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Title: Origen de los indios de América. Origen y civilizaciones de los indígenas del Perú.
Author: Prince, Carlos
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Origen de los indios de América. Origen y civilizaciones de los indígenas del Perú." ***

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En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
texto. (la lista de errores corregidos sigue el texto.)

Además de éstos errores, se han corregido algunas palabras en las que se
había cambiado la letra 'u' por 'n' o viceversa.

También se han incorporado al texto los errores indicados en 'ERRATAS
NOTABLES'.

En las 'ERRATAS NOTABLES' se indica que, página 163, donde dice 'año 711'
debe decir 'año 734'. No obstante, el texto original ya dice 'año 734'.

Se han añadido '.' al final de las frases que no lo tenían.

Hay frases entrecomilladas en que faltan las comillas al principio o
al final. Se han dejado según el original.

Hay frases entre paréntesis en las que falta el paréntesis inicial o
final. Se han dejado según el original.

Las letras itálicas se muestran entre _subrayados_. Las versalitas
(letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) han sido
sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.

(nota del transcriptor)



                                   I


                                   II


                             CARLOS PRINCE

                   *       *       *       *       *

                                   I


                               DE AMÉRICA

                                   II


                                DEL PERÚ

                   [Ilustración: C.P. LIBRERO EDITOR]

                                  LIMA
                       IMPRESO EN CASA DEL AUTOR

                     CALLE DE POLVOS AZULES No. 173

                   *       *       *       *       *

                                  1915



                      [Ilustración: Carlos Prince]



                              Á MIS HIJAS

                    Isabel Carolina y Elisa Silvia.

                      A vosotras, queridas hijas,
                         os dedico este libro,
                 en el que hallaréis algo que aprender.

                                          Vuestro padre
                                          CARLOS PRINCE.

Lima, 1º de Enero de 1915.



                               PREÁMBULO



                           ORIGEN DEL HOMBRE

                                  § I


Antes de entrar en materia sobre la antropogenia del Hombre, es
oportuno formarse una idea de las causas creadoras ó productoras del
Universo, para lo cual precisa exponer algunas hipótesis formuladas por
los sabios, siendo las principales la de Mr. Laplace y la de Mr. Faye,
que trascribimos en seguida.

El notable y profundo astrónomo y físico Mr. Laplace en su obra
_Exposition du Monde_, establece la teoría de la formación del sistema
planetario, y lo resume en los siguientes términos:

"En un principio la materia del Sol y de todos los cuerpos del sistema
planetario, estaba difundida y extendida en un estado gaseoso, llenando
todo el espacio que ahora ocupan esos cuerpos, y tomando la forma y
condiciones de una nebulosa, sometida á un movimiento de rotación. Este
movimiento había de producir una condensación de la materia hacia el
centro, formándose así un núcleo que es el origen del Sol. Continuando
la condensación de la materia, el movimiento de rotación hubo de ser
cada vez más rápido, y la nebulosa se aplanó fuertemente por los polos
y se extendió en el plano del Ecuador, separándose varias zonas de
vapor á diferentes distancias del centro. En estas zonas se formaron
núcleos secundarios, que participaban del movimiento general de la
nebulosa, y fueron el origen de los planetas, uno de ellos la Tierra.
Estos núcleos planetarios se convirtieron así en centro de nebulosas
secundarias, separándose de ellos, de la misma manera, la materia que
había de formar los satélites. Aislada y separada la nebulosa solar,
la materia de la Tierra ocupaba, por su estado gaseoso, un espacio
inmenso que se extendía millares de leguas. Pero sometida al mismo
movimiento de rotación, después del desprendimiento de la Luna, debió
de irse condensando sin cesar, y adquiriendo, cada vez, más pronunciado
el carácter luminoso y las demás condiciones que distinguen al Sol.
Era entonces la Tierra un astro brillante por sí mismo, en cuyo estado
hubo de permanecer el inmenso lapso de tiempo necesario para que, por
la condensación constante de la materia, se redujese próximamente á sus
dimensiones actuales de 60° que tienen los espacios interplanetarios
en que gira; se enfriase lentamente su superficie y perdiese poco á
poco su carácter luminoso, hasta quedar completamente apagada por
el enfriamiento y solidificación a de una película ténue exterior,
quedando su centro en ignición. La Tierra pasó de esta manera á ser un
cuerpo opaco, en cuyo estado entra plenamente su estudio en el dominio
de la Geología."

Posteriormente el sabio Mr. Faye ha rebatido la teoría de Mr.
Laplace, sustituyéndola por otra más en conformidad con los recientes
descubrimientos astronómicos, y condensando su opinión al respecto,
dice:

"El Universo, en su origen, se reducía á un caos completo,
excesivamente enrarecido, constituído por todos los elementos de
la química terrestre, más ó menos revueltos y confundidos. Estos
materiales, sometidos entonces á sus mútuas atracciones, se hallaban
desde un principio animados de movimientos que provocaron su separación
en lienzos ó nubes. Estas conservan un movimiento de traslación rápido
y revoluciones intestinas extremadamente lentas. Estas miriadas
de nubes caóticas han dado nacimiento, por vía de condensación
progresiva, á los distintos Mundos que forman el Universo."

Cada uno de estos Mundos tiene su especial y propia atmósfera. El Globo
ó la Tierra que habitamos se halla rodeada por dos fluídos sútiles
y elásticos: el aire puro ó gas oxígeno y el gas ázoe; siendo ambos
fluídos, según el notable geógrafo Malte-Brun: "El inmenso laboratorio
exterior de la Naturaleza, que reune los diferentes gases que exhala
el Globo, los destila, satura, descompone y volatiliza, ó los condensa
y precipita por medio de operaciones y leyes físicas." El aire se
compone de 79 partes de gas ázoe, 21 de gas oxígeno, algunas milésimas
partes de ácido carbónico y una pequeñísima parte de agua en estado de
vapor, que varía con la temperatura de la atmósfera. Entre estos gases,
el oxígeno es el indispensable para la respiración; el gas carbónico
alimenta los vegetales, que lo absorben, y derrama el oxígeno. La
altura de la atmósfera varía en los diferentes climas, siendo menos
elevada cuanto más se aproxima á los polos, y más elevada en los climas
tropicales, donde suele alcanzar hasta la altura de catorce leguas.

       *       *       *       *       *

Los geólogos dividen la Creación en cinco grandes Períodos ó Edades
geológicas: PRIMORDIAL, PRIMARIA, SEGUNDARIA, TERCIARIA y CUATERNARIA,
correspondiendo á estas cinco Edades, cinco capas de terreno diferentes.

En la EDAD PRIMORDIAL se enfrió lentamente el Globo Terrestre, formando
cortezas delgadas que los geólogos denominan _terrenos plutónicos_ ó
_primitivos_, ó sean capas de roca granítica.

En la EDAD PRIMARIA se formaron cuatro capas denominadas: _terreno
silúrico_, _terreno devoniano_, _terreno carbonífero_ y _terreno
permiano_. En el primero apareció la vegetación en estado embrionario
(algunas algas marinas); en el segundo, los fósiles de vegetales y
animales (zoófitos, moluscos); en el tercero, fósiles de animales
vertebrados (peces); y en el cuarto, vegetación en su completo
desenvolvimiento, en cuya época se formó también el último terreno, en
el que desarrolló y perfeccionó la vegetación y los seres animales.

En la EDAD SEGUNDARIA los terrenos están divididos en tres capas: el
_triaco_, el _jurídico_ y el _cretáceo_. En el primero, se encuentran
reptiles fosilizados, principalmente los grandes lagartos y enormes
ranas; en el segundo, grandes y desproporcionados reptiles anfibios; y
en el tercero, aparecieron los mamíferos vivíperos.

En la EDAD TERCIARIA los terrenos están también divididos en tres
capas: el _eoceno_, (comienzo de la vida); el _mioceno_ (mitad de la
vida), y el _plioceno_ (vida completa). En este último Período vivieron
los grandes paquidermos, como el mammouth, el oso de las cavernas y
otros; y en los terrenos de ese mismo Período se han encontrado restos
humanos, objetos de pedernal y otros análogos, lo que prueba que al
lado de los paquidermos vivía también el Hombre.

En la EDAD CUATERNARIA los terrenos se dividen en dos capas:
_postplioceno_ y _reciente_, caracterizados como el Período de grandes
diluvios, á la vez que de un notable descenso de la temperatura. Ya en
este mismo Período, la existencia del Hombre está fuera de duda, pues
es un hecho comprobado.

       *       *       *       *       *

Los geólogos confirman que el Hombre ha existido desde el período
Plioceno, que es el llamado Glacial ó de transición entre la Edad
Terciaria y la Cuaternaria. Pero esta teoría no está del todo
confirmada, porque algunos paleontólogos sostienen que en ese mismo
Período no existía el Hombre perfecto, sino el antropóide homínido, es
decir, un ser antropomorfo semejante al Hombre pero que carecía del
uso de la palabra[90]. Sólo con el transcurso de un lapso muy largo de
tiempo, dicen esos mismos paleontólogos, ese ser antropóide-homínido
fué gradualmente evolucionando y modificándose progresivamente,
hasta que apareció el Hombre en estado relativamente perfecto. Este
perfeccionamiento, dicen, aconteció en la Edad Cuaternaria.

Si pretendiéramos investigar las muchas opiniones que se han suscitado
acerca del origen del Hombre, esta inquisición nos conduciría demasiado
lejos; por consiguiente, nos limitaremos, tan sólo, á reproducir lo
asentado por algunos sabios acerca de este enmarañado esquema.

       *       *       *       *       *

Darwin, Quatrefages, Huxley, Hækel, Taylor, Flourens, Paniagua y
otros, sientan la teoría de que el Hombre procede directamente del
mono (antropomorfo) por efecto de la evolución sintética ó desarrollo
progresivo de los órganos en sus formas internas y externas.

Hækel cree que ha existido un ser intermedio entre el mono y el Hombre,
ser que él denomina _phitecanthropus_ ó mono-hombre, (alalus, es decir,
sin habla), predecesor del tipo humano, que vivió, supone él, en el
período Plioceno. Pero, esta hipótesis no ha tenido plena confirmación,
hasta que el profesor de geología de la Universidad de Amsterdam,
Mr. Dubois, hiciera el descubrimiento, en 1894, en las orillas del
río Bangawan (isla de Java), de restos antiquísimos correspondientes
á una época intermediaria entre las Edades Terciaria y Cuaternaria
(Pliocena). Este descubrimiento de Mr. Dubois produjo calurosas
discusiones entre los sabios geólogos, pues mientras unos aseguraban
que esos restos pertenecían al tipo antropóide, otros opinaban que
eran vestigios del Hombre, y algunos sostenían que pertenecían al tipo
intermedio señalado por Hækel.

"Se ha querido encontrar el punto preciso de yuxtaposición entre
el mono y el Hombre,--dice A. de Paniagua en su obra _La Genèse de
l'Homme_,--pero este punto probablemente no existe. La evolución se
ha producido por diferencias progresivas: para tomar la filiación,
no se debe considerar dos individuos más ó menos aproximados, sino
la serie de los intermediarios. Entre el mono y el Hombre faltan
los puntos de sucesión exacta, pero algunos restos de los grandes
antropóides y los homínidos fósiles, son tantas normas (raras, es
cierto), que facilitan el camino á seguir y acercan las distancias,
haciendo ver, de una parte, que los antropóides estaban ya dotados
de órganos perfectos, y, de otra parte, que los homínidos primitivos
eran seres casi simios...... La evolución humana, en un principio, se
ha producido con una extrema lentitud, y antes de la aparición del
Hombre en estado relativamente perfecto, ha sucedido una larga serie de
homínidos primitivos, menos acabados, pero que se han ido sucediendo,
mejorándose progresivamente." En seguida este naturalista hace una
larga disertación sobre las semejanzas y similitudes de los órganos
de los grandes antropóides y los homínidos, y concluye formulando con
Hækel, la conclusión de que "en el cuerpo del Hombre no hay un solo
órgano que no provenga del mono y por el mono, y que el Hombre posée
los mismos órganos que aquel, apesar de presentar algunas desemejanzas,
las que, precisamente, establecen la diferencia que existe entre ambos
seres, pues si esas desemejanzas no existieran, el Hombre sería mono ó
el mono sería Hombre."

En concordancia con esta teoría, conviene declarar, según opinan los
naturalistas, que el Hombre es un animal racional. El gran botánico
Linneo, en su _Amœnitates Academicæ_, no separa genéricamente al
Hombre de los monos antropóides, como el orangután, el chipanzé, el
gorila y el gibón, con los cuales le confunde en un mismo grupo bajo
la denominación común de _homo est animal rationale_ (como ha dicho
Aristóteles), haciendo de él una especie caracterizada, dándole el
nombre de _homo sapiens_ ó sea hombre sabio, pensador.

No es nuestro ánimo el combatir las opiniones de los sabios que hemos
citado, tocante al origen del Hombre; pero al profundizar los arcanos
de la Creación, haremos, no obstante, la ligera observación que sigue:

Si esos sabios presentan al Hombre como un animal y lo designan con el
epíteto de _animal racional_, creemos que ese epíteto no es justificado
en un todo, porque el Hombre no raciocina en todas las épocas de su
vida y sólo adquiere el raciocinio cultivando con esmero sus facultades
intelectuales; por lo mismo, débesele dar el calificativo de _animal
susceptible de razón_. Y para ser más precisos en esa definición,
suponemos que el Hombre no es simplemente un animal racional, sino un
ser _mixto ó medio_, colocado entre la materia y el espíritu, y que
raciocina llegando á la edad en que se desarrollan todas sus facultades
mentales. El Hombre, por la inteligencia que puede adquirir, es
considerado «el rey de los animales y el agente de la Creación,» porque
él domina á los animales más salvajes, sometiendo á su ley no solamente
los seres más corpulentos como la ballena, el elefante, sino también
los más fieros como el león, el tigre y todos los demás animales,
haciéndolos servir para todas sus necesidades; la tierra igualmente le
paga contribución, pues que la despoja de los productos de su seno;
domina el aire y los mares; no escapando, en fin, nada á su penetración
y perspicacia, cualidades que sólo dependen de su _razón_. Por
consiguiente, nos parece que para estar en lo justo, debe calificarse
al Hombre como un ser _animal, mixto, susceptible de razón_.

M. de Quatrefages, en su _Phisiologie comparée: Metamorphoses de
l'Homme et des Animaux_, reconoce asímismo, que bajo el punto de vista
de la organización física, el Hombre es un verdadero animal dotado
de los mismos aparatos, órganos y elementos que los antropóides,
estableciendo, definitivamente, que la raza originaria de la especie
humana ha debido ser un hombre prognato, de piel amarilla y cabello
rojo.

Huxley[2], Lubbock[3], Taylor[4], Vogt[5], Shaffhausen[6], Flourens[7],
Cleuzion[8], Filippi[9] y todos los naturalistas que han estudiado los
restos humanos de las Edades Terciaria y Cuaternaria, han concluído,
unánimemente, que la raza más antigua de que se han encontrado restos,
eran de seres repugnantes, prognatos y dolicocéfalos, que llevaban al
rededor de las órbitas un reborde saliente semejante á los monos, y
tenían los senos frontales muy desarrollados.

El aspecto grosero de sus circunvalaciones indica que esa raza era de
inteligencia rudimentaria y obscura. La región posterior, sitio del
centro visual, era de gran desarrollo; por el contrario, los lóbulos
frontales, que no pueden atrofiarse en el hombre racional, sin que el
resultado sea una alteración profunda de las facultades intelectuales,
eran muy reducidas. La conformación de la circunvalación frontal,
relacionada con el lenguaje articulado, era tan reducida que la
facultad de la palabra tenía que ser muy restringida.

Los naturalistas opinan que desde los comienzos hubieron varias
especies humanas derivadas de padres distintos. Desde el punto de las
estructuras de los cuerpos, los lemurios, los cuadrumanos, los monos y
los hombres reunieron caracteres análogos en gran número, defiriendo
esencialmente por el volumen del cerebro.

Ch. Darwin, en su obra _De l'Origine des Espèces_, es de opinión que:
"Las innumerables especies de animales, entre ellas el Hombre y plantas
que pueblan la superficie del Globo, proceden todas de algunos tipos
orgánicos ó de un solo tipo primordial creado en un principio para
llegar á ser la estirpe común de todos los seres vivos. Los orígenes
naturales de la Humanidad se pierden en el mundo indivisible de los
vivientes."

Desde luego, según opinión de este notable naturalista, no existe entre
el Hombre y el animal sino la diferencia de grado, pues el nacimiento y
la muerte son iguales en el Hombre como en el animal; ambos tienen los
mismos órganos y aparatos, las mismas funciones, los mismos elementos
y los mismos fenómenos se suceden en la muerte del uno y del otro: el
corazón cesa de latir, todos los órganos pierden sus propiedades y las
materias componentes del Hombre son idénticas que las del animal. "Todo
esto--dice Darwin--es una prueba palpable de que no existe un abismo
infranqueable entre el Hombre y el animal."

Huxley, en su _Doctrine de l'Évolution_, ha probado que todos los
huesos del esqueleto del Hombre son iguales á los huesos del mono, como
también sus músculos, nervios, vasos sanguíneos y vísceras internas;
que el cerebro, el más importante de todos los órganos, sigue la misma
ley, pues que cada hendidura y cada repliegue del cerebro humano
son iguales á los del orangután: empero, establece también, que el
cerebro del Hombre y el del mono no concuerdan del todo en ningún
período de su evolución, concordancia que no puede esperarse, porque
de verificarse, serían iguales las facultades mentales del Hombre y
del mono. "Los monos--añade Darwin--están sujetos á muchas de nuestras
enfermedades no contagiosas: padecen catarros, con sus ordinarios
síntomas, terminando, cuando con demasiada frecuencia se repiten, con
la tisis; sufren también apoplegías, inflamaciones y cataratas. Los
remedios producen en ellos los mismos efectos que en el Hombre......
Muchas especies de monos tienen muy pronunciado gusto por el té, el
café y las bebidas espirituosas; fuman también el tabaco con placer."
Aunque estos hechos son de poca importancia, prueban, empero, cuán
semejantes son los nervios del gusto en el Hombre y los monos, y que,
en ambos, puede ser afectado del mismo modo el sistema nervioso.

El naturalista Arturo Mangin, en su obra _L'Homme et l'Animal_,
establece una diferencia entre el Hombre y el mono, diciendo:
"Zoológicamente hablando, el Hombre se distingue de los grandes
monos por caracteres anatómicos y fisiológicos, y se diferencia
psicológicamente de todos los demás animales por facultades mentales,
de las que varias le son exclusivamente propias, al paso que otras
están sólo más desarrolladas en él que en el animal."

En las remotas primitivas Edades, en que se operó la evolución
progresiva, por la cual el mono antropóide se perfeccionó gradualmente
hasta llegar el Hombre al estado de su completo desarrollo, hay que
tener en cuenta que la Naturaleza evolucionaba vertiginosamente: la
fauna y la flora sufrieron sucesivas transformaciones, hasta perderse
esas especies extraordinarias desconocidas hoy, á la vez que las
grandes perturbaciones climatéricas, en la sucesión de los siglos,
determinando el Período Cuaternario, en que apareció el _Homo sapiens_,
que es el ser más perfecto de la Creación.

       *       *       *       *       *

Volviendo, ahora, á la debatida cuestión de si el Hombre apareció en la
Edad Terciaria ó en la Cuaternaria, (que ha sido el tópico de algunos
paleontólogos y geólogos) en apoyo de esta cuestión; basta recordar que
se ha descubierto en el condado de Norfolk (al Este de Inglaterra), el
esqueleto de un hombre que, se dice, ha pertenecido á una raza anterior
á la llamada de Neanderthal[10] enterrado bajo una capa geológica que
hace remontar su origen más allá de la raza hiperbórica que data de la
Edad Terciaria. Admitiendo tal supuesto, este descubrimiento sería de
grande importancia bajo el aspecto científico, y por eso ha llamado la
atención de los sabios modernos dedicados á esta clase de problemas,
principalmente de Alfonso Favre, que en su obra _Éxistence de l'Homme á
l'Époque Tertiaire_, trata de sostener esta misma opinión.

La existencia del Hombre en la Epoca Terciaria se ha justificado
últimamente, en 1911, con el hallazgo en un depósito de arcilla de
Pilt-Down Common, cerca de Uckfield (Sussex, Inglaterra), de un
fragmento de quijada y de una porción de cráneo del Hombre fósil que,
se dice, es un exponente fiel del eslabón de conexión con los monos,
pues parece que es incontrovertible la interpretación que los sabios
Dawson de Lewes y Smith Woodward le han dado. Suponen estos sabios,
que este Hombre fósil ha existido hace ya algunos centenares de miles
de años, ó sea, durante los primeros tiempos de la Epoca Pleistocena,
anterior al Período Plioceno, y calculan que era un hombre de baja
estatura, pletórico de músculos y que no había llegado á obtener la
figura airosa del cuerpo característico del ser humano de nuestros
días: en una palabra, estos sabios opinan que los fragmentos del Hombre
de Sussex, como los de los hombres fósiles de Java, Heildelberg,
Gibraltar, Constadt, Uckfield, Spy, Saint Acheul, Moustier, Dussel y
otros, llevan señales ineludibles de las relaciones de descendencia del
Hombre con el mono.

Los paleontólogos, que han especificado los rasgos característicos de
las razas humanas primitivas, opinan que el esqueleto descubierto en
Neanderthal (Prusia Renana), es del Período Glacial ó de transición
entre la Edad Terciaria y la Cuaternaria: es raza contemporánea del
gran oso de las cavernas y del elefante fósil; estaba dotado de fuerza
hercúlea y tenía una fisonomía bestial; no poseía sino un lenguaje
articulado completamente rudimentario; sus costumbres eran las del
salvaje, nutriéndose tan sólo de raíces, frutas silvestres, caza y
pesca.

Después de la raza Neanderthal, se ha encontrado esqueletos de razas
posteriores ó sea de la Edad Cuaternaria.

En Canstadt (valle del Rhin), en Naulette (orilla izquierda del Lesse,
en Bélgica), en Brux (Bohemia), en Olino (Italia) y en otros lugares de
Francia, se han descubierto esqueletos fósiles de razas y costumbres
idénticas á la de Neanderthal.

En Chapelle-aux-Saints (Capilla de los Santos) al Sud de Francia,
en una gruta descubierta en 1908 por los abates Bouyssnie y Bardon
encontraron una cantidad de osamentos humanos fosilizados cuyo conjunto
constituía un esqueleto casi completo. El notable paleontólogo Mr.
Boule, ha hecho un estudio detenido del cráneo de ese ser prehistórico,
y en su magistral obra publicada recientemente, en 1913, con el título
de _L'Homme fossile de la Chapelle-aux-Saints_, este sabio profesor
enumera hasta veintiocho caracteres que ofrecen las diversas partes de
ese cráneo y que son comunes á los del mono.

Los esqueletos trógloditas ú hombres fósiles que se han hallado en el
asilo ó refugio de Cro-Magnon (Périgord, Francia), son ya de raza más
adelantada que las anteriores, tanto en su constitución física cuanto
en sus costumbres, pues los objetos que junto á ellos se han encontrado
y de que se servían, eran mejor labrados y más á propósito para los
usos á que los destinaban. Según opinión del sabio Quatrefages, esa
raza era algo inteligente.

Los esqueletos trógloditas de Furfooz (Bélgica), última raza primitiva
de los tiempos prehistóricos, manifiestan haber sido seres aún de mayor
inteligencia que los de Cro-Magnon, pues conocían el medio de fabricar
una loza grosera.

De todo lo referido, cierto parece, que no el Hombre perfecto, sino el
antropóide homínido existía ya en el Período Plioceno ó sea á fines
de la Edad Terciaria, como lo comprueban las investigaciones de los
geólogos Riviere de Klaatsh y Hauser, Seleucka y Carthaus, Lartet y
Leffikwell, practicadas, respectivamente, en Moustier, Trimel, Eyzies y
en la isla ártica de Bater. Nada menos que el hallazgo de una docena de
esqueletos fósiles referentes á la raza del Hombre primitivo, convencen
que esa misma raza constituye una especie aparte, diferente del _Homo
sapiens_ al que tenemos el honor de pertenecer.

Difícil es precisar cuál podía ser la vida social de esos hombres
primitivos; pero es de suponer que vivían brutalmente y como
animales, con sólo el instinto de la nutrición, de la defensa contra
la inclemencia del clima y contra las bestias feroces que podían
ofenderlos.

Se ha observado que el Hombre primitivo vivía generalmente en las
orillas de los ríos; es allí donde se encuentran sus restos, como así
mismo en las cavernas naturales abiertas por la erosión de las aguas de
los valles. Natural es, que sea difícil descubrir sus osamentos, porque
están casi siempre enterrados de cuatro á seis metros de profundidad
en el suelo de las cavernas, debido á que las aguas surabundantes las
llenaban de detritus, de arena y de limo arrastrados por ellas. Por
eso, muchas cavernas están tan llenas de limo, que parece imposible,
á primera vista, que pudieran existir allí, bajo una espesa capa
de tierra, muchos restos de osamentos, y solamente practicando
escavaciones profundas, es que se han descubierto vestigios de huesos
que han pertenecido al Hombre primitivo, como así mismo osamentos de
corpulentos animales.

       *       *       *       *       *

Cuanto al desarrollo del Género Humano, según opinión de algunos
paleontólogos, éste se realizó paulatinamente en el trascurso de tan
inmensos períodos de tiempo, que apenas se concibe, ni aún se puede
formar la más lejana idea, datando, suponen algunos, de más de veinte
mil años. Hækel va aún más lejos, pues opina que desde la Creación del
Mundo, no solamente han trascurrido cien mil años, sino probablemente
muchos centenares de miles de años. En fin, otros paleontólogos
infieren que la Tierra tiene una edad que se escapa á todo cálculo
numérico, y que hace muchos millones de años que su superficie está
habitada por el Hombre[11].

El Dr. Thomas C. Chamberlain, jefe del departamento de geología de la
Universidad de Chicago, declaró en una conferencia pública, tenida
en el local del Museo Municipal, ante los miembros de la Sociedad
Geográfica de aquella ciudad, que, á su juicio, "el planeta tenía ya
cien millones de años, y que por sus fenómenos climatológicos y sus
condiciones atmosféricas subsistirá aún otros millones de años."

Si los cálculos de los paleontólogos nombrados parecen enormemente
exagerados, debemos citar la opinión de un sabio geólogo inglés,
Mr. R. T. Strutt, que pretende haber determinado por un método muy
preciso, la edad de algunas rocas eruptivas, buscando la cantidad de
helium que contienen. Por el análisis que hizo de algunas muestras de
_circo_[12], ha encontrado que los basaltos de Auvernia, de la Edad
Terciaria, tenían 6.270,000 años de existencia; que los de Noruega
excedían de 54.000,000 de años; y que las tierras azules diamantíferas
de Kimberley, en el Africa Central, alcanzan la respetable edad de
320.000,000 de años. Además recogió, dice, en la provincia de Ontario,
en el Canadá, una roca arcáica que cuenta, por lo menos, 622.000,000
de años; y aún, añade que, á su juicio, las cifras que él indica son
inferiores á la realidad, pues cree que el Globo Terráqueo cuenta por
lo menos 700.000,000 de años.


                                  § II

En este segundo parágrafo es del caso ocuparnos especialmente del
origen del Hombre en el Continente Americano.

El sabio Hamy, en su obra _L'Homme tertiaire en Amérique_, opina, entre
otros geólogos, que no solamente en los Antiguos continentes sino
también en el Nuevo, ha existido el Hombre desde el Período Plioceno,
pues asevera que se han descubierto esqueletos de ese mismo Período
en Nueva Orleans y en Jacksonville (Estados Unidos de Norte América),
y en Mercedes (Argentina), deduciendo que pertenecían á una raza
dolicocéfala y platicéfala ó sea de cabeza larga y estrecha, y aplanada
la bóveda del cráneo, de capacidad cerebral pequeña, de órbitas grandes
y algo circulares, de pómulos salientes y de maxilar superior prognato
inclinado hacia adelante, de estatura baja, de huesos fuertes y de
constitución vigorosa. Este Hombre primitivo vivía de la caza y de la
pezca; pues sus armas que se encontraron junto á sus osamentos, eran de
piedra, de varias formas y pequeñas dimensiones, con las que atacaba
á los corpulentos paquidermos que, en América, abundaban en aquellos
remotos tiempos.

Ultimamente, en 1912, una comisión científica de la Universidad
de Yale (Estados Unidos de Norte América), presidida por el sabio
arqueólogo Mr. Hiram Bingham, recorrió parte del Sur del Perú, haciendo
importantes estudios geológicos. Entre los resultados más notables de
esta comisión, se halla el descubrimiento de huesos interestraficados
del Hombre prehistórico que, se supone, anterior al Período Glacial,
como también el hallazgo de huesos de bizonte americano, que los
hombres de ciencia no han creído que pudiera haber existido en Sud
América. Asimismo, esta comisión encontró cerca del Cuzco un hueso de
un animal extinto que tiene, en opinión de los investigadores, cuando
menos 70,000 años. Los trabajos de esta comisión han sido de tanto
interés, que despertaron la atención de los círculos científicos, pues
además de los hallazgos anotados, hizo igualmente el descubrimiento, en
el Perú, de ciudades misteriosas, antiquísimas y desconocidas, de las
que nos ocuparemos con algún detenimiento en la segunda parte de esta
obra.

Otros etnógrafos han establecido la teoría de que en los Antiguos
continentes y aún en América, se han encontrado huellas de la raza
etiópica, y que la Humanidad entera tiene un origen común africano. A
este propósito, el notable antropólogo Zayas Enriquez, en un artículo
titulado _¿Cuál es la raza primitiva?_ (publicado en la revista mensual
"América," de Nueva York, correspondiente al mes de Junio de 1910) al
ocuparse de la raza originaria de América, dice: "En el Continente
americano las huellas de la raza etiópica, aunque más escasas, no
son menos visibles, y todavía existen varios girones de esas razas
de negros, que tengo como primeras pobladoras del Nuevo Mundo, tales
son: los Caracolos, de Haití; los Califurnams, de las islas Caribes;
los Aguahos, de Cutara; los Aroras ó Yaruras, del Orinoco; los
Chaymas, de Guayana; los Maujipos, Porcijis y Matayos, del Brasil;
los Nigritas, Chuanas ó Guanas, del Istmo de Darién; los Manabis, de
Popayán; los Guabos y Jaras ó Zambos, de Honduras; los Esteros, de la
Nueva California; los Indios Negros, encontrados por los españoles en
Luisiana; y los Ojos de Luna y Albinos, descubiertos en Panamá."

       *       *       *       *       *

Según opinión de doctos y renombrados etnógrafos y etnólogos, el suelo
americano fué habitado desde los tiempos antediluvianos: confirma
este parecer, la exposición de sabios paleontólogos que aseveran
haberse encontrado en este continente numerosos fósiles de mamíferos
antediluvianos de las Epocas Siluriana, Devoniana y Carbonífera,
que lo habitaban, como el mammouth, el mastodonte, el icthyosauro,
el milidonte, el megaterio, el machairodo, el brontosaurio, el
ceratosaurio, el macranchenia, el glyptodonto, el moncsaurio, el
mylodon-magaterio, el macroynato, el halytherio, el diphococus[13], el
dinosaurio[14] y otros paquidermos de corpulencia extraordinaria[15].
Junto con esos restos de mamíferos se han encontrado también
osamentos, cráneos y esqueletos humanos de los primitivos habitantes
de aquellas épocas lejanísimas, á la vez que herramientas y otros
utensilios de piedra del uso de esos mismos habitantes. Efectivamente,
en las Montañas Pedregosas, en Wyoming, Colorado, Nueva Jersey,
Massachusets, Nebrasca, Missuri, Luisiana, Nueva Orleans, Illinois,
Ohio, Pensilvania, Indiana[16], Delaware, Kentucky, California, Oregón,
Sierra Nevada, México, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Venezuela,
Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Brasil, Guayanas y otros
lugares más, se han encontrado restos animales y humanos, artefactos,
utensilios de silex y otros objetos rústicos que prueban, del modo
más evidente, la existencia del Hombre en toda la América, durante
y después de las Epocas Terciaria (arqueolítica ó paleolítica)[17]
y Cuaternaria (neolítica)[18], probando, además, que tanto en las
regiones del norte como en las del sud, vivía el Hombre mezclado
con los animales, á los que cazaba y mataba con sus toscas armas de
pedernal, para proveer á su subsistencia y conservación, pues la carne
le servía de alimento y con las pieles hacía sus vestiduras, utilizando
las demás partes en otras cosas de su uso[19].

Para corroborar esta afirmación, expondremos lo asentado por algunos
autorizados paleontólos que han hecho descubrimientos de restos humanos
y animales, como también de objetos de silex y otras materias, de las
Epocas Terciaria y Cuaternaria, tanto en la América Septentrional,
cuanto en la Meridional.

De la América del Norte se citan los siguientes hallazgos:

Mr A. Bamps, en su excelente Memoria titulada _Le Synchronisme
préhistorique_, dice: "Las excavaciones ejecutadas en América y
especialmente en California, han revelado la existencia del Hombre en
la Epoca Terciaria; estas trazas han sido reconocidas en los Depósitos
de San Lorenzo, de Gasconade-County, de Vermillon-Bay, en los arrecifes
de la Florida, en los de Natchez y de Nueva Orleans."

En las capas auríferas de la falda oeste de Sierra Nevada se han
extraído grandes cantidades de huesos de mammouth, mastodonte, león y
caballo, mezclados con productos de la labor del Hombre.

En las orillas del Riviere Bourbeuse, en el Gasconade-County del Estado
de Missouri, el Dr. Korh extrajo el esqueleto completo de un mammouth,
acribillado de flechas y lanzas de pedernal.

En Wyoming (Colorado) y en la región del Pacífico de Estados Unidos,
á más de los mamíferos antediluvianos, como el diphococus y el
dinosaurio, se han encontrado armas, herramientas, morteros, cazuelas
de piedra, etc., que son vestigios indubitables de la estancia del
Hombre en aquellas comarcas.

También el Dr. Korh descubrió en County-Benton, en Missouri, un
fragmento parecido al femur de un mastodonte con una punta de pedernal
rosa clavada, y otras cuatro flechas sueltas, que sin duda habían sido
disparadas contra el terrible animal.

En la isla llamada Petit Anse, del río Mississipi, Mr. Desnoyers halló
el esqueleto de un mammouth, y debajo de él restos de tejidos de
esparto y cestas enteras hechas de caña.

Mr. Scott desenterró en Pike's Peak, instrumentos de silex.

Mr. Blake encontró también en Toulomne otros instrumentos y objetos de
silex.

En Yowa y Nebrasca se han hallado huesos de mastodonte juntamente con
muchas puntas de lanza de pedernal, que habían sido asestadas contra
aquel animal poderoso.

En los lechos arenosos del pequeño río Miami (Ohío), en los yacimientos
de Jackson-County (Indiana), en las cercanías de Claymont (Delaware)
y en los aluviones de Creek de Naaman (Delaware), se han hallado
primitivas herramientas del Hombre prehistórico.

Cráneos de hombres de la época antediluviana se han encontrado en
Placerville (California), en Table-Mountains (Condado de Toulumne) y en
Bald-Hills (California).

En 1866 fué hallado en Rock-Bluff (Illinois River) otro cráneo humano y
la mandíbula inferior de un esqueleto de hombre, que se supone era del
Período Terciario, ó sea al final de la Epoca Glacial.

Ultimamente, el Dr. Abbott descubrió en los yacimientos areniscos del
río Delaware (New-Jersey) útiles de pedernal toscamente labrados, cuyas
cortantes esquinas servían al Hombre prehistórico, para cortar, raspar
y aserrar, útiles primitivos, que manifiestan que quienes los habían
labrado se hallaban aún en el ínfimo grado de cultura, ó sea, en la
Epoca Glacial.

Algunos otros descubrimientos hechos en la América del Norte, como
flechas de silex, encontradas en Missouri, debajo del esqueleto de un
mastodonte; el cráneo hallado en el Condado de Calaveras, á 130 pies
debajo de la superficie del suelo; los martillos y otros utensilios
de piedra extraídos junto al río Ontonagón, á una gran profundidad, y
muchas otras herramientas toscas de pedernal desenterradas en otros
lugares de la América Septentrional, son otros tantos testimonios de la
antiquísima existencia del Hombre en este Nuevo Continente.

Tampoco han escaseado en la América Meridional, los descubrimientos de
restos humanos y objetos de épocas prehistóricas.

En las formaciones terciarias posteriores de las Pampas Argentinas,
descubrió el Dr. Seguín, á las orillas del río Carcaraña, revueltos
con huesos de animales antediluvianos, huesos humanos, como cráneos,
mandíbulas, costillas, etc., y varias herramientas de piedra.

El naturalista Mr. Lund, que tanto estudió la fauna fósil del Brasil,
encontró en una cueva de piedra caliza, á la orilla del lago Lagoa do
Sumidairo, los huesos de más de treinta individuos humanos, junto con
más de cuarenta especies de animales antediluvianos.

El Dr. Ameghino refiere que, á orillas del río Frías, á veinte leguas
de Buenos Aires, encontró gran cantidad de huesos humanos, abundante
carbón vegetal y tierra tostada, é infinidad de huesos de animales
prehistóricos; asímismo halló puntas de flechas, cuchillos de pedernal
y herramientas para afilar, objetos todos fabricados de silex.

Mr. J. Hutchinson, en su obra _Two years in Peru_, refiere el siguiente
hallazgo: "El ídolo de piedra y las vajillas para agua encontrados en
las Islas de Chincha á 72 pies debajo de la superficie, indican una
gran antigüedad, millares de años; también se ha hallado ídolos de
madera á 35 y 38 pies de profundidad del mismo depósito de huano."

En Coracora se encontró, á 30 metros de profundidad, un esqueleto fósil
que el profesor Huxley clasificó como un tipo medio entre el camello y
la llama, que denominó machruchenia.

En la región andina del Perú, en la altura de Yantac, á 4,500 metros de
la Sierra de la Viuda, provincia de Yauli, se desenterró restos fósiles
del megaterio.

En el Huallaga, en las cercanías de Chota, el sabio Raimondi halló
huesos de mastodonte.

En una cueva de Cerro de Pasco se encontró el esqueleto del
seclidotherio.

El Conde de Pourtalis descubrió fósiles humanos en las cercanías
del lago Lagra-Santa, en un conglomerado calcáreo, en el Brasil,
atribuyéndoles una antigüedad de más de 10,000 años.

Mr. Brulant, que ha residido muchos años en Tucumán, ha descubierto
en Santa María, unas catacumbas de la época prehistórica, que ocupan
la extensión de dos leguas, de las que extrajo varias urnas con maiz
tostado y medallones con geroglíficos, que corresponden á una época
remotísima.

Mr. Joly, en su importante estudio publicado en la "Revue Scientifique"
N^{o} 40, correspondiente al 7 de Junio de 1879, refiere que "en
Mercedes, en los alrededores de Buenos Aires, han sido encontrados
osamentos humanos, acompañados de objetos de silex, groseramente
tallados, y de restos de animales extinguidos," que, indudablemente,
son de épocas prehistóricas.

En 1847 el Sr. Rodríguez Ferrer descubrió en un cayo al Sur de Puerto
Príncipe (Isla de Cuba) una mandíbula humana, fósil.

En Tarija han encontrado los esqueletos del mylidón y del megaterio,
como también grandes colmillos del mastodonte.

En Punín, cerca de Riobamba, en el Ecuador, el sabio Mr. W. Branco
descubrió, en 1883, los esqueletos del mastodonte y del protonchemia,
animal que es un tipo entre el tigre y la hiena, con colmillos
formidables.

En el río Daule se halló los restos de un animal grande, idéntico al
mylidonte.

En 1866, Mr. Dicleby ha encontrado, en el territorio de los Natchezes
(Norte América), muchos osamentos humanos, fósiles, mezclados con otros
de mammouth y de mastodonte.

En el mismo año Mr. Matson, prolongando un pozo de mina en California,
á una profundidad de 130 pies, encontró un cráneo humano, fósil,
enterrado bajo cuatro capas de cenizas volcánicas, solidificadas.

El capitán Peck halló cerca del río Ontonagon (California), á una
profundidad de 25 pies, huesos fósiles, junto con instrumentos toscos
de silex, de la primitiva industria humana.

Otra prueba evidente de la estancia del Hombre en América, desde las
Epocas Terciaria y Cuaternaria, son la formación de enormes depósitos
de conchas que se encuentran en muchas costas marítimas y orillas
de ríos de este Nuevo Continente, principalmente á lo largo de las
costas de California, de las islas de Vancouver, Terranova y en las
orillas de los ríos de Maine, Massachusetts, Georgia, Florida, Alabama,
Luisiana, en Norte América; en la Isla de Casceiro, en el Brasil;
y en las orillas de las Bahías de Paranagua, San Paulo y Río de La
Plata, en la América del Sur: todos depósitos conchíferos en los que
se han encontrado muchos objetos pertenecientes al servicio del Hombre
prehistórico.

De gran importancia son, también, los bloques de toba del antiguo
volcán, ya extinguido, llamado Tizcapa, en Nicaragua, en los cuales se
han hallado estampados las huellas de dos pies humanos; toba que se
encontró en una superficie de arena conchífera, cubierta por catorce
capas distintas de piedras: estas huellas de pies humanos tienen
tres centímetros de profundidad, veinticuatro de longitud y once de
ancho, y la distancia ó paso, de un pie á otro, es de treintiseis y
medio centímetros, demostrando que esas huellas fueron impresas en la
toba, cuando ésta estaba aún blanda. Incalculable es poder imaginar
los miles de años de existencia que tendrían esas huellas impresas en
aquellos bloques de toba, ya que se hallaban cubiertas por catorce
capas distintas de piedras; pero es evidente que ellos son de una época
inmemorial.

Todos los hallazgos que hemos referido, manifiestan, inequívocadamente,
que el Hombre ha habitado el suelo americano cuando todavía no existían
los pueblos más antiguos y adelantados de que se conserva memoria.

A este propósito, el Dr. Rodríguez Dulanto, en su científica tésis[20]
leída ante la Facultad de Ciencias de la Universidad de San Marcos de
Lima, ha dicho: "El Continente americano ha sido, desde los más remotos
tiempos, la patria de un gran pueblo, el pueblo americano, cuyo origen
se remonta más allá de los principios de la Civilización y de la
Historia."

Al admitir que la América haya sido habitada desde los tiempos
prehistóricos ó antediluvianos, lógico es suponer que su habitabilidad
haya sido contemporánea del Antiguo Mundo.

El sabio Alejandro de Humboldt, en la introducción de su obra _Vues des
Cordillères_, opina que "nada prueba que la existencia del Hombre sea
más reciente en América que en los otros Continentes."

C. Darwin, en su _Voyage of a naturalist round the World_, afirma, á su
vez, que "debemos admitir que el Hombre ha habitado la América desde un
tiempo inmensamente dilatado."

El naturalista Mr. Joly, en su estudio ya citado, ratifica que "en
América como en Europa, el Hombre ha sido contemporáneo de especies
desde largo tiempo extinguidas, y que, por consiguiente, allí también
su existencia remonta á los tiempos geológicos."

El sabio etnógrafo Juan Engling, autor de un trabajo titulado
_L'ancienneté de l'Homme attestée par les silex_[21], ha hecho en él
un estudio comparativo de las armas y utensilios de piedra encontrados
en el Antiguo y en el Nuevo Hemisferio, y de la comparación de ellos
establece: 1^{o} la antigüedad del Hombre; 2^{o} la dispersión del Hombre
primitivo y de sus razas sobre diversos puntos del Nuevo Mundo; y 3^{o}
la contemporáneidad del desenvolvimiento del Hombre en ambos Mundos.
Del hecho de haber encontrado pedernales labrados en toda la extensión
del suelo americano, deduce el Sr. Engling, que la diseminación
del Hombre primitivo y su desenvolvimiento ha sido á un tiempo,
tanto en el Nuevo Mundo como en el Antiguo, deduciéndose de allí la
contemporáneidad de los habitantes primitivos de ambos Hemisferios.

El notable antropólogo Burmeister, en su _Historia de la Creación_,
es de la misma opinión, pues sostiene que "la especie humana existía
simultáneamente sobre los dos Continentes, oriental y occidental, y no
se posee razón plausible para hacerla emigrar del uno al otro."

También en apoyo del hecho de la estancia del Hombre en el Continente
americano en los tiempos prehistóricos ó Epoca de Piedra ó Terciaria
y Cuaternaria, pudiéramos reproducir los juicios emitidos por muchos
otros autores, antiguos y modernos, que están acordes sobre este
mismo punto; pero aquello nos conduciría más lejos de los límites del
presente trabajo.



                               PRELUSIÓN

PREVISIONES SINGULARES
                                                       DE UN NUEVO MUNDO


Los antiguos han presentido ó profetizado la existencia de otro Mundo
desconocido en la región occidental de la Tierra: este presentimiento
estaba arraigado en la imaginación de algunos filósofos y sabios de
aquella época lejana.

Estrabón[22] en su _Geographia_, que consta de diezisiete libros,
se ocupa extensamente de las opiniones asentadas por Platón[23],
Aristóteles[24], Eratóstenes[25], Hiparco[26] y Ptolomeo[27], acerca
de la forma del Globo Terráqueo. Citando á Eratóstenes, que en los
años 270 á 290 antes de Cristo, coleccionó los tesoros geográficos de
la célebre biblioteca de Alejandría, reuniendo en tres libros los
descubrimientos realizados hasta entonces en el campo de la geografía
física, matemática y política, reproduce el siguiente pasaje de este
sabio filósofo africano, que en su _Geographicorum_ dice: "Si no
fuere un obstáculo la colosal extensión del Océano Atlántico, podría
llegarse fácilmente por mar, siguiendo el mismo grado de latitud, desde
la península Ibérica hasta las Indias. La parte medida de este grado
comprende más de una tercera parte de la circunferencia terrestre."
Añadiendo Estrabón: "Sería muy probable que en esta extensión se
hallase mayor número de partes habitadas del Mundo."

Herodoto[28] en sus _Historias_, que constan de nueve libros (á los que
la justa admiración de la antigüedad ha impuesto el nombre de las nueve
Musas), asevera que "no habría inconveniente en atravesar el Océano
Atlántico en descubierto de otros habitantes desconocidos."

Fedón, filósofo griego, que fué discípulo de Sócrates y que después de
la muerte de su maestro fundó una escuela, que dió origen á la secta
eleática, habla de un Mundo oculto, que más tarde debe aparecer á las
miradas de las naciones conmovidas.

Según Theopompo[29] en su _Diatriba contra Platón_, Sileno probó
á Midas, rey de los Frigios, que "más allá de Asia, de Europa y de
Africa, existía un verdadero continente habitado por los Meropios,"
continente al que Theopompo dió el nombre de Meropis, por ser gobernado
por Meropi, hijo de Atlas, rey de Libia, y contemporáneo de Hércules,
Theseo y Laomedonte (50 años antes de la toma de Troya). Sileno refirió
también á Midas, que aquel continente tenía grandes ciudades, animales,
usos y costumbres, como así mismo abundancia de oro y plata.

Cuarenta y cinco años antes de la presente era, Diodoro de Sicilia[30],
que escribió sobre los diversos pueblos del Mundo, llama isla á la
América, ignorando su configuración y extensión, y dice: "Está distante
de la Libia (Africa) muchos días de navegación, y situada al occidente;
su suelo es fertil, de gran belleza y regado por ríos navegables.
Allí se ven casas suntuosamente construidas." En seguida hace una
descripción de la zona montañosa, los frutos de ésta, el clima, etc.,
y termina diciendo: "Los Fenicios se habían hecho á la vela para
explorar el litoral situado más allá de las Columnas de Hércules[31], y
cuando costeaban las playas de la Libia, fueron arrojados por vientos
demasiado fuertes adentro del Océano, siendo juguete, por muchos días,
de la tempestad; llegaron al fin á la isla de que hablamos."

Virgilio[32], en su _Eneida_, se detiene también en esa idea y salva
con el pensamiento, los movedizos espacios del Océano, para ir á
sentarse en una tierra lejana y venturosa.

Pero no eran tan sólo los filósofos y sabios de la antigüedad los
que tenían presentimiento de la existencia de uno ó de varios países
en medio del Océano Atlántico, sino que también algunos navegantes
intrépidos, de aquella época lejana, trataron de descubrir aquellos
países, pues según nos refiere Hornius, "los Fenicios, 1000 años antes
de la era de Cristo, traspasaron las Columnas de Hércules y con audacia
sin ejemplo, hasta entonces, emprendieron tres viajes dilatados, siendo
indudable que descubrieron la Insula Fortunata ó Archipiélago de las
Canarias, ó, quizá, algún otro país situado más al occidente del
Atlántico, (ó sea la América). Estos tres viajes los efectuaron los
Fenicios,--dice Hornius,--el primero bajo las órdenes de Atlas, hijo de
Neptuno; el segundo, cuando fueron lanzados por una violenta tempestad
lejos de las costas de Africa; y el tercero, en tiempo de Salomón,
cuando los Tirios, descendientes de los Fenicios, fueron á buscar el
oro de Ophir y Tarsdchisch.

A los Fenicios siguieron más tarde (año 500 antes de J. C., según
unos, y 600, según otros) los Cartagineses, que emprendieron desde
Cartago una gran expedición á órdenes del almirante Hannón, compuesta
de sesenta naves de á cincuenta remos cada una y con más de 30,000
personas de ambos sexos, cuya expedición, con el objeto de descubrir
nuevos países y poblarlos con colonias cartaginesas, navegó más allá
del Senegal y costas de Guinea hasta el Cabo Bojador, en la Africa
Occidental, que fué entonces el punto extremo de la Tierra conocido.
Hannón dejó una relación escrita en lengua Púnica del itinerario de su
viaje[33].

Más tarde, 340 años antes de J. C., Pythias, astrónomo, geógrafo y
navegante galo, emprendió también una expedición marítima, desde
el puerto de Marsilia (Marsella), en cuya navegación por los mares
del Norte, fué llevado hasta una isla que se cree sea la antigua y
misteriosa Thule ó actual Islandia.

En igual época, Euthimenes navegaba á lo largo de la costa oeste de
Africa hasta el Senegal.

Más tarde aún (62 años antes de J. C.) ha sido arrojado sobre las
costas de Alemania, entre los ríos Weser y Elba, un bote tripulado por
hombres pertenecientes á una raza hasta entonces desconocida en Europa,
los que fueron recogidos por un jefe germano, que los obsequió después
al Cónsul galo, Cancilio Metelo Celer, acontecimiento del que hacen
referencia los historiadores Pomponio Melo, en el tomo III, págs 5 á
8 de su _De Chorographia_, y Cayo Plinio, en el tomo II, pág 67 de su
_Historia Natural_.

Quizá este extraordinario acontecimiento inspirase á Séneca[34], las
palabras que pone en boca del coro que figura en su bella tragedia
_Medea_; ó si no, fundándose este filósofo en la noticia que de
las islas del mar Atlántico dió Platón por tradición; ó bien en la
especulación de sus predecesores, los filósofos antiguos, sobre la
figura del Globo terráqueo; ha vaticinado con espíritu profético la
existencia de un rico Continente; ó, por mejor decir, el convencimiento
que este sabio tenía de los secretos de la Naturaleza y de la Historia,
le hicieron prever que no era imposible que, al fin, se descubriera un
país que se suponía ya conocido de los Fenicios y Cartagineses, pues en
su referida tragedia _Medea_, al fin del acto segundo, el coro exclama:

          _Venient annis_
    _Sæccula seris, quibus Oceanus_
    _Vincula rerum laxet, et ingens_
    _Patebit tellus, Tethisque novos_
    _Deteget Orbes, nec sit terris_
          _Ultima Thule._

Que traducido libremente al castellano dice:

      Tras luengos años vendrá
    Un siglo nuevo y dichoso,
    Que al Océano anchuroso
    Sus límites pasará.
      Descubrirán grande Tierra,
    Verán otro nuevo Mundo,
    Navegando el mar profundo
    Que ahora el paso nos cierra.
      La Tule tan afamada
    Como del Mundo postrera,
    Quedará en esta carrera
    Por muy cercana contada[35].

Son verdaderamente maravillosas las palabras de Séneca, quien, cediendo
á una inspiración profética, á una intuición precisa, hace vislumbrar
la conquista de un rico Continente desconocido entonces: no solamente
anuncia el descubrimiento, en lo futuro, de ese nuevo Continente, sino
que parece que vé lo que predice.

Séneca, como Eratóstenes, tenía el conocimiento de la configuración de
la Tierra, pues en otro lugar de su citada tragedia exclama: "La Tierra
que os repartís tan ávidamente por medio de la espada y del fuego, es
un punto insignificante en el Universo." Y luego pregunta: "¿Cuánta
distancia hay desde las costas limítrofes de España hasta las de la
India?" Y contesta: "Sólo algunos días de navegación á la vela con
viento favorable."

La feliz y conocida predicción del filósofo Séneca es la más notable de
que hay memoria en los anales de la antigüedad, porque no anuncia una
simple extensión de las partes del Globo terrestre conocido, sino la
existencia de un nuevo Mundo que se descubrirá más allá de los mares,
en los siglos venideros.

Interesante es el relato del origen de la náutica que Séneca hace
preceder á su célebre predicción; relato del que insertamos en seguida
la traducción de algunos pasajes que figuran en el segundo acto de su
_Medea_: este gran filósofo se expresa, al intento, en los siguientes
términos:

     "Bien osado fué el primer navegante que se atrevió á surcar las
     pérfidas ondas en una frágil navecilla, dejando tras sí su tierra
     natal, á confiar su vida al capricho ó soplo de los vientos, y á
     proseguir en los mares su carrera de aventuras, sin otra barrera
     entre la vida y la muerte que el grueso de un delgado y ligero
     leño. No se conocía entonces el curso de los astros, ni aún se
     sabía cómo gobernarse por la posición de las estrellas que brillan
     en el espacio:......

     "Tiflis[36] fué el primero que se atrevió á desplegar velas en
     el grande abismo, y á dictar á los vientos nuevas leyes. Tan
     pronto supo soltar enteramente las velas, tan pronto recogerlas
     y bajarlas para recibir el viento de lado, abatir con prudencia
     las entenas hasta medio palo, ó levantarlas hasta el tope cuando
     el ardor de los marineros llama toda la fuerza de los vientos y la
     banderola de púrpura se agita con viveza al pie de la nave......

     "La nave de Tesalia aproximó los mundos que sábiamente separó la
     naturaleza; sometió el mar á la presión de sus remos, y agregó
     á nuestras miserias los peligros de un elemento extraño. La
     desgraciada embarcación pagó caro su imprudencia en aquella larga
     serie de riesgos que tuvo que correr entre las dos montañas que
     cerraban la entrada del Euxino, y que chocaban una contra otra con
     el estruendo del rayo, mientras que el mar, preso entre ellas,
     lanzaba hasta las nubes sus espumosas olas. El animoso Tiflis se
     puso pálido al verlo, y dejó escapar el timón de su desfallecida
     mano. Calló Orfeo y enmudeció la lira entre sus dedos. El mismo
     Argos perdió el uso de la palabra, y cuando la virgen del Peloro
     de la Sicilia, rodeada de sus perros furiosos, les hizo ladrar á
     todos á la vez, ¿á cuál de los navegantes no le temblaban todos
     los miembros, al escuchar aquellos gritos dados por un solo
     mónstruo? ¿cuál debió ser también su terror, á los armoniosos
     cantos de las crueles sirenas, que se oyen en el mar de Ausonia,
     y que acostumbradas á detener las naves con el encanto de su voz,
     casi se dejaron arrastrar de los dulces sonidos de la lira de
     Orfeo, luego que éste la hizo vibrar convenientemente?

     "¿Cuál fué, sin embargo, el precio de tan atrevido viaje? Un
     vellocino de oro, y Medea: Medea, más cruel que las mismas
     sirenas, y digna recompensa de los primeros navegantes.

     "Ahora la mar está sometida, doblégase á nuestras leyes, y ya no
     hay necesidad de una nave construida por Minerva y montada por
     reyes. La menor barca puede arriesgarse en las ondas; derribados
     yacen los linderos antiguos, y los pueblos van á construir
     ciudades en las nuevas tierras. Abierto está el mundo, recorrido
     está en todas direcciones, por dó quiera está impreso el
     movimiento, y por todas partes vagan nuestros deseos.

     "El indio bebe la helada agua del Araxes, y el Persa apaga su
     sed en las del Albis y el Rin. _Tiempo vendrá, con el trascurso
     de los siglos, en que el Océano ensanche el cerco del Globo para
     descubrir al hombre una tierra inmensa y desconocida: el mar nos
     revelará nuevos mundos, y Thule[37] dejará de ser el límite del
     Universo._"

Posteriormente y como para confirmar las opiniones emitidas por los
filósofos y sabios citados, San Clemente, romano y discípulo de los
Apóstoles, que murió el año 99 de la era cristiana, asegura en su
célebre _Carta á los Corintios_, "que más allá del Océano habían otros
Mundos."

También Ælianus, en su _Variæ Historiæ_, lib. III, cap. XVIII, obra
que escribió el año 136 de la era de Cristo, asegura que "un extenso
Continente existía más allá del Océano; que los habitantes de ese
Continente son de mayor altura que los del Antiguo Mundo, con leyes
y costumbres distintas de las de los demás pueblos;" agregando este
autor, que "en ese Continente hay tal cantidad de oro y plata, que
estos metales son menos estimados que el hierro."

Pausanias, insigne geógrafo griego, que vivió en el siglo II de la era
cristiana, en su _Itinerario de Grecia_, cuenta que un tal Euphemus
descubrió en el año 150, algunas islas cuyos habitantes, de piel roja,
tenían largas colas como los caballos, los que no serían otros, según
el P. Lafiteau, que los Caribes, dueños entonces de las Antillas: estos
indios cuando se hallaban en guerra, entre otros adornos horrorosos, se
ponían largas colas postizas.

R. Festo Avieno, que vivía en el siglo IV de la era vulgar, asegura
que: "más allá del Océano, hay tierras y márgenes de otro Mundo."

Y más posteriormente aún, el franciscano inglés, Rogerio Bacón,
apellidado el "Doctor Admirable"[38], y con él el domínico alemán
Alberto el Grande[39], ambos florecidos en el siglo XIII, creían que
del otro lado del Océano habían países desconocidos, supuesto que se
decía que en tiempos lejanos los navegantes Fenicios habían atravesado
el Océano Atlántico, que habían poblado las islas Canarias y habían
continuado navegando hasta abordar á la costa de la Florida, cerca de
Cuba.

Según testimonio de autorizados historiadores, el Atlántico ha sido
cruzado frecuentemente por los antiguos: de allí surge la probabilidad
de que América era conocida desde época remota por los pueblos antiguos
que surcaban los mares cuando había facilidad de comunicación entre los
Continentes del Antiguo y Nuevo Mundo, que en aquellos remotos tiempos
se hallaban casi unidos por la gran isla Atlántida.

En resumen, el presentimiento y casi la convicción que algunos
antiguos sabios tenían de la existencia de otros países desconocidos,
situados en las regiones occidentales de la Tierra, que suponían
habitados, están confirmados por las diversas expediciones que, desde
el siglo IX hasta el XII, realizaron los escandinavos á las costas de
la América Septentrional; expediciones que, desgraciadamente, no han
producido ningún resultado favorable para América, siendo preciso que
trascurrieran tres siglos más para que Cristobal Colón legara un Nuevo
Mundo á la Corona de España.

Debe agregarse, que las diversas expediciones marítimas que en tiempos
antiguos se efectuaron en el Océano Atlántico, se realizaron sin el
uso de la brújula, que aún no era conocida, pues se guiaban, de día,
por la marcha del sol, y de noche, por la de la luna y las estrellas,
principalmente por la observación de las constelaciones de Canope,
Hélice ó Grande Osa, y por Cynocura ó Pequeña Osa. Empero, este
instrumento tan necesario para las largas navegaciones, fué conocido
de los Chinos, que lo inventaron, se dice, 2697 años antes de la era
cristiana, ó sea, bajo el reinado del emperador Hoang-Ti; pero, por el
extracto que Leroux y De Guignes hicieron de los anales de ese Imperio,
parece que solamente fué inventado 1115 años antes de nuestra era.
Marco Polo, en su libro _Las Maravillas del Mundo_, confirma este hecho.

Cierto es, que los Fenicios, los Griegos y los Arabes, según opinión
de algunos autores, han conocido, antes de la invención de la brújula,
la aguja imantada ó hierro magnético; pero no la han aplicado á la
navegación.

Juan Clopinel[40], en su _Román de la Rose_, y Guyot de Provins en
su poema _Biblia Guyot_, dicen que desde el siglo XII se usaba en
Francia un instrumento algo parecido á la brújula llamado _marinette_
ó _calamite_, que arreglaba la marcha de las embarcaciones en los
tiempos nebulosos; otros autores creen que la brújula fué descubierta
por un napolitano llamado Flavio de Gioja, de Amalfi, que vivió en el
siglo XIII; algunos otros autores dicen que es de origen inglés ó, á lo
menos, que en Inglaterra se ha perfeccionado la manera de suspender la
caja en que se halla la aguja imantada. Lo cierto es, que es difícil,
si no imposible, decir de una manera absoluta cuál sea el verdadero
origen de la brújula.

Lo único que consta al respecto, es que Vasco de Gama fué el primero
que en 1497 hizo uso de la brújula en su viaje al cabo de Buena
Esperanza, y hacia el año 1500 se generalizó en Europa el uso de este
instrumento nautico.



                              INTRODUCCIÓN


El origen de los aborígenes del Nuevo Mundo ha sido cuestión, desde
hace más de cuatro siglos, de múltiples y profundos estudios de los
etnógrafos, arqueólogos y língüistas, que se han propuesto escudriñar
los tiempos prehistóricos mediante las tradiciones seculares de los
indios, la arqueología y la lingüística; pero este punto histórico no
ha sido aún resuelto de una manera clara, terminante y decisiva.

Hubert Bancroft en su obra _The native races of the Pacific States
of North America_, y, con él Brasseur de Bourbourg, en la _Revue
d'Édimbourg_ (1876), opinan que sería quimérico el pretender determinar
con precisión la manera como el Hombre ha hecho su aparición en
América. Aunque el primero de estos escritores cree que el Hombre ha
sido creado sobre diversos puntos del globo, y que la América habría
sido uno de esos centros de creación, muchos sociólogos opinan que la
especie humana desciende de una pareja única, fundándose en que las
tradiciones están de acuerdo sobre este punto, y, sobre todo, que es un
hecho revelado en la _Sagrada Escritura_ y un dogma de fe recibido por
la Iglesia.

Pero antes que Bancroft, Lord Kames, en el "Discurso preliminar" de
su obra _Sketches of the history of Man_, impresa en Edimburgo en
1788, expone su parecer al respecto de esta manera: "Dios ha creado
varias parejas de seres humanos diferentes las unas de las otras,
interior y exteriormente; cada una de estas parejas fué colocada en el
clima apropiado á su organización. El carácter original se conservó
intacto entre sus descendientes, los que, no teniendo otra asistencia
que sus medios naturales, por experiencia han debido adquirir
progresivamente ciertos conocimientos y formarse cada tribu un idioma
particular......... Para creer que todas las razas, tal como existen
hoy, descienden de una pareja única, sería preciso admitir la idea del
milagro."

Voltaire, en apoyo de lo opinado por Lord Kames, en su _Essai sur
les mœurs et l'esprit des nations_, dice: "Si se pregunta dónde han
venido los Americanos, se debe también preguntar dónde han venido
los habitantes de las tierras australes, y se debe contestar, que la
Providencia que ha poblado la Noruega ha poblado también la América.

Al mismo respecto, Bernardo Romans, en las págs. 38-39 de su obra _A
concise natural History of east and west Floride_, expone: "No creo
absolutamente que los hombres de raza roja de América desciendan de
pueblos situados en las partes orientales ú occidentales de Asia. Creo
firmemente que Dios ha creado una raza de hombres originarios de este
país, diferentes de los otros pueblos."

También Isaac de La Peyrère, monje francés, en su obra titulada
_Prædamitas_, publicada en 1655, (la que fué condenada al fuego por el
Parlamento de París), afirma que "Dios, el sexto día de la Creación
del Mundo, formó varones y hembras en diversas regiones del Orbe, como
también muchas plantas y animales de cada especie en varios parajes
de la Tierra; que después creó á Adán y Eva, cuya creación es la que
expresa el segundo capítulo del _Génesis_; y, por último, que Adán no
es cabeza ó progenitor de todos los hombres, sino tan sólo del pueblo
judáico."

El sabio antropólogo Burmeister, tratando de esta misma cuestión, se
expresa así: "Basta fijarse con alguna atención en el color de los
individuos que constituyen las diferentes naciones, para comprender
que las actuales razas humanas descienden de varias y distintas
parejas...... Para sostener el aserto bíblico de que todos los
hombres descienden de una sola pareja, es preciso dar explicación
cumplida á los milagrosos hechos y portentosos acontecimientos que
indispensablemente debieron tener lugar para que, en sólo 4,000 años
_mil millones_ de hombres procedentes de un mismo punto y descendientes
de una sola pareja, poblaran toda la Tierra."

El célebre anatómico Alejo Littré, en sus _Memorias relativas á la
anatomía patológica_, opina que: "Diversas preocupaciones teológicas y
la tendencia á la inquisición absoluta de las causas primeras, son las
que han hecho admitir la derivación de todas las especies de una pareja
única, rechazando las diferencias específicas de los hombres, en vez de
recibirlas tales como la observación las demuestra."

Finalmente, el ilustre general colombiano D. Tomás C. de Mosquera, en
su _Cosmogonía ó Estudio sobre los diversos sistemas de la Creación del
Universo_, asienta que: "El Hombre lo crió Dios en varios puntos de la
Tierra á un tiempo, cuando las condiciones necesarias á su nacimiento
aparecieron en los medios físicos de toda especie, que obraron
determinando y produciendo ese nacimiento, es decir, cuando la fuerza
general que se llama vida animal, que ha obrado y obra perpétuamente
sobre nuestro planeta, llegó á una época en que aparecieron en juego
las varias influencias y condiciones que obrando necesariamente,
debieron producir por modo inevitable esta manifiestación de la vida,
de la cual hizo Dios al Hombre."

No obstante, desde la iniciación de los estudios arqueológicos
americanos, los etnógrafos se han dividido en dos grupos. El uno, de
los _poliphiletes_ ó _poligenistas_, formado por los que sostienen que
la adelantada civilización de los antiguos habitantes de América es
debida al desenvolvimiento natural y sucesivo de una raza aborígene
ó autóctona, afirmando que los antiguos pueblos del Nuevo Mundo
tienen su origen en este Continente, y que las civilizaciones cuyas
antiguas grandezas se admiran hoy, son resultado del desenvolvimiento
gradual de esa raza primitiva. El otro grupo, de los _monophyletes_ ó
_monogenistas_, es compuesto por los que creen que las civilizaciones
de los antiguos pueblos americanos tienen su origen en las numerosas
emigraciones posteriores al Diluvio Universal, estableciendo que la
población primitiva se componía de varias razas diferentes las unas de
las otras; que la forma del Continente americano no siempre ha sido
la que es actualmente, pudiendo, con las trasformaciones sucesivas de
la Tierra, haber hecho parte ó haber sido próximo á otro Continente;
concluyendo, en resumen, que esas emigraciones á América han sido
diversas: de Asia, los Hebreos, Fenicios, Troyanos, Chinos y Tártaros;
de Africa, los Egipcios, Cartagineses y Etiopes; y de Europa, los
Griegos, Frisios, Romanos, Curlandeses, Noruegos, Dinamarqueses, é
Islandeses. En esta hipótesis, los aborígenes americanos pertenecerían
á razas diversas venidas de distintos puntos de Asia, de Africa y de
Europa.

Sin detenernos, por ahora, en la teoría sostenida por ambos grupos,
veremos más adelante las opiniones formuladas por los etnógrafos y
paleontógrafos.

Acudiendo á las fuentes de consulta que tenemos á nuestro alcance,
vemos que todos los pueblos de la antigüedad, ó sea de la época
postdiluviana, han sido considerados por sabios americanistas, como
los progenitores de la raza americana, principalmente los asiáticos,
no solamente porque estos pueblos han tenido más probable comunicación
con la América, por el antiguo estrecho de Annian, (hoy Behring, que
tiene ochenta kilómetros en la parte más ancha y sirve de canal de
comunicación entre el Mar Glacial y el Mar Pacífico); sino, también,
porque los usos, carácter, instituciones, costumbres y hasta el
lenguaje de algunos americanos con otros de la raza asiática, guardan
algunas analogías.

El objetivo primordial de los estudios llevados á cabo en este sentido
por dichos sabios, ha sido indagar si los indígenas americanos son
descendientes de una sola ó de varias razas; investigaciones que hasta
ahora no han tenido completa solución, prevaleciendo, sin embargo,
las opiniones á favor de la pluralidad de razas, basadas en que las
muchas y diversas tribus aborígenes esparcidas por todo el Continente
americano difieren en sus usos, creencias, lenguajes, costumbres y
demás condiciones etnogenéticas.

Luis Moreri, en su _Grand Dictionnaire Historique_, tomo I, pág. 353
(París, 1732), sin determinar con fijeza su parecer al respecto,
observa: "Los Americanos deben su origen á los europeos ó á los
asiáticos, y quizá la deben á los unos y los otros." Francisco Javier
Clavijero, en la "Disertación primera" de su _Historia antigua de
México_, tomo II, pág. 138, es algo más explícito, pues formula su
opinión en este sentido: "Los americanos descienden de diversas
naciones, ó, más bien, de diferentes familias dispersas después de la
confusión de las lenguas;" y en apoyo de su aserto trae á colación,
en primer lugar, la variedad y diferencia de las lenguas americanas;
y prosigue: "Puedo asegurar, sin riesgo de engañarme, que entre las
lenguas vivas y muertas de Europa, no se hallan dos más diferentes
entre sí, que lo son la Otomita, la Tarasca, la Maya y la Misteca,
que son las dominantes en diversas provincias de México;" agregando
nosotros, la Puquina y la Quechua, en el Perú.

Pero, tratándose de averiguar á qué raza ó razas pertenecen los
habitantes de América, el abate Juan Andrés opina en su obra, en
lengua toscana, titulada _Origen, progresos y estado actual de toda
la Literatura_, que "la Geografía y la Cronología se llaman, y son
realmente, los dos ojos de la Historia; porque valiéndose de la
tradición constante de la historia y del estudio de los lugares, esos
trabajos propenderían, talvez, á resolver, en gran parte, el problema
de la población del Nuevo Mundo."

También el Sr. Tulio Febres Cordero, en su selecto _Estudio sobre
Etnografía americana_, que presentó en 1892 al Congreso Internacional
de Americanistas, reunido en el histórico convento de la Rábida, para
conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo,
asienta juiciosas observaciones sobre la onomatología geográfica de
América, probando la semejanza de muchas voces, en varias lenguas
indígenas, correspondientes á pueblos ó comarcas de distintos
Continentes, para lo cual llama, en apoyo de su teoría, las opiniones
de los notables publicistas Humboldt, Prescott, Restrepo, Rojas,
Castro, Calcaño y Graty.

A las opiniones que al respecto emiten el abate Andrés y el señor
Febres Cordero, podemos agregar, que también la antropología, la
etnografía y aún la craneología, son las ciencias que con igual acierto
podrían conducir al conocimiento de las antiguas razas indígenas que
primitivamente han habitado el Continente del Nuevo Mundo.

Finalmente, haciendo abstracción de las opiniones de los etnógrafos
que están, unos por la autoctonia de una sola raza, y otros por la
pluralidad de ellas, creemos que la tan debatida cuestión de la
población de América está por resolverse, pues aún no se ha podido dar
una explicación satisfactoria de su origen.

En el presente trabajo no pretendemos solucionar este problema tan
árduo, tan intrincado y de tan difícil investigación, sobre el cual,
desde la época del descubrimiento de Colón hasta nuestras días, se
han escrito muchísimas disertaciones; pero, sí, trataremos de exponer
los diversos juicios de los autores que han tratado esta materia,
y del cotejo de esas opiniones diversas y aún contradictorias,
trasluciremos, talvez, alguna conclusión, sino definitiva, á lo menos
algo problemática. Suplicamos, por tanto, al lector, que disculpe
cualquiera deficiencia que notare en este trabajo, en gracia del
propósito que nos anima.

Habríamos podido darle mayor extensión de la que tiene, contemplando
la importancia de este asunto; pero una obra en estas condiciones,
aunque de mucha utilidad é interés científico, sería leída tan sólo
por hombres consagrados al estudio, no por la generalidad, y no habría
llenado el propósito que tenemos en mira, cual es, que nuestra obra sea
leída por un público extenso.

Escritores españoles[41] han tratado ya este asunto con más amplitud
que nosotros y, más tarde, vendrán otros que llenen el vacío que hemos
dejado, llevando más adelante sus investigaciones sobre materia de
tanta entraña que ahora imperfectamente diseñamos.

Por último, debemos confesar ingénuamente, que no tenemos la pretensión
de titularnos etnogenítico, ni paleontógrafo, ni etnógrafo, ni
arqueólogo, sino simplemente nos consideramos como un humilde factor
para la formación de la historia antigua, pues que comprobamos,
identificamos y valorizamos los hechos del pasado: en una palabra,
somos un auxiliar modesto que hace el paciente trabajo de la hormiga,
acumulando con prolijidad el material histórico adecuado á la presente
obra, porque en el Perú poco se conoce el pasado, y mucho menos algo de
las épocas pre-incáica y pre-hispánica, ó sea de las grandes y heróicas
civilizaciones indianas de esas mismas épocas.



                          ORIGEN DE LOS INDIOS
                                   DE
                                AMÉRICA



                             PRIMERA PARTE

              HABITANTES DE AMÉRICA ANTES DE LA CONQUISTA


Antes de abordar el asunto del presente trabajo, debemos indicar, de
preferencia, cuáles fueron los habitantes del Continente de América
cuando Cristóbal Colón hizo el descubrimiento de él, á fines del siglo
XV.

Tanto el Hemisferio Norte como el Hemisferio Sur, estaban habitados
por naciones y pueblos indianos, algunos de carácter belicoso y
guerrero, otros de genio dócil y humano, viviendo casi todos en pleno
estado de barbarie. No obstante, algunos habían alcanzado un grado
de civilización relativamente tan avanzado, que formaban Estados
regularmente constituídos, entre otros el de México y el del Perú.

La totalidad de esta colectividad indiana se dividía en dos grandes
ramas distintas: RAMA SEPTENTRIONAL (América del Norte) y RAMA
MERIDIONAL (América del Sur), teniendo ambas, caracteres ó rasgos
generales que permitían distinguir la una de la otra; se calcula
que entre las dos ramas habría cerca de 4,000 tribus distintas, que
formarían, se colije, una población de más de 50.000,000 de habitantes.

Va en seguida, la relación de las principales tribus, de las que
omitimos las del territorio actual del Perú, para enumerarlas al
principiar la _Segunda Parte_ de esta obra.


                           RAMA SEPTENTRIONAL

Crecido era el número de las tribus de esta rama; pero citaremos tan
sólo las más notables, por orden alfabético:

APACHES, nómades por las fronteras de la California, en el Alto
      México. Esta familia estaba dividida en varias parcialidades:
      _Apaches-Mescaleros_, _Apaches-Mimbreños_, _Apaches-Gilenos_ y
      _Apaches-Tontos_; todos estos indios tenían la tendencia del robo
      y el crimen.

APALACHES ó ALEGAMIOS, del Sur de la Georgia y de la bahía de Mobila,
      hacia la embocadura del Mississipí.

ARICARIS, del río Missouri, antes de la desembocadura del Mississipí.

ARKANZAS, del territorio de Ohio.

ASSINOBOINS, de las comarcas del Bajo Canadá.

ATHABASCANAS, del norte de las Montañas Rocosas ó Rocallosas, y de las
      llanuras y bahía de Hudson.

CARIBES, numerosa é inhumana tribu de las Antillas.

CHACTAS, del territorio bañado por el Mississipí, en el Estado
      de la Florida, que eran más apacibles que las demás tribus
      septentrionales.

CHEROKEES, de los territorios de Carolina del Sur, Alabama y Yowa:
      formaban y forman aún una república, cuyo poder ejecutivo se
      ejerce por un jefe principal, al que asisten tres consejeros
      elegidos por el legislativo: cuenta este gobierno con dos cámaras
      que, reunidas, tienen el título de Asamblea General de la nación
      Cherokee: el poder judicial lo ejerce una Corte Suprema; tienen
      imprenta y un periódico titulado _El Fénix_, redactado en las
      lenguas cherokee é inglesa, que sale á luz desde 1828.

CHICACHAWS, del territorio de Nueva Orleans.

CHICHIMECOS, del Estado de Durango, en México.

CHINNOCKES, tribu numerosa que formaba una monarquía, la cual subsistió
      durante 500 años, y perdió su autonomía con la conquista: después
      ha estado errante por la embocadura del Oregón, en la costa
      occidental del Pacífico.

CHIPPEWAIS, ó ALGONQUINES, del Lago Superior y otros lagos hacia las
      cabeceras del Mississipí: familia que se subdividía en varias
      tribus, entre las cuales se contaban como principales los
      _Saltadores_, los _Zorros_ y los _Ayomas_.

CHOCHONIS, errantes por la zona de las Montañas Rocallosas.

CHOCTAWS, de la comarca situada al este del río Mississipí.

COMANCHES, de las praderas del Arkansas.

CREEKS, del oeste de la Georgia y parte de Alabama, entre los ríos
      Chatahorkee, Tallapoosa y Coosa: formaban, en unión de los
      _Siminoles_, una confederación que era la más fuerte de la
      América Septentrional.

DELAWARES, de los territorios de Pensylvania y Ohio: otra parcialidad
      había en el extenso territorio comprendido desde el río San
      Lorenzo hasta el interior de las Montañas Rocallosas: de esta
      familia dependían las tribus de los _Knistenos_, _Miamis_ é
      _Illinois_.

HURONES, del Alto Canadá, entre los lagos Erie, Hurón y Ontario: eran
      gobernados por jefes hereditarios.

IROQUESES, del Alto Canadá y Estado de Michigán: era familia entonces
      muy poderosa, que se componía de seis tribus: _Mohawks_,
      _Ousides_, _Onondages_, _Senaas_ y _Cayugas_, constituídas en
      una especie de república salvaje, y que se daban el título de
      _Onquehouwe_, es decir, más grande que los demás.

KACHAQUIS, de los bosques de Guatemala.

KANSAS, de las llanuras entre el Arkansas y el Río-Rojo.

KOLIONGES, del territorio de Nueva Norfolk y Nueva Cornwall.

MENOMEDES, de los alrededores del lago Michigán.

MINATARES, del río Missouri.

MISSOURIS, del río de su propio nombre.

MIXTECAS, del Estado de Oajaca, en México.

MOHICANOS, del río Connecticut, en los territorios del Vermont y Nueva
      Hampshire y del Bajo Canadá.

MOQUIS, del territorio del Estado de Arizona.

MOSKITOS, de los bosques regados por el río San Juan, en Nicaragua.

MUSCOMULGOS, del oeste de la Georgia y parte de Alabama.

NAHUALTS ó AZTECAS, que se extendían desde el lago de Nicaragua hasta
      el Río del Norte, y constituían el Imperio Anahuac ó México, que
      llegó á un grado de civilización bastante adelantado, pues era el
      único pueblo que entonces poseía una literatura propia, debido al
      empleo de una escritura simbólica particular: habían subyugado á
      las tribus _Oajacas_, _Mixtecas_ y otras.

NATCHEZES, del territorio regado por el Mississipí, en la Florida, que
      se distinguían por signos característicos apacibles.

NAVAJOS, del Sur del territorio de Colorado.

NIQUIZAS, del territorio de Nicaragua.

NUALTECAS, de la meseta de Anahuac, en México.

OLMECOS, del extenso país de Anahuac, algo civilizados, que dejaron en
      México y Centro América monumentos ciclópeos, como los de Mitla y
      Palenque, cuyas ruinas subsisten aún: los _Olmecos_ emigraron más
      tarde hasta el lago de Nicaragua.

OMAHAS, del Alto Missouri.

OSAJES, de los parajes entre el Mississipí y el Missouri.

ONANDOGAS, de las comarcas de Nueva York.

OTOGAMIS, de los tupidos bosques regados por el río Missouri.

OTOMITAS, del territorio de Mechoacán, en México: de esta familia son
      las tribus de los _Mayas_ y _Leucas_, situadas entre los Istmos
      de Panamá y Tehuatepec.

PAWNEES, de las riberas del río Mississipí.

PAKIS, de las orillas del río Missouri.

PIELES ROJAS, numerosa tribu que ocupó los dilatados territorios
      de Tennessee, las Carolinas, la Virginia, el Maryland, la
      Pensilvania y una parte del Estado de Nueva York, replegándose
      después en los bosques del Arkansas.

PIPILES, de los territorios de Guatemala y San Salvador.

POCOMANES, de los bosques de Guatemala.

PONCAS, de la ribera izquierda del Missouri.

POYAS, del territorio de Honduras.

QUICHEES, del territorio de Guatemala.

SAKIS, de las orillas del río Mississipí.

SHAWNESSES, del Lago Hurón.

SEMINOLES, del interior del territorio de la Florida.

SIOUX, de la comarca de la Luisiana: tenían dominio sobre todas
      las tribus esparcidas en el territorio situado entre los
      ríos Missouri y Mississipí, entre los cuales se hallaban
      los _Dakotas_, _Vinebagos_, _Osajes_, _Kansas_, _Mandanes_,
      _Mitures_, _Otoes_ y _Omahos_.

TARASCOS, de la comarca de Mechoacán, en México.

TEPANECAS, del territorio de Guatemala.

TLASCALES, de las comarcas de Veracruz y Oajaca, en la costa del
      Pacífico: componían una república independiente, que los
      emperadores de México jamás pudieron subyugar.

TOLTECOS, de México: tribus cuya civilización era algo adelantada,
      pues fueron ellos los que erijieron en México las pirámides,
      dividieron el año solar é inventaron los geroglíficos: más tarde,
      emigraron á la parte meridional de América.

TULARENAS, del territorio de California.

WAKISHES ó NOOTKANES, de la Isla de Nootka y costas inmediatas.

WALKASKI, del territorio de la Nueva Georgia.

ZAPOTECAS, del territorio de Oajaca, en México.

ZUNIS, de la región de Puebla, en México.

ZUTUGILES, de los bosques de Guatemala.

     Y muchas otras tribus de segundo orden, diseminadas en el resto
     del Continente de la América Septentrional, como las denominadas:

    CATAWAS ó CHICOAS

    CHICASAWS

    MANADANES

    MIAMIS

    MOKAWKS

    MUSKEJOS

    OJIBBEWAYS

    OTAWWAWS

    SENECAS

    TUSCARORAS

    UCHEES, y otras.

Cuando los colonos ingleses se lanzaron sobre el territorio de la
América del Norte, vivían allí muchas tribus diversas[42]. Todos
estos indios desposeídos, primero, del suelo que ocupaban desde tiempo
inmemorial, y en seguida, diezmados por las cruentas guerras con
que los provocaran los sajones, no tuvieron ya asilo en sus propios
tupidos bosques, en los que, antes, no sospechaban que llegarían á ser
sacrificados por los inhumanos invasores, quienes so pretexto de llevar
allí la civilización, aniquilaron casi completamente la raza indiana.
Este aniquilamiento ha tenido que ser obra de algún tiempo, pues los
ingleses, primero, y los yankees, después, exterminaron todas estas
tribus indígenas, organizando con la sangre fría que los caracteriza,
sistemadas cacerías, en que los perseguían tenazmente á balazos,
como á fieras, hasta conseguir hacerse dueños de toda la extensión
del Atlántico al Pacífico, esto es, del vastísimo territorio que hoy
constituye los Estados Unidos de Norte América.


                            RAMA MERIDIONAL

Los indianos de la _Rama Meridional_, que habitaban la parte Sur del
Continente de América, cuando Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo,
eran entonces mucho más numerosos que los de la _Rama Septentrional_.
Muchas de estas tribus aborígenes existen todavía, principalmente
aquellas que viven en los bosques, ríos y montañas que todavía no han
sido explorados ni conquistados, y cuyos habitadores, por consiguiente,
se hallan hasta hoy, en un estado de completo atraso.

Enumeraremos en seguida, siempre por orden alfabético, las principales
de estas tribus, á excepción de las del actual territorio del Perú,
de las que, como hemos dicho ya, nos ocuparemos en la segunda parte de
esta obra.

ABIPONES, del Río de la Plata, junto al Paraná, en la Argentina.

ACHAGUAS, de los ríos Guachira y Casahuara, en Colombia.

AGACES, del río Paraguay, en la Argentina.

ALLENTIACS, de las cordilleras de Cuyo del Collingast y de las
      provincias de San Juan y Mendoza, en la Argentina.

AMARIZANOS, del río Casanare, en Venezuela.

ANDOQUIS, del territorio de Mocoa, bañado por los ríos Caquetá y
      Putumayo, en Colombia.

ANGAMARCAS, del río San Felipe, en el Ecuador.

APIACAS, de la cuenca del río Ainos, en el Brasil.

AQUILOTAS, del río Bermejo, en el Paraguay.

ARAUCANOS, del territorio situado entre los ríos Bío-Bío y Valdivia y
      entre los Andes y el Pacífico: es familia cuyas tribus componen
      una especie de confederación con los _Puelches_ y _Pehuenches_,
      que no reconocen ningún jefe, pues todos los negocios se deciden
      en un Consejo compuesto de los hombres más ancianos de cada
      tribu. Son los únicos indios de la América Meridional que, hasta
      ahora, han conservado su independencia como Estado, pues ni los
      españoles, durante el coloniaje, por más esfuerzos que hicieron
      para dominarlos, ni los chilenos, con los que colindan, han
      podido ni pueden sojuzgarlos.

ARROWANKS, del río Surinam, en la Guayana holandesa.

ARUACAS, de la Sierra Nevada de Santa Marta y de los ríos Jalambó y
      Nulpe, en Colombia.

ATACAMAS ó CUNZAS, de la región hidrográfica del Gran Salar, en el
      desierto de Atacama, en Bolivia.

ATACAMES, de los ríos Esmeraldas y Mir, en el Ecuador.

AZUEROS, de la península de su nombre, hasta el golfo de Parita, en el
      Istmo de Panamá.

BARBACOAS, de la embocadura de los ríos Telembí y Patía, en Colombia:
      con los _Telembís_ y los _Iscuandés_ componían una república
      gobernada por Régulos, que eran nueve ancianos que constituían
      una especie de Senado.

BETOYAS, de las faldas de los Nevados de Chita, en Colombia.

BONDAS, de las comarcas de Santa Marta, en Colombia.

BORRORES, de la provincia de Matto-Grosso, en el Brasil.

BOTOCUDOS, de las montañas de Minas-Geraes, en el Brasil.

BRACAMOROS, del río Chichipa y sus afluentes y en las selvas de Jaen,
      en el Ecuador.

CALCHAQUIS, del río Salado, de la región del Tucumán, en la Argentina.

CALOTOS, de las comarcas de Popayán, en Colombia.

CALLAGUAYOS ó JUNQUENOS, de la provincia de Muñecas, en Bolivia: en
      tiempo del Imperio Incáico, fueron designados para contraerse
      á la curación de las enfermedades, pues tenían profundo
      conocimiento de las propiedades de las plantas y hierbas: hoy
      mismo son los únicos indígenas curanderos que recorren todos los
      ámbitos de la América del Sur, con sus cargas de vegetales al
      hombro.

CAÑARIS, de los ríos Pauta y Naranjal, en el Ecuador.

CARACARÁS, del río Paraná, en la Argentina.

CARANQUIS, de las comarcas bañadas por los ríos Angel, Pisco, Tahuando,
      en el Ecuador.

CARES ó CARIOS, de los ríos Tosagua y Chono, en el Ecuador.

CARIBES ó CANÍBALES, de las Antillas Menores y costas de la América del
      Sur, desde Cabo de la Vela hasta la embocadura del Surinam, en la
      Guayana.

CAUCAÚS, del Estrecho de Magallanes.

CAUQUENAS, del río Maule, en Chile.

CAUXICUNAS, de la embocadura del río Tocantin, en el Brasil.

CAYAMPAS, de la falda del Nevado Cayambi, en el Ecuador.

CAYAPÚS, de la provincia de Goyas, en el Brasil.

CAYMANOS, del río de su nombre, que desagüa en el Darién, en el Istmo
      de Panamá.

CAYUBABAS, de los ríos Mamoré y Jamaná, en Bolivia.

COFANES, de las comarcas de Quito, en las cabeceras del río Aguarico,
      en el Ecuador.

COPIAPOS, de la provincia de su nombre, en Chile.

COQUIMBOS, de las islas Coquimbanas, en Chile.

COMECHINGONAS, de la comarca de Córdoba del Tucumán, en la Argentina.

CUMÁNAGOTOS, de la provincia de Cumaná, en Venezuela.

CUNAS ó CUNACUNAS, del río Chagres hasta la bahía del Chocó, en el
      Istmo de Panamá.

CUNCOS ó CUNCHOS, del canal de Chiloé y archipiélago de los Chonos, en
      Chile.

CHAYMAS, de los llanos y montañas de Colombia.

CHARCAS, de la comarca de Chuquisaca, en Bolivia.

CHARRÚAS, de la comarca comprendida desde Maldonado hasta cerca de
      la boca del río Uruguay y de los ríos Negro é Ibicuy, en la
      Argentina.

CHAYMAS, de los ríos Guarapiche y Colorado, en Venezuela.

CHIBCHAS ó MUYSCAS, de toda la extensión comprendida por las sabanas
      de Bogotá, Zipaquirá, Ubabé y los valles de Fusagusagú, Caquetá,
      Pacho y Tunza, inclusive las circunscripciones de Guatavitá,
      Tunja, Tundama y Sogomoso, de Colombia. La familia _Chibcha_
      estaba dividida en dos monarquías: la nación de los _Zaques_ y
      la de los _Zipas_. Después de México y el Perú, la nación de los
      _Chibchas_ fué la tercera en civilización americana.

CHIMBOS ó CHIMBORAZOS, de la cordillera occidental de los Andes del
      Ecuador.

CHIQUITOS, de la región de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia: esta
      familia comprendía la tribu de los _Chiquitos_ propiamente dichos
      y las de los _Samucas_, _Sarabecas_, _Otoquis_, _Curuminacas_,
      _Cobarecas_, _Tupis_, _Paiconecas_ y _Corobecas_.

CHIRICOAS, del río Capanapuro, en Venezuela.

CHIRIGUANOS ó CUMBAS, de la cuenca de los ríos Guapay y Parapati, y de
      los ríos Pilcomayo y Bermejo, en el Chaco boliviano.

CHIRIQUÍS, de la Serranía de las Cruces, en el Istmo de Panamá.

CHOLOS ó CHOCOS, del Darien del Sud, en el Istmo de Panamá.

CHONGONES, de la ensenada de Charapoto hasta Chongón, en el Ecuador.

CHONOS, del archipiélago de su nombre, en Chile.

CHUCHUMAQUES, del río de su nombre, en el Istmo de Panamá.

CHUMULAS, de la laguna de Chiriquí, en el Istmo de Panamá.

CHUNCHOS, del río Anarumaya ó Madre de Dios, en Bolivia.

FUEGUINOS, del archipiélago que está separado por el Estrecho de
      Magallanes, entre los Océanos Atlántico y Pacífico australes.

GALIBIS, de los ríos Sinnamary, Iracoubo, Organabo y Mana, de la
      Guayana francesa.

GOAGIRAS, de la península de su nombre, entre el golfo de Maracaibo y
      el Mar de las Antillas, en Venezuela.

GUACHICOS, del río Tacuari, en el Paraguay.

GUAHIBOS, errantes sobre los ríos Vechado y Meta, en Venezuela.

GUANAS, de la comarca de Chuquisaca, en Bolivia.

GUAQUERIS ó GUARUNAS, de la comarca de Cumaná, en Colombia, é Isla
      Margarita, en Venezuela.

GUARANIS ó TUPIS, de la inmensa región que abraza los límites de los
      territorios del Brasil, Uruguay, Río de La Plata y Paraguay:
      algunas parcialidades se extienden hasta las Guayanas y el Mar de
      las Antillas: consta esta familia de los _Guaranís_ propiamente
      dichos y de los _Botocudos_, estos últimos del Brasil.

GUARAÚNAS, del río Guarapiche, en Venezuela.

GUARAYOS, del río Mamoré, en Bolivia.

GUASARAPAS, del río de su mismo nombre, en el Paraguay.

GUAYCURUS, de la comarca de Matto-Grosso, en el Brasil.

HAMBATOS, del río de su mismo nombre y del de San Fernando, en el
      Ecuador.

HATUNTAQUIS, de los ríos Peguche y Blanco, en el Ecuador.

HUAMBOYAS, de la Cordillera de Cubillín, en el Ecuador.

HUANCAVILCAS, de la ensenada de Charapoto hasta Chongón ó Punta de
      Santa Elena, en el Ecuador: los _Huancavilcas_ formaban una
      confederación compuesta de quince tribus, cada una con su
      respectivo Cacique.

HUILLICHES, del territorio que separa el río Valdivia del archipiélago
      de Chiloé, en Chile.

INGANAS, de la comarca de Mocoa, en Colombia.

ITONAMAS, de los ríos Nonama y Machupe, en Bolivia.

LACHAS, de las comarcas de San Juan de los Llanos y de Tunja, en
      Colombia.

LAPUNÁS, de la Isla Puná del golfo de Guayaquil, en el Ecuador.

LECOS, de los bosques de Caupolicán, en Bolivia.

LULÉS, de los ríos Salado y Tibibiri, en la Argentina.

LUPACAS, de la altiplanicie de los Andes de Bolivia.

MACARINAS, de los ríos Beni y Tumapasa, en Bolivia.

MACAS, de los ríos Ulpano y Mauguasua, en el Ecuador.

MACURITARES, del río Ventuari y sus tributarios, en Venezuela.

MACHICUYS, del río Paraguay, en la Argentina.

MACKUERANDAS, del río Paraná, en la Argentina.

MALBALÉS, del Río Grande, en la Argentina.

MANAOS, de la Guayana portuguesa.

MANDRACOS, del río Amazonas ó Solimoes, en el Brasil.

MANTAS, de la Punta de Santa Elena hasta la ensenada de Charapoto, en
      el Ecuador.

MAPOCHOS, del río de su nombre, en Chile.

MARCANIS, de los ríos Beni y Tuanapasa, en Bolivia.

MATAGUAYOS, del río Pilcomayo, en la Argentina.

MAYAS, del Estado de Yucatán, en México.

MAYNAS, del río Amazonas ó Solimoes, en el Brasil.

MAXURUNAS, de las selvas de Tabatinga, en el Brasil.

MAYPUROS, del Alto Orinoco y de los ríos Atabapo y Negro, en Colombia.

MBAYAS, de las pampas del Paraguay.

MEPENES, del río Paraná, en la Argentina.

MIRANHEROS, de los bosques bañados por el Yapurá, en el Brasil.

MOBIMAS, del río Beni y comarca de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.

MOCOBIS, del río Paraná, en la Argentina.

MOCHAS, del río Pachaulica y sus afluentes, en el Ecuador.

MOLUCHES, de la comarca de Valdivia, en Chile.

MOSETENES, de los ríos Beni y Mamoré, en Bolivia.

MOTILONES, de los ríos Muchiche y San Faustino, hasta el valle de
      Cuenca, en Colombia.

MOXOS, de los ríos Mamoré y Mashupo, en Bolivia.

MUZOS, del río Apoparis, al Sud de Popayán, en el Cauca, en Colombia.

OMAGUAS ó ENAGUAS, del río Napo, en el Ecuador.

ONÁS, de la parte septentrional de la Isla Southland, en la Tierra del
      Fuego.

OTÁVALOS, de los ríos Peguche y Blanco, en el Ecuador.

OTOMACOS, de la región que se extiende desde el Casanare hasta el
      Orinoco, en Colombia.

PACAMOROS, del río Chichipa, en el Ecuador.

PALTAS, de los ríos Colán y Amarillo, en el Ecuador.

PAMPAS, de las extensas pampas de la provincia del Río de La Plata, en
      la Argentina.

PANAS, de la Cordillera de los Andes, en Bolivia.

PANCHES, del río Magdalena, en Colombia.

PATACHES, de la comarca de Minas-Geraes, en el Brasil.

PATAGONES, del territorio austral de la Patagonia.

PAYAGUAS, de la comarca de la Asunción y del río Paraguay hasta su
      unión con el Paraná, en el Paraguay.

PEHUENCHES, de la región de los Andes de la Araucanía y Patagonia.

PIJAOS, de las serranías de Barragán, en Colombia.

PINAMPIRAS, del río Pisco, en el Ecuador.

PROMAUCAS, del río Maule, en Chile.

PUELCHES, de los valles de la Cordillera de Chile.

PURACATIS, del país de Piagui, en Colombia.

PURIS, del río Paraiba, en el Brasil.

PURUHUAS, del río Chambó hasta el Nevado de Tungurahua, en el Ecuador.

QUERANDIS, del río Paraná, en el Brasil.

QUITUS, de la Cordillera occidental del Ecuador, hasta Quito: su
      gobierno era una especie de confederación establecida entre los
      _Quitus_ y las tribus de los _Imbayas_, _Latacungas_, _Puruhuas_
      y _Cañares_.

SALIVAS ó CABORÉS, de los ríos Guaviare y Meta, en Colombia.

SARABECAS, del río Itenes, en Bolivia.

SUCUMBIOS, del río San Miguel, en el Ecuador.

TABOGAS ó URABÉS, del archipiélago de las Perlas, en el Istmo de Panamá.

TAIRES, de la Guayana holandesa.

TAYRONAS, del valle de Santa Marta, en Colombia.

TEHUELCHES, del territorio comprendido entre el Río Negro y el Río
      Colorado, de la Isla de Tehuel, al Oriente de la Patagonia.

TICUNAS, del río Madera, en Bolivia.

TIJANAS, de los ríos Chambó y Paute, en el Ecuador.

TIMBIRAS, de los espesos bosques situados entre el Río dos Balsas y el
      Itapiraras, en el Brasil, bosques que todavía, se dice, no ha
      podido penetrar en ellos ningún blanco.

TIMBOS, del Río de La Plata, en la Argentina.

TIPUNABAS, del territorio situado entre los ríos Muny y el Pará, en el
      Brasil.

TOBAS, del río Pilcomayo, en el Chaco argentino.

TONOCOTÉS, del lago cerca del río Bermejo, en el Paraguay.

TUCUMANOS, de la comarca de su propio nombre, en la Argentina.

TUMEBAS, de los Nevados de Chita y Guicán, en Colombia.

TUMUPASAS, de los ríos Apolobamba y Beni, en Bolivia.

TUPIS, de las provincias orientales del Brasil: son oriundos de ese
      Estado.

USAQUES, de las provincias de Guatavita, Guasca, Zipaquirá, Ebaté,
      Sutagasugá y Ebaqué, en Colombia.

WARRANS, del río Masaroni, en la Guayana inglesa.

XARAYAS, del río Paraguay, en la Argentina.

YAGUARZONGAS, del río Zamora y sus afluentes, en el Ecuador.

YAHGANS, del Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos, en la Tierra del
      Fuego.

YAMEOS, del río Yavarí, que desemboca en el Marañón.

YAROS, del río Uruguay, en el Uruguay.

YARURAS, del río Casanare, en Colombia.

YARACARAS, de la Cordillera de los Andes de Bolivia.

YURIS, del río Marañón.

ZAMUCAS, del Chaco paraguayo.

ZARZAS, de los ríos Guacamaná, Colán y Amarillo, en el Ecuador.

ZURÍES, de la Serranía de las Cruces, en el Istmo de Panamá.

Y muchas otras tribus inferiores á las citadas.

Además, en la América Meridional, existían y existen todavía un
sinnúmero de tribus salvajes, cuyos territorios no están aún
explorados, como las que habitan el Gran Chaco, que contiene gran
número de familias distintas, todas por clasificarse; las de las
comarcas del caudaloso Marañón y sus tributarios, que cuentan con
muchas familias nómades; las de la región del gran río Amazonas, donde
viven también gran número de indianos de diferentes familias; las de
las selvas del Orinoco y sus afluentes, en que se alberga un regular
número de indígenas; y las de la Araucanía, Patagonia y Tierra del
Fuego.

Todas estas parcialidades indígenas ofrecían desde la conquista,
diversas especies y modificaciones de gobierno, desde el despotismo
paternal de los Incas, hasta la más absoluta independencia, donde
cada individuo sólo dependía de sí mismo. El mayor número de esas
parcialidades aborígenes estaban sumidas en la mayor ignorancia y
vegetaban en el estado más netamente selvático, y, aún hoy día, algunas
son refactarias á los progresos de la civilización del siglo actual.

Los españoles, digámoslo con franqueza, han sido más humanitarios
que los anglo-americanos, pues en lugar de exterminar á los indios
de sus colonias, como lo hicieron los ingleses y los yankees, los
catequizaron é instruyeron en los preceptos de la religión cristiana.
Sin embargo, los castellanos no dejaron de tener gran parte de culpa en
la disminución de la población indígena de sus colonias, porque si bien
no los cazaron á balazos, como á fieras, al igual que los sajones, en
los extensos dominios que les quitaron á viva fuerza, no dejaron esos
mismos castellanos de causar la muerte de gran número de los indios
que habían subyugado, empleando, para ello, otros medios proditorios.
En efecto, desde el principio de la conquista, los españoles llevaron
á la raza indígena al sacrificio, obligándola á tomar las armas en
las guerras civiles que entre ellos mismos sostenían, y aún en sus
luchas en las tribus que pretendían someter. Consideraban á esos
indios como esclavos, condenándolos á trabajos forzados y abrumadores
en los obrajes y en las minas, é infiriéndoles maltratos inhumanos;
pero no fué esto todo: los agobiaron con tributos, mitas y fuertes
cargos; los emplearon como acémilas en las expediciones de la conquista
de nuevos países; y, en fin, les fomentaron el vicio de las bebidas
alcohólicas, para embrutecerlos. Las epidemias de la viruela, sarampión
y otras enfermedades, desconocidas para ellos antes, diezmáronlos
también, de tal manera, que en muchas ocasiones hubieron de desaparecer
tribus enteras. Con causas de abatimiento y de despoblación todas las
expuestas, contribuyeron á la degeneración de la raza indígena en
proporcionalidad tan monstruosa, que de 20.000,000 de indios de ambos
sexos que poblaban el Continente sometido á la férula de los españoles,
de esa primitiva, enorme cifra, al finalizar el Coloniaje, apenas se
contaban 4.000,000.

Entremos en materia.


                                  § I

Al realizarse el descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón,
en 1492, este gran Continente se hallaba poblado, como hemos dicho,
por sinnúmero de tribus, unas bárbaras, otras semi-salvajes, y varias
completamente salvajes, esparcidas en toda su estensión. Algunas de
estas tribus eran (y pocas son todavía) de antropófagos, pues se comen
la carne de sus enemigos para satisfacer el repugnante placer de la
venganza.

La diversidad de tipos, costumbres, trajes, vida, cultura é idiomas de
estas tribus indianas (que sería muy difícil de caracterizar de una
manera absoluta, pues que no ofrecen ningún carácter general), induce
á creer que los primeros pobladores de América[43] son originarios de
naciones diversas que habían llegado á este Hemisferio en distintas
épocas lejanas; pero no solamente lo manifiesta así la variedad
de razas, hábitos y lenguas, sino también las tradiciones que se
conservan, de haber habido invasiones sucesivas á este Continente,
después del Diluvio Universal.

No obstante, apesar de los importantes datos suministrados por los
hombres científicos que han hecho un profundo estudio sobre el origen
de los indios de América, esta cuestión no está aún dilucidada ni
definida, conservándose tan sólo á este respecto algunas noticias
vagas y no muy exactas, ó tradiciones que han venido trasmitiendo de
generación en generación.

Una de las teorías más extravagantes y quiméricas de algunos autores,
entre ellos Isaac de La Peyrère en su obra _Prædamitas_, y Tomás Burnet
en su libro _Telluris theoria sacra_, fué la de asentar con toda
gravedad, que los habitantes de América no descendían de la especie
humana, sino que, por sus rasgos particulares, pertenecían á una raza
distinta, á la de los irracionales, negándoles en lo absoluto el título
de hombres; siendo necesario que un breve pontificio los declarase
de la misma especie que los demás que forman el Género Humano,
reconociéndolos, por consiguiente, aptos para recibir el bautismo[44].

Aún algunos otros autores, entre ellos Avicena, en su tratado _De
Conglutinatione_, han caído en el absurdo de decir, que los primeros
pobladores de América se engendrarían de alguna putrefacción, ayudada
del calor del Sol, á semejanza de los animales llamados imperfectos ó
insectos, como moscas, gusanos, ranas y otros de este género.

Otros autores han pretendido que los indios descienden directamente de
la familia de Noé, salvada del Diluvio Universal, y consideran á las
tribus groseras y salvajes, dispersas sobre el Continente americano,
como la raza más antigua de hombres que existe sobre la Tierra. A este
respecto, el docto abate Lorenzo Hervas y Panduro, en el tomo I, pág.
113 de su _Catálogo de lenguas de las naciones conocidas_, opina que
"la sola observación de no hallarse palabras de los idiomas europeos,
asiáticos y africanos, en las lenguas americanas, basta para que se
conozca claramente que las naciones de estas últimas comarcas, sin
mezclarse ni tratar con las de otros Continentes, pasaron á América
prontamente, al suceder la dispersión del linaje humano, después de la
confusión de las lenguas en Babel"[45].

Algunos escritores han supuesto que en los tiempos heróicos, los
Judíos, los Cananeos, los Cartagineses, los Fenicios, los Troyanos, los
Griegos, los Egipcios y los Escitas, habían desembarcado á las playas
americanas, fundándose en ciertas analogías que se han notado entre
aquellas diversas razas y las de América.

Asímismo, varios otros autores han asentado que las primeras
inmigraciones al Nuevo Mundo habían venido de la Atlántida, grande isla
que, se dice, existió en tiempos remotos entre el Africa y la América,
y que fué sumergida en el Océano Atlántico por un gran cataclismo.

Y aún no faltan autores que han querido probar que los originarios de
América descienden de los Iberos del tiempo de Tubal, nieto de Noé, que
había mandado expediciones á las playas americanas.

En fin, hay un sinnúmero de teorías acerca del origen y la
descendencia de los habitantes aborígenes de América; pero todas ellas
son hipótesis que carecen de fundamento, porque no descansan en hechos
históricos y auténticos que los acrediten.

Sin embargo, parece ser cuestión averiguada, si nos atenemos á las
indagaciones perseverantes practicadas por los sabios modernos,
que la América antes de su descubrimiento por Colón, fué conocida
de los antiguos; tanto porque así lo testifican muchos autores de
la antigüedad, cuanto porque las instituciones de los dos grandes
imperios americanos, México y Perú, bajo el gobierno de sus respectivos
monarcas, conservan el recuerdo de comunicaciones lejanas con el Mundo
Antiguo.

Además, las indagaciones de los sabios modernos se basan en inducciones
procedentes de la cultura, religión, costumbres, constitución física é
idiomas de los pueblos de América, que algunas analogías guardan con
otros de Europa, Asia y Africa, como así mismo, en hechos históricos
contemporáneos, que han venido á comprobar que, efectivamente, la
América fué conocida desde la más remota antigüedad.

Por otro lado, si nos ceñimos á la opinión emitida por doctos y
renombrados etnógrafos y etnologistas, es de creer que la América no
solamente fué conocida desde muchos siglos antes de la era cristiana,
sino habitada desde los tiempos antediluvianos.

Y si nos atenemos á la tradición hebráica, esos habitantes
antediluvianos perecerían en la catástrofe del Diluvio Universal,
acontecido, según los _Setenta Intérpretes_, 2242 años después de la
Creación, trascurriendo en seguida, se supone, más de cinco siglos
hasta que se efectuara nuevamente la repoblación de América, ó sea,
más de siglo y medio después de la confusión de las lenguas en Babel,
que tuvo lugar 255 años después del Diluvio, es decir, en el año 2497
de la Creación, acontecimiento que originó la dispersión del linaje
humano.

Si la repoblación de América ha tenido lugar más de cinco siglos
después del Diluvio, es evidente, dicen los etnógrafos, que los nuevos
habitantes de este Continente han debido proceder del Antiguo Mundo
conocido entonces, sea de Europa, de Asia, de Africa, ó talvez de estos
tres Continentes.

Al efecto, vamos á exponer las diversas opiniones de los escritores
que se han ocupado del origen de los indios del Nuevo Mundo, en lo que
podemos llamar _segunda época de América_, ó _época postdiluviana_.

       *       *       *       *       *

Alejo Vanegas, en el lib. II, cap. XXII de su _Enciso in Suma
Geographiæ_, afirma que los indios de América proceden de Cartagineses,
fundándose en la autoridad de Aristóteles, gran filósofo griego,
quien en su libro _Mirabilibus Auscultationibus_, fol. 53, dice:
"que unos mercaderes cartagineses navegaron desde las columnas de
Hércules, y que al cabo de muchos días de navegación hallaron una
isla desierta, que distaba de la costa de Berbería y en la que había
toda clase de maderas, y ríos que se podía navegar por ellos, por lo
cual acordaron quedarse allí y poblar la isla. Más, habiendo llegado
á noticia del Senado de Cartago la susodicha navegación, y temiendo
que la fama de las riquezas de aquella tierra llegase á ser conocida
por otras naciones, ó temeroso de que muchos de sus conciudadanos,
atraídos por la belleza del nuevo país, fugaran de su patria, ordenó
que se matase, á su regreso, á todos aquellos que habían ido á poblar
aquella isla, y decretó también pena de muerte contra los que en lo
sucesivo intentaran dirigirse allí, guiado por el temor de que los
colonos sacudieran el yugo cartaginés y perjudicaran al comercio de la
metrópoli." Aristóteles, al aludir á la mencionada isla, se refería
talvez á la conocida Española ó de Santo Domingo, desde la cual los
Cartagineses pasarían después á la de Cuba y á las otras de aquellos
parajes, y de allí á la Tierra Firme de América, y sucesivamente á
Nombre de Dios, Panamá, México y Perú. Esta opinión ha sido sostenida
por algunos otros autores, entre ellos Solórzano, Torquemada, Calancha
y el P. Mariana, los que, para probar que los indios americanos son
descendientes de Cartagineses, se han apoyado en los siguientes
fundamentos: 1^{o} Que éstos, en aquellos tiempos, como los Mexicanos,
usaron de pinturas ó geroglíficos en lugar de letras. 2^{o} Que en
América existen edificios antiguos de igual arquitectura que los
de los Cartagineses, como en Yucatán, Tabasco, Teotilmacán y otras
partes de México; Tiahuanacu y Huamanga, en el Perú; edificios todos
anteriores á la fundación de los imperios de México y del Perú. 3^{o}
Que muchas costumbres de los Americanos eran semejantes á las de los
Cartagineses, como los sacrificios de víctimas humanas, la conservación
del fuego sagrado, la veneración de las fuentes y ríos, el vestirse de
pieles y plumas, el uso de sortijas en las orejas, el de envenenar las
puntas de las flechas con que combatían, y muchas otras costumbres y
ceremonias, idénticas entre Cartagineses y Americanos. Alejo Vanegas,
para sustentar su opinión y darle más fuerza, se funda también en la
autoridad de varios otros autores antiguos, como Hornio, Pausanias,
Plinio, Estrabón, Vossio, Ariano y Layet, los que citan varias largas
navegaciones efectuadas por los Cartagineses en tiempos remotos, siendo
una de ellas la que emprendió el almirante Hannón, que navegó desde
Gibraltar, costeando la mar, hasta lo último de la Arabia, y pasando
dos veces debajo de la línea del Ecuador, bordeando así las costas del
Continente americano.

Onffroy de Torón, que ha hecho pacientes é interesantes investigaciones
sobre los primeros habitantes de América, dice, también, en su selecta
obra _Antigüedad de la navegación por el Océano_, que "es evidente el
aserto de que los Cartagineses fundaron colonias en América."

       *       *       *       *       *

Gilberto Genebrardo, en el lib. I de su _Chronologia_, pág. 162,
asevera que: "En la isla de San Miguel, una de las del archipiélago
de los Azores, se hallaron sepulcros debajo de tierra con letras
hebreas muy antiguas;" á lo que agrega, y con él algunos historiadores
posteriores, que "los Americanos proceden de los Hebreos de las
diez tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar, rey de
Asiria[46], los que se dirigieron primero á la China y de allí, por
mar, á las costas de otro Continente, por el estrecho que separa la
China del reino de Annián, pasando en seguida al reino de Quivirá, y
poblando así México, Panamá, Perú é islas de Barlovento ó Hespérides."
Los autores que sostienen ese parecer se fundan en el pasaje del cap.
XIII, vers. 4 á 49 del lib. IV de _Esdras ó de los Reyes_[47], que al
hablar de las tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar,
dice: "Ellas tuvieron entre sí el acuerdo y determinación de dejar
la multitud de los gentiles y de pasarse á otra región más apartada,
donde nunca habitó el Género Humano, para guardar siquiera allí su
ley, la cual no habían guardado en su tierra;" de cuyas palabras
coligen algunos autores antiguos, como Plaucio, en su _Mapa Mundi_,
Alangren, en su _Globo_, y Hornio, en su _Origen de los Americanos_,
que estas diez tribus hicieron el viaje por el derrotero indicado y
fueron á poblar la América. También esos mismos autores se fundan en la
semejanza del carácter y costumbres de los Hebreos é Indios, pues tanto
los unos como los otros, dicen, son inconstantes, desleales, ingratos,
tímidos, medrosos, incrédulos, supersticiosos y poco caritativos;
las costumbres de los unos, agregan, de enterrarse en los montes,
sacrificar niños á sus dioses é ídolos, abstenerse de comer carne de
puerco, untarse de aceites aromáticos, celebrar ciertas fiestas y
observar algunas leyes, son idénticas á las de los otros; y, por fin,
algunos vocablos son iguales, tanto en la lengua hebrea como en algunas
de los indígenas.

A esto agrega el P. Hennequin, en su _Descripción de la Luisiana_
(París, 1688): "No se puede dudar que los indios son originarios de los
Judíos, pues tienen con ellos ciertas analogías, como construir sus
cabañas en pabellones, untarse de aceite, creer con superstición en
sueños, enterrar sus muertos con horribles lamentaciones, llevar las
mujeres el duelo de sus parientes durante un año entero, absteniéndose
de danzas y festines, y creer, como los Judíos, que están maldecidos de
Dios."

La secta de los Mormones, en los Estados Unidos de Norte América,
creen, también, que los aborígenes de América descienden de Hebreos.

Es evidente que las tribus de Cashivos, Sitibos, Piros y Shipibos de
las márgenes del Ucayali, practican, como los Judíos, la circuncisión,
como también los Salivas, Guaúros, Otomaques y Calchaquis de la América
del Sur, y los Mayas de Yucatán.

       *       *       *       *       *

Diodoro de Sicilia, en su _Biblioteca Histórica_ y Lactancio Firmano,
en sus _Instituciones divinas_, refieren que en el sepulcro de Osiris
se encontró un epitafio, en el que se lee que su imperio llegó á los
confines de las Indias Oriental y Occidental, de cuyo hecho algunos
historiadores posteriores han hecho remontar el origen de los Indios
á la fundación del reino de Iberia, en tiempo de Osiris, época que,
según alegan, comenzaron á venir á América, por la isla Atlántida,
muchos Iberos. Y para apoyar sus opiniones con fundamentos sólidos,
dicen que en aquellos tiempos se acostumbraba poner á los lugares de
América los nombres de los reyes Iberos, sacando, en consecuencia,
que del rey Brigo, cuarto de Iberia, hubieron muchos lugares como
Lacobriga, Mirobriga, Volubriga, Augustobriga, Flaviobriga y otros;
del rey Gorgor, se puso su nombre á un pueblo cerca de Huancavelica,
en el Perú; del rey Hespero, se denominaron las islas Hespérides ó de
Barlovento, según lo asevera Ambrosio Calepino en su _Thesaurus Lingua
Latinam_, diciendo: "Las Hespérides se llamaron así, del nombre de
Hespero, hermano de Atlante."

Pero el autor que más se empeña en hacer descender los Americanos de
la raza ibérica, es el erudito Dr. Diego Andrés Rocha, Oidor de la
Real Audiencia de Lima, y autor de un _Tratado único y singular del
Origen de los Indios del Perú, México, Santa Fe y Chile_, quien,
después de analizar las opiniones emitidas por varios escritores sobre
el origen de los Indios, desarrolla su modo de pensar á este respecto,
sosteniendo que los primitivos Iberos, de la época de Osiris, Tubal,
Hespero y otros reyes, fueron los primeros habitantes del Continente
Americano, fundándose en la analogía de las costumbres de éstos con
los Indios de América; en las armas y usos de la guerra de aquellos
con éstos; en la concordancia de muchos lugares, ríos, montes y aún
vocablos de ambos pueblos, y en la mayor vecindad de la Iberia con la
isla Atlántida. Para sostener su teoría, el Dr. Rocha, hace una larga
disertación, apelando al testimonio de más de setenta autores, entre
antiguos y modernos, de su tiempo, pretendiendo probar con ello que la
conclusión que sostiene, de ser los Iberos los primeros que poblaron la
América, es la opinión que debe prevalecer.

Otros autores, sin remontarse á una época tan remota como la citada por
los anteriores, sostienen, también, que los Españoles, mucho tiempo
antes del descubrimiento de Colón, aportaron á las playas de América.
Uno de ellos, el Dr. Juan de Solórzano Pereyra, en el tomo I, lib. I,
cap. V, N^{o} 9 de su _Política Indiana_, pág. 17, dice: "No quiero pasar
en silencio lo que trae Gomara y otros, de los Españoles que, huyendo
de la guerra y servidumbre de los Moros, en tiempo del rey Don Rodrigo,
se embarcaron en el Océano y aportaron á las provincias de Cozumel y
Yucatán; y viviendo y muriendo en ellas, pusieron sobre sus sepulcros,
y en otras partes, cruces, que se las enseñaron á reverenciar á los
Indios, las cuales se hallaron allí por los nuestros, cuando se
descubrieron estas provincias." A lo que agrega el sabio José Eusebio
de Llano Zapata, en sus _Memorias Histórico-Físicas, Apologéticas de
la América Meridional_, pág. 520: "Es muy creíble lo que afirman los
alegados autores, que huyendo de la opresión de los Moros, aportaron
á aquellas tierras; y aunque se dice que la navegación se hizo á
Cozumel y Yucatán, que es la parte septentrional de nuestras Indias,
hay evidencia más que probable que algunos de los Españoles que allí
aportaron, penetraron en las tierras meridionales, hasta la metrópoli
del Collao."

Parece ser un hecho innegable, que en los túmulos de Grave-Creek, en
Virginia, se ha encontrado una piedra con una inscripción en caracteres
alfabéticos, de gran interés etnográfico, que, según Jomard, era
ibérica, lo que se presta á creer que los Iberos fueron, quizá, unos de
los primeros pobladores de América.

Sin embargo, el P. Román y Zamora, fraile agustino, en sus _Repúblicas
de Indias_, alega que "es otro desatino suponer que los Indios de
América son de origen español, sólo por haber algunas analogías entre
ciertos vocablos quechuas y otros castellanos.

       *       *       *       *       *

Algunos otros escritores opinan que los Americanos descienden de los
Griegos, fundándose en que habiendo tenido los Atenienses guerra con
los Atlantes, tuvieron noticias de las islas Hespérides y de la Tierra
Firme de América, y fueron á esas comarcas, siendo los Griegos el
pueblo que primero tuvo conocimiento de la navegación después de los
nietos de Noé. También apoyan sus opiniones en que en algunos lugares
de América, según refiere el P. Fr. Gregorio García, en su _Origen de
los Indios_, pág. 189, se han encontrado inscripciones griegas trazadas
en peñas, como cerca de Loja, en el Ecuador, donde hay una piedra alta
en la que están esculpidos cuatro renglones, cada uno de vara y media
de largo, cuyas letras parecen griegas; cerca de Huamanga, á orillas
del río Vinaque, en el Perú, según lo indica Cieza de León, en su
_Crónica del Perú_, cap. LXXXVII, pág. 160, se encontró una loza que
tenía ciertas letras parecidas á las griegas; en unos pueblos de la
provincia de Chiapa, en México, según el mismo P. García, en su obra
citada, pág. 190, existen unos antiguos edificios, en cuyos pilares hay
trazadas letras que también parecen griegas. Igualmente, estos autores
se fundan en las analogías de ciertos vocablos griegos con los de
algunos lugares indígenas, habladas en México, Guatemala y el Perú.

       *       *       *       *       *

Otros autores conjeturan que los Indios de América son originarios
de los Fenicios, fundándose en la opinión de Aristóteles, que en su
libro _Mirabilibus Auscultationibus_, lib. II, cap. IV, dice: "Unos
Fenicios navegaron cuatro días hacia el occidente, con el viento
oeste, y aportaron á unas islas incultas que estaban en continuo
movimiento, subiéndolas y cubriéndolas el mar, dejando en seco
gran cantidad de atunes, que comerciaban trayéndolos salados, con
ganancia considerable;" islas que se cree sean las del archipiélago
de los Azores; opinando algunos que de allí pasaron á las islas
Hespérides y después á Tierra Firme de América, viaje, que, según
cálculos, efectuaron los Fenicios en la Olimpiada 110, pues al decir
de Dionisio Halicarnaso, en su _Vita Aristoteles_, Aristóteles nació
en la Olimpiada 99 de la Creación del Mundo (3670, ó sean, 1293 años
antes de J. C.) De este viaje discurren varios autores, entre ellos
Juan de Solórzano, en su _Política Indiana_, lib. I, cap. V, fol.
20, que unos de los primeros pobladores de América fueron Fenicios,
fundándose, igualmente, en la semejanza de las costumbres y ceremonias
de éstos y de aquellos. Además, invocan dichos autores, en apoyo de
su aserto, que á los Fenicios se les atribuye ser los primeros en el
arte de la navegación, en dar batallas marítimas, en someter á los
pueblos sus vecinos, como dice el historiador judío, Claudio Josefo,
en su _Autobiographia_; el geógrafo prusiano, Felipe Cluvier, en su
_Universam Geographiam_, y el religioso servita, Felipe Ferrari, en su
_Lexicon Geographiam_.

Además, la opinión de los autores citados se funda también en la
semejanza de lengua, religión y costumbres de los Fenicios con las de
los Indios americanos, pues muchas voces de la lengua fenicia (que es
la hebrea antigua y que después fué dialecto de ésta), son iguales en
significado que la de los Indios. Los Fenicios, como los Americanos,
practicaban, dicen, la circuncisión; y la idolatría de unos y otros
en sacrificar niños y mujeres, se observaba en ambas razas, pues,
según el P. Cogolludo, en su _Historia de Yucatán_, lib. IX, cap. 403:
"Por singular diré un modo de sacrificar que tienen (los de Yucatán)
semejante al que se hacía al ídolo Moloch (de los Fenicios), que
siendo de bronce ó metal, de hechura de un hombre hueco y abierto por
la espalda, tendidos los brazos, ponían en ellos la miserable víctima
racional que sacrificaban, y dándola fuego, quedaba allí abrasada."
"¿Quién pudo llevar á Yucatán sacrificio tan particular, añade el P.
Fr. Gregorio García, en su _Origen de los Indios_, lib. IV, parágrafo
VII, pág. 236, sino los mismos Fenicios que poblaron á Nueva España?"
agregando "que no sólo sacrificaban los enemigos, sino que estos
sacrificios eran en tan gran número, que de los sacrificados podía
volverse á poblar el Nuevo Mundo."

Posteriormente, el Dr. Amend, en su obra _Los Fenicios descubridores
de América_, para sostener su opinión de ser éstos originarios de
los Indios Americanos, dice, también, que las creencias religiosas
de los Aztecas guardan una extraordinaria semejanza con las de los
Fenicios, pues adoraban un ídolo medio hombre, medio animal, al que
ofrecían en abundancia sacrificios humanos, y era análogo al Baal ó
Moloch de los Fenicios." Además, agrega este autor, por las tradiciones
de los Aztecas sobre su origen y los monumentos pictóricos que han
escapado del furor de destrucción de los Españoles, se colije que la
civilización primitiva de la América Central procede del Yucatán y
de los distritos vecinos. Al efecto, dice, es tradición que mil años
antes de la era cristiana, Votán y su pueblo vinieron del oeste en
siete embarcaciones; que en la costa americana, desde el Estrecho de
Darién hasta California, encontraron habitantes sumidos en la mayor
abyección; que Votán hizo cuatro viajes á su país y que en uno de ellos
visitó la ciudad de las tres serpientes (Benares, sobre el Ganges) y
las ruinas de la Torre de Babel; que después de estos cuatro viajes se
estableció en la América Central, fundando allí la ciudad de Palenque,
que es la más antigua de América, siendo por consiguiente Votán el
primer legislador americano. El Dr. Amend deduce de allí la conformidad
entre el arte arquitectónico de los Aztecas y de los Fenicios ó sea
el arte egipcio (siendo los Fenicios el único pueblo que en aquellos
tiempos pudo residir en Egipto). Empero, los ornamentos arquitectónicos
de los monumentos de Centro América y México guardan cierta analogía
con los de los Asirios, Persas, Griegos y Egipcios, debido, según
opinión del Dr. Amend, á que los Fenicios por su comercio entraron
en relaciones con estos pueblos, apropiándose de un gran número de
estilos para su arte y arquitectura, y por eso, dice, se hallan, sobre
todo en México, donde más claramente se presentan las señales de la
civilización fenicia: esas combinaciones de ornamentos empleados por
los Fenicios, proceden del arte de aquellos diversos pueblos. Después
de estas conjeturas, concluye el Dr. Amend diciendo que los Aztecas
(con cuyo nombre designa en general á los habitantes de la América
Central y México), son productos de la civilización fenicia, pues cree
que los buques de éstos, tanto por su tamaño y construcción, cuanto por
su tripulación, eran capaces de emprender tales expediciones, y que
las familias transportadas en esos buques eran bastante numerosas para
poblar las islas del mar del Sur, así como una parte del Continente
americano, para ejercer una influencia entre los abyectos aborígenes
del país.

Sobre este mismo punto, el Dr. Pablo Félix Cabrera, de Guatemala,
publicó en Londres, en 1822, un _Examen Crítico de la Historia de
América_, en el que afirma que todos los que desde principios del siglo
XIX han escrito sobre el origen de los Americanos, deben acusarse de
negligentes, por haber pasado en silencio la «Constitución Diocesana
del Obispo de Chiapa,» Dr. Francisco de Vega, impresa en Roma, en 1702,
en la que este prelado hace referencia á un pequeño tratado histórico
escrito en lengua índica por Votán, señor de Tapanahuasec, el que vió
la gran casa (probablemente la Torre de Babel), que se elevaba desde
la Tierra hasta el Cielo. Según tradición de los Indios, los preciosos
documentos de su historia fueron colocados por el mismo Votán en la
Casa Lóbrega ó subterránea construida por él, confiando su custodia
á una mujer distinguida y á cierto número de indios plebeyos que
debían ser designados anualmente á este efecto: sus órdenes fueron
respetuosamente observadas durante varios siglos por los habitantes
de Tacoaloya, en la provincia de Soconuzco; documentos que fueron
destruídos por el Obispo Vega, cuando este prelado hizo su visita
episcopal á Tacoaloya, en 1691[48].

En fin, parece haber evidencia que los Fenicios visitaron el Continente
del Nuevo Mundo en tiempos remotos, pues el sabio Humboldt refiere
que un misionero franciscano encontró en una caverna de la orilla
occidental del Cauca, cerca de Uruana, una roca de granito que tenía
esculpidos caracteres semejantes al alfabeto fenicio, caracteres que
han confirmado, en parte, la probabilidad de que los Fenicios hayan
sido unos de los primeros pobladores de esta sección de América.

También en la embocadura del río Tantón, en Massachussetts, se encontró
otra roca con caracteres fenicios. En 1873, se halló en el Brasil otra
piedra con una inscripción fenicia en ocho renglones, que, según su
traducción, inducen á creer que en el reinado de Hiram, una expedición
de Fenicios de Sidonia salió del puerto de Aziongabar (hoy Akaba), en
el Mar Rojo, la que navegó durante doce meses lunares á lo largo de
la costa de Egipto, y que, extraviada de su derrotero por un fuerte
temporal, aportó á las costas del Nuevo Continente. Esa piedra con esa
inscripción fenicia, es, se dice, una de las más antiguas y la más
notable constancia de que los Fenicios ocuparon, primero, las regiones
orientales, y pasaron de allí á las regiones occidentales de América.

       *       *       *       *       *

No han faltado autores entre ellos Kircher, en su _Œdipus Ægiptiacus_
que hayan alegado que los Egipcios sacaron de su tierra numerosas
colonias con las que poblaron la China, el Japón y las Indias
Occidentales, pues, dicen, eran muy diestros en la navegación y hábiles
en las guerras navales: agregan que los indios mexicanos no solamente
heredaron sus costumbres, sino que se asemejaban en sus prácticas,
observando que la división del tiempo era semejante en unos y otros,
pues partían el año en dieziocho meses, cada uno de veinte días ó sean
trescientos setenta al año, dejando cinco días fuera de él, que los
Mexicanos denominaban _Nemontemi_ y los Egipcios _Nisi_ ó _Epagomenos_.
En las pirámides de ambas razas, dicen también, se reconoce igualmente
semejanza, porque si los reyes de Egipto las fabricaban con tanto
gusto y solidez, en Teotihuacan de México, existen también algunas que
tienen más de sesenta varas de ancho y ciento cincuenta de alto, en
cuyas cimas colocaban los Indios las imágenes del Sol y la Luna, junto
á las cuales hay otras pequeñas en que se enterraban los caciques;
pirámides que, según opinión del insigne cosmógrafo mexicano Carlos de
Sigüenza[49], en su obra _Mercurius volans et novum Mexicam restauratum
præ se ferens_, deben haber sido hechas algunos siglos después del
Diluvio Universal. Igual semejanza, dicen los mismos autores, se nota
entre los laberintos de Tezcuco en México y el de Heracleópolis en
Egipto; y también traen á colación la similitud en la superstición é
idolatría de unos y otros, pues que ambos adoraban el Sol, la Luna,
las estrellas y los animales; como asimismo los dos pueblos usaban la
poligamía y creían en la trasmigración de las almas.

Por otro lado, el abate Brasseur de Bourbourg y últimamente Mr. Jorge
Meikleyson, afirman que las ruinas de los antiguos monumentos de
Yucatán tienen mucha semejanza en su arquitectura con los antiguos
monumentos de Egipto, á excepción de los geroglíficos, que en ambos
países no guardan ninguna analogía. También, según estos últimos
autores, en los idiomas egipcio y mexicano existen ciertas analogías
lingüísticas. Empero, nada se puede confirmar al respecto, mientras
un futuro Champillión no descubra la llave de los geroglíficos que se
ostentaban en las antiquísimas murallas de los monumentos de México
y de la América Central. Otros autores opinan, que tanto en los
geroglíficos de los monumentos egipcios, cuanto en el antiguo idioma
griego, se hallan muchas voces quechuas, como lo confirma el egiptólogo
Bunsen en su obra _Misión del Egipto en la historia del Mundo_, y con
él otros sabios, lo que induciría á creer que los Mexicanos fueron
descendientes de los Egipcios.

       *       *       *       *       *

Otra versión es, que los Troyanos, por los años 2806 de la Creación
del Mundo, ó sea 2164 años antes de la era de Cristo, navegaron á las
Indias Occidentales y poblaron aquellas comarcas, pues así lo asevera
el P. Simón de Vasconcelos en su _Noticia del Brasil_, libro X, N^{o}
90, diciendo: "Otros dijeron que estos primeros pobladores fueron de
naciones Troyanas y compañeros de Eneas, que, después de derrotados por
los Griegos, en la famosa destrucción de Troya, se dividieron, buscando
tierras en que habitasen, como hombres avergonzados del mundo y del
suceso de las armas, algunos de los cuales se engolfaron en el largo
Océano y pasaron á las partes de América." Vasconcelos, para sostener
ese fundamento, se apoya en un pasaje del lib. III, de la _Eneida_
de Virgilio, que al referirse al sitio de Troya, dice que después de
la destrucción de esa antigua ciudad, "los Troyanos se dispersaron,
peregrinando por varias tierras lejanas y desiertas."

       *       *       *       *       *

Los Chinos, por su parte, conservan tradición de ser progenitores de
los Indios Orientales y Occidentales, y que ellos, en unión de los
Tártaros, Japoneses y Coreanos, atravesaron el estrecho marítimo de
Annián, vinieron en seguida por tierra al reino de Quivirá y poblaron
México, Panamá, Perú y las demás provincias y reinos de las Indias
Occidentales. A este respecto, Bartolomé Leonardo de Argensola en
su _Historia de la Conquista de las Molucas_, lib. I, fols. 11 y 12,
asevera lo mismo y se funda para ello en la coincidencia de tener los
Chinos é Indios el mismo color, flojedad, superstición y poca caridad.
En conformidad con lo referido, se citan nombres de pueblos del Perú,
México y otras partes de América, iguales á los de poblaciones de la
China, del Japón y de Corea. Otras razones alegan algunos escritores
para suponer que los Indios de América descienden de los Chinos y
Tártaros, y es, á más de la conformidad de color, la semejanza de las
facciones y disposición del cuerpo, el usar las trenzas del pelo, el
aplastarse la cabeza los Conibos y los pies los Chinos, el canto de los
Campas idéntico en el tono al de los Chinos; los dibujos de los Indios
representando letras chinas; los muchos vocablos idénticos en el idioma
de los aborígenes á los de los Chinos y que expresan la misma idea;
como también ciertas costumbres y creencias, como adorar al Sol por
Dios, reconocer un Dios superior á las otras divinidades, contar los
meses por lunaciones, sepultarse con sus criados y riquezas, juzgando
que hacían un viaje á la otra vida, y algunos otros usos y costumbres,
semejantes entre ambas razas.

Autorizados autores sostienen, también, el hecho de ser los Chinos los
progenitores de los Indios de América. Mr. Alejandro Darley, sacerdote
que ha pasado muchos años realizando investigaciones históricas en
Oriente, dice que el Continente de la América del Norte lo descubrió
(diezisiete siglos antes de emprender Colón su descubrimiento) un
marino de la China, llamado Hi-Li, el que desembarcó en la costa del
Pacífico, el día 10 de Junio del año 207, antes de Cristo, cerca del
punto donde hoy se alza la ciudad de Monterrey en California. Es
tradición que el capitán Hi-Li volvió á su país con la noticia del
descubrimiento que había efectuado, y, durante más de cien años, los
barcos hicieron innumerables expediciones á la costa del Pacífico, sin
intentar siquiera colonizar el nuevo país, y al fin suspendieron sus
expediciones.

En apoyo del tiempo remotísimo en que los Chinos abordaron las playas
de América, es notable el hecho del hallazgo que, últimamente, se ha
hecho en las costas de Alasca, de una moneda acuñada hace más de mil
años en el Celeste Imperio, la que posee, junto con otras monedas
orientales, el que fué cónsul chino en Washington[50]. En la misma
región hallaron los indios una antiquísima tumba en la que se lee en
caracteres chinos, el nombre de Li-Lei-Lau. Además, se han encontrado
otras reliquias que demuestran, de un modo evidente, que los Chinos
vivieron en Alasca, muchos años antes de la Era Cristiana.

Cerca de San Miguel Amantla, en México, se descubrió recientemente una
figura ó estatuita de tierra cocida, de unas siete pulgadas de alto,
representando un chino, con ojos oblícuos, pantalón bombado y vestidos
amplios, con grandes aros en las orejas, y en la cabeza el casquete con
un botón en el medio, tal como lo llevan los mandarines. Junto á esa
estatuita, que se calcula tenía ya más de 1500 años de enterrada allí,
se halló el esqueleto de un hombre que representaba el tipo mongol, y
que conservaba aún, al rededor del cuello, un collar de bolitas de una
masa verde que jamás se encontró en México. Estos y otros hallazgos
parecen comprobar que la antigua civilización de la América del Norte
fué de origen chino ó mongol.

Algunos sabios del Celeste Imperio suponen, también, que los Indios
de Norte América descienden de los tripulantes de algún barco chino,
que hace más de veinte siglos fué arrojado por los temporales á las
costas norte-americanas, y que, no pudiendo regresar á su país, se
establecieron en aquella región, donde fueron extendiéndose.

Y, para corroborar aún más la existencia de Chinos en el suelo
americano, en tiempos remotísimos, el Encargado de Negocios de China
en México, Tun-Pul-Shun, hombre erudito y de vastos conocimientos en
materia de antigüedades, ha manifestado, con pruebas abrumadoras,
ante los miembros del Congreso de Americanistas, reunido en México,
en 1910, que en las ruinas de San Juan Teotahuacan observó, con gran
sorpresa, en uno de los artefactos desenterrados, una inscripción de
uso corriente en su patria; artefacto que enseñó á los mismos miembros
de ese Congreso, opinando que México fué en parte descubierto por sus
paisanos. Y para afirmar más la veracidad de su dicho, Tun-Pul-Shun
explicó que, efectivamente, es tradición en China, que en tiempo del
reinado de Chun-Shi-Woo, una expedición compuesta de tres mil personas,
entre las que iban bellísimas mujeres, salió á órdenes de un eminente
sabio, de Pekin, á descubrir é invadir el Japón. Dicha expedición se
hizo á la mar en pequeños bajeles, de los que nunca se volvío á tener
noticias. Trascurrido algún tiempo, se descubrió la tumba del caudillo
expedicionario en tierras japonesas, pero no se encontró indicios del
resto de los tripulantes, creyéndose que algunos barcos hayan sido
arrastrados á costas mexicanas, en donde desembarcaron, mezclándose con
indios Toltecos, á quienes legaron sus costumbres y creencias.

El sabio barón Alejandro de Humboldt, en su obra titulada _Monumentos
de América_, dice: "Por poco que se reflexione sobre la época de las
primeras emigraciones Toltecas, sobre las instituciones monásticas, los
ritos del culto, el calendario, la forma de los monumentos de Cholula,
Sogomoso y Cuzco, se infiere que no fué del norte de Europa de donde
los Quetzalcoath[51], Bochica[52] y Manco Capác[53] han sacado el
código de sus leyes: todo parece conducirnos mas bien hacia el Asia
y á los pueblos que han tenido contacto con los Tibetinos, Tártaros,
Samnistas y Ainos barbudos de las islas de Fesso y Sachalin." El mismo
Humboldt, agrega, que analogías en la conformación de la cabeza, como
también analogías del idioma, hacen presumir que individuos de la raza
china arribaron á la costa nordeste de América, y de allí al sud y al
este de los ríos Gila y Missouri, no siendo extraño encontrar, entre
los pueblos americanos, ídolos y monumentos arquitectónicos de un
mismo carácter geroglífico, una noción exacta de la duración del año
y algunas tradiciones referentes al primitivo estado del Mundo, que
recuerdan los conocimientos, las artes y las opiniones religiosas de
los pueblos asiáticos.

Juan Ranking, en su libro _Conquistas del Perú, México, Bogotá,
Natchez y Tolomeca por los Mongoles_, para probar, á su juicio, que
los Indios americanos descienden de raza asiática, dice: "Timoudgyn,
hijo de Pikoutaï, jefe de una tribu de los Mongoles[54] residentes á
las orillas del lago Baikal, en Siberia, fué proclamado _Gran Khan_,
con el título de Genghis, el año 1205. Antes de la muerte de su nieto
Kublai, el continente de Asia fué casi subyugado: la Europa se puso en
consternación; el Japón fué invadido, y por los efectos de un temporal,
el Perú y México fueron destinados para recibir á los generales y
tropas que escaparon de esa poderosa expedición. Cuando estos Mongoles
llegaron á América, la encontraron en un estado de completa ignorancia;
pero, repentinamente, se fundaron dos imperios con la pompa, ceremonias
y grandezas de los soberanos asiáticos: la arquitectura, que compite
con los admirables trabajos de los Romanos; la elegancia de las obras
de los plateros, que sorprenden aún á la vista de las más delicadas
de los Europeos; el orden, la justicia, subordinación, leyes,
instituciones civiles y militares, religión y costumbres, son tan
idénticas á las de la familia Tschingis-Khan, que no puede dudarse
por un momento su descendencia." El mismo autor, en un rapto de
extravagante desvarío, agrega que "Manco-Capác[55] fué hijo del gran
Khan-Kublai, que gobernó los Mongoles hasta el año 1257, y murió en el
sitio de Hochen, en China, y por consiguiente nieto de Tschingis-Khan;
que el abuelo de Montezuma fué un noble Mongol de Tangut." Ranking,
pretende, además, fijar el origen de los Toltecos y Guatemaltecos, por
las emigraciones tártaras que han tenido lugar hacia mediados del siglo
vi, opinión que también es sostenida por Humboldt.

Mariano Eduardo de Rivero, en su _Estudio general de América_, y junto
con él otros historiadores, opinan "que á consecuencia de las guerras
entre los Brahmanes y Budhistas, que terminó con la expulsión de estos
últimos al norte de Asia, una parte pasó el estrecho de Behring, y
fueron esos los jefes que fundaron les imperios de América." Tchudi
y Ribero, en sus _Antigüedades Peruanas_, dicen también "No admite
duda que Quetzalcolt, Bochica, Manco-Capác y demás reformadores de la
América Septentrional, Central y Meridional, eran sacerdotes budhistas
que por su doctrina superior y civilizatriz, consiguieron señorear
los ánimos de los indígenas y elevarse á la supremacia política." Al
aceptar, á este respecto, la apreciación de Humboldt, Ranking, Tschudi
y demás escritores, de presumir es, que el número de esos invasores
haya sido muy considerable[56].

El anticuario inglés Mr. Brerewood pretende también que la América ha
sido poblada originariamente por pueblos tártaros.

Mr. de Guignes, que ha compulsado los anales del Celeste Imperio,
asegura que los Chinos comerciaban con América hacia el año 458 de
la era actual, y que remontaron hasta la costa frente al Kamtchatka,
siendo positivo que los Chinos poseían, en aquella época, flotas
capaces de arribar á las Indias Occidentales.

Vásquez de Coronado, en su expedición (1539) vió en las costas de
México, cuatro navíos con proas adornadas de oro y plata, cuyos
capitanes le dijeron que acababan de navegar treinta días en viaje de
la China.

Según Pedro Menéndez de Avilés, hallóse en las costas del Mar del Norte
los cascos de varios bajeles chinos, y también se asegura que en el
puerto de Guatusco, en México, se vió negociantes vestidos de seda,
que se supone eran Chinos. Notable es, dice este último autor, que el
hermoso monumento piramidal de los alrededores de Guatusco, llamado el
«Castillo,» es uno de los que tiene más semejanza con la arquitectura
china.

En fin, muchos autores creen que el Asia septentrional ha poblado el
norte de la América.

Tocante á las lenguas, se asevera que el dialecto de los indios Mohawks
es casi semejante en un todo al idioma tártaro.

Mr. Duponceau, en una disertación latina escrita por un sabio Mexicano
sobre las lenguas indígenas de Anahuac, prueba la grande analogía de
estas lenguas con el idioma chino, principalmente la Otomi, que no
solamente tiene similitudes de palabras, sino similitudes gramaticales,
cuyas formas de construcción son las mismas que el idioma chino; lo que
prueba, dice este autor, la comunicación más ó menos directa que ha
habido entre los Chinos y los Anahuacos.

En los tiempos más cercanos á nosotros, algunas otras relaciones entre
la América y los Chinos ó Mongoles han sido señaladas.

No solamente los autores citados, sino la mayoría de los historiadores,
atribuyen á los asiáticos el mérito de haber introducido la
civilización primitiva en América, trazando, al efecto, muchos
paralelos entre éstos y las primeras razas del Continente Americano,
en sus tradiciones, costumbres, y, sobre todo, en la similitud de sus
rasgos fisionómicos.

       *       *       *       *       *

La opinión de algunos autores antiguos y modernos al origen de los
Indios Americanos, es que éstos proceden del linaje de Ophir, nieto de
Heber é hijo de Lactan, quien pobló á México y al Perú, á cuyo efecto,
dicen, que Ophir, de la quinta generación de la rama de Noé, pobló
las costas del Océano de la India Oriental, pasando, después, estos
pobladores á las Indias Occidentales, para extenderse por México,
Centro América y todo el Perú hasta el estrecho de Magallanes. Los
autores que sostienen esta opinión, son Benito Arias Montano, en el
tom. VI de su libro _Phalesus_, pág. 99; Gilberto Genebrardo, en el
lib. I de su _Chronologia_, págs. 15 y 118; Hornio, en su obra _De
Origen Americanum_, cap. II, fols. 16 y 17; Antonio Bosio, en el lib.
II, cap. III de su _Signis Ecclesiastes_; Pomario, en su _Lexicon_;
Posevino, en el libro II, cap. V de su _Bibliotheca_; el P. Manuel
de Sá, jesuita, en el tom. III de su _Regum_; el P. Maluenda, en el
lib. III, cap. XIX de su _Anticristo_; Joao de Pineda, en su obra
_De Rebus Salomonis_; y Montesinos, en sus _Memorias Antiguas del
Perú_; los que afirman que en tiempo de Salomón se designaba con el
nombre de Ophir los dos reinos de México y el Perú, y que después de
pasado algún tiempo se traspusieron las letras, y de Ophir se compuso
Piro[57]. Además, Arias Montano, autor también de la _Biblia Regia_ y
hombre muy versado en idiomas, dice en su obra ya citada, que "ambas
regiones (México y Perú) se llamaban Piruaim ó Peruaim, que en latín
quiere decir _Duplex Piru_ y en español región que es dos veces Perú,
ó sea que ambas regiones tuvieron el mismo nombre Perú." En apoyo de lo
aseverado por Montano, el P. Fr. Gregorio García en su obra _Origen de
los Indios_, lib. IV, cap. VI, parágrafo 3, pág. 140, dice: "Hallamos
en la _Escritura Divina_ una grandísima conjetura para creer que el
nombre de Piru fué muy antiguo apellido, no sólo del reino del Perú,
sino también de la Nueva España, porque en el _Paralipomenon_ lib. I,
cap. 3, se dice que Salomón cubrió el templo con láminas de oro muy
fino, el cual oro se dice en hebreo _aurum peruaim_, que quiere decir
claramente oro de la Tierra llamada dos veces Piru, porque aquella
terminación _ain_ es número dual en la gramática hebrea, lo cual cuadra
y conviene á las dos regiones de este Piru y México, y así donde la
_Vulgata_ dice, en el _Libro del Paralipomenon: Porro autem aurum
erat probatissimum_, traslada San Spagnino _Aurum autem erat ex locu
Parvaim_; Vatablo pone _Aurum vero erat ex auru Parvaim_; Arias Montano
lee _Et aurum erat ex locu Parvaim_; Cayetano lee _Et aurum, aurum
Parvaim_; por lo cual Vatablo, Arias Montano y Genebrardo convienen en
que _Parvaim_ es el Perú y Nueva España.

Otros autores, para sostener que el Perú fué el Ophir de Salomón,
señalan aún los límites de esa región, y dicen que se hallaba situada
entre los territorios colombianos y brasileños, por las montañas
de Popayán y Cundinamarca, hasta el lago Yumaguari, cuyas aguas
alimentaban á uno de los afluentes del río Orinoco; de otro lado,
por el río Ikiari, hasta el cerro aurífero donde nace este río; y en
el último costado, por el río Yapurá. En la región superior del río
Amazonas, dicen, se encontraba plata y otros objetos preciosos que las
naves de Salomón conducían á Joppe (Jaffa) con destino á Jerusalem.
Fué esta región superior la que recibió el nombre de Tarsdchisch
(vocablo quechua), pues _Tar_ es descubrir y _chichiy_ es oro nativo ó
en polvo. Luego, según Onffroy de Torón[58], Tarsdchisch es: el lugar
donde se descubre y recoje el oro nativo ó en polvo. Dice la _Biblia_,
que para dirigirse á Tarsdchisch el profeta Jonás, se embarcaba en
Joppe, haciendo el viaje por el Atlántico. "En el mar (vers. 22, cap.
X del _Libro de los Reyes_), había para Salomón una flota: cada tres
años venían los navíos de Tarsdchisch trayendo oro, plata, marfil[59],
monos y pavos reales," versión confirmada en el libro II, cap IX,
vers. 21 de los _Paralipomenos_: "Los navíos iban de Tarsdchisch, para
el rey Salomón, con los siervos de Hiram: Una vez cada tres años
venían los navíos de Tarsdchisch."--En el cap. IX del _Libro I de
Los Reyes_, se dice que en cada viaje á Ophir traían los navíos de
Salomón "cuatrocientos talentos de oro"[60]; y en el cap. IX, vers.
10 del _Libro II de los Paralipomenos_ se dice: "Los siervos de Hiram
y de Salomón traían de Ophir el oro, maderas y piedras preciosas." En
el Libro I, cap. IX, vers. 11 del _Libro de Los Reyes_, se dice: "Y
también la flota de Hiram traía oro de Ophir y gran cantidad de árboles
llamados almug, y piedras preciosas." Tarsdchisch se hallaba al oeste
de Ophir y en la parte más rica de la región amazónica.

Onffroy de Torón juzga también haber descubierto, después de largas
investigaciones, los lugares en que estuvieron ubicados Ophir, Parvaim
y Tarsdchisch, nombres que, según infiere este autor, son tomados del
quechua, como trata de probarlo en seguida. Como en el Libro II de los
_Paralipomenos_, cap. III, vers. IV, se dice: "Salomón adornó su casa
con piedras preciosas y oro que eran de Parvaim," deduce Onffroy de
Torón que Parvaim es una alteración ó corrupción del Paruim, porque
en el antiguo alfabeto latino se confundía la _v_ con la _u_: por
esta razón, en el texto hebreo de la _Biblia_, al referirse al oro de
Paruim se halla escrito Zab-Paruim.": la terminación _im_ que indica
el plural hebreo se agregó á _Paru_, porque en la parte superior del
Amazonas (territorio oriental del Perú) existen dos ríos auríferos, el
Paru y el Apu-Paru ó Rico-Paru, que unen sus aguas á los 10° 30′ de
latitud meridional, para vaciarlas luego en el Ucayali, que es uno de
los ríos que forman el Amazonas: estos dos ríos que llevan el nombre de
Paru, forman precisamente el plural y dan _Paruim_ de los Hebreos. En
este caso, Paruim es uno de los lugares bíblicos designados con toda
exactitud. "Se debe advertir que el Paru y el Apu-Paru, agrega el mismo
autor, nacen en la provincia de Carabaya, que es la más rica de oro en
el Perú."

Sabido es que tanto en México cuanto en el Perú, se encontraba
abundancia de oro y plata, riquísimas maderas y piedras preciosas, de
donde colijen también Vatablo, Montano y Genebrardo, refiriéndose á la
_Biblia_ (_Génesis_, cap. X), que aquellos metales, maderas y piedras
preciosas se sacaban de Ophir ó del Perú para la construcción y adorno
del templo de Salomón[61], pues si se debe atener al texto sagrado,
Salomón mandó construir en Esiongabar, sobre el Mar-Rojo, las naves
destinadas á Ophir, cuya flota era impulsada por expertos pilotos y
marineros que le proporcionó Hiram, rey de Tiro (con el que celebró
alianza) quienes doblaron el Cabo de Buena Esperanza y se unieron
con la flota aliada para dirigirse á Ophir, denominada _Terra Aurea_
(Tierra de Oro).

Juan Goropio en sus _Origenes Antuerpianæ_, y Guillermo Portel en su
_Orbis Concordia_, dice también que Ophir es el Perú, y que los bajeles
de la flota de Salomón trasportaban el oro, maderas y piedras preciosas
del Perú hasta el Istmo de Panamá (en el Pacífico) y que de allá otros
bajeles partían del mismo Istmo (en el Atlántico), haciendo escala
en las islas de Cuba y Santo Domingo, doblando en seguida el Cabo de
Buena-Esperanza y rastreando, en fin, las costas orientales de Africa,
entraban en el Mar-Rojo.

Arias Montano, en su obra ya citada, describe otro itinerario, pues
dice: "Las naves que el rey Salomón mandaba á Ophir en busca de oro,
pasaban por las Molucas, y luego por México para llegar al Perú; y de
vuelta, costeando á Chile, atravesaban el Estrecho de Magallanes, y
doblando el Cabo de Buena-Esperanza, entraban al Mar-Bermejo, empleando
tres años en el viaje."

Para confirmar aún más las opiniones emitidas por los autores
anteriormente citados, el P. Fr. Gregorio García, en el lib. IV,
cap. II de su _Origen de los Indios_, pág. 132, dice: "Salomón fué
sapientísimo, y entre puras criaturas ninguno hubo que supiese tanto
como él, y como tal nos le vende la _Divina Escritura_, y que no
hubo cosa natural, arte ó ciencia, que no la supiese ó conociese, y
consiguientemente, supo la geografía y cosmografía, y con ella lo que
incluían las Indias Occidentales tan llenas de portentosas novedades.
Y así él mismo daría noticia, instrucciones y orden á los pilotos y
marineros, enseñándoles como, por donde y á donde habían de ir con la
flota."

Pero, algunos otros escritores han puesto en duda el viaje de las
flotas de Salomón á Ophir ó Perú y, entre éstos, citaremos tan sólo
dos, que son de bastante crédito. Juan de Solórzano Pereyra se
manifiesta abiertamente en contra de las opiniones de los anteriores
autores, pues en el lib. I, cap. VI de su _Política Indiana_, asevera
que "Salomón no era tan imprudente, que desde Asiongabar, que cae en
el Mar-Rojo, y tenía tan cerca la Arabia y otras provincias de la
India Oriental, había de enviar sus armadas á partes tan remotas y por
mares tan dilatados y poco cursados, para cuya navegación era menester
muchos años." Luego prosigue: "Y así constituyen el Ophir en Sófala ó
en Ormiz, ó lo que es más cierto, en algunas de las ricas provincias
de la India Oriental, y especialmente en su célebre isla que solía
llamar Trapobana ó Sumatra, y hoy se dice Malaca y los reinos del
Pegú[62], sus confines, donde se halla todo lo que se llevaba á Salomón
en grande abundancia, tanto que se solía llamar Terra de Oro ó la
Aurea Chersonese, y su oro se tenía por el más perfecto y de mayores
quilates; de donde el de esta calidad tenía el nombre de Ophirizo, y
de allí corrompido el vocablo, los latinos le llamaban Obrizo." Y por
fin, agrega: "Y no obsta en contrario lo que se ha dicho del nombre
del Perú, que es parecido al de Ophir ó Opiro." El historiador William
Robertson, en su _Historia de América_, lib. I, pág. 9, refiriéndose á
la navegación entre los antiguos, parece estar, también, en contra de
los autores citados, pues dice: "Salomón equipó flotas que, conducidas
por pilotos fenicios, navegaron del Mar-Rojo á Tarsdchisch[63] y á
Ophir[64], que probablemente eran puertos de la India ó del Africa:
estas flotas volvieron tan preciosamente cargadas, que introdujeron
repentinamente la riqueza y la magnificencia en el reino de Israel."

En resumen, Ophir ha dado lugar á varios alegatos sobre su situación:
distintas opiniones hay á este respecto, pues mientras unos la colocan
en Asia, otros la ponen en Africa, y otros en América; dividiéndose
cada una de estas opiniones en varias otras.

Cuanto á Nihusio, Volaterán y otros portugueses, quieren que Ophir sea
Melinda ó Sófala, en la costa de Etiopia, y Concelio pretende que sea
Angola, sobre la costa occidental de Africa.

Aquellos que pretenden que Ophir estaba en América, la colocan en la
isla de Santo Domingo, á la entrada del golfo de México. Genebrardo y
Vatablo son los que la ponen en la isla de Santo Domingo, asegurando
que Cristóbal Colón al descubrir esta isla, en 1492, acostumbraba decir
que había hallado la Ophir de Salomón, porque allí había encontrado oro
en cierta abundancia.

Los que suponen que Ophir se hallaba en Asia, entre otros Francisco
Ribero, Torniel, Adrichomio, Massé y varios otros, la colocan en las
Indias. En apoyo de la opinión de estos autores, citan á Diodoro de
Sicilia y á Filistrato, quienes dicen que en todo tiempo los Etiopes
hacían un gran comercio por mar en las Indias; á Estrabón, que refiere
que los mercaderes de Alejandría enviaban sus mercaderías á las Indias
por el golfo Arábigo; y á Plinio, que asegura que en su tiempo, y
desde algunos siglos antes, se hacía un gran comercio de Egipto á las
Indias por el Mar-Rojo, siendo probable que la flota de Salomón iba á
aquel lado, en cuyas comarcas se encontraban todas las mercaderías que
cargaban los navíos de Salomón.

Samuel Bochart, por su parte, en su _Geografía Sagrada_, (Caen, 1646),
pretende que hay dos Ophires: la una, en la Arabia, donde David hacía
venir una gran cantidad de oro; la otra, en la India, donde Salomón
enviaba su flota, ó sea la Trapobana de los antiguos (hoy isla de
Ceylan), donde hay un puerto llamado Hippor, que los Fenicios llamaban
Ophir.

Massi asegura que Ophir es el Pegú, que tenía ricas minas de oro y
plata; Peresio dice que es Malaca, sobre el estrecho del mismo nombre,
al oriente de la isla de Sumatra; Juan Tzerges es de parecer que es la
misma isla de Sumatra, que tenía minas de oro.

Flavio Josefo[65], y con él otros autores, sostienen que Salomón tenía
dos flotas, una en Aziongabar, que negociaba en las Indias, y la otra
en Tarsdchisch, en las Indias Orientales, opinando algunos que este
Tarsdchisch es el Perú, donde la flota de Salomón llegaba por el Gran
Mar (el Pacífico) y hacía el viaje en tres años.

Por fin, la opinión que ha sido considerada más aceptable por algunos
escritores, sobre la situación de Ophir, es la emitida por Lipenio, que
ha escrito expresamente un _Tratado sobre Ophir_. Se apoya este autor
sobre el dicho de San Gerónimo, que dice, que un nieto de Heber, hijo
de Noé, llamado Ophir, dió su nombre á la parte de la India situada
más allá del Ganges, comprendiendo así bajo el nombre de la "Tierra de
Ophir," no solamente la Chersonese de Oro, que el historiador Josefo
llama "Tierra de Oro" (hoy Malaca), sino también las islas de Java y
Sumatra y los reinos de Siam, del Pegú y de Bengala, comarcas donde
se encontraban todos los efectos que la flota de Salomón llevaba á
Jerusalem, viaje que podía durar tres años, pues los navíos al salir
del Mar-Rojo costeaban la Arabia, la Persia y el Mongol, en seguida
daban vuelta á la península, más allá del golfo de Bengala, tomando
diamantes en Golgonda y géneros preciosos en Pegú, y de allí á Sumatra,
remontando á lo largo de Chersonese de Oro ó Malaca hasta Siam, donde
encontraban no solamente marfil, sino también oro.

       *       *       *       *       *

Varios autores, entre ellos Giraldo Cambrense, en su _Topographia
Historica_, lib. X, cap. II; Antonio de Herrera, en su _Historia
General de los hechos de los Castellanos_, déc. III, lib. X, cap.
X; y La Peyrère, en su _Relación de Islandia_, art. XX, opinan que
los Noruegos y Dinamarqueses, después de haber ocupado la Islandia y
Groenlandia, fueron los primeros que poblaron las Indias, desembarcando
en las costas de México, primero, y extendiéndose, después, hasta el
Istmo de Panamá, allá por el año 820 de la era vulgar. Estos autores
apoyan sus opiniones á este respecto en ciertos usos y costumbres
de los Escandinavos, idénticas á las de los Indios americanos.
Admitiendo esta idea tan sólo en abstracto, es un hecho confirmado por
documentos que posteriormente se han encontrado en Copenhague, que
los Escandinavos atravesaron el Océano y desembarcaron en playas de
América, desde el siglo IX y durante el curso de los siguientes; pero
no por eso se les debe considerar como los primeros pobladores del
suelo americano, como lo suponen los autores citados.

       *       *       *       *       *

El historiador Pedro Sufrido, en su obra _De Frisior Antiquitates_,
impresa en 1698, pretende probar que los Indios de Chile y aún los del
Perú descienden de los Frisios, pueblos germanos que habitaban, según
se cree, la isla de los Bátavos; al efecto, dice que los Frisios,
siendo muy diestros en la navegación, intentaron en el año 1000
recorrer el Océano en descubrimiento de nuevas tierras; "que llegaron
á las islas Orcadas y desde allí á Islandia, y navegando muchos días
penetraron hasta el Polo Norte, de donde fueron arrojados por una
furiosa tempestad hasta una isla distante rodeada de escollos, donde
desembarcaron y hallaron gente escondida en cuevas, y delante de
ellos, gran cantidad de vasos de oro y plata, de que tomaron cuanto
pudieron." Añadiendo la _Crónica de Dinamarca_ "que este país estaba
lleno de riquezas y que es la isla donde Saturno escondió sus tesoros."
Boxhornio, en su _Apologia pro Navigationes_, págs. 258 y 259, sostiene
la opinión de Pedro Sufrido, citando en apoyo de ella un pasaje del
poema de Alonso Ercilla, _La Araucana_, en que este poeta hace aparecer
á Glaura, hija del cacique Quilacura, y á Fresolano, mozo valiente,
como descendientes de sangre de Frisios.

       *       *       *       *       *

Algunos autores, entre ellos Marineo, en su _Rerum Hispanorum_, lib.
XIX, cap. XVI, alega que los Romanos poblaron las Indias cuando este
imperio estaba en su apogeo, ó sea, cuando Roma era dueña y señora
de Europa y de Africa, fundándose en que los moradores de la Isla
Atlántida habían dado, en su tiempo, á los Romanos, noticias de las
Indias; que éstos poblaron sucesivamente las islas de Canarias, las
de Barlovento, la Tierra Firme, México, Perú y demás comarcas de la
América. También se fundan estos autores en las analogías entre Romanos
é Indios, como pintar el rostro de sus divinidades con vermellón; la
superstición de consultar las entrañas de los animales para inquirir
ciertos hechos; contar en sus convites las hazañas de sus mayores. El
convento de las Vestales de Roma, agregan, es igual al de las Vírgenes
del Sol en el Perú y México; el templo del Sol en el Cuzco, semejante
al Panteón de Roma; los grandes caminos y calzadas de los Incas también
parecidos á los de los Romanos, y varios otros usos y costumbres
análogos en ambos pueblos.

La aserción de haber los Romanos pisado el territorio americano en la
época de su apogeo, parece algo acertada, pues se afirma ser un hecho
que posteriormente hallóse en este territorio algunos vestigios de
la existencia, allí, de los Romanos de aquella época; llamando mucho
la atención el que, en las ruinas de Peten, en Guatemala, se haya
encontrado monedas del tiempo de los Romanos y herraduras de caballos
de mayor alzada que los comunes, en las orillas del mar que baña
aquella parte del Continente; existiendo ambos objetos en el Museo
Nacional de Guatemala.

Empero, el hecho de que los Atlánticos dieran noticias á los
Romanos, de la existencia del Continente americano, es de todo punto
inverosimil, porque de haber existido aquella isla, su hundimiento
dataría de una época mucho más remota de la del Imperio Romano.

       *       *       *       *       *

Varios escritores afirman que los Escitas (que en tiempos remotos
fueron la nación más numerosa del Orbe, pues se extendieron desde la
Germania hasta los confines del mundo conocidos de los antiguos, ó
sea, desde Europa hasta el Asia), pasaron en dos ocasiones y en gran
número, desde el Mongol á Indias, diseminándose por diversas comarcas
del Nuevo Mundo, pues dicen que en todo el Continente americano, como
en Estados Unidos del Norte, Canadá, México, Guatemala, Colombia, Perú,
Chile, Argentina, Brasil y otras regiones, se han encontrado usos y
costumbres semejantes entre Escitas é Indios, y que eran tan bárbaros
unos como otros; no dudando esos mismos escritores, que los Escitas
fueron unos de los primitivos pobladores de América.

       *       *       *       *       *

Enrique Martínez, en su _Repertorio Mexicano_, cap. II, pág. 204,
supone que los Indios de México eran descendientes de los Curlandeses,
provincia antigua de la Livonia, alegando que, situada esa provincia en
la costa del Mar Báltico, pudieron pasar sus moradores á las Indias, y
aduce como fundamento de su parecer, 'que la gente de esa provincia es
de la misma traza, condición y brío de los Indios de Nueva España......
y--añade--lo que más me obliga á creer que aquella gente y ésta es toda
una, es la cercanía de las tierras, que es menos de lo que ponen los
mapas."

       *       *       *       *       *

También es opinión admitida por algunos autores, que los Etiopes
pasaron á Indias con los Fenicios y Cartagineses, pues suponen que
los Moros fueron indios venidos á Africa con Hércules Tyrio, que
venció á Anteón, rey del mismo Africa y jigante de sesenta codos, de
cuyo escudo hace mención Melo en su _Situ Orbis_, Lib. VI, cap. IV,
sabiéndose que su cadáver fué mandado enterrar por Sertorio. Algunos
otros autores afirman que no queriendo estos Etiopes sufrir el yugo de
los Cartagineses, se lanzaron por los mares en dirección á tierras
remotas, tocando primero en las islas Canarias, y de allí en las
Indias, para establecerse en Yucatán. También opinan que los usos y
costumbres de estos Africanos eran semejantes á los indios Chichimecas,
Chiriguanes y otras tribus bárbaras de América.

       *       *       *       *       *

Han pretendido otros autores que los Francos fueron los descubridores
de América. Marcos Lescarbot en su _Histoire de la Nouvelle France_,
dice que los Galos se hicieron dueños del mar desde los primeros siglos
después del Diluvio. Guillermo Postel en su _Origine des Américains_,
sostiene que esos mismos Galos visitaban con frecuencia las costas de
la América Septentrional aún antes de la era cristiana, opinión que
también es apoyada por Mr. Murtrie en sus _Sketches of Louisville_,
pues asevera que en tiempos remotos una colonia de Francos habitaba los
bosques de América, mezclándose con una ó varias tribus de salvajes,
á los que enseñaron algunas artes más necesarias á su bienestar; pero
que mas tarde surgieron desavenencias y guerras entre ambas razas, en
las que los salvajes, por su superioridad numérica, exterminaron á los
llamados «Indios blancos,» quienes, desde entonces, desaparecieron
para siempre, como también las artes que ellos cultivaban. Y por fin,
Jacobo Charron, en su _Histoire Universelle_, asienta que hace más
de mil años que los Celtas, gente numerosísima, pasaron á América,
unos por el Oriente, desde Tenduc, atravesando la Tartaria hasta el
reino de Annian; otros por el norte, desde Islandia hasta el Salvador,
internándose á Tierra Firme.

       *       *       *       *       *

En fin, es opinión de algunos historiadores, que los Ingleses é
Irlandeses fueron los primeros pobladores de la costa septentrional de
América, y, al efecto, dicen que Madoc Cambro, príncipe de Cambria ó
Inglaterra Occidental, cansado de las guerras civiles que sostenía con
sus hermanos sobre la sucesión del reino de su padre, Owen Guyueto,
rey de Gales, determinó en 1170 (otros dicen 1190) dejar su patria y
buscar nuevas tierras donde vivir en paz, con cuyo propósito emprendió
una larga navegación hasta dar en comarcas desconocidas (que se presume
sean las costas del Canadá y Terranova), en las que encontró cosas
maravillosas. Después del descubrimiento de aquellas tierras, regresó
á su patria, para contar á sus vasallos la felicidad que allí reinaba,
y armando muchas naves, se llevó gran número de familias, con las que
fué á poblar tan desiertos parajes, dando origen con ellas á formar
una población importante; regresó nuevamente á Gales por más gente,
y cargando diez navíos, se hizo á la vela, aumentando con este nuevo
contingente de habitantes, la población de esos extensos países.

       *       *       *       *       *

Pero toda esa diversidad de opiniones de los autores que acabamos
de mencionar, tocante al origen de los Indios americanos, ya sean
ciertas ó dudosas, fundadas ó aventuradas, el hecho es, que carecen
de autenticidad, porque no descansan sobre ningún dato de fuente
histórica que las pueda servir de apoyo; por consiguiente, todas ellas
son basadas únicamente en cálculos expuestos á resultar fallidos, y no
pasan de la categoría de meras conjeturas sobre un asunto aún obscuro.
No obstante, si esas diferentes opiniones disienten en los detalles,
en el fondo admiten que los primeros pobladores de América, ó sea, de
la época postdiluviana, proceden de los habitantes del Antiguo Mundo
conocido entonces.

       *       *       *       *       *

Un erudito etnógrafo francés, Moreau de Jonnes, en su notable obra
_Statistique des peuples de l'antiquité_, ha dicho: "DE TOUTES LES
PARTIES DE L'HISTOIRE, LA PLUS FÉCONDE EN ERREURS EST LA RECHERCHE DE
L'ORIGINE DES PEUPLES." En verdad, refiriéndose tan sólo al Continente
americano, el origen de las diversas razas de los Indios es uno de los
problemas más difíciles de resolver, pues es casi imposible determinar,
con exactitud, la procedencia de cada una de ellas, porque su origen se
pierde entre la confusa sucesión de los siglos. El P. José de Acosta,
en su _Historia natural y moral de las Indias_, califica de "arrojado y
temerario al que pretendiera determinar la procedencia de los Indios."
Apesar de haberse buscado las semejanzas entre las razas americanas y
las europeas, africanas y asiáticas, las similitudes entre las lenguas
del Antiguo Mundo y el Nuevo, y aún comparada la arqueología americana
con la de Europa, la del Africa y la del Asia, no se ha podido aún
decir la última palabra acerca de este problema sociológico.

Apesar de ello, la opinión que parece merecer alguna atención, es la
expuesta por el erudito P. Fr. Gregorio Garcia en su ya citada obra
_Origen de los Indios en el Nuevo Mundo_, religioso que, después de
examinar las controversias de los muchos autores que han escrito sobre
el mismo tema y de analizarlas una por una, termina por dar su parecer
sobre la materia. He aquí lo que á este respecto opina este autor en
el libro IV, cap. XXV de su referida obra: "Unos indios proceden de
Cartagineses, que poblaron la Española ó Isla de Santo Domingo, Cuba,
etc; otros, proceden de aquellas diez tribus que se perdieron, de
quien hace mención Esdras; otros, proceden de la gente que pobló ó
mandó poblar Ophir en la Nueva España y Perú; otros, proceden de la
gente que vivía en la Isla Atlántida de Platón; otros, de algunos que
partieron de las partes próximas y más cercanas á la sobredicha isla,
pasaron por ella á las de Barlovento, que está bien cerca de donde ella
estaba, y de aquellas á la Tierra Firme; otros, proceden de Griegos;
otros, de Fenicianos; otros, de Chinos, Tártaros y otras naciones."--En
seguida, agrega el mismo autor: "La primera razón y fundamento que
para esto tengo, es hallar en estos indios tanta variedad y diversidad
de lenguas, de leyes, de ceremonias, de ritos, costumbres y trajes;
el segundo fundamento es, la dificultad que tiene creer que todos
los indios proceden de gente que fuese á aquel Nuevo Mundo de sólo
una parte del Viejo y con sólo un modo y manera de viaje; el tercer
fundamento es, que se hallan en aquellas partes costumbres, leyes,
ritos, ceremonias, vocablos y otras cosas de Cartagineses, de Hebreos,
de Atlánticos, de Españoles, de Romanos, de Griegos, de Fenicianos, de
Chinos y de Tártaros, argumento de mucha fuerza para probar que los
Indios por su comunicación y trato amigable y por vía de conquista y
guerra, se fueron mezclando de tal manera, que el linaje, costumbres,
lenguas y leyes, han escapado mestizos de diversas naciones, cuales son
las sobredichas. Esto es mi parecer y lo que siento acerca del origen
de los Indios."

Participamos, no del todo, de la opinión del P. Gregorio García: en
cuanto á lo referente al reino de Ophir y á la Isla Atlántida, lo
primero, lo consideramos como una opinión aún incierta y no dilucidada
del todo; y lo segundo, creemos que fué en época remota una porción
de la misma América. Cuanto á lo demás, hasta cierto punto convenimos
en ello, porque la diversidad de lenguas, leyes, ritos, ceremonias,
costumbres, trajes y otras particularidades que en aquella época
distante distinguían á las agrupaciones indígenas y que aún existen
en diversas comarcas del Continente americano, puede ser una prueba
aceptable ó evidente de que los Indios postdiluvianos de América son de
origen diverso y proceden de razas distintas.

Además, la opinión del P. Fr. Gregorio García está robustecida por la
del abnegado misionero P. Domeneck, que en su obra _Desiertos del Nuevo
Mundo_, se expresa en los siguientes términos: "Nuestra convicción,
en este interesante asunto, es que la América ha sido poblada por
emigraciones voluntarias ó accidentales, de diversas naciones; que
estas diversas naciones, después de multiplicarse, se encontraron,
se mezclaron, y que, por el cruzamiento de las razas, la diferencia
de los climas, los cambios de vida y muchas otras razones de la
misma naturaleza, perdieron su carácter primitivo, para formar otra
combinación heterogénea de color, de costumbres, de gustos, de lengua y
de religión, que desvía la ciencia y la investigación del anticuario."

Por consiguiente, admitiendo, en parte, la opinión de los PP. García y
Domeneck, trataremos de ampliar y robustecer este punto tan debatido;
empresa bastante escabrosa, teniendo que atenernos, en muchos casos, á
lo dicho por historiadores antiguos y modernos, que no siempre están en
concordancia unos con otros.

       *       *       *       *       *

Veamos ahora las opiniones emitidas por los antiguos y modernos
historiadores, referente á la grande isla Atlántida, cuya existencia
en época remotísima ha sido puesta en duda por algunos autores; viendo
ciertos etnógrafos, en ella, el camino por el cual vinieron las
primeras emigraciones á América.

Platón fué el autor más antiguo que dió noticia de la existencia de
la Atlántida, pues en su _Timeo ó la Naturaleza_, que escribió 430
años antes de la era cristiana, se expresa así, dirigiéndose á los
Atenienses: "Se tiene por cierto que en tiempos remotos vuestra virtud
resistió á innumerables enemigos que salieron del Mar Atlántico; habían
tomado y ocupado casi toda Europa y Asia...... pues existía á la boca
del estrecho y casi á su puerta, una isla que comenzaba desde cerca de
las columnas de Hércules, y que dicen fué mayor que el Asia y la Libia:
dicha isla mantenía relaciones y comercio con otras islas y por ellas
se comunicaba con un continente, situado en la frontera, y el cual era
vecino del verdadero mar."[66].

Plutarco, en su _Symposiacon_; Séneca el Trágico, en su _Medea_, acto
II: Tertuliano, en _Hermógenes_, cáp. XXII y en _De Pallio_, cap. II;
Luciano, en _Hermotino_; Orígenes, en _Periarcon_, lib. II, cap. III;
Pamelias, en _Pallio_, cap. II; Vossio, en _Mathematicas_, cap. XLII,
§ X; Aristóteles, en su libro _Del Mundo_; Rodigino, en sus _Lecturas
antiguas_, lib. I, cap. XXII y lib. XVII, cap. XXXV; San Clemente,
en su _Epístola_; San Jerónimo, en _Ad Ephesios_, lib. I, cap. II;
y algunos otros autores notables de la antigüedad, como Crantor,
Porfirio, Proclo, Marcilio, Ficio, Diodoro de Sicilia y tantos otros
concuerdan en que "DESPUÉS DE LA ISLA ATLÁNTIDA SE NAVEGABA Á OTRAS
ISLAS VECINAS Á LA TIERRA CONTINENTE Y QUE DESPUÉS DE ELLA SE SEGUÍA EL
VERDADERO MAR." Se colije de allí que _las islas vecinas á la tierra
Continente_, son las conocidas de Cuba, Puerto Rico, Jamáica y otras;
la _tierra Continente_, es México y el Perú; y _el verdadero mar_, el
Pacífico.

Cuanto á la gran Tierra ó Isla Atlántida que se cree haya dado su
nombre al Océano Atlántico[67], es conocida hoy únicamente por las
controversias suscitadas entre los escritores antiguos y modernos
sobre su existencia y el punto que ocupó, pues opinan que se hallaba
extendido desde las Canarias hasta las Azores, y que estos dos grupos
de islas denominadas antiguamente Islas Afortunadas (quizá por haber
escapado del gran cataclismo que hundió la Atlántida), son los restos
de aquella tierra, que, en una noche, fué sumergida, dicen, por un gran
cataclismo ó fuertes conmociones volcánicas[68]. Y al atenernos á la
opinión de autores antiguos, parece que habría existido esa gran isla y
podido sus habitantes trasladarse fácilmente al Continente americano.

Muchos son los escritores, tanto antiguos como modernos, que, además de
Platón, dan cuenta de la Atlántida, entre otros, Homero, en su _Odisea_
y en su _Iliada_; Solón, en su _Tratado de las Leyes_; Hesiodo, en su
poema _Caja de Pandora_; Eurípides, en su tragedia _Electra_; Plinio,
en su _Historia Natural_; Aristóteles, en su _Mirandis Naturæ_; Lippio,
en su _Phisiologia Stoicæ_; Pamelio, en su _Apologotico de Tertuliano_;
Crantor, en sus _Comentarios de Crisias_; Diodoro de Sicilia, en
su _Bibliotheca Historica_; Plutarco, en su _Vida de Sertorio_;
Arnobio, en su obra _Contra los Gentiles_; Becano, en su _Original de
Autuerpia_; Turnebo, en su _Adversus_; Vivas, en sus _Notas sobre San
Agustín_; Bosio, en su obra _De Signis Eclesiastes_; Gomara, en su
_Historia Indiana_; Zárate, en el prólogo de su _Historia del Perú_;
Solórzano, en su _Política Indiana_; Luis de León, en su _Abdias_;
Meseia, en su _Silva_; Maluendo, en su _Antechristi_; Pineda, en su
obra _De rebus Salomone_; Maydo, en sus _Días Caniculares_; Hervas,
en su _Catálogo de Lenguas_; y otros más, concordando todos en que
la Atlántida existió en tiempos muy remotos, para desaparecer, en el
espacio de una noche, por efecto de un gran cataclismo geológico.
Opinan también que "los Indios americanos tienen su origen de la gente
que vivía en la Isla Atlántida, que de allí pasaron primero á las islas
de Barlovento ó Hespérides, cerca de la Atlántida, y de aquellas á la
Tierra Firme de América, pues según afirma Platón en su _Timeo_, y
con él Hesiodo, Eurípides y Solón, "la Isla Atlántica era una isla de
tanta grandeza, que era mayor que Africa y Asia juntas, desde la cual
había contratación y comercio á otras islas, y de estas islas había
comunicación y trato á la Tierra Firme y Continente que estaba frontero
de ellas, vecino del verdadero mar;" añadiendo además, Platón: "que los
habitantes de la isla Atlántica tenían conocimientos de la navegación y
arte de hacer navíos y que tenían grande suma y copia de navíos y aún
puertos hechos para conservación de ellos."

Estas noticias dadas por Platón en su _Timeo_, son, lo repetimos, las
más antiguas y circunstanciadas sobre la isla Atlántida ó Atlántica,
sobre su situación y extensión[69]; empero, á juicio de algunos
críticos, ellas no bastan ni dan fundamento para haber asegurado la
existencia, en aquellos tiempos, de la vastísima isla de la Atlántida,
que algunos autores creen que haya sido parte de la misma América.

El hecho real es, que la existencia de la pretendida Isla Atlántida
se halla aún envuelta en el mayor misterio. Se supone que en época
remotísima haya habido comunicación por tierra unida entre la América y
la Africa, y que esa misma porción de tierra fuera la desaparecida con
el cataclismo á que aluden Platón y demás autores antiguos.

Kircher, en su _Mundus subterraneus_, lib. III, cap. XII, dice: "Las
Canarias y las Azores, islas del Océano Atlántico, ¿no podrían ser los
restos de la tierra conocida con el nombre de Atlántida? Estas islas
tienen montañas muy sólidas y elevadas, y los valles intermediarios
quedaron sumergidos cuando por efecto del temblor de tierra y del
diluvio, este Continente desapareció de las aguas del mar."

Otro escritor contemporáneo, Feliciano Cajaravilla, en sus
_Consideraciones histórico-críticas sobre los antiguos habitantes
del Perú_, asienta también al respecto, que "es presumible que en
el decurso de muchos años ó siglos talvez, el estudio constante
y los adelantos siempre crecientes de las ciencias geológicas y
experimentales, lleguen á evidenciar lo que hasta hoy no es más que una
conjetura, con todos los caracteres de probabilidad, esto es que el
Continente Americano estuvo unido haciendo parte del Antiguo Mundo y
que fué separado por algún cataclismo terráqueo á manera de aquel que
en 1309 (según aseveran Gerardo Mercator en su _Colección de Mapas_, de
1595, y J. Hundy en su obra _Das Neue Tief oder Schiffart_, de 1630),
separó la isla de Ruggen, de las costas de Meklemburgo, de la isla de
Ruden."

Algunos escritores modernos sostienen que la geología prueba la
imposibilidad completa de la Atlántida, de la que serían restos las
islas que subsisten en el Océano Atlántico. Joaquín M. Bartrina, en
la conferencia que sustentó en el Ateneo Barcelonés el 22 de Abril de
1878, sobre el tema _La América precolombiana_, opina que: "Talvez
leyendo con más atención el debatido texto de Platón veríamos que no
en el Océano Atlántico, sino en otro mar, como por ejemplo, el Negro,
podríamos situar su Atlántida, que al fin era una isla cuya extensión,
tan exagerada fija Platón...... La hipótesis de la Atlántida, por lo
fantástica y teatral, puede ahora admitirse en las creaciones de la
imaginación."

Este juicio de Bartrina tocante á la Atlántida, lo hallamos
demasiadamente lijero y poco acorde con la opinión emitida al respecto
por tantos sabios de la antigüedad.

Empero, quizá sea una hipérbole la existencia de la pretendida Isla
Atlántida emitida por Platón y demás autores citados, pues algunos
historiadores más modernos, entre ellos Francisco López de Gomara, en
su _Historia General de América_, cap. CCXX, es de opinión que "la
gran Isla Atlántida, mayor que Asia y Africa juntas, según lo ha dicho
Platón, existió en realidad y EXISTE TODAVÍA, PORQUE NO ES OTRA QUE LA
MISMA AMÉRICA;" asentando en apoyo de sus conjeturas, que el Océano
Atlántico no es de bastante extensión para haber contenido en su seno
una isla ó continente igual á Asia y Africa conjuntamente[70].

Y no solamente Gomara opina que la antigua Atlántida haya formado parte
del Continente Americano, sino también varios otros historiadores
y geógrafos contemporáneos, como Malte-Brun, en su _Géographie
Universelle_; Letronne, en su _Essai sur les Andes cosmographiques_;
Gosselin, en su _Géographie de l'Amérique_; Martín, en sus _Études
sur la terre de Platon_; Postel, en su _Cosmogonie descriptive_;
y Welflict, en su _Histoire Universelle des Indes Orientales_;
reconociendo todos, la misma afirmación asentada al respecto por Gomara.

El presbítero Juan de Velasco, en el tomo I, de su _Historia del Reino
de Quito_, pág. 151, robustece aún más la opinión de Gomara, pues
dice: "El que hubiese habido antiguamente comunicación por tierra
unida entre la América y la Africa, es asunto que puede llamarse no
sólo verosímil, sino también demostrado en el día. Lo persuaden así
las observaciones y cartas del bajo fondo que Mr. Buache presentó á
la Academia de París en el año 1737, las cuales, examinadas después,
demuestran la dirección de montes subaqueos, puestos como sobre una
cordillera, desde el cabo Tagrin de Africa hasta la costa del Brasil en
América."

Cuanto á la opinión de los mismos autores antiguos, de haberse
sumergido la Atlántida con un gran cataclismo producido por lluvias
torrenciales, ó irrupciones volcánicas que grandes terremotos
produjeran, el predicho Gomara supone que aquel funesto acontecimiento
pudo haber tenido lugar sólo en la parte que quizá antiguamente
unía la Africa con la América; en cuyo caso Platón habría sufrido
involuntariamente un error, sin haber querido inventar una fábula,
como lo pretenden algunos, entre otros el P. José de Acosta, que en su
_Historia Natural_, cap. XXII, dice: "Todo lo referido por Platón en
su _Timeo_, respecto de la pretendida Isla Atlántida, es fábula." Este
mismo concepto del P. Acosta ha sido combatido por algunos escritores
contemporáneos suyos, entre ellos, el P. Fr. Gregorio García, en su
obra ya citada, desde la pág. 146 hasta la 151, probando que los
intérpretes de Platón, como Crantor, Marcilio, Ficino y Plotino, en
la antigüedad, Juan Serrano, posteriormente, tienen por verídico lo
referido por el filósofo de Atenas en su _Diálogo de Timeo_. Además,
Platón ha sido tenido en todo tiempo en tan grande estima y reputación
en materia de filosofía, de historia y aún de teología, que su gran
saber le ha merecido el epíteto de «Divino.» Sietecientos y cincuenta
años antes de que Platón escribiera su _Timeo_, según él mismo lo
asevera, "sucedió la guerra entre los Atenienses y los Atlantes, y
después hubieron espantosos terremotos y extraordinarias lluvias que
inundaron completamente la isla, desapareciendo de la superficie del
Océano." Según lo refiere el mismo Platón, si la guerra entre los
Atenienses y Atlantes tuvo lugar en el siglo trigésimo de la Creación
del Mundo, según la cronología hebráica, sobreviniendo en seguida la
espantosa catástrofe á que alude el gran filósofo griego, evidente es,
que la América (ó sea la misma Atlántida, á juicio de Gomara), pudo
haber sido habitada desde tiempos inmemoriales, como lo comprueban
los esqueletos humanos que, junto con osamentas de mamíferos de las
épocas Terciaria y Cuaternaria se han encontrado en el suelo de este
Continente, restos que, hipotéticamente hablando, se remontan á una
época antediluviana.

En resumen, eminentes hombres de ciencia de la actual época, después de
largas investigaciones practicadas últimamente tocante á la Atlántida,
han llegado á la conclusión de que esta famosa isla existió en verdad,
como lo demuestran en las publicaciones que en estos últimos tiempos
se han hecho en Berlín, corroborando, también, que la isla Atlántida
formaba parte de un vasto Continente, que no pudo ser otro que el
de Africa ó de América, hace ya como unos quince mil años, habiendo
desaparecido á raiz de un colosal fenómeno sísmico, que la borró del
Mundo para siempre. En tal virtud, las conclusiones emitidas por esos
hombres de ciencia, parecen confirmar la obscura tradición que dejara
Platón.

       *       *       *       *       *

Volviendo á los primitivos habitantes de América, al atenernos á la
tradición hebráica, tanto ellos como todos los de la Tierra entera,
(salvo Noé y su familia), habrían perecido en la catástrofe del
Diluvio Universal[71], acaecido, según algunos cronologistas, 1656
años después de la Creación (ó 2348 antes de la era cristiana).
Desde esta catástrofe universal trascurrió mucho tiempo para que el
Nuevo Mundo volviera á repoblarse, pues los hijos de Noé llamados
Sem, Cam y Jafet, vivieron en las llanuras de Senaar, entre el
Tigris y el Eufrates, y tuvieron gran descendencia, multiplicándose
extraordinariamente en el decurso de los cuatrocientos años que, se
supone, mediaron desde el Diluvio hasta la construcción de la Torre
de Babel, monumento que los descendientes de Noé intentaron elevar
en muestra de su poder y orgullo; pero este intento desagradó tanto
al Criador, que, en castigo de la osadía de esos hombres, hizo que
se confundiera la lengua de tal modo, que no entendiéndose los unos
con los otros, se separaron, quedando la torre sin concluirse: á la
confusión de las lenguas en Babel, sucedió la dispersión del linaje
humano, formándose, desde entonces, todos los reinos de la Tierra.

Los descendientes de Sem (cuyos hijos fueron Elam, Asur, Arfaxad,
Lud y Aran) fueron los que menos se extendieron por el mundo, pues
permanecieron en la Asia Occidental, cuna del Género Humano, después
del Diluvio.

Los descendientes de Cam (cuyos hijos fueron Cus, Misraim, Fut y
Canaán), se propagaron por el Occidente de Asia y por el norte y
oriente de Africa; y los descendientes de Jafet[72], cuyos hijos
fueron Goomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mosoc y Tiras), ocuparon
en Europa y Asia dilatadas regiones, dominando países poblados antes
por los de Sem, y sometiendo á los de Cam, siendo estos descendientes
de Jafet los que formaron las dos razas más numerosas y difundidas
por todo el mundo, cuales son, la _Turania_, que desde el centro de
Asia se extendió hasta la cuenca del Danubio, en Europa, y la llamada
_Indo-Europea_, que se dilató desde la India hasta el occidente de
Europa, y después hasta el hemisferio de América y de Oceanía[73].
Estas tres grandes razas apesar de su separación han conservado siempre
la semejanza de su origen.

Fracciones de alguna de esas razas (probablemente la de Jafet)
atravezarían talvez la gran isla de la Atlántida (quizá parte de la
misma América), cuya existencia en aquellos remotos tiempos, como lo
hemos dicho ya, es testificada por numerosos autores antiguos, y de
ahí, según opinión de esos mismos autores, pasarían á las playas del
Nuevo Continente, estableciéndose allí y repoblando ese Hemisferio.

Posteriormente, con el trascurso de los tiempos, de presumir es, que
varias otras inmigraciones se dirigirían al Nuevo Mundo, antes del
funesto hundimiento de la Isla Atlántida, cuya fecha exacta no conserva
la tradición, si bien Platón da á entender que esa catástrofe aconteció
por el año 3163 de la Creación.

       *       *       *       *       *

Si se tratara de averiguar cuáles serían las causas primordiales de
esas inmigraciones en aquellos tiempos lejanos, podrían atribuirse,
en parte, y quizá sin equivocarse, á las no interrumpidas guerras que
entonces devastaban y diezmaban las diversas nacionalidades del Antiguo
Mundo, entre las cuales figuraban ya grandes Estados.

Para que se juzgue cuán fundada puede ser nuestra hipótesis, citaremos
algunas de esas numerosas guerras de exterminio, ciertos de que, por
su relación, no será aventurado, lo repetimos, colegir que ellas han
podido, en parte, influir en las diversas inmigraciones que tanto de
Europa, de Africa y de Asia han aportado á las playas americanas, en
esas épocas remotas, en busca de un país al abrigo de esas guerras
vandálicas que en los Antiguos Continentes causaran la desaparición de
tantos reinos é imperios.

       *       *       *       *       *

El Egipto es la nación civilizada más antigua de la Tierra, pues se
remonta á una época en que todos los demás pueblos estaban aún en
completa barbarie: era ya floreciente en tiempo de Abraham (2296 años
antes de la era cristiana), pues su dinastía de reyes, según Manethon,
sacerdote egipcio y autor de la _Historia Universal de Egipto_ (que
vivió en el reinado de Ptolomeo Filadelfo, 263 años antes de J.
C. y encargado de custodiar los archivos sagrados en el templo de
Hierópolis), se remonta al quincuagésimo primer siglo y aún más lejos,
siendo, sin disputa, una de las monarquías más antiguas del Mundo, y,
con razón, señalados sus habitantes, por algunos egiptólogos, como unos
de los primeros pobladores de América.

Los Egipcios tuvieron guerras durante muchos siglos consecutivos.
Primero, contra los Hyksos de la Caldea ó reyes pastores, que
invadieron ese reino, y contra los cuales lucharon durante ciento
cincuenta años, lucha que al fin terminó con la expulsión de los
invasores, consumada por el rey de Tebas, Ahmes ó Amosis I, recobrando
entonces el Egipto su anterior esplendor. Mas, en la larga lucha contra
los Hyksos, los soberanos de Egipto se hicieron conquistadores, pues
invadieron sucesivamente la Etiopia, la Escitia, la Tracia, la Siria,
la India, la China y el Japón, sosteniendo guerras que duraron el
largo espacio de cinco siglos. Años más tarde, lucharon nuevamente
los Egipcios contra los Etiopes, que se desbordaron sobre ese reino y
se aliaron con Oseas, rey de Judea, para resistir á Salmanazar, rey
de Asiria. Por fin, Cambises, rey de Persia, invadió también este
reino y lo sometió á su vez á su dominio, hasta que, con la muerte de
Cleopatra, cayó bajo la tutela de los Romanos, quienes lo redujeron á
provincia de su imperio, en el año 29 antes de J. C.

De suponer es, que en tantos siglos de luchas sostenidas por los
Egipcios, algunas colonias huyeran de las devastaciones que aniquilaban
su país, dirigiéndose á América, pues, como dice la Historia, ellos
fueron muy diestros en la navegación.

       *       *       *       *       *

La Grecia fué la primera nación en el arte de navegar, (después de los
nietos de Noé, por la sucesión de Jafet) pues la navegación de Argos,
en tiempo de Fineo, rey de Bitinia, es la más remota de todas las
conocidas.

La Grecia sostuvo también, desde tiempo inmemorial, largas guerras y
luchas intestinas. La expedición de los Argonautas, que tuvo por objeto
defender á la Grecia de las invasiones de los piratas de la Cólquida,
en la que tomaron parte Jasón, Castor y Polux, Peleo, Orfeo, Esculapio,
Linceo, Tifis, Teseo y Hércules; la sangrienta guerra fratricida de
Tebas ó de los Epigones, en la que se manifestó la ferocidad de la
época; la famosa guerra de Troya, efectuada con una flota de mil velas
y un ejército de cien mil hombres, en la que tomaron parte Ulises,
Nestor, Idomeneo, Aquiles, los dos Ayax, Diómedes y Filóctetes, guerra
que duró diez años, hasta que Troya cayó en poder de los Griegos y
fué reducida á cenizas; la invasión de los Dorios; la guerra Sagrada,
llamada así porque se hizo en defensa del templo de Delfos, la que duró
diez años, entre Atenienses y Crisos, resultando éstos vencidos; las
tres guerras de Mesenia, la primera que alcanzó veinte años, la segunda
cuarenta años después, y la tercera dos siglos más tarde, contiendas en
las que al fin fueron dominados los Mesenios por los Espartanos, que
los obligaron á emigrar á Sicilia; la batalla de Lade, entre Persas y
Miletos, en que éstos fueron derrotados; la batalla de Maratón, también
contra los Persas, en la que éstos, á su vez, fueron vencidos; las tres
famosas guerras Médicas, que duraron treintiseis años, principiando con
la expedición de Jerges contra la Grecia, compuesta de un formidable
ejército de cinco millones de hombres y una flota de mil doscientas
naves, las que terminaron con la batalla de Salamina, en Chipre (479
años antes de J. C.), y destrucción de Atenas; la batalla de la Platea,
entre los Persas y los Atenienses y Espartanos, que dió por resultado
la segunda destrucción de Atenas; la batalla de las Termópilas y la
de Tespias; la guerra del Peloponeso (431 años antes de J. C.), entre
Espartanos y Atenienses, que duró veintiseis años, cuyo desenlace fué
favorable á los primeros; la expedición á Sicilia y á Siracusa, que
fué adversa á los Atenienses; el combate de Micale, en la Asia Menor,
entre los Persas y los Griegos y Jonios, alcanzando estos últimos una
completa victoria; la batalla de Cunaxa, que terminó con la portentosa
retirada del ejército de Jenofonte; la conquista de Bizancio por los
Griegos; la expedición de Agesilao, que se apoderó de la Misia, Lidia
y Caria, deshaciendo el ejército persa; la batalla de Tegira, en la
que fueron vencidos los Espartanos por los Tebanos; las batallas de
Delio y Anfípolis, entre Atenienses y Boecios, que terminó con la
paz de Nicea; la batalla de Leuctres y la de Arbeles, en que fueron
derrotados los Lacedemonios; la victoria de los Atenienses contra los
Espartanos en Helesponte; la batalla de Mantinea, en la que murió
Epaminondas, entre Tebanos y Espartanos, triunfando los primeros; la
batalla de Conorea ó Quenorea, en la que sucumbió la libertad griega;
el sitio y toma de Tebas por Alejandro el Grande, en que seis mil
griegos fueron pasados á cuchillo, treinta mil vendidos como esclavos
y la ciudad arrasada; la expedición á la India llevada á cabo por el
mismo Alejandro, en la que tuvo lugar la batalla de los Elefantes entre
Atenienses y Macedonios; la guerra de Lamiaca; la invasión de los
Galos, que talaron la Macedonia, la Tesalia y entregaron al pillaje la
Grecia central; la dominación de los Etolianos; la batalla de Selacia,
en la que sucumbió el ejército espartano; la guerra de las dos Ligas,
que duró tres años; la batalla de Cinocéfalos, de cuyo resultado la
Macedonia fué reducida á provincia romana; y, finalmente, la reducción
de la Grecia á provincia romana bajo el nombre de Acaya.

En estas numerosas y no interrumpidas guerras y batallas que Grecia
tuvo que sostener durante más de doce siglos, y que por fin terminaron
con la nacionalidad de este antiguo Estado, ¿no es de suponer
que algunas fracciones de pueblos, agoviados por tantas y tantas
calamidades, trataran de buscar albergue en algunas comarcas donde
estuvieran al abrigo de esas devastaciones, y que, con tal motivo,
arribarían á las playas de América?

       *       *       *       *       *

La República de Fenicia, aunque reducida en territorio, fué una de
las naciones más civilizadas del Asia, atribuyéndosele ser la cuna de
las letras, de la escritura y de los libros, pues así lo asevera el
poeta latino Anneo Marco Lucano, en el lib. III de su _Pharsalia_,
y el ser también los Fenicios unos de los primeros que emplearon el
arte de la navegación y enseñaron á dar batallas navales. Ellos, de
cuenta y orden del Faraon Nekohó ó Nechao, traspasaron las columnas
de Hércules, que hasta entonces habían sido consideradas como el
límite oeste de la Tierra y navegaron á lo largo de la costa africana
por su parte occidental, siendo indudable, según opinión de algunos
autores antiguos, que conocieron la existencia del archipiélago de
Canarias, refiriéndolo así Aristóteles, en su obra _Mirabilibus
Auscultationibus_, lib. II, cap. IV. Séneca, en sus _Controversias_,
opina también que los Fenicios tuvieron algún conocimiento de América,
pues dice que "ellos habían conocido unas tierras ignoradas que estaban
situadas más allá de lo que fué la Atlántida." Diodoro de Sicilia, en
su _Bibliotheca Historica_, afirma igualmente que "habiendo pasado las
columnas de Hércules fueron llevados por furiosas tempestades hacia
tierras muy distantes del Océano y que desembarcaron al lado opuesto
de Africa, en una isla muy fértil, regada por ríos navegables." Esa
pretendida isla pudo ser la América, atenta su situación geográfica con
respecto de Africa. Pablo Félix de Cabrera, de Guatemala, se esfuerza
en demostrar, fundado en inscripciones geroglíficas mexicanas, que la
primera inmigración de Fenicios en América tuvo lugar en la época de la
primera guerra Púnica, (266 años antes de J. C.).

Cuanto á las guerras sostenidas por los Fenicios, como cruentas y
continuas, al fin diezmaron sus provincias. El rey Elulio sostuvo un
sitio de cinco años contra Salmanazar, rey de Asiria, sitio que ningún
resultado produjo, porque no pudo el invasor apoderarse de la ciudad
marítima de Tiro. Nabucodonosor II, más afortunado que Salmanazar,
invadió la Fenicia, atacó á Tiro y la destruyó después de un sitio de
trece años. Fué, también, sometida la Fenicia por Ciro, rey de Persia,
que la conservó bajo su poder, hasta que Alejandro el Grande, después
de la batalla de Iso, la tomó al cabo de un largo sitio, y, como
vencedor, hizo crucificar á dos mil de sus habitantes, con implacable
fiereza.

¿No es presumible que en ese intérvalo de guerras encarnizadas algunas
colonias de Fenicios, huyendo de tantos desastres, arribaran á las
playas americanas, tanto más, que, debido al genio emprendedor de este
pueblo, había estendido su navegación á las más apartadas regiones,
llevando con sus bajeles, sus costumbres, sus instituciones, sus artes,
todos sus conocimientos, en fin?

       *       *       *       *       *

Se supone que 500 años antes de la era cristiana, los Cartagineses
invadieron también el continente americano. La República de Cartago,
fundada 878 años antes de J. C., fué una de las naciones más
adelantadas de la antigüedad, llegando á ser dueña del mar durante más
de seis siglos, y por ende, muy temida por su marina, muy poderosa
por sus ejércitos, muy opulenta por su riquísimo comercio. Es opinión
de varios historiadores antiguos que los Cartagineses en la época de
su gran poder en el mar, colonizaron las islas Canarias, de donde es
probable pasarían á las Antillas, pues si hemos de dar crédito á la
autoridad de Aristóteles, ellos armaron numerosas galeras y navegaron
desde las Columnas de Hércules hasta una isla distante de la costa
de Berberia, en la que se quedaron, arraigándose. Se supone que la
referida isla sea la conocida de Santo Domingo, desde la cual, según
otros autores antiguos, pasarían á las de Cuba y algunas más de las
Antillas, y de estas islas á la Tierra Firme de América, poblando
sucesivamente Nombre de Dios, Panamá y el Perú. Es de presumir que
los Cartagineses se hubieran realmente aventurado á atravesar el
anchuroso mar que divide el Antiguo Mundo del Nuevo, pues que ellos
fueron los iniciadores en armar galeras de vela. La República africana
de Cartago, para sostener su autonomía, tuvo que soportar largas
luchas. Afortunada en un principio, con reiteradas invasiones completó
la conquista de la Sicilia. Mas, no pudiendo los Romanos ver de buen
grado el engrandecimiento de los Cartagineses, abrieron la primera
guerra Púnica so pretexto de protejer á los Mamertinos, guerra que duró
veintisiete años, terminando con la derrota de los Cartagineses en las
islas Eguses. La segunda guerra Púnica (219 años antes de J. C.), fué
originada por la ruina de Sagunto, aliada de Roma, poniendo á Roma al
borde del abismo. Por fin, la tercera y última, circunscrita al asedio,
toma é incendio de Cartago, duró sólo tres años, dando por resultado la
reducción de su territorio á provincia romana.

Durante las guerras Púnicas, que fueron para los Cartagineses tan
desastrosas, natural es suponer que ellos teniendo conocimiento del
Continente americano, (por haber anteriormente arribado á sus playas,
cuando esa República se encontraba en su apogeo marítimo), tratarían
de refugiarse nuevamente en este hemisferio que les brindaba la paz y
quietud desaparecidas de su suelo.

       *       *       *       *       *

Hay también fundadas probabilidades de que partidas de Hebreos
inmigraran á América. Los Hebreos, según sus auténticos textos, fueron
víctimas de frecuentes guerras y luchas intestinas, hasta ofrecer al
mundo entero el triste espectáculo de su destrucción y servidumbre.

Las largas contiendas que los Hebreos sostuvieron durante dieziseis
siglos, desde los tiempos patriarcales hasta la venida de Jesucristo,
fueron: la batalla de Rafidin contra los Analecitas, en la que éstos
fueron derrotados por Josué; el castigo del pueblo hebreo, ordenado por
Moisés, consistente en la inmolación de 23,000 hombres en un día; las
tomas de las ciudades de Jericó y Hay por Josué; la batalla de Gaban
contra los Cananeos; la batalla de los Madianitas, ganada por Gedeón;
el combate contra los Amonitas y Filisteos, tras del cual fueron estos
últimos vencidos por Jefthé; la lucha contra Samsón, que produjo 4,000
víctimas; el combate contra los Filisteos, durante el cual quedaron en
el campo de batalla 30,000 hombres; el combate contra los Amonitas,
en el que éstos fueron vencidos por Samuel; el combate contra los
Idumeos, Moabitas y Amonitas, que terminó con el triunfo de Samuel;
el combate contra los Amalecitas, en el que 1,000 combatientes fueron
pasados á cuchillo por orden de Saul; el combate entre las fuerzas de
David y Goliath, que dió como resultado la muerte de este gigante con
sus 10,000 Filisteos; la batalla de Gelboe, en la que fueron derrotados
los Israelitas por los Filisteos; la encarnizada guerra civil entre las
fuerzas de David y las de Isboseth; la toma de Rabba por el ejército
de Joab y Abisai, en la que todos los vencidos murieron en los mayores
tormentos; la batalla de Efraim, en la cual fué derrotado Absolón; la
guerra contra los Filisteos y Árabes, entrando estos últimos á saco en
Jerusalem; el sitio de Jerusalem por Hazael, rey de Siria; la batalla
contra los Idumeos, en que éstos fueron derrotados; las batallas
libradas por Osías contra los Idumeos, Filisteos, Árabes y Amonitas,
que fueron sucesivamente vencidos por este príncipe judío; las batallas
libradas contra la Siria, ganada por Tegla-Falasar; las batallas
entre las fuerzas de Ezequías y los Filisteos; el sitio de Jerusalem
sostenido por Senaquerib, durante el cual murieron 185,000 hombres; las
batallas sostenidas por Manasés contra los Asirios; las sangrientas
batallas de Majedo, entre las fuerzas de Josías y las del rey de
Egipto, Necas, que terminó con la toma de Jerusalem por este último;
la segunda toma de Jerusalem por Nabucodonosor II, rey de Babilonia;
el sitio de Bethulia; la invasión de la Judea por Holofernes; el sitio
de Babilonia por el ejército medo-persa mandado por Ciro; el largo
cautiverio de los Judíos; la persecución de los Judíos por Antioco
Epifanes, en la que fueron degollados 40,000 Israelitas; la sublevación
de los Judíos á órdenes de Mathatías; las guerras entre las tropas de
Judas Macabeo y las de los generales Apolonio, Serón, Lisias y otros,
que terminaron con las victorias que éste obtuvo sobre los generales
sirios Timoteo y Nicanor; las victorias obtenidas por Jonathás sobre
los generales sirios Baquidis y Apolonio; los disturbios promovidos en
la Judea por los Fariseos, Saducos y Esenianos; la victoria obtenida
por Hircano sobre los Idumeos; la guerra sostenida por Alejandro
Janeo con los Egipcios, en la que vencieron éstos; la intervención de
los Romanos, que se apoderaron de Jerusalem, pasando los Judíos á la
dominación de éstos; el segundo asalto de Jerusalem por las legiones
romanas mandadas por Herodes; la toma de Jerusalem por Tito, en la que
perecieron 1.300,000 Judíos; y por fin, la sublevación de los Judíos
encabezados por Barcoquebas, en la que 500,000 Judíos fueron pasados
á cuchillo, y con cuya carniceria terminó la nacionalidad judía, á
principios de la era cristiana, esparciéndose por el Mundo los pocos
que sobrevivieron á esa _massacre_.

Cansados los Hebreos de sufrir tantas luchas y del prolongado yugo de
los extranjeros que los tenían reducidos á la condición de esclavos, es
lógico creer que muchos de ellos se determinaran á abandonar su suelo
natal para dirigirse á regiones distantes ó apartadas, siendo probable
que una de esas regiones fuera, talvez, el suelo americano.

Además, retrocediendo á época anterior y según el lib. IV de Esdras,
las diez tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar, rey
de Asiria (721 años antes de la era cristiana), "pasaron á una región
donde nunca habitó el Género Humano, para guardar siquiera allí su ley,
la cual no habían guardado en su tierra; entraron por unas angosturas
del río Eufrates y llegaron á la región llamada Arsareth." Gilberto
Genebrardo, al interpretar lo dicho por Esdras, opina que Arsareth
es la Tartaria y añade: "Como si dijera Esdras, que pasado el río
Eufrates vinieron á los desiertos de Tartaria, y de allí hacia la isla
de Groenlandia, territorio de América." El P. Maluenda, en su obra
_De Antiquitates_, cap. XXVIII, cree que Arsareth, donde llegaron las
diez tribus, es aquel promontorio que está en la última Escitia ó
Tartaria, del cual está dividida la América por sólo el Estrecho de
Annian. Esta afirmación es apoyada por varios autores antiguos, los
que afirman que estas diez tribus vinieron á poblar el Continente
americano. Posteriormente, el rabbí Manassés Ben Israel, en su obra
_La Esperanza de Israel_ (Amsterdam, 1650), trató también esta materia
con alguna extensión, asegurando, que en las cordilleras de la América
Meridional vivía un número considerable de indios descendientes de
Israelitas. Adair, que vivió cuarenta años entre los indios, observa
en su _History of the American Nations_, pág. 15, que el origen de
los indios es israelita, fundándose, principalmente, en los ritos
de éstos, que son casi semejantes á los del pueblo hebreo. También
Heckewelder, Beltrani, Laet, Moraez, Bealty, Stanhop, Smith y otros
autores, en sus respectivas obras, concuerdan en la opinión de ser
los indios descendientes de Hebreos. El P. Fr. Juan de Torquemada,
en su _Monarquía Indiana_, tom. I, lib. V, cap. II, y Jorge Jones en
su voluminosa obra _Identity of the aborigines of America with the
people of Tyrus and Israel_, se declaran también defensores de esta
teoría. Lord Kingsborough, en su extensa obra, en nueve volúmenes,
hace igualmente numerosas deducciones para probar la colonización de
América por los Hebreos. Además, Gilberto Genebrardo, en el libro
I de su Chronologia, pág. 162, refiere que en una de las islas del
archipiélago de las Azores, se encontraron sepulcros debajo de tierra,
con inscripciones hebreas muy antiguas.

Los autores citados que atribuyen una estirpe hebrea á las razas
indianas de América, no están contextos siempre en lo tocante á la
venida de los Israelitas al Nuevo Mundo, pues unos opinan que llegaron
de Oriente á Occidente, estableciéndose en el centro y sud de este
Continente; pero la mayoría es de parecer que atravesaron la Persia,
la frontera de la China, y en seguida el estrecho de Annian, en el
Continente occidental.

La opinión emitida á este respecto por los autores antiguos y modernos,
nos induce á creer que, quizá, parte de los Americanos han procedido
de los Hebreos de las diez tribus que se perdieron en el cautiverio de
Salmanazar, las que probablemente se dirigirían á la Tartaria y de allí
á la Mongolia, pasando en seguida por el reino de Annian, luego por el
de Quivirá, poblando por fin México, y sucesivamente Panamá y el Perú.

       *       *       *       *       *

Hay fundamento para creer que algunas colonias de los Romanos emigraron
al Nuevo Mundo, en época anterior á la del Cristianismo. Los Romanos,
desde la fundación de su capital (753 años antes de J. C.) hasta la
decadencia y término total de su imperio (año 476 de la era cristiano),
tuvieron que sostener numerosas sucesivas guerras externas y disturbios
internos que diezmaron grandemente sus provincias.

Tanto durante la República, como durante el Imperio, las constantes
luchas en que los Romanos estuvieron empeñados, dieron por resultado la
conquista de casi todo el Mundo conocido por los antiguos: la España,
la Galia, la Italia, la Bretaña, los países del Danubio y los situados
sobre el mar Egeo y el mar Negro, como también la Asia Menor y la
Siria, é igualmente el Egipto, la Libia, la Numidia y la Mauritania.
Todas estas naciones cayeron sucesivamente bajo el dominio de los
Romanos.

Durante la República, que abraza un período de cerca de cinco siglos,
que puede calificarse de "época de las conquistas," los Romanos, cual
ningún otro pueblo, lucharon temeraria y heróicamente en sinnúmero de
guerras y batallas, obteniendo siempre la victoria sobre las huestes
enemigas. Las principales de estas acciones militares fueron: las
guerras contra los Tarquinos, Veyenses, Equos, Volscos, Samnitas y
Latinos; la contra Pirro; las tres llamadas Púnicas; la contra los
Cartagineses; las contra Filipo III de Macedonia y Antioco III, de
Siria; las de Yugurta y Marsica; la contra Mario, Sila, Mitridates y
Sertorio; las de los Esclavos y contra los Piratas; la conspiración de
Catilina; la conquista de las Galias, por César, que duró diez años y
en la que el vencedor tomó ochocientes ciudades, sometió trescientos
pueblos, derrotó 3.000,000 de enemigos y mató 1.000,000 en los campos
de batalla; las guerras contra Pompeyo y los Triumviros; las batallas
de Regila, de Filipo y de Accio; las invasiones de los Galos, Cimbos
y Teutones; la conquista de la Macedonia y Grecia; y, por fin, la
sumisión de España. En todos estos hechos de armas los Romanos
desplegaron un valor extraordinario.

Durante el Imperio, que abarca un espacio de tiempo de cerca de cuatro
siglos, las legiones romanas se hicieron igualmente notables por su
pericia y valor en los combates. Las principales acciones militares
que tuvieron lugar en ese período, fueron: la invasión de los Partos,
que terminó con la destrucción de Seleucia, donde fueron degollados
300,000 habitantes; la sublevación de España; la batalla de Vedriac y
la de Cremona; la sublevación de los Batavos; la guerra de exterminio
de la Judea, en la que fué destruida Jerusalem (cumpliéndose la
profecía de Jesucristo) y en la que murieron 1.500,000 israelitas;
las luchas contra los Bretones y los Dacios; las tomas de Babilonia,
Seleucia y Ctesifonte; la reducción de Armenia, Asiria y Mesopotamia;
el sometimiento de la Arabia; la guerra contra los Marcomanes; las
acciones contra Cizico, Nizzea é Iso; la guerra contra los Persas y
la contra los Francos; las batallas de Verona y contra los bárbaros
Godos y Alemanes; las revueltas de los Treinta Tiranos; la batalla de
Naiso y la de Edesa; las luchas repetidas contra los Batavos, Alemanes,
Moros y Persas, vencidos por Dioclesiano; la batalla de Andrinópolis,
la de Calcedonia, la de Mursa y la de Aquilea; la guerra contra los
Visigodos; las invasiones de los Ostrogodos, Pictos, Ecotos, Vándalos,
Borgoñones, Suecos y Alanos; la terrible invasión de los Hunos; la
toma y saqueo de Roma; la nueva guerra civil, en la que Roma fué
saqueada por tercera vez, y, por fin, la caída y disolución del gran
Imperio Romano.

Reconociéndose en los Romanos arraigadas tendencias á las conquistas y
un genio aguerrido, sacado de las luchas y los combates, quizá al tener
conocimiento de la existencia del Continente americano, se aventurarían
algunas colonias á atravesar los mares en busca de ese Nuevo Mundo. Y
aunque algunos autores, entre ellos Lucas Marineo en su obra _Rerum
Hispanorum_, lib. XIX, cap. XVI, afirma que los Romanos poblaron las
Indias, fundándose en que los moradores de la Isla Atlántida les habían
dado las noticias de este nuevo país, aquello debe considerarse como
una quimera, porque dado el caso de que esa isla hubiera realmente
existido, su desaparición habría tenido lugar muchos siglos antes de la
época de los Romanos. Algunos otros historiadores, que alegan que los
Romanos poblaron algunos territorios de América, dicen que en la época
del mayor apogeo del Imperio Romano, tuvieron noticia de la existencia
del Nuevo Mundo y que poblaron sucesivamente las islas de Barlovento,
Tierra Firme, México, Perú y algunas otras comarcas.

       *       *       *       *       *

Réstanos indicar las batallas ó acciones bélicas habidas en otras
nacionalidades de segundo orden, cuya política no dejó de influir
grandemente, en épocas remotas, en los destinos del Antiguo Mundo.

       *       *       *       *       *

La Asiria soportó los siguientes flagelos: la invasión de los Arabes,
cuya dominación duró tres siglos; las conquistas de la Armenia y
la Media, hasta la Bactriana, llevada á cabo por Nino ó Ninus con
su ejército de 2.000,000 de hombres; la expedición de la India por
Semiramis (2034 años antes de J. C.), al frente de 3.000,000 de
soldados, con éxito adverso para esta emperatriz; la sublevación y
combates de los Sátrapas; las conquistas de la Siria, Israel y Judá,
las de Chipre, Armenia y parte de la Media por Sargónidas; la invasión
de Egipto por Sennacherib; la toma de Nínive, y, en seguida, la de
Babilonia; la conquista de la Fenicia, Siria y Judá, por Nabucodonosor;
el combate contra los Medos; y el sitio y toma de Babilonia, por los
Persas.

       *       *       *       *       *

Citaremos otros grupos de acciones de armas:

La larga guerra á que tuvo que hacer frente la Lidia contra las
colonias griegas del Asia Menor, apoderándose, á la postre, de
Colofonte y de la Troade; la invasión de los Cimerianos; la conquista
de Esmirna y la de Efeso, por Creso; la invasión de Ciro, rey de
Persia, que terminó con la derrota de Timbrea y el reyno de la Lidia.

       *       *       *       *       *

La sublevación de los Medos, que la Media sostuvo para sacudirse de
la dominación de Nínive; la conquista de la Persia; el combate contra
los Asirios, en que éstos quedaron vencedores, pero, á su vez, fueron
vencidos por los Medos en otra batalla posterior; el sitio de Nínive
é invasión de los Escitas; la toma de Nínive y el combate contra los
Lidios.

       *       *       *       *       *

La Siria tuvo también que sostener luchas en defensa de su integridad,
como: el combate contra los Hebreos, que salieron vencidos; las
victorias obtenidas por las tropas de Ben-Abad I y Ben-Abad II; la
derrota de Ben-Abad III, que perdió las conquistas de sus antecesores;
la toma de Damasco, por el rey de Asiria Teglath Falusar; el yugo de
los Babilonios, Medos y Persas, que sufrió la Siria; y, últimamente, el
yugo de Alejandro, que terminó con la autonomía de la Siria.

       *       *       *       *       *

En fin, la Tartaria tuvo también sus días de gloria, pues sometió
una parte de la Europa y de la Asia Menor, dominando unos y otros
territorios durante veinte años; asímismo sostuvo luchas contra
los conquistadores Ciro, Dario y Alejandro, sin que éstos lograran
someterla.

       *       *       *       *       *

Por las anteriores relaciones de las innumerables guerras y batallas de
exterminio que diezmaron y arruinaron los diversos imperios y reinos
del Antiguo Mundo, y ocasionaron también la pérdida de la autonomía de
algunos de ellos, hemos tratado de probar, á nuestro entender, que las
inmigraciones venidas á América de los antiguos Continentes, después
de la catástrofe del Diluvio Universal, fueron: de Asia, las de los
Chinos, Mongoles y Hebreos; de Africa, las de los Egipcios, Fenicios
y Cartagineses; y de Europa, las de los Griegos y Romanos; razas que
algunos historiadores suponen ser los progenitores de los Indios
americanos. Pero estas suposiciones no pasan de conjeturas, ciertas
ó dudosas, fundadas ó aventuradas, porque el asunto permanece aún
obscuro, apesar de haber sido tratado por muchos hombres científicos
desde hace más de cuatro siglos--tiempo trascurrido desde el
descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón--sin que hasta ahora
se haya llegado á pronunciar la última, definitiva palabra.

       *       *       *       *       *

Emitiremos, en seguida, algunas otras apreciaciones.

No hay duda que las grandes diferencias que presentan las diversas
agrupaciones indígenas, son el resultado de numerosos y diversos
cruzamientos. La existencia en muchas partes de América, de ruinas
que denuncian una civilización avanzada, y que los Indios que habitan
este Continente no tienen ningún recuerdo, es prueba bastante para
testificar que hombres civilizados se introdujeron en América desde
tiempo inmemorial, encontrando aquí una ó varias razas menos aptas á la
civilización, las que en parte sometieron á su poder y se mezclaron con
ellas.

Si se trata de averiguar á cuál raza pertenecían aquellos hombres
civilizados, bien se puede conocer que los Indios de América se acercan
más, en general, á la raza amarilla que á la blanca y la negra; á lo
menos, esta es la opinión de Topinard, que en su _Antropología_ observa
que "el Americano tiene en su conjunto muchos puntos de contacto con el
tipo de la raza amarilla, relativo á caracteres de primer orden." Sin
embargo, la forma de los Indios del nordeste, sus ritos, ceremonias,
costumbres y otras particularidades, han hecho suponer también que
entre sus antepasados contaban hombres blancos; suposición que parece
tanto más admisible, por haberse probado que los Escandinavos (sin
remontarnos á épocas más lejanas), tuvieron relaciones con la América
del Norte desde el siglo X de la era cristiana.

Debemos recordar, á este respecto, la debatida cuestión iniciada por
algunos etnógrafos y antropólogos, tocante á que, según pretenden, los
primitivos habitantes de América habían pertenecido á la raza blanca.
Si frente á este supuesto presentamos la tradición que prevalece
entre los Indios del sud de Colorado, de Nuevo México y Arizona, no
hay duda que una raza antiquísima de hombres blancos, superiores á
ellos, habrían sido sus antepasados[74]. Dicha tradición--para mejor
explicarla--se relaciona con el hecho siguiente: Un cazador llamado
John Teix, de Nuevo México, ha descubierto últimamente, en la cueva
de un barranco de Río Grande del Norte, cerca de las llanuras de San
Agustín, en el Condado de Socorro, la momia de un hombre de muchos
siglos de existencia, perteneciente á la raza blanca: excabando el
suelo de dicha cueva, encontró un lecho de cemento; perforando aquel,
halló una capa de huesos humanos, trozos de armas y utensilios de una
época remotísima; debajo de esta capa halló otro lecho de cemento;
luego otro estrato de residuos heterogéneos; en fin, una tercera capa
de cemento; debajo de ésta, protejida por una obra de alfarería, una
momia sentada, de raza blanca, de más de seis pies de estatura, de pelo
rojo y abundante, envuelta en tres mantas y con los brazos cruzados
sobre el pecho. En vista de este hallazgo, ¿sería verdaderamente
fundada la existencia de una raza blanca aborígene de las comarcas
de América y probatoria de que los Españoles de los siglos XV y XVI
encontraron éstas ya pobladas de habitantes de raza roja?

Pero esto, se objetará, es un caso aislado que si permite suponer que
en tiempos remotos existiera en América una raza de hombres superiores
en casta é inteligencia, ello no prueba plenamente que los primitivos
pobladores de este Continente pertenecieran á la raza blanca.

Empero, el sabio barón Alejandro de Humboldt opina que, en tiempos
lejanos, los pobladores de toda la América fueron de raza blanca, y á
este respecto dice: "Hombres blancos, barbudos y de mejor complexión
que los naturales de Anahuac, Cundinamarca y Cuzco, aparecidos sin
ninguna indicación del lugar de su nacimiento, no pudieron menos de ser
sacerdotes, legisladores, amigos de la paz y de las artes, y de operar
un cambio repentino en la política del país, por cuyo poderoso motivo
los recibieron con veneración. Así, Quetzaltoal, Bochica y Manco-Cápacc
son los sagrados nombres de estos misteriosos sacerdotes."

Admitiendo ahora la opinión emitida por otros etnógrafos tocante á
la raza roja originaria de América, habría que convenir en que ella
fuera descendiente de alguna raza prehistórica perteneciente á una ó
varias razas inferiores y diferentes de aquellas que existen ahora en
las demás partes de la Tierra, cuyos tipos, á su vez, habrían tenido,
también, gran tendencia á modificarse con el contacto de otras razas
superiores.

Ambas hipótesis son admisibles, pero es lo cierto, que sólo descansan
sobre conjeturas, como se ve, meramente probables y de ninguna manera
evidentes ni efectivas, porque no existe fuente de información que
acredite la realidad de esos hechos, los cuales, por lo demás, se
pierden en la obscuridad de los tiempos lejanos en que se supone
ocurrieron.

       *       *       *       *       *

Cuanto á la dificultad de inquirir las épocas fijas en que las diversas
inmigraciones llegaron al Continente americano, la generalidad de los
etnógrafos juzgan, como se ha dicho, que fué habitado desde remota
antigüedad. Si suponemos que los pueblos del Asia Menor, que es la
cuna del Género Humano, fueron los primeros que las playas del Nuevo
Mundo pisaron, su contacto con este Continente pudo haber tenido lugar
durante la época Cuaternaria, porque la identidad de las hachas y
otros utensilios de piedra tosca y pulimentada encontrados en ambos
Mundos, induce á creer que la inmigración principal del Asia Menor se
produjo en la época anterior al Período Neolítico. Y al atenernos á
los historiadores antiguos, los pueblos del Asia Mayor ó del Extremo
Oriente habían aportado á las playas americanas siete siglos después
que los del Asia Menor. Ambas hipótesis, de suyo problemáticas, admiten
únicamente que los aborígenes americanos fueron encastados con razas
diversas, venidas, primero, de Asia, y después, de Europa y de África.

Respecto de la otra dificultad, de inquirir también por dónde pasaron
los primeros pobladores de América, varios autores presumen que por dos
grandes caminos. Si admitimos con Gomara y otros historiadores, que en
tiempos remotos hubo comunicación por tierra unida entre la Africa ó la
Europa y la América, mediante la Atlántida, sería indudable que por esa
ruta vinieran al que es hoy el Nuevo Continente, en primer lugar, los
Egipcios, Fenicios y Cartagineses (de Africa), y también los Griegos
(de Europa).

Cuanto á los pueblos asiáticos, tales como los Hebreos, Chinos,
Mongoles y demás, últimamente ha surgido una nueva hipótesis sobre la
base de una expedición de sabios ingleses, que salió de Inglaterra
á fines del año 1911, con el objeto de estudiar el problema de los
gigantescos restos prehistóricos de la Isla de Pascuas; expedición que,
á su vez, ha planteado la fórmula de ser esa Isla el último pináculo
de un continente sumergido, que ocupaba la mayor parte del que es
hoy Océano Pacífico, y que unía, talvez, la Asia con la América[75].
Admitiendo esa nueva hipótesis que no pasa de una presunción
problemática, factible sería que por esa misma ruta, ó por la del corto
estrecho de Annian, ó también por la cadena de las islas Aleutianas,
hubieran podido esos pueblos asiáticos arribar á las playas de América.

Estas son las grandes rutas que se consideran más probables para
haber servido de curso á aquellas primeras expediciones que el suelo
americano poblaron. No obstante, para aclarar en lo posible este punto,
vamos á exponer las opiniones que al respecto opinan algunos otros
publicistas.

Citaremos entre éstos, primero, á Hugo de Grocio, que en su obra
titulada _Disertatio de Origine gentium Americanarum_, asienta: "los
primeros habitantes (post-diluvianos) de la América Septentrional han
venido de Noruega; los de Yucatán, de la Etiopia; los del Perú, de la
India y de la China; y aquellos que son más al sud hasta el Estrecho
de Magallanes, han venido del oriente por las tierras australes." Y
agrega: "Es un hecho evidente, que tanto de Europa por la Groenlandia,
cuanto de Asia por algún estrecho de poca extensión, se ha podido pasar
á América: también se ha podido pasar á este Continente por el Estrecho
de Magallanes, que sólo tiene dos ó tres leguas de largo, ó por el
de Le Maire, más al Sud, suponiendo que esa tierra austral haya sido
habitada."

El Dr. Pickering, en su obra _Races of Men_, pág. 299, observa
que "existen dos vías por las cuales los inmigrantes á las Indias
Occidentales ganaron los confines del Océano Pacífico: la una es por
la Micronesia (una de las cuatro grandes divisiones de la Oceanía,
entre la Polinesia al este, la Melanesia al sud y la Malesia al oeste;
sus principales grupos ó archipiélagos son las Marianas, las Carolinas,
Marshal y Gilbert); la otra es por los archipiélagos de la Papuasia
(ó Nueva Guinea, grupo de dos grandes islas de la Oceanía, en la
Melanesia, al norte de la Australia)."

El Dr. Hyde Clarke, en su obra _Researches in prehistoric and
protohistoric comparative philology, in connection with the origin of
culture in America_, pág. 41, opina que "en atención á las condiciones
geográficas, es probable que los inmigrantes á las Indias Occidentales
hayan tomado dos rutas: la una, por las corrientes y las islas del
norte; la otra, por las corrientes y las islas del sud." En otro lugar,
pág. 19, opina el mismo autor: "Se puede colegir que las primeras
inmigraciones (las de las razas Caribes) han pasado por el Estrecho
de Berhing, y las últimas (las de la raza Súmera) han pasado por el
Pacífico y la isla de Pascuas." Más adelante, págs. 19-20, intenta
establecer, por aproximación, la cronología de las inmigraciones á
América, diciendo: "Hace tres mil años que la raza Súmera chocó en Asia
contra la raza Semítica; sietecientos años más tarde este choque habría
tenido lugar contra la raza Ariana...... Si el establecimiento de los
Súmeros en Babilonia remonta á cuatro mil años (véase la cronología de
la _Biblia_ por Bunsen)[76], su establecimiento en la India habría sido
en esa misma época, en el supuesto de que las dos inmigraciones hayan
tenido un mismo punto de partida en el Alto Asia, lo que parece indicar
la división en Súmero oriental y en Súmero occidental. La ocupación de
Indo-China tuvo lugar en seguida, luego la de Java y la de las islas."

El hecho probable, á juicio de los diversos autores ya citados, es
que se debe admitir, en atención á las divergencias lingüísticas, que
América ha sido poblada desde una época antiquísima, suponiendo que
el contacto de la Asia con este Continente, debió tener lugar durante
la época del progreso humano caracterizado por el empleo del bronce,
á la vez que la ignorancia del uso del hierro. De la identidad de
los utensilios de piedra pulida encontrados en ambas secciones del
Continente americano, se puede inferir que la inmigración principal
se produjo en la época en que la Asia no había aún sobrepasado el
Período Neolítico. De allí, que esos autores resumen su opinión con
las siguientes conclusiones: 1^{a} Los Americanos, á excepción de las
razas esquimal y mongólica, habitaron el Nuevo Mundo durante un lapso
bastante largo para cimentar allí varias lenguas y una civilización
particular. 2^{a} Por intérvalos de tiempo, nuevos inmigrantes vinieron
de Asia, probablemente por mar, trayendo consigo el conocimiento de
las artes y ciencias que constituían la civilización de los pueblos
de aquella parte del Mundo. 3^{a} No hay prueba alguna que las tres
civilizaciones de México, Centro América y Perú se hubieran puesto en
contacto con la civilización del Mundo Antiguo, con posterioridad á la
Edad de Bronce. Y 4^{a} La corriente de las inmigraciones se dirigió
generalmente de la Asia á la América, y en esta última parte la marcha
de las tribus se efectuó, las más veces, del norte al sud.

Estas conclusiones nos traen nuevamente á la teoría que venimos
sustentando, de que los primitivos habitantes de América son de raza
autóctona.

Bastando al respecto las opiniones de los autores citados
anteriormente, réstanos agregar, que estamos en vísperas de importantes
descubrimientos en el campo de la arqueología americana, pues los
científicos trabajos iniciados ya en este sentido por los sabios
exploradores Humboldt, Waldeck, Brasseur de Bourbourg, Stephens,
Wilson, Schoolcraft, Bollaert, Bingham y otros, no han sido estériles;
ni las investigaciones filológicas de los lingüistas Latham, Gallatin y
Clark, tampoco han sido infructuosas.

       *       *       *       *       *

Haciendo, ahora, abstracción de los juicios asentados sobre los
primeros habitantes postdiluvianos de América, nos concretaremos á
escudriñar los hechos que son más fundados y apoyados en documentos
fehacientes.

De las remotas edades prehistóricas y de aquellas que siguieron á
éstas hasta cerca de la Era Cristiana, no existe, como lo hemos dicho
ya, ninguna fuente de información sobre los primeros habitantes del
Continente americano, pues cuanto han supuesto los escritores á este
respecto, no pasa de ser meras conjeturas: la historia de esas épocas
se ha perdido con el trascurso de los siglos, y todo queda envuelto en
la obscuridad y el misterio insondable del tiempo.

El hecho más antiguo que encontramos sobre la llegada de hombres del
Viejo Mundo al Continente del Nuevo, data de cuatro siglos antes de la
era cristiana. Ultimamente, á principios del siglo XIX, un labriego del
pueblo de Dolores, situado á dos leguas de la ciudad de Montevideo,
hizo, de un modo casual, un descubrimiento de objetos antiguos de
la época del conquistador Alejandro el Magno, rey de Macedonia:
efectuando una excavación para trasplantar un arbusto, encontró una
piedra sepulcral con inscripciones desconocidas para él, y al alzar
esa piedra, vió que ella cubría una bóveda de ladrillos que contenía
dos espadas, un casco y un broquel muy oxidados, y también una gran
ánfora. Tratando de descifrar la inscripción incompleta de esta piedra
y los vestigios que ella cubría, un sabio llegó á leer las siguientes
palabras: ALEJANDRO, HIJO DE FILIPO, FUÉ REY DE MACEDONIA, ALLÁ EN LA
SEXAGÉSIMA OLIMPIADA DE PTOLOMEO...... (falta lo que sigue). Sobre
los puños de las espadas se hallaba grabado un retrato al parecer de
Alejandro, y sobre el casco se veía cincelado á Aquiles arrastrando el
cadáver de Héctor, al rededor de los muros de Troya. ¿Débese conjeturar
de allí, que algunos contemporáneos de Aristóteles ó de Arquímedes
hubieran hollado el suelo que es hoy del Uruguay? En este caso,
algunos súbditos de Ptolomeo-Sóter ó de su hijo Ptolomeo-Filadelfo
habrían sido llevados, por una tempestad, al medio del Océano y
arrojados sobre las costas uruguayas. Admitiendo esta conjetura, sería
probable que hubieran sido súbditos de Ptolomeo-Filadelfo, porque el
padre de éste empleó sus navíos en la conquista de la Asia Menor, la
Grecia, la Fenicia y las islas de Chipre y Salamina, mientras que
Ptolomeo-Filadelfo las ocupó en hacer viajes de descubrimientos, siendo
posible que en una de esas correrías marítimas algunos bajeles fueran
arrastrados á playas desconocidas entonces.

Casi en la misma época (siglo IV antes de la era vulgar ó durante la
República Romana), parece que una expedición arribó á las playas de
América, pues, como lo hemos dicho antes, en las ruinas de Petén, en
Centro América, se encontró ahora años, monedas del tiempo de los
Romanos y herraduras de caballos de mayor alzada que los comunes,
objetos que se hallan depositados en el Museo de Guatemala.

Marineo, en su obra _Rerum Hispanorum_, lib. XXIX, cap. XXVI, refiere
que "en cierta parte de Tierra Firme de América, donde era Obispo Fr.
Juan Quevedo, de la Orden de San Francisco, hallaron unos hombres
mineros, estando cabando y desmontando una mina de oro, una moneda con
la imagen y nombre de César Augusto (que gobernó el Imperio Romano un
siglo antes de la era vulgar), la cual, habiendo venido á manos de D.
Juan Rufo, Arzobispo consentino, la envió como cosa admirable al Sumo
Pontífice."

El P. Fr. Gregorio García, en su obra ya citada, pág. 174, en apoyo de
lo referido por Marineo, dice también que "en la Imperial, ciudad del
reino de Chile, se hallaron medallas con águilas de dos cabezas, timbre
del Imperio Romano, las cuales fueron siempre insignias que usaron en
sus ejércitos, y por ellas se entendían sus legiones, y se llamaban
triunfadoras, cifrando en su nombre el poder y la gloria del Imperio."

Si estos objetos, que datan unos de la época de Alejandro y otros de
la de César, han sido encontrados, los primeros en un extremo, y los
segundos en otro extremo de la América española, quizá podría colegirse
que este territorio hubiera sido ocupado por los Griegos y los Romanos,
durante más de dos siglos, ó sea, desde el reinado de Alejandro (300
años antes de la era cristiana) hasta el de César (100 años antes de
la misma era). Y también podríase inferir, talvez, que esos Griegos
y Romanos fueron los hombres de raza blanca que algunos etnógrafos
suponen hayan sido los primeros habitadores de América.

Avanzando algunos siglos, ó sea, á fines del V de la era cristiana, una
inmigración de Mongoles atravesó el Pacífico, desbordándose sobre las
playas de México: este hecho no sólo se ha trasmitido por tradiciones
populares, sino que se ha confirmado últimamente, como lo hemos dicho
antes, con motivo de la guerra que la China sostuvo en 1900 contra los
aliados Europeos, pues al ocupar estos últimos la capital de Pekin,
descubrieron en los antiguos archivos de aquella capital, documentos
que comprueban, con toda evidencia, que los Mongoles desembarcaron en
el Continente americano en el año 499, es decir, 993 años antes que
Colón. En dichos documentos se asevera que "cruzaron el Pacífico y
desembarcaron en las playas de México, en la parte opuesta á Yucatán,
y allí levantaron templos." Y este hecho parece algo verosímil, si
se toma en cuenta que, hace tiempo, se encontró en las ruinas de los
templos descubiertos en el Estado de Sonora, en la costa del Pacífico,
una piedra, con caracteres chinos, que indican que los Mongoles habían
visitado el Continente hacía muchísimos años.

Parece también evidente que en el siglo VI, según tradición de aquella
época, los Hileriones, Gutos, Siuones y Sitones, piratas escandinavos
de la gran isla situada al norte de Europa, cruzaron el Atlántico y
desembarcaron en las playas septentrionales del Hemisferio Americano
(hoy Estados Unidos de la América del Norte), quedándose algunos allí
y cruzando otros todo aquel territorio hasta llegar á la meseta de
Anahuac: estos últimos se establecieron en esa comarca, uniéndose con
los Mongoles, y formándose de la mezcla de ambas razas, las aguerridas
tribus conocidas con los nombres de Toltecos, Chichimecos, Nualtecas y
Aztecas.

El historiador sueco, Mr. Folsom, encontró en algunas rocas situadas
en el distrito de Assonett, cerca del río Tauntón, en el Estado
de Massachussets, algunas inscripciones trazadas con caracteres
escandinavos (rúnicos), conteniendo los nombres de guerreros Islandeses
y Noruegos que habían formado su campamento en esa región; pero aunque
estas inscripciones no llevan fecha alguna, la forma de sus caracteres
prueba incontestablemente, según lo asevera Mr. Folsom, que ellos
remontan á una época que aproximadamente se puede referir al siglo
X. Mr. Folsom, para esclarecer esta cuestión, fué á Islandia, donde
obtuvo varios manuscritos del dicho siglo, en los que constaba que dos
navegantes Islandeses, Bjarne Herjulfson y Leif Erickson, habían sido
unos de los primeros descubridores de América, á fines de ese siglo,
el primero, y á principios del siglo XI, el segundo, manuscritos que
encierran una descripción de los dos cabos llamados Cod y Santa Marta,
conocidos hoy por Nueva-Bretaña y Nueva-Escosia, y de algunas otras
islas de la bahía de Narraganssett, en las que estos navegantes y
compañeros de viaje habían residido cerca de tres años. Empero, Mr.
Folsom no se dió por satisfecho y quiso constatar la existencia de las
antiguas relaciones entre el Nuevo Mundo y el Antiguo, y se dirigió á
América. Allí encontró, como se ha dicho, sobre rocas del distrito de
Assonett, las inscripciones trazadas con caracteres escandinavos á que
hemos hecho referencia.

Posteriormente, según antiguos manuscritos escandinavos dejados en
el siglo XII por el Obispo islandés Thorlak Runolfson[77], sobre
los primeros viajes de los Escandinavos al Continente americano,
y encontrados en Copenhague, en 1838, por Carlos Christian Rafn,
Secretario de la Sociedad de Anticuarios de esa ciudad, y descritos
por él en los _Antiquitates Americanæ_, los Suecos, los Noruegos y
los Dinamarqueses, que son los que siempre se han distinguido por la
audacia de sus excursiones marítimas, emprendieron viajes á la América
en el trascurso de los siglos IX, X, XI y XII, y cita los siguientes:

1^{o} El de Gunnbjoern, que el año 876 descubrió la Groenlandia (más
de 600 años antes que Cristóbal Colón descubriera la América), vasta
comarca de la América Septentrional, situada á los 74° de latitud norte
y entre los 14° y 74° de longitud oeste[78], ignorándose, entonces, que
formara parte del Nuevo Mundo.

2^{o} El del Islandés Schnaebjorngalti, que desde el año 970 al de 980
permaneció en Groenlandia.

3^{o} El de Eirickhinn Raudi (Erick el Rojo), descendiente de una noble
estirpe de Islandia, (que fué desterrado por tres años de su patria
á causa de un homicidio), decidió, en el año 982 ó 983, establecerse
en Groenlandia, que había divisado Gunnbjoern, y en cuyo territorio
encontró viviendas, restos de embarcaciones y herramientas de pedernal,
lo que prueba que esos lugares habían sido habitados desde más de cien
años antes. Erick el Rojo volvió á Islandia cumplidos los tres años
de su condena, pero en 986 regresó á Groenlandia con 35 buques, de
los cuales sólo 14 llegaron á aquel país, pues de los demás, unos se
fueron á pique y otros, regresaron á las costas islándicas. Erick el
Rojo fijó definitivamente su residencia en Brattalid del Ericsfiord,
fundando allí colonias islandesas que aumentaban por modo notable y
estableciendo el cristianismo: en 999 llegó á sus playas el primer
misionero procedente de Islandia, conducido por Leif, hijo de Erick.
Entre las muchas personas que acompañaban á Erick el Rojo, en ese
segundo viaje, iba Heriulf, (bisnieto de Ingolf, primer colono de
Islandia) quien se estableció en Heriulfsnes, parte meridional de la
Groenlandia, donde lo alcanzó su hijo Biarne, después de una navegación
llena de penalidades y zozobras.

4^{o} El de Are Marsen de Reykjanes, que en el año 983 llegó también
á Groenlandia, estableciéndose con sus compañeros en una comarca que
denominaron Huitramannaland y que se extendía á lo largo de la bahía de
Chesapeak hasta más allá de la Carolina; permaneciendo en tal comarca,
porque los Esquimales, vecinos de ella, les impidieron el regreso á
su patria. Este hecho ha sido conservado por tradiciones entre los
mismos Esquimales, que á la tierra de Huitramannaland llamaban «país de
hombres blancos,» por el vestido que éstos llevaban, infiriendo, con
su criterio razonable, que, por sus procesiones, cantos, estandartes,
pertenecían á una comunidad católica.[79]

5^{o} El de Bjarne Herjulfson, que en el año 986 (el mismo año que
Erick el Rojo emprendió su segundo viaje á Groenlandia) descubrió los
territorios conocidos actualmente por Nueva Bretaña, Nueva Escocia y
Nueva Finlandia ó Terranova[80].

6^{o} El de Bjoern Asbrandson, que en el año 999 llegó, asímismo, á
Groenlandia, á consecuencia de un violento huracán que le hizo perder
el rumbo de su navegación, arrojándolo á una costa desconocida para
él, y cuyos indígenas lo prendieron inmediatamente al desembarcar;
acudiendo luego una procesión de hombres vestidos de blanco, precedidos
de un estandarte y dirigidos por un venerable anciano á caballo, el
que, dirigiéndole la palabra en lengua islandesa, le preguntó quién
era y de dónde venía; y contestándole Bjoern Asbrandson ser natural
de Islandia, el anciano dióles libertad, á él y á sus compañeros, no
sin aconsejarles que se alejaran, cuanto antes, de tan inhospitalario
país. El sitio donde Bjoern Asbrandson desembarcó, no fué otro que
Huitramannaland, y los hombres blancos, Are Marsen de Reykjanes y sus
compañeros, que diezisiete años antes se vieron obligados por los
Esquimales á permanecer en la expresada comarca.

7^{o} El de Leif Erickson[81], hijo mayor de Erick el Rojo, que en el
año 1000 realizó un viaje de Groenlandia hasta una costa que denominó
Helluland (conocida hoy por New-Foundland); después siguió navegando
al medio día y arribó á otra costa que nombró Markland (actualmente
New-Scotland, New-Brunswich y Canadá); en seguida llegó á un litoral
muy ameno, entre el Cabo-Sable y Cabo-Code, al que dió el nombre de
Vinland, por haber hallado en él uvas silvestres en abundancia[82].

8^{o} El de Thornwald Erickson, hermano del anterior, que en el
año 1002 estableció su residencia en Massachussets; pero en 1004
expedicionó hacia el Cabo Pedregoso, donde fué herido, en el sobaco,
de un flechazo que le asestara uno de los indígenas de ese lugar, de
cuya herida murió al poco tiempo, siendo enterrado en un lugar llamado
hoy Garnet-Point, del cual se le desenterró hace unos cuarenta y tantos
años, vestido aún con su armadura. Pocos instantes antes de morir,
había encargado que se le enterrase en su residencia de Massachussets,
y se le pusieran cruces en la cabecera y á los pies de su sepulcro,
órdenes que fueron cumplidas por sus compañeros.

9^{o} El de Thornstein Erickson, tercer hijo de Erick el Rojo, que en
1006 expedicionó desde Groenlandia á las costas de Nueva-Inglaterra y
Nueva-Escocia. Su barco iba equipado con 25 hombres y llevó consigo
á su mujer Gudrida. Al poco tiempo murió en su establecimiento de
Lysufiord, al oeste de Groenlandia, por lo cual en la primavera
próxima, su mujer regresó á Ericsfiord.

10^{o} El de los ricos Groenlandeses Thorsfrin Karlsefné y Suorré
Thornbrandson, que en 1007 armaron una flota de tres buques tripulados
por 160 hombres, y haciéndose á la vela con rumbo á la costa
norte-americana, tocaron primero en la isla de Marthas Vineyard,
para dirigirse de allí á Mount-Hope-Bay, donde permanecieron durante
dos inviernos. Su exploración á aquellas comarcas duró cuatro años,
regresando á Groenlandia en 1611.

11^{o} El de los hermanos Helge y Finnboge, que en 1012 abordaron las
costas de Massachussets, pasando en ellas el invierno.

12^{o} El de Gudleif Gudlengsen, quien en 1029, después de una
navegación de muchos días, desembarcó en las costas de Finlandia, en
las cuales encontró á sus compatriotas Are Marsen Reykjanes.

13^{o} El de un sacerdote islandés llamado John, que en 1059 se
trasladó de Islandia á Terranova con el objeto de predicar allí la fe
cristiana; pero al poco tiempo murió á manos de los indígenas del lugar.

14^{o} Los de varias otras expediciones groenlandesas que se efectuaron
entre los años 1060 á 1121, y que se establecieron en las costas
meridionales de Connecticut, New-York, New-Jersey y Delaware.

15^{o} Y, por fin, el del Obispo de Groenlandia, Erick Gnupron, que
en 1121 hizo una visita pastoral por aquellos países en que estaban
establecidas diversas colonias de Groenlandeses.

A más de estos viajes auténticos de los Escandinavos, hay tradición
de que algunos otros se efectuaron en aquellos tiempos, no pudiendo
garantizar la autenticidad de ellos, por no existir comprobantes en
apoyo de esas expediciones marítimas.

En antiguos manuscritos que se conservan en las abadías de Conway
y Strat-Flur, consta también que en el año 1170 el sueco Gwynedd,
príncipe de Madave ó Madoc, salió del puerto de Abergwilly y se hizo
á la már, navegando en dirección al oeste, hasta llegar á una comarca
que se supone ser la Florida ó la Virginia: dejó allí ciento y veinte
colonos, y regresando á su país, vituperó la conducta de sus hermanos
y sobrinos que se disputaban una tierra pobre y árida, cuando existia
una región tan extensa y tan fértil sin habitantes. Pero, por ese
tiempo invadió la peste negra los países escandinavos, siendo, según se
dice, tales sus estragos, que la población de esos países, calculada
en doce millones de habitantes, se redujo á tres millones. Calamidad
tan horrible puso naturalmente término á la vida aventurera de una
parte de los navegantes de esas naciones y no volvieron á intentarse
descubrimientos marítimos.

Es evidente que desde el siglo IX en que los Escandinavos descubrieron
la Groenlandia, formaron allí extensas colonias, cuyos habitantes
pasaban con frecuencia al Continente europeo, llevando toda clase de
mercaderías, principalmente maderas y pieles. Esas colonias llegaron á
contar en el siglo XIV como doscientas poblaciones con iglesias y una
catedral, y la grey católica estaba gobernada por diezisiete Obispos,
cuyos nombres y fundaciones se encuentran en documentos auténticos.

En el trascurso de los siglos XIII y XIV sólo efectúose por los
Escandinavos y otros, uno que otro viaje marítimo á las costas
septentrionales del Continente americano, y, por consiguiente, á
principios del siglo XV quedó casi completamente interrumpido el
tráfico entre estos países y las costas americanas, á causa de la
piratería que en aquellas aguas y por aquellos tiempos ejercían
los ingleses: una vez cortada la comunicación entre estos países,
probable es que los colonizadores de Groenlandia y demás lugares de la
costa septentrional americana se mezclaran con los Esquimales, hasta
confundirse con ellos por completo. Lo mismo sucedería con las colonias
europeas, establecidas en otros lugares de ese mismo Continente.

Ahora, veamos los pocos viajes marítimos que aún se emprendieron, antes
de los realizados por Cristóbal Colón.

Las _Sagas_ ó crónicas de Islandia, hacen mención de una expedición
salida de aquel país, cuyas naves fueron arrojadas sobre una costa
meridional de la América del Norte, que se presume sea la Florida ó la
Carolina del Sur. Esas mismas crónicas hablan de una comarca americana
llamada "Tierra de los hombres blancos ó Grande Islandia," país en el
cual se fijaron algunos Islandeses, no siendo posible precisar, con
exactitud, su posición.

En el siglo XIV los hermanos Nicoló y Antonio Zeni, venecianos,
descubrieron en 1390, la Tierra de Forcec, en la parte norte del
Océano Atlántico, y de allí se dirigieron al oeste á una comarca que
denominaron Drogno, conocida hoy con el nombre de Nueva Escocia ó
Canadá.

Según los _Anales de Baronius_, continuados por Odorico Raynaldi,
algunos Franceses de la Baja Bretaña descubrieron Terranova y el
Canadá, un siglo antes de los viajes de Colón; y los primeros que
hicieron este descubrimiento, á su regreso á Europa, comunicáronlo á
Juan I, rey de Portugal.

Se dice que en los años 1463 y 1464 el portugués Juan Costa Vas
Corterreal llegó también á Terranova; pero las noticias que se tienen
acerca de este viaje son muy confusas.

En 1476, según afirman los cronistas antiguos Wytfliet, Pontanus y
Horn, el rey Christian I de Dinamarca encargó al polaco Juan Scolnus
ó Kolno, que hiciera un viaje á Groenlandia, á fin de reanudar las
relaciones que, desde largo tiempo, se hallaban interrumpidas entre
este territorio y Dinamarca, viaje que realmente se efectuó por ese
marino, pues está señalado en la carta geográfica que Miguel Lok dió
á luz en 1582, con el nombre de Jac. Scolnus Groetland, que es más
ó menos la misma región conocida hoy por el territorio de Labrador.
También el cronista Gomara, en su _Historia General de las Indias_,
publicada en Madrid en 1553, y Herrera, en su _Historia General de los
hechos de los Castellanos_, publicada también en la misma ciudad, en
1601, hacen, igualmente, mención de Juan Scolnus.

El P. Fournier, en su _Hydrographie_ (París, 1679), asevera que los
Normandos y Bretones sostienen haber descubierto el Brasil antes que
Albérico Vespuzio y Cabral, pues de allí llevaban palo brazil, que
servía para teñir.

En 1488, ó sea cuatro años antes que Colón descubriera el Nuevo Mundo,
se pretende que el francés Juan Cousin salió del puerto de Dieppe, con
rumbo hacia las Indias. Este viaje de Cousin ha sido tema de muchas
controversias é investigaciones entre los críticos, pues unos creen
que realmente se verificó esta navegación, y otros sostienen que no
tuvo lugar. Al primer grupo de estos críticos pertenece el profesor
Geleich, quien afirma que tal viaje es verosímil, fundándose en que
el puerto de Dieppe, en esa época, era uno de los más comerciales de
Europa. Se asegura que existía en los archivos de Dieppe comprobantes
del viaje de Juan Cousin; pero, desgraciadamente, este archivo fué
quemado por los Ingleses cuando bombardearon y se apoderaron de esa
ciudad.

En fin, en esa misma época, según crónicas vascuenses, parece que
Juan de Echaide descubrió algunas nuevas regiones americanas, y que
este navegante fué el que participó á Cristóbal Colón la existencia
del Nuevo Continente: los archivos á que se podría recurrir para
la confirmación de este viaje, han desaparecido, por desgracia, á
consecuencia de las guerras por las que pasara la Gascuña.

       *       *       *       *       *

Si no se tenía un conocimiento cabal de América en los tiempos
anteriores al descubrimiento de Colón, lo cierto es, que en algunos
mapas geográficos de aquella época se encuentran consignadas algunas
islas situadas en medio del Océano Atlántico ó próximas al Nuevo Mundo,
como lo vamos á exponer en seguida.

En una carta del Atlas de Mediceano, del año 1351, se halla anotada la
_Is. de Brazil_, y en mapas posteriores del siglo XIV, aparece el mismo
nombre con las variaciones de _Braxil_, _Brazylle_ ó _Brasile_[83],
isla que probablemente se encontraría cerca de la costa del territorio
conocido hoy por Brasil.

En la carta de los hermanos Pizzigani, venecianos, de 1367, aparece
marcado el archipiélago de las Canarias, con algunas islas cuyos
nombres no han variado hasta hoy, como la de la Palma y la de
Forte-Ventura (Fortunata).

En las cartas marítimas catalanas del año 1376 (anónimas), que formaban
parte de la biblioteca de Carlos V, figuran también los archipiélagos
de Canarias y Azores y la isla de Madera, con curiosas leyendas algunas
de ellas. La de las islas Afortunadas dice: "......... Estas islas se
llaman Afortunadas, porque abundan en todo lo bueno: trigo, frutos y
árboles. Los paganos suponen que allí está el Paraíso, á causa del poco
calor que se siente y la fertilidad del suelo...... Así, los paganos
de la India creen que sus almas, después de la muerte, van á habitar
esas islas, y continúan viviendo allí eternamente del perfume de esos
frutos. Piensan que en aquellas islas está el Paraíso; pero, en verdad,
esto no pasa de una fábula."

En 1424 apareció en un atlas italiano que se conserva aún en la
biblioteca de Weimar, la _Is. Antilia_. Mucho se ha hablado de esta
isla, situada hacia al norte del trópico de Cancer, no lejos de las
Azores: se pretende que en el año 734, cuando la España se vió invadida
por los Moros de Africa, esta isla fué habitada por un Arzobispo de
Porto en Portugal, y seis Obispos, con gran número de cristianos,
hombres y mujeres, que habían ido allá con sus animales y sus bienes.
Esta isla se encuentra reproducida en los mapas que el genovés Bedacio
ó Bedrazio dibujó en 1434 y Andrés Biancho reprodujo en 1436.

El mismo Andrés Biancho dibujó en 1439 otro mapa en pergamino, que
existe en la Biblioteca de San Marcos de Venecia, en el que está
señalado, además de las _Islas de Brazil y Antilia_, otra situada hacía
el cabo de San Agustín, en la Florida, designada con el nombre de _Is.
de la man. de Satanaxio_ (Isla de la mano de Satanás)[84].

En 1476 Andrés Benicasa dibujó un mapa en el que también figura la _Is.
Antilia_, la misma que aparece igualmente en los mapas de Bartolomé
Pareto, Fray Mauro, Ostelius, Mercator y Toscanelli, que, á la vez
dan á esa misma isla el nombre de _Sette Citades_, (Isla de las Siete
Ciudades).

En fin, en el célebre «Globo Terráqueo» de Martín Behaim[85], del
año 1492, que se conserva en Nuremberg, aparece también la _Insula
Antilia_ llamada _Septa Citade_, con la siguiente anotación: "En el
año 734, según se cuenta desde el nacimiento de Cristo, cuando toda
Hispania estaba conquistada por los herejes de Africa, fué habitada
esta isla por un Arzobispo de Porto-Portugal, con seis Obispos más y
otros cristianos, hombres y mujeres, que habían huído de Hispania con
su ganado y toda su hacienda. En el año 1414 pasó cerca de ella un
buque venido de Hispania." Además, en el mismo «Globo Terráqueo» de
Behaim, á los 50° Oeste del meridiano de la costa portuguesa, en medio
del Océano, está señalada la _Is. de San Brandano_ con la siguiente
inscripción: "565 años después de Jesucristo llegó San Brandano á esta
isla, vió en ella muchas maravillas, y siete años después se volvió á
su país."

Algunos historiadores han negado la existencia de todas estas islas,
tachándolas de fabulosas; pero al figurar ellas en los diversos mapas
antiguos que hemos citado, es indudable que fueron exploradas antes
del descubrimiento de Colón por atrevidos navegantes. Posible es,
por lo demás, que los primitivos nombres de esas islas hayan ido
desapareciendo de los mapas á medida que se alcanzaban conocimientos
más exactos del Océano Atlántico, y que hubieran sido sustituidos por
otros nombres indicados hoy en los mapas modernos[86].

Los hechos, crónicas y mapas que acabamos de citar tienen una
autenticidad indiscutible, y los más renombrados geólogos modernos,
sobre todo Alejandro de Humboldt, afirman que la América ha sido
frecuentemente visitada por los Escandinavos desde el siglo IX al
XIV. Desgraciadamente, estos viajes, apesar de su trascendencia, no
han producido resultado alguno favorable para la América, por haber
quedado interrumpida desde el último siglo citado la comunicación del
Atlántico, ya por lo larga y peligrosa que se hacía la navegación á
través de los mares que separan el Continente de Europa del de América,
ya por las piraterías de los Ingleses en aquellos mares, ó ya, en
fin, por la poca experiencia que en aquellos tiempos se tenía del
arte náutico. Pero sea de ello lo que fuere, el hecho es, que quedó
abandonada ó á lo menos fuera desatendida esa ruta durante el trascurso
de cerca de doscientos años, llegando así á quedar olvidada la América,
hasta que, en 1492, el navegante genovés Cristóbal Colón añadió este
nuevo é incomparable florón á la Corona de España.


                                  § II

Para terminar esta primera parte del presente trabajo, nos concretamos
á emitir nuestra humilde opinión tocante al origen de los Indios de
América, con las siguientes conclusiones que apoyamos en testimonios ó
con citas de respetables autores.


                                 1.^{a}

La cosmogonía de América se halla envuelta en tinieblas; pero es
indudable que este Continente, durante su período prehistórico, ha
tenido, como los demás del Antiguo Mundo, dos épocas: antediluviana y
postdiluviana.

Creemos que la raza primitiva ó antediluviana fué autóctona, formada
en este mismo Continente, cuando las condiciones de calor y humedad
en que se encontraba el Planeta Terrestre fueron propicias para su
creación y su reproducción, dando comienzo á la Edad Humana, posterior
y resultante de la Edad de los Mamíferos. El desenvolvimiento de esta
primitiva raza marca el origen antediluviano de los habitantes del
Continente americano, y así como la flora y la fauna, la monogenia de
la raza humana, en ese mismo Continente no ha permanecido inmutable,
sino sujeta también á alteraciones. Por consiguiente, no es admisible
que esa raza primitiva haya descendido de una pareja única, como lo
enseña la _Sagrada Escritura_[87].

Además, según opinión de algunos etnógrafos, esa raza primitiva se
remonta á las Épocas Terciaria y Cuaternaria, por los numerosos
hallazgos que se han hecho en el suelo americano, no solamente de
fósiles de corpulentos paquidermos antediluvianos, sino también de
esqueletos humanos, herramientas y utensilios de pedernal ó silex, que
indudablemente datan de la misma época antediluviana. Por consiguiente,
el desarrollo de esa raza primitiva ha obedecido á un acrecentamiento
lento, natural y gradual, calculándose que ha sido menester el
trascurso de una larga serie de siglos para alcanzarla. El estudio de
la antropología, de la etnología y de la craneología, ciencias que son
la base de la historia de un pueblo, puede demostrar que el Género
Humano no procede de un tronco común, y que el Continente americano ha
sido poblado, en un principio, sin intervención de ninguna inmigración.
Por lo tanto, la pura raza roja ó cobriza de América es indudablemente
autóctona.

Lo que también nos induce á creer en esta condición autóctona de la
raza roja, es el hecho de la diversidad de las razas humanas, que se
dividen en cinco agrupaciones, ó sea: la raza blanca (_caucasiana_) ó
europea; la raza amarilla (_mongólica_) ó asiática; la raza cobriza
(_indiana_) ó americana; la raza morena (_malaya_) ó indostana; la raza
negra (_etiópica_) ó africana. ¿Será posible, preguntamos, que Adán y
Eva, que, se dice, son los padres del Género Humano, hayan sido los
progenitores de razas tan diversas en color y facciones?

Tocante á las razas blanca y negra, tan diametralmente opuestas, como
el día y la noche, ó sea, la luz y las tinieblas, declaramos que es
un grave error suponer que ambas sean igualmente descendientes de
Adán y Eva. Este tópico ha suscitado algunas controversias entre los
hombres de ciencia, sin que hayan llegado á una conclusión acertada y
definitiva, como lo vamos á probar.

La versión de algunos escritores consiste en atribuir el color negro
de los Etiopes, á Caín, hijo de Adan y Eva, á quien Dios, en castigo
de su crimen, le puso la cútis de ese color para que fuera señalado y
distinguido, siendo natural que los descendientes de éste heredaran el
mismo color.

Otros escritores alegan que el color negro de los Etiopes les viene de
su ascendiente Cus ó Chus, hijo de Cam y nieto de Noé, que, dicen, fué
de este color; pero muy extraño es, que los que emiten tal opinión,
confiesan que Cam, padre de Cus, fué de color blanco.

Otros doctos escritores, para definir el mismo problema, dicen que el
color negro de Cus le provino de la maldición que Noé echó á su hijo
Cam por la burla que de él hiciera al encontrarle embriagado y desnudo,
y que tal anatema alcanzó á los descendientes del maldito. Además,
siendo verosímil que Cam hubiera tenido cuatro hijos, Cus, Misraim, Fut
y Canaán, no se explica cómo el primero adquiriera el color negro, en
lugar del último que, según la _Sagrada Escritura_, fué el maldecido en
la persona de su padre.

Otros, que también han tratado en la materia, suponen que la negrura de
los Etiopes proviene del violentísimo calor del sol en aquella tierra,
que los tuesta y abrasa; sin reflexionar que, en Africa, existen
regiones tan templadas como en otros Continentes, y que en América hay
lugares tan ardientes como los de la Etiopía, sin que, por eso, los
habitantes de esas últimas latitudes tengan la cútis negra.

En fin, otro erudito autor, Fray Gerónimo Feijoó que ha terciado en
esta cuestión, opina también que la negrura de los Africanos tiene por
origen la influencia climatérica del país que habitan.

Todas las erróneas opiniones que preceden deben desecharse por no estar
fundadas en la razón. A nuestro humilde juicio, el color negro de la
piel de los Africanos, proviene de la existencia, en esos individuos,
de una sustancia negra en la red celulosa que se halla debajo de la
piel ó epidermis, y se conoce, entre los anatómicos, con el nombre
de tejido reticular ó cuticular: esta membrana es inorgánica; carece
enteramente de fibras, vasos y nervios, y se considera como un producto
de secreción del dermis, ó una parte del cuerpo mucoso, desecado por
la acción del aire, que sirve como de barniz á toda la piel. Esta
sustancia negra no existe, consiguientemente, en el tejido ó red
celulosa que se halla bajo la piel de los hombres blancos.

Por lo tanto, los despropósitos emitidos, tocante á los negros, por
los escritores citados, nos conducen á emitir nuestra opinión al
respecto, en el sentido de que Dios ha creado, para cada raza, lo
repetimos, su respectiva pareja en diferentes puntos del Globo, siendo
la América uno de esos puntos de creación; de donde resulta que sus
primitivos habitantes fueron autóctonos, como lo fueron también los
de la raza blanca de Europa, los de la raza amarilla de Asia, los
de la raza morena del Indostán, y los de la raza negra de Africa.
Debemos establecer aquí un principio que tiene razón de ser y que es
incuestionable.

Según nos enseña la _Sagrada Escritura_, el Criador del Universo mandó
el Diluvio Universal para castigo del Género Humano, por la perversidad
de sus costumbres, ordenando préviamente á Noé que construyera una arca
para salvarse él con su familia y los animales destinados á repoblar la
Tierra.

Si Dios, que es Omnipotente y Todopoderoso, quiso que se salvara del
cataclismo universal una ó más parejas de la raza blanca (suponiendo
que Noé y su familia fueran descendientes de Adán y Eva), pudo
hacer, del mismo modo, con su gran poder, que se salvara también del
Diluvio, una ó más parejas de cada una de las demás razas, ó sea, la
amarilla, la roja, la morena y la negra, á fin de que no solamente
la raza blanca, sino también las demás, pudieran repoblar la Tierra
después del Diluvio. Tocante á la habitabilidad antediluviana del
Nuevo Mundo, hay que fijarse en otra consideración. No hay duda de
que el Criador, al formar el Planeta Terrestre, tuvo la mira de que
todo él fuese habitado: en tal virtud, no es lógico ni verosímil
suponer que el Continente americano, que forma una extensa porción de
la superficie de ese mismo Planeta, lo hubiese dejado Dios inhabitado
durante 1656 años que, según la cronología del texto hebráico del
_Génesis_, trascurrieron desde la Creación del Mundo hasta el Diluvio
Universal[88], pues ese texto bíblico, en su cap. IX es tan explícito
al respecto, que dice: _Creced y multiplicaos y poblad la Tierra_. En
cumplimiento de este precepto divino, incuestionable es, que la América
como los demás continentes terrestres, fuera habitada desde la Creación
del Mundo; supuesto, que nos permite retroceder, nuevamente, á la
cuestión de la autoctonía de los primitivos habitantes del Continente
americano, que, según opinión de algunos poliphiletes, es indudable que
descendieron de una pareja distinta de la de Adán y Eva[89].

Otra prueba que, sin contradicción, se puede también aducir en
apoyo de la autoctonía del Hombre antediluviano en el privilegiado
Continente americano, además de los corpulentos paquidermos, esqueletos
humanos y herramientas de pedernal encontrados en su suelo, es que
este mismo Continente tiene un sinnúmero de producciones especiales y
propias de los tres reinos de la Naturaleza, que muchas de éstas no se
encuentran en los Antiguos Continentes, y que el Supremo Hacedor del
Universo no habría puesto aquellas con tanta explendidez en América, si
este suelo hubiere permanecido inhabitado.

En efecto, maravilloso es todo lo creado en el Continente americano,
que supera en extensión á cada uno de los otros cuatro, pues por sí
solo, representa una tercera parte del Globo habitado[1].

Sus cadenas inmensas de cordilleras son las más gigantescas del Orbe,
pues abrazan toda la longitud del Continente, desde el Mar Glacial
hasta la Tierra del Fuego, habiendo algunas montañas que tienen más de
20,000 piés de elevación y cuyas cimas están perpetuamente coronadas
de nieve; sus ríos son también los más extensos y caudalosos, y los
de corriente más torrentosa y formidable que se conocen, teniendo
algunos de ellos más de mil leguas de extensión; sus numerosos
volcanes elevadísimos, que son fanales encendidos por la Naturaleza,
hacen erupciones tremendas que se oyen á más de doscientas leguas de
distancia; cuyos extragos causan la ruina de grandes poblaciones;
en sus frondosas é impenetrables selvas vírgenes y en sus espesos
bosques jamás penetran los rayos del sol, por la tupidez de su follaje
y su lujurienta belleza desordenada y grandiosa; sus extensos valles
son profundos y deliciosos, designándose con el nombre de sabanas
ó praderas; sus desiertos ó pampas inmensas de arena movediza,
desprovistas de vejetación y moradores, pueden compararse á los de
Africa y Asia; sus lagos mayores, algunos de ellos muy elevados, como
el Titicaca, que se halla situado en una meseta de la Cordillera de
los Andes, á 12,000 pies de elevación sobre el nivel del mar, y otros
lagos de más de 25 á 30,000 millas cuadradas y más de cien leguas de
longitud, pueden considerarse como mares interiores; sus archipiélagos
estupendos, que constan de las más grandes y ricas islas del Mundo;
sus numerosas aguas termales que brotan del seno de la tierra en
una elevada temperatura, son tan benéficas y maravillosas para la
curación de gran número de enfermedades; sus golfos y bahías, que
son los mayores que se conocen; sus diversos climas, que comprenden
las producciones de todas las zonas y son propicios al cultivo de
casi todas las plantas de otros Continentes, á más de una multitud
de otras producciones que le son peculiares; sus abundantes minas de
ricos minerales, cual no las posee ningún otro continente, porque la
riqueza de sus innumerables é inagotables depósitos mineralógicos son
fabulosos, habiendo producido, desde la conquista hasta hoy, más de
siete mil millones de pesos y sigue produciendo enormes cantidades,
constatándose que á fines del siglo XVIII se contaban, tan sólo en
el Perú, 770 minas de oro y plata en labor, y 578 prontas á ser
trabajadas, sin incluir los lavaderos de oro y minas de azogue,
siendo una de estas últimas la reputada de Huancavelica, que ha
rendido inmensos productos; su magnificencia, galanura, exuberancia y
lujosísima vegetación, que es asombrosa en tantas especies de plantas
propias de este Continente; su zoología variada y diversa de la de
otros países; todo, en una palabra, es más grandioso, más sublime y
más majestuoso en el Continente americano, que lo es en los demás. La
obra de la Creación se presenta allí con todo su imponente aspecto,
y en medio de esta salvaje y virgen vegetación, el naturalista
experimenta puros y suaves goces, que no se pueden comparar con los que
proporcionan las agitadas y bulliciosas capitales.

"En América--ha dicho un viajero eminente--la Naturaleza entera,
animada é inanimada, tiene el sello de la grandiosidad y reviste
un carácter de majestad y formas tan colosales, que sería en vano
buscarlas en cualquiera otra parte del Globo."

Valiéndonos también de la expresión de otro escritor contemporáneo:
"Parece que el Autor de la Naturaleza quiso hacer gala de su grandeza y
poderío al dejar salir de sus manos el Continente de América."

Por lo tanto, no es concebible que semejante prodigalidad y
munificencia divina, lo volvemos á repetir, hubiera sido concedida por
el Omnipotente para que ese suelo privilegiado permaneciera inhabitado
la larga serie de siglos que trascurrieron desde la Creación hasta el
Diluvio; por eso mismo, debemos creer que los hombres que habitaron ese
paradisíaco Hemisferio en tan dilatado trascurso de tiempo, fueron de
raza autóctona.

Para patentizar los inmensos tesoros que la América encierra en su
suelo, señalamos en seguida, si no todas, á lo menos gran parte de las
producciones, que, con mano pródiga donó el mismo Criador al Continente
americano, para provecho del Hombre; pues si fuéramos á enumerarlas
todas, habría necesidad de hacer un abultado volumen. No dudamos que
la siguiente nomenclatura sea de algún interés, pues por ella se puede
apreciar la riqueza fabulosa del Nuevo Mundo en sus tres reinos de la
Naturaleza.


                             REINO MINERAL

Bien sabido es que en el Reino Mineral, ningún otro Continente es tan
rico como el de América, pues todos los metales, principalmente el
oro y la plata, se encuentran en suma abundancia encerrados en el seno
de sus montañas. Las grandes cantidades de oro, plata y otros metales
que se han extraido de América, tanto por los indígenas, antes de su
descubrimiento, cuanto durante la conquista y el largo período del
coloniaje, y las muchas cantidades que se síguen extrayendo hasta el
día, se elevan á una suma extraordinariamente crecida, que se puede
estimar en incalculables millones de pesos, sin que por eso se hayan
agotado las minas de esos preciosos metales. «El afanoso minero no
ha logrado más que deshojar la superficie de cuantos veneros están
guardados dentro de la colosal muralla del Nuevo Mundo.»[91]

Para formarse una idea de la riqueza de América, en su _Reino Mineral_,
citamos en seguida, por orden alfabético, algunos de esos productos, la
mayor parte nativos, para luego enumerar los del _Reino Vegetal_ y del
_Reino Animal_:

_Alabastro_, piedra de yeso, blanca, poco dura, trasparente, y de
    textura fibrosa y quebradiza.

_Albayalde_, parecido al yeso mate, aunque más azul y pesado: se
    obtiene del plomo reducido por los vapores del vinagre.

_Alcali_, mineral vitriolado que se llama también Sal Mirable.

_Alumbre_, que se encuentra en cristales, parecido á las rocas por su
    figura.

_Aluminium_, sustancia metálica que se produce bajo la forma de un
    polvo gris, en el que hay mezcladas algunas piedrecitas relucientes.

_Amalgamados_, son algo abundantes los minerales amalgamados como:
    Arseniatos de fierro, de plata y de plomo; Carbonatos de fierro, de
    plomo, de magnesia, de sosa y de arsénico ú oro pimiento; Cloruros
    de plata y de plomo; Hidrosilicato de cobre; Oxidos de cobre, de
    fierro, de antimonio y de manganeso; Oxígenos de plata y de plomo;
    Jamesonitas ó sulfatos de antimonio y de plata; Peróxidos de fierro
    y de manganeso; Protóxido de manganeso; Sulfatos de plata, de
    cobre, de fierro, de plomo, de sosa, de antimonio, de magnesia,
    de zinc, de manganeso y de arsénico; y muchos otros minerales
    amalgamados.

_Ambar gris_ ó _Betún líquido_, sustancia aromática, dotada de un olor
    suave y penetrante.

_Amianto_, mineral de hilos delgados en filamentos prolongados, finos,
    flexibles y elásticos.

_Antimonio_, cuerpo metálico, de color grisado muy brillante, de
    textura laminosa, medianamente duro y demasiado frágil.

_Arcilla_, greda, tierra que los alfareros usan para fabricar las
    vasijas de barro; es pesada, grasienta, compacta, tenaz y dúctil
    cuando está humedecida.

_Arsénico_, metal de color gris de acero, muy quebradizo y fácilmente
    pulverizable, muy propenso á oxidarse.

_Asfalto_ ó _Betún de Judea_, masa compacta, betuminosa, inflamable,
    sólida y lustrosa, comunmente negra ó pardo-oscuro; en América
    existen lagos de esa sustancia.

_Azogue_ ó _Mercurio_, especie de metal blanco-argentino, ponderoso,
    extraordinariamente voluble, versátil ó movible en estado líquido y
    que se mantiene naturalmente fluído; muy usado para beneficiar la
    plata amalgamada; es nativo solo del Perú y de México.

_Azufre_, sustancia mineral de color amarillo, que se halla en masa ó
    cristalizado con distintas formas, quebradizo, lijero y algo craso
    al tacto.

_Bismut_ ó _Bismuto_, metal de color blanco plateado algo tirante á
    rojo, cuya superficie presenta á veces cambiante de azul y rojo, es
    poco duro y muy pesado.

_Cal_, tierra alcalina que generalmente se encuentra combinada con
    algunos ácidos, especialmente con el carbónico.

_Calamina_, masas compactas, concretas ó terrosas, á veces celulares y
    formadas en gran parte de silicato de zinc, casi siempre mezcladas
    de carbonato del mismo metal y que constituyen el mineral de zinc
    más importante por la facilidad de su explotación.

_Cinabrio_ ó _Vermellón en bruto_, mineral precioso combinado de azufre
    y de mercurio; también se llama Mercurio Sulfurado.

_Cobalto_, metal de color blanco-argentino, ligeramente dúctil, poco
    fusible y algo magnético, que comunmente se encuentra mineralizado
    en el arsénico y otros metales.

_Cobre_, metal más duro que el oro y la plata, algo menos dúctil que
    estos dos metales, de color que tira á rojo; es nativamente sólido,
    brillante, muy maleable, más duro y elástico que la plata, más
    fusible que el oro. Hay minas de ese metal en México, Chile, Brasil
    y Estados Unidos del Norte, principalmente en el Perú.

_Espato calcáreo_, piedra calcinada, más ó menos trasparente, que se
    llama también Carbonato de Cal.

_Estaño_, metal considerablemente más duro, dúctil y brillante que el
    plomo, de color semejante al de la plata, aunque más oscuro; es
    nativo de México.

_Feldespato_, piedra cristalizada blanquecina ó de color de carne.

_Galena_, metal compuesto de plomo, de azufre, más algunas materias
    terrosas, y que tiene un brillo metálico semejante al del plomo
    recién cortado.

_Greda_, mineral que se presenta en varios colores: amarilla, blanca y
    negra y que sirve para pinturas.

_Grafito_ ó _Plombajina_, mineral también llamado Lápiz-plomo, de la
    naturaleza del Talco.

_Granito_, roca ó piedra berroqueña, formada por la reunión de
    pedacitos de tres ó cuatro especies heterogéneas, que suelen ser el
    feldespato, el cuarzo y la mica.

_Hierro_, cuerpo simple metálico, que se halla combinado con el
    oxígeno, con el azufre, con varios ácidos, ó en fin en el estado
    puro ó nativo; es tenaz, dúctil y maleable, de color gris que tira
    á negro, por el exterior, y en el interior, de color gris claro
    metálico, inclinado á blanco de plata; es abundante en toda la
    América.

_Hulla_ ó _Carbón de piedra_, sustancia bituminosa, terrea, dura
    é inflamable, de color oscuro y casi negro; hay minas de este
    combustible en el Perú y Estados Unidos de Norte América.

_Imán_ ó _Hierro oxidado magnético_, de color gris oscuro y que tiene
    la propiedad de dirigirse hácia el Norte, de atraer el hierro, y de
    comunicarle su facultad atractiva; en México hay montes enteros de
    este mineral.

_Itztli_ ó _Piedra de pavos_, es semi-diáfana, de contextura vítrea
    y color generalmente negro, á veces blanco y azul. Los indios
    Mexicanos la apreciaban mucho, pues hacían con ella, espejos,
    cuchillos, lancetas, navajas de afeitar y aún espadas.

_Kaolin_, tierra para porcelana, entremezclada con unos cuerpecillos
    resplandecientes y como cristalizados.

_Magnesio_, metal parecido á la plata, blanco, sólido y más pesado que
    el agua.

_Manganesa_, de color ceniciento, muy duro y quebradizo.

_Mármol_, piedra calcárea, muy dura y compacta; en América hay
    innumerables especies de diversos colores y jaspes; es nativa y se
    encuentra en masas inmensas y compactas, llegando á formar montañas
    enteras.

_Monazita_, mineral del que se extrae el Mesotorio, sustancia muy
    eficaz para la cura del cáncer, y que está destinada á ser el rival
    del radio, por ser de un precio algo más bajo que éste.

_Nafta_, especie de betún líquido, trasparente, lijero y muy
    inflamable, de un color amarillento, que se encuentra sobrenadando
    en el agua.

_Niquel_, metal muy duro, de un color parecido al de la plata y al del
    estaño, que tiene propiedades magnéticas como el hierro, aunque en
    menos grado.

_Oro_, es el más rico metal, y es tan abundante en América,
    principalmente en el Perú y en México, que en algunas minas se
    han sacado pepas de oro nativo que han pesado más de una arroba:
    los cronistas antiguos cuentan como un caso extraordinario, que
    en la Isla Española ó de Santo Domingo se encontró, al principio
    deja Conquista, en el río Hayna, una pepa de oro que pesaba más de
    3,000 castellanos, que es más de arroba y media; más común ha sido
    encontrar pepitas de 100, 200 y 300 castellanos: también hay en
    América abundantes lavaderos de este precioso metal, en los lechos
    de los ríos ó de los arroyos, lavaderos de los que se sacan pepitas
    en cantidad bastante considerable; pero, generalmente, el oro se
    encuentra, casi siempre, en las minas aleado con otros metales, con
    la plata y la mayor parte de las piritas: es el metal más dúctil y
    más tenaz que todos los demás, presentando un color amarillo más ó
    menos puro, tirando algunas veces al blanco amarillento, al verde ó
    al rojo, y es el más pesado de todos los metales, si se exceptúa el
    platino.

_Petróleo_, betún líquido, negruzco, craso, de olor resinoso fuerte,
    que se halla en el seno de la tierra; en América hay ricas minas
    de este producto, principalmente en la costa del Perú y en Estados
    Unidos de Norte América.

_Piedra pomez_, sustancia calcárea, esponjosa y liviana.

_Piedra de Berenguela_ ó _de Huamanga_, casi tan blanca como el
    alabastro: es originaria del Perú.

_Pizarra_, sustancia de color negruzco, opaco, muy poco reluciente,
    medianamente duro, que se rompe fácilmente, segregándose en hojas,
    no pesado y algo frío al tacto.

_Plata_, en algunas minas de América se encuentra la plata nativa ó
    pura, en ramas divergentes, en filamentos, en láminas y en masas
    más ó menos considerables; además, el mineral de plata se encuentra
    en diferentes formas y amalgamada con otros minerales, como
    plata mercuriada, iodurada y antimoniada, arsenicada, sulfurada,
    bromurada, carbonatada, y con otras sustancias: la plata es blanca,
    sonora, dúctil, y es el metal más precioso después del oro y de
    la platina. Los principales minerales de plata se encuentran en
    México y en el Perú, habiéndose sacado de este último territorio,
    barras de plata maciza del peso de 25 kilógramos. La cantidad de
    plata que se extrae anualmente del Continente de América, es más ó
    menos de 34 á 35.000,000 de pesos. El valor de la plata sacada en
    solo el Perú, desde 1630 hasta 1803, se ha computado en un billón
    doscientos treinta y dos millones de pesos. La Historia refiere
    que hasta el siglo XVII era tan abundante la plata en el Perú, que
    en las grandes festividades religiosas de la capital de Lima, las
    calles por donde tenía que pasar la procesión de las comunidades
    monásticas, estaban cubiertas de barras de plata por valor de
    setenta y cinco millones.

_Platina_, metal blanco tan duro como el oro, y el más pesado de todos,
    llamado también Oro Blanco, muy agudo, resistente á la acción de
    todos los ácidos simples; es nativo de Colombia y del Brasil.

_Plomo_, metal que más pesa, después del oro y la platina; es dúctil,
    maleable, blando, fusible, de color gris lijeramente tirante á una
    especie de azul, que en combinación con los ácidos forma diversos
    sales venenosos; es nativo de México, Perú, Brasil y Estados Unidos
    septentrionales.

_Sal común_ ó _Sal gema_, sustancia dura, soluble en el agua, de
    sabor penetrante, compuesta de ácido hidroclórico y de sosa;
    aunque generalmente se extrae del agua del mar por evaporación, se
    encuentra en estado consistente en algunos terrenos, principalmente
    en la América del Sur, donde las salineras son muy abundantes.

_Salitre_, sal compuesta de ácido nítrico y de potasa, que se encuentra
    en forma de agujas y de polvillo blanquinoso, de color algo gris,
    de sabor fresco, amargo y desagradable: en el sud del Perú existen
    grandes salitreras inagotables que ocupan pampas enteras y que han
    dado grandes rendimientos, primero al Perú, y actualmente á Chile.

_Talco_, sustancia térrea, flexible, untuosa al tacto, que se presenta
    generalmente en forma de hojuelas sobrepuestas, de color blanco y
    fácilmente separables.

_Uranio_, mineral del que se extrae el radio, tan eficaz para la cura
    del cáncer. El radio es una sustancia de muy alto precio, pues la
    onza importa más de ochenta mil pesos.

_Vanadium_, mineral descubierto en el Perú por el sabio Raimondi, que
    tiene las cualidades de aumentar la resistencia y la ductilidad
    del acero y del hierro, y otras aplicaciones, propio para las
    construcciones navales y la fabricación de armas.

_Vitriolo líquido_, sustancia mineral que siempre conserva su estado
    líquido, sin poderse coagular.

_Yeso_ ó _Gypse_, especie de piedra no muy dura, la cual propiamente se
    llama así después de quemada y dispuesta, como la cal, pero con la
    cualidad contraria á ella, pues se endurece y cuaja con el agua,
    mientras que la cal se deshace con ese líquido; es muy abundante en
    muchos lugares del Perú.

_Zinc_, sustancia metálica de color blanquizco, que se extrae de
    la calamina y otros minerales; es lustroso, algo azulado, menos
    fusible que el estaño ó el plomo.

Tampoco faltan en América, piedras preciosas, encontrándose en las
minas las siguientes:

_Amatista_, piedra trasparente de color violado: hay en el Brasil.

_Azabache_, el más compacto y sólido de los carbones, de un negro
    lustroso, bastante duro.

_Berilio_, especie de esmeralda, llamada también Agua Oriental, cuyo
    color es azul hermoso, sin mezcla de verde.

_Calcedonia_ ó _Agata_: casi trasparente, de apariencia vidriosa, á
    veces clara y lustrosa, con protuberancias en su interior, y otras
    con vetas de diversos colores.

_Cornalina_, especie de ágata calcedonia, silicosa, de color encarnado
    y trasparencia córnea.

_Crisólito_, piedra preciosa, menos dura que el topacio, de color
    amarillo bajo verdoso.

_Cristal de roca_, piedra vistosísima, especie de cuarzo blanco y
    trasparente, que se halla en América en estado nativo.

_Chalchicuite_, piedra preciosa de varios colores, que sólo se
    encuentra en las minas de América.

_Diamante_, piedra en extremo preciosa y rica, tersa, lúcida,
    brillante, diáfana y tan sumamente compacta ó imporosa, tan fuerte
    y dura, que raya todas las otras piedras finas, entre las cuales
    descuella como la más preciada, codiciada y costosa, después de
    abrillantada. Entre los diamantes, que son piedras en las que la
    Naturaleza parece haber querido reunir todas las perfecciones, hay
    de matices diversos, amarillos, rojos, verdes, azules, pardos y aún
    negros traslúcidos. Los diamantes abrillantados tienen un precio
    elevadísimo en joyería, y para computar su valor, basta decir, que
    cada brillante del peso de 3 granos vale de 161 á 216 francos,
    según su calidad; uno de 4 granos ó un carat, se estima de 240
    hasta 288 francos; pasando de un carat, el precio aumenta mucho;
    por ejemplo, una piedra de 6 granos vale de 312 á 336 francos; una
    de 6 granos, de 400 á 480 francos; una de 12 granos ó 3 carats, de
    1680 á 1950 francos; una de 16 granos, de 2450 á 3120 francos, y
    pasando un sólo grano más, puede llegar su precio á 3800 francos.
    Los diamantes de 5 á 6 carats son ya piedras muy hermosas; los de
    12 á 20 carats son muy escasos, y con mayor razón los de peso más
    alto. Tan solamente algunos pasan de 100 carats[92].

_Esmeralda_, piedra preciosa de color verde intenso, que labrada y
    pulimentada, despide un resplandor muy agradable á la vista: es
    propia de Estados Unidos de Norte América y de Colombia.

_Especularia_, piedra negra, muy fina y trasparente, que solo se halla
    en las minas de América.

_Galastite_, llamada Piedra de Leche, que solo se halla en América.

_Girasol_, piedra preciosa, especie de ópalo ó silex cuya trasparencia
    se sombrea por una nubecilla láctea que refleja una luz de aurora
    cuando la hieren los rayos del sol.

_Granate_, especie de rubí ordinario, de un color análogo al de la
    semilla de la granada en su estado de sazón.

_Hematite_, piedra color rojo que tira á negro, que solo se halla en
    América.

_Hystherica_, piedra negra, muy lisa y muy pesada, que tiene la virtud,
    se dice, de curar la histericia, colocándola sobre el ombligo.

_Icapinca_ ó _Piedra del Inca_, color de acero bruñido, que los
    emperadores del Perú usaban como espejo: es propia del Perú.

_Jacinto_, piedra preciosa de color amarillento, más ó menos tirante
    al rojo, y á veces también al pardo ó blanco verdoso, diáfana ó
    trasparente, dura y bastante estimada.

_Jade_, piedra muy dura, de color verde oscuro, susceptible de un
    hermoso pulimento. En América, los indios se sirven de esa
    piedra en lugar de hierro, para hacer sus armas y varios otros
    instrumentos de su uso.

_Jaspe_, piedra fina, dura y opaca, de la naturaleza del ágata,
    matizada de varias colores: es susceptible de tomar un hermoso
    pulimento.

_Lapizlazuli_, piedra opaca más dura que el mármol, de un fondo azul
    matizado de diferentes colores, con vetas y manchas blancas, y
    salpicada de marquesitas doradas.

_Malaquita_, especie de piedra cobriza, cuyo color varía del verde
    manzana al verde esmeralda, con ciertos dibujos por lo regular
    anulares; es susceptible de pulirse como el jaspe.

_Nefrita_, especie de jaspe, de color ceniciente, verde gris y celeste.

_Opalo_, piedra preciosa que goza la propiedad de reflejar en todos
    colores los rayos delumínicos que la penetran, por efecto de su
    diafanidad, si bien su aspecto á primera vista ofrece un color
    blanco lechoso algo azulado; es propia de México y Guatemala.

_Pantaura_, piedra preciosa de color rosa, con diversos matices: es
    originaria de Colombia, donde sólo se encuentra.

_Rubí_, piedra preciosa, muy dura, lustrosa y no muy pesada, de color
    por lo común rojo de rosa ó de carmín; es una de las piedras
    más estimadas; en América se encuentra en las minas en pequeños
    fragmentos ó bolas, y á veces en figuras regulares de diferentes
    planos: se hallan particularmente Rubíes en el Brasil.

_Sanguinaria_, piedra semejante al ágata, de color de sangre, á la que
    se le atribuye la virtud de contener los flujos de sangre.

_Sardónica_, especie de ágata, piedra bastante fina, con fajas
    amarillas ó listas rojas.

_Serpentina_, piedra verdosa con puntos negros, compacta, poco dura,
    suave al tacto, y, á semejanza del marmol, susceptible de hermoso
    pulimento.

_Topacio_, piedra preciosa, trasparente, brillante, muy dura, de color
    comunmente amarillo rojizo ó de oro, aunque los hay de otros
    matices: se hallan Topacios en el Brasil.

_Turquesa_, piedra preciosa, de color anaranjado, sin trasparencia,
    lustrosa, medianamente dura y capaz de recibir un hermoso
    pulimento: es propia de México y del Brasil.

_Venturina_, especie de piedra color de café tostado y llena de pintas
    doradas.

_Zafir_ ó _Zafiro_, piedra preciosa de color cerúleo, que algunas
    veces tiene varios puntillos dorados, y otras inclínanse algo á
    purpúreo.

     La América tiene también la planta marina llamada _Coral_, rojo
     y blanco, que se encuentra en Portobelo y en aquella costa donde
     estuvo la antigua ciudad de Nombre de Dios. Es estimado para
     elaborar collares, pulseras, aretes y otros vistosos adornos de
     las mujeres.


                             REINO VEGETAL

Es tan rico, tan variado, soberbio y maravilloso el Reino Vegetal,
que se puede decir que la América, principalmente la Meridional, es
el jardín botánico más proveído del Orbe entero, pues su suelo tan
privilegiado por la mano del Supremo Hacedor, tiene muchas plantas
medicinales, aromáticas y de otras especies, desconocidas en los
Continentes del Antiguo Mundo. También es riquísima por las maderas que
encierran sus zonas forestales, ofreciendo, todo, en una palabra, un
panorama estupendo, desordenado y grandioso, cuya vigorosa vegetación
causa una admiración profunda.

Un sabio peruano contemporáneo, ha dicho: «El botánico y el zoologista
se han limitado sólo á recorrer, por caminos trillados, esos espaciosos
bosques impenetrables hasta para los rayos del sol que los vivifica, y
seguras guaridas de animales é insectos.»

A lo que nosotros agregamos: Por lo inmenso de las riquezas del Reino
Vegetal, sensible es, que no se haya dedicado una pequeña parte de los
grandes tesoros que se han sacado de América, para fundar academias
de naturalistas botánicos que se hubieran dedicado al estudio y
descripción de esas mismas riquezas derramadas con tanta liberalidad,
por la mano del Criador, en tantos vírgenes y tupidos bosques; porque
la ciencia de la botánica estaría hoy en posesión de las virtudes,
propiedades y aplicaciones de muchas nuevas plantas, que permanecen
desconocidas aún.

Entre los árboles y plantas medicinales de América, que son muy
numerosas, se hallan las siguientes:

_Aberenotemo_, árbol cuya corteza es eficaz para curar las úlceras de
    mal carácter.

_Acacia catecú_, llamada también _Mimosa_, es muy estringente y
    antisifilítica.

_Acioca_, planta cuyas hojas son estomacales y eficaces contra la gota
    y la nefritis.

_Adormidera_, cuyas cápsulas contienen un principio narcótico.

_Agave_, planta activa para curar el mal venereo.

_Ajacanalca_ ó _Ají silvestre_, planta estimulante para la impotencia.

_Aljosucha_, planta preventiva contra las tercianas.

_Aloes_, planta de la que se saca el Acíbar, especialmente purgante.

_Altamisa_ ó _Ambrosía silvestre_, estimulante para la impotencia.

_Arbol de Sangre_, llamada así porque contiene la sangre de las narices
    ó de cualquier herida, en el momento que se aplica á la parte por
    donde mana.

_Ayaguacha_, planta cuyas hojas son pectorales, sudoríficas y
    dulcificantes.

_Balsamullaca_, planta que cura la ictericia.

_Benaco_, árbol cuya raiz sirve para las quebraduras y la ictericia.

_Berro acuático_, planta para las enfermedades del hígado.

_Cabalhau_, planta cuya raíz sirve de remedio para las heridas
    emponzoñadas.

_Calahuala_, planta febrífuga depurativa, para la sífilis.

_Canchalagua_, se usa para purificar la sangre.

_Canime_, árbol cuya resina es un bálsamo para toda clase de heridas.

_Cañafístula_, árbol cuya pulpa sirve para diferentes usos medicinales.

_Caryophylato_, planta aromática, estomacal y fortificante.

_Cascarilla_ ó _Quina Calisaya_, árbol cuya corteza amarga es aromática
    y eficaz para combatir las fiebres palúdicas y periódicas; es
    propia del Perú.[93]

_Casia_, planta especialmente purgante.

_Catacata_, planta estomacal y espasmódica.

_Cedrón_, planta cuyas hojas son un antídoto contra el veneno de las
    serpientes.

_Coa-ataja_, planta emanagoga, diurética y purgante.

_Coa-etimay_, arbusto cuyas hojas curan la sarna.

_Coa-guitaria_, planta cuyas hojas cauterizan las úlceras.

_Coa-opia_, planta cuya propiedad es ser purgante.

_Coa-roboa_, arbusto cuya madera cura las enfermedades sifilíticas.
    Esta última planta y las cuatro anteriores, son propias del Brasil.

_Chala_, planta que es un específico contra el dolor de muelas.

_Chatalhuic_, febrífuga, para las fiebre intermitentes.

_Chilca_, árbol cuya raíz es eficaz para soldar roturas de huesos.

_Chilchil_, planta estomacal, corroborante y restauradora de la
    digestión.

_Chimi_, planta cuya raíz cura el cálculo ó mal de piedra.

_Chinchircuma_ ó _Sabia brillante_, contra-estimulante para las
    enfermedades del corazón.

_Cicuta_, planta parecida al perejil, que se emplea por gotas para
    curar la tísis y las escrófulas; su jugo es un veneno activo,
    cuando se toma mayor dosis de lo prescrito.

_Cinchunchulli_, cuya raíz molida y puesta en vino es remedio para la
    cura radical de la lepra.

_Colpache_, árbol cuyas hojas son febrífugas y estomacales.

_Comaca_, árbol cuya goma cura el flujo de sangre y las heridas.

_Contra-hechizo_, mezclada con triaca, es un amuleto contra las
    enfermedades.

_Contrayerba_ ó _Lengua de sierpe_, contra las picaduras de las
    serpientes.

_Copaíba_, cuyo estimado bálsamo cura las blenorreas, leucorreas y
    catarros pulmonares crónicos.

_Cruceiro_, planta cuya corteza y raíz tienen las propiedades de la
    Quina.

_Culantro_, estimulante y excitante para los partos penosos.

_Culen_, yerba propia de Chile, cuyas virtudes estomacales sudoríficas,
    son especialmente favorable para las dolencias de las mujeres
    que padecen retenciones periódicas, flatos y otros accidentes
    histéricos.

_Cunturíri_ ó _Contrayerba_, astringente para curar la disentería y las
    picaduras de insectos.

_Digital purpúrea_, planta diurética empleada en las enfermedades del
    corazón.

_Eléboro_, es planta importante para el tratamiento y curación de la
    locura.

_Endamo_, planta que cura las úlceras, el escorbuto y los males
    cutáneos.

_Estoraque_ ó _goma nopal_, empleada con frecuencia en la farmacopea.

_Estricno_, planta que se emplea para combatir la parálisis.

_Frailecillo_, cuyas hojas son especialmente un purgante eficaz, y
    tiene además la propiedad de ser bueno para la fecundidad en las
    mujeres estériles: es propia de la isla de Cuba.

_Genciana_, planta cuya raíz es un febrífugo tónico.

_Gengibre_, planta de cuya raíz se saca un aceite esencial que es un
    excelente digestivo.

_Guachi_ ó _Bejuco de Yungas_, calmante para el reumatismo.

_Guaco_, para las mordeduras de las serpientes de cascabel y otros
    animales venenosos.

_Guanaco_, árbol cuya resina cura las afecciones reumáticas y gotosas,
    como también la asiática.

_Guayaco_ ó _Guayacan_, árbol cuya madera resinosa es medicinal.

_Guayusa_ ó _Huayusa_, árbol cuyas hojas prolíficas y afrodisiacas, en
    infusión, sirven para dar fecundidad aún á las personas estériles.

_Hedionda_, arbusto cuya madera es remedio para matar las lombrices.

_Helecho macho_, para combatir la tenia ó solitaria.

_Higuerón_, árbol cuyo jugo viscoso parecido á la leche, cura las
    quebraduras del ombligo.

_Hoja de la vida_, estimulante, afrodisiaco contra la esterilidad.

_Hoja Redonda_, estimulante, para las afecciones del hígado.

_Hojé_, antídoto contra las lombrices.

_Huallhua_, planta que cura en pocos días las mataduras de las bestias.

_Huipini_, planta eficaz contra las picaduras de víboras.

_Huira-huira_, tónico contra las fiebres malignas.

_Ipecacuana_, de raíz especialmente emética; es propia del Brasil.

_Jalapa_, purgante enérgico; es originaria de México.

_Janukcara_ ó _Mastuerzo de cementerio_, antiséptico y antiescorbútico,
    contra la gangrena y el escorbuto.

_Jaruna_, árbol cuyas hojas sanan las llagas.

_Leche de espino_, árbol cuyo jugo cura el dolor de muelas.

_Lombriguera_, arbusto cuyas semillas hacen arrojar en un minuto todas
    las lombrices.

_Machicui-Huasca_, planta de olor fuerte y aromático, como el alcanfor,
    muy amarga, que se usa contra las fiebres intermitentes.

_Maná_, materia blanca y azucarada que se emplea como purgante; es el
    jugo lechoso del fresno.

_Mandrágora_, planta que tiene la virtud, se dice, de prolongar la vida
    en los ancianos y renovarla en los que padecen achaques.

_Manioc_, arbusto medicinal, empleada en las farmacias; es propia de
    los trópicos.

_Manzano silvestre_, arbolillo cuyas hojas aplicadas á las almorranas
    más rebeldes, las curan por completo.

_Maripenda_, planta cuyos tallos tiernos y sin fruto, cocido en agua,
    produce un bálsamo propio para la curación de toda clase de heridas.

_Mastuerzo_, planta que tiene la propiedad de curar las almorranas.

_Matapalo_, planta cuya raíz es eficaz para soldar las relajaduras y
    quebraduras de la ingle.

_Matico_, cuyas hojas reducidas en polvo curan las heridas y úlceras, y
    bebidas, en infusión, como té, cortan y curan también el dolor de
    costado y las pulmonías.

_Mimosa arábiga_, árbol del que se extrae la goma arábiga tan usada en
    medicina.

_Nacazol_, planta propia de México, para curar las fracturas de huesos.

_Nanalmapati_, planta eficaz para curar las úlceras.

_Nuñu-Huactana_, caña agria cuyo jugo corta las tercianas y cura las
    enfermedades del pecho.

_Nuñu-Quehua_, yerba que tiene la propiedad de hacer venir leche á los
    pechos de las mujeres, que escasean de ella.

_Ocozotle_, árbol que, por incisión, produce la resina llamada
    Liquidambar, y cuyas hojas curan toda clase de heridas; es
    originario de México.

_Ocuje_, árbol cuya resina mezclada con polvo de mate, cura las
    relajaduras y las suelda enteramente.

_Palosanto_, cuya madera aromática cura las afecciones venereas.

_Papiru_, planta cuya raiz tuberosa es purgante.

_Pichurin_, árbol cuya resina es un bálsamo que cura las heridas.

_Pucheri_, cuyo fruto cura la disentería.

_Puicucillo_, planta especialmente purgante.

_Quinquina_ ó _Quinaquina_, árbol que tiene propiedades febrífugas y
    tónicas, y de cuyo tronco se extrae el Bálsamo del Perú.

_Ricino_, ó _Palmacristi_, cuyas semillas contienen un aceite purgante.

_Ruibarbo_, cuya resina es especialmente purgante.

_Sacha_ ó _Isates_, planta que cura la disentería.

_Sanangú_, bejuco cuyas hojas curan el reumatismo, pues tomado en
    infusión, quita las frialdades de los nervios y huesos.

_Sangre de drago_, sustancia resinosa muy astringente.

_Shilinto_, bejuco cuyo sumo cura la sarna más rebelde.

_Sinarruga_, planta amarga antifebrífuga.

_Shinvillo_, árbol cuya madera en decocción fortifica los huesos y
    suelda prontamente las quebraduras de los mismos.

_Suelda con suelda_, arbusto para curar quebraduras de los miembros y
    hemoragias.

_Tabaco cimarrón_, calmante para el reumatismo.

_Taintani_ ó _Caña agria_, planta que, mascada, cura las calenturas.

_Takarcaya_ ó _Casia_, astringente para la estomatitis; es propia del
    Perú.

_Tamarindo_, cuya pulpa ácida es refrescante.

_Tártago_ ó _Palma-christi_, planta especialmente purgante.

_Tinta-Huina_, planta cuyas hojas curan la tiña.

_Tucuache_ ó _Michoacan_, cuya raiz reducida á polvo es un eficaz
    purgante.

_Tuma-Sunga_, planta que cura las afecciones de los riñones.

_Vainilla_, planta aromática cuyas virtudes medicinales son
    sialogógicas.

_Valeriana_, planta que tiene las cualidades de ser excitante,
    antíespasmódica, cudorífica y vermífuga.

_Villca-villca_ ó _Zumaque_, estimulante afrodisiaco para la
    esterilidad.

_Viperina_, que sirve para librar á las mujeres de malas resultas
    después del parto, y también para purificar la sangre.

_Yerba de Mataduras_ ó _Huallhua_, que cura y cicatriza toda clase de
    llagas.

_Yerba de Santa María_, vermífuga.

_Zábida_ ó _Zábila_, planta lilíacea, cuyo sumo exprimido y espesado
    constituye el acibar, que se emplea en la farmacopea como tónico,
    purgante y dráctico: las mujeres lo usan para untarse los pezones
    cuando quieren destetar á los niños.

_Zarzaparrilla_, se usa para purificar la sangre: es originaria de
    América.

_Zozoyatic_, eficaz para excitar el estornudo.

     Y algunas otras plantas aromáticas y de virtudes medicinales, que
     se encuentran en el suelo americano, como Altea, Borraja, etc.,
     etc.

Así como hay en América tantas plantas benéficas en medicina, también
hay algunas nocivas, como las que mencionamos en seguida:

_Aguapar_, árbol que produce leche casi semejante á la de la vaca, pero
    perniciosa, pues sus solas emanaciones produce enfermedades á la
    persona que las reciba; es propia de los alrededores de Bogotá, en
    Colombia.

_Barbasco_, planta enredadera de cuya raiz se extrae un jugo que es un
    veneno activo.

_Carapucha_, planta cuya semilla produce embriaguez y delirio.

_Caspi-Caracha_, árbol cuyo efluvio venenoso se produce contra el
    hombre, pues basta que una persona pase debajo de él ó su cercanía,
    para que contraiga una especie de sarna tan pertinaz que es muy
    difícil de curarla.

_Chamico_, planta cuya semilla es un terrible narcótico, cuyos efectos
    producen el idiotismo.

_Guau-guau_ ó _Guao_, arbusto cuyo veneno es tan activo que sólo con su
    contacto hace hinchar la parte del cuerpo que lo toque.

_Huantuc_, arbusto cuyas flores son un poderoso narcótico que usan los
    indios para fingir que ven visiones.

_Manioque_, planta cuyo jugo es venenoso.

_Manzanilla_, arbusto que destila un jugo lechoso muy cáustico, y
    sumamente venenoso, con el cual los indios envenenan sus flechas,
    y se cree que aún su sombra es nociva, pues que hincha á los que
    se acojan á él contra los fuertes calóres, á la vez que su fruto,
    parecido á una manzana, es también venenoso, pues el que lo coma
    sucumbe á las pocas horas en medio de los más terribles dolores.

_Maracura_, bejuco del que los indios sacan el veneno llamado
    «Curare», con el que envenenan sus flechas, en grado tal, que al
    herir, ocasionan la muerte instantáneamente.

_Piri-pirí_, planta cuya hoja es un narcótico terrible; es originaria
    de Bolivia.

La América es igualmente muy rica en corpulentos árboles de tantas
especies, cual no los hay en ninguna otra región, y sus maderas finas
son propias para obras delicadas de ebanistería, para construcciones de
edificios, buques, muelles y muchísimas obras usuales. Enumeramos en
seguida algunas especies:

_Abedul_, especie de álamo cuya corteza se rompe en hojas delgadas como
    el papel.

_Abeto_, árbol que produce la trementina.

_Acebo_, árbol armado de aguijones, que se aprovecha en los sotos ó
    cercados.

_Acoma_, cuya madera es apropiada para la construcción de buques.

_Achurú_, cuya madera es muy estimada para la construcción de edificios.

_Alcornoque_, cuya corteza constituye el corcho.

_Alerce_, cuya madera es aparente para las obras de ebanistería.

_Algarrobo_, árbol que según los botánicos, vive más de doscientos años.

_Arce_, árbol del que mana una sustancia resinosa ó sea la trementina.

_Astrágalo_, árbol que produce la goma tragacanto.

_Boj_, cuya madera es tan compacta, que sirve para gravar en ella,
    obteniéndose grabados muy finos.

_Boygle_, árbol que tiene la corteza semejante á la canela; es un árbol
    sagrado para los Araucanos.

_Caimitero_, cuya madera es muy dura é incorruptible.

_Caoba_ ó _Cayoiba_, madera compacta y muy estimada en ebanistería.

_Cápa_, cuya madera es excelente para construcciones de buques.

_Capirona_, madera que tiene la propiedad de petrificarse en el agua.

_Caucho_, árbol cuyo jugo, condensado, suministra la resina llamada
    goma elástica, que hoy se consume en gran cantidad en la industria
    para tan diverso objetos; es originaria de América.

_Cedro_, madera inmejorable para obras de ebanistería.

_Cimarruba_, árbol muy elevado, propio de las Antillas, las Guayanas y
    el Brasil.

_Ciprés_, árbol de varias clases, sirviendo su madera para la
    confección de vihuelas y otros instrumentos.

_Chilca-brava_, madera color parduzco, que no admite polilla.

_Chonta_, madera negra muy pesada, lisa y compacta, con la que los
    indios de América fabrican sus arcos, lanzas y macanas.

_Ebano_, madera negra, dura y compacta, muy apreciada para embutidos de
    ebanistería.

_Enebro_, madera aromática muy apreciada para la fabricación de la
    ginebra, licor muy fuerte y estimulante.

_Fresno_, cuya madera es blanca y se emplea en diferentes usos en la
    industria.

_Guachapeli_, madera fuerte y sólida que se emplea para la construcción
    de buques.

_Guapurú_, arbusto cuya madera es incombustible.

_Guarango_, árbol cuya madera es inmejorable para construcción de
    buques; es originario del Ecuador.

_Guayacan_, madera muy dura y olorosa.

_Haya_, árbol que rivaliza con el roble por su belleza y utilidad,
    siendo muy tenaz y flexible; de sus frutos se extrae un aceite
    estimado.

_Higueron gigantesco_, madera correosa y fuerte que se usa en la
    construcción de canoas.

_Humiro_, árbol notable por sus grandes frutos cuyas semillas tienen un
    albumen análogo al marfil.

_Jacarandá_, madera dura y muy compacta que se emplea en enchapados y
    embutidos de muebles.

_Manchiga_, árbol cuya madera es tan dura que hace oficios de piedra de
    batán.

_Mangle_, madera resinosa y fuerte que es apropiada para diversos usos.

_Mimosa arábiga_, árbol del que se extrae la goma arábiga.

_Molle_, árbol frondoso y corpulento; es propio de Quito.

_Nogal_, árbol cuya madera es pesada, dura y de un hermoso color oscuro.

_Olmo_, cuya madera es fuerte, sólida y fácil de labrar.

_Palisandro_, madera empleada en obras finas de ebanistería.

_Palmeras_, árboles de diversas clases, originarias de América; hay
    gigantescas, como: Palma Real, Palma de Cera, Palma Pischuayo,
    Palma Aguajo, Palma Christi, Palma Chiquechique, Palma Melocotón,
    etc., contándose en América más de trescientas especies diferentes,
    algunas muy elevadas y esbeltas, como el Cocotero Datilero, el
    Palmito Abanico, la Palma Ceroxylin de los Andes, etc.

_Palo de rosa_, madera excelente para ebanistería de lujo.

_Pelmen_ ó _Pino de Chile_, que produce una fruta parecida á la
    castaña, y una resina que tiene el olor de incienso.

_Pino_, hay varias especies, y uno de ellos llamado Teberinto, produce
    una sustancia resinosa llamada trementina.

_Pisonay_, árbol originario del Perú; es gigantesco, muy coposo, y
    era simbólico en tiempo de los Incas, pues adornaban con él las
    alamedas que circundaban los palacios.

_Quebracho_, madera blanca y á veces morada.

_Sándalo_, preciosa madera muy apreciada en el comercio por el aroma
    que despide.

_Siple_, madera que se semeja al pino y sirve para muchos usos.

     Y otros muchos árboles y arbustos cuyas maderas preciosas son muy
     apreciadas en las industrias y en las artes.

     También hay en América ARBOLES GIGANTES, y existen aún ARBOLES
     HISTÓRICOS vetustos.

     De los primeros, algunos, por sus proporciones, pasan del tamaño
     natural de los vegetales, como por ejemplo: en Chile, el llamado
     _Pehuen_, que alcanza á tener hasta 300 pies de altura; en
     California, varios hay que llegan á más de 150 pies de elevación
     y 80 de circunferencia en su tronco; en Colombia, el _Juria_,
     se eleva de 100 á 120 pies. Además, algunos árboles cuentan una
     longevidad asombrosa, citándose como un caso extraordinario,
     el _Ciprés_ de Chapultepec, en México, que tiene 40 metros de
     circunferencia, al que sabios botánicos atribuyen una edad de 6200
     años, teniendo en cuenta las capas que constituyen el tronco; el
     _Pisonay_, del Perú, árbol que era simbólico en tiempo de los
     Incas, del que subsisten aún algunos ejemplares en la capital del
     Cuzco, á través de 400 años que han trascurrido desde la caída
     del Imperio Incáico. Como curiosidad única, se cita que en el
     bosque del distrito de Mariposa, cerca de California, hay un árbol
     gigantesco que tiene 30 metros de circunferencia en su base, en el
     que se ha abierto un verdadero túnel por el cual puede pasar con
     toda comodidad una diligencia tirada por cuatro caballos, quedando
     á cada lado del tronco bastante madera para sostener el árbol
     sobre sus raíces.

     De los ARBOLES HISTÓRICOS, que son depositarios de recuerdos y
     hechos lejanos, existen todavía unos pocos, como: en México, en el
     que debajo de su sombra descansó el conquistador Hernán Cortez á
     lamentar los desastres de la batalla de la "noche triste"; en la
     Habana, el _Ceiba_, bajo el cual se celebró el primer cabildo y la
     primera misa.

También hay en América otros árboles y plantas que tienen diversas
propiedades ó productos útiles para la aplicación en industrias, verbi
gracia:

_Agave_ ó _Ramié_, planta de cuyos filamentos se hace la pita y otros
    cordeles; es originaria de México.

_Algodonero_, arbusto, con cuyo copo, hilado, se tejen telas finas.

_Arbol candela_, que produce una materia como sebo y sirve para el
    alumbrado; es propio de Venezuela.

_Ayac-Mullaca_, arbusto cuyas hojas y fruto sirven de jabón para lavar.

_Bababusi_, árbol cuyas hojas sirven para pulir la madera.

_Bejuco_, planta sarmentosa para hacer todos los objetos que se hacen
    con el mimbre.

_Bibao_, planta cuyas hojas anchas y gruesas sirven en algunos lugares
    para cubrir los techos de las casas.

_Bombonaje_, árbol cuyas bellas hojas en forma de abanico, sirven para
    preparar la paja fina para tejer sombreros.

_Cáñamo_, que produce el hilo para tejer telas, cordones y sogas de
    mucha resistencia.

_Caraguata_, planta fibrosa que es una especie de cáñamo.

_Ceiba_, árbol cuyo fruto se semeja á la lana de los animales y sirve
    para muchos usos.

_Cerda vegetal_ ó _Barba Española_, árbol cuyos filamentos semejantes á
    la cerda, sirve para rellenar colchones.

_Cerón_, planta que produce una cera muy blanca, de la que se hace
    velas que dan una luz brillante.

_Congó_, árbol que produce la goma arábiga.

_Curupali_, árbol cuya madera sirve para curtir pieles.

_Chambira_, arbusto cuyas hojas producen un hilo tenaz para fabricar
    hamacas.

_Damajuhato_, árbol cuyo corteza es un tejido ductil que sirve á los
    indígenas para hacer mantas para su uso.

_Estoraque_, arbusto ramoso que produce la resina olorosa del mismo
    nombre.

_Guinoba_, árbol que produce la seda vegetal.

_Huacán_, árbol cuyas semillas hervidas dan buena cera.

_Huamirisi_, árbol del que nace un finísimo algodón blanco, más suave y
    fino que la seda, cuyo hilado es propio para tejer telas finas.

_Humiro_, especie de palmera cuyas hojas sirven para la construcción de
    los techos de las casas, y las pepitas de sus frutos sustituyen el
    marfil en la fabricación de varios pequeños objetos.

_Lino_, planta de la que se saca el hilo para tejer muchas telas.

_Llaú-chama_, árbol cuya corteza machacada se asemeja á un tejido y
    sirve de abrigo de cama á los indios de Loreto, en el Perú.

_Llaú-Samora_, árbol de corteza fibrosa como el cáñamo.

_Lloque_, árbol cuya corteza y fruto sirven para curtir cueros; también
    es madera muy estimada para bastones.

_Mapujo_, cuyos capullos suministran la seda vegetal.

_Myrica_, especie de laurel que produce una cera vegetal.

_Palmera Mataqui_, cuyas grandes hojas sirven para cubrir los techos de
    las casas.

_Palo de Cruz_, muy duro, de color pajizo, con manchas negras, madera
    muy estimada en la ebanistería.

_Palo de Leche_, árbol del que se extrae una leche blanca y muy espesa,
    que mezclada con la resina del payaro, produce un buen lacre, y con
    el copal y cera, forma una brea que los indios usan para calafatear
    sus canoas.

_Peumo_, árbol cuya fruta produce la manteca vegetal.

_Pichicaspi_, árbol cuya madera es muy dura é incorruptible, propia
    para construcciones.

_Poma_, árbol cuya madera fibrosa es tan fuerte como el hierro.

_Puca-varilla_, cuyas ramas del grueso de la muñeca de la mano, son tan
    elásticas, que se pueden juntar sus dos extremidades sin romperse.

_Quillay_ ó _Tarsana_, árbol cuya corteza remojada en agua, sirve como
    jabón; es propio de Chile.

_Sapaja_, árbol de cuyas hojas muy duras, los indios hacen peines, pues
    su color es amarillo, opaco, semejante al carey.

_Sebo de Mocoa_, árbol cuyo fruto produce un sebo blanco y sin olor,
    del que se hacen velas para alumbrado.

_Uritoquiro_ ó _Diente de loro_, árbol de madera tan dura que el hacha
    no abre brecha en él.

_Vilca_, árbol que produce una goma semejante á la arábiga.

     Y muchos otros árboles y plantas filamentosas, de gomas y resinas,
     que tienen aplicación en las industrias.

Hay en América otros árboles y plantas tintóreas, como:

_Aira_, arbolito cuya madera sirve para teñir de color morado; es
    originario de las Guayanas.

_Añil_ ó _Indigo_, planta cuyas hojas puestas en maceración, producen
    la pasta usada para teñir de color azul oscuro.

_Ayrampu_, especie de tuna, cuyas semillas de color púrpura sirven para
    teñir de ese color.

_Campeche_, madera que se emplea mucho en tintorería y en otros usos
    industriales.

_Cariazú_, planta cuyas hojas suministran un color carmezí muy
    apreciado en tintorería.

_Culantrillo de pozo_, planta que sirve para teñir de color azul.

_Cúrcuma_, que produce una tintura amarilla.

_Chichango_, planta que produce un hermoso color amarillo.

_Chinchivilla_, yerba que los indios emplean para teñir de azul; es
    originaria de la América del Sud.

_Chipi_, planta que produce un color rojo.

_Churisique_, arbusto cuya madera sirve para teñir de amarillo.

_Granadillo_, árbol de madera compacta empleada para teñir de encarnado
    subido.

_Huantura_, arbusto cuya semilla sirve para teñir de color rojo.

_Huito_ ó _Jagua_, árbol que produce una fruta del porte de un durazno,
    cuyo corazón sirve para teñir de negro.

_Kupu_ ó _Telefio_, planta cuyas hojas sirven para teñir de color
    verde; es planta de Bolivia, que echa sus vástagos tendidos por el
    suelo.

_Llangua_, arbusto cuyas hojas se emplean para teñir de azul.

_Mizuca_, palo que sirve para teñir de color amarillo.

_Mullí_ ó _Turbinto_, que sirve para teñir de color verde; es planta
    propia de Bolivia.

_Nopal_, penca en la que se cría la cochinilla, insecto del tamaño
    de un chinche, el que secado al sol se vuelve duro, empleándose
    beneficiosamente para dar á la seda, lana y otras materias el color
    de grana y otros varios por combinación.

_Palo Brazil_, árbol cuya madera color acarminado, es tan útil en la
    tintoreria: es propio del Brasil.

_Parinari_, árbol cuyo fruto cocido dá un hermoso tinte azul.

_Puca-Tupana_, arbusto cuyas hojas sirven para teñir de colorado.

_Quilioyuyo_, arbusto para teñir de amarillo.

_Raicilla_, árbol cuya raíz sirve para teñir de color rojo.

_Rijari_, arbusto cuyas hojas tiñen de negro.

_Rubia_, arbusto cuyas hojas tiñen también de negro.

_Sami_, arbusto cuyas hojas tiñen de color azul.

_Santa María_, yerba que sirve para teñir de color azul.

_Sañi_, arbusto para teñir de color morado.

_Tara_, árbol cuyas hojas sirven para teñir de negro.

Cuanto á los árboles y plantas frutales, además de muchas exóticas, hay
originarias y especiales de América. Citaremos algunas clases de estas
últimas:

_Acamelt_, que produce un licor vinoso muy agradable.

_Aceituno_, especial y originario de América; produce una oliva
    negra, y en el Perú hay en abundancia, siendo las de Moquegua muy
    renombradas.

_Acra_, fruta que es apetecida por su exquisito sabor.

_Aguacata_ ó _Palta_, del tamaño de una pera grande y muy apetitosa,
    es fruta que sin ser dulce ni ácida, se come con sal; es propia de
    América.

_Capulí_, que tiene un gusto suave, muy agradable.

_Ciruelas_, frutas silvestres, denominadas, una del fraile, con
    carnosidad de color rojo subido, y otra, que es agri-dulce y color
    amarilla.

_Coco_, fruta de gran tamaño, que es muy estimada, pues su pulpa tiene
    el gusto de la almendra, y el agua que en su concavidad contiene,
    es muy fresca y saludable; los indios aprovechan su cáscara entera
    para hacer porongos y envases para sus diversos usos.

_Chirimoya_, muy estimada por su agradable y exquisito sabor.

_Chicozapote_, con pulpa blanca con visos de color de rosa; es fruta
    de las mas exquisitas, y, según muchos europeos, superior á todas
    las del Antiguo Mundo. En México hay bosques enteros que crecen sin
    cultivo, en una extensión de diez á doce millas.

_Granada_, fruta redonda, cuyo interior está lleno de granos á guisa de
    mashorca, de color carmesí y de sabor dulce, unas, y ácidas, otras.

_Granadilla_, fruta del tamaño y forma de un huevo de ganzo, cuyo
    contenido es gelatinoso, dulce, lleno de pepitas y de sabor
    agradable.

_Guaba_ ó _Pacae_, vaina que contiene pepitas negras como habas,
    cubiertas con una pelucilla blanca y carnosa, de grato gusto.

_Guahabana_, especie de Chirimoya grande, de sabor algo agri-dulce,
    pero no desagradable.

_Guayaba_, fruta más ó menos dulce, con la carnosidad llena de semillas
    pequeñas.

_Lima_ ó _Bergamota_, especie de limón real, pero dulce, de cuya
    corteza se extrae una esencia que sirve para preparar el Agua de
    Colonia.

_Limón ceuti_, es ácido, más vehemente y más fragante que el limón real
    de Europa; hay varias especies en América.

_Lucuma_, redonda, de carnosidad amarilla-anaranjada, poco dulce y
    seca, pero de sabor agradable; es oriunda del Perú.

_Mamey_ ó _Mamai_, del tamaño de un huevo de pavo y con el gusto del
    durazno.

_Níspero_, especie de ciruela, pero con dos, tres y hasta cuatro pepas
    lustrosas.

_Papaya_, del tamaño de la cabeza de un hombre, redonda, lisa, de
    carnosidad amarillo-anaranjado, muy agradable al paladar.

_Pepino_, fruta cilíndrica ó ovalada, verde-claro por fuera y blanca
    por dentro, con semillas puntiagudas, aplanadas y pequeñas; es
    originario de América.

_Piña_ ó _Anana_, de gran tamaño, de gasto exquisito, de carnosidad
    amarilla, dulce y poco ácida, de olor suave, llegando á pesar hasta
    diez y ocho libras; es originaria de América.

_Plátano_ ó _Banana_, de varias especies, teniendo todos un gusto
    suave, delicado y un sabor exquisito, especialmente el llamado de
    seda, que es muy fragante. Hay algunas especies gigantes, como el
    Zapalote, que tiene de 15 á 20 pulgadas de largo, y hasta 3 de
    diámetro. Hay bosques enteros de plátanos en América.

_Sandía_ ó _Melón de agua_, de pulpa aguanosa, encarnada ó amarilla,
    muy refrigerante.

_Toronja_, especie de naranja, que tiene la corteza gruesa y llena de
    tubérculos; es fruta aparente para ser confitada.

_Tuna_, fruta que crece sobre la penca llamada nopal, con espinitas en
    el exterior y muchas semillas en el interior; es más conocida con
    los nombres de Higo chumbo, Higo de pala é Higo de tuna, y es de
    gusto agradable y dulce.

_Zamboa_, cierta especie de toronja.

_Zapote_, de corteza verde, pulpa negra, carnuda y sabor dulce; cocido,
    con azúcar y canela, es de un sabor delicadísimo. Hay Zapote
    blanco, que es aún más delicado que el negro.

     A más de otras frutas especiales y silvestres, se han aclimatado
     perfectamente en América, muchas clases de frutas de Europa,
     como _Albérchigo_, _Prisco_, _Durazno_, _Melocotón_, _Cidra_,
     _Membrillo_, _Albericoque_, _Naranja_, _Higo_ blanco y negro,
     _Manzana_, _Pera_, _Ciruela_, _Melon_, _Uva_ blanca y negra, y
     algunas otras.

De las plantas alimenticias, tónicas y confortativas, las más son
originarias y propias de América, habiendo sido algunas introducidas en
Europa, donde se han aclimatado maravillosamente. Entre estas plantas
se cuentan las que siguen:

_Arracacha_, planta tuberculosa, que es uno de los principales
    alimentos de los indígenas.

_Arroz_, planta graminea, que crece en los lugares ya húmedos, ya
    cálidos, y se cultiva con esmero, por ser un cereal que se
    reproduce copiosamente. Aunque originario de la China y la India,
    se ha aclimatado perfectamente en América, principalmente en el
    Perú.

_Atchera_, planta cuyas hojas se parecen á las del plátano y de
    cuya raíz se extrae una fécula semejante al sagú, la que es muy
    alimenticia; es planta propia del Ecuador.

_Batata_ ó _Papa_, cuyos bulbos de color castaño claro por la parte
    exterior y amarillo claro por dentro, son de gusto muy agradable,
    y constituyen uno de los principales alimentos no solo en el
    Nuevo Continente, sino también en los Antiguos, donde ha sido
    introducida y aclimatada por modo maravilloso; es bulbo originario
    del Perú. En las serranías del Perú los indígenas convierten la
    Batata en «Chuño ó Papa seca»: la cuecen con corteza en pailas
    enormes, le quitan la película, la depositan por algunos días al
    aire libre y al sereno, cuidando que no reciba sol ni lluvia, y
    queda recia y seca, conservándose en ese estado muchos años; entra
    en el guisado llamado «Carapulca», en el Perú.

_Batata_ ó _Papa amarilla_, más fina que la anterior, cuyos bulbos son
    de color amarillo anaranjado por dentro, y de gusto exquisito; es
    también originaria del Perú.

_Cacahuate_ ó _Maní_, planta cuyo bulbo de la forma de un capullo de
    seda, se come generalmente tostado, y también se mezcla con algunos
    guisos.

_Cacao_, árbol cuyo simiente es el principal ingrediente que entra en
    la confección del chocolate, bebida nutritiva y de sabor agradable;
    es originario de América, y se produce en México, Perú, Ecuador y
    Guatemala.

_Caconite_, planta cuya raíz da una harina nutritiva.

_Café_, con cuyo fruto tostado y molido se hace una bebida agradable,
    que se consume mucho en todas partes del mundo. Aunque esta planta
    es originaria de Arabia, se ha aclimatado perfectamente en América,
    que produce calidades que compiten con el de Moka.

_Calabaza comestible_, con la que los indígenas confeccionan algunos
    guisos.

_Camote_ ó _Moniato_, especie de Batata dulce que se produce en
    temperamento cálido; los hay de tres especies: blanco, amarillo y
    morado.

_Carlocar_, planta que destila un aceite espeso que reemplaza á la
    manteca y sirve para condimentar los guisos.

_Coca_, arbusto originario del Perú, cuyas hojas parecidas al naranjo,
    son predilectas para los indios, que acostumbran mascarlas
    mezcladas con la tierra llamada _llipta_ y ceniza de la mazorca
    del maiz, siendo el sumo de esas hojas, para los indígenas, el
    mayor corroborante y un alimento increíble, pues ellos se alimentan
    con el jugo de dichas hojas, que con la boca largas horas trituran,
    hallándose cada día más robustos, apesar de desempeñar labores
    bastantes rudas; de las hojas se extra la cocaina, alcaloide de
    preparación oficinal.

_Cullen_, arbusto cuyas hojas se parecen á las del té y tienen casi la
    misma propiedad que las de éste.

_Maiz_, planta graminea, cuyo fruto en forma de mazorca, es farineo y
    muy nutritivo como alimento sano, tanto para el hombre como para
    los animales; hay diversas especies: amarillo, blanco, azulado,
    morado, rojo y negro. De él, molido, se hace en América una especie
    de tortas delgadas y redondas, tostadas en un tiesto de barro, y
    sirven de pan á los indígenas; es grano originario de América.

_Magu_, especie de centeno, bastante nutritivo.

_Maguey_ ó _Melto_, planta de hojas gruesas y grandes, utilísimas
    para muchos usos, pues si las cuecen, dan miel; si las purifican,
    azúcar; si las destemplan, vinagre; si las echan ocpatli, vino; y
    de esas mismas hojas se hacen conservas, se fabrica papel, y sus
    troncos sirven de vigas, y sus hojas, como tejas, para cubrir los
    techos de las casas; del árbol se hace alpargatas, esteras, mantas
    de vestir, calzado, cinchas, jáquimas, cabestros, y se saca cáñamo
    para hilar. Además, la raíz es eficaz para curar los males de la
    orina.

_Mandioca_, especie de granos con cuya harina se hace pan en algunos
    pueblos de América.

_Mate_ ó _Hierba del Paraguay_, de cuyas hojas se hace una infusión
    teiforme en una cáscara de coco, calabaza ó jícara, que se absorbe
    mediante una bombilla de mimbre ó de plata, siendo una bebida
    estimulante, estomacal y tónica, usada principalmente por los
    indígenas del Paraguay, Chile, la Argentina y otros lugares
    inmediatos; contiene los mismos principios activos que el té y el
    café y produce iguales efectos.

_Oca_, planta tuberculosa indígena, de las regiones frías y templadas,
    cuyo tubérculo lustroso, amarillo, muy dulce, es del particular
    gusto y sabor de la castaña, con el que se hace conservas muy
    estimadas; también se come fresca, ó sea, cruda ó cocida.

_Olluco_ ó _Melloco_, planta tuberculosa, cuyo fruto es redondo y
    blanquizco, que se come cocido, siendo un alimento que tiene
    propiedades analépticas, y es muy apetitoso, sobre todo, para los
    indios.

_Quinoa_, planta cuya semilla semejante á la lenteja, es muy usada como
    alimento, en América, de donde es originaria también.

_Tapioca_, fécula del Manioc, que es muy nutritiva y conveniente en la
    convalescencia de cualquiera enfermedad.

_Trigo, de Europa_; fué introducido á América, cultivándose con éxito
    en Chile, California y todo otro temperamento templado.

_Yuca_ ó _Manioc_, planta cuya raíz sirve de alimento, por contener
    elementos nutritivos; rayada, produce un excelente almidón; también
    es la base de la bebida llamada masate, tan generalizada entre los
    indios de la América Meridional, donde es originaria.

No faltan en América, árboles y plantas aromáticas, que sirven para
condimentar comidas, como:

_Achiote_, arbolito cuyas semillas cubiertas de bastante materia oleosa
    roja, de buen gusto, sirve para dar color á los guisos.

_Ají_ ó _Chile_, pimiento del que hay varias especies en tamaño,
    figura y fuerza del picante; es propio de América, donde hay en
    abundancia.

_Azafrán_, planta que crece formando hebras; se usa también para dar
    color á los manjares.

_Canela_, planta más fragante que la renombrada de Ceylan, y de la que
    hay bosques enteros en América.

_Clavo de olor_, de color pardo oscuro, de olor muy aromático y
    agradable, de sabor acre algo picante, que se usa como especería en
    diferentes condimentos.

_Laurel_, árbol cuyas hojas sirven para aromatizar los manjares.

_Nuez Moscada_, que es producida por la planta llamada Mirística, de
    gusto aromático.

_Orégano_, planta herbacea, de hojas y flores reunidas en espigas, muy
    aromático, usado como condimento.

_Pimienta_, baya redonda, de color rojizo, pardo oscuro ó negro cuando
    seca, y rugosa; es acre, aromática, ardiente y de sabor picante, y
    se usa con especialidad para condimentar fuertes excitativos.

_Sasafrás_, especie de laurel aromático.

_Vainilla_, cuyo fruto es una cápsula prolongada que contiene una pulpa
    sumamente olorosa, y sirve generalmente como ingrediente para
    el chocolate y dulces en jalea; es originaria de América, y tan
    abundante, que nace sin cultivo en las tierras calientes.

     Y otras clases de especerías que lisonjean el olfato y el gusto.

Los ejemplares de la flora de América son en número incalculable,
tanto las propias del Nuevo Continente, cuanto las en él aclimatadas
y provenientes del Mundo Antiguo. Como la enumeración de esas flores
sería sumamente extensa, nos limitamos tan solo á citar algunas de
ellas:

_Acacia_, cuya planta ha sido importada de Asia á América, donde se ha
    desarrollado con lozanía en la zona ecuatorial.

_Amapola_, flor de varias especies; es indígena de América.

_Ambarina_, flor que nace de la planta de la familia de las
    quenópodeas; es de agradable perfume.

_Azahar_ ó _flor del Naranjo_, tan olorosa que embalsama el ambiente.

_Azucena_, flor abigarrada de rojo, amarillo, blanco y negro; es
    originaria de las comarcas de la Argentina.

_Balsamina_, flor cuyo arbusto fué importado de la India, y que se
    aclimató perfectamente en América.

_Clavel_, de varios colores y exquisita fragancia; sus plantas han sido
    importadas á América, donde sus variadas especies se han aclimatado
    y se ostentan con lozanía.

_Crisántemo_ ó _Flor de Oro_, de la familia de las compuestas, cuyo
    arbusto originario de Europa ha sido importado á América, donde se
    han aclimatado con esplendidez.

_Dalia_, hermosa flor de varios colores; sus plantas han sido dedicadas
    al célebre botanista inglés Dale; son originarias de México.

_Flor del Corazón_, sumamente fragante, pues basta una sola flor para
    perfumar una casa; esa planta es propia de América.

_Floripondio_, cuya flor á manera de embudo es muy olorosa; es planta
    originaria del Perú.

_Heliotropo_, flor de suavísimo perfume, pequeña, de color azulado y
    está dispuesta en espigas enroscadas; es originaria del Perú.

_Hortensia_, flor de color de rosa, que nace en corimbos; es planta
    propia de la China y del Japón, pero se aclimató perfectamente en
    América.

_Jazmín_, flor blanca y vistosa, que exhala un suavísimo y agradable
    olor; es planta originaria de la América Septentrional.

_Heliconia_, hermosa flor que nace en panículo; es planta originaria
    del Perú.

_Lila_, el arbusto que produce esta bella flor, es originario de la
    América Septentrional.

_Lirio_, de hojas esplendorosas y flores de infinitos matices y
    colores, que exhalan un fino y delicado perfume.

_Magnolia_, cuya flor es muy fragante; su planta es originaria de los
    países australes de América.

_Narciso_, bella flor de suave y exquisito olor.

_Orquídea_, cuya flor es bellísima; en el Perú hay varias especies.

_Rosa_, las hay de varias formas, distinguiéndose la llamada «Rosa de
    las cuatro estaciones», propia de la América Central y de la isla
    de Haití ó Santo Domingo.

_Victoria regia_ ó _Lirio acuático_, cuya flor es la más grande y
    hermosa que se conoce, y cuyas hojas tienen dos metros de diámetro,
    siendo tan resistentes, que un hombre puede pararse en ellas sin
    que se hundan en el agua; su olor es parecido al de la Magnolia; es
    originaria de uno de los afluentes del río Amazonas. La hermosura
    de esta flor causó tanta admiración al célebre naturalista Tadeo
    Haenke, que hincándose de rodillas, expresó su entusiasmo con
    acaloradas exclamaciones hacia el Supremo Hacedor de tanta belleza.

     Y muchas otras flores de brillantes hechuras y delicados perfumes,
     cuya variedad de matices se disputan los colores del arco-iris.

Por último, hay otras plantas notables, propias de América, que se
deben mencionar, como:

_Algodón_, planta originaria del Perú, cuyo fruto es un copo sedoso,
    blanco y esponjoso que cubre la semilla, siendo su hilaza una de
    las materias más útiles y finas, que con la seda, el lino y la
    lana, viene á ser necesaria é indispensable para la fabricación de
    los géneros ó telas.

_Arbol de la cera_, cuyas semillas en forma de racimos, produce una
    cera tan buena como la de las abejas.

_Arbol de la leche_ ó _Palo de Vaca_, del que se extrae un jugo de
    bastante cuerpo muy semejante á la leche de la vaca, que se consume
    para todos los usos domésticos; es originario de Colombia y de
    Venezuela.

_Arce azucarada_, árbol cuya sabia está muy cargada de azúcar, que se
    obtiene por medio de la ebullición, y sus calidades son idénticas á
    la de la caña y de remolache; es propia del Canadá.

_Beldoco_, árbol que produce la lana vegetal.

_Cacto_ ó _Cactus_, planta portulácea de la que hay en América una gran
    variedad de más de 450 especies, de distintas formas y calidades;
    es planta que crece extraordinariamente en las áridas llanuras,
    cuyos troncos, á manera de columnas, semejan á unos candelabros.

_Caña de azúcar_, planta parecida á la caña común, pero de cuyo jugo
    dulce se extrae el azúcar.

_Fraylejón_, planta cuyo tamaño y figura se parece á un fraile vestido
    de blanco.

_Girasol_, especie de hongo, blanco, pequeño, del que se extrae un
    aceite; se le llama así, porque casi siempre está inclinado hacia
    el lado del sol; es originario del Perú.

_Huanirú_ ó _Pullipunto_, planta que produce el marfil vegetal.

_Tabaco_, planta que debe su nombre á la isla de Tabago, una de las
    Antillas, y cuyas hojas preparadas de diferentes maneras, se ha
    hecho de tan general uso para fumarlo ó aspirarlo en polvo por las
    narices.

_Tagua_, fruto de una palmera llamada Cadi, que produce el marfil
    vegetal.


                              REINO ANIMAL

Sin especificar las diversas especies de corpulentos paquidermos
que han existido en América durante la época antediluviana, nos
limitaremos á enumerar algunos animales de este suelo, posteriores al
Diluvio, muchos de ellos originarios y especiales, tanto cuadrúpedos
cuanto volátiles, acuáticos é inséctiles.

Entre los principales cuadrúpedos de diversas especies, que son los más
numerosos, se cuentan los siguientes:

_Acuti_, especie de conejo originario del Brasil y del Paraguay.

_Alpaca_ ó _Alpaga_, mamífero cuya lana es sumamente fina y larga, muy
    parecida á la de Cachemira; es una especie de cabra, que vive en la
    más elevada región de los Andes del Perú.

_Alco_, semejante al perro, cuadrúpedo mudo, cuya carne es excelente.

_Anta_ ó _Gran Bestia_, especie de tapir, propio del Perú; los indios
    tienen mil preocupaciones sobre las propiedades medicinales de las
    uñas de la Gran Bestia, las que miran como una panacea universal.

_Añaz_ ó _Añango_, zorro del tamaño de un gato, cuya arma, para
    defenderse de otros animales, es la orina, que arroja tan
    pestilente que hace huir á las gentes; pero es buscado con interés
    por su hígado, el cual seco, en peso de un adarme, es un específico
    milagroso contra el dolor de costado.

_Ardilla_, animalito vivísimo y lijero, que vive en los bosques y que
    tiene la particularidad de comer como los monos, valiéndose de las
    manos; en los bosques de la América del Norte hay en abundancia.

_Armiño_, cuya piel es muy estimada y preciosa por su suavidad y su
    blancura como la nieve, y tan buscada en peletería.

_Bisonte_ ó _Búfalo_, especie de toro indígena, con jiba en el lomo; es
    originario de la América Septentrional.

_Buey mosqueado_ ó _almizclado_, de las comarcas boreales de América.

_Cacomiztle_, especie de fuina, propia de México.

_Capivardo_, semi-anfibio, propio de la América Meridional.

_Carcajú_, mamífero carnívoro, propio del Canadá.

_Caribú_, especie de reno, propio de la América del Norte y del Canadá.

_Castor_, mamífero del orden de los roedores, del tamaño de un perro
    mediano y de pelo generalmente castaño; es propio del Canadá y
    de Norte América, donde vive en sociedad, en habitaciones que
    construye á orillas de los ríos.

_Ciboro_ ó _Toro silvestre_, rumiante, abundante en las pampas de la
    Argentina y de México, que se diferencia del toro común, en tener
    sus astas echadas hacia atrás y tener una lana fina, rizada y
    corta, en lugar de pelo.

_Cochinillo de Indias_, semejante al puerco y al conejo.

_Comadreja_, especie de rata grande que hace sus invasiones en los
    corrales, matando cuantas gallinas puede cojer.

_Corzo_, semejante al siervo, casi sin cola, de color ceniciento y
    cuernos pequeños; es muy lijero y tímido.

_Couguar_, fiera manchada como el tigre, muy feroz; es propio de
    América.

_Coyote_, especie de mastín que ataca al hombre; es propio de México y
    de California.

_Coypú_, especie de nutria, propia del Ecuador.

_Cuati_, género de mamífero carnívoro, del tamaño de un gato.

_Cuchichí_ ó _Huanusi_, hormiguero con rabo muy esponjado que le
    sirve para cubrirse, y con su trompa larguísima la envaina en los
    agujeros de las hormigas para atraerlas y comerlas.

_Cui_, especie de pequeño conejo, muy apreciado por los indígenas que
    lo crían en sus casas, pues su carne es delicada y sabrosa; es
    originario del Perú y Ecuador.

_Charapa_, tortuga grande que puede vivir meses enteros sin tomar
    alimento alguno.

_Chillihueque_, especie de huanaco, propio de Chile.

_Chinchilla_, especie de ardilla, propia de la América del Sud; su piel
    es muy estimada en pelletería.

_Fichiciago_, animal del tamaño del topo, que tiene una coraza de
    láminas corneas y cuadradas, cuya flexibilidad se presta á toda
    clase de movimientos; es propio de Chile.

_Filandra_, semejante á la marmota.

_Gamo_, especie de corzo, de color leonado y cuernos anillados y
    encorbados hacia adelante.

_Gato-tigre_ ó _montés_, de los bosques; es una especie de leopardo,
    que se halla tanto en la América del Norte como en la del Sud.

_Glotón_, especie de tejón carnívoro, de las regiones frías del Canadá,
    cuya piel es muy estimada por su finura.

_Guangana_, puerco montés que siempre anda en tropas de más de cien
    con su capitán, y si son atacados, nunca huyen, hasta que muere el
    capitán.

_Guanque_, especie de raton campestre, de color azul; es propio de
    Chile.

_Guamul_ ó _Huemul_, especie de asno, originario de las partes
    inaccesibles de la cordillera de los Andes de Chile.

_Hatau-Viringo_, especie de perro galgo, desnudo de lana, que se supone
    sea originario de la China, pero algunos zoólogos creen que es
    propio de América.

_Huanaco_ ó _Guanaco_, especie de llama originaria del Perú y del
    Ecuador, de color rojo por encima, blanquecino por debajo y con la
    cola levantada.

_Huegue_, especie de vicuña, propia de la Araucañia.

_Iguana_, especie de lagartija, que tiene debajo de la mandíbula
    inferior una bolsa ó papo con una línea de púas; su carne y huevos
    son muy apreciados por los indios, como alimentos.

_Intuti_ ó _Guanchaco_, especie de zorra, algo mayor que un gato y de
    la figura de una rata, que vé poco de día y cría á sus hijos en una
    bolsa que abre y cierra en la barriga, dentro de la cual se ven las
    dos hileras de los pechos.

_Izcuintepotzath_, perro jorobado, originario de México.

_Jaguar_ ó _Tigre americano_, propio del Perú y del Paraguay.

_Kanguroo_, del orden de los marsupiales, propio de las Guayanas.

_Lobo del Marañón_, de piernas muy cortas, que anda más á brincos que á
    pasos; es propio del Perú.

_Llama_ ó _Llacma_, especie de camello sin joroba, llamado por los
    españoles carnero peruano, por la lana y alguna semejanza de la
    cabeza, pues su figura es parecida á un camello, no solamente en el
    cuerpo, sino también en las propiedades; es animal originario del
    Perú, y muy útil á los indios de ese territorio, para transportar
    sus cargas ó mercaderías.

_Margai_, especie de gato-tigre, propio del Paraguay.

_Marta_, carnívora, cuya piel es muy hermosa; despide un olor infecto,
    que proviene de una materia particular, segregada por unas
    glándulas que tiene situadas cerca del ano.

_Mixtli_, león sin melena, propio de México.

_Monos_--En América, principalmente en el Ecuador, hay una gran
    variedad de monos, tales como:--_Aluato_, de faz desnuda de
    pelo, nariz aplastada, de gran cola sin pelo, que tiene mucha
    fuerza.--_Caparro_, mono grande, grueso y forzudo, con cara
    semejante á la humana; es propio de Venezuela.--_Cararayada_, mono
    nocturno, que no puede soportar la luz del día.--_Chichico_, el más
    pequeño de los monos, pues es del tamaño de un ratón y se esconde
    dentro de una mano; es propio de los bosques del Ecuador, y los hay
    de varios colores, como negros, pardos, blancos, verdes y colorados
    oscuros.--_Horro-cercopítero_, mono grande propio del Ecuador y
    de México, de color negro y collar blanco, que parado es de la
    estatura de un hombre, y es opinión vulgar que si coje una mujer
    á solas, usa de ella con violencia.--_Miquito_, que tiene una cola
    larga, en la cual reside especialmente el tacto y la fuerza y que
    le sirve para enroscarla en las ramas de los árboles y suspenderse
    de ellas.--_Omeco_, mono grande, pardo y muy feo, que tiene una
    gran papera en el pescuezo.--_Tití_, mono pequeño, con una mancha
    negra en la cabeza á modo de gorra.--_Ushñaga_, mono nocturno que
    nunca se deja ver de dia y se parece algo á la lechuza por sus ojos
    saltados y grandes. Y muchas otros monos, tales como los _Achumi_,
    _Aullador_, _Capuchino_, _Cotomono_, _Choco_, _Frailecito_,
    _Macaquito_, _Marimonda_, _Nictipiteco_, _Oki_, _Miquito_,
    _Pinchecito_, _Sapis_, _Uistití_, _Zorrillo_, _Marikina_,
    _Pinchis_, _Saimiri_, _Sai_, _Saki_, _Safú_, _Tamarino_, _Sapajou_,
    _Saguin_ y otros más.

_Mirmecófago_, género de mamífero destatado, hormiguívoro.

_Muca_, especie de zorro, que se ocupa en desvastar los gallineros.

_Mucamuca_, rata de los bosques.

_Nutria_, cuya piel es muy apreciada para varios objetos de lujo y
    adorno.

_Ocelotl_, tigre originario de México.

_Ondatra_, rata almizclada, propia del Canadá.

_Onza_, gato carnívoro de la Cordillera de los Andes del Perú.

_Oso hormiguero_, cuyo instinto es perseguir los nidos de hormigas para
    destruirlos.

_Paca_, cuyo pelo y gruñido es semejante al cerdo, y la cabeza parecida
    al conejo.

_Pagi_, especie de león, propio del Perú.

_Perezoso_, mamífero llamado así, porque pasa la vida en un árbol,
    hasta que el hambre lo obliga á buscar algún alimento.

_Pecavis americano_, especie de jabalí de los bosques de Chanchamayo,
    en el Perú.

_Pichus_, especie de zorro grande, originario de América.

_Pilori_, rata muzcada, propio de las Antillas.

_Puca-puma_, especie de leopardo de los bosques del Ecuador.

_Puerco-espín_, animal parecido al erizo, cubierto de unas púas de dos
    á tres pulgadas, de la calidad de las astas, con vetas negras y
    blancas.

_Puma_, especie de león, originario de Chile.

_Quinza-ñahui_, especie de zorro que tiene tres ojos, los dos en su
    sitio natural, y el tercero en la frente, el que le sirve de
    farol para ver de noche, porque abierto reluce á oscuras como una
    estrella.

_Quirquincho_, especie de tatú, propio del Perú, de México y del
    Paraguay; es cubierto de una concha, de dieciocho fajas, coraza que
    le defiende de los ataques de otros animales.

_Rengífero_ ó _Caribú_, especie de ciervo de la región frígida del
    Canadá, donde hay numerosos rebaños.

_Rucco-lluicho_, especie de ciervo de poca cornamenta, de color
    atabacado oscuro, que es el que cria las piedras bozoares más
    estimadas.

_Saino_, especie de jabalí que tiene en el lomo un botón lleno de
    materia hedionda, que apesta toda la carne si no se corta luego.

_Salamanquesa_, especie de lagartija de varias regiones de América,
    cuya picadura es mortal.

_Saricovienna_, nutria particular del Paraguay, Brasil y Guayana.

_Sartinajo_, especie de conejo.

_Siguairo_, también especie de conejo.

_Suaicato_, especie de hiena, propia de América.

_Taplti_, especie de conejo; es propio del Paraguay.

_Tarac_, especie de venado.

_Tato_ ó _Tatu_, cuadrúpedo que tiene los pies con cuatro ó cinco
    uñas, con conchas que llegan hasta el vientre, con púas como las
    del erizo, y que gruñe como el puerco; es originario de América;
    á pesar de su armadora posee una flexibilidad tal, que en caso de
    peligro, se enrosca en forma de bola.

_Ucumari_, especie de oso, diverso de los que se ven en Europa, que
    vive en los climas fríos de la América Septentrional.

_Urón_, especie de perro con la cabeza y hocico de puerco, piés y
    manos de perro, con solo tres dedos y uñas largas y gruesas, que
    vive bajo la tierra y la taladra en poco tiempo en la extensión de
    muchos metros.

_Uturunco_, especie de tigrillo.

_Vaca-mocha_, especie de vaca que tiene una trompilla como elefante.

_Vicuña_, animal de la familia de las llamas, que habita las crestas
    de las más altas cordilleras del Perú y cuya lana finísima es muy
    apreciada para la confección de paños, sombreros, medias y otras
    telas.

_Vizcacha_, especie de conejo con cola larga y pelo esponjoso semejante
    al del castor; es originario del Perú.

_Yaguar_, especie de tigre, de la Cordillera de los Andes.

_Yuray-tarujo_, especie de ciervo blanco, animal muy hermoso por su
    blancura como la nieve y su gran cornamenta dividida en muchas
    ramas, con ojos encendidos como coral, y de veloz carrera, que vive
    en las montañas más elevadas de la Cordillera de los Andes.

_Zachin_, animal pequeño que acomete al hombre, á las culebras y á
    cualquier otro animal.

Entre las muchísimas aves de América, de varias especies, notables unas
por su armonioso canto, otras por su hermoso plumaje multicolor, y
otras por sus especiales propiedades, se pueden citar las siguientes:

_Agami_, señalado por el sonido especial de su canto y su rara
    inteligencia.

_Aguila coronada_, ave de rapiña que se empleaba en la cetrería.

_Aguila de dos cabezas_, originaria de México, asegurando algunos
    historiadores, que en 1741 se llevó una á España.

_Alcatraz_ ó _Pelícano_, pájaro acuático del tamaño del cisne, de
    color blanco, que con los años degenera en rubio; debajo del pico
    tiene una especie de saco en que deposita la pesca que coje para
    comérsela después con toda comodidad. La manera de abrir este saco,
    para dar alimento á sus polluelos, ha dado pié á la fábula de que
    se abría el pecho con el pico, sin otro objeto que sustentarlos con
    su propia sangre ó á costa de su propia vida. En las islas de la
    costa de la América del Sud hay innumerables de estos pájaros.

_Alcón_, ave de rapiña propio de las Cordilleras.

_Arcotras_, ave de hermoso plumaje encarnado, dorado y azul.

_Arrandajo_, especie de tordo, que imita el canto de todas las aves con
    suma facilidad.

_Buitre_ ó _Gallinazo_, ave de rapiña, especie de cuervo, bastante
    numerosos en América; viven en cuadrillas con las de su especie,
    y son las que hacen la policía de las grandes ciudades, pues se
    alimentan de caroña.

_Cacico moñudo_, cuyas plumas del cuerpo son de color chocolate, las
    alas verde-oscuro y la cola amarillo-brillante; sobre la cabeza
    tiene un moño puntiagudo.

_Camichi_, curiosa ave que por su voz hace retemblar.

_Carpintero_, de pico grueso y fuerte, con el que taladra los árboles
    más duros para hacer su habitación.

_Casoar_, especie de avestruz; es propio de la Argentina.

_Cereba azulada_, notable por las resplandecientes tintes de su
    plumaje matizado admirablemente, y separado por bandas de un
    negro aterciopelado, en la cabeza brilla un moño de plumas de
    un azul-verdoso y de reflejos metálicos; canta silbando algunas
    palabras con claridad; es propio del Brasil.

_Cigüeña_, especie de grulla, de color blanco, mayor que la gallina,
    con el cuello, pico, cola y pies largos, de color rojo sanguíneo y
    las alas surcadas de plumas negras; se mantiene de sabandijas.

_Colibrí_, pájaro pequeño, de hermosas y esbeltas formas, de brillante
    plumaje tornasolado; es propio de los parajes cálidos de América.

_Condor_, el coloso de los buitres, ave de rapiña, propia de las
    gigantescas cimas de la Cordillera de los Andes de Chile, de
    plumaje negro con un collar ó faja blanca al cuello; alcanza
    alturas que á ningún hombre le es dable vencer.

_Cotinga_, lindo pájaro de plumaje azul, con garganta morada.

_Cotorra_, especie de papagallo muy hablador, que abunda en los bosques
    del Ecuador.

_Curiquingui_ ó _Ave del Inca_, originaria del Perú, que es mayor que
    una gallina, con cola y alas muy largas, de color pardo claro con
    vetas ondeadas de amarillo color oro; es ave tan domesticada como
    las gallinas.

_Chogray_, pájaro de plumaje amarillo, domesticable, y muy inteligente
    para aprender cuanto se le enseña.

_Flamenco_, ave muy hermosa, algo mayor que la cigüeña, con las alas
    color de fuego que llama mucho la atención; es originario de Chile.

_Grajo_, ave celebrada por la belleza y matices de su brillante plumaje.

_Guacamayo_, ave también de muy vistoso plumaje.

_Jabirú_, ave cuya propiedad es tendente á destruir los reptiles.

_Jujuy_, ave que imita perfectamente la voz del hombre, dando lugar á
    que los cazadores se equivoquen, creyendo que son compañeros que
    los llaman.

_Mochuelo_, ave nocturna, de color amarillento salpicado de gris y
    pardo por el lomo, con puntos cenicientos en las extremidades de
    las alas.

_Murciélago Sanguinario_, de dedos largos reunidos por unas membranas
    que le sirve de alas para volar, su cuerpo cubierto de un pelo fino
    y de color negro; sólo vuela por la noche y se mantiene chupando la
    sangre á otros animales; es propio de América. En el Brasil hay una
    especie denominada _Vampiro_, que son de un tamaño extraordinario.

_Nandú_, especie de avestruz, de los desiertos de la América del Sud,
    de plumas muy estimadas.

_Ninfa_, de los bosques, es notable por la belleza de su plumaje de
    magnífico color azul.

_Orbig_, ave de aceradas garras más temibles que las del mismo tigre.

_Oropéndola_, ave muy hermosa, que tiene el pico encarnado, el cuerpo
    manchado de amarillo y de verde, negras las alas y la cola, y
    amarillas las extremidades de las plumas.

_Pájaro loco_, muy astuto, que hace su nido de manera de no ser
    ofendido por ningún otro animal.

_Pájaro mosca_, de plumaje brillante color púrpura-oscuro, la espalda
    brilla con reflejos verdes y el cuello y vientre de color verde
    esmeralda, su canto es dulce y agradable; es propio de Venezuela y
    del Brasil.

_Pájaro nocturno_, que solo sale cuando se pone el sol; es propio del
    Darién.

_Papagayo_, ave de hermoso plumaje; es propio y común en los bosques
    del Ecuador.

_Pardillo_, ave de lomo ceniciento, cabeza, cola y alas negras, que se
    domestica con facilidad y aprende á imitar el canto de otras aves y
    aún la voz del hombre.

_Pavo real_, ave originaria de México, de donde se llevó á España,
    propagándose en seguida por toda Europa; es la ave más hermosa que
    se conoce por su brillante plumaje.

_Pavo de Indias_, de la familia de las gallinaceas, algo más pequeño
    que el pavo real, con plumaje color ceniciento; es originario de
    México, de donde se llevó á España.

_Pechicolorado_, especie de pardillo que tiene el pecho colorado.

_Peróxito ú organito_, ave cuyo canto armonioso parece entonar todos
    los acordes é intérvalos armoniosos del diapasón; es propio de los
    bosques de la Cordillera de los Andes.

_Picado_, que tiene su pico más pesado que todo su cuerpo.

_Pinza_, cuyo pico es más largo que todo su cuerpo.

_Polatuca_, especie de ratón que vuela.

_Quezal_, ave de México, adornada de un hermoso plumaje verde.

_Rabihorcado_, ave grande de rapiña cuyas alas desplegadas ocupan el
    espacio de catorce pies, y es de mucho vuelo, pues apesar de ser
    terrestre, extiende su vuelo hasta treinta leguas y más, dentro del
    mar.

_Rabo de junco_, ave terrestre muy grande, que tiene la cola larga y
    muy delgada, que también vuela en el mar á grandes distancias.

_Sinsonte_, ave de canto tan armonioso que se le considera como el rey
    de las aves, por su canto y trinos que embelezan.

_Tángara_, especie de gorrión, propio de los países equinocciales de
    América.

_Tucán_, especie de picazo; es ave propia del Brasil.

_Tinamón_, gallinacea, exclusivamente propia de la América Meridional.

_Turpian_, cuyo canto es muy agradable y entretenido.

_Toro-Pisco_, de lindo color, con un moño en forma de plumero.

_Trompetero_, que tiene la particularidad de cantar por el ano.

_Tijeras-Chupa_, cuya cola está en forma de tijeras.

_Tunqui_, ave muy rara, de los espesos bosques de la Cordillera de los
    Andes, cuya cabeza está adornada de un copete de plumaje vistoso
    color fuego vivo y encendido.

_Yunatunqui_, hermoso pájaro que tiene una especie de quitasol sobre la
    cabeza.

     Y otros tantísimos pájaros y aves más hermosos y abundantes que en
     cualquiera otra parte del mundo. Además el interior y las costas
     de todas las zonas se hallan pobladas de variedad de perdices,
     buhos, ocas, ánades, piches, sarapicos, chorlitos, becacinas,
     patos reales, garzas, gaviotas, palomas torcaces, perdices,
     jilgueros, gorriones, golondrinas, ruiseñores, chirotes, etc.,
     etc., y otra infinidad de aves acuáticas.

De los insecticidas, hay en América un bullir incesante de
multicolores; pero solo señalamos algunos que tienen cierta
particularidad que merece ser anotada:

_Alacrán_ ó _Escorpión_, muy común en las regiones cálidas de América;
    su cabeza forma con el cuerpo una sola pieza, y tiene una cola
    movediza y armada de una punta corva ó uña, con la cual picando,
    introduce el humor venenoso.

_Animal rojo_, especie de cangrejo microscópico, que se introduce en la
    cútis de todo el cuerpo, produciendo mortificantes dolores.

_Calóptero_, insecto de la familia de los carábicos, notable por sus
    lindos colores; es propio del Brasil, de Cayena y de Chile.

_Cienpiés_, insecto venenoso, de cuerpo cilíndrico, compuesto de muchos
    anillos unidos por medio de una membrana muy delgada, cada uno de
    los cuales está provisto de dos patas, de labio inferior armado de
    dos prolongaciones articulares y duras hacia adentro en forma de
    tenacillas, que le sirven de arma ofensiva.

_Cínife_ ó _mosquito de trompetilla_: es carnívoro y su picadura
    produce un dolor intenso.

_Cucuyo_, especie de luciérnaga, con la diferencia que es cucaracha en
    lugar de guzano como aquella: tiene cuatro depósitos que despiden
    luz ó materia fosforosa, dos en medio de la barriga y dos en la
    cabeza en donde corresponden los ojos; son comunes en la isla de
    Cuba.

_Garrapata, del monte_, insecto casi imperceptible, que se pega
    tenazmente á cualquiera parte del cuerpo.

_Hormigones_ ó _Chacos_, hormigas que tienen una particularidad muy
    notable, pues andan por los campos en bandadas numerosas, trepando
    en los árboles y persiguiendo en tierra toda clase de sabandijas,
    como culebras, cienpiés, alacranes, sapos, lagartijas, arañas
    y muchos otros bichos, para devorarlos, ó se apoderan también de
    las casas esparcidas por las orillas de los ríos, y subiendo por
    las paredes, no dejan rincón que no registran en caza de cuantos
    bichos encuentren; luego que la casa queda limpia, la abandonan,
    continuando su marcha por otros parajes donde haya igual pasto para
    su alimento: andan en partidas de tan crecido número que cargan
    sobre cualquier animal sin dejarle sitio por donde escapar y lo
    devoran al mismo tiempo que hace esfuerzos para desembarazarse de
    la persecución. Cuando estas hormigas se presentan, las gentes
    salen de sus casas, y no vuelven á ocuparlas hasta que hayan salido
    después de haberlas limpiado de sabandijas incómodas y peligrosas
    por el veneno que encierran. Estos hormigones se encuentran en las
    campiñas del Cuzco, en el Perú, donde precisamente abundan más las
    sabandijas.

_Luciérnaga_, insecto fantástico, con élitros crustáceos, cuya parte
    posterior es fosforecente y luce por la noche.

_Mariposas_, de las que hay una inmensa variedad en América, notables
    por su gran tamaño y vistosos colores, principalmente en los
    bosques de la parte Sud del Continente, donde se hallan las más
    bellas que se conoce.

_Nigua_ ó _Pique_, insecto microscópico, que se introduce generalmente
    en la cútis de los dedos de los pies, donde forma su huevera; es
    algo peligroso extraerlo, si no se toman las precauciones debidas.

_Sustillo_, insecto que hace un tejido semejante al papel.

_Tarántula_, araña de proporciones gigantescas, de color ceniciente con
    pintas negras y verdes, el cuerpo grueso y velludo, y su picadura
    es venenosa.

     En fin, en América hay un enjambre de innumerables insectos,
     benéficos unos, y dañinos otros, como: _Abispas_, _Arañas_,
     _Cucarachas_, _Garrapatas_, _Grillos_, _Gusanos_, _Hormigas_,
     _Moscas_, _Mosquitos_, _Moscones_, _Távanos_, _Zancudos_, etc.

De los animales anfibios y acuáticos hay también gran número en
América, de los que señalaremos tan sólo los cetáceos del mar y de los
ríos, más notables por sus diversas particularidades, como:

_Aligador_ ó _Caimán_, propio de la América del Sud, animal anfibio.

_Ballena_, cetáceo bastante común en los mares australes de América.

_Cocodril_ ó _Lagarto cornudo_, animal anfibio, algo común en los ríos
    de América; es cubierto de escamas á manera de escudos, tan fuertes
    que no las penetra una bala: algunos llegan hasta diez varas de
    largo, y pueden pasar hasta seis meses en el lodo sin comer ni
    beber, y despiertan muy voraces.

_Chacalote_ ó _Fisetero_, cetáceo blanco, soplador, que vive en los
    ríos de América.

_Charapa_, tortuga marina que puede vivir meses enteros sin tomar
    alimento alguno.

_Chinchimén_ ó _Gato marino_, animal anfibio; es propio de las costas
    de Chile.

_Elefante de mar_ ó _Foca mayor_, que se halla en las playas australes
    del Río de La Plata.

_Esturión_, cetáceo de color azul-gris sembrado de pintas pardas ó
    negras, de cabeza obtusa y cuerpo con cinco ó seis órdenes de
    escamas.

_Foca_ ó _Becerro marino_, mamífero carnívoro, que vive en los mares
    australes.

_Gimnoto_, cetáceo entomostráceo, muy común en América, de cinco ó seis
    pies de longitud, que tiene la propiedad de atentar contra los
    otros animales á cierta distancia, produciendo el mismo efecto que
    si sobre ellos se descargara una batería eléctrica.

_Guagua_, pequeño perro anfibio, especie de nutria finísima y de
    grandes orejas, cuyo nombre le viene de que al ladrar parece que
    pronunciara la palabra «guagua.»

_Lame_ ó _Puerco marino_, especie de foca cuadrúpedo y anfibio, de las
    costas de Chile.

_Lamentín_ ó _Vaca acuática_, peje de los ríos Amazonas y Marañón, de
    doce pies de largo y que suele pesar hasta ochocientas libras.

_León marino_ ó _Foca menor_, de los mares de la extremidad austral de
    la América del Sur.

_Lobo marino_, también de los mares australes de la América Meridional.

_Manatí_ ó _Amantín_, anfibio con cabeza de buey, que se halla en los
    grandes lagos de América.

_Narval_ ó _Pez-espada_, cetáceo de escamas imperceptibles, con una
    aleta en el lomo, con la mandíbula muy fuerte y la superior
    prolongada en forma de espada de dos filos.

_Paiche_ ó _Piracucu_, peje grande que generalmente tiene un peso de
    trescientas libras, que se encuentra en el río Amazonas.

_Pinguín_ ó _Pájaro-bobo_, ave marina que no tiene plumas, pero está
    cubierto su cuerpo con un plumón espeso; en el mar nada con
    velocidad y en tierra camina ayudado por las alas; es abundante en
    la costa de la Patagonia.

_Tiburón_, peje voraz, veloz, de fuerza y gran tamaño; suele acompañar
    á los buques á grandes distancias, dando vueltas al rededor, para
    aprovecharse de todos los desperdicios que se echan al mar y de
    los cadáveres que se sepultan en el Océano. Los hay también en los
    grandes ríos de América.

_Yacu-atuci_, lobo marino, alto y delgado, con lana áspera entre pardo
    y blanco.

_Yacu-cuchi_, cerdo anfibio con dos colmillos arqueados y orejas casi
    redondas, que sube mucho por los ríos que desaguan en el mar y se
    internan en los bosques en busca de raíces y frutas.

_Yacu-puma_, especie de león anfibio que habita tanto las orillas como
    las selvas del Ecuador.

_Zaramagullón_, anfibio propio del Perú.

     Además, en los mares y los ríos de América hay gran número de
     pescados de todas clases, como las especies de _Arenque_, _Atún_,
     _Anguilas_, _Anchovetas_, _Bacalao_, _Besugo_, _Bagre_, _Barbudo_,
     _Chuto_, _Corbina_, _Carpa_, _Lenguado_, _Pejerey_, _Salmonete_,
     _Trucha_, _Tui_, _Langosta_, _Camarón_, etc., y muchos _moluscos_
     y _crustáceos_.

De los animales anélidos ó invertebrados, de América, se cuenta un gran
número de ellos, principalmente innumerables serpientes que infunden
espanto por su enorme grosor y la sutileza de su ponzoña; sólo citamos
unos pocos:

_Acosto_, género de anélido afrodisiaco, propio de las Antillas.

_Boa constrictor_ ó _Aboma_, serpiente que es la de mayor tamaño que le
    conoce, y cuya longitud suele llegar hasta unos treinta y cinco á
    cuarenta pies, teniendo tal fuerza que sujeta hasta á los toros y
    tigres.

_Crótalo_, serpiente cascabel que habita los espesos bosques de América.

_Cucurucú_, culebra muy venenosa, de la América Meridional.

_Culebra Saetilla_, serpiente también venenosa, que de los altos de los
    árboles se arroja sobre los caminantes.

_Graja_, culebra cuyo veneno es activísimo.

_Jacumama_, gigantesca serpiente que, apesar de no ser venenosa, es
    temible por su prodigiosa fuerza.

_Machaqui_, culebra de 15 á 20 varas de largo, con dos cabezas.

_Serpiente Congo_, especie de cascabel cuya mordedura es mortal.

_Uritu_, culebra cuya cabeza se parece al pico de loro: es muy venenosa.

     También hay en América muchas _Víboras_ y _Corales_ ponzoñosos, y
     tantas otras clases de anélidos, entre ellos la notable serpiente
     _Papagayo_, que es colosal y habita en los bosques del Ecuador y
     del Perú, y también _Culebrones_ inofensivos, que domesticados,
     hacen la policía de las casas, devorando los insectos.

Quédanos por registrar, dos producciones importantísimas, aunque no
animales propiamente dichas, que provienen, una, de las aves marinas, y
otra, de la concha madreperla; son:

1.^{o} _Huano_ ó _Guano_, sustancia considerada como producto animal,
    pues es el resultado de la acumulación del excremento que las aves
    marinas depositan en las islas desiertas cercanas á las costas
    del Perú, principalmente en las Islas de Chincha, cerca de Pisco,
    y en los islotes y costa de Ica, Ilo y Arica; es una sustancia
    sólida, pulverulenta, amarillo-oscuro, de olor amoniacal fuerte,
    que se halla en capas ó depósitos formados de dichos excrementos
    de diversos pájaros marinos, que son tan numerosos en aquellos
    parajes; depósitos que han alcanzado, en el término de muchos
    siglos, más de sesenta pies de espesor en la extensión de algunas
    leguas[94]. El _Huano_ es reconocido como el abono más precioso
    empleado en la agricultura para fertilizar las tierras pobres, por
    el amoniaco, fosfato y potasa que contiene. Desde 1836 el Huano
    llegó á ser una enorme riqueza para el Perú, pues que ha rendido
    al Gobierno de veinte á veinticinco millones de pesos anualmente.
    El producto del _Huano_ ha sido mal administrado de parte de las
    autoridades peruanas, pues se ha podido sacar mucho más provecho
    de ese precioso abono, que ha enriquecido á los consignatarios de
    Inglaterra, Norte América y otros países.

2.^{o} _Perla_, sustancia que también es considerada como producto
    animal, pues es una especie de concreción preciadísima que se
    forma en el interior de la concha denominada madreperla, por la
    extravasación de la sustancia conocida con el nombre de nácar.
    Se encuentra criaderos de perlas en varias islas de Colombia, y
    también en las costas de Cubagua y Cumaná, en el golfo de San
    Miguel, cerca del Istmo de Panamá, donde se pescó una perla del
    tamaño de un huevo grande de paloma, la que, apreciada en cien mil
    ducados, fué obsequiada al rey de España Don Felipe II. También
    hay criaderos de perlas en las costas de la Baja California y del
    Estado de Sonora, en México, que pueden compararse con los del
    Golfo de Ceylán y el Pérsico.

Hecha esta suscinta relación, repetimos lo que hemos dicho ya: ¿Será
posible que el Hacedor Supremo haya concedido al Continente Americano
tantas y tantas riquezas en los tres reinos de la Naturaleza, para
que este mismo Continente haya permanecido inhabitado durante el
largo tiempo trascurrido desde la Creación del Mundo hasta el Diluvio
Universal?

No, ello es materialmente imposible; y, por lo tanto, es innegable
que los habitantes de la época antediluviana han sido autóctonos,
contemporáneos de los corpulentos paquidermos de la Edad Cuaternaria,
época de la que, á no dudarlo, arranca el origen del Hombre.


                                 2.^{a}

La Historia y la Tradición no nos han legado dato alguno acerca de los
primitivos habitantes del Hemisferio Americano; todo lo concerniente
á este punto, yace oculto en el misterio más impenetrable, no siendo
posible seguir con certidumbre la marcha del Género Humano en la
infancia de las sociedades del Nuevo Mundo; lo poco que hasta hoy se ha
podido saber, está diseminado, por decirlo así, en diferentes obras,
Acosta, Avicena, López, Holtón, Kames, Romans, La Peyrère, Burnet,
Humboldt, Bancroft, Brasseur de Bourbourg, Hervas, Zerda, Mosquera y
otros, traen algo al respecto, pero ese algo es incompleto las más
veces, y tan sólo problemático en algunos casos.

De estos autores, unos son del grupo de los _poliphyletes_
ó _poligenistas_, y otros del grupo de los _monophyletes_ ó
_monogenistas_; conjeturando algunos, que el Hombre primitivo de
América tuvo que ser algo superior á la bestia, pero algo inferior
al salvaje de hoy, desde el punto de vista físico é intelectual, y
tuvo que ser también más corpulento, más musculoso, y más ágil que
el Hombre civilizado de nuestros días, pues que la fuerza bruta era
su principal atributo: desnudo y estimulado por el hambre, cubría su
desnudez con las plantas fibrosas y las pieles de los animales que
lograba matar, alimentábase con los frutos de la Naturaleza y con
la carne de esos mismos animales[95], y se albergaba en las cuevas
naturales para ponerse al abrigo de la intemperie; para eso ponía en
acción los recursos de que le permitía disponer su escasa actividad
cerebral y la disposición mecánica de sus demás órganos. Después,
su instinto se fué desarrollando paulatinamente hasta cobrar la
suficiente inteligencia por el mismo desenvolvimiento gradual y la
adaptación de sus órganos cerebrales, comprendiendo entónces, que
estímulos superiores al de la conservación personal le dominaron, como
fueron el amor que tenía á su compañera y las caricias que recibía
de sus hijos: esa relación de familia fué estrechada y complementada
con el paulatino perfeccionamiento del lenguaje. Luego, como es de
suponer, elevando su espíritu á la contemplación de los fenómenos
naturales que se ofrecían á su vista, como la influencia benéfica del
sol; la caída del rayo de la nube tempestuosa, que le pareció una
emanación del mismo astro; el calor de las lavas incandescentes, que
los volcanes arrojan en su erupción destruyendo todo en su rápido
curso; llegó á comprender que estos hechos eran, en sí mismo, el fuego,
y tales fenómenos naturales le sugirieron la posesión del secreto de
ese elemento, mediante la frotación de dos leños de dureza diferente,
descubrimiento que le permitió realizar casos prácticos en su vida
doméstica; pasando entonces el hogar á ser el verdadero centro de la
familia. La organización de la familia tuvo lugar, según esto, en la
_Época Primaria_, que prácticamente se denominó EDAD DE ORO.

Después de este período, que fué de larga duración, vino el de la vida
de relaciones entre las diversas familias esparcidas en el Continente
Americano, principiando así el verdadero estado social, que siguió á
la simple asociación de familia. La infancia del estado social fué
también de larga duración, y en el trascurso de él el conocimiento
de los hombres, aparte del culto y servicio del fuego, se redujo
á la fabricación de toscas vasijas de tierra cocida para sus usos
domésticos, á los instrumentos de madera ó de piedra bruta necesarios
á sus demás empleos, á la construcción de chozas ó cabañas para su
albergue, y á la confección de armas para la caza de animales ó para
la guerra, pues no tardó en suscitarse entre las diferentes familias,
desacuerdos, disputas y aún riñas que prontamente degeneraron en
desavenencias graves y hasta en lucha á muerte entre ellas. En un
concepto poético, la _Época Segundaria_, se denominó EDAD DE PLATA.

A este último período siguió la época del perfeccionamiento de los
instrumentos de tosca piedra ó silex, época que los antropologistas
llaman EDAD DE PIEDRA, y que se subdivide en dos épocas diferentes: la
_Época Terciaria_ ó _Paleolítica_, de instrumentos de piedra toscamente
tallada, y la _Época Cuaternaria_ ó _Neolítica_, de instrumentos de
piedra pulimentada.

Vino en seguida el período en que se perfeccionaron los instrumentos,
reemplazando los de silex por los de cobre; se mejoró el arte de
la alfarería y se principió la extracción y fundición de metales
múltiples, tales como el oro, la plata, el cobre, el estaño y otros.
Esta época fué llamada EDAD DE BRONCE Ó DE LOS METALES, porque el
cobre que entra en esa liga, fué el metal más común que reemplazó á
la madera y la piedra en la fabricación de instrumentos de guerra y
agrícolas, reservando el oro y la plata para varias aplicaciones,
ya industriales, ya artísticas. En esta misma Epoca, las tribus
nómadas ó errantes, diseminadas, reuniéronse en cuerpos de pueblos
ó naciones, formados por el paulatino dominio que adquirieron unas
tribus sobre otras. Las asociaciones de las familias relacionadas entre
sí por sus costumbres, sus creencias, sus lenguas y sus tradiciones,
se constituyeron, así, en Estados civiles, políticos y religiosos,
gobernados por jefes que mantuvieron su independencia y autonomía.
Debido á esa asociación de familias y su constitución en Estados, fué
que se inició un notable adelanto en los pueblos, pues desde entonces
se principió á fabricar toscos tejidos, se adoptó la cremación de los
cadáveres y se comenzó á tributar el culto religioso.

Cuanto á la EDAD DE FIERRO, sólo está marcada en los Continentes
Antiguos, por la adquisición de este utilísimo metal, completamente
desconocido su uso, se supone, en el Nuevo Mundo basta la conquista
española, apesar de ser muy abundante el fierro en el Continente
Americano.

Si se trata de resolver la cuestión de la condición intelectual en
que se encontró la Humanidad primitiva, hay que recurrir al examen de
los útiles y armas de que los hombres se sirvieron en aquellas épocas
lejanísimas; elementos que dan la debida luz sobre esa civilización,
pues su exámen enseña, que á las hachas y objetos de piedra, de
hueso, de concha y de madera, para los usos domésticos, sucedieron
los instrumentos de metal. "Esta historia del Hombre,--ha dicho Mr.
Edward Burnet Taylor,--que nos revela el estudio de los instrumentos
de que él ha hecho uso, es la historia de un progreso ascencional y
sin duda inconstante é interrumpido en cada tribu ó en cada raza, pero
un progreso general, en el que vemos que crece y se desarrolla la
industria humana." Pero lo dicho por Mr. Burnet Taylor es tan sólo el
medio de comprobar, en parte, el grado intelectual á que habían llegado
las primitivas generaciones humanas, sin tener en cuenta otros medios
importantísimos de llegar al conocimiento de la condición intelectual
del Hombre en esas edades primitivas, medios que complementan el
estudio etnológico de estas razas, y son: á más del movimiento de su
progreso en las artes manuales, sus costumbres, sus ritos, creencias, y
su sistema de gobierno.

Debe colegirse de lo dicho, que ha debido trascurrir muy larga serie
de siglos antes que los primitivos pueblos de ese mismo Continente
adquirieran cierto grado de adelanto; siendo un hecho indudable, que su
iniciada civilización fué avanzando gradual y lentamente en el camino
del progreso, hasta lograr formar pequeños núcleos y centros sociales.


                                  3.^{a}

Aunque la historia de los primitivos habitantes de América está aún
envuelta en un cáos que ha sido imposible aclarar hasta ahora, creemos
que después del trascurso de varios siglos, el Hemisferio Americano
fué también habitado por los Atlantes, los Antis, los Chinos y talvez
los Egipcios, los Fenicios y los Hebreos, razas que forzosamente se
mezclaron con esos primitivos habitantes autóctonos, asimilándose á
ellos en el trascurso del tiempo. Fundamos esta conjetura en los hechos
relatados por los antiguos historiadores, quienes refieren que la
navegación en los Océanos Atlántico y Pacífico se remonta á una época
anterior al Diluvio; lo cual probaría que los pueblos del Antiguo y del
Nuevo Mundo se conocieron y tuvieron relaciones desde aquella misma
época.

De suponer es, que en aquellos tiempos antiquísimos, la Atlántida (que
creemos sólo ocupaba una parte de la extensión del Océano Atlántico)
fuera una nación que alcanzó el mayor grado de apogeo, pues Platón
recuerda tradiciones egipcias que se remontan á la invasión de los
Atlantes á los Continentes del Antiguo Mundo, extendiéndose por toda
la Europa, parte de la Africa y de la Asia Menor. Solón, que fué uno
de los siete sabios de Grecia, supo también, por los Egipcios, todos
los pormenores que se referían al poder marítimo de los Atlantes, cuya
escuadra estaba compuesta de miles de navíos. Además, la Atlántida era
célebre por su fértil y benigno clima, habitada por hombres indomables,
robustos, audaces y de talla gigantesca[96]; gente fuerte é invasora
que hacía repentinas irrupciones, cayendo, de improviso, para guerrear
toscamente, hasta poner á sus enemigos en cuitas y peligros. Por lo
demás, no hay memoria de la época en que aconteció el hundimiento de
esta grande isla, ni tampoco hay recuerdo de la existencia de ella en
la época postdiluviana.[97]

Los Antis, pueblo asiático, hicieron, se dice, una invasión á la
América ecuatorial, antes del Diluvio, y se establecieron en la
Cordillera de los Andes, en la región superior del Amazonas: de estos
Antis se deriva, talvez, el nombre de la extensa cadena de montañas
que atraviesa toda la América del Sud. Los pobladores de la Cordillera
de los Andes ecuatoriales conservan todavía el nombre de Antis, que
fueron los que, se supone, introdujeron en América el idioma Quechua,
y usaban en lugar de escritura, los quipos ó cordoncillos con nudos,
presumiéndose que ellos fueron los inventores de ese sistema, y que
también lo habían propagado entre los Tibetanos y los Chinos hasta
el tiempo del emperador Tohi (600 años antes del Diluvio). Algunos
historiadores de la conquista pretenden que los descendientes de los
Antis son los Campas ó Chunchos esparcidos en las selvas del Alto
Ucayali y otras regiones del Perú.

Los Egipcios son señalados por algunos egiptólogos como unos de los
primeros pobladores de la América, antes del Diluvio. Sabido es
que Egipto fué la nación civilizada más antigua de la Tierra, pues
se remonta á una época inmemorial en que todos los demás pueblos
se hallaban aún sumidos en la más completa barbarie; por eso es
considerada como la cuna de las artes y las ciencias del Género Humano:
sus habitantes eran muy diestros en la navegación y hábiles en las
guerras navales, de donde se conjetura que, desde épocas lejanísimas,
sus naves surcaron el Océano Atlántico, abordando á las playas
americanas. Y no solamente eran diestros en la náutica, sino también
expertos en las armas, pues sus legiones establecieron colonias en
Asia, poblando la China y el Japón.

Los Chinos, que componen el imperio más vasto del Mundo y cuyo país ha
sido una de las primeras naciones en organizarse, pues que su gobierno
y civilización arrancan de una época evidentemente muy remota (á más
de 4000 años antes de la era cristiana), conservan tradición de haber
enviado algunas inmigraciones de ellos al suelo de la América oriental
y occidental antes del Diluvio, unas por la ruta del estrecho marítimo
de Annián, y otras por la cadena de islas que en aquel tiempo existía
en el mar Pacífico, pudiendo así aportar al territorio americano y
poblar sucesivamente las comarcas de México, Panamá y el Perú.

Además de los pueblos citados, posible es que también recalaran á
América algunos navegantes aventureros ó náufragos procedentes de la
Fenicia y la Judea.

Es opinión generalmente sentada, que los hombres de aquellos tiempos
que abordaron las playas del Nuevo Mundo, (sea accidentalmente ó de un
modo deliberado, impulsados por los vientos y corrientes constantemente
favorables que reinan tanto en el Atlántico como en el Pacífico hacia
el Hemisferio austral), tuvieron que permanecer allí, sin poder volver
á sus respectivos países, por los vientos y las corrientes contrarias,
pues no poseían el manejo de las velas, ni el conocimiento de las
estrellas, ni el curso de los astros, ni las luces de la astronomía,
ni estaban, en fin, imbuidos de la ciencia náutica, condiciones tan
precisas para hacer rumbos contrarios á la impulsión de los vientos.

Atajados por todos lados, para restituirse á los países de donde habían
salido, determinaron establecerse en el Continente Americano, los
unos habitando las partes montuosas de los bosques, en cuyos parages
se volvieron rústicos y bárbaros, y los otros estableciéndose en los
valles y en las costas, en cuyos lugares se conservaron más dóciles y
sociables.

Por esta razón, la América permaneció ignorada durante tantos siglos;
siendo preciso, al fin, que Cristóbal Colón, en cuyo tiempo se conocía
ya el modo de tomar la altura de las estrellas y las reglas náuticas
necesarias para encaminar las naves hacia donde habían partido, pudiera
legar al Mundo el descubrimiento de un Nuevo Continente.


                                 4.^{a}

Creemos también, ateniéndonos á la tradición hebráica, que los
primitivos habitantes de la América perecieron en el cataclismo
universal y que, después de tan fatal acontecimiento, fué este
Continente repoblado por los descendientes de esos primitivos
habitantes que, por voluntad del Criador, pudieron salvar de tal
catástrofe[98]. Mucho tiempo después, otras razas de los Antiguos
Continentes hicieron diversas y continuas invasiones al suelo
americano; razas, sin duda, de hombres semi-civilizados, que aportaron
al Nuevo Continente sus peculiares usos y costumbres.

Sabido es que el Asia ha sido la cuna de la Humanidad: por
consiguiente, creemos que de allí salieron las primeras expediciones
que repoblaron el Nuevo Continente. Estos inmigrantes tendrían que
luchar contínuamente por la existencia, perdiendo al fin las primeras
nociones de la civilización de sus respectivos países. Las causales
que originaron este retroceso fueron: los usos nuevos apropiados al
género de vida errante á que se vieron expuestos, inspiradas más por
instinto que por inteligencia; el decaimiento de su propia lengua; el
ser invariables á sus ojos los fenómenos de la Naturaleza, engendrando
en ellos nuevas creencias; el aislamiento á que se hallaban reducidos,
al extremo de sumirse, con el trascurso del tiempo, en un estado
de completa ignorancia. Más tarde, cuando aportaron á las comarcas
americanas inmigraciones más avanzadas en civilización, de hombres
enérgicos y de mayores facultades intelectuales, fué cuando se
establecieron al Norte, Centro y Sur de América, naciones relativamente
florecientes.


                                 5.^{a}

Las primeras inmigraciones venidas de Europa á América, en los primeros
tiempos postdiluvianos, creemos que probablemente fueron de Griegos,
Iberos y Romanos, y, mucho más tarde, de Islandeses, Noruegos y
Dinamarqueses; las provenientes de Africa, consistieron en Egipcios y
Cartagineses; las originarias de Asia, quizá se formaron de Fenicios,
Carios[99], Troyanos, Hebreos, Chinos y Tártaros.

A nuestro humilde juicio, esas diversas inmigraciones fueron
realizadas, unas por los caminos terrestres que en aquellos tiempos
unían los Antiguos Continentes con el Nuevo; otras, posteriormente,
verificaríanse de un modo casual, por tempestades que desviaran á
los navegantes de su rumbo, arrojándolos á las playas americanas; y
otras, en fin, de esa accidental manera, habrían sido efectuadas con
deliberado intento, huyendo del flajelo de las contínuas guerras que,
en esas épocas, devastaban y diezmaban las diferentes nacionalidades
del Antiguo Mundo. De estas tan diversas inmigraciones proviene, sin
duda, la diversidad de razas que vinieron aclimatándose en el suelo
americano, cada una con sus peculiares usos, hábitos y costumbres, y
aún con sus respectivas distintas lenguas.

Algunos autores opinan que el Nuevo Mundo principió á repoblarse,
después del Diluvio, con la pareja ó parejas que en ese Continente
salvaron de tal catástrofe; y otros pretenden que lo fué con los
primeros inmigrantes que á ese Continente aportaron casual ó
deliberadamente. Sea cual fuera la repoblación de América, es un
hecho innegable que algunos indígenas conservan la tradición de que,
efectivamente, sus antepasados vinieron de otros países y conservan aún
los nombres verdaderos ó falsos de sus progenitores.

Además, según opinión de algunos etnógrafos, parece que la parte
oriental del Continente Americano fué también repoblada por una raza
autóctona, salida de las vertientes de los montes Allegany y de los
Apalaches; raza que pasó la Florida y ocupó las Antillas, las riberas
orientales de la región de México, la Tierra Firme, las Guayanas,
y, por último, el Perú, hasta los confines australes de la América
Meridional. A esta raza pertenecieron los numerosos indios denominados
Pieles-Rojas, que ocupaban los territorios de Tennessee, las Carolinas,
la Virginia, el Maryland, la Pensilvania, y una parte del Estado de
Nueva York; como asímismo los indígenas del Canadá, los de Yucatán y de
Honduras, y los Caribes y Galibís.

Cuanto á la variada raza indígena meridional, algunos antropologistas
conjeturan que poblaron la hoya superior del Orinoco, la hoya del
Amazonas, el Brasil, el Paraguay y la Araucanía, suponiéndose que estos
últimos, por sus caracteres, hayan sido originarios de la raza China.


                                 6.^{a}

Creemos, asímismo, que dos son las rutas principales que en las épocas
antediluviana y postdiluviana, tomaron las primeras expediciones de los
Antiguos Continentes, para arribar á las playas de América.

Probable es, que una de esas rutas fuera la pretendida desaparecida
Isla Atlántida, que, se cree, extendíase desde las islas del mar Caribe
(en las Antillas) hasta las islas Azores y Madera (en las cercanias
de las costas de Portugal y de Africa, respectivamente), y casi unida
quizá al Continente Europeo ó al Africano, cuya ruta habría sido, en
aquellos tiempos lejanos, un puente de unión entre los Continentes
Antiguos con el Nuevo, y por la cual ruta habrían venido las sucesivas
expediciones europeas ó africanas á las costas septentrionales
americanas.[100]

Es probable que la otra ruta fuera el Estrecho de Annian (hoy
Behring)[101], ó las islas Aleutianas ó Aleutas[102], que, se puede
decir, unían el Continente Asiático con el Americano, como suponen
algunos geólogos, ó por la cadena de islas eslabonadas en medio del
Océano Pacífico[103], que en estos últimos siglos existían aún, entre
ambos Continentes, lo que denotaría, así mismo, que en tiempos remotos
esa unión de los Continentes Asiático y Americano era también un hecho.

Por ambas rutas habrían podido venir á las costas meridionales de
América sucesivas expediciones asiáticas.

A más de ambas rutas principales, creemos también, que algunas
expediciones á América pudieron venir por la ruta de la Polinesia,
cuyas islas Sandwich y Pascuas (tan célebres por las antigüedades
ciclópeas que encierran) son las más cercanas de la América del Norte
y del Sud, pues que, respectivamente, están situadas en las latitudes
de México y del Cuzco (los dos centros de la civilización americana);
teniéndose en cuenta, que las corrientes y los vientos dominantes en
esta parte del Océano Pacífico, se dirigen á la costa norte-americana,
unas, y hacia la costa sud-americana, otras.

No hay duda (á lo menos es lo que opinamos) que en la época que
siguió al Diluvio Universal, pudieron pasar por las rutas que hemos
señalado, de los Antiguos Continentes al Nuevo, no solamente los
hombres, sino también algunos animales mansos, es decir, aquellos de
climas calurosos, por la zona tórrida, y aquellos de climas fríos, por
la zona frígida, suponiendo, siempre, la proximidad ó unión de los
Antiguos Continentes con el Nuevo; salvo los animales propios del suelo
americano, pues así como Dios crió al Hombre autóctono de América,
así también crió animales y plantas propios de ese mismo Continente;
y tanto es así, que muchos animales originarios de América no son
conocidos en los Antiguos Continentes, y, por lo tanto, no pudieron ser
encerrados en la arca que Noé construyó por mandato del Criador.

Sabido es, por otra parte, que desde la Creación del Mundo, el Planeta
Terrestre ha sufrido grandes trasformaciones geológicas, originadas por
terremotos provenientes de erupciones volcánicas y submarinas, y que,
debido á esos sacudimientos sísmicos, unas partes de los continentes
y numerosas islas, se han hundido en el mar, y otras han surgido de
él. El mar, estrechándose en unos lugares y desbordándose en otros,
ha aumentado ó disminuido las tierras, separando países unidos desde
su origen, formando nuevos estrechos y golfos. Por consiguiente, ¿qué
dificultad pudo haber habido, de que así como existe hoy el Estrecho
de Annian ó Behring, hayan también existido, en aquellos tiempos,
otros estrechos, unidos á partes más septentrionales de Europa, Asia
y Africa, y que de puente sirvieran para pasar de un Continente á
otro? Presumible es, que en el trascurso de tantos siglos, después de
repetidos terremotos, hayan desaparecido estrechos, porque invadiera
el mar lo que antes era tierra firme.

A este respecto, citaremos, de paso, la opinión que, sobre este tema,
desenvuelve Francisco J. Clavigero, en la Disertación 1^{a} de su
_Historia antigua de México_, tom. II, pag. 147, autor que, acojiéndose
á los textos bíblicos, opina que todos los animales, incluso los
cuadrúpedos feroces y reptiles de América, pasaron por tierra, de los
Continentes del Antiguo Mundo al Nuevo; y, concretando sus juicios,
dice: «Estoy obligado á creer que los cuadrúpedos y reptiles del Nuevo
Mundo descienden de aquellos individuos que se salvaron del Diluvio
Universal en el arca de Noé....... y me persuado que su tránsito se
hizo por tierra y por diversas partes del Nuevo Continente.»

Objetando esta opinión emitida por Clavigero, debemos preguntar otra
vez: ¿Logró Noé encerrar en su arca á algunos animales feroces, propios
de América, como leones, tigres, rinocerontes, bisontes, búfalos,
coyotes y demás; los mansos huanacos, llamas, vicuñas, alpacas,
vizcachas, y otras; los cocodriles, lagartos, serpientes, culebras y
demás animales y sabandijas, animales, estos últimos, notoriamente
nocivos al Género Humano, y que en tan diversa cantidad existen en el
Nuevo Mundo? Es de suponer que aquello no sucedió.

Desde luego, abstracción hecha de los textos de los libros bíblicos,
débese admitir que los animales feroces y dañinos de América son
originarios de ese mismo suelo, como también son originarios los
animales feroces y dañinos que pertenecen á los Continentes Antiguos,
porque Dios, en su alta sabiduría, no solamente crió varias razas de
hombres, sino también especiales y propios animales y plantas en cada
Continente.

En fin, ocioso nos parece investigar el rumbo seguido por los primeros
hombres y animales del Continente Americano, porque en los tiempos
remotos anteriores y posteriores al Diluvio Universal, la superficie
del Globo Terráqueo era muy diferente de lo que es hoy.[104]


                                 7.^{a}

Es un hecho efectivo, que la civilización indiana del período
postdiluviano data de muchos siglos antes del descubrimiento de Colón,
pues á más de ochenta años de establecido el coloniaje español, vínose
á descubrir (en 1576) las famosas ruinas de Copán, que, en tiempos muy
remotos, fué la capital del reino Tolteca, tronco perteneciente á la
gran familia de los Nahuatls que se diseminaron por toda la América
Central, desde el siglo VII hasta el XIV, siendo los fundadores
verdaderos de la antigua cultura mexicana. Esa misma cultura se
extendió á las demás comarcas de México, Centro y Sud-América, que
han sido los tres antiguos emporios de la civilización americana,
como lo manifiestan los descubrimientos hechos posteriormente de
ruinas de antiguas ciudades, á más de la de Copán, como las de Uxmal,
Haba, Labué, Moyapan, Izamal y Chanchen-Itza, en el Yucatán; Mitla ó
Miguitlan, en el país de los Zapotecas; Palenque, Petén, Chicken,
Tayalal, Tical, Xochicalco, Chulula y Tula, en la América Central; y
Tiahuanaco, Machu-Picchu, Huánuco-Viejo, Pachacamacc, Ollantaitambo,
Chitabamba, Chuquillusca, Tarmatambo, Vinaque, Chavin de Huantar,
Chimu y otras, en la América Meridional; ruinas todas que acusan
una remotísima y floreciente civilización de pueblos enérgicos y de
notables facultades intelectuales.

No solamente por los monumentos ciclópeos se comprueban las huellas
de las tribus prehistóricas, sino también por las toscas herramientas
y utensilios de pedernal encontrados en capas subterráneas, entre
huesos humanos, de fósiles y vestigios de la fauna y la flora de esa
remota época, de la cual los sabios, como Cuvier y otros, se hicieron
intérpretes eruditos en nuestros tiempos, reconstruyendo aquel pasado
lejanísimo.[105]


                                 8.^{a}

Concluíremos con unas últimas apreciaciones:

Sabios, que han hecho observaciones y estudios arqueológicos en el
Nuevo Continente, son de opinión que la Pompeya de América está aún
por descubrirse, y suponen que las ruinas de esa gran ciudad se hallan
debajo de las extensas y espesas capas de lava fria que circundan
alguno de los volcanes de la América Central. El descubrimiento de
esas ruinas sería otra prueba incontestable (aportada á las aludidas
respecto de las de Copán, Palenque, Petén, Mitla, Tiahuanaco y
demás citadas de la América del Norte, del Centro y del Sud), de
la adelantada civilización indiana, que se remonta, según opinión
de muchos historiadores, á una larga serie de siglos anteriores al
descubrimiento hecho por Cristóbal Colón.

Es del caso indicar aquí las opiniones de algunos sabios sobre las
similitudes arquitectónicas de los monumentos ciclópeos de América con
los de otros Continentes.

Isaac Taylor, en su juiciosa obra titulada _Etruscan Researches_, pag.
33, dice: «El arte de la construcción suministra indicaciones del más
alto valor sobre las afinidades etnológicas: los templos, los palacios
y los túmulos funerarios pueden ser considerados como otras tantas
petrificaciones de las aspiraciones, de los pensamientos y de los
sentimientos de los pueblos; son la expresión expontánea é inconsciente
de particularidades mentales hereditarias.»

A este propósito, el doctor Hyde Clark, en su conceptuosa obra
_Researches in prehistoric and prohistoric comparative phylology,
mythology, in connection with the origin of culture in America_,
para probar la similitud de los primeros pueblos del Nuevo Mundo con
los Turanianos, emite la siguiente conclusión: «Las analogías de la
arquitectura de los Mexicanos y de los Peruanos con la de los Egipcios
y de los Pelasgos (de la Arcadia) son numerosas; debe repararse que
todos los constructores de edificios ciclópeos han sido Turanianos (del
imperio de Annam).»

Según Mr. Hardy, la semejanza que ofrecen los edificios de Chicken;
antigua ciudad de la América Central, con los Topes ó Dagobas de los
Budhistas, es bastante sorprendente: en la pág. 122 de su _Indian
Monarchism_, este misionero dice: «La forma de la cúpula, su altura
aparente, la torre pequeña colocada en su altura, los árboles que han
crecido en sus costados, el aspecto de la albañilería; la configuración
de los ornamentos, la pequeña puerta de entrada en la base, todo; en
una palabra, se asemeja muchísimo á lo que he visto en Amarajapura,
antigua capital de Ceylan.»

También en la isla de Java, del archipiélago de la Sonda, y en la
Malesia, se hallan restos de una antigua civilización, y al efecto ha
dicho un antiguo escritor: «El gran templo de Palenque corresponde tan
exactamente, en sus principales detalles, al de Boro-Bodo, situado en
la provincia de Kedah, que no es posible dudar del origen y destinación
común de ambos monumentos.»

Algunos autores han aseverado que las grandes construcciones y las
esculturas prehistóricas americanas, como pirámides, murallas,
fortalezas y estátuas, se encontraron, originariamente, en los espesos
bosques del Indostán y de Ceylan (Asia Meridional), en el Indo-China
(Asia Oriental), en Tahití, islas Marianas, islas Sandwich y de Pascuas
(Oceanía); lo que denota que, durante el período prehistórico, una gran
raza de constructores, que no pudo ser otra que la Turaniana, emigrara
del Continente Antiguo á las playas americanas; emigración de la que
las tradiciones de la Asia sud-oriental conservan memoria.

Terminamos:

Todas las ruinas encontradas, posteriormente, en el extenso Continente
Americano, son testigos mudos de naciones que se alzaron y florecieron
en tiempos remotísimos, por su adelantada cultura y civilización, para
caer después en el olvido del tiempo, sumergidas en la soledad del
desierto; ruinas que han resurgido después de una larga sucesión de
centurias.

Si se trata de buscar el origen de las naciones de América que
culminaron por sus adelantos, en las épocas antediluviana y
postdiluviana, es muy difícil encontrarlo, aunque de suponer es, que
fueron las primeras de raza autóctona, y las segundas provenientes de
distintas razas, á juzgar por las similitudes que ellas ofrecían con
las de los Antiguos Continentes. A nuestro humilde juicio, volvemos á
decirlo, la antropología, la etnografía y aún la craneología, son las
ciencias que por más autorizadas, podrían con más acierto conducir
al conocimiento de las primitivas razas indianas del Continente
Americano. Talvez más tarde, los naturalistas antropólogos lleguen á
resolver este árduo problema, que hace mucho tiempo viene preocupando,
y con justicia, la atención de los sabios modernos. Mientras tanto,
repetímoslo, apesar de las numerosas investigaciones hechas sobre el
origen de los primeros habitantes de América; no se ha podido aún dar
un juicio satisfactorio. Entre tantas opiniones diversas como las
que sobre este particular se han emitido, todas, en general, carecen
de pruebas fehacientes, y algunas no tienen ni siquiera el mérito de
la probabilidad: todas estas opiniones son, tan obscuras unas, tan
contradictorias otras, y algunas tan fantásticas é infladas de fábulas,
que no solamente hacen la materia de muy difícil solución, sino que al
tratar de dilucidarla, la obscurecen tanto, que parece imposible poder
llegar, por medio de ellas, á la posesión de la verdad.


                                 9.^{a}

Finalmente, resumiendo cuanto han dicho todos los autores citados en
el curso de esta obra, y expuestas sus respectivas opiniones sobre
el orígen de los Indios de América, como también la opinión nuestra
que acabamos de formular, nuestra última palabra sobre este tópico se
condensa en las siguientes conclusiones:

1^{a} El hombre habitó, simultáneamente, todo el Planeta Terrestre,
desde los tiempos geológicos; por consiguiente, los primeros aborígenes
antediluvianos del Continente Americano son autóctonos, es decir,
originarios de ese mismo Continente; pues así como el Hacedor Supremo
creó una pareja de la raza blanca, del mismo modo creó parejas de
las demás razas, consiguientemente la de la raza roja ó americana.
Inconcebible é inadmisible es, que tan diferentes razas humanas
procedan de una sola y única pareja, como opinan los monogenistas.

2^{a} Más tarde, en el período postdiluviano, cuando algunas invasiones
extranjeras arribaron á las playas americanas, que se suponía cuna
de los Atlantes, Antis, Chinos, y quizá de Egipcios, Fenicios,
Cartagineses, Hebreos, y algunas otras, entónces los autóctonos de
América cesaron de ser una raza única y homogénea, siendo, mas bien,
producto de cruzamientos de razas diversas, las que; con el trascurso
del tiempo formaron, sin duda, una civilización tan adelantada; que,
cuando los Antiguos Continentes estaban aún sumidos en la ignorancia,
en América había ya pueblos civilizados que vivian en grandes ciudades,
poseedores de monumentos grandiosos, como por ejemplo Palenque, Copán,
Mixtla, Chicken, Petén, Chulula, etc., en la América Septentrional, y
Tiahuanaco, Choqquequirau, Macchu-Picchu, Tipón, Huánuco-Viejo, Chavin
de Huantar, Chimu, etc., en la América Meridional; civilizaciones que
han desaparecido del suelo americano, por una de aquellas revoluciones
de la Naturaleza con que las naciones más adelantadas se eleminan de
la faz de la Tierra. Pero, indudable es, que por las ruinas de los
ciclópeos monumentos que aún subsisten, esas mismas civilizaciones
fueron razas de hombres muy superiores, que dejaron huellas de su
estancia y poderío por este suelo.

3^{a} En tiempos remotísimos los más antiguos pueblos de Europa,
Asia y Africa estaban en comunicación con América, pues entónces esa
comunicación era facilitada por tierras hoy desaparecidas; porque
así como actualmente subsiste el estrecho de Behring, pudiendo
atravesárselo á pié, cuando ese brazo de mar se halla congelado, así
mismo habrían, sin duda, estrechos que unian el Nuevo Continente
con los Antiguos, y cuya desaparición debió ser producida por las
convulsiones volcánicas terrestres y submarinas ocurridas en épocas
lejanas.

4^{a} De suponer es, que las invasiones á América cesaron durante el
lapso de una larga serie de siglos, ó sea, hasta las incursiones de los
Normandos y Escandinavos, á fines del siglo X y principios del XI de la
era actual, incursiones realizadas sin ninguna ventaja ni provecho para
la Humanidad; siendo necesario que trascurrieran aún cuatro siglos más,
para que Cristóbal Colón, en 1492, agregara un florón más á la Corona
de España, con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

5^{a} En muchas comarcas de América se han descubierto los vestigios de
una civilización más adelantada que la que encontraron los Españoles,
lo que prueba que desde tiempos inmemoriales pueblos de una alta
cultura estuvieron establecidos en aquel Continente.

6^{a} La civilización que habían alcanzado los Mexicanos y
Peruanos, contemporáneos del descubrimiento de Colón, demuestra,
inequivocadamente, que estos pueblos constituían Estados florecientes.

7^{a} Los Españoles, al pisar el suelo americano, encontraron en él,
tribus que representaban razas de los Antiguos Continentes, pero cuya
base de población presentaba diferencias notables.

8^{a} Realizada la conquista del vasto Continente de América por los
neo-latinos y los anglo-sajones, grandes corrientes emigratorias
llegaron al Nuevo Mundo. Los estranjeros se apoderaron del suelo á viva
fuerza, rechazaron á los indianos hacia el interior, y se aprovecharon
de los fabulosos rendimientos de las minas y las riquezas forestales,
estableciendo, entónces, comunicaciones periodísticas con las regiones
del Mundo Antiguo.

9^{a} A pesar de las numerosas víctimas sacrificadas en la conquista,
no solamente de indígenas, sino también de los mismos conquistadores,
es incuestionable que el descubrimiento de ese Nuevo Continente y su
consiguiente usurpación, tuvieron grandísima influencia en los destinos
de la Humanidad, pues no hay en la historia de la civilización ningún
acontecimiento que pueda entrar en parangón con el descubrimiento de
América.

Con todo, las conclusiones que acabamos de emitir, no las consideramos
definitivas, sino algo problemáticas, porque no pretendemos haber
solucionado este problema de tan intrincada investigación y sobre
el cual, lo repetimos, se han escrito tantas y tan divergentes
disertaciones.

Tampoco nos lisonjeamos de haber compuesto una obra perfecta, porque
nos consideramos destituido de las dotes de ingenio, erudición y
pureza de estilo que se requiere en un buen escritor; pero, á lo
menos, confesamos que hemos puesto la mayor diligencia en nuestras
investigaciones, presentando, en conjunto, y comentándolo, lo de mayor
interés que se halla esparcido en los trabajos de los diversos autores
que han tratado, mas ó menos bien, de esta embrollada y dificultosa
materia.

Empero, como ya hemos dicho en el folleto que publicamos en 1913
titulado _Mi estancia de medio siglo en Lima_: «No faltarán algunos
espíritus dispuestos á calificar ligeramente y sin fundamento la
tésis que el presente estudio encierra, y á censurar como deficientes
nuestras apreciaciones respecto del origen de los Indios de América.
Tampoco dudamos de que, en vista de las conclusiones nuestras, nos
salgan al encuentro algunos adversarios que las combatan, tildándonos
talvez de visionario. Cada uno puede hacer de su capa un sayo: lo
que nadie podrá, es desconocer el gran esfuerzo perseverante y
desinteresado, por sólo amor á la ciencia, que esta modesta obra
comporta y que en todas sus páginas y lineamentos palpita; sería de
desear que esos mismos adversarios expusieran su opinión sobre esta
materia, para probarnos que son capaces de desenmarañar tan confuso y
complejo problema.»


                        FIN DE LA PRIMERA PARTE.

                             [Ilustración]



                        ORIGEN Y CIVILIZACIONES
                                   DE
                         LOS INDÍGENAS DEL PERÚ

                             SEGUNDA PARTE



               HABITANTES DEL PERU ANTES DE LA CONQUISTA


Al iniciar el estudio de la materia que forma esta _Segunda Parte_,
debemos indicar, como lo hemos hecho en la _Parte Primera_, cuáles
eran las tribus indianas que, en la época de la conquista española,
ocupaban lo que es hoy el territorio del Perú propiamente dicho, tribus
que, en aquel tiempo, eran muy numerosas y de las cuales muchas se han
extinguido, subsistiendo aún actualmente algunas de ellas.

El número de estas tribus era tan elevado, que no es posible
enumerarlas todas, limitándonos tan solo á señalar, en seguida, las
principales, por orden alfabético:

AGUARUNAS, de la orilla del Marañón y sus afluentes hasta el Imaza.

AIKEAMBEANAS ó AMAZONAS de la comarca regada por el rio Nhamunda
      (frontera del Perú con el Brasil), que desemboca en el gran
      río Amazonas. Era una república de mugeres gobernada por una
      reina. Los Españoles las denominaron _Amazonas_, por ser ellas
      muy adiestradas en los combates; pero en el país se las llamaba
      Coniapuyares (grandes señoras ó excelentes guerreras).

ARDAS, de la comarca situada entre los ríos Napo y Marañón.

AYMARÁS, de la altiplanicie de los Andes, ó sea, de las estensas
      mesetas del Collao hasta las comarcas de Arequipa y Paucartambo
      del Cuzco. Otra parcialidad era del extenso territorio abarcado
      desde La Paz y Oruro, en Bolivia, hasta los confines de Chile. La
      civilización de la preincáica familia de los _Aymarás_, precedió
      á la de los _Quechuas_, quienes, después, derrocaron el reino
      de los _Aymarás_ y adoptaron mucho de su cultura, religión y
      tradiciones.

CAMPAS ó ANTIS, de la cuenca del Amazonas. Ocupaban las extensas
      llanuras de la Pampa del Sacramento, del Gran Pajonal y del Cerro
      de la Sal.

CANAS, de la cordillera del Cuzco.

CARAPACHES, de la Pampa del Sacramento y orillas de los ríos Pachitea,
      Ucayali y Aguaitía.

CASHIBOS, de las orillas del río Sipiria y cabeceras de los ríos
      Aguaitía y Pichis, afluentes del Ucayali.

COCAMAS, de los márgenes del río Huallaga.

CONIBOS, de las orillas del Alto y Bajo Ucayali.

CUISMANCUS, de los valles de Supe, Huaura, Chillón, Rimac, Lurín,
      Chancay y Barranca, cuya capital era Pachacamac.

CHACHAPOYAS, de las riberas del Huallaga y Marañón.

CHANCOS, del valle de Andahuaylas hasta el Nudo de Pasco y valle de
      Jauja.

CHIMUS, dominaban desde los confines de Chancay hasta el pueblo de
      Tumbez, abrazando los valles de Pativilca, Santa, Guañape,
      Trujillo y las poblaciones de Pacasmayo, San Pedro, Sama,
      Chungala y Paramonga. Esta familia confederada, que formaba un
      reinado, estaba gobernada por mandatarios llamados Régulos,
      cuyo gobierno duró algunos siglos, terminando con la definitiva
      anexión al Imperio de los Incas.

CHINCHAS, que dominaban la extensión de los valles de Cañete, Chincha y
      Lunahuaná. Formaban una especie de reinado, también gobernado por
      Régulos, hasta su anexión al Imperio Incáico.

CHONTAQUIROS, de las montañas del Cuzco.

CHUNCHUS ó CHUNCHOS, del valle de Paucartambo, bañado por el río Madre
      de Dios.

ENCABELLADOS, de las orillas del Putumayo.

HUACHIPAIRIS, de los márgenes de los ríos Tono, Ccoñipata, Qqueros,
      Pilcopata y Alto Madre de Dios, hasta el estrecho de Ccoñecc.

HUANCAS, de las comarcas de Azángaro, Ancohuallú, Vilcas y Urumarca.

HUANUCOS, de la región de su propio nombre.

HUAYTARÁS, de las orillas de los ríos Mantaro y Mayumarca.

JÍBAROS, de los márgenes del Marañón, entre el Pongo de Manseriche y la
      desembocadura del río Pastasa y Montañas de Quijos y Canelos.

MACHIGANGAS, de las riberas de los ríos Pilcopata y Teno, hasta el
      Ucayali.

MAYORUNAS, de la orilla derecha del Ucayali y margen izquierda del
      Yavarí.

MOENES, de las márgenes del Alto Madre de Dios.

MOXOS, de las orillas del río Mamoré y parte central del Bení, en
      los confines de Bolivia, del Perú y del Brasil. Esta familia
      se componía de los Moxos propios, y de las tribus de los
      _Chapacuras_, _Itenamas_, _Canichanas_, _Mobimas_, _Cayubabas_,
      _Pacaguaras_ é _Itenes_.

NAHUMEDES, de las orillas del Amazonas, en la frontera del Brasil.

PANOS, de la región bañada por el río Sarayacú, y de las riberas y
      bosques del Ucayali y del Huallaga.

PIROS, de las orillas del Ucayali.

POCRAS, de la comarca de Quinua, en el valle de Huanchu y alturas de
      Pumacahua.

PURIS ó PURUS, de las márgenes del río de su mismo nombre.

QUECHUAS, diseminados por los territorios del Ecuador, Perú y Bolivia,
      hasta la Argentina. La numerosa familia _Quechua_ fué la
      principal del Imperio de los Incas, y á ella estaban subyugadas
      las tribus de los _Aymarás_, _Atacamas_ y _Changos_: forman en
      la actualidad, cerca de la mitad de la población de la América
      Meridional. El Imperio de los Incas llegó á ser el Estado más
      floreciente de todo el Continente americano, y su civilización
      sobrepasó la de México. Su gobierno, aunque autocrático, fué á
      la vez paternal. Nación asombrosamente organizada, sus sabias
      leyes merecieron la admiración de los historiadores, porque
      adelantándose á la época, sus monarcas atendieron á la felicidad
      de cada individuo, á la vez que á la de toda la sociedad,
      mediante un sistema de gobierno extrictamente socialista.

REMOS, de la comarca bañada por el Ucayali, entre los cerros de
      Canchahuasy y Cashiboya.

SHIPIBOS, del Bajo Ucayali y embocadura de los ríos Pachitea, Pisques y
      Aguaitía.

UROS, de las orillas del río Desaguadero é Islas del Lago Titicaca.
      Existe aún un fragmento de esta familia, que hasta ahora
      permanece rebelde á los adelantos de la civilización actual.

YUNGAS, de los valles de Trujillo, Zenia, Piura, Catamarca, Lunahuaná y
      Cajamarca.

YURACARAS, de los bosques de la vertiente oriental de la Cordillera de
      los Andes.

YURIMAGUAS, de las orillas del Huallaga y regiones bañadas por el Yurúa.

Y muchas otras tribus cuyos territorios no han sido explorados aún,
como las de las selvas del Marañón y del Amazonas, las de la Montaña,
las de los Andes, etc.


                                   I

                     Primitivos habitantes del Perú

Un velo de obscuridad cubre los tiempos primitivos del Perú, como el
resto de las demás secciones de América. J. H. Herrera, en su _Historia
Antigua del Perú_, pág. 18, dice: «Las relaciones que adquirieron
los primeros investigadores sobre el origen y establecimiento de las
diferentes tribus que poblaban el país, están fundadas en fábulas más ó
menos absurdas.»[106]

Se ha constatado, según las investigaciones practicadas en estos
últimos años, que el territorio del Perú fué habitado, en tiempos
antediluvianos, desde las Épocas Paleolítica y Megalítica (llamadas
comunmente _Edad de Piedra_), por aborígenes autóctonos; pues tanto
los utensilios de piedra groseramente tallados, como los instrumentos
de silex pulimentados, encontrados en diversos lugares del suelo
peruano, revelan que ellos pertenecen á esas épocas, y denotan ser de
los primitivos aborígenes del Perú, que, en el interior del territorio,
formaban tribus dispersas, rudas, salvajes y aún antropófagas, siendo
las de la costa exclusivamente pescadoras.

Y es tan evidente que el Perú fué desde los tiempos antediluvianos
habitado, que los muchos hallazgos hechos en su suelo, no solamente
de utensilios de silex, sino también de esqueletos de animales de
aquella época, junto con huesos humanos, atestiguan plenamente que el
Hombre existía ya en el Perú en aquellas primitivas épocas, y que,
así en la región del Norte como en la del Sud, vivía mezclado con los
paquidermos. Cuanto al régimen de vida de esos hombres primitivos,
está fuera de duda que en la costa tuvieron por ocupación la pesca y
la caza, siendo en el interior del país, nómadas que persiguían á los
animales salvajes para sustentarse con su carne, aprovechar sus huesos,
pieles y otras partes útiles para su uso personal, y se albergaban en
cavernas ó grutas.

Algunos autores pretenden que en el Perú no se ha encontrado aún el
hombre fósil, negando así el autóctonismo de la raza peruana; pero
este punto es refutable, porque sabido es, que, últimamente, la
Comisión Científica de la Universidad de Yale (Estados Unidos de Norte
América) ha hecho importantes estudios geológicos en el Sud del Perú,
con tal éxito, que entre sus resultados se halla el descubrimiento de
huesos interestratificados del Hombre prehistórico, el cual, según
suponen esos sabios, son aún anteriores al Período Plioceno ó Glacial.
Indudablemente, el descubrimiento de esos huesos es otra prueba de
la habitabilidad del Hombre autóctono en el Perú, durante la época
antediluviana.

Para tener un conocimiento pleno de la autóctonia del Hombre en el
Perú, vamos á sentar una hipótesis que no admite contradicción alguna.

Si en este suelo se han encontrado algunos fósiles de mamíferos
antediluvianos, ó sea, de la Epoca Cuaternaria, como el Megatherio, el
Mastodonte y el Seclitotherio, y junto á esos fósiles, toscas armas de
perdernal y otros objetos rústicos, evidente es, que desde esa Época
Neolítica vivía el Hombre mezclado con los animales, pues que, para
proveer á su subsistencia y conservación, tenía que luchar con esos
paquidermos, porque la carne le servía de alimento, y con las pieles
cubría su desnudez. Por consiguiente, es efectivo y fuera de toda
duda, que el Hombre en el Perú ha sido autóctono, pues no era posible
que en esa primitiva época de la formación del Mundo, hubiera habido
inmigraciones á este territorio.

Y también viene al caso, el volver á citar el descubrimiento hecho
por Mr. Hutchinson, en la Isla de Chincha, de un ídolo de piedra y
algunas vajillas, enterrados en el huano de los pájaros marinos, á más
de sesenta piés de la superficie, objetos que, á su juicio, tienen una
antigüedad de miles de años.

Para robustecer aún más nuestra afirmación, repetiremos aquí lo que ya
hemos dicho en otro lugar de esta obra: "El Hacedor Supremo, en su alta
sabiduría, al iniciar su grandiosa obra de la Creación del Mundo, tuvo
el propósito de que el Orbe entero fuese habitado, y con este mismo
propósito crió en distintos centros de la Tierra, parejas de razas
diversas, cual la blanca, la amarilla, la roja, la morena y la negra;
no siendo aceptable que Adán y Era sean progenitores de todo el Género
Humano, sino únicamente de los descendientes de la secta hebráica."

Otra prueba que también se puede aducir sobre la antiquísima estancia
del Hombre en el Perú, son los enormes depósitos conchíferos que se
han encontrado en las costas marítimas, como en Supe, Chancay, Ancón,
Chala y Arica, entre los cuales halláronse infinidad de huesos y restos
de animales de aquellas remotas épocas, como así mismo fragmentos
de carbón y capas de ceniza y otros residuos estratificados. Esas
enormes capas de residuos, producto de la cocina de aquellos tiempos
(kjoekkenmoeddings, como los denominaban los Escandinavos), son otros
tantos vestigios de la estancia del Hombre allí, por espacio de largo
lapso de tiempo, y del modo de vivir de aquellas ignotas generaciones.

Además, salvo los paquidermos de las Epocas Paleolítica y Neolítica, el
Perú presenta sus animales particulares, propios y originarios, que tan
solo se encuentran en su territorio, y que vivían junto con el Hombre
primitivo. Entre estos animales originarios se cuentan las especies
de vicuña, llama, paco, huanaco y alpaca, como también las especies
de vizcacha y aña, de la familia de los zorros, y la anta llamado
comunmente la gran bestia, animales que no se encuentran en ninguno de
los otros Continentes. La existencia de estos cuadrúpedos, que tampoco
hay noticia de que hubieran sido encerrados en la Arca de Noé, prueban,
evidentemente, que ellos son de la época antediluviana, y que salvarían
del Diluvio por voluntad del Hacedor Supremo, propagándose nuevamente
después de ese enorme ó colosal cataclismo.

Vislumbrando, bajo otro aspecto, la autóctonia de los peruanos,
evidente es, que durante la Epoca Cuaternaria, los habitantes del
Continente del Nuevo Mundo no tuvieron contacto alguno con los de los
antiguos Hemisferios, razón, también poderosa, para no negar á aquellos
la autóctonia que legalmente se les atribuye.

En resúmen, así como está probado que los indígenas primitivos del
resto del Continente Americano son autóctonos, consiguientemente lo son
los del territorio peruano.


                                   II

                   Invasiones postdiluvianas al Perú

Con referencia á los primeros tiempos del período postdiluviano,
espinosa y ardua tarea es la de resolver el problema de las primeras
inmigraciones al Perú, acerca de las cuales no hay nada evidenciado,
sino conjeturas más ó menos verosímiles. Se supone, generalmente,
que fueron descendientes de la posteridad de Noé. Unos los reputan
procedentes de la rama de Cam, fundados en la semejanza de su idolatria
y lenguaje; otros los derivan de la rama de Sem, fundándose en la
similitud del idioma, idolatría y otras señales muy débiles. Los que
más se acercan á la probabilidad, según se cree, son los que los hacen
originarios de la rama de Jafet.

Se conjetura que, en época remota, vinieron al Perú sucesivas razas,
siendo probable que, primero se establecieran en las costas del Perú,
grupos de tribus pescadores, de los cuales nada se sabe con evidencia,
cuya estancia constatóse por restos de cerámica y groceros tejidos
encontrados en la costa, bajo profundas capas del suelo.

En el interior del país, vagaban hordas de salvajes errantes, que
se establecían por algún tiempo en determinados puntos, para en
seguida, alejarse á otros parajes, por otro término de tiempo: esas
hordas nómades eran esencialmente cazadores, pues se ocupaban en ese
ejercicio, por la necesidad de subvenir á su alimentación.

Tiempo después, nuevas invasiones de cultura algo avanzada, arribaron
al territorio del Perú y se separaron por diversos lugares, operando en
larga y progresiva evolución de los seres, una marcada existencia de
pueblos florecientes, que dió lugar á cambios en la civilización de los
mismos. Esa época fué caracterizada por la construcción de monumentos
monolíticos de bloques de piedra de dimensiones extraordinarias,
levantándose, durante ella, las construcciones gigantescas y estupendas
de Tiahuanaco[107] (en las cercanías del lago de Titicaca), las de
Cuelap (en la provincia de Luya)[108], las de Chavin (en la provincia
de Trujillo), las de Huánuco Viejo (en la provincia de este nombre), y
algunas otras más en otras provincias. La principal de esas invasiones,
fué la Quechua, que se estableció en Tiahuanaco, en la altaplanicie
de la laguna de Titicaca, formando un imperio teocrático, que llegó á
extender su dominación y lengua hasta la costa, y á tener sojuzgadas
las tribus que ocupaban los territorios conocidos hoy por provincias de
Cotabambas, Aymarás, Chumbivilcas y Andahuaylas.

Trascurrido algún tiempo, los Collas ó Aymarás arrojaron á los Quechuas
de sus dominios de la altaplanicie del Titicaca; teniendo éstos que
refugiarse en los valles del Cuzco, principalmente en la región del
Urubamba. Con la caída del Imperio de Tiahuanaco y consiguiente pérdida
de la influencia de los Quechuas teocráticos, el Perú entró en una
anarquía y decadencia general, que dió lugar á que las demás tribus
del territorio se constituyeran en gobiernos, unos más civilizados que
otros, y regidos todos por jefes denominados Curacas ó Caciques.

En los tiempos preincáicos, las principales de estas nuevas entidades
sociales y políticas, eran:


                              EN LA COSTA

Los _Chimús_, que fueron una agrupación respetable, cuyos Curacas ó
Régulos extendieron su dominación desde Chancay hasta Tumbes. Era, se
puede decir, un imperio floreciente, cuya civilización se reflejaba,
principalmente, en su alfarería, en sus tejidos, en su arte de
beneficiar los metales, y demás obras que elaboraban.

Los _Chinchas_, extendidos más al Sud, ocupaban los valles de Ica,
Chincha, Camaná, Arequipa, Moquegua, Arica y Pisagua. Aunque desde un
principio carecían de organización, pues no obedecían á ningún Curaca,
después formaron la confederación "Chincha-Yunga", que reconocía el
gobierno de los Régulos Cuis-Mancu y Chuqui-Mancu, abrazando, el
primero, los valles de Supe, Huaura, Chillan, Rimac, Lurín, Chancay y
Barranca; y el segundo, los de Lunahuaná, Mala y Chilca.

Los _Changos_, que habitaban más al Sud, desde el río Loa hasta
Aconcagua eran belicosos, feroces y aún antropófagos, que lograron
ensanchar sus dominios mediante alianzas con las tribus vecinas, y
reducir, también, á los Parinacochas, Rucanos, Amancayes y Cotapampas.


                             EN EL INTERIOR

Los _Collas_ ó _Aymarás_, que después de haber arrojado de la
altaplanicie del Titicaca á los Quechuas del Imperio Teocrático de
Tiahuanaco, se establecieron en la meseta del Collao, extendiéndose
á los valles inmediatos del Cuzco y de la actual Bolivia, desde el
nudo de Porco hasta el nudo del Cuzco, entre las cordilleras oriental
y occidental, en una extensión de 300 millas de largo sobre 50 á 116
de ancho: se dividian en dos fracciones, gobernadas, la una, por el
Cacique Carí de Chucuito, y la otra, por el Zapana de Antuncolla.
Además, se hallaban sometidos á los Collas, las tribus de los Canchis,
Coras, Chumpihuillpas, Cushunas y Collaguas, que, respectivamente,
habitaban las actuales provincias de Canchis, Chumbivilcas y Cailloma.

Los _Quechuas_, que después de ser arrojados del Collao, se refugiaron
en los valles de Urubamba y Pachachaca: ellos constituían la tribu
más numerosa, y su cultura se había extendido por toda la Sierra
y la Costa, durante el período del Imperio de Tiahuanaco, del que
fueron ellos, dicen algunos, los constructores de los grandiosos
monumentos de esa ciudad: más tarde, algunas de estas parcialidades
fueron los fundadores del nuevo Imperio de los Incas. Según opinión
de ciertos autores, no es aventurado afirmar el hecho de que ellos
fueron los constructores de los ciclópeos monumentos de Tiahuanaco,
cuando en Urubamba, donde se refugiaron después de ser arrojados de la
altiplanicie del Titicaca por los Collas, se han descubierto también,
últimamente, monumentos semejantes á los de Tiahuanaco, como la
maravillosa ciudad de Macchu-Picchu y otras.

Los _Uros_ ó _Urus_, que ocupaban parte de la altaplanicie y la región
de los lagos, desde Titicaca hasta Lipez, y aunque vecinos de los
Aymarás, eran distintos de éstos, tanto en sus costumbres como en su
lengua.[109]

Los _Pocras_, que habitaban la comarca de Quinua ó Huamanguillo y el
valle de Huanchuy y alturas de Pumacahuanca, tenían la credulidad de
haber nacidos en el lago de Castrovirreyna.

Los _Canas_, que moraban en el extremo territorio que se extiende desde
el Collasuyo al río Pachachaca, y desde la Montaña á las cabeceras de
Areqquepay.

Los _Cahuinas_, que vivían en el Collasuyo, al Mediodía del Cuzco:
acostumbraban horadarse las orejas y traer enormes pendientes, antes
que eso fuese un distintivo de los nobles Incas. Creían que sus almas
habían salido del gran lago de Titicaca, al que volverían después de su
muerte, para animar de nuevo á otros cuerpos.

Los _Canchis_ ó _Tintas_, que eran sometidos á los Collas, y se
extendían desde el Cuzco hasta las cabeceras de Areqquepay.

Los _Coras_, que habitaban la actual provincia de Canchis.

Los _Huallas_ ó _Guallas_, los _Guanaypatas_ y los _Sausaseros_, que
formaban un pequeño curacazgo del territorio de Huaráz.

Los _Huanucuyos_, que se extendían en las márgenes de los ríos Pozuzo,
Huancabamba y Mayro, en la parte alta del Marañón y del Huallaga,
vivían dispersos, y solo se reunían para celebrar sus fiestas en
templos que tenían erigidos en las alturas: eran indios más blancos y
más robustos que los demás.

Los _Atacamas_ ó _Cunzas_, que habitaban la puna de Atacama en la
Cordillera, y el valle de Huasco, eran especialmente de raza cazadora.
Posteriormente, las regiones que ocupaban los Atacamas, fueron
invadidas por razas intrusas, llamadas _Llipes_ ó _Olipes_.

Los _Tarmas_, que ocupaban los valles de su mismo nombre, es decir, el
de Tarma y sus inmediatos.

Los _Yungas_, _Mochicas_ y _Tallangas_, que formaban una especie de
confederación, habitaban desde los linderos de Tumbes y se extendían
por las orillas del Huancabamba y valles de Jequetepeque y Huailas,
hasta cerca de las riberas del Marañón.

Los _Huancas_ ó _Guancas_, que vivían en las comarcas situadas al Norte
del Pachachaca hasta los orígenes del Marañón, y la quebrada de Jauja
hasta la meseta de Junín; sostenían contínuas luchas con las tribus
limítrofes, y aun entre ellos mismos, pues vivían en la mayor anarquía,
sin reconocer jefe alguno.

Los _Caxamallcas_, curacazgo que extendía su dominio en casi toda la
Sierra del Norte, en Cajamarca, Hualgayoc, Celendín, Pataz, Cajabamba
y Contumazá: como todo ese territorio era muy fragoso, no pudieron
congregarse en pueblos concentrados, por cuya razón su cultura no fué
tan marcada como la de las tribus de la costa y del centro.

Los _Chachapuyas_ ó _Llavantus_, que constituían un cacicazgo aislado,
y residían en las riberas y valles del Huallaga y del Marañón, en
la hoy provincia de Luya: su capital era Quelap, y apesar de que su
cultura era algo adelantada, no llegó á ensancharse á otras regiones.

Los _Huaccrachucos_, que vivían en el valle de Pátaz, entre el Huallaga
y el Marañón.

Los _Chotas_, que residían en la comarca de su propio nombre, en las
márgenes del Jequetepeque, hasta el Marañón y cabeceras de la costa.

Los _Conchucos_, que moraban en la provincia de Pallasca, también hasta
el Marañón y cabeceras de la costa.

Los _Pimpús_ ó _Pimpás_, que vivían en la falda de la helada meseta de
Junín.

Algunas otras tribus habitadoras de los bosques de la Montaña, y
conocidas con el nombre de _Chunchos_, son también de la época
pre-incáica, cuya descendencia subsiste aún, refractaria á los
adelantos de la civilización actual.

Casi todas estas razas distintas, que se adueñaron sucesivamente del
territorio del Perú, con intérvalos entre unas de otras, gobernaron
cada cual, en sus respectivos dominios, durante un largo período de
tiempo. Algunas de ellas empleaban, como escritura, los geroglíficos,
cuyo uso se perdió durante el período de los Incas.

Lo que dá márgen para creer en la larga estancia de esas diversas
razas en el Perú, en aquellos lejanos tiempos, es la diferencia que
se observa en los estilos arquitectónicos de los monumentos que
han dejado, pues por dichos estilos se comprueba que los edificios
levantados en la costa, como los de Chan-Chan (Chimú), Huaca del Sol
(Mocha), y Pachakamacc (Lurín), son de carácter diverso á los de
Huánuco-Viejo (Sierra), no teniendo éstos tampoco semejanza con los
ciclópeos de Tiahuanaco y Urubamba, cuyo estilo arquitéctico es muy
distinto y especial.

Es opinión admitida por los historiadores, que el desarrollo de la
antigua civilización pre-incáica ha tenido cuatro períodos bien
marcados.

En el primer período, los pobladores fueron hombres salvajes, nómades,
que llevaron una existencia miserable, pues su ignorancia no les
permitió hacer uso de las cosas útiles á la vida, y, por eso, andaban
desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin alimento conveniente, en fin, sin
leyes y sin gobierno.

En el segundo período, los indígenas diseminados y errantes, se
reunieron en tribus ó pueblos, gobernados por jefes y caciques
que mantuvieron su independencia y autonomía, y en cuyo tiempo se
perfeccionaron los instrumentos de silex y útiles de alfarería y se
inició la extracción y fundición de metales.

El tercer y cuarto períodos se distinguen por la civilización de la
costa, por el Sur, descollando los indios Nazquenses é Iqueños, y por
el Norte, los indígenas Chimús; civilizaciones sorprendentes, que, en
ninguna otra tribu se hallaban tan desarrolladas. Empero, creemos que
desde los referidos tercer y cuarto períodos, hasta la fundación del
Imperio Incáica, trascurrió un largo espacio de tiempo, quizá unas
larga serie de siglos, durante los cuales las antiguas civilizaciones
se perdieron del todo, pues la mayoría de los historiadores están de
acuerdo en que, al fundar Manco-Capacc la dinastía de los Incas, en
compañía de su muger Mama-Oklla[110], el país estaba habitado por
algunas tribus salvajes sumidas en la última condición del hombre en
el estado social, ignorando el origen de los portentosos monumentos
monolíticos dejados por sus antecesores, y sin poder descifrar sus
inscripciones geroglíficas, ni tener idea, ni recuerdo, de la pasada
grandeza y explendor de sus ascendientes.

Más tarde, cuando los Españoles verificaron la conquista del extenso
Imperio de los Incas, esos mismos indios no tenían ningún recuerdo de
sus antepasados, pues unos se suponían descendientes de las fuentes, de
los ríos ó de las lagunas; otros creían que sus padres habían salido de
las cuevas ó de los cerros; no faltando algunos que se preciaban de ser
nietos de leones, de cóndores ó de otras fieras ó aves.


                                  III

                    Continúa la materia antecedente

Diversas opiniones se han formulado tocante á las primeras invasiones ó
inmigraciones al territorio del Perú.

Varios autores opinan que los primeros inmigrantes á este país
fueron los Fenicios, intrépidos navegantes, que, en época muy
remota, visitaron las costas peruanas y fueron los fundadores de su
civilización. Para ello, se fundan en la semejanza que hay entre éstos
y los Aymarás, en las inscripciones encontradas en las ruinas de
Tiahuanaco y en las identidades fisiológicas.

Algunos etnógrafos son de parecer, que los Egipcios fueron los primeros
colonos venidos al Perú, fijándose en la misma configuración de los
cráneos de ambas razas, en la semejanza de las construcciones ciclópeas
de Egipto y del Perú, en el mismo orden artístico manifestado en las
figuras cerámicas de ambos pueblos, y, por fin, en sus ideas sobre
la existencia futura, que los incitaba á dar tanta importancia á la
conservación de los cuerpos.

Otros doctos escritores discurren que los indios del Perú descienden
del Hindostan, por inclinarse á creer que la religión de los Peruanos
ha debido tener su nacimiento en la Asia Meridional, y atendiendo
á su división en castas, su adoración á los cuerpos celestes y á
los elementos de la Naturaleza, y su conocimiento de los principios
científicos de la agricultura, que reputan otros tantos puntos de
contacto entre ambas razas.

Para otros escritores, entre ellos Fernando Montesinos, el Perú ha sido
el país de Ophir, la morada del oro, de que habla la _Biblia_ y de
donde, se dice, que Salomón sacó el oro y las piedras preciosas con que
adornó su soberbio templo de Jerusalém, buscando así, esos autores,
como descubrir relaciones entre los Hebreos y los Peruanos.

No faltan opiniones que dan por cierto, el que los Toltecos, raza
mexicana, huyendo de la peste que asolaba su país, vinieran al Perú.

Tampoco han escaseado historiadores que aseveraran que los indios
Peruanos son descendientes de Suecos, Noruegos, Gaulos é Iberos,
suponiendo que estas naciones habían enviado á las costas del Perú,
colonias, en varias circunstancias y en distintas épocas.

Muchos escritores pretenden que los indios Peruanos derivan de los
Chinos y Tártaros, entre ellos el sabio Alejandro de Humboldt y Juan
Ranking, por el notable parecido de fisionomías y cuerpos, y por las
similitudes filológicas que permiten que éstos puedan entenderse con
los indios de Eten y los del Huallaga, como lo asevera Vicente F.
López, en su obra _Las Razas Arianas del Perú_, siendo los Chinos, á
juicio de varias otras notabilidades científicas, los que tienen más
títulos á ser considerados como los progenitores de los Peruanos.

Veamos, tocante á los Chinos, la opinión de algunas de esas
notabilidades científicas.

Mac Carthy, en el tom. II de su _Historia de los Indios Occidentales_,
dice: «La civilización del Perú viene de la China, por dos analogías
de costumbres. La primera, que los Peruanos, en tiempo de los Incas,
tenían cuatro grandes fiestas en las épocas de los equinoxios y
solsticios, en una de las cuales el Inca, en persona, araba un campo
sagrado; observándose en la China las mismas fiestas, y en una de ellas
el Emperador con un arado de plata abre surcos en un campo sagrado,
ejemplo que es imitado por los demás mandarines en sus respectivas
provincias[111]. La segunda analogía, en la China lo mismo que en
el Perú, es que se acostumbraban el uso de los quipus, llamados allá
"_Koua_". Agrega el mismo autor: "Se cree que á consecuencia de una
convulsión política surgida en la China en tiempos muy remotos, el
partido arrojado de aquel país fué el que vino á América y fundó los
imperios de México, Perú, etc.

El doctor Hyde Clarke, en su excelente obra _Researches in prehistoric
and protohistoric comparative phylology, mythology, in connection with
the origin of culture in America_, pag. 36, trae también á colación
estas analogías entre los Peruanos y los Chinos: el mismo despotismo
que usaban los Incas y los Emperadores del Celeste Imperio; el uso del
parasol en señal de dignidad; la costumbre de los Peruanos de mascar
hojas de coca mezcladas con ceniza, igual á la de los Asiáticos de
mascar una mezcla de cal con hojas de betel[112]; el empleo de los
quipus en ambos países; el uso de la trenza, peculiar á los Aymarás y á
los Chinos.

Vater, en sus _Archivos generales de etnografía_, y Humboldt en su
obra _Los monumentos de América_, opinan, también, que la prolongada
lucha de los Brahmanas y Budhistas terminó con la emigración de los
Chamanes del Tibet en la Mongolia, la China y el Japón, siendo posible
que éstos pasaran al Perú. Según las inquisiciones etimológicas de tan
autorizados autores, esas inmigraciones al suelo peruano tuvieron lugar
quinientos años antes de la era cristiana.

Prescott, en su _Conquista del Perú_, hace notar, igualmente, ciertas
analogías entre Chinos y Peruanos, afirmando: "Los Chinos se parecían
á los Peruanos en su obediencia implícita á la autoridad, en su
carácter suave aunque algo tanto terco, en la cuidadosa observancia de
las formas, en su respeto á los usos antiguos, en su destreza en los
pequeños trabajos, en su tendencia más bien á la imitación que á la
invención, y en su invencible paciencia que suplia en ellos la falta de
un espíritu más audaz para la ejecución de grandes empresas".

El conde Carli, en sus _Lettres Américaines_, señala, también,
diferentes puntos de semejanza que existen entre los Chinos y los
Peruanos, precisando, entre otros, que el Emperador de la China se
llama hijo del Cielo ó del Sol, y que los Chinos señalaban, como los
Peruanos, los solsticios y equinoxios para determinar los períodos
de las festividades religiosas, agregando "que son muy curiosas esas
coincidencias."

Además, positivo es, que en el territorio peruano han sido
desenterrados, en estos últimos años, algunos objetos que
evidentemente prueban que los Chinos habitaron la costa meridional
de la América del Sud en una época remota, descollando, entre esos
objetos, uno de un valor histórico inestimable, encontrado en una huaca
de la costa del Norte: es un ídolo de plata maciza, de diezinueve
centímetros de alto por trece de ancho, que representa una figura
humana desnuda, sentada con las piernas cruzadas sobre un conjunto de
culebras, y los brazos abiertos; sostiene, en cada mano, una placa
paralelogramática, siendo ambas placas iguales en tamaño, teniendo
trazados, en relieve, gruesos caracteres ó letras chinas, también
iguales de ambas placas: sobre la parte posterior de la cabeza, lleva
un sol en forma de diadema con siete rayos de luz, sostenidos, los dos
últimos, sobre los homóplatos del ídolo. Este raro ídolo se ha hecho
reconocer por persona ilustrada de la China, y, según su parecer,
es una divinidad que pertenece á la antigua teogonía de las Indias,
introducida en la China hace más de mil quinientos años.

Otro ídolo, en su conjunto algo semejante al anterior, se encontró, en
1885 en Trujillo, en un pozo, junto con otros objetos interesantes,
ídolo que representa una figura humana con las piernas cruzadas,
sentada sobre una tortuga enroscada con una culebra: lleva en la cabeza
un sol también con siete rayos, y adornado el cuello con un collar del
que penden tres dijes en forma de huevo: sostiene, en cada mano, una
tabla con caracteres chinos, al parecer, pues son muy mal trazados,
siendo ambas tablas de igual hechura, aunque la sostenida por la mano
derecha es un poco menos alta que la sostenida por la mano izquierda:
el conjunto de esta figura tiene una fisonomía que no se asemeja á los
ídolos peruanos.

En la hacienda "Las Trancas", en el distrito de Nazca, (Ica) se ha
encontrado un vaso de arcilla muy fina y de pulido esmalte, de 12
centímetros de alto por 14 de ancho; la cara exterior está dividida en
tres fajas; en la superior, que es la más ancha, se halla una especie
de figura polícroma, llevando en la entrepierna la letra china Tien;
la segunda faja, que está separada de la superior por una línea ancha,
presenta un cerro con escalas que tiene en su centro un paralelógramo;
la tercera faja, es uniforme y lleva cerca de su borde superior una
línea blanca.

En la misma región de Nazca se ha encontrado otra vasija en forma de
taza, con el asiento redondeado, y cuya cara exterior está dividida
en dos fajas: la primera figura, al parecer, una serie de especie de
animales con rabo corto, entrelazados unos con otros; en la segunda, se
vé una cara que tiene los ojos pretillados, oblícuos, parecidos á los
peculiares de los Chinos.

Para apoyar aún más la opinión de que los Peruanos derivan de raza
asiática, según se cree, reproduciremos los juicios que, al intento,
emiten algunos escritores.

El conde Carli, en sus _Lettres Américaines_ ya citadas, tom. II, carta
XIV, asevera que "los primeros habitantes del Perú habían venido del
Asia por las grandes continuadas islas que hubo en el Mar Pacífico,
las que después han desaparecido, muchas de ellas, por cataclismos
provenientes de los volcanes, terremotos y otras causas"[113].

Bravo Sarabia, en sus _Antigüedades del Perú_, después de prolijas
investigaciones sobre las tradicciones de los indígenas, asegura ser
"cierto que los Peruanos eran ultramarinos, que vinieron á establecerse
en las costas de la América Meridional."

Cieza de León, en su _Crónica del Perú_, cap. LII, también dice: "He
oído referir á muchos indios la uniforme tradición de la navegación que
sus antecesores habían efectuado, desembarcando cerca de Guayaquil."

El P. Acosta, en su _Historia natural general de las Indias_, lib. I,
cap. XVI, fundándose igualmente en varias tradiciones de los indios
de Pisco y de Arica, dice "que solían navegar á unas islas hacia el
poniente, muy lejos y la navegación era en unos cueros de lobos marinos
hinchados."


                                   IV

                    Continúa la materia antecedente

Seguiremos expresando las opiniones de otros escritores, relativas á
los habitantes de las primeras épocas postdiluvianas del Perú.

Algunos autores son de parecer que los Peruanos serían directamente
originarios de la Mesopotamia y de Babilonia, por las analogías
sorprendentes que existen entre las lenguas de algunas del Perú y las
del Armeno-Caucaso Paropamiso.

El Dr. Schmidt de Gerelsberg, en una _Memoria_ que leyó en la
sesión del Congreso Internacional de Orientalistas, habido en San
Petersburgo, en 1876, dice que "estas analogías son demasiadamente
íntimas, numerosas y características, para pretender explicarlas por la
hipótesis de una similitud accidental."

El sabio Mr. Beaumont afirma, en el periódico de Londres _The Times_,
que la costa occidental de la América del Sud fué habitada, en tiempos
muy remotos, por una raza estrechamente emparentada con los primeros
Babilonios, y que "los hombres hiperbóreos, moradores del Norte, al ser
obligados, por el intenso frío, á emigrar hasta el Sud, en una época
en que todavía era inhabitable el territorio actualmente ocupado por
los Estados Unidos, al llegar á Centro y Sud América, encontraron que
los Turanios del Perú habían pasado ya el cenit de su grandeza." Y
prosigue Mr. Beaumont preguntando: "¿Cuántos milenarios han necesitado
estos Turanios para perfeccionar la civilización cuyos restos se hallan
todavía en el Perú? La gloriosa civilización--agrega--que fué la
primera en desarrollarse sobre la faz de la Tierra, dejó sus huellas
indelebles en el Perú."

El Dr. Hyde Clarke, considera "que las lenguas egipcia, china,
tibetina, accadiana y peguana, son estrechamente ligadas á las de
México y del Perú, teniendo todas estas lenguas un centro común en la
Alta Asia, que es la cuna de la primitiva Humanidad. El idioma madre,
del que derivan todas aquellas lenguas, se llama Súmero, y el pueblo
que lo hablaba se denomina también Súmero (ó Accadio ó Babilonio)."
El Dr. Hyde Clarke divide los Súmeros en dos grupos, y los supone
emigrados á un centro común: el primer grupo comprende los Accadios,
Monses, Cambogianos, Aymarás, Mayas (y Toltecos?); el segundo grupo se
compone de los Georginos, Etruscos, Siameses, Quechuas y Aztecas.

Posteriormente, el Dr. Pablo Patrón (peruano) hizo también un prolijo
estudio del origen del idioma Quechua, llegando á la deducción de
haber descubierto la perfecta analogía que existe entre este idioma
y el Súmero de los Caldeos, é infiriendo de esa misma analogía, que
una parte de los primeros pobladores postdiluvianos del Perú fueron
originarios de Mesopotamia de Babilonia. En apoyo de su aserto, expone
que "los Quechas y Aymarás, pobladores principales del Tahuantinsuyo,
vinieron en época remota de los reinos del Eufrates y del Tigris.
Esta afirmación descansa en un hecho científico: los idiomas Quechua
y Aymará provienen del Súmero y del Asirio. Patentizado el estrecho
parentesco de ambos grupos lingüísticos, el asiático y el americano, un
reguero de luz disipa las obscuras brumas del pasado."

No ponemos en duda la teoría sostenida por los etnógrafos citados, y
talvez no sería aventurado el conjeturar que en tiempo de la célebre
Semiramis, tuvieran lugar algunas inmigraciones al Perú provenientes
de la Caldea, pues es un hecho histórico, que esta reina de Asiria
extendió sus conquistas á la Arabia, al Egipto, á parte de la Etiopía y
la Lidia, á la Mesopotamia, á la Babilonia y á casi toda la Asia hasta
el Indo, siendo tanto más lógica esta suposición, si se tiene en cuenta
que esta reina gobernó la Asiria y sus dependencias desde 1916 á 1874
años antes de la Era Cristiana; fechas que concuerdan, más ó menos, con
la época en que, según Montesinos, tuvo lugar la primera invasión que
asoló las costas del Perú.

Por consiguiente, admitiendo que una parte de las primeras
inmigraciones al Perú hayan sido de Caldeos, como lo deducen el Dr.
Hyde Clarke y el Dr. Pablo Patrón, (que no citan, con precisión, la
fecha en que esa invasión pudo efectuarse), de suponer es, que esta
inmigración se realizara en el siglo XIX antes de la Era Cristiana, ó
sea, durante el reinado de la célebre Semiramis, cuando las guerras
de la Asiria contra la Caldea y demás comarcas limítrofes obligaron á
muchos habitantes de esas comarcas, á abandonar sus países natales,
huyendo de la persecución de los vencedores. En tal hipótesis, los
emigrantes de esa sección de la Asia Menor habrían llegado á América
siete siglos antes que los Chinos y Tártaros, que, según Ranking y
otros escritores, aportaron á las playas americanas en el siglo XII
antes de la Era Vulgar.

Y quizá, también, esos mismos Caldeos fueron los que fundaron el
antiquísimo Imperio de los Pirhuas, del que nos habla Montesinos,
cuya dinastía, según él, duró cerca de dos mil años, desde el año
2145 antes de la Era Cristiana hasta el año 83 de la Era actual. Pero
hay que tener en cuenta, que, por la cronología establecida por el
mismo Montesinos, la fundación de ese Imperio dataría de tres siglos
anteriores á la pretendida invasión de los Caldeos al Perú, lo que
haría presumir que ese mismo Imperio habría sido fundado por habitantes
originarios de América.

Si, por otra parte, se admite que los Caldeos fueron los primeros
inmigrantes que pisaron las playas peruanas, sería, quizá, admisible
también, que ellos hayan sido los hábiles artífices que construyeron
algunos de los soberbios monumentos muy anteriores á la fundación del
Imperio Incáico, ruinas que dan evidentemente una idea de la alta
cultura de las razas anteriores á las de las conquistas de los Incas, y
que aún permanecen mudas para la etnografía. Estas ruinas, que todavía
perduran, causan la admiración de los arqueólogos que las visitan.

Condensando las opiniones de los autores citados en los párrafos
anteriores, es un hecho positivo é incontestable, que, en vista de
las antiguas ruinas que aún subsisten, diseminadas en el territorio,
del Perú, han existido, en ese mismo territorio, razas que formaron
brillantes centros de civilización, los mismos que, con el trascurso
del tiempo, han ido desapareciendo totalmente.


                                   V

              Civilizaciones y Dinastías antiguas del Perú

Muchas son las opiniones emitidas sobre las invasiones al Perú por
los pueblos de los antiguos Continentes, que lograron formar, en
este territorio, en los tiempos preincáicos, no solamente centros de
civilización, sino, algunos, grandes imperios.

Según una leyenda antiquísima, se refiere de un legendario Imperio
llamado Inin, que limitaba al Sud con los ríos Beni y Parú, al Este con
el río Cayari ó Madera, y al Oeste con el río Apú-Parú; Imperio del que
no se sabe, con fijeza, el tiempo que subsistió, suponiéndose tan sólo
que duró una larga serie de años.

Fray Buenaventura Salinas, en su _Memorial de las historias del Nuevo
Mundo_, dice que "han habido en el Perú dinastías más antiguas que el
Imperio Pirhua." A este respecto, refiere la tradición de cuatro épocas
ó dinastías antiquísimas, en las que gobernaron insignes Caciques, y
fueron:

_1^{a} Epoca_, que duró más de mil años, en la que gobernó la dinastía de
Huari-Huiraccocha Runa.

_2^{a} Epoca_, que duró más de quinientos años, en la que gobernó la
dinastía de Huari Runa.

_3^{a} Epoca_, que duró mil años, en la que gobernó la dinastía de
Purum-Runa.

_4^{a} Epoca_, que duró mil y cien años, en la que gobernó la dinastía de
Auka-Runa.

Como se vé, estas cuatro épocas forman, en conjunto, un largo
período de más de tres mil seiscientos años. Si se ha de dar crédito
á lo opinado á este respecto por Fray Buenaventura Salinas, estas
dinastías habrían tenido su origen en el siglo XLI, ó más ó menos
tres mil y tantos años antes de la Era Cristiana, que correspondería,
aproximadamente, á la época en que, ateniéndonos á la _Sagrada
Escritura_, vivían Cain y Abel, hijos de Adán y Eva, ó sea, según ese
mismo texto bíblico, más de mil quinientos años anteriores al Diluvio;
prolongándose esas mismas dinastías hasta el siglo XIX antes de la Era
Vulgar.

El licenciado Fernando Montesinos, en su _Estudio general de las
Colonias Españolas en Occidente_, dice que "el Perú fué poblado por
Armenios seiscientos años después del Diluvio Universal, (fecha
precisamente que corresponde al siglo XIX, antes de J. C., ó sea,
después haber caducado la dinastía citada por Fray Buenaventura
Salinas), cuando quizá esta nación fué avasallada por la Asiria."
Esta fecha correspondería, á no dudarlo, al interregno de la dinastía
citada anteriormente y la de Tiahuanaco. Tal vez, sea algo verosímil
esta opinión de Montesinos, porque la Armenia[114], región asiática,
es una de las naciones más antiguas del Mundo, y los Armenios creen
ser descendientes de Haig, biznieto de Noé. Estos Armenios, según
Montesinos, vinieron á las costas del Perú, unos por la vía de Chile,
otros trasmontando los Andes, y otros por la vía de Tierra Firme y la
Mar del Sud.

El mismo Montesinos, en sus _Memorias historiales y políticas del
Perú_, cita también varias invasiones realizadas, algunas, siglos
antes de la Era Cristiana: la primera, en el siglo XIX (que debe ser
la de los Armenios); la segunda, en el XVI; la tercera, en el XII;
la cuarta, en el II; la quinta, en el año 55 de la Era de Cristo; y
la sexta, en el siglo VIII de la misma, que concluyó con el decadente
Imperio Pirhua, anterior al de los Incas, pues Montesinos hace subir su
origen cerca de dos mil años antes de Jesucristo.

Pero haciendo abstracción de tradiciones y leyendas, que pueden ser
ciertas ó inciertas, veamos lo que algunos investigadores establecen
tocante las civilizaciones proto y prehistórica del Perú.

Según las estudios practicados por esos investigadores, se infiere
que, de las civilizaciones que florecían en el Perú durante la larga
serie de centurias que forma las épocas proto y prehistórica, cinco
fueron las principales: 1^{a} la de Nazca é Ica; 2^{a}, la del Imperio
de Tiahuanaco; 3^{a}, la del Señorío de los Chimús; 4^{a}, la de los
Emperadores Pirhuas; y 5^{a}, la del Imperio Incáico, cuya época final
se considera ya como período histórico.


                        CIVILIZACIÓN PROTONAZCA

La civilización de Nazca, de la que también participó Ica, data de una
época muy distante, y llegó á la costa del Perú, se cree, procedente de
la América Central, donde se ha descubierto una civilización semejante
á ésta, y cuyos emigrantes debieron venir por mar. Su dominio se
extendió, por el Sud, desde Pisco hasta Acari, y por el Norte, hasta
Supe, ocupando los valles de Chincha, Cañete, Lurín, Huática, Rimac y
Chancay.

La civilización de los Nazquenses é Iqueños se caracteriza por diversos
adelantos, principalmente, por su arte de cerámica y alfarería, muy
acabada y notable por la finura y elegancia de sus dibujos y el
pulido de sus pinturas, predominando en esos artefactos las figuras
de animales vivíparos, anfibios, y otros marinos[115]; por el tejido
de sus telas, que resaltan por sus brillantes é inalterables colores,
y que destinaban para ponchos, fajas y otras prendas de vestir; por
la agricultura, á la que se dedicaron en gran escala, cosechando los
vejetales propios á su alimentación; por sus trabajos hidráulicos,
consistentes en canales de riego, aprovechando las aguas de los ríos
para la fertilización de las pampas de sus valles; por la construcción
de sus edificios, teniendo algunos de ellos más de trescientos metros
de largo, construídos con bolas de barro, adheridas unas á otras con
cemento, pues desconocían el empleo de los ladrillos y adobes; y,
por último, por su naciente arte de beneficiar el oro y el cobre,
fabricando con el primero, diversos objetos, como diademas, brazaletes,
anillos, vasos para el culto, artículos para su propio uso y adorno,
y máscaras para las momias que enterraban envueltas en tejidos y
ligadas con cordeles trenzados, imitando la figura humana. Con el cobre
hacían herramientas para la agricultura y para la pesca (pues eran
especialmente pescadores), cuchillos, agujas y otros menesteres de su
uso.

La civilización protonazca no solamente se ciñó á la costa, sino que
se extendió aún más al interior, hasta Huamachuco, Huátara y Chosica;
también se encuentran vestigios de ella en la piedra del castillo
de Chavín de Huantar, de la actual provincia de Huari, cuyo trabajo
en relieve es característico de los artefactos que elaboraban los
Nazquenses é Iqueños.[116]


                 CIVILIZACIÓN PREDECESORA DE LOS CHIMÚS

Por el relato de Cabello de Balboa, en su _Historia del Perú_, y por
las excavaciones llevadas á cabo más tarde en la costa Norte del
Perú, se ha podido indagar que, en la misma época en que florecía la
civilización de Nazca, florecía también en el territorio que después
fué conquistado por los Chimús, otra nación poderosa que, se supone, no
solamente tuvo analogía con la adelantada civilización de Tiahuanaco,
sino que fué predecesora de ésta. El jefe de esa nación, hábil y
valiente, denominado Naymlap, arribó á las playas de Lambayeque en una
numerosa flota de balsas, trayendo consigo una gran escolta, entre ella
muchas concubinas; desembarcó en la desembocadura del río Taquislanga,
y construyó en un lugar llamado Chof, un templo en el que depositó
el ídolo Llampallac. Este jefe tuvo varios sucesores, cuya autoridad
alcanzó á más de doscientos años, hasta que la nación cayó en tal
estado de decadencia, que fué conquistada por los valerosos Chimús.


                    CIVILIZACIÓN DE TIAHUANACO[117]

Hay diversas tradiciones indígenas sobre el orígen de la civilización
de Tiahuanaco.

Una basada en referencias mitológicas, supone que en remotísimos
tiempos, apareció allí, una raza megalítica procedente de otras
regiones y compuesta de Huiraccochos (caballeros blancos y con barba),
cuyo jefe se llamaba Pacha-Manchachecc.

Otra tradición, se refiere á otras invasiones de pueblos de desconocida
procedencia, que dominaron temporalmente en Tiahuanaco.

Una tercera tradición, recuerda que hubo allí dos creaciones sucesivas,
representadas por un hombre de facultades extraordinarias llamado
Kon-Tito-Huiraccocha.

Pero, se debe prescindir de tradiciones, que no siempre merecen tomarse
en consideración.

Los historiadores antiguos del Perú tampoco traen noticias de la
civilización de la altiplanicie del Titicaca, porque después del
derrumbamiento de aquel Imperio, trascurrió un período larguísimo
de tiempo, en que los indios perdieron todo recuerdo de la raza y
constructores de Tiahuanaco; tan sucedió así, que al iniciarse la era
del Imperio Incáico, los mismos indios del Cuzco "vivían--según dice el
P. Cobo en su _Hístoria General de las Indias_--sin cabeza, ni orden,
ni policía, derramados en pequeñas poblaciones y rancherías, con pocas
más muestras de razón y entendimiento que los brutos."

Sin embargo, según indagaciones históricas hechas posteriormente, se
cree que el hecho más verosímil es, que los fundadores de aquel Imperio
fueron los Quechuas, que establecieron allí una monarquía teocrática:
en tal concepto, Tiahuanaco habría sido la cuna protohistórica de
esa raza, que deriva, se dice, de los Toltecas-Nahuatl, originarios
de México. Mr. L. Angrand, sabio mexicanista francés, que ha hecho
profundos estudios sobre esta materia, opina, en su _Lettre sur les
antiquités de Tiahuanaco et l'origine présumable de la plus ancienne
civilisation du Haut-Pérou_, que el "pueblo que levantó los monumentos
de Tiahuanaco era una rama de la gran familia Tolteca Occidental, de
origen Nahuatl," de cuya rama, dice, descienden los Quechuas.

Quizá no sea hiperbólica la opinión de Mr. L. Angrand, y en todo
caso, débese confesar, que los fundadores del Imperio de Tiahuanaco
fueron hombres extraordinarios, de una raza superior y civilización
adelantada, que esparcieron su influencia y cultura no solamente en las
orillas de los ríos tributarios del Amazonas y en parte del antiguo
Perú, como en Mocha, Huaraz, Pachacamacc y Ancón, sinó también hasta el
Ecuador, y al territorio de los Calchaquis de Catamarca, Tucumán, Salta
y Jujuy, lugares donde se hallaron artefactos semejantes á los del
altiplano del Titicaca.

Además, el origen Quechua de Tiahuanaco se manifiesta en el culto del
dios Huiraccocha, cuya figura se halla grabada en la gran portada de
Huaccapana, del santuario inconcluso y en ruinas, de esa misteriosa
ciudad.

Desde su fundación y durante todo el período de su duración, el
Imperio de Tiahuanaco estuvo gobernado por varias dinastías, que se
sucedieron, las más veces, por causa de trastornos internos, en los que
se empeñaron luchas encarnizadas para disputarse la preponderancia y
predominio de unas sobre otras, luchas que naturalmente, debilitaron el
poder á tal extremo, que al fin ocasionaron su caída.

Por eso, la monarquía teocrática de los Quechuas fué relativamente
de corta duración, y su civilización no llegó á su término natural,
quedando inconclusas las grandiosas obras que habían emprendido, entre
ellas las del soberbio santuario ya enunciado.

¿Cómo se explica la caída de ese Imperio, que marca una etapa de
floreciente cultura en los anales de la historia del antiguo Perú?
Quizá esa caída se realizó á consecuencia, se presume, de los abusos
del poder de las diversas dinastías que reinaron en aquel territorio,
y cuyos abusos trajeron por corolario, el descontento de los
pueblos y la consiguiente desmembración de éstos, dando ello lugar
á que una irrupción de invasores bárbaros, los Aymarás ó Ccollas,
cayera sobre la altiplanicie, causando la más espantosa de las
convulsiones, y con ésta, el abandono que los Quechuas, hicieron de esa
metrópoli, refugiéndose en las escabrosas soledades de la región del
Urubamba.[118].

Se presume que los Aymarás ó Ccollas de Cari, procedieron del Este de
Bolivia y del Norte de Chile. Algunos historiadores antiguos suponen
que esos mismos Aymarás fueron los constructores de la misteriosa
metrópoli de Tiahuanaco; otros historiadores fueron de parecer, que
no se debe atribuirles tal preeminencia, porque está históricamente
probado, en cuanto al antagonismo de los Aymarás con los Quechuas,
que más bien aquellos, después que lograron vencer y expulsar á éstos
del territorio de la altiplanicie andina, fueron los que destruyeron
todas las obras hechas allí por los Quechuas, siendo esos mismos
Aymarás, también los autores de la destrucción de la protocivilización
de Tiahuanaco, cuyos monumentos quedaron inconclusos. Volveremos á
dilucidar este punto más adelante.


                       CIVILIZACIÓN DE LOS CHIMÚS

Conquistado por los Chimús el territorio que anteriormente habían
ocupado los sucesores de Naymlap, el poderío del Señorío del Gran Chimú
se extendió desde Chancay hasta Tumbes, y aún hasta Puerto Viejo, según
afirman algunos, y abrazaba los valles de Trujillo, Guañape, Santa,
Huarmey, Pativilca, y las poblaciones de Paramonga, Chungala, Saña,
San Pedro, Pacasmayo y Chan-Chan, que era la capital del Señorío, y
que se hallaba situada en las cercanías de la que es hoy ciudad de
Trujillo. Tenía Chan-Chan de doce á quince millas de largo por cinco
á seis de ancho, con edificios de estructura soberbia y notable,
tanto por sus diversas formas cuanto por los adornos plásticos y
las arabescas de pinturas brillantes que revestían. Además, toda la
ciudad estaba circundada por una gran muralla de dos metros de espesor
y veinte metros de altura, adornada con bajos-relieves, y con su
respectivo parapeto que coronaba su cima, para su mayor defensa contra
ataques ó asaltos posibles. Su imponente fortaleza de Paramunca, en la
desembocadura del río Barranca, edificada sobre un cerro de trescientos
piés de elevación, revela gran talento de parte de sus constructores,
que supieron aprovechar todas las condiciones topográficas del lugar
en que se halla edificada. Admirables eran sus grandes obras de
irrigación, pues los acueductos, represas y canales distribuía el
agua en la ciudad y en los alrededores. La ciudad de Chan-Chan podía
considerarse, en ese tiempo, como la más bella de la América Meridional.

Los Curacas ó Régulos del Señorío de los Chimús ejercían un poder
absoluto, autocrático. Como los Nazquenses, su civilización se
reflejaba en la confección de su artística alfarería, pues contaban
para sus trabajos, con artífices muy hábiles.

No eran menos diestros en el tejido de sus telas, las que fabricaban
con dibujos caprichosos y con vistosos colores. En su arte de
beneficiar los metales, sabían preparar el bronce ligando el cobre con
el estaño, metal que utilizaban para fabricar herramientas, lanzas,
espadas, mazas de armas y puntas de flechas; y con los metales finos,
como el oro y la plata, hacían vasijas primorosamente adornadas con
piedras preciosas[119].

El reinado de estos Curacas ó Régulos del Señorío de los Chimús imperó,
al parecer, durante varios siglos, hasta que después de muchos reñidos
y sangrientos combates, fueron vencidos por las valerosas legiones de
los Incas, que, al invadir este territorio, destruyeron completamente
la hermosa capital de Chan-Chan.


                      CIVILIZACION DE LOS PIRHUAS

Según la cronología establecida por el historiador Fernando de
Montesinos, el Imperio de los Pirhuas duró cerca de dos mil años y se
dividió en cinco épocas, en las cuales gobernaron 95 Emperadores. La
cronología de estos Emperadores, expuesta por Montesinos, es la que
sigue en esta forma:

_1^{a} Epoca.--Fundación del Imperio Pirhua_, en cuyo espacio de 305 años
hubieron nueve Emperadores, desde el año 2045 hasta el 1740 antes
de la Era Cristiana. En esta primera época reinaron los siguientes
Emperadores:

    Ayar-Manco-Tupacc.
    Pirua-Paccari-Manco.
    Manco-Ccapacc I.
    Huanacani-Pirua.
    Sinchi-Cozque.
    Inti-Ccapacc-Yupanqui.
    Manco-Ccapacc II.
    Tupacc-Ccapacc.
    Tini-Ccapacc Yupanqui.

_2^{a} Epoca.--Apogeo del Imperio Pirhua_, que abraza diez y ocho
siglos, desde 1740 antes de Cristo hasta el año 59 de la Era Vulgar,
gobernando en este dilatado tiempo cincuenta y seis Emperadores, en la
forma siguiente:

    Titu-Ccapacc-Yupanqui.
    Inti-Ccapacc-Pirua-Amaru.
    Ccapacc-Sayhua-Ccapacc.
    Ccapacc-Tinia-Yupanqui.
    Ayar-Tacco-Ccapacc.
    Huascar-Titu.
    Quispi-Titu.
    Titu-Yupanqui-Pachacuti.
    Titu Ccapacc.
    Paullu Ticacc-Pirua.
    Lloque-Tesag Amauta.
    Cayo Manco-Amauta.
    Huascar Titu Tupacc.
    Manco-Ccapacc-Amauta.
    Ticcacc-Tupacc.
    Paullu Toto Ccapacc II.
    Cayo-Manco Amauta.
    Marasco-Pachacuti.
    Paullo-Atauchi Ccapacc.
    Lloqui-Yupanqui.
    Lluqui Ticacc.
    Ccapac-Yupanqui.
    Tupacc-Yupanqui II.
    Manco-Auqui-Tupacc-Pachacuti.
    Sinchi-Apuaqui.
    Auqui Quita-Atauchi.
    Ayac-Manco I.
    Huira-Ccocha-Ccapacc.
    Chinchi-Rocca-Amauta.
    Tupacc Amaru Amauta.
    Ccapacc-Raymi Amauta.
    Illa-Tupacc.
    Tupacc-Amauta.
    Huanacauri.
    Tocca Corca Apu Ccapacc.
    Huampar-Sairi-Tupacc.
    Hinacc Huilla Amauta.
    Pachacuti.
    Ccapacc Yupanqui Amauta.
    Huampar-Sairi Tupacc.
    Cayo-Manco-Auqui.
    Huiacc Huilla.
    Inti-Ccapacc-Amauta.
    Ayar Manco Ccapacc.
    Yahuar-Huquiz.
    Ocapacc-Titu-Yupanqui.
    Tupacc Curi Amauta I.
    Tupacc Curi Amauta II.
    Huillcanota Amauta.
    Tupacc-Yupanqui I.
    Ylla Tupacc-Ccapacc.
    Titu-Raymi Cozque.
    Huqui Nina-Auqui.
    Manco-Ccapacc III.
    Cayo-Manco Ccapacc.
    Sinchi-Ayar-Manco.

_3^{a} Epoca.--Imperio de Tampu-Tacco_, ó sea la época en que los
bárbaros invadieron el país y vencieron á los Pirhuas; bárbaros que
reinaron allí durante más de cuatro siglos, desde el año 59 hasta
el 450 de la Era actual: en ese lapso de tiempo gobernaron catorce
Emperadores nombrados por esos mismos bárbaros, que son:

    Huaman-Taco-Amauta.
    Titu-Yupanqui-Pachacuti.
    Titu-Huaman-Quicho.
    Ccozque-Huaman-Titu.
    Cuyo-Manco.
    Huillca-Titu.
    Sairi-Tupacc.
    Tupacc-Yupanqui.
    Huayna-Tupacc.
    Guanacauri.
    Huilla-Huaman.
    Huaman-Ccapacc.
    Paullu-Raymi.
    Manco-Ccapacc-Amauta.

_4^{a} Epoca.--Restauración del Imperio Pirhua_, en cuyo tiempo
gobernaron cuatro Emperadores, desde el año 450 hasta el de 501 de la
presente Era, que fueron los siguientes:

    Auqui-Atau-Huillica.
    Manco-Titu-Ccapacc.
    Huayna-Tupacc.
    Tupacc-Cauri-Pachacuti.

_5^{a} Epoca.--Decadencia del Imperio Pirhua_, desde el año 501 hasta
el de 833, ó sea, 332 años, gobernaron diez Emperadores, extingiéndose
en es época el larguísimo período del Imperio de los Pirhuas.

    Arantial.
    Huari-Titu-Ccapacc.
    Huispa-Titu-Auqui.
    Toco-Cozque.
    Ayar-Manco.
    Condoroca.
    Amaro.
    Chinchi-Rocca.
    Ylla-Tocca.
    Lluqui-Yupanqui.
    Rocca-Titu.
    Inti-Maita-Ccapacc.

En el reinado de Titu-Yupanqui-Pachacuti, décimoséptimo Emperador, una
irrupción de bárbaros procedentes del Brasil y de los Andes, taló los
campos; pero fortificado el monarca en las montañas de Pucará, trabó
con los invasores un sangriento combate, en el que, después de una
espantosa carnicería, pereció dicho monarca de un flechazo.

En el reinado de Huillcanota-Amauta, quincuaoctavo Emperador, tuvo
lugar la segunda invasión de hordas extranjeras procedentes del Tucumán.

En el reinado de Toco-Cozque, octogésimosegundo Emperador, invadieron
simultáneamente el Perú hordas de salvajes procedentes, en partes, de
Panamá, de los Andes, y del puerto de Buena-Esperanza[120].

En el último período de los monarcas Pirhuas, el Imperio fué decayendo,
hasta llegar á su estado de destrucción y ruina, tan grandes, que
con su último Emperador, Inti-Maita-Ccapacc, se derrumbó totalmente,
contribuyendo á esta catástrofe la corrupción de los pueblos, que
llegó á tal extremo, que los gobernados no daban ninguna obediencia
al soberano, y no dándola tenían que venir, para esos pueblos, el
obscurantismo, la decadencia, el caos. A la caída del Imperio Pirhua,
siguió un interregno de más de doscientos años, durante el cual la
mayor parte de esos pueblos, por carecer de gobierno, vivieron en la
anarquía, sin culto y sin ningún vínculo de familia y de sociedad,
errantes por las vertientes de los Andes, alimentándose de raíces y
plantas silvestres, desnudos unos y cubiertos otros con cortezas ó con
pieles, sin más albergue que las cuevas y cavernas.

Los cacicazgos y las confederaciones que no cayeron en completa
decadencia y permanecieron en un relativo estado semi-social,
dedicándose á algunas labores agrícolas, fueron los Collas, de raza
Aymará; los Chancas, de raza Quechua; los Sausaseras, Antasayaccos,
Huallas, Tampus y Orejones, del Valle del Cuzco; y los Quechuas, de
la región del Urubamba, perseverando estos últimos en sostener la
adelantada cultura que iniciaron en Tiahuanaco. En la costa andina del
Pacífico, varios pueblos conservaron también el grado de civilización
que habían adquirido, y fueron, los señoríos de los Chimús, Yungas,
Cuis-Manco, Chiquiz-Manco, Chincha, y algunas otras confederaciones de
poca extención é importancia, como: los Chachapoyas, Cajamarquinos,
Huanuqueños, Huamanguinos, Vilcohuamanos, y Andahuaylas. Pero, estos
cacicazgos y estas confederaciones cayeron, más tarde, bajo el dominio
de las armas victoriosas de los Incas, los que, mediante las tantas
conquistas que realizaron, lograron establecer el más grande Imperio
que ha existido en el Continente Americano, Imperio que, á su vez,
se aniquiló con la conquista española. ¡Destino inescrutable de las
naciones!......


                       CIVILIZACIÓN DE LOS INCAS

Con la repentina aparición de Manco-Ccapacc[121] y Mama Occlla, en
el año 1021, principia á disiparse algo la bruma de los tiempos
prehistóricos, para iniciarse, al fin del gobierno de los Incas, el
período histórico del Perú.

Pasaremos por alto el origen de los Incas, relatado ya por los
antiguos cronistas Garcilazo de la Vega, Cieza de León, Betanzos, Polo
de Ondegardo, Sarmiento de Gamboa, Cabello de Balboa, Santa Cruz
Pachacuti, Montesinos y otros, cuyas relaciones discrepan en varios
puntos y carecen de verosimilitud, algunas.

Manco-Ccapacc y Mama-Occlla se presentaron como enviados del Sol, para
sacar á los indígenas de la barbarie en que vivían, libertarlos de la
tiranía de los Curacas, y señalarles, él, á los hombres, á labrar la
tierra para darles alimento, á la vez que el culto del Sol, dispensador
de bienes; y ella, á las mugeres, para enseñarles á hilar y tejer,
como medio para cubrir la desnudez de sus familias. Con tan saludables
propósitos, aquellas gentes se persuadieron que era conveniente
obedecerlos y someterse sumisos á sus mandatos, reconociéndolos
como verdaderos hijos del Sol ó Pachaccamacc, que fué como ellos se
proclamaron.

Para asegurar su autoridad y la de su descendencia, Manco-Ccapacc se
tituló Inca ó Soberano de Tahuantinsuyo.

Algunos escritores han considerado á este personaje como un ser
misterioso ó mitológico; empero, es reconocido por la mayoría de los
historiadores, no solamente como un apóstol y reformador, sino también
como el verdadero tronco de la estirpe imperial y el fundador de la
dinastía incáica. Apóstol y reformador, porque enseñó á su pueblo
la religión de un Supremo Dios invisible, Criador del Universo,
instituyendo el culto del Sol, imagen visible de ese Dios, que por sus
rayos vivificantes dá vida á todo lo criado. Y tronco de la estirpe
incáica, porque fundó una monarquía basada sobre el régimen del
comunismo, aunque algo restringido, proveyendo el Estado á todas las
necesidades de la vida de sus súbditos. También dió Manco Ccapacc á su
nuevo pueblo leyes naturales dictadas por la recta razón, pues eran
llenas de sabiduría y de prudencia, imponiendo penas corporales contra
los delitos de adulterio, hurto, homicidio y blasfemia contra el Sol y
el Emperador, delitos que eran castigados con la pena de muerte, nombró
Curacas ó Caciques para el gobierno civil de sus súbditos, escogiendo
para esas funciones los de mayor honradez y aptitud para el mando.
Además, dividió la tierra en tres partes, asegurando la propiedad de
éstas al culto, al trono y al pueblo; instituyó las principales fiestas
y ritos religiosos, y fundó una orden de vírgenes y otra de sacerdotes
para el cuidado de los templos. En fin, dejó fundada la capital del
Cuzco, organizado varias provincias bien administradas, y constituídos
pueblos gobernados con equidad y justicia.

Por estos grandes beneficios que Manco-Ccapacc hizo á sus súbditos,
es considerado como uno de los primeros legisladores del mundo, y muy
distinguido entre los grandes bienhechores de la Humanidad, pues fué,
para los Peruanos, lo que Solón y Licurgo para los Griegos, Numa para
los Romanos, Mahoma para los Arabes, y Confucio para los Chinos.

Aunque la cronología de los Incas es algo obscura,[122] suministrando
noticias vagas, no muy exactas, algunos historiadores, entre
ellos Gonzáles de la Rosa, y Dr. Cárlos Wiesse, la dividen en dos
períodos, FEUDAL Y UNIFICADO, siendo el primero, de la dinastía de
Huaray-Sayacc, y el segundo de la dinastía de Hanay-Sayacc. Nosotros
seguiremos también este orden, que está en conformidad con los relatos
de los cronistas de la conquista.

La dinastía de Huaray-Sayacc (con la que principió el PERÍODO FEUDAL),
gobernó durante más de un siglo y medio (1021 á 1197), y tuvo cinco
Emperadores, que por sus conquistas extendieron los límites de su
Imperio, y son:

_1^{o}. Manco-Capacc._--Que fundó su pequeño Imperio con las tribus
del Cuzco, á las que agregó las de los Canchis y Quispicanchis, cuyos
Régulos redujo en calidad de vasallos ó amigables confederados: su
reinado duró cuarenta años (1021 á 1061).

_2^{o}. Sinchi-Rocca._--Consolidó la obra de su padre, extendió algo
los límites del Imperio mediante solo la persuación, acrecentando por
este medio su dominación hasta Chuncara: á este Inca se le atribuye el
haber dividido el Imperio en cuatro regiones, bajo las denominaciones
de Ccollasuyo, Antisuyo, Ccuntisuyo y Chinchaysuyo, que corresponden
á los cuatro puntos cardinales, dando á todo el Imperio el nombre de
TAHUANTINSUYO[123].

_3^{o}. Lloccque-Yupanqui._--Con él empezaron las expediciones
guerreras, echando así los cimientos del régimen militar, pues en dos
expediciones que llevó á cabo, ensanchó aún más los límites del Imperio
hasta los Canas, en la primera, y hasta el Desaguadero, en la segunda.
Gobernó treinticinco años (1091 á 1126).

_4^{o}. Mayta-Ccapacc._--Se distinguió por su génio aguerrido y
conquistador: emprendió dos expediciones, en las cuales conquistó
varias provincias, entre ellas, la de los Collas y la de los
Huallccavizos. Su reinado duró treinta años (1126 á 1156).

_5^{o}. Ccapacc-Yupanqui._--Siguió las conquistas de sus antecesores, y
se hizo dueño de las provincias de los Aymarás, Pucarás, Hatunrucanas
y otras, extendiendo su influencia hasta Nazca, en la costa. El hizo
construír canales de riego y fundó una orden de caballería. Su gobierno
fué de cuarentaiun años (1156 á 1197).

Con este Inca terminó la dinastía de Huaray-Sayacc, sucediéndole la de
Hanay-Sayacc, que gobernó cerca de un siglo y medio, contando tan sólo
tres monarcas, que fueron:

_1^{o}. Inca-Rocca._--Sometió á los Chancas y á los Charcas,
ensanchando sus dominios por más de cincuenta leguas de Norte á Sud, y
otras tantas de Este á Oeste. Este Inca fundó en el Cuzco escuelas para
la enseñanza de la nobleza, é impuso á todos sus súbditos la obligación
de aprender la lengua quechua. Su reinado duró cincuentaidos años (1197
á 1249).

_2^{o}. Yahuar Huaccacc._--Soberano pusilánime, no aspiró, como sus
antecesores, á extender sus dominios; empero, trascurridos nueve ó
diez años de su reinado, por no ser calificado de cobarde, confió á su
hermano Inca-Mayta, el mando de un crecido ejército, el cual conquistó
el territorio que se estiende desde Arreqquepay hasta Atacama. Su
hijo segundogénito, Inca-Tupacc (algunos historiadores le llaman
CusiInca-Yupanqui), de carácter opuesto á su padre, se distinguía por
su valor extraordinario, y no pudiendo el monarca congeniar con él,
lo apartó de su compañía, enviándole á una hermosa dehesa á cuidar
el ganado del Sol. Estando allí, tuvo en sueños la famosa visión del
dios Huiraccocha, que le anunció la rebelión que tenían dispuesta los
Chancas, de Uscovilca, que, en número de 40,000 hombres al mando de
Asto-Huaracc y Tomay-Huaracc, marchaban sobre la capital. Noticiado
de ello el Inca Yahuar-Huaccacc, abandonó su corte, lo cual, sabido
por Inca-Tupacc, le determinó á encaminarse á la capital, resuelto
á defenderla ó morir. Reunió inmediatamente un ejército de 28,000
hombres, con el que libró una batalla sangrienta, en Ichu-Pampa,
quedando vencidos los rebeldes. Con este brillante hecho de armas,
Yahuar-Huaccacc abdicó la mascaypaycha ó borla colorada, en su hijo
vencedor, y se retiró á la vida privada, sobreviviendo siete años más,
hasta que murió en Chita, habiendo gobernado cuarentaisiete años (1249
á 1296).

_3^{o}. Huiraccocha._--A su exaltación al trono, permutó su nombre de
Inca-Ripacc con el de Huiraccocha (adoptando así el de la visión que se
le había aparecido en la dehesa). Los primeros años de su reinado los
ocupó en dictar leyes para la buena administración de su Imperio. En
seguida, emprendió dos expediciones, son las que agregó á su Imperio
varias provincias, incluso la tierra de Tucumán. Este Inca predijo la
invasión al Perú de hombres desconocidos y la destrucción del Imperio.
Su glorioso reinado duró cuarentaicuatro años (1296 á 1340), terminando
en él la dinastía de Hanay-Sayacc.

Después de esta dinastía se inició el segundo período llamado PERÍODO
UNIFICADO, en el que reinaron seis Incas, porque Inca Urco, que sucedió
á Huiraccocha, fué depuesto á los once días de su exaltación, en un
movimiento operado por los príncipes y grandes de la sangre real, que,
no pudiendo tolerar su suma estolidez, le obligaron á abdicar en favor
de su hermano Pacha-Cutecc-Yupanqui. Estos seis Incas reinaron en el
orden siguiente:

_1^{o}. Pacha-Cutecc-Yupanqui._--Más se dedicó á reformar y administrar
sus reinos, desde el Cuzco, que salir á campañas; por eso, las cuatro
expediciones que organizó, las encomendó á los príncipes de la familia,
logrando someter á crecido número de pueblos, entre otros, á los
Huancas, Puntus, Huaillas, Conchucos, hasta Caxamallca, y á su regreso,
Chachapoyas, Palltas, Cañaris, y la extensa provincia del Gran Chimú,
acrecentando notablemente las fronteras de los dominios del Imperio. Su
reinado fué de larga duración, pues gobernó sesenta años (1340 á 1400).

_2^{o}. Amaru-Inca Yupanqui._--En sus conquistas fué desgraciado. La de
Chile terminó con el descalabro de su ejército, que fué vencido por
los feroces Purumancas ó Promancas, quienes no le permitieron avanzar
más adelante del río Maule. En su reinado también hubo una formidable
sublevación de los Collas, que alborotó tanto á la Corte, que le obligó
á renunciar el mando, siendo su reinado de solo treintainueve años
(1400 á 1439).

_3^{o}. Tupácc-Inca-Yupanqui._--Extendió los límites de sus dominios por
el Sud y por el Norte: por el Sud, llegó su ejército á Chile, hasta
Cachapoal y naciones salvajes; por el Norte, fué el que principió la
conquista del reino de los Shyris ó Quitús, en el Ecuador; á él se debe
la construcción de grandes acueductos. Su reinado fué de treintaiun
años (1439 á 1470).

_4^{o}. Huayna-Capacc._--Para celebrar el nacimiento de su hijo
primogénito Titi-Cusy-Huallpa-Inti-Illapa (Huáscar), hizo fabricar la
célebre cadena de oro que, según Garcilaso, Inca, «tenía trescientos
pasos de largo y del grueso de una muñeca». Este Inca elevó el Imperio
á la cumbre de la grandeza, consumiendo la sumisión del reino de Quitú,
iniciada por su antecesor, venciendo á los Huancavilcas, Cayambis,
Caranques, Pastos y Quitús. Después de su triunfo en la batalla de
Hatuntaqui, en la que murió el Shyri Cacha-Duchisela, eligió la capital
de ese reino para su residencia, pues estaba sumamente apasionado de
la bella Shyri-Paccha, hija del ex-rey, á la que tomó por concubina
y tuvo en ella á Atahuallpa. Estando en su palacio de Tumipampa, en
la provincia de Cañaris, le llegó la noticia de la aparición en la
costa de gente estraña, lo cual le preocupó bastante, acordándose
entonces de la funesta predicción de Huiraccocha; acontecimiento que,
efectivamente, originó luego la pérdida de la autonomía del gran
Imperio Incáico. Antes de morir, Huayna-Ccapacc dividió su Imperio
entre sus dos hijos, dejando la parte del Cuzco á Huáscar, (su
hijo legítimo), y la de Quitú á Atahuallpa (su hijo bastardo), sin
imaginarse que esa división sería, más tarde, motivo de desavenencias
entre sus dos herederos, y ocasionaría hasta la caída del Imperio.
Desde el Inca Huayna-Ccapacc se aclara la confusión de la historia
de los Incas, entrando de lleno en el período histórico del Perú.
Huayna-Ccapacc reinó cincuentaicinco años (1470 á 1525), los doce
primeros en solo el Imperio, y los restantes en el reino de Quitú que
había conquistado.

_5^{o}. Huáscar-Inca._--Entró en posesión del trono en los tiempos más
funestos, pues Atahuallpa aspiró á la corona imperial, estimulado por
la poca voluntad que Huáscar manifestaba en reconocerlo rey de Quito.
Éste le envió una embajada exigiéndole obediencia; el astuto Atahuallpa
le respondió que estaba pronto á obedecerle, y, con tal objeto, pasaría
al Cuzco á hacer las exequias de su padre; pero su intención era
otra, y al efecto, juntó un poderoso ejército cuyo mando confió á sus
aguerridos generales quiteños Calcuchima y Quisquiz. Cuando Huáscar
advirtió la traición de su hermano, no tuvo tiempo de juntar otro
ejército numeroso para contrarestarle; sin embargo, á tres leguas de
distancia, en el sitio llamado Quipaypampa, se libró una sangrienta
batalla, en la que quedó vencido el ejército de Huáscar, cayendo éste
prisionero y asegurado en la fortaleza de Sausa (Jauja). Al poco tiempo
fué muerto Huáscar-Inca por insinuación de Atahuallpa, quien, temiendo
que escapara y recobrara su cetro, ordenó á su general Calcuchima, que
le quitara la vida y arrojara su cadáver al río Yanamaru. El gobierno
de Huáscar fué de solo siete años (1525 á 1532).

_6^{o}. Atahuallpa._--(De rama bastarda, y último Inca que reinó).
Después del atroz regicidio que ordenó cometer en la persona de su
hermano paterno, se encontró dueño de todo el Imperio peruano; pero su
gobierno fué también de corta duración, porque ya Francisco Pizarro,
con su hueste, había llegado á Cajamarca, donde luego se desarrolló
el lúgubre drama que dió lugar á que Atahuallpa cayera prisionero
de los Españoles. Apesar de haber ofrecido, por su rescate, llenar
de oro y plata el cuarto donde se encontraba cautivo, ansiaron los
Castellanos ser dueños y señores absolutos de todo el Perú, y, al
efecto, tramaron contra el Inca el pérfido proyecto de darle muerte,
culpándole de supuestos planos de conspiración. Un tribunal inícuo le
acusó de crímenes imaginarios, condenándole á ser quemado vivo en la
plaza de Cajamarca. Cerca ya de la pira en que debía ser inmolado, por
insinuación del P. Vicente Valverde, consintió en hacerse cristiano,
afin de que se le conmutara el suplicio de la hoguera por el del
garrote; al bautizársele, se le puso el nombre de Juan, por ser ese día
el del Evangelista. Momentos después, Atahuallpa, el descendiente de
Manco-Ccapacc y último Emperador del extenso Imperio del Perú, exhalaba
el postrimer suspiro después de nueve meses y medio de cautiverio......
La ejecución se realizó en la noche del 29 de Agosto de 1533,
implicando ella, no solamente la extinción de la dinastía de los Incas,
sino también la destrucción completa del extenso Imperio Incáico. Su
reinado, como el de su hermano Huáscar, fué breve, pues solo duró siete
años (1525 á 1532).

Con la muerte de Huáscar, la descendencia legítima de los Incas
desapareció, quedando sólo dos hijos legítimos de Huayna Ccapacc,
Paullu-Tupacc y Manco-Inca, que fueron perseguidos con el vil intento
de estirpar del todo la dinastía Incáica[124].

Solo con procedimientos tan injustos, villanos y pérfidos, pudieron
los españoles extinguir el último vástago de la familia incáica. La
inmensa riqueza de este suelo privilegiado, y la nobleza, hospitalidad,
mansedumbre y buena fe de sus habitantes, dieron mérito á que sus
inhumanos y oscuros conquistadores afianzasen su poder en tan dilatados
dominios, validos de la astucia, el dolo, y de una creencia religiosa
de la que ellos mismos renegaban á cada paso, no contando sino con la
fe del ignorante y sin tener la convicción del catequista[125].


                                   VI

              Ruinas de monumentos y ciudades pre-incáicas

Las mas admirables de las ruinas diseminadas en el vasto territorio
del Perú, son las de Tiahuanaco[126], en las inmediaciones del
lago Titicaca, cuyo centro, se cree, fué el más antiguo foco de la
civilización peruana y americana; empero, algunos historiadores
piensan que los soberbios monumentos cuyas ruinas subsisten aún en
Mocha, y los sorprendentes trabajos hidráulicos que se ven todavía en
Nazca, consistentes en largos socabones subterráneos, con el objeto de
buscar el agua de infiltración en el cauce del río y traerla sobre los
terrenos cultivados, son obras que demuestran civilizaciones anteriores
al período de Tiahuanaco.

Estas ruinas de Tiahuanaco han llamado la atención de todos los
arqueólogos y sabios que han tenido oportunidad de visitarlas y
estudiarlas. Gigantescos túmulos, rodeados de pilastras que descansan
sobre grandes cimientos de piedra; murallas, cuyas piedras son de tal
magnitud y tan enormes dimensiones, que no se concibe como fuerzas
humanas han podido ponerlas en su sitio, teniendo algunas de ellas
treinta piés de largo, dieziocho de ancho y ocho de espesor, extraídas
de las canteras de Yunguyo, situadas á más de cuarenta millas de
distancia, siendo verdaderamente admirable que sin bestias de tiro, sin
vehiculos apropiados, sin ninguna máquina poderosa, hayan podido traer
tan enormes masas desde tan larga distancia[127]; templos de ciento
á ciento cuarenta varas de largo, con columnas angulares; pórticos
monolíticos en proporciones colosales, todo esculpido con figuras
humanas de regular ejecución; estátuas de basalto é ídolos de piedra,
gigantescos, artísticamente tallados. Tales son las sorprendentes
obras que yacen en ruinas en Tiahuanaco y que pertenecen á un orden
arquitectural especial, pues no tienen semejanza con las construcciones
y esculturas de alguna otra nación.

Un historiador moderno hace la siguiente descripción de las ruinas
de Tiahuanaco: «Estas ruinas, situadas á veinte kilómetros al Sud
del lago Titicaca, son de antigüedad desconocida, muy anteriores al
período incáico. Son de grandes moles de pórfido, predominando los
colosales bloques, todos simétricamente labrados y artísticamente
pulidos. Una serie de aposentos con esculturas uniformes se nota á
primera vista después de una colina artificial sobre cimientos hechos
de grandes rocas cortadas á escuadra, que tiene cincuenta piés de
altura, seiscientos veinte de largo, cuatrocientos de ancho, formando
tres terrazas superpuestas concéntricamente. Más adelante de esta
cúspide artificial están dos grandes ídolos de forma humana con largas
vestimentas y adornos y ornamentos en la cabeza. Una serie de largas
columnatas ofrecen el aspecto de un monumento druídico, y resaltando
sobre todo este conjunto, se destaca una colosal portada hecha en una
sola piedra con rigorismo geométrico y adornada primorosamente con
relieves, cornizas, geroglíficos, imágenes coronadas y emblemas de
irreprochable elegancia. El templo es un rectángulo de cuatrocientos
cuarentaicinco piés de largo sobre trescientos ochenta de ancho; una
columnata adorna uno de sus costados y en su base se han encontrado
grandes excavaciones. Este edificio parece el más antiguo de todos los
que forman las ruinas. Entre todas estas obras, y esparcidas al acaso,
se ven cornizas, bases de pirámides, pedestales, zócalos, molduras y
diversos tallados que han quedado inconclusos.»

Otro escritor hace también la descripción de los principales monumentos
megalíticos de Tiahuanaco, diciendo:

«Akapana ó la fortaleza, es un hermoso mound builder de unos cincuenta
metros de altura, que consta de terraplenes concéntricos sostenidos
por macizos muros de contención; fué destinado indudablemente al rito
religioso á los muertos: Akapana tiene un canal escalonado á sus
terrazas, presumiéndose que ha sido el sitio donde se enterraba á los
de estirpe real ó principal. Kalosaya ó la sala de justicia, tiene su
entrada por medio de una hermosa escalinata; en uno de sus ángulos se
ostenta la famosa puerta del Sol, llena de figuras simbólicas, y se
cree que fué monumento de la segunda civilización de Tiahuanaco. El
llamado templo, al norte de Akapana, es rectangular y perteneció al
Tiahuanaco primitivo. Tuncapunca, al sudeste, es también una notable
construcción que denota haber sido un gran tribunal de justicia,
por los enormes bloques que se semejan á asientos ó sillones de
magistrados: constituye cuatro plataformas de gigantescas proporciones
puestas en línea, conteniendo diez umbrales que corresponden á diez
puertas que soportarían portadas magníficas. El muelle prehistórico
ocupa la parte norte de la región de las ruinas: es la construcción que
prueba que las riberas del lago Titicaca vinieron á contornear todo
el frente de la grande metrópoli, sirviendo para el desembarque de
las canoas, balsas, que eran el medio de navegación lacustre. Aparte
de estos principales monumentos, existen varios grupos aislados y
dispersos de bloques, monolitos y otros fragmentos correspondientes á
períodos diversos de la civilización de Tiahuanaco, esa mansión del
misterio, pasmoso testimonio de la primera civilización, donde yacen
olvidados los esplendores de una actividad intelectual que no ha sido
imitada por las naciones que siguieron á la vida, en las edades que se
sucedieron.»

Y se preguntará: ¿Quiénes fueron los ingeniosos y atrevidos artífices
que llevaron á cabo la construcción de esas obras titánicas sin
iguales? No hay duda que serían hombres dotados de una fuerza
hercúlea y de una inteligencia superior, cuyo grado de civilización
se encontraba á una altura muy elevada. Algunos autores creen que
no sería aventurado el suponer que esos hombres fueron los mismos
Caldeos cuyo idioma Súmero, según el Dr. Hyde Clarke y el Dr. Pablo
Patrón, guarda tanta analogía con el Aymará y el Quechua, ó talvez,
los mismos hombres de raza blanca que, se cree, sean los fundadores
de los antiguos imperios mexicanos; porque, si debemos dar crédito
al historiador Cieza de León, en el Perú ha habido también, en época
lejana, una raza de hombres blancos, como lo asevera este historiador
en el cap. I de la parte II. de su _Crónica del Perú_, donde dice: «En
la isla de Titicaca, en los siglos pasados, hubo unas gentes barbadas,
blancas como nosotros, y que saliendo del valle de Coquimbo un capitán
que había por nombre Cara, llegó donde ahora es Chucuito, de donde,
después de haber hecho algunas nuevas poblaciones, pasó con su gente á
la isla, y dió tal guerra á esta gente, que digo que los mató á todos.»

Pero, veamos lo que á este respecto opinan varios antiguos
historiadores, tocante á los artífices que construyeron estos colosales
y magestuosos monumentos.

Según lo refieren Gomara, Cieza de León, Garcilaso, Acosta, Torquemada,
Herrera, y, posteriormente, el presbítero Velasco, en sus respectivas
historias, la construcción de esos grandiosos monumentos fué debida
á una inmigración de hombres gigantes[128] cuya estatura no bajaba
de ocho varas[129]. En apoyo de sus aserciones, citan el hecho de
haberse encontrado, después de la conquista española, sepulcros huecos,
hechos de piedra, conteniendo esqueletos enteros que tenían esa misma
dimensión[130]; raza de gigantes que, según presumen aquellos mismos
historiadores, fueron los artífices que labraron esos ciclópeos
monumentos cuyos vestigios se encuentran, aún, en Tiahuanaco, Manta,
Punta de Santa Elena é Islas de Pascuas[131], y cuyas medidas y
proporciones, especialmente de las puertas, manifiestan, de un modo
evidente, que esas obras no fueron hechas con las fuerzas de hombres
de estatura natural, sino con las de aquellos hombres de talle
extraordinaria, para cuyo uso y servicio eran únicamente proporcionados
estos monumentos[132].

Además, Montesinos en sus _Memorias antiguas historiales y políticas
del Perú_, asevera también que durante el reinado del emperador pirhua
Ayar-Taco (1588 á 1563 antes de la Era Cristiana, ó sea, en el lapso
de veinticinco años), invadieron el Perú multitud de gigantes, que
poblaron principalmente la costa desde Puerto Viejo hasta Chincha, y
se extendieron hasta el interior del país.

Garcilaso refiere que Cieza de León le dijo haber oído en la provincia
donde habían llegado los gigantes, «que éstos desembarcaron en la
Punta de Santa Elena, cerca de la villa de Puerto Viejo, y que por las
tradiciones de padres á hijos se sabía que habían venido por mar, en
balsas de junco hechas como unos barcos, y eran tan altos que de la
rodilla para abajo parecían hombres de talla regular; que tenían barba;
que llevaban pelo que les colgaba sobre los hombros; que algunos iban
desnudos y otros cubiertos con pieles de bestias salvajes; y que no
trajeron mugeres con ellos.»

Acosta dice que él mismo midió esqueletos de gigantes cuya talla era
más de tres tantos mayores que los indios.

Gomara infiere que el conquistador Francisco Pizarro, al llegar á
Puerto Viejo, halló allí estátuas de piedra hechas por los gigantes á
semejanza de sus personas, de más de ocho varas de altura.

M. Pagador, en su _Historia de América_, impresa en Lima en 1872,
también dice: «Que se han hallado cadáveres de gigantes en diversas
partes, desde la conquista hasta los tiempos contemporáneos, no con
cráneos y huesos truncados que puedan producir duda y atribuirse á
otros animales, sino los esqueletos enteros, sin faltarles parte
alguna, no sepultados bajo la tierra, sino en sepulcros hechos á
propósito para este fin.»

       *       *       *       *       *

Toranzos, escabando una huaca de los indios, encontró una calavera
y una canilla enormes que correspondían á un hombre de estatura
gigantesca.

Y este juicio de los historiadores y escritores citados, parece que
fuera algo fundado, máxime cuando la magestuosa grandeza de esos
monumentos antiquísimos, que han resistido á los embates de tantos
siglos y cuyos restos amontonados en ruinas asombran el espíritu de
los hombres de la actual generación, hacen suponer que fueron obras
de una raza titánica, de poderosa fuerza muscular, y cuyo desarrollo
floreciente marca una etapa de sobresaliente actividad humana y de
primitiva civilización tan adelantada que ha dejado una luminosa huella
de su actuación y su saber.

La época en que esos gigantes aparecieron en América es aún obscura é
incierta, pues algunos los suponen de remota antigüedad, anteriores
al Diluvio universal; y otros, al contrario, los creen casi coetáneos
de los Incas, por haberse encontrado todos sus cadáveres sólidos y
consistentes.

El presbítero Velasco, en su _Historia del Reino de Quito_, opina
que «esos gigantes fueron muy posteriores á todas las demás naciones
americanas, no pudiendo exceder su antigüedad los principios de la
Era Cristiana. Cuanto á la procedencia de esos gigantes, también es
incierta: lo único que se infiere, es que arribaron á las playas del
Pacífico en grandes embarcaciones de junco, sin traer consigo ninguna
mujer de su raza, por cuya causa se colije que su estadía en estas
comarcas fué de corta duración, extinguiéndose esa raza al cabo de
algunos años, porque, según aseveran los historiadores Cieza de León
en el cap. III de su _Crónica del Perú_, y el P. Acosta en el cap. XIX
de su _Historia Natural y Moral_: «Pasados algunos años, no pudiendo
tener otro desfogo de la naturaleza, se entregaron al vicio nefando
mútuamente, en público y sin rubor alguno; finalmente, estando una vez
muchos de ellos en ese enorme pecado, bajó fuego del cielo y fueron
consumidos por ese elemento en castigo de sus horribles pecados.»

Condensando las opiniones de los diversos autores citados, el hecho
positivo é incontestable es, que hay razones para creer que han
existido en el Perú razas civilizadas antes de la época de los Incas;
pero, cuáles eran esas razas y de dónde provinieron, son cuestiones
que solo los anticuarios pueden solucionar con sus investigaciones,
tanto mas cuanto que existe tal conflicto de contradicciones sobre
este particular, que el criterio se pierde y se convierte en
conjeturas. Lo único definitivo, y ello, ateniéndonos al resultado de
las investigaciones antropológicas y paleontológicas, es que la raza
genuinamente tiahuanacota ha sido dolicocéfala, opuesta esencialmente á
los Aymarás braquiocéfalos.


                                  VII

                    Continúa la materia antecedente

Pero, dejando á un lado lo que á esos gigantes se refiere, sigamos
inquiriendo lo relativo á los constructores de los monumentos ciclópeos
de Tiahuanaco, cuyo origen es aún problema no resuelto del todo.

El P. Anello Oliva, jesuita, en su _Historia del Perú_, pág. 38,
trae á colación una tradición de los Collas de la altiplanicie del
Titicaca, tocante á Tiahuanaco, según la cual este sitio sería el más
antiguo en su fundación en la Tierra, y tanto por su nombre original
«Chucara»,[133] ignorándose su primitiva historia, menos el que allí
moraba el gran jefe Huyustus, que era el señor del Mundo, jefe de una
raza de hombres blancos y barbudos, que al fin fueron exterminados por
los indígenas.

El sabio enciclopédico Antonio de León Pinelo, en su _Paraíso en el
Nuevo Mundo_ (Madrid, 1658), afirma, á este respecto, lo siguiente: «De
lo de Tiahuanaco dijeron los más antiguos á los primeros Españoles, que
no sabían de sus autores y que eran obras que excedían la memoria de
sus pasados; y para significarlo á su modo, añadían haberse levantado
antes que hubiese Sol en el Cielo, que es la frase con que dan á
entender que totalmente ignoran el principio.»

Otro autor, Felipe Pomanes, en su manuscrito inédito del siglo XVII
titulado _Los notables del Perú_, dice, refiriéndose al mismo asunto:
«No hay memoria en el Perú, quienes hayan sido los autores de esta
obra, ni yo pude jamás hallar noticia de ellos, aunque lo pregunté en
muchas partes; y más me hizo creer que todo esto hubiese sido reliquia
antigua de alguna cosa memorable.»

A lo alegado por estos dos últimos autores, el sabio y erudito José
Eusebio de Llano Zapata objeta diciendo: "Aunque Pinelo y Pomanes
afirman que los indios ignoraban los autores de estas construcciones,
no se prueba la falta de noticias de éstos, para atribuír á otras
naciones imaginarias el origen de estas fábricas, fuera de que cuando
el primero hizo sus investigaciones ya había pasado más de medio siglo
de la conquista y habían perecido los quipocamayos, que eran los que
guardaban en los quipos las historias del Imperio. Y cuando escribió
el segundo, había corrido más de siglo y medio, en que precisamente
había de ser mayor la confusión de las antigüedades en aquellos reinos.
Esto supuesto, no hallo motivo para asentir á la vana presunción de los
autores citados, y negar á los indios la construcción de las fábricas
que poseían en sus mismas tierras y dominios, no habiéndose hasta ahora
encontrado noticia que favorezca lo contrario, sino unas conjeturas de
razón que más oscurecen la Historia que ilustran los hechos."

El Dr. Pablo Patrón opina en igual sentido, pues en el Congreso de
Americanistas tenido en Stuttgart en el mes de agosto de 1904, sustentó
el hecho de que "no ha habido en el Perú, en los tiempos primitivos,
ninguna raza especial diversa de las actuales y constructora de obras
ciclópeas; que todas las existentes en el Perú, han sido hechas por
los mismos Aimaraes y Keshuas, en la época de su mayor cultura: las
más notables de todas, las de Tiahuanako, así lo comprueban." Opina el
Dr. Patrón, que "las ruinas que hoy contemplamos son las del templo
levantado por los Aimaraes en honor de Huirakocha, en recuerdo de la
creación del Mundo hecha por él, según sus creencias cosmogónicas,
en el lago Titikaka;" y agrega que "no es necesario recurrir á
argumentos indirectos para demostrarlo." Según su parecer, "en la
portada monolítica de Akapana, aparece en medio Huirakocha con un pez
de cara humana esculpido en su busto, por ser este supremo dios de los
andinos el abismo de las aguas, como lo era Ea entre los Caldeos. Por
último, repetidas veces está esculpido el nombre de Huirakocha en la
misma portada, según el sistema iconofónico de la escritura general de
América"[134].

No nos compite ni nos hallamos capacitado para juzgar las opiniones
contradictorias que al respecto formulan los escritores á quienes hemos
aludido, siendo ésta una cuestión que, quizá con el tiempo, pueda
ser dilucidada por los antropólogos. Empero, expondremos una breve
indicación al respecto. Es de suponer que los sabios Llano Zapata y Dr.
Patrón están en un error al aseverar que ninguna raza especial fué la
constructora de los colosales monumentos de Tiahuanaco.

No solamente los sabios Llano Zapata y Dr. Patrón, sino, con ellos,
algunos otros autores, han supuesto que los Aymarás fueron los
constructores de la misteriosa ciudad de Tiahuanaco; pero creemos
que es también un lamentable error atribuirles tal preeminencia.
Al contrario, celosos los Aymarás, de que antes hubiera habido una
raza superior á la suya, de presumir es, que ellos mismos fueran
los destructores de aquella ciudad, por el antagonismo de razas que
existía, pues la dolicocéfala (primitiva), era opuesta esencialmente
á la raza braquicéfala (aymará, posterior) del altiplano de los
Andes.[135] ¿De qué medios se valdrían los Aymarás para conseguir la
destrucción de esa portentosa ciudad? Es lo que vamos á tratar de
dilucidar.

Se opina que Tiahuanaco estaba situado entonces en las riberas del
lago Titicaca, elevado en esa misma época á 34 m. 75 c. sobre su nivel
actual. Las aguas de este lago azotarían los muros de los diques y
calzadas de esa ciudad. Á superior nivel que el lago Titicaca se
hallaban las lagunas de Arapa y Silustani, Azángaro (Puno), Lagunillas
(Lampa) y los torrentes Itapayuni (Puno), cuyas hoyadas y relieves de
la Cordillera se habían rellenado en el último período glacial del
hemisferio austral. Se presume que los Aymarás, previendo que en un
tiempo no lejano podía desbordar de sus causes esas grandes masas de
agua, desviaron el natural curso de éstas en dirección de la región
Tiahuanacota, siendo natural que esa inmensa avalancha inundara y
revolviera la mayor parte de los edificios. En efecto, parece que esta
catástrofe sucedió así, quedando la ciudad sepultada entre el aluvión:
Cuando se retiraron las aguas al gran depósito de Titicaca, Tiahuanaco
quedó medio cubierto de pantanos, y, por fin, convertida en una llanura
estéril, ostentando, de su pasada grandeza, sólo los restos de sus
admirables monumentos que han podido resistir á los embates de tan
enorme inundación, y son los que aún quedan en pié.

Otra prueba convincente de que los Aymarás no fueron los constructores
de Tiahuanaco, es, que posteriormente se han sacado de allí objetos de
una alfarería que no se asemeja absolutamente á la de ellos.

Entonces cabe preguntar: ¿Cuál fué la raza primitiva genuinamente
Tíanahuanacota? Es pregunta difícil de absolver de un modo exacto y
afirmativo. Unos autores suponen que fueron los primitivos Quechuas que
formaron un imperio teocrático en la altiplanicie del Titicaca; otros,
dicen que fueron los Antis, pueblo asiático que invadió la América
Meridional antes del Diluvio universal; otros, afirman que fueron los
Caldeos, antiguo pueblo de la Mesopotamia; otros, alegan que fueron
los Uros, nación poderosa en otro tiempo y cuyos pocos descendientes
constituyen hoy una raza dejenerada á tal extremo, que, apesar de los
adelantos del siglo actual, permanecen aún en el estado más brutal y
salvaje; por consiguiente, siendo inadmisible que esos Uros estuvieron
ahora 10,000 años (según el ingeniero Posnausky) en un grado de
civilización tal que les permitiera formar una ciudad de la magnitud
é importancia de Tiahuanaco; y otros, en fin, presumen que fueron los
mismos Aymarás ó Collas, los fundadores de esa portentosa ciudad.

Pero, sean los unos ó los otros los famosos constructores de las
gigantescas obras de Tiahuanaco, es un hecho irrefutable que fueron
hombres de una raza superior, de fuerzas hercúleas, y que tuvieron
á su disposición recursos de grandes poderes mecánicos para haber
trasportado, de canteras que distan hasta de 64 á 65 kilómetros,
bloques enormes de piedra de granito, cuya medida era, para unos, de
7 m. 44 de largo por 4 m. 66 de ancho, y para otros, aún de 12 m. de
largo por 2 m. 50 de ancho, y cuyo peso, algunos de ellos, ha sido
calculado en 200 toneladas. Lo que no puede concebirse es, de que
medios se valieron aquellos antiguos constructores para elevar á tan
grandes alturas aquellas pesadas moles de granito; medios que hoy
mismo, apesar de las poderosas maquinarias que se posean, los aparatos
modernos serían insuficientes para elevarlas á alturas en que se
encuentran las que se ven colocadas en los gigantescos monumentos de
Tiahuanaco.

A juicio nuestro, esas ruinas son restos de una floreciente ciudad
edificada por hombres de fuerza hercúlea, que se establecieron en el
Perú en tiempos protohistóricos. Esos hombres han podido ser de dos
razas distintas: ó de la de la Nueva Zelandia, del archipielago de la
Polinesia, según algunos historiadores, ó de la de los Caldeos, antiguo
pueblo de la embocadura del Tigris y del Eufrates.

Nuestra humilde opinión puede basarse en que, la raza de los primeros
fueron los que vinieron á las playas del Perú por la ruta de la
Polinesia, en el Océano Pacífico del Sur, y que al penetrar al interior
del país, pudieron edificar la ciudad de Tiahuanaco, que guarda tanta
semejanza, en la dimensión de sus monumentos ciclópeos, con los
que existen en la Isla de Pascuas. Cuanto á los de la raza de los
segundos, bien sabido es la influencia que su adelantada civilización
tuvo entre los habitantes de la altiplanicie de los Andes peruanos,
legándoles no solamente sus costumbres y su filología, sino también su
arte arquitectónico, pues se asegura que los monumentos de Tiahuanaco
guardan cierta analogía con los de la Caldea Babilónica. El hecho es,
que en medio de todo, no es posible precisar con exactitud quienes
fueron los edificadores de esos grandiosos monumentos, los más notables
del Mundo, por las piedras colosales empleadas en su construcción; pero
lo cierto es, también, que esos famosos monumentos son hechura de una
raza especial, y si se quiere, hasta extraordinaria.

Los antropólogos niegan, en lo absoluto, la existencia en el Perú
de una raza de gigantes constructora de portentosos monumentos
monolíticos; pero el hecho es, que todos los antiguos historiadores
están acordes en un punto: que en el Perú hubo, en tiempos remotísimos,
una civilización bastante avanzada, que desapareció totalmente, al
extremo de que, cuando aparecieron Manco-Ccapacc y Mama Oclla en la
cumbre del Huanancauri á regenerar la sociedad, el país estaba habitado
por tribus algo civilizadas, algunas, y salvajes las más, que no sabían
siquiera explicar el origen de las importantes ruinas de Tiahuanaco.
Sin embargo, no solamente es presumible, sino hecho que no tiene lugar
á duda, que los hombres de esa civilización antiquísima debieron poseer
algún medio mecánico de grandísimo poder, no tanto para arrastrar á
largas distancias las pesadísimas moles de piedra de granito de esos
soberbios edificios ciclópeos, sino, sobre todo, para colocarlas en
los elevados sitios en que se hallan. Es posible que los hombres
extraordinarios de esa civilización antiquísima se remonten á la época
antediluviana, ó, á lo menos, á los principios de la post-diluviana.

Réstanos, para terminar este punto, manifestar la opinión de un
viajero alemán, que, últimamente, ha hecho exploraciones científicas
en Tiahuanaco, el que supone que este lugar, en la época de su mayor
apogeo, fué una gran ciudad de más de un millón de habitantes, cuya
extensión abrazaba un perímetro de ocho ó nueve millas, fundándose en
ese cálculo, por haber encontrado en toda esa extensión grandes capas
de ceniza.


                                  VIII

                    Continúa la materia antecedente

Indudable es, que en el extenso territorio del Perú hay un vastísimo
campo de investigaciones para los arqueólogos, los naturalistas,
los anatómicos y aún los filólogos, cuyos estudios podrían arrojar
importantes revelaciones. Los hombres científicos peruanos deberían
interesarse, algo más, por las muchas y grandes curiosidades que
ofrecen las tantas ruinas de monumentos antiquísimos diseminadas
en todo el territorio, porque, estudiadas debidamente esas ruinas,
se llegaría á obtener importantes conocimientos, relativos á las
misteriosas condiciones que rodeaban á los hombres y pueblos de esas
épocas lejanísimas. En vista de la casi desentendencia de los sabios
peruanos modernos, á este respecto, un escritor contemporáneo exclamó:
«¿Es posible que la ciencia peruana no se preocupe de estudiar estos
anticuarios restos, en sus propios yacimientos, para que sean sometidos
al análisis de la ciencia prehistórica?»

Esas investigaciones, que deberían ser practicadas, preferentemente,
por peruanos, son más bien llevadas á cabo, generalmente, por
extrangeros, que se interesan más por los estudios arqueológicos,
que los mismos hijos del país, quienes permiten que los forasteros
les arrebaten los triunfos que ellos podrían obtener con esos
descubrimientos. Sin remontarse á época distante, últimamente el
sabio arqueólogo norteamericano Mr. Hiram Bingham, director de la
expedición científica enviada al Perú, en 1911, por la Universidad
de Yale y repetida en 1912 (cuya segunda expedición fué costeada por
la misma Universidad y la Sociedad Geográfica de Washington), ha
hecho interesantes descubrimientos en los casi desconocidos distritos
montañosos de Vilcabamba, situados al noreste del Cuzco. En el valle de
Urubamba esa expedición ha descubierto numerosas ruinas importantísimas
de ciudades y fortalezas preincáicas, de las que anteriores
expediciones no habían tenido noticia, por existir solamente muy vagos
y escasos informes sobre la existencia de monumentos históricos en las
regiones apartadas en que se encuentran.

Mr. Bingham ha dado últimamente una conferencia científica, de alto
interés, en la Sociedad Geográfica de Washington, ocupándose en dicha
actuación, de los estudios que en su expedición practicara en las
ruinas de esos monumentos, que datan de épocas sumamente lejanas.
En dicha conferencia explanó, extensamente, la importancia de las
siguientes ruinas:

Macchu-Picchu, que es una ciudad situada en la cima de un cerro casi
inexpugnable, de dos mil pies de altura, sobre el río Urubamba, y que
está completamente ocultada por la exhuberante y asombrosa vegetación
que cubre los precipicios profundos que la circundan; por estas
dificultades los Españoles jamás habrían podido encontrarla, á menos
de ser guiados al lugar. Esa ciudad está llena de monumentos de alto
valor histórico, muy superiores á los existentes en otros lugares del
Perú. Su situación sobre peligrosos abismos, se debe que los antiguos
y modernos exploradores no la hubieran encontrado, porque la falta de
caminos los obligaba á evitar en su travesía, rodeándola, esta parte
del Urubamba. Macchu-Picchu, según opina Mr. Bingham, fué fundada,
probablemente, por la raza megalítica: sus ruinas son de gran belleza
y magnificencia, con fortaleza, palacios, baños, templos y trescientas
casas, todo construído con bloques de granito blanco hasta de doce
pies de largo: el templo de Yuracraim contiene un monolito tallado de
ciento ochenta pies de circunferencia.

La ciudad de Viteos, fué la capital donde se encuentra el palacio que
el último Inca Manco II ocupó después de haber sido derrotado por el
ejército de Francisco Pizarro.

Tipón, que es otro pueblo situado en la eminencia de un cerro, donde
hay muchas ruinas preincáicas, llamando la atención su gran fortaleza,
más inexpugnable que las de Ollantaytambo y Sacsahuaman; está rodeada
de un alto muro de más de tres kilómetros de largo.

Existen, además, en aquellos solitarios parajes de Vilcabamba y
Urubamba, otras ruinas de ciudades y pueblos que, se supone, deben
también ser de época preincáica, como Ñustac-Hesppanan, donde se
encontraba el santuario llamado Yurah-Rumi, lugar sagrado en que se
hacían los sacrificios; Pucyura, donde existen los restos de una
fundición de metales en grande escala; Uncapampa, donde subsisten las
ruinas de una gran muralla, de una sola casa, que mide 1,665 pies de
largo por 33 de ancho; Rosaspata, con ruinas de un soberbio palacio
de 245 pies de largo y 43 de ancho, con quince puertas en su frente
y otras quince en su espalda, todo de granito blanco; Chuquepalpa,
que ostenta aún las ruinas de una casa del Sol, que en su tiempo ha
debido ser de suma magnificencia; siendo también notables las ruinas de
Rumicolca, Piquillacta, Choquepujio, Piteos, Paltaytambo, Llactapata y
otras.

Todas estas ruinas, abandonadas, manifiestan, tácitamente, ser huellas
de una civilización remotísima, que indudablemente perteneció á una
raza anterior en mucho á la de los Incas; ruinas que deben excitar
el celo patriótico de las autoridades para inducirlas á tomar todas
las medidas que sean conducentes á su conservación, y que sugieren
la necesidad de una comisión científica de peruanos para estudiarlas
detenidamente, ya que la casualidad las ha deparado al Perú moderno.
Desgraciadamente para el Perú, las autoridades muy poco se han
preocupado de la conservación de sus reliquias antiquísimas, porque la
malhadada política absorbió siempre la atención.

Ya que tocamos este punto, debemos decir algo sobre las ruinas de
Choqquequirau, también ciudad prehistórica. Aunque descubierta ésta
hace ya como cuarenticinco años, las autoridades de los últimos tiempos
no han dado paso alguno, tendiente á su conservación ni al estudio de
los muchos monumentos de inestimable valor arqueológico que encierra.

Choqquequirau (que significa cuna de oro), es una ciudad más extensa
que la del Cuzco, situada á poca distancia de la boca de la gran
península formada por los ríos Apurimac, Ené y Tambo, y es limitada,
por un lado, con la cadena de la Cordillera de los Andes, y por
otro, por el caudaloso río Apurímac: es construída toda de piedra
labrada, con suntuosos palacios que tienen salones de más de cuarenta
metros de largo por diez ó doce de ancho; además, posee hermosas
construcciones, baños admirables y templos magníficos. Se cree que esa
ciudad era una morada de recreo de los Incas, y fué, según se asevera,
el último baluarte de los pocos miembros de la familia imperial, que
escaparon á la persecución de los Españoles, después de la sublevación
de Manco II, y que allí enterraron la cuna de oro en que se meció
Huaynahuantinsuyo[136].


                                   IX

       Escritura pictórica é ideográfica de los antiguos peruanos

De todo lo dicho hasta aquí se desprende que, efectivamente, en el
Perú hubo pueblos civilizados antes de los Incas, como lo manifiestan
también los geroglíficos grabados que se ven en diferentes lugares de
este territorio, principalmente en las ruinas preincáicas.

En el sitio llamado Corralones, á ocho leguas de Arequipa, se
encuentran grabados hechos á cincel, sobre unas masas de granito,
representando figuras de hombres y de llamas, círculos, paralelógramos,
cifras semejantes á las letras R y O, y aún restos de un sistema
planetario.

En los espesos bosques que ciñen las márgenes del Marañón y del
Huallaga, se ven todavía antiguos geroglíficos trazados en durísimas
rocas.

En Huamanga, en Huaráz, y junto al pueblo de Huáitara, existen ruinas
de fortalezas en cuyas paredes estaban esculpidas muchas figuras de
hombres, animales, flores y otros dibujos, obra ó todo, de una raza
destruída en otra época.

En fin, en Yonán, en Chavín de Huantar, en Huari, en Calango, en
Huarochirí, en Locumba, en Tarapacá, en Paipai, en la Quebrada Honda,
en Callancas, en la Caldera, en Chucuito, en la isla de Coatí del lago
Titicaca, y otros sitios más del Perú, subsisten aun fragmentos de
ruinas en que se hallan dibujados algunos signos pictográficos, mudos
pero elocuentes testimonios de que en épocas lejanas existieron en
aquellos lugares pueblos dotados de una civilización no poco adelantada.

Aunque el tiempo ha ido borrando la mayor parte de esos geroglíficos,
no se les puede despojar del valor que tienen como signos de una
cultura antiquísima muy anterior á la de los Incas. Todas estas
manifestaciones de signos ideográficos se deben considerar como un
sistema de escritura pictográfica, pues esos mismos signos eran la
representación de ideas tendientes á ser trasmitidas y recordar el
pensamiento de sucesos realizados. Estos signos pictográficos que
revelan los principios de una escritura ideográfica, expresan una
sucesión de ideas, y los indios dibujaban esos signos en las rocas,
en las paredes de los monumentos, en las cortezas de árboles, en las
pieles, armas, conchas, cántaros y otras vasijas de alfarería, en telas
y demás objetos, para recordar y perpetuar hechos trascurridos, en esa
época.

Al advenimiento de los Amautas se perdió la escritura pictórica é
ideográfica, conocida hasta fines de la época de los Pirhuas, y fué
sustituída por los quipus, cuyo uso perduró durante todo el período del
Imperio Incáico.

Las antiguas naciones y tribus de indígenas Peruanos fueron decayendo,
con el trascurso del tiempo, hasta llegar á ser conquistados por la
raza Quechua. De las primeras, en la época de su apogeo, hállase aún
algunas ruinas que testifican su pasado de grandeza: de las últimas,
solo quedan las huellas del recuerdo confuso de su insignificante
dominación: y las que aún subsisten al través de tantos siglos, en
el seno de la Montaña del Perú y en el confin austral del Continente
americano, no ofrecen interés alguno, ni se manifiestan por su cultura
progresiva.


                                   X

 Rutas diversas por las que han podido venir las inmigraciones al Perú

Resumiendo las opiniones de los varios autores que hemos citado en el
curso de este trabajo sobre el Perú, cabe, en lo posible, que parte
de los primeros habitadores del Perú (prescindiendo de los autóctonos
de la época antediluviana) fueran originarios de los Caldeos, como lo
pretenden el Dr. Hyde-Clarke, el Dr. Pablo Patrón y otros; que otra
parte se derive de los Chinos y Tártaros, como lo testifican Vater,
Humboldt y Mac Carthy; y, por último, que algunos desciendan de los
Fenicios, Suecos, Noruegos, Gaulos é Iberos, como lo sostienen otros
escritores. Pero lo evidente es, que todas estas opiniones son más ó
menos fundadas, por el origen de la población peruana, como el de toda
la América, y no se halla aún perfectamente dilucidado, siendo pocas
las pruebas que hoy existen en confirmación de estas mismas opiniones,
que sólo revisten carácter problemático.

Pero sea lo que fuere, es un hecho evidente que no tiene lugar á duda,
que las diversas inmigraciones llegaron á este suelo por diversas rutas
y en diferentes períodos. Algunas debieron venir por tierra, después de
haber desembarcado en ciertas regiones de América más en contacto con
otros Continentes, como lo hacen creer las analogías de varias voces
de las tribus de la Montaña con las del Brasil; de las de los antiguos
habitantes de los valles del Norte con las del Chaco y la América
Central; de las de los indios de la Sierra con las de las mesetas del
Ecuador y de Nueva Granada. Algunas de las otras inmigraciones pudieron
venir por mar, lo cual se infiere por la semejanza que se nota entre
varios isleños de la Polinesia y los indios de Tumbes, Ica, Arica y
otros pueblos costeños.

Sebastián Lorente, en su importante estudio sobre la _Civilización
de los primitivos Peruanos_, asienta las siguientes conclusiones:
«El Perú no fué poblado de una sola vez y por una sola nación: en
diversos tiempos recibió pobladores de los Antiguos Continentes, sea
por la parte oriental, sea del lado del Pacífico: el mayor número de
colonizadores hubo de venir por tierra; los que llegaron por mar, ó
habían estado antes en otra región de América, ó procedieron de la
Polinesia; pocos llegaron directamente del Asía.»

Históricamente hablando, es un hecho incontestable y que no admite
duda alguna, que el Perú ha sido visitado y habitado, como el resto
de América, desde tiempos remotísimos: esos primeros habitantes
post-diluvianos pertenecían á razas muy adelantadas y poderosas,
indudablemente superiores á la de los Incas, porque los magestuosos
restos de monumentos arquitectónicos que aún subsisten, anteriores
al siglo XI, ó sea, á la fundación del Imperio Incáico, testifican
el grado de cultura en que se encontraban esas razas. En efecto,
repetímoslo, á inmediaciones del lago Titicaca, y en algunos valles del
Norte, se encuentran vestigios de construcciones ciclópeas erigidas
por las grandes naciones preincáicas, construcciones que causan la
admiración de nuestros contemporáneos, quienes no atinan á determinar
los medios que estos constructores emplearon para trasportar desde
lejanas canteras esos inmensos trozos de pórfido, ni los instrumentos
que usaron para tallarlos y pulimentarlos, coligiéndose que debían
tener á su disposición recursos de grandes fuerzas mecánicas[137].


                                   XI

            Clasificación etnográfica de las razas peruanas

Quédanos por exponer algunas cortas consideraciones.

Por los estudios que varios frenólogos (entre ellos Mercator, y después
de él, Tschudi) han hecho de los rasgos típicos y craneológicos de
los antiguos habitantes preincáicos del Perú, éstos, según Juan Diego
de Tschudi, se dividirían en tres razas: 1^{a} La de los _Aymarás_,
ocupantes de las dilatadas alturas perú-bolivianas, tenían el cráneo
ovalado, afectando la forma de una bóveda bastante regular y algo
alargada, la cara grande, las órbitas cuadrangulares y la quijada
superior sesgada. 2^{a} La de los _Chinchas_, que ocupaban el litoral
desde el valle de su nombre hasta el desierto de Atacama y desde el
Océano hasta las Cordilleras, tenían el cráneo de forma piramidal
truncada, con la base vuelta hacia arriba, la cara pequeña, las órbitas
transversalmente ovaladas, y la quijada superior casi perpendicular.
3^{a} La de los _Huancas_, ocupantes de la extensión comprendida entre
las Cordilleras, desde el grado 9 al 14 de latitud austral, tenían el
cráneo cuadrado, alargado de abajo y adelante, hacia atrás y arriba,
la cara muy pronunciada, pero más corta que la de los Aymarás, y las
órbitas algo ovaladas[138].

Empero, esta clasificación etnográfica de las tres razas peruanas,
hecha por los frenólogos citados, ha sido rebatida por el Dr. Rodríguez
Dulanto, quien en su tésis publicada en los _Anales de la Universidad
Mayor de San Marcos de Lima_, tom. XXV, págs. 404 y 405, declara «que
si la separación de estas tres razas piensa fundarse sobre caracteres
craneológicos, su existencia es de todo punto problemática;» alegando
en seguida, «que pueden ser efecto de una deformación artificial,»
trayendo á colación el hecho de que «los Chinchas usaron la deformación
occipital mediante una contrapresión frontal casi insensible; que los
Aymarás usaron esa misma deformación mediante la presión sub-occipital;
que los Huancas usaron la deformación macrocéfala, ó sea, la presión
dirigida de adelante á atrás.» Concluye el Dr. Dulanto manifestando
«que las deformaciones artificiales explican perfectamente los
caracteres atribuídos á esas pretendidas tres razas peruanas.»


                                  XII

                         Otras consideraciones

Cuanto á los idiomas y dialectos de los Peruanos preincaicos, éstos
eran numerosos, pues en cada provincia y en cada pueblo eran distintos,
y los de unas provincias ó pueblos que se comprendían entre sí eran
amigos, y los que no se entendían eran enemigos, y sostenían continuas
guerras unos con otros, según lo refiere Garcilaso en la pág. 16 de
sus _Comentarios Reales_. Posteriormente, para evitar esa confusión de
lenguas y dialectos, es que los Incas trataron de generalizar el idioma
Quechua.

La religión que profesaban esos Peruanos preincáincos se reducía á
prácticas supersticiosas[139], pues en cada provincia, pueblo, barrio
y aún en cada casa, adoraban konopas ó ídolos del lugar, diferentes
unos de otros, pareciéndoles que el ídolo ageno no podía favorecerles,
sino el suyo propio, según lo dice el mismo Garcilaso en el libro I,
cap. IX, pág. 12 de su obra citada. Con posterioridad, para combatir
y desterrar el politeismo y unificar las diversas creencias, los
Incas establecieron, entre sus súbditos, el culto general del Sol,
denominado Inti, construyendo, al efecto, en los valles principales de
sus dominios, templos suntuosos dedicados al culto de ese astro, que se
adoraba como divinidad tutelar del Imperio. Asi es, si en las edades
preincáicas profesaban los Peruanos el politeismo, bajo el Imperio
predominó el panteísmo.

En conclusión, es reconocido que las naciones de los Quechas y
Aymarás fueron las más adelantadas de la América del Sud, las que
descollaron como las primeras por su cultura. La nación de los Nahuas
de México, y las de los Mayas y Quichés de Centro América, figuran
en segunda línea. La nación de los Muyscas ó Chibchas, de Colombia,
también algo civilizada, es reputada como la tercera en cultura.
Cuanto á los Caribes, Guaranis, Araucanos, Patagones, Fueguinos, como
asímismo las numerosas tribus de la Montaña peruana, del Gran Chaco
Argentino-Paraguayo-Boliviano, y algunas otras, son naciones ó tribus
que permanecieron y permanecen aún en la barbarie, en estado más ó
menos salvaje, y, algunas de ellas, refractarias á los adelantos de la
moderna civilización, completamente.


                                  XIII

         Nuestra opinión sobre el origen de los Indios del Perú

     Para terminar este bosquejo sobre el origen de los Indios del
     Perú, nos permitimos emitir también nuestra humilde opinión á este
     respecto, condensándola en pocos renglones.

Los primitivos habitantes antediluvianos del territorio conocido
hoy por el Perú, fueron, como los demás del Continente americano,
autóctonos, ó sea, originarios de este mismo territorio, ratificando
nuestro parecer en este sentido, los juicios que al final de la primera
parte, hemos ya expresado.

Por los estudios llevados á cabo en estos últimos tiempos por sabios
etnógrafos, arqueólogos y paleontólogos, se ha llegado á importantes
descubrimientos en las ciencias etnogeníticas, de cuyos descubrimientos
deducimos, que las diversas invasiones que arribaron á las costas del
Perú, en las primeras épocas postdiluvianas, fueron de colonias
procedentes de los siguientes puntos:

1.^{o} De la Nueva Zelandia, isla del archipiélago de la Polinesia;
cuya irrupción de gran número de emigrantes llegó, según parece, por
el camino del Océano Pacífico del Sud, deteniéndose algún tiempo en
la Isla de Pascuas. Después, desde esta isla, invadieron, presumimos,
la América Meridional, desembarcando en Manta, Punta de Santa Elena
y Puerto Viejo, internándose, parte de ellos, al interior, trayendo
á estos puntos, sus costumbres, usos y cultura. Aún creemos que
esos inmigrantes fueron hombres considerados como gigantes por su
elevada estatura, y, quizá, los constructores de los monumentos
ciclópeos é ídolos de piedra que se hallan diseminados entre las
ruinas de Tiahuanaco, ciudad que llegó á ser el más antiguo foco de
la civilización peruana, y ruinas que tanta semejanza tienen con las
estátuas monolíticas que se hallan en la Isla de Pascuas. Además, la
evolución religiosa de los Quicho-Aymarás es una prueba evidente de
la estrecha relación que existía entre los antiguos Peruanos y los
naturales de la Nueva Zelandia.

2.^{o} De la comarca asiática de los Antis, pueblo guerrero y valeroso
cuyo origen es desconocido por su atrasada existencia en época
proto-histórica, el que, se dice, emigró en masa de su país, antes del
Diluvio Universal, estableciéndose en los valles orientales de los
Andes, en la sección que es hoy Bolivia y Ecuador.

3.^{o} De Egipto, en el Africa Septentrional, cuyas invasiones á
América se realizaron, quizá, mediante el camino de la Atlántida,
estableciéndose algunas de ellas en el territorio del Perú, donde
también cimentaron sus costumbres, ritos y aún su idioma, existiendo
pronunciadas semejanzas entre los Quicho-Aymarás del Norte del
Perú y los Egipcios del Nilo, pues se ha descubierto no solamente
datos filológicos semejantes entre ambos pueblos en sus tres formas
(geroglífica, hierática y demótica), sino también artefactos de
cerámica y tejidos de dibujos simbólicos, y, sobre todo, monumentos
arqueológicos que denotan curiosas analogías entre estos dos pueblos.

4.^{o} De la Caldea, en el Asia Menor, cuyos inmigrantes llegarían á
América quizá por la ruta del Estrecho de Annian, pasando por México,
Centro América ó Istmo de Panamá, hasta llegar al territorio del
Perú, donde, se cruzaron con la raza del país: por consiguiente, son
considerados como uno de los progenitores de los Quicho-Aymarás. Al
llegar al territorio peruano, los Caldeos desenvolvieron en él su
lengua, la que se fué infiltrando y arraigando en este suelo, y cuya
adaptación explica que la lengua Súmera y la Quicho-Aymará guardan
tantas analogías entre sí. A la vez, los Caldeos legaron su adelantada
cultura, la cual, al extenderse, se fué también asimilando algo entre
los antiguos Peruanos, sin haberse, sin embargo, estacionado ni fijado
entre los naturales del país.

5.^{o} De la China, vasto imperio al Sudeste de Asia, que á
consecuencia de la prolongada lucha de los Brahmanes y Budhistas, que
terminó con la emigración de los Chamanes, se pueda presumir que éstos
pudieron venir con facilidad á las costas del Perú por las grandes
continuadas islas que entonces existían eslabanadas en el Océano
Pacífico. Es de suponer que la civilización del Perú viene, en parte,
de la China, por las muchas semejanzas de costumbres que existen entre
estos dos pueblos, y aún por las similitudes filológicas que permiten
que algunos habitantes del Perú puedan entenderse con los Chinos.

A más de las invasiones de los Zelandeses, Antis, Egipcios, Caldeos
y Chinos, es probable que hayan habido otras de distintas partes
del Antiguo Mundo, sin que podamos determinarlas con exactitud,
aunque algunos autores citan las de los Fenicios, Cartagineses,
Hebreos, Armenios, y aún Suecos, Noruegos é Iberos. Pero es un hecho
incontestable, y hay pruebas suficientes para afirmarlo, que existieron
en el Perú, antes del período Incáico, varias razas de relativa
adelantada civilización, las que establecieron sus propios gobiernos;
dinastías antiguas y poderosas, que sucesivamente fueron desapareciendo
con el trascurso de una larga serie de siglos. Quedan, hasta la fecha,
algunos recuerdos de esas razas y de esos centros de civilización, que
testifican su pasado de grandeza, tanto en las ruinas de soberbios y
gigantescos monumentos que se hallan aún diseminados en el territorio
peruano, cuanto en los tantos artefactos de alfarería, tejidos y otros
objetos que han sido descubiertos en los túmulos funerarios de los
primitivos colonos establecidos en el territorio del Perú.

Tal es, en síntesis, nuestra humilde opinión tocante al orígen de los
primitivos habitantes del Perú y posteriores inmigraciones que á este
territorio arribaron.



                               CONCLUSIÓN


Reasumiendo en pocas palabras lo relacionado en el curso de esta obra,
diremos, que cuando el Hombre primitivo contemplaba la Naturaleza á la
luz del día, el mundo tenía para él un significado muy diverso que el
que tiene hoy para el Hombre civilizado de nuestros días.

Las necesidades obligaban al Hombre de los primitivos tiempos á
luchar con las fuerzas que le rodeaban, con las fuerzas de las fieras
y con las fuerzas de la Naturaleza; obstáculos que solamente con el
largo trascurso de los siglos pudieron, sino ser dominados del todo,
modificados, á lo menos, en gran parte por el Hombre.

Pero la marcha progresiva del Género Humano ha sido
inconmensurablemente lenta, y el tiempo que ha empleado para ello
inconmensurablemente largo. En la cruenta lucha por la existencia,
el Hombre fué conquistando paulatinamente su dominio, después de
una continuada sucesión de miles de siglos, debido á su superior
inteligencia y á su suma habilidad para utilizar y subordinar á
sus necesidades los medios que compensaron sus fuerzas físicas
relativamente débiles.

Hoy día, el Hombre es dueño de toda la Tierra. Aunque su adelanto
intelectual ha llegado, según parece, á su punto culminante, no es
todavía el _sumun_ de lo que puede alcanzar porque le quedan aún
conquistas por hacer que sobrepasarán todo lo que ha obtenido hasta
ahora.

En una palabra, entre el Hombre primitivo y el de la actual generación,
hay una inconmensurable distancia.

                          [Ilustración: FIN]



                          NOTAS SUPLEMENTARIAS


Al referirnos á la riqueza mineral de América, debe agregarse al pié de
la página 180 de esta obra, los siguientes datos:

     En la representación que hizo, en 1731, D. Miguel de Zavala al
     rey Felipe V, consta, que desde el año 1492, que se descubrió el
     Continente de América, hasta el año 1708, se exportó á España,
     en oro y plata, más de cien mil novecientos noventa millones.
     Pero, como desde el referido año 1708 hasta el final de la época
     colonial á principios del siglo XIX, trascurrieron aún más de
     cien años, no es aventurado el calcular que España, durante su
     dominación en el Nuevo Mundo, sacó de este Continente, en oro y
     plata, la fabulosa cantidad de más ó menos dos mil doscientos
     quince millones de pesos.

     En 1557, según lo asevera el sabio limeño D. José Eusebio Llano
     Zapata, en la página 25 de los Preliminares de su obra _Memorias
     Histórico-Físicas Apologéticas de la América Meridional_ (impresa
     en Cádiz, en 1759), se halló en una mina, un arbolillo de casi una
     vara, todo él de plata virgen, y muy parecido al ciprés en sus
     ramas, hojas y raices. Esto hizo decir al Padre Pineda, «que sólo
     en el Perú se cría la plata en árboles,» lo que confirmó también
     Antonio de León Pinelo, que asentó: «La plata en minerales ricos
     es un arbol, y asímismo el oro.»

     En Huantajaya, mineral cerca de Arica, se sacó, en 1741, una pepa
     de plata pura, tan grande, que pesó treintitres quintales (nos
     parece demasiado exagerado este guarismo), según lo asevera el
     Dr. D. Ventura Traverso en su obra titulada _El suelo de Arequipa
     convertido en cielo_.

     En el siglo XVII se halló en una mina de oro situada á una legua
     de la ciudad de La Paz, en el Alto Perú, una gran pepita de oro,
     que fué comprada por el virrey Conde de Salvatierra, en once mil
     doscientos sesenta y nueve pesos, para remitirla al Gabinete de
     Historia Natural de Madrid, donde existe aún.

     Tan abundantes son las minas en sólo el Perú, que á fines del
     siglo XVII, se encontraban en él setecientas setenta de oro y
     plata en labor, y quinientas setentiocho propias á ser trabajadas,
     sin incluir los lavaderos de oro y las minas de azogue, entre
     las cuales se hacía notar la de Huancavelica por sus inmensos
     productos.

       *       *       *       *       *

Al pié de la página 185, corresponde la nota que insertamos en seguida:

     La primera vez que se empedró la calle de Mercaderes, una de las
     principales de la capital de Lima, con barras de plata, fué en la
     solemne fiesta de la inauguración de la Iglesia de Nuestra Señora
     de los Desamparados, el 2 de Febrero de 1671. El Padre Buendía, en
     su obra _Vida del Padre Castilla_, dice, en el capítulo X, lib.
     III: «Todo el sitio que el claro del arco dejó para tránsito de la
     soberana imagen, se empedró con más de mil barras de plata, que
     por su magnitud y ley importaron dos millones de pesos.»

     Un año después, en 1672, un historiador antiguo, al referirse
     á las suntuosísimas fiestas que se celebraron en Lima, con
     ocasión de la halagüeña noticia de la canonización de Santa
     Rosa, nacida y florecida en este privilegiado suelo, dice: «Esta
     noticia se recibió en Lima en la mañana del 31 de Enero de 1672,
     y las fiestas que se prepararon en esta capital con tan fausto
     acontecimiento, no se han visto en todo el Orbe. Basta decir, que
     entonces el pavimento de la calle de Mercaderes estaba cubierto
     de barras de plata, y otras se colgaron de costosas alhajas,
     calculándose el valor de toda la riqueza que en este día botó Lima
     á sus calles, en más de diez millones de pesos.»

     Y, sin embargo, apesar de tantas riquezas, y de las tantas que
     España sacó de América, pudiendo haber sido y ser la potencia más
     rica de Europa, es hoy una de las más pobres de ese Continente.
     ¡Destino inescrutable de las naciones!......

       *       *       *       *       *

En la página 276, antepenúltima línea, en que se hacé referencia á
los animales propios del Perú, que no se tiene noticia hubieran sido
encerrados en la Arca de Noé, corresponde la curiosa nota siguiente:

     Salvo que se haya realizado el cuento que refiere el _Diccionario
     Infernal_, de Mr. Collin de Plancy, quien en el tomo II, página
     195, artículo titulado «Maravillas,» dice textualmente: «Léese en
     el «Lexicon Talmúdico,» que como la Arca de Noé no podía contener
     sino un cierto número de animales, el patriarca no encerró en ella
     sino las principales especies, de las cuales todas las demás se
     han originado. Cuando se hubo secado la Tierra de las aguas del
     Diluvio, estas especies se multiplicaron del siguiente modo: salió
     el elefante; Noé le pegó con su varilla un golpecito en la trompa,
     y el animal estornudó y parió por la boca un cerdo; echóse éste á
     correr en seguida, y á revolcarse en el lodo; Noé le tocó con su
     varilla en el hocico, y estornudó un ratón; y así sucesivamente
     los demás.» Los pretendidos Talmudistas, en la colección de sus
     tradiciones rabínicas, se olvidaron en decir, que Noé, mediante su
     mágica varilla, hizo arrojar de la boca del león, tigre, leopardo
     y otros animales de esa especie, á la vicuña, llama, huanaco,
     vizcacha y demás animales originarios del Perú(!).



                             NOTAS FINALES


Hubiéramos deseado que la presente edición saliera más esmerada, es
decir, compuesta con tipos nuevos é impresa en papel fino; pero, hemos
tenido que ceñirnos á nuestros escasos recursos, y si pudimos dar cima
á nuestra tarea, ha sido, tan sólo, á costa de grandes sacrificios.

Cierto es, que la H. Cámara de Diputados, en la penúltima Legislatura
(de 1913), nos concedió, en su última sesión de clausura, un subsidio
para la impresión de la presente obra; pero, nos hemos adelantado en
publicarla, por el deseo de darla á luz cuanto antes, y porque si
hubiéramos esperado que nuestro expediente se tramitara y resolviera en
revisión en la H. Cámara de Senadores (lo que no ha acontecido hasta
hoy), habría pasado quizá mucho tiempo antes de poder proceder á la
impresión de ella, y consiguientemente, antes de que nos fuera posible
darla á la luz pública.

Empero, ya que no hemos podido aplicar el referido subsidio á
la impresión de esta obra, él nos servirá (si acaso llegamos á
percibirlo) para atender al gasto de imprenta de uno ó de los dos
trabajos que tenemos aún inéditos y que son todavía más voluminosos
que el presente, titulados, el uno, _Tribus índianas del Continente
hispano-Sud-americano, con la nómina y procedencia de ellas en cada
uno de los territorios en que actualmente está dividida la América
Meridional: idiomas, dialectos y costumbres de esas mismas tribus_;
y el otro, _Los Incunables Peruanos ó Historia de los primeros libros
impresos en Lima_; obligándonos, entonces, á darlas á luz con tipos
nuevos y papel satinado. Ojalá nos sea posible realizar este anhelo
respecto de ambas obras, pues con ello quedarán colmadas nuestras
aspiraciones.

       *       *       *       *       *

Réstanos por hacer una pequeña aclaración.

Nunca hemos presumido de literatos, ni de historiadores, ni menos
de científicos; prueba de ello es, que, siempre que ocasión hemos
tenido, hemos declarado con toda franqueza, que nuestros escritos
no son para que los lean los sabios, sino el vulgo, el pueblo: esta
misma declaración hacemos al principio de esta obra, sabedores de
que las personas ilustradas no necesitan que se les enseñe, sino los
ignorantes, los que carecen de letras y noticias. Hacemos nuevamente
esta confesión, impulsados por el testimonio de nuestra conciencia,
y para desvanecer el erróneo juicio que algún gratuito crítico ha
emitido de nuestros escritos (en la entrega I del tomo V de la _Revísta
Histórica_), juicio que podríamos refutar, punto por punto; pero nos
abstenemos de ello, por no entrar en una polémica desagradable que,
á la postre, no conduciría á nada práctico. Dejamos, por lo demás, á
nuestro exaltado Zoilo, en libertad para juzgar nuestros trabajos como
buenamente le parezca; pero teniendo por norte, repetimos, la sincera
declaración que queda hecha, y no olvidando esta oportuna remembranza:

«El sexto de los pecados capitales, es el gusano roedor que carcome el
corazón de algunos hombres.» Ya nuestro oficioso crítico, en su alta
inteligencia, comprenderá el sentido de esta metáfora.

Cuanto á nos, volvemos á repetir, que todos nuestros escritos tienden
especialmente á dar luz y conocimientos á los ignorantes, á la masa
del vulgo: para esta masa del vulgo, es que escribimos, y no para los
eruditos. Sépalo así nuestro talentoso émulo, que también es amigo
nuestro y á quien tampoco pretendemos ofender con estas líneas.

Por lo demás, las impugnaciones que nuestro censor hace de nuestros
estudios, no nos arredran, porque, como ya lo dijimos, asístenos la
conciencia de que al habernos dedicado modestamente á la tarea de
escribir algunas obritas, no ha sido con la pretensión de conseguir
fama de literatos, ni menos de científicos y sabios, sino que hemos
sido impulsados á ello, únicamente, por el justo deseo de ser útil,
en alguna manera, á la clase desintelectualizada, y, principalmente,
contribuír, con nuestro humilde contingente, á la ilustración de la
masa inculta de este país, en obsequio de la inmensa gratitud nuestra
por la hospitalidad que hemos recibido en el privilegiado suelo
del Perú. Y decimos esto, porque, apenas lo pisamos y comenzamos á
estudiarlo, nos cautivó de tal manera su interesante historia antigua,
que nos dedicamos á investigar sus hechos culminantes y memorables,
con el exclusivo propósito de difundirlos entre la masa del pueblo.
Al efecto, no solamente nos hemos limitado á arreglar calendarios y
vidas de los santos que florecieron en este bendecido suelo, sino
numerosas obras de distintos géneros, costeando todas ellas de nuestro
propio peculio; mientras que otros no han podido publicar nada sino
á expensas del Erario nacional. Creemos que este desprendimiento de
nuestra parte es bastante loable, ya que hemos sacrificado alguna suma,
no despreciable, tan solo en beneficio de la clase ignorante, que,
felizmente, ha correspondido á nuestros deseos, pues que de casi todos
nuestros estudios publicados, se han agotado las ediciones por entero.

El aprobar ó reprobar algún escrito es arbitrio del entendimiento de
cada uno, pues así como no hay ningún manjar que sea del gusto de todos
los paladares, asímismo no hay escrito alguno que sea del gusto de
todos los lectores. Ningún autor, por más erudito y esclarecido que
sea, puede lisonjearse que sus producciones han de agradar á todo el
mundo. Si las nuestras no son del gusto de nuestro crítico, no por
eso desesperamos, pues el consuelo nos queda de que detrás de él hay
millares de personas que con su demanda las aprueban y á su preparación
nos alientan.



                            ERRATAS NOTABLES


 -----+-----+-----------------------------+------------------------------
      |     |                             |
 PÁGS.|LÍNEA|           DICE              |             DÉDE DÉCIR
      |     |                             |
 -----+-----+-----------------------------+------------------------------
    5 |  12 |Floureus                     |Flourens
   12 |  29 |En Constadt                  |En Canstadt
   24 |  20 |Sierra de la Viudad          |Sierra de la Viuda
   35 |  4  |los Cartagines               |los Cartagineses
   62 |  17 |río Chagras                  |río Chagres
    » |  26 |en Venzuela                  |en Venezuela
   65 |  13 |(suprimir esta línea, que debe pasar á la pág. 56, entre
      |     |                    las líneas 15 y 16)
   75 |  12 |primeras emigraciones        |primeras inmigraciones
    » |  31 |las emigraciones             |las inmigraciones
   83 |  4  |del Colloa                   |del Collao
  104 |  8  |_Origenes Autuerpianæ_       |_Origenes Antuerpianæ_
   »  |  9  |Guillermo mo Portel          |Guillermo Postel
  114 |1^{a}|DES TOUTES LES PARTÍES       |DE TOUTES LES PARTIES
  121 |  19 |Letrone                      |Letronne
  124 |  14 |é hizo á todos               |é hizo perecer á todos
  126 |  15 |valle de Bogatá              |valle de Bogotá
  165 |  23 |en el año 711                |en el año 734
  200 |  30 |contra los fuertes colores   |contra los fuertes calóres
  204 |  6  |Arboles hitóricos vetustos   |Árboles históricos vetustos
  207 |  17 |plantas cuyas hoyas          |plantas cuyas hojas
  248 |  28 |(ver el final de la nota, que se trascribe al pié de
      |     |                 estas erratas).
  280 |  31 |semejantes á los de Tiahuanco|semejantes á los de Tiahuanaco
  285 |1^{a}|(en lugar del parágrafo II). |(debe ser parágrafo III).
  289 |  13 |sosteniendo, los dos últimos,|sostenidos, los dos últimos,
  320 |  31 |eitmología sería Titihuanacu |etimología sería Titihuanacu
  321 |  29 |grandes bloques andecíticos  |grandes bloques antecíticos
 -----+-----+-----------------------------+------------------------------

La nota de la página 248 aparece inconclusa: el final de ella ha debido
pasar al pié de la página siguiente, pero no sucedió tal cosa, por el
descuido del cajista. Esta nota termina así:

     y embellecimiento de algunos edificios, que, aún hoy, son la
     admiración de los modernos. Los Carios establecidos en las
     Cíclades y otras islas del Mediterráneo asiático, salían de allí
     para navegar en el Atlántico; siendo esa la razón que Diodoro
     de Sicilia tuvo para decir «que los Cartagineses siguieron las
     huellas de los Carios en los mares del Oeste.» Los Carios dejaron
     en la región ecuatorial de América, á más de su nombre, algunos
     signos arqueológicos; y, por último, una dinastía de su raza,
     que en otro tiempo imperó en el reino de Quito, uno de los tres
     distritos en que hoy está dividida la República del Ecuador.

Errores corregidos por el etext transcriptor:

 Pág. {11} Pilk-Down Common ==> Pilt-Down Common
 Pág. {12} (Prusia Reana) ==> (Prusia Renana)
 Pág. {15} subisistirá aún ==> subsistirá aún
 Pág. {16} Kinberley ==> Kimberley
 Pág. {19} ictyhosauro ==> icthyosauro
 Pág. {22} mammoutk ==> mammouth
 Pág. {22} Misssissipi ==> Mississipi
 Pág. {22} Pikee's Peak ==> Pike's Peak
 Pág. {22} Creeck de Naaman ==> Creek de Naaman
 Pág. {26} Mainas, Massachusset ==> Maine, Massachusetts
 Pág. {30} colecccionó ==> coleccionó
 Pág. {34 Nota} hacia el oste ==> hacia el oeste
 Pág. {41} apelllidado ==> apellidado
 Pág. {55} teritorios ==> territorios
 Pág. {58} territorrio ==> territorio
 Pág. {59} ni arquólogo ==> ni arqueólogo
 Pág. {59 Nota} tres grandes familas: ==> tres grandes familias:
 Pág. {64} archipliélago ==> archipiélago
 Pág. {69} Concausas de abatimiento ==> Con causas de abatimiento
 Pág. {75 Nota} playas americans ==> playas americanas
 Pág. {75 Nota} diyersos Continentes ==> diversos Continentes
 Pág. {79 Nota} Salmanzar ==> Salmanazar
 Pág. {81} Mayoas ==> Mayas
 Pág. {85} idolaería ==> idolatría
 Pág. {90} Japoneses y Correanos ==> Japoneses y Coreanos
 Pág. {96} que gogernó ==> que gobernó
 Pág. {110} del timpo de los Romanos ==> del tiempo de los Romanos
 Pág. {114} Des toutes les parties ==> De toutes les parties
 Pág. {131} anterior explendor ==> anterior esplendor
 Pág. {135} la autoridud de Aristóteles ==> la autoridad de Aristóteles
 Pág. {135} Cartagigeneses ==> Cartagineses
 Pág. {137} la persecucióu ==> la persecución
 Pág. {139} (Amsterdan, 1650) ==> (Amsterdam, 1650)
 Pág. {139} the aborigenes of America ==> the aborigines of America
 Pág. {143} la toma de Nívive ==> la toma de Nínive
 Pág. {143} Ben-Habad I ==> Ben-Abad I
 Pág. {149 Nota} los arqueólos y etnólogos ==> los arqueólogos y etnólogos
 Pág. {150} with the origen of ==> with the origin of
 Pág. {155} archivos de de aquella ==> archivos de aquella
 Pág. {157} más de cien anos antes ==> más de cien años antes
 Pág. {167} sido sostituidos ==> sido sustituidos
 Pág. {174 Nota} correspondiente á á la cumbre ==> correspondiente á
      la cumbre
 Pág. {176} los corpulentos paquidernos ==> los corpulentos paquidermos
 Pág. {185} mediamente duro ==> medianamente duro
 Pág. {203} madera corroosa ==> madera correosa
 Pág. {207} otros árbolos ==> otros árboles
 Pág. {238} congeturando ==> conjeturando
 Pág. {240} cabañas pasa su albergue ==> cabañas para su albergue
 Pág. {261} mithology, in connection with the origen ==> mythology, in
      connection with the origin
 Pág. {287} mithology, in connection with the origine ==> mythology, in
      connection with the origin
 Pág. {293} Mosopotamia ==> Mesopotamia
 Pág. {294} huyendo de la persecusión ==> huyendo de la persecución
 Pág. {300} aitiplanicie ==> altiplanicie
 Pág. {302} convulciones ==> convulsiones
 Pág. {304 Nota} las pesonas ==> las personas
 Pág. {313} las de los Collas ==> la de los Collas
 Pág. {320 Nota} eitmología sería ==> etimología sería
 Pág. {344} inmesos trozos ==> inmensos trozos
 Pág. {345 Nota} Mesaticéfalos entre 77 y 77·9 ==> Mesaticéfalos entre
      77·6 y 77·9 (se desprende del contexto)
 Pág. {348} alguas otras ==> algunas otras
 Pág. {350} sus costubres, ritos ==> sus costumbres, ritos
 Pág. {362} esclarceido que sea ==> esclarecido que sea
 Pág. {366} los Continennentes ==> los Continentes



                                 INDICE


                                                               PÁGINAS.
                                                               --------

 PREÁMBULO.--Origen del Hombre                                       1
   Origen del Hombre en el Continente Americano                     17

 PRELUSION.--Previsiones singulares de un Nuevo Mundo               29

 INTRODUCCIÓN.--                                                    45


                             PRIMERA PARTE

                    ORIGEN DE LOS INDIOS DE AMERICA

 Habitantes de América antes de la Conquista                        53

 Primeras inmigraciones á América:

     --Cartagineses

     --Hebreos

     --Ibéricos

     --Griegos

     --Fenicios

     --Egipcios

     --Troyanos

     --Chinos, Tártaros y Mongoles

     --Linaje de Ophir

     --Noruegos y Dinamarqueses

     --Frisios

     --Romanos

     --Escitas

     --Curlandeses

     --Etíopes

     --Francos

     --Ingleses é Irlandeses                                        77

 Opinión de Fr. Gregorio García y del P. Domenech,
   sobre el Origen de los Indios de América                        114

 Opinión de los historiadores antiguos, sobre la grande
   Isla Atlántida                                                  116

 El Diluvio Universal                                              123

 Guerras de exterminio del Antiguo Mundo, como una
   de las causas de las inmigraciones á América                    130

 Razas civilizadas que abordaron á América                         144

 Rutas por las que las emigraciones de los Continentes
   Antiguos llegaron á América                                     147

 Hechos fehacientes sobre las inmigraciones de los
   Romanos, Mongoles, Escandinavos y otros, á
   América                                                         152

 Mapas geográficos anteriores al descubrimiento de
   Colón                                                           164

 Nuestra opinión sobre el origen de los Indios de América:

     --1^{a} Autoctonia de los Americanos, y producciones de
         América en los tres reinos de la Naturaleza.

     --2^{a} Primeras inmigraciones á América en los tiempos
         de la Época Antediluviana.

     --3^{a} El Diluvio Universal.

     --4^{a} Inmigraciones postdiluvianas á América.

     --5^{a} Repoblación de América.

     --6^{a} Rutas por las que han podido venir á América las
         inmigraciones.

     --7^{a} Civilizaciones americanas.

     --8^{a} Similitud de los antiguos monumentos de América.

     --9^{a} Resumen de nuestra opinión sobre el origen de los
         Indios de América                                         169


                             SEGUNDA PARTE

                     ORIGEN Y CIVILIZACIONES DE LOS
                           INDIGENAS DEL PERU

 Habitantes del Perú antes de la Conquista                         269

 I.--Primitivos habitantes del Perú                                273

 II.--Invasiones postdiluvianas al Perú                            277

 III.--Continúa la materia antecedente                             285

 IV.--Continúa la materia antecedente                              291

 V.--Civilizaciones y dinastías antiguas del Perú                  295

 VI.--Ruinas de monumentos y ciudades preincáicas                  320

 VII.--Continúa la materia antecedente                             329

 VIII.--Continúa la materia antecedente                            336

 IX.--Escritura pictórica é ideográfica de los antiguos
   Peruanos                                                        340

 X.--Rutas por las que han podido venir las inmigraciones
   al Perú                                                         342

 XI.--Clasificación etnográfica de las razas peruanas              344

 XII--Otras consideraciones                                        346

 XIII.--Nuestra opinión sobre el origen de
   los indios del Perú                                             248

 Conclusión                                                        352

 Notas suplementarias                                              355

 Notas finales                                                     359

 Erratas notables                                                  363



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                           en casa del autor,
                    Calle de Polvos Azules No. 173.
                                Acabóse
                         el 25 de Diciembre de
                                 MCMXIV



                                 NOTAS:

[1] Un hecho curioso es el siguiente: últimamente los doctores Furness
y Witmer, de Filadelfia, han tratado de enseñar á dos monos orangutanes
que tienen, á razonar y á articular algunas palabras, mediante la
influencia que el contacto con los seres humanos produce en estos
animales: lo han logrado, consiguiendo que esos orangutanes pronuncien
con toda claridad palabras de dos sílabas, como v.g. _pápa_, _cópá_.,
etc., y tienen esperanza de enseñarles á hablar frases completas, á
medida que logren que su cerebro é inteligencia se perfeccionen.

[2] «La doctrine de l'Évolutíon.»

[3] «Condition primitive de l'Homme et origine de la civilisation.»

[4] «Condition intelectuelle de l'Homme dans les âges primitifs.»

[5] «Histoire primitive de l'Homme.»

[6] «Les questions anthropologiques de notre temps.»

[7] «Histoire naturelle de l'Homme.»

[8] «La création de l'Homme et les premiers âges de l'Humanité.»

[9] «L'Homme et les Singes.»

[10] El profesor T. A. Lucas, presidente de la Sociedad Biológica de
Washington, invitado por el Schmitsonian Institute, á dar su opinión
al respecto, expuso en un largo estudio efectuado después del examen
de los datos relativos á los esqueletos ú osamentos humanos exhumados
en el valle de Dussel (en Aurignac), en Spy (en Bélgica), y en Mauer
(cerca de Heildelberg), que el Hombre hallado en el condado de Norfolk,
probablemente es posterior á los de Neanderthal, y que sin duda
formaría parte de una emigración venida del Asia Central y transportada
al Norte de Europa y á Inglaterra, cuando las islas británicas eran
todavía una península y la ciudad de Tamise tributaria del Rhin. La
envoltura en capas de una edad anterior á la Edad Cuaternaria, agrega
este sabio, resulta simplemente efecto de un hundimiento cuyas ruinas
se amontonaron sobre el esqueleto en referencia.

[11] Sin contradecir lo opinado por los paleontólogos citados, creemos
que es imposible y hasta temerario fijar la época en que fué creado
el Universo: ni la ciencia ha podido conseguirlo, ni la Iglesia ha
determinado cuál de los diversos sistemas deba seguirse para precisar
esa época.

Hé aquí las fechas en que los cronologistas colocan la Creación del
Mundo, contando por años solares, antes de Jesucristo:

 Rabbi Nasón                          3740
 Rabbi Gersón                         3754
 Rabbi Levi                           3754
 Los Judíos modernos                  3761
 Benito Arias                         3849
 Santiago Gordón                      3880
 San Gerónimo                         3941
 Julián Carrión                       3944
 Escalígero                           3950
 Cornelio                             3951
 Hernán Beda                          3952
 Lansperg                             3958
 Juan Pic                             3959
 Gerardo Mercator                     3966
 El P. Petuvio                        3983
 El P. Petau                          3984
 Usserio                              3999
 Mario Antonio                        4000
 Usher y Ulsio, á quienes han
   seguido Bossuet, Rollín y
   otros, que es la más generalmente
   aceptada                           4004
 Guillermo Languis                    4040
 El P. Torniel                        4052
 El Abate Müller                      4053
 El P. Labbé                          4053
 Rabbi Moses                          4058
 Lorenzo Codoman                      4140
 Clintón                              4138
 Adán, Arzobispo de Viena             4632
 Caffiodoro                           4697
 El Texto de la «Biblia»              4700
 Rabbi Nahassa                        4740
 Los Benedictinos en su «Arte
   de verificar las fechas»           4639
 Metradoro                            5000
 San Epifanio                         5049
 Filón, el Judío                      5196
 Sigiberto                            5196
 Felipe de Bergamo                    5198
 Eusebio                              5200
 El «Martirologio Romano»             5200
 Raban                                5296
 Abumazar                             5328
 Isidro de Peluza                     5336
 Pedro Dalliaco                       5344
 Isidoro de Sevilla                   5344
 San Agustín                          5351
 Teófano                              5500
 Teófilo de Antioquía                 5515
 Isaac Vossio                         5590
 Clemente Alejandrino                 5624
 Riccioli                             5634
 Nicéforo de Constantinopla           5700
 Lactancio                            5801
 Según los Septantes                  5872
 Pezrón                               5872
 Suidas                               6000
 Onufro Pauvino                       6310
 Las «Tablas Alfonsinas»              6984

Como se vé, los cronologistas no están acordes sobre la duración del
Mundo desde la Creación hasta la venida de Jesucristo. No creemos,
tampoco, que ninguno de estos guarismos sea exacto en mayor ó menor
grado, tanto más que los paleontólogos opinan que la Creación del Mundo
data de millones de años.

[12] Mineral que se compone de 64 partes de circonio, 33 de sílice y 2
de óxido de hierro.

[13] Ultimamente se encontró en Wyoming (Estados Unidos de Norte
América), á poca profundidad del suelo, un diphococus de gigantescas
proporciones, que se calcula vivía hace más ó menos 8.000,000 de años:
mide 20 metros de largo, por 4 metros 50 centímetros de altura y debía
pesar, según cálculos, de 25 á 30 toneladas. Parece ser uno de los
mayores esqueletos conocidos.

[14] Igualmente en estos últimos tiempos, en 1912, se ha descubierto
en las canteras de Jensen, en Rock-Spring (también en Wyoming), el
esqueleto de un desmesurado dinosaurio que tenía 75 pies de largo.
El profesor Earl Douglas, que ha estado á cargo de las excavaciones,
declara que ese animal antediluviano es uno de los de mayor tamaño que
se ha encontrado hasta ahora, pues tiene cinco pies más, de largo, que
el diphococus encontrado anteriormente en ese mismo lugar.

[15] Se pretende que aún actualmente existen algunos raros ejemplares
de los animales mónstruos, tan comunes en las Edades Terciaria y
Cuaternaria, y se cita que, en los lagos y ríos del fondo de la
Patagonia, se encuentra un monstruo anfibio llamado generalmente
yemisch ó pterodáctilo, que es un sobreviviente de la casta del
milidonte: se calcula que tiene una longitud de 20 metros; camina en
tierra con la misma facilidad con que nada en el agua; es de hábitos
nocturnos y tan fuerte que se prende con sus garras de las mulas y
caballos y los arrastra al fondo de las aguas; es de cabeza corta,
con grandes colmillos y orejas en pabellón; pies cortos y aplastados
(plantigrados) con tres dedos en los anteriores y cuatro en los
posteriores, unidos por una membrana rotatoria, á la vez que armados
de formidables garras; la cola es larga y depresiva; el cuerpo está
cubierto con pelo corto, duro y rígido, de color bayo uniforme. También
se supone que en las lagunas y ríos de la América Meridional existen
otros animales de corpulencia extraordinaria, entre ellos el yaguaró,
que también es anfibio y arrastra igualmente, al fondo del agua, á las
mulas y caballos que vadean los ríos.

[16] Últimamente, en el mes de Noviembre de 1906, un tal Robert S.
Gilder, encontró de un modo casual, en las montañas de Indiana, un
gigantesco esqueleto, que sometió al estudio del naturalista Dr. Henry
Osborn, profesor de la Universidad de Columbia, el que, en unión de
otros sabios ha declarado que dicho esqueleto pertenece á uno de los
moradores de esa tierra, hace más de 200,000 años, ó sea de los tiempos
en que la América era poblada por raza de gigantes, antes de la Edad
Glacial. Este hallazgo impulsó á estos sabios á practicar nuevas
excavaciones en ese mismo lugar, encontrando también el esqueleto de un
búfalo tan antiguo como el gigante, y que es dos veces más alto que el
búfalo que existe hoy en ese país. Ambos esqueletos, según opinión de
dichos sabios, son considerados como los más antiguos encontrados hasta
la fecha, pues los otros que se han hallado anteriormente han sido
declarados no tener más de 150,000 años.

[17] Época en que el hombre principió á fabricar instrumentos de
piedra, tallándolos toscamente, mediante la percusión, pero no
pulimentándolos.

[18] Época en que el Hombre principió á pulimentar los instrumentos de
piedra que fabricaba. Es el período de la piedra pulida, que termina
la Edad de Piedra y alcanza hasta la Edad de Bronce. La Edad de Piedra
coincide con el estado social del Hombre, ya muy diferente; el perro
se halla á su lado, haciéndose pastor; está acompañado de varios
herbívoros y se dedica á la agricultura. Es el principio de una nueva
Era que se acrecienta más y más, para señalarse con más precisión en la
Edad de los Metales.

Las épocas Terciaria y Cuaternaria son también períodos en que las
tierras y las aguas estaban distribuídas de una manera muy distinta de
la actual y en que prevalecía un clima diferente.

[19] Diodoro de Sicilia describe así el origen de la Humanidad: «Los
primeros hombres, en su ignorancia de las cosas útiles á la vida,
llevaban una existencia miserable; estaban desnudos, sin abrigo,
sin fuego y sin tener idea alguna de alimentación conveniente. No
se preocupaban de coger los frutos silvestres y hacer de ellos una
provisión para la mala estación. Pero, después, la experiencia los
indujo á refugiarse en las cavernas durante el invierno y á almacenar
los frutos que podían conservarse. En todas partes la necesidad ha sido
el maestro del Hombre.»

[20] «Reflexiones antropológicas relativas al Hombre universal, al
americano y al peruano,» publicado en el tomo XXV de los «Anales de la
Universidad de San Marcos de Lima,» págs. 339 á 432, correspondiente al
año de 1897.

[21] Este trabajo del Sr. Engling ha sido presentado al Congreso
Internacional de Americanistas tenido en Luxemburgo, en 1877,
haciéndose referencia á él en el tomo II de los «Anales» de dicho
Congreso, en las págs. 341 y 342.

[22] Estrabón, célebre geógrafo griego, que nació en Capadocia, 50 años
antes de J. C., viajó por Asia, Egipto, Grecia é Italia, y murió en
Roma, á fines del reinado del emperador Tiberio.

[23] Platón, ilustre filósofo griego, que nació en Eguia, 430 años
antes de J. C., fundó en Atenas, en 388, una célebre escuela ó academia
que ha llevado su nombre, en la que enseñó durante veinte años y de
la que salieron multitud de discípulos, culminando unos en filosofía
y otros en elocuencia, entre ellos Aristóteles, Demóstenes, Licurgo,
Spensipo, Xenócrates, Isócrates, Hipérides y otros. La filosofía de
Platón resume toda la sabiduría antigua de los griegos y abraza y
armoniza los sistemas opuestos de Heráclito, Parménides, Pitágoras y
Sócrates: comprende todos los ramos del saber, como la Psicología, la
Lógica, la Metafísica, la Teología, la Moral, la Política y la Estética.

[24] Aristóteles, célebre filósofo griego, que nació en Estajira,
384 años antes de J. C., fué preceptor de Alejandro el Grande, quien
favoreció con todo su poder, sus investigaciones. Gran observador,
génio analítico, talento universal, Aristóteles organizó el sistema
entero de los conocimientos humanos. La Lógica, la Psicología, la
Retórica y la Poética recibieron de él, por primera vez, forma
científica; la Fisiología y la Zoología son creaciones suyas;
fundador de la Filosofía experimental y del Silogismo, por su método
y clasificaciones, facilitó el molde en que se ha vaciado, hasta
los tiempos modernos, todo el sistema filosófico y científico de la
Humanidad.

[25] Eratóstenes, nacido en Cirene, ciudad de la Africa septentrional y
que vivió 270 años antes de J. C., según unos, ó 190 de la misma era,
según otros, fué un notable filósofo, geómetro astrónomo, geógrafo,
gramático y poeta, que desempeñó el cargo de bibliotecario en la
famosa Biblioteca de Alejandría en tiempo de Ptolomeo-Evergetes: fué
el primero que encontró el medio de medir un grado del meridiano y
determinar la dimensión de la Tierra; resolvió la oblicuidad de la
elíptica; inventó la esfera armilar y construyó el primer observatorio;
dejó un mapa general que fué durante mucho tiempo después la única
base de la Geografía; dió al arco del meridiano comprendido entre dos
trópicos, 47 grados 42 minutos, medida que veinte siglos después fué
confirmada por la Academia de Ciencias de París, que encontró en ese
mismo arco, 47 grados 40 minutos, ó sea sólo 2 minutos menos que lo
calculado por Eratóstenes.

[26] Hiparco, astrónomo y matemático griego, que nació en Nicea, 150
años antes de J. C., fué uno de los más ilustres maestros de la escuela
de Alejandría: inventó la Trigonometría, calculó la duración del año
trópico, construyó los primeros estrolabios, publicó una teoría de los
movimientos de la luna y determinó la paraleja de este astro, tratando
de deducir por ella la del sol; se le debe también un catálogo de
estrellas, y, sobre todo, el gran descubrimiento de la precisión de los
equinoccios.

[27] Ptolomeo, astrónomo, geógrafo y matemático griego ó egipcio, que
floreció en Alejandría por los años 125 de la era de Cristo, dió su
nombre al sistema astronómico que supone la Tierra inmóvil en el centro
del Universo; su importante «Geografía,» en ocho libros, era mirada por
los sabios como una obra múltiple, que reunía la suma de conocimientos
geográficos que se han tenido hasta el siglo xv. Fué autor, también, de
muchos libros de astrología judiciaria, entre otros, de una «Hipótesis
y épocas de los planetas» y del «Tetrabiblo ó Quadripartitum.»

[28] Herodoto, célebre historiador griego, llamado el «Padre de la
Historia,» nació en Halicarnaso de la Caria, el año 484 de la era
cristiana. Hizo largos viajes por Europa, Asia y Africa, estudiando en
todas partes, con un cuidado escrupuloso, la historia, tradiciones,
leyes, costumbres y conocimiento de los pueblos que visitaba. De vuelta
de sus numerosos viajes, se radicó en Atenas, en cuya ciudad escribió
sus «Historias,» que le merecieron de los atenienses un premio de 10
talentos áticos, ó sea, el equivalente de más de 600,000 reales de la
moneda española.

[29] Theopompo, orador é historiador, nació en Chio, isla de la costa
oeste del Asia Menor, en el año 378 antes de la era de Cristo; fué
discípulo de Isócrates. Desterrado de su patria, recorrió las ciudades
de Grecia, haciéndose notar por su elocuencia. Volvió á su país cuando
Alejandro amnistió á los desterrados; pero á la muerte de aquel pasó
á Egipto, donde vivió en el más completo retiro. Es autor de una
«Historia de Grecia» en 12 libros, que alcanza hasta la batalla de
Leuctra; escribió también una «Historia de Filipo de Macedonia» en 58
libros, y una «Diatriba contra Platón.»

[30] Diodoro de Sicilia fué un historiador griego, contemporáneo de
César. Después de viajar por Asia, Africa y por varias partes de
Europa, se radicó en Roma, donde escribió una «Historia Universal,»
dividida en 40 libros, empezando en los tiempos fabulosos y terminando
el año 60, antes de J. C., obra de la que sólo nos quedan 15 libros
enteros y fragmentos de otros.

[31] Nombre que los antiguos geógrafos é historiadores han dado á las
dos montañas Calpe y Abyla, que forman el famoso estrecho de Cádiz ó
Gibraltar; la una, del lado de Europa, en Andalucía; y la otra, del
lado de Africa, en Tanger de Berbería.

[32] Publio Virgilio Marón, joven aún, ávido de conocimientos,
abrazó todo género de estudios, letras latinas y griegas, historia
y mitología, matemáticas y astronomía. Poeta inspirado, principió
escribiendo composiciones ligeras, como: «Culex,» «Ciris,» «Copa,»
«Moretum,» «Hortelus,» «Catalecta» y «Prispeia.» Después se dedicó á
trabajos más serios y de mayor aliento: sus diez eglogas tituladas
«Bucólicas,» tienen elegancia en la forma y son de exquisita pureza
de estilo; su poema didáctico «Georgicas,» es rico y brillante en
descripciones, y su gran poema «La Eneida,» que cuenta las aventuras
de Eneas huyendo de las ruinas de Troya, es una obra maestra que ha
sido el manantial más fecundo de las creaciones poéticas, y además
magnífica, sublime por lo patética, incomparable por su estilo y
admirable como poesía. Virgilio nació en Andes (Piétola) cerca de
Mantua, el año 70 antes de J. C., y falleció en Brindis en el año 19,
antes de J. C., á la edad de 51 años.

[33] Esta relación fué traducida al griego por Gelenius, bajo el
título de «Periplo de Hannón,» é impresa por primera vez en Basilea,
en 1533. Gesner la tradujo al latín y la publicó en 1559. Enrique
Becker la reprodujo en 1661, al griego y latín. Esteban de Brisancio
la reimprimió en esos mismos idiomas, en Leyde, en 1674. Últimamente
fué vertida al francés, primero por Gosselin, que la insertó en sus
«Investigaciones acerca de los conocimientos de los antiguos á lo largo
de las costas de Africa,» y después por Mr. de Chateaubriand, que la
incluyó en su «Ensayo sobre las revoluciones.» También fué traducida al
alemán por Loewenberg, que la insertó en su «Historia de los Viajes de
exploración.»

El itinerario de la expedición de Hannón es el siguiente: Saliendo
de Gades (Cádiz) alzó velas en dirección del sur, y después de dos
días de viaje abordó al cabo Mollabut para echar las fundaciones de
la ciudad que más tarde se denominó Tanger; continuando la excursión
hacia el oeste, encontró un promontorio llamado cabo Espartel, donde
elevó un altar á Neptuno; de allí navegó día y medio, haciendo
estadía en la bahía de San Gerónimo para fundar ahí otra ciudad; se
hizo nuevamente al mar, hasta pasar por la embocadura del río Luco;
en seguida encontró un golfo en el que se hallaba una isla, la que
denominó Fedal, estableciendo en ella una colonia; continuando su
derrotero, pasó por la embocadura de un gran río llamado Cheretis;
llegó en seguida á un extenso estanque, en el que habían tres islas
mayores que la de Fedal, habitadas por hombres vestidos de pieles de
animales, los que lo atacaron con piedras; pasó luego la embocadura
de otro río en el que habían muchos cocodriles é hipopótamos; regresó
á la isla Fedal para continuar su navegación al sur, á lo largo de la
costa, en cuyo trayecto de doce días, los habitantes de esas comarcas
huyeron á su aparición; bogó otros cinco días al rededor del gran
golfo de Santacruz; continuando su camino llegó á otro golfo llamado
Cuerno del Poniente, descendiendo á una isla de dicho golfo, cuyos ríos
de fuego se precipitaban en el Océano y cuya tierra estaba embrazada
con relámpagos y rayos retumbantes que turbaban la vista, y en la que
los naturales del país vivían en cuevas para abrigarse del intenso
calor, saliendo tan sólo de noche con antorchas; abandonó estos parajes
inhospitalarios, y después de cuatro dias de navegación, en los que
distinguió un altísimo cerro llamado Carro de los Dioses, llegó á otro
cabo llamado Cuerno del Mediodía, donde el río Bamboto ó Nun formaba
una entrada y donde se hallaba una isla habitada por unos gorilas que
se defendieron de sus asaltantes á pedradas, logrando tomar á tres de
estos animales, los que mataron llevando sus pieles á Cartago, para
colocarlas en el templo de Juno. Después de tantas peripecias, faltando
á Hannón provisiones, tuvo que regresar á Cartago.

[34] Lucio Anneo Séneca, célebre filósofo, nació en Córdoba hacia el
año 13 de la era crístiana. Fué maestro de retórica y poética en Roma,
y preceptor del tirano Nerón, quien con las instrucciones de su maestro
se distinguió como un modelo de monarca durante los cinco primeros
años de su reinado; pero después se entregó á crímenes abominables,
que han hecho de él la vergüenza del género humano; Séneca lo censuró
continuamente, atrayéndose el odio de su antiguo discípulo, al extremo
de que éste le condenó á muerte, concediéndole tan sólo la gracia de
escoger él mismo la manera como debía morir. La muerte que Séneca
escogió fué la de picarse las venas; durante sus últimos instantes de
vida se entretuvo con sus amigos que le rodeaban y lloraban su trágico
fin, tratando de consolar á unos con su dulzura, y á otros con su
severidad. Molestado por la tardanza de su muerte, suplicó á su médico
y antiguo amigo, Estacio Anneo, de suministrarle un veneno, lo que éste
no halló oportuno, pues agotada la sangre de sus venas y sus miembros
ya helados, el veneno no produciría ningún efecto, siendo necesario
ahogarle con el vapor de un baño de agua caliente, para abreviar así
su fin. Su mujer, Paulina, se hizo á la vez picar las venas para morir
junto con su esposo. ¡Abnegado y sublime sacrificio de amor conyugal!
Murió Séneca, junto con su mujer, en el año 65 de la era actual, en el
duodécimo del reinado del pérfido y bárbaro Nerón, á los 52 años de
edad.

[35] Traducción del P. José de Acosta en su «Historia Natural de
las Indias,» lib. I, cap. II, impresa en Colonia, en 1596.--Otra
traducción, en octava, de autor desconocido es:

      Otros siglos vendrán; de nuevos lares
    Los nautas partirán, y ante su paso
    Hundiránse en los límites de Ocaso
    Las últimas barreras de los mares
    Y más lejano que el Thule lejano,
    De la niebla de Ocaso en lo profundo,
    Un nuevo, vasto, esplendoroso Mundo
    Del fondo surgirá del Océano.

[36] Tiflis fué el piloto de los Argonautas, que en número de cincuenta
eran todos hijos de reyes: todas las familias reales de la Grecia
tuvieron parte en la expedición de los Argonautas, y su título de
origen y de gloria les viene de la primera nave construida por Minerva.

[37] Thule era una isla de la Islandia, que los antiguos consideraron
como el límite del Mundo.

[38] Rogerio Bacón, fué uno de los sabios más ilustres de su tiempo.
Él ha sido, se puede decir, el precursor de la aviación, cuestión que
tanto preocupa hoy la atención del mundo, pues profetizó la navegación
aerea con motor. Escribió, al respecto, en una de sus numerosas obras
las siguientes líneas: «Se fabricarán instrumentos para volar, por
medio de los cuales el hombre, sentado ó suspendido del centro, hará
mover algún resorte ó manivela, para producir la agitación en las alas
artificiales, como las aves.» El proyecto de máquina voladora que ideó,
mediante sus especiales conocimientos de física y química, es hoy
tenido como base del aparato que construyó otro inventor, Blanchard,
cuyas experiencias se verificaron en 1782. Rogerio Bacón presentía
juiciosamente que el piloto debía volar sentado, para actuar sobre el
mecanismo, motor de las alas; su resorte se ha convertido en motor á
vapor, gasolina, eléctrico, etc.

[39] El célebre domínico Alberto el Grande, vulgarizador incansable
de las doctrinas aristotélicas, que estudió con igual lucidez la
filosofía, la física, la metafísica y todas las lenguas y dialectos de
su época, ha dejado, en sus obras, principios que hoy se aceptan como
base de la aerostación.

[40] Juan Clopinel, poeta francés, que nació en 1279 ó 1280, cerca
de Orleans, en el pequeño pueblo de Meung-Sur-Loire, de padres ricos
y considerados, adquirió bastante celebridad á fines del siglo
XIII. El poema «Roman de la Rose» obtuvo en aquel tiempo un éxito
extraordinario, y posteriormente, descubierta la Imprenta, se hizo de
él muchas ediciones: esta obra fué empezada por Guillermo de Lorris,
y continuada, á instancias del rey de Francia, Felipe el Hermoso,
por Juan Clopinel, que suprimió los ochentidos últimos versos del
desenlace, para dar á esta producción un plan mucho más vasto, pues
le agregó unos dieziocho mil versos. Este poema fué el primer libro
que en Francia excitó un entusiasmo extraordinario durante más de
doscientos años, ó sea, hasta el siglo XVI, siendo su reputación
tal, que hasta hoy perdura, por ser considerado como uno de los
monumentos más importantes y más antiguos de la literatura francesa:
le mereció á Juan Clopinel de Meung el justo título de «padre é
inventor de la elocuencia.» Esteban Pasquier iguala su autor al Dante,
y Lenglet-Dufresnoy no trepidó en compararlo con Homero. El héroe del
poema es Falso Semblante, símbolo de la Hipocresía y abuelo de Tartufo,
y los demás personajes de la obra son Peligro, Felonía, Bajeza, Odio
y Avaricia; su asunto se desarrolla en los siglos XIII y XIV (1226 á
1314), con su ciencia, su corrupción, sus prácticas supersticiosas y
sus prejuzgadas preocupaciones.

Juan Clopinel murió hacia 1318, á la temprana edad de 38 años. Es autor
de un «Testamento» y «Lettres d'Éloïse et Abélard,» y de una traducción
de «Boecio.» Méon, en 1814, ha dado una buena edición del poema «Román
de la Rose,» en cuatro tomos en 8^{o}, impresa en París.

[41] Los autores españoles que han escrito extensamente sobre la
materia á que nos contraemos, son: el domínico Fr. Gregorio García
y el Oidor de la Real Audiencia de Lima Dr. D. Diego Andrés Rocha.
El primero tituló su obra «Origen de los Indios del Nuevo Mundo é
Indias Occidentales, averiguado en discursos de opiniones,» impresa
en Valencia, en 1607. La obra del segundo se intitula «Tratado único
y singular del origen de los Indios Occidentales del Perú, México,
Santafé y Chile,» impresa en Lima, en 1681. Ambas obras, á nuestro
humilde juicio, no llenan del todo el objeto que se propusieron sus
autores. La del P. García está escrita en estilo antiguo y es un
hacinamiento de apreciaciones confusas y sin hilación alguna. El Dr.
Rocha se empeña en probar que los indios americanos descienden de
la raza ibérica del tiempo de Osiris, Tubal, Hespero y otros reyes,
cuyos súbditos, dice, fueron los primeros habitantes del Continente
americano. Cerca de dos y media centurias han trascurrido hasta la
fecha, en cuyo lapso de tiempo algunos escritores se han ocupado
incidentalmente de este tópico; pero ninguno lo ha hecho con extensión:
por eso nos hemos decidido á emprender esa árdua tarea, bajo un plan
muy distinto de aquel que siguieron el P. García y el Dr. Rocha, como
podrán observar los lectores.

[42] El Dr. Morse divide estos indianos en tres grandes familias: 1^{a}
la del Este del Mississipí, que contaba con 120,625 individuos; 2^{a}
la que vivía entre el Mississipí y las Montañas Rocallosas, y que se
componía de 179,592; y la 3^{a} la del Oeste de las Montañas Rocallosas,
que ascendían á 171,200; formando un total de 471,417 indigenas.

[43] El nombre de _América_ dado al Continente descubierto por Colón,
trae, se dice, su origen del navegante florentino de aquella época,
Amérigo ó Américo Vespucio, que entonces se encontraba al servicio de
España, como proveedor de los buques destinados al descubrimiento de
nuevas tierras en el Nuevo Mundo. Vespucio no pudo resistir al deseo de
participar de los peligros y glorias del célebre genovés, y, al efecto,
solicitó acompañar á Alonso Ojeda en una expedición, en calidad de
piloto y cosmógrafo; expedición que, compuesta de cuatro naves, se dió
á la vela, en 1494. De regreso á España, Américo publicó algunas cartas
marítimas á las que puso al pie su nombre, como autor de ellas; razón
por la cual esas cartas fueron llamadas _Américas_ por los pilotos
de ese tiempo; y extendiéndose este calificativo al Continente á que
se referían, lo denominaron _América_, costumbre que ha autorizado
el tiempo, privando así de esta gloria á Colón, que es el único
merecedor de haber dado su nombre al Continente descubierto por él. Por
este hecho se infiere que Vespucio arrebató á Colón la gloria de su
descubrimiento, suplantando el nombre de este célebre navegante con el
suyo. Y resulta tanto más injusta y temeraria esta usurpación, si se
considera que Colón, para lograr la realización de sus proyectos, tuvo
que combatir las preocupaciones de sus contemporáneos y sostener sus
teorías contra los rechazos de varios monarcas. Su país natal, Génova,
le trató de visionario; Enrique VII, rey de Inglaterra, no dió oídos
á su solicitud; Juan II, rey de Portugal, desechó sus proposiciones;
Carlos VIII, rey de Francia, no prestó atención á sus proyectos; el
emperador Maximiliano, de Alemania, rechazó también sus pretensiones:
sólo le quedó á Colón la esperanza de ser acogido en España, por los
reyes Fernando é Isabel. En efecto, después de ocho meses de esperas,
se resolvió, al fin, armarle á Colón una expedición, en 1492, la que
salió del puerto de Palos, en tres pequeñas carabelas.

Empero, otros historiadores pretenden que el nombre de _América_ no se
deriva de el del piloto y cosmógrafo florentino Vespucio, cuyo nombre y
apelativo verdaderos son Albérico Vespuzio, según está comprobado por
infinidad de documentos italianos y españoles auténticos. Las mismas
cartas marítimas publicadas en España por Vespuzio, relativas á sus
dos primeros viajes, llevan su propio nombre de Albérico, y solamente
la carta de su tercer viaje, la que levantó precisamente al pie de
la montaña denominada AMÉRRIQUA, es la única que firmó «Américus.»
En 1507, Martín Waldzeemüller publicó en Saint-Dié un libro titulado
«Cosmographiæ introductio,» en el cual propone para el nuevo Continente
el nombre de AMÉRRIQUA, basándose en que, cuando en 1499 Alonso de
Ojeda descubrió lo que hoy se conoce con el nombre de Centro América,
los indios de la costa de Cumaná designaban el Continente entero con la
palabra AMÉRRIQUA. Además, en un mapa náutico publicado en Lyon en 1522
por Ptolomée, titulado «Orbystypus universallis juxta hydrographorum
tradictionem exactissime depicta,» el autor dice que AMÉRRIQUA es lo
que comprendía todo el territorio del Continente del Sud, y que la
parte que hoy es conocida por el Brasil se llamaba entonces Terra
Sancta Crucis, abarcando todo el Continente Sud. La denominación propia
de AMÉRRIQUA, agrega el autor, que posteriormente se alteró en Améric
ó América, se deriva de la Cordillera de los Andes y, en especial, de
todas las montañas que en Nicaragua existen entre Juijalpa y Libertad,
cerca de la costa de Mosquitos. Según opinión de varios otros autores,
entre éllos el antiguo y notable geógrafo Schoner, en 1515 ya era
conocido el nombre de AMÉRRIQUA en Europa. «Por consiguiente, parece
probado,--dice éste--que en vez de ser Albérico Vespuzio el que dió su
nombre á América, fuese él el que haya tomado este nombre modificando
así el suyo gloriosamente, con el propósito de arrebatar á Colón la
justa é incuestionable gloria de su descubrimiento.»

Apesar de lo asentado por algunos autores, el sabio brasileño F. A. de
Varnhagen, pretenden reivindicar la gloria del florentino Vespuzio,
apoyándose en la opinión que el mismo Martín Waldzeemüller (bajo el
seudónimo «Hylacomylus») emite en su ya citado libro, cap. IX, foja
15, verso, y, apesar de haber indicado anteriormente que el Nuevo
Continente debe llamarse AMÉRRIQUA, «no hay motivo, dice, para no
dar á la cuarta parte nueva, el nombre de _América_, de aquel de su
_inventor_ Amérigo Vespucci, cuando la Europa y la Asia han recibido
sus nombres de dos mujeres.» [«& alia quarta pars per Americum
Vesputium (vt in sequentibus audietur) inuenta est--quam non video cur
quis iure vetet ab Americo inuentore sagacis ingenii viro Amerigen
quasi Americi terram, siue Americam dicendam: cum & Europa & Asia a
mulieribus sua sortita sint nomina.»]

Finalmente, el historiador italiano Sr. Campagnoni, que ha escrito y
publicado, en Milán, una extensa «Historia de América» en veintinueve
volúmenes, dice que: «El Brasil fué denominado, en su origen,
_América_, en honor de Vespucio, que fué su descubridor, denominación
que, más tarde, se extendió á todo el Continente del Nuevo Mundo.
Algunos historiadores califican de poco noble la conducta de Américo
Vespucio al dar su nombre al Continente; pero, en vindicación del buen
propósito del florentino, cabe hacer una rectificación. Sabido es, que
cincuenta años después del descubrimiento de este Hemisferio, en casi
todos los mapas publicados en Europa figuraba el Nuevo Mundo como si
fuese un grupo de islas, siendo pocas las porciones exploradas hasta
entonces: á esta porción de islas pintadas en los mapas, pertenecían
la Florida, Cuba, la Española, Venezuela y el Brasil, con el nombre
de _América_. Como, sucesivamente, se tuvo conocimiento que este
Continente se extendía, sin interrupción, hacia el Sur de esta región
llamada _América_, los mapas posteriores fueron aumentando en tamaño, y
de ahí que, al tiempo de estar bien conocida la real existencia de ese
Continente, dichos mapas siguieron conservando el nombre de _América_,
que habían adquirido accidentalmente. Todo aquello aconteció sin que
Vespucio tuviese parte alguna y sin la menor intención de arrebatar á
Colón su justo título de descubridor. Aún más, se asevera que Vespucio
mantuvo siempre relaciones cordiales é íntimas con Colón, y que muy
distante estuvo de contribuir á causar semejante daño á su amigo. Por
consiguiente, es un acto de justicia el tener presentes estos hechos,
para no poner en duda la integridad de Vespucio.»

Como curiosidad histórica, un periódico español de Huelva, dió
últimamente la noticia interesante de lo que costó á España el
descubrimiento de América:

«Se acaba de descubrir en Palos (Huelva)--dice este periódico--los
libros de contabilidad del armador Pinzon, quien, como es sabido,
suministró á Cristóbal Colón los medios materiales que pedía el
navegante genovés para su empresa.

«En sus cuentas se encuentran inscritos, hasta en sus menores detalles,
todos los gastos ocasionados en el descubrimiento de América.

«Cristóbal Colón, jefe de la expedición, figuraba con el sueldo de
6,400 reales al año; sus segundos, tenían cada uno 3,600 reales
anuales; y cada hombre de la tripulación, 50 reales.

«El aparejar la reducida flota, compuesta de tres carabelas, costó
50,000 reales.

«La alimentación costaba por cabeza 24 reales mensuales.

«La indemnización de viaje, para los jefes y tripulación, fué pagada
por Colón mismo, á quien, para el efecto, se le dieron 80,000 reales.

«En todo, el descubrimiento de América costó 144,000 reales,
equivalentes á 18,000 pesos.»

[44] La doctrina de la condición inferior y servil de los indígenas
americanos, llegó á generalizarse tanto y á ser tan aceptada, que el
Papa Paulo III se creyó obligado á condenarla, como lo hizo por un
Breve expedido en Roma, á 10 de Junio de 1537, en el cual decidió:
«Que es malicioso y procedido de codicia infernal y diabólica el
pretexto que se ha querido tomar para molestar y despojar á los indios
y hacerlos esclavos, diciendo que son como animales brutos é incapaces
de reducirse al gremio y la fe de la Iglesia católica; y que él, por
autoridad apostólica, después de haber sido bien informado, dice y
declara lo contrario, y manda que así los descubiertos, como los que en
adelante se descubrieran, sean tenidos por verdaderos hombres, capaces
de la fe y religión cristiana, y que por buenos y blandos medios sean
atraídos á ella, sin que se les haga molestias, ni vejaciones, ni sean
puestos en servidumbre, ni privados del libre y lícito uso de sus
bienes y haciendas, con pena de excomunión _latæ sententiæ, ipso facto
incurrenda_ (y reservada la absolución á la Santa Sede Apostólica) á
los que lo contrario hicieren, y que esa aún no se les puede dar ni en
el artículo de muerte, y procediendo bastante satisfacción.»

Sin embargo, á pesar de que este Breve declara á los indios iguales á
los demás hombres, y á pesar de que las leyes de España los declaraban
iguales á los demás súbditos de la Corona, es lo cierto que en los
períodos de la conquista, del coloniaje y aún de la independencia,
esos indios siempre han sido considerados verdaderos esclavos de los
conquistadores, de los encomenderos, y aún de los gamonales de la
presente época, que los han tenido y tienen en la condición de siervos.
Durante la época colonial, siempre han sido considerados como esclavos,
no pudiendo contraer ninguna obligación que excediese de cinco pesos,
si no la firmaba un blanco, y era tanta la opresión que los indios
sufrían de los encomenderos, que muchos de ellos, exasperados de tantos
padecimientos, se extrangulaban para no caer en manos de los españoles
y verse reducidos á la esclavitud.

[45] Acatando la opinión del sabio filólogo Hervas y Panduro, de no
haber palabras de los idiomas europeos, asiáticos y africanos en las
lenguas americanas de los indios primitivos de América, tal hecho
prueba, evidentemente, que después de la confusión de las lenguas
en Babel, cada pueblo ó tribu tuvo que formar su lengua propia, no
teniendo para ello más maestro que la Naturaleza, la que se las dictó,
según las circunstancias propias del clima, de los animales, de las
flores y de los frutos de la localidad donde residía cada pueblo ó
tribu: todo lo que se movía estaba dotado de vida para el Hombre
primitivo; para él, todos los sonidos eran voces, ya fuera el bramido
de la fiera ó el ruído del viento y del agua. Después del trascurso
del tiempo, y con las emigraciones que de otros Continentes abordaron
sucesivamente á las playas americanas, las lenguas sufrieron notables
modificaciones, proviniendo de allí que, al cabo de millares de años,
esas mismas lenguas habían adoptado muchas voces de los pueblos ó
comarcas de esos diversos Continentes.

[46] Salmanazar reinó en Asiria cuarenta y un años, subiendo al trono
en 1981 de la Creación del Mundo, (según la cronología hebráica), ó
sea, 2054 años antes de la era cristiana: hizo tres expediciones á
Armenia, combatió á los reyes de Hamath y de Damasco, en Siria, é hizo
tributarios suyos al rey de Judá, Jehú, y á los príncipes de Caldea y
de Fenicia.

[47] En este texto hebreo se dice: "Salmanazar, rey de los Asirios,
sacó las diez tribus de Samaria y las repartió por la tierra de los
Medos." De allí, según autores antiguos, muchos de los miembros que las
formaban se unieron y fugaron pasando una tierra muy distante llamada
Arzaret ó Arfaret, situada al oriente de la Tartaria, junto al reino
de Annian, que tiene el estrecho de su mismo nombre. Pasando aquel
estrecho, llegaron al reino de Quivirá, ya en territorio de América,
diseminándose por México. Más tarde, los descendientes de estas diez
tribus israelitas pasaron, sucesivamente, por la América Central,
Panamá, y demás comarcas del Continente sud-americano, Genebrardo les
hace dar otra ruta, desde los desiertos de Tartaria hasta la isla de
Groenlandia.--Esdras fué un escriba ó doctor de la ley, entre los
Judíos, que obtuvo del rey de Persia, Artajerjes el Magnífico, el
permiso de llevarse de su país los Hebreos cautivos que no habían
seguido á Zorobabel: á su vuelta á Jerusalem, ofreció un sacrificio de
expiación, organizó el culto y arrojó de allí á las mujeres paganas con
quienes se habían casado los Judíos.

[48] Estos documentos consistían en algunos grandes vasos de tierra, de
una sola pieza, cerrados con tapas de la misma materia, vasijas en que
eran representados, en piedra, las figuras de los antiguos emperadores
de Tulteca y otras figuras supersticiosas.

[49] Carlos de Sigüenza y Góngora fué un afamado poeta y matemático
que nació en México, en 1645: abrazó la carrera eclesiástica y fué
catedrático en la Universidad de esa ciudad, durante veinte años.
Hombre muy docto, escribió varios tratados sobre los caracteres
geroglíficos de los antiguos monumentos índicos mexicanos. Sus demás
importantes escritos, en latín, se perdieron en el incendio que hubo
en la capital de México en 1692. Falleció este ilustre mexicano en esa
misma capital en 1700, á la temprana edad de 55 años.

[50] La moneda que posee dicho Cónsul es de cobre, del tamaño y grueso
de un peso español; tiene en el centro un agujero cuadrado y en ambas
caras ostenta geroglíficos indescifrables aún para los Chinos prácticos
en antigüedades.

[51] Según tradición de los antiguos Mexicanos, Quetzalcoatl, hombre
misterioso, fué legislador y civilizador de Anahuac; enseñó muchas
cosas, entre otras, el arte de fundir los metales; arregló las
intercalaciones del calendario; exitó á las tribus para que guardasen
la paz, y les enseñó á que ofrendasen á la divinidad las primicias de
las cosechas: cuando juzgó terminada su alta misión, se dirigió á la
embocadura del río Huassacoalco y desapareció.

[52] Según tradición de los Chibchas, Bochica, hombre misterioso, como
hijo enviado del Sol, fué un sabio legislador y bienhechor de los
Muiscas; era de raza diferente de la de los demás hombres indígenas,
pues era blanco y tenía barba larga: enseñó, también, muchas cosas
á sus pueblos, como las artes, el culto al Sol y la construcción de
templos y ciudades.

[53] Manco-Capác, fundador de la monarquía de los Incas, se tituló
hijo del Sol, y como tal, tomó gran ascendiente entre los Peruanos, á
quienes civilizó: es considerado entre los primeros legisladores del
Mundo.

[54] La Mongolia fué una parte del gran imperio fundado por
Genghis-Khan, hoy tributaria de la China. Genghis-Khan nació el año
1183, en la Mongolia, estensa región situada entre la Rusia asiática y
el Imperio Chino: fué hijo del jefe Pikoutaï, que comandaba á cuarenta
mil familias, y recibió el nombre de Timoudgyn, de un Khan que su
padre había vencido: su educación no fué tan descuidada, como se
podía suponer de un pueblo bárbaro, pues sus disposiciones guerreras
y su talento prematuro le permitieron, á la edad de 13 años, tomar
las riendas de la pequeña soberanía que la muerte de su padre dejó
vacante. Los jefes de las tribus de su dependencia se imaginaron que
les sería fácil despojarle de su autoridad, mediante una sublevación
que contra él llevaron á cabo; pero el joven Timoudgyn, al frente de
30,000 hombres los venció, en dos cruentos combates, reduciendo á los
unos á la esclavitud, y arrojando á los otros en setenta calderas
de agua hirviente, preludio de la mortandad con que Timoudgyn debía
ensangrentar el suelo de Asia. Después de este horroroso castigo todas
las tribus se sometieron á su yugo, proclamándole Genghis-Khan ó Gran
Khan, que significa rey de los reyes. Dueño de toda la Mongolia, hasta
la gran muralla de la China, franqueó ésta, atacando este antiguo
Imperio, que entonces se llamaba Cathay ó Khilaï: Cambalú (hoy Pekin)
fué tomada por asalto y saqueada por él, en 1205, haciéndose dueño
de todo el Imperio, inclusive del reino de Corea. Prosiguiendo sus
conquistas, logró, en el término de dieziocho años, sujetar á su poder
la mitad de la China, la mitad del Indostán, con toda la Persia, hasta
el Eufrates, las fronteras de la Rusia, Kazan, Astrakan y la Tartaria.
Después de tantas conquistas, Genghis-Khan murió en 1226, á la edad de
42 años y después de haber ejercido el poder durante 29 años, tranquilo
y sin remordimientos, no obstante haber ocasionado por sus armas y sus
crueldades la muerte de cerca de 6.000,000 de hombres. Antes de su
muerte, repartió sus dominios entre sus cuatro hijos, habidos en su
primera mujer, que fueron: Octaï, Gengis, Touli y Zagataï. Al primero,
cedió la Gran Mongolia; al segundo, el Turkestán, la Bactriana, el
reino de Astrakan y el país de Usbecks; al tercero, la Persia; y al
cuarto, la Transaxiana, el Kandahar, y la India Septentrional; logrando
cada uno de ellos ensanchar sus respectivos dominios con nuevas
conquistas posteriores. Los demás hijos que tuvo Genghis-Khan, en sus
500 concubinas, no obtuvieron parte alguna en su sucesión. Los Tártaros
salieron de sus desiertos hacia el año 1202, y habían conquistado la
mitad del hemisferio hacia 1236. He ahí toda su historia.

[55] Manco ó Mango es nombre mongol, según Ranking.

[56] No participamos de la opinión de Ranking, Humboldt, Tschudi y
Rivero y demás escritores que suponen que los legisladores Quetzalcolt,
Bochica y Manco-Capác, fueron extranjeros que llevaron la civilización
á los Aztecas, Muyscas y Peruanos; porque no es concebible que
extranjeros que no conocían los idiomas, las costumbres y el carácter
de los habitantes de los países que se proponían regenerar, pudieran
subyugar á esos pueblos.

[57] La sílaba _Phi_, en hebreo, se pronuncia _Pi_, y trasponiendo la
_R_ antes de la _O_, dice _Piro_: aquella _O_ final la convirtieron
en _U_, por ser más acomodada á su pronunciación, de donde resulta la
palabra _Peru_, substituida por la de _Ophir_. Otros autores, entre
ellos Onffroy de Torón, dan otras definiciones de la palabra _Ophir_,
y dicen que se escribe de dos maneras, _Apir_ y _Aypir_, según consta
en el cap. X, vers. 11 del lib. I de _Los Reyes_. En el cap. IX, vers.
28 del mismo libro se escribe _Aypira_, que, suponen, es el nombre mal
pronunciado del río Yapurá, uno de los afluentes del Amazonas ó sea
el Solimán ó Solimoes de los brasileños. El vocablo _Ophir_ ó _Apir_
en hebreo, agregan, pertenece al quechua, pues á los mineros de la
Cordillera de los Andes y de la parte superior del Amazonas se les
denomina Apir ó Apiri, y en algunos lugares Yapiri. Además, el río
Yapurá tiene su nacimiento en las montañas de Popayán (Colombia) y
tiene por uno de sus afluentes auríferos, el río Masai ó Masahi, nombre
derivado del hebreo _masar_ (río), al que se le agregó el vocablo
indígena _i_ (agua) de lo que resulta _agua rica_.

[58] Últimamente, en 1869, Onffroy de Torón publicó en la revista
geográfica «El Globo,» de Génova, un extenso y bien meditado trabajo
titulado «Antigüedades de la navegación por el Océano: Viajes de
los navíos de Salomón al Río de las Amazonas, Ophir, Tarsdchisch
y Parvaim.» Este trabajo fué traducido después al portugués, y la
Municipalidad de Manaos, capital de la provincia de Amazonas, lo
hizo imprimir en esa ciudad, en 1876, en un folleto de 51 páginas,
que se reprodujo en 1905, en los «Anales de la Biblioteca y Archivo
Público del Pará.» Del mismo autor existe un libro sobre el mismo
tema, publicado en Lovaina, en 1889, que, desgraciadamente, nos
es desconocido y que, según el autor, es el más completo en esta
materia.--Onffroy de Torón vivió doce años en la América ecuatorial,
y se dedicó á viajes, expediciones y operaciones geométricas, las
que le permitieron levantar el mapa de la misma zona americana, que
publicó en París poco después de haber dado á luz su obra impresa en
Lovaina. Durante su residencia en la América Meridional, estudió el
idioma quechua que se habla en el Ecuador y el Perú, es decir, en la
parte andina de estos países, y según afirma, formó un vocabulario,
aseverando que dicho idioma contiene muchísimos vocablos de las lenguas
muertas de Asia, de Egipto y de Grecia.

[59] Aunque algunos autores niegan el hecho de haber habido elefantes
en el territorio de América, es un hecho que hasta el día se han
descubierto seis variedades de elefantes fósiles, ignorándose si todos
fueron extinguidos antes por un cataclismo ó si existían en tiempo de
Salomón.

[60] Más ó menos 600.000,000 de reales de la moneda española.

[61] El gran rey Salomón hizo construir su grandioso templo en el
Monte Moriah, y la construcción de él duró ocho años y medio. En su
construcción se emplearon 3600 sobrestantes, 80,000 hombres para
la explotación de canteras y labrado de la piedra y 70,000 para la
conducción de materiales. Hiram, rey de Tiro, proporcionó artífices, y
se encargó del corte de maderas del Líbano, enviándolas hasta Joppe. El
oro puro de que se hizo pródigo uso en la ornamentación interior del
templo, procedía, se dice, de Peruaim. Según refiere el historiador
judío Flavio Josefo, en su «Historia antigua de los Judíos,» el
Templo de Salomón estaba circundado de una muralla y se dividía en
cuatro partes: el vestíbulo de los Gentiles, el de los Judíos, el de
los Sacerdotes y el Sancto Sanctorum.--El vestíbulo de los Gentiles
tenía 300 pies de circuito y en su circunferencia habia una galería
sostenida por muchas columnas de mármol, con cuatro puertas hacia las
cuatro partes del Mundo. El vestíbulo de los Judios estaba rodeado
también con primorosas galerías: su pavimento era de mármol de diversos
colores, las paredes estaban cubiertas de oro finísimo y las puertas
con planchas de plata. El de los Sacerdotes tenía 40 codos de largo por
20 de ancho, en cuyo centro estaba el altar de los holocaustos, todo de
bronce, cuya altura era de 10 codos, y á sus costados, 10 vasos grandes
de bronce adornados de figuras, y, además, al lado derecho había otro
gran vaso sostenido por 12 bueyes, todo del mismo metal. En seguida
estaba el pórtico, que tenía 20 codos de largo por 10 de ancho, desde
el cual se entraba en el Templo sin techumbre, que tenía 60 codos de
largo y 20 de ancho, en cuyos lados había 10 candelabros grandes de
bronce, otras tantas lámparas y 10 mesas de oro. El Sancto Sanctorum
tenía de largo 20 codos, otros tantos de ancho é igual altura, cuya
mitad estaba cubierta de oro y otra mitad de oro y piedras preciosas.
Además, encerraba los tesoros siguientes: 10,000 candelabros de oro;
10,000 mesas cubiertas de oro y una muy grande toda de oro; 20,000
copas de oro; 100,000 copas de plata; 100,000 redomas de plata; 80,000
fuentes de oro; 100,000 fuentes de plata; 50,000 palanganas de oro;
100,000 palanganas de plata; 20,000 vasos de oro; 40,000 vasos de
plata; 20,000 incensarios grandes de oro; 50,000 incensarios pequeños
de plata; 1,000 ornamentos pontificales guarnecidos de piedras
preciosas; 200,000 trompas de plata; 200,000 instrumentos de oro y
plata.

[62] Pegú ó Begú es desde 1855 la capital del Imperio Anglo-Indiano y
fué antigua capital del Imperio Birman.

[63] Tarsdchisch, según geógrafos modernos, estaba situada sobre la
costa de Zanguebar.

[64] La situación de Ophir, dicen algunos, es desconocida hoy, y creen
que con esa denominación se abrazaba todo el litoral de la Arabia, de
la India y del Africa.

[65] Flavio Josefo, historiador judío, nació en Jerusalem en el año 37
de la era cristiana. Entre sus obras se conocen su «Historia de los
Judíos contra los Romanos, y ruina de Jerusalem» en 7 libros, escrita
en hebreo y luego en griego; su «Historia antigua de los Judíos,» en
20 libros; su «Autobiografía,» en 1 libro; «Contra-Apion,» defendiendo
á los Judíos, sus costumbres y creencias, en 2 libros; y su «Discurso
sobre el martirio de los Macabeos.» Sus obras completas fueron
publicadas por primera vez en Basilea, en 1544, en folio.

[66] Platón, al principio de su _Timeo_, dice que su tío Solón le
informó de todos los detalles referentes á la Atlántida, y que éste
obtuvo de los sacerdotes de Saïs la relación de la historia de la
Atlántida. Crantor, célebre académico y primer comentador de Platón,
asegura que esta historia es verídica, pues está confirmada por el
historiador Marcellus, que probó que en el Océano Atlántico existían
entonces siete islas consagradas á Proserpina, otra á Plutón, otra á
Ammón y otra á Neptuno, ejerciendo esta última una autoridad absoluta
sobre las demás.

[67] El Océano Atlántico, según Platón, en la primera parte de su
diálogo _Crisias_, recibió este nombre de Atlante, rey de la Isla
Atlántica.

[68] Un escritor contemporáneo describe en pocas palabras esta terrible
catástrofe: "Una noche se hinchó el Océano hasta tocar á las nubes;
un maremoto apocalíptico preñó el seno de los mares, y el fantástico
continente se sumergió trágica y silenciosamente en las profundidades
del abismo líquido, quedando apenas, cuando la furia del agua fué
calmada, uno que otro pico aquí y allá, en la desolada extensión
marítima, picos correspondientes á los más alto de sus empinadas
cordilleras." (Aludiendo, sin duda, á las Islas Canarias y Azores).

[69] La Atlántida, se dice, tenía tres mil stades de largo sobre dos
mil de ancho, ó sea, más ó menos, ciento cincuenta leguas sobre cien.
Según Balby, la stade corresponde á cincuentiuna toesas, un pie y
noventidos centésimos de pulgada.

[70] Estudios practicados por sabios expedicionarios sobre hidrología
marina ó oceanografía, han demostrado que la extensión del Océano
Atlántico es de 35.000,000 de millas cuadradas ó sean aproximadamente
11.666,666 leguas cuadradas. Asia y Africa juntas, según los geográfos,
tienen 13,120,000 leguas cuadradas, ó sean, 1.453,354 leguas más de
extensión que el Océano Atlántico; lo que prueba, evidentemente, que
la apreciación de Gomara, hasta cierto punto es fundada, y que la
pretendida isla Atlántida no era tan extensa como lo ha afirmado Platón.

[71] Algunos sabios pretenden que han habido varios diluvios parciales;
que el de Noé, que aconteció 2987 años antes de Cristo, no fué castigo
del Hacedor Supremo, pareciéndolo, porque los Sacerdotes primitivos del
Catolicismo tenían interés en hacer intervenir la Divinidad en este
cataclismo, para herir é impresionar la imaginación de los pueblos; y
bajo tal forma mística la afirmación histórica de ese hecho natural ha
llegado hasta nosotros á través de las edades.

En apoyo de su opinión refieren el hecho de varios diluvios: como el
de Ogyges, que según Herodote, tuvo lugar 1796 años antes de J. C.,
y el de Deucaleon, en Tesalia, 1580 años de la misma era; según las
tradiciones arianas, se conserva la historia del rey Vaïswata y los
siete sabios que escaparon de una inundación que cubrió los valles
del Hindu-Kuch, y en seguida pudieron perpetuar la raza. También se
cita el diluvio del rey Tchmonras, que inundó y destruyó la Armenia.
Los Celtas, señalaban el desborde del lago Llion, que sumergió su
territorio é hizo perecer á todos los seres humanos, menos á Dwyhan y
Dwybach, que repoblaron la isla de Bretaña. Los Escandinavos tenían
la leyenda de Belgemer y su mujer, que solo sobrevivieron al desastre
diluviano y repoblaron su comarca. Los Griegos contaban cinco diluvios,
según Xenophora, y tres, según el poeta Nonnus. Los Egipcios, apesar
de tener conocimiento del Diluvio universal, afirman, que Egipto nunca
ha sido inundado, porque su país se halla distanciado de los grandes
centros glaciales.

Empero, si esos sabios alegan la pluralidad de diluvios parciales,
la generalidad de los historiadores admiten la universalidad del de
Noé. Algunos pretenden que la América se ha librado de ese mismo
Diluvio; pero las tradiciones generales de los indios sobre este mismo
acontecimiento fatal, admiten que éste fué universal: si es verdad
que estas tradiciones han sido envueltas en fábulas y aún desatinos,
lo cierto es que, en sustancia, manifiestan la realidad de un
cataclismo, del que sus progenitores han tenido noticia: estas mismas
tradiciones no solamente han sido constantes y generales, sino también
circunstanciadas, concordando en ellas los historiadores Clavijero,
Gomara, Herrera, Nizza, Acosta, Humboldt y otros más, que afirman que
todas las naciones indianas que vivían en sociedad, conservaban en
sus pinturas, cánticos y relaciones de padres á hijos, la memoria de
aquella catástrofe.

Los Indios de la isla de Cuba, según Francisco Javier Clavijero, en su
«Storia del Messico», tom. I, foj. 15, dijeron á los conquistadores
españoles, que «habían entendido de sus antepasados, que Dios crió
el cielo, la Tierra y todas las cosas; que previendo un viejo una
grande inundación, con la cual quería Dios castigar los pecados de los
hombres, fabricó una canoa cerrada y se embarcó en ella con toda su
familia y muchos animales; que habiéndose disminuido las aguas, soltó
el cuervo, el cual no volvió por estarse comiendo los cadáveres; que
echó á la paloma y volvió con un ramo verde de hobos; que desembarcó
el viejo, y hallando uvas silvestres hizo _chicha_, con la cual quedó
ébrio y dormido; que uno de sus hijos hizo burla de su desnudez, y el
otro lo cubrió; que sabiendo el viejo lo que había pasado, maldijo
al primero y bendijo al segundo; que ellos descendían de aquel hijo
maldito, puesto que se hallaban desastrados y desnudos, y que los
Españoles tendrían sin duda su origen del bendito, puesto que se
hallaban bien vestidos y con mejor fortuna.»

El mismo Clavijero, en su citada obra, tom. I, lib. II, y tom. II,
disert. 1-3, dice: «Entre los Indios de la América Septentrional no
sólo era general la noticia del Diluvio, con la expresión de la barca,
hombres, animales, cuervo y paloma, sino también circunstanciada con
la Torre de Babel, confusión de lenguas y dispersión de las gentes.»
Los Mexicanos según Mr. Ernesto Desjardins en su historia «Le Pérou
avant la Conquête Espagnole», admiten también el Diluvio universal,
que aniquiló la raza humana, en cuya catástrofe los hombres quedaron
transformados en peces; pero su Noé (Coxcox) y su muger, se salvaron en
un tronco de árbol que flotaba sobre las aguas, y se volvió á poblar la
Tierra.

El manuscrito mexicano copiado por el Padre domínico Pedro de los Ríos,
en 1566, y conservado en la Biblioteca del Vaticano, bajo los números
3,738 y 3,776, representa por signos simbólicos y figuras que no tienen
nada de incomprensible, las cuatro edades del Mundo. La tercera edad,
que había durado 4008 años, fué terminada por un diluvio.

Los habitantes de Teochiapan, en Guatemala, según el sabio Alejandro
de Humboldt, en su obra «Vues des Cordillères,» conservan tradiciones
que se remontan al tiempo de un gran Diluvio, después del cual, sus
ascendientes, bajo el mando de un jefe llamado Votan, vinieron de un
país situado hacia el Norte. En la aldea de Teopixca existían todavía
en el siglo XVI descendientes de la familia de Votan, siendo admirable
cosa encontrar en la América un nombre que recuerda al de Votan, cuyo
progenitor reinó entre los Escitas y cuya raza dió reyes á un gran
número de pueblos.

Antonio de Herrera, en su década IV, lib. I, cap. XI, refiere que
«los Indios de Tierra Firme conservaban la memoria de haberse salvado
sus progenitores con algunos animales en una barca; de haber largado
primero un pájaro por ver si habían cesado las aguas, y después otro,
el cual volvió con un ramo verde, y de haber con eso salido á poblar,
por segunda vez, la Tierra».

Los Muyscas, en sus tradiciones, conservan el recuerdo de un diluvio,
pues refieren que en los tiempos más remotos, antes que la luna
fuese creada, los habitantes de la meseta de Bogotá vivían en estado
de barbarie; que de repente se les apareció un viejo desconocido,
perteneciente á una raza diferente á los indígenas, de barba larga
y espesa, que se llamaba Bochica ó Boquica, que traía una compañera
llamada Huytaca, que era de carácter tan descontadizo, que contrariaba
á su esposo en todo lo que él emprendía: ella hizo hinchar el río
Fungha, cuyas aguas cubrieron todo el valle de Bogotá é hizo perecer
casi todos los habitantes, por cuyo delito Bochica la persiguió y la
condenó á alumbrar la Tierra durante la noche, creyendo los Muyscas que
la tal Huytaca es la Luna. Después de haber retirado las aguas, Bochica
prosiguió su obra civilizadora.

Fr. Marcos de Nizza, en su obra «Ritos y Ceremonias de los Indios de
Quito,» asegura que esos indianos «conservan aún la memoria de un
antiquísimo general naufragio proveniente de que el primer hombre ó
dios llamado Pacha, no teniendo con quien hacer guerra, la mantuvo con
una gran serpiente á la que hirió con sus flechas, la que vomitó tanta
agua que anegó toda la Tierra; que se salvó Pacha con sus tres hijos
y mugeres, fabricando una casa sobre la cumbre del Pichincha, donde
metió animales y víveres; que pasados muchos días largó el allaguanga,
ave semejante al cuervo, y no volvió por comer los cadáveres de los
animales muertos; que echando otro pájaro, volvió con hojas verdes; que
bajó entonces Pacha con su familia hasta el plan, donde es la ciudad de
Quito, y que al tiempo de hacer allí la casa para vivir todos juntos,
ninguno pudo entender lo que hablaba el otro; que separados por eso,
con sus mugeres, se habían establecido los tres hermanos y el viejo en
diversas partes de la comarca, donde estaban todavía sus descendientes.»

El P. José de Acosta, en su «Historia Natural y Moral,» lib. I, cap.
XXV, expone que «Los Peruanos convenían todos en que se habian ahogado
todos los hombres, á excepción de muy pocos, á los cuales escondió el
Sol en una pequeña isla del lago Titicaca, según unos, ó en la cueva
de Pacaritambo, según otros; que saliendo con el tiempo un Viracocha ó
personaje con su familia, después de haber hecho asiento en Tiahuanacu,
se fué al Cuzco y volvió á multiplicarse el Género Humano.»

Francisco Gómez de Gomara, en su «Historia General de América,» cap.
CXXII, al ocuparse de los indios de la Provincia de Pachacamac y sus
confinantes, dice «Muchos mantuvieron la tradición de que en tiempos
antiquísimos había llovido tanto, que se anegó toda la Tierra, á
excepción de la elevada cumbre de un monte, donde unos pocos fabricaron
una casa con ventanas altas y bien cerradas, y metiendo dentro muchos
animales y otros comestibles, salvaron ellos solos sus vidas; que
dejando de llover por bastante tiempo, echaron por las ventanas dos
perros, y volvieron bañados y sin lodo, conocieron que aún no se habían
disminuido las aguas; que pasado más tiempo echaron otros dos perros, y
como éstos volvieron secos y con sólo el lodo á las patas, conocieron
que había cesado el diluvio; que esperando algunos días más, salieron y
volvieron á poblar el Mundo».

Algunos pueblos de la América del Norte conservan igualmente la memoria
de una antigua inundación llamada el Diluvio de los Apalaches.

Hasta los Groenlandeses cuentan que el primer hombre creado fué Kallak,
y que de su dedo pulgar salió la primera mujer, después de lo cual, el
mundo se anegó y no pudo salvar más que un hombre y una mujer.

Basta lo citado sobre las tradiciones de los indígenas respecto al
Diluvio, para convencerse que tanto en el Continente del Nuevo Mundo,
como en los del Antiguo, se conserva siquiera una idea, un recuerdo
de que el Mundo fué sumergido por ese cataclismo universal; tradición
que se ha venido conservando entre los Indios desde las primitivas
generaciones, pues en su sucesión no interrumpida, han venido
comunicándola de padres á hijos.

Como se ve, todas estas tradiciones y muchas otras que no anotamos,
porque ello sería demasiado extenso, prueban incontestablemente que el
Diluvio de Noé se extendió también al Continente americano; y lo prueba
tanto más el derrumbo que el año 1763 tuvo lugar de la mitad del cerro
de Coconuco, en el Ecuador, descubriéndose en la otra mitad que quedó
en pie, las diversas capas ó listas paralelas de que poco á poco se fué
formando dicho cerro, siendo unas de diversos colores de tierra, otras
de arenas, otras de piedras; en fin, otras formadas de innumerables
especies de caracoles, conchas y otros testáceos, petrificados unos
y no petrificados otros. Y aún en el suelo peruano tenemos pruebas
evidentes de haberse realizado este cataclismo en el Continente
americano pues en las inmediaciones de Palta se han encontrado
depósitos de conchas marinas á 300 pies de altura sobre el nivel del
mar; Darwin halló iguales conchas en Chile á 1300 pies; Loomis, las
halló en las pampas de Iquique á 2500 pies; en Caracoles se han hallado
también á 5000 pies de altura; en la mina de Hualgayoc, en Cajamarca
situada á 12,000 pies sobre el nivel del mar, encontróse igualmente
conchas petrificadas, hecho que fué constatado por el sabio Alejandro
de Humboldt; y por último, un joven cateador de minas, llamado Raúl
Pérez, encontró el 8 de Diciembre de 1890, en el cerro de Vilque, en
la Provincia dé Puno, á más de 12,000 pies sobre el nivel del mar, un
caracol de 12 centímetros de longitud por 7 de altura y del peso de 822
gramos, hallazgo que llamó sumamente la atención de las personas que lo
vieron.

En conclusión, es un hecho indudable, que la memoria del Diluvio se
encuentra en las tradiciones de todos los pueblos de la Tierra, y
la ciencia moderna, á este respecto, está también conforme con la
_Biblia_; que es la más antigua historia de aquella catástrofe.

[72] _Jafet_ significa en hebreo, el que se ha difundido por muchas
partes.

[73] Ambas razas se han diferenciado siempre en idioma, ilustración y
hábitos, pues en tanto que la _Turania_ fué y es aún semi-bárbara, la
_Indo-Europea_ ha florecido en todas épocas, por el superior grado de
su civilización, por la perfección de sus idiomas y por la riqueza de
sus literaturas, teniendo el primer lugar del Género Humano y siendo la
raza noble por excelencia, que ha tenido la misión de llevar las artes,
las ciencias y la filosofía á un grado de perfección inusitado en los
demás pueblos, y llegado á ser, no sólo la más numerosa y difundida de
todas, sino la señora del Mundo entero.

[74] Estos indios, que son los Apaches, Navajos, Zunis, Moquis y otros
de las comarcas indicadas, conservaban, en tiempo de la conquista
española, la tradición de haber habido entre sus antecesores, grandes
tribus de hombres blancos, superiores á ellos en civilización. "Hace
muchas, muchísimas vides, decían, vivía en este país una raza blanca
muy numerosa y muy belicosa: hacían expediciones lejanas, conquistaban
muchas tribus y traían muchos esclavos: de éstos procedemos nosotros
los Apaches. Los esclavos eran los que excavaban las ciudades
subterráneas y cultivaban el maiz. Llegó un tiempo en que los blancos
se vieron empeñados en una guerra muy lejos, en el norte, y unos tras
otros, todos los guerreros tuvieron que marchar á la pelea; quedaron
sólo las mujeres, los ancianos y los niños. Entonces los esclavos
vieron que era llegada la hora de recobrar su libertad: concertaron
todos, y en un día determinado se alzaron, destruyeron cuanto se
oponía á su independencia y huyeron hacia el sud, ocultándose en las
fragosidades de la Sierra Madre. Allí formaron pueblo, vivieron largo
tiempo generaciones tras generaciones, hasta que otros hombres blancos,
los Españoles, vinieron de tierra más al sud todavía, hicieron la
guerra á nuestros antepasados y los vencieron. Además, lanzaron contra
ellos otras tribus de indios, y después de porfiadas luchas, los
Apaches y tribus congéneres tuvieron que emigrar hacia Arizona y Nuevo
México."

[75] Otros autores modernos apoyan esa misma hipótesis. Reginal Enock,
en su libro intitulado _The secret of the Pacific_, opina que «los
asiáticos prehistóricos llegaron hasta el Continente americano por
sobre una tierra que después desapareció bajo las aguas del Pacífico.»
Sayas Enriquez dice textualmente: «Cada vez estoy más convencido de que
la Pacífida (nombre que él dá al Continente desaparecido en el Océano
Pacífico) fué el puente que unió el Antiguo Mundo (Asia) con el Nuevo
(América), y de que las razas que poblaron lo que he llamado Región
Istmica, en la que conglobo Guatemala, Honduras, Chiapas, Campeche y
Yucatán, vinieron del Sud y no del Norte, como se afanan en repetirlo
inconcientemente los arqueólogos y etnólogos. Pero como esta hipótesis
no está aún plenamente confirmada, hay que dejarla en cuarentena, hasta
que su aserto sea reconocido como cierto, evidente é innegable.»

[76] Los Súmeros ó Sumeres, uno de los pueblos presemitas, se mezclaron
con los Accadios, pueblo Turanio que era, desde el punto de vista
antropológico (ó fisiológico), una mezcla de dos razas, blanca y
amarilla. Más tarde, de la mezcla de los Súmeros con los Accadios,
resultaron la formación de la nación Susiana y del reino de Elam, al
oeste del Tigris, y al oeste de este río, la nación Caldea, que con
varios otros pueblos semíticos, componía el gran imperio de Babilonia,
remontado á cosa de 5,000 años antes de la era cristiana. Los Súmeros
como los Caldeos, usaban la escritura cuneiforme derivada de la
primitiva escritura geroglífica, y les servía, como hoy nos sirve la
nuestra, para emitir sus ideas, redactar su historia sobre los muros
de sus monumentos, sobre grandes ladrillos de tierra cocida y sobre
lápidas de piedra negra, escritura que desapareció, por completo, el
año 2,000 antes de nuestra era, con la invasión y conquista semítica;
legando, empero, á los Asirios, á los Fenicios y especialmente á los
Judíos, tradiciones copiosas que desarrollaron la literatura de estos
pueblos. De estas tradiciones, los Judíos copiaron y redactaron la
cosmogonía ó génesis del Universo; la formación del Género Humano;
la ingratitud de los hombres al corromperse y volverse malos; la
cólera del Omnipotente, que destruyó todo lo que había criado, y, como
resultado de la ira divina, el gran cataclismo del Diluvio Universal;
el arca salvador, para que no se extinguieran las especies buenas; la
construcción de la Torre de Babel, muestra del orgullo de los hombres,
y, consiguientemente, la confusión de las lenguas; y, por fin, la
fundación de la primera dinastía babilónica.

[77] Este Obispo fué el autor del más antiguo _Derecho Eclesiástico de
Islandia_.

[78] La Groenlandia ó Tierra Helada, cuya superficie se calcula en
más de 70,000 leguas cuadradas, presenta el aspecto más imponente: su
clima es sumamente frío y el invierno dura allí ocho meses, en los
cuales llega á congelarse el mercurio; en verano, que dura tan sólo
cuatro meses, el termómetro Réaumur sube á 24°. El sol desaparece
completamente del horizonte, á fines de Noviembre, y no vuelve á
verse hasta mediados de Enero, interrumpiendo sólo tan larga noche,
la viva luz de las auroras boreales. Los naturales de Groenlandia son
Esquimales que viven en una completa independencia, diseminados por
las costas de ese territorio. El interior de este país es totalmente
desconocido, pues es inhabitable, porque el frío tan intenso que existe
constantemente en sus parages, motiva el que éstos no ofrezcan ningún
abrigo al hombre.

[79] Por las tradiciones de Finlandia (hoy Estados de Nueva York y
Pensilvania) se conserva también recuerdos de colonias islandesas que
vivían en la misma región de Huitramannalandia, y cuyos colonos vestían
de blanco, cantaban y rezaban en alta voz, creyéndose, por esto, que
eran frailes que en el año 983 habían ido á esas comarcas con Are
Marsen Reykjanes, siendo muy atendidos y considerados por los indígenas
del lugar, quienes prohibiéronles terminantemente abandonar el país.

[80] Este Bjarne Herjulfson es el mismo citado por Mr. Folsom.

[81] Este Leif Erikson es, también, al que se refiere M. Folsom.

[82] El 4 de Julio de 1876, una comisión de Noruegos distinguidos
y ciudadanos de los Estados Unidos de Norte América, erigieron un
monumento conmemorativo en Madison, capital del Estado de Visconsin, en
honor de Leif Erickson, como uno de los descubridores del Continente
americano y por la circunstancia, grata para la comisión; de haber sido
colonizado aquel territorio por Escandinavos.

[83] Es de advertir que el nombre primitivo del Brasil fué el de Sancta
Crucis, y sólo se llamó Brasil por el mucho palo de ese nombre que en
él había. El palo brazil se conocía ya en Europa, en el año 1198, según
lo refiere Luis Muratori en el tom. II, disert. 3^{a}, col. 898 de sus
_Antiquitates Italicæ_, en folio impreso en Mediolani en 1783, y se le
dió este nombre por el gran uso que se hacía de él para teñir. El palo
brazil que se encuentra en esta parte del Nuevo Mundo y á que debe su
nombre el vasto país colonizado por los portugueses, es una especie
del género llamado _cæsalpinia echinata_. El nombre de este palo no
es, pues, posterior al descubrimiento de América, como lo han creído
algunos historiadores.

[84] La mencionada «Isla de la mano de Satanás» aparece con frecuencia
en leyendas italianas, las cuales dicen que diariamente salía de entre
las olas del Océano una mano de tamaño colosal y arrastraba barcos y
habitantes á los profundos abismos.

[85] Algunos historiadores pretenden que Martín Behaim ha sido el
descubridor del Nuevo Mundo, entre ellos Federico Estuvenio, que en
su disertación impresa en 1714 con el título _De vero novi Orbis
inventore_, afirma que la gloria de este descubrimiento corresponde
á este cosmógrafo, que obtuvo de Isabel, hija del rey de Portugal y
viuda de Felipe el Bueno, que á la sazón gobernaba en Flandes, un
bajel con el cual navegó hasta las islas Azores, y de allí, surcando
el mar, llegó á las costas de la América y pasó hasta el estrecho de
Magallanes; que hizo un Globo y un Mapa de sus viajes, mapa que fué
presentado á Alonso V, rey de Portugal y que pasó después á manos de
Colón, á quien sirvió de guía para hacer su primera navegación, en
pos del descubrimiento del Nuevo Mundo.--Martín Behaim, natural de
Nuremberg, hizo, se dice el descubrimiento de la América, ocho años
antes de la primera expedición de Colón. Muy instruido en geografía y
astronomía, después de haber obtenido, en 1459, de Isabel de Portugal,
un bajel para hacer descubrimientos, en 1484 obtuvo también del rey de
Portugal Don Juan II, algunos navíos con el mismo propósito. Retirado á
su país natal, trazó un Globo Terrestre en el que figuraba una tierra
occidental, como igualmente las otras tierras reconocidas anteriormente
por Marco Polo y por Maundeville. Behaim, murió en Lisboa en 1506.

[86] El primer mapa de América fué hecho en 1500 por Juan de la Cosa,
célebre cosmógrafo y navegante español y piloto con Cristóbal Colón en
su segundo viaje. Este mapa está trazado en una gran hoja de pergamino
de forma ovalada y artísticamente iluminado, cuyas dimensiones son
de dos metros de alto por uno de ancho: señala los países de América
conocidos hasta 1500, así, como los territorios de Europa, Asia y
Africa. Ultimatamente, se ha hecho en España un facsímil de este mapa,
en la misma escala y colores que su original, reproducción que fué
premiada en la Exposición Histórica-Europea-Americana, de Madrid. Pero
el mapa más antiguo que apareció con el nombre de _América_, es el de
Martín Waldzeemüller (Hilacomylus), que se publicó en 1507, ó sea,
siete años después del de Juan de la Cosa.

[87] El eminente zoólogo Agassíz es el que con mayor autoridad ha
sostenido la teoría poligenista, admitiendo hasta ocho diversos centros
de creación, en uno de los cuales hace aparecer al Hombre Americano.

[88] Esto es, según el _Génesis_; pero, según opinión de algunos sabios
etnógrafos, la Creación del Mundo data de millones de años antes del
Diluvio Universal.

[89] El Rev. Padre Fr. Pedro Simón, historiador, que apesar de su
estado sacerdotal, es imparcial en esta materia, opina también que la
América fué poblada antes del Diluvio Universal; al efecto, refiere un
hecho que si fuere cierto, no dejaría duda alguna sobre tal teoría.
Pero, como este hecho no deja de ser alguna patraña de las muchas que
ciertos escritores han derramado sobre el Nuevo Mundo, y, en este caso,
para probar que en el Perú hubo hombres antes del Diluvio, advertiremos
que solo por mera curiosidad informativa vamos á trascribir el pasaje
que al respecto se refiere el P. Pedro Simón:

En el tomo I, cap. X, pág. 21 de sus «Noticias Historiales de las
Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales,» dice: "Lo que
más alumbra á que nos inclinemos á este parecer de que fueron habitadas
estas tierras antes del Diluvio, son las señales y rastros de que en
ella se han hallado tan eficaces, que no dan lugar á que se imagine
otra cosa; porque junto al Callao, que es el puerto de la ciudad de
Lima, en el Perú, á los primeros principios que se descubrió aquel
Reino, buscando en unas montañas, por unos rastros que se descubrieron,
unas minas, trastornando tierra y metiéndose por el socabón debajo del
cerro, se encontraron con un navío que tenía encima la gran máquina
del cerro, y no convenía con su hechura y traza con los nuestros, por
lo cual se juzgó que en el Diluvio había quedado encerrado debajo de
aquella inmensidad de tierra que trajo allí la fuerza de las aguas."
Y prosigue el Rev. P. Fr. Pedro Simón: "Otra cosa al modo de ésta se
halló el año de mil y seiscientos y cuatro, cerca de la ciudad de
México, en Nueva España, trasminando un cerro tan alto que tiene de
subida más de una buena legua, y otro tanto de bajada, para por allí
desaguar la laguna en que está fundada la ciudad, por no verse en los
peligros que poco antes había tenido con crecidas é inundaciones. Yendo
los gastadores prosiguiendo en su mina (que se hacía por la traza é
ingenio de Enrique Martín, gran matemático y astrólogo, y por orden
de don Luis de Velasco, Virey de aquella ciudad), cuando llegaron
como á la mitad de ella, que casi venía á ser, estando perpendicular,
correspondiente á la cumbre del cerro, hallaron un colmillo ó diente
de elefante, enterrado en tierra blanda; el cual, con los muchos días
que había estado allí el marfil, lo tenía comido por algunas partes y
quebrado por dos; de manera que estuvo hecho tres pedazos, y juntos,
de suerte que se echaba de ver haber sido todo uno y tener de largo
seis cuartas. Este colmillo ó diente se sacó y mostró á todos, juzgando
había quedado allí enterrado el animal que lo crió, cuando el Diluvio
ahogó á los demás y á él; de la cual especie de elefantes debió de
haber habido allí entonces, porque después, acá no se hallan, ni
aún rastro de ellos en toda la Nueva España, ni en todas las Indias
Occidentales."

Este último hecho referido por el Padre Pedro Simón, quizá tenga
algún viso de verdad, y á este propósito, disiparemos la duda de
haber existido en América el elefante en tiempos antediluvianos.
En efecto, últimamente, en Agosto de 1912, el cuerpo de profesores
de la Universidad del Cuzco hizo una excursión científica, y logró
descubrir en Ayusbamba, provincia de Paruro, dos colmillos de elefante,
fosilizados, de una vara de largo, como también cuatro costillas en
estado de completa fosilización, y muchos otros huesos del mismo animal.

[90] La América se extiende desde los 56° 58′ Sud hasta los 70° de
latitud Norte. Se divide en dos grandes penínsulas que se juntan hacia
los 8° de latitud Norte por el Istmo de Panamá ó de Darién. Sus costas
son bañadas por los dos más grandes mares: el Océano Atlántico, que la
separa de Europa y de Africa, y el Océano Pacífico que la separa de
Asia y Oceanía, haciendo de este Continente la parte más favorable del
Globo para el comercio y para la navegación. La extensión de América,
según los geógrafos, es de 15.000,000 de millas cuadradas, equivalente
á 5.000,000 de leguas.

[91] MARIANO E. DE RIVERO: _Colección de Memorias Científicas_, tomo I,
pág. IV del «Prólogo.»

[92] Hay algunos diamantes históricos de mucho valor, que por su
notabilidad merecen ser mencionados, pues las tradiciones que se
refieren á ellos son fielmente guardadas.

El famoso é incomparable DIAMANTE REY, pesa 1730 carats; es del tamaño
de un huevo de gallina, oblongo, proveniente de las minas del Brasil,
pertenece á la Corona de Portugal: es estimado en la crecida cantidad
de 23.000,000 de francos.

El DIAMANTE PITT ó REGENTE, de 136 carats, que pertenece á la Corona
de Francia, es notable por su forma graciosa, por sus hermosas
proporciones y por su perfecta limpieza incolora; pasa por ser el más
bello diamante de Europa, pues está estimado en 5.000,000 de francos.

El DIAMANTE SANCY, que pesa 106 carats, primero perteneció á Jacobo II
de Inglaterra, despues á Luis XIV de Francia, en seguida á Luis XV y
finalmente al Emperador de Rusia, está avaluado en 3.125,000 francos.

El DIAMANTE EMPERADOR DE AUSTRIA, que pesa 139 carats, presenta
un tinte amarillento, está tallado en rosa y de mala forma, y
justipreciado en 2.600,000 francos.

El DIAMANTE ORLOFF, de 193 carats, fué extraído y robado por un soldado
francés, de uno de los dos ojos del ídolo de Seringham, del templo de
la diosa Brahma, en Pondichery (Indostán) y adquirido por la Imperatriz
de Rusia, en 2.160,000 francos.

El DIAMANTE ROJO DE RUBÍ, de 160 carats, adquirido por el Emperador
de Rusia Pablo I, es de forma perfecta, y está avalorado en 2.160,000
francos.

El DIAMANTE GRAN MONGOL, que pesa 123½ carats, primero perteneció
al Tesoro de Delhi, y en seguida al de Lahore: en 1850 las tropas
inglesas, por derecho de conquista, se posesionaron de esta valiosa
piedra y la obsequiaron al Rey de Inglaterra; su valor está estimado en
2.080,800 francos.

El DIAMANTE SHAH, que el príncipe Cosrhoés, hijo del Shah de Persia
Abbas-Miza, regaló al Emperador de Rusia, es apreciado en 1.125,000
francos.

El DIAMANTE RAJAH, de Mátan, de 367 carats, que perteneció al Rajah de
Borneo, está estimado en 735,000 francos.

El DIAMANTE PACHA, que ha pertenecido al Pacha de Egipto, está tasado
en 700,000 francos.

El DIAMANTE ESTRELLA DEL SUD, proveniente de las minas del Brasil, fué
estimado en 120,000 francos.

El DIAMANTE NASSAH, está avalorado en 75,000 francos.

El DIAMANTE IMPERATRIZ, extraído de las minas del Brasil, perteneció á
la Emperatriz Eugenia de Montijo, mujer de Napoleón III: es estimado en
50,000 francos.

El DIAMANTE DUQUE DE TOSCANA, de 139 carats, perteneció, primero, á
Carlos el Temerario, que lo perdió en la batalla de Granzón; encontrado
por un suizo, éste lo vendió á Ludovico Sforza, y por último llegó á
poder de la Corona de Austria: está avaluado en 30,000 francos.

El DIAMANTE FLORENTINO, perteneció á los Grandes Duques de Toscana, y
ahora pertenece á la Corona de Austria: está también tasado en 30,000
francos.

Algunos otros diamantes de mucho valor, son los siguientes:

Uno que perteneció á Napoleón I, que lo perdió en la derrota de
Waterloo, cuyo importe era de varios millones de francos, y que
recogido por un soldado prusiano, pertenece hoy á la Corona de Prusia.

Otro, de color verde esmeralda, de 540 carats, que forma parte de las
alhajas de la Corona de Sajonia.

Otro, de color záfiro, de 680 carats, comprado para la colección de Mr.
Hope, tasado en más de 1.500,000 francos.

Otro, perteneciente al Virrey de Egipto, estimado en 760,000 francos.

Otro, encontrado en el Brasil por un esclavo, cerca de Bogagem,
avalorado en 176,250 francos.

Y algunos otros más, de altos precios, que no han llegado á nuestro
conocimiento.

[93] _La Cascarilla Calisaya_ tiene su historia. Refiere la tradición,
que habiéndose enfermado gravemente Doña Francisca Enriquez de Rivera,
esposa del Virrey del Perú Don Luis Gerónimo Fernández Cabrera Conde
de Chinchón, una india sirvienta suya, secretamente le suministró los
polvos de Cascarilla; que sorprendida la india, se trató de quemarla
viva, por haber creído que trataba de envenenar á la Virreyna; más,
hallándose ya en el cadalso, se le perdonó la vida en vista de la
maravillosa curación de la enferma, reconociéndose entonces que el
específico suministrado era el descubrimiento para la curación radical
contra las fiebras malignas. En 1640, el Virrey Conde de Chinchón y su
esposa volvieron á España, y el médico que los acompañó llevó á España
una porción de Quina Calisaya, la cual vendió en Sevilla á 100 escudos
la libra.

[94] Se calcula que las capas de Guano que cubrían el suelo de las
Islas Chinchas tenían un espesor de más de 60 pies, y es tan exacto
este cálculo, que lo demuestra el hecho de haberse descubierto á 62
pies de profundidad, un ídolo de piedra y tres vasos para agua. También
á 33 y 35 pies, respectivamente, se han hallado otros ídolos de madera,
que indudablemente datan de un período de tiempo más atrasado como el
anterior hallazgo. El sabio Alejandro de Humboldt comprobó, en 1804,
el hecho de que durante 300 años que trascurrieron desde la conquista
española hasta el fin de la época colonial, sólo se habrían formado
unas pocas líneas de guano; por consiguiente se pregunta: ¿Cuántos
miles de años se han necesitado para formar esas capas de más de 60
pies de espesor de ese mismo Guano? Los geólogos calculan que se ha
requerido á lo menos 864,000 años.

[95] Diodoro de Sicilia en su _Historia Universal_, describe así el
origen de la Humanidad: «Los primeros hombres, en su ignorancia de las
cosas útiles á la vida, llevaban una existencia miserable; estaban
desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin tener idea alguna de alimentación
conveniente; no se preocupaban de coger los frutos silvestres y hacer
de ellos una provisión para la mala estación, y por eso muchos morían
de frío y falta de sustento. Pero, después, la experiencia los indujo
á refugiarse en las cavernas, durante el invierno, y á almacenar los
frutos que podían conservarse. En todas partes la necesidad ha sido el
maestro del Hombre.»

[96] Quizá los habitantes de la Atlántida serían aquellos gigantes
á que se refiere la _Sagrada Escritura_: «En aquel tiempo había
gigantes sobre la tierra.» («_Gigantes erant super terram in diebus
illis_»--dice el _Génesis_ en su cap. VI).

[97] Después de incalculables centurias trascurridas desde la espantosa
catástrofe de la Atlántida, el periódico «The Standard,» que es uno
de los órganos más serios de Londres, anuncia la formación de una
expedición de capitalistas, encabezada por un rico lord inglés, y
que se embarcó en Liverpool con el propósito de hacer estudios para
el descubrimiento de la sumergida Atlántida, y una vez conseguido,
extraer los valiosísimos tesoros que encierra esa desaparecida,
grande isla. Con tal intento, esos aventureros capitalistas llevaron
varios submarinos y barcos-buzos, instrumentos, herramientas y demás
implementos indispensables para la realización de sus proyectos.
Semejantes aventuras prueban, evidentemente, que los capitalistas
ingleses pueden llegar á engolfarse en empresas famosas para la
ciencia, cuando el punto de mira es buscar tesoros inaccesibles...

[98] Algunos autores niegan que el Diluvio haya sido universal, y
dicen, que aunque la Tierra hubiera sido cubierta de agua hasta la
altura de algunas toesas ó brazas, las cimas de los más elevados montes
y cordilleras quedaron descubiertas, salvándose allí muchos más hombres
y animales que los que se salvaron en el Arca de Noé: de este principio
deducen esos mismos autores que, aunque murieron la mayor parte de los
vivientes, no todos fueron igualmente ahogados. Empero, aunque esta
deducción parezca algo probable, no es posible afirmarla ni negarla del
todo, porque carece de fundamento en qué apoyarla.

[99] Los Carios ó Cares, de cuya presencia en América hay bastantes
vestigios, pudieron realizar en este Continente, se supone, la
construcción y embellecimiento de algunos edificios, que, aún hoy, son
la admiración de los modernos. Los Carios establecidos en las Cíclades
y otras islas del Mediterráneo asiático, salían de allí para navegar
en el Atlántico; siendo esa la razón que Diodoro de Sicilia tuvo para
decir «que los Cartagineses siguieron las huellas de los Carios en
los mares del Oeste.» Los Carios dejaron en la región ecuatorial de
América, á más de su nombre, algunos signos arqueológicos; y, por
último, una dinastía de su raza, que en otro tiempo imperó en el
reino de Quito, uno de los tres distritos en que hoy está dividida la
República del Ecuador.

[100] Mr. Buache, de la Academia de Ciencias de París, descubrió una
cadena de montañas submarinas que se extienden desde el Cabo de Buena
Esperanza hasta el Brasil, suponiendo el mismo autor que en tiempos
anteriores esa cadena unía el Continente de Africa con el de América.

[101] El estrecho de Annian ó Behring está situado entre el Océano
Glacial Artico y el Grande Océano (Pacífico), separa el cabo oriental
al nordeste de Asia, del cabo del Príncipe de Gales, al nordeste de
América. Tiene este Estrecho doscientos kilómetros de largo por ochenta
en su parte más ancha. Lo descubrió, en 1728, el navegante dinamarqués
Vitus Behring, que se hallaba al servicio de Rusia, en tiempo de Pedro
el Grande. Por eso le dió su nombre, como también al mar de la parte
septentrional del Pacífico, que se extiende entre el Kamtchatka, al
oeste, la América al este, y las islas Aleutianas, al sud.

[102] Las islas Aleutianas ó Aleutas describen entre el Kamtchatka y
la península de Alaska un arco de círculo que une casi el Asia y la
América. Estas islas están divididas en varios grupos: las Aleutianas
propiamente dichas, que son Atu, Agatu, Semitok; las Andreanoff, que
comprenden veinte islas de sesenta ó ochenta kilómetros de largo;
Krissió, isla de la Rata, Tanaga, Kanaga, la isla de los Siete
Cráteres, Adahk, Tagilak, Atka; las Ostrova-Lisii ó islas de los
Zorros, que son las más próximas de la América, Chumaghina, Unalachka,
Unimak, Semidas, islas volcánicas y estériles; y Kodiak, que es la isla
más grande de todas. Vitus Behring fué el que descubrió todas estas
islas, en 1741, en su segunda expedición al Océano Glacial Artico.

[103] Esos geólogos afirman que en siglos remotos el Continente de
Asia estaba unido con el de América por ese eslabonamiento de islas;
pero la furia del elemento acuoso, puesto en acción por el del fuego
subterráneo, ha trastornado esta extensión de islas encadenadas y
diseminadas de trecho en trecho, de las que hoy existen, tan sólo, las
denominadas de los Galápagos, á algunas leguas de la costa del Ecuador.

[104] Para dar una ligera idea de las transformaciones sufridas por el
Planeta Terráqueo en la sucesión de tantos siglos, expondremos unos
pocos hechos en apoyo de lo expuesto, no sin traer á colación los
relatos de autores antiguos.

Ante todo, diremos, que la mayoría de los geólogos admiten, que los
Continentes sufrieron, en las épocas que corresponden á la infancia
de nuestro Planeta, grandes modificaciones, pues los actuales Océanos
deben considerarse como antiguos Continentes desmoronados, y una
parte de los Continentes actuales, como restos de pasados océanos;
modificaciones que experimentaran, ya por la violencia de los
terremotos y fuegos subterráneos, ya por el ímpetu de las olas marinas,
ya por los muchos montones de arena y cieno acumulados por el mar, ya
por el amontonamiento lapidífico que está extendido por toda la Tierra,
ya, en fin, por las otras muchas causas ocultas, que han levantado el
suelo en unas partes y deprimídolo en otras.

«Sabemos, dice Apuleyo, en su obra _De Dogmate Platonis de Mundo_, que
Continentes han sido convertidos en islas, y que por la retirada del
mar estas islas han sido unidas á Continentes.»

Según Séneca, en su _Medea_, «la isla de Tarasia surgió súbitamente
sobre la superficie del mar, como también las islas de Sabrina y Julia,
que desaparecieron poco tiempo después.»

El poeta Ovidio, en sus _Metamórfosis_, lib. XV, pone en boca de
Pitágoras: «He visto lo que era anteriormente tierra firme trocarse
repentinamente en mar; he visto, al contrario, tierras salidas del seno
de las aguas.»

Plinio, en la _Historia Natural_, lib. II, caps. LXXX, XC y XCI,
hace una larga descripción de las tierras abandonadas por el mar y
de aquellas que han sido unidas al Continente; supone que el Mar
Mediterráneo era, en otro tiempo, un país habitado, y que un violento
desbordamiento del Océano, rompió esta comunicación y formó este mar.

Según tradición de los habitantes de Ceylan, esta isla fué separada de
la costa de Coromandel por una irrupción del mar.

Las ciudades de Pirrha y Antusa también fueron sumergidas, y hoy la
laguna Meotis cubre sus ruinas. Lo mismo aconteció con las ciudades de
Helice y Bura, en el seno de Corinto.

Conste, igualmente, según la relación de antiguos escritores, que en un
tiempo estuvieron unidas la Euboca (Negroponte) á la Boecia, la isla de
Chipre á la Siria, la Leucosia al promontorio de las Sirenas.

También hay recuerdo del hundimiento de gran parte de la extensa
isla de Ceos (hoy Cia ó Zea), una de las que forman el grupo de las
Ciclades, en el mar Egeo.

Los habitantes de Malabar afirman que también fueron separadas las
islas Malvinas y Sumatra, que en otra época hacían parte del Continente
Asiático.

Parece probable que, en tiempos lejanos, la Inglaterra estuvo unida á
Francia, y la Isla de Sicilia á Italia.

Algunos geólogos suponen que la configuración de las costas del Océano
Glacial Artico ha variado considerablemente; que la altura de las más
grandes montañas de la Tierra han disminuída, como las de la Asia
Central, y que la Cordillera de los Andes surgió de las aguas y formó
la costa del Pacífico.

Sin remontarnos á épocas tan lejanas, vemos que en los tiempos más
avanzados, el Globo Terráqueo ha sufrido también mutaciones en su
superficie.

En 1446 fueron sumergidos, por la irrupción del mar, más de doscientos
pueblos de la Frisia y la Zelandia.

En 1663 un fuerte terremoto habido en el Canadá, desquició más de
cuatrocientas leguas de terreno; en esa catástrofe chocaron unas
montañas con otras; algunas, arrancadas totalmente de su sitio, fueron
precipitadas en el gran río San Lorenzo; otras, se sepultaron en el
seno de la Tierra, y una montaña de rocas de más de cien leguas de
extensión, se hundió enteramente, dejando en su lugar una dilatada
planicie. Después de este formidable terremoto han surgido ríos y lagos
en puntos donde antes no había sino montes inaccesibles.

En fin, últimamente, en Enero de 1907, una inundación del mar hizo
desaparecer la isla de Simalu, distante ciento veinte kilómetros de
la costa de Sumatra y que tenía dos mil cien kilómetros cuadrados de
superficie con unos ocho mil habitantes malayos.

El sabio naturalista Cuvier y los eminentes geólogos Maltebrun, Balbi,
Reclus y Flammarióu, demuestran con argumentos científicos de valor,
que la superficie del Globo Terráqueo ha experimentado frecuentes
contrastes y variaciones producidas por el elemento acuoso, en
combinación con el fuego central de nuestro Planeta, originándose,
así, hundimientos y solevantamientos en su costra. Incuestionable es,
suponer que la disposición exterior del Globo Terráqueo fué distinta,
en tiempos remotos, de lo que ofrece hoy, pudiendo colegirse que
entonces el Nuevo Mundo se hallaba unido á los Antiguos Continentes de
Europa, Africa y Asia.

[105] Haremos una descripción sucinta de sólo dos principales
ruinas ciclópeas de la América Septentrional, á fin de que se tenga
una pequeña idea de lo que fueron esos antiquísimos monumentos
prehistóricos. Cuanto á las ruinas que se hallan aún diseminadas en la
América Meridional, nos ocuparemos de ellas en la segunda parte de esta
obra.

Los arqueólogos que han visitado las ruinas de Mitla, cerca del pueblo
de San Pablo. Mitla, en la provincia de Oaxaca, al extremo meridional
de México, dicen que son de las más grandiosas que se conocen, y
calculan que los cuatro palacios que existen allí fueron edificados
en los siglos VII á XIII de la era actual, midiendo en conjunto una
área superficial de 500 metros de Norte á Sur y 300 de Este á Oeste,
superficie que equivale á 150,000 metros cuadrados: la ornamentación
es uniforme y el material empleado, de piedra traquita, ó sea, roca
volcánica, unida con cemento, ó mezcla de cal y arena, cuyo trabajo
de albañilería es calificado como muy superior. Las columnas de esos
palacios son monolíticas, cónicas, del diámetro de 80 á 90 centímetros
en la base y 3 metros y 30 centímetros de altura: el adorno consiste
en pinturas, mosáicas y esculturas, que causan la admiración de los
viajeros. Al occidente de Mitla se encuentra, sobre la cima de un
peñasco escarpado, una fortaleza que mide media legua de extensión,
con varios ángulos salientes y entrantes y cortinas intermedias; en su
frente, considerado accesible, hay doble muralla, de las que la una
es curva elíptica y la otra, más elevada, en forma de tenaza: varios
ingenieros que han visitado esta fortaleza, declaran no ser inferior á
las europeas del siglo XII.

En el N^{o} 16 del tom. I del _Magasin Universel_, impreso en París y
correspondiente al 6 de Febrero de 1834, encontramos los siguientes
datos sobre el descubrimiento de las ruinas de Palenque: «En 1786
Carlos III, rey de España, mandó una expedición á México con el objeto
de hacer investigaciones de las antigüedades mexicanas anteriores
al descubrimiento de la América, principalmente de las de Palenque,
investigaciones que entonces fueron infructuosas. Algunos años más
tarde, una segunda expedición salió de España con el propósito de
reconocer, con exactitud, los lugares explorados anteriormente;
expedición que fué dirigida por el coronel Dupaix, secundado por
Castañeda, encargado de la ejecución de los dibujos. Al llegar á
la provincia de Tzendales, constataron la existencia de una ciudad
desierta y en ruinas, de seis leguas de extensión, con edificios
sólidos de una magnificencia sorprendente, con antiguos ídolos de
granito y pérfido, pirámides, sepulcros subterráneos, hiladas de
piedras labradas de seis pies de espesor, bajo-relieves colosales
escultados sobre granito ó modelados en estuque, zodiacos, y, en
fin, geroglíficos diferentes á los de Egipto, apesar de su similitud
original; todo lo que atestigua la remota antigüedad de Palenque. Esta
metrópoli, oculta durante siglos en medio de un extenso desierto,
ha quedado desconocida hasta 1750, época en que el Gobierno español
concibió la primera idea de la expedición científica que fué llevada
á cabo en 1786, y luego seguida de otras dos. Estas tres expediciones
costaron al Gobierno español la suma de 100,000 pesos fuertes, gasto
que, empero, no ha resultado estéril para la ciencia. Ante la vista
de tan maravillosas obras, salidas de las manos de los hombres, cabe
preguntar: ¿de dónde vinieron esos hombres y quiénes fueron los que
ejecutaron esas obras? La contestación es obvia, porque existen
numerosísimas pruebas que manifiestan, evidentemente, que el Nuevo
Mundo fué visitado por habitantes del Antiguo, algunos siglos antes de
la expedición de Colón.» En 1750, cuando los Españoles descubrieron
Palenque, quedaron asombrados al ver las ruinas de una ciudad, en
otro tiempo tan extensa y magnífica, que tenía templos, altares,
divinidades, esculturas y piedras monumentales que atestiguaban su alta
antigüedad: los geroglíficos, los símbolos y los emblemas descubiertos
en los templos, ofrecían tal semejanza con los de los Egipcios, que se
supone que una colonia de esta nación fué la que fundó la ciudad de
Palenque ó Culhuacan.

Empero, según varios historiadores, unos de los primeros habitadores
del país de Anahuac ó México, fueron los Olmecos, que dejaron allí
algunos monumentos ciclópeos, entre los cuales se citan los de Mitla
y los de Palenque. Después, cuando estos Olmecos emigraron al Sud
hasta el lago de Nicaragua, llegaron, en el año 544 de nuestra era,
los Toltecos, que fundaron allí las pirámides, dieron al año solar una
división más perfecta que la de los Romanos é imaginaron los signos
geroglíficos. En 1051 emigraron los Toltecos á la parte meridional de
América. En 1070 llegaron los Chichimecos, y en 1091 los Aztecas, que
edificaron el Teocallí ó Casa de Dios y fundaron la ciudad de México,
bajo el gobierno de nuevos reyes que fueron sucesivamente gobernando.

[106] En efecto, según tradición de los antiguos indígenas, el origen
de las primitivas razas del Perú, aparece mezclada con la fábula.--"Al
secarse las aguas del Diluvio, cuatro hermanos, llamados Aiarmanco,
Ariarcachi, Ariarcucho y Ariarsanca, salieron de Pacaritambo (posada
que amanece). Envidiosos de Ariarcucho, sus hermanos lo encerraron en
una cueva; pero, los Andes se estremecieron, y el prisionero, hundida
su cárcel, echó á volar con alas de brillantes colores; perdonó á los
fratricidas y les ordenó proseguir en la fundación de una ciudad."

La tradición de los Kechuas también está fundada con la fábula,
"Huirakocha, después de crear los Cielos y la Tierra, formó los
primeros hombres, que en castigo de sus maldádes, fueron convertidos en
piedras; como en todo el Universo apenas había algo de luz, Huirakocha
hizo el sol y las estrellas, modeló unas estátuas en las que inspiró la
vida, y comenzaron á caminar hacia el Perú, cuyo país se repartieron."

[107] El primitivo nombre de Tiahuanaco, al parecer de algunos
historiadores antiguos (Betanzos y P.P. Cobo y Oliva), sería «Chucará»,
«Taipikalá» y «Huañaymarca», respectivamente. Pero el verdadero
nombre de este lugar, tal como lo pronuncian los aborígenes, sería
«Titihuahuanacu». El hecho cierto es, que la denominación primitiva,
la verdadera denominación que tuvo la ciudad prehistórica, há quedado
perdida por siempre.

[108] Lás ruinas de Quelap, que se suponen una fortaleza, deben haber
sido un monumento grandioso, á juzgar por su extraordinaria extensión:
situádas en el departamento de Amázonas, á 2699 metros sobre el nivel
del már y á 6°25′ de latitud Sud y 8°8′ de longitud Oeste de París,
esas ruinas constan de una extensa muralla de gránito de 1008 metros
de largo, 156 de ancho y 142 de alto, sobre lá que hay otra muralla de
168 metros de largo, 140 de ancho y 42 de álto: ambas murallas son de
piedra labrada y tienen varias puertas.

[109] Hoy sobreviven aún algunos fragmentos de esa raza, que permanecen
en la mayor ignorancia y embrutecimiento, completamente indiferentes á
los adelantos de la civilización actual.

[110] _Oklla_ y no _Okllo_, como escribe la mayoría de los autores,
porque _Mama-Oklla_, en quechua, significa «madre cariñosa, que abraza
en su seno» ó «regazo de madre.»

[111] El Emperador de la China, con un ceremonial patético, no
desdeñaba (hasta ayer no más, en que el Imperio transformóse en
República) labrar la tierra con sus propias manos: cada año al
celebrarse una fiesta señalada, daba á sus súbditos, este hermoso
ejemplo. Al efecto, en el templo más grande de Pekín, ofrecía
préviamente un sacrificio al dios de la Madre Tierra, en seguida,
revestíase de un traje de labrador, y conduciendo una yunta de bueyes
con las astas doradas y atádos á un arado de plata pintado de carmesí
con filetes dorados, abría surcos en una pequeña extensión de terreno
del recinto de ese mismo templo. Durante su trabajo, la Emperatriz,
acompañada de sus damas de honor, en un departamento inmediato,
preparaba una frugal colación, que le llevaba y tomaba en su compañía.
Los antiguos Chinos instituyeron esta ceremonia para recordar á sus
monarcas, que las rentas públicas sobre las que se funda su poder,
provienen del trabajo y sudor del pueblo, y que no deben ser invertidas
en el fausto y el despilfarro, sino aplicadas á las necesidades del
Estado.

Llama mucho la atención la analogía de ese ceremonial con el celebrado
por los Emperadores Peruanos; hecho que dá fundado márgen para
suponer que la civilización incáica deribabá de la China, y que los
Incas practicaban ese ceremonial con idéntico fin que los monarcas
del Celeste Imperio, es decir, tanto para dar á sus súbditos el
ejemplo de que deben dedicarse al trabajo de la agricultura, cuanto
para simbolizar que el producto de ese trabajo debe emplearse en las
necesidades de la comunidad únicamente.

[112] Planta enredadera y trepadora cultivada en algunos parajes de la
China, cuyas hojas mascan habitualmente los naturales del país.

[113] Lo que prueba la existencia, en la antigüedad, de las
continuadas islas á que hace referencia el conde Carli, es que los
mismos conquistadores españoles, al arribar á las costas del Pacífico
se cercionaron por las relaciones uniformes de las diversas tribus
situadas desde Guayaquil hasta Arica, que sus antecesores habían
venido desde lejanas tierras por las innumerables islas que existían
en todo ese mar, y que desde esas costas remotas habían navegado á
esas numerosas islas, cuyos vestigios, se presume, sean las que quedan
hoy conocidas con el nombre de Galápagos, distantes como unas cien
legues de Guayaquil, islas que, según asevera el almirante inglés David
Dampier--se dilataban desde un grado de latitud septentrional hasta
cinco de latitud meridional, contando, algunas de ellas, de ocho, diez
y más leguas de longitud; unas altas y otras bajas, unas con ríos de
agua dulce y otras sin ésta, unas estériles y otras fecundas; formando
todas ellas un inmenso archipiélago.» A lo cual, agrega el mismo
almirante en su relación publicada en la «Gazzetta Americana», que,
«según han ido pasando los años, se han ido perdiendo y desapareciendo
muchas de aquellas islas, quedando de ellas solo catorce.» Todas estas
islas diseminadas ántes en el Océano Pacífico, inducen á creer que
sirvieron de escala, en épocas remotas, á los originarios del Asia para
arribar á las costas meridionales del Contínente Sud-americano.

[114] Armenia, en el Asia Occidental, es la vasta región montañosa de
las elevadas mesetas que comprenden las cuencas superiores del Anaxes,
del Eufrates, del Tigris y del Tchorcuk: confina, al Norte, con la
Georgia y la Mingrelia, al Oeste con el Eufrates, al Sud y al Este
con el Kourdistan y el Aderbijan. Se considera la Armenia como uno de
los países más bellos de la Tierra, y, en tal concepto, los geólogos
antiguos colocaron en ella el Paraíso Terrenal.

[115] Los ejemplares de esos artefactos de cerámica que han llegado
hasta nosotros, son tan perfectos y tan bien conservados, que parecen
recién elaborados, razón por la cual son muy apreciados por los
anticuarios.

[116] Esta piedra, que es una obra de arte de la extinguida
civilización de los Chimús, cuyo mérito artístico fué reconocido por
el señor José Toribio Polo, que la encontró en Chavín de Huantar,
en 1874, se halla actualmente en Lima, traída á esta capital por el
Gobierno, quizá á indicación de este sabio arqueólogo, donde se halla
en exhibición pública en el vestíbulo del Palacio de la Exposición. La
piedra mide 1 metro 95 centímetros de largo por 76 centímetros en su
parte más ancha, siendo su espesor de 17 centímetros y el relieve del
dibujo de 5 milímetros, representa un hombre ó ídolo deforme, rodeado
con muchas culebras: el todo es muy notable por la finura, regularidad
y simetría del dibujo, cuyo artista la exculpió sin hacer uso de
herramientas de hierro, pues que en aquel tiempo los indios no conocían
el uso de este metal.

[117] La etimología de Tiahuanaco, según algunos autores, que
refieren que un Inca que llegó á ese lugar, llamado entonces Chucagua
(ciudad de piedra), recibió un correo á pié (chasque), el cual llegó
mucho antes de lo que se le esperaba. Asombrado el Inca, le dijo:
_Tihuai_,--_guanaco_ (siéntate, guanaco) comparándole con el cuadrúpedo
más veloz que conocían los peruanos.

[118] Es casi inverosímil, que la protocivilización de Tiahuanaco, que
era en esa época lejana, el foco de la cultura peruana y americana, se
hubiera dejado avasallar por los bárbaros Aymarás. Pero toda hipótesis
cabe en el destino de las naciones, pues la Historia, en sus páginas
innúmeras, ofrece algunos ejemplos de grandes imperios y reinos
que, después de haber sido florecientes ó poderosos, se derrumbaron
trágicamente. Los hechos que han acontecido posteriormente en el mismo
Perú y en México, con la conquista española, parecen en sí mismos
fabulosos, pues no se concibe como un puñado de aventureros lograran
conquistar esos dos grandes imperios.

[119] La gran revista mexicana «Revista de Revistas,» con el rubro de
_Valioso descubrimiento en el Perú_, trae el siguiente suelto:--«El
anticuario inglés Mr. Hewit Myring hizo recientemente uno de los
descubrimientos más valiosos, relativos á la historia del Perú. Colectó
en un antiguo cementerio de indios, más de dos mil especímenes de
obras de barro y armas de los antiguos peruanos. Mr. Myring encontró
debajo de una huaca de Incas, en una de las exploraciones que hizo
en los montes á una distancia de doscientas millas al interior de
Lima (valle de Chicama), restos y reliquias de la raza de los Chimús,
objetos que, según los arqueólogos, datan de seis á siete mil años
antes de Jesucristo. Cada tumba contenía restos de alimentos en jarras
vidriadas de arcilla. La parte más valiosa de este descubrimiento
de antigüedades, se compone de grandes urnas, algunas de las cuales
tienen hasta seis piés de alto y son tan pesadas que requieren tres
hombres para llevarlas en peso. Se las encontró sepultadas al lado de
las momias, y la mayor párte de ellas llevaban esculpido el rostro
del muerto ó de la muerta, tallado con suma destreza, ya en la parte
superior de la urna, ya en un macizo pedestal inferior.»

Todos estos objetos, en número de setecientos, han sido incorporados
al Museo Británico de Londres; los notables arqueólogos ingleses Mr.
Clemente Markham y Mr. C. Read, han declarado que esos hallazgos, en su
calidad de obras de arte, son superiores á las antigüedades asirias y
egipcias, y su estilo llega á la perfección del gusto griego arcáico.
Estas interesantes reliquias de los Chimús acreditan, y así se dice,
que les era desconocido el caballo, pues las personas van montadas
sobre el ancho lomo de un animal cuya cabeza es parecida á la de un
ciervo, asemejándose el cuerpo al de un tapir. También se nota que
las armas que usaban eran, la azagaya ó pequeña lanza arrojadiza, la
maza y el escudo. Asímismo se colija que eran aficionados á la música,
como lo demuestran los muchos instrumentos musicales encontrados. La
moda, igualmente, había llegado en este pueblo á la alta perfección,
á juzgar por la gran variedad de tocados y peinados que llevaban las
figuras de las vasijas. Eran aficionados á los animales, como las
aves y cuadrúpedos, antílopes, mochuelos, zapos, grullas y cigüeñas,
según se nota en la ornamentación de las figuras halladas. En la
plástica alcanzaron la perfección, pues se notan cabezas con los
ojos semicerrados y la boca torcida por grotesca sonrisa ó verdadero
dolor; otras tienen ojos grandes, inteligentes, que miran debajo
de cejas pobladas, la nariz bien proporcionada, y la boca de corte
expresivo. Pero, lo más extraordinario de todas estas figuras, es la
representación más antigua que se conoce, de la leyenda de Prometeo,
representada por una figura humana, atada á una roca, y en cuyos
intestinos hunde su pico un águila».

Todos estos objetos son de un valor inapreciable, y lástima grande es,
que esa valiosa colección, en lugar de figurar en el Museo Británico
de Londres, no figure en el Museo de Lima. Por eso, y á fin de
evitar en lo sucesivo semejantes escandalosos despojos, el Gobierno
del Presidente don Augusto B. Leguía, en 1911, expidió un decreto,
prohibiendo, en adelante, la extracción de antigüedades peruanas.

[120] Los relatos de Montesinos han sido acogidos, hasta ahora, con
cierta desconfianza; pero tienden á rehabilitarse con las indagaciones
practicadas últimamente por los sabios. Al terminar sus _Memorias
antiguas historiáles y políticas del Perú_, protesta que en su obra
«no hay cosa fingida, sino datos sacados de quipus y de memorias
antiquísimas que me he dado el trabajo de examinar instruyéndome de
todo.»

[121] Ccapacc, en lengua Quechua, significa grande, poderoso.

[122] Los antiguos cronistas y modernos historiadores están en
desacuerdo sobre la duración del período del Imperio de los Incas,
aún del reinado de cada uno de ellos. Uno de estos cronistas, cree
que el Imperio duró tan solo 200 años otros, de 300 á 400; otro, 350;
otro, 362; otro, de 500 á 600; en fin, otro, 565 años. Nosotros, según
la generalmente admitida cronología del reinado de cada uno de los
Incas, creemos que la duración del Imperio Incáico fué de 511 años,
desde 1021 hasta 1532, año en que dejaron de reinar los dos últimos
monarcas, Huáscar y Atahualpa, muriendo el primero en ese mismo año, y
el segundo al año siguiente. Cuanto á la duración del reinado de cada
Inca, también los cronologistas caen en discrepancias, no faltando
alguno (Sarmiento de Gamboa), que dá á algunos soberanos una vida
de centenarios, como Manco-Ccapac, que, dice él, murió de 144 años,
después de un reinado de 100.--También hay discordancia entre los
historiadores antiguos tocante al orden en que gobernaron los Incas,
y aún introducen cambios en los nombres de esos monarcas. Todos estos
diferentes pareceres producen lamentable confusión en la historia de
esos soberanos.

[123] La extensión territorial del Imperio, debido á las muchas
conquistas realizadas por los Incas, llegó á ser mayor que la que
tuvieron los Romanos en su mayor apogeo. Por el _Ccollasuyo_, ocupaba
desde la parte meridional del Cuzco y la altiplanicie del Calloa,
hasta las tierras denomidas hoy San Miguel de Tucumán y Santiago del
Estero, y toda la región andina de Jujuy, Salta, Catamarca, Rioja,
San Juan de Mendoza, hasta el río Maule. Por el _Antisuyo_ el poder
incáico llegó hasta Laracaja y Carabaya, la cuenca del río Toro y los
valles longetudinales en más de cuarenta leguas. Por el _Ccuntisuyo_,
comprendía las tierras entre el Apurimac y el Pachachaca, hasta Pampas,
y lá cadena occidental hasta la costa marítima. Por el _Chinchaysuyo_,
solo llegó el poder de los Incas hasta Huánuco y por la sierra hasta
Pasto. Se calcula que la población de _Tahuantinsuya_, cuando la
conquista española, llegaría á más de 10.000,00 de indígenas, población
que fué disminuyendo casi en sus dos terceras partes durante la época
colonial.

[124] Paullu-Tupacc, convertido á la religión cristiana y bautizado con
el nombre de Cristóbal, murió en el pueblo de Ccollccampata, cerca de
Cuzco, en 1549. Manco-Inca fué investido honoríficamente por Francisco
Pizarro con la dignidad imperial, en 1534; pero viéndose engañado,
se retiró al pueblo de Yucay, tramando allí una sublevación, en la
que la existencia de los conquistadores estuvo en inminente peligro,
cuya sublevación fué al fin, adversa á los Peruanos, teniendo Manco
que huír á las montañas de Huillcapampa (en 1557), donde fué muerto
traidoramente de un balazo, por un soldado español á quien él había
colmado de beneficios.

Su hijo Sayri-Tupacc, se coronó en Huillcapampa: á instancias del
Virrey don Andrés Hurtado de Mendóza, salió de las montañas, á Lima,
á donde le hicieron una grande recepción, presentándole las mercedes
que el Rey de España le concedía, á lo que Sayri-Tupacc hizo una
demostración sugestiva ante todos los asistentes. Arrancó un hilo de
la sobremesa y dijo: «Si toda esa sobremesa es mía, ¿qué merced es la
que se me hace dándome este hilo?» Sin embargo, le obligaron á abdicar
sus derechos al Imperio, en favor de la Corona de Castilla (1560),
otorgándole, para su mantenimiento, la provincia de Urubamba y el valle
de Yucay. Sayri-Tupacc se retiró á este último punto, habiendo recibido
préviamente el bautismo, con el nombre de Diego. Murió á los tres años,
apesadumbrado por la abdicación que había hecho, y dejó una hija, doña
Beatriz Ñuzta, que casó con Martín Loyóla, sobrino de San Ignacio de
Loyola.

Gabriel Tupacc-Amaru, hermano de Sayri-Tupácc, se coronó en
Huillcapampa. El Virrey don Francisco Toledo le llamó con engaños al
Cuzco, prometiéndole las mercedes que se habían concedido á su hermano;
pero se negó á aceptarlas. Viendo el Virrey que Tupacc-Amaru se
resistía á sus falsas promesas, mandó hacia él una partida de soldados,
capitaneados por Martín Loyola, quien apresó al Inca y su familia.
En el Cuzco fué encarcelado, cargado de grillos y cadenas, y se le
formó proceso criminal, acusándole de delitos que no había cometido,
porque el ánimo del Virrey era estirpar, del todo, la dinastía incáica:
Gabriel Tupacc-Amaru fué condenado á ser descuartizado, cuya ejecución
se llevó á cabo el 17 de Mayo de 1579, en la plaza del Cuzco, del
modo más inhumano y bárbaro: á la vez fueron también ejecutados, ese
mismo día, su esposa, Micaela Bastidas, sus hijos Dámaso é Hipólito,
sus cuñados Antonio y Miguel Bastidas y diez otros jefes ó consejeros
suyos. Mariano Tupacc-Amaru y Diego Tupacc-Amaru, hijo, el primero, y
hermano, el segundo, de Gabriel, fueron fingidamente embarcados para
España, pero en alta mar, asesinados, y sepultados en el abismo.

Así terminó, con los Tupacc-Amáru, la dinastía incáica en el Perú,
después de conservar aun ésta, su dominio, en aquellas apartadas
regiones, durante cuarenta y cinco años (desde la finjida coronación de
Manco-Capacc, en 1534, hasta la ejecución de Gabriel Tupacc-Amaru, en
1579).

[125] El vasto Imperio Incáico se extendía, por la costa, desde el 2°
grado de latitud Norte hasta el 37° de latitud Sud, es decir, desde el
río Angusmayu, que separa la provincia de Quito de la de Pasto, hasta
el río Maule, que forma el límite de Chile, ó sea una extensión de 1300
leguas de longitud; y por el interior, se dilataba al otro lado de la
Cordillera de los Andes, hasta los confines de las tribus salvajes,
teniendo en su parte más ancha, 120 leguas, desde el río Juanambica
hasta el Pilcomayo, y contando, así con regiones dilatadas y muy ricas,
que abrazaban todos los territorios de las actuales repúblicas del
Ecuador, Perú, Bolivia y la parte Norte de Chile, hasta el Tucumán.

Estaba dividido el Imperio Incáico en cuatro partes ó regiones, y se
denominaba Tahuantinsuya, designación que los Españoles suplantaron
por la del Perú, quizá por el nombre de un pequeño río del Norte. Las
cuatro regiones del Imperio eran: Antisuyu, al Este; Continsuyu, al
Oeste; Collasuyu, al Sud; y Chinchasuyu, al Norte. Cada una de estas
regiones tenía un camino estenso que partía desde la capital, Cuzco, y
atravesaba los cuatro puntos cardinales. Estas regiones se dividían en
provincias, y éstas, á su vez, se subdividían en porciones de á 10,000
habitantes, bajo el mando de un jefe ó gobernador.

[126] Las famosas ruinas de Tiahuanaco están situadas á 12,200 piés de
elevación sobre el nivel del mar, ó sea, á 36 piés más elevados que
la laguna de Titicaca, que es considerada la más alta del Globo, con
la particularidad de que nunca se congela apesar de su extraordinaria
altura. Tanto la ciudad emplazada á tan gran altura, y que ofrece al
mismo tiempo las construcciones antiguas más imponentes de toda la
América, cuanto la laguna de Titicaca, que igualmente se halla á tan
gran altura, son hechos que llaman mucho la atención de los arqueólogos
y geólogos. El nombre primitivo que tuvo esta ciudad misteriosa de
Tiahuanaco, ha quedado perdido. Los Aymarás, después, le han puesto el
nombre de Tiahuanaco, cuya etimología sería Titihuahuanacu, que significa
«los hijos del jaguar ó Titi».

[127] Varios historiadores y algunos otros autores hablan de la
traslacion de esas piedras desde las canteras hasta Tiahuanaco. Cieza
de León, en el cap. CV. de su «Crónica del Perú», dice que «esas
piedras debían haber sido traídas de grandes distancias y con muchas
dificultades;» sin especificar esas circunstancias.--El Licenciado
Polo de Ondegardo, en la pág. 171 de sus «Relaciones de Antigüedades
Peruanas,» afirma que «esas piedras se encontraban á distancia de
cien leguas.» Alcides D'Orbigny, en el tom. III, cap. 1, pág. 346 de
su _Voyage á l'Amérique du Sud_, infiere que «los grandes bloques
antecíticos dispersos entre las ruinas y la orilla del lago Titicaca,
demuestran el camino por el que fueron traídas como material de
construcción de Tiahuanaco.»--Jorge Squier, en su obra _Incidents,
travels and explorations in the land of the Incas_, participa de la
misma opinión de D'Orbigny.--Juan Diego Tschudi, en la pág. 65 de
su obra _Raisen in Sud America_, asienta que «esas piedras han sido
extraídas del volcán Kaijappia y que fueron trasportadas por tierra por
la vía de Zepita y el Desaguadero.»--Posteriormente, el señor Arturo
Posnausky, en su interesante trabajo «Petrografía de Tiahuanaco,»
publicado en el tom. V de la «Revista de la Sociedad Geográfica de la
Paz», cree haber comprobado que esas piedras proceden efectivamente
del volcán apagado Kaijappia, situado en el istmo de Yunguyo, á 1648
metros de elevación sobre el nivel del lago Titicaca, volcan cuyas
cumbres están hoy cubiertas de nieve perpétua y que hacen muchos siglos
formaban dos cráteres que arrojaban desde las entrañas de la tierra
cenizas, lavas y grandes bloques antecíticos.» El señor Posnausky
dice que en las cumbres de dicho volcán, cuyo cráter principal
tiene un diámetro de trescientos metros, se ven aún las señales del
trabajo plutónico que ejecutaron los antiguos Tiahuanaquenses para
extraer dichas piedras; que hoy este cráter está convertido en una
laguna profunda que recibe las aguas de las nieves derretidas de las
alturas; que en dicho cráter se encuentra una boca-mina abandonada
cuya entrada fué trabajada sólidamente, en ese tiempo, por esos mismos
Tiahuanaquenses; y que ese cerro contiene casi todo el material de que
se han servido éstos para sus construcciones ciclópeas. Después de
ocuparse el señor Posnausky de la procedencia de esas piedras, describe
la manerá como se han trasportado desde el volcán Kaijappia hasta
Tiahuanaco, opinando que indudablemente, en aquella época, se estendía
un brazo de agua en todo el trayecto que media entre el lago Titicaca
y Tiahuanaco; que aún se encuentran en este último lugar el muelle y
desembarcadero, y á cincuenta pasos de éste, las piedras desembarcadas
que los constructores referidos comenzaron á labrar. Se han trasportado
dichas piedras, según asevera el señor Posnausky, mediante grandes
balsas de totora construídas con _ochroma picatoria_ (palo de balsa)
que se encuentra en los Yungus, necesitándose, para la construcción
de ellas, más de tres mil kilos de ese palo ó sean setenta troncos de
diez metros de largo y veinte de espesor. El trayecto de Kaijappia á
Tiahuanaco, dice, es de cuarentaicinco kilómetros, que se pudo haber
recorrido en veinticuatro horas. Cuanto á las moles de que hablan
D'Orbigny y Squier, le parece al señor Posnausky, que procedían de
balsas que naufragaron, hundiéndose con su pesada carga, «Las piedras
desparramadas entre la orilla del lago y las minas, no son, en ningún
caso, _piedras cansadas_, cual las califica Garcilaso, porque su peso
es comparativamente muy pequeño para que fueran abandonadas por no
tener como trasportarlas.»

[128] La existencia de estos gigantes, en tiempos remotos, es también
testificada por las tradiciones indígenas

[129] Estos gigantes eran de talla tan extraordinaria, que, según
Cieza de León en la primera parte de su «Crónica del Perú», cap. III,
«los indíanos de talle común les llegaban á las rodillas.»--El P.
Acosta en su «Historia Natural», cap. XIX, dice: «aquellos gigantes
eran tres tantos mayores que los indianos de ahora.»--Gomara en su
«Historia general de América», cap. CXCIV dice también: «que las
estátuas de piedra hechas por ellos, halladas por Francisco Pizarro en
Puerto-Viejo, tenían la medida de algo más de ocho varas, que es la
que corresponde á todos los esqueletos hallados en los sepulcros de la
provincia de Guayaquil, y los esqueletos que se hallaron más tarde en
las cercanías de Trujillo, correspondían al mismo tamaño, siendo cada
diente tres dedos de grueso y cuatro de largo.»

[130] El presbítero Velasco, en su «Historiá del Reino de Quito», lib
IV, párraf. VI, pág. 159, refiere el hecho, que él mismo presenció, del
desentierro de un esqueleto gigante, en Ríobamba, aseverando que «al
fabricar uná casa, en 1735, los albañiles encontraron un grandísimo
sepulcro de muy remota antigüedad, tardando todos los trabajadores
algunos días en ir sacando las osamentas, que se reputó de más de 4000
cuerpos de los gentiles indianos que debieron morir en alguna guerra
de las que mantenía siempre la nación de los Pirhuayos con las de las
costas del mar. Entre aquellos esqueletos se descubrió uno todo entero,
cuyas canillas tenían dos varas cumplidas y cuyo cuerpo todo fué
reputado en más de treintidos palmos ó más de ocho varas.»

Últimamente, haciendo unas excavaciones para descubrir una antigua
ciudad azteca, en México, se han encontrado en el distrito de Tlaplum,
el esqueleto de un gigante prehistórico, al que los sabios mexicanos
le asignan doce piés de alto. Se cree que el esqueleto de este gigante
corresponde al legendario Quetzacoallto, uno de los progenitores de la
raza Azteca; pero esta creencia no pasa de ser una hipótesis ó mera
suposición, algo aventurada, porque ningún dato histórico la comprueba.

[131] El célebre navegante Cook, que ha visitado la Isla de Pascuas ó
Vai-Hu, también llamada Rapanui ó de Davis, que se halla á 27° grados
de latitud meridional, y 112° de longitud Este, distante como cien
leguas de las costás del Perú, dice:

«Esta isla tiene apenas cuatro leguas de largo y tenía en otro tiempo
una población de tres mil habitantes, encontrándose en ella huellas
de una civilización prehistórica casi grandiosa. Hay en ella, agrega,
innumerables estátuas gigantescas de piedra perfectamente labrada, de
veintisiete piés de altura, colocadas sobre sus respectivos pedestales,
é idénticas á las que se hallaron en Manta, en el Ecuador, suponiéndose
que fueron obras de los gigantes que vivieron allí, y que han dejado
otros monumentos y estátuas aún más sorprendentes y soberbias que se
encuentran en Tiahuanaco, que indudablemente fueron también obras
de esos mismos gigantes.» Dicha isla fué descubierta por el célebre
navegante inglés Juan Davis, en 1686, reconocido por el almirante
holandés Roggewein el día de Pascuas, en 1722, y visitada por Cook en
1774 y por La Pérouse en 1785.

[132] Parece que también en las provincias de Córdova y Rioja han
habido gigantes, pues en esos lugares se han encontrado algunos huesos
y cráneos de proporciones extraordinarias.

[133] Betanzos en su «Suma y narración de los Incas Capacunas,» le
dá el nombre de Taipikala, y Posnauski el de Huiñuymarca. Pero sea
el nombre que fuere, esa divergencia de interpretaciones no tiene
importancia alguna, siendo estéril entrar en discusión á este respecto,
porque nadie sabe cuál fué el idioma de los constructores de estas
ruinas; de consiguiente, el primitivo y verdadero nombre que tuvo la
ciudad prehistórica ha quedado para siempre perdido.

Empero, no queda duda que el nombre de Titihuahuanaco, (que se supone
de origen aymará), como lo pronuncian los indios Aymarás, significa
«los hijos del jaguar.»

Además, como lo ha dicho el señor Belisario Díaz Romero (en el diario
«La Nacion» de Lima del 17 de diciembre de 1913) es probable que la
palabra Tiahuanaco tenga su origen del idioma anti ó andino, que es
anterior al Aymará, como también la raza Anti lo es de la Aymará.

[134] «Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima», tom. XV, págs. 280 y
281, correspondiente al 30 de setiembre de 1904.

[135] En los cráneos dolicocéfalos, la cabeza presenta desde arriba la
forma oval, truncado por delante, longitud aumentada posteriormente por
una protuberancia occipital saliente; su mayor anchura se encuentra
algo delante de las fosas parietales que se hallan en la base del
cráneo. En los cráneos braquicéfalos, la cabeza, en vez de ser redonda,
parece cuadrada, con los ángulos redondeados y la extremidad anterior
más pequeña que la posterior.

[136] Desde el siglo XV ha permanecido esa ciudad completamente oculta,
por hallarse cubierta de bosques; en ella no ha posado la planta del
conquistador, y, por consiguiente, no fué objeto de profanación,
destrucción y especulación de la codicia de los aventureros del tiempo
de la conquista, ni aún de los especuladores de la larga época del
coloniaje. Empero, la existencia de Choqquequirau fué conocida desde
algún tiempo á la fecha, pues es notorio que por los años 1870 á 1874,
el señor José Benigno Samanez, al frente de una expedición, se propuso
llegar á ese sitio; pero su proposito le salió frustrado, porque
entonces no pudo abordar á él por las dificultades de los caminos
inaccesibles. Posteriormente, el doctor don Julio Césár de Piérolá,
prefecto de Apurímac en los anos 1897-98, concibió también la idea de
llegar á esas tierras, y, al efecto, hizo abrir un camino y construír
una oroya sobre el Apurímac (especie de puente de un solo alambre
con una canasta que puede contener tres personas), la que facilitaba
el tráfico; pero los acontecimientos revolucionarios de esa época
y su separación de la prefectura, ahogó la empresa cuando faltaba
poco para tocar á su término. Últimamente, el señor Jorge Alejandro
Ballón, formando al efecto una sociedad exploradora, fué quien
obtuvo el éxito deseado, pues vencidas las innumerables dificultades
que se presentaron, se pudo descubrir esta misteriosa ciudad, y se
logró pisarla, quedando deslumbrados todos ante la magneficencia de
las construcciones, como, asímismo, por el elegantísimo mobiliario
que decoraba sus habitaciones, y con el cual formaban contraste los
cadáveres hallados en las actitudes que se encuentran generalmente los
de la época incáica. El descubrimiento de esta ciudad antiquísima ha
despertado el más vivo interés entre los hombres científicos, por los
datos históricos que puede suministrar y por los estudios arqueológicos
que en ella sea dable efectuar.

Felizmente, el estudio de las antigüedades peruanas van adquiriendo
cada día mayor importancia. Las muchas ruinas diseminadas en los
territorios del Perú y de Bolivia, són considerados como verdaderos
tesoros de riqueza artística, y quizá, más tarde, esos dos territorios
reservan á los exploradores aún mayores sorpresas arqueológicas, que
las que se han descubierto hasta el día.

[137] Estas construcciones ciclópeas van destruyéndose poco á poco, por
la incuria de las autoridades, quienes no tienen en cuenta que aquellos
monumentos son patrimonio de la Historia peruána, y que la civilización
universal, por su solidaridad en el arte y en la ciencia, las reclama.

[138] Los etnógrafos opinan que las razas americanas esparcidas en todo
el Nuevo Continente pueden dividirse en secciones diferentes.

Así, la parte oriental de este Continente fué poblada por una raza que,
según Bory de Saint-Vincent, probablemente salió de las vertientes de
los montes Allegany y de los Apaches de la hoya del río San Lorenzo:
las emigraciones de estos pueblos pasarían á las Floridas, y de allí
al mediodía, ocupando las regiones de México, Antillas, Tierra-Firme,
Guayanas, y el territorio de Cumana: esta raza es originaria de los
Pieles-Rojas, que se han extinguido por el poder absorbente de los
Yankees. Los indígenas de Yucatán y de Honduras, los Caribes y los
Galibis tienen analogías marcadas con esta raza oriental, pues como
ella, son de cuerpo bien formado, y ágiles; su cabeza prolongada es
bien conformada; su cara es ovalada (_dolicocéfala_), que son los
cráneos cuyo diámetro antero-posterior es notablemente mayor que el
transversal; la frente deprimida; los cabellos negros, gruesos y
lucientes; y el color de la piel cobrizo.

La raza meridional de una parte sud del Contínente Americano, como la
hoya superior del Orinoco, la hoya del Amazonas, el Brasil, el Paraguay
y la Araucania, tienen, según Augusto de Saint-Hilaire, caracteres
que recuerdan la raza china: la cabeza redonda (_braquiocéfala_),
que son los cráneos cuyo diámetro antero-posterior difiere muy poco
del transversal, muy voluminosa, hundida en las espaldas por ser el
cuello corto, y pesada y aplanada por el vértice; la frente ancha,
muy deprimida; los pómulos salientes; los ojos pequeños; la nariz
achatada; los labios gruesos; la boca grande; los cabellos negros,
lisos y rígidos; y la piel de color de cuero curtido. Los indígenas de
las costas occidentales eran diferentes á los del resto del Continente,
no solamente por sus caracteres orgánicos, sino también por sus
costumbres, y su avanzada civilización, como lo comprueban las naciones
de México, del Perú y de los Chibchas, que eran pueblos muy adelantados.

Por consiguiente, según las observaciones craneoscópicas de los
etnógrafos citados, éstos demuestran que el tipo originario y común de
la América del Norte fué el _dolicocéfalo_, y en la América del Sud
el _braquiocéfalo_. Aunque esos caracteres craneoscopicos no tienen
valor absoluto en las clasificaciones de las razas, son de una grande
importancia en el estudio de éstas, unidos á los demás elementos
étnicos que las caracterizan.

El doctor Retzius hace de los cráneos humanos la siguiente división:

 _Dilococéfálos_  { Puros             índice menor que 75 por 100.
                  { Subdolicocéfalos, entre 75 y 77·5  por 100.

 _Mesaticéfalos_                      entre 77·6 y 77·9  por 100.
 _Braquiocéfalos_ { Subdolicocéfalos, entre 80 y 84·9  por 100.
                  { Puros             entre 85 y más por 100.

[139] La religión de los indios peruanos preincáicos consistía en
reconocer una triada ó trinidad de dioses, que eran:

_Con_ ó _Kon_.--En los tiempos primitivos del Perú creían los
indígenas en un dios, al que dieron el nombre de Con ó Kon, que era
la personificación del Trueno, del Temblor, de las Tempestades, pues
se manifiesta por los sacudimientos de la costra terrestre, á la vez
que por las erupciones volcánicas: por consiguiente era, para esos
indígenas, un dios malo, que tan solo veneraban para aplacar su ira.

_Pachaccamak_.--Los indíos de la costa rendían culto á Pachaccamak,
que en la mitología peruana fué considerado como un dios misterioso
que animaba y fecundizaba la tierra: el templo de este dios, que era
considerado como un oráculo, estaba situado en el valle de Lurín, cerca
de Lima, y el culto que se le rendía era algo cruento, pues se le hacía
sacrificios humanos.

_Huirakocha_.--Para los indios, era el dios del Agua, y autor de todo
lo creado, como el Sol, la Luna, las Estrellas, el Orbe todo, los
Hombres y demás séres mitológicos indianos.





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Origen de los indios de América. Origen y civilizaciones de los indígenas del Perú." ***

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