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Title: Cancionero de Lope de Stúñiga - Códice del siglo XV.
Author: Various
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Cancionero de Lope de Stúñiga - Códice del siglo XV." ***

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NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

  * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las
    versalitas como MAYÚSCULAS.

  * Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar.

  * En los textos antiguos:

    - Se ha respetado la ortografía recibida, con las excepciones
      siguientes, para guardar la coherencia ortográfica dentro de
      un mismo poema:

      p. 149:      parescer → paresçer      (“Quando ha de paresçer”)
      p. 273: MAGNIFICENGIA → MAGNIFICENCIA (“De todo fuy vençedor”)
      p. 302:      vencedor → vençedor      (“De todo fuy vençedor”)
      p. 379:       de algo → dalgo         (“Fija dalgo parescia”)

    - Se han insertado los acentos y signos de puntuación ocultados
      por las capitulares ornamentales.

  * En las introducciones, notas, índices y otros textos escritos en
    castellano reciente:

    - Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la
      grafía de mayor frecuencia.

    - Se ha normalizado la puntuación de las citas bibliográficas.

    - Se ha unificado la grafía de todas las menciones de un mismo
      verso.

    - Se han normalizado a tres puntos los puntos suspensivos.

  * En el original impreso existen dos notas LIII: se han renombrado
    como LIIIa y LIIIb.



  COLECCION
  DE
  LIBROS ESPAÑOLES
  RAROS Ó CURIOSOS.


  TOMO CUARTO.



  CANCIONERO
  DE
  LOPE DE STÚÑIGA,

  CÓDICE DEL SIGLO XV.

  AHORA POR VEZ PRIMERA PUBLICADO.


  [Ilustración]


  MADRID,
  IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA,
  calle del Duque de Osuna, núm. 3.

  1872.



[Ilustración]

ADVERTENCIA PRELIMINAR.


El libro que hoy damos á luz, y que ha permanecido inédito hasta
ahora, hace mucho tiempo que es objeto de la atencion y curiosidad
de eruditos y literatos, así nacionales como extranjeros. Todos le
citan, y muy pocos han leido el preciado códice; de modo que la
obra es conocida solamente por su reputacion ó nombradía entre los
aficionados á este linaje de estudios. Exceptuando alguna que otra
composicion publicada en el _Cancionero general_, impreso en 1511,
en el _Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros y curiosos_
y en la _Historia crítica de la literatura española_, por el señor
Amador de los Rios, bien puede asegurarse que el público sólo conoce
de este apreciabilísimo Cancionero _el índice_ completo que en sus
adiciones y notas dieron á luz los traductores de Ticknor, Sres.
Gayángos y Vedia. Estas breves indicaciones bastan para demostrar
que el vivo interes que inspira la publicacion del _Cancionero
de Stúñiga_ está plenamente justificado bajo el doble aspecto
bibliográfico y literario.

En efecto, las colecciones de poesías llamadas Cancioneros generales,
en que figuran los nombres de muchos poetas y trovadores, se ostentan
en nuestra historia literaria como la manifestacion importantísima
_del ideal_ que concibe la mente como una realizacion apetecible
y consoladora, en oposicion á la prosáica y dolorosa realidad de
la vida efectiva. Tal es el verdadero punto de vista bajo el cual
deben estudiarse atentamente estas interesantísimas colecciones.
Por desgracia, no se ha tenido en cuenta este criterio, y sólo
así podemos explicarnos las gárrulas declamaciones y los juicios
aventurados que por propios y extraños se han emitido á propósito de
nuestros Cancioneros. Escritores tan ilustrados y tan concienzudos
como el Sr. Marqués de Pidal entre los españoles, y como Mr.
Jorge Ticknor entre los extranjeros, no han podido sustraerse del
todo á la poderosa influencia de rutinarias censuras y vulgares
preocupaciones, sin cesar repetidas, y acreditadas, por último, como
calificadas verdades. Uno y otro afirman con lamentable seguridad
que la poesía cortesana de los Cancioneros es de mal gusto, que las
composiciones son cansadas é indigestamente eruditas, y que en el
género amatorio aquellos poetas y trovadores sólo aciertan á expresar
en conceptos metafísicos y alambicados, con pedantesco lenguaje y
métrico artificio, un amor no bien sentido, afectos convencionales, y
pasiones hiperbólicas siempre y afectadas. En verdad que no merecen
tan severas calificaciones los dulces y quejumbrosos versos de
Manrique, Macías, Rodriguez del Padron y Sanchez de Badajoz; pero aun
admitiendo como generalmente exacta y justa la crítica que precede,
todavía sostendremos, con muy valederas razones á nuestro parecer,
que la tal crítica, meramente externa, es de muy corto alcance, y no
penetra en la interioridad sustancial de aquella poesía, con tanto
desden llamada cortesana, olvidando lastimosamente que si en el órden
moral _la intencion_ es la que mata ó salva, en materia de artes y
literatura es _la significacion_ íntima, contenida en las formas, la
que decide al fin de la valía é importancia de las producciones.

El hecho más culminante que resalta en los Cancioneros consiste en
la casi total carencia de alusiones á la vida de actualidad, como
hoy se dice, con relacion á las empresas guerreras, pasos honrosos,
discordias civiles, bandos y rivalidades que á la sazon agitaban
la córte de Castilla. Los más esforzados paladines, como Suero de
Quiñones, Estúñiga, Valera y el mismo condestable Don Álvaro de Luna,
al trocar la lanza por la péñola, escribian sus trovas ó decires
como almibarados galanes ó discretos donceles, alardeando á la par
de ingenio y de cortesía. Jamas se les ocurre, no ya mencionar sus
propias hazañas, lo cual pudiera atribuirse á noble modestia, sino
recordar siquiera los nombres ilustres de los héroes de la patria,
como el Cid, Bernardo del Carpio, Fernan Gonzalez y tantos otros
afamados guerreros, terror de la morisma y gloria de Castilla.

Pues bien; este hecho, que tanto se ha censurado, deduciendo de
aquí, algunos con extrañeza, y otros casi con indignacion, que la
poesía culta era un verdadero extravío, una planta exótica, ó á lo
sumo una bella flor artificial sin savia y sin aroma; este hecho,
decimos, viene á confirmar de la manera más cumplida nuestra opinion
y nuestro aserto. Despues de la caida del imperio romano al empuje
de las diversas razas que se precipitan del Norte cual torrente
irresistible, surgen nuevas nacionalidades, precisamente al mismo
tiempo que aparecen nuevas lenguas. Si el territorio es la condicion
necesaria para la existencia _física_, por decirlo así, de una
nacionalidad, la lengua y la literatura son el medio indispensable
para la existencia _moral_ de una patria. Con el nuevo idioma nació
tambien la nueva poesía, nodriza intelectual de las naciones en su
cuna. La trasformacion, sin embargo, no podia ser súbita, porque la
vida se desenvuelve sucesivamente como las infinitas gradaciones de
la luz desde la alborada hasta la plenitud magnífica del dia. Por
esta razon se verificaban en la sociedad dos fenómenos diametralmente
opuestos: el latin, que desfallecia hasta ser lengua muerta, y el
habla vulgar, que crecia vigorosa y lozana hasta llegar á ser la
hermosa lengua de Cervántes.

Entre tanto, existian en la sociedad dos lenguas: una erudita,
oficial, órgano de la ciencia y de la autoridad, y en la cual
escribian sus producciones literarias las clases instruidas y
superiores; y otra lengua vulgar, rústica, usada en el trato comun
de las gentes, y en la cual los juglares narraban las hazañas de los
héroes, de donde provienen esos riquísimos tesoros literarios, que
entre nosotros se llaman romances. Habia tambien, por consiguiente,
dos géneros de poesía muy diversos, la poesía popular, esencialmente
narrativa é histórica, y la poesía culta, necesariamente lírica,
filosófica é imitadora á su modo de los clásicos modelos de la
antigüedad griega y latina. Hé aquí rapidísimamente indicados los
orígenes de las dos fases fundamentales de nuestra literatura, porque
tampoco es cierto lo que tantas veces se ha repetido, afirmándose
que eran dos literaturas absolutamente distintas y extrañas la una
á la otra. La diferencia consistia en dos aspectos necesarios de la
misma unidad nacional. La poesía popular reflejaba en sus cantos los
hechos visibles, efectivos, notorios, históricos, de la nacion, que
se revelaba por sus propios actos ante las otras nacionalidades, y
en este sentido aquella poesía ostentaba un carácter más determinado
y un colorido más local. Era Castilla, que se veia á sí propia en
sus hazañosos hechos y se escuchaba á sí misma en sus epicos cantos.
A su vez, la poesía culta, como toda poesía lírica, reflejaba los
sentimientos individuales del poeta, sus aspiraciones, sus penas,
sus alegrías, sus amores, sus celos, sus desengaños, y sus ideas
y creencias acerca del alma, del destino, de la fortuna, de la
Providencia, del libre albedrío, de la vida, de la muerte y de la
inmortalidad; ideas que no son patrimonio exclusivo de una raza
ó nacion, sino que permanecen constantemente en el fondo de la
conciencia humana. Por esto semejante poesía afectaba un carácter
más cosmopolita, más universal y ubícuo, ménos local y nativo. Era
el hombre que independientemente de sus calidades accidentales
de español, frances ó italiano, se revelaba subjetivamente,
mediante sus cantos, en sus afectos, en sus ideas morales y en sus
aspiraciones áun no realizadas en su vida social y política, y ahora
se comprenderá perfectamente lo que antes hemos dicho con relacion
á la poesía de nuestros Cancioneros generales, que contienen la
manifestacion _del ideal_ que aquella culta sociedad buscaba fuera
del momento histórico en que actualmente la nacion vivia. La realidad
histórica del presente, por grandiosa que sea, se aparece siempre
á nuestro espíritu como prosáica, porque es muy difícil para el
combatiente, entre el polvo y el humo de la lucha, sorprender y
saborear la belleza de la batalla. La poesía es siempre un hermoso
misterio que oscila y flota, como un embeleso divino, en las aereas y
mágicas regiones de los recuerdos y de las esperanzas.

Cada una de aquellas dos fases supremas y fecundas de nuestra
poderosa y genial literatura cumplia un fin altísimo y necesario de
la vida nacional. La poesía vulgar deslindaba de los otros pueblos,
y, por decirlo así, caracterizaba y circunscribia á la nacion, en
tanto que la poesía culta dulcificaba las costumbres, refinaba la
sociedad, rechazaba la rudeza, elogiaba la cortesanía, limitaba
el imperio de la fuerza bruta, divinizaba á la mujer, cantaba con
entusiasmo el amor y estudiaba con perseverancia incansable los
autores griegos y latinos, conservando así el inapreciable tesoro de
la erudicion antigua é incorporando á la nueva civilizacion el caudal
humanitario de las precedentes civilizaciones.

Se ha criticado sin piedad, y seguirá criticándose todavía, al
Marqués de Santillana, á Juan de Mena y á otros insignes poetas de
aquel siglo por sus pedantescos alardes de clásica erudicion, sin
considerar que en la prolongada y lóbrega noche de la Edad Media tal
vez se hubiera perdido hasta la noticia de los principales autores,
lumbreras de la antigüedad, sin este prurito de erudicion y de citas,
empeño justificado y oportunísimo entónces, por más que al presente
nos parezca afectado é intempestivo, pues que cada cita hecha en
aquella época podia salvar del olvido una obra importante ó un autor
ilustre.

La diferencia, pues, de ambos géneros era necesaria, fundamental
y orgánica, porque cada una de estas dos tendencias diferentes
obedecia á una mision providencial é inevitable; y prueba de ello
es que la diversidad no consistia en las dos distintas lenguas,
latina y castellana, sino en la esencia misma de las cosas, supuesto
que cuando á fines del reinado de San Fernando, la lengua vulgar,
que habia ido creciendo y perfeccionándose, llegó á destronar
completamente al latin y á usarse en los instrumentos públicos, en
las leyes y en la poesía misma, no por eso desapareció la diferencia
intrínseca de los dos géneros, popular y erudito, ó, por mejor decir,
nacional y civilizador, porque no nos cansarémos de repetir que la
poesía cortesana, de una manera más ó ménos consciente, aspiraba á
la realizacion de _un ideal_ más justo y humano en las relaciones
sociales, y con este motivo se nos ocurre notar un hecho que encierra
decisiva importancia para demostrar hasta la evidencia nuestras
afirmaciones.

En efecto; bajo el punto de vista político y civil es imposible
imaginar una condicion más abatida que la de los pecheros, villanos
y conversos, á quienes los grandes señores y caballeros trataban con
indecible desden y altanería; pero he aquí que un infeliz plebeyo
demostraba genio y aptitud para cultivar la gaya ciencia, y al punto
el trovador era recibido en los salones y palacios de magnates,
príncipes y reyes, se le aplaudia, se le contestaba muy cortesmente á
sus respuestas y decires, se le hacian mercedes, se le trataba como
á un igual, y con mucha frecuencia como á un verdadero amigo. Como
individuo de la nacion, el tal plebeyo subsistia en su mismo estado
de nulidad é impotencia; pero como hombre, adquiria desde luégo
cierto influjo con sus relaciones amistosas y con sus producciones
literarias, porque la sociedad cambiaba súbitamente de aspecto para
el trovador ingenioso. Así vemos alternar y figurar promiscuamente
en salones y Cancioneros los nombres de los más ilustres señores y
potentados de Castilla con el converso Juan Alfonso de Baena, Anton
de Montero, el ropero de Córdoba, Maese Juan el guarnicionero,
Mondragon el mozo de espuela, Martin el tañedor, y Juan Poeta ó de
Valladolid, hijo de una mesonera. Este simpático y hermoso rasgo de
costumbres en aquella época, entre la nobleza más orgullosa del mundo
y más preciada de su condicion y linaje, mereceria por sí solo que se
inventase la locucion, si ya no estuviera inventada, de _república de
las letras_.

En medio de la rudeza de aquellos tiempos, y entre los horrores de
la violencia de la anarquía y del feudalismo, aquellos terribles
guerreros, como impulsados por el espíritu generoso de la cultura
humana, se complacian en trasportarse á las regiones ideales de
un estado social más perfecto, en donde sólo dominasen las justas
y torneos del ingenio, la emulacion del honor y la virtud, las
delicadas competencias del amor y del sentimiento, la igualdad
y reciprocidad de inefables ternezas, y en que desapareciesen
completamente las preocupaciones nobiliarias, los privilegios del
poder y de la fortuna, y los feroces abusos de la fuerza material,
que á la sazon por todas partes imperaba. Nunca, en ningun período
histórico, han podido aplicarse con mayor fundamento y oportunidad
que en aquél las célebres palabras de Ciceron: _Oh præclaram
emendatricem vitæ poeticam!_

Bella y patriótica es sin duda la poesía popular de los Romanceros,
porque allí están narrados todos los grandiosos hechos de los héroes
y todos los grandes sucesos de la nacionalidad española; pero ni
los individuos ni los pueblos pueden realizar ó ejecutar todo
el contenido de su alma, porque hay cosas que únicamente están
destinadas á ser pensadas, sentidas y expresadas de una manera digna
de memoria, es decir, literariamente, y ese contenido eminentemente
subjetivo, que es el poema de la inteligencia y del corazon, se
encuentra en los Cancioneros generales. En este sentido Aristóteles
ha dicho, con tanta profundidad como exactitud, que la poesía es más
verdadera que la historia.

En la necesidad de resumir brevemente nuestras ideas sobre este
punto, por más que la materia sea muy abundante, nos limitarémos á
decir que la poesía popular cantaba y fortificaba el sentimiento de
nacionalidad, y que la poesía culta favorecia el progreso social; que
la una servia á la patria y la otra á la civilizacion, y finalmente,
que si la poesía narrativa de los Romanceros revelaba la verdad de la
historia, la poesía lírica de los Cancioneros revelaba la verdad del
alma.

Ahora bien; durante aquella edad predominantemente poética, en
que reyes, infantes, príncipes y grandes señores hacian gala de
cultivar la gaya ciencia, se publicaron bajo sus auspicios muchos
Cancioneros. El rey de Castilla D. Juan II, de quien se conservan
algunas canciones y esparzas, fué grande amigo y favorecedor de
poetas y trovadores. El Infante de Antequera, que más tarde llegó
á ser D. Fernando I de Aragon, cuando fué á coronarse á Zaragoza,
llevó consigo una cohorte de trovadores y poetas castellanos, entre
los cuales se contaban el docto D. Enrique de Villena, el célebre
Marqués de Santillana, el discreto Ferrant Manuel de Lando y el
famoso Villasandino. Por último, el gran rey adorado y divinizado por
los poetas de aquella época, D. Alonso V de Aragon, hijo del Infante
de Antequera, fué acompañado en su famosa expedicion á Nápoles por
tan numeroso séquito de poetas y trovadores, que casi ellos solos
formaron con sus cántigas y decires el renombrado _Cancionero de
Stúñiga_, que se conserva manuscrito en la Biblioteca Nacional, y que
hoy tenemos la satisfaccion de dar por primera vez á la estampa.

Este precioso códice está escrito en vitela de excelente calidad,
consta de 165 fólios, y lleva la signatura M. 48 de la Biblioteca
Nacional. Su letra es evidentemente de la segunda mitad del siglo
XV, y está encuadernado en pasta de la época, de color de púrpura,
con exquisita variedad de labores en seco. En su portada lució su
buen gusto un hábil miniaturista, que supo llevar el dibujo á toda
la perfeccion de que entónces era capaz el arte, segun se observa
en las cuatro figuras, que representan la Religion, la Justicia, la
Esperanza y la Fe, modelos acabados de gracia y elegancia. Es muy
de sentir que haya quedado por hacer el escudo á que las figuras
servirian de tenantes, porque por él podríamos venir en conocimiento
del personaje para quien este _Cancionero_ se escribiera, que
personaje de gran cuenta sería cuando todo lujo se creyó poco,
llegándose á perfumar sus folios con alguna disolucion persistente,
que ha hecho durar hasta ahora su fragancia. La orla de la portada,
la inicial con que empieza el _Cancionero_ y la del fólio 41 son
notables por el gusto y primor de sus dibujos, por su perfecta
ejecucion y por la delicadeza y tino con que se alterna el oro
sentado con los colores más vivos, sin abusar nunca ni desentonar la
conveniente armonía de las tintas. En los demas folios las iniciales
de cada composicion son de oro sobre fondo de colores, y las de cada
estrofa sencillas mayúsculas, pero alternando siempre una de oro y
otra azul, habiendose buscado y obtenido en todas la variedad más
completa y agradable.

En suma, este _Cancionero_ constituye un códice de la mayor riqueza
y lujo, digno de figurar en los estantes de la biblioteca de un D.
Pedro Tenorio, ó de una aristocratica dama de la córte de D. Juan II
de Castilla.

Diósele sin duda el nombre impropio de _Cancionero de Stúñiga_, sin
más razon ni motivo que comenzar el códice con dos composiciones de
aquel ilustre caballero. Contiene gran número de producciones de
poetas castellanos, gallegos, aragoneses y catalanes. Hubo un momento
crítico en nuestra historia literaria, en que todos los trovadores
y poetas cristianos de la Península alternaban en cancioneros,
justas poéticas, festejos y solemnidades patrióticas ó religiosas,
sin que en lo más mínimo sirviesen de obstáculo para esta intimidad
y comunicacion las diferencias de dialectos que ya de muy antiguo se
usaban. Al contrario, era entónces muy frecuente que los trovadores
catalanes y aragoneses compusieran decires y canciones en castellano,
y que á su vez los poetas de Castilla hicieran composiciones en
gallego ó lemosin. Diríase que en aquella hora solemne de la historia
todos los vates españoles se habian dado una cita misteriosa en
el ameno y delicioso campo de la _gaya ciencia_, para concertar
fraternalmente todos los elementos y todos los medios de constituir
nuestra poderosa nacionalidad literaria. Bajo los auspicios
del ilustrado Alfonso V, los catalanes y aragoneses penetraron
decididamente por las vias de los provechosos estudios clásicos,
hácia los cuales tambien los impulsaba el prestigio creciente de la
poesía castellana, que habian elevado al más alto punto de crédito
y nombradía el docto Juan de Mena y el esclarecido Marqués de
Santillana. A mayor abundamiento, desde la coronacion del Infante de
Antequera se habian estrechado más y más los vínculos del comercio
intelectual entre ambas córtes de Aragon y de Castilla, y más tarde
la famosa expedicion á Nápoles fué para catalanes, aragoneses y
castellanos la epopeya comun de su gloria en los combates y de sus
triunfos en el Parnaso. En el _Cancionero de Stúñiga_ palpitan á cada
instante los recuerdos de aquella expedicion gloriosa, celébrase la
hermosura de las damas italianas, se canta en todos los tonos esa
hermosa pasion, que es á la vez el orígen de la vida y la fuerza
civilizadora de los pueblos, y se llora tambien en lastimosas
endechas la muerte de los valientes que sucumben en la batalla.

La composicion que empieza:

  Las trompas sonaban al punto del dia,

ofrece un cuadro animado y conmovedor de los funerales de Jaumot
Torres, capitan de ballesteros, que murió heroicamente en Cerinola.
No carece de invencion y fantasía la composicion de Juan de Andújar,
que principia:

  Cómo procede fortuna.

_Los Siete Gozos de Amor_ es una composicion original, discreta y
bien sentida. El ingenio, la galantería, la gracia, el picaresco
desenfado y las deliciosas penas del amor resplandecen en _El
Testamento_, de Alfonso Enriquez, en _El Juego de Naipes_, de
Fernando de la Torre, en _Las Estrenas_, de Lope de Stúñiga, en _Las
condiciones de las Donas_, de Torrellas, y en las sentimentales
estrofas de Rodriguez del Padron y del enamorado Macías, que vino
á ser el romántico y bello prototipo de los amantes. Por último,
debemos consignar una circunstancia muy notable de este _Cancionero_,
cual es la de contener dos romances, género de composiciones que
nunca ó rarísima vez se encuentra en las innumerables colecciones de
poesías manuscritas que, anteriores al siglo XVI, se conservan en
nuestros archivos y bibliotecas. Ambos romances son de Carvajal. El
uno de ellos está compuesto á nombre de la Reina de Aragon, esposa
de Alfonso V, la cual llora el mal de ausencia con extraordinaria
vivacidad de sentimiento. El segundo romance está hecho con mucha
tristeza y dolor por la partida de su amada, y justo es decir que
el poeta acierta á expresar su pasion con tanta naturalidad como
energía, cuando exclama:

    Visitaré los lugares
  Do mi sennoría estaba,
  Besaré la cruda tierra
  Que mi sennora pisaba,
  Et diré triste de mí:
  Por aquí se paseaba,
  Aquí la vide tal dia,
  Aquí comigo fablaba.
  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·
  ¿Dónde estás tú, mi sennora?
  ¿Vives, como yo, penada?
  ¿Quien privó la vuestra vista
  De mirar et ser mirada?

En resúmen, el _Cancionero de Stúñiga_ entraña y significa dos
grandes acontecimientos de suprema importancia para nuestra
literatura, á saber: la famosa expedicion á Nápoles y la íntima
alianza de los poetas castellanos con los trovadores catalanes y
aragoneses, quienes todos juntos á su vez recibieron la saludable
influencia de la Italia, que ya se habia adelantado gloriosamente por
el camino de las bellas letras á todas las demas naciones de Europa.
Este _Cancionero_ abunda, ademas, en inapreciables indicaciones
históricas, que la crítica y la erudicion sabrán utilizar desde
luégo, y finalmente, abraza un período harto interesante de la
poesía española del siglo XV, que sin la existencia de tan preciado
códice nos sería completamente desconocido. Esta consideracion sube
de punto, si tenemos en cuenta que de muchos poetas y trovadores de
aquella época no se conservan más noticias que las contenidas en el
presente _Cancionero de Stúñiga_.

Ahora bien, sin perjuicio de las oportunas explicaciones, ya
bibliológicas, ya biográficas, que damos en las _Notas_ al final de
la obra, cúmplenos consignar aquí el método que hemos seguido en la
publicacion de este códice, en cuyo texto abundan las equivocaciones,
que provienen de estar escrito por un italiano, como lo prueba la
composicion bilingüe del fólio 152, y áun la misma encuadernacion
revela evidentemente que está hecha en Italia. Estas equivocaciones
han podido influir alguna vez para que no hayamos acertado á
interpretar algunos vocablos, que muy bien pudiera suceder nos sean
completamente desconocidos, áun admitiendo que no haya error en
la escritura. De todos modos, hemos preferido no incluirlos en el
_Glosario_, á proponer caprichosas ó infundadas conjeturas, que en
vez de ilustrar el texto, hubieran contribuido á oscurecerlo más en
algunos pasajes. Diversas, y áun de todo punto contradictorias, son
las opiniones que profesan los más ilustrados críticos de Europa
respecto al sistema ó método que debe seguirse en la publicacion de
este linaje de obras. Sostienen muchos críticos alemanes que los
códices deben publicarse con una fidelidad fotográfica, reproduciendo
los textos sin la más mínima alteracion, con la misma ortografía,
con la puntuacion que tuvieren, y hasta con sus mismas erratas, á
fin de que el público no carezca absolutamente de ninguno de los
datos necesarios y auténticos para formar con acierto su juicio. Al
contrario, los críticos franceses asientan que los códices deben
darse á luz ámpliamente comentados é ilustrados, corregidos en su
ortografía, rectificados en sus errores y despojados en lo posible
de todo cuanto pueda hacer difícil y áun enojosa su lectura, á fin
de convidar más gratamente al público á que venga á saborear las
desconocidas bellezas literarias de otras edades.

La explicacion plausible y naturalísima de estas dos contrarias
opiniones la encontramos fácilmente en las diferencias
características del genio frances, que ante todo aspira á la
claridad y popularizacion de las ideas; y del genio aleman, que
con preferencia se propone penetrar en la esencialidad de las
cosas, cuidando más de la exactitud incontrovertible de sus
conocimientos, que de agradar á toda clase de lectores. Ambos
sistemas nos parecen demasiado exclusivos, y en este punto acaso
hayamos tenido la fortuna de elegir el término discreto entre ambas
encontradas opiniones, supuesto que por una parte hemos permanecido
escrupulosamente fieles al texto del códice, conservando su misma
ortografía respecto á la escritura de las palabras, y por otra nos
hemos permitido alguna libertad en cuanto á la puntuacion, que hemos
acomodado al uso corriente, con la única mira de aclarar su sentido y
facilitar su lectura, consiguiendo de este modo, á nuestro parecer,
casi todas las ventajas de los dos citados sistemas.

En nuestra patria no carece de partidarios la escuela francesa,
y algunos críticos distinguidos recomiendan tambien la necesidad
y conveniencia de publicar los códices expurgados, anotados y
corregidos; pero nosotros creemos que esta opinion, sin duda muy
respetable, no puede ni debe seguirse ni aplicarse en nuestra España,
donde vemos con dolor que, por incuria, ignorancia ó malicia,
desaparece cada dia alguna de nuestras preciosidades literarias.
Triste y aun vergonzoso para un español es decirlo, pero en esta
nacion, en que se han perdido casi todas las obras de D. Enrique
de Villena; en esta nacion, en que nos vemos obligados á mendigar
de gobiernos extranjeros que nos permitan copiar ó que nos presten
por un breve plazo para su publicacion el _Cancionero de Baena_ y
otras obras que hace poco tiempo conservábamos en nuestros archivos
y bibliotecas; en la nacion en que tal sucede con mengua de nuestro
decoro, lo importante es publicar sin dilacion todo lo inédito que
se pueda y lo merezca, salvando así del olvido, de un incendio, de
una inadvertencia ó de una infamia, tantos y tantos inapreciables
manuscritos y códices como luchan todavía con el polvo y los gusanos.

Ahora bien, cuando estos monumentos literarios estén ya resucitados
mediante la imprenta; cuando ya pertenezcan al dominio público,
enhorabuena que entónces personas competentes los estudien, comenten
é ilustren, segun la obra ó el género lo requiera ó demande. Tal
ha sido la razon principalísima que nos ha impulsado á incluir en
nuestra coleccion el _Cancionero de Stúñiga_, no ménos importante
que el de Baena para la historia literaria de nuestra patria.

  F. DEL V.

  J. S. R.

[Ilustración]



[Ilustración]

A la diligencia y saber del Excmo. Señor D. Juan Eugenio
Hartzenbusch, debemos la revelacion del nombre del hasta ahora
encubierto autor de la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_; á
continuacion verán nuestros lectores la carta que noticiándolo
tuvimos la honra que dicho señor nos dirigiera.


  _Madrid, 14 de Octubre de 1872._

EXCMO. SR. MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE.—SR. D. JOSÉ SANCHO
RAYON.

Muy señores mios y mis buenos amigos: Han querido ustedes que vea la
luz pública la carta que tuve el gusto de dirigirles con fecha de 2
de Junio último; bien que añadiéndole algo: ahí va, pues, de nuevo mi
epístola, con ensanche y cogidos, para hacerla ménos indigna de la
publicidad.

Razon tenian ustedes: Maximiliano _Calvi_ no es el autor de la
tragicomedia _Lisandro y Roselia_; aunque, á mi parecer, la tuvo muy
presente cuando escribió su _Tractado de la hermosura y el amor_[1]:
trozos hay en él con los mismos pensamientos, con el propio lenguaje
casi, que otros de la tragicomedia. Debí reparar en que tras el
apellido _Calvi_, que se lee en la página penúltima del libro, por
ustedes reimpreso (la tragicomedia citada), tomando la sílaba _Cal_
de las iniciales de los versos 11, 12 y 13 de dicha página, y la
sílaba _vi_ de la primera del verso 14; debí notar, digo, que el
verso 15 principia con el adverbio _no_: de modo que realmente me
decian las coplas _Calvi, no_; «no es _Calvi_ el autor de _Lisandro
y Roselia_»: como si hubiese corrido por los años de 1542 engañosa
voz, que importaba rectificar, de que un Fulano _Calvi_ habia escrito
aquel drama. Conjeturas puramente de imaginacion; vamos á lo
positivo.

  [1] En Milan, por Paulo Gotardo Poncio, el año 1576.

El libro de la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_, libro llamado
_Elicia_ por segundo nombre, concluye con la copla siguiente:

    Si el nombre glorioso quisierdes saber
  Del que esto compuso, tomad el trabajo,
  Cual suele tomar el escarabajo,
  Cuando su casa quiere proveer.
  Del quinto renglon debeis proceder,
  Donde notamos los hechos ufanos
  De aquel que por nombre entre los humanos
  Vengador de la tierra pudo tener.

Quiere esto decir en prosa que, para saber quién es el autor del
drama, se ha de partir del _quinto renglon_ (de una copla), donde
se alude á los hechos gloriosos del que mereció se le apellidase
_Vengador de la tierra_.

¿Quién fué este señor?

Ovidio, en el libro IX de sus _Transformaciones_, verso 241, escribe,
refiriéndose á Hércules: «Timuere Dei pro _vindice terræ_.»

Séneca, en su tragedia _Hercules Œtæus_, versos 321 y 322:

    Vindicem tellus suum
  _Defendet omnis_.

Versos 1416 y 1417 de la propia tragedia:

    Vindicem _saltem precor_
  _Servate_ terris.

Versos 1837 y 1838 de la misma:

    Vindicem _amisi parens_
  Terræ _atque pelagi_.

_Vindex_ significa _defensor_ ó _vengador_ ó cosas así, que convienen
á Hércules, á quien van dirigidos los versos ó hemistiquios arriba
apuntados y otras expresiones análogas. Hércules, pues, fué llamado,
entre diferentes denominaciones, _vengador de la tierra_.

El vengador de la tierra, Hércules, fué llamado tambien _Alcídes_.

El nombre _Alcídes_ se halla en el sexto verso de la copla 4.ª,
impresa en el libro _Lisandro y Roselia_ (página 297), donde se hace
referencia á las grandes hazañas del hijo de Júpiter, habido en
Alcmena.

Y contando desde el _verso quinto_ de dicha copla hácia atras, ó
cuesta arriba, á semejanza del escarabajo cuando lleva reculando la
bola, que, segun Samaniego[2],

  [2] En la fábula _El Águila y el Escarabajo_.

  Fabrica diestramente
  Del material en que contínuamente
  Trabajando se halla,
  Cuyo nombre se sabe, aunque se calla,
  Y que, segun yo pienso,
  Para los dioses no es muy buen incienso;

tomando (repito) desde el quinto verso de dicha copla, el cual
principia con la sílaba _es_, hasta el quinto verso de la misma
página, el cual principia con la sílaba _ca_, una, dos ó tres letras,
las primeras de cada verso, resulta:

  Es
  Ta
  O
  Bra
  Con
  Pu
  So
  San
  Cho
  De
  Mu
  Ni
  No
  Na
  Tu
  Ral
  De
  Sa
  La
  Man
  Ca:

cláusula que (suprimido el rengloneo por sílabas y expresada con la
ortografía corriente) nos deja leer: _Esta obra compuso Sancho de
Munino, natural de Salamanca_.—Parece que el autor de _Lisandro y
Roselia_ es casi tocayo de usted, Sr. D. José.

Aquí termina el descubrimiento, que es bien poca cosa, no teniendo
noticia alguna del tal Sr. D. Sancho, cuyo sobrenombre no habia oido
yo en mi vida; aunque en el _Ensayo sobre apellidos castellanos_,
obra de mi amigo el Sr. D. José Godoy Alcántara, premiada por la
Academia Española, se hallan (página 132) los nombres _Muninus_,
_Monnino_ y otros, que parecen como precursores del apellido
_Moñino_, célebre ya en España desde la época de Cárlos III, que hizo
á su insigne ministro, D. José _Moñino_, Conde de Floridablanca.
Quizá el mismo Sancho se llamaria, no _Munino_, sino _Muñino_; y su
amigo, el autor del acróstico por sílabas, no repararia en usar _n_
por _ñ_, atendida la dificultad de encontrar vocablo que principiase
con la sílaba _ñi_. En Salamanca, donde he pasado unos dias á fines
de Agosto, no me han dado razon de nuestro recien aparecido Sancho;
queda, no obstante, con deseo de hacer allí averiguaciones más de
una persona, de cuya inteligencia y actividad nos debemos prometer
satisfactorio resultado. Y en verdad que harto merece el autor de
_Lisandro y Roselia_ el trabajo que cueste llegar á descubrir algo de
su vida y hechos, porque, si bien aparece en su obra demasiadamente
aficionado á picante y verdura, el libro es de lo mejor que en su
tiempo se escribió en castellano. El autor se muestra doctísimo en
todo género de letras, conocedor profundo del corazon humano, hábil
pintor de costumbres, y personaje por muchos títulos distinguido,
cuando el autor del acróstico le llama respetuosamente _generoso
señor_. Tambien hubo de ser sujeto de cuenta este amigo suyo, autor
nada ménos que de un poema en cuatro libros, cuyo protagonista era
Héctor, obra que, segun Sancho nos dice (si no fué broma), estuvo
en poder del impresor Juan de Junta para que la publicara. ¿Sería
el amigo de Sancho algun _Calvi_, ó quizá un _Calvino_? Porque, en
aquel tiempo áun podia llevar en España impunemente este último
sobrenombre cualquier cristiano viejo. Sancho pudo tambien tener
otro que el de _Munino_ ó _Muñino_, pues entónces se tomaban los
apellidos, poco ménos que á gusto del portador: he repasado por eso
la _Memoria histórica de la Universidad_ de Salamanca, que publicó
tres años há mi antiguo compañero, D. Alejandro Vidal; y entre los
Rectores de aquellas aulas famosísimas he visto un _Don Sancho_, que
fué cuatro veces Rector en los años 1569, 1572, 1585 y 1588; pero
aquel personaje, sobre no ser de Salamanca, llamarse _Dávila_ por
padre y _Toledo_ por madre, nació cuatro años despues de impreso el
drama de _Elicia_. Dejemos al tiempo la tarea de ofrecer noticias de
uno y otro escritor.

Y permítanme ustedes que al darles afectuosas gracias por la
publicacion de obra tan estimable, y la enhorabuena por el excelente
gusto y esmero con que han hecho edicion tan linda, señale aquí
algunas erratas, que noté al paso al leer el libro, y que serán,
por supuesto, de la impresion original, por ustedes resucitada.
Cualquiera echará de ver que _Ticion_ (página 22), _Lypariso_
(página 183), _Tramiseno_ (página 221) y _Loadice_ (pág. 273), son
equivocaciones en lugar de _Ticio_, _Cipariso_, _Trasimeno_ (el lago
de este nombre) y _Laodice_; tambien se advertirá que el nombre
_Lanace_, impreso así en la página 182, es el mismo de _Cánace_, que
se halla en la página 274; pero no es tan fácil conocer que el nombre
_Macarso_, que se lee en la misma página 274, y el de _Macharco_ de
la página 182, son el de _Macareo_, hermano de _Cánace_, personaje
mitológico de no ejemplar memoria, como varios otros del libro:
_Canno_ (página 274) es _Cauno_ (error tan fácil de cometer como
de perdonar); _Menefon_ debe ser _Menefron_; _Thistes_, _Tiéstes_,
y _Europa_, _Erope_. Alguna otra cosilla pudiera notar; pero sobra
lo dicho para venir al fin que me propongo con estos impertinentes
reparos. Necesitaba yo, señores, hablar de erratas con cualquiera
pretexto, para salvar aquí una gordísima, que benignamente se me ha
notado, cometida en un Discurso que leí en la Academia Española,
donde estampé que el pronombre _Nós_ era... _¡segunda persona de
plural!_ Habia corregido con mucho cuidado las pruebas del Discurso;
corregí, con mayor detenimiento aún, la reimpresion del mismo; y en
él y en ella salió y se ve la que he llamado _errata_, sin serlo de
imprenta, sino despropósito de este pobre viejo, que no está ya para
nada, aunque siempre muy deseoso de servir á ustedes, cuyas manos
besa:

  JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH.

[Ilustración]



[Ilustración]

_LOPE DE STÚÑIGA._


    Á cabo de mis dolores,
  Fin de largas cruesas,
  Principio de mis amores,
  Comienço de mis tristesas,
  Ayas piedat et mesura
  Contra mí,
  Que de tu sola figura
  Me vençí.

    De tí me viene pesar
  Et desigual padescer,
  Tú fuelgas con mi penar
  Et penas con mi plaser.
  ¡Oh sennor, cuál enemigo
  Haber pudiera
  Que más danno del que digo
  Me fisiera!

    Tanto terrible fuerte
  Es mi pena dolorida,
  Que vida será mi muerte,
  Et muerte será mi vida;
  Que los mis tristes gemidos
  Non son tales
  Para sin muerte sofridos
  Ser sus males.

    De tí es preçiado mi mal
  Et querida la mi pena,
  Pones con ira mortal
  En mi libertad cadena.
  ¡Oh cuytado pecador
  De mí, que só
  Tan firme, cual amador
  Nunca naçió!

    Oh vida, que la tu vida
  Es vida con la qual muero,
  Et vida que non olvida
  La contra de lo que quiero;
  Non quieras dolor tan fuerte
  Que me fiera,
  Porque mi querida muerte
  Non me quiera.

    Tú quieres lo que non quiero,
  Quiero lo que tú fisieres,
  Quieres la muerte que muero,
  Yo quiero, pues tú la quieres;
  Et quiero ser bien querido
  Yo de tí,
  ¿Quieres tú, triste perdido
  Ver á mí?

    Non sé si meior me fuera
  Nasçer come soy nascido,
  Ó que iamas non nasciera
  Para te haber conoscido;
  Pues con muerte çessaras
  El mi dolor,
  Mas tú, que nunca cobraras
  Tal servidor.

    Tú fases la mi salud
  De muerte ser temedora,
  Por guarda de tu vertud
  Eres buena et mal fechora;
  ¿Quál es más contrariedat
  Al coraçon
  Que tener mal et bondat
  Sin division?

    Pero tú nunca te mueves
  Para darme galardon,
  Pésete porque non debes
  Complir la mi peticion.
  É tu pesar me dará
  Tal esperança,
  La qual vivir me fará
  Syn mal andança.

    Agora, sempre, despues,
  Mira mis quexas sumarias,
  Rescibe, pues que asy es,
  Mis lágrimas et pregarias;
  É quiérate desplaser,
  Porque bondat
  Non te consiente faser
  Mi voluntat.


_Fyn._

    Non te desplega saber
  Que honestad
  Te fase palaçio ser
  De castitad.



_LOPE DE STÚÑIGA._


    ¡Oh triste partida mia,
  Causa de secretos males!
  ¡Oh cuidados desiguales,
  Que destruyen mi alegría!
  ¡Oh qué tanto bien sería
  Un partir de aquesta vida,
  Porque en fin de mí partida
  Et mi vida fenescida,
  Non muriese cada dia!

    Mis males eran nascidos
  Ante de mi nasçimiento,
  En los signos de sabidos
  Et planeta de perdidos
  Fué mi triste fundamiento;
  Et la rueda de fortuna,
  Con el signo más esquivo,
  Con la más menguante luna,
  Me fadaron en la cuna
  Para ser vuestro captivo.

    Non porque vuestra figura
  Con muchas virtudes dos
  La cordura con mensura
  Nin la vuestra fermosura
  Eran nascidas, nin vos,
  Mas porque habia de ser
  Mandado de Dios asy
  Que nasciesse mi querer
  Para tanto vos querer,
  Mucho más que quiero á mí.

    É despues fuestes nasçida,
  Nasçida con tal poder,
  Con el qual muere mi vida
  Syn poder ser defendida
  De tan gran pesar haber
  Como yo tengo queriendo,
  Como yo tengo pensando,
  Nunca cesso, maldiciendo
  Mi vida, que bien serviendo
  Muere ya desesperando.

    Que de muerte la quiteis
  Non vos demando, querida,
  Et si vos morir la veis,
  Non negais que lo mateis
  Nin seréis della servida;
  Que merçed non pediria
  De vida tan aborrida,
  Porque muy meior sería
  De perderla en este dia
  Que assy verla destruida.

    Como fueron assignados
  Mis dias para ser vuestro,
  Aunque fueron apartados,
  Ya por fuerza son tornados
  Á servirvos más que muestro;
  Piense vuestro pensamiento
  Piedat muy virtuosa,
  Et matad mi grand tormento,
  Non por mi merescimiento,
  Mas por vos ser piadosa.

    Non poderian los amores
  Del mundo todos iuntados
  El mayor con mis dolores,
  Nin se ygualen amadores
  Nin pueden ser ygualados,
  Porque mi querer sobrado
  Á todos passa en amar
  Tanto que pienso cuitado
  De morir arrebatado
  Ó muerto m’han de fallar.

    Si servitio merescistes
  Non meresco grand pesar,
  Et si vos me conoscistes
  Para darme dias tristes,
  Non vos dejo de loar;
  Que, par Dios, despues de aquella
  Devota vírgen María,
  De las otras sois estrella,
  Nunca nasció tal donsella
  Como vos, sennora mia.


_Fyn._

    Non dexedes assí finar
  Vida que ya muerte fuesse:
  Vos, mi bien, quered usar
  Con el miedo de matar,
  Osaréis si vos pluguiesse,
  Plaser que teme bondat
  Por ganar mi alma vuestra
  Despendiendo crueldat,
  Pues mi pena con verdat
  Es mayor que se vos muestra.



_IOHAN DE MENA._


    Guay de aquel hombre que mira
  Vuestro gesto triste ledo,
  Si delante non se tira,
  En él pone vuestra ira
  Non ménos amor que miedo;
  La ira non conveniente
  De fermosa os face fea,
  Mas vuestro gesto plasiente,
  Bien mirado por la gente,
  Con sanna más vos arrea.

    Yo vos he visto sannosa,
  Yo vos he visto pagada,
  Mas iamas fallo tal cosa
  Por do ménos que fermosa
  Vos faga ser alterada;
  Tal me vos siempre mostrays
  Por mi ventura fadada,
  Qual, aunque non querays,
  Fuerça es que padescays
  Desamando ser amada.

    Dubdo que pueda pensar
  Vuestra grand beldat partir
  Nin que vos pueda parar
  Ménos bella el grand llorar
  Que fermosa el buen reyr;
  Nin calor más non enciende
  Vuestra ymágen estranna
  Nin frior la reprehende,
  Nin la noche la ofende,
  Nin la mannana la danna.

    Siempre estais de un estante
  Et iamas en una tema,
  Syempre es vuestro semblante
  En una forma constante,
  Non communa, mas estrema;
  Como es norte firmesa
  Sobre todas las estrellas,
  Assy vuestra gentilesa
  Es el norte de bellesa
  Sobre cuantas naçen bellas.

    Solamente con cantar
  Dis que enganna la serena,
  Mas yo non puedo pensar
  Quál manera de engannar
  Á vos non vos venga buena;
  Ca vos me engannays reyendo,
  Et me engannays llorando,
  Engannaysme dormiendo,
  É más me matays n’os veyendo
  Que me penays mirando.

    Si ántes oviérades sydo,
  Fisiera rason humana,
  Segun el gesto garrido,
  Vos ser madre de Cupido
  É gosar de la mançana;
  Que si Páris conosciera
  Que tan fermosa sennora
  Por nascer áun estoviera,
  Para vos, sy lo supiera,
  La guardára fasta agora.

    Quanto más bella se pára
  De las estrellas la luna,
  Tanto vuestra linda cara
  Se muestra perla muy clara
  Sobre las fermosas una;
  Como el fénix fiso Dios
  En el mundo sola un ave,
  Assy quiso que entre nos
  Sola tal fuéssedes vos
  De fermosura la nave.

    É vos, que desque naçistes
  Las beldades se consumen,
  Vos, que nascida fesistes
  Ser envidiosas et tristes
  Las que de bellas presumen;
  É pues luz de las fermosas
  Quiere razon que vos llamen,
  Síguense de aquí dos cosas:
  Las damas que estén sannosas,
  Los hombres que más vos amen.

    La vuestra clara presençia
  Á las presentes absenta
  Et defasse con prudençia
  Quanto saber é sciençia
  Vivo seso representa;
  Mas teneys otros errores
  Ó yo soy del todo loco,
  Que de remediar amores,
  Segund muestran mis dolores,
  Vos sabeys, sennora, poco.

    Pues tales factiones tanto
  Son en vos como perdidas,
  Si me acuesto ó me levanto
  En el mi terrible planto
  Solas lloro yo dos vidas;
  La mia porque se alabe
  Que muere por bien amar,
  La vuestra porque non sabe
  De la beldat que le cabe
  Nin se quiere aprovechar.

    Ya por Dios este pensar
  Non vos tenga así engannada,
  É quered considerar
  Sy deleyte es desear,
  Quanto más ser deseada;
  Aunque rabio por memoria,
  Sed vos Diana de palmas,
  En haber de mi victoria,
  Non habrés pena nin gloria
  Más que en el limbo las almas.

    Pues si yo tanto vos quiero
  Vuestra bellesa lo fase;
  Que m’ha fecho assy guerrero
  De un amor tan verdadero,
  Que aunque me pesa me plase;
  Y hé plaser y dolor,
  Por haber della tal guerra
  Ordenando fué Amor,
  Ó fasedme vencedor,
  Ó metedme so la tierra,


_Fyn._

    Yo vos supplico et ruego
  Que me libreys desta pena,
  Que si muero en este fuego,
  Non fallaréys asy luégo
  Cada dia un Iohan de Mena.



_IOHAN DE MENA._


    Ya non sufre mi cuidado
  Llagas de tantas feridas,
  Un vivir atribulado
  Non se cuenta entre las vidas.
  ¡Oh syn ventura nascido!
  ¡Quánt bueno fuera el morir
  Si pudiera ser venido
  Quando yo ove tenido
  Más cobdicia en el vivir!

    Un danno que nunca cansa,
  Un dolor vuelto con sombra,
  Un mal que nunca se amansa,
  Sennores, ¿cómo se nombra?
  Si segun mi llaga fuerte
  Mi danno se entitulasse,
  Presumo, segun mi suerte,
  La mi muy rabiosa muerte
  Que sin nombre se quedasse.

    Vengamos á vos, sennora,
  Remedio de mis pesares,
  Aunque cruel causadora
  De mis penas singulares,
  Vengan mis quexas gimiendo,
  Los mis gemidos quexando,
  La mi vida maldisiendo,
  Porque mis males viviendo
  Mueran mis ojos llorando.

    Nin maldigo á quien me yerra
  Nin á mal tanto profundo,
  Mas blasfemo de la tierra
  Porque me sufre en el mundo;
  Ca si muriera al nasçer
  Ó nasçido si muriera,
  Non me pluguiera plaser,
  Nin me diera yo al querer
  Nin el querer á mí se diera.

    Pues mi mal non se resiste
  Por mi bien nin por su miedo,
  Volverme contra mí triste,
  Pues ya contra vos non puedo.
  Et diré, ved qué diré;
  Desespero si esperaba,
  É si dixierdes por qué,
  Dir vos hé, porque fallé
  La muerte que non buscaba.

    Ya el universo gentío
  Bien dise de mi persona
  El triste martirio mio
  Ser digno de grand corona;
  Y vos, por quien se padesce
  Un dolor tan adversario
  Mirad si vos bien paresce
  De quien non vos lo meresce
  Que digays lo contrario.

    Por vos me plugo la vida,
  Por vivir vuestro captivo,
  É por vos non ser servida
  Me desplase porque vivo;
  Et pues fuestes vos por quien
  Me prendió la tal cadena,
  Llamadme disiendo, ven,
  Ordenando de mi bien
  Quanto mi mal desordena.

    Si la sanna que mostró
  El vuestro gesto sereno,
  Non por amores, yo no
  Oviera seydo tan bueno;
  Nin algund grado de amar
  Non plega á Dios que penseis
  Ya por á mí meiorar,
  Por ménos cuytas me dar
  Nin por más que me cuyteis.

    ¿Dó nunca dispuso amor
  Lealtad y tanta fe
  Con tal sobra de dolor
  Qual de mí recontaré?
  Ca segund mi desear
  Et mi mucho desplaser,
  ¿A dó fallaré mi par
  Que perdon tan singular
  Non se me dexe vencer?

    Vos, mi bien, tan solamente
  Sois la que non se convençe
  De mí, de quien tanta gente
  Por sobra de amor se vençe;
  ¡Oh males mal despendidos!
  ¡Oh malvada ingratitud!
  Dad ya fin á mis gemidos,
  Pues salud á los vencidos
  Es non esperar salud.

    Mis penas mirando luégo,
  Quiero que de vos se teman
  Aquellas flamas de fuego
  Que ménos arden que queman;
  Y á lo qual por fama rasa
  Bien ha fecho ser notorio,
  Quemándome en esta brasa,
  Vuestro deseo ser causa
  Para mí de purgatorio.

    Fijas de madres ajenas,
  Á mí, que de vos me venço,
  Non distes fin á mis penas,
  Nin vos á mí buen comienço;
  Mas pues sois de castidat
  Un tal elegido vaso,
  Vos desidme una verdat,
  Si pensais sin piedat
  Ser cruel en este caso.

    Piedat sea tamanna
  Cuanto cruesa fué grande,
  Obedesca vuestra sanna
  Humildat por do se mande;
  É que sea como digo
  Derecha razon lo muestra,
  Non en són de castigo,
  Mas por mí triste, que sygo
  La mi vida por la vuestra.

    Poder de grand poderío
  Es obrar con non poder,
  Ca el poder ya es poderío
  Do non es más fuerça que ser;
  Por ende, si pido aquello
  Que de honestad non podeys,
  Vos, mi bien, pensad en ello,
  Con quanta razon querello
  Pensarlo poder deveys.

    Mas los muy ardientes çirios,
  Que queman la mi persona,
  Non quirien por tres martirios
  Darme más de una corona;
  La qual es de tres metales,
  Fe, amor et lealtad,
  Con tres íes por sennales,
  Cuyos esmaltes son tales,
  Una en una es mi verdat.

    Quered de querer leal
  Á quien tal querer vos quiere,
  É sofrió un tan buen mal
  Que da goso cuando fiere;
  Porque pueda yo haber nombre
  Causa de goso tamanno,
  Vos fased tanto hombre
  Que de mi plaser se asombre
  Quien se espanta de mi danno.

    Si me preguntan algunos
  Por mi sennora, les muestro,
  Por contentar á los unos,
  Otra alguna en nombre vuestro;
  Que vuestro rostro y color
  Es beldad que asy conquista,
  Que yo habria grand temor
  Ser espada matador
  Para ellos vuestra vista.

    De otra nombrar pensando
  En algund caso que toca
  Al vuestro nombre, fablando
  Se me va luégo la boca;
  Tanto que á los que desplase
  Me lo notan á grand mengua,
  Mas á mí, que satisfase,
  En grado syn fin me plase
  Del tal yerro de mi lengua.

    Ya muchos por conortarme,
  Que de mis dannos se duelen,
  Han querido consolarme,
  Mas non yo que me consuelen;
  Por ende mi desplaser,
  Les digo, dexaldo quede,
  Que lieve mal debe ser,
  É cuyo danno estorçer,
  Conseio tomar se puede.

    Si en algund tiempo passado
  Fuí áspero de passiones,
  Gloria habré haber dexado
  Las tantas tribulationes;
  Que en el tiempo de la gloria
  Más es que gloria pensar
  Redusir á la memoria
  Quanto plaser é victoria
  Se cobró por afanar.


_Fyn._

    Ya vuestra ira sobrar
  Non quiera mi tanta pena,
  Mas vuestro galardonar
  Quiera de tanto pesar
  Guaresçer un Iohan de Mena.



_EL BACHILLER DE LA TORRE._


    El triste que más morir
  Querria que la partida,
  Enoiado de vivir,
  Se te envia despedir,
  Pero non que se despida;
  Ya dale liçencia, da,
  Maguer que grave te sea,
  Pero ¿quién la tomará?
  Pues que creo que verá
  Morir cuando la possea.

    La pluma tiene mi mano,
  La otra tiene el cuchillo,
  La carta yase en el plano,
  No basta poder humano
  Á lo que siento desillo;
  El dolor que me guerrea
  Da victoria á la pluma,
  Porque tu discrecion vea
  Mis graves males, y lea
  Algunos dellos en suma.

    Sennora, por te amar
  Yo me vi tanto penado
  Que pensé desesperar,
  Non entendiendo alcançar
  Que de tí yo fuesse amado;
  Et despues tu sennoría
  Sabe el gran bien que me diste,
  Seyendo la dicha mia
  Que fuesse alegre un dia,
  Et toda mi vida triste.

    ¡Oh vida desesperada!
  Meior me fuera la muerte
  Quando fuesse reparada
  Parecer luégo doblada
  La mi pena tanto fuerte;
  Mas la mi triste ventura,
  Por maior pena me dar,
  Ordenó desta figura
  Que cessasse mi tristura
  Por luengo tiempo doblar.

    Ca mi desastrado signo
  Iamas se fuera mudado,
  Nin veniera lo que vino,
  Nin me viera yo mesquino
  Tan sin remedio penado;
  Que si yo siempre quisiera,
  Et nunca fuera querido,
  Un grave mal padesciera,
  Pero non me despidiera
  Como triste me despido.

    É pudiera non querer
  La que de grado me quiso
  Non me viera padesçer
  Más pena que Luçifer
  Privado del paraíso;
  Nin me dixiera ven
  La muerte desesperada,
  Nin me fuera mal el bien,
  Nin me matarla por quien
  La vida me fué dexada.

    Mas non puede la mi pena
  Cresçer en tan alto grado
  Á bastar la su cadena
  Para serme tanto buena
  Que muriera desamado;
  Ca venció mi libertad
  La pena desordenada,
  Porque su grand crueldat
  Mostrasse en la piedat
  Con grand trabaio ganada.

    Piadosa se mostró
  En me querer otorgar
  Que fuesse querido yo
  Más que quantos Dios crió
  Nin iamas ha de criar;
  Por me faser cognoscer
  Que quanto más es la cosa
  Defíçile de haber,
  Tanto más por la perder
  Es la vida trabaiosa.

    É fiso que mis passiones
  Bastassen para alcançar
  Dama de tales faciones,
  Virtudes et condiciones
  Que iamas fuessen sin par;
  Por me dar atal dolor
  Que fuesse más conoscido
  Que tanto es el honor
  É gloria del vencedor
  Quanta es la del vencido.

    Amor mostró su cruesa
  Syn punto de humanidat,
  De mostrar su grand firmesa
  Ser tan bien en la tristesa
  Como en la prosperidat;
  Las ledas consolationes
  Todos las saben tomar,
  Pero en las persecutiones
  Se mostran los coraçones
  Constantes en bien amar.

    Ya mis penas descrecer
  Non pueden synon creciendo,
  Nin mis males ménos ser
  Syn su tormento poder
  Darme la fin que atiendo;
  Que es non ver despedirme,
  Ó visto luégo morir,
  Que non cesso maldesirme
  Quando entiendo partirme
  Donde non puedo partir.

    Esfuérçasse mi passion,
  Mas non consiente que muera,
  Et mata sin redencion
  La piedat et compassion
  Que mi coraçon espera;
  Veo morir mi alegría
  Et vive mi pensamiento,
  Mas nunca la muerte mia,
  Rogada de cada dia,
  Más amigable la siento.

    Ny mi pensamiento muere
  Nin á mí quiere matar,
  Mas quiere que desespere
  De quanta fiança oviere
  Ni yo poderia alcançar;
  La fe que fué principal
  De la mi grave tristura,
  Ó dará fin á mi mal,
  Ó me tragará leal
  La temprana sepultura.

    Nin mis tormentos vencieron
  Para poder que muriesse,
  Nin los mis bienes podieron
  Ser vencedores, nin fueron
  Para que ledo viviesse;
  Mas fué vencido el dolor,
  Lo que non quesiera ya,
  Por mostrarsse vencedor
  Et vencer en lo mayor
  Donde más pena me da.

    Penaré por tu deseo,
  Pero non que tú me penes
  Quando viere, que non veo,
  Tu lindo rostro et asseo,
  Principio et fin de mis bienes;
  Eres tú la penadora,
  Syn entencion de penar,
  É serás, buena sennora,
  Dicha cruel matadora
  Syn voluntad de matar.

    É serás non meresciente
  Iniustamente culpada,
  Que muchos non sabiamente
  Dampnarán á ty, ynocente,
  Por mi vida mal fadada;
  Maldigan la mi fortuna,
  Causa de mis pensamientos,
  Que me maldixo en la cuna,
  Dexen á tí sola una,
  Reparo de mis tormentos.

    Maldigan los maldisientes
  É falsos disfamadores,
  Ca mostraron ser valientes
  Las sus lenguas de serpientes
  Contra tales amadores;
  Tú eres la quien robó
  Á quien nunca fué robado,
  Tú eres la que venció,
  É por virtud captivó
  Á quien non fué captivado.

    Tú eras por quien me plugo
  Vivir en poder estranno,
  Y eras á quien desplugo
  Mi danno sabido lugo
  En mi tormento tamanno;
  Y eres cuyo pesar
  Me pesa más que del mio,
  Pero tu considerar
  Non puedo gualardonar
  El mi poco poderío.

    Tú eres por quien yo muero,
  É das causa que non muera,
  Y eres de quien espero
  El galardon postrimero
  Que iamas de otra espero;
  Más quiero morir por tuyo
  Que por otra guarescer
  Aunque me quiera por suyo,
  Que yo siempre seré tuyo,
  Lealtad me mandó ser.

    Non puede dar á mis males
  Persona viva reposo,
  Nin mis penas desiguales
  Ménos ser sy tú non vales
  En caso tan peligroso;
  Mas puedes darme la vida
  É non quitarme la muerte,
  Nin pena más dolorida,
  De lo flaco eres vençida,
  Y vençes á lo más fuerte.

    La tu presentia me fase
  Vivir por larga sason,
  É á la mi fortuna plase
  Plaser de lo que desplase
  Á mi triste coraçon;
  Que le plase que me aparta
  Como de sentido loco,
  É con sólo escrebir me farta,
  Mas ¿qué aprovecha la carta
  Donde la vida es poco?

    Ya mis penas racontar
  Sobreseen mis querellas,
  Pero non debeis dubdar
  Que me esfuerço á lo callar
  Por ser tú la causa dellas;
  Mis dannos fallo menores
  Quando pienso que tú eres
  Causa de tantos dolores,
  Et las mis penas mayores
  Se me tornan en plaseres.

    Mi coraçon se despide,
  Mas non de pensar en ty,
  Et ántes su muerte pide
  Que iamas nunca te olvide
  Syn despedirse de mí;
  ¡Ó con quánta mansedumbre
  De tí se parten mis oios,
  Perdida toda su lumbre,
  Trocada por certidumbre
  De siempre sofrir enoios!

    Sennora, merced te pido
  Que por tí sola se acabe
  Y se vea fenescido
  Mi dolor tan dolorido,
  Ménos sabido que grave;
  Y que çesse mi fortuna
  Et mis dannos de consuno,
  Sin otra mudança alguna,
  Mas pues so uno de una,
  Que seas tú una de uno.

    Las quexas que se contaron
  Contempla mi bien, sy goses
  Mis lágrimas las causaron,
  É sospiros ordenaron,
  Que tienen fuerça de voses;
  Rogando sy á Dios pluguiere
  Quien buscó nuestra partida
  Sienta el dolor que fiere,
  Et quanto más ledo fuere
  Le aborresca la vida.


_Fyn._

    Tu merced non desespere,
  Ó tanto de mi querida,
  Que iamas, mientra viviere,
  Tuyo seré do estoviere
  Y sola de mí servida.



_LOPE DE STÚÑIGA._


    Llorad mis llantos, llorad,
  Llorad la passion de mí,
  Llorad la mi libertad
  Que por amores perdí;
  Llorad el tiempo passado,
  Passado syn galardon,
  Llorad la triste passion
  De mí muerto et non finado.

    Llorad mi dolor tan fuerte,
  Llorad mi mal tan extranno,
  Llorad por tal que mi muerte
  Non puede matar mi danno;
  Llorad et gemid llorando
  Llorando tanto pensar,
  Llorad porque bien amando
  Siempre me vi desamar.

    Llorad los mis gemidos,
  Vayan gemiendo mis males,
  Gemid los mis despendidos
  Servicios tan desyguales;
  Gemid, gemido presente,
  Presente mi mal profundo,
  Gemid infinitamente
  Mi nascimiento en el mundo.

    Gemid, gemiendo, gemir,
  Gemid mis esquivos llantos,
  Gemid, et quiçá morir
  Podréys faser mis quebrantos;
  Gemid la triste cadena,
  Cadena que me prendió,
  Gemid la terrible pena
  Que de plaser me quitó.

    Gemir et sospirar,
  Sospire mi grand tormento,
  Sospire tanto pesar
  Quanto me dió pensamiento;
  Sospiro lo que padesco
  Padesco con mis amores,
  Sospire que non peresco
  Syn dolores de dolores.

    Sospiro lo sospirado,
  Que sospiré muchos dias,
  Sospiro dessimulado
  Las llagas antiguas mias;
  Sospiro, quanta verdat,
  Verdat se me quebrantó,
  Sospiro porque piedat
  Murió primero que yo.

    Sospiren más mis cuidados,
  Piensen en mis pensamientos,
  Piensen los tristes estados
  De todos mis perdimientos;
  Piensen y piensen en quién,
  En quién me fiso ser tal,
  Piensen en cómo mi bien
  Se fiso todo mi mal.

    Piensen mi gran descendida,
  Piensen mi poco sobir,
  Piensen tamanna cayda
  Qual de mí pueden oyr;
  Piensen la vida llorosa.
  Llorosa que despendí,
  Piensen la rabia rabiosa
  Con que rabiando morí.


_Fyn._

    Piensen la causa forçada,
  Forçada con que partí,
  Piensen al fyn la tornada
  Quánt desastrado nascí.



_LOPE DE STÚÑIGA._


    Si las mis llagas mortales
  Podiessen haber salud
  Non fueran nada mis males,
  Nin cuytas tan desiguales
  Penáran mi iuventud;
  Ca por el grand esperar
  Que de salud yo fisiera
  Non fuera más mi pensar,
  Nin cuita fuera pesar
  Que por tal guisa sufriera.

    Sy á las mis aflictiones
  Haber piedat esperasse,
  Non fueran las mis passiones
  Tan bravas tribulationes
  Á que grand mal me penasse;
  Mas rescebir perdition
  Con tanta de malandança,
  Que dé la mi redencion
  Non lo consiente rason
  Poder haber esperança.

    É sy mi tanto dolor
  Pudiera ser fenescido,
  Non fuera merescedor
  Yo, triste, de tal honor,
  Qual tengo bien merescido,
  Es á saber, ser llamado;
  Por mi causa me vinieron
  Aquel que más ha penado
  Por alcançar ser amado
  Que todos cuantos nascieron.

    Los mis afanes estrannos,
  Si fueran menos que son,
  Non merescieran mis dannos
  Gloria de bienes tanmannos
  En tan alta perfection
  Como tienen merescidos,
  Por mi plannida cadena,
  Ca gemirán mis gemidos
  Sobre todos los nascidos
  La más dolorida pena.


_Fyn._

    É ya si la mi presyon
  Es un dolor sin medida,
  Bien demuestra discrecion
  Que mi fin sin galardon
  Meresçe mi muerte habida;
  Ca por la vida que muero
  Debo poder desamar,
  É de tal llaga me fiero
  Queriendo lo que non quiero
  Espero desesperar.



_LOPE DE STÚÑIGA._


    Si mis tristes pensamientos,
  Dolor et fuertes cuydados
  Enoiosos,
  Non fuessen graves tormentos
  É males desesperados
  Trabaiosos,
  ¡Qué pesar con la muerte
  Quando me fuesse venida
  Tomaria!
  Mas es la pena tan fuerte
  Que fin de tan mala vida
  Bien sería.

    Á males tan desabidos
  Lo que puedo contrastar
  Et resestir
  Es faser los mis gemidos
  Et sospiros esforçar
  Para plannir;
  Ya, pues gemir et llorar
  Es el mayor bien que tengo,
  Bien podrá
  La gente considerar
  El menor mal que sostengo
  Quál será.

    Yo quise mudar amor
  En otra filosomía
  Non tan buena,
  Mas non se mudó dolor
  Nin iamas se mudaria
  De mi pena;
  Lo qual me será la gloria
  De que soy merescedor,
  Es á saber,
  Que siempre quede memoria
  Yo ser el más amador
  Que pueda ser.

    Bien quanto mi desear
  Mortal amador me fase
  Todavía,
  Bien tanto fuerte causar
  Á la fortuna le plase
  Muerte mia;
  Mas non de manera tal
  Que mi triste pensamiento
  Matar quiera,
  Sy non que viva mi mal,
  Et que iamas mi tormento
  Nunca muera.

    Yo pienso, sy me moriesse
  É con mys males finasse,
  Desear
  Tan grande amor fenesciesse
  Que todo el mundo quedasse
  Sin amar;
  Mas estó considerando
  Mi tarde morir el luégo
  Tan bueno,
  Que debo, rason usando,
  Gloria sentir en el fuego
  Donde peno.

    Yo pienso lo que faré
  Pensando lo que será
  De mi tristesa,
  Amores non dexaré
  Nin iamas me dexará
  Sua cruesa;
  Mas al fin debo pensar,
  É syn dubda comedir
  Que tal honor
  Iamas se puede ganar,
  Por mill trances combatir
  Un vençedor.


_Fyn._

    ¡Oh tú mi bien singular
  Quanto non puedo decir
  Por tu temor!
  Rescebir quieras pesar
  Por matar é ver morir
  Tal servidor.



_IOHAN RODRIGUEZ DEL PADRON._


    Fuego del divino rayo,
  Dolce flama syn ardor,
  Esfuerço contra desmayo,
  Consuelo contra dolor,
  Alumbra tu servidor.

    La falsa gloria del mundo
  É vana prosperidat
  Contemplé,
  Con pensamiento profundo
  El centro de su maldat
  Penetré;
  El canto de la serena,
  Oya quien es sabidor,
  La qual temiendo la pena
  De la fortuna mayor
  Planne en el tiempo meior.

    Asy yo, preso de espanto,
  Que la divina virtud
  Ofendí,
  Comienço mi triste planto
  Faser en mi iuventud
  Desde aquí;
  Los desiertos penetrando,
  Do con esquivo clamor
  Pueda, mis culpas llorando.
  Despedirme syn temor
  De falso plaser é honor.


_Fyn._

    Adios, real esplandor
  Que yo serví et loé
  Con lealtad,
  Adios, que todo el favor
  É quanto de amor fablé
  Es vanidat;
  Adios, los que bien amé,
  Adios, mundo engannador,
  Adios, donas que ensalçé
  Famosas dignas de loor,
  Orad por mí peccador.



_EL MARQUÉS._


    Ya la grand noche passaba
  Et la luna se ascondia,
  La lumbre clara del dia
  Radiante se mostraba,
  Al tiempo que reposaba
  De mis trabaios é pena
  Oy triste cantilena
  Que tal canto pronunciaba.

    _Amor cruel et brioso,
  Mal haya la tu altesa,
  Pues non fases ygualesa
  Seyendo tan poderoso._

    Desperté como espantado
  É miré dónde sonaba
  Quien de amores se quexaba
  Bien como dannificado;
  Vi hombre ser llagado
  De un golpe mortal de flecha
  Cantando atal endecha
  Con semblante atribulado.

    _De ledo que era, triste,
  ¡Ay, amor! tu me tornaste,
  La hora que me quitaste
  La sennora que me diste._

    Díxele: ¿por qué faseys,
  Sennor, tan esquivo duelo,
  Ó si puede haber consuelo
  La cuyta que padesceys?
  Respondióme: fallareys
  Mi dolor ser tan exquiva
  Que iamas en cuanto viva
  Cantaré como veréys.

    _Con tan alto poderío
  Amor nunca fué yuntado,
  Nin con tant orgullo é brío
  Como vi por mi pecado._

    ¿Non puede ser al sabido,
  Repliquéle, de su mal,
  Nin la causa especial
  Porque fue assy ferido?
  Respondió: troque et olvido
  Me fueron assy ferir,
  Por do me convien desir
  Este cantar dolorido.

    _Crueldat et trocamiento
  Con tristesa me conquiso,
  Pues me dexa quien priso
  Ya non se manparamento._

    Amigo, segund paresçe,
  La dolor que vos aquexa
  Es alguna que vos dexa
  Que de vos non se adolesce.
  Respondióme: quien padesce
  Cruel plaga por amar,
  Tal cancion debe cantar
  Iamas, pues le pertenesce.

    _Cativo de mi tristura,
  Ya todos toman espanto,
  E preguntan qué ventura
  Fué que m’atormenta tanto._

    Díxele: non vos quexeys
  Que non soys vos el primero
  Nin sereys el postrimero
  Que possea el mal que habeys.
  Respondióme: non cureys,
  Sennor, de me consolar,
  Que mi vida es querelar
  Cantando segund veréis.

    _Amor, siempre partire
  De vos assy me quexando,
  Pues por vos servir loando
  Soy á tiempo de morire._

    Él ya muy poco sonaba
  Nin á veses se oya,
  Manifiesto es que veya
  Que la muerte lo aquexaba.
  Pero iamas non cessaba
  Nin cessó con grand quebranto
  Este doloroso canto
  Á la sason que esperaba.


_Fyn._

    _Pues plaser non puedo haber,
  Á mi querer et de grado,
  Más val morir que non ver
  My bien perder, ¡oh cuytado!_



_EL MARQUÉS._


    Ántes el rodante cielo
  Tornará manso et quieto,
  É será piadoso Electo
  É temoroso Metelo,
  Que yo iamas olvidasse
  Tu virtud,
  Vida mia, et mi salud
  Nin te dexasse.

    El Cesar afortunado
  Cesára de combatir,
  É fisiera desdesir
  El Priamides armado,
  Quando yo te dexasse,
  Ydola mia,
  Nin la tu filosomía
  Olvidasse.

    Cicero tornára mudo
  É Tarsis virtuoso,
  Et Sardanápalo animoso,
  Torpe Salomon et rudo,
  En aquel tiempo que yo,
  Gentil criatura,
  Olvidasse tu figura
  Cuyo só.

    Etyopía se tornára
  Húmida, fria et nevosa,
  Ardiente Sicia et fragosa
  Et Çicia reposára,
  Ántes que el ánimo mio
  Se partiesse
  De tu mandado et sennorío
  Nin pudiesse.

    Las tigres fieras farán
  Ante pas con todo armento,
  Habrán las arenas cuento,
  Las mares se agotarán,
  Que me faga la fortuna
  Sy non tuyo,
  Nin me pueda llamar suyo
  Otra alguna.

    Tú eres la caramida
  Et yo soy fierro, sennora,
  É me tiras toda hora
  Con voluntad non fingida;
  Pero non es maravilla
  Ca tú eres
  Espeio de las mujéres
  De Castilla.

    Fin darán las Alciones
  Á su contínuo lamento,
  Et perderán sentimiento
  Los míseros Pandiones,
  Del Tereo sanguinoso
  Excelerato
  Quando yo te sea ingrato
  Nin dubdoso.

    En Lipari çesará
  Ántes viento et será calma,
  El que plantáre la palma
  Prestamente gosará
  Del fruto, que pudiesse
  Yo dejarte,
  Olvidar, nin áun trocarte,
  Nin supiesse.

    De todas las otras tierras
  Longincas et cercanas,
  Do se falláran humanas
  En las planicias et sierras,
  Tú eres la más fermosa
  Et más polida,
  Más honesta et más sentida
  Et más graciosa.

    ¿Quién fué tan enamorado
  Que syn coraçon amasse
  Nin pudiesse nin bastasse?
  Ca del todo es denegado;
  Asy que non puede ser
  Que otra ame,
  Nin syendo, te desame,
  En tu poder.

    Verdat sea que de grado
  Te plugo lo poseiesse,
  En tanto que combatiesse
  Más tuyo et por tu mandado;
  Pero syn otra tardança
  Lo tornó
  Quien primero lo firió
  Con tu lança.


_Fyn._

    Cansado soy de fablar
  É non sé que más me diga,
  Mi bien et mi dolçe amiga,
  Sy non tanto, que pensar
  Debes que mi conclusion
  Es syn fallir
  Padescer, penar, morir
  So tu pendon.



_CANCION DE VILLALOS._


    Quantos aman atendiendo
  Les plega saber de mí,
  Mientra ménos atendí
  Más en el fuego me enciendo.

    Ca todos los amadores
  Aman esperando haber
  Aquella gloria de amores
  Porque yo me vo á perder;
  É iamas non entiendo
  Solamente ser amado,
  Viviendo desesperado,
  Más en el fuego me ençiendo.



_IOHAN RODRIGUEZ DEL PADRON._


LOS SIETE GOSOS DE AMOR.

    Ante las puertas del templo,
  Do rescibe sacrificio
  Amor, en cuyo servicio
  Noches é dias contemplo,
  La tu caridad demando,
  Obedescido sennor,
  El triste ciego amador,
  El qual te dirá cantando,
  Si dél te mueve dolor,
  Los siete gosos de amor.


EL PRIMIERO.

    El primero goso se cante
  Causar la primera vista
  Que la sennora bien quista
  Comiença ser del amante,
  Quanto á la ley verdadera
  Se muestra de bien amar,
  Le plase de me tornar
  De ciego amador que era,
  Et de creer et afirmar
  Ó morir et defensar.

    Yo solo dirán que fué
  El ciego contemplador,
  Que çegó mi resplandor
  La hora que te miré;
  El sol non pudo causar
  Con toda su claridat
  Lo que tu sola beldat,
  Non es de maravillar,
  Si tanto ó la meitad
  Fuesse la tu piedat.

    De mi muerte á compasion
  Non te debes retraher,
  Yo ver bien et conoscer,
  Aunque ciega mi passion,
  La pena del pensamiento
  É deseo non complido,
  Aunquel sentir es perdido,
  Con doble sentido siento,
  Quanto más mi muerte pido
  Se dobla más mi sentido.


EL SEGUNDO.

    El primer goso fenesçe
  Syn fenescer desear,
  El segundo es de cantar
  La contra de non fallesçe;
  Él es tal, segund se muestra,
  En que so el más constante,
  Es aquel primer semblante
  Que la sennora demuestra
  Al siervo dende adelante.

    Solo yo triste diré,
  Deste plaser non gosando,
  Quen nuestra ley más amando
  De lo que mande passé;
  Amador que tanto amasse
  Non digan que ser pudiesse,
  Yo solo dirán que fuesse
  Aquel que la ley passasse
  De amar et amor venciesse.

    En tí más triste que leda,
  El segund ya canté,
  Sy dél por tí non gosé,
  Por falta de amar non queda;
  El que ha de amar victoria,
  Syn tu bondad ofender,
  En amar yo he de ser,
  E quantos posseen gloria
  De passar ó fenescer.


EL TERÇERO.

    El terçero goso es
  El amante ser oydo
  Recontando
  Los trabaios que despues
  De su vista le han venido
  Deseando,
  El qual tiene por sentir
  Quien fasta aquí
  El fuego do suele arder
  Quiso á todos encobrir,
  Et más á tí,
  Por más gloria merescer.

    Si fué de mí ofendido
  Amor ó sus servidores
  Algund dia,
  Fué por no ser entendido
  Que en vuestro fuego de amores
  Yo ardia,
  Nin tu merçed entendiese
  La tal llama;
  Yo sentir et padesçer
  Con temor que non ardiesse
  La tu fama
  Por causa de me valer.

    El qual seso resistiendo
  Tu nin otro pudo oyr
  Iamas de mí,
  Yo vivo muerte moriendo
  Con deseo de morir,
  Te descobrí,
  Como él ques puesto á tormento
  Et por fuerça
  Su mal viene á confessar,
  Et tornado al sentimiento
  Más se esfuerça
  De lo encobrir et negar.


EL QUARTO.

    El quarto va fenesciendo
  Del terçero,
  Mas non plannid et llorad,
  Ménos piedat sentiendo
  Que primero;
  Del quarto vengo á tractar,
  Del qual pues que desir
  Me es forçado,
  Donde fuego conçebí
  Discreta sennora servir
  En estado
  O mayor virtud de sy.

    El primero movimiento
  Al segundo
  Nunca pude contrastar,
  Habiendo conoscimiento
  En el mundo;
  Tu ser la más singular,
  Conoscan tu ser loçana
  Mas de vida
  Las altas de grand poder,
  Pues á bien aventurança
  Desta vida
  En virtudes posseer.

    Como sea manifiesto
  Tu vençer,
  Las virtudes y bondat
  Por ventura deshonesto
  Mi querer
  Iusgará tu voluntad;
  Mas porque veas al fin
  Deseado
  De virtud non desviar,
  Mi mote del serafin
  Inflamado
  Te plega blasonar.


EL QUINTO.

    El quinto goso afinando
  Syn fin haber mis cuydados,
  Mas siempre multiplicando
  El quarto ya descordando
  Mis sentidos trabaiados,
  En sus males contemplando,
  Es poder en la sennora
  El servidor contender
  Su servicio qualquier hora
  Ofreciéndole plaser.

    Pues mis servicios non vees
  Contrastar á las virtudes
  Infinitas que possees,
  Non demandan, segund crees,
  Que tu bel deseo mudes,
  Nin lo contrario desees;
  Non te será cosa fuerte
  En grado lo rescebir
  De quien piedat ó muerte
  Non cessa de te pedir.

    Si la tu grand discrecion
  Una virtud posseyendo
  Ya possees quantas son
  Por essa misma rason
  Una sola falleciendo,
  Et las otras por tal son;
  Para ser más virtuosa,
  Gloria que tanto deseas,
  Conviene que piadosa
  Contra mí forçado seas.


EL SEXTO.

    Del quinto me despediendo
  Syn dar fin al triste canto,
  El sexto en vos non deplanto,
  Por órden voy proseguiendo;
  El qual es si la tardança
  Por tí cessa
  De largo me responder
  La verdadera esperança
  O promessa
  Del deseado plaser.

    Quantos aman atendiendo
  Desaman desesperando,
  E yo ménos esperando
  Más en el fuego me enciendo;
  La voluntad non movible
  Deseosa,
  ¿Quién la podrá constrennir?
  Quando á Dios es impossible,
  La tal cosa
  Yo non puedo resestir.

    Esperança y deseo
  Son en tanta division,
  Que segund la perfection
  De la tu bondat, yo creo,
  Aunque Dios te perdonasse
  E la gente
  Non lo pudiesse creer,
  Que tu merçed non peccasse
  Solamente
  Por tu virtud mantener.


EL SÉPTIMO.

    Del sexto me deliberando
  Syn perder mi grand firmesa,
  Et la sobra de cruesa
  Vençer más acrecentando;
  El final gozo nombrando
  Sólo fin de mis dolores
  Es amar et ser amado,
  El amante en igual grado
  Que es la gloria de amores.

    La muerte siento venir,
  Del cuerpo non sé que fagas,
  Muévante las cinco plagas,
  Zelos, amar et partir,
  Bien amar sin atender,
  Amar siendo desamado
  Y desamar non poder,
  Pues non te pueden mover
  Los gozos que he cantado.


_Fyn._

    Si te plase que en mis dias
  Yo fenesca
  Mal logrado tan en breve,
  Plégate que con Maçias
  Ser meresca
  Sepultado; desir debe
  Do la sepoltura sea:
  Una tierra los crió,
  Una muerte los levó,
  Una gloria los possea.



_CARTA DE SANCHO DE VILLÉGAS Á SU AMIGA._


_El sobreescripto._

    Á tí, dama muy amada
  Sobre todas las amadas,
  Á tí, sennora loada
  Sobre todas las loadas,
  Á tí, dama muy querida,
  Humilmente
  Suplico ser rescebida
  La presente.


_La carta._

    De mi mano aquesta carta
  Te fase saber, sennora,
  Que iamas nunca se aparta
  Mas siempre comigo mora,
  Cuydado que me da pena
  Et passion
  Por tí, mi sennora buena,
  Con rason.

    Con rason muero sentiendo
  Que soy absente de tí,
  Quando más dubda poniendo
  Haber memoria de mí;
  La qual de mí non se parte,
  Yo te iuro,
  A dó soy en esta parte
  Mal seguro.

    Mal seguro de la vida,
  Que breve feneceré,
  Sy desto serás servida
  Muy alegre moriré;
  Ca sy moriendo pensasse
  Te servir,
  Piensa que luégo pugnasse
  De morir.

    De morir non se me escusa,
  Esto me plase seguir,
  Ca pena que assy me accusa
  Ya non se puede sofrir;
  Mas tú puedes sin infinta,
  Mi plannir,
  Con solo papel et tinta,
  Resistir.

    Resistir puede tu letra
  La mucha tristesa mia,
  El dolor que me penetra
  Tornarás en alegría;
  Non quieras en tal respuesta
  Poner tasa,
  Nin desto que poco cuesta
  Ser escassa.

    Escassa de poco amor
  Con mucha rason te digo,
  Et franca de grand dolor
  Que por tí mora comigo;
  Usa, sennora, si quieres
  De virtud,
  Pues tú toda sola eres
  Mi salud.

    Mi salud ya por mi suerte
  Es á tus manos venida,
  Pues ¿por qué quieres ser fuerte
  Á la persona vencida?
  ¡Oh dama de grand bellesa!
  Mira bien
  ¿E por qué tanta cruesa
  Contra quién?

    Contra quien nunca pensó
  Sinon en qué te serviria
  De la hora en que te vió
  Fasta hoy en este dia;
  Nin iamas puedo apartar
  La memoria,
  Mas en tí sola pensar
  Es mi gloria.


_Fyn._

    Gloria te siempre deseo,
  É tú á mí penas esquivas,
  Mas por quanto mas posseo
  Ruego á Dios que siempre vivas;
  Aunque la muerte me asuele
  É destruya,
  Fin dé la mano que suele,
  Syempre tuya.


_La fecha._

    Fecha con toda firmesa,
  Dia de mucha congoxa,
  Viéspera de grand tristeza,
  Que iamas nunca me afloxa;
  En el anno de quarenta
  Et más dos
  E los seys de mi tormenta
  Sabe Dios.



_SANCHO DE VILLEGAS._


    A quantos de la fortuna
  Vevis querellosos, tristes,
  A todos pregunto: ¿vistes
  Ser ygual á mí alguna
  Persona, si conoçistes?

    Mis sentidos son trabados
  Por destierros et tristesa,
  Cativan me mis cuydados
  Puestos en grande escuresa,
  Los presentes et passados
  Tiempos fase non ser una
  Mi tristesa: desid, ¿vistes
  Ser ygual á mí alguna
  Persona, si conocistes?

    Las contras et los temores
  Llorando por fuerça llevo,
  De fortuna et sus discordes
  Padesciendo más que debo,
  Esperança con temores
  Es asy como ninguna,
  Porque os ruego si ¿vistes
  Ser ygual á mí alguna
  Persona, si conocistes?



_CANCION DE IOHAN DE PADILLA._


    Bien puedo desir, par Dios,
  Sennora de mi mal trato,
  Que asy me va con vos
  Como á tres con un çapato.

    Mi persona está quexosa
  Dias há de vos, amor,
  Porque siempre le days dolor
  Et tambien por otra cosa;
  Que si pienso en poco rato
  Fallo que es verdat, par Dios,
  Que asy me va con vos
  Como á tres con un çapato.

    Bien pensaba yo, sennora,
  Que yo solo vuestro era
  Fasta el punto de agora,
  Que vi lo que non quisiera;
  Pero pues passan de dos
  Los que comen en este plato,
  Digo que me va con vos
  Como á tres con un çapato.



_LOPE DE STÚÑIGA._


    Llorad mi triste dolor
  É cruel pena en que vivo,
  Pues de quien soy amador
  Non oso desir cativo.

    Mi coraçon quiso ser
  Causa de mi perdiçion,
  É me fase padescer
  Donde tan grand perdicion
  Amor me da et syn rason,
  É cruel pena en que vivo,
  Pues de quien soy amador
  Non oso desir cativo.



_DE IOHAN DE ANDUJAR._


    Como procede fortuna
  Mostrando su grand poder,
  Non sé que en parte niguna
  Yo me pudiera esconder,
  Quando contra mi plaser,
  Et non sé por qué manera,
  Me robó de donde era,
  Llevóme do non quisiera,
  Mas donde fué su querer.

    En un longuísimo ervado
  Et de gravíssima anchura,
  El qual era circundado
  De silvas de grand altura,
  Montannas ultra mesura
  En la su circunferencia,
  Que tal por diligencia
  Nin por humana potencia
  Non lo consiente natura.

    Entre las selvas et el prado
  Era uno rio conriente,
  Que iamas non fué passado
  Si non por sola una puente,
  La qual estaba vilmente
  De un lenno solo fecha,
  É más de rason estrecha,
  Passo de tan grand sospecha
  Ninguna rason consiente.

    En medio de la verdura
  Era en el ayre levada
  Por órden con grand mesura
  Una cadera ordenada,
  De una esmeralda tallada,
  Çercada de trapo d’oro,
  Tan excellente tesoro
  Creo del celeste choro
  Fuesse por Dios enviada.

    En la qual era assentada
  Una duenna de valor,
  Tenía desnuda una espada
  En mano con grand vigor,
  De léxos sentí un remor
  Que de las silvas salia,
  Gente por buscar la via
  De la puente, que tenía
  Passo de tan grand temor.

    Venian todos corriendo
  Como se fuessen corridos,
  Entre ellos se van doliendo
  Con dolorosos gemidos,
  Disen: serémos oidos
  É despues iustificados;
  Spíritus mal fadados,
  Que de Cupido llagados
  Son á tanto mal metidos.

    Miré por ver sy yo viera
  Algunos que conosciesse,
  Semíramis la primera
  Me paresció que veniesse,
  Et á su fijo truxiesse
  Consigo por compannía,
  É Dido ví que venía
  Et bien ligado traya
  Enéas, que non fuyesse.

    Allí paresció Medea
  Clamándose de Iason,
  Porque le fiso tan fea
  Paga por su galardon,
  Tambien demanda rason
  Ariadna de Theseo,
  Cerca de los quales veo
  El cartagines Siqueo
  Con su mujer en question.

    Leandro con grand fatiga
  Paresçe con aflicto,
  Cornelia Desia castiga
  Á este traydor de Agipto.
  É Sifle con un grand gripto
  De su marido se clama
  Que cruelmente desama
  É dise: tu mala fama
  A la iusticia remito.

    Et vi á Iulia venir
  Con su amado Antonino,
  E dise: quered oyr
  Nuestro iusto destino,
  Biblis, con viso benigno,
  Pide de Cauno iusticia,
  É Píramo la misticia
  Muestra con tanta tristicia
  Á Tisbe ser vesino.

    É vi venir Deianira,
  Que de Hércules se quexaba,
  É Neso vi que los mira,
  Él mismo se condenaba;
  Vi una duenna que andaba
  Con el rey Lico thebano,
  É traya por la mano
  Un su fijo bien luçano
  Que su mujer la llamaba.

    Pidiendo el rey Latino
  Viene iusticia de Amada,
  Lavina por un camino
  Yba con Turon ligada,
  É Claudio traya atada
  Á su mujer Mesalina,
  É vi á la Proserpina
  Dolerse de la rapinna
  De Pluto, que la robaba.

    É vi al músico Orfeo
  Andar sonando la lira,
  E vi al fijo de Ageo
  Contra Cupido con ira,
  É vi despues que se tira
  Contraversa de la Urias,
  Et vi despues á Macias
  É otros que de sus dias
  Amor asy los regira.

    La fija gentil de Yato
  Clamores da de Iunon,
  Argo, temeroso et flaco,
  Fase testificacion,
  Mirra, con desperation,
  De su padre temerosa,
  Fuyendo va dolorosa,
  Et dise non sé quál cosa
  Diga por mi defension.

    Venía la casta romana
  Contra Tarquino llorando,
  Allí la reyna troyana
  De Pirro se iba quexando,
  É vi entre estos cridando
  Páris, et vi á Elena
  En uno con Policena,
  En una cruel cadena
  Ligados vienen penando.

    É vi á Sardanapolo
  Con mucha debilidat,
  É á Neron todo solo
  Llorando su crueldat,
  É la mala calidat
  De Cleopatra luxuriosa,
  Et á Porsia desdennosa,
  Et muestra de estar sannosa
  Por su poca humanidat.

    É vi venir con un toro
  Á Pasife celerada,
  É al que fiso el laboro
  De la boca bien formada,
  Vi á Fiometa inflamada
  Con un florentin ingrato,
  Et vi á Marcia con Cato
  Venire en este rebato
  Con esta gente penada.

    Vi otros que por amores
  Fueron del mundo partidos,
  Reys con emperadores,
  Príncipes, duques polidos,
  Otros asas aflegidos
  Vi condes et caballeros,
  Et galanes escuderos
  Ser al amor sometidos
  Que fueron bien plasenteros.

    Miré en torno de mí
  Por ver sy viera lugar
  Donde pudiera de allí
  La turba meior mirar,
  É queriendo me mudar,
  Oy una vos divina
  Que muestra por su doctrina
  Que vengan todos ayna,
  Porque vos quieren iuzgar.

    Á mí tú que eres venido
  Del mundo donde éstos fueron,
  Te mando que quando ydo
  Serás donde ellos venieron
  Lo que ante mi propusieron
  Tenlo en tu mente notado,
  É dirás quel iudicado
  Deste pueblo atribulado
  Que ante mí parescieron.

    Al Conde Camarluengo
  Yo remito la sentençia,
  El qual por cierto me tengo
  Que es de tanta prudençia
  Que verá la diferençia
  Que han estos doloridos
  Que veys que aquí son venidos,
  Et syendo bien entendidos
  Los iuzgará con clemençia.

    Quando hobo acabado
  La iusticia sus rasones,
  Un nublo arrebatado
  Levó todas las visiones,
  É las luengas dilaciones
  Fueron allí concluydas,
  En las ombras despartidas
  Et donde fueron venidas,
  Tornaron á sus mansyones.

    Non sé cómo fuy tornado
  Allí de do me partí,
  E quasi como espantado
  De tal vision como vi,
  Cómo ni dónde sentí
  Por qué nin quándo nin quién,
  É non sé sy mal ó bien
  Á quien tal caso entrebien
  Si pueda pensar de sy.


_Fyn._

    Et piensa, letor, por ty
  Si al amor falleçiste,
  É conoscerás en mí
  Si me verás desde aquí
  Más que en el passado triste.



_DIEGO DEL CASTILLO._


    Ira sanna et crueldat
  Sojusgan, fuerçan y prenden,
  Syn otra contrariedat,
  Del campo la libertad
  Del poder los que contienden;
  Recello, miedo et temor
  Espantan, vençen y fieren,
  É combaten con rigor
  Aquel cativo favor
  De quantos siguen et quieren.

    En la plaça peligrosa
  Qual amor nos ha asignado,
  Debate maguer medrosa
  La vida, de vos quexosa,
  Con el seso cativado;
  Et dando secreto gaie,
  Afirman fiera batalla
  En el seno tal salvaie
  Deste mísero viaie,
  Do syempre dolor se falla.

    El plaso, pues, otorgado
  De tanto triste liçencia,
  En el qual debe ser dado
  Uno iuisio sennalado
  De vuestra poca clemencia,
  Non passe syn gran pregon
  É publica vos patente,
  Porque toda condicion
  De pueblos et de nacion
  Sepa de mi mal presente.

    É vos, que, nunca vencida,
  Iamas vos vence porfía,
  Nin por ruego soys movida,
  Nin por muerte condolida
  Deste fuego que me guia,
  Quered quiriendo tomar
  Un querer esecutivo
  Por donde pueda fallar
  La parte que más buscar
  Me conviene, pues que vivo.

    Ca si muerte fues notoria
  Al dolor que me combate,
  Non sería ménos la gloria
  Quel temor de la victoria
  Quando piensa su debate,
  Nin vuestro cruel espanto,
  Que me da terrible guerra,
  Sería causa de mi llanto,
  Nin mis males podrian tanto,
  Que non fuesse só la tierra.

    Mas si tanto grand tristura
  Me quisieron dar los fados,
  Que por vuestra fermosura
  Yo perdiesse la folgura
  De los bienaventurados,
  Entre quantos saben parte
  De mis penas tan amargas,
  Vos quered tener tal arte,
  Que con vos triste me farte
  Recontar mis cuytas largas.

    En la fin de mis cuydados
  Mis dolores començaron,
  É fueran tan passionados
  Mis males atribulados
  Desque solo me fallaron,
  Que muerta vive mi vida,
  Cercada de compassion,
  De todas cuytas fornida,
  Et viviendo despedida
  De salud et redemption.

    En principio de la edat
  Más viril de la franquesa
  Començó mi soledat
  É mi grand captividat
  Con los fructos de tristesa,
  Do plaser fué consumido,
  Esperança fecha pena,
  De vivas llamas ardido
  Mi deseo tan querido,
  Cuya rabia me encadena.

    Mirando vuestra presencia,
  Muero yo, triste, sin muerte,
  Pidiendo con reverencia,
  Reparo de tal paciencia
  Quanto sufro por mi suerte;
  Nin con vos vivo de dia,
  Nin syn vos en tenebrura,
  Nin con vos mi fantasía,
  Nin syn vos iamas podria
  Fenescer su lobregura.

    De tantos fuegos vesino,
  Me fallo desconsolado,
  Que temo, quando magino,
  Si soy fijo de Cadino
  Para ser despadaçado;
  En tanto grado ya veo
  Mis males sobrepujar,
  Que ciertamente me creo
  Con Dido, Arcas, Ançeo
  Mis penas empareiar.

    Segund, pues, un seguiento
  Qua sigo como vencido,
  É buscando el perdimiento
  Que busco con desatiento
  Por me ver asy ferido,
  Causa muy caritativa
  Yo debria cierto mover
  De una vida tan cativa
  Por vuestra causa passiva
  Sin querer le socorer.

    Pensando por qué misterio
  Mis signos et mis planetas
  Dieron tanto captiverio
  Á mí, que syn refrigerio
  Combaten vuestras saetas,
  Nin vivo porque consiento
  Nin muero porque padesco,
  Mas peno porque contento
  Fallo mi querer esento
  En dolor que non meresco.

    Yo iuré de non seguir
  Iamas vuestros movimientos,
  É propuse de fuyr
  Por vençer á mi morir
  La causa de mis tormentos,
  Mas vuestra cara tan bella,
  Por quien viviendo sospiro,
  Que luse como estrella,
  Causa siempre grand querella
  Á mí, triste, que vos miro.

    Nin presente non condena,
  Nin absente da remedio,
  Nin mirando se refrena,
  Nin vuestra vista serena
  Pone piedat en medio,
  Ántes vuestro gentil gesto
  Por me ver tan solitario
  Con semblante muy honesto,
  Non cessando del propuesto,
  Es ya fecho sagitario.

    El poder de vuestro nombre
  Me manda syempre mirar
  Vuestra beldat et renombre,
  Porque yo triste me asombre,
  Syn poderme consolar,
  É quiere que vos, matando
  Con vuestro mortal cochillo,
  Persigays nunca cessando,
  Nin de muerte perdonando
  Vuestro Diego del Castillo.



_EL VERGEL DE PENSAMIENTO._


    Por la muy áspera via
  De passiones caminando,
  En un vergel reposando
  Me fallé estar un dia,
  En el qual, á la una parte,
  En una piedra muy dura,
  Escripta por sotil arte,
  Vi la syguiente escriptura.

    El vergel de pensamiento
  Es este vergel llamado,
  En el qual fué edificado
  Para quien ama sintiendo,
  Sus árboles son porfía,
  Et las flores esperança,
  El fructo grand alegría
  Y el hortolano andança.

    La escriptura leyda,
  Entendí á la sason
  En el vergel por rason
  Merescer haber cabida,
  É con tal atrevimiento,
  Sin del vergel salir fuera,
  Fise un rasonamiento
  Que dise en esta manera:

    Oh mal sabio sin cordura,
  Causa de tu perdicion,
  Dime de tu discrecion
  Ó de tu desaventura,
  Quién te forçó la cordura
  Á los peligros presentes,
  Et dime quién te asegura
  De non ser más los venientes.

    —Non cosa de los vivientes,
  Sino una sola mujer.
  —La qual demuestras querer
  Muy más cara que á tí.
  —Pues es rason ser asy.
  —Si Dios sane tu dolor.
  —Ciertas non que todo amor
  De sy debe proceder.

    —Pues tú assy lo debes faser.
  —É yo ansy lo fago.
  —Non fases, por Santiago;
  Que si ansí lo fasieses,
  Dubdo que te metieses
  Á peligros tan continos,
  Los quales te son vesinos
  Á faser perder la vida.

    —Non será, yo te lo iuro.
  —¿É quién te fase seguro?
  —La esperança que tengo
  En solo Dios verdadero,
  Que sabe, mi voluntad
  Ser syn ninguna maldat
  Á la que soy servidor.

    —Si, pero nuestro Sennor
  Non ayuda á desperados,
  Mas á los que son fundados
  Sobre rason et derecho.
  —¿Pues cómo, sería bien fecho
  Que desame á mi sennora?
  Lo qual nunca fasta agora
  Pensé nin pensar podria
  Nin nunca iamas creeria
  Que tal cosa ser podria.

    —Sí podrias si te pluguiesse,
  Come ya otros non amaron,
  Los quales porque fallaron
  En sus damas crueldat
  Mudaron la voluntad.
  —Sí, mas yo nunca podria
  Syn amor vivir un dia.

    —Nin te digo que desames,
  Antes te digo que ames,
  Mas en tal lugar et parte
  Que puedas acabalarte,
  É reniega del oficio
  Que trae tras buen servitio
  Mal et danno por salario,
  Que de bocado contrario
  Lo ménos es provechoso,
  Puesto que sea sabroso.

    Et pues es en tu poder
  Ser tu de males ajenos,
  Escoge de mal el ménos,
  É ama otra donsella,
  Por olvidar aquella
  Por quien en punto te veo
  De te morir con deseo.

    —Amar et desamar
  Pueda quanto se pagáre
  Ninguno que bien amáre,
  Et pongamos que ansí fuesse
  El que mal desir quisiesse
  ¿Piensas si fallára qué?
  —Creo que fallaria.
  —Desirme ia malandante,
  Baratero non constante,
  Segund ya de otros dixeron.

    —¡Ay Dios! quántos se perdieron
  Emprendiendo tales cosas,
  Las quales son muy dannosas,
  La qual fama más non cura
  De quanto quier la ventura.
  —Pues veamos, ¿qué faré?
  —Que la dexes á la fé.
  —¿Pues qué valdria luégo mi vida?
  —Como la de quien olvida
  Cosas que le son dannosas
  Por las quel son provechosas.

    —Guárdeme Dios de mal,
  De faser tan grand error.
  —Quiçá te verná peor.
  —¿Et qué peor me puede venir?
  —Podrias muy presto morir.
  —¿É á mí quién me matará?
  —Si que esso fallescerá,
  Piensa si tiene parientes.
  —Sí, ¿mas merescen las gentes
  Por bien amar et servir
  Muerte nin mal rescebir?

    —Eso cierto es que non,
  Mas dis que tras el canton
  Se fasen las cantonadas,
  Et non sabes á vegadas
  Excusar el pro presente
  Por el peligro seguiente.
  —Non que yo me guardaré
  Que nunca lo fablaré,
  Sinon con sola su ama,
  Que más que á sy la ama.

    —E podríase seguir
  Su ama te descobrir.
  —Non que yo la venceré
  Con dádivas que le daré.
  —Ora bien dexemos esto,
  Fagamos otro processo:
  ¿Qué la hayas cobrado,
  Que piensas haber ganado?

    —Dándome Dios tanto bien,
  Cobraria yo á quien
  Amo muy más que á mí
  É me ama más que á sy.
  —¡Oh hombre desaventurado!
  Cóme vives engannado
  Si piensas tan solamente
  Que de tí se le viene miente,
  Habiendo tanto tiempo estado
  Que la non has visitado.

    Nin piense viva persona
  Haber en el mundo dona
  Que quando mejor amáre,
  Si absencia la probáre,
  Por nuevo repetidor
  Que non troque vieio amador.

    —¿Luego dona baratera
  Sería la sennora mia?
  A la fe es muy grand falsía;
  Antes del universal
  Mundo, es especial,
  Es fermosa de faciones
  Et muy buena de bondat.

    —Pongo que sea verdat
  Esso, et más sy dixeres
  Por ella, con todo esto
  Non me sería deshonesto
  Que non sería señero
  El primero nin el postrimero
  Deste nombre, amadores,
  Que padesció por amores.
  —¿E sy fueron locos aquellos,
  Quieres serlo tú con ellos?

    —Non son locos llamados,
  Antes bienaventurados.
  —Porfiar es muy dannoso
  Contra quien es porfioso,
  Mas dígote que destarte,
  Los que más leales fueron
  Peor galardon hobieron.

    Yo ya de rason sobrado,
  Pero non nada menguado,
  Vide grand divinidat,
  Pálas, Vénus et Cupido,
  Demostrarse haber oido
  Todo quanto rasonára,
  Et demudada la cara,
  Ambas rodillas en tierra,
  Le pedí, como quien yerra,
  Grand perdon con reverencia.
  É la muy grand excellencia
  De las dos me perdonó,
  El tercero dixo: non
  Passará syn penitencia.



_SUERO DE RIBERA._


    Adios, adios, alegría,
  Ora desir me conviene,
  Mal haya, sennora mia,
  Quien así nos desaviene;
  Por el Dios que nos mantiene,
  Nunca yo vos fise yerro,
  Mas quien mal quiere á su perro,
  Rabia le pone que non tiene.

    Adios, adios, pues de mannana
  Me ponen tal maleficio,
  Quexarme de vos con sanna,
  Esto non fago con vicio;
  Ay de mí, mal beneficio
  Me guardastes fasta agora,
  Tan grand cruesa de mora
  Nunca fué den ab inicio.

    Adios, adios; tan en vano
  Es loar á quien solia,
  É grand plaser soberano,
  Por quien yo tanto valia;
  Sin cometer villanía,
  Disen que dixe vilesa,
  Adios, adios, gentilesa,
  Que tomar quiero otra via.


_Fyn._

    Aunque disen que porfía
  Vençe la naturalesa,
  Adios, adios, gentilesa,
  Mal haya quien más confia.



_EL INFIERNO DE AMOR,_

_que fiso el Sennor Marqués de Santillana, Conde del Real._


    La fortuna que non cessa,
  Seguiendo el curso fadado,
  En una montanna spessa,
  Separada de poblado,
  Me levó, como robado,
  Fuera de mi poderío,
  Así que el libre albedrío
  Me fué del todo privado.

    Oh vos, Musas, que en Parnaso
  Faseis la habitacion,
  Allí do fiso Pegaso
  La fuente de perfeccion,
  Á la fin et conclusion
  En el medio començando,
  Vuestro subsidio demando
  En esta propusicion.

    Por quanto desir quál era
  El selvaie peligroso
  En recontar su manera,
  Es acto maravilloso,
  Yo non pinto ni gloso
  Silogismos nin poetas,
  Mas siguiendo linas retas,
  Fablaré non infintuoso.

    Del su modo inconsolable
  Non disçerne tal Lucano,
  De la selva inhabitable
  Que taló el bravo romano,
  Sy por metros non lo explano
  Et mi propósito menguáre,
  El que defecto falláre
  Tome la pluma en la mano.

    Sus frondas comunicaban
  Con el cielo de Diana,
  É tan léxos se mostraban,
  Que naturalesa humana
  Nin falla, nin se explana
  Por attores en lectura,
  Selva de tan grande altura
  Nin Olimpio de Toscana.

    Dó muy fieras animales
  Se mostraban, y leones
  É serpientes desiguales,
  Grandes tigres et dragones;
  De sus disformes faciones
  Non relato por extenso,
  Por quanto fablar inmenso
  Va contra las conclusiones.

    Vengamos á la corona,
  Que ya non resplandecía,
  Del aquel fijo de Latona,
  Mas del todo se escondia,
  É como yo non sabía
  De mí, salvo que ventura,
  Contra rason et natura,
  Me llevó do non queria.


_Comparacion._

  Como nave combatida
  De los adversarios vientos,
  Que dubda de su partida
  Por los muchos movimientos,
  Era con mis pensamientos,
  Que yo mesmo non sabía
  Qué camino seguiria
  De ménos contrastamientos.

    Como el falcon que mira
  La tierra más despoblada,
  Et la fambre allí lo tira
  Por faser certa bolada,
  Yo començé mi iornada
  Contra lo más accesible,
  Habiendo por impossible
  Mi cuyta ser reparada.

    Pero non andove tanto
  Quanto andar me complia
  Por la noche con espanto,
  Que mi camino impedia,
  Que el propósito que habia
  Por esto fué contrastado,
  Asy cay como cansado
  Del suenno que me vencia.

    Et dormí maguer con pena
  Fasta en aquella sason
  Que comiença Filumena
  La triste lamentacion
  De Thereo et Pandion,
  Quando ya demuestra el polo
  La gentil cara de Apolo
  De diurna inflamacion.

    Asy prise mi camino
  Por vereda que ynoraba,
  Esperando en el divino
  Misterio que invocaba,
  É ocorrió yo que miraba
  Entorno por el boscaie,
  Vi correr fiero salvaie
  Un puerco que se ladraba.

    ¿Quién es que metrificando
  Por coplas et distinctiones,
  En prosas nin consonando,
  Tales disformes faciones,
  Sin multitud de renglones
  El su fecho desir puede?
  Ya mi seso retrocede
  Pensando tantas rasones.

    ¡Oh sábia Thesaliana!
  Si la vírgen Atalante
  Á nuestra vida mundana
  Puede ser que se levante,
  Querria ser demandante
  Guardando su çerimonia,
  Pues el puerco de Calidonia
  Se mostró tan admirante.

    Pero tornando al vestiglo
  É su disforme figura,
  Digna de ser en el siglo
  Para syempre en escriptura,
  Digo que la su fechura,
  Maguer que de puerco fuesse,
  Ya non es quien iamas viesse
  Tal bravesa en catadura.

    Como la flama ardiente
  Que sus centellas envia
  En torno, de continente
  De sus oios paresçia
  Que los rayos esparçia,
  É doquier que reguardaba,
  Et fuertemente turbaba
  Á qualquier que lo servia.


_Comparacion._

  Como cuando ha tirado
  La bombarda, en derredor
  Finca el corro muy poblado
  Del grand fumo et su negror,
  Bien de aquel mesmo color
  Una niebla le salia
  Por la boca, do volvia
  Demonstrando el su furor.

    Estando como espantado
  Del animal mostruoso,
  Venir vi açelerado
  Por el valle fronduoso
  Un hombre que tan fermoso
  Los vivientes nunca vieron,
  Nin aquellos que escribieron
  De Narciso el amoroso.

    De la su grand fermosura
  Non conviene que más fable,
  Ca por bien que la escriptura
  Quisiesse lo rasonable
  Recontar, syn estimable
  Era su cara lusiente,
  Como el sol que en Oriente
  Fase su curso agradable.

    Un palafren cabalgaba,
  Muy ricamente guarnido,
  Et la sylla se mostraba
  Ser fecha de oro brunnido,
  Un capirote vestido
  Sobre una ropa bien fecha,
  Que traya la manga estrecha
  Á guisa de hombre entendido.

    Levaba en su mano diestra
  Un venablo de montero,
  Un alano á la siniestra,
  Fermoso, mucho ligero,
  É bien como caballero
  Animoso de coraje,
  Venía por el boscaie
  Seguiendo el vestiglo fiero.

    Nunca demostró Cadino
  El deseo tan ferviente
  De ferir al serpentino
  De la humana simiente,
  Nin Perseo tan valiente
  Se mostró quando conquiso
  Las tres hermanas, que priso
  Con el escudo eminente.

    Quando vió el venado
  É los canes que feria,
  Soltó muy apressurado
  El alano que traya,
  Et con muy grand osadía
  Bravamente lo firió,
  Asy que luégo cayó
  Con la muerte que sentia.

    Como el que tal oficio
  Lo más del tiempo seguia
  Serviendo de aquel servicio
  Que á su deessa plasia,
  Acabó su montería
  Falagando sus canes,
  Olvidando los afanes,
  Cansancio, malenconía.

    Por saber más de su fecho
  Delibré de le fablar,
  É fuéme luégo derecho
  Para él syn más tardar,
  Et como quier que avisar
  Yo me quisiera primero,
  Ántes se quitó el sombrero
  Quel pudiesse saludar.

    É con alegre presencia
  Me dixo: muy bien vengays,
  Et yo, con grand reverencia,
  Respondí: de la que amays
  Vos dé Dios, sy deseays,
  Plaser et buen galardon,
  Segond que fiso á Feson,
  Pues tan bien vos rasonays.

    Respondió: amigo, non curo
  De amar nin ser amado,
  Ca por Iúpiter vos iuro
  Yo nunca fué enamorado,
  Bien que el amor de grado
  Asayó mi fantasía,
  Mas yo, viendo su falsía,
  Me guardé de ser burlado.

    Yo le repliqué: sennor,
  ¿Qués aquesto que vos fase
  Tan rotamente de amor
  Desir esto que vos plase?
  ¿Es que non vos satisfase
  Servisio sy le fesistes,
  Ó por quál rason dixistes
  Que su fecho vos desplase?

    Dixo: amigo, non querays
  Saber más de lo que digo,
  Que si bien considerays,
  Más es obra de enemigo
  Apurar mucho el testigo
  Que de amigo verdadero;
  Mas, pues vos quereys, yo quiero
  Desir por qué non lo sigo.

    Yo soy fijo de Theseo,
  Nieto del Duque de Athénas,
  El que vengó á Thedeo
  Ganando tierras ajenas,
  É soy el que las cadenas
  De Cupido quebranté
  É mi nave levanté
  Sobre sus fuertes entenas.

    Hypólito fuí nombrado,
  É morí segund morieron
  Otros non por su pecado
  Que por fembras padescieron,
  Mas los dioses, que supieron
  Cómo non fuesse culpable,
  Me dan syglo delectable
  Como á los que dignos fueron.

    É Dyana me depara
  En todo tiempo venados,
  É fuentes con agua clara
  En los valles apartados,
  É arcos amaestrados,
  Con que fago ciertos tiros,
  É centauros et satiros
  Me demuestran los collados.

    Pues que ya vos he contado
  El mi fecho enteramente,
  Querria ser informado,
  Sennor, si vos fues plasiente,
  É por quál inconviniente
  Venides, ó qué fortuna
  Vos traxo syn causa alguna
  En este syglo presente.

    Que non es hombre del mundo
  Que éntre, nin sea osado,
  En este centro profundo
  É de gentes separado,
  Synon el infortunado
  Céfalo que refuyó,
  Al qual Diana trayó
  En el su monte sagrado.

    É otros que hobo en Grecia
  Que la tal vida seguieron,
  Segund que fiso Lucrecia,
  É por castidat perescieron,
  Los quales todos venieron
  En este lugar que vedes,
  Con los sus canes et redes
  Fasen lo que allá fisieron.

    Respondí: de la partida
  Soy donde nuestro Traiano,
  É Vénus, que non olvida
  El mismo tanto mundano,
  Me dió sennora temprano
  En la iovenil edad,
  Do perdí mi libertad,
  É me fiso sufragano.

    Et fortuna, que trasmuda
  Á todo hombre syn tardança,
  É lo lieva do non cuyda
  Desque vuelve la balança,
  Quiso que faga mudança
  Et tráxome donde vea
  Este lugar, porque crea
  Que amar es desesperança.

    Pero en esto es engannada
  En pensar en tal rason
  Que faga mi morada
  Do non es mi entençion,
  Ca de cuerpo et corazon
  Me soy dado por serviente
  Á quien creo que non siente
  Mi cuydado et perdiçion.

    Un rato estove mirando,
  Pensando lo que desia,
  E despues, como dubdando,
  Dixo: ¡oh, qué bien sería
  Que siguiésedes mi vía
  Por ver en qué trabajays
  É la gloria que esperays
  En vuestra postremería!

    Como quiera que dubdase
  El camino invisitado,
  Pensé si lo refusasse
  Que me siría reprobado,
  Asy le dixe: pagado
  Soy, sennor, de vos seguir,
  Non cessando de servir
  Amor á quien me soy dado.

    Començamos de consuno
  El camino peligroso
  Por un valle como bruno
  Espesso mucho fraguoso;
  É sin punto de reposo
  Aquel dia non cessamos
  Fasta tanto que llegamos
  Á un castillo espantoso.

    Al qual un fuego çercaba
  En torno como fossado,
  Et por bien que remiraba
  De qué guisa era obrado,
  El fumo desordenado
  Del todo me resistia,
  Assy que non discernia
  Cosa de lo fabricado.

    É como el que retrayendo
  Afuera se va del muro,
  Del dargon á sí cubriendo,
  Temiendo el combate duro,
  Desque el fumo tan escuro
  Yo vi fise tal semblante,
  Fasta quel fermoso ynfante
  Me dixo: mirad seguro.

    Ca non es flama quemante
  Como quier que vos paresca,
  Esta que veys delante,
  Nin ardor que vos enpezca,
  Ardimiento non perezca
  Seguiéndome diligente,
  Passemos luégo la puente
  Ante que más danno cresca.

    É toda vil cobardía
  Conviene que desechemos,
  É yo seré vuestra guía
  Fasta tanto que lleguemos
  Á logar do fallarémos
  La desconsolada gente,
  Que su deseo ferviente
  Los puso en tales extremos.

    Entramos por la barrera
  Del alcaçar bien murado
  Fasta la puerta primera,
  Á dó yo vi entretallado
  Un título bien obrado
  De letras que concluia:
  El que por Vénus se guia
  Éntre á penar lo passado.

    Hypólito me guardaba
  La cara mientra leya,
  Veyendo que la turbaba
  El temor que me pungia,
  Ca por cierto presumia
  Que yo fuesse atribulado,
  Sentiéndome por culpado
  De lo que allí se entendia.

    Díxome: non reçeleys
  De pasar, maguer veades
  En las letras que leeys
  Extrannas contrariades,
  Ca el mote que mirades
  Al ánima se dirige,
  Tanto quel cuerpo la rige,
  De sus penas non temades.


_Comparacion._

  É como aquel que por yerro
  De crímen es denunciado
  A muerte de cruel fierro,
  Et por su ventura osado,
  De lo tal es delibrado
  É retorna en su salud,
  Asy fiso mi virtud
  En el su primero estado.

    Entramos por la escuresa
  Del triste lugar eterno
  Á dó vi tanta gravesa,
  Bien assy como ynfierno,
  Dédalo, quel grand caverno
  Obró, la su geometría
  Por cierto aquí cessaria
  Su saber, sy bien discerno.

    ¡Oh tú, planeta diafano,
  Que con tu cerco lusiente
  Fases el siglo mundano
  Clarífico et propalente!
  Sennor, al caso evidente
  Tú me ynfluye poesía,
  Porque narre syn falsía
  Lo que vi en modo eloquente.

    Nin vimos el Cançerbero,
  Á Mínos nin á Pheton,
  Nin las tres fadas d’Anfiero,
  Llanto de grand confusion,
  Mas Fíllis et Demofron,
  Canaçe et Macareo,
  Euridiçe con Orfeo
  Vimos en una mansyon.

    Vimos á Páris con Elena,
  Et tambien Enéas et Dido,
  Con la fermosa Elena
  Y el su segundo marido;
  É más en el dolorido
  Turmento vimos á Ero,
  Con el su buen compannero
  En el lago perescido.

    Archiles et Policena,
  A Ypremestra con Lino,
  É la duenna de Ravena,
  De quien fabló el florentino;
  Et vimos con su amante, digno
  De ser en tal pena puesto,
  É vimos, estando en esto,
  Á Semiramis con Nino.

    Olimpias de Macedonia,
  Madre del grand batallante,
  Ulixes, Circe, Pausonia,
  Hércules, Io, Atalante,
  Tisbe con su buen amante
  Vimos en aquel tormento,
  É otros que non recuento,
  Que fueron despues y ante.

    É por el siniestro lado
  Cada qual era ferido
  En el pecho, muy llagado,
  De grand golpe dolorido,
  Por el qual fuego encendido
  Salia que los quemaba,
  Presumid quien tal passaba
  Si debiera ser nascido.

    Con la grand pena del fuego
  Tristemente lamentaban,
  Pero que tornaban luégo
  Et muy manso rasonaban,
  É por ver de qué tractaban
  Muy paso me fué llegando
  Á dos que vi rasonando,
  Que nuestra lengua fablaban.

    Las quales desque me vieron
  É syntieron mis pisadas,
  Una á otra se volvieron
  Bien como maravilladas;
  ¡Oh ánimas afanadas!
  Yo les dixe, en Espanna
  Nascistes, se non menganna
  La fabla, et fuystes criadas.

    Desidme de qué materia
  Tractays despues del lloro
  En este limbo et miseria
  Do Amor fase su tesoro;
  Asymesmo vos imploro
  Que yo sepa dó nascistes,
  É cómo et cuando venistes
  En el miserable choro.

    Bien como la serena
  Quando planne á la marina,
  Començó su cantilena
  La una ánima mesquina,
  Disiendo: persona digna,
  Que por el fuego passaste,
  Escucha, pues preguntaste,
  Si piedat algo te inclina.

    La mayor cuyta que haber
  Puede ningund amador
  Es membrarse del plaser
  En el tiempo del dolor;
  É maguera quel ardor
  Del fuego nos atormenta,
  Mucho más se nos augmenta
  Esta tristesa et langor.

    Ca sabe que nós tractamos
  De los bienes que perdimos
  É la gloria que passamos,
  Mientra en el mundo vivimos
  Fasta tanto que venimos
  Á arder en esta flama,
  Á dó non curan de fama
  Nin de las glorias que hobimos.

    É si por ventura quieres
  Saber por qué soy penado,
  Pláseme porque si fueres
  Al tu syglo trasportado
  Digas que fuí condenado
  Por seguir de Amor sus vias,
  É finalmente, Maçías
  En Espanna fuí llamado.

    Desque vi su conclusion
  É la pena abominable,
  Syn faser larga rason
  Respondí: tan espantable
  Es el fecho perdurable,
  Maçías, que me recuentas,
  Que tus esquivas tormentas
  Me fasen llaga incurable.

    Pero como el Soberano
  Sólo pueda ordenar
  En tales fechos, hermano,
  Plégate de perdonar;
  Que ya non me da lugar
  El tiempo que me detarde.
  Respondióme: Dios te guarde,
  El qual te quiera guiar.

    Volvime por dó viniera,
  Como quien non se confia,
  Buscando quién me truxiera
  En su guarda et compannía;
  Et maguer que entorno via
  Las ánimas que recuento,
  Non lo vi nin fuí contento
  Nin supe qué me faria.

    É bien como Ganimedes
  Al cielo fué arrebatado,
  De la guisa que leedes,
  Segund que vos he monstrado,
  Bien asy fuy yo levado
  Que non supe de mí parte,
  Nyn por quál forma nin arte
  Fuy daquel centro librado.


_Fyn._

    Asy que lo proçessado
  De todo amor me departe,
  É non sé tal que non se aparte.
  Si non es loco probado.



_LA NAO DE AMOR_

QUE FISO MOSEN IOHAN DE DUENNAS.


    En altas ondas del mar
  Navegando con fortuna,
  Al tiempo vela ninguna
  Non podiendo comportar,
  Contrarios vientos á par
  Sacudiendo las entenas,
  Esforçé con velas buenas,
  Mas non pude contrastar
  Al grand poder de mis penas.

    Nave de grande humildança
  Fis por compas nin velando,
  En amor fortificando
  Su camino de esperança,
  Las tablas de lealtança
  Iunctadas con discrecion,
  Enpegadas de rason
  En la casa de temprança
  Servando iusto timon.

    Yo fise de fortalesa
  El mastel et la mesana,
  Las entenas de muy sana
  Fusta nueva syn cortesa;
  Las xarcias de firmesa,
  Las velas otro que tal,
  La sorra puse de sal,
  Pistada con grand destresa
  Con obediencia coral.

    Desque vi la perfection
  De aquesta preciosa nave,
  En poder puse la llave
  De discreta execucion;
  É fise sota patron
  Largos tiempos abstinencia,
  Marinos á patiencia,
  Conformes en opinion
  Á singular diligencia.

    Desque fué toda guarnida
  De las cosas necessarias,
  Contra fortunas contrarias
  Noblemente bastecida,
  Oferta siempre mi vida
  Á servitud sin error,
  Varé mi nave, sennor,
  Con procesion ofrecida
  Al templo de dios de amor.

    Ya nunca tal fermosura
  Vieron mis oios de cosa
  En las ondas alterosa
  Syn lado firme segura,
  Do entré con vestidura
  De grand amor estimada,
  De asul et oro franiada,
  Con tiseras de mesura
  La falda bien cercenada.

    Yo al puerto delectoso,
  Á la cola la mar calma,
  Más llana que non la palma
  En todo tiempo reposo;
  Sentí gentil amoroso,
  De las bandas de Poniente,
  Un ayre tanto plasiente,
  Que de mis velas gososo
  Le fise rico presente.

    Et mi nave toda una
  Rompiendo las aguas vivas
  Con defensiones passivas
  Á contrastar la fortuna,
  Como quien va por laguna
  Contento del navegar,
  En un puncto vi la mar
  Sin obediencia alguna
  En rebelion singular.

    Á las horas yo me velo
  Con servicio en fil de roda,
  Comportando la mar toda,
  Desdennosa por el cielo,
  Avisando con reçelo
  De las ondas desyguales,
  Vientos et grupos mortales
  Vi cobiertos con el velo
  De los bravos temporales.

    Á cuya fuerça los muros
  Del contemplar et servir
  Non podia resistir
  Nin los tove por seguros;
  Tan espantables et duros
  Eran los vientos foranos,
  Otrosy los comarcanos,
  Con los cielos tan escuros,
  Que non veya las manos.

    Pero ya tanto el desmayo
  Non hobe por cosa que viese
  Que de ordenança saliese,
  Plego de todo me ensayo,
  Mas la potentia de un rayo,
  Que en la mi nave cayó,
  Velas y entenas rompió
  Et levó todo el soslayo
  Cuanto en la tolda falló.

    Levóme los marineros
  Amados de mí sin arte,
  Otrosy la mayor parte
  De mis polidos aperos;
  Desclavóme los maderos
  Del goberno temperado,
  Dexóme desamparado
  En los disiertos más fieros
  De los mares engolfado.

    É las velas ya rompidas,
  Et la fusta descosida,
  La xarcia toda rompida,
  Las entenas esparçidas
  É las tablas corcomidas
  Del gusano de cuydados,
  Vi los másteles quebrados,
  Las bandas todas caydas,
  Los quartales derrocados.

    Á la hora mi sentimiento
  Turbado, si Dios me acorra,
  Abracéme con la sorra,
  Angustiado de lamento;
  Con terrible desatiento,
  Como rabioso trabado,
  Yo me vi medio anegado,
  Tornado ya syn aliento,
  Temblando como asogado.

    La sorra, que defendia
  Á mí de las aguas fondas,
  Quando llegaban las ondas,
  Sennor, toda se fundia;
  El cimiento ya cruxia
  É las tablas desmentian,
  Et los embates crescian,
  Los vientos con grand porfía
  Del mundo me desfasian.

    ¿Quién sufrió nunca dolor
  Ygual de aqueste pesar?
  ¿Quién gustó nunca manjar
  De tan amargo sabor?
  ¿Quién vió furia de amor
  Derrocar tan ympunable
  Fuerça syn amigable
  Quan yo non vi, sennor,
  Un miedo tan espantable?

    De aquesta pena mortal
  Aquexado syn defensa,
  Tormentado de mí piensa
  Del grand temor desygual;
  Fortuna descomunal,
  Por demostrarse quién es,
  Físome dar al traves
  En una playa de sal,
  Do me deslisan los piés.

    Lo qual, sennor, me destierra,
  De tal guisa me embaraça,
  Que las undas me dan caça,
  Los vientos me fasen guerra,
  Las montannas et la syerra
  Se me fasen desear,
  Fortuna non da lugar
  Que pueda tornar en tierra
  Nin me lançe de la mar.

    En esta pena padesçe,
  Rey poderoso, mi alma,
  Que nin la mar fase calma,
  Nin la playa me basteçe;
  Ante, Sennor, me aborresce
  Cada cual de ellas por sy,
  Y dando penas á mí
  El mi coraçon paresce
  En todo quanto escrebí.

    Yo, mirando como çio,
  Mientra más cuyto la boga,
  Que se rompe ya la soga
  Del más noble tiempo mio,
  Rey de summo poderío,
  Querria mudar de posta
  Navegando por la costa
  En otro firme navío,
  Do me valga de la osta.

    El qual tengo començado,
  Non de madera de roble,
  Mas de aquel cimiento noble
  Que en Espanna es fundado,
  Enpero, Sennor loado,
  De las tablas que sobran
  Nin de aquellas que se cobran
  Non puede ser acabado
  Sy uestras manos non obran.

    Porque os pido por merçed
  En merçed que me ayudeis,
  Defendays et ampereys
  Tras un grand firme pared;
  Porque los lasos y red
  Do la fortuna me guia
  Rompa vuestra sennoría,
  Mi Sennor; si non, sabed
  Que la playa se desvya.


_Fyn._

    Sy mi lengua desvaría
  Con la grand necessydat,
  La vuestra serenidat
  Perdone la culpa mia
  Con discrecion y bondat.



_DIEGO DEL CASTILLO._


    Nyn quieren morir mis males,
  Nin mis cuytas desyguales,
  Nin feneçen mis cuydados,
  Nin mis dias trabaiados
  Son ya ménos que mortales;
  Nin peresce mi passion,
  Nin mi grand tribulation,
  Nin se cansan mis enoios,
  Nin sosiegan los tus oios
  De llagar mi coraçon.

    Syempre reyna mi dolor
  Con cochillo matador,
  Syempre reynan mis cadenas
  Combatiendo con sus penas
  Á mí triste, syn favor;
  Siempre reyna más mi danno
  Et mi duelo tan extranno,
  Siempre reyna mi tormento
  Syn que cesse el pensamiento
  Del vençido por enganno.

    Vivo vive mi pesar
  Syn dar fin á mi llorar,
  Viva fallo la duresa
  Que retorna mi tristesa
  Al secreto sospirar;
  Vivas son mis tentationes
  Et las mis persecutiones,
  Vivas son mis muy rabiosas
  Rabias tanto congoxosas
  Para darme maledictiones.

    Non cessan mis espantables
  Dannos muy innumerables,
  Non se fartan de vivir
  El rabioso perseguir
  De mis cuytas ymmutables;
  Non perescen mis gemidos
  De dolor tan combatidos,
  Non sosyega mi deseo,
  Nin por quanto mal posseo
  Son mis dannos fenescidos.

    Temor me fuerça que fable
  De mi plaga yncogitable,
  La muerte que me convida
  Quiere que llore mi vida
  Sin remedio reparable;
  Por ende todos nascidos
  De mis males condolidos
  Quered tender las oreias
  Á mis cuytadas conseias,
  Por quien ciegan mis sentidos.

    De mi cuerpo vulnerado
  Do seso queda burlado
  Et memoria fallescida,
  Por la discrecion perdida
  Es el saber sepultado;
  Ca gemir nunca fallesçe
  Nin amargura peresçe,
  Ante son tales sus tiros,
  Que do faltan los sentidos
  Muy mayor cuyta recresçe.

    El que bien es fortunado,
  Al nasçer es libertado,
  El que nasçe syn temor
  De la conquista de amor
  Llamen bien aventurado;
  Que yo, triste, por nasçer,
  Se partió de mí plaser,
  Do dieron fin á mi gloria,
  Y de mís fuerças victoria,
  Á quien non quiere valer.

    En mi aflicta concepcion
  Fué criada perdicion,
  En mis dias abatidos
  Fueron males repartidos
  Syn haber contradicion;
  É perdí yo por mi fado
  El poder previllejado
  De mi franca libertad,
  Por servir con lealtad
  Do soy mal galardonado.

    Mis dolores son ya tantos
  Que non me valen mis llantos,
  Mi tristesa es tanto grande,
  Que por bien que yo demande,
  Se trasdoblan mis quebrantos;
  Nin m’aprovecha llorar,
  Nin gemir, nin solloçar,
  Ántes creo que el remedio
  De mis cuytas será medio
  Con la muerte despachar.

    Para fyn de tanto duelo
  Bien sería rasgar el velo
  De la guardada honestad,
  É mis voses con verdad
  Podian bien llegar al cielo;
  Mas virtud, que non consiente
  Un tal caso ser patente,
  Por me dar mayor corona,
  Ha sellado mi persona
  Con silencio de prudente.

    Si pocas veses se falla,
  Contesçer una batalla,
  Qual en mi caso presente,
  La pluma non asy siente
  Lo que mi dolor non calla.
  Ya que rason defensora
  Non resiste á vos, sennora,
  Ser la causa de mi fuego,
  Lo que público non niego,
  Sed vos dello sabidora.

    El cansançio de sofrir
  Vuestro duro combatir,
  Que non da fin á mi quexa,
  Non me suelta nin me dexa
  Passe mi mal por desir;
  Que vuestra fe tan estrecha
  M’a ferido con la flecha
  De llagada percussyon,
  É matado con visyon
  De una muerte tan estrecha.

    Non me quexo de la muerte
  En mí cabida por suerte,
  Nin me pesa porque muero,
  Mas por tanto como quiero
  Un extremo mal tan fuerte;
  Ca queriendo más me plase
  Un querer que tanto fase
  Ser á vos desconoscida
  Por la fyn en mi venida
  De que non vos satisfase.

    Sy desis que por ventura
  Esta mi grand lobregura
  Non vos deba ser servicio,
  Compensad el beneficio
  Con la pasada tristura;
  É luégo podrés ser vos
  Iusto iues de los dos,
  Do vereys yo ser fiel
  Y vos sola más cruel
  Sobre quantas fiso Dios.

    Quanto la fuerça es mayor
  De qualquier conquistador,
  Tanto es más honorosa
  La victoria gloriosa
  Del que queda vençedor;
  Mas vuestra cruel espada,
  De la tal gloria ganada
  Non fallándose contenta,
  En mis llagas acresienta
  Como quien non fase nada.

    La llave de vuestro nombre,
  Circundada con renombre
  De vuestras cuatro saetas,
  Tienen sus brasas secretas
  Donde más pienso ser hombre;
  Y si gracia non conviene
  Donde tanta parte tiene
  El principio de su guía,
  Es porque niega porfía
  Lo que grande fe sostiene.

    Quanto más fingis de sanna
  Y quereis iugar de manna
  Por ganar un tal tropheo,
  Tanto más vos está feo
  Que querays lo que vos danna;
  Bien que presumis de casta,
  La virtud non lo contrasta,
  Mas defiende gentilesa
  Un tal acto de cruesa,
  Donde resistir non basta.

    Si de qual que mal passado
  Para ser remunerado
  El seguir fase vencer,
  Luégo yo debo de ser
  Solamente coronado;
  Mayormente pues que sigo
  Un querer con que fatigo
  Mi persona, tan feroçe
  Cuyo mal non se conosce
  Por fallencia de testigo.

    De la vista peligrosa
  De vuestra cara fermosa
  Non penseys que me reclamo,
  Mas de tanto como llamo
  A la muerte vagorosa,
  La tardança de la qual
  Me demuestra por sennal
  Segund es profetisado,
  Morir yo desesperado
  Por ser vos descomunal.


_Última._

    Por ende mirad et ved
  Vuestro yerro, y conosced
  Quánto mal redunda dello,
  Y pensad sy por fasello
  Ganaréys mayor merçed;
  Pero más me maravillo
  Por ser vos un tal caudillo
  De beldat qual paresceys,
  Que cruelmente mateis
  Vuestro Diego del Castillo.



_MOSEN UGO._


    Diversas veses mirando
  Vuestro gesto agraciado,
  Me soy tanto enamorado,
  Que siempre vivo pensando;
  Pero quién n’os amará
  Contemplando la bellesa,
  Del todo ciego será,
  O en él non habitará
  Discrecion ni gentilesa.

    Ca singular, non comuna,
  Vos llama toda la gente,
  En virtudes excellente,
  De beldades la colupna;
  Pues non de maravillar
  Es, por mucho que vos ame,
  Nin lo debeys esquivar,
  Nin se debe de pensar
  Que en mi vida vos desame.

    Esto causa la rason,
  É á mí non me desplase,
  Ca todo lo satisfasse
  Vuestra mucha perfection;
  La qual, bien reconoscida,
  Es mejor por vos morir
  Que por las otras la vida
  Ser en palmas sostenida
  É para siempre vivir.

    Si non, desid, sy goseys,
  Quál sennora fiso Dios
  Tan perfecta como vos
  En quantas obras faseys;
  Et si desis la verdat,
  Segund que vos cognosceys,
  Non tan sólo de beldat,
  Mas en toda honestad
  Monarca vos llamaréys.

    Asy non es maravilla
  Que muchos grandes sennores
  Galanes et amadores
  Sean de vuestra quadrilla;
  Ca sy esto acontesce,
  Es porque vuestra persona
  Tiene por que lo meresçe,
  Segund ya claro paresçe,
  Sobre todas la corona.

    Por do se algo presume
  De mi flaco sentimiento,
  Es porque mi pensamiento
  En vuestra virtud consume;
  El qual por vos acatado,
  Lo fallarés non absente,
  Mas ya tanto allegado
  Et á mí tan obligado
  Que siempre me soys presente.

    Mas por non vos ser prolijo
  Cesaré, lo qual cessar
  Es diffícil de obrar
  Segund que vos soy afixo;
  Ca por léxos que me veo,
  Yo nunca de vos me parto,
  Nin otra gloria posseo,
  Synon por ver mi deseo
  En loor de vos non farto.

    Non por aquesto penseys
  Quiera de vos ser querido,
  Que sy digo lo debido,
  Non es quanto meresceys;
  Sólo os agradesçeré
  Que por vuestro me miredes
  Con tales oios, que seré
  El más constante que podré,
  Aunque la muerte me dedes.


_Fyn._.

    Nunca iamas cansaré
  De escriber lo que valés,
  Nin de os servir cessaré,
  La qual prueba dexaré
  Á las obras que verés.



_ÇAPATA._


    Quanto más pienso, cuytado,
  En las cosas que deseo,
  Todo siempre yo me veo
  Dellas muy más apartado.

    Apartado syn por qué
  Me veo de quien cobdicio,
  Non por mengua de servicio,
  Esto bien lo iuraré,
  Mas fáselo mi peccado,
  Que las cosas que deseo
  Todo syempre yo me veo
  Dellas muy mas apartado.



_IOHAN RODRIGUEZ DE LA CAMARA._


    Bien amar, leal servir,
  Cridar et desir mis penas,
  Es sembrar en las arenas,
  Ó en las ondas escrebir.

    Si tanto quanto serví
  Sembrára en la ribera,
  Tengo que reverdesciera
  Et diera fructo de sy;
  É áun, por verdat desir,
  Sy yo tanto escrebiera
  En la mar yo bien podiera
  Todas las ondas tennir.



_IOHAN RODRIGUEZ DE LA CAMARA._


    Sólo por ver á Macías
  É de amor me partir
  Yo me querria morir,
  Con tanto que resurgir
  Pudiese dende á tres dias.

    Mas luégo que resurgiese
  Quien me podria tener
  Que en mi mortaia non fuese,
  Lynda sennora, á te ver,
  Por ver qué planto farias,
  Sennora, ó qué reyr;
  Yo me querria morir
  Con tanto que resurgir
  Pudiese dende á tres dias.



_DIEGO ENRRIQUEZ._


    Dicen que fago folía,
  Mi sennora, en vos servir,
  Pues la peor parte es la mia
  Débenmelo consentir.

    Bien creo que es locura
  Amar et non ser amado,
  Mas segund Dios y ventura
  Naçe todo hombre fadado;
  Si de mí es ordenado
  Que vos syrva por tal via,
  Á lo ménos puedo desir
  Que la peor parte es la mia.



_IOHAN RODRIGUEZ DE LA CAMARA._


    Oh desvelada sandia,
  Loca mujer que atendí,
  Desias verné á ty,
  É partistes por tal via,
  Deseo sea tu guía.

    Por pena, quando fablares
  Iamas ninguno te crea,
  Quantos caminos fallares
  Te vuelvan á Basilea;
  Vayan en tu compannía
  Coytas, dolor et cuydados,
  Fuyan de tí los poblados,
  Reposo et alegría,
  Claridat et lus del dia.

    El troton que cabalgares
  Quede en el primer villaie,
  Las puentes por do passares
  Quiebren contigo al passaie;
  É por más lealtad mia
  Penes, non debas morir
  Sy otro cuydas servir
  Á la hora yo querria
  Ver la tu postrimería.

    En tiempo de los calores
  Fúyante sombras et rios,
  Ayres, aguas et frescores,
  Sol et fuego, et grandes frios
  Tristesa et malenconía
  Sean todos tus maniares
  Fasta que aquí tornares
  Cridando merçed, valía.


_Respuesta._

    Vive leda si podrás,
  É non penes atendiendo
  Que segund peno partiendo,
  Non espero que iamas
  Te veré nin me verás.

    ¡Oh dolorosa partida!
  Triste amador, que pido
  Licencia et me despido
  De tu vista et de mi vida;
  El trabajo perderás
  En haber de mí más cura
  Que segund mi grand tristura
  Non espero que jamas
  Te veré nin me verás.



_DESIR DE MOXICA._


    ¿Soys vos, desid, amigo?
  —¿Y quién, sennora?
  —Un hombre que fasta agora
  Syempre tovo ley comigo.

    —En verdat, sennora, no,
  Nunca conoscí tal hombre,
  Mas desir vos he mi nombre,
  É quiçá podré ser yo.

    —Ea pues, desid, sennor.
  Ay vengo,
  El propio nombre que tengo
  Es favor de mucha tristor,
  Éste fué por mi ventura,
  Éste es por pena mia,
  Éste sará todavía
  Fasta nuestra sepultura.

    —Pues desid, asy goseys.
  —Sennora ¿qué?
  —¿Soes vos á buena fe?
  Que mucho lo pareçeys.
  —Sennora, bien puede ser
  Que le paresca algund tanto,
  Mas sería mortal espanto
  Poderlo bien paresçer.

    —Sí, par Dios, que yo vos vi.
  —¿Sennora dó?
  —Con amor quando llegó
  Encubiertamente aquí.
  —En verdat, sennora, vos iuro
  Que bien sabeis certidumbre
  Que nunca fué mi costumbre
  De seguir amor, nin curo.

    —Pues veo que muchos lo aman.
  —Verdat es,
  Pero todos los vereys,
  Esos que suyos se llaman,
  Muy más tristes que gososos,
  Ménos ledos que pagados,
  Más perdidos que ganados,
  De su bien todos quexosos.

    —Porque quereys desir mal.
  —¿De quién?
  —De amor, si vos fiso bien.
  —En verdat nin comunal,
  Maguer su fama sea buena
  El non se enpacha desarte,
  Es un cruel que reparte,
  Sin merescimiento, pena.

    —Luego mal lo conosceys.
  —Meior que á mí,
  Que ya por él me perdí
  Et desirvos he quién es;
  Amor es, mirad aqua,
  Una animosa afection
  Que nasce del coraçon
  É largos trabaios da.

    —Maravíllome de vos
  De que pensat
  Amor ser tal vanidat
  Que de lieve plase á Dios.
  —Salvo si de claro amor
  Qualquier ama sola una,
  Á fin de órden comuna
  Tal propósito es meior.

    —¿En qué manera desis?
  —En ésta;
  Que si vos la vida honesta
  Del más cierto amor seguis,
  Vivirés loada vida,
  Honrada de las del mundo,
  Acrescentaréys lo segundo,
  Nuestra firme ley complida.

    —¿Y tantos amores son?
  —Yo lo diré,
  Mas dubdo si sabré
  Dar cierta declaracion;
  Amor rige tres estados,
  El primero, celestial,
  El segundo, temporal,
  El tercero, de los casados.

    Pues declarado el primiero,
  Hay notado,
  Cómo en la divinidat
  Es el amor verdadero;
  El segundo es este trato
  Que quiere la iuventud,
  Donde mengua la salud
  É la persona en chico rato.

    —Desid del segund amor,
  Que me plase.
  —Sabed que non satisfase
  Á ningund su seruidor,
  De trabaio en que lo vea,
  Ménos de pena que sienta,
  Esto me pone en afruenta
  Que sus falsas artes crea.

    —¿El tercero que olvidastes?
  —Dicho es;
  En la copla lo veréys
  Setena si bien notastes,
  Allí se fase mencion
  Del más poderoso amor,
  Allí se puede salvar
  Como en otra religion.

    —Dexad eso et vengamos.
  —¿Á qué, sennora?
  —Al hombre que se demora,
  Cuya fabla començamos,
  Si dél me sabeys desir
  Agora de muerto ó vivo,
  Que en perder leal cativo
  Es perdido buen servir.

    Por lo qual, si vos pluguiese,
  Mandat
  Que fuesse vuestra bondat
  De faser que paresciesse.
  —Par Dios, sennora, sy puedo,
  Mucho me plase por cierto
  De lo traer vivo ó muerto
  É que lo veades çedo.

    —¿Será asy que lo traerés?
  —Sennora, sy,
  Que á mi paresçer yo oy
  Desir deste hombre dó es;
  Mas habeys de declarar
  Quánto há que se perdió,
  Porque vaya cierto yo
  Do lo entiendo de fallar.

    ¿Desque amor dieron guerra
  Es perdido?
  —Sy, amigo, asy es sabido.
  —Mas sabed que en esta tierra
  Es hombre por su contrario
  En se querer demostrar,
  Amor lo manda matar
  Et es de amor solitario.

    —¿Cómo puede eso ser?
  —Como digo,
  Que amor non busca testigo
  Quando ha de paresçer,
  Ante mata occultamente
  É nunca salva ninguno
  Por estilo ymportuno,
  Syn fyn, medio, nyn presente.

    —Ay amigo, non creays.
  —Y porque non crea
  Su persona ser tan rea
  Que murió como cuydades,
  Ántes fallaréys ser preso
  Que non muerto por querella,
  Cativo sobre mar bella
  Do non basta largo seso.

    —Por ser vuestra voluntad
  Á tanto detinimiento,
  Soy á vuestro mandamiento
  Con fyusa á lo probar,
  Eso mesmo fased vos.
  —Sennora, de mí creed,
  Ora con vuestra merced.
  —Vades, amigo, con Dios.



_IOHAN DE MEDINA._


    Alegre del que vos viesse
  Un dia tan plasentera
  Á que desir vos pluguiesse:
  ¿Hay alguno que me quiera?
  É ninguno vos quisiesse.

    Malquisto de vos et quanto
  Pasó la disierta via,
  Amadores con espanto
  Fuyen de mi compannía;
  Tal querer vos requeriese
  De mandar syn más espera
  De amores que vos valiese
  Et yo, triste, como quiera,
  Sennora, que vos valiese.



_ARIAS DE BUSTO._


    El que tanto vos desea,
  Pues que non vos puede ver,
  Una letra vuestra vea.

    Por la qual pueda saber
  Cómo está vuestra merced;
  Que ciertamente creed
  Que me fará grand plaser
  É vuestra bondad provea,
  Ya que non puede ál ser,
  Una letra vuestra sea.

    Si vuestra merced escribe
  Escribidme cómo os va,
  Que el triste que absente está
  En terribles dubdas vive;
  Pero, como quier que sea,
  Pues lo podeis bien faser,
  Una letra vuestra vea.



_DESIR DE UNO APASSIONADO._


    Si por negra vestidura
  Es, sennor, que non vos vea,
  ¿Quál fué nunca mi librea,
  Salvo negra vestidura?
  En pascua, solaz, et fiesta,
  En el goso desplaser.
  Siempre fué mi color ésta,
  Negro vestir et traer.

    Porque mi dicha fué negra,
  É yo sin ventura más,
  Mi fiesta viene detras,
  Ninguna pascua me alegra;
  Donde plaser sé que fasen,
  Syn plaser fuyo de allí,
  Pocos plaseres me plasen
  Fuyendo plaser de mí.

    Ninguno non sabe tanto
  Dello, triste, como yo,
  Pues tristesa me cobrió
  Aquel su pesado manto;
  Deleyte me quiere ver,
  Mi tristura non lo dexa,
  Por pesar dexo plaser,
  Et contento tengo quexa.

    Iusto es, vista mi vida
  De tanta contrariedat,
  Conformar la voluntad
  Con la tristesa complida;
  Tomando de negro carga,
  E cargado de sofrir,
  Sufriendo tal vida amarga,
  Dulçura será morir.

    Yo, sennores, he buscado
  Tanto tiempo su posada,
  Que en verdad ya soy cansado,
  Et non sé dó es apartada;
  Á qualquier parte que siga
  Nunca me dexa pobresa,
  Asy gose de su amiga
  Donde mora aquí franquesa.

    Aquesta noble virtud
  ¿Quién sabe dó es agora?
  Asy Dios le dé salud,
  Que me diga dónde mora;
  Que es mortal enemiga
  Su contraria escassesa,
  Asy gose de su amiga
  Donde mora aquí franquesa,


_Fyn._

    Los trabaios et fatiga
  Non se pierden por peresa;
  Á osadas, Dios me maldiga,
  Si trasgreo con riquesa.



_IOHANN DE VILLALPANDO._


    Todo el mundo he trastornado,
  Mas nunca pude fallar,
  Gutierre, con grand cuydado
  Franquesa, que andays buscar.

    Siete annos puede haber
  Que de Castilla partí,
  Solamente por veer
  Franquesa, que nunca vi;
  Con la pobreza he topado
  Muchas veses sin dubdar,
  Gutierre, con grand cuydado
  Franquesa, que andays buscar.

    Sennor Gutierre de Arguello,
  Fuerte empresa habeys tomado,
  Á mí mucho pesa dello,
  Mas pasad como he pasado,
  Tanto tiempo que he buscado
  Esa virtud syngular,
  Gutierre, con grand cuydado,
  Franquesa, que andays buscar.

    Tambien quiero que sepades
  Otra cosa que busqué,
  Gentilesa, mas creades
  Que tampoco la fallé:
  Buscándola soy barbado
  Con muy terrible pesar,
  Gutierre, con grand cuydado
  Franquesa, que andays buscar.


_Fyn._

    Tal consejo vos daré,
  Sy lo querédes tomar,
  Que dexeys por vuestra fe
  Franquesa, que andays buscar.



_MOSEN REBELLAS._


    En Castilla es proesa,
  Franquesa, bondat, mesura,
  En los sennores larguesa,
  En donas grand fermosura.

    Pues franquesa es sennora
  De muchas otras bondades;
  Allí es habitadora,
  Acá por demas andades;
  Con bondat et con noblesa
  Allí es do más atura
  En los sennores larguesa,
  En donas grand fermosura.

    Que en estas partes, sennor,
  Há grand tiempo que non viene,
  Que de fama et de honor
  Siempre su carrera tiene;
  Con ella vive ardidesa,
  Discrecion, desenvoltura,
  En los sennores larguesa,
  En damas grand fermosura.


_Fyn._

    Allí verédes destresa,
  Andar con buena ventura,
  Donde gracia et noblesa
  Me sacaron de cordura.



_IOHAN DE DUENNAS._


    La franquesa muy extranna
  Que buscays por empresa,
  Un muy noble rey de Espanna
  Disen que la tiene presa.

    Disen que la quiere tanto,
  Que por faserle plaser,
  Éste es un mortal espanto
  Lo que da y echa á perder;
  Et la virtud do se banna
  Franquesa, de amor encesa,
  Un muy noble rey de Espanna
  Disen que la tiene presa.

    Disen que tiene tambien
  Gosos, plaseres et guerra,
  Et victoria contra quien
  Tomar quiere de su tierra;
  É la valiente companna
  Que asy la tiene defesa,
  Un muy noble rey de Espanna
  Disen que la tiene presa.


_Fyn._

    De vuestra pena tamanna,
  Sy Dios me ayude, me pesa,
  Mas, amigos, á muchos danna
  Por arrear pobre mesa.



_PREGUNTA DE IOHAN DE TORRES_

Á IOHAN DE PADILLA.


    Non sabes, Iohan de Padilla,
  Sennor, qué me acontesció:
  Antayer venía yo
  Por defuera de la villa
  En un troton caballero,
  Un escudero comigo,
  El qual puede ser testigo
  Desto que desir vos quiero.

    Vi asentado en un lusillo
  Al amor, cuio mandado
  Fesistes et yo cuytado,
  Triste, flacco et amarillo;
  Mas asy vea plaser
  De quien servir me mandó,
  Que fasta que me fabló
  Non lo pude conoscer.

    Mas desque lo conocí
  É tan triste lo vi estar,
  Ove terrible pesar,
  Assy Dios sea por mí;
  Pregunté lo que fasia,
  Díxome que allí se estaba,
  Que en la villa non fallaba
  Quien acogerlo queria.

    Yo fuy maravillado
  De aquello que me disia,
  Preguntéle sy habia
  Al grand palacio llegado;
  Respondióme: allá soy ydo,
  Donde el rey me pudo ver,
  Mas quiso dar á entender
  Que non me habia conoscido.

    Dixo: á casa del Condestable
  Só ydo muchas vegadas,
  Fallé las puertas cerradas,
  Solamente quien me fable
  Nin me responda non fallo;
  Ved sy es grand amargura,
  Veiendo mi mala ventura
  Baxo mis oyos et callo.

    Tambien dis á la posada
  De Iohan de Silva que fuera,
  É que en breve le dixera
  Tal razon non muy limada;
  Sennor, bien sabeys quién soy.
  ¿Puedo en vos fallar abrigo?
  Dixo: andat, andat, amigo,
  Tempo fué que se pasó.

    Tambien cuenta que llegára
  Donde vos posays, sennor,
  Pero sy fué con dolor
  Trasdoblado lo tornára;
  Viendo en vos tal mudamiento,
  Que non vos osó fablar,
  Non pensando de fallar
  En vos buen acogimiento.

    Desque le vi tan aterido
  É llorar tan bravamente,
  Trabaié que de presente
  Pudiese ser acorrido;
  Levélo comigo luégo,
  Pensé de le complaser
  Fasiéndole luégo ser
  Asentado tras el fuego.

    Allí le fise saber
  Quánto trabajo sofrí
  Despues que lo conoscí,
  Syn iamas yerto faser;
  Respondió: todo tu danno
  Yo mucho trabaiaria
  Por tornarlo en alegría
  Saliendo de cabo d’anno.


_Respuesta._

    Iohan sennor, yo la fablilla
  Leí que te acontesció,
  De lo qual á mí tomó
  Muy grand rysa á maravilla;
  Mas por muy mucho dinero
  Non quisiera yo, te digo,
  Que se fuera el enemigo
  Sin probar el repostero.

    De cómo estaria sensillo
  Syento yo grand gasaiado,
  Quanto más sy en el costado
  Le feria garsagannillo;
  Aquí se puede poner
  Un exiemplo que oy yo,
  Que quien á lobos mató,
  Lobos lo habian de comer.

    Maravíllome de ty,
  Pues sabías su mal usar
  É quánto mal fué tractar
  Á otros et á tí et á mí;
  Qual coraçon te sofria
  De escuchar lo que fablaba.
  Al traydor que á la cava
  Echó á quien lo servia.

    Dises que por muy burlado
  Del sennor rey se tenía
  Por haberle por tal vía
  Visto et dissimulado;
  Non dubdo ántes comido
  De lo él asy faser,
  Que segund mi entender,
  Bien tien el pan partido.

    Pues el Conde favorable
  Non le fué, te digo, á osadas,
  Que de quantas sofrenadas
  Rescibió soy agradable;
  Corrámoslo como á gallo
  El que non ovo mesura
  De poner tanta tristura
  Como hay por su contrallo.

    Dises que non falló nada
  En mi primo, aunque lo viera
  Ya del todo va defuera
  Pues allí non hobo entrada;
  Mas sy él lo conosció,
  Lo qual yo non contradigo,
  Calla callando me obligo,
  Que alguna ves lo burló.

    Mas sy yo lo barruntára
  Quando á mí vino el traydor,
  Yo l’fisiera tal honor
  Que á cuestas lo levára;
  Aunque ayunára el aviento
  Yo te digo syn dubdar
  Quel fisiera sorrabar
  De los perros más de çiento.

    Muy grand yerro conoscido
  Es faser bien al que miente,
  Que estos tales ciertamente
  Con mal fasen buen partido;
  Por ende, sennor, te ruego
  Que lo dexes padescer,
  Que con mal condescender
  Á bien lo farémos luégo.

    Non cures de lo creer,
  Que yo porque lo crey
  Quanto bien habia en mí
  Perdí et todo plaser;
  Mas mi mal fué tan extranno,
  Que todo el mundo desia
  Que non era el que solia,
  Nin podia ser tal enganno.



_SUERO DE RIBERA._


    Gentil sennor de Centellas,
  Ved qué porfía sostengo:
  Muchos disen por do vengo,
  Si vi tan fermosas bellas
  Como las napoletanas;
  Yo respóndoles que sy,
  Salvo seys damas que vi
  En bellesa soberanas.

    Las quales, sy Dios me vala,
  Su beldat mucho floresce,
  Ya sea que me paresce
  Saber muy poco de galla;
  Tal gracia, de grado dada,
  Quier en duenna ó donsella,
  Faserla dos tantos bella
  Atrativa deseada.

    Si bien soy mal inventivo
  En la materia presente,
  Fablaré summariamente
  Claro, non comparativo,
  Tocando de cada una
  Non largando la hystoria,
  Segund mi flaca memoria
  Por arte llana conmuna.

    La primera, generosa
  En grado superiora,
  Es una noble sennora,
  Condessa muy virtuosa;
  De Derno entitulada,
  Que por la faser meior,
  Dotóla nuestro sennor
  Bueno con buena casada.

    Por muy excellente modo
  Vi otra fermosa dama,
  Que de Gatula se llama,
  Primera de todas en todo;
  De sus pompas et nivel
  Se faria larga suma,
  Pero detengo la pluma
  Por non tocar al papel.

    Syn más quedar en olvido
  Valor que tanto se precia,
  Es la fermosa Lucrecia
  Del gentil seie de nido;
  Donsella de grand valía,
  En extremo syngular,
  Por quien disen el cantar:
  Para mí me la querria.

    Del sege de Capuana
  Vi Camilla graciosa,
  Que resplendece fermosa
  Más que estrella de Diana;
  El Sennor muy soberano,
  Mostrando su grand poder,
  Las otras mandó faser,
  Y ésta fiso por su mano.

    En este sege nombrado
  Vi otra Lucrecia plasiente,
  Donsella bien paresciente
  En superlativo grado;
  Compassada su bellesa,
  Segund el mi parescer,
  Bien creo que debe ser
  Tesoro de gentilesa.

    Minutela Margarida,
  Mujer de mossen Gallarte,
  Non debe quedar aparte
  De fermosura escondida;
  Á quien juzgaron las fadas
  Por sentencia verdadera
  Que non fuese postrimera
  De las fermosas loadas.

    Tornando, mosen Françes,
  Á mi porfía primera,
  Pues ya vedes la manera,
  Respondedme si queres;
  Dexando toda favor,
  Presentandos por testigo,
  Destas sennoras que digo
  Quál vos paresce meior.



_DIEGO DE VALERA._


    Adios, mi libertad,
  Y otrosy vos, alegría
  Que dolor et soledat
  Seguirán mi compannía.

    Pero doquier que vayays,
  Habed memoria, vos ruego,
  De mí, que solo dexays
  En vivas llamas de fuego;
  Y solamente pensad
  En seguir ya vuestra via,
  Que dolor y soledat
  Seguirán mi compannía.

    Aquestos mi iuventud
  Finarán por mi ventura,
  Sin defensa de virtud
  Serán de mí sepultura;
  Pues agora caminad,
  Sea Dios en vuestra guía,
  Que dolor y soledat
  Seguirán mi compannía.



_EL PLANTO QUE FISO LA PANTASILEA._


    Yo sola membrança sea
  Enxemplo á todas personas,
  La triste Pantasilea,
  Reina de las Amasonas;
  Ector, que gloria possea,
  Amé por donde muriese
  El triste que amar desea
  y á mi planto el fin hobiese.

    Sola yo reina amasona
  Nascí porque amar debiese
  Ector más que otra persona
  Cuytada que nunca lo viese;
  Sola yo la mal fadada
  Quiso amor que fenesciese
  Amando, et non fuse amada,
  Nin quien ame conosciese.

    Por fama fuy enamorada
  Del que non vi en mi vida,
  Por armas vencí, cuitada,
  É fuí por fama vencida.
  Yo vengué la reina Ortía
  De Hércules et Minelyda,
  Domé la gente de Syria,
  Salvaie, ensoberbeçida.

    Di vengança de Theseo
  Á Hypólito, ofendida,
  Vencí al rey Oriseo,
  Cobré la Syria perdida;
  En historias quantas leo
  Non fallé quien me venciesse,
  Salvo amor et buen deseo
  De un solo que bien quisiesse.

    Sentiendo por quien moria
  La cruel guerra en que fuese,
  Partí de mi sennoría
  Valer lo que me valiese;
  Fasiendo la luenga vía
  Contra las partes de Frigia,
  Las buelfas mortal feria
  En el desierto de Libia.

    Los alárabes combatia,
  Vencí los fuertes serenios,
  Gané por donde venia
  Fasta los montes armenios;
  Caminando en claro dia,
  Deseo que me guiaba,
  Vi Troya do parescia
  É sus torres demostraba.

    ¡Quánta fué mi alegría!
  ¡Quánto va del que bien ama!
  Cada paso que movia
  Plaser se me acrescentaba;
  Vi la grand caballería
  É gente muy ordenada
  De los griegos, que movia
  Por me vedar la entrada.

    Á las horas yo sandia
  Por ver el que deseaba,
  Qué fechos de armas fasía
  Et de qué són peleaba;
  Ya el sol se retraya
  É la hueste bien reglada,
  Quando amor et su valía
  Les ganamos la iornada.

    Yo venciendo, que temia,
  Siempre teme quien bien ama,
  Que en tal són non plaseria
  Al poseedor de la fama;
  Perlas, oro, febrería
  Vesti á la puerta timblea,
  Verde y blanco chapería
  Mis doncellas por librea.

    Con qué honor me rescebia
  Priamo, rey soberano,
  Duques que non conoscia,
  Reys et pueblo troyano;
  Ector sólo fallesçia,
  Sin pena gloria alguna,
  Quando reynar attendia,
  La rueda volvió fortuna.

    Saliendo á rescebirme
  El buen rey et su companna,
  Non pudo encobrirme
  Su dolor et quexa tamanna;
  Sospirando en le decir
  Por ver el que bien queria,
  Respondióme tu plaser
  Hoy fenesce en este dia.

    Seiendo alegre et plasentera
  Con el gesto que esperaba,
  De Ector que muerto era
  Á mí la nueva llegaba.
  ¡Oh, maldita sea la fada
  Cuytada que me fadó!
  ¡Oh madre desaventurada
  La que tal fija parió!

    Amasona, reina triste,
  Del dios de Amor maltractada,
  En fuerte punto nasciste
  O en alguna hora menguada,
  ¡Oh triste! meior me fuera
  Que nunca fuera nascida;
  A lo ménos non oviera
  La muerte tan conoscida.

    Cuytada, triste seyendo,
  En mi fortuna pensando;
  Mis cuytas dolor planniendo
  Con dios de Amor razonando;
  Vénus seguiendo tu estoria,
  En mi danno consentiendo,
  Hasme levado la gloria
  De amores que non entiendo.

    Vénus de tanto servicio
  Que te fiçe atribulada,
  De oracion et sacrificio
  ¿Que galardon es sacada?
  ¡Oh triste yo sin ventura,
  Un amor tan deseado
  La muerte, que non se cura,
  Habérmelo así levado!

    ¡Maldito sea aquel dia,
  Archíles, en que naciste!
  Buen Ector, ¿qué te fasia,
  Que tanto mal le fasiste?
  Oh reina, ¿dó tu gemido
  Tu sospiro et tu quebranto?
  Coraçon endurescido,
  ¿Cómo non mueres de espanto?

    Sennor, mientra tú viviste,
  De mí fuiste bien amado;
  Agora, pues feneciste,
  Nunca serás oluidado,
  El buen Ector enterrado
  Donde quiera que estoviere,
  De mí será acompannado
  Cuytada mientra viviere.

    ¡Oh reina desconsolada!
  Sé que me pueden llamar
  La más triste apasionada
  De cuantas saben amar.
  E aquellas que non te amaron,
  Sennor, como yo te amé,
  De sola viste goçaron
  ¡Mesquina! que non goçé.

    Bien escura fué mi suerte,
  Mi quebranto et mi dolor,
  Non debe refusar muerte
  La que pierde tal sennor;
  A mis cuytas remediaba
  Cuydando que resurgia;
  Mas cuando bien lo miraba
  Mayor planto et cuyta habia.

    Ya el dia fallescia
  Et la noche se açercaba,
  Mi alma se escurescia
  É mi placer se apocaba
  Porque partir me fasian
  Donde el buen Ector estaba,
  Mis dolores más crecian
  Et mi placer se apocaba.


_Fyn._

    De la grand pena que habia,
  Lo más que me consolaba
  Era que presto morria,
  Segund el mal que pasaba.



_ALFONSO ENRIQUEZ._

_Testamento suyo._


    En el nombre de Dios de Amor
  Público et notorio sea
  Como tan claro se vea
  El mundo fallescedor;
  Que syn fuerça et sin requeste,
  Con todo mi sentimiento,
  Ordeno mi testamento,
  Del qual su thenor es éste.

    Dó á amor primieramente
  Mi alma, que faga della,
  Blanca, negra, fea ó bella
  Como le será plasciente;
  Quanto bien fis fasta agora
  Et fare en quanto viviere,
  Si lo rescebir quisiere
  Dolo todo á mi sennora.

    Dole más quanto duráre
  Vivo el mi cuerpo todo,
  Que faga del á su modo
  Como se más contentare;
  É yo muerta mi persona,
  Le dexo procurador
  Al muy honrado sennor,
  Arzobispo de Lixbona.

    Al qual en merçed pido
  Con voluntad afincada
  É dexola recomendada
  Por quanto lo he servido;
  Et sea mi testamentario,
  É faga ó mande faser,
  Que sin nada fallesçer
  Se cumpla mi inventario.

    Ordeno mi testamento
  Ser fecho et obrado,
  El qual desque acabado
  Segun mi ordenamiento,
  Sy otro tal se falláre,
  Mandóme luégo quemar,
  Faser polvos, et aventar
  Quando más çerco ventáre.

    Sea de la sepultura
  La noble donna Theresa,
  Vestida como françesa
  La somera cobertura;
  Un laud bien encordado,
  Desligados sus cabellos,
  Pos endecha los trebellos
  Cantando bien acordado.

    Porque sea más apuesta,
  Sea la diestra pared,
  Elvira por su merçed
  Cantando la cancion esta:
  Poderoso amor, loado
  De tí haya perdonança,
  Pues veo que fis errança
  En te ser desmesurado.

    La otra parte será
  La diestra Mariguillem,
  Por la cual creo tambien
  Que se ennoblescerá,
  El monumento tal cosa;
  Cantando en són de planto,
  Ya sennora fasta cuándo,
  La fas un poco lorosa.

    Sea la cabeçera
  La Clara muy especial,
  Con gesto muy cordial,
  Cantando en esta manera:
  Amor cruel et brioso,
  Mal haya la tu altesa,
  Pues non fases ygualesa
  Seyendo tan poderoso.

    Et sea la fija del alma,
  Leonor, toda vestida
  De negro, muy dolorida,
  Á los piés, como quien llama,
  Donna Beatris, sennora,
  Disiendo: Venid, verés
  El que tanto bien querés,
  Ved en qué posada mora.

    Del sepulcro tan honrrado
  Quiero que sea lusillo,
  La sennora de Vadillo
  Cantando muy mesurado:
  Todas passa en fermosura
  La que dixo ende mal,
  Adios, adios, Portugal,
  Partir me será cordura.

    Entiérreme muy apriessa,
  Envuelto en un cendal doble,
  En la posada muy noble
  De la sennora condesa;
  Á los piés de su altar,
  Si por ello algo quisiere,
  Denle cuanto yo tuviere
  Fasta nada non quedar.


_Fyn._

    Si lo mio non bastáre,
  Mis tios, ambos á dos,
  Fasta lo pedir por Dios
  Dénle quanto demandáre.



_ÇAPATA._


    Pues que fuistes la primera
  De quien yo me cativé,
  Desde aquí vos dó mi fe
  Que serés la postrimera.

    Sennora, vuestra beldat
  Me fiso ser amador
  É me puso en voluntad
  De ser vuestro servidor.
  Por lo qual fasta que muera,
  Pues que á vos primero amé,
  Desde aquí vos dó mi fe
  Que serés la postrimera.

    Quien quisiese al buscar
  De meior non fallaria,
  El trabaio de cercar
  Cierto es que perderia;
  É pues tal es mi manera
  De tener donde trabé,
  Desde aquí vos dó mi fe
  Que serés la postrimera.



_LOPE DE STÚÑIGA._


    Sennora, grand sinrason
  Me feçistes en buena fe,
  Condennarme syn por qué.

    Todo hombre se enamora
  Á fin de ser amado;
  É por ser yo enamorado,
  Vos amé á vos, sennora,
  Et segund paresce agora,
  Aunque yo vos de mí,
  Condenaysme sin por qué.

    Ruego á los amadores
  Que aman syn ser amados,
  Que syentan los mis cuydados
  É plangan los mis dolores;
  Pues saben que son amores
  Que syempre mudan la fe
  É condenan syn por qué.


_Fyn._

    Vuestra muy linda figura
  Yo siempre desearé,
  Pues de vos me cativé.



_MACÍAS._


    El gentil ninno Narciso,
  En una fuente gayado,
  De sy mismo enamorado,
  Muy esquiva muerte priso;
  Sennora de alegre riso
  É gracioso lindo brío,
  Á mirar fuente nin rio
  Non se atreva vuestro viso.

    Engannaron sotilmente
  Con ymaginacion loca,
  Fermosura y edat poca
  Al ninno bien paresciente.
  Estrella resplandesciente,
  Mirad bien estas dos vias,
  Pues beldat y pocos dias
  Cada qual en vos se siente.

    Prados, verduras et flores
  Otorgo que las miredes,
  Otrosí que escuchedes
  Dulçes canticas de amores.
  Mas por sol nin por calores
  Tal cobdicia non vos ciegue,
  Vuestra vista siempre niegue
  Las fuentes et sus dulçores.


_Fyn._

    Deseando vuestra vida,
  Áun vos dó otro conseio:
  Que non se mire en espeio
  Vuestra fas clara, garrida;
  Que sabed que la partida
  Sería dende tanto fuerte,
  Que non vos fuese la muerte
  De Narciso repetida.



_VILLALOBOS._


    Pues me fallesció ventura
  En el tiempo del plaser,
  Ya no espero haber folgura,
  Mas por syempre entristeçer.
  Tormentado con tristura
  Llamaré, orad por mí,
  Deus meus, hely, hely,
  Lamaçabacthani.

    Quien mis cuitas entendiese,
  É mi pesar et quebranto,
  Et de mí se adolesciese,
  Faria comigo llanto.
  Quanto más si bien supiese
  Tanto bien como perdí,
  Deus meus, hely, hely,
  Hely lamaçabacthani.



_RODRIGO DE TORRES._


    Qualquiera que me toviere,
  Sennores, pues me perdí,
  Déme y tome de mí
  Falladgo qual le pluguiere.

    Por amar tan grand tormento
  Con mí cuydados me dó,
  Que non sé dónde me estó.
  Tanto es mi desatiento.
  Quien de mí algo supiere,
  Si nunca se vea assy,
  Déme y tome de mí
  Falladgo qual le pluguiere.

    Quien falló á mí cuytado
  Tenga por bien que me dé;
  Si non, sepa quel seré
  Por de furto demandado.
  Amigos, el que temiere
  Aqueste pregon de mí,
  Déme y tome de mí
  Falladgo qual le pluguiere.



_Á LA CONDESA DE ADERNO, IOHAN DE ANDUJAR._


    Deesas preciosas Calíope et Pálas,
  Mostrando vestra inmensa potencia,
  Fased al ingenio mio las alas,
  Algun tanto agudas, de vuestra influençia;
  Asy que yo pueda con grand reverencia
  De aquesta segunda Diana escrebir
  Las claras virtudes é limpio vivir,
  La grand fermosura, la bella presençia.

    La qual de la casa de sancto sobrino
  Es el principio de sus propios genos
  Su noble marido á ella condino
  De los Moncadas notables, serenos;
  Non Penélope, nin Ysifle ménos,
  Non la prudente castíssima Argía
  Tovieron guardados con tanta porfía
  Sus inmaculados limpíssimos senos.

    Puede Fortuna los bienes mundanos
  Dar et quitar segund su plaser;
  Pero las virtudes non son en sus manos
  Nin dellas vos pudo desnuda faser;
  Nunca dirán en vos conoscer
  Modos nin actos que fuesen blasfemados,
  Si bien morales, los quales formados
  Suelen las duennas prudentes haber.

    Tenes syn un sy muy grand fermosura,
  Con habitud de clara bondat,
  Gesto, donayre, gracia et mesura,
  Con perfection de vera honestad;
  Modestia, temperança sin reguridad,
  Qual se requiere á vuestra noblesa,
  Por uso comun con grand gentilesa
  Regis vuestras fablas con moralidat.

    Sennora Condesa, en vuestras faciones
  En el gesto pulcro con grande armonía
  Muestra haber fecho por sus proporciones
  El última fuerça sotil simetría;
  Las estrellas potentes la grand gerarchía
  Con los elementos mostraron la prueba
  Del su grand poder, fasiéndovos nueva
  Sobre las otras que el mundo nos cria.

    Asy, pues que tanto vos fiso compuesta
  Por gracia çeleste el vestro planeta,
  É sobre las damas modestas, modesta,
  En grand perfection prudente, discreta,
  No bastaria Homero poeta,
  Syn ser ayudado de gracia divina
  Á vuestros loores que humana doctrina
  Non es en tal casa del todo perfecta.

    El Iove potente, que el mundo gobierna,
  Et ha con grand cura los cielos regido,
  É fiso la clara lumbrosa lucerna
  Que ha de la noche el dia partido,
  Vos guarde et conserve con vuestro marido
  En gracia del alta real majestad,
  Porque luengos tiempos en feliçidat
  Loés el su sancto nombre temido.


_Fyn._

    El ninno Feronte, sin seso regido,
  Tomó grande empresa con simplicidat,
  Así yo, illustra sennora, vos pido
  Que me perdoneys con humanidat.



_FERNANDO DE LA TORRE_

_Á DON LADRON DE GUEVARA,_

_porque su mujer es una muy galana dama._


    Mirad qué grande question
  Concluida en dos rasones,
  El marido ser ladron
  Y ella roba coraçones;
  Entramos de grand valía,
  Mirad qué vos digo agora,
  Un ladron con robadora
  Tienen fecha compannía.



_IOHAN DE TAPIA._


    Trabaios que me matays,
  Cuydado et graves tormentos
  Con pesares,
  Congoxas, non me dexays
  Et desplaseres destientos
  Á millares;
  Fatigas, llantos, sospiros,
  Gemidos, tribulaciones,
  Desventuras,
  Passiones fasen sus tiros
  Con tantas malediciones
  Con tristura.

    Guerras, muertes et feridas,
  Plagas, temores et males,
  Con enoios,
  Las mis penas conoscidas
  Desfavores desiguales
  Á mis oios;
  Sannas, desastres, caydas,
  Grandes estimulaciones
  Con dolores,
  Mansillas tan desabidas
  Me trahen persecuciones
  Con temores.

    Ya vienen los maleficios
  Con las desesperaciones
  Dando gritos,
  Á cuyas con los indicios
  Con grandes lamentaciones
  En escriptos;
  Con la sententia ya dada
  Que aquestas cuytas me maten
  Con tristesa,
  Llorando mi atribulada
  Vida que de mí se espanten
  Con cruesa.

    Cativo soy en cadenas,
  Tiénenme mis fuertes dannos
  Maltractado,
  Destierros et grandes penas
  En los terrenos extrannos
  M’an robado;
  Las cosas que más queria,
  La muerte me las levó
  Syn piedat,
  Fortuna con su porfía
  En tierra me derribó
  Con crueldat.


_Fyn._

    El mi cuerpo et alma mia
  Ya padesce et padesció
  Por lealtad;
  Que lo que sufro et sufria
  Es por lo que padesció
  Por la verdat.



_UN ALUALÁ QUE MANDÓ_

IOHAN DE TAPIA Á LA FIJA DE LA CONDESA DE ARENAS.


    Donsella ytaliana,
  Que ya fuyste aragonesa,
  Eres tornada françesa,
  Non quieres ser catalana.

    Salud, recomendaçion
  De mí non recibirás,
  Nin tú me la mandarás
  Teniendo tal opinion;
  Tú fases como Adriana,
  Enemiga genovesa,
  Eres tornada francesa,
  Non quieres ser catalana.

    Ya la casa de Aragon
  De tí se puede quexar,
  Que la fuyste á dexar
  Syn se ninguna rason;
  Pues par Dios, dama loçana,
  Con dolor de tí me pesa
  Que eres tornada francesa,
  Non quieres ser catalana.

    Ántes eres eniuyna
  De su secta et de su ley,
  Has fallescido á tu rey,
  Vas con la griega rapina;
  Con la Cava castellana
  Te sentarás á la mesa,
  Y con la sennora ynglesa,
  Con Breceyda la troyana.

    Mujeres, que non tenés
  Fe, amor et lealtad,
  Diré bien de la bondad
  Y mal del mal que fasés;
  ¡Oh cruel napoletana,
  Voltada con nueva empresa!
  Eres tornada francesa,
  Non quieres ser catalana.

    Si la rueda de ventura
  Nos torna en prosperidat,
  Vencerémos tu beldat
  Y la tu grand fermosura;
  Faser t’an çeciliana,
  Aunque eres calabresa,
  Dexarás de ser francesa
  É tornarás catalana.

    Escríbeme cómo estás,
  Cómo passas de tu vida,
  Si eres arrepentida,
  De todo me avisarás;
  Aunque seas más galana,
  De muchos serás represa,
  Que eres tornada francesa,
  Non quieres ser catalana.

    Yo te envio esta cancion
  Escripta como alvalá,
  Mira tu fama dó va,
  Rige la tu discrecion;
  De Lucrecia la romana
  Te recuerdo sin ofesa,
  Que eres tornada francesa,
  Non quieres ser catalana.

    De mí te quiero desir,
  Fablándote la verdat,
  Que teniendo lealtat,
  Christiano quiero morir;
  Si mandas algo, serrana,
  Al rey ó á la princepsa,
  Lo faré, nueva francesa,
  Porque fuiste catalana.

    Dexa esa gente pagana,
  Non quieras desesperar,
  Tórnate al baptisar,
  Sé la segunda Dyana;
  Hungra, tudesca, alemanna,
  Mora, turca ó charquesa,
  Renegada y non francesa,
  Morir quieras catalana.


_Fyn._

    La casa real de Francia,
  Sus reinos iuntos et altesa
  Cessares de grand franquesa
  Fueron et grand abundancia;
  Iamas les plugo con gana
  Los non leales en su mesa,
  Pues error es ser francesa
  y lealtad ser catalana.


_El sobre escripto del alualá._

    A tí, Madama María,
  Carachula el sobrenombre,
  Iohanne de Tapia es el hombre
  Que aquesta alualá te envia.



_CANCION DE IOHAN DE TAPIA_

_á la fija del Duque de Milan, syendo él en presion._


    Muy alta et muy excellente
  Princepsa muy generosa,
  Más gentil et más fermosa
  Que non el sol quando es lusiente.

    La luna teme de vos,
  Gentil dama, et la Diana,
  É las estrellas, par Dios,
  Tanto sois bella et loçana;
  Yo, el triste padeciente,
  Me encomiendo á vos, sennora,
  Más gentil et más fermosa
  Que non el sol quando es lusiente.

    La claridat escuresçe,
  Ante vuestra fermosura,
  La escuridat escuresçe,
  Tal es la vuestra figura;
  La nieve, de vos presente,
  Se muestra ser otra cosa,
  Tal es la vuestra graciosa
  Cara muy resplandesciente.

    El fuego faseys morir,
  Muy discreta criatura,
  Al cristal poneys tristura,
  Las piedras faseys fuyr;
  El carbonclo relusiente
  Su esplandor monstrar non osa
  Ante la vuestra graciosa
  Cara muy resplandesciente.

    El agua clara es turbada
  Ante la vuestra mesura,
  É todo miralle escura
  Siendo allí vos presentada;
  El rayo muy relusiente
  Su claror mostrar non osa,
  Ante la vuestra graciosa
  Cara muy resplandesciente.


_Última._

    Árboles, aves et hierbas,
  Los mundanos elementos
  Á todos fases contentos,
  Á todas cosas contiemplas;
  Los pexes de la corriente
  Qualquier animal reposa
  Viendo la vuestra graciosa
  Cara muy resplandesciente.



_IOHAN DE TAPIA,_

_Á la muy excellente reina de Aragon et de Seçilia._


    Aunque estó en reyno extrangero,
  Dama, yo vos loaré,
  Pero non vos amaré
  Como amante verdadero,
  Mas servidor vos seré.

    Gentil reyna aragonesa,
  Sennora de valencianas,
  Condesa de catalanas,
  De las beldades princepsa,
  De vuestros reynos lusero,
  De Espanna yo bien diré
  Que soes sol de las que sé,
  En Francia pasays primero,
  Las otras no enoiaré.

    De una cosa me desplase,
  Que quien vos ama, sennora,
  Que seays acusadora,
  Pero bien me satisfase
  Con esta do vays primero,
  El secreto guardaré,
  Que nunca descobriré
  Al primero nin al tercero,
  Antes yo me callaré.

    Que sy Dios vos ha dotada
  De tan alta fermosura,
  ¿Qué vale la criatura
  Que de todos non es amada?
  Sy alguno fase yerro
  Sobrado de amor, non sé
  Qué falta le fallaré,
  Si al amante fase yerro,
  Con gracia lo apartaré.



_OTRA CANCION DE IOHAN DE TAPIA_

_á madama Lucrecia._


    Dama de tan buen semblante,
  Que la vuestra grand beldat
  Fase la guerra
  Á quien fa temblar la tierra
  Desde Poniente á Levante.

    Vos fuistes la más fermosa
  Donsella que fué nascida,
  Muy honesta et virtuosa,
  De todos bienes complida;
  Sennora que á tal amante
  Con tan poca piedat
  Faseys la guerra
  Á quien fa temblar la tierra
  Desde Poniente á Levante.

    Vos fuistes la combatida
  Que venció al vencedor,
  Vos fuistes quien por amor
  Iamas nunca fué vencida;
  Vos pasays tan adelante
  Et con tanta crueldat
  Faseys la guerra,
  Á quien fa temblar la tierra
  Desde Poniente á Levante.



[Ilustración]



_IOHAN DE TAPIA,_

_Á la devisa del sennor Rey don Fernando._


    Montanna de dyamantes,
  Que por vos ser defendida,
  Amadores,
  Reys, principes, ynfantes,
  Por tí perderán la vida
  Con dolores.

    Fiia de las ynvenciones
  Secretas et peligrosas
  Trabaiadas,
  Tenías con tus pendones
  Las provincias generosas
  Soiusgadas.

    Devisa que los metales
  Pasa la tu fortalesa,
  É grand valía,
  Pocos te fueron leales
  Mostrando la su vilesa
  Et tiranía.


_Última._

    ¡Oh lealtade fallescida
  Contra el monte generoso
  Consagrado!
  ¡Oh patria desconoscida,
  Do tienen al virtuoso
  Por errado!



_CANCION DE IOHAN DE TAPIA._


    Sanctus, Sanctus, Sanctus Deus,
  Socorred que non padesca
  Tanto..... non fenesca
  Por amores, Deus meus.....



_CANCION DE IOHAN DE TAPIA._


    Bien veo que fago mal,
  Donsella, en vos amar,
  Mas non puedo faser al
  Sinon ver et desear.

    Mis dias m’an devedado
  Que non siga más amores,
  Amor me tiene mandado
  Que non sufra más dolores;
  Viendo mi persona tal,
  Non sé otro remediar,
  Non podiendo faser al
  Synon ver y desear.



_IOHAN DE TAPIA._


    Fortuna sobre la tierra
  Me ha girada la fas,
  Mal me fallo con la guerra,
  Mucho peor con la pas.

    El evangelio de sant Iohan
  Non lo entiendo en verdat,
  El apocalipsi con afan,
  Mucho más la Trinidat;
  Pues que amor me destierra
  Volviéndome la su fas,
  Mal me fallo con la guerra,
  Mucho peor con la pas.



_IOHAN DE TAPIA._


    Layda por nombre garrida,
  Dama de tanta beldat,
  Habed de mí piedat,
  Non fagays penar mi vida.

    Vuestros oios tan loçanos,
  Vuestro ayre de fermosa,
  Vuestro lindor de graciosa
  Me han traydo muchos dannos;
  Por ser vos tan entendida,
  Mirando vuestra honestad,
  Layda, por vuestra beldad,
  Non fagays penar mi vida.



_IOHAN DE TAPIA._


    Mi alma encomiendo á Dios,
  Mi cuerpo doy á la tierra,
  El coraçon dexo á vos,
  Dama que le faseys guerra.

    Mis oios dexo á los vuestros
  Porque los podays mirar,
  Que por amores siniestros
  Vos los fuistes á matar;
  Pues la muerte daes á vos,
  La vida se nos destierra,
  Cantando de languxos
  Faré fin sobre la tierra.

    Por el mal que me fesistes
  Diré con muy grand pesar,
  Oh vos, omnes qui transistes
  Por la via de bien amar,
  Pues pensar debeis en Dios
  Y non matar sobre la tierra,
  Á quien non feçistes vos
  Non le deys cuytas nin guerra.



_IOHAN DE TAPIA,_

_contra un su amigo ytaliano._


    Mal haya quien su secreto
  Dise á persona nascida
  Para siempre ser subiecto,
  Cativo toda su vida.

    Yo erré en confesar
  Lo que vos fuy á desir,
  Fuystesme á difamar
  É del todo á discobrir;
  Todo hombre mire el efecto,
  Su lengua tenga escondida,
  Non descobra su secreto
  Á persona desta vida.

    Oir et ver et callar
  Yo syempre lo loaré,
  Hame pesado fablar,
  Desto me arrepentiré;
  Pues que yo non fuy discreto,
  En patria desconoscida,
  Non descubras tu secreto
  Á persona desta vida.



_IOHAN DE TAPIA._


    Muchas veses llamo á Dios,
  É iamas non me socorre,
  Yo habria fecho una torre
  De mis lágrimas por vos.

    De sospiros la muralla,
  Los cantones et cimientos
  De mis tristes pensamientos,
  De mis lágrimas sin falla;
  Et sinon aiudays á nos,
  Donsella, pues Dios non acorre,
  Yo acabaré la torre
  De mis lágrimas por vos.

    Las guardias serán mis cridos,
  Fornida de mis dolores,
  Las armas, tristes amores,
  La su municion, gemidos;
  La cruesa es contra nos,
  Sennora, si Dios non acorre,
  Yo acabaré la torre
  De mis lágrimas por vos.

    Los combates que me daes
  Es ver vuestra fermosura
  Con honestad y mesura,
  Mirando vos me mataes;
  Yo soy vencido de dos
  De vos por el mal que corre,
  Y de amor cuya es la torre
  De mis lágrimas por vos.

    Alcayde triste, cuytado,
  Con la mi negra bandera,
  Por vuestra crueldat fiera
  Moriré de enamorado;
  Cantando de languxos
  Será mi fin sy no acorre
  Dios et vos en esta torre
  Con mis lágrimas por vos.



_UNA CANCION QUE FISO IOHAN DE TAPIA_

_á la Condesa de Buchanico._


    Fermosa gentil deessa,
  La meior de casa Ursina,
  Por virtud de fama digna,
  De Buchanico Condesa.

    Bien mostrastes lealtad
  Á la casa de Aragon,
  Sufriendo toda passion
  Con fe, amor y verdat;
  Defendiendo vuestra empresa
  Contra Francia et casa Ursina,
  Porque soys de fama digna,
  De Buchanico Condesa.

    Segunda Pantasilea
  En armas et por amores,
  Vos soys flor de las flores,
  Fermosura vos arrea;
  ¡Oh graciosa aragonesa!
  Por virtud vuestra divina
  Serés de fama muy digna,
  De Buchanico Condesa.

    En el templo de Diana
  Celebrarán vuestra fiesta,
  Donde será manifiesta
  Á la poblacion humana;
  Pues fesistes tal defesa
  Por los planos et marina,
  Sereys de fama muy digna,
  De Buchanico Condesa.

    Las gentes adorarán
  Vuestras gestas y grand fecho,
  Y las leyes por derecho
  Syempre vos alegrarán;
  Sereys con las de la mesa
  Loada en lengua latina,
  Porque soys de fama digna,
  De Buchanico Condesa.



_GLOSA DE IOHAN DE TAPIA._


    Io soy aquel che nascí
  Mal fadado en tu poder,
  Pues partiendo despendí
  Vida, salud et plaser.
  Pues non me puede valer
  El tiempo que te serví,
  Non quiero nuevas saber,
  Nin las pregunten de mí.



_UN DESIR QUE FISO IOHAN DE TAPIA,_

_loando et nombrando todas las damas de Turpía._


    Siendo enemiga la tierra,
  Y la mar muy trabaiada,
  Mi vida mucho penada
  Con el mundo et con la guerra,
  Aunque amor me destierra,
  Muy mal contento en amar,
  Quise las damas loar,
  Perdiendo la mi desfierra.

    La virtuosa Volcana
  Con la bellíssima Bruna,
  La torre con la fortuna,
  La Coçentina galana,
  La Facarla muy loçana
  É la Liparota bella,
  Con la Toralda donsella
  La honesta cathalana.

    Cathalina la muy graciosa,
  Con la gentil cordouesa,
  Con Ysabeta françesa
  La Campavista es la rosa;
  Ansiona la fermosa,
  Primavera la entendida,
  Que fase penar mi vida,
  La Lançalota donosa.

    Las romanas, las sentidas,
  Thomachella, que paresce
  Sennora que lo meresçe
  Por sus virtudes complidas;
  Las del anno muy garridas,
  Sobradas de fermosura,
  Con la gentil criatura
  Polida entre las polidas.

    Aulatas son las estrellas,
  É la sava es la luna,
  Antonela pata es una
  Muy fermosa entre ellas;
  El sol que alumbra las bellas
  Es mi dama por amores,
  É meior de las meiores
  Á mi parescer donçellas.

    Adoyna et Penantela
  Son más claras quel luçero,
  El alba pone primero
  La Daflito por aquélla;
  La desdennosa Pucebla,
  La villana muy devota,
  Con la moça de la Mota,
  Ques más clara que un estrella.

    La Castana et Veyntemilla
  Bien muestran ser cortesanas,
  Las de Losaco galanas
  Son de toda aquesta villa;
  Todobra pone mansilla
  Á las del viso gracioso,
  Es de rostro muy fermoso
  La vesina de Conchilla.

    La Barrieta es altera,
  La Laca es muy amada
  Bien meresce ser loada
  Brentonisa en delantera;
  La Dalexe faes que vera
  De loor mucho complido,
  Bien lo mostró en su marido
  Con fatiga verdadera.

    Buscose et Castellamar
  Çiertamente bien son dignas
  Loarse por las marinas,
  Non se deben de callar
  Otras que quiero loar,
  Gloria con la Estavela,
  Con la que texió la tela,
  Non la queriendo acabar.

    Lucrecia de turpiana,
  Que es el Mayo con sus flores,
  Blanquina meresce honores,
  É reverencia la Fana;
  Honor la çeciliana,
  Dios de amores ni contresa,
  La Corteslasco revesa
  Con la flecha melitana.

    Bianchafiori, Violante,
  Sus músicas como Orfeo,
  Y es de muy gentil arreo
  Arigeta en su semblante;
  Milla por el semeiante
  De muy bellas faciones,
  Roba muchos coraçones
  Leoneta syn amante.

    La de Ixar, duenna acabada,
  La de los fijos galantes,
  Sólo por tales ynfantes
  Non debe ser olvidada;
  Beata la muy deseada,
  Margarella la garrida,
  Calidonia la entendida,
  La mi fija afortunada.

    De Perna la ginovesa
  Con los sus cabellos doro
  Es el archa del thesoro
  É de amores trae la enpresa;
  Dios sabe quánto me pesa
  Que sea mal maridada,
  Su ventura fué menguada
  É su suerte muy revesa.


_Fyn._

    Las otras de la çibdat
  Yo les demando perdon,
  Porque yo no sé quién son,
  Nin su nombre sé en verdat;
  Á todas con honestad
  Les sea recomendado,
  Si bien non las he loado,
  Damas todas perdonad.



_DIEGO DE LEON._


    Los hombres de amor tocados
  Nin sienten nin oyen nin veen,
  Si saber ó seso proveen,
  Muy pocos son excusados;
  Los más sotiles probados
  Aquí pierden su scientia,
  En esta fuerte dolencia
  Todos andan rebatados.

    De aquí queda muy atada
  Toda poderosa lengua,
  Aquí es cierto que mengua
  Toda sabiesa pensada;
  La rason más esforçada,
  Por mucho que se talae,
  Esa que non cuyda, cae,
  Esta regla es probada.

    Amor quando hombre non cata
  Allega más que paresce,
  Si por muerte non fallesce,
  Tal nudo non se desata;
  Breve syn pensar rebata
  Dos quereres en amar,
  É la que él quiere allegar,
  Tarde ó nunca desbarata.

    ¿Quál sancto canonisado
  Fué tanto apercebido
  Que non haya fallescido
  Si de amor fué convidado?
  Fuerte, ardido, bien armado
  Que de amor tome combate,
  En ante que non se cate
  Se falla desbaratado.

    Caballero virtuoso
  Non lo vi ó fué muy tarde,
  Que ante de amor, cobarde
  Non sea et pauroso;
  Venga el muy más famoso,
  Faga quanto fer quisier,
  Que despues á conosçer,
  En amor es ventaioso.



_DIEGO DE LEON._


    Como en son de iniuriada
  Volvistes á mí los oios
  Quando mi vida cuytada
  Vos conte farto de enoios;
  Á lo qual me respondistes
  Ayrada con sentimiento,
  Palabras por do quesistes
  Que pierda mi entendimiento.

    Como quier que do no hay yerro
  La rason salva non quiere,
  Yo quiero tomar un fierro
  Ardiendo, si vos pluguiere;
  É si vierdes que me quemo,
  Mandatme quemar del todo,
  Porque de culpa non temo
  Fablo asy por este modo.



_IOHAN DE MENA._


    Seguiendo el plasiente estilo
  De la deessa Dyana,
  Posada çerca de un filo
  La hora merediana,
  Vi lo que persona humana
  Tengo que iamas non vió,
  Nin Valerio, que escribió
  La grand Hystoria romana.

    Ya passaba el agradable
  Mayo illustrando sus flores,
  É venía el inflamable
  Iunio con grandes calores;
  Incesantes los discores
  De melodiosas aves,
  Oy sones muy suaves,
  Tiples, contras et tenores.

    Afligido con grand siesta,
  Secutando los venados,
  Entré por una floresta
  De frescos et verdes prados;
  Dos corseres arrendados
  Çerca de una fluente estaban,
  De los quales non distaban
  Los paies muy arreados.

    Vestian de asetunin
  Cotas bastardas bien fechas,
  Et de un fino clemesin
  Raso, las mangas estrechas;
  Las medias partes derechas
  De vivos fuegos brosladas,
  Et las siniestras sembradas
  De goldres llenos de flechas.

    Quise saber su viaie,
  É con toda diligencia
  Abrevié por el boscaie
  El paso syn detenencia;
  Con rhetórica eloquencia
  Vinieron de continente
  Á me saludar sabiamente,
  Denotando su prudencia.

    Díxeles, en respondiendo
  Segund modo cortesano
  Humillmente proponiendo:
  El potente soberano,
  Vos ynfluya en el mundano
  Orbe de felicidat,
  Premio, de rica bondat,
  Ques galardon humano.

    Pregunté syn dilacion:
  Sennores, ¿dó es vuestra via?
  Poniendo grand afection,
  Pospuesta toda follía,
  Dixeron syn villanía:
  Á nos plase que sepades
  Aquesto que preguntades
  Usando de cortesía

    Sabed que los triumphantes
  En grado superiores,
  Honorables dominantes,
  Cupido, Vénus, sennores,
  Los leales amadores
  Deliberaron su pasaie
  Por este espesso salvaie
  Con todos sus servidores.

    Non pude haber conclusion,
  Aunque los vi ser plasientes,
  De me tornar responsion
  Con alegres continentes,
  Por grand multitud de gentes
  Que entraron por la montanna,
  Y atan fermosa companna
  Non vieron hombres vivientes.

    Non crió naturalesa
  Reyes nin emperadores
  En la baxa redondesa,
  Nin duennas dignas de honores,
  Poetas nin sabidores
  Que non vi ser aguardantes
  Á estos dos illustrantes
  Dios et Deessa de amores.

    Allí vi al magno Pompeo,
  Çipion el africano,
  Nemitor, Nino et Perseo,
  Páris, Hector el troyanno,
  Aníbal, Çipion, Traiano,
  Archíles, Crasso et Sanson,
  É otros muchos que allí son
  Con César Octaviano.


_Cabo._

    Vi al sabio Salomon,
  Oclídes, Séneca, Dante,
  Aristótiles, Platon,
  Virgilio, Horacio amante;
  Vi al strologo Atalante,
  Que los cielos sustentó,
  Segund lo representó
  Nasometo Forisante.



_DIEGO DE VALERA._


    Non sé gracias nin loores,
  Amor, que te dar pudiese,
  Nin servicios que fisiese
  Á tí, grand poder de amores,
  Que fuessen merescedores
  De quanto bien me fesiste
  En me dar á quien me diste
  Que amasse por amores.

    Dísteme por tu noblesa
  Tal sennora que serviese,
  Porque mi coraçon fuese
  Quito de toda tristesa;
  Amor, pues tu grand proesa
  Contra mí asy monstraste,
  Para siempre me ganaste
  Crea la tua realesa.

    Sennor, sy á tí he fecho
  En algund tiempo servicio,
  Pues me das tal beneficio,
  Téngome por satisfecho;
  Et faré muy grand derecho,
  Donde quiera que yo fuere,
  De guardar mientra viviere
  Tu servicio et mi provecho.

    Ya de quanto rescebí
  Conviene que algo diga,
  Dísteme fermosa amiga,
  Á quien amo más que á mí;
  Como quier que non la vi,
  Tanto sé de tu bondat,
  Por la qual mi voluntad
  Me plase desir aquí.

    Amor, porque de tus dones
  Me diste muy largamente,
  Vengo aquí de presente
  Á faserte relaciones;
  Encima de conclusiones,
  Disiendo con alegría
  De aquesta sennora mia
  Quáles son sus perfectiones.


_Última._

    Cum devotas oraciones
  Á Dios sirvo cada dia,
  Non ha cuenta su valía
  De sus nobles condiciones.



_FERNANDO DE LA TORRE._


    En diversas opiniones
  Veo el mundo contra tí,
  Amor, segund entendí
  En todas sus ententiones;
  Que unos de benediciones
  Te fasen solemnidat,
  É otros de voluntad
  Te dan muchas maldiciones.

    Unos te llaman sennor
  El meior que nunca vieron,
  Otros disen et dixeron
  De tí peor que traidor;
  Et otros por synsabor
  Te publican por medroso,
  É otros por muy sabroso
  Et fuerte peleador.

    Unos te llaman leal
  Más que fermoso castillo,
  Otros disen que caudillo
  Eres tú de todo mal;
  Otros, que muy mal caudal
  Eres de todas maldades,
  Et otros que de bondades
  Nunca vieron tu ygual.

    Unos disen que agudo
  Eres, et muy acucioso,
  É otros que peresoso
  Eres, et muy simple rudo;
  Otros te llaman sesudo,
  Piadoso et non poco,
  Otros muy torpe et loco,
  Muy sin piedat et crudo.

    Pero en perfetta prosa,
  Amor, quieres que te diga
  Eres de bien enemiga
  Et obra siempre dannosa;
  É cosa muy peligrosa
  Estos dichos de tí fallo,
  Unos bien, otros contrallo,
  Pues lo sé por texto et glosa.

    El bien et mal infinito
  Que de tí oyo notar,
  Non te lo puedo contar
  Por lengua nin por escripto;
  Pues asy non te repito
  Seyer tú malo nin bueno,
  Yo, amor, non te condeno
  Nin te asuelvo nin te quito.

    Pero sey bien cierto desto,
  Que sy merçed me fisieres,
  Mientra viva et vivieres
  Te seré con humil gesto
  Servidor leal et presto,
  Denunciando tus loores
  Ante reys et sennores,
  En secreto et manifiesto.

    Por el contrario te digo
  Si por té rescibo danno,
  Que de aqueste mesmo panno
  Habrás de vestir comigo;
  Ca seré tu enemigo
  Reprobando tus maldades,
  Con muchas autoridades
  Verás cómo te castigo.



_FERNANDO DE LA TORRE._


    Sennora, mal cabo hayan
  Los servicios que vos fise,
  Los quales áun más decayan
  Que non vuestra boca dise,
  Si desque vos escogí
  Sobre todas por sennora
  Nunca mis ofertas di
  Á ninguna fasta agora.

    Sennora, mi grand deseo
  Non se compla nin se acabe,
  Si de quantas vi nin veo
  Hay ninguna que se alabe,
  Que ningund tiempo me viese
  Trocado de como só,
  Porque ella desir pudiese,
  Deste soy amada yo.

    Sennora, tan syn reposo
  Viva yo por luengos dias
  Como vive el envidioso
  Que pena por muchas vias,
  Si nunca por pensamiento
  Nin por obra vos erré,
  Pues ¿por qué tanto tormento
  Al que non fiso por qué?

    Aquesta vuestra sospecha
  Non viene de buena parte,
  Nin me days causa derecha
  Que presuma ser syn arte;
  Ántes me faseys pensar
  Lo que non es por mi grado,
  Que vos me quereys dexar,
  Ó quiçá me habeys dexado.

    Si vos querés que asy sea,
  Fasedlo fermosamente,
  Escusemos la pelea
  Fasiendo buen continente;
  Non querays que desatine
  Con rabia de lo que sé,
  Que por ende por do vine,
  Por allí me tornaré.


_Fyn._

    Sennora, yo me convine
  Con dolor que de vos hé
  Para que çedo yo fine
  Del dolor que passaré.



_IOHAN DE TAPIA Á SU AMIGA._


    Non es humana la lumbre
  Que de vuestra fas procede,
  Á toda beldad excede
  Expresando certedumbre;
  Fuente de moral costumbre,
  Donsella purificada,
  Do quiso faser morada
  La discreta mansedumbre.

    Vos soys la que yo elegí
  Por soberana maestresa,
  Más fermosa que deessa,
  Sennora de quantas vi;
  Vos soys la por quien perdí
  Todo mi franco albedrío,
  Donsella de honesto brío,
  De cuyo amor me vencí.

    É si cánticas de amores
  Yo fago que algunos plegan,
  Cierto por dicho se tengan
  Que vuestros son los loores;
  Donsella cuyos valores
  Con pluma et mano recito,
  En fablas et por escripto,
  Sanad mis tristes dolores.

    Nunca tal fué Virginea,
  Nin la mujer de Sycheo,
  Nin la fija de Pompeo,
  Atalanta nin Altea;
  Donsella, todo hombre crea
  Que en ningund otro lugar
  Nunca me verán amar
  Maguer que mi muerte vea.

    Ca non es tan poderoso
  Vuestra non que me defienda
  De seguir la tal contienda,
  Pero que viva cuydoso;
  Vuestro gesto desdennoso
  Non fará nin yo lo creo
  Donsella que mi deseo
  Non vos recuente quexoso.


_Última._

    Viso angélico donoso,
  Donsella de tal aseo
  Qual yo nunca vi nin veo,
  Datme vida con reposo.



_JOHAN DE TAPIA._


    Sennora, mi bien et amor,
  Fermosa, muy excellente,
  Qual yo creo ciertamente
  Que vos sodes la meior;
  Yo, vuestro humil servidor,
  Vos iuro á Dios, sennora,
  Que vos vi en fuerte hora
  Para sofrir tal dolor.

    Pues que Dios estableció
  De vos en todo acabar,
  Plégavos de non dubdar
  En quien syempre vos servió;
  É si algo revolvió,
  Vuestro saber maldisiendo,
  Sennora, segund entiendo,
  La mi muerte cobdició.

    Sennora, los maldisientes
  Iamas nunca çessarán
  Nin sus lenguas callarán
  Si lo bien parades mientes,
  Fasta que entre los creyentes
  Siembren mal et omesillo,
  Morriendo los callandillo
  Su dulçor entre los dientes.

    Mi lengua refrenaré,
  Que non puedo más fablar,
  Por quanto amé en lugar
  Contra quien me callaré;
  Mas, sennora, bien diré
  Que mes fecha syn rason
  É non sé quál entention
  Es con lo que passaré.

    Graciosa, por non tardar
  Aquí quiero concluir,
  Que todo mi comedir
  Fué y es de vos loar;
  É sy yo quiero alcançar,
  Es por vos engrandesçer,
  Sennora, por Dios creer
  Me querades syn dubdar.

    Perfetta, pido perdon
  Si en algund tiempo erré,
  Otrosy sy non podré
  Çedo yr ver vuestra faction;
  Ca fué vuestra opinion
  Que viese vuestra figura,
  Mas non plugo á mi ventura
  De me dar tal galardon.


_Última._

    Nunca habré consolacion
  Synon con mucha amargura,
  Fasta que torne folgura
  É conorte á mi vision.



_VILLAPANDO._


    Sepan todos mi tormento,
  El qual siente con rason
  Mi cuytado coraçon
  Por el triste partimiento.

    Sepan todos mi tormento,
  Porque soy leal amante
  De sennora bien bastante
  De mucha beldat syn tiento,
  Por la qual syn fallimiento,
  Padesce tribulation
  My cuytado coraçon
  Por el triste partimiento.

    Sepan todos mi tormento,
  Pero non tomen mansilla
  Nin tengan á maravilla
  La cruel pena que siento;
  Que de todo soy contento,
  Si bien sufre grand passion
  Mi cuytado coraçon
  Por el triste partimiento.

    Sepan todos mi tormento,
  Mas por tanto non desmayo,
  Que fortuna por ensayo
  Lo causó con movimiento,
  Pensando que repentimiento
  Fisiera por ocasion
  Mi cuytado coraçon
  Por el triste partimiento.



_VILLAPANDO._


    Nunca meiorar mi pena
  Fasta aquí,
  Es una sennal non buena
  Para mí.

    Dias há que siempre vivo
  Por amor
  En sus presiones cativo
  Con dolor;
  Mas en tan fuerte cadena
  Non me vi,
  Que es una sennal non buena
  Para mí.

    É agora continuando
  De sofrir,
  Vame ya desamparando
  El vivir;
  É pues muerte me condena
  Para sy,
  Es una sennal non buena
  Para mí.



_MENDOÇA._


    Vos, que sentides la via,
  Alegres de bien amar,
  Tan sola un hora al dia
  Vos plega de contemplar
  En la triste cancion mia:
  Ya non so quien ser solia.

    De las que han grand dolçura,
  Galanes, non vos fiés,
  Sabed quen grand amargura
  Se toma segond verés;
  Que yo esperar debia
  De mi deseo alcançar,
  Mas toda mi alegría
  Se mes tornada en pesar,
  En la triste cancion mia:
  Ya non so quien ser solia.

    Yo vos conseio apartar,
  Mas dígovos que amés,
  Mas conséiovos entrar
  Adonde salir podrés,
  Guardad vos de tal porfía,
  La qual non podays dexar,
  Que castigar se debria
  Quien mientes quisier parar
  En la triste cancion mia:
  Ya non so quien ser solia.



_DIEGO DE LEON._


    Cobdiciando ser amado,
  Me so puesto por carrera,
  Do por cierto me valiera
  Más quedar que ser entrado.

    De la qual, por mi peccado,
  Si luégo non me saliera,
  Ciertamente yo muriera
  Como desaventurado;
  É con todo m’an llagado
  De ferida por manera
  Que mi vida desespera
  Con pesar afortunado.

    El poder me fué privado
  En lugar que resistiera,
  Et que fablar yo quisiera,
  Mas mi seso fué turbado;
  Mas lo meior fuera estado
  Para mí, sy lo fisiera,
  Que este exemplo non siguiera,
  Ca porfía mata venado.



_DIEGO DE LEON._


    Todo pesar agora
  Aviso que de mí parta,
  Pues tan consolable carta
  Rescebí de mi sennora.

    Desque salí de la cuna
  Todavía me ha llagado
  Por amar mucho cuytado
  Sin consolacion alguna;
  D’oy más rason que fortuna
  De sus bienes me reparta,
  Pues tan consolable carta
  Rescebí de mi sennora.

    Mas tal plaser soberano
  Fasta agora non sentí
  Como quando yo ley,
  Escripta fué de mi mano;
  É con esto vivo ufano,
  Visto que mi mal se aparta,
  Pues tan consolable carta
  Rescebí de mi sennora.



_DIEGO DE VALERA._


    Sennores, mucho pesar
  Me fuerça desir agora
  La cruel de mi sennora
  Qué vida me fas pasar.

    Sabe Dios que mi deseo
  Es servir su fermosura,
  É su plaser, segund veo,
  Es darme mucha tristura;
  Claro vos puede monstrar,
  Por la pena que en mí mora,
  La cruel de mi sennora
  Qué vida me fas pasar.

    Yo pienso que ella se duele
  De mí, que sufro tal danno,
  Y ella muestra, como suele,
  Que me tiene por extranno;
  Por ende podeys pensar,
  Pues que nunca se meiora,
  La cruel de mi sennora
  Qué vida me fas pasar.

    Muchas veses yo le digo
  Toda mi quexa llorando,
  Ella ríese comigo,
  Tómalo todo burlando;
  ¿Qué plaser puedo tomar
  Viendo mucho en mal hora
  La cruel de mi sennora
  Qué vida me fas pasar?



_DIEGO DE VALERA._


    Sennores, mucho pesar
  Me pone tu sennoría,
  Por syempre más que solia
  Me verás á tu mandar.

    Non siento pesar tan fuerte
  Que mude mi voluntad,
  Nin ménos tan buena suerte
  Que faga contrariedat;
  Desto vive syn cuydado,
  Que si mill annos vivia,
  Por syempre más que solia
  Me verás á tu mandado.



_ALFONSO DE MONTANNOS._


    Mi bien et toda mi vida,
  Porque alegres seamos,
  Ruega á Dios que nos veamos
  Para la Pascua florida.

    Una plasentera nueva
  Nos vino de ayer acá,
  Que de hoy más causa nos da
  Que nuestro partir se mueva.
  Aquesta rason me prueba
  Que ambos á dos nos debamos
  Consolar, pues que esperamos
  Tan breve nuestra partida.

    Si mis males te escrebia,
  Por verdat á tí desir,
  Tantos tengo de escrebir,
  Que papel non bastaria;
  Mas sy es ventura mia
  De tan çedo vernos ambos,
  La salud que deseamos
  Non será tan bien venida.

    En esta semana sancta
  Muchas con grand devocion
  Andan tristes con rason
  De la passion que se canta;
  Yo con alegría tanta,
  Que siento porque nos vamos,
  En estos dias que estamos
  Toda tristor se me olvida.



_IOHAN DE ORTEGA._


    Cobarde de coraçon,
  Pues non fuyste tan osado
  De fablar tu triste fado,
  Amor fase grand rason
  Que te dé tribulacion.

    Non sopiste conoscer
  Ventura nin buena suerte,
  En querer penas de muerte
  Rescebir más que plaser;
  Sofrirás grave passion
  Porque seas avisado,
  Pues me non tienes pagado,
  Amor fase grand rason
  Que te dé tribulacion.

    De tu mal parte me dió
  Guarda que bien matraçaste,
  Coraçon, si tú erraste,
  Dí qué mal meresco yo;
  Poca fué tu discrecion,
  Cativo, pobre, menguado,
  Donde veo, mal peccado,
  Que amor fase grand rason
  Que te dé tribulacion.

    Si quiçá por segurar,
  Coraçon, fuiste medroso,
  Piensa que por virtuoso
  Te tovieran el fablar;
  Quien mucha consolacion
  Te diera de muy buen grado,
  Sy la perdiste, cuytado,
  Amor fase grand rason
  Que te dé tribulacion.



_PREGUNTA_

_que fué fecha á un gentil hombre, por nombre Sarnés._


    Mi buen amigo Sarnés,
  Plégavos querer iuzgar
  Hombre su cuyta callar
  Si crees que bueno es;
  Dígolo porque bien tres
  Ménos de mí, segund veo,
  En aqueste tal torneo
  Toman mucho buen reves.


_Respuesta de Sarnés._

    En el tiempo conocerees
  Quál parte cumple tomar,
  El callar ó el fablar,
  Sy amays como debeys;
  Eso mesmo, sy vees
  Que os aquexa el deseo,
  Decilde con buen asseo:
  Sennora, non me mateys.



_OTRA SUYA DESTE SARNÉS._


    Alegradvos, amadores,
  Que de amor he recaudado
  El reposo deseado
  De mis cuytas et dolores.

    Por bien que la gloria mia
  De plaser tan especial
  Á todos en general
  Debe ser grand alegría;
  Pues gosadvos, amadores,
  É de bien tan sennalado
  Haya de todos de grado
  Dios de amor muchos loores.

    Si dirés que triste vive
  Alguno por bien amar,
  Non se ha de desmayar
  Nin de penar non se esquive;
  Esforçadvos, amadores,
  Que yo ya me vi penado
  En algund tiempo passado
  Más que hombre por amores.



_OTRA SUYA._


    Amor desagradescido,
  Sy sientes las cuytas mias,
  Muy alegre syn roydo
  Mis debdas me pagarias.

    Por usar de gentilesa
  Soy, amor, bien comedido,
  Aparta de mí tristesa,
  Que me trae tanto vencido;
  É sy esto que te pido
  Contra mí faser querrías,
  Muy alegre syn roydo
  Mis debdas me pagarias.



_OTRA CANCION._


    Por acrescentar dolor
  Á mi coraçon penado,
  Soy fecho nuevo amador
  Que fuera bien excusado.

    Ved sy es grand crueldat,
  Mirando, gentil sennora,
  Que me sea á deshora
  Robada mi libertat;
  Non sé qué diga, amor,
  Pues por mi mal non pensado
  Soy fecho nuevo amador,
  Que fuera bien excusado.

    El mayor danno que siento
  Es comportar enemigo,
  ¡Ay amor! por tí lo digo,
  Que pones en crescimiento
  La mi grand cuita, sennor,
  Que por sostener cuydado
  Soy fecho nuevo amador,
  Que fuera bien excusado.



_CANÇION DE MORANA._


    Á la una, á las dos,
  Alaylan, á quien da más,
  Mi mote vendo, par Dios,
  Rematarlo he hoy ó cras,
  Alaylan, á quien da más.

    Magüer veio que peresco,
  Es el mote que yo vendo
  Por grand cuyta que padesco,
  De la qual mi fin atiendo;
  Veys aquí el precio vos,
  Amigos, ¿hay quien da más?
  Mi mote vendo, par Dios,
  Rematarlo he hoy ó cras,
  Alaylan, á quien da más.

    Aunque rompe grand batalla
  Quien encubre mal partido,
  El que sufre mal et calla
  Non debiera ser nascido;
  Pues, amigos, mi repos
  Con fortuna es por demas;
  Mi mote vendo, par Dios,
  Rematarlo he hoy ó cras,
  Alaylan, á quien da más.



_IOHAN DE TORRES._


    Oh temprana sepoltura
  De mi donosa sennora,
  ¿Qué será de mí la hora
  Que veré vuestra figura?

    ¡Qué pesar et qué tormento,
  Qué pena sin galardon
  Sentirá mi coraçon
  Ante el vuestro enterramiento!
  ¡Oh mi maldita ventura,
  Mi syno y esquiva suerte!
  ¿Por qué non viene la muerte
  Apartarme de tristura?

    Yo, cativo, non espero
  Synon vivir en cuydado,
  Pues quedo desamparado
  Del mi buen amor primero;
  Donsella cuya mesura
  Me mantovo en esperança,
  Dios haya de vos membrança
  Por la su santitat pura.



_FERRANDO DE LA TORRE._


    Quien te puso en tal cuydado,
  Coraçon, que te atormenta,
  Tal se vea que non sienta
  De sy parte nin mandado.

    Coraçon, nunca fesiste
  Por qué debas con rason
  Con cuydados vivir triste
  Nin estar en tal prision,
  En poder de quien de grado
  De tus males se contenta;
  Tal lo vea que non sienta
  De sy parte nin mandado.

    Coraçon, los tristes males
  Que por tí rescibo yo,
  Son crueles, desyguales
  Quales hombre nunca vió;
  Porque diré: mal fadado
  Quien mis cuytas acrecienta,
  Tal se vea, que non sienta
  De sy parte nin mandado.



_ALFONSO DE MONTANNOS._


    El pintor rey Manuel
  Soberano
  Vos obró con un pinsel
  De su mano;
  Y esmeró tanto loçano
  Vuestro bulto
  Qual iamas non fué trasulto
  En humano.

    De las damas afamadas
  Escogió
  Sus faciones más loadas
  Que syntió;
  En vos las ayiuntó
  Con aseo,
  Do virtudes grand arreo
  Permitió.

    De las planetas tomó
  Propiedades,
  Y en vos las confirmó
  In exades;
  Muy lestas syn facultades
  Escogidas,
  Como sean conosçidas
  Dignidades.

    Iúpiter quiso ynfluir
  Tan graciosa
  Vuestra fabla, et minuyr
  Acentuosa,
  Dulçe, mansa et amorosa,
  Deleytable,
  Muy honesta et agradable
  Y graciosa.

    El Mercurio altildó
  Vuestra mente
  Do prudentia sofilmó
  Puriciente;
  Discrecion tan diligente
  Ynventiva
  Non la vi comparativa
  Nin se syente.

    De mares sois asistente
  En obrar,
  Quien mirays por accidente
  Ys matar;
  Al que más galardonar
  Ya quereys,
  De por vida le faseis
  Lamentar.

    De la luna su fluentia
  Posseeys,
  Conoscida diferentia
  Non aveys;
  Al que vida le quereys
  Permetir,
  En gloria siempre vivir
  Le faseys.

    Ya mis tristes passiones
  Temperança,
  Remediase con actiones
  De esperança;
  Non sería su puiança
  Tan ynorme
  Que fisiesse disconforme
  Lealtança.

    Mas, contínua crueldat
  Conoscida,
  Me absenta libertad
  Permetida;
  Y con todo, ynfluyda
  En querer,
  Fas mi vida fenesçer
  Dolorida.

    Ya en Asya conquista
  Y ofende
  Á las bellas vuestra vista,
  Y reprehende;
  Y por África se tiende
  La grand fama,
  Y vos temen como á flama
  Que se açiende.

    Coronistas et poetas
  Afamados
  Se falláran ser correctas
  Y occupados,
  Para haberlos acabados,
  Segund pienso,
  Vuestros dones, por extenso
  Relatados.

    Quando Apollo más ençede
  En primavera,
  Y su lus toda procede
  Muy entera,
  Non penetra ya çedera
  Tan proviso,
  Segund vuestro claro viso
  Me fisiera.

    Pensamientos muy soeses
  Da cordura,
  Que consuela algunas veses
  Mi tristura,
  Mas, lamén vuestra figura,
  Representa:
  Con amor, que me atormenta
  Sin mesura.

    El conorte de mis males
  Fallo ser,
  Llamarme de los leales
  En querer;
  É me plasce padesçer
  Por ymágen,
  Que de todas la ventajen
  Puede haber.


_Última._

    Sola vos soys el firmal
  De perfection,
  De mi muerte desygual,
  O redempcion,
  Vénçavos ya compasion;
  ¡Oh amor,
  Remediad tal servidor
  Con afecçion!



_IUEGO DE NAYPES_

  QUE COMPUSO FERNANDO DE LA TORRE EL DE BÚRGOS,
  DIRIGIDO Á LA MUY NOBLE SENNORA CONDESA DE
  CASTANNEDA.


  _El emboltorio de los naypes ha de ser en esta
  manera. Una piel de pargamino del grandor
  de un pliego de papel en el qual uaya
  escripto lo seguiente, é las espaldas del
  dicho emboltorio de la color de las
  espaldas de los dichos naypes._


MAGNIFICENCIA Y VIRTUD.

Non creo nuevo será á vuestra sennoría haberme mandado que con alguna
lectura vos syrviesse: y como vuestro mandado non podiese negar,
penselo poner por obra; mas como la escriptura non fuese breve nin
tiempos asy quietos como quisiera, la conclusion ó medio de aquélla
está por faser. Asy que para esperar la tal cena magnificencia
y virtud, acordé de enbiar á vuestra noblesa una colacion ó
passatiempo de la manera que baxo se fará relacion. Non dubde vuestra
sennoría yo non entienda ser el presente baxo y non conviniente para
tan gran excellencia, como la vuestra segund la calidat. Mas como
quiera que esto de la una parte me fisiesse temer, de la otra lo
seguiente me dió osadía. Ca á las grandes mares tan bien los arroyos,
como los gruesos rios occorren y caben, non se me olvidando vuestra
noble et palenciana condicion, la qual allende de comportar las mis
faltas et osadía, favorescerá lo bueno de la obra, et lo defectuoso
dissimulará ó emendará con singular et verdadera discrecion, como
aquella que prinçesa de las Espannas se puede ó debe llamar. Et yo
temiendo la reprehension de la obra, bien quisiera que fuera callado
nombre del actor, salvo que por la obra se conosce el maestro, la
cual lieva la marca de mi simplesa, et va firmada de la firma de
mi poco saber, et cerrada et sellada con las armas de mi grossero
sentido, et pendiente en filos de grand osadía, lo qual todo ha
ciegado la afection et mysterio de las cosas ya dichas.—_El humile
et devoto siervo de vuestra merçed_, FERRANDO DE LA TORRE.


LA FORMA DE LOS NAYPES.

Primeramente un Emperador que gane á todas las otras cartas, et éste
tiene dos coplas et un fin de letras moradas en esta guisa. Han de
ser quatro iuegos apropiados á quatro estados de amores en esta
manera. El primero de religiosas á las espadas, apropiado por las
coplas segund la calidat de la casa. E han de ser doce naypes en
este iuego, et en cada uno una copla, et ha de haber tres figuras,
la primera del rey, copla de dose piés; la segunda del caballero de
onse; la sota de diez, et dende ayuso diminuyendo fasta llegar á un
pié, y por conseguiente todos los otros estados, assí como el de
biudas apropiado á bastones y de casadas á copas y el de donçellas á
oros, por tal que sean quarenta et ocho cartas et coplas syn las del
prólogo ó Emperador. E pueden iugar con ellos perseguera ó trintin
assy como en otros naypes, y de más pueden se conosçer quáles son
meiores amores sin haber respecto á lo que puede contesçer. Porque á
las veces es meior el carnero que la gallina, et pueden conosçer su
calidat, y puédense echar suertes en ellos á quién más ama cada uno,
e á quién quiere más, et por otras muchas et diversas maneras.

El Emperador de letras moradas ha de ser en esta guisa un naype en
que se contengan estas coplas seguientes:

    Magnificencia y virtud,
  Gratia, beldat y nobleça,
  Perla de la ioventud,
  Seso de la senectud,
  Caudillo de la destreça,
  Reyna de la castidat,
  Princesa de corteledat,
  Duquesa de honestidat,
  Marquesa de la verdat,
  Condesa de Castanneda.

    Á vos á quien recorrer
  Deben las obras ayna,
  Por lindo reprehender
  Como fuente de saber,
  Ó por saber y doctrina,
  Á vos mucho humilmente
  Como de syervo menor,
  Se presenta tal presente,
  Manifiesto ynsuficiente,
  Pediendo enmienda y favor.


_Fyn._

  Es de la obra el grandor,
  Con metros desordenados,
  De quatro estados de amor,
  Unos naypes desdonados
  Para desechar cuydados.



_IUEGO DE ESPADAS,_

_apropiado á los amores de religiosas, todo de letras coloradas._


EL REY, DOSE PIÉS, UNA CARTA.

    Al tiempo del pelear,
  Si se caen las espadas
  De manos mal apretadas,
  He visto quistionear
  Disiendo, segund oy,
  Por achaque ó por glosa,
  Amores de religiosa
  Andouieron por aquí,
  Mas yo les respondo asy,
  Por sententia y conclusion,
  Ques una grande abusion
  Que en los cobardes sentí.


EL CAVALLERO, XI PUNCTOS.

    Nin por esto non se entienda
  Que yo apruebo tal cosa,
  Sólo por desir esposa
  De quien non quiero contienda,
  Es verdat, si fuese bella
  Y noble de condicion,
  Yo siempre sería della
  Syn temer la perdicion,
  Mas tengo por opinion,
  Quien amare lo contrario,
  Que será del adversario.


LA SOTA, X PUNCTOS.

    La serví en tal lugar
  Syn rescebir galardon,
  Y puedo muy bien iurar
  Con verdat, y con rason,
  Que iamas un tal proçesso
  Tan dulce non fué fallado,
  Por donde qualquier excesso
  Deviera ser perdonado,
  Asy que tengo afirmado,
  Este ser gracioso estado.


IX ESPADAS.

    Pero hay diversidat
  En este estado que digo,
  Que segund la calidat
  De personas acatad,
  Tal debe ser el castigo,
  Mas en todas fallo un danno,
  El qual callar non me dexa,
  Que un grado muy extranno,
  Memoria dellas se quexa.


VIII ESPADAS.

    Pues do non fasen memoria
  La firmeça no es presente,
  Nin ménos do quitan gloria
  La pena non queda absente,
  Absente fuí de plaser,
  Presente de grand pesar,
  Ninguno al favoresçer,
  Mal alguno al desdennar.


VII ESPADAS.

    Aquí se puede arguyr
  Que por mí no es de iusgar,
  Ca unos van con reyr
  É otros van con llorar,
  Mas segund comuna regla,
  Aunque viven por antoio
  Á muchos quitan enoio.


VI ESPADAS.

    Porque su trato es fermoso,
  Honesto, muy entendido,
  Non quieren al mal gracioso
  Nin aman al mal sentido,
  Y con grand desden y gesto
  Al tal despiden con esto.


V ESPADAS.

    Pues que son á tantas partes
  Vestras rasones comunes,
  Usando grosseras artes,
  Yd allá tener el mártes,
  Donde tovistes el lúnes.


IIII ESPADAS.

    Á esto suelen desir,
  Con gesto muy sosegado,
  Nin por más me despedir,
  Porfía mata venado.


III ESPADAS.

    Vos, que tanto porfiays
  Y de seso me sacays,
  Veamos por qué faseys.


II ESPADAS.

    Porque miéntras viviré
  Non de vos renunciaré.


I ESPADA.

  Y á mi rey qué desis.



_IUEGO DE BASTONES,_

_apropiado al amor de las viudas, todo de letras negras._


EL REY, XII PUNCTOS.

    Renunciar de los bastones
  Ha contescido al iugar,
  Mas de viuda renunciar
  Non lo sufren las rasones,
  Quanto más si es fermosa
  Y rica con moçedad,
  Quien dexáre la tal cosa
  Usaría de nesçedad,
  Amores son en verdat,
  Aunque non mucho pomposos,
  De mucha seguridat
  Y muy poco peligrosos.


CAVALLERO, XI PUNCTOS.

    Debaxo de negro manto
  Ya blancuras se fallaron,
  Donde fisieron grand llanto
  Otras vegadas cantaron
  Entended bien la rason,
  Amadores de notar,
  Que si mueren con sason
  Amores son de caçar,
  Ca segund es el lugar
  De campinna, ó de labrada,
  Es la caça saçonada.


SOTA, X PUNCTOS.

    Es verdat ques grand enoio
  Una rason que se pone
  Por refran, ó por antoio,
  Fulano, que Dios perdone,
  Por cierto sería excusada
  Si olvidar se podiese
  Que tal materia cantada
  Nin reçada se dixesse,
  Mas, ¿cómo puede excusar
  El sochantre de cantar?


IX BASTONES.

    Como yo non he passado
  En mi vida por tal regla,
  Non es grand yerro lo trovado
  Sy demas de mal rimado
  El efecto va sin regla,
  Ca segund la presuncion,
  Aunque non digo de quién,
  Á este caso fas bien
  Esta copla de cancion.


VIII BASTONES.

    El clamor ques en tal grado,
  Ciertamente deve ser
  De dama de grand estado
  Ó de gentil paresçer,
  Que lo al non se requier
  Nin se debe aprobar,
  Salvo sy fuere en lugar
  Que la falta lo fisier.


VII BASTONES.

    Muchas veses acaesçe
  Contra voluntat tratar,
  Porquel tiempo lo ofresce,
  El qual lo fase dexar,
  Así que debe mirar
  La que fuere requestada,
  Cómo non quede burlada.


VI BASTONES.

    Porque se suele faser
  Al tiempo que las reclaman,
  Quando se dan á creer,
  Que muy de véras las aman,
  Mas despues de bien burladas
  Disen estas palabras.


V BASTONES.

    En nuestra vida un remedio
  Sólo fallo que habemos,
  Que segund Dios puso medio,
  Que lloredes, et lloremos,
  Que farto con que tenemos.


IIII BASTONES.

    Mas disen en mi escuela
  Desta tal lection ó thema,
  Que con esto se consuela
  Quien las sus madexas quema.


III BASTONES.

    Es plaser lo que proponen,
  Que mal fabla les disen,
  Tal coraçon les ponen.


II BASTONES.

    Y despues de bien pensado
  Disen á su signo y fado.


I BASTON.

  Nin por más cuytas me dar.



_IUEGO DE COPAS,_

_apropiado á los amores de las casadas, todo de letras asules._


EL REY, XII PUNCTOS.

    Sabe el vino á las vegadas,
  En copa muy desygual,
  Mas amar á las casadas
  Á las veses sabe mal,
  Y bien por este tal iuego
  Do se paga grand portadgo
  Renuncien todos de luégo,
  Que yo non ménos lo fago,
  Mas disen los de Cartago,
  Segund pone la escriptura,
  Que nunca pesca en gran lago
  Quien iamas se aventura.


CAVALLERO, XI PUNCTOS.

    Renegad vos de posada
  Donde mora hombre varon,
  Donde cortan con espada
  É fieren con el bullon,
  Por ende, quien me creyere,
  Mire bien tales baratos,
  É sy en Córdoba se viere
  Sobresuele sus çapatos,
  Asy que los tales tractos,
  El que los quiere seguir,
  Bien se debe aperçebir.


SOTA, X PUNCTOS.

    Lo que tiene otro sobrado
  Á mí poco me aprovecha,
  Manto de otro sudado
  Mi voluntat lo desecha,
  Con todo, tal puede ser
  En color y en fechura,
  Que vieio puede valer
  Más que nuevo syn costura,
  Y por tal desenvultura
  Muchas veses vi folgura.


IX COPAS.

    Mas aquesta tal iornada
  De contino non se pruebe
  Cabeça descobiiada,
  En sameiante enbaiada
  Muchas vegadas se llueve,
  De tal querer me despido,
  Perdóneme toda sennora,
  Yo quiero ser su vençido
  Y que quede vençedora.


VIII COPAS.

    Y que quede á su placer
  Por guerrera conoscida,
  Aunque non es mucho vençer
  La cosa que está vençida,
  Esto, porque combatido
  Yo me fallo toda hora,
  Asy que quedo vençido,
  Ella que grand vençedora.


VII COPAS.

    Mas sy ama y es amado
  En qualque grand perfecion,
  Non tema la perdicion,
  Afirmando ser osado,
  Porque el hombre es obligado
  Ántes por una morir,
  Que non por otra vivir.


VI COPAS.

    Pues amar es cosa humana,
  Non se debe de iusgar,
  Que lo tal es cosa vana,
  De desir nin de pensar,
  Sy non ved lo que yo fundo,
  Sy es passado por el mundo.


V COPAS.

    Lo que syempre fué y es
  Es fuerça que syempre sea,
  Mas de fas que tiene enves,
  Nin de ropa del reves
  Ningund hombre se provea.


IIII COPAS.

    Que quando quise non quiso,
  Agora ménos yo quiero,
  En pensar lo postrimero
  Non quiero morir de riso.


III COPAS.

    Esto digo, non afirmando
  Lo que se debe faser,
  Cada qual sepa escoger.


II COPAS.

    Que yo syn más difinir
  Non quiero más escrebir.


I COPA.

  De mi secreto y firmesa.



_IUEGO DE OROS,_

_apropiado á los amores de donçellas, de letras verdes._


EL REY, XII PUNCTOS.

    Non ménos que fino oro
  Es rason de desear
  Una donsella que adoro,
  Para la querer et amar,
  Porque si todos colores
  Este buen metal excede,
  Non ménos estos amores
  Á todos otros precede,
  Á quien en tales antecede
  Habiendo qualque victoria,
  Para siempre le subcede
  Rica corona de gloria.


CAVALLERO, XI PUNTOS.

  Éstos son á quien yguales
  Todo hombre debe servir,
  Y por quien bienes y males
  Todo se debe sofrir,
  Éstos son por quien la vida
  Se meresce de poner,
  Éstos son por quien non olvida
  La gala de se exercer,
  Éstos que fasen faser
  Lindas iustas et invenciones,
  Éstos doblan coraçones.


SOTA, X PUNTOS.

    Éstos son los palancianos,
  Éstos son los más polidos,
  Éstos de quien los humanos
  Se deben fallar guarnidos,
  Éstos son limpios y bellos
  Syn algund impedimento,
  Éstos quien há parte en ellos
  Vive alegre et muy contento,
  Éstos son por quien absento,
  Mis trabaios son por ellos.


IX OROS.

    Éstos en extremo grado
  Por su gran valer me plasen,
  Éstos me tienen ganado
  Y con ellos soy pagado
  Aunque non me satisfasen,
  Dígolo porquen verdat
  En gracias de como quiero,
  Asy siento exquividat
  Como se fuese extranjero.


VIII OROS.

    Mas esta tamanna quexa,
  Que desta dama yo siento,
  Nin la dexo nin se dexa
  De buscar mi perdimiento,
  Asy que en tal mansilla
  Non sé cuál deba seguir,
  Sy me vaya de Castilla
  Ó muera por la servir.


VII OROS.

    Mas al fin fago esta cuenta
  Por sumas syn cantador,
  Que quiero más su tormenta
  Que de otra grand favor,
  Sy tengo rason ó non,
  Segund uso de firmesa,
  Alegre con ello soy.


VI OROS.

    Aquesta en verdat nasció
  Con extrema fermosura,
  Tal, que persona non vió
  Ygualdad en su fechura,
  Á la qual falta non vi,
  Salvo ser cruel á mí.


V OROS.

    Es cruel á mí vivir,
  Mucho más á mi servicio,
  Mas io syn me despedir,
  Nunca dexo de dexir
  Este sancto sacreficio.


IIII OROS.

    Aunque en vos iamas non siento
  Nin sentí punto de amor,
  Partirme non lo consiento
  De ser vuestro servidor.


III OROS.

    Ca espero en su bondat,
  Que usará de piedat
  Syn querer syempre mi danno.


II OROS.

    Donsella, vuestra beldad
  Cativó mi libertad.


I ORO.

  Servir á vos es reynar.



_Á LOPE DE ESTÚNNIGA._

  _Demandaron estrenas seys damas y é él fiso traher seys adormideras,
  é físolas tennir, la una blanca, la otra asul,
  la otra prieta, la otra colorada, la otra verde, la
  otra amarilla. E puso en cada una dellas copla,
  é metiólas en la manga, et fiso que cada una
  de las damas metiese la mano en la
  manga, é que sacase aquella con
  que topase, et que cada uno
  lo rescibiese en sennal
  de su ventura. E
  las coplas son
  éstas:_


PRIMERA.


LA BLANCA.

    Ve dormidera cuytada,
  Llena de grand amargura,
  Amarte syn ser amada
  Fué siempre la mi ventura.


LA ASUL.

    Bien segura puede estar
  Qualquiera que me tomáre,
  Que nunca verá pesar
  De cosa que bien amáre.


LA PRIETA.

    Dama de grand gentilesa,
  Guárdete Dios de mi suerte,
  La qual fué syempre tristeza,
  Muy más áspera que muerte.


LA COLORADA.

    Á mí me llaman plaser,
  Que fago tal iuramento
  De nunca te fallesçer,
  Por ningund mal nin tormento.


LA VERDE.

    Esperança, los que esperan
  Me suelen todos llamar,
  Mas algunos desesperan,
  Por mucho tiempo esperar.


LA AMARILLA.

    Á mí llaman complimiento
  De verdaderos amores,
  Mas las dubdas y temores
  Me ponen mucho tormento.



_CANCION DEL MARQUÉS DE SANTILLANA._


    Sennora, muchas mercedes
  Del favor que me mostrastes,
  Sed cierta et non dubdedes
  Que por syempre me ganastes.

    Pues de vuestra grand valía
  Yo fuy tan favorescido,
  Muy grand mengua me sería
  Que fuese desconocido;
  Mas, sennora, pues fasedes
  Contra mí más que pensastes,
  Sed cierta et non dubdedes
  Que por syempre me ganastes.



_CANCION DE MOSEN DIEGO DE VALERA._


    Vuestra bellesa syn par
  Á todas fase envidiosas,
  Asy que las más fermosas
  Resciben, en vos mirar,
  Syn dubda grave pesar.

    Vuestra neta catadura,
  Ayre y gentil aseo
  Destruyen la fermosura
  De todas quantas yo veo,
  Y ser vos tan singular
  Las fase ser envidiosas,
  Asy que las más fermosas
  Resciben en vos mirar
  Syn dubda grave pesar.



_IUHAN DE TAVIRA._


    Cuydados, dad ya vagar,
  Que syn pena
  Un momento pueda estar
  Este mi triste pensar,
  Que condena
  Mi vivir, á que viviendo
  Syn vivir,
  De males que non syntiendo,
  Muera mi vida muriendo
  Syn morir.



_RESPUESTA DE PEDRO DEL CASTILLO._


    Por demas es porfiar,
  Segund suena,
  Syn grandes penas pasar
  Y trabaios, alcançar
  Cosa buena;
  Por lo qual esto queriendo,
  Vos seguir,
  Vestro bien yrá cresciendo
  Y vuestro mal fallesciendo
  Por servir.



_DE CARVAJAL._


    ¿Quién se podria alegrar,
  Sy vos, que teneys poder,
  Non quereys iamas querer
  La mi cuyta remediar?

    Esperança tanto larga
  Me fase pensar enganno,
  Quien padesce vida amarga
  Cada dia l’es un anno,
  Esperando meiorar
  Todavía ver peor,
  Quanto más presto meior,
  Es la tal vida dexar.

    Fuerte m’es la despedida,
  Mas quedar es muy dannoso,
  Quanto más luenga partida
  Tanto más so perdidoso,
  Vos desid, sy reparar
  Vos plase mi cruda quexa,
  Que esperança áun non me dexa
  De vos poder apartar.



_DE CARVAJAL._


    ¡Oh sy muerte fuera presta,
  Alegre yo,
  Para el triste que oyó
  Tal respuesta!

    ¡Oh estimada alegría,
  Amargo y crudo tormento,
  En tiniebras noche et dia
  Me sotierra pensamiento;
  Ved qué negro pagamiento,
  Desirme no,
  Para el triste que oyó
  Tal respuesta!



_PARA EL REY._


    Oyd, que dise mi mote
  Syempre vençen seguidores,
  Non puedo vençer amores.

    Desque fuí conquistador
  Del mundo et començé,
  De todo fuy vençedor,
  Sola vos fuerte fallé,
  Por quien pago el escote,
  Que gosé de vençedores,
  É non puedo vençer amores.

    Que vuestra virtud es tanta,
  Mesclada con grand bellesa,
  Que á todo el mundo espanta
  Vuestra gracia et gentilesa;
  Mi cuerpo en arras y dote
  Rescebid, pues con dolores
  Non puedo vençer amores.



_CARVAJALES._


    Si tan fermosa como vos
  Fasta hoy fuera nascida,
  Non seríades tan querida.

    Non seríades tanto amada
  Nin yo de tanto mal sufriente,
  Nin seríades vos espada
  Para mí tan perseguiente;
  Contemplar quered por Dios,
  En reparo de mi vida,
  Ques en punto de perdida.



_CANCION SUYA._


    ¡Oh qué poca cortesía
  Para ser tan lynda dama,
  Desamar á quien vos ama!

    Doledvos de mí, que peno,
  La vida triste que vivo,
  Non fagays de mí ajeno
  Que nascí vuestro cativo;
  Renegad mala porfía,
  ¿Non sentis que vos disfama
  Desamar á quien vos ama?



_A MADAMA LUCRECIA DEL ANNO,_

_en la meior edad de su bellesa._


    ¡Quién podria comportar,
  Aunque digan ser locura,
  Si lengua tiene, callar,
  Oyendo á todos loar
  La vuestra lynda figura;
  Fasta aquí grand voluntat,
  Pensé á muchos fasía desir,
  Mas fablando la verdat,
  Es tanta vuestra beldat,
  Que non se puede escrebir!

    Mas faré una colaçion
  Brevemente, sin errar,
  Desecando dilacion,
  Loando vuestra perfection,
  Ques bien digna de narrar;
  É quien tiene enamorada,
  Que de muy bella presuma,
  Perdóneme esta vegada,
  La verdat será fablada
  Porque non mienta mi pluma.

    Cierto es que blason de armas
  Más alta color es púrpura,
  Bien asy entre las damas
  Resplandesce más que flamas
  Vuestra lynda fermosura;
  É non ménos es la rosa
  Sobre las flores loada,
  Bien asy vos más fermosa,
  Vos mostrays ioia preciosa
  De las bellas esmerada.

    Sola vos por don precioso
  Merescistes ser aquélla,
  Sentar en el temeroso
  Sitio ardiente, peligroso,
  Por la más casta donsella;
  Porque vírgen no temiendo
  El furor de grandes flamas,
  Mas ellas de vos fuyendo,
  É vos muy leda sintiendo,
  Como entre flores et ramas.

    En todas cosas amor
  Fiso vuestra parte buena,
  Que vos dió conquistador,
  Que César, emperador,
  Desqueste nasció non suena;
  La beldat ser toda vuestra,
  Segund dise la escriptura
  É segund opinion nuestra,
  Á vos fiso Dios por muestra,
  Afinando su pintura.

    Sola vos, gentil sennora,
  Sé que os tovo Dios guardada
  De ab inicio fasta agora,
  Para aquel que vos adora,
  Por quin soes dea llamada;
  Cuya fama se consuena
  Ser más bella que no estaba
  La fermosa griega Elena,
  Nin la lynda Policena,
  Quando por Ector lloraba.

    Lucrecia, vuestra grand fama
  Non creyera sy non viesse,
  Mas de que vi tan linda dama,
  Vuestra fama paresció rama
  Que de un árbol se cayesse;
  Porque Dios quiso mostrar
  Flor nueva sobre las flores,
  Por todo el mundo matar,
  Y á vos sola salvar,
  Porgatorio de amadores.


_Fyn._

    Sy mi lengua non pregona
  Ya virtud quanta en vos cabe,
  Por la más fermosa dona,
  Vos presento la corona,
  Porque otra non se alabe.



_CARVAJALES, CANCION SUYA._


    Sy desis que vos ofende
  Lo que más mi seso piensa;
  Si rason algo defiende,
  En tal caso amor dispensa.

    Io solo seré el culpado,
  Vos queriendo mi querer,
  É pensad maior peccado
  Ser matar que ofender,
  Pues meior se vos entiende,
  Non me deys á tal defensa;
  Que sy rason algo defiende,
  En tal caso amor dispensa.

    Quando alegre cuydé ser,
  Fué tan negra mi ventura,
  Que finóse mi plaser
  É nasció mi grand tristura.

    Mi estudio et pensamiento
  Me vino todo al reves,
  É fueme enemigo el tiempo,
  É dió conmigo al traves,
  Do esperar es más perder
  Otro bien que sepultura,
  Que finóse mi plaser
  Et nasció mi grand tristura.



_CARVAJALES._


    Pues mi vida es llanto ó pena,
  Syn faser mudança alguna,
  Faré como la serena,
  Que canta cum la fortuna
  Y en bonança sufre pena.

    Quando lloro, quando canto,
  Quando muero, porque vivo,
  Quando fago amargo planto,
  Quando mis cuytas escribo;
  Pues fortuna sy lo ordena,
  Syguiendo voluntat una,
  Faré como la serena,
  Que canta cum la fortuna
  Y en bonança sufre pena.



_VILLANÇETE._


    Saliendo de un olivar,
  Más fermosa que arreada,
  Vi serrana, que tornar
  Me fiso de mi iornada.

    Tornéme en su compannía
  Por faldas de una montanna,
  Supplicando sil plasía
  De mostrarme su cabanna;
  Dixo: non podeys librar,
  Sennor, aquesta vegada,
  Que superfluo es demandar
  Á quien non suele dar nada.

    Si lealtat non me acordára
  De la más lynda figura
  Del todo me enamorára,
  Tanta vi su fermosura;
  Dixe, ¿qué quereys mandar,
  Sennora, pues soys casada,
  Que vos non quiero enoiar,
  Nin ofender mi enamorada?

    Replicó: yd en buen hora,
  Non cures de amar villana,
  Pues servis á tal sennora,
  Non troques seda por lana
  Nin querays de mí burlar,
  Pues sabeys que so enaienada;
  Vi serrana, que tornar
  Me fiso de mi iornada.



_VISION MUY TRISTE DE MI ENAMORADA._


    Más triste que non María,
  Aflita, con mucha pena,
  Vi tristesa en sennoría,
  Que iniusto amor condena,
  Más bella que Madalena,
  Cabellos, cara llorosa,
  Mostrándose más fermosa,
  La cara syempre serena.



_CARVAJALES._


    Buena nueva, buena nueva,
  Buena nueva vos dé Dios,
  Sennora mia pues vos
  Dixistes cosa tan nueva.

    Cosa nueva es para mí
  Haber plascer et alegría,
  Que iamas nunca me vi
  Alegre por vos un dia,
  Non sé sy amor me prueba,
  Ó ya qué será de nos,
  Sennora mia, pues vos
  Dixistes cosa tan nueva.



_DEL MESMO._


    El que más leal io fallo
  Destos paisanos nuestros,
  Veo que tiene su caballo
  Bien ligado á dos cabestros,
  Y el coraçon y la loquella
  Se reparten en dos partes,
  Et con sus mannosas artes,
  Quien más puede más repella.
  Turumbela.

    Nin les plase de vençer
  Nin consienten ser vencidos,
  Quieren la guerra tener
  Con ascucias et partidos,
  Esto non es cosa novella,
  Quen Italia á riendas sueltas
  Pasen vueltas et revueltas,
  Cada qual con su cautela.
  Turumbela.



  _Aquí comiença la epístola de la sennora reyna
  de Aragon, donna María, enviada al
  sennor rey don Alfonso, marido suyo,
  renando est Italia pacíficamente._


Á tí el famoso et moderno César, cuyas manos besando con reverencia,
non ménos que debo á tí, por cuya absencia lealtad aflige et
multiplica el mi lícito deseo, tú syn culpa, et io con iusta rason
querellosa, ¿de quién me quexaré ó á quién me querellaré de tí, sy
non á tí solo, en cuyo poder toda mi esperança vive? É contempla,
por Dios, siquiera una hora en el dia en quien tanto te ama, é
piensa en espacio de treyta annos quanto poco mis oios han gosado
de tu vista et ya que la universal pas has fecho en la grande et
riguorosa militante Italia, da con solicitud segura órden á tus
grandes fechos, é una breve execucion á tu partida et deseada venida,
por consolar aquella que, syn tu vista, ser consolada non puede.
É ruégote, quando la querellosa letra leerás, piadosamente quieras
contemplar en los servicios et afectuoso amor de aquella que te la
envia, rogándote non fallen en tí duresa nin carestía de fé mis
piadosas et verdaderas palabras, é ya que mys ruegos, mesclados
con lágrimas, contrastando tu deliberada partida, resister nunca
pudieron, quando fuyste in África, donde por áspera et sanguinosa
batalla vençiste, et por armas sobraste al potente rey de Carthago,
et enfecionaste et embrigaste todas las yslas de ynfiel sangre con
alguna de la tuya. É de aquí vencida la terra, et puesta á sacomano
gloriosamente con la sancta victoria triunfando, tornaste en la grand
Grecia, non olvidando la peligrosa empresa, que con iusto título,
esfuerzo, peligro, saber et manos, lançaste é despoiaste del reyno
al gallico rey, que duque agora se llama. Te ruego, pues tu empresa
con glorioso triunfo acabaste, é otros sennores et conmunes tributos
te fasen, quieras venir, et non olvidar aquella que nunca te olvida.
É non quieras menospreciar la grand constancia et lealtat de tus
originales reynos et fieles vasallos, que continuamente ruegan et
fasen oracion por tu próspera vida, deseando tu venida et non con
ménos deseo que los árboles, despoiados et fatigados del tempestuoso
et trabaioso invierno, esperan la plasiente primavera que los cubra
é vista de nuevas et verdes foias, et los orne de preciosas et
odoríferas flores. Ansy tus naturales esperan lançar todas angustias
tribulaciones, é por tu venida ser resucitados, renovados et vestidos
de nueva alegría, que con sola vista de tu cara, contentos, alegres
et pagados, olvidarán quantas persecutiones et muertes é dannos
en el adverso tiempo por tu servicio han padesçido. Aunque segund
mi fortuna, con dubdosa et triste sperança vivo temiendo, te será
más plasiente oyr la presente, que en xecucion poner la petition
de aquella. Porque, muy claro César et sennor mio, te suplico, non
porque io sea digna, mas por reverencia de aquel, que de tantos
ynfinitos peligros te ha guardado et de tantos triunfos et victorias
te ha coronado, mas que á otro viviente, quieras venir et non
dilatar tu partida, porque mi grand deseo me causa tan grande et
contínuo pensamiento, que cada dia me apropinqua al peligroso passo,
tanto que temo sabrás de mí la última nueva, ántes que io de tí la
segunda venida. Pero aunque muera con esta rabiosa mansilla et con
este intrínseco deseo, de tanto grand título, me alegro, que por
tu fama será mi muerte sabida et nombrada por todo el universo, et
dirán: muerta es la dolorosa segunda María mujer de César Alfonso el
Magno, que asas título es á mí ser reyna mujer tuya, et morir por
tuya, é yrte io á esperar en aquel siglo do mi esperança será cierta,
que non podrás fuyr.



_ROMANÇE POR LA SENNORA REYNA_

_de Aragon._


    Retraida estaba la reyna,
  La muy casta donna María,
  Mujer de Alfonso el Magno,
  Fija del Rey de Castilla,
  En el templo de Dyana,
  Do sacrificio fasía;
  Vestida estaba de blanco,
  Un parche de oro çennia,
  Collar de iarras al cuello,
  Con un grifo que pendia,
  Pater nosters en sus manos,
  Corona de palmería.
  Acabada su oracion,
  Como quien planto fasia,
  Mucho más triste que Leda,
  Sospirando, asy desia:
  Maldigo la mi fortuna,
  Que tanto me perseguia,
  Para ser tan mal fadada
  Muriera cuando nasçia,
  É muriera una vegada
  Et non tantas cada dia,
  Ó muriera en aquel punto
  Que de mí se despedia
  Mi marido et mi sennor
  Para yr en Berbería;
  Ya tocaban las trompetas,
  La gente se recogia,
  Todos daban mucha priessa,
  Contra mí á la porfía,
  Quién yçaba, quién bogaba,
  Quién entraba, quién salia,
  Quién las áncoras levaba,
  Quién mis entrannas rompia,
  Quién proises desataba,
  Quién mi coraçon fería;
  El terramote era tan grande,
  Que por cierto, parescia
  Que la máchina del mundo
  Del todo se desfacia;
  ¿Quién sufrió nunca dolor
  Qual entónçes io sufria?
  Quando vi iunta la flota
  Y el estol vela fasia,
  Io quedé desamparada
  Como vidua dolorida;
  Mis sentidos todos muertos,
  Quasi el alma me salia
  Buscando todos remedios,
  Ninguno non me valia,
  Pidiendo muerte quexosa
  Et menos me obedescia,
  Dixe con lengua rabiosa,
  Con dolor que me aflegia,
  ¡Oh, maldita seas, Italia,
  Causa de la pena mia!
  ¿Qué te fise, reyna Iuhana,
  Que rubaste mi alegría?
  Et tomásteme por fijo
  Un marido que tenía,
  Feçiste perder el frutto
  Que de mi flor attendia.
  ¡Oh madre desconsolada.
  Que fija tal parido habia!
  Et dióme por marido un César
  Que en todo el mundo non cabia,
  Animoso de coraie,
  Muy sabio, con valentía,
  Non nasció por ser regido,
  Mas por regir á quien regía.
  La fortuna ynvidiosa,
  Que io tanto bien tenía,
  Ofrescióle cosas altas,
  Que magnánimo seguia
  Plascientes á su deseo
  Con fechos de nombradía,
  Et dióle luégo nueva empresa
  Del realme de Seçilia.
  Seguiendo el planeta Mars,
  Dios de la caballería,
  Dexó sus reynos et tierras,
  Las ajenas conqueria,
  Dexó á mí desaventurada,
  Annos veynte et dos habia,
  Dando leys en Italia,
  Mandando á quien más podia,
  Soiusgando con su poder
  Á quien ménos lo temia,
  En África et en Italia
  Dos reys vencido habia;
  Tú vençiste al rey africano,
  É otro rey nascido en Gallia,
  Tú vençiste por tu mano
  El meior reyno de Italia,
  Si siguieras tu victoria,
  Non contento de tu gloria,
  Ganáras por más memoria
  Oçidente con Thesalia.
  Fuera tuya la Transmontanna,
  É Casia con la Turchía
  Et toda la parte africana,
  Con Xaloque et Mediodía,
  Et fueras dicho Monarcha
  Que todo el mundo abarcha,
  Non navegára tu barcha
  Por ajena sennoría.
  Non que vida peresosa
  Nin poder temiendo ajeno,
  Nin ménos mano temerosa
  Ympedió vuestro gran seno,
  Mas por dos mundos regir
  Non quesistes conquerir,
  Por más seguro rescebir
  El summo plaser eterno.


  _Muestra como por labsencia del Rey,
  la Reyna mostró su virtud et
  constancia._

    La vuestra grand solitut,
  Illustre Reyna bendita,
  Descobrió vuestra virtut
  De toda sospecha quita,
  Que seyendo vos en essencia
  De la majestat presencia,
  Non fuera vuestra prudencia
  De bienes tantos admita.

    Ansy que sy padesceys,
  Ganays eterna memoria,
  Y el deleyte byen sabeys,
  Non es virtud nin ménos gloria,
  Que á los buenos pertenesçe
  Padesçer quanto se ofresçe,
  Pues que fama resplandesçe,
  Sennora, quanto faseys.

    Sy mi grand prolixidat
  Non tan bien va como debe,
  Rescebid la voluntat,
  Perdonando á quien se atreve
  Á desir más que non sabe,
  Porque la virtut se alabe,
  Que á notar quanto en vos cabe
  Es mi fundamiento breve.



_CARVAIALES._


    Sicut passer solitario,
  Soy tornado á padescer,
  Triste et pobre de plaser.

    Quanto más vos me matays,
  Tanto más io vos deseo,
  Con quanto mal vos me mostrays,
  Resuscito quando vos veo;
  Pues si fuesse el contrario,
  Mirad sy podria ser
  Triste et pobre de plaser.

    Aunque vos á mí mateys
  Non sereys ya más loada,
  É dirán sy lo faseys,
  Á moro muerto gran lançada;
  Pues non deys atal salario
  Á quien vuestro quiere ser,
  Triste et pobre de plaser.



_CARVAIALES._


    Guai de vos si non pensays,
  Coraçon, lo que faseys,
  Porque un dia os matareys.

    Como veys, dama fermosa,
  Vos luégo os enamorays,
  É quanto es más peligrosa,
  Tanto ménos vos curays;
  Pues sabed, sy no asesays
  Y esta plática teneys,
  Que un dia os matareys.



_CARVAIALES._

_Á la Princepsa de Rosano._


    Entre Sesa et Cintura,
  Caçando por la traviesa,
  Topé dama que deesa
  Parescia en su fermosura.

    Pensé que fuesse Diana,
  Que caçasse las silvestras,
  Ó aquella que la mançana
  Ganó á las vivas nuestras;
  Soys humana criatura,
  Dixe, et dixo non con priessa,
  Sí, sennor, et Principessa
  De Rosano, por ventura.

    ¡Oh flor de toda bellessa!
  ¡Oh templo de honestidad,
  Palacio de gentilesa,
  Fundamiento de bondat,
  Mi sententia vos condena!
  Que si en aquel templo de Varis
  Vos fallára lynfante Páris,
  Non fuera robada Elena.

    Nin de Bersabé, David
  Non se dexára vençer,
  Nin Usrías tornára en lid
  Por sus dias fenescer;
  Tanto soys de gracia llena,
  Que sy iuntas vos mirára,
  Muy ménos se enamorára
  Archíles de Poliçena.



_CARVAIALES._


    Tiempo fué que se pasó,
  Sennora, que vos amé,
  Sy fuy vuestro, ya non só,
  Nin iamas nunca seré.

    ¿Quién podrá ser de sennora
  Que á los suios syempre yerra?
  Que do amor iamas non mora
  De allí virtut se destierra;
  Pues con rason puedo ser yo,
  Quien desamando, asy diré:
  Sy fuy vuestro, ya non só,
  Nin iamas nunca seré.



_CARVAIALES._


    Dexadme, por Dios, estar,
  Amor, baste lo passado,
  Pues me faseys desamar
  Donde más so enamorado.

    Non vos quiero más servir
  Nyn que vos sirvays de mí,
  Y vereys sy sé vivir
  Meior syn vos, que vos syn mí;
  Porque non podeys pensar
  Quánto me habeis enoiado,
  Fasiéndome desamar
  Donde más só enamorado.



_CANCION DE CARVAIALES._


    Si non fuesse tanto avante
  Y á tornar bastasse el dia,
  Yo sé quién se tornaria.

    Que mal tras mal et mal doblar,
  Es amor syempre seguir,
  Pues quien se debe avergonnar
  De sus yerros corregir,
  Aunque sea más avante,
  Tornando por meior via,
  Sé que á tiempo tornaria.

    Quien más sirviendo empeora,
  Es muy gran pena sofrir,
  Pues sy iamas nunca meiora,
  Mejor le sería morir
  Sin pasar más adelante,
  Mientra me bastasse el dia,
  Cierto, yo me tornaria.



_CARVAIALES._


    Andando perdido, de noche ya era,
  Por una montanna, desierta, fraguosa,
  Fallé una villana, feroçe, espantosa,
  Armada su mano con lança porquera.

    Tenía grand fuego cabe una fontana,
  Y en veiéndome, luégo syn otra peresa,
  Revuelta en el braço una capa de lana,
  Salióme adelante con mucha ardidesa,
  Disiendo: escudero, ¿quién soys? ¿qué quereys
  Por esta grand silva deshabitada?
  Sennora, cruesa de mi enamorada
  Me trae fuyendo, aquí donde veys.

    La perfection de nosotras mujeres,
  Es de los trese fasta quinse annos,
  Con éstas se toman suaves plaseres
  Et todas las otras son llenas de engannos;
  Por ende, sennor, sy pasa los veynte,
  Aquella por quien soys tanto penado,
  Sabed que serédes el más padesciente
  Et syenpre os vereys ser ménos amado.

    Amad, amadores, mujer que non sabe,
  Á quien toda cosa paresca ser nueva,
  Que quanto más sabe, mujer ménos vale,
  Segund, por exemplo, lo hemos de Eva,
  Que luégo, comiendo el fruto de vida,
  Rompiendo el uelo de rica ignocencia,
  Supo su mal et su gloria perdida;
  Guardaos de mujer que há platica et scientia.

    Amad, amadores, la tierna edat,
  Quando el tiempo requiere natura,
  Questa non tiene ninguna crueldat
  Nin ofende al amante luenga tristura.



  _POR MANDADO DEL SENNOR REY,
  fablando en propia persona, siendo
  mal contento de amor, mientra
  madama Lucrecia
  fué á Roma._


    Yo só el triste que perdí
  Mi vida sirviendo amor,
  É soy quien nunca resçibí
  Premio de quanto serví
  Synon penas et dolor,
  É á la fin, en conclusion,
  Porque más pena possea,
  Amor por consolacion
  De mi total perdicion,
  Me ha dado por galardon
  Una negra chaminea.



  _PREGUNTA DE DON FERNANDO
  de Guevara al sennor Rey, et la respuesta
  por su mandado del sennor,
  respondiendo en su
  persona._


    Vosotros los amadores
  Sabeysme aquesto desir;
  De mosquitos et de amores,
  ¿Quién son los destorbadores
  De quien bien quiere dormir?
  Si desis que amores son,
  Requerir vos he á la fin,
  Que por su contemplacion,
  Á vos el Rey de Aragon,
  Que os torneys mosen Rubin.

    Donde quiero que veays,
  Cosa de que os espanteys,
  Que aunque muy leal amays,
  Nin por polvos que trayays,
  Otras cosas fallareys;
  Traet con vos á mançana,
  Guardaos de la ballestilla,
  Porque desta fuente mana
  Cosa de vuestra anduana,
  Que non me comple desilla.



_RESPUESTA DE SENNOR REY_

_que fiso Caruajales._


    Aquel que da penas et finge dolores,
  Aquel me paresce que deba impedir
  Las mentes et fuerças de grandes sennores,
  Que desfavoridos ó habiendo favores,
  Sin ser amadores non pueden vivir;
  Por ser tan suave la comparacion
  De los mosquitos, me quiero reyr,
  É digo do fiere con su perfection,
  La fuerça de amores no haber defension,
  Si non la de Bacus armada de vin.

    Amigo, sy vos çiays,
  Ó n’os quieren do quereys,
  Vos comigo assy fablays,
  Que só plático et sé más,
  Que iamas nunca sabreys;
  Pues quien ama cosa sana,
  Syn mácula et syn mansilla,
  Más neta que estrella Diana,
  Mas, quien tiene poca gana
  Al comer, busca rensilla.



_CARVAIALES._


    Vos desis déxame estar,
  Dexaria se pudiesse,
  En tal puncto, que vos viesse
  Como yo peno penar.

    Si de mí tan deseada
  Non sintiésedes vos ser,
  Vos habríades á plaser,
  De amar por ser amada,
  Mas sy me faseys tornar,
  Non espereys me arrepentiese,
  Fasta tanto que vos viesse
  Como yo peno penar.



_CARVAIALES._


    Pues non me vale fuyr,
  Nin ser absente nin presente,
  Sepa Dios y toda gente
  Que vos me faseys morir.

    Sy fuyo de tierra en tierra,
  Ante mis oios vos veo,
  ¿Quién me librará de guerra
  Que me fase mi deseo,
  Sinon vos, que destruyr
  Me quereys iniustamente?
  Sepa Dios y toda gente,
  Que vos me faseys morir.



_CARVAIALES._


    El velo de la ignorancia,
  Que mi tierna edat cobria
  De la mi primera infancia
  En una symple constancia,
  Syn premio de grand valía,
  En la cual fuy enajenado
  Syn sentir catividat,
  Viviendo ledo et pagado,
  Me vino nuevo cuydado
  En la mi segunda edat.

    Olvidarla cuyo só
  Es muy grand pena pensar,
  Porque su par non nasció
  Nin virtut tanta no dió
  Dios á quien más quiso dar,
  Mas el tiempo, que apeteçe
  Apetitos muy extrannos,
  Non guardando quien meresçe,
  Mas, lo que meior paresçe,
  Con amor lleno de engannos.

    Soy en tal punto venido,
  Que ardo entre dos fuegos;
  Del uno soy ofendido,
  Y del que ménos mardido,
  Syn valer fuerça de ruegos.
  Ia non sé qué me desir,
  Nin ménos qué me faser,
  Porque non puedo servir
  Syn mucho más de servir
  Á quien debo complaser.

    Amor me manda una cosa
  Que desmanda lealtad,
  Quiere amor vida ioiosa,
  É servir la más fermosa
  Por complir la voluntat,
  Y estando en este debate,
  Entre lealtat et amor,
  Yo mirando el grand contraste,
  Vi el ménos fuerte conbate
  Ser de campo vençedor.

    Io quedé todo espantado,
  Casy muerto et syn sentido,
  É de amores tan plagado,
  Más que nunca enamorado
  Fué del arco de Cupido;
  Mas luégo que recordé,
  Aunque grand pena sentia,
  Tan alegre me fallé,
  Que de mi nada curé,
  Contemplando en quién servia.

    É con esta conclusion
  Solté mis velas al viento,
  Mas creciendo mi pasion,
  Con dudosa salvacion
  De todo mi pensamiento,
  Syn otra rason pensar
  Nin mal que pueda seguir,
  Porque más grave passar,
  Muy luenga vida penar,
  Que breve muerte morir.

    Sabes que me acuerdo agora
  De aquel tiempo que io burlaba
  De los que sirven, sennora,
  Nin quien ydolas adora,
  Nin de amores se quexaba;
  Mas agora claramente
  Por mi mal veo el ajeno,
  Que la pena del padesciente,
  Si es de amor mucho ferviente,
  Es maior que del infierno.

    Pues vengamos al efecto
  De secreta execucion,
  Porque amor mucho perfecto
  So silencio muy secreto
  Fase poca habitacion.
  É pues soys tan lynda dama,
  Do virtud tanta depende,
  Vos amat á quien vos ama,
  Conservando vuestra fama
  De lengua mala que ofende.

    Porque amo vuestro honor
  En verdat como el mio,
  Aunque soy vuestro amador,
  Amenguar vestro valor,
  Non creays que io querria;
  Solamente el platicar,
  É mirar et ser mirado,
  É yr et replicar,
  É poder vos recontar
  El martyrio mio passado.

    Que aunque io vuestro me llame,
  Ya non só sennor de mí,
  Nin por mucho que vos ame,
  Nin me quexe nin reclame,
  Soy de aquella á quien me dí,
  Que dar á otro lo quesme dado
  Es enganno et grand vilesa;
  Mas amar et ser amado,
  É vivir enamorado,
  Es muy noble gentilesa.

    Viendo vuestra fermosura
  Sin medida et syn peso,
  Yo perdí toda cordura,
  Et vuestra desenvoltura
  Me sacó fuera de seso;
  Que iamas en mí torné,
  Fasta agora en esta hora,
  Que fallé dada mi fe
  Á quien nunca olvidaré
  Por servir otra sennora.



_CARVAIALES._

_Suenno de la muerte de mi enamorada._


    Muy noble castillo de grand omenaie,
  Del qual soes alcayde et superior,
  Cuya doctrina soblima et linaie,
  Seguiendo la scientia por ser sabidor,
  Muy claro poeta et grand orador,
  Dadme sententia con absolucion
  De mi cruel suenno et triste vision,
  Por quien soy ferido de amargo dolor.

    La noche passaba y el dia venía
  Por su recto curso syn otra mudança,
  El cielo sereno con grand alegría,
  Mostrando complida haber su esperança,
  Do vi yo luégo syn mucha tardança
  En grand division duennas, donsellas,
  Las unas muy feas, las otras muy bellas,
  Queriendo romper la iusta balança.


_Absolucion del suenno._

    El suenno propuesto ad vuestra prudencia
  Es que vi muerta á mi enamorada,
  Del siglo terrestre tomando licencia,
  Teniendo en los cielos eterna morada,
  É quando del cuerpo fué el alma dexada,
  Los vicios y quinos queríanla ocupar,
  Las claras virtudes non dieron lugar,
  É fiso en los cielos complida volada.



_DISCORDIA._


    Agora más fuerte que non de primero,
  Me syento valiente á todo conbate,
  Así como el agua allí do más bate,
  Alympia ynmundicia de su feridero,
  É como el arena en el mes de Enero,
  Quanto más llueve se para más dura,
  Por semeiante de aquella figura
  Yo só, y sy plase seré plasentero.



_CARVAIALES._


    Aunque iuntos fagan guerra
  Contra mí todos tormentos,
  Fuego, ayre, mar et tierra,
  Planetas y elementos,
  Fortuna et sus fundamientos,
  Poniendo el mundo en su rueda,
  Non creays que iamas pueda
  Conromper mis pensamientos.

    Que sy un dia fase nublado,
  Otro dia fará bueno,
  É torna lympio et sereno
  El tiempo muy tribulado;
  Quien de poco es usado
  Con su mal poco se vença,
  Que virtud teme verguença
  En el ánimo esforçado.



_POR UN GENTIL HOMBRE, QUE SE CASSÓ_

_su enamorada._


    De Nola, Pedro, sennor,
  Ya se apropinqua el hora,
  Que sy soys buen amador,
  Passareys un grand dolor
  En ver cassar vuestra sennora,
  Y podriaes vos comportar
  De ser hoy presente della,
  Viendo que á vuestro pesar,
  La veredes hoy besar
  Y en poder ajeno aquélla.

    De cuerpo et disposition
  Vuestra persona es dotada,
  Mas la vuestra perdicion
  Causa vuestra discrecion,
  Que non fué bien estillada;
  ¡Oh causa desaventurada!
  ¡Oh mala dicha en amores,
  Que muchos por tal figura
  Son cubiertos de tristura,
  Muy sentidos amadores!

    Mas sy soys mal venturoso,
  Trabaiad por ser discreto
  Con estudio porfioso,
  Con tristesa muy gracioso,
  Tenes vuestro mal secreto;
  Et asy sereys loado,
  Viendo vuestra buena fama,
  É sereys ménos penado
  Et sereys más amado
  De qualquier más lynda dama.

    Sed costante enamorado,
  Non dexeys vuestra porfía,
  Que sy fuystes mal fadado,
  Porfía mata venado,
  Y esto vemos cada dia.



_CARVAIALES._


    Hoy es postrimero dia
  Que mi esperança me dexa
  Muy solo et syn alegría.

    Hoy se finisce mi alegría,
  Hoy murió todo mi bien,
  É muero io triste por quien
  Alegre vivir solia,
  Pues amor et su porfía
  En este mundo me dexa
  Muy solo et syn alegría.

    Do contemplaban mis oios,
  En el tiempo ia passado,
  Fallan el templo robado,
  Cubierno, lleno de enoios;
  Los que passan por la via
  Maldixien con mucha quexa
  La muerte cruel impía.



_CARVAIALES._


    Quien me apartára de vos,
  Apartado sea de Dios.

    ¿Cómo podré io sofrir
  Absente de vos vivir?
  Pues quien me fará partir,
  Partido sea de Dios.

    ¿Quién será tan ymportuno
  Que nos parta de consuno,
  Que somos dos, en querer uno,
  Amadores todos dos?



_GLOSA_

_de Sy pensays que soy mudable, que fiso Diego de Saldanna_

_á Carvajal._


    ¡Oh duenna más excellente
  Que todas quantas nascieron,
  É la más bien paresciente
  Que mis oios nunca vieron!
  Sy pensays que soy mudable,
  Es por mí desaventura,
  Que virtud et fermosura
  Á todo hombre fase estable.

    É más á mí, cuyo ruego
  Fallo ser mal acogido,
  Causa que en un vivo fuego
  Me porné por ser creydo;
  Esta salva vos faré
  Más triste que m’aprovecha,
  Do mi vida se desecha,
  Yo nunca desamaré.

    Á faser vos perder dubda
  Non sé remedio, vos digo,
  Será mi persona muda
  Á quien fabláre comigo;
  Que iamas responderé,
  Salvo si fablan de vos,
  ¡Oh duenna, mi solo Dios,
  Cuyo vivo moriré!

    De las otras ia non curo
  Nin curan ellas de mí,
  Cuyos fechos non apuro
  Nin me curo desde aquí;
  Aunque alguna me fable
  Yo faré que non la veo,
  Por ser del mal que posseo,
  Sola vos mi reparable.

    Ya incrédula, por Dios,
  Non querays, sennora, ser,
  Que despues que amo á vos
  Iamas otra pude ver;
  Siquiera porque creades
  Lo que yo digo ser cierto,
  Solitario en un desierto
  Viviré, pues que dubdays.

    Si vuestra mucha bellesa
  Viésedes como io veo,
  Creeríades mi fermesa
  Ser non ménos que yo creo,
  Que soys vos la que más quiero
  Sin poderse meiorar,
  Pues ¿por qué debo trocar
  Un amor tan verdadero?

    Sy desto non soys segura,
  Vivir quiero enparedado
  En una casa muy escura
  Si por vos es ordenado;
  Servir, aunque vivo, muero,
  Et serviendo moriré,
  É constante vençeré
  La grand victoria que espero.


_Fyn._

    En fin, de tan grand amor,
  Pues, sennora, qué será,
  Morirá mi gran dolor,
  Ó dolor me matará;
  Con la vida que me dades,
  Es ya espanto como vivo,
  Et quando más muero revivo,
  Pensando que me llamades.



_CARVAIALES._


    Aunque vos non me querays,
  Vos serés de mí querida,
  É quanto más pena me days,
  Vos quiero más que á mi vida.

    Quiérovos más que á mi vida
  Por ser vos tanto fermosa,
  Y pues soys desconocida,
  Mi esperança es peligrosa;
  Mas por eso no creays
  Que sereys ménos servida,
  Que quanto más pena me days,
  Vos quiero más que á mi vida.



_CARVAIALES._

  _Cancion et coplas et romançe, aparte fechas, con mucha
  tristesa et dolor, por la partida
  de mi enamorada._


    Vos partis et á mí desays
  En muy áspera passion,
  Et vos sola vos llevays
  La llave de mi coraçon.

    Y en aquesta personía,
  Syempre amando et sospirando
  Fenescerá la vida mia,
  Muerte ó gracia esperando;
  Ya por Dios, vos non querays
  Que io muera en esta presion,
  Pues vos sola vos llevays
  La llave de mi coraçon.



_COPLAS APARTE, DEL MESMO._


    Ya mi vida se aparta
  Viendo el ánima partir,
  Nin mi persona se farta
  Mil veses la muerte pedir;
  ¿Quién es que pueda sofrir
  Mudaciones tan extrannas,
  Que muero et non puedo morir
  Nin ménos oso desir
  Quién me arranca las entrannas?

    Passiones, penas, dolores
  Tormentan la vida mia,
  Absencia et guerra de amores,
  Tristesa syn alegrya;
  Non sé á quién me consuele
  Nin io me quiero aconsolar,
  Sy de mí ia non se duele
  Aquella que nunca suele
  Á mis males remediar.

    É sy aquélla non me quiere
  La que quiero et serví,
  Quanta vida yo viviere
  Será muerte para mí;
  Pues haber nombre de vida,
  É ser muerte tanta amarga
  Es gratia desgradescida,
  Mal dada et peor rescebida,
  Et peor quanto más larga.

    Todo principio de amores
  Comiença con grand dolçura,
  É despues con mill errores
  Se convierte en amargura;
  Donde nasçe el sospirar,
  Çelos et suspiraciones,
  É con desdennos desdennar,
  Y el querer dissimular
  Más cresciendo las passiones.

    Muerte et fortuna, adversas
  De toda felicidat,
  Que syempre tu rueda versas
  Contra la prosperidat,
  ¡Con quánta guerra et furor
  Me perseguistes fasta agora
  Nin ia podeys faser peor,
  Que matarme mi sennor,
  É llevarme mi sennora!


_Fyn._

    Do mi vida et bien se casan,
  Dragos con lenguas rompientes
  Mis bienes todos desatan,
  É del mundo me desbaratan
  La furia de maldisientes.



_ROMANÇE DE CARVAIALES._


    Terrible duelo fasia
  En la cárcel donde estaba
  Carvaial quando moria,
  Que de amores se aquexaba;
  Circundado de dolores,
  Muy áspero sospiraba,
  La muerte poco temida,
  La vida menospreciada,
  Viéndome triste, partido
  De quien más que á mí amaba,
  Viendo io robado el templo
  Do mi vida contemplaba,
  Viéndome ya separado
  De mi lynda enamorada,
  Aflitto, con mucha pena,
  Mi persona trabaiada,
  Visitaré yo los lugares
  Do mi sennoría estaba,
  Besaré la cruda tierra
  Que su sennora pisaba
  Et diré triste de mí:
  Por aquí se paseaba,
  Aquí la vide tal dia,
  Aquí comigo fablaba,
  Aquí llorando et sospirando
  Mis males le recontaba,
  Aquí pendaba sus cabellos,
  Se vestia et despoiaba,
  Aquí la vide muy bella,
  Muchas veses desfraçada,
  Aquí la vide tal fiesta,
  Cuando mi vida penaba
  Con graciosa fermosura,
  Mucho más que arreada,
  Aquí mostraba sus secretos,
  Los que io ver deseaba;
  ¡Oh desastrada fortuna!
  ¡Oh vida tan mal fadada!
  Fallecióme mi plaser,
  Quando más gososo estaba.
  ¡Oh finiestras tan robadas!
  ¡Oh cámara despojada!
  Llorad comigo paredes,
  La mi vida tan amarga,
  Lloren todos mis amigos
  Una pérdida tamanna,
  É lloren mis tristes oios
  Con rabia desordenada,
  De lágrimas fasiendo tinta,
  De sangre purificada,
  Nasçida del coraçon,
  Por mis oios estillada,
  Regando mis tristes pechos,
  Quemando toda mi cara,
  Sobrado de grand dolor,
  Á mí mesmo preguntaba:
  ¿Dónde estás tú, mi sennora?
  ¿Vives como yo penada?
  ¿Quién privó la vuestra vista
  De mirar et ser mirada?
  ¿Quién partió tan grand amor
  Con virtud tanto guardada?
  Ansy nos partimos ambos,
  Tales la última vegada,
  Que el ménos triste de nos
  Muy agramente lloraba,
  Piedat hobiera grande,
  Un cruel que nos miraba.


_Fyn._

    Do mi vida et bien se casan,
  Dragos con lenguas rompientes
  Mis bienes todos desatan,
  É del mundo me desbaratan
  Los perversos maldisientes.



_CANCION SUYA, DE CARVAIALES._


    Desde aquí quiero iurar,
  Sy voluntad no me enganna,
  De iamas amar villana.

    De villana fermosura
  Ya non entiendo más curar,
  Gentil dona de natura,
  Amaré que sabe amar,
  Porque torno á refermar,
  Sy voluntad no me enganna,
  De iamas amar villana.

    Porque amor et gentilesa,
  Todos van por una via,
  É la villana et la vilesa
  Busca su ygual compannía;
  Pues de tal gente curar,
  Non consyente ya mi gratia
  De iamas amar villana.



_OTRA DEL MESMO._


    Paciencia, mi coraçon,
  Non quieras desesperar,
  Que despues de la passion
  Viene la resurrection.

    Si el tiempo fase mudança,
  Se constante con destresa,
  Que fortuna trae bonança,
  É plaser mucha tristesa;
  Pues constancia es perfection
  Do se muestra bien amar,
  Non quieras desesperar,
  Que despues de la passion
  Viene la resurrection.



_CARVAIALES._


    De mis males el menor
  Es contínuo sospirar,
  Y el deseo es el maior
  Do esperança non há lugar.

    Atan grave mal posseo,
  Que tormenta mis sentidos,
  Porque’n todas partes veo
  Mis afanes ser perdidos
  Y conosco mi error;
  Mas quien subjetó amor,
  Que puede de sy ordenar,
  É non me puede dexar.

    Perdiendo la libertad,
  Obediente á mi querer,
  Creçe más la voluntad,
  Por lo que non puedo haber;
  Bien conosco ser peor
  Al presente porfiar,
  Con mucha fuerça de amor
  Pienso vençer por amar.



_OTRA SUYA._


    Vos mirays á mí et á ella,
  Ella mira á mí et á vos,
  Y vos teneys una querella
  Muy peligrosa pardios.

    Io miro á quien nos mira
  Con oios baxos muy cautos,
  Y á vos miro con ira,
  Y á ella con gentiles autos;
  Vos moris por defendella,
  É yo por tomarla á vos,
  Y vos teneys una querella
  Muy peligrosa pardios.

    Vos vivis muy trabaiado,
  Que posseys por defender,
  É yo tanto enamorado,
  Que la espero posseer;
  Tantos annos habeys vos
  Quantos hemos yo y ella,
  É por esto es la querella
  Muy peligrosa pardios.

    Quien iuga sobre ropa ajena
  Non puede perdido ser,
  Guay de vos que andays en pena
  Con sospecha de perder;
  Esto quiero que vean dos,
  É seamos yo y ella,
  É será bien la querella
  Muy peligrosa pardios.



_CARVAIALES._


    Desidme, gentil sennora,
  ¿Qué vida passaes agora?

    Si es tal como solia
  Quanto bien á mí sería,
  Porque vestra pena, mia
  Es más que vuestra, sennora.

    Yo vos veo muy penada,
  Mal contenta et despagada,
  Pero non ménos amada
  De mí, por çierto, sennora.



_CARVAIALES._


    ¿Dónde soys, gentil galana?
  Respondió manso et syn priessa:
  Mia matre è de Aversa,
  Io, miçer, napolitana.

    Preguntel si era casada,
  Ó sy se queria casar,
  Oyme, disse, esventurata,
  Hora fosse à maritar,
  Ma la bona voglia è vana,
  Poy fortuna è adversa,
  Che mia matre è de Aversa,
  Io, miçer, napolitana.



_DEL MESMO._


    Tempo serebe hora may,
  Amor, chio te lassasse,
  Poy non ape may
  Cosa che desyderasse.

    De lo ingrato modo tuo,
  He vergonya et fastidio,
  Perche voglio esser suo
  De chi non vole esser mio;
  Ma sy me parto vidiray
  Que più toste me amaçasse,
  Che volerte veder may
  Sy mille volte me chiamasse.



_OTRA SUYA._


    Non credo que più grand doglia,
  Dui amanti poczan patere,
  Che esser ambe duna voglia,
  É restar de non potere.

    Perche quando la esperança,
  He più presso al fin venire,
  Omne pichola tardança
  He più pena che morire,
  Amor me veste, et poy mi spoglia
  La fortuna per mal volere,
  Cha symo ambe duna voglia,
  É resta per non potere.

    Adio, madama, adio, ma dea,
  Poy vuestra ira cosy me trata,
  Porche digo: ingrata patria,
  Non possidebis ossa mea.

    Pues perdí quanto serví
  Con amor et con lealtad,
  ¿Qué faré, triste de mí,
  Con amor tan syn verdat?
  Quien de vos más se arrea
  Peor su vida barata,
  Porque digo: ingrata patria,
  Non possidebis ossa mea.



_CARVAIALES._


    Passando por la Toscana
  Entre Sena et Florencia,
  Vi dama gentil, galana,
  Digna de grand reverencia.

    Cara tenía de romana,
  Tocadura portoguesa,
  El ayre de castellana,
  Vestida como senesa;
  Discretamente non vana,
  Yo le fise reverencia,
  Y ella con mucha prudencia,
  Bien mostró ser cortesana.

    Assy entramos por Sena,
  Fablando de compannía,
  Con plaser, habiendo pena
  Del pesar que me plasia;
  Sy se dilatára el dia,
  Ó la noche nos tomára,
  Tan grand fuego se encendia,
  Que toda la tierra quemára.

    Vestia de blancho damasquino,
  Çamurra al tovillo cortada,
  Ençima de un vellud fino,
  Un luto la falda rastrada,
  Ponposa et agraciada,
  Una invencion traya
  Por letras que no entendia,
  De perlas la manga bordada.

    Item más: traya un ioyel
  De richas piedras pesantes,
  Vn balax, y en torno del
  Çafis, rubís et dyamantes,
  Firmando sobre la fruente
  Con muy grande resplandor,
  Pero dábale el favor
  Su gesto lyndo, plasiente.

    En su fabla, vestir et ser
  Non mostraba ser de Mandra,
  Queriendo su nombre saber,
  Respondióme que Casandra;
  Yo con tal nombre oyr,
  Muy alegre desperté,
  É tan sólo me fallé,
  Que por Dios pensé morir.



_ACERCA ROMA._


    Veniendo de la Campanna,
  Ya el sol se retraya,
  Vi pastora muy loçana,
  Que su ganado recogia.

    Cabellos rubios pintados,
  Los beços gordos bermeios,
  Oios verdes et resgados,
  Dientes blancos et pareios;
  Guirlanda traya de rama,
  Cantando alegre venía,
  É sy bien era villana,
  Fija dalgo parescia.

    El arreo de su persona,
  Saya negra de sayal,
  De yeda tray una sona
  Syn pintura artificial,
  Libre, suelta, sufragana,
  Padre et madre obedescia,
  É si bien era villana,
  Fija dalgo parescia.

    De seda rica nin grana
  Non é deseo nin ménos cura
  Vestida de gruesa lana,
  Ornada de fermosura;
  Cuando llueve en su cabanna,
  Çamarra et fuego tenía,
  É sy bien era villana,
  Fija dalgo parescia.

    Entre io et mi carillo,
  Ganamos buena soldada,
  Sonando mi caramillo
  Vivo yo mucho pagada;
  Leche, queso et cuaiada
  Iamas non me fallescia,
  É sy bien era villana,
  Fija dalgo parescia.

    De triumphos et grandes honores
  Yo non curo en nengund tiempo,
  Fortuna nin sus errores
  Non daban pensamiento;
  De toda pompa mundana
  Muy poca estima fasia,
  É sy bien era villana,
  Fija dalgo parescia.



_CARVAIALES._

  _Por la muerte de Iaumot Torres, capitan de los ballesteros
  del sennor Rey, que murió en la cuba,
  sobre Carinola._


    Las trompas sonaban al punto del dia,
  En són de agüeros sus voses mostraban,
  Las turbidas nubes el çielo regaban,
  Por cuyo acçidente el sol se escondia,
  Do vi gente de armas que al campo salia,
  Et són de valientes et mucho guerreros;
  E vi al capitan de los ballesteros,
  Más lyndo que Archilles, quando armas fazia.

    Encima de un alto puiante corser
  Con armas flagantes ardido armado,
  Vestia una iornea de damasco morado,
  Mostraba de todos, pardios, sennor ser,
  ¡Oh quién lo viera, pues, armas faser,
  Allí do ganó la honorrada tumba,
  Por cuyos fechos la fama rebumba,
  Que fase’n los buenos envidia crescer!

    Quiso syn tiempo con seso ser hombre,
  El tanto famoso Iaumote nonbrado,
  Del rey don Alfonso, querido et criado,
  Honró su persona, su causa et su nonbre,
  Dexó en los syglos por syempre renonbre,
  Pugnó con la muerte su mucha virtud,
  Muriendo ganó la eterna salud,
  Por ende, á ninguno tal muerte no asombre.

    Pesar non me dexa mi lengua extender,
  Por ser vençedor del tu combatido,
  Con armas vençidas del vinto ferido,
  Fasiéndole cara y espaldas volver,
  Fortuna non puede nin dar nin toller,
  Que el fijo de aquella troyana Ecuba,
  Mejor con los griegos que tu en la cuba,
  Podiese muriendo más honra haber.

    Leváronlo á Capua, sangriento, finado,
  Bien acompannado, segund merescia,
  De nobles varones et caballería,
  Entre los quales él era estimado,
  Traxéronlo á Napol, en andas honrado,
  Do yo vi las damas de grand preminencia,
  Llorando muy tristes, que dentro en Valençia,
  Non fuera de todas atanto llorado.

    É sobre todas más duelo fasia
  Una fermosa duenna, ó donsella,
  Messándose toda con mucha querella,
  Rasgando su cara, que sangre corria,
  Con voses turbadas, la triste disia:
  Yniqua, rabiosa et temprana muerte,
  Fartáras tu fambre con mi negra suerte,
  Ó ambos matáras en un mesmo dia.


_Fyn._

    ¡Oh sy murieras en tiempo passado,
  Do _viris illustris_ asy memoraban,
  En panno de fama allí te falláran
  Con letras de oro tu nonbre notado,
  Delante de muchos tú fueras mirado,
  Amigo, al presente, tu presta patiencia,
  Porque á notar tu grand excellencia,
  El gran Titu Libio se viera empachado!



_GLOSA._


    Non curedes de porfiar,
  Yo he claro fablado,
  Dexadme por Dios estar,
  Amor, baste lo passado,
  Que sy vos puede enoiar,
  Yo faré lo que he iurado;
  Pues me fases desamar
  Donde más só enamorado.

    Aunque yo sepa morir,
  É perder más que perdí,
  Non quiero más servir
  Nin que vos sirvais á mí;
  Pero vos oyres desyr
  Que perdiendo á vos vencí
  Y vereys que sé vivir
  Meior syn vos que vos syn mí.

    Yo vos quiero avisar,
  De vos me parto mal pagado,
  Porque non podeys pensar
  Quanto me habeis enoiado;
  Como vos quiero yo amar,
  Sy de vos soy desamado,
  Fasiéndome desamar
  Donde más só enamorado.

    Ménos mal sería morir
  Que non tal vida vivir.
    Do rige la voluntad
  Subjeta rason et bondad;
  Quien conosçe la verdat
  Grand pena debe sofrir.
    Donde mandan los menores
  Esto non por ser meiores,
  Los prudentes et mayores
  Se deben luégo partir.



_CARVAIALES._


    Partiendo de Roma, passando Marino,
  Fuera del monte, en una grand plana,
  Executando tras un puerco espino,
  Á muy grandes saltos venía la serrana.

    Vestida muy corta, de panno de ervaje,
  La rucia cabeça traya tresquilada,
  Las piernas pelosas, bien como salvaje,
  Los dientes muy luengos, la fruente arrugada,
  Las tetas disformes, atras las lançaba,
  Calva, çeiunta et muy nariguda,
  Tuerta de un oio, ynbifia, barbuda,
  Galindos los piés, que diablo semblaba.



_CARVAIALES._


    Desnuda en una queça,
  Lavando á la fontana,
  Estaba la ninna loçana,
  Las manos sobre la treça.

    Syn çarcillos nin sartal,
  En una corta camisa,
  Fermosura natural,
  La boca llena de risa,
  Descubierta la cabeza
  Como ninfa de Diana;
  Miraba la ninna loçana
  Las manos sobre la treça.



_RESPUESTA EN DEFENSION DE AMOR._


    Á vos, hereje malo, porque
  Renegastes nuestra fe,
  Lapidar vos han por Dios,
  Adios, adios.

    Como supe vuestro yerro,
  Vos quise luégo escrebir,
  Guardad, no muraes á fierro,
  Por vuestra tema seguir;
  Pues queres vos desdesir,
  Como hombre errado fase,
  Non querays ser pertinaçe
  Nin macomista morir.

    De mí vos digo, sennor,
  Bien que sea maltractado,
  Que morir quiero amador,
  Aunque viva desamado,
  Que al amante et non al amado
  Se atribuye la virtud,
  É al amado, ingratitud
  Lo deshonra en mucho grado.



_IOHAN DE MENA._


    Vestra vista me repara,
  Cuyos piensos me dan passion,
  Más vale vergüença en cara,
  Que mansilla en coraçon.

    Astil de perlas preciosas,
  Nominante dyadema,
  Fogueras vivas rabiosas,
  Do mi persona se quema,
  Quando vuestra se formó
  Ymágen bella, garrida,
  Entonçe se ordenó
  La muerte para mi vida.

    Hércoles, que la serpienta
  Hydrea mató syn temores,
  Se fallára en sobrevienta
  De vos requerir amores,
  Que fará mi tan indigna
  Persona, quita de hufana,
  Que non sé tomar doctrina,
  Si vos ore por divina,
  Ó vos amé por humana.

    Vos la meior ançianía
  Desta vida humanal,
  Que soiusgays á iuvenía
  Syn subsidio artificial,
  Tal dexa vuestra facion
  Mesura con dolce ayre,
  Que non vos toma desdon,
  Ménos vos dexa donayre.



_ALFONSO DE MONTANNOS._


    Quando más libre pensé
  Ser de penas et cuydados,
  Tanto muy más açercados
  De mí, triste los fallé;
  Sentiendo como seré
  De vos, sennora, apartado,
  Todo mi mal renovado,
  Mucho grave lo veré.

    Quiso mi planeta et signo,
  Haber vos yo conosçida
  Para ser causa homecida
  Contra mí, triste, mesquino;
  Por lo qual me fallo digno
  Más de muerte que de vida,
  Con tan áspera partida,
  Que de súbito me avino.

    Syn tiento pido la muerte,
  Que me lieve rebatado,
  Por no ser en aquel estado
  De tal despedida suerte,
  Y contrástalo mi suerte,
  Que le piase io padesca,
  Vida triste como aquesta,
  Syn un punto de conuerte.

    Vos, bien mio, posseeys
  Entero mi coraçon,
  Mas sólo por compassion,
  Me dad parte sy quereys,
  Y algund tanto ya fareys
  Que yo viva como quiera,
  ¡Oh triste, quién non hobiera
  Conosçido el bien que habeys!

    La otra parte quedará
  En sennal que vos amé,
  Con quien puse tanta fe,
  Qual iamas se fallará;
  Mas de todo non será
  Possible lo yo possea,
  Syn que vuestra vista vea,
  Ó mi persona os sonnará.

    Meior fuera non gosar
  De la gloria en que me vi,
  Pues tan breve me partí,
  É la hobe ansy á dexar;
  My dolor es ya syn par
  Que me mete so la tierra,
  Pues fortuna me destierra
  De quien tanto quise amar.

    Á cruel muerte me inclino,
  Y quiere ventura ser tal,
  Dexarme, para más mal
  Padescer, syempre mesquino;
  Cierto, non sé quién tan digno
  Fué en hestorias de amadores,
  Que sufriesse por amores
  Un dolor tanto contínuo.

    Quando el alma de la carne
  Se arranca, non es possible
  Que su pena es tan sentible,
  Aunque muestro consolarme;
  Quien ya fuesse en matarme
  Gelo habria á mucho grado,
  Ante que vivir llagado,
  É me ver et desearme.


_Fyn._

    De vuestra gentil presencia,
  Vida mia et mi sennora,
  Me despido desde agora
  Con debida reverencia.



_AL SENNOR REY DON ALFONSO,_

_Iohan de Andúiar._


    Nunca iamas vençedor
  Al mundo fué tan ardido,
  Que amor non haya vençido.

    Et sy algunos detratores,
  Con ynorancia iusgasen
  Contra algunos amadores,
  Porque lealmente amassen,
  Digo que fasen error,
  É non saben que á Cupido
  El mundo es sometido.



_COPLAS FECHAS_

_por mosen Pedro Torrellas, de las calidades de las donas._


    Quien bien amando persigue
  Dona, á sy mesmo destruye,
  Que siguen á quien las fuye,
  E fuyen de quien las sigue;
  Non quieren por ser queridas,
  Nin galardonan servicios,
  Mas todas desconocidas,
  Por sola tema regidas,
  Reparten sus beneficios.

    Donde apetecen los oios,
  Syn otro conoscimiento,
  Allí va el consentimiento
  Acompannado de antoios,
  Y non es más su bondat
  Que vana parencería,
  Á quien non han voluntad
  Muestran que por honestad
  Contrastan á su porfía.

    De natura de lobas son
  Ciertamente en escoger,
  De anguillas en retener,
  En contrastar de erison,
  Non estiman virtud nin alteça,
  Seso, bondat nin saber,
  Mas catan abinentesa,
  Talle de obrar, é franquesa,
  Do puedan bienes haber.

    Tened aqueste conçepto,
  Amadores, vos supplico,
  Con quien riñen en publico
  Fasen la pas en secreto;
  Dissimulan el entender,
  Denuestan lo que desean,
  Fingen de enoio plaser,
  Lo que quieren non querer
  Y dubdar quando más crean.

    Por non ser poco estimadas
  De quien mucho las estima,
  Fasiendo de honestidad rima,
  Fingen de mucho guardadas;
  Mas con quien las tracta en són
  De sentir lo que meresçen,
  Syn detener galardon,
  La persona y coraçon
  Abandonan et ofreçen.

    Muchas por non descobrir
  Algunas faltas secretas,
  Á las personas discretas
  Non dexan al fin venir;
  Bien les demuestran amar
  Y que bondat las detiene,
  Mas con aquello tratar,
  Han sus engannos lugar
  Lo que en secreto contiene.

    Son todas naturalmente
  Malignas et sospechosas,
  Non secretas et mintrosas,
  Et movibles ciertamente;
  Vuelven como foia al viento,
  Ponen el absente en olvido,
  Quieren comportar á çiento,
  Asy que el más contento
  Es cerca de aborresçido.

    Sy las quereys emendar
  Las habeys por enemigas,
  Et son muy grandes amigas
  De quien las quiere lisoniear;
  Por gana de ser loadas
  Qualquier alabança cogen,
  Van á las cosas vedadas,
  Desdennan las soiusgadas,
  É las peores escogen.

    Sintiendo que son subiectas
  É syn nengund poderío,
  Á fin de haber sennorío,
  Tienen engannosas sectas;
  Entienden en afeytar,
  Y en gestos por atraer,
  Saben mentir syn pensar,
  Reyr syn causa et llorar,
  Y áun enbaydoras de ser.

    Provecho et deleyte son
  El fin de todas sus obras,
  En guarda de las soçobras,
  Suplen temor et fection;
  Si por temor detenida
  La maldat de ellas non fuese,
  Ó perfection escondida,
  Non sería hombre que vida
  Con ellas faser pudiese.

    Mujer es un animal
  Que dise hombre ynperfecto,
  Procreado en el defecto
  Del buen calor natural;
  Aquí se yncluyen sus males,
  É la falta del bien suyo,
  É pues le son naturales,
  Quando se demuestran tales,
  Que syn culpa concluyo.

    Aquésta es la condicion
  De las mujeres comuna,
  Pero virtud las repuna,
  Que les consiente rason,
  Asy la parte mayor
  Muchas disponen seguir,
  Et tanto han meyor loor,
  Quando el defecto mayor
  Ellas merescen venir.


_Conclusion._

    Entre las otras soys vos,
  Dama de aquesta mi vida,
  Del traste comun salida,
  Una en el mundo, de dos,
  Vos soys la que desfaseys
  Lo que contienen mis versos,
  Vos soys la que meresçeys
  Renonbre et loor cobreys
  Entre las otras diversos.



_RESPUESTA DE SUERO DE RIBERA_

_en defension de las donas._


    Pestilencia por las lenguas
  Que fablan mal de las donas,
  Non sé las tales personas
  Por qué disen de sy menguas,
  Mostrándose maldisientes,
  Non por via de iusticia,
  Mas con sobra de maliçia,
  Porque son ynpotentes.

    Sostener cosa tan mala,
  Que nasce de vil coraie,
  Á hombre de buen linaie,
  Es tacha, sy Dios me vala;
  Por cierto, mejor sería
  Rasonar á la comuna,
  Syn desir mal de ninguna,
  Usando de cortesía.

    Á los de vil condicion
  Consiento que digan mal,
  Seguiendo su natural
  Syn freno de discrecion,
  Mas en los tales aferes,
  Quando será menester,
  Los fidalgos han de ser
  Defensa de las mujeres.

    En boca de gentil hombre
  Mala está la villanía,
  Usando por otra via,
  Conviene que mude nonbre,
  Que donas naturalmente,
  Sy complasen nuestro modo,
  Nosotros somos en todo
  La causa de acçidente.

    Por lo qual es grand vilesa
  Desir mal de las leales,
  Por otras baxas non tales
  Que callar es gentilesa;
  En tan vanos pensamientos,
  Non querades entender,
  Que asas tenedes que ver
  En vuestros fallescimientos.


_Fyn._

    Todo hombre maldisiente
  Comete tacannería,
  Quanto más de compannía
  Que non es tanto plasiente;
  Pues de duennas et donsellas
  Mal haya quien mal dixiere,
  Y tambien el que lo oyere
  Sy non responde por ellas.


DEO LAUS ET GLORIA.

[Ilustración]



NOTAS.



NOTAS.


I. _Pág. 1._ LOPE DE STÚÑIGA.

_Á cabo de mis dolores._

Hemos dicho ya en la Advertencia preliminar que el ser de este poeta
la primera composicion que se encuentra en el códice que ahora damos
á luz, es lo que ha dado nombre á éste: en el _Cancionero general_
de Hernando del Castillo, Valencia, 1511, fólio 11, es donde por
vez primera vió la luz esta poesía, con una octava mas de las que
nosotros publicamos, que está entre la primera y segunda, y dice así:

    «Mayores son mis servicios
  De quanto son mis querellas,
  Y ménos tus beneficios
  De quanto merescen ellas.
  Ya, pues, ¿qué dirás, sennora,
  Contra quien
  Eres, cierto, robadora
  De su bien?»

Nueve composiciones de Stúñiga contiene el códice, de los cuales
publicamos ocho, pues la novena, que ocupa en él, el fólio 61 vuelto,
y empieza: _Llorad mi triste dolor_, es copia exacta de la que se
encuentra al fólio 29 vuelto, y pueden verla nuestros lectores en la
pág. 70.

Lope de Stúñiga, Astúñiga ó Çúñiga, pues se escribió de várias
maneras este nombre, fué hijo del mariscal Íñigo Ortiz de Stúñiga,
tambien poeta, de quien hay composiciones que se han publicado en
el _Cancionero de Baena_, y de doña Juana, hija natural de Cárlos el
Temerario, rey de Navarra. De una de las familias más ilustres de
España, fué tambien uno de los caballeros más apuestos de Castilla,
no ménos por su destreza en las armas que por su ingenio y gracia.
Vémosle ya en 1434 ser uno de los mantenedores del Paso honroso que
sostiene su primo Suero de Quiñones en el puente de Orbigo, donde
Stúñiga rompe lanzas con Juan de Fablas, mosen Frances Davio, Juan
de Villalobos, Alfonso Deza, Pedro de Torrecilla, Arnao Bojue y su
pariente D. Juan de Portugal. Al año siguiente sale de Madrid en
compañía de su amigo de la infancia, Diego de Valera, para tomar
parte en el golpe de mano que el Señor de Valdecorneja intentó contra
la villa de Huelma; frustrado éste, vuelve Stúñiga á la córte y
profesa á poco en el órden de Santiago, en donde llegó á ser Trece
y Comendador de Guadalcanal. Partidario acérrimo de los infantes de
Aragon con quien le ligaban el afecto á la mayor parte de su familia,
que seguia este partido, y el ser el infante D. Enrique Maestre de
Santiago, toma parte en las luchas de aquel reinado, siempre contra
el Condestable: acompaña á Italia á los Infantes y á su hermano el
Rey de Aragon, de quien recibe honra y mercedes, vuelve á Castilla
y vuelve á luchar contra don Álvaro de Luna: preso por órden del
Rey, ya que no puede con la espada, emplea su pluma _esforzándose
á sí mesmo estando preso_, celebrando en su _Dezir á la cerca de
Atiença_ el esfuerzo y valor de sus moradores cuando resisten al
Rey y al Condestable. Tuvo lugar á poco tiempo de esto la concordia
entre el Rey y el príncipe heredero D. Enrique (1446), por una de
cuyas cláusulas se concede completo perdon á su padre, á él y á
sus hermanos; pero estos convenios, que sólo eran treguas de corta
duracion, no impidieron el que su familia volviese á conspirar
contra el Condestable, quien faltándole el apoyo del Rey, acabó del
modo trágico que todos saben. Nos inclinamos á creer que no vivia
Stúñiga cuando la catástrofe, pues no figura entre los Trece y
Comendadores que asistieron á dar posesion del Maestrazgo al infante
D. Alonso, en quien D. Juan II habia delegado la Administracion
que le confiriera el Papa. La mayor parte de nuestros cancioneros,
así los inéditos como los impresos, contienen composiciones de
este poeta, algunas muy notables, y que le hacen acreedor, segun
la autorizada opinion del señor Amador de los Rios, á que sus
obras se coleccionasen y publicáran reunidas.—_Crónica de D. Juan
el segundo._—_Libro del Passo honroso defendido por el excellente
caballero Suero de Quiñones._—_Chrónica de las tres órdenes y
cavallerías de Sanctiago, Calatrava y Alcántara_, por el licenciado
frey Francisco de Rades y Andrada.


II. _Pág. 9._ JOHAN DE MENA.

_Guay de aquel hombre que mira._

Publicóse esta composicion en el _Cancionero general_, edicion de
1573, y el Sr. Bohl de Faber la insertó tambien en el tomo I de
su _Floresta de rimas antiguas castellanas_. Juan de Mena nació
en Córdoba, el año de 1411, de padres honrados, pertenecientes
al estado llano. Recibió su primera educacion en esta ciudad,
continuando sus estudios en Salamanca, y por último en Roma, desde
donde vino á la córte de D. Juan II, precedido ya de la fama de su
saber. Distinguido y querido de este Príncipe poeta, le nombró su
secretario de cartas latinas y caballero veinte y cuatro de la ciudad
de Córdoba. Como poeta fué uno de los más renombrados de su tiempo,
dándole sus contemporáneos el dictado de Príncipe de los poetas de
Castilla. Murió en Torrelaguna en 1456, en donde su amigo y protector
el Marqués de Santillana le erigió suntuoso sepulcro, que ha
desaparecido ya. Áun cuando se han publicado muchas ediciones de sus
poesías, algunas de ellas con el título de _Todas las obras de Juan
de Mena_, la verdad es que falta una edicion completa, encontrándose
todavía algunas composiciones inéditas.—_Obras de Juan de Mena._
Sevilla, 1499.


III. _Pág. 14._ JOHAN DE MENA.

_Ya non sufre mi cuidado._

_Cancionero general_, 1573, fólio 50.


IV. _Pág. 22._ BACHILLER DE LA TORRE.

_El triste que más morir._

Aparece en el códice bajo el nombre de Lope de Stúñiga, pero al
lado de éste y de distinta letra está escrito el del Bachiller de
la Torre, único que hemos dejado, por creerla de éste, y no de
Stúñiga. En el _Cancionero general_ de 1573, fólio 50, se publicó
atribuyéndola al Bachiller, y de idéntica opinion son los Sres.
Gayángos y Vedia en su traduccion de Ticknor, tomo I, pág. 561.
Alfonso de la Torre, apellidado por sus contemporáneos el Gran
Filósofo, era natural de un pueblo perteneciente al arzobispado de
Búrgos; estudió en Salamanca, en donde fué muchos años (desde 1437)
colegial del de San Bartolomé: por encargo de D. Juan de Beaumont,
ayo del Príncipe de Viana, escribió para la enseñanza de éste la obra
titulada _Vision deleitable_, que alcanzó gran fama en su tiempo, no
sólo en Castilla, sino fuera de este reino, habiendo sido traducida
al italiano y al catalan. Murió, segun creemos, en 1460.—TICKNOR,
_Historia de la Literatura española_, Madrid, 1851.


V. _Pág. 32._ LOPE DE STÚÑIGA.

_Llorad mis llantos, llorad._

_Cancionero general_, 1511, fólio 50.


VI. _Pág. 38._ LOPE DE STÚÑIGA.

_Si mis tristes pensamientos._

_Cancionero general_, 1511, fólio 50.


VII. _Pág. 42._ JOHAN RODRIGUEZ DEL PADRON.

_Fuego del divino rayo._

_Cancionero general_, 1511, fólio 17. Su apellido era Rodriguez de
la Cámara; pero se le llamó del Padron en muchos Cancioneros por ser
éste el lugar de su nacimiento: de ambas maneras está escrito en el
codice, y tambien de la Cámera y del Pedron, lo cual es manifiesto
error del copiante; nosotros le hemos dejado sólo los dos primeros.
Fué criado del arzobispo de Sevilla cardenal de San Pedro, D. Juan de
Cervántes, y estando á su servicio escribió un libro con el título
de _El siervo libre de amor_, dedicado á su mayor amigo, Gonzalo de
Medina, juez de Mondoñedo. Es una novela de los amores de Ardenlier
y Liessa, suceso que supone pasa á orillas del mar, cerca de Padron,
cuyas antigüedades y armas describe; ha sido publicada por el Sr.
Murguía en su apéndice al _Diccionario de Escritores gallegos_, que
desgraciadamente para nuestra bibliografía está sin concluir. Á sus
composiciones en verso, algunas de las que son bellísimas, debió este
poeta su fama merecida, siendo de lamentar que no se hayan publicado
reunidas é ilustradas convenientemente. Compuso tambien en prosa un
tratado sobre la nobleza y la heráldica, que se conserva inédito en
la biblioteca del Sr. Duque de Osuna, llamado _Cadira de honor_,
fecha á ruego de algunos señores mancebos de la córte del Rey D.
Juan el Segundo, al final del que existe una nota, cuyo epígrafe es:
_Síguese una carta de Juan Rodriguez, no se sabe para quién la haya
escripto, que paresce averla hecho quando se partia á ser fraile en
el santo sepulcro de Jerusalem, yendo desnaturado del reino_. No
sabemos si, en efecto, llevó ó no á cabo su propósito, ni el lugar y
año en que murió.—_Cancionero de Baena_, pág. 696. Madrid, 1851.


VIII. _Pág. 44._ EL MARQUÉS.

_Ya la grand noche passaba._

Le falta decir, despues del Marqués, de Santillana, de quien en
efecto es; tambien le falta el epígrafe que le puso su autor, y es el
de _Querella de amor_. Se publicó en el _Cancionero general_ de 1511,
fólio 24, pero falta de las estrofas cuarta y sexta: tambien en el
_Cancionero_ de Juan Fernandez de Constantina, y creyéndola inédita,
la publicó D. Tomás Antonio Sanchez en la pág. 143 del tomo I de su
_Coleccion de poesías castellanas anteriores al siglo_ XV, error que
rectificó el Sr. Marqués de Pidal en su introduccion al _Cancionero
de Baena_, pág. LXXIX, nota. Por último, el Sr. D. José Amador de los
Rios, en su edicion de las _Obras del Marqués de Santillana_, Madrid,
1852, la publicó tambien, haciendo notar todas las variantes, que son
muchas, y colocadas las estrofas en distinto órden del que tienen en
el _Cancionero_ llamado _de Stúñiga_, que publicamos hoy.

Don Íñigo Lopez de Mendoza, marqués de Santillana, conde del Real de
Manzanáres y señor de Hita y Buitrago, hijo de D. Diego Hurtado de
Mendoza, almirante mayor de Castilla, y de doña Leonor de la Vega,
su segunda mujer, nació en Carrion de los Condes el 19 de Agosto de
1398. Huérfano á los siete años de padre, quedó con sus hermanos al
cuidado de su madre, quien no sólo le dió una educacion esmerada,
sino que cuidó y defendió su patrimonio, amenazado en aquellos
tiempos turbulentos por la ambicion de los grandes. Á los diez y
seis años fué ya uno de los señores de Castilla que asistieron á la
coronacion como rey de Aragon del infante D. Fernando de Antequera.
Casado á los diez y ocho con doña Catalina Suarez de Figueroa, y
entrando ya en la administracion de sus bienes, tomó parte en los
acontecimientos políticos de aquellos tiempos sin descuidar por eso
sus aficiones y trabajos literarios; partidario acérrimo al principio
de los infantes de Aragon, se reconcilió luégo con el Condestable y
con el rey D. Juan, de quien recibió la merced del título de Marqués
de Santillana y Conde del Real de Manzanáres, como premio á sus
servicios y al valor desplegado en la batalla de Olmedo (1445). No
impidió esto, sin embargo, el que siguiese su enemistad con D. Álvaro
de Luna, á quien contribuyó á derribar de su privanza en union del
Conde de Placencia y otros grandes. Despues de la muerte del valido
se retiró de la vida pública, dedicándose á su familia y á sus
estudios en su casa de Guadalajara, en donde murió el año de 1458,
segun su sobrino Gomez Manrique, que al hablar de la muerte de varios
poetas dice:

    «Y no con éstos contenta
  Esta maldita de Dios,
  Vino con gran sobrevienta
  En el año de cinquenta
  Y más cuatro veces dos;
    »Y sacó por mi gran mal
  De esta cárcel humanal
  Domingo por la mañana,
  Al Marqués de Santillana
  Y gran Conde del Real.»

Tan excelente poeta como valiente capitan, fué el Marqués de
Santillana uno de los hombres más notables de su tiempo. Sus obras
han sido publicadas con notas y comentarios por el Sr. D. José Amador
de los Rios, Madrid, 1852, precedidas de su vida; excelente trabajo,
y el mejor y más completo hasta ahora publicado.


IX. _Pág. 48._ EL MARQUÉS.

_Ántes el rodante cielo._

Esta cancion se ha publicado en casi todos los Cancioneros impresos,
en el _Caxon de Sastre_, pág. 314 del tomo I, y por último, en las
_Obras del Marqués de Santillana_. Falta en el códice de Stúñiga
decir de Santillana despues de Marqués y expresar que la compuso á
ruego de su primo D. Fernando de Guevara, tambien poeta, y de quien
darémos las noticias que han llegado hasta nosotros, en el lugar
correspondiente. Véase la nota LXIII.


X. _Pág. 52._ CANCION DE VILLALOS.

_Quantos aman atendiendo._

Debe ser error del copista este apellido, que en nuestra opinion
se ha puesto por Villalobos; al ménos nosotros no tenemos noticia
de ningun poeta llamado Villalos, y nos afirma en esta opinion el
encontrar en el códice 7.819 de la Biblioteca Imperial de París esta
misma cancion atribuida á Villalobos.—OCHOA, _Catálogo razonado de
los manuscritos existentes en la Biblioteca Real de París_, pág. 391.


XI. _Pág. 53._ JOHAN RODRIGUEZ DEL PADRON. _Los siete gosos de amor._

_Ante las puertas del templo._

_Cancionero general_, 1573, fólio 121; MURGUÍA, _Antología gallega_,
pág. 26.


XII. _Pág. 63._ CARTA DE SANCHO DE VILLÉGAS Á SU AMIGA.

_Á tí, dama muy amada._

La fecha de esta carta, que, como pueden ver nuestros lectores al
final de ella, es de 1445, sirvió á los Sres. Gayángos y Vedia en sus
notas á la obra de Ticknor, _Historia de la Literatura española_,
para fijar la época en que se escribió el códice; pero hay otra
composicion muy posterior, como harémos notar cuando nos ocupemos
de la que lleva por epígrafe: _Á la devisa del sennor rey don
Fernando_. De Sancho de Villégas nada sabemos: con este apellido hubo
una familia sevillana, algunos de cuyos individuos se distinguieron
durante esta misma época, figurando entre los comendadores de las
órdenes militares, y recibiendo uno de ellos, Diego de Villégas, en
premio de sus servicios, los señoríos de Benahavis y Daidin; pero no
hemos encontrado que ninguno se llamase Sancho, ni podido averiguar
tampoco si éste perteneció ó no á esta familia.


XIII. _Pág. 69._ CANCION DE JOHAN DE PADILLA.

_Bien puedo desir, par Dios._

Hijo de Pedro Lopez de Padilla, señor de Calatañazor y Coruña, y de
doña Leonor Sarmiento, fué uno de los caballeros más valientes de
su tiempo; se distinguió notablemente, en compañía de su hermano
Diego, en la batalla de la Higueruela (1431), quedando despues de
la retirada del ejército cristiano á las órdenes del capitan de
la frontera de Jaen y Córdoba, el maestre de Calatrava D. Luis de
Guzman. Guerreando con los moros estuvo cinco años, siendo uno de
los que en 1435, y en compañía de su primo Fernan Álvarez, señor de
Valdecorneja, intentaron escalar la villa de Huelma. Rechazados
de ella y queriendo vengar su descalabro en union de otros muchos
caballeros y grandes, entraron talando la vega de Guadix, en número
de mil y quinientos caballos y seis mil peones: no pudieron hacerlo
tan secretamente que no lo supiese el Rey de Granada, que envió para
impedirlo todo su ejército: trabada la batalla, vió Juan de Padilla
al obispo de Jaen don Gonzalo de Stúñiga, que, pié á tierra, se
defendia con su espada de muchos moros, que despues de haberle muerto
el caballo, pugnaban por prenderlo. Acudió á su socorro y le mataron
el suyo; le dió el que montaba su escudero y tambien se lo hirieron
y á él le atravesaron el muslo de una lanzada; siguió peleando sin
querer retirarse á pesar de las instancias de los que le rodeaban,
hasta que desangrado cayó al suelo, empeñándose reñido combate por
salvarlo; al fin, vencidos los moros, pudieron conducirle al real,
en donde fué curado. Vuelto á la córte del rey D. Juan, de quien era
muy querido, lo nombró, cuando puso casa á su hijo y heredero D.
Enrique, camarero de armas de éste, y por muerte de Diego Gonzalez de
Sandoval, Adelantado mayor de Castilla: más adelante fué designado
tambien por el mismo Rey para ayo de su hijo D. Alonso, cuyo cargo
ejerció hasta la mayor edad de éste. Murió en tiempo de Enrique
IV, sucediéndole en sus estados y en los de su mujer Doña Mencía
Manrique, señora de Santa Gadea y Soto Palacios, su hijo mayor, Pedro
Lopez de Padilla, que fué tambien Adelantado mayor.—_Crónica de
don Juan II._—_Nobiliario de Haro._—RADES ANDRADA, _Crónica de las
órdenes militares_.


XIV. _Pág. 71._ JOHAN DE ANDÚJAR.

_Como procede fortuna._

En 1394 Martin Fernandez de Andújar, vecino y natural de Córdoba,
fundó el convento de franciscanos de la misma ciudad. Uno de sus
descendientes se llamó Juan, y coincide la época en que vive con la
del poeta, pero no creemos fuese el mismo, pues Juan de Andújar en
ninguna de las poesías que han llegado hasta nosotros usa el apellido
Fernandez; más probable nos parece fuera converso, pues los judíos,
cuando se bautizaban, tomaban como apellido el nombre de un santo ó
el del pueblo de su naturaleza, como lo hicieron Pablo de Búrgos,
Alonso de Cartagena, Juan Alfonso de Baena, Alfonso de Zamora y otros
muchos. Quedan, por lo tanto, reducidas las noticias que tenemos
sobre Andújar á las que él mismo nos da y son: que fué uno de los
que acompañaron á D. Alonso de Aragon á la conquista de Nápoles, y
permaneció allá hasta despues de la muerte de este rey, pues ademas
de las tres composiciones que por vez primera publicamos nosotros, el
Sr. Ochoa, en sus _Rimas inéditas de poetas del siglo XV_, publicó
tambien, tomándola del códice número 1824 de la Biblioteca Imperial
de París, otra poesía de Andújar, que lleva por título _Loores al
señor rey D. Alfonso_, y dedica al hijo de éste, Fernando, que le
sucedió en Nápoles. El Conde Camarlengo, á quien se refiere Andújar
en la pág. 78, cuando dice:

  «Al Conde Camarluengo
  Yo remito la sentençia»,

creemos sería Juan de Bardaxi, que lo fué, en efecto, de D. Alonso
de Aragon, á quien acompañó á Italia, siendo herido en el sitio del
castillo de Capuana, y luégo prisionero de Sforza en la batalla de
Santa María de Ogliulo. Puesto en libertad, continuó en Nápoles hasta
que por muerte de su padre Berenguer heredó los estados que éste
tenía en Aragon.—ZURITA, _Anales_, tomo III.


XV. _Pág. 80._ DIEGO DEL CASTILLO.

_Ira sanna et crueldat._

El Sr. Ochoa, en su _Catálogo de manuscritos españoles_, pág. 435,
dice que Castillo es Diego Enriquez del Castillo, del consejo de
Enrique IV y autor de la _Crónica_ que corre escrita bajo el mismo
nombre, opinion que contradice fundadamente el Sr. Amador de los
Rios en su _Historia crítica de la Literatura española_, pero sin
darnos noticia de quién sea este poeta, á excepcion de las que de sus
mismas composiciones se desprenden: nosotros sólo harémos observar
que las dos poesías suyas que publicamos concluyen _Vuestro Diego
del Castillo_, y no es probable que hubiera dejado de decir al ménos
alguna vez Enriquez, si éste hubiera sido su primer apellido. Alcanzó
más vida que su protector el rey Alfonso V, pues en una de sus más
notables composiciones, titulada _Vision sobre la muerte del rey D.
Alfonso_, dada á luz por primera vez por el ya citado señor Ochoa,
_Rimas inéditas del siglo XV_, se recomienda á la munificencia del
sucesor.


XVI. _Pág. 86. El vergel del pensamiento._

_Por la muy áspera via._

Segun el Sr. Ochoa, tantas veces citado, se encuentra esta
composicion en los Cancioneros números 7.819 y 7.825 de la Biblioteca
Imperial de París. En el primero dice: _El Vergel, razonamiento
de A.º Rodriguez_, y en el segundo _Vergel de Pensamiento_, por
Antonio Rodriguez. El Sr. Amador de los Rios cree ser del almirante
D. Alfonso Enriquez, bajo cuyo nombre aparece inserta en el códice
VII, A. 3 de la biblioteca de Palacio, y por último, los anotadores
de Ticknor, en el índice que publican del _Cancionero_ llamado _de
Stúñiga_, la ponen como de Diego del Castillo, sin más razon que la
de venir despues de otra de este autor: nosotros la dejamos entre las
anónimas, pues ademas de no haber prueba alguna en favor de este ó
del otro poeta, el _Cancionero_ llamado _de Stúñiga_ no dice de quién
sea.


XVII. _Pág. 94._ SUERO DE RIBERA.

_Adios, adios, alegría._

Es uno de los poetas más notables de aquel tiempo, habiendo llegado
hasta el nuestro gran número de composiciones suyas, entre ellas la
_Misa de amor_, que publicó el Sr. Ochoa en sus _Rimas inéditas del
siglo XV_, dando nosotros tambien á luz por vez primera, no sólo la
que da lugar á esta nota, sino la contestacion á Torrellas en defensa
de las donas, con que concluye el _Cancionero_ llamado _de Stúñiga_.
Lástima que lo mismo que sus poesías no hayan llegado hasta nosotros
noticias suyas; pero á pesar de que la familia de los Riberas no sólo
fué una de las más ilustres de España, sino de las más numerosas,
contándose entre sus miembros hombres notables en las armas y en las
letras, es lo cierto que nuestras antiguas Crónicas y Nobiliarios,
que nombran á muchos de ellos, á ninguno lo hacen con el nombre de
Suero. Quedan, pues, las noticias que de él tenemos reducidas á saber
que fué uno de los poetas que estuvieron en Nápoles en la córte de
Alfonso V.


XVIII. _Pág. 96. El infierno de amor_.

_La fortuna que non cessa._

OCHOA, _Rimas inéditas del siglo XV_, pág. 249; _Obras del Marqués de
Santillana_, pág. 373.


XIX. _Pág. 118._ JOHAN DE DUENNAS. _La nao de amor._

_En altas ondas del mar._

OCHOA, _Catálogo de manuscritos españoles_, páginas 426 y siguientes.
El mismo, _Rimas inéditas del siglo XV_, página 393. No sabemos el
lugar del nacimiento de Dueñas, sólo que era hidalgo y castellano,
protegido del rey Don Juan II y de D. Álvaro de Luna. Dirigió á uno y
á otro avisos y consejos, en que con noble franqueza les pintaba lo
mal parada que andaba la justicia en aquellos tiempos, en que, segun
el poeta, nadie amparaba al hombre lleno de virtudes, sino al que
tenía

  «Bien poblado su bolson.»

Desagradaron al fin al Rey y al Condestable las verdades del hidalgo
escudero, y cayó de su gracia. Al verse desdeñado, tomó partido
Dueñas con los infantes de Aragon, y fué desde entónces acérrimo
enemigo de sus antiguos protectores. Acompañó á Alfonso V á la
conquista de Nápoles, y se halló en la batalla naval de Ponza, en la
que no sabemos cayese prisionero, pero sí que lo fué en Nápoles, en
donde estuvo en la torre de San Vicente, segun consta en el códice
número 7.819 de la Biblioteca Imperial de París, y donde compuso la
_Nao de amor_. Vuelto á la península con don Juan de Navarra, siguió
siendo partidario de los aragoneses, elogiando á este partido y á
sus jefes en sus poesías, y denostando á sus antiguos compatriotas;
pero sin olvidar la leccion recibida en la córte de Castilla por su
franqueza, se abstuvo en Aragon de dar consejos, que es probable
le hubieran traído una segunda desgracia. Ignoramos si volvió á su
patria, y cuándo y en dónde murió. De este poeta han llegado hasta
nosotros muchas y notables composiciones.—OCHOA, obras citadas;
AMADOR DE LOS RIOS, _Historia de la Literatura española_.


XX. _Pág. 134._ MOSEN UGO.

_Diversas veses mirando._

El Sr. Ochoa, en su _Catálogo de manuscritos españoles_, pág. 381,
y despues en sus _Rimas inéditas del siglo XV_, publicó este dezir
como del Marqués de Santillana, y entre las obras de éste le incluyó
y publicó tambien el Sr. Amador de los Rios. Los traductores de
Ticknor dicen que en el llamado _Cancionero de Stúñiga_ aparece
como de mosen Ago, que quizá sea Yago; pero no es así, pues en el
citado _Cancionero_ está escrito como lo publicamos nosotros, Ugo,
advirtiéndose evidentes señales de haber ántes de esta palabra
raspado una letra, que es probable fuese H; no conociéndose de
esa época otro poeta de este nombre que Hugo de Urríes, á él debe
atribuírsele, opinion confirmada plenamente despues por haberse
encontrado este dezir entre otras obras de este poeta, insertas en el
llamado _Cancionero de Gallardo_, lo cual hizo que el señor Amador de
los Rios, en su _Historia de la Literatura española_, pág. 445 del
tomo VI, rectificase su anterior opinion, atribuyéndola aquí á su
verdadero autor. Mosen Hugo de Urríes, hijo de mosen Felipe, de una
de las casas más ilustres de Aragon, acompañó á Alfonso V á Italia en
su primera expedicion; vuelto á España con el Monarca tomó parte, con
su padre y su tio el obispo de Huesca, llamado Hugo como él, en los
famosos bandos de los Gurreas por una parte y por otra los Urríes,
Pomares y Embunes. Casi toda la nobleza aragonesa se dividió en favor
de uno ú otro de los dos partidos, que ensangrentaron, no sólo las
montañas de Huesca, donde tenian sus casas solariegas, sino la mayor
parte del reino, aprovechando para estos desórdenes la ausencia del
Rey. Cansados al fin, y por la mediacion de otros nobles, nombraron
jueces árbitros, que lo fueron el rey de Navarra D. Juan, Juan
Fernandez, señor de Ixar, y D. Artal de Alagon, que lo era de Pina,
los cuales, por sentencia dada en la villa de Alcañiz, establecieron
entre los contendientes una tregua que debia durar ciento y un año.
Hugo de Urríes alcanzó el reinado de don Juan II en Aragon, quien
lo nombró su embajador cerca del Rey de Inglaterra, con objeto de
que éste lo auxiliase en la guerra que tenía contra los catalanes
rebelados. La poesía que publicamos es la única que contiene de este
autor el _Cancionero_ llamado _de Stúñiga_; el mayor número de ellas
se encuentra en el de Gallardo, y hay alguna tambien en el núm. VII,
A. 3, de la Biblioteca de Palacio.


XXI. _Pág. 138._ ÇAPATA.

_Quanto más pienso, cuytado._

En las Ilustraciones del tomo VI de la _Historia de la Literatura
española_ del Sr. Amador de los Rios, aparecen, á la pág. 595, dos
poetas con este apellido, uno castellano, Ruy Sanchez de Zapata,
y aragones el otro, Sancho de Zapata, atribuyéndose al primero la
composicion que publicamos; de ninguno de ellos hemos podido adquirir
noticia alguna.


XXII. _Pág. 139._ JOHAN RODRIGUEZ DE LA CÁMARA.

_Bien amar, leal servir._

MURGUÍA, _Antología gallega_, pág. 29.


XXIII. _Pág. 140._ JOHAN RODRIGUEZ DE LA CÁMARA.

_Sólo por ver á Macías._

EL MISMO y en la misma página.


XXIV. _Pág. 141._ DIEGO ENRIQUEZ.

_Dicen que fago folía._

Esta composicion se encuentra en el _Cancionero_ VII, A. 3 de la
Biblioteca de Palacio, atribuida á D. Alfonso Enriquez, á quien en
realidad pertenece, segun la opinion del Sr. Amador de los Rios.


XXV. _Pág. 142._ JOHAN RODRIGUEZ DE LA CÁMARA.

_Oh desvelada sandia._

MURGUÍA, obra ántes citada, pág. 29. En el _Cancionero de Baena_,
pág. 506, se omite la primera parte, y se ha publicado como sólo una
cancion la _Respuesta_ que aquí empieza con el verso _Vive leda si
podrás_. Contiene ademas estos cuatro:

    «Pues que fustes la primera
  De quien yo me cativé,
  Desde aquí vos do mi ffe
  Vos sserés la postrimera.»

Que, como pueden ver nuestros lectores en la página 185, son los
primeros con que empieza una composicion atribuida á Zapata, de quien
deben ser, toda vez que las dos estrofas ú octavas concluyen con
los dos últimos versos de los cuatro. Baena dice que la cancion la
compuso Padron cuando se fué á meter fraile en Jerusalem.


XXVI. _Pág. 144. Decir de_ MOXICA.

_¿Sois vos, desid, amigo?_

Fernan Moxica ó Muxica fué rey de armas de don Juan II. Célebre
entónces por sus _Dezires amorosos_, algunos de los cuales son, en
efecto, notables por su viveza y soltura, así como por la sencillez y
gracia del diálogo, no parece, sin embargo, que le favoreció mucho la
fortuna, á pesar de que él no se descuidó en procurarla, ya adulando
al Rey, á quien llama el capitan y príncipe más esforzado y justo de
los pasados y presentes, ya tambien implorando la proteccion de los
marqueses de Villena y de Santillana, y de D. Fernando I de Aragon el
de Antequera y otros magnates de aquel tiempo.—OCHOA, _Catálogo de
manuscritos españoles_.


XXVII. _Pág. 151._ JOHAN DE MEDINA.

_Alegre del que vos viesse._

En el _Cancionero de Baena_ han sido publicadas poesías de fray
Alfonso de Medina y de Diego Martinez de Medina. Nada sabemos de
Juan, de quien existen tambien poesías en los _Cancioneros_ de la
Biblioteca Imperial de París, números 7.819, 7.825 y 8.168.—OCHOA,
_Catálogo de manuscritos españoles_.


XXVIII. _Pág. 152._ ARIAS DE BUSTO.

_El que tanto vos desea._

No hemos encontrado dato alguno biográfico de este poeta.


XXIX. _Pág. 153. Desir de uno apasionado._

_Si por negra vestidura._

En el códice núm. 8.168 de la Biblioteca Imperial de París se halla
inserto este _Dezir_ con el mismo epígrafe, pero sin expresar quién
sea su autor. Tiene una octava ménos que el que publicamos, y ademas
la cuarteta final es distinta, pues en lugar de la que empieza: _Los
trabaios et fatiga_, dice:

    «Del triste que padesciente
  E siempre fué é será,
  La triste letra presente
  Vuestra merced tomará.»


XXX. _Pág. 156._ JOHAN DE VILLALPANDO.

_Todo el mundo he trastornado._

Mosen Juan de Villalpando, caballero aragones, fué hijo de Ruy García
de Villalpando, señor de Estupiñan y Spluga de San Quílez, y de su
segunda mujer, doña María de Deza, señora de Peñalba, hija de los
señores de Castrillo. El ser su madre castellana hizo que el hijo
estuviese mucho tiempo en este país, donde, ya hombre, tomó parte en
las revueltas de aquellos tiempos, siempre á favor de los Infantes de
Aragon, hasta que por muerte de su padre heredó sus estados y vivió
ya en ellos, siendo progenitor de los Marqueses de Osera. Su hermana
Catalina casó en Toro con Martin Lopez Portocarrero, y ya viuda,
otorgó testamento en la misma ciudad, á 4 de Noviembre de 1493, en el
cual se encuentra una cláusula que por lo curiosa copiamos aquí:

«Item, digo é confieso que al tiempo que Diego Lopez, mi fijo,
fallesció, estando del mal de la muerte, de que fallesció, me dixo
que Catalina, la que despues parió en la cárcel, que cierto estaba
dél preñada; é yo créolo, porque despues, veyendo al niño, en alguna
cosa paresce al dicho Diego Lopez, mi fijo. É porque la más de la
gente dirá que es su fijo, é ser pobre, le mando é dexo para con que
se crie, la mi heredad, que yo tengo é poseo, que es á la Soterraña,
que renta nueve cargas de pan, mitad trigo, mitad cebada.» Da despues
encargo á su otra hermana doña Mayor de cumplir esta obligacion,
instituyéndola heredera para en el caso de que muriese su nieto D.
Juan Rodriguez Portocarrero, á quien instituye su heredero en todos
sus bienes, señoríos, etc., «y en ciertos florines que me eran
debidos por mosen Juan de Villalpando, mi hermano, en el reino de
Aragon, en la villa de Estopeñan, que es en dicho reino.» Gutierre
de Argüello, á quien se dirige Villalpando en la composicion que da
lugar á esta nota, era hermano del arzobispo de Zaragoza, D. Alfonso
de Argüello, castellanos los dos. Acusado el prelado de tener tratos
con el rey de Castilla D. Juan II, se le redujo á prision con otros
varios vecinos de Zaragoza, y murió ó fué muerto en la prision;
no así Gutierre, que se refugió en su patria.—SALAZAR Y CASTRO,
_Historia de la casa de Lara_; EL MISMO, _Advertencias históricas_;
ZURITA, _Anales de Aragon_, libro XII.


XXXI. _Pág. 158._ MOSEN REBELLAS.

_En Castilla es proesa._

Mosen Juan Ribellas ó Ribelles, caballero catalan, acompañó como
caballerizo á D. Alfonso de Aragon cuando su expedicion á Italia, y
cayó prisionero de los genoveses en la batalla naval de Ponza. Puesto
en libertad, continuó sirviendo á su Rey, con quien estuvo tambien en
Castilla, segun se desprende de los versos suyos que hoy conocemos,
en que celebra el agasajo y largueza de los grandes y de la córte de
D. Juan II.—AMADOR DE LOS RIOS, _Historia crítica de la Literatura
española_, tomo VI.


XXXII. _Pág. 162._ JOHAN DE TORRES.

_Non sabes, Johan de Padilla._

Muy jóven todavía, acompañó Juan de Torres á Alfonso de Aragon,
sirviéndole como paje cuando la segunda expedicion de este Rey á
Nápoles, en 1432, única noticia que de él tenemos.—_Coleccion de
documentos inéditos para la Historia de España_, tomo XIII, pág. 495.


XXXIII. _Pág. 168._ SUERO DE RIBERA.

_Gentil sennor de Centellas._

El personaje á quien Ribera dirige su composicion es D. Frances
Gilabert de Centellas, llamado tambien D. Ramon de Riuses, conde de
Oliva, caballero valenciano, que acompañó al Rey de Aragon cuando
su segunda expedicion á Nápoles, llevando cuatro hombres de armas
montados á su costa y á quien el mismo rey don Alfonso dió el mando
de cuatro galeras de Nápoles, con las que despues de prestar muchos
servicios, en 1454, uniéndose al general Bernaldo de Vilamarin,
que mandaba diez, derrotaron la escuadra genovesa, compuesta de
diez y seis naos y diez galeras, al mando de Juan Filipo de Flisco,
apresando siete de estas últimas, y haciendo que encallasen las
tres restantes: tuvo lugar esta batalla en la isla de Ponza, lugar
tan fatal años anteriores al mismo Alfonso V.—ZURITA, _Anales de
Aragon_.—_Documentos inéditos_, tomo XIII, pág. 486.


XXXIV. _Pág. 172._ DIEGO DE VALERA.

_Adios, mi libertad._

Historiador, moralista y poeta, valiente y cumplido caballero,
distinguido patricio ó ciudadano, mosen Diego de Valera fué uno de
los hombres más notables de tu tiempo; nació en Cuenca en 1412,
segun él mismo da á entender al final de la _Crónica de España_,
que escribió en el Puerto de Santa María: crióse en la córte de
Castilla, protegido por los Stúñigas; su viveza y temprano ingenio
llamaron la atencion de don Juan II, que le nombró su doncel.
Ganoso de señalarse en las armas el que ya habia dado muestra de
lo que valia como poeta, salió de Madrid en 1435, acompañado de
Lope de Stúñiga, para tomar parte, á las órdenes de Fernan Álvarez,
señor de Valdecorneja, en la empresa de Huelma, subiendo por una
de las escalas puestas á la villa en compañía de su amigo Stúñiga.
Malogróse la empresa por haber sido sentidos por los moros, pero
Valera, en premio de su arrojo, fué armado caballero por el señor de
Valdecorneja. Vuelto á la córte, lo vemos en 1437 solicitar del Rey
licencia para un largo viaje por Europa, y D. Juan se la concede,
dándole cartas expresivas para los reyes sus aliados ó deudos. Llegó
á Francia en ocasion en que Cárlos VII luchaba heroicamente para
reconquistar la mayor parte de su reino, dominado por los ingleses;
acompañó á este Rey durante el sitio de Montereau, y despues de
ganada la ciudad por asalto, siguió su viaje á Bohemia, donde
gobernaba á la sazon Alberto de Habsbourg, quinto de este nombre,
llamado por sus contemporáneos el Ilustre, elegido emperador de
Alemania por muerte de su suegro Segismundo, con el nombre de Alberto
II; fué recibido con distincion por este Príncipe, que al ver que
Valera renunció al sueldo que le ofrecia, diciendo queria servirle
en la guerra contra los hussistas, en que estaba empeñado, como
cualquier otro de los _continos de su casa_, le regaló una tienda
y un carro toldado, con el caballo que lo tiraba y dos hombres que
lo sirviesen. En el año siguiente, oponiéndose estos sectarios á la
eleccion de Alberto como rey de Bohemia, reunieron sus fuerzas al
mando de Jorge Podiebrad, pero fueron dispersadas cerca de Tabor por
el Emperador, que se hizo coronar en Praga, el 20 de Junio de 1438,
rey de Bohemia. Valera que se encontró en la batalla y coronacion,
sostuvo tambien dignamente en otra ocasion el honor de su rey y de
su nacion: Cenando una noche en compañía de Alberto y otros muchos
señores, uno de ellos, Gaspar Schlick, dijo que el Rey de Castilla
no debia llevar bandera real en su ejército, porque habia visto en
Portugal la que á su abuelo habian ganado los portugueses en la
batalla de Aljubarrota. Enterado de estas palabras Valera, despues de
contestar cumplidamente al Conde, bajo el punto de vista del derecho,
le desafió, lo cual no tuvo efecto por haberle dado una satisfaccion
cumplida, dando lugar con este motivo á que el Emperador dijese á
Valera que no solamente _era caballero, mas caballero é dotor_. Hasta
fines de 1438 permaneció en Alemania, despidiéndose entónces del
Emperador para volver á Castilla, y Alberto, no sólo le dió cartas
para el Rey, en que le decia lo bien que le habia servido, sino que
ademas de regalarle espléndidamente y haberlo nombrado de su Consejo,
lo agració tambien con las condecoraciones del imperio, entre ellas
la del Águila, fundada por él, dándole de ésta el collar de oro, que
sólo podian llevar los caballeros que habian combatido en cuatro
batallas campales. Vuelto á España, D. Juan, que ya sabía por D.
Martin Enriquez, que tambien habia estado en Alemania y habia vuelto
ántes que Valera, los sucesos de éste, al presentársele, le concedió
el _collar de las escamas, que él daba á muy pocos_, y el yelmo del
torneo, entregándole cien doblas para que se lo hiciese, y mandando
que desde allí en adelante se le llamase Mosen Diego, título entónces
el de Mosen muy honorífico, pues equivalia á Señor.

Encargó D. Juan á Valera en 1440 que fuese en su nombre á
cumplimentar á su tia la reina de Dacia, al rey de Inglaterra Enrique
VI y á Felipe el Bueno, duque de Borgoña; pero coincidiendo esta
embajada con la llegada á la córte de un faraute de este último
Príncipe, que publicaba la empresa ó armas que deseaba sostener micer
Pierres de Brefemonte, señor de Charin, en la villa de Dijon, Valera
suplicó al Rey le permitiese tomar parte en ella; acordóselo D. Juan,
regalándole, ademas del caballo y otras prendas, lo suficiente para
su manutencion durante un año, tiempo que se calculó suficiente para
su viaje; partió para él Mosen Diego, que, si bien no pudo cumplir
su encargo para la reina de Dacia, pues habia muerto, hizo las demas
embajadas, saliendo tan airosamente en su empresa, que el Duque de
Borgoña le regaló doce tazas y dos servillas, que pesaban cincuenta
marcos de plata.

Vuelto á la córte de D. Juan, es destinado por éste al servicio
del Príncipe heredero D. Enrique, y al ver los males que aquejaban
al reino en aquel turbulento reinado, dirige desde Segovia al Rey
notable carta, dándole consejos sobre la gobernacion del Estado, en
que hablándole con el respeto del súbdito, no por eso le adula ni
deja de decirle la verdad, expresándole unas veces _que el reinar es
más bien cargo que gloria_, y otras que, _dexando toda parcialidad
e aficion_, ponga _todos los hechos en justa balanza_; no desagradó
al Rey la franqueza, ni tampoco á la mayor parte de sus consejeros,
si bien uno de ellos, D. Gutierre Álvarez, arzobispo de Toledo y
parcial del Condestable, de quien ya Valera se separaba, expresó
su dictámen con estas palabras: _Digan á Mosen Diego que nos embie
gente ó dineros, que consejo no nos fallece_; sigue siendo, sin
embargo, el hombre en quien sólo tiene confianza el Rey, hasta el
punto de que, despues del escandaloso suceso de Medina, segun nos
dice en su _Crónica_, «como por entónces no hoviese persona de quien
se confiase, mandóme ir al Condestable, que estaba en Escalona, por
le hazer saber cierto trato que tenía para salir de Tordesillas, del
cual al Condestable no plugo. E de allí yo me volví para Cuenca,
porque assí quedó concertado entre su Alteza é mí, donde estove
hasta que salió de Tordesillas é se fué á Portillo, é de allí se
partió á Palencia, é el Cardenal D. Pedro Cervántes con él.» Lo
mismo que le servia Valera para entenderse con el Condestable, quiso
utilizarlo, sin que este último lo supiese, en su segundo casamiento,
enviándolo á Francia para concertarlo con una hija de Cárlos
VII, pero la indiscrecion de Pedro Fernandez de Lorca, que debia
suministrar los fondos para el viaje y lo reveló al Condestable, hizo
que éste, que ya tenía arreglado dar por esposa al Rey á la hija del
de Portugal, Doña Isabel, se opusiese, y abusando de la influencia
que áun conservaba con D. Juan, desbaratase el proyecto realizando el
suyo, sin creer entónces labraba su ruina, pues, como dice Valera:
_pensando por alli segurar su estado, traxo el cuchillo con que
se cortó la cabeza_. Sintióse el Rey de ello, y no estuvo tampoco
muy comedido en sus quejas don Álvaro, empezando desde entónces á
declinar su privanza. Mosen Diego sigue al servicio del Rey, pues
no consiguió apartarlo de él el Condestable, y nos cuenta en su
_Crónica_ que la víspera de la batalla de Olmedo servia al Rey su
plato cuando los enviados del Rey de Navarra hicieron á D. Juan el
_requirimiento_ en que los grandes expresaban sus agravios. Vencidos
éstos, presos muchos de ellos, el Rey convoca Córtes en Valladolid
para dar cuenta en ellas de su reconciliacion con el Príncipe
heredero, que despues de la batalla habia vuelto á separarse de su
padre; de las penas que debian imponerse á los rebeldes, y gracias
que, por el contrario, debia otorgar á los que habian seguido su
bandera. Valera, que en union de Gomez Carrillo habia sido electo
procurador por Cuenca, es el único que se opone con laudable entereza
á que se cometa la iniquidad de condenar á quien no se habia oido, y
dirigiéndose al Rey, pronuncia, entre otras, palabras tan notables
como éstas: «Sería cosa razonable que vuestra Alteza mandase llamar
todos estos caballeros, así los ausentes como los presos, que por
sus procuradores pareciesen en vuestro alto Consejo, é la causa
allí se ventilase..., en lo cual á mi ver se ganarian dos cosas,
la primera que se guardaban las leyes, que quieren que ninguno sea
condenado sin ser oido y vencido; la segunda, que no se pudiese por
vos, señor, decir lo que Séneca dice, que muchas veces acaece ser la
sentencia justa y el juez injusto, y esto es cuando se da sin ser
la parte oida.» No desagradó al Rey lo dicho, ántes al contrario,
como Fernando de Rivadeneira se levantase colérico diciendo: «Voto
á Dios, Diego de Valera, vos os arrepintais de lo que aveis dicho»;
el Rey con grande enojo le mandó callar, y sin querer ya oir á los
demas procuradores dejó las Córtes y se fué á Tordesillas; volvieron
á Valladolid los procuradores, desde donde Valera dirigió al Rey una
carta en que insistia en su opinion. Desde esta época Valera abraza
ostensiblemente el partido de los grandes contra el Condestable, y
es uno de los instrumentos más activos de su ruina; la proteccion
que desde niño le habia dispensado la poderosa casa de Stúñiga, hace
que, pasando al servicio de ésta, vea y concierte entre el Príncipe,
el Conde de Haro, el de Placencia, el de Benavente y el Marqués de
Santillana, la trama que dió por resultado en Búrgos la prision del
Condestable, en la cual toma parte personalmente con grave riesgo de
su vida, salvando la de los criados y servidores de D. Álvaro, que
éste le habia encomendado, rogándole no recibiesen injuria de obra ni
de palabra; pasa á Béjar por encargo de Álvaro de Stúñiga con objeto
de que recogiese la herencia de su padre el Conde de Placencia, que
estaba para espirar, y despues de cumplir este encargo, acompaña
á Sevilla á Pedro de Stúñiga, hijo de D. Álvaro, que contrajo
matrimonio en dicha ciudad con Doña Teresa de Guzman, hija de los
Duques de Medina Sidonia; allí permanece ocho meses, hasta que
sabiendo la muerte de D. Juan Segundo vuelve á la córte, y ve que
el reinado de D. Enrique dejaba muy atras al anterior en escándalos
y concusiones. La rectitud de alma de Valera y la elevacion é
independencia de su carácter no le consienten sufrir tal espectáculo,
y retirándose á vivir á Palencia, da muestra de su generosa
indignacion en la notabilísima carta que dirige al Rey, 20 de Julio
de 1462, en que le dice: «Dais, señor, las dignidades eclesiásticas y
seglares á ombres indignos, non mirando serviçios, virtudes, linajes,
çiençias ni otra cosa alguna, salvo por solo voluntad: é lo que peor
es que muchos afirman que se dan por dineros, lo qual quanta infamia
sea, á vuestra persona real e á vuestro claro juicio asaz debe ser
manifiesto... todos los pueblos, á vos sujetos, reclaman á Dios,
demandando justicia, como non la fallen en la tierra vuestra. Et
dicen que como los corregidores van ordenados para faser justiçia
é dar á cada uno lo que suyo es, que los más de los que hoy tales
officios exerçen son ombres ynprudentes, escandalosos, robadores e
cohechadores, é tales, que vuestra justicia venden publicamente por
dinero, syn amor de Dios ny vuestro; e áun de lo que más blasfeman
es que en algunas cibdades é villas de vuestros reynos, vos, señor,
mandays poner corregidores, non los aviendo menester, ni seyendo por
ellas demandado, lo que es contra las leyes de vuestros regnos.»
Predícele á dónde le llevan sus desaciertos, diciendo más adelante:
«Non deveys, señor, olvidar al rey D. Pedro, que fué quarto abuelo
vuestro, el qual, por su dura é mala governaçion, perdió la vida y
el reyno con ella»; y si D. Enrique no tuvo el mismo fin, presenció
Valera su destitucion en Ávila, y el que no pudiera heredarlo á quien
llamaba hija suya. No toma parte alguna en los sucesos de aquel
reinado, hasta que en los de los Reyes Católicos lo vemos volver á
ser atendido como su mérito merece; nombrado su maestresala, acompaña
á D. Fernando en la batalla de Toro, despues de la cual, ademas de
darle 30.000 maravedises por su cargo, se le nombró Corregidor de
Segovia, y despues del Puerto de Santa María, con el cargo, ademas,
de la armada estacionada en él, cuyo mando dió á su hijo Cárlos,
justificando éste á poco su nombramiento por la victoria que alcanzó
contra la escuadra portuguesa junto á Alcazarzaquil. Hiciéronle,
ademas, donacion de la finca llamada la Grillera, á orillas del
Júcar, cerca de Cuenca, escuchando deferentes sus consejos en la
empresa de la conquista del reino de Granada, de que fué uno de los
más ardientes promovedores. La última noticia que tenemos de él es de
1.º de Marzo de 1486, fecha de una carta dirigida al Rey Católico,
ocupado á la sazon en el sitio de Velez Málaga, siendo, por lo tanto,
de presumir que muriese poco despues.

Valera es conocido como historiador, que es donde brilló más su
talento y de lo que escribió más; ménos como poeta y moralista;
algunas de sus obras se han perdido por desgracia, muchas permanecen
inéditas, proponiéndonos nosotros publicar alguna en esta coleccion,
entre ellas sus notabilísimas cartas.—_Crónica de España_, abreviada
por MOSEN DIEGO DE VALERA.—_Crónica de D. Juan II._—COLMENARES,
_Historia de Segovia_.—MUÑOZ, _Historia de Cuenca_.—AMADOR DE LOS
RIOS, _Historia de la Literatura española_.—_Tratado de las epístolas
embiadas por_ MOSEN DIEGO DE VALERA, _en diversos tiempos á diversas
personas_.—_Biblioteca Nacional_, F. 108.


XXXV. _Pág. 173. El Planto que fiso la Pantasilea._

_Yo sola membrança sea._

Publicó esta obra, como del Marqués de Santillana, el Sr. Amador
de los Rios, quien dice despues en la página 550, tomo VI de la
_Historia de la Literatura española_: «Algunos Cancioneros atribuyen
esta querella al docto Marqués de Santillana, y en este concepto la
insertamos entre sus poesías en la edicion de sus obras (Madrid,
1852). Ciertos datos adquiridos despues nos inspiran no despreciables
dudas, por lo cual la conservamos aquí como anónima, segun se halla
en el códice que examinamos.» En el llamado de Stúñiga, que nosotros
publicamos, como ven nuestros lectores, tampoco consta quién fuese su
autor, y lo mismo sucede en los códices números 7.819 y 7.825 de la
Biblioteca Imperial de París.


XXXVI. _Pág. 180._ ALFONSO ENRIQUEZ. _Testamento suyo._

_En el nombre de Dios de Amor._

Hijo bastardo del desgraciado hermano de D. Pedro el Cruel, D.
Fadrique, Maestre de Santiago, el triunfo de su tio D. Enrique hizo
á D. Alfonso Enriquez uno de los grandes más poderosos de Castilla,
Señor de Medina, de Rioseco, Castroverde, Aguilar de Campoó,
Valdunquillos y Bolaños, y Adelantado mayor de Leon. El cariño de su
primo D. Juan I, no contento con esto, hizo que tomase gran empeño
en que casase con Doña Juana de Mendoza, viuda de D. Diego Gomez
Manrique, Adelantado mayor de Castilla, llamada la Rica Hembra, de
quien D. Alfonso hacia tiempo estaba enamorado. Resistió tenazmente
esta señora los deseos del amante y el mandato del Rey, diciendo que
personas de su calidad, siendo viudas, no repetian el matrimonio;
pero lo que no pudieron conseguir ruegos ni mandatos, lo consiguió el
mismo D. Alfonso, que al verse desdeñado, bien sea porque el dolor lo
cegase, ó porque, conociendo el carácter de ella, fingiese arrebatada
cólera; es lo cierto que puso airado la mano en el rostro de Doña
Juana, quien, porque no se dijese habia habido un hombre que, no
siendo su marido, habia tenido semejante osadía consintió luégo en
casarse; union por otra parte, tan fecunda, que tuvieron doce hijos.
Fué D. Alfonso uno de los poetas más celebrados de su tiempo por
sus composiciones amorosas, así como tambien caballero generoso y
espléndido; su pasion por Doña Juana no le impidió el querer á otras
muchas, dando lugar en su vejez, con sus excesos, á estos versos que
están al final del _Centon Epistolario_.


OTRAS AL ALMIRANTE EN AQUEL MAL CASO.

    El viejo que quiere mozo
  E sobrado con mujeres
  Parecer,
  El gozo le cae en un pozo;
  Ca más duelos que placeres
  Va á tener.
    Bien lo sentis vos, señor,
  Ca no han pasado seis dias
  Que bebistes
  Aquel maldito licor,
  Que con falsas correntías
  Lo volvistes.
    E del fedor de las heces
  Que alcanzó en su celda á oler,
  Mal pecado;
  Predicando Villacreces,
  Os lo dió bien á entender
  Disfrazado.

Alcanzó cinco reinados, pues naciendo en 1354, murió en Guadalupe en
1429, y en los cuatro tuvo siempre gran influencia.—SALAZAR Y CASTRO,
_Historia de la Casa de Lara_.—_Centon Epistolario del Bachiller
Cibdareal._


XXXVII. _Pág. 185._ ÇAPATA.

_Pues que fuistes la primera._

Véase lo que decimos en la nota XXV.


XXXVIII. _Pág. 188._ MACÍAS.

_El gentil ninno Narciso._

P. SARMIENTO, _Memorias para la Historia de la poesía y poetas
españoles_.—OCHOA, _MSS. Españoles_. Copiamos á continuacion lo
que referente á este ingenio dice D. Tomás Antonio Sanchez en su
_Coleccion de poesías castellanas anteriores al siglo XV_, tom. I,
pág. 138:

«Macías el Enamorado, bien conocido de nuestros poetas antiguos y
modernos por sus amores, fué gallego, paisano de Juan Rodriguez del
Padron, vecinos ambos, acaso, del lugar de este apellido, como lo
da á entender este poeta en la última copla de los _Siete gozos de
amor_, diciendo:

    »Si te place que mis dias
  Yo fenezca mal logrado,
  Tan en breve,
  Plégate que con Macías
  Ser merezca sepultado.
  Y decir debe,
  Do la sepultura sea:
  _Una tierra los crió_,
  Una muerte los llevó,
  Una gloria los posea.

»Se puede dudar si Macías es nombre ó apellido. Antiguamente se
decia Macías por Matías como observó el erudito D. Gregorio Mayans
en los _Orígenes de la lengua castellana_, y áun hoy á los Matías
los llaman Macías en muchos lugares de tierra de Salamanca. En un
códice antiguo manuscrito del Real Monasterio del Escorial, en
que se trata del _Credo_ compuesto por los Apóstoles, San Matías
es llamado Sant Macías. Macías, siendo escudero del famoso Enrique
de Villena, se enamoró de una criada de su amo, éste la casó,
hallándose Macías ausente, con un hidalgo de Porcuna, pero no por eso
cesaron los amores de Macías. No pudiendo el hidalgo sufrir estos
amores, dió cuenta á su amo, el cual, despues de muchas reprensiones
infructuosas, resolvió ponerlo preso en Arjonilla, lugar del órden de
Calatrava, de que D. Enrique era Maestre, cinco leguas de Jaen. Preso
allí en duras cadenas, lo estaba mucho más en los antiguos amores de
su señora, á quien desde la prision escribia lastimosas canciones.
Hay una de ellas en un libro de trovas que se guarda en el Escorial,
de donde la sacó Argote de Molina y la trae en la _Nobleza de
Andaluzia_, y es la primera de las cuatro que le atribuye el Marqués
de Santillana:

    »Cativo de miña tristura,
  Ya todas prenden espanto,
  E preguntan, ¿qué ventura
  Foy que me atormenta tanto?
  Mas non sé, no, mundo amigo,
  Qué mais de meu quebranto
  Diga de esto que vos digo,
  Que bem ser nunca debia,
  Al pensar que faz solia.
    »Cuidí subir en alteza
  Por cobrar mayor estado,
  É caí en tal pobreza
  Que moiro desamparado,
  Con pesar é con deseio;
  Que vos direy mal fadado
  Lo que yo he ben ovejo,
  Quando ó loco cay mas alto
  Subir, prende mayor salto.
    »Pero que pobre sandece,
  Porque me deu á pesar,
  Miña locura así crece,
  Que moiro por entonar:
  Pero más non á verey,
  Si non ver y desciar,
  É por en, así direy:
  Quen cárcel sole viver,
  En cárcel cobeja morer.
    »Miña ventura en demanda
  Me puso atan dudada,
  Que mi corazon me manda
  Que seya siempre negada;
  Pero mays non saberan
  De miña coyta lazdrada,
  É por en así dirán:
  Can rabioso é cosa brava
  De su señor sé que traba.

»Estas coplas llegaron á manos del hidalgo, el cual, irritado, fué á
Arjonilla, y tuvo modo de arrojar á Macías una lanza con que le quitó
la vida. Su cuerpo fué sepultado en la iglesia de Santa Catalina de
dicho lugar, y en su sepultura quedó la lanza y una memoria en esta
letra:

    »Aquesta lanza sin falla,
  ¡Ay coytado!
  Non me la dieron del muro
  Nin la prise yo en batalla;
  Mal pecado.

    »Mas viniendo á tí seguro,
  Amor falso y perjuro
  Me firió, é sin tardanza,
  É fué tal la mi andanza
  Sin ventura.

»Ximena, _Anales eclesiásticos de Jaen_, dice que la iglesia de Santa
Catalina, que ahora es ermita, «fué en tiempos antiguos la iglesia
parroquial, y en ella está sepultado el enamorado Macías... como
consta del epitafio de su sepulcro, adonde se lee de letras antiguas
lo siguiente:

  »Aquí Yace Macías el Enamorado.»

Despues de lo escrito por el Sr. Sanchez, justo nos parece poner
tambien á continuacion otra version distinta, y es la que se contiene
en la nota á la pág. 77 del tomo VI de la _Historia crítica de la
Literatura española_ del Sr. Amador de los Rios; dice así:

El infante D. Pedro de Portugal, contemporáneo de Macías, á quien
tal vez conoció durante su permanencia en Castilla, refiere en su ya
citada sátira _De felice é infelice vida_, que siendo la dama deudora
á Macías de la vida, que la salvó sacándola de un rio con peligro de
la suya, hallóla acaso en un camino, ya casada; y «por paga de sus
señalados servicios, dice el Infante, le demandó que descendiese, la
qual, con piadosos oydos, oyó la demanda é la complió.» Agradecido
Macías y advirtiendo el peligro en que la ponia por seguirla de cerca
su esposo, rogóle que cavalgase, «é luégo ella partida, llegó su
marido, é visto assy estar apeado en la mitad de la via aquel que non
mucho amava, le preguntó qué ally fazia; el qual repuso: Mi sennora
puso aquí sus piés, en cuyas pisadas yo entiendo vivir é fenescer mi
triste vida. E él, sin otro conocimiento de gentileza é cortesía,
lleno de sçelos más que de clemencia, con una lanza le dió una mortal
ferida; é tendido en el suelo, con voz flaca é ojos revueltos á la
parte do su sennora yba, dixo las siguientes palabras: O mi sola é
perpétua sennora, á dó quiera que tu seas avé memoria, te suplico, de
mí, indigno siervo tuyo. E dichas estas palabras con grand gemido,
dió la bien aventurada ánima.» (_Biblioteca Nacional._)


XXXIX. _Pág. 190._ VILLALOBOS.

_Pues me fallesció ventura._

Juan de Villalobos, señor de la casa y solar de Villalobos, fué
hijo de Simon Rodriguez y de Doña María Millan Correa, portuguesa,
parienta de los Duques de Braganza; estableciéronse en Extremadura,
viviendo con su hermano Fernando, Maestre á la sazon del Órden de
Alcántara, y allí nació Juan. En el Paso honroso del Puente de
Orbigo es uno de los nueve justadores que acompañan á Gutierre de
Quijada, y rompió lanzas con Lope de Stúñiga; vuelto á Extremadura
casó con Doña Isabel Felipe, natural de Guadalupe, en donde vivieron
y murió Juan, que fué tercer abuelo del escritor militar D. Diego de
Villalobos y Benavides. De Villalobos existen tambien várias poesías
en los códices números 7.819 y 8.168 de la Biblioteca Imperial de
París.—OCHOA, _MSS. Españoles_.—_Libro del Paso honroso._—RADES
ANDRADA, _Chronica_.—HARO, _Nobiliario_.


XL. _Pág. 191._ RODRIGO DE TORRES.

_Qualquiera que me toviere._

En el códice núm. 8.168 de la Biblioteca Imperial de París se inserta
esta composicion, atribuyéndola tambien á Rodrigo de Torres, de quien
no hemos podido encontrar noticia alguna.


XLI. _Pág. 192._ JOHAN DE ANDÚJAR. _A la Condesa de Aderno._

_Deesas preciosas Calíope et Pálas._

Doña Juana de Veintemilla, baronesa de Chimina é hija de los
Marqueses de Girachi, es á la que dedica su composicion Andújar.
Casó con D. Guillen Ramon de Moncada, conde de Aderno y uno de los
señores más poderosos del reino de Sicilia, aunque descendiente
de Cataluña; tomó parte en todas las guerras á que dió lugar la
conquista del reino de Nápoles por Alfonso de Aragon, á quien siempre
permaneció fiel, siendo herido en la toma del castillo de Capua; fué
hijo de Antonio Moncada, Gobernador de Sicilia en tiempo de la Reina
Doña Blanca.—ZURITA, _Anales de Aragon_.


XLII. _Pág. 195._ FERNANDO DE LA TORRE. _A D. Ladron de Guevara
porque su mujer es una muy galana dama._

_Mirad qué grande question._

Señor de Escalante y de otras villas y lugares fué don Ladron de
Guevara, á quien dedica esta cancion el poeta hijo de D. Beltran
de Guevara y de Doña Juana de Quesada. Casó con la hija de los
Sres. de Poza, Doña Sancha de Rojas, la robadora de corazones. Don
Ladron murió en 1503. Fernando de la Torre fué natural de Búrgos,
segun él mismo dice en la dedicatoria á la Condesa de Castañeda del
_Juego de naipes_; véase la página 273. Los anotadores de Ticknor
dan la siguiente noticia: «Entre los manuscritos de la Academia de
la Historia (_Coleccion_ SALAZAR, _Misceláneas_, 44) se halla una
carta de este Fernando de la Torre á un su amigo, participándole la
muerte del obispo de Búrgos D. Alonso de Cartagena, que dice es la
causa de no haber desempeñado su encargo para D. Pedro de Cartagena,
«por haber quedado, como era natural, con gran tristeza y trabajo
por tan gran pérdida como ha habido en la muerte del muy magnífico y
angélico señor el Obispo de Búrgos, _su hermano_.» Más adelante dice:
«Aunque no dejó grandes riquezas á sus parientes, segun las gastaba
en infinitas obras pías y su magnífico estado, dexólos muy bien
asentados en esa ciudad y con muchos parientes, amigos y criados,
y, segun ellos, gracias á nuestro Señor, son hombres en todas las
cosas, segund vos sabeys, y mucho más en las armas, que tienen
por officio.»—TICKNOR, _Historia de la Literatura española_, tom.
II.—SALAZAR Y CASTRO, _Historia de la Casa de Lara_.


XLIII. _Pág. 196._ JOHAN DE TAPIA.

_Trabaios que me matays._

Despues de Carvajal es Tapia el que más composiciones tiene en este
_Cancionero_; hay tambien poesías suyas en otros del siglo XV, que
áun se conservan inéditos, como el de la Biblioteca de Palacio, VII,
A. III; si bien no podemos decir sea el mismo poeta que aparece en el
_Cancionero general_ de 1511, pues habiendo estado, ya hombre, en la
batalla de Ponza, 1435, es difícil que en 1491 dirija composiciones
á un amigo suyo que partia á la guerra de Ampurdan; tenemos, por lo
tanto, que contentarnos con las noticias que él mismo nos da; segun
de ellas aparece, no sabemos cuál fue su patria, y sólo que acompañó
á Alfonso V en su expedicion á la conquista de Nápoles, cayendo
prisionero en la batalla de Ponza, y siendo, como tal, conducido á
Génova, pues á Milan sólo lo fueron el rey y los infantes; se queja
de sus desgracias, y luégo implora el favor de Blanca María, hija
del Duque de Milan, de quien debió alcanzar su libertad, pues los
genoveses hicieron pagar crecido rescate á sus prisioneros, y Tapia,
segun él mismo indica, no estaba en situacion de hacerlo; vuelto al
lado del Rey, es uno de los cantores oficiales de la córte, y así
celebra la belleza de Lucrecia de Annio, como ataca á los anjoinos
ó partidarios de la casa de Anjou; disculpa al Rey con su esposa de
su larga ausencia, y por último, alaba á todas las damas italianas;
sobrevivió á su protector Alfonso V, alcanzando el reinado de su
hijo Fernando, última noticia que de él tenemos.


XLIV. _Pág. 199. Un alvalá que mandó Johan de Tapia á la fija de la
Condesa de Arenas._

_Donsella ytaliana._

El Sr. Amador de los Rios dice que la María Caracciola, á quien
va dirigida la carta, fué hija de Juan Caraccioli, Condestable,
gran Senescal y favorito de Juana de Nápoles. _Historia crítica de
la Literatura española_, tom. VI, pág. 443; pero no es así, pues
Caraccioli tuvo tres hijos, uno varon, que casó con la hija de Jacobo
Caldora, y cuyas bodas dieron pretexto para el asesinato del gran
Senescal, y dos hembras, la mayor de las cuales habia casado con
Antonio Caldora, hijo tambien de Jacobo, y la segunda con Gabriel
de Ursino, hermano del Príncipe de Tarento; por lo tanto, á quien
dirige Tapia su alvalá debe ser á la hija de Otino Caraccioli, que
casó con un hijo del Conde de Arena, explicándose así que diga á la
hija de la Condesa de Arena, en cuyo caso, sabemos la fecha en que
fué escrita, anterior, de seguro, á 1442, pues en este año, el dia de
Navidad, Aleiro de Nápoles, procurador de Nicolo de Arena, Conde de
Arena, Melito y San Rufo de Calabria, hizo pleito homenaje en nombre
de éste y prestó juramento de fidelidad á Alfonso V, á quien desde
entónces permaneció fiel.—ZURITA, _Anales de Aragon_. SISMONDE DE
SISMONDI, _Histoire des republiques italiennes du Moyen Age_.


XLV. _Pág. 203._ CANCION DE JOHAN DE TAPIA. _A la fija del Duque de
Milan syendo él en presion._

_Muy alta et muy excellente._

Felipe María Visconti, último Duque de Milan de este apellido, sólo
tuvo una hija natural, llamada Blanca María, que es á quien se dirige
Tapia; casada por su padre con Francisco Alejandro Sforza, uno de los
mejores generales de su tiempo, ocupó tambien el ducado de Milan,
gracias á ser tan hábil político su marido, que Luis XI de Francia
decia podia darle lecciones; buena esposa y madre, á la muerte de
Sforza mantuvo el órden é hizo que ocupase, sin oposicion, el puesto
su hijo Galeazo María, á la sazon en Francia; hijo indigno é ingrato,
desterró á su madre á Cremona, en donde murió en 1468 envenenada por
su órden, segun le acusaban sus contemporáneos; bien es verdad que,
á su vez, perecia Galeazo asesinado, en el momento en que entraba en
la iglesia de San Estéban, por tres jóvenes discípulos de Cola de
Montano, que habia sido tambien preceptor del Duque, y á quien éste
hizo azotar y pasear por las calles de Milan.—SISMONDE, _Histoire des
republiques italiennes du Moyen Age_.


XLVI. _Pág. 205._ JOHAN DE TAPIA. _A la muy excellente reina de
Aragon et de Seçilia._

_Aunque estó en reyno extrangero._

La esposa de Alfonso V, á quien se dirige Tapia, lo fué Doña María
de Castilla, hija de Enrique III y hermana de D. Juan II; casada
desde muy jóven, este matrimonio ni fué fecundo ni feliz, sea por
las largas ausencias del marido y sus amores en Nápoles, ó porque la
aborreciese, á causa, segun le atribuian entónces, de haber mandado
ahogar á doña Margarita de Ixar, su dama, que decian estaba encinta
del Rey; es lo cierto que éste nunca la amó, habiendo querido romper
el matrimonio, á pesar de su honestidad y de haber tenido verdaderos
dotes de gobierno; sobrevivió á su marido, pues murió en 4 de
Setiembre de 1459; habia testado á favor de éste, pero al saber su
muerte lo hizo á favor de su hermano D. Juan, que sucedió en Aragon á
Alfonso V.—ZURITA, _Anales_.


XLVII. _Pág. 207._ CANCION DE JOHAN DE TAPIA. _A madama Lucrecia._

_Dama de tan buen semblante._

Se dirige el poeta á la querida de Alfonso V, Lucrecia de Aniano,
hija de un gentil-hombre napolitano; pobre, pero de honesta familia,
fué extremadamente amada del Rey, que, segun Enéas Silvio, cuando
estaba con ella en Torre dil Greco, que es donde vivia, parecia
fuera de sí, sin oir, ver ni entender más que á Lucrecia; «alababa
sus palabras, admiraba su talento, aplaudia todas sus acciones y la
colmaba de presentes; queria que fuese honrada como una reina, y de
tal manera llegó á dominarlo, que nadie podia obtener audiencia de él
si ella no queria... A pesar de esto, segun el rumor público, jamas
cedió á sus deseos; pues aseguran que dijo más de una vez que no
sacrificaria al Rey su virginidad, y que si empleaba la fuerza contra
ella, prevendria su vergüenza con la muerte, en lugar de castigarse
tardíamente, como lo habia hecho Lucrecia.» Aludiendo quizá Tapia á
esto, cuando dice:

  Vos fuistes la combatida
  Que venció al vencedor;
  Vos fuistes quien por amor
  Jamas, nunca fué vencida.

Segun otra version, pasaron las cosas de distinta manera,
_cogliendo il re dal giardino di quella il primo frutto d’amore_.
Alfonso V proyectó contraer matrimonio con Lucrecia, á cuyo
efecto instó vivamente al Papa Calisto III para que anulase su
matrimonio con María de Castilla á causa de la esterilidad de
ésta; pero este proyecto fracaso ante la negativa inflexible
del Pontífice.—_Comentarii Pii Papæ II._ SISMONDE, _Histoire des
republiques italiennes du Moyen Age_.


XLVIII. _Pág. 209._ JOHAN DE TAPIA. _A la devisa del sennor rey Don
Fernando._

_Montanna de dyamantes._

A Alfonso V de Aragon le sucedió en el trono de Nápoles su hijo
bastardo Fernando I de este nombre; no pudo saberse nunca con
certeza quién fué su madre; creyeron algunos ser fruto incestuoso
de los amores de su padre con la mujer de su hermano Enrique, y que
para salvar á ésta de la vergüenza, Margarita de Ixar dejó que le
atribuyesen esta falta, que le costó la vida, pues la celosa María de
Castilla mandó ahogarla, como hemos dicho en la nota XLV; aseguran
otros que Margarita fué su verdadera madre, y hay tambien quien lo
supone hijo de una morisca valenciana llamada Vilardona Carlina,
miéntras que su enemigo Calisto III decia que no era ni áun hijo de
Alfonso, sino de un hombre bajo y de vil condicion. Legitimado por
el Papa, jurado por todos los barones del reino, y nombrado por su
padre Duque de Calabria, que es el título que llevaba el príncipe
heredero, ocupó sin oposicion el trono, que á poco tiempo estuvo
expuesto á perder. A esto alude la cancion de Tapia. Juan, duque de
Anjou, representando los derechos de su casa y apoyado por todos sus
partidarios, invadió el reino y derrotó á Fernando en la batalla de
Sarno, miéntras que uno de sus generales, Jacobo Piccenino, derrotaba
tambien en San Fabbiano á los hermanos Sforza, sus aliados; todo
parecia perdido para Fernando, cuando el cariño que á su mujer
profesaban los napolitanos, los esfuerzos que en su favor hicieron el
Duque de Milan Francisco Sforza y el Papa Pío II, que habia sucedido
á su enemigo Calisto, junto á su constancia y talento, restablecieron
sus negocios á tal punto, que triunfando de todos sus enemigos, murió
en 1494 pacífico posesor del trono, despues de un reinado de treinta
y seis años. Como rey y como hombre fué la antítesis de su padre,
falso, avaro, cruel y vengativo; en cambio, es justo decir que veló
mucho por la buena administracion de justicia, protegió las bellas
artes y el comercio, favoreció la industria, y Nápoles le debe parte
de su grandeza, estableciéndose por órden suya, en esta ciudad la
primera imprenta. Esta poesía demuestra, como indicamos en otra nota,
que el _Cancionero de Stúñiga_ debió escribirse despues de la muerte
de Alfonso V, ó sea posterior á 1458, toda vez que aquí se le llama
rey á su hijo Fernando.


XLIX. _Pág. 211._ JOHAN DE TAPIA.

_Sanctus, Sanctus, Sanctus Deus._

Lo que publicamos es lo único que puede leerse en el códice,
habiéndose raspado el título de la cancion y faltando, ademas, dos
hojas, que han sido cortadas; tambien en la pág. 213 han raspado los
cuatro versos que empiezan:

  El evangelio de Sant Johan;

pero pueden leerse y por eso los insertamos.


L. _Pág. 219._ JOHAN DE TAPIA. _Una cancion que fizo á la Condesa de
Buchanico._

_Fermosa gentil deessa._

Era de la familia Orsini y acérrima partidaria de los aragoneses,
segun dice el mismo Tapia; única noticia que tenemos de ella.


LI. _Pág. 222. Un desir que fiso Johan de Tapia loando y nombrando
á todas las damas de Turpía._

_Siendo enemiga la tierra._

Turpía, dice el original, no sabemos si es error del copiante; si no
lo es, tampoco podemos decir á qué parte de Nápoles alude Tapia, ó
qué quiere expresar cuando escribe las damas de Turpía.


LII. _Pág. 227._ DIEGO DE LEON.

_Los hombres de amor tocados._

Comendador de Montanchuelos en la Órden de Calatrava fué Diego de
Leon, que ántes habia servido con lealtad al rey D. Juan II en las
turbulencias de Castilla; lo nombró el Rey capitan de cien rocines,
y le dió la guarda de Mucientes; fué uno de los que sostuvieron al
Maestre legítimo de Calatrava D. Pedro Giron contra el intruso D.
Juan Ramirez de Guzman; alcanzó el reinado de Enrique IV, pero en el
de los Reyes Católicos aparece su encomienda proveida en otro, por lo
que es probable muriese ántes.


LIIIa. _Pág. 230._ JOHAN DE MENA.

_Seguiendo el plasiente estilo._

No es de Juan de Mena esta obra, sino del Marqués de Santillana,
que le dió el nombre _El Triumphete de Amor_; faltan ademas en el
_Cancionero de Stúñiga_ las estrofas que ponemos á continuacion:

    Otros vi que sobresseo,
  Por la grand prolixidat,
  Aunque manifiesto, veo
  Ser de grand actoridad:
  E vi la grand deidat,
  Diáfana é radiante,
  A quien jamas egualante
  Non vi otra en dignidat.
    Cupido, el cual se mostraba
  Ser monarcha en los potentes
  Príncipes, que á sí levava,
  E sabios muy trasçendentes:
  Vile de piedras fulgentes
  Muy lucífera corona,
  Cándida, como la zona
  De los signos transparentes.
    Paresçió luégo siguiente,
  Un carro triunfal é neto
  De oro resplandeçiente,
  Fecho por modo discreto:
  Por ordenança e decreto
  De nobles donnas galantes,
  Cuatro caballos andantes
  Lo tiravan plano é reto.
    Do, por más admiracion,
  Me quiso mostrar fortuna
  La grand clarificaçion,
  Muy más cándida que luna,
  Venus, á quien sólo una
  Non ví ser equivalente,
  Fermosa, sábia, excellente,
  Dina de exçelsa tribuna.
    Vi ançillas sofraganas,
  Vestidas de la librea
  D’aquellas flechas mundanas,
  Que enastaron á Medea:
  Vi á la Pantasilea,
  Clitemestra é Adriana,
  Vi la discreta troyana,
  Braçayda, Damne, Penea.
    Vi á Dido é Penelope,
  Andromaca é Polixena,
  Vi á Félix de Rodope,
  Alçiona é Philomena:
  Vi Cleopatra é Almena,
  Semele, Creussa é Enone;
  Vi Semiramis é Prone,
  Y Siffle, Yoles, Elena.
    Por expresso mandamiento
  De la deessa honorable,
  Sin otro detenimiento,
  Una donna, muy notable,
  Embraçó un arco espantable,
  E firióme tan sin duelo,
  Que luégo cay en el suelo
  De ferida inreparable.
    Asy, ferido de muerte
  De la flecha enfeccionada,
  De golpe terrible é fuerte,
  Que de mí non sope nada;
  Por lo cual fué ocultada
  De mí la vision que via,
  E tornóse mi alegría
  En tristura infortunada.

FINIDA.

    Non puede ser numerada
  Mi cuyta, desde aquel dia
  Que vi la sennora mia,
  Contra mí desmessurada.

_Obras del Marqués de Santillana_, Madrid, 1852.


LIIIb. _Pág. 246._ VILLAPANDO.

_Sepan todos mi tormento._

Debe ser error del copista poner Villapando por Villalpando, lo mismo
aquí que en la pág. 248.


LIV. _Pág. 249._ MENDOZA.

_Vos, que sentides la via._

Con el apellido de Mendoza conocemos, ademas del ya citado Marqués
de Santillana, varios poetas, cuyas poesías han llegado hasta
nosotros, pero no nos atrevemos á decir á cuál de ellos corresponda
la presente; en el _Cancionero de Baena_, pág. 257, se han publicado
dos con este epígrafe: «Aquí se comienzan las cantigas e desires muy
graçiosos é bien fechos que fiso é ordenó en su tiempo el honrado
é noble caballero Pero Gonzalez de Mendoça, padre del Almirante D.
Diego Furtado, é primeramente se comiençan las cantigas que él fiso
por amor é loores de una gentil donçella que mucho amava, por amor
de la qual, dis que mandó faser el monesterio de Santa Clara de
Guadalfajara do se metyó monja.» Nació Pero Gonzalez en 1340, hijo
de Gonzalo Ibañez de Mendoça y de Doña Juana de Horozco, señora de
Hita y Buitrago; sirvió al principio con lealtad al rey D. Pedro de
Castilla, pero luégo fué uno de los más decididos partidarios de su
hermano D. Enrique II, quien lo nombró su mayordomo mayor; con el
mismo cargo sirvió á Juan I, á quien salvó la vida en la funesta
batalla de Aljubarrota dándole su caballo para que huyese, accion
heroica que ha llegado hasta nosotros en el romance que nos conservó
Lope de Vega, en una de sus comedias:

    «Si el caballo vos han muerto,
  Subid, Rey, en mi caballo;
  Si en pié no podeis tenervos,
  Llegad, subirvos he en brazos.»

Quien dijo estas palabras, y su muerte, tambien la cuenta el romance
que concluye así:

    «Esto dijo el montañés,
  Señor de Hita y Buitrago,
  Al rey Don Juan el primero,
  Y entróse á morir lidiando.»

Su nieto el Marqués de Santillana dice, hablando de este poeta,
que era muy discreto é que fiço muy bellas canciones, añadiendo
que usó una manera de decir cantares, así como Cenicos, Plautinos
y Terencianos, tambien en estrambotes como en serranas. Le sucedió
en su casa y estados, así como en su aficion á la poesía, su hijo
D. Diego Furtado de Mendoza, Almirante mayor de la mar, que, segun
dice Fernan Perez de Guzman, era: «Ombre de muy sotil engenio, bien
raçonado, muy gracioso en su decir, osado et atrevido en su fablar,
tanto que el Rey D. Enrique el Tercero se quexava de la su soltura
y atrevimiento.» Sus poesías aunque no mencionadas por su hijo el
Marqués de Santillana, se encuentran en el códice de la Biblioteca
de Palacio, señalado A. 3. VII, así como las del tio de este último,
como él llamado Iñigo Lopez de Mendoza, apellidado el Feo. Otro
poeta del siglo XV tuvo tambien este nombre y fué Íñigo de Mendoza,
de quien en el _Cancionero_, VIII, A. 3 de la misma Biblioteca se
contiene «_La vida de Nuestro Señor Jhesu-Xpo_, compuesto por Fr.
Iñigo de Mendoza, fraile de la Observancia de San Francisco, á
pedimento de Doña Juana de Cartagena.» Esta obra alcanzó gran fama
en aquel tiempo, siendo impresa en el _Cancionero_ que dió á luz en
Zaragoza el aleman Paulo Hurus en 1492. Tambien en Toledo vió la
luz pública el _Cancionero_ que lleva el nombre de este poeta, y en
el que se contienen otras várias composiciones suyas; por último,
el Sr. Amador de los Rios cree que el Mendoza por quien se supone
escrita la composicion á que da lugar esta nota, es Pedro Gonzalez
de Mendoza, Señor de Almazan y de Monteagudo, de quien se encuentra
noticia en las crónicas de aquel tiempo, hijo de Juan Hurtado de
Mendoza y de Doña Ana Enriquez, pariente, por lo tanto, cercano del
ilustre Marqués de Santillana; vémosle, en compañía de éste, figurar
entre los grandes y vates de Castilla que asisten en Zaragoza á la
coronacion de D. Enrique el de Antequera, Rico hombre y Guarda mayor
del Rey D. Juan, que llegó á tener en él completa confianza; así
es que cuando tuvo lugar en Balamazan la prision de D. Fadrique de
Castilla, porque, segun dice el romance,

    De vos, el Duque de Arjona,
  Grandes querellas me dan,
  Que forzades las mujeres
  Casadas y por casar,
  Que les bebiades el vino
  Y les comiades el pan,
  Que les tomais la cebada
  Sin se la querer pagar,

es dado en guarda á Pedro de Mendoza.

    Preso, preso, caballeros,
  Preso de aquí lo llevad,
  Entregadlo al de Mendoza,
  Ese mi Alcalde leal.

Tambien le nombró su Embajador cerca del Rey de Aragon, y en
Tordesillas, cuando el infante D. Enrique de Aragon (1420) se apoderó
del rey D. Juan, fué Mendoza uno de los señores á quien prendió.

En un libro que se ha hecho sumamente raro, y se titula _Memorial
de criança y Vanquete virtuoso para criar hijos de grandes, y otras
cosas; compuesto por un cortesano_ (Zaragoza, 1548), el autor, que
segun se lee en el prólogo era Gaspar de Tejeda, pone en boca de D.
Pedro Gonzalez de Mendoza los siguientes versos:

    Los sabios gentiles gran tiempo gastaron
  Buscando el mayor de los bienes terrenos,
  Por ver si es lo alto lo más ó lo ménos,
  Y nunca por nunca, jamas lo alcanzaron.
  Que como con lumbre de pajas cavaron
  En cosa que humano juicio no alcança,
  Tovieron por cierta bienaventurança
  La propia virtud, y ansí lo mostraron.

_Crónica de D. Juan II._—HARO, _Nobiliario_.—SALAZAR Y CASTRO,
_Historia de la Casa de Lara_.—_Cancionero de Baena._—AMADOR DE LOS
RIOS, _Historia crítica de la Literatura Española_.


LV. _Pág. 256._ ALFONSOS DE MONTANNOS.

_Mi bien et toda mi vida._

Sólo sabemos de este poeta que fué aragones.


LVI. _Pág. 258._ JOHAN DE ORTEGA.

_Cobarde de coraçon._

Aragones como el anterior.


LVII. _Pág. 260._ ANÓNIMO.

_Mi buen amigo Sarnés._

De este Sarnés, de quien ni aún se sabe el nombre, hay poesías
en varios cancioneros, pero de las mismas sólo se deduce que era
aragones y gentil-hombre.


LVIII. _Pág. 264._ CANCION DE MORANA.

_Á la una, á las dos._

Publicó esta cancion D. Tomás Antonio Sanchez en su tomo primero
de la _Coleccion de poesías anteriores al siglo XV_. Alfonso de
Morana fué uno de los poetas á quienes protegió y tuvo en su casa
el desgraciado Duque de Arjona D. Fadrique de Castilla; en el
_Cancionero de Baena_ hay tambien una respuesta de este poeta
contra Ferrant Manuel de Lando, quien á su vez le contesta con este
epígrafe: «Esta rreplicacion que está ençima, fyso é ordenó el
dicho Ferrant Manuel de Lando contra el dicho Alfonso de Moranna,
ensañándose contra él por desmesura del mozo, sobre lo cual ovieron
de llegar á los cabeçones el uno con el otro, segunt que adelante
está puesto.» Falta esta composicion, en la cual, quizá, habria
algunas noticias sobre Morana.


LIX. _Pág. 273._ FERNANDO DE LA TORRE. _Juego de Naipes dirigido á la
muy noble sennora Condesa de Castanneda._

La dama á quien dedica el poeta su obra fué Doña Mencía Enriquez,
hija del Almirante D. Alfonso y de la Rica hembra, casó con D. Juan
Manrique, Conde de Castañeda y Canciller mayor de Castilla; cayó
éste prisionero de los moros en una entrada que hizo en el reino de
Granada, el 12 de Agosto de 1456, y pidiendo aquéllos por su rescate
la crecida suma de sesenta mil doblas de la vanda, Doña Mencía vendió
todas sus alhajas y empeñó sus estados para rescatarlo; accion muy
celebrada entónces en Castilla por saberse que el marido no le pagaba
con igual cariño, teniendo amores con una parienta de ella, con quien
casó despues de la muerte de la Condesa.—SALAZAR Y CASTRO, _Historia
de la Casa de Lara_.


LX. _Pág. 296._ CANCION DEL MARQUÉS DE SANTILLANA.

_Sennora, muchas mercedes._

_Obras del Marqués de Santillana_, Madrid, 1852, página 453.


LXI. _Pág. 298._ JOHAN DE TAVIRA.

_Cuydados, dad ya vagar._

Nada sabemos de este poeta.


LXII. _Pág. 299._ PEDRO DEL CASTILLO.

_Por demas es porfiar._

Como el anterior, no hemos encontrado dato alguno sobre su patria, ni
tiempo en que vivió.


LXIII. _Pág. 300._ CARVAJAL.

_¿Quién se podria alegrar,_

Si por el número de las poesías en él contenidas hubiera de darse
nombre á este cancionero, le correspondería el de _Carvajal_ ó
_Carvajales_, y no el de _Stúñiga_; si en efecto, como creemos,
los dos primeros no designan más que una sola persona, encontramos
cuarenta y cinco suyas, y áun cuando se refieran á dos distintas, de
Carvajales, es siempre de quien más hay; algunas han visto la luz en
el _Ensayo de una Biblioteca de libros raros y curiosos_, otras se
publican ahora por vez primera. Como otros poetas de este tiempo, las
noticias de Carvajal son tan escasas que no sabemos ni aún su nombre,
ni más de lo que á su persona se refiere, que lo que él mismo dice y
pueden nuestros lectores ver en las poesías suyas que publicamos.


LXIV. _Pág. 305. A madama Lucrecia del Anno._

_¡Quién podria comportar,_

En la nota XLVII hemos dicho quién era esta Lucrecia.


LXV. _Pág. 317. Aquí comienza la epístola._

En el códice no se dice por quién está escrita, y aparece, por lo
tanto, ser de la misma Reina; pero el estar incluida entre las demas
obras de Carvajal, y el estilo en que está escrita, nos hacen creer
que es de este poeta.


LXVI. _Pág. 329._ CARVAJALES. _A la princesa de Rosano._

_Entre Sesa et Cintura._

La princesa á quien se dirige Carvajal fué Doña Leonor de Aragon,
hija natural de Alfonso V, que caso con Marino de Marzano, Duque de
Sesa y Príncipe de Rosano, Squilache y Montalto, parentesco que no
impidió á éste rebelarse contra su cuñado Fernando de Aragon, rey de
Nápoles, á quien intentó asesinar; perdonado por el Rey, casó éste á
su hija Doña Beatriz con su primo-hermano Juan Bautista Marzano, hijo
de los Príncipes; pero fué un lazo, pues con este pretexto los trajo
á Nápoles y los hizo prender, y el vengativo Fernando, despues de
haberle tenido veinte y cinco años preso en un calabozo, al Príncipe
de Rosano lo hizo matar (1486).—ZURITA, _Anales de Aragon_.—SISMONDE,
_Histoire des republiques italiennes du Moyen Age_.


LXVII. _Pág. 336. Por mandado del sennor Rey._

_Yo só el triste que perdí._

Se refiere al viaje que hizo á Roma Lucrecia del Anno, con objeto de
conseguir del Pontífice Calisto III el que se anulase el matrimonio
de su amante Alfonso V con Doña María de Castilla, peticion que fué
rechazada por el Papa, como hemos dicho en otra nota.


LXVIII. _Pág. 337._ D. FERNANDO DE GUEVARA.

_Vosotros los amadores._

Doncel del rey D. Juan II, su espíritu caballeresco llevó á D.
Fernando de Guevara á ir en busca de aventuras, llevando una empresa,
como se decia entónces, á Alemania en 1436, tocada por un caballero
aleman, á quien se llama Micer George Vourapag, de la casa de Alberto
de Habsbourg, Duque de Austria; combatieron en Viena, á presencia de
este Príncipe, que les dió campo para ello; tuvo lugar el combate
á pié y con hacha de armas, y á pesar de ser el aleman más fuerte
y diestro que Guevara, éste tuvo la fortuna de herirlo en ambas
manos, por lo que el Duque, impidiendo siguiese el lance adelante,
los sacó de la liza, regalando á Guevara dos caballos y un joyel
que valia 500 coronas; vuelto á Castilla, se distingue notablemente
acompañando al rey D. Juan y al Condestable en el sitio de Atienza.
Salió otra vez de Castilla, dirigiéndose á Nápoles, ya conquistada
por Alfonso V, á quien sirvió durante sus guerras, de tal manera que
éste, en recompensa, le hizo merced del título de Conde de Belcastro;
sobrevivió Guevara á este Rey, muriendo cuando reinaba en Nápoles su
hijo y sucesor Fernando.—_Crónica del rey Don Juan II._—_Crónica de
D. Álvaro de Luna._—ZURITA, _Anales de Aragon_.


LXIX. _Pág. 356._ DIEGO DE SALDANNA.

_Oh duenna más excellente._

No hemos encontrado noticia alguna de este poeta.


LXX. _Pág. 381._ CARVAJALES. _Por la muerte de Jaumot Torres._

_Las trompas sonaban al punto del dia._

En la segunda expedicion de Alfonso V á Italia, le acompañó, mandando
veinte ballesteros, Jaumot Torres, caballero de Valencia, que murió,
como cuenta Carvajales.—_Coleccion de documentos inéditos para la
Historia de España_, tom. XIII.


LXXI. _Pág. 394._ JOHAN DE ANDÚJAR. _Al Sennor rey D. Alfonso._

_Nunca iamas vençedor._

Hijo de Fernando I de Aragon y de Leonor de Alburquerque, Alfonso V
de este nombre es uno de los monarcas más ilustres del siglo XV; su
valor como guerrero, su constancia en la desgracia y su amor á la
justicia, á las artes y á las letras, hace que su córte sea una de
las más brillantes de aquella época, y que en ella tengan acogida,
premio y estímulo sabios, poetas y guerreros; sus contemporáneos
le apellidaron el Magnánimo, sobrenombre que ha confirmado la
posteridad; conquistador de Nápoles, murió en esta ciudad en 1458,
llorado de sus nuevos súbditos, con quien se mostró siempre humano y
generoso, sucediéndole en Aragon y Sicilia su hermano Juan, y dejando
el reino, por él conquistado, á su hijo bastardo Fernando. Aquellos
de nuestros lectores que quieran saber noticias de este rey, las
encontrarán extensas en los _Anales de Aragon_ de Zurita.—FACIO,
_Fatti d’Alfonso d’Aragona_.—_Dichos y hechos del rey D. Alfonso de
Aragon y de Nápoles_, por ANTONIO PANORMITA, traducidos por ANTONIO
RODRIGUEZ DÁVALOS.—GIANNONE, _Storia civile del regno di Napoli_.


LXXII. _Pág. 395. Coplas fechas por mosen Pedro Torrellas, de las
calidades de las donas._

_Quien bien amando persigue._

Se publicaron al fólio 94 del _Cancionero general_ de Hernando del
Castillo, 1511, con el epígrafe de _Coplas de maldecir de mujeres_;
aunque el texto del _Cancionero de Stúñiga_ nos parece más correcto,
faltan en él las dos estrofas siguientes:

    Deleyte y provecho son
  El fin de todas sus obras,
  En guarda de las çoçobras,
  Simple temor y fiction;
  Si por temor detenida
  La maldad dellas no fuesse,
  O por fiction escondida,
  No seríe ombre que vida
  Con ellas hacer pudiesse.
    Comete cualquier maldad
  Mujer encendida en ira,
  Assí afirma la mentira
  Como si fuesse verdad;
  No conservan cosa en peso,
  Al extremo han de correr;
  Han assí el juyzio leso,
  Que siempre tiene buen seso,
  Si no cuando es menester.

Mosen Pedro Torrellas, caballero catalan, de quien dice Tomic _qui
ai aquell temps se podia dir que un petit Rey_, fué gran privado
de D. Martin de Aragon, quien lo nombró Capitan general de la
armada que fué á pacificar la isla de Cerdeña, en donde se condujo
valientemente, derrotando á los revoltosos, y haciendo tanto y con
tal tino en favor de su patria, que cuando llegó á ésta la noticia
de su muerte, que tuvo lugar de la peste en la villa de Alguer, se
tuvo por una de las mayores adversidades que pudieran acaecer en
aquel tiempo. Casó con una hija de D. Pedro de Gurrea, de la cual
tuvo, entre otros, al poeta que se llamó Pedro como él; sirvió éste
tambien en Italia, acompañando á Alfonso V en sus expediciones, no
sólo á Nápoles, sino á Castilla. De Torrellas han llegado hasta
nosotros muchas poesías, entre ellas, una muy importante, llamada
_Desconort_, que se conserva en el _Cancionero_ que posee la
Universidad de Zaragoza; consta de 683 versos y hace que figuren en
ella veinte y ocho poetas de los más nombrados de aquel tiempo.—MOSEN
PERE TOMIC, _Conquestes é histories dels reys de Arago é contes de
Barcelona_.—ZURITA, _Anales de Aragon_.


LXXIII. _Pág. 400. Respuesta de_ SUERO DE RIBERA, _en defension de
las donas_.

_Pestilencia por las lenguas._

Con esta composicion concluye el _Cancionero_ llamado _de Stúñiga_;
no sólo es inédita esta poesía, sino que, segun el Sr. Amador de los
Rios, no se encuentra más que en este _Cancionero_.


FIN DE LAS NOTAS.



GLOSARIO.


  ABESAR. Avezar, acostumbrar, enseñar.

  ABILTADAMENTE. Vilmente, con deshonra.

  AÇIDIA. Pereza, mala voluntad.

  ACOYTADO. Cuitado, miserable, infeliz.

  ACUCIOSSO. Cuidadoso, diligente.

  ADONADO. Propio de dona ó señora, donoso, apuesto.

  ADUAY. Paño fabricado en Douay, ciudad de Flándes.

  AFERES. Negocios, ocupaciones.

  AGRO. Agrio, brusco, áspero.

  AGUÑAL. Alfiletero.

  AL. Otro, otra, de otra manera.

  ALADAR. Rizo de los cabellos que caen sobre las sienes y con que
  se adornaban las mujeres.

  ALBALÁ. Papel, billete, carta.

  ALGARIVO. Forastero, extraño, peregrino.

  ALUDA. Calandria.

  AMIDOS. De mala gana, por fuerza.

  ARDIDO. Osado, atrevido, arrojado.

  ARDURA. Ardor, quemazon.

  ARMENTO. Ganado mayor.

  ASETUNIN. Tela de seda color de aceituna.

  ASSAYAR. Probar, proponer, ensayar.

  ATURAR. Apurar, meter prisa.

  AYNA. Fácilmente, sin trabajo ni pena.

  AYUSO. Abajo.

  AZ. Escuadron, porcion de gente.


  BALANQUIN. Vestidura preciosa de seda y oro.

  BARATERO. Traficante.

  BEÇOS. Labios.

  BRONCHA. Joyel con que se sujetaba la pluma del bonete, joya
  tambien con que se adornaban las damas.

  BROSLADAS. Bordadas.

  BRUNO. Oscuro, pardo.

  BUELFAS. Serpientes del desierto de Sçithia.


  CÁ. Que, porque.

  CABO. Junto á, cerca, al lado de.

  CADERA, CADIRA. Silla, cátedra.

  CARAMIDA. Piedra iman.

  CATIVO. Cautivo.

  ÇEDO. Luégo, presto, al instante.

  CIBO. Alimento, pasto, manjar.

  CIO. Ciar, cejar.

  CHAPERÍA. Bordadura de láminas ó seda de colores.

  CHORO. Coro.

  CLAMARSE. Quejarse, dolerse.

  CONORTE. Consuelo, alivio, refrigerio.

  CORTELEDAD. Cortesía, atencion.

  CRAS. Mañana, al otro dia.

  CRESPINA. Cofia ó redecilla que usaban las mujeres para recoger
  el pelo.

  CRIDAR. Gritar.

  CURAR. Tener cuidado, atencion.


  DARGON. Aumentativo de dargo, adarga.

  DEESSA. Diosa.

  DEFENSAR. Defender, prohibir.

  DESDONADO. Desgraciado, desairado.

  DESTENDIDO. Desatendido, no conocido.


  EMICANTE. Resplandeciente, esplendoroso.

  ENASTAR. Engañar con arte y astucia.

  ENCESO. Encendido.

  ENFUSCAR. Oscurecer, rodear de tinieblas.

  ENJUINA. Anjoina, partidaria de la casa de Anjou.

  ERVADO. Prado.

  ESTOL. Hueste, séquito.

  ESTORÇER. Escapar, esquivar, libertarse.

  ESTORMENTES. Instrumentos.


  FADAR. Revelar, decir los hados.

  FALAGAR. Acariciar, halagar, lisonjear.

  FALLIR. Faltar, engañar, frustrar.

  FARTAR. Hartar, llenar, satisfacer.

  FERRINO. Férreo, de hierro.

  FERVENÇIA. Ardor, hervor, entusiasmo.

  FINYDA. Estrofa con que se terminaban los _decires dictados_,
  etc., escritos en los siglos XIV y XV. Decíase tambien _cabo_.

  FLÚMEN. Rio, corriente.

  FOLIA, FOLLIA. Locura, alegría.

  FONTANA. Fuente, venero.

  FRONDE. Follaje, hoja del árbol.

  FRUENTE. Frente.

  FURIENTE. Furibundo, airado, colérico.

  FUSTA. Embarcacion de vela latina.

  FYUSA. Confianza, seguridad.


  GARRIDO. Apuesto, elegante, bizarro.

  GASAIADO. Agasajo, regalo.

  GELO, GELA. Se lo, se la.

  GENO. Género, raza, linaje.

  GOLDRES. Se decia del cuero preparado de cierta manera.

  GORMAR. Pagar, satisfacer por fuerza la deuda contraida, devolver
  con despecho lo que se ha usurpado.

  GREGAL. De estirpe y prosapia conocida.

  GRIDA. Grita, clamor que levantaban los combatientes en el
  momento de acometerse.

  GUARDAR. Mirar, considerar.

  GUARIR. Curar, sanar.

  GUARNIDO. Exornado, aparejado, aderezado.

  GUAY. Ay de tí, ay de él.

  GUISSA. Forma, manera, modo, y tambien estirpe y prosapia.


  INBIFIA. Jorobada.

  INFINTOSO. Engañoso, falso, mentiroso.


  JORNEA. Jornada, fiesta.


  LACERIO. Trabajo, desventura, desgracia.

  LASSO. Cansado, débil.

  LEDA. Contenta, placentera.

  LEVAR. Llevar.

  LONGICAS. Lejanas, apartadas, distantes.

  LOQUELA. Habla, manera de expresarse.

  LUCO. Bosque, selva.

  LUCTO. Luto, tristeza, llanto.

  LUENNE. Léjos, distante.

  LUSILLO. Lápida.


  MAGUER. Aunque, á pesar de que.

  MALENCONIA. Melancolía.

  MALFADADO. Malhadado, desdichado.

  MEMBRADO. Famoso, digno de memoria.

  MEMBRANZA. Recuerdo.

  MESTER. Negocio, trabajo, obra.


  NAUCHERES. Pilotos.

  NUBLOS. Nubes, nublados.

  NUSCO. Con nosotros.


  OMESILLO. Homicidio.

  ONDE. Donde, en donde, por donde.

  ORTULANO. Hortelano.


  PALULAR. Sitio pantanoso.

  PARIASEA. Serpiente.

  PLANTO. Llanto.

  POLIDO. Bello, atildado, lozano, elegante.

  PRISE. Prender, tomar.

  PRÓ. Utilidad, provecho; tomado como adjetivo es lo mismo que
  honrado, útil, importante.

  PROPALENTE. Dorado, blondo, brillante, de luz roja.

  PUNGIDO. Estimulado, aguijoneado, herido.


  QUALQUE. Alguno.

  QUEÇA. Especie de tela delgada, lienzo fino ó camisa.

  QUISTION. Pregunta, investigacion.


  RADÍO. Violento, acelerado, extraviado.

  RASA. Cabeza, objeto.

  RAXOSO. Sañudo, airado, rabioso.

  REQUESTE. Peticion, ruego, pregunta.

  RESURGIR. Resucitar, recobrar nuevo aliento.

  RISSO. Sonrisa, la accion de reir.


  SABLE. Arena.

  SANDIA. Loca, poseida de pasion.

  SEIE, SEGE. Gentil-hombre.

  SENNERO. Sólo, único.

  SERVAR. Conservar.

  SILVA. Fruta llamada por otro nombre serva y selva, pera
  silvestre.

  SOBREVIENTA. Suceso, caso repentino.

  SOFILMÓ. Engañó.

  SON. Manera, modo.

  SORRA. Lastre.

  SORRABAR. Mirar debajo del rabo á un animal.

  SUSO. Arriba.


  TAJAÑA. Carga, cualquier cosa que hace peso sobre otra.

  TIMBLE. Timbre.

  TOLLER. Levantar, quitar.

  TRAINA. Red pequeña destinada á la pesca menuda.

  TRASGREO. Hacer de trasgo, mudarse de una parte á otra.

  TREBELLOS. Burla, juguete, chanza, juego.

  TRUFAR. Mentir, engañar.


  VANIÇION. Destierro.

  VEÇAR. Acostumbrar á, tener hábito de.

  VEGADA. Vez; _á las vegadas_, á las veces.

  VISO. Vista, vision, rostro, semblante.



ÍNDICE ALFABÉTICO

POR EL PRIMER VERSO DE LAS COMPOSICIONES DE ESTE CANCIONERO.


        Páginas.

  _Á cabo de mis dolores._—Lope de Stúñiga.              1

  _Adios, adios, alegría._—Suero de Ribera.             94

  _Adios, mi libertad._—Diego de Varela.               172

  _Agora más fuerte que non de primero._—Carvajales.   350

  _Á la una, á las dos._—Morana.                       264

  _Alegradvos, amadores._—Sarnés.                      261

  _Alegre del que vos viesse._—Iohan de Medina.        151

  _Amor desagradescido._—Sarnés.                       262

  _Andando perdido, de noche ya era._—Carvajales.      334

  _Ante las puertas del templo._—Iohan Rodriguez del
    Padron, «Los siete gosos de amor.»                  53

  _Ántes el rodante cielo._—El Marqués.                 48

  _A quantos de la fortuna._—Sancho de Villegas.        67

  _Aquel que da penas et finge dolores._—Carvajales.   339

  _Á tí, dama muy amada._—Carta de Sancho de Villegas
    á su amiga.                                         63

  _Aunque estó en reyno extrangero._—Iohan de Tapia.   205

  _Aunque iuntos fagan guerra._—Carvajales.            351

  _Aunque vos non me querays._—Carvajales.             359

  _Á vos, hereje malo, porque._—Anónimo.               388


  _Bien amar, leal servir._—Iohan Rodriguez de la
    Cámara.                                            139

  _Bien puedo desir, par Dios._—Cancion de Iohan de
    Padilla.                                            69

  _Bien veo que fago mal._—Iohan de Tapia.             212

  _Buena nueva, buena nueva._—Carvajales.              315


  _Cobarde de coraçon._—Iohan de Ortega.               258

  _Cobdiciando ser amado._—Diego de Leon.              251

  _Como en son de iniuriada._—Diego de Leon.           229

  _Como procede fortuna._—De Iohan de Andújar.          71

  _Cuydados, dad ya vagar._—Juan de Tavira.            298


  _Dama de tan buen semblante._—Iohan de Tapia.        207

  _Deesas preciosas Calíope et Pálas._—Iohan de
    Andújar.                                           192

  _De mis males el menor._—Carvajales.                 369

  _De Nola, Pedro, sennor._—Carvajales.                352

  _Desde aquí quiero iurar._—Carvajales.               367

  _Desnuda en una queça._—Carvajales.                  387

  _Dexadme, por Dios, estar._—Carvajales.              332

  _Desidme, gentil sennora._—Carvajales.               372

  _Dicen que fago folía._—Diego Enriquez.              141

  _Diversas veses mirando._—Mosen Ugo.                 134

  _¿Dónde soys, gentil galana?_—Carvajales.            373

  _Donsella ytaliana._—Iohan de Tapia.                 199


  _El gentil ninno Narciso._—Macías.                   188

  _El pintor rey Manuel._—Alfonso de Montannos.        268

  _El que más leal io fallo._—Carvajales.              316

  _El que tanto vos desea._—Arias del Busto.           152

  _El triste que más morir._—El bachiller de la
    Torre.                                              22

  _El velo de la ignorancia._—Carvajales.              343

  _En altas ondas del mar._—La Nao de Amor que fiso
    Mossen Iohan de Duennas.                           118

  _En Castilla es proesa._—Mosen Rebellas.             158

  _En diversas opiniones._—Fernando de la Torre.       236

  _En el nombre de Dios de Amor._—Alfonso Enriquez.    180

  _En tiempo conocerees._—Sarnés.                      260

  _Entre Sesa et Cintura._—Carvajales.                 329

  _Epístola al rey D. Alfonso de Aragon._—Reina
    doña María de Castilla.                            317


  _Fermosa gentil deessa._—Iohan de Tapia.             219

  _Fortuna sobre la tierra._—Iohan de Tapia.           213

  _Fuego del divino rayo._—Iohan Rodriguez del
    Padron.                                             42


  _Gentil sennor de Centellas._—Suero de Ribera.       168

  _Guai de vos si non pensais._—Carvajales.            328

  _Guay de aquel hombre que mira._—Iohan de Mena.        9


  _Hoy es postrimero dia._—Carvajales.                 354


  _Ira sanna et crueldat._—Diego del Castillo.          80

  _Io soy aquel che nascí._—Johan de Tapia.            221


  _La fortuna que non cessa._—El Infierno de amor,
    que fizo el sennor Marqués de Santillana, Conde
    del Real.                                           96

  _La franquesa muy estranna._—Iohan de Duennas.       160

  _Las trompas sonaban al punto del dia._—Carvajales.  381

  _Layda por nombre garrida._—Iohan de Tapia.          214

  _Llorad mis llantos, llorad._—Lope de Stúñiga.        32

  _Llorad mi triste dolor._—Lope de Stúñiga.            70

  _Los hombres de amor tocados._—Diego de Leon.        227


  _Magnificencia y virtud._—Fernando de la Torre.      273

  _Malhaya quien su secreto._—Iohan de Tapia.          216

  _Más triste que non María._—Carvajales.              314

  _Mi alma encomiendo á Dios._—Iohan de Tapia.         215

  _Mi bien et toda mi vida._—Alfonso de Montannos.     256

  _Mi buen amigo Sarnés._—Pregunta que fué hecha á
    un gentil-hombre, por nombre Sarnés.—Anónima.      260

  _Mirad qué grande question._—Fernando de la Torre.   195

  _Montanna de dyamantes._—Iohan de Tapia.             209

  _Muchas veces llamo á Dios._—Iohan de Tapia.         217

  _Muy alta et muy excellente._—Iohan de Tapia.        203

  _Muy noble castillo de grand omenaie._—Carvajales.   348


  _Non credo que più grand doglia._—Carvajales.        375

  _Non curedes de porfiar._—Carvajales.                384

  _Non es humana la lumbre._—Iohan de Tapia.           241

  _Non sabes, Iohan de Padilla._—Pregunta de Juan de
    Torres á Iohan de Padilla.                         162

  _Non sé gracias nin loores._—Diego de Valera.        234

  _Nunca iamas vençedor._—Juan de Andújar.             394

  _Nunca meiorar mi pena._—Villapando.                 248

  _Nyn quieren morir mis males._—Diego del Castillo.   126


  _Oh desvelada sandia._—Iohan Rodriguez de la Cámara. 142

  _Oh duenna más excellente._—Diego de Saldanna.       356

  _Oh qué poca cortesía._—Carvajales.                  304

  _Oh sy muerte fuera presta._—Carvajal.               301

  _Oh temprana sepoltura._—Iohan de Torres.            266

  _Oh triste partida mia._—Lope de Stúñiga.              5

  _Oyd, que dise mi mote._—Carvajal.                   302


  _Paciencia, mi coraçon._—Carvajales.                 368

  _Partiendo de Roma passando Marino._—Carvajales.     386

  _Passando por la Toscana._—Carvajales.               377

  _Pestilencia por las lenguas._—Suero de Ribera.      400

  _Por acrescentar dolor._—Anónima.                    263

  _Por demas es porfiar._—Pedro del Castillo.          299

  _Por la muy áspera via._—El Vergel del
    Pensamiento.—Anónimo.                               86

  _Pues me fallesció ventura._—Villalobos.             190

  _Pues mi vida es llanto ó pena._—Carvajales.         311

  _Pues non me vale fuyr._—Carvajales.                 342

  _Pues que fuistes la primera._—Çapata.               185


  _Qualquiera que me toviere._—Rodrigo de Torres.      191

  _Quando más libre pensé._—Alfonso de Montannos.      391

  _Quanto más pienso, cuytado._—Çapata.                138

  _Quantos aman atendiendo._—Cancion de Villalos.       52

  _Quien bien amando persigue._—Pedro Torrellas.       395

  _Quien me apartára de vos._—Carvajales.              355

  _¡Quién podria comportar._—Carvajales.               305

  _¿Quién se podria alegrar._—Carvajal.                300

  _Quien te puso en tal cuydado._—Fernando de la
    Torre.                                             267


  _Retraida estaba la reyna._—Anónimo.                 321


  _Saliendo de un olivar._—Carvajales.                 312

  _Sanctus, Sanctus, Sanctus Deus._—Iohan de Tapia.    211

  _Seguiendo el plasiente estilo._—Iohan de Mena.      230

  _Sennora, grand sinrason._—Lope de Stúñiga.          186

  _Sennora, mal cabo hayan._—Fernando de la Torre.     239

  _Sennora, mi bien et amor._—Iohan de Tapia.          243

  _Sennora, muchas mercedes._—Marqués de Santillana.   296

  _Sennores, mucho pesar._—Diego de Valera.            253

  _Sennores, mucho pesar._—Diego de Valera.            255

  _Sepan todos mi tormento._—Villapando.               246

  _Sicut passer solitario._—Carvajales.                327

  _Siendo enemiga la tierra._—Iohan de Tapia.          222

  _Si las mis llagas mortales._—Lope de Stúñiga.        35

  _Si mis tristes pensamientos._—Lope de Stúñiga.       38

  _Si non fuese tanto avante._—Carvajales.             333

  _Si por negra vestidura._—Desir de uno
    apassionado.—Anónimo.                              153

  _Si tan fermosa como vos._—Carvajales.               303

  _¿Soys vos, desid, amigo?_—Desir de Moxica.          144

  _Sólo por ver á Macías._—Iohan Rodriguez de la
    Cámara.                                            140

  _Sy desis que vos ofende._—Carvajales.               309


  _Tempo serebe hora may._—Carvajales.                 374

  _Terrible duelo fasia._—Carvajales.                  364

  _Tiempo fué que se pasó._—Carvajales.                331

  _Todo el mundo he trastornado._—Iohan de
    Villalpando.                                       156

  _Todo pesar agora._—Diego de Leon.                   252

  _Trabaios que me matays._—Iohan de Tapia.            196


  _Ve dormidera cuytada._—Lope de Estúnniga.           294

  _Veniendo de la Campanna._—Carvajales.               379

  _Vestra vista me repara._—Iohan de Mena.             389

  _Vos desis déxame estar._—Carvajales.                341

  _Vos mirays á mí et á ella._—Carvajales.             370

  _Vosotros los amadores._—Fernando de Guevara.        337

  _Vos partis et á mí desays._—Carvajales.             360

  _Vos, que sentides la via._—Mendoza.                 249

  _Vuestra bellesa syn par._—Diego de Valera.          297


  _Ya la grand noche passaba._—El Marqués.              44

  _Ya mi vida se aparta._—Carvajales.                  361

  _Ya non sufre mi cuidado._—Iohan de Mena.             14

  _Yo sola membrança sea._—El planto que fiso
    la Pantasilea.—Anónimo.                            173

  _Yo só el triste que perdí._—Carvajales.             336



ÍNDICE ALFABÉTICO

DE LOS AUTORES CUYAS COMPOSICIONES FORMAN EL CANCIONERO DE STÚÑIGA.


  ANDÚJAR (Juan de), páginas 71, 192, 394.

  ANÓNIMOS, 86, 153, 173, 260, 263, 317, 321, 336, 384, 388.


  BUSTO (Arias de), 152.


  ÇAPATA (véase Zapata).

  CARVAJAL, 300, 301, 302.

  CARVAJALES, 303, 304, 305, 309, 311, 312, 314, 315, 316, 327,
  328, 329, 331, 332, 333, 334, 339, 341, 342, 343, 348, 351, 352,
  354, 355, 359, 360, 361, 364, 367, 368, 369, 370, 372, 373, 374,
  375, 377, 379, 381, 386, 387.

  CASTILLO (Diego del), 80, 126.

  CASTILLO (Pedro del), 299.


  DUEÑAS (Juan de), 118, 160.


  ENRIQUEZ (Alfonso), 180.

  ENRIQUEZ (Diego), 141.

  ESTÚNNIGA (véase Stúñiga).


  GUEVARA (Fernando de), 337.


  LEON (Diego de), 227, 229, 251, 252.


  MACÍAS, 188.

  MEDINA (Juan de), 151.

  MENA (Juan de), 9, 14, 230, 389.

  MENDOZA, 249.

  MONTANNOS (Alfonso de), 256, 268, 391.

  MORANA (Alfonso de), 264.

  MOXICA (Fernan), 144.


  ORTEGA (Juan de), 258.


  PADILLA (Juan de), 69.


  RIBERA (Suero de), 94, 168, 400.

  REBELLES (Mosen), 158.

  RODRIGUEZ DEL PADRON (Juan), 42, 53, 139, 140, 142.


  SALDANNA (Diego de), 356.

  SANTILLANA (Marqués de), 44, 48, 96, 296.

  SARNÉS, 260, 261, 262.

  STÚÑIGA (Lope de), 1, 5, 32, 35, 38, 70, 186, 294.


  TAPIA (Juan de Tapia), 196, 199, 203, 205, 207, 209, 211, 212,
  213, 214, 215, 216, 217, 219, 221, 222, 241, 243.

  TAVIRA (Juan de), 298.

  TORRELLAS (Mosen Pedro), 395.

  TORRE (El Bachiller de la), 22.

  TORRE (Fernando de la), 195, 236, 239, 267, 273.

  TORRES (Juan de), 162, 266.—D. I., tomo XIII, página 495.

  TORRES (Rodrigo de), 191.


  UGO (Mosen), 134.


  VALERA (Diego de), 172, 234, 253, 255, 297.

  VILLALOBOS, 190.

  VILLALOS, 52.

  VILLALPANDO (Juan de), 156.

  VILLAPANDO, 246, 248.

  VILLEGAS (Sancho), 63, 67.


  ZAPATA (Ruy Sanchez de), 138, 185.





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Cancionero de Lope de Stúñiga - Códice del siglo XV." ***

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