bajóse [á mirar] el sepulcro.

 12 Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la
cabecera, y el otro á los piés, donde el cuerpo de Jesus habia sido puesto.

 13 Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado á mi
Señor, y no se donde

le han puesto.

 14 Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesus que estaba [allí;]
mas no sabia que era Jesus.

 15 Dícele Jesus: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que
era el hortelano, díjole: Señor, si tú le has llevado, díme dónde le has
puesto, y yo lo llevaré.

 16 Dícele Jesus: María. Volviéndose ella, dícele: Raboni, que quiere decir,
Maestro.

 17 Dícele Jesus: No me toques, porque aun no he subido á mi Padre: mas vé á
mis hermanos, y díles: Subo á mi Padre, y á vuestro Padre, y á mi Dios, y á
vuestro Dios.

 18 Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos que habia visto al
Señor, y le habia dicho estas cosas.

 19 Y como fué tarde aquel dia, el primero de la semana, y estando las
puertas cerradas, donde los discípulos estaban juntos, por miedo de los
Judíos, vino Jesus, y púsose en medio, y díjoles: Paz á vosotros.

 20 Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los
discípulos se gozaron viendo al Señor.

 21 Entónces les dijo Jesus otra vez; Paz á vosotros: como me envió el Padre,
así tambien yo os envio.

 22 Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo:

 23 A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los
retuviereis, serán retenidos.

 24 Empero Tomás, uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos
cuando Jesus vino.

 25 Dijéronle, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les
dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en
el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

 26 Y ocho dias despues estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos
Tomás: vino Jesus, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz á
vosotros.

 27 Luego dice á Tomas: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y alarga acá tu
mano y méte[la] en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel.

 28 Entónces Tomás respondió, y dícele: Señor mio, y Dios mio.

 29 Dícele Jesus: Porque me has visto, oh Tomás, creiste: bienaventurados los
que no vieron, y creyeron.

 30 Y tambien hizo Jesus muchas otras señales en presencia de sus discípulos,
que no están escritas en este libro.

 31 Estas empero son escritas para que creais que Jesus es el Cristo, el Hijo
de Dios; y para que creyendo, tengais vida en su nombre.



CAPITULO 21.

 1 DESPUES se manifestó Jesus otra vez á sus discípulos á la mar de Tiberias;
y manifestóse de esta manera.

 2 Estaban juntos Simon Pedro y Tomás, llamado el Dídimo, y Natanael, el que
[era] de Caná de Galiléa, y los [hijos] de Zebedéo, y otros dos de sus
discípulos.

 3 Díceles Simon: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros tambien contigo.
Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada.

 4 Y venida la mañana, Jesus se puso á la ribera: mas los discípulos no
entendieron que era Jesus.

 5 Y díjoles: Mozos ¿teneis algo de comer? Respondiéronle: No.

 6 Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del barco, y hallaréis.
Entónces echaron, y no la podian en ninguna manera sacar, por la multitud de
los peces.

 7 Entónces aquel discípulo, al cual amaba Jesus, dijo á Pedro: El Señor es.
Y Simon Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba
desnudo, y echóse á la mar.

 8 Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban léjos de
tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.

 9 Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de
ellas, y pan.

 10 Díceles Jesus: Traed de los peces que cogisteis ahora.

 11 Subió Simon Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces,
ciento y cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.

 12 Díceles Jesus: Venid, comed. Y ninguno de sus discípulos osaba
preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.

 13 Viene pues Jesus, y toma el pan, y dáles; y asimismo del pez.

 14 Esta [era] ya la tercera vez que Jesus se manifestó á sus discípulos,
habiendo resucitado de los muertos.

 15 Y cuando hubieron comido, Jesus dijo á Simon Pedro: Simon, [hijo] de
Jonás, ¿me amas más que estos? Dícele: Si, Señor: tú sabes que te amo.
Dícele: Apacienta mis corderos.

 16 Vuélvele á decir la segunda vez: Simon, [hijo] de Jonás, ¿me amas?
Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.

 17 Dícele la tercera vez: Simon, [hijo] de Jonás, ¿me amas? Entristecióse
Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y dícele: Señor, tú sabes
todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesus: Apacienta mis ovejas.

 18 De cierto, de cierto te digo [que] cuando eras más mozo, te ceñías, é
ibas donde querias: mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te
ceñirá otro, y te llevará adonde no quieras.

 19 Y esto dijo, dando á entender con que muerte habia de glorificar á Dios.
Y dicho esto, dícele: Sígueme.

 20 Volviéndose Pedro, ve á aquel discípulo al cual amaba Jesus, que seguia,
el que tambien se habia recostado á su pecho en la cena, y [le] habia dicho:
Señor ¿quién es el que te ha de entregar?

 21 Así que Pedro vió á este, dice á Jesus: Señor, ¿y este, qué?

 22 Dícele Jesus: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué [se te
da] á tí? Sígueme tú.

 23 Salió entónces este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no
habia de morir. Mas Jesus no le dijo: No morirá; sino: Si quiero que él quede
hasta que [yo] venga, ¿qué á tí?

 24 Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió
estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero.

 25 Y hay tambien otras muchas cosas que hizo Jesus, que si se escribiesen
cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrian los libros que se
habrian de escribir. Amen.



LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES.



CAPITULO 1.

 1 EN el primer tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas que Jesus
comenzó á hacer, y á enseñar,

 2 Hasta el dia en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu Santo á
los apóstoles que escogió, fué recibido arriba:

 3 A los cuales, despues de haber padecido, se presentó vivo con muchas
pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta dias, y hablándo[les] del
reino de Dios.

 4 Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalem, sino que
esperasen la promesa del Padre, que oisteis, [dijo,] de mí.

 5 Porque Juan á la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados
con el Espíritu Santo no muchos dias despues de estos.

 6 Entónces los que se habian juntado le preguntaron, diciendo: Señor,
¿restituirás el reino á Israel en este tiempo?

 7 Y les dijo: No toca á vosotros saber los tiempos ó las sazones que el
Padre puso en su sola potestad:

 8 Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y
me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judéa, y Samaria, y hasta lo
último de la tierra.

 9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fué alzado; y una nube le
recibió, [y le quitó] de sus ojos.

 10 Y estando con los ojos puestos en el cielo entretanto que él iba, hé aquí
dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos;

 11 Los cuales tambien les dijeron: Varones Galiléos, ¿qué estais mirando al
cielo? este mismo Jesus que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo,
así vendrá como le habeis visto ir al cielo.

 12 Entónces se volvieron á Jerusalem del monte que se llama del Olivar, el
cual está cerca de Jerusalem camino de un Sábado.

 13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro, y Jacobo y
Juan, y Andrés, Felipe, y Tomás, Bartolomé, y Mateo, Jacobo [hijo] de Alféo,
y Simon Zelotes, y Judas [hermano] de Jacobo.

 14 Todos estos perseveraban unánimes en oracion y ruego, con las mujeres, y
con María la madre de Jesus, y con sus hermanos.

 15 Y en aquellos dias Pedro, levantándose en medio de los hermanos, dijo (y
era la compañía junta como de ciento y veinte en número):

 16 Varones hermanos, convino que se cumpliese la escritura, la cual dijo
ántes el Espíritu Santo por la boca de David, de Júdas, que fué guia de los
que prendieron á Jesus.

 17 El cual era contado con nosotros, y tenia suerte en este ministerio.

 18 Este pues adquirió un campo del salario de [su] iniquidad; y colgándose,
reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron.

 19 Y fué notorio á todos los moradores de Jerusalem: de tal manera que aquel
campo es llamado en su propia lengua, Acéldama, que es, Campo de sangre.

 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su
habitacion, y no haya quien more en ella: y tome otro su obispado.

 21 Conviene, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros
todo el tiempo que el Señor Jesus entró y salió entre nosotros,

 22 Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el dia en que fué recibido
arriba de [entre] nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su
resurreccion.

 23 Y señalaron á dos: á José, llamado Barsabás, que tenia por sobrenombre
Justo, y á Matías.

 24 Y orando, dijeron. Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra
cuál escoges de estos dos.

 25 Para que tome el oficio de este ministerio, y del apostolado, del cual
cayó Júdas por transgresion, para irse á su lugar.

 26 Y les echaron suertes, y cayó la suerte sobre Matías; y fué contado con
los once apóstoles.



CAPITULO 2.

 1 COMO se cumplieron los dias de Pentecostes, estaban todos unánimes juntos:

 2 Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que
corria, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados.

 3 Y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, que se asentó sobre
cada uno de ellos.

 4 Y fueron todos llenos de Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras
lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.

 5 (Moraban entónces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las
naciones debajo del cielo).

 6 Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque
cada uno les oia hablar su propia lengua.

 7 Y estaban atónitos, y maravillados, diciendo: Hé aquí, ¿no son Galiléos
todos estos que hablan?

 8 ¿Como, pues, les oimos nosotros [hablar] cada uno en nuestra lengua en que
somos nacidos?

 9 Partos, y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judéa,
y en Capadocia, en el Ponto, y en Asia,

 10 En Phrygia y en Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está
de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, Judíos, y convertidos,

 11 Cretenses, y Arabes, les oimos hablar en nuestras lenguas las maravillas
de Dios.

 12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué
quiere ser esto?

 13 Mas otros burlándose decian: Que están llenos de mosto.

 14 Entónces Pedro, poniéndose en pié con los once, alzó su voz, y hablóles
diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitais en Jerusalem, esto os sea
notorio, y oid mis palabras:

 15 Porque estos no están borrachos como vosotros pensais, siendo la hora
tercia del dia.

 16 Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:

 17 Y será en los postreros dias, (dice Dios) derramaré de mi Espíritu sobre
toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros
mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños:

 18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos dias
derramaré de mi Espíritu; y profetizarán.

 19 Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre
y fuego, y vapor de humo.

 20 El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, ántes que venga el
dia del Señor grande y manifiesto.

 21 Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

 22 Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesus Nazareno, varon aprobado de
Dios entre vosotros en maravillas y prodigios, y señales, que Dios hizo por
él en medio de vosotros, como tambien vosotros sabeis,

 23 A este, entregado por determinado consejo y providencia de Dios,
[vosotros] prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole:

 24 Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte; por cuanto era
imposible ser detenido de ella.

 25 Porque David dice de él: Veia al Señor siempre delante de mí: porque está
á mi diestra, no seré conmovido.

 26 Por lo cual mi corazon se alegró, y gozóse mi lengua; y aun mi carne
descansará en esperanza:

 27 Que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás á tu santo que vea
corrupcion.

 28 Hicísteme notorios los caminos de la vida; me henchirás de gozo con tu
presencia.

 29 Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que
murió y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el dia de hoy.

 30 Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le habia Dios jurado,
que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaria al Cristo que se
sentaria sobre su trono,

 31 Viéndolo ántes, habló de la resurreccion de Cristo, que su alma no fué
dejada en el infierno, ni su carne vió corrupcion.

 32 A este Jesus resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

 33 Así que levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la
promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

 34 Porque David no subió á los cielos; empero él dice: Dijo el Señor á mi
Señor, Siéntate á mi diestra,

 35 Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus piés.

 36 Sepa pues ciertisimamente toda la casa de Israel, que á este Jesus, que
vosotros crucificasteis,

Dios ha hecho Señor y Cristo.

 37 Entónces oido [esto,] fueron compungidos de corazon, y dijeron á Pedro, y
á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿que harémos?

 38 Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el
nombre de Jesu-Cristo para perdon de los pecados; y recibiréis el don del
Espíritu Santo.

 39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos
los que están léjos; [para] cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

 40 Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos
de esta perversa generacion.

 41 Así que los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron
añadidas [á la iglesia] aquel dia como tres mil personas.

 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunion, y en el
partimiento del pan, y en las oraciones.

 43 Y toda persona tenia temor; y muchas maravillas y señales eran hechas por
los apóstoles.

 44 Y todos los que creian estaban juntos; y tenian todas las cosas comunes.

 45 Y vendian las posesiones y las haciendas, y repartíanlas á todos, como
cada uno habia menester.

 46 Y perseverando unánimes cada dia en el templo, y partiendo el pan en las
casas, comian juntos con alegria y con sencillez de corazon.

 47 Alabando á Dios y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadia
cada dia á la iglesia los que habian de ser salvos.



CAPITULO 3.

 1 PEDRO y Juan subian juntos al templo á la hora de oracion, la de nona.

 2 Y un hombre, que era cojo desde el vientre de su madre, era traido, al
cual ponian cada dia á la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que
pidiese limosna de los que entraban en el templo.

 3 Este como vió á Pedro y á Juan que iban á entrar en el templo, rogaba que
le diesen limosna.

 4 Y Pedro con Juan, fijando los ojos en él, dijo: mira á nosotros.

 5 Entónces el estuvo atento á ellos, esperando recibir de ellos algo.

 6 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: En el nombre
de Jesu-Cristo de Nazaret, levántate y anda.

 7 Y tomándole por la mano derecha, le levantó: y luego fueron afirmados sus
piés y tobillos;

 8 Y saltando, se puso en pié, y anduvo, y entró con ellos en el templo,
andando, y saltando, y alabando á Dios.

 9 Y todo el pueblo le vió andar, y alabar á Dios.

 10 Y conocian que él era el que se sentaba á la limosna á la puerta del
templo la Hermosa: y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que le
habia acontecido.

 11 Y teniendo á Pedro y á Juan el cojo que habia sanado, todo el pueblo
concurrió á ellos al pórtico que se llama de Salomon, atónitos.

 12 Y viendo [esto] Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué
os maravillais de esto? ó ¿por qué poneis los ojos en nosotros como si con
nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á este?

 13 El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha
glorificado á su Hijo Jesus; al cual vosotros entregasteis, y negasteis
delante de Pilato, juzgando el que habia de ser suelto.

 14 Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese
un homicida;

 15 Y matasteis al Autor de la vida: al cual Dios ha resucitado de los
muertos, de lo que nosotros somos testigos.

 16 Y en la fé de su nombre, á este que vosotros veis y conoceis ha
confirmado su nombre: y la fe que por él es, ha dado á este esta completa
sanidad en presencia de todos vosotros.

 17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habeis hecho, como tambien
vuestros príncipes.

 18 Empero Dios ha cumplido así lo que habia ántes anunciado por boca de
todos sus profetas, que su Cristo habia de padecer.

 19 Así que arrepentíos, y convertíos, para que sean borrados vuestros
pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del
Señor.

 20 Y enviará á Jesu-Cristo, que os fué ántes anunciado:

 21 Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la
restauracion de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos
profetas que han sido desde el siglo,

 22 Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará
profeta de vuestros hermanos como yo; á él oiréis en todas las cosas que os
hablare.

 23 Y será, [que] cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será
desarraigada del pueblo.

 24 Y todos los profetas desde Samuel, y en adelante todos los que han
hablado, han anunciado estos dias.

 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concertó
con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán benditas
todas las familias de la tierra.

 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado á su Hijo, le envió
para que os bendijese, á fin que cada uno se convierta de su maldad.



CAPITULO 4.

 1 Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado
del templo, y los Saducéos,

 2 Resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesus la
resurreccion de los muertos.

 3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el dia siguiente;
porque era ya tarde.

 4 Mas muchos de los que habian oido la palabra creyeron; y fué el numero de
los varones como cinco mil.

 5 Y aconteció al dia siguiente^, que se juntaron en Jerusalem los príncipes
de ellos, y los ancianos, y los escribas,

 6 Y Anás, príncipe de los sacerdotes y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos
los que eran del linaje sacerdotal:

 7 Y haciéndolos presentar en medio les preguntaron: ¿Con qué potestad, ó en
qué nombre habeis hecho vosotros esto,

 8 Entónces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y
ancianos de Israel,

 9 Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio [hecho] á un hombre
enfermo, de qué manera este haya sido sanado;

 10 Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israel, que en el
nombre de Jesu-Cristo de Nazaret, el que vosotros crucificasteis, y Dios le
resucito de los muertos, por él [mismo] este hombre esta en vuestra presencia
sano.

 11 Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es
puesta por cabeza del ángulo.

 12 Y en ningun otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo
dado á los hombres en que podamos ser salvos.

 13 Entónces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres
sin letras é ignorantes, se maravillaban; y les conocian que habian estado
con Jesus.

 14 Y viendo al hombre que habia sido sanado, que estaba con ellos, no podian
decir nada en contra.

 15 Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferian entre
sí,

 16 Diciendo: Qué hemos de hacer á estos hombres? porque de cierto señal
manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria á todos los que moran en
Jerusalem, y no [lo] podemos negar.

 17 Todavia, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémosles que no
hablen de aquí adelante á hombre ninguno en este nombre.

 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen
en el nombre de Jesus.

 19 Entónces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo
delante de Dios obedecer ántes á vosotros que á Dios:

 20 Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oido.

 21 Ellos entónces los despacharon amenazándoles, no hallando ningun modo de
castigarles, por causa del pueblo: porque todos glorificaban á Dios de lo que
habia sido hecho.

 22 Porque el hombre en quien habia sido hecho este milagro de sanidad, era
de mas de cuarenta años.

 23 Y sueltos [ellos,] vinieron á los suyos, y contaron todo lo que los
príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habian dicho.

 24 Y ellos, habiéndolo oido, alzaron unánimes la voz á Dios, y dijeron.
Señor, tú [eres] el Dios, que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo
que en ellos [hay:]

 25 Que por la boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué han bramado las
gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas?

 26 Asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno
contra el Señor, y contra su Cristo.

 27 Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo
Jesus, al cual ungiste, Heródes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los
pueblos de Israel,

 28 Para hacer lo que tu mano y tu consejo habian ántes determinado que habia
de ser hecho.

 29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que con toda
confianza hablen tu palabra:

 30 Que extiendas tu mano á que sanidades y milagros y prodigios sean hechos
por el nombre de tu santo Hijo Jesus.

 31 Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y
todos fueron llenos de Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con
confianza.

 32 Y de la multitud de los que habian creido era un corazon y un alma; y
ninguno decia ser suyo algo de lo que poseia, mas todas las cosas les eran
comunes.

 33 Y los apóstoles daban testimonio de la resurreccion del Señor Jesus con
gran esfuerzo: y gran gracia era en todos ellos;

 34 Que ningun necesitado habia entre ellos; porque todos los que poseian
heredades ó casas, vendiéndolas, traian el precio de lo vendido,

 357 Y lo ponian á los piés de los apóstoles, y era repartido á cada uno
segun que habia menester.

 36 Entónces José, que fué llamado de los apóstoles por sobrenombre Bernabé,
(que es, interpretado, Hijo de consolacion,) Levita, [y] natural de Cipro,

 37 Como tuviese una heredad, [la] vendió, y trajo el precio, y púso[lo] á
los piés de los apóstoles.



CAPITULO 5.

 1 MAS un varon llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesion,

 2 Y defraudó del precio, sabiéndo[lo] tambien su mujer; y trayendo una
parte, púso[la] á los piés de los apóstoles.

 3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿Por qué ha llenado Satanás tu corazon á que
mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad?

 4 Reteniéndola ¿no se te quedaba á tí? y vendida, ¿no estaba [el precio] en
tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazon? No has mentido á los
hombres, sino á Dios.

 5 Entónces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y espiró. Y vino un gran
temor sobre todos los que lo oyeron.

 6 Y levantándose los mancebos le tomaron; y sacándo[lo,] sepultáron[le.]

 7 Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no
sabiendo lo que habia acontecido.

 8 Entónces Pedro le dijo: Díme: ¿vendísteis en tanto la heredad? Y ella
dijo: Sí, en tanto.

 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertásteis para tentar al Espíritu del
Señor? Hé aquí á la puerta los piés de los que han sepultado á tu marido, y
te sacarán [á sepultar.]

 10 Y luego cayó á los piés de él, y espiró: y entrados los mancebos, la
hallaron^ muerta; y [la] sacaron, y [la] sepultaron junto á su marido.

 11 Y vino un gran temor en toda la iglesia y en todos los que oyeron estas
cosas.

 12 Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios
en el pueblo; (y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomon:

 13 Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los
alababa grandemente.

 14 Y los que creian en el Señor se aumentaban mas, gran número así de
hombres como de mujeres:)

 15 Tanto que echaban los enfermos por las calles, y [los] ponian en camas y
en lechos, para que viniendo Pedro, á lo ménos su sombra tocase á alguno de
ellos.

 16 Y aun de las ciudades vecinas concurria multitud á Jerusalem, trayendo
enfermos, y atormentados de espíritus inmundos, los cuales todos eran
curados.

 17 Entónces levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que
estaban con él, que es la secta de los Saducéos, se llenaron de zelo,

 18 Y echaron mano á los apóstoles, y pusiéronlos en la cárcel pública.

 19 Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y
sacándoles, dijo:

 20 Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta
vida.

 21 Y oido que hubieron [esto,] entraron de mañana en el templo, y enseñaban.
Entretanto viniendo el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él,
convocaron el concilio, y á todos los ancianos de los hijos de Israel, y
enviaron á la cárcel para que fuesen traidos.

 22 Mas como llegaron los ministros, y no les hallaron en la cárcel,
volvieron, y dieron aviso,

 23 Diciendo: Por cierto la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad,
y los guardas que estaban delante de las puertas, mas cuando abrimos, á nadie
hallamos dentro.

 24 Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo, y
los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendria á parar aquello.

 25 Pero viniendo uno, dióles [esta] noticia: Hé aquí los varones que
echásteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo.

 26 Entónces fué el magistrado con los ministros, y trájoles sin violencia,
porque temian del pueblo ser apedreados.

 27 Y como los trajeron, [los] presentaron en el concilio; y el príncipe de
los sacerdotes les preguntó,

 28 Diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este
nombre, y hé aquí habeis llenado á Jerusalem de vuestra doctrina, y quereis
echar sobre nosotros la sangre de este hombre.

 29 Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer á
Dios ántes que á los hombres.

 30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesus, al cual vosotros matásteis
colgándole en un madero.

 31 A este ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar
á Israel arrepentimiento y remision de pecados.

 32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y tambien el Espíritu
Santo, el cual ha dado Dios á los que le obedecen.

 33 Ellos oyendo [esto] regañaban, y consultaban matarles.

 34 Entónces levantándose en el concilio un Fariséo, llamado Gamaliel, doctor
de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco á los
apóstoles;

 35 Y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos
hombres en lo que habeis de hacer.

 36 Porque ántes de estos dias se levantó [un] Teudas, diciendo que era
alguien; al que se agregó un número de hombres, como cuatrocientos; el cual
fué matado, y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos á nada.

 37 Despues de este se levantó Júdas el Galiléo en los dias del
empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció tambien aquel, y todos
los que consintieron con el fueron derramados.

 38 Y ahora os digo: Dejáos de estos hombres, y dejadles; porque si este
consejo, ó esta obra es de los hombres, se desvanecerá;

 39 Mas si es de Dios, no la podreis deshacer: [mirad] no seais tal vez
hallados resistiendo á Dios.

 40 Y convinieron con él: y llamando á los apóstoles, despues de azotados,
[les] intimaron que no hablasen en el nombre de Jesus, y soltáronlos.

 41 Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos
por dignos de padecer afrenta por el nombre de [Jesus.]

 42 Y todos los dias, en el templo. y por las casas, no cesaban de enseñar y
predicar á Jesu-Cristo.



CAPITULO 6.

 1 EN aquellos dias, creciendo el número de los discípulos, hubo murmuracion
de los Griegos contra los Hebréos; de que sus viudas eran menospreciadas en
el ministerio cotidiano.

 2 Así que los doce convocaron la multitud de los discípulos, y dijeron: No
es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos á las mesas.

 3 Buscad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio,
llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra.

 4 Y nosotros persistirémos en la oracion y en el ministerio de la palabra.

 5 Y plugo el parecer á toda la multitud; y eligieron á Esteban, varon lleno
de fé y de Espíritu Santo, y á Felipe, y á Procoro, y á Nicanor y á Timon, y
á Parmenas, y á Nicolás, prosélito de Antioquía.

 6 A estos presentaron delante de los apóstoles, los cuales orando les
pusieron las manos encima.

 7 Y crecia la palabra del Señor, y el número de los discípulos se
multiplicaba mucho en Jerusalem: tambien una gran multitud de los sacerdotes
obedecia á la fé.

 8 Empero Esteban, lleno de gracia y de potencia, hacia prodigios y milagros
grandes en el pueblo.

 9 Levantáronse entónces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos,
y Cirenéos, y Alejandrinos, y de los de Cilicia, y de Asia, disputando con
Esteban.

 10 Mas no podian resistir á la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

 11 Entónces sobornaron á unos que dijesen que le habian oido hablar palabras
blasfemas contra Moisés y Dios.

 12 Y conmovieron al pueblo, y á los ancianos y á los escribas; y
arremetiendo, le arrebataron y trajeron al concilio.

 13 Y pusieron testigos falsos que dijesen: Este hombre no cesa de hablar
palabras blasfemas contra este lugar santo y la ley.

 14 Porque le hemos oido decir, que este Jesus de Nazaret destruirá este
lugar, y mudará las ordenanzas que nos dió Moisés.

 15 Entónces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos
en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.



CAPITULO 7.

 1 EL príncipe de los sacerdotes dijo entónces: ¿Es esto así?

 2 Y él dijo: Varones hermanos, y padres, oid: El Dios de la gloria apareció
á nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, ántes que morase en Charan,

 3 Y le dijo: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven á la tierra que te
mostraré.

 4 Entónces salió de la tierra de los Caldéos, y habitó en Charan: y de allí,
muerto su padre, le traspaso á esta tierra, en la cual vosotros habitais
ahora.

 5 Y no le dió herencia en ella, ni aun para asentar un pié: mas le prometió
que se la daria en posesion, y á su simiente despues de él, no teniendo aun
hijo.

 6 Y hablóle Dios así: Que su simiente seria extranjera en tierra ajena, y
que los reducirian á servidumbre, y maltratarian por cuatrocientos años.

 7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, la nacion á la cual serán siervos: y despues de
esto saldrán, y me servirán en este lugar.

 8 Y dióle el pacto de la circuncision: y así [Abraham] engendró á Isaac, y
le circuncidó al octavo dia; é Isaac á Jacob, y Jacob á los doce patriarcas.

 9 Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron á José para Egipto; mas
Dios era con él,

 10 Y le libró de todas sus tribulaciones, y le dió gracia y sabiduría en la
presencia de Pharaon, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre
Egipto, y sobre toda su casa.

 11 Vino entónces hambre en toda la tierra de Egipto, y de Chanaan, y grande
tribulacion: y nuestros padres no hallaban alimentos.

 12 Y como oyese Jacob que habia trigo en Egipto, envió á nuestros padres la
primera vez.

 13 Y en la segunda José fué conocido de sus hermanos, y fué sabido de
Pharaon el linaje de José.

 14 Y enviando José, hizo venir á su padre Jacob, y á toda su parentela, en
[número de] setenta y cinco personas.

 15 Así descendió Jacob á Egipto, donde murió él y nuestros padres;

 16 Los cuales fueron trasladados á Sichem, y puestos en el sepulcro que
compró Abraham á precio de dinero de los hijos de Hemor, [padre] de Sichem.

 17 Mas como se acercaba el tiempo de la promesa la cual Dios prometió á
Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto,

 18 Hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocia á José.

 19 Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató á nuestros padres, á
fin de que pusiesen á peligro [de muerte] sus niños, para que cesase la
generacion.

 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fué agradable á Dios: y fué criado
tres meses en casa de su padre.

 21 Mas siendo puesto al peligro, la hija de Pharaon le tomó, y le crió como
á hijo suyo.

 22 Y fué enseñado Moisés en toda la sabiduría de los Egipcios; y era
poderoso en sus dichos y hechos.

 23 Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino voluntad de
visitar á sus hermanos los hijos de Israel.

 24 Y como vió á uno que era injuriado, defendióle, é hiriendo al Egipcio,
vengó al injuriado.

 25 Pues él pensaba que sus hermanos entendian que Dios les habia de dar
salud por su mano: mas ellos no [lo] habian entendido.

 26 Y al dia siguiente riñendo ellos, se les mostró, y les metia en paz,
diciendo: Varones hermanos sois, ¿por qué os injuriais los unos á los otros?

 27 Entónces el que injuriaba á su prójimo, le rempujó diciendo: ¿Quién te ha
puesto por príncipe y juez sobre nosotros?

 28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio?

 29 A esta palabra Moisés huyó: y se hizo extranjero en tierra de Madian,
donde engendró dos hijos.

 30 Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte
Sina en fuego de llama de una zarza.

 31 Entónces Moisés mirando, se maravilló de la vision; y llegandose para
considerar, fué hecha á él voz del Señor:

 32 Yo [soy] el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac,
y^ el Dios de Jacob. Mas Moisés, temeroso, no osaba mirar.

 33 Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus piés, porque el lugar en que
estás, es tierra santa.

 34 He visto, he visto la afliccion de mi pueblo que está en Egipto, y he
oido el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues ven, te
enviaré á Egipto.

 35 A este Moisés, al cual habian rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por
príncipe y juez? á este envió Dios por príncipe y redentor con la mano del
ángel que le apareció en la zarza.

 36 Este los saco, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de
Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años.

 37 Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israel: Profeta os
levantará el Señor Dios vuestro, de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis.

 38 Este es aquel que estuvo en la congregacion en el desierto con el ángel
que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres; y recibió las
palabras de vida para darnos:

 39 Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; ántes [le] desecharon, y
se apartaron de corazon á Egipto,

 40 Diciendo á Aaron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque á
este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha
acontecido.

 41 Y entónces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificios al ídolo, y en
las obras de sus manos se holgaron,

 42 Y Dios se apartó y los entregó que sirviesen al ejército del cielo, como
está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y
sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel?

 43 Antes trajísteis el tabernáculo de Moloch, y la estrella de vuestro dios
Remfan, figuras que os hicísteis para adorarlas: os trasportaré pues más allá
de Babilonia.

 44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del Testimonio en el desierto
como habia [Dios] ordenado, hablando á Moisés que le hiciese segun la forma
que habia visto.

 45 El cual recibido, metieron tambien nuestros padres con Josué en la
posesion de los Gentiles, que Dios echó de la presencia de nuestros padres,
hasta los dias de David:

 46 El cual halló gracia delante de Dios, y pidió hallar tabernáculo para el
Dios de Jacob.

 47 Mas Salomon le edificó casa.

 48 Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como el profeta
dice:

 49 El cielo [es] mi trono, y la tierra el estrado de mis piés. ¿Qué casa me
edificaréis? dice el Señor: ó ¿cuál [será] el lugar de mi reposo?

 50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas?

 51 Duros de cerviz, é incircuncisos de corazon y de oidos; vosotros resistís
siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, [así] tambien vosotros.

 53 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron á los
que ántes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habeis sido
entregadores y matadores:

 53 Que recibísteis la ley por disposicion de ángeles, y no [la] guardásteis.

 54 Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujian los dientes
contra él.

 55 Mas él estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió
la gloria de Dios, y á Jesus que estaba á la diestra de Dios.

 56 Y dijo: Hé aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á
la diestra de Dios.

 57 Entónces dando grandes voces, se taparon sus oidos, y arremetieron
unánimes contra él.

 58 Y echándolo fuera de la ciudad, [le] apedreaban: y los testigos pusieron
sus vestidos á los piés de un mancebo que se llamaba Saulo.

 59 Y apedrearon á Esteban, invocando él, y diciendo: Señor Jesus, recibe mi
espíritu.

 60 Y puesto de rodillas, clamó á gran voz: Señor, no les imputes este
pecado. Y habiendo dicho esto, durmió [en el Señor.]



CAPITULO 8.

 1 Y SAULO consentia en su muerte. Y en aquel dia se hizo una grande
persecucion en la iglesia que [estaba] en Jerusalem; y todos fueron
esparcidos por las tierras de Judéa y de Samaria, salvo los apóstoles.

 2 Y llevaron [á enterrar] á Esteban varones piadosos, é hicieron gran llanto
sobre él.

 3 Entónces Saulo asolaba la iglesia entrando por las casas; y trayendo
hombres y mujeres, [los] entregaba en la cárcel.

 4 Mas los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la
palabra.

 5 Entónces Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á
Cristo.

 6 Y las gentes escuchaban atentamente unánimes las cosas que decia Felipe,
oyendo y viendo las señales que hacia.

 7 Porque de muchos que tenian espíritus inmundos, salian [estos] dando
grandes voces: y muchos paralíticos y cojos eran sanados.

 8 Así que habia gran gozo en aquella ciudad.

 9 Y habia un hombre llamado Simon, el cual habia sido ántes mágico en
aquella ciudad, y engañado la gente de Samaria diciéndose ser algun grande,

 10 Al cual oian todos atentamente desde el más pequeño hasta el mas grande,
diciendo: Este es la grande virtud de Dios.

 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los habia embelesado
mucho tiempo.

 12 Mas cuando creyeron á Felipe, que anunciaba el Evangelio del reino de
Dios, y el nombre de Jesu-Cristo, se bautizaban hombres y mujeres.

 13 El mismo Simon creyó tambien entónces, y bautizándose se llegó á Felipe;
y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacian, estaba atónito.

 14 Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oido que Samaria habia
recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan:

 15 Los cuales venidos, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu
Santo.

 16 (Porque aun no habia descendido sobre alguno de ellos, mas solamente eran
bautizados en el nombre de Jesus.)

 17 Entónces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.

 18 Y como vió Simon que por la imposicion de las manos de los apóstoles se
daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,

 19 Diciendo: Dadme tambien á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere
las manos encima, reciba el Espíritu Santo.

 20 Entónces Pedro le dijo: Tú dinero perezca contigo, que piensas que el don
de Dios se gane por dinero.

 21 No tienes tú parte ni suerte en este negocio: porque tu corazon no es
recta delante de Dios.

 22 Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será
perdonado el pensamiento de tu corazon.

 23 Porque en hiel de amargura y en prision de maldad veo que estás.

 24 Respondiendo entónces Simon, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que
ninguna cosa de estas, que habeis dicho, venga sobre mí.

 25 Y ellos habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron á
Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaron el Evangelio.

 26 Empero el ángel del Señor habló á Felipe, diciendo: Levántate y vé hacia
la Mediodia, al camino que desciende de Jerusalem á Gaza, la cual es
desierta.

 27 Entónces él se levantó, y fué: y hé aquí un Etiope, eunuco, gobernador de
Candace, reina de los Etiopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y
habia venido á adorar á Jerusalem,

 28 Se volvia, sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaías.

 29 Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate y júntate á este carro.

 30 Y acudiendo Felipe, le oyó que leia al profeta Isaías; y dijo Mas
¿entiendes lo que lees?

 31 Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? y rogó á Felipe que
subiese, y se sentase con él.

 32 Y el lugar de la escritura que leia, era este: Como oveja á la muerte fué
llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su
boca.

 33 En su humillacion su juicio fué quitado: mas su generacion, ¿quién la
contará? porque es quitada de la tierra su vida.

 34 Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta
dice esto? ¿de sí, ó de otro alguno?

35 Entónces Felipe abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le
anunció el Evangelio de Jesus.

 36 Y yendo por el camino llegaron á cierta agua; y dijo el eunuco: Hé aquí
agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?

 37 Y Felipe dijo: Si crees de todo corazon, bien puedes: Y respondiendo
dijo: Creo que Jesu-Cristo es el Hijo de Dios.

 38 Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco;
y bautizóle.

 39 Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe, y no
le vió mas el eunuco: y se fué por su camino gozoso.

 40 Felipe empero se halló en Azoto: y pasando anunciaba el Evangelio en
todas las ciudades, hasta que llegó á Cesaréa.



CAPITULO 9.

 1 Y SAULO, respirando aun amenazas y muerte contra los discípulos del Señor,
vino al príncipe de los sacerdotes,

 2 Y demandó de él letras para Damasco á las sinagogas, para que si hallase
algunos hombres ó mujeres de esta secta, los trajese presos á Jerusalem.

 3 Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco,
súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo.

 4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?

 5 Y él dijo: ¿Quién eres, Señor, Y él dijo: Yo soy Jesus á quien tú
persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijon.

 6 El temblando y temeroso dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le
dice: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer.

 7 Y los hombres que iban con Saulo, se pararon atónitos, oyendo á la verdad
la voz, mas no viendo á nadie.

 8 Entónces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos no veia á nadie:
así que llevándole por la mano, metiéronle en Damasco,

 9 Donde estuvo tres dias sin ver; y no comió, ni bebió.

 10 Habia entónces un discípulo en Damasco, llamado Ananías; al cual el Señor
dijo en vision: Ananías. Y él respondió: Héme aquí, Señor.

 11 Y el Señor le [dijo:] Levántate, y vé á la calle, que se llama la
Derecha, y busca en casa de Júdas á [uno] llamado Saulo, de Tarso: porque hé
aquí él ora;

 12 Y ha visto en vision un varon llamado Ananías, que entra, y le pone la
mano encima para que reciba la vista.

 13 Entónces Ananías respondió: Señor, he oido á muchos acerca de este
hombre, cuántos males ha hecho á tus santos en Jerusalem.

 14 Y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender á
todos los que invocan tu nombre.

 15 Y le dijo el Señor: Vé; porque instrumento escogido me es este, para que
lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de
Israel.

 16 Porque yo le mostraré cuánto le sea menester que padezca por mi nombre.

 17 Ananías entónces fué, y entró en la casa; y poniéndole las manos encima,
dijo: Saulo, hermano, el Señor Jesus, que te apareció en el camino por donde
venias, me ha enviado para que recibas la vista, y seas lleno de Espíritu
Santo.

 18 Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista:
y levantándose fué bautizado.

 19 Y como comió fué confortado. Y estuvo Saulo por algunos dias con los
discípulos que estaban en Damasco.

 20 Y luego en las sinagogas predicaba á Cristo, [diciendo] que este era el
Hijo de Dios.

 21 Y todos los que [le] oian estaban atónitos, y decian: ¿No es este él que
asolaba en Jerusalem á los que invocaban este nombre, y á eso vino acá, para
llevarlos presos á los príncipes de los sacerdotes?

 22 Empero Saulo mucho más se esforzaba, y confundia á los Judíos que moraban
en Damasco, afirmando que este es el Cristo.

 23 Y como pasaron muchos dias, los Judíos hicieron entre sí consejo de
matarle.

 24 Mas las asechanzas de ellos fueron entendidas de Saulo: y ellos guardaban
las puertas de dia y de noche para matarle.

 25 Entónces los discípulos, tomándole de noche, [le] bajaron por el muro
[metido] en una espuerta.

 26 Y como [Saulo] vino á Jerusalem tentaba de juntarse con los discípulos
mas todos tenian miedo de él, no creyendo que era discípulo.

 27 Entónces Bernabé, tomándole, [le] trajo á los apóstoles; y contóles como
habia visto al Señor en el camino, y qué le habia hablado, y cómo en Damasco
habia hablado confiadamente en el nombre de Jesus.

 28 Y entraba y salia con ellos en Jerusalem.

 29 Y hablaba confiadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los
Griegos; mas ellos procuraban matarle.

 30 Lo cual como los hermanos entendieron, le acompañaron hasta Cesaréa y le
enviaron á Tarso.

 31 Las iglesias entónces tenian paz por toda Judéa, y Galiléa, y Samaria, y
eran edificadas andando en el temor del Señor; y con consuelo del Espíritu
Santo eran multiplicadas.

 32 Y aconteció que Pedro, andándolos á todos, vino tambien á los santos que
habitaban en Lidda.

 33 Y halló allí á uno que se llamaba Eneas, que hacia ocho años que estaba
en cama, que era paralítico.

 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesu-Cristo te sana: levántate, y hazte tu cama.
Y luego se levantó.

 35 Y viéronle todos los que habitaban en Lidda y en Sarona, los cuales se
convirtieron al Señor.

 36 Entónces en Joppe habia una discípula llamada Tabita, que si lo declaras,
quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras, y de limosnas que hacia.

 37 Y aconteció en aquellos dias que enfermando, murió; á la cual, despues de
lavada, pusieron en una sala.

 38 Y como Lidda estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Pedro
estaba allí, le enviaron dos hombres rogándole: No te detengas en venir hasta
nosotros.

 39 Pedro entónces levantándose, fué con ellos: y llegado que hubo, le
llevaron á la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando, y
mostrándole las túnicas y los vestidos que Dorcas hacia, cuando estaba con
ellas.

 40 Entónces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, oró, y vuelto al
cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y viendo á Pedro,
incorporóse.

 41 Y él le dió la mano, y levantóla: entónces llamando los santos y las
viudas, la presentó viva.

 42 Esto fué notorio por toda Joppe: y creyeron muchos en el Señor.

 43 Y aconteció que se quedó muchos dias en Joppe, en casa de un cierto
Simon. curtidor.



CAPITULO 10.

 1 HABIA un varon en Cesaréa, llamado Cornelio, centurion de la compañía que
se llamaba la Italiana,

 2 Pio, y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacia muchas limosnas al
pueblo, y oraba á Dios siempre.

 3 Este vió en vision manifiestamente como á la hora nona del dia, que un
ángel de Dios entraba á él, y le decia: Cornelio.

 4 Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo ¿Qué es, Señor? Y díjole:
Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria á la presencia de Dios.

 5 Envia pues ahora hombres á Joppe y haz venir á un Simon, que tiene por
sobrenombre Pedro.

 6 Este posa en casa de un Simon, curtidor, que tiene su casa junta á la mar:
él te dirá lo que te conviene hacer.

 7 E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llama dos de sus criados, y un
devoto soldado de los que le asistian:

 8 A los cuales, despues de habérselo contado todo, les envió á Joppe.

 9 Y el dia siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad,
Pedro subió á la azotéa á orar, cerca de la hora de sexta.

 10 Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer: pero mientras
[se lo] disponian, sobrevínole un éxtasi,

 11 Y vió el cielo abierto, y que descendia un vaso, como un gran lienzo, que
atado de los cuatro cabos, era bajado á la tierra;

 12 En el cual habia de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y
reptiles^, y aves del cielo.

 13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.

 14 Entónces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa comun é inmunda he
comido jamás.

 15 Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió no [lo]
llamas tú comun.

 16 Y esto fué hecho por tres veces; y el vaso volvió á ser recogido en el
cielo.

 17 Y estando Pedro dudando dentro de sí, qué seria la vision que habia
visto, hé aquí los hombres que habian sido enviados por Cornelio, que
preguntando por la casa de Simon, llegaron á la puerta.

 18 Y llamando, preguntaron si un Simon, que tenia por sobrenombre Pedro,
posaba allí.

 19 Y estando Pedro pensando en la vision, le dijo el Espíritu: Hé aquí tres
hombres te buscan.

 20 Levántate pues, y desciende, y no dudes ir con ellos; porque yo los he
enviado.

 21 Entónces Pedro descendiendo á los hombres que eran enviados por Cornelio,
dijo: Hé aquí, yo soy el que buscais: ¿qué [es] la causa por que habeis
venido?

 22 Y ellos dijeron: Cornelio, el centurion, varon justo, y temeroso de Dios,
y que tiene testimonio de toda la nacion de los Judíos, ha recibido respuesta
por un santo ángel, de hacerte venir á su casa, y oir de tí palabras.

 23 Entónces metiéndoles dentro, los hospedó: y al dia siguiente levantándose
se fué con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Joppe.

 24 Y al otro dia entraron en Cesaréa. Y Cornelio les estaba esperando,
habiendo llamado sus parientes y los amigos más familiares.

 25 Y como Pedro entró, salió Cornelio á recibirle; y derribándose á sus
piés, adoró.

 26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate: yo mismo tambien soy hombre.

 27 Y hablando con él, entró, y halló á muchos que se habian juntado.

28 Y les dijo: Vosotros sabeis que es abominable á un varon Judío juntarse ó
llegarse á extranjero; mas me ha mostrado Dios, que á ningun hombre llame
comun ó inmundo.

 29 Por lo cual llamado, he venido sin dudar. Así que pregunto, ¿por qué
causa me habeis hecho venir?

 30 Entónces Cornelio dijo: Cuatro dias ha que á esta hora yo estaba ayuno;
ya la hora de nona estando orando en mi casa, hé aquí un varon se puso
delante de mí en vestido resplandeciente,

 31 Y dijo: Cornelio, tu oracion es oida, y tus limosnas han venido en
memoria en la presencia de Dios.

 32 Envia pues á Joppe, y haz venir á un Simon, que tiene por sobrenombre
Pedro; este posa en casa de Simon, un curtidor, junto á la mar, el cual
venido te hablará.

 33 Así que, luego envié á tí; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues,
todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios para oir todo lo que Dios
te ha mandado.

 34 Entónces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace
acepcion de personas,

 35 Sino que de cualquier nacion, que le teme y obra justicia, se agrada.

 36 Envió palabra [Dios] á los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesu-
Cristo: este es el Señor de todos.

 37 Vosotros sabeis lo que fué divulgado por toda Judéa, comenzando desde
Galiléa, despues del bautismo que Juan predicó,

 38 [Cuanto] á Jesus de Nazaret; como le ungió Dios de Espíritu Santo y de
potencia: el cual anduvo haciendo bienes, y sanando todos los oprimídos del
diablo: porque Dios era con él.

 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de
Judéa, y en Jerusalem; al cual mataron colgándole en un madero.

 40 A este levantó Dios al tercer dia, é hizo que apareciese manifiesto,

 41 No á todo el pueblo, sino á los testigos que Dios ántes habia ordenado,
[es á saber,] á nosotros, que comimos y bebimos con él, despues que resucitó
de los muertos.

 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos: Que él es el
que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.

 43 A este dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en el
creyeren, recibirán perdon de pecados por su nombre.

 44 Estando aun hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre
todos los que oian el sermon.

 45 Y se espantaron los fieles que eran de la circuncision que habian venido
con Pedro, de que tambien sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu
Santo.

 46 Porque los oian que hablaban en lenguas, y que magnificaban á Dios.
Entónces respondió Pedro:

 47 ¿Puede alguno impedir el agua para que no sean bautizados estos que han
recibido el Espíritu Santo tambien como nosotros?

 48 Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesus. Entónces le rogaron
que se quedase [con ellos] por algunos dias.



CAPITULO 11.

 1 Y OYERON los apóstoles y los hermanos que estaban en Judéa, que tambien
los Gentiles habian recibido la palabra de Dios.

 2 Y como Pedro subió á Jerusalem, contendian contra él los que eran de la
circuncision,

 3 Diciendo: ¿Por qué has entrado á hombres incircuncisos, y has comido con
ellos?

 4 Entonces comenzando Pedro, les declaró por órden [lo pasado,] diciendo:

 5 Estaba yo en la ciudad de Joppe orando, y ví en rapto de entendimiento una
vision; un vaso, como un gran lienzo, que descendia, que por los cuatro cabos
era abajado del cielo, y venia hasta mí:

 6 En el cual como puse los ojos, consideré y ví animales terrestres de
cuatro piés, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.

 7 Y oí una voz que me decia: Levántate, Pedro; mata y come.

 8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa comun ni inmunda entró jamás en mi
boca.

 9 Entónces la voz me respondió del cielo segunda vez: Lo que Dios limpió no
[lo] llamas tu comun.

 10 Y esto fué hecho por tres veces: y volvió todo á ser tomado arriba en el
cielo.

 11 Y hé aquí que luego sobrevinieron tres hombres á la casa donde yo estaba,
enviados á mí de Cesaréa.

 12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y vinieron tambien
conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varon,

 13 El cual nos contó como habia visto un ángel en su casa, que se paró, y le
dijo: Envia á Joppe, y haz venir á un Simon que tiene por sobrenombre Pedro;

 14 El cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu
casa.

 15 Y como comencé á hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, tambien como
sobre nosotros al principio.

 16 Entónces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente
bautizó en agua, más vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo.

 17 Así que, si Dios les dió el mismo don tambien como á nosotros que hemos
creido en el Señor Jesu-Cristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar á Dios?

 18 Entónces, oidas estas cosas, callaron, y glorificaron á Dios, diciendo:
De manera que tambien á los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida.

 19 Y los que habian sido esparcidos por causa de la tribulacion que
sobrevino en tiempo de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, y Cipro, y
Antioquia, no hablando á nadie la palabra, sino á solos los Judíos.

 20 Y de ellos habia unos varones Ciprios y Cirenenses, los cuales como
entraron en Antioquia, hablaron á los Griegos, anunciando el Evangelio del
Señor Jesus.

 21 Y la mano del Señor era con ellos; y creyendo gran numero [de gente,] se
convirtió al Señor.

 22 Y llegó la fama de estas cosas á oidos de la iglesia que estaba en
Jerusalem; y enviaron á Bernabé que fuese hasta Antioquia.

 23 El cual, como llegó, y vió la gracia de Dios, regocijóse, y exhortó á
todos que permaneciesen en el propósito del corazon en el Señor.

 24 Porque era varon bueno y lleno de Espíritu Santo y de fé: y mucha
compañía fué agregada al Señor.

 25 Despues partió Bernabé á Tarso á buscar á Saulo; y hallado, le trajo á
Antioquia.

 26 Y conversaron todo un año allí con la iglesia y enseñaron mucha gente; y
los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquia.

 27 Y en aquellos dias descendieron de Jerusalem profetas á Antioquia.

 28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba á entender por Espíritu,
que habia de haber una grande hambre en toda la redondez de las tierras; la
cual tambien hubo en tiempo de Claudio.

 29 Entónces los discípulos, cada uno conforme á lo que tenia, determinaron
enviar subsidio á los hermanos que habitaban en Judéa.

 30 Lo cual asimismo hicieron, enviándo[lo] á los ancianos por mano de
Bernabé y de Saulo.



CAPITULO 12.

 1 EN el mismo tiempo el rey Heródes echó mano á maltratar algunos de la
iglesia.

 2 Y mató á cuchillo á Jacobo, hermano de Juan:

 3 Y viendo que habia agradado á los Judíos, pasó adelante para prender
tambien á Pedro. Eran entónces los dias de los ázimos.

 4 Y habiéndole preso, púso[lo] en la cárcel, entregándole á cuatro
cuaterniones de soldados que le guardasen; queriendo sacarle al pueblo
despues de la Pascua.

 5 Así que, Pedro era guardado en la cárcel; y la iglesia hacia oracion á
Dios sin cesar por él.

 6 Y cuando Heródes le habia de sacar, aquella misma noche estaba Pedro
durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas: y los guardas delante de
la puerta que guardaban la cárcel.

 7 Y hé aquí el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la
cárcel; é hiriendo á Pedro en el lado, le despertó diciendo: Levántate
prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos.

 8 Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le
dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme.

 9 Y saliendo, le seguia, y no sabia que era verdad lo que hacia el ángel;
mas pensaba que veia vision.

 10 Y como pasaron la primera y la segunda guarda, vinieron á la puerta de
hierro, que va á la ciudad, la cual se les abrió de suyo: y salidos, pasaron
una calle; y luego el ángel se apartó de él.

 11 Entónces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que
el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Heródes, y de
todo el pueblo de los Judíos que me esperaba.

 12 Y habiendo considerado [esto,] llegó á casa de María la madre de Juan, el
que tenia por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando.

 13 Y tocando Pedro á la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar,
llamada Rhode:

 14 La cual, como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino
corriendo dentro, dió nueva que Pedro estaba al postigo.

 15 Y ellos le dijeron: Estás loca: mas ella afirmaba que así era. Entónces
ellos decian: Su ángel es.

 16 Mas Pedro perseveraba en llamar: y cuando abrieron, viéronle, y se
espantaron.

 17 Mas él haciéndoles señal con la mano que callasen, les contó cómo el
Señor le habia sacado de la cárcel, y dijo: Haced saber esto á Jacobo y á los
hermanos. Y salió, y partió á otro lugar.

 18 Luego que fué de dia, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué
se habia hecho de Pedro.

 19 Mas Heródes, como le buscó, y no le halló, hecha inquisicion de los
guardas, los mandó llevar. Despues descendiendo de Judéa á Cesarea, se quedó
[allí.]

 20 Y Heródes estaba enojado contra los de Tiro, y los de Sidon: mas ellos
vinieron concordes á él, y sobornado Blasto, que era el camarero del rey,
pedian paz: porque las tierras de ellos eran abastecidas por las del rey.

 21 Y un dia señalado, Heródes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal,
y arengóles.

 22 Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre.

 23 Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dió la gloria á Dios;
y espiró comido de gusanos.

 24 Mas la palabra del Señor crecia, y era multiplicada.

 25 Y Bernabé y Saulo volvieron de Jerusalem cumplido su servicio, tomando
tambien consigo á Juan, el que tenia por sobrenombre Marcos.



CAPITULO 13.

 1 HABIA entónces en la iglesia que estaba en Antioquia, profetas y doctores;
Bernabé, y Simon el que se llamaba Niger, y Lucio Cirenéo, y Manahen, que
habia sido criado con Heródes el tetrarca, y Saulo.

 2 Ministrando pues estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo:
Apartadme á Bernabé y á Saulo para la obra para la cual los he llamado.

 3 Entónces habiendo ayunado, y orado, y puéstoles las manos encima,
despidiéron[les.]

 4 Y ellos, enviados así por el Espíritu Santo, descendieron á Seleucia; y de
allí navegaron á Cipro.

 5 Y llegados á Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de
los Judíos: y tenian tambien á Juan en el ministerio.

 6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafo, hallaron un hombre mago,
falso profeta Judío, llamado Barjesus:

 7 El cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varon prudente. Este,
llamando á Bernabé y á Saulo, deseaba oir la palabra de Dios.

 8 Mas les resistia Elimas el encantador, (que así se interpreta su nombre),
procurando apartar de la fé al procónsul.

 9 Entónces Saulo, que tambien [es] Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo
en él los ojos,

 10 Dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo
de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?

 11 Ahora, pues, hé aquí, la mano del Señor [es] contra tí, y serás ciego,
que no veas el sol por tiempo. Y luego cayeron en él oscuridad y tinieblas; y
andando alrededor, buscaba quien le condujese por la mano.

 12 Entónces el procónsul, viendo lo que habia sido hecho, creyó, maravillado
de la doctrina del Señor.

 13 Y partidos de Pafo, Pablo y sus compañeros arribaron á Perge de
Pamphylia: entónces Juan, apartándose de ellos, se volvió á Jerusalem.

 14 Y ellos pasando de Perge, llegaron á Antioquia de Pisidia, y entrando en
la sinagoga un dia de Sábado, sentáronse.

 15 Y despues de la leccion de la ley y de los profetas, los príncipes de la
sinagoga enviaron á ellos diciendo: Varones hermanos, si teneis alguna
palabra de exhortacion para el pueblo, hablad.

 16 Entónces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dice:
Varones Israelitas, y los que temeis á Dios, oid.

 17 El Dios del pueblo de Israel escogió á nuestros padres, y ensalzó el
pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo
levantado los sacó de ella.

 18 Y por tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto:

 19 Y destruyendo siete naciones en la tierra de Chanaan, les repartió por
suerte la tierra de ellas.

 20 Y despues, como por cuatrocientos y cincuenta años, dió los jueces hasta
el profeta Samuel.

 21 Y entónces demandaron rey; y les dió Dios á Saul, hijo de Cis, varon de
la tribu de Benjamin, por cuarenta años.

 22 Y quitado aquel, levantóles por rey á David, al que dió tambien
testimonio, diciendo: He hallado á David, [hijo] de Jessé, varon conforme á
mi corazon, el cual hará todo lo que yo quiero.

 23 De la simiente de este, Dios, conforme á la promesa, levantó á Jesus por
Salvador á Israel;

 24 Predicando Juan delante de la faz de su venida el bautismo de
arrepentimiento á todo el pueblo de Israel.

 25 Mas como Juan cumpliese su carrera, dijo: ¿Quién pensais que soy? No soy
yo: mas hé aquí viene tras mí [aquel] cuyo calzado de los piés no soy digno
de desatar.

 26 Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros
temen á Dios, á vosotros es enviada la palabra de esta salud.

 27 Porque los que habitaban en Jerusalem, y sus príncipes, no conociendo á
este, y las voces de los profetas que se leen todos los Sábados,
condenándo[le las] cumplieron.

 28 Y sin hallar [en él] causa de muerte, pidieron á Pilato que le matasen.

 29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas,
quitándo[le] del madero, [le] pusieron en el sepulcro.

 30 Mas Dios le levantó de los muertos:

 31 Y él fué visto por muchos dias de los que habian subido juntamente con él
de Galiléa á Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo.

 32 Y nosotros tambien os anunciamos el Evangelio de aquella promesa que fué
hecha á los padres, la cual Dios ha cumplido á los hijos de ellos, á
nosotros, resucitando á Jesus;

 33 Como tambien en el salmo segundo esta escrito: Mi Hijo eres tú, yo te
engendré hoy.

 34 Y que le levantó de los muertos para nunca más volver á corrupcion, así
[lo] dijo: Os daré las misericordias fieles de David.

 35 Por eso dice tambien en otro [lugar:] No permitirás que tu Santo vea
corrupcion.

 36 Porque á la verdad David, habiendo servido en su edad á la voluntad de
Dios, durmió, y fué juntado con sus padres, y vió corrupcion.

 37 Mas aquel que Dios levantó, no vió corrupcion.

 38 Séaos pues notorio, varones hermanos, que por este os es anunciada
remision de pecados:

 39 Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en
este es justificado todo aquel que creyere.

 40 Mirad pues que no venga sobre vosotros lo que ésta dicho en los profetas:

 41 Mirad, oh menospreciadores, y entontecéos, y desvanecéos: porque yo obro
una obra en vuestros dias, obra que no creeréis, si alguien os la contare.

 42 Y salidos de la sinagoga de los Judíos, los Gentiles les rogaron que el
Sábado siguiente les hablasen estas palabras.

 43 Y despedida la congregacion, muchos de los Judíos y de los religiosos
prosélitos siguieron á Pablo y á Bernabé: los cuales hablándoles, les
persuadian que permaneciesen en la gracia de Dios.

 44 Y el Sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad á oir la palabra de
Dios.

 45 Mas los Judíos, visto el gentío, llenáronse de zelo, y se oponian á lo
que Pablo decia, contradiciendo y blasfemando.

 46 Entónces Pablo y Bernabé, usando de libertad, dijeron: A vosotros á la
verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la
desechais, y os juzgais indignos de la vida eterna, hé aquí nos volvemos á
los Gentiles.

 47 Porque así nos ha mandado el Señor: Te he puesto para luz de los
Gentiles, para que seas salud hasta lo postrero de la tierra.

 48 Y los Gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del
Señor; y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.

 49 Y la palabra del Señor era sembrada por toda aquella provincia.

 50 Mas los Judíos concitaron mujeres pias y honestas, y á los principales de
la ciudad, y levantaron persecucion contra Pablo y Bernabé, y los echaron de
sus términos.

 51 Ellos entónces sacudiendo en ellos el polvo de sus piés, se vinieron á
Iconio.

 52 Y los discípulos estaban llenos de gozo, y de Espíritu Santo.



CAPITULO 14.

 1 Y ACONTECIÓ en Iconio, que entrados juntamente en la sinagoga de los
Judíos, hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de Judíos, y
asimismo de Griegos.

 2 Mas los Judíos que fueron incrédulos, incitaron y corrompieron los ánimos
de los Gentiles contra los hermanos.

 3 Con todo eso se detuvieron [allí] mucho tiempo confiados en el Señor, el
cual daba testimonio á la palabra de su gracia, dando que señales y milagros
fuesen hechos por las manos de ellos.

 4 Mas el vulgo de la ciudad estaba dividido; y unos eran con los Judíos, y
otros con los apóstoles.

 5 Y haciendo ímpetu los Judíos y los Gentiles, juntamente con sus príncipes
para afrentar[los] y apedrearlos,

 6 Habiéndo[lo] entendido, huyéronse á Listra y Derbe, ciudades de Licaonia,
y por toda la tierra alrededor.

 7 Y allí predicaban el Evangelio.

 8 Y un hombre de Listra, impotente de los piés, estaba sentado cojo desde el
vientre de su madre, que jamás habia andado.

 9 Este oyó hablar á Pablo, el cual como puso los ojos en él, y vió que tenia
fé para ser sano,

 10 Dijo á gran voz: Levántate derecho sobre tus piés. Y [él] saltó, y
anduvo.

 11 Entónces las gentes, visto lo que Pablo habia hecho, alzaron la voz,
diciendo en lengua Licaónica: Dioses semejantes á hombres han descendido á
nosotros.

 12 Y á Bernabé llamaban Júpiter; y á Pablo, Mercurio, porque era el que
llevaba la palabra.

 13 Y el sacerdote de Júpiter que estaba delante de la ciudad de ellos,
trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, queria con el pueblo
sacrificar.

 14 [Lo cual] como oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rotas sus ropas, se
lanzaron al gentío, dando voces,

 15 Y diciendo; Varones, ¿por qué haceis esto? Nosotros tambien somos hombres
semejantes á vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtais
al Dios vivo, que hizo el cielo, y la tierra, y la mar, y todo lo que está en
ellos:

 16 El cual en las edades pasadas ha dejado á todas las gentes andar en sus
caminos;

 17 Si bien no se deja á sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándoos
lluvias del cielo, y tiempos fructíferos, y hinchiendo de mantenimiento y de
alegria nuestros corazones.

 18 Y diciendo estas cosas, apénas apaciguaron el pueblo para que no les
ofreciesen sacrificio.

 19 Entónces sobrevinieron unos Judíos de Antioquia y de Iconio, que
persuadieron á la multitud, y habiendo apedreado á Pablo, [le] sacaron fuera
de la ciudad, pensando que [ya] estaba muerto.

 20 Mas rodeándole los discípulos, se levantó, y entró en la ciudad, y un dia
despues partió con Bernabé á Derbe.

 21 Y como hubieron anunciado el

Evangelio á aquella ciudad, y enseñado á muchos, volvieron á Listra y á
Iconio, y á Antioquia.

 22 Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles á que
permaneciesen en la fé, y [enseñándoles] que es menester que por muchas
tribulaciones entremos en el reino de Dios.

 23 Y habiéndoles constituido ancianos en cada una de las iglesias, y
habiendo orado con ayunos, les encomendaron al Señor en el cual habian
creido.

 24 Y pasando por Pisidia vinieron á Pamphylia.

 25 Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron á Atalia.

 26 Y de allí navegaron á Antioquia, donde habian sido encomendados á la
gracia de Dios para la obra que habian acabado.

 27 Y habiendo llegado, y reunido la iglesia, relataron cuán grandes cosas
habia Dios hecho con ellos, y cómo habia abierto á los Gentiles la puerta de
la fé.

 28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.



CAPITULO 15.

 1 ENTONCES algunos que venian de Judéa enseñaban á los hermanos: Que si no
os circuncidais, conforme al rito de Moisés, no podeis ser salvos.

 2 Así que suscitada una disension y contienda no pequeña á Pablo y á Bernabé
contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernabé á Jerusalem, y
algunos otros de ellos, á los apóstoles y á los ancianos sobre esta cuestion.

 3 Ellos, pues habiendo sido acompañados de la iglesia [al salir,] pasaron
por la Fenicia y Samaria, contando la conversion de los Gentiles, y daban
gran gozo á todos los hermanos.

 4 Y llegados á Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia, y de los
apóstoles, y de los ancianos: y refirieron todas las cosas que Dios habla
hecho con ellos.

 5 Mas algunos de la secta de los Fariséos, que habian creido, se levantaron
diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandar[les] que guarden la ley de
Moisés.

 6 Y se juntaron los apóstoles y los  ancianos para conocer de este negocio.

 7 Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, les dijo: Varones
hermanos, vosotros sabeis como ya hace algun tiempo que Dios escogió que los
Gentiles oyesen por mi boca la palabra del Evangelio, y creyesen.

 8 Y Dios, que conoce los corazones les dió testimonio, dándoles el Espíritu
Santo tambien como á nosotros:

 9 Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fé
sus corazones.

 10 Ahora pues, ¿por qué tentais á Dios poniendo yugo sobre la cerviz de los
discípulos, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?

 11 Antes por la gracia del Señor Jesus creemos que serémos salvos, como
tambien ellos.

 12 Entónces toda la multitud calló, y oyeron á Bernabé y á Pablo que
contaban cuán grandes maravillas y señales Dios habia hecho por ellos entre
los Gentiles.

 13 Y despues que hubieron callado, Jacobo respondió diciendo: Varones
hermanos, oidme.

 14 Simon ha contado cómo Dios primero visitó á los Gentiles, para tomar de
ellos pueblo para su nombre.

 15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:

 16 Despues de esto volveré, y restauraré la habitacion de David que estaba
caida, y repararé sus ruinas, y la volveré á levantar;

 17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los Gentiles
sobre los cuales es llamado mi nombre, dice el Señor, que hace estas cosas.

 18 Conocidas son á Dios desde el siglo todas sus obras.

 19 Por lo cual yo juzgo, que los que de los Gentiles se convierten á Dios,
no han de ser inquietados;

 20 Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y
de fornicacion, y de ahogado, y de sangre.

 21 Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le
predique en las sinagogas, donde es leido cada Sábado.

 22 Entónces pareció bien a los apóstoles, y á los ancianos con toda la
iglesia, elegir varones de ellos, y enviar[los] á Antioquia con Pablo, y
Bernabé; á Júdas, que tenia por sobrenombre Barsabas, y á Silas, varones
principales entre los hermanos;

 23 Y escribir por mano de ellos [así:] los apóstoles y los ancianos y los
hermanos, á los hermanos de los Gentiles, que están en Antioquía, y en Siria,
y en Cilicia, salud:

 24 Por cuanto hemos oido que algunos, que han salido de nosotros, os han
inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros
y guardar la ley, á los cuales no mandamos;

 25 Nos ha parecido, congregados en uno, elegir varones, y enviarles á
vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo,

 26 Hombres que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesu-
Cristo.

 27 Así que, enviamos á Júdas, y á Silas, los cuales tambien por palabra [os]
harán saber lo mismo.

 28 Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros, no imponeros
ninguna carga mas que estas cosas necesarias:

 29 Que os abstengais de cosas sacrificadas á ídolos, y de sangre, y de
ahogado, y de fornicacion; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis.
Pasadlo bien.

 30 Ellos entónces enviados, descendieron á Antioquia, y juntando la
multitud, dieron la carta.

 31 La cual, como leyeron, fueron gozosos de la consolacion.

 32 Júdas tambien y Silas, como ellos tambien eran profetas, consolaron y
confirmaron los hermanos con abundancia de palabra.

 33 Y pasando [allí] algun tiempo, fueron enviados de los hermanos á los
apóstoles en paz.

 34 Mas á Silas pareció bien de quedarse allí.

 35 Y Pablo y Bernabé se estaban en Antioquia enseñando la palabra del Señor,
y anunciando el Evangelio con otros muchos.

 36 Y despues de algunos dias Pablo dijo á Bernabé: Volvamos á visitar los
hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del
Señor, cómo están.

 37 Y Bernabé queria que tomasen consigo á Juan, el que tenia por sobrenombre
Marcos;

 38 Mas á Pablo no le parecia bien llevar consigo al que se habia apartado de
ellos desde Pamphylia, y no habia ido con ellos á la obra.

 39 Y hubo tal contencion entre ellos, que se apartaron el uno del otro; y
Bernabé tomando á Marcos, navegó á Cipro,

 40 Y Pablo escogiendo á Silas, partió encomendado de los hermanos á la
gracia del Señor.

 41 Y anduvo la Siria y la Cilicia confirmando las iglesias.



CAPITULO 16.

 1 DESPUES llegó á Derbe, y á Listra: y hé aquí, estaba allí un discípulo,
llamado Timotéo, hijo de una mujer Judía fiel, mas de padre Griego:

 2 De este daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en
Iconio.

 3 Este quiso Pablo que fuese con él; y tomándo[le,] le circuncidó por causa
de los Judíos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabian que su
padre era Griego.

 4 Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos que
habian sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en
Jerusalem.

 5 Así que, las iglesias eran confirmadas en fé, y eran aumentadas en número
cada dia.

 6 Y pasando á Phrygia, y la provincia de Galacia, les fué prohibido por el
Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.

 7 Y como vinieron á Misia, tentaron de ir á Bitinia; mas el Espíritu no les
dejó [ir.]

 8 Y pasando á Misia, descendieron á Troas.

 9 Y fué mostrado á Pablo de noche una vision: Un varon Macedonio se puso
delante, rogándole, y diciendo: Pasa á Macedonia, y ayúdanos.

 10 Y como vió la vision, luego procuramos partir á Macedonia, dando por
cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el Evangelio.

 11 Partidos pues de Troas, vinimos camino derecho á Samotracia, y el dia
siguiente á Nápoles:

 12 Y de allí á Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia,
[y] una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos dias.

 13 Y un dia de Sábado salimos de la puerta junto al rio, donde solia ser la
oracion; y sentándonos hablamos á las mujeres que se habian juntado.

 14 Entónces una mujer, llamada Lidia, que vendia púrpura en la ciudad de
Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; el corazon de la cual abrió el
Señor para que estuviese atenta á lo que Pablo decia.

 15 Y cuando fué bautizada, y su familia, [nos] rogó, diciendo: Si habeis
juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y
constriñiónos.

 16 Y aconteció, que yendo nosotros á la oracion, una muchacha que tenia
espíritu pitónico, nos salió al encuentro, la cual daba grande ganancia á sus
amos adivinando.

 17 Esta, siguiendo á Pablo, y á nosotros, daba voces diciendo: Estos hombres
son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud.

 18 Y esto hacia por muchos dias: mas desagradando á Pablo, se volvió, y dijo
al espíritu; Te mando, en el nombre de Jesu-Cristo, que salgas de ella. Y
salió en la misma hora.

 19 Y viendo sus amos que habia salido la esperanza de su ganancia,
prendieron á Pablo y á Silas, y los trajeron al foro, al magistrado.

 20 Y presentándolos á los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo
Judíos, alborotan nuestra ciudad.

 21 Y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues
somos Romanos.

 22 Y agolpóse el pueblo contra ellos; y los magistrados rompiéndoles sus
ropas, [los] mandaron azotar con varas.

 23 Y despues que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la
cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia.

 24 El cual recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de más adentro,
y les apretó los piés en el cepo.

 25 Mas á media noche orando Pablo y Silas, cantaban himnos á Dios; y los que
estaban presos los oian.

 26 Entónces fué hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los
cimientos de la cárcel se movian; y luego todas las puertas se abrieron, y
las prisiones de todos se soltaron.

 27 Y despertado el carcelero, como vió abiertas las puertas de la cárcel,
sacando la espada se queria matar, pensando que los presos se habian huido.

 28 Mas Pablo clamo á gran voz diciendo: No te hagas ningun mal; que todos
estamos aquí.

 29 El entónces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse á los piés
de Pablo y de Silas;

 30 Y sacándoles fuera, les dice: Señores: ¿Qué es menester que yo haga para
ser salvo?

 31 Y ellos [le] dijeron: Crée en el Señor Jesu-Cristo, y serás salvo tú, y
tu casa.

 32 Y le hablaron la palabra del Señor, y á todos los que estaban en su casa.

 33 Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lava los azotes; y se
bautizó luego él, y todos los suyos.

 34 Y llevándolos á su casa, les puso la mesa; y se gozó de que con toda su
casa habia creido á Dios.

 35 Y como fué de dia, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo:
Deja ir á aquellos hombres.

 36 Y el carcelero hizo saber estas palabras á Pablo: los magistrados han
enviado [á decir] que seais sueltos: así que ahora salid, é id en paz.

 37 Entónces Pablo les dijo: Azotados públicamente, sin ser condenados,
siendo hombres Romanos, nos echaron en la cárcel; ¿y ahora nos echan
encubiertamente? No de cierto, sino vengan ellos y sáquennos.

 38 Y los alguaciles volvieron á decir á los magistrados estas palabras: y
tuvieron miedo, oido que eran Romanos.

 39 Y viniendo les rogaron; y sacándolos, les pidieron que saliesen de la
ciudad.

 40 Entónces salidos de la cárcel, entraron en [casa de] Lidia; y habiendo
visto á los hermanos, los consolaron, y se salieron.



CAPITULO 17.

 1 Y PASANDO por Anfípolis y Apolonia, llegaron á Tesalónica, donde estaba la
sinagoga de Judíos.

 2 Y Pablo, como acostumbraba, entró á ellos, y por tres Sábados disputó con
ellos de las escrituras,

 3 Declarando y proponiendo, que convenia que el Cristo padeciese, y
resucitase de los muertos; y que Jesus (el cual yo os anuncio, [decia él])
este era el Cristo.

 4 Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los
Griegos religiosos grande multitud, y mujeres nobles no pocos.

 5 Entónces los Judíos que eran incrédulos, teniendo zelos, tomaron consigo á
algunos ociosos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y
acometiendo la casa de Jason procuraban sacarlos al pueblo.

 6 Mas no hallándolos, trajeron á Jason, y á algunos hermanos á los
gobernadores de la ciudad, dando voces: Estos que alborotan el mundo, tambien
han venido acá;

 7 A los cuales Jason ha recibido: y todos estos hacen contra los decretos de
Cesar, diciendo que hay otro rey, Jesus.

 8 Y alborotaron el pueblo y á los gobernadores de la ciudad, oyendo estas
cosas.

 9 Mas recibida satisfaccion de Jason y de los demás, los soltaron.

 10 Entónces los hermanos luego de noche enviaron á Pablo y á Silas á Beréa;
los cuales habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los Judíos.

 11 Y fueron estos más nobles que los que [estaban] en Tesalónica, pues
recibieron la palabra con toda solicitud escudriñando cada dia las
escrituras, si estas cosas eran así.

 12 Así que creyeron muchos de ellos; y mujeres Griegas de distincion, y no
pocos hombres.

 13 Mas como entendieron los Judíos de Tesalónica que tambien en Beréa era
anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron, y tambien allí tumultuaron el
pueblo.

 14 Empero luego los hermanos enviaron á Pablo que fuese como á la mar; y
Silas y Timotéo se quedaron allí.

 15 Y los que habian tomado á cargo á Pablo, le llevaron hasta Atenas; y
tomando encargo [de él] para Silas y Timotéo, que viniesen á él lo más presto
que pudiesen, partieron.

 16 Y esperándolos Pablo en Atenas su espíritu se deshacia en él, viendo la
ciudad dada á idolatría.

 17 Así que disputaba en la sinagoga con los Judíos y religiosos; y en la
plaza cada dia con los que le ocurrian.

 18 Y algunos filósofos de los Epicureos y de los Estóicos disputaban con él;
y unos decian: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es
predicador de nuevos dioses; porque les predicaba á Jesus, y la resurreccion.

 19 Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podrémos saber qué sea
esta nueva doctrina que dices?

 20 Porque pones en nuestros oidos unas nuevas cosas: queremos pues saber qué
quiere ser esto.

 21 Entónces todos los Atenienses, y los huéspedes extranjeros, en ninguna
otra cosa entendian sino, ó en decir, ó en oir alguna cosa nueva.

 22 Estando pues Pablo en medio del Areópago, dijo: Varones Atenienses, en
todo os veo como más supersticiosos.

 23 Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé tambien un altar en
el cual estaba esta inscripcion: AL DIOS NO CONOCIDO. Aquel pues, que
vosotros honrais sin conocerle, á este os anuncio yo.

 24 El Dios que hizo el mundo, y todas las cosas que en él [hay,] ese, como
sea Señor del cielo, y de la tierra, no habita en templos hechos de manos,

 25 Ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo: pues él da á
todos vida y respiracion, y todas las cosas.

 26 Y de una sangre ha hecho [venir] todo el linaje de los hombres, para que
habitasen sobre toda la faz de la tierra y [les] ha prefijado el órden de los
tiempos, y los términos de la habitacion de ellos;

 27 Para que buscasen á Dios, si en alguna manera palpando le hallan; aunque
cierto no está lejos de cada uno de nosotros:

 28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como tambien algunos de
vuestros poetas dijeron: Porque linaje de este somos tambien.

 29 Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser
semejante á oro, ó á plata, ó á piedra, ó á escultura de artificio, ó de
imaginacion de hombres.

 30 Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora
denuncia á todos los hombres en todos lugares que se arrepientan:

 31 Por cuanto ha establecido un dia, en el cual ha de juzgar al mundo con
justicia por aquel varon al cual determinó, dando fé á todos con haberle
levantado de los muertos.

 32 Y así que oyeron la resurreccion de los muertos, unos se burlaban, y
otros decian: Te oirémos acerca de esto otra vez.

 33 Y así Pablo se salió de en medio de ellos.

 34 Mas algunos creyeron juntándose con él; entre los cuales tambien [fué]
Dionisio el del Areópago, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.



CAPITULO 18.

 1 PASADAS estas cosas, Pablo partió de Atenas, y vino á Corinto.

 2 Y hallando á un Judío llamado Aquila, natural del Ponto, que hacia poco
que habia venido de Italia, y á Priscila su mujer, (porque Claudio habla
mandado que todos los Judíos saliesen de Roma) se vino á ellos:

 3 Y porque era de su oficio, posó con ellos, y trabajaba: porque el oficio
de ellos era hacer tiendas.

 4 Y disputaba en la sinagoga, todos los Sábados, y persuadia á Judíos, y á
Griegos.

 5 Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba constreñido
del espíritu, testificando á los Judíos que Jesus [era] el Cristo.

 6 Mas contradiciendo y blasfemando ellos, les dijo, sacudiendo sus vestidos:
Vuestra sangre [sea] sobre vuestra cabeza: yo, limpio; desde ahora me iré á
los Gentiles.

 7 Y partiendo de allí, entró en casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios,
la casa del cual estaba junto á la sinagoga.

 8 Y Crispo, el prepósito de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa: y
muchos de los Corintios oyendo, creian, y eran bautizados.

 9 Entónces el Señor dijo de noche en vision á Pablo: No temas, sino habla, y
no calles.

 10 Porque yo estoy contigo, y ninguno te podrá hacer mal; porque yo tengo
mucho pueblo en esta ciudad.

 11 Y se detuvo [allí] un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios:

 12 Y siendo Galion procónsul de Achaia, los Judíos se levantaron de comun
acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal,

 13 Diciendo: Que este persuade á los hombres honrar á Dios contra la ley.

 14 Y comenzando Pablo á abrir la boca, Galion dijo á los Judíos: Si fuera
algun agravio, ó algun crimen enorme, oh Judíos, conforme á derecho yo os
tolerara;

 15 Mas si son cuestiones de palabras y de nombres, y de vuestra ley, vedlo
vosotros, yo no quiero ser juez de estas cosas.

 16 Y les echó del tribunal.

 17 Entónces todos los Griegos tomando á Sóstenes, prepósito de la sinagoga,
le herian delante del tribunal: y á Galion nada se le daba de ello.

 18 Mas Pablo habiéndose detenido aun [allí] muchos dias, despues se despidió
de los hermanos, y navegó á Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose
trasquilado la cabeza en Cenchreas, porque tenia voto.

 19 Y llegó á Efeso, y los dejó allí: y él entrando en la sinagoga, disputó
con los Judíos.

 20 Los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no
accedió,

 21 Sino que se despidió de ellos, diciendo: Es menester que en todo caso
tenga la fiesta que viene en Jerusalem: otra vez volveré á vosotros,
queriendo Dios. Y partió de Efeso.

 22 Y habiendo arribado á Cesaréa, subió [á Jerusalem;] y despues de saludar
á la iglesia, descendió á Antioquia.

 23 Y habiendo estado [allí] algun tiempo, partió, andando por órden la
provincia de Galacia, y la Phrygia, confirmando á todos los discípulos.

 24 Llegó entónces á Efeso un Judío, llamado Apólos, natural de Alejandría,
varon elocuente, poderoso en las escrituras.

 25 Este era instruido en el camino del Señor, y, ferviente de espíritu,
hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñado
solamente en el bautismo de Juan.

 26 Y comenzó á hablar confiadamente en la sinagoga; al cual como oyeron
Priscila, y Aquila, le tomaron y le declararon más particularmente el camino
de Dios.

 27 Y queriendo él pasar á Achaia, los hermanos exhortados escribieron á los
discípulos que le recibiesen; y venido él, aprovechó mucho por la gracia á
los que habian creido.

 28 Porque con gran vehemencia convencia públicamente á los Judíos, mostrando
por las escrituras que Jesus era el Cristo.



CAPITULO 19.

 1 Y ACONTECIÓ que entretanto que Apólos estaba en Corinto, Pablo, andadas
las regiones superiores, vino á Efeso, donde hallando ciertos discípulos,

 2 Díjoles: ¿Habeis recibido el Espíritu Santo despues que creisteis? Y ellos
le dijeron: Antes ni aun hemos oido si hay Espíritu Santo.

 3 Entónces dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el
bautismo de Juan.

 4 Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al
pueblo que creyesen en el que habla de venir despues de él; es á saber, en
Jesus el Cristo.

 5 Oido que hubieron [esto,] fueron bautizados en el nombre del Señor Jesus.

 6 Y como Pablo les puso las manos encima, vino sobre ellos el Espíritu
Santo, y hablaban en lenguas, y profetizaban.

 7 Y eran en todos como unos doce hombres.

 8 Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de
tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios.

 9 Mas endureciéndose algunos, y no creyendo, maldiciendo el camino [del
Señor] delante de la multitud, apartándose de ellos, separó los discípulos,
disputando cada dia en la escuela de un cierto Tiranno.

 10 Y esto fué por espacio de dos años; de manera que todos los que habitaban
en Asia, Judíos, y Griegos, oyeron la palabra del Señor.

 11 Y hacia Dios singulares maravillas por manos de Pablo:

 12 De tal manera que aun se llevaban sobre los enfermos los sudarios y los
pañuelos de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los malos
espíritus salian de ellos.

 13 Y algunos de los Judíos exorcistas vagabundos tentaron á invocar el
nombre del Señor Jesus sobre los que tenian espíritus malos, diciendo: Os
conjuro por Jesus, el que Pablo predica.

 14 Y habia unos siete hijos de un Sceva Judío, príncipe de los sacerdotes,
que hacian esto.

 15 Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesus conozco, y sé [quien es]
Pablo; mas vosotros, ¿quién sois?

 16 Y el hombre, en quien estaba el espíritu malo, saltando en ellos, y
enseñoreándose de ellos, pudo más que ellos de tal manera que huyeron de
aquella casa desnudos y heridos.

 17 Y esto fué notorio á todos, así Judíos como Griegos, los que habitaban en
Efeso; y cayó temor sobre todos ellos, y era ensalzado el nombre del Señor
Jesus.

 18 Y muchos de los que habian creido venian confesando, y dando cuenta de
sus hechos.

 19 Asimismo muchos de los que habian practicado vanas artes, trajeron los
libros, y los quemaron delante de todos; y echada cuenta del precio de ellos,
hallaron [ser] cincuenta mil denarios.

 20 Así crecia poderosamente la palabra del Señor, y prevalecia.

 21 Y acabadas estas cosas, propúsose Pablo en espíritu partir á Jerusalem,
despues de andada Macedonia y Achaia, diciendo: Despues que hubiere estado
allá, me será menester ver tambien á Roma.

 22 Y enviando á Macedonia á dos de los que le ayudaban, Timotéo, y Erasto,
él se estuvo por algun tiempo en Asia.

 23 Entónces hubo un alboroto no pequeño acerca del camino [del Señor.]

 24 Porque un platero, llamado Demetrio, el cual hacia de plata templecillos
de Diana, daba á los artífices no poca ganancia;

 25 A los cuales, reunidos con los oficiales de semejante oficio, dijo:
Varones, [ya] sabeis que de este oficio tenemos ganancia:

 26 Y veis y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, sino muchas gentes de
casi toda el Asia ha apartado con persuasion, diciendo, que no son dioses los
que se hacen con las manos.

 27 Y no solamente hay peligro de que este negocio se nos vuelva en reproche,
sino tambien que el templo de la grande diosa Diana sea estimado en nada, y
comience á ser destruida su majestad, la cual honra toda el Asia y el mundo.

 28 Oidas estas cosas, llenáronse de ira, y dieron alarido, diciendo: Grande
Diana de los Efesios.

 29 Y la ciudad se llenó de confusion, y unánimes se arrojaron al teatro,
arrebatando á Gayo, y á Aristarco, Macedonios, compañeros de Pablo.

 30 Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no le dejaron.

 31 Tambien algunos de los principales de Asia, que eran sus amigos, enviaron
á él rogando que no se presentase en el teatro.

 32 Y otros gritaban otra cosa; porque la concurrencia estaba confusa, y los
mas no sabian por qué se habian juntado.

 33 Y sacaron de entre la multitud á Alejandro, empujándole los Judíos.
Entónces Alejandro, pedido silencio con la mano, queria dar razon al pueblo.

 34 Mas como conocieron que era Judío, fué hecha una voz de todos que
gritaron casi por dos horas: Grande Diana de los Efesios.

 35 Entónces el escribano, apaciguado que hubo la gente, dijo: Varones
Efesios, ¿y quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los Efesios
es honradora de la grande diosa Diana, y de la [imágen] venida de Júpiter?

 36 Así que, pues esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigüeis,
y que nada hagais temerariamente:

 37 Pues habeis traido á estos hombres sin ser sacrílegos, ni blasfemadores
de vuestra diosa.

 38 Que si Demetrio y los oficiales que están con él, tienen negocio con
alguno, audiencias se hacen, y procónsules hay; acúsense los unos á los
otros.

 39 Y si demandais alguna otra cosa, en legítima asambléa se puede decidir:

 40 Porque peligro hay de que seamos argüidos de sedicion por hoy; no
habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razon de este concurso. Y
habiendo dicho esto, despidió la concurrencia.



CAPITULO 20.

 1 Y DESPUES que cesó el alboroto llamando Pablo los discípulos, habiéndoles
exhortado y abrazado, se despidió, y partió para ir á Macedonia.

 2 Y andado que hubo aquellas partes y exhortádoles con abundancia de
palabra, vino á Grecia:

 3 [Donde] despues de haber estado tres meses, y habiendo de navegar á Siria,
le fueron puestas asechanzas por los Judíos; y así tomó consejo de volverse
por Macedonia.

 4 Y le acompañaron hasta Asia Sopater, Bereense; y Tesalonicenses,
Aristarco, y Segundo; y Gayo de Derbe, y Timotéo; y Asianos, Tichico, y
Trófimo.

 5 Estos yendo delante, nos esperaron en Troas.

 6 Y nosotros, pasados los dias de los panes sin levadura, navegamos de
Filipos, y vinimos á ellos á Troas en cinco dias, donde estuvimos siete dias.

 7 Y el [dia] primero de la semana, juntos los discípulos á partir el pan,
Pablo les enseñaba, habiendo de partir al dia siguiente; y alargó el discurso
hasta la media noche.

 8 Y habia muchas lámparas en el aposento alto donde estaban juntos.

 9 Y un mancebo llamado Euticho, que estaba sentado en una ventana, tomado de
un sueño profundo, como Pablo disputaba largamente, postrado del sueño, cayó
desde el tercer piso abajo, y fué alzado muerto.

 10 Entónces descendió Pablo, y derribóse sobre él, y abrazándole, dijo: No
os alboroteis, que su alma está en él.

 11 Despues subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habló largamente hasta
el alba, y así partió.

 12 Y llevaron al mozo vivo, y fueron consolados no poco.

 13 Y nosotros, subiendo en el navío navegamos á Ason, para recibir de allí á
Pablo; porque así habia determinado venir por tierra.

 14 Y como se juntó con nosotros en Ason, tomándole vinimos á Mitilene.

 15 Y navegando de allí, al [dia] siguiente llegamos delante de Chio, y al
otro [dia] tomamos puerto en Samo: y habiendo reposado en Trogilio, al [dia]
siguiente llegamos á Mileto.

 16 Porque Pablo se habia propuesto pasar adelante de Efeso, por no detenerse
en Asia: porque se apresuraba por hacer el dia de Pentecostes, si le fuese
posible, en Jerusalem.

 17 Y enviando desde Mileto á Efeso, hizo llamar á los ancianos de la
iglesia.

 18 Y cuando vinieron á él, les dijo: Vosotros sabeis cómo, desde el primer
dia que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo,

 19 Sirviendo al Señor con toda humildad, y con lágrimas, y tentaciones, que
me han venido por las asechanzas de los Judíos:

 20 Como nada que [os] fuese útil, he rehuido de anunciaros, y enseñaros
públicamente, y por las casas,

 21 Testificando á los Judíos y á los Gentiles arrepentimiento para con Dios,
y la fé en nuestro Señor Jesu-Cristo.

 22 Y ahora hé aquí, ligado yo en mi espíritu, voy á Jerusalem sin saber lo
que allá me ha de acontecer:

 23 Mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio,
diciendo, que prisiones y tribulaciones me esperan.

 24 Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo;
solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor
Jesus, para dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios.

 25 Y ahora hé aquí yo sé, que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado
predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.

 26 Por tanto yo os protesto el dia de hoy, que yo soy limpio de la sangre de
todos:

 27 Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

 28 Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu
Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual
ganó por su sangre.

 29 Porque yo sé, que despues de mi partida entrarán en [medio de] vosotros
graves lobos que no perdonarán al ganado.

 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres, que hablen cosas perversas,
para llevar discípulos tras sí.

 31 Por tanto velad, acordándoos que por tres años, de noche y de dia, no he
cesado de amonestar con lágrimas á cada uno.

 32 Y ahora, hermanos, os encomiendo á Dios, y á la palabra de su gracia; el
cual es poderoso para sobreedificar, y daros heredad con todos los
santificados.

 33 La plata, ó el oro, ó el vestido, de nadie he codiciado.

 34 Antes vosotros sabeis que para lo que me ha sido necesario, y á los que
están conmigo, estas manos me han servido.

 35 [En] todo os he enseñado, que trabajando así, es necesario sobrellevar á
los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesus, el cual dijo:
Bienaventurada cosa es dar ántes que recibir.

 36 Y como hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos
ellos.

 37 Entónces hubo un gran lloro de todos; y derribándose sobre el cuello de
Pablo, le besaban,

 38 Doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habian de ver
más su rostro. Y le acompañaron al navío.



CAPITULO 21.

 1 Y HABIENDO partido de ellos, navegamos y vinimos camino derecho á Coos, y
el dia siguiente á Rhodas, y de allí á Pátara.

 2 Y hallando un barco que pasaba á Fenice, nos embarcamos, y partimos.

 3 Y como avistamos á Cipro, dejándola á mano izquierda, navegamos á Siria, y
vinimos á Tiro; porque el barco habia de descargar allí su carga.

 4 Y nos quedamos allí siete dias, hallados los discípulos, los cuales decian
á Pablo por Espíritu, que no subiese á Jerusalem.

 5 Y cumplidos aquellos dias nos partimos, acompañándonos todos con [sus]
mujeres é hijos hasta fuera de la ciudad: y puestos de rodillas en la ribera,
oramos.

 6 Y abrazándonos los unos á los otros, subimos al barco, y ellos se
volvieron á sus casas.

 7 Y nosotros, cumplida la navegacion, vinimos de Tiro á Tolemaida; y
habiendo saludado á los hermanos, nos quedamos con ellos un dia.

 8 Y otro dia, partidos, (Pablo y los que con él estábamos) vinimos á
Cesaréa; y entrando en casa de Felipe el evangelista, el cual era [uno] de
los siete, posamos con él.

 9 Y este tenia cuatro hijas doncellas, que profetizaban.

 10 Y parando nosotros [allí] por muchos dias, descendió de Judéa un profeta
llamado Agabo;

 11 Y venido á nosotros, tomó el cinto de Pablo, y atándose los piés y las
manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los Judíos en Jerusalem
al varon, cuyo es este cinto, y [le] entregarán en manos de los Gentiles.

 12 Lo cual como oimos, le rogamos nosotros, y los de aquel lugar, que no
subiese á Jerusalem.

 13 Entónces Pablo respondió: ¿Qué haceis llorando y afligiéndome el corazon?
porque yo no solo estoy presto á ser atado, mas aun á morir en Jerusalem por
el nombre del Señor Jesus.

 14 Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad
del Señor.

 15 Y despues de estos dias, apercibidos, subimos á Jerusalem.

 16 Y vinieron tambien con nosotros de Cesaréa algunos de los discípulos,
trayendo consigo á un Mnason Ciprio, discípulo antiguo, con el cual
posásemos.

 17 Y cuando llegamos á Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena
voluntad.

 18 Y al dia siguiente Pablo entró con nosotros á Jacobo, y todos los
ancianos se juntaron.

 19 A los cuales, como los hubo saludado, contó por menudo lo que Dios habia
hecho entre los Gentiles por su ministerio.

 20 Y ellos como [lo] oyeron, glorificaron á Dios; y le dijeron: Ya ves,
hermano, cuántos millares de Judíos hay que han creido; y todos son celadores
de la ley.

 21 Mas fueron informados acerca de tí, que enseñas á apartarse de Moisés á
todos los Judíos que están entre los Gentiles, diciéndo[les] que no han de
circuncidar los hijos, ni andar segun la costumbre.

 22 ¿Qué hay pues? La multitud se reunirá de cierto; porque oirán que has
venido.

 23 Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que
tienen voto sobre sí:

 24 Tomando á estos contigo, purifícate con ellos, y gasta con ellos para que
rasuren [sus] cabezas, y todos entiendan que no hay nada de lo que fueron
informados acerca de tí; sino que tú tambien andas guardando la ley.

 25 Empero cuanto á los que de los Gentiles han creido, nosotros hemos
escrito haberse acordado que no guarden nada de esto; solamente que se
abstengan de lo que fuere sacrificado á los ídolos, y de sangre, y de
ahogado, y de fornicacion.

 26 Entónces Pablo tomó consigo aquellos hombres, y al siguiente dia,
habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar [se
proponian] el cumplimiento de los dias de la purificacion, hasta ser ofrecida
ofrenda por cada uno de ellos.

 27 Y cuando estaban para acabarse los siete dias, unos Judíos de Asia, como
le vieron en el templo, alborotaron todo el pueblo, y le echaron mano,

 28 Dando voces: Varones Israelitas ayudad: este es el hombre que por todas
partes enseña á todos contra el pueblo, y la ley, y este lugar; y además de
esto ha metido Gentiles en el templo, y ha contaminado este lugar santo.

 29 (Porque ántes habian visto con él en la ciudad á Trófimo, Efesio, al cual
pensaban que Pablo habia metido en el templo.)

 30 Así que, toda la ciudad se alborotó y agolpóse el pueblo; y tomando á
Pablo, hiciéronle salir fuera del templo, y luego las puertas fueron
cerradas.

 31 Y procurando ellos matarle, fué dado aviso al tribuno de la compañía que
toda la ciudad de Jerusalem estaba alborotada;

 32 El cual tomando luego soldados y centuriones, corrió á ellos. Y ellos
como vieron al tribuno y á los soldados, cesaron de herir á Pablo.

 33 Entónces llegando el tribuno, le prendió, y [le] mandó atar con dos
cadenas: y preguntó quién era, y qué habia hecho.

 34 Y entre la multitud unos gritaban una cosa, y otros otra: y como no podia
entender nada de cierto á causa del alboroto, le mando llevar á la fortaleza.

 35 Y como llegó á las gradas, aconteció que fué llevado [á cuestas] de los
soldados á causa de la violencia del pueblo.

 36 Porque multitud de pueblo venia detrás gritando: Mátale.

 37 Y como comenzaron á meter á Pablo en la fortaleza, dice al tribuno: Me
será lícito hablarte algo? Y él dijo: ¿Griego sabes?

 38 ¿^No eres tú aquel Egipcio que levantaste una sedicion ántes de estos
dias, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores?

 39 Entónces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre Judío, ciudadano de Tarso,
ciudad no oscura de Cilicia: empero ruégote que me permitas que hable al
pueblo.

 40 Y como él se lo permitió, Pablo estando en pié en las gradas, hizo señal
con la mano al pueblo; y hecho grande silencio, habló en lengua Hebréa,
diciendo:



CAPITULO 22.

 1 VARONES hermanos, y padres, oid la razon que ahora os doy.

 2 (Y como oyeron que les hablaba en lengua Hebréa, guardaron mas silencio.)
Y dijo:

 3 Yo de cierto soy Judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta
ciudad á los piés de Gamaliel, enseñado conforme [á] la verdad de la ley de
la patria, zeloso de Dios, como todos vosotros sois hoy.

 4 Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo, y entregando en
cárceles hombres y mujeres:

 5 Como tambien el príncipe de los sacerdotes me es testigo, y todos los
ancianos; de los cuales tambien tomando letras á los hermanos, iba á Damasco,
para traer presos á Jerusalem aun á los que estuviesen allí, para que fuesen
castigados.

 6 Mas aconteció que yendo yo, y llegando cerca de Damasco, como á medio dia,
de repente me rodeó mucha luz del cielo;

 7 Y caí en el suelo, y oí una voz que me decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?

 8 Yo entónces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesus de
Nazaret, á quien tú persigues.

 9 Y los que estaban conmigo vieron á la verdad la luz, y se espantaron: mas
no oyeron la voz del que hablaba conmigo.

 10 Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve á Damasco,
y allí te será dicho todo lo que te esta señalado hacer.

 11 Y como yo no viese por causa de la claridad de la luz, llevado de la mano
por los que estaban conmigo, vine á Damasco.

 12 Entónces un Ananías varon pio conforme á la ley, que tenia buen
testimonio de todos los Judíos que [allí] moraban,

 13 Viniendo á mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y
yo en aquella hora le miré.

 14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado, para que
conocieses su voluntad, y vieses á aquel Justo, y oyeses la voz de su boca.

 15 Porque has de ser testigo suyo á todos los hombres de lo que has visto y
oido.

 16 Ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate, y bautízate, y lava tus
pecados, invocando su nombre.

 17 Y me aconteció, vuelto á Jerusalem, que orando en el templo, fuí
arrebatado fuera de mí,

 18 Y le ví que me decia: Date priesa, y sal prestamente fuera de Jerusalem;
porque no recibirán tu testimonio de mí.

 19 Y yo dije: Señor, ellos saben que yo encerraba en cárcel, y heria por las
sinagogas á los que creian en tí.

 20 Y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo tambien estaba
presente, y consentia á su muerte, y guardaba las ropas de los que le
mataban.

 21 Y me dijo: Vé, porque yo te tengo que enviar lejos á los Gentiles.

 22 Y le oyeron hasta esta palabra: entónces alzaron la voz, diciendo: Quita
de la tierra á un tal hombre, porque no conviene que viva.

 23 Y dando ellos voces, y arrojando [sus] ropas, y echando polvo al aire,

 24 Mandó el tribuno que le llevasen á la fortaleza, y ordenó que fuese
examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él.

 25 Y como le ataron con corréas, Pablo dijo al centurion que estaba
presente: ¿Os es lícito azotar á un hombre Romano, sin ser condenado?

 26 Y como el centurion oyó [esto,] fué y dió aviso al tribuno, diciendo:
¿Qué has de hacer? porque este hombre es Romano.

 27 Y viniendo el tribuno, le dijo: Díme, ¿eres tu Romano? Y él dijo: Sí.

 28 Y respondió el tribuno: Yo con grande suma alcancé esta ciudadania.
Entónces Pablo dijo: Y aun yo soy nacido.

 29 Así que, luego se apartaron de él los que le habian de atormentar: y aun
el tribuno tambien tuvo temor, entendido que era Romano, por haberlo atado.

 30 Y al dia siguiente, queriendo saber de cierto la causa por que era
acusado de los Judíos, le soltó de las prisiones, y mandó venir á los
príncipes de los sacerdotes, Y á todo su concilio; y sacando á Pablo, le
presentó delante de ellos.



CAPITULO 23.

 1 ENTÓNCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos,
yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el dia de
hoy.

 2 El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entónces á los que estaban
delante de él que le hiriesen en la boca.

 3 Entónces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿y estás tú
sentado para juzgarme conforme á la ley, y contra la ley me mandas herir?

 4 Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?

 5 Y Pablo dijo: No sabia, hermanos, que era el sumo sacerdote; que escrito
está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.

 6 Entónces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saducéos, y la otra de
Fariséos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo Fariséo soy, hijo de
Fariséo: de la esperanza y de la resurreccion de los muertos soy yo juzgado.

 7 Y como hubo dicho esto, fué hecha disension entre los Fariséos y los
Saducéos; y la multitud fué dividida.

 8 (Porque los Saducéos dicen que no hay resurreccion, ni ángel, ni espíritu;
mas los Fariséos confiesan ambas cosas.)

 9 Y levantóse un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los
Fariséos, contendian diciendo: Ningun mal hallamos en este hombre; que si
espíritu le ha hablado, ó ángel, no resistamos á Dios.

 10 Y habiendo grande disension, el tribuno teniendo temor que Pablo no fuese
despedazado de ellos, mandó venir [la compañía de] soldados, y arrebatarle de
en medio de ellos, y llevarle á la fortaleza.

 11 Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confia, Pablo;
que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques
tambien en Roma.

 12 Y venido el dia, algunos de los Judíos se juntaron, y prometieron bajo de
maldicion, diciendo que ni comerian ni beberian hasta que hubiesen muerto á
Pablo.

 13 Y eran más de cuarenta los que habian hecho esta conjuracion;

 14 Los cuales se fueron á los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, y
dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldicion, que no hemos de
gustar nada hasta que hayamos muerto á Pablo.

 15 Ahora pues vosotros con el concilio requerid al tribuno que le saque
mañana á vosotros, como que quereis entender de él alguna cosa mas cierta, y
nosotros, ántes que él llegue, estarémos aparejados para matarle.

 16 Entónces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fué y
entró en la fortaleza, y dió aviso á Pablo.

 17 Y Pablo llamando á uno de los centuriones, dice: Lleva á este mancebo al
tribuno; porque tiene cierto aviso que darle.

 18 El entónces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo
llamándome, me rogó que trajese á tí este mancebo, que tiene algo que
hablarte.

 19 Y el tribuno tomándole de la mano, y retirándose aparte, [le] preguntó:
¿Qué es lo que tienes que decirme?

 20 Y él dijo: Los Judíos han concertado rogarte que mañana saques á Pablo al
concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta.

 21 Mas tú no los creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le asechan,
los cuales han hecho voto, debajo de maldicion, de no comer ni beber hasta
que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa.

 22 Entónces el tribuno despidió al mancebo, mandándo[le] que á nadie dijese
que le habia dado aviso de esto.

 23 Y llamados dos centuriones, [les] mandó que apercibiesen para la hora
tercia de la noche doscientos soldados, que fuesen hasta Cesaréa, y setenta
de á caballo, y doscientos lanceros;

 24 Y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo á Pablo, le llevasen en
salvo á Felix el presidente.

 25 Y escribió una carta en estos términos:

 26 Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Felix, Salud.

 27 A este hombre, aprehendido de los Judíos, y que iban ellos á matar, libré
yo acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era Romano.

 28 Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de
ellos.

 29 Y hallé que le acusaban de [algunas] cuestiones de la ley de ellos, y que
ningun crimen tenia digno de muerte, ó de prision.

 30 Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habian aparejado los Judíos,
luego al punto [le] he enviado á tí, é intimé tambien á los acusadores que
traten delante de tí lo que [tienen] contra él. Pásalo bien.

 31 Y los soldados, tomando á Pablo, como les era mandado, lleváronle de
noche á Antipatris.

 32 Y al dia siguiente dejando á los de á caballo que fuesen con él, se
volvieron á la fortaleza.

 33 Y como llegaron á Cesaréa, y dieron la carta al gobernador, presentaron
tambien á Pablo delante de él.

 34 Y el gobernador leida la carta, preguntó de qué provincia era; y
entendiendo que de Cilicia,

 35 Te oiré, dijo, cuando vinieren tambien tus acusadores. Y mandó que le
guardasen en el Pretorio de Heródes.



CAPITULO 24.

 1 Y CINCO dias despues descendió el sumo sacerdote, Ananías, con algunos de
los ancianos, y un cierto Tértulo, orador; y parecieron delante del
gobernador contra Pablo.

 2 Y citado que fué, Tértulo comenzó á acusar diciendo: Como por causa tuya
vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por
tu prudencia,

 3 Siempre y en todo lugar [lo] recibimos con todo hacimiento de gracias, oh
excelente Felix.

 4 Empero por no impedirte más largamente, ruégote que nos oigas brevemente
conforme á tu equidad.

 5 Porque hemos hallado que este hombre [es] pestilencial, y levantador de
sediciones entre todos los Judíos por todo el mundo, y príncipe de la secta
de los Nazarenos.

 6 El cual tambien tentó á violar el templo; y prendiéndole le quisimos
juzgar conforme á nuestra ley.

 7 Mas interviniendo el tribuno Lisias con grande violencia [le] quitó de
nuestras manos,

 8 Mandando á sus acusadores que viniesen á tí: del cual, tú mismo juzgando,
podrás entender todas estas cosas de que le acusamos.

 9 Y contendian tambien los Judíos diciendo ser así estas cosas.

 10 Entónces Pablo, haciéndole el gobernador señal que hablase, respondió:
Porque sé que muchos años ha que eres gobernador de esta nacion, con buen
ánimo satisfaré por mi:

 11 Que tú puedes entender que no ha más de doce dias que subí á adorar á
Jerusalem.

 12 Y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo
concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad;

 13 Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.

 14 Esto empero te confieso, que conforme á aquel camino que llaman herejía,
así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en
los profetas están escritas;

 15 Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurreccion de los muertos,
así de justos como injustos, la cual tambien ellos esperan.

 16 Y por esto procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca
de Dios y acerca de los hombres.

 17 Mas pasados muchos años, vine á hacer limosnas á mi nacion, y ofrendas,

 18 Cuando me hallaron purificado en el templo, (no con multitud ni con
alboroto,) unos Judíos de Asia;

 19 Los cuales debieran comparecer delante de tí, y acusar[me,] si contra mí
tenian algo.

 20 O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando yo
estuve en el concilio,

 21 Sino sea que, estando entre ellos, prorrumpí en alta voz: Acerca de la
resurreccion de los muertos soy hay juzgado de vosotros.

 22 Entónces Felix, oidas estas cosas estando bien informado de esta secta
les puso dilacion, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de
conocer de vuestro negocio.

 23 Y mandó al centurion que Pablo fuese guardado, y aliviado [de las
prisiones,] y que no vedase á ninguno de sus familiares servirle, ó venir á
él.

 24 Y algunos^ dias despues, viniendo Felix con Drusila su mujer, la cual era
Judía, llamó á Pablo, y oyó de él la fé que es en Jesu-Cristo.

 25 Y disertando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio
venidero, espantado Felix, respondió: Ahora véte; mas en teniendo oportunidad
te llamaré:

 26 Esperando tambien con esto, que de parte de Pablo le serian dados
dineros, porque le soltase; por lo cual haciéndole venir muchas veces,
hablaba con él.

 27 Mas al cabo de dos años recibió Félix por sucesor á Porcio Festo; y
queriendo Felix ganar la gracia de los Judíos, dejó preso á Pablo.



CAPITULO 25.

 1 FESTO pues, entrado en la provincia, tres dias despues subió de Cesaréa á
Jerusalem.

 2 Y vinieron á él los príncipes de los sacerdotes y los principales de los
Judíos contra Pablo; y le rogaron,

 3 Pidiendo gracia contra él, que le hiciese traer á Jerusalem, poniendo
[ellos] asechanzas para matarle en el camino.

 4 Mas Festo respondió que Pablo estaba guardado en Cesaréa, y que el mismo
partiria presto.

 5 Los que de vosotros pueden, dijo, desciendan juntamente; y si hay algun
crimen en este varon, acúsenle.

 6 Y deteniéndose entre ellos no más de ocho ó diez dias, venido á Cesaréa,
el siguiente dia se sentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traido.

 7 El cual venido, le rodearon los Judíos que habian venido de Jerusalem,
poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podian
probar,

 8 Alegando él por su parte: Ni contra la ley de los Judíos, ni contra el
templo, ni contra César he pecado en algo.

 9 Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judíos, respondiendo á Pablo
dijo: ¿Quieres subir á Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas delante
de mí?

 10 Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde conviene que sea
juzgado. A los Judíos no he hecho injuria ninguna, como tú sabes muy bien.

 11 Porque si alguna injuria, ó cosa alguna digna de muerte he hecho, no
rehuso morir; mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie
puede darme á ellos: á César apelo.

 12 Entónces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has
apelado? á César irás.

 13 Y pasados algunos dias, el rey Agripa y Bernice vinieron á Cesaréa á
saludar á Festo.

 14 Y como estuvieron allí muchos dias, Festo declaró la causa de Pablo al
rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Felix,

 15 Sobre el cual, cuando fuí á Jerusalem vinieron [á mí] los príncipes de
los sacerdotes y los ancianos de los Judíos pidiendo condenacion contra él:

 16 A los cuales respondí no ser costumbre de los Romanos dar alguno á la
muerte, ántes que el que es acusado tenga presentes [sus] acusadores, y haya
lugar de defenderse de la acusacion.

 17 Así que habiendo venido juntos acá, sin ninguna dilacion al dia
siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre;

 18 Y estando presentes los acusadores, ningun cargo produjeron de los que yo
sospechaba:

 19 Solamente tenian contra el ciertas cuestiones acerca de su supersticion,
y de un cierto Jesus difunto, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo.

 20 Y yo, dudando en cuestion semejante, dije si queria ir á Jerusalem, y
allá ser juzgado de estas cosas.

 21 Mas apelando Pablo á ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que
le guardasen, hasta que le envie á César.

 22 Entónces Agripa dijo á Festo: Yo tambien quisiera oir á [ese] hombre. Y
él dijo: Mañana le oirás.

 23 Y al otro dia, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrado en
la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandado
de Festo fué traido Pablo.

 24 Entónces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estais aquí
juntos con nosotros, veis á este, por el cual toda la multitud de los Judíos
me ha demandado en Jerusalem, y aquí, dando voces que no conviene que viva
más.

 25 Mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo
apelando á Augusto, he determinado enviarle:

 26 Del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor; por lo que le he
sacado á vosotros, y mayormente á tí, oh rey Agripa, para que hecha
informacion, tenga [yo] que escribir.

 27 Porque fuera de razon me parece enviar un preso, y no informar de las
causas.



CAPITULO 26.

 1 ENTONCES Agripa dijo á Pablo: Se te permite hablar por tí mismo. Pablo
entónces, extendiendo la mano, comenzó á responder por sí, [diciendo:]

 2 Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los Judíos, oh rey
Agripa, me tengo por dichoso de que haya hay de defenderme delante de tí,

 3 Mayormente sabiendo tú todas las costumbres y cuestiones que hay entre los
Judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.

 4 Mi vida pues, desde la mocedad, la cual desde el principio fué en mi
nacion en Jerusalem, todos los Judíos la saben;

 5 los cuales tienen ya conocido, que yo desde el principio, si quieren
testificarlo, conforme á la más perfecta secta de nuestra religion he vivido
Fariséo.

 6 Y ahora por la esperanza de la promesa que hizo Dios á nuestros padres soy
llamado en juicio.

 7 A la cual [promesa] nuestras doce tribus, sirviendo constantemente de dia
y de noche, esperan que han de llegar. Por la cual esperanza, oh rey Agripa,
soy acusado de los Judíos;

 8 ¡Qué! ¿Júzgase cosa increible entre vosotros que Dios resucite los
muertos?

 9 Yo ciertamente habia pensado deber hacer muchas cosas contra el nombre de
Jesus de Nazaret:

 10 Lo cual tambien hice en Jerusalem; y yo encerré en cárceles á muchos de
los santos, recibida potestad de los príncipes de los sacerdotes, y cuando
eran matados, yo dí mi voto.

 11 Y muchas veces, castigándoles por todas las sinagogas, [les] forcé á
blasfemar; y enfurecido sobre manera contra ellos, [los] perseguí hasta en
las ciudades extrañas.

 12 En lo cual [ocupado,] yendo á Damasco con potestad y comision de los
príncipes de los sacerdotes,

 13 En mitad del dia, oh rey, ví en el camino una luz del cielo, que
sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rodeó, y á los que iban
conmigo.

 14 Y habiendo caido todos nosotros en tierra, oí una voz que, me hablaba, y
decia en lengua hebráica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te
es dar coces contra los aguijones.

 15 Yo entónces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesus, á
quien tú persigues.

 16 Mas levántate, y pónte sobre tus piés; porque para esto te he aparecido,
para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas
en que apareceré á tí;

 17 Librándote del pueblo y de los Gentiles, á los cuales ahora te envio,

 18 Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas á la
luz, y de la potestad de Satanás á Dios, para que reciban por la fe, que es
en mí, remision de pecados, y suerte entre los santificados

 19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fuí rebelde á la vision celestial:

 20 Antes anuncié primeramente á los que están en Damasco, y Jerusalem, y por
toda la tierra de Judéa, y á los Gentiles, que se arrepintiesen y se
convirtiesen á Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

 21 Por causa de esto los Judíos, tomándome en el templo, tentaron matarme.

 22 Mas ayudado del auxilio de Dios, persevero hasta el dia de hoy, dando
testimonio á chicos y á grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los
profetas y Moisés dijeron que habian de venir;

 23 Que Cristo habia de padecer, y [ser] el primero de la resurreccion de los
muertos, para anunciar luz al pueblo y á los Gentiles.

 24 Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo á gran voz dijo: Estás
loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco.

 25 Mas él dijo: No estoy loco, excelente Festo, sino que hablo palabras de
verdad y de templanza.

 26 Porque el rey sabe estas cosas, delante del cual tambien hablo
confiadamente. Porque no pienso que ignora nada de esto; que no ha sido esto
hecho en [algun] rincon.

 27 ¿Crees, rey Agripa, á los profetas? Yo sé que crees.

 28 Entónces Agripa dijo á Pablo: Por poco me persuades á ser Cristiano.

 29 Y Pablo dijo: ¡^Pluguiese á Dios que por poco ó por mucho, no solamente
tú, mas tambien todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy,
excepto estas prisiones!

30 Y como hubo dicho estas cosas, se levantó el rey, y el presidente, y
Bernice, y los que se habian sentado con ellos.

 31 Y como se retiraron aparte, hablaban los unos á los otros, diciendo:
Ninguna^ cosa digna ni de muerte, ni de prision, hace este hombre.

 32 Y Agripa dijo á Festo: Podia este hombre ser suelto, si no hubiera
apelado á César.



CAPITULO 27.

 1 MAS como fué determinado que habiamos de navegar para Italia, entregaron á
Pablo y á algunos otros presos á un centurion, llamado Julio, de la compañía
Augusta.

 2 Así que embarcándonos en una nave Adrumentina, partimos, estando con
nosotros Aristarco, Macedonio de Tesalónica, para navegar junto á los lugares
de Asia.

 3 Y otro dia llegamos á Sidon; y Julio tratando á Pablo humanamente,
permitióle que fuese á los amigos para ser de ellos asistido.

 4 Y haciéndonos á la vela de allí, navegamos bajo de Cipro; porque los
vientos eran contrarios.

 5 Y habiendo pasado la mar de Cilicia y Pamphylia, arribamos á Mira,
[ciudad] de Licia.

 6 Y hallando allí el centurion una nave Alejandrina, que navegaba á Italia,
nos puso en ella.

 7 Y navegando muchos dias despacio, y habiendo apenas llegado delante de
Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta junto á Salmon.

 8 Y costeándola difícilmente, llegamos á un lugar que llaman Buenos Puertos,
cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.

 9 Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegacion, porque ya era
pasado el ayuno. Pablo amonestaba,

 10 Diciéndoles: Varones, veo que con trabajo y mucho daño, no solo de la
cargazon y de la nave, mas aun de nuestras personas, habrá de ser la
navegacion.

 11 Mas el centurion creia más al piloto y al patron de la nave, que á lo que
Pablo decia.

 12 Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron pasar aun de
allí, por si pudiesen arribar á Fenice á invernar [allí, que es] un puerto de
Creta que mira al Abrego y al Poniente.

 13 Y soplando el austro, pareciéndoles que ya tenian lo que deseaban,
alzando [velas] iban cerca la costa de Creta.

 14 Mas no mucho despues dió en ella un viento repentino que se llama
Euroclidon.

 15 Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento,
[la] dejamos, [y] éramos llevados.

 16 Y habiendo corrido á sotavento de una pequeña isla que se llama Clauda,
apenas pudimos ganar el esquife:

 17 El cual tomado, usaban de remedios ciñendo la nave; y teniendo temor que
no diesen en la Sirte, abajadas las velas eran así llevados.

 18 Mas siendo atormentados de una vehemente tempestad, el siguiente dia
alijaron.

 19 Y al tercer dia nosotros con nuestras manos arrojamos los aparejos de la
nave.

 20 Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos dias, y viniendo una
tempestad no pequeña, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud.

 21 Entónces Pablo, habiendo ya mucho que no comíamos, puesto en pié en medio
de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme oido, y no
partir de Creta, y evitar este inconveniente y daño.

 22 Mas ahora os amonesto que tengais buen ánimo; porque ninguna pérdida
habrá de persona de vosotros, sino solamente de la nave.

 23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios, del cual yo soy, y
al cual sirvo,

 24 Diciendo: Pablo, no temas: es menester que seas presentado delante de
César; y hé aquí, Dios te ha dado á todos los que navegan contigo.

 25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confio en Dios que
será así como me ha sido dicho,

 26 Si bien es menester que demos en una isla.

 27 Y venida la décima cuarta noche, y siendo llevados por el [mar]
Adriático, los marineros á la media noche sospecharon que estaban cerca de
alguna tierra;

 28 Y echando la sonda, hallaron veinte brazos; y pasando un poco mas
adelante, volviendo á echar la sonda, hallaron quince brazos.

 29 Y habiendo temor de dar en lugares escabrosos, echando cuatro anclas de
la popa, deseaban que se hiciese de dia.

 30 Entónces procurando los marineros huir de la nave, echado que hubieron el
esquife á la mar, aparentando como que querian largar las anclas de proa,

 31 Pablo dijo al centurion y á los soldados: Si estos no quedan en la nave,
vosotros no podeis salvaros.

 32 Entónces los soldados cortaron los cabos del esquife, y dejáronle perder.

 33 Y hasta que comenzó á ser de dia, Pablo exhortaba á todos que comiesen,
diciendo: Este es el décimo cuarto dia que esperais y permaneceis ayunos, no
comiendo nada.

 34 Por tanto os ruego que comais por vuestra salud: que ni aun un cabello de
la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.

 35 Y habiendo dicho esto, tomando el pan, hizo gracias á Dios en presencia
de todos: y partiendo, comenzó á comer.

 36 Entónces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos tambien.

 37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis.

 38 Y satisfechos de comida, aliviaban la nave, echando el grano á la mar.

 39 Y como se hizo de dia, no conocian la tierra: mas veian un golfo, que
tenia orilla, al cual acordaron echar, si pudiesen, la nave.

 40 Cortando pues las anclas, las dejaron en la mar, largando tambien las
ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, íbanse á la
orilla.

 41 Mas dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa
hincada, estaba sin moverse, y la popa se abria con la fuerza de la mar.

 42 Entónces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos, porque
ninguno se fugase nadando.

 43 Mas el centurion, queriendo salvar á Pablo, estorbó este acuerdo, y mandó
que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen á tierra:

 44 Y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció
que todos se salvaron [saliendo] á tierra.



CAPITULO 28.

 1 Y CUANDO escapamos, entónces supimos que la isla se llamaba Melita.

 2 Y los bárbaros nos mostraron no poca humanidad; porque, encendido un
fuego, nos recibieron á todos, á causa de la lluvia que venia, y del frio.

 3 Entónces habiendo Pablo recogido algunos sarmientos, y puésto[los] en el
fuego, una víbora huyendo del calor, le acometió á la mano.

 4 Y como los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, decian los unos
á los otros: Ciertamente este hombre es homicida, á quien, escapado de la
mar, la justicia no deja vivir.

 5 Mas él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningun mal padeció.

 6 Empero ellos estaban esperando cuando se habia de hinchar, ó caer muerto
de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningun mal le venia,
mudados, decian que era un dios.

 7 En aquellos lugares habia heredades del principal de la isla, llamado
Publio, el cual nos recibió, y hospedó tres dias humanamente.

 8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de
cámaras; al cual Pablo entró [á ver,] y despues de haber orado, le puso las
manos encima, y le sanó.

 9 Y esto hecho, tambien los otros que en la isla tenian enfermedades,
llegaban, y eran sanados:

 10 los cuales tambien nos honraron con muchos obsequios; y cuando partimos
nos cargaron de las cosas necesarias.

 11 Así que, pasados tres meses, navegamos en una nave Alejandrina, que habia
invernado en la isla, la cual tenia por enseña á Castor y Polux.

 12 Y llegados á Siracusa, estuvimos [allí] tres dias.

 13 De allí costeando alrededor, vinimos á Regio; y otro dia despues soplando
el austro vinimos al segundo dia á Puteolos;

 14 Donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que quedásemos con ellos
siete dias, y luego vinimos á Roma,

 15 De donde, oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron á recibir hasta
la plaza de Apio, y las Tres Tabernas: á los cuales como Pablo vió, dió
gracias á Dios, y tomó aliento.

 16 Y como llegamos á Roma, el centurion entregó los presos al prefecto de
los ejércitos: mas á Pablo fué permitido estar por sí, con un soldado que le
guardase.

 17 Y aconteció que tres dias despues, Pablo convocó los principales de los
Judíos; á los cuales, luego que estuvieron juntos, les dijo: Yo, varones
hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni los ritos de la patria,
he sido entregado preso desde Jerusalem en manos de los Romanos;

 18 Los cuales, habiéndome examinado, me querian soltar, por no haber en mí
ninguna causa de muerte.

 19 Mas contradiciendo los Judíos, fuí forzado á apelar á César; no que tenga
de qué acusar á mi nacion.

 20 Así que, por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por
la esperanza de Israel estoy rodeado de esta cadena.

 21 Entónces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas tocante á tí
de Judéa, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado ó hablado
algun mal de tí.

 22 Mas queriamos oir de tí lo que sientes; porque de esta secta notorio nos
es que en todos lugares es contradicha.

 23 Y habiéndole señalado un dia, vinieron á él muchos á la posada, á los
cuales declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadiéndoles lo
concerniente á Jesus por la ley de Moisés, y por los profetas, desde la
mañana hasta la tarde.

 24 Y algunos asentian á lo que se decia, mas algunos no creian.

 25 Y como fueron entre sí discordes, se fueron, diciendo Pablo esta palabra:
Bien ha hablado el Espíritu Santo por el profeta Isaías á nuestros padres,

 26 Diciendo: Vé á este pueblo, y dí[les:] De oido oiréis, y no entenderéis;
y viendo veréis, y no percibiréis:

 27 Porque el corazon de este pueblo se ha engrosado, y de los oidos oyeron
pesadamente, y sus ojos taparon; porque no vean con los ojos, y oigan con los
oidos, y entiendan de corazon, y se conviertan, y yo los sane.

 28 Séaos pues notorio que á los Gentiles es enviada esta salud de Dios; y
ellos oirán:

 29 Y habiendo dicho esto, los Judíos se salieron teniendo entre sí gran
contienda.

 30 Pablo empero quedó dos años enteros en su casa de alquiler; y recibia á
todos los que á él venian,

 31 Predicando el reino de Dios, y enseñando lo que es del Señor Jesu-Cristo,
con toda libertad, sin impedimento.



LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

ROMANOS.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, siervo de Jesu-Cristo, llamado apóstol, apartado para el Evangelio
de Dios,

 2 El cual habia ántes prometido por sus profetas en las santas escrituras,

 3 Acerca de su Hijo Jesu-Cristo Señor nuestro, que fué hecho de la simiente
de David segun la carne,

 4 El cual fué declarado Hijo de Dios con potencia, segun el Espíritu de
santidad, por la resurreccion de los muertos, de Jesu-Cristo Señor nuestro.

 5 Por el cual recibimos la gracia y el apostolado para la obediencia de la
fé en todas las naciones en su nombre,

 6 Entre las cuales sois tambien vosotros llamados de Jesu-Cristo:

 7 A todos los que estais en Roma, amados de Dios, llamados santos; Gracia y
paz tengais de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu-Cristo.

 8 Primeramente, doy gracias á mi Dios por Jesu-Cristo acerca de todos
vosotros, de que vuestra fé es predicada en todo el mundo.

 9 Porque testigo me es Dios, al cual sirvo en mi espíritu en el Evangelio de
su Hijo, que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones,

 10 Rogando, si al fin algun tiempo haya de tener por la voluntad de Dios
próspero viaje para ir á vosotros.

 11 Porque os deseo ver para repartir con vosotros algun don espiritual, para
confirmaros;

 12 Es á saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la comun fé
vuestra y juntamente mia.

 13 Mas no quiero, hermanos, que ignoreis, que muchas veces me he propuesto
ir á vosotros, (empero hasta ahora he sido estorbado), para tener tambien
entre vosotros algun fruto, como entre los demás Gentiles.

 14 A Griegos y á bárbaros, á sabios y á no sabios soy deudor.

 15 Así que, cuanto á mí, presto estoy á anunciar el Evangelio tambien á
vosotros que estais en Roma.

 16 Porque no me avergüenzo del Evangelio de Cristo, porque es potencia de
Dios para [dar] salud á todo aquel que cree; al Judío primeramente, y tambien
al Griego.

 17 Porque en él la justicia de Dios se descubre de fé en fé, como está
escrito: Mas el justo vivirá por la fé.

 18 Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad é
injusticia de los hombres que detienen la verdad con injusticia:

 19 Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se
[lo] manifestó:

 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se
echan de ver desde la creacion del mundo, siendo entendidas por las cosas que
son hechas; de modo que son inexcusables:

 21 Porque habiendo conocido á Dios, no le glorificaron como á Dios, ni
dieron gracias; ántes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazon
de ellos fué entenebrecido.

 22 Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos,

 23 Y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imágen de
hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro piés, y de serpientes.

 24 Por lo cual tambien Dios los entregó á inmundicia, en las concupiscencias
de sus corazones, de suerte que contaminaron sus cuerpos entre sí mismos:

 25 Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo á
las criaturas ántes que al Criador, el cual es bendito por siglos. Amen.

 26 Por esto Dios los entregó á afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres
mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza:

 27 Y del mismo modo, tambien los hombres, dejando el uso natural de las
mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros,
cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la
recompensa que convino á su extravío.

 28 Y como á ellos no les pareció tener á Dios en [su] noticia, Dios
[tambien] los entregó á una mente depravada, para hacer lo que no conviene,

 29 Estando atestados de toda iniquidad, de fornicacion, de malicia, de
avaricia, de maldad; llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de
engaños, de malignidades;

 30 Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios,
altivos, inventores de males, desobedientes á [sus] padres,

 31 Necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia:

 32 Que habiendo entendido el juicio de Dios, que los que hacen tales cosas
son dignos de muerte, no solo las hacen, mas aun consienten á los que las
hacen.



CAPITULO 2.

 1 POR lo cual eres inexcusable, oh hombre, cualquiera que juzgas: porque en
lo que juzgas á otro, te condenas á tí mismo; porque lo mismo haces tú que
juzgas [á los otros.]

 2 Mas sabemos que el juicio de Dios es segun verdad contra los que hacen
tales cosas.

 3 ¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas á los que hacen tales cosas, y
haces las mismas, que tú escaparás del juicio de Dios?

 4 ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia, y
longanimidad, ignorando que su benignidad te guia á arrepentimiento?

 5 Mas por tu dureza, y por tu corazon no arrepentido, atesoras para tí mismo
ira para el dia de la ira y de la manifestacion del justo juicio de Dios:

 6 El cual pagará á cada uno conforme á sus obras;

 7 A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra, é
inmortalidad, la vida eterna

 8 Mas á los que son contenciosos, y que no obedecen á la verdad, ántes
obedecen á la injusticia, enojo é ira.

 9 Tribulacion y angustia [será] sobre toda persona humana que obra lo malo,
el Judío primeramente, y tambien el Griego:

 10 Mas gloria, y honra, y paz á cualquiera que obra el bien; al Judío
primeramente, y tambien al Griego:

 11 Porque no hay acepcion de personas para con Dios.

 12 Porque todos los que sin ley pecaron, sin ley tambien perecerán; y todos
los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados;

 13 (Porque no los oidores de la ley [son] justos para con Dios, mas los
hacedores de la ley serán justificados.

 14 Porque los Gentiles que no tienen la ley, naturalmente haciendo lo que es
de la ley, los tales, aunque no tengan la ley, ellos son ley á sí mismos:

 15 Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio
juntamente sus conciencias, y acusándose y tambien excusándose sus
pensamientos unos con otros;)

 16 En el dia que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme á
mi Evangelio, por Jesu-Cristo.

 17 Hé aquí, tú tienes el sobrenombre de Judío, y estás reposado en la ley, y
te glorías en Dios,

 18 Y sabes [su] voluntad, y apruebas lo mejor, instruido por la ley;

 19 Y confias que eres guia de los ciegos, luz de los que [están] en
tinieblas,

 20 Enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma de
la ciencia y de la verdad en la ley.

 21 Tú, pues, que enseñas á otro, ¿no te enseñas á tí mismo? Tú, que predicas
que no se ha de hurtar, ¿hurtas?

 22 Tú, que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú, que abominas los
ídolos, ¿cometes sacrilegio?

 23 Tú, que te jactas de la ley, ¿con infraccion de la ley deshonras á Dios?

 24 Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los
Gentiles, como está escrito.

 25 La circuncision en verdad aprovecha, si guardares la ley, mas si eres
rebelde á la ley, tu circuncision es hecha incircuncision.

 26 De manera que si el incircunciso guardare las justicias de la ley, ¿no
será tenida su incircuncision por circuncision?

 27 Y lo que de su natural es incircunciso, guardando perfectamente la ley te
juzgará á tí, que con la letra y con la circuncision eres rebelde á la ley.

 28 Porque no es Judío el que [lo es] en manifiesto; ni la circuncision [es
la] que es en manifiesto, en la carne:

 29 Mas [es] Judío el que [lo es] en lo interior; y la circuncision [es la]
del corazon, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no [viene] de los
hombres, sino de Dios.



CAPITULO 3.

 1 ¿QUÉ, pues, tiene mas el Judío? ¿ó qué aprovecha la circuncision?

 2 Mucho en todas maneras: Lo primero ciertamente, Que la palabra de Dios les
ha sido confiada.

 3 Porque ¿qué si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿La incredulidad de
ellos habrá [por eso] hecho vana la verdad de Dios?

 4 En ninguna manera, ántes bien sea Dios verdadero, mas todo hombre
mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus dichos, y
venzas cuando de tí se juzgare.

 5 Y si nuestra iniquidad encarece la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será
[por eso] injusto Dios que da castigo? (hablo como hombre.)

 6 En ninguna manera: de otra suerte cómo juzgaria Dios al mundo?

 7 Empero si la verdad de Dios, por mi mentira, creció á gloria suya, ¿por
qué aun así yo soy juzgado como pecador?

 8 ¿Y [por qué] no [decir,] (como somos blasfemados, y como algunos dicen que
nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes, la condenacion

de los cuales es justo?

 9 ¿Qué pues? ¿somos mejores [que ellos?] En ninguna manera: porque ya hemos
acusado á Judíos y á Gentiles, que todos están debajo de pecado.

 10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;

 11 No hay quien entienda, no hay quien busque á Dios.

 12 Todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles: no hay quien haga lo
bueno; no hay ni aun uno.

 13 Sepulcro abierto [es] su garganta; con sus lenguas tratan engañosamente;
veneno de áspides [está] debajo de sus labios;

 14 Cuya boca está llena de maledicencia, y de amargura:

 15 Sus piés [son] ligeros á derramar sangre.

 16 Quebrantamiento y desventura [hay]

 en sus caminos:

 17 Y camino de paz no conocieron.

 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.

 19 Empero sabemos que todo lo que la ley dice, á los que están en la ley
[lo] dice; para que toda boca se tape, y que todo el mundo se sujete á Dios:

 20 Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de
él; porque por la ley [es] el conocimiento del pecado.

 21 Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada
por la ley y por los profetas.

 22 La justicia, [digo,] de Dios, por la fé de Jesu-Cristo, para todos y
sobre todos los que creen en él; porque no hay diferencia:

 23 Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios;

 24 Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redencion que es
en Cristo Jesus:

 25 Al cual Dios ha propuesto en propiciacion por la fé en su sangre, para
manifestacion de su justicia, atento á haber pasado por alto, en su
paciencia, los pecados pasados,

 26 Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él [solo]
sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesus.

 27 ¿Dónde, pues, [está] la jactancia? Es excluida: ¿Por cuál ley? ¿De las
obras? No: mas por la ley de la fé.

 28 Así que, concluimos ser el hombre justificado por fé sin las obras de la
ley.

 29 [¿Es Dios] solamente Dios de los Judíos? ¿No [es] tambien [Dios] de los
Gentiles? Cierto, tambien de los Gentiles.

 30 Porque un Dios [es de todos,] el cual justificará por la fé la
circuncision, y por medio de la fé la incircuncision.

 31 ¿Luego deshacemos la ley por la fé? En ninguna manera; ántes establecemos
la ley.



CAPITULO 4.

 1 ¿QUÉ, pues, dirémos que halló Abraham nuestro padre segun la carne?

 2 Que si Abraham fué justificado por las obras, tiene de qué gloriarse; mas
no para con Dios.

 3 Porque, ¿qué dice la escritura? Y creyó Abraham á Dios, y le fué atribuido
á justicia.

 4 Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda.

 5 Mas al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, la fé le es
contada por justicia.

 6 Como tambien David dice ser bienaventurado el hombre al cual Dios atribuye
justicia sin obras,

 7 [Diciendo:] Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y
cuyos pecados son cubiertos.

 8 Bienaventurado el varon al cual el Señor no imputó pecado.

 9 ¿[Es] pues esta bienaventuranza [solamente] en la circuncision, ó tambien
en la incircuncision? porque decimos que á Abraham fué contada la fé por
justicia.

 10 ¿Cómo pues [le] fué contada? ¿en la circuncision, ó en la incircuncision?
no en la circuncision, sino en la incircuncision.

 11 Y recibió la circuncision por señal, por sello de la justicia de la fé
que [tuvo] en la incircuncision, para que fuese padre de todos los creyentes
no circuncidados, para que tambien á ellos les sea contado por justicia;

 12 Y padre de la circuncision, no solamente á los que son de la circuncision
mas tambien á los que siguen las pisadas de la fé que fué en nuestro padre
Abraham ántes de ser circuncidado.

 13 Porque no por la ley [fué dada] la promesa á Abraham, ó á su simiente,
que seria heredero del mundo; sino por la justicia de la fé.

 14 Porque si los que [son] de la ley, son los herederos, vana es la fé, y
anulada es la promesa.

 15 Porque la ley obra ira: porque donde no hay ley, tampoco [hay]
transgresion.

 16 Por tanto [es] por la fé, para que [sea] por gracia; para que la promesa
sea firme á toda simiente, [es á saber,] no solamente al que [es] de la ley,
mas tambien al que [es] de la fé de Abraham, el cual es padre de todos
nosotros,

 17 (Como está escrito: Que por padre de muchas gentes te he puesto,) delante
de Dios al cual creyó; el cual da vida á los muertos, y llama las cosas que
no son, como las que son.

 18 El creyó, en esperanza contra esperanza, para venir á ser padre de muchas
gentes, conforme á lo que [le] habia sido dicho: Así será tu simiente.

 19 Y no se enflaqueció en la fé, ni consideró su cuerpo ya muerto, (siendo
ya de casi cien años) ni la matriz muerta de Sara.

 20 Tampoco en la promesa de Dios dudó con desconfianza; ántes fué esforzado
en fé, dando gloria á Dios,

 21 Plenamente convencido de que todo lo que habia prometido, era tambien
poderoso para hacerlo.

 22 Por lo cual tambien le fué atribuido á justicia.

 23 Y no solamente por él fué escrito que le haya sido [así] imputado;

 24 Sino tambien por nosotros á quienes será imputado, [esto es,] á los que
creemos en el que levantó de los muertos á Jesus Señor nuestro:

 25 El cual fué entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra
justificacion,



CAPITULO 5.

 1 JUSTIFICADOS pues por la fé, tenemos paz para con Dios por medio de
nuestro Señor Jesu-Cristo:

 2 Por el cual tambien tenemos entrada por la fé á esta gracia en la cual
estamos [firmes,] y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

 3 Y no solo [esto,] mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que
la tribulacion produce paciencia;

 4 Y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.

 5 Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en
nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.

 6 Porque Cristo, cuando aun éramos flacos, á su tiempo murió por los impíos.

 7 Ciertamente apenas muere alguno por un justo: con todo podrá ser que
alguno osara morir por el bueno.

 8 Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aun
pecadores, Cristo murió por nosotros:

 9 Luego mucho mas ahora, justificados en su sangre, por él serémos salvos de
la ira.

 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de
su Hijo, mucho más, estando reconciliados, serémos salvos por su vida.

 11 Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro, Jesu-
Cristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliacion.

 12 De consiguiente [vino la reconciliacion por uno,] así como el pecado
entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así
pasó á todos los hombres, pues que todos pecaron.

 13 Porque hasta la ley el pecado estaba en el mundo; pero no se imputaba el
pecado no habiendo ley.

 14 No obstante reinó la muerte desde Adam hasta Moisés aun en los que no
pecaron á la manera de la rebelion de Adam; el cual es figura del que habia
de venir.

 15 Mas no como el delito, tal fué el don: porque si por el delito de aquel
uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios á los muchos, y
el don por la gracia de un hombre Jesu-Cristo.

 16 Ni tampoco de la manera que por un pecado, así tambien el don: porque el
juicio á la verdad [vino] de un [pecado] para condenacion, mas la gracia
[vino] de muchos delitos para justificacion.

 17 Porque si por un delito reinó la muerte por uno, mucho más reinarán en
vida por un Jesu-Cristo los que reciben la abundancia de la gracia, y del don
de la justicia.

 18 Así que, de la manera que por un delito [vino la culpa] á todos los
hombres para condenacion, así por una justicia [vino la gracia] á todos los
hombres para justificacion de vida.

 19 Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron
constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán
constituidos justos.

 20 La ley empero entró para que el pecado creciese; mas cuando el pecado
creció, sobrepujó la gracia:

 21 Para que de la manera que el pecado reinó para muerte, así tambien la
gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesu-Cristo Señor nuestro.



CAPITULO 6.

 1 PUES qué dirémos? ¿Perseverarémos en pecado para que la gracia crezca?

 2 En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿como vivirémos
aun en el?

 3 ¿O no sabeis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesus, somos
bautizados en su muerte?

 4 Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo para
que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así tambien
nosotros andemos en novedad de vida.

 5 Porque si fuimos plantados juntamente [en él] á la semejanza de su muerte,
así tambien [lo] serémos [á la] de su resurreccion:

 6 Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fué crucificado con
[él,] para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin que no sirvamos más
al pecado.

 7 Porque el que es muerto, justificado es del pecado.

 8 Y si morimos con Cristo, creemos que tambien vivirémos con él:

 9 Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no
muere; la muerte no se enseñoreará más de él.

 10 Porque el haber muerto, al pecado murió una vez; mas el vivir, á Dios
vive.

 11 Así tambien vosotros, pensad que de cierto estais muertos al pecado mas
vivos á Dios en Cristo Jesus, Señor nuestro.

 12 No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, para obedecerle en sus
concupiscencias.

 13 Ni tampoco presenteis vuestros miembros al pecado por instrumentos de
iniquidad: ántes presentáos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros
miembros á Dios por instrumentos de justicia.

 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estais bajo la
ley, sino bajo la gracia.

 15 ¿Pues qué? ¿Pecarémos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la
gracia? En ninguna

manera.

 16 ¿No sabeis que á quien os prestais vosotros mismos por siervos para
obedecer[le,] sois siervos de aquel á quien obedeceis, ó del pecado para
muerte, ó de la obediencia para justicia?

 17 Empero gracias á Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habeis
obedecido de corazon aquella forma de doctrina á la cual sois entregados;

 18 Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia.

 19 Humana cosa digo por la flaqueza de vuestra carne: Que como para
iniquidad presentasteis vuestros miembros á servir á la inmundicia y á la
iniquidad, así ahora para santidad presenteis vuestros miembros á servir á la
justicia.

 20 Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la
justicia.

 21 ¿Qué fruto pues teniais de aquellas cosas, de las cuales ahora os
avergonzais? porque el fin de ellas [es] muerte.

 22 Mas ahora librados del pecado, y hechos siervos á Dios, teneis por
vuestro fruto la santificacion, y por fin la vida eterna.

 23 Porque la paga del pecado [es] muerte; mas la dádiva de Dios [es] vida
eterna en Cristo Jesus, Señor nuestro.



CAPITULO 7.

 1 ¿IGNORAIS, hermanos, (porque hablo con los que saben la ley), que la ley
[solamente] se enseñorea del hombre entre tanto que vive?

 2 Porque la mujer que está sujeta á marido, mientras el marido vive esta
obligada á la ley; mas muerto el marido, libre es de la ley del marido.

 3 Así que, viviendo el marido, se llamará adultera, si fuere de otro varon;
mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no será
adúltera si fuere de otro marido.

 4 Así tambien vosotros, hermanos mios, estais muertos á la ley por el cuerpo
de Cristo, para que seais de otro [á saber,] del que resucitó de los muertos,
á fin de que fructifiquemos á Dios:

 5 Porque mientras estábamos en la carne, los afectos de los pecados que eran
por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte.

 6 Mas ahora estamos libres de la ley habiendo muerto [aquella] en la cual
estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez
de letra.

 7 ¿Qué pues diremos? ¿La ley [es] pecado? En ninguna manera. Empero yo no
conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la concupiscencia,
si la ley no dijera: No codiciarás.

 8 Entónces el pecado, tomando ocasion, obró en mí por el mandamiento toda
concupiscencia: porque sin la ley el pecado [estaba] muerto.

 9 Así que, yo sin la ley vivia por algun tiempo: mas venido el mandamiento,
el pecado revivió, y yo morí.

 10 Y hallé que el mandamiento [intimado] para vida, [para mí] era mortal.

 11 Porque el pecado, tomando ocasion, me engañó por el mandamiento, y por él
[me] mató,

 12 De manera que la ley á la verdad [es] santa, y el mandamiento santo, y
justo, y bueno.

 13 ¿Luego lo que es bueno, á mí me es hecho muerte? No, sino que el pecado
para mostrarse pecado, por lo bueno me obró la muerte, haciendose pecado
sobremanera pecante por el mandamiento.

 14 Porque [ya] sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido
sujecion del pecado.

 15 Porque lo que hago, no [lo] entiendo; ni el [bien] que quiero hago; ántes
lo que aborrezco, aquello hago.

 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley [es] buena:

 17 De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí.

 18 Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne), no mora el bien: porque
tengo el querer: mas efectuar el bien, no lo alcanzo.

 19 Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, este hago.

 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en
mí.

 21 Así que queriendo yo hacer el bien, hallo [esta] ley, Que el mal está en
mí.

 22 Porque segun el hombre interior me deleito en la ley de Dios;

 23 Mas veo otra ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi
espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis
miembros.

 24 ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?

 25 Gracias doy á Dios, por Jesu-Cristo Señor nuestro. Así que yo mismo con
la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado.



CAPITULO 8.

 1 AHORA pues ninguna condenacion [hay] para los que están en Cristo Jesus,
los que no andan conforme á la carne, mas conforme al Espíritu.

 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesus me ha librado de la ley
del pecado y de la muerte.

 3 Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil por la carne,
Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de pecado, y á causa del
pecado, condenó al pecado en la carne;

 4 Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos
conforme á la carne, mas conforme al Espíritu.

 5 Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne
se ocupan; mas los que conforme al Espíritu, de las cosas del Espíritu.

 6 Porque la intencion de la carne [es] muerte; mas la intencion del
Espíritu, vida y paz.

 7 Por cuanto la intencion de la carne [es] enemistad contra Dios; porque no
se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede.

 8 Así que, los que están en la carne, no pueden agradar á Dios.

 9 Mas vosotros no estais en la carne, sino en el Espíritu; si es que el
Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de
Cristo, el tal no es de él.

 10 Empero si Cristo [está] en vosotros, el cuerpo á la verdad [está] muerto
á causa del pecado; mas el Espíritu vive á causa de la justicia.

 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesus, mora en
vosotros, el que levantó á Cristo de los muertos, vivificará tambien vuestros
cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

 12 Así que, hermanos, deudores somos, no á la carne, para que vivamos
conforme á la carne.

 13 Porque si viviereis conforme á la carne, moriréis; mas si por el Espíritu
mortificareis las obras de la carne, viviréis.

 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son
hijos de Dios.

 15 Porque no habeis recibido el espíritu de servidumbre para [estar] otra
vez en temor; mas habeis recibido el Espíritu de adopcion, por el cual
clamamos Abba. Padre.

 16 Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos
de Dios.

 17 Y si hijos, tambien herederos, herederos de Dios, y coherederos de
Cristo: si empero padecemos juntamente [con él,] para que juntamente [con él]
seamos glorificados.

 18 Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de
comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.

 19 Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestacion de
los hijos de Dios:

 20 Porque las criaturas sujetas fueron á vanidad, no de grado, mas por causa
del que [las] sujetó con esperanza,

 21 Que tambien las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de
corrupcion en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

 22 Porque [ya] sabemos, que todas las criaturas gimen á una, y á una están
de parto hasta ahora.

 23 Y no solo [ellas,] mas tambien nosotros mismos que tenemos las primicias
del Espíritu, nosotros tambien gemimos dentro de nosotros mismos, esperando
la adopcion, [es á saber,] la redencion de nuestro cuerpo.

 24 Porque en esperanza somos salvos: mas la esperanza que se ve, no es
esperanza; porque lo que alguno ve, ¿á que esperarlo?

 25 Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos.

 26 Y asimismo tambien el Espíritu ayuda nuestra flaqueza; porque que hemos
de pedir como conviene, no [lo] sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por
nosotros con gemidos indecibles.

 27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es el intento del Espíritu,
[es á saber,] que conforme á Dios demanda por los santos.

 28 Y [ya] sabemos, que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á
bien, [es á saber,] á los que conforme al propósito son llamados.

 29 Porque á los que ántes conoció, tambien predestinó para que fuesen hechos
conformes á la imágen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos
hermanos.

 30 Y á los que predestinó, á estos tambien llamó y á los que llamó, á estos
tambien justificó; y á los que justificó, á estos tambien glorificó.

 31 ¿Pues qué diremos á esto? Si Dios [es] por nosotros, ¿quien [será] contra
nosotros?

 32 El que aun á su propio Hijo no perdonó, ántes le entregó por todos
nosotros, ¿cómo no nos dará tambien con él todas las cosas?

 33 ¿Quién acusará á los escogidos de Dios? Dios [es] el que [los] justifica.

 34 ¿Quién es el que [los] condenará? Cristo [es] el que murió; más aun, el
que tambien resucitó, quien además está á la diestra de Dios, el que tambien
intercede por nosotros.

 35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? Tribulacion? ó angustia? ó
persecucion? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo?

 36 (Como está escrito: Por causa de tí somos muertos todo el tiempo: somos
estimados como ovejas de matadero.)

 37 Antes en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que
nos amó.

 38 Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir,

 39 Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de
Dios, que es en Cristo Jesus, Señor nuestro.



CAPITULO 9.

 1 VERDAD digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el
Espíritu Santo,

 2 Que tengo gran tristeza, y continuo dolor en mi corazon.

 3 Porque deseara yo mismo ser apartado de Cristo por mis hermanos, los que
son mis parientes segun la carne:

 4 Que son Israelitas, de los cuales es la adopcion, y la gloria, y el pacto,
y la data de la ley, y el culto, y las promesas;

 5 Cuyos [son] los padres, y de los cuales es Cristo segun la carne, el cual
es Dios sobre todas las cosas, bendito por siglos. Amen.

 6 No empero que la palabra de Dios haya faltado: porque no todos los que
[son] de Israel son Israelitas;

 7 Ni por ser simiente de Abraham, [son] todos hijos; mas: En Isaac te será
llamada simiente.

 8 Quiere decir: No los que [son] hijos de la carne, estos [son] los hijos de
Dios: mas los que [son] hijos de la promesa, [estos] son contados en la
generacion.

 9 Porque la palabra de la promesa es esta: Como en este tiempo vendré, y
tendrá Sara un hijo.

 10 Y no solo [esto,] mas tambien Rebeca concibiendo de uno, de Isaac nuestro
padre;

 11 (Porque no siendo aun nacidos, ni habiendo hecho aun ni bien ni mal, para
que el propósito de Dios conforme á la eleccion, no por las obras, sino por
el que llama, permaneciese;)

 12 Le fué dicho que el mayor serviria al menor:

 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas á Esaú aborrecí.

 14 ¿Pues qué diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.

 15 Mas á Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me
compadeceré del que me compadeceré.

 16 Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia.

 17 Porque la escritura dice de Pharaon: Que para esto mismo te he levantado
[es á saber,] para mostrar en tí mi potencia, y que mi nombre sea anunciado
por toda la tierra.

 18 De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere
endurece.

 19 Me dirás pues: ¿Por qué pues se enoja? porque ¿quién resistirá á su
voluntad?

 20 Mas ántes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá
el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal?

 21 O ¿no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para
honra, y otro para vergüenza?

 22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia,
soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira, preparados para muerte:

 23 Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, [mostrólas] para con los
vasos de misericordia que él ha preparado para gloria;

 24 Los cuales tambien ha llamado, [es á saber,] á nosotros, no solo de los
Judíos, mas tambien de los Gentiles?

 25 Como tambien en Oséas dice: Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mio;
y á la no amada, amada.

 26 Y será, que en el lugar donde les fué dicho: Vosotros no [sois] pueblo
mio, allí serán llamados hijos del Dios viviente.

 27 Tambien Isaías clama tocante á Israel: Si fuere el número de los hijos de
Israel como la arena de la mar, las reliquias serán salvas:

 28 Porque palabra consumadora y abreviadora en justicia: porque palabra
abreviada hará el Señor sobre la tierra.

 29 Y como ántes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera
dejado simiente, como Sodoma habríamos venido á ser, y á Gomorra fuéramos
semejantes.

 30 ¿Pues qué diremos? Que los Gentiles que no seguian justicia, han
alcanzado la justicia; es á saber, la justicia que es por la fé.

 31 Mas Israel que seguia la ley de justicia, no ha llegado á la ley de la
justicia.

 32 ¿Por qué? Porque no por fé, mas como por las obras de la ley: por lo cual
tropezaron en la piedra de tropiezo,

 33 Como está escrito: Hé aquí, pongo en Sion piedra de tropiezo, y piedra de
caida; y todo aquel que creyere en ella, no será avergonzado.



CAPITULO 10.

 1 HERMANOS, ciertamente la voluntad de mi corazon y [mi] oracion á Dios
sobre Israel, es para salud.

 2 Porque yo les doy testimonio que tienen zelo de Dios, mas no conforme á
ciencia.

 3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya
propia, no se han sujetado á la justicia de Dios.

 4 Porque el fin de la ley [es] Cristo, para justicia á todo aquel que cree.

 5 Porque Moisés describe la justicia que es por la ley; Que el hombre que
hiciere estas cosas, vivirá por ellas.

 6 Mas [de] la justicia que es por la fé dice así: No digas en tu corazon:
¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo á Cristo.)

 7 O ¿Quién descenderá al abismo? (esto es, para volver á traer á Cristo de
los muertos.)

 8 Mas ¿qué dice? Cercana está la palabra, en tu boca, y en tu corazon. Esta
es la palabra de fé, la cual predicamos;

 9 Que si confesares con tu boca al Señor Jesus, y creyeres en tu corazon que
Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

 10 Porque con el corazon se cree para justicia; mas con la boca se hace
confesion para salud.

 11 Porque la escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será
avergonzado.

 12 Porque no hay diferencia de Judío y de Griego: porque el mismo [que es]
Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan.

 13 Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.

 14 ¿Cómo pues invocaran á aquel en el cual no han creido? Y ¿cómo creerán [á
aquel] de quien no han oido? Y ¿cómo oirán sin [haber] quien [les] predique?

 15 Y ¿cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán
hermosos [son] los piés de los que anuncian el Evangelio de la paz, de los
que anuncian el Evangelio de los bienes!

 16 Mas no todos obedecen al Evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha
creido á nuestro anuncio?

 17 Luego la fé es por el oir; y el oir por la palabra de Dios.

 18 Mas digo [yo:] ¿No han oido? Antes bien por toda la tierra ha salido la
fama de ellos, y hasta los cabos de la redondez de la tierra las palabras de
ellos.

 19 Mas digo: ¿No ha conocido [esto] Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os
provocaré á zelos con gente que no es [mia;] con gente insensata os provocaré
á ira.

 20 E Isaías determinadamente dice: Fuí hallado de los que no me buscaban;
manifestéme á los que no preguntaban por mí.

 21 Mas acerca de Israel dice: Todo el dia extendí mis manos á un pueblo
rebelde y contradictor.



CAPITULO 11.

 1 DIGO pues: ¿Ha desechado Dios á su pueblo? En ninguna manera. Porque
tambien yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamin.

 2 No ha desechado Dios á su pueblo al cual ántes conoció. O ¿no sabeis que
dice de Elías la escritura? como hablando con Dios [dice] contra Israel:

 3 Señor, á tus profetas han muerto y tus altares han derruido; y yo he
quedado solo, y procuran matarme.

 4 Mas ¿qué le dice la divina respuesta? He dejado para mí siete mil hombres
que no han doblado la rodilla delante de Baal.

 5 Así tambien aun en este tiempo han quedado reliquias por la eleccion
graciosa [de Dios.]

 6 Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es
gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es
obra.

 7 ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel aquello no ha alcanzado; mas la eleccion
lo ha alcanzado: y los demás fueron endurecidos,

 8 Como esta escrito: Dióles Dios espíritu de remordimiento, ojos con que no
y vean, y oidos con que no oigan, hasta el dia de hoy.

 9 Y David dice: Séales vuelta su mesa en lazo, y en red, y en tropezadero, y
en paga:

 10 Sus ojos sean oscurecidos para que no vean, y agóbiales siempre el
espinazo.

 11 Digo pues: ¿Han tropezado que cayesen [para siempre?] En ninguna manera;
mas por el tropiezo de ellos [vino] la salud á los Gentiles, para que [por
estos] fuesen provocados á zelos.

 12 Y si la falta de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos
la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más [lo será] el henchimiento de ellos,

 13 Porque á vosotros digo, Gentiles: por cuanto pues yo soy apóstol de los
Gentiles, mi ministerio honro,

 14 [Por] si en alguna manera provocase á zelos á mi carne, é hiciese salvos
algunos de ellos.

 15 Porque si el extrañamiento de ellos [es] la reconciliacion del mundo,
¿qué [será] el recibimiento [de ellos,] sino vida de los muertos,

 16 Y si el primer fruto [es] santo, tambien [lo será] el todo; y si la raiz
[es] santa, tambien [lo serán] las ramas.

 17 Que si algunas de las ramas fueron quebradas y tú, siendo acebuche, has
sido ingerido en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raiz y
de la grosura de la oliva,

 18 No te jactes contra las ramas; y si te jactas, [sabe que] no sustentas tú
á la raiz, sino la raiz á tí.

 19 Pues las ramas, dirás, fueron quebradas, para que yo fuese ingerido.

 20 Bien; por [su] incredulidad fueron quebradas, mas tú por la fe estás en
pié. No te ensoberbezcas, ántes teme,

 21 Que si Dios no perdonó á las ramas naturales, á tí [tampoco] no perdone.

 22 Mira pues la bondad, y la severidad de Dios: la severidad ciertamente en
los que cayeron, mas la bondad para contigo, si permanecieres en la bondad,
pues [de otra manera] tú tambien serás cortado.

 23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán ingeridos; que
poderoso es Dios para volverlos á ingerir.

 24 Porque si tú eres cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste
ingerido en la buena oliva, ¿cuánto más estos que son las [ramas] naturales,
serán ingeridos en su oliva,

 25 Porque no quiero, hermanos, que ignoreis este misterio, para que no seais
acerca de vosotros mismos arrogantes; [y es,] que el endurecimiento en parte
ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles.

 26 Y luego todo Israel será salvo como está escrito: Vendrá de Sion el
Libertador, que quitará de Jacob la impiedad:

 27 Y este [será] mi pacto á ellos, cuando quitare sus pecados.

 28 Así que, cuanto al Evangelio, [son] enemigos por causa de vosotros: mas
cuanto á la eleccion, [son] muy amados por causa de los padres.

 29 Porque sin arrepentimiento [son] las mercedes y la vocacion de Dios.

 30 Porque como tambien vosotros en algun tiempo no creisteis á Dios, mas
ahora habeis alcanzado misericordia por [ocasion de] la incredulidad de
ellos;

 31 Así tambien estos ahora no han creido, para que, por [ocasion de] la
misericordia para con vosotros, ellos tambien alcancen misericordia.

 32 Porque Dios encerró á todos en incredulidad, para tener misericordia de
todos.

 33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuan incomprensibles [son] sus juicios é inescrutables sus caminos!

 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor, ó ¿quién fué su consejero?

 35 O ¿quién le dió á él primero, para que le sea pagado?

 36 Porque de él, y por él, y en él, [son] todas las cosas. A él [sea] gloria
por siglos. Amen.



CAPITULO 12.

 1 ASÍ que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presenteis
vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, [que es]
vuestro racional culto.

 2 Y no os conformeis á este siglo; mas reformáos por la renovacion de
vuestro entendimiento, para que experimenteis cual [sea] la buena voluntad de
Dios, agradable y perfecta.

 3 Digo pues, por la gracia que me es dada, á cada cual que está entre
vosotros, que no tenga más alto concepto [de sí] que el que debe tener, sino
que piense [de sí] con templanza, conforme á la medida de fé que Dios
repartió á cada uno.

 4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos
los miembros no tienen la misma operacion,

 5 Así muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos, miembros los unos de los
otros.

 6 De manera que teniendo diferentes dones segun la gracia que nos es dada si
[el de] profecía, [úsese] conforme á la medida de la fé;

 7 O si ministerio, en servir; ó el que enseña, en doctrina;

 8 El que exhorta, en exhortar; el que reparte, [hágalo] en simplicidad; el
que preside, con solicitud, el que hace misericordia, con alegría.

 9 El amor sea sin fingimiento, aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno:

 10 Amándoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con
honra los unos á los otros;

 11 En el cuidado no perezosos, ardientes en espíritu, sirviendo al Señor;

 12 Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulacion; constantes en la
oracion;

 13 Comunicando á las necesidades de los santos; siguiendo la hospitalidad.

 14 Bendecid á los que os persiguen: bendecid, y no maldigais.

 15 Gozáos con los que se gozan, llorad con los que lloran.

 16 Unánimes entre vosotros: no altivos; mas acomodándoos á los humildes. No
seais sabios en vuestra opinion.

 17 No pagueis á nadie mal por mal: procurad lo bueno delante de todos los
hombres.

 18 Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los
hombres.

 19 No os vengueis vosotros mismos amados [mios;] ántes dad lugar á la ira
porque escrito está: Mia es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dále de comer, si tuviere sed,
dále de beber; que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.

 21 No seas vencido de lo malo, mas vence con el bien el mal.



CAPITULO 13.

 1 TODA alma se someta á las potestades superiores; porque no hay potestad
sino de Dios; y las que son de Dios son ordenadas.

 2 Así que, el que se opone á la potestad, á la ordenacion de Dios resiste; y
los que resisten, él os mismos ganan condenacion para sí.

 3 Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo.
¿Quieres pues no temer la potestad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella:

 4 Porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme;
porque no en vano lleva el cuchillo, porque es ministro de Dios, vengador
para castigo al que hace lo malo.

 5 Por lo cual es necesario que [le] esteis sujetos, no solamente por la ira,
mas aun por la conciencia.

 6 Porque por esto [les] pagais tambien los tributos; porque son ministros de
Dios que sirven á esto mismo.

 7 Pagad á todos lo que debeis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho,
al que temor, temor; al que honra, honra.

 8 No debais á nadie nada, sino amaros unos á otros: porque el que ama al
prójimo, cumplió la ley.

 9 Porque: No adulterarás; no matarás; no hartarás; no dirás falso
testimonio; no codiciarás: y si [hay] algun otro mandamiento, en esta
sentencia se comprende sumariamente: Amarás á tu prójimo como á tí mismo.

 10 La caridad no hace mal al prójimo: así que, el cumplimiento de la ley
[es] la caridad.

 11 Y esto, conociendo el tiempo, que [es] ya hora de levantarnos del sueño;
porque ahora nos está mas cerca nuestra salud que cuando creimos.

 12 La noche ha pasado, y ha llegado el dia: echemos pues las obras de las
tinieblas, y vistámonos las armas de luz.

 13 Andemos, como de dia, honestamente: no en glotonerías, y borracheras; no
en lechos y disoluciones; no en pendencias y envidia;

 14 Mas vestíos del Señor Jesu-Cristo, y no hagais caso de la carne en [sus]
deseos.



CAPITULO 14.

 1 RECIBID al flaco en la fé, [y] no para contiendas de disputas.

 2 Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro [que es] débil,
come legumbres.

 3 El que come, no menosprecie al que no come: y el que no come, no juzgue al
que come; porque Dios le ha levantado.

 4 ¿Tú, quién eres, que juzgas el siervo ajeno? para su señor está en pié, ó
cae: mas se afirmará, que poderoso es el Señor para afirmarle.

 5 Uno hace diferencia entre dia y dia; otro juzga [iguales] todos los dias.
Cada uno esté asegurado en su ánimo.

 6 El que hace caso del dia, háce[lo] para el Señor; y el que no hace caso
del dia, no lo hace [asimismo] para el Señor. El que come, come para el
Señor, porque da gracias á Dios: y el que no come, no come para el Señor, y
da gracias á Dios.

 7 Porque ninguno de nosotros vive para sí; y ninguno muere para sí.

 8 Que si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor
morimos. Así que, ó que vivamos, ó que muramos, del Señor somos.

 9 Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser
Señor así de los muertos como de los que viven.

 10 Mas tú ¿por qué juzgas á tu hermano? O tú tambien ¿por qué menosprecias á
tu hermano? porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo.

 11 Porque escrito esta: Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará toda
rodilla, y toda lengua confesará á Dios.

 12 De manera que cada uno de nosotros dará á Dios razon de sí.

 13 Así que, no juzguemos más los unos de los otros; ántes bien juzgad de no
poner tropiezo ó escándalo al hermano.

 14 Yo sé, y confio en el Señor Jesus que de suyo nada [hay] inmundo: mas á
aquel que piensa alguna cosa ser inmunda, para él [es] inmunda.

 15 Empero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas
conforme á la caridad. No arruines con tu comida á aquel por el cual Cristo
murió.

 16 No sea pues blasfemado vuestro bien:

 17 Que el reino de Dios no es comida ni bebida; sino justicia, y paz, y gozo
por el Espíritu Santo.

 18 Porque el que en esto sirve á Cristo, agrada á Dios, y [es] acepto á los
hombres.

 19 Así que, sigamos lo que hace á la paz, y á la edificacion de los unos á
los otros.

 20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas á la
verdad [son] limpias: mas malo [es] al hombre que come con escándalo.

 21 Bueno [es] no comer carne, ni beber vino, ni [nada] en que tu hermano
tropiece ó se ofenda, ó sea debilitado.

 22 ¿Tienes tu fé? Ténla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que
no se condena á sí mismo con lo que aprueba.

 23 Mas el que hace diferencia, si comiere, es condenado, porque no [comió]
por fé: y todo lo que no [procede] de fé, es pecado.



CAPITULO 15.

 1 ASÍ que, los que somos más firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los
flacos, y no agradarnos á nosotros mismos.

 2 Cada uno de nosotros agrade á [su] prójimo en bien, á edificacion.

 3 Porque Cristo no se agradó á sí mismo; ántes bien, como está escrito: Los
vituperios de los que te vituperan, cayeron sobre mí.

 4 Porque las cosas que ántes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron
escritas; para que por la paciencia, y por la consolacion de las escrituras,
tengamos esperanza.

 5 Mas el Dios de la paciencia y de la consolacion os dé que entre vosotros
seais unánimes segun Cristo Jesus;

 6 Para que concordes, á una boca glorifiqueis al Dios y Padre de nuestro
Señor Jesu-Cristo.

 7 Por tanto sobre lleváos los unos á los otros, como tambien Cristo nos
sobrellevó para gloria de Dios.

 8 Digo pues: Que Cristo Jesus fué ministro de la circuncision, por la verdad
de Dios, para confirmar las promesas [hechas] á los padres.

 9 Empero que los Gentiles glorifiquen á Dios por la misericordia, como está
escrito: Por tanto yo te confesaré entre los Gentiles, y cantaré á tu nombre.

 10 Y otra vez dice: Alegráos, Gentiles, con su pueblo.

 11 Y otra vez: Alabad al Señor, todos los Gentiles, y magnificadle, todos
los pueblos.

 12 Y otra vez dice Isaías: Estará la raiz de Jessé, y el que se levantará á
regir los Gentiles; los Gentiles esperarán en él.

 13 Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo; para que
abundeis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo.

 14 Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos mios, que aun vosotros
mismos estais llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera
que podais amonestaros los unos á los otros.

 15 Mas os he escrito, hermanos, en parte resueltamente, como amonestándoos
por la gracia que de Dios me es dada,

 16 Para ser ministro de Jesu-Cristo á los Gentiles, ministrando el Evangelio
de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por
el Espíritu Santo.

 17 Tengo pues de qué gloriarme en Cristo Jesus en lo que mira á Dios.

 18 Porque no osaria hablar alguna cosa que Cristo no haya hecho por mí, para
la obediencia de los Gentiles, con la palabra y con las obras,

 19 Con potencia de milagros y prodigios en virtud del Espíritu de Dios: de
manera que desde Jerusalem, y por los alrededores hasta Ilyrico, he llenado
[todo] del Evangelio de Cristo.

 20 Y de esta manera me esforcé á predicar el Evangelio, no donde [ántes]
Cristo fuese nombrado, por no edificar sobre ajeno fundamento;

 21 Sino como está escrito: A los que no fué anunciado de él, verán: y los
que no oyeron, entenderán.

 22 Por lo cual aun he sido impedido muchas veces de venir á vosotros.

 23 Mas ahora no teniendo mas lugar en estas regiones, y deseando ir á
vosotros muchos años ha,

 24 Cuando partiere para España, iré á vosotros; porque espero que pasando os
veré, y que seré llevado de vosotros allá: si empero ántes hubiere gozado de
vosotros.

 25 Mas ahora parto para Jerusalem á ministrar á los santos.

 26 Porque Macedonia y Achaia tuvieron por bien hacer una colecta para los
pobres de los santos que están en Jerusalem.

 27 Porque les pareció bueno, y son deudores á ellos: porque si los Gentiles
han sido hechos participantes de sus [bienes] espirituales, deben tambien
[ellos] servirles en los carnales.

 28 Así que, cuando hubiere concluido esto, y les hubiere consignado este
fruto, pasaré por vosotros á España.

 29 Y sé que cuando llegue á vosotros, llegaré con abundancia de la bendicion
del Evangelio de Cristo.

 30 Ruégoos empero, hermanos, por el Señor nuestro Jesu-Cristo, y por la
caridad del Espíritu, que me ayudeis con oraciones por mí á Dios,

 31 Que sea librado de los rebeldes que están en Judéa, y que la ofrenda de
mi servicio á los santos en Jerusalem sea acepta;

 32 Para que con gozo llegue á vosotros por la voluntad de Dios, y que sea
recreado juntamente con vosotros.

 33 Y el Dios de paz [sea] con todos vosotros. Amen.



CAPITULO 16.

 1 ENCOMIÉNDOOS empero á Febe nuestra hermana, la cual es diaconisa de la
iglesia que está en Cenchreas:

 2 Que la recibais en el Señor, como es digno á los santos, y le ayudeis en
cualquiera cosa en que os hubiere menester: porque ella ha ayudado á muchos,
y á mí mismo.

 3 Saludad á Priscila y á Aquila, mis coadjutores en Cristo Jesus;

 4 (Que pusieron sus cuellos por mi vida: á los cuales no doy gracias yo
solo, mas aun todas las iglesias de los Gentiles.)

 5 Asimismo á la iglesia de su casa. Saludad á Epeneto, amado mio, que es las
primicias de Achaia en Cristo.

 6 Saludad á María, la cual ha trabajado mucho con vosotros.

 7 Saludad á Andrónico y á Junia, mis parientes y mis compañeros en la
cautividad; los que son insignes entre los apóstoles, los cuales tambien
fueron ántes de mí en Cristo.

 8 Saludad á Amplias, amado mio en el Señor.

 9 Saludad á Urbano, nuestro ayudador en Cristo Jesus, y á Stachis, amado
mio.

 10 Saludad á Apeles, probado en Cristo. Saludad á los que son de Aristóbulo.

 11 Saludad á Herodion, mi pariente. Saludad á los que son de [la casa de]
Narciso, los que están en el Señor.

 12 Saludad á Trifena, y á Trifosa las cuales trabajan en el Señor. Saludad á
Pérsida amada, la cual ha trabajado mucho en el Señor.

 13 Saludad á Rufo, escogido en el Señor, y á su madre y mia.

 14 Saludad á Asincrito, á Flegonte, á Hermas, á Patrobas, á Hermes, y á los
hermanos que están con ellos.

 15 Saludad á Filólogo, y á Julia, á Nereo, y á su hermana; y á Olimpas, y á
todos los santos que [están] con ellos.

 16 Saludáos los unos á los otros con ósculo santo. Os saludan todas las
iglesias de Cristo.

 17 Y os ruego, hermanos, que mireis los que causan disensiones y escándalos
fuera de la doctrina que vosotros habeis aprendido; y apartáos de ellos.

 18 Porque los tales no sirven al Señor nuestro Jesu-Cristo, sino á sus
vientres; y con suaves palabras y bendiciones engañan los corazones de los
simples.

 19 Porque vuestra obediencia ha venido á ser notoria á todos: así que, me
gozo de vosotros; mas quiero que seais sabios en el bien, y simples en el
mal:

 20 Y el Dios de paz quebrantará presto á Satanás debajo de vuestros pies. La
gracia del Señor nuestro Jesu-Cristo [sea] con vosotros.

 21 Os saludan Timotéo, mi coadjutor, y Lucio, y Jason, y Sosipater, mis
parientes.

 22 Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor.

 23 Salúdaos Gayo, mi huésped, y de toda la iglesia. Salúdaos Erasto,
tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.

 24 La gracia del Señor nuestro Jesu-Cristo [sea] con todos vosotros. Amen.

 25 Y al que puede confirmaros segun mi Evangelio, y la predicacion de Jesu-
Cristo, segun la revelacion del misterio encubierto desde tiempos eternos,

 26 Mas manifestado ahora , y por las escrituras de los profetas, segun el
mandamiento del Dios Eterno, declarado á todas las gentes para que obedezcan
á la fé;

 27 A él, solo Dios sabio, [sea] gloria por Jesu-Cristo para siempre. Amen.

 Fué escrita de Corinto á los Romanos, [enviada] por [medio de] Febe,
diaconisa de la iglesia de Cenchreas.



LA PRIMERA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

CORINTIOS.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, llamado [á ser] apóstol de Jesu-Cristo por la voluntad de Dios, y
Sostenes el hermano,

 2 A la iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesus,
llamados santos, y á todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesu-
Cristo en cualquier lugar, [Señor] de ellos y nuestro:

 3 Gracia y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu-Cristo.

 4 Gracias doy á mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os
es dada en Cristo Jesus;

 5 Que en todas las cosas sois enriquecidos en él, en toda lengua y en toda
ciencia;

 6 Así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros:

 7 De tal manera que nada os falte en ningun don, esperando la manifestacion
de nuestro Señor Jesu-Cristo:

 8 El cual tambien os confirmará hasta el fin, [para que seais] sin falta en
el dia de nuestro Señor Jesu-Cristo:

 9 Fiel [es] Dios, por el cual sois llamados á la participacion de su Hijo
Jesu-Cristo nuestro Señor.

 10 Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesu-Cristo, que
hableis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, ántes
seais perfectamente unidos en una misma mente, y en un mismo parecer.

 11 Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos mios, por los [que son]
de Cloé, que hay entre vosotros contiendas;

 12 Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues
yo de Apólos; y yo de Céfas;. y yo de Cristo.

 13 ¿Está dividido Cristo? ¿Fué crucificado Pablo por vosotros? ó habeis sido
bautizados en el nombre de Pablo?

 14 Doy gracias á [mi] Dios, que á ninguno de vosotros he bautizado, sino á
Crispo y á Gayo;

 15 Para que ninguno diga que habeis sido bautizados en mi nombre.

 16 Y tambien bauticé la familia de Estéfanas: mas no sé si he bautizado á
algun otro.

 17 Porque no me envió Cristo á bautizar; sino á predicar el Evangelio: no en
sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.

 18 Porque la palabra de la cruz es locura á los que se pierden; mas á los
que se salvan, [es á saber,] á nosotros, es potencia de Dios.

 19 Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la
inteligencia de los entendidos.

 20 ¿Qué es del sabio? ¿Qué del escriba? ¿Qué del escudriñador de este siglo?
¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?

 21 Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios á Dios por
sabiduría, agradó á Dios salvar los creyentes por la locura de la
predicacion.

 22 Porque los Judíos piden señales, y los Griegos buscan sabiduría:

 23 Mas nosotros predicamos á Cristo crucificado, [que es] á los Judíos
ciertamente tropezadero, y á los Gentiles locura:

 24 Empero á los llamados, así Judíos como Griegos, Cristo potencia de Dios,
y sabiduría de Dios.

 25 Porque lo loco de Dios es mas sabio que los hombres; y lo flaco de Dios
es mas fuerte que los hombres.

 26 Porque mirad, hermanos, vuestra vocacion, que no sois muchos sabios segun
la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles:

 27 Antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar á los sabios; y lo
flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte;

 28 Y lo vil del mundo, y lo menospreciado escogió Dios; [y] lo que no es,
para deshacer lo que es:

 29 Para que ninguna carne se jacte en su presencia.

 30 Mas de él sois vosotros en Cristo Jesus, el cual nos ha sido hecho por
Dios sabiduría, y justificacion, y santificacion, y redencion:

 31 Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.



CAPITULO 2.

 1 ASÍ que, hermanos, cuando fuí á vosotros, no fuí con altivez de palabra, ó
de sabiduría, á anunciaros el testimonio de Cristo.

 2 Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino á Jesu-Cristo, y á
este crucificado.

 3 Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor:

 4 Y ni mi palabra ni mi predicacion [fué] con palabras persuasivas de humana
sabiduría, mas con demostracion del Espíritu y de poder;

 5 Para que vuestra fé no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder
de Dios.

 6 Empero hablamos sabiduría entre perfectos; y sabiduría, no de este siglo,
ni de los príncipes de este siglo, que se deshacen:

 7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la [sabiduría] oculta, la cual
Dios predestinó ántes de los siglos para nuestra gloria:

 8 La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si [la]
hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria:

 9 Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vió, ni oreja oyó, ni han
subido en corazon de hombre, [son] las que ha Dios preparado para aquellos
que le aman.

 10 Empero Dios nos [lo] reveló á nosotros por [su] Espíritu: porque el
Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

 11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu
del [mismo] hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas [que
son] de Dios, sino el Espíritu de Dios.

 12 Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que
es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado:

 13 Lo cual tambien hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas
con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual á lo espiritual.

 14 Mas el hombre animal no percibe las cosas [que son] del Espíritu de Dios,
porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar
espiritualmente.

 15 Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de
nadie.

 16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruyo? Mas
nosotros tenemos la mente de Cristo.



CAPITULO 3.

 1 DE manera que yo, hermanos, no pude hablaros como á espirituales, sino
como á carnales, como á niños en Cristo.

 2 Os dí á beber leche, y no [os dí] vianda: porque aun no podiais, ni aun
podeis ahora;

 3 Porque todavía sois carnales: pues habiendo entre vosotros celos, y
contiendas, y disensiones, ¿no sois carnales, y andais como hombres?

 4 Porque diciendo el uno: Yo cierto soy de Pablo; y el otro: Yo de Apólos;
¿no sois carnales?

 5 ¿Que pues es Pablo? y ¿qué [es] Apólos? Ministros por los cuales habeis
creido; y [eso] segun que á cada uno ha concedido el Señor.

 6 Yo planté, Apólos regó; mas Dios ha dado el crecimiento.

 7 Así que ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el
crecimiento.

 8 Y el que planta y el que riega son una misma cosa: aunque cada uno
recibirá su recompensa conforme á su labor.

 9 Porque [nosotros] coadjutores somos de Dios: [y vosotros] labranza de Dios
sois, edificio de Dios sois.

 10 Conforme á la gracia de Dios que me ha sido dada, [yo] como perito
arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima: empero cada uno vea
cómo sobreedifica.

 11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual
es Jesu-Cristo.

 12 Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras
preciosas, madera, heno, hojarasca,

 13 La obra de cada uno será manifestada; porque el dia la declarará: porque
por el fuego será manifestada, y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará
la prueba.

 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.

 15 Si la obra de alguno fuere quemada, será perdida: él empero será salvo,
mas así como [escapado] por fuego.

 16 ¿No sabeis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en
vosotros?

 17 Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal; porque el
templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.

 18 Nadie se engañe á sí mismo; si alguno entre vosotros parece ser sabio en
este siglo, hágase simple, para ser [de veras] sabio.

 19 Porque la sabiduría de este mundo es necedad para con Dios: pues escrito
está: El que prende á los sabios en la astucia de ellos.

 20 Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son
vanos.

 21 Así que ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro;

 22 Sea Pablo, sea Apólos, sea Céfas, sea el mundo, sea la vida, sea la
muerte, sea lo presente, sea lo porvenir; todo es vuestro:

 23 Y vosotros de Cristo; y Cristo de Dios.



CAPITULO 4.

 1 TÉNGANNOS los hombres por ministros de Cristo, y dispensadores de los
misterios de Dios.

 2 Mas ahora se requiere en los dispensadores, que cada uno sea hallado fiel.

 3 Yo en muy poco tengo el ser juzgado de vosotros, [ó de cualquier] juicio
humano; y ni aun yo me juzgo.

 4 Porque aunque de nada tengo [mala] conciencia, no por eso soy justificado;
mas el que me juzga el Señor es.

 5 Así que no juzgueis nada ántes de tiempo, hasta que venga el Señor, el
cual tambien aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará los intentos
de los corazones; y entónces cada uno tendrá de Dios la alabanza.

 6 Esto empero, hermanos, he pasado por ejemplo en mí y en Apólos por amor de
vosotros; para que en nosotros aprendais á no saber más de lo que está
escrito, hinchándoos por causa de otro el uno contra el otro.

 7 Porque ¿quién te distingue? ó ¿qué tienes que no hayas recibido? Y si [lo]
recibiste, ¿de qué te gloríes como si no hubieras recibido?

 8 Ya estais hartos, ya estais ricos; sin nosotros reinais [ya;] y ojalá
reineis, para que nosotros reinemos tambien juntamente con vosotros.

 9 Porque á lo que pienso, Dios nos ha mostrado á nosotros los apóstoles por
los postreros, como á sentenciados á muerte: porque somos hechos espectáculo
al mundo, y á los ángeles, y á los hombres.

 10 Nosotros necios por amor de Cristo, y vosotros prudentes en Cristo;
nosotros flacos, y vosotros fuertes; vosotros nobles, y nosotros viles.

 11 Hasta esta hora hambreamos, y tenemos sed, y estamos desnudos, y somos
heridos de golpes, y andamos vagabundos,

 12 Y trabajamos, obrando con nuestras manos: nos maldicen, y bendecimos,
padecemos persecucion, y sufrimos,

 13 Somos blasfemados, y rogamos: hemos venido á ser como la hez del mundo,
el desecho de todos hasta ahora.

 14 No escribo esto para avergonzaros; mas amonéstoos como á mis hijos
amados.

 15 Porque aunque tengais diez mil ayos en Cristo, no [tendreis] muchos
padres; que en Cristo Jesus yo os engendré por el Evangelio.

 16 Por tanto os ruego que me imiteis.

 17 Por lo cual os he enviado á Timotéo, que es mi hijo amado, y fiel en el
Señor, el cual os amonestará de mis caminos cuales sean en Cristo, de la
manera que enseño en todas partes, en todas las iglesias.

 18 Mas algunos están envanecidos, como si nunca hubiese yo de ir á vosotros,

 19 Empero iré presto á vosotros, si el Señor quisiere; y entenderé, no las
palabras de los que [así] andan hinchados, sino la virtud.

 20 Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en virtud.

 21 ¿Qué quereis? ¿iré á vosotros con vara, ó con caridad, y espíritu de
mansedumbre?



CAPITULO 5.

 1 DE cierto se oye [que hay] entre vosotros fornicacion, y tal fornicacion
cual ni aun se nombra entre los Gentiles, tanto que alguno tenga la mujer de
[su] padre.

 2 Y vosotros estais hinchados, y no más bien tuvisteis duelo, para que fuese
quitado de en medio de vosotros el que hizo tal obra.

 3 Y ciertamente, como ausente con el cuerpo, mas presente en espíritu, ya
como presente he juzgado al que esto así ha cometido:

 4 En el nombre del Señor nuestro Jesu-Cristo, juntados vosotros y mi
espíritu, con la facultad de nuestro Señor Jesu-Cristo,

 5 El tal sea entregado á Satanás para muerte de la carne, porque el espíritu
sea salvo en el dia del Señor Jesus.

 6 No [es] buena vuestra jactancia. ¿No sabeis que un poco de levadura leuda
toda la mesa?

 7 Limpiad pues la vieja levadura para que seais nueva mesa, como sois sin
levadura: porque nuestra Pascua, [que es] Cristo, fué sacrificada por
nosotros,

 8 Así que hagamos fiesta, no en la vieja levadura ni en la levadura de
malicia, y de maldad; sino en ázimos de sinceridad y de verdad.

 9 Os he escrito por carta, que no os envolvais con los fornicarios:

 10 No absolutamente con los fornicarios de este mundo, ó con los avaros, ó
con los ladrones, ó con los idólatras; pues en tal caso os seria menester
salir del mundo,

 11 Mas ahora os he escrito, que no os envolvais [es á saber,] que si alguno
llamándose hermano fuere fornicario, ó avaro, ó idólatra, ó maldiciente, ó
borracho, ó ladron; con el tal ni aun comais.

 12 Porque ¿qué me va á mí en juzgar á los que están fuera? ¿no juzgais
vosotros á los que están dentro?

 13 Porque á los que están fuera, Dios juzgará. Quitad [pues] á ese malo de
entre vosotros mismos.



CAPITULO 6.

 1 ¿OSA alguno de vosotros, teniendo algo con otro, ir á juicio delante de
los injustos, y no delante de los santos?

 2 O ¿no sabeis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de
ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar [en] cosas muy pequeñas?

 3 O ¿no sabeis que hemos de juzgar á los ángeles? ¿cuánto mas las cosas de^
este siglo?

 4 Por tanto si hubiereis de tener juicios de cosas de este siglo, poned para
juzgar[las] á los que son de menor estima en la iglesia.

 5 Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun
uno, que pueda juzgar entre sus hermanos?

 6 Sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los
infieles?

 7 Así que, por cierto es ya una falta en vosotros, que tengais pleitos entre
vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís ántes la injuria? ¿por qué no [sufris]
ántes ser defraudados?

 8 Empero vosotros haceis la injuria, y defraudais; y esto á los hermanos.

 9 ¿No sabeis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erreis, que
ni los fornicarios ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni
los que se echan con varones,

 10 Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni
los robadores heredarán el reino de Dios.

 11 Y esto erais algunos: mas [ya] sois lavados, mas [ya] sois santificados,
mas [ya] sois justificados en el nombre del Señor Jesus, y por el Espíritu de
nuestro Dios.

 12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen: todas las cosas
me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de nada.

 13 Las viandas [son] para el vientre, y el vientre para las viandas; empero
y á él y á ellas deshará Dios: mas el cuerpo no [es] para la fornicacion,
sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo.

 14 Y Dios que levantó al Señor, tambien á nosotros nos levantará con su
poder.

 15 ¿No sabeis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré pues los
miembros de Cristo, y [los] haré miembros de una ramera? Lejos sea.

 16 O ¿no sabeis que el que se junta con una ramera, es hecho [con ella] un
cuerpo? porque serán, dice, los dos en una carne.

 17 Empero el que se junta con el Señor, un espíritu es.

 18 Huid la fornicacion. Cualquier [otro] pecado que el hombre hiciere, fuera
del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.

 19 O ¿ignorais que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, [el cual
está] en vosotros, el cual teneis de Dios, y que no sois vuestros?

 20 Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro
cuerpo, y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.



CAPITULO 7.

 1 CUANTO á las cosas de que me escribísteis: bien [seria] al hombre no tocar
mujer.

 2 Mas á causa de las fornicaciones cada uno tenga su mujer, y cada una tenga
su marido.

 3 El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al
marido.

 4 La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido: é
igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la
mujer.

 5 No os defraudeis el uno al otro, á no ser por algun tiempo, de [mútuo]
consentimiento, para ocuparos en la oracion; y volved á juntaros en uno,
porque no os tiente Satanás á causa de vuestra incontinencia.

 6 Mas esto digo por permision, no por mandamiento.

 7 Quisiera mas bien que todos los hombres fuesen como yo: empero cada uno
tiene su propio don de Dios; uno á la verdad así, y otro así.

 8 Digo, pues, á los solteros y á las viudas, que bueno les es si se quedaren
como yo.

 9 Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que
quemarse.

 10 Mas á los que están juntos en matrimonio denuncio, no yo, sino el Señor:
Que la mujer no se aparte del marido,

 11 Y si se apartare, que se quede sin casar ó reconcíliese con [su] marido:
y que el marido no despida á [su] mujer.

 12 Y á los demás yo digo, no el Señor: Si algun hermano tiene mujer infiel,
y ella consiente en habitar con él, no la despida.

 13 Y la mujer que tiene marido infiel, y él consiente en habitar con ella,
no lo deje.

 14 Porque el marido infiel es santificado en la mujer [fiel,] y la mujer
infiel en el marido [fiel:] pues de otra manera vuestros hijos serian
inmundos; empero ahora son santos.

 15 Pero si el infiel se aparta, apártese; que no es el hermano ó la hermana
sujeto á servidumbre en semejante [caso:] mas á paz nos llamó Dios.

 16 Porque ¿de dónde sabes, oh mujer, si quizá harás salvo á [tu] marido? ó
¿de dónde sabes, oh marido, si quizá harás salva á [tu] mujer?

 17 Empero cada uno como el Señor [le] repartió, y como Dios llamó á cada
uno, así ande: y así enseño en todas las iglesias.

 18 ¿Es llamado alguno circuncidado? quédese circunciso: ¿es llamado alguno
incircuncidado? que no se circuncide.

 19 La circuncision nada es, y la incircuncision nada es, sino la observancia
de los mandamientos de Dios.

 20 Cada uno en la vocacion en que fué llamado, en ella se quede.

 21 ¿Eres llamado [siendo] siervo? no se te dé cuidado: mas tambien si puedes
hacerte libre, procúralo más.

 22 Porque el que en el Señor es llamado, [siendo] siervo, liberto es del
Señor: asimismo tambien el que es llamado [siendo] libre, siervo es de
Cristo.

 23 Por precio sois comprados; no os hagais siervos de los hombres.

 24 Cada uno, hermanos, en lo que es llamado, en esto se quede para con Dios.

 25 Empero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy [mi]
parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.

 26 Tengo, pues, esto por bueno á causa de la necesidad que apremia, que
bueno es al hombre estarse así.

 27 ¿Estás ligado á mujer? no procures soltarte. ¿Estás suelto de mujer? no
procures mujer.

 28 Mas tambien si tomares mujer, no pecaste; y si la doncella se casare, no
pecó: pero afliccion de carne tendrán los tales: mas yo os dejo.

 29 Esto empero digo, hermanos, que el tiempo es corto: lo que resta es, que
los que tienen mujeres sean como los que no las tienen;

 30 Y los que lloran, como los que no lloran; y los que se huelgan, como los
que no se huelgan; y los que compran, como los que no poseen;

 31 Y los que usan de este mundo, como los que no usan: porque la apariencia
de este mundo se pasa.

 32 Quisiera pues que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de
las cosas que [son] del Señor, cómo ha de agradar al Señor.

 33 Empero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo
ha de agradar á [su] mujer.

 34 Hay [asimismo] diferencia entre la casada y la doncella: la doncella
tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en
el espíritu: mas la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, cómo ha de
agradar á [su] marido.

 35 Esto empero digo para vuestro provecho, no para echaros lazo, sino para
lo honesto y decente, y para que sin impedimento os llegueis al Señor.

 36 Mas si á alguno parece cosa fea en su vírgen, que pase ya de edad, y que
así conviene que se haga, haga lo que quisiere; no peca, cásense.

 37 Pero el que está firme en su corazon, y no tiene necesidad, sino que
tiene libertad de su voluntad, y determinó en su corazon esto, acerca de
guardar su vírgen, bien hace.

 38 Así que el que [la] da en casamiento bien hace; y el que no [la] da en
casamiento, hace mejor.

 39 La mujer [casada] está atada á la ley, mientras vive su marido. mas si su
marido muriere, libre es: cásase con quien quisiere, con tal que sea en el
Señor.

 40 Empero más venturosa será si se quedare así, segun mi consejo; y pienso
que tambien yo tengo Espíritu de Dios.



CAPITULO 8.

 1 Y POR lo que hace á lo sacrificado á los ídolos, sabemos que todos tenemos
ciencia. La ciencia hincha, mas la caridad edifica.

 2 Y si alguno se imagina que sabe algo, aun no sabe nada como debe saber.

 3 Mas si alguno ama á Dios, el tal es conocido de él.

 4 Acerca pues de las viandas que son sacrificadas á los ídolos, sabemos que
el ídolo nada es en el mundo, y que no hay más de un Dios.

 5 Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, ó en el cielo, ó en la
tierra, (como hay muchos dioses y muchos señores,)

 6 Nosotros empero no tenemos mas de un Dios, el Padre, del cual [son] todas
las cosas, y nosotros en él: y un Señor, Jesu-Cristo, por el cual [son] todas
las cosas, y nosotros por él.

 7 Mas no en todos [hay] esta ciencia: porque algunos con conciencia del
ídolo hasta aquí, comen como sacrificado á ídolos; y su conciencia, siendo
flaca, es contaminada.

 8 Si bien la vianda no nos hace más aceptos á Dios: porque ni que comamos,
serémos más ricos; ni que no comamos, serémos más pobres.

 9 Mas mirad que esta vuestra libertad no sea tropezadero á los que son
flacos.

 10 Porque si te ve alguno, á tí que tienes [esta] ciencia, que estás sentado
á la mesa en el lugar de los ídolos, ¿la conciencia de aquel que es flaco, no
será adelantada á comer de lo sacrificado á los ídolos?

 11 Y por tu ciencia se perderá el hermano flaco, por el cual Cristo murió?

 12 De esta manera, pues, pecando contra los hermanos, é hiriendo su flaca
conciencia, contra Cristo pecais.

 13 Por lo cual, si la comida es á mi hermano ocasion de caer, jamás comeré
carne por no escandalizar á mi hermano.

CAPITULO 9.

 1 ¿NO soy apóstol? ¿no soy libre? ¿no he visto á Jesus el Señor nuestro? ¿no
sois vosotros mi obra en el Señor?

 2 Si á los otros no soy apóstol, á vosotros ciertamente lo soy; porque el
sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.

 3 Esta es mi respuesta á los que me preguntan:

 4 Qué, ¿no tenemos potestad de comer y de beber?

 5 ¿O no tenemos potestad de traer [con nosotros] una hermana mujer tambien
como los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cephas?

 6 ¿O solo yo y Bernabé no tenemos potestad de no trabajar?

 7 ¿Quién jamás peleó á sus expensas? ¿Quién planta viña, y no come de su
fruto? ó ¿quién apacienta el ganado, y no come de la leche del ganado?

 8 ¿Digo esto [solamente] segun los hombres? ¿No dice esto tambien la ley?

 9 Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que
trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes?

 10 ¿O díce[lo] enteramente por nosotros? Pues por nosotros está escrito:
porque con esperanza ha de arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de
recibir el fruto.

 11 Si nosotros os sembramos lo espiritual, [¿será] gran cosa si segáremos
[de] lo vuestro carnal?

 12 Si otros tienen en vosotros esta potestad, ¿no más bien nosotros? Mas no
hemos usado de esta potestad: ántes lo sufrimos todo por no poner ningun
obstáculo al Evangelio de Cristo.

 13 ¿No sabeis que los que trabajan en el santuario, comen del santuario, y
que los que sirven al altar, del altar participan?

 14 Así tambien ordenó el Señor á los que anuncian el Evangelio, que vivan
del Evangelio.

 15 Mas yo de nada de esto me aproveché: ni tampoco he escrito esto para que
se haga así conmigo; porque tengo por mejor morir, ántes que nadie haga vana
[esta] mi gloria.

 16 Pues bien que anuncio el Evangelio, no tengo por que gloriarme [de eso;]
porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el Evangelio!

 17 Por lo cual si lo hago de voluntad premio tendré; mas si por fuerza, la
dispensacion me ha sido encargada.

 18 ¿Cuál pues es mi merced? Que predicando el Evangelio, ponga el Evangelio
de Cristo de balde, para no usar mal de mi potestad en el Evangelio.

 19 Por lo cual, siendo libre para con todos, me he hecho siervo de todos por
ganar á más.

 20 Heme hecho á los Judíos como Judío, por ganar á los Judíos: á los que
están sujetos á la ley, como sujeto á la ley, por ganar á los que están
sujetos á la ley;

 21 A los que son sin ley, como si yo fuera sin ley, (no estando yo sin ley
de Dios, mas en la ley de Cristo,) por ganar á los que estaban sin ley.

 22 Me he hecho á los flacos flaco, por ganar á los flacos: á todos me he
hecho todo, para que de todo punto salve á algunos.

 23 Y esto hago por causa del Evangelio, por hacerme juntamente participante
de él.

 24 ¿O no sabeis que los que corren en el estadio, todos á la verdad corren,
mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que [le] obtengais.

 25 Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene: y ellos, á la verdad, para
recibir una corona corruptible; mas nosotros incorruptible.

 26 Así que yo de esta manera corro, no como á cosa incierta; de esta manera
peleo, no como quien hiere el aire:

 21 Antes hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; no sea que, habiendo
predicado á otros, yo mismo venga á ser reprobado.



CAPITULO 10.

 1 PORQUE no quiero, hermanos, que ignoreis que nuestros padres todos
estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar.

 2 Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar;

 3 Y todos comieron la misma vianda espiritual.

 4 Y todos bebieron la misma bebida espiritual: (porque bebian de la piedra
espiritual que los seguia; y la piedra era Cristo.)

 5 Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en
el desierto.

 6 Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos
cosas malas, como ellos codiciaron.

 7 Ni seais honradores de ídolos como algunos de ellos, segun está escrito:
Sentóse el pueblo á comer y á beber, y se levantaron á jugar.

 8 Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron [muertos] en
un dia veinte y tres mil.

 9 Ni tentemos á Cristo, como tambien algunos de ellos [lo] tentaron, y
perecieron por las serpientes.

 10 Ni murmureis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el
destructor.

 11 Y estas cosas les acontecieron en figura, y son escritas para nuestra
admonicion, en quienes los fines de los siglos han parado.

 12 Así que, el que pienso estar [firme,] mire no caiga.

 13 No os ha tomado tentacion, sino humana: mas fiel [es] Dios, que no os
dejará ser tentados más de lo que podeis [llevar;] ántes dará tambien
juntamente con la tentacion la salida, para que podais aguantar.

 14 Por tanto, amados mios, huid de la idolatría.

 15 Como á sabios hablo; juzgad vosotros lo que digo.

 16 La copa de bendicion que bendecimos, ¿no es la comunion de la sangre de
Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunion del cuerpo de Cristo?

 17 Porque un pan, [es que] muchos somos un cuerpo; pues todos participamos
de aquel un pan.

 18 Mirad á Israel segun la carne: los que comen de los sacrificios ¿no son
partícipes con el altar?

 19 ¿Qué pues digo? ¿Que el ídolo es algo? ¿ó que sea algo lo que es
sacrificado á los ídolos?

 20 Antes [digo] que lo que los Gentiles sacrifican, a los demonios [lo]
sacrifican, y no á Dios: y no querria que vosotros fueseis participes con los
demonios.

 21 No podeis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podeis
ser participes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.

 22 ¿O provocarémos á celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él?

 23 Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo
edifica.

 24 Ninguno busque su propio [bien,] sino el del otro.

 25 De todo lo que se vende en la carnicería, comed sin preguntar nada por
causa de la conciencia:

 26 Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche.

 27 Y si algun infiel os llama, y quereis ir, de todo lo que se os pone
delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia.

 28 Mas si alguien os dijere: Esto fué sacrificado á los ídolos, no [lo]
comais por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia :
porque del Señor es la tierra, y lo que la hinche:

 29 La conciencia digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser
juzgada mi libertad por otra conciencia?

 30 Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser blasfemado por
lo que doy gracias?

 31 Si pues comeis, ó bebeis, ó haceis otra cosa, haced[lo] todo á gloria de
Dios.

 32 Sed sin ofensa á Judíos y á Gentiles, y á la iglesia de Dios.

 33 Como tambien yo en todas las cosas complazco á todos, no procurando mi
propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.



CAPITULO 11.

 1 SED imitadores de mí, así como yo de Cristo.

 2 Y os alabo, hermanos que en todo os acordais de mí, y reteneis las
instrucciones [mias] de la manera que os enseñé.

 3 Mas quiero que sepais, que Cristo es la cabeza de todo varon; y el varon
[es] la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo.

 4 Todo varon que ora, ó profetiza, cubierta la cabeza, afrenta á su cabeza.

 5 Mas toda mujer que ora, ó profetiza no cubierta su cabeza, afrenta á su
cabeza, porque lo mismo es que si se rayese.

 6 Porque si la mujer no se cubre, trasquílese tambien: y si es deshonesto á
la mujer trasquilarse ó raerse, cúbrase.

 7 Porque el varon no ha de cubrir la cabeza, porque es imágen y gloria de
Dios; mas la mujer es gloria del varon.

 8 Porque el varon no es de la mujer, sino la mujer del varon.

 9 Porque tampoco el varon fué criado por causa de la mujer, sino la mujer
por causa del varon.

 10 Por lo cual la mujer debe tener [señal de] potestad sobre [su] cabeza por
causa de los ángeles.

 11 Mas ni el varon sin la mujer, ni la mujer sin el varon, en el Señor.

 12 Porque como la mujer [es] del varon, así tambien el varon [es] por la
mujer; empero todo de Dios.

 13 Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer á Dios no cubierta?

 14 La misma naturaleza ¿no os enseña que al hombre sea deshonesto criar
cabello?

 15 Por el contrario, á la mujer criar el cabello le es honroso; porque en
lugar de velo le es dado el cabello.

 16 Con todo eso si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal
costumbre, ni las iglesias de Dios.

 17 Esto empero [os] denuncio, que no alabo, que no por mejor, sino por peor
os juntais.

 18 Porque lo primero, cuando os juntais en la^ iglesia, oigo que hay entre
vosotros disensiones; y en parte lo creo.

 19 Porque preciso es que haya entre vosotros aun herejías, para que los que
son probados se manifiesten entre vosotros.

 20 Cuando pues os juntais en uno, [esto] no es comer la Cena del Señor;

 21 Porque cada uno toma ántes para comer su propia cena; y el uno tiene
hambre, y el otro está embriagado.

 22 Pues qué, ¿no teneis casas en que comais y bebais? ¿O menospreciais la
iglesia de Dios, y avergonzais á los que no tienen? ¿Que os diré? ¿Os
alabaré? En esto no os alabo.

 23 Porque yo recibí del Señor lo que tambien os he enseñado: Que el Señor
Jesus, la noche que fué entregado, tomó pan;

 24 Y habiendo dado gracias, [lo] partió, y dijo: Tomad, comed: Esto es mi
cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí.

 25 Asimismo [tomó] tambien la copa despues de haber cenado, diciendo: Esta
copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis
en memoria de mí.

 26 Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la
muerte del Señor anunciais hasta que venga.

 27 De manera que cualquiera que comiere este pan, ó bebiere esta copa del
Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

 28 Por tanto pruébese cada uno á sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba
de aquella copa.

 29 Porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí, no
discerniendo el cuerpo del Señor.

 30 Por lo cual [hay] muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos
duermen.

 31 Que si nos examinásemos á nosotros mismos, cierto no seríamos juzgados.

 32 Mas siendo juzgados, somos castigados del Señor, para que no seamos
condenados con el mundo.

 33 Así que, hermanos mios, cuando os juntais á comer, esperáos unos á otros.

 34 Si alguno tuviere hambre, coma en su casa; porque no os junteis para
juicio. Las demás cosas ordenaré cuando llegare.



CAPITULO 12.

 1 Y ACERCA de los [dones] espirituales, no quiero, hermanos, que ignoreis.

 2 Sabeis que cuando erais Gentiles ibais, como erais llevados, á los ídolos
mudos.

 3 Por tanto os hago saber, que nadie que hable por Espíritu de Dios, llama
anatema á Jesus, y [que] nadie puede llamar á Jesus Señor, sino por Espíritu
Santo.

 4 Empero hay repartimientos de dones; mas el mismo Espíritu [es.]

 5 Y hay repartimientos de ministerios; mas el mismo Señor [es.]

 6 Y hay repartimientos de operaciones; mas el mismo Dios es el que obra
todas las cosas en todos.

 7 Empero á cada uno le es dada manifestacion del Espíritu para provecho.

 8 Porque á la verdad á este es dado por el Espíritu palabra de sabiduría; á
otro, palabra de ciencia segun el mismo Espíritu;

 9 A otro, fé por el mismo Espíritu; y á otro, dones de sanidades por el
mismo Espíritu;

 10 A otro, operaciones de milagros; y á otro, profecía; y á otro, discrecion
de espíritus; y á otro, géneros de lenguas; y á otro, interpretacion de
lenguas.

 11 Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo
particularmente á cada uno como quiere.

 12 Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, empero
todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, así tambien
Cristo.

 13 Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos ó
Griegos, ora siervos ó libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

 14 Pues ni tampoco el cuerpo es un miembro, sino muchos.

 15 Si dijere el pié: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: ¿por eso no será
del cuerpo?

 16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: ¿por eso no
será del cuerpo?

 17 Si todo el cuerpo [fuese] ojo ¿dónde [estaria] el oido? si todo [fuese]
oido, ¿dónde [estaria] el olfato?

 18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos [por sí] en el
cuerpo, como quiso.

 19 Que si todos fueran un miembro, ¿donde [estuviera] el cuerpo?

 20 Mas ahora muchos miembros [son] á la verdad, empero un cuerpo.

 21 Ni el ojo puede decir á la mano: No te he menester: ni asimismo la cabeza
á los piés: No tengo necesidad de vosotros.

 22 Antes, mucho mas los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son
necesarios;

 23 Y aquellos del cuerpo que estimamos ser más viles, á estos vestimos más
honrosamente; y los que en nosotros [son] ménos honestos, tienen más
compostura.

 24 Porque los que en nosotros [son] más honestos, no tienen necesidad [de
eso:] mas Dios ordenó el cuerpo dando mas abundante honor al que le faltaba;

 25 Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos
se interesen los unos por los otros.

 26 Por manera que si un miembro padece, todos los miembros á una se duelen;
y si un miembro es honrado, todos los miembros á una se gozan.

 27 Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte.

 28 Y á unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas,
lo tercero, doctores: luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas,
gobernaciones, géneros de lenguas.

 29 ¿[Son] todos apóstoles? ¿[son] todos profetas? ¿todos doctores? ¿todos
facultades?

 30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan
todos?

 31 Empero procurad los mejores dones: mas aun, yo os muestro un camino más
excelente.



CAPITULO 13.

 1 SI yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo á ser
[como] metal que resuena, ó címbalo que retiñe.

 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios, y toda ciencia; y
si tuviese toda la fé, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo
caridad, nada soy.

 3 Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer [á pobres;] y si
entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada [me] sirve.

 4 La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad
no hace sin razon, no se ensancha,

 5 No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;

 6 No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad:

 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

 8 La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y
cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada.

 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos.

 10 Mas cuando venga lo que es perfecto, entónces lo que es en parte será
quitado.

 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como
niño; mas cuando ya fuí hombre hecho, dejé lo que era de niño.

 12 Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entónces [verémos] cara á cara:
ahora conozco en parte; mas entónces conoceré como soy conocido.

 13 Y ahora permanecen la fé, la esperanza, y la caridad; estas tres cosas;
empero la mayor de ellas [es] la caridad.



CAPITULO 14.

 1 SEGUID la caridad; y procurad los [dones] espirituales: mas sobre todo que
profeticeis.

 2 Porque el que habla en lenguas, no habla á los hombres, sino á Dios;
porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios.

 3 Mas el que profetiza, habla á los hombres, [para] edificacion, y
exhortacion, y consolacion.

 4 El que habla lengua [extraña,] á sí mismo se edifica; mas el que
profetiza, edifica á la iglesia.

 5 Así que quisiera que todos vosotros hablaseis lenguas; empero más
[quisiera] que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que
habla lenguas, si tambien no interpretare, para que la iglesia tome
edificacion.

 6 Ahora pues, hermanos, si yo fuere á vosotros hablando lenguas, qué os
aprovecharé, si no os hablare ó con revelacion, ó con ciencia, ó con
profecía, ó con doctrina?

 7 Ciertamente si las cosas inanimadas que hacen sonidos, como la flauta ó la
vihuela, si no dieren distincion de voces, ¿cómo se sabrá lo que se tañe con
la flauta, ó con la vihuela?

 8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercibirá á la batalla?

 9 Así tambien vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien
significante, ¿cómo se entenderá lo que se dice? porque hablaréis al aire.

 10 Tantos géneros de voces, (por ejemplo,) hay en el mundo; y nada hay mudo;

 11 Mas si [yo] ignorare el valor de la voz, seré bárbaro al que habla, y el
que habla [será] bárbaro para mí.

 12 Así tambien vosotros; pues que anhelais espirituales [dones,] procurad
ser excelentes para la edificacion de la iglesia.

 13 Por lo cual el que habla lengua [extraña,] pida que [la] interprete.

 14 Porque si yo orare en lengua [desconocida,] mi espíritu ora; mas mi
entendimiento es sin fruto.

 15 ¿Qué pues? Oraré con el espíritu, mas oraré tambien con entendimiento:
cantaré con el espíritu, mas cantaré tambien con entendimiento.

 16 Porque si bendijeres con el espíritu, el que ocupa lugar de un mero
particular, ¿cómo dirá Amen á tu accion de gracias? pues no sabe lo que has
dicho.

 17 Porque tú, á la verdad, bien haces gracias; mas el otro no es edificado.

 18 Doy gracias á Dios que hablo lenguas más que todos vosotros:

 19 Pero en la iglesia [más] quiero hablar cinco palabras con mi sentido,
para que enseñe tambien á los otros, que diez mil palabras en lengua
[desconocida.]

 20 Hermanos, no seais niños en el sentido, sino sed niños en la malicia;
empero perfectos en el sentido.

 21 En la ley está escrito: En otras lenguas y en otros labios hablaré á este
pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.

 22 Así que las lenguas por señal son no á los fieles, sino á los infieles:
mas la profecía no [se da] á los infieles, sino á los fieles.

 23 De manera que si toda la iglesia se juntare en uno y todos hablan
lenguas, y entran indoctos, ó infieles, ¿no dirán que estais locos?

 24 Mas si todos profetizan, y entra algun infiel ó indocto, de todos es
convencido, de todos es juzgado;

 25 Lo oculto de su corazon se hace manifiesto: y así postrándose sobre el
rostro, adorará á Dios, declarando que verdaderamente Dios está en vosotros.

 26 ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os juntais, cada uno de vosotros tiene
salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelacion, tiene interpretacion:
hágase todo para edificacion.

 27 Si hablare alguno en lengua [extraña, sea esto] por dos, ó á lo más tres,
y por turno; mas uno interprete.

 28 Y si no hubiere intérprete, calle en la iglesia; y hable á sí mismo, y á
Dios.

 29 Asimismo los profetas hablen dos ó tres, y los demás juzguen.

 30 Y si á otro que estuviere sentado, fuere revelado, calle el primero.

 31 Porque podeis todos profetizar uno por uno, para que todos aprendan, y
todos sean exhortados.

 32 Y los espíritus de los que profetizaren, sujétense á los profetas:

 33 Porque Dios no es [Dios] de disension, sino de paz; como en todas las
iglesias de los santos.

 34 Vuestras mujeres callen en las congregaciones: porque no les es permitido
hablar, sino que estén sujetas, como tambien la ley dice.

 35 Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa á sus maridos;
porque deshonesta cosa es hablar una mujer en la congregacion.

 36 Qué ¿ha salido de vosotros la palabra de Dios? ó ¿á vosotros solos ha
llegado?

 37 Si alguno, á su parecer, es profeta, o espiritual, reconozca lo que os
escribo, porque son mandamientos del Señor.

 38 Mas el que ignora, ignore.

 39 Así que, hermanos procurad profetizar; y no impidais el hablar lenguas.

 40 Empero hágase todo decentemente y con orden.



CAPITULO 15.

 1 ADEMÁS os declaro, hermanos, el Evangelio que os he predicado, el cual
tambien recibisteis, en el cual tambien perseverais;

 2 Por el cual asimismo, si reteneis la palabra que os he predicado, sois
salvos, si no creisteis en vano.

 3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué
muerto por nuestros pecados, conforme á las escrituras;

 4 Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer dia, conforme á las
escrituras;

 5 Y que apareció á Cephas, y despues á los doce.

 6 Despues apareció a más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos
viven aun, y otros son muertos.

 7 Despues apareció á Jacobo; despues á todos los apóstoles.

 8 Y el postrero de todos, como á un abortivo, me apareció á mí.

 9 Porque yo soy el mas pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser
llamado apóstol, porque perseguí la iglesia de Dios.

 10 Empero por la gracia de Dios soy lo que soy: y su gracia no ha sido en
vano para conmigo; ántes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino
la gracia de Dios que [fué] conmigo.

 11 Porque, ó [sea] yo, ó [sean] ellos, así predicamos, y así habeis creido.

 12 Y si Cristo es predicado que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos
entre vosotros que no hay resurreccion de muertos?

 13 Porque si no hay resurreccion de muertos, Cristo tampoco resucitó.

 14 Y si Cristo no resucitó, vana [es] entónces nuestra predicacion, vana
[es] tambien vuestra fé.

 15 Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de
Dios, que él haya levantado á Cristo, al cual no levantó, si en verdad los
muertos no resucitan.

 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.

 17 Y si Cristo no resucitó, vuestra fé es vana; aun estais en vuestros
pecados.

 18 Entónces tambien los que durmieron en Cristo son perdidos.

 19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos
de todos los hombres.

 20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que
durmieron es hecho.

 21 Porque por cuanto la muerte [entró] por un hombre, tambien por un hombre
la resurreccion de los muertos.

 22 Porque así como en Adam todos mueren, así tambien en Cristo todos serán
vivificados.

 23 Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de
Cristo, en su venida.

 24 Luego el fin, cuando entregará el reino á Dios y al Padre, cuando habrá
quitado todo imperio, y toda potencia, y potestad.

 25 Porque es menester que él reine, hasta poner todos sus enemigos debajo de
sus piés.

 26 Y el postrer enemigo [que] será deshecho, [será] la muerte.

 27 Porque todas las cosas sujetó debajo^ de sus piés. Y cuando dice: Todas
las cosas son sujetadas á él, claro está exceptuado aquel que sujetó á él
todas las cosas.

 28 Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entónces tambien el
mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios
sea todas las cosas en todos.

 29 De otro modo ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en
ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los
muertos?

 30 Y ¿por qué nosotros peligramos á toda hora?

 31 Sí, por la gloria que en órden á vosotros tengo en Cristo Jesus, Señor
nuestro, cada dia muero.

 32 Si como hombre batallé en Efeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha? Si
los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana morirémos.

 33 No erreis: Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

 34 Velad debidamente, y no pequeis; porque algunos no conocen á Dios: para
vergüenza vuestra hablo.

 35 Mas dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán,

 36 Nécio, lo que tú siembras, no se vivifica, si no muriere [ántes.]

 37 Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano
desnudo, acaso de trigo, ó de otro [grano:]

 38 Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y á cada simiente su propio cuerpo.

 39 Toda carne no [es] la misma carne; mas una carne ciertamente [es] la de
los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra
la de las aves.

 40 Y cuerpos [hay] celestiales, y cuerpos terrestres: mas ciertamente una
[es] la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres.

 41 Otra [es] la gloria del sol, y otra la gloria de la tuna, y otra la
gloria de las estrellas: porque una estrella es diferente de otra en gloria.

 42 Así tambien [es] la resurreccion de los muertos. Se siembra en
corrupcion; se levantará en incorrupcion:

 43 Se siembra en vergüenza; se levantará con gloria; se siembra en flaqueza;
se levantará con potencia:

 44 Se siembra cuerpo animal; resucitará espiritual cuerpo. Hay cuerpo
animal, y hay cuerpo espiritual.

 45 Así tambien está escrito: Fué hecho el primer hombre Adam en ánima
viviente; el postrer Adam, en Espíritu vivificante.

 46 Mas lo espiritual no es primero sino lo animal; luego lo espiritual.

 47 El primer hombre [es] de la tierra, terreno: el segundo hombre, [que es]
el Señor, [es] del cielo.

 48 Cual el terreno, tales tambien los terrenos; y cual el celestial, tales
tambien los celestiales.

 49 Y como trajimos la imágen del terreno, traerémos tambien la imágen del
celestial.

 50 Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el
reino de Dios; ni la corrupcion hereda la incorrupcion.

 51 Hé aquí, os digo un misterio. Todos ciertamente no dormirémos; mas todos
serémos trasformados,

 52 En un momento, en un abrir de ojo, á la final trompeta: porque será
tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupcion; y nosotros
serémos trasformados.

 53 Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupcion, y
esto mortal sea vestido de inmortalidad.

 54 Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupcion y esto mortal
fuere vestido de inmortalidad, entónces se efectuará la palabra que está
escrita: Sorbida es la muerte con victoria.

 55 ¿Dónde [está,] oh muerte, tu aguijon? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

 56 Ya que el aguijon de la muerte [es] el pecado, y la potencia del pecado,
la ley.

 51 Mas á Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesu-
Cristo.

 58 Así que, hermanos mios amados, estad firmes y constantes, creciendo en la
obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.



CAPITULO 16.

 1 CUANTO á la colecta [que se hace] para los santos, haced vosotros tambien
de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.

 2 Cada primer [dia] de la semana cada uno de vosotros aparte en su casa,
guardando lo que por la bondad de Dios pudiere; para que cuando [yo] llegare,
no se hagan entónces colectas:

 3 Y cuando habré llegado, los que aprobareis por cartas, á estos enviaré que
lleven vuestro beneficio á Jerusalem.

 4 Y si fuere digno el negocio que yo tambien vaya, irán conmigo.

 5 Y á vosotros iré, cuando hubiere pasado á Macedonia; porque á Macedonia
tengo de pasar:

 6 Y podrá ser que me quede con vosotros, ó invernaré tambien, para que
vosotros me lleveis adonde hubiere de ir.

 7 Porque no os quiero ahora ver de paso; porque espero estar con vosotros
algun tiempo, si el Señor [lo] permitiere.

 8 Empero estaré en Efeso hasta Pentecostes.

 9 Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz: y muchos [son] los
adversarios.

 10 Y si llegare Timotéo, mirad que esté con vosotros seguramente; porque la
obra del Señor hace, tambien como yo.

 11 Por tanto nadie le tenga en poco; ántes llevadlo en paz, para que venga á
mí: porque lo espero con los hermanos.

 12 Acerca del hermano Apólos, mucho le he rogado que fuese á vosotros con
los hermanos; mas en ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora: pero irá
cuando tuviere oportunidad.

 13 Velad, estad firmes en la fé; portáos varonilmente, y esforzáos.

 14 Todas vuestras cosas sean hechas con caridad.

 15 Y os ruego hermanos, (ya sabeis que la casa de Estéfanas es las primicias
de Achaia, y que se han dedicado al ministerio de los santos,)

 16 Que vosotros os sujeteis á los tales, y á todos los que ayudan, y
trabajan.

 17 Huélgome de la venida de Estéfanas, y de Fortunato, y de Achaico; porque
estos suplieron lo que á vosotros faltaba.

 18 Porque recrearon mi espíritu y el vuestro. Reconoced pues á los tales.

 19 Las iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Señor Aquila y
Priscila, con la iglesia que está en su casa.

 20 Os saludan todos los hermanos. Saludáos los unos á los otros con ósculo
santo.

 21 La salutacion de mí, Pablo, de mi mano.

 22 El que no amare al Señor Jesu-Cristo, sea Anatema: Maran-atha.

 23 La gracia del Señor Jesu-Cristo [sea] con vosotros.

 24 Mi amor en Cristo Jesus [sea] con todos vosotros. Amen.

 La primera á los Corintios fué enviada de Filipos con Estéfanas, y
Fortunato, y Achaico, y Timotéo.



LA SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

CORINTIOS.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, apóstol de Jesu-Cristo por la voluntad de Dios, y Timotéo el
hermano, á la iglesia de Dios que está en Corinto, juntamente con todos los
santos que están por toda la Achaia.

 2 Gracia y paz á vosotros de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu-Cristo.

 3 Bendito [sea] el Dios y Padre del Señor Jesu-Cristo, el Padre de
misericordias, y el Dios de toda consolacion,

 4 El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos
tambien nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la
consolacion con que nosotros somos consolados de Dios.

 5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo así
abunda tambien por el [mismo] Cristo nuestra consolacion.

 6 Mas si somos atribulados, [es] por vuestra consolacion y salud, la cual es
obrada en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros tambien padecemos: ó
si somos consolados, [es] por vuestra consolacion y salud;

 7 Y nuestra esperanza de vosotros es firme; estando ciertos que como sois
compañeros de las aflicciones, así tambien [lo seréis] de la consolacion.

 8 Porque hermanos, no queremos que ignoreis de nuestra tribulacion que nos
fué hecha en Asia; que sobre manera fuimos cargados sobre [nuestras] fuerzas,
de tal manera que estuviésemos en duda de la vida.

 9 Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no
confiemos en nosotros mismos, sino en Dios, que levanta los muertos:

 10 El cual nos libró, y libra de tanta muerte; en el cual esperamos que aun
nos librará;

 11 Ayudándonos tambien vosotros con oracion por nosotros, para que por la
merced [hecha] á nos por respeto de muchos, por muchos [tambien] sean hechas
gracias por nosotros.

 12 Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que
con simplicidad y sinceridad de Dios, no con sabiduría carnal, mas con la
gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y muy más con vosotros.

 13 Porque no os escribimos otras cosas de las que leeis, ó tambien conoceis;
y espero que aun hasta el fin [las] conoceréis:

 14 Como tambien en parte habeis conocido que somos vuestra gloria, así como
tambien vosotros

la nuestra, para el dia del Señor Jesus.

 15 Y con esta confianza quise primero ir á vosotros, para que tuvieseis una
segunda gracia;

 16 Y por vosotros pasar á Macedonia, y de Macedonia venir otra vez á
vosotros, y ser vuelto de vosotros á Judéa.

 17 Así que pretendiendo esto, ¿usé quizá de liviandad? ó lo que pienso
[hacer,] ¿piénso[lo] segun la carne, para que haya en mí Sí y No?

 18 Antes Dios fiel [sabe] que nuestra palabra para con vosotros no es Sí y
No.

 19 Porque el Hijo de Dios, Jesu-Cristo, que por nosotros ha sido entre
vosotros predicado, por mí, y Silvano, y Timotéo, no ha sido Sí y No; mas ha
sido Sí en él.

 20 Porque todas las promesas de Dios [son] en él Sí, y en él Amen por
nosotros á gloria de Dios.

 21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, [es]
Dios;

 22 El cual tambien nos ha sellado, y dado la prenda del Espíritu en nuestros
corazones.

 23 Mas yo llamo á Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con
vosotros no he pasado todavia á Corinto.

 24 No que nos enseñoreemos de vuestra fé, mas somos ayudadores de vuestro
gozo: porque por la fé estais firmes.



CAPITULO 2.

 1 ESTO pues determiné para conmigo, no venir otra vez á vosotros con
tristeza.

 2 Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegrará, sino
aquel á quien yo contristare?

 3 Y esto mismo os escribí, porque cuando llegare no tenga tristeza sobre
tristeza de los que me debiera gozar: confiando en vosotros todos que mi gozo
es [el] de todos vosotros.

 4 Porque por la mucha tribulacion y angustia del corazon os escribí con
muchas lágrimas; no para que fueseis contristados, mas para que supieseis
cuánto más amor tengo para con vosotros.

 5 Que si alguno [me] contristó, no me contristo á mí, sino en parte; por no
cargaros á todos vosotros.

 6 Bástele al tal esta reprension [hecha] de muchos.

 7 Así que, al contrario, vosotros más bien lo perdoneis y consoleis, porque
no sea el tal consumido de demasiada tristeza.

 8 Por lo cual os ruego que confirmeis el amor para con él.

 9 Porque tambien por este fin [os] escribí, para tener experiencia de
vosotros si sois obedientes en todo.

 10 Y al que vosotros perdonareis, yo tambien: porque tambien yo lo que he
perdonado, si algo he perdonado, por vosotros [lo he hecho] en persona de
Cristo;

 11 Porque no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus
maquinaciones.

 12 Cuando vine á Troas para el Evangelio de Cristo, aunque me fué abierta
puerta en el Señor,

 13 No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado á Tito mi hermano:
así despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.

 14 Mas á Dios gracias, el cual hace que siempre triunfemos en Cristo Jesus,
y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar.

 15 Porque para Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los
que se pierden.

 16 A estos ciertamente olor de muerte para muerte: y á aquellos olor de vida
para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente?

 17 Porque no somos, como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios,
ántes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo.



CAPITULO 3.

 1 COMENZAMOS otra vez á alabarnos á nosotros mismos? ¿ó tenemos necesidad,
como algunos, de letras de recomendacion para vosotros, ó de recomendacion de
vosotros?

 2 Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y
leidas de todos los hombres;

 3 Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, y
escrita no con tinta, mas con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de
piedra, sino en tablas de carne del corazon.

 4 Y tal confianza tenemos por Cristo para con Dios:

 5 No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de
nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia [es] de Dios;

 6 El cual asimismo nos hizo [que fuésemos] ministros suficientes del nuevo
pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el
espíritu vivifica.

 7 Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fué con
gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de
Moisés, á causa de la gloria de su rostro, la cual habia de perecer,

 8 ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del Espíritu?

 9 Porque si el ministerio de condenacion fué [con] gloria, mucho mas
abundará en gloria el ministerio de justicia.

 10 Porque aun lo que fué [tan] glorioso, no es glorioso en esta parte, en
comparacion de la excelente gloria.

 11 Porque si lo que perece [tuvo] gloria, mucho más [será] en gloria lo que
permanece.

 12 Así que teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza.

 13 Y no como Moisés, [que] ponia un velo sobre su faz, para que los hijos de
Israel no pusiesen los ojos en el fin de lo que habia de ser abolido.

 14 Empero los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el dia de hoy
[les] queda el mismo velo no descubierto en la leccion del antiguo
testamento, el cual por Cristo es quitado.

 15 Y aun hasta el dia de hoy, cuando Moisés es leido, el velo está puesto
sobre el corazon de ellos.

 16 Mas cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará.

 17 Porque el Señor es el Espíritu: y donde [hay] aquel Espíritu del Señor,
allí [hay] libertad.

 18 Por tanto, nosotros todos, mirando á cara descubierta como en un espejo
la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma
semejanza, como por el Espíritu del Señor.



CAPITULO 4.

 1 POR lo cual teniendo [nosotros] esta administracion segun la misericordia
que hemos alcanzado, no desmayamos;

 2 Antes quitamos los escondrijos de vergüenza, no andando con astucia, ni
adulterando la palabra de Dios, sino por manifestacion de verdad
encomendándonos á nosotros mismos á toda conciencia humana delante de Dios.

 3 Que si nuestro Evangelio está aun encubierto, entre los que se pierden
está encubierto:

 4 En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los
incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del Evangelio de la gloria
de Cristo, el cual es la imágen de Dios.

 5 Porque no nos predicamos á nosotros  mismos, sino á Jesu-Cristo el Señor;
y nosotros vuestros siervos por Jesus.

 6 Porque Dios, que mando que de las tinieblas resplandeciese la luz, [es el]
que resplandeció en nuestros corazones, para iluminacion del conocimiento de
la gloria de Dios en la faz de Cristo.

 7 Tenemos empero este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder
sea de Dios, y no de nosotros:

 8 [Estando] atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no
desesperamos;

 9 Perseguidos, mas no desamparados; abatidos, mas no perecemos;

 10 Llevando siempre por todas partes la muerte de Jesus en el cuerpo para
que tambien la vida de Jesus sea manifestada en nuestros cuerpos.

 11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados á muerte por
Jesus, para que tambien la vida de Jesus sea manifestada en nuestra carne
mortal.

 12 De manera que la muerte obra en nosotros, y en vosotros la vida.

 13 Empero teniendo el mismo espíritu de fé, conforme á lo que está escrito:
Creí, por lo cual tambien hablé: nosotros tambien creemos, por lo cual
tambien hablamos;

 14 Estando ciertos que el que levantó al Señor Jesus, á nosotros tambien nos
levantará por Jesus, y nos pondrá con vosotros.

 15 Porque todas [estas] cosas [padecemos] por vosotros, para que abundando
la gracia por muchos, en el hacimiento de gracias sobreabunde á gloria de
Dios.

 16 Por tanto no desmayamos; ántes aunque este nuestro hombre exterior se va
desgastando, el interior empero se renueva de dia en dia.

 17 Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulacion,
nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria;

 18 No mirando nosotros á las cosas que se ven, sino á las que no se ven:
porque las cosas que se ven, [son] temporales; mas las que no se ven, [son]
eternas.



CAPITULO 5.

 1 PORQUE sabemos, que si la casa terrestre de [esta] nuestra habitacion se
deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna
en los cielos.

 2 Y por esto tambien gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra
habitacion celestial;

 3 Puesto que en verdad habremos sido hallados vestidos, y no desnudos.

 4 Porque asimismo los que estamos en [este] tabernáculo, gemimos agravados;
porque no quisiéramos ser desnudados, sino sobrevestidos, para que lo mortal
sea absorbido por la vida.

 5 Mas el que nos hizo para esto mismo, [es] Dios; el cual nos ha dado la
prenda del Espíritu.

 6 Así que [vivimos] confiados siempre y sabiendo, que entretanto que estamos
en el cuerpo, peregrinamos [ausentes] del Señor.

 7 (Porque por fé andamos, no por vista.)

 8 Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al
Señor.

 9 Por tanto procuramos tambien, ó ausentes, ó presentes, serle agradables:

 10 Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de
Cristo, para que cada uno reciba segun lo que hubiere hecho por medio del
cuerpo, ora [sea] bueno ó malo:

 11 Estando pues poseidos del temor del Señor, persuadimos á los hombres, mas
á Dios somos manifiestos: y espero que tambien en vuestras conciencias somos
manifiestos.

 12 No nos encomendamos, pues, otra vez á vosotros, sino os damos ocasion de
gloriaros por nosotros, para que tengais [qué responder] contra los que se
glorían en las apariencias, y no en el corazon.

 13 Porque si loqueamos, [es] para Dios; y si estamos en seso, [es] para
vosotros.

 14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto; Que si uno murió
por todos, luego todos son muertos:

 15 Y por todos murió Cristo, para que los que viven, ya no vivan para sí,
mas para aquel que murió y resucitó por ellos.

 16 De manera que nosotros de aquí adelante á nadie conocemos segun la carne:
y aun si á Cristo conocimos segun la carne, empero ahora ya no [le]
conocemos.

 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura [es:] las cosas
viejas pasaron; hé aquí todas son hechas nuevas.

 18 Y todo esto [viene] de Dios, el cual nos reconcilió á sí por Cristo; y
nos dió el ministerio de la reconciliacion.

 19 Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo á sí, no
imputándoles sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliacion.

 20 Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios [os] rogase
por medio nuestro: [os] rogamos en nombre de Cristo: Reconciliáos con Dios.

 21 Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros
fuésemos hechos justicia de Dios en él.



CAPITULO 6.

 1 Y ASÍ [nosotros, como] ayudadores juntamente [con él, os] exhortamos
tambien á que no recibais en vano la gracia de Dios,

 2 (Porque dice: En tiempo aceptable te he oido, y en dia de salud te he
socorrido: hé aquí ahora el tiempo aceptable; hé aquí ahora el dia de salud.)

 3 No dando á nadie ningun escandalo, porque el ministerio [nuestro] no sea
vituperado:

 4 Antes habiéndonos en todas cosas como ministros de Dios, en mucha
paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias,

 5 En azotes, en cárceles, en alborotos, en trabajos, en vigilias, en ayunos,

 6 En castidad, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en Espíritu Santo, en
amor no fingido,

 7 En palabra de verdad, en potencia de Dios, en armas de justicia á diestro
y á siniestro,

 8 Por honra y por deshonra, por infamia y por buena fama; como engañadores,
mas hombres de verdad,

 9 Como ignorados, mas conocidos; como muriendo, mas hé aquí vivimos; como
castigados, mas no muertos;

 10 Como doloridos, mas siempre gozosos; como pobres, enriqueciendo á muchos;
como no

teniendo nada, mas poseyéndolo todo.

 11 Nuestra boca esta abierta á vosotros, oh Corintios; nuestro corazon es
ensanchado.

 12 No estais estrechos en nosotros; mas estais estrechos en vuestras
[propias] entrañas.

 13 Pues para corresponder al propio modo, (como á hijos hablo,) ensancháos
tambien vosotros.

 14 No os junteis en yugo con los infieles, porque ¿qué compañía tiene la
justicia con la injusticia? y ¿qué comunion la luz con las tinieblas,

 15 Y ¿qué concordia Cristo con Belial? ó ¿qué parte el fiel con el infiel?

 16 Y ¿qué concierto el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois
el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y
seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo.

 17 Por lo cual salid de en medio de ellos, y apartáos, dice el Señor; y no
toqueis lo inmundo; y yo os recibiré,

 18 Y seré á vosotros Padre, y vosotros me seréis á mí hijos é hijas, dice el
Señor Todopoderoso.



CAPITULO 7.

 1 ASÍ que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda
inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificacion en temor
de Dios.

 2 Admitidnos: á nadie hemos injuriado, á nadie hemos corrompido, á nadie
hemos engañado.

 3 No para condenar[os lo] digo; que ya he dicho ántes que estais en nuestros
corazones, para morir y para vivir juntamente [con vosotros.]

 4 Mucha confianza tengo de vosotros, tengo de vosotros mucha gloria; lleno
estoy de consolacion, sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.

 5 Porque aun cuando vinimos á Macedonia, ningun reposo tuvo nuestra carne;
ántes en todo fuimos atribulados: de fuera cuestiones, de dentro temores.

 6 Mas Dios, que consuela los humildes, nos consoló con la venida de Tito:

 7 Y no solo con su venida, sino tambien con la consolacion con que él fué
consolado acerca de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro
lloro, vuestro celo por mí, para que así me gozase mas.

 8 Porque aunque os contristé por carta, no me arrepiento, bien que me
arrepentí; porque veo que aquella carta, aunque por [algun] tiempo os
contristó,

 9 Ahora me gozo, no porque hayais sido contristados, sino porque fuisteis
contristados para arrepentimiento; porque habeis sido contristados segun
Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.

 10 Porque el dolor que es segun Dios obra arrepentimiento saludable, de que
no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo, obra muerte.

 11 Porque hé aquí, esto mismo que segun Dios fuisteis contristados, cuánta
solicitud ha obrado en vosotros, y aun defensa, y aun enojo, y aun temor, más
gran deseo, y aun celo, y además vindicacion. En todo os habeis mostrado
limpios en el negocio.

 12 Así que, aunque os escribí, no [fué] por causa del que hizo la injuria,
ni por causa del que la padeció, mas para que os fuese manifiesta nuestra
solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios.

 13 Por tanto tomamos consolacion de vuestra consolacion: empero mucho más
nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido recreado su espíritu de todos
vosotros.

 14 Pues si algo me he gloriado para con él de vosotros, no he sido
avergonzado; ántes como todo lo que habiamos dicho de vosotros [era] con
verdad, así tambien nuestra gloria delante de Tito fué hallada verdadera.

 15 Y sus entrañas son más abundantes para con vosotros cuando se acuerda de
la obediencia de todos vosotros, [y] de cómo lo recibisteis con temor y
temblor.

 16 Me gozo de que en todo estoy confiado de vosotros.



CAPITULO 8.

 1 ASIMISMO, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios, que ha sido dada á
las iglesias de Macedonia:

 2 Que en grande prueba de tribulacion la abundancia de su gozo y su profunda
pobreza abundaron en riquezas de su bondad.

 3 Pues de su grado [han dado] conforme á [sus] fuerzas, yo testifico, y aun
sobre [sus] fuerzas;

 4 Pidiéndonos con muchos ruegos, que aceptásemos la gracia y la comunicacion
del servicio para los santos.

 5 Y no como [lo] esperábamos, mas aun á sí mismos se dieron primeramente al
Señor, y á nosotros por la voluntad de Dios.

 6 De manera que exhortamos á Tito que como comenzó ántes, así tambien acabe
esta gracia entre vosotros tambien.

 7 Por tanto, como en todo abundais, en fé, y en palabra, y [en] ciencia, y
en toda solicitud, y [en] vuestro amor para con nosotros, que tambien
abundeis en esta gracia.

 8 No hablo como quien manda, sino para poner á prueba por la eficacia de
otros, la sinceridad tambien de la caridad vuestra.

 9 Porque ya sabeis la gracia de nuestro Señor Jesu-Cristo, que por amor de
vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis
enriquecidos.

 10 Y en esto doy [mi] consejo: porque esto os conviene á vosotros, que
comenzasteis ántes, no solo á hacerlo, mas aun a querer lo desde el año
pasado.

 11 Ahora pues, llevad tambien á cabo el hecho: para que como [estuvisteis]
prontos á querer, así tambien [lo esteis] en cumplir conforme á lo que
teneis.

 12 Porque si primero hay la voluntad pronto, será acepta por lo que tiene,
no por lo que no tiene.

 13 Porque no [se hace esto] para que haya para otros desahogo, y para
vosotros apretura;

 14 Sino para que en este tiempo, con igualdad, vuestra abundancia supla la
falta de ellos, para que tambien la abundancia de ellos supla vuestra falta;
porque haya igualdad,

 15 Como está escrito: El que [recogió] mucho, no tuvo más; y el que poco, no
tuvo ménos.

 16 Empero gracias á Dios que dió la misma solicitud por vosotros en el
corazon de Tito.

 17 Pues á la verdad recibió la exhortacion; mas estando tambien muy
solícito, de su voluntad partió para vosotros.

 18 Y enviamos juntamente con él al hermano, cuya alabanza en el Evangelio
[es] por todas las iglesias.

 19 Y no solo [esto,] mas tambien fué ordenado por las iglesias el compañero
de nuestra peregrinacion para [llevar] esta gracia, que es administrada de
nosotros para gloria del mismo Señor, y [para servir] vuestro pronto ánimo,

 20 Evitando que nadie nos vitupere en esta abundancia que ministramos:

 21 Procurando las cosas honestas, no solo delante del Señor, mas aun delante
de los hombres.

 22 Enviamos tambien con ellos á nuestro hermano, al cual muchas veces hemos
experimentado diligente; mas ahora mucho más con la mucha confianza que
[tenemos] en vosotros.

 23 Ora en órden á Tito, mi compañero y coadjutor para con vosotros, ó
[acerca de] nuestros hermanos, los mensajeros [son] de las iglesias, [y] la
gloria de Cristo.

 24 Mostrad pues para con ellos á la faz de las iglesias la prueba de vuestro
amor, y de nuestra gloria acerca de vosotros.



CAPITULO 9.



 1 PORQUE cuanto á la suministracion para los santos, por demás me es
escribiros;

 2 Pues conozco vuestro pronto ánimo, del cual me glorío yo entre los de
Macedonia, que Achaia está apercibida desde el año pasado; y vuestro ejemplo
ha estimulado á muchos.

 3 Mas he enviado los hermanos, porque nuestra gloria de vosotros no sea vana
en esta parte; para que, como lo he dicho, esteis apercibidos:

 4 No sea que, si vinieren conmigo Macedonios, y os hallaren desapercibidos,
nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de este firme gloriarnos.

 5 Por tanto tuve por cosa necesaria exhortar á los hermanos que fuesen
primero á vosotros, y apresten primero vuestra bendicion ántes prometida,
para que esté aparejada como [de] bendicion, y no como [de] mezquindad.

 6 Esto empero [digo:] El que siembra escasamente, tambien segará
escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones tambien segará.

 7 Cada uno [dé] como propuso en su corazon: no con tristeza, ó por necesidad
porque Dios ama al dador alegre.

 8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia; á fin
que, teniendo siempre en todas [cosas] todo lo que basta, abundeis para toda
buena obra:

 9 (Como está escrito: Derramó; dió á los pobres: su justicia permanece para
siempre.

 10 Y el que da simiente al que siembra, tambien dará pan para comer, y
multiplicará vuestra sementera, y aumentará los crecimientos de los frutos de
vuestra justicia;)

 11 Para que esteis enriquecidos en todo para toda bondad, la cual obra por
nosotros hacimiento de gracias á Dios.

 12 Porque la suministracion de este servicio no solamente suple lo que á los
santos falta, sino tambien abunda en muchos hacimientos de gracias á Dios:

 13 Que por la experiencia de esta suministracion glorifican á Dios por la
obediencia que profesais al Evangelio de Cristo, y por la bondad de
contribuir para ellos y para todos:

 14 Asimismo por la oracion de ellos á favor vuestro, los cuales os quieren á
causa de la eminente gracia de Dios en vosotros.

 15 Gracias [sean dadas] á Dios por su don inefable.



CAPITULO 10.

 1 EMPERO, yo Pablo os ruego por la mansedumbre y modestia de Cristo ([yo]
que presente ciertamente [soy] bajo entre vosotros; mas ausente soy confiado
con vosotros:)

 2 Ruego, pues, que cuando estuviere presente, no tenga que ser atrevido con
la confianza con que estoy en animo de ser resuelto para con algunos, que nos
tienen como si anduviésemos segun la carne.

 3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos segun la carne:

 4 Porque las armas de nuestra milicia no [son] carnales; sino poderosas en
Dios para la destruccion de fortalezas;

 5 Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de
Dios, y cautivando todo intento á la obediencia de Cristo;

 6 Y estando prestos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra
obediencia fuere cumplida.

 7 ¿Mirais las cosas segun la apariencia? Si alguno está confiado en sí mismo
que es de Cristo, esto tambien piense por sí mismo, que como él [es] de
Cristo, así tambien nosotros [somos] de Cristo.

 8 Porque aunque me gloríe aun un poco de nuestra potestad, (la cual el Señor
nos dió para edificacion, y no para vuestra destruccion,) no me avergonzaré.

 9 [Dígolo] porque no parezca como que os [quiero] espantar por cartas.

 10 Porque á la verdad, dicen, las cartas [son] graves y fuertes; mas la
presencia corporal flaca, y la palabra menospreciable.

 11 Esto piense el tal, que cuales somos en la palabra por cartas, estando
ausentes, tales [serémos] tambien en hechos, estando presentes.

 12 Porque no osamos entremeternos ó compararnos con algunos que se alaban á
sí mismos: mas [ellos,] midiéndose á sí mismos por sí mismos, y comparándose
consigo mismos, no son juiciosos.

 13 Nosotros empero no nos gloriarémos fuera de [nuestra] medida, sino
conforme á la medida de la regla, de la medida que Dios nos repartió, para
llegar aun hasta vosotros.

 14 Porque no nos extendemos sobre [nuestra medida,] como si no llegásemos
hasta vosotros; porque tambien hasta vosotros hemos llegado en el Evangelio
de Cristo:

 15 No gloriándonos fuera de [nuestra] medida en trabajos ajenos; mas
teniendo esperanza del crecimiento de vuestra fé, que serémos muy
engrandecidos entre vosotros conforme á nuestra regla,

 16 Y que anunciarémos el Evangelio en los [lugares] más allá de vosotros,
sin [entrar en] la medida de otro para gloriarnos en lo que [ya] estaba
aparejado.

 17 Mas el que se gloría, gloríese en el Señor.

 18 Porque no el que se alaba á sí mismo, el tal es aprobado; mas aquel á
quien Dios alaba.



CAPITULO 11.

 1 OJALÁ toleraseis un poco mi locura; empero toleradme.

 2 Pues que os celo con celo de Dios; porque os he desposado á un marido,
para presentaros [como] una vírgen pura á Cristo.

 3 Mas temo que como la serpiente engañó á Eva con su astucia, sean
corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, [y caigan] de la
simplicidad que es en Cristo.

 4 Porque si el que viene, predicare otro Cristo que el que hemos predicado,
ó recibiereis otro espíritu del que habeis recibido, ú otro evangelio del que
habeis aceptado, [lo] sufrierais bien.

 5 [Cuanto á mí,] cierto pienso que en nada he sido inferior á aquellos
grandes apóstoles.

 6 Porque aunque [soy] basto en palabra, empero no en la ciencia; mas en todo
somos ya del todo manifiestos á vosotros.

 7 ¿Pequé yo humillándome á mí mismo, para que vosotros fueseis ensalzados,
porque os he predicado el Evangelio de Dios de balde?

 8 He despojado las otras iglesias, recibiendo salario para ministraros á
vosotros.

 9 Y estando con vosotros, y teniendo necesidad, á ninguno [de vosotros] fuí
carga: porque lo que me faltaba, suplieron los hermanos que vinieron de
Macedonia: y en todo me guardé de seros gravoso, y me guardaré.

 10 Es la verdad de Cristo en mí, que esta gloria no me será cerrada en las
partes de Achaia.

 11 ¿Por qué? [es] porque no os amo? Dios lo sabe.

 12 Mas lo que hago, haré aun para cortar la ocasion de aquellos que la
desean, á fin que en aquello que se glorían, sean hallados semejantes á
nosotros.

 13 Porque estos [son] falsos apóstoles, obreros fraudulentos,
transfigurándose en apóstoles de Cristo.

 14 Y no [es] maravilla; porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de
luz.

 15 Así que no [es] mucho, si tambien sus ministros se transfiguran como
ministros de justicia; cuyo fin será conforme á sus obras.

 16 Otra vez digo: Que nadie me estime ser loco; de otra manera, recibidme
como á loco, para que aun me gloríe yo un poquito.

 17 Lo que hablo, no lo hablo segun el Señor, sino como en locura, con esta
confianza de gloria.

 18 Pues que muchos se glorían segun la carne, tambien yo me gloriaré.

 19 Porque de buena gana tolerais los necios, siendo vosotros sabios:

 20 Porque tolerais si alguno os pone en servidumbre, si alguno [os] devora,
si alguno toma, si alguno se ensalza, si alguno os hiere en la cara.

 21 Dígolo cuanto á la afrenta, como si nosotros hubiésemos sido flacos.
Empero en lo que otro tuviere osadía (hablo con locura) tambien yo tengo
osadía.

 22 ¿Son Hebréos? yo tambien. ¿Son Israelitas? yo tambien. ¿Son simiente de
Abraham? tambien yo.

 23 ¿Son ministros de Cristo? (como poco sabio hablo) yo más: en trabajos más
abundante; en azotes sin medida; en cárceles, más; en muertes, muchas veces.

 24 De los Judíos cinco veces he recibido cuarenta [azotes] ménos uno.

 25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he
padecido naufragio; una noche y un dia he estado en lo profundo [de la mar.]

 26 En caminos muchas veces; peligros de rios, peligros de ladrones, peligros
de los de [mi] nacion, peligros de los Gentiles, peligros en la ciudad,
peligros en el desierto, peligros en la mar, peligros entre falsos hermanos;

 27 En trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos
ayunos, en frio y en desnudez;

 28 Sin [otras] cosas además, lo que sobre mí se agolpa cada dia, la
solicitud de todas las iglesias.

 29 ¿Quién enferma, y [yo] no enfermo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me
quemo?

 30 Si es menester gloriarse, me gloriaré yo de lo que es de mi flaqueza.

 31 El Dios y Padre del Señor nuestro Jesu-Cristo, que es bendito por siglos,
sabe que no miento:

 32 En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la
ciudad de los Damascenos para prenderme:

 33 Y fuí descolgado del muro en un seron por una ventana, y escapé de sus
manos.



CAPITULO 12.

 1 CIERTO no me es conveniente gloriarme; mas vendré á las visiones y á las
revelaciones del Señor.

 2 Conozco á un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no
[lo] sé; si fuera del cuerpo, no [lo] sé; Dios [lo] sabe) fué arrebatado
hasta el tercer cielo.

 3 Y conozco tal hombre, (si en el cuerpo, ó fuera del cuerpo, no [lo] sé:
Dios [lo] sabe,)

 4 Que fué arrebatado al paraiso, donde oyó palabras secretas que el hombre
no puede decir.

 5 De este tal me gloriaré: mas de mí mismo nada me gloriaré, sino en mis
flaquezas.

 6 Por lo cual si quisiere gloriarme, no seré insensato; porque diré verdad:
empero [lo] dejo, porque nadie piense de mí mas de lo que en mí ve, ú oye de
mí.

 7 Y porque la grandeza de las revelaciones no me levante descomedidamente,
me es dado un aguijon en mi carne, un mensajero de Satanás, que me abofetée,
para que no me enaltezca sobremanera.

 8 Por lo cual tres veces he rogado al Señor que se quite de mí.

 9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se
perfecciona. Por tanto de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas,
porque habite en mí la potencia de Cristo.

 10 Por lo cual me gozo en las flaquezas, en afrentas, en necesidades, en
persecuciones, en angustias por Cristo: porque cuando soy flaco, entónces soy
poderoso.

 11 Héme hecho un necio en gloriarme: vosotros me constreñisteis; pues yo
habia de ser alabado de vosotros: porque en nada he sido ménos que los sumos
apóstoles, aunque soy nada.

 12 Con todo esto las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en
toda paciencia, en señales, y en prodigios, y en maravillas.

 13 Porque ¿qué hay en que habeis sido ménos que las otras iglesias, sino en
que yo mismo no os he sido carga? Perdonadme esta injuria.

 14 Hé aquí estoy aparejado para ir á vosotros la tercera vez, y no os seré
gravoso; porque no busco vuestras cosas, sino á vosotros: porque no han de
atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.

 15 Empero yo de muy buena gana despenderé y seré despendido por vuestras
almas, aunque amándoos más, sea amado ménos.

 16 Mas sea así, yo no os he agravado; sino que, como soy astuto, os he
tomado por engaño.

 17 ¿Acaso os he engañado por alguno de los que he enviado á vosotros?

 18 Rogué á Tito, y envié con [él] al hermano. ¿Os engañó quizá Tito? ¿no
hemos procedido con el mismo espíritu, y por las mismas pisadas?

 19 ¿Pensais aun que nos excusamos con vosotros? Delante de Dios, en Cristo
hablamos: mas todo, muy amados, por vuestra edificacion.

 20 Porque temo que cuando llegare, no os halle tales como quiero, y yo sea
hallado de vosotros cual no quereis; que [haya] entre vosotros contiendas,
envidias, iras, disensiones, detracciones, murmuraciones, elaciones, bandos;

 21 Que cuando volviere, me humille Dios entre vosotros, y haya de llorar por
muchos de los que ántes habrán pecado, y no se han arrepentido de la
inmundicia, y fornicacion, y deshonestidad que han cometido.



CAPITULO 13.

 1 ESTA tercera vez voy á vosotros. En la boca de dos ó de tres testigos
consistirá todo negocio.

 2 He dicho ántes, y ahora digo otra vez como presente; y ahora ausente lo
escribo á los que ántes pecaron, y á todos los demás; que si voy otra vez, no
perdonaré:

 3 Pues buscais una prueba de Cristo que habla en mí, el cual no es flaco
para con vosotros, ántes es poderoso en vosotros.

 4 Porque aunque fué crucificado por flaqueza, empero vive por potencia de
Dios. Pues tambien nosotros somos flacos con él, mas vivirémos con él por la
potencia de Dios para con vosotros.

 5 Examináos á vosotros mismos si estais en fé; probáos á vosotros mismos.
¿No os conoceis á vosotros mismos, que Jesu-Cristo está en vosotros? si ya no
sois reprobados.

 6 Mas espero que conoceréis que nosotros no somos reprobados.

 7 Y oramos á Dios que ninguna cosa mala hagais; no para que nosotros seamos
hallados aprobados, mas para que vosotros hagais lo que es bueno, aunque
nosotros seamos como reprobados.

 8 Porque ninguna cosa podemos contra la verdad, sino por la verdad.

 9 Por lo cual nos gozamos que seamos nosotros flacos, y que vosotros esteis
fuertes; y aun deseamos vuestra perfeccion.

 10 Por tanto [os] escribo esto ausente por no tratar presente con [más]
dureza, conforme á la potestad que el Señor me ha dado para edificacion, y no
para destruccion.

 11 Resta hermanos, que tengais gozo; seais perfectos, tengais consolacion,
sintais una misma cosa, tengais paz; y el Dios de paz y de caridad será con
vosotros.

 12 Saludáos los unos á los otros con ósculo santo. Todos los santos os
saludan.

 13 La gracia del Señor Jesu-Cristo y el amor de Dios, y la participacion del
Espíritu Santo sea con vosotros todos. Amen.

 La segunda [epístola] á los Corintios fué enviada de Filipos de Macedonia
con Tito y Lucas.



LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

GÁLATAS.



CAPITULO 1.

 1 PABLO apóstol, no de los hombres, ni por hombre, mas por Jesu-Cristo, y
por Dios el Padre, que lo resucitó de los muertos,

 2 Y todos los hermanos que están conmigo, á las iglesias de Galacia:

 3 Gracia [sea] á vosotros, y paz de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesu-
Cristo

 4 El cual se dió á sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este
presente siglo malo, conforme á la voluntad de Dios y Padre nuestro;

 5 Al cual [es] la gloria por siglos de siglos. Amen.

 6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayais traspasado del que os llamó
á la gracia de Cristo, á otro evangelio;

 7 No que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren
pervertir el Evangelio de Cristo.

 8 Mas aun si nosotros, ó un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del
que os hemos anunciado, sea anatema.

 9 Como ántes hemos dicho, tambien ahora decimos otra vez: si alguno os
anunciare otro evangelio del que habeis recibido, sea anatema.

 10 Porque ¿persuado yo ahora á hombres ó á Dios? ¿ó busco de agradar á
hombres? Cierto que si todavia agradara á los hombres, no seria siervo de
Cristo.

 11 Mas os hago saber, hermanos, que el Evangelio que [os] ha sido anunciado
por mí, no es segun hombre.

 12 Pues ni yo lo recibí, ni [lo] aprendí de hombre, sino por revelacion de
Jesu-Cristo.

 13 Porque ya habeis oido acerca de mi conducta otro tiempo en el Judaismo:
que perseguia sobremanera la iglesia de Dios, y la destruia;

 14 Y aprovechaba en el Judaismo sobre muchos de mis iguales en mi nacion,
siendo muy más celador [que todos] de las tradiciones de mis padres.

 15 Mas cuando plugo á Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y
[me] llamó por su gracia,

 16 Revelar á su Hijo en mí, para que le predicase entre los Gentiles, luego
no conferí con carne y sangre;

 17 Ni fuí á Jerusalem á los que eran apóstoles ántes que yo; sino que me fuí
á la Arabia, y volví de nuevo á Damasco.

 18 Despues, pasados tres años, fuí á Jerusalem á ver á Pedro, y estuve con
el quince dias.

 19 Mas á ningun otro de los apóstoles ví, sino á Jacobo el hermano del
Señor.

 20 Y [en] esto que os escribo, hé aquí delante de Dios, no miento.

 21 Despues fuí á las partes de Siria y de Cilicia.

 22 Y no era conocido de vista á las iglesias de Judéa, que eran en Cristo.

 23 Solamente habian oido [acerca de mí:] Aquel que en otro tiempo nos
perseguia, ahora anuncia la fe que en otro tiempo destruia.

 24 Y glorificaban á Dios en mí.



CAPITULO 2.

 1 DESPUES, pasados catorce años, fuí otra vez á Jerusalem juntamente con
Bernabé, tomando tambien conmigo á Tito.

 2 Empero fuí por revelacion, y comuniquéles el Evangelio que predico entre
los Gentiles; mas particularmente á los que parecian ser algo, por no correr
en vano, ó haber corrido.

 3 Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo Griego, fué compelido á
circuncidarse:

 4 Y [eso] por causa de los falsos hermanos, que se entraban secretamente
para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesus, para ponernos en
servidumbre;

 5 A los cuales ni aun por una hora cedimos sujetándonos, para que la verdad
del Evangelio permaneciese con vosotros.

 6 Empero de aquellos que parecian ser algo, (cuales hayan sido algun tiempo,
no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre;) á mí ciertamente los
que parecian [ser] algo, nada me dieron.

 7 Antes por el contrario, como vieron que el Evangelio de la incircuncision
me era encargado, como á Pedro el de la circuncision,

 8 (Porque el que hizo por Pedro para el apostolado de la circuncision, hizo
tambien por mí para con los Gentiles.)

 9 Y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo, y Cephas, y Juan, que
parecian ser las columnas, nos dieron las diestras de compañía á mí y á
Bernabé, para que nosotros [predicásemos] á los Gentiles, y ellos á la
circuncision.

 10 Solamente [nos pidieron] que nos acordásemos de los pobres; lo mismo que
fuí tambien solícito en hacer.

 11 Empero viniendo Pedro á Antioquia, le resistí en la cara, porque era de
condenar.

 12 Porque ántes que viniesen unos [de parte] de Jacobo, comia con los
Gentiles; mas despues que vinieron, se retraia y apartaba teniendo miedo de
los que eran de la circuncision.

 13 Y á su disimulacion consentian tambien los otros Judíos; de tal manera
que aun Bernabé fué tambien llevado [de ellos] en su simulacion.

 14 Mas cuando ví que no andaban derechamente conforme á la verdad del
Evangelio, dije á Pedro delante de todos: Si tú, siendo Judío, vives como los
Gentiles y no como Judío, ¿por qué constriñes á los Gentiles á judaizar?

 15 Nosotros Judíos naturales, y no pecadores de los Gentiles,

 16 Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino
por la fé de Jesu-Cristo, nosotros tambien hemos creido en Jesu-Cristo, para
que fuésemos justificados por la fé de Cristo, y no por las obras de la ley;
por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada.

 17 Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, tambien nosotros somos
hallados pecadores, ¿[es] por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna
manera.

 18 Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo á edificar,
transgresor me hago.

 19 Porque yo por la ley soy muerto á la ley, para vivir á Dios.

 20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo; no ya yo, mas vive
Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, [lo] vivo en la fé del Hijo de
Dios, el cual me amó, y se entrego á sí mismo por mí.

 21 No desecho la gracia de Dios. Porque si por la ley fuese la justicia,
entónces por demás murió Cristo.



CAPITULO 3.

 1 OH Gálatas insensatos! ¿quién os fascinó, para no obedecer á la verdad,
ante cuyos ojos Jesu-Cristo fué ya descrito [como] crucificado entre
vosotros?

 2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras
de la ley, ó por el oir de la fé?

 3 ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os
perfeccionais por la carne?

 4 ¿Tantas cosas habeis padecido en vano? si empero en vano.

 5 Aquel, pues, que os daba el Espíritu; y obraba maravillas entre vosotros,
¿[hacíalo] por las obras de la ley, ó por el oir de la fé?

 6 Como Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia.

 7 Sabeis por tanto que los que son de fé, los tales son hijos de Abraham.

 8 Y viendo ántes la escritura, que Dios por la fé habia de justificar los
Gentiles, evangelizó ántes á Abraham, [diciendo:] En tí serán benditas todas
las naciones.

 9 Luego los de la fé son [los] benditos con el creyente Abraham.

 10 Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo de maldicion.
Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las
cosas que están escritas en el libro de la ley para hacerlas.

 11 Mas por cuanto por la ley ninguno se justifica para con Dios, queda
manifiesto: Que el justo por la fé vivirá.

 12 La ley tambien no es de la fé, sino: El hombre que los hiciere, vivirá en
ellos.

 13 Cristo nos redimió de la maldicion de la ley, hecho por nosotros
maldicion; (porque está escrito: Maldito cualquiera que es colgado en
madero:)

 14 Para que la bendicion de Abraham fuese sobre los Gentiles en Cristo
Jesus; para que por la fé recibamos la promesa del Espíritu.

 15 Hermanos, hablo como hombre: Aunque un pacto [sea] de hombre, con todo
[siendo] confirmado, nadie [lo] cancela, ó le añade.

 16 A Abraham fueron hechas las promesas, y á su simiente. No dice: Y á las
simientes, como de muchos, sino como de uno. Y á tu simiente, la cual es
Cristo.

 17 Esto pues digo: Que el contrato confirmado de Dios para con Cristo, la
ley que fué hecha cuatrocientos y treinta años despues, no lo abroga, para
invalidar la promesa.

 18 Porque si la herencia es por la ley, ya no [será] por la promesa; empero
Dios por la promesa hizo la donacion á Abraham.

 19 ¿Pues de qué [sirve] la ley? Fué puesta por causa de las rebeliones,
hasta que viniese la simiente á quien fué hecha la promesa; ordenada
[aquella] por los ángeles en la mano de un mediador.

 20 Y el mediador no es de uno, pero Dios es uno.

 21 Luego ¿la ley [es] contra las promesas de Dios? En ninguna manera: porque
si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la
ley.

 22 Mas encerró la escritura todo debajo de pecado, para que la promesa fuese
dada á los creyentes por la fé de Jesu-Cristo.

 23 Empero ántes que viniese la fé estábamos guardados debajo de la ley,
encerrados para aquella fé que habia de ser descubierta.

 24 De manera que la ley nuestro ayo fué para [llevarnos] á Cristo, para que
fuésemos justificados por la fé.

 25 Mas venida la fé, ya no estamos debajo del ayo.

 26 Porque todos sois hijos de Dios por la fé en Cristo Jesus.

 27 Porque todos los que habeis sido bautizados en Cristo, de Cristo estais
vestidos.

 28 No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varon, ni
hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesus.

29 Y si vosotros [sois] de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y
conforme á la promesa los herederos.



CAPITULO 4.

 1 TAMBIEN digo: Entretanto que el heredero es niño, en nada difiere del
siervo, aunque es señor de todo;

 2 Mas está debajo de tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el
padre.

 3 Así tambien nosotros, cuando éramos niños, eramos siervos bajo los
rudimentos del mundo.

 4 Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer,
hecho súbdito á la ley,

 5 Para que redimiese los que estaban debajo de la ley, á fin que
recibiésemos la adopcion de hijos.

 6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros
corazones^, el cual clama: Abba, Padre:

 7 Así que ya no eres más siervo, sino hijo; y si hijo, tambien heredero de
Dios por Cristo.

 8 Antes, en otro tiempo, no conociendo á Dios, serviais á los que por
naturaleza no son dioses:

 9 Mas ahora habiendo conocido á Dios, ó mas bien, siendo conocidos de Dios,
¿cómo os volveis de nuevo á los flacos y pobres rudimentos, en los cuales
quereis volver á servir,

 10 Guardais los dias, y los meses, y los tiempos, y los años.

 11 Temo de vosotros, que no haya trabajado en vano en vosotros.

 12 Hermanos, os ruego, sed como yo, porque yo [soy] como vosotros: ningun
agravio me habeis hecho.

 13 Que vosotros sabeis que por flaqueza de carne os anuncié el Evangelio al
principio:

 14 Y no desechasteis ni menospreciasteis mi tentacion que [estaba] en mi
carne ántes me recibisteis como á un ángel de Dios, como á Cristo Jesus.

 15 ¿Dónde esta, pues, vuestra bienaventuranza? porque yo os doy testimonio,
que si se pudiera [hacer,] os hubierais sacado vuestros ojos para dármelos.

 16 ¿Heme pues hecho vuestro enemigo, diciéndoos la verdad?

 17 Tienen celos de vosotros, [pero] no bien: ántes, os quieren echar fuera
para que vosotros los celeis á ellos.

 18 Bueno [es] ser celosos en bien siempre; y no solamente cuando estoy
presente con vosotros.

 19 Hijitos mios, que vuelvo otra vez á estar de parto de vosotros, hasta que
Cristo sea formado en vosotros,

 20 Querria cierto estar ahora con vosotros, y mudar mi voz; porque estoy
perplejo en cuanto á vosotros.

 21 Decidme, los que quereis estar debajo de la ley, ¿no habeis oido la ley?

 22 Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, el otro
de la libre.

 23 Mas el de la sierva nació segun la carne; pero el de la libre [nació] por
la promesa.

 24 Las cuales cosas son dichas por alegoría: porque estas [mujeres] son los
dos pactos; el uno ciertamente del monte Sina, el cual engendró para
servidumbre, que es Agar.

 25 Porque Agar ó Sina es un monte de Arabia, el cual es conjunto á la que
ahora es Jerusalem, la cual sirve con sus hijos.

 26 Mas la Jerusalem de arriba libre es; la cual es la madre de todos
nosotros.

 27 Porque esta escrito: Alégrate, estéril que no pares; prorrumpe^ en
[alabanzas] y clama, la que no estás de parto; porque más son los hijos de la
dejada, que de la que tiene marido.

 28 Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.

 29 Empero como entónces el que era engendrado segun la carne, perseguia al
que [habia nacido] segun el Espíritu, así tambien ahora.

 30 Mas ¿qué dice la escritura? Echa fuera á la sierva y á su hijo: Porque no
será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre.

 31 De manera, hermanos, que no somos hijos de la sierva, mas de la libre.



CAPITULO 5.

 1 ESTAD, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no
volvais otra vez á ser presos en el yugo de servidumbre.

 2 Hé aquí, yo Pablo os digo: que si os circuncidareis, Cristo no os
aprovechará nada.

 3 Y otra vez vuelvo á protestar á todo hombre que se circuncidare, que está
obligado á hacer toda la ley.

 4 Vacíos sois de Cristo los que por la ley os justificais; de la gracia
habeis caido.

 5 Porque nosotros por el Espíritu esperamos la esperanza de la justicia por
la fé.

 6 Porque en Cristo Jesus ni la circuncision vale algo, ni la incircuncision;
sino la fé que obra por la caridad.

 7 Vosotros corriais bien: ¿quién os embarazó para no obedecer á la verdad?

 8 Esta persuasion no es de aquel que os llama.

 9 Un poco de levadura leuda toda la masa.

 10 Yo confio de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa sentiréis: mas
el que os inquieta, llevará el juicio, quien quiera que él sea.

 11 Y yo, hermanos, si aun predico la circuncision, ¿por qué padezco
persecucion todavía? pues que quitado es el escándalo de la cruz.

 12 Ojalá fuesen tambien cortados los que os inquietan.

 13 Porque vosotros, hermanos, á libertad habeis sido llamados: solamente que
no [useis] la libertad como ocasion á la carne; sino servíos por amor los
unos á los otros.

 14 Porque toda la ley en aquesta sola palabra se cumple: Amarás á tu prójimo
como á tí mismo.

 15 Y si os mordeis y os comeis los unos á los otros, mirad que tambien no os
consumais los unos á los otros.

 16 Digo pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagais la concupiscencia de la
carne.

 17 Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la
carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagais lo que
quisiereis.

 18 Mas si sois guiados del Espíritu, no estais debajo de la ley.

 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicacion,
inmundicia, disolucion,

 20 Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, zelos, iras, contiendas,
disensiones, herejías,

 21 Envidias, homicidios, borracheras, banquetéos, y cosas semejantes á
estas: [de] las cuales os denuncio, como ya [os] he anunciado, que los que
hacen tales cosas, no heredaran el reino de Dios.

 22 Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad,
bondad, fé,

 23 Mansedumbre, templanza. Contra tales cosas no hay ley.

 24 Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus afectos y
concupiscencias.

 25 Si vivimos en el Espíritu, andemos tambien en el Espíritu.

 25 No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos á los otros,
envidiándose los unos á los otros.



CAPITULO 6.

 1 HERMANOS, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros [que sois]
espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote
á tí mismo, para que tú no seas tambien tentado.

 2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de
Cristo.

 3 Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, á sí mismo se
engaña.

 4 Así que cada uno examine su obra; y entónces tendrá gloria solo respecto
de sí mismo, y no en otro.

 5 Porque cada cual llevará su carga.

 6 Y el que es enseñado en la palabra, comunique en todos los bienes al que
lo instruye.

 7 No os engañeis: Dios no [puede] ser burlado: que todo lo que el hombre
sembrare, eso tambien segará.

 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupcion; mas el
que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

 9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segarémos, si no
hubiéremos desmayado.

 10 Así que entretanto que tenemos tiempo, hagamos bien á todos, y mayormente
á los domésticos de la fé.

 11 Mirad en cuán grandes letras os he escrito de mi mano.

 12 Todos los que quieren agradar en la carne, estos os constriñen á que os
circuncideis, solamente por no padecer persecucion por la cruz de Cristo.

 13 Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; sino que
quieren que vosotros seais circuncidados, para gloriarse en vuestra carne.

 14 Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesu-
Cristo, por el cual el mundo me es crucificado á mí, y yo al mundo.

 15 Porque en Cristo Jesus, ni la circuncision vale nada, ni la
incircuncision, sino la nueva criatura.

 16 Y todos los que anduvieren conforme á esta regla, paz sobre ellos, y
misericordia, y sobre el Israel de Dios.

 17 De aquí adelante nadie me sea molesto: porque yo traigo en mi cuerpo las
marcas del Señor Jesus.

 18 Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesu-Cristo [sea] con vuestro
espíritu. Amen.

 Enviada de Roma á los Gálatas.



LA EPÍSTOLA^ DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á^ LOS

EFESIOS.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, apóstol de Jesu-Cristo por la voluntad de Dios, á los santos y
fieles en Cristo Jesus, que están en Efeso:

 2 Gracia [sea] á vosotros, y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesu-
Cristo.

 3 Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesu-Cristo, el cual nos bendijo
con toda bendicion espiritual en [lugares] celestiales en Cristo;

 4 Segun nos escogió en él ántes de la fundacion del mundo, para que fuésemos
santos y sin mancha delante de él en amor;

 5 Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesu-Cristo en sí
mismo, segun el puro afecto de su voluntad,

 6 Para la alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos
en el amado:

 7 En el cual tenemos redencion por su sangre, la remision de pecados, por
las riquezas de su gracia,

 8 Que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría é inteligencia;

 9 Descubriéndonos el misterio de su voluntad, segun su beneplácito, que se
habia propuesto en sí mismo,

 10 De reunir todas las cosas en Cristo en la dispensacion del cumplimiento
de los tiempos, así las que [están] en los cielos, como las que [están] en la
tierra:

 11 En él [digo,] en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido
predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas segun el
consejo de su voluntad,

 12 Para que seamos para alabanza de su gloria nosotros, que ántes esperamos
en Cristo.

 13 En el cual [esperasteis] tambien vosotros en oyendo la palabra de verdad
el Evangelio de vuestra salud: en el cual tambien desde que creisteis,
fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

 14 Que es las arras de nuestra herencia, para [el dia de] la redencion de la
posesion adquirida para alabanza de su gloria.

 15 Por lo cual tambien yo, habiendo oido de vuestra fé en el Señor Jesus, y
amor para con todos los santos,

 16 No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis
oraciones;

 17 Que el Dios del Señor nuestro Jesu-Cristo, el Padre de gloria, os dé
espíritu de sabiduría y de revelacion para su conocimiento;

 18 Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepais cuál sea la
esperanza de su vocacion, y cuales las riquezas de la gloria de su herencia
en los santos,

 19 Y cual aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los
que creemos, por la operacion de la potencia de su fortaleza,

 20 La cual obró en Cristo, resucitándole de los muertos, y colocándole á su
diestra en los cielos,

 21 Sobre todo principado y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre
que se nombra, no solo en este siglo, mas aun en el venidero:

 22 Y sometió todas las cosas debajo de sus piés, y dióle por cabeza sobre
todas las cosas á la iglesia,

 23 La cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que hinche todas las cosas en
todo.



CAPITULO 2.

 1 Y [DE ella recibisteis] vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos
y pecados,

 2 En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condicion de este mundo,
conforme á [la voluntad] del príncipe de la potestad del aire, el espíritu
que ahora obra en los hijos de desobediencia:

 3 Entre los cuales todos nosotros tambien vivimos en otro tiempo en los
deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los
pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, tambien como los demás.

 4 Empero Dios que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos
amó,

 5 Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con
Cristo, por [cuya] gracia sois salvos.

 6 Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con
Cristo Jesus,

 7 Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia
en [su] bondad para con nosotros en Cristo Jesus.

 8 Porque por gracia sois salvos por la fé; y esto no de vosotros, [pues es]
don de Dios:

 9 No por obras, para que nadie se gloríe.

 10 Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesus para buenas obras, las
cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

 11 Por tanto acordáos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne,
que érais llamados incircuncision por la que se llama circuncision, hecha con
mano en la carne;

 12 Que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de
Israel, y extranjeros á los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en
el mundo:

 13 Mas ahora en Cristo Jesus, vosotros que en otro tiempo estabais léjos,
habeis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

 14 Porque él es nuestra paz que de ambos hizo uno, derribando la pared
intermedia de separacion;

 15 Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en
orden á ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo
la paz,

 16 Y reconciliar por [su] cruz con Dios á ambos en un mismo cuerpo, matando
en ella las enemistades.

 17 Y vino, y anunció la paz á vosotros que [estabais] léjos, y á los que
[estaban] cerca:

 18 Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al
Padre.

 19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos
con los santos, y domésticos de Dios;

 20 Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la
principal piedra del ángulo Jesu-Cristo mismo;

 21 En el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para [ser] un
templo santo en el Señor:

 22 En el cual vosotros tambien sois juntamente edificados, para morada de
Dios en Espíritu.



CAPITULO 3.

 1 POR esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesus, por vosotros los
Gentiles;

 2 (Si es que habeis oido la dispensacion de la gracia de Dios que me ha sido
dada para con vosotros:

 3 [A saber,] que por revelacion me fué declarado el misterio, como ántes he
escrito en breve;

 4 Leyendo lo cual podeis entender cual sea mi inteligencia en el misterio de
Cristo:

 5 El cual [misterio] en los otros siglos no se dió á conocer á los hijos de
los hombres como ahora es revelado á sus santos apóstoles y profetas en
Espíritu:

 6 Que los Gentiles sean juntamente herederos, é incorporados, y consortes de
su promesa en Cristo por el Evangelio:

 7 Del cual yo soy hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha
sido dado segun la operacion de su potencia.

 8 A mí, que soy ménos que el más pequeño de todos los santos, es dada esta
gracia de anunciar entre los Gentiles el Evangelio de las inescrutables
riquezas de Cristo,

 9 Y de aclarar á todos cuál sea la dispensacion del misterio escondido desdé
los siglos en Dios, que crió todas las cosas [por Jesu-Cristo:]

 10 Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la
iglesia á los principados y potestades en los cielos,

 11 Conforme á la determinacion eterna, que hizo en Cristo Jesus nuestro
Señor:

 12 En el cual tenemos seguridad y entrada con confianza por la fé de él.

 13 Por tanto pido que no desmayeis á causa de mis tribulaciones por
vosotros, las cuales son vuestra gloria.)

 14 Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesu-Cristo,

 15 Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra,

 16 Que os dé, conforme á las riquezas de su gloria, el ser corroborados con
potencia en el hombre interior por su Espíritu;

 17 Que habite Cristo por la fé en vuestros corazones; para que, arraigados y
fundados en amor,

 18 Podais bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura, y la
longura, y la profundidad, y la altura;

 19 Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que
seais llenos de toda la plenitud de Dios.

 20 Y á aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho mas
abundantemente de lo que pedimos ó entendemos, por la potencia que obra en
nosotros,

 21 A él [sea] gloria en la iglesia, por Cristo Jesus, por todas edades, del
siglo de los siglos. Amen.



CAPITULO 4.

 1 YO, pues, preso en el Señor, os ruego que andeis como es digno de la
vocacion con que sois llamados;

 2 Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportando los unos á los
otros en amor;

 3 Solícitos á guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

 4 Un cuerpo, y un Espíritu, como sois tambien llamados á una misma esperanza
de vuestra vocacion:

 5 Un Señor, una fé, un bautismo,

 6 Un Dios y Padre de todos, el cual [es] sobre todas las cosas, y por todas
las cosas, y en todos vosotros.

 7 Empero á cada uno de nosotros es dada la gracia conforme á la medida del
don de Cristo.

 8 Por lo cual dice: Subiendo á lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dió
dones á los hombres.

 9 Y que subió, ¿qué es, sino que tambien habia descendido primero á las
partes mas bajas de la tierra?

 10 El que descendió, él mismo es el que tambien subió sobre todos los
cielos, para cumplir todas las cosas:

 11 Y él mismo dió unos, ciertamente apóstoles; y otros, profetas; y otros
evangelistas; y otros, pastores y doctores.

 12 Para perfeccion de los santos, para la obra del ministerio, para
edificacion del cuerpo de Cristo;

 13 Hasta que todos lleguemos á  la unidad de la fe, y del conocimiento del
Hijo de Dios, á un varon perfecto, á la medida de la edad de la plenitud de
Cristo.

 14 Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por do quiera de todo
viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con
astucia los artificios del error:

 15 Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que
es la cabeza [á saber,] Cristo;

 16 Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las
junturas de su alimento, [que recibe] segun la operacion, cada miembro
conforme á su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor.

 17 Esto pues digo y requiero en el Señor, que no andeis mas como los otros
Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido,

 18 Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de vida de Dios por la
ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazon:

 19 Los cuales despues que perdieron el sentido [de la conciencia,] se
entregaron á la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza.

 20 Mas vosotros no habeis aprendido así á Cristo:

 21 Si empero lo habeis oido, y habeis sido por el enseñados, como la verdad
esta en Jesus,

 22 A que dejeis, cuanto á la pasada manera de vivir, el viejo hombre que
esta viciado conforme á los deseos de error;

 23 Y á renovaros en el espíritu de vuestra mente,

 24 Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en
santidad de verdad.

 25 Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo;
porque somos miembros los unos de los otros.

 26 Airáos, y no pequeis: no se ponga el sol sobre vuestro enojo;

 27 Ni deis lugar al diablo.

 28 El que hurtaba, no hurte mas; ántes trabaje, obrando con sus manos lo que
es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad.

 29 Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca; sino la que sea buena para
edificacion, para que dé gracia á los oyentes.

 30 Y no contristeis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estais sellados
para el dia de la redencion.

 31 Toda amargura, y enojo, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de
vosotros, y toda malicia:

 32 Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos
los unos á los otros, como tambien Dios os perdonó en Cristo.



CAPITULO 5.

 1 SED, pues, imitadores de Dios como hijos amados:

 2 Y andad en amor, como tambien Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por
nosotros, [como] ofrenda y sacrificio á Dios en olor suave.

 3 Pero fornicacion y toda inmundicia, ó avaricia, ni aun se nombre entre
vosotros como conviene á santos:

 4 Ni palabras torpes, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen; sino
ántes bien acciones de gracias.

 5 Porque sabeis esto, que ningun fornicario, ó inmundo, ó avaro, que
[tambien] es servidor de ídolos, tiene herencia en el reino de Cristo, y de
Dios.

 6 Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de
Dios sobre los hijos de desobediencia.

 7 No seais pues aparceros con ellos.

 8 Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora [sois] luz en el Señor:
andad como hijos de luz,

 9 (Porque el fruto del Espíritu [es] en toda bondad, y justicia, y verdad;)

 10 Aprobando lo que es agradable al Señor.

 11 Y no comuniqueis con las obras infructuosas de las tinieblas; sino ántes
bien redargüidlas.

 12 Porque torpe cosa es aun hablar de lo que ellos hacen en oculto.

 13 Mas todas las cosas cuando son redargüidas, son manifestadas por la luz
porque lo que manifiesta todo, la luz es.

 14 Por lo cual dice: Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos,
y te alumbrará Cristo.

 15 Mirad, pues, cómo andeis avisadamente; no como necios, mas como sabios,

 16 Redimiendo el tiempo, porque los dias son malos.

 17 Por tanto no seais imprudentes sino entendidos de cual sea la voluntad
del Señor.

 18 Y no os embriagueis de vino, en lo cual hay disolucion; mas sed llenos de
Espíritu:

 19 Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones
espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones:

 20 Dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro
Señor Jesu-Cristo;

 21 Sujetados los unos á los otros en el temor de Dios.

 22 Las casadas estén sujetas á sus propios maridos, como al Señor.

 23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la
iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo.

 24 Así que como la iglesia está sujeta á Cristo, así tambien las casadas [lo
estén] á sus maridos en todo.

 25 Maridos, amad á vuestras mujeres así como Cristo amó á la iglesia, y se
entregó á sí mismo por ella,

 26 Para santificarla limpiándola en el lavacro del agua por la palabra,

 27 Para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni
arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.

 28 Así tambien los maridos deben amar á sus mujeres, como á sus [mismos]
cuerpos. El que ama á su mujer, á sí mismo ama.

 29 Porque ninguno aborreció jamás su propia carne; ántes la sustenta y
regala, como tambien Cristo á la iglesia.

 30 Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos.

 31 Por esto dejará el hombre á su padre y á su madre, y se allegará á su
mujer, y serán dos en una carne.

 32 Este misterio grande es: mas yo digo [esto] con respecto á Cristo y á la
iglesia.

 33 Cada uno empero de vosotros, de por sí, ame tambien á su mujer como á sí
mismo; y la mujer reverencie á [su] marido.



CAPITULO 6.

 1 HIJOS, obedeced en el Señor á vuestros padres, porque esto es justo.

 2 Honra á tu padre, y á tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;

 3 Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

 4 Y vosotros, Padres, no provoqueis á ira á vuestros hijos; sino criadlos en
disciplina y amonestacion del Señor.

 5 Siervos, obedeced á [vuestros] amos segun la carne con temor y temblor,
con sencillez de vuestro corazon, como á Cristo;

 6 No sirviendo al ojo, como los que agradan á los hombres; sino como siervos
de Cristo haciendo de animo la voluntad de Dios;

 7 Sirviendo con buena voluntad, como al Señor, y no á los hombres:

 8 Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, esto recibirá del Señor, sea
siervo, ó sea libre.

 9 Y vosotros, amos, haced á ellos lo mismo, dejando las amenazas; sabiendo
que el Señor de ellos y vuestro esta en los cielos, y [que] no hay acepcion
de personas con él.

 10 Por lo demás, hermanos mios, confortáos en el Señor, y en la potencia de
su fortaleza.

 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podais estar firmes contra
las asechanzas del diablo.

 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados,
contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas,
contra malicias espirituales en los aires.

 13 Por tanto tomad toda la armadura de Dios, para que podais resistir en el
dia malo, y estar firmes, habiendo acabado todo.

 14 Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad, y vestidos de la
cota de justicia;

 15 Y calzados los piés con el apresto del Evangelio de paz;

 16 Sobre todo tomando el escudo de la fé, con que podais apagar todos los
dardos de fuego del maligno.

 17 Y tomad el yelmo de salud, y la espada del Espíritu, que es la palabra de
Dios:

 18 Orando en todo tiempo con toda deprecacion y súplica en el Espíritu, y
velando en ello con toda instancia y suplicacion por todos los santos:

 19 Y por mí, para que me sea dada palabra en el abrir de mi boca con
confianza, para hacer notorio el misterio del Evangelio,

 20 Por el cual soy embajador en cadenas; que resueltamente hable de él, como
debo hablar.

 21 Mas para que tambien vosotros sepais mis negocios, y como lo paso, todo
os lo hará saber Tichico, hermano amado, y fiel ministro en el Señor:

 22 Al cual os he enviado para esto mismo, para que entendais lo tocante á
nosotros, y que consuele vuestros corazones.

 23 Paz [sea] á los hermanos, y amor con fé, de Dios Padre, y del Señor Jesu-
Cristo.

 24 Gracia [sea] con todos los que aman á nuestro Señor Jesu-Cristo en
sinceridad. Amen.

 Escrita de Roma á los Efesios por Tichico.



LA EPÍSTOLA^ DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

FILIPENSES.



CAPITULO 1.

 1 PABLO y Timotéo, siervos de Jesu-Cristo, á todos los santos en Cristo
Jesus, que están en Filipos, con los obispos y diáconos:

 2 Gracia [sea] á vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu-
Cristo.

 3 Doy gracias á mi Dios en toda memoria de vosotros,

 4 Siempre en todas mis oraciones haciendo oracion por todos vosotros con
gozo,

 5 Por vuestra comunion en el Evangelio, desde el primer dia hasta ahora;

 6 Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la
perfeccionará hasta el dia de Jesu-Cristo;

 7 Como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el
corazon; y en mis prisiones^, y en la defensa, y confirmacion del Evangelio,
sois todos vosotros compañeros de mi gracia.

 8 Porque Dios me es testigo de como os amo á todos vosotros en las entrañas
de Jesu-Cristo.

 9 Y esto ruego, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia, y en todo
conocimiento,

 10 Para que discernais lo mejor; que seais sinceros y sin ofensa para el dia
de Cristo;

 11 Llenos de frutos de justicia, que son por Jesu-Cristo, á gloria y loor de
Dios.

 12 Y quiero, hermanos, que sepais que las cosas que me [han sucedido,] han
redundado más en provecho del Evangelio;

 13 De manera que mis prisiones han sido célebres en Cristo en todo el
Pretorio, y á todos los demás.

 14 Y muchos de los hermanos en el Señor, tomando animo con mis prisiones, se
atreven mucho mas á hablar la palabra sin temor.

 15 Y algunos á la verdad, predican á Cristo por envidia y porfía; mas
algunos tambien por buena voluntad.

 16 Los unos anuncian á Cristo por contencion, no sinceramente, pensando
añadir afliccion á mis prisiones:

 17 Pero los otros por amor, sabiendo que soy puesto [en ellas] por la
defensa del Evangelio.

 18 ¿Qué pues? [Que] no obstante, en todas maneras, ó por pretexto ó por
verdad, es anunciado Cristo; y en esto me huelgo, y aun me holgaré.

 19 Porque sé que esto se me tornará á salud por vuestra oracion, y por la
suministracion del Espíritu de Jesu-Cristo;

 20 Conforme á mi mira y esperanza que en nada seré confundido; ántes bien
con toda confianza, como siempre, ahora tambien será engrandecido Cristo en
mi cuerpo, ó por vida, ó por muerte.

 21 Porque para mí el vivir [es] Cristo, y el morir [es] ganancia.

 22 Mas si el vivir en la carne, esto me [será para] fruto de la obra, no sé
entónces qué escoger;

 23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de ser
desatado, y estar con Cristo; lo cual [es] mucho mejor:

 24 Empero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.

 25 Y confiado en esto sé que quedaré, que aun permaneceré con todos
vosotros, para provecho vuestro, y gozo de la fé;

 26 Para que crezca vuestra gloria de mí en Cristo Jesus por mi venida otra
vez á vosotros.

 27 Solamente que converseis como es digno del Evangelio de Cristo; para que,
ó sea que vaya á veros, ó que esté ausente, oiga de vosotros que estais
firmes en un mismo espíritu, unánimes combatiendo juntamente por la fé del
Evangelio,

 28 Y en nada intimidados de los que se oponen: que á ellos ciertamente es
indicio de perdicion, mas á vosotros de salud, y esto de Dios.

 29 Porque á vosotros es concedido por Cristo, no solo que creais en él, sino
tambien que padezcais por él;

 30 Teniendo el mismo conflicto que habeis visto en mí, y ahora oís [estar]
en mí.



CAPITULO 2.

 1 POR tanto, si [hay en vosotros] alguna consolacion en Cristo; si algun
refrigerio de amor; si alguna comunion del Espíritu; si algunas entrañas y
misericordias;

 2 Cumplid mi gozo; que sintais lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes,
sintiendo una misma cosa.

 3 Nada [hagais] por contienda ó por vana gloria; ántes bien en humildad
estimándoos inferiores los unos á los otros:

 4 No mirando cada uno á lo suyo propio, sino cada cual tambien á lo de los
otros.

 5 Haya pues en vosotros este sentir que [hubo] tambien en Cristo Jesus;

 6 El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpacion ser igual á Dios:

 7 Sin embargo se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho
semejante á los hombres;

 8 Y hallado en la condicion como hombre, se humilló á sí mismo, hecho
obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

 9 Por lo cual Dios tambien le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es
sobre todo nombre;

 10 Para que en el nombre de Jesus se doble toda rodilla de los [que están]
en los cielos, y de los [que] en la tierra, y de los [que] debajo de la
tierra;

 11 Y toda lengua confiese que Jesu-Cristo es el Señor, á la gloria de Dios
Padre.

 12 Por tanto, amados mios, como siempre habeis obedecido, no como en mi
presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupáos en vuestra
salvacion con temor y temblor.

 13 Porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer por su
buena voluntad.

14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas,

 15 Para que seais irreprensibles y sencillos, hijos de Dios, sin culpa, en
medio de la nacion maligna y perversa, entre los cuales resplandeceis como
luminares en el mundo;

 16 Reteniendo la palabra de vida, para que yo pueda gloriarme en el dia de
Cristo, que no he corrido en vano ni trabajado en vano.

 17 Y aun si soy derramado [en libacion] sobre el sacrificio y servicio de
vuestra fé, me gozo y congratulo por todos vosotros.

 18 Y asimismo gozáos tambien vosotros, y regocijáos conmigo.

 19 Mas espero en el Señor Jesus enviaros presto á Timotéo, para que yo
tambien esté de buen ánimo, entendido vuestro estado.

 20 Porque á ninguno tengo tan unánime, y que con sincera aficion esté
solícito por vosotros.

 21 Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesus.

 22 Pero la experiencia de él habeis conocido, que como hijo á padre ha
servido conmigo en el Evangelio.

 23 Así que á este espero enviaros, luego que yo viere como van mis negocios.

 24 Y confio en el Señor que yo tambien iré presto [á vosotros.]

 25 Mas tuve por cosa necesaria enviaros á Epafrodito, mi hermano, y
colaborador y compañero de milicia, y vuestro mensajero, y ministrador de mis
necesidades.

 26 Porque tenia gran deseo de [ver á] todos vosotros; y gravemente se
angustió porque habiais oido que habia enfermado.

 27 Pues en verdad estuvo enfermo, á la muerte: mas Dios tuvo misericordia de
él; y no solamente de él, sino aun de mí, para que yo no tuviese tristeza
sobre tristeza.

 28 Así que le envio más presto, para que viéndole os volvais á gozar, y yo
esté con ménos tristeza.

 29 Recibidle pues en el Señor con todo gozo; y tened en estima á los tales:

 30 Porque por la obra de Cristo estuvo cercano á la muerte, poniendo su vida
para suplir vuestra falta en mi servicio.



CAPITULO 3.

 1 RESTA, hermanos, que os goceis en el Señor. A mí, á la verdad, no es
molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros [es] seguro.

 2 Guardáos de los perros, guardáos de los malos obreros, guardáos del
cortamiento.

 3 Porque nosotros somos la circuncision, los que servimos en Espíritu á
Dios, y nos gloriamos en Cristo Jesus, no teniendo confianza en la carne.

 4 Aunque yo tengo tambien de qué confiar en la carne. Si alguno parece que
tiene de qué confiar, en la carne, yo más:

 5 Circuncidado al octavo dia, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamin,
Hebréo de Hebréos; cuanto á la ley, Fariséo;

 6 Cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; cuanto á la justicia que es en
la ley, [de vida] irreprensible.

 7 Pero las cosas que para mí eran ganancias, helas reputado [como] pérdidas
por amor de Cristo.

 8 Y ciertamente aun reputo todas las cosas [como] pérdida por el eminente
conocimiento de Cristo Jesus, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo,
y téngolo por estiércol, para ganar á Cristo,

 9 Y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la
que es por la fé de Cristo, la justicia que es de Dios por la fé;

 10 A fin de conocerle, y la virtud de su resurreccion, y la participacion de
sus padecimientos, en conformidad á su muerte,

 11 Si en alguna manera llegase á la resurreccion de los muertos.

 12 No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por
ver si alcanzo [aquello] para lo cual fuí tambien tomado de Cristo Jesus.

 13 Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero [esta]
una cosa [hago:] olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á
lo que está delante,

 14 Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocacion de Dios en Cristo
Jesus.

 15 Así que todos los que somos perfectos, esto [mismo] sintamos: y si otra
cosa sentís, esto tambien os revelará Dios.

 16 Empero en aquello á que hemos llegado, vamos por la misma regla, [y]
sintamos una misma cosa.

 17 Hermanos, sed imitadores de mí; y mirad los que así anduvieren, como nos
teneis por ejemplo.

 18 Porque muchos andan, de los cuales os dije muchas voces, y aun ahora [lo]
digo llorando, [que son] enemigos de la cruz de Cristo:

 19 Cuyo fin [será] perdicion, cuyo Dios [es] el vientre, y su gloria [será]
en confusion; que sienten lo terreno.

 20 Mas nuestra vivienda es en los cielos; de donde tambien esperamos al
Salvador, al Señor Jesu-Cristo;

 21 El cual trasformará el cuerpo de nuestra bajeza, para ser semejante al
cuerpo de su gloria: por la operacion con la cual puede tambien sujetar á sí
todas las cosas.



CAPITULO 4.

 1 ASÍ que, hermanos mios amados y deseados, gozo y corona mia, estad así
firmes en el Señor, [mis] amados.

 2 A Euodias ruego, y á Syntyche exhorto, que sientan lo mismo en el Señor.

 3 Asimismo te ruego tambien á tí, hermano compañero, ayuda á las que
trabajaron juntamente conmigo en el Evangelio, con Clemente tambien, y los
demás mis colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida.

 4 Gozáos en el Señor siempre: otra vez digo: Que os goceis.

 5 Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor esta cerca.

 6 Por nada esteis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante
de Dios en toda oracion y ruego, con hacimiento de gracias.

 7 Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros
corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesus.

 8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo
justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que [es] de buen nombre; si
[hay] virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad.

 9 Lo que aprendisteis, y recibisteis, y oisteis, y visteis en mí, esto
haced; y el Dios de paz será con vosotros.

 10 Mas en gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin ha reflorecido
vuestro cuidado de mí; de lo cual aun estabais solícitos, pero os faltaba la
oportunidad.

 11 No lo digo en razon de indigencia, pues he aprendido á contentarme con lo
que tengo.

 12 Sé estar humillado, y sé tener abundancia: en todo y por todo estoy
enseñado así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como
para padecer necesidad.

 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

 14 Sin embargo, bien hicisteis que comunicasteis juntamente á mi
tribulacion.

 15 Y sabeis tambien vosotros, oh Filipenses, que al principio del Evangelio,
cuando me partí de Macedonia, ninguna iglesia me comunicó en razon de dar y
de recibir, sino vosotros solos.

 16 Porque aun á Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces.

 17 No porque busque dádivas, mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta.

 18 Empero todo lo he recibido, y tengo abundancia: estoy lleno, habiendo
recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto
[y] agradable á Dios.

 19 Mi Dios pues suplirá todo lo que os falta conforme á sus riquezas en
gloria en Cristo Jesus.

 20 Al Dios, pues, y Padre nuestro [sea] gloria por siglos de siglos. Amen.

 21 Saludad á todos los santos en Cristo Jesus. Los hermanos que están
conmigo os saludan.

 22 Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de casa de César.

 23 La gracia de nuestro Señor Jesu-Cristo [sea] con todos vosotros. Amen.

 Escrita de Roma con Epafrodito.



LA EPÍSTOLA^ DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

COLOSENSES.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, apóstol de Jesu-Cristo por la voluntad de Dios, y el hermano
Timotéo,

 2 A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia y
paz á vosotros de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesu-Cristo.

 3 Damos gracias al Dios y Padre del Señor nuestro Jesu-Cristo, siempre
orando por vosotros:

 4 Habiendo oido vuestra fé en Cristo Jesus, y el amor [que teneis] á todos
los santos,

 5 A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos; de la cual
habeis oido ya por la palabra verdadera del Evangelio:

 6 El cual ha llegado hasta vosotros, como por todo el mundo; y fructifica, y
crece, como tambien en vosotros, desde el dia que oisteis y conocisteis la
gracia de Dios en verdad,

 7 Como [la] habeis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, el cual es
un fiel ministro de Cristo á favor vuestro;

 8 El cual tambien nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.

 9 Por lo cual tambien nosotros, desde el dia que [lo] oimos, no cesamos de
orar por vosotros, y de pedir que seais llenos del conocimiento de su
voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia;

 10 Para que andeis como es digno del Señor, agradándo[le] en todo,
fructificando^ en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios:

 11 Corroborados de toda fortaleza conforme á la potencia de su gloria para
toda tolerancia y largura de ánimo con gozo;

 12 Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de
los santos en luz:

 13 Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino
de su amado Hijo:

 14 En el cual tenemos redencion por su sangre, la remision de pecados:

 15 El cual es la imágen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura:

 16 Porque por él fueron criadas todas las cosas que [están] en los cielos, y
que [están] en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios,
sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él.

 17 Y él es ántes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten:

 18 Y el es la cabeza del cuerpo [que es] la iglesia; [él,] que es el
principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado.

 19 Por cuanto agradó [al Padre] que en él habitase toda plenitud,

 20 Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de
su cruz, así lo que [está] en la tierra como lo que [está] en los cielos.

 21 A vosotros tambien, que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo
en malas obras; empero ahora [os] ha reconciliado

 22 En el cuerpo de su carne por medio de [su] muerte, para haceros santos y
sin mancha, é irreprensibles delante de él:

 23 Si empero permaneceis fundados y firmes en la fé, y sin moveros de la
esperanza del Evangelio que habeis oido, el cual es predicado á toda criatura
que está debajo del cielo; del cual yo Pablo soy hecho ministro.

 24 Que ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo
que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia:

 25 De la cual soy hecho ministro, segun la dispensacion de Dios que me fué
dada en orden á vosotros, para que cumpla la palabra de Dios;

 26 [A saber,] el misterio que habia estado oculto desde los siglos y edades,
mas ahora ha sido manifestado á sus santos:

 27 A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este
misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de
gloria:

 28 El cual nosotros anunciamos, amonestando á todo hombre, y enseñando en
toda sabiduría, para que presentemos á todo hombre perfecto en Cristo Jesus:

 29 En lo cual aun trabajo, combatiendo segun la operacion de él, la cual
obra en mí poderosamente.



CAPITULO 2.

 1 PORQUE quiero que sepais cuan gran solicitud tengo por vosotros, y [por]
los [que están] en Laodicéa, y [por] todos los que nunca vieron mi rostro en
carne,

 2 Para que sean confortados sus corazones, unidos en amor, y en todas
riquezas de cumplido entendimiento, para conocer el misterio de Dios, y del
Padre, y de Cristo;

 3 En el cual están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento.

 4 Y esto digo, para que nadie os engañe con palabras persuasivas.

 5 Porque aunque estoy ausente con el cuerpo, no obstante con el espíritu
estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro concierto, y la firmeza de
vuestra fé en Cristo.

 6 Por tanto de la manera que habeis recibido al Señor Jesu-Cristo, andad en
él:

 7 Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fé, así como [lo]
habeis aprendido, creciendo en ella con hacimiento de gracias.

 8 Mirad que ninguno os engañe por filosofías, y vanas sutilezas, segun las
tradiciones de los hombres, conforme á los elementos del mundo, y no segun
Cristo.

 9 Porque en él habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente:

 10 Y en él estais cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y
potestad:

 11 En el cual tambien sois circuncidados de circuncision, no hecha con
manos, con el despojamiento del cuerpo de los pecados de la carne en la
circuncision de Cristo:

 12 Sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual tambien
resucitasteis con [él,] por la fe de la operacion de Dios que le levantó de
los muertos.

 13 Y á vosotros, estando muertos en pecados y [en] la incircuncision de
vuestra carne, os vivifico juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,

 14 Rayendo la cédula de los ritos que nos era contraria, que era contra
nosotros, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz;

 15 Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en
público, triunfando de ellos en sí mismo.

 16 Por tanto nadie os juzgue en comida, ó en bebida, ó en parte de dia de
fiesta, ó de nueva luna, ó de Sábados:

 17 Lo cual es la sombra de lo [que estaba] por venir; mas el cuerpo [es] de
Cristo.

 18 Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto á los
ángeles, metiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado en el sentido
de su propia carne,

 19 Y no teniendo la Cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y conjunto
por [sus] ligaduras y conjunturas, crece en aumento de Dios.

 20 Pues si sois muertos con Cristo cuanto á los rudimentos del mundo, ¿por
qué, como si vivieseis al mundo, os someteis á ordenanzas,

 21 [Tales como] no manejes, ni gustes, ni aun toques,

 22 (Las cuales cosas son todas para destruccion en el uso [mismo,]) en
conformidad á mandamientos y doctrinas de hombres?

 23 Tales cosas tienen á la verdad cierta reputacion de sabiduría en culto
voluntario, y humildad, y en duro trato del cuerpo; no en alguna honra para
el saciar de la carne.



CAPITULO 3.

 1 SI habeis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde
está Cristo sentado á la diestra de Dios.

 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

 3 Porque muertos sois, y vuestra vida esta escondida con Cristo en Dios.

 4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifestare, entónces vosotros tambien
seréis manifestados con él en gloria.

 5 Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra:
fornicacion, inmundicia, molicie, mala concupiscencia, y avaricia, que es
idolatría:

 6 Por las cuales cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelion;

 7 En las cuales vosotros tambien anduvisteis en otro tiempo viviendo en
ellas.

 8 Mas ahora dejad tambien vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia,
maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.

 9 No mintais los unos á los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con
sus hechos,

 10 Y revestídoos del nuevo, el cual por el conocimiento es renovado conforme
á la imágen del que lo crió:

 11 Donde no hay Griego, ni Judío, circuncision ni incircuncision, bárbaro
[ni] Scytha, siervo [ni] libre; mas Cristo [es el] todo, y en todos.

 12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos, y amados, de entrañas de
misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;

 13 Sufriendoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si
alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así
tambien [hacedlo] vosotros.

 14 Y sobre todas estas cosas [vestíos de] caridad, la cual es el vínculo de
la perfeccion.

 15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, á la cual asimismo sois
llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.

 16 La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría,
enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos, y
canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.

 17 Y todo lo que haceis, sea de palabra, ó de hecho, [hacedlo] todo en el
nombre del Señor Jesus, dando gracias al Dios y Padre por él.

 18 Casadas, estad sujetas á [vuestros] maridos, como conviene en el Señor.

 19 Maridos, amad á [vuestras] mujeres, y no seais desapacibles con ellas.

 20 Hijos, obedeced á [vuestros] padres en todo; porque esto agrada al Señor.

 21 Padres, no irriteis á vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo.

 22 Siervos, obedeced en todo á [vuestros] amos carnales, no sirviendo al
ojo, como los que agradan á los hombres, sino con sencillez de corazon,
temiendo á Dios:

 23 Y todo lo que hagais hacedlo de ánimo, como al Señor, y no á los hombres:

 24 Sabiendo que del Señor recibireis la compensacion de la herencia; porque
al Señor Cristo servís.

 25 Mas el que hace injuria, recibirá la injuria que hiciere; que no hay
acepcion de personas.

CAPITULO 4.

 1 AMOS, haced lo que es justo y derecho con [vuestros] siervos, sabiendo que
tambien vosotros teneis Amo en los cielos.

 2 Perseverad en oracion, velando en ella con hacimiento^ de gracias:

 3 Orando tambien juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de
la palabra, para hablar el misterio de Cristo, por el cual aun estoy preso,

 4 Para que lo manifieste como me conviene hablar.

 5 Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo.

 6 [Sea] vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que
sepais cómo os conviene responder á cada uno.

 7 Todos mis negocios os hará saber Tichico, hermano amado y fiel ministro, y
consiervo en el Señor:

 8 El cual os he enviado á esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y
consuele vuestros corazones,

 9 Con Onésimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Todo lo que acá
pasa os harán saber.

 10 Aristarcho, mi compañero en la prision, os saluda, y Marcos el sobrino de
Bernabé, (acerca del cual habeis recibido mandamientos: si fuere á vosotros,
recibidle;)

 11 Y Jesus, el que se llama Justo; los cuales son de la circuncision. Estos
solos [son] los que me ayudan en el reino de Dios, [y] me han sido consuelo.

 12 Os saluda Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, siempre
solícito por vosotros en oraciones, que esteis [firmes,] perfectos y
cumplidos en todo lo que Dios quiere.

 13 Porque le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los
[que están] en Laodicéa, y los [que] en Hierápolis.

 14 Os saluda Lucas, el médico amado, y Démas.

 15 Saludad á los hermanos [que están] en Laodicéa, y á Nimfas, y á la
iglesia [que está] en su casa,

 16 Y cuando [esta] carta fuere leida entre vosotros, haced que tambien sea
leida en la iglesia de los Laodicenses; y la [que es escrita] de Laodicéa que
la leais tambien vosotros.

 17 Y decid á Archipo: Mira que cumplas el ministerio que has recibido del
Señor.

 18 La salutacion de mi mano, de Pablo. Acordáos de mis prisiones. La gracia
[sea] con vosotros. Amen.

 Escrita de Roma á los Colosenses; [enviada] con Tichico y Onésimo.



LA PRIMERA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

TESALONICENSES.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, y Silvano, y Timotéo, á la iglesia de los Tesalonicenses, [que es]
en Dios Padre, y en el Señor Jesu-Cristo. Gracia y paz á vosotros de Dios
nuestro Padre y del Señor Jesu-Cristo.

 2 Damos siempre gracias á Dios por todos vosotros, haciendo memoria de
vosotros en nuestras oraciones;

 3 Sin cesar acordándonos delante de Dios y Padre nuestro de la obra de
vuestra fe, y del trabajo de amor. y de la tolerancia de la esperanza del
Señor nuestro Jesu-Cristo:

 4 Sabiendo, hermanos amados de Dios, vuestra eleccion:

 5 Por cuanto nuestro Evangelio no fué á vosotros en palabra solamente, mas
tambien en potencia, y en Espíritu Santo, y en gran plenitud; como sabeis
cuales fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

 6 Y vosotros fuisteis hechos imitadores de nosotros, y del Señor, recibiendo
la palabra con mucha tribulacion, con gozo del Espíritu Santo:

 7 En tal manera que habeis sido ejemplo á todos los que han creido en
Macedonia y en Achaia.

 8 Porque de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no solo en
Macedonia y en Achaia, mas aun en todo lugar vuestra fé en Dios se ha
extendido; de modo que no tenemos necesidad de hablar nada.

 9 Porque ellos cuentan de nosotros cuál entrada tuvimos á vosotros; y cómo
os convertisteis de los ídolos á Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,

 10 Y esperar á su Hijo de los cielos, al cual resucitó de los muertos; á
Jesus, el cual nos libró de la ira que ha de venir.



CAPITULO 2.

 1 PORQUE, hermanos, vosotros mismos sabeis que nuestra entrada á vosotros no
fué vana:

 2 Pues aun habiendo padecido ántes, y sido afrentados en Filipos, como
sabeis, tuvimos denuedo en Dios nuestro para anunciaros el Evangelio de Dios
con gran combate.

 3 Porque nuestra exhortacion no [fué] de error, ni de inmundicia, ni por
engaño;

 4 Sino segun fuimos aprobados de Dios para que se nos encargase el
Evangelio, así hablamos; no como los que agradan á los hombres, sino á Dios,
el cual prueba nuestros corazones.

 5 Porque nunca fuimos lisonjeros en la palabra, como sabeis, ni tocados de
avaricia: Dios [es] testigo.

 6 Ni buscamos de los hombres gloria, ni de vosotros, ni de otros: aunque
podiamos seros carga, como apóstoles de Cristo.

 7 Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cria, que regala á sus
hijos:

 8 Tan amadores de vosotros, que quisiéramos entregaros no solo el Evangelio
de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque nos erais carísimos.

 9 Porque ya, hermanos, os acordais de nuestro trabajo y fatiga: que
trabajando de noche y de dia por no ser gravosos á ninguno de vosotros, os
predicamos el Evangelio de Dios.

 10 Vosotros sois testigos, y Dios, de cuán santa, y justa é
irreprensiblemente nos condujimos con vosotros que creisteis:

 11 Así como sabeis de qué modo exhortábamos y consolábamos á cada uno de
vosotros, como el padre á sus hijos,

 12 Y os protestábamos que anduvieseis [como es] digno de Dios, que os llamó
á su reino y gloria.

 13 Por lo cual tambien nosotros damos gracias á Dios sin cesar, de que
habiendo recibido la palabra de Dios, que oisteis de nosotros, recibisteis no
palabra de hombres, sino segun es en verdad, la palabra de Dios, el cual obra
en vosotros los que creisteis.

 14 Porque vosotros, hermanos, habeis sido imitadores de las iglesias de Dios
en Cristo Jesus, que están en Judéa; pues habeis padecido tambien vosotros
las mismas cosas de los de vuestra propia nacion, como tambien ellos de los
Judíos:

 15 Los cuales aun mataron al Señor Jesus y á sus propios profetas, y á
nosotros nos han perseguido; y no agradan á Dios, y se oponen á todos los
hombres,

 16 Prohibiéndonos hablar á los Gentiles, á fin de que se salven, para
henchir [la medida de] sus pecados siempre: pues vino sobre ellos la ira
hasta el extremo.

 17 Mas nosotros, hermanos, privados de vosotros por un poco de tiempo, de
vista, no de corazon, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro
rostro.

 18 Por lo cual quisimos ir á vosotros, yo Pablo á la verdad, una vez y otra;
mas Satanás nos embarazó.

 19 Porque ¿cuál es nuestra esperanza, ó gozo, ó corona de que me gloríe? ¿No
sois vosotros delante de nuestro Señor Jesu-Cristo en su venida?

 20 Que vosotros sois nuestra gloria y gozo.



CAPITULO 3.

 1 POR lo cual no pudiendo esperar mas, acordamos quedarnos solos en Atenas.

 2 Y enviamos á Timotéo, nuestro hermano, y ministro de Dios, y colaborador
nuestro en el Evangelio de Cristo, á confirmaros y exhortaros en vuestra fé,

 3 Para que nadie se conmueva por estas tribulaciones; porque vosotros sabeis
que nosotros somos puestos para esto.

 4 Que aun estando con vosotros, os predeciamos que habiamos de pasar
tribulaciones, como ha acontecido y [lo] sabeis.

 5 Por lo cual tambien yo, no esperando más, he enviado á reconocer vuestra
fe, [temiendo] que no os haya tentado el tentador, y que nuestro trabajo haya
sido en vano.

 6 Empero volviendo de vosotros á nosotros Timotéo, y haciéndonos saber
vuestra fé y caridad, y que siempre teneis buena memoria de nosotros,
deseando vernos, como tambien nosotros á vosotros,

 7 En ello, hermanos, recibimos consolacion de vosotros en toda nuestra
necesidad y afliccion por causa de vuestra fe:

 8 Porque ahora vivimos, si vosotros estais firmes en el Señor.

 9 Por lo cual ¿qué hacimiento de gracias podrémos dar á Dios por vosotros
por todo el gozo con que nos gozamos á causa de vosotros delante de nuestro
Dios,

 10 Orando de noche y de dia con grande instancia, que veamos vuestro rostro,
y que cumplamos lo que falta á vuestra fé?

 11 Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y el Señor nuestro Jesu-Cristo,
encamine nuestro viaje á vosotros.

 12 Y á vosotros multiplique el Señor, y haga abundar el amor entre vosotros
y para con todos, como [es] tambien de nosotros para con vosotros:

 13 Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles
delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Señor Jesu-Cristo
con todos sus santos.



CAPITULO 4.

 1 RESTA pues, hermanos, que os roguemos y exhortemos en el Señor Jesus, que
de la manera que fuisteis enseñados de nosotros de como os conviene andar, y
agradar á Dios, [así] vayais creciendo.

 2 Porque ya sabeis qué mandamientos os dimos por el Señor Jesus.

 3 Porque la voluntad de Dios es, vuestra santificacion; que os aparteis de
fornicacion;

 4 Que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificacion y honor;

 5 No con afecto de concupiscencia como los Gentiles que no conocen á Dios:

 6 Que ninguno oprima, ni engañe en nada á su hermano; porque el Señor es
vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y protestado:

 7 Porque no nos ha llamado Dios á inmundicia, sino á santificacion.

 8 Así que el que menosprecia, no menosprecia á hombre, sino á Dios, el cual
tambien nos dió su Espíritu Santo.

 9 Mas acerca de la caridad fraterna no habeis menester que os escriba;
porque vosotros mismos habeis aprendido de Dios que os ameis los unos á los
otros.

 10 Y tambien lo haceis [así] con todos los hermanos que están por toda
Macedonia. Empero os rogamos, hermanos, que abundeis más;

 11 Y que procureis tener quietud, y hacer vuestros negocios, y obreis de
vuestras manos de la manera que os hemos mandado:

 12 A fin que andeis honestamente para con los extraños, y no necesiteis de
nada.

 13 Tampoco, hermanos, queremos que ignoreis acerca de los que duermen, que
no os entristezcais como los otros que no tienen esperanza.

 14 Porque si creemos que Jesus murió y resucitó, así tambien traerá Dios con
él á los que durmieron en Jesus.

 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que
vivimos, que habrémos quedado hasta la venida del Señor, no seremos
delanteros á los que durmieron.

 16 Porque el mismo Señor con aclamacion, con voz de arcángel, y con trompeta
de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero:

 17 Luego nosotros los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos
serémos arrebatados en las nubes á recibir al Señor en el aire, y así
estarémos siempre con el Señor.

 18 Por tanto consoláos los unos á los otros en estas palabras.



CAPITULO 5.

 1 EMPERO acerca de los tiempos y de los momentos, no teneis, hermanos,
necesidad de que yo os escriba:

 2 Porque vosotros sabeis bien, que el dia del Señor vendrá así como ladron
de noche.

 3 Que cuando dirán, Paz y seguridad, entónces vendrá sobre ellos destruccion
de repente, como los dolores á la mujer preñada; y no escaparán.

 4 Mas vosotros, hermanos, no estais en tinieblas, para que aquel dia os
sobrecoja como ladron.

 5 [Porque] todos vosotros sois hijos de luz, é hijos del dia: no somos de la
noche, ni de las tinieblas.

 6 Por tanto, no durmamos como los demás; ántes velemos y seamos sobrios.

 7 Porque los que duermen, de noche duermen; y los que están borrachos, de
noche están borrachos.

 8 Mas nosotros, que somos [hijos] del dia, estemos sobrios, vestidos de cota
de fé, y de caridad, y la esperanza de salud por yelmo.

 9 Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salud por
nuestro Señor Jesu-Cristo;

 10 El cual murió por nosotros, para que, ó que velemos, ó que durmamos,
vivamos juntamente con él.

 11 Por lo cual consoláos los unos á los otros; y edificáos los unos á los
otros, así como lo haceis.

 12 Y os rogamos, hermanos, que reconozcais á los que trabajan entre
vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan:

 13 Y que los tengais en mucha estima por amor de su obra. Tened paz los unos
con los otros.

 14 Tambien os rogamos, hermanos, que amonesteis á los que andan
desordenadamente, que consoleis á los de poco ánimo, que soporteis á los
flacos, que seais sufridos para con todos.

 15 Mirad que ninguno dé á otro mal por mal; ántes seguid lo bueno siempre
los unos para con los otros, y para con todos.

 16 Estad siempre gozosos.

 17 Orad sin cesar.

 18 Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros
en Cristo Jesus.

 19 No apagueis el Espíritu.

 20 No menosprecieis las profecías.

 21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

 22 Apartáos de toda especie de mal.

 23 Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu, y
alma, y cuerpo, sea guardado entero sin reprension para la venida de nuestro
Señor Jesu-Cristo.

 24 Fiel es el que os ha llamado; el cual tambien [lo] hará.

 25 Hermanos, orad por nosotros.

 26 Saludad á todos los hermanos en ósculo santo.

 27 Conjúroos por el Señor, que esta carta sea leida á todos los santos
hermanos.

 28 La gracia de nuestro Señor Jesu-Cristo [sea] con vosotros. Amen.

 La primera [epístola^] á los Tesalonicenses fué escrita de Atenas.



LA SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

TESALONICENSES.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, y Silvano, y Timotéo, á la iglesia de los Tesalonicenses [que es]
en Dios nuestro Padre, y en el Señor Jesu-Cristo:

 2 Gracia y paz á vosotros de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu-Cristo.

 3 Debemos siempre dar gracias á Dios de vosotros, hermanos, como es digno,
por cuanto vuestra fé va creciendo, y la caridad de cada uno de todos
vosotros abunda entre vosotros;

 4 Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de
Dios, de vuestra paciencia y fé en todas vuestras persecuciones y
tribulaciones que sufrís:

 5 Una demostracion del justo juicio de Dios, para que seais tenidos por
dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padeceis.

 6 Porque [es] justo para con Dios pagar con tribulacion á los que os
atribulan:

 7 Y á vosotros, que sois atribulados, [dar] reposo con nosotros, cuando se
manifestará el Señor Jesus del cielo con los ángeles de su potencia,

 8 Como llama de fuego, para dar el pago á los que no conocieron á Dios, ni
obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesu-Cristo;

 9 Los cuales serán castigados de eterna perdicion por la presencia del
Señor, y por la gloria de su potencia,

 10 Cuando viniere para ser glorificado en sus santos, y á hacerse admirable
en aquel dia en todos los que creyeron: (por cuanto nuestro testimonio ha
sido creido entre vosotros.)

 11 Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, que nuestro Dios os
tenga por dignos de [su] vocacion, é hincha de bondad todo buen intento, y á
[toda] obra de fé con potencia.

 12 Para que el nombre de nuestro Señor Jesu-Cristo sea glorificado en
vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios, y del Señor Jesu-
Cristo.



CAPITULO 2.

 1 EMPERO os rogamos, hermanos, cuanto á la venida de nuestro Señor Jesu-
Cristo, y nuestro recogimiento á él,

 2 Que no os movais facilmente de vuestro sentimiento, ni os conturbeis ni
por espíritu, ni por palabra, ni por carta como nuestra, como que el dia del
Señor este cerca.

 3 No os engañe nadie en ninguna manera; porque [no vendrá,] sin que venga
ántes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de
perdicion,

 4 Oponiéndose, y levantándose contra todo lo que se llama Dios, ó que se
adore; tanto que se asiente en el templo de Dios como Dios, haciéndose
parecer Dios.

 5 ¿No os acordais que, cuando estaba todavía con vosotros, os decia esto?

 6 Y ahora vosotros sabeis lo que [le] impide, para que á su tiempo se
manifieste.

 7 Porque ya está obrando el misterio de iniquidad: solamente [espera] hasta
que sea quitado de en medio el que ahora impide;

 8 Y entónces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el
espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida:

 9 [A aquel inicuo] cuyo advenimiento es segun operacion de Satanás, con
grande potencia, y señales, y milagros mentirosos,

 10 Y con todo engaño de iniquidad [obrando] en los que perecen; por cuanto
no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.

 11 Por tanto, pues, les envia Dios operacion de error, para que crean á la
mentira;

 12 Para que sean condenados todos los que no creyeron á la verdad, ántes
consintieron á la iniquidad.

 13 Mas nosotros debemos dar siempre gracias á Dios por vosotros, hermanos
amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salud,
por la santificacion del Espíritu y fé de la verdad:

 14 A lo cual os llamó por nuestro Evangelio, para alcanzar la gloria de
nuestro Señor Jesu-Cristo.

 15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habeis
aprendido, sea por palabra, ó por carta nuestra.

 16 Y el mismo Señor nuestro Jesu-Cristo, y Dios y Padre nuestro, el cual nos
amó, y [nos] dió consolacion eterna, y buena esperanza por gracia,

 17 Consuele vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.



CAPITULO 3.

 1 RESTA, hermanos, que oreis por nosotros, que la palabra del Señor corra y
sea glorificada así como entre vosotros:

 2 Y que seamos librados de hombres importunos y malos; porque no es de todos
la fé.

 3 Mas fiel es el Señor, que os confirmará y guardará de mal.

 4 Y tenemos confianza de vosotros en el Señor, que haceis y haréis lo que os
hemos mandado.

 5 Y el Señor enderece vuestros corazones en el amor de Dios, y en la
paciencia de Cristo.

 6 Empero os denunciamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesu-
Cristo, que os aparteis de todo hermano que anduviere fuera de órden, y no
conforme á la doctrina que recibieron de nosotros:

 7 Porque vosotros mismos sabeis de que manera debeis imitarnos: porque no
anduvimos desordenadamente entre vosotros,

 8 Ni comimos el pan de ninguno de balde; ántes obrando con trabajo y fatiga
de noche y de dia, por no ser gravosos á ninguno de vosotros.

 9 No porque no tuviésemos potestad, sino por daros en nosotros un dechado,
para que nos imitaseis.

 10 Porque aun estando con vosotros os denunciamos esto: Que si alguno no
quisiere trabajar, tampoco coma.

 11 Porque oimos que andan algunos entre vosotros fuera de órden, no
trabajando en nada, sino ocupados en curiosear.

 12 Y á los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesu-Cristo, que
trabajando con reposo, coman su pan.

 13 Y vosotros, hermanos, no os canseis de hacer bien.

 14 Y si alguno no obedeciere á nuestra palabra por carta, notad al tal, y no
os junteis con él, para que se avergüence.

 15 Mas no lo tengais como á enemigo; sino amonestadle como á hermano.

 16 Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor [sea]
con todos vosotros.

 17 Salud de mi mano, Pablo; que es [mi] signo en toda carta [mia.] Así
escribo.

 18 La gracia de nuestro Señor Jesu-Cristo [sea] con todos vosotros. Amen.

 La segunda [epístola] los Tesalonicenses fué escrita de Atenas.



LA PRIMERA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á

TIMOTÉO.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, apóstol de Jesu-Cristo por la ordenacion de Dios nuestro Salvador,
y del Señor Jesu-Cristo, nuestra esperanza;

 2 A Timotéo, verdadero hijo en la fé: Gracia, misericordia y paz de Dios
nuestro Padre, y de Cristo Jesus nuestro Señor.

 3 Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando partí para Macedonia, para
que requirieses á algunos que no enseñen diversa doctrina,

 4 Ni presten atencion á fábulas y genealogías sin término, que ántes
engendran cuestiones que la edificacion de Dios, que es por fé, [así te
encargo ahora.]

 5 Pues el fin del mandamiento es la caridad [nacida] de corazon limpio y de
buena conciencia, y de fé no fingida:

 6 De lo cual distrayéndose algunos, se apartaron á vanas platicas;

 7 Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan, ni lo que
afirman.

 8 Sabemos empero que la ley [es] buena, si alguno usa de ella legítimamente;

 9 Conociendo esto, que la ley no es puesta para el justo, sino para los
injustos, y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los
malos y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,

 10 Para los fornicarios, para los sodomitas, para los ladrones de hombres,
para los mentirosos y perjuros; y si hay alguna otra cosa contraria á la sana
doctrina,

 11 Segun el Evangelio de la gloria del Dios bendito, el cual á mí me ha sido
encargado.

 12 Y doy gracias al que me fortificó, á Cristo Jesus nuestro Señor, de que
me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio;

 13 Habiendo sido ántes blasfemo, y perseguidor, é injuriador: mas fui
recibido á misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad.

 14 Mas la gracia de nuestro Señor fué más abundante con la fé y amor que es
en Cristo Jesus.

 15 Palabra fiel, y digna de ser recibida de todos: Que Cristo Jesus vino al
mundo para salvar á los pecadores, de los cuales yo soy el primero;

 16 Mas por esto fuí recibido á misericordia, para que Jesu-Cristo mostrase
en mí el primero toda [su] clemencia, para ejemplo de los que habian de creer
en él para vida eterna.

 17 Por tanto al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios,
[sea] honor y gloria por siglos de los siglos. Amen.

 18 Este mandamiento, hijo Timotéo, te encargo, para que, conforme á las
profecías pasadas de tí, milites por ellas buena milicia;

 19 Manteniendo la fé y buena conciencia, la cual echando de sí algunos,
hicieron naufragio en la fé:

 20 De los cuales [son] Hymenéo y Alejandro, que entregué á Satanás, para que
aprendan á no blasfemar.



CAPITULO 2.

 1 AMONESTO, pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones,
peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres;

 2 Por los reyes, y por todos los que están en eminencia, para que vivamos
quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.

 3 Porque esto [es] bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador:

 4 El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al
conocimiento de la verdad.

 5 Porque [hay] un Dios; asimismo un Mediador entre Dios y los hombres, Jesu-
Cristo hombre;

 6 El cual se dió á sí mismo [en] precio del rescate por todos, [para]
testimonio en sus tiempos:

 7 De lo que yo soy puesto por predicador y apóstol, (digo verdad en Cristo,
no miento;) doctor de los Gentiles en fidelidad y verdad.

 8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos
limpias, sin ira ni contienda.

 9 Asimismo tambien las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza
y modestia; no con cabellos encrespados, ú oro, ó perlas, ó vestidos
costosos,

 10 Sino de buenas obras, como conviene á mujeres que profesan piedad.

 11 La mujer aprenda en silencio, con toda sujecion.

 12 Porque no permito á la mujer enseñar, ni tomar autoridad sobre el hombre,
sino estar en silencio.

 13 Porque Adam fué formado el primero; despues Eva.

 14 Y Adam no fué engañado; sino la mujer, siendo seducida, vino á ser
[envuelta] en transgresion.

 15 Empero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en la fé y caridad,
y santidad, y modestia.



CAPITULO 3.

 1 PALABRA fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea.

 2 Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una [sola]
mujer, solícito, templado, compuesto, hospedador, apto para enseñar;

 3 No amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias, sino
moderado; no litigioso, ajeno de avaricia:

 4 Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujecion con toda
honestidad;

 5 (Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de
Dios?)

 6 No un neófito, porque, inflándose no caiga en juicio del diablo.

 7 Tambien conviene que tenga buen testimonio de los extraños; porque no
caiga en afrenta y en lazo del diablo.

 8 Los diáconos asimismo [deben ser] honestos, no bilingües, no dados a mucho
vino, no amadores de torpes ganancias;

 9 Que tengan el misterio de la fé con limpia conciencia.

 10 Y estos tambien sean ántes probados; y así ministren, si fueren sin
crímen.

 11 Las mujeres asimismo honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo.

 12 Los diáconos sean maridos de una [sola] mujer, que gobiernen bien sus
hijos y sus casas.

 13 Porque los que bien ministraren, ganan para sí buen grado, y mucha
confianza en la fé que [es] en Cristo Jesus.

 14 Esto te escribo con esperanza que iré presto á tí:

 15 Y si no fuere tan presto, para que sepas cómo te conviene conversar en la
casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad.

 16 Y sin contradiccion, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido
manifestado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de
los ángeles; ha sido predicado á los Gentiles; ha sido creido en el mundo; ha
sido recibido en gloria.



CAPITULO 4.

 1 EMPERO el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos
algunos apostatarán de la fe, escuchando á espíritus de error, y á doctrinas
de demonios;

 2 Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia:

 3 Que prohibirán casarse, [y mandarán] abstenerse de las viandas que Dios
crió para que con hacimiento de gracias participasen de ellas los fieles, y
los que han conocido la verdad.

 4 Porque todo lo que Dios crió [es] bueno, y nada hay que desechar,
tomándose con hacimiento de gracias:

 5 Porque por la palabra de Dios, y por la oracion es santificado.

 6 Si esto propusieres á los hermanos, serás buen ministro de Jesu-Cristo,
criado en las palabras de la fé y de la buena doctrina, la cual has
alcanzado.

 7 Mas las fábulas profanas y de viejas desecha y ejercítate para la piedad.

 8 Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso; mas la piedad para
todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera.

 9 Palabra fiel [es] esta, y digna de ser recibida de todos.

 10 Que por esto aun trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el
Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, mayormente de los
que creen.

 11 Esto manda y enseña.

 12 Ninguno tenga en poco tu juventud; pero sé ejemplo de los fieles en
palabra, en conversacion,

en caridad, en espíritu, en fé, en limpieza.

 13 Entretanto que voy, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar.

 14 No descuides el don que está en tí, que te es dado por profecía con la
imposicion de las manos del presbiterio.

 15 Medita estas cosas; ocúpate en ellas; para que tu aprovechamiento sea
manifiesto á todos.

 16 Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo
esto, á tí mismo salvarás y á los que te oyeren.



CAPITULO 5.

 1 NO reprendas al anciano, sino exhórta[le] como á padre: á los mas jóvenes,
como á hermanos;

 2 A las ancianas, como á madres; á las jovencitas, como á hermanas, con toda
pureza.

 3 Honra á las viudas que en verdad son viudas.

 4 Pero si alguna viuda tuviere hijos, ó nietos, aprendan primero á gobernar
su casa piadosamente, y á recompensar á sus padres: porque esto es lo honesto
y agradable delante de Dios.

 5 Ahora la que en verdad es viuda y solitaria, espera en Dios, y es
diligente en suplicaciones y oraciones noche y dia.

 6 Pero la que vive en delicias, viviendo está muerta.

 7 Denuncia pues estas cosas, para que sean sin reprension.

 8 Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa
la fé negó, y es peor que un infiel.

 9 La viuda sea puesta en [especial] clase no ménos que de sesenta años: que
haya sido esposa de un [solo] marido;

 10 Que tenga testimonio en buenas obras; si crió [bien sus] hijos; si ha
ejercitado la hospitalidad; si ha lavado los piés de los santos; si ha
socorrido á los afligidos; si ha seguido toda buena obra.

 11 Pero viudas más jóvenes no admitas; porque despues de hacerse licenciosas
contra Cristo,

quieren casarse:

 12 Condenadas ya, por haber falseado la primera fé.

 13 Y aun tambien se acostumbran, [hechas] ociosas, á andar de casa en casa;
y no solamente ociosas, sino tambien parleras y curiosas, hablando lo que no
conviene.

 14 Quiero, pues, que las que son jóvenes se casen, crien hijos, gobiernen la
casa; que ninguna ocasion den al adversario para maldecir.

 15 Porque ya algunas han vuelto atrás en pos de Satanás.

 16 Si algun fiel ó alguna fiel tiene viudas, manténgalas, y no sea gravada
la iglesia; á fin de que haya lo suficiente para las que de verdad son
viudas.

 17 Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada
honra; mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.

 18 Porque la escritura dice: No embozarás al buey que trilla. Y: Digno [es]
el obrero de su jornal.

 19 Contra el anciano no recibas acusacion sino con dos ó tres testigos.

 20 A los que pecaren, repréndelos delante de todos, para que los otros
tambien teman.

 21 [Te] requiero delante de Dios y del Señor Jesu-Cristo, y de sus ángeles
escogidos, que guardes estas cosas sin perjuicio de nadie, que nada hagas
inclinándote á la una parte.

 22 No impongas de ligero las manos á alguno, ni comuniques en pecados
ajenos: consérvate en limpieza.

 23 No bebas de aquí adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del
estómago, y de tus contínuas enfermedades.

 24 Los pecados de algunos hombres, ántes que vengan [ellos] á juicio, son
manifiestos; mas á otros les vienen despues.

 25 Asimismo las buenas obras ántes son manifiestas; y las que son de otra
manera, no pueden esconderse.



CAPITULO 6.

 1 TODOS los que están debajo del yugo de servidumbre, tengan á sus señores
por dignos de toda honra, porque no sea blasfemado el nombre del Señor y [su]
doctrina.

 2 Y los que tienen amos fieles, no [los] tengan en ménos, por ser [sus]
hermanos; ántes sírvan[les] mejor, por cuanto son fieles y amados, [y]
partícipes del beneficio. Esto enseña y exhorta.

 3 Si alguno enseña otra cosa, y no asiente á las sanas palabras de nuestro
Señor Jesu-Cristo, y á la doctrina que es conforme á la piedad,

 4 Es hinchado, nada sabe, y enloquece acerca de cuestiones y contiendas de
palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, maledicencias, malas
sospechas,

 5 Porfías de hombres corruptos de entendimiento, y privados de la verdad,
que tienen la piedad por granjería: apártate de los tales.

 6 Empero grande granjería es la piedad con contentamiento.

 7 Porque nada hemos traido á este mundo, [y] sin duda nada podrémos sacar.

 8 Así que teniendo sustento, y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto.

 9 Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentacion y lazo, y en muchas
codicias locas y dañosas, que hunden á los hombres en perdicion y muerte.

 10 Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males; el cual
codiciando algunos, se descaminaron de la fé, y fueron traspasados de muchos
dolores.

 11 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas; y sigue la justicia, la
piedad, la fé, la caridad, la paciencia, la mansedumbre.

 12 Pelea la buena batalla de la fé, echa mano de la vida eterna, á la cual
asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesion delante de muchos
testigos.

 13 Te mando delante de Dios, que da vida á todas las cosas, y de Jesu-
Cristo, que testificó la buena profesion delante de Poncio Pilato,

 14 Que guardes el mandamiento sin mácula, ni reprension, hasta la aparicion
de nuestro Señor Jesu-Cristo;

 15 La cual á su tiempo mostrará el Bienaventurado y solo Poderoso, Rey de
reyes, y Señor de señores;

 16 Quien solo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible, á quien
ninguno de los hombres ha visto, ni puede ver: al cual [sea] la honra y el
imperio sempiterno. Amen.

 17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la
esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que nos
da todas las cosas en abundancia de que gocemos:

 18 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, que con
facilidad comuniquen:

 19 Atesorando para sí buen fundamento para lo porvenir, que echen mano á la
vida eterna.

 20 Oh Timotéo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas
pláticas de vanas cosas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia:

 21 La cual profesando algunos, fueron descaminados acerca de la fé. La
gracia [sea] contigo. Amen.

 La primera [epístola] á Timotéo fué escrita de Laodicéa, que es metrópoli de
la Phrygia Pacaciana.



LA SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á

TIMOTÉO.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, apóstol de Jesu-Cristo por la voluntad de Dios, segun la promesa de
la vida, que es en Cristo Jesus,

 2 A Timotéo, amado hijo, gracia, misericordia, [y] paz de Dios el Padre, y
de Jesu-Cristo nuestro Señor.

 3 Doy gracias á Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia,
de que sin cesar tengo memoria de tí en mis oraciones noche y dia;

 4 Deseando verte, acordándome de tus lágrimas, para ser lleno de gozo;

 5 Trayendo á la memoria la fé no fingida que [habia] en tí, la cual residió
primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en tí
tambien.

 6 Por lo cual te aconsejo, que despiertes el don de Dios que está en tí por
la imposicion de mis manos.

 7 Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino [el] de fortaleza, y
de amor, y de templanza.

 8 Por tanto no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí,
preso [por amor] suyo; ántes se participante de los trabajos del Evangelio,
segun la virtud de Dios,

 9 Que nos salvó y llamó con vocacion santa, no conforme á nuestras obras,
mas segun el intento suyo, y [por la] gracia, la cual nos es dada en Cristo
Jesus ántes de los tiempos de los siglos;

 10 Mas ahora es manifestada por la aparicion de nuestro Salvador Jesu-
Cristo, el cual quita la muerte, y sacó á la luz la vida y la inmortalidad
por el Evangelio;

 11 Del cual yo soy puesto predicador, y apóstol, y maestro de los Gentiles.

 12 Por lo cual asimismo padezco esto: mas no me avergüenzo; porque^ yo sé á
quien he creido, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para
aquel dia.

 13 Reten la forma de las sanas palabras que de mí oiste, en la fé y amor que
[es] en Cristo Jesus.

 14 Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que habita en nosotros.

 15 [Ya] sabes esto, que me han sido contrarios todos los que son en Asia; de
los cuales son Figello, y Hermógenes.

 16 Dé el Señor misericordia á la casa de Onesíforo; que muchas veces me
refrigeró, y no se avergonzó de mi cadena:

 17 Antes estando él en Roma, me buscó solícitamente, y [me] halló.

 18 Déle el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel dia. Y
cuánto [nos] ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.



CAPITULO 2.

 1 PUES tú, hijo mio, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesus.

 2 Y lo que has oido de mí entre muchos testigos, esto encarga á los hombres
fieles que serán idóneos para enseñar tambien á otros.

 3 Tú pues sufre trabajos como fiel soldado de Jesu-Cristo.

 4 Ninguno que milita se embaraza en los negocios de la vida; á fin de
agradar á aquel que lo tomó por soldado.

 5 Y aun tambien el que lidia, no es coronado si no lidiare legítimamente.

 6 El labrador para recibir los frutos, es menester que trabaje primero.

 7 Considera lo que digo; y el Señor te dé entendimiento en todo.

 8 Acuérdate que Jesu-Cristo, [el cual fué] de la simiente de David, resucitó
de los muertos conforme á mi Evangelio;

 9 En el que sufro trabajo, hasta las prisiones á modo de malhechor: mas la
palabra de Dios no está presa.

 10 Por tanto todo lo sufro por amor de los escogidos, para que ellos tambien
consigan la salud que es en Cristo Jesus con gloria eterna.

 11 [Es] palabra fiel: Que si somos muertos con él, tambien vivirémos con él:

 12 Si sufrimos, tambien reinarémos con él. Si negáremos, él tambien nos
negará:

 13 Si fuéremos infieles, él permanece fiel: no se puede negar á sí mismo.

 14 Recuérda[les] esto, protestando delante del Señor que no contiendan en
palabras, [lo cual] para nada aprovecha, [ántes] trastorna á los oyentes.

 15 Procura con diligencia presentarte á Dios aprobado, [como] obrero que no
tiene de que avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad.

 16 Mas evita profanas [y] vanas parlerías; porque muy adelante irán en la
impiedad.

 17 Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena; de los cuales es Hymenéo,
y Fileto;

 18 Que se han descaminado de la verdad, diciendo que la resurreccion es ya
hecha, y trastornan la fé de algunos.

 19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el
Señor los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el
nombre de Cristo.

 20 Mas en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino
tambien de madera y de barro; y asimismo unos para honra, y otros para
deshonra.

 21 Así que si alguno se limpiare de estas cosas, será vaso para honra,
santificado, y útil para los usos del Señor, [y] aparejado para toda buena
obra.

 22 Huye tambien los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fé, la
caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazon.

 23 Empero las cuestiones necias y sin sabiduría desecha, sabiendo que
engendran contiendas.

 21 Que el siervo del Señor no debe ser litigioso, sino manso para con todos,
apto para enseñar, sufrido;

 25 Que con mansedumbre corrija á los que se oponen; si quizá Dios les dé que
se arrepientan para conocer la verdad,

 26 Y se zafen del lazo del diablo, en que están cautivos á voluntad de él.



CAPITULO 3.

 1 ESTO tambien sepas, que en los postreros dias vendrán tiempos peligrosos:

 2 Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios,
detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad,

 3 Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores
de lo bueno,

 4 Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de
Dios;

 5 Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella: y
á estos evita.

 6 Porque de estos son los que se entran por las casas, y llevan cautivas las
mujercillas cargadas de pecados, llevadas de diversas concupiscencias;

 7 Que siempre aprenden, y nunca pueden acabar de llegar al conocimiento de
la verdad.

 8 Y de la manera que Jannes y Jambres resistieron á Moisés, así tambien
estos resisten á la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos
acerca de la fé.

 9 Mas no prevalecerán; porque su insensatez será manifiesta á todos, como
tambien lo fué la de aquellos.

 10 Pero tú has comprendido mi doctrina, instruccion, intento, fé, largura de
ánimo, caridad, paciencia,

 11 Persecuciones, aflicciones, cuales me sobrevinieron en Antioquia, en
Iconio, en Listra; cuales persecuciones he sufrido, y de todas me ha librado
el Señor.

 12 Y tambien todos los que quieren vivir piamente en Cristo Jesus, padecerán
persecucion.

 13 Mas los malos hombres, y los engañadores, irán de mal en peor, engañando,
y siendo engañados.

 14 Empero persiste tú en lo que has aprendido, y te persuadiste, sabiendo de
quien has aprendido;

 15 Y que desde la niñez has sabido las sagradas escrituras, las cuales te
pueden hacer sabio para la salud por la fé que es en Cristo Jesus.

 16 Toda escritura inspirada divinamente, es útil para enseñar, para
redargüir, para corregir, para instituir en justicia,

 17 Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda
buena obra.



CAPITULO 4.

 1 REQUIERO yo, pues, delante de Dios, y del Señor Jesu-Cristo, que ha de
juzgar los vivos y los muertos en su manifestacion y en su reino,

 2 Que prediques la palabra; que instes á tiempo y fuera de tiempo:
redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina; ántes, teniendo
comezon de oir, se amontonarán maestros conforme á sus concupiscencias,

 4 Y apartarán de la verdad el oido, y se volverán á las fábulas.

 5 Pero tú vela en todo, soporta las aflicciones, haz la obra de evangelista,
cumple tu ministerio;

 6 Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está
cercano.

 7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fé.

 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el
Señor, juez justo, en aquel dia; y no solo á mí, sino tambien á todos los que
aman su venida.

 9 Procura venir presto á mí:

 10 Porque Demas me ha desamparado, amando este siglo, y se ha ido á
Tesalónica; Crescente á Galacia; Tito á Dalmacia.

 11 Lucas solo está conmigo. Toma á Marcos, y tráele contigo; porque me es
útil para el ministerio.

 12 A Tichico envié á Efeso.

 13 Trae cuando vinieres, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo; y los
libros, mayormente los pergaminos.

 14 Alejandro el calderero me ha causado muchos males: el Señor le pague
conforme á sus hechos.

 15 Guárdate tú tambien de él; que en grande manera ha resistido á nuestras
palabras.

 16 En mi primera defensa ninguno me ayudó; ántes me desampararon todos: no
les sea imputado.

 17 Mas el Señor me ayudó, y me esforzó para que por mí fuese cumplida la
predicacion, y todos los Gentiles la oyesen; y fuí librado de la boca del
leon.

 18 Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino
celestial: al cual [sea] gloria por siglos de siglos. Amen.

 19 Saluda á Prisca y á Aquila, y á la casa de Onesíforo.

 20 Erasto se quedó en Corinto; y á Trófimo dejé enfermo en Mileto.

 21 Procura venir ántes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente, y Lino, y
Claudia, y todos los hermanos.

 22 El Señor Jesu-Cristo [sea] con tu espíritu. La gracia [sea] con vosotros.
Amen.

 La segunda [epístola] á Timotéo, el cual fué el primer obispo ordenado en
Efeso, fué escrita de Roma cuando Pablo fué presentado la segunda vez á César
Neron.



LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á

TITO.



CAPITULO 1.

 1 PABLO, siervo de Dios, y apóstol de Jesu-Cristo segun la fé de los
escogidos de Dios, y el conocimiento de la verdad que es segun la piedad,

 2 Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no puede mentir,
prometió ántes de los tiempos de los siglos,

 3 Y manifestó á sus tiempos su palabra por [la] predicacion, que me es á mí
encomendada por mandamiento de nuestro Salvador Dios;

 4 A Tito, verdadero hijo en la comun fé: Gracia, misericordia, y paz de Dios
Padre, y del Señor Jesu-Cristo Salvador nuestro.

 5 Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo que falta, y
pusieses ancianos por las villas, así como yo te mandé:

 6 El que fuere sin crimen, marido de una mujer, que tenga hijos fieles, que
no estén acusados de disolucion , ó contumaces.

 7 Porque es menester que el obispo sea sin crimen, como dispensador de Dios;
no soberbio, no iracundo, no amador del vino, no heridor, no codicioso de
torpes ganancias;

 8 Sino hospedador, amador de lo bueno, templado, justo, santo, continente;

 9 Retenedor de la fiel palabra que es conforme á la doctrina; para que
tambien pueda exhortar con sana doctrina, y convencer á los que
contradijeren.

 10 Porque hay aun muchos contumaces, habladores de vanidades, y engañadores
de las almas, mayormente [los] que [son] de la circuncision.

 11 A los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras,
enseñando lo que no conviene, por torpe ganancia.

 12 Dijo uno de ellos, propio profeta de ellos: Los Cretenses, siempre
mentirosos, malas bestias, vientres perezosos.

 13 Este testimonio es verdadero: por tanto repréndelos duramente, para que
sean sanos en la fé;

 14 No atendiendo á fabulas judáicas, y á mandamientos de hombres que se
apartan de la verdad.

 15 Todas las cosas son limpias á los limpios, mas á los contaminados é
infieles nada es limpio: ántes su alma y conciencia están contaminadas.

 16 Profésanse conocer á Dios, mas con los hechos [lo] niegan; siendo
abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra.



CAPITULO 2.

 1 EMPERO tú habla lo que conviene á la sana doctrina:

 2 Que los viejos sean templados, graves, prudentes, sanos en la fé, en la
caridad, en la paciencia.

 3 Las viejas, asimismo, [se distingan] en un porte santo; no calumniadoras,
no dadas á mucho vino, maestras de honestidad:

 4 Que enseñen á las mujeres jóvenes á ser prudentes, á que amen á sus
maridos, á que amen á sus hijos,

 5 [A ser] templadas, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas
á sus maridos; porque la palabra de Dios no sea blasfemada.

 6 Exhorta asimismo á los mancebos á que sean comedidos:

 7 Mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina [haciendo
ver] integridad, gravedad,

 8 Palabra sana, é irreprensible; que el adversario se avergüence, no
teniendo mal ninguno que decir de vosotros.

 9 [Exhorta] á los siervos, á que sean sujetos á sus señores, que agraden en
todo, no respondones;

 10 No defraudando, ántes mostrando toda buena lealtad, para que adornen en
todo la doctrina de nuestro Salvador Dios.

 11 Porque la gracia de Dios que trae salvacion á todos los hombres, se
manifestó,

 12 Enseñándonos que, renunciando á la impiedad y á los deseos mundanos,
vivamos en este siglo templada, y justa, y piamente,

 13 Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestacion gloriosa
del gran Dios y Salvador nuestro Jesu-Cristo,

 14 Que se dió á sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y
limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

 15 Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.



CAPITULO 3.

 1 AMONÉSTALES que se sujeten á los príncipes y potestades, que obedezcan,
que estén prontos á toda buena obra;

 2 Que á nadie infamen, que no sean pendencieros, [sino] modestos, mostrando
toda mansedumbre para con todos los hombres.

 3 Porque tambien éramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes,
extraviados, sirviendo á concupiscencias y deleites diversos, viviendo en
malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos á los otros:

 4 Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y [su] amor
para con los hombres,

 5 No por obras de justicia que nosotros habiamos hecho, mas por su
misericordia nos salvó por el lavacro de la regeneracion, y de la renovacion
del Espíritu Santo;

 6 El cual derramó en nosotros abundantemente por Jesu-Cristo, nuestro
Salvador,

 7 Para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos segun la
esperanza de la vida eterna.

 8 Palabra fiel, y estas cosas quiero que afirmes, para que los que creen á
Dios procuren gobernarse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles á
los hombres.

 9 Mas las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones y debates acerca
de la ley evita: porque son sin provecho y vanas.

 10 Rehusa hombre hereje, despues de una y otra amonestacion;

 11 Estando cierto que el tal es trastornado, y peca, siendo condenado de su
propio juicio.

 12 Cuando enviare á tí á Artemas ó á Tichico, procura venir á mí á
Nicópolis; porque allí he determinado invernar.

 13 A Zenas, doctor de la ley, y á Apólos envia delante, procurando que nada
les falte.

 14 Y aprendan asimismo los nuestros á gobernarse en buenas obras para los
usos necesarios, para que no sean sin fruto.

 15 Todos los que están conmigo te saludan. Saluda á los que nos aman en la
fé. La gracia [sea] con todos vosotros. Amen.

 A Tito, el cual fué el primer obispo ordenado á la iglesia de los Cretenses,
escrita de Nicópolis de Macedonia.



LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á

FILÉMON.



 1 PABLO, prisionero de Jesu-Cristo, y el hermano Timotéo, á Filémon amado, y
coadjutor nuestro;

 2 Y á la amada Apphia, y á Archipo, compañero de nuestra milicia, y á la
iglesia [que está] en tu casa:

 3 Gracia á vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu-Cristo.

 4 Doy gracias á mi Dios, haciendo siempre memoria de tí en mis oraciones,

 5 Oyendo tu caridad, y la fé que tienes en el Señor Jesus, y para con todos
los santos,

 6 Para que la comunicacion de tu fé sea eficaz en el conocimiento de todo el
bien que [está] en vosotros por Cristo Jesus.

 7 Porque tenemos gran gozo y consolacion de tu caridad, de que por tí, oh
hermano, han sido recreadas las entrañas de los santos.

 8 Por lo cual, aunque tengo mucha resolucion en Cristo para mandarte lo que
conviene,

 9 Ruégo[te] más bien por amor, siendo tal cual [soy,] Pablo viejo, y aun
ahora prisionero de Jesu-Cristo.

 10 Ruégote por mi hijo Onésimo, que he engendrado en mis prisiones;

 11 El cual en otro tiempo te fué inútil, mas ahora á tí y á mí [es] útil:

 12 El cual [te] vuelvo á enviar: tú, pues recíbele como á mis entrañas.

 13 Yo quisiera detenerle conmigo, para que en lugar de tí me sirviese en las
prisiones del Evangelio.

 14 Mas nada quise hacer sin tu consejo, porque tu beneficio no fuese como de
necesidad, sino voluntario.

 15 Porque acaso por esto se ha apartado de tí por [algun] tiempo; para que
lo recibieses para siempre;

 16 No ya como siervo, ántes más que siervo, [como] hermano amado, mayormente
de mí, pero ¿cuánto más de tí, en la carne, y en el Señor?

 17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como á mí.

 18 Y si en algo te dañó, ó te debe, pónlo á mi cuenta.

 19 Yo Pablo [lo] escribí de mi mano; yo [lo] pagaré, por no decirte que aun
á tí mismo te me debes demás.

 20 Sí, hermano, góceme yo de tí en el Señor; recrea mis entrañas en el
Señor.

 21 Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que aun harás más de
lo que digo.

 22 Y asimismo prepárame tambien alojamiento; porque espero que por vuestras
oraciones os tengo de ser concedido.

 23 Te saludan Epafras, mi compañero en la prision por Cristo Jesus,

 24 Marcos , Aristarco , Demas, y Lucas, mis cooperadores.

 25 La gracia de nuestro Señor Jesu-Cristo [sea] con vuestro espíritu. Amen.

 A Filémon fué enviada de Roma por Onésimo siervo.



LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO

Á LOS

HEBRÉOS.



CAPITULO 1.

 1 DIOS, habiendo hablado muchas veces, y en muchas maneras en otro tiempo á
los padres por los profetas,

 2 En estos postreros dias nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó
heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo:

 3 El cual, siendo el resplandor de gloria, y la misma imágen de su
sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia,
habiendo hecho la purgacion de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la
diestra de la Majestad en las alturas,

 4 Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más
excelente nombre que ellos.

 5 Porque ¿á cual de los ángeles dijo [Dios] jamás: Mi Hijo eres tú, hoy yo
te he engendrado? Y otra vez ¿Yo seré á él Padre, y él me sera á mi Hijo?

 6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en la tierra, dice: Y adórenle
todos los ángeles de Dios.

 7 Y ciertamente de los ángeles dice: El que hace sus ángeles espíritus, y á
sus ministros llama de fuego:

 8 Mas al Hijo: Tu trono, oh Dios, por siglo del siglo; vara de equidad la
vara de tu reino:

 9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad; por lo cual te ungió Dios
el Dios tuyo, con óleo de alegría más que á tus compañeros:

 10 Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra; y los cielos son
obras de tus manos:

 11 Ellos perecerán mas tú eres permanente; y todos ellos se envejecerán como
una vestidura.

 12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; empero tú eres el
mismo, y tus años no acabarán.

 13 Pues ¿á cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate á mi diestra, hasta que
ponga á tus enemigos por estrado de tus piés?

 14 ¿No son todos espíritus administradores, enviados para servicio á favor
de los que serán herederos de salud?



CAPITULO 2.

 1 POR tanto es menester que con más diligencia atendamos á las cosas que
hemos oido, porque no nos escurramos.

 2 Porque si la palabra dicha por [el ministerio] de los ángeles fué firme, y
toda rebelion y desobediencia recibió justa paga de retribucion,

 3 ¿Cómo escaparémos nosotros, si tuviéremos en poco una salud tan grande? La
cual, habiendo comenzado á ser publicada por el Señor, ha sido confirmada
hasta nosotros por los que [le] oyeron;

 4 Testificando juntamente [con ellos] Dios con señales y milagros, y
diversas maravillas, y repartimientos del Espíritu Santo segun su voluntad.

 5 Porque no sujetó á los ángeles el mundo venidero, del cual hablamos.

 6 Testificó empero uno, en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre que te
acuerdas de él? ¿ó el hijo del hombre, que le visitas?

 7 Tú le hiciste un poco menor que los ángeles, coronástele de gloria y de
honra, y pusístele sobre las obras de tus manos:

 8 Todas las cosas sujetaste debajo de sus piés. Porque en cuanto le sujetó
todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto á él. Mas aun no vemos que todas
las cosas le sean sujetas.

 9 Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte,
á aquel Jesus que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia
de Dios gustase la muerte por todos.

 10 Porque convenia, que aquel por cuya causa [son] todas las cosas, y por el
cual todas las cosas [subsisten,] habiendo de llevar á [su] gloria á muchos
hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos.

 11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno [son] todos:
por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

 12 Diciendo: Anunciare á mis hermanos tu nombre, en medio de la congregacion
te alabaré.

 13 Y otra vez: Yo confiaré en él. Y otra vez: Hé aquí yo y los hijos que me
dió Dios.

 14 Así que por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él tambien
participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenia el imperio de
la muerte, es á saber, al diablo,

 15 Y librar á los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida
sujetos á servidumbre.

 16 Porque ciertamente no tomó á los ángeles, sino á la simiente de Abraham
tomó.

 17 Por lo cual debia ser en todo semejante á los hermanos, para venir á ser
misericordioso y fiel Pontífice en lo que es para con Dios, para expiar los
pecados del pueblo.

 18 Porque en cuanto él mismo padeció, siendo tentado, es poderoso para
[tambien] socorrer á los que son tentados.



CAPITULO 3.

 1 POR tanto, hermanos santos, participantes de la vocacion celestial,
considerad el Apóstol y Pontífice de nuestra profesion, Cristo Jesus,

 2 El cual es fiel al que le constituyó, como tambien [lo fué] Moisés sobre
toda su casa.

 3 Porque de [tanto] mayor gloria que Moisés este es estimado digno, cuanto
tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó.

 4 Porque toda casa es edificada de alguno: mas el que crió todas las cosas,
[es] Dios.

 5 Y Moisés á la verdad [fué] fiel sobre toda su casa, como criado, para
testificar lo que se habia de decir:

 6 Mas Cristo como Hijo sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si hasta
el cabo retuviéremos firme la confianza y la gloria de la esperanza.

 7 Por lo cual, (como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz,

 8 No endurezcais vuestros corazones como en la provocacion, en el dia de la
tentacion en el desierto,

 9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras
cuarenta años.

 10 A causa de lo cual me enemisté con esta generacion, y dije: Siempre
divagan ellos de corazon, y no han conocido mis caminos.

 11 Juré pues en mi ira: No entrarán en mi reposo.)

 12 Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazon malo de
incredulidad para apartarse del Dios vivo:

 13 Antes exhortáos los unos á los otros cada dia, entretanto que se dice
Hoy, porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado.

 14 Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos
firme hasta el fin el principio de nuestra confianza;

 15 Entretanto que se dice: Si oyereis su voz hoy, no endurezcais vuestros
corazones, como en la provocacion.

 16 Porque algunos de los que habian salido de Egipto con Moisés, habiendo
oido, provocaron; aunque no todos.

 17 Mas ¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿no [fué] con los que
pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?

 18 ¿Y á quiénes juró que no entrarian en su reposo, sino á aquellos que no
obedecieron?

 19 Y vemos que no pudieron entrar á causa de incredulidad.



CAPITULO 4.

 1 TEMAMOS, pues, que quedando aun la promesa de entrar en su reposo,
aparezca alguno de vosotros haberse apartado.

 2 Porque tambien á nosotros se nos ha evangelizado como á ellos; mas no les
aprovechó el oir la palabra á los que [la] oyeron sin mezclar fé.

 3 Empero entramos en el reposo los que hemos creido, de la manera que dijo:
Como juré en mi ira, no entrarán en mi reposo; aun acabadas las obras desde
el principio del mundo.

 4 Porque en un cierto lugar dijo así del séptimo dia: Y reposó Dios de todas
sus obras en el séptimo dia.

 5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo.

 6 Así que, pues que resta que algunos han de entrar en él, y aquellos á
quienes primero fué anunciado no entraron por causa de desobediencia,

 7 Determina otra vez un cierto dia diciendo por David: Hoy, despues de tanto
tiempo; como esta dicho: Si oyereis su voz hoy, no endurezcais vuestros
corazones.

 8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaria despues de otro
dia.

 9 Por tanto queda un reposo para el pueblo de Dios.

 10 Porque el que ha entrado en su reposo, tambien él ha reposado de sus
obras, como Dios de las suyas.

 11 Procuremos, pues, de entrar en aquel reposo; que ninguno caiga en
semejante ejemplo de desobediencia^.

 12 Porque la palabra de Dios [es] viva y eficaz, y más penetrante que toda
espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y
las coyunturas y tuétanos; y discierne los pensamientos y las intenciones del
corazon.

 13 Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; ántes todas
las cosas [están] desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que
dar cuenta.

 14 Por tanto teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesus el
Hijo de Dios, retengamos [nuestra] profesion.

 15 Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras
flaquezas; mas tentado en todo segun [nuestra] semejanza, [pero] sin pecado.

 16 Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar
misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.



CAPITULO 5.

 1 PORQUE todo pontífice tomado de entre los hombres, es constituido á favor
de los hombres en lo que á Dios toca, para que ofrezca presentes y
sacrificios por los pecados:

 2 Que se pueda compadecer de los ignorantes y extraviados, pues que él
tambien está rodeado de flaqueza.

 3 Y por causa de ella debe, como por sí mismo, así tambien por el pueblo,
ofrecer por los pecados.

 4 Ni nadie toma para sí la honra, sino el que es llamado de Dios, como
Aaron.

 5 Así tambien Cristo no se glorificó á sí mismo haciéndose Pontífice, mas el
que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.

 6 Como tambien dice en otro [lugar:] Tú [eres] Sacerdote eternamente, segun
el órden de Melchisedech.

 7 El cual en los dias de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran
clamor y lágrimas al que le podia librar de muerte, fué oido por [su]
reverencial miedo.

 8 Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;

 9 Y consumado, vino á ser causa de eterna salud á todos los que le obedecen;

 10 Nombrado de Dios Pontífice segun el órden de Melchisedech.

 11 Del cual tenemos mucho que decir, y dificultoso de declarar, por cuanto
sois flacos para oir.

 12 Porque debiendo ser ya maestros [de otros,] á causa del tiempo, teneis
necesidad de volver á ser enseñados cuáles [sean] los primeros rudimentos de
las palabras de Dios; y habeis llegado á ser [tales] que tengais necesidad de
leche, y no de manjar sólido.

 13 Que cualquiera que participa de la leche, es inhábil para la palabra de
la justicia, porque es niño;

 14 Mas la vianda firme es para los perfectos, para los que por la costumbre
tienen [ya] los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.



CAPITULO 6.

 1 POR tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo vamos
adelante á la perfeccion; no echando otra vez el fundamento del
arrepentimiento de obras muertas, y de la fé en Dios,

 2 De la doctrina de bautismos, y de la imposicion de manos, y de la
resurreccion de los muertos, y del juicio eterno:

 3 Y esto harémos, á la verdad, si Dios [lo] permitiere.

 4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados, y gustaron el
don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,

 5 Y asimismo gustaron la buena palabra de Dios, y las virtudes del siglo
venidero,

 6 Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de
nuevo para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndo[le] á vituperio.

 7 Porque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella, y
produce yerba provechosa á aquellos de los cuales es labrada, recibe
bendicion de Dios.

 8 Mas la que produce espinas y abrojos, [es] reprobada, y cercana de
maldicion; cuyo fin [será] el ser abrasada.

 9 Pero de vosotros, oh amados, esperamos mejores cosas, y más cercanas á
salud, aunque hablamos así.

 10 Porque Dios no [es] injusto, para olvidar vuestra obra y el trabajo de
amor que habeis mostrado á su nombre, habiendo asistido y asistiendo [aun] á
los santos.

 11 Mas deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el
cabo, para cumplimiento de [su] esperanza;

 12 Que no os hagais perezosos, mas imitadores de aquellos que por la fé y la
paciencia heredarán las promesas.

 13 Porque prometiendo Dios á Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró
por sí mismo,

 14 Diciendo: De cierto te bendeciré bendiciendo; y multiplicando, te
multiplicaré.

 15 Y así, esperando con largura de ánimo, alcanzó la promesa.

 16 Porque los hombres ciertamente por el mayor [que ellos] juran: y el fin
de todas sus controversias es el juramento para confirmacion.

 17 Por lo cual, queriendo Dios mostrar mas abundantemente á los herederos de
la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;

 18 Para que por dos cosas inmutables, en las cuales [es] imposible que Dios
mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos á trabarnos de
la esperanza propuesta:

 19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta
dentro del velo;

 20 Donde entró por nosotros [nuestro] precursor Jesus, hecho Pontífice
eternalmente segun el, órden de Melchisedech.



CAPITULO 7.

 1 PORQUE este Melchisedech, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el
cual salió á recibir á Abraham que volvia de la derrota de los reyes, y le
bendijo,

 2 Al cual asimismo dió Abraham los diezmos de todo, primeramente él se
interpreta Rey de justicia; y luego tambien Rey de Salem, que es, Rey de paz:

 3 Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de dias, ni fin
de vida, mas hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para
siempre.

 4 Mirad pues cuan grande [fuera] este, al cual aun Abraham el patriarca dió
diezmos de los despojos.

 5 Y ciertamente los que de los hijos de Leví toman el sacerdocio, tienen
mandamiento de tomar del pueblo los diezmos segun la ley, es á saber, de sus
hermanos, aunque tambien hayan salido de los lomos de Abraham.

 6 Mas aquel cuya genealogía no es contada de ellos, tomó de Abraham los
diezmos, y bendijo al que tenia las promesas.

 7 Y sin contradiccion alguna lo que es ménos es bendecido de lo que es más.

 8 Y aquí ciertamente los hombres mortales toman los diezmos; mas allí aquel
del cual está dado testimonio que vive.

 9 Y, por decir así, en Abraham fué diezmado tambien Leví, que recibe los
diezmos;

 10 Porque aun estaba [Leví] en los lomos de [su] padre cuando Melchisedech
le salió al encuentro.

 11 Pues si la perfeccion era por el sacerdocio Levítico (porque debajo de él
recibió el pueblo la ley) ¿qué necesidad [habia] aun de que se levantase otro
sacerdote segun el órden de Melchisedech, y que no fuese llamado segun el
órden de Aaron?

 12 Pues mudado el sacerdocio, necesario es que se haga tambien mudanza de la
ley.

 13 Porque [aquel] del cual esto se dice, de otra tribu es, de la cual nadie
asistió al altar.

 14 Porque notorio [es] que el Señor nuestro nació de la tribu de Judá, sobre
cuya tribu nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

 15 Y aun más manifiesto es, si á semejanza de Melchisedech se levanta otro
sacerdote,

 16 El cual no es hecho conforme á la ley del mandamiento carnal, sino segun
la virtud de vida indisoluble;

 17 Pues [así] da [Dios] testimonio [de ello:] Tú [eres] Sacerdote para
siempre segun el órden de Melchisedech.

 18 El mandamiento precedente cierto se abroga por su flaqueza é inutilidad:

 19 Porque nada perfeccionó la ley; mas [hízolo] la introduccion de mejor
esperanza, por la cual nos acercamos á Dios.

 20 Y por cuanto no [fué] sin juramento;

 21 (Porque los otros cierto sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas
este, con juramento por el que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote eternamente segun el órden de Melchisedech:)

 22 Tanto de mejor testamento es hecho fiador Jesus.

 23 Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, en cuanto por la muerte no
podian permanecer:

 24 Mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio
inmutable:

 25 Por lo cual puede tambien salvar eternamente á los que por él se allegan
á Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

 26 Porque tal Pontífice nos convenia [tener:] santo, inocente, limpio,
apartado de los pecadores, y hecho mas sublime que los cielos:

 27 Que no tiene necesidad cada dia, como los [otros] sacerdotes, de ofrecer
primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto
[lo] hizo una sola vez, ofreciéndose á sí mismo.

 28 Porque la ley constituye sacerdotes hombres flacos; mas la palabra del
juramento, despues de la ley, [constituye] al Hijo hecho perfecto para
siempre.



CAPITULO 8.

 1 ASÍ que la suma acerca de lo dicho [es:] Tenemos tal Pontífice que se
asentó á la diestra del trono de la Majestad en los cielos;

 2 Ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor
asentó, y no el hombre.

 3 Porque todo pontífice es puesto para ofrecer presentes y sacrificios; por
lo cual [es] necesario que tambien este tuviese algo que ofrecer.

 4 Así que si estuviese sobre la tierra, ni aun seria sacerdote, habiendo aun
los [otros] sacerdotes que ofrecen los presentes segun la ley;

 5 Los cuales sirven de bosquejo y sombra de las cosas celestiales, como fué
respondido á Moisés cuando habia de acabar el tabernáculo: Mira, dice, haz
todas las cosas conforme al dechado que te ha sido mostrado en el monte.

 6 Mas ahora [tanto] mejor ministerio es el suyo, cuanto es Mediador de un
mejor pacto, el cual ha sido formado sobre mejores promesas.

 7 Porque si aquel primero fuera sin falta, cierto no se hubiera procurado
lugar de segundo.

 8 Porque reprendiéndolos dice: Hé aquí, vienen dias, dice el Señor, y
consumaré para con la casa de Israel y para con la casa de Judá un nuevo
pacto;

 9 No como el pacto que hice con sus padres el dia que los tomé por la mano
para sacarlos de la tierra de Egipto: porque ellos no permanecieron en mi
pacto, y yo los menosprecié, dice el Señor.

 10 Por lo cual este es el pacto que ordenaré á la casa de Israel despues de
aquellos dias, dice el Señor: Daré mis leyes en el alma de ellos, y sobre el
corazon de ellos las escribiré: y seré á ellos por Dios, y ellos me serán á
mí por pueblo:

 11 Y ninguno enseñará á su prójimo, ni ninguno á su hermano, diciendo:
Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor de ellos hasta el
mayor.

 12 Porque seré propicio á sus injusticias, y de sus pecados, y de sus
iniquidades no me acordaré más.

 13 Diciendo Nuevo [pacto,] dió por viejo al primero y lo que es dado por
viejo y se envejece, cerca está de desvanecerse.



CAPITULO 9.

 1 TENIA empero tambien el primer [pacto] reglamentos del culto, y [su]
santuario mundano.

 2 Porque el tabernáculo fué hecho: el primero en que [estaban] las lámparas,
y la mesa, y los panes de la proposicion; lo que llaman el santuario.

 3 Tras el segundo velo [estaba] el tabernáculo, que llaman el lugar
santísimo;

 4 El cual tenia un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de todas
partes alrededor de oro; en la que [estaba] una urna de oro que contenia el
maná, y la vara de Aaron que reverdeció, y las tablas del pacto;

 5 Y sobre ella los querubines de gloria que cubrian el propiciatorio, de las
cuales cosas no se puede ahora hablar en particular.

 6 Y estas cosas así ordenadas, en el primer tabernáculo siempre entraban los
sacerdotes para hacer los oficios del culto;

 7 Mas en el segundo, solo el pontífice una vez en el año; no sin sangre, la
cual ofrece por sí mismo, y [por] los pecados de ignorancia del pueblo:

 8 Dando en esto á entender el Espíritu Santo, que aun no estaba descubierto
el camino para el [verdadero] santuario, entretanto que el primer tabernáculo
estuviese en pié.

 9 Lo cual [era] figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecian
presentes y sacrificios que no podian hacer perfecto, cuanto á la conciencia,
al que servia [con ellos;]

 10 [Consistiendo] solo en viandas y bebidas, y en diversos lavamientos, y
ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de la correccion.

 11 Mas estando ya presente Cristo, Pontífice de los bienes que habian de
venir, por [otro] más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos,
es á saber, no de esta creacion;

 12 Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, mas por su propia
sangre entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido [para nosotros]
eterna redencion.

 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y la ceniza de
la becerra, rociada á los inmundos, santifica para la purificacion de la
carne,

 14 ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se
ofreció á sí mismo sin mancha á Dios, limpiará vuestras conciencias de las
obras de muerte para que sirvais al Dios vivo?

 15 Así que por eso es Mediador del nuevo testamento, para que interviniendo
muerte para la remision de las rebeliones [que habia] bajo del primer
testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

 16 Porque donde [hay] testamento, necesario es que intervenga muerte del
testador.

 17 Porque el testamento con la muerte es confirmado: de otra manera no es
válido entretanto que el testador vive.

 18 De donde [vino] que ni aun el primero fué consagrado sin sangre.

 19 Porque habiendo leido Moisés todos los mandamientos de la ley á todo el
pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua,
y lana de grana, é hisopo, roció al mismo libro, y tambien á todo el pueblo.

 20 Diciendo: Esta es la sangre del testamento que Dios os ha mandado.

 21 Y además de esto roció tambien con la sangre el tabernáculo, y todos los
vasos del ministerio.

 22 Y casi todo es purificado segun la ley con sangre; y sin derramamiento de
sangre no se hace remision.

 23 Fué pues necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen
purificadas con estas cosas; empero las mismas cosas celestiales con mejores
sacrificios que estos.

 24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del
verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros en la
presencia de Dios.

 25 Y no para ofrecerse muchas veces á sí mismo, como entra el pontífice en
el santuario cada año con sangre ajena;

 26 De otra manera fuera necesario que hubiera padecido muchas veces desde el
principio del mundo: mas ahora una vez en la consumacion de los siglos, para
deshacimiento del pecado, se presento por el sacrificio de sí mismo.

 27 Y de la manera que está establecido á los hombres que mueran una vez, y
despues el juicio,

 28 Así tambien Cristo fué ofrecido una vez para agotar los pecados de
muchos; y la segunda vez sin pecado será visto de los que lo esperan para
salud.



CAPITULO 10.

 1 PORQUE la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imágen
misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen
continuamente cada año, hacer perfectos á los que se allegan.

 2 De otra manera cesarian de ofrecerse; porque los que tributan [este]
culto, limpios de una vez, no tendrian mas conciencia de pecado.

 3 Empero en estos [sacrificios] cada año se hace [la misma] conmemoracion de
los pecados.

 4 Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los
pecados.

 5 Por lo cual, entrando en el mundo, dice: Sacrificio y presente no
quisiste; mas me apropiaste cuerpo:

 6 Holocaustos y [expiaciones] por el pecado no te agradaron.

 7 Entónces dije: Héme aquí (en la cabecera del libro esta escrito de mí)
para que haga, oh Dios, tu voluntad.

 8 Diciendo arriba: Sacrificio y presente, y holocaustos, y [expiaciones] por
el pecado, no quisiste, ni te agradaron, las cuales cosas se ofrecen segun la
ley,

 9 Entónces dijo: Héme aquí para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo
primero, para establecer lo postrero.

 10 En la cual voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesu-
Cristo [hecha] una [sola] vez.

 11 Así que todo sacerdote se presenta cada dia ministrando y ofreciendo
muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados:

 12 Pero este, habiendo ofrecido por los pecados un [solo] sacrificio para
siempre, está sentado á la diestra de Dios,

 13 Esperando lo que resta, hasta que sus enemigos sean puestos por estrado
de sus piés.

 14 Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los
santificados.

 15 Y atestíguanos lo mismo el Espíritu Santo; que despues que dijo:

 16 Y este es el pacto que haré con ellos despues de aquellos dias, dice el
Señor: Daré mis leyes en sus corazones y en sus almas las escribiré;

 17 Y nunca más me acordaré de sus pecados é iniquidades.

 18 Pues donde hay remision de estos, no hay más ofrenda por pecado.

 19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el santuario por la
sangre de Jesu-Cristo,

 20 Por el camino que él nos consagró nuevo, y vivo; por el velo, esto es,
por su carne:

 21 Y [teniendo] un Gran Sacerdote sobre la casa de Dios,

 22 Lleguémonos con corazón verdadero, en llena certidumbre de fé,
purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua
limpia.

 23 Mantengamos firme la profesion de nuestra fé, sin fluctuar, (que fiel es
el que prometió;)

 24 Y considerémonos los unos á los otros para provocarnos al amor, y á las
buenas obras:

 25 No dejando nuestra congregacion, como algunos tienen por costumbre mas
exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel dia se acerca.

 26 Porque si pecáremos voluntariamente despues de haber recibido el
conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por el pecado,

 27 Sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de
devorar á los adversarios.

 28 El que menospreciare la ley de Moisés, por el testimonio de dos ó de tres
testigos muere sin ninguna misericordia:

 29 ¿Cuánto pensais que será más digno de mayor castigo el que hollare al
Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del testamento, en la cual fué
santificado, é hiciere afrenta al Espíritu de gracia?

 30 Sabemos [quien es] el que dijo: Mia es la venganza, yo daré el pago, dice
el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará su pueblo.

 31 Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo.

 32 Empero traed á la memoria los dias pasados, en los cuales, despues de
haber sido iluminados, sufristeis gran combate de aflicciones:

 33 Por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis
hechos espectáculo; y por otra parte hechos compañeros de los que estaban en
tal estado.

 34 Porque de mis prisiones tambien os resentisteis conmigo, y el robo de
vuestros bienes padecisteis con gozo, conociendo que teneis en vosotros una
mejor sustancia en los cielos, y que permanece.

 35 No perdais pues vuestra confianza, que tiene grande remuneracion de
galardon:

 36 Porque la paciencia os es necesaria; para que, habiendo hecho la voluntad
de Dios, obtengais la promesa.

 37 Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.

 38 Ahora el justo vivirá por fé; mas si se retirare, no agradará á mi alma.

 39 Pero nosotros no somos tales que nos retiremos para perdicion, sino
fieles para ganancia del alma.



CAPITULO 11.

 1 ES pues la fé la sustancia de las cosas que se esperan, la demostracion de
las cosas que no se ven.

 2 Porque por ella alcanzaron testimonio los antiguos.

 3 Por la fé entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de
Dios, siendo hecho lo que se ve de lo que no se veia.

 4 Por la fé Abel ofreció á Dios mayor sacrificio que Cain, por la cual
alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio á sus presentes; y
difunto, aun habla por ella.

 5 Por la fé Enoc fué traspuesto para no ver muerte, y no fué hallado, porque
lo traspuso Dios. Y ántes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber
agradado á Dios.

 6 Empero sin fé es imposible agradar á Dios; porque es menester que el que á
Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

 7 Por la fé Noé, habiendo recibido respuesta de cosas que aun no se veian,
con temor aparejó el arca en que su casa se salvase: por la cual [fé] condenó
al mundo, y fué hecho heredero de la justicia que es por la fé.

 8 Por la fé Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que habia
de recibir por heredad; y salió sin saber donde iba.

 9 Por fé habitó en la tierra prometida como en [tierra] ajena, morando en
cabañas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa:

 10 Porque esperaba ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual
es Dios.

 11 Por la fé tambien la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para
concebir simiente; y parió aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó ser
fiel el que [lo] habia prometido.

 12 Por lo cual tambien, de uno, y ese ya amortecido, salieron como las
estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está á la
orilla de la mar.

 13 Conforme á la fé murieron todos estos sin haber recibido las promesas,
sino mirándolas de léjos, y creyéndolas, y saludándolas; y confesando que
eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra.

 14 Porque los que esto dicen, claramente dan á entender que buscan una
patria.

 15 Que si se acordaran de aquella de donde salieron, cierto tenian tiempo
para volverse:

 16 Empero deseaban la mejor, es á saber, la celestial; por lo cual Dios no
se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les habia aparejado ciudad.

 17 Por fé ofreció Abraham á Isaac, cuando fué probado; y ofrecia al
unigénito el que habia recibido las promesas.

 18 Habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente:

 19 Pensando que aun de los muertos [es] Dios poderoso para levantar; de
donde tambien lo volvió á recibir por figura.

 20 Por fé bendijo Isaac á Jacob y á Esaú respecto á cosas que habian de ser.

 21 Por fé Jacob, muriéndose, bendijo á cada uno de los hijos de José; y
adoró [estribando] sobre la

punta de su bordon.

 22 Por fé José muriéndose, se acordó de la partida de los hijos de Israel: y
dió mandamiento acerca de sus huesos.

 23 Por fé Moisés, nacido, fué escondido de sus padres por tres meses, porque
lo vieron hermoso niño, y no temieron el mandamiento del rey.

 24 Por fé Moisés, hecho ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de
Pharaon;

 25 Escogiendo ántes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de
comodidades temporales de pecado:

 26 Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de
los Egipcios; porque miraba á la remuneracion.

 27 Por fé dejó á Egipto no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como
viendo al invisible.

 28 Por fé celebró la Pascua y el derramamiento de la sangre, para que el que
mataba los primogénitos, no les tocase.

 29 Por fé pasaron el mar Bermejo como por tierra seca; lo cual probando los
Egipcios, fueron sumergidos.

 30 Por fé cayeron los muros de Jericó con rodearlos siete dias.

 31 Por fé Rahab la ramera no pereció juntamente con los incrédulos, habiendo
recibido los espías con paz.

 32 ¿Y qué mas digo, porque el tiempo me faltará contando de Gedeon, de
Barac, de Samson, de Jephté, de David, de Samuel, y de los profetas;

 33 Que por fé ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon
las bocas de leones

 34 Apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de
enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de
[enemigos] extraños.

 35 las mujeres recibieron sus muertos por resurreccion: unos fueron
estirados, no aceptando el rescate para ganar mejor resurreccion:

 36 Otros experimentaron vituperios y azotes; y á más de esto prisiones y
cárceles:

 37 Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos á cuchillo; anduvieron de
acá para allá [cubiertos] de pieles de ovejas y de cabras, pobres,
angustiados, maltratados;

 38 De los cuales el mundo no era digno: perdidos por los desiertos, por los
montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

 39 Y todos estos, aprobados por testimonio de la fé, no recibieron la
promesa:

 40 Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen
perfeccionados sin nosotros.



CAPITULO 12.

 1 POR tanto nosotros tambien, teniendo en derredor nuestro una tan grande
nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con
paciencia la carrera que nos es propuesta,

 2 Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, [en] Jesus; el cual,
habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza,
y sentóse á la diestra del trono de Dios.

 3 Reducid pues á vuestro pensamiento á aquel que sufrió tal contradiccion de
pecadores contra sí mismo, porque no os fatigueis en vuestros ánimos
desmayando.

 4 Que aun no habeis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;

 5 Y estais ya olvidados de la exhortacion que como con hijos habla con
vosotros, [diciendo:] Hijo mio, no menosprecies el castigo del Señor, ni
desmayes cuando eres de él reprendido:

 6 Porque el Señor al que ama castiga, y azota á cualquiera que recibe por
hijo.

 7 Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como á hijos; porque ¿qué hijo
es [aquel] á quien el padre no castiga?

 8 Mas si estais fuera del castigo, del cual todos [los hijos] han sido
hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos.

 9 Por otra parte, tuvimos por castigadores á los padres de nuestra carne, y
los reverenciábamos; ¿por qué no obedecerémos mucho mejor al Padre de los
espíritus, y vivirémos?

 10 Y aquellos, á la verdad por pocos dias nos castigaban como á ellos les
parecia; mas este para lo que [nos] es provechoso, para que recibamos su
santificacion.

 11 Es verdad que ningun castigo al presente parece^ ser [causa] de gozo,
sino de tristeza; mas despues da fruto apacible de justicia á los que en el
son ejercitados.

 12 Por lo cual alzad las manos caidas, y las rodillas paralizadas;

 13 Y haced derechos pasos á vuestros piés, porque lo [que es] cojo no salga
fuera de camino; ántes sea sanado.

 14 Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie vera al Señor:

 15 Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz
de amargura brotando [os] impida, y por ella muchos sean contaminados;

 16 Que ninguno sea fornicario, ó profano, como Esaú, que por una vianda
vendió su primogenitura.

 17 Porque ya sabeis que aun despues deseando heredar la bendicion, fué
reprobado; que no halló lugar de arrepentimiento, aunque la procuró con
lágrimas.

 18 Porque no os habeis llegado al monte que se podia tocar, y al fuego
encendido, y al turbion, y á la oscuridad, y á la tempestad,

 19 Y al sonido de la trompeta, y á la voz de las palabras, la cual los que
la oyeron rogaron que no se les hablase más:

 20 (Porque no podian tolerar lo que se mandaba: Si bestia tocare al monte,
será apedreada, ó pasada con dardo:

 21 Y tan terrible cosa era lo que se veia, que Moisés dijo: Estoy asombrado
y temblando:)

 22 Mas os habeis llegado al monte de Sion, y á la ciudad del Dios vivo,
Jerusalem la celestial, y á la compañía de muchos millares de ángeles,

 23 Y á la congregacion de los primogénitos que están alistados en los
cielos, y á Dios, el Juez de todos, y á los espíritus de los justos, [ya]
perfectos;

 24 Y á Jesus, el Mediador del nuevo testamento; y á la sangre del
esparcimiento que habla mejor que [la de] Abel.

 25 Mirad que no desecheis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que
desecharon al que hablaba en la tierra, mucho ménos [escaparémos] nosotros,
si desecháremos al que [nos] habla de los cielos:

 26 La voz del cual entónces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado
diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el
cielo.

 27 Y este [decir:] Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles,
como de cosas hechas, para que queden las que son firmes.

 28 Así que tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual
sirvamos á Dios agradándole con temor y reverencia.

 29 Porque nuestro Dios [es] fuego consumidor.



CAPITULO 13.

 1 PERMANEZCA el amor fraternal.

 2 No olvideis la hospitalidad; porque por esta algunos, sin saberlo,
hospedaron ángeles.

 3 Acordáos de los presos, como presos juntamente con ellos; y de los
afligidos, como que tambien vosotros mismos sois del cuerpo.

 4 Honroso [es] en todos el matrimonio, y el lecho [conyugal] sin mancilla;
mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios.

 5 Sean las costumbres [vuestras] sin avaricia; contentos de lo presente;
porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré:

 6 De tal manera que digamos confiadamente: El Señor [es] mi ayudador; no
temeré lo que me hará el hombre.

 7 Acordáos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; la fé
de los cuales imitad, considerando cuál haya sido el éxito de su conducta.

 8 Jesu-Cristo [es] el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

 9 No seais llevados de acá para allá por doctrinas diversas y extrañas;
porque buena cosa es afirmar el corazon en la gracia, no en viandas, que
nunca aprovecharon á los que anduvieron en ellas.

 10 Tenemos un altar, del cual no tienen facultad de comer los que sirven al
tabernáculo.

 11 Porque los cuerpos de aquellos animales, la sangre de los cuales es
metida por el pecado en el santuario por el pontífice, son quemados fuera del
real.

 12 Por lo cual tambien Jesus, para santificar el pueblo por su propia
sangre, padeció fuera de la puerta.

 13 Salgamos pues á él fuera del real llevando su vituperio.

 14 Porque no tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir.

 15 Así que ofrezcamos por medio de él á Dios siempre sacrificio de alabanza,
es á saber, fruto de labios que confiesen á su nombre.

 16 Y de hacer bien y de la comunicacion no os olvideis: porque de tales
sacrificios se agrada Dios.

 17 Obedeced á vuestros pastores, y sujetáos á ellos; porque ellos velan por
vuestras almas, como aquellos que han de dar cuenta, para que lo hagan con
alegría, y no gimiendo, porque esto no os es útil.

 18 Orad por nosotros: porque confiamos que tenemos buena conciencia,
deseando conversar bien en todo.

 19 Y más os ruego que lo hagais así, para que [yo] os sea más presto
restituido.

 20 Y el Dios de paz que sacó de los muertos á nuestro Señor Jesu-Cristo, el
Gran Pastor de las ovejas, por la sangre del testamento eterno,

 21 Os haga aptos en toda obra buena para que hagais su voluntad, haciendo él
en vosotros lo que es agradable delante de el por Jesu-Cristo, al cual [sea]
gloria por siglos de siglos. Amen.

 22 Empero os ruego, hermanos, que soporteis [esta] palabra de exhortacion;
porque os he escrito en breve.

 23 Sabed que [nuestro] hermano Timotéo está suelto, con el cual, si viniere
más presto, os [iré] á ver.

 24 Saludad á todos vuestros pastores y á todos los santos. Los de Italia os
saludan.

 25 La gracia sea con todos vosotros. Amen.

 Fué escrita á los Hebréos desde Italia con Timotéo.



LA EPÍSTOLA UNIVERSAL DE SANTIAGO.



CAPITULO 1.

 1 JACOBO, siervo de Dios y del Señor Jesu-Cristo, á las doce tribus que
están esparcidas, salud.

 2 Hermanos mios, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas
tentaciones;

 3 Sabiendo que la prueba de vuestra fé obra paciencia.

 4 Mas tenga la paciencia perfecta [su] obra, para que seais perfectos y
cabales, sin faltar en alguna cosa.

 5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios, el
cual da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.

 6 Pero pida en fé, no dudando nada: porque el que duda, es semejante á la
onda del mar, que es movida del viento, y echada de una parte á otra.

 7 No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor.

 8 El hombre de doblado ánimo es inconstante en todos sus caminos.

 9 El hermano que es de baja suerte gloríese en su alteza:

 10 Mas el que es rico, en su bajeza: porque él se pasará como la flor de la
yerba.

 11 Porque salido el sol con ardor, la yerba se secó, y su flor se cayó, y
pereció su hermosa apariencia: así tambien se marchitará el rico en todos sus
caminos.

 12 Bienaventurado el varon que sufre la tentacion; porque cuando fuere
probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido á los que le amen.

 13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios; porque Dios no
puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno;

 14 Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es
atraido, y cebado.

 15 Y la concupiscencia, despues que ha concebido, pare al pecado; y el
pecado, siendo cumplido, engendra muerte.

 16 Amados hermanos mios, no erreis.

 17 Toda buena dádiva, y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del
Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variacion.

 18 Él de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que
seamos primicias de sus criaturas.

 19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío
para hablar, tardío para airarse:

 20 Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

 21 Por lo cual dejando toda inmundicia, y superfluidad de malicia, recibid
con mansedumbre la palabra ingerida [en vosotros,] la cual puede hacer salvas
vuestras almas.

 22 Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañandoos
á vosotros mismos.

 23 Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es
semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural:

 24 Porque él se consideró á sí mismo y se fué, y luego se olvidó que tal
era.

 25 Mas el que hubiese mirado atentamente en la perfecta ley [que es] la de
la libertad, y perseverado [en ella,] no siendo oidor olvidadizo, sino
hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho.

 26 Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua,
sino engañando su corazon, la religion del tal es vana.

 27 La religion pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar
los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de
este mundo.



CAPITULO 2.

 1 HERMANOS mios, no tengais la fé de nuestro Señor Jesu-Cristo glorioso en
acepcion de personas.

 2 Porque si en vuestra congregacion entra un hombre con anillo de oro, y de
preciosa ropa, y tambien entra un pobre con vestidura vil,

 3 Y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis:
Siéntate tú aquí en buen lugar: y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pié; ó
siéntate aquí debajo de mi estrado:

 4 ¿No juzgais en vosotros mismos, y venís á ser jueces de pensamientos
malos?

 5 Hermanos mios amados, oid: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo,
ricos en fé, y herederos del reino que ha prometido á los que le amen?

 6 Mas vosotros habeis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y os
arrastran á los juzgados?

 7 ¿No blasfeman ellos el buen nombre que [fué] invocado sobre vosotros?

 8 Si en verdad cumplís vosotros la ley real conforme á la escritura: Amaras
á tu prójimo como á tí mismo; bien haceis:

 9 Mas si haceis acepcion de personas, cometeis pecado, y sois reconvenidos
de la ley como transgresores.

 10 Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un
[punto,] es hecho culpado de todos.

 11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, tambien ha dicho: No matarás.
Ahora bien, si no hubieres cometido adulterio, pero hubieres matado, ya eres
hecho transgresor de la ley.

 12 Así hablad, y así obrad como los que habeis de ser juzgados por la ley de
libertad.

 13 Porque juicio sin misericordia [será hecho] con aquel que no hiciere
misericordia: y la misericordia se gloría contra el juicio.

 14 Hermanos mios, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fé, y no tiene
obras? ¿Podrá la fé salvarle?

 15 Y si el hermano ó la hermana están desnudos, y tienen necesidad del
mantenimiento de cada dia,

 16 Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentáos, y hartáos; pero no
les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿qué [les]
aprovechará?

 17 Así tambien la fé, si no tuviere obras, es muerta en sí misma.

 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fé, y yo tengo obras: muéstrame tu fé sin tus
obras, y yo te mostraré mi fé por mis obras.

 19 Tú crees que Dios es uno; bien haces: tambien los demonios creen, y
tiemblan.

 20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fé sin las obras es muerta?

 21 ¿No fué justificado por las obras Abraham, nuestro Padre, cuando ofreció
á su hijo Isaac sobre el altar?

 22 ¿No ves que la fé obró con sus obras, y que la fé fué perfecta por las
obras?

 23 Y fué cumplida la escritura que dice Abraham creyó á Dios, y le fué
imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios.

 24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no
solamente por la fé.

 25 Asimismo tambien Rahab la ramera ¿no fué justificada por obras, cuando
recibió los mensajeros, y los echó fuera por otro camino?

 26 Porque como el cuerpo sin espíritu esta muerto, así tambien la fé sin
obras es muerta.



CAPITULO 3.

 1 HERMANOS mios, no os hagais muchos maestros, sabiendo que recibirémos
mayor condenacion:

 2 Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra,
este es varon perfecto, que tambien puede con freno gobernar todo el cuerpo.

 3 Hé aquí, nosotros ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos
obedezcan, y gobernamos todo su cuerpo.

 4 Mirad tambien las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos
vientos, son gobernadas con un muy pequeño timon por donde quisiere el que
las gobierna.

 5 Así tambien la lengua es un miembro pequeño, y se gloría de grandes cosas.
Hé aquí, un pequeño fuego ¡cuán grande bosque enciende!

 6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Así la lengua esta puesta
entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, é inflama la rueda
de la creacion, y es inflamada del infierno.

 7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres
de la mar, se doma, y es domada de la naturaleza humana:

 8 Pero ningun hombre puede domar la lengua, [que es] un mal que no puede ser
refrenado, llena de veneno mortal.

 9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos á los hombres,
los cuales son hechos á la semejanza de Dios.

 10 De una misma boca proceden bendicion y maldicion. Hermanos mios, no
conviene que estas cosas sean así hechas.

 11 ¿Echa alguna fuente por una misma abertura agua dulce y amarga?

 12 Hermanos mios, ¿puede la higuera producir aceitunas, ó la vid higos? Así
ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce.

 13 ¿Quién es sabio y avisado entre vosotros? muestre por buena conversacion
sus obras en mansedumbre de sabiduría.

 14 Pero si teneis envidia amarga, y contencion en vuestros corazones, no os
glorieis, ni seais mentirosos contra la verdad.

 15 Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena,
animal, diabólica.

 16 Porque donde hay envidia y contencion, allí hay perturbacion, y toda obra
perversa.

 17 Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, despues
pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no
juzgadora, no fingida.

 18 Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz.



CAPITULO 4.

 1 ¿DE dónde vienen las guerras, y los pleitos entre vosotros? ¿No [son] de
vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?

 2 Codiciais, y no teneis; matais, y ardeis de envidia, y no podeis alcanzar;
combatís y guerreais, y no teneis lo que deseais, porque no pedís.

 3 Pedís, y no recibís; porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

 4 Adúlteros y adúlteras, ¿no sabeis que la amistad del mundo es enemistad
con Dios? Cualquiera, pues, que quisiere ser amigo del mundo, se constituye
enemigo de Dios.

 5 ¿Pensais que la escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros
codicia para envidia?

 6 Mas él da mayor gracia. Por esto él dice: Dios resiste á los soberbios, y
da gracia á los humildes.

 7 Sometéos pues á Dios: resistid al diablo, y de vosotros huirá.

 8 Allegáos á Dios, y él se allegará á vosotros. Pecadores, limpiad las
manos; y [vosotros] de doblado ánimo, purificad los corazones.

 9 Afligíos, y lamentad, y llorad; vuestra risa se convierta en lloro, y
vuestro gozo en tristeza.

 10 Humilláos delante del Señor, y él os ensalzará.

 11 Hermanos no murmureis los unos de los otros. El que murmura del hermano,
y juzga á su hermano, este tal murmura de la ley, y juzga á la ley; pero si
tú juzgas á la ley, no eres guardador de la ley, sino juez.

 12 Uno es el dador de la ley, que puede salvar, y perder: ¿quién eres tú que
juzgas á otro?

 13 Ea ahora, los que decís: Hoy y mañana irémos á tal ciudad, y estarémos
allá un año, y comprarémos mercadería y ganarémos:

 14 Y no sabeis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente
es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y despues se desvanece.

 15 En lugar de lo cual deberiais decir: Si el Señor quisiere, y si
viviéremos, harémos esto ó aquello.

 16 Mas ahora os jactais en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es
mala.

 17 El pecado pues está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace.



CAPITULO 5.

 1 EA ya ahora, oh ricos, llorad aullando por vuestras miserias que os
vendrán.

 2 Vuestras riquezas están podridas; vuestras ropas están comidas de polilla.

 3 Vuestro oro y plata están corrompidos de orin, y su orin os será en
testimonio, y comerá del todo vuestras carnes como fuego. Os habeis allegado
tesoro para en los postreros dias.

 4 Hé aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual
por engaño no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los
que habian segado, han entrado en los oidos del Señor de los ejércitos.

 5 Habeis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habeis cebado
vuestros corazones como en el dia de sacrificios.

 6 Habeis condenado [y] muerto al justo; [y] él no os resiste.

 7 Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad [cómo] el
labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia,
hasta que reciba la lluvia temprana y tardía.

 8 Tened tambien vosotros paciencia: confirmad vuestros corazones; porque la
venida del Señor se acerca.

 9 Hermanos, no os quejeis unos contra otros, porque no seais condenados: Hé
aquí, el Juez está delante de la puerta.

 10 Hermanos mios, tomad por ejemplo de afliccion y de paciencia, á los
profetas que hablaron en nombre del Señor.

 11 Hé aquí, tenemos por bienaventurados á los que sufren. Habeis oido la
paciencia de Job, y habeis visto el fin del Señor, que el Señor es muy
misericordioso y piadoso.

 12 Mas sobre todo, hermanos mios, no jureis, ni por el cielo, ni por la
tierra, ni por otro cualquier juramento; sino vuestro Sí, sea Sí, y [vuestro]
No, [sea,] No; porque no caigais en condenacion.

 13 ¿Está alguno entre vosotros afligido? haga oracion. ¿Está alguno alegre,
cante salmos.

 14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame á los ancianos de la iglesia,
y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.

 15 Y la oracion de fé salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si
estuviere en pecados, le serán perdonados.

 16 Confesáos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros,
para que seais sanos: [que] la oracion eficaz del justo puede mucho.

 17 Elías era hombre sujeto á semejantes pasiones que nosotros, y rogó con
oracion que no lloviese; y no llovió sobre la tierra tres años y seis meses.

 18 Y otra vez oró, y el cielo dió lluvia y la tierra produjo su fruto.

 19 Hermanos, si alguno de entre vosotros ha errado de la verdad, y alguno le
convirtiere,

 20 Sepa, que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su
camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.



LA PRIMERA EPÍSTOLA UNIVERSAL

DE

SAN PEDRO APÓSTOL.



CAPITULO 1.

 1 PEDRO, apóstol de Jesu-Cristo, á los extranjeros que [están] esparcidos en
Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia y en Bithinia,

 2 Elegidos segun la presciencia de Dios Padre en santificacion del Espíritu,
para obedecer, y ser rociados con la sangre de Jesu-Cristo: Gracia y paz os
sea multiplicada.

 3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesu-Cristo, que segun su grande
misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurreccion de
Jesu-Cristo de los muertos,

 4 Para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni
marchitarse, reservada en los cielos

 5 Para nosotros que somos guardados en la virtud de Dios por fé, para
alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el postrimero
tiempo.

 6 En lo cual  vosotros os alegrais, estando al presente un poco de tiempo
afligidos en diversas tentaciones, si es necesario,

 7 Para que la prueba de vuestra fe mucho mas preciosa que el oro, el cual
perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y
honra, cuando Jesu-Cristo fuere manifestado:

 8 Al cual no habiendo visto, le amais en el cual creyendo, aunque al
presente^ no lo veais, os alegrais con gozo inefable y glorificado;

 9 Obteniendo el fin de vuestra fé, [que es] la salud de [vuestras] almas.

 10 De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que habia de
venir á vosotros, han inquirido, y diligentemente buscado,

 11 Escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de
Cristo, que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habian
de venir á Cristo, y las glorias despues de ellas.

 12 A los cuales fué revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros
administraban las cosas que ahora os son anunciadas de los que os han
predicado el Evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; en las cuales
desean mirar los ángeles.

 13 Por lo cual teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceñidos, con
templanza, esperad perfectamente en la gracia que os es presentada cuando
Jesu-Cristo os es manifestado:

 14 Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que ántes teniais
estando en vuestra ignorancia;

 15 Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed tambien vosotros santos
en toda conversacion.

 16 Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

 17 Y si invocais por Padre á aquel que sin acepcion de personas juzga segun
la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra
peregrinacion;

 18 Sabiendo que habeis sido rescatados de vuestra vana conversacion, la cual
recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, [como] oro ó
plata,

 19 Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y
sin contaminacion:

 20 Ya ordenado de ántes de la fundacion del mundo, pero manifestado en los
postrimeros tiempos por amor de vosotros,

 21 Que por él creeis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha
dado gloria, para que vuestra fé y esperanza sea en Dios.

 22 Habiendo purificado vuestras almas en la obediencia de la verdad, por el
Espíritu, en caridad hermanable, sin fingimiento, amáos unos á otros
entrañablemente de corazon puro:

 23 Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por
la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.

 24 Porque toda carne es como la yerba, y toda la gloria del hombre como la
flor de la yerba: secóse la yerba, y la flor se cayó;

 25 Mas la palabra del Señor permanece perpetuamente. Y esta es la palabra
que por el Evangelio os ha sido anunciada.



CAPITULO 2.

 1 DEJANDO pues toda malicia, y todo engaño, y fingimientos, y envidias, y
todas las detracciones,

 2 Desead, como niños recien nacidos la leche espiritual, sin engaño, para
que por ella crezcais en salud:

 3 Si empero habeis gustado que el Señor es benigno;

 4 Al cual allegándoos, que [es] la piedra viva, reprobada cierto de los
hombres, empero elegida de Dios [y] preciosa,

 5 Vosotros tambien, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual,
y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á
Dios por Jesu-Cristo.

 6 Por lo cual tambien contiene la escritura: Hé aquí, pongo en Sion la
principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no
será confundido.

 7 [Ella] es pues honor á vosotros que creeis: mas para los desobedientes, la
piedra que los edificadores reprobaron, esta fué hecha la cabeza del ángulo;

 8 Y piedra de tropiezo, y roca de escándalo á aquellos que tropiezan en la
palabra, siendo desobedientes; para lo cual fueron tambien ordenados.

 9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo
adquirido, para que anuncieis las virtudes de aquel que os ha llamado de las
tinieblas á su luz admirable;

 10 Vosotros, que en el tiempo pasado no [erais] pueblo, mas ahora [sois]
pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habiais alcanzado misericordia,
mas ahora habeis alcanzado misericordia.

 11 Amados, yo os ruego, como á extranjeros y peregrinos, os abstengais de
los deseos carnales que batallan contra el alma,

 12 Teniendo vuestra conversacion honesta entre los Gentiles; para que, en lo
que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen á Dios en el
dia de la visitacion, estimándoos por las buenas obras.

 13 Sed pues sujetos á toda ordenacion humana por respeto á Dios: ya sea al
rey como á superior;

 14 Ya á los gobernadores, como de él enviados para venganza de los
malhechores, y para loor de los que hacen bien.

 15 Porque esta es la voluntad de Dios, que haciendo bien, hagais callar la
ignorancia de los hombres vanos:

 16 Como libres; y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia,
sino como siervos de Dios.

 17 Honrad á todos. Amad la fraternidad. Temed á Dios. Honrad al rey.

 18 Siervos, sed sujetos con todo temor á vuestros amos; no solamente á los
buenos y humanos, sino tambien á los rigurosos.

 19 Porque esto es agradable, si alguno á causa de la conciencia delante de
Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.

 20 Porque ¿qué gloria es, si pecando vosotros sois abofeteados, y lo sufrís?
mas si haciendo bien sois afligidos, y lo sufrís, esto ciertamente [es]
agradable delante de Dios.

 21 Porque para esto sois llamados; pues que tambien Cristo padeció por
nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigais sus pisadas;

 22 El cual no hizo pecado, ni fué hallado engaño en su boca;

 23 Quien cuando le maldecian^, no retornaba maldicion; cuando padecia, no
amenazaba, sino remitia [la causa] al que juzga justamente.

 24 El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para
que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la
herida del cual habeis sido sanados.

 25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habeis vuelto
al Pastor y Obispo de vuestras almas.



CAPITULO 3.

 1 ASIMISMO [vosotras] mujeres, sed sujetas á vuestros maridos; para que
tambien los que no creen á la palabra, sean ganados sin palabra por la
conversacion de sus mujeres,

 2 Considerando vuestra casta conversacion, que es en temor.

 3 El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, ni
atavío de oro, ni en compostura de ropas;

 4 Sino el hombre del corazon que está encubierto, en incorruptible [ornato]
de espíritu agradable, y pacífico, lo cual es de grande estima delante de
Dios.

 5 Porque así tambien se ataviaban en el tiempo antiguo aquellas santas
mujeres que esperaban en Dios, siendo sujetas á sus maridos:

 6 Como Sara obedecia á Abraham llamándole señor; de la cual vosotras sois
hechas hijas, haciendo bien, y no sois espantadas de ningun pavor.

 7 Vosotros asimismo, maridos, habitad con ellas segun ciencia, dando honor á
la mujer como á vaso mas frágil, y como á herederas juntamente de la gracia
de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas.

 8 Y finalmente, sed todos de un mismo corazon, compasivos, amándoos
fraternalmente, misericordiosos, amigables;

 9 No volviendo mal por mal, ni maldicion por maldicion; sino ántes por el
contrario, bendiciendo; sabiendo que vosotros sois llamados para que poseais
bendicion en herencia.

 10 Porque el que quiere amar la vida, y ver dias buenos, refrene su lengua
de mal, y sus labios no hablen engaño:

 11 Apártese del mal, y haga bien; busque la paz, y sígala.

 12 Porque los ojos del Señor [están] sobre los justos, y sus oidos [atentos]
á sus oraciones: pero el rostro del Señor [está] sobre aquellos que hacen
mal.

 13 ¿Y quién es aquel que os podrá dañar, si vosotros seguís el bien?

 14 Mas tambien si alguna cosa padeceis por hacer bien, sois bienaventurados.
Por tanto no temais por el temor de ellos, ni seais turbados;

 15 Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones: y [estad] siempre
aparejados para responder con mansedumbre y reverencia á cada uno que os
demande razon de la esperanza que [hay] en vosotros:

 16 Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como
de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversacion
en Cristo.

 17 Porque mejor [es] que padezcais haciendo bien, si la voluntad de Dios así
lo quiere, que haciendo mal.

 18 Porque tambien Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los
injustos, para llevarnos á Dios, siendo á la verdad muerto en la carne, pero
vivificado en Espíritu:

 19 En el cual tambien fué y predicó á los espíritus encarcelados;

 20 Los cuales en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba
la paciencia de Dios en los dias de Noé, cuando se aparejaba el arca; en la
cual pocas, es á saber, ocho personas fueron salvas por agua.

 21 A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva, (no
quitando las inmundicias de la carne, sino [como] demanda de una buena
conciencia delante de Dios,) por la resurreccion de Jesu-Cristo:

 22 El cual está á la diestra de Dios, habiendo subido al cielo; estando á él
sujetos los ángeles, y las potestades, y virtudes.



CAPITULO 4.

 1 PUES que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros tambien
estad armadas del mismo pensamiento: que el que ha padecido en la carne, cesó
de pecado;

 2 Para que ya el tiempo que queda en carne, viva, no á las concupiscencias
de los hombres, sino á la voluntad de Dios.

 3 Porque nos debe bastar que el tiempo pasado de nuestra vida hayamos hecho
la voluntad de los Gentiles, cuando conversábamos en lascivias, en
concupiscencias, en embriagueces, en glotonerías, en banquetes, y en
abominables idolatrías.

 4 En lo cual parece cosa extraña á los que os vituperan que vosotros no
corrais con ellos en el mismo desenfrenamiento de disolucion, ultrajándoos:

 5 Los cuales darán cuenta al que está aparejado para juzgar los vivos y los
muertos.

 6 Porque por esto tambien ha sido predicado el Evangelio á los muertos; para
que sean juzgados en carne segun los hombres, y vivan en espíritu segun Dios.

 7 Mas el fin de todas las cosas se acerca. Sed pues templados, y velad en
oracion.

 8 Y sobre todo tened entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad
cubrirá multitud de pecados.

 9 Hospedáos los unos á los otros sin murmuraciones.

 10 Cada uno segun el don que ha recibido, adminístrelo á los otros, como
buenos dispensadores de las diferentes gracias de Dios.

 11 Si alguno habla, [hable] conforme á las palabras de Dios; si alguno
ministra, [ministre] conforme á la virtud que Dios suministra: para que en
todas cosas sea Dios glorificado por Jesu-Cristo, al cual es gloria é imperio
para siempre jamás. Amen.

 12 Carísimos, no os maravilleis cuando sois examinados por fuego, lo cual se
hace para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese;

 13 Antes bien gozáos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo,
para que tambien en la revelacion de su gloria os goceis en triunfo.

 14 Si sois vituperados en el nombre de Cristo, sois bienaventurados; porque
la gloria y el Espíritu de Dios reposan sobre vosotros. Cierto segun ellos el
es blasfemado, mas segun vosotros es glorificado.

 15 Así que ninguno de vosotros padezca como homicida, ó ladron, ó malhechor
ó por meterse en negocios ajenos.

 16 Pero si [alguno es afligido] como cristiano, no se avergüence; ántes
glorifique á Dios en esta parte.

 17 Porque es tiempo que el juicio comience de la casa de Dios; y si primero
[comienza] por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al
Evangelio de Dios?

 18 Y si el justo con dificultad se salva, ¿adónde parecerá el infiel y el
pecador?

 19 Y por eso los que son afligidos segun la voluntad de Dios, encomiéndenle
sus almas, como á fiel Criador, haciendo bien.



CAPITULO 5.

 1 RUEGO á los ancianos que están entre vosotros, yo anciano [tambien] con
ellos, y testigo de las aflicciones de Cristo, que soy tambien participante
de la gloria que ha de ser revelada;

 2 Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado [de
ella,] no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino
de un ánimo pronto;

 3 Y no como teniendo señorío sobre las heredades [del Señor,] sino siendo
dechados de la grey.

 4 Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la
corona incorruptible de gloria.

 5 Igualmente, mancebos, sed sujetos á los ancianos: y todos sumisos unos á
otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste á los soberbios, y da
gracia á los humildes.

 6 Humilláos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce
cuando fuere tiempo:

 7 Echando toda vuestra solicitud en él: porque él tiene cuidado de vosotros.

 8 Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo anda como un
leon bramando alrededor [de vosotros] buscando á quien devore:

 9 Al cual resistid firmes en la fé, sabiendo que las mismas aflicciones han
de ser cumplidas en la compañía de vuestros hermanos que están en el mundo.

 10 Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado á su gloria eterna por
Jesu-Cristo, despues que hubiereis un poco de tiempo padecido, él mismo os
perfeccione, confirme, corrobore, y establezca.

 11 A él sea gloria, é imperio para siempre. Amen.

 12 Por Silvano, hermano fiel segun yo pienso, os he escrito brevemente,
amonestándoos, y testificando que esta es la verdadera gracia de Dios, en la
cual estais.

 13 La [iglesia que está] en Babilonia, juntamente elegida con vosotros, os
saluda, y Marcos mi hijo.

 14 Saludáos unos á otros con ósculo de caridad. Paz [sea] con todos vosotros
los que estais en Jesu-Cristo. Amen.



LA SEGUNDA EPÍSTOLA UNIVERSAL

DE

SAN PEDRO APÓSTOL.



CAPITULO 1.

 1 SIMON Pedro, siervo y apóstol de Jesu-Cristo, á los que habeis alcanzado
fé igualmente preciosa con nosotros en la justicia de nuestro Dios y Salvador
Jesu-Cristo.

 2 Gracia y paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios, y de
nuestro Señor Jesus.

 3 Como todas las cosas que [pertenecen] á la vida y á la piedad nos sean
dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado
por su gloria y virtud:

 4 Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que
por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo
huido de la corrupcion que está en el mundo por concupiscencia;

 5 Vosotros tambien, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en
vuestra fé virtud, y en la virtud ciencia;

 6 Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia; y en la paciencia
temor de Dios;

 7 Y en el temor de Dios, amor fraternal; y en el amor fraternal, caridad.

 8 Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar
ociosos ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesu-Cristo.

 9 Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta,
habiendo olvidado la purificacion de sus antiguos pecados.

 10 Por lo cual, hermanos, procurad tanto mas de hacer firme vuestra vocacion
y eleccion; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.

 11 Porque de esta manera os será abundantemente administrada la entrada en
el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesu-Cristo.

 12 Por esto yo no dejaré de amonestaros siempre de estas cosas, aunque
vosotros las sepais, y esteis confirmados en la verdad presente.

 13 Porque tengo por justo, en tanto que estoy en este tabernáculo, de
incitaros con amonestacion;

 14 Sabiendo que brevemente tengo de dejar [este] mi tabernáculo, como
nuestro Señor Jesu-Cristo me ha declarado.

 15 Tambien yo procuraré con diligencia, que despues de mi fallecimiento,
vosotros podais siempre tener memoria de estas cosas.

 16 Porque no os hemos dado á conocer la potencia y la venida de nuestro
Señor Jesu-Cristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo
con nuestros propios ojos visto su majestad.

 17 Porque él habia recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal voz
fué á él enviada de la magnífica gloria: Este es el amado^ Hijo mio, en el
cual yo me he agradado.

 18 Y nosotros oimos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos juntamente
con él en el monte santo.

 19 Tenemos tambien la palabra profética más permanente, á la cual haceis
bien de estar atentos como á una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta
que el dia esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.

 20 Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la escritura es de
particular interpretacion:

 21 Por que la profecía no fué en los tiempos pasados traida por voluntad
humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del
Espíritu Santo.



CAPITULO 2.

 1 PERO hubo tambien falsos profetas en el pueblo, como habrá entre vosotros
falsos doctores, que introducirán encubiertamente herejías de perdicion, y
negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos perdicion
acelerada.

 2 Y muchos seguirán sus disoluciones, por los cuales el camino de la verdad
será blasfemado:

 3 Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas; sobre
los cuales la condenacion ya de largo tiempo no se tarda, y su perdicion no
se duerme.

 4 Porque si Dios no perdonó á los ángeles que habian pecado; sino que
habiéndoles despeñado en el infierno con cadenas de oscuridad, los entregó
para ser reservados al juicio;

 5 Y [si] no perdonó al mundo viejo, mas guardó á Noé, octavo pregonero de
justicia, trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados;

 6 Y [si] condenó por destruccion las ciudades de Sodoma, y de Gomorra,
tornándolas en ceniza, y poniéndolas por ejemplo á los que habian de vivir
sin temor y reverencia de Dios;

 7 Y libró al justo Lot, acosado por la nefanda conducta de los malvados;

 8 (Porque este justo, con ver y oir, morando entre ellos, afligia cada dia
su alma justa con los hechos de aquellos injustos;)

 9 Sabe el Señor librar de tentacion á los pios, y reservar á los injustos
para ser atormentados en el dia del juicio:

 10 Y principalmente aquellos que, siguiendo la carne, andan en
concupiscencia é inmundicia, y desprecian la potestad, atrevidos, contumaces,
que no temen decir mal de las potestades superiores.

 11 Como quiera que los mismos ángeles, que son mayores en fuerza y en
potencia, no pronuncian juicio de maldicion contra ellas delante del Señor.

 12 Mas estos, diciendo mal de las cosas que no entienden, como bestias
brutas, que naturalmente son hechas para presa y destruccion, perecerán en su
perdicion,

 13 Recibiendo el galardon de su injusticia, ya que reputan por delicia poder
gozar de deleites cada dia. Estos [son] suciedades y manchas, los cuales
comiendo con vosotros, juntamente se recrean en sus errores;

 14 Teniendo los ojos llenos de adulterio, y no saben cesar de pecar; cebando
las almas inconstantes; teniendo el corazon ejercitado en codicias, siendo
hijos de maldicion;

 15 Que han dejado el camino derecho, y se han extraviado, siguiendo el
camino de Balaam, [hijo] de Bosor, el cual amó el premio de la maldad,

 16 Y fué reprendido por su iniquidad: una muda bestia de carga, hablando en
voz de hombre, refrenó la locura del profeta.

 17 Estos son fuentes sin agua, y nubes traidas de torbellino de viento, para
los cuales está guardada la oscuridad de las tinieblas para siempre.

 18 Porque hablando arrogantes palabras de vanidad, ceban con las
concupiscencias de la carne en disoluciones á los que verdaderamente habian
huido de los que conversan en error:

 19 Prometiéndoles libertad, siendo ellos mismos siervos de corrupcion.
Porque el que es de alguno vencido, es sujeto á la servidumbre del que
venció.

 20 Ciertamente, si habiéndose ellos apartado de las contaminaciones del
mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesu-Cristo, y otra vez
envolviéndose en ellas, son vencidos; sus postrimerías les son hechas peores
que los principios.

 21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia,
que despues de haberlo conocido, tornarse atrás del santo mandamiento que les
fué dado.

 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro se volvió á
su vómito, y la puerca lavada á revolcarse en el cieno.



CAPITULO 3.

 1 CARÍSIMOS, yo os escribo ahora esta segunda carta, por la cual despierto
con exhortacion vuestro limpio entendimiento.

 2 Para que tengais memoria de las palabras que ántes han sido dichas por los
santos profetas, y de nuestro mandamiento, [que somos] apóstoles del Señor y
Salvador:

 3 Sabiendo primero esto, que en los postrimeros dias vendrán burladores,
andando segun sus propias concupiscencias,

 4 Y diciendo: ¿Dónde esta la promesa de su advenimiento? Porque desde el dia
en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el
principio de la creacion.

 5 Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo
antiguo, y la tierra que por agua y en agua está asentada, por la palabra de
Dios:

 6 Por lo cual el mundo de entónces pereció anegado en agua,

 7 Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma
palabra, guardados para el fuego en el dia del juicio, y de la perdicion de
los hombres impíos.

 8 Mas, oh amados, no ignoreis esta una cosa: que un dia delante del Señor
[es] como mil años, y mil años como un dia.

 9 El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino
que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que
todos procedan al arrepentimiento.

 10 Mas el dia del Señor vendrá como ladron en la noche; en el cual los
cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo, serán
deshechos, y la tierra y las obras que en ella están, serán quemadas.

 11 Pues como todas estas cosas han de ser deshechas, ¿qué tales conviene que
vosotros seais en santas y pías conversaciones,

 12 Esperando y apresurándoos para la venida del dia de Dios, en el cual los
cielos siendo encendidos, serán deshechos, y los elementos siendo abrasados
se fundirán?

 13 Bien que esperamos cielos nuevos y tierra nueva, segun sus promesas, en
los cuales mora la justicia.

 14 Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con
diligencia que seais hallados de él, sin mácula, y sin reprension, en paz.

 15 Y tened por salud la paciencia de nuestro Señor, como tambien nuestro
amado hermano Pablo, segun la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito
tambien;

 16 Casi en todas [sus] epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre
las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos é
inconstantes tuercen, como tambien las otras escrituras, para perdicion de sí
mismos.

 17 Así que vosotros, oh amados, pues estais amonestados, guardáos que por el
error de los abominables no seais juntamente extraviados, y caigais de
vuestra firmeza.

 18 Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesu-
Cristo. A él [sea] gloria ahora, y hasta el dia de la eternidad. Amen.



LA PRIMERA EPÍSTOLA UNIVERSAL

DE

SAN JUAN APÓSTOL.



CAPITULO 1.

 1 LO que era desde el principio, lo que hemos oido, lo que hemos visto con
nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al
Verbo de vida:

 2 (Porque la vida fué manifestada, y vimos y testificamos, y os anunciamos
aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido;)

 3 Lo que hemos visto, y oido, eso os anunciamos, para que tambien vosotros
tengais comunion con nosotros; y nuestra comunion verdaderamente [es] con el
Padre, y con su Hijo Jesu-Cristo.

 4 Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.

 5 Y este es el mensaje que oimos de él, y os anunciamos: Que Dios es luz, y
en él no hay ningunas tinieblas.

 6 Si nosotros dijéremos que tenemos comunion con él, y andamos en tinieblas,
mentimos, y no hacemos la verdad;

 7 Mas si andamos en luz como el esta en luz, tenemos comunion entre
nosotros, y la sangre de Jesu-Cristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

 8 Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos á nosotros mismos, y no
hay verdad en nosotros.

 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone
nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.

 10 Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos á él mentiroso, y su palabra
no está en nosotros.



CAPITULO 2.

 1 HIJITOS mios, estas cosas os escribo, para que no pequeis; y si alguno
hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesu-Cristo el justo;

 2 Y él es la propiciacion por nuestros pecados y no solamente por los
nuestros, sino tambien por los de todo el mundo.

 3 Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus
mandamientos.

 4 El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es
mentiroso, y no hay verdad en él;

 5 Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente
perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él.

 6 El que dice que está en él, debe andar como él anduvo.

 7 Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que
habeis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que
habeis oido desde el principio.

 8 Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él, y en
vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra.

 9 El que dice que está en luz, y aborrece á su hermano, el tal aun está en
tinieblas todavía.

 10 El que ama á su hermano, está en luz, y no hay tropiezo en él.

 11 Mas el que aborrece á su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas,
y no sabe adonde va; porque las tinieblas le han cegado los ojos.

 12 Os escribo á vosotros, hijitos, por que vuestros pecados os son
perdonados por su nombre.

 13 Os escribo á vosotros, padres, porque habeis conocido á aquel que [es]
desde el principio. Os escribo á vosotros, mancebos, porque habeis vencido al
maligno. Os escribo^ á vosotros, hijitos, porque habeis conocido al Padre.

 14 Os he escrito á vosotros, padres, porque habeis conocido al que [es]
desde el principio. Os he escrito á vosotros, mancebos, porque sois fuertes,
y la palabra de Dios mora en vosotros, y habeis vencido al maligno.

 15 No ameis al mundo, ni las cosas [que están] en el mundo. Si alguno ama al
mundo, el amor del Padre no está en él.

 16 Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de carne, y
concupiscencia de ojos, y soberbia de vida, no es del Padre, mas es del
mundo.

 17 Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de
Dios, permanece para siempre.

 18 Hijitos, [ya] es el último tiempo: y como vosotros habeis oido que el
anticristo ha de venir, así tambien al presente han comenzado á ser muchos
anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo.

 19 Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de
nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero [esto es] para que
se manifestase que todos no son de nosotros.

 20 Mas vosotros teneis la uncion del Santo, y conoceis todas las cosas.

 21 No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino como á los que la
conoceis, y que ninguna mentira es de la verdad.

 22 ¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesus es el Cristo? Este tal
es anticristo, que niega al Padre y al Hijo.

 23 Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera
que confiesa al Hijo, tiene tambien al Padre.

 24 Pues lo que habeis oido desde el principio, sea permaneciente en
vosotros: si lo que habeis oido desde el principio fuere permaneciente en
vosotros, tambien vosotros permanecereis en el Hijo, y en el Padre.

 25 Y esta es la promesa, la cual él nos prometió, la vida eterna.

 26 Os he escrito esto sobre los que os engañan.

 27 Pero la uncion que vosotros habeis recibido de él, mora en vosotros, y no
teneis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la uncion misma os enseña de
todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado,
perseveraréis en él.

 28 Y ahora, hijitos, perseverad en él; para que cuando apareciere, tengamos
confianza, y no seamos confundidos de él en su venida.

 29 Si sabeis que él es justo, sabed tambien que cualquiera que hace
justicia, es nacido de él.



CAPITULO 3.

 1 MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios:
por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoce á él.

 2 Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que
hemos de ser; pero sabemos que cuando el apareciere, serémos semejantes á él,
porque lo verémos como él es.

 3 Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él tambien
es limpio.

 4 Cualquiera que hace pecado, traspasa tambien la ley; pues el pecado es
transgresion de la ley.

 5 Y sabeis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en
él.

 6 Cualquiera que permanece en él, no peca: cualquiera que peca, no le ha
visto, ni le ha conocido.

 7 Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él
tambien es justo.

 8 El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el
principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del
diablo.

 9 Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado; porque su simiente está
en él, y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

 10 En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo:
cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios.

 11 Porque este es el mensaje que habeis oido desde el principio: Que nos
amemos unos á otros.

 12 No como Cain, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa
le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.

 13 Hermanos mios, no os maravilleis si el mundo os aborrece.

 14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte á vida, en que amamos á los
hermanos. El que no ama á su hermano, está en muerte.

 15 Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida; y sabeis que ningun
homicida tiene vida eterna permaneciente en sí.

 16 En esto hemos conocido el amor [de Cristo,] porque él puso su vida por
nosotros: tambien nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

 17 Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener
necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él?

 18 Hijitos mios, no amemos de palabra, ni de lengua; sino de obra y en
verdad:

 19 Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones
certificados delante de él.

 20 Porque si nuestro corazon nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro
corazon, y conoce todas las cosas.

 21 Carísimos, si nuestro corazon no nos reprende, confianza tenemos en Dios:

 22 Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibirémos de él, porque guardamos
sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.

 23 Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesu-
Cristo, y nos amemos unos á otros, como nos lo ha mandado.

 24 Y el que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto
sabemos que él permanece en nosotros por el Espíritu que nos ha dado.



CAPITULO 4.

 1 AMADOS, no creais á todo espíritu; sino probad los espíritus si son de
Dios. Porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.

 2 En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesu-
Cristo es venido en carne, es de Dios:

 3 Y todo espíritu que no confiesa que Jesu-Cristo es venido en carne, no es
de Dios: y este es el [espíritu] de anticristo, del cual vosotros habeis oido
que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.

 4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habeis vencido; porque el que en
vosotros está, es mayor que él que está en el mundo.

 5 Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.

 6 Nosotros somos de Dios: el que conoce á Dios, nos oye: el que no es de
Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espíritu de verdad, y el espíritu de
error.

 7 Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera
que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.

 8 El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.

 9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á
su Hijo Unigénito al mundo, para que vivamos por él.

 10 En esto consiste el amor; no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que
él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo [en] propiciacion por nuestros
pecados.

 11 Amados, si Dios así nos ha amado debemos tambien nosotros amarnos unos á
otros.

 12 Ninguno vió jamás á Dios. Si nos amamos unos á otros, Dios está en
nosotros, y su amor es perfecto en nosotros.

 13 En esto conocemos que estamos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado
de su Espíritu.

 14 Y nosotros hemos visto, y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo
[para ser] Salvador del mundo.

 15 Cualquiera que confesare que Jesus es el Hijo de Dios, Dios está en él, y
él en Dios.

 16 Y nosotros hemos conocido, y creido el amor que Dios tiene para con
nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.

 17 En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en
el dia del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

 18 En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el
temor tiene pena. De donde el que teme no está perfecto en el amor.

 19 Nosotros lo amamos á él, porque él nos amó primero.

 20 Si alguno dice: Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso.
Porque el que no ama á su hermano, al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios,
á quien no ha visto?

 21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama á Dios, ame
tambien á su hermano.



CAPITULO 5.

 1 TODO aquel que cree que Jesus es el Cristo, es nacido de Dios: y
cualquiera que ama al que ha engendrado, ama tambien al que es nacido de él.

 2 En esto conocemos que amamos á los hijos de Dios, cuando amamos á Dios, y
guardamos sus mandamientos.

 3 Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus
mandamientos no son penosos.

 4 Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la
victoria que vence al mundo, nuestra fé.

 5 ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesus es el Hijo de
Dios?

 6 Este es Jesu-Cristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente,
sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio: porque el
Espíritu es la verdad.

 7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y
el Espíritu Santo: y estos tres son uno.

 8 Y tres son los que dan testimonio [en la tierra,] el Espíritu, el agua, y
la sangre: y estos tres concuerdan en uno.

 9 Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor;
porque este es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo.

 10 El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que
no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creido en el testimonio
que Dios ha testificado de su Hijo.

 11 Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida
está en su Hijo.

 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no
tiene la vida.

 13 Estas cosas he escrito á vosotros que creeis en el nombre del Hijo de
Dios, para que sepais que teneis vida eterna, y para que creais en el nombre
del Hijo de Dios.

 14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa
conforme á su voluntad, él nos oye.

 15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos
que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.

 16 Si alguno viere cometer á su hermano pecado [que] no [es] de muerte,
demandará, y [se] le dará vida; [digo] á los que pecan no de muerte. Hay
pecado de muerte, por el cual yo no digo que ruegue.

 17 Toda maldad es pecado; mas hay pecado que no [es] de muerte.

 18 Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es
engendrado de Dios, se guarda á sí mismo, y el maligno no le toca.

 19 Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad.

 20 Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento
para conocer al que es verdadero: y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesu-
Cristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

 21 Hijitos, guardáos de los ídolos. Amen.



LA SEGUNDA EPÍSTOLA

DE

SAN JUAN APÓSTOL.



 1 EL anciano á la señora elegida, y á sus hijos, á los cuales yo amo en
verdad; y no yo solo, sino tambien todos los que han conocido la verdad,

 2 Por la verdad que está en nosotros y será perpetuamente con nosotros:

 3 Sea con vosotros gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Señor
Jesu-Cristo, Hijo del Padre, en verdad, y en amor.

 4 Mucho me he gozado, porque he hallado de tus hijos, que andan en verdad
como nosotros hemos recibido el mandamiento del Padre.

 5 Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino
aquel que nosotros hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos á
otros.

 6 Y este es amor, que andemos segun sus mandamientos. Este es el
mandamiento: Que andeis en él, como vosotros habeis oido desde el principio.

 7 Porque muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no
confiesan que Jesu-Cristo ha venido en carne. Este tal el engañador es, y el
anticristo.

 8 Mirad por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que hemos obrado;
sino que recibamos galardon cumplido.

 9 Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no
tiene á Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al
Padre y al Hijo.

 10 Si alguno viene á vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibais en
casa ni le digais: ¡bien venido!

 11 Porque el que le dice: ¡bien venido! comunica con sus malas obras.

 12 Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido [comunicarlas]
por medio de papel y tinta; mas espero ir á vosotros, y hablar boca á boca,
para que nuestro gozo sea cumplido.

 13 Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amen.



LA TERCERA EPÍSTOLA

DE

SAN JUAN APÓSTOL.



 1 EL anciano al muy amado Gayo, al cual yo amo en verdad.

 2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud
así como tu alma está en prosperidad.

 3 Ciertamente me^ gocé mucho, cuando vinieron los hermanos, y dieron
testimonio de tu verdad, así como tú andas en la verdad.

 4 No tengo yo mayor gozo que este, el de oir que mis hijos andan en la
verdad.

 5 Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los
extranjeros,

 6 Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia: á
los cuales si ayudares como conviene segun Dios, harás bien.

 7 Porque ellos partieron por amor de su nombre, no tomando nada de los
Gentiles.

 8 Nosotros, pues, debemos recibir á los tales, para que seamos cooperadores
á la verdad.

 9 Yo he escrito á la iglesia: mas Diotrephes, que ama tener el primado entre
ellos, no nos recibe.

 10 Por esta causa, si yo viniere, recordaré las obras que hace, parlando con
palabras maliciosas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe
á los hermanos, y prohibe á los que los quieren [recibir,] y los echa de la
iglesia.

 11 Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien es
de Dios; mas el que hace mal, no ha visto á Dios.

 12 Todos dan testimonio de Demetrio, y [aun] la misma verdad: y tambien
nosotros damos testimonio; y vosotros habeis conocido que nuestro testimonio
es verdadero.

 13 Yo tenia muchas cosas que escribir[te:] empero no quiero escribirte por
tinta y pluma:

 14 Porque espero verte en breve, y hablarémos boca á boca.

 15 Paz [sea] contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú á los amigos por
nombre.



LA EPÍSTOLA UNIVERSAL

DE

SAN JUDAS APÓSTOL.



 1 JUDAS, siervo de Jesu-Cristo, y hermano de Jacobo, á los llamados
santificados en Dios Padre, y conservados en Jesu-Cristo:

 2 Misericordia, y paz, y amor os sean multiplicados.

 3 Amados, por la gran solicitud que tenia de escribiros de la comun salud,
me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendais eficazmente por
la fé que ha sido una vez dada á los santos.

 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde ántes
habian estado ordenados para esta condenacion, [hombres]  impíos,
convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolucion, y negando á Dios que
solo es el que tiene dominio, y á nuestro Señor Jesu-Cristo.

 5 Os quiero pues amonestar [ya] que alguna vez habeis sabido esto, que el
Señor habiendo salvado al pueblo de Egipto, despues destruyó á los que no
creian:

 6 Y á los ángeles que no guardaron su dignidad, mas dejaron su habitacion,
los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del
gran dia:

 7 Como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comarcanas las cuales de la misma
manera que ellos habian fornicado, y habian seguido la carne extraña, fueron
puestas por ejemplo, sufriendo el juicio del fuego eterno.

 8 De la misma manera tambien estos soñadores amancillan la carne, y
menosprecian la potestad, y vituperan las potestades superiores.

 9 Pues cuando el arcángel Miguel contendia con el diablo, disputando sobre
el cuerpo de Moisés, no se atrevió á usar de juicio de maldicion contra él,
sino que dijo: El Señor te reprenda.

 10 Pero estos maldicen las cosas que no conocen; y las cosas que
naturalmente conocen, se corrompen en ellas como bestias brutas.

 11 ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Cain, y se lanzaron en el
error de Balaam por recompensa, y perecieron en la contradiccion de Coré.

 12 Estos son manchas en vuestros convites, que banquetean juntamente,
apacentándose á sí mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son
llevadas de acá para allá de los vientos; árboles marchitos como en otoño,
sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;

 13 Fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones; estrellas
erráticas. á los cuales es reservada eternalmente la oscuridad de las
tinieblas.

 14 De los cuales tambien profetizo Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: Hé
aquí el Señor es venido con sus santos millares,

 15 A hacer juicio contra todos, y á convencer á todos los impíos de entre
ellos tocante á todas sus obras de impiedad que han hecho impiamente, y á
todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él.

 16 Estos son murmuradores querellosos, andando segun sus deseos; y su boca
habla cosas soberbias, teniendo en admiracion las personas por causa del
provecho.

 17 Mas vosotros, amados, tened memoria de las palabras que ántes han sido
dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesu-Cristo;

 18 Como os decian: Que en el postrer tiempo habria burladores, que andarian
segun sus malvados deseos.

 19 Estos son los que hacen divisiones, sensuales, no teniendo el Espíritu.

 20 Mas vosotros, oh amados, edificándoos sobre vuestra santísima fé, orando
por el Espíritu Santo,

 21 Conserváos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor
Jesu-Cristo, para vida eterna.

 22 Y recibid á los unos en piedad, discerniendo:

 23 Mas haced salvos á los otros por temor, arrebatándolos del fuego;
aborreciendo aun la ropa que es contaminada de la carne.

 24 A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caida, y presentar[os]^
delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría,

 25 Al Dios solo sabio, nuestro Salvador, [sea] gloria y magnificencia,
imperio y potencia, ahora, y en todos los siglos. Amen.



EL APOCALIPSIS Ó REVELACION

DE

SAN JUAN EL TEÓLOGO.



CAPITULO 1.

 1 LA revelacion de Jesu-Cristo, que Dios le dió, para manifestar á sus
siervos las cosas que deben suceder presto: y [las] declaró, enviándo[la] por
su ángel á Juan su siervo,

 2 El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de
Jesu-Cristo, y de todas las cosas que ha visto.

 3 Bienaventurado el que lee, y las que oyen las palabras de esta profecía, y
guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo [está] cerca.

 4 JUAN á las siete iglesias que [están] en Asia: Gracia [sea] con vosotros,
y paz del que es, y que era, y que ha de venir, y de los siete espíritus que
están delante de su trono;

 6 Y de Jesu-Cristo, [que es] el testigo fiel, primogénito de los muertos, y
el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos ha lavado de
nuestros pecados con su sangre,

 6 Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios, y su Padre; á el [sea] gloria
é imperio para siempre jamás. Amen.

 7 Hé aquí que viene con las nubes, y todo ojo lo verá, y los que lo
traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así
sea. Amen.

 8 Yo soy el Alpha y la Omega, el principio y fin, dice el Señor, que es, y
que era, y que ha de venir, el Todopoderoso.

 9 Yo Juan vuestro hermano, y participante en la tribulacion, y en el reino,
y en la paciencia de Jesu-Cristo, estaba en la isla que es llamada Patmos por
la palabra de Dios y el testimonio de Jesu-Cristo.

 10 Yo fuí en Espíritu en el dia de Domingo, y oí detrás de mí una gran voz
como de trompeta,

 11 Que decia: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último: Escribe en un
libro lo que ves, y envía[lo] á las siete iglesias, que están en Asia; á
Efeso, y á Smirna, y á Pérgamo, y á Tiatira, y á Sardis, y á Filadelfia, y á
Laodicéa.

 12 Y me volví á ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, ví siete
candeleros de oro;

 13 Y en medio de los siete candeleros, [uno] semejante al Hijo del hombre
vestido de una ropa que llegaba hasta los piés, y ceñido por los pechos con
una cinta de oro;

 14 Y su cabeza y [sus] cabellos [eran] blancos como la lana blanca, como la
nieve, y sus ojos como llama de fuego;

 15 Y sus piés, semejantes al laton fino, ardientes como en un horno; y su
voz como ruido de muchas aguas.

 16 Y tenia en su diestra siete estrellas: y de su boca salia una espada
aguda de dos filos. Y su rostro [era] como el sol [cuando] resplandece en su
fuerza.

 17 Y cuando yo le ví, caí como muerto á sus piés. Y él puso su diestra sobre
mí, diciéndome: No temas: Yo soy el primero y el último;

 18 Y el que vivo, y he sido muerto; y hé aquí que vivo por siglos de siglos.
Amen. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte.

 19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser
despues de estas:

 20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los
siete candeleros de oro. Las siete estrellas son los ángeles de las siete
iglesias; y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.



CAPITULO 2.

 1 ESCRIBE al ángel de la iglesia de Efeso: El que tiene las siete estrellas
en su diestra, el cual anda en medio de los siete candeleros de oro, dice
estas cosas:

 2 Yo sé tus obras, y tu trabajo, y paciencia; y que tú no puedes sufrir los
malos, y has probado á los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has
hallado mentirosos:

 3 Y has sufrido, y tienes paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has
desfallecido.

 4 Pero tengo contra tí que has dejado tu primer amor.

 5 Recuerda por tanto de donde has caido, y arrepiéntete, y haz las primeras
obras; pues si no, vendré presto á tí, y quitaré tu candelero de su lugar, si
no te hubieres arrepentido.

 6 Mas tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolaítas, los cuales yo
tambien aborrezco.

 7 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias: Al que
venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del
paraiso de Dios.

 8 Y escribe al ángel de la iglesia de Smirna: El primero y postrero que fué
muerto, y vivió, dice estas cosas;

 9 Yo sé tus obras, y tu tribulacion, y tu pobreza, (pero tú eres rico,) y la
blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas [son] sinagoga de
Satanás.

 10 No tengas ningun temor de las cosas que has de padecer. Hé aquí, el
diablo ha de enviar [algunos] de vosotros á la cárcel, para que seais
probados, y tendréis tribulacion de diez dias. Sé fiel hasta la muerte, y yo
te daré la corona de la vida.

 11 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias: El que
venciere, no recibirá daño de la muerte segunda.

 12 Y escribe al ángel de la iglesia [que está] en Pérgamo: El que tiene la
espada aguda de dos filos, dice estas cosas:

 13 Yo sé tus obras, y donde moras, donde [está] la silla de Satanás; y
retienes mi nombre, y no has negado mi fé aun en los dias que fué Antipas mi
testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanás mora.

 14 Pero tengo unas pocas cosas contra tí: porque tú tienes ahí los que
tienen la doctrina de Balaam, el cual enseñaba á Balac á poner escándalo
delante de los hijos de Israel, á comer de cosas sacrificadas á los ídolos, y
á cometer fornicacion.

 15 Así tambien tu tienes á los que tienen la doctrina de los Nicolaítas, lo
cual [yo] aborrezco.

 16 Arrepiéntete; porque de otra manera vendré á tí presto, y pelearé contra
ellos con la espada de mi boca.

 17 El que tiene odio, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias: Al que
venciere daré á comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y
en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel
que [lo] recibe.

 18 Y escribe al ángel de la iglesia que está en Tiatira: El Hijo de Dios,
que tiene sus ojos como llama de fuego, y sus piés semejantes al laton fino,
dice estas cosas:

 19 Yo he conocido tus obras, y caridad, y servicio, y fé, y tu paciencia, y
tus obras postreras, [que son] mas que las primeras:

 20 Mas tengo unas pocas cosas contra tí: porque permites aquella mujer
Jezabel (que se dice profetisa) ensenar, y engañar á mis siervos, á fornicar,
y á comer cosas ofrecidas á los ídolos.

 21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta de la fornicacion, y no se ha
arrepentido.

 22 Hé aquí yo la echo en cama, y á los que adulteran con ella, en muy grande
tribulacion, si no se arrepintieren de sus obras:

 23 Y mataré sus hijos con muerte; y todas las iglesias sabrán que yo soy el
que escudriño los riñones, y los corazones: y daré á cada uno de vosotros
segun sus obras.

 24 Pero yo digo á vosotros, y á los demás que estais en Tiatira:
Cualesquiera que no tienen esta doctrina, y que no han conocido las
profundidades de Satanás, (como dicen,) yo no enviaré sobre vosotros otra
carga.

 25 Empero la que teneis, tenedla hasta que yo venga.

 26 Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo
le daré potestad^ sobre las gentes;

 27 Y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantados como vaso de
alfarero, como tambien yo [la] he recibido de mi Padre:

 28 Y le daré la estrella de la mañana.

 29 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.

CAPITULO 3.

 1 ESCRIBE al ángel de la iglesia [que está] en Sardis: El que tiene los
siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice estas cosas: Yo conozco
tus obras; que tienes nombre que vives, y estás muerto.

 2 Sé vigilante y confirma las otras cosas que están para morir: porque no he
hallado tus obras perfectas delante de Dios.

 3 Acuérdate pues de lo que has recibido, y has oido, y guárda[lo,] y
arrepiéntete. Y si no velares, vendré á tí como ladron, y no sabrás en qué
hora vendré á tí.

 4 Mas tienes unas pocas personas en Sardis, que no han ensuciado sus
vestiduras, y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignos.

 5 El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su
nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y
delante de sus ángeles.

 6 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.

 7 Y escribe al ángel de la iglesia [que está] en Filadelfia: Estas cosas
dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David; el que abre, y
ninguno cierra; y cierra, y ninguno abre:

 8 Yo conozco tus obras: hé aquí he dado una puerta abierta delante de tí la
cual ninguno puede cerrar; porque tú tienes un poco de potencia, y has
guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

 9 Hé aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y
no lo son, mas mienten; hé aquí, yo los constreñiré á que vengan, y adoren
delante de tus piés, y sepan que yo te he amado.

 10 Porque has guardado la palabra de mi paciencia, yo tambien te guardaré de
la hora de la tentacion que ha de venir en todo el mundo, para probar los que
moran en la tierra.

 11 Hé aquí, yo vengo presto: reten lo que tienes, para que ninguno tome tu
corona.

 12 Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más
saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la
ciudad de mi Dios, [que es] la nueva Jerusalem, la cual desciende del cielo
de con mi Dios, y mi nombre nuevo.

 13 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.

 14 Y escribe al ángel de la iglesia de los Laodicenses: Hé aquí dice el
Amen, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creacion de Dios:

 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frio, ni caliente. ¡Ojalá fueses frio,
ó caliente!

 16 Mas porque eres tibio, y no frio ni caliente, te vomitaré de mi boca.

 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad
de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable, y pobre, y
ciego, y desnudo;

 18 Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas
hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la
vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

 19 Yo reprendo y castigo á todos los que amo: sé pues celoso, y
arrepiéntete.

 20 Hé aquí, que estoy á la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y
abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo.

 21 Al que venciere yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo
he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

 22 El que tiene oido, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias.



CAPITULO 4.

 1 DESPUES de estas cosas miré, y hé aquí una puerta abierta en el cielo: y
la primera voz que oí, [era] como de trompeta que hablaba conmigo, diciendo:
Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de ser despues de estas.

 2 Y luego yo fuí en Espíritu: y hé aquí un trono que estaba puesto en el
cielo, y sobre el trono estaba uno sentado.

 3 Y el que estaba sentado, era al parecer semejante á una piedra de jaspe y
de sárdio; y un arco celeste [habia] alrededor del trono, semejante en el
aspecto á la esmeralda.

 4 Y alrededor del trono habia veinticuatro sillas: y ví sobre las sillas los
veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas; y tenian sobre sus
cabezas coronas de oro.

 5 Y del trono salian relámpagos y truenos, y voces: y siete lámparas de
fuego estaban ardiendo delante del trono, las cuales son los siete espíritus
de Dios.

 6 Y delante del trono [habia] como un mar de vidrio semejante al cristal; y
en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro animales llenos de ojos
delante y detrás.

 7 Y el primer animal [era] semejante á un leon; y el segundo animal
semejante á un becerro; y el tercer animal, tenia la cara como de hombre; y
el cuarto animal, semejante á un águila volando.

 8 Y los cuatro animales tenian cada uno por sí seis alas alrededor; y de
dentro estaban llenos de ojos; y no tenian reposo dia ni noche, diciendo:
Santo, santo, santo el Señor Dios Todopoderoso, que era, y que es, y que ha
de venir.

 9 Y cuando aquellos animales daban gloria, y honra, y alabanza al que estaba
sentado en el trono, al que vive para siempre jamás,

 10 Los veinticuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado en
el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás; y echaban sus coronas
delante del trono, diciendo:

 11 Señor, digno eres de recibir gloria, y honra, y virtud: porque tú criaste
todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser, y fueron criadas.



CAPITULO 5.

 1 Y VÍ en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro
escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos.

 2 Y ví un fuerte ángel, predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el
libro, y de desatar sus sellos?

 3 Y ninguno podia, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra,
abrir el libro, ni mirarlo.

 4 Y yo lloraba mucho, porque no habia sido hallado ninguno digno de abrir el
libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

 5 Y uno de los ancianos me dice: No llores: hé aquí el Leon de la tribu de
Judá, la raíz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus
siete sellos.

 6 Y miré, y hé aquí en medio del trono y de los cuatro animales, y en medio
de los ancianos, estaba un Cordero como inmolado, que tenia siete cuernos, y
siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados en toda la tierra.

 7 Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado
en el trono.

 8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales, y los veinticuatro
ancianos, se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y copas
de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos:

 9 Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de
abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con
tu sangre, de todo linaje, y lengua, y pueblo, y nacion:

 10 Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinarémos sobre
la tierra.

 11 Y miré, y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los
animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones;

 13 Que decian en alta voz: El Cordero que fué inmolado es digno de tomar el
poder, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y alabanza.

 13 Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de
la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están,
diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, [sea] la bendicion,
y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás.

 14 Y los cuatro animales decian: Amen. Y los veinte y cuatro ancianos
cayeron sobre sus rostros, y adoraron al que vive para siempre jamás.



CAPITULO 6.

 1 Y MIRÉ cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí á uno de los cuatro
animales diciendo como con una voz de trueno: Ven, y ve.

 2 Y miré, y hé aquí un caballo blanco: y el que estaba sentado encima de él,
tenia un arco; y le fué dada una corona, y salió victorioso, para que tambien
venciese.

 3 Y cuando él abrió el segundo sello, oí al segundo animal que decia: Ven, y
ve.

 4 Y salió otro caballo bermejo: Y al que estaba sentado sobre él, fué dado
poder de quitar la paz de la tierra, y que se maten unos á otros; y fuéle
dada una grande espada.

 5 Y cuando él abrió el tercer sello, oí al tercer animal que decia: Ven, y
ve. Y miré, y hé aquí un caballo negro; y el que estaba sentado encima de él,
tenia un peso en su mano.

 6 Y oí una voz en medio de los cuatro animales, que decia: Dos libras de
trigo por un denario; y seis libras de cebada por un denario: y no hagas daño
al vino, ni al aceite.

 7 Y cuando él abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto animal, que decia:
Ven, y ve.

 8 Y miré, y hé aquí un caballo amarillo: y el que estaba sentado sobre él,
tenia por nombre, Muerte; y el infierno le seguia: y le fué dada potestad
sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada con hambre, con
mortandad, y con las bestias de la tierra.

 9 Y cuando él abrió el quinto sello, ví debajo del altar las almas de los
que habian sido muertos por la palabra de Dios, y por el testimonio que ellos
tenian.

 10 Y clamaban en alta voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y
verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?

 11 Y les fueron dadas sendas ropas blancas, y fuéles dicho que reposasen
todavía un poco de tiempo, hasta que se completaran sus consiervos y sus
hermanos, que tambien habian de ser muertos como ellos.

 12 Y miré cuando él abrió el sexto sello: y hé aquí fué hecho un gran
terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso
toda como sangre:

 13 Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa
sus higos, cuando es movida de gran viento.

 14 Y el cielo se apartó como un libro que es envuelto; y todo monte y las
islas fueron movidas de sus lugares.

 15 Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes,
y los fuertes, y todo siervo, y todo libre, se escondieron en las cuevas y
entre las peñas de los montes;

 16 Y decian á los montes, y á las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos
de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:

 17 Porque el gran dia de su ira es venido; y ¿quién podrá estar firme?



CAPITULO 7.

 1 Y DESPUES de estas cosas ví cuatro ángeles que estaban sobre los cuatro
ángulos de la tierra, deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no
soplase viento sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre ningun árbol.

 2 Y ví otro ángel que subia del nacimiento del sol, teniendo el sello de
Dios vivo: y clamó con gran voz á los cuatro ángeles, á los cuales era dado
hacer daño á la tierra y á la mar.

 3 Diciendo: No hagais daño á la tierra, ni al mar, ni á los árboles, hasta
que señalemos á los siervos de nuestro Dios en sus frentes.

 4 Y oí el número de los señalados; ciento cuarenta y cuatro mil señalados de
todas las tribus de los hijos de Israel.

 5 De la tribu de Judá, doce mil señalados. De la tribu de Ruben, doce mil
señalados. De la tribu de Gad, doce mil señalados.

 6 De la tribu de Aser, doce mil señalados. De la tribu de Nephtali, doce mil
señalados. De la tribu de Manasés, doce mil señalados.

 7 De la tribu de Simeon, doce mil señalados. De la tribu de Leví, doce mil
señalados. De la tribu de Issachar, doce mil señalados.

 8 De la tribu de Zabulon, doce mil señalados. De la tribu de José, doce mil
señalados. De la tribu de Benjamin doce mil señalados.

 9 Despues de estas cosas miré y hé aquí una gran compañía, la cual ninguno
podia contar, de todas gentes, y linajes, y pueblos, y lenguas, que estaban
delante del trono, y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas,
y palmas en sus manos;

 10 Y clamaban á alta voz, diciendo: Salvacion á nuestro Dios que está
sentado sobre el trono, y al Cordero.

 11 Y todos los ángeles estaban alrededor del trono, y [de] los ancianos, y
los cuatro animales; y postráronse sobre sus rostros delante del trono, y
adoraron á Dios,

 12 Diciendo: Amen: La bendicion y la gloria, y la sabiduría, y la accion de
gracias, y la honra, y la potencia, y la fortaleza [sean] á nuestro Dios para
siempre jamás. Amen.

 13 Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Estos que están vestidos de
ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?

 14 Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han
venido de grande tribulacion, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en
la sangre del Cordero.

 15 Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven dia y noche en su
templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellon sobre ellos.

 16 No tendrán mas hambre, ni sed, y el sol no caerá mas sobre ellos ni otro
ningun calor.

 17 Porque el Cordero que está en medió del trono los pastoreará, y los
guiará á fuentes vivas de aguas; y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de
ellos.



CAPITULO 8.

 1 Y CUANDO él abrió el séptimo sello, fué hecho silencio en el cielo casi
por media hora.

 2 Y ví los siete ángeles que estaban delante de Dios; y les fueron dadas
siete trompetas.

 3 Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de
oro; y le fueron dados muchos inciensos para que diese á las oraciones de
todos los santos sobre el altar de oro, que [estaba] delante del trono.

 4 Y el humo de los inciensos subió de la mano del ángel, delante de Dios, á
las oraciones de los santos.

 5 Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y echó[lo]
en la tierra; y fueron hechos truenos, y voces, y relámpagos, y terremoto.

 6 Y los siete ángeles que tenian las siete trompetas, se aparejaron para
tocar.

 7 Y el primer ángel tocó la trompeta, y fué hecho granizo, y fuego, mezclado
con sangre, y fueron arrojados á la tierra; y la tercera parte de los árboles
fué quemada, y quemóse toda la yerba verde.

 8 Y el segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiente con
fuego fué lanzado en el mar, y la tercera parte del mar se tornó en sangre.

 9 Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las
cuales tenian vida; y la tercera parte de los navíos pereció.

 10 Y el tercer ángel tocó la trompeta y cayó del cielo una grande estrella,
ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los rios, y en las
fuentes de las aguas.

 11 Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo. Y la tercera parte de las
aguas fué vuelta en ajenjo: y muchos hombres murieron por las aguas, porque
fueron hechas amargas.

 12 Y el cuarto ángel tocó la trompeta, y fué herida la tercera parte del
sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas; de
tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la
tercera parte del dia, y lo mismo de la noche.

 13 Y miré, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo á alta voz:
¡Ay, ay, ay de los que moran en la tierra, por razon de las otras voces de
trompeta de los tres ángeles que han de tocar!



CAPITULO 9.

 1 Y EL quinto ángel toco la trompeta, y ví una estrella que cayó del cielo
en la tierra: y le fué dada la llave del pozo del abismo.

 2 Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran
horno; y oscurecióse el sol, y el aire, por el humo del pozo.

 3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y fuéles dada potestad,
como tienen potestad los escorpiones de la tierra.

 4 Y les fué mandado que no hiciesen daño á la yerba de la tierra, ni á
ninguna cosa verde, ni á ningun árbol, sino solamente á los hombres que no
tienen la señal de Dios en sus frentes.

 5 Y les fué dado que no los matasen, sino que [los] atormentasen cinco
meses; y su tormento [era] como tormento de escorpion cuando hiere al hombre.

 6 Y en aquellos dias buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán; y
desearán morir, y la muerte huirá de ellos.

 7 Y el parecer de las langostas [era] semejante á caballos aparejados para
guerra: y sobre sus cabezas [tenian] como coronas semejantes al oro; y sus
caras como caras de hombres.

 8 Y tenian cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como
dientes de leones.

 9 Y tenian corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como
el ruido de carros que con muchos caballos corren á la batalla.

 10 Y tenian colas semejantes á [las de] los escorpiones, y tenian en sus
colas aguijones; y su poder [era] de hacer daño á los hombres cinco meses.

 11 Y tienen sobre sí un rey, [que es] el ángel del abismo, cuyo nombre en
Hebráico, [es] Abaddon; y en Griego, Apollyon.

 12 El un ay es pasado: hé aquí vienen aun dos ayes despues de estas cosas.

 13 Y el sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de los cuatro cuernos del
altar de oro, que estaba delante de Dios,

 14 Diciendo al sexto ángel que tenia la trompeta: Desata los cuatro ángeles
que están atados en el gran rio Eufrates,

 15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aparejados para la
hora, y dia, y mes, y año, para matar la tercera parte de los hombres.

 16 Y el numero del ejército de los de á caballo era doscientos millones. Y
oí el numero de ellos.

 17 Y así ví los caballos en vision, y los que sobre ellos estaban sentados,
los cuales tenian corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de
los caballos eran como cabezas de leones; y de la boca de ellos salia fuego,
y humo, y azufre.

 18 De estas tres plagas fué muerta la tercera parte de los hombres, del
fuego, y del humo, y del azufre, que salian de la boca de ellos.

 19 Porque su poder está en su boca y en sus colas: porque sus colas [eran]
semejantes á serpientes, y tenian cabezas, y con ellas dañan.

 20 Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se
arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen á los demonios,
y á las imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera;
las cuales no pueden ver, ni oir, ni andar:

 21 Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su
fornicacion, ni de sus hurtos.



CAPITULO 10.

 1 Y VÍ otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco
celeste sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus piés como
columnas de fuego.

 2 Y tenia en su mano un librito abierto: y puso su pié derecho sobre el mar,
y el izquierdo sobre la tierra,

 3 Y clamó con grande voz, como [cuando] un leon ruge: y cuando hubo clamado,
siete truenos hablaron sus voces.

 4 Y cuando los siete truenos hubieron hablado sus voces, yo iba á escribir,
y oí una voz del cielo, que me decia: Sella las cosas que los siete truenos
han hablado, y no las escribas.

 5 Y el ángel que ví estar sobre el mar, y sobre la tierra, levantó su mano
al cielo,

 6 Y juró por el que vive para siempre jamás, que ha criado el cielo, y las
cosas que están en él, y la tierra, y las cosas que están en ella, y el mar,
y las cosas que están en él, que el tiempo no será mas.

 7 Pero en los dias de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare á tocar
la trompeta, el misterio de Dios sera consumado, como él [lo] anunció á sus
siervos los profetas.

 8 Y oí la voz del cielo que hablaba otra vez conmigo, y decia: Vé, y toma el
librito abierto de la mano del ángel que está sobre el mar y sobre la tierra.

 9 Y fuí al ángel diciéndole que me diese el librito, y él me dijo: Toma, y
trágalo; y él te hará amargar tu vientre pero en tu boca será dulce como la
miel.

 10 Y tomé el librito de la mano del ángel, y le devoré; y era dulce en mi
boca como la miel: y cuando lo hube devorado fué amargo mi vientre.

 11 Y él me dice: Necesario es que otra vez profetices á muchos pueblos, y
gentes, y lenguas, y reyes.



CAPITULO 11.

 1 Y ME fué dada una caña semejante á una vara, y se me dijo: Levántate, y
mide el templo de Dios, y el altar, y á los que adoran en él.

 2 Y echa fuera el patio que está fuera del templo, y no lo mídas, porque es
dado á los Gentiles; y hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.

 3 Y daré á mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil doscientos y
sesenta dias, vestidos de sacos.

 4 Estas son las dos olivas, y los dos candeleros que están delante del Dios
de la tierra.

 5 Y si alguno les quisiere dañar, sale fuego de la boca de ellos, y devora á
sus enemigos: y si alguno les quisiere hacer daño, es necesario que él sea
así muerto.

 6 Estos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los dias de su
profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para
herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren.

 7 Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del
abismo, hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará.

 8 Y sus cuerpos [serán echados] en las plazas de la grande ciudad, que
espiritualmente es llamada Sodoma, y Egipto, donde tambien nuestro Señor fué
crucificado.

 9 Y los de los linajes, y de los pueblos, y de las lenguas, y de los
Gentiles verán los cuerpos de ellos por tres dias y medio, y no permitirán
que sus cuerpos sean puestos en sepulcros.

 10 Y los moradores de la tierra se gozarán sobre ellos, y se alegrarán, y se
enviarán dones los unos á los otros; porque estos dos profetas han
atormentado á los que moran sobre la tierra.

 11 Y despues de tres dias y medio el espíritu de vida [enviado] de Dios,
entró en ellos, y se alzaron sobre sus piés, y vino gran temor sobre los que
los vieron.

 12 Y oyeron una grande voz del cielo; que les decia: Subid acá. Y subieron
al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron.

 13 Y en aquella hora fué hecho gran temblor de tierra, y la décima parte de
la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra en número de siete
mil hombres: y los demás fueron espantados, y dieron gloria á Dios del cielo.

 14 El segundo ay es pasado: hé aquí, el tercero ay vendrá presto.

 15 Y el séptimo ángel tocó la trompeta, y fueron hechas grandes voces en el
cielo, que decian: Los reinos del mundo han venido á ser [los reinos] de
nuestro Señor, y de su Cristo, y reinará para siempre jamás.

 16 Y los veinte y cuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en
sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron á Dios,

 17 Diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres, y que
eras, y que has de venir, y que has tomado tu grande potencia, y has reinado.

 18 Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los
muertos, para que sean juzgados, y para que dés el galardon á tus siervos los
profetas, y á los santos, y á los que temen tu nombre, y á los pequeñitos y á
los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra.

 19 Y el templo de Dios fué abierto en el cielo, y el arca de su testamento
fué visto en su templo; y fueron hechos relámpagos, y voces, y truenos, y
terremotos, y grande granizo.



CAPITULO 12.

 1 Y UNA grande señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la
luna debajo de sus piés, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

 2 Y estando preñada, clamaba con dolores de parto, y sufria tormento por
parir.

 3 Y fué vista otra señal en el cielo; y hé aquí un grande dragon bermejo,
que tenia siete cabezas, y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas.

 4 Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las
echó en tierra. Y el dragon se paró delante de la mujer que estaba para
parir, á fin de devorar[le] su hijo cuando hubiese nacido.

 5 Y ella parió un hijo varon, el cual habiá de regir todas las gentes con
vara de hierro: y su hijo fué arrebatado para Dios, y á su trono.

 6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, para que
allí la mantengan mil doscientos y sesenta dias.

 7 Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban
contra el dragon; y lidiaba el dragon y sus ángeles,

 8 Y no prevalecieron, ni su lugar fué más hallado en el cielo.

 9 Y fué lanzado fuera aquel gran dragon, la serpiente antigua, que se llama
el diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo, fué arrojado en tierra,
y sus ángeles fueron arrojados con él.

 10 Y oí una grande voz en el cielo que decia: Ahora ha venido la salvacion y
la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo: porque el
acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el cual los acusaba delante
de nuestro Dios dia y noche.

 11 Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su
testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte.

 12 Por lo cual alegráos, cielos, y los que morais en ellos. ¡Ay de los
moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido á vosotros,
teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

 13 Y cuando vió el dragon que él habia sido arrojado á la tierra, persiguió
á la muier que habia parido el hijo varon.

 14 Y fueron dadas á la mujer dos alas de grande águila, para que de la
presencia de la serpiente volase al desierto, á su lugar, donde es mantenida
[por un] tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.

 15 Y la serpiente echó de su boca tras la mujer agua como un rio, á fin de
hacer que fuese arrebatada del rio.

 16 Y la tierra ayudo á la mujer; y la tierra abrió su boca, y sorbió el rio
que habia echado el dragon de su boca.

 17 Entónces el dragon fué airado contra la mujer, y se fué á hacer guerra
contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandarnientos
de Dios, y tienen el testimonio de Jesu-Cristo.



CAPITULO 13.

 1 Y YO me paré sobre la arena del mar, y ví una bestia subir del mar, que
tenia siete cabezas, y diez cuernos; y sobre sus cuernos diez diademas; y
sobre las cabezas de ella nombre de blasfemia.

 2 Y la bestia que ví, era semejante á un leopardo, y sus piés como de oso, y
su boca como boca de leon. Y el dragon le dió su poder, y su trono, y grande
potestad.

 3 Y ví una de sus cabezas como herida de muerte, y la llaga de su muerte fué
curada: y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia.

 4 Y adoraron al dragon que habia dado la potestad á la bestia: y adoraron á
la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante á la bestia, y quién podrá lidiar
con ella?

 5 Y le fué dada boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y le fué dada
potencia de obrar cuarenta y dos meses.

 6 Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su
tabernáculo, y á los que moran en el cielo.

 7 Y le fué dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. Tambien le fué
dada potencia sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y gente.

 8 Y todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no están
escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fué muerto desde el
principio del mundo.

 9 Si alguno tiene oido, oiga.

 10 El que lleva en cautividad, va en cautividad: el que á cuchillo matare,
es necesario que á cuchillo sea muerto. Aquí está la paciencia, y la fé de
los santos.

 11 Despues ví otra bestia que subia de la tierra, y tenia dos cuernos
semejantes á [los] de un cordero, mas hablaba como un dragon.

 12 Y ejerce todo el poder de la primera bestia en presencia de ella; y hace
á la tierra, y á los moradores de ella adorar la primera bestia, cuya llaga
de muerte fué curada.

 13 Y hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del
cielo á la tierra delante de los hombres.

 14 Y engaña á los moradores de la tierra por las señales que le ha sido dado
hacer en presencia de la bestia, mandando á los moradores de la tierra que
hagan la imágen de la bestia que tiene la herida de cuchillo, y vivió.

 15 Y le fué dado que diese espíritu á la imágen de la bestia, para que la
imágen de lá bestia hable; y hará que cualesquiera que no adoraren la imágen
de la bestia, sean muertos.

 16 Y hacia que á todos, á los pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y
siervos, se pusiese una marca en su mano derecha, ó en sus frentes;

 17 Y que ninguno pudiese comprar ó vender, sino el que tuviera la señal, ó
el nombre de la bestia, ó el número de su nombre.

 18 Aquí hay sabiduría: El que tiene entendimiento, cuente el número de la
bestia; porque es el

numero de hombre; y el número de ella, seiscientos sesenta y seis.



CAPITULO 14.

 1 Y MIRÉ: y hé aquí el Cordero estaba sobre el monte de Sion, y con él
ciento cuarenta y cuatro mil, que tenian el nombre de su Padre escrito en sus
frentes.

 2 Y oí una voz del cielo como ruido de muchas aguas, y como sonido de un
gran trueno: y oí una voz de tañedores de arpas que tañian con sus arpas:

 3 Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los
cuatro animales, y de los ancianos: y ninguno podia aprender el cántico sino
aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre
los de la tierra.

 4 Estos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes.
Estos los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Estos fueron
comprados de entre los hombres por primicias para Dios, y para el Cordero.

 5 Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula
delante del trono de Dios.

 6 Y ví otro ángel volar por en medio del cielo, que tenia el Evangelio
eterno, para predicarlo á los que moran en la tierra, y á toda nacion, y
tribu, y lengua, y pueblo,

 7 Diciendo en alta voz: Temed á Dios, y dadle honra; porque la hora de su
juicio es venida; y adorad á aquel que ha hecho el cielo, y la tierra, y el
mar, y las fuentes de las aguas.

 8 Y otro ángel le siguió, diciendo: Ha caido, ha caido Babilonia, aquella
grande ciudad, porque ella ha dado á beber á todas las naciones del vino del
furor de su fornicacion.

 9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo á alta voz: Si alguno adora á la
bestia, y á su imágen, y toma la señal en su frente, ó en su mano,

 10 Este tambien beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro
en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los
santos ángeles, y delante del Cordero.

 11 Y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás. Y los que adoran
á la bestia y á su imágen, no tienen reposo dia ni noche, ni cualquiera que
tomare la señal de su nombre.

 12 Aquí está la paciencia de los santos; aquí [están] los que guardan los
mandamientos de Dios, y la fé de Jesus.

 13 Y oí una voz del cielo, que me decia, Escribe: Bienaventurados los
muertos que de aquí adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que
descansarán de sus trabajos; porque sus obras con ellos siguen.

 14 Y miré, y hé aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante
al Hijo del hombre, que tenia en su cabeza una corona de oro, y en su mano
una hoz aguda.

 15 Y otro ángel salió del templo, clamando en alta voz al que estaba sentado
sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar te es venida,
por que la mies de la tierra está madura.

 16 Y el que estaba sentado sobre la nube echó su hoz sobre la tierra, y la
tierra fué segada.

 17 Y salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo tambien una
hoz aguda.

 18 Y otro ángel salió del altar, el cual tenia poder sobre el fuego, y clamó
con gran voz al que tenia la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y
vendimia los racimos de la tierra; porque están maduras sus uvas.

 19 Y el ángel echó su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la
tierra, y echó [la uva] en el grande lagar de la ira de Dios.

 20 Y el lagar fué hollado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta
los frenos de los caballos por mil y seiscientos estadios.



CAPITULO 15.

 1 Y VÍ otra señal en el cielo, grande y admirable, que era siete ángeles que
tenian las siete plagas postreras; porque en ellas es consumada la ira de
Dios.

 2 Y ví así como un mar de vidrio mezclado con fuego; y los que habian
alcanzado la victoria de la bestia, y de su imágen, y de su señal, y del
numero de su nombre, estar sobre el mar de vidrio, teniendo las arpas de
Dios.

 3 Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero,
diciendo: Grandes y maravillosas [son] tus obras, Señor Dios Todopoderoso;
justos y verdaderos [son] tus caminos, Rey de los santos.

 4 ¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? Porque tú solo
[eres] santo; por lo cual todas las naciones vendrán, y adorarán delante de
tí, porque tus juicios son manifestados.

 5 Y despues de estas cosas miré, y hé aquí el templo del tabernáculo del
testimonio fué abierto en el cielo,

 6 Y salieron del templo siete ángeles, que tenian siete plagas, vestidos de
un lino limpio y blanco, y ceñidos alrededor de los pechos con bandas de oro.

 7 Y uno de los cuatro animales dió á los siete ángeles siete copas de oro,
llenas de la ira de Dios, que vive para siempre jamás.

 8 Y fué el templo lleno de humo por la majestad de Dios, y por su potencia;
y ninguno podia entrar en el templo, hasta que fuesen consumadas las siete
plagas de los siete ángeles.



CAPITULO 16.

 1 Y OÍ una grande voz [salida] del templo, que decia á los siete ángeles:
Id, y derramad las [siete] copas de la ira de Dios sobre la tierra.

 2 Y fué el primero, y derramó su copa sobre la tierra; y vino una plaga mala
y dañosa sobre los hombres que tenian la señal de la bestia, y sobre los que
adoraban su imágen.

 3 Y el segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y se convirtió en sangre
como de un muerto, y toda alma viviente fué muerta en el mar.

 4 Y el tercer ángel derramó su copa sobre los rios, y sobre las fuentes de
las aguas, y se convirtieron en sangre.

 5 Y oí al ángel de las aguas que decia: Justo eres tú, oh Señor, que eres, y
que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas:

 6 Porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, tambien
tú les has dado á beber sangre; pues [lo] merecen.

 7 Y oí á otro del altar, que decia: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso,
tus juicios [son] verdaderos y justos.

 8 Y el cuarto ángel derramó su copa sobre el sol; y le fué dado quemar á los
hombres con fuego.

 9 Y los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de
Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle
gloria.

 10 Y el quinto ángel derramó su copa sobre la silla de la bestia; y su reino
se hizo tenebroso; y se mordian sus lenguas de dolor.

 11 Y blasfemaron al Dios del cielo por sus dolores, y por sus plagas; y no
se arrepintieron de sus obras.

 12 Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran rio Eufrates; y el agua de
él se secó, para que fuese preparado el camino de los reyes del Oriente.

 13 Y ví [salir] de la boca del dragon, y de la boca de la bestia, y de la
boca del falso profeta, tres

espíritus inmundos á manera de ranas.

 14 Porque son espíritus de demonios, que hacen señales, para ir á los reyes
de la tierra, y de todo el mundo, para congregarlos para la batalla de aquel
grande dia del Dios Todopoderoso.

 15 Hé aquí, yo vengo como ladron. Bienaventurado el que vela, y guarda sus
vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.

 16 Y los congregó en el lugar que en Hebréo se llama Armagedon.

 17 Y el septimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una grande voz
del templo del cielo, [de cerca] del trono, diciendo: Hecho es.

 18 Entónces fueron hechos relámpagos, y voces, y truenos; y hubo un gran
temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no fué jamás desde que los
hombres han estado sobre la tierra.

 19 Y la ciudad grande fué partida en tres partes, y las ciudades de las
naciones cayeron: y la grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para
darle el cáliz del vino del furor de su ira.

 20 Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados.

 21 Y cayó del cielo sobre los hombres un grande granizo como del peso de un
talento: y los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del granizo; porque
su plaga fué may grande.



CAPITULO 17.

 1 Y VINO uno de los siete ángeles que tenian las siete copas, y habló
conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la condenacion de la grande
ramera, la cual está sentada sobre muchas aguas;

 2 Con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los que moran en la
tierra se han embriagado con el vino de su fornicacion.

 3 Y me llevó en Espíritu al desierto: y ví una mujer sentada sobre una
bestia bermeja, llena de nombres de blasfemia y que tenia siete cabezas y
diez cuernos.

 4 Y la mujer estaba vestida de púrpura, y de escarlata, y dorada con oro, y
adornada de piedras preciosas, y de perlas, teniendo un cáliz de oro en su
mano lleno de abominaciones, y de la suciedad de su fornicacion;

 5 Y en su frente un nombre escrito; MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE
DE LAS FORNICACIONES, Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.

 6 Y ví la mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los
mártires de Jesus: y

cuando la ví, quedé maravillado de grande admiracion.

 7 Y el ángel me dijo: ¿Por qué te maravillas? Yo te diré el misterio de la
mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene siete cabezas, y diez
cuernos.

 8 La bestia que has visto, fué, y no es; y ha de subir del abismo, y ha de
ir á perdicion; y los moradores de la tierra, cuyos nombres no están escritos
en el libro de la vida desde la fundacion del mundo, se maravillarán viendo
la bestia que era, y no es, aunque [sin embargo] es.

 9 Y aquí [hay] mente que tiene sabiduría. Las siete cabezas son siete
montes, sobre los cuales se asienta la mujer.

 10 Y son siete reyes: los cinco son caidos; el uno es, [y] el otro aun no es
venido: y cuando viniere, es necesario que dure breve tiempo.

 11 Y la bestia que era, y no es, es tambien el octavo [rey;] y es de los
siete, y va á perdicion.

 12 Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido
reino, mas tomarán potencia por una hora como reyes con la bestia.

 13 Estos tienen un consejo, y darán su potencia y autoridad á la bestia.

 14 Ellos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá; porque es el
Señor de los señores, y el Rey de los reyes; y los que están con él, son
llamados, y elegidos, y fieles.

 15 Y él me dice: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son
pueblos, y muchedumbres, y naciones, y lenguas.

 16 Y los diez cuernos que viste en la bestia, estos aborrecerán á la ramera,
y la harán desolada y desnuda, y comerán sus carnes, y la quemarán con fuego:

 17 Porque Dios ha puesto en sus corazones ejecutar lo que le plugo, y el
ponerse de acuerdo, y dar su reino á la bestia, hasta que sean cumplidas las
palabras de Dios.

 18 Y la mujer que has visto, es la grande ciudad que tiene [su] reino sobre
los reyes de la tierra.



CAPITULO 18.

 1 DESPUES de estas cosas ví otro ángel descender del cielo, teniendo grande
potencia; y la tierra fué alumbrada de su gloria.

 2 Y clamó con fortaleza en alta voz diciendo: Caida es, caida es la grande
Babilonia, y es hecha habitacion de demonios, y guarida de todo espíritu
inmundo, y albergue de todas aves sucias, y aborrecibles:

 3 Porque todas las gentes han bebido del vino del furor de su fornicacion, y
los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra
se han enriquecido de la potencia de sus deleites.

 4 Y oí otra voz del cielo, que decia: Salid de ella pueblo mio, porque no
seais participantes de sus pecados, y que no recibais de sus plagas.

 5 Porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de
sus maldades.

 6 Tornadle á dar como ella os ha dado, y pagadle al doble segun sus obras;
en el cáliz que ella os dió á beber, dadle á beber doblado.

 7 Cuanto ella se ha glorificado, y ha estado en deleites, tanto dadle de
tormento y llanto, porque dice en su corazon: Yo estoy sentada reina, y no
soy viuda, y no veré llanto.

 8 Por lo cual en un dia vendrán sus plagas: muerte, llanto, y hambre, y será
quemada con fuego; porque el Señor Dios es fuerte que la juzgará.

 9 Y llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra, los cuales
han fornicado con ella y han vivido en deleites, cuando ellos vieren el humo
de su incendio,

 10 Estando lejos, por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de aquella
gran ciudad de Babilonia, aquella fuerte ciudad; porque en una hora vino tu
juicio!

 11 Y los mercaderes de la tierra lloran y se lamentan sobre ella; porque
ninguno compra mas sus mercaderías,

 12 Mercadería de oro, y de plata, y de piedras preciosas, y de margaritas, y
de lino fino, y de escarlata, y de seda, y de grana, y de toda madera olorosa
y de todo vaso de madera preciosa, y de cobre, y de hierro, y de mármol,

 13 Y canela, y olores, y ungüentos, y de incienso, y de vino, y de aceite, y
flor de harina, y trigo, y de bestias, y de ovejas, y de caballos, y de
carros, y de siervos, y de almas de hombres.

 14 Y los frutos del deseo de tu alma se apartaron de tí; y todas las cosas
gruesas y excelentes te han faltado, y nunca más las hallarás.

 15 Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido, se pondrán léjos
de ella, por el temor de su tormento, llorando y lamentando,

 16 Y diciendo: ¡Ay, ay, aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino
fino, y de escarlata, y de grana, y estaba dorada con oro, y adornada de
piedras preciosas, y de perlas!

 17 Porque en una hora han sido desoladas tantas riquezas. Y todo patron, y
todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el
mar, se estuvieron lejos;

 18 Y viendo el humo de su incendio dieron voces, diciendo: ¿Qué [ciudad] era
semejante á esta gran ciudad?

 19 Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando
diciendo: ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad, en la cual todos los que tenian
navíos en la mar, se habian enriquecido de sus riquezas; que en una hora ha
sido desolada!

 20 Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros santos apóstoles y profetas;
porque Dios ha vengado vuestra causa en ella.

 2l Y un ángel fuerte tomó una piedra como una grande piedra de molino, y
[la] echó en la mar, diciendo: Con tanto ímpetu será derribada Babilonia,
aquella grande ciudad, y nunca jamás será hallada.

 22 Y voz de tañedores de arpas, y de músicos, y de tañedores de flautas y de
trompetas, no será más oida en tí; y todo artífice de cualquier oficio no
será más hallado en tí; y el sonido de muela no será mas en tí oido;

 23 Y luz de antorcha no alumbrará más en tí; y voz de esposo ni de esposa no
será más en tí oida: porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra;
porque en tus hechiceríias todas las gentes han errado.

 24 Y en ella fué hallada la sangre de los profetas y de los santos, y de
todos los que han sido muertos en la tierra.



CAPITULO 19.

 1 DESPUES de estas cosas oí una gran voz de gran compañía en el cielo, que
decia: Aleluya: Salvacion, y honra, y gloria, y potencia al Señor Dios
nuestro:

 2 Porque sus juicios son verdaderos y justos; porque él ha juzgado á la
grande ramera que ha corrompido la tierra con su fornicacion, y ha vengado la
sangre de sus siervos de la mano de ella.

 3 Y otra vez dijeron: Aleluya. Y su humo subió para siempre jamás.

 4 Y los veinticuatro ancianos, y los cuatro animales se postraron en tierra,
y adoraron á Dios que estaba sentado sobre el trono, diciendo: Amen: Aleluya.

 5 Y salió una voz del trono que decia: Load á nuestro Dios todos sus
siervos, y los que le temeis, así pequeños como grandes.

 6 Y oí como la voz de una grande compañía, y como ruido de muchas aguas, y
como la voz de grandes truenos, que decian: Aleluya: porque reinó el Señor
nuestro Dios Todopoderoso.

 7 Gocémonos, y alegrémonos, y démosle gloria; porque son venidas las bodas
del Cordero, y su esposa se ha aparejado:

 8 Y le ha sido dado que se vista de lino fino, limpio, y brillante; porque
el lino fino son las justificaciones de los santos.

 9 Y él me dice: Escribe: Bienaventurados los que son llamados á la cena del
Cordero. Y me dijo: Estas palabras de Dios son verdaderas.

 10 Y yo me eché á sus piés para adorarle. Y él me dijo: Mira que no [lo
hagas:] yo soy siervo contigo, y con tus hermanos que tienen el testimonio de
Jesus. Adora á Dios: porque el testimonio de Jesus es el espíritu de la
profecia.

 11 Y ví el cielo abierto, y hé aquí un caballo blanco; y el que estaba
sentado sobre él, era llamado Fiel y Verdadero, el cual con justicia juzga y
pelea.

 12 Y sus ojos [eran] como llama de fuego, y [habia] en su cabeza muchas
diademas, y tenia un nombre escrito que ninguno entendia sino él mismo:

 13 Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL
VERBO DE DIOS.^

 14 Y los ejércitos [que están] en el cielo lo seguian en caballos blancos,
vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.

 15 Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella las gentes: y él
los regirá con vara de hierro; y el pisa el lugar del vino del furor, y de la
ira de Dios Todopoderoso.

 16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escríto este nombre: REY DE REYES,
Y SEÑOR DE SEÑORES:

 17 Y ví un ángel que estaba en el sol, y clamó con gran voz, diciendo á
todas las aves que volaban por medio del cielo: Venid, y congregáos á la cena
del gran Dios,

 18 Para que comais carnes de reyes, y de capitanes, y carnes de fuertes, y
carnes de caballos, y de los que están sentados sobre ellos; y carnes de
todos, libres y siervos, de pequeños y de grandes.

 19 Y ví la bestia, y los reyes de la tierra, y sus ejércitos congregados
para hacer guerra contra el que estaba sentado sobre el caballo, y contra su
ejército.

 20 Y la bestia fué presa, y con ella el falso profeta que habia hecho las
señales delante de ella, con las cuales habia engañado á los que tomaron la
señal de la bestia, y habian adorado su imágen. Estos dos fueron lanzados
vivos dentro de un lago de fuego ardiendo en azufre.

 21 Y los otros fueron muertos con la espada que salia de la boca del que
estaba sentado sobre el caballo, y todas las aves fueron hartas de las carnes
de ellos.



CAPITULO 20.

 1 Y VÍ un ángel descender del cielo que tenia la llave del abismo, y una
grande cadena en su mano.

 2 Y prendió al dragon, aquella serpiente antigua, que es el diablo y
Satanás, y le ató por mil años;

 3 Y arrojólo al abismo, y le encerró, y selló sobre él, porque no engañe más
á las naciones, hasta que mil años sean cumplidos: y despues de esto, es
necesario que sea desatado un poco de tiempo.

 4 Y ví sillas, y se sentaron sobre ellas, y les fué dado juicio; y [ví] las
almas de los degollados por el testimonio de Jesus, y por la palabra de Dios,
y que no habian adorado la bestia, ni á su imágen, y que no recibieron [su]
señal en sus frentes, ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil
años.

 5 Mas los otros muertos no tornaron á vivir hasta que sean cumplidos mil
años. Esta [es] la primera resurreccion.

 6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurreccion: la
segunda muerte no tiene potestad en estos; ántes serán sacerdotes de Dios y
de Cristo, y reinarán con él mil años.

 7 Y cuando los mil años fueren cumplidos, Satanás será suelto de su prision.

 8 Y saldrá para engañar las naciones que están sobre los cuatro ángulos de
la tierra, á Gog y á Magog, á fin de congregarles para la batalla; el número
de los cuales [es] como la arena del mar.

 9 Y subieron sobre la anchura de la tierra, y circundaron el campo de los
santos, y la ciudad amada: y de Dios descendió fuego del cielo, y los devoró.

 10 Y el diablo que los engañaba, fué lanzado en el lago de fuego y azufre,
donde [está] la bestia y el falso profeta y serán atormentados dia y noche
para siempre jamás.

 11 Y ví un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él, de delante
del cual huyó la tierra y el cielo, y no fué hallado el lugar de ellos.

 12 Y ví los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los
libros fueron abiertos; y otro libro fué abierto, el cual es de la vida; y
fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros,
segun sus obras.

 13 Y el mar dió los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno
dieron los muertos que estaban en ellos: y fué hecho juicio de cada uno segun
sus obras.

 14 Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la
muerte segunda.

 15 Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el
lago de fuego.



CAPITULO 21.

 1 Y VÍ un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el primer cielo y la
primera tierra se fueron, y el mar ya no es.

 2 Y yo Juan ví la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descendia del cielo, de
Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

 3 Y oí una gran voz del cielo que decia: Hé aquí el tabernáculo de Dios con
los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios
será su Dios con ellos.

 4 Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y la muerte no será
mas: y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas
son pasadas.

 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: Hé aquí, yo hago nuevas todas
las cosas. Y me dijo: Escribe: porque estas palabras son fieles y verdaderas.

 6 Y díjome: Hecho es. Yo soy Alpha y Omega, el principio y el fin. Al que
tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente.

 7 El que venciere, poseerá todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi
hijo.

 8 Mas á los temerosos, é incrédulos, á los abominables, y homicidas, á los
fornicarios, y hechiceros, y á los idólatras, y á todos los mentirosos, su
parte [será] en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte
segunda.

 9 Y vino á mí uno de los siete ángeles que tenian las siete copas llenas de
las siete postreras plagas, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te
mostraré la esposa, mujer del Cordero.

 10 Y llevóme en Espíritu á un grande y alto monte, y me mostró la grande
ciudad santa de Jerusalem que descendia del cielo de Dios,

 11 Teniendo la claridad de Dios: y su luz [era] semejante á una piedra
preciosísima, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal.

 12 Y tenia un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas doce
ángeles, y nombres escritos, que son [los] de las doce tribus de los hijos de
Israel.

 13 Al Oriente tres puertas; al Norte tres puertas, al Mediodia tres puertas;
al Poniente tres puertas.

 14 Y el muro de la ciudad tenia doce fundamentos, y en ellos los doce
nombres de los doce apóstoles del Cordero.

 15 Y el que hablaba conmigo, tenia una medida de una caña de oro para medir
la ciudad, y sus puertas, y su muro.

 16 Y la ciudad está situada y puesta en cuadro, y su largura es tanta como
su anchura: y el mídió la ciudad con la caña, [y tenia] doce mil estadios: la
largura, y la altura, y la anchura de ella son iguales.

 17 Y midió su muro, [y tenia] ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de
hombre, la cual es del ángel.

 18 Y el material de su muro era [de] jaspe: mas la ciudad [era] oro puro,
semejante al vidrio limpio.

 19 Y los fundamentos del muro de la ciudad [estaban] adornados de toda
piedra preciosa. El primer fundamento [era] jaspe; el segundo, zafiro; el
tercero, calcedonia: el cuarto, esmeralda;

 20 El quinto, sardónica; el sexto, sárdio; el séptimo, crisólito; el octavo,
berilo; el nono, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el
duodécimo, ametisto.

 21 Y las doce puertas [eran] doce perlas, en cada una, una; cada puerta
[era] de una perla. Y la plaza de la ciudad [era] oro puro, como vidrio
trasparente.

 22 Y no ví en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de
ella y el Cordero.

 23 Y la ciudad no tenia necesidad de sol ni de luna para que resplandezcan
en ella: porque la claridad de Dios la iluminó, y el Cordero [era] su
lumbrera.

 24 Y las naciones que hubieren sido salvas andarán en la lumbre de ella: y
los reyes de la tierra traerán su gloria y honor á ella.

 25 Y sus puertas nunca serán cerradas de dia, porque allí no habrá noche.

 26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones á ella.

 27 No entrará en ella ninguna cosa sucia, ó que hace abominacion y mentira;
sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.



CAPITULO 22.

 1 DESPUES me mostró un rio limpio de agua de vida, resplandeciente como
cristal, que salia del trono de Dios y del Cordero.

 2 En el medio de la plaza de ella, y de la una y de la otra parte del rio,
[estaba] el árbol de vida, que lleva doce frutos dando cada mes su fruto: y
las hojas del árbol [eran] para la sanidad de las naciones.

 3 Y no habrá más maldicion: sino que el trono de Dios y del Cordero estará
en ella, y sus siervos le servirán.

 4 Y verán su cara; y su nombre [estará] en sus frentes.

 5 Y allí no habrá mas noche; y no tienen necesidad de lumbre de antorcha, ni
de lumbre de sol; porque el Señor Dios los alumbrará: y reinarán para siempre
jamás.

 6 Y me dijo: Estas palabras [son] fieles y verdaderas. Y el Señor Dios de
los santos profetas ha enviado su ángel, para mostrar á sus siervos las cosas
que es necesario que sean hechas presto.

 7 Y hé aquí vengo presto: Bienaventurado el que guarda las palabras de la
profecía de este libro.

 8 Yo Juan [soy] el que ha oido, y visto estas cosas. Y despues que hube oido
y visto, me postré para adorar delante de los piés del ángel que me mostraba
estas cosas.

 9 Y él me dijo: Mira que no [lo hagas:] porque yo soy siervo contigo, y con
tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro.
Adora á Dios.

 10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro; porque el
tiempo está cerca.

 11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es sucio, ensúciese
todavía: y el que es justo, sea todavía justificado: y el santo sea
santificado todavía.

 12 Y hé aquí, yo vengo presto, y mi galardon conmigo, para recompensar á
cada uno segun fuere su obra.

 13 Yo soy Alpha y Omega, principio y fin, el primero y el postrero.

 14 Bienaventurados los que guardan sus mandamientos; para que su potencia
sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad.

 15 Mas los perros [estarán] fuera, y los hechiceros, los disolutos, y los
homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y hace mentira.

 16 Yo Jesus he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las
iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente, y
de la mañana.

 17 Y el Espíritu y la esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que
tiene sed, venga. Y el que quiere, tome del agua de la vida de balde.

 18 Porque yo protesto á cualquiera^ que oye las palabras de la profecía de
este libro: Si alguno añadiere á estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas
que están escritas en este libro.

 19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios
quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas
que están escritas en este libro.

 20 El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve.
Amen, sea así. Ven, Señor Jesus.

 21 La gracia de nuestro Señor Jesu-Cristo [sea] con todos vosotros. Amen.

FIN DEL NUEVO TESTAMENTO.





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