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Title: Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica
Author: Lozano, Pedro, 1697-1752
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica" ***

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images generously made available by the Bibliothèque nationale de
France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr)



DIARIO DE UN VIAGE A LA COSTA DE LA MAR MAGALLANICA

EN 1745,

DESDE BUENOS AIRES

Hasta el Estrecho de Magallanes;

FORMADO

SOBRE LAS OBSERVACIONES DE LOS PP. CARDIEL Y QUIROGA,

POR EL

P. PEDRO LOZANO.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO,

1836.

       *       *       *       *       *



ADVERTENCIA DEL EDITOR.


El viage que en 1745 emprendieron por órden de la Corte de España los
PP. Quiroga y Cardiel de la Compañía de Jesus, no tuvo mas objeto, que
señalar un punto favorable al establecimiento de una poblacion. El que
parecia mas indicado era la bahia de San Julian, y fué precisamente el
que se reconoció menos propio para fomentarla:--tierra estéril, pobre de
caza, de combustibles, y hasta de agua potable. Los mismos indios se
retraian de habitarla y solo la visitaban para hacer sus provisiones de
sal, que es lo único de que abunda.

Estos Jesuitas notaron muchos errores en la descripcion que hizo Anson
de aquellos parages, y negaron que desaguase en la bahia un gran rio, de
que hacia mencion este viagero. Hasta en la latitud hallaron inexactos
sus cálculos, cuya rectificacion prevaleció en los nuevos derroteros.

En este viage científico desplegó un gran valor el jesuita Cardiel, y
los detalles que dá el P. Lozano sobre una excursion de este animoso
misionero en el interior de la bahia, forman un trozo que no es posible
leer sin emocion.--"Cuando iban por la campaña sin camino, dice el
redactor del viage, marchaba el Padre en medio, y los demas extendidos
en ala á lo largo; y cuando por senda de indios (que la tuvieron muchas
leguas) _iba el Padre el primero_, atemperando al paso de los menos
fuertes, para que no les hiciesen caminar mas de lo que podian. Llevaba
al pecho un crucifijo de bronce, y en la mano un báculo, grabada en él
una cruz."--Estos pocos renglones son dignos de figurar en las páginas
del _Genio del Cristianismo_ del Sr. de Chateaubriand.

La publicacion que hacemos de este diario no es mas que una reimpresion
del que dió á luz el Padre Charlevoix en su _Historia del Paraguay_, de
donde lo sacó Prevost para su voluminosa _Historia de los viages_. El
mérito de esta obra, y el deseo de completar en lo posible la série de
los trabajos emprendidos en tiempo del régimen colonial para
perfeccionar la topografia del antiguo vireynato de Buenos Aires, nos ha
inducido á darle un lugar en la presente coleccion.

     _Buenos Aires, 26 de Enero de 1836._

                                            PEDRO DE ANGELIS

       *       *       *       *       *



DIARIO

_De un viage á la costa de la mar magallánica, &c._


Embarcáronse por fin á 5 de Diciembre de 1745, y el lúnes 6 á las diez
horas de dia, habiendo disparado la pieza de leva, se hicieron á la vela
en nombre de Dios, con viento fresco, y salieron á ponerse en franquía
en el amarradero, que dista tres leguas de Buenos Aires. De allí
salieron martes, á las nueve y media de la mañana, y con distar
Montevideo solas cincuenta leguas de Buenos Aires, no pudieron tomar su
puerto hasta el lúnes 13, que á las once y media del dia dieron fondo en
medio de su ensenada. Allí, entre la gente de aquel presidio, se
eligieron los veinte y cinco soldados, que se habian de embarcar, á
cargo del alferez D. Salvador Martin de Olmo: porque, aunque deseaba el
Señor Gobernador de Buenos Aires, que fuese mayor el número de los
soldados, y habia otros muchos que se ofrecian voluntariamente á esta
expedicion, no fué posible aumentar el número, por no permitirlo el
buque del navichuelo. El comandante de Montevideo, D. Domingo Santos
Uriarte, vizcaino, egecutó cuanto estuvo de su parte para el avio de la
gente y de los misioneros, con la presteza posible. Con que el dia 16 de
Diciembre estuvo el navio ya pronto á salir; pero por calmar el
nord-nord-este, y soplar el sud-este, no se pudieron hacer á la vela
hasta el viernes 17 á las cuatro y media de la mañana, con
nord-nord-este y norte.

La niebla densa casi no les permitia descubrir la tierra, y no se
adelgazó hasta las seis y media de la tarde, pasando sin ver la isla de
Flores. Domingo 19 dieron fondo á vista de la isla de Lobos, que les
quedó al nor-nord-este, á tres leguas de distancia. Tiene esta isla de
largo tres cuartos de legua, y corre este-sud-este, oeste-nord-este: al
este-sud-este sale un arrecife con algunas piedras que conviene evitar.
Este domingo, haciendo una plática el padre Matias Strobl, se dió
principio por nuestros misioneros á la novena de San Francisco Javier,
escogiéndole de parecer comun, por patron del viage. Asistian todos al
santo sacrificio de la misa, que se decia una todos los dias cuando el
tiempo lo permitia, y en los dias festivos dos. Se rezaba de comunidad
el rosario de Nuestra Señora, y en la novena se añadió leccion
espiritual todos los dias y pláticas, para disponer la gente á que se
confesasen y comulgasen, como lo hicieron al fin de ella todos con mucha
piedad. Para desterrar la costumbre de jurar, que suele reinar entre
soldados y marineros, se impuso pena, á que todos se obligaron, de quien
quiera que faltase, hubiese luego de besar el suelo, diciéndole los
presentes: _Viva Jesus, bese el suelo_. De esta manera, en devocion y
conformidad cristiana, se prosiguió la navegacion; y hallándose el
martes 21, en 35 grados, 11 minutos de latitud austral, varió la brújula
al norte 17 grados.

El domingo 26, en altura de 38 grados y 34 minutos, padecieron una
turbonada de agua menuda, y el este-sud-este que soplaba, levantaba
alguna marejada: y el lúnes siguiente 27, en altura de 38 grados y 36
minutos, sintieron extraordinario frio. Martes 28, en 39 grados, 9
minutos de latitud, y por estima, en 323 y 57 minutos de longitud,
hallaron despues de medio dia, 52 brazas de fondo de arena menuda y
parda: vieron algunas ballenas, y á puestas de sol observaron que la
brújula tenia de variacion al nord-este 17 grados y 30 minutos. El
miércoles, en dia claro y sereno, en bonanza, experimentaron mas frio
del que en esta estacion hace en Europa, hallándose en 40 grados, 56
minutos de latitud, y en 322 y 17 minutos de longitud. Miércoles á 5 de
Enero de este presente año de 1746, á las diez del dia descubrieron la
tierra del Cabo Blanco, al sur-sud-este, y la costa de la banda del
norte, que forma una grande playa á modo de ensenada, en donde pueden
dar fondo los navios al abrigo de la tierra, que es alta y rasa, como la
del Cabo de San Vicente, y tiene la punta un farillon ó mogote, que se
parece al casco de un navio. Hay á la punta una baja en que lava el mar.
En distancia de cinco leguas de dicho Cabo Blanco le marcó el padre
Quiroga al sud-este, un cuarto al sur, y observó 46 grados y 48 minutos
de latitud, y por consiguiente viene á estar puntualmente dicho cabo en
47 grados: lo cual conviene notar, por no equivocarlo con otra punta que
está al nord-este, y tambien es tierra alta, rasa, y que forma hácia el
mar una barranca llena de barreras blancas. La longitud del Cabo Blanco,
segun la cuenta de la derrota, son 313 grados y 30 minutos. Observóse en
todo lo que se navegó de esta costa, que el escandal se lava, y no saca
señal de fondo, sino es de mucho peso. En la punta de Cabo Blanco está
asido un peñon partido; y mas al sur de este peñon hay una punta de
tierra baja, y luego corre la costa nord-sur del mundo, y hace una
ensenada muy grande, que corre hasta la entrada del Puerto Deseado.

Jueves 6 de Enero, amanecieron al sur del Cabo Blanco, á cuatro leguas
de la costa, teniendo por proa la isla grande que hay antes de entrar en
el Puerto Deseado, á la cual llaman algunos _Isla de los Reyes_, y
nuestros navegantes le confirmaron este nombre, por haberla descubierto
este dia de la Epifania. La tierra, que está en esta ensenada, entre
Cabo Blanco y Puerto Deseado, es bastantemente alta, con algunas
quebradas, y en ellas matorrales de árboles pequeños, como espiños y
sabinas. Entraron á dicho puerto por la banda del norte de dicha isla,
acercándose á la boca del puerto, que es bien conocida, por una isleta
que está fuera y blanquea como nieve. A la banda del sur, cerca de la
entrada, hay un mogote alto, con una peña en lo alto, que parece tronco
de árbol cortado, y hace horqueta. En los dos lados de la boca hay peñas
altas cortadas, de las cuales, la que está en la parte septentrional,
mirada de una legua ó dos, mar adentro, parece un castillo. Esta tarde
saltaron en tierra, al ponerse el sol, el Padre José Cardiel y los dos
pilotos, con alguna gente de la tripulacion, y vieron que la marea
comenzaba á subir á las siete de la tarde. En la orilla hallaron algunos
lagunajos pequeños, cuya superficie estaba cuajada en sal, como lo
grueso de un real de plata, y no se encontró mas sal en los dias
siguientes.

El viernes 7, comenzó á subir la marea á las 7 y 15 minutes de la
mañana. A las nueve volvió á subir á tierra el Padre Cardiel con el
alferez D. Salvador Martinez y 16 soldados de escolta, á ver si
encontraban indios tierra adentro. A la misma hora entraron en la lancha
armada el capitan del navio D. Joaquin de Olivares, los dos pilotos, el
Padre superior Matias Strobl, el Padre Quiroga, el cabo de escuadra y
algunos soldados, á registrar por agua el fin del puerto, y ver tambien
si hallaban indios. Navegaron al oeste, costeando por el sur la isla de
las Pinguinas, y sondando el canal hasta la isla de los Pájaros.
Entraron por entre la isla y tierra firme, y registraron un caño pequeño
muy abrigado que parece rio. Saltaron en tierra, y subieron á lo alto de
los cerros á reconocer la tierra que es toda seca y quebrada, llena de
lomas y peñasquerias de piedra del cal, sin arboleda alguna: solamente
hay en los valles leña para quemar de espinos, sabinas y otros arbolitos
muy pequeños, y de este jaez es toda la costa ó banda septentrional de
este puerto. Desde la isla de los Pájaros, que hace abrigo á una
ensenadilla muy segura, para invernar cualesquiera embarcaciones,
pasaron á otra ensenada mas al oeste, en frente de la isla de los Reyes,
en la misma costa septentrional: buscaron allí agua, y solamente
hallaron en un valle un pozo antiguo de agua salobre, que, segun se
tiene entendido, fué la única que hallaron en este puerto los
holandeses. Desde aquí se volvieron al navio.

El Padre Cardiel, y los que fueron por tierra, subieron á una alta
sierra, en cuya cumbre encontraron un monton de piedras, que
desenvueltas, hallaron huesos de hombre allí enterrados, ya casi del
todo podridos, y pedazos de ollas enterradas con el cuerpo. El hombre
mostraba ser de estatura ordinaria, y no tan grande, que tuviese diez ú
once pies de largo, como los pinta Jacobo Lemaire. Despues de muy
cansados de caminar, no hallaron huella ó rastro de hombres, ni bosque,
ni leña, sino tal cual matorral; ni agua dulce, ni tierra fructífera
sino peñascos, cuestas, quebradas y despeñaderos, que les dieron copiosa
materia de paciencia: y si no les hubiera deparado Dios algunos pozitos
de agua en las concavidades de las peñas, por haber llovido un poco el
dia antes, no saben como hubieran podido volver al puerto. Desde los
altos no descubrieron por muchas leguas mejores calidades de terruño que
las dichas. Tampoco se encontró pasto, ni cosa á propósito para
habitacion humana, ni aun brutos, ni aves; sino solamente rastro de uno
ú otro guanaco, y tal cual pájaro: y la tarde de este dia pareció en la
costa del sur, en frente del navio, un perro manso aullando, y haciendo
extremos por venir al navio, y se discurrió seria de algun buque perdido
en esta costa. Al anochecer, llegaron los de tierra al navio, y poco
despues los de la lancha.

El sábado 8 de Enero, salió á las nueve el Padre Cardiel, con la misma
comitiva, á registrar la tierra por la parte opuesta, que es la del sur
de este Puerto Deseado; y casi á la propia hora, los mismos de la lancha
del dia antecedente, con bastimentos para cuatro dias, por registrar y
demarcar todo este puerto. Navegaron al oeste, hasta la punta oriental
de una isla, á la cual llamaron _la isla de Olivares_ por respecto al
capitan de este navio: y habiendo entrado por un caño estrecho, que
divide á esa isla de la tierra firme, salieron con bastante trabajo á
una ensenada pequeña que hace cerca de la punta occidental, sin poder
pasar adelante este dia, por haber quedado en seco la lancha, con la
baja marea. Desde un peñasco, en lo mas alto de la isla, descubrió el
Padre Quiroga, que la canal de este puerto corria algunas leguas al
oeste sud-oeste. Tambien el mismo, y los dos pilotos, marcaron la isla
de los Reyes, y la isla de las Peñas, que está en la costa
septentrional. En la isla de Olivares hallaron algunas liebres y
avestruces, y mármoles de varios colores. La tierra es árida, y falta de
agua dulce. En la punta occidental de dicha isla hay mucho marisco: y
los marineros hallaron en algunas conchas tal cual perla pequeña y
basta.

Domingo 9, volvió el capitan Olivares, el padre Quiroga y los demas, á
registrar la costa del sur, navegando al oeste sud-oeste, y tambien la
del norte, para ver si podian hallar agua. Hallaron á las diez del dia,
en la costa del sur, un arroyuelo que baja de una fuente bastantemente
caudalosa, que está en lo alto de la quebrada de un cerro, y dista cinco
leguas del puerto. Es de agua dulce, pero algo pesada, como agua de
pozo. Está en sitio acomodado para llegar cualquier lancha á cargar en
plea mar en el mismo arroyuelo que baja de la fuente. Púsole por nombre
_la Fuente de Ramirez_, por haber saltado en tierra á reconocerla el
segundo piloto, D. Basilio Ramirez. La tierra es toda estéril, y llena
de peñasqueria, ni se hallan árboles en cuanto alcanza la vista.

Lúnes 10, prosiguieron navegando por la misma canal al oeste sud-oeste,
hasta una isla toda llena de peñascos, que llamaron la _Isla de Roldan_,
y puestos norte-sur con dicha isla, comenzaron á hallar poco fondo de
cuatro brazas, de tres, de dos y de una, hasta que vieron tenia fin la
canal en un cenagal de mucha lama. A la misma hora se volvieron al
navio, á que abordaron á las cinco de la tarde: el Padre Cardiel y los
de tierra caminaron bien todo el dia 8, y hallaron no ser la tierra tan
áspera como la otra, pero sin leña, ni pastos, ni muestras de
substancia. A distancia como de dos millas dieron con un manantial de
agua potable, aunque algo salobre: por donde corria, habia algo de heno
verde, y no lejos de allí vieron once guanacos. Tambien recogieron á
bordo del navio el perro que se vió en la playa, lleno de heridas, y los
dientes gastados de comer marisco.

Lo que se puede decir de este Puerto Deseado es que, como puerto, se
puede contar entre los mejores del mundo. Ojalá que correspondiera la
tierra; pero es árida, y falta de todo lo necesario para poblacion. No
hay árboles que puedan servir para madera: solamente se halla en las
quebradas alguna leña menuda para hornos y para guisar la comida. No es
el terruño bueno para sementeras, porque ademas de ser todo salitroso,
es casi todo peña viva; ni hay mas agua dulce que las fuentes dichas.
Hállase sí abundancia de barrilla, para hacer vidrio y jabon: abundancia
de marmol colorado, con listas blancas, marmol negro, y alguno verde:
mucha piedra de cal, y algunas peñas grandes de pedernales de escopeta,
blancos y colorados, con algunos espejuelos dentro como diamantes: mucha
piedra de amolar, y otra amarilla que parece vitriolo. De animales
terrestres solo vieron guanacos, liebres y zorrillos. Aves algunas, pero
casi todas marítimas, como patos de varias especies, chorlitos,
gaviotas, &c. Hay leones marinos en gran número en los islotes dentro
del puerto, y vieron manada de ellos de mas de ciento. Su figura es la
misma que la de los lobos marinos, y solamente los llamaron _leones_,
por ser mucho mayores que los lobos del Rio de la Plata. Hay de ellos
rojos, negros y blancos, y metian tanto ruido con sus bramidos, que á
distancia de un cuarto de legua engañaran á cualquiera, juzgando son
vacas en rodeo. Mataron muchos los marineros por su cuero, que la carne
es hedionda, y casi toda grasa sin magro. El Padre Cardiel tuvo la
curiosidad de medir algunos, y eran los mayores como vacas de tres años:
la figura es de los demas lobos marinos; cabeza y pescuezo como de
terneros, alones por manos, y por pies dos como manoplas, con cinco feos
dedos, los tres con uñas. Algunos extrangeros los han llamado becerros,
y tambien leones marinos, y los pintan en sus mapas con su melena larga
de leon. No es así. Tienen algo de mas pelo en el pescuezo que en lo
restante del cuerpo, cuando aun ese del pescuezo no tiene el largo de un
dedo. La cola es como de pescado; y de ella y de los alones de las manos
se sirven para andar por tierra: bien que no pueden correr mucho, pero
se encaran con cualquiera que les acomete, y alcanzan grandes fuerzas, y
vieron tirarse unos á otros por alto, con ser del tamaño expresado. A la
multitud de estos leones ó lobos marinos atribuyeron la escasez de pesca
en este puerto: pues aunque tendieron varias veces la red los marineros,
solamente pescaron un pes gallo, y algunas anchovas y calamares.

La entrada de este Puerto Deseado es muy estrecha, y facil de fortificar
á poca costa: puédese cerrar con cadena, así en la boca como en lo
restante del canal, el cual corre este-oeste hasta la punta oriental de
la isla de Roldan. El mejor sitio para ancorar las naves, que hubieran
de ancorar aquí, es al oeste de la isla de Pinguinas, al abrigo de la
isla de Olivares; y si hubiere una ó dos naves, se pueden meter entre la
isla de los Pájaros y la tierra firme. Aunque hay en este puerto algunas
ráfagas de viento fuerte, que se cuela por medio de los cerros, no
incomoda las naves, ni levanta marejada. Las mareas corren con grande
ímpetu á cinco ó seis millas por hora, medidas con la corredera.
Observaron que en el plenilunio, la marea comienza á crecer á las siete
y cuarto. Entre creciente y menguante, parece se lleva 12 y 3 cuartos de
hora. Los navios que hubieren de entrar, pueden esperar al abrigo de la
isla de los Reyes el viento favorable, y entrar cuando la marea esté sin
fuerza, llevando en el tope algunos de los pilotos que avise para el
gobierno del timon: que de esta suerte entró ahora con felicidad este
navio de San Antonio. La isla de los Reyes, que tendrá de largo una
legua, está al este-sueste de la boca del puerto; y así esta como todas
las otras islas, escollos, &c. que hay en este puerto, anotó
puntualmente el Padre Quiroga en un mapa muy exacto que ha formado. La
latitud del Puerto Deseado es de 47 grados y 44 minutos. Su longitud de
Tenerife 313 grados y 16 minutos: 12 grados y 44 minutos al oeste de la
isla de los Lobos, desde la cual llevaba el Padre Quiroga, y los demas
pilotos, la cuenta para su gobierno.

El martes 11 de Enero, se levaron con el nor-oeste, y salieron con el
trinquete, y velacho. A las doce y media del dia desembocaron, y
metieron á bordo la lancha; y desde aquí fueron costeando la isla de los
Reyes hasta las seis de la tarde, que estuvieron este-oeste con ella, y
teniendo ya el viento por el sud-este, navegaron al sur sud-este.
Miércoles y jueves siguiente, navegaron en busca del famoso puerto de
San Julian, y vieron que desde los 48 grados y 48 minutos de latitud,
hasta los 48 grados y 52 minutos, hace el mar una ensenada, y hay una
islita pequeña con otro escollito al oeste, que dista de la tierra dos
leguas y media. La costa en este parage corre al sud-oeste, y al
sud-oeste cuarta al sur. La tierra es alta, aunque en la costa del mar
hace playazo. No se descubre en toda ella arboleda, ni amenidad alguna;
solamente registra la vista cordilleras y cerros escampados, y todo seco
é infructífero. A las siete y media de la tarde avisaron los pilotos que
habian subido á registrar la costa desde la gavia mayor, que habia por
la proa señal de bajos, y echando al punto la sonda, se hallaron con
quince brazas de fondo de cascajo; y calmando el viento, dieron fondo en
veinte brazas, y pasaron la noche sobre una áncora.

Viernes 14, se levaron á las cinco de la mañana, y navegaron al sueste
para salir de los bajos, y se hallaron en solas seis brazas de agua, en
un placer largo que hacen los bajos hácia el nord-este: descúbrense á
poco mas de una milla de distancia, lejos de la tierra firme como dos
leguas y media, y el placer sale como una legua; estan en 48 grados y 56
minutos de latitud, y la costa corre allí al sud-oeste un cuarto al sur,
y al sur-sud-oeste. A las tres de la tarde, les entró una turbonada por
el sud-oeste, que hubieron de aferrar las velas, viendo á la misma hora
en una nube negra una manga de agua, que se levantaba á lo alto como un
cerro. Corrida la costa hasta 49 grados y 15 minutos, no pudieron dar
con la entrada del puerto de San Julian, por lo cual hicieron juicio que
estaria en menor altura de la que le marcan las cartas; y favorecidos
del viento para navegar hácia el estrecho de Magallanes, determinaron
correr lo restante de la costa y dejar para la vuelta la entrada en San
Julian. La brújula varió 19 grados.

Sábado 15, corrieron al sud-oeste, con nord-este, y desde 49 grados y 18
minutos corre la costa al sud-oeste, que es limpia y seguida, y la
tierra baja y rasa; y en toda la costa hace una barrera alta, que parece
una muralla, sin verse en toda ella un árbol. A las tres de la tarde,
tuvieron por el sud-oeste el cerro del rio de Santa Cruz, que es una
punta de tierra alta, toda árida, con un mogote alto á la punta. A las
cinco estuvieron este-oeste, con dicho cerro, en catorce brazas de fondo
de cascajo, á poco mas de dos millas de la tierra. Por haber visto en
algunas cartas marcada una bahia al sur del morro de Santa Inés, fueron
en su demanda para dar fondo esta noche, y registrar la tierra: pero
hallaron que no hay tal bahia, antes bien es toda la costa seguida, y
corre al sud-oeste, y un cuarto al sur. A las nueve de la noche, el
viento por el sud-oeste levantó grande marejada: corrido con la mayor y
el trinquete al sud-este; poco despues se quedaron con el trinquete
solo, y parando el temporal, corrieron á palo seco la vuelta del
nord-este, habiendo cerrado los escotillones, y asegurado con varias
trincas y llaves el navio, corriendo así toda la noche que fué muy
trabajosa.

Domingo 16, corrieron á palo seco hasta las dos de la tarde. En toda la
noche precedente, y parte de este dia, eran tan récios los golpes del
mar, que entraban por una y otra banda del navio, llenándose todo de
agua. Los sacos, cajas y arcas rodaban de parte á parte, y algunos caian
sobre la gente, sin poder nadie sosegar ni parados ni sentados, ni aun
echados. Sobre todo, les molestaba la afliccion del estómago; y congoja
de corazon con tanto golpe y desasosiego; y el segundo piloto, D.
Basilio Ramirez, mientras atendia á la maniobra, se dió un golpe tal que
le quedó el rostro muy mal herido. Nuestros Jesuitas, teniendo mucho que
ofrecer á Dios en estos lances, como menos acostumbrados, hallaban
alivio en acordarse de los peligros y naufragios que San Pablo y San
Francisco Xavier, patron del viage, padecieron en la misma demanda de la
conversion de los infieles, y con esto mismo procuraban consolar á toda
la gente. Calmando el viento á las dos de la tarde, dió lugar á largar
la mayor y el trinquete, y se hallaron en 50 grados, 11 minutos de
latitud, y por la estima, en 311 grados y 3 minutos de longitud.

Lúnes 17, con dia sereno tuvieron la sierra del rio de Santa Cruz al
oeste, á seis leguas de distancia, y por la tarde navegaron bordeando la
costa de una grande ensenada, que en forma de media luna se extiende
desde el rio de Santa Cruz hasta cerca de la ensenada de San Pedro: toda
ella es tierra alta y árida sin árboles.

Martes 18 de Enero, acabaron de correr dicha ensenada, y á las seis de
la mañana descubrieron una entrada, que creyeron fuese la boca de algun
rio: yendo hácia allá, advirtieron que la dicha entrada estaba llena de
bajos en que reventaban las olas, y por hallarse en solo cinco brazas de
agua, dieron fondo con una ancla, y salió el primer piloto D. Diego
Varela en la lancha á sondar, para poder sacar el navio á franquía: y
hecha seña, se levaron, siguiendo la costa en demanda del rio de
Gallegos que esperaban hallar mas al sur. Halláronse á medio dia en 51
grados y 10 minutos, y en 308 grados y 40 minutos de longitud.

Miércoles 19, se levaron á las cinco y media, y navegaron siguiendo la
costa hasta un cabo de barrera alta, en cuya punta sale al mar una
restinga que hace bajo, y en esa se hallaron en 6 brazas. Un poco mas al
sur de dicha punta descubrieron una boca grande, y dando fondo, salió el
piloto Varela á registrar si era el rio de Santa Cruz, ó el rio de
Gallegos, ó algun otro puerto: que volvió al anochecer, sin haber
hallado entrada por la parte en que estaban ancorados; que la entrada se
descubria, por la costa del sur, y era necesario montar una punta de un
bajo largo, en el cual reventaba el mar. En la playa halló una ballena
muerta, y vieron muchas huellas de animales, y hallaron parte del campo
recien quemado, de donde concibieron esperanzas de hallar al dia
siguiente algun puerto y rancherias de indios.

Jueves, 20, se levaron á las cinco para acercarse á la boca del rio, en
que dieron fondo en seis brazas de agua, á las diez y media. Salió á
sondar el piloto Varela en lancha, por el medio y por la costa del sur;
y volvió á las cinco de la tarde, con noticia de que no habia entrada
para el navio, y estaba en 52 grados y 23 minutos de latitud. La marea
crece allí mucho, y habiendo dado fondo en seis brazas, como dije, se
hallaron poco despues en solas tres. Comenzó á crecer á las tres de la
tarde. Habiendo reconocido que toda la costa, hácia el cabo de las
Vírgenes, es tierra baja que corre al sur-sud-oeste; y juzgando por otra
parte, que no era conforme á las reales órdenes de Su Magestad navegar
aquellas como catorce leguas que faltaban al estrecho de Magallanes; así
porque los derroteros de antiguos y modernos no señalan puerto, ni rio
alguno en aquel espacio, como porque en la boca del Estrecho tampoco le
habia, sino muchos peligros, se levaron á las cinco de la tarde en
demanda del rio de Santa Cruz, que discurrieron estaria en menor altura
de la que le ponen las cartas de marear, y esperaban hallar en él buen
puerto.

Viernes 21 á medio dia, se hallaron en 51 grados y 25 minutos.

Sábado 22 á las siete de la tarde, hubo turbonadas de truenos y agua, y
navegaron al norte. Domingo 23 al amanecer, se hallaron en la costa que
corre al sur del puerto de Santa Cruz, y á las diez y media anclaron al
este de dicho puerto, á media milla de distancia, en 9 brazas de agua,
en 50 grados y 20 minutos de latitud. Salió en la lancha el piloto
Varela á reconocer una entrada, que reconocieron á la banda del norte,
creyendo seria la boca del rio de Santa Cruz; pues habiendo registrado
toda la tierra, que media entre la tierra rasa y el rio Gallegos, no le
habian hallado. Dentro de hora y media volvió al navio, por no poder
romper con la corriente de la marea que bajaba. A las tres de la tarde,
reconocieren que el agua habia bajado seis brazas, y que estaban
expuestos á quedarse en seco, por estar la marea en su mayor fuerza, y á
su lado se iban descubriendo bancos de arena y escollos por tanto al
punto se levaron para ponerse en franquía; mas apenas habian largado el
trinquete y velacho, cuando descubrieron un banco que les cerraba
totalmente la salida. Dieron fondo en seis brazas, y todavia bajó algo
la marea, de suerte que llegó esta por todo á bajar seis brazas y media.
A media noche quisieron salir con la marea llena, pero no pudieron, por
alcanzarles la menguante antes de suspender el ancla, y ser peligrosa la
salida en la oscuridad de la noche. La marea comenzó á bajar á las once
y media del dia.

Lúnes 24, tampoco dió lugar la marea á que saliesen del peligro en que
estaban, hasta las once del dia, que con marca llena y viento de tierra
se levaron, y poco á poco salieron á franquía en demanda del Puerto de
San Julian, dando repetidas gracias á Dios por haberlos librado de los
bajos que hallaron en el rio de Santa Cruz, saliendo con la marea por
encima de los peñascos, de que por todas partes estuvieron cercados.
Este rio de Santa Cruz en otro tiempo fué capaz de naves gruesas: pues
refiere Gonzalo Fernandez de Oviedo en su _Historia de las Indias_, que
ancoraron en él las naos del comendador D. Fray Garei Jofré de Loaysa,
año de 1526. Y lo mismo comenta el cronista Antonio de Herrera en su
_Historia de Indias, dec. 3. lib. 9. cap. 4._, quien dice, que en dicho
rio de Santa Cruz dió carena á su capitana. Y en la _decada 2. lib. 9.
cap. 14_. deja escrito, que Hernando de Magallanes se estuvo detenido en
este rio de Santa Cruz los meses de Setiembre y Octubre del año de 1520,
haciendo mucha cantidad de pesquería. Y mas es todavía, que casi cien
años despues, los hermanos Nodales, el año de 1618, en su viage al
registro del estrecho de San Vicente, ó de Lemaire, estuvieron tambien,
aunque de paso, en el mismo rio ó bahia, que les pareció buen puerto,
como escrivieron los mismos en su relacion, y de ella lo refiere Fray
Marcos de Guadalajara en la cuarta _parte de la Historia Pontifical,
lib. 14 cap. 1_. Sin embargo, el dia de hoy está impedido dicho rio de
Santa Cruz con unos grandes bancos de arena, que se discurre amontonó en
su embocadura la corriente de las mareas que es rapidísima; tanto que
hace garrar las áncoras, y con la baja marea quedan descubiertos los
bancos que cierran la entrada. Tiene aquí la marea algo mas de seis
horas de flujo, y otras tantas de reflujo, y este dia 24 de Enero
comenzó á bajar á las doce y media del dia.

Martes 25, sopló el sud-oeste y sur-sud-oeste muy récio, y levantó mucha
marejada, como acontece siempre en estas costas. Miércoles 26, se murió
un indio guaraní, que quiso acompañar en esta expedicion al Padre
Strobl. No podian adelantar mucho el viage, porque el viento y la mar
del norte abatian mucho el navio. Este dia, con ser ya por aquí el rigor
del verano, hizo mucho frio, y en todos los demas experimentaron tanto
como en Castilla se experimenta en el invierno. Jueves 27, se hallaron á
medio dia en 49 grados, 17 minutos de latitud; y por la noche el viento
oeste-sud-oeste cambió al nord-este, y causó mucha mar. Desde la altura
del rio de Santa Cruz es toda la tierra llana y pelada, como la pampa de
Buenos Aires, sin verse en ella cerro, ni árbol alguno; y desde 49
grados y 26 minutos hácia el norte, corren algunas cordilleras y cerros
altos hasta pasar Cabo Blanco, que, como ya dige, está en 47 grados. El
sábado 29, se pasó todo dando bordos hácia el este y el oeste, sin poder
arribar al rio de San Julian por el viento contrario. Con nord-este
fresco se hicieron mas al norte, para hallarse en positura de poder al
dia siguiente reconocer dicho rio. Domingo 30, tampoco se hizo cosa, y á
las ocho de la noche refrescó demasiado el viento por el nord-este,
levantando grande marejada, que se aumentó por instantes, rodeando por
el oeste, hasta parar en un sud-oeste furioso, que los puso en gran
peligro, y obligó á capear con solo la mesana, arreadas la antena mayor
y la del trinquete.

Lúnes 31, corrieron con el mismo temporal que fué mas terrible que todos
los pasados, hasta las diez del dia que calmó el viento, y á medio dia
se hallaron en 48 grados y 47 minutos de latitud. Por la tarde, cuando
lo permitia el viento, que fué poco y vario, navegaron al oeste para
tomar otra vez la costa, que el temporal les habia hecho perder de
vista. Por este tiempo hacian segunda novena á su Patron San Francisco
Javier, y al fin de ella, y vispera y dia de la Purificacion, hubo
muchas confesiones y comuniones.

El dia 1 de Febrero, navegaron al oeste; mas la corriente del norte les
hizo sotaventar muchas leguas al sur: pues, reconocida la tierra, á las
9 de la mañana se hallaron en 49 grados 5 minutos de latitud, y pasaron
el dia dando bordos, sin poder tomar ni aun reconocer el Rio de San
Julian. Ancoraron á la noche á tres leguas de la costa. Miércoles 2,
navegaron con viento sur á poca distancia de la costa, que desde los 48
á los 49 grados tiene algunos escollos, á las dos y tres leguas del
continente, y algunos de ellos parecen islotes, sin haber en ella
ensenada, en que se pueda dar fondo al abrigo de algun temporal. Jueves
3, tampoco pudieron descubrir dicho rio, y á medio dia se hallaron en 48
grados cabales á la vista de la costa. Lo mismo les acaeció el viernes
4; y el sábado 5, se hallaron en 48 grados, 24 minutos de latitud, á
seis leguas de tierra. A las 3 de la tarde estuvieron este-oeste con los
escollos que pone el P. La-Feuillée en 48 grados y 17 minutos de
latitud. El escollo que sale mas al mar, se parece al casco de un
navio, y dista de tierra cinco leguas: en la misma latitud, á legua y
media de la tierra, se ven otros cuatro ó cinco escollos que salen como
una restinga de piedras, y todos velan sobre el agua. Toda la costa en
esta altura es tierra árida y baja: solamente se dejan ver á trechos
algunos mogotes que no se levantan mucho.

Domingo 6, se hallaron demasiado apartados de la tierra en 48 grados 34
minutos, y la costa, desde esta altura á los 49 grados 17 minutos, hace
la figura de dos grandes ensenadas, y corren las puntas al sud-oeste,
cuarta al sur. La tierra, que media entre las alturas dichas, es por lo
general alta, aunque en algunas partes hace playazo. Al ponerse el sol
sintieron el ambiente muy cálido, cosa extraordinaria en estas costas:
dieron fondo con un anclote al sud-oeste, un cuarto al sur de un cerro,
el mas alto de esta costa, distante seis leguas. Lúnes 7, á medio dia
estaban en 48 grados, 48 minutos al este-nord-este del cerro mas alto, que
es uno de los últimos de la tierra alta. A las 6 de la tarde echaron la
ancla á dos leguas de una bahia, que desde afuera parece una corta
ensenada, que está al este del cerro alto en 15 brazas, y el fondo era
barro muy pegajoso y fuerte. Martes 8, á las 5 de la mañana, salió D.
Diego Varela en lancha á reconocer dicha bahia, creyendo hallar allí la
entrada al rio de San Julian; pero llegando á la boca de la bahia,
comenzó á bajar la marea con gran fuerza, y al mismo tiempo arreció
demasiado el viento del oeste, por lo cual no pudieron arrimarse á
tierra, y estuvo muy á punto de naufragar la lancha, en la cual entró de
una vez cosa de una pipa de agua: por lo cual se volvieron al navio á
las tres de la tarde. A la boca ó entrada de esta bahia, por la banda
del norte, hallaron catorce brazas de fondo, barro algo negro y bueno
para anclar: y en la banda del sur, á la entrada hay cinco, seis y siete
brazas de la propia calidad en el fondo. Toda la entrada es limpia;
solamente en la punta del sur hay dos farellones que velan en marea
mediada; en pleamar parece que se cubren, y en bajamar queda esta punta
un placer.

Miércoles 9, dia de la Purificacion de Nuestra Señora, cuyo patrocinio
imploraban, quiso la Madre de piedad, que, calmado el oeste fuerte á las
9 de la mañana, poco despues con un norte lento entrasen en la primera
ensenada de la bahia, que conocieron luego ser la de San Julian; y
favorecidos del viento, entraron hasta una legua dentro. A las dos de la
tarde, tomando mucha fuerza la corriente de la marea que bajaba, les
precisó á dar fondo con un anclote. En el interin que cesaba el flujo de
la marea, saltaron en tierra algunos; y habiendo observado D. Diego
Varela y el Padre Joseph de Quiroga, las vueltas y bajas que hacia el
rio, se volvieron á bordo á las 4 de la tarde. En tierra hallaron
algunos matorrales quemados poco antes. A las 6 de la tarde entraron mas
adentro, hasta poner el navio defendido de todos vientos, y le amarraron
con dos anclas. Habiendo dado fondo en marea alta en nueve brazas, luego
se quedaron en solas tres brazas, aunque el fondo es bueno de barro
blanco.

Jueves 10, salió el Padre Matias Strobl y el alferez D. Salvador
Martinez, con algunos soldados, á ver si hallaban indios en tierra: y
los Padres Cardiel y Quiroga, y el piloto mayor Varela salieron en la
lancha prevenidos de víveres á sondar la bahia hasta el rio de la
Campana, que ponen algunos mapas, ó si entraba otro rio, con ánimo de no
desistir de la empresa hasta averiguarlo todo. Hallaron que los navios
pueden entrar hasta legua y media de la primera boca: que el mayor fondo
se halla en pasando una isleta baja, que en pleamar le falta poco para
cubrirse, y hay en ella algunos patos é innumerables gaviotas. Todo lo
demas, que está de la banda del sur y del oeste, en marea llena, parece
un golfo todo lleno de agua; pero en bajamar queda todo en seco: y así,
habiendo navegado cosa de tres leguas hasta medio dia, y bajando á este
tiempo la marea, se quedaron en seco. Luego que subió, prosiguieron
hácia unas barrancas blancas, que se veian al sud-oeste; y tres cuartos
de legua antes de llegar á ellas, y al parage donde en pleamar llegaba
el agua, bajó otra vez la marea, y se quedaron en seco. Descalzáronse el
piloto Varela y el Padre Cardiel, y por el barro y pozitos que dejó la
bajamar, llegaron á la costa. Anduvieron hácia una y otra parte, y
reconocieron que allí se acababa la bahia, y allí fenecía el grande y
fabuloso rio de San Julian, su gran laguna y el rio de la Campana, tan
mentados y decantados en los mapas, especialmente de los extrangeros;
quedando harto maravillados de que con tanta confianza se cuenten tales
fábulas, y se impriman sin temor de ser cogidos en la mentira.

Encima de aquellas barrancas ó laderas halló el Padre Cardiel cantidad
de yeso de espejuelo, en planchas anchas á manera de talco. Volviéronse
descalzos á la lancha, en que durmieron hasta las dos y media de la
mañana del viernes 11. En amaneciendo fueron costeando lo restante de
esta bahia: á las ocho bajó la lancha, sin poder sacarla hasta las dos y
media de la tarde, que creció la marea, y rodeada toda la bahia, se
volvieron al navio, y en toda ella no hallaron agua dulce, ni leña, sino
tal cual matorral de sabina y espino. El Padre Matias Strobl volvió
diciendo, que por donde habian andado, la tierra era semejante á la del
Puerto Deseado; que halló en la orilla de la bahia unos pozos con una
vara de profundidad, de agua algo salobre; pero que se podia beber,
hechos á mano: que se discurrió los harian los ingleses de la escuadra
de Jorge Anson, el año de 1741, y que tambien halló, á distancia de
media legua de la bahia, una laguna, cuya superficie estaba quajada de
sal. Los marineros tendieron la red, y pescaron buen número de peces
grandes, de buen gusto, semejantes al bacallao, aunque algunos dijeron
era pejepalo.

Sábado 12, quedándose indispuesto el Padre Quiroga en el navio, salieron
los dos pilotos á marcar el sitio de las salinas, y se recogieron á
bordo al anochecer, quedando en tierra dos soldados, que se apartaron
demasiado. Domingo 13, reconociendo en aquel puerto tan mala disposicion
para que se quedasen los Padres Strobl y Cardiel con el alferez y los
soldados, y siendo igualmente árida toda esta costa hasta ahora
registrada, quiso el Padre Quiroga saber el parecer de los otros dos
misioneros, del capitan del navio, y del alferez que comandaba la tropa,
y todos unanimes sintieron no establecer allí poblacion, por no haber en
la cercania de la bahia agua dulce, ni tierras para labranza: lo que es
mas por faltar madera, y aun leña para quemar, que es la cosa mas
necesaria en esta tierra frigidísima: pero para mayor averiguacion se
determinó que saliese el Padre Matias Strobl con el alferez y ocho
soldados, por un lado, llevando víveres para tres ó cuatro dias, y
anduviesen tierra adentro registrando la tierra; y asímismo el Padre
José Cardiel por otro lado con diez soldados. Volvieron los dos soldados
que se habian quedado en tierra la noche antecedente, y dijeron haber
hallado agua dulce en una laguna, distante cuatro leguas de la bahia, y
guanacos y avestruces; pero que no se veian árboles en cuanto alcanzaba
la vista.

Lúnes 14, salieron en la forma dicha el Padre Strobl por la parte
oriental, y el Padre Cardiel por la occidental, y caminando aquel al
sur, como cosa de seis leguas, encontró una laguna que bojearia una
legua, toda cuajada de sal, distante del mar tres cuartos de legua, y
otro tanto del fin de la bahia. Los soldados encendieron los matorrales
que hallaron, y corrió el fuego dos leguas. La tierra era la misma que
en el viage antecedente. La gente, que con el Padre Cardiel iban hácia
el poniente, pegaron tambien fuego en la yerba de los campos, y subió el
fuego hasta muy alto. Hizo noche dicho Padre Cardiel como seis leguas al
poniente de la bahia, en donde hallaron agua dulce. Por la mañana del
martes 15, despues de rezar, y haberse todos encomendado á Dios,
prosiguieron su viage, y á distancia de una legua de la dormida, dieron
con una casa, que por un lado tenia seis banderas de paño de varios
colores, de media vara en cuadro, en unos palos altos, clavados en
tierra, y por el otro lado cinco caballos muertos, embutidos de paja,
con sus clines y cola, clavados cada uno sobre tres palos en altura
competente. Entrando en la casa, hallaron dos ponchos tendidos, y
cabando encontraron con tres difuntos, que todavia tenian carne y
cabello. El uno parecia varon, y los otros mugeres: en el cabello de
una de estas habia una plancha de laton de media cuarta de largo, y dos
dedos de ancho, y en las orejas, zarcillos de lo mismo. En lo alto de la
casa habia otro poncho revuelto, y atado con una faja de lana de
colores, y de ella salia un palo largo como veleta, de que pendian ocho
borlas largas de lana amusca. Segun estas señas, los difuntos eran de la
nacion Puelche. Pasaron adelante en busca de los que habian hecho aquel
entierro, creyendo dar luego con ellos, y juntamente con tierra
habitable; mas, aunque caminaron otras tres leguas, no hallaron rastro y
se les acabó el bastimento. Quisieron los soldados cazar patos en las
lagunas que se encontraban, y como era con bala, no mataban nada.

Despachó el Padre Cardiel dos soldados al navio con un papel al Padre
Superior Matias Strobl, y al capitan, dándoles relacion de todo lo
hallado, y pidiéndoles hasta treinta hombres con viveres y municiones
para ellos, y para los que le acompañaban, que pudiesen durar hasta
cuatro jornadas adelante. Este mismo dia 15 salieron en la lancha el
piloto D. Diego Varela y el Padre Quiroga á sondar el canal de la
entrada, y marcar todos los bancos que hay en su boca: pero por el
viento recio se vieron precisados á desembarcar en una pequeña ensenada,
donde echando la red los marineros, la sacaron llena de peces grandes,
todos de una especie, que parecen truchas de siete á ocho libras.
Hallaron en aquella parte de la costa buena leña para quemar, y en buena
proporcion, para que se puedan proveer de ella los navios que entren. A
la tarde volvió el Padre Matias y su comitiva, y dijeron, que en la
laguna hallada, la sal tendria mas de una vara de alto, blanca como la
nieve, y dura como piedra; pero que no habian hallado seña alguna de que
habiten indios en esta tierra.

En el miércoles 16, aunque sopló fuertemente el sud-oeste, nada incomodó
al navio, por estar bien defendido, y no poder los vientos levantar
marejada. Llegaron los dos soldados con la carta del Padre Cardiel, á
cuya súplica condescendió el Padre Strobl, quien el jueves 17, al salir
el sol, saltó en tierra con el alferez y los soldados, á juntarse con
dicho Padre Cardiel, al mismo tiempo el Padre Quiroga, el capitan de
navio y el primer piloto, fueron en la lancha á sondar lo que les
faltaba de la bahia, y saltando en tierra, subieron á un cerro bien
alto, que está al norte de la bahia. Descubrieron hácia la parte del
norte una gran laguna que se extendia tres leguas al oeste, y casi otro
tanto al norte, sin comunicacion alguna con el mar; pero no pudieron
saber si dicha laguna era de agua dulce. El Padre Matias caminó cuatro
leguas con su gente, y sabiendo que se acercaba el Padre Cardiel, le
envió á decir que se llegase á donde su reverencia estaba. Hízolo el
Padre Cardiel con grande trabajo, y le dijo el Padre Matias, que aquella
su gente venia muy fatigada con tanta carga, y que habiendo pensado
mejor en el punto, le parecía ser temeridad irse á meter entre bárbaros
no conocidos, y de á caballo. Dióle muchas razones en contra, con su
ánimo intrepido y valeroso el Padre Cardiel, poniendo por delante el
valor y experiencia de aquella gente, los pertrechos que tenian de
fusiles, pólvora y balas, la cobardia de todo indio, cuando halla
resistencia, y finalmente, la causa tan de Dios que llevaban de su
parte, que era la conversion de aquellos gentiles. Respondió el Padre
Matias, que lo encomendaria á Dios, y responderia por la mañana; en que
la resolucion fué se volviesen al navio. Obedeciendo pronto el Padre
Cardiel, aunque con el sentimiento de retirarse sin descubrir los indios
que imaginaba muy cercanos, pues habia ya visto un perro blanco que le
ladró, y se fué retirando hasta donde creia haber de hallar los indios.
La causa que tuvo entonces el Padre Matias fué llevar pocos víveres
prevenidos.

Sábado 19, propuso de nuevo el Padre Cardiel seria bien averiguar donde
tenian su habitacion los indios, y pidió al Padre Superior Strobl, que
lo consultase con el capitan del navio, con el alferez, con el sargento
y con el Padre Quiroga, segun la instruccion que para semejantes casos
le habia dado el Padre Provincial. Hecha la consulta, fué esta de
parecer que volviese á correr el campo el Padre Cardiel con los
soldados, que voluntariamente quisiesen acompañarle. A los soldados
añadió el capitan del navio muchos marineros, que voluntariamente se
ofrecieron, y un soldado de marina, llevando cada uno víveres para ocho
dias, y buena prevencion de municiones.

Domingo 20, en que fué el novilunio, habiendo observado el Padre Quiroga
y los pilotos con particular cuidado la hora de la plena y de la
bajamar, hallaron, que la bajamar fué á las cinco de la mañana, y la
plenamar á las 11 del dia. Lo cual es muy necesario que sepan los que
hubieren de entrar en este puerto, porque hay no menos que seis brazas
perpendiculares de diferencia; de suerte que en pleamar puede entrar un
navio de línea por los bancos, que en bajamar quedan descubiertos. Al
amanecer este dia, despues de decir misa, saltó en tierra el Padre
Cardiel con la escolta de soldados y marineros, que por todos eran 34, y
tomó el camino al oeste. El órden que observaban era este. A la mañana
rezaban algunas oraciones, y el acto de contriccion, y una oracion en
que daban gracias á Dios por los beneficios comunes, y le ofrecian las
obras y trabajos de aquel dia, especificando la hambre, sed, cansancio,
peligros, &a.; y protestando, que lo hacian por su amor y por la
conversion de los infieles. Despues se desayunaban, y marchaban cantando
la letania de la Virgen, y despues de ella rezaba el Padre Cardiel el
itinerario clerical. Cuando iban por campaña sin camino, iba el Padre en
medio, y todos estendidos en ala á la larga, para buscar mejor lagunas,
leña, caza, y ver humos de indios, &a.; cuando por senda de indios (que
la tuvieron por muchas leguas), iba el Padre el primero, atemperado al
paso de los menos fuertes, para que no les hiciesen caminar mas de lo
que podian: llevaba al pecho un crucifijo de bronce, y en la mano un
báculo, grabada en él una cruz. A la noche rezaban el rosario, y
cantaban la _Salve_: y para el rezo de mañana y tarde, y para hacer
cargar las mochilas y caminar, hacia el Padre señal con una campanilla
que servia de tambor.

Caminaron en esta forma cuatro jornadas, de á 6 y 7 leguas cada dia,
casi siempre por un camino de indios, de un solo pié de ancho, que
estaba lleno de estiercol de caballos y potrillos, ya antiguo, y por
manantiales de agua muy buena. Al fin de las cuatro jornadas se
desviaron de la senda á una cuesta alta, desde donde mirando con un
anteojo de larga vista, descubrieron la tierra de la calidad que la
demas. Anduvieron en estos cuatro dias, cosa de 25 leguas sin hallar
árbol alguno, ni pasto, sino algo de heno verde en los manantiales, ni
tierra de migajon para sembrar, sino toda esteril: agua sí, y en
abundancia en varios manantiales, por donde iba el camino ó senda de los
indios; y por donde no la habia, lagunas todas de agua dulce. No vieron
humo alguno, ni se encontraron animales del campo, sino unos pocos
guanacos que huian de media legua, y tal cual avestruz, de los que
mataron uno, siendo esteril de caza toda la campaña y cuestas: ni aun
pájaros se oyeron, sino es tal ó cual. Hubiéronse, pues, de volver harto
desconsolados. La gente se portó con mucha constancia, aunque unos á
pocos dias iban ya descalzos, otros con ampollas en los pies, y otros
con llagas, y los mas al sexto dia estaban estropeados. El Padre Cardiel
á pocos dias padeció muchos dolores en las junturas de las piernas, de
manera que al quinto no podia caminar sin muletas; y no hallando otro
remedio, que ponerse en ellas paños empapados en orina: con esto solo y
la providencia paternal de Dios pudo proseguir. El frio de noche les
molestaba mucho; y aunque con los escasos matorrales que hallaban,
tenian fuego toda la noche, como no llevaban mantas, ni con que
cubrirse, por un lado se calentaban y por otro se helaban sin poder
dormir.

Con todos estos trabajos estaba tan vigoroso el ánimo del Padre
Cardiel, que si hubiera sido _sui juris_, se hubiera venido por tierra,
descubriéndolo lo que hay acerca de los decantados, ó encantados
Césares, y de naciones dispuestas á recibir el Evangelio, para lo cual
ya se le habian ofrecido algunos de su comitiva. Porque se hacia la
cuenta, que con abalorios que llevaba, podria comprar caballos de los
indios, y cautivarles voluntades; pero como no esperaba conseguir
licencia para practicar esta especie, trató de volverse al puerto en
otras cuatro jornadas. En estos ocho dias, que se tardó el Padre Cardiel
en esta expedicion, observó el Padre Quiroga con un cuadrante
astronómico la latitud de esta bahia de San Julian: y segun estas
observaciones, la primera entrada de la bahia está en 49 grados, y 12
minutos: el medio en 49 grados y 15 minutos. El martes 22, á las 4 de la
mañana, se embarcaron en la lancha el Padre Mathias Strobl, el Padre
Joseph Quiroga, el piloto D. Diego Varela y el alferez D. Salvador
Martinez Olmo, y salieron á la primera ensenada de la bahia, y saltando
en tierra, caminaron hácia el norte á reconocer la laguna, que habian
descubierto los dias antecedentes. A los tres cuartos de legua hallaron
en lo alto, entre unos cerros, otra laguna de agua dulce, que tiene de
circuito una legua. Mas adelante, á dos leguas de la ensenada, donde
desembarcaron este dia, hallaron la laguna grande; pero toda cubierta de
sal: tiene tres leguas de largo, y mas de una de ancho. Pasaron á la
otra banda por ver si hallaban algunos árboles, y no hallaron sino
matorrales, que solamente tienen leña para quemar. En esta travesía de
la laguna les calentó mucho el sol; y su reflexion en la sal blanca como
la nieve les ofendia la vista. Hallaron siete ú ocho vicuñas, y un
guanaco, y á la banda del sur de la laguna, un pozo de agua dulce. Por
la banda del este de esta laguna hay una buena llanura, y luego está el
mar á una legua de distancia. A las 4 de la tarde de este dia estuvieron
ya á bordo.

Lo que todos vinieron á concluir, reconocida esta tierra de la bahia de
San Julian, y sus malas calidades, es que por allí no pueden habitar los
indios por falta de leña, miel, caza, &a. sino que viven muy retirados;
y discurrieron, que el sendero estrecho que siguió el Padre Cardiel
cuatro jornadas es, ó de los Auracanos de Chile, ó de los Puelches y
Peguenches, que vendrán tal cual vez por sal, de que carecerán en su
país, á la laguna grande, ó á las otras de la cercanía de la bahia; y
que este año moriria allí algun principal de ellos, para cuyas exequias
matarian dos de sus mugeres y sus caballos, para que les hiciesen
compañía en la otra vida, segun cree su ceguedad, y por el mismo motivo
enterrarian con él todas sus alhajuelas. Maravillados sí quedaron, de
que en tamaña distancia de Buenos Aires, hubiese indios de á caballo,
porque se juzga que desde 150 leguas abajo, todos estan de á pié, segun
nos dicen los indios serranos, y los derroteros de extrangeros. Segun
parece por sus alhajuelas de laton, &a., ellos tienen comunicacion con
otras naciones, que la tienen con españoles.

En fin, el lúnes 28 de Febrero, se empezaron á preparar las cosas para
salir de la bahia de San Julian, en donde no hallándose comodidad para
hacer por lo presente algun establecimiento, hizo el Padre Superior
Matias Strobl consulta, en que entraron el Capitan del navio, el
alferez, el sargento, los Padres Cardiel y Quiroga, presente el
escribano del navio, y todos unánimes fueron de parecer, que al presente
no era conveniente se quedasen allí los Padres, pues ademas de faltar
las cosas necesarias para poblacion, tampoco habia indios, en cuya
conversion se empleasen. Por tanto á las 9 de la mañana comenzaron á
levarse; pero habiéndose cambiado á la misma hora el viento á sud-oeste,
se quedaron en el mismo sitio. A las dos de la tarde sopló con gran
fuerza el sud-oeste, y aunque en esta bahia no levanta mar, hizo tanta
fuerza, que el navio garró algunas brazas, y fué necesario arrear las
antenas y prevenir otra ancla. Los marineros, que habian ido hoy á
tierra en la lancha, hallaron en el campo un letrero con estos
caracteres: I. O. HN. WOOD, que será el nombre de algun inglés ú
holandés que haya estado en esta bahia.

Martes á 1 de Marzo, por tener el viento por el sud-este, no pudieron
salir por la mañana, y se colocó en un alto, en frente del sitio donde
estuvieron ancorados, una cruz alta de madera con esta
inscripcion:--_Reinando Phelipe V, año de 1746_. A las 4 de la tarde,
soplando el oeste, se levaron y salieron de la bahia de San Julian, á
las 5, y luego que estuvieron fuera, levantaron la lancha á bordo, y
siguieron su derrota al nord-este. Con que por despedida será bien dar
aquí mas completa relacion de este puerto y bahia.

De ella cuentan muchas cosas los viageros extrangeros, y especialmente
Jorge Anson, Comandante de la escuadra inglesa, que el año de 1741 entró
á infestar el mar del sur, por el estrecho de Lemaire. Entre otras cosas
ponen algunos de sus mapas impresos, que esta famosa bahia la forma un
gran rio, que nace de una gran laguna, 40 ó 50 leguas tierra adentro, y
que de esta laguna nace otro rio, llamado _de la Campana_, que corre
hasta salir al mar del sur. Por todo esto deseaba el Real Consejo de
Indias que se hiciese aquí una poblacion, y á ese fin se emprendió este
viage: pero la experiencia ha desengañado, que todo lo que decian de
esos rios los extrangeros es una mera y pura patraña, pues tal rio no se
halla, ni señas de haberle jamas habido; que al fin es verdadero el
adagio castellano, que, á luengas tierras, luengas mentiras. Todos
sitúan esta bahia en 49 grados, minutos mas ó menos, y tienen razon:
porque como ya dije, se ha visto ahora que está en 49 grados y 12
minutos su entrada, y el medio, en donde pueden surgir los navios, en 49
grados y 15 minutos. Su longitud respectiva, contada de la isla de los
Lobos, son 15 grados y 20 minutos; y la longitud universal, contada del
pico Teibez de Tenerife, son 311 grados, y 40 minutos. No solamento no
entra en esta bahia rio alguno grande que se pueda navegar muchas leguas
arriba, como en sus diarios y cartas escriben sin fundamento algunos
estrangeros, pero ni aun un pequeño arroyuelo pudieron hallar nuestros
españoles.

La entrada de este puerto es dificil de conocer al que no lleva mas
señal que la altura, porque desde fuera solamente se ve la primera
ensenada, casi toda llena de bajíos; pero será muy fácil de conocer
dicha entrada, gobernándose por las señas siguientes. Casi al oeste de
la boca del puerto está un cerro muy alto, el cual yendo del nord-este,
se vé de muy léjos, por ser el mas alto que se vé en esta costa, y de
léjos parece como isla; y acercándose algo mas, se ven las puntas de
otros tres cerros, que tambien parecen islas, hasta que de mas cerca se
vé que son tierra firme. Pues el que fuese en demanda del puerto de San
Julian desde la isla de los Reyes, se apartará de la tierra, porque es
la costa peligrosa, y llena de bajos; y en llegando á los 49 grados,
llevará la vista al sobredicho cerro mas alto, y navegará acercándose á
la tierra este-oeste con él, y entonces verá la primera ensenada, que
tiene á la banda del norte unas barreras blancas; y toda tierra que está
á la banda del sur hasta el rio de Santa Cruz, es baja, y tambien parece
que hace una barrera blanca, como una muralla.

La entrada del puerto es bien dificil, y no pueden entrar navios en
marea baja, pues queda solamente un canal estrecho con dos brazas y
media, ó tres brazas de fondo, el cual corre al sud-oeste hasta una
punta, en la cual hay algunas peñas, y desde allí corre mas al sur por
cerca de la costa, que se deja al oeste. En pleamar pueden entrar navios
de cualquiera porte, porque, como ya se dijo, la marea sube y baja seis
brazas perpendiculares, y hace muy diferente la apariencia de la entrada
y del puerto, como se vé en dos planos que hizo el Padre Quiroga. No
obstante, siempre será necesario que el navio, que no llevare piloto
práctico de este puerto, dé fondo afuera, y envíe la lancha á reconocer
la entrada: porque, como he dicho, es dificil, y siempre será bueno
entrar cuando la marea vaya perdiendo la fuerza, para poder ancorar en
bastante fondo, antes que baje la marea. Los navios grandes pueden
entrar hasta ponerse detras de las islas, en donde en bajamar se hallan
13 y 14 brazas. El fondo es bueno, de barro negro, mezclado con arenilla
muy fina. Los vientos aquí, aunque soplan con fuerza, no levantan
marejada, por estar todo el puerto cubierto con la tierra. Hay dentro
dos islas, que valen en pleamar, y en ellas muchas gaviotas. A media
marea se van descubriendo otros islotes; y finalmente en bajamar se
queda en seco, por la parte del sur, un recinto que en pleamar parecia
una gran bahia.

Este puerto por el estio no tiene aguada para los navios; pues algunas
lagunas manantiales, que se hallan al oeste del puerto, distan tres ó
cuatro leguas, y otra laguna mas próxima, que está al nor-oeste de la
entrada, dista una legua del mar, y es bien dificil de hallar entre dos
cerros cerca de lo alto. En tiempo de invierno es factible que bajen
algunos arroyos del agua que destilarán las nieves. Toda la tierra es
salitrosa y esteril, solamente se hallan algunos matorrales al oeste de
la entrada, que pueden servir para leña para los navios: no hay pasto
para los ganados, sino es tierra adentro, que se halla algun poco en las
cañadas, donde hay manantiales, ni se halla un solo árbol que pueda
servir para madera.

Puédese fácilmente fortificar el puerto, construyendo una bateria en la
punta de piedras, que está al sud-oeste de la primera entrada en la
costa del norte, porque aquí se estrecha la entrada, y pasa el canal á
tiro de fusil de dicha punta: ni podrán los navios batir la fortaleza
construida en este sitio, porque en bajando la marea, se quedarian
encallados, pues toda la ensenada, fuera de la punta, se queda en
bajamar con poca agua, y aun en el canal estrecho apenas llega á tres
brazas. Piedra no falta, y casi toda parece ser de ostriones convertidos
en piedra, de la cual se puede hacer buena cal. Tambien al sur del
puerto se halla en los cerros espejuelos para hacer yeso. Hay en este
puerto abundancia de pescado, semejante al bacallao: hay aves marítimas,
como gaviotas, pájaroniño, patos, &a., y en tierra se hallan avestruces,
guanacos, vicuñas, quirquinchos y zorrillos. El temple es seco, y en
invierno no hace mucho frio. Hay cuatro ó cinco lagunas de sal; pero la
mas cercana dista de la mar casi una legua.--Al cabo pues de 21 dias de
diligencias, para averiguar todo lo dicho, salieron nuestros navegantes
de esta bahia de San Julian á 1 de Marzo viniendo en demanda del rio de
los Camarones, siempre cerca de la costa.

Vinieron sin ver cosa especial, hasta que el jueves 10 de Marzo se les
levantó mucho mar en la altura de una ensenada, que hay al sur del cabo
da las Matas, en 45 grados de latitud. En frente de dicho cabo hay dos
islas, la mayor á una legua del continente, y la menor, que es muy baja,
dista de la tierra 4 leguas, y están una con otra sud-este nor-oeste.
Hay otras cuatro islas; la una grande á la punta del sur, y tres
pequeñas dentro de la bahia del mismo cabo, al cual no conviene el
nombre de las Matas, pues la tierra es toda árida y sin tener matas
algunas. Las aguas corren aquí con mucha fuerza al sur y al norte,
siguiendo el órden de las mareas, y la tierra del cabo es medianamente
alta, con algunos mogotes. Entre dos puntas de este cabo de Matas hay
una ensenada, en que entraron el viernes 11 para registrarla; dando
fondo en medio de ella en 30 brazas arena negra, á legua y media ó dos
leguas de la tierra. A medio dia saltaron en tierra el Padre Quiroga, el
piloto mayor, y el alferez D. Salvador Martin del Olmo, y reconocieron,
que en lo interior de esta ensenada que forman las puntas de este cabo,
hay una buena bahia, con mucho fondo hasta cerca de tierra; de suerte
que á tiro de fúsil se hallan 7 ú 8 brazas de fondo de arenilla y
cascajo en marea baja. Llámaronla _bahia de San Gregorio_, y está
abrigada de todos vientos, á excepcion de los nord-este; este, que aquí
no suelen ser malignos.

Subieron los tres á los mas altos cerros, para descubrir desde allí á la
banda del norte la bahia de los Camarones; y habiéndola descubierto con
una que hay en ella, registraron así mismo otra caleta á la banda del
sur del cabo; y notado todo, se volvieron á la lancha, á las 6 de la
tarde, bien cansados de haber andado tres leguas sin haber hallado agua,
ni leña, ni otra cosa alguna que piedras, que la hacen inhabitable aun
de los brutos. Sábado 12, dieron fondo al anochecer dentro de la bahia
de los Camarones en 25 brazas de fondo, arena menuda, á legua y media de
tierra. Es esta bahia muy grande, por lo cual en el medio es muy
desabrigada; mas en la banda del sur, cerca de tierra, pueden las naves
abrigarse de los vientos sud-oeste, sur, sud-este, aunque en tal caso
estarán expuestas á los nortes, y nord-estes, de los cuales se pudieran
defender en la banda del norte, quedando expuestas á los demas vientos.
En medio de la bahia hay una isla, que tendra una legua de largo, y en
la punta de éste hace una restinga de bajos é islotes: dista del
continente casi una legua, y está toda cubierta de aves y de lobos
marinos, que andan por la bahia en gran número. Pusiéronla por nombre la
_Isla de San Joseph_. Observado el sol en medio de esta bahia, se halló
estar en la altura de 44 grados y 32 minutos de latitud, y en 313
grados, y 36 minutos de longitud.

Saltaron en tierra el domingo 13, á las 8 de la mañana, el Padre Matias
Strobl, el alferez D. Salvador Martin del Olmo, y seis soldados, á
registrar el terreno, y ver si habia indios en esta costa. Volvieron al
anochecer, sin mas noticia que haber hallado toda la tierra llena de
peñascos y espinas, en cuatro leguas que caminaron, y de las espinas
traian los soldados lastimadas las piernas, por ser muy agudas.
Encontraron uno que parecia rio, por cuyas orillas subieron, y á cosa de
una legua ya no habia mas que señales de que por allí corria hasta
aquella entrada del mar algun arroyo de agua en tiempo de lluvias, ó al
derretirse las nieves, aunque entonces estaba totalmente seco, por lo
cual se reconoce ser fabuloso el rio que en esta bahia pintan algunos en
sus cartas, ni se halla agua dulce, ni leña, ni árbol alguno. No
hallaron rastro alguno de indios, ni es posible que habiten en esta
costa, en donde todo es seco y árido, sin que se pueda hallar gota de
agua. Habia en la bahia muchos camarones, que no se habian hallado en
otra parte, sino allí y en la bahia de San Julian.

Al anochecer, el lúnes 14, salieron con nord-este de la bahia de los
Camarones, en demanda del rio del Sauce.

El martes 15 se pusieron nord-sur con el cabo de Santa Elena, que está á
la banda del norte de la bahia de los Camarones, en 44 grados y 30
minutos de latitud: la tierra de él es por la mayor parte baja,
solamente se ven algunos mogotes que sobresalen algo, y al que viniere
de lejos parecerán islas.

El miércoles 16, por la noche, refrescó el viento demasiado, y causó
grande marejada.

El jueves 17, á las 8 de la noche, les sobrevino de repente un huracan
de viento sud-oeste muy récio, que cogiéndoles con las cuatro
principales largas, los puso en manifesto peligro de desarbolar, y mas
habiéndoles tornado por la lua; pero al fin pudieron aferrar las tres,
excepto la del trinquete, con la cual corrieron á popa, haciendo camino
al sud-oeste.

El viernes 18, se hallaron á medio dia en 42 grados y 33 minutos, hácia
donde se pone comunmente el rio del Sauce; pero los vientos contrarios
no les permitieron arribar á él. Y viendo que el agua escaseaba, pues no
se pudo meter mas por la pequeñez del navio, que el tiempo era ya de
invierno por allí; que este rio estaba muy cercano á Buenos Aires; y muy
lejos del estrecho de Magallanes, en cuyas cercanías era el órden de
poblar, que segun relaciones de algunos españoles, que desde Buenos
Aires han llegado á dicho rio, y de los indios que pueblan sus márgenes
tierra adentro, y van algunas veces hácia el mar, es de malas calidades
hácia su boca, prosiguieron adelante sin entrar en él, y en 41 grados
encontraron las corrientes del mar.

El sábado 26 de Marzo, á las 10 de la mañana, se reconoció estar sentido
el palo mayor en la parte superior, y se le echó un refuerzo.
Halláronse, al observar el sol, en 35 grados y 36 minutos; y habiéndose
hallado el lúnes 28 en 35 grados y 43 minutos, los hicieron retroceder
las corrientes, pues el martes 29 se hallaron en 36 grados y 23 minutos.

Jueves 31, á las 5-1/2 de la mañana, se hallaron por fin al norte del
cabo de Santa Maria, cuatro leguas de tierra.

Viernes 1 de Abril, estuvieron á medio dia en 34 grados y 48 minutos, al
este, un cuarto al nord-este del cabo de Santa Maria, á tres leguas de
distancia. A la una y media descubrieron el Pan de Azucar al oeste, y á
las 5-1/2 á su barlovento, una embarcacion que navegaba al Rio de la
Plata, y su vista los obligó á preparar la artilleria y las armas.

Sábado 2, á las 6 de la mañana, en frente de Maldonado, descubrieron á
sotavento la embarcacion del dia antecedente aterrada, y se reconoció
llevaba vela latina, y á medio dia echaron un gallardete español en el
palo mayor, para llamar la embarcacion, que conocieron ser tartana. A
las 2 de la tarde, teniéndola mas cerca, echaron vela española,
asegurándola con un tiro de cañon sin bala; por lo cual á poco rato se
acercó dicha tartana, que venia á cargo de D. Joseph Marin, de nacion
francés, quien dijo haber salido de Cadiz por Enero, con pliegos de Su
Magestad para el Gobernador de Buenos Aires, y que por no traer práctico
del rio, seguiria la derrota de este navio, como lo egecutó: y el lúnes
4 de Abril, á las cinco de la tarde, dieron fondo á tres leguas de
Buenos Aires, y á las 5-1/2 entraron los tres Jesuitas en la lancha con
el capitan del navio, y el de la tartana, y á las 7-1/2 llegaron á dar
cuenta de su arribo al Gobernador de Buenos Aires, D. Joseph de
Andonaegui, quien cuatro meses antes los habia despachado, de órden de
nuestro Rey (que Dios guarde), á esta demarcacion de la costa hasta el
estrecho de Magallanes.

Lo que en general se puede decir es, que dicha costa del Océano, que se
extiende desde el Rio de la Plata hasta la extremidad del continente de
esta América meridional ó austral, y se llama comunmente _Costa de los
Patagones_, está situada entre los 36 grados y 40 minutos, y los 52
grados y 20 minutos de latitud austral. Corre desde el Cabo de San
Antonio hasta la bahia de San Jorge al sud-oeste: desde esta bahia hasta
el Cabo Blanco corre nor-oeste; desde Cabo Blanco hasta la isla de los
Reyes, norte-sur; y desde la isla de los Reyes hasta el rio Gallegos
corre al sur-sud-oeste, formando varias ensenadas: y ultimamente desde
aquí al Cabo de las Vírgenes corre al sud-este. Toda la costa hasta los
cuarenta y tres grados, es tierra baja, y dicen que cerca de tierra se
halla poco fondo. Desde los 44 grados, navegando hácia el sur, es casi
toda la tierra de la costa bien alta, hasta la bahia de San Julian, y en
44, 45 y 46 grados de latitud se halla mucho fondo cerca de tierra: y
así por esta altura, navegando de noche, no hay que fiarse de la senda,
pues se hallan 40 brazas á una legua de la tierra, y el mismo fondo se
halla muchas leguas la mar afuera. Desde San Julian al puerto de
Santa-Cruz es la tierra rasa, y hace barrera alta en la orilla del mar:
hállase en todo el intermedio buen fondo. De Santa-Cruz al rio Gallegos
vuelve á ser la tierra moderadamente alta, y luego hasta el cabo de las
Vírgenes es la costa baja.

En el Cabo de Matas es peligrosa la navegacion de noche en la cercania
de la tierra, á causa de las islas, que salen mucho al mar, y la de mas
afuera es la mas baja. Tambien es poco segura la costa desde la isla de
los Reyes hasta San Julian, por lo cual conviene en esta altura navegar
á buena distancia de tierra.

Los vientos que corren en estos mares, en el verano y estio, son nortes,
nord-oestes, oestes y sud-oestes. Los estes y sud-estes, que serian los
mas nocivos, no reinan en este tiempo. De los sobredichos, los
sud-oestes levantan mucha mar, y son casi ciertos en las conjunciones,
oposiciones y cuartos de luna. Las mareas incomodan mucho la navegacion
por la costa: en algunas partes sube y baja seis brazas perpendiculars,
causando este flujo y reflujo mucha diversidad de corrientes, que unas
veces corren á lo largo de la costa, y unas al norte y otras al sur, y
tal vez encontrándose unas con otras, corren hácia el este y el sud
este.

Los puertos son muy pocos: solamente en el Puerto Deseado, en San Julian
y en la bahia de San Gregorio se halla abrigo para los navios. En el
Puerto Deseado hay una fuente, de la cual en caso de necesidad pueden
hacer aguada los navios. Todo lo restante de la costa está seco y árido,
que no se vé un árbol, ni hay donde se pueda hacer leña gruesa: de
algunos matorrales se puede hacer algun poco en la bahia de San Julian,
en donde se hallará tambien mucha pesca y abundancia de sal.

En tiempo de verano se siente algo de frio; pero en el invierno no puede
menos de ser excesivo, á causa de las muchas nieves que caen en las
cordilleras. Estas no fecundan la tierra, antes la dejan tan seca y
esteril que parece incapaz de producir fruto alguno. Toda la costa
parece que está desierta, ni hay indios en parte alguna cerca del mar,
desde el Cabo de San Antonio al Cabo de las Vírgenes: porque siendo la
tierra de la costa salitrosa é infructífera, no tienen de que
mantenerse; y si en alguna parte los hubiera, hubieran estos navegantes
visto algunos fuegos, ó humaderas en las partes donde surgieron y
saltaron en tierra. Por tanto parece que los indios viven muy tierra
adentro hácia la falda de la Cordillera de Chile.

Hánse descubierto con este viage y registro varias falsedades que tienen
los derroteros de algunos viageros extrangeros, porque en cuanto á los
rios que ellos señalan, se ha visto ahora que son imaginarios, y que á
lo mas solo debe de correr agua por ellos en tiempo de lluvias y nieves:
con que queda claro, que desde el rio del Sauce, que es el que otros
llaman _el Desaguadero_, no hay ningun otro rio hasta el estrecho de
Magallanes. Los extrangeros no parece que fueron de propósito á
registrar costas, como estos nuestros españoles, y así dijeron aquellos
lo que desde lejos les pareció. Pudiera ser que á los españoles se les
hubiera ocultado alguno, aunque han puesto sumo cuidado, porque es cosa
dificil verlo todo desde el navio, entre peñascos, quebradas y bancos;
pero parece han hecho cuanta diligencia cabe, y que en los parages donde
pararon, saltaron á tierra, é hicieron registro, no hay duda que han
hallado fabulosos los rios que otros señalaban, y varias otras cosas que
por sus diarios nos habian hecho creer los dichos extrangeros.

Tal parece lo que dicen, que se encontraron en las cuestas altas del
Puerto Deseado sepulcros de gigantes, cuyos huesos eran de once pies de
largo: porque los huesos de los cadáveres que ahora se encontraron, eran
de estatura ordinaria. Añaden dichos diarios extrangeros, que en una
ensenada del Puerto Deseado, que señalan en sus mapas, hay mucha pesca.
Nuestros españoles se pusieron allí á pescar y no hallaron cosa alguna.
Cuentan tambien los diarios extrangeros, que en San Julian hay
megillones, ú ostiones de once palmos de diámetro; y despues de
registrar tanto nuestros españoles, no han hallado mas que lo dicho en
la descripcion, puesta arriba, de la bahia de San Julian.

       *       *       *       *       *





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica" ***

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