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Title: Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires
Author: García, Pedro Andrés, 1758-1833
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires" ***

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(This file was produced from images generously made
available by the Bibliothèque nationale de France
(BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr)



En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
texto. (la lista de errores corregidos sigue el texto.)

Las letras itálicas se muestran entre _subrayados_. Las letras en
negrita se muestran entre =signos igual=. Las versalitas (letras
mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) han sido sustituidas por
letras mayúsculas de tamaño normal.

(nota del transcriptor)



                                DIARIO
                                 DE UN
                       VIAGE A SALINAS GRANDES,
                                EN LOS
                    CAMPOS DEL SUD DE BUENOS AIRES,

                            POR EL CORONEL
                        D. PEDRO ANDRES GARCIA.

                           ----------------
                           Primera Edicion.
                           ----------------

                             BUENOS-AIRES.
                         IMPRENTA DEL ESTADO.
                                 1836.



                          DISCURSO PRELIMINAR
                                  AL
                           VIAGE A SALINAS.


Las _pampas_ de Buenos Aires tuvieron en otros tiempos sus caravanas
y romerias: no para visitar mosqueas, ni para hacer expiaciones, sino
para empresas lucrativas, que llenaban las arcas del erario y suplian
las necesidades públicas. Su objeto era proveer de sal á la poblacion,
extrayéndola de una gran laguna que yace al sud, en un parage que
estaba entonces en poder de los indios. Los vireyes, que dirigian
estas operaciones, tenian que solicitar de los caciques el permiso
de introducirse en su territorio, ofreciéndoles algun regalo para
amansarlos.

Estas negociaciones, que se renovaban cada año, eran una de las tareas
mas ingratas del gobierno de Buenos Aires; cuya autoridad desconocian
y ajaban esos indómitos moradores del desierto. Pero el Cabildo,
que contaba entre sus recursos el producto de la venta exclusiva
de la sal, se empeñaba en que no se desistiese de esta faena, à lo
que condescendia el gobierno por la oportunidad que le procuraba de
observar à los indios y de explorar su territorio.

Cuando se acercaba la época de estos viages, que solian emprenderse al
principiar el verano, se avisaba por bando el dia de la salida y el
punto de reunion para los que querian acompañarla. Este anuncio ponia
en movimiento à la campaña, cuyos habitantes concurrian gustosos con
sus carros y peones, no solo por su utilidad sino para procurarse una
diversion. Estas expediciones ofrecian un espectàculo imponente, por
el òrden con que un numeroso convoy de carruages y ginetes desfilaba en
aquellas vastas soledades, que se animaban con su presencia.

La que se efectuò en 1778, en tiempo del virey Vertiz, constaba de 600
carretas, aperadas con 12,000 bueyes y 2,600 caballos, y asistidas por
cerca de 1,000 hombres, bajo la escolta de 400 soldados al mando de un
Maestre de Campo. Este aparato de fuerza era el mejor arbitrio para
contener á los indios, naturalmente inclinados à los acometimientos y
al robo: y la falta de medios de represion expuso al autor del presente
diario à grandes peligros, de que solo pudo librarle su entereza.

La perplexidad que debia inspirarle lo azaroso de su posicion, y la
especie de sitio en que lo tenian los indios, no le impidieron de
someter à una diligente investigacion sus costumbres salvages, y el
hermoso pais que habitaban: de todo habla con acierto, y estos detalles
amenizan la narracion y hacen sumamente interesante su lectura. Las mas
pequeñas incidentes de la ruta, todos los pormenores de sus entrevistas
con los caciques, estàn relatados con un noble y apreciable candor. La
exageracion y la mentira, que comunmente forman el principal caudal de
un viagero, no han manchado sus páginas, que à falta de otro mérito, se
recomendarian por la verdad con que estàn escritas.

Por estos arbitrios ha llegado el autor á dar á su diario una
importancia que nunca tuvieron los de sus predecesores, ceñidos à
llevar la cuenta material de los dias que gastaban y de las leguas que
recorrian, en un terreno mas ò menos cubierto de bosques ó lagunas.

Al desempeño de esta comision agregò el gobierno otra de mayor interes
para la provincia, y cuyo plan se halla trazado en el primer oficio
de la _Junta Gubernativa_ que hemos publicado. Se trataba de formar
una estadística de los pueblos de la campaña, y de proyectar una
nueva línea de frontera para garantir los vecinos y asegurar sus
propiedades. Causa ciertamente sorpresa el que, en el corto intérvalo
de 17 meses, en que se complicaron los trabajos de la expedicion à
Salinas, pudiese el Coronel Garcia adquirir tantos datos para contestar
las preguntas del gobierno, y desenvolver en muy pocos renglones
todas sus ideas:--ideas originales, realzadas por un estilo fluido y
brillante, en que se exhala una alma jóven, una imaginacion ardiente,
un fondo de esperanzas, que es muy raro que domìnen à una razon madura
en una edad provecta.

Esta memoria, fruto de ímprobos trabajos y de largas meditaciones,
quedó envuelta en el caos de los proyectos que en distintas épocas
habian sido enviados à los gobernadores y vireyes, mucho mas solícitos
en pedirlos que en realizarlos. Sobre el mismo tema escribieron Pavon,
Euia, Ruiz, Villarino, Baygorri, Sá y Farias, los dos Viedma y el mismo
Azara; sin que se hubiese dictado una sola medida para poner, cuando
menos, à los pueblos de la campaña al cubierto de las incursiones de
los bárbaros. Este cargo es injustificable, porque mantuvo al paìs en
la vergonzosa dependencia de los indios, cuando pudo haberlos anonadado.

No hà mucho que plantaban sus tolderias en las orillas del Salado, de
donde amagaban hasta la misma capital. ¡Cuan distinta es su suerte
actual! Rechazados por todas partes, tienen que dispersarse en el
desierto, ò buscar un abrigo en las fragosidades de la Cordillera,
abandonando para siempre esos campos que no podian transitarse sin
peligro, y donde las poblaciones se establecen ahora à la sombra del
pavellon argentino que flamea triunfante en las márgenes del Rio Negro
y del Colorado.

          _Buenos Aires, Noviembre de 1836._

                              =PEDRO DE ANGELIS.=



                         OFICIOS DEL GOBIERNO.


                                  I.

           _La Junta superior gubernativa de Buenos-Aires._

La necesidad de arreglar las fortificaciones de nuestra frontera, y
la influencia que debe tener este arreglo en la felicidad general que
ocupa los desvelos de esta Junta, la han movido á conferir á V. S. la
importante comision de visitar todos los fuertes de nuestra frontera,
averiguar su estado actual, y proponer los medios de su mejora, tanto
por las variaciones que convengan en su situacion, cuanto por las
reformas que deban adoptarse en el sistema de su servicio: averiguar
al mismo tiempo el estado de las poblaciones y ganados, los medios de
reunirlas en pueblos, la legitimidad con que se ocupan los terrenos
realengos, con todos los demas ramos anexos à la policía y mejora de
nuestros campos: manifestando igualmente, si los pueblos de la campaña
tienen égidos, y como se les podrán proporcionar arbitrando: como se
podrán dar los terrenos realengos con utilidad de la real hacienda, y
sin las trabas que hasta ahora se han usado, con todo lo demas que le
parezca á V. S. conducente á la mejora y felicidad de nuestras campañas.

En esta virtud espera la Junta se ponga V. S. en marcha inmediatamente
para el logro de tan importante objeto; llevando en su compañia dos
oficiales de su entera confianza, y consagrando este servicio mas al
Rey y à la Patria. En inteligencia, que las reformas de fácil egecucion
las comunicará desde aquellos mismos destinos, para que, con aprobacion
de la Junta, sea V. S. mismo el egecutor de ellas.

Dios guarde á V. S. muchos años. Buenos Aires, 15 de Junio de 1810.

                              CORNELIO DE SAAVEDRA.
                              DR. MARIANO MORENO, _Secretario_.

          Sr. Coronel D. Pedro Andres Garcia.


                                  II.

Habiendo determinado esta Junta, de conformidad á propuesta del Exmo.
Cabildo, se verifique en este año la acostumbrada expedicion á Salinas,
y publicádose el bando, para su notoriedad, con designacion del dia 4
de Octubre próximo para su salida de Palantelem, ha nombrado á V. S.
por comandante de ella: previniéndose con esta fecha al de la frontera
el apronto de 50 milicianos armados, á sueldo, que deben escoltarla.
Y lo aviso á V. S. con acuerdo de la misma Junta, para que en su
inteligencia, y de haber nombrado dicho Cabildo por diputados á los
regidores D. Manuel José de Ocampo y D. Andres Dominguez, se presente
V. S. en esta capital sin demora, á tratar con ellos el punto de
auxilios que le son peculiares, y recibir las últimas órdenes de esta
Superioridad.

Dios guarde á V. S. muchos años. Buenos Aires, 6 de Setiembre de 1810.

                              CORNELIO DE SAAVEDRA.
                              DR. MARIANO MORENO, _Secretario_.

          Sr. Coronel D. Pedro Andres Garcia.



EXCELENTISIMO SEÑOR:


La memoria que tengo el honor de presentar à V. E. es un homenaje
debido à la autoridad, y una manifestacion de mi amor y respeto à la
patria. V. E. se ha servido confiarme el arreglo de estas campañas,
formacion de pueblos, mejora de los ya formados, establecimientos de
guardias fronterizas en donde convengan, y el fomento de todos los
ramos de policìa rural. Este es el encargo mas honroso que ha podido
hacerse jamas á un ciudadano: de su acertado desempeño pende la
prosperidad de la agricultura y de la poblacion, el poder y la riqueza
de la sociedad.

Es verdad que no corresponde á las fuerzas de uno solo, sino à los
esfuerzos de muchas generaciones, el llevar á cabo una obra de
tamaña grandeza. Hay escollos que evitar, peligros que arrostrar y
dificultades que vencer: pero todo desaparece cuando se nos presente la
perspectiva risueña de la felicidad pública. Mil pueblos florecientes,
en medio de los campos ahora desiertos, serán un monumento mas glorioso
que cuantos ha levantado la vanidad de los conquistadores. Millares de
familias contentas, y rodeadas de la abundancia, entonarán himnos mas
honrosos al gobierno que las afamadas producciones de poetas aduladores.

¡Plugiese al cielo que el tiempo que me resta en la tarde de mi
vida, fuese un sacrificio útil á un pais que me alimenta desde mi
primera juventud, y que me ha dado cuanto es capaz de hacer amable su
existencia á un mortal! Si una fatalidad inevitable, ó si la escasez
de mis luces, no me permite esta honra, yo me consolarè á lo menos
con haber hecho lo posible, y con manifestar á V. E. en el lenguage
de la verdad los males que pesan sobre nuestras campañas, la urgente
necesidad de remediarlos, los medios de hacerlo, y cuantos bienes
pueden resultarnos.

La feracidad de este suelo afortunado, las ventajas que ofrece su
situacion geogràfica, y la reunion de todo cuanto puede lisonjear los
deseos naturales del hombre, parecen que destinaban à Buenos Aires
para ser una de las primeras ciudades del Nuevo Mundo: pero contra el
órden de la naturaleza la hemos visto casi en nuestros dias desfallecer
en la miseria, y entrar apenas en el rango de las ciudades subalternas.

La lucida expedicion que trajo Mendoza, desapareciò luego, ya por
las luchas sangrientas con los Querandìs, ya por la penuria de
bastimenos, ya en fin porque se vió frustrado el principal objeto de su
establecimiento, esto es, la facil comunicacion con las provincias y
riquezas del Perú.

Sin embargo de que una benda espesa cegaba á todas las naciones
europeas en el siglo XVI sobre sus verdaderos intereses, no dejò
de traslucir el adelantado Torres de Vera cuan interesante era
la poblacion de Buenos Aires, y ordenó luego á Juan de Garay la
reedificase à toda costa, como lo verificò el año de 1575. A la muerte
de este hombre digno de memoria, quedaron los pobladores dueños de
grandes terrenos, cuya fertilidad podria haberlos colmado de abundancia
y felicidad, si el gobierno hubiera sabido adoptar el sistema que
convenia à sus verdaderos intereses. La adquisicion de encomiendas y de
nuevos terrenos entretuvo la ambicion en los primeros años, y fomentó
una guerra con los naturales, que se ha perpetuado hasta nuestros dias.

Las tentativas de varias naciones europeas, principalmente las
pretensiones de Portugal, hicieron conocer á la España que era forzoso
velar mas cuidadosamente sobre la conservacion de estos paises,
mantener tropas en Buenos Aires y fomentar esta colónia. Pero al mismo
tiempo la codicia de los monopolistas y la ignorancia de la ciencia
económica habian cortado los canales de la circulacion. Esta ciudad
se viò reducida à los consumos de su guarnicion, y à la miserable
exportacion de algun navìo que mandaba Cadiz con licencias eventuales;
ó bien á las utilidades de los ganados que transportaba al Perù, y á
las de un contrabando mezquino à que incitaba el comercio esclusivo de
Lima en las provincias altas.

En el espacio de dos siglos habìanse estendido las familias por estas
inmensas llanuras, y, dedicadas à una vida pastoril, se establecian
sin òrden en los campos, y, como los hijos de Noé, iban propagándose
con sus rebaños por un mundo desierto. Aislados los hombres en sus
haciendas, no se reunian sino cuando lo exigia la religion, ó lo
ordenaba la necesidad de la comun defensa. Era forzoso, pues, que
reducidos á este género de vida, adquiriesen unas costumbres salvages,
y que, desconociendo las necesidades del hombre civivilizado, se
resintiesen de la indolencia é ignorancia de sus bàrbaros vecinos:--que
la agricultura estuviese en el peor estado y la provincia en la miseria.

El buen rey D. Carlos III, rompiendo las antiguas trabas, dió mas
libertad al comercio nacional, erigió à esta ciudad en capital de un
vireinato, abriò el comercio con el Perú, con los puertos habilitados
de la penìnsula, las colonias españolas y extrangeras. La atraccion
de capital y los preciosos frutos que el comercio amontonó en ella
de las provincias interiores, la hicieron prosperar con rapidez tan
extraordinaria, que en pocos años empieza ya à competir con las mas
florecientes de la América.

Mas si desde las elevadas torres de la ciudad echamos una ojeada sobre
las campiñas que la rodean, será preciso confesar que su opulencia no
es debida á la perfeccion de la agricultura, ni à los esfuerzos de la
industria. En ella veremos un retrato de la ciudad de Idomeneo que nos
describe el sabio Fenelon. Su grandeza y esplendor son efimeros, porque
no estriban en la tierra, la única capaz de consolidar la felicidad de
un estado.

La revolucion que ha causado naturalmente en la Amèrica el trastorno
general de Europa, vá á poner sus provincias en estado de desplegar
cada una las riquezas de su respectivo suelo. ¿Y què será de la
nuestra, si dejamos en abandono nuestros campos, único tesoro que
nos ha dado la Providencia? Es preciso, pues, que nos apresuremos à
ponerlos en aptitud de prosperar, ò que desde ahora consintamos en
volver á un estado de languidez y decadencia.

Si miramos atentamente el estado de nuestras campañas, advertiremos
luego, que las estancias y chàcras se hallan mescladas al presente:
que un desorden general ha confundido las propiedades, y dado lugar
à que el propietario esté siempre amenazado de las agresiones de
sus vecinos, ó destruido con pleitos interminables. Los ganados del
hacendado talan las sementeras del labrador, y las diligencias de
este dispersan aquellos. Hay una multitud de familias establecidas
en terrenos realengos que ocupan à su arbìtrio, ó bien en los que
arriendan por un infimo precio. Estas familias se dicen labradoras
por que envuelven en la tierra una ò dos fanegas de trigo al año; y
son en la realidad la polilla de los labradores honrados y de los
hacendados á cuyas espensas se mantienen.--He aqui la exacta relacion
que hace de su modo de vivir un vecino de estas mismas campañas.
"Empiezan, dice, estos agricultores honorarios à arar por mayo, y
concluyen en julio y aun agosto. ¿Y què comen en este tiempo estos
hombres sin recursos?--Díganlo nuestros ganados. ¿Con qué alimentan
sus vicios?--Con los productos de aquellos. ¿Y cual es el resultado
de una operacion de cuatro meses?--Haber arañado la tierra, que por
mal cultivada, no produce ni aun el preciso necesario de una familia
industriosa. Siembran, en fin, porque un vecino les prestó la semilla,
y el dia de la sementera hay bulla, embriaguez, puñaladas, &c."

"Estas sementeras en muchas partes deben cercarse; y para esto se
unen algunos, y clavan en tierra cuatro palitroques, que, ayudados de
torzales que hacen de la piel de nuestros toros, forman una barrera
incapaz de resistir la embestida de un carnero. Resguardadas así sus
mieses, las cuidan sus mugeres por el dia, y ellos por la noche.
Persiguen los ganados vecinos, los espantan, los hieren, y obligan al
hacendado à trabajar un mes, para reunir lo que un labrador de estos
le dispersò en una noche. Destruyen nuestros caballos, pues en ellos
hacen sus correrias nocturnas. En este órden continuan hasta el preciso
tiempo de la siega, en que son mas perjudiciales que nunca."

"Llega enero, y cruza por la campaña un enjambre de pulperias, llevando
consigo el pàbulo de todos los vicios; sus dueños los fomentan para
egercitar la usura: ponen juegos, donde los labradores de esta clase
reciben cualquiera dinero por sus trigos: venden à precios ínfimos sus
cosechas, y el campesino honrado, que por sus cortos fondos necesita
adelantamientos, se vé forzado á malbaratar por necesidad los que
aquellos por sus vicios: siendo el resultado, verse sin granos, y
tal vez empeñados al fin de la cosecha. Estos se llaman labradores,
porque siembran todos los años, siendo en realidad vagos, mucho mas
perjudiciales que aquellos que por no tener ocupacion llamamos tales."

Me he detenido particularmente en detallar las ocupaciones y costumbres
de estas gentes, porque ellas forman una porcion muy considerable
de nuestra poblacion rural. En el curato de Moron, que está casi
á las puertas de la ciudad, se cuentan 622 familias, y acaso una
tercera parte de ellas puede entrar en la clase de estos perniciosos
labradores: y así de los demas partidos. ¿Y què podremos esperar de
unos hombres acostumbrados desde su infancia á los vicios y á la mas
destructora holgazaneria?--El labrador honrado y el útil hacendado
no podrán prosperar mientras estén rodeados de semejantes enemigos.
Las mas sábias leyes, las medidas mas rigorosas de la policía, no
obrarán jamas sobre una poblacion esparcida en campos inmensos, y sobre
unas familias que pueden mudar su domicilio con la misma facilidad
que los árabes ò los pampas. Es pues indispensable transformar estos
hombres en ciudadanos virtuosos, aplicados è industriosos. Yo tengo
la satisfaccion de hablar con un gobierno que sabe bien que estos
prodigios los hace frecuentemente la política, y por eso, sin detenerme
un instante, voy á proponer las medidas que me parecen mas urgentes y
necesarias. Estas se reducen á cuatro:--Primera, mensura exacta de las
tierras. Segunda, division y repartimiento de ellas. Tercera, formacion
de pequeñas poblaciones. Cuarta, seguridad de las fronteras, y líneas
adonde deban fijarse.

Las mensuras generales de la campaña deben partir, á mi juicio, desde
la plaza misma de la Victoria, siguiendo, para evitar perjuicios, el
órden establecido por D. Juan de Garay. Para esta operacion deben
elegirse sugetos que, á demas de los conocimientos cientificos,
estén adornados de una integridad á toda prueba. Ellos han de ser
infatigables, hasta que perfeccionen un plano topográfico, que señale
exactamente los territorios de cada partido, sus limites y haciendas en
él comprendidas: sus pueblos é iglesias, sus pastos comunes, aguadas y
égidos, con una razon estadística la mas prolija.

Esta operacion bien desempeñada aclarará luego las respectivas
propiedades, pondrá al gobierno en estado de conocer cuales son las
tierras realengas, qué extension ocupa su dueño, y á qué destina su
propiedad. Este será el documento solemne que asegure el patrimonio de
nuestra comun familia: sobre este plano es que V. E. vá á plantear la
grandeza y poder de la república. Así Numa sobre los campos incultos
del Lacio dictó las leyes que hicieron de Roma la cabeza del mundo y el
modelo de los imperios.

Conocido perfectamente el terreno, es necesario que se proceda á
su division y repartimiento: esto es, á señalar las tierras que se
destinan á la labranza y las que deben servir para la cria de ganados.
Mientras la poblacion de nuestra provincia y la perfeccion de nuestra
agricultura, no hayan hecho variar completamente el estado de las
cosas, siempre ha de ser forzoso mantener las estancias y fomentar la
cria de ganados en los términos que hasta aquí. Tiempo vendrá en que
sobre una legua cuadrada se mantenga mas ganado que hoy sobre tres;
que su cria sea menos espuesta y mas lucrosa. Pero mientras tanto no
podemos menos que dejar este ramo, tan principal de nuestra riqueza, á
merced de la suerte, y que su subsistencia sea tan incierta como la de
los pastos en unos campos escasos de aguas. Mas para que estè menos
aventurada, necesitan siempre los hacendados poseer grandes terrenos en
que puedan estenderse libremente los ganados, con menos peligro de que
se agoten las aguas, ni se consuman los pastos tan facilmente.

Segun este principio, las tierras mas inmediatas á la ciudad seran las
destinadas á la agricultura esclusivamente, y luego las que rodean los
pueblos que se plantifiquen. No se permitirá en ellos estancia alguna,
ni se criará en ellas mas ganado mayor que el que los labradores
necesitan para sus trabajos, ó puedan guardar y mantener á pastoreo
en sus campos y los comunes, con el auxilio de prados artificiales y
sus cosechas de yerba, que, con la paja y el grano, repondrán para
asegurarlos de las intemperies del invierno y sus arideces, de modo que
jamas nos falten para las labranzas y acarreos, como ahora sucede.

Designado el lugar que se juzgue á propósito para poblacion, deben
deslindarse y señalarse luego los sitios para las casas; de modo que
cada uno pueda tener un huerto, corral y habitacion desahogada. Estas
formarán ò contendrán una plaza, de la que arrancarán ocho calles
espaciosas en la primera cuadra de sus respectivos frentes; y en las
segundas, que contendrán cien varas cada una: se señalará asimismo el
lugar para la iglesia, el cementerio, el hospital y la cárcel. Desde
el centro mismo de la plaza de cada pueblo partirán las mensuras de
las suertes de tierra de labor de su pertenencia: ordenando de tal
modo las cosas, que este punto sea cierto, y la mojonera comun de su
vecindario. En cada pueblo ha de dejarse sitio, no solo para las casas
de los labradores, sino tambien para las familias industriosas que
sucesivamente han de ir estableciéndose en ellos, como necesarias.

Demarcado el pueblo, y divididas las suertes de tierras, es necesario
llamar los pobladores. Como han de ser estos los vecinos esparcidos
por la campaña, creo oportuno se dividan en tres clases: primera, de
propietarios; segunda, de arrendadores capaces de hacer los gastos
primitivos de la labranza; tercera, la de los que no tienen facultades
para ello, cuyas nociones suministrará desde luego la razon estadística
de que hablé al principio.

Una ley general debe obligar á todos los habitantes de la segunda
y tercera clase de la comarca á formar su habitacion en el pueblo
inmediato que se halla demarcado. Esto, es verdad, que parecerá duro á
muchos de nuestros campestres, y aun algunos que presumen de filósofos
lo creerán contrario á la libertad del hombre: pero si se reflexiona
sobre ello ligeramente, pienso que no habrá un sensato que no convenga
en la necesidad de esta medida. Sin reducir las familias á poblacion,
sucederá que no tocándose sus intereses sino en los poquísimos puntos
que forman sus precisas necesidades, al menor movimiento quedarán
separados y el cuerpo social destruido. El hombre aislado y reducido
á sí mismo se hace salvage y feroz, huye de todo trabajo que no sea
el que necesita para buscar su alimento, y no acostumbrado á obedecer
ni á sufrir dependencia, prefiere siempre los medios de violencia á
los de dulzura, cuando pretende: y asi mas presto roba que pide. Se
hace duro é insensible, y como está concentrado en sí, no es capaz de
espiritu público, ni los resortes de la politica pueden obrar sobre él.
Es preciso, pues, que el gobierno ponga los principios de adhesion que
estas partes separadas necesitan, para formar una masa solida y capaz
de resistencia. ¿Y como podrá hacerlo, sino acercando los hombres unos
á otros, y acostumbrándolos á ocurrir mutuamente á sus necesidades,
poniendo en movimiento los deseos de gozar y sobresalir, de que
inmediatamente proceden la emulacion y aplicacion que hacen florecer la
agricultura, la industria y las costumbres?

Si las poblaciones facilitan estas ventajas, el comercio adquiere
por ellas muchos grados de velocidad en sus cambios, cuya repeticion
y utilidades refluyen tambien en los progresos de aquellos. La
combinacion de estos principios elementales de la felicidad pública,
acercará el tiempo en que se vean ocupadas las tierras por tantos
propietarios cuantos ellas admiten. Y entonces ¿podrá alguno calcular
el grado de poder y de fuerza verdadera que tendria el estado?

Los labradores, endurecidos con las intemperies, acostumbrados à una
vida sencilla y frugal, noblemente orgullosos con el sentimiento de
su propia fuerza, independientes de su propiedad, de la que sacan su
subsistencia y su fortuna, serán los verdaderos ciudadanos, que no
necesiten mendigar su mantenimiento del estado, ni venderse bajamente
á todo el que pueda darles un empleo ó proporcionarles una renta. Su
tierra, su hogar, su pueblo--he aquí los ídolos del labrador: en ellos
verá la herencia de sus padres, la tumba de sus mayores y la cuna de
sus hijos. Amarán siempre las leyes y el gobierno que le conserven
objetos tan queridos. El nombre de pátria se los recordará, y al primer
riesgo serán sus defensores, tan valientes como incorruptibles. En
una palabra, formar poblaciones, y fomentar en ellas la agricultura
y la industria, es formar una patria á hombres que no la tienen.
Esto manifiesta bien si está esencialmente unida la existencia del
estado al establecimiento de pueblos y leyes agrarias, que son
indispensables para su prosperidad. Pero si la triste condicion
humana obliga al gobierno à usar de su autoridad para impeler á los
hombres hácia su propio bien aun antes que la experiencia se lo haga
gustar, puede dulcificarse esta medida con el incentivo del interes
y de la propiedad. Las poblaciones han de hacerse ó sobre tierras de
algun propietario, ó sobre las realengas. En el primer caso, debe el
gobierno comprar á justa tasacion los sitios que se destinen para la
traza del pueblo, y darlos en propiedad á los labradores que hayan
de establecerse en las suertes de tierra demarcadas; brindando con
igual presente á los demas artesanos y gentes de industria que quieran
poblarse. Mas afin de que el estimulo al trabajo sea mayor, no se
conferirá el titulo de propiedad á ninguno hasta que haya formado su
casa, y cercándola del mejor modo que le sea posible; para lo cual se
les señalará un término correspondiente. Aunque no puedan desde luego
darse las suertes de tierra en propiedad, esto puede suplirse ya por
las leyes que favorescan á los arrenderos, asegurándoles el goce de
cuanto mejoren y trabajen en su hacienda, ya premiando con auxilios á
los que mas sobresalgan en la aplicacion, para que puedan comprarla á
su dueño, quien nunca podrá negarse á ello, ni valerse de la necesidad
para sacrificar al labrador. Pues la ley, que hace sagrado su derecho
de propiedad, sostiene á aquel contra las agresiones de la codicia.

Ni creo deba temerse que los propietarios se resientan de unas
providencias que, bien lejos de perjudicarlos, van á dar á sus
haciendas un valor que ahora no tienen, y que crecerá progresivamente
en razon de las medidas mismas con que el gobierno esfuerce la
aplicacion de los colonos.

Nace con el hombre el deseo de dominar y poseer: tarda mas el
conocimiento de los medios que pueden estender la esfera de estas
inclinaciones; mas una vez conocidos, se decide y los abraza con toda
la ansiedad de las pasiones. Nada creo que será mas fácil, que hacer
conocer á nuestros propietarios todas las ventajas que van á conseguir
del establecimiento de colonos en sus campos, bajo un sistema como el
presente: de manera que, tan lejos de oponerse á estas determinaciones,
pretenderán con empeño la preferencia de sus tierras para pueblos.

En las tierras baldías no tendremos estas dificultades, y el gobierno
presentará un aliciente mas poderoso, con la donacion de las suertes
de tierra á los que llame á poblarlas: sacando al mismo tiempo todo el
partido que le ofrece esta circunstancia para acelerar los progresos de
la poblacion y la labranza.

Establecidos los colonos, una policía sabia asegurará las propiedades,
destruirá los vagos, perseguirá los delincuentes, romperá las trabas
y pondrá en posesion tranquila de la libertad á todos los ciudadanos
virtuosos. Pero los dos grandes objetos á que deben dirigirse luego
los esfuerzos, son á la introduccion de la moderna agricultura, y á la
atraccion de colonos de todo el mundo, si es posible: ambos objetos
son vastos, necesitan de tantas y tan acertadas operaciones, de tantos
fondos, en fin de tanto saber y patriotismo, que se hace indispensable
establecer para desempeñarlos una junta de mejoras, ó llámese sociedad
patriótica, que vele noche y dia sobre asuntos tan interesantes,
siempre protegida con toda la fuerza del gobierno.

Yo creo que la sociedad podria escoger por modelo á la famosa de
Dublin, que tiene la gloria de haber sido la primera que hizo conocer
todo el precio de los bienes de la tierra en Inglaterra. Los notables
del reino se empeñaron, con toda la fogosidad de su carácter, en
adelantar los progresos de la agricultura, hicieron un negocio propio
á alentar è instruir al pueblo en este ramo, consagraron á este
objeto su supérfluo, destinado antes al lujo y á los vicios. Ellos
mismos instruyen, solicitan y hacen dictar al gobierno cuantas leyes
económicas aconseja necesarias la experiencia; y este espíritu,
difundido por toda la nacion, ha llevado al mas alto grado de
perfeccion la agricultura en Inglaterra.

Un movimiento semejante es el que debe dar el gobierno á la opinion de
nuestros ciudadanos, que se resienten de los errores que, adoptados
generalmente, han dirigido el sistema politico de los estados europeos
desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. Es forzoso que se convenzan
todos de que, como dice un sabio, el oro liquidado por el ardiente
soplo de la humanidad entera, cuela y se huye de entre la criba de
naciones ociosas que lo reciben de primera mano: que cuando se detiene,
no es mas que un metal de inutil peso; que jamas es riqueza, ni la
representa si no por medio de la circulacion; que no circula sino hácia
los lugares que producen cosas útiles á las necesidades humanas; que no
puede aumentarse en un pais si no en razon del producto líquido que se
saca de sus riquezas renacientes, y de la industria que las prepara y
acomoda á los usos de la vida.

Que los sabios, los literatos, los celosos patriotas empleen los
encantos de la elocuencia, la fuerza irresistible del raciocinio y de
la conviccion, para presentarnos á la agricultura como ella es en sí.
Que los magistrados vean allí la conservadora de las sanas costumbres,
de la inocencia y de la libertad; los propietarios, la regeneracion
eterna de sus riquezas; el comercio, sus almacenes; los pueblos, su
subsistencia; los hombres en fin, la nodriza comun que los conduzca á
fraternizar y participar juntos de sus dones.

Si estos principios, autorizados por un gobierno paternal, se difunden
y vulgarizan, no es posible que dejen de electrizar á un pueblo que no
perdona sacrificio cuando lo considera útil á su patria. Ya me parece
que lo veo correr al fomento de la agricultura y de la industria, con
el mismo entusiasmo con que ha volado siempre á ofrecer sus bienes y á
sacrificar su vida por la seguridad comun. Veo que en cada departamento
se forman sociedades patrióticas, que llevan al seno de los campos las
luces y los socorros á los desvalidos labradores: que los instruyen,
no por medio de vanas teorías, sino con egemplos prácticos; que los
estimulan con los premios, con las distinciones y con los honores. Que
otros Triptolemos forman nuevos instrumentos de labranza, y enseñan
su uso á los aplicados agricultores: que hacen brotar una multitud de
plantas hasta ahora desconocidas; que mejoran las poblaciones, que
plantifican la industria en ellas y proporcionan la educacion civil
y cristiana de las generaciones reproducidas. Que arrancan del seno
de la ciudad multitud de familias que hoy vegetan ociosamente, y las
establecen con utilidad en la campaña: que hacen derramar en ella mucha
parte de los tesoros que ahora se estancan ó se guardan para animar
la industria del estrangero: que atraen, en fin, de todas partes la
poblacion, la abundancia y la felicidad.

A las sociedades, à los hombres de verdadero patriotismo, toca el
cuidado de inspeccionar los detalles, proponer los proyectos útiles
y dirigir las operaciones. El gobierno, no dando acceso jamas á ese
espiritu entremetido que se mescla en los intereses particulares de
los subditos bajo el pretexto del bien publico, debe proteger solo los
esfuerzos con la sabiduria de las leyes que proporcionen al labrador
el espéndio de sus frutos con comodidad, y con una ganancia módica,
pero pronta y segura. Para ello es necesario facilitarles mercados
inmediatos, en donde la concurrencia de compradores sea la que dé
precio á sus frutos, y proporcione los contratos útiles á la clase
agricultora y comerciante. En vano se derramarian tesoros en los
campos, en vano se establecerian familias labradoras y se formarian
leyes: todo permaneceria en la inercia, si la utilidad no siguiese de
inmediato á los trabajos. El comercio es el vehículo que introduce con
sus ganancias la fecundidad y la vida en todas las clases laboriosas
del estado, pero él no puede prosperar sino obrando en libertad.

Supuesta la libre exportacion al exterior de todo cuanto la tierra
produzca ó la industria prepare, para fomentar el comercio interior
son muy necesarias las poblaciones, porque allí encuentra el traficante
reunidos los granos y los frutos de muchos labradores, cuyos diversos
intereses le proporcionan ventajas importantes, y se le disminuyen las
demoras y los costos, que le ocasionaria la necesidad de vagar por
las habitaciones dispersas de la campaña para vender y comprar. Los
labradores, al mismo tiempo, con las noticias que adquieren en el trato
y sociedad, saben apreciar sus granos, y no malbaratarlos ó perder
ventas oportunas por ignorancia. Se ahorran los gastos de la conduccion
y los riesgos que corren en su transporte á largas distancias, como
tambien el tiempo que en ello pierden y los perjuicios que nacen de la
ausencia de sus campos.

Nadie ignora que la principal ventaja de la libertad del cultivo y
del comercio de sus producciones, está en facilitar los cambios, sin
los cuales los frutos no pueden tener su precio: de donde se infiere
la necesidad de abrir la salida y facilitar los transportes y caminos
al comercio. Todos los frutos que se ofrecen en concurrencia al
consumo estan cargados precisamente con los gastos de produccion y
transporte: estos últimos no tienen otra base que el mismo articulo, y
por consiguiente los gastos de transporte cargan sobre la produccion.
Asi, pues, para que nuestros frutos se presenten mas ventajosamente
á la concurrencia, es preciso disminuir, cuanto sea posible, los de
conduccion.

De estos principios se deriva naturalmente la necesidad de mejorar
los caminos, de facilitar la navegacion y de construir canales: pero
mientras llega el tiempo en que el estado pueda emprender estas grandes
obras, juzgo que son indispensables dos providencias. La primera, que
facilite y fomente las máquinas que reducen el volumen de los frutos, y
dejando la utilidad de la manufactura entre las familias industriosas,
minoran los gastos de su transporte. La segunda, es la que mira á
perfeccionar las máquinas que se emplean en las mismas conducciones,
haciéndolas de forma que, admitiendo mas carga, necesiten menos fuerzas
y esten menos espuestas á romperse ó desbaratarse.

Las medidas hasta aquí indicadas como necesarias, serian inutilizadas
en gran manera si no se atendiese inmediatamente, casi como objeto
primordial, á la seguridad de las fronteras de indios infieles; de
modo que el habitante de los campos no tema ver destrozadas sus
posesiones por las invasiones inesperadas de un enemigo feroz, y pueda
sin recelo entregarse á los útiles trabajos de su profesion:--á este
objeto se dirige inmediatamente la medida de adelantar las fronteras.
Pocos son los que conocen en toda su estension la importancia de esta
obra, porque no hay muchos que se detengan á considerar los intereses
verdaderos del país. Asegurar para siempre nuestros campos de las
incursiones devastadoras de sus bárbaros vecinos, hacer de ellos una
misma familia con nosotros, estender nuestras poblaciones hasta las
faldas de la cordillera famosa de Chile, formar provincias ricas en
las producciones de los tres reinos de la naturaleza, y dar un vuelo
rápido á nuestro comercio, á nuestra industria, á nuestra agricultura,
que lleven luego la opulencia á nuestra afortunada patria: hacernos
verdaderamente independientes de las provincias del continente
americano y de la Europa, por la posesion de las primeras riquezas de
las naciones--he aquí los grandes objetos que se propuso este gobierno
cuando me confió la comision del arreglo de fronteras.

Echemos un velo sobre los errores que han ahogado por el espacio de
tres siglos los grandes y preciosos frutos de una sabia y bien dirigida
economia: convenzámonos solamente de nuestro estado presente, y de
la necesidad de buscar entre nosotros las fuentes del poder y de la
prosperidad, para no ser mañana miserables, débiles y pupilos quiza
de nuestros mismos compañeros. Grabada esta verdad en nuestro seno,
marchemos denodadamente hácia el objeto, si es que aspiramos á la
gloria de restauradores de la patria.

Aquellos que, cuando se trata de los primeros intereses del estado,
ciñen sus miras á pocos años, ó adoptan á medias y temblando las
medidas grandiosas que han de establecer la felicidad de las
generaciones:--los que proceden sin un plan determinado, que,
empezándose á plantificar por ellos, haya de proseguirse constantemente
por los que les sucedan: estos hombres pusilanimes y mezquinos hacen
mas daños al estado, que los atrevidos que proyectan en grande, aun
cuando yerran en sus cálculos.

Errado fué, y muy dañoso á la humanidad, el deseo de conquistar los
indios salvages á la bayoneta, y de hacerlos entrar en las privaciones
de la sociedad, sin haberles formado necesidades, ni inspirado el gusto
de nuestras comodidades. Este plano, repito, sostenido con teson,
imposibilitaria quizá la civilizacion de aquellos hombres, pero no
expondria el estado á tantos males, como un sistema contrario, adoptado
á medias y mal conducido.

Así el inveterado concierto hóstil, sostenido por nuestros mayores
contra la tribus de los Pampas, hacia imposible su reduccion: pero al
menos establecia una barrera entre ellos y nuestros campestres que los
tenia siempre en alarma, y á los indios, cuidadosos por el estado de
guerra en que estabamos sin cesar. Desde el año de 89 se cambiaron
felizmente las ideas, y proyectó el gobierno atraer por el comercio y
buen trato á estos hombres feroces: pero, no habiendose establecido un
plan tan vasto como el objeto, ha sucedido que las fronteras se hallan
desarmadas; que muchos de nuestros campestres, cuyas costumbres, como
hemos dicho, no distan muchos grados de las de los salvages, se han
familiarizado con ellos, y atraidos por el deseo de vivir á sus anchas;
ó bien temerosos del castigo de sus delitos, se domicilian gustosamente
entre los indios. Estos transfugas, cuyos número es muy considerable
y crece incesantemente, les instruyen en el uso de nuestras armas, é
incitan á que ejecuten robos y se atrevan á hacer correrias en nuestras
haciendas. ¡Cuanto no debemos temer de estos indios, acaudillados y
dirigidos por nuestros mismos soldados!

Se presenta esta empresa con no pocas dificultades; pero entiendo que
á la distancia tienen las cosas diverso aspecto que observadas de
cerca. Todo está á nuestros alcances si empeñamos la constancia en el
trabajo, y estudiamos la moderacion y prudencia con que debemos acordar
y convenir con los indios salvages, para obtener la posesion de los
terrenos á que aspiramos, y establecer unas relaciones que los tengan
en necesidad de nuestro trato, los aficionen á la sociedad, y quizá en
la segunda generacion formen con nosotros una sola familia, por los
enlaces de la sangre. Este debe ser el fruto de nuestras tareas, si la
comision se maneja con destreza por un gefe que sepa hacer servir á las
miras políticas del estado las numerosas tribus que infestan hoy esas
inmensas campañas.

Las guardias de fronteras que tenemos, son ya casi totalmente inútiles;
porque están las mas en el centro de las poblaciones, por su estado
ruinoso, por falta de armas y soldados, y porque no pueden ofender ni
defenderse si son atacados: de modo que, las haciendas y poblaciones
avanzadas al enemigo, de 20 hasta 60 leguas al sud, estan francas y sin
reparo alguno.

En la estrecha faja que forman los rios Paraná y Salado, no caben las
poblaciones de nuestro labradores y hacendados. Se han visto precisadas
las familias, contra lo estipulado en las paces celebradas con los
Pampas, á pasar los límites del rio Salado: lo que deberia mirarse por
aquellos como una manifiesta infraccion y declaracion de guerra. Pero,
como la necesidad ha obligado á excederse por la propia conservacion, y
este exceso ha sido recíproco, resulta una tolerancia harto perjudicial
por lo aventurado y expuesto de nuestras familias en campo enemigo, é
indefensas para reparar las hostilidades que experimentan siempre que
los indios se acuerdan de sus derechos, ó sueñan hallarse ofendidos:
cuyos motivos nos impelen poderosamente á emprender sin tardanza el
adelanto de las fronteras sobre dos lineas precisas, para poder acudir
á nuestra conservacion y necesaria subsistencia.

La primera debe ser desde la confluencia al mar del rio Colorado hasta
el fuerte de San Rafael sobre el rio Diamante, teniendo por punto
central la laguna de Salinas. La segunda debe formarla la cordillera
de los Andes, en los pasos que franquea por Talca y frontera de San
Carlos, apoyando su izquierda sobre las nacientes del rio Negro de
Patagones, y su derecha en el paso del Portillo: examinando ademas
otros pasos intermediarios, si los hubiese, y guarnecièndolos del mejor
modo posible. La configuracion geográfica del terreno dá à conocer la
importancia de esta obra, y tambien que la naturaleza nos dà en los
Andes unos límites indisputables, y que brindan á los de esta parte del
norte con la posesion de tantos terrenos yermos, y de preciosidades
inestimables, ya demasiado conocidas y ansiadas por los del sud.

Los costados del cuadro irregular que forman las dos lìneas, quedan
cubiertos por el este con las orillas del Ocèano y rio Negro; por el
oeste, con la provincia de Cuyo; por el sud, con la cordillera de los
Andes, y por el norte, con las provincias de Buenos Aires y Còrdoba.

Luego que, en cumplimiento de las órdenes superiores, pude convencerme
de la nulidad absoluta de las guardias, y de la necesidad de
adelantarlas, creì indispensable reconocer las campañas que ocupan los
indios, y tomar los posibles conocimientos de los lugares para situar
bien las fronteras. A este fin propuse á la superioridad el conducir
la expedicion de Salinas, y hacer con este motivo las observaciones
precisas para emprender esta obra gefe, demarcando facultativamente los
terrenos, levantando sus planos, sin perder de vista las indagaciones
mas prolijas para calcular el número de sus habitantes, sus usos y
costumbres, y cuanto mas pudiese convenir al intento.

Marchè en efecto el 21 de octubre del año pasado de 1810, y concluì
la expedicion el 22 de diciembre siguiente del mismo año, con las
ocurrencias que señala el diario que acompaño. Uno de los primeros
frutos de mis trabajos fuè captar la voluntad de los caciques
principales, Epumur, Quinteleu y Victoriano, hermanos, y todos de razón
despejada, de poder y de respeto entre las tribus vecinas. Su amistad,
siempre constante, atrajo por convencimiento y ejemplo, à otros
deudos, que unidos protegieron mi marcha de ida y vuelta contra las
agresiones que intentaron hacerme otras naciones. Pude con la dulzura y
buen trato prevenir favorablemente los ànimos de estos caciques y sus
aliados, para que se prestasen voluntariamente à nuestros designios:
ellos se han decidido con gusto á permitirnos la plantificacion de
poblaciones indicadas, y han ratificado su consentimiento personalmente
ante este superior gobierno.

La benigna acogida que merecieron, y los dones con que se les remuneró
generosamente, dejaron airosa la garantìa que yo les dí por escrito.
Prendados de nuestras amistosas demostraciones, han celebrado varias
juntas con los caciques comarcanos, para conferenciar con ellos la
resolucion que debian tomar acerca de nuestras pretensiones. Han puesto
en obra varias de sus muchas supersticiones, para asegurar por ellas si
convendria ó no el establecimiento de nuestras poblaciones: en todas
resultó un pronòstico feliz. Me han avisado con puntualidad de ello por
un mensage, espresando que les habia ganado siempre, y que era esta
una señal segura de que yo les seria buen amigo y no los engañaria en
los tratados: pero los mas sensatos opinan que se forme un congreso ò
parlamento general, al cual sean convocados todos los caciques del sur
y oeste para declararles abiertamente nuestras intenciones. Los amigos
se muestran convencidos de la utilidad y ventajas que les ofrece este
proyecto, y creo que el resultado de la conferencia será feliz: pero
sea cual fuere, es absolutamente necesario plantificar el proyecto.

Resueltos una vez à ello, me persuaden los conocimientos que yo he
adquirido, que el cuartel general y primera poblacion debe hacerse
en las màrgenes de la laguna de Salinas, ò lo que es lo mismo, en el
parage nombrado los Manantiales, distante de ella menos de dos leguas.
Tiene aguas saludables, abundancia de leña, prodigiosos pastos, y
unos terrenos feraces en toda clase de granos, legumbres y cuanto es
necesario à la vida humana; cuyas producciones me ha mostrado un indio
araucano establecido allì, y que las cultiva para sustentarse, sin
auxilio de útiles de labranza por carecer de ellos.

Esta situacion está naturalmente defendida por el este con la laguna de
la Sal; por el norte, con elevados médanos; por el sud, con el fuerte
y poblacion que haya de formarse, y por el oeste, por una laguna que
forman los Manantiales, y una barranca harto elevada: de modo que, á
poca diligencia del arte, pueden asegurarse en circunferencia mas de
ocho leguas, para sostenerse contra la mas atrevida y numerosa invasion
de salvages.

Desde este punto central deben partir las demas poblaciones,
reconociendo antes detenidamente y con mucha exactitud los puntos
mas interesantes de la sierra de la Ventana, Guaminí, Volcan y
rio Colorado. Tomadas estas posiciones, quedaràn cubiertas todas
nuestras fronteras, y aseguradas, solo con el respeto de las armas,
de cualquiera tentativa hostil. La ventaja de estos puntos se conoce
mejor considerando su situacion geogràfica. Hàcia aquella parte el
Océano se interna en el continente, las sierras primeras se avanzan,
introduciéndose hàcia el oeste, y nuestros terrenos hasta la ciudad
forman un gran seno: de manera que, estrechándose la tierra en aquellas
gargantas, no pueden salir los indios con su presa de nuestros
territorios sin ser observados desde las guardias, y atacados en caso
necesario, ò contenidos al menos en sus agresiones por las dificultades
de escapar con los robos.

Como esta primera poblacion debe ser el granero y almacen de las
demas por algun tiempo, se establecerà en la estacion de las siembras
oportunas, para hacer las cosechas oportunamente: pues la distancia no
permite la fácil conduccion de vìveres para un nùmero tan crecido de
tropa y pobladores.

Asentada la poblacion de Salinas, mientras se examinan los puntos
para establecer la línea del este, deben reconocerse las del oeste al
mismo propòsito, para buscar las localidades mas ventajosas, á fin de
avanzar las fronteras Carolina y Bebedero, dando asì mas amplitud á
las provincias de Còrdoba y Cuyo: de modo que formen dos diagonales
fortificadas, y que sus comunicaciones aseguren las vastas poblaciones
que deben quedar intermediarias, desde las actuales fronteras hasta las
que se establezcan nuevamente. Desde ellas han de empezar à practicarse
las operaciones para el establecimiento de la segunda lìnea.

Los terrenos que con esta quedan asegurados, formarán con el tiempo
una grande y poderosa provincia. Los valles, rios, montes y minerales
que encierran, anuncian desde luego que ella se aventajarà bien presto
á las demas. Si á los tesoros con que la enriqueció la naturaleza, si
á la facilidad de sus exportaciones que ofrece su situacion, se unen
los brazos de las numerosas tribus que la pueblan, progresará con
tanta rapidez, como ventajas ofrece la sanidad de su temperamento, la
feracidad de sus terrenos, la abundancia de sus pastos, que manifiesta
bien el nùmero progresivo de ganado vacuno, caballar y lanar que hoy
los cubren, y puede acrecentarse centuplicadamente.

Ademas de los metales preciosos, ofrecen estas sierras, tan antiguas
como el mundo, una multitud de producciones inestimables, como
los alumbres, el azufre, las sales, el salitre y toda especie de
semi-metales y fósiles. ¡Cuantos ramos de comercio, cuantos manantiales
de riqueza, què aumento à la masa y velocidad de los giros, què fomento
à la agricultura, què grandeza y poderio al estado! Los rios Negro y
Colorado conducirán nuestros frutos hasta el Ocèano, desde cuyos puntos
podràn hacer nuestros bajeles sus ùtiles navegaciones à la Europa, al
Africa, al Asia y á las costas del sur y del norte de la América, con
la facilidad que ofrece su situacion geográfica. ¡Què nuevas escenas
no presentarán al mundo estos pueblos hoy nacientes y dèbiles, esas
tribus de indios que apenas pueden contarse en la clase de hombres!
Si la imaginacion se abisma al meditar la grandeza de los destinos de
estos ricos y preciosos paises, á los individuos del gobierno debe
alentar la gloria de que sus nombres formen un dia las primeras líneas
de la historia de estas naciones, y corran al travès de los siglos,
recibiendo el homenage de la gratitud y del respeto que se tributa à
los hèroes.

Entre tanto los metales que ofrecen estos afortunados países, han
despertado ya la codicia de los mineros de la otra parte de la
cordillera, y para trabajar el cerro del Payen, son muy repetidas las
instancias que hacen á sus naturales, que mesquinan y resisten por
no ser inquietados y despojados quizá á viva fuerza, como lo recelan
justamente. Nosotros, á favor de las luces de nuestro siglo, sabremos
clasificar las riquezas y adoptar los medios que sean mas análogos á
las leyes eternas de la naturaleza. La labranza y la cria de ganados
alimentaràn en su cuna à nuestras poblaciones; la dulzura, la libertad
y el conocimiento de nuevos placeres y de nuevas necesidades nos unirán
à los indios. Despues las demas riquezas harán crecer y robustecerán
succesivamente el cuerpo de esta nueva sociedad, hasta que llegue á su
perfeccion y pueda desplegar todas sus fuerzas fisicas y morales.

Conocida la grandeza del objeto y los medios de alcanzarlo, resta
allanar las dificultades que se tocan en la egecucion, por las
fuerzas que pueden presentar los indios, por el número de tropas
que se necesitan y por los fondos con que ha de subvenirse á tan
interesante obra. Los antiguos gobiernos percibian bien la necesidad
de tomar las medidas que hoy se quieren adoptar: mas, cuando los
lamentos de los infelices hacendados y labradores los estrechaban á
remediar tantos males, tocaban dificultades insuperables en el sistema
pesado de hacienda; y el genio fiscal, que era el que dirigia todas
las operaciones, convertia las providencias egecutivas en un pleito
ordinario, y así corrieron los años sin emprenderse cosa alguna.
Se creyó necesaria una entrada general por las Provincias de Cuyo,
Córdoba y Buenos Aires, para exterminar, ó á lo menos menguar mucho las
familias de los indios. Esta operacion no podia combinarse facilmente,
pues aunque lo resistian la humanidad y las leyes, no por eso se
buscaron arbítrios que enjugasen las lagrimas de nuestros hacendados,
y quedaron siempre sin cumplirse los votos de aquellos que creian
necesarias las poblaciones de Salinas, las Sierras y rio Colorado, y
sin efecto las reales órdenes que en diversos tiempos se expidieron à
este propósito.

Por otra parte, una preocupacion envejecida y transmitida sin examen,
ha hecho formar à muchos ideas abultadas del poder de los indios, de su
muchedumbre, y de la destreza con que juegan sus armas; y de este modo
ha pasado por prudencia lo que en realidad es un miedo honestado. Pero
cualquiera que sepa que estas gentes viven en tribus independientes, y
por lo general enemigas unas de otras, no mirará tan temible su masa,
por grande que ella sea. Los felices resultados de una tentativa los
hace muy atrevidos, pero un castigo severo los escarmienta para muchos
años: tenemos una prueba reciente en las fronteras de Mendoza en el año
de 1784, y en las nuestras por los de 89, en que asentaron paces que
no han quebrantado hasta hoy, sin embargo de que hemos transgredido
los límites del Salado. El carácter de estos indios es marcado por
la ferocidad y la cobardia: válense siempre de la sorpresa y de la
perfidia, y usan con crueldad de la victoria. Pero, cuando estos
caminos les son cerrados por la vigilancia, y que un aparato militar
respetable les impone, se apresuran á sacar partido y establecer
relaciones amistosas, que conservan hasta que continuadas agresiones
injustas los exasperen.

El número á que ascienden yá, por su libre reproduccion, es muy
respetable sin duda. El ocio en que viven los mantiene siempre
miserables, y sus escaseses los precisan á robarse unos á otros, y
todos se conspiran contra los hacendados españoles, en cuyos ganados
libran su subsistencia; por que casi han aniquilado los caballos
silvestres y otros animales de que se alimentaban. Esto prueba la
necesidad de acudir pronto al remedio.

Hay entre estas tribus algunas que blasonan de su origen araucano:
aunque se diferencian poco en el carácter comun de los demas salvages,
tienen con todo alguna mas aplicacion á cierto genero de labores, crias
de ganado lanar y vacuno, con que hacen sus permutas y entretienen
algun tanto la osiosidad, buscando nuestros frutos para hacer con ellos
sus cambios. Estas inclinaciones son mas decididas en los habitadores
de las márgenes de la laguna de Salinas y campañas del oeste. Al
contrario los Pampas, propiamente dicho, en la carrera de Patagones,
y tambien los que despues siguen internados hasta la cordillera de
Valdivia, que llaman Guilliches, son generalmente inquietos, invasores
de las demas tribus y siempre dispuestos al robo y á la matanza.

Fué seguramente una casualidad muy feliz la de haber descubierto y
adquirido relaciones con los tres hermanos caciques, situados en
los puntos mas interesantes, que son las primeras tolderias de las
fronteras del oeste en la laguna de Salinas y paso de las cordilleras
á Penes. La disposicion que manifiestan para allanar con los doce
caciques, sus deudos y confederados, la plantificacion de poblaciones
en aquellos puntos, aleja muchas dificultades, que sin esta favorable
circunstancia deberian tocarse.

El gobierno ha oido de boca de estos mismos caciques las repetidas
protestas de ser consecuentes en sus ofertas. No entremos ahora á
investigar el derecho con que pueden hacerse las poblaciones y ocupar
estos terrenos. Todos los hombres le tienen de la naturaleza para
poblar y cultivar las tierras que les han de mantener. Los hombres
en sociedad han establecido los suyos, y sin vulnerar aquel primer
derecho, obligan á que han de avecindarse á las poblaciones que
formaron, á cultivar las tierras que antes ocuparon, á que guarden
un cierto órden que les afiance la tranquilidad de sus posesiones.
Nosotros no podemos tener una garantia segura de las tribus salvages:
sus intereses estan en contradiccion con los nuestros. Ellos viven
en el ocio y no conocen mas derecho ni mas ley que la fuerza para
sustentarse del fruto de nuestros trabajos: asi es que la conservacion
de nuestras vidas y propiedades, parece que nos autoriza para
defenderlas con un cordon bien situado de fronteras, y oponer una
fuerza á otra.

Pero los indios amigos nos ahorran estas disputas. Si el infestar un
país, ó el poder de correrlo libremente, dá un derecho de propiedad
como el de Blasco Nuñez de Balboa en el mar del sur, nadie negará que
los caciques podrán tratar libremente con nosotros y celebrar pactos
valederos. Los caciques Quinteleu, Epumur y Victoriano nos ofrecen
sus tierras, desean formalizar tratados, estos no contendrán ninguna
condicion irritante, serán igualmente provechosos á los interesados.
¿Quién, pues, nos disputará la facultad de efectuarlos legítimamente?
¿Quién negará la justicia con que podemos rechazar las agresiones de
cualquiera tribu que intente perturbarnos en el goce de los derechos
adquiridos por un legítimo y solemne pacto con los caciques amigos?
Nosotros desconocemos ese derecho que se dice de conquista, los indios
no temerán verse esclavizados ni privados de sus bienes, de su tiempo y
del fruto de su trabajo. El convencimiento de su propio bien será quien
los decida á mesclarse con nosotros, y á entrar en nuestra sociedad:
entonces participarán proporcionalmente de las cargas que sufrimos,
así como gozarán de nuestras comodidades; y esta convencion será
perfectamente libre y espontanea.

Me persuado que no llegará el caso de usar de la fuerza, porque la
dulzura y la sagacidad triunfaràn del caracter feroz y suspicaz que
manifiestan comunmente, y que á veces ostentan con estudio por ver
si sorprenden à quienes no los conocen. Desean con ardor muchos de
nuestros artículos, y no será dificil que por el estimulo de algunos
regalos los decidamos á entrar en contratas ventajosas. Como son
naturalmente desconfiados é insubsistentes, es preciso que luego sin
detencion se proceda á ocupar los terrenos que nos cedan; y para esto
se necesita una fuerza respetable que no solo les imponga, sino que
aleje toda esperanza de cometer con suceso una perfidia. Son idólatras
de sus ganados y propiedades, pasan á la posteridad cualquiera injuria
inferida á sus personas y á las de sus hijos ó deudos: jamas perdonan,
y la venganza dura tanto como la existencia de las generaciones de
agraviados y agresores. Por esta razon el gobierno debe poner el mayor
cuidado en la eleccion de gefes y oficiales subalternos que se destinen
á esta obra: al paso que la misma division de tribus y la perpetua
enemistad en que viven, abren un camino facil para conseguir los
objetos que se proponen.

El interes, que los indios conocen y defienden, les hará entrar en
sociedad, y se presentarán gustosos al servicio por el competente
estipendio: cuando adviertan que las pieles de sus caza, los tejidos
ordinarios de su industria, los vellones esquisitos de ovejas
tienen facil expendio en cambio de los artículos de su lujo ó de
sus necesidades, se haràn mas aplicados, intimarán sus relaciones,
y luego serán unos miembros útiles del estado, que tendrán un mismo
idioma, costumbres y religión que nosotros. Esta conducta, observada
religiosamente, hará mas conversiones que los misioneros _de
propaganda_.

Para proceder con seguridad en la empresa son necesarios 1,000 hombres
de tropas regladas, con la correspondiente artilleria, que subsistirán
en la frontera hasta que un igual número de pobladores les pueda
subrogar. Estos, cuya primera obligacion será instruirse en el manejo
de las armas, estarán regimentados, y servirán alternativamente por
un corto estipendio.--Como ellos deben ser propietarios y vecinos,
defenderán mas ahincadamente sus bienes, y serán los soldados mejores
para este género de guerra.

Las conducciones de familias, tropas, útiles, armas, bageles y cuanto
mas es necesario, estoy seguro que costará poco al erario, pues los
hacendados y labradores de estas campañas, en quienes inmediatamente
refluye el beneficio de su seguridad, los harán gratuitamente ó con
la mayor equidad posible. Ellos desean con ardor ver realizada esta
empresa, y muchos me han ofrecido generosamente todo cuanto pueden, por
contribuir á un objeto tan interesante.

Los demas gastos cuantiosos de este ramo de poblaciones y su
subsistencia pueden facilitarse con cargo de reintegro de los fondos
que á este efecto, sin gravámen de las provincias y vecindarios, se
establescan. Con esta consideracion, ademas de las ya referidas, he
propuesto la primera poblacion y cuartel general de Salinas, porque
desde ella han de ir adelantándose las demas, en proporcion de los
fondos y facultades que adquiera, los cuales no dudo sean luego muy
considerables.

Nada se presenta mas facil que pobladores, asi de los que lo desean,
que son muchas familias de la campaña, como de aquellas á quienes se
les hace un bien en trasplantarlas desde ella y la ciudad, donde yacen
en la miseria y sirven de pesada carga á la sociedad, sin producir cosa
alguna.

Las provincias de Córdoba y Cuyo nos daràn tambien pobladores, y
cooperarán con nosotros, por el interes que tienen en establecer
poblaciones y extender sus fronteras para asegurar sus campañas y las
haciendas de sus vecinos: por ultimo el mismo reino de Chile nos dará
numerosas familias que vendrán gustosas á situarse en esta parte de su
cordillera, siempre que el gobierno sepa presentarles el aliciente de
una pronta y conocida utilidad.

Luego que se resuelva la ejecucion de las obras indicadas, presentaré
un presupusto de los gastos que se juzguen necesarios, y ademas haré
presente los medios que parescan oportunos para establecer fondos que
auxilien estas nuevas poblaciones, y formen las rentas suficientes para
sostener todos los ramos de este objeto.

Yo debo poner fin á un discurso, demasiado largo, si su importancia
fuese conocida de todos. Cualesquiera que sean los errores en que
abunde, sin distraer del objeto, solo servirán para manifestar mejor la
necesidad de emplear los talentos de otros ciudadanos mas ilustrados.
De esta verdad estoy bien convencido, y por eso mis trabajos y mis
esfuerzos mas bien se dirigen á excitar su patriotismo que á señalar
las reglas que deban adoptarse para llevar á su perfeccion esta obra.
He empleado cuanta diligencia ha sido posible para dar el lleno á mi
comision, y no perdonaré fatiga que sea conducente á facilitar la
plantificacion de un proyecto de primera necesidad.

No cesaré de repetir unas verdades que tanto interesan, ni de presentar
por todos sus aspectos esta empresa. El arbol de la libertad é
independencia civil que acaba de plantarse, es preciso que arraige
mucho en la tierra: de otra manera los huracanes que le prepara el
contraste de fuerzas estrañas, ó de nuestras mismas pasiones, lo
arrancarán de nuestro suelo. El mineral famoso del Potosí, desentrañado
por el espacio de tres siglos con toda la avidez de la codicia, ha
venido á ser un esqueleto de gigante: apenas queda de él una memoria
de lo que fué. Los preciosos metales que vertia, y los del resto del
Perú, van á desaparecer quizá de entre nosotros. Y ¿con qué llenaremos
el vacío que dejen en nuestro comercio? ¿Qué agente substituiremos para
que acelere nuestros giros y vivifique el estado?

Hagamos valer nuestras tierras: que la industria y el comercio tomen
de ellas la materia de sus manufacturas y de sus cambios: busquemos
acá tambien nuestros metales: abramos nuevos manantiales de verdaderas
riquezas; de otra manera no puede haber poblacion, no habrá poder, y
destruido en su fondo el cuadro del estado presentará unos costados
débiles, que cualquiera fuerza romperá fácilmente. La disolucion del
estado, ó la pronta regeneración de nuestra agricultura--esta es la
alternativa en que nos hallamos: ella es terrible, pero no menos cierta.

¡Gefes! ¡Magistrados! La Patria azorada con la idea de su próxima
aniquilacion, os tiende las manos desde el borde del precipicio.
La generacion presente, y las venideras esperan de vosotros su
subsistencia y su felicidad: si se la negais, el grito de la
desesperacion, propagándose sucesivamente, llevará vuestro nombre
cubierto de horror á la mas remota posteridad. Si teneis la fortuna
de llenar sus votos, la gratitud de todos los ciudadanos presentará
vuestro gobierno como el emblema de la sabiduria y de la abundancia.

          _Buenos Aires, Noviembre 26 de 1811._

                              =PEDRO ANDRES GARCIA.=



                              PROSPECTO.


DERROTA _y diario del viage hecho á Salinas, á virtud de comision que
me confirió la Superioridad, con el mando de la expedicion; practicando
las observaciones de latitud y longitud, en los lugares mas notables,
el facultativo D. Francisco Mensura, con los demas reconocimientos de
situaciones oportunas para poblaciones y cordon de fronteras, segun las
miras del Gobierno y necesidad actual de ellas: pueblos ó tolderias
de los indios, sus habituales paraderos, sus cuantiosos acopios de
ganados, el fin que en ellos se proponen: sus parcialidades, y acuerdos
que han hecho para su conservacion; division actual de opiniones entre
los que se presentan á la capital como amigos, sin serlo mas que en
cuanto guarda conformidad con sus tortuosas intenciones; y enemigos
que los persiguen, con quienes están siempre en declarada guerra,
sacrificándose mutuamente como lo he visto; siendo el nombre de ellos
reciprocamente odioso á no poderse tolerar, ni contener inmediatamente
que se avistan, segun por menor lo espresará con puntualidad de hechos_.

          Frontera de Lujan, y Octubre 22 de 1810.

                              =PEDRO ANDRES GARCIA.=



                       VIAGE A SALINAS GRANDES.


                          OCTUBRE 21 DE 1810.

En este dia mandé partir de la Guardia à la tropa comandanta, compuesta
de 25 carretas, inclusos tres carruages: lo que ejecutaron á la una de
la tarde, conduciendo en ellas las municiones de 50 tiros para cada uno
de los dos cañones de á dos que se me entregaron, y 2,000 cartuchos á
bala para los 25 hombres de infantería, de que unicamente se componia
esta escolta, con dos oficiales subalternos, todos del regimiento
número 4; y 50 milicianos de caballería, sin mas armas que lanza,
la cual espresaron no sabian manejar; y se destinaron á los arreos
de ganados y caballada, que pudo reunirse por via de empréstito del
vecindario, en falta de los del Rey.

Luego que se pusieron en marcha las carretas, advertí la repugnancia
de las milicias para seguir la expedicion, por las cortas fuerzas;
respecto á que comunmente se han llevado en tales jornadas 500 hombres
de armas, 4 y 6 cañones de batalla, con sus dotaciones respectivas,
y una compañía de pardos milicianos, para el arreo y pastoreo de
caballada y ganado de consumo: y principalmente, porque no se les
auxiliaba con paga alguna. En cuyo dia les facilité de mi peculio 300
pesos, que entregué á su capitan D. Manuel de Represas, y una racion
estraordinaria de tabaco negro, con que al parecer quedaron contentos:
de que dí cuenta al Gobierno para su aprobacion, pidiéndole al mismo
tiempo armas para estos 50 hombres, por medio de un oficial que
despaché al efecto á la capital.

La Guardia, capital de frontera y residencia del Comandante general
de ellas, que tenia órden de auxiliarme, se hallaba enteramente
desprovista de cañones portátiles, armas y municiones, por haber
marchado todas las guarniciones de ellas à la banda oriental del
Paraná, y llevándose todos los armamentos que cada fuerte tenia,
quedando estos servidos por las milicias, y el principal, sin mas
defensa que un cañon mal montado y casi inútil; y solo eché mano de 8
esmeriles, que por inservibles se hallaban arrumbados, y empotrando
los cañones en los pértigos de las carretas, para servirlos á mecha.
Habiéndolos probado en ellas, se me franquearon por el Comandante,
y se proporcionaron 84 tiros para ellos á metralla, con el fin de
auxiliar la defensa en un caso apurado: de que dí parte, siguiendo
la expedicion, no obstante de no habérseme podido auxiliar con arma
alguna, y haberse aprobado la paga anticipada á los 50 milicianos.

Para dar principio al viage, mandé al facultativo formase el derrotero,
con las observaciones correspondientes de latitud y longitud, segun
el meridiano de Buenos Aires, distancias, rumbos y vientos, dándome
diariamente parte de sus operaciones, demarcando los lugares mas
notables que conviniesen, para poder instruir cumplidamente al superior
Gobierno, y para que formase el mas seguro concepto en sus elevadas
superiores miras: lo que empezó á egecutar en este dia.

Esta frontera principal y fuerte de su Guardia, situado en un bajo,
y á la orilla oriental del rio llamado de Lujan, está detallado en
un bañado ó terreno pantanoso, que ha podido afirmarse algo con el
frecuente piso: pero los dos baluartes ó terraplenes que ha tenido, no
pueden defender la poblacion que le rodea por el este, sin destruirla,
y por los demas rumbos tampoco se puede ofender al enemigo, sino á muy
corta distancia.

En el dia no se ven mas que ruinas, así en los fosos y estacadas
como en los baluartes y edificios, de adobe crudo y techos de paja
casi inservibles, especialmente las cuadras de la tropa, y todo está
igualmente ruinoso: debiendo al actual Comandante algunos reparos en
las habitaciones principales, para poderse alojar trabajosamente en
ellas.

La capilla, que sirve de iglesia à la poblacion, està igualmente
ruinosa, parte ya rendida al suelo, parte apuntalada, y el resto sirve,
esperando su total destruccion si no se repara.

La poblacion, que manifiesta haber tenido mas de 300 vecinos, acaso
hoy no alcanza á 100, y sus habitaciones se hallan en el mismo caso
que el fuerte y la iglesia; de modo, que su mayor auge lo debió á la
eficacia de uno ú otro comandante, que precisó á ponerse en poblacion
á las familias de los soldados casados de la Guardia, y á los que iban
á poblarse en chácras ó estancias à sus inmediaciones; y llegó á dar
100 hombres auxiliares de 16 á 25 años en una alarma, sin violencia ni
gravámen; porque un Comandante tan político y militar, como lo fué
D. Francisco de Balcarce, sabia calcular el mérito y adelantos de una
poblacion, auxiliando de su peculio á los mismos nuevos pobladores, y
edificando casa particular, para acalorar al vecindario, estimulándolo
á hacer plantios, huertas de hortalizas, y otras económicas labores
rurales, de que reportaban su comodidad y recompensa: teniéndolos en
una civil, política y mercantil accion de sus frutos y labores con
una entereza justificada, auxiliada de la fuerza armada, y distante
de las parcialidades, confusion é ignorancia de un alcalde pedaneo,
manejado tal vez por un charlatan que solo se distingue de los otros
en saber formar muy mal cuatro renglones, de que nacen la impunidad
de los delitos, la multiplicidad de malévolos, la incivilidad, el
desórden de las poblaciones, su ruina é indefension de las campañas,
hasta un estado lastimoso y espuesto, como él en que nos hallamos. De
aquí la dispersion de poblaciones, el trato clandestino y perjudicial
con los infieles, la ruina de las haciendas que les ayudaban á robar,
sirviéndoles de guia para ello la asidua asistencia á sus toldos, para
tener con ellas una brutal vida, y finalmente avecindarse con ellos,
siguiendo sus costumbres y ritualidades de placeres, adiestrando á
aquellos á hacer uso de todas armas, y á ser ya sus directores: en
términos que no emprenden cosa alguna sin su consejo, á la manera que
Achitofél à Absalon contra su padre. Concibo tan pronta y lamentable
ruina de nuestros campos y poblaciones, que si no se pone pronto y
suficiente remedio, seremos lastimosamente testigos de las desgracias,
y acaso sus víctimas. A mi no me es permitido entrar en un pormenor de
las causas que, como eficientes, han dado impulso á este desgraciado
estado: pero creo que si no se remedian, llegaremos á igualarnos con
nuestro padre el Adelantado Mendoza, sobre las márgenes del rio de las
Conchas. Con la notable diferencia, que aquellos mayores tenian en
su favor la superioridad de las armas, que nosotros vamos perdiendo,
porque estos nos van ya igualando, y con empeño procuran adelantarse en
el manejo de las de fuego, segun se verá en el progreso de este viage.

El vil y miserable interes de unos, la negligencia de otros, y la
execrable maldad de los que dejo relacionados, han tenido adormecido el
Gobierno bajo de una piedad mal entendida, y este que no ha podido, ó
no ha querido dar un movimiento de felicidad á la provincia, la tiene
postrada, yerma de poblaciones y haciendas, y en un estado agonizante.

Allá el profeta decia, que estaba envuelta la tierra en la mayor
desolacion, porque ninguno meditaba las verdades en su corazon: yo
diré á este propósito, que ninguno ha meditado en nuestra ruina, por
no haber querido dirigir politicamente sus miras á la máxima de las
atenciones, que es la conservacion de esta tan cuantiosa parte del
Estado. ¡Punible descuido! que con lágrimas de sangre llorarán nuestros
hijos, tal vez maldiciendo la apatia de sus padres.

Es un engaño creer que los indios son pocos, porque no se nos presentan
á la vista: son muchos, y aumentan diariamente las tribus con hombres
cargados de delitos, diestros en toda clase de armas, y con los que,
dominados de sus pasiones, les aumentan el número efectivo, acreciendo
la multiplicacion que es infinita por la poligámia.

Yo faltaria á mis deberes si dejase de presentar al Gobierno estas
observaciones, para que en ningun tiempo tenga de que arrepentirme
por haber callado, y porque en el progreso del viage he de probar con
hechos todos mis asertos.


                              22, LUNES.

En este dia se me dió parte por el capitan de milicias haberse
desertado en la noche anterior 4 soldados de su compañia; el cabo
de artillería, que igualmente se le habia desertado un hombre; y el
oficial encargado de la tropa de infantería, que se le habia desertado
otro. Por lo que inmediatamente monté à caballo con el resto de tropa
y los dos cañones que conducian con avantrenes los 9 artilleros que
quedaron, de los 10 que tenian de dotacion, auxiliados de dos peones, y
alcanzé la tropa en el parage nombrado el Durazno, donde se durmió, sin
haberse hecho observacion alguna astronómica.

El terreno que media desde la Guardia hasta este punto, de poco mas
de 3 leguas, es feracísimo, firme y de excelentes pastos para los
ganados, y escasos de aguadas: todo él es una poblacion no interrumpida
de chácras, en que se ven sembrados pequeños trigales muy frondosos,
algunos ganados vacunos y caballares, con pocos puestos de haciendas,
que todos deberian estar sugetos á poblacion; porque cada una de estas
poblaciones es un receptáculo de indios, y todos confidentes y aliados
para los robos y extracciones que se hacen por un pequeño y misero
interes: ademas de estar espuestos en sus vidas y haciendas á cualquier
desagrado de los mismos indios. De modo que, por la conservacion de
unos y por el desvio que debe hacerse de otros tal vez á seguros
presidios, parece de necesidad la sugecion de todos á poblado seguro
y civilidad; sin traer á consideracion los demas motivos políticos y
cristianos que obligan á ello.

Estas poblaciones, que deben tener alguna defensa militar segun su
mayor ó menor número, convendria tuviesen un gefe militar que reuniese
el mando político, para que por ahora, y mientras no recibian un
incremento capaz de sostener separadamente por sus facultades y
civilidad otra forma de gobierno, se reconociese principalmente la
subordinacion y seguridad de sus personas y propiedades, por medio de
un mando puramente militar, dependiente, segun los partidos, de un
sargento mayor de milicias, que con frecuencia los revistase, y esto
sin pension que los arredrase de sus casas y haciendas. Las ventajas
que hace el órden militar al civil, para hacer respetables á las
autoridades, no hay necesidad de demostrarlas por notorias: los delitos
comunes quedan mas prontamente corregidos, mas breve desterrados los
hombres perjudiciales, y mas contraidos los labradores honrados, con la
esperanza firme de no ser atacados en sus personas y propiedades como
ahora lo estan; sin contar con un dia en que puedan decir: hoy no me
violarán mi muger, ni hijas, ni me las robarán, como frecuentemente lo
hacen. El Gobierno á un golpe de vista sabrà, por los estados que deben
pasarsele, con que hombres pueda contar en caso necesario, y teniendo
una prolija estadística, de que deben darse formularios, tambien podrá
administrar pronta y segura justicia al que se quejáre de violencia
y mal trato del gefe, sea en órden al servicio de armas, ó sea en su
peculiar manejo ó conducta. Los sargentos mayores, que deberian ser
como unos jueces intermediarios, y que deberian recorrer sus partidos
y hacer frecuentes alardes, deberian tener un exacto conocimiento de
todos, para informar al Gobierno, para pedirles los auxilios necesarios
y para proponer las ventajas que conviniesen en su partido, y celar de
la educacion pública á una con los párrocos, que deben tener el mayor
peso de esta economia, sin olvidar la de agricultura: auxiliandola el
Gobierno en todas sus partes. De otro modo mas presto veremos la ruina
de nuestras campañas, y acabada la generacion, que debe cultivarla,
á manos de nuestros asesinos, de los indios y de la apostasía que
diariamente se aumenta hasta un número prodigioso, con intenciones
crueles, como hombres desnaturalizados y feroces de hàbito, segun iré
demostrando.


                              23, MARTES.

En este dia se caminó desde las 6 de la mañana hasta 11; se hizo
observacion, y emprendida la marcha de la tarde, llegamos al parage
nombrado las Saladas, que es el fin de nuestras poblaciones, mas
internadas por este punto al infiel, y sobre una cañada, que segun su
profundidad y cauce, aunque estenso, manifiesta recibir muchas aguas en
tiempo de ellas, por las que recibe de otras.

Los terrenos hasta esta cañada mejoran siempre á los anteriores en
feracidad y firmeza de piso, con excelentes pastos. Aquí se miran los
trigales mas frondosos y totalmente límpios de maleza; las poblaciones
son menos, y sumamente míseras, pero con numerosas familias, que hacen
su principal negocio en quesos, para lo que conservan gran número de
vacas de leche, gallinas, poco ganado caballar, y escasas siembras de
maiz.

Estas poblaciones son seguras posadas de los indios infieles que hacen
transito á las Guardias ó á nuestros campos, unas veces de buena
fé, y siempre que tengan proporcion, de mala: y en tanto conservan
buena correspondencia, en cuanto les interesa el volver; que en el
caso contrario les roban lo que pueden, y hacen alarde de ello. Los
fronterizos son muy frecuentes, por el interes de la compra del maiz
de que hacen los indios mucho uso para comerlo en grano, ó mal pisado,
cocido en agua. Estos fronteros, que disfrutan confianzas entre estos
españoles, son los introductores de los indios de tierra adentro:
casi todos son parientes, amigos y relacionados, y como todos tienen
innatos unos mismos vicios, que es el robo al español, y el asesinarlo,
si impunemente pueden hacerlo, cometen todo género de atrocidad, y se
retiran contando como victoria estos hechos. La clase de gentes aquí
pobladas son poco menos feroces é inciviles que los mismos indios:
de su roce y trato resultan las frecuentes clandestinas entradas
en las primeras tolderias de nuestros compatriotas, llevándoles el
aguardiente, la yerba y tabaco que ellos apetecen. Se entregan à
la lascivia, y forman los proyectos de las extracciones y robos de
haciendas, unas veces en union con ellos, y otras proporcionándoles
las haciendas en los puntos que conciertan, teniendo interes en ellas,
de gergas, ponchos, lazos y pieles, con algunos caballos buenos de los
muchos que tienen en sus tolderias, y que tanto halaga este género de
comercio á nuestros compatriotas, si de él resulta que tengan un buen
recado y gergas, con excelente caballo.

Este es uno de los principales motivos de la destruccion de nuestras
campañas, pero en mi concepto no el mayor, como despues diré. Pero
sí es, el que puebla los campos infieles de apostatas, porque estos
mismos, mas bien acomodados con la vida haragana y brutal de los
indios, perspicaces para hacer los robos por sus conocimientos,
facilmente toman crédito entre ellos, se hacen de caudal á su modo,
que consiste en yeguas, caballos, espuelas de plata, chapeados y alguna
ropa, armas y abalorios, para comprar dos, tres y cuatro mugeres;
contentando con aquellas especies á los padres y hermanos, que es en lo
que unicamente consiste el casarse, y tantas veces, cuantas pueda hacer
estas compras. En tanto estremo, que ya hoy es la voz preponderante la
de esta clase de renegados, así por su número, como por su ventaja de
armas en muchos: de que ya los caciques ancianos se quejan, diciendo
que, en cuanto á excesos que se cometen, la mayor parte son causados
por los mismos cristianos, á quienes no pueden reducir con sus consejos.

Me he reservado esplicar el principal motivo que ha causado el daño,
que llevará á su fin las campañas si no se reforma, así en estas
fronteras y capital, como en la de Córdoba, San Luis y Mendoza, de esta
parte del norte de la Cordillera de los Andes. Es, pues, el franco
comercio con la capital y frontera, fomentado casi por determinado
número de hombres, que sin reflexionar en el mal que hacen (aunque
lo conocen) prefieren su particular y vil interes al general. Ya,
pues, no se contentan con abrir unos contratos, ademas de usurarios,
prohibidos; sino que, á pretesto de robos y extracciones de ganados,
piden permiso para ir à hacer sus rescates á los mismos toldos, y esto
se hace llevando carretas cargadas de bebidas adulteradas, (he seguido
el rastro de ellas hasta las mismas tolderias) llevándoles cuchillos,
sables y espadas, que he visto muchos de ellos de todas clases, del
Rey y de particulares: uniformes de todos los regimientos de los
últimos vestuarios, y ya he hallado entre ellos armas de fuego y el
uso correspondiente. He aquí el mayor de los males, que exije pronto
y egecutivo remedio, y de que diré oportunamente lo que conceptuo
necesario, para que el Gobierno con mejores luces haga lo que estime
conveniente.


                            24, MIERCOLES.

Se prosiguió la marcha hasta el paraje nombrado Palantelen, habiéndose
hecho observacion á las 12 del dia. El terreno que media de las Saladas
al Rio Salado, y desde este à Palantelen, es árido y yermo de muchos
pastos y escasa agua. Este rio, que es una gran cañada salitral, en
donde se resumen otras muchas cañadas en su largo curso hasta la
confluencia en el mar, solo tiene caudal de aguas cuando las lluvias
son muy copiosas, que, satisfecha la tierra, reboza, y acuden á las
cañadas, y estos al cauce principal, en cuyo caso llena el que tiene,
que es muy ancho; pero, no resultando este accidente, queda seco y
en partes pantanoso, nada aparente para poblaciones, y sí serán sus
márgenes y el terreno intermediario, útiles para situar estancias y
majadas de ovejas. Su piso es firme, y al presente solo poblado de
corzos y gamas en abundancia, que se abastecen de agua en algunas
lagunas y bañados; pero que cavando, se halla el agua somera en las mas
partes de este transito hasta Palantelen.


                              25, JUEVES.

En este dia marchamos hasta ponernos entre la laguna de Palantelen y
los Cerrillos, así llamados, que son unas lomas ó colinas elevadas
suavemente sobre la planicie ó superficie comun plana: en cuyo punto,
como señalado por el superior Gobierno para la reunion de carretas,
se hallaban 83 de varios destinos de la Provincia. Reconocidas, y
convocados los dueños y capataces à cuyo cargo estaban encargadas, se
les proveyó de lanzas, y mandé se aprestasen á marchar, no obstante que
el dia era tempestuoso y de lluvia. A este fin hice formar la tropa, y
le mandé dar la racion de yerba, sal, agí, tabaco y pan, hasta Salinas.
No se hizo observacion, por no permitirlo el tiempo, y se me dió
noticia hallarse ya en la Cruz de Guerra algunas tropas mas, y otras en
camino para aquel punto, esperando reunirse: por cuyo motivo suspendí
el numerarlas, y el hacer las demas gestiones á su marcha, hasta que en
aquel destino, con reconocimiento del estado de todas, de sus aperos y
número, se formasen los estados respectivos, y partes correspondientes
al superior Gobierno y al Exmo. Cabildo, en la forma acostumbrada.


                             26, VIERNES.

Este dia amaneció despejado y el viento fresco, despues de una lluvia
tormentosa de la noche precedente, en que se dispersaron los ganados
de consumo, la caballada y algunas boyadas, que imposibilitaron la
pronta marcha. A las 8 de la mañana se me dió parte haberse desertado
en la noche 10 soldados milicianos, y un cabo de los que estaban al
cuidado de la caballada: por lo que no pudo seguirse el viage por estos
accidentes. Con este motivo pudo observarse en este dia á las 12, y en
la tarde se demarcó la laguna, y reconocí el paraje mas á propósito
para poblacion, de las que parece necesario se formen para cubrir las
actuales fronteras, y poblados fuera de ellas; y aun cuando se avancen
á otros puntos mas distantes, debe esta ser por ahora una Guardia
de comunicacion. Su situacion es actualmente, entre las Guardias
establecidas, un punto central, porque dista de Rojas, Salto y Areco,
con muy corta diferencia, lo mismo que de la Guardia de Lujan. Su
situacion es dominante, su falda surtida de manantiales, ademas de la
hermosa laguna de agua permanente, por cuyos derrames sigue una cañada,
que promete ser feraz en todo género de frutas y siembras que quieran
hacerse.

Desde este lugar, por ser costumbre, pasé un recado de atencion;
avisando de mi paso á Salinas, al cacique Lincon, el mas limítrofe
de nuestras fronteras, por medio de dos vecinos de la Guardia, sus
conocidos y amigos, el uno lenguaraz, de quienes separadamente hablaré
al Gobierno.


                              27, SABADO.

En este dia se emprendió la marcha, y á las 11 y media llegamos á las
lagunas nombradas las Dos Hermanas, que se hallan casi unidas, pero
debieron haberse dicho tres: pues son otras tantas las lagunas en todo
semejantes y con abundancia de agua dulce. A las 12 se observó, y
nos hallamos en la latitud que se señala al fin. A las 2 de la tarde
seguimos hasta las 6, que llegamos al Médano Partido, habiéndoseme
dado parte en la mañana que se habian desertado en la noche precedente
3 soldados de infantería del regimiento número 4. El terreno caminado
hoy es alternado de lomas y pequeños médanos ó colinas, de mucho
pasto, y pisos arenosos ó menos consistente que el anterior, pero muy
apropósito para estancias, y por sus dobleses, abrigado, al mismo
tiempo que las multiplicadas cañadas fertilizan los pastos. El Medano
Partido no es mas que una pequeña y suave abra, que divide una loma;
y á la parte de poniente, á corta distancia, se hallan dos lagunas
de agua dulce abundante. Este sitio, que algun dia será apetecible
de los hacendados, hace ventajas á los demas para criar una numerosa
hacienda de toda clase de ganados, y reconocidos los muchos senos,
que no puede registrar la simple vista de un viagero, y que ofrecen
sus multiplicadas lomadas y cañadas, interesa mas de lo que por sí
se recomienda. En este trànsito ó jornada encontramos una partida
de indios que se dirigia á las fronteras, con porcion considerable
de ganados para su venta. Estos, luego que divisaron la espedicion,
estraviaron camino á distancia larga: los exploradores se acercaron con
diligencia á ellos, hasta alcanzarlos; los detuvieron, y dieron parte:
de que enterado, les dí órden para marchar, lo que verificaron al
punto, volviendo á tomar el carril que habian abandonado; y yo terminé
la marcha de este dia en las lagunas indicadas, sin mas novedad.


                             28, DOMINGO.

En este dia se celebró misa, y á las 9 continuamos la marcha hasta las
11 y media, quedàndonos à distancia de la Cruz de Guerra como legua y
media, por ser excesivo el calor, para continuarla á aquella hora, y no
fatigar demasiado el ganado.

Aquí se presentó el primer indio, con recado del cacique Turuñan,
expresándome que me esperaba en Salinas. Y á las 3 de la tarde nos
pusimos en viage para la Cruz de Guerra, á donde llegamos á las 6,
en cuyo punto estaban ya reunidas el resto de tropas que forman la
expedicion; y entre ellas habia una porcion considerable de indios de
la comarca para la novedad los mas, y á tratar algunos con ganados,
caballos y otras especies con que hacen sus permutas. El terreno
caminado este dia es falto de aguas, pero muy abundante de pastos, y
bastante firme, aunque arenisco, mezclado con tierra negra, sin que
en este ni en los anteriores haya descubierto hormigas, desde el Rio
Salado, como sucede comunmente en los demas, hasta la capital.


                              29, LUNES.

En este dia dispuse colocar los 9 esmeriles y cañones en estado
conveniente para cualquiera necesaria defensa, con la tropa que habia
quedado en dos tiendas de campaña; poniendo de las milicias doble
custodia á las haciendas, y destinando patrullas que celasen sobre los
indios que trataban, para impedirles la bebida de noche, prohibiendo á
los pulperos ò vivanderos su venta. Como á las 9 de la mañana, recibí
recado del cacique Lincon, en que me daba parte habia pasado noticia á
los caciques comarcanos para venirse, y venir juntos: que le esperase
en el punto en que me hallaba, y que al mismo tiempo le mandase algun
aguardiente y yerba para él y sus gentes.

En el resto del dia recibí otros varios mensajes de diferentes
caciques, con las mismas pretensiones, por medio de los que decian
ser sus hijos, y con miras de llegar al siguiente dia al campamento.
Entretanto se aumentaba prodigiosamente el número de indios
espectadores y tratantes, que ya se hallaban confundidos, peones,
carretas, y carreteros, con la poca tropa, siempre sobre las armas:
procurando sí, mantener estas y los cañones y esmeriles, libres para
cualquiera evento fatal que amagaban las borracheras de los indios.
Quedaron sin embargo armadas de lanzas todas las carretas, y citados
los carreteros para el siguiente dia á concurrir á la comandancia
con sus gentes, para oir y entender el bando de estilo, y órden de
la marcha, y demas prevenciones necesarias. En la tarde de este dia
fueron muy repetidos los avisos de los indios caciques, y sus gentes
que pedian permiso para entrar á tratar: que sus tratos son pedir
aguardiente de regalo, ó en cambio de algunas gergas y ponchos, y
sin embargo de su multitud, se pudo observar, sin que advirtiesen
esta operacion. Se continuó el dia y la noche siempre sobre las
armas, sufriendo infinitas impertinencias, por no tocar el estremo de
desavenencia, esperando mejorarse con la presencia de los caciques,
y con miras de marchar al siguiente dia, luego que se reuniesen los
hombres enviados à los toldos de Lincon.


                              30, MARTES.

En este dia, á la seña dada de un cañonazo, se reunieron los troperos
y sus gentes para imponerse del bando que se publicó en los cuatro
ángulos del campamento. Formada la tropa de infantería y caballería á
son de caja en la forma ordinaria, con asistencia del comandante de
la tropa y ayudante mayor, reducido su tenor á prohibir á los peones
y tropas el mezclarse á beber, comer, ni dormir con los indios, para
evitar riñas y robos recíprocos, que comunmente se cometen por este
motivo: ordenar á los vivanderos á que no vendiesen de noche cosa
alguna á los indios, ni los alojasen en sus barracas, bajo las penas
de privarles de hacer ulteriores ventas: que los peones obedeciesen
y cumpliesen con sus respectivos cargos, pues al inobediente se le
castigaría segun sus excesos; haciéndoles culpa y cargo à los dueños y
capataces si no daban parte, pues para su sugecion encontrarian siempre
pronta la tropa en la guardia de prevencion: que las tropas formarian
en la marcha cuatro líneas de frente siempre unidas, con las haciendas
á los costados; y que, en el caso de alguna invasion de los infieles,
las dos líneas del centro se incluirian en las de los costados, frente
y fondo formando un cuadrilongo, en el que se meterian las haciendas,
y colocaria la artillería y esmeriles, como estaba dispuesto para
este caso. Y distribuida la gente, que reconociesen todos por segundo
comandante de la espedicion al teniente de ejèrcito del regimiento
número 4, D. Josè Ramon de Echavarria; por ayudante mayor, á D. Pedro
Villegas, alferez del mismo regimiento, y por ayudante auxiliar, al
capitan de milicias provisional, D. Ramon Morales: de que quedaron
todos los individuos enterados. En seguida mandé reconocer el número de
carretas de carga, de media carga, y carruages de que se componia la
espedicion, su estado para poder caminar, número de bueyes repuestos y
peones, para formar un estado y dar á la Superioridad y Exmo. Cabildo
el parte de estilo: lo que se verificó con puntualidad. Y segun èl, se
compone de 172 carretas de carga, 55 de media carga, y 7 carretones ó
carruages de camino, con 2,927 bueyes y 520 caballos, que, inclusa la
tropa, las conducen 407 hombres. Los efectos de la bebida en el indio
son los comunes, pero con una violencia y desafuero estraño: recuerdan
los agravios hechos á sus mayores y deudos, y se empeñan en vengarlos
en aquel acto, de que nacen frecuentes pendencias entre sí, hiriéndose
y matándose mutuamente á vista de sus caciques y padres, sin respeto
á nadie, y muchas veces acometiéndolos. El español debe ser siempre
un insensible espectador, sin auxiliar á nadie, aunque les vea hacer
pedazos: porque en el momento que lo haga, el auxiliado y el contrario
le acometen, improperándole. Es un acto de cobardia entre ellos reparar
ó quitar el golpe, y por lo mismo se hieren de muerte, y matan. El
emborracharse es una de sus mayores felicidades, y los caciques dan el
ejemplo: para esto observan una franqueza y generosidad muy particular.
Un cacique no tomará sin la concurrencia de sus indios: es cosa muchas
veces observada, que si no hay mas que un cigarro, todos han de fumar
de èl, pasándole de mano en mano, y así con los comestibles, en cuanto
se presente. Para estos alardes, que por tales los tienen, vienen
á su usanza todos pintados los rostros, de negro unos con lágrimas
blancas en las megillas, de colorado otros con lágrimas negras y
párpados blanqueados, con plumajes y machetes, reservando las lanzas
bien acicaladas, en una hasta de 6 varas de largo, con mucho plumaje
en el gollete, en los toldos, para hacer el uso que convenga de ellas,
segun el resultado de los parlamentos. En el resto del dia se fueron
aprestando las cosas para marchar el de mañana, respecto á la demora de
los caciques: y se nos enfermaron gravemente el padre capellan, y el
lenguaraz Manuel Alanis, y se continuó la vigilancia sobre las armas,
por el copioso numero de indios que se iba aumentando.


                            31, MIERCOLES.

En este dia, siendo ya las 10 de la mañana, sin que aun pareciesen
los caciques, dispuse marchar por la tarde para esperarlos al paso en
los Monigotes, jornada precisa: pero á la una llegó chasque enviado
por ellos, diciéndome que venian ya marchando. Salí á recibir al
cacique Lincon, que venia con los caciques, Medina, Cayumilla, Aucal
y Gurupuento, á quienes se les atendió, haciéndoles una salva de 4
cañonazos que aprecian mucho: porque, ademas del placer que reciben en
este agasajo, estan persuadidos de que con este remedio se ahuyenta el
diablo y las brujas, de quienes, segun dicen, reciben muchos daños.
A poco rato llegaron, Clento, Turuñan, y el hijo de Epumel, con mas
el anciano Oquiro. A todos se les obsequió con mate de azucar, se les
dió yerba, tabaco, pasas, aguardiente y galleta de pronto; y despues
entraron en sus parlamentos muy autorizados, manifestando que era
un acto de su generosidad permitirnos el paso. Cada uno se decia
principal de la tierra á vista del otro, concluyendo con ofertar su
gente de auxilio, y pidiendo permiso para alojar en el campamento con
sus gentes, y para tratar con los vivanderos. Se les señalò este á la
posible distancia, y concedió su peticion: y desde el alojamiento eran
frecuentes los mensages de peticion de aguardiente para ellos, para sus
deudos y tolderias; y estas demandas crecian: en razon de su aumento
de embriaguez, al principio con modo, y al fin con amenazas y de por
fuerza, hasta que totalmente ebrios, los rendia el sueño ó laxitud de
nervios á no poderse mover. Los llantos, voces y alaridos duraron casi
toda la noche; quedando libres los pocos, que en cada parcialidad velan
sobre los demas, que despues se emborrachan á su vez, y roban cuanto
pueden á los demas: otro vicio que los domina extraordinariamente. En
esta alternativa de cuidados se pasó el resto de la tarde y noche,
deseando aclarase el dia para emprender la marcha á los Monigotes,
donde esperaba Epumur: pero como el último vale ha de ser tambien el
último agasajo, restaba esta demora, que fué preciso vencer, sin que
ocurriese mas novedad.


                       1.º DE NOVIEMBRE, JUEVES.

En este dia terminaron las demandas de los caciques, á los cuales se
les agasajó con lo que pidieron, de manera que fuesen contentos, como
al parecer lo fueron. Desde las 9 de la mañana hasta las 11 del dia;
y á las 12 y media, marché para el paraje nombrado los Monigotes,
adonde llegué á las 5 de la tarde con miras de adelantar la jornada.
Pero repentinamente, y todo despavorido en un caballo en pelo, á todo
galope me dió alcance el cacique Lincon, con unos de sus capitanejos
de la misma suerte, manifestàndome que, por haberme ido á visitar,
le habian asaltado sus toldos y le habian muerto á su muger y demas
familia, y robado toda su hacienda, y que para perseguir á los ladrones
y facinerosos, le franquease 30 soldados armados. A que contesté:--que
yo no tenia la tropa para vengar agenos agravios: que no venia á
declarar guerra á nadie, y sí solo á hacer efectiva la expedicion de mi
cargo, y defenderme del que quisiera hostilizarme, y por consiguiente
no tenia facultades para ello, ni podia demorar mi viage.--A esta
respuesta, dada con firmeza, aumentada con varias reflexiones de
convencimiento, se alteró, y protestó perder la expedicion; para lo
cual iba á despachar correos á todos los caciques interiores, (como
lo hizo) para que embarazasen la expedicion y la asaltasen: dando á
entender que iba á hacerse de su gente y demas de la comarca, sus
aliados. Ultimamente, como el lenguaraz de que me he valido Mateo
Zurita, ademas de poseer el idioma con la mayor propiedad, segun
dicen los indios, conoce sus inpertinencias y falsedades, y les habla
con la misma entereza que se le manda, sin recelo ni temor, y no se
confabula con ellos por ningun interes como otros; por cuya razon, y
los oficios que otros habian hecho con Lincon, informándoles que Zurita
era el que les hacia menguar los agasajos, y el que todo lo enredaba,
creyó en esta ocasion que á él debia atribuir mi negativa, y en el
último razonamiento tratò de atropellarle á mi presencia, y tambien el
capitanejo de su parcialidad: en cuyo lance me acerqué á él con una
pistola amartillada, y separándose al momento, se retiraron los dos
pretendientes con otros varios indios de sus toldos que habian venido
tras de él, repitiendo sí sus amenazas. Esta ocurrencia por fortuna
la presenciaron varios enviados de otros caciques, que me pedian
permiso para entrar á tratar á la manera que he dicho; y entre otros un
hijo del cacique Epumur, inmediato vecino de Lincon, el cual no dudó
desaprobar en el acto la conducta de aquel y desmentirle, y se ofreció
á darme parte de cualesquiera novedad que advirtiese, avisándole á su
padre: como en efecto lo realizó en aquella noche, expresando ser todo
tramoya y falsedad, y que al siguiente dia me impondria con su padre,
que pasarian á verme, como encargado de ello por sus hermanos, los
caciques Victoriano y Quinteleu. Pero entre tanto esto se comprobaba,
y como debia esperar la realidad de las amenazas, me atrincherè con
las 234 carretas, metí en el círculo que formé las haciendas, quedando
en el centro los médanos de pequeña magnitud, que son los que tienen
el nombre de Monigotes, para observar desde estos los movimientos de
los enemigos en el caso de atacarme. Todos quedamos sobre las armas,
y á punto de batirnos, si fuese necesario, haciéndosenos mas penosa
la noche, por haber sido tormentosa y de aguas. Como la expedicion
estaba escasa de toda clase de armas, corto el número de tropas, y este
minorado ya en una tercera parte de desertores, se me dió á entender
que no debia seguir la expedicion: pero como por una parte advertia que
Lincon no tenia apoyo en su hecho, que acaso trataba de estraviarme
la gente armada para tortuosos fines, y por otra era un desaire de
las mismas armas que cedia en menos honor mio, dige que debia seguir,
porque seria nuestra mayor ignominia huir sin ver los enemigos. Porque
aunque, segun el parte del capitan de milicias, en la noche precedente
se habian desertado 3 hombres mas de su compañia, el hecho mismo de
haber desertado por miedo, no solo les hacia inutiles en el combate
si no perjudiciales, porque ellos serian capaces con su cobardia de
inspirarla á otros. Así terminaron el dia y la noche tenebrosa sin otra
particular novedad.


                              2, VIERNES.

En este dia se esperó al cacique Epumur, hasta las 10 de la mañana,
en que llegó al campamento; y enterado de la ocurrencia de Lincon,
dijo: que Lincon era á todos un hombre insoportable, por su mala
conducta, sin mas fuerza que la de su lengua. Que seria muy corta su
existencia, aun entre los indios, por el odio que se habia atraido
de todos: que les hubiera hecho un gran servicio en haberlo muerto:
que el era la causa de algunas incomodidades con los españoles,
levantando especies, y como ya estaba conocido entre los caciques por
un embustero, nadie creeria sus chasquis, antes bien mirarian con
mucha estimacion el desprecio que yo habia hecho de su peticion. Que
para acalorar los ánimos habia difundido en la tierra, por noticias
de algunos españoles, que estos venian á poblar ciudades en el
Guaminí, Laguna del Monte, Salinas y otros parajes, para lo que se
le habia hablado en oposicion: pero que muy distante de oponerse, lo
hallaba por conveniente, así por el comercio reciproco que tendrian,
remediando sus necesidades, como por la seguridad de otras naciones
que los perseguian, como los Ranqueles, Guilliches y Picuntos: pues á
èl le acababan de robar todas sus haciendas, hasta los vestuarios de
sus mugeres, dejándolas totalmente desnudas. Que todos estaban en la
mayor insubordinacion, haciéndose desde niños caciques en el nombre,
y con tanta falta de sugecion, que era mas celebrado aquel hijo que
levantaba la mano á sus padres y los mataba. Que él habia sido criado
en las inmediaciones de Valdivia, donde se respetan á los mayores, se
reconoce la superioridad del gobierno y obedece al Rey; donde habia
Obispo y Padres que trataban con amor á los indios; donde se levantaban
cruces, y hacian parlamentos, de cuyos acuerdos nunca se separaban. Que
seria para los Pampas el dia mas feliz aquel en que se realizase tal
manera de gobierno y poblacion. Que la Laguna de Salinas no la habia
criado Dios para determinados hombres, sino para todos como parte de
su mantenimiento, y lo mismo la tierra, pues era para los hombres y
sus animales: y por lo tanto, si en este lugar yo quisiese hacer un
palacio, lo podia hacer, y nadie podia impedirmelo. Y si su Rey (así
hablo con mucho respeto), y si su Rey queria hacer ciudades, le era
muy gustoso, y debian serlo todos los que como él tuviesen muchos
hijos: que así él, como sus hermanos Victoriano y Quinteleu, eran
odiados, por este modo de pensar, de los caciques è indios haraganes
que se mantenian de robo; especialmente por influencia de los muchos
cristianos que hay entre ellos, que ya son tantos que se ven precisados
á sufrirlos. Que para remedio de estos males que afligen la tierra,
habian ido sus hermanos á la capital á tratar con el Gobierno; y ahora
pasaban á Chile con el mismo fin, y esperaban que lograse el intento:
quedando muy espuestas sus familias al sacrificio de los opositores,
por no convenir con sus ideas de asaltar y robar las haciendas de las
estancias de los españoles, como lo estan haciendo por medio de los
españoles que tienen en sus toldos, así estas correrias como otros
pensamientos muy avanzados. Pero que estuviese cierto, que durante
mi viage nada me podria suceder, por estar á la mira sus hermanos
esperándome en Salinas, y tenian en el tránsito apostadas algunas de
sus gentes para acompañarme, y entre otros un hermano, que me presentó
en el acto: y él por su parte me franqueaba á su hijo primogènito, y
otros deudos, por tres jornadas, como lo verificó: quedando pronto
á pasar cualesquiera chasquis al Gobierno, si lo estimase necesario,
como así lo realizó repetidamente.--La entereza de este hombre en su
parlamento, lo concertado y juicioso de su razonamiento, la viveza
de sus ojos y rostro venerable, presentaban en él un verdadero
descendiente del anciano Colocoló, que espresa nuestro Ercilla en su
Araucana. Por todo esto, y su adhesion, captó este cacique la atencion
de todos los oficiales y tropa que presenciaron el razonamiento de
este buen viejo; siendo tan particular este género y modo, que poseen
todos sus hermanos y familia uno mismo, así en trato, como en honradez.
Y esta comportacion me movió á pedirle se encargase de las boyadas
flacas: lo que hizo con toda fineza y esmero, hasta la vuelta del viage.

En este mismo punto se me presentó un enviado del cacique Mencal,
solicitando entrar á tratar. El enviado era un hijo del mismo cacique,
y le acompañaba un lenguaraz, cuyo aspecto me dió la idea de que no era
indio, aunque venia disfrazado en trage de tal, tiznada la cara. Antes
que me hablase, le pregunté de pronto: ¿Como se llama Vd.? Y turbado
me respondió: _José Antonio_. Este, averigué despues, ser un dragon
desertor, que robó cierto dinero del Rey, y una negra: y así es, que en
todos los parlamentos, si los mismos apóstatas no eran los enviados,
eran los intérpretes.

Seguimos nuestro viage hasta la Laguna de las Animas, desconocida hasta
ahora en los planos. Dista como tres cuartos de legua de la del Junco
Chico, y cuatro leguas de los Monigotes, sin que hubiese ocurrido mas
novedad en este dia.


                              3, SABADO.

Salimos de la Laguna de las Animas, y caminamos como 3 leguas, hasta
las 11 y media: en este dia se observó el sol, y á la 2 y media de
la tarde marchamos hasta las 6 y media, que llegamos á una laguna
desconocida, y sin nombre, y se le llamó Laguna de la Concepcion,
que se halla á la parte del sud-este, desviada del camino como 1,000
varas, en cuyo sitio se pasó la noche. El camino de este dia forma
muchos senos, á causa de no poder seguir la línea recta; de que resulta
acrecer la distancia de esta jornada. En esta y las anteriores, los
terrenos son planos, de abundantes pastos, y el piso arenisco. En
esta jornada nos acompañó el hijo, y varios indios de la familia de
Epumur, con los que al propio intento tenian anticipados Quinteleu y
Victoriano, y los otros enviados de Mencal y Turuñan.


                              4, DOMINGO.

En este dia, despues de haber oido misa, nos pusimos en marcha, y á
las 11 y media paramos en frente de unas lagunas de poca profundidad,
que se hallan al nord-oeste del camino. Son 5, casi encadenadas, y
al sud-sud-oeste: á distancia de estas, como 3,500 varas, hay otras
7 lagunas, todas de agua dulce, de bastante magnitud, y el terreno
de andado en este dia tiene varias lomas de diversa elevacion: por
entre las primeras y segundas pasa el camino. A las primeras lagunas
se les denominó las _Cinco Hermanas_, y á las segundas, las _Siete
Damas_: parecen todas, segun la planicie en que se hallan, no ser de
aguas permanentes. Los terrenos siguen areniscos y de mucho pasto, y
á pequeñas distancias de este punto, hay varias tolderias de indios
al este y oeste: pues de uno y otro rumbo se acercaban partidas de
indios á hacer sus permutas. Se observò á las 11, y á las 3 de la tarde
seguimos la marcha para la Cabeza del Buey, á donde llegamos á las 6
de ella. En este punto encontramos una laguna no distante del camino,
á quien se le dió el nombre del Pasage: dista como media legua de la
Cabeza del Buey; es agua permanente, y su fondo piedra berroqueña, sus
bordes de tosca: agua dulce, clara y la mejor que se ha bebido en el
camino. Se presentó el hermano del cacique Aucal, quejándose de que
Lincon habia quitado el agasajo que se le habia enviado á su padre,
y este pedia permiso para venir á tratar. En seguida llegaron varios
enviados de los caciques de Salinas, manifestando que Lincon habia
despachado chasquis a todos los caciques de la comarca, poniéndolos en
alarma, diciendo, que por varios puntos iban los españoles á atacarlos,
y á hacer poblaciones en la Laguna del Monte, Guaminì, Salinas, y
á matarlos. A estos indios se les procuró imponer de la maldad de
Lincon y sus falsedades, las cuales persuadieron con mas eficacia los
indios amigos, como testigos presenciales de los hechos: con lo que se
ausentaron, y quedaron desvanecidos sus temores, llevando á sus toldos
la tranquilidad que habia alterado el mensage del caviloso y perverso
Lincon.


                               5, LUNES.

A las 6 de la mañana de este dia nos pusimos en marcha, y á las 11
llegamos á un médano de agua dulce. Al sud-este de este médano hay
dos lagunas de bastante estension. Estos médanos, que se componen de
una porcion de arena parda amontonada sobre la superficie, comunmente
tienen en sus entrañas grandes receptáculos de agua. Este terreno ya
se manifiesta menos firme, mas arenoso y aunque cubierto de pastos, se
percibe que en tiempo seco será escaso de ellos. En este dia no pudo
observarse por estar el tiempo nublado y de tormenta. A las 3 de la
tarde, continuamos la marcha, hasta las 6-1/2 que parámos en terreno
firme, inmediato á la cañada que llaman del Zapato, al oeste-sud-oeste
de dicha laguna: y habiendo dispuesto trasnochar, marché con la
avanzada á hacer la descubierta dos leguas. Como á la legua y media al
nor-oeste, hay una laguna que derrama en la cañada el sobrante de sus
aguas, y tiene de largo como 2,000 varas: á esta laguna de agua dulce,
por no conocersele nombre, se le puso el de Santa Clara. Mas adelante
de aquí, como á tres cuartos de legua, hay una loma ó médano, que forma
una figura cónica, con una vertiente de agua dulce, muy superior á las
que se han encontrado, y se le puso el nombre de Médano del Cármen.
A las 8 de la noche, habiendo hecho la descubierta, continuamos la
marcha, y se hizo el rumbo mas al oeste-sud-oeste de dicho médano,
como una legua y 2,500 varas; donde se paró, como á las 10 de la
noche, por haberse entorpecido la marcha con los atolladeros y malos
pasos de la cañada. Esta abunda en pastos, su planicie es pantanosa,
interponiéndose algunas lomas de pisos, y pastos mas fuertes.


                              6, MARTES.

A las 7 de la mañana seguimos la marcha, y al sud-sud-este dimos con
una laguna que tiene de largo como tres cuartos de legua, y se halla
situada al viril de la cañada. Se observó á las 12, y continuamos el
viage hasta las 6 de la tarde, que parámos en frente de otra laguna, á
la que se dió el nombre de Mercedes. Al oeste-nor-oeste de ella, hay
una loma, ó médano, con agua dulce, que forma la figura de un triángulo
escaleno, y es el de mayor elevacion: se le puso el nombre de Médano
Alto; debiendo entenderse, que tanto al nor-oeste como al sud-oeste
del camino, hay muchas lomas, de mayor y menor elevacion: de modo
que toda esta jornada forma una superficie escarpada ò quebrada, su
terreno arenoso, y los pastos rasos. La alternativa de médanos ó lomas
que contiene, es un tegido que hace dificil distinguirlos con nombres
particulares: esta jornada es solo proveida de aguas, sin leña alguna,
y pocos pastos fuertes, y yermos de indios, sin mas ocurrencias en ella.


                             7, MIERCOLES.

A las 6 y media de la mañana continuamos la marcha, y á las 11 y media
llegamos al costado de una laguna á la que le siguen 6 mas, y se les
puso el nombre de las Lagunas Acordonadas: y aunque se procuró observar
el sol, al tiempo de subir sobre nuestro cenit unas densas nubes
impidieron realizar la operacion. Se encontraron ademas 5 lagunas
enlazadas al costado del sud-este, y 3 al del nor-oeste, que demuestran
no ser permanentes. Hay tambien lomas y médanos, algunas en figura de
prismas, otras triangulares, y una entre las demas, de bastante altura,
que forma la de un cilindro cortado oblicuamente. Estos médanos son
de arena y tierra colorada, y sus pastos mejores que los anteriores.
En este dia se dió alta á 4 enfermos, y entraron 3, un sargento y 2
peones, segun los partes que se me han dado. A las 2 y media de la
tarde se prosiguió la marcha, y á las 6 y cuarto llegamos á la última
laguna de las seis Acordonadas, que se hallan en otros derroteros, y se
hicieron varias demarcaciones. La primera fué demarcar la Sierra de la
Ventana: su medio al rumbo del sud, y la base ó distancia de los dos
extremos entre sí, el primero al sud, 10 grados sud-este; y el segundo
sud, 4 grados sud-este. Concluida esta operacion, se demarcaron los
ángulos que forma en su cumbre, que son cuatro costados verticalmente,
por la superficie plana ó espacios que con ellos forma. Nos ha llovido
un poco, y al ponerse el sol se hallaba todo el horizonte cargado.
Se me dió parte haberse enfermado otro sargento. Recibí chasqui del
cacique Quilapí, pidiendo permiso para hablarme, que le fué concedido.
Se presentó con su gente armada de machetes y sables desenvainados,
formados en batalla: se le mandó envainar las armas, y que entrase
al campamento á piè como lo egecutó. Este cacique manifestó en su
parlamento, que se le habia informado que la expedicion iba á formar
ciudades en la laguna del Monte, Guaminí y Salinas, con miras de
despojarlos de sus posesiones, con alusion á los avisos de Lincon y
de los cristianos que entre ellos habia, los cuales tomaron la voz en
el parlamento, como suelen hacerlo. Se procurò disuadirles con las
razones y reflexiones mas adecuadas á desimpresionarles esta especie: y
ya porque les hiciesen fuerza, ó porque los indios amigos contribuyan
con eficacia á ello, se serenaron, hicieron algunos cambios, y se
retiraron gratificados, muy contentos al parecer. Pero interiormente
guardaban su doble proceder, ocultando la maldad de estar en aquella
fecha parte de la indiada de esta tribu, haciendo el robo de 400 y mas
cabezas de ganado caballar y mular, como despues se me avisó por uno de
los caciques amigos, de que en su tiempo hablaré cuando se repita el
desacato de Quilapí, hijo del cacique Lorenzo, bien conocido por sus
excesos en estas fronteras.


                              8, JUEVES.

Amaneció lloviendo este dia, habiendo llovido antes la mayor parte
de la noche, con el viento por el este-sud-este, y por esta causa no
se emprendió la marcha hasta las 11 de la mañana; y á las 4 de la
tarde llegamos á una laguna de pequeña estension, que está al sud del
camino, y no se halla en plano alguno: dista de la Laguna del Monte
como 2 leguas. Se encontraron varias lomas y quebradas á uno y otro
lado del camino, con manantiales de agua dulce; y por lo referido no se
pudo observar en este dia. Las cañadas, lomas, médanos y terrenos que
median, desde la del Zapato hasta este punto, son sumamente trabajosos
para el tránsito de los carruages, por lo pantanoso de los caminos,
tembladerales y pisos blandos: de modo que, en atollandose una carreta,
se sume inmediatamente hasta el lecho y se aniega de agua. Pero pueden
evitarse esta incomodidades, desechando los antiguos caminos, y tomando
las faldas de las lomas que por uno y otro costado de esta molestísima
y larga cañada hay hasta su fin, siguiéndola igualmente: ademas de las
lagunas dichas, unos saladillos por derecha ó izquierda que vienen á
unirse al fin de ella y forman un paso trabajosísimo por poca agua que
tengan, si no es tiempo seco, por la inconstancia del piso. Ya en la
vuelta de este viage se logró desviarse de muchos malos pasos, tomando
las faldas y lomas que se reconocieron de mejor firmeza. Hoy se me dió
parte haber 5 enfermos mas.


                              9, VIERNES.

A las 8 de la mañana seguimos la marcha, y á las 11 y cuarto llegamos
á las inmediaciones de la Laguna del Monte: esta laguna tiene un
islote de montes como de 10 á 15 cuadras de frente, ó lo que es lo
mismo de 1,500 á 2,000 varas. Contiene frondosos y espesos árboles
sin poderse reconocer qué clase de maderas, ni cual sea su estension
ó circunferencia, por hallarse circuido por todas partes de agua,
por el gran caudal de ellas que le subministran el arroye Guaminí, y
muchos otros derrames de la Sierra de la Ventana. Esta confluencia de
aguas le dá mas de 3 á 4 leguas de largo, y segun las lluvias, toma
mas estension, porque se une con otras mas al nord-este que forman
otros derrames de la misma Sierra de la Ventana: y por la parte del
sud-oeste llega á enlazarse con la laguna que llaman de los Paraguayos,
y entonces pasa de 7 leguas de longitud: en tiempo seco deja algunos
pasos, desde el camino de nuestra derrota á la parte opuesta de la
sierra. Es muy abundante de pescado, sus aguas son saladas, y á sus
inmediaciones se encuentran pequeñas lagunas de agua dulce. En este
dia se demarcó nuevamente la Sierra de la Ventana y la de Guaminí, por
ser el punto de mayor aproximacion segun nuestra derrota. De aquí se
reconoce que dicha Sierra de la Ventana en su periferia ó cumbre, y
término de mayor elevacion, forma 15 quebradas, unas de mayor y otras
de menor altura. Estas son vertíces de triángulos cortados entre sí:
la base es verdaderamente rectilínea. En la jornada y derrota de este
dia se han reconocido, al rumbo de sud-sud-este, 3 lagunas de agua
dulce y 2 al nord-nord-este. A las 3 de la tarde nos pusimos en marcha,
y llegamos al parage nombrado el Junco Grande: antes de llegar, como
1,000 varas al costado del nord-nord-oeste del camino, encontramos una
laguna muy abundante de delicada agua, á la que se puso el nombre de
Laguna Hermosa.


                              10, SABADO.

A las 7 y media de la mañana nos pusimos en marcha hasta las 11 y
media: á las 12 se observó junto á una laguna, que por no tener nombre
se le llamó de Santa Rosa. La sierra del Guaminí quedaba al rumbo
del sud 15° sud-este, y la de la Ventana al este, cuarta sud-este. A
las 2 y media de la tarde marchamos, y á las 6 y media llegamos á la
Laguna de los Paraguayos, en donde, como á la distancia de 1,000 varas
para el sud, se hallaban 3 caciques con bastante número de indios
formados en batalla, con una bandera blanca enarbolada en una chuza:
desde cuyo punto mandaron un mensage, pidiendo permiso para entrar
á la salutacion de costumbre, que se les concedió, y recibió en el
modo acostumbrado. Estos caciques eran Millapue, Joaquin Coronel,
y Leymí, parientes parciales y amigos de Victoriano y Quinteleu, y
encargados de proteger la expedicion. Venian con recomendacion de
aquellos, para que se les otorgase un dia de trato, á que fuè preciso
condescender, y obsequiarlos como á amigos y aliados, en la tarde de
aquel dia y noche. Manifestaron todos el gran aprecio y respeto que
tenian á Quinteleu, y que estaban enterados de las miras de aquel,
cuyo sistema seguian. La impertinencia de la embriaguez fué grande en
la gente; pero los caciques se mantuvieron serenos sin mesclarse en
tales excesos, sufriendo los insultos de sus mismos indios en la tarde
y noche de aquel dia. Trageron ganados y caballos á vender, de que se
abasteció la armada necesitada, bien que á precios poco còmodos. Se
me dió parte haberse dado alta á 4 enfermos, y haber entrado un peon
mortalmente herido por haberle cogido una rueda de carreta que picaba:
se confesó inmediatamente. La noche se pasó toda sobre las armas, para
evitar desgracias y separar la mezcla de peones con los indios, lo
que se consiguió sin novedad. Tambien en este dia se recibió enviado
del cacique Antenau, pidiendo le esperase: pero se le contestó, que
no podia detenerse la marcha, por los muchos enfermos que llevaba la
expedicion; pero que si queria venir y entrar en la parada de mediodia,
lo hiciese cuando gustase. Que por esta causa no podia mandarle al
vaqueano Leyva, y dos soldados ó mas que pedia para que le acompañasen.


                             11, DOMINGO.

Continuando la embriaguez y acaloramiento de los indios que en sus
pendencias reñian, hiriéndose barbaramente, y siendo forzoso estar
sobre las armas, no se pudo celebrar misa. Procuré abreviar la
marcha, manifestando á los caciques el perjuicio de la demora, en que
convinieron prontamente de buena voluntad: y haciendo al mismo tiempo
retirar la peonada, que desde la tarde anterior habia estado haciendo
acopio de junco (de que abunda dicha laguna) para hacer las trojes
de las carretas, quedó todo pronto á las 4 de la tarde. A esta hora,
á pesar de una tormenta furiosa de viento, truenos, lluvia y rayos,
marchó la expedicion, hasta alejarse de la laguna como legua y media.
La tormenta venia por el sud-oeste: pero, habiendo arreciado el viento
por el sud, echó la fuerza de la tormenta al nord-nord-oeste; y como
creció el aguacero sobre nuestra posicion, y el viento seguia de la
misma conformidad, fué necesario parar, y pasar una noche trabajosísima
para sugetar las haciendas que dispersaba la tormenta. La gente fué
igualmente necesario que se mantuviese á la intemperie, la mas cruda
que puede imaginarse.


                              12, LUNES.

A las 6 de la mañana nos pusimos en marcha, y á las 11 y media parámos
al frente de 3 lagunas de agua dulce, encadenadas al costado del sud,
quedando otras mas, hasta 7, hácia el norte. Unas y otras forman
barrancas altas, y la mayor parte de ellas se comunican por unos
arroyuelos que hacen los cauces de sus derrames. Las de la parte del
sud son generalmente saladas, y las del costado del norte, dulces.
Los bordes son en general de piedra y de tosca dura. A la parte del
norte del camino se ven lomas y mèdanos de bastante elevacion, y en
estos se encuentra por lo comun muy buena agua. Los terrenos y pastos
de esta situacion son buenos, la superficie es plana, y es la razon
porque estan habitadas todas estas inmediaciones de toldos de indios,
con crecido número de ganados vacuno, caballar y lanar. A las 3 de la
tarde nos pusimos en marcha, y á las 5 y media llegamos á la Laguna de
los Patos, continuando el terreno en el mismo modo que el anterior.
Descubrimos como á distancia de una legua un árbol, que por hallarse
sobre una loma, y ser cosa estraña, llamó la atencion. Se reconoció
ser un chañar espeso, desde cuyo punto por una cañada ò bajo que se
presenta á la vista, se descubrieron otros varios árboles, y á mayor
distancia un bosque, que resultó ser parte del monte de la Laguna
de Salinas. Ya al sol puesto llegò un mensage de parte del cacique
Anteneu, pidiendo licencia para venir á tratar á las Salinas que le
fué otorgada. Se me dió parte haber salido ó dado alta á dos enfermos
en este dia, y haber enfermado dos soldados y un peon, y no ocurrió mas
novedad que la de no haberse podido observar.


                              13, MARTES.

A las 5 de la mañana se continuó la marcha, y á las 8 y media llegamos
al borde de la Laguna de Salinas, y se situaron las carretas en línea
de circunvalacion sobre ella, para disponer lo conveniente en órden á
la carga y refaccion de carretas. Reconocido el terreno mas aproposito,
mandé formar el campamento en el punto mas dominante que presenta el
cuadrilongo de la laguna, que es casi en su mitad, por el costado del
norte corregido, apoyado sobre una barranca como de 20 varas de alto,
y proveido de 2 manantiales de agua dulce. Allí se establecieron los 2
cañones al frente de la única entrada que franqueaba la lìnea formada
de carretas, situadas las tiendas de campaña para la tropa y guardia
de prevencion, y á su retaguardia la demas tropa, para que, reunida,
se hallase mas pronta en todo acontecimiento. A las 10 de la mañana
se presentó el cacique Antiman, y el cacique Caluqueo, con sus gentes
armadas de armas cortas, pidiendo licencia para entrar á parlamento, á
quienes se les otorgó y recibió, haciéndoles su saludo de artillería.
Manifestaron desde luego haber recibido mensajes del cacique Lincon,
en que les avisaba de nuestra venida con miras de hostilizarlos y
formar poblaciones. Se les hizo entender la falsedad de Lincon y su
mala fé, comprobándola con las aserciones de los indios que habian
presenciado la ocurrencia: quedaron al parecer satisfechos y procuraron
hacer algunas permutas con sus tejidos y peleterias, y exigir las
gratificaciones de estilo, de bebidas, yerba, tabaco y otras especies,
que fue necesario darles con todo agasajo y sufrir sus embriagueses
que continuaron por algunos dias: hasta que fueron acercándose los
indios Ranqueles, que trataron en cargar de sal y retirarse, por no
encontrarse con aquellos de quienes son enemigos. A las 7 de la tarde
llegó un enviado del cacique Victoriano, averiguando nuestra llegada,
pidiendo permiso para llegar al campamento al siguiente dia; que le fué
otorgado.

En este dia, por estar nublado, no pudo observarse. Se me dió parte
haber enfermado un hombre de resultas de un golpe que le dió un
buey. Ha llovido algo, y el viento ha estado por sud-este. Todas
las inmediaciones de la laguna estan muy provistas de excelentes
pastos y aguadas en varias lagunas dulces, en donde se pastorean las
boyadas y caballos: siempre á la vista, por no poderse alejar sin
guardia respetable al parage de los Manantiales, y porque los indios
manifiestan no estar de paz, segun han espresado Quinteleu y prevenido
Victoriano, como amigos, recelosos de los muchos caciques que estan
inmediatos, á fin de precaver el robo de las haciendas y desgracias
consiguientes. Con este motivo, por medio de los ayudantes, mandé
comparecer á todos los troperos y capataces de carretas, á quienes
impuse de esta novedad, y del doble cuidado que demandaba nuestra
situacion: y á fin de salir pronto de aquel punto, asigné el perentório
tiempo de recomponer sus carretas y ponerlas prontas para la carga, que
deberian egecutar en el término de 8 dias: de que fueron prevenidos
para precaver los riesgos, y apresurar la salida de aquel destino.


                            14, MIERCOLES.

A las 7 de la mañana mandé comparecer á los troperos para que
reconociesen la laguna y viesen el medio de proporcionar la carga, sin
embargo de hallarse tan llena, como nunca se habia observado, por las
muchas aguas del año, y haberle entrado un derrame de agua de otra
laguna dulce no conocida: para lo cual cada uno sacaria las carretas
que pudiese cargar al dia, dejando las demas en la línea que formaban
para estrechar las distancias en caso de invasion, y quedar siempre
atrincherados: reponiendo las que se cargasen á su lugar, hasta que
por este órden quedasen todos prontos. En lo cual convinieron, pero
unanimente espusieron que consideraban imposible sacar sal segun la
altura del agua: mas sin embargo iban á hacer la prueba, y reconocer
por diferentes puntos la dicha laguna. En efecto habiéndolo egecutado,
resultó que, despues de muy mortificada y estropeada la gente,
solo se pudieron sacar como 6 fanegas de sal: cuyo reconocimiento
inspiró una desconfianza de que en esta parte se rendiria inutil el
viage, sin embargo de que el mucho viento contribuia á formar olas,
y estas estorbaban el trabajo, tanto ó mas que lo crecido de las
aguas. Recibí chasqui del cacique Victoriano, anunciando su próxima
llegada al campamento, que la egecutó con su hermano Quinteleu, y
los caciques Payllatur, Payllain, Guaquinil, Quilan, y Millapue, que
fueron recibidos en el modo ordinario. Todos por su órden hicieron su
parlamento, y manifestaron las noticias que les habian comunicado,
de venir la expedicion con ánimo de hacer hostilidades y poblar la
laguna y otros puntos; pero que los caciques Victoriano y Quinteleu
habian tranquilizado sus ánimos, disipando los recelos, asegurando que
ellos salian garantes de la paz y buena fé de los españoles, y que en
efecto los habian creido, y estaban bien persuadidos de que no se les
faltaria, ni tampoco invadiriamos con nuestras armas. No así lo creian
otros caciques de la comarca, antes bien tenian por sospechosos á
Quinteleu y Victoriano, por amigos de los españoles. En este estado el
cacique Victoriano y Quinteleu espusieron que su amistad se estendia
á permanecer en aquel destino mientras la expedicion no retornase,
para reparar cualquiera hostilidad que intentasen hacer los caciques
Ranqueles y demas descontentos; á cuyo fin tenian prontos 1,000 indios,
y pidieron estos dos hermanos alojar inmediatos al campamento: lo que
les fué otorgado. Inmediatamente ordenè se diese á la tropa racion
de pan, tabaco y agí, que recibieron los oficiales por medio de sus
sargentos. En este dia se observó el sol, y resultó hallarse la laguna
en 37 grados 14 minutos de latitud sur, situacion ó altura de polo del
punto medio de ella: sin que en este dia hubiese ocurrido mas novedad.


                              15, JUEVES.

En este dia llegó un chasqui de los caciques Ranqueles ó del Monte,
solicitando aguardiente, yerba y tabaco; y expresó que estos y el
cacique Carrupilun estaban opuestos á la expedicion, y venian con
ánimo de declarar la guerra, para cuyo efecto tenian como 600 hombres
armados de coletos, cotas de malla y lanzas, como á distancia de 2
leguas del campamento, en unos médanos altos: que la causa entre otras
era el tenor entendido que veniamos á hacer poblaciones en sus terrenos
y á degollarlos. Enterado de la relacion del chasqui, le disuadí
de la equivocacion en que estaban los caciques, y mandé al cacique
Victoriano viniese, y se cerciorase de la ocurrencia: como en efecto
lo hizo, y por si mismo satisfizo al enviado, manifestándole que la
expedicion venia á cargar de sal, como lo acostumbrabamos á hacer de
paz y buena amistad: que él estaba cierto de ello, y se mantenia en
mi compañia para hacerlo entender á todos los indios; y para oponerse
con sus gentes y armas, si alguno tenia el descomedimiento de injuriar
la expedicion, ni ofenderla en lo mas leve: y que así se lo hiciese
entender á los caciques que lo mandaban, si no querian como amigos
venir á tratar. A esta generosa contestacion de Victoriano añadí, que
en el momento me iba á poner sobre las armas, que no necesitaba de
auxilio alguno, y que en el caso de querer pelear, no me moveria de
aquel punto donde los esperaba, y mandaria venir 2,000 hombres armados
de la frontera, y que no perdonaria vida de ningun Ranquel ni de sus
amigos; y que entonces verian cumplido y realizado lo que ahora no se
imaginaba. En efecto mandé aprestar toda la gente, y que los dueños,
capataces y peones de carretas se pusiesen sobre las armas, recogiendo
las haciendas sobre la laguna, resguardada de la línea que formaba
y amparaba la artillería. Este movimiento alarmó á los indios del
campamento, y especialmente al cacique Victoriano y sus parciales,
que vinieron muy cuidadosos á asegurarme de nuevo su amistad: y en
consecuencia de ella les espuse, que retirasen sus familias para que
ni se confundiesen con los enemigos, ni sufriesen los estragos de la
guerra, que eran consiguientes en el ardor de la batalla, si no se
ponian anticipadamente en lugar determinado y cierto, sin separarse
de él. Esta resolucion dobló su empeño, y causó los buenos efectos de
destacarse algunos indios respetables à prevenir á los caciques armados
que desistiesen de su empresa y entrasen de paz, antes que aventurar el
perder la tierra, por cuanto á ellos constaba la fuerza que yo habia
dejado en la frontera, quienes al menor aviso talarian los campos, y
degollarian á todos los indios que faltaban á la buena fé, parlamentos
hechos, y paces ajustadas en la laguna, como constaba á algunos
caciques que las habian presenciado. Estos razonamientos oficiosos, sin
duda arredraron á Carrupilun, motor de esta ocurrencia, y resolviéron
con doble intencion entrar al campamento sin lanzas, dejándolas en los
médanos. El resultado fué mandar nuevos chasquis, diciendo que ellos
acostumbraban hacer sus marchas con las armas, pero que si se les
daba licencia, entrarian sin ellas á tratar: cuya respuesta fuè con
la misma firmeza que la anterior, mirando con desprecio sus amenazas,
y que los esperaba con las armas en la mano. En efecto toda la noche
estuvimos con la mayor vigilancia, haciendo candeladas para evitar una
sorpresa, á favor de las nieblas, aumentadas con la tormenta y lluvia
que sobrevino. Amaneció el 16 sin mas novedad, que haberseme dado parte
de la alta de 4 enfermos que tomaron las armas.


                             16, VIERNES.

A las 8 de la mañana de este dia llegó al campamento un chasqui
del cacique Quinteleu, que en el dia de su llegada á la laguna se
retiró á buscar su familia, avisando, que habia tenido noticia
de las incomodidades sufridas con algunos caciques, pero que nos
tranquilizasemos: que al momento se ponia en marcha, que aquietaria
y conduciria al campamento á los caciques que se decian enemigos,
y les haria entender sus deberes. En efecto llegó como á las 2 de
la tarde con los caciques Ranqueles, menos Carrupilun, Curritipai,
Coronado y otros, que aun quedaron renitentes y tercos en sus porfias.
Se recibieron como á los demas, y dieron sus razones y parlamentos á
presencia de todos los demas caciques que ya habian sido admitidos.
Cada uno de ellos se panegirizó de un potentado y gran señor de aquel
continente, dandose unos á otros esclusiva, sin ofenderse de ello,
aunque privativamente se llamaban dueños de la laguna. A todo se dió
su respectiva contestacion: habló el último Quinteleu, y entre otras
muchas cosas, con que atacó á los caciques, fué la última, que nadie
esclusivamente tenia dominio sobre la laguna, que esta era comun, y que
todos debian disfrutarla, que ningun cacique, sin cometer violencia y
faltar á los tratados de paz con los españoles, podia incomodarlos: que
él habia ofrecido al Exmo. Señor Virey y al Exmo. Cabildo hacer guardar
estos tratados, y que la expedicion no seria incomodada; y esto lo
habia de cumplir y defender con su gente si fuese necesario, hasta
cargar las carretas y conducirlas á la misma capital. Que á ningun
cacique ni sus gentes se estorba entrar á Buenos-Aires, y á todos se
les daba buen pasaporte, y por lo mismo faltando en este presente á
su deber los indios, se esponian al enojo de los españoles, y á que
tomasen las armas y los destruyesen. Por lo tanto creia, que todos
los caciques que estaban presentes convendrian con él: y en efecto
convinieron, añadiendo cada uno razonamientos de su conformidad. En
este estado repuse, que yo no llevaba otra comision que la de conducir
la expedicion, y cargarla de sal, guardando la mejor armonía y amistad
con los caciques é indios, sin incomodar á nadie, y observar quienes
eran verdaderos amigos, y quienes eran enemigos: no permitir que
ninguno ultrajase á los españoles, en cuyo caso castigaria á los que
se atreviesen. Que algunos caciques se habian propasado, y esperaba
solo la reunion de todos para manifestarles y hacerles ver, que yo no
queria emplear las armas si no contra los que me insultaban: y les
hacia saber, que á la mas leve queja ó insulto usaria de las armas,
y daria cuenta al Señor Virey para castigar la tierra, y que no me
retiraria sin hacer los mayores estragos, abandonando la expedicion por
vengar los insultos y agravios. Que en este concepto contuviesen á los
que se oponian, pues mientras no viese acertada esta paz, no cargaria
las carretas de sal, por estar mas desembarazado para todo: que se
retirasen á alojar á distancia del campamento con sus gentes. Todos
afianzaron estar tranquila la tierra, y me rogaron tratase de cargar
las carretas. Yo me resistia á ello, haciendo mérito de lo mismo que
me era imposible practícar por el estado de la laguna, y los caciques
Quillan, Payllatur y Quidenau se esforzaron sobremanera, y el último
con tal estremo, que ofreció en rehenes y seguridad de sus promesas,
4 hijos y su persona: pero yo diferí la contestacion para el dia 17,
respecto á que ya era tarde y debian tratar de alojarse. En este estado
se retiraron, menos Victoriano y Quinteleu que alojaron en la guardia
de prevencion, y continuaron suplicándome cargase las carretas, cierto
de que nada me habia de suceder. Y quedando la tropa y gente de armas
en vela con las mismas òrdenes y prevenciones que la noche anterior,
pasó esta sin mas novedad.


                              17, SABADO.

En este dia, como á las 8 de la mañana, llegó al campamento el cacique
Currilipay acompañado de número considerable de indios, anunciando
el pronto regreso del gran Carrupilun, y manifestando le saliese á
recibir con respetable escolta para hacerle honores, como acostumbraban
hacerle todos los comandantes de las expediciones. A que contesté, que
le haria el recibimiento que á todos, si venia de amistad; y si venia
de guerra, con las armas; que le mandaria un oficial y el lenguaraz
para hacerlo asi entender: y en efecto mandè 12 hombres y un sargento
bien municionados, con el lenguaraz, á corta distancia del campamento
y á la vista de él; quienes llegaron á su formacion, y se manifestó
incomodado, despreciando al lenguaraz, y usando en la contestacion
de un N. Lucero, Puntano, muy sagaz y favorito del cacique, de las
intenciones mas dobles y el mayor facineroso y enemigo nuestro, muy
respetado entre los indios por valiente. Se me avisó esta ocurrencia,
y de la disposicion de Carrupilun para chocar y hacer armas: pero
al fin, sin aguardar otra respuesta, se acercó al parlamento, muy
decorado con sus caciques _á latere_, y otros que salieron á recibirle,
y considerable número de indios con machetes, sables y bolas, sin
lanzas, porque las habian dejado apostadas con gente en los médanos.
Como todos los antecedentes eran de que este cacique queria burlarse
de la expedicion y asediarla como lo habia hecho con otras, tenia toda
la gente armada, en sus respectivos puntos, cargada á metralla la
artilleria y esmeriles, con mecha encendida, y á punto de defenderme
ya de los que venian de nuevo, como de todos los demas que rodeaban
el campamento, de los cuales muchos estaban secretamente complotados
con Carrupilun para atacarnos. Su muchedumbre formaba un espectáculo
harto respetable, y acercándose á la línea, esperó en ella á que
fuese á introducirlo: lo que egecutè á pié con los caciques amigos y
12 hombres armados, obligándole de este modo á que se apease, como
lo egecutó, y llegó á pié al campamento con los caciques, quedando
su gente montada en la línea. Manifestó desde luego mucho orgullo é
incomodidad, porque no se le hubiese mandado 50 hombres, y que no
hubiera salido á recibirle como me lo habia pedido. Llegó al cuerpo
de guardia con su acompañamiento, é hice despejar el lugar y doblar
las centinelas, impuesto de sus acostumbradas desverguenzas en otros
parlamentos; con órden de asegurarlo en el caso de usar de sus armas
é descomedirse. El observò mi entereza, y al mismo tiempo el agasajo
posible; pero no quiso que mi interprete recibiese de él razonamiento
alguno, manifestando su desconfianza: á que le contesté, que yo oiria
del suyo y del mio sus propuestas y razones, porque tenia el mismo
motivo de desconfiar de su lenguaraz, por no conocerlo, que el que
manifestaba del mio, y que de este modo nos entenderiamos. Convino con
ello, y dió principio á su razonamiento por la falta que se cometia
contra su respeto y mando general de aquellas tierras, en no darle
parte anticipadamente por el Virey, del envio de esta expedicion: que
la laguna era suya, la tierra dominada por él, y ninguno, sin ser
repulsado violentamente, podia ir allí: que repetia, que él era el
Señor, el Virey y el Rey de todos los Pampas. Y todos los caciques sus
dependientes esforzaron estas últimas razones de una manera fuerte,
á beneficio de un pulmon de privilegio que le dió la naturaleza, en
una estatura prócer, robusta y de aspecto imponente. Le contestè á
todo: que yo no iba á disputarle su vireynato, ni la legitimidad de
sus propiedades; que mi viage era contraido á cargar la expedicion de
sal, en fuerza de una amistad asentada entre españoles y pampas, por
virtud de lo cual en aquel mismo lugar se habian quebrado lanzas, y
hecho las mas solemnes amistades, bajo las cuales los indios de todos
los caciques entraban diariamente en Buenos Aires, y en todas las
fronteras sin ser robados, ni incomodados, antes sí muy regalados;
que él mismo cabalmente habia sido de los mas beneficiados por el Sr.
Virey, D. Santiago Liniers, que le regaló sombrero, uniforme y baston
de general, con otras muchas cosas de valor y estima, y no debia
olvidar tan pronto esta prueba de amistad y buena fè, y por lo tanto
era innecesario el aviso que echaba menos. En cuya inteligencia creian
tener los españoles igual derecho ó razon para hacer sus expediciones
acostumbradas de sal en las pampas: que la laguna, como el Rio de la
Plata, cuando iban ellos à Buenos Aires, nos prestaban la sal y el
agua, que Dios habia criado para los hombres, y ninguno podia ponerles
precio, ni privarlas á los demas hombres sin ofenderlos: que ya estaba
cansado de oir estas reconvenciones por todos los demas caciques,
llamados tambien dueños de la laguna, y por lo mismo no queria cargar
hasta saber si eran firmes, y estaban en su fuerza aquellos tratados
de paz, ò se declaraba la guerra: en inteligencia que entonces daria
aviso para que las tropas que estaban en las fronteras entrasen, y
decidieran las armas lo que no podia conseguir la razon y sufrimiento:
teniendo entendido, que no le permitia alojar dentro del campamento,
para evitar motivos de disgustos entre mis soldados y sus indios. A
esta esposicion, dada con igual firmeza, depuso su altivez, mudò de
tono y dijo: que queria ser mi amigo, y que le diese la mano derecha;
pero que le diese alojamiento á mis inmediaciones: á que me negué,
recordándole sus hechos en la penúltima expedicion, en que desalojó
al comandante de su carruage, y se cometieron otras desatenciones,
que causaron las embriagueses de sus indios y la suya, á términos de
un rompimiento: y para evitar desgracias, convenia á él y á mi que se
alojase á distancia, y lo serviria como amigo. Se allanó á todo, y me
pidió aguardiente, pan, tabaco, pasas y carne para comer, espresándome
que estaba en la mayor escasez, despues de 8 dias de camino por venir á
saludarme, con otras muchas lisonjeras espresiones, de que abunda como
hombre pérfido. Se retiró no muy distante, sin salir del campamento,
con miras de preparárseme mejor golpe, segun tenia acordado con los
caciques Euquen, Milla, Coronado y otros que estaban apostados, y se le
dieron á él y á sus gentes, 4 barriles de aguardiente, tabaco, yerba y
demas á proporcion, con lo que dió principio á sus embriagueses. Noté
que los caciques Victoriano y Quinteleu se separaron de este y de los
demas sus parciales, y solo Quirulef, cuñado de Quinteleu, asistió con
todos los demas caciques al parlamento de Carrupilun. Es costumbre
saludarse todos, siempre que se reunen, refiriendo sus ocurrencias
desde la última vez que se vieron; y llegando este turno á Quirulef, le
reconvino á Carrupilun, diciéndole, que Quirulef, sus padres y abuelos,
habian ocupado aquellas tierras, y ninguno se las habia disputado, y
le era muy estraño que el que ayer las habia conocido, hoy las llamase
suyas, y tratase así á los españoles, despues de tener con ellos una
paz útil y ventajosa: que Carrupilun tenia su antigua morada en los
montes, y nunca en las pampas, y queria con los suyos perder á estos, y
esponerlos al enojo de los españoles, &a. A esto contestò, que lo que
el decia y hacia era un beneficio á la tierra, porque los españoles
eran muy pícaros. Impuesto yo por el lenguaraz de su comportacion,
le hice entender, que no me gustaba aquel modo de producirse, y
que me veria precisado á dar parte al Virey. A esto repuso, que me
sosegase, que el era mi amigo, y que les mandase mas aguardiente para
alegrarse con sus indios, con los cuales continuó su borrachera. En
la tarde y noche de este dia quedamos sobre las armas para contener
los excesos de los indios, y sus repetidas molestias con amenazas, á
que de ordinario los incita la bebida, hasta que enteramente caen y se
entregan al sueño, único medio y tiempo en que se logra en tales casos
de algun alivio. Los caciques Quinteleu y Victoriano, á diferencia
de todos los demas, no se emborracharon, y pasaron toda la noche en
vela, acompañándome como agitados de algun cuidado, y recorriendo el
campamento en desconfianza, no tanto de Carrupilun, cuanto de los
caciques apostados. A estos los hacian observar con sus gentes, quienes
daban cuenta de cualquiera movimiento hóstil que hiciesen: en efecto,
recibí frecuentes partes de no haber novedad, hasta que amaneció el dia
18. Por no haber tenido efecto los proyectos acordados para este dia
y noche, como despues referirè, fué necesario destinarlo al descanso,
alternado los oficiales y tropa, excesivamente fatigados con la vigilia
de 5 noches con sus dias que llevabamos de campamento sobre la laguna;
sin poder emprender el trabajo de un modo útil, por lo crecido de
dicha laguna, y las muchas olas que formaba el viento: lo que tenia
desalentada la gente, ademas de las zozobras que sufrian con las
amenazas, altaneria y robo de los indios.


                             18, DOMINGO.

Amaneció sosegado el campamento, y los mas de los indios incluso
Carrupilun durmiendo sus embriagueses: el cacique Victoriano partió
para su toldo á preparar su gente, pues tenia noticias mas que
fundadas de las intenciones de Carrupilun y caciques enemigos. A las
9 de la mañana, poco mas, se acercó al cuerpo de guardia Carrupilun,
y como en la noche precedente algunos indios ebrios se habian
atrevido á incomodar los centinelas, y otros habian estraviado y
robado 22 caballos, y despojado á un boyero del caballo y recado,
tuve oportunidad, en virtud de estos hechos, para reconvenirle por
la falta de cumplimiento á su palabra y amistad asegurada el dia
anterior. Manifestò un modo poco atento, y con aire de desprecio me
dió á entender que callase y aguantase. A esto repliqué, que tuviese
entendido, que á él y á sus indios, desde aquel momento, si no se
comportaban de otra manera, les haria enseñar con las armas sus
deberes: porque, si habia creido burlarse de los españoles, estos se
harian respetar como acostumbraban y á él le constaba. Vió que los
oficiales y demas gente de la armada se alteraron, y entonces mudó
de tono, y se sometió con bajeza: quedando mas sosegado, cuando notó
que todos guardaron silencio, luego que yo les previne no se movieran
á cosa alguna por no ser tiempo. Las ideas de Carrupilun eran, de
disponer las cosas para que los indios sus confederados asaltasen en
el dia de hoy la expedicion; y al intento el se habia situado en el
campamento con varios caciques y sus gentes, dejando á corta distancia
la indiada armada, con los caciques Neuquen, Milla, Coronado y otros.

A las 6 de la tarde se me dió parte de un emisario de Neuquen, que
solicitaba entrar al campamento con su indiada, pero que antes
lo mandase un oficial con 50 hombres, 4 barriles de aguardiente,
tabaco, yerba, pan y carne: que tuviese entendido que el era el rey y
señor de la laguna, y de toda la tierra, á quien los demas caciques
estaban subordinados con sus gentes; por cuya razon los Comandantes
de las expediciones le debian franquear su toldo, como siempre lo
habian hecho. Este mensage lo traia un mendocino apóstata, harto
desvergonzado; y como ya estuviese con sobrado recelo y cuidado
para precaver la intriga y acuerdo hecho entre los complotados, le
respondí con incomodidad, que no queria mandar oficial ni tropa alguna,
aguardiente, ni nada de lo que pedia: que si queria venir al campamento
como los demas caciques que estaban en él, lo recibiria como á ellos;
pero que si venia armado lo recibiria á cañonazos. Entonces el enviado
me contestó con mucha arrogancia, que si no queria enviar á Neuquen lo
que pedia, lo daria por fuerza.

En este acto me levanté y le dige, que no le hacia quitar la vida en
el momento, por darle tiempo á que fuese á avisar á su cacique que lo
esperaba con las armas en la mano. Sin perdida de tiempo se retiró; y
yo mandè sigilosamente estrechar las distancias de las carretas, de
modo que no quedase claro alguno en la línea: que todos se pusiesen
sobre las armas: que estuviese pronta la artilleria y esmeriles, con
mecha en mano: que las haciendas se apoyasen sobre la laguna con
mayor reserva y posible silencio, y se me diese parte de egecutada
esta precisa diligencia. Cité al cuerpo de guardia principal á todos
los dueños y capataces de tropas con los vivanderos, como así lo
egecutaron antes de las 9 de la noche, y teniendolos presentes, les
previne el riesgo que corria la expedicion y nuestras personas, y la
necesidad de defendernos en el ataque, que ciertamente debiamos esperar
en esta noche: que á prevencion de todo, quedasemos montados: que la
artillería y mosquetería estaba dispuesta para barrer á metralla la
indiada alojada de la línea adentro, y que un cañon volante quedaria
franco para impedir se acercase la indiada apostada en los mèdanos.
Se distribuyeron las gentes armadas, se despacharon patrullas, y
prevenidas las tropas de los puntos que debian ocupar, se formaron
candeladas para no ser facilmente sorprendidos, ni de los enemigos
exteriores, ni de los interiores.

En este estado llegó el cacique Quinteleu, mandado venir por mi parte
para enterarle de mi resolucion y prevenirle que, á fin de que su
familia y gentes no se confundiesen con los demas indios enemigos,
las situase enteramente separadas, y en uno de los varios puntos que
ofrece la laguna, para precaverlos de los riesgos que podian tener en
el caso de que se rompiesen los fuegos; porque mi gratitud y amistad á
su buena fé y trato no permitian se le irrogase perjuicio alguno, ni
á sus hermanos Victoriano, Quidulef y demas indios amigos, à quienes
en el momento convenia se les avisase con el mayor sigilo, para no
aventurar la suerte de esta accion, y precaverlos de las desgracias que
suelen ser consiguientes. Quinteleu manifestó su agradecimiento, y me
espuso que no convenia el retirar sus gentes, ni las de sus deudos y
amigos, porque tenia resuelto morir antes que yo en el ataque, y que
por momentos esperaba á su hermano Victoriano con su gente armada;
y cuidase de aquietarme, porque no se atreverian á atacarme, aunque
algunos caciques influidos de Carrupilun, lo deseaban é intentaban:
pero que habiéndoseles separado el cacique Quilan y Pallatur,
respetables por sus personas y fuerzas, no estaban en disposicion de
acometer sin ser derrotados.

Entretanto que esto pasaba en mi campamento, el cacique Neuquen y sus
parciales, de acuerdo con Carrupilun, llamó á la indiada armada, y la
puso en marcha con destino al campamento, para hacer la invasion: pero
los indios recelosos acaso de nuestra vigilancia, ó descontentos de
tomar las armas, fueron desfilando, y llegó Neuquen á quedar solo con
los caciques y pocas gentes para avanzar como se habia propuesto, segun
repetidos avisos que tuve de un cautivo, que me los dió á favor de la
noche, ademas de los espias puestos por Quinteleu.

Luego que amaneció, y observaron los indios amigos de Carrupilun
nuestra posicion y la suya, la línea formada, y á nuestra gente sobre
las armas, llamaron la atencion de aquel que agitado de sus delitos que
vió descubiertos, se dirigió al cuerpo de guardia á preguntarme: qué
novedad era la que advertia? Le contesté, que sabiendo yo su mala fé é
indigna correspondencia, habia dispuesto que no hiciese por mas tiempo
burla de los españoles: que á él, y á los demas caciques sus amigos
les habia esperado con las armas toda la noche: y aunque podia haberle
degollado á él y á todos los suyos, no habia querido hacerlo á traicion
y ruinmente, cuando estaban durmiendo; que ahora era tiempo que fuese á
tomar las armas; que era precisamente el dia en que no habia de quedar
un español, ó habia de acabar con èl, sus amigos y sus indios.

Esta resolucion le sorprendió, tanto mas, cuanto estaba él muy distante
de creer que yo hubiese podido penetrar sus intenciones: entonces
todo trémulo, y con las lágrimas en los ojos, negó sus hechos, y lo
mismo sus parciales, anticipando cuantos avisos pudo á Neuquen para
que desistiese del intento, y se aviniese á entrar al campamento sin
armas, y disculpando sus avisos anteriores y amenazas, por el riesgo
que corrian todos los que se hallaban en el campamento, mucho mas,
estando á mi favor los hermanos Quinteleu, Victoriano, Quidulef, y los
caciques Quilan y Pallatur. Entre tanto procuró emplear hasta las 10
de la mañana en indemnizarse de los cargos, queriendo deslumbrarnos de
mil maneras, porque posee una razon muy despejada, y una extraordinaria
habilidad para persuadir y convencer, adornada de una muy estudiada
lisonja.

A estas horas recibí chasque de Neuquen, manifestando sentimiento del
disgusto que me habia causado el supuesto petitorio á su nombre el dia
de ayer, en que no habia tenido parte, y por consiguiente le admitiese
entrar sin armas en el campamento á saludarme: á que contesté, que
entrase cuando quisiese. A poco tiempo se presentó Neuquen á corta
distancia del campamento, y formó su gente en batalla: permaneció
inmovil por grande rato, hasta que le pasé recado con un lenguaraz,
para que me digese cuales eran sus miras, y en que consistia la
detencion y formacion que guardaba: y me contestó, que como veia mi
gente sobre las armas, no se atrevia á entrar. Entonces mandé de montar
con la rienda en la mano, con cuyo movimiento se acercó á la línea,
y estando en ella mandé desmontase, y entrase solo con cuatro de sus
capitanejos, uno de los cuales le tomó de la mano por falta de vista.

Unas de las cosas mas útiles para conciliar el respeto de los indios
es jugar la artillería á su inmediacion, por el terror que les infunde
el estampido del cañon; porque conciben que en ello se les hace honor,
y porque estan persuadidos de que el estruendo auyenta al diablo. Por
esta razon ordené al cabo de artilleria, que al ponerse en paralelo
con el cañon destinado á la salva, le diese fuego, como lo egecutó:
con tanta puntualidad que ni el cacique Neuquen ni Carrupilun, que
estaban inmediatos, pudieron resistir, y ambos cayeron al suelo. Esta
casualidad produjo á un tiempo dos efectos:--risa y fuerza en nuestras
tropas, que veian así arrollados á los dos caciques que tenian concepto
de valientes entre las tribus de su mando, y á estas sorprendidas
por haber creido al pronto que habian sido muertos: hasta que mejor
desengañados por si mismos, entendieron que era obsequio.

Concurrieron los 24 caciques al parlamento de Neuquen. Habló este,
disculpando su criminalidad, y convirtiendo en grandes y afectadas
ofertas de amistad su venida, pues nunca lo habian hecho con expedicion
alguna, ni tratado con ningun español, por lo tanto no se hacia creible
que él viniese á molestarnos. Despues de haberle oido à presencia de
todos los caciques, le dije: que dos cosas debian quedar liquidadas
en aquel momento: la primera castigado el comisario conductor, pues
estaba presente; y la segunda, que se me digese, quien era el dueño
y señor de la laguna y aquella tierra, porque todos alegaban una
misma preferencia, y yo debia salir de esta duda, y hacerla presente
al Superior Gobierno que me mandaba: pero ni Neuquen ni Carrupilun
respondieron cosa alguna.

Tomando la voz los ancianos, uno en pos de otro, á saber, los dos
caciques Quilan y Pallatur, dijo este: que ninguno tenia mas derecho
que otro á la laguna y á la sal de ella: que esta era comun á todos los
hombres, como los pastos del campo á los animales: que las diversas
naciones de indios, de una y otra parte de la Cordillera y los
españoles, podian venir á la laguna, y cargar la sal que quisiesen,
sin que ninguno pudiese estorbarlo, sin ser injusto: pero que, ademas
de esto, estaba ya acordado en un sério parlamento, en aquel mismo
lugar, á que él entonces concurrió. Que jamas faltaria por su parte
á ello, y defenderia con sus gentes y armas esta determinacion, á la
cual habian concurrido caciques muy respetables. Pero, por desgracia,
veia que en estos tiempos todos se hacian caciques sin serlo, y que la
causa de verse arruinados era la falta de sugecion en los indios, y
los muchos cristianos que hoy habia entre ellos, cuyo número se hacia
ya respetable á los mismos indios por sus determinaciones, así en los
consejos que les daban para resistir á los mismos españoles y su venida
á estos campos, como para ir á maloquear ó robar las haciendas de los
españoles; y que esto solo podria remediarse, situándose allí los
mismos cristianos, como lo deseaban él y otros caciques, por la cuenta
que les tenia para proveerse de muchas cosas de que carecian.

Lo mismo expresó Quillan, Quidulef, Victoriano y otros; y aunque
Carrupilun y Neuquen no contradigeron, tampoco se prestaron con
claridad á mas que á no impedir que la expedicion cargase de sal, sin
ser incomodada en cosa alguna. Ultimamente, para aprovechar aquel
momento de division y de temor, llamé la atencion de todos, y dige:
que en medio de la oposicion que se manifestaba en sus opiniones y
razonamientos, yo no queria cargar sal alguna, y que daria parte al
Sr. Virey para enterarle de todo en el dia, y que obraria segun su
determinacion: pero que ciertamente les anunciaba, que tendria un gran
sentimiento cuando supiese que no se cumplian sus parlamentos, y era
muy de temer me remitiese las tropas que estan juntas en las Guardias,
con las órdenes mas estrechas para castigar á los que se oponian; que
en esta inteligencia no se quejasen despues. Que les advertia, que si
algunas gentes de sus tolderias me robaban caballos ó ganado, como lo
habian hecho, no aguardaria las órdenes del Sr. Virey, porque usaria de
las armas.

Todos contestaron que no habria novedad, y que si algun indio cometiese
igual exceso lo matase sin recelo, que ellos no se agraviarian. Pero
tomó la voz Quinteleu y los suyos para que no se demorase la carga
de las carretas, que ellos ayudarian con sus gentes y auxiliarian la
expedicion hasta Buenos Aires. Le contesté, que me tomaria tiempo para
resolverme, en vista de cuanto se me habia faltado, y yo no debia
creer sus ofertas; pero que tuviesen entendido que desde aquel dia ya
no se vendia aguardiente alguno, puesto que uno de los motivos que
se daban para los descomedimientos de los indios era la embriaguez.
Habiendo pasado el dia sin poder tomar alimento alguno, á causa de las
ocurrencias referidas, mandé que se retirasen de la línea, á excepcion
de los indios amigos, con quienes no se hizo novedad. Continuó la
vigilancia necesaria sin dormir, y quedamos sobre las armas toda la
noche hasta que amaneció, sin que en ella hubiese ocurrido alteracion
ni motivo de incomodidad por parte de los indios. El cacique Quinteleu
se mantuvo en vela á mi lado toda la noche, haciendo observar por los
suyos y los demas indios, que con frecuencia le daban parte de sus
centinelas avanzadas.


                               19, LUNES.

En este dia dí parte á la Exma. Junta Gubernativa de todas las
ocurrencias de Carrupilun, y estado de asedio en que me consideré en
los dias 17 y 18; las medidas tomadas y resolucion de defenderme y
atacar á los indios si me embarazaban el regreso. Prohibí la venta de
toda bebida á los indios. Llegó el cacique Victoriano, dejando su gente
pronta y armada para que ocurriese con su aviso, y entonces saludò
á Carrupilun, quien trató de despedirse en aquel dia, é igualmente
los mas de los caciques de su parcialidad, exigiendo se les diese
algunas bebidas, yerba, tabaco y otras especies, que fué necesario
franquearles para salir de ellos sin agravio ó descontento. Me pidieron
todos les diese oficio de recomendacion para poder presentarse en las
Guardias y al Superior Gobierno como amigos, en que no me detuve; dando
parte igualmente á la Exma. Junta, manifestándole individualmente
las circunstancias de cada uno para que solo se atendiese á los
amigos beneméritos, dando resguardo á los demas, y los motivos que me
obligaban á darles dichos oficios.

Se presentó en este dia el cacique Milba, hombre feroz de aspecto y de
condicion, quien con su gente acampó á distancia de nuestro real por
no desarmarla, y vino solo con un lenguaraz indio, cuyo próximo arrivo
habia anunciado Neuquen en el dia anterior. A este principalmente,
y á Neuquen estaba encomendado el asalto; mas mudó de lenguage, en
virtud de las ocurrencias referidas, y se despidió. Sin embargo hasta
el siguiente dia se veló mucho sobre las haciendas, por los frecuentes
robos que se experimentaban entre ellos, bien que no se atrevieron
asaltar á nuestros ganados de dia; pero en la noche acometieron varios
indios á algunos vivanderos. Fueron sentidos y perseguidos por las
patrullas: prendieron á dos con los robos que habian hecho, é hirieron
mortalmente á otro, conduciendo á los tres á la guardia de prevencion,
donde se les aseguró. El facultativo puso el mayor esmero en curar al
herido, que entre otras habia recibido una herida en el bajo vientre,
y tenia las tripas fuera. Este cuidado se redobló cuando se supo que
no tenia ingerencia en los robos, que era indio amigo, y que como tal
apellidó en su defensa al cacique Valeriano para que no le ultimasen.
La causa de su desgracia fue el haberse asustado, y echado al indio que
dormia, cuando se dirigieron hàcia él los soldados que perseguian á
los ladrones. Esta ocurrencia puso en doble vigilancia al campamento:
prevenidos los indios de ella, avivaron su retirada luego que amaneció,
siendo el primero Carrupilun. Antes que se retirasen, dispuse que
reconociesen á los indios ladrones, que se hallaban bien asegurados á
las ruedas de una carreta, con las especies robadas, para que en ningun
tiempo pudiera dudarse de la justicia de su prision y castigo. Para
esto hice convocar á los caciques, y ordené se mantuviese sobre las
armas la expedicion.


                              20, MARTES.

Reconocidos los indios aprendidos, y tambien el herido y su estado,
convinieron los caciques, á vista de sus declaraciones y delitos
comprobados, en que yo les quitase la vida, ó castigase como quisiese,
pues podia hacerlo francamente. Que en atencion á que ellos habian
sido causantes de la desgracia del indio amigo, debian pagar con sus
bienes las heridas del enfermo, ó su muerte, á contentamiento de
los parientes que hubiese en el campamento, avisando á los demas que
tuviese en la tolderia de donde procedia. En estas circunstancias
me aproveché de sus mismas resoluciones, perdonándoles la vida, y
dejándoles asegurados hasta la llegada de los parientes del herido,
quienes dispondrian de él segun sus usos y costumbres: de cuya
resolucion quedaron todos muy agradecidos, y los reos satisfechos de la
fineza, contra el fallo de muerte que sus propios caciques habian dado.

Este accidente inopinado, unido á los antecedentes, dió un mérito
extraordinario á la resolucion, y alentó á los españoles, que se
consideraban como despreciados, y deseosos de emprender cualquiera
accion que se presentase, por la que en efecto anhelaban, incitados de
los despojos que podia prometerles la victoria, en las muchas alhajas
de plata, monturas, caballos y tegidos que traen á esta especie de
feria. Todo, por una especie de providencia, contribuyó á deslumbrarlos
y hacerles perder el empeño de atacarnos, á pesar de su muchedumbre,
y de nuestra escasa fuerza, que consistia en 21 hombres de fusil y 9
artilleros, de la que estaban bien instruidos desde el principio, y
fué causa para que nos insultase Lincon. La firmeza en sostener la
prohibicion de vender bebidas, de la que todos hicieron mal agüero,
contribuyó á persuadir á los indios que yo guardaba aun resentimientos
por sus procederes, y que deseaba declararles la guerra al mas leve
delito. Para evitarlo, se fueron despidiendo uno en pos de otro con
sus respectivas recomendaciones. Se retiraron todos los que seguian á
Carrupilun á los Médanos, distantes como legua y media, donde habian
dejado sus armas.

Desembarazado en mucha parte del cuidado que daban estos caciques, y
su muchedumbre de gentes de armas encoletadas, y algunos con cotas de
acero, como tambien de su innumerable chusma, quedamos mas francos
para atender al objeto de nuestro viage. Por esta razon, y por la
imposibilidad de poder sacar sal, se habia omitido hasta hoy, y no por
el motivo que habia hecho entender á los indios. Llamé á los dueños de
carretas y capataces, y les prefijé el término de tres dias para la
carga, en atencion á haber mejorado el tiempo y bajado las aguas, para
estraer la sal con menos trabajo que antes. Hice que las carretas no
entrasen á la laguna, que quedasen siempre en línea, en precaucion de
algun acometimiento de los indios que nos observaban, sin moverse de
los Médanos referidos.

Entonces recibió un nuevo placer el cacique Quinteleu y sus hermanos,
que hasta este punto dudaban de que cargase, recelándose de
consiguiente un resultado funesto si el Superior Gobierno ordenaba
las hostilidades que yo habia anunciado. Animó y ofreció sus indios,
para que auxiliasen y ayudasen á cargar, como en efecto lo hicieron,
recibiendo de los interesados una pequeña gratificacion: entonces
finalmente desplegó este cacique todos los sentimientos honrados que
le caracterizan, ofreciendo hacerme una muy circunstanciada relacion
del estado de la indiada, sus particulares acuerdos y establecidos
proyectos para invadir á los españoles, y la nota que él, sus hermanos
y deudos tenian contraida por no prestarse á sus sistemas, en términos
de hallarse precisados á defender la tierra, y situarse á la parte
opuesta de la Cordillera, para reparar las desgracias que le amagaban
en terrenos de la indiada chilena. Que luego iba á caminar su hermano
Victoriano con sus gentes, y despues él y sus deudos.

En este estado, y siendo como las 11 del dia, llegó al campamento el
cacique Milla-Catreu, hijo de otro de este nombre, y por medio de
un indio lenguaraz, me suplicó le diese, para él y sus gentes, una
vaquillona para comer, porque habia tres dias que no tomaban alimento
alguno. Le repuse, que yo era un viagero separado de mi patria, y que
era muy estraño me pidiesen en lugar de darme: que yo estaba comprando
á los indios para comer, y él podia hacer lo mismo. Me contestó, que él
no podia comprar, que le diese para comer una ternera, porque aunque su
gente era mucha, unos tomarian la sangre, otros los menudos y el resto
la carne, como con su padre, cacique principal, lo habian hecho muchas
veces, en el mismo lugar otros comandantes. Como el indio lenguaraz no
poseia el español para poderse esplicar, dió á entender que su cacique
decia, que mis soldados enlazasen y sirviesen la ternera: cosa que me
pareció repugnante, y mucho mas por el modo con que lo dijo: por ello
me levanté airado, y le repuse, que con las armas nos entenderíamos.

El indio intérprete se esforzaba por darse á entender, y se dirigió al
mio, diciendo que era falsa su asercion, porque el cacique decia que
con sus soldados, esto es, con sus mocetones ó sus indios, y no con
mis soldados. Esto guardaba mas conformidad con su primera súplica, y
la hospitalidad exigia de mi le atendiese, cuando en su falta robarian
mas de lo que pedian. Mandé se les diese una res, que en efecto, ellos
enlazaron, llevaron á su alojamiento; cortando de ese modo el disgusto
que habia preparado la mala interpretacion: en cuya precaucion es
necesario vivir advertido, para no incidir involuntariamente en cosas
semejantes, ya por escasez de voces en el idioma, ó ya por falta de
posesion de este y del español en los intérpretes. Este suceso acaloró
demasiado á algunos de mis oficiales, que sin acordarse que les tocaba
solo obedecer, y no ingerirse en los gastos económicos, mucho menos
cuando no faltaban las raciones, nos espusieron á un rompimiento por
la incomodidad que recibian los indios con las repulsas, hasta que
quedamos todos convencidos del verdadero sentido de las palabras.
Al mismo tiempo que el cacique Milla solicitaba este auxilio, sus
gentes, que habian bajado á la laguna á cargar de sal, se encontraron
con algunos indios Pampas que estaban en igual diligencia. Es tal la
oposicion que hay entre estos y los Ranqueles, que, siempre que se ven,
se acometen para herirse, robarse y maltratarse, como aconteció en este
caso: resultando varios heridos de los Pampas, y entre ellos, tres de
gravedad, y despues robados y despojados de sus haciendas. Vinieron
despues á poner la queja de estos hechos: ordené que se atendiesen sus
heridas, y les hice entender que yo no era juez de sus causas, y que
ellos vengasen sus agravios. Sin embargo, pregunté á Milla, cual era
la causa de aquellas violencias? Y me contestó, que era en venganza de
otras que los Pampas habian cometido con sus indios: que aun no estaban
bien satisfechos, y podian agradecer á los españoles, bajo cuya sombra
se atrevian á cargar de sal, el que no hubiesen sido todos degollados,
como lo tenian bien merecido.

Se despidió este cacique como los demas, que le esperaban para
deliberar sus respectivas marchas, despues de robar lo que pudiesen,
á favor de la inmediacion al campamento y de su pública despedida. En
efecto hubo mucho acuerdo sobre asaltar ó no la expedicion: pero como
los caciques amigos permanecian siempre en èl, desistieron del intento,
y se contentaron con robarles sus ganados, de modo que á muchos los
dejaron á pié, y entre ellos á Turuñan, Victoriano y Quidulef. He
observado constantemente, en el discurso de esta expedicion, el génio
y doble trato de estos hombres: ellos mezclan siempre la súplica
con la amenaza, apoyando esta con el número de lanzas que traen y
suponen tener de reserva. Pero, como hace poco por la salud quien no
se contiene con los excesos, y espera á la necesidad para aplicar el
remedio, así es preciso mezclar desde luego en los razonamientos, la
firmeza con la afabilidad, procurando dejar el uso de las armas para
las últimas razones.

El cacique Neuquen, hombre mayor de 70 años, y á quien la vejez ha
quitado los ojos sin ofenderle la cabeza, dejándole solo el nombre de
haber sido el mas feroz y sanguinario, y tenido por ello el concepto
del mas valiente, quiso hacer vana ostentacion de su antiguo respeto,
y sufrió la mayor humillacion en cambio de su arrogancia. El cacique
Milla-Catreu, que venia en retaguardia de Neuquen, y cuya venida
anunció este, como concertados de antemano para acabar la expedicion,
cuando supo el éxito de sus confederados, se vió precisado á mudar
de tono para conseguir su entrada, dejando la gente armada á mas de
una legua de distancia. El cacique Carrupilun, hombre audaz y de la
mas refinada malicia, que obraba con acuerdo de aquellos y de veinte
caciques mas, le vió bajamente postrado, cuando se descubrieron sus
intrigas. Neuquen y Milla nunca habian conocido españoles sino en
la lid: al primero dió mucho crédito el sangriento destrozo de la
tropa del canónigo D. N. Canas. A estos caciques los prefirieron los
demas, para que, provocando con amenazas, emprendiesen el ataque, que
debian auxiliar los que estaban adentro del campamento, dirigidos por
Carrupilun.

La misma detencion en resolver me hizo conocer el doblez y perfidia de
Carrupilun y sus aliados. En estos casos, cuando insta la resolucion,
suele ser engañosa virtud la prudencia, que se equivoca con el miedo.
Nunca debe cerrarse la puerta, es verdad, al consejo, pero alguna vez
deben cerrarse los ojos á las dificultades, porque suelen parecer
mayores desde lejos; y hay veces en que la demora en discurrir impide
el ejecutar, cuya lentitud prepara á los enemigos y pierde las
empresas. Tal me persuadí que era mi situacion, y que, aprovechando los
momentos, acaso desconcertaria las medidas combinadas para destruirme.
Favoreciò la prudencia mis intenciones de un modo admirable, pero
juzgué que siempre debieran evitarse iguales lances, aumentando la
fuerza, ó escusando hacer expediciones semejantes.

Aquí se me ofrece observar, que no solo los estrangeros, desafectos á
nuestra nacion, tratan injustamente á los indios, como incapaces de
razon, para dar desestimacion y desprecio á nuestras obras, sino que
tambien en las ciudades capitales de Amèrica se encuentran hombres
de casi iguales sentimientos. En aquellos hay un crasísimo error,
fomentado por innata aversion que nos profesan: en estos es una pública
ignorancia. Ellos han admirado en otro tiempo, mas que ahora, nuestros
procedimientos, pero esto es efecto de la novedad, que es incompatible
con la potencia de discurrir: porque la admiracion no siempre supone
ignorancia, ni debe llamarse tal la falta de noticia. Los indios tienen
sagacidad, prontitud, disposiciones y egecuciones muy oportunas, que
saben hacer con destreza en los lances mas apurados.


                             21, MIERCOLES.

En este dia se empeñaron con todo esfuerzo à cargar de sal los dueños
y capataces de tropas y dueños de carretas; y se ha logrado que la
tropa descance algun tanto. Como á las 11 de él, llegò el cacique
Oaquin, cuidadoso de nuestra expedicion, por haber entendido que los
indios Ranqueles nos incomodaban, y con el objeto de proporcionarnos
auxilio de sus gentes, como parcial amigo del cacique Quinteleu y
deudo suyo: y à quien le mereciamos la fineza de haber interceptado
varios robos de caballos, que de la expedicion llevaban otros indios;
pidiendo ademas circunstanciadas noticias de los otros robos, por si
convenia perseguir à los delincuentes. Este indio, cuyo caràcter es
moderado, sobrio y juicioso, se halló en la capital el dia del ataque
del general Whitelocke, y formó por él un concepto el mas alto de
los españoles, por su fuerza y valor. Tuvo la proligidad de recorrer
las calles y plazas donde aun existian los cadàveres ingleses, y vió
luego el acopio que de ellos se hizo para su entierro en distintos
puntos de la ciudad. Como los cadàveres españoles fueron recogidos
inmediatamente à las iglesias y conventos, creció mas su espanto, y
dió mèrito á que fuese exagerando à los demas caciques, el valor y
fuerza de los españoles, llegando su ponderacion hasta asegurar que
en una sola cuadra ó manzana de 150 varas habia contado mas de 1,000
muertos; estrechando en consecuencia de este hecho à todos los demas
indios á que se apresurasen á hacer paces con los españoles, porque
seguramente acabarian con toda la indiada, si en contra de ella tomaban
las armas: y fué su asercion motivo para que todos viniesen á ofrecerse
al gobierno con sus gentes para atacar á los _colorados_, que es como
distinguen á los ingleses.

Interesa tanto esta noticia en boca de un indio, cuanto él es respetado
de valiente entre los suyos, y de gran destreza, como que posee el uso
de las armas de fuego, que le he visto hacer con arma suya propia;
y si, como es presumible, se propaga entre los demas indios, ya por
este conducto, ya por el de los muchos desertores que se hallan entre
ellos, podràn bien presto, á favor de su muchedumbre, oponernos una
fuerza terrible. Su anhelo por las armas de fuego es muy vivo: poseen
las blancas y de todo género por el abuso de venderlas libremente
nuestros traficantes. Por una espada ò sable no repara en precios el
indio, y la codicia hace olvidar al mercader lo que se debe à sì mismo
y à la humanidad, infringiendo las leyes sin reboso, todas cuantas
veces pueden. Llegarà tiempo, si castigos escarmentadores no evitan
estos tratos, en que lloremos sin remedio la ruina que nos preparan
las partidas que entran á las guardias y à la capital, y se arman
incesantemente por medio de este comercio vicioso y ratero.

Se hace, pues, muy forzoso que se cele con la mejor vigilancia el
nùmero de armas, de caballos y demas especies que introducen y extraen
las partidas de indios, como se practica en el reino de Chile. De
cuchillos, dagas y toda suerte de arma corta, se proveen con la misma
franqueza que los españoles: ademas, los indios Araucanos fabrican
machetes y moharras de lanza con bastante perfeccion, cuyos nombres
conservan en sus idiomas; con la distincion de haber corrompido el de
machete en _machito_; y es comun este nombre al sable y á la espada.
Nunca lo tercian al lado izquierdo, y aunque llevan cinturones: se lo
afianzan de frente ó por delante atravesado. Cuando se presentan en
accion de guerra, le llevan colgando à la muñeca, en la mano con que
juegan la lanza, para usar de èl en falta de esta, ó cuando convenga.

Al ponerse el sol, llamè á todos los capataces y dueños de tropas,
para prevenirles del último término que se les concediò para acabar
de cargar, en atencion de haber transcursado el primero. En efecto,
tenièndolos presentes, les dije: que con demasiado dolor veia que
se hallaban dentro de la laguna muchas carretas sin cargar, y no
pocas sin haber entrado á ella; que tuviesen entendido, que esto no
me embarazaria la marcha, porque primero las haria volver vacias,
que esperar mas tiempo, ni dejarlas abandonadas. Que asi por la
creciente de la laguna, como por la incomodidad de los indios, habia
disimulado el retardo; pero, que faltando estos motivos, era estraño el
desperdicio del tiempo que en algunas tropas se notaba, cuando otras
habian ya cargado, y estaban à punto de caminar, porque habian cargado
lo ordinario y no excesivamente, hasta hacerse pedazos las carretas,
como ya habia sucedido con tres: pues siendo el cargamento de 16 à
18 fanegas, cuando mas, habia quien las pusiese à 25 y 30. Que de
esto resultaba el mayor atraso; porque sin duda, ò no sabian calcular
la carga, ó los dominaba una codicia imprudente: pues contando cada
fanega de 13 arrobas de peso en sal seca, en sal mojada excedia de 250
arrobas; y echarle un tércio mas, era un despropósito intolerable que
yo no podia permitir.

Ultimamente, les manifesté que les concedia el dia de mañana, 23,
para acabar de cargar, con el fin de egecutar la salida el 24, segun
lo tenia expuesto al superior gobierno. Ademas, debia hacerles
presente, que los indios no se habian ausentado à sus toldederias,
y los teniamos de observacion à corta distancia en los inmediatos
médanos, desconfiados de nuestra demora: persuadidos por ella que
tratabamos de hacer poblacion, como les habia insinuado el cacique
Lincon y algunos de nuestros lenguaraces ocultos; y todos eran motivos
que me estrechaban á no dilatar mas nuestra marcha, y á precaver de
los riesgos á la expedicion de mi mando, cuyos víveres se agotan, y
nos esponiamos á una total escasez en un viage penoso con carretas
recargadas.

Algunos troperos de considerable nùmero de carretas, me expusieron
ó representaron su imposibilidad, por habèrseles enfermado muchos
peones, à causa del alto del agua, y fortaleza de esta, que les habia
causado muchas llagas y terribles acrimónias à la vista: por lo cual
les seria imposible salir cargados en el dia de mañana, pero que
cumplirian con la órden. En vista de esta respuesta y allanamiento,
persuadido de que se esforzarian, mandé que se retiràran, con ànimo
de diferir un dia ó dos mas, si fuese necesario, y de estrechar à los
indios amigos, á que auxiliasen la carga, gratificàndolos, por medio
del cacique Quinteleu, como me lo ofreciò.

Una de las ventajas mas considerables que pueden lograr las tropas
de carretas, será cargar, de un almacen que se forme, la sal que
les corresponda: por el ahorro del tiempo, por la seguridad de sus
carruages, por el menos peso en la sal seca, y por el retorno pronto:
sobre lo cual expondré separadamente lo que convenga, para el caso de
verificarse la necesaria poblacion en este destino.


                              22, JUEVES.

En este dia se han despedido y marchado varios caciques amigos con
sus gentes, muy satisfechos de nuestra amistad, trato y buen agasajo.
Comparecieron los parientes del herido, y ajustaron con los agresores
la cuita de las heridas si sanaba de ellas, y si moria igualmente;
concertando en ambos casos el precio que deberian satisfacer: y
me pidieron pusiese en libertad à los reos, y los entregase à su
disposicion, como lo egecuté. Este dia fuè de calor bastante con el
viento suave, por el oeste-nord-oeste, y que ha permitido cargar, sin
que en èl haya ocurrido particular novedad. Los indios se mantienen
en los Mèdanos, y han hecho varios robos de caballos en esta noche à
los chilenos, hasta en cantidad de 70 caballos: y para cerciorarse, me
pidieron permitiese pasar à reconocer las haciendas de la expedicion
con cuatro soldados, por si existian algunos entre ellas: lo que les
otorgué, y quedaron satisfechos y agradecidos, al mismo tiempo que
desengañados.


                              23, VIERNES.

En este dia entraron à la laguna todas las carretas que habia fuera
de ella, y salieron las que ya estaban cargadas: de las cuales, al
repechar la barranca, se hizo pedazos una, por la excesiva carga; y
las cuarenta restantes quedaron dentro ya, en tèrminos de cargarlas y
de salir temprano el 24. En este dia se diò racion à la tropa para el
viage, y se procuró gratificar al cacique Victoriano, que disponia ya
su marcha, y algunos de los indios y deudos de su comitiva, entre los
cuales habia algunos caciques.

En llegando á este punto, todo indio manifiesta su caràcter: quiere
que se le gratifique privadamente, ocultando de sus hermanos, padres é
hijos, cualquiera cosa que se les dé, y con la misma eficacia pide para
los demas, cuanto se ha dado para él, creciendo su empeño en pedir,
cuanto crece el número de los dones. Yo creo que la razon de esta
conducta se deriva, de que su autoridad entre los suyos es en razon de
su generosidad: así he notado que todos piden al cacique cuanto tiene,
con mucha franqueza; pero estos se anticipan à dar antes que les pidan,
y he observado muchas veces que no habiendo mas que un cigarro, va
pasando de unos á otros, participando de él todos, hasta que vuelve á
manos del cacique.

Como para entablar sus molestas pretensiones, lo han de hacer por
medio de los intérpretes, procuran tenerlos à la mano. El que me ha
servido en esta expedicion, Mateo Zurita, posee, segun los indios,
perfectamente su dialecto. Este lenguaraz ha hecho varios viages de
Chile à Buenos Aires por esta via, desde la Concepcion, y ha vuelto con
estos caciques, quienes por esta razon tienen su mayor confianza en
Zurita. Mas sin embargo de todas estas antiguas relaciones de amistad,
se vió tan sofocado con las majaderias y desconfianzas de estas gentes,
que suponian á Zurita como causa para que no se les diesen mayores
gratificaciones, que tomando sus avios, se marchò diciendo: que no
volvia mas, porque estaba cansado de sufrir desaires. Efectivamente se
fuè à esconder al monte, y descansó allí todo el dia, previnièndome
antes de esta determinacion. Yo tomè ocasion para demostrarme
incomodado del suceso, con lo que los indios acabaron sus peticiones, y
se retiraron á sus inmediatos toldos.


                              24, SABADO.

En este dia, como á las 8 de la mañana, puse con el cacique Quinteleu,
8 soldados y el piloto, al parage que llaman los _Manantiales_, al
oeste de la laguna; y al cuarto de legua de dejar dicha laguna por
el costado del oeste, é inmediatamente que se traspone una loma, se
encuentra una cañada, y en ella una laguna de agua dulce, y á 2,000
varas de distancia de esta, al mismo rumbo, otra de mayor caudal, y
otra mas adelante, que por una especie de cauce ó arroyo se comunica
con la anterior, en la abundancia de aguas. Continuando la cañada,
como á 2,000 varas de distancia, al mismo rumbo, hay otra laguna que
forma barrancas de tierra firme de bastante elevacion; y las mas altas
que miran al nord-este, hacen su frente á diferentes médanos altos, que
por la parte opuesta de la cañada van formando un valle, de extension
de legua y media, desde las primeras lomas hasta la última laguna.

Este terreno es abundante de hermosos pastos, y en él ha habido
costumbre de poner siempre las haciendas de las expediciones á Salinas.
Pero á virtud de lo que, sobre el riesgo de ser robadas sin doble
guardia, podia suceder, segun Quinteleu me expuso, no permití que fuese
allí. Las lagunas referidas deben sus aguas á varios manantiales que
corren desde el pié de los médanos. Son de muy excelente gusto, y en
los que pude reconocer, hallé la yerba del berro en abundancia: puede
á poca diligencia formarse un potrero, que asegure los ganados con los
Médanos, Laguna de Salinas, barrancas altas del oeste, y la parte del
sur, en que empieza el monte. Sobre este costado hay una abra á que
subsigue una llanura de excelente piso y feracidad, segun los ensayos
de un indio, que tiene allí su tolderia y haciendas. Este sitio está
perfectamente indicado para establecer en él la poblacion y el cuartel
general. Está circuido de monte, desde el segundo hasta tocar el cuarto
cuadrante. La descripcion particular de este parage de la laguna, y lo
que importa ocuparlo, lo haré separadamente. En la tarde de este dia
repitió su visita el cacique Oaquin, conduciendo algunos animales de
venta, con los que se surtieron algunas tropas.

En esta tarde se me presentaron cuatro troperos, para ponerse en marcha
hasta la Laguna de los Patos, terreno trabajoso por ser el piso de
arena movediza, y en cuyo tránsito acontecen frecuentes quebraduras
y retardos: y á fin de llenar su deseo y de franquear el paso á los
demas, accedí á su solicitud; con la precisa condicion de darme parte
de cualquiera novedad, destacando ademas en su escolta una partida de
ocho soldados y un sargento. Entretanto, los demas troperos que se
hallaban atracados, cargaron todas las carretas y las sacaron, quedando
solamente 17. A las 10 de la noche se me dió parte haber llegado las
tropas á la Laguna de los Patos, con algunas quebraduras, que estaban
refaccionando, y que el resto de la expedicion se aprontaba á salir
mañana despues de misa.


                              25, DOMINGO.

En este dia se celebró misa, que no habiamos logrado en los anteriores
dias por la multitud de indios que nos cerraban. Salieron de la laguna
todas las carretas, y algunas tropas se van prolongando hasta la Laguna
de los Patos, punto de reunion dado á toda la expedicion, y diligencia
al parecer precisa, para nivelar la carga, arreglar las carretas y
haciendas, refaccionar los carruages, cosa en que debe ponerse el mayor
cuidado; porque debiendo ir todas reunidas, por la rotura de una se
retardaban las jornadas. En este dia ha marchado el cacique Quinteleu
con su gente y familia, dejando en mi compañia á un hermano y varios
indios, para que en caso de algun ataque de los indios mal contentos,
le avisase; pues queda pronto con sus gentes á este propósito: y ademas
me franqueó los indios peones, que necesité para tirar el tren de
artilleria y arrear los ganados de servicio y consumo.

En prueba de su buena fé y verdadera amistad, y con el fin de mayor
seguridad del tránsito, me ofreció mandar á su hijo, y un hermano del
cacique Quidulef, luego que llegase á sus toldos; cuidadosos siempre de
los indios de Carrupilun y sus parciales. Se despidió muy satisfecho
del buen trato y amistad, con que se les ha obsequiado, manifestando
su gratitud, y descubriéndome la noche antes la conspiracion y acuerdo
hecho por los caciques en general, así de la parte del oeste y norte
como por los del sur y sud-este; de que hablaré separadamente para la
mayor inteligencia del gobierno. A las 12 se observó el sol para el
arreglo de los relojes y rectificacion de las anteriores observaciones,
y se halló la misma latitud observada en 37° y 14, punto medio de
la area de la Laguna de Salinas, y costado del norte, sitio del
campamento. No ha ocurrido novedad, y todos se aprestan á marchar
contentos por ello, y por verse libres de indios en el campamento.


                               26, LUNES.

A las 8 de la mañana, despejado todo el campamento, se dió órden á
marcha, tocando la generala: y lo hicieron todos los troperos, á
excepcion de dos que se hallaban con dos carretas quebradas al tiempo
de salir de la laguna, por el excesivo número de fanegas cargadas en
ellas. Por esto les fué preciso demorar hasta componerlas, porque una
de ellas, al tiempo de caer, rompió un brazo y tres costillas á un
peón, el cual, segun el cirujano, está en peligro de muerte. Mientras
el facultativo curaba al enfermo y los carreteros componian sus
carretas, pasé con el piloto, dos oficiales y una partida, á reconocer
la laguna en su circunferencia. No es fácil penetrar los espesos
bosques que la circuyen, y así llegamos al término de su longitud,
por el sur, pero distantes de su orilla. Son muchas y repetidas las
lomas y colinas que en toda esta distancia ofrece el terreno; las que
dominan la laguna, y dan lugar á reconocerla francamente, y à sus
montes vecinos. Abundan estos de muchos y muy gruesos algarrobos,
chañares, árboles llamados _sombra de toro_, muy espesos, cuya hoja es
muy semejante al acebo. Hay otros muchos arbustos con fruta silvestre,
que sazonada comen los indios: todo este monte en la circunferencia de
la laguna, abunda de pastos de tomillo y canchalagua muy fina, y tan
buena como la que dan los Andes. Hay otras muchas yerbas aromàticas, y
flores no conocidas por mi. Abunda en tigres y leones este monte, y los
demas inmediatos. Por el estremo del sur de esta laguna se vé á corta
distancia, y aparece dominado el referido sitio de los Manantiales:
se descubre una abra con excelentes vistas en un campo al oeste,
hasta las barrancas altas de la tercera laguna, donde se halla una
tolderia, entre otras y el monte que corre mas al oeste, que segun me
han esplicado los indios, sigue sin mas interrupcion que algunas selvas
y abras, por tres dias de camino; pero que al dia y medio se halla
una colina que se estiende por algunas leguas. En ella se ven muchos
vestigios de ladrillo y teja, de alguna antigua poblacion, pues toda
ella está abastecida de higueras, montes muy dilatados de duraznos,
nogales, manzanos y otras frutas, adonde concurren todos los indios de
la comarca, y sobra para abastecer á todos. En aquellos montes tambien
se hallan ganados alzados, que á favor de la espesura, no han podido
ser esterminados por los indios, quienes solos logran los que pueden
cazar en las aguadas, asechàndolos cuando bajan á ellas. No existe ni
una obscura tradiccion entre estos indios que nos dé indicios de la
poblacion que allí hubo, y de cuando, ó por que razon se destruyó. Al
fin de esta laguna, hácia el sur, se registra desde aquellas alturas un
dilatado campo muy llano, al parecer muy abundante de pastos, y apenas
al oriente se percibe con el anteojo una ceja de monte, que girando al
sueste llega á tocar con los cerros de Guaminí y Sierra de la Ventana,
segun pude informarme.

En este estado, y habiendo descubierto toda la estension y
circunferencia de la laguna con los montes que la circuyen, desde el
costado del norte, cuarto y tercer cuadrante, que es por donde está
casi impenetrable por tierra, y que estando baja de aguas fácilmente
se reconoce por su centro, siendo las doce, y ofreciendo el camino
de la orilla, fuera de los montes, mas de seis leguas, me retiré
al campamento. Hallé que el enfermo estaba mejor, y las carretas
alistándose para marchar al siguiente dia. Dejando allí la tropa
destinada á la retaguardia, marché á la Laguna de los Patos, distante
dos leguas del campamento. A pesar de los trabajos del camino, por el
mal piso y desnivel de la carga, se reunieron todas, à excepcion de
las tres mencionadas tropas, y pasando la laguna, se situaron en buen
terreno para hacer sus refacciones. Tuve parte á las 11 de la noche del
estado de las tropas atrasadas, y asimismo de la partida de vanguardia;
y no habiendo novedad, determiné aguardar allí la reunion total al
dia siguiente. Dí órden que cada uno de los troperos refaccionase sus
carros, mientras llegasen los atrasados, y las boyadas tomaban algun
descanso.


                              27, MARTES.

Reunidos en este dia todos los carreteros, inclusos los que se hallaban
atrasados, procuraron refaccionarse para emprender la marcha el dia de
mañana temprano con algun aprovechamiento. Se acercó el cacique Quiluí
á ofrecer algunos ganados para el abasto, que se le tomaron por mi y
por algunos dueños de tropa. Los soles son excesivamente fuertes, y
los vapores forman diariamente nubes tempestuosas, á lo cual podrá
contribuir, ademas de los salitres y minerales de que abunda este
parage, el hallarse el sol al sur, 24.°, 4; sin poder saber si en las
demas estaciones del año se experimentarán turbonadas. El viento hasta
las 6 de la tarde se fija al nor-oeste cuarta al norte, y despues varía
por momentos del segundo hasta el cuarto cuadrante. Este punto se halla
à tres leguas de la Laguna de Salinas, con 5,884 varas mas. El enfermo
dá esperanzas de vida. No hay novedad en vanguardia ni retaguardia,
segun los partes.


                             28, MIERCOLES.

A las 5 de la mañana nos pusimos en marcha, hasta las 11-1/2 en que
paramos; y á las 3-1/2 proseguimos nuestro viage, hasta las 6-1/2 que
llegamos á una laguna, distante de la de los Paraguayos como tres
cuartos de legua; en cuya orilla paramos á hacer noche y esperar la
reunion de toda la expedicion, por el retardo de algunas carretas
recargadas y por la boyada nueva. Todo lo cual debe siempre evitarse,
para no tener penalidades muy considerables en tan dilatado viage. En
este punto recibí chasqui del cacique amigo Quiluí, avisándome que en
la Laguna de los Paraguayos, ó en la del Monte estaba dispuesto à salir
con grande armada el cacique Antenau, y que caminase con cuidado.

A poco llegó el cacique Oaquin con su gente, expresándome, que tambien
venian los caciques Millapue y Antupan con sus gentes á visitarme; y
me aseguró que Antenau no se propasaria, ni tendria descomedimiento
alguno, pero que en caso contrario sabia que debia contar con él y sus
parciales que nos acompañarian. A las 10 de la mañana avistamos la
Sierra de la Ventana, hallándonos en distancia de las Salinas 7-1/2
leguas, y á poco tiempo despues, del Guaminí. El viento se ha mantenido
por el oeste y sud sud-oeste, y estamos distantes de las Salinas 11
leguas, sin haber ocurrido mas novedad en este dia.


                              29, JUEVES.

A las 8 de la mañana nos pusimos en marcha por la laguna llamada de
los Paraguayos, á donde llegamos como á las 11, y mandé parar para que
ensebasen las carretas, por ser terreno firme, y hacer tiempo á que se
reuniesen las tropas atrasadas, como lo egecutaron: manifestando esta
detencion á los caciques Oaquin, Millapué y demas como un obsequio, y
al mismo tiempo el de haber condescendido con su suplica de tirar un
cañonazo, para conseguir la salud á Millapué que estaba enfermo. Estas
gentes creen que vienen todas las enfermedades del diablo, y que este
se ahuyenta con los tiros. Hicieron algunas permutas y ventas de varias
reses de vacuno, caballar, con algunas ovejas y corderos, manifestando
su agradecimiento. Pasaron la noche sin alteracion ni novedad, y Oaquin
me franqueó varios indios para que me auxiliasen, y á un hermano para
que me acompañase y diese parte de cualquiera novedad que ocurriese con
Antenau. El dia se mantuvo bueno, con viento por el sud sud-oeste.


                              30, VIERNES.

A las 3-1/2 de la mañana se tocó generala, y á las 4-1/2 estábamos
marchando: paramos á las 10-1/2, y á las 3 de la tarde proseguimos la
marcha hasta las 6 de la misma, en que fué preciso parar para reunir
las tropas, sin poder hacer mas camino que cinco leguas, á causa de ser
el terreno interrumpido de lomas, y ser forzoso poner muchas cuartas
para repecharlas, y fatigarse mucho en ello la boyada. En este punto
recibí chasqui del cacique Antenau, harto comedido, previniéndome iba
á salir al encuentro, al parage nombrado por los indios _Guapalo_, y
nosotros la Cabeza de la Cañada Larga: que traía 200 mocetones con el
fin de hacer algun comercio, y que le mandase algunos soldados, y entre
ellos á Leiva, vecino de la Guardia de Lujan, su antiguo amigo.

Este cacique, aunque al paso por aquel mismo lugar á las Salinas, me
hizo igual peticion, no se la otorgué; previniéndole, como ahora,
que saliese al camino y le recibiria. En efecto, intentó salir, y
se lo impidió un fuerte temporal que experimentamos: por lo que
me hizo espreso á la Laguna, quejándose de no haberle esperado, y
pidiéndome de nuevo le mandase à Leiva: lo que no le otorgué, así por
la distancia, como porque podia hacerme falta, atendida la escasez
de los lenguaraces, y por otras circunstancias que me retraian de
ello. Aquellos motivos, y las posteriores ocurrencias de la Laguna y
Lincon, le hicieron prorrumpir en amenazas, y armarse para atacarme
al paso. Con estos antecedentes tuve motivo de hacer un relato muy
circunstanciado al comisario, que era un indio ladino, chileno, muy
sagaz, y que, segun colegí, dominaba á Antenau.

Procuré en primer lugar mandarle unos chifles de vino que me mandó
pedir, y algunas otras cosas de supererogacion: pero me interesé mas
en agasajar al cristiano chileno; y entonces le reconvine, haciéndole
entender que, ademas de mis armas, venian para observar la conducta de
Antenau aquellos indios y caciques que me acompañaban, para tomar las
armas de todos sus indios, y últimar la tolderia de Antenau al primer
aviso. Ademas tenia en las fronteras mas de 2,000 españoles, esperando
mi aviso para entrar degollando, y acabar con Antenau, sus parientes
y parciales: pues ya habia yo dado parte de su disposicion, y sabia
que habia reunido en su tolderia la indiada del sur y la tenia armada;
pero que me importaba muy poco. Que así le digese, que viniese cuando
quisiese, que lo recibiria de amistad y sin armas como á los demas
caciques: pero que si venia armado, seria haciéndole fuego y tratando
de arruinarlo, sin que entretanto me moviera de aquel sitio hasta dejar
sus toldos destruidos y tambien sus haciendas.

Me aseguró que nada habia, y que aun cuando Antenau quisiese hacer uso
de lanzas, él se lo impediria, y estaba cierto que sin su conocimiento
no habia de emprender cosa alguna. Esta asercion comprueba bien el
ascendiente que los apóstatas tienen entre los indios y sus caciques.
Este debia tener tanto influjo como espresaba, así por su despejo
como por su conocimiento de todos los partidos de nuestra campaña, en
donde ha permanecido conchabado en varias estancias, hasta que diez
años há se casó en los toldos de Antenau. Partió, ofreciendo volver
al siguiente dia y cuando la expedicion estuviese mas inmediata á su
vecindad para llevarse á Leiva, que le franqueé con el fin de que
reconociese las fuerzas y cotejase las aserciones del enviado con la
disposicion de Antenau.

Ademas de los caciques seguian este dia la expedicion mas de
300 indios, á hacer las permutas y cambios de ganados, tegidos y
peleterias, cuya casualidad afirmó en parte las expresiones que de
su amistad dige al comisario de Antenau; que se despidió al parecer
contento y empeñoso de hacer real y efectiva su oferta de tranquilidad.
Se me dió parte de haberse roto dos carretas; mandé hacer alto, lo
que se ejecutó despues de haber repasado el paralelo de la Sierra de
Guaminí. El dia ha sido de mucho viento por el sud-sud-oeste fresco.
Segun los partes no hay novedad de indios que presente cuidado, pero
como lo ofrece el indio Antenau, mandé que ocurriesen todos los
maestros carpinteros para acelerar la compostura de las carretas rotas,
à fin de que se reuniesen á sus respectivas filas: y ejecutado esto, se
pasó la noche en vigilancia, hasta el siguiente dia.


                       1.º DE DICIEMBRE, SABADO.

En este dia no se pudo hacer viage, por hallarse flojas y descompuestas
muchas carretas, como porque el cacique Quilapí y sus gentes, que
viven en estas inmediaciones, pidieron la detencion de este dia para
hacer sus ventas y permutas. Por un peon se cometió un robo á un indio
ebrio, de varias especies, de que se me puso demanda, y averiguada la
cosa se encontraron las especies robadas, menos una manta, por la que
fué necesario pagar ocho pesos y contentar al indio: al peon se le dió
su penitencia, y lo mismo á un soldado que desamparó la guardia, y
apareció sindicado de complicidad en el robo. En el dia se me ha dado
parte de haber tres enfermos mas, de golpes y contusiones de carretas:
de modo que nos hallamos con diez en el hospital. Se observó el sol á
las 12, y nos hallamos en la latitud de 36° 51, que es casi la mitad
ó punto medio de la Sierra del Guaminí, pues está situada á los 36°
50, formando nueve quebradas y otras tantas llanuras, é igual número
de ángulos, cuyas sierras forman escarpas. Al sur de nuestra situacion
se halla una laguna que tiene de largo legua y media, y la otra al
norte. En esta mañana se formó una tormenta que pasó al nor-oeste,
y habiéndose afirmado el viento al oeste sud-oeste, quedó el tiempo
bueno, sin mas novedad.


                              2, DOMINGO.

En este dia no se celebró misa por la mucha indiada infiel que se halla
en nuestro campamento, así de las pertenencias de los caciques, como de
las tolderias que tenemos á la vista con mucha inmediacion, con crecido
número de haciendas, divididas de las nuestras por solo una pequeña
laguna: siendo de notar, que los indios no han retirado sus ganados,
sino antes obsequiado con leche y corderos á los que permití pasar á
ellos, que fueron pocos. Las majadas de ovejas eran numerosas, y no
pocas las demas haciendas, que de ordinario retiran con solo la noticia
de haber españoles en la campaña, como lo experimentamos en la ida:
pero ahora dieron crédito á nuestras ofertas y buena fé con que se les
trataba.

A las 4 de la mañana seguimos nuestra marcha, y á las 10 paramos hácia
el centro é inmediación de la Laguna del Monte. A las 4 continuamos
nuestro viage: pero siendo el camino doblado, y forzoso que las
carretas se sujetasen á sus líneas, apenas avanzamos una legua,
quedándonos aquella noche casi al costado de dicha laguna. A las 4
de la tarde compareció un segundo emisario de Antenau, pidiéndome le
mandase à Leiva, para salir con él al parage citado de Guapalo: que en
efecto le remití bien municionado é impuesto de lo que debia observar.
Con lo que terminaron las ocurrencias de este dia, sin mas novedad que
haberse despedido los caciques que estaban en el campamento al tiempo
de nuestra marcha.


                               3, LUNES.

A las 7 de la mañana nos pusimos en marcha, caminando hasta las 10 á
la orilla de una pequeña laguna y un médano: siendo preciso parar con
el solo viage de una legua, por no haber agua sino á larga distancia,
segun el paso de carretas, y ahora muy pesada para afligir á la
boyada. A las 3 repetimos nuestro camino, y á distancia de 1,000 varas
de la Pascana se rompió una carreta, que fué preciso descargar para
componerla, y de consiguiente hacer noche en aquel punto. El viento
estuvo por el sud, y ya tarde se llamó al nor-oeste, sin haber ocurrido
mas novedad.


                               4, MARTES.

A las 2 de la tarde, despues de refaccionada y cargada la carreta
y compuestas otras, continuamos nuestro viage, caminando como tres
leguas, hasta las 6-1/2 que paramos en frente de seis lagunas al
costado del norte, á cuyo punto llegò el soldado Leiva con otros
individuos del cacique Antenau: expresando que el dia de mañana nos
esperaba en el punto indicado, con sus gentes sin lanzas; y pidiò se
le mandasen dos chifles de vino, yerba y tabaco para pasar la noche:
todo lo que se le remitió con los indios acompañados de Leiva. Este me
informó con puntualidad de las observaciones que hizo en la tolderia
de Antenau. Se halla situada esta á las márgenes de una famosa laguna
que recibe sus aguas de un arroyo, de los muchos que vierten de las
sierras de la Ventana y Guaminí, al este sueste de nuestra posicion.

Advirtió que aquella tolderia, á diferencia de otras, constaba de un
número considerable de toldos, de muchas y crecidas familias, todos
situados á las márgenes de la laguna, que tiene muy altas barrancas.
Que sus alrededores eran agradables, y defendidos por la misma laguna
que circuia la tolderia, dejando apenas una corta entrada facil de
guardar. Advirtió dentro y fuera de la poblacion muchas y lucidas
haciendas de todas especies de ganados. Las indias son muy aplicadas á
lavar y teger las lanas de sus esquilmos, y los indios se entretienen
en domar potros y egercitarlos en la carrera; y al amanecer se poblaban
las dilatadas márgenes de la laguna, de mugeres, niños y algunos mozos
que se lavaban y bañaban, entreteniéndose luego en la pesca. El pez de
que generalmente abunda, tanto esta como las demas lagunas, es el bagre
de todas especies. Observó finalmente tranquilidad en toda la indiada,
y que la que venia acompañando al cacique manifestaba estar de paz y
contenta, sin que ocurriese otra novedad.


                             5, MIERCOLES.

A las 7 de la mañana marchamos, y á las 11 paramos al nor-oeste de
la cañada que llaman del Infiernillo, al pié de un medano, con agua
dulce. Al poco tiempo recibí recado del cacique Antenau para entrar
al campamento, en el que se recibió como á los demas de su clase.
Luego que se acercò, formó su gente en batalla con bastante egecucion:
mandé al lenguaraz y á un sargento con 8 hombres, incluso Leiva, para
que entrase Antenau, á quien hice toda atencion. Manifestò en su
razonamiento harto despejo, y mas comedimiento y atencion que otros
indios; hallándose agraviado de las desgracias, por haber perdido toda
su familia, y poco antes á su padre, cacique conocido, de respeto en la
tierra, cuyos consejos conservaba para vivir en paz con todos, y nunca
hacer la guerra sino en defensa: porque una larga experiencia le habia
acreditado, que los que buscan pendencias salen al fin descalabrados; y
que por esto deseaba tener, y que todos tuviesen, paz con los españoles.

Le manifestè en contestacion los deseos que los españoles tenian de
igual correspondencia: que por su parte, jamas le faltaria, ni seria
perturbada la tranquilidad que deseaba, como los indios cumpliesen con
sus deberes: que el merecería el mas alto concepto del gobierno, si
contribuia con sus respetos á solidar la paz entre españoles é indios,
como amigos y hermanos. A todo estuvo atento, y respondió, que ya nada
tenia mas que hablar; que estaba complacido de haberme visto y oido; y
que esperaba verme en Buenos Aires, y perfeccionar ante el gobierno
sus relaciones, para evitar incomodidades, remitiendo al tiempo la
prueba de su palabra.

Ni en su modo ni en su razonamiento mostró la pesadez acostumbrada, y
sin ser molesto en peticiones, llamó á sus gentes, y previniéndoles de
no ser gravosos, se retiró á alojarse, por el resto del dia y noche, á
las inmediaciones del campamento, desde donde pidió lo necesario, que
se le dió con franqueza. Sus gentes trataron del mismo modo, y trageron
en venta una carga de bagres. El dia se ha mantenido sereno; el viento
por el sud-oeste fresco, sin haber ocurrido novedad.


                               6, JUEVES.

A las 5-1/2 de la mañana continuamos el viage, despues de habernos
despedido del cacique Antenau, haciendo hasta las 12 del dia como dos
leguas de camino por las muchas lomas. A las 10 recibí un chasqui del
gobierno, en contestacion al aviso que le dí desde Salinas; en que
me indicaba mandar un socorro de gente con el comandante general.
Considerando que ya no era necesario, lo despaché al momento,
haciendolo asi presente á fin de evitar gastos. El dia ha sido de mucho
calor, el viento ha estado sud-oeste, y á la tarde se llamó al sud-este
bastante fresco, sin mas novedad.


                              7, VIERNES.

En este dia no se ha podido caminar hasta las 5 de la tarde, por
haberse descompuesto varias carretas: y no obstante de haberse
determinado caminar toda la noche, no pudo hacer mas que legua y media
de camino, parando á las 9 de la mañana, por haberse atollado dos
carretas. El dia ha estado templado, y el viento por el norte, sin mas
novedad.


                               8, SABADO.

A las 8 de la mañana nos pusimos en marcha, hasta las 11, en que
habiéndose atollado algunas carretas, paramos hasta las 4 de la tarde
en que se sacaron. Emprendimos luego el viage hasta las 7-1/2, en que
hicimos alto á un costado de la Cañada del Zapato que, segun se ha
reconocido, está con bastante agua, y de mal paso. Se me ha dado parte
de haber caido tres enfermos de cuidado, dos milicianos y un peon, y
se ha dado alta á dos. En la noche precedente se desertó á los indios
el lenguaraz Manuel Alaniz, cuya mala conducta me ha dado mucho que
sentir: incomodando así con su perversidad, tanto á los indios como á
los españoles; de modo que sus delitos le han obligado á ausentarse.


                              9, DOMINGO.

A las 8 de la mañana nos pusimos en marcha, sin haberse dicho misa ayer
ni hoy, por haberlo impedido la distancia de las carretas, y atencion
de composturas. A las once llegó el hijo del cacique Quinteleu con
varios indios, para que nos acompañasen, segun ofreció hacerlo en
la laguna. Me manifestó que habia retardado su viage por asistir á
una junta de caciques que se celebró despues de nuestra salida de la
laguna, en la que se embarazó la resolucion que los indios enemigos
tenian de avanzar á la expedicion. Que habia podido contenerlos,
ofreciendo juntar sus gentes en caso de persistir en ello Carrupilun
y sus parciales: pues aunque su hermano Victoriano habia marchado á
Chile, no necesitaba de él, ni los españoles de auxilio alguno para
tomar una venganza que les pesára. Que me avisaba todo esto para
inteligencia, y que marchase con cuidado: pues, aunque parecia haberse
aquietado, recelaba una falta de cumplimiento. Que al mismo tiempo
avisase al gobierno, porque habian protestado invadir y robar las
fronteras; y que acababa de saber que los indios del cacique Quilapí le
traian robadas sobre 400 cabezas de ganado de todas especies.

A las 3 de la tarde continuamos hasta las 5, en que llegamos al primer
costado del sud-oeste de la Cañada del Zapato, en que estuvimos hasta
las 8, por haber volcado una carreta y empantanádose otra, como
tambien por esperar las atrasadas. El dia ha sido de mucho sol, se ha
aturbonado el tiempo, pero el viento se afirmó por el pampero, sin mas
novedad.


                               10, LUNES.

A las 6 de la tarde nos pusimos en marcha, y á las 10 llegamos á un
médano que se halla al este del que llaman del Soldado, como media
legua, habiendo pasado lo mas fragoso de la Cañada del Zapato: á las
10 de la mañana, á cuya hora se ardió el eje de una carreta, que se
reparó luego y sin avería. En la tarde de este dia mandé suspender la
marcha, afin de reunir las carretas, refaccionarlas y marchar con mas
actividad. A las 11 llegó un indio que habia remitido á la superioridad
desde la Cabeza del Buey, el cual me dió cuenta que dejaba reunidas
muchas tropas en la Guardia de Lujan. Esta noticia se difundió luego
entre los indios, que la propagaban por señales de humo y por medio de
chasquis que anunciaban novedad en la frontera. Este dia ha sido de un
calor extraordinario: el viento varió por todo el circulo de la aguja
con aparato de tormenta, inclinándose hasta el este sud-este, sin mas
novedad.


                              11, MARTES.

En este dia mandé suspender la marcha para hacer se compusiesen varias
carretas, que en la estension de 4 leguas se hallaban deterioradas
y atrasadas. Han salido con alta 4 enfermos, y ha entrado uno al
hospital. El viento ha estado fresco por el este y este-sud-este, sin
mas novedad.


                             12, MIERCOLES.

A las 5-1/2 de la mañana nos pusimos en marcha, y á las 12-1/2 llegamos
á parar al nor-oeste de la Laguna de la Cabeza del Buey, como dos
mil varas, en un medano que vierte agua dulce. Esta jornada ha sido
aprovechada, pero me he visto precisado á suspender la marcha hasta el
dia siguiente, por haberse roto algunas carretas por la exorbitancia de
su carga: y como cada dia se van inutilizando mas, he resuelto convocar
á los troperos, y prevenirles, que si no reducen su carga á lo regular,
dejaré abandonada en el campo la carreta que se rompa por excesiva
carga; pues no es justo que la codicia de 18 ó 20 perjudique á mas
de 200, con las tropas y demas gentes de la expedicion, que corremos
manifiesto riesgo, asi por la falta de viveres y mancage, como por los
enemigos que nos observan, y escasez de agua en las travesías que nos
restan: mucho mas, cuando estabamos ciertos de que de nuestra posicion
hasta las fronteras no habia llovido; en cuya atencion esperaba se
conformasen si llegaba el caso. Enterados todos, digeron que estaban
prontos á egecutar cuando se les mandase, pues quedaban convencidos de
mis razones. Por este motivo les otorgé el dia de hoy para recorrer mas
exactamente sus carretas y marchar el dia de mañana.

El cacique Epumur ha enviado un chasqui con el objeto solo de saber
cual era el motivo de tardarse la expedicion: que si era por falta
de bueyes ó caballos, que él tenia prontos y bien cuidados, los que
se le habian dejado en guarda, y del mismo modo remitiria cuantos
tenia suyos al primer aviso, sin perjuicio de mandar cuatro de sus
mocetones para que enseñasen algunas aguadas. Le dí las gracias, y dige
que suspendiese la remision de ganados hasta que tuviese el gusto de
verle en la inmediacion de sus toldos: pero que me aprovecharia de sus
mocetones para facilitar á los troperos el conocimiento de las aguadas,
por haber faltado las lagunas que solian surtir de agua. Hoy han salido
con alta dos enfermos. El dia es de mucha calor: el viento por el este
y nord-este; por la tarde turbonada, aunque de poco aparato, sin que
haya ocurrido mas novedad.


                              13, JUEVES.

En toda la mañana de este dia y la mayor parte de la tarde estuvimos
sin marchar, esperando la reunion de las carretas á un solo punto;
aprovechando la aguada, para que con ella, y los buenos pastos, se
repusiesen los animales, con el objeto de caminar hasta las 9 de la
noche, y luego seguir la trasnochada desde la salida de la luna. A
las 10 de la mañana despaché pliego á la superioridad, avisándole del
estado de mi viage. A las 4 de la tarde, ya á punto de caminar, se
volcó una carreta al tiempo de ensebar, y cogió á tres: á uno rompió un
muslo y la cabeza, á otro tres costillas y al otro un brazo. Ha sido
necesario confesarlos, y ocurrir inmediatamente con medicinas; lo cual
se egecutó con puntualidad, y acomodándolos del mejor modo posible, se
continuó la marcha.

El cacique Epumur mandó sus mozos, y avisó que la tierra estaba
alterada, y el cuidado los tenia cruzando sus patrullas por Palantelen,
temerosos de que los españoles los venian á atacar: que estuviese
cuidadoso hasta que nos viésemos, que mañana mandaria á su hijo. Que
él habia sido convocado á un parlamento referente á esta novedad, y no
habia querido concurrir, persuadido de que nada habia, y cierto de que
cualquiera novedad de los españoles podia tener su origen de noticias
equivocadas, ocasionadas del primer movimiento del cacique Lincon.
Que este en persona habia venido á su toldo á interesarlo para que le
perdonase aquel hecho, como que lo habia cometido con embriaguez, y
esperaba de mi le otorgase esta gracia, y le recibiese sus mensages,
cuando á este fin me los mandase. El dia ha estado muy nublado, y por
lo mismo bueno. El viento por el sur-este; y es cuanto ha ocurrido, sin
novedad segun los partes.


                              14, VIERNES.

Al romper el dia paramos de nuestra trasnochada, y á las 8-1/2 nos
pusimos otra vez en marcha: paramos á las 12, y á las 3-1/2 de la tarde
proseguimos nuestro viage. A las 7-1/2 llegamos á la Laguna del Junco
por el nord-este, hasta las 10 de la noche en que pienso emprender
de nuevo la marcha. Hoy he recibido pliegos de la superioridad,
contestacion á los oficios que remití desde la Cruz de Guerra. Tambien
recibí mensage del cacique Lincon, pidiendo se le dispensase su yerro,
y que se le permitiera venir á la expedicion á tratar. Le otorgué uno
y otro, llegando en órden y como correspondia. El dia ha estado de
rigoroso calor: viento escaso por el sur, y siguen los enfermos con
conocida mejoria, sin que haya ocurrido otra novedad segun los partes.


                              15, SABADO.

En la trasnochada de esta noche, y camino hecho esta mañana, llegamos
á las 10 al parage nombrado los Monigotes, donde à poco rato vino
á visitarme el cacique Epumur, su hijo y toda la familia. Allí nos
dió las últimas pruebas de su amistad y honradez. Entregó toda la
hacienda que se le habia dejado en guarda, con solo la falta de un
buey que se murió el dia que se le entregaron, y conservó el cuero y
osamenta, que presentó á su dueño en comprobante. Se le satisfizo su
trabajo, y gratificó del modo posible, manifestando quedar contento.
Me dió puntual noticia del estado de la indiada: me ratificó cuanto
me habia mandado decir acerca de los parlamentos tenidos entre ellos,
y la necesidad de caminar con cuidado hasta Palantelen, sin embargo
del mucho miedo que tenia Lincon en vista del movimiento de tropas
españolas en la frontera, receloso de que se dirigian á castigarle por
las anteriores ocurrencias. Me pidió de nuevo olvidase las cosas de
Lincon, y le ofrecí hacerlo.

En estas circunstancias llegó mensage de este, insistiendo en que le
permitiera entrar à hablarme á la Cruz de Guerra: lo cual le concedí
á vista de Epumur. A las 3 de la tarde llegó al campamento Casimiro
Leiva y su padre, que despaché á la frontera despues de haber recibido
á Antenau, y las contestaciones del gobierno referentes á lo ocurrido
en Salinas. Por él supe el estado de nuestra frontera, ademas lo que me
espresaba el comandante general de ella, y su retirada á Palantelen,
á virtud de aviso que les comuniqué por el mismo Leiva, para evitar
gastos: resultando de todo doblemente oportuna esta diligencia, y mayor
el motivo de agradecimiento en los indios de Epumur y Quinteleu, que
acompañaron á Leiva y Casimiro su hijo. A las 5 de la tarde se despidió
Epumur, y nos pusimos en marcha hasta las 11 de la noche, por haberse
roto el ege de una carreta.

Al este del parage de los Monigotes, como á legua y media y á sus
márgenes, hay una tolderia, la cual nos surtió de agua para la hacienda
en esta jornada; y aunque la resistian los indios, se les contentó
con cuatro reales. En este dia ha sido fuerte el sol: el viento por
el nord-este. Se halla atrasado en su tropa el capitan Morales, y la
retaguardia al cargo del capitan D. Manuel de Represa le auxilia hasta
la Cruz de Guerra, en donde hará alto para el descanso de la hacienda,
reparo y reunion de las carretas.


                              16, DOMINGO.

Habiendo continuado la marcha en esta noche, llegamos á las 3 de la
mañana à la Laguna de la Cruz de Guerra, en donde hemos parado todo el
dia para que se compongan las carretas, y repongan los animales con
los pastos y aguas, despues de una tan larga travesía. Hice reseña de
las carretas, y se halló que las tropas atrasadas eran las del capitan
Morales, Juan Manuel Rodriguez y D. N. Lascano: aunque estas últimas en
poca distancia, y la primera en los Monigotes, donde al tiempo de la
marcha se detuvo para dar algun descanso á sus animales, que encargó
particularmente al cacique Epumur. El capitan de retaguardia le instó
á su marcha, y se resistió diciendo, no necesitaba ya de convoy.
Mandé gente de refuerzo, y òrden para que sin mas demora, estando
refaccionadas las carretas, marchasen á reunirse. En esta tarde se ha
presentado con su gente el cacique Lincon, muy sumiso y atento: se le
otorgó que alojase á poca distancia esta noche, y quedamos amigos. El
viento ha estado por el oeste nor-oeste, sin haber ocurrido mas novedad.


                               17, LUNES.

Reunidas todas las tropas, nos pusimos todos en marcha á las 4 de la
tarde, continuando como dos leguas, en donde permanecimos hasta las 3
de la mañana en que seguimos: cuya jornada han hecho todas las tropas
de carretas, menos la de Morales, á quien despaché la tarde antes tres
carpinteros, y órden de avisarme si necesitaba bueyes, para remitirlos
con el aviso que me diese el capitan de retaguardia; quien me dió parte
quedar todo remediado. El dia ha estado de mucha calor y ardiente por
el oeste nor-oeste, sin haber ocurrido mas novedad.


                              18, MARTES.

A las 3-1/2 seguimos nuestra marcha, y á las 10-1/2 paramos una legua
mas al nord-este que las lagunas nombradas las Hermanas. A las 3 de la
tarde marchamos, y á las 6-1/2 llegamos al nord-este de la Laguna de
Palantelen, como 1,500 varas. En este dia tuvimos la pèrdida de una
carreta del tropero Nicolas Villamayor, por una fuerte quemazon del
campo que nos tomó en este tránsito, y de la cual no pudo separarse
esta carreta, por haberse encajado en una viscachera, huyendo del
fuego que la alcanzó y redujo á cenizas: habiendo librado con la mayor
felicidad las demas tropas de carretas, en fuerza de las mas activas
diligencias.

Este punto es el de reunion, y tambien del que se dividen los caminos
para distintos partidos de esta campaña. Luego que llegaron las tropas,
dí órden para que cada uno pudiese marchar libremente á su destino,
como algunos lo ejecutaron en aquella misma tarde. El camino desde
la Cruz de Guerra hasta aquí es de rigorosa travesía; y habiéndose
hallado aquella laguna seca, fué necesario pasasen las primeras á
los Manantiales de Casco: pero luego se halló una laguna con agua
abundante, como á legua y media al nord-este, del lado de Palantelen,
en el camino del Fortin de Areco, de lo cual pasé aviso al resto de la
expedicion. El viento fuerte por el norte nor-oeste, sin mas novedad
que hallarse cerca la tropa de Morales, que mañana puede llegar á
Palantelen.

Habiendo llegado á este sitio un religioso mercedario á pedir limosna
de sal, se le dijo que aprovechase la de la carreta quebrada en las Dos
Hermanas, lo que verificó.


                             19, MIERCOLES.

Todo este dia me mantuve parado en este punto de Palantelen, esperando
la reunion de tropas atrasadas; à quienes, luego que iban llegando,
se les comunicaba la órden de marchar libremente á los lugares de su
procedencia. Asimismo despaché á los milicianos que de diferentes
Guardias habian seguido la expedicion, segun es costumbre, dejando las
carretas armadas de lanzas: siendo del cargo de los mismos troperos
entregarlas en la capital al tiempo de conducir la sal al Exmo. Cabildo.

En este dia pasé oficio à la superioridad por medio del ayudante mayor
de la expedicion, de haberla disuelto en el punto dado por S. E., y que
marchaba al siguiente dia á la frontera, desde donde daria igualmente
parte. Asimismo dí permiso al cirujano y padre capellan para pasar à
la guardia, y de allì à la capital. En este dia recogimos una india,
mayor de 30 años, que en la Cabeza del Buey se me presentò de noche,
conducida por los indios amigos, á quienes rogó que la protegiesen
contra los suyos que querian matarla, creyéndola hechicera y causa de
las muertes y desgracias ocurridas ùltimamente en sus toldos: por cuya
razon la habian arrastrado, y dejàdola en el campo, (trayendo aun en el
pescuezo las señales del dogal): que habia seguido la expedicion por
mas de 15 dias, mantenièndose con huevos de avestruz y yerbas. Oida
esta relacion, la admitì, é hice ocultar en una carreta, sin ser vista
mas que del peon, á fin de que no lo trasluciesen los indios y causase
alboroto. En este punto son todos los indios muy celosos; bien que ella
pidiò ser cristiana, y para poderla manifestar se le vistió del mejor
modo posible: lo que causó mucha novedad á toda la expedicion, que
ignoraba el caso.

A las 12 del dia se formó una terrible tormenta por el oeste, y
fijándose luego por el sud-sud-oeste, descargó en un fuerte aguacero,
que duró hasta las 4 de la tarde; y à la oracion quedó completamente
despejado el horizonte. Por esta razon no pudieron reunirse las tropas
atrasadas, hasta las 10 de la noche, en que recibí parte del capitan de
retaguardia, de venir caminando sin novedad, y de estar á tres leguas,
refaccionadas enteramente las carretas.


                              20, JUEVES.

A las 4 de la mañana pasè òrden, y algunos auxilios al capitan de
retaguárdia con el sargento de infanteria Peralta para que, luego
que llegue á aquel destino, se retirase à su Guardia del Salto, y
me avisase de cualquiera ocurrencia que en el corto espacio que nos
separaba pudiera haber. Me contestó el recibo de los auxilios de
boca, y que estando á la distancia de una legua de mi campamento no
me detuviese en marchar, que el lo haria en el mismo dia, despues
que despachase á Morales, de que me daria parte. En efecto seguí mi
viage hasta las 8, que paré al nord-este de las Lagunas de Calelian,
por aprovechar de sus aguas para las haciendas. A las 2 de la tarde
proseguimos nuestro viage, hasta las 7, que hicimos alto al nor-oeste
de la Cañada de Chivilcoy. El tiempo sereno, pero de excesiva calor. El
viento por el norte hasta las 4 de la tarde, en que quedò calma, sin
mas novedad.


                              21, VIERNES.

A las 10 de la noche anterior nos pusimos en marcha, y caminamos en
toda ella, hasta las 10 del dia siguiente, que paramos distante dos
leguas de la Cañada de las Saladas, hàcia el nord-este, donde estuvimos
hasta las 2-1/2 de la tarde. Las carretas fueron á hacer alto en la
Cañada del Durazno, y yo lleguè à la Guardia de Lujan, punto de mi
salida, y principio de este viage, como à las 9 de la noche, sin otra
novedad, á los dos meses de mi partida.


                              22, SABADO.

A las 10 del dia llegaron las carretas y tren de artilleria, con el
resto de la tropa, y se entregaron en el almacen de ella los esmeriles
y las municiones restantes, con la razon de los deterioros y consumos.
En el mismo dia recibì parte del capitan D. Manuel de Represa, de haber
llegado la retaguardia al punto de reunion, y marchado sin novedad
todos á sus destinos. Con esto ha quedado concluida de todo punto la
expedicion sin desgracia; habiendo librado la vida los 48 enfermos
de gravedad que hubo en el hospital. Siendo de notar, que fué tan
sumisa y obediente la gente de ella, que no hubo herida ni golpe que
curar, por pendencia ni descomedimiento en todo el viage. Tampoco hubo
motivo particular de corregir ni compeler por la fuerza à entrar en
sus deberes á ningun individuo, pues siempre fué suficiente una ligera
reconvencion. Lo mismo sucediò con respecto à la tropa, cuyos oficiales
se esmeraron mas particularmente en conservar la disciplina: cuidando
yo especialmente de que no les faltase bastimento fresco para hacer mas
tolerables sus fatigas, aun à costa de mi dinero, proporcionándoles
cuantos auxilios me fueron dables en aquellos destinos. Entiendo,
apoyado en la experiencia, que ningun gefe saldria desairado,
manifestàndose con entereza, modo y franqueza, aunque se encuentre en
los lances mas arriesgados.

          _Guardia de Lujan, Diciembre 22 de 1810._

                              =PEDRO ANDRES GARCIA.=



TABLA DE LAS LATITUDES, LONGITUDES Y DISTANCIAS DE LOS LUGARES DE MAS
CONSIDERACION, EN EL CAMINO HECHO DESDE LA GUARDIA DE LUJAN HASTA LA
LAGUNA DE SALINAS.

  ||==================================================================||
  ||                                |        |         |       |      ||
  ||                                |LATITUD.|LONGITUD.|LEGUAS.|VARAS.||
  ||                                |        |         |       |      ||
  ||                                |--------+---------+-------+------||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Guardia de Lujan_             |34° 39' | 1° 2'   |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de dicha á la       |        |         |       |      ||
  ||  capital_                      |        |         | 24    |3,500 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Cañada del Durazno_           |34° 47' |  1° 33' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de la Guardia á     |        |         |       |      ||
  ||  dicha Cañada_                 |        |         |   3   |  285 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Cañada de las Saladas_        |34° 52' |  1° 43' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia á la anterior_      |        |         |   3   |  100 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Cañada de Chivilcoy_          |34° 58' |  1° 51' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de la anterior_     |        |         |   3   |  620 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Rio Salado_                   |35°  2' |  1° 56' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de Chivilcoy_       |        |         |   4   |  334 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Calilean_                     |35°  6' |  1° 58' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia al rio Salado_      |        |         |   2   |  114 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Palantelen_                   |35° 12' |  2°  7' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de Calilean_        |        |         |   2   |   "  ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Médanos ó Cerritos_           |35° 17' |  2° 13' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de Palantelen_      |        |         |   2   |   87 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Lagunas de Galvan, ó Tres     |        |         |       |      ||
  ||  Hermanas_                     |35° 23' |  2° 16' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de los Médanos ó    |        |         |       |      ||
  ||  Cerritos_                     |        |         |   1   |5,320 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Médano Partido_               |35° 31' |  2° 23' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de las Hermanas_    |        |         |   3   |4,000 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Cruz de Guerra_               |35° 41' |  2° 24' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia del Médano Partido_ |        |         |   2   |4,300 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Los Monigotes_                |35° 45' |  2° 29' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de la Cruz de       |        |         |       |      ||
  ||  Guerra_                       |        |         |   2   |5,123 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Cabeza del Buey_              |36° 10' |  2° 52' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de los Monigotes_   |        |         |  13   |5,425 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Cañada del Zapato_            |36° 26' |  2° 52' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de la Cabeza del    |        |         |       |      ||
  ||  Buey_                         |        |         |   7   |   "  ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Cañada Larga, primeras        |        |         |       |      ||
  ||  lagunas_                      |36° 38' |  3° 24' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de la del Zapato_   |        |         |  10   |  340 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Laguna del Monte_             |36° 53' |  3° 57' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de la Cañada Larga_ |        |         |  12   |  234 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Laguna de los Paraguayos_     |36° 58' |  4° 12' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de la del Monte_    |        |         |   9   |  238 ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Laguna de Salinas, su medio_  |37° 13' |  4° 51' |       |      ||
  ||                                |        |         |       |      ||
  || _Distancia de los Paraguayos_  |        |         |  13   |5,428 ||
  ||==================================================================||



  Errores corregidos por el transcriptor:
  {pág.  4} carávanas y romerias ==> caravanas y romerias
  {pág. 11} cegaba â todas las naciones ==> cegaba á todas las naciones
  {pág. 13} asì sus mieses ==> así sus mieses
  {pág. 14} sin detenerme un instantante ==> sin detenerme un instante
  {pág. 16} acostumbrádolos á ocurrir mutuamente ==>
            acostumbrándolos á ocurrir mutuamente
  {pág. 16} La combinanion de estos principios ==>
            La combinacion de estos principios
  {pág. 16} con el sentimietto de su ==> con el sentimiento de su
  {pág. 17} y cercádola del mejor ==> y cercándola del mejor
  {pág. 31} ¡Gefes ¡Magistrados! ==> ¡Gefes! ¡Magistrados!
  {pág. 31} remota prosteridad. ==> remota posteridad.
  {pág. 34} llevádose todos los armamentos ==>
            llevándose todos los armamentos
  {pág. 36} esperando su total destuccion ==>
            esperando su total destruccion
  {pág. 37} pregreso del viage ==> progreso del viage
  {pág. 40} al general Ya, pues ==>  al general. Ya, pues
  {pág. 51} con una virtiente de agua dulce ==>
            con una vertiente de agua dulce
  {pág. 51} de otro laguna ==> de otra laguna
  {pág. 57} que fuoron prevenidos ==> que fueron prevenidos
  {pág. 59} haberseme dadado parte ==>  haberseme dado parte
  {pág. 59} A los 8 de la mañana ==> A las 8 de la mañana
  {pág. 62} 4 barriles da aguardiente ==> 4 barriles de aguardiente
  {pág. 67} Carripilun ==> Carrupilun
  {pág. 69} la justicia du su prision ==> la justicia de su prision
  {pág. 70} nuesto viage ==> nuestro viage
  {pág. 75} era un despròposito intolerable ==>
            era un despropósito intolerable
  {pág. 80} uno colina ==> una colina
  {pág. 82} no se la otrogué; ==> no se la otorgué;
  {pág. 82} le hicieron prorumpir en amenazas ==>
            le hicieron prorrumpir en amenazas
  {pág. 83} â su vecindad ==> á su vecindad
  {pág. 91} A las 3 de la trade ==> A las 3 de la tarde
  {pág. 94} refiaccionadas enteramente ==> refaccionadas enteramente





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires" ***

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