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Title: Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie
Author: Samper, José María, 1828-1888
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie" ***

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produced from images generously made available by the Bibliothèque
nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr.



VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA.

       *       *       *       *       *


PRIMERA SERIE.


INDICE.

       *       *       *       *       *

AL SEÑOR DON MANUEL AMUNÁTEGUI, DIRECTOR DE «EL COMERCIO» DE LIMA

ADVERTENCIA

DOS PALABRAS AL LECTOR


PRIMERA PARTE.


CAPITULO I.--LA PRIMERA AUSENCIA.--Adiós al suelo natal.--La ciudad de
Honda.--La gran vegetación.--El puerto de «Conejo».--Una escena octurna.
--El vapor «Bogotá»--Nare y «San-Pablo».

CAP. II.--EL BAJO MAGDALENA.--Las riberas del gran rio.--«Puerto
nacional».--La aldea de Regidor.--Una danza de zambos.--La
semi-barbarie de la raza africana.--Los desiertos.--Las huertas de
«Margarita».--Mompos.--La confluencia del Cauca.--Calamar.

CAP. III.--LA REGION MARÍTIMA.--El canal del «Dique».--Las ciénagas; la
salida al mar.--Cartagena; su bahía; sus arrabales.--Adios á la
patria.--El mar por primera vez.

CAP. IV.--EL OCÉANO.--La poblacion del vapor _ames_ La bahía y la
ciudad de San-Thomas.--Una noche poética.--El vapor _Paraná_.--Grupos
sociales.--Escenas á bordo.--Una ceremonia fúnebre.--Temporales.
--Las costas de Inglaterra.


SEGUNDA PARTE.

ALGO DE INGLATERRA Y FRANCIA.


CAP. I.--SOUTHAMPTOM.--La ciudad y su puerto.--Movimiento comercial.
--Interior de la ciudad.--Primeras impresiones.--Un compañero
mistificado.--El primer tren de ferrocarril.--De Southampton á
Londres.

CAP. II.--ASPECTO GENERAL DE LONDRES.--Las grandes calles.--Costumbres
diversas.--Miseria y beneficencia.--Contrastes dolorosos.
--Reflexiones sobre el pauperismo.

CAP. III.--EL TÁMESIS EN LONDRES.--Los puentes, la navegación y las
márgenes del gran rio.--Las Casas del Parlamento.--Westminster.--La
Torre de Londres.--Los Docks del comercio.--El Túnel.--Greenwich; el
Hospital militar,--El _Leviatan_ en obra.

CAP. IV. JARDINES Y MONUMENTOS.--El Jardín Botánico.--El Zoológico.
--El Coliseo.--El Museo Británico.--San Pablo.

CAP. V.--CURIOSIDADES.--El Diorama.--La galería Tussaud.--El Palacio
de cristal.--El Banco de Inglaterra.--La Bolsa.--Diversos objetos
interesantes.

CAP. VI.--DE LONDRES A PARIS.--En el wagon.--Dover.--El paso de
Calais.--La entrada á Francia.--Calais.--Amiens.--Las cercanías de
París.


TERCERA PARTE.

DE PARÍS A MADRID.


CAP. I.--LA BORGOÑA Y LYON.--Los ferrocarriles.--Melun.
--Fontainebleau.--Montereau.--Sens.--Jolgny.--Tonnerre.--Dijon.
--Impresiones nocturnas.--Panorama de Lyon.

CAP. II.--LA CIUDAD DE LYON.--Hidrografía.--Varios objetos.--El
Palacio de las Artes.--Un contraste curioso.--Varios monumentos.--Las
fabricas de sederias.

CAP. III.--EL VALLE DEL RóDANO.--Aspecto general.--La Provenza.
--Panorama de Marsella.--Interior de la ciudad.

--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad.

CAP. IV.--CATALUÑA.--Orografía de España.--El puerto de Barcelona.
--Condiciones sociales de Cataluña.--Rasgos notables.--Los Catalanes.
--Centros manufactureros.--Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo
inglés.

CAP. V.--VALENOIA Y SU VALLE.--Una aduana española.--Del Grao á
Valencia.--Estructura y panorama de la ciudad.--Un juicio de aguas.
--Tipos sociales y costumbres.

CAP. VI.--DIEZ Y OCHO HORAS DE CONTRASTES.--La «Huerta» de Valencia.
--San Felipe de Játiva.--La «diligencia» española.--Almanza.--La
Mancha y el valle del Tajo.--Un personaje de España.


CUARTA PARTE.

LA NUEVA CASTILLA.


CAP. I.--MADRID MONUMENTAL.--Aspecto general.--Plazas, paseos y
jardines.--Museos y bibliotecas.--Palacios, teatros y otros
monumentos.--Las caballerizas reales.

CAP. II.--MADRID POLÍTICO Y SOCIAL.--La Corte y la nobleza.--La
juventud española.--Escenas matinales.--Las calles de Madrid.--El
Prado.--El teatro español.--El café público en España.--Tendencias
sociales.

CAP. III.--ARANJUEZ.--Un paseo popular.--Mi compañero.--El valle de
Aranjuez.--Un grupo de periodistas.--Una corrida de toros.--El
_monte_ en ferrocarril.

CAP. IV.--TOLEDO.--La Semana Santa.--Por la orilla del Tajo.
--Topografía de Toledo; su origen.--La Catedral y otros monumentos
religiosos.--El _Alcázar_.--Condicion social de los toledanos.

CAP. V.--LA MANCHA.--Dos compañeros de viaje.--Aspecto del país.
--Recuerdos de Don Quijote.--Las poblaciones manchegas.--La
Sierra-Morena.


QUINTA PARTE.

LAS ANDALUCIAS.


CAP. I.--JAEN Y GRANADA.--Panorama general.--Las colonias de Cárlos
III.--Baylen.--Jaen y sus campiñas.--De Jaen á Granada.--Idea
general de Granada.--Curiosidades de la ciudad.

CAP. II.--GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.--La Alhambra--La vega de
Granada.--El Jenerallfe.--La Catedral.--La Cartuja.--El Albaicin.
--Los Gitanos en Granada.

CAP. III.--LAS FALDAS DE LA SIERRA-NEVADA.--Santafé.--Un comisionista
en viaje.--Loja.--La Sierra-Nevada.--El valle de Málaga.--La ciudad
y sus curiosidades.--Algunas impresiones.

CAP. IV.--EL ESTRECHO DE GIBRALTAR.--A bordo.--El golfo de Algeciras.
--Escenas de la tarde.--La ciudad de Gibraltar.--Situacion y comercio.
--La fortaleza.--Delante de Tarifa.

CAP. V.--LA BAHÍA DE CÁDIZ.--La isla de Leon.--Panorama de Cádiz.
--Reminiscencias.--Curiosidades y costumbres.--San-Fernando.--Puerto
Real.--Puerto-Santa-María.--Algo mas sobre Cádiz.--El bajo
Guadalquivir.

CAP. VI.--SEVILLA.--Idea general de la ciudad.--Panorama circunvecino.
--El tipo sevillano.--Costumbres sevillanas.

CAP. VII.--MONUMENTOS Y CURIOSIDADES DE SEVILLA.--La Catedral.--El
Alcázar.--La Lonja.--El Museo de pinturas.--La Universidad.--La Casa
de Pilatos.--El barrio de Triana.--La industria sevillana.--Varias
observaciones.

CAP. VIII.--EL GUADALQUIVIR.--El primer tren de Sevilla á Córdoba.--Un
marqués comunista.--La provincia de Córdoba.--Aspecto de la capital.
--su poblacion y su estadística.--La Mezquita-catedral.--Curiosidades.
--De Córdoba á Baylen.--Andujar.


SEXTA PARTE.

DE MADRID A PARIS.


CAP. I.--EL ESCORIAL.--La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un
_Real-sitio_.--El ciego Cornelio.--San Lorenzo--La _Casa del
Príncipe_.--Algunas reflexiones.--Una escena de costumbres
castellanas.

CAP. II.---LA VIEJA CASTILLA.--Un cura en diligencia.--Las llanuras
castellanas.--Un poco de diplomacia.--La província de Valladolid.
--La capital; sus monumentos, curiosidades, costumbres é industrias.

CAP. III.--PALENCIA Y SANTANDER.--El canal de _Castilla_.--La
provincia de Palencia y su capital.--Alar-del-Rey; las fuentes del
Ebro.--El rio Besaya.--La provincia de Santander.--La ciudad y su
bahía.

CAP. IV.--LAS PROVINCIAS VASCONGADAS.--La ría del Nervion.--Idea de
las tres provincias.--Bilbao.--Los Pirineos vascongados.--Vitoria.
--Tolosa y San Sebastian.--El valle del Bidasoa.

CAP. V.--EN FRANCIA.--Del Bidasoa á Bayona.--La ciudad de Bayona.
--Las _Landas_.--Burdeos;--su aspecto, su comercio, sus monumentos,
etc.--De Burdeos á París.--La hoya del Loira.

CAP. VI.--PRESENTE Y PORVENIR DE ESPAÑA.--Diversas faces de España;
--clasificacion de sus grupos sociales y geográficos.--Comparaciones;
--rasgos característicos.--Consideraciones generales.--Aptitudes del
pueblo español.--Defectos de su gobierno.


AL SEÑOR

DON MANUEL AMUNATEGUI

DIRECTOR DE «EL COMERCIO» DE LIMA.

       *       *       *       *       *

Este escrito, como la mayor parte de los que han salido de mi pluma en
Europa, desde abril de 1858, debe su primera aparición á los estímulos
generosos, á la ilustrada y desinteresada protección que le han dado,
como propietarios y redactores de «El Comercio,» Usted y nuestro noble y
malogrado amigo DON ALEJANDRO VILLOTA. Es «El Comercio» el que primero
ha dado á luz las paginas incorrectas y frecuentemente improvisadas de
este libro. Por lo mismo, á nadie mejor que á los perseverantes
directores de ese diario--que defiende la libertad y difunde la semilla
de la civilización en el suelo hispano-colombiano--les corresponde el
modesto homenaje de esta obra. Acéptelo Usted, mi fino y respetable
amigo, en su nombre y en el de nuestro lamentado amigo VILLOTA, como un
testimonio de alta consideracion y gratitud profunda. Cada cual da de lo
que tiene: hombre de corazon y escritor, lo mejor que puedo ofrecer á
Usted es mi cordial afecto y el humilde fruto de algunas de mis labores.


JOSÉ M. SAMPER.
París, Febrero 7 de 1862.

       *       *       *       *       *

ADVERTENCIA.

La narración de mis Viajes comprenderá cuatro series, contenidas en
cuatro volúmenes.

La primera, que publico ahora, se refiere á la region del rio Magdalena,
en los Estados Unidos de Colombia (antes «Nueva-Granada»), mi punto de
partida,--á la travesía del Atlántico, una parte de Inglaterra, muchos
departamentos de Francia, y sobre todo España.

La segunda, que va á entrar en prensa, comprenderá la descripción de
Suiza, la Alemania del Rin, Bélgica y varios departamentos de Francia.

La tercera abrazará las narraciones relativas á otra parte de Francia
(la del Nordeste), y á Wurtemberg, Baviera, Austria, Hungría, Bohemia,
Sajonia, Prusia, Hamburgo, Hanover, Hese-Gasel y Holanda.

La cuarta comprenderá la Gran Bretaña, Italia, y un estudio social
comparativo de Paris y Lóndres y de la civilizacion europea.

Cada volúmen irá provisto, como el presente, de un sencillo mapa
indicativo de los itinerarios.

Si, por algún inconveniente insuperable, no alcanzare á terminar mi
publicación en París, la terminaré precisamente en Bogotá, en 1863.

No debe olvidarse que el texto de este volúmen ha sido escrito y
publicado en 1859-60, y que por tanto es á esa época que se refieren
todas las observaciones estadísticas, y otras de carácter mas ó menos
transitorio.


EL AUTOR.



VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA.

DOS PALABRAS AL LECTOR.

       *       *       *       *       *

No sé el grado de estimacion que puedan merecer de parte de muchos
lectores las reflexiones de un viajero que, desconocido fuera de su
patria, emprende su peregrinacion desde el corazon de las selvas
colombianas hasta el centro de estas viejas sociedades europeas,
repletas de recuerdos, grandiosos monumentos y amargos desengaños.

Amante de contrastes y siempre solicitando la verdad, he dejado mi dulce
patria de libertad y de esperanzas,--la tierra de las montañas
colosales, de los valles espléndidos, de las cataratas, las selvas, los
espumantes rios, las altas cimas coronadas de nieve, los perfumes, los
ecos misteriosos, las soledades, los tesoros de luz y de armonía y la
pompa inagotable de esa naturaleza que resume en su seno toda la poesía
y todas las maravillas de la creación! Todo eso se queda atras: todo eso
es Colombia, escondida bajo el manto de conchas y coral, de luz y de
misterio que le extienden el Atlántico y el Pacífico....

¿Y por qué dejar tan lejos todo ese mundo que se adora? Es que el
demócrata de Colombia necesita nutrir su espíritu con la luz de la vieja
civilización y fortalecer su corazon republicano con las severas
enseñanzas de una sociedad ulcerada profundamente por la opresion y el
privilegio. Es que la verdad no se adquiere completa sino por
comparación, y el espíritu debe abrazar la vida de los dos continentes
que trabajan de distinto modo en la obra de la civilizacion.

Es preciso asistir á este torbellino que conmueve al mundo europeo, en
busca de la luz, de la ciencia, del refinamiento del arte, de las
maravillas de la industria, y de todo este conjunto de esfuerzos
admirables que constituye la obra del progreso.--Es preciso contemplar
el espectáculo de esta sociedad en recomposicion, que bulle, que se
agita y se preocupa, empeñada por resolver el problema del bienestar,
luchando entre las tradiciones del absolutismo y las aspiraciones hácia
la libertad.

El contraste es grandioso y merece un estudio bien esmerado. En
Colombia, las sencillas escenas de la democracia, el misterio solemne,
la soledad y el espectáculo sublime de la naturaleza en todo el
esplendor de su pompa y su grandeza. En Europa, las intrigas de las
aristocracias, la luz de la ciencia, la población exuberante, y el arte
levantado hasta las mas prodigiosas proporciones. Si Colombia es la
tierra del porvenir, de la esperanza y de la idea; Europa es el mundo de
lo pasado, de los recuerdos y de los hechos. Comparar esos dos mundos,
analizando el organismo y la fisonomía de la civilizacion en cada uno de
ellos, tal es la tarea del viajero.

Por mal que desempeñe mi parte de labor ¿no he de esperar, pues, que
algunos de los lectores del Nuevo Mundo se asocien á la investigacion
que uno de sus hermanos viene á hacer sobre el terreno de donde partió,
con los horrores de la conquista, la civilización semi-feudal que se
nos infiltró? Feliz el viajero que, animado del mas profundo sentimiento
de amor hácia su familia predilecta de las regiones de Colombia, pudiera
encontrar en su peregrinacion tesoros de verdad que ofrecer á sus
hermanos!

Asistir dia por dia, hora por hora, á este flujo y reflujo de las
instituciones y de las costumbres, de la literatura, de la ciencia y de
la industria, que se revela en admirables monumentos, en suntuosos
museos y ricas bibliotecas, en los ferrocarriles y telégrafos, en las
fábricas de enorme ó de ingeniosa produccion, en las academias y
universidades, en las exposiciones y los congresos internacionales, en
las imprentas y los gabinetes artísticos, en las escuelas populares, en
los institutos de beneficencia y de penalidad, en la administración de
la justicia bajo diferentes formas, en los puertos, los diques y
canales, en los teatros de todo género, en los lugares públicos
destinados al servicio de la ciencia y del buen gusto, en los Bancos,
las Bolsas y las asociaciones, y en todo lo que puede representar un
progreso, una tradición, una organizacion social ó un hecho
característico; asistir á este movimiento, repito, es contemplar de
bulto la obra de la civilizacion, es alimentar simultáneamente los
sentidos y el alma. Ensayaré, pues, haciendo un esfuerzo por llenar esa
tarea que será la historia de mi peregrinacion.



PRIMERA PARTE.


       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *       *       *       *       *

LA PRIMERA AUSENCIA.


Adiós al suelo natal.--La ciudad de Honda.--La gran vegetacion.--El
puerto de «Conejo».--Una escena nocturna.--El vapor «Bogota».--Nare y
«San-Pablo».


Hay verdades que se hacen adagios porque todo el mundo percibe su
impresion, y una de ellas es, que el mérito de lo que se ama no se
comprende sino al carecer del objeto querido. El alma tiene, como las
pupilas, sus bellas ilusiones de óptica, porque ella misma es la pupila
del corazon, y los objetos crecen y toman formas siempre mas
interesantes á medida que se nos alejan. He aquí por qué al embarcarme
el 1º de febrero de 1858, en el puerto de las _Bodegas de Honda_, á
bordo de un champan que debía conducirme al vapor _Bogotá_, estacionado
siete leguas mas abajo, sentí mi corazón oprimido y preocupada mi
imaginación.

Por primera vez iba á alejarme de mi patria por algunos años,... _talvez_
para siempre! _Honda_, con sus escombros sublimes, quebrantados
sepulcros de una antigua opulencia,--sus saltadores y ruidosos rios,
espumantes como cataratas,--sus altas palmeras entretejidas en flotantes
pabellones,--sus siempre verdes y suntuosas arboledas que bañan en las
ondas la crespa y abundante melena,--sus cerros escarpados y en
anfiteatros, de eterna soledad, y sus llanuras de esmeralda cuyas altas
gramíneas sacuden en el estío los recios huracanes;--_Honda_, la reina
destronada, sombra de su lejano esplendor; se presentaba á mis ojos con
su manto azul y sus ruinas cubiertas de parásitas, mas triste y mas
hermosa que nunca. Jerusalen del poema oscuro de mi juventud, la dejaba
entre sus colinas y sus bosques como un santuario de recuerdos
venerables. La madre recibia el adios del hijo viajero: mi pensamiento
la comprendía mejor que nunca!

Dejar la tierra natal ¡este solo hecho entraña un drama entero para el
corazón! Qué momento tan solemne aquel, de recogimiento para el alma del
viajero, de esperanza profunda y de temor supremo!

Al dejar la playa arenosa donde quiebra sus hondas el majestuoso
Magdalena, creía separarme de un inmenso tesoro. Ahí quedaban: la tumba
de mi padre, las tradiciones de familia, la ceniza del hogar, las dulces
memorias, los caprichos y los locos amores de la juventud, los amigos,
la fortuna, la libertad, el aire, el cielo, los mil rumores vagos y
confusos, y todo ese adorable conjunto de impresiones y sueños, de
pesares y recuerdos, de infortunios y dichas, que se llama la
_Patria_!... Todo eso quedaba atras, como sepultado en un panteon cuya
portada era _Honda_! ¿Y adelante?... Lo vago y desconocido,--lo infinito
y maravilloso;--eso que el corazón acaricia en sus sueños de esperanza,
y que la duda cubre con sus sombras cuando el viajero se dice: ¡_quién
sabe_!

       *       *       *       *       *

_Honda_ es una vieja ciudad, enteramente española por su construccion,
pero de un aspecto tan caprichoso y pintoresco que llega hasta las
proporciones de lo romántico. El rio Magdalena, la grande arteria del
comercio de Nueva Granada, despues de haber traído por algunas leguas la
direccion de S. E. á O., pierde repentinamente su mansedumbre, se
estrecha entre las altas rocas de dos serranías paralelas, y torciendo
directamente al norte se lanza por entre raudales pedregosos, coronado
de espuma, bramando como la gran mole de una catarata, y, como fatigado
de ese descenso tormentoso, va á reposarse, una legua mas abajo,
lamiendo suavemente las anchas playas de la _Bodega_. Una llanura de
cuatro leguas, interrumpida por algunos bosques y colinas; pintorescos y
de lujosa vegetacion, viene desde la derruida ciudad de Mariquita (la
tumba del conquistador Quesada), al pié de la cordillera central de los
Andes, y termina sobre la orilla izquierda del Magdalena, dominando el
áspero raudal que los naturales llaman _el Salto_. El primoroso rio
_Gualí_, azul, saltador, espumante como un torrente, y orrilado por
suntuosas arboledas, limita la llanura por el norte, y corriendo de O. á
E. viene á darle su limpio tributo al Magdalena, dividiendo en dos
partes la ciudad de _Honda_; en tanto que á 400 metros mas arriba una
hermosa quebrada desemboca tambien, cortando la playa del puerto
principal.

Vista de fuera, _Honda_ parece una ciudad oriental ó morisca, ya par su
caprichosa situacion y sus edificios de pesada manipostería, ya por el
contraste de los colores, los techos, los blancos ó negros muros, las
formas extravagantes y los balcones y azoteas, ya en fin por los
penachos de los altos cocoteros, meciéndose blandamente como para
abrigar con su sombra la ciudad, protegiéndola contra los rayos de un
sol abrasador, que brilla en la mitad de un cielo eternamente azul y
trasparente.

Honda tiene una población de 5,000 almas, y es el gran puerto de escala
del comercio interior de la República. Si en la época de la colonia fué
la vía del comercio europeo respecto del Ecuador y el Perú, la
independencia de Colombia, el tránsito por el Istmo de Panamá y un
espantoso terremoto que la redujo á escombros en junio de 1805, le
hicieron perder su primitiva importancia comercial. Hoy no es mas que
una plaza de tránsito, que empieza á resucitar en medio de los
escombros, gracias á la agricultura interior y á las grandes ventajas
que le ofrece la navegacion del Magdalena.

No he visto jamas una ciudad en donde estén tan bien representadas como
en Honda la vida, que se ostenta en el poder de una naturaleza
exuberante y espléndida, y de un comercío activo, y la muerte, que
parece anidarse en la soledad de las ruinas ennegrecidas por el tiempo.
Luchando la una contra la otra sin cesar, no es dudoso á quién tocará la
victoria; es á la primera, protegida por la libertad y la industria,
representantes del _progreso_, que es la síntesis de la vida!

La ciudad de Honda es el límite ó centro de dos regiones enteramente
distintas: hácia el sur y el oriente las admirables comarcas del alto
Magdalena; hácia el norte las soledades infinitas, los desiertos
ardientes y la monótona uniformidad del bajo Magdalena. Arriba la mas
espléndida region de la Colombia meridional; un panorama infinitamente
variado de llanuras y colinas, de selvas y montañas, de contrastes
interminables en las formas, los colores y los recursos de la
naturaleza; y toda esa sucesion de valles lacustres y de lujosas
serranías, enriquecida por una poblacion activa, numerosa y bastante
civilizada, y por las obras de una agricultura progresiva, que se
mancomuna con el comercio, la industria pecuaria, las artes y la
minería. Allí, en toda esa comarca primorosa, _ardiente paraíso_ de
Nueva Granada, se ve la vida social, el desarrollo activo, la
civilización.

De Honda para abajo, siguiendo el curso del Magdalena, la escena cambia
enteramente. El rio, como para revelar mejor el carácter salvaje de la
región que le rodea, se hace mas perezoso en su marcha, y léjos de
profundizar su cauce, se bifurca en multitud de brazos, se ensancha á
veces como un pequeño mar interior, escondiendo sus aguas entre el
follaje de las selvas seculares; levanta en su camino un enjambre de
islotes pintorescos; y haciéndose mas ingrato por la abundancia de sus
insectos venenosos, la ferocidad de sus terribles caimanes, la ardentía
de sus playas calcinadas por un sol devorador, y la absoluta soledad de
sus vueltas y revueltas, sus ciénegas y barrancos de salvaje tristeza,
revela que allí no ha fundado el hombre su poder, que la humanidad no ha
tenido todavía valor para entrar en lucha con esa emperatriz de los
desiertos que se llama _Naturaleza!_

Tal es la región que yo debía atravesar, siguiendo la corriente del
Magdalena, al darle mi adiós á la tierra natal.

       *       *       *       *       *

El _Champan_ se apartó de la playa, los remos se agitaron al compas de
los gritos salvajes de los _bogas,_ y pocos minutos despues, al torcer
su curso el Magdalena por entre monstruosos peñascales, se perdieron de
vista los últimos penachos de los cocoteros que indicaban el sitio de la
_Bodega_. El hombre desapareció para ceder el campo exclusivamente á la
vegetacion.

Gigantesca siempre, variada al principio, encantaba donde quiera,
presentando las mas hermosas vistas sobre los altos peñascos de la
orilla, ó en los pabellones de lujosa verdura que venian á extender sus
flotantes encajes de parásitas y enredaderas sobre la playa misma, á
donde sale á calentarse, en lechos de arena calcinada, el temible y
monstruoso _caiman_, terror de los habitadores de las ondas. Ya se ven
bosques enteros de cedros seculares cubriendo con su oscura sombra las
quiebras de una ladera trastornada por las conmociones de la naturaleza;
ya los grupos de altísimas palmeras forman pabellones donde se columpian
bandadas de papagayos primorosos; ya sobre la barranca arcillosa de
rojos estratos compuestos de capas desiguales, se levanta un grupo de
gigantescas _guaduas_ (_bambús_), que, entretejidas por mil delgados
bejuquillos cubiertos de flores, lanzan sus plumajes flexibles sobre las
ondas del rio, como abanicos abiertos por el viento, donde una hada de
los bosques ha trazado sobre el fondo verde los mas caprichosos
arabescos y mosaicos.

Por todas partes lujo y exuberancia de vegetacion, riqueza de contrastes
y variedad de formas y colores en la naturaleza; pero ausencia absoluta
de poblacion y de cultivo. Si todavía se notan inflexiones en el
terreno, es porque no han terminado aún las ramificaciones que las dos
cordilleras principales de los Andes--oriental y central--arrojan sobre
el Magdalena en diferentes direcciones. Después las serranías
desaparecen, las selvas forman horizonte, y el ojo del viajero, fatigado
y triste, no ve mas que el desierto interminable.

A nueve ó diez kilómetros de Honda desemboca, sobre la izquierda, un
pequeño y clarísimo rio, el _Guarínó_, despues de haber fecundado la mas
preciosa llanura que puede imaginarse,--pampa feraz, de variadas
gramíneas y cubierta de inmensos bosques de palmeras de todas clases y
de gigantescos _caracolíes_, á cuya sombra se pasean en numerosas tribus
los zainos y tapiros, perseguidos por el terrible jaguar, mientras que
en las altas almenas de los árboles forman innumerables pájaros sus
conciertos aéreos y siempre sorprendentes.

       *       *       *       *       *

Despues de cinco horas de navegacion, el champan se atracó al costado
del vapor _Bogotá_, anclado en el puerto de la bodega de _Conejo_. El
paisaje, visto de léjos, no podía ser mas primoroso.

Sobre la alta barranca, tapizada de grama verde y suave, en toda su
extension, grupos de chozas rústicas de habitacion de bogas y pobres
agricultores del desierto; en el centro el inmenso edificio de la
Bodega, de techumbre pajiza y de un solo piso, y detras y en medio de
las casas un bosque admirable, en cuyo fondo de un verde de diversas
tintas contrastaban la hermosa melena del cocotero sobre el esbelto
mástil, las palmas ensortijadas de las guaduas colosales, el redondo
follaje del mango y el mamey, y la corpulenta ramazon del cedro y el
caracolí, esos soberanos suntuosos de los desiertos selváticos de
Colombia.

Y al pié de esas ricas arboledas y de esas chozas llenas de colorido
local, los grupos animados de viajeros y bogas, tan discordantes y
variados, y formando un contraste tan curioso como el que hacian el
vapor _Bogotá_ y los _champanes_ y las casas indígenas. De un lado el
lujo de la naturaleza, indomable y grandiosa, perfumada y llena de
misterio; del otro el lujo de la civilizacion, de la ciencia, y la
ostentacion de la fuerza vencedora del hombre. Allá el hombre primitivo,
tosco, brutal, indolente, semi-salvaje y retostado por el sol tropical,
es decir el _boga_ colombiano,--con toda su insolencia, con su fanatismo
estúpido, su cobarde petulancia, su indolencia increíble y su cinismo de
lenguaje, hijos mas bien de la ignorancia que de la corrupcion; y mas
acá el europeo, activo, inteligente, blanco y elegante, muchas veces
rubio, con su mirada penetrante y poética, su lenguaje vibrante y
rápido, su elevacion de espíritu, sus formas siempre distinguidas.

De un lado el pesado _champan_, barca _toldada_ de palmas secas, de 20 á
50 metros de longitud y dos ó tres de anchura--especie de choza
flotante,--y montado por multitud de bogas que gritan atrozmente y
parecen una legion de salvajes del desierto; ó bien la miserable
_ramada_ indígena, expuesta á la cólera de los vientos, las invasiones
de los reptiles y las fieras, ó los chubascos de las tempestades de
invierno, con un menaje tan extravagante como pobre, y abrigando
familias de salvaje fisonomía, fruto del cruzamiento de dos ó tres razas
diferentes, y para las cuales el cristianismo es una mezcla informe de
impiedad é idolatría, la ley un embrollo incomprensible, la civilizacion
una niebla espesa, y lo porvenir como lo presente y lo pasado se
confunden en una igual situacion de sopor, indolencia y brutalidad!

Y al pié de esas barracas que dan amparo á una vida de transicion, que
se acerca mas á la barbarie todavía que al progreso, se levantaban la
chimenea, el pabellon y los mástiles y costados pintorescos del vapor
_Bogotá_ para protestar contra la barbarie, y probar que aún en medio de
las soledades y del misterio sublime de una naturaleza imponderable por
su fuerza, el hombre va á fundar su soberanía universal, haciendo
triunfar en todas partes la fuerza del _espíritu_ sobre el poder de la
_materia_. ¡Qué bien contrastaban en el puerto de _Conejo_ la chimenea
del vapor, soltando sus bocanadas de humo espeso y arrebatado por al
viento de las selvas, con el mástil delgado, altísimo y secular del
cocotero, en cuya cima se columpiaba al soplo de ese mismo viento el
pabellón de palmas ensortijadas y flexibles. El cocotero, sembrado desde
el tiempo de la colonia, seguía vegetando; pero el vapor, hijo de la
república é instrumento de la libertad, venia á envolverlo entre sus
cortinas de humo, saludándole con los silbidos de la locomotiva.

       *       *       *       *       *

La noche ofreció una escena admirable, como para aumentar los incidentes
del contraste. En el vapor _Bogotá_ nos habíamos reunido personas de
paises muy distintos. El capitán era un bravo Genoves, republicano,
franco, sencillo y de trato cordial, y entre los pasajeros había no solo
unos cuantos Granadinos, sino Ingleses, Franceses y Alemanes. La
cordialidad se estableció pronto, como sucede siempre en todo viaje, y
un Irlandés de 62 años, grande como una torre, alegre como un muchacho,
bebedor de primer orden, como era de su deber para honrar su
nacionalidad, y burlon y retozon como todos los Irlandeses (salvo los
que son serios), introdujo un delicioso desórden sobre cubierta. Cantó,
bailó solo, tocó violin y tambor (instrumentos que según entiendo no
están ligados por una íntima fraternidad), y acabó por comunicarnos á
todos su excelente humor. Pocos momentos después la vecina selva
resonaba con el ardiente coro de todos los pasajeros cantando (cada cual
en el tono en que podio) ya la _Marsellesa_, ese himno sublime de guerra
y libertad, ya el _God save the Queen_ los Ingleses, ya las canciones
mas ó menos populares de Nueva Granada, de Alemania y de Irlanda. Una
hora después de esos cantos de la civilización, y cuando todos
reposábamos en nuestras _hamacas_, en medio de las sombras y el
silencio, un himno enteramente diferente, salvaje y de una melancolía
llena de misterio, de grandeza y de ruda poesía, estalló de repente,
sostenido por cincuenta voces roncas y pesadamente acompasadas, en
medio de un bosque secular de la vecina playa. El asunto, la entonación,
el estilo y el misterio de ese canto venían á contrastar admirablemente
con las ardientes canciones que poco antes habian salido de entre los
flancos del vapor _Bogotá_.

Aunque el espectáculo no me era desconocido, no pude resistir á la
tentacion de contemplarlo de cerca. Así, salté de mi hamaca, convidé á
dos amigos y me fui á tierra, tomando la direccion que nos indicaban el
canto mismo y una luz rojiza que brillaba entre las sombras espesas de
la selva. La playa estaba desierta y ni un solo boga dormía sobre las
toldas de los champanes amarrados á una ancla de hierro y algunos
gruesos troncos. Despues de andar por un trayecto de doscientos metros,
por enmedio de las arboledas, descubrimos un espectáculo en extremo
interesante.

Bajo el follaje de un enorme cedro, en una área limpia y arenosa, había
una grande hoguera alimentada con troncos gruesos, ramas resinosas y
grandes trozos de un ámbar amarillo, subalterno, que abunda mucho en
aquellas selvas interminables. La llamarada era espléndida, el perfume
riquísimo, y las sombras que proyectaban los arboles hadan juego con la
luz de un modo admirable. Al derredor de la hoguera estaban arrodilladas
en confusión como cincuenta personas,--hombres y mujeres, viejos y
muchachos, habitantes del lugar y bogas,--y todos á un tiempo con una
voz ronca y acompasada, pero excesivamente expresiva por su acento,
cantaban un himno mortuorio!... Era el _novenario_ de un vecino que
habia muerto tres dias antes, y cuyo cuerpo estaba sepultado á poca
distancia de allí.

La canción era un conjunto de oraciones en verso, extravagantes,
compuestas por los _bogas_ y usadas siempre en todo novenario; y el
estribillo, tan incomprensible en su lenguaje como enérgico en su
entonación, se componía de una especie de cuarteta de versos de seis
silabas. Tres hombres cantaban primero una _estrofa;_ todos respondían
con el estribillo, y luego tres mujeres cantaban otra, y así
sucesivamente.

Confieso que en aquella escena salvaje, pero llena del encanto de la fe
y la piedad, encontré mas poesía y mas religión que en los cantos del
vapor _Bogotá_. La entonacion era profunda y sombría, solemne apesar
de su rústica armonía, y yo encontraba en esa escena una grande
impresión y una enseñanza. La poesía es sin disputa la mas sublime de
las manifestaciones del alma en sus relaciones con Dios, el hombre y la
naturaleza.

       *       *       *       *       *

El 2 de febrero el vapor _Bogotá_ recogió su ancla, lanzó su silbido
matinal, semejante al grito del salvaje, y sacudiendo con sus alas de
hierro las turbias ondas del Magdalena, se deslizó rápidamente por entre
los verdes y tupidos pabellones de las selvas, dejando marcada su
brillante estela en las flotantes espumas que iluminaba el sol de la
mañana.

¡Qué impresion tan profunda experimenta el corazon del patriota, soñador
del progreso, cuando por primera vez se confia, como viajero, á esa
segunda providencia, á ese espíritu invisible de la humanidad,
trasfundido en el poder dé la mecánica, que se llama el vapor! La onda
se humilla, corriendo fugitiva, ante ese conquistador que la surca sin
temerla y la azota con las ruedas de su carro triunfal; el monstruo de
las aguas busca sus grutas escondidas en el abismo, comprendiendo que el
imperio del elemento líquido le pertenece á un sér infinitamente
superior; y el huracan, ese Júpiter sin forma, de aliento destructor,
que impera sobre las soledades del páramo, de la selva, del arenal y del
océano, parece amansarse en presencia de ese viajero que opone á las
conmociones supremas de la creacion la fuerza misteriosa de la ciencia
triunfante!

¡El _Vapor_! ¡ah! qué espectáculo para un hombre de fe! Esa maravilla
resumía para mí todos los progresos y la gloria del hombre, toda la
divinidad de este sér que, hecho á semejanza moral de Dios, lleva en su
mente los atributos inmortales del alma inteligente y pensadora, Cada
rueda, cada cilindro, cada miembro de la máquina del _Bogotá_ me
parecía la imagen de cada uno de los músculos y los órganos vitales del
hombre, Allí estaba concretada toda la historia de la humanidad, porque
esa máquina animada por el hombre era el movimiento, la fuerza, la
tenacidad, el genio, la fe, la vida, el espíritu, la luz, la
civilizacion, el progreso indefinido y eterno.

Mi alma se sintió dominada por un recogimiento profundo. Sentado sobre
el puente de proa, al lado de los timoneros, contemplé con inmenso
placer el cielo trasparente y azul, las altas serranías de los Andes,
las selvas, el rio y cuanto formaba el panorama; y desde el fondo de mi
corazón agradecido, bendecía todas las revoluciones, los heroicos
esfuerzos y la abnegación de los hombres y los pueblos que, dando su
sangre á lo pasado, le han conquistado á la posteridad los progresos de
la época actual y del porvenir.

       *       *       *       *       *

Hasta el puerto de _Nare_ todo es variado y pintoresco, de _Conejo_ para
abajo. La vecindad de las serranías permite las inflexiones del terreno,
y tan presto se sorprende el viajero con la vista de los bosques
gigantescos ó las pequeñas llanuras que terminan en el rio, como admira
la lujosa vegetación intermediaria; los altos rocas de arenisca
petrificada; las sombrías bocas del _Tigrito_ y otros riachuelos cuyo
cauce parece una interminable gruta de verdura; las ondas azules y
abundantes de los ríos _Negro_ y _La Miel_, que sostienen á una y otra
margen la cinta turquí de su corriente, sin mezclarse con el Magdalena
al principio; el pintoresco caserío de _Buena-Vista_, situado sobre una
barranca y rodeado por la alta muralla de un bosque secular, sobre cuyo
fondo oscuro se dibujan los mástiles de los cocoteros y el blanco muro
de la capilla parroquial; y mil otros objetos que contribuyen á darle al
paisaje variedad y encanto.

Poco mas arriba de Nare la monotonía empieza, y los bosques
interminables de _guarumos_, árbol de color gris claro que parece un
fantasma en esqueleto, le dan á las orillas un aspecto de tristeza y
esterilidad. El sol quema como una brasa, el calor, de 36 grados, es
sufocante, y la desolacion de la naturaleza comienza. Nare es un
distrito de miserable población y aspecto insalubre, y que, salvo dos ó
tres familias, no contiene sino bogas y gente de la raza indo-africana.
Sinembargo, es un punto muy importante para el comercio interior, de
escala para el Estado de Antioquia, y su lindo rio cercano, de bastante
caudal, es navegado por champanes y canoas hasta siete leguas arriba de
su embocadura.

En Nare se engrosó el número de los pasajeros con un robusto Escoces,
explotador de minas, un dentista, que forzosamente resultó ser yankee, y
un antioqueño que, tan luego como entró al vapor, promovió una _rifa_, y
empezó sus especulaciones. Los antioqueños, descendientes en su mayor
parte de una expedicion de judíos de la época de Felipe III, son los
Israelitas de la Nueva Granada, en punto á negocios y viajes, aunque en
materia de destapar y vaciar botellas son esencialmente Ingleses.

Una legua abajo de Nare está la famosa _Angostura_, terror de los
navegantes, y al salir de ella comienza la región de las islas de
primorosa vegetacion, cada vez mas numerosas, porque el Magdalena,
ensanchándose mucho sobre un terreno de bajo nivel y anegadizo,
interminable como llanura selvática, diseminasus aguas en todas
direcciones. Por lo demas, la naturaleza pierde toda su variedad;--la
vegetacion, sujeta á las inundaciones, aparece esqueletada, descolorida
y áspera, y las serranías se pierden de vista enteramente. Ya no queda
allí sino el desierto inmenso, abrasado y sin majestad ni belleza.

El 3 de febrero ¡qué de impresiones agradables, de sorpresas, y de plaga
y fatigas! Primero el encuentro del hermoso Vapor _Antioquia_, que subia
de Barranquilla, ligero, pintado de colores vivos, como un gran pájaro
rozando apenas las ondas del Magdalena. Y allí de los gritos de alegría,
los saludos ruidosos entre los pasajeros de uno y otro vapor, los
silbidos galantes de las válvulas de las locomotivas, y las burlas
recíprocas de los marineros, picantes y originales en extremo. El vapor
_Antioquia_ llevaba un fuerte cargamento de senadores y representantes,
sin duda no-_asegurados_, y por lo mismo su viaje era doblemente
interesante.

Despues, el hermoso rio _Carare_, desembocando á la derecha, profundo,
azul, con una vegetacion fresca y espléndida, navegable por vapor, y
sirviendo ya de vía de comunicacion directa entre el Magdalena y los
pueblos de la antigua provincia de Vélez, es decir de parte de los
Estados de Santander y Boyacá. Ese rio tiene muy bello porvenir, y no
muy tarde el comercio granadino le dará toda la importancia que merece.

Abajo del Carare aparece el _Opon_, rio bellísímo también, cuyas arenas
cuajadas de oro sirven de lecho á una corriente mansa, profunda y
cristalina. ¡Y qué de recuerdos al ver la embocadura de ese rio! Fué por
allí que Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de
Granada, penetró en 1536, dominando tan supremas dificultades é
increibles peligros, que la historia, para ser justa, debe considerar
esa expedición como la mas heróica, la mas extraordinaria que jamas
conquistador alguno haya conducido y consumado.

Si los territorios de Yélez y Socorro envían al Magdalena su bello
contingente en las aguas de los rios Carare y Opon, ámbos navegables y
riquísimos, las tierras altas de Tunja y Pamplona contribuyen con su
abundante rio de _Sogamoso_ ó _Colorada_, que desemboca cerca del nuevo
puerto de _Barranca-bermeja_. Allí, sumamente enriquecido el Magdalena
con el caudal de tan hermosos rios, toma proporciones grandiosas que lo
hacen imponente; miéntras que las preciosas islas que surgen de trecho
en trecho, una de ellas muy considerable (la de _Morales_), le dan al
paisaje, admirablemente iluminado, una increíble semejanza con el bajo
Danubio, á juzgar por la parte que he navegado.

Abajo del Sogamoso el Estado de Antioquia contribuye (ademas de los rios
_La Miel_ y _Nare_) con el romántico y hermosísimo rio de la
_Cimitarra_, que recuerda las eternas tempestades que reinan sobre los
cerros minerales de una cordillera del mismo nombre que separa la
region antioqueña de las de Simití y Majagual. Los bogas tienen mil
extravagantes preocupaciones sobre ese escondido rio de lecho de oro en
polvo y arboledas sombrías é impenetrables, y cuentan muchas leyendas,
haciendo la señal de la cruz, sobre los buscadores del peligroso metal
que, habiendo ido al interior por el curso del rio, no han vuelto á
parecer mas en Mompos. Los habitantes de San-Pablo, pueblo situado á
poca distancia de la confluencia del _Cimitarra_, hacen responsable al
_Mohán_ ó _Huan_, divinidad terrible de las grutas y de los grandes
pozos de los ríos, de las fechorías cometidas por los jaguares, las
serpientes y los zainos en perjuicio de los imprudentes buscadores de
oro. Sinembargo, debo declarar que el tal _Mohan_ no me parece un
personaje tan absurdo como se cree, si se observa que en résumidas
cuentas es el _Diablo_, pero un diablo poético, altamente romántico, y
por lo mismo superior, bajo el punto de vista artístico y espiritual, al
prosaico y vulgarísimo diablo en que nos manda creer la santa madre
Iglesia.

_San-Pablo_ (y de paso diré que de ahí para abajo casi todos los pueblos
están santificados por un nombre), es un pueblecito gracioso, muy pobre
y humilde, pero de un colorido local pintoresco. En primer término está
la barranca rojiza que domina al Magdalena, salpicada de barracas de
pescadores, de las mas extrañas formas; después el caserío, compuesto de
dos calles rectas, con 40 ó 50 casitas de paja muy blanqueadas, todas
separadas y á la sombra de una multitud de cocoteros, mangos y naranjos;
detras de la faja gris oscura de la selva tupida, y en último término
las lejanas serranías occidentales que separan al Estado de Antioquia
del inmenso valle del Magdalena.

El vapor se varó en frente de San-Pablo, porque el verano había
disminuido mucho el caudal de las aguas, y allí tuvo nuestro amable
Irlandés la ocasión de poner aprueba sus sesenta años. El ancla fue
arrojada á 50 metros de distancia, y todo el mundo, por gozar de las
emociones del trabajo, fué á mezclarse con los marineros para darle
vuelta al torno de proa y hacer salir el buque del banco de arena que
lo rodeaba. La noche nos sorprendió jadeantes, empapados en sudor, pero
alegres y triunfantes después de dos horas de esfuerzos; y á poco rato
el canto melancólico de todos los marineros, hiriendo el eco de las
selvas, nos dió una nueva impresion. A las diez de la noche el puente
del vapor tenia un aspecto singular. Cada lecho estaba cubierto con un
toldo para defenderse cada cual de los terribles _zancudos_ ó mosquitos,
y la apariencia general era como de un hospital de campaña, un
campamento ó un cementerio flotante. El Irlandes, que después de
trabajar como un Sansón habia tenido la prevision de beber como una
bomba, dormía cerca de mí, y roncaba con la terrible majestad de las
tormentas andinas. Entretanto, el buho solitario de la playa vecina
respondía con su canto lúgubre al bramido lejano del jaguar errando
entre las asperezas de la selva.

       *       *       *       *       *

CAPITULO II.

       *       *       *       *       *


EL BAJO MAGDALENA.


Las riberas del gran rio.--«Puerto-nacional».--La aldea de Regidor.
--Una danza de zambos.--La semi-barbarie de la raza africana.--Los
desiertos.--Las huertos de «Margarita».--Mompos.--La confluencia del
Canoa.--Calamar.

El tercer dia de navegacion debia ser mas fecundo en escenas de todo
género. El primer objeto curioso fué un grande escombro sobre una playa
desierta: era la masa informe del vapor _Magdalena_ (el primero de la
tercera época en que el rio ha sido navegado por vapores), cuyo casco
yacia abandonado como inútil. Al ver ese cadáver de hierro y madera,
comparado con los vapores actuales, se comprende y admira la
perseverancia con que, á despecho de muchos contratiempos, el espíritu
de progreso sigue su marcha, luchando con la naturaleza y acabando por
vencerla siempre. Mucho mas arriba habia visto también los restos del
espléndido vapor _Manzanares_, volado en 1854; y en otros puntos del rio
se pueden ver los del _Honda_, el _Henry Wells_ y el _Calamar_,
sacrificados tambien en los primeros ensayos. Al cabo la navegacion por
vapor se ha regularizado, el rio es surcado por ocho ó diez bellos
vapores, en la parte baja, y ya se acaba de establecer uno pequeño en el
alto Magdalena. El progreso triunfará.

Como para hacer contraste, dos horas después encontramos el lindo vapor
_Patrono_, que subía con rapidez, saludándonos con alegría sus
pasajeros y tripulacion. En seguida un verdadero panorama de aldeas en
hilera, sobre las márgenes del rio, fue presentándose á la vista,
rodeado del paisaje mas vasto y encantador, sin alteracion hasta el
puerto de la bella ciudad de Mompos.

La llanura era inmensa y todos sus objetos brillaban á la luz de un sol
abrasador en medio del cielo mas puro y trasparente. Al occidente se
destacaba la cordillera de Simití como una cinta celeste, hundiendo sus
cimas entre las blancas nubes; miéntras que al oriente, á inmensa
distancia, se dibujaban como aéreos palacios las cumbres de color vago y
confuso de la rama de la cordillera oriental que separa á las comarcas
de Ocaña del norte de Nueva Granada. Vi primero el _pueblo_ de
_Badillo_, miserable como casi todos los de las orillas del bajo
Magdalena; despues el caserío lamentable de _Las-Pailas_, donde el sol
devora y las serpientes abundan como las hormigas; mas abajo la Bodega
del vecino distrito de _Puerto-nacional_, el sitio mas ardiente de todo
el Magdalena, y por último, para completar el cuadro del dia, la aldea
de _Regidor_, donde nos esperaba una singular escena de costumbres
nacionales y de contrastes en extremo románticos.

Y en el intermedio.... ¡qué de bellezas para llamar la atención,
estableciendo el colorido local! A cada paso islas tan primorosas, tan
pintorescas que, salvo el calor y las plagas, hacían pensar en los
archipiélagos del Mediterráneo; hileras interminables de sauces
llorones, bordando las playas del rio y los suaves declives de las
islas; caños oscuros, sombríos, saliendo misteriosamente de entre la
selva y trayendo sus aguas sin corriente de las lagunas lejanas, donde
moran la fiebre, las fieras y las serpientes venenosas y enormes á la
sombra de una vegetacion exuberante y bravía; playas reverberantes,
cuajadas de _caimanes_ durmiendo bajo el ala de un viento abrasado, en
cuyas orillas se amontonan las garzas de lindísimos colores, ó vaga el
grullon persiguiendo á los peces descuidados, y eü cuyas arenas
quemadoras se dan á veces sus terribles combates el jaguar, tirano de la
selva, y el monstruoso dragon de los rios colombianos. Bandadas
increiblemente numerosas de papagayos de todas clases pasan atronando
con su áspera gritería, que parece el eco de la voz del salvaje; y al
traves de una vegetacion incomparable que constituye el fondo del
inmenso cuadro, se desliza el Vapor, lanzando de tiempo en tiempo sus
silbidos agudos y prolongados, cuyo eco repercuten las selvas y produce
una sensacion indefinible de miedo y admiracion al mismo tiempo.

En ese trayecto el rio _Lebríja,_ semejante al _Sogamoso_, desemboca en
la márgen derecha, después de haber surcado una extensa region del
Estado de Santander. Puede calcularse que el caudal de aguas que los
cuatro principales afluentes del Norte (_Carare, Opon, Sogarnoso_ y
_Lebrija_) le dan al Magdalena, equivale al que este rio recoge de todo
el Estado de Cundinamarca. Así, después de recibir esos contingentes,
arriba de _Puerto nacional_, el Magdalena tiene en algunos puntos hasta
800 metros de anchura, sin haberse engrosado aún con las aguas del
_Cesar ó Cesar_í y el _Cauca_.

En Puerto-nacional y Regidor los cuadros característicos me parecieron
curiosos en sumo grado. El primero de esos lugares es el puerto por
donde gira la correspondencia entre el bajo Magdalena y los Estados del
Norte de la República, y es también el punto por donde los pueblos de
Ocaña exportan su produccion de café, azúcar, tabaco, suelas, _taguas_
(marfil vegetal), oro, palos de tinte, anis y algunos otros artículos de
consumo interior y exterior. Cuando los vapores llegan á la _Bodega_ de
Puerto-nacional, á tomar la correspondencia y los cargamentos de frutos,
los habitantes del pueblo, que está dentro de la selva á la márgen de un
caño afluente del Magdalena, bajan en procesion, ofreciendo el cuadro
mas interesante y bullicioso. Todo el mundo trae alguna fruslería que
vender, á los pasajeros--conservas, frutas, cigarros, etc.,--y los
chicos que vienen por curiosidad, ya que no entran en la vendimia,
gritan alegremente como papagayos salvajes.

¡Qué de figuras y pormenores extravagantes en la turba semi-africana que
nos invadía!--Diez ó doce mujeres, zambitas y zambazas, ó viejas
requemadas, todas alegres, con alpargata suelta por calzado, un pañuelo
de cuadros escandalosos atado á la cabeza en forma de gorro ó turbante,
y un camison flaco y desairado, de zaraza ó muselina burda, con el
gracioso arete de oro ó tumbago en la oreja, hicieron irrupcion por
todas las escaleras del vapor, seguidas de veinte muchachos y mocetones,
rollizos y tostados por el calor tropical. En breve se dispersaron por
los salones y camarotes, movidos por la curiosidad, y fueron á sentarse
en medio de las señoras y los caballeros de á bordo para entablar
conversacion con una familiaridad encantadora. En todas se notaban las
bellas trenzas de cabello negro y abundante, á veces crespo, el labio
grueso y voluptuoso, la nariz abierta y palpitante, el ojo negro y
ardiente, el color pardo oscuro, la voz agitada, estentórea, libre como
el soplo del viento, la risa franca y picante, el andar provocativo, con
un dejo lleno de coquetería, y el carácter sencillo, hospitalario y
lleno de cordialidad.

Toda esa gente me pareció formar una raza enérgica, de excelentes
instintos y capaz de ser un pueblo estimable y progresista con solo
darle el impulso de la educacion, la industria y las buenas
instituciones. Y la turba de vendedores dispersa sobre la barranca del
puerto á la sombra de algunos árboles, no era menos simpática y curiosa.
Este, sentado entre una barricada de melones y sandías, parecía una
figura chinesca, y atraia con sus galantes invitaciones; aquel, como un
mostrador ambulante, llevaba sobre la cabeza una enorme artesa ó canasta
de mimbres, donde bailaban á cada movimiento los panecillos de azúcar
ocañera, las cajetillas de suculento _ariquipe_, los atados de cigarros
y los olorosos panes de maiz; y el de mas acá ó mas allá se pavoneaba
con una torre de _abisperos_ de papelon, de tortas de _cazabe_ y de
otras muchas golosinas que son el regalo de los viajeros de menor
cuantía y los navegantes. Allá un boga voluntarioso, de cuerpo espigado
y ágil, le echaba chicoleos de champan á una moza de mirada un tanto
pecaminosa, recibiendo en cambio un coscorron por via de agasajo. Aquí
el viejo patron de bote, con ínfulas de personaje, se daba sus aires en
medio de la turba, apoyado en un remo ó _canalete_, y acariciando el
ancho arete pendiente de su oreja derecha; miéntras que un marinero del
vapor, como perteneciente á la aristocracia de los navegantes, le
dispensaba su mirada de altiva protección a algún boga plebeyo,
diciéndole al pasar: _Jé! tú por aquí, Peiro?_

Al cabo el vapor lanzó su prolongado silbido; nuestro Irlandes declaró
que era llegado el momento solemne de la vida, (_To drink and drínk! or
not to be,--that is the question_!) Las copas se llenaron, el puerto se
perdió de vista; y al esconder el sol su disco de fuego fuímos á atracar
al pié de la alta barranca de la aldea de Regidor, donde á un paisaje
infinitamente bello debia combinarse el cuadro de costumbres mas típico
que era posible encontrar.

       *       *       *       *       *

La aldea se compone de unas 25 ó 30 chozas miserables, diseminadas sin
órden alguno sobre el plano arenoso de una vega circundada de altísimos
bosques, y en toda el área del pobre caserío multitud de palmas de
cocotero hacen flotar al viento sus rizados plumajes. A las ocho de la
noche el ruido de los tamboriles cónicos y las flautas ó _gaitas_
peculiares á los bogas y sus familias semi-salvajes, hirió nuestros
oidos anunciándonos una ardiente sesión de _currulao_.

El _currulao_ es la danza típica que resume al boga y su familia, que
revela toda la energía brutal del negro y el zambo de las costas
setentrionales de Nueva Granada. Así, todo el mundo quiso contemplar la
escena y, excepto las señoras, cuyos ojos no eran adecuados para ver esa
danza extravagante, saltamos todos á tierra en direccion á la _plaza_ de
la aldea.

El espectáculo no podia ser mas singular. Habia un ancho espacio,
perfectamente limpio, rodeado de barracas, barbacoas de secar pescado,
altos cocoteros y arbustos diferentes. En el centro habia una grande
hoguera alimentada con palmas secas, al rededor de la cual se agitaba la
rueda de danzantes, y otra de espectadores, danzantes á su turno, mucho
mas numerosa, cerraba á ocho metros de distancia el gran círculo. Allí
se confundian hombres y mujeres, viejos y muchachos, y en un punto de
esa segunda rueda se encontraba la tremenda _orquesta_. Difícil, muy
difícil sería la descripcion de esas fisonomias toscas y uniformes, de
esas figuras que parecian sombras ó fantasmas de un delirio, cuando se
movian, ó troncos desnudos de un bosque devorado por las llamas,
ennegrecidos y ásperos, si permanecian inmóbiles.

La luz rojiza de la hoguera, extendiéndose sobre un fondo oscuro,
aumentaba el romanticismo de la escena, porque el bosque vecino aparecia
como una inmensa caverna, y las sombras de los danzantes, músicos y
espectadores, así como las de los mástiles y las copas de los cocoteros,
se proyectaban en perspectiva de un modo singular.

Ocho parejas bailaban al compas del son ruidoso, monótono, incesante, de
la _gaita_ (pequeña flauta de sonidos muy agudos y con solo siete
agujeros) y del _tamboril_, instrumento cónico, semejante á un pan de
azúcar, muy estrecho, que produce un ruido profundo como el eco de un
cerro y se toca con las manos á fuerza de redobles continuos. La
_carraca_ (caña de chonta, acanalada trasversalmente, y cuyo ruido se
produce frotándola á compas con un pequeño hueso delgado); el
_triángulo_ de fierro, que es conocido, y el _chucho ó alfandoque_ (caña
cilíndrica y hueca, dentro de la cual se agitan multitud de pepas que, a
los sacudones del _artista_, producen un ruido sordo y áspero como el
del hervor de una cascada), se mezclaban rarísimamente al _concierto_.
Esos instrumentos eran mas bien de lujo, porque el _currulao_ de _raza
pura_ no reconoce sino la _gaita_, el _tamboril_ y la _curruspa_.

Las ocho parejas, formadas como escuadron en columna, iban dando la
vuelta á la hoguera, cogidos de una mano, hombre y mujer, sin sombrero,
llevando cada cual dos velas encendidas en la otra mano, y siguiendo
todos el compas con los piés, los brazos y todo el cuerpo, con
movimientos de una voluptuosidad, de una lubricidad cínica cuya
descripcion ni quiero ni debo hacer. Y esas gentes incansables,
impasibles en sus fisonomías, indiferentes á todo, bailaban y daban
vueltas y vueltas con la mecánica uniformidad de la rueda de una
máquina. Era un círculo eterno, un movimiento sin variacion, como la
caida del torrente, como el caliente remolino de fuego ó de arena que se
fija en un punto, en medio de un bosque incendiado ó en la mitad de una
playa azotada por el huracan. La incansable tenacidad de los danzantes
correspondia á la de los músicos; y á pesar de emociones tan ardientes
al parecer, ni un grito, ni un acento lírico, ni una sola palabra
pronunciada en alto interrumpia el silencio extraño de la escena.

Es tal la resistencía habitual ó el teson con que esa gente se entrega
al "currulao" que algunas veces duran hasta dos horas tocando ó
bailando, sin descansar un minuto.

Aquella danza es una singular paradoxa: es la inmovilidad en el
movimiento. El entusiasmo falta, y en vez de toda poesía, de todo arte,
de toda emocion dulce, profunda, nueva, sorprendente, no se ve en toda
la escena sino el instinto maquinal de la carne, el poder del hábito
dominando la materia, pero jamas el corazon ni el alma de aquellos
salvajes de la civilizacion. Ninguno de ellos goza bailando, porque la
danza es una ocupacion necesaria como cualquiera otra. De ahí la extraña
monotonía del espectáculo.

Aunque ninguno se rinde, de tiempo en tiempo un hombre ó una mujer sale
del circulo de espectadores, le quita las velas á uno de los danzantes,
le reemplaza sin ceremonia, y el que deja el puesto va á colocarse en la
gran rueda, impasible como un tronco, sin revelar cansancio, ni placer,
ni pena, ni zelos, ni amor, ni emocion alguna. El cambio se hace como si
al reedificar un muro se quitase una piedra para poner otra en su lugar.
La vida para esas gentes no es ni un trabajo espiritual, ni una
peregrinacion social, ni siquiera una cadena de deleites y dolores
físicos: es simplemente una vegetacion, una manera de ser puramente
mecánica.

Nacido bajo un sol abrasador, en un terreno húmedo, inmenso y solitario,
y contando con una naturaleza exuberante que lo da todo con profusion y
de balde, y que, exagerando el desarrollo físico de los órganos,
debilita sus funciones y degrada su parte moral,--el boga, descendiente
de Africa, é hijo del cruzamiento de razas envilecidas por la tiranía,
no tiene casi de la humanidad sino la forma exterior y las necesidades y
fuerzas primitivas. Si el _indio_ puro de las alti-planicies andinas es,
á pesar de su ignorancia, dulce y humilde, y la _astucia_ constituye su
fuerza moral; si el _llanero_ de las pampas granadinas, criado en las
soledades y en medio de los peligros, pero rodeado de un horizonte
infinito, es no obstante su barbarie un sér eminentemente heróico,
poético en sus instintos, galante, cantor, espiritualmente fanfarron,
crédulo y generoso,--el _boga_ del bajo Magdalena no es mas que un
bruto que habla un malísimo lenguaje, siempre impúdico, carnal,
insolente, ladron y cobarde.

La raza parda, pero cultivadora ó comerciante, que habita las vegas
vecinas á Ocaña ó las ciudades de Mompos, Barraquilla, Cartagena y
Santa-Marta, se ha civilizado con el trabajo social y la vida
comunicativa, y será no muy tarde una poblacion vigorosa y de excelentes
cualidades. Pero la familia del _boga_, que vive de pescado, en el
sopor, la inercia y la corrupcion, no podrá regenerarse sino despues de
muchos años de un trabajo civilizador, ejercido por la agricultura y el
comercio invadiendo todas las selvas y las soledades del bajo Magdalena.
La civilizacion no reinará en esas comarcas sino el dia que haya
desaparecido el _currulao_, que es la horrible síntesis de la barbarie
actual.

       *       *       *       *       *

Si la idea fundamental del romanticismo literario está en la libertad de
exposicion de los contrastes, que en la naturaleza física se manifiesta
en las aparentes contradicciones de los cuadros que la creacion destaca
en diversos puntos para constituir en su conjunto la gran síntesis de la
armonía, nada mas romántico que el contraste de escenas de vegetacion y
de estructura geológica que se encuentra al descender el Magdalena
desde _Regidor_ hasta _Mompos_.

Hasta un poco mas abajo del brazo ó canal de _Loba_ la desolacion es
completa y su espectáculo aflige profundamente el corazon del viajero. A
juzgar por las relaciones de los viajeros del Asia, se cree uno
trasportado al fondo de sus interminables desiertos, descendiendo el
Eufrates y oprimido por la majestad de una soledad asombrosa. Parece que
el hombre hubiera huido de aquellos desiertos del bajo Magdalena, como
de una tierra maldita, donde el sol devora, el suelo es un arenal
inmenso mas ó ménos poblado de árboles medio desnudos. La brisa falta
enteramente; el cuervo y la garza pescadora, esos huéspedes del
desierto, aparecen solos; los caimanes, reproduciéndose increiblemente,
forman como palizadas sobre las quemantes playas, y el bosque no produce
sino emanaciones de muerte en lugar de perfumes. Allí no existe casi la
vida, que es el movimiento reproductor del bien. El huracan reina solo,
y su soplo abrasado parece contener todo el fuego de un infierno
desconocido que existe entre los arenales, las rocas escarpadas, las
ciénagas pestilentes y los escombros de las selvas calcinadas.

Ese trayecto de desolacion es largo y abraza mas de treinta leguas, sin
mas interrupciones que distraigan un momento al viajero que la vista del
_Peñon,_ pueblo miserable de la antigua provincia de Mompos, situado
sobre una barranca desnuda á la márgen izquierda del rio; del _Banco_,
pueblecito muy pobre tambien, pero de alguna importancia comercial por
sus relaciones con algunas poblaciones interiores, situado á la derecha,
cerca de la confluencia del profundo y bellísimo rio _Cesar_ ó _Cesari_;
y del canal de _Loba_ que, disminuyendo en mas de la mitad las aguas del
Magdalena, va á engrosar las del Cauca para volver luego á su propio
caudal.

El _Banco_ pertenece, como todos los pueblos de la márgen derecha, al
Estado del _Magdalena_, separado del de _Bolívar_ por el gran rio. El
_Cesar_, tan importante en la historia de la conquista verificada por
Jiménez de Quesada, es un rio de cauce profundo, perfectamente
navegable, que, corriendo en sentido casi opuesto, al Magdalena, viene
á traerle los tintes, las maderas y otros artículos de exportacion
recogidos en las montañas que dominan á Riohacha y Santa-Marta (del lado
occidental) y en las extensas selvas y llanuras de _Chiriguaná_ y
_Valle-Dupar_. El dia que ese excelente rio sea navegado por vapor, como
el Magdalena, se desarrollará un gran progreso industrial en esas
comarcas de asombrosa fertilidad y riqueza. No hay un tinte estimable,
una madera exquisita, un metal ó un producto de los trópicos que no
pueda obtenerse allí para llevarlo por el Cesar y el Magdalena al
consumo del mundo comercial.

El canal de _Loba_, que arranca mas abajo en direccion N. O., disminuye
inmensamente las aguas del cauce principal, y hace aparecer la grande
isla de Mompos y Margarita, el huerto perfumado del bajo Magdalena. La
navegacion se hace muy difícil para los vapores en el canal principal, y
se reconoce allí la urgente necesidad de una obra de canalizacion que
mejore la suerte del comercio. La naturaleza misma parece estar
indicando el medio infalible aunque un poco lento, pero nada costoso, de
encaminar las aguas convenientemente. Esa vegetación exuberante que se
reproduce entre las aguas y el limo con tanto vigor y prontitud; las
grandes crecientes periódicamente infalibles del rio, y la movilidad de
sus arenas, favorecen la aplicacion del sistema de canalizacion del
Danubio, perfectamente semejante al Magdalena, donde todo el trabajo se
reduce á establecer faginas ó barricadas vegetales, que las aguas, los
depósitos sucesivos de limo y la accion incesante del tiempo convierten
en verdaderas murallas de canalizacion. En Colombia, donde todo es tan
vigoroso y los recursos faltan para emprender obras costosas, debería
estudiarse mas atentamente el trabajo de la naturaleza, para imitarlo en
los estudios hidrográficos. La _hidráulica natural_ puede ser en
Colombia la mejor canalizadora.

En el sitio pintoresco de la _Ribona_ empieza un panorama de verdura
incomparable que, continuándose en los caseríos ó parajes de
_Doña-Juana, Sandoval, Margarita y San-Fernando,_ termina en la ciudad
de Mompos y sus cercanías. El encanto de aquellos paisajes, de aquella
vegetacion, de aquellos cuadros naturales y de costumbres, es
imponderable. Aquello es un paraíso, es un oásis de verdura suntuosa, de
perfumes y brisas deliciosas, de vida dulce y tranquila, de suprema
hermosura, y de un colorido tan colombiano, tan nacional, que deja en el
corazon del viajero la mas honda sensacion de placer.

Figúrese el lector un huerto de tres leguas de extension, tendido como
un manto de verdura sobre la márgen de un rio gigantesco, y tendrá
todavía una idea muy inferior á la realidad. Ese trayecto valdría en
Europa millones y millones de francos ó florines. En Colombia ... no
vale nada: es un tesoro de cuya posesion nadie se apercibe, porque sus
riquezas se ven por todas partes, casi sin necesidad de cultivar la
tierra. Aunque en una y otra márgen del rio se observa la misma
fecundidad en la tierra, el mismo lujo en la vegetacion, abundancia de
ganados que bajan de las llanuras vecinas, riqueza de formas en los
sauces y las altas gramíneas, etc., etc., la orilla izquierda, mas
cultivada y poblada, llama de preferencia la atencion del viajero. El
terreno es una angosta y larguísima vega toda cultivada y cuyo suelo
casi no calienta el sol, segun es de tupido el follaje del bosque
interminable que lo cubre. Todo aquello es dulcemente sombrío, y el
viajero que pasa como una exhalacion en alas del vapor, se imagina ver
la isla de Calipso, con su primavera eterna, ó un huerto aéreo que la
mano de una hada misteriosa va mostrando tras del lente mágico, cual un
cosmorama inasible y movedizo.

¡Qué bosque aquel! De trecho en trecho se suele ver una pequeña
plantacion de caña de azúcar, ó un verde platanar que exhala el perfume
de sus racimos cuajados de miel, cayendo sobre los vástagos desnudos
como cintillos de topacio bajo una bóveda de esmeralda. Pero esas
plantaciones apénas interrumpen ligeramente la selva interminable de
naranjos, limoneros, mangos, árboles de mamei, de zapote, de níspero, de
mil frutas deliciosas, sobre cuyas capas iguales, suntuosas, de verdes
diferentes, pobladas de frutas, de sombra y de perfumes, se destacan los
mástiles y los penachos de los cocoteros, como las velas y el arbolaje
de una barca sobre las verdes ondas de una bahía tranquila, suavemente
rizadas apénas por el soplo de las brisas de la tarde. Allí, bajo esos
pabellones, la luz se amortigua, la paz reina como en un jardin, los
racimos flotantes de naranjas provocan, los pájaros cantan como en una
mansion de amor, y la naturaleza, idealizada, parece evaporarse en
perfumes y colores como si un voluptuoso deleite la mantuviese
magnetizada y feliz....

A la sombra de esas cúpulas de verdura vive una poblacion sencilla,
pacífica y honrada, cuya fecundidad parece ser el resultado de la
influencia que ejerce la vegetacion.--Por todas partes se ven casitas
pintorescas y blanqueadas, destacándose en perspectiva detras de las
bóvedas y grutas aéreas de los árboles, ó ramadas de _trapiches_,
despidiendo su sabroso olor de miel; y miéntras las mujeres hilan, hacen
bordados ó tejidos, ó fabrican _petaquillas_, canastos y esteras de
graciosos colores, los chicos juegan y saltan en grupos caprichosos á la
sombra de los árboles, sobre un suelo limpio y parejo, ó trepan como
ardillas á perderse entre el follaje de los mangos y naranjos.

Entre tanto, la escena es bien curiosa en el primer término del paisaje.
La alta barranca que cae sobre el rio, tiene talladas de trecho en
trecho multitud de escaleras que dan sobre los pequeños puertos, en
forma de caracol ó perpendicularmente; y en el muro de la barranca se
ven las aberturas ó bocas de muchos hornos subterráneos, ingeniosamente
preparados para cocer el pan de maiz llamado _almojábana_, ó el de yuca,
que tiene el nombre de _cazabe_. Y al pié brincan, agitadas por el
oleaje que produce el paso del vapor, multitud de pequeñas canoas
destinadas á llevar á Mompos los cargamentos de frutas y mantener la
comunicacion entre las dos márgenes del rio. Los grupos de la orilla no
son ménos interesantes, ya por las maniobras de los bogas y sus vestidos
singulares, ya por la ruidosa algazara que levantan saludando á la
tripulacion del vapor que pasa rápidamente á la vista de esos pacíficos
moradores de un huerto secular.

       *       *       *       *       *

Mompos es una ciudad interesante en todos sentidos. Su amplísimo puerto
contiene siempre multitud de embarcaciones indígenas, y sus albarradas,
sus corpulentas ceibas, el contraste de sus construcciones dominando la
playa, y sus ricas arboledas de frutales, le dan un aspecto tan
pintoresco que provoca al viajero á visitar el interior. Situada la
ciudad en un terreno bajo y arenoso, sin el amparo de montañas que la
dominen, la brisa falta enteramente, sus arboledas se mantienen inmobles
y el calor es tan sufocante (40 gr. cent.) que casi suspende la
respiracion.

La poblacion está dividida en dos barrios: el de arriba, llamado
_Susúa_, que es todo de casas de paja, pero mantenidas con aseo y mucha
gracia; y el de abajo, compuesto de dos largas calles muy bonitas,
cortadas en ángulos rectos, á cordel, y totalmente formadas por fuertes
edificios de mampostería. El primero es habitado por las clases
trabajadoras, todas de color, de cuyo seno sale el impermeable y sufrido
boga del bajo Magdalena;--gente alegre, jovial, alborotadora, libre en
sus costumbres, robusta y varonil, y que apesar de sus defectos de
educacion es honrada y leal, ama la patria con entusiasmo y se bate por
ella con bravura, esgrimiendo el afamado sable de acero del _Real de la
Cruz_, poblacion de la antigua provincia de Ocaña. Es de esa raza
vigorosa y altiva que han salido tantos valientes, de los vencedores en
_Tenerife_ y _Barbacoas_, en la época de la independencia, y mas tarde
tan temibles combatientes en las desgraciadas contiendas civiles del
Magdalena.

El otro barrio es el asilo de las clases acomodadas, gentes que, pasados
los momentos de contiendas, son estimables por su carácter generoso y
franco y su hospitalidad para con el viajero. Mompos es la ciudad que
resume por excelencia el contraste de la conquista ó la civilización
española con la antigua situacion indígena. Si la parte de arriba es
esencialmente nacional ó colombiana, la de abajo es, por su estructura,
enteramente española. Una arquitectura pesada y de estupenda solidez,
multitud de hermosas iglesias que son mediocres monumentos, calles
anchas, rectas y sin pavimento, muros pintados de amarillo y rojo,
puertas arqueadas, galerías de columnas prodigadas, inmensos salones,
altas celosías de hierro en todas las ventanas, muebles colosales y
pesados para el menaje interior, bellas arboledas de frutales en todos
los patios, y mil pormenores en extremo curiosos, le dan á Mompos el
aire de una ciudad hispano-morisca, que tiene el sello de la conquista
ibérica.

Pero Mompos no es solo una ciudad graciosa y pintoresca. Es tambien un
depósito ó puerto de escala importantísimo, que hace juego con las
plazas mercantiles del interior, Honda y Medellin, con la exportacion
agrícola de Ocaña y Valle-Dupar, con las ferias comerciales de los
pueblos del bajo Cauca y Magdalena, y con las ciudades de Cartagena,
Barranquilla y Santa-Marta, por las cuales las ramificaciones del gran
rio hacen girar el comercio exterior de Nueva Granada en su parte mas
considerable. Los vapores hacen siempre escala en Mompos; su plaza es
afamada por su produccion de licores, joyería esmerada, herramientas y
vasos porosos elegantes y finos. En mi concepto, despues de Barranquilla
talvez, Mompos es la poblacion de mas porvenir en el bajo Magdalena.

       *       *       *       *       *

El 6 de febrero era el último de mi viaje á bordo del vapor _Bogotá_, el
cual debia seguir su ruta hasta Barranquilla, puerto distante cinco ó
seis leguas de la bahía de _Sabanilla_, y que recibe algo del movimiento
comercial de Santa-Marta; miéntras que yo debia separarme en _Calamar_ y
seguir en direccion á Cartagena, por camino de tierra, ó por el canal
semi-artificial llamado el _Dique_.

Desde que el sol empezó á iluminar el panorama del Magdalena abajo de
Mompos, fue haciéndose mas notable la aglomeracion de poblaciones sobre
las márgenes del rio. Así, aunque este ha perdido mucho de su majestad
por la gran disminucion de sus aguas en el canal de _Loba_, las orillas
interesan mas porque revelan la existencia de la sociedad, casi nula en
el trayecto que media entre _Regidor_ y _Nare_. La vegetacion es
siempre uniforme, el cielo igual y la llanura inmensa como un desierto
de las pampas orientales; pero el viajero se consuela viendo asomar de
trecho en trecho los pobres caseríos que se destacan sobre barrancas
pedregosas, ya á la derecha del rio, como los pueblos de _San-Cenon_,
_San-Fernando_, _Santa-Ana y Pinto_, ya á la izquierda, como á los de
_Talaigua_ y _Sambrano_.

En _Pinto_, que es un puerto de escala en relacion con las famosas
ferias de _Magangué_, sobre el Cauca, se separaron todos los viajeros
comerciantes que se encaminaban á la feria de la _Candelaria_; y media
legua mas abajo nos llenó de admiracion el espectáculo de la confluencia
de los dos grandes rios. El _Cauca_, engrosado enormemente con mas de la
mitad de las aguas del _Magdalena_, desemboca por tres hermosísimos
canales paralelos, formando un delta de espléndida majestad, y los dos
gigantes parecen abrazarse, envolviendo entre sus anchos brazos tres
islas de suntuosa vestidura, cuyos sauces y gramíneas semejan enormes
masas de esmeralda flotando en el centro de un océano de plata,
iluminando por el sol ardiente. El espectáculo es grandioso, imponente,
y el Magdalena, que desde allí se encrespa al soplo de las brisas
marinas, es ya un pequeño mar que muchas veces alcanza 1,500 metros de
anchura, incluyendo sus muchos islotes pintorescos.

Despues el viajero, que presiente el aspecto del cercano Atlántico, á
juzgar por la escena infinita que se le presenta, va recogiendo nuevas
impresiones. Ya se mira con gusto el puerto de la _Merced_, por donde se
hace el comercio con el _Cármen_, poblacion agrícola cuyo tabaco
excelente le está dando grande importancia, y cuyo caserío se distingue
confusamente al pié de una lejana serranía; ya se divisa el pueblo de
_Plato_, escondido á la derecha, á algunas leguas de distancia, entre
una selva desolada y triste que parece haber sido retostada por el fuego
de un sol vertical de imponderable torricidad; ora se pasa por el pié
del árido peñon donde yace como un escombro el miserable pueblo de
_Tenerife_, á la márgen derecha, cuyo nombre y sitio recuerdan el
heroismo de los guerreros de la independencia; ora se saluda con
profunda tristeza el caserío de _Nervití_, desolado y casi salvaje, el
de _Heredia_, cuyas barracas, dominando la barranca del rio, revelan
toda la miseria de sus habitantes, ó el del _Yucal_, no ménos
lamentable.

Entre tanto, se ven al oriente, á una inmensa distancia y casi
confundidas con el color ceniciento de las nubes, las altas serranías de
Valle-Dupar y la rica y brillante Sierra-Nevada que domina las costas de
Santamarta; mientras que en el rio se van descubriendo, como blancas
garzas que rozan las ondas encrespadas por la brisa, las velas de los
botes mercantes que vienen de Barranquilla ó Calamar en direccion á
Mompos, ó que descienden servidos por el remo. La brisa marina es tan
fuerte allí, sinembargo de la considerable distancia de la costa, que la
vela es suficiente para hacer remontar un bote considerable, y el oleaje
del rio toma proporciones semejantes á las de océano tranquilo.

El sol se perdió tras de las lejanísimas montanas de Antioquia que
terminan cerca de la isla de Mompos, y en medio de la oscuridad
arribamos al extenso y arenoso puerto de _Calamar_, á 100 metros de la
bifurcacion que da orígen al canal del _Dique_. Poco despues el vapor
_Bogotá_ siguió su marcha, confundiendo los silbidos de su locomotiva
con los gritos de despedida, y yo me quedaba en Calamar para emprender
una segunda peregrinacion de muy distinto género.

       *       *       *       *       *

_Calamar_ es una poblacion de gran porvenir agrícola y comercial, bien
importante ya por su posicion de escala, y que no carece de interes por
las costumbres de sus habitantes y su estructura fisica. Distrito de muy
nueva creacion, su poblacion alcanza apénas á poco mas de mil almas, las
calles son muy anchas, derechas, cortadas en ángulos rectos, y las casas
tienen una apariencia de comodidad y aseo que contrasta con la de los
otros pueblos ribereños del Magdalena. Sus habitantes, alegres y
expansivos, recorren las calles ofreciendo víveres, montados en burros
de la manera mas extravagante. La montura es tan insegura que cada
jinete es un equilibrista. El jinete va sentado en el centro, con las
piernas cruzadas sobre la nuca del asno, y este, que no está sujeto por
brida ni cabestro, es manejado hábilmente al influjo de los golpes que
le regala con la mano su equilibrista caballero. El asno queda
convertido así en una especie de brújula ambulante que cambia de
disecacion según la inclinacion del golpe ó tocamiento que recibe. Si he
de hablar con franqueza diré que los burros de _Calamar_ me parecieron
mas racionales que los bogas de la aldea de _Regidor_.

_Calamar_ es en cierto modo el crucero de todas las vias mas importantes
para el comercio del país, puesto que sirve de escala al movimiento
interior que desciende de _Honda_, _Nare_, _Puerto-nacional_, el
_Cesar_, y _Magangué_ y _Mompos_; recibe el movimiento comercial de
_Santa-Marta_ y _Barranquilla_, y facilita la comunicacion del Magdalena
con Cartagena, ya por la via terrestre de Mahates y Turbaco, ya por la
del canal del _Dique_, que desemboca directamente en la bahía de
Cartagena.

Desde el puerto de Honda hasta el de Calamar, en un trayecto de cerca de
130 leguas, no se encuentran, pues, sino 28 poblaciones sobre la márgen
del Magdalena (contando dos ciudades) de las cuales 12 pertenecen en la
ribera derecha á los Estados de Cundinamarca y Magdalena, y 13, en la
ribera izquierda, corresponden á los Estados de Antioquia y Bolívar. El
total de habitantes de esos pueblos, excluyendo á _Honda_, que no
pertenece al bajo Magdalena, no pasa de la cifra miserable de 16,000, de
los cuales mas de 7,000 pertenecen á la ciudad de Mompos. Esa inmensa
region, de asombrosa fecundidad y tan felizmente dotada de fáciles
comunicaciones en sus muchos rios afluentes, el Magdalena, los caños ó
canales naturales y las llanuras vastísimas, es un desierto solitario,
inculto, á donde el hombre casi no ha llevado su poder conquistador, y
en cuyo seno existirá en una época lejana una poblacion vigorosa de
muchos millones y de riqueza imponderable. Así, al cruzar esa region
maravillosa, solo es permitido al viajero pronunciar una palabra: el
_porvenir_. La naturaleza reina allí, teniendo por esclavo al hombre.
Solo el tiempo, ese auxiliar misterioso del progreso, hará que la
sociedad, cambiando de situacion, adquiera su soberanía perdurable sobre
la Creacion.

Entretanto, la navegacion á vapor, bien regularmente establecida en las
aguas del caudaloso Magdalena; las nuevas instituciones
federalistas,--que permiten hacer esfuerzos mas directos en el inmenso
valle que aquel rio fecunda, para darles vida social á sus aisladas
poblaciones,--y el desarrollo indefinido que allí puede tener la
agricultura intertropical, mediante el ensanche del consumo en los
mercados exteriores, desarrollo que comienza á iniciarse,--son
elementos que hacen esperar que no muy tarde las regiones hoy desoladas
que el viajero contempla con profunda tristeza, serán la tierra de una
raza liberal, enérgica y valerosa, que alcanzará el bienestar con la
práctica de la democracia y la actividad de la industria.

       *       *       *       *       *



CAPITULO III.

*       *       *       *       *

LA REGIÓN MARÍTIMA.


El canal del «Dique».--Las ciénagas; la salida al mar.--Cartagena; su
bahía; sus arrabales.--Adios á la patria.--El mar por primera vez.

El 7 de febrero á las doce de la mañana mi bote estaba preparado, y
partí con mi familia del puerto de Calamar para descender el canal del
Dique, prefiriendo esa via mas bien que la de tierra, porque si esta era
mas corta, la otra tenia para mí todo el interes de una obra nacional
importante para el comercio, y todo el encanto de una navegacion en
extremo pintoresca.

A pocos metros de distancia del puerto esté, sobre la márgen izquierda
del Magdalena, la boca del canal, abierta mas bien por el empuje natural
de las aguas que por el esfuerzo de los ingenieros; pero al dejar el
gran rio, donde el caudal opulento de las ondas lo hace todo, lo primero
que se ve en el Dique es el casco despedazado del vapor _Calamar_, el
único que habia navegado allí, y los escombros de una compuerta
derrumbada á causa de la debilidad del cimiento deleznable. Donde la
mano del hombre ha intervenido se ve, pues, el abandono, se ve patente
la inconstancia que preside á todos los esfuerzos industriales del
Hispano-colombiano. Grandes sumas se han consumido en la apertura de ese
canal;--bellas y legítimas esperanzas se fundaron en la obra, y
sinembargo, lo que queda es un monton de ruinas y una via de navegacion
embarazosa y llena de torturas para el viajero.

En un trayecto de diez ó doce kilómetros el canal, con una anchura
uniforme de diez á catorce metros, parece una inmensa calle trazada en
perspectiva, recta en lo general y con aspecto monótono y desapacible.
Las barrancas de las dos orillas, cortadas y desnudas; la vegetacion
mediana y sin elegancia; el sol ardiente que sufoca y devora; la
regularidad del trayecto; las plagas infinitas de insectos voladores que
hacen salir la sangre envenenada por cada picadura, y la increible
multitud de enormes iguanas y lagartos que se arrastran por entre los
tostados matorrales de las orillas,--todo eso contribuye á entristecer
al viajero durante las tres primeras horas de navegacion.

Despues la escena va cambiando á cada vuelta y revuelta del canal, y los
mas variados cuadros de la naturaleza se suceden para encantar
maravillosamente al viajero. La proximidad de las ciénagas se manifiesta
en la verdura húmeda, la riqueza de la vegetacion y la abundancia de las
aves acuáticas. Cedros y otros árboles gigantescos se levantan, y de sus
brazos retorcidos penden festones admirables de flores que reúnen todos
los colores del arco iris. La _vara-santa_ ostenta su mástil altísimo,
cuya copa azul, morada, blanca, rosada ó amarilla, segun el estado de la
flor y la hoja, es el grupo mas suntuoso de guirnaldas que puede
imaginarse, multiplicado prodigiosamente. Una inmensa alfombra de
gramíneas rizadas cubre las orillas del canal, y sobre ese interminable
feston, agitado por las brisas, se mecen las palmas elegantes de las
gramíneas arbóreas, entretejidas por cortinas flotantes de parásitas y
flores, que forman sobre la cabeza del viajero una bóveda sombría,
poblada de perfumes desconocidos y de indefinible belleza artística.
Aquello figura un arco triunfal infinito tendido sobre una calle
cubierta de flores y de ricas colgaduras.

De repente la bóveda se acaba y el canal se confunde en una ciénaga de
majestuosa y melancólica hermosura. Allí se tropieza con los escombros
de otra compuerta de manipostería, y una gran máquina para limpiar las
ciénagas y canalizarlas levanta su roja chimenea por entre las altas
gramíneas. El espectáculo de la ciénaga de _Sanaguare_ es admirable y
solemne. ¡Qué soledad aquella! El viajero se siente como anonadado,
porque se encuentra muy pequeño, impotente, en presencia de aquella
naturaleza exuberante y bravía.... Terribles caimanes se pasean,
asomando sus cabezas bronceadas sobre la onda cristalina encrespada por
la brisa que sopla desde la lejana costa del mar Caribe; el lago es
extenso y de la mas extraña forma. Por todas partes se levantan los
troncos secos y blanquecinos de millares de _guayacanes_, cuya verdura
ha destruido la humedad de las ondas que los rodean, y las copas,
retostadas por el sol en su parte superior, sueltan por todos lados
festones suntuosos de parásitas enredaderas. Cada uno de esos árboles
parece un esqueleto vestido de gala,--un cadáver que, teniendo la
cabeza, los brazos y las piernas desnudas, lleva en el pecho y las
espaldas una túnica suntuosa de terciopelo oscuro, flotando al viento
como la bandera de la muerte.... El cielo es admirablemente azul y se
refleja en la onda que sirve de base á ese romántico bosque de cadáveres
vegetales; y por todas partes se cruzan, en innumerable multitud,
bandadas de aves acuáticas de los mas raros colores y las mas singulares
formas, que levantan un concierto de salvaje armonía. El grito
melancólico del _chicoalí_, hermoso pavo silvestre,--el canto recóndito
del _chílacó_,--el graznido de la garza temerosa,--el aleteo del cuervo
agitándose entre las altas ramas del caracolí,--el chillido del pato ó
del _coclí_, la queja de la _caica_, esa cantatriz de las tristezas de
la selva y del río,--el sordo y vibrante ruido del _alcatraz_ que sacude
sus pesadas alas,--el grito salvaje del _mono_ (esa _mueca_ del hombre,
como dice Pelletan), lanzado desde lo alto de su columpio sombrío,--el
redoble del _alcaraban_, ese centinela de los desiertos,--el zumbido de
la cigarra fatigada y de los millares de insectos que pueblan el aire, y
mil otros ecos y ruidos que salen del fondo de la selva: hacen de
aquella soledad una escena que sobrecoge el alma de respecto, que
obliga al viajero á evocar todos sus recuerdos de amor y de supremo
bien, y que inunda el corazon de un sentimiento inefable de veneracion
divina y de poesía soñadora....

Despues, la noche vino con sus sombras, su misterio y su solemne
majestad, y á todos esos ruidos de la tarde sucedió el silencio de una
soledad imponente. Apénas la luz fosfórica de los _cocuyos_ y los peces
señalaba el hilo blanco de las aguas del canal; la ciénaga habia quedado
atras; la oscuridad era profunda; los remos, agitando las ondas
inmóbiles, producian con su chasquido un eco misterioso; los corpulentos
árboles de las orillas tomaban las mas extrañas formas en la sombra del
follaje interior, y al encanto infinito de la tarde sucedian las
amarguras de una noche de sufrimientos increibles.... Lo que el viajero
puede sufrir allí, literalmente devorado por los _zancudos_, es
indescriptible. Es un dolor atroz, incesante, cruel, torturador, que da
la idea de la Inquisicion, del infierno, de la suprema desesperacion....
Cada minuto es un siglo de angustia, y cuando el viajero ve aparecer el
sol al dia siguiente, cuyo calor hace huir á la infernal plaga,
comprende que en solo una noche ha sufrido por muchos años y ha
aprendido á tener resignacion.

Los miserables pueblos de _Mahates_ y _San Estanislao_, situados en
medio de ciénagas interminables, demoran allí en la mayor incuria y en
un completo desamparo; y el canal, ensanchándose á veces en medio de
anchas lagunas ó ciénagas, como las de _Sanaguare_, la _Cruz_ y
_Palotal_,--ó volviendo a estrecharse como en su principio, aunque
cambia de aspecto por su forma ó su vegetacion, nunca pierde su
hermosura salvaje, su soledad y sus encantos. De trecho en trecho se
encuentra algun bote navegando pausadamente, detenido á veces por muros
de plantas acuáticas de tal manera entretejidas que exigen un trabajo
vigoroso para abrir paso á las embarcaciones. Esa naturaleza invencible
tiene un poder de reproduccion maravilloso; y al Contemplar la escena el
viajero admira la energía de voluntad que presidió á la apertura del
canal, casi obstruido en 1858.

Desde el principio de la gran ciénaga de _Palotal_ el paisaje toma
nuevas y admirables proporciones. Allí es un extenso lago de verdura lo
que se ofrece á la vista del viajero. El agua, cubierta donde quiera por
una espesa capa de gramíneas profundamente arraigadas, tiene una
profundidad media de tres metros, pero rara vez aparece en la
superficie. Todo el vasto lago de verdura abarca una extension de muchas
millas, limitado en su circunferencia por manglares interminables y muy
tupidos, de aspecto suntuoso y magnífico. Al fin la ciénaga encuentra su
desagüe principal, y el viajero vuelve á esconderse en el cauce sombrío
del _Dique_ ó canal, embelesado por los encantos de una naturaleza
incomparable. Allí la plaga ha desaparecido enteramente, y el canal, con
una anchura de 15 á 20 metros, da la idea de un paraíso que solo la
imaginacion del poeta pudiera haber ideado. Las bandas de pájaros
multicolores son innumerables;--le sombra deliciosa, bajo el follaje
colosal y espeso de una vegetacion en que alternan el _mangle_,
elegante, recto y de románticas raices hundidas entre las ondas, el
corpulento _caracolí_, la flexible _guadua_ y mil plantas de las mas
hermosas formas;--los conciertos que de todas partes se levantan, y los
perfumes que exhala el bosque de su seno húmedo y exuberante de fuerza
reproductora,--todo contrasta con la escena marítima que despues se
presenta. El canal termina entre manglares para perderse en las ondas
cristalinas de la bahía, sumamente prolongada hácia el interior; la
brisa del Atlántico sopla con vigor; la ancha vela del bote se desplega
y flota de proa á popa; el horizonte se ensancha; las aguas toman el
olor, el color y la aspereza de las aguas marinas; los remos dejan de
agitarse; el tiburon persigue implacable á ejércitos de peces
primorosos; las colinas de la costa se ofrecen á la vista; se siente el
sordo y lejano mugido del mar; el mundo de las selvas acaba, el del
abismo infinito comienza; y al fin, surcando una bahía de admirable
belleza, que ensancha el corazon y da la primera nocion de la majestad
del Océano, el viajero ve á Cartagena, bella, melancólica, romántica,
sentada entre dos bahías, como una garza nadando en el Atlántico; y el
Colombiano, el Granadino, amante de la libertad y de las glorias de un
pueblo heróico, no puede menos que levantar la voz y saludar á la vieja
y noble ciudad, diciéndole con el arrebato de la admiración; «Salve,
gloriosa Cartagena, tierra del heroismo supremo y la abnegacion, cuna de
poetas y mártires, sepulcro arrullado por las ondas, escombro de la
opulencia que _fué_ para no resucitar sino en un lejano porvenir!»

       *       *       *       *       *

Cartagena es la capital del Estado federal de _Bolívar_, uno de los
nueve en que recientemente se ha dividido Nueva Granada, con una
poblacion de 200,000 almas y una extension aproximativa de 40,000
kilómetros cuadrados, compuesta en su mayor parte de espléndidas
llanuras y selvas, surcadas por hermosos rios navegables; con un clima
general de 33 grados centígrados, en los veranos, y un desarrollo muy
considerable de costas marítimas entre las bocas del Magdalena y las del
Atrato. Si en otro tiempo Cartagena llegó á contener mas de 20,000
habitantes su poblacion ha bajado á 7,000, diezmada desde 1811 por la
guerra, las epidemias, la rivalidad de otras plazas comerciales y el
lento desarrollo, interior de la agricultura. Hoy Cartagena es un
inmenso escombro, cuyo espectáculo aflige profundamente al viajero; pero
la hermosura romántica de la ciudad, la esplendidez de sus bahías, su
admirable posición marítima, su importancia y sus facilidades para el
comercio interior, el carácter de su poblacion y los nobles recuerdos
que le pertenecen, hacen de esa plaza un objeto tan interesante como
simpático para el observador extraño.

Nada mas grandioso y variado que el panorama que se desarrolla á la
vista del curioso que quiere contemplar la ciudad desde lo alto del
cerro de la _Popa_ que la domina enteramente. Esta eminencia aislada es
una alta colina pedregosa, rodeada de ciénagas y bahías, á una milla de
la ciudad, y en cuya cima los Españoles establecieron una _fortaleza_ y
un _convento_, las cosas mas características del sistema colonial que
dominó en Hispano-Colombia; pero la República, que no quiere ni frailes
ni cañones, ha dejado arruinar todo aquello, y hoy no queda sino un
monton de escombros imponentes. Desde las plataformas de aquel edificio
mixto y despedazado, el viajero contempla un espectáculo maravilloso,
digno del pincel del artista y de la admiracion del poeta, como del
estudio del historiador y el arqueólogo.

Al norte de la ciudad, aislada por sus murallas, sus fosos, sus bahías y
lagunas, se abre un estero que determina una angosta lengua de tierra,
poblada de cocoteros, quintas y rústicas chozas. Al sudoeste se dilata
la hermosa bahía ó entrada de _Boca-grande_, obstruida por los
Españoles; después la isla de _Tierra-bomba_, flanqueada por fortalezas;
mas al sur la entrada de _Boca-chica_; en fin la grande isla de _Barú_,
separada del continente por el _Dique_. La inmensa y admirable bahía
forma casi un círculo irregular; en su seno se ven anclados 20 ó 30
bergantines, barcas y goletas con los pabellones estranjeros y el
nacional; un enjambre de lanchas se cruza en todas direcciones,--y
varios fuertes, construidos sobre islotes ó ángulos salientes de la
costa, ostentan entre cocoteros y parásitas, su vieja y pesada
manipostería convertida casi en escombros, ó muy deteriorada, y sin
baterías. Al frente, hácia el poniente, se extiende el Atlántico,
brillante, agitado, mugiente, inmenso y lleno de majestad y
misterio...el mar con toda su fascinación, con sus reflejos
inasibles, con su movilidad eterna, y sacudiendo su lomo de escamas
luminosas, como un dragon enfurecido por la resistencia de las rocas que
quisiera devorar ó pulverizar.

En medio del océano, las bahías, la laguna y el cerro de la Popa, vegeta
Cartagena, como un náufrago que vacila entre los abismos del mar y la
soledad del desierto que limita un continente. ¡Qué de recuerdos allí!
¡qué sublime pobreza! ¡gloriosa mendicidad de una reina caida que se
hace respetar por lo que fué, y admirar por la majestad de su dolor! El
mar golpea por todos lados sus murallas; el cielo la cobija con un manto
siempre límpido y azul; y los mil penachos flotantes de sus cocoteros
hacen admirable juego con las altas torres de sus venerables templos
medio arruinados, tristes y ennegrecidos por el tiempo. La parte
principal de la ciudad, formando una isla, ligada por un puente colgante
al barrio de _Jimaní_ que toca al continente, es toda de mampostería
pesada; una enorme muralla, llena de fortificaciones en otro tiempo
formidables, la circuye, defendiéndola de las invasiones del mar.
Imagínese el lector lo que serán ó han sido esas fortificaciones, con
solo saber que ellas le hicieron consumir al gobierno español la
estupenda suma de 250 millones de pesos, sin contar una gran parte de
los armamentos. El viajero se pasma al considerar toda la suma de
trabajo humano que debió concurrir á la creacion de aquella magnífica
ciudad de calicanto eterno. La República, que quiere contar solo con los
recursos de la paz, ha vendido todos los cañones, como un elemento
inútil para la civilizacion; y Cartagena no es hoy sino una plaza
mercantil arruinada, que espera de la industria libre su resurreccion.

El barrio de _Jimaní_, compuesto de casas de paja, hermosas quintas y
reductos, y que se extiende hacia el pié de la Popa, es mas pintoresco y
alegre, pero ménos interesante por su estructura material. La ciudad
tiene excelentes edificios públicos, y por una singular contradiccion,
miéntras que todas las calles son sumamente estrechas y oscuras, las
casas son como palacios, casi todas altas, alegres en su interior y con
salones espaciosos y cómodos. Como la poblacion es muy inferior á la
localidad, muchísimas casas están desiertas, y el abandono las ha
convertido en tristísimos escombros, ¡Y qué contraste el que se nota en
las mujeres de Cartagena!... Las señoritas son en general muy bellas,
espirituales, expansivas y alegres, y reunen á la elegancia ó la
gentileza de las formas una gracia en el decir, en la mirada y la
sonrisa, verdaderamente encantadora. Al contrario, las pobres mujeres de
la clase proletaria (quizas deteriorada la raza por la miseria y la
inaccion), son de una fealdad dolorosa:--flacas, largas, sombrías,
pálidas como espectros, lúgubres como las sombras errantes en medio de
las tumbas.... ¿Cómo explicar esa contradiccion ó ese contraste? Yo
podría determinar las causas, pero me contentaré con hacer una
reflexion. Cartagena es una gran ruina, es una tumba inmensa, y entre
las ruinas y las tumbas se encuentran siempre, lo mismo el hermoso lirio
lleno de perfume y misterio, y el blanco alelí de las murallas, que el
lagarto feo y descarnado vagando por entre los pedriscos y los escombros
donde vegeta la hiedra....

Por lo demás, la población de Cartagena tiene las mas excelentes
cualidades sociales: hospitalaria en alto grado, franca, generosa,
jovial y siempre animada de un profundo sentimiento de patriotismo, que
parece mantenido por el recuerdo mismo de las glorias de Cartagena. La
política agita mucho á los vecinos; pero pasada la lucha transitoria,
todos vuelven á una fraternidad que se revela en el trato social, en el
sentimiento de caridad y en el espíritu de independencia política y de
intimidad personal que los anima á todos.

Cartagena tiene muchos elementos de prosperidad, y puede ser grande por
la agricultura interior y por el comercio de importacion y exportacion.
Pero para prepararse un porvenir digno de su posición, necesita abrir
paso á los vapores entre su puerto y el rio Magdalena, restableciendo su
canal casi obstruido, ó bien fundar la comunicación terrestre por medio
de un ferrocarril ó una buena via carretera. El mundo colombiano, en
todas sus regiones, tiene cuanta riqueza puede imaginarse: la naturaleza
le ha dado la promesa del mas venturoso porvenir, en la opulencia de su
territorio, y en la bravura heroica de sus hijos. Lo que ese hermoso
mundo necesita es contacto con las demás sociedades, con todas las
razas, con la civilización exterior en todo su desarrollo. Así puede
decirse que la obra compleja de civilizar á Colombia está resumida en
esta frase; comunicarla con el mundo, lanzarla en el movimiento
universal.

Bajo la impresion de esta idea, sentia que mi existencia iba á
trasformarse al dejar el suelo de la patria, confiarme a la providencia
del vapor, cruzar el inmenso piélago y descender sobre las costas de
Europa, en busca de la luz, el movimiento, la vida intelectual y moral,
los tesoros del arte, las maravillas de la industria y todo lo que
constituye este caudal de las tradiciones y los triunfos de la humanidad
que se llama la _civilizacion europea_. ¡Quién me dijera entónces que al
tocar la realidad y estudiarla atentamente, muchas de mis ilusiones se
disiparían; que este viejo mundo me habría de parecer muy inferior á lo
que los libros me lo habian hecho soñar; y que al comparar á la pobre y
atrasada pero hermosa Colombia española con la opulenta y refinada
Europa, mi espíritu, mejor esclarecido, acabaría por estimar
infinítamente mas al pueblo del Nuevo Mundo, á quien, á pesar de los
defectos heredados, la democracia ha ennoblecido y adelantado,
relativamente al tiempo, mucho mas que las instituciones aristocráticas
á las sociedades europeas.

El 12 de febrero dejaba yo el puerto de Cartagena para tomar el vapor
inglés _Thames_, en viaje para San-Thomas. Por primera vez sentia toda
la solemnidad de ese acto de suprema confianza en la Providencia que
presenta al hombre lanzado sobre un barco a la inmensidad del océano....
En el continente quedaba todo mi pasado, todo ese conjunto de tesoros
que se llama la _Patria_; y en la onda agitada del abismo se levantaba
la sombra vaga del porvenir. Al dar el último adiós á Nueva Granada,
cuyo heroísmo representaba Cartagena, llevaba en mi corazon un
sentimiento de profunda gratitud y fraternidad hácia esa noble ciudad, y
la esperanza se asociaba en mi espíritu á la muda contemplacion de un
mar cuya grandeza me daba la idea de Dios, de lo Infinito, de la
Eternidad....

       *       *       *       *       *

¡Qué espectáculo tan solemne es el del océano! Delante de esa grandeza,
de ese abismo que guarda en su seno la base de los continentes, de esa
majestad suprema de la naturaleza, es preciso tener fe, levantarse hasta
Dios, vivir con el pensamiento en la eternidad, llenarse de la idea de
lo infinito, creer en la eterna armonía de la Creacion, admitir la
noción sublime del progreso indefinido, admirar la supremacía del hombre
sobre los elementos! Allí, en medio de ese piélago que se mueve sombrío
é incansable, sobre ese lomo de cristal líquido que nos lleva de
continente en continente, es preciso sentir profundamente, admirar,
adorar en silencio, vivir de una divina inspiración, ser poeta, cantar,
y sentir en el corazon un no sé qué de heróico, de grande, segun la
inminencia aparente del peligro!

A fuerza de leer y meditar algo, habia llegado á formarme, allá en el
corazon de los Andes, la idea del océano; lo habia soñado con toda su
soledad asombrosa, su misterio, sus efectos de luz maravillosos, sus
ondas agitadas y terribles, sus calmas amenazadoras, sus trombas y
tempestades, sus vagos suspiros, sus mugidos ruidosos, sus mil fenómenos
de óptica, de vegetacion oculta ó viajera, de poblacion increiblemente
variada entre los pliegues de sus ondas.... Y sinembargo de mis
fantasías, que eran de una exactitud completa, me sentí sorprendido,
sobrecogido de admiracion, lleno de miedo y de valor alternativamente, y
como en un mundo distinto del de la Creacion, cuando, ya lejos de las
playas rocallosas y desiertas de Cartagena, reconocí que la tierra
quedaba en lo pasado, como una sombra, y que desde aquel momento mi vida
y la de mis amores pertenecian á la ciencia y las borrascas disputándose
el imperio de la inmensidad!

Eran las cuatro de la tarde, y el vapor _Thames_, bufando como un dragon
amenazado por los monstruos del abismo, surcaba las ondas con
dificultad. El mar estaba agitado, y en vez de la superficie verde y
cristalina de la bahía de Cartagena, no se veia al derredor sino una
serie de colinas de agua negra y sin brillo, perdiéndose en el horizonte
en una prolongada y fuerte ondulacion. Allí sentí una cosa que por un
momento me pareció miedo. Miraba el remolino inmenso, me estremecia y me
parecia que algun impulso secreto me empujaba sobre el borde del navio
para precipitarme entre las espumas de la estela. ¡Era el vértigo del
alma en su admiracion por lo infinito y por la fuerza suprema! Después
me convencí de que no era miedo lo que me dominaba. Al contrario, mi
confianza era absoluta, y la idea de la muerte no llegó á conmover mi
espíritu sino bajo su aspecto heróico.

Cartagena iba á desaparecer. La costa de Colombia no era ya sino una
faja oscura, vaga, fantástica, y las altas torres de la vieja y heróica
matrona de la independencia colombiana se destacaban apénas en el
horizonte, como puntos blanquecinos ó pequeñas nubes evaporándose de
momento en momento. Al fin todo perdió su forma y su color; la altura de
las ondas, abultada por la óptica, cubrió la lista lejana; la
perspectiva se acabó, y en vez de la tierra no ví sino la faz movible y
escarpada del océano.

En aquel momento mi corazon se apretó dolorosamente; un suspiro profundo
me arrancó de mi contemplacion detras de los timoneros del vapor, y
sentí que una lágrima ardiente me quemaba la cara.... Esa era mi
despedida, mi silenciosa invocacion á la patria. Alcé los ojos al cielo,
y ví que el pabellon británico flotaba sobre mi cabeza. Desde ese
momento yo era _extranjero_ en todas partes, extranjero aún en la
soledad del océano, porque un leño impulsado por el vapor tiene
_nacionalidad_, y los pueblos no han comprendido aún que la Creacion es
de todos, que Dios ha hecho de la humanidad una sola familia!

Entónces mi pensamiento comenzó otro giro. La ancha y reluciente estela
del vapor me hizo meditar en la historia de la ciencia y del heroismo, y
evoqué con recogimiento y veneracion la memoria de Vasco de Gama, de
Colon, de Balboa, de Magallanes, de Cortés, de Pizarro, de Lapérouse y
de Cook, cuya fe y abnegacion han hecho avanzar el mundo en la carrera
perdurable de la civilizacion! Y luego ¡qué de luchas, de sacrificios,
de siglos de labor, pasando la obra del progreso de generacion en
generacion, como la herencia de la humanidad entera!

¡Cuánto no ha sido necesario para que el hombre fundase su imperio sobre
la Creacion, encadenando los elementos bajo su planta soberana y guiando
su quilla triunfadora bajo la inspiración de la ciencia! Los Fenicios,
los Cartagineses, los Griegos y los Italianos, los Portugueses y
Españoles, los Ingleses y Holandeses, ¡cuánto no han tenido que hacer
para que Fulton y sus predecesores y sucesores le revelasen al mundo las
maravillas del vapor!

¿Qué es el hombre? Débil por su fuerza física; pequeño como un humilde
átomo en presencia de las montañas y los mares; nulo delante de la
incomensurable majestad del cielo y de los mundos que lo pueblan; nacido
con la herencia del dolor; perecedero en su forma como todo lo que
existe en el mundo físico,--el hombre ha recibido sinembargo una
potencia que no tienen las montañas, el océano, las tempestades ni los
astros: el ESPíRITU. Y esa sola potencia, que es el soplo de Dios, que
es la fuerza suprema, que es mas que la luz y que la vida, porque es la
esencia creadora, inmortal y divina, le ha bastado para descomponer y
analizar y someter la luz, guiar la electricidad, esclavizar los
vientos, poner á su servicio el fuego y la explosión, domar los furores
del océano, escudriñar los secretos del cielo y de la tierra, producir
la fuerza hasta lo infinito y suprimirla á su antojo!

¡El hombre es, pues, creador; el hombre es soberano, es superior á la
naturaleza! Por qué? porque es espíritu, porque la ciencia es su rayo,
el pensamiento su palanca titánica, la palabra su irresistible
instrumento de conquista! Sí; el hombre es soberano porque no es esclavo
de la materia, porque es inmortal como especie y pensamiento, porque su
destino es el progreso indefinido, sin mas principio que Dios y sin otro
fin que Dios!

Oh! el hombre es muy grande; y yo no querría otra cosa para convencer á
los que niegan la ley del progreso, á los que dudan de la supremacía del
hombre, á los que no tienen fe ni en Dios ni en el espíritu de la
humanidad,--no querría mas que hacerles dejar sus curules empolvadas,
sus cátedras carcomidas por el tiempo, y traerles a la mitad del océano,
donde este ser diminuto y débil como materia, este pigmeo armado de los
rayos de Dios, que se llama el Hombre, se pasea tranquilo por en medio
de un abismo agitado y terrible; fuerte por la posesión de una brújula,
un cronómetro, un anteojo, y los resortes y las válvulas de una maquina
de hierro que hace volar un barco sobre las ondas con la impunidad de la
gaviota.

La noche había tendido sus sombras sobre el inmenso piélago, y yo
meditaba todavía, sentado cerca del timón del _Thames_. De repente un
sudor frió me inundó la frente, haciéndome temblar. Quise levantarme, y
sentí que la fuerza me faltaba, que la sangre se helaba en mis venas y
arterias, que un horrible zumbido me hacia perder la vista, el oido y la
conciencia de mi ser; en fin, que un vértigo se apoderaba de toda mi
organización. Era el _mareo_, ese cólera de los mares que no perdona á
ningún viajero y vence aún á los mas vigorosos temperamentos!

«¡Y qué! me dije entonces: el hombre es soberano de este abismo, y
sinembargo el solo movimiento, el olor y la vista de este monstruo
líquido son bastantes á vencer y aniquilar completamente al soberano?
¿Es que acaso esta corteza de carne que envuelve al espíritu puede hacer
pesar su debilidad miserable sobre el ser moral, hasta el punto de
quitarle el pensamiento, la memoria, la voluntad y toda la energía de
los instintos generosos? ¿El hombre es, pues, muy pequeño?» me pregunté
desfalleciente. No! me decía el alma. Sí! me decia la carne!

Entonces me acordé de Rodin, aquel terrible personaje del _Judío
Errante_, que luchando con el cólera, casi en las agonías de la muerte,
y sin mas poder que el de la voluntad, exclamaba: «Quiero vivir, y
viviré porque lo quiero!» Yo habia hecho desde antes de embarcarme el
propósito de resistir á todo trance al mareo, contando con el vigor de
mi organización física: Pero al ver que esta sucumbía,--me dije con
resolución: «No! no! quiero que mi alma domine con su fuerza la
debilidad de mi cuerpo!»

Entónces me puse á bañarme la cara con agitación casi febril, y á chupar
naranjas dulces con desesperación. Me puse de pié, me agarré de las
vergas laterales, de las barandas, y marché. La vista se me anublaba;
caminaba á tientas en medio de los marineros, y hacia esfuerzos supremos
de voluntad ... Lo que pasó por mis músculos y nervios, por mis
arterias y mi cerebro, es indescriptible; fué una lucha interior
tremenda, abrumadora, que me dejó casi exánime. Pero quince minutos
después me paseaba libre y sereno sobre la cubierta de popa, fumando y
riendo, y luego, en asocio de un amigo y compatriota, hacia saltar el
corcho de una botella de champaña para beber por la patria, diciéndome
interiormente: «El hombre es el rey de la tierra, porque su fuerza es el
espíritu y su cetro la voluntad.»

       *       *       *       *       *



CAPITULO IV.

*       *       *       *       *

EL OCÉANO.


La poblacion del vapor _Thames_.--La bahia y la ciudad de San-Thomas.
--Una noche poética.--El vapor _Paraná_.--Grupos sociales.--Escenas á
bordo.--Una ceremonia fúnebre.--Temporales.--Las costas de Inglaterra.

El 13 de febrero estaba yo desde muy temprano sobre el puente del
paquebote. El calor de los camarotes era insoportable aún durante la
noche, y yo queria no solo gozar de la brisa fresca de la mañana, sino
asistir á ese espectáculo sublime de la salida del sol. ¡Qué
magnificencia de escena! qué de tesoros de luz y de hermosura
desconocidos hasta entonces por mí! El sol, como una inmensa urna de
fuego, salia de entre las ondas, envuelto en una auréola de colores
resplandecientes é inasibles á la vista, confundiéndose al mismo tiempo
en el cielo y en el océano, de manera que las dos faces del horizonte,
la de arriba y la de abajo, formaban una sola. Y el mar, que bajo la
sombra del vapor era oscuro como la noche, del lado del oriente brillaba
como un inmenso espejo, agitando sus escamas en un vaiven interminable
que multiplicaba los efectos de luz en las cimas de las olas, y las
medias tintas y las sombras fugitivas en los intersticios momentáneos
abiertos al quebrarse las grandes moles cristalinas y espumantes.

El contraste de aquellas maravillosas hermosuras del elemento iluminado
y agitado, con la soledad de aquel desierto movedizo, era imponente.
¡Qué suprema tristeza en el fondo de tanta vida de la naturaleza! El
sol, la brisa, las ondas y el cielo azul y trasparente reflejaban la
vida, mientras que la muerte y la desolacion se revelaban en esa
inmutabilidad, en ese silencio, en ese vaiven incansable de un abismo
colmado por las aguas del globo entero! El hombre es como el océano:
todo aquí se sostiene por el equilibrio entre la vida y la muerte.

Despues de contemplar y admirar era preciso observar la composicion de
ese pedazo de la civilizacion que se llama un Vapor. El _Thames_ era uno
de los paquebotes mas antiguos de la compañía Británica, y servia
perfectamente de punto de comparacion para juzgar de los progresos que
en los últimos quince años ha hecho la navegacion á vapor. En lo general
la estructura de los vapores ingleses destinados á navegar entre
«Sud-América» y Europa, es pesada, pero de mucha solidez, y si hemos de
prescindir de algunas raras excepciones, podemos con justicia establecer
un parangon entre los vapores _americanos_ y los ingleses. Si en punto á
solidez, seguridad y perfeccion en el servicio de maniobra son muy
superiores los ingleses, los paquebotes americanos tienen la ventaja en
la rapidez, la comodidad y aún la baratura. El vapor americano es al
inglés lo que el hotel de lujo al café ó restaurador. El viajero se
siente mucho mejor bajo la bandera estrellada que bajo el leopardo.

Generalmente los capitanes de los paquebotes ingleses son muy poco
galantes, y muchos de sus oficiales son ordinarios en su educacion y sus
modales. Unos y otros son muy intolerantes en punto á la hipocresía
religiosa de los Ingleses sobre los domingos, y se nota que todos los
marinos, desde el primero hasta el último, tienen muchas supersticiones,
talvez incompatibles con el hábito del peligro.

En compensacion se ve en todos ellos que la moralidad es sólida, excepto
en algunos contadores _(Pursers)_, que son peores que judíos, y en los
cantineros, que explotan á su sabor al pasajero. Algunos _Pursers_ son
tan...usureros, por no usar de otra palabra, que cobran descuento
hasta por las libras esterlinas. Muchos pasajeros son escamotados en el
valor de la moneda, perdiendo el 5, el 8 y hasta el 10 por ciento del
valor legítimo de sus doblones, porque la necesidad los obliga á aceptar
la tarifa caprichosa con que se especula á bordo. Probablemente los
escamotadores llaman eso hacer sus economías.

Los camarotes de los vapores ingleses carecen de comodidad, y el
servicio de los domésticos es difícil y desagradable. Los pasajeros que,
por su desgracia, no saben explicarse en buen inglés, tienen que hacerlo
con libras esterlinas y chelines, en cuyo caso son perfectamente
comprendidos. Un Inglés tiene tanta fatuidad de raza, que jamas
responde, aunque conozca una lengua extraña, si no le hablan en la suya,
ó si no le muestran la bolsa que es lo mismo. Los vinos, cuya venta es
una brillante especulacion del capitan, son casi todos detestables,
sobre todo los franceses y españoles, y el buen bebedor tiene que
contentarse con el abominable brandy, la cerveza comun ó la insípida
limonada gaseosa, excelente para el mareo pero nociva para los nervios.
Por lo que hace á los alimentos, su invariabilidad cotidiana y su sabor
son insoportables. El cocinero inglés, que en materia de papas cocidas,
_roast-beef_ y _pudding_ no tiene rival (y por cierto que el mérito no
es muy envidiable), es en lo demás inferior á todos los cocineros
posibles de uno y otro hemisferio. Es que el Inglés sabe beber, pero no
comer, y tiene el gusto en el estómago, especie de tonel, mas bien que
en el paladar.

A bordo del _Thames_ se habia reunido una sociedad de las mas
heterogéneas. En primer lugar debo citar á nuestro Irlandes del vapor
_Bogotá_, que habia bailado tan alegremente el _currulao_ con las negras
lustrosas de la aldea de Regidor, á orillas del rio Magdalena. El buen
viejo parecia muy contrariado por falta de confianza, y se habia vuelto
taciturno. Así, la sola ocupacion del gigante de la verde _Erin_, hasta
San-Thomas, se redujo á destapar botellas y devolverlas vacías, fumar,
silbar con melancolía y cantar á hurtadillas algunas canciones de su
tierra, un tanto cuanto coloradas para ser de país católico romano. En
honor de la Irlanda debo declarar que el digno compatriota de O'Connell
no bebia solo, sino que, desesperado de tener que resignarse á una sola
botella cada vez que el apetito le picaba de recio (y los entreactos no
eran largos), convidaba siempre á algún pasajero para que le ayudase á
despachar dos ó tres botellas en vez de una.

Una modista de California, que se llamaba propietaria, y se mudaba tres
veces por dia, descollando por sus encajes, sus enormes dientes y sus
amabilísimas muecas, se había empeñado en conquistar al Irlandes á todo
trance; pero el buen viejo, que parecia entender mejor el verbo _to
drink_, hecho para el paladar, que el _to love_, destinado á las
honduras del corazon, le frunció las cejas de tal modo á la modista, que
la infeliz, para vengarse de la altiva Irlanda, se resignó á coquetear
con el jefe de ingenieros del vapor, jayan de la raza pura de _John
Bull_.

Entre las curiosidades de á bordo se hallaba un Costaricense con ínfulas
de marques quien, sobre dar asunto para reir con su manía de decantar su
_sangre noble_, interesaba mucho por su casta inocencia. El pobre
moceton, apesar de sus 30 años y su sangre azul, no podia soportar que
nombrasen siquiera á las mujeres, y para atormentarle, un Genoves marino
que le acompañaba le espetaba á cada diez minutos una historieta de
italiano y soldado, que hacia espeluznar al inocente mancebo. No faltó
quien informase luego que el muy taimado de la sangre azul tenia sus
viejas _marrullas_ de rezandero, que le hacian parecer pasablemente
pecador. En ninguna parte es tan ridículo el tartufo como en alta mar.

Pero nada tan curioso como una Francesa que venia de San-Francisco de
California con su marido, victima de un mareo permanente. La desdichada
no había tenido mas horas de alivio que las del tránsito por el
ferrocarril de Panamá. De resto su único oficio había sido el de estar
mareada, como el de su excelente consorte el de darle copas de brandy
puro, remedio que algunos consideran eficaz para el «mal de mar». Es un
secreto que ninguno ha podido aclarar, si era el mar ó el brandy el
responsable de la situacion; pero lo que sí pudo comprobarse fué que la
estimable Francesa no dejó de estar en chispa un solo dia, ni una sola
noche, aunque á decir verdad, era una chispa inofensiva que nunca le
inspiraba sino ternura, suspiros, lagrimas de amor y recuerdos de
felicidad conyugal.

Era adorable ver á la impermeable mujer, cada vez que una copa de brandy
apaciguaba por un momento el mal, y que el buen marido la tranquilizaba
á propósito de algún corcovo terrible del buque azotado por las olas
hinchadas, era de ver cómo, mirando á su Adán con la inefable dulzura de
la chispa, le decia con el acento mas patético: «_Ah, mon marí! nous
nous aimons comme si nous avions seize ans!_» En seguida venian los
apretones de manos, los abrazos, los besos á hurtadillas, hasta que
hecha la digestión marítima de la última copa de brandy, la amorosa
consorte exclamaba con voz agonizante, siempre en francés: «_Oh, mon
marí! je meurs! Encore un petit verre de cette médecine_»....

Y una copa mas iba á perderse en el mar interior de aquel estómago
incombustible y agitado por las convulsiones de un vértigo incesante.

Lo que refiero no es una invención, es la verdad, y yo mismo me aturdia
al ver esas escenas singulares, incomprensibles en una mujer y sobre
todo en una Francesa. Un dia, en presencia de varias señoras, la pobre
viajera, como embrutecida por el mal, y acaso mas por el remedio, llegó
á beberse siete vasos de brandy puro en el trascurso de tres
horas!--Cuanto puedo decir es que hasta el Irlandes y algunos oficiales
ingleses se escandalizaban.

En general la actitud de los viajeros era fría y reservada, durante los
tres primeros dias, cosa muy natural. Poco á poco la elasticidad de
caractéres fué siendo muy notable, en términos que cuando avistamos la
triste y desierta isla de San-Thomas ya éramos todos tan amigos que las
copas de champaña, las ardientes canciones y las chistosas anécdotas se
multiplicaban, porque es de ley de raza y tradición que el Ingles gana
sus amistades bebiendo, el Francés cantando, y el Español contando sus
_cachos_ (aventuras macarrónicas) ó refranes chistosos de su tierra. En
el mar todo el mundo entra circunspecto y extraño, todos se hacen
amigos, y todos se despiden luego para no volverse á ver ni recordar
jamas.

       *       *       *       *       *

El 17 á las cuatro de la tarde entrábamos á la linda bahía de
San-Thomas, ya divertidos con los saltos y las evoluciones de dos
ballenas que nos acompañaban á alguna distancia, ya encantados con el
interesante aspecto de la bahía y el pintoresco anfiteatro de la ciudad.
Las escenes de la tarde, la noche y la mañana siguiente, merecen una
rápida descripcion.

La isla de San-Thomas es una colina rocallosa, rodeada de agua, y nada
mas. Sus altas rocas caen sobre las ondas como tajadas á pico; la tierra
carece de toda vegetacion florida y fresca, y el aspecto general de la
isla entera es tristísimo y desagradable.--Salvo, pues, la pequeña
ciudad marítima ó comercial de San-Thomas, que contiene unos 6,000
habitantes, lo demás carece de valor absolutamente.

Como la ciudad es puerto franco y el centro de la red de comunicaciones
que mantienen los vapores ingleses entre Hispano-Colombia, las Antillas
é Inglaterra, hay siempre en la bahía un número considerable de
paquebotes, de buques mercantes y de fragatas ó corbetas de guerra, con
grandes depósitos de carbon de piedra. La bahía es estrecha, pero
bastante bien abrigada, y pintoresca por el contraste de las
embarcaciones con todas las banderas del mundo y por el juego que hacen
algunos fuertes sobre el fondo gris de las colinas, las bellas quintas
de las cercanías, con elegantes azoteas y jardines, los grupos de
palmeras, de naranjos y otros árboles pequeños, mantenidos con mucho
esmero y fuertes gastos, porque la tierra no es bastante vegetal, y todo
el conjunto gracioso de las casas de la ciudad, que tienen la forma de
pequeños castillos ó de campestres residencias.

Un enjambre de góndolas ó barquichuelos pintados de verde, rojo,
amarillo y azul, y montados por diestros bateleros, circulaba en
pintoresca confusion por en medio de los grandes vapores y los
bergantines, solicitando pasajeros que quisiesen ir á tierra á tomar
víveres frescos, helados deliciosos y frutas de todas clases. En breve
nuestro paquebote se llenó de lavanderas, fruteras y vendedoras de
fruslerías y corotos de toda especie, algunos de los cuales fabricados
de paja, cerda ó pita, me parecieron objetos de arte muy curiosos. Toda
esa gente metía tanto ruido á bordo con su algazara que los viajeros nos
creíamos en una especie de Babel, en tanto que los marineros del
_Thames_ y el _Paraná_ se ocupaban estrepitosamente en las maniobras del
trasbordo, entonando canciones dé un acento singular y vibrante.

Era curioso oir á todas esas vivanderas y á los bateleros hablar en
inglés, español, francés y aún alemán con la soltura ménos gramatical
del mundo, pero con una gracia encantadora, estropeando todas las
lenguas y haciendo de ellas una especie de olla podrida tan extravagante
como típica. En San-Thomas, donde se vive del tránsito y la poblacion es
muy promiscua, todo el mundo se ve precisado á aprender lo mas esencial
de los idiomas vivos mas generales, aunque el inglés parece tener la
preferencia; y á fe que la turba políglota de aquella isla saca muchas
ventajas de su dialecto matizado, en sus pequeñas especulaciones.

La noche había llegado y yo me encontraba sobre la cubierta de popa del
_Thames_, mi domicilio marítimo hasta el día siguiente. La escena era
admirable y me hizo recordar algunas lecturas sobre las noches
hechiceras de Venecia. Como la ciudad tiene la forma de un anfiteatro,
descansando sobre tres colinas equidistantes, y con pequeñas calles
escalonadas en graderías hácia las alturas del cerro, en tanto que la
bahía le sirve de base en su extremidad occidental, se podia abarcar con
la vista todo el escenario.

A mis pies, formando cadena sobre un puente de trasbordo, trabajaban los
marineros, entonando en coro sus canciones favoritas que producían eco
en las colinas de la costa. Al frente se veían las mil luces de la
ciudad, como la iluminación caprichosa de uno de esos «pesebres» ó
«nacimientos» que se usan en los paises españoles,--iluminacion que
tenia no sé qué de aéreo y fantástico, haciendo juego con los reflejos
pálidos de un cielo estrellado en cuyo fondo profundo no se veia una
sola nube. Y luego, cada uno de los cien vapores, bergantines y grandes
buques de la bahía mostraba sobre lo alto de su gallardete una luz
azulada que iluminaba de cuando en cuando los pliegues de algún pabellon
europeo ó americano; en tanto que sobre los puentes se destacaban las
sombras de los marineros, las chimeneas, los mástiles y las vergas del
arbolaje, entre las cuales se cruzaban las luces errantes de las
linternas de los inspectores y guardianes.

De repente salió del puente gigantesco del vapor _Paraná_ una armonía
profunda que hizo vibrar las brisas de la noche. Ese vapor tenia su
banda de orquesta y su primera sonata me estremeció de placer, porque me
trajo mil recuerdos de la patria: era el _Trovador_, esa tempestad de
vigorosas armonías de Verdi, el artista de las óperas románticas, el
compositor de los conciertos ruidosos y ardientes. Después siguió
_Guillermo Tell_, esa onomatopía admirable, que revela en su conjunto de
profundas melancolías y de arranques ruidosos y atropellados todo el
sentimentalismo y el entusiasmo de Rossini, el artista del amor y de la
gloria.

Al fin resonó el himno nacional de los Ingleses, esa invocacion
cotidiana que hace un pueblo á su reina, representante de su gloria, sus
derechos y sus tradiciones, en todos los mares y en todos los rincones
del globo. Si durante el concierto los marineros habian suspendido su
canto melancólico, mas bien por respeto á los demás que por amor
artístico, al estallar el _God save the Queen_ todos se detuvieron,
suspendieron el trabajo y se pusieron á escuchar con recogimiento. El
himno nacional es para los Ingleses como el _bendito_ ó el _padre
nuestro_ para los Españoles: él encierra todas las plegarias, los
recuerdos y el sentimiento moral del Inglés, y es con ese himno que
saluda la aurora y se despide del día.

La noche era admirable; la brisa traia los perfumes de los jardines de
San-Thomas; las ondas de la bahía suspiraban dulcemente bajo las quillas
de los altos navíos y paquebotes; el silencio iba sucediendo poco á poco
a todos los rumores de la vida, y después todo fue misterio, majestad y
poesía. Reclinado contra la balaustrada del _Thames_, al lado de la
compañera de mi vida, contemplábamos el cielo y el océano, pensábamos en
la patria y confundíamos en un íntimo abrazo todo nuestro amor, nuestros
recuerdos, nuestra esperanza y nuestra fe.... Cuando el hombre se
abandona al océano, su alma comprende mejor el amor, la esperanza, el
valor de la patria, la poesía, lo grande, lo sublime, porque siente que
la sombra de Dios vaga sobre las ondas, en el azul del cielo y en todo
el misterio de la inmensidad!

       *       *       *       *       *

El 18 de febrero recogió su ancla el gigantesco vapor _Paraná_ á cuyo
bordo habíamos ido todos los pasajeros reunidos en San-Thomas por las
malas particulares de Cuba, Méjico, «Centro-América,» el Pacífico, Nueva
Granada y todas las Antillas. A las nueve de la mañana todo el mundo
lanzó su grito de despedida, al empezar con alegría y confianza la
segunda navegacion. El océano estaba tranquilo en las cercanías de
San-Thomas, y no comenzó á mostrarse agitado sino á una considerable
distancia, perdidas ya de vista las desnudas islas de Monserrate,
Santa-Cruz y otras de menor importancia, que se destacan como altas
colinas escarpadas ó como sombras confusas á uno y otro lado de la ruta
que siguen los vapores.

Pocas horas despues, en alta mar y á muchas millas de aquellas islas, un
punto gris se mostró en el horizonte como una gaviota sacudida por las
ondas; el objeto fue creciendo, manifestando sus formas, y al fin todos
pudimos distinguir el velamen y el humo de la chimenea del vapor
_Plata_, elegante en su construcción y rápido en su marcha, apesar del
balanceo que las olas encrespadas le imprimían. Los dos paquebotes se
acercaron, suspendiendo su curso y caracoleando el uno al derredor del
otro, un bote del _Paraná_ se lanzó hasta el costado del _Plata_, y en
breve tuvimos noticia de lo que sucedia en Europa. Lord Palmerston
acababa de caer del ministerio, con toda su clientela, por consecuencia
del célebre ó ruidoso acontecimiento del 14 de enero en Paris. Así, todo
el mundo á bordo tuvo de qué hablar con interes, y los flemáticos
Ingleses se dieron á sus cavilaciones sobre torys, whigs y radicales,
con la calma que le es característica.

Entre tanto un variadísimo cuadro de costumbres, perfectamente
cosmopolita, se desarrollaba en los escotillones, los salones y el
extenso puente del _Paraná_. Allí habia de todo, y podía con facilidad
hacerse la comparacion de las razas, las costumbres y los tipos
característicos de cada sociedad, distribuidos entre unos ochenta
pasajeros. Yo observaba todos los grupos, atendía sucesivamente á todas
las conversaciones, y me preparaba con el estudio práctico de los
hombres á comprender el carácter complicado de la civilización europea.

Los Hispano-colombianos, que eran no pocos, se mostraban en general
sencillos y cándidos, maravillándose de todo y muy impresionables, sin
reserva en la expresion de sus pensamientos; se podía notar que los
hábitos de la democracia habían formado en ellos el espíritu de
independencia y cierta familiaridad expansiva que contrastaba con la
reserva de las razas setentrionales de Europa. El Hispano-colombiano,
aunque se impresiona mucho con todo lo que ve extraño, se cree siempre
en su país y no se cuida de someterse á las exigencias de las costumbres
extranjeras. Y sinembargo, no hay viajeros que se trasformen mas que los
hijos de Hispano-Colombia, acabando por asimilarse todo lo que
encuentran mas saliente en las sociedades europeas, sobre todo en
Francia. Dotados de un carácter flexible y bastante novelero, si salen
de su país intolerantes, extremosos y un tanto huraños, vuelven
parisienses por los cuatro costados, olvidándose, por una metamorfosis
completa, de la sencillez de sus costumbres primitivas.

Mientras que los hijos del Nuevo Mundo (entre los cuales, por fortuna,
no se encontraba ningún _Yankee_) se manifestaban maravillados de todo,
los demás grupos del _Paraná_ eran igualmente característicos. Los
Alemanes, ó se manifestaban pensativos, cerca de un mueble marítimo,
pasando horas enteras en fumar y mirar el cielo y el océano con profunda
melancolía, como abstraídos del mundo por algun ensueño; ó se reunian en
grupos exclusivos para conversar en voz baja y pasearse
interminablemente del uno al otro extremo de la cubierta.

Entre tanto, los Franceses cantaban ó silbaban, hacían todo el ruido
posible, mezclándose en los corrillos con una jovialidad especial y
burlona; ó en los ratos de fastidio se entregaban á la lectura
voluptuosa de novelas y relaciones de viajes, prefiriendo sobre todo las
obras de Balzac. El Frances es el hombre del mundo que mas lee, sin
contar con que es el que mas canta y rie. Todo lo que es artístico le
encanta, y si adora el equívoco (_calembour_), es precisamente porque en
él la malicia del pensamiento se formula con arte. Ademas el Francés es
el rey de los viajeros. Si el Inglés no tiene rival en su furor de
viajar, el Francés le aventaja en el arte de viajar. El Francés sabe
acomodarse á todas las circunstancias y sacar partido de todo, porque es
tolerante por excelencia, tiene un profundo espíritu de igualdad que le
domina, y su buen humor, expansivo y elástico, le da donde quiera el
primer puesto y la ventaja de dominar la situación.

Los Ingleses, por de contado, hacian un gran contraste. El Inglés,
orgulloso por naturaleza, frio en su porte, material en sus gustos,
intolerante en extremo, reservado por cálculo, y prosaico y positivo en
sus aspiraciones, ó se muestra reservado con toda sociedad que le es
extraña, ó les impone á los demás su voluntad, en cuyo caso suele llegar
á la jovialidad. Bebe y fuma tranquilo, jamas hace ruido (si es John
Bull de raza pura), y si se acerca á los demás es para dar una opinión
absoluta ó una orden. El orgullo es la fuente de todas sus virtudes,
como de todos, sus defectos. Es tenaz, leal y valeroso por orgullo, como
es intolerante en religión y preocupaciones de raza y dinastía, pródigo,
obsequioso, apostador, reservado, bebedor y todo lo demás por orgullo.
La música, el baile y el canto le disgustan, como todas las artes, y si
llega a dar millones de pesos ó de libras por un cuadro, no es por el
mérito do la pintura, sino por la vanidad de hacer un fuerte gasto y
tener lo que otros codician. Sinembargo, como individuo el Inglés vale
mucho mas que el Frances, y me atengo siempre mas á la palabra seca del
orgulloso pero leal británico, que a la fraseologia elegante pero vana
del Frances. El Inglés como amigo, es útil; el Frances no es mas que muy
agradable; porque el uno es positivista y el otro artístico.

Los Italianos del _Paraná_ eran pocos, pero eran suficientes para
hacerme contraer simpatías hácia su raza. En general, el Italiano es
chistoso, amigo de historietas ó anécdotas, entusiasta por lo bello y
por la libertad. Él ama las bellas artes, pero no precisamente por el
arte, ó la composicion ingeniosa, sino por la belleza que reproducen ó
crean aquellas. Tosco muchas veces en sus modales, por la mala educacion
que el despotismo y la supersticion les han dado á los pueblos de Italia
en los cinco últimos siglos, el Italiano es con todo muy simpático desde
el primer momento. Desinteresado y generoso, jovial, vehemente, su idea
fija es la libertad y la unidad de Italia, y su fe no se extingue jamas.
Un Italiano escéptico es un fenómeno, porque la esperanza es la sola
fuerza de su vida. Y como consecuencia de esa fe que le es
característica, su resignacion es admirable para soportar la
expatriacion y todos los contratiempos.

Por último me llamó mucho la atencion entre los pasajeros un grupo de
siete ú ocho españoles de distintas provincias que me divertían mucho.
Había entre ellos un gallego de excelente índole y chistosas ocurrencias
que á todos agradaba, y no faltaban andaluces, madrileños, un catalán,
un mayorquino y algunos habaneros. Si hubiera de juzgar de todos los
Españoles según las cualidades de los compañeros de viaje, mala sería mi
opinión, aún prescindiendo de un viejo abogado, prefecto de una
provincia de Puerto-Rico, personaje típico de la España de Felipe II, no
de la España revolucionaria de hoy, que creia en brujas y hechicerías,
milagros, apariciones y misterios de la piedra filosofal, y hablaba de
S.M.C. con un recogimiento edificante y ortodoxo.

Los demás revelaban en todos sus rasgos la estirpe española. Unidos y
leales entre sí, hacian causa comun en todo y para todo. Sobrios en lo
general, no les faltaba un momento el cigarrillo ó el cigarro, y se
hacían notar donde quiera por su ardiente algazara. El juego, bajo todas
las formas posibles, era su sola ocupación; jamas leían con fundamento;
y cuando la música de prima noche se hacia oír en los escotillones
digerian la comida bailando rabiosamente la _jota_ ó la _cachucha_, ó
cantando en coro estrepitoso el himno de _Riego_. Fanfarrones y
pendencieros, sus disputas momentáneas iban siempre sazonadas de
interjecciones coloradas, y acababan por burlas ó anécdotas picantes.
Cada una de sus frases tenia por adorno indispensable _aquella_ palabra
española tan expresiva, de sentido vago, y que no puede copiarse en
ningún escrito sin escandalizar. Esa interjección es tan nacional para
el Español, que equivale á la mas inocente como a la mas desvergonzada
de las otras lenguas; y el Español la suelta con sencillez delante de
todo el mundo, aún de las señoras muchas veces, sin pensar que pueda ser
grosera.

Casi todos los Españoles del _Paraná_ eran liberales y progresistas, lo
que me probaba que las inclinaciones hacia la libertad se han
desarrollado mucho en la Península, despues de la independencia
colombiana. Por otra parte, no hay un pueblo tan nacional como el
español. Para él España es lo mejor que hay en el mundo, en cualquier
sentido y al oir á un Español decantar los primores de su pais, se
siente uno tentado á creer que es una tierra encantada de las _mil y una
noches_, ó a reírse en las barbas de los buenos peninsulares, en cuyo
caso la pendencia es segura. Durante algunos dias el océano se habia
calmado, y su admirable inmovilidad carecía de interés. El mar no es
verdaderamente hermoso, cuando está manso, sino en su contraste
maravilloso con la tierra. Lejos de las costas, en alta mar, la escena
es monótona cuando la tempestad no agita los ondas y produce sus
fenómenos sublimes. Así, todo el interés de la navegación estaba en las
escenas de á bordo, casi siempre grotescas. Habia no sé qué de
carnavalesco entre esos grupos heterogéneos, en cuyo fondo se destacaban
verdaderas caricaturas; y la chismografía, que en la navegación es muy
activa y fecunda, por la forzada ociosidad de todos los pasajeros, daba
alimento á las mas ingeniosas invenciones y curiosas anécdotas.

Inútil es decir que nuestra modista francesa aclimatada en California,
habia encontrado un campo mas extenso para sus coqueterías, y que la
fingida rivalidad de algunos tunantes de buen humor la ponía en los mas
cómicos apuros. Ya era un Italiano el que la galanteaba, haciéndole
concebir con mucha habilidad esperanzas de matrimonio, para ir luego á
contar lo ocurrido á todo el mundo, y reír á su sabor;--ya un joven
Inglés, que de casualidad era burlón, hacia obsequiosas indicaciones, en
nombre de la alianza anglo-francesa; ya un Francés zalamero y galante
reclamaba la preferencia por derecho de nacionalidad. Pero al fin la
modista comprendió la burla, y renunciando á los artificios de la
coquetería se resignó a pasar las horas leyendo novelas sentimentales,
que la hacían llorará veces con enternecimiento, y comiendo almendras,
nueces y avellanas, de que hacia una fuerte provisión todos los días en
el comedor. Aquella mujer comía tanto, tanto...que solo puedo comparar
su glotonería á la sed de brandy de su compatriota mareada.

Otro tipo femenino bien curioso era el de una Inglesa de la sangre
caliente, fenomenal, que no se daba por notificada de sus sesenta
inviernos. Habia naufragado recientemente en las Antillas, y referia el
episodio terrible con una frescura singular. Charlaba como una lora,
siempre buscando la compañía de los hombres; brincaba todas las tardes
como una bailarína de ópera, haciéndose invitar por los mas jóvenes y
gallardos á bailar polkas, varsovianas y cuadrillas; y tenia tal furor
por el juego que se resentía con todos los que no le aceptábamos sus
convites. Jugaba durante todo el dia y hasta media noche, ora _whist_,
ora _veintiuna_, y á veces hasta _monte_ con los Españoles, sin
prescindir por eso del _ajedrez_, las _damas_ y demas juegos inocentes.
Aquella vieja de espejuelos, bailando como loca y jugando como un
Yankee, parecía haber apostado con el tiempo á no dejarse vencer....

Entre los compatriotas de esa alegre Megera se distinguian por sus
extravagancias un ministro presbiteriano y otro anglicano en ciernes. El
primero, largo de dos metros y medio, seco y cadavérico y lleno de
manías, andaba siempre con una Biblia en hebreo, dando consejos,
hablando solo, haciendo extrañas gesticulaciones, y retozando con los
niños de algunas señoras. Era un excelente médico, buen cristiano y
humanitario en extremo. Su idea fija era la abolicion de la esclavitud,
y se veía que el extravío de la razón, que no era sino mediano é
inofensivo, había dejado intacta toda la pureza de un nobilísimo
corazón. Reprobaba mucho el juego interesado, bailaba con los hombres
con sumo entusiasmo, era en extremo sobrio, extravagante en su vestido y
sus movimientos, y en sus buenos ratos leía los salmos con unción y
aprobaba mucho diversiones tales como el baile y el canto.

El ministro anglicano en ciernes, que había hecho en Jamaica sus
estudios teológicos, era un gran calavera de excelente carácter,
generoso, expansivo y servicial. ¡Pero qué de truhanerías! Bailaba,
bebía, jugaba, gritaba, cantaba y se divertía ruidosamente de todos los
modos posibles, mas bien como un estudiante parisiense ó alemán de vida
pecaminosa, que como un candidato para la Iglesia. Un dia le pregunté si
tenia vocación para el sacerdocio, y por qué se manifestaba tan profano,
y me dijo: «La profesión que voy á tomar es como cualquiera otra, y la
he escogido por complacer á mi madre nomas. Pero como al tomar las
órdenes tendré que ser circunspecto, me divierto ahora por aprovechar
los últimos días que me restan de la vida alegre de mi juventud.» Talvez
no le faltaba razón al excelente joven. El hombre tiene su época de
calavera, y siempre le cuesta algún trabajo resolverse á dejarla. ¿Hay
un sér mas feliz en el mundo que un estudiante?

Muchos otros tipos muy curiosos pudiera bosquejar, completando la
galería del _Paraná_, pero el lector se fastidiaría. Un vapor es una
Babilonia ambulante, en cuyo interior se puede estudiar el mundo mejor
que en ninguna parte. Todas las virtudes y debilidades se reúnen allí, y
los caractéres de todas las razas se ponen en relieve y contraste con
singular energía. Es el mundo en miniatura, con su egoísmo, sus comedias
y caricaturas, sus preocupaciones, sus engaños y dudas, sus buenas y sus
malas cosas; así, en ninguna parte se puede conocer mas á fondo el
corazón humano que allí, sobre un leño flotando entre peligros, donde el
alma se presente desnuda.

El 25 por la mañana un triste espectáculo interrumpió las cómicas
escenas de los pasajeros. El médico del vapor, caballero muy estimable,
habia muerto en lanoche anterior, de fiebre amarilla, enfermedad
contraída en San-Thomas, donde la muerte hace todos los años abundante
cosecha de viajeros. Toda la tripulación estaba reunida en el
escotillón, miéntras la mayor parte de los pasajeros dormían. La
ceremonia era solemne y profundamente aflictiva. Sobre el puente de
entrada, al pié de una de las enormes ruedas del vapor, estaba el
cadáver en su ataúd, cubierto con la bandera británica enlutada, y desde
allí hasta el interior se prolongaban dos filas dobles de oficiales y
marineros, escuchando con recogimiento los salmos y las oraciones
severas del oficio de difuntos. La idea de la inmortalidad, de la
eternidad, de lo infinito, parecía revelarse con mas elocuencia y
energía en ese cielo sin horizonte, en esa superficie movible, inmensa,
incansable, cuyas ondas remedan el flujo y reflujo de la humanidad entre
la vida y la muerte, y la existencia de un espíritu universal que todo
lo agita y no perece nunca....

¡Y qué leccion! Los marineros lloraban en silencio, con una emoción tan
honda que compadecía. Era extraño ver correr las lágrimas por esas caras
encallecidas y percudidas por el sol, el viento y la lluvia, arrugadas
por el tiempo, las fatigas y los peligros, y cuya expresión ordinaria
era la indiferencia. Es que la comunidad del trabajo, de la ausencia
constante de la patria, del peligro y de la contemplación de lo
infinito, establece entre los marinos una fraternidad heroica que
resiste á todas las pruebas y sobrevive aún á la muerte.

Despues de las tristes ceremonias religiosas y de distincion, el ataud
fué arrojado á las ondas con una enorme bala de cañón que lo precipitó
al abismo.... ¡Magnífica tumba para el hombre es el océano! Solo ese
abismo, que recibe todo el tributo de la tierra, y sobre el cual se
revela con mas esplendor la omnipotencia de Dios y la grandeza del
hombre, es digno de recibir los despojos de la criatura inmortal cuyo
espíritu jamas perece!

El 26 de febrero el mar empezó á agitarse con vehemencia, cambiando el
aspecto uniforme de la escena. Enormes bancos de plantas marítimas, que
parecían sábanas flotantes de diversos colores, venian del lado de
Terranova, haciendo su larga peregrinacion hacia las regiones del
sudeste, violentamente azotados por las olas. El mar parecia un
monstruoso leon, sacudiendo su crespa melena, ó un gigantesco pez
revolcándose sobre el abismo para hacer brillar al sol sus escamas como
montes, ó mostrar sus hondas arrugas momentáneamente oscurecidas.

Después, el día 28, estuvimos en plena tempestad. El huracan zumbaba
sacudiendo las chimeneas y todo el arbolaje; la lluvia oscurecía el
cielo; las olas venían como derrumbes á bañar todo el puente de
cubierta; y el enorme buque, soltando fatigado sus negras bocanadas de
humo, saltaba entre las concavidades de las ondas como un toro
enfurecido por los golpes que en todas direcciones recibe. Tres noches
de peligros, noches solemnes y sombrías, tuvieron á todos los pasajeros
en ansiedad, aunque al venir el dia los espíritus se tranquilizaban y el
buen humor volvía. La noche multiplica siempre la gravedad de las
impresiones, y es el sol con sus eternas alegrías el que hace palpitar
el corazon de esperanza y placer.

El 7 de marzo todos los pasajeros saludámos con alegría, desde temprano,
la faja oscura que indicaba la cercanía del cabo Lizard, en la costa de
Inglaterra, que determina con la punta francesa de Brest la ancha
embocadura occidental del canal de la Mancha. Por una singular
casualidad, el canal estaba tranquilo como un lago, y sus aguas verdes y
trasparentes reflejaban un cielo magnífico.

Centenares de bergantines y goletas, de botes carboneros y de barcas
pescadoras se cruzaban en todos sentidos, ya mostrando el rico velámen,
y el pabellon frances, inglés ú holandes, ya la roja y única vela del
barco pescador ó puramente costanero, rápido como una gaviota que roza
apénas la superficie de las ondas. Puertos pintorescos; bellísimas
bahías en cuyo fondo se veian las poblaciones, entre otras Falmouth,
Plymouth, Dartmouth y Sidmouth; multitud de fanales brillando á la luz
de un sol que no parecia de invierno; colinas ondulantes, surcadas por
el arado para recibir luego la simiente, ó campos cubiertos de una
vegetacion amarillenta ó gris; depósitos lejanos de nieve detenidos
sobre las rocas ó en los pliegues del terreno; y picos y peñascos
románticos de formas admirables, destacándose sobre las olas en los
pequeños golfos de la costa y formando semicírculos de trecho en trecho:
todo eso, contrastando con la multitud de casas campestres levantadas
sobre las colinas y los planos inclinados, entre arboledas disecadas y
ennegrecidas por el invierno, que parecian esqueletos aéreos, tenia un
encanto indefinible, preparando mi imaginación para el espectáculo
enteramente nuevo de la civilización europea.

Recordaba las selvas y los desiertos de mi patria, donde la naturaleza
reina sola en todo su esplendor; donde faltan el cultivo, el arte, la
prevision y los monumentos que atestiguan un colosal progreso y la
actividad de la vida industrial; y la comparación me afligia
profundamente. Saludé con entusiasmo á este viejo mundo que se me
ofrecía como un inmenso libro de estudio y observación; y cuando puse el
pié sobre los muelles y diques de Southampton comprendí que una nueva
existencia empezaba para mi corazon, ansioso de impresiones, y mi
espíritu, anhelante de luz, de ciencia y de progreso.

       *       *       *       *       *


SEGUNDA PARTE.


ALGO DE INGLATERRA Y FRANCIA.

       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *      *       *       *       *

SOUTHAMPTON.


La ciudad y su puerto.--Movimiento comercial.--Interior de la
ciudad.--Primeras impresiones.--Un compañero mistificado.--El primer
tren de ferrocarril.--De Southampton á Londres.

_Southampton_ es una ciudad interesante y pintoresca bajo todos aspectos
y que tiene la bella cualidad de predisponer el espíritu del viajero en
favor de Inglaterra, á la cual sirve de vanguardia comercial en el
centro del canal de la Mancha. Un bonito rio de diminutas proporciones
desemboca en el arrabal de la ciudad, confundiéndose con la angosta y
hermosísima bahía que le sirve de asiento hácia el Sur, y que la
primorosa isla de Wight interrumpe en la embocadura, formando dos
canales marítimos entre las costas de Portsmouth y Lymington. La bahía,
penetrando en la tierra vigorosamente, se ensancha en el, interior en
una especie de círculo oblongo, y por todos lados la costa es el
término de colinas notablemente bellas, pobladas de quintas, palacios,
bosques artísticos de pinos y encinas, jardines espléndidos, sementeras
de cereales y huertas de frutas y legumbres. Todo ese conjunto es tan
pintoresco, que aún en medio de los rigores del invierno conserva su
gracia y seduccion.

En el fondo de ese horizonte de primores artisticos y trabajos de
cultivo refinado, de toda esa decoracion de palacios y casas campestres
elegantes, dormían las ondas cristalinas y azules de la bahía,
contrastando con la multitud de conos caprichosos, brillantes á la luz
del sol, de espesa nieve aglomerada al pié de los árboles y los
enrejados, los setos y los grupos artísticos de invernáculos y alamedas
enanas. Y en el centro de ese interesante anfiteatro de ondas azules,
rocas, colinas, palacios y pequeños pinales, se destacaban las chimeneas
y los mástiles de multitud de grandes y pequeños vapores, gigantescos
navíos, bergantines y barcas, y se cruzaban caracoleando, impulsadas por
el remo, centenares de lanchas ó faluchos pintados de colores, como
mariposas volando sobre la tersa superficie de un lago.

Southampton es el centro y punto de partida de muchas grandes líneas de
paquebotes que giran entre Inglaterra y las Antillas, Francia, el Norte
de Europa, España, Portugal, todo el Mediterráneo, el Brasil, el Africa
y la India. Esta circunstancia es la que ha contribuido mas
poderosamente á darle mucha importancia comercial á Soulhampton y crear
allí un movimiento poderoso en la telegrafía, los ferrocarriles, las
comisiones de cambio, las industrias marítimas, las construcciones
navales, los correos y las grandes importaciones de metales preciosos,
tintes finos y otros artículos de produccion trasatlántica.

La bahía carece en el puerto de esas famosas construcciones de
mampostería que se llaman _docks_ ó diques (tan útiles y necesarias en
Lóndres, Liverpool y otros puertos comerciales), obras que allí son
reemplazadas con muelles de mampostería y de madera, de grandes
proporciones, avanzados á una distancia considerable. Así, á pesar del
excelente fondeadero del puerto, la accion de la marea es siempre
indispensable para la entrada de los grandes vapores y los buques de
vela.

La aduana de Southampton tiene un movimiento extraordinario, y á pesar
do la rigidez con que se hacen los registros y se cobran los derechos
pude observar dos cosas muy notables: 1ª que en Inglaterra el viajero es
tratado con decencia y respeto por los empleados fiscales, pues allí no
hay esas inquisiciones sobre la persona, que insultan 1ª delicadeza del
hombre de honor y el recato de una señora; 2ª que el viajero que quiere
evitarse prolijos registros en su equipaje, no necesita mas que decir
franca y lealmente lo que lleva en sus baules, en cuyo caso el registro
se limita á los objetos denunciados por el propietario. En Inglaterra se
tiene un gran respeto por la palabra del hombre, y la sinceridad es
siempre el camino mejor. Una señora es muy considerada por los
funcionarios públicos. Por lo demas, si alguna dificultad se presenta,
los chelines lo arreglan todo en último resultado, pues en este punto
Inglaterra se parece á todo el mundo. Lo que allá es cuestión de pesos,
de reis ó dollars, por acá es asunto de chelines, francos, thalers ó
florines: los nombres varían, pero el dinero tiene en todas partes la
misma elocuencia para todos los pueblos.

Después de salir de los vastos salones de la Aduana, el viajero se ve
asaltado por los cocheros y carreteros, especie de mendigos sobre cuatro
ruedas, que se disputan los chelines del _gentleman_ novicio. Cuando la
gavilla da el asalto lo mas prudente es no escoger el victimario, sino
entregarse á discreción del primero que llega, so pena de ser
estrangulado con equipaje y todo. La primera parte de la ciudad
pertenece propiamente al puerto, la aduana, la estación del ferrocarril
y del telégrafo y todo lo relativo al servicio de comunicaciones. Allí
es donde tiene el marino su soberanía, campea gallardamente el remero,
atruena el carretero, y se pavonea, trasformado, el _steward_ (sirviente
de paquebote) que pocas horas antes servia al pasajero la hirviente taza
de _punch_.

El cuadro de costumbres es animado y vigoroso, porque todas las gentes
que se cruzan por las cercanías de la aduana son los obreros del sol y
del agua, endurecidos por las fatigas de un trabajo penoso. Ya tropieza
el viajero con el marino de pequeña estatura, rollizo y mofletudo, con
su chaqueta de paño negro, abierta, el ancho cuello de la camisa de
franela, el sombrerito redondo y charolado, puesto al desgaire sobre una
oreja, la corbata negra y flotante y los monumentales botines llenos de
clavos, sonando como herraduras de caballos. Ya pasa el carretero como
un derrumbe, atrepellando á todo el mundo, enorme, tosco, insolente y
oliendo á cerveza como un tonel, trasportando castillos ambulantes de
equipajes y trastos, con una fuerza y agilidad que parecen prestadas al
caballo normando y á la locomotiva. Ora nos codea el _steward_,
sonriéndonos con malicia porque nos muestra suspendida del brazo la
_Calipso_ a quien ha consignado todos los chelines escamotados en la
navegacion, y porque en vez de la humilde servilleta, esa blanca y
prosáica librea del comedor flotante, ostenta una levita azul de botones
amarillos ó blancos, la cachucha del doméstico marino y el estrecho
corbatín del _dandy_. En fin, el guarda de la aduana, con sus aires de
persona importante ó cancerbero del puerto, arroja sobre el recien
venido una mirada escrutadora ó de proteccion, como para hacer
comprender que tiene en sus manos las llaves de las puertas.

La segunda parte de la ciudad, separada del puerto, aparece luego
pintoresca, alegre y agradable por la elegancia de sus casas, fondas y
palacios, la hermosura de sus alamedas, el aseo exquisito de sus anchas
calles macadamizadas, la gracia de sus jardines, el humo de sus altas
chimeneas, sus azoteas de techos cubiertos de nieve, sus ricos é
innumerables almacenes, las románticas torres de estilo gótico de sus
templos, y el movimiento incesante de paseantes, de vendedoras de
fruslerías, de hermosas damas y _loretas,_ de coches, de carretas, de
barateros, de muchachos gritando, y de cuanto puede hacer la animacion
de una ciudad comercial.

Southampton es una ciudad renovada, y de esto dependen en mucha parte
sus bellezas materiales y el carácter de su poblacion. Esta es de
cuarenta á cincuenta mil habitantes, que el movimiento exterior aumenta
accidentalmente mas ó menos. La ciudad tiene un teatro, que regularmente
está cerrado;--y carece de periodismo, pues solo cuenta una hoja
hebdomadaria. Su verdadero periodismo está en Lóndres, á causa del
movimiento activo de la telegrafía y los ferrocarriles; y por lo que
hace á teatro los Ingleses no le tienen mucha aficion. El Francés ama el
teatro, el café y el periódico;--el Inglés las carreras de caballos, la
Bolsa y el almacen. Y en una ciudad tan esencialmente comercial como
Southampton, donde se cruzan dia por día millares y millares de viajeros
sucediéndose con rapidez, los espectáculos carecen naturalmente de
importancia. Allí el silbido incesante de la locomotiva, al partir ó al
llegar, en la amplia estacion que centraliza muchos ferrocarriles en
actividad prodigiosa; los numerosos partes telegráficos haciendo vibrar
los alambres eléctricos á todas horas; las especulaciones consiguientes
á los negocios trasatlánticos, y el movimiento aturdidor de grandes
carretas de mercancías cruzándose en todas direcciones, le hacen
comprender al viajero que en Inglaterra no hay casi tiempo para vivir,
ni mucho menos para divertirse.

En este país del comercio, de la especulación, de la vida práctica, de
los espíritus serios, reflexivos, glacialmente calculadoras, el tiempo
es el capital mas valioso, y para sacarle interes ó hacerlo producir
todo el mundo anda como en ferrocarril, no obstante la frialdad de los
caractéres. Cada palabra sale medida, tasada por los labios, por
economía; cada hombre es una locomotiva, un tren expreso; cada accion es
un cálculo; el ser humano es el número hecho carne y hueso,--la
aritmética pensando ú obrando. En Inglaterra se vive tan apriesa, que la
nación entera es un circo de corridas de caballos ó un inmenso
_railway_.

Allí no hay tiempo para sentir el corazon, porque el bolsillo es todo.
Ser Inglés negociante no es una _manera de ser moral_; es apenas una
operacion de aritmética, formulada por una cabeza, un par de brazos,
otro de piernas, etc.

Southampton es una bella ciudad. Carece de monumentos, porque es casi
nueva, pero tiene varias iglesias de estilo gótico normando algo
curiosas. Su verdadera edilidad se reduce á puentes secos muy sólidos,
muchas líneas de ferrocarriles, grandes y espléndidas fondas,
hermosísimas quintas en los alrededores, algunos edificios públicos muy
bien mantenidos, y un sistema generalmente elegante en las
construcciones de las casas.

Las calles son en lo general muy espaciosas, muchas de ellas cortadas en
ángulos rectos, y casi todas con el suelo macadamizado. No faltan bellos
paseos, grandes plazas muy bien mantenidas y abundantes mercados.

El barrio opulento, donde tiene sus grandes y lujosos almacenes el
comercio, es el del lado occidental, comprendiendo principalmente las
calles magníficas de _High_ y _Oxford_, en cuyas innumerables tiendas se
encuentra reunido cuanto la civilizacion de Europa y el comercio del
mundo pueden producir.

En el centro están los talleres ó fábricas y las habitaciones de la
clase media; al sur, cerca de la grande estacion del ferrocarril y el
telégrafo, y de la aduana, se encuentran los famosos _hoteles_ para los
viajeros; y en el barrio oriental viven los obreros, se cruzan las
vivanderas y hormiguean los campesinos, terminando la ciudad hácia el
norte y el éste por una serie de quintas, huertas de hortalizas y
jardines que tienen el aspecto mas pintoresco aún en los dias helados de
invierno rigoroso.

Recorriendo rápidamente los barrios de la ciudad pude penetrar en varias
iglesias y recorrer sus cementerios adyacentes. Al entrar en un templo
anglicano, vacío, oscuro, sin adornos de ninguna clase, sin imágenes ni
ficciones, se siente (la primera vez) una vivísima impresion. Allí toda
poesía falta: aquel no es el reino de los sentidos, sino el de la razon.
Se comprende que el templo del protestante no es lugar de fiesta
mundanal ó de espectáculo, sino de recogimiento solemne; que Dios no es
allí el actor de formas humanas impíamente rebajado á figurar en un
teatro lleno de colores, colgaduras y cuadros de pintura, sino un poder
invisible y supremo, adorado con infinito respeto, y tan grande, tan
inefablemente bello, que no puede ser representado, porque no hay en el
mundo nada que se le parezca, excepto el alma del hombre, partícula
misteriosa de un poder inescrutable.

Jamas he creído en eso que se llama sofísticamente _el destino de las
razas_; sino que, para mí, son las instituciones, no la sangre (ni los
climas en tanto grado) las que forman el carácter moral de los pueblos.
Pude confirmar esta opinion al visitar, por la primera vez de mi vida,
en Southampton, una iglesia protestante. Ningun pueblo fué mas feroz
hasta la edad media, que el de Inglaterra; ninguno mas turbulento y
antipático para la civilizacion. Y sinembargo, hoy es frio, reflexivo,
civil, pacífico, humano, moral y eminentemente progresista. ¿Quién ha
operado este prodigio?--El protantestismo y las libertades públicas
aseguradas en las dos revoluciones del siglo XVII.--Si ellas le han dado
al pueblo la vida civil y la moralidad con la conciencia del derecho, el
protestantismo ha fundado en Inglaterra el reinado de la razon, del
libre exámen, de la veneracion profunda, sin los atavíos de la
supersticion y de la idolatría moderna.

No hay en Inglaterra objeto tan respetable como las tumbas; un
cementerio es allí positivamente el templo de la muerte, que goza de
absoluta inviolabilidad. El extranjero quo ignora esto, se admira mucho,
al recorrer á Southampton ú otra ciudad inglesa, de ver los cementerios
al lado de las iglesias, separados de la calle solo por una verja con
entradas libres, y ostentando sus sencillos y severos monumentos entre
yedras y pequeños cipreses, sin que esto desagrade en manera alguna.
Muchos de esos monumentos, con inscripciones ordinariamente en latin
(esa lengua de los muertos,--hombres, siglos ó imperios) se reducen á
piedras talladas, colocadas de pié como linderos. No dudo que este
sistema de panteones al aire libre, dentro de las ciudades, sea
pernicioso para la salud; y en Inglaterra se trabaja ya por suprimirlos.
Pero hay para mí no sé qué de filosófico, de solemnemente epigramático
en esa union de la vida y la muerte. La multitud, al desfilar por la
calle delante de un panteon, comprende cada dia que la tumba es el fin
de las miserables pasiones de una vida que la virtud no engrandece, y
fortifica su conciencia para la peregrinacion mundanal con el
pensamiento de ese _algo_ misterioso que se adivina detras de la losa.

Pasemos de la muerte á la vida. Inglaterra es el país de las mujeres
hermosas, admirablemente hermosas, pero no bellas,--es decir, estatuas
de nácar primorosamente modeladas, con cabellos de oro, crespos y
abundantes, ojos azules ó castaños, morbidez de formas, piel rosada y
purísima, brazos encantadores, y todo un conjunto de Venus _corporal_,
salvo eso si los piés, que pertenecen al género fosil ó antediluviano,
porque son mastodónticos. Pero esas mujeres de tan completa hermosura,
carecen, en general, de esa vida en la mirada, ese fuego en la sonrisa,
esa poética expresión reveladora del alma y del sentimiento, que
constituyen la _belleza_. No hay que confundir jamas la bonita, la
graciosa, la linda, la hermosa y la bella en una vulgar y común
denominación, porque cada una de ellas es un tipo especial que
corresponde á condiciones diferentes.

Pero si Inglaterra es el país de las hermosas, y Lóndres encierra
centenares de miles de esas hadas engañosas (verdaderos sofismas, puesto
que lo moral no corresponde con la seducción física),--las ciudades como
Southampton y Liverpool son los puestos avanzados de ese admirable
ejército de caras admirables. Como allí se reúnen tantos extranjeros,
ricos americanos, gallardos españoles y elegantes franceses, pasando del
uno al otro mundo, el diablo (por sí ó por no le echaré la culpa)--el
diablo que no se duerme y es muy previsor y hospitalario, ha tenido el
talento de inspirar á muchas de sus mas hermosas parroquianas un loco
entusiasmo por las brisas marítimas de Southampton. Infeliz del
extranjero que no tenga fuerza para resistir á la seduccion de esas
sirenas peligrosas, y crea en los tesoros del amor de puerto de mar!

Conozco la historia auténtica de un excelente Hispano-colombiano,
solteron sencillo, que acostumbrado a ver las caras aceitunadas de su
parroquia de indígenas, se vino á _desaburrirse_ en Europa. Al llegar
nomas á Southampton, el buen descendiente de Colombia, que nunca las
había tenido tan gordas, se encontró lelo. Empezó por enamorarse de
todas las hembras que veia, porque todas le parecían señoritas de rango,
supuesto que usaban gorras de terciopelo, trajes de seda y elegante
calzado, atavíos que en Hispano-Colombia corresponden solo á las damas
de buena sociedad. Pero luego luego fué reparando que sus _señoritas_
vendían frutas ó baratijas, ó llevaban distintivos de domesticidad, y
perdió sus primeras ilusiones, en asocio de unas cuantas manotadas de
libras esterlinas representantes de las viejas onzas desempaquetadas.

Con todo, la fascinacion seguía, y nuestro solteron parecia confinado á
Southampton, mirando en derredor cómo aturdido y con los ojos claros y
sin vista. Un dia _vió_ pasar una hermosa sirena en un lujoso coche, y
luego descender sobre el enlosado de la calle. Se cruzaron, y la Inglesa
que adivinó bajo el _paltó_ del Colombiano la existencia de una mina de
oro, le arrojó una de esas miradas que tumban de redondo como las bolas
del gaucho de Buenos-Aires, y le magnetizó. Lo demás siguió como todas
las historias de amor. Ello es que á vuelta dé dos meses nuestro
solterón del Nuevo Mundo se apercibió, en un momento lúcido, de que
apenas le quedaban unas 150 libras por todo fondo, sin relaciones
ningunas que le sacasen del apuro. Preciso le fué resignarse. Hizo su
paquete, se le huyó á la sirena y se embarcó para Colombia, con el
placer de haber conocido a Europa.... Él tenia la persuacion de que
después de Southampton el mundo se acababa de este lado del Atlántico.
Bienaventurado!

En Southampton fuí testigo de un episodio graciosísimo, cuyo resúmen
daré apénas. En el hotel en que permanecí en esa ciudad con mi familia,
durante cuatro días, había una señorita sumamente linda, llamada Fanny,
y estaba hospedado un joven compañero mío de navegacion. La ley de la
atraccion produjo sus efectos y mi compañero (le llamaré H) se enamoró
perdidamente de Miss Fanny. Esta no fué insensible, y concedió algunas
coqueterías inocentes, propias de los diez y seis años. H no pensó mas
en seguir á Lóndres ó París, y cada momento hacia ingeniosas
evoluciones para lograr instantes de conversacion a solas con la
_chica_, como él, á fuer de Español, la llamaba, un dia entraba yo á la
casa, ví á Miss Fanny en un balcon y me detuve á saludarla y habrarle
algunos momentos en muy macarrónico inglés. Subí, y al pasar por un
corredor dí con H, que salia de una sala común frotándose las manos y
muy alegre.

--¿Qué tenemos? le dije.

--Que la chica Fanny acaba de darme el beso mas suculento del mundo!

--Diantre! le repuse, si yo acabo de verla en el balcon....

--Es imposible, porque yo salgo de hablar solo con ella en el salon
opuesto.

No quise adelantar la discusion por prudencia, pero quedé persuadido de
que la afirmacion de H no era mas que una _chapetonada_, mentira de
amante jactancioso. Al siguiente dia un lance muy cómico nos aclaró el
misterio. Miss Fanny tenia una hermana gemela, tan perfectamente igual
en todo, que ni mi esposa con la penetración de una mujer había podido
distinguirlas. Como el joven Español no sabia una jota (ó una _h_) de
inglés, su lenguaje había sido el de las sonrisas y señas, las flores y
regalos de fruslerías elegantes, etc., etc., y había podido sostener,
sin saberlo él y sin que lo comprendieran Fanny y Caroline, un sistema
do amorcejos por partida doble; no sin admirarse algunas veces de la
rapidez con que Fanny entraba por una puerta y salía poco después por la
contraría, fenómeno de bilocuidad que se comprendía al saber que había
en la casa dos Fannys ó una Fanny por duplicado.

Debo hacerle á mi Español la justicia de advertir que al punto de
comprender el juego en que una rara casualidad le habla mantenido, se
fué á tomar su billete para el tren de Lóndres, resuelto á evitar unos
amores por _duplicata_ que podian tener mal fin despues de un principio
tan risible. Aconsejo á los lectores muy respetuosamente que eviten en
todo caso los amores de fonda, tan peligrosos como las amistades de
corrillo,

El 12 de marzo tomé el tren expreso que partía para Londres á las once y
media de la mañana. ¡Qué impresion tan vigorosa la que experimenté al
sentirme por primera vez arrastrado, con la rapidez del huracan, por ese
animal de hierro, animado por el espíritu del hombre y silbando como una
enorme serpiente enfurecida, que se llama _locomotiva!_ El alma se
siente fascinada por ese poder que la hace delirar, soñar con la vista
de regiones misteriosas cubiertas por la niebla luminosa de la ciencia,
y asistir á la maravillosa generacion infinita del progreso.

Los bosques, las quintas, los castillos aristocráticos, las chozas
rústicas, las colinas, las llanuras, los riachuelos, las sementeras, los
ganados y las poblaciones, pasan por delante del viajero como visiones
fantásticas ó cuadros de leyendas fabulosas;--y la ilusion es tan
poderosa algunas veces, segun la hermosura del paisaje, instantáneamente
descubierto y perdido, que se llega hasta dudar de sí mismo y palparse
para convencerse de que aquello no es un sueño, sino una gigantesca y
sublime realidad de los prodigios de la civilizacion. Es en presencia de
esos espectáculos que se aprende á: estimar el mérito del hombre, á
respetar la ciencia, adorar á Dios como el gérmen supremo del espíritu
soberano que agita á la humanidad, y tener fe en el progreso como el
destino interminable de la Creacion!

La línea férrea de Southampton á Lóndres gira por en medio de un
interminable paisaje de los mas bellos colores, de una riqueza vigorosa
en todos los pormenores como en el conjunto, en donde se confunden,
formando un juego encantador, las obras de la industria con los encantos
de una naturaleza apacible y de contornos suaves. Sinembargo, la rapidez
del tren no permite apreciar bien los objetos, salvo en las numerosas
estaciones cerca de las ciudades y las villas que demoran sobre el
trayecto.

En Inglaterra hay una absoluta libertad industrial que permite el
establecimiento de trenes, ferrocarriles y telégrafos sin sujecion casi
á reglamentos de la autoridad, y por eso cada compañía se esfuerza por
rivalizar á las demás. De aquí proviene la rapidez muy notable de las
locomotivas inglesas, que hacen 35 á 40 millas por hora, miéntras que
en Francia no vencen sino unas 30. Los Ingleses estiman en mucho el
tiempo y no evitan nada por economizarlo. Tambien es de notarse la gran
multiplicacion de alambres en los telégrafos que están adjuntos á las
líneas de ferrocarriles, circunstancia que se presta á una mayor
precision y un servicio mas extenso de la telegrafía en Inglaterra.

El hecho que resalta mas á la vista del viajero al atravesar las
campiñas inglesas es, aparte del órden admirable en los establecimientos
agrícolas, el tino con que se aprovecha todo el terreno sin desperdiciar
una partícula. Así, al lado del parque aristocrático destinado solo á
los placeres campestres, se ve la magnífica huerta de preciosas
legumbres y árboles frutales, admirablemente bien conservada y tan
limpia como el pavimento de un salon; y el jardin mismo, que parece no
ser sino un objeto de recreo, da sus productos á merced de un cuidado
singular.

Mientras que la estéril colina arenosa ó de terreno calizo es
aprovechada con bosques artificiales de pinos y otros árboles alpestres,
en extension muy considerable y con gran provecho por la renta que
procuran, al mismo tiempo que hermosean primorosamente todas las
eminencias,--las llanuras están pobladas de ganados lustrosos y
robustos, de razas cuidadosamente educadas y mejoradas; los cuadros de
plantaciones ostentan su variada vegetacion, ó el arado vigoroso del
agricultor inglés (siempre movido por caballos enormes) abre los surcos
fecundantes que preparan la simiente.

Por todas partes se cruzan las acequias, en una red inteligentemente
preparada, para la irrigacion de los campos; el obrero trabaja con
laboriosa asiduidad aún en medio de los depósitos de nieve que salpican
de trecho en trecho los setos de las llanuras y blanquean bajo la sombra
oscura de los pinos y abetos; innumerables quintas y casas campestres de
construccion pintoresca y caprichosa, se destacan en todos sentidos de
entre los grupos de pinos enanos y los jardines y huertos; los puentes,
los caminos vecinales, los pequeños diques de irrigacion, las fábricas
y los rediles se multiplican hasta lo infinito, dándole al inmenso
cuadro los mas graciosos contornos; y de tiempo en tiempo se alcanza á
ver el grupo encantador de las casas de alguna pequeña ciudad, dominada
por las altas torres de las iglesias, católicas y protestantes, miéntras
que atras oscurece la perspectiva el ancho lomo de alguna colina
cubierta de negros pinos repartidos en interminables callejuelas
sombrías, ó brilla á la luz momentánea del sol algun pequeño rio de
graciosa configuracion.

Al recorrer los campos de Inglaterra se comprende el misterio de la
grandeza universal que favorece á esa nacion, porque se ve que aquel
pueblo, que vive como en el puente de un inmenso navío flotando entre
dos mares, ha comprendido que su aislamiento físico le impone la
necesidad de desarrollar simultáneamente todos los intereses. En
presencia de la riqueza británica no se sabe qué decir de su
carácter,--si es agrícola, industrial ó comercial,--porque lo es todo, y
en alto grado en todo. La agricultura inglesa no tiene rival en Europa,
por su irrigacion, su régimen de cultivo, la educacion de las crias, sus
instrumentos de labor, sus excelentes abonos, la fecundidad del suelo,
la paciente laboriosidad de los obreros y otras circunstancias.

Pero si al recorrer los campos se cree que Inglaterra es principalmente
agrícola,--despues se la juzga fabricante al visitar las inmensas,
poderosas é innumerables fábricas de sus catorce ciudades
manufactureras, así como al conocer á Lóndres, Liverpool, Bristol,
Southampton y otros muchos puertos de mar y de rio se inclina el viajero
á reconocer que el carácter comercial es el predominante. Al cabo es
preciso persuadirse de que Inglaterra es todo en primera línea, excepto
espiritual y artística, pues sus géneros de trabajo son los que los
especuladores llaman _positivos_, como, si todo lo que es útil en el
mundo no produjese riqueza.

Las mas importantes ciudades del tránsito, entre Southampton y Lóndres,
son las de Winchester y Bishopstoke. La primera es de gran celebridad
histórica y bien considerable por su poblacion y su sociedad literata;
es el asiento de un arzobispado de primer órden, y á parte del mérito
de muchos de sus edificios antiguos tiene una famosa catedral de
arquitectura gótica que es uno de los mas notables monumentos de
Inglaterra y aún de toda la Europa. El exterior es imponente y
majestuoso por su tamaño y por el carácter secular y admirable de su
arquitectura,--y el interior tiene mil primores de arte y reliquias
históricas (no obstante que es catedral protestante) que son
consideradas como de mucho valor.

Bishopstoke es mucho mas reducida en todos sentidos, y es una ciudad
prosáica y sin particularidad alguna en lo material, pero tiene su
especialidad para la agricultura y el comercio que la hace notable. Es
un gran mercado de quesos, tan valioso, que de allí parten para todo el
país y el extranjero valores muy considerables en ese artículo que es al
mismo tiempo fruto pecuario y fabril.

La igualdad del terreno, que es perfectamente plano para el viajero, y
la multitud de puentes secos, _tunels_ y bosques de pinos en todo el
trayecto, no permiten registrar de lejos el inmenso panorama de Lóndres.
El viajero presiente que va á llegar, porque ve que los jardines, los
parques, los caminos y las quintas se multiplican de un modo prodigioso,
y siente muy cerca, casi de minuto en minuto, los silbidos de las
locomotivas que arrastran los trenes de otras líneas cercanas de
ferrocarriles dirigidas a la colosal metrópoli. Al fin se alcanza á ver
una larga fila de colinas, á la derecha, poblada de arrabales de Lóndres
y de castillos y quintas; luego se descubre á la izquierda la primorosa
planicie ó valle del Támesis que se extiende hacia Richemond, y se ve
serpentear el opulento rio por entre alamedas y edificios, á algunas
millas de distancia; en seguida se atraviesan los arrabales de la
ciudad, y cuando ménos se piensa está uno en el corazon de la metrópoli
monstruo, bajo la techumbre monumental de hierro y vidrio que cubre el
embarcadero del ferrocarril en la estacion de _Bishops Road_.

Hay no sé qué de fantástico, algo que hace recordar las románticas
visiones ó las extravagantes maniobras del «Diablo Cojuelo» de Lesage,
al pasar en alas de un wagon por encima de una ciudad, como una
gigantesca bruja saltando de torre en torre, de chimenea en chimenea y
de cuadra en cuadra. El ferrocarril está construido sobre un piso
artificial muy elevado que forma un inmenso puente sobre la ciudad, á
fin de poder penetrar hasta el centro, sin interrumpir el tránsito de
las calles; así es que, al pasar el viajero, ve debajo, en la
profundidad, las casas apiñadas en interminables filas, y las gentes
hormigueando por las calles como enanos ó liliputienses. Todo
contribuye, pues, á producir una ilusion completa de viaje aéreo y
extravagante, una profunda impresion que, por su novedad, persiste
grabada en el espíritu por muchos dias.

La idea de Lóndres no se puede adquirir al llegar, por falta de un punto
de vista que ofrezca el panorama completo. Para saber lo que es
Lóndres--ese mar de casas, de humeantes chimeneas, de torres y fábricas,
de parques y jardines, de coches, carros y almacenes, de moles
gigantescas salpicadas de niebla, por cuyo centro se desliza el Támesis,
cubierto de navíos y botes como un largo arrecife de millares y millares
de rocas multiformes;--para comprender la grandeza de ese mar
artificial, repito, es preciso subir á las cúpulas de San Pablo ó del
«Coliseo» y hundir la mirada, pasmado de admiracion, entre Dios y el
hombre, el cielo y la tierra, el horizonte y la pequeñez del balcon que
sirve de mirador. Entónces se comprende que, desde que se ha penetrado á
esa Babilonia, la personalidad ha desaparecido ante una grandeza que
aturde, que abruma, que pulveriza sin misericordia! Lóndres es una
inmensidad compuesta de ceros, es la paradoxa de millones de _nadas_, de
séres nulos ante el conjunto, formando la suprema grandeza! Lóndres,
bajo ese aspecto, es la verdadera imágen de la civilizacion, del
progreso, de la humanidad en su obra secular. La partícula parece
insignificante y lo es aisladamente; pero la armonía y la cohesion
providencial de todas las partículas producen la fuerza de la Creacion y
de la humanidad y el admirable fenómeno de la civilizacion.

Desde el momento en que el viajero extraño desciende del wagon del
ferrocarril, su persona es libre, enteramente libre, pero su bolsillo,
su fortuna portátil queda á discrecion de una legion tan extensa, tan
complicada y hábil de «filibusteros desarmados», que toda defensa es
imposible. Disputado por un enjambre de cocheros y carreteros que se
apoderan de todo el equipaje por sí y ante sí para llevarlo á su
destino, y pelotean al pasiente-propietario como una jauría de perros al
derredor de un ciervo humilde y aturdido,--el recien llegado se resigna
á abdicar su voluntad y entregarse al que tiene mas fuerza para
estrujarle y pulmones para ofrecerle á gritos sus servicios. El cochero
y el carretero son los reyes de las calles de Lóndres, como el mendigo y
el salteador entre las ruinas de Roma, Ademas, aquellos dos personajes
clásicos de Inglaterra son los «Carones» de esa laguna Estigia de
Lóndres: ellos se apoderan del extranjero, le despojan de una parte del
capital de viaje y le consignan al infierno del «hotel» para que la obra
se complete. Francamente, no he conocido ladrones iguales á los cocheros
de Lóndres (salvo los dueños de «hotel», á quienes no quiero defraudar
en su honorable reputacion); y lo peor de todo es, que aquellos
salteadores de «chelines» despluman á la víctima con una insolencia sin
igual.

El hotel es en Lóndres la forma conspicua del sofisma, pues está
preparado segun todas las reglas de la fascinacion para recibir dinero
sin ofrecer en cambio casi otra cosa que apariencias ó ilusiones.
Edificios inmensos y sombríos, que son como una ciudad bajo un mismo
techo; escaleras de mármol, suntuosas en apariencia; colgaduras,
lámparas, espejos, alfombras, camas monumentales; muebles brillantes y
todo lo que puede fascinar y excitar la vanidad,--he ahí lo que
constituye un hotel inglés, servido por criados que parecen miembros de
Parlamento. Todo aquello es suntuoso y promete un excelente servicio
para el viajero que llega fatigado y hambriento.

Pero luego viene la realidad á establecer una triste compensacion.
Comidas pobres y vulgares servidas con una calma capaz de hacer perder
el apetito, completando la digestion entre plato y plato; un café
detestablemente preparado; sopas inmundas (cuyo secreto vine á descubrir
por medio de un sirviente) que salen de una caldera general en donde
arrojan las sobras de los platos servidos á otros en el «restaurador»
del hotel; dificultades y dilaciones para todo; criados que el huésped
tiene que pagar de varios modos, y por remate de cuento y mil
contrariedades una «cuenta» escandalosa, de proporciones judáicas,
llevada hasta el abuso mas grosero de la superioridad del empresario: hé
ahí lo que son los hoteles de Lóndres. En resumidas cuentas, lo que el
viajero paga no es lo que se _come_ ó le _sirven_, sino lo que ve, es
decir, los espejos, los mármoles, las alfombras, las lujosas casacas de
los lacayos y todo el tren de ostentacion; sin que haya modo de
evitarlo, porque todos los hoteles que no son inmundos son así, Allí no
hay eleccion posible (si no se apela al _boarding house_, en caso de
larga residencia) entre el hotel-palacio, que saquea y arruina sin
provecho para el viajero, ó el hotel-figon, indigno y repugnante por su
desaseo y su vulgaridad.

En Inglaterra todo es extremoso, en general: allí la riqueza colosal
vive al lado de la miseria suprema;--lo admirable alterna con lo
inmundo. Pero en materia de hoteles, como de cafés, almacenes, etc., el
Inglés hace conocer que le falta absolutamente la nocion del arte y casi
del todo la del gusto delicado. Allí todo es vigoroso, segun la idea
materialista que se tiene de lo útil, y se piensa mas en la especulacion
y el lujo suntuoso y muy fascinador ú ostensible, que en el arreglo
agradable de las cosas que consulta al mismo tiempo la economía, la
delicadeza de gustos y la comodidad. Ese es el genio del pueblo inglés,
y sería inútil rebelarse contra los resultados que de él se derivan.

       *       *       *       *       *



CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

ASPECTO GENERAL DE LONDRES.


Las grandes calles.--Costumbres diversas,--Miseria y beneficencia.
--Contrastes dolorosos.--Reflexiones sobre el pauperismo.

Mi residencia en Lóndres fué tan corta que á decir verdad, no alcancé á
ver sino los rasgos generales de su fisonomía. Lóndres es tan colosal,
tan complicada en su estructura material, que para recorrerla en todas
direcciones y escudriñar sus secretos se necesita un estudio permanente
de algunos años. Y sinembargo, qué extraño fenómeno se encuentra en el
carácter de esa inmensa metrópoli! Si para averiguar toda la estadística
de Lóndres es indispensable una larga observacion, para comprender su
estructura general bastan quince dias bien empleados.

París tiene apenas la mitad de la grandeza positiva de Lóndres, y
sinembargo, para estimar en todo su valor la capital francesa se
requiere mas tiempo que para conocer á Lóndres perfectamente. ¿Por
qué?--La razón es obvia: Londres no es absolutamente otra cosa que la
metrópoli de la industria y del comercio del mundo,--es decir, el
reflejo colosal de una de las grandes faces de la civilizacion; mientras
que París es la metrópoli de la civilizacion en todas sus
manifestaciones;--es una fisonomía compleja y de mil colores. En Londres
todo se reduce al movimiento de la riqueza material, con raras
excepciones. En París no solo se ve la riqueza en acción,--sino que
tambien se encuentran reunidos todos los tesoros del arte, de la ciencia
y de cuanto hay de espiritual y delicado en el refinamiento de la
humanidad.

Si la gran capital británica tiene espléndidos jardines y museos,
famosos templos, palacios y puentes, parques magníficos, bancos
opulentos y multitud de monumentos dignos de atención (generalmente
nuevos), los lugares donde esa sociedad debe ser estudiada
preferentemente para comprender su condición moral, social y económica,
son: la _prensa_, las _calles_ y el _Támesis_. Es allí donde Londres se
revela con toda su evidencia, al través de su ruido ensordecedor, á los
ojos del viajero que observa y medita sin preocupacion. Si los
monumentos públicos acreditan la fuerza y el orgullo del pueblo inglés,
las calles de Lóndres y las orillas del Támesis revelan conjuntamente
las debilidades y los vicios profundos como las cualidades de esa
sociedad, y la prensa su vida política y económica.

Pero para adquirir la idea completa, no basta recorrer las grandes
arterias de Lóndres donde está acumulada su vitalidad: al contrario
Lóndres tiene dos caras, la una que aterra y acongoja, y otra que
deslumbra. Es preciso verlas ámbas casi simultáneamente, y compararlas
sin prevencion, para comprender los contrastes asombrosos del conjunto.
Quien saliese de Lóndres después de haber estudiado una sola de las
faces del coloso,--verdadera esfinge de la humanidad,--llevaría las
ideas mas erróneas, creyendo, según la parte de fisonomía que hubiese
visto, que Lóndres es todo opulencia maravillosa, todo progreso y
bienestar,--ó bien todo miseria, inmundicia y degradacion suprema....

Examinemos, pues, á Lóndres, empezando por sus calles. No debe olvidarse
que Lóndres se ha formado por la reunion paulatina de muchas pequeñas
ciudades circunvecinas, ó distritos, á la antigua _City del Tamésis_,
privilegiada y poderosa, que ocupa casi el centro de la inmensa
poblacion actual. Así, aunque la ciudad es una sola en su apariencia, se
observa una profunda diferencia entre el centro y los arrabales. En
estos reina principalmente la actividad de la fabricacion, mientras que
en el interior está la del comercio;--de manera que en aquella parte
están aglomerados centenares de miles de obreros, las calles son mas
ámplias, las casas mas diseminadas y ménos altas, y se nota por punto
general cierto grado de bienestar modesto que está tan léjos de la
opulencia y el bullicio como de las miserias de los barrios centrales.
Allí se levantan por millares las altísimas chimeneas de las fábricas,
el elegante coche aparece rara vez, los carros repletos de mercancías se
cruzan en inmensa multitud, la mendicidad es ménos visible, y el trabajo
activo se manifiesta donde quiera, sin el espectáculo del lujo y de los
suntuosos palacios y almacenes brillantes.

Pasando de esos arrabales al centro de la ciudad hay un terreno de
transición generalmente apacible y hermoso, que se compone de barrios
aristocráticos y elegantes, establecidos al derredor de parques de una
magnificencia agradable, particularmente hácia el oeste de la ciudad.
Allí, en las cercanías de los parques del _Regente, San James,
Green-Park, Hyde Park_ y otros varios, están los ricos palacios, las
elegantes quintas de suntuosas fachadas, las bellas casas de tres ó
cuatro pisos nomas, que habitan las gentes acomodadas, los palacios de
recreo y de residencia real, y en fin toda la parte de la ciudad
destinada exclusivamente al _comfort_, donde en vez de fábricas y
almacenes no hay sino paseos, mansiones mas ó menos aristocráticas,
calles anchas, limpias y tranquilas, plazas en cuyo centro se mantienen
dentro de verjas de hierro bellísimos jardines, y todo lo que puede
revelar el buen gusto y la comodidad.

Si las fábricas y las clases trabajadoras sedentarias ocupan los
arrabales, y la sociedad elegante está agrupada al derredor ó en las
cercanías de los parques, así como en algunas grandes calles del centro,
tales como la de _Piccadilly_ y otras vecinas, el gran foco de los
negocios y la actividad comercial se encuentran en los barrios
centrales. Es recorriendo á _Oxford_ (la calle) _Regent_, el _Strand_ y
las calles mas animadas de la _City_, como _Ludgate, Cornhill,
Cheapside, etc._, que se puede admirar ese flujo y reflujo de gentes,
de coches, de mercancías y de cuanto puede causar ruido; ese hormigueo
de mendigos asquerosos frotando sus harapos con las capas suntuosas de
las damas elegantes; ese inmenso conjunto de almacenes y tiendas de
variedad y riqueza increibles; ese ruido sempiterno y complejo de mil
ecos que proceden de las voces mas heterogéneas; ese conjunto grotesco
de ventas de víveres, de órganos de Berbería, de artistas callejeros y
extravagantes, de saltimbancos brutales y adiestrados en la explotacion
de los necios, de pilluelos ladrones espiando toda ocasion de hacer su
negocio; ese ir y venir de cocheros insolentes, verdadera canalla entre
todos los bribones del mundo; ese espectáculo de oro y mugre, de
grandeza y oprobio, de orgullo y prostitucion, de hambre y egoismo, de
lujo y aniquilamiento social....

Lóndres tiene dos grandes aristocracias, á cual mas curiosa, que reinan
en todos sus barrios: la nobleza, orgullosa en extremo, pero que, no
obstante su orgullo, fundado en el nacimiento y la riqueza, tiene cierta
elevacion de ideas debida á la instruccion y á la ingerencia activa en
los negocios públicos; y la aristocracia monetaria, familia de banqueros
y especuladores de bolsa, de comerciantes, fabricantes y usureros que,
salidos de la nada, á fuerza de especulaciones laboriosas, cuando llegan
á la opulencia suelen olvidar su origen, renegar la santidad del trabajo
que les dió fortuna, y sentados sobre pilas de oro como sobre tronos
invulnerables, miran con desprecio á veces á la multitud como un
enjambre de viles insectos! Esta segunda aristocracia, la mas noble por
su origen--el trabajo,--pero la mas odiosa en parte, por su
conducta,--el egoismo y el orgullo,--es la que tiene la soberanía en el
centro de Lóndres.

¡Y qué contraste el que hacen las carrozas doradas de esos banqueros
millonarios y esos nobles opulentos, con los harapos hediondos y
ridículos de millares y millares de mendigos! Los unos salen á ostentar
su grandeza, y brillan á la luz del sol ó de las innumerables centellas
de gas que iluminan las calles, persuadidos de que la turba los admira
como semidioses. Su orgullo les hace mirar como animales á sus
semejantes que rodean la carroza, hambrientos, agotados de fatiga,
degradados por todos los vicios y luego pisoteados en las grandes calles
por los caballos que tiran la envidiada carroza. ¡Engaño miserable del
orgullo! Esa turba macilenta y enhambrecida ve pasar á los poderosos con
un sentimiento de odio profundo que los contrastes envenenan. Cada uno
de esos pobres párias de la sociedad se dice con despecho sombrío:
«Muchos de estos hombres tienen cien, doscientas, quinientas ó mas
libras esterlinas de renta _por dia_, ó cuando ménos veinte,--miéntras
que yo apénas puedo conseguir, cuando mejor me va, tres, cuatro ó seis
peníques para mantenerme con inmundicias.... Lo que uno de esos señores
gasta en uno solo de sus magníficos caballos sería bastante para
asegurar la subsistencia de toda mi familia.... Los perros de ese lord
son mas respetables y felices que yo; y la querida de ese banquero gasta
en sus guantes cada semana mucho mas de lo que mi esposa, que es
honrada, gana con sus fatigas de un año entero....»

¡Quién sabe cuántas maldiciones acompañan los suspiros del miserable
indigente que así piensa, en tanto que el noble lord medita en el
proyecto de una cacería ó en la seduccion de una jóven, ó el banquero
egoista va calculando las ventajas de su juego de bolsa!

La noche es el momento mas propicio para recibir el golpe de vista de
las calles de Lóndres en su parte mas concurrida. La luz del sol es casi
siempre triste y opaca, y solo al reflejo de la iluminacion deliciosa
que produce el gas se destacan las figuras con toda su energía y se ven
en toda su verdad los contrastes de luz, de sombra y claro-oscuro. Es
entónces que _Oxford_ y _Regent street_, el _Strand_, y todas las
grandes arterias del movimiento tienen su espléndida fisonomía que
pasma. Téngase presente que Lóndres cuenta casi tres millones de
habitantes,--que la afluencia de viajeros de todos los puntos del globo
es inmensa,--que durante la noche toda la poblacion indigente y la
obrera sale á buscar en las calles limosna ó distraccion,--que la
circulacion de coches es de 13,000 por hora, por término medio, sin
contar los millares de ómnibus y carros, cuyo conjunto asciende en la
ciudad á la enorme cifra de 80,000 vehículos de ruedas,--y por último,
que la noche favorece las transacciones de todo género y las escenas de
galantería á que da lugar la prostitucion,--y se comprenderá toda la
complicacion del cuadro inmenso que se ofrece á la vista.

Los almacenes y las tiendas, espléndidamente iluminados por el gas en el
interior y el exterior, ostentan la infinita variedad de los valores que
contienen, en términos que las muestras nomas, expuestas en las fachadas
y entre vidrieras luminosas, representan capitales ó fortunas
considerables. El oro, la plata, el cobre, el acero y todos los metales
bajo mil formas, brillan donde quiera en moles tentadoras para la
multitud,--miéntras que los diamantes, todas las piedras preciosas
conocidas y los cristales de imitacion, incrustados en una joyería de
inagotable variedad, multiplican los reflejos de la iluminacion,
dándoles á las calles no sé qué aspecto de fantasmagoría hechicera ó
prodigiosa como los cuentos de las _Mil y una noches_. Todo lo que la
industria puede producir, lo que el arte y el refinamiento son capaces
de labrar para alimentar la pasion del lujo, y cuanto es posible desear
para satisfacer todas las necesidades y todos los caprichos, se ve allí
detras de los cristales, realzado por la reproduccion de la luz y por el
bullicio de un mundo que fermenta sin cesar, mirando, comprando,
codiciando, vendiendo, agitándose en todas direcciones.

El viajero que no está habituado á esas escenas, que viene de las
soledades del Nuevo Mundo y trae nociones y recuerdos enteramente
exóticos en esa Babilonia del comercio, cree asistir á una
representacion fantástica, vivir soñando ó contemplar, al traves de los
lentes de un cosmorama, una coleccion extravagante de dibujos chinescos
ó de figuras producidas por el delirio de un artista invisible y
febricitante. Dichoso el que, trayendo formado su corazon y preparado su
espíritu á todas las sorpresas y al estudio atento de todos los
prodigios y fenómenos de la civilizacion, tiene la fuerza de resistir,
sin dejarse deslumbrar, á esa fascinacion que todo lo desconocido y lo
grande ejercen sobro las almas impresionables y sencillas!

En ninguna parte es mas extremoso el lujo que en Lóndres, ni se exageran
con mas extravagancia las modas y toda clase de invenciones. Allí falta
en general la verdadera elegancia,--la que consiste en la sencillez y el
gusto delicado,--y hasta en el modo de insinuarse las gentes de la clase
media y de las masas hay un fondo de grosería y de insolencia, no sé qué
de tosco y áspero que repele y produce disgusto. Allí faltan ese
pulimento y esa gracia que cautivan, y que son siempre el resultado de
la educacion social y de los espectáculos que le inspiran á la multitud
el gusto por el arte y la espontaneidad seductora en las maneras. Como
en Lóndres todo es frio y severo, cuando no sucio, en los edificios
públicos, el pueblo no ha podido hacerse fino ni simpático. Y como la
libertad individual no está unida á la igualdad social, sino que el
orgullo de las aristocracias ha establecido una valla profunda entre las
clases, todo el mundo, altivo con su personalidad é insociable, se cree
con derecho de ser brusco y ordinario en su porte, sin cuidarse del
efecto que produce su modo de insinuarse. Allí se considera tiempo
perdido el segundo que se gasta en saludar ó pronunciar una frase cortés
y agradable. El interes domina en todo y cada palabra tiene su precio.

Recuerdo à propósito de esto un incidente que me impresionó mucho. Una
noche, paseándome por _Regent Street_, tropecé con una mujer hermosísima
y lujosamente vestida, que me miró al pasar, como por casualidad.
Despues de dar dos ó tres pasos dejó caer un pañuelo de olan, y yo con
mis preocupaciones colombianas de consideracion hácia las señoras,
tomándola por tal, levanté el pañuelo y quitándome el sombrero para
saludarla con respeto, le presenté su perfumado batista. La contestacion
fué darme un apreton en la mano, muy significativo, y engarzar su brazo
del mio sin decir una palabra. Lleno de admiracion, la miré con
estrañeza, apartándome, para hacerle comprender que sin duda se habia
equivocado; pero sin desplegar los labios volvió á darme un apreton
capaz de magullarme el brazo, Entónces comprendí que estaba al lado de
una indigna _loreta_ y le volví la espalda con desprecio. Mas tarde supe
que esas bellas y lujosas cortesanas, que se cruzan á millares por las
calles de Lóndres, se valian siempre de artificios como el del pañuelo
para sus impudentes provocaciones.

Todas esas mujeres son como estatuas, á juzgar por su exterior. Hermosas
admirablemente, frias y calculadoras, sin gracia ninguna en su actitud,
recargadas de seda, volantes y cadenas (fruto de su degradacion), y
siempre con el ojo atento á adivinar al extranjero que pasa por delante
para atraerle con demostraciones descaradas, esas mujeres son la
ignominia mayor de Lóndres, mil veces mas despreciables que el ratero ó
el mendigo borracho á quien pisan al pasar. Feliz el viajero que,
sabiendo estimar su propia dignidad y toda la santidad y el
espiritualismo del amor, desdeña á esas mujeres,--mercancías que se
venden públicamente al mejor postor, sin pensar en el hospital que las
aguarda para el tiempo de la miseria, la fealdad y el remordimiento!

Uno de los rasgos característicos de Inglaterra es la tendencia hácia la
ostentacion aristocrática, que se manifiesta en todas las clases, y
sobre todo ¡quien lo creyera! en los mendigos y las gentes mas
miserables. En Inglaterra, y particularmente en Lóndres, el indigente
carece de la _conciencia_ de su posicion. Si hay un estado que exija
mayor dignidad ó estimacion de sí mismo para soportarlo, es el de la
pobreza. El indigente debe llevar en su exterior _la lógica de su
indigencia_, que es su dignidad. Pero eso no sucede en Lóndres, la
tierra clásica de la _librea_ y la ostentacion. El mendigo se viste como
el lord, con la casaca del conde ó baronet, del banquero ó del ministro,
con la diferencia de que los vestidos de estos son brillantes, limpios y
magníficos, miéntras que sobre los miembros del obrero enhambrecido ó
del indigente que pide limosna están asquerosos y hechos hilachas.

He visto innumerables fruteras en las calles con gorras y chales de las
señoras aristocráticas;--los limpiabotas cubiertos de oropeles y
bordados, y los salta-caños y _chimny-sweepers_ (frotadores de
chimeneas) ataviados con casacas y sombreros que en su primera época de
servicio activo cubrieron á millonarios y lores del Parlamento. ¿Por qué
esos disfraces innobles y ridículos que hacen de la escena pública un
carnaval? El espíritu aristocrático y la vanidad los explican. El lacayo
hereda los ricos vestidos del amo, ya usados;--el mercader de trapos se
los compra al lacayo cuando están viejos;--el remendon y el limpia-botas
los toman del ropavejero, ya remendados, y al fin, cuando los harapos
galonados empiezan á deshacerse de viejos é inmundos, llegan hasta donde
el mendigo ó el salta-caños, en cambio de algunos peniques. ¡Tal es la
sucesion de las clases sociales en Lóndres! Ellas descienden de lo mas
alto hasta lo mas bajo, sin que en todas las gradas de la escala falten
el orgullo, la vanidad y el espíritu de ostentacion é imitacion.

Es increible hasta dónde llega la fecunda inventiva de los vagamundos,
los caballeros de industria, grandes y pequeños, y los perezosos é
indigentes, para crearse pequeñas manipulaciones y oficios de
explotacion de los ociosos, en infinita variedad. Podrian escribirse
volúmenes enteros solo para explicar las mas conocidas de esas _pequeñas
industrias_ que ocupan á los que quieren vivir en la vagancia,
degradándose en las calles con ejercicios que son el deshonor de la
sociedad, porque presentan al sér racional como inferior al bruto. Entre
esas industrias hay una que tiene verdadera utilidad, pero que provoca
la risa por su original extravagancia: la del _hombre-aviso_. Como
Inglaterra es el país de los anuncios y los rótulos en supremo grado, no
se considera bastante hacerlos circular en los diarios y en los
cartulones de las esquinas, y así como hay _individuos-escobas_ y de
peor condicion aun, hay _hombres-avisos_. El hombre-aviso es de dos
especies: parlante ó _berreante_, y de _bulto_; el primero no tiene mas
oficio que andar por las calles dando gritos atroces, que parecen
graznidos de un ganso, cuando no berridos de un ternero, haciendo saber
al público un suceso industrial cualquiera, con la direccion del
empresario ó interesado en el asunto. El segundo es un aviso mudo: el
pobre diablo va metido entre un enorme farol de papel ó de género
blanco, iluminado durante la noche, en cuyas cuatro faces está escrito
en letras monumentales el anuncio de alguna empresa, artículo en venta ó
cualquier otro objeto; y la obligacion del portador ó esquina ambulante
es vagamundear por todo Lóndres, en absoluto silencio, mostrando su
armazon elocuente, y soliendo á veces, por via de figura oratoria,
estrellar su farol contra las narices de algun pasante distraido. El
_hombre-aviso_ gana por dia tres, cuatro ó seis peniques, cuando mejor
le va!

Si en general los saltimbancos innumerables de las calles no inspiran
sino desprecio por su desvergüenza en escamotar, y si los mil y mil
vagamundos de órgano berberisco llevan su impertinencia hasta hacer
desesperar, hay entre las muchas clases de artistas y pobres ambulantes
una que suele inspirar simpatías al viajero:--es la de los músicos.
Verdad es que muchas veces el músico de callejuela ó de plaza no es mas
que un perezoso y un vulgar rascador de violin ó de arpa, sin gracia ni
atractivo alguno; pero de tiempo en tiempo se da con bandas de
verdaderos artistas nómades que encantan y merecen aplausos y favor.

En una de mis nocturnas excursiones en Lóndres me hallé cerca de siete ú
ocho músicos italianos que daban un concierto público en una esquina de
la gran calle del _Regente_. La tropa tenia mucha popularidad, porque se
componia de proscritos Italianos de Milan, Venecia, Roma y Nápoles,
hombres de familias honradas, y que careciendo de recursos para
subsistir habian organizado una compañía filarmónica para no ser
gravosos á nadie y vivir honradamente. Como en Italia todo el mundo sabe
algo de música, y el pueblo entero es artista, fácilmente se forma con
Italianos proscritos una banda escogida.

Creo que jamas la música me habia impresionado tanto como aquella noche.
Los ocho artistas tocaban por nota deliciosamente, sobresaliendo en el
violin y la flauta, y pude saborear las admirables cavatinas y
particiones de _Norma, il Trovatore, la Traviata_ y el _Himno de
Italia_. Aquellas armonías,--los recuerdos de Colombia que me hacian
evocar,--esas caras varoniles, de barba negra y crespa, llenas de la
melancolía del proscrito y de la del artista,--el efecto de la
iluminacion sobre el inmenso grupo de espectadores, y sobre todo, la
profunda emocion con que el concierto me hacia pensar en la desventurada
y noble Italia, cuyos hijos sufrían la esclavitud, el calabozo ó la
proscripcion, sin perder nunca la esperanza de la libertad y la
independencia: todo eso contribuyó á dejar en mi alma un sentimiento de
indefinible pesar que no he olvidado nunca. Después de poner mi óbolo
humilde en él gorro de uno de los artistas proscritos, me alejé
acongojado, sintiendo que llevaba en mi oido como el eco vago de los
últimos aires del himno italiano, y orgulloso de haber nacido en el seno
de la democracia para poder ofrecer desde el fondo de mi corazon un voto
de fraternidad á los hermanos oprimidos.

Cuando volvía pensativo, en la dirección de _Hyde Park_, pasando por
entre los grupos animados de la opulenta calle de _Oxford_, me decía con
tristeza: «¿De qué sirve toda esta grandeza deslumbradora, si ella es el
testimonio de un malestar profundo consistente en las mas crueles y
dolorosas desigualdades? ¿Es esta la civilización? ¿Es este el progreso,
ó es mas bien la decadencia? ¿Esta sociedad no está en peligro inminente
de una descomposición completa? ¿Este coloso que se llama Inglaterra no
está minado por su base?» No encontrando fácil solucion á tales
problemas, y comparando á Lóndres con los pobres pueblos de Colombia me
dije luego: «Nó! la civilizacion no es el refinamiento del bien y del
mal, no es la exuberancia de prodigios, de invencíones y
descubrimientos! La civilizacion es _justicia_, es el acuerdo de la
sociedad con la naturaleza, es la armonía de los hechos humanos con el
derecho eterno y divino, es la equidad en la distribucion del
bien--herencia divina--no del mal, que es un accidente del error! Ese
heróico y hospitalario pueblo de Colombia no es una sociedad bárbara,
como la califican los afortunados en Europa, puesto que allá ninguno se
muere de hambre, la igualdad avanza dia por dia, el corazon es generoso,
la nocion de la justicia es mas general, y el desgraciado no necesita
para buscar la subsistencia de entregarse á oficios infamantes que
degradan el alma, envenenan el corazon y hacen descender la humanidad
hasta el nivel del bruto!...»

       *       *       *       *       *

Solo á los genios privilegiados es dado adquirir la nocion de la verdad
por intuicion; el comun de los hombres no conoce otra via que la de la
comparacion. Como en las cosas humanas casi todas las verdades son
relativas, porque lo absoluto en la tierra excluye la idea del progreso
indefinido, nada puede conducir el espíritu hácia la luz tanto como la
observacion de los contrastes.

Lóndres, esa mole colosal de grandeza y podredumbre, de oro y de hierro,
como de lodo y amarguras, es por excelencia la metrópoli del
romanticismo social. Allí el drama se confunde con la comedia, como el
millonario se codea con el mendigo, el dandy superficial y afeminado con
el bandido de larga experiencia en los misterios del crímen, y la
elegante y bellísima lady de esmerada cultura y candorosa pureza con la
meretriz infame que vive del inmundo comercio de la lujuria.

Pero el tiempo y el desórden en las construcciones de la gran ciudad han
confundido los escenarios del drama, de tal manera que el observador no
necesita de largas peregrinaciones al traves de los barrios desiertos
para descender al abismo de miseria y degradacion que se esconde bajo el
oropel y la ostentosa opulencia de una industria exuberante pero viciosa
en su organismo. El cuadro se ofrece allí con una pasmosa energía,
presentando á la sociedad de Lóndres como uno de esos suntuosos
palacios, entre cuyos bajos relieves, mármoles, cornisas doradas y
preciosos mosaicos se complace la brutalidad de los ociosos en trazar
caricaturas y mamarrachos con carbon, ó pegotear inmundicias de todo
género.

No tuve en 1868 tiempo para estudiar detenidamente las condiciones de la
sociedad inglesa, ni aún de Lóndres siquiera, y si pretendiese pasar por
conocedor, cien libros me servirían para ostentar el barniz del viajero
erudito. Pero mi propósito es describir mis propias impresiones, no las
ajenas, y por tanto mis pequeños cuadros solo pueden abarcar algunos
pormenores. Mas tarde debía adquirir, en un viaje completo por la Gran
Bretaña, las nociones que me faltaban. Entretanto, pintaré lo que _he
visto_, rápidamente es cierto, pero guiado por el deseo de encontrar la
verdad.

Lóndres tiene aglomeradas sus principales miserias en el inmenso barrio
de _Southwark_ comprendido entre la parte fronteriza de los _Docks de
Lóndres y Vauxháll Gardens_, con el Támesis de por medio que lo separa
de los cuarteles de _Westminsfer_, el _Strand_ y la _City_,--y ademas en
el corazon de los barrios mas activos y opulentos de la vieja ciudad. En
el primero de esos territorios de la miseria viven amontonados,
enhambrecidos y generalmente miserables, mas de novecientos mil
individuos. Allí se encuentran fábricas valiosas y en número muy
considerable, tienen su término tres grandes líneas de ferrocarriles,
hay cinco ó seis pequeños parques ó jardines públicos, vastas arterias
de comunicacion y un gran movimiento que ensordece,--no obstante que, en
lo general, esa es la peor de las inmensas porciones de poblacion que
constituyen á Lóndres.

¡Pero qué de tristes compensaciones de lo que en ese barrio interminable
revela algun bienestar! Es allí donde viven los ociosos amontonados como
brutos, harapientos, semi-proscritos como gitanos, lívidos como el
hambre que los devora, y hormigueando en las callejuelas, los sucios y
ennegrecidos patios y las cloacas, como semilleros de gusanos. Es allí
donde vagan ciento ó doscientos mil obreros sin trabajo, levantando su
triste clamoreo por do quiera, ostentando sus harapos, pidiendo limosna
á todo el mundo, aplacando el pesar con la embriaguez, y ofreciendo en
sus riñas, sus escenas de pugilato y sus mil actos de brutalidad
salvaje el espectáculo de la cólera, la degradacion y la miseria á que
la falta de trabajo, la absoluta ignorancia y los vicios de la ociosidad
los han conducido.

Pero el cuadro es muy extenso. Como una enorme serpiente que enrosca sus
anillos y se intercala por entre las hendeduras de un viejo tronco
roido, dejándose ver de trecho en trecho, pero asida á todas las
sinuosidades, la miseria oprime á Lóndres y la estrecha en todas
direcciones, asoma en todos los barrios y parece asfixiar con su aliento
y su presion horrible á la parte de la sociedad que vive en la
abundancia ó en la loca indolencia del lujo sibarita. Varias veces, al
recorrer las brillantes calles de _Oxford_ y el _Regente_, las bellas
plazas cubiertas de jardines (_squares_) ó las calles enlosadas, ámplias
y repletas de gente en actividad incesante, donde se ostentan los
tesoros del _Strand_ y de la _City_,--tesoros de arte, de elegancia, de
industria colosal y maravillosamente avanzada;--al recorrer esas calles,
repito, pensaba con tristeza que á dos pasos de allí está una raza
proscrita del bien y de la vida,--raza de mendigos y bandidos, de
prostitutas y muchachos hambrientos, de criaturas condenadas á la mas
espantosa degeneracion, que se revuelcan en el fango físico y moral,
como un sarcasmo animado que desmiente la civilizacion sofística de los
barrios vecinos.

Los barrios que sirven de asilo ó de foco principal á esa raza degradada
son los de _Saint Giles, Spitalfields, Bethnal-Green_ y _White-Chapel_;
pero no todos tienen el mismo destino ni una situacion análoga. Si
_San-Gil_ ocupa el centro mismo de Lóndres y es principalmente el barrio
de la indigencia, la inmundicia y la suprema desnudez,--_Bethnal-Green_
y _Spitalfields_ son los asientos del vicio en todas sus formas y con
toda la hediondez de la crápula infame,--en tanto que _White-Chapel_,
que recoge sus reclutas en las filas de la miseria, es la espantosa
madriguera del crímen. El ser que en _San-Gil_ es mendigo hambriento y
lastimoso, en _Bethnal-Green_ es jugador, concupiscente y ebrio, y en
_White-Chapel_ se convierte en bandido.

No pude tener ni el tiempo ni las facilidades necesarias para visitar
con _provecho_ los barrios de _Bethnal-Green, White-Chapel y
Spitalfields_, muy excéntricos y complicados pero vecinos de las
extremidades lejanas de la _City_. Hube, pues, de limitarme á _San-Gil_,
á donde es fácil penetrar por cualquiera de las grandes calles del
centro aristocrático. Y con todo, mis visitas, que no pasaron de dos,
fueron diurnas, escogiendo algunas de las callejuelas mas horribles,
como la de _Church-Lane_, tan á la vista de todo el mundo que desemboca
nada ménos que en la espléndida calle de _Oxford_ y el _Strand_.

El barrio de _San-Gil_ está enclavado, como un cangro ulcerado y fétido,
entre las magníficas vias públicas de _Picadilly_, la plaza de
_Trafalgar_, el _Strand_ y las calles de _Regent, Oxford_ y _Holborn_.
Una red inescrutable de callejuelas oscuras y estrechísimas, de patios
húmedos ó infectos, de calles tapadas ó laberintos sin salida, de cuevas
y guaridas horribles, con alguna que otra plazuela que horripila por su
mugre,--tal es la estructura exterior ú ostensible del barrio de la
muerte que se llama _San-Gil_! Dicen que aquello es aún mas espantoso
durante la noche que en el dia; y lo creo así, porque aún á la luz
nebulosa de las doce de la mañana sentí, al recorrer una parte de ese
laberinto, una impresion de angustia, de dolor y espanto que jamas habia
experimentado. Los cabellos se me erizaban, la carne me temblaba, sentia
la sangre helada y la respiracion difícil, y algo como un sudor frio,
como un vértigo de horror, me hizo, despues de dos horas de exámen la
primera vez, decirle al amigo bondadoso que me guiaba: «¡Salgamos,
salgamos de aquí, porque en esta cloaca se siente la tentacion de
blasfemar, se pierde la esperanza, la vida se esconde bajo el fango y se
adquiere una idea de la degradacion humana que abruma y trastorna la
razón....» Muchas de aquellas callejuelas se hallaban, aún á medio dia,
en una oscuridad casi completa, producida por la estrechez de las casas
y la elevacion de los muros; y muchos de los patios, los vericuetos y
las encrucijadas de aquel cementerio de cadáveres ambulantes, tenian el
frio, la fetidez y todo el aspecto de una fosa de cien cuerpos removida
por los cerdos.... Donde quiera la oscuridad, cien agujeros sombríos, la
humedad glacial, el fango pútrido, los muros negros y medrosos, los
depósitos de inmundicias, los harapos enmohecidos por la mugre flotando
delante de las troneras irregulares habilitadas con el carácter de
puertas y ventanas.... Y al pié de cada uno de esos edificios cubiertos
de ollín y de lama húmeda, una tumba subterránea! Allí no hay mas que
tumbas, porque no hay mas objetos que abrigar que enjambres de
esqueletos disecados por el hambre, la impiedad y la prostitucion!...

Como los edificios tienen cuatro, cinco ó siete pisos exteriores y las
aceras distan entre sí dos, tres ó cuatro metros, cada callejuela tiene
el aspecto de un abismo ó de una grieta enorme producida por algun
terremoto en los estratos rocallosos de una montaña caliza. Los pisos
ostensibles ó visibles se componen de una multitud de cuartos ó alcobas
de lamentable desnudez, sin aire, luz ni fuego, amontonados en desórden,
y á donde los miserables inquilinos trepan por andamios medrosos que no
merecen el nombre de escaleras. Y sinembargo, como todo en el mundo
tiene sus gradaciones, esas habitaciones, que son las de _la
aristocracia de la miseria_, parecen paraísos en comparacion de las
cloacas subterráneas que constituyen la base de cada uno de esos
palacios de la lujuria en harapos y del hambre y la intemperancia!

--¿Tiene U. valor para entrar?--me dijo mi amigo _cicerone_, mostrándome
un agujero practicado al pié del muro exterior de una casa mohosa.

--¿Entrar á dónde?--le contesté.

--Pues...al infierno! me repuso con profunda emocion.--Sí; aquí _vive_
una parte de la especie humana, de la Europa _civilizada_,--en el
corazon de Lóndres, como el enjambre de gusanos que vive en el centro de
una hermosa fruta. Vea Ud.; asómese por ese hueco, y dígame despues si
su Nuevo Mundo no vale mucho mas que esta podredumbre dorada....

En efecto, tuve valor para acercarme y ver.... Una estrecha escalera de
piedra bruta descendia de la abertura ó _puerta_, practicada al pié del
muro, al fondo de una cueva ó sótano húmedo y pestilente, sin mas luz
que la muy confusa que entraba de la calle por entre los barrotes de una
reja de hierro. El piso de esa cloaca era de tierra apénas apretada y
estaba casi todo cubierto de montones de paja sucia y empapada por la
humedad. Ningun mueble se veia en el centro, y solo en dos rincones se
destacaban las sombras de algunas esteras de tamo en forma de colchones
enrollados.

Entre uno de los montones de paja se movia un pequeño objeto
revolcándose sobre algunos harapos: un grito agudo me hizo ver que era
un niño. Muy cerca estaba sobre otro monton de tamo una vieja tullida
que pocos momentos despues se arrastró sobre las manos y las rodillas
para recoger la limosna que mi compañero le arrojó desde la escalera. En
otro rincon roncaba un hombre, con ese estertor característico del sueño
brutal de la embriaguez, tirado como un tronco negro, y á su lado se
rascaba un perro que empezó á gruñir con desconfianza al vernos aparecer
sobre la cima de la escalera. Cuando saqué la cabeza al aire ménos
infecto de la callejuela, sentí como si me hubiesen sometido á la accion
mortal de una máquina neumática....

--Oh! esto es espantoso! exclamé al respirar. No es posible que criatura
humana viva allí....

--Y sinembargo, me dijo mi compañero, U. no ha visto sino la muestra. La
cueva está vacía porque sus habitantes andan ahora por las calles
opulentas buscando la subsistencia con la mendicidad, el hurto ratero,
los mas viles _oficios_, los tratos de la prostitucion, ó los
desperdicios, huesos y cortezas que recogen en las orillas de los caños
ó en las puertas de los mercados y las tiendas de víveres. Cuando llegan
las ocho de la noche, se ve un largo cordon de miserables que vuelven
lentamente por sus oscuras callejuelas á buscar el rincon de sus
cloacas. Hombres y mujeres, ancianos y niños, adultos que pasan de la
pubertad á la vejez del cuerpo y del alma con una precocidad increible,
por la accion de los vicios y de las privaciones,--todos van entrando,
descendiendo esa escalera y aglomerándose como los insectos sobre una
charca pútrida, para pasar allí la noche, confundidos, revueltos, medio
ebrios, medio idiotas, extenuados de fatiga y hambrientos,--odiándose á
veces mútuamente,--sin conciencia de su ser,--ni nocion de Dios, ni amor
á la humanidad, ni resignacion, ni remordimiento, ni aspiraciones, ni
esperanza....

--Hebetados por la miseria (continuó diciendo mi guia), estos seres no
distinguen lo pasado de lo presente ni del porvenir, y como el bruto,
solo comprenden que existen porque tienen hambre ó sed, cansancio ó
frio, paja dura ó sueño.... El dolor no tiene para ellos ninguna
significacion moral; su espíritu ha muerto asfixiado por la inmundicia
que rodea la materia! Y apesar del hambre y del dolor físico, esos séres
que se amontonan allí sobre esa paja enmohecida por la humedad, buscan
frecuentemente los deleites asquerosos de la concupiscencia! Ahí los
sexos se confunden, y entre las 30 ó 40 personas que yacen en el fondo
de la cloaca sombría, suceden cosas que solo el ojo impasible de Dios
puede mirar sin estremecimiento, y que no tienen nombre en el
vocabulario de la civilización....

--Pero esas gentes que viven en los pisos altos ¿cómo pueden habitar tan
espantosa madriguera?--le dije á mi interlocutor.

--Ellas viven donde les conviene, me respondió,--solo que, siendo menos
miserables, pueden pagar alojamiento en las piezas altas, sin que por
eso sea su degradacion muy inferior á la de los mendigos de los
subterráneos. En esas piezas altas tienen sus puntos de reunion los
caballeros de industria subalternos; ahí duermen los limpiabotas y los
saltimbancos de menor cuantía, las fruteras de calle, los vendedores de
baratijas, los músicos de callejuela, y multitud de vagos de diversas
clases que no son literalmente mendigos; ahí esconden sus andrajos los
rateros de alguna importancia y los pillos que especulan con las
intrigas de los seductores; ahí descansan de su larga fatiga del dia,
despues de doce ó diez y seis horas de trabajo, millares de esos pobres
obreros ambulantes de pequeño salario, así como los repartidores de
diarios y sus semejantes; y por último, ahí tienen su hogar envilecido
las innumerables prostitutas y meretrices que hormiguean por las calles
de Londres, pero que, por su fealdad, su edad ú otras circunstancias, no
pertenecen sino á la _plebe de las infames_.

--Toda esta inmensa y heterogénea turba se levanta por la mañana,
entumecida y macilenta, y al sentir el ruido cercano de los coches que
circulan por las calles opulentas, recuerda que es en medio de su
bullicio donde puede encontrar las limosnas y los desperdicios de la
sociedad, ó la fácil explotación del orgullo, de los vicios ó la
credulidad de los que se tienen por dichosos. Entonces, la chusma entera
se cierne sobre Londres como una nube de cuervos, y el barrio de
_San-Gil_ queda desierto durante todo el dia....

Habíamos recorrido tres callejuelas y algunos patios y laberintos, y mi
compañero, temeroso de que nos extraviásemos sin encontrar salida, me
dijo:

--Salgamos de este país maldito. Lo que U. ha visto es suficiente,
porque todo es igual, cuando no peor.

Cuando salimos á la plaza de Trafalgar, nos parecía que en realidad
resucitábamos, ó que salíamos si no de un sepulcro, del infierno de una
pesadilla estranguladora.

       *       *       *       *       *

¿Podía Inglaterra permanecer indiferente á ese profundo malestar, cuando
la gangrena se manifestaba principalmente en el corazon de sus mas
grandes ciudades manufactureras y comerciales? No! Inglaterra es el pais
del egoísmo y del orgullo, pero esos mismos sentimientos que la
deslustran le dieron la conciencia del peligro y la fuerza de aplicarse
á conjurarlo. Ese mal crónico y profundo de la miseria y del vicio,
fruto de la ignorancia de las masas, de la desigualdad de las
condiciones sociales y de las leyes de privilegio, se palpaba y se palpa
aún con suma intensidad, no solo en Londres, sino en Liverpool,
Birmingham, Leeds, Manchester, Glasgow y otros de los grandes centros
de población y movimiento industrial. El cangro abarcaba con sus fibras
y raices todas las entrañas de la sociedad.... Se creyó posible
disolverlo con emolientes y todo el mundo se puso á la obra de la
_beneficencia_ y la _instrucción._ Noble error, en cuanto á la primera
parte de la obra. La miseria, el vicio que ella engendra, y el crimen
que se deriva del vicio, no son mas que efectos de una causa orgánica.
Si la instrucción _prepara_ á la virtud, es impotente por sí sola para
producirla: ella necesita por auxiliares la _libertad_, la _justicia y_
el _trabajo_. La beneficencia no es mas que un bálsamo: alivia ó
cálmalos dolores, pero deja subsistir el mal.

He ahí lo que ha sucedido en Inglaterra. El grito de desesperacion y
agonía lanzado por la muchedumbre extenuada, corrompida ó culpable,
despertó á los ricos ó afortunados de Inglaterra en 1847, y ese pueblo,
que en todas sus manifestaciones es grande y fuerte, pero siempre fiel á
las tradiciones y antipático á las reformas _radicales_, levantó donde
quiera templos magníficos á la beneficencia bajo todas las formas
anodinas, derramando el oro á montones para conservar su opulencia
misma. La ruda Inglaterra sintió el peligro inminente de una profunda
conmoción social, y tuvo vergüenza de su deshonor, publicado por todos
los viajeros que estudiaban á fondo la organización tradicional de la
_poderosa Albion_.

Hoy gasta Inglaterra mas de 35 milliones de pesos anualmente en solo las
atenciones _visibles_ de la beneficencia pública. Una suma tan enorme, y
sinembargo tan insuficiente ¿qué es lo que revela? Si prueba la
increíble riqueza de las clases acomodadas, revela aún mas la enormidad
de la indigencia en que viven las otras clases,--es decir, la espantosa
desigualdad con que, por la influencia secular de instituciones
viciosas, se ha podido _repartir_ el bienestar.

Despues de haber sondado el abismo de putrefaccion que se llama
_Saint-Giles_ y de haber escuchado las relaciones mas lamentables acerca
de _White-Chapel_ y los demás antros de la miseria en Londres, quise
conocer lo que los afortunados hacen para conjurar el cataclismo que
los amenaza. El contraste de los edificios es curioso. Se ven los
grandes hospitales al lado de los grandes bancos; los hospicios repletos
de gentes socorridas cerca de los almacenes repletos de mercancías, y
las escuelas primarias y de artes y oficios á pocos pasos de las
colosales fábricas. Todo eso establece el conjunto romántico de la vida
y la muerte, de la opulencia y la desventura, de la especulacion y la
caridad. Tal parece como si los capitalistas quisieran decir al
observador: «Esas casas de asilo que se tocan con nuestros bancos son
las válvulas de seguridad para nuestros tesoros; nuestros gastos de
beneficencia figuran en nuestros libros como _gastos de
conservacion;_--y cada guardián ó enfermero de esos hospicios y
hospitales, cada preceptor de una de esas _escuelas de harapientos
(Raghed--Schools)_ es un obrero que trabaja indirectamente en servicio
de nuestras especulaciones.»

Tal es el carácter de la beneficencia en Londres. Allí se gastan sumas
enormes en hospicios, casas de asilo, hospitales y escuelas gratuitas de
enseñanza elemental y de artes y oficios,--y estos establecimientos, en
general, le hacen honor á Inglaterra. Pero todo eso es impotente: el mal
sigue y el número de los indigentes aumenta sin cesar, no obstante el
oro que se gasta para oponerle una barrera. Habladles á esos poderosos
propietarios de tierras, á los altivos gobernantes, y á cuantos tienen
en sus manos la fortuna y la fuerza,--habladles de una reforma decisiva
que cambie la organizacion social para abrir campo á la regeneracion de
las masas indigentes, ó de un sistema de emigracion gratuita bien
dirigido para enviar á los demás puntos del globo los brazos que la
industria necesita con urgencia,--y os responderán negativamente.
Rechazarán la emigración por _orgullo nacional_, considerándola como
humillante para el pueblo inglés,--y resistirán la reforma radical por
_egoísmo_ personal y _orgullo_ de casta ó dé posicion social, como un
trastorno de las leyes naturales, como el advenimiento de una igualdad
absurda y disolvente.

Así, por conclusion de este capítulo, diré que he deducido de mis
rápidas observaciones en Londres una conviccion desoladora: como el mal
de la miseria es profundo, radical, inmenso, el remedio debe ser lo
mismo; y como el remedio actual, por grande y ostentoso que sea en sus
formas, es ineficaz en sustancia, la Inglaterra no tiene mas que tres
caminos posibles para salir de la situacion presente: ó una reforma
social completa y sin restriccion; ó la organizacion oficial de la
emigracion gratúita, descargándose de millones de individuos sobrantes
en su suelo, en beneficio de la poblacion del Nuevo Mundo (donde el
trabajo los rehabilitaría); ó una revolucion terrible que aniquilaría
por muchos años la opulencia de la Gran Bretaña.

       *       *       *       *       *


CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

EL TAMESIS EN LONDRES.


Los puentes, la navegacion y las márgenes del gran rio.--Las Casas del
Parlamento.--Westminster.--La Torre de Lóndres.--Los Docks del
comercio.--El Túnel,--Greenwioh; el Hospital militar--El _Leviatan_ en
obra.

Si la Inglaterra ostenta en todas sus grandes ciudades comerciales y
manufactureras la espontaneidad, la grandeza y todas las condiciones de
un pueblo positivista, vigoroso y libre, en ninguna parte se revela ella
mejor que en los objetos acumulados sobre las orillas y las ondas del
Támesis. Sus parques y jardines admirables demuestran su universalidad
de relaciones y su lujo de ostentacion, así como el Museo Británico es
el testimonio del poder que alcanza la infatigable investigacion del
viajero. La catedral gigantesca de San Pablo no es un monumento de la
arquitectura sino del orgullo de un gran pueblo. El Palacio de Cristal
es la prueba de su poder de apropiacion cosmopolita; y la Abadía de
Westminster, la Torre de Lóndres y el Palacio del Parlamento, que
dominan el Támesis, son mas bien los testimonios de la soberbia
aristocrática. Por último, la Bolsa, el Banco nacional y los monumentos
de las plazas de Lóndres revelan todo lo que hay de opulencia y de
gloria, de culto á la riqueza y al patriotismo en ésa nacion
maravillosa.

Todo eso es magnífico, y á cada uno de esos monumentos consagraré
algunas pinceladas. Pero, lo repito, donde la Inglaterra, por medio de
su metrópoli, revela mejor sus verdaderas condiciones como pueblo
comercial, marítimo y manufacturero, en proporciones colosales, es en el
Támesis. Sus _diques_ estupendos (_docks_), con vastísimos almacenes de
_depósito_; sus _puentes_ admirables tendidos en diversas formas sobre
el opulento rio; su maravilla del _Tunnel_ (lujosa inutilidad que
admira); sus millares de _vapores_, de navíos mercantes y de guerra, y
de botes costaneros ó pescadores, que cubren literalmente la superficie
del rio; sus grandes _fábricas,_ cuyas altísimas chimeneas ciernen sus
nubes de negro humo y de vapor entre las nieblas que vagan sobre las
ondas; su espléndido _Hospital_ militar de Greenwich, sin igual en el
mundo; su monstruo marino de hierro llamado _Leviatan_, y sus
innumerables _astilleros_ de construccion naval y hermosos _muelles_
sobre una y otra márgen,--todo eso le da al Támesis un aspecto de
universalidad, de grandeza y de vida que aturde al viajero y le obliga á
respetar la fuerza de ese gran pueblo que, sentado sobre un lecho de
carbon de piedra y separado del mundo entero por los mares, ha llevado á
todas las regiones su bandera, su opulencia y su audacia, y ha hecho de
su capital la metrópoli económica de la humanidad, la Babilonia
inescrutable de la civilizacion industrial.

Recorramos rápidamente las grandezas del Támesis.

La ciudad de Lóndres cuenta sobre el Támesis apenas once puentes, desde
las alturas de Chelsea hasta las cercanías de los _Diques_, donde se
ostenta el puente monumental llamado _London bridge_.

Cualquiera pensaría que esas once vías fijas de comunicacion entre las
dos grandes porciones de la ciudad son insuficientes para la enorme
poblacion sedentaria y el inmenso cúmulo de viajeros que se cruzan en
Lóndres en todas direcciones; y en efecto, aquellos puentes, sobre todo
el de _London_ que es libre; están siempre tan colmados de gentes y
vehículos de trasporte, que las comunicaciones se hacen muchas veces
casi imposibles.

Pero la libertad del Támesis es una necesidad imperiosa que se opone á
la multiplicacion de los puentes, porque es en ese rio fabulosamente
agitado y rico, donde Lóndres tiene su vida ó su corazon. Por otra
parte, las facilidades que ofrece la navegacion por medio de los vapores
y faluchos, compensan aquel inconveniente, manteniendo á lo largo y al
traves del rio una cuádruple corriente de pasajeros que hormiguean por
millares y millares por enmedio de los puentes ó bajo sus colosales
arcos.

De los once puentes de Lóndres cuatro me llamaron principalmente la
atencion por su novedad: el _London bridge_, que liga la City con el
inmenso barrio de Barmondsey, del sur;--el de _Southwark_, situado un
poco mas arriba;--el de _Waterloo_, que da sobre el Strand;--y el de
_Hungerford_, inmediatamente superior. El de _Vauxhall_, cuyo servicio
data de 1816, es un sólido y hermoso puente, pero no llama
particularmente la atencion, así como el de _Westminster_.

Esas obras son tan poderosas por su extension y el cúmulo de trabajo que
ha entrado en ellas, que los cuatro puentes nomas de _London, Waterloo,
Southwark y Vauxhall_ han costado 20 millones de pesos. El primero es de
una estructura monumental, de un atrevimiento admirable, y ofrece una
vista espléndida sobre el Támesis y gran parte de la ciudad. Fué
reconstruido en 1831, tiene 782 piés ingleses de longitud y unos 80 de
anchura; es todo de granito, compuesto de tres enormes arcos casi
horizontales de un mérito arquitectónico insuperable.

El de _Southwark_ fué terminado en 1819; es todo de hierro y su masa
gigantesca está dividida también en tres arcos de los cuales el del
centro mide un espacio de 240 piés. El de _Waterloo_ se compone de nueve
arcos, cada uno de 120 piés de diámetro, es todo de piedra, data de
1817, y costó un millon de libras esterlinas. Ese puente es un verdadero
monumento de arquitectura moderna, tiene una hermosura pintoresca, y es
en su género uno de los mejores de Europa. Por último, el puente de
_Hungerford_ es colgante ó suspendido sobre dos estribos, uno de los
cuales sirve de embarcadero muy ingenioso, descendiendo á la mitad del
Támesis por grandes graderías, y tiene un aspecto tan elegante como
singular. Como en Inglaterra el gobierno jamas es empresario de vias de
comunicacion ó cosas semejantes, el paso de los puentes no es gratúito,
excepto en el de _London_.

El espectáculo que ofrece el Támesis, bajo el aspecto de la navegacion,
es incomparable: aquello no solo impone, admira y entusiasma, sino que
aturde. Como ese rio es la vida de Lóndres y aún del comercio del mundo,
sus ondas no están aprisionadas sino por las dos altísimas hileras de
edificios, de manera que no hay muelles de mampostería para la carga y
descarga de las mercancías. El rio es libre para todo el mundo y los
cargamentos descienden sobre los botes desde las puertas y ventanas de
los almacenes que dominan el Támesis en incalculable número. En cuanto á
los pasajeros, ellos entran y salen de los vapores y los botes ó
faluchos, ya llegando hasta la orilla misma, cuando la marea lo permite,
ya pasando por una serie de viejas barcas formando puente y que terminan
en muelles de madera establecidos hácia el centro del rio.

El Támesis de por sí es un rio de muy mediano caudal, sobre todo á los
ojos del viajero que acaba de surcar en el Nuevo Mundo rios colosales
profusamente encadenados. En Lóndres el Támesis tiene la anchura média
de 250 metros, que disminuye bastante hácia Chelsea y aumenta hasta 400
abajo del Tunnel. La profundidad média es de 2 metros, que disminuye
mucho cuando las mareas se retiran, y llega hasta 7 y medio bajo el
puente de _Lóndres_ en la mas alta marea. Así, la navegacion de los
vapores y grandes buques está sujeta, en lo general, al flujo y reflujo
del mar del Norte, que recibe las ondas del Támesis.

Cuando la marea sube, se ve un interminable cordon de navíos marítimos
de todas las naciones, remontando el rio á remolque de pequeños vapores
hasta llegar á los _Diques de Lóndres_, esos almacenes colosales de
madera y piedra que guardan en su seno los tesoros del mundo comercial.
Entónces el espectáculo hace comprender el secreto de la grandeza
británica y del progreso de todos los pueblos,--la _libertad_, que hace
aglomerar sobre un solo rio millares y millares de navíos y vapores,
entre cuyos arbolajes y ennegrecidas chimeneas flotan al viento del
libre cambio las banderas cosmopolitas que distinguen sobre los mares á
todos los pueblos de la humanidad. Con cuánto placer ví agitarse sobre
un solo bergantin la bandera tricolor de mi querida pero pobre
patria!... Yo la saludé con respeto y amor, entonando en el fondo de mi
corazon un himno de gratitud á los fundadores de la independencia de mi
pais! Era una sola, entre mil banderas distintas, pero una sola me
bastaba....

Es incalculable, sin ocurrir á una laboriosa estadística, el número de
botes y faluchos de todas clases que pueblan y surcan en un incesante
hormigueo las ondas del Támesis. Que el lector que nunca ha viajado
imagine un lago en cuya superficie entera se cierne una inmensa falange
de aves acuátiles de todos colores y dimensiones para nadar en la mas
pintoresca confusion, y, prescindiendo del efecto que hacen los
arbolajes, las velas y las humeantes chimeneas de los vapores, se tendrá
una idea aproximativa del aspecto general del Támesis.

Si Lóndres tiene en su laberinto de calles un enjambre de millares de
ómnibus para el servicio de la multitud, y de pequeños coches de
alquiler, en el Támesis tiene tambien un servicio permanente de buques,
que llamaré _vapores-ómnibus_, y una nube de góndolas ó faluchos para la
travesía, que equivalen á millares de puentes flotantes. De trecho en
trecho hay muelles avanzados de madera que sirven de estaciones, y á
cada diez minutos llega de subida ó de bajada un vapor, largo, delgado y
ligero como una anguila, que lanza de su seno una multitud de pasajeros,
recoge otra, hace silbar su locomotiva y se escapa caracoleando con
maravillosa destreza por entre los estrechos intersticios que dejan los
botes y navíos que tapizan las ondas,

Las comunicaciones son tan excesivamente baratas y la regularidad de los
viajes á lo largo del río, hasta abajo de Greenwich, es tan completa,
que un paseo por el Támesis reune todas las condiciones deseables por el
pasajero negociante ó el viajero curioso. En esas rápidas
peregrinaciones todo interesa, hasta el menor objeto;--todo llama la
atencion, y el paseante va admirando, en una sucesion de sorpresas é
impresiones diferentes, cuanto contiene el Támesis de pintoresco ú
magnífico, de opulento ú singular desde la una hasta la otra extremidad
de Lóndres. Fué así como pude ver, al pasar y apénas exteriormente,
muchos suntuosos ó interesantes monumentos, ya que me faltaba tiempo
para un estudio minucioso de Lóndres, en mi primera visita.

Comenzando la peregrinación desde el pié del puente de _Battersea_,
arriba de Chelsea, para terminarla por una visita á Greenwich, hé aquí
lo que mas me llamó la atencion.

A la izquierda vi sobre la orilla destacarse los árboles del pequeño
parque en cuyo fondo se ostenta el famoso hospital de _Chelsea_,
edificio gigantesco y que, por su interior y la manera como está
servido, pasa con justicia por ser uno de los primeros hospitales del
mundo. Bajo el punto de vista del aseo, la comodidad, la extension y el
órden, no hay en Europa hospitales que puedan rivalizar con los de
Inglaterra. Tal parece como si esa nacion, ostentosa en todo, hubiese
querido alojar lujosamente aún á los inválidos y miserables acogidos á
la caridad pública.

Un poco abajo del enorme puente de Vauxhall está la penitenciaria de
_Millbank_ (_Mill_, molino,--_bank_, casa), testimonio grandioso de ese
espíritu de progreso que anima hoy á Inglaterra en favor de los sistemas
y actos humanitarios. La Gran Bretaña, la Suiza, Bélgica y Baden son los
únicos Estados de Europa que han sabido emprender la aplicacion á su
suelo del régimen penitenciario de la Union Americana, á fin de llegar á
la abolicion completa de la pena de muerte (esa grande infamia de las
sociedades feudales que deshonra la civilizacion, insultando á Dios y la
naturaleza humana), y de sostituir á la penalidad salvaje del dolor
físico y de la degradacion, la influencia de la soledad moderada que
enseña, del arrepentimiento que purifica al extraviado, y del trabajo
que fortifica su organizacion y rehabilita su alma y su nombre ante la
sociedad y ante Dios.

La penitenciaria de _Millbank_ debe quizas su nombre á la forma
singular del edificio, pues tiene la figura de una rueda horizontal de
molino _(mill)_, compuesto de un cuerpo central y sexágono que sirve de
eje y seis cuerpos separados entre sí tocando con el centro, de manera
que el todo se parece á una estrella ó una rueda de seis aspas. Segun se
me informó, la penitenciaria produce los mas benéficos resultados,
reposando en el principio de la combinacion del aislamiento con el
trabajo en comun.

Casi tocando con el antiguo puente de _Westminster_ se ostenta el famoso
edificio moderno que sirve de recinto al Parlamento británico, y detras
se destacan las dos enormes torres de la Abadía de Westminster, el
panteon consagrado a los glorias nacionales y el mas grandioso y bello
monumento de la Gran Bretaña, tanto por su arquitectura como por su
riqueza interior y su importancia histórica.

El Palacio del Parlamento, que es muy nuevo y ha reemplazado al que se
incendió en 1834, tiene una grandeza de formas que corresponde á la de
la influencia que ejercen sobre la política del mundo la elocuencia y
las leyes de los 900 representantes de la corona, la nobleza y el pueblo
de la Gran Bretaña que se reúnen allí.--La fachada es monumental,
inmensa y de proporciones góticas, que constituyen una de esas
estupendas pero desgraciadas imitaciones que la extravagante ó ecléctica
arquitectura moderna hace de las románticas é incomparables creaciones
del arte popular de la edad media. Aquella es una obra que asombra por
su magnificencia, pero que carece de la misteriosa majestad de la poesía
artística.

El interior vale mucho mas que el exterior, pues el Palacio que sirve de
Areópago á la nacion inglesa, no solo es inmenso y complicado, sino que
tiene notables riquezas de valor artístico y lujo de decoraciones. Ese
palacio es digno del pueblo inglés, aunque en mi opinion sus
legisladores debian haber sido mas modestos en tanto que hubiese en el
seno del país miserias que curar y prevenir. El lujo de las naciones es
tan culpable como el de los individuos, cuando contrasta con algun
testimonio de ignorancia ó miseria.

En el límite del opulento barrio del Strand está situado, sobre el
muelle contiguo al magnífico puente de Waterloo, el famoso palacio de
Somerset, cuya construccion fué emprendida por el fastuoso cuanto
desgraciado duque del mismo nombre, ministro de Eduardo VI, que despues
de haber gobernado altivamente á Inglaterra fué depuesto en 1549 y
decapitado en 1552. El palacio, que tiene tambien por su actual
aplicacion el nombre de «Colegio del Rey», tiene una extensa y hermosa
fachada de arquitectura complicada y mixta, y se destaca de entre las
aguas del Támesis con el doble aspecto de un palacio real suntuosísimo y
una fortaleza desarmada y elegante.

Casi inmediatamente despues del _London Bridge_, domina el rio con sus
altos muros de sencilla arquitectura el enorme edificio de la Aduana
(_Custom-House_), que es el _palacio real_ del algodon, los frutos de la
India y todo lo que producen las cinco partes del mundo. Este edificio
no es en manera alguna un monumento, pues su arquitectura no ha
consultado el _arte_, sino la solidez, la comodidad y el orden, como
conviene á un establecimiento de esa clase. Pero su interior es en
extremo interesante, por el órden admirable que reina en la distribucion
de las localidades, según su aplicacion á todas las necesidades de una
aduana.

En seguida de _Custom-House_, se alcanzan á ver, empinadas por encima de
sucios edificios y almacenes de desordenada construccion, las
complicadas torres, almenas y pequeñas fortalezas que constituyen
aglomeradas lo que se llama la _Torre de Lóndres_, que es uno de los
monumentos mas históricos de Inglaterra. De todo el conjunto de antiguos
edificios que lleva ese nombre comun y absurdo, el mas notable es el que
tiene la especial denominacion de la _Torre-Blanca_ (_the White-Tower_)
Este solo compartimiento tiene una circunferencia de 3,156 piés. El
monumento entero fue fundado en 1066 por Guillermo el Conquistador para
la defensa de Lóndres, compuesto de una gran torre central y trece
pequeñas que la rodeaban, de las cuales algunas no existen.

La Torre de Lóndres ha sido el teatro de los mas terribles dramas
políticos, mucho peores aún que los de la _Bastilla_ de París. Es en esa
gran tumba de piedra donde han terminado su carrera de prosperidades, de
glorias ó de crímenes muchos príncipes, gobernantes y poderosos. Alcázar
sombrío de la historia de un gran pueblo, esa torro es un recuerdo
permanente que después de ocho siglos de peripecias sangrientas hace
comprender, con la pasmosa elocuencia del granito histórico y
ennegrecido por el tiempo, cuan horrible es á veces la justicia de los
reyes, y cuan vanas son siempre las promesas de la ambicion y la
fortuna.

Hoy la Torre de Londres no es una fortaleza, sino apenas un museo de
guerra,--es decir, el museo de la muerte;--ó sea una lápida de la tumba
de ocho siglos de violencias, de crímenes y de gloriosas revoluciones
tambien. Una dé las torres se llama la _sangrienta_: fué en su recinto
donde tuvo lugar el horrible asesinato de los hijos de Eduardo IV, en
1488. En otra de esas torres, la llamada de _Wakefield_, fue asesinado
otro rey--Enrique VI. Nada ha sido mas común en la historia de
Inglaterra que las ejecuciones de reyes y reinas, por obra de los de la
misma familia. No sé por qué hacen los reyes tanto escándalo cuando ven
que los pueblos, imitándolos, se hacen los ejecutores. El oficio de
verdugo ha comenzado por ser aristocrático, y al fin, los pueblos lo han
repudiado dejándolo á los dictadores, los reyes, los inquisidores y los
togados, como cosa que les pertenece en propiedad.

Casi pensaba omitir en esta relación algunos pormenores relativos al
primero de los monumentos que dominan el Támesis,--la Abadía de
Westminster,--no obstante su importancia, porque me he propuesto no
describir sino lo que haya _visto_. No tuve tiempo para recorrer todo el
interior de aquella catedral de las glorias británicas, que es el
reverso de la Torre de Lóndres. El aspecto exterior es de una
magnificencia imponderable, consideradas la fachada y las torres, pues
el cuerpo del edificio es muy sencillo. La iglesia data del principio
del siglo XI, y es en ella donde tiene lugar la coronación de los
monarcas de la Gran Bretaña.

Como he dicho ántes, Westminster es el _Panteon_ de las grandes figuras
de Inglaterra, en la ciencia, la literatura, la oratoria, el gobierno,
la guerra, la marina, la poesía, las bellas artes y todo lo que puede
abrir el camino á la inmortalidad. Con todo, Westminster ha dado asilo a
notabilidades de muy dudosa ortografía, muchas de las cuales han
_pagado_ mas bien que _merecido_ el pasaporte para descansar en algunas
de las gloriosas tumbas de la venerable catedral de los muertos y de los
reyes, poblada de estatuas, bustos y obras soberbias de escultura.

Una de las mas notables de esas obras es la gran tumba de Eduardo IV,
cuajada de esculturas magníficas, y que tiene una forma singular por las
torres circulares que la encuadran. Son muy interesantes tambien las
tumbas de Eduardo el confesor, rey anglo-sajon,--de Enrique III y
Enrique V,--de la desgraciada cuanto terca María Stuart, y de Isabel, su
sobrina, su rival y verdugo,--de Jacobo I de Inglaterra,--Cárlos II,
hijo de un monarca decapitado por sentencia de su pueblo,--y de Jorje
II, que engrandeció á su patria con el apoyo de los talentos de Walpole
y el primer Pitt.

El cuerpo principal ostenta en sus naves laterales los monumentos
consagrados á los hombres de genio. Allí, en el lado del norte están las
tumbas de Pitt, Burke, Sheridan, Fox, Canning (ese gran protector de la
independencia de las Repúblicas Colombianas), de Robert Peel, el
afortunado ejecutor de la gloriosa reforma comercial que ha hecho la
fuerza y opulencia de la Gran Bretaña, y en fin, de todos los hombres de
estado mas eminentes. En una de las capillas, cerca de las tumbas
reales, están las de Buckingham (raza de favoritos y ministros, algunos
mártires de su ambicion), y de Monk, ese Judas militar de la democracia
británica.

En el lado meridional de la misma Iglesia están los sepulcros y bustos
de los escritores, poetas y artistas, desde el admirable Shakspeare
hasta los mas recientes. Son notables por su significacion los
monumentos de los famosos actores dramáticos Garrick y Kemble, soberanos
de la escena. ¡Cuán grato es encontrar bajo un mismo panteon, al lado
de las tumbas de los _soberanos_ de la tierra y de los hombres de estado
y generales victoriosos, las de los poetas y artistas, humildes hijos de
la nada, pero levantados por su genio y por la conciencia de los pueblos
a ser los monarcas de la luz, del sentimiento y de la gloria, y vivir
eternamente en la memoria de la humanidad! El pueblo inglés, aunque
preocupado por las tradiciones aristocráticas, sabe ser justo, y eleva á
sus hijos inspirados al alcázar de los reyes, para probarle al mundo que
al fin el pueblo es el verdadero rey, porque es en su seno que reside la
potencia del genio.

Los _Docks_, lo repito, son la creacion característica de Lóndres, el
monumento típico de la grandeza comercial de los Ingleses. Estudiar los
museos, los palacios, las bibliotecas y los parques de Lóndres es
detenerse ante las manifestaciones soberbias del lujo de la
civilizacion, mas aristocrática en la Gran Bretaña que en ningun otro
pais. Pero contemplar sus _Docks_, principalmente los de Lóndres y
Liverpool, es asistir al movimiento de las arterias de ese pueblo
mercantil y cosmopolita por excelencia. Allí se ve, por decirlo así,
palpitar el corazon de Inglaterra,--revelarse toda la energía, toda la
fuerza de su vitalidad,

Desde la vecindad ó el pié mismo de la Torre de Lóndres hasta muy abajo
de la vuelta de Greenwioh, es decir, hasta el fin de la isla artificial
llamada «Isla de los Perros,» las dos márgenes del Támesis están casi
literalmente cubiertas de _Docks_, complicados en inmenso laberinto, y
astilleros ó grandes canteras de construcciones navales, Primero se
encuentran los de _Santa Catarina_ contiguos á la Torre de Lóndres; poco
mas abajo siguen los llamados particularmente _London Docks_, de una
magnificencia admirable; descendiendo algunas millas aun, en el vértice
de la «Isla de los Perros,» se encuentran los enormes diques «de las
Indias Orientales.» El resto de la isla se puede decir que es un solo
dique dividido en innumerables compartimientos ó cavidades.

Ademas, en la vasta porcion de Lóndres que se extiende al frente de la
City, del lado sur del Támesis, hay en la especie de península de
Rotherhithe una multitud de grandes diques de no menor importancia que
los de la banda setentrional. Es á esos depósitos universales á donde
llegan las mercancías de todo el mundo en los navíos que remontan el
Támesis, y á donde afluyen los productos de las fábricas y minas
inglesas para ser embarcados á bordo de esos mismos navíos y enviados á
todos los puertos marítimos del globo. Así, cerca de cada grupo de
_Docks_, hay una grande estacion de ferrocarriles, y por lo mismo la
comunicacion marítima y fluvial está íntimamente ligada á la terrestre,
consultándose ante todo la economía y la rapidez de las operaciones
comerciales.

No me fué posible examinar de cerca otros _Docks_ que los de
_Santa-Catarina_ y _Lóndres_, ni tenia precision de visitar los demas,
puesto que aquellos son los mas completos, aunque los de _las Indias
Orientales_ son los mas considerables.

El _Dock_ tiene por base la márgen del Támesis, cuyas aguas lo alimentan
constantemente y le facilitan la entrada y la salida de los buques en
los momentos en que las mareas suben. El _Dock_ se compone de una
inmensa alberca de mampostería, muy profunda y dividida mas ó ménos
regularmente en compartimientos que se comunican ó incomunican, segun
que se abren ó cierran, por medio de máquinas, las enormes compuertas de
hierro y madera. Estas funcionan estableciendo entre dique y dique el
nivel de las aguas interiores estancadas, con el de las exteriores del
Támesis, y un ancho canal de mampostería, que mide la cala de los
navíos, les da entrada ó salida con la mayor facilidad y en pocos
minutos.

El laberinto de albercas ó diques penetra al corazon de la ciudad por en
médio de vastos muelles planos y altísimos edificios, y de este modo se
produce el extraño fenómeno de una ciudad flotante compuesta de navíos
de todos tamaños metida literalmente en el seno de la ciudad de piedra y
ladrillo que se llama Lóndres. Los buques entran allí con tres objetos,
pagando un moderadísimo derecho: 1º descargar sus valores en los
vastísimos almacenes de depósito; 2º carenarse y ponerse á cubierto de
todo accidente que pueda sobrevenirles en la mitad del Támesis, evitando
embarazar la navegacion; y 3º buscar en los mismos depósitos (_stocks_)
la carga de retorno que necesitan.

De todo eso resulta que los _Docks_ están siempre colmados por
centenares y aún millares de navíos de todo porte cuyo conjunto ofrece
el espectáculo mas admirable. Una infinita red de cascos, arbolajes en
interminable bosque, banderas de todas las naciones, etc., etc., se
extiende por todo el laberinto de diques, cuyo aspecto es al mismo
tiempo sombrío y pintoresco en alto grado. Al derredor, sobre los
muelles, se destacan las alas de inmensos almacenes, provistos de
sótanos ó subterráneos para los vinos y otros muchos artículos, y es
allí donde se depositan todos los valores que el comercio de Lóndres
hace girar por medio del Támesis.

¡Y qué movimiento el que reina en aquel escenario de la industria! Aquí,
los grupos de marineros se destacan sobre los altos puentes ó las vergas
de sus navíos, llamando la atencion por sus vestidos, dialectos y tipos
diferentes, que corresponden á todas las regiones; y en medio de esos
grupos circulan millares y millares de obreros, unos trabajando en la
carga y descarga y la conduccion de los efectos, y otros ocupados en
obras de carpintería ó en la carena de los buques. Allá se agitan los
negociantes y corredores en mil especulaciones de simple crédito, ó de
compra-venta, cuando no en el exámen de las mercancías; y todo es
actividad, trabajo, movimiento incesante en aquella Babilonia de gentes,
buques y mercancías.

El _Dock_ no es solo un establecimiento comercial y creado para el
servicio de la navegacion: es tambien un elemento poderosísimo de
crédito. Desde el instante en que la mercancía entra al _depósito_ en el
_Dock_, queda avaluada por peritos, asegurada y bajo la responsabilidad
de los empresarios del mismo _Dock_. El propietario de la mercancía
recibe un documento (_warrant_) que acredita su propiedad, con expresion
de la cantidad, calidad, valor, etc., y debe pagar un derecho de
depósito. Con ese documento puede ir á cualquier banco, si no quiere ó
no puede vender la mercancía, y obtener, obligándola en garantía, todos
los fondos equivalentes que necesita para sus especulaciones; sin
perjuicio de poderla enagenar luego á mejor precio, quedando la deuda á
cargo del comprador. Es incalculable el bien que semejante institucion
hace al comercio y la industria, multiplicando los capitales y las
transacciones por medio del crédito.

Los _Docks_ «de las Indias Orientales» son enormes. Es allí donde se
acumula esa famosa _escuadra pacífica_, si se me permite la expresion,
compuesta de millares de navíos de grandes dimensiones, que alimentan el
comercio entre Inglaterra y las regiones del Indostan y la China que han
sido explotadas hasta ahora por la compañía de las Indias. Contemplando
aún de léjos el bosque colosal de mástiles de aquellos buques nomas,
puede tenerse una idea de la opulencia de esa compañía y de la magnitud
de sus especulaciones.

       *       *       *       *       *

Al frente de los _Docks de Lóndres_ está el famoso puente subterráneo
llamado el _Tunnel_, obra audaz y grandiosa de un ingeniero frances,
Brunel, que fué construido con el objeto de establecer la comunicacion
entre las dos márgenes del rio. Como los barrios fronterizos son muy
activos, contando centenares de miles de obreros, y no era posible echar
un puente sobre el Támesis sin impedir la navegacion á los grandes
buques, se ocurrió al puente subterráneo. Desgraciadamente ha sido
inútil para la comunicacion, por causas locales, y despues de tan
prodigiosos esfuerzos y de gastar en la obra 3,070,000 libras
esterlinas, ha quedado reducida al carácter de _curiosidad_ ó monumento
de la audacia del genio y de la grandeza industrial de Inglaterra.

El _Tunnel_ es una cavidad practicada bajo las aguas del Támesis,
separada apénas por una capa de tierra de 15 piés de espesor. La bóveda
se compone de dos galerías paralelas, de muchísimas arcadas, con una
longitud de 1,300 piés, y se desciende á las extremidades
perpendicularmente, del nivel de las calles de Lóndres, por medio de
enormes escaleras de caracol. Una de las galerías ha sido destinada á
tiendas de curiosidades, mercerías, cosmoramas, etc., que producen el
mas curioso contraste con la sombría majestad de la bóveda iluminada por
el gas. Aquello es curioso y admira mucho, pero el viajero que visita
semejante monumento no puede explicarse cómo un pueblo tan práctico y
previsor como el inglés pudo acoger la idea de una empresa tan absurda
bajo el aspecto industrial como fabulosa bajo el de la ciencia y la
tenacidad.

       *       *       *       *       *

A unos diez kilómetros del puente de _Lóndres_, sobre la márgen del
Támesis, se encuentra la pequeña pero muy visitada y graciosa ciudad de
Greenwich, interesante por diversos motivos. Desde la terraza del muelle
y los edificios vecinos se goza de una vista admirable, pues no solo se
alcanza á ver una inmensa porcion del Este de Lóndres y se domina el
curso del Támesis en algunas millas, sino que se admira al frente la
selva de mástiles que se destaca de todos los _Docks_ en la Isla de los
Perros.

Greenwich cuenta unas 8,800 casas de habitacion con cerca de 30,500
almas: y como tiene un magnífico parque dependiente del antiguo palacio
real y varias curiosidades, contando con un ferrocarril hácia Lóndres,
que pasa todo por debajo de arcadas, y el servicio permanente de los
vapores, los habitantes de la metrópoli han hecho de esa pequeña ciudad
uno de sus paseos favoritos, así como de Windsor y Richemond. El parque
de Greenwich es el _Saint-Cloud_ de los vecinos de Lóndres.

En el fondo de ese hermoso parque se levanta el famoso observatorio
astronómico, cuya cúpula tiene unos 250 piés de elevacion sobre el nivel
del Támesis. El edificio contiene una riquísima coleccion de
instrumentos y trabajos de astronomía y marina, y aunque los Ingleses se
sirven con frecuencia del meridiano establecido sobre la catedral de
San Pablo, el de Greenwich no ha perdido nunca su importancia
científica. Ese monumento, que ha servido al mundo entero, fué fundado
por Cárlos II y terminado en 1675.

El vasto edificio principal del famoso Hospital de inválidos de la
marina, fué en su principio un palacio de residencia real creado por
Enrique VI.--Cárlos II lo reconstruyó mucho mas tarde, y al fin
Guillermo III lo convirtió en Hospital de la marina británica, en 1705.
El palacio tiene la majestad del tamaño y de la sencillez, pero es de
una arquitectura pasada y fría, sin ningun mérito artístico notable en
su exterior.

Todo el Hospital se compone de varios grandes cuerpos enteramente
separados por anchas calles, y reinan en todo su conjunto y sus detalles
el órden mas admirable, el aseo, la comodidad y la dignidad. Habia unos
3,000 inválidos cuando visité el establecimiento, y se me informó que
ademas de esos, que son internos, muchos millares de externos recibian
pensiones y servicios del Hospital.

Visité detenidamente la capilla, el museo, el refectorio, las cocinas y
despensas y tres de los dormitorios en los dos grandes edificios
principales, y en todos esos sitios recogí las mas gratas impresiones.
La capilla, espaciosa, seria y sencilla como todos los templos de los
protestantes, no contiene cuadro ni adorno alguno. Como allí no se
reunen los hombres sino para leer la Biblia, orar y ensalzar á Dios, sin
confundirlo con el hombre bajo forma alguna, ni rodearle de ídolos
rivales, la ausencia de imágenes y _santos_ y de todo lujo ú adornos, es
absoluta. Nada me parece tan digno de la religion como esa soberanía
exclusiva acordada en el templo á la idea de Dios y al Evangelio,--tan
distante de la impiedad que esteriliza el alma, como de la idolatría
miserable que la degrada, haciéndola caer en un paganismo contrahecho,
que no tiene siquiera la poesía y la espontaneidad del paganismo griego
y romano.

El Museo de los inválidos es en cierto modo la hoja de servicios de la
marina británica,--orgullo y gloria de los viejos marinos llenos de
cicatrices. Cada cual en el mundo tiene su punto de vista especial;
así, no es extraño que, miéntras un inválido erudito me explicaba con
todo el entusiasmo posible lo mismo que cada día explica á todos los
viajeros curiosos, considerando como semi-dioses á los personajes mas
históricos, yo maldecia interiormente el genio destructor de esos
gloriosos filibusteros á quienes las naciones llaman almirantes cuando
les dan el encargo de ir á ensangrentar los mares con sus atroces
combates, no contentos los gobiernos con ensangrentar la tierra. Digan
lo que quieran los señores marinos, para mí no será nunca Nelson otra
cosa que un heróico y sublime devastador del Océano, como Drake un gran
pirata, y Napoleon el Atila de la Europa, matador de la libertad.

Aunque los Ingleses no se pican mucho de fuertes en las bellas artes ni
de selectos en sus colecciones de cuadros en los museos públicos, el
museo del Hospital contiene algunas cosas buenas. No faltan allí frescos
de mérito real, y algunos cuadros (entre los muchos de combates navales
históricos para Inglaterra, ó de retratos de famosos marinos) de
indisputable valor artístico. De resto, el salon contiene muchas
reliquias, modelos de navíos, armas, instrumentos náuticos y todo lo
que, interesando á la marina de guerra, se refiere á los hechos
históricos mas notables.

El refectorio, las cocinas y las despensas del Hospital admiran por el
órden con que todas las operaciones están arregladas para consultar la
higiene, comodidad y economía del establecimiento. Las cocinas sobre
todo, servidas apénas por unos pocos brazos perfectamente, brillan por
el esmalte de sus hornillas y su menaje, con limpieza incomparable. El
vapor y las máquinas lo hacen todo, y allí se confeccionan las comidas
como se hacen en una fábrica cualesquiera manufacturas. Todo es regular
como lo exige la accion mecánica del hierro agitado por el vapor, y todo
conduce allí á hacer bendecir los progresos de una ciencia que atiende
con maternal solicitud á todas las necesidades del hombre.

Si los inválidos tienen en Greenwich una admirable vista, paseos
hermosos, su templo, su museo, refectorio y todo su menaje comun
inmejorable, no es ménos cómoda y feliz la situacion particular de cada
uno en los extensos dormitorios ó alojamientos. Puede decirse que cada
cual tiene su casa propia, así como tienen sus buenos vestidos
confortables y característicos.

Los dormitorios son anchas y extensas galerías situadas en pisos altos,
con mucha luz, aire puro y libre, y una soberbia vista desde las
ventanas. A cada lado de la galería hay una fila de alcobas
independientes, cada una con su puerta sobre el centro del salon, y
habitada exclusivamente por un inválido, con todo su menaje particular.
Algunos trabajan espontáneamente en fabricar curiosidades de mano que
venden á los visitantes de la ciudad; pero todos gozan de las ventajas
de la comunidad y del aislamiento al mismo tiempo, y son tan dichosos
cuanto su situacion física se lo permite. Ellos, como ancianos é
inútiles, viven de recuerdos, y si alguna vez interrumpen su apacible
calma es entusiasmados por sus propias narraciones de combates navales.

No es de extrañarse que la Inglaterra sea poderosa en los mares, puesto
que, ya que lanza á sus hijos á morir ó vivir como proscritos en las
soledades del Océano, les ofrece asilo para la vejez, cuando cansados de
matar y llenos de cicatrices ó mutilados horriblemente, necesitan
reposar la frente azotada durante muchos años por los huracanes y las
trombas marinas.

Muy cerca del muelle de Greenwich estaba anclado el enorme coloso
marítimo llamado _Leviatan_, la mas soberbia y la mas errada ostentacion
del orgullo inglés, como soberano de los mares. Habia olvidado proveerme
de un billete de entrada, y por eso no pude ver el monstruo sino
exteriormente, todavía en construccion en el interior, y por lo mismo
muy incompleto.

Muchas descripciones del _Leviatan_ han circulado en la prensa del
mundo, y no las repetiré aquí, tanto mas cuanto que no quiero hablar
sino de lo que veo. La impresion que me produjo aquel gigante fué la del
asombro, y la admiracion hácia el poder de asociacion y de industria de
los Ingleses, capaces de emprenderlo todo y de realizar todo lo que
emprenden. El _Leviatan_, no siendo mas que un buque mercante ó de
trasporte, es tan gigantesco que costó mas de cinco millones de pesos.
Baste decir, como término de comparacion, que al lado del _Leviatan_ se
veía como un pigmeo un enorme navío de tres puentes, de primer órden,
anclado allí constantemente y que sirve de hospital para los marinos
extranjeros. Al pasar por el pié del gigante de hierro (que respira por
siete enormes chimeneas) yendo á bordo de uno de los vapores ordinarios
del Támesis, veia las gentes que estaban sobre el último puente del
_Leviatan_ como se ven sobre la alta eminencia de una catedral los
campaneros repicando. Uno de esos vapores del Támesis pasa por junto al
_Leviatan_ como una inquieta hormiga por el pié de un elefante inmoble y
adormecido. Tal es la proporcion.

Sinembargo, temo que ese navío se reduzca á ser en los mares lo que el
_Tunnel_ en la tierra: un monumento de fuerza y perseverancia, tal vez
inútil por su excesiva grandeza, aunque siempre glorioso.

       *       *       *       *       *


CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

JARDINES Y MONUMENTOS.


El Jardín Botánico;--el Zoológico.--El Coliseo,--El Museo
Británico.--San-Pablo.

Si Lóndres tiene poquísimos monumentos antiguos ó modernos que merezcan
la atencion por los tesoros de su arquitectura, cuenta algunos
establecimientos que son verdaderas maravillas de la civilizacion
moderna. Entre estos ocupan un lugar eminente los jardines científicos.
Lóndres, el país de la niebla y la tristeza, es sinembargo la ciudad
clásica de los espléndidos jardines artificiales. En ellos se revelan no
solo el gusto y la sencillez encantadora que imita la naturaleza, sino
tambien la opulencia y la universalidad de relaciones de Inglaterra.

Es proverbial la habilidad de los Holandeses en horticultura. Es en
medio de sus lagunas marítimas que ha nacido el gusto por los estudios y
refinamientos de ese arte encantador, y es la Holanda, sin disputa, la
que ha hecho adelantar mas ese género de agricultura. Francia,
Inglaterra, Bélgica y Rusia, han sido las mas felices imitadoras; y
sinembargo, los jardines zoológico-botánicos de Amsterdan y Amberes son
mas recientes que el de Paris, sin cederle por eso en mérito. Si Paris y
las dos ciudades belga y holandesa que he citado, y Berlin y San
Petersburgo, han avanzado tanto en sus museos de historía natural y
botánica, Inglaterra puede gloriarse de no tener rivales todavía por sus
jardines de Londres, que son tan perfectos cuanto el estado de la
ciencia y de los viajes y el arte lo permiten.

Los jardines privados de Londres en las casas aristocráticas son
numerosísimos y espléndidos. Y fuera de Lóndres, en Richemond, Windsor y
otros lugares pintorescos tienen una magnificencia afamada. No hablaré
sino de los que conocí personalmente,--el _Zoológico y_ el _Botánico,_
que ocupan el parque vastísimo del _Regente_ en el Oeste de Lóndres.

A primera vista, al penetrar en esos inmensos museos _vivientes_ de
historia natural y de botánica, se comprende que aquella es la obra del
espíritu industrial, fruto de la libre iniciativa y de la expansión que
es propia de los pueblos que gozan de instituciones liberales. Como la
autoridad no figura como empresaria en ningún establecimiento de
carácter Industrial, ó aunque sea complejo, el órden, la economía
ilustrada, la grandeza y la perfeccion se ostentan en cada objeto que el
viajero contempla. El interés individual hace maravillas donde quiera, y
sus obras en Inglaterra contrastan con la incuria y el desarreglo de las
análogas que en otros paises dependen exclusivamente de la autoridad. En
esa misión de iniciativa ó de poder de la opinión todo es grande, todo
refleja la fuerza de un pueblo colosal, perseverante y puntilloso.
Penetremos en los jardines científicos de Londres y hallaremos un
espectáculo digno dé admiración.

En la época en que los visité el invierno apénas concluia; la vegetación
al aire libre estaba muerta, y faltaban por lo mismo todos los encantos
del bosque y el jardín; que dependen de la naturaleza. Pero en
compensacion, el arte maravilloso, la abundancia de objetos en el
escenario y los mil grupos de pequeños arbustos melancólicos de hojas
persistentes, ó de plantas acuáticas, hacían un juego muy interesante.
El parque del _Regente_ tiene como unos 80 acres de superficie, y está
surcado en toda su extension por un ancho y hermoso lago y canales de
navegacion é irrigacion, cuyas aguas alimentan las fuentes, los
estanques, los arroyos y todos los receptáculos que las conservan para
los animales y la vegetacion. Dividido en tres partes, la una es
propiamente un pequeño y hermoso parque sombreado por árboles seculares
y magníficos; las otras dos contienen separadamente el jardín
_Zoológico_ y el _Botánico_.

En el segundo se encuentra, durante la primavera, la mas variada y
completa coleccion de plantas raras, representantes de la vegetacion del
mundo entero. Allí nada hay de ménos ni de mas; todo lo que es vulgar
está desechado, y en vez de la inútil profusion de árboles ó plantas de
un solo género, cada familia, cada especie y cada género están
representados por las mas hermosas muestras, en corto número y con un
órden perfecto de clasificacion. El visitante puede hacer un verdadero
estudio de la botánica cosmopolita, siguiendo paso á paso los grupos
científicamente preparados al aire libre ó en invernáculos,--dentro de
las aguas de los estanques pintorescos de agua dulce ó marina,--ó sobre
los emparrados, enrejados y techos que les dan protección á las lianas,
enredaderas parásitas y plantas trepadoras de todo género.

La falta de abundante vegetación exterior, que era efecto de las nieves
del invierno, me hizo buscar de preferencia los invernáculos de cristal.
Esos palacios de Flora, construidos por el hombre para dar abrigo y
calor á la naturaleza, son verdaderamente espléndidos. Allí cada planta,
la palmera colosal, como la humilde violeta japonesa, vive lujosamente,
con toda la frescura, la belleza, el brillo, el perfume y los tesoros
que les dan el sol, las brisas y el rocío en los climas ardientes ó
templados á que pertenecen. La arquitectura grandiosa de los
invernáculos, y las condiciones que cada uno tiene, según el grupo de
plantas que abriga, para darles el grado de luz, calor, libertad,
humedad y tierra especial que necesitan, favorecen maravillosamente el
crecimiento, la nutrición fecunda, la reproducción y la conservación de
todas las especies interesantes.

Bajo las bóvedas tibias y perfumadas de los invernáculos, el visitante
asiste á un espectáculo encantador de magnificencia y contrastes. Yo
recorria allí todas las regiones de la tierra, en cuanto á su
vegetacion, con solo trasladarme sucesivamente de un invernáculo á otro.
Admiraba la flora europea de todas las latitudes, educada en cierto modo
por la civilizacion, embellecida con el arte, en cuanto este puede
embellecer la naturaleza. Adivinaba los desiertos de África, retostados
por un sol ardiente que mantiene la, vegetacion como febricitante en su
lecho de arena calcinada,--y asistia á las escenas suntuosas de las
selvas y montañas asiáticas, donde todo es exuberante y voluptuoso, por
el tamaño, los colores, los perfumes, las formas y el crecimiento de las
plantas, como de los animales; donde todo maravilla y aturde,--dando la
idea de un mundo semi-bárbaro, inmenso, cuya grandeza provoca la codicia
de los pueblos gastados y empobrecidos por el tiempo en Occidente.

Pero nada llenaba tanto mi espíritu y mi corazon como la vista de los
grupos de plantas colombianas. Allí se alza la palmera cerosa do los
Andes, que vive azotada por los huracanes de los páramos, como la que
mora en los valles ardientes y produce el marfil vegetal ú otras
materias. Lo mismo el arbusto crespo, oscuro y melancólico de las
alturas pobladas por los líquenes, que el árbol aromático y gentil de
las faldas y planicies intermedias, ó la liana estupenda y la planta
enana de hoja monstruosa, que crecen en la humedad y la espesura sombría
de las selvas, en las márgenes ardientes de los grandes rios. Yo creia
vivir en Colombia, respirar su aire vigoroso, contemplar su cielo
espléndido, calentarme con su fuego, ó levantarme sobre sus cordilleras
empinadas, devorar sus frutas deliciosas y embriagarme con los perfumes
de ese mundo de luz, de fuerza y majestad natural que habia dejado del
otro lado del Océano.

En presencia de esos portentos de la ciencia, del arte y del comercio y
los viajes, y agitado por tan profundas impresiones, sentí duplicarse mi
fe en el progreso infinito y fortalecerse mi creencia en la mancomunidad
de todos los pueblos en la obra inmensa de la civilizacion. ¿Para qué
ese lujo de plantas de todo el globo en prodigiosa variedad? ¿Qué
significa esa asamblea universal de verdura, de perfumes, de colores, de
formas singulares, de familias de la vegetacion de todas las regiones?
¿Es solo en servicio de la ciencia y la industria que el viajero
naturalista recoge del uno al otro polo los matices vivientes del manto
con que la naturaleza cubre el seno de la tierra? No! Cada familia y
cada especie, cada grupo de la Flora representa allí la unidad, la
armonía, la vida progresiva y la fecundidad de la creacion, concurriendo
al servicio de la humanidad, segun el destino que el clima le da á cada
uno de los objetos que la inteligencia humana puede aprovechar.

Esa centralizacion ó reunion de todas las plantas, sublime asamblea
cosmopolita, es la imagen de la unidad en la civilizacion, de la gran
mancomunidad de derechos, mision é intereses que liga á todas las razas,
las naciones y las generaciones que figuran en el movimiento de la
humanidad.

Los pueblos son como las plantas: miradas aisladamente, los rasgos
característicos asoman, los contrastes son vigorosos, el antagonismo
aparente es sensible; pero consideradas en los invernáculos, en un
grandioso conjunto que las reune sin confundirlas, aparece patentemente
la suprema armonía que las enlaza á todas y les da la perfeccion de la
hermosura y la grandeza.

El jardin _Zoológico_ tiene el triple ínteres del arte en la
distribucion, la hermosura vegetal y el movimiento animal que revela la
vida de las innumerables familias sometidas al poder ó al servicio del
hombre. La concurrencia de visitantes es siempre muy considerable, y los
grupos movibles y variados a que ella da lugar aumentan el ínteres de la
escena. No pretendo hacer una descripcion completa de aquellos jardines,
cosa imposible para el que apenas ha podido recorrerlos durante algunas
horas. Así, solo indicaré algo de lo que fijó mas mi atencion.

La coleccion en todo su conjunto es inmensa y de una maravillosa
variedad, conteniendo solo dos ó tres individuos de cada especie y
género para no complicar el estudio que puede hacerse de todas las
familias. El órden reina en todas partes, consultando simultáneamente
las exigencias de la nomenclatura científica y los hábitos y condiciones
de las especies.

Aquí se halla el visitante en presencia de los animales feroces,
debidamente clasificados; mas allá admira los grandes rumiantes de
primer órden; acá una familia, allí otra por grupos homogéneos, y en
circos, chozas, jaulas y alojamientos especiales; de manera que, con el
auxilio de los rótulos claros y precisos y del severo arreglo que
preside á todo, se puede seguir un curso de zoología en todos sus ramos,
superficial, es cierto, cuando no se tienen los conocimientos
necesarios, pero bastante para darle á un observador que no conoce la
ciencia una idea general de las formas, la manera de alimentacion,
crecimiento, reproduccion, etc., de cada animal, y de las costumbres,
necesidades y destino que, segun su clima, su talla, configuracion, piel
y demas circunstancias, les ha asignado la previsora y admirable
naturaleza á todas sus criaturas susceptibles de movimiento espontáneo.

No hay duda que la admirable coleccion de fieras, de mamíferos de todas
clases, ofensivos ó inofensivos, de rumiantes, monos, etc., etc., es
maravillosa, y que el visitante goza mucho admirando las corpulentas
girafas de ojo melancólico; los elefantes, hipopótamos y rinocerontes
monstruosos; el enorme tigre de Bengala, de fisonomía traidora; el
grande oso blanco del norte en eterna agitacion; el leon de Numidia, de
mirada indiferente y sombría; el triste orang-utang, caricatura de
hombre degradado, que parece afligirse de su inferioridad y su mudez; el
curioso bizonte; el corpulento búfalo crinado; la linda y esquiva zebra,
y tantos otros animales en extremo interesantes y curiosos. Todos esos
grupos llaman la atencion por su ferocidad, ó su inteligencia, ó su
corpulencia, ó Sus particularidades. Pero lo mas acabado y bello en el
jardin Zoológico, ó al menos lo que mas interesó mi curiosidad, fué la
inmensa variedad ornitológica,--el pequeño palacio de los peces y
animales marinos y la coleccion de los reptiles. Es talvez en esas
grandes familias, hijas del viento, de las aguas y de las grietas
sombrías, donde mejor se revela todo lo que la ciencia y los viajes han
podido avanzar, y todo el poder de domesticacion que el hombre es capaz
de ejercer sobre el reino animal entero.

Al pasar por delante de las vastas pajareras al aire libre, que son los
palacios enrejados de innumerables lindísimas aves, un torrente de las
mas variadas armonías se difunde en el viento, formando el concierto mas
encantador. Allí todo es movimiento, alegría, canto inagotable, como si
los millones de voces de la creacion tuvieran sus ecos en el seno de las
lucientes jaulas. Los mas bellos y distintos colores, las mas
inesperadas combinaciones de formas y matices en increible asociacion,
atraen las miradas del visitante, haciéndole tener por momentos la
ilusion de que un artista caprichoso en extremo es el que ha pintado
esos millares de alas, cabezas, picos y colas donde el oro, la
esmeralda, el rubí, el lápiz-lázuli y cien tintas primorosas alternan y
se combinan para hacer brillar el plumaje del inquieto pájaro.

En el gran salon de bóveda de cristal y temperatura cálida, que cubre á
los pájaros parlantes y silbadores mas ruidosos, la armonía se pierde en
el confuso eco del inmenso ruido que hace la gran familia de los
papagayos multicoloros. Algo como la locura de una orgía ó el estrépito
de un claustro de colegiales aturde en ese santuario alegre de los gayos
turpiales, mirlos; toches, pericos, loros, guacamayos y demas análogos,
que forman con sus plumajes pintorescos una interminable y movible
sucesion de arcos iris, de sombras y luz, y tienen una gran sonata de
mil flautas y flajolés en desacuerdo. Aquello hace reír, divierte,
aturde y enloquece, como un remedo de la algarabía humana en un mercado
público,

Sobre grandes grupos de rocas (cerca de los estanques donde nadan los
anfibios mamíferos ó los ánades innumerables, entre preciosas plantas)
alzan las cabezas, admirados unos, escrutadores otros, indiferentes
aquellos ó desconfiados los mas, los buitres, los condores gigantescos
de los Andes, las águilas de los Alpes y todas las demas aves de presa.
Al ver á esas soberanas del viento reducidas á la esclavitud, me parecia
asistir al espectáculo del orgullo humano sometido y vejado. El águila
parece haber depuesto la altivez de sus dias de libertad, y su ojo se
fija en el cíelo y en los perfiles de las rocas artificiales; con la
codicia del que condenado á ver de cerca un tesoro no puede alcanzarlo
jamas.

Confieso que sentí despecho y tristeza al contemplar el palacio de los
cuadrumanos. ¿Qué cosa es un mono sino un remedo, una caricatura de este
mono sublimo que se llama el hombre? Todo el espíritu de imitacion y
ostentacion, la vanidad, la inquietud, la curiosidad insaciable y otras
_cualidades_ parecidas que tiene el hombre, son el distintivo del
mono;--prescindiendo de ciertas tentaciones traviesas y malignas en que
los monos no nos llevan mucha ventaja a los animales parlantes de
espíritu inmortal. A veces pienso que Dios, al crear en el mono nuestra
caricatura, haciendo eternamente muecas, ha querido ofrecernos el espejo
del ridículo á que conducen las vanidades de la vida. Y bajo este
aspecto, no hay duda que el mono es un preceptor muy importante; solo
que, como sucede siempre, los discípulos no hacemos caso de la leccion y
nos burlamos del maestro en caricatura.

La galería de los reptiles no es ménos abundante y curiosa que las
mencionadas; y lo que mas llama la atencion allí es el estado de
mansedumbre á que llegan entre sus lechos de arena y celosías de
alambres y cristal esos terribles envenenadores del desierto, condenados
á arrastrarse, por el pecado original de la serpiente corruptora de Eva
y su compañero. Muy resentida debe de haber quedado la familia de la
corruptora, puesto que sus interesantes miembros no desperdician la
oportunidad de hincarle el colmillo á cualquier descendiente de la
crédula Eva, que no sea domesticador de profesion. ¡Qué profesión! Lo
mismo valdría vivir domesticando un fraile mejicano, un guerrillero de
ley ó un recaudador de peajes. Y sinembargo.... ¡lo que es el
hombre!... las serpientes se aplacan, y aquellos no se domestican
nunca!

Es cosa averiguada que la serpiente es inofensiva durante una larga
parte de cado año, en que reposa y duerme, y que su agresion requiere
casi siempre alguna provocacion, y obedece á intermitencias producidas
por el frio, el calor, el hambre ó el estado sexual. Y esos fenómenos,
que la ciencia explica por el análisis del organismo animal, se
patentizan fácilmente en las galerías zoológicas. Allí el observador
puede leer en la mirada del reptil, sobre todo del enorme boa, las
gradaciones de la irritabilidad. Hay algo en el ojo, el aliento y los
movimientos espirales de ese monstruo, que atrae, fascina y magnetiza,
como la tentacion del pecado, y que al mismo tiempo cede á la influencia
magnética del hombre. He visto en las serpientes del jardin de Lóndres
contrastes muy curiosos de expresion (segun las personas que las miraban
de cerca), y que me han hecho pensar mucho en los fenómenos del
magnetismo animal y la electricidad, explicándome ciertas singularidades
que algunos suponen fabulosas, pero que son perfectamente exactas. El
olor y algunas otras cosas influyen mucho respecto de los reptiles. Así,
notaba con admiracion que las culebras cambiaban de actitud, agitándose
ó adormeciéndose, mirando con mansedumbre, con desconfianza ó con ira,
alejándose ó acercándose, escondiéndose ó descubriéndose mas ó menos,
según la diferente impresion que les producía la presencia ó la mirada,
el olor, la voz ó la fisonomía de los concurrentes. Tal vez un dia la
ciencia demostrará que no es la inteligencia ó un _instinto espontáneo_
lo que induce al animal á ejecutar bajo la atmósfera del hombre ó en
cualquiera situacion estos ó los otros actos, que hacen vacilar al
filósofo entre hipótesis mas ó ménos aventuradas; sino que solo la
accion de un fluido magnético ó eléctrico, comun á todos los objetos de
la creación (aunque con diversas inflexiones de intensidad, residencia y
modo de obrar), produce las analogías y los fenómenos que hacen creer en
la comunidad de _inteligencia_. Y el día que la ciencia física demuestre
eso, si no es un delirio, la psicología habrá avanzado inmensamente,
iluminando el camino de la humanidad, donde reinan todavía las tinieblas
de la hipótesis.

El palacio de cristal destinado á los peces y animales marinos de
pequeña talla, y principalmente á los moluscos, es pequeño pero
primoroso. Allí cada grupo se encuentra en una urna trasparente,
viviendo en su elemento y entre las rocas, las arenas y la vegetacion
del fondo del mar. Los corales y otros animales arborescentes, los
moluscos mas bellos, y todo lo que hay de caprichoso, admirable y
diminuto en ese mundo de vidas misteriosas que se agita bajo las ondas,
aparece allí en miniatura y de bulto, á la vista del visitante, para
revelarle muchas de las maravillas del océano. Todo eso tiene una
infinita poesía, un encanto indefinible, que patentiza el sistema de las
compensaciones creado por la naturaleza, y la suprema prevision con que
cada órgano de respiracion, de movimiento ó de nutricion ha sido
arreglado para corresponder á las necesidades propias de la region ó el
elemento en que vive el animal.

Al dejar el espléndido jardin Zoológico de Lóndres (para cuya
descripcion completa serían necesarios muchos volúmenes) me hacia una
reflexion sobre la mancomunidad de la industria y la ciencia física, y
de estas y la moral, ó mejor dicho, de todos los hechos que representan
el progreso humano. A primera vista ese magnífico jardin ó paraíso mixto
de Lóndres no es mas que un establecimiento científico, un estímulo para
las excursiones del naturalista, y un elemento de especulacion, y de
recreo. Pero observando atentamente se encuentra que aquello es ademas
una escuela práctica de moral y una enseñanza filosófica para los
pueblos. ¿Por qué?--fácil es demostrarlo con tres reflexiones que vienen
naturalmente al espíritu.

La multitud que visita esos lugares incesantemente, adquiere un hábito
de sociabilidad con los animales que le suaviza muy notablemente las
costumbres y pasiones. Lo que el hombre no comprende, respecto á sus
deberes sociales, acostumbrado á estar siempre en relacion casi
exclusiva con su especie misma, lo aprende al observar la sociabilidad
de los animales entre sí y respeto del hombre, que es su señor y
generalmente su estúpido tirano. Todo el mundo se acerca y rivaliza en
agasajos con los brutos domesticados, y cada cual tiene _su preferido_,
á quien obsequia en cada visita con golosinas que el pobre animal recibe
con gratitud y cariño. Si en general el elefante, las girafas, los
camellos, las zebras y otros brutos igualmente curiosos reciben los
homenajes de la mayor parte de la turba, no faltan _amadores_ ó
aficionados que tienen su oso, ó su tigre, ó su boa _predilecto_. Una
verdadera emulacion caritativa se establece allí, y una visible
correspondencia de amor entre el hombre y el animal. ¡Cuántos habrá que
no teniendo en el mundo ningun vínculo de ternura, sino pesares y
desengaños, van al jardin Zoológico á cultivar una dulce amistad con
este ó el otro animal, segun las analogías de inclinaciones! Lo que mas
se observa allí es que los ancianos, las mujeres y los niños son los mas
afectuosos y caritativos con los animales; cosa natural si se considera
la benevolencia y sociabilidad que distingue á los dos extremos de la
vida, y á la mujer, que es su lazo de union.

Por otra parte, los concurrentes se habitúan á ver que todos los
animales, aún los mas feroces, son tratados con dulzura por los
empleados del establecimiento, mostrándose infinitamente mas accesibles
y dóciles á la benevolencia que al rigor. De ese espectáculo se deriva
toda una enseñanza filosófica que es y debe ser la base de toda
legislacion penal. Si la fiera misma cede á los medios suaves ¿podrá
sostenerse como aplicable al hombre el sistema draconiano,--el régimen
de la violencia, del dolor, de la venganza, de la severidad excesiva y
de las penas _preventivas_? No sin razon la posteridad ha considerado á
Montesquieu y Buffon como apóstoles de una misma causa humanitaria;--el
uno analizando el _espíritu de las leyes_ de los hombres, y el otro
investigando y revelando las leyes y las propiedades de la sociabilidad
del _animal_.

Creo que donde quiera que un jardín Zoológico figure como ornamento de
una sociedad y testimonio de las conquistas del hombre sobre la
naturaleza, la moralidad recibirá un gran servicio, y la enseñanza de la
beneficencia y la dulzura tendrá fecundos resultados.

       *       *       *       *       *

Al frente del parque del _Regente_, sobre la misma calle ó avenida, se
encuentra un curioso edificio,--el _Colosseum_,--que en otro tiempo era
muy concurrido y ha perdido casi toda su importancia. El cuerpo
principal es una inmensa y altísima rotunda doble, de construccion muy
particular, que figura como una pirámide en el centro de un globo.--La
parte baja y central contiene un bazar de curiosidades para vender á los
visitantes, donde hay conciertos permanentes, cosmoramas y otras
diversiones instructivas. La pirámide ó el cuerpo que cubre el centro
tiene una estupenda elevacion, y el visitante sube á la cima por
escaleras de caracol que hacen pensar en los Titanes escalando el cielo,
ó por medio de una maquinaria ingeniosa que levanta suavemente docenas
de curiosos, produciendo la misma sensacion de uno de esos sueños de
encantamientos en que algun poder misterioso nos lleva á las regiones
aéreas.

A una altura muy considerable se detiene el visitante, sobre un balcon
circular, para asistir á un admirable espectáculo de arte y perspectiva.
La ciudad entera de Lóndres, tal como se la ve desde la cima exterior
del _Colosseum_, está pintada con todos los perfiles y colores de su
fisonomía y todos los cuadros que revelan su movimiento diario, sobre la
concavidad de la enorme rotunda, cubierta por un techo de cristal, que
rodea y abarca al cuerpo ó edificio central donde está colocado el
observador. Así, recorriendo todo el balcon circular del centro, se van
registrando sucesivamente todas las partes unidas que componen en un
solo cuadro circular todo el inmenso panorama de Lóndres. La perspectiva
es tal, que la ilusion es completa. Me creia conducido por Asmodeo en
alas del viento para ir registrando el escenario entero, sin los
inconvenientes de la niebla que cubre casi continuamente á Lóndres.
Aquella obra colosal de pintura, quo consumió muchos años de fatigas de
un artista aristocrático, aunque ha sido despues superada por trabajos
mas perfectos y de otro órden, merece siempre admiracion.

Subiendo un poco mas en el edificio central, la bóveda se cierra, y
afuera, sobre un balcon circular al aire libre, el espectador registra
el original del cuadro interior, es decir el inmenso Lóndres, en cuyas
calles hormiguean millones de hombres que parecen insectos y millares de
millares de vehículos; en cuyo rio se cruzan los vapores, los navíos,
los botes y las góndolas en asombrosa multitud; y de cuyos centenares de
miles de chimeneas se desprenden las negras columnas de humo ó las
blancas espirales de vapor que componen el manto lúgubre ó sudario que
ha de envolver algunos momentos despues á la metrópoli gigantesca del
comercio y la navegacion, de la industria y el movimiento, de la suprema
opulencia y de la suprema degradacion y miseria.... La contemplacion de
esa capital, desde tan alto observatorio, causa un vértigo semejante al
que producen el movimiento y la faz del océano; y el observador que
busca hechos y enseñanzas útiles no puede ménos que hacerse las mas
contradictorias reflexiones acerca del modo como el bienestar se
encuentra, no diré _repartido_, sino _clasificado_ entre las grandes
capas de la sociedad.... Lóndres es la ciudad-escuela por excelencia,
porque abriga en su hirviente seno todos los elementos de la lucha
terrible empeñada entre la civilizacion y la barbarie, es decir: la
justicia y la iniquidad, el goce fecundo y la miseria.

El _Colosseum_ contiene otras muchas curiosidades que, en general, son
muy inferiores á las de otros establecimientos mas nuevos. Su verdadera
maravilla es la Gruta artificial de estalactitas, imitando la de Fingal,
si no recuerdo mal. Es una admirable caverna construida con
cristalizaciones y rocas porosas, larga y estrecha, iluminada de un modo
fantástico que produce efectos singulares de luz y sombra, llena de
infiltraciones que hacen caer las gotas de agua por entre millares de
cornisas truncadas, columnas retorcidas, pedestales rotos, grietas
luminosas ú oscuras, alquitraves, molduras, relieves y todos esos
primores de arquitectura caprichosa que el artista invisible produce en
las cavernas, las cataratas, los torrentes, etc., sin mas buril que la
gota de agua cristalina, la paja ó el chorro estrepitoso, cuyo eterno
curso ó golpe taladra, hiende, labra y modula todas las rocas;--imágen
pintoresca del pensamiento humano obrando sobre la inmensa roca del
error.

       *       *       *       *       *

El Museo Británico es, sin disputa, un grandioso monumento que refleja
la gloria, el poder y el cosmopolitismo de la Gran Bretaña;--y,
prescindiendo de su carencia de buenos cuadros de pintura y frescos,
cosa general en casi todos los establecimientos _públicos_ de Lóndres,
puede decirse que no tiene rival en el mundo, bajo muchos aspectos. Si
el edificio es espléndido, y el órden, la comodidad, la claridad y la
clasificacion exacta reinan en todas partes, tanto en el Museo mismo
como en la magnífica biblioteca anexa,--no brilla ménos el interior por
la abundancia y maravillosa universalidad de las colecciones, y la
perfeccion de los métodos de direccion y conservacion.

No me detendré en descripciones inútiles sobre la gran masa ó el
conjunto, porque todo el mundo sabe lo que es un museo, y los libros de
_guias_ ofrecen al viajero cuantos detalles necesita. Solo citaré
especialmente lo que, en mi concepto y segun las impresiones recibidas,
constituye el gran mérito del Museo Británico, dándole ventaja sobre los
mas afamados de Europa. Las colecciones de fósiles de toda clase, de
restos de monumentos orientales, africanos, etc. (_antigüedades_), y de
focas y toda clase de animales marinos de talla superior, me parecieron
lo mas raro en ese santuario de curiosidades, magnífico en todas sus
partes.

En efecto, los salones que contienen los fósiles de todas clases son de
una riqueza imponderable, ofreciendo entre otros objetos los colosales
esqueletos de _dinoterios, megaterios, mastodontes, iguanodones_ y otros
monstruos de la época antediluviana, en tan perfecta organizacion y
conservacion, que el visitante encuentra en esas osamentas seculares la
clave de la historia geológica, animal y vegetal del globo, y del
progreso incesante que se ha verificado en la trasformacion y el
pulimento de la materia, como base del progreso lógico é indefinido de
la civilizacion. ¡Por cuántos cataclismos y fenómenos mecánicos y de
electricidad, magnetismo y calor ha tenido que pasar la creacion (salida
de las manos de Dios perfecta por sus _fuerzas_, pero perfectible en sus
_formas_ como un elemento de actividad interminable), para llegar al
estado actual, que apénas es un punto en la escala infinita del
desarrollo de las fuerzas _creadas_ y _modificadoras_! Noble ciencia esa
que se llama _historia natural_, que nos revela con la energía de los
_hechos_, y no de las suposiciones metafísicas, la infinita prevision
del mecánico invisible del universo en perpetua accion!

El salon de los mamíferos anfibios es admirable. Aquellos monstruos del
Océano inspiran horror, por sus formas y su aspecto, y sinembargo,
algunos, como las focas, ejercen, aún así disecados, no sé qué
misteriosa atraccion que parece ser la simpatía de las homogeneidades.
Hay algo en las formas, la fisonomía y la mirada de la foca, que ofrece
la imagen brusca ó brutal de la mujer, y que hace por momentos sospechar
la inteligencia escondida en el cráneo de ese animal, extraordinario por
sus costumbres; noble por su tendencia á la fraternidad y su valor en la
defensa de su familia. Francamente, yo desearía que muchos pueblos
egoistas ó que viven despedazándose entre sí, aprendiesen un poco, en la
escuela marítima de las _focas_, á estimarse, defenderse y vivir en la
fraternidad íntima de la causa comun.

Las mas notables maravillas del Museo Británico están en los salones
_Egipcios_, los de _Nínive, Cartago, Menfis_, la _India, Herculano,
Pompeya_, etc. Allí está reunido todo lo que la civilizacion moderna ha
podido recoger de mas admirable y mas curioso y característico entre los
resto de la civilizacion antigua, convertida por el tiempo en escombros
y cenizas. Allí la arquitectura, la escultura y otras artes semejantes
reflejan vivamente (como en todo tiempo y pais) las creencias
religiosas, las costumbres, las instituciones y el estado mas ó ménos
primitivo y tosco, mas ó ménos refinado, del desarrollo social. El mundo
moral se muestra allí en su infancia exuberante, y sin pulimento como el
mundo físico. La esfinge colosal, el centauro, el buey sagrado, el
animal-hombre, el monstruo humano bajo todas las formas extravagantes y
brutales, cuajados de ralieves toscos, de jeroglíficos sintéticos, de
signos incorrectos--están revelando una época en que todo fué gigantesco
y monstruoso como el _iguanodon_ ó el _megaterio_; en que todo vivia con
exceso, sin los perfiles y el pulimento que el trabajo secular de la
creacion ha traido lentamente para perfeccionar las cosas. Así, léjos de
asombrarme la pretendida grandeza de la antigüedad egipcia ó de otras
regiones, no veo en sus obras sino la demostracion de la exuberancia
titánica de la barbarie, y la _debilidad_, que el curso de los siglos ha
ido modificando con la sustitucion de la _inteligencia_ á la
_fuerza_,--del arte espiritualizado, al simple remedo material de las
cosas,--de la fisonomia delineada y pura, á la masa enorme, fria y sin
expresion.

¡Cuán grande y noble aparece la humanidad, contemplando sucesivamente,
en diferentes salones del Museo, la imágen de sí misma que ella ha ido
dejando trazada, siglo por siglo, en innumerables monumentos, como el
testimonio elocuente de sus progresos, de su destino, de su
inmortalidad, de su inteligencia y de los prodigios de su fuerza y su
libertad!

       *       *       *       *       *

Si _Westminster-Abbey_ y _London-Tower_ son los monumentos de la
historia, _London Bridge_ y el _Tunnel_ los de la industria, y el
_British-Museum_ y el _Zoological y Botanical-Gardens_ los de la
ciencia, la catedral de _San Pablo_ es para los Ingleses el monumento de
su grandeza, su religion y su orgullo, así como el _Cristal-Palace_ lo
es de su cosmopolitismo y su progreso artístico.

_San Pablo_, construida en mucha parte segun el modelo de la catedral de
San Pedro de Roma, ocupa casi toda la superficie de una plaza en la
_City_, dejando apénas á los cuatro lados espacio para la circulacion.
Si el monumento no fuese tan imponente por su grandeza pasaría
desapercibido, pues los Ingleses han tenido el mal gusto de encuadrarlo
en el barrio mas complicado, irregular y agitado que tiene Lóndres,
encerrándolo miserablemente en medio de negras chimeneas, fardos y
almacenes. Excepto el caso de hacer una ascension en algun alto
monumento cercano, es imposible ver á San Pablo en perspectiva. Hay que
tomarla á quema-ropa, como quien se pone á mirar el cielo hácia el
zenit.

La gran catedral de los anglicanos costó cerca de siete millones de
pesos; fué construida por el famoso arquitecto Wren, en 1675, habiéndose
invertido en la obra treinta y cinco años de labor. A pesar del matiz
negro y sombrío que le da el humo del carbon de piedra, el edificio
interesa mucho en su exterior, tanto por la belleza de su gran pórtico
griego, como por el juego que hacen en un grandioso grupo sus altas y
estupendas columnas, la cima triangular de la fachada, las dos hermosas
torres laterales y la cúpula suntuosa que domina el centro del
monumento. Sinembargo, confieso que San Pablo no me impresionó mucho por
su exterior. La arquitectura del Renacimiento, así como la que imita los
antiguos templos griegos, me parece demasiado clásica y fria por el
exceso de compostura y simetría y la carencia de audacia. Y todavía es
mucho peor esta arquitectura contemporánea, ecléctica y trivial, que
parece hija del compas y la escuadra mas que de la inspiracion; que
combina todos los órdenes sin respeto por la poesía del arte y las
especialidades de cada estilo, haciendo del arquitecto un albañil pulido
en vez de un poeta que traza sus cuadros en la piedra. Prefiero la
majestad de conjunto, la audacia de ángulos, ogivas, rosetones y
flechas, y el capricho romanesco y la espontaneidad fabulosa ó
excéntrica, que distinguen á la arquitectura gótica, toda inspiracion y
vida. Si el arte moderno no ha de hacer otra cosa que _copiar_,
preferiría las imitaciones góticas, como expresion del sentimiento
cristiano.

El interior de San Pablo sorprende mas que el exterior. Es allí donde
puede apreciarse mejor la grandiosidad de la cúpula, las enormes
proporciones y el estilo austero del edificio. Afuera anuncia algo del
paganismo y del Partenon griego; pero al entrar, el visitante ve muy
bien que ese es un templo de protestantes, libre de las serviles é
impías señales de la supersticion y la idolatría. Es la catedral de un
_pueblo_ para adorar á _Dios_, no el santuario de un paganismo
evangelizado. Como Dios es la suprema fuerza y el supremo espíritu,
ningun objeto lo representa allí, puesto que el hombre no puede concebir
la forma de su Creador. Todo es sencillo, severo y solemne, sin
ostentacion ni espectáculos. Algunas tumbas gloriosas, como la de Nelson
(todavía el mundo cree en la gloria de los grandes matadores), y las del
mismo arquitecto Wren y de artistas eminentes en pintura, como Lawrence
y Reynolds; algunos objetos históricos de primer órden para el orgullo
de todo pueblo, como las banderas tomadas por los Ingleses, á sus
enemigos,--hé ahí todo lo que adorna, con varias estatuas profanas, la
catedral británica. No carece de interes esa evocacion de las batallas
homicidas en un templo ofrecido al Dios de paz, de caridad y amor.
¡Mezcla de religion y de impiedad! Ese es el mundo: adoracion á Dios y
guerra al hombre....

San Pablo tiene como unos 150 metros, de longitud interior, de oriente á
poniente, y algo mas de 80 de anchura, de sur á norte, con una
circunferencia total exterior de mas de 680 metros, y la altura máxima
de 121. Si un templo tan enorme tuviese una plaza en derredor
proporcionada á su tamaño, el aspecto sería admirablemente magnífico.
Pero los Ingleses son legos en eso de buen gusto, y no perderían en
obsequio de la hermosura y majestad de un monumento el espacio que puede
servir para los almacenes y las cervecerías.

       *       *       *       *       *



CAPITULO V.

       *       *       *       *       *

CURIOSIDADES.


El Diorama.--La galería Tussaud.--El Palacio de cristal.--El Banco de
Inglaterra.--La Bolsa.--Diversos objetos interesantes.

Entre los monumentos y varias curiosidades que visité durante mi corta
permanencia en Lóndres, no olvidaré dos de un género histórico y
artístico que merecen atencion, aunque de carácter muy secundario; tales
son: el _Diorama_ y la _Galería_ de madama Tussaud.

El Diorama, establecido en el centro de la plaza de Leicester, es un
edificio circular, cubierto con una cúpula de cristal, y muy semejante
al cuerpo central del _Colosseum_, aunque mucho ménos grande. Comprende
una exposicion de objetos algo curiosos de etnografía, y es al mismo
tiempo diorama, panorama y cosmorama.--Allí se dicta todos los dias una
leccion de geografía muy útil para los que necesitan nociones
elementales. Lo que en el _Colosseum_ presenta el panorama de Lóndres,
en el Diorama ofrece en una concavidad circular la imágen en relieve del
globo terrestre, con la demarcacion exacta de los mares, los continentes
y las islas. El trabajo es ingenioso y muy interesante como elemental.

En la parte baja del edificio se encuentran los mas curiosos grupos de
indios, negros, chinos, europeos, etc., con sus vestidos, armas y mil
especialidades, que ofrecen el cuadro de la fisonomía de casi todas las
razas de la tierra, y una multitud de nociones históricas para
instruccion del vulgo ó de las gentes de mediocre educacion. No faltan
allí muchas muestras de objetos algo raros en todas las bellas artes, la
mecánica, la navegacion, etc., que atraen justamente las miradas del
visitante curioso. Aquel establecimiento me pareció no solo un bonito
museo, sino un bello instituto democrático destinado á enseñar á las
clases pobres, con suma facilidad y baratura, los elementos de la
geografía, ciencia tan útil y simpática de por sí, como fecunda en mil
resultados para la industria, el comercio, las letras y la política.
Sería una gran fortuna que ese instituto-pasatiempo fuese imitado en las
principales ciudades de las repúblicas colombianas.

       *       *       *       *       *

La _Galería_ histórica y artística de madama Tussaud, tan afamada en el
mundo, continúa con toda su popularidad en Lóndres, gracias á la
perseverancia de los herederos de la artista original que la fundó. Es
una encantadora curiosidad que ningun extranjero debe dejar de visitar y
que, léjos de perder su interes, lo aumenta á medida que el tiempo aleja
mas á los personajes puestos en escena. Lo describiré rápidamente para
que se vea todo el partido que de alli puede sacar el viajero
observador.

La descripcion de la localidad es inútil; los salones son como
cualesquiera otros, y su distribucion depende solo de la clasificacion
de los objetos históricos. Una iluminacion magnífica, un concierto
permanente y cierto lujo artístico de decoracion, que hace juego con
enormes espejos para aumentar la ilusion,--tales son los accesorios que
realzan el mérito de la galería, dividida en cuatro partes.
Desgraciadamente las divisiones no están arregladas á épocas históricas,
rigorosamente, lo que da lugar á algunos anacronismos. Toda la galería,
salvo algunos objetos históricos y mecanismos famosos, se compone de
estatuas, de formas perfectamente naturales, ó de bustos ó cabezas,
todas fabricadas con cera blanca, imitando con admirable perfeccion las
fisonomías, las actitudes, la expresion y cuanto ha sido característico
en cada uno de los muchos personajes representados allí.

La perfeccion artística de los bustos y las figuras es tal, que el
visitante se siente a veces tentado á saludar respetuosamente á esos
personajes de cera ó entablar conversacion con ellos. Por ejemplo, al
pasar de un salon a otro, está sentado bajo el umbral un pobre viejo que
lee con atencion, sin mirar á nadie; y como es imposible dejar de
pisarle y estrujarlo al pasar, porque el hueco es muy estrecho, el buen
viejo alza la cabeza y mira con extrañeza al visitante descortes. Este
no puede ménos (y á mí me sucedió) que presentarle excusas y pedirle
perdon. El viejo lector no responde, vuelve á agachar la cabeza y
continúa su lectura. Después viene uno á saber que su hombre es de cera,
y que su movimiento muscular es debido á un mecanismo.

Los vestidos, todos conformes a la época y los usos de cada personaje,
aumentan la ilusion poderosamente. Aquellas figuras parecen agitadas por
una corriente oculta de electricidad nerviosa; sus miradas son vivas y
elocuentes; sus sonrisas expresivas, su actitud imita enteramente la
vitalidad. Tal parece como si el pensamiento calentase aquellos cerebros
de cera y animase sus gestos; y el visitante se impresiona de tal modo,
que por momentos cree que la voz va á salir de los labios casi convulsos
de aquellos _séres_ artísticos, que tienen el calor, el aliento, la luz
y la fascinapion de la vida física y moral.

En la galería, tan presto se ven los personajes en grupos homogéneos
como aislados á ciertas distancias. Entre la multitud de personajes
aislados, ora históricos, ora contemporáneos, se distinguen
principalmente, por su interés ó por el mérito artístico de las
figuras:--_Guttemberg_, meditando en su invento;--_Shakspeare,_ sombrío
y burlon al mismo tiempo;--_Pedro el Grande_, en su traje de carpintero
en Holanda;--_Newton_, ideando su admirable sistema del mundo
físico;--_Voltaire_, con su fisonomia de zorra, su sonrisa irónica y su
mirada de apóstol;--_Rousseau,_ pensativo y dulce como la idea de
redencion que le dominó;--_Walter Scott_, con su actitud tranquila, como
la poesía risueña que inspiró su gran genio;--_Byron_, sombrío y
lanzando de su ojo de fuego algo como la luz del rayo ó como las
revelaciones de un poema terrible. De otro lado se ven figuras de una
personalidad especial: aquí _Nana-Sahib_ en gran pompa y fumando en su
pipa llena de pedrerías, sentado á estilo oriental; allí _O'Connell_, en
la actitud del orador; mas acá _Abd-el-Kader_, con su sable de árabe
defendiendo la independencia de su pueblo; allá _Manín_ ú otro de los
mártires de la libertad que han personificado una causa.

Los grupos son aún mas interesantes por el juego y contraste de las
fisonomías y actitudes, y por los hechos históricos que ellos
personifican. En una parte los _Girondinos_, condenados á
muerte,--_Carlota Corday_ matando á _Marat_, ó un grupo de _Bobespierre,
Danton_ y otros jacobinos;--en otro sitio, _Milton_ rodeado de sus
hijas, dictándoles su admirable «Paraíso perdido;» en el centro de un
salon, _Napoleon_ con todos los _soberanos_ y principales ministros de
su época imperial; en el de otra sala los monarcas; presididos por
_Victoria_ y el emperador _Napoleon Bonaparte_. En un rincon figuran:
_Isabel_ la católica, _Fernando_, su marido, y el inmortal _Colomb_; en
otro sitio, _Lutero_ enseñando su doctrina, ó _Calvino_ demostrando la
justicia del libre exámen.

Los tres primeros salones están literalmente colmados de figuras
históricas y de contemporáneos, pertenecientes á todos los géneros de
celebridad. La ciencia y la poesía, la navegacion y la filosofía, las
bellas artes como la elocuencia y la política, la guerra como la
religion, las grandes virtudes como los grandes crímenes y las heroicas
expiaciones,--todo está representado allí, para dar una idea general de
las evoluciones de la humanidad en su carrera de progreso y luz. Todas
las grandes glorias están reunidas en congreso para manifestar la unidad
del espíritu humano en sus infinitas manifestaciones, y poner en
evidencia el cosmopolitismo histórico de la civilizacion y el contraste
perdurable entre el poder y la libertad, la inteligencia y la fuerza.

Pero si la Galería Tussaud es en lo principal una bella escuela de
historia, escultura y aún fisiología,--al mismo tiempo que un museo de
curiosidades,--el último de sus salones, el salón horrible (_The chamber
of horrors_) es de un interes extremo y un carácter sombrío que
impresiona profundamente. ¡Cuántas enseñanzas no encuentra en esa
espantosa cámara del crimen y de la expiacion el espíritu del observador
atento, que busca las revelaciones de la ciencia física como el elemento
mas sólido de las doctrinas de la ciencia social! El _salon de los
horrores_ pudiera llamarse la escuela práctica de frenología, pues tal
es su verdadera significacion.

La célebre _máquina infernal_, ideada para aniquilar á Napoleon (ese
gran político incorregible); el hacha que decapitó á _María Stuardo_; la
que ejecutó á _Cárlos I_; la guillotina que degolló á _Luis XVI_, como á
los Girondinos, á los Jacobinos y á Carlota Corday, y todos los
instrumentos empleados para perpetrar los mas célebres asesinatos, se
encuentran allí perfectamente imitados. La coleccion de cabezas dé los
mas famosos bandidos ó criminales es tan variada como perfecta, por la
exactitud de imitacion, que revela el gesto, la mirada, el pensamiento,
los instintos y los sentimientos de cada individuo;--reproduciendo con
absoluta fidelidad todas las protuberancias, los perfiles y las
especialidades de cada cabeza y cada faz humana que ha figurado en los
fastos del crimen. Por último, en una extremidad de la sala, oscura y
medrosa como las escenas sangrientas, está el cadalso revolucionario
(levantado por un pueblo febricitante y acosado por mil enemigos
implacables) sobre cuyas tablas yacia el tronco de Luis XVI, cerca del
noble sacerdote que le acompañó en la hora solemne; mientras que el
verdugo (representante de la tiranía) se ostentaba, como una irrision de
su destino contraproducente, mostrando á la multitud delirante la cabeza
ensangrentada del rey condenado á expiar sus crueles debilidades y los
crímenes y vicios de sus predecesores en la obra secular de la
opresion....

¿Qué es lo que se aprende en esa galería de la muerte y la iniquidad?
¡Oh! se aprende mucho!... Desde luego, al evocar los recuerdos
históricos, se comprende toda la inutilidad de la _fuerza_, del
derramamiento de _sangre_, como medio político, social ó personal. El
mismo instrumento de muerte sirve para el monarca ó el tirano que lo
inventó, como para el súbdito oprimido; para el mártir generoso, como
para el malvado. La cuchilla, el hacha ó el _garrote_, establecen entre
los mas opuestos extremos la atroz igualdad de la violencia cobarde y
sanguinaria.... El instrumento creado por el republicano
_Guillotin_ (como un _bien relativo_) devoró á los republicanos
mismos.... La matanza, bajo cualquiera forma, tiene su lógica terrible
en la expiacion. El hacha destruye una ó muchas cabezas; jamas una idea,
un principio ó un interés social. Así como el individuo se prepara un
castigo en el momento de perpetrar un crimen,--los gobiernos y los
pueblos labran sus futuras expiaciones con la misma hacha de que se
sirven para _asesinar en nombre de la ley_....

¿De qué sirven la violencia y la venganza, si no destruyen el mal cuando
pesan sobre tal ó cual _cabeza?_ De nada. El hacha británica que degolló
á _María Stuardo_ y _Cárlos I_, no destruyó ni el fanatismo católico
representado por la una, ni el espíritu de opresion encarnado en el
otro. Ahí está la historia probando la inutilidad de esas violencias
_regias ó populares_. La cuchilla que decapitó á la _legitimidad _ en la
persona de Luis XVI, no decapitó la _tiranía_ en Francia, puesto que,
bajo diversos nombres y formas y á la sombra de otros gobiernos, algun
poder opresor, con ó sin el auxilio de la legitimidad anticuada, ha
pesado sobre el pueblo frances.

El estudio frenológico á que se presta la _Cámara de los horrores_ es
muy interesante como auxiliar de la fecunda ciencia de la legislacion
penal. Al ver todas esas fisonomías repugnantes, no puede uno menos que
sentir la conmocion nerviosa que acompaña al miedo y al espanto. ¡Qué
coleccion de cráneos! Yo iba observándolos, y los clasificaba (sin
conocer sus biografías, ni sus nombres siquiera) como asesinos,
ladrones, lujuriosos atroces, traidores, etc.; y luego, al ver el
catálogo de noticias biográficas, encontraba la confirmacion de mis
suposiciones instintivas. La forma de la cara, la estructura de la
frente, el ojo, la nariz, la boca, las grandes líneas, los angulas
huesosos, las protuberancias, el color mismo de la piel y aún la
naturaleza del pelo, contienen mil revelaciones del carácter del hombre.
La nulidad ó depresión de los órganos centrales que corresponden á los
_sentimientos_; la exageracion asombrosa de los que revelan los
_instintos_, en la parte posterior del cráneo; y las extrañas formas y
sombríos perfiles de la faz y la frente, signos de la manera como obra
la inteligencia en el bandido,--todo eso impresiona hondamente al
observador de aquella horrible galería.

Me preguntaba si la ciencia de la frenología no es la ciencia de la
desesperacion, de la fatalidad, puesto que ella comprueba la infalible
relacion de cada órgano con un poder de inteligencia, un instinto y un
sentimiento. «Pero no,--me decia al reflexionar un poco: esa noble
ciencia de la mecánica del cerebro, al revelar las _leyes permanentes_
que rigen al hombre, no le condena á aceptar un fatalismo cruel. Al
contrario, ella enseña el juego, la íntima relacion, el equilibrio y las
compensaciones de los órganos, y demuestra que la _educacion_,
modificando, deprimiendo ó acrecentando su desarrollo, puede
infaliblemente corregir los defectos naturales de ese misterio de la
organización, que tiene tan infinitas combinaciones.»

Y una vez que esta doctrina adquiere la fuerza de la experimentacion,
naturalmente se pregunta uno: ¿por qué han creido los gobiernos que el
_rigor_, la penalidad _terrible_ es el remedio seguro para corregir el
crimen? ¡Lamentable error, fruto de la barbarie de las sociedades! Si el
hombre es educable y perfectible, ¿por qué descuartizarle, en vez de
mejorar su condicion, purificarle, y destruir el mayor número posible de
los alicientes que estimulan al crimen? Bendigo la fisiología y la
frenología,--nobles y audaces ciencias que, revelando los misterios de
la estructura del ser humano, están preparando al mundo para vivir en la
era de la justicia, la prevision filosófica y la piedad,--renunciando á
esas escenas de sangre, de terror y venganza, que constituyen la
historia del hombre en su tránsito laborioso de la barbarie á la
civilizacion!

       *       *       *       *       *

A diez y siete millas de Lóndres, cerca del pueblo de Sydenham, se
encuentra el nuevo _Palacio de cristal_, en el centro de una área de 300
acres, y dominando sobre una colina todo el pintoresco paisaje que se
extiende hácia el Támesis, ya en la direccion de Lóndres, ya en la de
Greenwich, así como en opuestos sentidos. Un ferrocarril especial ha
sido destinado al servicio, y el tránsito desde la estacion de
_London-Brídge_ hasta el palacio mismo se hace con suma comodidad en
poco menos de media hora.

El panorama que se extiende á la salida de Lóndres, hácia el sud-este,
es por lo ménos tan interesante como el del sud-oeste, por la via de
Southampton. Por todas partes, durante los primeros minutos, aparece
Lóndres como una inmensa fábrica-factoría, bajo el tren en que el
viajero ve pasar los objetos con la rapidez del rayo. Las líneas de
ferrocarriles se cruzan, enlazan y complican en todas direcciones; los
trenes se multiplican, conduciendo viajeros á millares y en incesante
movimiento; los cambios de perspectiva son infinitos, ofreciendo los mas
variados cuadros.

Se siente una especie de vértigo al ver aparecer repentinamente y
esconderse al instante entre nubes de niebla y humo, ó detras de algunas
colinas cubiertas de quíntas, pequeñas villas en una serie que parece
interminable. En breve Lóndres y sus arrabales y pueblos circunvecinos
se pierden de vista en la base, miéntras que sus altas torres y
elevadísimas chimeneas humeantes se muestran como suspendidas en el aire
sobre un vasto cimiento de niebla. Las innumerables fábricas han quedado
atrás, y al movimiento de las gentes y la monotonía melancólica y
prosáica de los edificios urbanos suceden el capricho, la variedad, la
alegría risueña y la frescura de todo lo que constituye la campiña en
Inglaterra, hermosa aún ántes de que el verdor de la primavera haya
hecho olvidar todas las tristezas del invierno. Ya se ve como una
fantasmagoría la mole romántica de un castillo aristocrático; ya la
alegre fachada de una quinta primorosa encuadrada entre jardines,
pequeños bosques é invernáculos; ora el campo cultivado con admirable
esmero, surcado por canales de irrigacion mas ó ménos considerables ó de
pequeña navegacion; ora el prado en que saltan y relinchan los bellos
potros ingleses, ó balan en tropel las blanquísimas y corpulentas
ovejas; tan presto un _tunnel_ elegante en sus formas y cuyas tinieblas
hacen extraño contraste con la escena anterior; y luego, al salir de la
caverna artificíal, un vasto parque poblado de pinos y otros árboles de
vegetacion permanente, cuyos negros follajes sacudidos por la brisa los
hacen parecer de léjos fantasmas que bailan entrelazados sobre vastos
salones tapizados de nieve y bajo una inmensa cúpula de niebla.

Al ver en perspectiva el Palacio de cristal, se le tomaría por un
palacio chinesco ó un templo de hadas en medio de escombros
antediluvianos y mil primores de la Flora moderna, como un punto de
alianza entre el mundo primitivo y el contemporáneo. Lagos artificiales;
planos inclinados cubiertos de verde musgo y finísima grama; colinas
pobladas de bosquecillos caprichosos; miradores y pabellones de cristal
de mil colores, alzándose entre limpios jardines; altos plumajes dé agua
arrojados por cien bocas de bronce, de los estanques circulares, en
juego encantador; y allá en los lagos, ó al pié de las colinas, enormes
_iguanadones_ y otros animales antediluvianos, audazmente imitados en
metal ó piedra;--he ahí el vasto y caprichoso conjunto que sirve como de
cuadro de relieves al enorme y luminoso palacio que se destaca en la
cima de la gran colina, como una mansion encantada, aérea, trasparente y
multicolora, construida durante la noche por una legion de hadas, al
rayo de la luna, y repleta de perfumes y tesoros, para brillar luego á
la luz del sol, cuando la niebla se disipa, con todo el esplendor de una
suntuosa maravilla.

No ensayaré hacer una descripcion, ni rápida siquiera, de ese admirable
monumento de la grandeza británica y del progreso cosmopolita de la
civilizacion moderna. Para adquirir una idea completa del _Palacio de
Cristal_, es preciso estudiarlo muy atenta y minuciosamente por lo ménos
durante dos semanas sin cesar. Y como mi propósito es solo el de
manifestar mis _impresiones_, toda reflexion crítica sería un plagio ó
una pedantesca mentira, no habiendo pasado sino unas seis horas en
_mirar_ apenas lo mas interesante y bello del maravilloso monumento. Mas
tarde, á virtud de una residencia detenida en Inglaterra, podré
describrir pasablemente lo que ahora solo me es dado mencionar.

El exterior del palacio tiene un conjunto de grandeza, originalidad,
capricho artístico y noble majestad al mismo tiempo, que fascina,
haciendo pensar en la civilizacion asiática. Podría pensarse que el
palacio, por sus formas, sus pormenores, sus colores, su arquitectura
singular y las inmensas graderías que les sirven de base á sus fachadas
complejas, representa la alianza del Oriente, voluptuoso y colosal, con
el Occidente, refinado y artístico; ó bien, que está destinado á revelar
en su exterior el cosmopolitismo de luz, artes, industria y riqueza, de
historia y magnificencias, contenido en la prodigiosa combinación de
objetos del interior.

El solo _palacio_ de cristal, asentado sobre una bella colina, ocupa,
sin contar sus graderías exteriores, que son inmensas y de un efecto
majestuoso, una área por lo ménos de 80,000 metros cuadrados. El
edificio, aunque unido, presenta el aspecto exterior de tres palacios,
por sus fachadas colosales. Todo reposa sobre columnas gigantescas de
hierro, y la cubierta en todos sentidos es de cristales unidos por una
inmensa armazón de metal. Aunque las torres, las cúpulas y los minaretes
tienen grande elevacion, la de la masa del monumento, sobre su piso
bajo, es poco mas ó ménos de 40 metros.

Se compone el edificio de tres pisos de tablas, inclusive el de nivel
del suelo, donde se encuentra, una considerable multitud de máquinas y
muestras de todo género, que fueron presentadas en la Exposicion de
Lóndres de 1851, y que la Compañía empresaria del palacio compró para
establecer en su recinto un verdadero museo industrial, artístico y
científico. El exámen de los objetos aglomerados en los vastísimos
salones del piso bajo exigiría un estudio detenido, durante algunas
semanas. Bajo la direccion de un hombre inteligente, el visitante puede
adquirir un gran caudal de variadísimos conocimientos, con solo hacerse
explicar la procedencia de cada máquina ó aparato, su objeto, la clave
de su construccion y su manera de funcionar.

Al subir la grande escalera que conduce al primer piso, la impresion que
se experimenta tiene al mismo tiempo mucho de profundo y vago: profundo,
porque uno se siente embelesado, lleno de una especie de asombro
delicioso, de admiracion infinita hácia tantas maravillas; y vago,
porque no se sabe qué admirar mas, si los tesoros inagotables de la
naturaleza, ó los prodigios realizados por el hombre, como sabio,
ingeniero, artista, viajero, arqueólogo, historiador, etc. Hay allí un
cuadro tan complicado y vasto, tan encantador y sorprendente que el
visitante no sabe por dónde comenzar ni á qué objetos dar la
preferencia.

Repito que no pretendo _describir_, porque no alcancé ni á medio-_mirar_
la mitad siquiera de los tesoros de arte y curiosidades que en el
_Palacio de cristal_ se encuentran. Si el palacio solo es una maravilla
de arquitectura, de mecánica y de _originalidad_ ecléctica, cada uno de
los objetos del interior es maravilloso en su género tambien. La
atmósfera que allí se respira está cargada de perfumes, porque el
interior del palacio es como un inmenso jardin aéreo, donde alternan en
admirable contraste los arbustos, las flores, las palmas, las lianas,
los helechos, los árboles frutales y cuanto hay de mas bello ú curioso
en la flora del mundo. El Asia, la América, todas las regiones del
globo, tienen allí sus mas primorosos representantes en el arte, la
vegetacion, etc., y cada visitante puede estar seguro de encontrar un
rincon de su patria, con la misma temperatura, las mismas aguas y cuanto
puede producirle una ilusion completa.

Al subir al primer piso nomas se tropieza con un contraste que
impresiona mucho: se ve á un lado el estupendo esqueleto de un árbol de
la América del Norte,--y al otro una galería de estatuas y bustos de
mármol, y cabezas aisladas que son las imágenes de los mas eminentes
pensadores y artistas contemporáneos, principalmente franceses. El árbol
a que aludo, cuya sola corteza está armada verticalmente, con todas las
proporciones que tenia el tronco en su selva del Nuevo Mundo, es el
representante de esa fuerza exuberante, salvaje y asombrosa que
distingue á la naturaleza americana. El tronco tiene todo el aspecto de
una torre sin molduras, y es tan enorme que de él solo saldría el casco
entero de un bergantin. Mas de doscientas personas caben en la
concavidad del tronco, desde su base hasta la cima. Así es la América en
todas sus producciones.

La galería de estatuas, bustos y cabezas es encantadora. Tal parece como
si la Europa inteligente, la Francia sobre todo, palpitase allí en esas
fisonomías de yeso, que despiden con sus reflejos de la luz que les
viene de la techumbre trasparente, no sé qué del rayo luminoso y del
calor que agita los cerebros inspirados de Lamartine y Víctor Hugo, de
Guizot y Luis Blanc, de Quinet y Michelet, de Jorge Sand y Alejandro
Cumas, y de tantos otros pensadores ó escritores eminentes. Muchos de
aquellos bustos son evocaciones históricas, porque son las imágenes de
Voltaire y Rousseau, de Mirebeau y Danton, de Vergniaud y Chénier, de
Chateaubriand, Byron, Walter Scott, Lamennais, Eugenio Sue, Balzac y
muchos otros genios que pertenecen á la historia de la política, la
filosofía ó la literatura.

Por lo que hace á salones artísticos, el Palacio de cristal contiene
admirables cosas. No solo conserva una inmensa porcion de curiosidades
que lo hacen rivalizar con los mejores museos de Europa, en lo relativo
á antigüedades y artes plásticas, sino que tiene en los muros y
artesonados de sus salones, como en los pavimentos, la imitación
prodigiosamente fiel de los mas preciosos modelos del arte egipcio,
griego, índigo, romano, morisco, gótico y del Renacimiento, que se han
conocido hasta ahora.

La perfeccion imitativa es tal que la ilusion es completa. Ya recorre el
visitante un salon egipcio que le hace evocar las sombras de los
Tolomeos ó de Cleopatra, con sus relieves toscos, sus momias
mitológicas, sus extrañas combinaciones de colores, su arte brutal y
misterioso al mismo tiempo, pero expresivo, y sus interminables
jeroglíficos. Ya penetra en una sala griega, sensual, poblada de
recuerdos heróicos, revelando el arte por excelencia, que toma todas sus
inspiraciones de la naturaleza, pero que, á fuerza de ser imitativo y
plástico, carecia de ese espiritualismo, celeste ó sombrío, poético
siempre, que nació con la idea cristiana. Ora, saliendo de los templos
artísticos ó salones griegos y romanos, opulentos de tradiciones é
historia, se recorren vastas cámaras que pertenecen al estilo gótico,
profundamente inspirado, espontáneo, sombrío como una leyenda religiosa,
caprichoso como los movimientos de la sociedad en recomposicion,
fantástico, solemne en muchos de sus rasgos, revelador y caballeresco.
Ora cruza el visitante esas salas-mosáicos, encantadoras, que pertenecen
al afeminado pero poético estilo oriental ó morisco, con sus techumbres
cuajadas de filigranas, sus mil colores pintorescos, sus caprichos de
inspiración, su regularidad de ejecucion, su voluptuoso refinamiento de
combinaciones. Aquí está la «sala de los Abencerrajes;» allí la de «las
Sultanas»; aún lado.«el patio de los Leones»; al otro «el retrete de
Boabdil»; en fin, todos los primores de la Alhambra y los recuerdos de
Granada y de la gentil dominacion morisca.

Por último, llaman la atencion dos preciosos salones que imitan la
arquitectura interior del _Renacimiento_,--regular, simétrica, demasiado
imitativa, delicada y culta pero sin espontaneidad;--llena de perfiles,
de relieves mitológicos, pero exenta de atrevimiento, de verdadera
inspiracion, de vida. El tránsito de uno á otro de esos salones
primorosamente esculpidos y pintados, de tan magistral imitacion, es
inolvidable: la impresion que deja es profunda,--porque es una mezcla de
admiracion y tristeza respecto de lo pasado; de santa y silenciosa
veneracion tributada al genio de la humanidad misma, y de esperanza
suprema en el progreso y el bien del porvenir, que se funda en la idea
de la indefinida renovación de las fuerzas vitales de la especie humana.

Allí, en esa serie de galerías admirables (que reproducen el arte
cosmopolita, desde la India y la China hasta la Bretaña, y desde el
Egipto hasta la patria de los Aztecas ó los Incas)--el visitante cree
asistir á una justa literaria mantenida por todos los estilos ideados
por el genio de los pueblos; ve pasar en tropel todos los siglos con su
cortejo de creaciones propias y mitologías; y quisiera descifrar en los
relieves y las inscripciones, en los mosaicos y arabescos, en los
inescrutables jeroglíficos y las trasformaciones plásticas, el misterio
de la civilización que, conducida por el tiempo, va propagándose ó
reproduciéndose como el movimiento del Océano, de onda en onda y de
reflejo en reflejo, sin acabar nunca, porque entraña la idea de lo
infinito, de lo divino y supremo, de Dios invisible y Creador!

Si muchos de los salones están en el palacio consagrados al culto del
arte y de la historia, hay otros, espaciosos como jardines, verdaderos
bosques en miniatura, que reproducen los caprichos de esa suntuosa y
perfumada arquitectura de la naturaleza, que se llama vegetación. ¡Qué
de primores aglomerados allí! Tan presto se cruza un jardín europeo,
literalmente cuajado de tesoros de jardinería refinada, donde la rosa y
la camelia alternan con mil otras flores educadas con el arte mas
minucioso y delicado; como se pasa por en medio de un vasto huerto
colombiano, bajo las anchas hojas del plátano, de la caña de azúcar y de
las palmas de _chontas, hacumas_ y cocoteros, y rosándose con las cepas
de pinas olorosas, las lianas flexibles y aéreas, las parásitas mas
bellas, los helechos arborescentes mas elegantes, y muchas plantas de
hermosura en extremo caprichosa, que crecen á una temperatura artificial
propia y al derredor de anchos estanques de lecho musgoso, donde se
agitan los peces de la zona tórrida entre las yerbas acuáticas
entretejidas caprichosamente.

Pero hay sobre todo un salón vastísimo, imitando la naturaleza de la
India, que produce la mas viva ilusión. Arroyos, fuentes, pequeñas
cascadas, peñascos sombríos y musgosos, todo está preparado allí con
cuidadosa imitacion, poblado el escenario de las plantas especiales y
mas interesantes.

En el fondo reposan la enorme serpiente enroscada al pié del peñasco, en
medio de la hojarasca; el terrible león dormido á la entrada de su gruta
sombría; la pantera lamiendo tranquilamente á sus cachorros, con la
voluptuosidad del calor de aquel clima de fuego, a la sombra del árbol
indostánico.

Y a un lado, al través de un bosquecillo de pequeñas palmas, se deslizan
cautelosamente seis ú ocho indios armados de sus lanzas, sus cuerdas y
sus mazas y dardos, en persecución de un tigre negro, cuyos ojos
chispean y en cuyas garras y contracciones musculares se ven las
crispaturas del miedo y de la rabia feroz que dominan á ese gran bandido
del desierto, cuando se ve atacado y se dispone á destrozar para
defenderse.

Los grupos son muy naturales, y tanto que por momentos siente uno el
terror de la realidad, creyendo oir entre el tupido bosque el grito
salvaje del indio cazador ó el rugido de la fiera acosada. Las actitudes
de los indios, su casi completa desnudez, sus miradas astutas, sus
rostros mates y cobrizos, sus armas primitivas, todo en fin revela ó
finge en esas estatuas de cera, la vida, la pasión, la energía de su
modo de ser y de su peligrosa situación del momento.

La India está allí, con su grandeza que asombra, con sus cosas
terribles, sus estranguladores, sus mitologías que espantan, sus
miserias sociales, su exuberancia física que abruma al espectador nacido
en Occidente....

Para hacer mas vivo el contraste, la música de un gran concierto resonó
de repente bajo la inmensa bóveda de cristal. Era sábado, dia en que los
visitantes pertenecen á la buena sociedad, porque se da en el palacio un
gran concierto y la entrada cuesta el doble de los demás dias de la
semana. La concurrencia era muy numerosa, y el vastísimo salón de los
conciertos particulares estaba colmado. Salí de la India para pasar á
Europa, trocando las escenas salvajes por las arias y overturas de la
civilización refinada; y á fe que no gané gran cosa con el cambio.

La música inglesa, á juzgar por aquel concierto ruidoso, no es muy
delicada ni noble. Había en los acordes del salón no sé qué de vulgar y
prosaico, de áspero y poco espiritual, que me desagradaba en extremo, no
obstante mi ignorancia del arte musical. El canto era todavía peor. Una
señorita _Luisa_, que estaba muy en boga como cantatriz indígena en
aquellos días, hizo el gasto principal, en algunos solos, dúos y
tercetos, que el público la estimuló á repetir. La ejecución era
correcta, como una factura inglesa; la voz pura y deliciosa por el
timbre espontáneo; pero le faltaba el calor de la inspiración, el
entusiasmo, la vida. Así es la sociedad inglesa en punto á bellas artes;
muy correcta, pero fria, sin expansion ni fuego. Hay no sé qué de
parsimonioso en la cantatriz ó el artista inglés, en lo general, que
hace pensar, al través de la armonía, en las letras de cambio, los
navios mercantes de las Indias Orientales y las fábricas de madapolanes.
El pueblo británico es una sociedad de fuerza y grandeza sociales, que
no se amalgaman bien con las delicadezas del arte y las inspiraciones
fantásticas de la poesía. El público del palacio el dia en que lo
visité, era en general muy escogido; y sinembargo, sus mas ruidosos
aplausos fueron para un coro vulgarísimo pero extravagante (en inglés,
se entiende), que tenia todas las apariencias de los gritos
atroces--_hip-hap-hurrah_!--con que los Ingleses alborotan todas sus
diversiones y sus banquetes. La Inglaterra es un pueblo positivo,
honrado y calculador, pero de muy mal gusto y de costumbres demasiado
prosaicas.

Cuando salí del _Palacio de cristal_, por necesidad, porque la noche se
acercaba, me parecía que una fuerza secreta me retenía, fascinándome y
debilitando mi voluntad. Después de penetrar á ese templo colosal del
arte, de la historia y de las maravillas diversas de la civilizacion
universal, no quisiera uno salir jamas. Se desea seguir viviendo allí
con las sombras y los recuerdos de todas las generaciones, y entregar el
corazon y el alma á la voluptuosidad de los contrastes y de una
admiracion sin limites.

Diez minutos despues de alejarme de aquel monumento que es el orgullo
del poder industrial de Inglaterra y el mas noble testimonio de su
cosmopolitismo civilizador,--arrastrado en el fondo de un vagón por ese
huracán de hierro que se llama _locomotiva_, sentía esa sensación vaga
que nos queda siempre en la memoria después de un sueño magnífico. Me
parecía ser el juguete de una ilusión,--de un encantamiento sin nombre
ni semejanza, en cuyas sombras, luminosas vagaba la espléndida imagen de
Colombia; pero luego, al sacudir el mágico estupor me decía: No! esto es
todo verdad;--es la realidad del progreso; es la fotografía admirable de
este ser múltiple, imperecedero, divino, conducido por la mano de Dios
en su peregrinación al través de los siglos, que tiene por nombre
HUMANIDAD, y que va elaborando dia por dia, momento por momento, sobre
la faz entera del globo, esa inmensa obra de luz, fuerza, vida y
bienestar que nos protege á todos y se llama la CIVILIZACION!...

       *       *       *       *       *

Aparte de lo que llevo rápidamente indicado, Londres tiene muchos,
muchísimos objetos dignos de estudio atento, porque son del mayor
interés para la ciencia, la industria, el comercio y la vida social.

Sus centenares de _imprentas_ y otros establecimientos destinados á la
publicidad del pensamiento, merecen mucha atención, por su grandeza, la
enormidad de su producción y los brillantes progresos á que han llegado
el mecanismo y el arte tipográfico.

Baste decir que hay imprentas, como la del _Times_, que dan ocupación
permanente á millares de escritores, compositores, correctores y
empleados de todo género, y cuyas prensas colosales, que tienen las
proporciones de un edificio, producen por dia mas hojas impresas que las
prensas reunidas de toda Colombia.

La estructura material del _Banco de Londres_, su administracion, su
riqueza prodigiosa y su manera de funcionar, son objetos que por sí
solos provocan la atencion y la curiosidad del viajero deseoso de
comprender y apreciar las condiciones económicas de la Gran Bretaña.
Aturde el pensar nomas en el valor de las transacciones de cada dia que
se verifican en el Banco de Londres, sin contar centenares de bancos
particulares que gozan de un inmenso crédito y guardan en sus cajas y
subterráneos mas dinero del que hay repartido en todo el mundo. Es de
esos Bancos que sale la savia que vivifica todas las empresas
industriales del globo; y es en los gabinetes de esos banqueros
millonarios, como Rothschild, donde se combinan las mas colosales
especulaciones de canales, telégrafos, ferrocarriles, minas, etc., para
todos los continentes,--ó se resuelven las grandes cuestiones de la
política internacional, á virtud de los empréstitos y otras combinaciones.

La _Bolsa_, edificio monumental, como el del Banco de Inglaterra, no es
ménos interesante, ya por su organizacion, ya por el papel
complicadísimo que hace en todas las operaciones económicas y los
grandes sucesos políticos. La _Bolsa_ de Londres es el termómetro
infalible del crédito, de todos los gobiernos y de los grandes bancos
del mundo, del movimiento general de la política, de las fluctuaciones
de los cambios y del valor de la moneda, así como de la popularidad de
las empresas mas notables. Inmenso santuario del crédito, la Bolsa es al
mismo tiempo la necrópolis de mil fortunas derrumbadas y consumidas
allí, y la cuna de mil otras que se levantan de improviso sobre las
ruinas de los imprudentes, los engañados ó los que cuentan demasiado con
los caprichos de la suerte. Vorágine para unos,--onda benéfica para
otros, la Bolsa--océano del crédito y la especulación--tiene la pérfida
movilidad del mar, guardando en su seno inescrutable la vida como la
muerte. Dios libre á los pueblos colombianos de esa institución, á pesar
de los grandes servicios que puede prestar! Los pueblos republicanos no
necesitan para medir su prosperidad y su crédito de otro termómetro que
el de la libertad y la opinión.

Los _vapores_, la _Aduana_, la _Casa de correos_, las _estaciones_
de ferrocarriles y telégrafos, los institutos voluntarios y populares de
_beneficencia_, las sesiones del _Parlamento_, y muchos otros objetos de
carácter público, exigen en Londres un estudio detenido y muy
concienzudo;--así como sus grandes _fábricas_, que son el verdadero
símbolo de la prosperidad de Inglaterra como país productor y
comerciante. Pero ¿cómo investigar todo eso?--Estudiar tales objetos es
conocer la Gran Bretaña, y para alcanzar semejante resultado se necesita
de años de minuciosa observacion, recorriendo el país en todas
direcciones. En tanto que no haya tenido esa fortuna debo confesar mi
ignorancia, puesto que apenas he mirado, al pasar, una parte de la
fisonomía exterior complicadísima de aquella gran sociedad.

Esto mismo me dispensa de hacer reflexiones generales que resuman el
resultado de mis impresiones. No solo pasaría con justicia por un
pedante insigne, sino que me expondría á ver contradichas todas mis
apreciaciones, que tendrían mucho riesgo de ser equivocadas, faltándome
el conocimiento del conjunto como de los pormenores. He dicho hasta
ahora cómo he sido _impresionado_ por lo poquísimo que he visto
_personalmente_ en Inglaterra. La observacion me dará mas tarde algún
derecho para juzgar á esa sociedad que me ha parecido tan grandiosamente
contradictoria en el primer momento.

Londres tiene también, como curiosidades artísticas, algunas plazas
públicas muy notables, no por lo que son en sí mismas, sino por los
bellos monumentos que contienen en su centro. De este género son: la
espléndida plaza de _Trafalgar_, que contiene la estatua monumental de
Nelson, cuya elevacion es de 276 piés, las de Jorge IV, sir Charles
James Napier, etc.; la plaza de la Bolsa, donde se levanta la magnífica
estatua ecuestre de Wellington; la de _Cheapside_, en cuyo centro está
la figura severa y varonil de Robert Peel, el gran reformador inglés;
_Hyde-Park_, donde se ven la estatua de Aquiles y otra de Wellington;--y
otros cuantos _squares_ que ostentan estatuas consagradas á hombres mas
ó menos históricos.

En general esos monumentos son muy severos y sencillos, pero las
estatuas ecuestres ó pedestres son de mal gusto y ejecucion artística
imperfecta. La contemplacion de esos monumentos de la gloria de los
grandes ciudadanos y de la gratitud ó admiracion del pueblo, me causaba
profundo placer, porque en Inglaterra esas demostraciones no son obra de
los gobernantes, sino de la espontaneidad de la opinion pública, que
discierne el premio con independencia.

Un pueblo que sabe honrar la memoria de sus grandes ciudadanos,
eternizándola en el bronce ó el mármol, en las plazas publicas, á la
vista de todo el mundo, no puede ser jamas esclavo. Su culto consagrado
á la figura inmóvil del patricio, mantiene el fuego del patriotismo, el
orgullo nacional legítimo, y el estímulo que impele á buscar la grandeza
y la gloria en los actos sublimes de abnegacion, desinteres ó heroismo.
Y el día de un conflicto popular, la multitud sabe que su punto de
reunion es al pié de la estatua venerada, porque ella le recuerda al
ciudadano lo que valen el derecho, la libertad y el honor del individuo
y de la patria.

Sin embargo del grandísimo interes que encierra Lóndres, esa
capital-nacion, millonaria en todos sentidos, no se siente una impresion
penosa al dejarla, Cuando uno llega á los últimos suburbios de la
inmensa metrópoli (viniendo de Colombia), experimenta una sensacion
inexplicable, en la cual hay como una mezcla de miedo y curiosidad, de
ilusion fantástica ó fascinadora y duda, Uno se prepara á no encontrar
donde quiera sino grandeza y maravillas.

Al salir de Lóndres con direccion á Paris (de cuyas condiciones se tiene
por prevencion una idea muy simpática) el viajero no siente ni alegría
ni tristeza, sino laxitud, cansancio ó cierta indiferencia. Lleno de
desengaños, lleva la impresion del contraste social que se revela en la
suprema opulencia y los mas admirables progresos de la civilizacion, al
lado de supremos infortunios, horribles desigualdades, y espectáculos de
miseria y degradacion increibles y jamas conocidas en el Nuevo Mundo.
Así, al dejar á Lóndres se siente no sé qué alivio, porque se ha
librado uno de aquel hormigueo de gentes que desvanece, de aquel inmenso
ruido que aturde, y de la fascinacion opresora de tanta grandeza (en lo
bueno como en lo malo), que le arrebata al espíritu su libertad de
acción y su personalidad.

--El 23 de marzo, á las ocho de la noche, esperaba yo en la vastísima
estacion de _London-Bridge_ el momento en que debía partir el tren
expreso por el ferrocarril de Dover. Las gentes de la Aduana hacían su
oficio, pesando los equipajes, sellándolos, etc., de manera que,
desentendiéndome de mi equipaje, pude ir hasta París libre de registros
é incomodidades fiscales. Al cabo se oyó el silbido prolongado de la
locomotiva;--tomamos nuestros asientos en los mullidos vagones, y
partimos como el huracán bajo las sombras interrumpidas de las bóvedas
del embarcadero y de los _túneles_ del camino ya léjos de la ciudad, la
cual parecía un colosal fantasma, de formas extravagantes é
indefinibles.


       *       *       *       *       *

CAPITULO VI.

       *       *       *       *       *

DE LONDRES A PARÍS.


En el wagon.--Dover.--El paso de Calais.--La entrada á
Francia.--Calais.--Amiens.--Las ceroanias de Paris.

Toda descripcion me seria imposible si pretendiese dar una idea muy
somera al menos del paisaje interesante que se extiende a los dos lados
del ferrocarril, desde Lóndres hasta Dover. La rapidez de la marcha y la
noche me impedian mirar siquiera los objetos exteriores. La luna
brillaba con esa triste palidez que le dan á su lumbre las nieblas
heladas del mes de marzo; y si de trecho en trecho reverberaba un
parque, un pequeño canal, ó los muros blanquecinos de un puente;--ó se
destacaban á uno y otro lado las sombras majestuosas de las arboledas,
los castillos rurales ó los edificios de algunas poblaciones ó pequeñas
ciudades,--la variable escena tenia un aspecto fantástico, mas propio
para impresionar al poeta que para ofrecerle nociones provechosas al
viajero.

En el interior del coche (wagon) en que iba yo con mi familia, habia un
interes de otro género, curioso en realidad, como lo es todo cuadro de
costumbres. Los ocho asientos del mullido coche se completaban con un
Inglés y una pareja francesa. El Inglés, especie de tonel de dimensiones
colosales, roncaba y silbaba como la locomotiva, entregado al mas
profundo sueño. Parecia que el movimiento del tren, lejos de
incomodarle para dormir, le diese con su andar rápido y vibrante una
especie de dulce vaiven. Con todo, de cuando en cuando se despertaba
sobresaltado, como si algún resorte le hiciese saltar; y dos veces le
oimos pronunciar dormido, las palabras _a thousand pounds!_ (mil libras)
con un tono de alegría muy notable. Acaso el buen _John Bull_ soñaba con
alguna especulacion ventajosa. Un Inglés hace negocios hasta dormido.

La pareja francesa era uno de esos matrimonios _bourgeois_ que son el
término medio entre la vulgaridad y el buen sentido. Como yo hablaba en
español con mi familia, ó algunas veces en mal inglés, los dos Franceses
creian poder charlar francamente en su propia lengua sin temor de ser
comprendidos. La señora, Francesa bastante bella (cosa rara en una
Francesa), mostraba los mas vivos deseos de volver á Paris por gozar de
los placeres de la moda, que parecían su sola preocupación; en tanto que
el marido solo pensaba en futuras especulaciones, profundamente
penetrado del espíritu yankee. Por sus disputas extravagantes y
grotescas comprendí que venían del interior de los Estados Unidos, donde
habían pasado algunos años y hecho fortuna.

El contraste que hacían los dos tipos me interesaba, porque en cierto
modo me daba la clave del carácter francés en ambos sexos. El Francés,
sumamente elástico por temperamento, aunque conserva en todas parles su
espíritu burlón y mucho de su jovialidad superficial y sus rasgos
distintivos, se acomoda fácilmente á todas las situaciones. Saliendo de
su patria con instintos generosos, se metaliza en los Estados Unidos, si
la fortuna le protege, y vuelve Yankee por todos cuatro costados. Un
Francés se hace Turco ó Chino, si es necesario, adquiriendo todas las
condiciones de la raza ó la sociedad adoptiva, con rara facilidad.

La Francesa, muy al contrario, conserva su personalidad en todas partes.
Ella es siempre coqueta (en la acepción inofensiva de la palabra), y
lejos de adquirir la altivez de la Inglesa, la austeridad algo gazmoña
de la Española, la modestia apacible de la Alemana, ó la petulancia
pretensiosa de la mujer de Norte-América,--se mantiene fiel á ese
conjunto de ligereza y galantería, de independencia y seducción, de
indiferencia aparente y futilidad constante, que constituye el tipo un
tanto contradictorio de la Francesa. Por eso, no olvida jamas su
preocupación dominante de buscar el placer, tributar culto á la moda,
seducir por la gracia, y brillar donde quiera por los atractivos de un
espiritualismo _de forma_ (si se me permite la paradoxa) aliado á ese
materialismo de las futilezas que tanto provoca á las mujeres en
general.

El digno Inglés roncaba aún con toda la energía de un opulento abdómen,
y nuestros dos Franceses disputaban todavía con calor sobre sus
proyectos de vida parisiense, cuando el tren se detuvo en el embarcadero
de _Dover_. Todo el mundo corrió hacia el puerto, en solicitud del
vapor-correo que debia conducirnos á Calais, al través del canal de la
Mancha. Eran las once y media, y la luna iluminaba melancólicamente la
magnífica escena del pequeño puerto de Dover, en cuyo fondo se destaca,
como un inmenso puente de mampostería y madera lanzado hacia las ondas,
el muelle que facilita el embarque sobre los vapores. Dover (el puerto
_Dubris_ de los Romanos) es una ciudad relativamente nueva, pequeña pero
muy bonita, perteneciente al condado de Kent; tiene una población de
unos 16,500 habitantes, cuya vida es casi exclusivamente marítima, por
sus ocupaciones, y está situada á 43 kilómetros de Calais, y 113 de
Londres, siendo su costa la que mas se aproxima á la de Francia. Ademas
es una plaza militar, con una extensa ciudadela que data del principio
de este siglo; allí mismo tuvieron los Romanos una estación, y mucho mas
tarde los Normandos una fortaleza, que fue sorprendida por los
republicanos en la época de Cárlos I.

Aparte de la Aduana, que es un buen edificio, y de sus cómodos docks ó
canteras para construcciones navales, Dover es interesante por la
belleza de sus calles rectas y anchas, sus casas elegantes y su gran
establecimiento de trabajo para los pobres, donde se fabrican en gran
cantidad velas y cables y otros objetos análogos para la marina
mercante. Como el paso de Calais es tan estrecho, y su servicio de
vapores y correos tan bien mantenido, el puerto de Dover es quizas el
mas frecuentado para las comunicaciones anglo-francesas. Dover es muy
notable también por su telégrafo submarino, que lo comunica con Calais,
y que fue el primer cable telegráfico establecido en Europa.

       *       *       *       *       *

Al separarse del muelle el vapor-paquete que me conducía á Francia,
sentí una triple sensación profunda, que me mantuvo por mas de una hora
sobre el puente, preocupado y en silenciosa contemplacion. Por una
singular fortuna, el canal de la Mancha estaba tranquilo y luminoso como
un lago terrestre, reposando bajo la luz apacible de la luna. La escena
tenia un aspecto de dulce majestad que provocaba á soñar y entregarse á
las memorias queridas.

Detrás, al norte, en el fondo del pequeño puerto, se destacaban las
sombras gigantescas, abultadas por la optica del mar, de la aduana, los
muelles, la estación del ferrocarril y otros edificios del puerto,
quedando mas lejos, medio confusas entre los vapores de la noche, las
moles de la parte interior de la ciudad. Y á uno y otro lado se extendía
la costa británica, como una cinta mortuoria vastísima, de crespón
blanco sobre fondo negro, tendida sobre el regazo del mar, cuyas ondas
sollozaban de un modo casi imperceptible. La limpia estela del vapor
brillaba con un resplandor mate y fosfórico; el cielo tenia una
serenidad admirable, cuya hermosura hacia olvidar el frío glacial de la
brisa,--y á lo lejos, en todas direcciones, se veian efectos de luz y
sombra deliciosos, producidos por la suave ondulacion del mar.

Pero si ese espectáculo impresionaba mi corazón soñador y atraía mi
curiosidad de viajero, encontraste de los paises entre cuyas costas
navegaba, me produjo, como observador, una profunda preocupacion.

Al norte quedaba Inglaterra; al sur iba á descubrir en breve, la costa
de Francia. De un lado tenia un pueblo libre, una tierra de
independencia y de individualidad, país clásico de los viajes
cosmopolitas, de las empresas universales, de la publicidad, del
comercio, de la maquinaria y la marina. Del otro Francia, tierra de
gloriosos recuerdos, pero algo versátil; infinitamente simpática, apesar
de sus graves defectos;--país clásico de la ciencia y el arte, de la
literatura y las heroicas hazañas,--de la omnipotencia _social_ que
suprime al individuo. En Inglaterra dejaba la libertad sin la igualdad.
En Francia iba á encontrar la igualdad sin la libertad....

Me apartaba de la costa británica sin pesar pero con respeto. La
Inglaterra es un país que no inspira simpatías, por muchos motivos, pero
que conquista siempre la estimación, ó por lo menos el respeto.

El viajero siente muy bien, al alejarse, que aquella noble isla es el
santuario y la esperanza de la libertad del antiguo mundo, y el puesto
avanzado de la humanidad en la via del progreso.

Al acercarse uno á la Francia, cuando es republicano de Colombia,
fácilmente comprende que, si su espíritu va á encontrar su verdadera
patria (porque Francia es el país del pensamiento iniciador y de la
actividad literaria), su corazón va á vivir, en cierto modo, en el
silencio,--porque la Francia de hoy, modificada en lo moral y político,
es un país donde el espíritu subyuga al sentimiento, donde no existe el
ciudadano, y el _individuo_ ha abdicado su personalidad en las aras de
la _comunidad social_.

Cien minutos después de salir de la bahía de Dover, entraba el vapor en
la estrecha y difícil rada de Calais, inabordable para los grandes
buques. El puerto es tan malo y embarazoso, que solo al favor de un
inmenso muelle, prolongado muy al exterior de los diques, pueden atracar
los vapores para descargar. Después de una larga travesía sobre el
muelle, que se hace á pié ó en coche, el viajero penetra á los estrechos
salones de la Aduana, pasando sucesivamente, de antesala en antesala,
bajo la inspección minuciosa de los guardas, empleados de aduana y
agentes de policía.

Un momento distraído por la curiosidad de observar la estructura del
edificio (en que la aduana está en combinacion con la estacion del
ferrocarril), habia olvidado a la policía francesa, con esa tranquilidad
del que nada tiene que temer y está habituado á viajar libremente en
Colombia. De repente, una voz imperiosa me dijo:--«Vuestro pasaporte!»
Desperté, y disimulando mi indignacion me dije por primera vez: «Ah!
estamos en Francia; comencemos á ser sumisos.»--Presentamos los
pasaportes, dimos nuestros nombres y pronombres, firmando para que
comparasen los caracteres; y despues de sufrir durante cinco minutos las
miradas escrutadoras de los cancerberos, la misma voz imperiosa nos
dijo:--«Pasad!»

Pasamos bajo el umbral de la _puerta crítica_, y entramos al imperio
frances. Para entrar á Francia no era bastante pisar el territorio
frances: se necesitaba ser timbrado, registrado y filiado, ó pasar bajo
las horcas caudinas de la aduana y la policía. La Francia, como nacion,
no es un _pueblo_: es una aduana y un puesto de guardia. Al dar el
primer paso, por entre filas de guardas y soldados, se comprende que se
ha penetrado en una region donde reinan la _burocracia_ y la policía. Y
sin embargo, sería injusto (relativamente) si me quejara. Si el
extranjero que llegaba solo era sometido á rigurosa inquisicion (sobre
todo si tenia nombre italiano), el padre de familia, que no inspiraba
desconfianzas iguales, era (en 1858) mucho mejor tratado por los
_dragones_ del fisco y de la policía.

Con todo, sería mucha candidez la del viajero que se fiase de esas
apariencias. Las cosas están arregladas de tal manera en Francia, que
ningun acto del individuo, aún el mas inocente, escapa á la vigilancia
de la policía. En 1858 el cónsul en Lóndres, por ejemplo, no extendía el
_visa_, sino despues de un examen minucioso que se le hacia al viajero,
sin saberlo este, por un empleado de la policía secreta que lo observaba
en silencio, y tomaba nota de la filiacion del individuo. Esa filiacion
iba á Francia inmediatamente, y servia en la aduana para verificarla
identidad; sin que uno se apercibiese de nada. Despues, al llegar á
París, era preciso sufrir un huevo examen escrutador, tomar un coche que
la policía conocia, hacer registrar el pasaporte, etc., etc.; y si se
cambia de hotel ó habitacion, la policía tiene el informe al instante
por medio de los porteros y los criados que son sus agentes secretos,
por interes ó por miedo.

Calais es una ciudad antigua, de mucha celebridad histórica, bastante
bien edificada en su conjunto, pero muy fea y de calles estrechas y
tortuosas. Su poblacion no pasa de unos 14,000 habitantes, y no cuenta
de notable entre sus monumentos sino la iglesia comunal, construida
durante la dominacion inglesa (de 1347 á 1558), y que pertenece al orden
gótico; el Hotel de Ville (casa municipal) y un magnífico faro que fue
establecido en 1848. La ciudad es notable por sus fabricas de gasas muy
bellas de algodon, que son muy activas, su modesta biblioteca y su
escuela de hidrografía. El puerto es interesante por su aduana, sus
baños de mar, sus numerosos vapores-paquetes, su telégrafo submarino,
sus extensas pesquerías y sus nuevos muelles artificiales.

Calais, es célebre en la historia militar de Francia por el famoso sitio
de trece meses sostenido por el heróico Eustache de Saint-Pierre; que
hubo de capitular con las tropas de Eduardo III de Inglaterra en 1347; y
por haber sido la base de la dominacion ejercida por los Ingleses sobre
una parte de Francia hasta las épocas de Juana de Arc y del duque de
Guise. Calais es una especie de ciudad militar, apesár de su comercio y
sus pesquerías, porque tiene muy considerables fortalezas, que datan
desde la edad media, cuyo fundador fué Felipe de Francia, llamado conde
de Boloña.

En el trayecto de Calais á París las ciudades mas notables son Lila,
Doual, Arras y Amiens. Las tres primeras, que reservo para otra
narracion, estaban invisibles cuando tocamos en ellas. Algo nos
detuvimos en Amiens, ciudad histórica por mas de un motivo, y tan
antigua que remonta a los tiempos anteriores á la conquista romana. Los
Romanos la llamaban _Samarobriva_, y ella fué la capital de la Francia
merovingiana, residencia de los primeros reyes francos en la Galia.
Amiens tiene algunos monumentos interesantes, sobre todo su hermosa
catedral, que fue construida en el siglo XII, y es reputada como uno de
los mas bellos monumentos de la arquitectura gótica que posee Francia.

Por su tamaño y poblacion (50,000 habitantes), Amiens es una ciudad de
tercer orden en Francia; pero por su carácter de capital de departamento
y obispado, sus institutos de enseñanza pública y su activa fabricacion,
figura entre las ciudades de segundo orden. Amiens es plaza fuerte
respetable, y aparte del papel muy notable que ha hecho en la historia
de Francia, es célebre (como se recordará) por el famoso tratado de paz
celebrado allí en 1802 entre Francia, Inglaterra, España y la República
batava ú Holanda. Tiene también la celebridad histórica de haber sido la
patria de Pedro el Ermitaño, predicador de las Cruzadas.

La ciudad tiene en su recinto muchos colegios importantes, de todas
clases, una hermosa biblioteca de 50,000 volúmenes y un regular jardín
botánico. Posee en el interior y los arrabales muchas fábricas, haciendo
una activa producción de gasas y terciopelos de seda y algodón, paños
negros de _satín_, telas finas de lana y otros tejidos de mérito.
Fabrica también sustancias químicas, tafiletes, cuerdas, etc., y tiene
numerosas tintorerías. Cuenta unas ocho ó nueve imprentas, y es el
asiento legal de un consistorio protestante que pertenece a la comunión
calvinista. Los alrededores de Amiens son muy bellos por la extensión de
los cultivos, las fábricas que se destacan donde quiera en las praderas,
las casas de campo pintorescas y variadas, y el vasto panorama que se
extiende en todas direcciones casi sin interrupción de inflexiones en el
terreno.

Si en las cercanías de Amiens el paisaje es muy interesante por la
proximidad del rio dela _Somme_ (que corta el departamento) y cerca del
cual pasa el ferrocarril del _Norte_,--cuando el viajero va acercándose
á París pasando por Clermont, entre Beauvais y Compiégne, la campiña
toma proporciones mas interesantes. Al sud-este desciende el rio
_Marne_, que se une al Sena cerca de París, desprendiéndose de las aguas
de aquel un estrecho canal artificial; mientras que al lado del
ferrocarríl corre del nord-este el rio _Oise_, ya engrosado con el
_Aisne_ en Compiegne, angosto y miserable por su volumen (para el
viajero colombiano acostumbrado A ver rios enormes), pero muy útil para
la navegación interior secundaria y para la irrigacion. El ferrocarril
pasa por encima del Oise, y esté rio sigue su curso hacia el occidente
para irse á confundir con el Sena abajo de París. El espacio que media
entre el Oise y el Marne es vastísimo, y como las colinas son muy raras
la llanura forma una especie de horizonte de praderas, campos de
cultivo, parques y pequeños bosques, poblaciones rurales, canteras y
molinos dispersos en todas direcciones de aspecto muy interesante.

Hácia las cercanías del Oise y de París se ven extensas canteras de
piedra de sillería, caliza en apariencia, pero en su mayor parte de una
greda arenosa que se presta mucho á facilitar las inmensas
construcciones actuales de París. La mayor cantidad de aquellas piedras
sale de las canteras en enormes trozos ó moles que, cuadradas en bruto,
van á París por medio de canales, ó en carros gigantescos tirados por
tres, cuatro ó seis de esos caballos normandos que parecen tener la
constitución de la roca, á juzgar por su tamaño, su musculación y su
fuerza.

       *       *       *       *       *

Los alderredores de Paris son bellísimos, en general, haciendo en ellos
un raro contraste los fuertes militares y la enorme muralla de
circunvalacion que encierra á Paris, con los mil objetos pintorescos de
la campiña y los grupos desiguales de las poblaciones vecinas. El tren
pasa cortando la hermosa llanura de Saint-Denis, dejando al occidente la
pequeña ciudad del mismo nombre (cuyas torres y chimeneas dominan el
horizonte), y penetra luego en la gran metrópoli francesa, al norte,
después da cruzar el distrito de la _Chapelle_, enclavado entre las
fortificaciones, hácia Saint-Denis, y la _barrera_ de Paris, como lo
está una multitud da pequeñas ciudades ó distritos que son como la
continuación ó el inmenso suburbio circular de la capital[1].

La ciudad tiene á su derredor no solo la muralla (con su foso profundo)
al nivel del campo exterior, cubierta de bosquecillos de pinos, sino
también unos catorce ó diez y seis fuertes de defensa, entre los cuales
figura en primer lugar la antigua y famosa fortaleza de _Vincennes_, la
Bastilla exterior de París, de lúgubre memoria para Francia. Todas esas
fortificaciones, á excepcion de Vincennes, fueron establecidas, como es
bien sabido, por orden de Luis Felipe, obedeciendo á la doble
preocupación de defender á Paris de una nueva invasión como la de 1815,
y de dar trabajo á los obreros. Despues de haber gastado una enorme suma
de millones, ese rey sin previsión no hizo mas que causar un grave daño
á Paris y sus alderredores, y al porvenir de la libertad.

En efecto, las fortificaciones, sin ser de provecho positivo bajo el
punto de vista militar para la _defensa_, de Paris, no solo han
encerrado la ciudad, embarazando el ensanche de sus suburbios, sino que,
en realidad, pueden servir apénas de instrumento para la opresión.
Aquellos catorce fuertes son otras tantas ciudadelas que servirán de
punto de apoyo a toda tiranía militar, puesto que, cuajadas de soldados,
cernirán á Paris en cualquier tiempo en que su poblacion haga algún
movimiento en el sentido liberal. Así, los obreros de Paris al trabajar
en esas vastas fortificaciones, no hicieron otra cosa que asegurar la
clausura de la ciudad, poniéndola bajo el poder de una presión militar.

Tal es siempre el resultado de las fortificaciones. La libertad y la
justicia son los mejores baluartes de defensa para un pueblo civilizado;
mientras que las _ciudadelas_ son en todo caso los cerrojos que
encierran, dominan y esclavizan á las _ciudades_. Los Ingleses, muy al
contrario de sus rivales de Francia, han tenido el buen juicio de
comprender que las fortalezas no deben estar al lado de las fábricas,
las academias y los monumentos de la civilizacion,--porque hay un poder
que defiende mejor que todos los cañones el santuario de una ciudad
ilustre y los tesoros del arte, de la industria y del comercio; ese
poder es el de los _intereses_ sociales apoyados en la libertad. Lóndres
no tiene mas fortalezas que sus puentes, sus vapores, sus ferrocarriles,
sus fábricas y monumentos de toda especie. La civilizacion es la mejor
garantía de esa inmensa metrópoli de la opulencia. Pero Francia es un
país militar por excelencia, y no es extraño que París, la capital del
mundo del _espíritu_, esté rodeada de los instrumentos de la _fuerza_.

       *       *       *       *       *


TERCERA PARTE.

DE PARÍS A MADRID.

       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *       *       *       *       *

LA BORGOÑA Y LYON.


Los ferrocarriles.--Melun.--Fontainebleau.--Montereau.--Sens.
Joigny.--Tonnerre.--Dijon.--Impresiones nocturnas,--Panorama de Lyon.


Si se quisiera tener una idea comparativa y completa de la revolucion
social que han producido en Europa los ferrocarriles, nada tan adecuado
para formarse una profunda conviccion como un viaje de París á Madrid,
por la via de Lyon, Marsella y Alicante,--ó un paseó por en medio de las
ásperas montañas de la Suiza, á orillas de sus lagos encantadores.

¿Quién hubiera pensado ahora veinte años que la Suiza, que es una
colosal montaña dividida por profundos y pequeños valles lacustres,
sería surcada en breve por las locomotivas? Y mas aún: ¿quién hubiera
pensado que en 1858, desdeñando los mares y los Pirineos, pudiera pasar
un viajero de París á Madrid en setenta y dos horas, con mil comodidades
y venciendo tan multiplicados obstáculos? Y con todo, los ferrocarriles
accortarán aún la distancia. Dentro de dos años las dos grandes vias de
Valladolid y Zaragoza, como dos enormes brazos oprimiendo los Pirineos
de un lado y otro, ligarán á Madrid con Burdeos, por el occidente, y con
Perpignan por el oriente, y entonces las capitales de Francia y España
estarán solo á treinta y seis horas de distancia (puesto que ella se
mide por el tiempo) y los Pirineos no figurarán sino como un monumento
de granito y nieve levantado por la naturaleza para ser un día el mas
grandioso, el eterno testimonio de los prodigios de la obra infinita de
la civilizacion, en que Dios trabaja como supremo inspirador y artífice,
y el hombre se le asocia como un obrero infatigable que recibe su
salario en libertad, bienestar y progreso.

Estas reflexiones me hacia el 24 de marzo de 1859, precisamente al año
de haber llegado á Paris, al partir del inmenso embarcadero del
ferrocarril de Lyon, dando un adios á la metrópoli del mundo
intelectual, donde quedaba la mitad de mi vida y el tesoro supremo de mi
amor.

Sentíame casi fatigado ya con la vida artificial que se lleva en Paris,
donde todo es el resultado de una especie de convención tácita de la
sociedad,--donde la moda reina como soberana absoluta, y el corazon no
encuentra su espontaneidad ni se siente á sí mismo sino cuando se
encierra en el santuario de la familia, huyendo del bullicio fascinador
de un mundo que se agita en interminable torbellino. Iba á visitar á
España, la vieja y heróica patria de los fundadores de la mía,--la
patria de mis abuelos, de mi lengua y de todo lo que nutrió mi espíritu
en los alegres días dé la primera juventud.

Un tiempo magnífico, da prematura primavera, convidaba á buscar deleite
en la aspiración del aire libre y en esa contemplación inquieta,
fantástica en cierto modo, de las campiñas y las pequeñas poblaciones, á
que nos conduce la ubiquidad de la locomotiva, haciéndonos pasar con la
rapidez del huracan por entre castillos y colinas, bosques y ciudades, y
cuanto constituye el poco accidentado pero admirable panorama de la
Francia central ó meridional, pues en todas direcciones la opulencia de
cultura produce los mismos resultados. La poesía falta, porque donde
quiera el arado ha civilizado la tierra hasta el refinamiento; pero si
el poeta tiene pocas impresiones que recoger en la carrera, el viajero
hallará en todas partes la revelación de un progreso relativamente
consolador.

El fuerte de Charenton quedó atras, y los últimos suburbios de Paris se
perdían detras de las ligeras inflexiones del terreno, mientras que al
oriente se desarrollaba la vasta campiña, despojada de encantos
naturales pero rica en pormenores de civilización y cultivo. Al volver
un recodo del ferrocarril se descubre un escenario en extremo
pintoresco. El Sena, todavía poco importante, porque no ha recibido aun
las aguas del _Marne_, que le aumentan su caudal en las cercanías de
Paris, hace allí un arco, dividiendo la pequeña y graciosa ciudad de
Melun, reclinada sobre la falda de una colina, cuyos bordes salpican
pequeños bosques de pinos y encinas. Nada se alcanza á ver entre los
edificios de Melun que llame la atención como objeto de arte; pero la
población no solo es risueña como todas las que demoran á orillas de un
limpio y murmurante rio, sino que tiene interés bajo el aspecto
comercial. Es por allí que descienden á Paris las pesadas barcas de
remo, ó tiradas por caballos, repletas de pipas de vino de Borgoña, de
trigos y leñas, maderas de construcción y carbon, procedentes de las
vastas florestas que en esas llanuras se conservan con el mayor esmero.

De allí en adelante, hácia el sud-este, el horizonte se abre y extiende,
sin que lo interrumpan mas que colinas verdes ó amarillentas, aisladas y
distantes, siempre redondas y casi todas de formacion caliza ó de
arenisca, cuya elevacion varia entre 80 y 200 metros al parecer. Por
todas partes se ven hermosas quintas de sencilla y pintoresca
arquitectura, rodeadas de sauces y pinos persistentes, ó de álamos
empinados y flexibles; donde quiera praderas simétricamente deslindadas,
y entables pequeños de cultivos diversos (viñas, trigos ó legumbres) que
revelan por su esmerada condicion y sus multiplicados lindes esa
maravillosa division de la propiedad territorial tan benéfica para
Francia, debida á la gran revolucion que desamortizó los bienes
inactivos ó estancados y fundó la igualdad hereditaria.

El tren corta la comarca ondulosa de Fontainebleau, y no permite
distinguir ni la ciudad cercana ni el palacio famoso, teatro de los
amores y las fiestas voluptuosas de la corte de Luis XIV, como de la
abdicacion ó caida primera del orgulloso Napoleon. Apénas, al pasar por
entre bosques de encinas y abetos, se ve á un lado la famosa floresta
que constituye la especialidad de Fontainebleau, rica en preciosas y
aromáticas maderas de ebanistería y construccion, y de una suntuosa
hermosura, verde y brillante en la primavera y el estío,--variada y
melancólica en el otoño.

Al dejar atras la vastísima floresta se descubren las altas colinas de
Montereau, campo de la heróica batalla ganada inútilmente por uno de los
mariscales de Napoleon en vísperas de la abdicación de Fontainebleau. Al
pié demora la ciudad de Montereau, poblacion algo considerable y de
bellísima situacion en la confluencia del _Yonne_ con el Sena, ya
engrosado algo por la union de las aguas del _Aube_. El juego de las
colinas con la llanura, los dos rios y la ciudad le dan al paisaje un
encantador aspecto de frescura y alegría. Montereau es un punto de
escala importante en el comercio interior, tiene algunas manufacturas
apreciables y es sobre todo un centro agrícola notable; pero la ciudad
carece de interes por su estructura, pues las cuatro ó cinco torres que
se destacan sobre el fondo pálido de las colinas son de una arquitectura
vulgar.

El ferrocarril sigue costeando la orilla izquierda del Yona (Yonne), rio
apacible, lento y silencioso, de bajas márgenes y claras ondas como
todos los rios de Francia, que corren por llanuras casi totalmente
niveladas. En Joigny, pequeña y pintoresca villa, y punto de escala en
la navegacion, se verifica la confluencia del riachuelo _Armanzon_, con
el Yona, que corre paralelo á un canal, como elementos uno y otro de
vasta irrigación y de comunicaciones algo lentas pero seguras y
baratas. Entre Montereau y Joigny el viajero tiene una bien agradable
sorpresa pasando por delante de la ciudad de _Sens_, que demora á la
márgen izquierda del Yona, teniendo á su espalda un bello grupo de
colinas. Sens, ciudad de mas de 25,000 habitantes, muy comerciante,
agrícola y manufacturera, ostenta en su plaza principal un bellísimo
templo en cuya fachada de un gusto delicioso se reposa con placer la
mirada, puesto que puede hallar un contraste del arte grandioso con la
prosáica agricultura. El monumento, á juzgar de léjos por la magnífica
fachada y la torre, pertenece al género gótico de la segunda parte de la
edad media, en que el arco pleno y la grande ogiva hacen juego con los
grupos de columnas acanaladas y los relieves pacientemente caprichosos.

El curioso observa cómo el sentimiento de lo pintoresco, el instinto
comercial y la previsión higiénica han determinado la formacion uniforme
de todas las poblaciones del trayecto. Rarísima es la villa ó ciudad,
grande ó pequeña, que no reposa sobre la margen de un rio, al pié ó en
la falda de una ó mas colinas que la defienden de los vientos helados y
violentos del este. Esta homogeneidad de situacion les hace tener mucha
semejanza en su aspecto general á las poblaciones que demoran entre
Paris y Lyon.

Por otra parte, la industria y la naturaleza del suelo guardan tambien
una completa homogeneidad en toda esa vasta llanura cubierta de viñedos,
que se llama la Borgoña, y que, teniendo por centro á Dijon, se extiende
desde Joigny hasta cerca de Lyon. A veces se descubren á lo léjos grupos
de altas chimeneas que revelan un pequeño centro de fabricacion; ya se
costea un canal ó un rio donde se arrastran lentamente las barcas que
alimentan el comercio de artículos de consumo inmediato; ya las colinas
desaparecen del todo, el suelo pierde hasta el mas ligero accidente que
lo haga pintoresco, y la inmensa llanura, al parecer desolada, se pierde
en un horizonte sin límites donde la vista vaga buscando inútilmente
algun objeto en qué reposarse.

A veces tambien ese horizonte se estrecha un poco, de un lado á otro,
según el agrupamiento de las colinas, y se ven en sus suaves faldas
(protegidas contra los huracanes que suelen llegar desde las montañas
del Jura ó de los Vosgas) graciosas poblaciones cimentadas en
anfiteatro, en cuyo fondo se destaca algun viejo castillo de la
feudalidad, y que ofrecen un conjunto lleno de gracia y capricho;
salpicadas de grupos de pinos y otros árboles, y coronadas de cintas de
pequeñas florestas cuya sombra parda hace contraste con el azul pálido y
las blancas nubes de un magnífico cielo. La Borgoña es en realidad un
inmenso viñedo, pues si sus redondas colinas interrumpen de trecho en
trecho la llanura, donde quiera se ven las mismas hileras de cepas que
la primavera cubrirá de verdura y el verano de generoso licor.

Con frecuencia se destacan al volver un recodo pequeños caseríos
miserables, compuestos de chozas negras, deprimidas y desmanteladas, que
revelan muy poco bienestar y demasiada incuria. La mayor parte de esas
casuchas raquíticas son de adobes ó piedras brutas mal unidas, cubiertas
de paja ó de tejas destrozadas, que las lluvias y el viento han
agujereado por todas partes.

El campesino de esa comarca tiene una fisonomía poco inteligente y viva,
y su pobre vestido de tela azul de algodon, indica que la falta de
abrigo aflige en los inviernos á la poblacion rural. El asno, de muy
miserable dimension, reemplaza allí al caballo (animal _urbano_ por
excelencia en Francia, que, sea dicho de paso, es tratado allí á palos,
como casi todos los _ciudadanos_ de vida y obediencia pasiva). Y no solo
se hace del humilde y resignado burro un agente de labor agrícola, sino
que se le honra con el tiro de las tartanas y ligeras carretas rústicas,
ó cabalgándole con descuidada confianza.

Tonnerre es una ciudad bastante considerable (aunque de quinto órden en
Francia) por algunas manufacturas, por su gran comercio de vinos y por
ser un centro de produccion de ese articulo. Está situada á la margen
izquierda del Armanzon, riachuelo de donde parte el canal de Borgoña que
liga al Saona con el Sena, permitiendo así el maravilloso paso de una
barca al través de toda la Francia, desde la boca del Sena en el canal
de la Mancha hasta la del Ródano en el Mediterráneo.

Tonnerre carece de todo interes en materia de monumentos, y despues de
perderla de vista, el terreno toma proporciones que lo hacen parecer
triste y desolado.

Al pasar por el trayecto de Montbard á Vitteaux el ferrocarril lleva su
curso por en medio de ásperas colinas agrupadas como enormes peñascos,
algunas perforadas por _túneles_ mas ó menos profundos, cavados en rocas
graníticas, de cuarzo esquistoso ó de cristalizaciones siliceosas
sumamente duras, sin ninguna estratificación visible, y aglomeradas en
masas perpendiculares. No hay en todo el trayecto hasta Dijon ningunas
otras colinas de esa formacion, aunque á lo léjos se divisan algunas
altas rocas de granito azuloso, que brillan á la luz del sol como
lápidas monumentales.

Dijon es una grande y bella, ciudad de cerca de 60,000 habitantes que
merece sumo interes tanto como capital histórica, asiento que fué de los
antiguos y poderosos duques de Borgoña, como por sus monumentos de
arquitectura superior, sus institutos literarios, científicos y de
beneficencia, y su movimiento fabril, agrícola y comercial. La ciudad
reposa en una llanura abierta por tres lados, teniendo del uno el
_Ouche_, pequeñísimo rio, y del otro un grupo de bellas colinas. Ademas
de su vastísimo comercio de vinos, muy baratos (puesto que son los de
mayor consumo popular), y algunos bien estimables, tiene varias
manufacturas dignas de aprecio. Sus fábricas son muy numerosas, y con
especialidad es afamada por las de sombreros de lana y felpas que
representan fuertes valores.

Desde la estacion del ferrocarril se alcanzan á ver las flechas y
empinadas torres de muchos monumentos importantes. Los mas bellos son
(en cuanto puede juzgarse desde léjos por la estructura de las torres y
fachadas): 1º la magnifica iglesia de _Notre Dame_, que data de los
siglos XIII y XIV, y ostenta con exquisita pureza toda la majestad y las
maravillas del arte cristiano; es una obra maestra y sus atrevidas
columnatas superiores son de suma belleza, reposando sobre un pórtico
suntuoso de tres grandes ogivas cuajadas de grupos y relieves góticos:
2º la iglesia de _San Miguel_, que fué construida en los siglos XV y
XVI, y manifiesta en su arquitectura mixta ó de transicion (muy hermosa
pero sin la severidad de la edad media) el paso que hacia el arte del
romanticismo gótico a la elegancia afeminada del Renacimiento: 3º la
catedral de _San Benigno_, tambien de transicion, pero mucho mas
antigua, pues corresponde á la época en que la arquitectura pasaba de la
sencilla majestad del arte romano á la paciente excentricidad y las
angulosidades y relieves del arte gótico, cuyas obras son verdaderas
leyendas religiosas escritas en piedra por los pueblos artístas.

Dijon es el vértice del ángulo formado por el ferrocarril de Paris á
Lyon, pues la linea, despues de haber seguido la direccion sud-este,
tuerce al sur para costear primero el Saona y luego el Ródano, á lo
largo de valles pintorescos. Pasa el tren por delante de poblaciones
importantes como Beaune, Chalons, Mâcon y Villefranche, centros de
produccion agrícola todas. Los vinos de Beaune y de Mâcon son muy
estimados, el primero por su mérito, y el segundo por la gran cuantía de
produccion variada, que lo adapta á un extenso consumo entre todas las
clases sociales.

La noche cubria con sus sombras la inmensa llanura, y no pude tener
siquiera una idea general del aspecto del país entre Dijon y Lyon. Solo
diré que al pasar por Mâcon, preocupado con un recuerdo grato, me sentí
como poseido de cierta veneracion hácia esa comarca interesante. Mâcon
es la patria del glorioso Lamartine,--ese patriarca de la poesía en el
siglo XIX; y no podia ménos que gozar aspirando las brisas del país
inmortalizado por la juventud, la lira sublime, la gloria y hasta los
infortunios del Tasso frances. Allí nació y comenzó á soñar, cantar y
crecer el divino poeta, y él ha conservado su hogar con una amante
veneracion, haciendo de _Milly_ el santuario de las mas puras armonías y
de las mas nobles meditaciones.

El tren rodaba entre las sombras con la rapidez del viento, lanzando la
locomotiva de cuando en cuando sus silbidos agudos que no despertaban
eco en la llanura; y yo, mientras que los demas viajeros dormían á mi
lado, fumaba con deleite, dejando vagar mi espíritu en un torbellino de
recuerdos de amor y de cavilaciones sobre el porvenir del hombre, al
mismo tiempo que, hundiendo la mirada en la sombra interminable que
cubría la campiña, buscaba en su seno alguna luz fugitiva ó alguna otra
sombra mas pronunciada y vigorosa producida por un edificio destacado
aqui ó allá cerca del camino.

De repente pasaba rozándose casi un tren en sentido contrario que, como
un dragon enfurecido, lanzaba su aliento de fuego y de vapor para
desaparecer al mismo instante. Nada mas fantástico que uno de esos
cruzamientos de trenes, sobre todo bajo la bóveda sombría de un _túnel_,
donde el silbido de la locomotiva parece un grito de muerte ó de agonía
suprema. Es muy trivial la opinion de que los ferrocarriles han
suprimido la poesía de los viajes dándoles un carácter en extremo
prosaico. En efecto, si en una estacion, cerca de alguna bella ciudad ó
de un rico paisaje, se compara el espiritualismo poético de un monumento
cercano, con las pilas de carbon de piedra y los prosaicos vagones, la
desventaja es para ese instrumento poderoso de locomocion, que ha hecho
del viaje una carrera, un tropel de huracanes y de impresiones que
apenas comienzan a nacer cuando ya se disipan como una pesadilla. El
ferrocarril, nivelando el terreno y acortando inmensamente las
distancias y el tiempo, ha suprimido la _peregrinación_ y el viajero es
una especie de Asmodeo que no alcanza á contemplar lo que se le presenta
al lado del rápido vagon.

Y sinembargo, creo que los ferrocarriles, suprimiendo en gran parte la
_poesía de la materia_, han creado una nueva poesía, mucho mas vigorosa
y fecunda, poesía mixta que pudiera llamarse la _poesía del espíritu_.
Encuentro en la locomotiva que silba y da resoplidos como el viento, y
devora el espacio como el rayo, un espiritualismo singular, prosaico si
se quiere en sus resultados aparentes, pero infinitamente grandioso en
su _forma_ sensible y en sus lejanas ó trascendentales consecuencias. El
siglo XIX, que en apariencia es el de la industria ó la especulacion,
me parece en realidad el mas poético, por sus creaciones fantásticas y
fecundas al mismo tiempo, como el ferrocarril, el telégrafo y tantas
otras maravillas.

¿Cuál es la preocupacion, la tendencia dominante en el pensamiento del
poeta?--un triple ideal que, teniendo por objetos cardinales á Dios ó el
infinito, el Hombre ó el sentimiento, y el Espíritu como soberano del
mundo, lo resume todo en la noción de lo _bello_, lo _bueno_, y lo
_justo_. ¿Y á qué resultados pueden conducir las maravillas de la
ciencia y la industria? En mi concepto el ferrocarril, como instrumento
de comunicacion activa, de baratura y de fecundidad universal, es un
elemento de luz, de religion, de paz, de bienestar, de igualdad en la
vida, de fraternidad entre los hombres y los pueblos, y de predominio
del pensamiento ó la idea sobre la fuerza física. Esa máquina de hierro
que, animada por el espíritu del hombre, devora las distancias,
reduciendo los días á minutos y haciendo los minutos dias, me parece una
inteligencia en accion. Las ruedas, las válvulas, los frenos, los
resortes, la caldera y toda la maquinaria de la locomotiva son la imagen
de la musculacion y de los órganos del hombre; y el fuego que produce el
vapor y el movimiento maravilloso, es una hoguera encendida con una
chispa del fuego divino del progreso, que arde constantemente en el
cerebro y el corazon de la criatura humana. El ferrocarril ha
espiritualizado y cristianizado el mundo, como el navío-vapor, el
telégrafo y el diario, porque ha fundado la ubiquidad del sér, la
fraternidad ó mancomunidad de los intereses, y la omnipotencia del
espíritu sobre la materia.

Si Lyon, la segunda capital de Francia, es en extremo interesante bajo
el punto de vista industrial, agrícola y comercial, no lo es ménos por
su topografía y su valor artístico, moral y arqueológico. Allí encuentra
el viajero la vida confortable de Paris y al mismo tiempo cierta
espontaneidad provincial con las bellezas típicas del medio día; y el
que busca objetos de observación y estudio halla un vasto campo donde
recoger agradables impresiones é instructivas nociones. Acaso no hay en
Francia una ciudad que revele mejor que Lyon el paso sucesivo de las
razas y las dominaciones que en esa nacion han figurado, y el contraste
vigoroso de los escombros ó monumentos de la vieja civilizacion con las
maravillas de la época presente.

La situación de Lyon es admirablemente feliz para el comercio interior y
exterior, y su variada topografía la apropia para lo útil igualmente que
para lo pintoresco. Dos pequeñas montañas ó colinas y dos magníficos
rios le sirven de base, determinando su estructura y su fisonomía. Las
colinas son las de _Fourières_ y la _Croix-Rousse_; los ríos el
_Ródano_ y el _Saona_. Al norte se alza la colina redonda de
_Groix-Rousse_, que es el remate de una cadena de colinas rocallosas;
al occidente domina el horizonte otro cordon de colinas cuyo centro es la
de Fourvières (asiento que fué de la ciudad romana anterior á Neron); y
al oriente y el sur se extiende una vasta y magnífica llanura de admirable
panorama.

El Ródano desciende del nordeste, por el lado oriental y el pié del
cordon rocalloso que termina en Croix-Rousse. El Saona, que nace en las
llanuras de Epinal, y viene del norte, engrosado con las aguas del
_Doubs_, procedente de las montañas del Jura, y que se le une en
Verdun,--desciende por entre las colinas de Fourvières y Vaise; corta en
dos porciones la ciudad de Lyon en la parte occidental, y va á reunirse
al extremo meridional con el Ródano. Aunque la antigua Lyon no se
componía sino de las construcciones establecidas en anfiteatro y
desordenadamente en las faldas de Fourvières y Croix-Rousse y sobre las
márgenes del Saona, la nueva Lyon se compone de elementos diversos
adquiridos por aglomeraciones sucesivas.

La ciudad ha ido extendiéndose en todas direcciones hasta tocar con los
distritos vecinos de las colinas, abarcar toda la angosta lengua de
tierra que desde Croix-Rousse se prolonga al sur hasta la confluencia de
loe rios, y confundírse al fin con los distritos importantes y muy
nuevos de la _Guillotière_ y _Broleaux_, tendidos en la llanura á la
márgen oriental del Ródano. A virtud de ese ensanche progresivo, Lyon
tiene en su totalidad una población de 390,000 habitantes fijos,
dividida en tres partes desiguales y variadas por el Ródano y el Saona.

Antes de buscar los pormenores de interés en Lyon quise darme cuenta del
conjunto, subiendo á las colinas para tomar el golpe de vista; y puedo
asegurar que, en su género, no he hallado jamas en Europa ni Colombia un
cuadro tan magnífico y soberbio como el que allí se ostenta á los ojos
del viajero. Trépase á la címa de Fourvières por entre las horribles y
sucias callejuelas del viejo Lyon, llegando al anfiteatro pintoresco del
jardín de Fourvières por una serie de escaleras interminables que pasan
de algunos centenares y hacen de la ascension una verdadera empresa.
Atravesando en calles espirales el jardín, y un puente de madera echado
sobre altas rocas, se llega al observatorio astronómico y la iglesia de
Nuestra Señora de Fourvières, cuyo alto campanario es el mirador mas
precioso que conseguirse puede.

Al encontrarme en ese campanario, cerca del cual pasa el ferrocarril por
un famoso túnel, me sentí pasmado de admiracion.

El panorama es inmenso y de una variedad encantadora. Al oriente veía la
vasta llanura, cortada por algunas bajas colinas que dan asiento á una
multitud de poblaciones, entre ellas _Grenoble_ (al sud-este), y que,
surcada por el alto Ródano, es la base de un extenso cultivo,
principalmente de moreras, trigos y viñas. Al norte registraba el valle
del Saona y las ricas llanuras de la Borgoña, en dirección á Mâcon. Al
occidente llanuras y colinas también hacia la ciudad fabricante de
_Saint-Étienne,_ de fabuloso progreso; y al sur contemplaba con encanto
el valle del majestuoso Ródano, de imperceptible descenso, extendiéndose
por _Vienne, Válence_ y _Avignon_ hácia el Mediterráneo.

Por todas partes campos cultivados primorosamente, ciudades y pueblos,
casas; campestres, anchurosos caminos carreteros, numerosísimas barcas
en los rios, viejos castillos feudales sobre las cimas escarpadas de
los cerros; y todo cubierto por un cielo magnífico, muy de extrañar en
el mes de marzo aun.

Pero nada me producía tan profunda sensacion como el contraste del
espectáculo lejano con el que tenia á los piés. Al oriente cerraban los
Alpes el horizonte con su corona inmensa de blanquísimas nubes,
levantándose desde la llanura en escalones sucesivos y en perspectiva,
para terminar como titanes de nieve con sus cabezas brillantes hundidas
en el éter, distinguiéndose entre ellas, muy lejana, la mole grandiosa
del _Monte-Blanco_, ese rey de los Alpes que tiene por cortesanos á
todos los reyes y los viajeros de Europa. Aquella cadena de montañas,
unas azulosas, otras brillantes por sus nieves, tenian uña majestad
arrobadora que yo, con mi corazón de Colombiano, comprendía
perfectamente y contemplaba con amor.

Pero al pié veía la vasta ciudad, cuya cabeza es una inmensa roca y
cuyas arterias son los dos hermosos rios, atravesados por quince ó diez
y seis puentes, que son como las venas ligadoras. Aquí, casi bajo mis
plantas, la ciudad romana y gótica, triste, sucia, sombría, en laberinto
inexplicable, pero llena de misterio, de tradiciones y monumentos
típicos. Al frente, sobre la izquierda del Ródano, hacia la llanura, la
_Guillotière y Broteaux_, barrios anchurosos, cortados en ángulos rectos
por calles de una regularidad matemática, con grandes muelles y vastos
cuarteles, prolongándose hacia la campiña en un arco de fortalezas y
casas de campo. Y por último, en medio de los dos rios, la parte
aristocrática y opulenta de Lyon, irregular, fea y repugnante al pié de
_Croix-Rouese,_ pero luego elegante, suntuosa, rejuvenecida y llena de
animación hacia abajo, hasta su límite en la confluencia de los rios, al
sur de la espléndida estacion del ferrocarril, que pudiera llamarse el
Palacio de las locomotivas.

Al mirar hacia arriba, al este, creía contemplar á Colombia, con sus
cordilleras prodigiosas y su salvaje grandeza, no obstante que los Alpes
me parecían apenas un remedo humilde de los gigantescos Andes. Pero
mirando hácia abajo, hallaba á Europa, con sus tradiciones romanas y
góticas, sus prodigios de arte, su animación industrial y comercial,
sus grandes progresos de locomocion, y sus lamentables contrastes de
opulencia y miseria. La contemplacion de aquel panorama desconocido me
hizo meditar durante largas horas, y creo que nunca olvidaré las
impresiones allí recogidas.


       *       *       *       *       *

CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

LA CIUDAD DE LYON.


Hidrografía.--Varios objetos,--El Palacio de las Artes,--Un contraste
curioso.--Varios monumentos.--Las fábricas de sederías.


Lyon mantiene sus comunicaciones que le dan extraordinaria animacion,
por medio de unos quince puentes, la mayor parte muy sólidos, pero de
los cuales son los mejores dos de mampostería en el Saona y uno de
madera en el Ródano. Algunos son colgantes, y casi todos están sometidos
á pontazgo por ser de empresas particulares. En la parte central de la
ciudad las calles son en lo general rectas y espaciosas, sobre todo las
nuevas, entre las cuales se distingue la espléndida calle _Imperial_,
reputada como una de las mas hermosas de Europa.

A lo largo de ámbos ríos hay muelles espaciosos, donde atracan
centenares de barcas y botes, y muchos vapores planos, de construcción
especial para la navegacion del Ródano y del Saona. La ciudad cuenta
muchas plazas y plazuelas (hasta cincuenta y dos), entre las cuales son
muy notables por su belleza y elegancia: la de _Bellecour_ ó _Luis el
Grande_, espaciosísima y de mucho gusto, con la estatua ecuestre de ese
rey, en bronce, y bellos jardines y glorietas; la de _Napoleon_, con la
estatua de este, tambien de bronce y ecuestre, y muchos árboles, que se
confunden con las vastas avenidas que tocan á la estacion del
ferrocarril llamada de _Perrache_; la plaza _Imperial_, que es una
especie de _square_, muy bonita, y la de _Terreaux_, en la cual se
encuentran el Palacio municipal y el famoso Palacio de las _Artes_ ó de
San Pedro. La plaza de _Tholozan_, á la orilla derecha del Ródano, no es
notable sino por la hermosa estatua de bronce del mariscal Suchet, duque
de Albufera, que hizo la guerra en España en 1808 y los años siguientes.

La historia de Lyon es muy interesante, ya por su antigüedad, ya por el
gran papel que ha hecho desde la conquista de los Romanos. La ciudad
antigua, que ellos llamaron _Lugdunum_, estuvo toda sobre la colina y
faldas de Fourvières, é incendiada que fué tocóle á Neron mandarla
reedificar, extendiéndola sobre ámbos rios. Hoy tiene doscientas sesenta
calles, y cuatro larguísimas calzadas ó avenidas que siguen las márgenes
de los rios; contando quince fortificaciones considerables al derredor.
Algunas de sus mas antiguas iglesias están en ruina, y hoy las
restauran, al mismo tiempo que se concluyen ó prosiguen vastísimas
construcciones que rejuvenecen la ciudad.

Al frente de los muelles ó atracaderos de manipostería se encuentran
muchos edificios de granito y piedra, que son verdaderos monumentos y
llaman justamente la atencion del viajero.

Entre esos son de mucho mérito, por su majestad y su importancia, así
como por su solidez, el _Palacio de Justicia_, sobre la margen derecha
del Saona, y sobre la derecha del Ródano los inmensos edificios,
ennegrecidos por el tiempo y de grandiosas fachadas, donde se mantienen
el Hospital y el Hospicio, que recogen á muchos centenares de huérfanos
y enfermos, sirviendo también de bazares en el piso bajo, donde hay
innumerables tiendas y almacenes de todas clases.

Tambien demoran sobre las mismas avenidas de los muelles otros edificios
públicos interesantes, pero desnudos de todo valor artístico,--tales
como el de la Universidad y Biblioteca (que es de gran mérito y cuenta
unos cien mil volúmenes); el Hospital militar, la fábrica de tabacos y
las carnicerías, sobre el Ródano; y del lado del Saona, la Aduana, el
teatro de Celestinos, los arsenales, etc.

Lyon no tiene sino dos teatros que merezcan atención: el Gran Teatro,
donde ejecutan óperas solamente, y hace juego con la fachada secundaria
del palacio municipal; y el de los Celestinos, para comedias y dramas,
construido con regulares proporciones en un local de un antiguo
convento. Solo el primero puede figurar como monumento, aunque
subalterno, pues está aislado y muestra pretensiones artisticas, no
obstante que su arquitectura es pesada y grosera. El interior es muy
espacioso, pero carece de lujo y elegancia, si se le compara con los mas
bellos de otras ciudades europeas.

La ciudad cuenta ya con un hermoso mercado de estilo moderno, es decir
de cimientos y zócalos de piedra y paredes y naves de hierro y cristal.
Están acabando también la Bolsa, palacio espléndido, de mucho gusto y
que será un verdadero monumento para las artes y la especulacion.

El Palacio municipal es un bello y elegante edificio, de una
arquitectura sencilla que pertenece á la época del primer imperio,
careciendo de carácter determinado, pero risueña y sin pretensiones
plagiarias. En lo demas, las construcciones modernas corresponden en
todo al estilo de las de Paris, con la especialidad de tender siempre á
la sencillez característica del siglo actual. Si en lo material Lyon es
una especie de copia de Paris, en lo moral tiene algo que se aproxima á
la caricatura. Se echa de ver en las costumbres la pretension de imitar
en todo las de Paris; pero como el tipo meridional opone allí sus
condiciones especiales, resulta una especie de lucha moral que destruye
todo colorido local, sin permitir poroso la asimilacion. De aquí
proviene que muchos usos son exagerados, y que con frecuencia se
tropieza en las calles con fisonomías y grupos que tienen sus buenas
puntas de extravagancia.

La poblacion lionesa es muy liberal y aún republicana, revelando en su
estilo general cierto carácter benévolo que estimula agradablemente al
viajero. Y por una de esas excentricidades aparentes de los pueblos,
que no carecen jamas de explicacion, aquella ciudad, que es un emporio
de riqueza y que vive en las faenas de un gran movimiento industrial y
comercial, revela una inclinacion decidida por las bellas artes, cultiva
ese gusto con esmero y entusiasmo, y posee monumentos de todo género que
pueden enorgullecerla por mas de un motivo. Son afamadas las orquestas
de Lyon, se busca el teatro con placer, se trabajan bellísimas obras de
escultura, y Lyon conserva con justa vanidad sus ricos museos y
monumentos y sus escuelas de pintura, escultura, arquitectura y música,
y ha sido y continúa siendo la cuna de muchos artistas de gran mérito.

El primer monumento que el viajero visita en Lyon es el Palacio de las
Artes en el cual se encuentran los museos de antigüedades, de pintura,
de escultura, de historia natural y de geología y mineralogía, así como
el salon provisorio de la Bolsa. El vasto edificio tiene tal suma de
curiosidades preciosas, desde sus claustros hasta sus altas galerías y
sus terrazas, que requiere un estudio de muchos dias. Que el lector me
perdone, pues apenas me es dado ofrecerle una idea muy sucinta de las
impresiones recogidas en solo unas ocho horas de observacion muy rápida.

Si el exterior del Palacio carece de mérito, en el interior el interes
comienza desde que se entra en el extenso patio claustrado, que domina
una terraza en circunferencia, con balaustradas de piedra, como todo el
edificio, y una serie de grandes grupos y altos relieves representando
multitud de pasajes históricos, al aire libre y la intemperie. La mayor
parte son excelentes, a pesar de muchas mutilaciones en los pormenores;
pero algunos grupos son de tanto mérito por la energía de expresion y la
delicadeza y audacia del cincel y el buril, que deleitan y fascinan,
maravillándose uno de hallar tan finas esculturas en la piedra bruta.

Los cuatro claustros bajos contienen una abundantísima coleccion
arqueológica exclusivamente lionesa, en la cual alternan los mas
curiosos objetos, unos (poquísimos) de la época anterior á la conquista
de las Galias por César, y la mayor parte correspondientes á las épocas
romana, byzantina y gótica. Vasos etruscos, de imitacion tosca,
estatuas, bustos y grupos curiosísimos, planchas enormes de piedra bruta
ó trozos de mármol, con relieves preciosos, revelando toda una
civilizacion,--y sepulcros, lápidas y columnas truncadas, cuajadas de
inscripciones que se conservan con maravillosa regularidad, y esbozos
byzantinos en piedra que tienen el aire de caricaturas de una sociedad
que el polvo de los siglos arropara,--todo eso, colocado con
inteligencia contra los muros del claustro, constituye no solo una
escuela popular para los sentidos, sino la imágen sombría pero elocuente
de las generaciones pasadas. Aquella es una verdadera coleccion de
escombros de civilizacion y de enseñanzas del tiempo, desde la gran
lápida en que Rómulo y Remo reciben el alimento fabuloso de la inmortal
loba, hasta las últimas labores que la arquitectura gótica (espontánea,
paciente y popular por excelencia) dejó profusamente deseminadas donde
quiera.

El salon de antigüedades artísticas no es ménos curioso, aunque
comparativamente es pobre y subalterno. Contiene colecciones preciosas
de monedas, medallas, pequeños vasos y placas y armas de metal, marfil,
madera, etc., la mayor parte de mucho gusto por sus incrustaciones y
relieves, entre los cuales hay grupos de increible perfeccion, que
admiran al que ha podido creer, alucinado por la fascinacion de la
industria moderna, que la antigüedad, bajo el punto de vista artístico,
no ha producido maravillas superiores y aún inimitables cuyo genio y
secreto se han perdido para la civilizacion.

No es sobresaliente la coleccion de obras modernas de artistas lioneses,
que compone el modesto museo de escultura ó estatuaria. Aunque hay allí
algunas estatuas en mármol y yeso de mérito indisputable, y algunos
bustos de bronce superiores, la coleccion es algo pobre. Hay,
sinembargo, allí una estatua de Pandora, en mármol purísimo, tan bella y
delicada, que vale por todo un museo; así como llama la atencion, al píe
de una escalera, la colosal estatua de Minerva, en yeso, obra de un
escultor contemporáneo, que puede figurar con honor en el mas
espléndido jardin de Europa.

Despues de la sala de escultura ó estatuaria se encuentra en el vasto
palacio de las Artes el interesante salon de pinturas que contiene la
galería especial de los pintores lioneses. En general se observa en el
estilo de esos artistas bastante vigor de colorido, y una marcada
predileccion por el paisaje y la historia. Aunque la coleccion no es muy
abundante ni sobresaliente, merece bien fijar la atencion. Llamaron la
mia particularmente los cuadros de Claudio Bonnefond, artista de alto
mérito, no solo por la maestría del pincel, sino por el profundo
conocimiento que revela tener de los efectos de luz y de la perspectiva.
Recuerdo haber gozado mucho con la contemplacion de un cuadro pequeño
que representa el refectorio de un monasterio en perspectiva, precioso
por sus golpes de luz y su energía de claro oscuro. Con todo, no
considero que los artistas lioneses tengan razon para aspirar á
constituir una escuela, si se ha de juzgar por el Museo.

Otra galería mucho mas vasta y magnífica contiene los cuadros del Museo
comun, y en realidad hay obras allí de un mérito sobresaliente, tales
como la muerte de Abel, por Orsel, y una Judit mostrando la cabeza de
Holofernes, trabajo superior por su atrevimiento de formas y vigor de
expresion y de pintura. Pero la mayor parte de aquellos cuadros son
copias modernas, y aunque la galería es casi toda histórica, y contiene
varios cuadros superiores, no es en realidad sorprendente, ni deja
impresion como las obras maestras. Échase de ver que Lyon ha querido ser
á todo trance un gran centro artístico, sin haber pasado de cierta
mediocridad distinguida (permítaseme la expresion), porque el ruido de
las máquinas y de los carros no permite allí un gran desarrollo
espiritual como conviene á las bellas artes.

Mucho mas estimables son en su género las demas galerías, puramente
científicas, que contienen los Museos de Historia natural, de
Mineralogia y de Geología. El primero, que no es muy considerable,
aunque merece mucho aprecio en una capital de segundo órden, está muy
bien conservado y es un conjunto escogido de las especies mas raras y
notables en las diversas familias del reino animal. Aquel es un
verdadero museo de provincia, si se le compara con los de Lóndres,
Paris, Berlin y otras grandes capitales, pero es completo y esmerado y
hace honor á la opulenta metrópoli del Ródano, como á la Francia,

Pero es todavía mas interesante la galeria mineralógica, ya por la
belleza de sus muestras (aunque algunas algo desordenadas) en punto á
cristalizaciones y aglomeraciones metálicas y metalóideas; ya por la
riqueza y abundancia de los mármoles y piedras finas. Llegan á
centenares las lápidas que contiene el Museo de mármoles de todos
colores y tipos, de muchos puntos de Europa, como España, Italia, Suiza
y Bélgica, y muy especialmente de las ricas canteras de Francia. Son
admirables algunos mármoles negros, amarillos, y veteados, producto de
los Pirineos, de las montañas del Jura, de los Alpes, los Vosgas, etc.;
y al ver tan hermosas y variadas muestras se extraña que,
comparativamente, no se dé á los mármoles en Francia toda la aplicacion
de que son susceptibles.

       *       *       *       *       *

La inspeccion del Palacio de las Artes, por rápida que sea, produce en
el extranjero visitante una impression importante, á saber, que la
sociedad de Lyon tiene evidentemente gusto _por_ las bellas artes, pero
no verdadero gusto artístico ó _en_ las artes, puesto que, en lo
general, sus obras públicas adolecen de mediocridad, y sus costumbres no
están en armonía con esa distincion exquisita que es el sello
característico del arte. Tan cierto es esto, como que los Lioneses no se
distinguen sino en esa especie de juguete artístico, que llamaré arte de
capricho ó de la moda, ajeno á toda inspiracion, y que se manifiesta en
los preciosos dibujos de las sederías que salen de las ochocientas
pequeñas fábricas de Lyon.

Allí donde el espíritu industrial se alía con el arte, se ve el
refinamiento, el trabajo delicado y gracioso, porque Lyon, á pesar de
sus pretensiones literarias y artísticas, no es por excelencia sino una
gran ciudad manufacturera y comercial. En mi concepto, el arte
verdadero, es decir el que se inspira de las grandes cosas y hace
grandes revelaciones, no puede nacer y vivir hoy en las ciudades
opulentas, entre el bullicio de la especulacion, las miserias y
vanidades de lo que llaman el _mundo_ y las farsas de la moda
caprichosa. Si la mímica ó el arte dramático, la caricatura, el vals
fugitivo y el palacio pintoresco pueden aparecer en las grandes
metrópolis de la industria, la política y la moda, no así el poema
sublime, el cuadro severo de pintura, la obra magistral y divina de
arquitectura y escultura, ó las solemnes y graves armonías de Mozart ó
Bellini.

       *       *       *       *       *

En punto á monumentos, Lyon posee algunos bastante antiguos y de mérito,
que llaman justamente la atencion del viajero. De estos citaré: la
Catedral, la iglesia de San Pedro y la antiquísima abadía de Áinay
(_casa de Dios_ en catalan); y entre los monumentos públicos de otro
órden mencionaré el Hotel-Dieu ó Casa de beneficencia, y el Palacio de
justicia.

Olvidaba hacer notar una circunstancia curiosa que observé en el Palacio
de las Artas y me impresionó profundamente. La Bolsa de Lyon estaba
provisionalmente establecida en la parte baja del palacio, en un vasto y
oscuro salon que fué en otro tiempo una capilla. Cuando bajaba de
contemplar los mil objetos de arte que encierran los diferentes museos,
oí una espantosa gritería que, como una gran bacanal subterránea,
ensordecia con sus ecos repetidos por la bóveda sombría. La curiosidad
me hizo acercarme, y solo al hallarme en medio de la indescriptible
escena pude creer que allí estaba la Bolsa de un país civilizado.

Todavía se conservan en los muros de la vieja capilla los grupos de
piedra en grueso relieve, que representan los mas notables sucesos de la
historia de Cristo. Al pié de María estaba un corrillo de noticieros de
bolsa propalando mil mentiras sobre la cuestión de Italia, y enfrente de
un Cristo de grandes dimensiones debatian los agiotistas y jugadores de
bolsa sus tratos sobre el _tres por ciento_, el _cuatro y medio_, las
_primas_, las acciones de _ferrocarriles_, etc.

Habia en el centro del salon una doble barrera, y en tanto que al lado
exterior se agitaba el enjambre de embusteros, jugadores y
especuladores, haciendo propuestas, difundiendo noticias contradictorias
y remolineando en un hormigueo interminable,--dentro del gran círculo
estaban los agiotistas de primer órden, sosteniendo con admirable aplomo
una telegrafía mímica que representaba el juego monetario, y en el
círculo mas reducido se agitaban los agentes de cambio ó corredores,
haciendo las muecas mas extrañas los unos, los otros gritando como
energúmenos para anunciar cada propuesta ó pedido de fondos y cada
_puja_, y otro en fin, impasible como el sacerdote del culto monetario,
alzaba el brazo de tiempo en tiempo para marcar en un tablero el
movimiento de alza y baja, en cifras convencionales que son como la
teología del dinero.

¡Singular contraste, perfectamente característico del siglo actual! El
templo consagrado ántes á la oracion, convertido en casa de juego legal
y al culto del becerro de oro; la estatua sublime de Cristo arriba, y
abajo la figura codiciosa del agente de cambio; la especulacion,
prosáica y desenfrenada, en el fondo de un palacio cuajado de estatuas y
tumbas de la antigüedad, de cuadros superiores, de mil tesoros recogidos
por la mano paciente y desinteresada del sabio y del artista! Aquel
espectáculo es mas elocuente que muchos volúmenes para caracterizar el
movimiento del siglo XIX.

       *       *       *       *       *

La catedral de Lyon, situada en el fondo de la parte vieja ú occidental
de la ciudad, en medio de feas y tortuosas callejuelas, es un hermoso
monumento que tendría mayor importancia si estuviese rodeado de mejores
calles y edificios. Es una enorme masa de piedra pura, larga y angosta,
y corresponde al estilo gótico de la segunda época, en que figura la
combinacion de la grande ogiva y el arco pleno. Si no me equivoco, data
del siglo XII al XIII. La fachada no tiene particularidad alguna, ni la
forma de sus torres, sus relieves, sus bastiones arqueados y todo lo
demas que constituye el exterior, como remate de las capillas, obras
todas que no corresponden al mérito del trabajo interior.

Aparte de los dos órdenes de capillas laterales, el cuerpo de la
catedral tiene cuatro naves, tres de fondo y una trasversal para formar
la gran cruz característica de las catedrales góticas. Toda la mole de
piedra, vasta y atrevida, que compone la bóveda, reposa sobre diez y
seis grandes columnas, cada una compuesta de nueve de espesor desigual,
lanzadas con vigor á dar con el altísimo artesonado de mampostería,
desnudo y sombrío. La nave central es de un grande atrevimiento, y hay
en todo el edificio ese carácter severo de oscuridad y sencillez
solemnes que distinguia sobre todo á la arquitectura gótica de Francia.

La ausencia de todo lujo, de todos los dorados y adornos extraños al
arte mismo, se manifiesta allí, revelándose en la mole colosal de pura
piedra y madera (sin mármoles ni baldosas suntuosas) ese sentimiento
austeramente religioso que dominó en sus grandes creaciones á los
pueblos artistas de la edad media.

Por lo demas, los cuadros religiosos pintados en los vidrios de colores
de las altas ogivas, son de muchísimo mérito, y tanto que pueden
rivalizar con los de Nuestra Señora de Paris. El coro tiene primorosas
esculturas y bajos relieves muy bellos en encina y nogal; pero es
difícil apreciarlos por la oscuridad del templo, siempre sombrío y
solitario.

La iglesia de San Pedro, que es tambien de estilo gótico, puro y de la
misma época ó quizas anterior, situada en el centro de Lyon, es todavía
de un tipo mas vigoroso por su desnudez, su tristeza y sus proporciones
de conjunto. La fachada, que es bella, acaba de ser restaurada (como lo
serán otros templos antiguos), y una de las torres tiene gran riqueza
de esculturas ó preciosos labrados. Larga y angosta, consta de tres
naves tambien, cortadas hácia la testera, y su mérito consiste en el
atrevimiento de la nave principal, de los arcos plenos y de las grandes
ogivas. De resto, sus mosáicos en vidrio carecen de mérito, y el
conjunto del edificio muestra una desolacion y una pobreza que
entristecen. Aquel templo parece una inmensa tumba de piedra, desnuda,
negra, sombría como un castillo feudal.

La pequeña iglesia de Ainay, antigua abadía, llama la atencion de todos
los viajeros, no por el mérito que tenga como obra de arquitectura, sino
porque es una curiosidad histórica muy particular. Algunos pretenden que
fué construida en el siglo III, pero lo mas cierto es que data del V,
habiendo sido restaurada en el IX bajo el papa Pascual. Es una
construccion baja y reducida, de estilo byzantino puro, y por lo mismo
de una sencillez que hace gran contraste con las recargadas labores de
los templos de la edad media.

La iglesia de Ainay es la mas antigua de Lyon y la única que allí se
conserva de los tiempos merovingianos. Consta de tres naves, y es casi
tan ancha como larga; tiene bellos mosáicos en vidrio y grandes baldosas
que contienen su historia en antiguos caractéres ó jeroglíficos; y es
notable tambien por sus cuatro enormes columnas de granito, de una sola
pieza, dos de las cuales, de un azul delicioso, salieron de un trozo
estupendo hallado en las cercanías de Lyon formando una columna romana.

He mencionado ántes el Hotel Dieu, que domina el muelle ó parapeto del
Ródano, como un hermoso monumento, digno de admiracion por su grandeza y
majestad. Citaré á próposito el palacio de Justicia, porque ámbos
pertenecen al estilo suntuoso del Renacimiento, en que el arte se
muestra subyugado por las reglas y la simetría académica se ostenta en
lugar de la inspiracion,

El palacio, situado sobre una plaza á la márgen derecha del Saona y
dándole el frente, tiene una espléndida fachada monumental reposando
sobre un inmenso peristilo, que empieza en enormes graderías y remata en
veinticuatro grandiosas columnas de órden dórico, de piedra pura, que
sostienen la masa exterior. El cuerpo principal del palacio es un vasto
y rico salon donde se celebran las sesiones públicas del tribunal de
_Assises_, y tienen su despacho todos los tribunales de Lyon. Una gran
rotunda con frescos y bellos relieves cubre el salon principal,
sostenida por ocho gruesas columnas de granito, y los mármoles y jaspes
están prodigados en el pavimento y los muros para dar á ese «templo de
la justicia» una majestad imponente.

       *       *       *       *       *

Ademas de los monumentos y objetos públicos que he mencionado, posee
Lyon muchos otros institutos de distinto órden, que merecen mas ó ménos
la atencion. Tales son: la casa de Moneda, la gran fábrica de cigarros,
el depósito de sales y el jardin de plantas nuevo, imitacion en pequeño
del bosque de Boloña,--entre los de carácter material; entre los
religiosos, una sinagoga y algunos templos calvinistas en ejercicio; y
entre los que se refieren á la enseñanza, la beneficencia y la
tipografía, un hospicio de sordo-mudos, varios hospitales selectos, una
biblioteca escogida con 110,000 volúmenes, una academia y escuela de
bellas artes, muchos colegios notables para todos los ramos del saber,
escuela de artes y oficios, observatorio astronómico, un montepío, cerca
de treinta imprentas, con doce ó catorce periódicos permanentes, y otra
multitud de establecimientos que hacen de Lyon una ciudad casi de primer
orden.

Como Lyon es el gran centro de la produccion y fabricacion de sedas, y
hace tan considerable papel en el comercio frances y aún del mundo, se
encuentran allí consulados de casi todas las naciones, y el movimiento
de la especulacion es enorme y general por la naturaleza de sus cambios.

El viajero que ignora ciertos pormenores de la industria, llega á Lyon
con el propósito de ir á maravillarse considerando las grandes fabricas
de donde salen las ricas sederías, y que hacen trabajar á 80,000
obreros de uno y otro sexo. ¡Pero cuánta es la sorpresa al ver que
semejantes fábricas no existen, y que tan enorme produccion salida de
Lyon no es el fruto sino de operaciones de detall, de pequeñísimas
empresas y de esfuerzos aislados y pacientes, en que el gusto y la
inteligencia del obrero hacen mucho mas que la mecánica!

En efecto, el sistema de la fabricacion de sederías consiste en una
especie de trabajo á _destajo_ mas bien que en esa organizacion del
trabajo en grande escala que las fábricas han establecido en los centros
manufactureros. La seda es cosechada en las llanuras del Ródano, el
Saona, etc., por pequeños propietarios independientes, recogida despues
y preparada para los tejidos por grandes especuladores y en fábricas
considerables, y luego distribuida por los empresarios de tejidos, á los
tejedores. En Lyon se cuentan como ochocientas pequeñas fábricas, y
aunque la mayor parte de sus propietarios tienen el fondo que les
procura los telares y aparatos, algunos reciben avances ó préstamos para
los gastos de instalacion. Cada una de esas pequeñas fábricas tiene
cinco, diez, veinte, treinta ó algunos mas obreros (aunque son raras las
de muchos), y el director, que es una especie de obrero-maestro, recibe
de este ó el otro empresario, á virtud de un convenio libre, las sedas
preparadas, los diseños ó modelos para los dibujos, labrados y demas
obras que debe contener una pieza de sedería, y todas las instrucciones
necesarias.

El tejedor ejecuta su trabajo con el mayor esmero, sirviéndose del telar
y los utensilios necesarios, pero haciéndolo todo á mano, pues ninguna
máquina podría ejecutar los admirables caprichos de la moda, los
bordados, los dibujos y matices finísimos que las sederías requieren
cuando no son estampadas. De ahí proceden la exquisita superioridad y
belleza y el alto precio y limitada cantidad de las sederías de Lyon,
las mejores del mundo en su género.

Pero de esa organizacion libre, espontánea y especialísima del trabajo,
resultan al mismo tiempo muy importantes consecuencias económicas y
morales que me llamaron la atencion. Desde luego, el primer resultado es
la independencia del obrero, el cual, no siendo esclavo de la fábrica,
no está sujeto á recibir la ley del capitalista. La competencia
sostenida entre ochocientas fábricas pequeñas y muchos empresarios que
contratan con ellas, evita los vicios que resultarían de la aglomeracion
de produccion en pocas fábricas de grandes proporciones; conjura los
efectos generales de las quiebras y crísis; da por base al trabajo la
libertad, y establece de un modo regular el valor del producto.

Vése al mismo tiempo que el obrero trabaja con mas interes y estímulo,
que economiza la materia prima, aprovecha mas tiempo, trabajando en su
domicilio, tiene ménos ocasiones de vicio y por tanto mas moralidad, se
siente con la conciencia de su personalidad independiente, y está á
cubierto, en lo general, de esas funestas colisiones que tienen lugar á
menudo en las grandes fábricas donde trabajan centenares ó millares de
obreros Por desgracia, no todas las producciones se prestan á esa feliz
organizacion, pues en casi todas las demas las máquinas desempeñan
admirablemente la labor del hombre, ó los trabajos son esencialmente
colectivos.

       *       *       *       *       *

CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

EL VALLE DEL RODANO.


Aspecto general.--La Provenza--Panorama de Marsella--Interior de la
ciudad.--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad.

El extenso valle del Ródano, encerrado entre los Alpes ó sus
ramificaciones y la cadena de áridas montañas de las Cevenas, es una
region en extremo interesante y hermosa. El Ródano, ya caudaloso, pero
siempre lento en su marcha, y desbordando con frecuencia sobre la
llanura, sigue la direccion norte-sur de las montañas Cevenas, casi
siempre por el pié de sus rocas ó colinas escarpadas y desnudas,
fecundando una inmensa llanura que se extiende por la Provenza y parte
del Languedoc hasta el Mediterráneo. El ferrocarril de Lyon á Marsella
sigue la misma direccion del rio hasta Tarascon, y allí se aparta en
direccion al este, para ir á buscar la opulenta Tyro del comercio
frances en el mediodía.

Ese giro de la via férrea hace que el viajero tenga un grande interes
durante todo el trayecto, porque el paisaje es de una magnificencia
encantadora. A la izquierda ó el oriente corren de norte á sur los Alpes
formando tres líneas superpuestas: una en que se destacan entre las
nubes los empinados picos cubiertos de nieve; otra inferior, azul, vaga
y casi nebulosa, de montañas gigantescas pero sin puntos culminantes, y
otra, en fin, mas baja y perceptible, compuesta de complicados cerros y
colinas que van descendiendo en anfiteatro hasta encontrar su asiento en
las llanuras del Delfinado y la Provenza, en uno de cuyos centros demora
la ciudad de Grenoble.

Al occidente, dominando el cauce arenoso del Ródano, que se esconde á
veces entre pequeños bosques de sauces silvestres y álamos blancos de
empinadas copas, corre la serranía del Ardeche, triste y estéril,
compuesta de una serie de cerros quemados y rocallosos, de trecho en
trecho cortados por algunas abras. Allí falta toda vegetacion, porque
los vientos de los Alpes asolan el terreno, y apénas se ven, de
distancia en distancia, ya algunas ruinas gigantescas de castillos
feudales dominando las mas altas eminencias y como inclinadas sobre los
abismos, ya algunas pequeñas poblaciones trepadas á la falda de los
cerros como para recibir proteccion de esos castillos, y semejando desde
léjos cada una un vasto nido de águilas adherido á los picos de las
rocas.

En medio de esas dos formaciones orográficas de tan distinto aspecto,
demora el opulento valle, cruzado por pequeños afluentes del Ródano,
entre ellos el Durance, que le trae las aguas de la poética Provenza.
Donde quiera reina el mas esmerado cultivo haciendo del valle una
especie de huerto interminable. Ya son las innumerables plantaciones de
moreras enanas, que brindan su alimento al gusano fabricante de la seda,
y hacen un bello contraste por su verde oscuro y vigoroso, ordenadas en
calles que se cruzan en todas direcciones, con el verde claro y vivísimo
de los almendros ó el casi amarillo de los viñedos intermediarios que
comienzan á abrir sus primeras hojas. Despues, á medida que uno se aleja
de Lyon, va viendo disminuir el número de moreras, progresivamente
reemplazadas en la bella Provenza por los olivares de ceniciento color,
cuya tinta gris, melancólica en extremo, se destaca como un inmenso y
moviente sudario sobre la verde alfombra de los trigos sembrados en
medio de las anchas calles de olivos.

Desde Lyon hasta Marsella el ferrocarril pasa tocando en muchas ciudades
y poblaciones importantes, algunas de ellas ricas en monumentos
antiguos, romanos y feudales, y en recuerdos y tradiciones de mucha
significacion para la historia. Pasa primero el tren por un considerable
túnel por debajo de la ciudad de Vienne, situada á la orilla izquierda
del Ródano, sobre un lecho de rocas de silex y granito, al parecer, y al
pié de colinas donde vegetan las viñas escalonadas en anfiteatro; y
luego se cruza la llanura que tiene por centro á Valence, ciudad algo
considerable, y que se prolonga luego sin interrupcion, por Montelimart,
Orange, Avignon, Tarascon y Rognac, hasta dar con el Mediterráneo en las
cercanías de Marsella.

Donde quiera se encuentran allí tesoros de arquitectura, escultura y
pintura, que le recuerdan al viajero todo lo que la civilizacion romana,
y despues la de la edad media hacinaron en los campos de la Galia
meridional para dejar magníficas huellas de su paso. A poca distancia de
la via cerca de Tarascon, subsiste aún en Saint-Esprit un famosísimo
puente monumental echado por los Romanos sobre el Ródano, que despierta
la admiracion hácia las obras admirables de esa raza de titanes, y que
ninguno ha logrado imitar con perfeccion de grandeza y duracion.

Al pasar por la Provenza se siente uno conmovido por un mundo de
recuerdos que hacen soñar con los heróicos tiempos de los trovadores
provenzales, esos inspirados y galantes fundadores de la lengua francesa
y propagadores, de la poesía, la música, el canto, el sentimiento
caballeresco y religioso y el espiritualismo de la idea cristiana.
Delante de Avignon, en cuyo centro se ostentan aún magníficas ruinas,
como las del famoso palacio del Papa, que fué su residencia durante el
cisma, no puede uno ménos que recordar á Vaucluse, idear la figura
poética de la ingrata pero púdica Laura, y murmurar alguno de los dulces
é inmortales sonetos de Petrarca, el rey de los cantores del amor.

Se comprende bien aquella admirable pasion sentimental y heróica, al
pensar en el carácter de los siglos XII y XIII, y al contemplar la
encantadora comarca de la Provenza, que entónces debió ser mucho mas
bella y fecunda en inspiracion. No ménos interesante es Tarascon, donde
se ven ruínas de monumentos importantes, testimonios de un antiguo
esplendor. Pero desde allí hasta Marsella la via pierde su interes
artístico, porque el cordon de ciudades monumentales se aparta hácia el
Sur cruzando el Languedoc, país semi-frances, semi-romano y español. Es
allí donde se encuentran sucesivamente las interesantes ciudades de
Arles, Nîmes y Montpellier, esta notabilísima como centro literario y
científico, no desprovista de bellezas de arte, y las otras dos como
verdaderos santuarios que guardan dentro de sus muros los prodigios del
arte plástico y de arquitectura y pintura que la civilizacion atesoró en
su marcha sucesiva en el mediodía de Francia.

La llanura pierde al fin su dilatado horizonte en Rognac, las colinas y
los cerros se complican, anunciando la proximidad de la opulenta
Marsella, y el Mediterráneo, penetrando por un pequeño golfo en medio de
las redondas montañas de la costa, sorprende al viajero, ofreciéndole en
las ricas salinas de Berre, Rognac y Martigues un hermoso lago circular,
tranquilo y cristalino, cuyas ondas llegan hasta el pié de los olivos.
La senda se estrecha, las graciosas quintas y casas de campo se
multiplican á uno y otro lado, rodeadas de jardines y huertos, de olivos
y viñedos, todo de una frescura encantadora; el movimiento comercial se
hace sentir; las grandes fábricas é ingenios se destacan lanzando de sus
altas chimeneas columnas de humo negro que van á desvanecerse en las
rocas de las empinadas montañas, y al fin Marsella, la reina del
Mediterráneo, se presenta á los ojos del viajero, irregular, agitada
como una inmensa colonia de actividad cosmopolita.

       *       *       *       *       *

Si la romántica y gentil Venecia, bañada en todos sus flancos por las
ondas murmurantes del mar, ha sido llamada con razon la _reina del
Adriático_, Marsella, elevada por la actividad del comercio moderno á
una importancia colosal, merece con mayor justicia quizás el nombre
pomposo de _emperatriz del Mediterráneo_. Su admirable situacion, su
fabuloso progreso, su mérito fabril, sus inmensas relaciones
comerciales, el fuerte guarismo de su poblacion, su grandeza material,
su tipo social característico, su pasado y su porvenir, todo concurre á
hacer en extremo interesante el estudio de la opulenta Marsella, la
perla de la Francia meridional, la antigua colonia de los Focios,
capital de la extinguida República marsellesa, que César no pudo vencer
y conquistar, y que inmortalizó su nombre en la revolucion francesa con
su legion de héroes y el himno admirable que electrizara á la Europa
entera en las grandes luchas de la libertad contra el absolutismo.

Marsella, la _Massilia_ de los Romanos, a quien Tácito llamaba «la
Aténas de las Galias» (con muy poca razon acaso, bajo el punto de vista
literario), está situada á 813 kilómetros de Paris sobre la costa
oriental del agitado golfo semicircular de Lyon, cerca de la embocadura
del pequeño rio Huveaunne y á algunas leguas al Este de las bocas del
Ródano. Su bahía es pequeña, pero profunda y capaz de contener grandes
flotas, y abrigada en todas direcciones por una red de colinas y
montañas desnudas que se elevan al oriente en anfiteatro pintoresco.

Como el Mediterráneo carece casi de flujo y reflujo, la bahía, dominada
por rocas estupendas, fortalezas y montañas, está siempre llena, poblada
de centenares y aún millares de embarcaciones, que producen no solo un
movimiento comercial inmenso, sino tambien un espectáculo grandioso y
del mayor interes. Las colinas, que arrancan desde la orilla del mar, se
van elevando unas sobre otras, escalonadas y desnudas, calcinadas por el
sol y pedregosas, hasta alcanzar una altura de mil metros que permite
dominar todo el espléndido panorama.

En una de las montañas vecinas se encuentra, dominando la ciudad, el
antiguo fuerte de Nuestra Señora de la Guardia, al lado del cual está la
capilla del mismo nombre, cuya vírgen goza de la mas alta veneracion de
parte de los marinos. Frecuentemente, antes de emprender un largo viaje
marítimo, los marinos suben en peregrinacion á la capilla para hacer
ofrendas á la virgen milagrosa y pedirle proteccion. Otras veces un
voto, hecho en los momentos solemnes del peligro, en las soledades del
Océano, es lo que va á cumplir sobre la árida montaña ese sér
indiferente a todo, connaturalizado con la tempestad, que se llama un
marino.

¡Admirable poder el de la fe! Es bajo su impulso y por ella que el
hombre es susceptible de hacer los mas prodigiosos esfuerzos y los mas
sublimes sacrificios. Si la fe obra de distinta manera sobre el espíritu
y el corazon, no por eso deja de ser el talisman universal. Para unos se
llama gloria ó _amor_, para otros ambicion ó interes de fortuna; para
muchos es un misterio indefinible, un misticismo poderoso y sencillo al
mismo tiempo, que se traduce en la adoracion de una imagen divinizada
por el sentimiento. Pero en todo caso, la fe, con la esperanza, con
alguna ilusion para alimentar sus ensueños ó sus recuerdos en los
desiertos del Océano! Dichoso el que cree y espera algo, aunque su
creencia y su esperanza se hagan ver bajo las formas de la supersticion!

La altura de Nuestra Señora de la Guardia es el sitio mas encantador que
puede escogerse para tener una idea completa del soberbio paisaje
complejo cuyo centro es Marsella. Desde allí se contempla un panorama
inmenso, en varias direcciones. Al pié, al occidente, demora la ciudad,
donde hormiguea una poblacion activa y numerosa, de cuyas plazas y mas
grandes calles y avenidas se destacan grupos corpulentos de magníficos
_plátanos_ orientales, tilos, castaños y otros árboles de gran talla y
tupido follaje, rodeando numerosas fuentes de mármol ó de piedra. Vese
distintamente establecida por el puerto y la espléndida calle
_Canebière_ la division de la ciudad en dos partes de tipo diferente: la
antigua y la moderna. La antigua Marsella, al norte del magnífico
puerto, se distingue por sus calles estrechas, irregulares, divididas en
pequeñísimas porciones, sucias en extremo, con casas ennegrecidas y
horribles y con una poblacion que cruzan en incesante movimiento grupos
de marinos, numerosas turbas de obreros y carreteros, lavanderas con
trajes extravagantes, mujeres perdidas, mil mendigos y todas las clases
inferiores de la opulenta Marsella. Esta parte de la ciudad forma lo
que se llama el barrio de la _Joliette_, y está limitado por los nuevos
puertos y magníficos muelles y almacenes creados para los vapores, y la
vasta área del antiguo Lazareto destruido y de algunas colinas arrasadas
donde se ha trazado el plan de una novísima Marsella que contendrá
150,000 habitantes en bellísimas calles. Despues se toca con el
cementerio y la estacion del ferrocarril, al sur, y en seguida se
extienden en direccion al valle del Ródano los admirables campos
poblados de fábricas diversas, quintas bellísimas, huertos, jardines y
plantaciones de olivos, almendros, viñedos, moreras, trigales y
hortalizas variadas.

La nueva Marsella, vasta, regular y magnífica, se extiende hácia el sur,
hasta tocar con las encantadoras alamedas del _Prado_, orilladas por
preciosas quíntas-palacios á estilo de las _villas_ italianas, donde el
mármol y las flores revelan todas las gracias del arte; y luego, hácia
el oriente, hasta trepar sobre las colinas escalonadas y terminar al pié
de la que sirve de asiento al bellísimo jardin botánico-zoológico de
aclimatacion, que es uno de los tesoros de Marsella. En esa segunda
parte de la ciudad las plazas son graciosas, las calles anchas y rectas
y las casas muy elevadas: las magníficas arboledas hacen un juego
pintoresco con las severas torres de las iglesias y las estatuas y
fuentes que decoran las mejores plazas ó plazuelas. Es allí donde está
aglomerada la parte culta de la ciudad, y donde se ven los opulentos
almacenes, las bellas tiendas de joyería y modas, los grandes hoteles,
los suntuosos cafés, las damas elegantes, las ricas berlinas y todo el
conjunto gracioso y variadísimo de una gran ciudad meridional, francesa
y mercantil.

Despues de la ciudad que reposa sobre muelles vastísimos de mampostería,
se completa el cuadro con la escena marítima. Vese la hermosa rada
limitada al occidente por un cordon circular de montañas desnudas y
rocallosas; al oriente el puerto antiguo de la ciudad, cuajado
literalmente de embarcaciones de todos tamaños (trescientas por lo ménos
de larga navegacion) que forman un inmenso bosque de mástiles, vergas y
banderas, entre cuyas grandes moles cruzan centenares de lanchas ó
faluchas con sus cortinajes ó toldos de colores vivos coronados de
banderolas. Mas al norte ostentan sus cien chimeneas los vapores que
pueblan el nuevo puerto de los _Docks_ (Diques), cercado de almacenes de
depósito en su vastísima circunferencia. El solo puerto antiguo, con su
canal accesorio que rodea dos manzanas de la ciudad, tiene en sus
muelles de piedra una extension total de 2,575 metros. Los nuevos
muelles no tendrán menos de 4,000 en su circunferencia.

Dos fuertes muy considerables, _San Juan_ y _San Nicolás_, cierran y
defienden la entrada del puerto antiguo, que es el de los botes y buques
de vela. Por último, extendiendo la vista, se ve la rada redondeándose
para estrecharse á la salida y confundir sus ondas con las del
Mediterráneo. Varios otros fuertes dominan ese punto, que es la
verdadera llave de Marsella, siendo el mas notable el afamado castillo
de _If_, que tiene su asiento sobre una enorme roca azotada por las
violentas olas por todos lados. Aquel fuerte ha servido de prision de
estado á muchos hombres notables en la historia, y es allí donde
Florentino y Dumas han puesto en escena al singular abate _Faria_ en la
admirable novela del _Conde de Monte-Cristo_.

Como se ve, la escena que se contempla desde la altura de Nuestra Señora
de la Guardia es una de las mas soberbias que puede ofrecer una costa
marítima. Al pié la rada y la ciudad, llenas de vida, de luz, de
movimiento, caprichos y contrastes; al sur los castillos y la mar,
inmensa, silenciosa, sombría, solitaria; y al nor-oeste las montañas
vecinas, las campiñas pintorescas, y á lo léjos las llanuras del Ródano
limitadas por los montes del Ardeche y Cevenas. Inmenso paisaje para
encantar al viajero curioso que busca emociones donde quiera; pero mas
inmenso aún para el poeta y el estadista que pueden hallar al mismo
tiempo materia de interesantes estudios sociales, y para remontarse
hasta lo infinito en una contemplacion profunda y soñadora....

Bajemos de la montaña para echar una rápida ojeada sobre el interior de
Marsella. Esta antiquísima ciudad, fundada por los Focios 609 años
ántes de Jesucristo, afortunada rival de Tyro, de Corinto y de Cartago,
ha ido siempre en prosperidad, á pesar de los grandes desastres que la
han puesto á prueba en varias épocas. Su poblacion aumenta hoy de un
modo prodigioso, puesto que en 1841 contaba apánas 160,000 habitantes, y
hoy tiene el enorme guarismo de 360,000. Este hecho no ha podido
verificarse sino á virtud de estupendos trabajos de mina y nivelación
que, extendiendo mucho el área, han permitido emprender nuevas
construcciones en inmensa escala. Si hoy es Marsella la primer ciudad
marítima de Francia y la tercera en poblacion, todo hace creer que ántes
de veinte años quizas tendrá 600,000 almas y figurará como la quinta ó
sexta ciudad de Europa.

La gran prosperidad de Marsella, proveniente de su activa produccion y
de sus relaciones universales de comercio, que la hacen la puerta de
Francia en el Mediterráneo, ha crecido á virtud del establecimiento de
los Franceses en Argelia, sirviendo poderosamente de lazo de union entre
la metrópoli y la Francia africana. Pero todavía tiene un porvenir mas
grandioso, que le están preparando en Asia y en Colombia y Oceanía los
canales de Suez y Nicaragua en via de ejecucion. El dia que esas grandes
vias de comunicacion estén abiertas al comercio del mundo, Marsella
centralizará en sus puertos y almacenes la mayor suma del enorme
movimiento cosmopolita que se producirá. El Oriente será en cierto modo
trasladado á las costas del Mediterráneo, y Marsella será un opulento
santuario donde se confundirán por el cambio Europa y Asia, Africa y
Colombia, como en una colonia de la humanidad.

Marsella es interesante bajo todos aspectos: si su comercio es vastísimo
para dar salida á los productos del suelo frances y de una parte de la
Suiza, y entrada á los valores que proceden del Asia, de todo el
Mediterráneo y de Africa, América y Colombia,--el importe de su
fabricacion es muy considerable; sus construcciones navales son muy
valiosas; los frutos de su agricultura son de no poco precio; y en su
seno agitado da cabida tambien á los monumentos que atestiguan el
progreso espiritual de la civilizacion. Verdad es que Marsella no tiene
valor ninguno artístico ni brilla mucho en el campo de la literatura ó
de las ciencias. Mas no por eso carece de bellos institutos de
instruccion y de gusto intelectual, entre los cuales se distinguen: el
pequeño y reciente pero ya encantador jardin de aclimatacion; la
Biblioteca, que cuenta 60,000 volúmenes y 1,300 manuscritos
interesantes; el Museo de pinturas, de antigüedades y de historia
natural; tres ó cuatro teatros siempre en actividad; academias
científicas; ocho ó diez periódicos permanentes, muchas tipografías y
varias escuelas de mérito, entre las cuales es muy superior la de
náutica.

Marsella tiene ademas un gran Banco y Bolsa, varios hospitales bien
servidos, y numerosos establecimientos de crédito.

Abunda en espléndidos cafés de mucho lujo y elegancia, aunque en lo
general frecuentados por gentes de mala sociedad, y en ricos y
espaciosos hoteles que nada tienen que envidiar á los mejores de las
grandes capitales. El edificio de la Bolsa y el del _Hôtel de Ville_,
que están casi terminados, serán hermosos monumentos. Los paseos
públicos son muy bellos, sobre todo el del _Prado_ y el que domina el
mar por el lado meridional; y hay en el centro de la ciudad hermosas
plazas sombreadas, muy adecuadas á un país donde la tierra parece
calcinada por el sol.

Como centro industrial ó fabril, Marsella merece mucho interes, aun
prescindiendo de su valiosa produccion en buques, cordajes, velámenes y
todo lo que se refiere á la marina. Posee en sus cercanías abundantes
salinas, y tiene una gran fábrica de cigarros por cuenta del Estado. Sus
principales fábricas de particulares, de enorme produccion permanente,
son: de jabones, pomadas, aguas de olores, bujías y muchos otros
productos químicos, en grandísima escala; de destilacion de aceites de
todas clases y licores finos y aguardientes, y de preparacion de pastas
y frutos alimenticos, por valores muy considerables; cinco refinerías de
azúcar, que producen cada una 58,000 kilógramos diarios sin satisfacer á
los pedidos; extensas fábricas de instrumentos de cirujía, óptica, etc.,
y de máquinas de ingenios, destilacion de aceites y licores y trabajos
domésticos y de agricultura; fábricas de papel continuo y á mano, de
todas clases, y grandes tenerías que producen excelentes tafiletes y
toda especie de cueros curtidos.

Como se ve, Marsella tiene una vasta y muy interesante produccion
propia. A ella se agrega su exportacion de los vinos finos de la comarca
de Tolon y de los ordinarios de Languedoc, como tambien de aceites
indígenas y frutas conservadas, sin contar las grandes exportaciones
procedentes del interior de Francia.

El vastísimo comercio de Marsella, alimentado por el mundo entero,
abraza todos los artículos que la industria exterior puede producir;
pero hay algunos que merecen mencion especial, porque constituyen por su
naturaleza y su enorme valor total la base principal del tráfico
alimentado por tantos millares de fragatas, bergantines, barcas y
vapores que de todos los puntos del globo van á ofrecer su carga sobre
los muelles de Marsella.

Esta ciudad recibe especialmente: de Rusia trigos y cáñamo; de España
vinos generosos, y aceite para purificarlo; de todas las costas de
Turquía, Egipto y el resto de Africa, granos oleaginosos, esencias,
especería y cereales; de Colombia y las colonias francesas y asiáticas,
azúcar, maderas de tinte y ebanistería, pieles de todo género, café,
cacao, caucho, plantas medicinales y aromáticas, tintes finos y
minerales. Marsella es, pues, apesar de las instituciones fiscales de
Francia, ántes hostiles al comercio extranjero, uno de los mas grandes y
seguros mercados con que puede contar en Europa el Nuevo Mundo, en
cuanto á exportaciones; y es al mismo tiempo un centro importantísimo
para proveerse de ciertos artículos europeos que tienen gran consumo en
Colombia.

Si del examen puramente económico se pasa al estudio de la fisonomía
social de Marsella, no se la encontrará ménos interesante, ó por lo
ménos curiosa. Allí parece haber una Francia distinta de la del
interior, ó algo que no pertenece á Francia. Las montañas estériles y
tristes; la reverberacion de un mar que se agita bajo el soplo de los
vientos quemadores del Africa; el esplendor del cielo, azul y
trasparente; la naturaleza semi-oriental de la vegetacion; el tipo
vigoroso de las fisonomías algo retostadas; el lenguaje, el acento, las
ideas populares, las costumbres y los usos,--todo establece allí una
distincion profunda, haciendo del Marselles una especie de Fenicio ó de
Italiano, un sér que mira hácia el Oriente y el Africa; voluptuoso,
altivo, independiente y que mira con antipatía lo que viene de las
comarcas setentrionales. Al observar las fisionomías marsellesas, el
viajero no puede ménos que advertir que en las arterias de este pueblo
hay mucha sangre africana.

Si bien es cierto que todos los Marselleses entienden y hablan
pasablemente el frances, solo la parte superior de la sociedad lo habla
bien y con frecuencia. En general el lenguaje es allí un _patuá_ de
sonidos vigorosos, áspero, y en extremo acentuado, muy expansivo y
libre, y en muchas palabras duro hasta lastimar los tímpanos. Algunas de
sus frases, entre las pocas que pude entender, me parecieron de una
energía enteramente oriental y de una singular sencillez. El pueblo
marselles es muy altivo y orgulloso; se cree superior á todo el mundo,
haciendo mucho alarde de los primores de Marsella, y tiene un desprecio
profundo por los Parisienses y aún por los de Lyon: no ha mucho los
llamaba todavía _bárbaros_.

Y cosa rara en ese país del sol, del mar, de las montañas y del
magnífico cielo!--ese pueblo no manifiesta, como era de esperar, el
sentimiento artístico. Así, viste con extravagancia, combinando los
colores mas chillones; no cultiva la música, ni la poesía, ni la danza,
ni el canto en el grado que debiera, segun el clima, el paisaje y las
costumbres marítimas; se acomoda al desaseo con increible indiferencia,
y el hogar doméstico y la construccion de las casas manifiestan que
carece de gusto por lo bello, elegante y gracioso.

Es curioso ver en los puertos y las plazas y callejuelas de la antigua
Marsella, la poblacion que se agita bajo los rayos de un sol ardiente,
huyendo casi siempre de la sombra. Ora llaman la atencion los
variadísimos tipos de marineros, cuya fisonomía curtida, áspera y
angulosa manifiesta la influencia de las brisas y las fatigas del mar;
ora tropieza con el negociante cosmopolita ó comisionista, tipo flotante
que revela en sus rasgos el hábito de acomodarse á todo y el instinto de
la especulacion, y en su lenguaje, su porte y su marcha la indiferencia
por todo lo que significa un goce social, el desprecio por las fórmulas,
el abandono personal y la priesa de hacer las cosas en el menor tiempo
posible. Ya se da con el _turista_ ó viajero elegante (casi siempre
inglés), pulcro y acicalado, que se pasea negligentemente, observando
con nimia escrupulosidad hasta los menores detalles; ya con el rico
ciudadano marselles, término medio entre el parisiense y el
comisionista, que pasea las aceras de las calles y plazas, con las manos
en los bolsillos, fumando un suculento habano, en busca de noticias ó de
especulaciones en grande. Y luego, tan presto se da con el obrero sucio
y fatigado, sudando y riendo, alegre, alborotador y pendenciero, que
tira de una carreta ó dirige las mulas de un carro de mercancías, como
se encuentra un enjambre de _grisetas_ advenedizas, corredoras de
aventuras que vienen del interior á buscar el rico botin de la
corrupcion en los grandes puertos; ó se tropieza con grupos de
vivanderas que hacen una infernal algazara, mujeres flacas, morenas, de
ojos ardientes, de cara angulosa y líneas fuertemente pronunciadas;
vestidas con enaguas ó trajes de colores vivos, pañolones rojos ó
amarillos, un pañuelo atado á la cabeza, en forma de turbante ó suelto
por detras, medias de algodon y alpargatas ó viejos zapatos de cuero
tosco, y llevando cada una un enorme cesto de frutas ó legumbres, ó una
carreta de mano, para ofrecer el artículo con gritos incesantes y
chillidos agudos que penetran el cerebro.

En Marsella, como en Lyon, es ya muy notable la multitud de mendigos y
el hábito de mendigar importunando, que caracteriza en Europa á todas
las poblaciones meridionales. Mucho se habla de los mendigos que pueblan
las calles y los caminos en Italia y España, pero los viajeros ingleses
y franceses se olvidan de la mendicidad en Inglaterra y Francia. En
ninguna parte he visto mendigos tan horribles y repelentes como en
Inglaterra; pero es justo hacer una distincion: en Inglaterra el
mendigo pide sin hablar, extendiendo la mano, y guarda silencio y se
retira cuando no le dan. En el norte de Francia, y en Paris sobre todo,
el mendigo es una especie de artista harapiento: pide su limosna con
organito, clarinete, flauta ó acordion, y el que pasa le da si quiere,
sin necesidad de plegaria. Pero en el sur de Francia, como en Italia y
España, se pide la limosna peor que con _escopeta_; es una operacion en
cuatro actos, á cual mas terribles: embestida brusca, horrible clamoreo,
sitio rigoroso y persecucion hasta hacer sucumbir al pasajero. Aconsejo
al que viaje por el sur de Europa que lleve siempre los bolsillos llenos
de monedas de cobre, y al ver que le ataca la temible falange, que
arroje al suelo una puñada y eche á correr, sin parar hasta la primera
casa donde sea posible poner puerta de por medio.

El 29 de marzo pasaba yo por delante de los tres fuertes de la
_Cuarentena_, que dominan la entrada de la rada, á bordo del vapor
_Madrid_, con direccion á Barcelona, como punto de partida en mi
peregrinacion por la península española. El mar estaba agitadísimo, y al
surcar las encrespadas y menudas ondas del Mediterráneo, veia con
indefinible encanto el admirable panorama de Marsella, iluminado por un
sol magnífico y encuadrado entre un cerco de montañas de una aspereza
melancólica, pero de un efecto superior sobre el fondo azul del cielo.
Poco á poco las formas desaparecieron, todo se convirtió en una inmensa
sombra vaga y lejana, y al fin perdí de vista la estrecha faja de la
costa marsellesa. La Francia quedaba atras: iba á comenzar, al dia
siguiente, la hermosa tierra española, el país de mis antepasados que
visitaba por primera vez. ¡Cuántos tesoros no debia encontrar como
elementos complejos de contemplacion deliciosa, de gratos recuerdos y de
observacion y estudio!

       *       *       *       *       *

CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

CATALUÑA.


Orografía de España.--El puerto da Barcelona.--Condiciones sociales de
Cataluña.--Rasgos notables.--Los Catalanes.--Centros manufactureros.
--Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo inglés.

Las cuatro cadenas de montañas paralelas que cortan el interior del
territorio español, de oriente á poniente, formando cuatro grandes hoyas
bien determinadas, no son en realidad otra cosa que una sucesion de
ramificaciones, admirablemente ligadas entre si por curbas trasversales,
que se desprenden de la grandiosa cordillera de los Pirineos. Un cordon
de cerros desnudos pero sin escarpes bruscos, se desprende en _Reinosa_
de las montañas de Santander (los Pirineos), y tomando una direccion
casi opuesta (al sud-este) separa á la _Vieja Castilla_ del país
_Vascongado_ y la _Navarra_; se eleva en las cercanías de Sigüenza,
despues de formar una cuenca ó semicírculo, y se abre allí en dos
ramificaciones. La una, mas colosal y rocallosa, sigue su curso hácia
Portugal, y se llama la sierra de _Guadarrama_, baluarte que separa las
dos Castillas. La otra, suave y casi imperceptible al principio, sigue
al este, forma otra curba, que separa al _Aragon_ de la _Nueva
Castilla_, se reorganiza en la sierra de _Albarracin_, y volviéndose
otra vez hácia el occidente, repite su dislocacion en el vértice de la
provincia de _Cuenca_, y continúa reproduciéndose en cadenas de
montañas.

En ese vértice, el sistema orográfico español, copiándose á sí mismo,
lanza una alta cadena al occidente, paralela á la de Guadarrama,
determinando al norte la alti-planicie inmensa de la Nueva Castilla (con
el nombre de _Montes de Toledo_) y al sur la hoya compuesta por la
_Mancha_ y la _Estremadura_. La otra serranía, formando á su turno otro
arco, siempre convergente hácia el poniente, y reproduciéndose en un
círculo y dos ramales, determina al este la formacion curiosa de Cuenca,
con el valle marítimo de _Valencia_, y vuelve á bifurcarse en las
cercanías de _Alcaraz_. De allí parte una serranía paralela á las
anteriores, con el nombre de _Sierra Morena_, separando las planicies
manchegas y estremeñas, de la _Andalucía_; en tanto que la serranía
reproductora se dirige al sur, como si buscase al Africa, para
determinar al fin, con otro cambio brusco de direccion, la famosa
_Sierra Nevada_, que corta de oriente á poniente la Andalucía, creando
una tremenda muralla entre su parte llana y la costa del Mediterráneo,
despues de haber separado en su línea trasversal á la misma Andalucía
del reino antiguo de _Murcia_.

Así, puede con razon decirse que los Pirineos, comenzando hácia la costa
del golfo de Lyon, y reproduciéndose en una serie admirable de
bifurcaciones, no terminan en realidad sino en la sierra de _Ronda_,
entre Cádiz y Marbella, despues de haber surcado toda la península y
determinado un vastísimo sistema de valles escalonados y centenares de
rios y riachuelos.

En medio de los Pirineos propiamente dichos y las serranías de
reproduccion, hasta la sierra de Albarracin, se extiende un inmenso
valle, regado por el Ebro y 150 afluentes, que tiene por vértice á la
provincia vascongada de _Alava_, al poniente, y por base la costa del
Mediterráneo, en una extension de 37 miriámetros, desde la frontera de
Francia hasta tocar con el antiguo reino de Valencia. La parte superior
de ese magnífico valle corresponde al país vasco y la Navarra; la parte
media al antiguo reino de Aragon, y la baja ó costanera (aunque tocando
á las montañas) es la que se llama _Cataluña._

Tal era el país por donde yo comenzaba mi excursion en España,--la libre
y activa Cataluña,--al saludar las costas de Barcelona, el 30 de marzo
de 1859, desde el puente del vapor «Madrid».

Un magnífico sol de primavera, que preludiaba los alegres esplendores
del mes de abril, poblaba de encantadores reflejos las ondas del
Mediterráneo que sacudian sus blancas escamas contra los peñascos y las
playas de la costa, suavemente ondulosa. La faja de la tierra se
extendia claramente á la vista, con un cerco de barcos pescadores
desplegando al viento sus sencillas velas; y en la orilla se destacaban
sucesivamente, como nidos de gaviotas, las alegres poblaciones vecinas á
Barcelona, contando desde Badalona y Masnou hasta la activa Mataró y
Arenys de Mar.

Al llegar casi al puerto de Barcelona sentí prolongarse en los aires un
silbido agudo que me llenó de placer. Era el aliento de una locomotiva,
en uno de los ferrocarriles catalanes. La tierra enviaba como el mar su
grito civilizador, saludando la locomotiva de la estacion á la que
llegaba dominando las ondas. Aquel era un excelente augurio que revelaba
este hecho: Cataluña es un país de actividad y civilizacion.

Si Barcelona es una plaza fuerte ó ciudad fortificada, este carácter, ya
casi puramente histórico, desaparece ante las condiciones económicas que
le dan su tipo especial. Plaza esencialmente fabril y comercial, es no
solo el gran centro económico del vasto valle del Ebro, sino la primera
ciudad mercantil de España y una de las mas importantes del
Mediterráneo. Barcelona es la Marsella de España.

Al llegar al puerto, que es topográficamente malo, se comprende todo lo
que ha influido la actividad industrial de los Catalanes para darle una
importancia á que la naturaleza no lo llamaba. En lo general España no
ha sido inteligente en la eleccion de sus puertos del Mediterráneo,
puesto que en vez de aprovechar sus bahías y mejores ensenadas ó
pequeños golfos, ha situado sus mejores plazas mercantiles, con raras
excepciones, en puntos donde las flotas mercantes ó de guerra no pueden
encontrar el abrigo suficiente. Así, en Barcelona y Tarragona, en el
Grao de Valencia y en Málaga, es el poder de la hidráulica el que ha
logrado ofrecer algunas ventajas á la navegacion y el comercio, creando
verdaderos puertos artificiales.

El viajero que llega preocupado con noticias falsas respecto de España,
suponiendo que toda ella es un país uniforme en su civilizacion,
encuentra un magnífico desengaño al llegar a Barcelona, ciudad que tiene
la fisonomía de una colonia fundada por Fenicios y conservada por
Ingleses y Franceses. Todo tiene allí el tipo de lo extranjero, del
cosmopolitismo y de la vida independiente de la influencia puramente
española.

El puerto, resultado de grandes pero incompletos trabajos hidráulicos,
que avanzan hácia el mar por un lado, es una bolsa irregular, de unos
1,500 metros de desarrollo. Al entrar, se ve á la derecha la nueva y
simétrica poblacion de _Barceloneta_, especie de ciudadela mercantil,
que tiene en avanzada el muelle de descarga, el faro y la primera
estacion de ese cuartel de fiscalizacion egoista que se llama _Aduana_.
En el fondo y hácia la izquierda están: la puerta principal, que da
sobre la hermosa «plaza de Palacio,» la Aduana, el palacio de las Bellas
Artes y la Bolsa; y luego se destaca la colosal muralla hácia el sur,
sirviendo de base á un vasto parapeto, dominado par una larga fila de
casas espléndidas, elevadas, pintorescas, que tienen el aire de palacios
de la clase media. Despues, la curba se prolonga como queriendo cerrar
el puerto, y su costa está dominada por una alta colina que sirve de
asiento al fuerte de _Monjuí_, centinela puesto allí por el genio de la
guerra y de la desconfianza, como uña amenaza secular para el comercio,
que es el genio de la paz y la prosperidad.

Cataluña es un país que no puede ser descrito sino con grandes rasgos,
porque es un país de carácter cosmopolita, donde los pormenores
desaparecen ante el interes del conjunto. Si al penetrar con el lector
en las demas provincias españolas me detendré mucho en pormenores,
porque ellos son todo en la region goda, andaluza y vascongada,--al
indicar mis impresiones recogidas en Cataluña tengo que reducirme á la
fisonomía general del pais, que revela todas las condiciones.

Cataluña, comprendida entre los Pirineos, el Aragon, la provincia de
Castellon y el Mediterráneo, ocupa una décima quinta parte del
territorio español y tiene una poblacion total de 1,700,000 almas, es
decir, la novena parte de la poblacion española en Europa. Esa
desproporcion nomas indica el mayor grado de actividad de Cataluña, por
una mas fuerte condensacion de habitantes, lo que determina un mayor
cultivo de la tierra y mas industria, comercio y cultura social.

La sola ciudad de Barcelona tiene 190,000, si no 200,000 habitantes, y
se cuentan en Cataluña otras ciudades bien considerables, como Reus,
Tarragona y Lérida, y algunas que no bajan de 14,000 almas; pero en lo
general la poblacion catalana está repartida en los campos y una
multitud de pequeños centros fabriles muy interesantes. La propiedad
territorial, por otra parte, está muy repartida; la navegacion absorbe
la actividad de una fuerte parte de la poblacion, naturalmente
independiente; y siendo tan esencialmente fabricante el pais, sus masas
de obreros en las poblaciones son de mucha consideracion. Todos estos
hechos son de la mayor importancia para poder apreciar las condiciones
sociales de Cataluña.

La naturaleza, como en todas partes, ha determinado todos los fenómenos
característicos del país catalan. Un territorio fértil, de clima muy
sano y en su mayor parte llano, se extiende allí, surcado por un rio
bastante considerable (el Ebro) y otros muchos no navegables pero
excelentes para la irrigacion de los campos y la propulsion de las
fábricas. En todas direcciones, ménos al oriente, ese rico país se
encuentra rodeado por montañas que lo incomunican mas ó ménos con el
resto de España (excepto Aragon) y con Francia. La naturaleza, pues,
invitaba á los Catalanes á buscar la costa marítima para ponerse en
relacion con el mundo. Teniendo á la mano los puertos, los Catalanes
hallaban la mas vasta via para su expansion social ó sus cambios. Su
rico suelo los ha hecho agricultores; sus montañas, como barreras de
defensa, los han hecho indomables y altivos; la igualdad del terreno les
ha permitido las mas fáciles comunicaciones, y la extensa línea de costa
con numerosos puertos los ha convidado á la fabricacion y la actividad
del comercio.

Al mismo tiempo, esa posicion geográfica les preparaba sus condiciones
etnológicas. Teniendo por vecina á Francia, en frente á Italia y á su
disposicion todo el Mediterráneo, sus costas han estado abiertas á todas
las invasiones. Primero les dieron una forma los Fenicios, despues los
Cartagineses. Mas tarde los Romanos les imprimieron su sello, dominando
en Cataluña mas que en ninguna otra comarca de la Iberia. Por último,
las invasiones sucesivas de Galos y Francos, y la dominacion que en
diversas épocas han ejercido allí, despues de los Godos, los Sarracenos,
los Franceses, los Aragoneses, los Napolitanos y aún los Ingleses, han
trastornado de tal manera el tipo primitivo, que al cabo Cataluña, como
el reflejo de las mas diversas razas, ha quedado en una situacion
peculiar de fusion y de poligenésis. Tal es su tipo esencial, que se
revela en las costumbres, la lengua, la raza, la industria y aún las
instituciones locales.

Donde quiera, en Cataluña, la raza tiene en su tipo, su lengua y sus
hábitos las cualidades y los defectos de toda sociedad mezclada,
pronunciándose con rara energía. La mujer tiene allí formas varoniles,
careciendo en lo general de esa suavidad, esa morbidez y gentileza que
acompañan donde quiera, en mayor ó menor grado, al sér femenino. Las
hermosuras que allí se encuentran son altivas y de una expresion rígida
y resuelta.

El hombre tiene por lo comun la tez morena, el ojo vivo y penetrante,
las facciones angulosas, las líneas fuertemente marcadas, el cabello
negro, laso y abundante, la voz ruidosa y libre. Las organizaciones
tienen el sello de la fuerza y del trabajo: robustas y vigorosas, pero
sin elegancia ni pulimento. Es que en aquella sociedad la conciencia de
lo _útil_ ha predominado sobre las nociones del espiritualismo y del
arte.

La lengua, como la raza y la historia, es un compuesto. Y digo la
_lengua_, porque el catalan no es un dialecto, sino un idioma completo,
que tiene su gramática propia y su literatura. Al escuchar atentamente
una conversacion animada en catalan, se cree asistir á un diálogo de
hombres de todas las naciones. Tan presto se percibe la dulcísima
palabra italiana, como la voz francesa, fuertemente acentuada y
convertida en un sonido áspero; ya se siente el eco lleno y sonoro de la
palabra española, ampulosa por su abundancia de vocales, como la
acentuacion aguda y el esfuerzo gutural de la _j_ que distinguen á la
poética lengua de los árabes. Así, el catalan es simultáneamente
fenicio, italiano, godo, árabe y frances; pero en su tipo predominan los
elementos italiano y frances.

Y en efecto, el Catalan, cosmopolita y negociante por excelencia, tiene
en alto grado la ardentía impresionable del Italiano, así como la chispa
burlona y el espíritu especulador del Frances.

Los rasgos mas característicos del Catalan, que tiene bellísimas
cualidades, son: la franqueza sin petulancia, la independencia, la
severidad en el cumplimiento de un compromiso, y el sentimiento íntimo
de la igualdad y la personalidad. Si un Catalan os necesita, llega al
círculo en que os hallais, se mezcla sin ceremonia, os dice lo que le
interesa, y se retira sin hacerle cumplidos á nadie. Y no por eso es
grosero ó descortes, pues cuando no se trata de negocios se muestra
cordial, expansivo y locuaz. Si vais á su casa, le hallareis
hospitalario, generoso y fino, con tal que lo merezcais.

Con excepcion de los asuntos que exigen absolutamente escritura para su
validez, el Catalan hace sus negocios de palabra, y un asentimiento
cualquiera vale mas que el mejor documento. Varias veces ví en la Bolsa
hacerse muy fuertes transacciones, sin la intervencion de agentes de
cambio y sin buscar testigos esprofeso. Un dia que recorria yo, como
observador, el vasto salon de la Bolsa de Barcelona, en el palacio de
las Artes, me detuve delante de dos fuertes especuladores que hablaban
así:

--¿Tiene U. renta del tres?

--Tengo unos treinta mil duros.--¿A cómo?

--Al precio cotizado ayer.

--¿Rebajaría U. diez céntimos?

--Si no es á plazo sí,

--¿Podría U. conseguirme diez mil duros mas?

--Sí.

--¿Otros cinco mil?

--Sí.

--_Dicho._

Los dos negociantes, sin mas conversacion, se separaron, despues de
apretarse la mano. Al dia siguiente supe, porque el asunto me habia
interesado mucho, que el negociante interrogado habia ido, á las diez de
la mañana, á casa del otro á entregarle cuarenta y cinco mil duros en
renta del _tres_, y recibir el dinero en billetes de banco. El vendedor
habia perdido mil duros para poder conseguir los quince mil prometidos
de mas que no tenia en caja. Sin eso, habría quedado deshonrado y
perdido ante el comercio de Barcelona. La sola palabra _dicho_,
pronunciada despues de una conversacion clara, cierra un contrato y lo
hace obligatorio.

Si un negociante que acaba de hacer un cobro se apercibe ántes de las
veinticuatro horas de que ha recibido algo de menos, por equivocacion,
va donde el pagador, reclama, y sin mas prueba que su palabra (si es
hombre conocido), recibe el déficit. Como todo se puede verificar luego,
no se piensa jamas que un negociante conocido pueda faltar á la verdad
ni cometer un fraude. Un pueblo donde la palabra tiene tan alto valor,
es evidentemente un pueblo honrado y activo.

       *       *       *       *       *

El aislamiento relativo en que los Catalanes habian vivido respecto de
los Españoles, ha creado allí un pueblo distinto del ibero en todas sus
condiciones y especialísimo. Cataluña no se parece sino á Cataluña. El
espíritu de independencia, desarrollado por los hábitos marítimos y
comerciales, ha hecho calificar á los Catalanes de revoltosos é
ingobernables, y especialmente á su poblacion montañesa de _terrible_.

Eso es un error. Los verdaderos intratables son los que han querido
oprimir á los Catalanes y privarles de sus libertades tradicionales, su
lengua, sus costumbres y prosperidad. El montañes de Cataluña, el
valeroso habitante de _Puigcerdá_, no es el hombre feroz que se supone.
Si se le deja en paz es excelente, laborioso y muy accesible; pero si se
le ataca, es implacable en la guerra y no da tregua hasta que país queda
libre de enemigos. El guerrillero catalan fué el mas tremendo enemigo de
Napoleon, y será en todo tiempo una garantía para la independencia
española.

Tan cierto es que los Catalanes son opuestos á la guerra y tienen un
profundo espíritu de progreso, que siempre han solicitado la demolicion
de las fortificaciones, á fin de poder ensanchar sus ciudades, confiando
su defensa á los intereses mas bien que á los cañones de las gruesas
murallas. Apénas acaba de autorizarse la demolicion de una parte de esas
fortificaciones, y ya las ciudades de Barcelona y Tarragona crecen y se
mejoran y regeneran como por encanto. Dentro de pocos años Barcelona
será una vasta y hermosa capital de 350,000 habitantes.

No hay en el pueblo catalan un sentimiento mas hondamente arraigado que
el de la igualdad y la personalidad. Esto procede del amor al trabajo y
el respeto que allí se tiene por la industria. La muestra de su tienda ó
su taller es un verdadero blason para el artesano ó el tratante. El
hombre mas noble en Cataluña, es el que trabaja con mas teson,
inteligencia y probidad. Allí no hay mas aristocracia que la del
trabajo; y como todos trabajan, todos se tienen por iguales y se tratan
con una sencillez que permite la fusion de todas las clases sociales.

Si el Catalan es esencialmente independiente y liberal, el artesano es
mas. Un pobre tendero se cree soberano en su tienda, como el banquero en
su escritorio y el batelero en su lancha. De ahí viene cierta dignidad
altiva sin grosería, cierta conciencia de su personalidad, que impulsa
al Catalan á todos los géneros de trabajo imaginables y puros, pero que
le hace absolutamente incapaz de degradarse en ocupaciones innobles,
como la del rufian ó el trapacero. Allí todo el mundo está ocupado en
producir algo.

Si el batelero es por lo comun áspero y soez, como en todas partes, el
artesano es atento y el campesino afectuoso. Al llegar á Barcelona se
siente una penosísima impresion, causada por los muchos mendigos que
rodean y atormentan al extranjero. La mendicidad me pareció muy extraña
en una ciudad tan activa y opulenta. En breve supe que allí hay
excelentes institutos de caridad para recoger á los mendigos, cuidarles
y darles trabajo. Pero esos mendigos no son de Barcelona: vienen desde
lejanas poblaciones del interior á explotar á los extranjeros; pero
huyen y se esconden cada vez que se les quiere recoger, para reaparecer
luego en bandas errantes. Los mendigos son en España el rastro viviente
que han dejado los conventos y las instituciones viciosas.

Los Catalanes tienen dos cualidades muy fecundas para la industria y el
progreso moral: un alto espíritu de asociacion, y el puntillo de la
imitacion de todo lo bueno, para no quedarse atras. Todas las grandes
cosas, como las mas pasajeras, se hacen en Cataluña á virtud de la
asociacion. Las empresas de navegacion, de alumbrado y de diligencias,
los ferrocarriles, los bancos, las grandes fábricas, los institutos
numerosos de crédito, los teatros, los casinos, los cafés y hasta los
bailes y fiestas, proceden de asociaciones voluntarias, sin ninguna
ingerencia ni garantía de la autoridad.

De ese espíritu de sociabilidad resultan muy buenos efectos. Todo el
mundo se interesa en las empresas, todo anda bien y apriesa, nada decae,
y los monumentos de recreo, como los teatros, casinos, etc., están
siempre en auje, aunque muchas veces sin producir utilidades. Como todos
son accionistas en los teatros, todos concurren, y Barcelona tiene
siempre excelentes artistas.

Los pueblos catalanes son los primeros de España que han establecido el
alumbrado de gas, ferrocarriles, compañías de crédito y aseguros,
irrigaciones inteligentes y cuantas cosas distinguen la civilizacion
avanzada de Inglaterra y Francia. Todo progreso tiene inmediata acogida
entre los Catalanes; y, lo que es mas notable aun, sus progresos ó sus
obras son el resultado de sus propios esfuerzos y recursos. Sus
ferrocarriles (que son ya numerosos) son _catalanas_ casi en la absoluta
acepcion de la palabra. En Cataluña hasta los pueblos de tres mil
habitantes tienen su alumbrado de gas, y el vapor ruge en todas partes
como el motor de los grandes trabajos de fabricacion. Aparte de sus
carreteras excelentes, sus ferrocarriles, sus muchas líneas de
diligencias y sus centenares de buques de vela, los Catalanes tienen un
buen servicio de vapores para la navegacion internacional y costanera.
Por eso sus puertos están siempre llenos de buques que alimentan
poderosamente la actividad del pais.

El país catalan es sumamente agrícola, haciendo fuertes exportaciones en
vinos, aceites, frutas y otros muchos artículos. Es tambien comercial
por excelencia. Pero lo que le imprime su sello mas característico es la
industria fabril, que asemeja la Cataluña á una comarca inglesa. No hay
género de fabricacion que allí no tenga acogida, siendo los mas
importantes los tejidos de algodon, lana, seda y lino en grande escala,
y la fabricacion de papel de lino.

Prescindiendo de las importantes ciudades de Tarragona y Reus, de que
luego hablaré, y de las de Lérida y Gerona, que no tienen carácter
industrial, las poblaciones mas importantes de Cataluña son fabricantes
por excelencia. Despues de Barcelona, cuya produccion es muy fuerte y en
cuyo seno se centraliza todo el movimiento, merecen especial mencion las
siguientes:

_Mataró_, puerto de mar, con una extensa fabricacion variada y 17,000
almas.

_Manresa_, con 15,300.

_Sabadell_, con 14,000 y una fabricacion muy fuerte y avanzada.

_Vich_, con 14,000, importante tambien como centro agrícola.

_Badalona_, puerto vecino de Barcelona, con 10,500 almas.

_San Andres de Palomar_, con 10,000 habitantes.

_Tarrasa_, con 9,000, famosa por sus paños superiores. _Clot_, con
7,000 almas.

_Arenys de Mar_, con 5,000, notable tambien por sus tres excelentes
astilleros.

Cataluña, por la naturaleza de sus producciones, tiene activas
relaciones con todos los mercados del mundo. Aunque comienza á explotar
activamente sus turberas y minas de carbon, recibe de Inglaterra una
enorme suma de valores en hulla, para alimentar sus fábricas,
ferrocarriles y vapores. Los aceites catalanes van á ser purificados en
Francia, ó al consumo general del mundo, como sus populares y baratos
vinos. Sus tejidos abastecen no solo al pais, sino á algunos pueblos del
Nuevo Mundo, á donde va tambien su papel florete tan estimado por los
abogados y notarios y los gobiernos que adoran el papel sellado. El
Nuevo Mundo le envia á Cataluña sus algodones; Italia, Valencia y otros
paises sus sedas, cáñamos, etc.

El Catalan, aunque ama su pais, es esencialmente viajero. No hay un país
civilizado, en ámbos continentes, donde no se vea la tienda del
laborioso Catalan, repleta de los mas variados artículos españoles. El
habitante de Cataluña considera su país como una nacion. Jamas dice:
_soy Español_, sino: _soy Catalan_. Si las clases mejor educadas de la
sociedad hablan bien el español, cuando les es preciso, la multitud lo
conoce mal, y en muchos pueblos lo ignora absolutamente y habla solo el
catalan, idioma que abunda en consonantes fuertes y sobre todo en
sonidos agudos.

Tal es Cataluña, segun he podido comprenderla con un rapidísimo estudio.
Si mis impresiones son equivocadas, al ménos tienen la cualidad de ser
sinceras.

       *       *       *       *       *

La interesante y bella Barcelona está dividida en sus dos partes,
antigua y moderna, por su espléndida calle de la _Rambla_ (que es
tambien un paseo), donde se encuentran los dos grandes teatros, algunos
suntuosos casinos, los mejores hoteles y cafés y los despachos de muchas
diligencias diarias. Al norte está la ciudad antigua, aunque muy
embellecida y renovada; al sur la nueva, con su hermoso paseo del
_Prado_. En los términos de la ciudad están: de un lado, cerca de
Barceloneta, la magnífica _plaza de Toros_ (monumento indispensable en
toda ciudad española), y entre ella y la ciudad dos de las estaciones de
ferrocarriles. Del otro lado, al poniente, hácia la llanura, parten los
otros dos ferrocarriles.

Barcelona, pues, está ligada á los pueblos interiores y de la costa por
cuatro ferrocarriles, y no muy tarde habrá terminado los que conducen á
Madrid, por Lérida y Zaragoza, á Valencia ó el sur, por Tarragona, y á
Francia, por Gerona.

Barcelona es interesante bajo todos aspectos, porque ha querido
conciliar la actividad económica con los goces refinados de la
civilizacion. Hablaré primero de los monumentos que visité rápidamente,
y luego de los rasgos de costumbres que pude percibir.

Barcelona es una ciudad antiquísima, en cuyos monumentos han dejado sus
huellas, mas ó ménos marcadas, las dominaciones diferentes. Sobre todo,
el arte romano y el gótico levantaron memorias de piedra que el tiempo
ha respetado. En general las casas tienen una planta sólida, elegante y
levantada, y hoy se hacen innumerables construcciones muy bellas, en las
cuales predomina siempre el estilo frances, realzado por lo pintoresco
de los verdes ó azules balconcillos del gusto español moderno.

Entre los monumentos profanos se distinguen, por su forma ó por la
importancia de lo que contienen: el Palacio de las Artes, hermoso
edificio de estilo del Renacimiento, que es al mismo tiempo Museo y
Bolsa; el famoso archivo _Real_, de la corona de Aragon, el mas precioso
de Europa en su género; la Biblioteca principal, muy considerable y bien
mantenida (aparte de otras tres y varios archivos); la Aduana, edificio
de grandes y bellas proporciones; y los teatros _Principal_ y del
_Liceo_ (hay otros subalternos), que son de los mejores en España. El
del Liceo es considerado como el mas grande de Europa, y es de una
sencillez elegante, pudiendo contener hasta 4,800 personas; pero su
enormidad misma y algunos defectos de acústica lo hacen inadecuado para
todo lo que no es ópera ruidosa.

Barcelona tiene ademas hermosos paseos, algunos jardines públicos, un
colegio-hospicio de sordo-mudos, y una multitud de establecimientos de
enseñanza y beneficencia, de muy variados objetos, que le hacen alto
honor á la capital de Cataluña. Como edificio histórico y curioso, es de
citarse el antiguo palacio de los reyes de Aragon.

Merecen particular atencion, entre los muchos monumentos religiosos (que
no tienen gran mérito artístico), la catedral y las iglesias de San
Jaime y San Miguel. La catedral, de estilo gótico del siglo XII, aunque
carece de atrevimiento en sus tres naves, tiene una majestad imponente
por su interior de sombría severidad. Al hallarse en medio de sus
veinticuatro enormes columnas y delante de su coro de severas y ricas
esculturas de madera, que se destaca en la sombra de los altos muros
tristes y desnudos, se cree uno como encerrado en una catacumba con las
osamentas de la edad media. Si el hermoso claustro, descubierto á la
intemperie, llama con justicia la atencion, lo mas interesante del
monumento son sus torres colosales asombrosamente suspendidas como en el
aire sobre el arco gigantesco de la testera del templo. Esa construccion
caprichosa en apariencia, pero que tiene su filosofía religiosa, es la
mas atrevida que he encontrado en toda la arquitectura gótica de España.

La pequeña iglesia ó capilla de _San Miguel_ no es curiosa sino por su
antigüedad y su tipo especial. Es una _cripta_ romana, profunda en el
centro, sombría como un refugio de proscritos y que está revelando la
infancia del arte cristiano. Al penetrar allí no puede uno ménos que
evocar todos los recuerdos de los mártires del cristianismo naciente.
Hay allí algo que guarda las tradiciones de la abnegacion y del heroismo
resignado del creyente.

Para tener una idea de las costumbres catalanas, basta echarse á pasear,
con el ojo alerta y el humor alegre, por la calle mercantil de _Fernando
sétimo,_ ó la ancha alameda de la _Rambla_, orillada por hoteles y
cafés. Una inmensa multitud circula por allí, sea matando el tiempo,
sea buscando los negocios ó algo que si es _negocio_ no está esento de
ser pecaminoso.

Las Francesas pululan, ligeras y provocadoras, arrastrando las anchas
colas de sus trajes, y distinguiéndose perfectamente de las Catalanas y
Españolas. Mientras que la Francesa aventurera hace conocer su artificio
y esconde bajo la gorra su cabeza de cabellos pobres, la Española
ostenta con garbo su rica mantilla, bate con maestría singular el
inolvidable abanico, marcha con gracia y donaire pero sin esforzarse en
la coqueteria, y arrebata con su tez suavemente morena, sus grandes y
negros ojos, su rica dentadura y su ampulosa cabellera recogida en un
elegante peinado ó en hermosas trenzas. Ella desdeña la prudente gorra,
teniendo su soberbia cabeza, y la cubre apénas con un pañuelo (si es de
noche) atado por debajo de la garganta no mas, ó con un chal de lana ó
algodon de colores graciosos, envuelto con mucha originalidad.

Si os fijais en los hombres, les vereis divagar (envueltos en la
inevitable capa española, algunas veces ricamente adornada) en grupos
mas ó menos bulliciosos ó siquiera por parejas, aspirando el humeante
cigarrillo, con la mirada abierta, listos á la chanzoneta, la voz
robusta y el andar ligero. En el teatro les vereis aplaudir con
entusiasmo, aunque no siempre con criterio; en el baile, cordiales y
contentos; en la mesa expansivos; en el carnaval hechos locos y muy
espirituales en sus sátiras y disfraces.

Donde mas se revela el espíritu de asociacion del Catalan es en el
casino ó el café. El catalan no se resigna jamas al aislamiento. Por eso
los cafés de Barcelona son la imágen de Babel. Centenares de hombres y
señoras se amontonan alli, en grupos animadísimos, formando una alegre
algazara que apaga casi los ecos del piano. En España hay la costumbre
de establecer un piano en cada gran café para amenizar el pasatiempo; y
todo el que va a uno de esos lugares, donde la democracia absoluta no
degenera en desórdenes, pasa cuatro ó cinco horas en tertulia sin dejar
refrescar el asiento. El pueblo español, en su mejor sociedad, se
congrega en la iglesia, la plaza de toros y el café.

Barcelona es residencia ordinaria de doce ó catorce cónsules
extranjeros, y ofrece amplias facilidades al viajero. Temiendo
entregarme desde muy temprano al martirio de las diligencias, tomé
pasaje en el vapor «Cataluña,» que iba para Hamburgo, y me dirigí á la
provincia de Tarragona. Sin haber tenido _amigos_ en Barcelona, confieso
que me alejé de su animado puerto con algun pesar. Aquel es un país
libre, de poblacion inteligente, activa y honrada, que me habia
impresionado muy agradablemente.

       *       *       *       *       *

El Mediterráneo estaba tranquilo como un lago, y su silencio absoluto no
era interrumpido sino por el estridor de la maquinaria del vapor, y los
resoplidos que de tiempo en tiempo lanzaba ese dragon de hierro y de
vientre inflamado que se llama _locomotiva_. La luna iluminaba las ondas
deliciosamente, produciendo admirables reflejos en la limpia estela del
vapor. Pero la tierra estaba velada por las nieblas de la costa, y no
fué posible verla sino en el momento de entrar al siguiente dia en el
puerto de Tarragona.

Centenares de presidiarios trabajaban allí en terminar el puerto con una
gran muralla edificada entre las ondas. Al mismo tiempo entraba un bote
guarda-costa tripulado por diez y seis conscritos de las _quintas_ de
marina. Así, la casualidad me presentaba en contraste dos clases de
presidiarios: los unos, condenados por la justicia social, como
_criminales_; los otros, condenados por la _suerte_ á servir en la
marina, por el solo hecho de ser _Españoles_, ¡Qué sarcasmo legal!
Puesto que el mundo tiene presidios todavía, pasemos adelante,

Una pintoresca llanura con suaves ondulaciones, primorosamente
cultivada, sembrada de pequeñas y alegres poblaciones, y de una
melancolía deliciosa, se extiende por el espacio de 30 kilómetros entre
la costa del Mediterráneo y un cordon de bajos y redondos cerros que
arrancan desde Teruel para seguir paralelos al mar hácia el norte de
Cataluña. Tarragona, situada en una eminencia de la costa á 760 piés
sobre el nivel del mar, y Reus, que reposa en la llanura, son las
principales ciudades de esa provincia catalana.

El orígen de Tarragona es antiquísimo, y tanto que remonta á la
dominación fenicia. Segun la tradicion, el inolvidable Poncio Pilato
nació allí (así como el emperador Trajano), y fué gobernador ó procónsul
de la ciudad en tiempos en que ella tenia la friolera de millon y medio
de habitantes. Hoy no cuenta sino 22,000, pero va en rápida
resurreccion, á virtud del ferrocarril que la enlaza á Reus y de la
demolicion de una gran parte de sus fortificaciones.

Si el guarismo de la antigua poblacion es exagerado, al menos las vastas
ruinas que la rodean y los monumentos romanos que se conservan hasta una
legua de distancia, revelan que la antigua ciudad, establecida sobre las
márgenes del rio Francolí, é incendiada en distintas épocas, fué muy
considerable y de grande importancia. La pobre ciudad de hoy ha vegetado
por siglos encerrada en su cárcel de piedra (sus fortificaciones), esa
tortura secular que el genio de la guerra ha impuesto á los pueblos
fronterizos. Por mucho tiempo Tarragona, trepada en su colina y
divorciada del puerto por las murallas que la estrangulaban, no ha sido
sino un apacible nido de canónigos, gorjeando en su catedral gótica, en
medio de inscripciones, lápidas y escombros.

Tarragona, en efecto, es un cementerio de las razas y civilizaciones
diferentes y sucesivas. Por cada calle que se recorre, el pié tropieza
con algo que parece ser un pedazo del cadáver colosal de Roma. Donde
quiera se ve alguna inscripcion romana, byzantina ó gótica, grabada en
alguna lápida que un albañil iliterato ajustó de lado ó á la inversa en
el muro remendado de alguna casa de menguado aspecto. Entre las baldosas
de las calles, en los portales, las escaleras, los patios y los
corredores de las casas, se ven en increible abundancia ó losas de
leyenda confusa, ó bustos deteriorados y truncos, ó columnas dislocadas
y de formas diversas. Aquella ciudad es en gran parte una ruina formada
con escombros antiquísimos, que el tiempo habia dispersado en la falda y
al pié de la colina.

A una legua de distancia se ven todavía dos monumentos incompletos y en
ruina: la _Torre de los Escipiones_, de carácter sepulcral, conservando
apénas una elevacion de 30 piés, y el llamado _puente de las Ferreras_,
admirable acueducto que ligaba dos altas colinas para conducir las aguas
potables á Tarragona. Todo el terreno circunvecino está cuajado de
escombros, y cada vez que el arado pasa por allí arranca de entre la
tierra algun músculo marmóreo de esa civilizacion romana inhumada por
los siglos allí.

La mencion de esas ruinas me hace recordar una anécdota de viaje. No
resisto á la tentacion de contarla, porque ella manifiesta uno de los
rasgos característicos del pueblo inglés, tan prosáico y excéntrico al
mismo tiempo.

Pocas horas antes de embarcarme en Marsella, llegó al hotel donde yo
estaba un caballero inglés muy serióte, de porte distinguido y con toda
la filiacion de un _turista_ ó aficionado á viajes. Sentóse á la mesa, y
habiendo oido decir que un vapor iba á partir para Barcelona,
desapareció pocos momentos despues.

Cuando fuí á bordo, al instalarme en un camarote, encontré al
parsimonioso insular establecido en la tarima superior, tocándome la de
abajo. Quise saludarle, á fuer de compañero de habitacion, pero no se
dignó mirarme sino con la esquina de un ojo. El insular, como todos sus
compatriotas que viajan, tenia vieja amistad con el mar, y el puente del
vapor le gustaba de preferencia. Yo, entretanto, leia ó dormia en el
camarote, una vez que se perdió de vista la costa de Marsella.

Al dia siguiente oí desde mi alcoba, en el hotel de las «Cuatro
naciones», en Barcelona, que en la pieza contigua silbaba alguno el
himno británico _God save the queen_. Era el Inglés consabido, instalado
á quema ropa, Al sentarme á la mesa, segun mi número, el Inglés quedó á
mi derecha, mano á mano; pero no me miró tampoco. Durante muchos dias
yo rabiaba por entablar conversacion, olvidando que si yo era expansivo
á fuer de Colombiano-español, mi vecino era de la raza taciturna y
ceremoniosa de _John Bull_. Todo lo que pude arrancarle, al cabo de
cinco dias, fué un _thank you, sir,_ sordamente pronunciado, por haberle
acercado un plato de naranjas.

Un dia desapareció mi insular. Confieso que me hizo falta ese compañero
mudo, que me picaba la curiosidad por su reserva. Por la noche subí á
bordo del vapor «Cataluña». Al irme á acostar, hallé en la tarima
superior de mi camarote un bulto con barbas rojas y cabellera crespa y
rubia, que roncaba con la franqueza de un ciudadano libre. ¡Era mi
Inglés!... Pero aquello era ya un progreso: el hombre renunciaba á su
silencio absoluto, puesto que roncaba.

Al dia siguiente, cuando me vió salir de debajo de su tarima, el insular
se sonrió, mirándome con una mezcla de recelo y curiosidad. Sin duda
hacia la observacion de que si él era mi sombra de viaje yo era también
la suya. Le saludé, y apénas hizo el sacrificio de inclinar la cabeza.
Despues nos tuvimos que sentar juntos á la mesa á fuer de vecinos.

Cuando el vapor hizo escala en Tarragona, por veinticuatro horas, para
tomar carga, salté á tierra y fuí á recorrer la ciudad y los
alderredores. Tres horas despues, cuando contemplaba las ruinas de que
he hablado, ví al pié de un árbol un hombre que tenia en la mano una
cartera de dibujo.... Era mi Inglés, que tomaba el diseño de unas ruinas
confundidas con un grupo de árboles, cerca del rio Francolí.

Volví á bordo y me puse á escribir unos versos para mi esposa. Despues
llegó el insular, se instaló en el extremo opuesto del salon y se puso á
escribir tambien, interrumpiendo de tiempo en tiempo su tarea para
meditar. Tentóme la curiosidad y pasé por detras para ver lo que hacia.
Eran líneas cortas é iguales, comenzadas con mayúsculas: _John Bull_
rimaba también.... Tantas coincidencias me desesperaban: aquel hombro
mudo era, pues, mi sombra, y esto que el silencio no entra en mis
hábitos de vida.

En el Grao de Valencia, al dia siguiente, el Inglés desembarcó en una
lancha y yo en otra. Entónces respiré como un hombre que despierta y se
libra de una pesadilla. «Heme aquí emancipado!» me dije, y tomé el
camino de Valencia. Poco despues almorzaba yo en un vasto salon del
hotel ó fonda del _Cid_, uno de los muchos que hay en Valencia. De
pronto volví la vista hácia un extremo del salon: el Inglés, el
interminable Inglés estaba allí, en otro rincon, almorzando!... Me vió,
me hizo un saludo, como diciendo: "¡Diantre! U. por aquí otra vez!"--y
ámbos soltamos una ruidosa carcajada que causó extrañeza á los que no
estaban en el secreto.

Tales fueron _mis relaciones_ con aquel honorable insular, inseparable
compañero. En Valencia le perdí definitivamente de vista; y sinembargo,
ahora que escribo estas líneas, en Paris, temo que de repente asome la
cabeza por la ventana de mi gabinete para decirme, por un exceso de
cordialidad y confianza: «_Good morning, sir._» Yo habría podido viajar
durante veinte años junto con mi Inglés, y es seguro que, en tanto que
no le hubiese sido _presentado_, jamas hubiera entrado en conversacion
conmigo, no obstante que, como pude observarlo, nos teníamos recíproca
simpatía.

Volvamos á Tarragona, y perdone el lector la digresion. La catedral de
Tarragona, una de las mas antiguas de España, es gótica y corresponde al
estilo del siglo X. Aunque no carece de mérito, no llama mucho la
atencion sino por una curiosidad de arte que es única en España: es una
inmensa alfombra gobelina, de una sola pieza, que cubre todo el
pavimento del templo, en los grandes dias. Ese magnífico tapiz contiene
toda la historia sagrada, en cuadros admirablemente bordados de trecho
en trecho. Los demas monumentos de la ciudad son insignificantes.

Como he dicho, Tarragona estaba divorciada de su puerto. Pero apénas se
ha permitido la demolicion de las fortificaciones ruinosas que se
interponian, y la ciudad se ha regenerado como por encanto. Sus dos
partes están ya unidas por hermosas calles, y todo anuncia allí la
resurreccion y el progreso.

La opulenta llanura que termina en Tarragona, entrecortada por suaves y
bellas colinas, produce grandes valores en vinos, aceite, olivas,
algarrobas, cáñamo, etc., que salen por los puertos de Tarragona y
Salou. Tengo entendido que los habitantes de la ciudad se glorían mas de
producir mucho vino y aceite, que del honor que le cupo á Tarragona de
ser en tiempos mas ortodoxos el asiento de mas de cien concilios.

Un excelente ferrocarril de 13 kilómetros de trayecto, construido por
una compañía francesa, y acaso el mas lujoso de España, liga á Tarragona
con Reus, pasando por el pueblo de Vilaseca. Tomé el tren, aprovechando
la facilidad, y en veinte minutos llegué á Reus, encantado con la
contemplacion de aquella hermosa campiña.

Por todos lados veia asomar á la vuelta de alguna colina, ó desaparecer
de pronto como una vista de cosmorama, alguno de esos pueblos, graciosos
por su conjunto campestre y sus permenores, que salpican la campaña.
Constaty, Marricart, Moster, Salos, La-Selva, Castellvertt y los demas
pueblos de esa comarca, hacen un contraste primoroso, por sus casas
pintorescas y sus campanarios, con la melancólica hermosura de esos
campos cubiertos de olivos y algarrobos, cuyo color gris y pálida
verdura dominan en las sinuosidades del terreno, ocultando las alegres
cepas de viñedos.

Reus, aunque centro agrícola, es una ciudad esencialmente fabril. Su
poblacion no baja de 32,000 almas, y su actividad industrial es muy
notable. Aunque en su conjunto no es una bonita ciudad, tiene muchas
casas elegantes y nuevas, un bello teatro, y entre sus pocos monumentos
la iglesia gótica de San Pedro, digna de atencion. Reus tiene todo el
tipo de una ciudad catalana, por sus progresos en la vida social, sus
muchas fábricas servidas por el vapor, y sus comodidades. Los tejidos de
algodon y seda, la peletería y la fabricacion de pipas, así como las
cosechas de trigo, aceite y vinos, constituyen su principal riqueza.

Las chimeneas del vapor "Cataluña" lanzaban sus remolinos de humo que
la brisa de la tarde dispersaba. Volví á bordo y seguí el rumbo hácia el
puerto de Valencia. Despues de visitar la Cataluña, iba á penetrar en la
España morisca, de tipo enteramente distinto. España no es un pueblo: es
un conjunto de pueblos ó restos de naciones aglomeradas.

       *       *       *       *       *

CAPITULO V.

       *       *       *       *       *

VALENCIA Y SU VALLE.


Una aduana española.--Del Grao á Valencia.--Estructura y panorama de la
ciudad.--Un juicio de aguas.--Tipos sociales y costumbres.

Al acercarse el vapor al seno del vasto golfo de Valencia, pude ver
destacarse á lo léjos, confusa pero pintoresca en su llanura, la ciudad
de Castellon de la Plana, situada á corta distancia de la costa. Casi
oculto el caserío entre la vegetacion de las cercanías, no se distingue
sino como una sombra vaga; pero se reconoce dónde está situado. Despues
se penetra al seno del golfo, en el puerto del Grao; detestable de suyo,
pero artificialmente mejorado en lo posible.

Llegó el momento de tocar con la aduana y los carabineros, esos cuervos
marinos del comercio. Honrado por inclinacion y educacion y extraño á
todo contrabando, me irritaba en el primer momento, á cada nuevo
registro, como si por mi sola figura pudiera estar exento de
inquisiciones aduaneras. Los compañeros me decian: «Haga U. como
nosotros y no le incomodarán con el registro.» Y las _pesetas_ se
deslizaban de las manos de los viajeros á las de los guardas y
carabineros, con presteza y disimulo, dando por resultado infalible el
paso de los baúles y maletas sin registro. Detesto con toda mi alma las
aduanas; pero detesto mucho mas la corrupcion. Así, incapaz de incitar á
ninguno á que faltase al cumplimiento de su deber, me resigné á dejarme
registrar mis efectos tres veces entre el Grao y Valencia (¡6
kilómetros!). Los guardas me miraban con curiosidad, vacilando en abrir,
como si pensaran en decirme: «No sea U. tonto; suelte unas pesetas al
descuido, y adelante.»

España es el país de los trabajos y las formalidades inútiles, con el
solo objeto de darle ocupacion á la autoridad y de hacer reglamentos que
no se cumplen. De ahí resulta que España es el país clásico del
contrabando. El sueldo eventual que los viajeros le pagan á cada guarda
es siempre superior al que le da el gobierno. Por tanto, el guarda es el
mejor y mas seguro agente del contrabando. Como la autoridad, con sus
trabas inútiles, está en lucha permanente con el individuo, todo el
mundo tiene la conviccion de que es justo burlarse de la ley. Y como el
guarda sería un mártir si cumpliese todo su deber, se limita á las
apariencias, y tiene interes en dejarse corromper.

No he visto un país donde haya, comparativamente, tantos empleados como
en España. Allí, al contrario de un trivial axioma de administracion, se
profesa el principio de tener «muchos empleados, y mal pagados.» La
empleomanía es una enfermedad endémica; pero la corrupcion oficial que
la acompaña es un cáncer. Así se explican la corrupcion general de los
partidos y el desgobierno en que vive el país de mas reglamentos y de
mas empleados. Es que el _gobierno_ no es la obra de los gobernantes,
sino de las instituciones y los pueblos. Mas adelante tendré ocasion de
hacer ciertas observaciones importantes de este género, pues Madrid,
Málaga, Cádiz y Santander me suministraron la ocasion, como Valencia.

El pequeño trayecto del Grao (poblacion puramente marítima, de 2,800
almas y de regular movimiento) á la ciudad de Valencia, reina de la
suntuosa _Huerta_, se atraviesa de dos modos: ó en _tartana_, por la vía
carretera, gastando tres cuartos de hora; ó en ferrocarril, en seis ú
ocho minutos. Preferí la primera via, por gozar de los encantos del
paisaje, porque ver una comarca en ferrocarril es como tomarse un manjar
á grandes bocados: ni se le toma el sabor, ni se mastica y digiere.

El camino del Grao á Valencia es una espléndida calle, cuyo pavimento es
la arena, cuyo cuadro es una primorosa campiña, y cuyos edificios son
cuatro inmensas hileras do álamos y chopos gigantescos; de pompa
secular, que enlazando sus ramas de un lado á otra forman una bóveda
moviente de 5 á 6 kilómetros. A los lados se destacan graciosas casas
campestres en gran número, cubiertas de paja, pulcramente blanqueadas y
rodeadas de jardines y huertos perfumados. Detras agitan sus copas de un
verde oscuro las moreras, salpican el campo los simétricos viñedos, ú
ondean como lagos de verdura los entables de trigos, dominados á veces
por las flotantes espigas y las rubias cabelleras de las cañas de maiz.
Aquel paisaje es de suyo primoroso; pero cuando se le ve viniendo uno de
surcar las soledades del mar, su encanto es indefinible. El corazon late
y respira como si sintiese una resurreccion. Es que en el mar el corazon
enmudece y el espíritu trabaja solo; miéntras que en la tierra el
sentimiento recupera su imperio.

No hay una ciudad que revele tanto como Valencia la lucha de siete
siglos en que estuvieron tenazmente empeñadas dos razas y dos
civilizaciones abiertamente opuestas. Todo indica allí la imposibilidad
anterior de la fusion, y la existencia de una sociedad engendrada entre
sangre y odios por el árabe conquistador en el seno de la goda vencida,
y luego trastornada por la reaccion de los conquistados sobre los
conquistadores. La raza, la lengua, la arquitectura, las costumbres y la
industria, son una _mezcla_, no un _amalgama_ de formas heterogéneas,
conservando cada cosa su tipo característico. La vieja España y la
Arabia moruna viven allí conjuntamente, codeándose, entrechocándose, y
rara vez armonizando en realidad. Tal parece como si la guerra de los
moros no hubiera terminado en Granada, sino que continúa en Valencia.

Veamos el conjunto de Valencia y su valle, y despues diremos algo sobre
los pormenores. La renombrada Valencia, perla conquistada por el Cid
campeador, cuya Huerta fué llamada por el historiador Mariana _los
Campos Eliseos_, está dividida por el rio Turia (reducido en el verano á
_cauce_), y tiene á su derredor muchos arrabales, así como vastas pero
ya inútiles fortificaciones. La poblacion interior alcanza á 66,000
habitantes, pero la total es de mas de 106,000. Aparte de su importante
y muy valiosa produccion agrícola, de que luego hablaré, y de algunos
trabajos de arte, se distingue por su fabricacion de sederías y sus
tejidos de lana muy graciosos, tales como las moriscas _mantas_ de
colores, que reemplazan la capa ó hacen el papel de la _ruana_, ó
_poncho_ ó _sarape_ de Colombia.

Valencia tiene numerosos y regulares institutos de instruccion y
beneficencia, que la hacen interesante, y cuenta muchos monumentos en
cuyo interior hay verdaderas preciosidades artísticas. Notablemente se
distinguen en esto la Catedral y la iglesia de los _Desamparados_ únicos
templos que pude visitar.

Para tener una idea exacta de Valencia, ciudad de la mas extraña
fisonomía, es necesario subir hasta la altísima plataforma de la
octógona torre de la catedral, edificio, singular, independiente del
templo y que arranca desde el exterior del muro de la fachada, sobre la
plazuela misma. El templo es sin duda interesante en su interior, por
algunos detalles artísticos muy bellos, y sobre todo por su asombrosa
profusion de mármoles que cubren los muros. Pero el conjunto carece de
gusto. Es un templo remendado, construido en el sitio de la gran
mezquita, con una mezcla informe de obras góticas en la forma general y
complementos del Renacimiento, como la cúpula; donde se ven las ogívas
góticas mano á mano con las molduras y los dorados de orden _compuesto_,
clamando á Dios unas y otros contra los incongruentes arquitectos. El
templo es ademas muy sombrío, de modo que sus adornos interiores pierden
por falta de luz gran parte de su valor.

Súbese á la plataforma de la pesada torre por 206 grades de piedra en
espiral, y al hallarse en la altura se experimenta de repente una
sensacion indefinible. La hermosura del paisaje que de allí se
contempla sobrepuja á toda ponderacion, y el que por primera vez (como
me sucedia) ve una ciudad como esa, tan esencialmente morisca en sus
formas, encuentra poderosamente excitada su curiosidad de viajero.

El espectáculo era simultáneamente grandioso, poético y repugnante. Al
tender la vista sobre la ciudad, en derredor, veia el país morisco; y
abarcando todo el horizonte, la magnificencia del suelo español y las
huellas de una lucha secular de civilizaciones distintas. En el centro
de la ciudad lo _pasado_, la historia; al derredor la época moderna.

En efecto, la parte central es la morisca. Calles tortuosas,
estrechísimas y en laberinto inescrutable, sucias y con detestable
pavimento; casas de una irregularidad absoluta, monstruosas, negras,
desmanteladas muchas, semejando verdaderos palomares, agrupadas á la
ventura y como encaramadas unas sobre otras.

Y todo ese conjunto informe, semejante á un inmenso monton de peñascos
despedazados, dominado por algunas cúpulas moriscas, por una infinidad
de azoteas y miradores irregulares, enclavados sobre hileras de
ventanillas y troneras y de lienzos de muros dentellados.

Al derredor de lo que fué la Valencia moruna está la Valencia española y
los arrabales. Allí hay mas órden en las calles; las construcciones son
de arquitectura vulgar y pesada, y se ven pulular por docenas las torres
de los viejos conventos de frailes y monjas. Por último, cierran el
cuadro de la ciudad las alegres casas campestres, las quintas elegantes,
las grandes fábricas y la estacion del ferrocarril, es decir, las
señales de la civilizacion moderna, que significa igualmente actividad y
comodidad.

Al extender la mirada ¡qué paisaje tan vasto y admirable se registra! Al
occidente el cordon de cerros ó montañas desnudas de árboles, que
determinan el valle marítimo de Valencia, cerrando el horizonte á
distancia de seis ó siete leguas. Al oriente el Mediterráneo, azul
blanquecino, tranquilo, surcado por los buques, veleros y reflejando
magníficamente los resplandores de un sol casi africano. Encima un cielo
purísimo y soberbio de luz y de belleza; y en el fondo del cuadro,
hácia todos los lados de Valencia, la llanura mas primorosa del
mundo--la opulenta y renombrada Huerta--de donde se exhalan los ricos
perfumes del azahar, el jazmin y la rosa, de entre bosques interminables
de naranjos ó limoneros que proyectan su oscuro follaje sobre campos de
espigas, de simétricas moreras y viñedos, como sobre entables de caña
dulce y plantaciones de algodon. Para completar lo pintoresco del
paisaje, las innumerables y graciosas casitas campestres, las infinitas
acequias de irrigacion (que son las joyas de la Huerta) y los muchos
pueblos dispersos en la vasta llanura en situaciones pintorescas, le dan
á la escena el tipo de un país eminentemente agrícola y poético. Parece
imposible hallar nada tan interesante como la campiña de Valencia.

Habia pasado tres horas en esa muda contemplacion. Al descender de la
torre me aguardaba, por una singular fortuna, un espectáculo social que
en cierto modo completaba el físico. La plazuela de la catedral, que es
muy pequeña, estaba casi llena de gente. Pregunté la razon de aquella
pacífica aglomeracion de hombres que tenian el aire de campesinos, y me
dijeron que acababa de tener lugar un _juicio de aguas_. La frase me
picó mas la curiosidad y seguí preguntando. Hé aquí la explicacion que
obtuve:

Los agricultores valencianos gozan de un fuero especial que les fué
concedido por uno de sus reyes católicos despues de la derrota ó
expulsión de los moros. Ese fuero consiste en el juicio de arbitramento
respecto de los litigios que se suscitan entre los agricultores por las
aguas ó acequias de irrigacion. En una comarca tan esencialmente
agrícola, el agua es el principal tesoro, y ella está distribuida con
admirable precision en los campos, mediante una vasta red de canales y
compuertas que hacen ir de los rios a todas las campiñas y plantaciones
la cantidad de agua necesaria. El gran beneficio del fuero consiste en
haber librado á los agricultores de las garras de los abogados y
curiales y de la absurda institucion del _papel sellado_.

Cada dos años se reunen los agricultores de la Huerta y eligen los
jueces-árbitros de su tribunal, ancianos sencillos, de experiencia en el
oficio del cultivador y venerables por su honradez y su buen sentido.
Cuando se suscita una disputa entre dos ó mas agricultores por alguna
acequia, sea en cuanto á su paso, su extension ó la cantidad de agua,
sea en cuanto á la oportunidad del regadío, la cuestion viene al
conocimiento de uno de esos árbitros (que muchas veces no saben ni leer)
y las partes son convocadas para ir al juicio en cierto dia, llevando
sus pruebas testimoniales. El juez, si acaso no conoce (por rareza) el
terreno especial de la cuestion, va y lo examina concienzudamente.

El dia del juicio, el tribunal se instala bajo el pórtico de la
catedral, al aire libre, como en campo raso. Cada parte relata el asunto
y defiende su causa como puede, sin mas abogados que su buen sentido y
su justicia. Los testigos son oidos, y el rústico tribunal, apoyándose
en los hechos que conoce por sí mismo y las circunstancias probadas,
pronuncia un fallo que es irrevocable, que todo el mundo respeta y
obedece religiosamente y que jamas se escribe. La expresion de esa
justicia sumaria y amigable no tiene mas archivo que la tradicion,
porque allí no se falla sobre _dominio_ ó propiedad sino sobre
servidumbres y usos de simple irrigacion. ¡Jamas pueblo alguno de los
tiempos modernos tuvo institucion mas sencillamente sublime! Ella es á
la vez una idea democrática, una elocuente condenacion de las manías
reglamentarias de los gobiernos, y una prueba de que la mejor base de la
justicia humana está en el buen sentido de los hombres libres guiado por
la simple nocion del interes comun. Los abogados y curiales detestan los
_juicios de aguas_, y tienen razon, segun su oficio. Pero los
agricultores los veneran con mucho mayor razon, y no permitirán jamas
que les arrebaten ese _fuero_. ¡Es cosa bien triste que todavía se llame
_fuero_ ó _privilegio_ una institucion que no es sino la forma mas
profundamente filosófica de la justicia social!

Una reflexion me ocurrió, al observar el alegre grupo de agricultores
que ya se disolvia, despues de un juicio que solo habia durado una hora.
¿Por qué ha subsistido esta institucion en Valencia, miéntras que el
absolutismo ha destruido casi todos los fueros mas importantes en el
resto de España, excepto en las provincias vascongadas? Recordé la
reciente lectura que habia hecho de un libro sobre las costumbres de los
árabes, y tuve la explicacion del fenómeno. Es que aquella poblacion
valenciana, eminentemente morisca, ha encontrado una armonía perfecta
entre el arbitramento de los _juicios de aguas_ y las costumbres
arábigas. Allí donde falta el antagonismo, las instituciones se
perpetúan respetadas religiosamente. El juez de la Huerta, ese rústico
_tío_ (como los llaman en España), ¿no es la verdadera continuacion del
_Kady_ árabe, que oye y falla patriarcalmente? No hay de estable y
fecundo en las sociedades, sobre todo en materia de instituciones, sino
lo que está en armonía con la naturaleza humana, esencialmente
razonable. En punto á justicia, siempre me atendré mas al juicio del
hombre rústico, de conciencia honrada y sencilla, que á la elocuencia
literaria de diez Cicerones.

       *       *       *       *       *

Valencia es el país clásico de las mujeres hermosas,--tanto que allí es
casi difícil encontrar una fea. En las mas espléndidas calles de Paris,
Lyon y Marsella, y de Barcelona y Madrid me han mostrado soberbias
Valencianas, desgraciadamente..._desgraciadas_. Pero aquellas mujeres,
que fascinan todas con su hermosura, no seducen el corazon jamas, no
embelesan el alma. Al contrario, hay en esa hermosura no sé qué de
áspero y repelente que causa miedo, que hace adivinar las pasiones
terribles y la navaja oculta bajo la falda de colores vivos; que hace
pensar en la vengativa Italiana, lo mismo que en la mujer africana que
cruza los desiertos arenales al rayo del sol sobre la silla de su
galante jinete, ó que incita á las voluptuosidades del amor oriental
bajo la tienda de la carabana.

La Valenciana domina con su ardiente mirada, pero intimida ó amenaza. Su
abundante y sedosa cabellera, recogida en trenzas ó en un moño, y
cubierta con un pañuelo de listas, atado en derredor de la cabeza en
forma de turbante; sus ojos grandes, negros, ardientes y de mirada
profunda, que hieren como la hoja del cuchillo árabe; su aire garboso y
audaz; su fisonomía mas que redonda, casi ovalada, cortada por líneas
sumamente rígidas; la energía de su voz; lo pintoresco de su estrecho
vestido, compuesto de telas fuertes de colores brillantes, bajo las
cuales palpita un seno incendiado y se dibujan las formas de una
organizacion vigorosa; todo eso hace de la Valenciana (considerada la
masa mas numerosa) un tipo especial, que impone la atencion, y que
resiste á todas las influencias fusionistas de la civilizacion moderna.

El hombre de educación gusta mucho allí de las intrigas políticas, y
tiene al mismo tiempo, por una aparente contradiccion, muy pronunciado
el sentimiento artístico. El noble, el individuo de la clase mas alta,
es absolutista por excelencia. No tuve tiempo para averiguar la causa;
pero establezco el hecho. Valencia es en España la verdadera fortaleza
de las opiniones absolutistas. El _pueblo_--lo que en Europa llaman
simplemente así, y que en las democracias llamamos el _pueblo pobre_,
porque todos somos pueblo,--se deja guiar fácilmente por los
absolutistas, miéntras que la idea democrática no se abriga sino en la
clase media. Donde quiera he observado, personalmente ó por lecturas,
que los pueblos mas ásperos y brutales en sus costumbres son los mas
favorables al absolutismo. El pueblo de Paris, esencialmente culto, ha
sido siempre el salvador ó por lo menos el defensor de la libertad en
Francia. Los bandidos y pillos de Roma y los _lazzaroni_ de Nápoles,
magistrales en el manejo del puñal, han sido los mejores apoyos del
despotismo en la Italia meridional. Los salteadores de Grecia hacian la
guerra á la noble causa que tuvo por mártir al sublime Byron.

Hay en las clases inferiores (en educacion) de Valencia, una distincion
que establecer. El agricultor es un rudo tipo, pero es honrado y
pacífico. El obrero, el habitante de los arrabales y el ganapan de las
calles y del puerto, al contrario, son ásperos en todo, de mala índole,
de instintos pendencieros y brutales. Despues de las seis de la tarde es
muy imprudente aventurarse á recorrer solo los alderredores de Valencia;
y no porque estén plagados de ladrones y asesinos, como han dicho,
exagerando mucho, algunos viajeros, sino porque es muy fácil tener una
pendencia con un truhan de navaja lista y humor muy _despuntado_, que
termine por un drama sangriento, ó cuando ménos por un chaparron de
garrotazos. Sobre todo, si alguna hija de Eva anda en el asunto, el
galante forastero puede contar con un mal dia. Con las Valencianas de
cierta clase se cumplen á la letra las palabras de Cervantes: «hay cosas
que es mejor no meneallas,» y mujeres bonitas _que es mejor no
tocallas_.

El Valenciano de los arrabales tiene una fisonomía que parece el
amalgama del árabe guerrero con el Napolitano. Si en lo moral se
distingue por las fuertes pasiones, el sentimiento artístico, el humor
pendenciero, y el gusto por la algazara, el baile frenético, la
guitarra, la cancion bélico-amorosa y las alegres libaciones, en sus
hábitos exteriores tiene todo lo pintoresco de los pueblos apasionados.

Donde quiera le vereis ó con el sombrero calañes, que es la tradicion
del turbante, ó con un pañuelo de colores vivos atado á la cabeza por
detras cayendo sobre la nuca. Y luego el calzon estrecho hasta la
rodilla, con polainas hasta los piés, y siempre calzado con la sencilla
_alpargata_ nacional; el cuerpo medio cubierto por la _manta_, especie
de capa corta ó _ruana_ doblada, con listas de colores vivísimos y
menudas borlas; y debajo, asomando como un traidor que medio se oculta,
el afilado cuchillo ó navaja de resorte, de larga y aterradora cuchilla,
con muelle dentellado y cabo corvo y lleno de adornos mas ó menos
artísticos.

Organizacion enérgica, el Valenciano lo hace todo con brio. En el puerto
trabaja como si fuese de hierro; en el taller es listo; dirigiendo la
tartana brincadora, la carreta pesada ó el arado, se hace entender por
el animal de tiro con fuertes gritos y terribles ejercicios de látigo y
púa, y en el baile, la plaza de toros, los amores, las pendencias de
arrabal y las guerras civiles, todos sus actos tienen el sello de la
resolucin y la violencia de sentimientos.

Valencia es una ciudad muy digna de ser estudiada, por su curiosa
fisonomía, pero donde no se puede vivir con placer una vez que se han
recogido las impresiones mas notables. Si sus campos arrebatan, sus
calles dan horror, sus hermosas mujeres intimidan y sus gentes de
arrabal asustan.

Esa sociedad necesita para suavizarse del impulso poderoso del
cosmopolitismo moderno. Los ferrocarriles, las fábricas, el trato activo
con el extranjero y las instituciones liberales y humanitarias que
supriman toda violencia legal y todo espectáculo de sangre, harán de
Valencia un verdadero paraíso, extinguiendo todo lo que hay en las
costumbres de áspero y brutal, y aprovechando todos los dones de una
naturaleza admirable, que ha sido tan pródiga con la raza como con el
cielo y la tierra.

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CAPITULO VI.

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DIEZ Y OCHO HORAS DE CONTRASTES.


La "Huerta" de Valencia.--San Felipe de Játiva.--La diligencia
española.--Almanza.--La Mancha y el valle del Tajo.--Un personaje de
España.

Una serie de curiosísimos contrastes me esperaba en el trayecto que
debia recorrer desda Valencia hasta Madrid. El opulento valle se
extiende, largo y angosto, al norte y sur de Valencia, limitado al
poniente por las montañas que determinan la curiosa formacion de la
alti-planicie de Cuenca. Hácia las alturas del _Bonete_ se desprende de
la serranía circular un ramal de cerros que cierra por el sur el valle
de Valencia y va á morir sobre la costa de Alicante entre Jijona y
Denia. El ferrocarril de Valencia surca el valle hácia el sur, cortará
la serranía por el abra ó "puerto" de Almanza, y se ligará en la villa
de este nombre con el ferrocarril que enlaza á Madrid con Alicante.

El tránsito por la via férrea desde Valencia hasta adelante de Alcudia,
donde terminaba la seccion en servicio, tiene no sé qué de fabuloso, que
hace recordar los cuentos de las _Mil y una noches_. Una campiña
admirable, perfumada por las riquísimas esencias del azahar y el jazmin,
se extiende allí encuadrada entre cerros desnudos y rocallosos, como una
inmensa esmeralda engastada en acero occidado. Por todas partes el
cultivo mas perfecto, los angostos canales de irrigacion, los bosques de
naranjos y limoneros cargados conjuntamente de flores y amarillas frutas
en asombrosa profusion. Es de esa Huerta fabulosa que van á todas las
ciudades de Europa las deliciosas naranjas de finísima corteza. Parece
una tonta exageracion; pero yo alcanzaba casi á tocar los racimos de
naranjas, alargando el brazo desde el wagon del tren en que iba con la
velocidad del rayo. Imagínese lo que será esa _Huerta de Valencia_,
cuando el ferrocarril gira en gran parte de su trayecto por entre una
calle literalmente formada por bosques de naranjos y moreras, donde se
crian simultáneamente la almibarada fruta y el laborioso gusano de seda.

La parte meridional del valle, hasta el _puerto_ de Almanza, excluyendo
á Valencia, contiene en solo la linea del ferrocarril una poblacion de
55,000 almas, robusta y laboriosa en alto grado, concentrada en once
villas y distritos.

Algunos de esos pueblos tienen una situacion pintoresca y graciosa,
haciendo descollar sus campanarios como los centinelas de la llanura.
Causa un verdadero placer, mezclado de curiosidad, la rápida inspeccion,
en las estaciones del ferrocarril, de aquellos grupos de labriegos
encantados al oir el prolongado silbido de la locomotiva, que les ha
sorprendido en sus hábitos moriscos y su ignorancia peninsular. Sus
pardas ó amarillentas mantas, sostenidas como capas; sus sombreros de
anchurosas alas, cuando no de estilo calañes; sus pantalones cortos
ciñendo la rodilla; sus polainas ó calcetas de piel, y sus carcajadas
francas y ruidosas que les dan un aire de placer y satisfaccion, fijan
la atencion del viajero dejándole una impresion muy agradable.

De todas las pequeñas poblaciones del valle solo merecen especial
mencion, por su masa ó por su historia, las villas de _Alcira_ (que
tiene 14,000 almas), _Carcagente_ (bonita y rica poblacion, con 8,200) y
_San Felipe de Játiva_, que cuenta 15,800, y es bastante célebre en la
historia de España.

Alcira como un jardín flotante, ostenta sus tres torres entre dos
brazos del rio Júcar, sobre el cual existe todavía el puente romano por
donde pasaban los ejércitos de César. Es famosa en la historia la
resistencia tenaz que le opusieron á Cárlos V los comuneros alciranos,
que les costó la pérdida de sus fueros.

Cerca de _Játiva_ el valle se estrecha notablemente entre los cerros
escarpados que por todos lados lo dominan, y sobre cuyas eminencias se
destacan, como nidos colosales suspendidos de las rocas, los escombros
de algunos castillos feudales, testimonios que el tiempo ha querido
respetar en parte para recordarle al viajero la impotencia de las
civilizaciones fundadas en la fuerza y el aislamiento egoísta.

La pobre _Játiva_, de heróica memoria, cuna del _Españoleto_ y teatro
secular de tantos combates, no es hoy sino una momia de plaza fuerte,
con su castillo derrumbado y sus reductos en escombros. Parece la imágen
de una de esas mujeres altivas que, despues de haber brillado hermosas y
lozanas, dejan enmohecer sus joyas y no presentan sino caras arrugadas,
ojos enjutos, bocas sin dientes y cabezas calvas.... El aspecto
lamentable de esa ciudad _pretérita_ hace un extraño contraste con
aquella admirable campiña, llena de verdura, de galas y perfumes.
Dichoso contraste que está mostrándole al labriego que si las glorias
militares pueden engrandecer por un momento, se pierden luego en el
olvido, en tanto que el poder adquirido con la industria se reproduce y
perpetúa.

En Játiva tuerce su curso el ferrocarril, dirigiéndose rectamente al sur
hácia Almanza, por el fondo del estrechísimo valle, verdadera
bifurcacion del de Valencia. Allí, el terreno, careciendo de solidez y
de humedad y aproximándose á las montañas rocallosas, pierde esa
fertilidad de la gran llanura, y en vez de alimentar naranjos, moreras y
trigos, se cubre de viñas dispersas sobre las colinas ó de olivos que
entristecen la campiña con su tinta gris. Así, instantáneamente se pasa
de la vegetación risueña á la melancólica, y de la tersa llanura á los
planos inclinados y á las sinuosidades profundas.

La noche se acercaba cuando descendí en Alcudia del tren del
ferrocarril. Despues de aquellos contrastes puramente materiales iba á
conocer otros de carácter social muy interesantes. Allí hube de tomar
por primera vez esa _máquina infernal_ que se llama _diligencia_ y que
caracteriza vigorosamente á uno de los tipos mas curiosos,--tipo que se
divide en tres entidades homogéneas pero diversas: el _mayoral_, el
_delantero_ y el _zagal_.

Francamente, creo que Santo Domingo de Guzman, Felipe II y el amable
Torquemada no entendian el oficio. Si hubieran sido maestros en el arte
de torturar habrían inventado la _pena de viajar en diligencia_, y no
habría quedado un solo hereje en la piadosa España. En mis cavilaciones
sobre el infierno, en los ratos desocupados, no habia podido formarme
sino una idea muy confusa de los terribles dramas de aquel mundo de
cóleras, relámpagos y fuego. Cuando por primera vez viajé en diligencia
española, tuve la nocion completa de lo que debe de ser una legion de
demonios que se lleva un racimo de almas al infierno, por entre
precipicios espantosos y con grande orquesta de reniegos.

En el momento del arranque, al sentir aquella casa de madera arrastrada
por diez mulas frenéticas, como si la impeliese el huracan, la primera
impresion es de miedo, de cólera y horror.

Algunos minutos despues, cuando se ha visto que el peligro era
exagerado, se crispa uno de risa (porque tenderse ni exaltarse es
imposible en aquella prison celular), y se deleita como un salvaje en la
contemplacion del drama convertido en comedia.

Figúrese el lector una enorme caja (los Franceses la llaman _machine_)
dividida en cinco compartimientos en forma de palomares ó gallineros,
donde el viajero es la gallina y el _mayoral_ el gallo-sultan. Arriba,
una cueva que se llama _cupé_, donde empacan á cuatro bultos numerados
del género humano. Abajo, en primer término, la _berlina_, donde va en
número de tres la aristocracia de las victimas; en el centro una cripta
romana que llaman _interior_, calabozo de seis rematados; y atras la
cocina del infierno, pomposamente decorada con el nombre de _rotunda_.
Encima, el departamento de equipajes, denominado la _vaca_, Chimborazo
ambulante que se parece un poco á la cueva de _Montesinos_. Total, diez
y nueve Cristos que tienen la _idea_ de viajar, bajo el poder de un
Poncio Pilato que se llama el _mayoral_, como quien dice, don Manuel
Rosas y los _salvajes unitarios_ de marras.

Esto en cuanto á la parte animal que va adentro. Por lo que hace á la de
afuera se clasifica, en el órden de bestialidad, así:

El mayoral,
El zagal,
El delantero
Y las mulas.

Esas cuatro entidades se agitan, se atacan, se estropean y golpean
conjuntamente, formando los tres primeros individuos un alboroto
infernal, y levantando las ocho ó diez mulas bravías que les están
asociadas una nube de coces y de polvo, dentro de la cual se cierne una
lluvia de latigazos y garrotazos.

Los tres directores de aquel convoy de veintinueve víctimas (sumando
viajeros y mulas) llevan sus puestos respectivos. El mayoral, en el
pescante, entre el _cupé_ y la _berlina_, como un Phaeton que conduce su
alado carro. El zagal, á su lado, ó prendido de un garfio del pescante,
á guisa de apéndice. El delantero, á caballo sobre la bestia primera de
la fila izquierda, dando la direccion á las diez mulas.

Estas, formadas en columna, en dos filas, van ligadas entre sí por un
laberinto de pesadas cadenas, de garfios, correas y trozos de madera que
aumentan el enorme peso y la extravagancia de aquella montaña portátil.

De tiempo en tiempo, cuando alguna de las mulas afloja el paso (porque
van siempre á galope largo y al coche rueda como un huracan por cuestas
y valles), el zagal da un salto al suelo, y se lanza á la carrera, á la
par de las mulas, armado de un garrote delgado ó de un látigo fuerte. A
cada mula le reparte (porque siempre los justos pagan por los pecadores)
cuatro ó seis golpes frenéticos; y cada una de ellas responde, según su
estilo peculiar, con cuatro ó seis coces furibundas, que el zagal evita
con asombrosa habilidad. Entónces aquellos animales se enfurecen,
brincan como cabras, corren como demonios y levantan una polvareda que
hace perder de vista el horizonte é invade, á los viajeros en sus
navetas martirizadoras.

El mayoral grita como un dragon, sacudiendo las riendas y el
foete,--agitando en una convulsion rabiosa todo el cuerpo; el zagal le
acompaña en gritos, movimientos y reniegos; y el delantero, que les
sacude tambien á veces á las mulas que están á su alcance, redobla la
actividad para apurar la carrera. El viajero, entretanto, sintiéndose á
discrecion de aquellos salvajes y de diez mulas furiosas, se agita en un
drama cómico de las mas vivas emociones, acabando por resignarse á todo.
Imagínese lo que habrá de sentir el que, saliendo de un magnífico tren
de ferrocarril, se entrega por primera vez á esa pesadilla sin sueño que
se llama un viaje en diligencia.

Cuando el viaje es largo los peligros aumentan. Como jamas se varía el
mayoral ni el delantero, que son los pilotos de la diligencia, el sueño
los domina á veces, y con frecuencia el coche vuelca y se despedaza, se
estrella en un recodo, ó se precipita en un desfiladero, sucediendo no
pocas desgracias. Y no hay que hacer observacion alguna, ni quejarse de
hambre ó cosa parecida; porque el viajero que sufre la ley tiránica de
los empresarios, es un esclavo á la disposicion del sultan que tiene su
trono en el pescante. Todo eso sin perjuicio del escamoteo, al fin del
viaje, que los mayorales, delanteros y zagales ejercen contra el
viajero, mendigando como si no tuviesen dotacion ó paga.

Aconsejo á los que padezcan de los nervios y quieran obtener una
curacion violenta pero segura, que vayan á España á hacer un viajecito
en diligencia. En España casi siempre que cae un ministerio le
destierran, á lo ménos diplomáticamente. No sé por qué llega el rigor
hasta ese punto, cuando con unas doce horas de diligencia todo quedaría
compensado, aunque, á decir verdad, los pecados de casi todos los
ministerios españoles no son de los muy veniales.

Despues de cuatro horas de diligencia toqué en Almanza con el
ferrocarril de Alicante, empresa que, á pesar de los muy buenos
elementos con que cuenta, se distingue por su mal servicio. Algun dia se
corregirá. Nada diré sobre la ciudad de Almanza, porque la noche me
impidió observar siquiera su aspecto general. Con todo, de paso y al
claro-oscuro tuve mis sospechas de que es una poblacion que no brilla
por la hermosura ni la actividad. Es una ciudad de antiquísima data, muy
anterior á las guerras entre Romanos y Cartagineses. Así, aquella es una
de las ciudades españolas cuya historia está ligada á las cuatro
dominaciones sucesivas de mas significacion que han impreso su sello á
la nacion ibera. La llanura de Almanza es célebre por la famosa batalla
ganada allí por los Españoles, en abril de 1707, contra las tropas
anglo-portuguesas, dándole á España la imponderable ventaja de cambiar
de amos, puesto que los Borbones ocuparon con Felipe V el trono que la
casa de Austria habia tan atrozmente inmortalizado. Todavía se conserva
en la llanura el obelisco que conmemora el suceso. En España se
conservan esos monumentos muy bien, pero se dejan cegar los antiguos
canales que datan del siglo pasado.

De Almanza á Madrid el ferrocarril toca en veinte y dos poblaciones,
sobre terreno llano, con un total de cerca de 100,000 habitantes,
exclusivamente consagrados á la agricultura, cuyos productos principales
son los trigos y vinos y algun aceite de olivas. De esas veinte y dos
poblaciones solo tienen alguna importancia: _Almanza_ fuerte de mas de
9,000 almas; _Albacete_, capital de provincia, con cerca de 17,000;
_Villa-Robledo,_ que cuenta 8,000, y _Aranjuez_, ciudad cortesana, con
mas de 5,000, que es la Versalles de la corte de España, verdaderamente
primorosa. Mas adelante haré su descripcion.

Es curioso tambien, en el trayecto, el pueblo de Villacañas,
correspondiente al país de Don Quijote. Cuéntanse allí hasta trecientas
cuevas, practicadas en las colinas del campo (que se desprenden de la
sierra de Toledo), en donde viven todas las familias pobres. Esta
singular arquitectura de la miseria no es rara en España, y en ninguna
parte interesa tanto como en uno de los barrios de Granada. A su tiempo
descubriré ese curioso pormenor.

La travesía de la Nueva Castilla continuaba la serie de contrastes que
yo iba observando. La noche me habia hecho perder de vista las campiñas
al salir del valle de Alcudia, continuacion ó inflexion del de Valencia.
Cuando al siguiente dia ví aparecer en el horizonte las tintas primeras
de la aurora, el tren pasaba por las vastas y tristísimas llanuras de la
Mancha. Así, habia cerrado los ojos ante un paisaje en extremo
pintoresco, para abrirlos despues en el centro de un país singularmente
notable por su desolacion y su silencio. Ni la sombra de un árbol, ni el
rumor de un arroyo, ni el canto de un gallo ó de un pájaro campestre, ni
el mugido de una vaca, ni el mas leve ruido se sentia al atravesar aquel
desierto.... ¡Ni una choza en las praderas interminables, ni un cercado
para manifestar la presencia del hombre por allí!...

Y sinembargo, la Mancha es un país asombrosamente fértil en la
produccion de trigos y vinos, que cuando está cubierto de mieses y
sarmientos tiene una hermosura suntuosamente triste. ¿Por qué no hay
allí ni un solo árbol, ni casas, ni jardines, ni otra cosa que inmensos
prados ó trigales solitarios?--Porque no hay agua,--dicen los
optimistas, que creen que lo que no se hace es porque no se
puede.--Porque los manchegos son perezosos,--indican á su turno los
pesimistas que deprimen y calumnian al pueblo español.

Ambas disculpas son sofísticas. Donde quiera que en la Mancha se quiere
tener agua, no hay mas que cavar un poco y surge á torrentes. Ademas, á
corta distancia están las serranías, de cuyas corrientes purísimas puede
la industria obtener, por medio de canales, toda el agua necesaria. El
pueblo manchego no es tampoco perezoso por índole, como se dice. Esa es
una mentira que los malos gobiernos han inventado para encubrir su
incapacidad.

En materia de gobierno hay que optar entre uno de dos sistemas: ó la
represion reglamentaria, y entónces los gobiernos tienen el deber de
hacerlo _todo_, y son responsables del malestar social; ó la libertad y
la prescindencia, en cuyo caso el individuo tiene la iniciativa y los
pueblos la responsabilidad de sus actos de todo género. Como en España
se ha seguido el primer sistema, sus gobiernos son los responsables, los
verdaderos haraganes, puesto que no han abierto canales y caminos (hasta
ahora se trabaja en eso), á fin de que los pueblos manchegos tengan agua
(y con ella árboles, irrigacion, casas de campo, etc.) y medios de dar
salida á sus trigos, vinos y aceites, con lo cual la agricultura tomaría
un poderoso incremento. Si los gobiernos constitucionales tienen su
proceso en los presupuestos, los absolutos lo tienen en el aspecto de
las poblaciones y los campos.

El primoroso valle de Aranjuez, regado por el _Tajo_ y el _Jarama_
(nuevo contraste en la topografía), me ofreció una prueba evidente en
apoyo de las observaciones que acabo de hacer. Allí, en vez de la
soledad y la tristeza del resto de Castilla, hay una pompa de vegetacion
que arrebata y deleita. Aquel país es un verdadero paraíso, durante la
primavera. En un espacio pequeño se halla aglomerada una inmensa riqueza
en ganados, bosques, hortalizas y otros frutos agrícolas, sin contar los
tesoros artísticos. ¿Por qué tanta opulencia allí en el centro de una
vastísima planicie desierta? Se dirá que todo se debe á la abundancia de
aguas en Aranjuez. Error: he visto muchos otros valles de España,
admirablemente dotados de aguas y fertilidad, donde reina también la
soledad. El valle de Aranjuez es precioso, porque es un _dominio real_;
porque no le pertenece al pueblo español, pobre y abandonado, sino á sus
monarcas, opulentos siempre. Y sinembargo, los reyes que han gastado
inmensos tesoros en embellecer ese _Real-Sitio_, no han tratado de
suprimir las fiebres, que son el real patrimonio de los vecinos de
Aranjuez, á causa de las inundaciones que producen los rios. En tanto
que el Jarama y el Tajo desbordan por falta de canalizacion, los
palacios de Aranjuez rebosan en maravillas de pintura y escultura, que
han costado millones sin cuento. Miéntras que los cortesanos se alojan
allí en suntuosas habitaciones, el pueblo español sufre las fiebres
_tercianas_, ó se _aloja_ en Villacañas en cuevas húmedas y
desabrigadas, abiertas en las peñas.

Con excepcion de tres ó cuatro parajes bellos, como en las cercanías de
Toledo, de Valladolid ó de Palencia, no hay en las dos Castillas, otros
puntos notables por su hermosura artificial que los _Reales-Sitios_. Lo
demas son llanuras desiertas, aunque cubiertas de trigos ó viñas en gran
parte. Con el valor de los cuatro _Reales-Sitios_ podría el pueblo
español pagar todas sus deudas, ó cubrir de ferrocarriles todo el
territorio nacional, quedándole algo para _alfileres_. ¿Quién sabe si
algún día se hará ese negocio....?

Al tomar la diligecia en Mogente (ó Alcudia) tuve por compañero en la
_berlina_ á un sugeto que me impresionó vivamente y á quien no olvidaré
jamas. Era un doble tipo, como se verá, muy digno de atencion. Un hombre
corpulento, de unos cincuenta y cinco años, robusto y rosado, lleno de
salud y de vida, con una fisonomía admirablemente honrada, una risa
franca y llena de benevolencia, una mirada cordial, y una conversacion
en que se confundia la sencillez del lenguaje con el aticísmo del estilo
y la solidez de las observaciones.

Desde los primeros momentos de la conversacion (que empezó casi al
entrar á la diligencia) conocí que me las habia con un liberal de puño
cerrado, hombre de instruccion, e muy buen sentido y en extremo
tolerante. A juzgar por su aspecto modesto y su lenguaje sencillo y
chistoso, le tomé por un propietario campesino, de vida retirada, aunque
muy culto. Pero luego fuí cambiando de opínion. Al saber que yo era
republicano de Hispano-Colombia, me tomó cariño y me hizo mil preguntas
sobre la vida de perros que llevamos los demócratas en el Nuevo Mundo.
Mis respuestas le encantaban, y se mostraba como triunfante cada vez que
yo le indicaba algunas de las mas bellas conquistas hechas en Nueva
Granada por las ideas verdaderamente democráticas. Ya puede colegirse
que mi excelente compañero y yo quedamos muy amigos, sin conocernos. La
comunidad de creencia política y de toda clase de convicciones nos habia
ligado; y me aproveché de la ocasion para adquirir muchas luces sobre
la situacion de España.

Al día siguiente, cuando aquel excelente caballero se despedia de mí en
la estacion del ferrocarril, en Madrid, ofreciéndome cordialmente su
amistad, vine á saber que habia viajado nada ménos que con don José
María de Orense, _marques de Albaida_, grande de España de primera
clase, y jefe del partido _demócrata_ español, cosa que vale mucho mas
que todas las grandezas de pergaminos.

Así, aquel sujeto no solo me habia ofrecido un notable contraste social,
sino tambien un bello tipo de la sociedad española. En Barcelona habia
tratado en la fonda á un marques de muchas campanillas, absolutista de
_tuerca y tornillo_. Era un sugeto de excelente corazon, pero de
endemoniada cabeza, infatuado con su noble estirpe, intolerante en todo,
porque no admitia contradiccion, y energúmeno en su tenaz absolutismo y
su odio á las ideas democráticas.

El otro marques, mi compañero de viaje--el noble demócrata--era un tipo
enteramente opuesto. No hacia el menor caso de la pretendida nobleza; no
se nombraba sino por su simple apellido de Orense (sin partícula); se
distinguia por su sencillez modesta y su tolerancia; hablaba de los
_pueblos_, sin acordarse de los _reyes_ (que eran la pesadilla del otro
marques), y no reconocia en los hombres otro valor que el de su mérito
personal. Así, el estudio de las cuestiones sociales y el sentimiento
profundo de la justicia, habian hecho un _ciudadano_ de un _grande de
primera clase_. Orense me ofrecia, pues, el tipo del _noble moderno_,
que comprendiendo que los tiempos han cambiado y el mundo marcha hácia
el reinado de la libertad y la igualdad, se ha puesto del lado del
pueblo, para defender una causa que no ofrece medros sino gloriosa
pobreza, dejando el viejo camino por donde con tanta comodidad se iba
hácia el poder con la opulencia.

Orense, ademas, me mostraba el noble tipo del viejo castellano (no del
«castellano viejo»), tan simpático y respetable; es decir, del hombre
sencillo, de sólido juicio, francote, honradote, lleno de chiste,
espiritual en su conversacion, agradable en su porte, y hospitalario y
servicial en grado eminente.

No se crea que he querido hacer un homenaje á una _persona_, que acaso
no leerá jamas estas páginas. El rápido estudio que pude hacer del
pueblo español me convenció de que Orense era un tipo de doble carácter;
y los hombres típicos son precisamente los mejores rasgos de la
fisonomía de una sociedad. No era extraño que yo llegase á Madrid
agradablemente impresionado.

       *       *       *       *       *

CUARTA PARTE.

LA NUEVA CASTILLA


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CAPITULO I.

       *       *       *       *       *

MADRID MONUMENTAL.


Aspecto general.--Plazas, paseos y jardines.--Museos y
bibliotecas.--Palacios, teatros y otros monumentos.--Las caballerizas
reales.

El viajero que carece absolutamente de relaciones en Madrid no debe
detenerse allí mas de una semana. La capital do la nacion española,
relativamente nueva y mal favorecida por la naturaleza, no puede ocupar
la atencion, bajo su aspecto monumental, por mas de ocho dias; á no ser
que se quiera hacer un estudio especial de bellas artes. Es que en
Madrid lo mas interesante no es lo que se ve, lo que está á la
disposición del público, sino lo que _no se ve_, ó no puede estudiarse
sino al favor de las relaciones sociales.

Los templos de Madrid no merecen mención especial, ni por su
arquitectura, pesada y vulgar, ni por sus tesoros interiores. Ese es un
hecho que contrasta singularmente con las tradiciones del catolicismo
español y con la pompa religiosa de las catedrales de España. La España
religiosa no está en Madrid: es preciso buscarla en Toledo y Granada, en
Sevilla y Valencia, en Barcelona, Burgos y León. Madrid es la imagen de
la España política, mediocre, artificial y contradictoria.

He residido veinte y siete días en la metrópoli española, aprovechando
todos los momentos y todas las relaciones para palpar y comprender los
rasgos principales de su fisonomía social; y tengo la pretension de no
haber perdido mi tiempo. Seré tan minucioso en los pormenores cuanto lo
permitan el interes de los objetos y la paciencia del lector.

Desde que se llega á Madrid se comprende que allí reina con todo su
poder y su abandono una autoridad que no emana del pueblo. La vasta
ciudad, hermosa en su conjunto y en algunos de sus edificios, hace un
extraño contraste con sus cercanías: es un oásis de piedra en medio de
un desierto. En el interior de la ciudad algunos bellos y aun
espléndidos jardines, las casas agrupadas y de elevada aunque vulgar
construccion, la vida, el movimiento, la animacion. Pero al derredor de
la ciudad colinas desnudas, sin un árbol, sin poblacion; campos
calcinados, solitarios, sin irrigación, sin vida. El desierto por todas
partes, la soledad, como si el Africa empezase á las puertas de
Madrid....

Me olvidaba; hay algo que no está desierto, que ostenta la verdura, la
pompa de la naturaleza ayudada por el hombre,--el lujo del arte: ese
algo es, de un lado el _Buen Betiro_, con sus parques magníficos y sus
primores; del otro el _Pardo_, inmensa propiedad riquísima y preciosa,
que parece un pedazo de marco de esmeralda para cercar á Madrid, del
lado del Palacio-real. Esos dos algos le pertenece á la familia real....
Allí están la hermosura y la vida. En lo demás, que pertenece al pueblo,
están la desolación y la esterilidad.

Verdad es que Madrid cambiará en breve, gracias al nuevo canal de
Losoya, que le llevará abundantes aguas de los montes de Guadarrama. La
capital de las Españas no tendrá sed y podrá fertilizar y embellecer sus
campiñas.

Aunque Madrid es relativamente nuevo (pues su habilitacion como capital
data del tiempo de Felipe II), sus calles revelan el contraste de la
vieja sociedad española con la moderna. Sus paseos interiores, su
espléndida calle de _Alcalá_, su hermosa plaza de _Oriente_ y las nuevas
construcciones que dondequiera se levantan, manifiestan inclinación
hácia el buen gusto, la comodidad, el aseo y el _comfort_; mientras que
su vieja plaza _Mayor_, de vastas y oscuras arcadas, cerrada por grandes
pórticos, sus antiguas calles tortuosas, sucias y repugnantes, como las
que avecinan esa plaza, y algunas callejuelas tristísimas mantenidas en
los barrios centrales, están probando que todavía resisten á la acción
del progreso las raices de la España antigua, abandonada, rezandera,
tolerante de la mugre, amiga del silencio y de la oscuridad.

Por desgracia, ese noble país del arte y del orgullo, que á pesar de sus
defectos de educacion ha hecho tan grandes cosas, tiene pocas nociones
del buen gusto. La arquitectura madrileña es pesada y carece de
elegancia y majestad; sus monumentos no tienen valor sino por lo que
contienen en el interior; sus edificios públicos son de suma vulgaridad,
en comparación de su objeto (con rarísimas excepciones); sus calles,
anchas y rectas en su mayor número, no tienen buen pavimento ni
suficiente aseo; y las nuevas construcciones, aunque con pretensiones de
suntuosidad, no hacen honor á los arquitectos españoles. El palacio
inmenso del duque de Medinaceli (por via de muestra) es una suntuosa
caricatura pintorreada, sin dignidad; y el afamado _Palacio Real_, sin
nobleza artística, aunque, muy vasto, es inferior en su aspecto exterior
á cualquier palacio notable de los que decoran á Lóndres ó París.

Es que (debo repetirlo) las buenas cualidades del pueblo español son
internas ó intimas. Si se quisiese juzgar á esa sociedad por sus
exterioridades solamente, se la conoceria muy mal, hallándola muy
inferior á lo que es en realidad. Puesto que voy hablando de _Madrid
monumental_, detallaré los principales rasgos de su fisonomía.

       *       *       *       *       *

La plaza de _Oriente_, situada entre el Palacio real y el Teatro
principal ó de la ópera, es la única de Madrid que merece atencion.
Vasta, sombreada por magníficas arboledas, poblada de jardines alegres,
encuadrada por bellos edificios y llena de luz, interesa tambien por su
hermosa estatua ecuestre de Cárlos V, en bronce, situada en el centro y
rodeada por un vasto círculo de estatuas de todos los reyes godos y
españoles, en piedra bruta, algunos del mas macarrónico trabajo y en lo
general escasos de mérito artístico. Los madrileños tienen por muy
famoso su Palacio-real, y lo es en efecto, para España; pero comparado
con muchos otros de Europa no merece gran reputacion, como obra de arte.

Entre los paseos de Madrid, intramuros, su renombradísimo _Prado_, su
inmensa calle de _Alcalá_, cubierta de alamedas en gran parte, y su
laberinto y parque de la _Fuente Castellana_, tienen sin disputa la
preeminencia; sin contar los hermosos jardines _Botánico_ y del
_Retiro_. Es allí donde se reune por la tarde todo lo que hay de mas
bello, de mas rico y elegante en la alegre sociedad madrileña; donde
puede admirarse la hermosa raza española en sus variados tipos y tenerse
una idea general de la fusion que se va produciendo en las costumbres y
los elementos de diversas épocas.

El Prado es una vastísima calzada sombreada por varias calles
larguísimas de álamos y olmos gigantescos, y embellecida por grandes
fuentes. Una parte del paseo es mas espaciosa, encuadrada entre la
ciudad y los jardines del _Retiro_ y cuidadosamente macadamizada; y es
en ese trecho, llamado el _Salon del Prado_, donde reinan como soberanas
las elegantes bellezas castellanas. De un lado, el Prado se prolonga en
cierto modo hácia las alamedas de los _Recoletos_ y la _Fuente
castellana_ (al norte) y del otro (al sur) hácia la puerta de _Atocha_,
los paseos de las _Delicias_ y la estacion de los ferrocarriles.

Si la _Fuente castellana_ atrae al curioso por sus laberintos de
verdura, sus graciosos bosquecillos y sus elegantes quintas vecinas
(verdaderos palacios campestres) que asoman sus enrejados, sus balcones
cubiertos de guirnaldas y sus minaretes por entre las copas redondas de
los olmos; si en los _Recoletos_ se vaga, en la embriaguez de los
perfumes, bajo bóvedas de follaje que incitan á la pereza; en el Prado
el movimiento de las gentes, los mil coches tirados por hermosas mulas ó
yeguas andaluzas, y el extraño aspecto de los grupos de provincianos,
hacen afluir la corriente de paseantes hácia el monumento del _Dos de
Mayo_, los reales jardines del _Retiro_ y el vasto y bien mantenido
jardin _Botánico_, uno de los mas hermosos que se conocen en Europa.

Los parisienses tienen orgullo de poseer sus espléndidos jardines de las
Tullerías, del Luxemburgo, etc. Dejándolos en su buena y merecida
reputacion, prefiero el del _Retiro_ en Madrid, ménos suntuoso sin duda,
pero mas agradable, mas natural, mas espontáneo, sin carecer por eso de
bellas obras de arte, que adornan las alegres calles de árboles y las
cercanías del enorme estanque establecido en el centro.

Yo me complacia, hijo del Nuevo Mundo y republicano, en recorrer
aquellos bosques tupidos y suntuosos, aquellas alamedas perfumadas,
aquellos jardines repletos de fuentes, estatuas y primores. Si me
faltaban las florestas vírgenes de mi patria y los mil rumores de sus
cataratas, sus torrentes, sus pájaros y sus insectos zumbadores,--al
menos veía fisonomías hermanas, reproduciendo muchas de mi tierra natal;
oia hablar en la opulenta lengua que me enseñó mi madre á balbucear;
contemplaba con recogimiento las numerosas estatuas de los reyes
españoles, bajo los olmos corpulentos, no porque fuesen de reyes, sino
precisamente porque ellas me parecian escombros artísticos de épocas que
la libertad y el progreso han trasformado profundamente, y me hacian
evocar la historia de esa heróica raza ibérica que llevó su sangre al
suelo colombiano para fundar pueblos que la revolucion debia regenerar
y que la democracia habrá de engrandecer.

La primera vez que recorrí esos jardines espléndidos, iba de bracero con
un marques republicano, Orense, que no pensaba sino en la democracia, y
le daba mas energía al contraste mi situacion. Allí, á la sombra de las
alamedas y ante las imágenes de los monarcas, dos hombres enteramente
distintos fraternizaban cordialmente. El uno, hijo de la aristocracia
antigua, español y hombre de edad y de mundo, soñaba con la libertad y
el progreso. El otro, hijo del Nuevo Mundo, plebeyo por su nacionalidad,
como todo demócrata, educado en la vida republicana, jóven, inexperto,
viajando en busca de luz, y buscando en la patria de sus abuelos la
prueba práctica, pero negativa, de las verdades democráticas! Cuando nos
estrechábamos la mano ¿no establecíamos en cierto modo, sin pensarlo, la
alianza de los pueblos españoles en la democracia, en el amor de la
libertad que nos habia hecho amigos?

       *       *       *       *       *

Madrid es digna de su rango de capital de una vasta monarquía, en cuanto
á la posesion de buenos y numerosos museos y muy estimables bibliotecas,
tanto públicas como privadas. Por desgracia, los Españoles no les
acuerdan á sus establecimientos de esa clase toda la atencion debida.
Verdad es que los estímulos faltan, porque allí no se puede ejercer
ninguna profesion sin diploma oficial; los escritores, que podrían
consultar las bibliotecas y estudiar los museos, hallan fuertes trabas
legales que restringen mucho la publicidad; y los artistas han tenido
que resignarse á la modesta condicion de copistas de las obras maestras,
por carecer de apoyo social.

Los pueblos que no tienen libertad de accion para darse una vida propia,
se hacen noveleros y superficiales. Este hecho se nota en gran parte de
la sociedad madrileña, dominada por un _francesismo_ fútil, que la hace
buscar con ahinco los objetos del arte parisiense, mas ó ménos
exagerados ó fascinadores, en vez de proteger la inspiracion de los
artistas nacionales. En Madrid hay muchos y buenos artistas; pero
ninguno de ellos _crea_: sus gabinetes están en los museos públicos, á
donde van á hacer copias casi automáticas, en lugar de ponerse á copiar
la naturaleza ó sus propias inspiraciones y producir las grandes y
nobles obras de que son muy capaces unos cuantos. Madrazo mismo, tan
superior artista, no hizo mas que vegetar brillantemente en el arte
divino de Rafael, de Rubens y Murillo.

Muy laboriosa sería mi tarea y superior á mis conocimientos (porque en
materia de bellas artes no tengo sino instintos), si me detuviese á
mencionar todo lo que hay de bueno, de interesante y primoroso en los
numerosos museos de todo género que enriquecen á Madrid. Perdóneseme,
pues, que solo me detenga en lo mas sobresaliente, sin hacer mas que
apreciaciones someras.

La verdadera maravilla de Madrid es, sin disputa, el Museo de Pintura y
Escultura, situado en el paseo del Prado. El palacio es espléndido en su
exterior, evocando en su fachada principal las figuras inspiradas y los
nombres gloriosos de los mas eminentes artistas españoles. Allí, en ese
noble altar de piedra levantado al genio en presencia de un pueblo que
ha sido tan heróico, se ven las estatuas de Alonso Cano y Herrera, de
Velázquez y Murillo, de Ribera y Montañez, de Roelas y Zurbarán, y de
toda esa pléyada de divinos maestros que le dieron á España el derecho
de llamarse nacion de artistas como de héroes y poetas. Ese museo hace
honor á España y merece bien la codicia con que lo miran los artistas
extranjeros.

El vasto edificio, construido _ad hoc_, contiene en sus numerosos
salones cerca de 2,000 cuadros pertenecientes á todas las escuelas de
pintura, entre los cuales no sería dificil contar centenares de obras
maestras ó de gran mérito. Por desgracia, hay gran exceso de cuadros
para el edificio, lo que hace que muchos estén como perdidos en oscuras
y estrechas galerías ó corredores, donde no pueden ser apreciados por
falta de luz, espacio y buena colocacion.

Pero la inmensa coleccion privilegiada basta por sí para embelesar y
arrebatar. Allí se pueden apreciar y comparar todas las escuelas, en
cuadros de primer órden cuyo valor es incalculable. Si los salones
destinados á la pintura española son opulentos, la cosa es natural. Pero
esa riqueza incomparable está equilibrada por la de los cuadros
pertenecientes á las escuelas holandesa y flamenca, en que el Museo de
Madrid es superior á todos los demás de Europa. Verdad es que en la
parte italiana no hay comparacion con el _Louvre_ de París, pues aunque
hay muy bellos _Correggios, Caraccios, Renis, Tintorettos, Tizianos,
Verones, Salvator Rosa_, etc., etc., son escasísimos los _Rafael_ y
_Miguel Angel_. Con todo, el Museo posee la famosa _Perla_, esa divina
creacion del pintor de Urbino, que haría adorar la Vírgen al que no la
hubiese comprendido ni soñado en sus fantasías religiosas.

La parte flamenca y holandesa tiene cuadros en que se revela toda la
grandiosidad caprichosa del genio de Rubens, todo el poder de imitacion
y fantasía de Van-Dick, toda la verdad y la energía de las risueñas
escenas de Teniers, y toda la originalidad típica de esos cien pinceles
holandeses y flamencos que buscaban en el hogar doméstico y en las
realidades de la vida asuntos de inagotable inspiracion.

En cuanto á los grandiosos salones españoles, el visitante como yo, que
no conoce el arte, sino que apénas siente en el corazon y en el instinto
de lo bello y lo grande los rudimentos de un arte íntimo y natural, no
sabe qué admirar mas entre tantas obras maestras. Ora se siente uno
atraido á la meditacion religiosa por esas vírgenes y esos santos de
Murillo, llenos de uncion, de espíritu celeste, de majestad divina, como
si el artista hubiese trabajado siempre al pié de los altares, despues
de sus comuniones que precedian al comienzo de cada cuadro. Ora se pone
uno á reir, ó se encanta imaginando risueños pasatiempos, al ver
creaciones de Velázquez, ese crítico de pincel, donde el espiritualismo
burlon se revela en cada pincelada; donde cada sombra es un pensamiento,
cada rasgo un epígrama y cada golpe de luz ó de colorido da la imágen de
una sonrisa, de un retozo, de un chiste sarcástico. Ya se contemplan
con recogimiento los severos cuadros de Ribera, profundamente
filosóficos; ó se admira la frescura lozana de las creaciones de Alonso
Cano.

Cuando yo terminaba la rápida inspeccion de aquel inmenso templo del
arte mas divino, mas fecundo y elevado que el hombre ha podido
cultivar,--templo que sería preciso visitar durante meses para darse una
idea cabal de su valor,--sentia que mi espíritu se habia ensanchado, que
mis nociones intuitivas sobre lo sublime tomaban consistencia. Entónces
me dije: si la historia no hablase tan alto, este museo sería bastante
para probarme que España ha sido un gran pueblo. Solo una raza eminente
(por mal dirigida que sea) puede producir é inspirar artistas como los
que tienen aquí un altar!

El Museo de Escultura, que ocupa la parte baja del Palacio artístico, no
corresponde en manera alguna á la magnificencia del Museo de Pinturas.
Algunas antigüedades, mas ó ménos mutiladas, procedentes de las
excavaciones de Pompeya, varios bellos mosáicos, bastante raros, un
grupo de _Cástor y Pólux_, admirable, magistral y antiguo (en mármol
blanco), y las estatuas de bronce de Carlos Quinto y su esposa, Felipe
II y otro personaje que no recuerdo--obras superiores de un artista
italiano--, he ahí todo lo que merece bien atencion en ese museo todavía
pobre.

Madrid posee tres grandes museos militares de bastante mérito: el de la
_Artillería_, el de la _Armería_ y el _Naval_. En ellos se
encuentran verdaderos tesoros y maravillas de arte; pero por
desgracia los locales no son suficientes para contenerlos ni están bien
apropiados al objeto. Allí no solo se encuentran obras maestras de
exquisito primor en materia de cinceladura y forja, de bordado y otras
artes, sino que puede seguirse paso á paso y metódicamente la historia
militar de España, y la marcha no solo de su civilizacion especial sino
de la de todo el mundo.

Nada hay que haga comprender tan enérgicamente la tendencia de la
humanidad hácia la supresion de la fuerza brutal (como potencia
dominadora) y la suavizacion de las costumbres, ahorrando la sangre y
evitando torturas y crueldades, como esos museos de la matanza y la
devastacion donde el hombre retrata en cascos y armaduras, alabardas,
hachas y cañones la brutalidad de las viejas sociedades y las luchas
cruentas por las cuales ha tenido que pasar la civilizacion para
espiritualizarse y conducir los pueblos hácia el reinado del derecho, de
la razon y de la opinion, en reemplazo del de la lanza y el tormento.

Los museos militares de Madrid son triplemente ricos, porque, á virtud
de las condiciones históricas de España, muy excepcionales, sus
colecciones tienen que representar los elementos de combate de épocas y
regiones muy diversas y la huella de las dominaciones romana,
gótico-arábiga y austro-francesa, que han pesado sucesivamente sobre la
sociedad ibérica. Aquellos museos no solo evocan la historia de esas
dominaciones, sino tambien la de la conquista de «América», de las
guerras en Italia y los Paises-Bajos, y de la Inquisicion, cuyos
símbolos sombríos se ven en los instrumentos de tortura.

La España moderna está representada allí por innumerables modelos de
armas, buques y elementos de guerra,--de planos en relieve, plazas
fuertes y puentes civiles y militares,--de estatuas y bustos, y de
banderas y trofeos. Hay ademas riquísimas colecciones de muestras de
maderas (de España y sus colonias) superiores para la construccion y la
ebanistería. Entre las obras de arte llama la atencion un enorme plano
en relieve de la ciudad de Madrid, en yeso, que es de un mérito
sobresaliente; así como entre las curiosidades históricas se notan: la
famosa, tienda de los Reyes Católicos en Granada, trabajo exquisito y
muy adelantado para su época, y la mesa y las sillas que sirvieron para
redactar y firmar el convenio de Vergara, que puso fin á la guerra civil
de los carlistas. Aquellos muebles, desfondados y cojos, me parecieron
un poco epigramáticos en medio del vasto Museo de Artillería. Se me
figuraba que por su cojera remedaban al gobierno español. Veinte años
hace que Espartero y Cabrera inmortalizaron con sus asentaderas esas
rústicas silletas de una choza, y todavía España está esperando la
libertad y el gobierno sinceramente constitucional que debieron surgir
del famoso convenio de Vergara.

El Museo de Historia natural, que ocupa un vasto edificio en la gran
calle de Alcalá, no parece haber merecido muy grandes atenciones de
parte del gobierno. Me pareció, apesar de su mérito real, un poco
descuidado en la clasificacion de las especies y familias, y
relativamente inferior á los museos de ciudades mucho ménos
considerables que Madrid. Busqué sobre todo, con particular ahinco, las
colecciones de objetos colombianos, y me parecieron lamentablemente
pobres, en atencion á las incomparables ventajas con que ha contado
España para procurarse en el Nuevo Mundo una abundante y variada cosecha
de productos de los tres reinos.

Madrid es rica en bibliotecas universales y especiales que merecen alto
interes, principalmente en lo relativo á Colombia, y posee tambien
archivos abundantes con numerosísimos y muy raros manuscritos. Pero es
preciso confesar que no se hace mucho caso de las tales bibliotecas, muy
poco frecuentadas, segun noté. Los duques de Osuna y Alba tienen
bibliotecas particulares repletas de tesoros y primores, y casi nadie
las visita ni consulta.

Entre las cinco ó seis públicas que pude ver debo citar la _nacional_ y
la del Congreso. La primera, casi escondida en un rincon de Madrid, en
un pobre edificio, está muy mal alojada y en completo desórden. Los
soldados y las mulas reales tienen palacios por habitaciones, miéntras
que los grandes pensadores de la humanidad viven como trastos inútiles
encajonados en desconcierto, en una mala casa y cubiertos de polvo.
Algunos salones estaban vedados, á causa del desórden ostensible; pero
en los que estaban á la disposicion de los lectores hallé tal mezcolanza
de literatura y teología, ciencias y necedades, latin é inglés y todos
los idiomas, que si los autores de los libros pudieran resucitar y
asomar la nariz en los respectivos estantes, se hallarían muy asombrados
de la compañía y mistificados por los anacronismos.

La Biblioteca del Congreso, cuya base principal es la que perteneció al
pretendiente Don Cárlos, no tiene de particular sino sus documentos
políticos que le son especiales. El bibliotecario me mostró con suma
galanteria cuanto le pedí, y tuve la particular curiosidad de hojear y
leer las famosas constituciones de 1812 y 1837, autógrafas y firmadas
por todos los legisladores respectivos. Yo admiraba la audacia y el
patriotismo de esos hombres eminentes, regeneradores de España; pero al
ver los armarios repletos de códigos, constituciones y tratados, me
decia con tristeza: «¡Cuánta letra muerta!» Entretanto pasaba por la
calle un batallon, y el ruido de las cornetas penetró hasta la
biblioteca del Congreso, «Esa es la verdadera ley;--me dije
entónces,--esa voz gobierna á los pueblos con mas poder que la de sus
pretendidos representantes....

       *       *       *       *       *

El palacio destinado al Congreso es un bello y noble monumento, de
estilo griego en su fachada principal; pero carece de elevacion, y las
otras tres fachadas son absolutamente vulgares. En el interior se
encuentra bastante gusto y sencillez de adornos, aunque los salones,
demasiado multiplicados, son pequeños. Uno de ellos contiene un gran
reloj-cronómetro, de armario, fabricado en Barcelona, verdadera
maravilla bajo todos aspectos. El salon de las sesiones es elegante y
posee muy hermosos frescos pero revela, por la distribucion mezquina de
las tribunas públicas, que en lo que ménos se pensó fué en darle asiento
al pueblo español para que, oyendo á sus representantes, pueda
juzgarlos, formarse una opinion y hacer efectiva la responsabilidad
moral.

En el centro de la plazuela dominada por el palacio del Congreso está
colocada, entre una verja de hierro, la bella estatua de bronce erigida
á Cervantes, y cantada por Zorrilla, el bardo de las fantasías y las
opulentas armonías. Los Españoles no han sido muy pródigos en estatuas y
monumentos para perpetuar la gloria de sus genios; pero ya comienzan á
pensar en eso. Sinembargo, aunque el inmortal Quintana tendrá su
monumento, ha sido asunto de grande y acolorada disputa entre los
partidos la ereccion de una estatua á Mendizábal. El proyecto nomas hizo
caer á un ministerio (ó contribuyó en mucho á la fechoría), convertido
en cuestión de gabinete. En un país donde no hay libertad para adorar á
Dios como le plazca á cada cual, no es extraño que se prohiba dar culto
á las ideas liberales representadas por un gran patriota.

Hay en Madrid un monumento que prueba, por su popularidad ó el respeto
universal que le rodea, que los Españoles, si bien se arrancan los ojos
por las cuestiones interiores, están unidos por un solo sentimiento--el
de la independencia--cuando se trata de la nacionalidad. Ese monumento,
tan noble por su severa sencillez como por las epopeyas que evoca, es el
del _Dos de Mayo_, que domina una de las espléndidas alamedas del Prado.
Una pirámide do granito y piedra, algunos nombres escritos que valen por
un poema, un leon en relieve, una inscripcion conmemorativa y un doble
círculo de cipreses, he ahí lo que basta para recordar á los Españoles
que en aquel sitio sufrieron su martirio glorioso algunos defensores de
la independencia y la libertad, y que no es digno de su patria ni de
llamarse ciudadano sino el que sabe darse todo con abnegacion á la causa
que la justicia, el derecho y el honor santifican.

Ese monumento me hizo fijarme en una observacion curiosa que he podido
repetir en muchos lugares de España. Los Franceses, invasores y
sacrificadores en la época del primer imperio, son muy simpáticos en
España; en tanto que los Ingleses, que le ayudaron al pueblo español á
rechazar la invasion, no gozan de simpatías en la península. ¿De qué
depende ese contraste al parecer injusto? Es que las razas llamadas
_latinas_ en Europa, tienen por distintivo esencial de su carácter la
abnegacion, el heroismo y la iniciativa espiritual; y la nacion
francesa, que á pesar de sus defectos políticos, es la primera en todo
lo que es generoso y magnánimo, ha adquirido un inmenso é indestructible
prestigio sobre los pueblos que se le asimilan.

Ademas, los Españoles han hecho, como lo hace todo extranjero que
visita el pais, una observacion muy importante. Durante la guerra de
1808, los Franceses, como enemigos, hicieron volar muchas fortalezas,
pero construyeron puentes, teatros y otras obras; en tanto que los
Ingleses, como aliados, aprovecharon la oportunidad para destruir en
España las _fábricas_ de porcelanas, paños y otros artículos, que podian
hacerles competencia. Muchas veces los _amigos_ hacen mas daño que los
enemigos.

Madrid posee siete ú ocho teatros, aunque regularmente no funcionan sino
cinco: el de la _Opera_, el _Frances_, el de la _Zarzuela_ y dos de
dramas y comedias, con acompañamiento de baile, etc. Los demas son
insignificantes. Con excepcion del _Teatro real_ ó de la ópera, que es
espléndido, suntuoso, muy vasto, bello como monumento y uno de los mas
grandiosos de Europa, en su género, los demas, aunque bonitos en su
interior, carecen de positivo mérito en sus formas. Mas adelante hablaré
de la situacion del arte dramático en Madrid, como un elemento de la
vida social.

Perdóneseme que pase de los monumentos personales y los teatros, _ex
abrupto_, á las _caballerizas reales_, monumento elevado á los caballos
y las mulas de la Corte con mucho mayor esmero que las vergonzantes
estatuas ó columnas consagradas á la gloria de los grandes genios. Si de
la transicion surge un curioso epígrama, la culpa no es por cierto mia.

Las _caballerizas_ reales son consideradas (con mucha razon por
desgracia) como una de las maravillas de España, el país por excelencia
de los contrastes y extraños fenómenos sociales. La Corte, que ocupa el
palacio real (que no pude visitar por estar presente la reina), tiene á
su derecha casi todas las Legaciones extranjeras, y á la izquierda las
caballerizas: las unas que tiran del coche de la nacion española, cada
cual por su lado; las otras que sirven para las carrozas de la reina de
España. No sé de qué lado tirarán con mas fuerza ó habrá genios mal
recalcitrantes.

Un inmenso palacio, aunque no de condiciones aristocráticas, sirve de
alojamiento á los dichosos brutos que tienen el honor de llevar sobre
sus lomos á las personas de la Corte ó tirar sus doradas carrozas y
berlinas. El edificio está dividido en grandes compartimientos adecuados
para guardar los carruajes y arreos, en asombrosa profusion; abrigar los
potros y las yeguas de primer órden, que están allí como joyas de
primor; alojar setenta soberbios caballos de tiro, otros tantos de
silla, doscientas mulas para los coches de palacio, y un enjambre de
lacayos y mozos puestos al servicio de sus amos, cuadrúpedos de sangre
azul. Los dignos brutos están todos enjaezados con hermosas libreas en
sus magnificas é interminables cuadras, y parecen enorgullecerse al
recibir las visitas de tantos extranjeros, ya pateando con garbosa
satisfaccion, ya irguiendo sus lustrosos cuellos y sus abundantes y
crespas colas, como cisnes terrestres. La gualdrapa que viste cada uno
de esos miembros de la aristocracia de los brutos, vale mas que todo el
vestido que un labriego español puede consumir en un año. Cada caballo
es un príncipe, con su corte de lacayos, cada yegua una jóven mimada, y
cada mula una matrona respetable y corpulenta que, al mirar con desden
al Español plebeyo que se acerca, parece tener la conciencia de su
dignidad y su grandeza.

Todo el edificio es admirable por la cómoda distribucion, el aseo, la
magnificencia de las razas de brutos y el buen servicio. Pero despues de
admirarlo pregunté si la Corte no permitia la propagacion en el país de
aquellas razas superiores, procedentes de diversas regiones del mundo, y
me dijeron que no. Todos esos tesoros son, pues, de puro lujo, sin
utilidad para el Estado. Y ese palacio de los brutos ha costado
millones, esos animales valen millones, y su manutencion espléndida
cuesta enormes sumas anuales. Entre tanto, hay poblaciones enteras de
mendigos, hay millares de familias que habitan cuevas practicadas en los
barrancos, hay canales cegados, puertos inseguros, rios sin puentes,
calles sin salubridad, y muchas miserias que remediar y obstáculos que
remover....

Parece que no alcanza el dinero para hacer todo eso, ni hay urgencia,
puesto que las mulas no tienen novedad en su importante salud.


       *       *       *       *       *

CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

MADRID POLÍTICO Y SOCIAL.


La Corte y la nobleza.--La juventud española.--Escenas matinales.--Las
calles de Madrid.--El Prado.--El teatro español.--El café público en
España.--Tendencias sociales.

No pretendo en manera alguna centralizar la sociedad española, bajo
todas sus faces, en Madrid. Como he dicho, hay en España cuatro Españas
distintas, que tienden á confundirse, que se van mezclando fuertemente y
que no muy tarde formarán una sola. Pero Madrid, aunque no representa
principalmente sino la España castellana, es, como centro político, un
espejo fiel de la vida general de la nacion española. Lo que sucede en
Madrid, en lo político y social, so repite en las demas grandes ciudades
españolas, con mas ó ménos vigor segun las costumbres características de
cada provincia.

Si la Corte es un elemento de estudio para el viajero en España, por sus
especialidades, la sociedad de Madrid no deba observarse, para apreciar
sus cualidades y sus defectos, sino en el Prado, en los teatros, la
plaza de toros, los hoteles ó fondas, los cafés, las calles y las
reuniones públicas y privadas. En cuánto á _Madrid político_, hay que
buscarlo en las Cámaras, en el periodismo, los tribunales, las juntas
anónimas, el Ateneo, y sobre todo los cafés. El que juzgase á los
Españoles por lo que _escriben_ ó _peroran_ en público y solemnemente,
formaría opiniones muy erróneas. Para conocer el tipo del Español, como
_ciudadano_, hay que oirle _hablar_ en el café, donde se revela
libremente tal cual es. La mesa del café público es la verdadera tribuna
del Español.

La prensa en España está amordazada y generalmente prostituida en el
periodismo, como sucede con todo elemento de civilizacion que se degrada
cuando lo comprimen ó guian artificialmente. Pero los Españoles se
desquitan de palabra de la esclavitud que les han impuesto en la prensa.
No hay un país en Europa, inclusive Inglaterra, donde se hable con mas
libertad que en España, en los recintos que no tienen carácter oficial ó
político. Y puede decirse que donde realmente se discuten en ese país
los asuntos políticos es en los cafés, las mesas redondas de los hoteles
y los _casinos_ ó círculos privados.

Hablemos primero de la Corte y despues de los Españoles. Pero no hay que
confundir a la Corte y los cortesanos con la aristocracia. Talvez la
mayor parte de los verdaderos cortesanos no pertenece a la aristocracia,
la cual, en España, si vale mucho menos intelectualmente que la de
Inglaterra y Francia, tiene mejores cualidades morales.

Ese orgullo insolente de los nobles de otros paises no se conoce en
España. Su aristocracia moderna, la que se ha formado por su accion en
la política, en la literatura ó en la guerra, es muy reducida, y no
ostenta sus títulos (único distintivo), sino que se confunde con las
demas clases sociales en todas las relaciones. La aristocracia antigua ó
tradicional gusta, en lo general, de ostentar sus títulos en grandes
escudos de armas y blasones, en ruidosas denominaciones y en otras
exterioridades. Pero en realidad, esas demostraciones no revelan una
infatuacion personal sino un alto orgullo de familia, sentimiento
piadoso y patriótico en el fondo; puesto que consiste en el culto á las
glorias de sus antepasados y á las tradiciones de la independencia y de
las grandes proezas de la España antigua.

Creo muy sinceramente que la aristocracia de títulos ó hereditaria, no
tiene de malo sino los privilegios y las desigualdades inicuas en que
generalmente se apoya. Pero reducida á _títulos_, sin prerogativas
injustas, es meramente ridícula, y por tanto inofensiva, ó racional en
cuanto se funde en la conservacion incólume del honor, de la gloria y
del respeto hácia los progenitores, y entónces puede ser un estímulo
hasta cierto punto. Con todo, no vale la pena una aristocracia
inofensiva ó puramente titular de hacer tanto ruido y de empeñarse en
conservarla legalmente. Mejor sería que su valor se estableciese por la
opinion fundada en la libertad.

Como quiera que sea, la aristocracia española es realmente un pergamino
viviente. Sin mayorazgos ni privilegios ante la justicia, su poder es
nulo; y como no ha procurado adquirir influencia moral por medio de las
letras, la tribuna, etc., cada dia se hace mas insignificante, reducida
á muchos blasones y algunos doblones. Los nobles de España son, de
resto, los mas demócratas (si los puede haber) de cuantos se conocen en
el mundo. Ni piden limosna, como los de Italia; ni dan látigo, como los
de Rusia; ni se hacen caballeros de industria, como tantos en Francia;
ni viven á estilo feudal, como los de Alemania; ni viajan como los de
Inglaterra con orgullosas ínfulas. Confundidos frecuentemente con el
comun de la sociedad, se les ve en la mesa redonda del hotel, en el
corrillo de la calle ó del café, en al _parterre_ del teatro ó en la
_diligencia_ de viaje, muy contentos de alternar familiarmente con todo
el mundo. Ví en los cafés á muchos nobles discutiendo afectuosamente con
estudiantes y periodistas, y siempre mostrándose tolerantes.

Recuerdo que un dia cierto baron ó conde muy estimable, me invitaba á
dejarme presentar en Palacio para conocer la Corte de cerca y besar la
mano á la reina. Le contesté riendo: «Señor mio, no tengo inconveniente
en besarle la mano á una dama; por galantería; pero cuando la dama fuese
reina, me sentiría humillado en mi altivez de republicano. Ademas, los
reyes no son para mí sino animales curiosos; y despues de haber visto en
los jardines zoológicos las girafas, los hipopótamos y los orangutanes,
no me siento con urgencia de ser curioso.» El excelente sugeto, en vez
de picarse de mi brusquedad colombiana, me dijo con suma amabilidad:
«Vamos,--tiene U. razon; cada cual tiene el punto de vista de sus ideas
y de su educacion social. Nuestra reina es una guapa señora; pero para
U. no hay mejor reina que la libertad. Enhorabuena.»

Esas condiciones que distinguen á la aristocracia española (que no es
egoista ni avara) prueban dos verdades: 1ª que la nacion española es y
ha sido en el fondo, por su carácter, esencialmente democrática, á pesar
de sus detestables instituciones; y 2ª que su regeneracion actual es
mucho mas positiva de lo que las apariencias pueden hace creer.

La _Corte_ es un mundo muy diferente de la aristocracia. Talvez la de
España es la mas corrompida de Europa, despues de las de Turquía y Roma.
Es allí donde se agitan y pululan los mas extraños manejos y las mas
impuras intrigas, á despecho de la nacion española. Es allí donde se
hacen y deshacen ministerios, que no debieran tener su cuna ni su tumba
sino en el seno de la opinion nacional. Y á decir verdad, hay casas
entre las gentes de la Corte á donde las familias que se estiman no van
jamas ó van muy rara vez y por necesidades de etiqueta. La política mas
impura se elabora en esos salones y esas alcobas, donde tienen sus
templos la lisonja, la empleomanía y el interes.

No habiendo penetrado á las regiones de la Corte, ignoro personalmente
(y espero seguir viviendo en mi santa ignorancia) los misterios de ese
mundo de tinieblas. Pero he recogido en España abundante provision de
anécdotas que edificarían al mejor _amador_ de escándalos. No las
relataré, pues, gracias á los Españoles, tengo mejores cosas de qué
hablar....

En España hay una cuarta clase de la sociedad, compuesta de brillantes
párias, que inspira el mayor interes: la _juventud_. Es observando su
situacion y desarrollo que puede comprenderse mejor la lucha actual,
definitiva, entre la antigua y la moderna España. El ejército le es
antipático á esa noble falange; el foro y el profesorado le están casi
vedados, porque las leyes oponen poderosas cortapisas al libre acceso;
la vida parlamentaria está monopolizada por los empleados públicos y los
ministros, así como por los grandes capitalistas; el periodismo está
sometido á la censura previa y la persecucion, y la ingeniatura civil
misma está sujeta á las influencias oficiales. Así, la juventud pobre
que quiere avanzar y hacer carrera y se siente animada por las mas
generosas inspiraciones, vegeta en realidad, reducida á _rumiar_ ensayos
literarios, perorar en los cafés, mantener justas especulativas en los
círculos literarios y gastar su vigorosa naturaleza de un modo estéril.

Donde quiera, en Madrid, he visto una juventud muy inteligente,
ambiciosa de luz y de condiciones excelentes para desempeñar un gran
papel. La filosofía moderna alemana, la economía política y la historia
son muy cultivadas por esa clase briosa y casi abandonada; y es de su
seno que salen dia por dia, á pesar de mil dificultades, oradores
elocuentes y escritores de buen temple, que un dia serán hombres de
estado, porque el viento del siglo los empuja, pero que harán su carrera
muy trabajosamente. Toda esa juventud es liberal, demócrata, y es en sus
manos que veo el porvenir de España.

La gran mayoría social de Madrid es ardientemente liberal, y el espíritu
de progreso y de independencia se revela en los obreros ó artesanos de
un modo inequívoco.

Lo mismo sucede á casi todos los grandes centros de poblacion, donde el
fanatismo ha decaido notablemente y las ideas de gobierno civil son
generales. Creo que la democracia española, ántes de diez años, saldrá
triunfante de esas grandes ciudades á dominar toda la península, porque
en ellas se está verificando un trabajo de discusion privada y de
propaganda que acabará por crear las convicciones correlativas de los
instintos democráticos.

Varias veces asistí á las sesiones del Congreso en Madrid, y tuve la
fortuna de oir discurrir á los mejores oradores de todos los partidos. A
juzgar por ellos, y teniendo en cuenta la intolerancia reglamentaria que
les impide hablar con libertad, me pareció que España era superior en la
oratoria á la España periodista ó escritora. Y eso es muy natural,
puesto que allí todo el mundo tiene en el café una tribuna, donde entre
taza y taza de chocolate se producen excelentes cosas espontáneamente.
En lo general, los discursos de los diputados tenian una fuerte dósis de
personalidad, vicio que proviene de la organizacion artificial y
contrahecha que tienen los partidos. Tambien noté sobrada abundancia de
palabras y repeticiones aún en el afamado Olózaga y el brillante
Aparici; pero ese defecto no solo proviene del mal giro de la política
española, sino tambien de la natural ampulosidad de la lengua
castellana, de la cual se abusa mas cuando, por falta de libertad en el
discurso, se tienen que sacrificar las ideas á las formas.

El mariscal O'Donnell, jefe del gobierno, se ponia furioso cuando le
contradecian los oradores de la oposicion, sin saberse sujetar á las
buenas reglas parlamentarias. Es que; bajo todas las latitudes, los
hombres de sable se creen siempre en el cuartel, cualquiera que sea su
posicion. Cuando parecen hacer un argumento, en realidad no tienen la
intencion sino de decir á la asamblea que los escucha: _Armas al hombro
y paso redoblado_!

Madrid, que cuenta 281,170 habitantes, no solo tiene muchos institutos
literarios y cientificos importantes, sino que revela su vitalidad
política por medio de numerosas publicaciones periódicas. No tiene ménos
de veinte grandes periódicos, casi todos diarios, algunos muy bien
escritos, casi todos llenos de aticismo y personalidades; y publica
ademas gran número de revistas y periódicos _ilustrados_, que no carecen
de mérito.

Por desgracia, el periodismo español está demasiado afrancesado en
algunas materias; se descuida mucho lo nacional por las traducciones de
futilezas parisienses; y no pocas veces hay que recordar á _Fígaro_, á
propósito de ciertos traductores que no cuentan para su labor sino con
«atrevimiento y diccionario,--y algunos con el atrevimiento solo.»

¿Quereis tener alguna idea respeto de _Madrid social_? Acompañadme á
pasar allí un dia ordinario, y en todos sus incidentes hallareis mas de
cuatro revelaciones. Son las siete de la mañana y salgo á buscar el sol
y el aire puro. Madrid despierta á medias. Sus ricos capitalistas, sus
gentes de la aristocracia y sus hombres del mundo elegante y político,
duermen profundamente. No se levantarán sino á las once, á medio dia ó
mas tarde, porque no se han acostado sino á las dos ó las tres de la
mañana. Esa es la costumbre. Las puertas de las casas y tiendas se abren
lentamente, si son de rango subalterno. En la calle no se encuentra sino
al pobre vendedor de legumbres, sucio y harapiento; los barberos afilan
filosóficamente sus navajas, detras de sus celosías bajas; los aguateros
asturianos empiezan su tarea, arriando sus diminutos pollinos cargados
de pequeños toneles de agua; los mozos de café, trasnochados por sus
innumerables é inamovibles parroquianos, bostezan, se estiran
voluptuosamente, y hacen traquear sus coyunturas como matracas. Las
calles están...revelando que la noche ha pasado por encima de ellas, y
saludan el dia con los olores ménos confortables del mundo.

Oigo un extraño ruido sobre mi cabeza, cual si tuviese lugar un aéreo
tiroteo. Vuelvo la vista y descubro á todas las cocineras y sirvientas
de la real Madrid exhibiendo todas las curiosidades de los lechos
conyugales, celibatarios y de párvulos. La una sacude en el balcon,
sobre la calle, un viejo tapete, una sábana ó un faldellin de lana, si
no un cuero de oveja de indescriptible aplicacion; la otra desenrolla
una estera...imposible. Esa cuelga una crinolina al aire, como farol;
aquella pone en exposicion artística un colchon ó algo peor. Madrid
íntimo, el Madrid de la alcoba, sale á luz en toda su desnudez,
asomándose á todas las ventanas, sacudiendo su polvo en todos los
balcones, y ámbas aceras quedan colgadas durante dos ó tres horas, como
si fuese á pasar alguna procesion de caricaturas.

Tal es Madrid por la mañana, en casi todas sus calles. ¿Quereis
acompañarme al almuerzo? No vale la pena: es como en todas partes. Venid
mas bien conmigo al chirivitil del barbaro español, que hallareis en
cualquier entresuelo de casa vieja ó en una tienda que da sobre la
calle. Si no teneis barba que rapar no importa: entrad siempre y os
divertireis, conociendo un interesante tipo español.

Todo barbero charla sin cesar: eso es trivial y universal. Pero el
barbero español no se parece á ningun otro barbero en ciertas
cualidades. El viejo _Fígaro_ no existe: es un tipo que las revoluciones
han suprimido. Su sucesor en Madrid no tiene los recursos de intriga, ni
las mil hábilidades, ni la _literatura_ del héroe de Beaumarchais.
Truhan por excelencia y amable y meloso, el barbero contemporáneo os
hará reir, os hablará de teatros, de las corridas de toros, del
ministerio y las Córtes, de las muchachas bonitas, y sobre todo de las
vidas ajenas. Le hallareis malicioso, pero jamas calumniador; sumamente
chistoso, pero sin grosería; instruido en todos los misterios de alcoba
y de fortuna, pero sin llevar la indiscrecion muy adelante. Una palabra,
un gesto, una sonrisa burlona del barbero os dirá mas que un discurso.
El barbero español tiene la ática elocuencia del gesto.

No le hableis de religion, porque os barajará el asunto y agachará la
oreja con malicia. Dejáos manosear libremente, si quereis complacerle y
que os afeite bien. Su oficina carece de aseo, sus peines aterran por
las plantas parásitas que contienen; os enjabonará la cara con las
manos, en vez de la brocha; os raspará como si pelase á un cerdo; pero
al fin os divertirá, os hará mil cumplimientos y un hermoso par de
patillas andaluzas, y cuando le pregunteis cuánto vale su trabajo, os
responderá con el tono mas español, mas generoso, altivo sin afectacion:
«Lo que U. guste, caballero.»

       *       *       *       *       *

Salgamos á dar una vuelta por las calles de Madrid. Su movimiento es
interesante. El aspecto material de las calles tiene bien poco de
importante, porque Madrid por ese lado es una mala copia de Paris.
Hoteles y cafés, almacenes y tiendas, casas y coches, todo se parece en
su exterior, si es nuevo. Es en los pormenores, en los grupos sociales
donde, apesar del _dandy_ madrileño, del _leon_ español (bastande
insípidos), se revela España, la verdadera España, compuesta de tantos
tipos diferentes, pero que armonizan en Madrid de un modo singular.

Apartemos la vista de lo que es puramente imitativo, exótico, aunque el
contraste no carece de interes. Allí un grupo de rancios castellanos
discurre bajo de un portal sobre las maravillas de una civilizacion que
les sorprende. Los ferrocarriles en España!--es cosa de perder la cabeza
para un segoviano de puño cerrado, ó uno de esos aragoneses ó burgueños
de la vieja estirpe. Mas allá departen sobre el precio de los _pellejos_
de vino algunos manchegos cosecheros, ó echan sus cuentas sobre la
escasez de los trigos, á la puerta de un ventorrillo de esquina, entre
uno y otro largo trago de Valdepeñas; con la manta amarillenta de lana
burda recogida sobre un brazo, medio levantado por delante el fieltro de
anchas alas, y dándole á la conversacion ese acento perezoso de los
paisanos del inmortal Caballero de la _triste figura_.

Mas léjos, al derredor de una fuente pública, se agrupan en desórden los
aguadores asturianos, de calzon corto y alpargata, chaqueta remendada,
camisa indefinible, sombrero diminuto y fisonomía contradictoria, en
cuyos rasgos parecen luchar la imbecilidad del servilismo y la inquietud
del genio pendenciero. Todos gritan, hormiguean al pié de la fuente, se
restregan, se apostrofan; pero al echar sobre la espalda el barril de
agua, recobran no sé qué del aire paciente de la mula de carga.

Al dar con una callejuela, de esas que son las vias de comunicacion
obligadas entre dos grandes calles, tropezais con un enjambre de
curiosos tipos. En la esquina grita con voz chillona la vendedora de
papeles, casi andrajosa, anunciando la «Correspondencia» ó la «Iberia»,
y tal ó cual opúsculo del dia; y á su lado le hacen mil reverencias al
pasante el mozo de cordel y el limpia-botas, anhelosos de obtener
clientela. Mas adelante el baratero os pone en las barbas su pequeña
Babel portátil de fósforos y lápices, jabones y pomadas y las mas
heterogéneas sustancias, que os ofrece sin gracia ni donaire. En España
nadie tiene la gracia seductora del Frances para vender, porque aquel ha
sido un país poco especulador y condenado al aislamiento moral. Un paso
mas en la callejuela, y os codea la tentadora sevillana ó madrileña de
opiniones...muy despreocupadas, guiñándoos un ojo negro y candeloso
capaz de tentar al diablo mismo si no tiene juicio; en tanto que al pié
de cada muro veis una fila de mendigos lamentables, rascando sin piedad
ó punteando una raida guitarra para producir un ruido que punza los
nervios, acompañamiento de la usual frase: una limosna por amor de Dios.

Llegais á la _Puerta del Sol_ ú otra plaza de primer órden por su
posicion central, y el espectáculo es variado. Al lado del espléndido
carruaje á la francesa se cruzan las pesadas y monumentales diligencias,
que afluyen de todas las provincias ó van á ellas, con el tren de
enganche mas extravagante y tiradas por cuatro ó cinco pares de furias
que llaman mulas. Allí, grupos de _leones_ afrancesados hablan de modas,
cerca de otros grupos de especuladores ó meros _chimógrafos_ que le van
tomando aficion al deleite de la Bolsa. Acá ronda distraído, por una
acera, un par de guardias civiles ó gendarmas de estrambótico uniforme,
que hacen recordar el carnaval; ó se detienen, con la conciencia de su
inutilidad, a departir con algún barbero desocupado que espera á sus
parroquianos en la puerta del _taller_, armado de su amenazante navaja.

Mas léjos pasa un grupo de hermosas madrileñas, de majestuoso andar,
fisonomías graves y cabezas de reinas, cubiertas todas con las opulentas
mantillas nacionales; y ese grupo aristocrático hace contraste con otro
de toreros andaluces que celebran los golpes de la última corrida,
burlones, pendencieros, rumbosos, petulantes y simpáticos al mismo
tiempo; llamando la atencion por sus fachas vigorosamente varoniles, sus
negras y abundantes patillas y el conjunto curioso del sombrero
_calañés_, redondo y recogido sin alas como un bonete de felpa ó paño,
la chaqueta de paño cuajada de bordados y botones lucientes, la ancha
faja roja ó azul en la cintura, el calzon corto, y el botin prolongado
hasta la corva en polainas labradas, con borlas de menudas correitas.

Si ademas de los mil grupos diferentes que componen la fisonomía social
quereis fijaros en algunos incidentes que la caracterizan, observad el
movimiento en cada _estanco_ de tabaco y en cada tienda de licores; oid
los gritos de los innumerables vendedores de billetes de _lotería,_
corredores de la corrupcion explotada en beneficio del Fisco; contemplad
á los paseantes ociosos, y en todas partes hallareis algo de original y
especialísimo de España. Ved, por ejemplo, al obrero español, el tipo
que mas resiste á la invasion de las costumbres extranjeras: rebelde á
la blusa, la cachucha y la actividad del obrero frances, el español
conserva su sombrero redondo, su chaqueta y su manta para tener el
derecho de conservar su inmobilidad é indolencia.

Llega la tarde: son las cinco y estamos en primavera. Dos largas hileras
de caballeros y de carruajes se dirigen del centro de Madrid hácia el
Prado por la gran calle de Alcalá y la carrera de San Jerónimo. En el
Prado no encontrareis ni al torero ni al mendigo, ni al baratero ni al
aguador; allí no pasea sino el Madrid dichoso ó que hace el papel de
serlo. Corrillos de periodistas y diputados, de financistas y de dandys,
de extranjeros curiosos y de provincianos muy currutacos, hormiguean
allí, en alegre confusion con las damas elegantes,--todos en incesante
vaiven, rozándose sin ceremonia, aspirando con libertad y espíritu
expansivo el aire del campo. Allí las confidencias, los dulces y
estériles coqueteos, los cumplimientos de todo estilo, y la ostentacion
del lujo, de la hermosura y de la charla. El Prado es encantador. El
tipo español, múltiple, se ostenta allí, á pié ó en coche, en lo que
tiene de mas bello y distinguido.

Y ¡qué lujo en las formas de aquellas naturalezas! La bella castellana,
de tez pálida y fina, cejas arqueadas, ojos severos y andar
aristocrático, sacude el abanico con una gracia inimitable, y lleva la
mantilla medio caida con la majestad que una reina su manto. La picante
andaluza, la valenciana de mirada de fuego y frente enhiesta, la locuaz
y casi rubia bilbaína, la gentil madrileña medio afrancesada; todas
seducen y forman un conjunto admirable de fisonomías generalmente
simpáticas reuniendo la gracia expresiva á la hermosura. Todas sonrien,
saludan, hablan con llaneza delicada y prohiben al extranjero la
eleccion.

Entre los hombres se hallan figuras distinguidas por donde quiera,
revelando mas corazon que espíritu, mas vivacidad de pasion que
reflexion. Grandes y negras patillas ó retorcidos bigotes, cuerpos
robustos, cabezas altivas; un poco de petulancia en todas las miradas y
de benevolencia en todas las sonrisas; la conversacion siempre ruidosa;
el cigarrillo en todas las bocas, apoyado con gordas interjecciones por
via de puntuacion; riqueza de fantasía y de proyectos; inclinaciones
heróicas y poca formalidad: tal es el conjunto de circunstancias
sobresalientes. Añadid, en cuanto á las mujeres, unas cabelleras
admirables que parecen mantos, y un pié pequeñuelo que se asienta todo
pero sin lentitud perezosa, y tendreis un mediano bosquejo.

De repente circula un rumor y se nota en todos los grupos cierta
sensacion: es que la reina va á pasar en su carroza. Todos se detienen
un instante, saludan quitándose el sombrero, la reina hace sus graciosas
reverencias, y asunto concluido. Ni un viva, ni una exclamacion: es un
pueblo galante que saluda á la primera de sus damas y que conserva el
respeto tradicional hácia los reyes; pero nada de entusiasmo. Cuando mas
algun admirador anticuario dice por lo bajo: «¡Qué guapa moza es nuestra
reina!» La España que creia en el derecho divino de los reyes ha muerto,
y sobre sus ruinas se está levantando la España demócrata.

Ni un soldado acompaña en los dias comunes la carroza de la reina: esa
es una manifestacion de confianza en la lealtad de los Españoles. Con
todo, la reina en sus paseos revela una transaccion. Renunciando á los
soldados ó guardias transige con la opinion ó las ideas del presente;
pero haciéndose tirar en una antigua carroza, por mulas enjaezadas á
estilo rococó, manifiesta su culto al pasado y á las tradiciones de la
época que murió.

Cierra la noche, y si no hay luna el Prado queda enteramente desierto;
las mariposas vuelan hácia sus nidos, y las hormigas de casaca negra
emprenden su viaje en busca de _labores_ nocturnas. Entónces les llega
su turno al teatro, el casino y el café, escenarios democráticos donde
la sociedad española se exhibe admirablemente. El teatro es mucho mas
querido en España de lo que se piensa. Si los toros son populares, no
por eso destruyen ni atenúan siquiera el gusto por el teatro en aquella
raza ardiente y siempre ansiosa de fuertes impresiones. El teatro,
aunque frecuentado por la aristocracia, es democrático en España. Todas
las clases se aproximan allí, se respetan mutuamente, gozan y se
confunden sin desórden.

Por desgracia el gusto literario no adelanta en proporcion. El teatro
mas popular es el de la _Zarzuela_, cuyas operetas bufas son
generalmente vulgares. Lo mas clásico y selecto no es lo que mas agrada,
sino las petipiezas bufonas que pervierten el arte, la lengua, las ideas
y las letras. Algunas, sinembargo, suelen ser ingeniosas y espirituales.
No sucede lo mismo en cuanto á música y canto que en lo recitado: los
Españoles manifiestan en lo general una disposicion notable para la
música, aunque no muy educada; lo que no quita que á veces sean
intolerantes y bruscos con los artistas. Los Españoles, extremosos en
todo, no saben censurar á un autor con el silencio; necesitan del _pito_
para hacer entender la improbacion. Es que les falta el pulimento y les
sobra la ardiente espontaneidad de la franqueza.

Al salir del teatro, el Español no se va á dormir: necesita ir primero
al _Casino_ ó al _Café_. Es que allí tiene su vida libre y su tribuna;
allí reina como soberano, pudiendo componer el mundo político á su
acomodo. Cada café es un club de centenares de grupos, que entra en
actividad desde las siete ú ocho de la noche. Las señoras de la
aristocracia (de sangre, de posicion ó de dinero) no van jamas á los
cafés en España; pero eso no impide que los frecuenten mucho las damas
irreprochables aunque no aristocráticas. En cuanto á los hombres, con
excepcion de los ministros, los diplomáticos, los rezanderos y los
duques, todos los de buena sociedad se reunen allí. El café es un
terreno neutral donde todas las opiniones se manifiestan libremente,
donde todos los partidos disputan sin reñir y á donde la policía no
tiene entrada. Los Españoles, á falta de prensa libre y de Córtes
independientes, tienen el café inmune para formar allí la opinion.

Vastos salones se suceden, al nivel de la calle, pudiendo contener
algunos cafés muchos centenares de personas, y casi nunca queda un lugar
desocupado. No hay un lugar donde los Españoles revelen mejor que en el
café _su invariable movilidad_. Cada parroquiano pertenece á un grupo
inalterable y se sienta infaliblemente todas las noches en el mismo
lugar, delante de la misma mesa y haciendo rueda con las mismas
fisonomías de la noche anterior. Cada cual llama al mismo mozo, pide la
misma cosa, se insinúa de igual manera y permanece el mismo tiempo que
en la última sesion. Allí, en esa invariabilidad, pasa cada uno tres,
cuatro ó cinco horas sin levantarse.

Y sinembargo ¡qué admirable movilidad y fecundidad no desplegan todos en
sus confidencias, sus noticias, sus discusiones y disputas, sus chistes,
anécdotas y epigramas! Jamas una conversacion se reproduce entre los
mismos interlocutores, cualquiera que sea la composicion de los grupos
en las cincuenta ó cien mesas de cada café. En unos no hay mas que
hombres; en otros se reunen los dos sexos; aquí son escritores, allá
negociantes; en este todos son jóvenes; en aquel se confunden todas las
edades. El marques se hombrea con el pobre artista y el senador con el
estudiante de derecho al derredor de la misma mesa; se habla de todo y
en voz alta en todos los salones; se fuma cigarro y cigarrillo sin
tregua, y todo el mundo está contento, expansivo y chistoso entre
aquella atmósfera caliente y espesa que obra sobre los cerebros
excitando el ingenio picante y la locuacidad.

¡Singular y curioso conjunto! Como en el café español las costumbres han
establecido la libertad completa, cada interlocutor es muy franco y dice
todo lo que piensa sin temor ninguno. El andaluz, impresionable,
susceptible y graciosamente hiperbólico, discute sin ceremonia; el
mesurado castellano ostenta su aticismo y buen sentido en mil epígramas
y comentarios burlescos; el severo y estentóreo catalan toma las cosas
de serio, como si estuviese en el Parlamento ó en la Bolsa. Todo se
comenta en el café: los misterios de la Corte, la conducta del Gobierno
y de las Cámaras, las manifestaciones de la prensa, las causas y
sentencias ruidosas, los grandes escándalos, los sucesos
internacionales y los triunfos gloriosos del literato y del torero, del
orador y de la cantatriz. Discusiones profundas, peroraciones elocuentes
y galanterías, crónica escandalosa, frivolidades y grandes cosas,
delirios y negocios ligeros, y aún amores ardientes y terribles pasiones
se agitan en aquel santuario bullicioso y esencialmente democrático.
Quien no haya estudiado un poco el _café_, en Madrid como en Barcelona,
en Sevilla como en Cádiz, no conoce una de las faces mas marcadas de la
sociedad española.

Por lo demas, el café no es para los Españoles sino un elemento de
asociacion, pues aparte de ser muy sobrios ellos no tienen gusto por el
_café_ ni saben beberlo. Lo que toman es leche muy azucarada con una
ligerísima tintura de café, y tienen el capricho de beberlo en un vaso
de vidrio, para tenerlo caliente. Ellos no son autoridad sino en cuanto
al chocolate y el vino. Lo amargo les repugna en el café, como los
deleita lo rancio en el aceite. Cada cual tiene sus gustos y en eso no
cabe disputa.

Despues de estas rápidas observaciones, una palabra mas acerca de Madrid
_político y social_, á reserva de insistir sobre ello en otro lugar. En
tanto cuanto el roce con gentes de buena sociedad me permitió conocer la
situacion de la clase media en España, pude notar varias cosas: primera,
que la juventud literata se deja dominar mucho por la tendencia hácia la
metafísica alemana, estéril en un país que, no teniendo discusion libre,
lo que necesita es recibir un fuerte impulso en la via económica para
agitarse en un gran movimiento que produzca por contragolpe la
regeneracion moral. Segunda, que esa juventud, toda liberal, y tendiendo
hácia un solo fin--el progreso--está en gran desacuerdo, hasta el
extraño capricho de que los demócratas y los libres-cambistas ó
economistas parecen estar en antagonismo. Los talentos parecen
divorciados unos de otros, dominados por un absolutismo de ideas ó de
sistemas que tiene mucho de escolástico.

Nótase ademas en los jóvenes escritores y oradores cierta manía de
_teologizar_ todas las cuestiones, dándose á disputas religiosas en que
nadie puede ser convencido, y haciéndole tomar un giro bíblico á toda
predicacion política ó histórica, en vez de servirse de la análisis,
estudiando atentamente los hechos sociales. La economía política es muy
popular en Madrid, pero es tan téorica que rara vez se la ve en el
periodismo tratando las cuestiones que afectan mas gravemente los
intereses del pais. España necesita tener algunos metafísicos y poetas
de ménos é investigadores de mas. La poesía verdadera es la sintesis, la
suprema revelacion de la verdad; pero los pueblos que se hallan en la
situacion de España, necesitan de espíritus vigorosamente analíticos que
escudriñen, revelen y hagan palpar las debilidades de la sociedad.

La juventud española tiene bellas cualidades: patriotismo, fe,
entusiasmo y ambicion varonil. Pero necesita para elaborar grandes cosas
un teatro diverso del que tiene: dejar los misterios del gabinete por la
plaza pública, fortificando su temple en las pruebas azarosas de la vida
realmente popular del ciudadano activo. El dia que reciba un
sacudimiento profundo que la arroje sobre el terreno de los hechos, la
juventud española hará prodigios: hoy...no hace mas que soñar,
conversar y vegetar....


       *       *       *       *       *

CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

ARANJUEZ.


Un paseo popular.--Mi compañero.--El valle de Aranjuez.--Un grupo de
periodistas.--Una corrida de toros.--El _monte_ en ferrocarril.

La visita de los _Reales sitios_ es un asunto de interes para todos los
extranjeros. Yo me prometia visitar mas tarde el _Escorial_ y la
_Granja;_ pero no creia que el _Pardo_ y otras propiedades de la familia
reinante, contiguas á Madrid, mereciesen un estudio particular. Aranjuez
me pareció exigir la preferencia, tanto mas cuanto que, habiendo pasado
por allí en un tren del ferrocarril, sentia el atractivo que ejerce
sobre los curiosos aquel oásis encantador. Por otra parte, se habia
anunciado una gran corrida de toros en la plaza de aquella pequeña
ciudad, y yo deseaba vivamente conocer este espectáculo singular y
típico, que tanto difiere de los juegos de toros en Hispano-Colombia.
Verdad es que ni el _Tato,_ ni _Cuchares,_ ni otro de los príncipes de
la tauromáquia debian _trabajar_ en Aranjuez; pero estaba anunciado como
rey de la fiesta un tal _Pepete,_ espada de segundo órden no sin alguna
reputacion.

Millares de personas de todas condiciones estaban agrupadas en la
estacion del ferrocarril para ir á la corrida. Todo contribuia á seducir
á los madrileños: los toros, los mil primores del _Real sitio,_ el
placer casi fantástico que produce el vuelo en ferrocarril, y aún la
novedad de convertir á Aranjuez en el Versalles de Madrid. Los trenes se
sucedian y los asientos no alcanzaban. Para lograr wagones de primera
clase tuvimos que organizar una cotizacion entre diez y seis viajeros,
so pena de pasar ratos bien amargos en los coches de segunda y tercera.
Confieso que lo sentí, porque deseaba aprovechar mi oscuridad en España
para deslizarme entre la _plebe_, aceptando todo contratiempo, á cambio
de conocer un poco la índole de las clases llamadas inferiores. Pero yo
acompañaba á un distinguido literato español, el cual á fuer de Español,
era muy galante; y como él habia visto una espléndida madrileña de ojos
azules y cabeza rubia, capaz de seducir al mas cuerdo, era preciso
dejarse llevar á remolque.

Aquella circunstancia me hizo confirmar una vez mas la inexactitud
fisiológica de la famosa regla: _similia similibus..._ que es tambien un
principio de química. Acaso haya verdad en eso, en algunas situaciones;
pero en lo general no he visto sino contrastes en la misteriosa química
de los afectos. Mi compañero era un catalan de sangre pura y demócrata
de ribete; mientras que la hada del wagon en que íbamos era una rubia de
fisonomía británica, é hija nada ménos que de un escritor absolutista á
puño cerrado.

La conversacion se entabló con exquisita cordialidad como entre viejos
amigos. Así es siempre en España, sobre todo en los lugares públicos.
Debo decir con placer que no tengo sino gratos recuerdos de los
numerosísimos _amigos_ de café, de teatro, de wagon, de diligencia,
etc., que coseché en España; amigos de una hora, anónimos, que se
pierden para siempre un instante despues, pero que dejan buenos
recuerdos por la amabilidad obsequiosa de sus maneras y la buena
voluntad con que le dan al viajero, cuantos informes solicita.

En honor de mi compañero de paseo y para hacer justicia á su elocuencia,
debo recordar una circunstancia. Poco despues de la partida del tren,
cuando la conversacion andaba por los desfiladeros de la galantería
disimulada, la señorita rubia, como una reina que abdica su corona por
capricho, declaró que detestaba el matrimonio y no se casaría nunca; y
eso, no por odio á los hombres, sino.... (¡Cosa rara en la hija de un
absolutista!) por amor á la libertad. El poeta catalán batió la brecha
con calor. Cuando descendimos del wagon en Aranjuez, la hermosa rebelde
estaba convertida...ó parecia estarlo; pero el poeta predicador no
habia dado ni un solo paso fuera del camino de las galanterías. El mismo
dia les predicó en mis barbas el mismo sermon á otras tres ó cuatro
empedernidas del momento, con una admirable fogosidad de galantería.

El opulento valle de Aranjuez, formado por el levantamiento de algunas
colinas en la gran planicie que tiene al Tajo por centro hidrográfico,
recoge las aguas de este rio así como las del Jarama, cuya confluencia
se verifica á poca distancia de la ciudad de Aranjuez, que está á 49
kilómetros de Madrid. No sin razon se puede llamar á ese valle el
_huerto de Madrid_, pues se distingue por la abundancia y excelencia de
sus frutas y hortalizas. En España la tierra clásica de las fresas y los
espárragos es Aranjuez. Su industria es muy reducida, y su agricultura
de poquísima importancia, si se ha de juzgar por las escasas viñas y los
diminutos olivares de algunas colinas del contorno. Lo mejor de Aranjuez
está en sus bosques, sus jardines, sus palacios y sus crias, todo lo
cual pertenece al «patrimonio real».

La poblacion es apénas de poco mas de 5,000 habitantes, guarismo que
suele duplicarse durante la primavera por la invasion de los que buscan
las delicias del campo. Ciudad nueva y cortesana, Aranjuez se distingue
por la capacidad de sus casas, y sus calles anchísimas tiradas á cordel
y cortadas en ángulos rectos. Es entre la ciudad y el Tajo que se
extiende lo mas espléndido de los jardines y parques del _Real-sitio_.

En un hotel-restaurador nos encontramos con cuatro periodistas y un
jóven _del mundo_ que habia comenzado su carrera en la diplomacia:
galante, gastador, rumboso y «cansado de la vida» á los veintidós años
apénas.... Era curioso ver la franca cordialidad que reinaba entre
tantos escritores allí reunidos. Mi compañero redactaba un periódico
progresista-demócrata; dos de los otros eran redactores de un diario
_moderado_ de oposicion; dos mas lo eran de uno ministerial; el jóven
fatigado de la vida (pagano en tipografía) era absolutista; y para
completar el contraste yo figuraba allí como republicano de Colombia y
colaborador de los órganos de la democracia en Madrid.

La mas completa armonía reinó entre nosotros. Sea que el pueblo español
haya sido calumniado en eso de la intolerancia política; sea que la vida
constitucional le haya mejorado mucho; sea, en fin, que los periodistas
constituyan donde quiera una raza aparte, lo cierto es que en España he
hallado entre los escritores una singular cordialidad en las relaciones
personales. En los cafés, los teatros, etc., se ve fraternizar á los
hombres (los jóvenes sobre todo) que se hacen la guerra mas cruda por
medio de la prensa y en todos los terrenos ardientes de la política.

El tiempo nos faltaba absolutamente para visitar las maravillas
artísticas de la Casa del _Labrador_, de los jardines privados y de todo
lo que hay admirable en ese museo de verdura, de piedra, de mármoles, de
aguas saltadoras y de flores, que se llama el "Real sitio" (dividido en
dos grandes porciones--la del _Príncipe_ y la de la _Isla_), que
contiene cuanto hay de mas precioso en el arte nacional, de mas bello y
opulento en la vegetacion española y aún en la exótica. Yo recorria
embelesado, con suprema delicia, algunas de las alamedas anchurosas,
llenas de sombra, de perfume y de amor, que dan acceso á los grandiosos
parques, los tupidos bosquecillos, los preciosos jardines, las
plazoletas rústicas de verde alfombra y ricos pabellones flotantes de
variados colores, las caprichosas isletas, las bellas ensenadas, los
lagos en miniatura, las cascadas bulliciosas, los pintorescos puentes y
los mil primores que el arte ha aglomerado allí, aprovechando la
asombrosa fertilidad del suelo y las aguas del perezoso Tajo. ¡Cuántas
veces al pasar bajo las inmensas cúpulas formadas por los olmos
estupendos, los sicomoros, los fresnos de tinta oscura y menudas hojas,
las encinas y hayas y otros árboles europeos, alcanzé á ver algunas
familias colombianas, acogidas en el seno de la madre patria como
testimonios de fraternldad! Hablo de las lianas enormes, las lujosas
parásitas y muchos árboles y arbustos del Nuevo Mundo, que yo habia
saludado en los dias de la juventud, errante cazador, entre las selvas
seculares de mi dulce patria. A veces me parecia que esos séres
trasplantados de Colombia hacian temblar sus festones flotantes, no al
soplo de las brisas españolas, sino bajo la presion de una conmocion
secreta, al ver pasar á un compatriota! Acaso ellos me decian, en su
lenguaje de rumores misteriosos que el hombre no comprende: «Te
reconocemos....»

El contraste mas vigoroso me aguardaba en la plaza de toros. A la escena
suntuosa de la naturaleza, llena de vida, de majestad, de misterio y de
recuerdos de amor, iba á suceder una escena terrible de ruido, de pasion
frenética y de muerte.... En vez de la poesía de Dios y de la
contemplacion deliciosa, la extravagante poesía del _heroismo salvaje_!
Eran las cuatro y media de la tarde, y ya la plaza de toros, situada
hácia el extremo sur de Aranjuez, estaba colmada de espectadores. Todas
las clases sociales se habian aglomerado allí, pero por capas ó de piso
en piso, segun los recursos pecuniarios. Los puestos, los palcos y
lunetas, á pesar de su incomodidad y su grosera estructura, cuestan en
lo general, en las plazas de toros, respectivamente lo mismo que en los
teatros. Es increible el interes que el espectáculo despierta, dando
lugar á la ventajosa especulacion que hacen los revendedores de
billetes. Frecuentemente su ganancia es de cincuenta por ciento, y á
veces muy superior, cuando el primer _Espada_ ó _Matador_ es alguna de
las grandes notabilidades del arte, príncipes de la carnicería heróica.

No pretendo hacer una descripcion completa de las corridas de toros. No
hay viajero ni escritor de costumbres eminente que no haya ostentado en
ese asunto su habilidad descriptiva: por lo mismo si yo tratase de
imitarlos, ó mi descripcion sería pálida y mediocre, ó para interesar
mucho tendría que ser plagiario. Asi, me limitaré á las observaciones
que se refieren á los rasgos mas salientes y vigorosos de aquel drama
original.

En Colombia, gracias á Dios, los toros no son una _institucion_
permanente. Cada año, con motivo de la fiesta del santo-patrono, ó del
aniversario de la independencia, hay regocijos publicos, esencialmente
democráticos, que duran de tres á ocho dias. Durante ese tiempo, ninguno
en la ciudad y el pueblo tiene otra ocupacion que la de divertirse,
excepto los que especulan con la diversion, que se divierten y hacen
negocio al mismo tiempo. Allí, las _fiestas_ son un conjunto curiosísimo
de corridas de toros, bailes, paseos, representaciones dramáticas, rifas
y juegos, canciones patrióticas, banquetes y meriendas, conciertos,
exhibiciones, peroratas, etc., etc. Pero todo es popular y público, todo
es gratúito, pasajero, y como todo lo pasajero original, vehemente y
febril. Pasan las fiestas, se arranca la última estaca de las barreras y
los balcones improvisados de la plaza de toros, y no queda rastro alguno
de la ruidosa y variadísima escena. Hasta el año siguiente, en la misma
época, no se vuelve á pensar en el asunto. Ademas, no ha habido víctimas
torunas ni caballunas en la plaza, y es raro que se cuenten hombres
muertos ó heridos de gravedad, apesar del desórden que preside á las
corridas y de los prodigios del aguardiente, la _chicha_ y otros licores
que corren á torrentes por millares de gargantas.

En España los toros constituyen un drama crónico. Cada ciudad tiene su
plaza permanente, especie de circo de gladiadores heterogéneos (unos
cornudos y otros sin cuernos), y la estacion de las corridas dura desde
el principio casi de la primavera hasta el fin del otoño. El invierno
dispersa á los toreros y da treguas á los caballos viejos y los toros.
Las capitales clásicas de la tauromáquia son Madrid, Sevilla, Valencia y
Barcelona. Es allí donde se conservan los mas espléndidos circos y
adonde afluyen, en busca de aplausos, dinero y aventuras galantes, los
mas célebres _espadas_, los mas guapos _picadores_ y los mas ágiles
_capeadores_.

Tocóme por fortuna una luneta que dominaba precisamente el _toril_, que
es la «capilla» de aquellos bandidos de las llanuras y las ásperas
lomas, de gruesa cornamenta, poderosa nuca y contextura de fierro,
condenados á sucumbir en un combate desigual y terrible. Nada mas
eléctrico para la inmensa turba aglomerada en el anfiteatro circular y
los balcones de la plaza, que la voz aguda y bélica de los clarines que
ordenan y anuncian la salida de un toro á la sangrienta liza. Una
conmocion simultánea agita á todos los espectadores y un rumor que
revela ansiedad y curiosidad al mismo tiempo, circula en el ámbito de
aquel grandioso matadero.

Si el toro al salir da un salto gigantesco y parte como un rayo sobre
los objetos que se le presentan, unánimes aplausos lo acogen y
estimulan; su popularidad es inmensa y todos los espectadores son de su
partido. ¿Qué tiene eso de extraño, si hay en el mundo tantos animales
aplaudidos y populares? Si el toro, al contrario, se muestra cobarde ó
sorprendido al salir, la rechifla popular lo abruma, la opinion lo
condena y todo el mundo lo insulta y apostrofa con los mas ultrajantes
epítetos, prestados á veces á la política. Así, el toro es un personaje
que apasiona hasta el frenesí, y da lugar á un juego de epigramas que
tienen frecuentemente su aplicacion á los sucesos notables de la
situacion. El primer momento decide, pues, de la reputacion y de la
suerte del toro, sin que le valgan para rehabilitarse en la opinion sus
actos de valor, si ha comenzado por tener sorpresa ó miedo. Así es la
suerte de los hombres tambien.

Si el toro sale _de ley_ se le respeta, se le trata con dignidad, porque
no se apela al insulto supremo de las _banderillas_. Se le ataca, se le
capea en regla, y se le da muerte en singular combate, á manos del
primer _espada_, como á un caballero de los tiempos heróicos. Pero si es
cobarde, la gavilla de toreros lo acosa con brutalidad, lo vilipendia
con las banderillas, lo atonta con los capeos grotescos, lo hala de la
cola, lo acogota y aniquila como á un ladron vulgar y despreciable. Para
el guapo la _espada_; para el cobarde la punta del innoble _cachete_.

La tumultuosa escena de la plaza de toros requiere muchos dias de
observacion para poder apreciar todos los pormenores. No tuve valor, lo
confieso, para contemplar esa carnicería mas de una vez. Por eso tengo
que reducirme á lo mas notable del conjunto. Allí llaman la atencion
simultáneamente los actores del drama y los espectadores. Entre los
primeros, el _Espada_ es el primer galan, el segundo _espada_ su
protagonista; el toro es el gran _barba_ terrible; los _picadores_ son
los auxiliares de la trama, y los _capeadores_ y ayudantes de toda clase
constituyen la lucida falange de comparsas. Francamente, el toro,
defendiéndose de cien enemigos, me pareció el personaje mas bello, mas
digno de admiracion y de interes. Sus enemigos me parecieron mas
atrevidos, pero mas estúpidos que cada toro. Todos ellos, á cual mejor,
se distinguen por la originalidad, el lujo ó lo pintoresco del vestido.
Pero sus papeles son muy desiguales. El _Espada_ representa lo sublime
de la barbarie; el _Picador_, la _perfeccion_ de la bestialidad; el
_Capeador_ ó simple torero, la simple union del atrevimiento, la
agilidad y la gracia.

El capeador, muy elegantemente ataviado (estilo _majo_) se reduce á
provocar al toro, sacarle lances, conducirlo al lugar del combate
decisivo y divertir. Es el cortesano del _Espada_, su auxiliar, su
lacayo pedestre. El picador, caballero en un esqueleto de caballo mas
bien que un caballo, con las piernas aforradas en tablillas de fierro y
pantalones de ante muy fuerte, y provisto de una larga púa, se presenta
delante del toro, lo busca, lo acosa, lo pica sin piedad ni miedo, y
aguarda como un autómata el tremendo golpe de la fiera irritada. Como el
escombro de caballo en que anda tiene los ojos vendados y no puede
defenderse, por falta de fuerza y agilidad, cuando la púa del picador no
resiste para contener el empuje del toro, este se aboca sobre el
miserable rocin, le hunde las hastas aguzadas en el pecho y el vientre,
lo despedaza y lo lanza á algunos pasos de distancia; quedando el
picador tendido en el suelo, sin defensa, bajo la sangrienta y confusa
mole del caballo y el toro. Este, mas generoso que el hombre, se retira
y busca á otro enemigo; rara vez se ceba en una víctima. Ademas, al caer
un picador todos los toreros acuden á salvarle, y el caido es levantado
como una estatua, porque sus piernas, entablilladas como están, no
tienen movimiento. Al punto le sacuden, y si el caballo no ha muerto lo
hacen enderezar para que el picador monte otra vez.

Cuando ese lance se ha repetido tres ó cuatro ó mas ocasiones, el
espectáculo es tan odioso como inmundo. Unos cuantos hombres, manchados
de sangre y empolvados, se agitan como demonios, con la tenacidad de la
petulancia, sobre cadáveres ambulantes que arrastran ó sacuden en un
movimiento de agonía todos los intestinos que las astas de la fiera han
destrozado y hecho brotar por anchas heridas.... Ví caballos que fueron
martirizados en esa situacion durante una hora!

Llega el momento del sacrificio del toro, y los clarines lo anuncian con
un toque fúnebre que hace pasar por los nervios y la sangre un hondo
calofrío de terror y compasion. El _Espada_, rey de la escena, no entra
en accion sino para dar muerte al toro. Brinda la suerte á un personaje,
escoge un sitio, tantea su arma, recoge su lujosa capa carmesí, arroja
al viento su cachucha, se aprieta el moño postizo y aguarda con
serenidad á que la fiera, conducida con maña por los cortesanos, venga á
aceptar el combate mortal.... El lujo brillante y la singularidad de su
vestido, la altivez de su andar y la terrible especialidad de sus
funciones, las mas peligrosas, hacen del _Espada_, á los ojos de los
Españoles, un héroe, un semidios de la muerte, una especie de artista
sanguinario, si se me permite la violencia herética de la expresion!...
Todas las miradas le contemplan, le devoran y le siguen sus movimientos
con agitacion febril.

El toro llega y, como presintiendo la inminencia del peligro, rehusa en
el primer momento el ataque formal. Acaso adivina luego que si no muere
heróicamente ó si no mata, le aguarda la pena infamante del _cachete_.
Acepta la espada, mide á su enemigo con una mirada de fuego, le
apostrofa con un espumante resoplido, irgue un instante la formidable
nuca, escarba la arena con suprema desesperacion y coraje, y embiste
como un huracan.... El _Espada_ se defiende con tres ó cuatro lances,
casi inmóbil, y la fiera, como deseando poner fin á su lucha y su
martirio, vuelve sobre el flanco de su antagonista, agacha la cabeza,
surge como un relámpago de acero, estalla un inmenso grito de millares
de bocas, suenan los clarines, y se ve, al disiparse la polvareda, la
gran mole de un cadáver oscuro, como un peñasco, al pié de un hombre
que saca su espada de entre el corazón y los lomos de la víctima, y la
limpia tranquilamente contra la tosca piel del palpitante escombro....

Renuncio á describir las mil manifestaciones frenéticas que constituyen
la ovación del triunfador salvaje; como renuncio á pintar el sereno
orgullo de aquel bello demonio, de aquel _majo_ que reune en su persona,
para las mujeres de cierta condición, el ideal del valor y la
galantería. ¡Ay del _Espada_ si la suerte le es adversa! La rechifla le
abruma, si, salvo, manca la estocada del modo indispensable. Aquel día
hubo seis toros en campaña: tres fueron muertos guapamente, de un golpe
instantáneo como el rayo, por un _Espada_ de garbosa figura y negras y
grandes patillas, llamado por sobrenombre _Pepete_. Los otros tres,
acribillados á estocadas inhábiles por un _Espada_ llamado _Lilo_ (si
mal no recuerdo), murieron bajo los golpes de ese atroz clavo ó puñal
que llaman _el cachete. Lilo_ fue silbado sin misericordia, no obstante
la buena reputación de que gozaba.

Cuando el toro sucumbe, se presenta un episodio que armoniza con los
combates mismos. En medio de la gritería que aturde, á causa de la
ovacion ó de la rechifla, segun el caso, aparecen tantas parejas de
mulas bravías cuantos cadáveres hay en la plaza. Aquel dia conté en las
seis corridas quince caballos muertos ademas de los seis toros. Las
parejas de mulas, curiosamente enjaezadas, entran, dirigidas cada una
por dos mozos de uniforme especial, al trote solamente. Un travesaño
pendiente de las correas del tiro, con garfios de fierro, agarra el
cadáver de un animal, casi hecho trizas; los látigos traquean, y las
mulas parten á escape, como demonios frenéticos, saltando, tirando coces
y bufando, estimuladas á golpes. Todo aquel peloton de animales de tres
especies--unos de dos piés, otros de cuatro que brincan y los demas
cadáveres--sale por una gran puerta, y apenas acaban de cerrarla cuando
se abre la del toril para recomenzar la matanza....

Es en la plaza de toros donde el pueblo español ofrece mas caprichos en
su tipo moral. ¡Singular fenómeno! ese pueblo no tiene nada de inhumano
en el fondo, ni ama las iniquidades sangrientas; y sin embargo no siente
la mas leve impresion de disgusto al ver tantos actos de tortura,
tantos vientres destrozados y tantos cadáveres! La emocion de las
peripecias y el interes de la escena, en cuanto revela valor, habilidad
y peligros, le arrebatan la conciencia de lo que aquello tiene de
bárbaro y atroz. Se olvida la muerte, porque al lado de ella se ve al
hombre que arriesga la vida por galantería y amor á la _gloría_ (á su
modo), se ostenta una habilidad _artística_ especial y terrible, y hasta
se satisface el orgullo nacional con la superioridad de los toros
españoles, corpulentos y fieros.... El pueblo español revela allí graves
defectos de educacion, pero muestra tambien grandes virtudes de
carácter, aunque mal dirigidas y aplicadas. Sus defectos no son mas que
la exageracion de sus cualidades.

Uno de los rasgos mas curiosos de los toros es la energía del espíritu
de partido que ellos despiertan. En el circo ninguno es indiferente, y
los partidos se multiplican hasta la extravagancia, Cada cual tiene su
_espada_, su _picador_, su _torero_ y su toro predilecto. Los
propósitos, los dichos, los epigramas y las interjecciones gordas se
cruzan; las miradas son fulminantes, los gestos y movimientos dan la
idea de la fiebre unida á la rabia. Todos se gritan, se silban, se
apostrofan y gesticulan como enemigos encarnizados. Este arroja á la
plaza su sombrero en un rapto de entusiasmo, y otro hace remolinear en
el viento su cachucha, mientras que los adversarios del ídolo le lanzan
cortezas de naranja y vituperios intrascribibles....

Pero acaba la funcion, la inmensa multitud se dispersa, el circo queda
desierto y, como por encanto, la cordialidad se restablece y los
antagonismos terminan, sin que las disputas hayan tenido consecuencia
alguna, sin que un bofeton ó una injuria de las que no pertenecen al
vocabulario convencional del anfiteatro, haya producido realmente una
sola _querella_. ¡Singular elasticidad de carácter que prueba todo el
fondo de poética admiracion por lo fuerte, varonil y heróico, que hay en
el entusiasmo de los Españoles por la tauromáquia!

Los viajeros, en lo general, extrañan que las corridas de toros
subsistan en España, no obstante la popularidad del teatro, que podría
reemplazarlas totalmente. Yo no extraño tal cosa, ni creo que esa
diversion brutal sea la prueba de malos sentimientos entre los
Españoles. Hay tipos que, prescindiendo de las influencias locales é
históricas, son principalmente engendrados por la ley. El _torero_, el
_contrabandista_, el _jugador_ ó tahur y el _guerrillero_ son en España
hijos de las instituciones. El sistema económico, tan vicioso en España,
ha hecho nacer al contrabandista como el contrapeso de la voracidad y
codicia del fisco. Las plazas de toros son explotadas como elementos
fiscales ó rentísticos. El juego está erigido en institucion normal,
puesto que el Gobierno es, por medio de las loterías permanentes, un
banquero de roleta. En cuanto al guerrillero, la violencia oficial lo
hace surgir, como engendra las conspiraciones. Lo mismo diré hasta
cierto punto del _mendigo_.

Se cree que el pueblo español no soportaría la supresion de los toros.
Error! ¿No ha tolerado y aplaudido la supresion de los frailes que le
eran tan queridos, como se decia? Puesto que las corridas de toros están
reglamentadas por la autoridad, nada mas fácil que ir suprimiendo en
ellas paulatinamente los rasgos mas repugnantes y brutales hasta
hacerles perder el interes actual. «Si el gobierno en España lo
reglamenta todo (hasta la prostitucion), ¿por qué no aplicar su poder á
abolir en lo posible lo que hay de salvaje en las costumbres, ó hacer
siquiera ménos frecuentes los espectáculos?» Tales son las reflexiones
de algunos enemigos de la tauromáquia.

Yo pienso de distinto modo. Creo que solo dos poderes suprimirán en
España, mejor que los reglamentos, las corridas de toros: las elecciones
populares y los ferrocarriles, es decir la actividad de la industria y
la locomocion, y la vigorizacion de la vida política. El dia que todo el
mundo pueda ir á España fácilmente, y salir de allí, los caractéres se
suavizarán, por el doble contagio de los nuevos espectáculos que el
extranjero llevará al país y de lo que los Españoles verán en el
extranjero. El dia también que el pueblo español pueda saborear las
nobles fiestas de la democracia, de la vida libre y popular, trocará el
circo de toros por la asamblea y el gabinete de lectura. Sus defectos
actuales no provienen sino del aislamiento, que ha impedido sacudir los
malos hábitos y las preocupaciones perniciosas. Cuando la sangre
española se renueve con la sábia de una civilizacion mas culta, habrá
perdido, es cierto, mucho de su originalidad típica, pero habrá ganado
inmensamente en grandeza y gloria, progreso y bienestar.

A propósito del juego (pasion singularmente arraigada y esparcida en
España, en todas clases de la sociedad y bajo todas las formas
imaginables), haré una observacion, porque recuerdo un incidente
curioso. Al volver por la noche de Aranjuez á Madrid, yo iba con mi fino
compañero en un wagon pleno. Los otros seis sujetos me habian sido
desconocidos ántes de aquel dia. Uno de ellos, aburrido de su
inmobilidad en la movilidad del tren, propuso una partida de _monte_,
con apuestas de menor cuantía. A falta de naipes nos rogó á todos que le
diésemos nuestros billetes de trasporte, y con ellos arregló, pintando
números en los reversos blancos, cuatro pares de ases, doses, treses y
cuatros. De ese modo la partida, aunque muy modesta por el interes, se
empeñó entre cuatro ó cinco de los viajeros.

¿De dónde proviene esa pasion del juego en España? A parte del estímulo
incesante que le da el gobierno con el escándalo de las loterías,
influyen muchas causas: la falta de libertad industrial, el aislamiento,
la vida sedentaria que imponen las condiciones de un país exuberante
pero sin fáciles salidas, la inmobilidad política proveniente de
instituciones fundadas en el privilegio, la ociosidad forzada de una
juventud impresionable y apasionada, que encuentra muchos obstáculos á
la entrada de casi todas las carreras. La libertad (paradoja aparente
pero verdad incontestable!) la libertad de todo lo lícito, será el solo
poder que suprimirá los abusos de las costumbres ó lo ilícito. Es que
cuando la ley y la autoridad pretenden dirigirlo todo, la opinion
pública y el interes individual bien entendido no tienen la fuerza
bastante para condenar y reprimir los malos impulsos del momento ó los
extravíos de una educacion viciosa.


       *       *       *       *       *

CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

TOLEDO.


La Semana Santa.--Por la orilla del Tajo.--Topografía de Toledo; su
origen.--La Catedral y otros monumentos religiosos.--El _Alcázar_.
--Condicion social de los toledanos.

La Semana Santa habia empezado, y era el momento mas oportuno de hacer
una visita á la «imperial Toledo», la antigua capital de un reino
morisco, y de la monarquía española hasta principios del reinado de
Felipe II. Aunque en España todas las grandes capitales celebran con
bastante pompa la Semana Santa, Sevilla, Toledo y Madrid llaman en esos
dias principalmente la atencion.

Sevilla descuella, como una segunda Roma, haciendo prodigios de
ostentacion en que las apariencias de lo religioso se confunden con las
realidades pasajeras de lo mundanal, y la fiesta católica se completa
con una inmensa feria, donde se reune cuanto tiene la Andalucía de mas
rico, de mas original y característico. De todos los puntos de España
afluyen los extranjeros, los meros paseantes y los especuladores ó
tratantes, á divertirse, _curiosear_ ó negociar en la gran ciudad
andaluza.

Madrid solo brilla los juéves y viérnes santos por su lujo exorbitante
en los atavíos de las gentes, las ceremonias cortesanas y dos
procesiones muy sencillas por su tren, pero que llaman mucho la atencion
por la suntuosidad de los cortejos que las acompañan bajo la presidencia
personal de la reina y su consorte.

Por lo que hace á Toledo, ella ha sido siempre el punto de reunion de
todas las gentes no cortesanas que gustan de los grandes espectáculos
religiosos y de la contemplacion de monumentos en todo el territorio de
la Nueva Castilla. Actualmente la afluencia de forasteros es mucho mayor
en Toledo, durante la Semana Santa, con motivo del ferrocarril ya
establecido, que liga á Aranjuez con aquella ciudad ofreciendo muchas
comodidades á los madrileños. Esa circunstancia ha hecho surgir en
Toledo nuevas necesidades, entre otras la de crear fondas y multiplicar
las posadas, á fin de dar alojamiento á los muchos viajeros que van á
ver las maravillas ó al menos curiosidades de aquella singular ciudad.

El tren partió de Madrid, pasó rápidamente por delante de Getafe, Pinto,
Valdemoro y Cien-pozuelos, poblaciones sin gracia ni particularidad
alguna, con un total de 10,600 habitantes; tocó en Aranjuez, y luego,
apartándose de la línea férrea que conduce al puerto de Alicante en el
Mediterráneo, tomó la ramificacion parcial de Toledo, que arranca
adelante de Castillejo, pasando por _Algodor_, estacion aislada que
sirve de embarcadero á trece pequeños peublos circunvecinos, mas ó ménos
apartados de la via.

Desde Aranjuez hasta Toledo el paisaje es encantador, porque el
ferrocarril sigue el valle del Tajo, sobre la orilla izquierda,
aproximándose muchas veces hasta tocar casi en las playas del perezoso
rio. De un lado se ven, como bajos estribos ondulosos de los _Montes de
Toledo_, graciosas colinas de seno granítico y superficie arenosa y
arcillosa, absolutamente desnudas de vegetacion natural, pero cubiertas
de sementeras de cereales, de pequeños olivares y viñedos, en los puntos
ménos estériles; en tanto que sobre las ásperas lomas ó los campos muy
desiguales y agrios pacen algunos rebaños do ovejas ó de vacas, cuyos
grupos contrastan en el horizonte con los picachos rocallosos que de
trecho en trecho se alzan sobre los lomos de las mas altas colinas.

Del otro lado se extiende una doble faja verde y luciente, llana y de
anchura desigual, humedecida por el Tajo, que contrasta mas
notablemente, por su rica vegetacion y su pintoresca alegria, con las
desnudas colinas y campos arenosos de que acabo de hablar. Bosques de
álamos blancos y de muchos árboles gigantescos se suceden, alternando á
veces con hermosas praderas, donde saltan y retozan los magníficos
potros, las lustrosas vacas y las robustas ovejas de las crias escogidas
pertenecientes al _patrimonio real_, ó á varios propietarios que poseen
terrenos en las márgenes ó vegas del Tajo. En algunos puntos, en todo el
trayecto hasta Toledo, se ven ricas plantaciones de hortalizas; y donde
quiera reina una humedad vivificante para la vegetacion, pero funesta
para la poblacion por las fiebres intermitentes que en algunos meses
producen los derrames del Tajo, que carece de un lecho bien determinado
y hondo.

El ferrocarril se detiene en la vega del Tajo, al pié de la eminencia
que sirve de asiento á Toledo, como á un kilómetro de la ciudad. Allí
hay que tomar una especie de coche-diligencia, todavía rudimentario,
circunstancia muy embarazosa cuando hay muchos viajeros. Cuando llegué á
la estacion llovia á torrentes, y no había _ómnibus_ en que hacer el
trayecto hasta el centro de Toledo. Estuve á punto de volverme de allí
nomas á Madrid, y sin la generosa obsequiosidad de un caballero español
que me dió un asiento en su carruaje particular, no habría podido
escalar la cima de la imperial y pobrísima y atrasadísima Toledo.

Nada mas raro, mas único en su estructura que esa ciudad, tan llena de
monumentos y recuerdos como vacía de industria y de vitalidad moderna.
Como en España no se viaja por buscar ciudades, fábricas y campiñas de
estilo moderno, sino por estudiar un país de condiciones especialísimas,
Toledo encanta al viajero que la visita, apesar do las detestables
incomodidades que hacen allí desagradable la vida. Perdido en un
laberinto de callejuelas y vericuetos, aunque llevaba un guia, vagué
durante dos horas buscando alojamiento en la ciudad. Ya desesperaba de
hallar un rincon donde ajustar mi persona, despues de pedirlo en diez ó
doce fondas ó posadas mas ó ménos ostensibles, cuando la casualidad me
permitió dar con una posada improvisada, decente para el caso, pero que
exigia conformidad. Toledo tenia en esos dias cuatro ó cinco mil
huéspedes; y aunque la ciudad, que solo cuenta 17,275 habitantes, puede
contener materialmente en sus casas el doble, carece de recursos y
comodidades para alojar bien á doscientos huéspedes. Toledo es, por
excelencia, el resúmen de la vieja España. Hagamos su descripcion.

Una inmensa roca ó pequeña montaña en forma de península se levanta de
un modo abrupto y severo sobre la márgen derecha del Tajo, cuyo angosto
valle queda interrumpido al pié de la ciudad, al sur. Altas colinas
graníticas se alzan en un cordon semicircular del oriente al sur,
rodeando por esos lados á Toledo. Al noroeste se desprende de otras
colinas semejantes, que dominan el Tajo á uno y otro lado, una angosta
lengua de tierra, como un istmo rocalloso y ondulado, que se liga con el
asiento de Toledo. El Tajo, llegando al norte de la ciudad y al oriente
de ese istmo, se precipita como un torrente en la abra profunda que
separa la montaña de la ciudad del cordon rocalloso del E.S.E.; rodea la
basa gigantesca de Toledo, haciendo un círculo casi completo, y vuelve
sobre el norte, como á buscar su propio cauce, lamiendo al poniente los
cimientos graníticos del istmo que liga la península fluvial de Toledo
con los cordones de cerros del N.O.

De ese modo, Toledo está incomunicada topográficamente por todos lados
ménos uno, teniendo á sus costados los profundos abismos del Tajo, que
desciende con suma rapidez por entre rocas estupendas tajadas casi
perpendicularmente. Ademas, en la cima de la inmensa roca donde reposa
Toledo, hay siete eminencias ó montículos desiguales, cubiertos de
edificios, plazas y calles. De ahí resulta que la ciudad tiene el
aspecto de una estupenda fortaleza, sin que su fisonomía pueda ser
abarcada con la vista, en su totalidad, por ningun lado. Toledo domina
todos los contornos, pero ningun punto domina á Toledo.

Para llegar, pues, á la ciudad por cualquier lado es indispensable, ó
pasar por uno de los puentes de _Alcántara_ y _San Martin_, ó penetrar
por la puerta de _Visagra_, que da sobre el istmo del noroeste. De todos
modos es preciso escalar ó trepar la montaña. Y en la ciudad misma, como
los siete montículos hacen muy desigual el terreno, es forzoso subir ó
bajar, por cualquiera calle que se tome, en una especie de círculo
vicioso que hace de Toledo la mas extraña poblacion. No puede tenerse
idea cabal, sin conocerla, de un laberinto semejante. El hombre mas
experto, el de la mas prodigiosa memoria de localidades, se perdería en
Toledo, sin el auxilio de un guia, al volver la segunda esquina de una
callejuela.

Casas desiguales y de construccion tosca y antiquísima encajonan todas
las calles, dándoles un aspecto lúgubre y siniestro, como si se
anduviese por los ásperos é irregulares senderos de una montaña. El
extranjero, al volver cada recodo, se hace la ilusion de que le espera
una celada morisca en alguna de las mil encrucijadas que se complican y
enlazan en la mas enredada trabazon. Donde quiera empedrados atroces,
murallones irregulares, repechos, ángulos y curvas indescriptibles que
desafían al mas hábil matemático por su ausencia de figuras
determinadas. Las mil callejuelas se cruzan, se bifurcan, se redondean,
se cuadran, se confunden, se rodean á sí mismas, se detienen
repentinamente en rincones sin salida, ó se prolongan en los mas
extravagantes pasajes, trazando una red indescriptible. Cuando cree uno
haberse alejado 500 metros de un punto, segun lo que ha marchado, se
encuentra en la direccion opuesta, á veinte pasos de distancia,
completamente desorientado. Aquella ciudad, esencialmente morisca en sus
detalles de ese género, parece haber sido combinada para las emboscadas,
los combates de guerrillas y las defensas inesperadas y formidables.

El orígen de Toledo carece de historia, pues es atribuida su fundacion
á razas diferentes, y no se conoce la época precisa de su aparicion. Los
Romanos la hallaron muy respetable ya, le daban importancia y la
hicieron capital de la provincia _Carpetana_. Conquistada por los Godos
en el siglo VI la hicieron capital de su corte y sus dominios. Dominado
el país en el siglo VIII por los Sarracenos, fué tambien el asiento de
los vireyes moros, y despues la capital del poderoso _reino de Toledo_.
Por último, recobrada en el siglo XI por el rey castellano Don Alfonso
VI, fué todavía la capital de los monarcas españoles, hasta que en el
siglo XVI trasladó Felipe II su corte á Madrid. Desde entónces comenzó á
decaer Toledo, aislada y sin industria, no obstante su condicion de
metrópoli de la iglesia católica en España.

       *       *       *       *       *

No habiendo pasado en Toledo sino tres dias, que son suficientes para un
viajero que no es artista, apénas pude recoger impresiones rápidas.
Toledo es interesante por su tipo social y su mérito monumental; pero el
primero me importaba mas que el segundo, tanto mas cuanto que adolezco
de una completa ignorancia en materia de arquitectura, pintura y
escultura. Por lo mismo no puedo emitir _juicios_, so pena de copiar lo
ajeno (_arte fea_ en que estoy ménos versado aún que en _bellas artes_),
y solo indicaré las _emociones_ sentidas.

Toledo carece absolutamente de industria. Es una ciudad muerta ó por lo
ménos paralizada. Lo único que allí llama la atencion en lo económico es
la famosa fábrica de armas, situada á la márgen derecha del Tajo, al
poniente del istmo que he descrito. Me fué imposible visitarla, porque
estaba cerrada en esos dias con motivo de la Semana Santa, que los
pueblos españoles y sus análogos celebran con la ociosidad. Supe
sinembargo, que las armas toledanas eran de las mismísimas condiciones
que las de lejanos tiempos. Los siglos han pasado por encima, sin que
los forjadores se hayan dado por notificados, pues hoy los
procedimientos de fabricacion son los mismos que ahora cuatrocientos
años, sin que los productos hayan mejorado notablemente. La vieja España
machaca el acero con los mismos martillos. La civilizacion moderna no ha
llegado sino hasta la estacion de ferrocarril, al pié de Toledo. De ahí
para arriba.... ¡cuidado con tocar las telarañas!

En Toledo todo lo que es monumental es interesante y curioso; todo tiene
un tipo especial, que no se encuentra en ninguna otra ciudad española
con igual energía, aún en Valencia, Sevilla, Córdoba y Granada. Donde
quiera se ven alternando las construcciones góticas y las moriscas, así
como algunas del Renacimiento, resultando de esa promiscuidad los mas
curiosos contrastes.--Me detendré en los mas notables monumentos nomas,
que son las joyas de esa ciudad donde corrió la infancia de Quevedo y
yacen los restos del favorito ahorcado Don Alvaro de Luna, del poeta
Moreto y del historiador Mariana.

La catedral es, sin disputa, uno de las mas grandiosos templos católicos
de Europa. Todo es allí gigantesco, severo y sombrío, como las mas
típicas catedrales góticas. Si las formas exteriores y casi todo el
conjunto del edificio pertenecen á esa arquitectura majestuosa, hay
muchos detalles sinembargo, como la famosa capilla _Muzárabe_, que
corresponden al estilo morisco, por haber estado la catedral sujeta á
cambiamientos sucesivos. Su espléndido pavimento de baldosas de mármol
blancas y azules; sus cinco naves atrevidas sostenidas por ochenta y
cuatro columnas colosales; sus veintitres capillas cuajadas de oro y
ricos ornamentos; sus tres enormes rosetones y setecientas cuarenta y
siete ventanas ogivales ó circulares cubiertas de vidrios primorosos de
colores pintados al fuego; los mil adornos de las columnas y de las
setenta y dos bóvedas de las naves, de una ligereza superior; la
magnificencia de las sillerías del coro, cuyos bajos relieves son
admirables; el esplendor de los _tesoros_ ó joyas que pertenecen al
templo; los ecos profundos de los órganos, repitiéndose en mil senos de
piedra; la solemne oscuridad del recinto; los preciosos cuadros de
pintura que adornan los sombríos muros; y el hormigueo de la multitud de
piadosos y curiosos, circulando como átomos bajo la estupenda mole:
todo eso hace de la catedral de Toledo, el juéves santo, un monumento
que asombra, impone, embelesa y hace enmudecer....

Allí se comprende todo el poder de la fe, que no solo inspirara á los
artistas de la Edad media, sino que les diera á sus pueblos-obreros la
fuerza titánica para levantar esas montañas labradas de granito y piedra
comun, cuajándolas de primores que revelan toda la tenacidad paciente de
una creencia y las extravagancias de la supersticion. Allí se comprende
tambien la fuerza de propaganda que ha tenido el catolicismo en otros
tiempos, mediante la poderosa fascinacion ejercida sobre las
muchedumbres por la majestad de los templos y la pompa soberana del
culto[2].

Yo comparaba la inmensa riqueza encerrada en el «Tesoro» de la catedral,
con la profunda miseria de las clases inferiores de Toledo, ciudad que
vegeta en el aislamiento, sin industria, comercio, ni agricultura
importante, y me decia con tristeza: «¡Qué bien haría la Vírgen de esta
catedral si, imitando á Isabel la Católica, no ya para descubrir un
mundo sino para resucitar á Toledo, destinara sus joyas de valor
fabuloso para un ferrocarril que comunicase á esa imperial ruina con
todos los pueblos del magnífico valle del Tajo!» De cada catedral de
España, sin contar mas que los valores de lujo, puede salir un
ferrocarril; pero no hay riesgo de que salga nada, sin que por eso
falten las entradas.

Sin contar catorce conventos suprimidos de frailes, y veintitres de
monjas, Toledo tiene ademas de la catedral veinte iglesias parroquiales,
nueve capillas públicas y seis _muzárabes._ Asi, pues, los habitantes no
alcanzan para las iglesias. Despues de la catedral, las mas notables
como monumentos son: _San Juan-de-los-Reyes_, _Cristo-de-la-luz_, el
_Tránsito_ y _Santa María-la-blanca_;--las dos últimas, antiguas
sinagogas. Es curioso observar que en Toledo habia durante la dominacion
moruna seis iglesias, llamadas _muzárabes_, donde los cristianos
mantenian públicamente su culto, con expreso consentimiento de los
Moros. Parece que aquellos _bárbaros_ infieles eran amigos de esa
iniquidad de la filosofía moderna que se llama _tolerancia religiosa_.
La Inquisicion española les pagó mas tarde á los Moros esa tolerancia en
muy buena moneda....

Los reyes de España tenian la costumbre piadosa de celebrar sus triunfos
militares con la ereccion de iglesias, ora se tratase de los Sarracenos,
ora de los Portugueses ú otros enemigos. A la victoria de Toro, obtenida
contra los de Portugal, debe su existencia la preciosa iglesia de _San
Juan-de-los-Reyes_, de un gótico florido delicioso, mandada construir en
1476 por Fernando é Isabel; como se debe al triunfo de Don Alfonso VI,
conquistador de Toledo á fines del siglo XI, la importancia de la
curiosísima capilla denominada _Cristo-de-la-luz_, donde se ofició la
primera misa despues de vencidos allí los Sarracenos. Llaman la atencion
en lo exterior de la iglesia de los _Reyes_ una multitud de grilletes,
cadenas y otros instrumentos de prision, pendientes de los muros para
recuerdo de los mártires de España, pues todos esos fierros les fueron
aplicados en Granada á los prisioneros que estuvieron en poder de los
Moros.

Si la iglesia, de una sola nave, formando cruz latina, es de suma
elegancia y bella ornamentacion, el claustro no es ménos interesante,
apesar de sus escombros, provenientes de un terrible incendio en 1809.
Es curioso un enorme trozo de mosaico excelente que yace casi abandonado
en el zaguan. En el piso alto llama la atencion un museo de cuadros de
pintura, comenzado en 1840, compuesto de 730 cuadros y establecido
justamente en la celda del famoso cardenal Jiménez de Cisneros, primer
novicio del convento allí fundado.

_Cristo-de-la-luz_ es una curiosísima miniatura de _iglesia_, cuyo
mérito está no solo en el orígen y la antigüedad sino tambien en sus
proporciones singulares. Mide aquel juguete de mezquita bautizada unos
18 piés de largo sobre 14 ó 15 de ancho, con la altura proporcionada, y
es de estilo byzantino-arábigo, con tendencias en algunos detalles á la
transicion del primer al segundo período del gracioso arte sarraceno.
Seis navecillas cruzadas en opuestas direcciones, de tres en tres, y
sostenidas por cuatro columnitas de granito, muy toscas, en que reposan
arcos en forma de herradura, constituyen la bóveda, que se divide en
nueve cúpulas casi microscópicas, todas diferentes, aunque análogas en
su estilo. Si se pudiera arrancar y trasportar con sus cimientos aquel
juguete de arquitectura morisca, podría figurar en el mejor museo de
antigüedades como una joya de inapreciable valor.

La iglesia llamada hoy _Santa María-la-blanca,_ abandonada y desierta,
fué una elegante sinagoga, construida hácia fines del siglo XI por los
judíos de Toledo; corresponde á la época de transicion ó segundo período
del estilo árabe; y tiene adornos y formas interiores de un gusto
delicioso. El techo es un precioso artesonado de cedro, y todo el cuerpo
está dividido en cinco naves; siendo el total un cuadrilongo que mide
como 80 piés de longitud por unos 62 de anchura y 50 de elevacion en el
centro. Sostienen la techumbre 32 columnas octógonas, estucadas, en
cuatro filas iguales, y sobre sus capiteles se alzan 28 arcos en
herradura, con bellos arabescos, los cuales apoyan otros órdenes de
columnitas preciosas, pareadas, que soportan inmediatamente los
artesonados. Estas construcciones, que me eran enteramente desconocidas
(si no es en fotografías), tenían á mis ojos un encanto infinito, y me
hacian evocar mil recuerdos de la historia de los pueblos orientales,
leidas en los años de mi primera juventud. Bajo el pavimento mismo hay
subterráneos profundos que guardan los restos de muchos israelitas.
¡Cuánto no me hacia meditar sobre las peripecías de la humanidad el
abandono de aquel antiguo santuario de una raza que, perseguida durante
diez y ocho siglos por todos los pueblos en inmensa y atroz gavilla, ha
regenerado al mundo en el siglo XIX, con el poder de sus enormes
capitales y su actividad industrial y comercial, poblando á la Europa
de Bancos, ferrocarriles, almacenes y fábricas! Los israelitas se han
vengado de los pueblos perseguidores, dándoles el progreso y la
prosperidad y organizando el crédito....

No ménos curiosa, aunque de proporciones muy distintas, es la otra
sinagoga, llamada hoy iglesia del _Tránsito,_ construida á mediados del
siglo XIV. Don Pedro el Cruel no lo era mucho, segun parece, con los
judíos ricos, y le permitió á su famoso tesorero y favorito, Samuel
Levi, la ereccion de aquel bello santuario de la religion israelita. Su
única nave sostiene un precioso artesonado; los muros son de un
delicioso estuco, adornados con lindos _azulejos_ en mosaico, y labrados
con los mas primorosos arabescos del tercer período de la arquitectura
árabe, completamente andaluza. Aquella sinagoga se asemeja por muchos de
sus pormenores á un espléndido salon de la _Alhambra_ ó del _Alcázar_ de
Sevilla.

Basta de iglesias para el paciente lector. A propósito de Don Pedro el
Cruel, es notable por su interes histórico y sus sombrías proporciones
la casa ó palacio que habitara en Toledo aquel salvaje coronado. Es un
edificio informe y pesado, que da la idea de los calabozos y causa
cierto estremecimiento al viajero que conoce algo las viejas historias
de la vieja España. Aparte del admirable escombro del _Alcázar,_ son
interesantes en Toledo: algunas de sus puertas monumentales, que dan
acceso á la ciudad por caminos en caracol, sostenidos por estupendos
murallones; el magnífico puente de _Alcántara,_ de un solo arco y todo
de granito; y el colegio militar, edificio que fué convento y en cuya
fachada, capilla, claustros y escalera monumental puede admirar el
viajero una multitud de objetos de arte muy interesantes.

Por lo demas Toledo es en su totalidad un inmenso y complicado
monumento. Allí todo es curioso y singular, todo llama la atencion y
obliga al extranjero á detenerse á cada paso. En cada calle, en cada
esquina, en cada portal ó muro, balcon ó ventana, se ve algun objeto
precioso para el anticuario, sorprendente para el viajero que por
primera vez recorre una ciudad tan especial como aquella. Aquí se da
con un trozo de mosaico precioso, una bella baldosa de mármol, un busto
raro de piedra ó una inscripcion histórica; allá con una ventana ogival,
un balcon morisco, un curioso mirador, un torreon gótico ó un escombro
lamentable. Toledo es el cementerio magnifico de dos civilizaciones, de
dos razas; cada edificio es una tumba y cada puerta ó muro contiene un
epitafio....

Apresurémonos á hablar rápidamente de esa maravilla pretérita que se
llama el _Alcázar_, para acabar con lo monumental y mostrar al lector
algunos rasgos de la fisonomía social de Toledo. Esa admirable ruina
está situada al lado oriental de la ciudad, sobre una eminencia,
dominando al mismo tiempo á Toledo y las profundidades del Tajo. Los
cimientos y diferentes cuerpos y fachadas del Alcázar datan de épocas
muy distintas. Fundada en el mismo sitio una fortaleza romana, despues
goda y en seguida árabe, el conquistador de Toledo, Alfonso VI, varias
veces mencionado, le dió mas grandiosas formas, haciendo gobernador del
castillo nada ménos que al heróico Cid campeador. Muchos reyes mejoraron
sucesivamente el famoso fuerte, hasta que Cárlos V resolvió demolerlo en
casi todas sus construcciones superiores, conservando solo una fachada
gótica, los sótanos y los formidables cimientos. Felipe II terminó la
obra, invirtiéndose en ella los cincuenta años trascurridos de 1534 á
1584, y trabajando allí los mas eminentes artistas, como Villalpando,
Covarrubias y Juan de Herrera. En 1710 fue incendiado el admirable
palacio-fortaleza por las tropas aliadas que luchaban contra Felipe V en
la guerra de sucesion. Restaurado con esmero, incendiáronlo á su turno
en 1810 las tropas francesas invasoras, dejándolo reducido á un sublime
escombro. Hoy no quedan sino los muros interiores y exteriores, los
torreones rotos, las cuatro espléndidas fachadas, los sótanos y
cimientos; sin techumbres ningunas, despedazados los arcos que ligaban
los muros, vacíos los huecos de los balcones y todo en ruina.

!Pero qué ruinas! Aquello es imponente y grandioso como una montaña
desnuda, de indestructible granito y de ladrillo durísimo. Al vagar en
medio de aquellas masas colosales, por esas enormes escaleras de
piedra, sobre tantas bóvedas de inaudita fuerza y audacia singular, y en
los oscuros abismos de los inmensos subterráneos (que en un tiempo
abrigaron regimientos enteros de infantería y caballería), se siente uno
poseido de un respeto profundo por el genio de los artífices, y
adquiere, interrogando los ecos de esas formidables obras, la idea
completa de una civilizacion terrible, fundada en la fuerza y el
antagonismo artificial, de cuyo seno ha nacido, por uno de esos
prodigios del divino misterio del progreso, la nueva civilizacion que
tiene su solo principio en la libertad y la justicia.

El _Alcázar_ es un cuadrado de 200 piés por lado, que presenta cuatro
fachadas diferentes, espléndidas, que no obstante cierta armonía general
corresponden á diversos estilos de arquitectura, predominando el del
Renacimiento. Una de las fachadas, la mas antigua, es gótica por su
carácter general, aunque por sus detalles, posteriores, es del mismo
Renacimiento. Cuatro torreones gigantescos, en los ángulos, encuadran el
edificio, dándole aspectos diferentes segun el lado por donde se le
contempla. Se compone de tres cuerpos ó pisos, sin contar el de los
sótanos, que se ve por un lado. El interior es de una esplendidez que
arrebata, á pesar de su estado ruinoso. Los estupendos sótanos, de aquel
palacio-fortaleza podian contener millares de soldados, de prisioneros y
caballos, los víveres, y municiones y armas en grande escala; en fin,
toda una fuerte guarnicion ó pequeño ejército, capaz de resistir por
largo tiempo el asedio. Un inmenso subterráneo conducia desde el fondo
de aquella montaña artificial hasta la márgen muy lejana del Tajo, á una
gran profundidad, para poder dar de beber á las caballerías, coger agua
del rio, etc., etc. Tal era de grandioso el sistema de arquitectura de
la vieja España, que ha dejado en todas partes los mas soberbios
monumentos.

       *       *       *       *       *

Nada mas curioso que el espectáculo de las plazuelas y callejuelas de
Toledo, durante la procesion del juéves santo. Aunque naturalmente se
escogen para el paso del Cristo y de la Vírgen las calles ménos
_imposibles_, el acompañamiento eclesiástico y popular tiene que pasar
por las mas grandes crujidas para hallar salida por aquellos pendientes
y endemoniados pasadizos al aire libre. Todo el mundo se estrecha, se
codea, se pone en prensa y estrangula, resultando de la confusion y los
apuros los mas curiosos contrastes en los mil grupos que se agitan entre
aquellos desfiladeros. El lujo suntuoso de la gran dama madrileña ó
toledaña, cubierta de terciopelos, de ricos encajes y de joyas, tiene
que frotarse allí contra la capa raida de paño ya pelado, un tiempo
carmelita claro y luego de un amarillo mugriento inescrutable, que es el
ornamento indispensable del toledano,--obrero, tratante ó mendigo, así
como del manchego y todos los habitantes de las dos Castillas.

En Toledo faltan absolutamente en las clases inferiores esos atavíos
pintorescos, de colores vivos y cortes caprichosos, que se ven en
Valencia, en Sevilla y otras poblaciones ménos impregnadas de los usos
castellanos. En Toledo todo es triste, y el hombre de alguna comodidad,
como el menestral y el mendigo, tienen todos un aire de vetustez, de
tristeza, de ruina y de miseria que los hace sombríos á los ojos del
viajero. Cuando vagaba yo en medio del largo y complicado tumulto de la
procesion, arrebatado en todas direcciones por una onda de capas
amarillentas y mantillas negras, me parecia asistir á un carnaval de la
muerte. Sobre mi cabeza, á uno y otro lado, veia los bajos balcones
repletos de mujeres y niños, con aire de aplastar á los transeuntes
cayendo como enormes racimos; miéntras que el aspecto de las calles y la
movilidad de los sombríos grupos tenian no sé qué semejanza con las
menudas olas y los grupos de rocas negras, en el seno de un arrecife,
agitándose desordenadamente en un dia de borrasca.

Las bandas de mendigos pululan y circulan allí por todas partes,
asediando al extranjero sin tregua. Rendido de luchar con las masas
movientes en la procesion, fuí á sentarme en un banco de piedra, á la
sombra de algunos árboles en la plaza principal, llamada del _Horno de
Bizcochos_. Tenia sed y compré unas naranjas. Cayéronme al punto, en
gavilla cerrada, siete ú ocho muchachos hambrientos, de los mas
cercanos, pidiéndome cada cual una naranja, ó un _chavito_, como llaman
los mendigos la moneda de cobre denominada _ochavo_. Alejáronse
contentos al recibir algunas monedas, y yo creia quedar en libertad para
comer tranquilamente mis naranjas. Pero en breve arremetieron de nuevo,
en mayor número, á disputarse las cortezas que yo arrojaba al suelo; y
hube de ponerme en salvo para no claudicar entre aquella vorágine de
mendigos impúberes. No les bastaron las monedas y las naranjas, pues en
un instante se tragaron todas las cortezas, como si fueran pedazos de
pan!

Aquella escena me afectó profundamente, tanto mas cuanto que sabia que
tal ejemplo de miseria no era una excepcion. Toledo, por mucho que se
haga, no saldrá de la miseria. Es un escombro que no tendrá resurreccion
sino á virtud de esfuerzos inauditos. Siendo la metrópoli eclesiástica
del país (donde los canónigos son muy dichosos) y teniendo un gran
colegio militar y una guarnicion, admirables monumentos y carencia
absoluta de industria, Toledo es un conjunto de cuatro tipos principales
que se revelan en cuatro vestidos diferentes: la sotana del clérigo, el
uniforme de vueltas amarillas y rojas del militar, el elegante _paltó_
del extranjero curioso, y la capa raida y nauseabunda del mendigo.
Fundada con un destino militar, segun las ideas de otra
civilizacion,--para ser una fortaleza--el aislamiento es la condicion de
Toledo. No puede tener industria, porque carece de agua para mover
máquinas, no habiendo sino aljibes ó cisternas; ni tiene elementos para
el comercio y la agricultura, por su posicion excepcional. Toledo, pues,
seguirá siendo una ruina sublime, una estupenda curiosidad y nada mas:
el museo de la vieja España, custodiado por clérigos, militares y
mendigos!...

Toledo me ofreció la ocasin de poner á prueba mi estómago y verificar la
reputacion (usurpada la una y legítima la otra) de la _olla podrida_ y
el vino de _Valdepeñas_. Durante los tres dias que pasé en la imperial
Toledo, tan magníficamente cantada por Zorrilla, me vi forzado á
renunciar á la carne, recibiendo la ley de la situacion. Pero como no
habia pescado, ni huevos, ni leche, quedé á discreción de los garbanzos
cocidos y otras iniquidades de la cocina española, neutralizando algo mi
desdicha con buenos tragos de un exquisito _Valdepeñas_. Este,
sinembargo, tenia el atrevimiento de subírseme á la cabeza, sin la menor
ceremonia, obligándome á multiplicar los _brebajes_ de café. Tuvo al fin
piedad de mí la posadera y me mandó servir _puchero_.--«_Un puchero_
español! me dije con trasporte; vamos, esto será mejor que la Catedral y
el Alcázar.»

!Mentirosa ilusion! Yo habia hecho ya algunas experiencias poco
satisfactorias en Barcelona y Valencia, respecto de la _olla podrida_, y
la habia encontrado tan sofística como la monarquía constitucional en
España. En Toledo se acabó la ilusion; el _puchero_ legitimo terminó su
mision sobre la tierra española; hoy pertenece á la historia, como la
antigua grandeza del pueblo conquistador del Nuevo Mundo. Hoy no quedan
de las glorias del _puchero_ sino los innobles garbanzos cocidos,
capaces de indigestar á un elefante, el vil chorizo y el desvergonzado
tocino, que ha perdido su importancia desde que los moros y judíos han
aceptado las impiedades de la cocina y la bodega cristianas. Desengañado
y hambriento, hube de consagrar en Toledo todo mi culto gastronómico á
las ricas naranjas valencianas y el atrevido Valdepeñas.

Apesar de algunas impresiones desagradables, Toledo me habia complacido
mucho por sus enseñanzas de carácter social, no ménos que por sus
monumentos. Habia podido comparar la vieja España, representada en
Toledo, con la España regenerada y progresista, revelada en Barcelona y
Madrid:--la primera basada en el aislamiento, inmóbil, indolente,
rezandera en demasía, miserable y mendicante: la segunda buscando el
progreso en la libertad y el movimiento, despreocupada, tolerante y
pensando seriamente en lo porvenir. Me despedí de Toledo como el que
acaba de visitar un sepulcro y sale del cementerio á pasos largos,
volviendo á mirar hácia atras de tiempo en tiempo, con un sentimiento
mezclado de tristeza y esperanza....

       *       *       *       *       *


CAPITULO V.

       *       *       *       *       *

LA MANCHA.


Dos compañeros de viaje.--Aspecto del pais.--Recuerdos de Don
Quijote.--Las poblaciones manchegas,--La Sierra-Morena.

El mes de abril terminaba y era llegado el momento de visitar la fértil
y hermosa Andalucía, tan llena de recuerdos, tan pintoresca y original
en todo. Tomé el ferrocarril de Alicante; pasó el tren por Aranjuez,
Castillejo y Villasequilla, y á 100 kilómetros de Madrid descendí del
wagon, en Tembleque, para tomar asiento en la diligencia que debia
conducirme á Granada, atravesando los _Montes de Toledo_ y la
_Sierra-Morena_, y pasando por Jaen. _La Mancha_ habia comenzado entre
Aranjuez (que pertenece á la provincia de Madrid) y Castillejo,
poblacion que corresponde á la de Toledo. Esta provincia y la de
Ciudad-Real, separadas en parte por la serranía de los Montes de Toledo,
constituyen la region de planicies y montañas desnudas que tenia la
denominacion antigua de _la Mancha_.

Tembleque es un punto importante en las comunicaciones interiores de
España, pues no solo pasa por allí el principal ferrocarril, sino que de
ese centro parten las carreteras que conducen por un lado hacia Granada
y Málaga, Cordoba, Sevilla y Cádiz, y por otro á Ciudad Real y Badajoz,
por el centro de la hoya del _Guadiana_. Con un caserío casi miserable,
un terreno llano, pobre y pantanoso, y dominado al sur por los cerros de
_Toledo_, Tembleque no ha comenzado á resucitar sino á virtud del
ferrocarril de Alicante. Su poblacion alcanza apénas á unos 4,000
habitantes, de vivir estacionario en su mayor número, no obstante la
produccion de cereales, vinos, algun ganado lanar y varias fábricas de
paños burdos y salitre.

Al comenzar mi viaje á la Andalucía quiso la fortuna protegerme.
Almorzando en la cantina (ó _buffet_) de la estacion de Tembleque, hallé
que mis compañeros de diligencia iban á ser dos caballeros franceses que
viajaban por placer. No podian hablar ni una palabra en español, y
parecian ser sujetos de distincion, capaces de agradar é instruir á un
compañero. Su itinerario era igual al mio, y tenian para mí la ventaja
de no ser _parisienses_. Yo deseaba muchísimo conocer en la intimidad el
tipo del Frances distinguido _de provincia_, porque en lo general no
estaba muy pagado del hombre de mundo parisiense. Queria instruirme
tambien en las cosas relativas á la vida provincial en Francia, viajar
asociado á personas inteligentes y observar la manera como los Franceses
juzgan á España. Quedamos, pues, convenidos en que yo sería su
intérprete y en que nos trataríamos como viejos amigos. Ellos
correspondieron tan bien á mis deseos, que hoy, al cabo de mucho tiempo,
veo en ámbos dos personas que no me dejarán nunca olvidar cuanto hay en
Francia de bueno y honorable.

La casa ambulante llamada «diligencia» partió arrastrada por diez mulas
que saltaban como demonios, conduciendo unos 17 huéspedes á discrecion
de 13 brutos (suponiendo que los conductores merezcan ser clasificados
con las mulas). En breve salvamos los Montes de Toledo por una de sus
mejores abras, y nos hallamos en plena _Mancha_, en la grande hoya ó
planicie que tiene por centro al rio _Guadiana_, comprendida entre las
serranías de _Toledo_ y _Morena_, y prolongándose por la Estremadura, al
occidente, hácia Portugal. Toda esa vasta region que cruzábamos de norte
á sur, es mas bien una serie de planicies mas ó ménos extensas que una
gran planicie ó valle. Donde quiera el terreno está entrecortado, ora
por estribos de las serranías laterales, que se avanzan hácia el centro,
ora por cordones ó grupos aislados de pequeñas colinas que limitan el
horizonte.

Las serranías que dominan la comarca, desnudas y casi totalmente
estériles, la sequedad del terreno, su composicion general de aluviones
diferentes en la parte llana, las multiplicadas colinas en declive, y la
manera como giran los vientos sobre tan vasta fosa encerrada por todos
lados entre serranías; todo eso ha determinado no solo la naturaleza de
las producciones de la Mancha, sino tambien el aislamiento, la
inmobilidad, las costumbres y el espíritu de las poblaciones manchegas.
No he visto jamas soledades mas extrañas. Allí se reunen la idea de la
opulencia y la de la desolacion, del hambre y la abundancia, de la vida
y la muerte. No hay en España una comarca que revele tan claramente como
la Mancha la funesta accion de los malos gobiernos españoles, la
incapacidad de los partidarios del aislamiento, los vicios de las
instituciones monásticas y todo lo que constituyó el pasado de la
sociedad española.

El suelo de la Mancha, arenoso-arcilloso en lo general (exceptuando las
rocas de caliza y granito en las montañas) es un inmenso filtro. Donde
quiera que no hay pantanos (y estos son numerosos) la sequedad exterior
del terreno es absoluta; las corrientes de agua rarísimas. Las aguas
penetran fácilmente la capa exterior arenosa y se detienen en otra mas
espesa de arcilla, superpuesta á sedimentos muy sólidos. De ahí viene
que miéntras el agua falta casi completamente en la superficie, se la
encuentra con facilidad y en abundancia haciendo excavaciones ó aljibes,
llamados en el país _norias_. El agua, saturada de las sales aglomeradas
en los sedimentos calizos interiores, sale á torrentes (para perderse
otra vez si se le da curso) por medio de sogas de cerda sumergidas en
los aljibes, unidas á un mecanismo rudimentario que mueve alguna mula
vieja volteando sin cesar al derredor del pozo. Es curioso para el
viajero ver en la mitad de una llanura desierta y abandonada uno de
esos pozos, que tienen como la forma exterior de un horno, donde la
impasible mula da vueltas y vueltas para hacer surgir el agua, sin que
nadie la guie. El hábito tiene allí el lugar del hombre; el animal
trabaja sólo hasta por dias enteros.

Siendo el terreno tan húmedo en el interior y seco en su capa exterior,
y surcado por colinas y planos inclinados, que son como los estribos
ondulosos de las serranías, se determinan tres géneros de produccion
bien demarcados. En los cerros, y las colinas ásperas, como en las
llanuras estériles, pacen grandes rebaños de ovejas, cuya lana ofrece
valores considerables y alimenta algunos telares en las poblaciones en
que se fabrican paños y telas muy ordinarias para el consumo mismo de
los manchegos. En las bajas colinas y pendientes suaves crecen los ricos
y extensos viñedos escalonados frecuentemente en forma de anfiteatros; ó
se alzan pequeños olivares que aumentan con su tinta gris la melancolía
de los paisajes uniformes. Por último, en las llanuras ondulan océanos
de trigo, cebada, avena y centeno, que al soplo del viento producen en
el vasto horizonte los mas bellos reflejos de esmeralda ú oro, segun el
estado de las sementeras. Tal es la Mancha, como país agrícola, en sus
principales caractéres.

Pero no sin razon he llamado _océanos_ las plantaciones de cereales. La
Mancha da la idea del mar por su uniformidad de aspecto, como por su
inalterable soledad y su tristeza que acongoja. Ni un canto, ni un
relincho, ni un eco en las llanuras! Aquella comarca es un inmenso
cementerio, con toda la desolacion y la fertilidad de los campos...de la
muerte.... El viajero anda leguas y leguas y no ve una casa, ni un sér
humano, ni una vaca ó animal doméstico. Entre una y otra poblacion no
hay mas que el desierto. Allí no existen la vida campestre, ni el
paisaje sencillo y gracioso de la casa rústica, ni el campesino, en la
estricta acepcion de la palabra. No hay mas que ciudades, villas y
campos abandonados. ¿Quién cultiva, pues?--¿quién cuida de esas
interminables plantaciones de cereales y esos olivares y viñedos?--La
naturaleza. El hombre es un vago ú mendigo que duerme ó pide limosna,
miéntras que la naturaleza lo hace todo. Donde quiera reina el
silencio....

La tristeza domina en la Mancha aún en las cercanías de las poblaciones,
donde está concentrada _toda la vida_ social. Despues de atravesar
vastas campiñas donde no se ve un árbol, _ni uno solo_, ni mas que
tierra y cielo, al acercarse á una poblacion se comienza á ver por todos
lados un enjambre de _norias_ y molinos de viento, dispersos en las
llanuras al derredor del caserío; al mismo tiempo que se distinguen en
alguna pequeña eminencia vecina multitud de montículos de tierra, con
puertecitas enanas y una especie de cúpula tosca en la parte superior,
que tienen el aire de sepulturas de indios (las _huacas_ colombianas) ó
de grupos de hornos. Son las bodegas de los vinos manchegos, cavadas en
la tierra al aire libre y cielo abierto, que corresponden por su estado
primitivo á la vida estacionaria de las poblaciones de la Mancha.

Todo se encuentra allí tal como lo halló Don Quijote en sus
caballerescas peregrinaciones. Las _Maritornes_ abundan y son las
mismas; _Sancho_ asoma la cara por todas partes, siempre conservador,
malicioso, bonachon y reacio al movimiento; los molinos de viento se
mueven con la misma regularidad que en la época en que el ilustre
_Manchego_ lo apostrofaba y alanceaba sin piedad; los mulos y los asnos,
los aparejos, las capas, las mantas, los muebles, cuanto es visible
allí, mantiene con fidelidad las tradiciones reveladas por el inmortal
prisionero de Argamasilla. Creo que los alcaldes rebuznan hoy en los
mismos _tonos_ que los dos que hicieron decir á Cervantes:

     «No rebuznaron en balde El uno y el otro alcalde,»

Los siglos han pasado por encima de la Mancha, sin modificarla en nada,
como si el Tiempo se hubiera dicho:--«_Hay comarcas que es mejor no
meneallas_.»

Con excepcion de Manzanares, villa de mas de 10,000 habitantes, donde,
gracias al cercano riachuelo _Azner_, hay algunas alamedas vergonzantes
que sorprenden al viajero en esas soledades, las demas poblaciones
parecen vivir como en el desierto. Donde quiera la mugre, la vetustez,
el abandono y la ruina; casas horribles, pesadas y deformes, con
portones enormísimos y ventanas microscópicas; calles tortuosas, sin
pavimento, con profundos lodazales ó montones de piedras en desórden; un
silencio sepulcral en todas partes; edificios arruinados y ausencia de
artes y comercio; bandas de mendigos hambrientos, en número fabuloso,
que vagan por las calles como espectros, espiando con ansia la llegada
de una diligencia para caer sobre los viajeros, rodearles en gavilla,
oprimirles, y acribillarles literalmente, hasta obtener de todos y cada
uno algun _cuarto_ ú _ochavo_, un pedazo de pan ú otra cosa; todo
acompañado del mas horrible clamoreo que imaginarse pueda.

Cada una de aquellas poblaciones es un término medio entre las ruinas,
el cementerio y la cloaca, donde reinan la miseria, la inanicion, la
estúpida vagancia, la supersticion, la envidia y el hambre.... Es
doloroso y repugnante ver cómo se insultan y maltratan mútuamente
aquellos innumerables mendigos, de todos sexos y edades, disputándose
los viajeros como presas de campaña,--medio cubiertos de horribles
harapos, cuyo aspecto es doblemente triste por la tinta amarillenta de
las telas de lana que sirven de vestido comun.

¿Cómo explicar esa espantosa miseria y esa inmobilidad de tantas
poblaciones en el seno de vastísimas campiñas de una fertilidad
prodigiosa? El aislamiento, los malos ejemplos y las malas instituciones
lo explican todo. Los conventos, haciendo de la ociosidad y la
mendicidad costumbres venerables á los ojos de la muchedumbre ignorante
y supersticiosa, han degradado en todos sentidos á esos pueblos tan
favorecidos por la naturaleza en algunas cosas. En cuanto al Gobierno,
debo repetir la frase que en otro lugar he emitido. «Él ha hecho el
papel del perro del hortelano.» Partiendo de la idea del monopolio y la
centralizacion, ha querido reglamentarlo todo. Impotente, no ha hecho
nada; egoista, no ha dejado hacer; amigo del aislamiento, ha cerrado la
puerta á las comunicaciones. La Mancha ha podido ser muy rica y feliz
con solo dar salida al enorme producto de sus tierras, casi espontáneo,
en cereales principalmente, y en vinos, aceite, lanas y otros artículos.
Pero enclavada entre serranías, sin caminos, sin libertad de cambio ni
de industria, y viciada la poblacion por hábitos de ociosidad y
obediencia pasiva, la vida de la Mancha (si la vegetacion puede llamarse
_vida_) se ha concentrado en las ciudades y villas. Así, los campos han
quedado desiertos, sin casas, ni árboles, ni irrigacion; y en las
poblaciones se ha perpetuado la miseria por la concentracion de brazos
ociosos.

Y esa concentracion, que se nota en las dos Castillas principalmente, ha
sido, á su turno, la causa de la persistencia de los malos gobiernos. El
hombre del campo es, en lo general, el mas independiente, en igualdad de
circunstancias, ya por la vida que lleva y el influjo de la naturaleza
que le rodea, ya porque la accion de la autoridad le alcanza ménos.
Concentrada la poblacion en las ciudades y villas, no solo se acaba la
vida entre pueblo y pueblo, sino que, siendo mas inmediato y activo el
peso de la autoridad sobre muchedumbres ignorantes y abyectas, la
obediencia pasiva las amolda á toda tiranía, las degrada del todo, y la
centralizacion absoluta se hace mas fácil de establecer y mas durable.
Creo haber encontrado la clave de casi todos los fenómenos sociales que
distinguen á las Castillas de la España catalana, morisca y vascongada,
en esa diferencia sustancial que se nota en la manera en que la
poblacion se ha concentrado ó distribuido.

Una vez cruzada la serranía de los Montes de Toledo, dejando atras, al
norte, la grande hoya del Tajo, el vasto panorama parecia ser el mismo,
porque hay una singular semejanza entre esa hoya y la del Guadiana.
Yendo á todo trote, veíamos á lo léjos distintamente con el auxilio del
anteojo, sobre una eminencia, recostada á un contrafuerte de la serranía
que acabábamos de cortar, la antiquísima ciudad de _Consuegra_, de unos
9,000 habitantes (perteneciente á la provincia de Toledo); allí quedan
aún los restos de grandes obras romanas, y se destacan sobre una colina
abrupta los escombros de un antiguo castillo que pasa por ser obra de
Trajano. Pásase luego por la villa de _Madridejas,_ que cuenta unos
7,000 habitantes, y cuyo tipo no requiere descripcion, porque en la
Mancha todo es uniforme. Despues de esa villa termina la provincia
toledana y comienza adelante la de Ciudad-Real, que tiene su límite
meridional en el centro de la Sierra-Morena.

Vense á la izquierda de la via los pobres pueblos de _Herencia y
Camuñas_; cortase la garganta montuosa llamada _Puerto-Lapiche_, donde
vegetan entre colinas rocallosas unos quinientos paisanos de Sancho
Panza; se cruza la triste comarca de _Villalta_, donde chapotean como
patos solitarios otros 227 manchegos, entre lagunas sin desagüe; y en la
mitad de una fértil pero mal cultivada llanura se da con _Manzanares_,
villa importante, que tiene algunas huertas en sus egidos, pero que
produce sinembargo ménos _manzanas_ que mendigos. Eran ya las diez de la
noche cuando llegamos, hambrientos y molidos, á la ilustre _Valdepeñas_,
ilustre por sus vinos populares, que no por otra cosa. Cualquiera podría
pensar que los 10,800 habitantes de ese _valle-de-peñas_ vivirían medio
achispados, tomando el gusto á sus pipas y haciendo de cada bodegon una
Cápua. Nada de eso en España los pueblos que beben ménos vino son los
que mas lo producen; su sobriedad es singular, y casi todos prefieren el
uso de aguas de mala calidad.

La mesa estaba servida en el parador de las diligencias, y hacia los
honores una hostelera de mal humor, término medio entre doña Dulcinea y
Maritornes, que nos abrumó con gallinas y perdices compuestas de todos
los modos imaginables, y los consabidos garbanzos cocidos, tan sólidos
como piedras de macadamizar. Allí bebí el peor vino de Valdepeñas que
encontrara en España, «En casa del herrero azada de palo». Con excepcion
de las grandes ciudades, donde en _algunos_ hoteles ó fondas se sirve
con gusto, España es un país donde la mesa es una cuestion de _cantidad_
mas bien que de _calidad_. Aquel es un pueblo sobrio y frugal, y
sinembargo el _gusto_ de los hosteleros consiste en aglomerar montones
de platos, sin orden ni discernimiento, como si solo se tratara de
_hartar_ al huésped ó viajero. De ahí resulta muchas veces el efecto
contrario, porque muchos platos no son sino _ediciones_ distintas del
primero que entra en la escena gastronómica.

No habíamos acabado de limpiarnos la boca cuando el implacable Mayoral
nos llamó á la diligencia. Era preciso hacer la digestion á saltos,
despues de haber comido en abreviatura bajo el régimen _gallináceo_
¡Imposible dormir en aquella cueva que se llama _berlina_, tieso como
estaca y sacudido atrozmente por el armatoste que, tiene por piloto al
Mayoral! Pasamos por _Santa-Cruz-de-Mudela_, poblacion de 5,500 almas,
silenciosa como una tumba, entre las sombras de la noche; y al tocar en
_Almuradiel_ (con unos 600 habitantes) comenzamos á trepar las
encrucijadas de la Sierra-Morena, donde por tanto tiempo tuvo sus
altares el dios _Caco_, entre desfiladeros horribles y formidables
peñascos de granito. Aquellos tiempos han pasado enteramente; el
salteador de estilo _heróico_ ha cerrado sus estudios en casi toda la
península española, y su herencia ha sido recogida en las ciudades por
hijos mas distinguidos y civilizados. Sierra-Morena está mas tranquila
que una iglesia cerrada, y los que ejercian su industria allí han sido
desbancados por Ministros de Estado, jugadores de Bolsa, contrabandistas
aristocráticos, canónigos vendedores de bulas, diputados y otros
personajes ilustres y de intachable honorabilidad, que persiguen con
rigor y energía el vicio, la vagancia, el delito...y el dinero.

Nada mas grandiosamente vago, romántico y solemne que la escena que se
ofrece á los ojos del viajero en el centro de Sierra-Morena, en el
silencio de la noche y sin luna. La diligencia rueda con estrépito por
calzadas construidas á pico á orillas de estupendos precipicios,
produciendo en los senos oscuros de las montañas mil ecos diferentes.
Los enormes cerros de granito, desnudos, abruptos, despedazados á veces,
entrelazados en laberinto, separados por abismos profundos y espantosos,
destacando acá y allá picos, y conos, y cúpulas y moles gigantescas,
cubiertos en partes de tristes matorrales, de blancas flores y de musgo
y helechos; las sombras y los claros que se proyectan, segun las
inflexiones del terreno; el frio de la noche; el ruido de los torrentes
en las profundidades; la soledad medrosa de aquellos parajes que parecen
guaridas de bandidos ó de fieras y aves de rapiña: todo eso le da á la
escena los mas sombríos caractéres y un interes extraordinario.

Al ver aquellas formidables barreras de granito se comprende la tenaz y
secular resistencia de las dos razas que lucharon durante ocho siglos,
apoyándose y defendiéndose una y otra con el poder de la naturaleza y
disputando el terreno palmo á palmo, en las gargantas estrechas de las
serranías. Así mismo, al observarlas se encuentra alguna excusa (aunque
sofística) al régimen de aislamiento que por tantos siglos ha
predominado en España.

La Mancha habia terminado, y en nuestra via habíamos tocado, despues de
Tembleque, con una poblacion total de 34,500 habitantes aglomerados en
siete localidades[3]. Ya habíamos pasado las horribles gargantas de
_Despeña-perros_(!!); el alba iba á empezar á difundir su vaga claridad.
Rendidos de sueño y de cansancio dormitábamos ya, en una especie de
pesadilla y de sopor, cuando se abrió el horizonte al mediodía. La
hermosa Andalucía, el país del amor y del arte, de la fecundidad y del
trabajo, comenzaba en las alturas de _Santa-Elena_.

       *       *       *       *       *


QUINTA PARTE.


LAS ANDALUCÍAS.

       *       *       *       *       *

CAPITULO I.

       *       *       *       *       *

JAEN Y GRANADA.


Panorama general.--Las colonias de Carlos III.--Baylen.--Jaen y sus
campiñas.--De Jaen á Granada.--Idea general de Granada.--Curiosidades de
la ciudad.

Habíamos andado hasta cerca de Santa-Elena, 210 kilómetros desde Madrid,
y nos faltaban 218 para completar los 428 de la distancia entre Granada
y Madrid. Pero ¡qué diferencia en el aspecto de las dos comarcas! Atras
quedaba la raza goda, la sociedad castellana, genúina representante da
la vieja España. Adelante, algunos bellos grupos originarios de la raza
germánica, y luego todo un pueblo profundamente modificado por la
infusion de la sangre árabe y las tradiciones de la actividad industrial
y del genio artístico de las grandes tribus orientales y africanas.

En _Santa-Elena_, pequeña poblacion moderna de unos 600 habitantes, las
montañas parecen abrirse para dar paso á la vida; el cielo es ya mas
bello, el aire mas delicioso, y la naturaleza sonrie. Apénas hace un
siglo que la Sierra-Morena era un desierto, una inmensa sucesion de
encrucijadas espantosas, sin ninguna señal de vida, de industria ni de
comercio. Cárlos III (el único rey liberal y positivamente bueno que ha
tenido España) resolvió hacer surgir la vida de en medio de aquellas
soledades, fundando en la Sierra colonias importantes de agricultores
vigorosos, para lo cual no solo se sirvió de los Españoles, sino que
hizo llevar inmigrados alemanes, muchos de ellos protestantes, propios
para dar saludables ejemplos y favorecer un fecundo cruzamiento de
razas. Es á esas medidas que se debe la existencia de siete nuevas
poblaciones en la Sierra-Morena.

_Almuradiel_, situada al lado setentrional, es la primera. Las otras
seis, correspondientes á la alta Andalucía (provincia de Jaen) son:
_Santa-Elena_, las _Navas-de-Tolosa_ (célebre por la batalla que en 1212
ganó allí el rey Alfonso VIII contra el rey moro Aben-Mahomed), la
_Carolina_ (que recibió su nombre de Cárlos III), _Carboneros_,
_Aldea-del-Rio_ y _Guarroman_. La poblacion total de las seis colonias
andaluzas asciende á 7,400 individuos, de los cuales 4,728 corresponden
á Carolina. Nada mas interesante que el contraste de esas poblaciones y
sus campos vecinos, con el aspecto del país que la vista registra en
todas direcciones. El espectáculo es hermoso y suministra la prueba del
poder del hombre para crear la riqueza, aún en medio de una naturaleza
ingrata, cuando se tiene voluntad para luchar y vencer los obstáculos.

A derecha é izquierda los ojos no descubren sino cerros desnudos y
tristes, contrafuertes formidables de la Sierra, destrozados, revueltos,
tajados en sus inmensas moles graníticas, ó multiplicándose en
laberintos de rígidas colinas y laderas. El panorama parece casi todo un
océano de arrecifes, negros, pardos, grises, y a veces rojizos, como si
antiquísimas conmociones volcánicas los hubiesen desparramado entre
abismos. Al frente, á mas de 240 kilómetros de distancia, se ve la
grandiosa Sierra-Nevada, corriendo de oriente á poniente, semejante en
todo (ménos en sus nieves blanquísimas) á la Morena; y se alcanza á
columbrar vagamente el sitio en que demora la morisca ciudad de Jaen,
recostada al pié de uno de los prolongados contrafuertes de la estupenda
y escarpada barrera. En el fondo se ve una vasta extension de terreno
desigual surcado por el turbio _Guadalquivir_, donde alternan las
colinas multiformes, las pequeñas planicies, los planos inclinados, las
angostas llanuras entrecortadas por barrancos y los risueños vallecitos
que forma el rio en sus vueltas y revueltas caprichosas, descendiendo
por un cauce profundo y arcilloso, entre grandes y tajadas rocas
graníticas en varios trechos.

Por último, si se mira mas cerca, retirando la vista de la faja tortuosa
del Guadalquivir (á cuyas márgenes demoran Ubeda, Baeza y Andújar), se
registra una serie de planos inclinados, colinas y fértiles cañadas de
lujosa vegetacion y esmeradísimo cultivo, por donde gira la carretera en
busca de _Baylen_. Por todas partes graciosos cortijos con vastas
arboledas que orillan el camino ó deslindan las heredades; corrientes
cristalinas y bulliciosas que parecen dejar con alegría las asperezas de
la Sierra para ir de salto en salto á llevarle al Guadalquivir sus
murmurios y sus perlas líquidas; extensos viñedos sobre las mas desnudas
colinas y los cerros; innumerables plantaciones de hortalizas, cereales
y semillas; considerables extensiones pobladas de hileras simétricas de
olivos; árboles frutales á la vera de la ruta y en los alegres huertos;
aquí un molino de olivas, allá unas vacas paciendo en el barbecho, cerca
de la casita pintoresca; grupos de labradores sencillos y contentos,
trabajando juntos hombres y mujeres, ancianos y niños; en todas partes
verdura, aguas saltadoras, flores, un sol vivificante, sombras
deliciosas, trabajo, actividad, robustez, vida, alegría y bienestar.

El viajero desciende con placer por aquellos planos inclinados,
saludando á la Andalucía como una tierra de amor y prosperidad; y aunque
se echa de ver que hay mucho aún que mejorar ó hacer, y que aquellas
poblaciones están apénas en la infancia, se les perdona todo defecto en
gracia de las cualidades que revelan. Cuando las razas han cumplido su
mision, en sus épocas respectivas, segun la medida de su temple y su
índole, necesitan, para no deteriorarse, de cruzamientos que las
rejuvenezcan y les impriman nuevo aliento. La grande obra de la raza
española en la civilizacion fué la conquista del Nuevo Mundo. Cumplida
esa grandiosa y trascendental epopeya, el pueblo español ha debido
buscar su fuerza y sus elementos de actividad en alianzas con otras
familias de la humanidad, so pena de descender. Esta verdad se revela en
España así en lo grande como en lo pequeño. Donde quiera que hay mezcla
de razas,--en Cataluña, en Andalucía y las provincias vascongadas,--se
ve la fuerza, la actividad, la vida; así como la debilidad y el
estancamiento se manifiestan en las Castillas, Galicia y las Asturias,
donde la raza se ha mantenido casi totalmente pura.

En las poblaciones de la Sierra-Morena hice, en pequeño, la misma
observacion. Allí la sangre alemana se ha mezclado con la
hispano-arábiga, resultando un conjunto de familias robustas,
inteligentes, laboriosas, pacíficas y de hermoso tipo. Yo me complacia
en mirar, de paso, los graciosos grupos de chiquillos, vestidos con
bastante aseo, rosados, rubios, ligeros, saltando como pajarillos al
derredor de la diligencia, en las calles principales de _Carolina_ y las
demas poblaciones, ofreciéndonos á los viajeros flores y frutas; en
tanto que las abuelas y mamás, sentadas á las puertas de sus casas, nos
miraban con una curiosidad benévola, sin suspender por eso las labores
de mano ó el movimiento del huso infatigable. Allí no nos pidieron
limosna, no obstante que en Andalucía, por causas que luego indicaré,
hay también en las ciudades y villas gran número de mendigos.

Fuera ya de los contrafuertes de la Sierra y casi en el fondo del valle
onduloso del Guadalquivir, demora la antigua villa de _Baylen,_ sobre un
plano inclinado, rodeada de altas colinas y en medio de vastos olivares
que constituyen allí la principal riqueza. Baylen es un poblachon feo,
desigual, sucio, de calles tortuosas (tipo español antiguo _legítimo,_
pues data nada ménos que del año 729), con una poblacion de poco mas de
8,000 almas, algunas fábricas de objetos muy secundarios, una fuerte
produccion de aceite (muy mal preparado, como casi todo el de España) y
numerosos telares de lienzos comunes. Allí se almuerza mal, se come
peor, el vino es malejo, y se desea seguir la marcha apriesa.

Muy cerca de la villa se extiende el campo desigual donde tuvieron lugar
el 16 y 19 de julio de 1808 el combate y la famosa batalla de «Baylen»,
que fueron las bases de la independencia española en la lucha contra
Napoleón. Si se tienen en cuenta la mediana capacidad militar del
General Castaños, vencedor allí, la mala calidad de sus tropas, la
enorme superioridad de las francesas, por su número, calidad y posicion
en el campo de batalla, y las aptitudes del mariscal Dupont, que las
mandaba, se hallará que acaso no ha carecido de fundamento la opinion de
que la pérdida completa del ejército frances se debió á la traicion.
Allí quedaron 40,000 franceses vencidos casi sin combatir: 3,000
muertos, 20,000 prisioneros, entre ellos siete generales, muchos miles
dispersos, 45 cañones y todos los pertrechos en poder de Castaños.

Mis dos compañeros, como leales franceses, suspiraban al atravesar el
campo de Baylen.

--No crea U.,--me decian ámbos con noble sinceridad,--que nos hace
suspirar el recuerdo de la derrota; no. Es que _Baylen_ no es para
nosotros sino una página vergonzosa de la historia de Francia, manchada
por una guerra inícua, de perfidia y usurpacion, empeñada contra un
pueblo hermano, á despecho de la nacion francesa.

--Entónces no hay por qué recordar el suceso con pesar. Esa iniquidad no
puede gravar la conciencia de la Francia revolucionaria; ella pesa sobre
la memoria del déspota que, nacido de la revolucion, le volvió la
espalda y oprimió al mundo con el peso de su espada.

--Es verdad,--me contestó Mr. B....,--pero la historia es la historia, y
el vulgo confunde frecuentemente la obra de los déspotas con la de los
pueblos.

Pasamos en breve el Guadalquivir, profundo, lento y silencioso, por un
bello puente colgante echado sobre colosales rocas; tocamos, á unos 16
kilómetros de Baylen, en el pueblo de _Menjibar_, situado en terreno
fértil y con unos 1,600 habitantes; y atravesando campos rugosos y
bastante cultivados generalmente, dimos, á unos 36 kilómetros adelante,
con la curiosa ciudad de _Jaen_, de situacion pintoresca, dominada por
un alto cerro sobre cuya cima se ostenta un viejo castillo, formidable
un tiempo y hoy felizmente arruinado, así como las murallas y demas
fortalezas que circuyen la poblacion.

Jaen, ciudad de tercer órden en España, por sus proporciones, cuenta
21,520 habitantes, generalmente pobres, no obstante la aptitud del país
para una multitud de producciones importantes, como vinos, aceite,
granos y materias minerales. Todo aquel pais, esencialmente montañoso,
aunque desnudo de vegetacion espontánea, abunda en inmensos depósitos de
fierro, plomo, plata, mercurio, carbon de piedra, mármoles superiores,
etc., que entran en la composicion mineralógica de las dos Sierras que
surcan las Andalucías. Y sinembargo, la minería está apénas comenzando á
ser una verdadera industria, la agricultura no avanza y los habitadores
de Jaen son muy pobres. Todo depende de la falta de comunicaciones, pues
con excepcion de la carretera general no hay sino malísimos caminos y
veredas casi impracticables para un comercio regular. España es un país
prodigiosamente rico por sus elementos; pero la riqueza indígena sin el
_cambio_ nada vale.

Me es imposible describir á Jaen, porque apénas logramos allí veinte
minutos de descanso. El viajero que quiere detenerse en un punto
intermedio, se expone á no seguir su viaje en muchos dias, porque los
asientos de las diligencias son tomados en las ciudades que sirven de
puntos de partida. La estructura general de Jaen, antigua residencia de
un virey ó reyezuelo moro, es esencialmente morisca, como debe
suponerse. Por todas partes calles estrechas y tortuosas empedradas con
grandes guijarros de rio, un terreno desigual, fuentes abundantes
(porque los Moros amaban mucho el agua), casas con azoteas y miradores,
galerías de arquitos en forma de herradura, ó con troneras muy
reducidas, y extrañas y caprichosas construcciones. La catedral de Jaen
es afamada por algunos preciosos pormenores, pero su conjunto exterior
carece de carácter, lo que la hace mas curiosa, revelando la sucesion de
varios estilos. La base fué la gran mezquita, y como encima le
aglomeraron obras góticas y del Renacimiento, resultó una jerigonza de
arquitectura, original y especialísima en la España moruna.

Sigue el camino su curso hácia Granada por el fondo de un angosto y
encantador vallecito, formado por el riachuelo llamado _rio-de-Jaen_,
afluente del Guadalquivir, como todas las corrientes que median entre
Sierra-Morena y Sierra-Nevada. En medio de aquel laberinto de lomas y de
cerros desnudos y escarpados, donde alternan las formaciones graníticas
formidables con los estratos calizos, las capas esquistosas
trastornadas, los bancos de arenisca y los barrancos volcánicos, que
parecen de hierro occidado, el valle tiene un encanto singular, por los
rumores del riachuelo, los alegres huertos que lo matizan, los grupos
elegantes de álamos blancos, los pequeños viñedos que á veces se ven
como descolgando sus sarmientos sobre las barrancas, los dispersos
olivos y otros árboles frutales, los islotes de corta duracion que se
producen en el variable cauce, y los pequeños grupos de cabras que
ramonean saltando sobre las laderas ásperas que dominan el paisaje.

Después de pasar por algunas _ventas_ medio desiertas, que sirven para
relevar los tiros, dimos á unos 36 kilómetros de Jaen con el pueblo
llamado _Campillo-de-Arenas_, de 1,900 habitantes, situado en una
pequeña planicie, de la cual y las colinas vecinas se saca algun partido
para la produccion general de Andalucía, que consiste en vinos, aceite,
frutas y granos principalmente. Varios cortijos y ventas se suceden
luego, completándose en el tránsito desde el centro de Sierra-Morena
hasta Granada, sobre la ruta, un total de mas de 40,650 habitantes, casi
todos pertenecientes á la provincia de Jaen. La noche habia llegado,
enteramente oscura, y eran las doce cuando hacíamos pié en la calle
principal de Granada.

Las ocho provincias de raza hispano-arábiga (Almería, Cádiz, Córdoba,
Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla), que componen propiamente la
vasta y montuosa región de las Andalucías, comprendida entre la
Sierra-Morena, el Mediterráneo y el Atlántico,--tienen una poblacion
total de 2.921.102 habitantes, los mas industriosos de España (en su
masa general) después de los Catalanes. Las capitales de esas ocho
provincias reúnen 446.342 vecinos (la sexta y media parte de la
población andaluza),--y en esa cifra corresponden á la ciudad de Granada
68.743 individuos. Si hubiera de hacerse un estudio comparativo y
minucioso de la manera en que la población se ha distribuido en España,
se obtendría mas de una enseñanza interesante.

Prescindiendo de Cataluña, país tan excepcional, se ve, por ejemplo, una
profunda diferencia en la fisonomía y las condiciones estadísticas de
dos grandes regiones que se tocan: las Andalucías, y la Nueva Castilla
con Estremadura. Geográficamente, la primera de esas divisiones es
bastante inferior á la otra; topográficamente, las Andalucías, apesar de
la ventaja comercial de sus costas marítimas, tienen una gran desventaja
respecto de Nueva Castilla y Estremadura. En esta región el suelo es
mucho mas igual, espontáneo, asombrosamente fértil y propio para
variadas y muy valiosas producciones. En las Andalucías, con excepción
de las llanuras de Sevilla y la _Vega_ de Granada, los valles son muy
reducidos en lo general, el terreno es donde quiera desigual, rocalloso,
surcado por laberintos de cerros, de grandes serranías, de colinas
bruscas y profundas ramblas. Así, la parte habitable y explotable de las
Andalucías es muy reducida en comparación á su extensión geográfica.

Y sinembargo, donde quiera que puede crecer alguna planta, que puede
sostenerse una producción cualquiera, se la ve aparecer en Andalucía,
aprovechando hasta los mas pequeños vallecitos ó las mas limitadas
planicies. Y como el terreno está entrecortado prodigiosamente por las
innumerables inflexiones orográficas, se ha producido un raro fenómeno:
la vida aparece en todos los intersticios explotables del pais, pero
condenada por la naturaleza, temporalmente, al aislamiento. En las
vastas planicies de la Estremadura, la Mancha y el alto Tajo, la
naturaleza ha permitido la acumulacion y comunicacion fácil de grandes
masas sociales, asi como la _continuidad_ del cultivo en muy extensa
escala. Y con todo, las regiones altas no pueden sostener la comparacion
social y económica con las Andalucías, apesar de ciertas ventajas
provenientes de los centros políticos y religiosos (Madrid y Toledo) y
otras que no son despreciables.

¿En qué consiste la gran superioridad _efectiva_, de las Andalucías? ¿Es
por la mayor fertilidad?--No. ¿Es por la mayor extensión de terreno
explotable?--Menos. ¿Es por virtud de las comunicaciones
marítimas?--Ellas solo favorecen directamente á los pueblos de las
costas. ¿Es por la infusión de la sangre africana en la raza primitiva
de España?--¿Es porque las instituciones de la feudalidad, del
absolutismo posterior y del catolicismo romano no pudieron implantarse
en las Andalucías tan hondamente como en las Castillas?--Sin pretender
dar la solución, no puedo menos que reconocer la energía del contraste y
el interés que esos fenómenos tienen para el estadista. Por mi parte
diré que la observacion rápida de esos contrastes me ha confirmado, mas
que la lectura de muchos libros, en mi creencia liberal.

Granada misma, comparada con la Granada histórica moruna, es un
testimonio elocuente en favor de la doctrina de la justicia, la
tolerancia y el progreso. Situada hacia el lado setentrional del valle
primoroso que riega el Jenil, al pié de dos altas colinas; estribos de
la serranía que divide el Darro, que corre por un lecho profundo,
Granada tiene una de las posiciones mas pintorescas, mas encantadoras
que el gusto oriental haya podido escoger en Andalucía para asiento de
una capital.

Casi en el vértice que forma la Sierra-Nevada al sudeste de Granada,
nace el lindo _Jenil_, cuyas ondas escasas y anchas vegas han inspirado
á tantos poetas; recorre la llanura ó afamada _Veya_, que tiene como 40
kilómetros de circunferencia, y recoge las aguas que bajan de la sierra
en el _Dilao_, el _Monachi_, el _Alfacas_, el _Darro_ y otros
riachuelos que fecundan el pais. La Sierra forma al este y sur una
especie de semicírculo, desprendiendo un ramal de cerros y colinas en
cuya base está reclinada la rara cuanto poética Granada entre dos
cordones de alturas separados por el Darro. El uno ostenta sobre sus
lomas superpuestas la _Alhambra_ y el _Jeneralife_; el otro, el mas
occidental, le hace frente en línea paralela y da asiento sucesivamente
á las capillas y el seminario del _Monte Santo_ y al extraño barrio del
_Albaicin_, poblado por familias de Gitanos. Del pié de la Alhambra y el
Albaicin se extiende la ciudad sobre las dos márgenes del Darro y la
derecha del Jenil, descendiendo en plano inclinado hacia la Vega.

Nada mas extraño que la fisonomía de esa ciudad, simultáneamente gótica,
árabe y gitana,--artista y fabricante,--religiosa y voluptuosa,--rica y
harapienta,--llena de jardines y de miserias,-bella y horrible,--animada
y cadavérica,--esperanza y escombro al mismo tiempo. Allí todo es
contrastes,--conjunto de los tipos mas diversos,--rasgos de la mas
compleja fisonomía social que--puede hallarse. Si se ven algunas calles
y alamedas espaciosas y alegres, la gran masa de la ciudad está cortada
por callejuelas sucias, tortuosas, oscuras, empedradas con guijarros,
estrechísimas, complicadas en laberinto, completamente moriscas. Si se
oye al pasar el martilleo de los talleres ó el ruido de los telares ó
pequeñas fábricas de distintos objetos, se siente también á cada paso el
clamoreo de las bandas de mendigos harapientos y escuálidos.--Si se
admiran las maravillas del arte divino, se siente una profunda tristeza
al sondear la prostitucion que mina á algunas clases.--Si se contemplan
con recogimiento las iglesias católicas, llenas de pompa y majestad, se
admiran los mil detalles de los palacios de la voluptuosidad
oriental.--Si se aprecia el tipo franco, hermoso y despierto del andaluz
de la mejor raza, se lee toda una historia de miserias y delitos, de
persecuciones y dolores profundos. En la figura bronceada, en el ojo
magnífico y salvaje, en la sonrisa orgullosa pero triste del Gitano....

Con decir que Granada es la síntesis de la historia y la sociedad
hispano-arábiga, se indica lo que es en su estructura material esa
ciudad. Muchos pormenores preciosos, en el orden de las dos
civilizaciones; un conjunto extraño, feo pero muy interesante,
contradictorio y triste; y todo encuadrado en un marco admirable de
hermosuras naturales. Un teatro, numerosos _cuarteles_, algunos
institutos de instrucción, beneficencia y culto, industrias medianas,
juego, prostitución,--de todo y para todo; tal es el tipo que ofrece la
masa general. En eso no hay en Granada cosa que llame la atención. Su
interés está en los pormenores, y bajo este aspecto Granada es la mas
curiosa de las capitales de España,--mas que Toledo y Sevilla mismas que
son tan interesantes. Así, para adquirir una idea completa de las cosas,
como artista, seria preciso residir meses enteros en Granada.

Cuando se deja el laberinto de las sucias callejuelas, ó se desciende
del triste barrio del Albaicin, ó se abandonan los cafés públicos (mal
servidos pero siempre llenos de gente), ó los hoteles ó fondas (donde el
huésped sufre hambres por la imposibilidad de acomodarse con detestables
alimentos), el forastero puede encontrar compensaciones en los paseos
públicos llamados los _salones_. Si el mal gusto se manifiesta en las
fuentes que adornan el principal, la pompa y el esplendor de aquella
inmensa bóveda de verdura son incomparables. Un vasto salón al aire
libre, de mas de 300 metros de longitud y unos 40 de anchura, se
extiende al extremo de la calle principal entre ella y el Jenily el
Darro. No he visto jamas una basílica de verdura comparable á esa. El
sol no puede penetrarla con sus rayos, y al pasearse uno por allí,
embriagado por mil perfumes, entre las filas de colosales olmos y otros
árboles, cuyos troncos son las columnas de la mas suntuosa bóveda,--y
codeándose con los grupos de hombres y mujeres en cuyas fisonomías se ve
la expresión del árabe,--no puede menos que evocar todos los recuerdos
de la historia de Granada.

Aquellas mujeres de mirada ardiente y sonrisa seductora; aquellos
vestidos, pintorescos unos, otros ampulosos y atrevidos; aquellas capas
flotantes, que acompañan infaliblemente en sus horas de pereza al
Español; los ecos lejanos de instrumentos que convidan al placer; los
vastos jardines que se extienden allí hacia el Jenil, cuajados de
jazmines, granados, rosas y claveles, cuyos aromas embriagan
positivamente; las brisas tibias que alegran el corazon, y varios
incidentes que llaman la atención en las costumbres: todo parece dar la
idea de los amores ardientes, de las pasiones vigorosas, del abandono y
la voluptuosidad del oriental. Pero llega la noche, y á las nueve no mas
aquella ciudad que se movía, que incitaba á las fuertes emociones,
parece como dormida. A esa hora el silencio es casi completo, y el
viajero que vaga en las calles solitarias se cree como errante en un
vasto cementerio. ¿Qué hacen las gentes á esa hora?--¿Trabajan en sus
casas ó talleres, ó venden en sus tiendas, ó rezan?... No sé si hacen
casas muy malas ó muy buenas; lo que sé es que vegetan.

Entre los objetos públicos que llaman la atencion en el centro de la
ciudad, merecen mencion (aparte de la catedral, de que luego hablaré) no
solo algunas iglesias curiosas y algunos edificios antiguos de formas
singulares, sino tambien: el teatro, el museo y el _Sacatin_. No hay
para qué asegurar que Granada tiene sus inevitables circos españoles: el
de los _toros_ y el de los _gallos_. El teatro, aunque sin lujo ninguno,
es muy bonito, pero generalmente mal servido, como casi todos los
teatros de España, en lo que toca al drama y la comedia. En Granada,
como en todas las ciudades de España, observé una notable vulgaridad en
la gran mayoría de los actores. El torero--ese _artista_ de la
muerte--es donde quiera elegante, bello, magnífico en su clase. El
_actor_, con raras excepciones, es plebeyo, bufon con brutalidad, y no
sabe interpretar las nobles inspiraciones del poeta.

En el teatro de Granada (obra que se debe al general frances Sebastiani,
que gobernó el país por cuenta y riesgo de Napoleon) vi ejecutar
operetas y bailes de estilo frances que me parecieron soberanamente
ridículos. El francesismo exagerado no produce en España sino
caricaturas. No he visto en materia de coreografía nada tan gracioso
como una española bailando el _bolero_, la jote ó la _cachucha_; pero
tampoco he visto nada tan ridículo (en _todas_ las ciudades españolas)
como esas salerosas peninsulares haciendo las evoluciones inventadas
(para desgracia del arte) por las bailarinas parisienses. El cuerpo
rollizo, vigoroso y torneado de la española no se presta á las aéreas
fantasías (casi de puro espectáculo) de la bailarina francesa, que
necesita de inventar mil fascinaciones y figuras para disimular su
flacura y fealdad y ostentar al mismo tiempo su agilidad y su gracia de
gesto y movimientos.

El museo de Granada contiene, entre muchas cosas insignificantes, varias
preciosidades de la época de los Moros, y algunas obras de pintura muy
superiores. En lo general la Andalucía es un país muy rico en tesoros de
esa clase, y despues del admirable museo de Madrid en ninguna parte de
España se pueden hallar tan bellos cuadros como en Granada, Sevilla y
otras ciudades andaluzas. ¡Qué de tesoros de Murillo y Ribera, de Cano,
Palomino, Zurbarán, Herrera y muchos otros maestros, dispersos en todo
ese país del amor voluptuoso y del arte delicado!

Una cosa notable en Granada: en la plaza llamada del _Campillo_,
dominada por el teatro, se ostenta un monumento consagrado á la memoria
del Talma español,--el ilustre Isidoro Máiquez, hijo de Granada, como el
triple artista Alonso Cano y el poeta dramático Lope de Rueda. Pero ese
monumento no ha sido elevado por la España, sino por tres artistas,
herederos en parte del genio de Máiquez: los dos Romea y Doña Matilde
Diez.

El _Sacatin_, que he mencionado, es un curiosísimo edificio moruno que
le da su nombre á un barrio donde tiene su residencia el comercio.
Compónese de un conjunto de construcciones homogéneas, ligadas entre sí,
de modo que forman una sola manzana, pero divididas por callejuelitas
iguales ó pasadizos, que se cortan en ángulos rectos, formando una
especie de red de líneas regulares. Por todas partes el _Sacatin_
presenta filas de tiendas y almacenes, en dos órdenes ó pisos
paralelamente, y es allí donde se acumula no solo todo lo que figura en
los cambios ordinarios del comercio, en materia de géneros, mercería y
quincallería, sino tambien una multitud de objetos de arte y productos
de los talleres y fábricas nacionales. El _Sacatin_, pues, no solo da la
muestra de la industria local y la medida del comercio, sino que
interesa mucho por su colorido local, su tipo moruno y las costumbres
que allí se revelan. En el fondo de esos pasajes, llenos de labores y
arabescos, de columnitas de jaspe y curiosidades, es donde son mas
pintorescos los grupos populares, y donde la granadina, de ojos negros,
vivos y picantes, ejercita con mas arte sus provocaciones para con el
extranjero y sus pequeñas astucias de mercader.

Dicen los cronistas que hasta la época del último rey moro Granada tenia
hasta 400,000 habitantes, con mas de 16 kilómetros de circunferencia, y
que estaba completamente circuida de murallas, y estas contaban hasta
mas de mil torres para su defensa. Puede que haya bastante exageracion
en esas cifras; pero á juzgar por las proporciones actuales de Granada,
donde centenares de casas están desiertas y se encuentran ruinas por
todas partes, no hay duda de que la poblacion existente es sumamente
inferior á la que puede caber. Hoy no quedan de ese millar de torres (si
lo hubo) mas que señales, con algunas fortalezas en escombros, algunos
torreones aislados é inútiles, y vestigios muy diminutos de las murallas
que circundaban la famosa capital del imperio morisco. Poco y casi nada
le queda al presente, de tantas glorias y de tanta opulencia. Solo la
historia es rica, por los tesoros del pasado. El fanatismo religioso, la
incuria de los gobiernos y los pueblos, las malas instituciones y el
tiempo han destruido mil primores y grandes cosas que el genio oriental
habia atesorado en la preciosa Granada.


       *       *       *       *       *

CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.


La Alhambra.--La vega de Granada.--El Jeneralife.--La Catedral.--La
Cartuja.--El Albaicin.--Los Gitanos en Granada.

Subamos á las fortalezas de la Alhambra y los jardines y retretes
desiertos del Jeneralife. Pero antes, que el lector me permita, una vez
por todas, una advertencia.

Como _viajero_, he buscado en España y otros paises de Europa todas las
impresiones, todos los objetos que pudieran darme simultáneamente goces
morales profundos y la idea general del estado de la civilización en
cada pueblo. Pero como _narrador_ de viajes, me es imposible describir
todo lo que me ha impresionado: 1º porque soy incompetente para los
trabajos técnicos (los de ciencias físicas y bellas artes); 2º porque la
tendencia principal de mis estudios se refiere á la condicion _social_
de las grandes masas mas que á sus especialidades etnológicas y
artísticas.

Que no se me pidan, pues, descripciones minuciosas de monumentos y
curiosidades, que pueden hallarse en los libros _ad hoc_ escritos por
artistas-literatos, como Teófilo Gautier y otros. No me es dado ofrecer
sino _impresiones_, ni quiero emitir sino reflexiones _propias_, sean ó
no equivocadas. No he podido estudiar la _Alhambra_ ni otros monumentos
como artista, sino bajo su punto de vista social, único que puede estar
á mi alcance.

Subiendo la alta colina de la izquierda del _Darro_, por entre
callejuelas estrechas, sucias, caprichosas y casi arruinadas, habíamos
llegado al pié de la gran puerta monumental que da entrada á la
ciudadela ó vastísima fortaleza de la _Alhambra_. En todo el derredor
una falda muy pendiente separa la planicie de la colina de las
profundidades del Darro y los altos barrios de la ciudad. Despues, como
un inmenso cinturon de piedra, arrancan del seno circular de la falda
los enormes torreones y los estupendos muros que aislan la planicie,
presentándola sobre el horizonte de Granada como una corona de rocas y
verdura que se destaca en el aire. A la derecha de la puerta principal
se levantan las masas enormes de la _Alcazaba_ y la torre de la _Vela_:
á la izquierda las torres _Bermejas_ casi arruinadas. Média entre los
dos lados un vastísimo espacio, un abismo como de 60 metros, que en
tiempo de los Moros estuvo salvado por un puente colosal, suspendido en
el aire y que tenia sus estribos ó extremidades en la Alcazaba y las
Bermejas! Aquello debió ser prodigioso....

Entramos, y todo un mundo de pompa y armonías, y memorias solemnes, y
ruinas y animacion de la naturaleza, se ofreció á nuestros ojos. Yo no
tenia idea, excepto en las grandes selvas colombianas, de un lujo de
vegetacion semejante. Desde la puerta hácia el interior, en una
extension de varias centenas de metros, se prolonga un bosque de árboles
seculares y suntuosos, bajo cuyo follaje la sombra es absoluta. Ese
bosque está dividido en muchas calles magníficamente macadamizadas, á
cuyos lados corren y saltan arroyos cristalinos que forman una música
deliciosa. Ni un rayo del sol penetra bajo aquellas cúpulas sagradas
donde vaga el genio de toda una raza, de toda una civilización
extinguida.... A la derecha, entre pabellones de yedra y tupidos
arbustos y colosales olmos, se destacan las murallas y los torreones de
la línea interior de fortificaciones que separaba la Alhambra
propiamente dicha de los vastos jardines de la ciudadela. A la izquierda
se extienden algunas quintas (entre ellas la muy famosa de un rico
banquero, Sr. Calderon), rodeadas de _cármenes_ ó huertos y jardines,
donde se ostenta cuanto hay de mas delicado y bello, de mas aromático y
voluptuoso en la vegetacion andaluza. Aquel paraíso de perfumes, de
sombras, de verdura y armonías está habitado por centenares de
ruiseñores que silban dulcemente al acercarse la noche. Se quisiera
vivir allí largos años, en un incesante recogimiento de amor, de
contemplacion y poesía....

Se pasa bajo el pórtico de la fortaleza, dejando el bosque poblado de
misteriosas armonías, y el viajero se encuentra en el extenso patio de
los _Aljibes_. En el centro las cisternas cuya cavidad subterránea es
inmensa: al sur la _Alcazaba_, la torre y plataformas de las
_Prisiones_, y en avanzada la altísima torre de la _Vela_; al norte el
_Palacio de verano_ á la derecha, una ancha calle á la izquierda, que
conduce al poblado ó ciudadela, y en el centro el palacio de _Cárlos V_,
ruina colosal y noble que occupa una pequeña parte del sitio que
cubriera el _Palacio de invierno_ de los reyes moros. Donde quiera
escombros gigantescos, desolacion y tristeza;--el esqueleto colosal del
prodigio militar y artístico de una civilización....

Al subir por entre rotos muros las empolvadas escaleras del sombrío
edificio de las _Prisiones_, resuenan los pasos del extranjero en el
seno de la mole granítica y de ladrillo durísimo, produciendo ecos
recónditos que parecen los lamentos de las víctimas un tiempo
amontonadas bajo aquellas bóvedas tremendas. Cuando se sale á la vasta
plataforma de aquel sepulcro inmenso, y se respira el aire libre bajo el
cielo poético de Granada, se siente como una especie de resurreccion.
Subimos á la torre de la _Vela_, impacientes por abarcar el asombroso
horizonte que se contempla desde allí. Fué en esa altura estupenda donde
tremoló por primera vez el estandarte de los reyes católicos, el 2 de
enero de 1492, para anunciar á todos los habitantes de la Vega que el
reinado de Boabdil habia terminado.

Renuncio á la pretension de revelar las hondas emociones que me
dominaron durante la contemplacion de aquel espectáculo admirable. Miré
en derredor, dí un grito de supremo placer, me así del borde del
altísimo bastion para no caer, porque un vértigo me arrebataba, y mudo,
tembloroso, sin aliento, sentí una lágrima que se me escapaba como el
mas puro homenaje.... Es que estaba mirando la imágen de mi _Patria_!

En efecto, habida consideracion á las distancias y proporciones y á los
pormenores característicos, nada hay que ofrezca tan rara semejanza en
el conjunto como la Vega de Granada con sus serranías, vistas desde la
Alhambra, y la llanura de Bogotá, circundada de cerros, contemplada
desde las alturas de "Monserrate." Razon tuvo el conquistador de mi
patria para llamarla _Nueva Granada_, y aún darle á su capital el nombre
de _Santafé_, en recuerdo de la villa de los reyes católicos (que se
alcanza á ver desde la Alhambra) donde nació el atrevido Gonzalo Jiménez
de Quesada.

El panorama que se registra con la mirada desde la torre de la _Vela_ es
superior á cuanta hermosura puede imaginarse. Al pié se extiende la
ciudad de Granada, descendiendo en plano inclinado, hácia la llanura,
llena de caprichos, de interesantísimos detalles, de arboledas
magníficas á trechos, de torres y monumentos de variadas formas;
acariciada por el Jenil de un lado; cortada por el Barro del otro, y
rodeada de una inmensa cintura de _cármenes_ (huertos, jardines y casas
de campo) donde se ostenta la mas lujosa vegetacion. A la derecha se
levanta el estribo de serranía donde se admiran las bellezas del
_Monte-Santo_ y el barrio de Albaicin, arrabal subterráneo donde vive
bajo las rocas, en la miseria y el abatimiento, la raza misteriosa de
los Gitanos; y en el fondo del abre que separa ese cerro del de la
Alhambra y el Jeneralife, desciende por entre jardines, molinos y
bosques de frutales el Barro caprichoso, tan presto arroyo miserable
como torrente caudaloso.

Después, en el fondo del panorama, la _Vega_ primorosa,--donde un tiempo
ostentaran en las justas su brío, su galantería y sus odios y ambiciones
los _Abencerrajes y Zegries_, y donde probara una raza intelligente los
prodigios del trabajo en el arte de la agricultura y en la ingeniosa
actividad de la fabricacion. La Vega de Granada es literalmente un mar
de verdura, en cuyo fondo resaltan numerosas poblaciones, alcanzándose á
distinguir entre otras _Santafé_, las dos _Gávias, Churriana, Almilla y
Alendin_. Los grupos de esas poblaciones hacen un juego muy gracioso con
las arboledas en fila que indican el curso de los caminos y riachuelos y
el deslinde de las heredades, con las plantaciones de cereales, de
moreras, naranjos, avellanos, limoneros, granados, olivos, almendros y
otros muchos frutales, y con las mil casas campestres y los primorosos
cármenes del paraíso granadino.

Por último, todo ese paisaje esplendente se ve encuadrado por las
montañas de la Sierra-Nevada, donde en la cima de los anfiteatros de
colinas y planos inclinados, y sobre inmensos pedestales abruptos de
granito y mármol se destaca, como el lomo fulgurante de un mar de plata,
el cordon de eminencias coronadas de nieve perpetua, que parece estar
enviándole á la Europa los reflejos del sol abrasador de África.... En
uno de esos anfiteatros de cerros se nota el del _Suspiro del Moro_,
desde cuya cima dicen que el vencido Boabdil lanzó la última mirada y el
postrer adiós á la gentil Granada, ya conquistada por las huestes de
Isabel y Fernando....

Descendimos de la torre de la Vela para entrar al santuario del arte
voluptuoso de los orientales, haciendo el mas raro contraste con el
palacio de _Cárlos V._ ¡Qué de páginas de civilizaciones distintas,
trazadas con piedra sobre una misma colina! En las torres _Bermejas_ y
de la _Vela_, la arquitectura fenicia y la romana; en la _Alcazaba_, la
arquitectura árabe del segundo período; en la Alhambra (_Palacio de
verano_) el estilo florido y refinado del tercer período; y en el
palacio arruinado de _Cárlos V_ la arquitectura clásica del
Renacimiento. Asi, en solo un espacio reducido, cuántas razas y
civilizaciones distintas tienen su representacion!

Se adivina la estupenda grandiosidad que debió tener la parte mas
importante de la Alhambra (el palacio de _invierno_)con solo saber que
el vasto edificio llamado hoy «palacio de Cárlos V» apénas ocupa como
una cuarta parte del lugar que estuviera cubierto por el edificio
principal de la Alhambra, que fué destruido por la orgullosa vanidad del
rey emperador. Hoy el edificio no tiene mas que sus muros y fachadas
magníficas, sus arcadas interiores y los elementos del suntuoso palacio.
Su forma exterior es cuadrada, pero en el interior es perfectamente
circular, como si se hubiese querido establecer allí un circo romano.
Aquella espléndida ruina llama mucho la atencion, pero no interesa como
el palacio de _verano_, porque el viajero llega solo preocupado con lo
que tiene el carácter de morisco ú oriental.

La primera impresion que se siente al penetrar en el famoso recinto es
de _desilusion_. Se han ponderado tanto las maravillas de la Alhambra y
su grandiosidad, que al visitarla se la encuentra muy inferior á las
descripciones hechas por los viajeros entusiastas. Desde luego, la
maravilla de hoy no es mas que un _detalle_ de lo que fué la residencia
de los reyes de Granada y su corte; y aunque de algunos años acá se
trabaja en restaurar el palacio de verano, que se desplomaba en ruinas y
ha sido devastado por bárbaros visitadores de todos los paises, se
encuentran patios y salones cuyo estado no corresponde á lo que los
artistas y anticuarios han creido que debió contener el palacio.

Me sería preciso escribir centenares de páginas (y mal escritas) si
quisiese indicar minuciosamente todo lo que hay de suntuosidad, de
capricho, de refinamiento pintoresco, de riqueza y adornos de arte y de
especialidad de estilo, en aquellos patios embaldosados con mármol y
llenos de aguas y delicias, como los de los _Arrayanes_ y los _Leones_;
aquellos muros cuajados de arabescos primorosos; aquellos pavimentos
brillantes y cubiertos de azulejos y mosaicos caprichosos; aquellos
artesonados de cedro que parecen bordados por el buril de una hada;
aquellas bóvedas y cielos rasos y techumbres de diversas formas, en yeso
modelado, entre cuyas molduras de colores vivísimos resuenan cien ecos
singulares; aquel grupo de leones de mármol que parecen estar contando
al mundo de hoy los amores de las sultanas y esclavas del harem;
aquellos salones de maravillosas filigranas en estuco, que guardan en
su recinto mil memorias, bajo los nombres de sala de los _Embajadores_,
de las _Hermanas_, de la _Justicia_, de los _Abencerrajes_ (que hace
evocar las sombras de las víctimas), de la _Reina_, de _Lindaraja_,
etc.; aquellos jardines repletos de fuentes y arrayanes y naranjos;
aquellos baños de alabastro y retretes de la voluptuosidad; aquella
mezquita que recuerda toda una religion poética y sublime; aquellos
complicados pasadizos, sótanos y escaleras en laberintos; y aquellos
miradores aéreos suspendidos sobre abismos para que las reinas y
princesas moras pudiesen contemplar los cármenes del Darro, las colinas
vecinas y la ciudad y su vega, bañándose con deleite en la luz de las
mañanas y en las ráfagas de aromas y armonías que exhalaban los huertos,
jardines y arroyos y aves mil, en las faldas que la Alhambra domina con
sus murallas y torreones, sus azoteas y celosías.

Si se me preguntase cuál es en resúmen mi opinion respecto del palacio
de verano, diría, á riesgo de no agradar á los artistas admiradores ni á
los españoles que se jactan de un monumento debido á una civilizacion
perseguida por la España católica: Lo que resta de la Alhambra, que es
una fraccion nomas, es curiosísimo, pero no grande ni noble: es _lindo_,
pero no _bello_. Allí todo revela al esclavo, no al verdadero _artista_;
todo es profundamente voluptuoso y artificioso; todo habla á los
sentidos, á las pasiones brutales (el amor lúbrico, el juego, el odio y
la venganza); nada hay que se dirija al pensamiento, al alma
divina,--nada que sea _noble, delicado y sublime_. La Alhambra no es la
obra de un _pueblo artista_, como eran las iglesias góticas de la misma
época, sino la obra automática del _obrero-esclavo_, obedeciendo á un
mandato concebido por un amo, á quien dominara el instinto del deleite,
el hábito de la autoridad suspicaz, vengativa y sensual.

En lo general, aunque se ven variedades graciosas en los colores y las
formas de los adornos, el trabajo que se ostenta en todos los salones y
recintos de la Alhambra es tan homogéneo en su _genio_ ó su estilo, y
aún en su ejecucion, que no revela riqueza de fantasía en el artista,
sino la mano paciente de un _artesano_ imitando un modelo invariable, ó
sirviéndose de moldes para estampar en el yeso los labrados ó arabescos.
La piedra no hace allí ningún papel en lo que toca al arte; casi todo
esta en yeso ó materia plástica, y en los trabajos de madera la riqueza
de labor es subalterna. Esa consideracion disminuye mucho el valor
comparativo de los primorosos pormenores del palacio. Al recorrerlo, el
alma no experimenta ninguna emocion, y se sienten casi los
estremecimientos de la carne como si detras de cada puerta estuviese
dormida entre flores y perfumes, sobre un lecho de mármol, una princesa
ó esclava desnuda, de ojos ardientes y cabellera de ébano....

Pero hay una cosa singular en la Alhambra, y es, que engaña de todos
modos, produciendo diversas impresiones, segun las visitas que se le
hacen y el estado de espíritu del extranjero. El que no ha leído nada
sobre la Alhambra se maravilla al verla. El que ha leido las
descripciones de Washington Irving, Teófilo Gautier y otros escritores,
encuentra la realidad inferior, en el primer momento, y sale de la
Alhambra bastante desilusionado. Pero si vuelve al día siguiente y mira
todo aquello, y lo medita para adivinar el pasado que desapareció, se
adquiere una idea mejor, y á cada visita se siente que la Alhambra crece
en la imaginación y tiene mas y mas encantos. Por último, si se la
contempla desde la altura superior del _Jeneralife_, y se recorre todo
el terreno circunvecino, la Alhambra aparece al espíritu en toda la
grandiosidad de su conjunto que _fue_, y las apreciaciones varían.

Nosotros subimos á la Alhambra en cuatro días diversos, por lados y
caminos diferentes, y buscando todas sus faces ó sus puntos de vista.
Considerada desde el cerro del Albaicin ó desde el Jeneralife, las
impresiones son distintas. Desde el primer punto se la ve original,
soberbia y pintoresca. Desde el segundo se la comprende completamente,
hallándola grandiosa, estupenda y muy compleja.

El Jeneralife era la casa de campo, en cierto modo, de la Alhambra.
Tiene su asiento en una colina superior, inmediata á la planicie de la
Alhambra, y está, á su turno, dominado por otra colina mas alta, donde
antes existia una fortaleza que el mariscal Soult hizo volar durante la
guerra de Napoleón, y cuyas escasas ruinas se encuentran aún dispersas
en la loma. Por el pié del escombro baja un arroyo artificial que
prodiga sus aguas salladoras al Jeneralife, la Alhambra, los cármenes
vecinos y Granada. A una profundidad enorme corre el Darro, y,
sinembargo, fué de ese riachuelo que, desde muchas leguas de distancia,
trajeron corrientes abundantes á sus palacios y jardines los laboriosos
Moros, esos amantes del sol y de las aguas juguetonas.

El edificio del Jeneralife está fuera de las fortificaciones de la
Alhambra, aunque estuvo ligado por viaductos aéreos. Era allí donde
reposaban y se bañaban las princesas, las damas de corte y las esclavas,
gozando con infinita voluptuosidad bajo un cielo admirable, entre mil
perfumes, rumores y caprichos, en albercas y tinas de mármol, y teniendo
al derredor el horizonte mas encantador del mundo. El Jeneralife se
compone de un laberinto de glorietas, pabellones, miradores, fuentes
caprichosas, baños, huertos, jardines y mil primores artificiales, donde
fueron profusamente aglomerados y bien dispuestos los ricos marmóles y
jaspes, los bellos estucos, los delicados arabescos, los lindos
_azulejos_, las cascadillas, las terrazas, los grupos de arrayanes,
naranjos, jazmines, granados y rosales formando las mas graciosas
figuras, y cuanto era característico del arte oriental, tan hábil en la
disposición de los colores, la _orientación_ de los edificios, la
distribución de las aguas y el cultivo de las plantas.

Desde allí se tiene la idea completa de la Alhambra, que debió sor una
obra inmensa, formidable y de muy variadas condiciones. Una primera
línea de fortificaciones, destacada bajo los bordes de la circunferencia
de la planicie, lo encerraba todo: la ciudadela y los palacios, los
parques y jardines y el Jeneralife. Otra linea mas formidable en su
conjunto, con muchos torreones de trecho en trecho, separaba á la
Alhambra y la ciudadela de los parques, el Jeneralife, etc.; y por
último, los palacios mismos de las residencias de la Corte estaban
separados de la masa que componía la ciudadela, dividida en muchas
calles con jardines, donde sin duda habitaban las familias cortesanas y
acaso una parte de la guarnicion. Hoy todo está casi en ruinas, con
excepcion del palacio de verano y la gran mezquita; hay muchos espacios
vacíos, los torreones se han derrumbado, los jardines interiores están
en esqueleto, y en las calles de esa pequeña ciudad cortesana encerrada
entre fortalezas, muchas casas están desiertas y otras no son habitadas
sino por familias miserables y mendicantes.

       *       *       *       *       *

La catedral de Granada, que data de los siglos XV y XVI, aunque
grandiosa y espléndida en su género y de una admirable riqueza de
ornamentacion y pormenores, es, segun mi gusto, inferior á las demas
catedrales de España, en cuanto al conjunto. Tengo una pasion decidida
por la sombría solemnidad, la originalidad y el atrevimiento de las
catedrales góticas, porque son monumentos típicos, populares y en
armonía con el recogimiento severo de la religion. Pero me repugnan en
los templos los refinamientos _escolásticos_ y afeminados del
Renacimiento, que hacen evocar la memoria del paganismo. La catedral de
Granada, mandada construir por los Reyes Católicos, es del mas puro
estilo del Renacimiento, combinando los tipos de sus diversos órdenes.
Es un monumento grandioso, de proporciones muy majestuosas, pero pesado
en su masa, sin audacia en las formas y de una regularidad que,
interesando en el primer momento, acaba por ser monótona.

Una inmensa nave que hace su semicírculo en el fondo y abraza los dos
costados, forma las naves laterales, y otras tres en el centro completan
la vasta construccion. Un coro central en mala hora concebido,
interrumpe el cuerpo del edificio, quitándole mucho de su majestad, y,
exceptuando algunos relieves de un hermoso frontispicio-altar do
mármoles soberbios, solo llama la atencion por sus dos órganos
colosales, cuyos tubos parecen querer penetrar la techumbre para lanzar
al cielo sus solemnes melodías. El altar mayor, situado en el centro de
un vasto círculo formado por columnas y bastiones que sostienen la gran
cúpula del templo, es de una magnificencia suntuosa. Nótase allí un
famoso arco inclinado, atrevida creación impuesta al artista por la
necesidad de la perspectiva; y hay en todas las cornisas y los arcos
circulares una profusion de relieves de gran valor que hacen un efecto
excelente sobre el fondo de los frescos debidos á artistas muy notables,
como el famoso Palomino.

La capilla de las _Reyes_ contiene allí, entre muchas riquezas de
ornamentación, dos tumbas monumentales de mármol blanco, asombrosamente
preciosas por sus líneas delicadas, su inmensa labor y sus relieves de
un gusto artístico insuperable. La una de esas tumbas es la de Isabel y
Fernando, con sus cuerpos íntegros en relieve; la otra de Felipe I y
Juana la loca, de iguales condiciones. De resto, la catedral entera está
llena de primores; su riqueza de mármoles en todos los pavimentos, los
altares y muros, es prodigiosa,--como en todas las catedrales españolas
(no siempre con buen gusto en la distribución); y entre multitud de
bellos frescos, de infinitos adornos y cuadros al óleo de bastante
mérito, se distinguen dos pequeños de Murillo, uno de Herrera el viejo y
varios del infatigable Alonso Cano.

Un curioso espectáculo me llamó la atención, al recorrer la ciudad hacia
extramuros, en solicitud de la Cartuja, el Albaicin y el Monte-Santo. Me
había prometido ver á los Gitanos en su barrio y contemplar sus extrañas
danzas en medio de las ruinas de la Alhambra. Había conocido un dia, en
el Jeneralife, al _capitán_ de los Gitano de Granada, hablando con él
para que nos hiciese preparar una danza, objeto que provoca mucho la
curiosidad de los viajeros. El capitán, albéitar de profesión, me había
impresionado vivamente, haciéndome simpatizar con su raza. Fino y
comedido, con una fisonomía en que parecían disputarse la expresión
típica, el orgullo y la humildad fingida, la indiferencia y la
amabilidad; alto, delgado y enhiesto; llevando con garbo su capa azul
oscura de vueltas de terciopelo carmesí, y su sombrero de fieltro algo
inclinado sobre la frente; con un acento vibrante y suave, un ojo
profundamente negro, vivo y ardiente, pero velado por instantes, y
marchando con seguridad y presteza,--aquel hombre me ofrecia el tipo de
una raza bellísima, que ha conservado en medio de su degradación en
Europa la tradicion de la mas hermosa estirpe de la India proscrita.

Al atravesar una espléndida plaza, interesante por recuerdos históricos,
dimos con una esplanada vecina, llena de gente y animales. Celebrábase
en aquel momento un mercado característico de los Gitanos. Todos los
vendedores eran de esa raza, mientras que los compradores pertenecían á
la nacional. Donde quiera grupos de gente, de vestidos caprichosos ó
tristes. Por acá los hombres tratando caballos, mulas y asnos, y aun
alguno que otro perro; por allá las mujeres, vendiendo sartenes, olletas
y toda clase de objetos de metal. Durante los dias comunes el Gitano
anda por los campos y cortijos recogiendo animales de servicio
doméstico, ya comprados, ya recibiéndolos en comisión; en tanto que las
mujeres y los muchachos de la raza colectan á ménos precio los útiles de
menaje mas ó menos deteriorados, en las casas subalternas de la
poblacion. El barrio de los gitanos es así el depósito de mil ruinas
animadas ó inanimadas. Aquellas gentes, especiales en el arte
tradicional de estañar y remendar, acomodan y _rejuvenecen_ el enjambre
de trastos viejos; y, no menos especiales en manejos de veterinaria (mas
ó menos empírica, pero hábil en cuanto á las apariencias), trasforman el
potro recalcitrante y el asno que parecía inservible. La reventa de esas
mercancías, en cuyo valor hay mucho de artificioso, y la venta de algún
carbón y otros artículos traídos de las montañas, constituyen los
mercados especiales de los gitanos de Granada.

La curiosidad de examinar los tipos de esa raza nos hizo mezclarnos
entre los grupos. Como mis dos compañeros de viaje y yo teníamos que
hablar siempre en francés, los gitanos, al considerarnos extranjeros,
creyeron por un momento que podrían hacer negocio,

--Eah, dijo uno de ellos al compatriota mas cercano,--ofréceles la
_jaca_ á esos _chorlos_, y si la quieren apriétales el _molde_.

--Ya, pues,--repuso el otro, con una sonrisa maliciosa,--mientras
nosotros observábamos un caballito de garbosa apariencia, que relinchaba
con mucho brío.

--Eh, señorito; añadió el chalan, con el acento mas meloso;--_píntele
usté el ojo_ á esa _jaca_, y dígame si hay un primor mas _cuco_ en
_toas_ leas Andalucías,

--Cierto que es muy bonita la jaca,

--Ah-¿_Usté_ se _despresa_ en español? No parecia....

--¿Y por qué no? le respondí, ¿Cuánto vale la jaca?

--Media bicoca, señorito; por ciento cincuenta duros....

--Es muy cara.

--Ah, señor! si usté supiera lo que vale la yegua!... Es mas fina que
una perla; y tal madre tal hijo.

--Entonces la jaca es muy mala.

--Puah! qué está usté rezándome! Y el padrote....

--La verdad: la yegua fina da mal potro, si el caballo es bueno.--Yegua
ordinaria, sabrosa jaca, dice el proverbio de los chalanes.

--Ah! este señorito sabe el negocio.--Eh! tiempo _perdio_!

Y me volvió la espalda con soberana indiferencia, seguro deque no habría
negocio. El Gitano es así. Cuando espera ganar tratando, su palabra es
melosa y su fisonomía elástica; pero cuando no se promete nada del que
se le acerca, su mirada se apaga, su frente se contrae revelando un
orgullo brutal y egoista, y vuelve á su silencio, que parece encubrir la
antipatía instintiva de una raza respecto de todas las europeas.

Aquellas vocea ásperas y fisonomías bronceadas y casi repelentes nos
llamaron mucho la atención. El color del gitano español, único tipo de
esa raza que hasta ahora he visto, es semejante al de una pasta de café
bruñida, por regla general, aunque algunos tienen una tinta mas oscura,
Labios muy delgados, llenos de astucia y malicia, mirada rápida,
movimientos fáciles, y en toda la persona un aire de tristeza
profundamente concentrada; un no sé qué sombrío, algo que parece vacilar
entre la indiferencia y el desden, el odio y el pesar: tales son sus
rasgos. ¡Pobre raza, llena de cualidades enérgicas, que la Europa no ha
pensado en educar y mejorar, sino en proscribir, condenándola á los
vicios de la vida nómade! ¡Qué de misterios en esa extraña raza,
perpetuándose sola al través de los siglos, como privada de la atmósfera
común de la civilizacion, y sin patria ni hogar!

Antes de observar la casa del Gitano dejémosle en sus tratos y
penetremos en la Cartuja.

El edificio en su conjunto no tiene nada que llame la atencion. Data del
siglo XVI, y es un antiguo convento suprimido, que pertenece á una
opulenta y piadosa granadina. La mayor parte quizá de lo que componía el
convento ha desaparecido, ó solo quedan sus vestigios. Solo se conservan
la iglesia, la sacristía y los claustros y algunos salones desiertos,
con unas cuantas celdas felizmente sin capuchas vivientes. Los cuatro
claustros contienen, en detestables cuadros sin ningún valor artístico,
toda la historia de San Bruno, fundador de la orden mas prodigiosa (la
de frailes mudos, sobrios y trabajadores), y de los martirios de los
cartujos de Inglaterra. Al recordar las reglas de ese singular instituto
se comprende por qué fueron tan raras las Cartujas en Europa y en todo
el mundo católico, y por qué sus templos llegaron á ser maravillas de
arte.

La iglesia y la sacristía, como todo el conjunto del edificio, es del
estilo del Renacimiento. Al contemplar el interior se pasma uno
admirando tantas delicadezas de arte, en que se manifiestan la
inspiración del artista español profano, el gusto mas esmerado, la
riqueza del convento y la increíble paciencia de algunos frailes. ¡Si
todos los frailes tuvieran paciencia!... Aturde aquella profusion de
dorados y relieves, de estucos primorosos y mármoles. Aquella capilla es
una inmensa filigrana de infinitos primores, en que todo interesa. Los
frescos riquísimos de Palomino, en la capilla, y de José Hermoso en la
cúpula de la Sacristía, bastante notables; un _Ecce Homo_ admirable de
Murillo, una preciosa Vírgen de Alonso Cano, y otros cuadros; el
_Sancta-Sanctorum_ y su sagrario, todo en marmol purísimo y oro macizo
del gusto y el esplendor mas completos; dos enormes ágatas, sin rivales
en Europa, y mil otras preciosidades, hacen de aquel santuario un tesoro
inestimable para el artista. Pero nada impresiona tanto como las puertas
y vastos armarios de la sacristía, de ébano superior y con los mas
maravillosos embutidos de nácar y plata. ¡Cuarenta años gastaron dos
frailes en trabajar aquellos portentos de habilidad, de gusto y de
paciencia! ¡Pobres monjes de otras épocas (excepcionales es verdad) que
con sincera concurso de su trabajo industrial, al menos vivian en el
recogimiento y las pacientes labores, sin dar alimento a las pasiones
turbulentas del mundo. ¡Los frailes del siglo XIX son mas civilizados;
ellos hacen elecciones, dirigen á los reyes, conquistan territorios, son
accionistas de ferrocarriles y empresas comerciales, negocian con
loterías piadosas, juegan en las Bolsas, hacen fortuna y viven contentos
y satisfechos. San Ignacio ha derrotado á San Bruno.

Comenzamos á trepar la alta colina donde tiene su asiento el Albaicin,
Servíanos de guia un hombrecito muy pobre, de setenta y dos años,
llamado Juán López Salcedo, cuya conversación nos agradaba y divertía
mucho. Había estado en Francia en tiempo del Directorio, combatido
contra Napoleón en la guerra de la independencia española, y acompañado
á Diego y Quiroga en su heroica revolución. Miserable y decrépito y con
ocho hijos pequeños, aquel hombre nos resumía por sus cualidades el tipo
del viejo español puro. Su fisonomía aragonesa tenia la rigidez del
carácter enérgico, y su tenacidad de sentimientos y opiniones se
conservaba á despecho del tiempo y de las privaciones. Era un liberalote
de puño cerrado, humilde, convencido, bondadoso y prudente, con el
corazón joven y el espíritu lleno de esa filosofía que se atesora con
las duras pruebas de la vida. Trepabá por todas partes con la agilidad
de un muchacho dé quince años, sin fatigarse nunca, embozado en su capa
é impasible. El clero y los militares era su pesadilla permanente; la
república su idea fija.

Un dia, al subir al Jeneralife, después que le hubimos obsequiado en una
fonda de la Alhambra, las copas de generoso Málaga le desataron la
lengua, y nos contó su historia, á invitacion nuestra, con detalles
interesantes sobre episodios de la historia moderna de España. Al
concluir su relato nos dijo que se había casado con una mujer joven y
bonita hacia nueve años, y dejó escapar un suspiro. Temeroso de que ese
suspiro revelase algún drama doméstico, le dije:

--Supongo que U., en lo posible, será dichoso.

--Ah, señor,--soy tan feliz como infeliz

--No comprendo....

--Es muy sencillo. Adoro a mi excelente mujer y ella es muy buena y me
quiere mucho. Pero tenemos la desgracia de no poder dormir juntos.
Apenas le doy las buenas noches y me nace un hijo mas. ¡Somos tan
fecundos!... pero somos pobres, y el temor de los hijos nos condena á
una especie de divorcio íntimo.

Aquel hombre sincero, al hablar con esa candidez, trazaba en cierto modo
la historia del hogar del pueblo pobre.... ¿Hay drama del corazón tan
sublime como el del amor que se defiende de sí mismo, luchando bajo
formas diferentes? Confieso que Juan López me hizo meditar bastante.

Nada mas curioso que el renombrado Albaicin. Hacia las faldas de la
colina alcanzan todavía las tortuosas calles de Granada, construidas á
la luz del gol andaluz, mas ó menos caprichosas, mas o menos
divergentes, según que corresponden al estilo morisco, tan gracioso y
desigual, ó al español posterior a la conquista de Granada (si eso puede
llamarse _estilo_) pesado, maciso y sin coordinación artistica ó
completamente empírico. Pero en las cimas de la loma la estructura
cambia: allí ningún techo se destaca en el horizonte, de tal manera que
si se mirase por detras y de lejos esa loma, no se creería que hay en
ella una población. Y sinembargo, allí viven como seiscientas familias
que pudieran llamarse una población de _armadillos_ humanos, Allí está
la vida, pero la vida subterránea y entre harapos.

Imagínese una serie de calles sin empedrado, caracoleando en anfiteatro
al derredor de una colina por tres de sus lados. Cada una de esas calles
es como un callejón profundo entre dos filas de rocas y barrancos; y
sobre cada lado ó fila se ven como bocas ó respiraderos de hornos que
sueltan bocanadas de humo en medio de pobres jardincitos y plantaciones
reducidas de alóes enanos, de tunales tupidos cuajados de flores
amarillas y frutas de carmín entre espinas, y de habas y judías. Si la
superficie desigual de la loma ofrece el contraste de aquellas tristes
sementeras, que parecen vegetar sobre centenares de cráteres, á juzgar
por las columnas de humo que salen de la tierra, la vida social no se
revela sino al observar las puertecitas que dan sobre las _calles_, de
las habitaciones cavadas en los barrancos cascajosos ó las rocas
calizas. En realidad el hogar del Gitano se manifiesta por la entrada y
la salida: la _puerta_, á flor de tierra, en la calle, y la _chimenea_,
á flor de tierra también, sobre los barrancos.

Cada una de esas cuevas es habitada por una familia y se compone
generalmente de cuatro piezas: algunas solo tienen tres; otras cuentan
hasta seis. Solo visité con mis compañeros unas cinco, al acaso,
entrando en cada callejón á la primera quo se nos ofrecía. Una
puertecita angosta, de unos 160 centímetros de altura, está ajustada á
la roca y se abre sobre una salita cuadrada de poco mas de 2 metros por
lado. A un lado hay una puertecita interior que comunica con la cocina,
estrechísima y ahumada; en el fondo hay otra que conduce á la alcoba, y
mas adentro se ve un dormitorio para los muchachos y alguna despensa ó
cuarto particular. La altura de aquel _edificio_ negativo, ó edificio
hueco, es de tres metros á lo mas; y en varios puntos de los _techos_
hay troneras oblicuas arregladas de modo que el aire se renueve, aunque
laboriosamente, sin que penetran la lluvia y los rayos directos del
sol. Los muros, enteramente desnudos, muestran á la roca viva á los
sedimentos de arenisca levemente petrificada que componen el terreno,
muy bien igualados y nivelados.

¡Pobres gentes! ¡Con qué gusto y buena voluntad, con qué candido orgullo
de aseudosidad nos invitaban aquellas mujeres á visitarles sus grutas,
desde la puerta hasta el último rincón. Una ó mas tarimas en el
dormitorio, un triste mobiliario en la cocina, una muy escasa provision
de habas, garbanzos ó judías en la despensa, y en la salita dos viejos
taburetes de palo, una mesita coja, y algunos pequeños trastos con
útiles de trabajo pendientes de los muros entre estampas de colores
vivos, ya religiosas ya profanas; tal es el menaje de aquella sociedad
subterránea. Pero lo que admira mas es la robustez relativa de esa
gente, y el admirable aseo de sus habitaciones. Aunque casi todos los
muros están ahumados, todo está limpio y en su lugar, y no se nota
humedad ninguna ni aún en las piezas mas recónditas. Sinembargo, el
corazón se siente oprimido en presencia de tal espectáculo. Al tender la
vista sobre los pequeños huertos de esas pobres familias de proscritos,
no pude menos que hacer una observación: hasta sus objetos de cultivo
son tristes. La tinta medio gris de los aloes y de las plantaciones de
habas coincide con la historia de esa extraña raza, así como las
extensas y apretadas huertas de tunales y espinos. Esas familias casi no
conocen el sabor de la carne; su alimento consiste principalmente en
habas y judias, y Granada les compra los frutos rosados de millares de
cactus. Aquella loma me parecía un calvario; aquellos millones de flores
amarillas y de frutas carmesíes, creciendo entre las espinas y troncos
sin hojas ó follaje (como son los cactus), me parcelan representar la
historia de la raza gitana; y esas quinientas columnas de humo en un
campo sin casas, me daban la idea de los campamentos variables de un
pueblo nómada. Por último, las numerosas fraguas subterráneas de aquella
raza de albéitares y estañadores, me hacían imaginar que visitaba el
reino de Vulcano en caricatura.

Pero no se crea que los Gitanos aman mucho sus cuevas. Si la noche los
obliga á entrar en ellas decididamente, las dejan desiertas durante el
dia. Esos hijos de la India, que se creen Egipcios, aman el sol con
voluptuosidad. Así, cuando no llueve, se les ve en grupos numerosos por
las _calles_ ó en medio de sus melancólicos jardines ó huertos,
remendando trastos, cosiendo, calentándose en la ociosidad ó bailando á
cielo abierto. Sí; esa raza de la proscripcion es la raza de las danzas
vehementes por excelencia. Fue imposible conseguir una danza formal que
nos prometiera el capitán, pero en los bosques de la Alhambra y en las
calles del Albaicin pudimos ver algunas _muestras_. ¡Qué de agitación,
de delirio artificial, de extrañas contorsiones, de locura reflexiva, de
lubricidad aparente en una raza esencialmente casta! ¡Qué de sonidos
atropellados, rudos y de salvaje melancolía!

Al pasar por aquellos callejones en caracol, las bandas de mujeres
jóvenes y de muchachos nos rodeaban gritando; las mujeres con una
amabilidad provocadora se ofrecían a bailar,--porque así ganan la vida
muchas de ellas;--y los muchachos pedían en coro un _chavito_, como los
de Toledo. El que juzgase á esas mujeres por sus apariencias se
equivocaría completamente. Picantes y provocadoras para ofrecerse á
bailar, seduciendo al extranjero, se hacen esquivas y severas, casi
insolentes, cuando se les hace comprender que su amabilidad ha sido mal
interpretada. La gitana casada es fiel por religion y tradición de raza;
la soltera es casta por reflexion, por interés personal y de raza
también, y por educación. Los Gitanos nunca se mezclan con los Españoles
sino para especular; su hogar es puramente gitano; y jamas se ha
conocido una hija de esa raza entre las mujeres perdidas de Granada.
Aunque hablan todos el español, muy incorrecto en lo general, no se
sirven en sus relaciones exclusivas sino de su lengua propia, corrompida
en cada pais, es cierto, por la influencia de las lenguas de Europa que
los dominan necesariamente.

Vivamente impresionados por el espectáculo de esa poblacion en cuyo seno
todo es excepcional,--tipo humano, vestidos, lenguaje, costumbres,
habitaciones y cultivos,--trepamos hasta la altura donde se ostenta el
vasto edificio del Seminario, un poco abajo de la capilla del
_Monte-Santo_. San Blas es el personaje de ese sitio histórico, donde se
conservan capillas subterráneas muy curiosas; y el día de ese santo se
hacen peregrinaciones en masa muy concurridas. Cuentan que allí fueron
hallados los cuerpos de san Cecilio y sus once compañeros mártires,
quemados en tiempo de Nerón. Parece que fue buscando minas metálicas que
se dio con aquel _tesoro_ por casualidad, encargándose el azar de hacer
un curioso epigrama. En efecto, san Cecilio y sus compañeros eran una
mina, porque sus restos calcinados han dejado, mediante la fe, muy
buenas utilidades...á los capellanes del Monte-Santo.


       *       *       *       *       *

CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

LAS FALDAS DE LA SIERRA-NEVADA.


Santafé.--Un comisionista en viaje.--Loja.--La Sierra-Nevada.--El valle
de Málaga.--La ciudad y sus curiosidades,--Algunas impresiones.

Después de cinco días de residencia en aquella ciudad tan curiosa como
altamente histórica, era preciso partir. Habíamos observado lo mas
interesante de Granada (respecto de lo cual me veo forzado á omitir
muchos pormenores) y nos alejábamos con un sentimiento de tristeza,
porque ese país seduce el corazón como el espíritu. Es un tesoro de
recuerdos y poesía para todo viajero; pero para mí era además un objeto
de profundas emociones íntimas. Desde las alturas de la Alhambra yo
había vivido cinco días con mi patria, evocando todas las epopeyas de su
historia, desde la época de Colon, Balboa y Jiménez de Quesada.

Por desgracia, la diligencia que debía conducirnos Málaga, por Santafé y
Loja, atravesando la Sierra-Nevada, partía casi á media noche; y las
sombras eran tan espesas en aquellas noches de lluvias primaverales, que
toda la campiña nos debía estar velada por las tinieblas. Así cruzamos
toda la extensión de la «Vega», sin gozar de cerca de su admirable
paisaje, ni poder mirar siquiera la estructura general de la histórica
Santafé, villa decaída que solo cuenta hoy unos 4,000 habitantes,
sentada entre huertos y cortijos á la margen izquierda del Jenil, como
una vieja matrona que trabaja silenciosamente con su rueca, á la sombra
de los naranjos de un patio florido.

A falta de sueño y de paisajes el interior de la diligencia nos ofreció
una grotesca distracción. Iba con nosotros un judío alemán, joven,
robusto, ordinario te, petulante, locuaz y de una voracidad singular,
que había estado hospedado en Granada en la misma fonda que nosotros.
Quejábase amargamente de las hambres que había pasado, por la mala
calidad de los alimentos (y eso que nuestra fonda era la mas famosa de
Granada); y no le faltaba razón, porque es contra toda humanidad el que
los hosteleros españoles mantengan al viajero con sus abominables platos
de garbanzos cocidos. El curioso Alemán llevaba todos los bolsillos
repletos de naranjas y bizcochos, y en tres horas, hasta que el sueno le
rindió, no suspendió sus ejercicios gastronómicos.

Su manía consistía en querer pasar por un inglés _turista_ original, que
había conocido todo el mundo (con excepción de algunos continentes), que
adoraba las muchachas bonitas, había hecho grandes conquistas de
francesas, italianas, circasianas, españolas, etc., y se preparaba á
emprender un viaje de _recreo_ á Australia, sin duda para continuar en
la Polinesia su vida de César de las hijas de Eva. Pero es el caso que
al pedirle detalles sobre las comarcas que había visitado no daba razón
de nada, explicando su Ignorancia con mil subterfugios. Aunque hablaba
bien el inglés, su manera de hablar en español y francés revelaba el
acento del alemán meridional, como su fisonomía revelaba al israelita.
Nosotros teníamos nuestros motivos para creer que pertenecía á la raza
industrial de otro compañero de diligencia, _comisionista_ hordelés que
charlaba hasta por los bolsillos, sin perjuicio de los codos. Entre los
muchos beneficios que van haciendo los ferrocarriles y telégrafos debe
contarse como de primer orden la cuasi abolición del _commis-voyageur_ ó
comisionista, la plaga mas detestable con que puede dar un viajero. El
parte telegráfico y el wagon-vapor, en efecto, hacen casi innecesario
el envío de esas langostas á buscar en otros mercados colocación para
los productos fabriles. En Italia, en España y otros paises de Europa,
donde todavía los ferrocarriles están en su principio, el _Comisionista_
emisario de Francia, Inglaterra, Bélgica ó Alemania se mantiene firme ó
con alguna consistencia. Así es que en Barcelona, Valencia y las
ciudades andaluzas hube de encontrar esa peste en todos los hoteles ó
fondas.

El comisionista (sobre todo y como ninguno el francés) es capaz de
desacreditar á su pais, dónde quiera, con sus propios recursos.
Ignorante, fatuo, grosero, petardista con frecuencia, charlatán hasta
causar jaquecas, se le ve en todas partes fastidiando á cuantos tienen
la candidez de admitirle su compañía. Una excepción en esa regla es un
prodigio. Entre mas de cuarenta conocí en España uno soportable. Nuestro
judío alemán comenzó por sucumbir en cuanto á su nacionalidad, pues, por
divertirnos, le hicimos muchos cargos á la Gran Bretaña, y hubo de
declararse alemán para no aceptar la responsabilidad. Fingí que tenia
opiniones muy recalcitrantes y le dije que era un horror la admisión del
judío Rothschild en el Parlamento británico, porque esa raza maldita no
merecía ninguna consideración. Entonces saltó como agitado por un
resorte, colérico y terrible, como si toda su raza hubiese de hablar por
boca de él, y se confesó israelita con una candidez que nos arrancó á
todos una explosión de risas. No tuve, dificultad en convencerle de que
yo no tenia ninguna preocupación religiosa ni de raza, y que estimaba á
la suya como una de las mas bellas, tenaces y enérgicas del mundo, y una
de las que han contribuido mas, por el poder del trabajo y el
sentimiento de la fraternidad, al progreso de la civilización. Corrido y
azorado el ex-_turista_ inglés, se arrellanó en su rincón y se manducó
tres naranjas y seis bizcochos, por vía de compensación, con él mayor
recogimiento. Al día siguiente, en Málaga, le pillamos _infraganti_ en
el hotel, presentándole á un comerciante toda su colección de cartones
con muestras de mercancías; y aunque se sostuvo en lo de las conquistas
femeninas, confesó que sus viajes cosmopolitas habían sido hechos no
por un inglés _turista_, sino por un robusto judío alemán, comisionista
de la casa H. B. & Cª e Manchester.

Eran las seis de la mañana cuando llegábamos á Loja, después de haber
cortado las primeras gargantas suaves ó inflexiones de la Sierra-Nevada.
Excepto en Suiza, no he visto nada mas pintoresco, en clase de pequeños
paisajes de encantadora frescura, que el cuadro que rodea á Loja. Es una
ciudad bastante considerable, pues cuenta mas de 17,000 habitantes, y
dista unos 45 kilómetros de Granada y 56 de Málaga. Sus producciones
agrícolas son las generales de Andalucía; pero es notable por su
fabricación de paños y papel. Es el país de las aguas por excelencia,
deliciosas y abundantísimas. No solo tiene mas de doscientas fuentes
públicas y particulares, sino que se llegaron á contar ahora siglos, en
su término, mas de 5,000 vertientes. La población, fea, desigual, sin
gracia, triste y bastante sucia, hace un raro contraste con los
alderredores. Situada sobre dos colinas separadas por el Jenil, con la
mayor parte de su masa en la margen izquierda, la dominan casi por todos
lados los contrafuertes de la Sierra, y ofrece una vista deliciosa hacia
una gran porción de la Vega de Granada.

El sol comenzaba apenas á producir sobre las crestas nevadas sus
primorosas reverberaciones; una ancha faja de nieblas ceñía los cerros
vecinos por la mitad, dejando en descubierto las eminencias con sus
enormes peñascos de granito, y las bajas colinas, la ciudad y los
vallecitos profundos y tortuosos del Jenil, frescos, verdes, floridos,
cuajados de molinos y fábricas, de huertos primorosos y de hileras y
grupos de álamos blancos y otros árboles enhiestos. La tierra parecía
regocijarse, saludando al sol andaluz y á su admirable cielo con un
concierto de armonías y una voluptuosa evaporación de aromas delicados.

Después de Loja, el camino sigue ascendiendo y caracoleando por entre
bellas colinas bien cultivadas hácia el corazón de la Sierra. El viajero
colombiano que recorre los caminos que cortan las Sierras españolas, no
puede menos que sonreír con desden, al recordar que hay en Colombia
perezosos fatalistas que creen que los Andes han condenado á la
incomunicación á los pobladores de muchas comarcas montañosas del Nuevo
Mundo. Al ver lo que se ha logrado, en punto á ferrocarriles y
carreteras, en las regiones de los Alpes, los Pirineos y las Sierras de
España, yo me decia: «No; los Andes, lejos de ser obstáculos, son el don
mas prodigioso que Dios haya otorgado al Nuevo Mundo, y el pueblo que
sepa aprovecharlos será el mas feliz de la tierra. Con voluntad y dinero
_todas_ las regiones de los Andes son susceptibles de admitir cuantas
carreteras y ferrocarriles pueda necesitar el movimiento social.»

En medio de aquel océano de cerros desnudos, de colinas caprichosas, de
altas y pequeñas planicies y de abismos inmensos, circulan sin riesgo
ninguno las diligencias por una excelente carretera. Tal parece á cada
momento, á la vuelta de un recodo brusco, que va la diligencia á salvar
un precipicio saltando de un cerro á otro, según es de accidentado el
terreno. Así se anda de sorpresa en sorpresa. No he visto nada tan
_romántico,_ tan ásperamente hermoso y triste como aquellas reducidas
planicies de la Sierra-Nevada, que parecen lechos de lagos disecados
hace muchísimos siglos. Al entrar en el _recinto_ de una de esas
planicies, vastísimos salones de pavimento de esmeralda entre muros
colosales de hierro y estaño, se cree que no hay salida posible hacia
adelante. La vegetación es de una tristeza poética, pues todo el suelo
está cubierto de plantaciones de trigo y otros cereales, ó legumbres,
sobre cuya alfombra se destacan de trecho en trecho, gigantescas,
sombrías y majestuosas, esas encinas de verdura perpetua llamadas en
España _alcornoques_, cuyas ramas producen el corcho. Esos árboles son
numerosísimos allí, como en todas las alti-planicies de las Sierras
españolas, y son objeto de un comercio relativamente considerable. La
naturaleza, previendo que el hombre inventaría la botella como un
segundo _vientre_ para guardar el vino, ha poblado la tierra de
_alcornoques_ en las planicies superiores á las faldas donde crece la
generosa vid. Si todos los _alcornoques_ que vegetan en el mundo
produjeran siquiera para _corchos!_...

Al derredor de esos sencillos cuadros de verdura se levantan en
completa circunferencia estupendas moles de granito del aspecto y la
tinta mas singulares; todas abruptas, ásperas; con arrugas y grietas
enormes,--unas cenicientas y opacas, otras del color del estaño con un
brillo triste, otras negras ó pardas,--presentando los mas curiosos
juegos de luz y sombra, según la inclinación del sol; y ya redondeadas
en las cimas, ya en picachos extravagantes, en agujas ó conos truncados,
ó en filas circulares y dentelladas que remedan estupendas coronas de
hierro. Y encima de esas cabezas desnudas y esas moles de formas
sorprendentes sin estratificación ninguna visible, descuellan
perpendicularmente á lo lejos, como lámparas de plata y diamante
pendientes del cielo, los altísimos lomos y las cúpulas entrecortadas de
los nevados de la Sierra. Aquello es de una hermosura suprema, que
convida al artista á la contemplación y desafía toda descripción....

Las _ventas_ se habían sucedido (y por cierto que «no quisiera
acordarme» de una cierta tortilla hecha con aceite rancio, como se usa
en España, que me duró entre el paladar y las fauces mas de una semana);
habíamos salido del centro de la Sierra, y comenzábamos á descender por
entre un inmenso almácigo de cerros y colinas prodigiosamente
complicados y entrelazados. La región de las encinas había terminado, y
cruzábamos la de las faldas y los planos inclinados donde se hace un
extensísimo cultivo de la viña. Es tanto como decir que bajábamos del
cuello de la botella (el _corcho_) á su vientre embriagado (las _uvas_)
Se comprende cuan enorme será, la producción de viñas en la provincia de
Málaga, casi toda dé un terreno arrugadísimo por sus montañas desnudas,
con solo ver que aún en las mas pendientes lomas y las profundidades y
faldas mas escabrosas la tierra está cubierta de viñedos.

De repente, al volver un alto, recodo, el horizonte se abrió á nuestra
vista, sin que ninguna eminencia interrumpiese el inmenso panorama.
¡Asombrosa hermosura la que nos aguardaba! En el fondo el valle, las
costas y la ciudad de Malaga; más adelante los desiertos
resplandecientes del Mediterráneo estrechado por dos continentes; á lo
lejos, visibles solo con el auxilio del anteojo, las montañas azules
del África, vagas, entrecortadas y confusas, hacia la costa de Tetuan; y
todo cubierto por un cielo azul claro precioso é iluminado por un sol
casi tropical: el magnífico sol africano! Aquello se contempla, se
admira con supremo arrebato y luego con profundo embeleso; pero no se
describe.... Yo sentía que mi corazón palpitaba sobre una eminencia de
los Andes, en presencia de una pampa-océano....

       *       *       *       *       *

Bajo el punto de vista artístico y el intelectual, Málaga es una ciudad
de escasísimo interés. Allí no reinan sino la industria y el comercio, y
los recuerdos históricos apenas se revelan, con relación á la época de
los Arabes ó Moros, en la estructura general de la ciudad, en algunas
artes tradicionales, en muchos rasgos curiosos aunque de poca
importancia, y sobre todo en el mar y el cielo. En efecto, el mar y el
cielo de Málaga hacen pensar á cada instante en África, cuya atmósfera,
bañando con sus ráfagas ardientes las costas españolas, es como un
vínculo de unión entre esos dos semi-continentes que se saludan desde lo
alto de sus montañas rocallosas por encima del Mediterráneo.

El valle en que reposa Málaga, encuadrada entre el mar y los últimos
estribos de la Sierra, es muy reducido. Ensanchado sobre la costa en una
circunferencia como de 20 kilómetros, se prolonga hácia el occidente por
entre cordones de cerros, en una muy angosta vega que surcan el
_Gundalhorce_, pequeño rio que corta la llanura á poca distancia de la
ciudad, y el _Guadalmedina_, que la divide, corriendo trabajosamente por
un lecho de arena fina, variable y que se presta á las inundaciones por
la excesiva depresión de sus orillas ó anchas playas. La llanura es un
hermoso huerto, vista desde las montañas que dominan á Málaga. Allí no
solo crecen mil árboles frutales, la opulenta viña y todas las
producciones de la fértil Andalucía, sino que se cosecha el algodon, el
tabaco y mucha cochinilla, crece y prospera la caña de azúcar, y podría
creerse que se siembra sobre un pedazo de la tierra africana.

Del lado del oriente la costa se extiende en una faja angosta y de
líneas curbas y caprichosas, en la direccion de Vélez-Málaga y Motril.
Al norte la ciñen y dominan los complicados contrafuertes de la
Sierra-Nevada, y al occidente se destacan mil eminencias que erizan todo
el terreno, en dirección á Cádiz, por la línea de la Sierra de Ronda,
donde se encuentran las mas sorprendentes formaciones geológicas, así
como notables curiosidades sociales. Ronda tiene la fama de ser una
pequeña ciudad muy curiosa, en la provincia de Málaga. Si esta cuenta
una población de 451,406 habitantes (la sétima en España en ese orden),
su activa capital tiene 94,289, inclusos sus egidos. Málaga es uno de
los grandes centros del liberalismo en España, como Madrid, Barcelona,
Sevilla, Cádiz y todas las ciudades de movimiento social activo. Donde
quiera que el comercio, la industria ó la acción política dan lugar á
una fuerte vitalidad social, el sentimiento popular se inclina hacia la
libertad y el progreso. El conservatismo no tiene sus fortalezas en
España sino en las ciudades donde reinan la inmobilidad y el silencio.

Los alderredores de Málaga contienen innumerables jardines y muy bellas
y valiosas haciendas, donde se ven casas de campo de una notable
elegancia, y algunas de riqueza artística. En la vega marítima del
Guadalhorce hay preciosas plantaciones de naranjos y limoneros que hacen
recordar los primores de la Huerta de Valencia. Es increíble el consumo
que hace la Europa del fruto ó las esencias ácidas y aromáticas de
aquellos bosques de limoneros. Al derredor de los huertos, los jardines
y las haciendas y fábricas del valle, se suceden en anfiteatros cortados
las colinas cuajadas de viñedos. La riqueza y variedad de esas viñas es
asombrosa (en comparación de las dificultades del terreno), pues no solo
se hace una inmensa produccion de vinos blancos, tintos y anaranjados,
mas ó ménos aromáticos y agradables, cuya fama es universal, sino que se
obtienen en abundancia esas famosas uvas especiales para la preparación
de las exquisitas _pasas_. Debo decir, en obsequio del popular adagio,
que me costó trabajo beber buen vino y conseguir buenas pasas en Málaga.

Casi una tercera parte de la ciudad se compone de nuevas construcciones,
en lo general espléndidas, muy vistosas por sus numerosos balcones y
celosías ó gabinetes volados, verdes ó azules, sus pavimentos de mármol,
sus grandes enrejados de fierro, sus alegres azoteas y sus miradores de
estilo oriental. En la parte nueva las calles son espaciosas y limpias,
abundan los grandes hoteles y cafés, se notan la comodidad y el gusto, y
no se encuentra verdadera semejanza material con las ciudades interiores
de España. La famosa _Alameda_ es una espléndida calle-paseo, donde
abundan los árboles gigantescos, las fuentes, las estatuas y los canapés
de granito, entre dos filas de elegantes edificios. Asi mismo, las
construcciones que dominan los muelles ó avecinan el puerto, relevan, el
progreso del buen gusto y la vitalidad de las ciudades marítimas.

Pero la gran masa de la ciudad, de construcción antigua, es un laberinto
de callejuelas incomprensibles en el primer momento, oscuras, muy
estrechas, generalmente sucias, llegando algunas a un grado de
inmundicia increíble. Allí las construcciones caprichosas,
extravagantes, bárbaras sobre toda ponderación, semi-morunas,
semi-españolas, entre cuyas moles se agita sin cesar, en la estrechez y
estrujándose sin lástima, una numerosa y activa poblacion de los tipos
mas heterogéneos. La elegante y hermosa malagueña (las mujeres son allí
muy lindas en gran número) se pasea visitando los ricos almacenes y las
tiendas de modas y curiosidades, sacudiendo con una gracia inimitable el
abanico de ébano, de nácar ó de sándalo con graciosos adornos y ricos
paisajes; y seduce por la gracia de su andar, desembarazado pero digno.
Y no menos llama la atención por sus _dejos_ y picarescos aires
la...malagüeña de menor cuantía,--tipo que media entre la _manola_ y la
_griseta_,--vestida con telas de colores vivos, con la cabeza
descubierta, vivaracha y provocadora, guiñando el ojo con peligrosa
habilidad, morena y rosada, rolliza y tentadora como uno de esos
racimos maduros de rosadas uvas que produce el pais.

Al mismo tiempo hormiguea en las calles un enjambre de obreros toscos y
brutales, vestidos con abandono, de marinos de todas las naciones, de
comisionistas afanados á caza de clientes, de negociantes inquietos
entregados exclusivamente á la fiebre de la especulacion, de soldados de
franjas amarillas, pasablemente ociosos, de carreteros y vivanderas
haciendo una algarabía de todos los diablos, de algunos semi-majos y
toreros de estilo de matamoros, y de pillos de todas edades que abundan
siempre en las ciudades mercantiles, con su numeroso acompañamiento de
andrajosos mendigos que son inevitables en casi todas las ciudades
españolas.

El gran movimiento de Málaga no proviene únicamente de su fuerte
producción de vinos y demás artículos de su agricultura, por valores
considerables. Malaga es, por su posicion y la naturaleza del terreno de
toda la provincia y las vecinas, el puerto obligado de Granada, Jaen y
parte de las comarcas de Córdoba, y de las poblaciones que demoran del
lado de Ronda como del de Vélez-Málaga. Aparte de esos motivos de
centralización de un vasto comercio, Málaga tiene una producción fabril
ó manufacturera de bastante importancia y bien variada. Allí se fabrican
sederías y muchos tintos, algún azúcar, varios tejidos, sombreros,
máquinas y objetos de fundicion, jabones, encurtidos, loza, etc.,--se
trabajan mil objetos de arte, como lindos abanicos, bustos de yeso muy
delicados y otras curiosidades de mano,--y se hace una vasta preparación
de frutas conservadas y destilaciones. Málaga es, sin disputa, la
segunda ciudad mercantil de España, pues solo Barcelona le es superior.

Málaga, tan rica en industrias, tan comercial y fuerte en la producción
de vinos[4], es una ciudad pobre en monumentos. El único que merece
atención, todavía por acabar y rodeado de tristes y menguadas
callejuelas, es la catedral. Pertenece al estilo del Renacimiento, del
órden compuesto, y aunque su fachada es una obra muy notable, su torre
magnífica y de muy buen gusto es por sí sola un monumento. El interior
del templo, compuesto de tres hermosas naves, es verdaderamente
grandioso por sus formas generales, pero carece en sus pormenores de
valor artístico, en lo que hace á pinturas y esculturas, y no hay
nobleza en las condiciones arquitectónicas. Deben exceptuarse los techos
de las naves que son muy hermosos, enteramente de piedra y con muy
buenos relieves, y el vasto coro central, cuya sillería posee riquísimas
esculturas en madera, y cuyos dos órganos colosales son de mucho mérito.

La vista que ofrece el panorama de Málaga es soberbia, cuando se le
contempla desde las alturas contiguas donde se encuentran el fuerte de
la _Alcazaba_, que se conserva medio arruinado, y las ruinas del antiguo
castillo de _Gibralfaro_, obra moruna que estuvo situada á mayor
elevacion y se comunicaba con aquel fuerte. Desde allí se admira un
cuadro de hermosura triste y majestuosa, si se tiende la vista sobre el
Mediterráneo, las lejanas costas africanas y las serranías españolas,
pero risueña y alegre, si solo se considera la ciudad y su puerto y el
vecino valle. El mar, tan majestuosamente monótono cuando rodea sin
contraste una de esas ciudades flotantes, formas admirables de la
civilización, que se llama un buque, es un tesoro de primores y
sorpresas cuando sirve de marco á una costa. Pero en ninguna parte tiene
tanta hermosura y tan sublime poesía como en los estrechos de la Mancha
y Gibraltar, donde las ondas con su incesante movimiento, sus
resplandores vagos é inasibles, su población flotante y sus elocuentes
rumores, parecen continuar en cierto modo, mas bien que interrumpir, el
espectáculo de vitalidad que se manifiesta en la tierra. Ese gran drama
del mar, permanente en su _espíritu_, pero variable en sus formas hasta
lo infinito, es un misterio supremo que seduce, fascina, embarga los
sentidos y obliga á meditar.

Pero en aquel estrecho del Mediterráneo la seduccion es mas poderosa que
en ninguna otra parte, por el contraste de las razas y civilizaciones
que se ven frente á frente al traves de ese valle movedizo, casi siempre
atormentado por terribles tempestades. Al ver sus movimientos se imagina
uno que cada onda trae en sus pliegues alguna revelacion, alguna queja
de ese mundo misterioso, exuberante de calor, de fuerza, de vida y de
barbarie que se llama el África.... ¡Extraño fenómeno! Apenas una ancha
fosa marítima separa esos dos continentes (ó semi-continentes) y
sinembargo su distancia moral es inmensa! El Nuevo Mundo, tan léjos de
Europa y tan colosal, ha avanzado infinitamente mas en la civilización y
la libertad, es decir, en la posesión de la conciencia ó la personalidad
y la noción de la justicia, que esa estupenda península del viejo mundo
en cuyo seno vegeta en la barbarie la gran raza de Cham. ¿Por qué ese
contraste? ¿Es por culpa de la raza negra nomas ó principalmente?
¡Triste es decir la verdad! Es que la humanidad blanca ha trabajado
durante muchos siglos, por la explotación de la esclavitud, en mantener
á la humanidad negra en la barbarie!

El puerto de Málaga, aunque reducido, poco abrigado y muy defectuoso por
los bancos de arena que arrojan á su seno las borrascas del
Mediterráneo, está siempre poblado de numerosas naves de todas las
naciones, y allí tocan todos los vapores que hacen el servicio de las
costas españolas y africanas, y que giran entre el Mediterráneo y el
Atlántico. El movimiento de buques, de marinos, obreros y mercancías le
da al puerto un aire de alegría y un interés que agradan al viajero; y
sinembargo no se siente el deseo de permanecer allí por muchos dias,
como en Granada ó Sevilla. Se comprende y reconoce el mérito comercial é
industrial de Málaga, pero su población y la masa general de sus gentes
no inspiran simpatías.

Al llegar á Málaga nos habían registrado los diminutos equipajes, no
obstante que veníamos del interior del pais, y nos hablan hecho exhibir
los pasaportes! En eso hay, al ménos aparentemente, mas rigor en España
que en Francia. España es el país clásico de las formalidades ridiculas
y enfadosas, sin que por eso se evite el contrabando en inmensa escala,
ni dejen de prevaricar los funcionarios subalternos. Debíamos partir
para Cádiz, despues de una corta residencia en Málaga, y sinembargo fué
preciso hacer visar los pasaportes por la Gobernación, y llenar una
fórmula en el despacho de la _Sanidad_. Es como si para _trastear_ de un
barrio á otro hubiese que pedirle licencia al Alcalde y comprobar que se
goza de buena salud. Los gobiernos llevan á veces el espíritu
reglamentario hasta la estupidez.

Eran las ocho de la mañana y el vapor que debia conducirnos á Cádiz,
tocando en Gibraltar, se balanceaba suavemente hacia la salida de la
pequeña ensenada de Málaga, lanzando por sus dos altas chimeneas rojas
sus espesas columnas de humo, que la brisa desbarataba en ondulaciones
caprichosas arrojándolas sobre los arbolajes y las vergas de los
numerosas fragatas mercantes que estacionaban en el puerto. El puente
del vapor se iba llenando con la población heterogénea de pasajeros que
se dirigían á distintos puntos de las costas españolas y francesas y á
Amberes, Rotterdam ó Hamburgo. El capitán, tipo vigoroso y simpático,
marino frances _pur-sang_, pasó revista á su equipaje, y hallándolo
completo, asi como su lista de pasajeros, hizo levar anclas. En breve
Málaga, tan pintoresca vista desde el mar, desapareció, y comenzamos á
navegar hacia Gibraltar.

       *       *       *       *       *

CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

EL ESTRECHO DE GIBRALTAR.


A bordo.--El golfo de Algeciras.--Escenas de la tarde,--La ciudad de
Gibraltar.--Situación y comercio.--La fortaleza.--Delante de Tarifa.

El cielo, de un azul pálido, tenia una limpidez admirable, y el sol
brillaba con todo su esplendor meridional, produciendo sus
reverberaciones en la moviente superficie de las ondas como la imagen de
un incendio intermitente y fascinador. El Mediterráneo estaba tranquilo,
y una brisa tibia y deliciosa rizaba sus menudas olas, cual si millones
de ondinas estuviesen peinando y encrespando suavemente la inmensa
cabellera del gigante dormido. Las barcas pescadoras vagaban dispersas,
pareciendo de léjos como gaviotas errantes rozando apénas las espumas
trasparentes y azulosas que el juego de las ondas producía. Los
viajeros, divididos en grupos sobre el puente del vapor, contentos y
comunicativos, como todo el mundo en un vapor cuando no se sufre el
mareo, jugaban ajedrez ó dominó, contaban anécdotas de viajes, ó
hablaban con interés de los sucesos de Italia donde la guerra había
comenzado. Algunos, perezosamente reclinados, leían novelas y fumaban;
otros dormían cabizbajos, apoyados en la baranda á la sombra del toldo.
Yo disertaba con mis dos compañeros franceses sobre la historia de
España, su porvenir, y el destino de ese mundo de fuego--el África--que
nos enviaba sus ráfagas fortificantes.

Hacia la tarde teníamos á la vista, á corta distancia, dos poblaciones
que asomaban sucesivamente sobre la costa española, en situaciones
pintorescas: _Marbella y Estepona_. La primera, de origen moruno,
graciosamente asentada al de la _Sierra-Blanca_, es una villa de unos
6,500 habitantes, perteneciente á la provincia de Málaga, no poco
industriosa, con bastantes fábricas, productora de vinos y azúcar, y en
general de los mismos frutos agricolas que Málaga. Estepona yace hácia
el nordeste de la _Sierra-Bermeja_, que desciende sobre la costa, toda
surcada desde Málaga hasta Cádiz por contrafuertes y estribos de
numerosas sierras. Estepona tiene mas de 9,000 habitantes, y su
industria y producciones son análogas á las de Marbella.

A las tres de la tarde veíamos muy distintamente ese estupendo y curioso
peñón de Gibraltar, cuyo nombre es un epigrama para los Españoles, que
hace tan importante papel en el mundo europeo, tanto por su
significación militar y mercantil como por su geografía, y que,
correspondiendo á su misterioso y providencial destino, como centinela
de Europa vigilando al Africa, ejerce una extraña fascinación sobre el
viajero que lo admira. En efecto, es tan particular la forma de ese
gigantesco peñasco, y concurre de tal modo á multiplicar el efecto la
configuracion que tiene allí el estrecho y la del golfo de Algecíras,
que mientras mas se mira la mole y mas se acerca uno, ménos se comprende
su verdadera posición. Tal parece (al que no está habituado) que á
medida que se cambia de posición ó dirección, el peñasco varia también
de aspecto, presentando siempre la misma faz, pero bajo reflejos y
sombras diferentes. Es al llegar á la entrada misma del golfo de
Algeciras que se tiene la idea exacta de aquella península de granito,
avanzada en punta hacia el sur y bruscamente empinada como un castillo
ciclópeo, cual si quisiese al mismo tiempo penetrar en el flanco de la
tierra africana y hundir su parda cabeza en el éter para lanzarle á
Europa las primeras reverberaciones de un cielo abrasador.

El golfo de Algecíras, que es una de las formaciones oro-hidrográficas
mas curiosas de la Europa meridional, tiene la forma de una herradura
profunda ó alargada hácia el centro. El peñon de Gibraltar, abrupto y
formidable, y ligado al continente ó la España por un istmo angosto,
bajo y pantanoso, cierra el golfo al nordeste, batido por las violentas
olas de un mar comprimido entre montañas que lo rodea casi totalmente.
Al sudoeste se destacan los promontorios rocallosos de los cerros á
cuyas faldas demora la ciudad de Algecíras, á alguna distancia de su
puerto y arsenal; y las fortalezas británicas y españolas se miran allí
de un lado á otro por encima de las ondas, coléricas á veces, cual si
representasen la lucha permanente ó el desafío mudo entre el despecho de
una vieja conquistadora de mundos, vencida por sus propias faltas, y el
orgullo tranquilo de un gran pueblo que ha encontrado su fuerza en la
libertad y simboliza todo su genio progresista con el cosmopolitismo de
su comercio, soberano de los mares. Por todas partes las altas cimas de
las montañas, tristes y desnudas, los grupos y escalones de colinas
pintorescas dominando angostos valles, y un paisaje de la mas hermosa
melancolía, en el territorio español; mientras que el peñón británico
hace contraste por sus rocas ennegrecidas y colosales, su pintoresca
ciudad, sus alegres jardines, sus estupendas fortificaciones, sus
puertos animados y sus numerosos navíos mercantes y de guerra anclados
al pié de las murallas ó en el centro del golfo, blandamente sacudidos
por las ondas de un verde cristalino admirable.

En el fondo del golfo, cerca de la costa, se ve en el valle un pequeño
pueblo llamado _Liña_, rodeado de plantíos, y mas alto, sobre una baja
colina, la pequeña ciudad de San Roque (fundada despues de 1704),
perteneciente, como Algecíras, á la provincia de Cádiz. El golfo tiene á
la entrada como 16 kilómetros de anchura y una longitud hácia San Roque
como de 20 kilómetros, miéntras que la distancia que media entre los
lados (ó Gibraltar y Algeciras) es de unos 9 ó 10. La poblacion total
que cubre aquella costa en herradura es como de unos 46,000 habitantes
(sin contar las guarniciones militares), correspondiéndole 15,000 á
Gibraltar, 16,000 á Algecíras y el resto á San Roque y Liña.

Eran las cuatro de la tarde cuando nuestro vapor fondeaba á doscientos
metros del puerto de Gibraltar. El cuadro que se ofrecía á nuestras
miradas era tan pintoresco y magnífico al mismo tiempo, que permanecimos
durante mas de una hora contemplándole embelesados. Quisimos saltar á
tierra, pero sabiendo que las puertas de la ciudad serían cerradas á las
seis y nos faltaría tiempo, preferimos esperar basta el dia siguiente.
Un enjambre de muchachos desnudos retozaba en las ondas de color de
esmeralda y lázuli, nadando con voluptuosidad ó inquietud
alternativamente y haciendo evoluciones por entre los vapores y
bergantines del puerto, siguiendo los giros de los ligeros faluchos.
Entre tanto atravesaba el golfo un pequeño bote lleno de banderolas, que
venia de Algecíras á Gibraltar, trayendo á bordo una numerosa banda de
paseantes alegres entre los cuales habia como cinco ó seis músicos. Sus
sonatas eran de un efecto encantador en el fondo de aquel golfo
murmurante rodeado de preciosos paisajes. Gibraltar, asentada en su roca
monumental y prolongándose en anfiteatro hácia la cima hasta perderse
entre picos abruptos, fortalezas y bosquedllos artificiales, tenia, á la
luz ya vacilante de las seis y media de la tarde, no sé qué de
fantástico y severo por su conjunto, y al mismo tiempo mucho de
oriental, de voluptuoso y poético por sus rasgos y melancolía del
momento.

Al fin las sombras de la noche lo cubrieron todo y el silencio fué
absoluto. De aquel panorama lleno de luz, de vida y de capricho no
quedaba sino un cielo sereno pero opaco, la vasta sombra movediza del
mar, sus sollozos profundos sobre el horizonte de tinieblas,
destacándose á distancias casi iguales, los grupos de luces que
indicaban la posición de Gibraltar, San Roque y Algecíras, haciendo
contraste con las negras moles de las fragatas de guerra y de comercio
que parecían surgir, en derredor, de entre las olas adormecidas en un
concierto de suspiros. Paseándonos á lo largo del puente, mis dos
compañeros y yo conversábamos sobre la literatura francesa, tema que
insensiblemente se nos vino á las mientes á propósito de una
cancioncilla que preludiaba el capitán en uno de los camarotes.

--¡Qué de servicios no ha hecho á la literatura en general,
decíamos,--este monumento flotante que se llama un buque!--El navio,
cualquiera que sea su dimensión, es por sí solo una literatura, porque
es toda una civilizacion. No solo ha creado la literatura marítima, muy
especial y acaso la mas grandiosa,--poesía sin igual, llena de
misterios, y viajes, descubrimientos, conquistas, colonizaciones,
cambios de ideas entre los pueblos, astronomía y geodesia, guerras
maritimas, etc., etc.: no solo ha creado esos géneros de elementos
literarios, decíamos,--sino que ha desarrollado inmensamente la
literatura _continental_ ó _terrestre_, multiplicándole sus medios de
expansion y regeneracion de una manera prodigiosa. ¡Qué admirable cosa
es un buque! No es solo una concha de madera y hierro que lleva en su
seno una porción de la fuerza vital de la humanidad; es mas todavía: es
una civilización aparte;--es el símbolo del poder misterioso del hombre
para duplicar la superficie habitable de su planeta y someter á su
servicio todos los elementos; es un pedazo del hogar de cada pueblo
(accesorio pero no ménos real) buscando en la inmensidad de los mares el
saludo fraternal de otras porciones flotantes de pueblos. El mar no es
el límite de las naciones, de los continentes y las razas. No; al
contrario, es él quien suprime las fronteras, quien mantiene en la
unidad del elemento líquido (abrazando y envolviendo á todo el orbe, y
recibiendo con igual hospitalidad el tributo de todos los pueblos) la
imágen de esa unidad divina y eterna del Hombre con el Hombre, deducción
lógica de la unidad del Ser creado con el Creador y la Naturaleza.... Un
día la Humanidad será una sola familia, el Océano el lago común de
millones y millones de _vecinos y hermanos_ saludándose desde cada
playa, y el buque, sin bandera _nacional_, surcará ese lago universal,
tan anónimo como el coche que rueda hoy por las calles de una ciudad sin
distincion de domicilio.

Al dia siguiente, á las siete de la mañana, saltábamos á un falucho para
ir á visitar á Gibraltar. Al poner pié en el estrechísimo puerto, cerca
de las primeras murallas y la gran puerta, y en medio del alegre
bullicio de una plaza de mercado, fue preciso pedir la licencia de
entrar, escrita. Los funcionarios británicos no la niegan jamas, y las
transacciones se hacen allí con toda libertad. ¿Para qué la licencia,
pues? ¡Cómo no, si Gibraltar es también una _fortaleza!_ Así, esa noble
libertad personal que es el orgullo del Inglés, y pugna con los
pasaportes, las cuarentenas implacables y las cortapisas, sufre una
excepcion en Gibraltar, por el solo hecho de haber allí un conjunto de
máquinas de barbarizar al mundo. Aquel sencillo ejemplo está probando
que las fortalezas, las guarniciones, los buques de guerra, y todo lo
que tiene el carácter de _armado_, no son sino perturbaciones flagrantes
del orden social.

Apesar de su origen antiguo y de las dominaciones morisca y española,
Gibraltar es una población que no tiene la tristeza y monotonía de las
ciudades de tipo análogo: se ve bien que el genio británico ha
modificado profundamente la condicion social y la fisonomía de esa plaza
de carácter complejo. Las calles son generalmente claras, limpias y
regulares; los casas de solo dos ó tres pisos, alegres, caprichosas con
gracia, casi todas pintadas de amarillo y otros colores, y adornadas de
balcones, celosías, ventanas ó miradores, según que preside en cada cual
la sencillez inglesa, el estilo oriental, ó el empirismo español á veces
pintoresco. Los cafés y hoteles abundan; las sinagogas alternan con las
iglesias católicas y las anglicanas; las filas de ricas tiendas llenas
de curiosidades son interminables, principalmente en la «Calle-Mayor;» y
donde quiera hay una confusion de tipos y una animación de curiosos y
negociantes que llama mucho la atención, haciendo ver que aquella ciudad
es una colonia cosmopolita, donde viven fraternalmente y cambian sus
productos el Español, el Inglés, el Italiano, el Israelita y el Moro
tangerino ó tetuanés.

Nada mas pintoresco y curioso que el conjunto de grupos sociales y de
almacenes y tiendas de Gibraltar. Apesar de la confusión en que las
gentes hormiguean, cada tipo llama la atención al primer golpe de vista,
impresionando vivamente los contrastes á causa de la pequeñez del
escenario. El inglés se pasea en marcha mesurada, sin altivez pero con
el aire de seguridad que tiene siempre el que puede decir; «Aquí mando
yo.» Su rubia cabellera, sus ojos azules, su vestido holgado, libre y de
una uniformidad elegante pero monótona que lo presenta como de una sola
pieza; su impasible fríaldad, si es un simple negociante,--ó su orgullo
aristocrático, si es algún oficial de la guarnicion ó la marina
británica,--todo le distingue fuertemente de los demás tipos.

Entre tanto se ve en las demas fisonomías el sello de la dependencia,
aunque sin degradación. El español, mozo de cordel en el puerto,
artesano, carretero ó negociante en detall, se muestra reservado, como
si le oprimiese constantemente la idea humillante de que habita una
ciudad fundada en el suelo de la Península, pero dominada por un poder
extranjero. Los italianos (que eran muy numerosos), muchos de ellos
refugiados, huyendo de la tiranía y la miseria, maniestaban el pesar del
expatriado, al mismo tiempo que la satisfacción instintiva del que se
siente libre bajo un cielo semejante al de su patria, y su conversación
era simple, insinuante y ruidosa. El judío y el moro, vagando
silenciosos y como soñadores por las calles de Gibraltar, con sus
vestidos pintorescos y sucios, sus capuchones y turbantes, sus piernas
desnudas y sus anchas sandalias, parecen estar evocando allí todas las
tradiciones orientales y la historia de dos razas proscritas. Aquellos
hombres, con sus mantos flotantes como sudarios, parecen fantasmas del
mondo africano, ó cadáveres ambulantes de las generaciones que le
trasmitieron al mundo cristiano el depósito de la civilizacion. Yo no
podia mirar sin profunda tristeza ningún israelita ó moro de los que
pueblan á Gibraltar. No sé si mi inclinacion hacia todos los débiles y
proscritos del mundo me dominaba; pero sentía mas simpatía por los
judíos, italianos y moros que por los ingleses mismos y los españoles.

Y sinembargo, nada hay que haga resaltar tanto como ese áspero peñón de
Gibraltar la gloria relativa de las libres instituciones y las
costumbres hospitalarias del pueblo inglés. En Lóndres, donde hay tantos
miles de proscritos que viven bajo él noble amparo de una patria
adoptiva, todo pasa desapercibido, porque la inmensidad de esa
metrópoli esconde los pormenores. Es en Gibraltar donde se revela mejor
el genio liberal, comercial, cosmopolita y tolerante del pueblo inglés.
El español y el italiano, el israelita y el moro, el inglés y el
extranjero de cualquier pais, todos son igualmente libres, se toleran en
su religion y sus costumbres y viven fraternalmente. Gibraltar me
pareció una especie de modelo (aunque imperfecto) de esa unidad en el
_derecho_ y el _progreso_, á que tiende la Humanidad, impulsada por el
sentimiento del amor y la justicia que es el verdadero ideal de la
civilización. Aquel peñasco hospitalario, que admite á todas las razas y
religiones, colocado entre la España católica,--intolerante y fanática
por sus instituciones papales,--y el África mahometana,--intolerante y
fanática por resentimiento y por su atraso en la civilizacion;--aquel
peñasco, digo, me parecía allí, azotado por las ondas balanceándose
entre dos mundos enemigos, como una arca de salvación que llevaba en su
seno la idea redentora de la libertad, del derecho y la fraternidad!

Si yo fuese español, acaso miraría con despecho flotar el pabellón
británico sobre la roca de Gibraltar: el patriotismo (que muchas veces
es un sofisma) me haría pensar así. Pero, hijo del Nuevo-Mundo,
imparcial entre las dos potencias y amigo de la justicia y el progreso,
bendigo _hoy_ (todo es relativo) la dominación de Inglaterra en
Gibraltar. Ella es la garantía de la libertad del comercio en el
Mediterráneo; es el lazo de unión entre la civilizacion europea y la
semi-barbárie africana; es una promesa de progreso, y una enseñanza
severa y elocuente para las naciones que rechazan todavía los consejos
de una política de tolerancia y equidad. Todos esos intereses se verían
comprometidos el dia que Gibraltar volviese á la dominación de
España,--de España, donde todavía, en 1859, mientras se llevaba la
guerra á Marruecos en nombre de la civilizacion, se condenaba á _nueve
años de prisión_ á un ciudadano de Inglaterra, por haber vendido en
Cádiz la _Biblia_ (el libro de Dios!) en edición británica....

El comercio qué hace Gibraltar es muy considerable, Aquella plaza no
solo es un punto de escala importante para la navegacion entre el
Mediterráneo y el Atlántico, sino el depósito general de los cambios que
hace la Europa occidental con el imperio de Marruecos. Ademas, es un
elemento de comercio clandestino con España, muy considerable. España,
como todo el que peca, tiene en los resultados de sus propias faltas el
castigo y contragolpe de ellas. Egoísta por sus instituciones económicas
ó fiscales, se ha rodeado de todas las trabas propias de un sistema
rigoroso de prohibiciones, reglamentos y derechos diferenciales; y eso
le cuesta caro. El contrabando es inmenso, por todos lados,--lo mismo
por sus costas, que por las fronteras de Francia y Portugal; pero en
ninguna parte se hace con proporciones tan visibles como en Gibraltar.
El valor de los cambios que se verifican allí es tan considerable, que
en los últimos años no exportaba Gibraltar hacia Europa y África menos
de 22,000,000 de pesos fuertes ó 440 millones de reales de vellon.

Prescindiendo de los grandes almacenes de depósito, nada mas curioso que
las tiendas de Gibraltar, repletas de las telas, los artefactos y
objetos mas heterogéneos, procedentes de muy diversos paises. Lo que mas
llama la atencion es el conjunto de artículos de la industria marroquí,
tan graciosos y originales como pintorescos. Los preciosos y bruñidos
tafiletes, los grandes chales de algodon y seda, de colores vivos sobre
fondo blanco, ó mezclados; los mil caprichos de dibujo y bordado en las
_mantas_ rojas de lana, en los cojines y sandalias; los bellos
turbantes; la infinidad de joyas y objetos de adorno, de plumas,
corales, rosarios, filigranas, cigarreras bordadas de hilo de oro y
plata, y mil objetos de uso manual,--todo eso despierta la curiosidad
por sus particularidades, sus vivísimos colores y sus caprichos de
forma, que dan idea del estilo de la industria en Marruecos y los paises
vecinos. No menos curiosos son los pequeños objetos de diversa
aplicación que se fabrican con mármol y granito en Gibraltar, en Ronda,
en Tánger y otros lugares para tener su espendio en aquella plaza de
cambio universal.

Cuando habíamos recorrido las calles de Gibraltar y visitado muchas de
sus tiendas, pasamos de la ciudad al vasto recinto de la ciudadela. Sin
cuidarnos de observar muy atentamente las fortificaciones estupendas que
se destacan por todas partes en laberinto, cruzamos los primeros
jardines para trepar hasta las alturas del peñón, pasando por inmensos
patios repletos de pirámides de balas, bombas y granadas, y filas
interminables de cañones estupendos. Aquel enjambre de proyectiles é
instrumentos de muerte, en medio de tanta verdura artificial, de tantas
flores y perfumes, y árboles frutales, y fuentes de aguas saltadoras, y
puentecitos rústicos, y estatuas y arcos y muros abrumados de
enredaderas y pámpanos;--aquellas fortalezas y fragatas amenazantes, en
presencia de un golfo bellísimo y bajo un cielo admirable de oriental
hermosura; aquel silencio traidor de tantas bocas de hierro y bronce,
abiertas sobre las murallas y prontas á vomitar ondas de fuego sobre las
verdes ondas del golfo,--mientras que en la ciudad todo era bullicio y
animacion mercantil;--todo formaba un conjunto de contrastes que hacia
meditar con tristeza ó reír de las locuras del mundo. Todavía pasarán
muchos años antes de que el cañón, trepado insolentemente sobre su
cureña, deje de ser un _argumento_; pero hay que esperar que llegará un
dia en que una plaza mercantil y un estrecho de mar no tengan otra
defensa que el interes del progreso y la nocion de la justicia.

El panorama que se domina desde las alturas superiores de Gibraltar es
incomparable, como cuadro marítimo. Con el auxilio de un anteojo veíamos
claramente los mas lejanos objetos, abarcando un conjunto encantador.
Encima un cielo de fuego y los pardos picachos de granito, de una
majestad imponente. Al derredor jardines primorosos y vastísimos,
surcados de calles en zig-zag, que van caracoleando hasta la cima, tan
bien niveladas que los coches suben y bajan sin dificultad ninguna; y
todo el recinto erizado de fortificaciones, de rocas graníticas, de
palacios y lindas casas de campo, de estatuas de personajes ingleses y
grandes y hermosos árboles. En el fondo, el golfo incendiado por el sol
africano, la costa de Algecíras y San Roque, con sus graciosas
poblaciones, la _Isla-Verde_ con su hospital, las fortalezas españolas y
la faja de montañas cerrando el horizonte al sud-oeste. Por último, al
sur y sud-este el Mediterráneo, las montañas y costas africanas, y
después de la «Punta de Africa», que hace frente al Peñón de Gibraltar,
Ceuta en el fondo de su pequeño golfo, semejante á un nido de gaviotas;
y mucho mas léjos, como un punto blanco, el puerto y la ciudad de
Tánger, mostrándose vagamente detras de un velo de ardiente gasa
producido por las reverberaciones del aire inflamado. Aquel panorama es
de los que no se olvidan nunca. Al describirlo en masa, me parece que lo
estoy viendo, con el ojo enardecido por un sol devorador, después de
ocho meses trascurridos desde que visité á Gibraltar.

       *       *       *       *       *

A las cinco de la tarde nuestro vapor levó anclas haciendo rumbo hácia
Cádiz. Poco después, al volver la punta de Algecíras, la mas avanzada de
España en el Mediterráneo, perdimos de vista el golfo y el peñón de
Gibraltar. Salíamos ya casi del estrecho y empezábamos á ver la lucha
infatigable entre las grandes ondas del Océano y las menudas olas del
Mediterráneo,--las primeras lentas, formidables, inmensas, invadiendo el
canal con majestad,--las otras inquietas, rápidas, revolcándose sobre la
gran sabana líquida y queriendo salir al ancho espacio. Parecian
innumerables rebaños de carneros empeñados en trepar sobre colinas y
montañas formidables.

Las sombras de la noche caían cuando pasábamos por en frente de Tánger y
Tarifa, tan cerca de la segunda que casi tocamos con la roca ó islote
del mismo nombre, ligada por un estrechísimo istmo al puerto. Hoy Tarifa
no es mas que un escombro, una memoria. La poblacion yace triste y
solitaria al pié de una colina, y las fortalezas históricas nada valen.
Pero eso grupo de piedras tiene un mérito moral inmenso. Al contemplarlo
me parecia ver sobre una almena la sombra sublime de Guzman el Bueno,
dominando las vagas sombras de la noche, con el brazo extendido
mostrando el Africa, y recordando al mundo que la abnegación suprema es
una virtud para la cual no debe haber ni época ni posteridad....

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CAPITULO V.

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LA BAHIA DE CÁDIZ.


La isla de León.--Panorama de Cádiz.--Reminiscencias.--Curiosidades y
costumbres.--San-Fernando.--Puerto-Real.--Puerto-Santa-María.--Algo mas
sobre Cádiz.--El bajo Guadalquivir.

Eran las seis de la mañana cuando fondeábamos delante de Cádiz, casi en
el centro de la bahía, y fue necesario aguardar durante dos horas á
bordo hasta que llegase el permiso para desembarcar. La Aduana no se
debia despertar hasta las ocho, hora en que comenzaron los registros de
equipajes y escrutinios de pasaportes, sin excepción de persona. El
Español es extranjero en España bajo los umbrales de la Aduana, cuyas
uñas inquisitoriales no respetan nacionalidad ni domicilio, escarbando
lo mismo el equipaje del que viene de la China ó del Nuevo Hundo, que
del que llega de paseo de alguna ciudad española.

Un sol magnífico plateaba las ondas de la bahía é iluminaba las torres,
las fortalezas y los grandes edificios de Cádiz, produciéndose en las
cúpulas y masas colosales de mampostería los mas vivos reflejos. El
espectáculo era admirablemente bello, como era interesante el movimiento
del puerto, animado ya por los numerosos grupos de marinos, de mozos de
cordel, de mercaderes ambulantes, curiosos desocupados, etc., cuanto por
la abundancia de buques anclados en la bahía y de las pequeñas barcas y
faluchos de corta navegacion. A las diez de la mañana logramos salir
sanos y salvos de la Aduana y fuimos á instalarnos en el hermoso hotel
del «Comercio». Estábamos impacientes por trepar á una de las torres mas
altas de la ciudad para poder abarcar con la vista todo el panorama, y
aunque el sol calcinaba con sus lenguas de fuego la isla de Leon, no
quisimos esperar la tarde. Una de las torres de la Catedral «vieja»
(edificio algo espacioso, pero de mal gusto y que no valia la pena de un
exámen detenido) nos sirvió de mirador.

La escena era enteramente distinta de la que nos había ofrecido el golfo
de Algecíras. En la bahía de Cádiz el horizonte no tenia límites, y
habia en todo lo que los ojos podían contemplar un maravilloso conjunto
de majestad en lo inmenso, de gracia y vitalidad en los pormenores y de
grandes recuerdos en el variado aspecto del panorama. Nada mas curioso y
excepcional que la topografía de la isla de León y de la punta
peninsular que le hace frente para formar la bahía. Cádiz está como un
peñasco en el centro de una inmensa llanura: por el oriente la llanura
_sólida_, la vastísima costa de la baja Andalucía, completamente plana,
extendiéndose hacia el Guadalquivir de un lado, y del otro hacia los
lejanos contrafuertes de Ronda, siguiendo la dirección de
Medinasidonia;--al occidente, al sur y al nor-oeste los desiertos del
Atlántico, llenos de luz y de solemnidad.

La isla de Leon tiene como la forma de un sombrero militar de gruesa
copa y con una de sus puntas mucho mas prolongada que la otra. La base
está azotada por las ondas del océano; en la punta setentrional demora
Cádiz, y la copa se liga al continente por algunos puentes, al este de
la ciudad ó villa de San Fernando. Pero la misma isla de Leon se
subdivide en dos: la gran masa tiene por centro á San Fernando, miéntras
que Cádiz está asentada en un islote ó promontorio, que es como la
avanzada rocallosa de la grande isla, describiendo esta un arco
caprichoso. Al norte se destaca del continente una península de formas
regulares, mas larga que ancha, en cuya base demoran á los dos lados la
ciudad llamada «Puerto-Santa-María» y el gracioso pueblo denominado
«Puerto-Real,» donde desemboca el río «Guadalete», tan famoso en la
historia de la dominación arábiga en España. La bahía, de forma
irregular, aunque generalmente circular, queda encerrada entre la isla
de León y la lengua de tierra mencionada; pero la punta de Cádiz es tan
avanzada que parece como dominando el pequeño golfo de «Santa-Maria».

El paisaje es tan vasto del lado de tierra que con el anteojo se alcanza
á ver casi toda la parte llana de la provincia de Cádiz, en la direccion
de las extensas llanuras del Guadalquivir y la provincia de Sevilla. A
unos 35 kilómetros de Cádiz se alcanza á ver en masa la considerable
ciudad de «Jerez-de-la-frontera», tan famosa por sus vinos y sus
opulentas y grandes bodegas ó sótanos, y con una población de mas de
51,000 habitantes. Por toda la comarca se ven las llanuras y las bajas
colinas cubiertas de viñedos, plantaciones de cereales, olivares, etc.,
cuyas tintas hacen muy bello efecto en el horizonte lejano. Sin contar
mas que las poblaciones vecinas de Cádiz, hay al derredor de la bahía
(incluyendo á «Puerto-Santa-María» que es como adyacente) una masa de
114,153 habitantes, de condición esencialmente marítima, aunque
productores en industria y agricultura. La bahía tiene como 58
kilómetros de circunferencia.

Como se ve, Cádiz remeda un barco inmenso flotando entre dos bahías,
sacudido por las ondas en todas direcciones. Si la situacion hace de esa
ciudad la mas bella y poética población de España, su interior, sus
curiosidades y sus tradiciones la hacen tan interesante como simpática y
graciosa. Cádiz es una ciudad de origen muy antiguo, pues fue una
colonia fundada por los Tirios. Los Romanos la conquistaron dos siglos
antes de la era cristiana, y en todos tiempos ha tenido la doble
importancia de plaza mercantil y de guerra. Si hoy es la primera plaza
fuerte de España, erizada de castillos y defendida en todas direcciones,
como plaza mercantil es muy inferior á Barcelona. Mientras que la
capital catalana y Málaga, Valencia, Alicante y Gibraltar le disputan
el tráfico que gira hácia el Mediterráneo, Sevilla, Coruña, Santander y
Bilbao le hacen competencia del lado del Atlántico. Su poblacion, que en
tiempo de la dominación española en América no bajaba de 100,000
habitantes, hoy está reducida á poco mas de 70,000.

Cádiz me interesaba por sus tradiciones bajo todos aspectos. De allí
salieron las mas importantes expediciones españolas, tanto en la época
de las colonizaciones emprendidas sobre el Nuevo Mundo, como durante la
terrible guerra de la independencia de «Colombia,» Méjico, Perú, Chile,
Buenos-Aires, etc. La libertad colombiana no tuvo en ninguna parte
enemigos tan implacables como en Cadiz, residencia de la famosa compañía
que tuvo el monopolio del comercio entre Europa y varias colonias
hispano-colombianas. Y cosa singular, que prueba cuánto los intereses
del monopolio influyen en la política de las naciones!--esa misma
población gaditana que tan cruda guerra hiciera á la revolución del
Nuevo Mundo, era en la misma época el refugio de los patriotas españoles
y el arca de salvación para la nacionalidad de España, en su heroica
lucha contra Napoleón y el despotismo.... Cuántos males ha sufrido el
pueblo español, por no haber comprendido desde entonces que la causa de
la libertad y del derecho era la misma en España que en Colombia, y que
los patriotas de uno y otro mundo debían aliarse como hermanos en vez de
hacerse la guerra!

Otros recuerdos me asaltaban en Cádiz. Aparte de sus defensas heroicas
contra los Ingleses, en 1626, 1772 y 1797, y contra los Franceses en
1811; aparte también de sus interesantes episodios políticos, su
constitución liberal de 1812 y la heróica revolución de 1820 encabezada
por Riego y Quiroga, Cádiz me hacia recordar que allí había nacido ese
feroz brigadier Enrile, _pacificador_ de espantosa memoria en mi patria;
y que allí murió miserable, hambriento y lacerado por mil amarguras, en
el fondo de un calabozo, el ilustre y generoso Miranda, guerrero de la
revolución francesa y mártir de la independencia colombiana, tratado por
unos con suprema ingratitud y por otros con una fría crueldad!

La faja de altas murallas (dobles y aún triples en algunas partes) que
rodea completamente á Cádiz, tiene una circunferencia de 7,500 varas
españolas. Así, por donde quiera que el viajero pretende buscar una
salida tropieza con una masa enorme de piedra, soldados y cañones,
viendo al pié las ondas espumosas del océano estrellándose con violencia
en los bancos de arena y los peligrosos arrecifes que avecinan la isla y
sirven de asiento á castillos y fortificaciones. Si la vista sobre la
bahía es pintoresca y variada, la que se tiene sobre el océano, al sur y
sud-oeste, desde el paseo de la «Alameda» es de una majestad imponente.
Desde el primer momento, Cádiz me habia ofrecido muchas semejanzas de
aspecto con la ciudad de Cartagena en «Nueva Granada». _Semejanza_ no es
el término propio: es no sé qué _analogía_ vaga en la configuracion de
la isla y las bahías, en la estructura exterior de la ciudad; algo de
muy armónico en el estilo de las fortificaciones, en la atmósfera y el
cielo. Al recorrer el hermoso paseo de la Alameda, las plazas y las
calles, y observar las gentes allí, la comunidad de tipo me pareció
evidente. En cada elegante gaditana creia ver una hija de Cartagena: el
acento, los modales, la soltura, el garbo lleno de gentileza y _dengue_,
el ojo negro y dulce, la sonrisa de adorable coquetería, la tez de un
moreno suave y pálido, el andar mesurado y señoril, la amabilidad y la
franqueza insinuante, y un no sé qué de voluptuoso en el vestir, en las
formas delicadas pero expresivas y en el juego del inevitable
abanico,--todo contribuia á producirme una ilusion que me hizo pensar en
la patria.

El sol se hundia como una brasa fulgurante en las ondas de un horizonte
infinito; la Alameda estaba poblada de paseantes y habia por do quiera
una encantadora animacion. El escenario parecia una gran canasta de
flores flotando entre los remolinos de un torrente. El mar producia al
pié de las murallas sus formidables chasquidos, lanzando nubes
instantáneas de espuma, miéntras que centenares de paseantes vagaban por
en medio de las arboledas y los lindos jardines de la «Alameda», casi
bajo los balcones y las celosías de las espléndidas casas que dominan
los malecones y terraplenes. Los techos reverberando,--los pintorescos
balcones verdes y azules,--las altas y elegantes azoteas de estilo
morisco,--los arbustos cuajados de flores y perfumes,--los grupos
animados de una poblacion en que se veian tipos muy variados,--los
mármoles resplandecientes de las casas mas lujosas,--los lejanos
castillos destacándose sobre las ondas,--las montañas, confusas en
lontananza,--el mar encrespado y sacudiéndose bajo su manto de luz
crepuscular,--el sol, enorme por un efecto de óptica, como bañándose en
el océano,--la brisa agitando suavemente los árboles,--el cielo de una
hermosura extraordinaria;--todo aquello me llenó de encanto, de
embriaguez, dejándome en el alma una hondísima impresion que nunca
olvidaré.

El tiempo me faltaba para hacer observaciones detenidas. España es un
país que no puede ser bien estudiado en ménos de tres años, y yo solo
pódia disponer de tres meses para recoger impresiones, reparando en las
cosas mas salientes é importantes. Ningun monumento me pareció en Cádiz
digno de especial atencion bajo el punto de vista artístico. Lo que hace
de esa ciudad una poblacion interesante es su posicion, su conjunto, su
estilo particular de construcciones, su aire social, sus recuerdos
históricos y su valor económico.

Cádiz, que tanto habia decaido como plaza mercantil desde que perdió la
explotacion de Colombia, comienza á recobrar su animacion, gracias á las
nuevas líneas de vapores, á notables mejoras en las vias de comunicacion
hácia el interior de la Andalucía, y al despertamiento económico que ha
tenido España desde 1855. Sus exportaciones consisten en sal, aceite,
vinos, frutas secas y otros artículos andaluces;--es una plaza
importante de escala y depósito, y fabrica algunos objetos de bellas
artes, así como los de aplicacion á la marina. La pesca le procura
considerables utilidades. Asentada sobre una roca viva, ya que le faltan
las aguas corrientes las tiene superiores en sus vastas y numerosísimas
cisternas. Posee hermosos hospitales y un gran número de institutos de
enseñanza, beneficencia, crédito, comercio y navegacion.

Desde luego que el clima, la influencia de la dominacion morisca y el
gusto español, han determinado en Cádiz el mismo género de
construcciones que en casi toda la península y especialmente en las
Andalucías. Asi, las calles son en lo general ó en su mayor número
angostas y sombrías, tortuosas, desiguales y llenas de capricho. Pero
hay allí un sello particular de elegancia y gusto que no se encuentra en
ninguna otra de las grandes ciudades españolas, exceptuando á Sevilla.
Se siente un vivo placer al recorrer casi todas las calles de Cádiz, ó
al reposar bajo la espesa sombra de las magníficas arboledas de las
plazas de «San Antonio» y de «Mina». Aparte del interes que excitan los
corrillos de gentes de todas condiciones y las tiendas elegantes llenas
de curiosidades, donde quiera se camina de sorpresa en sorpresa al
recorrer las mejores calles, las que no empedradas ricamente
embaldosadas.

Por todas partes los graciosos balcones, las discretas celosías, veladas
en su interior por finos cortinajes, tras de cuyos pliegues se alcanzan
á ver medio escondidas algunas caras primorosas como apariciones
ideales; los aéreos miradores de cristal, empinados caprichosamente
sobre los techos; las ventanas con enrejados de hierro curiosísimos; las
vastas azoteas adornadas de jarrones con flores y pequeños arbustos
bañados por el sol y agitados por las brisas marinas. Pero nada tan
curioso, tan deliciosamente bello y suntuoso como las casas de los mas
ricos propietarios, en las principales plazas y calles, verdaderos
palacios de hadas, de un orientalismo encantador. En todas ellas una
portada magnífica de mármol ó rico jaspe, trabajada con esmero; un
zaguán que parece la antesala de una suntuosa habitación, con el
pavimento y los muros de mármol, el techo estucado y la puerta interior
de soberbios cristales con labrados de arabescos y bellos colores. La
puerta está siempre abierta durante el dia. Os acercáis, y un criado
desciende la escalera al punto y os invita con la mayor atención á
visitar la casa, aunque la familia esté presente. Si aceptáis, el
propietario (algún opulento negociante) se presenta, y con una obligante
cordialidad casi irresistible,--al ver que sois extranjero--os repite la
invitacion, os ruega que subais, os pregunta si quereis tomar un
refresco, etc.

Yo había visto espléndidos palacios y suntuosos hoteles en Francia, en
Inglaterra, en Barcelona y Madrid; pero no tenia idea de casas tan
preciosas, tan romanescamente orientales como las que visité en Cádiz y
Sevilla. Pasais adelante del zaguan, y os encontrais en un patio
cuadrado y claustrado, en cuyos cuatro costados se levanta el edificio,
cubierto por una alta cúpula de cristal que lo hace parecer un
invernáculo. A los lados, en el piso bajo, se ven los vastos salones
destinados á los negocios ú oficinas del propietario; en el fondo hay un
elegante pasadizo que conduce á los patios interiores (los verdaderos
_patios_), destacándose á los lados, ya en caracol, ya en ángulos
rectos, las escaleras monumentales que conducen á los tres, cuatro ó
cinco pisos de la casa. Desde la base hasta la cúpula de cristal se
proyectan en todo el interior del patio-salon tantos órdenes de balcones
continuos y claustrados cuantos pisos tiene la casa. No hay un pavimento
en ese patio cubierto (que es como la sala central), en las escaleras,
los balcones interiores y todas las piezas del edificio, que no se
componga de soberbias baldosas cuadradas de mármol blanco y azul, ó
negro ó jaspeado; no hay un balcon, una puerta, una baranda que no tenga
mil arabescos y primorosas molduras de un gusto exquisito; no hay una
pared que no esté ricamente estucada y labrada. Cada _patio_ tiene en el
centro una preciosa fuente de mármol con surtidores que refrescan el
aire, y en todo el recinto se ven grandes jarras de gaspe, de porcelana,
etc., conteniendo arbustos delicados, macetas de jazmines, rosas y
claveles, naranjillos en flor, enredaderas ó parásitas, que embalsaman
aquella atmósfera embriagadora. Se cree uno soñando con algo de los
_Cuentos orientales_; y para que el deleite sea completo para el amador
de bellas artes, cada patio de esos tiene unas cuantas estatuas de
mármol y ostenta en sus muros diez ó doce hermosos cuadros de pintura.

La luz del sol, cayendo verticalmente á medio día, ó entrando debilitada
por la parte baja, prodúce los mas extraños efectos de brillantez, de
sombra y claro oscuro; y por la noche, cuando el interior está
iluminado por el gas, ese museo-jardin en cuyo centro murmuran las aguas
del surtidor, es de una hermosura arrebatadora. Es allí donde se reúnen
las familias, se reciben las visitas y se goza en las tertulias
domésticas, durante las horas mas calurosas en los meses de estío,
cuando no tiene la preferencia la azotea.

En Cádiz el mármol está prodigado en todas partes. En los grandes
hoteles, en los numerosos y espléndidos cafés, en los teatros, las
iglesias, las plazas y todos los monumentos hay un lujo de pavimentos
que admira. El café de «Apolo», uno de los mas bellos y originales que
he conocido, divierte y llama la atención al viajero, y da una idea del
carácter ardiente, cordial, voluptuoso y expansivo de la población
gaditana. Durante las primeras horas de la noche, las plazas de San
Antonio y Mina (la primera sobre todo) y las grandes calles adyacentes,
tienen mucha animacion y ofrecen los mas curiosos cuadros de costumbres.
Las mujeres de Cádiz son generalmente bellas, picantes y atractivas:
eso, y la condición mercantil de la ciudad, hacen la desgracia de ellas
en las clases mas expuestas á debilidades y seducciones. Así, la
prostitución tiene en Cádiz proporciones que espantan. Es inaudito el
número de mujeres desgraciadas en ese género de establecimientos de
corrupción, y de _expertas en la infamia_ que especulan con la dirección
de esas casas, que son la ignominia de las sociedades europeas.
Contáronme cosas qué me aterraron, y anécdotas respecto de personas de
la _alta_ sociedad que, al ser ciertas, darían una idea muy triste de la
moralidad gaditana. No quiero creer todo lo qué se me dijo por algunas
personas; y sinembargo llevé de Cádiz, bajo ese aspecto, dolorosas
impresiones.... Mucho podría decir sobre lo que he observado en las
grandes ciudades españolas; pero el asunto es repugnante y escabroso, y
el mundo colombiano, por fortuna, no conoce ciertas cosas que es mejor
que ignore siempre. Hay tantos sofismas en la civilización
europea...tantas miserias que deshonran el progreso y hacen aveces tener
vergüenza de lo que hace la humanidad.... En España hay un contraste
singular: la religion no es libre: el que no es creyente católico no
puede tributarle culto á Dios;--pero la prostitucion no solo está
legitimada por la ley, sino que la autoridad la reglamenta y dirige con
esmero!

Bastaría para juzgar de la organización de ese país (cuyo pueblo tiene
admirables cualidades características y graves defectos de educación) el
hecho simple de estos dos contrastes: la ley especula con el juego por
medio de las _loterías_, pero restrinje el _trabajo_ inocente y fecundo;
mantiene y dirige la _prostitucion_, pero oprime la _conciencia_ y
condena a prisión al que distribuye la Biblia y los Evangelios sin las
notas del padre Scio!!

       *       *       *       *       *

Apesar del interes que podía tener la ciudad de Jerez, como población
fuerte y gran centro de producción vinícola, teníamos mas vivos deseos
de navegar el bajo Guadalquivir desde su desembocadura hasta Sevilla.
Preferimos, pues, esa via, pero ántes de embarcarnos quisimos conocer
las interesantes poblaciones vecinas á Cádiz. Tomando un coche y
saliendo del recinto de la ciudad por la carretera que conduce á Jerez,
es fácil visitar a San Fernando, Puerto-Real y Puerto-Santa-María.

El paisaje, si se mira hácia el continente, es monótono, por la igualdad
del terreno y la naturaleza de los cultivos; pero es pintoresco y
animado, si se tiende la vista del lado del mar, sea para reparar en los
astilleros de la bahía, donde hay bastante movimiento, sea para echar
una rápida mirada á las extensas salinas de San Fernando, cuya
produccion es muy considerable y ocupa á un gran número de trabajadores.
La sal está monopolizada en España, probablemente para probar á Dios una
infinita gratitud por haber rodeado de mares á la península española.
Ese monopolio (que le produce al Estado una fuerte renta, no obstante el
contrabando) proporciona á los Españoles las inestimables ventajas de
comer la sal de sus inmensas costas muy cara y mala, sin que por eso
dejen de hacer su negocio los especuladores en grande que explotan el
_estanco_ de sales.

La ciudad de San Fernando, separada de Cádiz por fortalezas, murallas y
un gran foso marítimo que corta la isla de Leon, está situada hácia el
extremo de esta, que se liga al continente por dos puentes. En las
cercanías hay numerosos huertos de frutales, y por todas partes se
revela en las vastas salinas, los artilleros y las fábricas, la
naturaleza de su produccion. Sus elementos principales son: la sal, en
muy fuerte cantidad (que se exporta), tierras metalóideas, encurtidos y
objetos de fundición y de marina, como de artes y oficios. La situación,
de la ciudad es curiosa, por la forma que tiene el canal semi-circular
que la rodea del lado del continente y que determina la isla. Tal parece
como si dos largas y angostísimas bahías ó lenguas de aguas marinas
fuesen á chocarse y confundirse bajo los puentes de _Zuazo y Chiclana_,
que dan paso hácia el interior del pais.

San Fernando tiene semejanzas generales con Cádiz en su estructura
exterior, y el aspecto es poco mas ó menos análogo. No tiene otra
particularidad que su observatorio astronómico, que es muy inferior al
de Cádiz, tan famoso en la geografía española y colombiana. La población
de San Fernando alcanza á unos 17,000 habitantes, generalmente
laboriosos y ocupados en rudos trabajos de fabricación y artefactos. Los
innumerables ventorrillos ó casas aisladas que avecinan á San Fernando
del lado de Cádiz tienen un aspecto original y pintoresco; es allí donde
se aglomeran los millares de obreros que trabajan en el astillero de la
_Carraca_ y en muchas fábricas de las cercanías, formando en algunas
horas del dia multitud de grupos tan animados como curiosos. Al pasar
por en medio de ellos se siente un fuerte olor de brea, sal y otras
materias que revelan desde el primer instante el género de ocupación de
estas gentes.

El astillero de la Carraca, especie de población flotante y sólida al
mismo tiempo, que se compone de buques, almacenes y vastos talleres,
ofrece un cuadro muy interesante, no tanto por el mérito del
establecimiento cuanto por el aire de los trabajadores, los edificios,
etc. Es en ese astillero, situado en la bahía, cerca de las salinas,
como á 1,200 metros de San Fernando, donde España tiene una de sus
mejores fábricas navales. Allí se construyen buques de guerra, y aún de
comercio á veces, de todos tamaños y condiciones, y se hace el carenaje,
así como se trabajan en grande escala lonas para velas, jarcias,
cordajes, etc. Millares de obreros trabajan constantemente en ese punto
de la bahía y su vecindad, ya en la fabricacion naval, ya en la
explotación y fabricacion de la sal. Después se extienden en varias
direcciones muchas obras de fortificación, que son en cierto modo los
baluartes de Cádiz y del fondo de la bahía.

Puerto-Real, situado en la costa continental, en el fondo de la bahía,
es una bonita poblacion de 5,000 almas. La vecindad de la embocadura del
Zurraque (al sur) confundido ya con un brazo de mar, y del Guadalete,
que entra al norte, en el rincon de la bahía; la estructura moderna de
las calles y las casas (generalmente simétricas) y de su muelle y su
puerto llenos de pescadores de mariscos y bateleros cargando agua; el
cuadro que forman á los dos lados, equidistantes, él astillero de la
Carraca y el del «Trocadero» (de uso mercantil) que está al poniente
sobre la bahía; la animacion de las gentes y la gracia de los huertos
vecinos y las casas de campo,--todo eso contribuye á hacer de
Puerto-Real una poblacion pintoresca y alegre. Aquel es el lugar de
paseo y descanso para los ricos gaditanos, muchos de ellos poseedores de
casas y quintas de recreo en ese punto de la costa española.

«Puerto-Santa-María» es mucho mas considerable. Demora, como he dicho,
en el fondo de un pequeño golfo (al nor-oeste de Puerto-Real) cuyas
aguas están separadas de la bahía de Cádiz por la península ó lengua de
tierra donde se encuentra el «Trocadero». Santa-María, que dista unos 14
kilómetros de Jerez y 21 de Cádiz, es el término de la carretera de
Sevilla, y por allí pasa el ferrocarril recientemente concluido. Desde
allí se extiende un terreno de imponderable riqueza en viñedos
esmeradamente cultivados (así como otros muchos frutales), sea del lado
de Jerez, hácia el interior, sea por la costa, en la dirección de Rota
(el país del famoso _tintilla_) y del bajo Guadalquivir. La distancia
entre Santa-María y Puerto-Real es tan corta, con el Guadalete de por
medio, que en realidad la primera parece pertenecer tanto á la bahía
misma como al golfo mencionado. Sus comunicaciones principales con Cádiz
se sostienen por medio de vapores que salen de un buen muelle y cruzan
la bahía constantemente.

Santa-María es una bella población, con mas de 21,000 habitantes, con
mucha actividad y movimiento agrícolas, industrial y mercantil. Yace á
la falda de una colina, dominando la márgen derecha del Guadalete, y
está literalmente rodeada de huertos y viñedos. Tiene numerosos
institutos públicos, bastantes fábricas (principalmente de excelentes
licores, encurtidos, sombreros y jabon), y aparte de su fuerte
produccion de vinos, cultiva muchas artes y oficios. La estructura
general es buena, notablemente su hermosa calle llamada _Larga_. Se ve
allí el tipo de las poblaciones andaluzas, activas y laboriosas en lo
general, donde no se revela casi nunca ningún síntoma de miseria ó
decaimiento.

       *       *       *       *       *

El tiempo nos faltaba para continuar la excursion. Así, entramos á un
pequeño vapor costanero y volvimos á Cádiz. Debíamos partir para Sevilla
al día siguiente, y aprovechamos la segunda noche que nos quedaba
visitando un teatro y algunos cafés. Nada de particular en el teatro,
elegante y bien concurrido (porque el pueblo español es muy apasionado
por los espectáculos que impresionan fuertemente ó hacen reír); pero
hallamos, cómo en casi toda España, una farsa cantada á trozos, con el
nombre de _zarzuela_, y las consabidas _evoluciones_ coreográficas de
estilo francés,--pestes insoportables que van haciéndole perder su
originalidad y su gracia al teatro español. En vez de una buena comedia
ó un buen drama (como hay de sobra en España) el público tiene que
tragarse como puede una opereta bufa de mal gusto, que degrada al mismo
tiempo á la comedia y la ópera.

En desquite, el café es en todas las ciudades españolas un elemento
social sumamente curioso. Para un habitante del norte de Europa nada
puede ser mas desagradable quizas; pero para un hijo del mediodía ó de
Hispano-Colombia, con instintos de expansion y sociabilidad, la escena
tiene muchos atractivos. Ya he dicho, al hablar de Barcelona y Madrid,
lo mas digno de atención acercada los cafés en España. Como el espíritu
de las poblaciones es enérgicamente liberal en todas las grandes
ciudades españolas, y muy particularmente en las Andalucías, el
_café_,--elemento de expansión franca y libre, de discusion y de
censura,--es mucho mas importante aún en Cádiz, Sevilla, etc., donde la
opinion liberal saca de él todo el partido posible. El piano (mueble
infalible en los grandes cafés) contribuye á despertar los ánimos y
aumentar el bullicio de los centenares de parroquianos,--sirviendo no
pocas veces de instrumento epigramático, segun el humor de los
concurrentes. Es muy frecuente el manifestar allí las tendencias de
oposición al gobierno nacional, de aversión al gobierno francés, etc.,
haciendo ejecutar (con aplausos estrepitosos y unánimes) ya el _himno de
Riego_, ya la _Marsellesa_, ú otra pieza que entrañe una fuerte alusión
política.

El café de _Apolo_, donde nos establecimos en Cádiz durante algunas
horas, en dos noches, nos procuró el medio de hacer curiosas
observaciones en cuanto á las costumbres políticas de los gaditanos.
Hasta la singular estructura interior del café contribuía á hacer
interesante la escena, pues había cierta semejanza con las casas
elegantes que he descrito, pudiéndose observar desde uno de los altos
balcones que dominaban el gran salón todos los grupos y pormenores
simultáneamente. Yo me aturdía de oir á los españoles hablando sobre los
más graves asuntos: me parecía estar en un café de Bogotá (donde se
habla con absoluta libertad) aunque, á decir verdad, hallaba mas
tolerancia mútua en las francas y vehementes discusiones de los
españoles. Se decian las mayores claridades, sin insultarse, pero
sazonadas con la consabida pimienta española de las tres C.C.C., sin que
hubiese el menor temor de una desavenencia. Hablaban de la
reina..._primores_; ponían al ministerio de vuelta y média, ó
descargaban su hilaridad epigramática y sus terribles censuras sobre el
Capitán general, el Gobernador, el Obispo ó el primer personaje que
hallaban á la mano. Es realmente rara la facilidad y el chiste con que
el pueblo español maneja el epigrama y sabe aplicar un refrán en toda
oportunidad.

Esa singular importancia política y social de los cafés en España me
hizo reflexionar un poco. Ella data de los tiempos del gobierno
constitucional, de manera que es una institución muy moderna. ¿Es un
bien, ó es un mal?--me preguntaba yo. Desde luego que el café convertido
en club tiene sus ventajas: tiende á suprimir ese aislamiento que helaba
á la sociedad española, y la enervaba y mantenía en la impotencia moral
é intelectual; distrae de la tentación del juego, tan general en España
(por causa de las instituciones), y es un gran elemento de fusión de las
clases sociales y de organización libre de la opinion pública, opuesto á
las trabas que la encadenan bajo formas mas generales y ostensibles.
Puesto que la ley amordaza la prensa y la tribuna, el café es un bien
relativo que contrabalancea un poco la represion. Pero el café, tal como
está organizado en España, tiene también su lado malo. Él no tiene la
dignidad y compostura del club inglés, cosa natural, puesto que tanto
difieren los tipos y las instituciones de Inglaterra y España; pero
lejos de _educar_ á los Españoles, el café les mantiene ciertos defectos
de sociabilidad que les importa corregir. El lenguaje que allí se
emplea, aún delante de las señoras, es demasiado libre, inculto y
vulgar. ¡Qué de interjecciones impasables! ¡qué de alusiones y anécdotas
coloradas! La familiaridad que allí reina establece una comunidad de
lenguaje que degrada la lengua y priva al estilo de toda dignidad. Sin
duda que del café pueden salir muchos _oradores_, hijos del hábito; pero
oradores de muy mala calidad, viciados desde su nacimiento.

Por otra parte; la sociedad doméstica debe resentirse mucho de las
consecuencias. Los que no llevan sus familias al café las dejan hasta
muy tarde de la noche en completa soledad. He visto en los cafés de
España muchas madres de familia con sus hijas, sentadas al derredor de
mesas donde se sostenían habitualmente las conversaciones mas
escabrosas. Aquello no puede menos que ser funesto para la moralidad de
la familia. Pero si ella permanece en el hogar y el hombre solo es el
que frecuenta el café, pasando en él tres, cuatro, cinco ó mas horas,
los vínculos de la vida doméstica deben naturalmente relajarse. De todos
modos, el café es en España una verdadera institucion política y social,
creada por las costumbres, que tiene mucho de bueno y de vicioso, pero
que perdería gran parte de su importancia si la opinion tuviera otros
medios de libre expansion, como la prensa, la asociacion y la tribuna
pública.

       *       *       *       *       *

A las ocho de la mañana siguiente á nuestra excursion por las cercanías
de Cádiz, salíamos de la bahía á bordo de un bonito vapor español, con
dirección a Sevilla. El mar tenia una hermosura espléndida, lleno de
fulguraciones ardientes y agitado por olas poderosas. Bien pronto
pasamos por enfrente de Santa-María, y Cádiz se perdió de vista entre
las grandes sinuosidades del Atlántico, que parecían arropar la isla de
León con su espumoso manto. Pasamos por delante de Rota, pequeña
población de la costa, doblamos un cabo, y nos hallamos en breve en la
especie de bahía producida por la desembocadura del Guadalquivir. La
entrada al rio no se determina realmente sino casi al llegar á
«San-Lúcar-la-menor», pequeña población mercantil ó de escala, asentada
á la margen izquierda del _Támesis andaluz_. Y esta comparación no es
aventurada, si se considera que, gracias al Guadalquivir, Sevilla es en
realidad un puerto marítimo, habilitado para la importacion y
exportacion, y centro principal del comercio de la baja Andalucía y
algunas comarcas limítrofes.

Nada mas triste que esas llanuras marítimas regadas por el bajo
Guadalquivir, en todo el trayecto que se extiende desde la bifurcación
que produce la «Isla mayor» hasta San-Lúcar. Es un mar de gramíneas
medio anegadas limitado por el océano mismo. Las márgenes del rio son
sumamente bajas, de modo que en las épocas de crecientes los derrames
producen una completa inundación, quedando las llanuras convertidas
literalmente en una continuación del mar. Cuando pasamos por allí la
tierra estaba descubierta y la poblaban numerosísimos rebaños y
yegüerizos. Por todo el horizonte se veian innumerables bandas de patos
salvajes, rosados pelícanos y otros acuátiles abatiéndose en los
pantanos, en medio de las vacas, las ovejas y los potros, mientras estos
pacían perezosamente ó se reunían en grandes grupos para defenderse del
ardor del sol, que hacia fermentar las aguas estancadas y calcinaba la
inmensa llanura completamente desprovista de árboles. No me parecieron
muy avantajadas esas crias; la vacuna no tiene un crecimiento notable, y
la caballar es bien inferior á su reputación. He observado que hay
exageracion en lo que se dice generalmente de los caballos andaluces, lo
mismo en Sevilla que en Córdoba y Granada.

El Guadalquivir, de una anchura media de 130 metros entre Sevilla y las
cercanías de San-Lúcar, tiene en lo general poco fondo; el cauce,
variable á causa de las fuertes aluviones de arena arcillosa, impone á
la navegacion muchas dificultades en algunos meses del año, y en todo él
se requieren algunas precauciones y una forma especial de las
embarcaciones que evite las varadas. En todo el trayecto se van
encontrando numerosas barcas marinas, ancladas ó navegando, que suben ó
bajan á remolque ó aprovechando las mareas y los vientos. Asi, el
Guadalquivir tiene un aspecto comercial que prepara al viajero al
movimiento económico de Sevilla, bastante animado y considerable.

Después de algunas horas de navegacion, cuando íbamos aproximándonos á
Sevilla, la topografía comenzó á ser diferente, sucediendo los paisajes
pintorescos á la triste monotonía de la costa. Las riberas del rio eran
mas empinadas, el cauce mucho mas estrecho, y en vez de las gramíneas de
los bajos pantanos teníamos á la vista muchos huertos y alegres
sementeras de trigos y legumbres, largas filas de álamos blancos y
sauces en una y otra margen, bosques mas ó menos considerables, de una
frescura y lozanía deliciosas, y levantadas barrancas abruptas sobre las
cuales se destacan graciosamente algunas poblaciones vecinas á Sevilla.
Al fin pasamos por el pié de los parques espléndidos del duque de
Montpensier, y vimos asomar, al volver un recodo (por encima de las
arboledas, los numerosos bergantines y vapores y los pintorescos
edificios del puerto), las cúpulas llamadas torre de _Oro_ y de _Plata_,
resplandecientes y poéticas, dominando el rio como dos joyas
monumentales destinadas á advertir al viajero que Sevilla es la opulenta
y gentil metrópoli del país donde dejó sus profundas huellas la
dominacion morisca, sin borrar las de la romana.

       *       *       *       *       *


CAPITULO VI.

       *       *       *       *       *

SEVILLA.


Idea general de la ciudad.--Panorama circunvecino.--El tipo
sevillano.--Costumbres sevillanas.

La ponderada hermosura de Sevilla y de la inmensa llanura que la rodea,
me hacia desear vivamente la ocasion de contemplarla en su totalidad. Su
situacion y configuracion indican naturalmente la ascension á la torre
de la _Giralda_, ante todo, para admirar el panorama entero á vista de
pájaro. Ya instalados en el hermoso hotel de «Londres» (uno de los
muchos elegantes y muy bien servidos que tiene la ciudad) atravesamos la
espléndida plaza de la _infanta Isabel_, desde la cual veiamos la masa
colosal de la famosa torre, visible de casi todas las calles de Sevilla.
A unos trescientos metros de la plaza hallamos la admirable catedral y
la torre, esta situada hácia atras y formando un edificio aparte, aunque
ligado por construcciones posteriores.

Nada mas grandioso que ese monumento de cúpula fulgurante, que brilla al
rayo del sol como una inmensa joya suspendida en el éter. Al mirarla se
siente uno lleno de admiracion por la grandiosa sencillez que le quiso
dar el genio oriental ó morisco. Aquel arcángel aéreo de bronce dorado
que corona la cúpula y gira como una veleta, tiene no sé qué de celeste
que provoca á escalar la altura para hundir la mirada alternativamente
en el cielo y en el mar de casas resplandecientes y de campiñas
admirables que las rodean. La torre, perfectamente cuadrada en su parte
morisca hasta una altura muy considerable, fué terminada mucho tiempo
después de la conquista, y por desgracia con un estilo del todo
diferente. Así, hasta la región de las campanas se ve la civilización
del árabe, rematando su obra la arquitectura refinada del Renacimiento.
La elevación total de la _Giralda_ es de 364 piés, siendo por lo mismo
la mas elevada que existe en España. El cuerpo de la torre tiene 50 piés
por lado. Éntrase á ella por una miserable puertecita, y se sube hasta
la enorme altura de las campanas por 35 rampas ó corredores inclinados,
sin gradería ninguna. Después, por escaleritas de mano muy estrechas, se
puede hacer la peligrosa ascensión hasta la figura de bronce que tiene
el nombre de Giralda. Allí se siente como un vértigo...algo que se
parece al extravagante deseo de volar sobre los abismos.

El espectáculo que se contempla desde allí es de una hermosura suprema,
mas espléndido aún (excepto la vista del mar) que él de Valencia. De un
lado se ven muy lejos vagamente las montañas de la sierra de Ronda que
terminan la cadena de la Sierra-Nevada. Del otro las llanuras del bajo
Guadalquivir, perdiéndose en el horizonte en la direccion del océano. Al
norte se ven mas ó menos las montañas de Córdoba, contrafuertes de la
Sierra-Morena Por último, tendiendo la vista al oriente, en la dirección
de la alta Andalucía, se ven llanuras hermosas que se van levantando
insensiblemente hasta perderse en las ondulaciones de colinas y cerros
que giran por el centro de la hoya del Guadalquivir hacia Jaén. El
horizonte es inmenso y admirablemente bello.

Recogiendo la mirada en un círculo menor, se ve por todos lados la
opulenta llanura, primorosa por su cultivo, esmerado, sus numerosas
poblaciones, sus graciosos cortijos, sus enjambres de pequeños rebaños,
de casas campestres, de huertos y jardines, y sus laberintos de
arboledas ya en grupos mas ó menos extensos, ya en hileras ó en calles
resplandecientes de verdura, donde alternan los naranjales con los
viñas, los interminables olivares con las sementeras de hortalizas,
cereales, etc. Y por en medio de la vastísima llanura va caracoleando el
lento Guadalquivir, como una cinta gris, haciendo las mas graciosas
vueltas y revueltas.

Localidades mas ó menos considerables, pero todas industriosas y de un
aspecto homogéneo, se multiplican en todas direcciones. Allá se ven
sucesivamente, con el auxilio del anteojo ó sin él (en la dirección de
la carretera de Ecija y Córdoba), los pueblos de Alcalá-de-Guadaira y
Mairena, y luego los cerros (llenos de poblaciones también) que dominan
á la ciudad de Carmona, bastante populosa. Por otro lado (hacia Jerez)
Utrera y Oran; y á la derecha del Guadalquivir, entre otras muchas
poblaciones, San-Lucar-la-Mayor, Encarnacion y Alcalá-del-rio.

La provincia de Sevilla, la sexta de España en el orden de población,
cuenta 463,486 habitantes. Las campiñas, sumamente cultivadas, tienen
una poblacion muy abundante, robusta, vigorosa y amante del trabajo, al
mismo tiempo que de los placeres vehementes. Muy á la inversa de las
comarcas castellanas, la soledad no se manifiesta en ningún punto de la
provincia de Sevilla, y abundan mucho los pequeños pueblos de 1,000 á
4,000 almas. Con todo, se hacen notar algunas ciudades considerables,
centros de una vasta producción agrícola que consiste principalmente en
vinos, aceite, cereales, granos, ganados de todas clases, hortalizas y
frutas. Las mas notables de esas, ciudades son:

_Sevilla_, que cuenta (inclusos los nueve arrabales exteriores
a las fortificaciones) 112,600 habitantes;

_Ecija_, con 28,800

_Carmona_, con 18,800.

_Osuna_, con 17,500

_Utrera_, con 14,000

_Marchena_, con 13,000

_Alcalá de Guadaira_, con 8,260

Todas esas poblaciones aunque son principalmente centros agrícolas,
alimentan una multitud de manufacturas, fábricas y talleres de toda
clase, que aumentan la animacion del pais, y le dan mucho interés
económico. Sevilla sola tiene en algunos ramos vastas manufacturas y
fábricas especiales de suma importancia,--tales como su magnífica
fundicion de armas y cañones, su nitrería, y sobre todo su inmensa
manufactura de cigarros (por cuenta del Estado se entiende), que da
trabajo á 4,000 obreros, establecimiento digno de ser visitado con
placer é interés.

Concretando la vista sobre la ciudad, el panorama es tan curioso como
bello. El Guadalquivir, describiendo como un semicírculo, rodea en gran
parte el recinto de la ciudad propiamente dicha, defendida y encerrada
por murallas que, segun dicen, datan del tiempo de César, y por
numerosos fuertes aislados que en la actualidad son inútiles aunque no
sea mas que por su evidente inferioridad respecto del _progreso_ de la
estrategia y arquitectura brutal del egoísmo, el aislamiento y la
muerte. De cualquier lado que se mire el conjunto interesa por sus
caprichos y contrastes graciosos, y los pormenores llaman la atencion.
Al derredor, los nueve arrabales, de los cuales solo uno, el de
_Triana_, habitado por los Gitanos, que es el mas populoso, se halla á
la márgen derecha del Guadalquivir, ligado á la ciudad por un hermoso
puente colgante. Muy cerca del puente, sobre el puerto mismo, se levanta
la linda cúpula dorada de la Torré-de-Oro, que parece cubierta de
escamas relucientes.

Al pié mismo de la torre de la _Giralda_ veiamos la masa estupenda y
romántica de la catedral, cuyas formas góticas y color sombrío la hacian
parecer una montaña de granito despedazada en cien picachos, agujas,
arcos atrevidos y enormes grietas. Era como un volcan extinguido,
imponiendo miedo por la sola majestad de sus grandiosos escombros
ennegrecidos por el tiempo. Al lado de la catedral, el espléndido
palacio de piedra y mármol llamado la _Lonja_ ó Bolsa, que fué la famosa
«Casa de Contratacion» para el comercio de las Indias. Algo mas léjos el
precioso monumento morisco llamado el _Alcázar_, rodeado de jardines
deliciosos que por sí solos son un tesoro para Sevilla. Y mucho mas
léjos aun, el inmenso edificio de la manufactura de tabacos, y el
elegante palacio moderno de _San Telmo_ (propiedad del duque de
Montpensier) á la vera de un vastísimo y bello parque que se extiende
sobre la márgen izquierda del Guadalquivir.

Mirando en otra direccion, se ve en el arrabal de _San Roque_ el
monumento llamado _Caños de Carmona_, admirable acueducto romano de 410
arcos, y á un lado la gran fábrica de salitres; en el arrabal de la
_Resolana_ el hermoso hospital de la Caridad y la Maestranza; en el de
_Macarena_ el espléndido hospital militar; y en el de _San Bernardo_ la
famosa fundicion de cañones de bronce. Lo demas es un laberinto de
calles tortuosas y estrechas, de edificios desiguales, caprichosos,
muchos de ellos de formas extravagantes, de cuyo enjambre se destacan
algunos cocoteros centenarios é históricos, multitud de palacios ó casas
primorosas del mismo estilo que las que observé en Cádiz, y una masa
informe de miradores, azoteas, torrecillas y construcciones moriscas, en
cuyo fondo parduzco brillan las torres y las cúpulas de numerosas
iglesias de estilo arábigo, lucientes y pintorescas á causa de los
techos en forma de escama formados con pequeñas tejas de colores
entremezclados.

Agréguese al interes de esos mil pormenores el primor de la vegetacion
interior, y se comprenderá la hermosura de aquel pangrama semi-oriental
y semi-español al mismo tiempo. Los huertos y jardines son innumerables,
no solo en los arrabales sino tambien en el centro de la ciudad,
mantenidos con esmero en los patios interiores. Así, se ven las moles de
los edificios como un inmenso reguero de peñascos desiguales en medio de
un mar de granados, naranjos, limoneros, jazmines y millones de flores
que inundan el aire de perfumes. Sevilla merece bien su fama: es un
paraíso de verdura y curiosidades de todo género.

       *       *       *       *       *

Despues de tener una idea general de la metrópoli andaluza, como objeto
material, descendimos de la _Giralda_ para ir á observar las costumbres
de su sociedad. Recorriendo las calles, penetrando en los cafés y los
hoteles, visitando las casas elegantes y los preciosos jardines, y
escudriñando los objetos monumentales en que abunda Sevilla, se reconoce
al punto el tipo esencial ó característico de esa sociedad, ardiente y
poética por su sangre y su clima, independiente y altiva por el
bienestar que el trabajo activo le procura, y apasionada en alto grado.
Sevilla es un inmenso museo, en toda la fuerza de la palabra, así en lo
material como en lo moral. El sentimiento artístico es el fondo del
carácter sevillano, en todas las clases de la sociedad,--ora se revele
en construcciones de suntuosa elegancia, ora en las cándidas
manifestaciones populares,--ya predomine el _buen gusto_ (sencillo ó
refinado) en las costumbres y los usos, ya simplemente lo pintoresco y
rudimentario. El adjectivo _pintoresco_ es sin duda el que cuadra mejor
al tipo sevillano. Hay en el fondo de todo lo que allí vive y se agita,
como de lo inanimado, una manifestacion vigorosa de poesía, de tendencia
á lo maravilloso, de expansión sentimental, que no puede escapar al
observador.

No hay un rasgo que no concurra á impresionar al extranjero en ese
sentido.--Los mil primores de las casas pertenecientes á familias ricas,
donde el mármol, las flores y los adornos y colores vivos y seductores
están prodigados; la gracia y la frescura de los millares de patios, que
las noches de verano hacen convertir en salones; el esmero con que se
conservan los innumerables jardines y los perfumados huertos, donde las
aguas saltadoras no dejan de abundar jamas; el entusiasmo que todos
manifiestan: por los cuadros de pintura y los objetos de escultura,
cualquiera que sea su calidad; los mil graciosos caprichos de todos los
portales, los balcones y gabinetes, los miradores aéreos y las ventanas
enrejadas (que hacen tan importante papel en las aventuras amorosas ó de
mera galantería); el lujo y artificio de las tiendas y los almacenes,
resplandecientes de primores, joyas, sederías, objetos de arte y
bagatelas; el gusto por el abanico que, aparte de la exigencia del
clima, constituye todo un arte, sea por su fabricacion, sea por su uso;
la pasión por la tauromáquia, el teatro, la equitacion, ios juegos
funámbulos y toda clase de espectáculos; el amor al juego, bajo casi
todas sus formas, pasion en que funcionan el arte, en cierto modo, y el
gusto por lo maravilloso, inesperado ó azaroso; la singular energía de
inclinación a lo pintoresco y sobresaliente, que se manifiesta en los
vestidos populares, sea por sus formas, sea por sus adornos ó por la
combinación de los colores vivos y lucientes; el encanto con que todos
aman la música alegre y apasionada, las danzas vehementes, las
cabalgatas y carreras, las ferias, las procesiones, etc.; las formas
extrañas y los adornos de los aparejos de montar, las armas y los
instrumentos de música; la suma abundancia de talleres, fábricas
pequeñas y obradores, dónde millares de obreros trabajan (aislados ó en
pequeños grupos) en la confeccion de mil objetos de arte: todo eso y
algunas otras circunstancias que paso por alto, manifiestan el
sentimiento profundamente artístico de los sevillanos.

Y no puede ser de otro modo, si se considera cuán poderosa es la
influencia que ejercen en la educación moral de un pueblo la naturaleza
y los objetos que le rodean é impresionan constantemente. El sevillano,
al nacer, halla la noción de lo bello y la inspiración de la poesía en
todo lo que tiene á la vista. Un cielo admirable con un sol que calienta
y vivifica la sangre.; una tierra de fertilidad prodigiosa, que da
cuanto se le pide; una vegetación esencialmente poética; como son los
olivos y naranjos, los limoneros y granados; aguas y perfumes en
abundancia para dar alegría y placer; una vida fácil, gracias á las
condiciones topográficas del pais; el vino (ese gran tentador que incita
al placer) bueno, vigoroso y en abundancia. Y por otra parte, los
monumentos y la raza predisponen al amor del arte. Desde que se comienza
á marchar, á vivir, se ven por todas partes admirables monumentos,
bellos en su exterior y repletos de tesoros en su interior, y se
observan fisonomías hermosas. No he visto jamas una raza tan
enérgicamente hermosa como la de Sevilla, y creo que no tendrá rival en
Europa, si no es en algunas regiones orientales, en Hungría y en algunas
provincias de Italia.

La hermosura es tan general en los tipos sevillanos que es casi vulgar.
Allí no se ve la severa majestad de la belleza castellana, ni la
hermosura impasible y fria de las inglesas, ni la gracia artificial
(intencional en cierto modo) de la francesa, ni la áspera y casi brutal
belleza de las valencianas. El hombre es generalmente de talla alta,--la
mujer de regular si no pequeña estatura.--A pesar de las diferencias que
el sexo determina en todas partes, hay ciertos rasgos que son comunes á
hombres y mujeres en Sevilla: formas esbeltas y delgadas pero vigorosas;
cabellos negros, sedosos y lucientes, rara vez encrespados; cejas negras
y primorosamente arqueadas; dientes superiores y de suma blancura; una
tez de color moreno suave y sonrosado, muy atractiva; ojos muy oscuros,
vivísimos, inteligentes y que pasan con 1a mayor rapidez de la ardentía
mas apasionada á la dulzura mas risueña y cordial; un andar lleno de
abandono y donaire, naturalmente _dengoso_ y como tentador sin malicia;
la voz cadenciosa, suave y sonora, notablemente acentuada en los finales
de dicciones; y siempre las interjecciones vehementes y la sal de los
modismos provinciales,--sin contar la pronunciacion popular que cambia
el sonido de 1a _r_, 1a _l_, 1a _s_, 1a _z_, etc. del modo mas original
y picante,--tales son los rasgos generales del tipo sevillano.

La mujer es dulce y simpática, aunque hay en su fisonomía un no se qué
de varonil sin afectacion. El hombre tiene algo de rudo, de muy
oriental, que atrae ó asusta según la manera como se le trata. Si
buscáis á un andaluz sevillano por las buenas, con finura y afabilidad,
aunque pertenezca al vulgo, le hallareis cordial, expansivo, muy atento
y obsequioso. ¡Pero cuidado con andar por las malas! Entónces, si es
torero, ó matón ó campesino, jinete ó cosa parecida, os echa por lo
pronto una granizada de interjecciones de á libra, y va sacando la
navaja ó arremangándose los puños para decidir la cuestion por la vía
ejecutiva. Mas, si en vez de uno de esos genios atrabiliarios se da con
un andaluz del tipo fanfarron (que abunda muchísimo), el altercado tiene
otras proporciones: es uña lucha de palabras-montañas en que el
extranjero que no conoce bien el país puede ser completamente
mistificado. Al oir al andaluz echando bravatas, le creeríais capaz de
tragarse la Sierra-Nevada y desquiciar el mundo de un puntapié. Se
formaliza, se crispa, grita, amaga, ruge como un cañon y parece una
furia.... Le cojeis la palabra, mostrándole que no tenéis miedo, y
entónces el leon se hace cordero, os hace mil zalamerías, rie, lo vuelve
todo chanza («jarana») y os convida á tomar un trago con la mayor
cordialidad.

El andaluz, y acaso mas que todos el sevillano, es franco y chancero,
pero ligero de cascos: una mala palabra, una mirada burlona, un gesto
dudoso es suficiente para provocar una querella ruidosa. Por fortuna,
aunque muchas veces el negocio se arregla a cuchilladas ó por lo menos á
los mas bofetones y golpes, generalmente la tempestad de roncas y
baladronadas termina por una reconciliacion en la taberna, jurada sobre
la botella entre una nube de humo de tabaco, quizas al son de la
guitarra. Sinembargo, hay una cuestión que no se arregla nunca (á lo
ménos en el mundo de los toreros, los majos y las manolas) sino por vias
de hecho ó mediante la desistencia absoluta: es la cuestion de _amor_,
que muchas veces no es sino cuestión de vanidad ó puntillo. El sevillano
de aquella clase no soporta ni una mirada advenediza dirigida á su
_chica_ ó su _guapa moza_, como las llaman. Si como marido es á veces
tolerante y se humaniza, como amante lleva los zelos hasta la ferocidad
ó el ridiculo. Eso prueba que la vanidad entra por mucho, y muy poco el
amor verdadero, en la energía con que defiende su _posesion_ ó
monopolio. Le miráis su «chica» ó pasáis por el pié de su ventana una
vez y se pica; á la segunda os pone el ceño hosco; á la tercera os dice
con enfado y acento provocador:

«--Eh, señorito! (ó _camarda_) quien me _bujca_ me _topa_! Si _ujté_ me
le _pela_ el ojo á _ejta chica_ otra _vée_, ya _puée_ saber que lo
_chicoteo_, ú _nos chicotéamo_! Con que si _quiée sarbar er burto_, coja
_ujté er_ camino y á otra parte con la música.»

Y fuerza es desistir de la empresa, so pena de que la navaja entre en
acción para apoyar con sus argumentos la intimacion del zeloso andaluz.

La inclinación á la galantería (y á sus muchas _consecuencias_) es muy
general en Sevilla. La «reja» ó ventana hace en eso un papel muy
importante y tradicional. Si os paseais por las calles despues de las
seis de la tarde, vereis donde quiera escenas que os darán idea de las
comedias da capa y espada. Al pié de muchas ventanas bajas y estrechas
se ve algun galan que inclina la cabeza con aire de misterio, recostado
sobre un brazo que reposa en la pared, y embozado en su capa, si no es
del género _majo_ (que no gasta sino chaqueta), mientras que se ve en la
sombra una carita zalamera que asoma en el fondo de la reja. ¿Qué hacen
esas dos figuras?--Están _pelando la pava_. Yo había oído muchas veces
esta frase en Colombia, con un sentido muy diferente. Allí se llama
_pelar la pava_ estar ocioso, perdiendo el tiempo cuando se está
obligado á una labor ó faena,--como el peón que suspende el trabajo para
echarse a dormir ó ponerse á charlar sin oficio. En España se _pela la
pava_ de un modo mas entretenido y halagüeño, puesto que la operación
consiste en hacer la corte por la reja ó ventana a la querida ó amada.
Creo que debe de haber una grande abundancia de _pavas_ en Sevilla,
porque allí pelan muchísimas.

No importa que los amantes ó _amigos_ de los dos sexos tengan entera
libertad para verse y hablarse á todas horas, dentro ó fuera de la casa.
La _pava_ se _pela_ siempre, porque así lo quieren las costumbres
galantes. Acaso el galan ha hecho una larga visita durante el dia, ó la
hará mas tarde á la familia de la _señorita_ ó _chica_; y con todo, la
visita al pié de la reja es indispensable, á prima noche por lo regular.
¡Ay del galan que se olvide un día de la pava que hay que pelar! Al
siguiente oirá terribles reconvenciones, hallará un ceño irritado, ó muy
indiferente y frio, cuando no sollozos, lágrimas y quejas reprochándole
ingratitud y mal proceder.... Creo francamente que las leyes de la
_pava_ restringen mucho la autonomía individual del andaluz, pero les
encuentro su lado poético y atractivo. Hay costumbres que no se
encuentran ya sino en España, donde el orientalismo y la feudalidad han
dejado raices muy profundas. El torero hace hoy las veces del trovador
de los viejos tiempos.

Por desgracia, los sevillanos no se contentan con el poético platonismo
de la «reja». Sevilla, como gran ciudad y puerto comercial, y como
tesoro de primores de arte y de placer, atrae singularmente, sobre todo
en la Semana Santa y la primavera, no solo á muchos extranjeros sino
también á los españoles de otras provincias. Ese gran concurso de
forasteros y la belleza de las sevillanas han dado lugar á un desarrollo
alarmante de la corrupcion. Debo limitarme á indicar el hecho, porque el
asunto no permite comentarios ni explicaciones. Ese mal es el cáncer de
las grandes ciudades españolas.

Si Sevilla interesa durante el dia, por los caprichos de sus calles
empedradas, estrechas y tortuosas, por el esplendor de sus casas
modernas, sus hoteles y cafés, por la magnificencia de su plaza de
toros, por la majestad ó el primor de sus monumentos, por su actividad
industrial y mil circunstancias,--durante la noche, á la doble luz de
la luna de mayo y del gas de millares de faroles, tiene un encanto
particular. Miéntras el gas hacia brillar todas las curiosidades de las
tiendas abiertas en las calles comerciales, y alumbraba á las turbas
alegres que hormigueaban por los enlosados ó el centro de las plazas y
calles,--los balcones, las celosías, los miradores y las altas rejas de
colores vivos (generalmente azul y verde, sobre paredes pintadas de
amarillo) estaban iluminados por la luz mas suave de la luna,
proyectándose en los muros las sombras de las mujeres curiosas,
inclinadas sobre los balcones para ver pasar los grupos de gente en
incesante agitacion.

En aquellos momentos parecía mas vivo el contraste de los diversos
tipos. Por una parte hacían juego los hombres de buena sociedad, con sus
ámplias capas de vueltas de terciopelo y borlas flotantes y sus
sombreros de fieltro, llamados en España _chambergos_, cuando no
vestidos con el _paltó_ francés y el sombrero negro de alta copa
bautizado en Madrid con el apodo ultrajante de _hongo_; mientras que las
damas elegantes arrastraban sus ampulosos trajes de luciente seda,
exagerados de por sí, sin perjuicio de la crinolina, esa peste de todas
las concurrencias, y ostentaban sus graciosos peinados y lujosas
cabelleras, sin mas adorno que una flor natural, ó cubiertas con una
cofia de lana calada de colores, ó el pañuelo de seda en barbiquejo. Y á
su lado se cruzaban, rozándose con el grave inglés (maravillado y lleno
de curiosidad), ó el francés (bullicioso y de humor ligero), los grupos
de majos y manólas, del aspecto mas original y risueño.

El _majo_ (torero, ó jaque, ó chalan, ó semi-artesano) funda todo su
orgullo en los botones de su chaqueta, el mérito de su faja y el lujo de
sus polainas. Hay tal pasion por el lujo que el andaluz dejaría de comer
tres dias por ahorrar el valor de sus lucientes botonaduras de plata,
puestas en dobles filas en los bordes anteriores de su chaqueta de paño,
azul ó negra y llena de adornos de lo mas cuco. La ancha faja, que da
muchas vueltas al derredor de la cintura y el pecho, por debajo de la
chaqueta (en forma de dorman y siempre abierta), llama la atención por
su vivísimo color (azul, carmesí, rojo, verde ó amarillo), la finura de
la seda ó lana y del tejido, y la gracia de las borlas ó flecos
pendientes de las extremidades. Sus abundantes patillas se destacan
libremente como dos bellos matorrales al pié del sombrero calañés, sin
alas y adornado también con algunas borlas de seda negra. Sus polainas,
de las cuales penden innumerables borlitas y cintitas del mismo cuero,
le dan un aire de chalan muy original. Agregad á la gracia del vestido
cierto aire de satisfaccion vanidosa, un acento ruidoso, muy marcado y
de guapeton, el sombrero inclinado sobre una ceja, el cigarrillo en la
boca, haciendo _escupir por el colmillo_, la gran navaja corva de cabo
agudo y resortas, llena de labrados y adornos, medio asomando por un
bolsillo ó por debajo de la banda, y el garrote en la mano, pendiente
del puño con una manija de seda ó cuerda, y dando vueltas á veces en
molinete, cuando no sirviendo de puntal,--y tendreis la figura completa
del _majo_ sevillano.

En cuanto á la _manola_ (tipo que ya no se encuentra sino en Andalucía ó
en las representaciones dramáticas y los carnavales), lejos de ser
temible como el majo es sumamente simpática. Siempre melindrosa y
zalamera, cuando está de humor y libre de la coaccion del
majo;--_arisca_ (es la palabra) y hasta desdeñosa, cuando el galan que
le habla no sabe hacerse aceptar y se muestra vanidoso,--la manola
revela instintos de independencia y de seduccion muy pronunciados. Su
andar es garboso, su mirada provocadora y algo burlona; se perece por
los bellos adornos y las telas de colores vivos; gústale mucho
pavonearse de bracero con un buen mozo, y cuida su peinado y su aderezo
con pasion. Al andar tiene cuidado en mostrar el enano pié calzado con
una elegante babucha, y descubrir algo la rica pantorrilla, capaz de
hacerle perder su gravedad á un inglés. Su traje es ampuloso, muy bien
ceñido, muy alto y de telas en que se mezclan siempre los colores vivos,
sobre todo el rojo y amarillo; su tocado sencillo y elegante; y su pecho
turgente y de vigorosa palpitacion resalta con la negra pañoleta de
terciopelo ó raso, ó la ligera mantilla que se enrolla en parte sobre el
redondo brazo.

El obrero sevillano, como he dicho, tiene muchas disposiciones
artísticas y es hábil en la fabricacion de una multitud de artefactos
curiosos. La sola inspeccion de las tiendas de Sevilla es bastante para
interesar al viajero. Ora llaman la atencion las preciosas joyas, los
encajes, los primorosos abanicos, las esculturas en yeso y madera, las
hermosas bandas, las caprichosas polainas, las mantas, capas y chaquetas
ó chaquetones de uso popular, los jaeces raros, los pellones de
monturas, los bellos tapices y las alpargatas de todas formas; ora se
interesa uno en observar las armas de fabricacion indígena, desde la
navaja casi microscópica hasta el gran puñal morisco, el sable de estilo
toledano y la fabulosa y temible navaja de tres cuartas de longitud que
asusta por ámbas extremidades. Todo es allí curioso, en términos que se
siente la tentacion de comprar de todo para llevar un museo andaluz. En
cuanto á mí, las impresiones fueron tan vivas que conservo mi museo en
la memoria. Sevilla me ha quedado tan vivamente grabada en la
imaginacion como si hubiera pasado allí mucho tiempo.


       *       *       *       *       *

CAPITULO VII

       *       *       *       *       *

MONUMENTOS Y CURIOSIDADES DE SEVILLA.


La Catedral.--El Alcázar.--La Lonja.--El Museo de pinturas.--La
Universidad.--La Casa de Pilatos.--El barrio de Triana.--La industria
sevillana.--Varias observaciones.

Imposible me sería hacer una descripcion hábil y detallada de las
preciosidades artísticas que tiene Sevilla. Una residencia de cinco dias
no era bastante para una observacion prolija, y aunque lo fuese, no me
es dado hablar con propiedad respecto de bellas artes. Indicaré muy de
paso mis impresiones mas vivas.

Desde luego, la catedral es la gran maravilla de la metrópoli andaluza.
Es una enorme masa de piedra, de estilo gótico del siglo XV, en su casi
totalidad; pues la parte de atras es del Renacimiento, terminada mucho
mas tarde,--circunstancia que produce un contraste desagradable. El
templo carece de torres y su fachada principal está incompleta,
faltándole los principales bustos y adornos propios de su época.
Concluido lentamente en un largo trascurso de tiempo, parece en su
exterior como un monumento dislocado, no obstante la majestad y el
atrevimiento de sus arcos y bastiones aéreos que parecen hacer una muda
invocacion al cielo. La grandeza de la catedral (la primera de España
sin disputa, bajo ciertos aspectos) está en el interior. Es tal su
opulencia de mármoles, que su solo pavimento de grandes baldosas blancas
y negras ha costado la fuerte suma de 125,000 duros. Mide una longitud
total (con su prolongacion de la capilla real) de 417 piés, 315 de
latitud y una elevacion que, empezando por 53 piés en las capillas se
eleva á 104 en las naves laterales, á 145 en la principal y á 171 en la
cúpula ó cimborrio que la domina. Como se ve, las proporciones son
colosales.

Sus cinco vastísimas naves son de una majestad imponente, sobre todo la
central, cuyo admirable artesonado de piedra reposando sobre numerosas
columnas formidables y atrevidas es de una ligereza y audacia muy
notables. Sus noventa y tres vidrieras de las ventanas ogivales (obra
del siglo XVI) son bellísimas por su finura y colorido; y la sillería
del coro es una de las mas ricas y mejor trabajada que he visto en las
catedrales góticas. Los frescos de la cúpula son muy bellos, como las
rejas monumentales de labor exquisita que encierran el coro. Puede
considerarse cuántos primores de arte contendrá esa catedral, con solo
saber que en ella han trabajado sucesivamente ciento noventa y seis
artistas notables, algunos de ellos eminentes y de primer órden. Y con
todo, por una extraña negligencia, se ignora el nombre del arquitecto
que trazara el plan de tan grandioso monumento.

Si sus dos colosales órganos son soberbios en todos sentidos, y los
muros, las pequeñas capillas y las bóvedas tienen cien bellezas que
admirar, al penetrar á la capilla real y la sala capitular (haciendo una
transicion repentina de la sombría solemnidad de lo gótico á las
floridas creaciones del arte greco-romano) se encuentran primores de
escultura y pintura y relieves y trabajos delicados de arquitectura que
son de mucho mérito. Allí se revela en obras inmortales el genio de
Murillo, de Herrera y otros grandes maestros, al lado de muy superiores
escultores. En la capilla real veneran la efigie de Fernando el católico
y se ven entre otros sepulcros notables los de Don Alonso el sabio y su
madre Doña Beatriz.

La sacristía contiene riquezas inmensas en joyas y vasos sagrados, y es
prodigiosa la pompa que el clero sevillano despliega en la Semana Santa
para el tocado y las vestiduras de la Virgen. ¡Cuántas miserias no
serían aliviadas si la Iglesia católica, renunciando á un lujo de
ostentacion que ofende la majestad inmaterial y suprema de la Divinidad,
y que desvirtúa la noble sencillez del cristianismo, renunciase á las
costumbres paganas y consagrase á la enseñanza y la beneficencia los
inmensos tesoros improductivos que yacen en las sacristías!

       *       *       *       *       *

El _Alcázar_ de Sevilla, de universal renombre, es sin disputa uno de
los mas bellos monumentos de la arquitectura arábiga; pero de ningun
modo puede ser comparado con la Alhambra. Verdad es que la eminente
situacion de esta es excepcional, miéntras que el Alcázar está como
escondido en el seno mismo de Sevilla, á unos 500 metros apénas de la
catedral. Comenzado por los Moros en 1111 y terminado en su parte baja ó
primer cuerpo en 1181, fué la residencia de los reyes moros hasta la
reconquista de Sevilla en 1247. Tocóle á Don Pedro el Cruel la
construccion del segundo piso, que completó el edificio. Un vasto patio,
rodeado de viejos muros, da acceso al Alcázar, cuya primorosa fachada,
de una construccion sencilla pero cuajada de relieves ó arabescos,
anuncia con esplendor las bellezas interiores.

Todo el edificio se reduce á dos series de vastos salones ó aposentos,
generalmente cuadrados y superpuestos en dos pisos. La parte baja de los
muros y los pavimentos se compone de lindos azulejos ó ladrillos finos
de loza, de colores vivísimos, con las mas graciosas figuras ó dibujos.
La parte superior de cada muro, desde su altura média hasta los techos
artesonados, de yeso estucado ó de madera, reproduce en lo general, con
increible profusion, los mismos adornos floridos ó arabescos que hacen
el encanto de la Alhambra, repitiéndose siempre las formas de aquellas
exquisitas filigranas de yeso, pero sin perder por eso su gracia de
contornos, su finura de líneas sorprendente donde quiera, y su viveza
de colorido en combinaciones resplandecientes. Como Don Pedro el Cruel
empleó artistas árabes en la terminacion del edificio, los trabajos de
arte son completamente homogéneos. Los artesonados ó techos,
principalmente los de cedro, son de un gusto de ejecución delicadísimo.

El Alcázar, lleno de luz por la naturaleza de su construccion, no tiene
en sus salones y aposentos ese aire de voluptuosidad y de misterio
sombrío que domina en la Alhambra. En el Alcázar todo es alegre y
resplandeciente, y desde las ventanas y los balcones volados de las
piezas interiores se goza de todo el espectáculo encantador que ofrece
el inmenso jardin oriental que rodea al palacio. ¡Qué de tradiciones
dramáticas en aquel recinto donde reinaron razas y dinastías enemigas!
Si el salon de los _Embajadores_ arrebata por su magnificencia y su
cúpula soberbia, hace evocar mil historias y leyendas con los retratos
al fresco de todos los reyes godos que se ostentan en la techumbre. Ya
se siente uno sobrecogido de horror al atravesar la sala donde fué
asesinado Don Fadrique por órden de su hermano Don Pedro; ya se destiene
á cavilar, visitando la alcoba donde dormia el rey cruel, sobre los
dramas de sangre, de zelos y desconfianzas terribles que fueron la
consecuencia de las sombrías meditaciones de aquel hombre en sus
desvelos; ya en fin, al descender al patio de las _Muñecas_ (donde
tenian las moras sus grandes baños) y penetraren los subterráneos donde
un tiempo se bañaran voluptuosamente las princesas orientales y mas
tarde Doña María de Padilla, se estremece uno pensando en el doble uso
de aquellos subterráneos creados para el deleite y convertidos en
sepulcro. Allí, en uno de los calabozos húmedos, sin aire ni luz alguna,
sufrió su prision y su martirio esa mujer de tan célebre memoria.

El jardin, que tiene como tres hectaras de superficie total, está
encerrado por un alto muro que por sí solo es un monumento. Todo él está
lleno de arabescos, de columnitas preciosas, de frescos, inscripciones y
mil adornos muy bellos. Lo que mas admira es que esos primores de arte,
expuestos á la intemperie despues de tantos siglos (pues tal es la
construcción de los muros) se conservan perfectamente y subsisten como
modelos del arte arábigo. Sería imposible describir completamente ese
admirable jardin (tan especial en Europa) sin llenar muchas páginas cuyo
poético lenguaje parecería exagerado. Aparte del interes que tienen la
fachada interior del Alcázar y los altos muros que encuadran el recinto,
el fondo mismo del jardin es encantador por su conjunto así como por sus
preciosos detalles. Al recorrer sus laberintos de arrayanes
simétricamente recortados, sus tupidos bosquecillos de naranjos y
granados, sus vastas aglomeraciones de arbustos y plantas en flor, tan
brillantes como artísticas en unos sitios, tan graciosamente desiguales
en otros, y al penetrar en todos los santuarios de verdura que pueblan
el recinto, se cree uno como trasportado á los edenes orientales.

Allí todo es voluptuoso, risueño, tentador. Ya se divierte uno en querer
hallar la pronta salida de los laberintos de arrayan, ó en descifrar las
alegorías de todas formas trazadas en el suelo por medio de los mismos
arbustos de arrayan hábilmente dispuestos; ya se goza en admirar los
grupos floridos, los juegos de aguas ingeniosísimos y sorprendentes, las
numerosas fuentes de formas arábigas y las escalinatas de mármol donde
el sol andaluz brilla con todo su esplendor. Ora se pone uno á vagar,
soñando y recordando mil historias, bajo la sombra espesa de los
bosquecillos de naranjos, limoneros y granados, donde se siente la
embriaguez deliciosa que producen el azahar y el jazmin, la albahaca y
las rosas en profusion. Ora en fin, al rumor de las fuentes y al canto
de los pajarillos habitadores del jardin, se reposa con deleite, sentado
en otomanas de mármol, bajo las cúpulas de lindos pabellones de estilos
diferentes, construidos en el centro de aquellos retretes de verdura que
parecen evocar las sombras de las sultanas y las tradiciones de la
civilizacion morisca. El Alcázar es un delicioso monumento. Su tipo es
la frescura risueña. Allí falta la grandeza que caracterizó la Alhambra.
Por eso, al salir de la antigua mansion de Don Pedro el Cruel, se siente
pesado y desagradable el aire de la calle y se lleva una dulce
impresion, pero no se experimenta esa tristeza que acompaña al viajero
al alejarse de los sitios y los monumentos admirables de la vieja
fortaleza de Boabdil.

       *       *       *       *       *

La _Lonja_, situada al lado de la catedral, es un hermoso y elegante
monumento que hace honor á su artífice, el famoso Herrera. Es
completamente cuadrado, mide 37 metros por lado y su estilo es del
Renacimiento, pero de una sencillez deliciosa que en nada perjudica á su
majestad. El mármol está allí prodigado con suma opulencia, y la luz
entra por todas partes á torrentes. El Tribunal de comercio y la Bolsa
tienen su residencia en ese espléndido palacio de la especulacion. Allí
tuvo su asiento, como he dicho, la famosa _Casa de contratacion,_
institucion establecida por la España en sus tiempos de obcecacion
política para explotar el comercio de sus colonias colombianas, mediante
el monopolio. Los inmensos archivos se conservan en hermosos armarios
con el mayor cuidado, en términos que la historia comercial y económica
de Hispano-Colombia, durante una larga época, se encuentra allí
esparcida en millones de documentos.

El edificio es de dos pisos, claustrado en ambos, pero sin balcones ni
galerías salientes. Todos sus pavimentos son de mármol y todos los muros
y techos de piedra pura. Lo mas notable por su mérito de composicion
está en la escalera y los artesonados. La primera es por sí sola un
espléndido monumento, por sus formas, la enormidad de sus mármoles
(todos de Granada) tan ricos por su finura como por sus colores y
volumen y formando mosaicos primorosos. El techo se compone en los
cuatro lados de un encadenamiento de bóvedas, con la particularidad de
que no hay entre mas de cuarenta artesonados (de pura piedra, sólidos en
extremo y atrevidos y hermosamente ensamblados y labrados) dos que se
parezcan en sus relieves ó formas parciales. La Lonja es, en su género;
quizas el mas hermoso monumento que tiene España.

       *       *       *       *       *

Si el arte de edificar reune tan admirables muestras de todo género en
Sevilla, el arte divino que crea la luz y eterniza la verdad en la
tabla, el lienzo y el muro, no tiene ménos quizas de qué enorgullecerse
en la patria de Murillo y Herrera. El Museo de pinturas de Sevilla es
por sí solo un tesoro inmenso, aún á los ojos del que ha conocido los de
Madrid, Paris, Dresde, Ambéres y otras ciudades europeas. Sinembargo, no
todo el Museo merece tal reputacion. Exceptuando unos seis cuadros de
primer órden en el gran salon (local oscuro y triste de una antigua
iglesia), puede decirse que el valor esencial está en el _salon de
Murillo,_ cuyo precio es incalculable.

El salon principal tiene buenas obras, sin duda; pero la gran masa no es
sobresaliente, porque Sevilla (que ha dado su nombre á una grande y
gloriosa escuela) ha sido sucesivamente saqueada en materia de pinturas,
ya por el mariscal frances Soult, en la época de la guerra nacional, ya
por las autoridades que han querido organizar museos nacionales y
_particulares_ á expensas de las provincias. Se siente uno pasmado de
admiracion á la vista de la sublime _Asuncion_ de Murillo, tan
profundamente celestial en sus formas y expresion; del famoso cuadro de
Zurbarán (que tiene su historia político-diplomática) representando la
predicacion de _Santo Tomas de Aquino_; de una _Concepción_ y una
_Visitacion_ de Valdez, que evoca con divina uncion todo el poema del
misterio bíblico; de un _Cristo_, de Zurbarán tambien, asombroso de
dolor y agonía suprema; de un _Jesus_ de Estéban Márquez (discípulo de
Murillo), que parece creado por la inspiracion y la mano del maestro; y
en fin, de los _Cinco Apóstoles_ de Polanco, artista cuyas obras me han
parecido notables por la energía del pincel. Al contemplar todas esas
figuras, bajo las sombras del templo desierto, se comprende bien la
superioridad de los genios que, profundamente agitados por el
sentimiento de la piedad y la idea cristiana, han creado un arte nuevo,
dándole el sello de la majestad, la uncion y la santidad.

Esto es precisamente lo que mas resalta al recorrer el salon que
contiene únicamente obras de Murillo. Los veintitres cuadros que forman
esa coleccion fueron elaborados durante un encierro voluntario á que se
condenó el piadoso artista, asilado en el convento de capuchinos de
Sevilla. Es bien sabido que Murillo nunca empezaba una obra sin haber
comulgado, lo que prueba cuán hondamente lo impresionaba el sentimiento
religioso. La soledad era su mejor elemento, porque ella le infundia ese
recogimiento supremo que les diera su carácter de beatitud casi
inimitable á todas las creaciones del gran artista sevillano. A este
propósito es digna de mencion una obra superior de Herrera el viejo, que
se ve en el primor salon. Es un _San Hermenegildo_ admirable, hecho en
su calabozo por aquel pintor, condenado á perder la mano por haberle
dado un bofeton á cierto clérigo. Sin duda el artista comprendía muy
bien todo el valor de su mano _en capilla_, puesto que produjo una obra
sublime que le valió el perdon. Casi siempre las mas grandes
producciones del genio han nacido en momentos críticos y en las sombras
del recogimiento.

Casi sería inútil, y acaso pretensioso, hacer una eleccion cualquiera
entre los veintitres cuadros de Murillo, que valen mas de quinientos mil
pesos, al decir de algunos conocedores. Todos son á cual mejor.
Sinembargo, el cuadro que representa el milagro de _San Francisco de
Asis_ es acaso el mas vigoroso como obra de pincel ó labor. Como obra dé
inspiracion, nada seduce tanto como la _Adoracion de Jesus_: la figura
de la Virgen es de una expresion de pureza y gozo celestial
insuperables; y el candor, la sencillez, la sorpresa inocente de los
pastores, que atisban al niño con curiosidad infantil, son inimitables.
Acaso sea necesario mencionar tambien, como creaciones soberanas, el
mendigo del cuadro de _Santo Tomas de Villanueva_, un _San Félix de
Cantalicio_, una _Concepcion_ (el estudio predilecto de Murillo) y una
_Asuncion_, tipo que muy raros artistas han logrado imitar ó revelar con
sus verdaderas condiciones.

       *       *       *       *       *

Que el lector me perdone si le invito aún á visitar otro museo
interesantísimo, simple porcion de ese vasto, complicado y preciosísimo
museo de mil formas que se llama Sevilla.--Hablo de la Iglesia de la
_Universidad_, que el extranjero visita con profundo placer. Allí hay
una numerosa coleccion de tumbas interesantes bajo todos aspectos. Entre
las diez que sobresalen se ven las del duque de Alcalá y su mujer,
fundadores del edificio, y de otros nobles castellanos célebres en la
historia, que son verdaderos monumentos por el gusto de las formas, el
mérito de los mármoles y el primor y la riqueza de los relieves, los
bustos ó cuerpos y demas esculturas. En clase de esculturas religiosas
hay un _Cristo_ de Montañez, tan asombrosamente superior que por sí solo
vale por un museo; así como un _San Ignacio de Loyola_ y un _San
Francisco de Borja_ (del mismo artista), que son estatuas admirables. El
_San Ignacio_ principalmente parece haber realizado el ideal supremo del
arte que puede animar el mármol, la piedra ú otra materia, y darles un
lenguaje elocuente y una mirada profunda. Toda la historia de la
Compañía de Jesus parece surgir _a priori_ de esa frente marmórea y ese
ojo ardiente y fascinador que sondea y medita.

En cuanto á pinturas de la capilla, el altar mayor y los muros laterales
contienen obras verdaderamente maestras de Roelas, Pacheco, Alonso Cano
y otros artistas que tuvieron justa celebridad en España. Es bien digno
de notar que el arte de la pintura ha corrido siempre parejas con el
movimiento caballeresco y religioso de los pueblos. Entre las sociedades
europeas el pincel parece haber reinado siempre al lado de la espada y á
la sombra del capuchon. Italia, España y Francia,--los pueblos mas
guerreros y mas exaltados ántes en el sentimiento religioso,--han
revelado su historia en los lienzos con singular energía. España es un
país inmensamente rico en pinturas, porque ha tenido exuberancia de
conquistadores y frailes.

Sinembargo, pocas ciudades tienen en la península el privilegio que
posee Sevilla. Madrid, Barcelona, Cádiz, Búrgos, etc., son esencialmente
españolas. Valencia es medio morisca, pero muy inferior en cuanto al
arte á las dos ciudades andaluzas mas notables. Córdoba es casi toda
morisca. Toledo esencialmente compleja, pero dejando predominar el arte
gótico y el greco-romano en sus principales monumentos. Solo Sevilla y
Granada tienen la singular ventaja de revelar simultáneamente, por sus
obras artísticas, las mas completas manifestaciones de diferentes y aun
opuestas civilizaciones. Pero todavía Sevilla es en eso muy superior á
Granada. Sevilla mantiene juntas y vivas, con singular energía, todas
las tradiciones orientales, así como las pruebas del arte latino y del
gótico en obras superiores.

       *       *       *       *       *

Todavía mencionaré un monumento en extremo curioso, que es una de las
obras de estilo morisco mas interesantes en ese arte de la escultura
plástica y pintoresca que los Moros tenían tan avanzado en el siglo XIV.
Me refiero á la _Casa de Pilato_, edificio curiosísimo que hoy pertenece
á los duques de Medinaceli. Se asegura que esa casa es una del
reproducción de la que habitara en Jerusalen el famoso juez que dejó á
los togados y políticos el modelo de la _habilidad_ que consiste en
_matar y lavarse las manos_, Cuentas que un caballero cruzado español,
al volver a Sevilla de la guerra santa, quiso perpetuar la memoria de
sus campañas en Palestina y para eso mandó construir la _Casa-Pilato_
conforme al modelo traído. Sea cierta ó no la tradición, ello es que la
casa no revela en sus obras de arte sino el estilo arábigo florido (el
mas avanzado), que no podía haber sido conocido en los tiempos de
Cristo, y que apenas se iniciaba en los de las Cruzadas. Pero la
cuestión no nos importa a los curiosos, que debemos limitarnos á
observar y recoger impresiones.

La famosa casa del cruzado sevillano tiene dos patios, el primero común
y sin obras de arte, y se compone de dos pisos, con galerías
superpuestas, en forma de claustros. El patio interior, perfectamente
cuadrado (forma general en la arquitectura oriental), está todo
pavimentado con bellas y grandes baldosas de mármol negro y blanco, y
tiene en el centro una primorosa fuente que hace juego con cuatro
estatuas romanas colocadas en las esquinas. Las galerías están
sostenidas por veinticuatro columnitas, también de mármol, de mucha
gracia y ligereza, y en todo el derredor se ven en los muros los bustos
de los emperadores romanos muy bien trabajados. Si en los pavimentos de
las galerías y la parte inferior y central de las paredes brillan los
primorosos azulejos (que son los _mosaicos_ del arte oriental), en la
parte superior hay un gran lujo de arabescos ó relieves, blancos y de
colores, que imitan ó reproducen los primores plásticos y los bellos
estucos de la Alhambra y el Alcázar,--siempre serviles, sin originalidad
ó variacion notable, pero siempre graciosos. Por último, al derredor del
patio, sobre las galerias bajas, se hallan cuatro salones cuyos
azulejos, arabescos y artesonados son de mucho gusto por la ejecución
esmerada y el colorido. Lo demás de la _Casa de Pilato_, aunque mas ó
ménos curioso, llama poco la atencion, siendo de notarse que la
distribucion del edificio es de extrema sencillez.

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Sevilla es una ciudad célebre por muchos motivos, entre otros por los
hombres eminentes ó personajes históricos que ha producido. Allí
tuvieron su cuna los emperadores romanos Adriano y Teodosio, el ilustre
Las-Casas, los pintores Murillo, Herrera (el viejo) Roelas y Pacheco, el
famoso historiador Herrera, llamado el _divino_, y los poetas Rioja y
Jáuregui. De allí partió Magallanes para hacer su primer viaje al
derredor del mundo, en 1519; y Sevilla le disputa á Granada la cuna de
Lope de Rueda, tan ilustre actor como escritor dramático; especie de
Molière español.

Cada uno de los nueve arrabales de Sevilla es notable por algún
monumento ó fábrica importante. Pero el de _Triana_ es de una
especialidad puramente social. Está ligado á la ciudad, como he dicho,
por un hermoso puente colgante, que interrumpe ó sirve de límite á la
navegación del Guadalquivir marítimo. Sus muelles hacen frente á los del
puerto principal de Sevilla, así como á las fortalezas que dominan el
río y la estación del ferrocarril que conduce á Córdoba. Si las primeras
calles de Triana que avecinan al puerto tienen la estructura general de
las de la ciudad, al avanzar hacia el interior de ese arrabal se
encuentra el aspecto complejo de la vieja España y de las _poblaciones_
gitanas. Triana es la residencia de todos los gitanos de Sevilla, cuya
suerte se parece bastante á la de los judíos en Roma, en Praga y otras
ciudades europeas. Así como en estas hay un _Ghetto_ ó barrio donde los
israelitas viven ó vegetan, confinados en unas partes (como en Praga) ó
proscritos y cruelmente tratados (como en Roma), los gitanos tienen su
_Ghetto_ en cada ciudad de España, sin habitar nunca los demás barrios.

Pero hay una diferencia muy sustancial. El judío es proscrito en Europa,
especialmente en Roma, por espíritu de persecución é intolerancia, ó por
tradición ó costumbre; en tanto que el gitano no es en España objeto de
persecución. Él se confina a un solo barrio, se proscribe á sí mismo,
por espíritu de raza (orgullo, resentimiento é interés en el
aislamiento); y por eso se ve á los gitanos formando una comunidad
aparte, lo mismo en Madrid (hacía la puerta de Toledo), que en Granada
(en el Albaicin) y en Sevilla en el arrabal de Triana. Aquí se revela
quizás con mas energía uno de los rasgos distintivos del gitano. En
Granada es casi natural la arquitectura subterránea de esa raza, porque
el terreno parece indicarla en el Albaicin. Pero en Sevilla no se
comprende en el primer momento por qué razón los gitanos siguen el mismo
sistema (aunque notablemente variado en la forma), no obstante que el
terreno de Triana es enteramente llano. El aspecto de las calles es
tristísimo. Raras son las casas que tienen un piso alto; casi todas son
muy bajas, con puertas y ventanas mezquinas, pequeños patios desiertos,
paredes y techos lamentables que revelan suma pobreza y abandono. Las
calles, malísimamente empedradas, están desiertas por lo regular, y al
andar por ellas apenas se oye el ruido subterráneo de objetos metálicos
ó del martillo del zapatero remendón,--ó se ve muy rara vez alguna cara
femenina, en una ventana, ó un pequeño grupo de muchachos sucios en un
zaguán ó un patio, tristes, pobremente vestidos y con fisonomías
repelentes y ásperas en lo general.

Es rarísima la casa de gitano que no tiene un piso subterráneo que se
registra desde la calle. La puerta da inmediatamente sobre una especie
de sótano (que es el lugar de trabajo), sea por medio de un pequeño
zaguan inclinado, sea por medio de una gradería casi abrupta. Las
habitaciones que están al nivel de la calle sirven para dormitorios y
demás usos; las profundas ó cavadas en la tierra contienen los
obradores, talleres y fraguas. Evidentemente hay en los Gitanos una
tendencia á la vida subterránea, que no se concilia en apariencia con
las costumbres nómades. Hasta en el modo de preparar los alimentos el
gitano se sirve de hoyos cavados en la tierra,--procedimiento ingenioso
que se presta al misterio y favorece el rápido cocimiento de las
sustancias animales y vegetales. Acaso haya algun principio etnológico
que determine esas tendencias á lo subterráneo; pero la explicación mas
sencilla me parece estar en la naturaleza de la industria y las
costumbres de los Gitanos. Raza de herreros y estañadores y de gentes
que no tienen una nocion regular de la idea de la propiedad,
tradicionalmente habituadas á los fraudes, los robos rateros, las
mistificaciones y los procederes hipócritas,--los Gitanos han
comprendido sin duda que sus habitaciones debían ser apropiadas á la
ocultación y el disimulo. Así, cuando llevan vida nómada, sus hogares
cambian de la noche á la mañana, en cuanto al lugar, y son siempre
establecidos en los sitios mas solitarios; y cuando se ven forzados á
una residencia fija construyen sus habitaciones del modo menos
ostensible, á fin de burlar la vigilancia social.

Nos habían dicho que en el arrabal de Triana veríamos cuadros curiosos y
animados de la población gitana, que es bastante numerosa. Pero no
encontramos sino tristeza, soledad y silencio. Acaso escogimos mal la
hora ó el día para satisfacer nuestra curiosidad. Lo que sí pude obtener
con seguridad fue la conviccion de que en el pueblo español no hay odio
ni preocupacion ninguna respecto de los Gitanos (raza que me parece
mucho ménos incorregible de lo que generalmente se piensa); pero que no
se hacen los esfuerzos convenientes para producir una asimilacion ó
fusión completa. Hay muchos gitanos católicos en España, y sinembargo se
les ve persistir en sus hábitos de aislamiento. Y lo mas curioso es que
los gitanos _católicos_ (que lo son por el bautismo y sin conciencia
ninguna de las doctrinas cristianas y católicas) se distinguen en España
por la brutalidad de su fanatismo, en los momentos de exaltacion
religiosa. Eso prueba que el fanatismo es siempre compañero de la
ignorancia, y que toda la fuerza de los tartufos consiste donde quiera
en el dominio que ejercen sobre las masas bárbaras que obedecen
maquinalmente al impulso que se les da. El mundo no se librará de los
conflictos religiosos sino el día que haya desaparecido de las
sociedades «el elemento bárbaro». Por eso se comprende el horror con que
los tartufos explotadores de la religión miran toda tendencia hacia la
instrucción y educacion de las masas. * * * * *

Sevilla no es solo un centro comercial y agrícola de primer órden en
España: es tambien una ciudad fabricante en vasta escala, aunque poco
manufacturera. Las grandes fábricas, llamadas propiamente
_manufacturas_, que en otras ciudades europeas reúnen á centenares y aun
millares de obreros y dan al consumo enormes masas de productos, no
existen en Sevilla, donde la maquinaria (como en casi toda España) está
muy atrasada todavía. Lo que hay allí es la pequeña fabricacion y el
artefacto, cuyos productos son muy considerables por razon de la masa de
trabajadores y la multiplicacion de los talleres. Allí existe una
organizacion de trabajo en detall que produce resultados visibles. Como
el establecimiento de una pequeña fábrica no exige un tren costoso, es
muy accesible á los hombres de la clase media y aún á los obreros la
adquisición de uno ó mas telares, un taller ú obrador, y por lo mismo se
hace mas fácil que en las ciudades manufactureras el paso de la
condición de obrero á la de maestro, empresario ó propietario. Con la
pequeña fábrica ú obrador las aglomeraciones de obreros son muy
reducidas, el artículo trabajado es frecuentemente mas correcto y
artístico, la moralidad gana, el artesano ú obrero tiene interes en la
obra y trabaja en su propio hogar, y su bienestar es mayor y acaso menos
expuesto á las crisis comerciales que afectan á las manufacturas en
grande. Ademas, el obrero tiene mas independencia y dignidad trabajando
por su cuenta ó en escala reducida.

Los economistas en lo general (acaso olvidándose bastante de los
intereses de la moral por atender de preferencia á los de la riqueza)
han llevado hasta la exageracion el entusiasmo por las manufacturas. La
economía de produccion, que disminuye el precio de los productos y en
definitiva favorece á los mismos obreros, les ha hecho desatender
ciertos intereses de la moral (pureza, dignidad é independencia del
obrero) que se ven seriamente comprometidos en las grandes fábricas. No
pretendo examinar aquí una cuestión económico-moral tan importante; pero
sí haré notar la observacion hecha respecto de las poblaciones obreras
en Europa. En las ciudades principales de España, así como en las de
Suiza, en Lyon y otras de Europa, cuyos mas valiosos productos son el
resultado de la fabricacion en detall, he notado mas independencia y
bienestar, mas dignidad y sentimiento de personalidad en el obrero, que
en las ciudades estrictamente manufactureras donde las grandes
aglomeraciones de máquinas (humanas y de fierro) tienden á sustituir la
fuerza colectiva en la producción á la fuerza individual ó limitada á
pequeños grupos de obreros. Acaso sean otras las causas predominantes;
pero el hecho es patente, y lo cierto es que en España, donde la gran
fábrica es muy rara (exceptuando unas pocas ciudades catalanas), la
noción de la personalidad es profunda y general en el pueblo.

Sevilla, como he dicho, es una ciudad artista y artística por
excelencia, y sus industrias lo revelan enérgicamente. No hay una calle
donde no se vean numerosos talleres y obradores de escultura
(principalmente en yeso), de pintura, de joyería y platería, y de toda
clase de objetos curiosos. Allí se fabrican por valores muy
considerables armas, herramientas y todo lo que corresponde á la
quincallería, instrumentos de música (especialmente las elegantes y
finas guitarras y bandolas), gran cantidad de telas y artefactos de seda
y lana, sombreros, etc., etc. La produccion de loza fina es
considerable, y se hace notar bastante la de pieles curtidas, que imitan
los bellos tafiletes y cueros marroquíes. Sevilla, como centro agrícola
de la baja Andalucia, hace fuertes exportaciones de aceite y vinos, y
centraliza grandes valores en granos y frutas de todas clases. Es
incalculable el desarrollo agrícola, industrial y comercial que puede
alcanzar España, y particularmente las provincias andaluzas, el día que
en ese país se renuncie al régimen inepto del egoísmo (que se traduce en
prohibiciones y monopolios), y se acepte el libre cambio con todas las
regiones del mundo.

       *       *       *       *       *

No contábamos con mucho tiempo para hacer un estudio detenido de
Sevilla. Pero las impresiones recogidas en pocos días bastaron para
hacernos simpatizar vivamente con la metrópoli andaluza, tan poética y
original, tan pintoresca en todo. Ella es interesante tambien como
centro de vida intelectual y de beneficencia. Posee una considerable
biblioteca, una sociedad económica, un liceo, varios institutos notables
de enseñanza y artes, una caja de ahorros en prosperidad, y como diez y
seis hospitales, hospicios é institutos de caridad y beneficencia. Por
demás es decir que las iglesias abundan, como abundaron fabulosamente
los conventos. Creo haber contado como ciento doce edificios religiosos,
entre iglesias, conventos, capillas y oratorios, lo que prueba que en
Sevilla no se han pasado jamas hambres en lo relativo al pasto
espiritual. Al contrarío, en esa materia se ha pecado en España por la
gula, resultando indigestiones seculares.

Sevilla tiene una circunferencia total (con los arrabales) de 25
kilómetros, y sus murallas, que todavía resisten algo á la acción del
tiempo, cuentan mas de sesenta torreones y trece ó catorce puertas mas
ó ménos considerables. Se numeran hasta quinientas sesenta y cuatro
calles y sesenta plazas; los cuarteles abundan, por desgracia, pero
siquiera abundan tambien las fuentes públicas y el agua no falta en
ningun punto. Aparte de muchos monumentos de interes mas ó ménos
subalterno, de todos los estilos y usos, citaré los dos teatros de la
ciudad y la espléndida plaza de toros. Los sevillanos se jactan con
razon de tener la mejor plaza de toros de España, y la Vírgen mas
opulenta, en su catedral. Mejor les estaría tener una Vírgen pobre y
carecer de toreros y de un circo que no puede tener mejor nombre que el
de _matadero espléndido_.

Contáronme cosas fabulosas sobre el lujo de ostentacion que se despliega
en Sevilla en la Semana Santa, coincidiendo con la gran feria sevillana.
Entónces, miéntras que la gente de _tono_ hace prodigios en las
procesiones para ponerse á la altura de la opulencia inaudita de la
Vírgen, los majos y las manolas ostentan en la feria todo el lujo de sus
vestidos pintorescos, sus armas, cabalgaduras y aperos de montar. Cada
clase hace las cosas á su modo; pero confieso que las vanidades de la
feria me parecen mas excusables que las de las procesiones. Cristo y la
Vírgen deben de incomodarse mucho en el cielo, al ver el modo como se
les adora _públicamente_ en la tierra.

       *       *       *       *       *


CAPITULO VII.

       *       *       *       *       *

EL GUADALQUIVIR.


El primer tren de Sevilla a Córdoba.--Un marques comunista.--La
provincia de Córdoba,--Aspecto de la capital;--su poblacion y su
estadística.--La Mezquita-catedral.--Curiosidades.--De Córdoba a
Baylen;--Andujar.

Eran las siete de la mañana cuando tomábamos el tren del reciente
ferrocarril que pone en comunicacion a Córdoba con Sevilla. Por primera
vez se iba á ensayar el trayecto comprendido entre la pequeña ciudad de
Lora, no muy lejana de Sevilla, y Córdoba. Asi, aunque el tren era
irreprochable en la primera seccion ya en servicio, se redujo, desde
Lora hasta Córdoba, á un wagon de tercera clase, en que los empleados de
la administracion de la empresa tuvieron la bondad de darnos cabida.
Como los rieles estaban recientemente asentados y exigian rectificacion,
nuestro gran wagon (que parecia una arca de Noé, llevando gentes de toda
clase en la mas democrática confusion) saltaba y corcoveaba á cada
momento como diez potros indómitos juntos, cosa que nos divertia y
asustaba alternativamente.

La via corre al principio por una hermosa y vasta llanura, á la
izquierda del Guadalquivir, por entre numerosas casas campestres,
extensas plantaciones de hortalizas y cereales, olivares todavía
recientes, prados y barbechos donde pacen los rebaños de ovejas, y
algunos preciosos bosquecillos de granados que tenian el aspecto mas
encantador por sus formas elegantes y sus rojas y lindas flores. Lora es
una pequeña ciudad de 8,000 habitantes, situada á corta distancia de la
via férrea, y que va adquiriendo importancia á virtud del ferrocarril.
Mas adelante se atraviesa el Guadalquivir y la via lo costea
constantemente hasta muy cerca de Córdoba, de manera que se le tiene
siempre á la vista.

El rio, generalmente con orillas bajas, de cauce poco profundo, arenoso
y turbio, no tiene navegacion ni posee la hermosura que se le supone de
antemano. El terreno, generalmente llano en el valle y encuadrado entre
cordones de cerros bajos ó altas colinas, se presta á los paisajes
risueños; pero la ausencia de árboles en las márgenes de las praderas
(sino es en rarísimos puntos) hace desapacible ó monótona una comarca
que podría ser bellísima en su totalidad. Sinembargo, hay de trecho en
trecho paisajes primorosos, por el juego de las colinas con el valle,
las vueltas y revueltas del rio, algunas arboledas y varias formaciones
geológicas muy interesantes (como la del cerro y castillo arruinado de
_Almodovar_) que corresponden á los contrafuertes de la _Sierra de
Córdoba_, que hace parte de la Sierra-Morena.

Desde Sevilla hasta el frente de _Palma_ el ferrocarril toca
sucesivamente en la ciudad de Carmona y tres pueblos pequeños, Lora,
Guadalabar y Peñaflor, ofreciendo bellos puntos de vista y dejando
registrar un inmenso campo de olivares, viñedos y cereales. Pero al
pasar por en frente de Palma el paisaje que se admira es hermosísimo. Se
ven á lo lejos las altas colinas á cuyo pié demora Palma, en un
delicioso valle á orillas del Guadalquivir y del Jenil que se le reune
allí. Tal parece como si el Jenil le trajese á esa poblacion las
seducciones y los encantos de la vegetacion de Granada. En efecto, Palma
es un inmenso huerto, escondida literalmente como está entre bosques de
naranjos, granados y limoneros, de cuyos frutos hace un comercio
considerable.

En un trayecto del Guadalquivir observamos una notable aglomeracion de
cañaverales y arboledas que nos llamó la atencion por su objeto.
Contáronnos que un cierto marqués, propietario del terreno, hacia una
compleja y singular especulacion, mediante el auxilio de las bandas de
_estorninos_, pájaros sumamente abundantes en el pais. Parece que los
estorninos andaluces profesan opiniones comunistas en alto grado y las
practican con mucha sagacidad. Su _política_ industrial consiste en
devastar (reunidos por centenares de miles) los inmensos olivares del
valle del Guadalquivir y las montañas vecinas, robándose las olivas de
los árboles, que trasportan á lugares lejanos para establecer grandes
depósitos de prevision y vida comun. Pero el estornino gusta
particularmente de los sitios húmedos y sombríos, como los cañaverales y
bosques de las orillas del rio.

Esto ha dado al consabido marqués propietario la idea de su
especulacion. Ha establecido en la orilla del Guadalquivir algunos de
esos asilos de verdura, resultando que los estorninos han fundado allí
su domicilio y sus almacenes de depósito. Pero como el señor marqués no
ha trabajado por la sola comodidad de los ladrones alados, sus agentes
espían los momentos en que aquellos están ausentes en sus expediciones
filibusteras, y les roban las olivas depositadas, que le producen al
señor marqués un valor considerable en aceite. De ese modo el noble
sevillano fabrica aceite de todos los olivares de la comarca, sin tener
que cultivar ninguno. Probablemente el marqués considera que, siendo
cosa corriente aquello de que «ladron que roba á ladron tiene cien dias
de perdon,» no hay inconveniente en aplicar el principio á los pájaros
literalmente. Sin duda que el buen hidalgo no ha caído en cuenta de que
al procurarles asilo á los inocentes estorninos se hace instigador y
cómplice de los _olivicidios,_ en provecho personal exclusivo.

Pero hay algo mas curioso en el asunto. El señor marqués no se contenta
con servirse de los pájaros para producir aceite sin tener olivares,
sino que perpetra la ingratitud inaudita de vender ó arrendar el derecho
de hacer en sus tierras la caza de esos mismos pájaros que trabajan por
cuenta de él, caza que le produce al señor marqués en ciertos meses del
año una utilidad mas que regulareja. Estos hechos, que son auténticos,
me dieron mucho en qué pensar. El señor marqués y _sus_ estorninos me
parecieron representar el sistema económico de casi todas las sociedades
humanas.

Donde quiera las masas ignorantes, obrando por instinto y necesidad de
conservacion, hacen el papel del estornino: trabajan sin descanso, y
despues de mil fatigas álguien (que les tiende una trampa) se aprovecha
de las olivas, con la diferencia de que el salario del obrero no es el
fruto de ninguna expoliacion; y despues de perder ese fruto, no falta
quien le haga la caza.

El señor marqués me ofrecia la imágen de los gobiernos que, despues de
explotar el trabajo de las masas, mediante los impuestos inicuos, los
monopolios, etc., hacen la caza á sus estorninos humanos para
convertirlos en soldados ó presidiarios y mandarlos á morir. Cuántos
poderes hay en este mundo que viven del comunismo, á estilo del
honorable señor marqués de las _Olivas_ y conde de los _Estorninos_!

Hácia las cercanías de Córdoba las montañas de la Sierra toman un
aspecto interesante, tanto por sus formas como por sus curiosidades y
vegetacion. Los cerros empinados, de formacion granítica en lo general,
se suceden en varias proporciones; las altas colinas están cubiertas de
olivares hasta la region de la Sierra poblada de encinas, y en las bajas
laderas y los vallecitos se extienden en abundancia los viñedos. Al cabo
se ven las torres y la masa general de Córdoba de un estilo casi
completamente oriental; y en tanto que se distingue sobre una alta
montaña el famoso convento de _San Jerónimo_ (fundado sobre las ruinas
de un alcázar morisco) y algunas ermitas solitarias de capuchinos, se
empiezan á sentir los ricos perfumes de los huertos y jardines que
rodean á Córdoba, preparando el ánimo del viajero á las impresiones que
produce esa capital de un famoso reino arábigo.

       *       *       *       *       *

La provincia de Córdoba, la décima octava en el órden de la poblacion,
cuenta 361,536 habitantes, la mayor parte distribuidos en pequeñas
poblaciones, como sucede generalmente en los paises fértiles y casi
exclusivamente agrícolas. Apénas cuenta esa provincia tres centros
sociales de alguna consideracion, á saber:

Córdoba, con 43,000 habitantes;

Montilla, con 14,654, célebre por haber sido la cuna del famoso capitan
Gonzalo de Córdoba, y por sus renombrados vinos cuya energía espirituosa
reanima la de otros vinos andaluces;

Aguilar-de-la-Frontera, de pintoresca situacion, con 11,836 habitantes.

Córdoba tiene una posicion abierta y desembarazada, con vastos
horizontes. Está situada á la márgen derecha del Guadalquivir, en el
centro de una llanura, casi al pié de los montes «Marianos»,
contrafuertes de la Sierra-Morena, rodeada de bellos paisajes
melancólicos y batida por aires libres y saludables. La _Corduba_ de los
Romanos, fundada por ellos segun parece, no solo ha sido una de las mas
famosas sino tambien de las mas considerables ciudades de la vieja
España. Fortificada por los Romanos, que la rodearon de murallas, los
Godos la conquistaron en 572, y á su turno los Moros, en 692, conducidos
por el famoso Abderraman, fundador del califato de Occidente. Los Moros
restablecieron las murallas y dotaron á Córdoba de todos los bellos
monumentos que embellecieron la residencia de la corte de los
Ben-Omeyas; pero la ciudad fué en gran parte destruida por las huestes
de Fernando III de Castilla, al rescatarla en 1236.

Hoy la antigua capital de ese reino morisco no es en su gran masa sino
un gran poblachon,--fea, triste, casi solitaria y en muy notable
decadencia respecto de su pasado. Sus murallas están en ruina (de lo
cual no hay motivo para lamentarse) y en medio de los escombros crecen
los naranjos y granados como para mantener la poética tradicion del
mundo oriental que yace allí convertido en osamenta y polvo. Sinembargo,
se conserva en todo el aspecto de la ciudad el aire arábigo, tanto por
la estructura de las calles y del conjunto de las casas, como por las
formas de los monumentos mas notables, la naturaleza de fabricacion y
cultivo, y sobre todo la fisonomía de la raza.

Córdoba es por excelencia una ciudad pretérita--un santuario de
recuerdos múltiples, pero orientales principalmente. Excepto la estacion
del ferrocarril, que hace pensar en lo porvenir, todo lo demas incita á
dejar vagar el espíritu en la region de lo pasado. Si, subiendo á la
alta torre que domina el gran patio de la mezquita-catedral, se
contempla toda la ciudad y sus campos vecinos, el espectáculo es bello
pero triste. Cada objeto es una evocacion. Las murallas, en mucha parte
romanas, hacen recordar que Córdoba fué la patria de los dos Sénecas y
Lucano,--como lo fué muchos siglos despues de Góngora (que ha servido de
modelo á tantos _escribidores_, que no escritores), de Céspedes,
Zambrano y otros hombres notables. Si se observa la catedral, se
recuerda á su fundador Abderraman, lo mismo que al reparar en el famoso
puente del Guadalquivir, obra del siglo VIII. Y si se tiende la vista
sobre la multitud de iglesias y conventos que pueblan la ciudad, y sobre
las sombrías arcadas de la Plaza-Mayor, se reconoce el genio español que
ha presidido á los destinos del país desde los tiempos de la reconquista
en el siglo XIII. Donde quiera algo del sello de cuatro civilizaciones
sucesivas modificando mas ó ménos profundamente la fisonomía social. Y
con todo, el tipo que predomina es el mas útil, el mas social, el mas
industrial: el arábigo,--porque ninguna dominacion fué tan fecunda ni
comprendió tan bien las necesidades de la vida como la morisca. Hasta en
la vegetacion de Córdoba predomina ese tipo. Hay allí algunas palmeras
antiquísimas que son verdaderos monumentos. Una de ellas pasa por haber
sido plantada por Almanzor. Los siglos han pasado por encima de sus
flotantes penachos, y estos al balancearse murmuran todavía las leyendas
de la época oriental.

¡Extraña ciudad para el que observa en su primer viaje las condiciones
de la arquitectura y la estrategia morisca! Córdoba es un vasto
laberinto de callejuelas estrechísimas, tortuosas, enredadas, tristes,
desiertas, empedradas con guijarros y orilladas por casas pintorescas
unas y cuajadas de balcones y celosías, otras desmanteladas ó como
truncas; y un laberinto de plazuelas mezquinas é irregulares, de
iglesias y conventos, de murallones y patios de aspecto desolado,
rodeado de jardines y huertos, de escombros y cortijos. Un bello paseo
público, una plaza con pretensiones de elegancia, algunas casas de
estilo moderno y uno ó dos periódicos,--he ahí lo que en Córdoba da
alguna idea de la vida actual.

El tipo de la raza hace un vivo contraste con el de la ciudad. Donde
quiera, en la segunda, la soledad, el abandono (excepto en el paseo
público de extramuros); en tanto que en la raza se ven la vida, la
robustez, la hermosura, el desembarazo y la viveza de imaginacion. Es el
mismo tipo sevillano, aunque un poco ménos expansivo y jovial.
Fisonomías ardientes y poéticas, pero con un no sé qué de cadencioso en
el andar y en las formas y la expresion, de mas árabe, de mas soñador
que en Sevilla, donde el movimiento comercial y social ha producido mas
sensibles modificaciones. Las mujeres son generalmente bellas, pero de
una hermosura algo severa, que seduce sin irritar, que atrae con
encanto. La curiosidad y la pereza son bastante generales. No es posible
dar un paso en la calle sin que las graciosas caras femeninas y las de
las viejas noveleras asomen en las ventanas, las celosías y rejas de
fierro, atisbando al forastero que pasa. En los meses de calor, despues
de la comida (que se hace generalmente á las dos de la tarde), cada hijo
de vecino duerme la siesta, y por cierto no corta. En eso concuerdan las
costumbres canonicales de la España católica con las dulzuras de la
pereza oriental.

A decir verdad Córdoba no es hoy interesante sino por su agricultura y
sus objetos de arte. La industria, que en otro tiempo fué tan
considerable, está hoy reducida á algunos tejidos de seda, hilo y lana,
muy subalternos pero de estilo bastante gracioso, varias pequeñas
fábricas de papel, etc., bellos trabajos de joyería y platería y una
preparacion valiosa de aceitunas. La produccion de Córdoba es
considerable en frutos agrícolas, especialmente el aceite, los vinos y
trigos. La cantidad de aceite que centraliza Córdoba es verdaderamente
enorme, y tanto que su trasporte ha sido el objeto principal del
ferrocarril que conduce á Sevilla y Cádiz. De cualquier lado que se
tiende la vista se ven las montañas vecinas, las llanuras, las vegas y
colinas cubiertas de inmensos olivares, viñedos y trigales, pero siempre
los primeros en mas vastas proporciones. Casi está por demas el hacer
mencion de las numerosas crias de caballos que le han dado tanta
reputacion á Córdoba. Los caballos cordobeses merecen sin duda esa fama,
en cuanto á su fuerza y valor, su brio y resistencia y la belleza
relativa de sus formas; pero en lo general carecen de suavidad de boca,
y léjos de ser delgados y de contornos ligeros tienen una redondez que
no me parece graciosa.

       *       *       *       *       *

Desde luego que, al hablar de los monumentos de Córdoba, su admirable
mezquita ó catedral, fundada en 692, ocupa el primer lugar, y casi puede
decirse que es todo lo importante allí. El gran puente de diez y seis
arcos, sobre el Guadalquivir, no es interesante sino por su antigüedad y
su orígen, pues carece de atrevimiento y gusto. El Alcázar está en
escombros, quedando apénas los hermosos y vastos jardines bastante
abandonados. Los demas objetos curiosos lo son mas bien por obras de
arte español que como monumentos moriscos.

La mezquita con sus accesorios ocupa una vasta extension: es un
grandioso edificio cuadrado, con diversas fachadas y de singular
sencillez en su conjunto. La gran portada morisca del _Perdon_, cuajada
de arabescos y situada bajo la torre de construccion española, da
entrada á un espléndido patio claustrado, que pueblan centenares de
antiquísimos y corpulentos naranjos. Mide ese patio 100 metros de
longitud y 65 de latitud, y en sus claustros ó galerías abundan los
relieves y otras curiosidades artísticas. Del patio se penetra á la
Mezquita, cuya portada monumental y principal da sobre la calle. Es
profunda la impresion que se siente al visitar por primera vez esa
mezquita bautizada ó convertida en catedral católica, monumento único en
su especie en Europa, admirable en todos sentidos y de una imponente
majestad sombría. Ni la Alhambra, ni el Alcázar de Sevilla, ni la
Giralda, ni otro monumento de la arquitectura sarracena, revelan en
España con tanta energía esa tendencia á lo poético y maravilloso y á lo
grande en la sencillez de concepcion y formas, que distinguió las obras
de los Moros en la península.

El edificio en su totalidad tiene diez y seis puertas de entrada usual;
la mezquita propiamente dicha mide 620 piés de longitud y 440 de
latitud. Compónese de un conjunto admirable de naves con calles de
columnas cortadas en ángulos rectos, de modo que hay diez y nueve naves
longitudinales y veinte y nueve trasversales, produciéndose un asombroso
laberinto de columnas que semejan los mástiles equidistantes de un
bosque de gruesas palmeras. De ese cruzamiento ó multiplicacion de naves
de igual latitud y formas absolutamente armónicas, resultaba un total de
850 columnas, en la época en que el templo era una mezquita. De esas
columnas mas de 400 procedieron de Jerusalen, Egipto, Numidia, etc., y
son de ricos mármoles de colores y preciosos jaspes; las demas, muy
inferiores en calidad, salieron de las canteras de la provincia de
Córdoba ó de Granada. ¡Imagínese el maravilloso efecto que produciría
esa mezquita llena de moros é iluminada por 400 lámparas que tenia, sin
que la vista fuera interrumpida en ninguna direccion, fuese recta ú
oblicua!

La trasformacion de la mezquita en catedral le ha hecho perder mucho de
su belleza al monumento, porque fué mutilado y adulterado en sus mas
grandiosas proporciones. Los altares católicos y capillas construidos en
el centro han destruido completamente la inmensa perspectiva de todo el
conjunto de naves; han suprimido muchas columnas y naves reemplazándolas
con bastiones de malísimo gusto; y han deteriorado por precision los
admirables artesonados de la techumbre y los preciosos é innumerables
arabescos que adornaban las arcadas en herradura soportadas por las
columnas. En su época morisca, el templo tenia en cedro primorosamente
trabajado todos los techos de las naves; hoy no son sino de yeso, sin
estucos siquiera.

En parte de compensacion, hay en las construcciones exóticas (algunas de
ellas completamente imitativas del arte sarraceno) mil preciosidades de
escultura en madera y yeso que llaman mucho la atencion. El templo tiene
hoy cincuenta y tres capillas laterales, y ademas, en el centro, el coro
y diez y nueve altares. Nada mas extraño que el contraste que hacen allí
las construcciones del Renacimiento en el centro y al lado de tantas
obras del estilo oriental,--no obstante la supresion de los pintorescos
azulejos que tanto caracterizan los muros y pavimentos de las
construcciones moriscas.

En cuanto á los pormenores, los verdaderos primores del monumento están
en tres capillas: la del _Koran_ (que era como el sagrario de los
Moros), la de los _Reyes_ (adyacente al coro) y la del _Cardenal_. La
primera es admirable por sus mosáicos primorosos, y contiene entre mil
arabescos los símbolos sencillos de la religion mahometana. La de los
_Reyes_, obra de imitacion, contiene maravillas de escultura oriental en
sus estucos, su techumbre de yeso y colores á estilo de la Alhambra, y
sus arabescos finísimos. La del _Cardenal_ es notable por los bellos
cuadros del infatigable y fecundo pintor andaluz Palomino, representando
la conquista de Córdoba y el martirio del Santo-patrono, y por dos
hermosas Vírgenes debidas al pincel de Torrado.

La impresion que deja ese monumento es profunda y deliciosa. Adentro una
floresta de columnas de mármol cruzándose en un laberinto que da la idea
de la grandeza y la eternidad en la sencillez de concepcion mas
perfecta. Y afuera, en el gran patio, un bosque de naranjos, á cuya
sombra murmuran las aguas de las fuentes.... Admirable religion aquella,
reducida á la creencia en Dios _uno_, sin intermediarlos, el
espliritualismo en la fe, la nocion del paraíso, y el sentimiento del
amor, de la fraternidad y la igualdad,--religion que se revela en una
arquitectura de la mas cándida simplicidad! Extraño fenómeno el de una
religion que, siendo tan espiritualista, ha conducido a los pueblos
orientales á un fatalismo absurdo que destruye la nocion de la libertad
y la responsabilidad, y establece la esclavitud y degradacion de la
mujer! Pero extraña tambien la persecucion secular que le han declarado
á esa religion varias sectas que, llamándose cristianas, ni han sabido
ser espiritualistas, ni han renunciado al fatalismo bajo otras
apariencias, ni han hecho cosa mayor por la libertad y la dignidad de la
mujer!

La mezquita-catedral nos impresionó tan vivamente á mis compañeros de
viaje y á mí, que la visitamos cuatro veces. No por eso dejamos de
visitar las demás curiosidades de Córdoba. Entre estas es notable la
admirable y monumental escalera de mármol, con soberbias molduras, que
existe en la _Escuela-Pia_, casa que fué de los Jesuitas. Viajando en
Europa he observado que donde quiera que los Jesuitas han tenido
colegios sus alojamientos han sido espléndidos; lo que prueba que su
decision por el lujo ha sido hábilmente secundada por una industria bien
productiva de inmensas riquezas. Los hijos de Loyola son los mas felices
especuladores del mundo.--Tambien llaman la atencion: la capilla del
hospital de _San Francisco de Asis_, la casa del duque de _Almodobar_,
la del conde de _Torre-Cabrera_, y la torre octógona, morisca, de _San
Nicolas._

Entre los numerosos establecimientos de caridad que hay en Córdoba, el
de San Francisco de Asis es una especialidad curiosa: él no admite sino
convalecientes (hasta 150) salidos de los otros hospitales. El principio
de la division del trabajo está, pues, aplicado allí á la beneficencia
con mucho criterio. El exquisito aseo de aquel hospital hace mucho honor
á los que lo habitan. La capilla no es curiosa sino por sus labores de
estilo morisco (imitacion); y segun parece es un resto de antiguas
construcciones que pertenecieron al palacio de Almanzor.

La torre de San Nicolas no tiene interes, y las casas aristocráticas que
he mencionado no llaman la atencion por su exterior, sino por obras de
arte interiores,--unas de bella imitacion de lo morisco, otras dé
pintura española y curiosidades de museo, y algunas del género
tradicional, peculiares á las dos familias. Es de notarse que el duque
de Almodobar (marqués de la Puebla) es descendiente del rey Boabdil,
cuyo busto se ve en el escudo de armas muy ostentoso del noble andaluz.
Acaso no hay un país donde la aristocracia sea tan inofensiva, en lo
general, como en España. Los nobles hacen mucha ostentación de sus
blasones, pero eso es todo lo que tienen de aristócratas.

Después de visitar lo mas curioso de Córdoba y asistir á las escenas
públicas (teatro, paseos, mercados, etc.) que podian iniciarnos algo en
las condiciones del tipo social, debíamos continuar la peregrinacion.
Mis dos amables y cumplidos amigos franceses debían volverse a Cádiz
para ir á visitar algunas ciudades de Portugal. Yo tenia que volver á
Madrid y atravesar la Vieja Castilla y el país vascongado. Nos dimos
cita para encontrarnos en Burgos ó Bilbao,--cambiamos algunos abrazos
muy cordiales, y tomamos direcciones opuestas. La diligencia volvió á
servirme de prisión desde Córdoba hasta Madrid, en un trayecto de 350
kilómetros, despues de haber dado la vuelta á las Andalucías. Faltábame
conocer el trayecto de Córdoba á Baylen, punto donde se confunden las
dos grandes carreteras andaluzas ántes de penetrar en las encrucijadas
rocallosas de la Sierra-Morena.

La via sigue constantemente el valle y la direccion del Guadalquivir,
por entre numerosos cortijos y vastas plantaciones en que alternan los
cereales, las viñas y las hermosas moreras que dan alimento á los
gusanos de seda, con los interminables olivares. Donde quiera, en un
grandioso horizonte limitado por las sierras Morena y Nevada, se
desarrollan bellísimos paisajes, ora en las montañas escalonadas y los
cordones de colinas suaves, ora en vastas llanuras y en las ramblas y
quiebras ondulosas que se producen hacia el Guadalquivir. Cerca de la
venta de Alcolea se atraviesa el rio por un inmenso y magnífico puente
de piedra y mármol negro, de diez y seis arcos, obra monumental de mucho
mérito, debida si no me equivoco, á Cárlos III.

Aunque todo el país se ve completamente cultivado y bellísimo, y de
trecho en trecho se ven ricas dehesas pobladas de rebaños, nada llama
tanto la atencion en esa fertilísima comarca como los olivares,
verdaderamente prodigiosos. Se andan leguas y leguas y la carretera
cruza siempre por en medio de plantaciones de ese género que parecen
infinitas. Muchos son los propietarios que allí poseen veinticinco,
cuarenta, cincuenta mil y aún ochenta ó cien mil olivos, lo que
representa valores muy fuertes, puesto que cada árbol que fructifica
vale tres duros por lo menos. A eso se agrega que, antes de la época en
que la planta comienza a producir, se cultiva con viñas ó cereales el
terreno intermediario en las inmensas calles de olivos. Es inexplicable
el abandono con que en Colombia se ha descuidado la aclimatación de ese
árbol (en los terrenos de una temperatura média de 28 grados
centígrados) que ofrecería excelentes resultados. El olivo es un árbol
muy resistente y que produce su fruto durante muchos años. En Colombia,
donde la tierra es tan barata y exuberante, hay ménos inconveniente en
esperar durante algunos años que la fructificación comience, tanto mas
cuanto que el terreno podría ser aprovechado entre tanto con el cultivo
intermediario del tabaco, las legumbres, tal vez el algodon, etc.

En el tránsito de Córdoba á Baylen se ven todas las montañas vecinas
(estribos de la Sierra-Morena) completamente cubiertas de bosques hasta
una grande altura y en inmensa extension. El viajero se siente muy
sorprendido al saber que aquellos bosques interminables--monótonos y
tristes pero de gran valor--no son otra cosa que olivares. Las Sierras
de Córdoba son un mar de verdura gris sobre otro mar de mármol y
granito. En el espacio de 100 kilómetros que media entre Córdoba y
Baylen no hay sino tres poblaciones ó villas: primero _Pedro-Abad_, á
poca distancia del Guadalquivir, con mas de 2,200 habitantes,
agricultores y pastores, que viven dulcemente en amistad con las ovejas,
los bellos potros y los gusanos de seda;--después _Villa-del-Rio_ (que
cuenta 3,400 almas), pueblo no solo agricultor sino fabricante, pues
hace tejidos de paños burdos y mantas y sargas de uso popular, situado
graciosamente en las faldas de algunas colinas y á orillas del
Guadalquivir;--y por último, _Andújar_ (que tiene el título de
_ciudad_), poblacion muy risueña y activa, con mas de 14,000 vecinos, y
perteneciente á la provincia de Jaen.

Un antiquísimo y largo puente de mampostería, de quince arcos, muy
descuidado, da acceso á la ciudad de Andújar, situada á la márgen
derecha del Guadalquivir, en el centro de una hermosa y fertilísima
llanura toda cultivada. Algun esmero en la conservacion de las arboledas
y los huertos cercanos indica un cierto grado de progreso en los
vecinos. Andújar no es solo un centro agrícola importante: es tambien
una ciudad industriosa, con numerosas fábricas de loza y muchos otros
artículos notables, así como telares de paños burdos, llamados
_estameñas_ y _sayales_, que sirven para el vestido común.

Al salir de Andújar la via se va alejando del Guadalquivir y
aproximándose mas á los bajos cordones de colinas y cerros que se
desprenden de los estribos de la serranía. Poco á poco el terreno se
hace mas onduloso y quebrado, hasta comenzar en Baylen la subida para
cortar la Sierra-Morena. Las Andalucías terminaban para mí, y al dejar
ese país de fecundos recuerdos, de actividad y pasiones ardientes, de
amor, de arte, de poesía y de costumbres tan especiales y encantadoras,
sentí una positiva tristeza, como si al salir de la Sierra-Morena
hubiese de dejar de sentir las palpitaciones del corazon de España.

Mas adelante, al resumir mis impresiones de viaje por la península, diré
lo que pienso de las Andalucías en general. Por ahora sigamos nuestra
ruta, pasemos por Madrid, y si el lector tiene la bondad de seguirme,
penetremos en la Vieja Castilla.

       *       *       *       *       *

SEXTA PARTE.

DE MADRID A PARIS

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CAPITULO I.

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EL ESCORIAL.


La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un _Real-sitio._--El ciego
Cornelio.--San Lorenzo.--La _Casa del Príncipe_.--Algunas
reflexiones.--Una escena de costumbres castellanas.

Despues de una segunda y muy corta residencia en Madrid, aprovechada en
observaciones importantes, debia volverme á Paris por la via de Burdeos,
recorriendo de paso lo mas importante del nor-oeste de España. La vía
directa hácia Valladolid era la mas natural; pero debia aprovecharla con
una ligera desviacion, á fin de visitar el _Escorial_, monumento que los
Españoles han denominado la _octava maravilla_, titulo sobre cuya
justicia no quiero disputar con ellos.

La gran carretera que comunica á Madrid con las provincias situadas al
occidente-norte de la Sierra de Guadarrama, baja por el pié del
Palacio-Real, monumento que, si de cerca no me pareció de mucho gusto,
tiene de léjos una majestad incuestionable. Madrid quedaba atrás
asentada sobre sus colinas desnudas, y la diligencia rodaba por la
márgen derecha del _Manzanares_, riachuelo que se ha hecho célebre en
1859 por un escandaloso proceso ministerial, que solo ha servido para
hacer comprender á los Españoles que el código penal no alcanza en su
país hasta las regiones del poder, sea presente ó pretérito.

A la izquierda íbamos viendo (yo iba en compañía de tres jóvenes
Peruanos que deseaban también visitar el Escorial)--íbamos viendo, digo,
un inmenso parque perteneciente al marido de la reina, llamado el
_Pardo_, que hacia vivo contraste con la desolacion de los demas
terrenos que rodean á Madrid. Al mismo tiempo teniamos á la derecha (en
las márgenes del Manzanares, sombreadas por larguísimas hileras de
árboles corpulentos que terminan los jardines del palacio), un curioso
espectáculo. Centenares de lavanderas, ó acaso mas de mil, estaban
establecidas allí, levando ropa en las orillas, entre hileras y
laberintos de estacas, perchas, _ranchos_ de forma primitiva y
construcciones de piedra y madera á estilo de embarcaderos ó muelles,
destinadas á favorecer todos los trabajos de aquellas pobres gentes. Una
multitud de pequeños canales, semejantes á los de irrigacion, sirven
para distribuir y mantener ó hacer salir las aguas en todos los
lavaderos que no están situados sobre las orillas mismas del riachuelo.

La vista de aquella escena me interesó, haciéndome reconciliar un
_poquito_ con esa casa reinante que tiene monopolizados para el placer
los sitios mejores, y que se olvida casi totalmente del pueblo, en tanto
que aloja en un palacio sus mulas reales y sus caballos de sangre azul.
En efecto, las lavanderas de Madrid gozan de la proteccion especial de
la reina, y es ella quien ha costeado los rústicos aparatos ó lavaderos
donde ganan la vida esas pobres mujeres, trabajando al sol y á la
intemperie. Aquello vale bien poco, pero al ménos es de aplaudirse la
intencion.

A medida que la diligencia va subiendo las faldas de la serranía, el
paisaje toma un aspecto mas y mas severo, melancólico y desolado. Donde
quiera lomas escarpadas, sin vegetacion ninguna, enormes peñascos
graniticos, de tinta oscura, campos desiertos y sumamente
accidentados,--ausencia de poblacion, de cultivo y de vida. Todo aquel
país tiene mucha semejanza en su aspecto general (aunque no en las
especies de sus malezas ni en su estructura geológica) con las altas
regiones llamadas _páramos_, tan tristemente hermosas en las cordilleras
de los Andes. Apénas llamaban la atencion algunas canteras de piedra y
los trabajos de nivelacion que se hacian para el ferrocarril del
_Norte_, que debe ligar á Madrid con Bayona, pasando por el Escorial,
Valladolid, Búrgos é Irun. Fuera de Madrid no se ve sino el desierto: un
mar de rocas,--la soledad y el abandono.

Así, apénas merecen mencion los cuatro pueblos miserables que median
entre el del _Escorial-de-arriba_ y Madrid (_Aravaca, Rosas, Galapagar_
y _Escorial-de-abajo_) con una poblacion total de 1,500 habitantes. _El
Escorial-de-arriba,_ término de la via en diligencia, contiguo _al Real
sitio de San Lorenzo_, apénas cuenta 1,510 vecinos que, vegetando en la
mayor pobreza, solo pueden _rumiar_ lo que les dejan los viajeros y
curiosos que van á visitar la famosa obra de Felipe II. Si las cercanías
de aquel pueblo son bellísimas y el aspecto exterior de los edificios
(todos de muros de granito) ofrece una engañosa apariencia de bienestar,
la realidad es bien triste y el contraste irritante.

Aquellos 1,500 vecinos viven en la mayor pobreza, sin un rincon de
tierra que cultivar, sin hallar siquiera donde recoger alguna leña para
su hogar. Aires purísimos, inmensas canteras graníticas sin valor y
aguas deliciosas y abundantes,--he ahí todo lo que tienen á su
disposición aquellos contempladores de la grandeza real. Pero como hasta
ahora no se ha demostrado la posibilidad de que ningun cuerpo viviente
se mantenga con aire, agua y rocas graniticas, resulta que los vecinos
de la «Octava maravilla» viven poco mas ó ménos muertos de hambre, sin
que les valga la protección de San Lorenzo. Decididamente un _real
sitio_ es una mala vecindad en España.

Lo que allí se llama el «Real sitio do San Lorenzo» es en verdad un
paraíso,--un oásis encantador de verdura, corrientes bulliciosas,
lustrosos rebaños y primores, en medio de una vastísima soledad de
peñascos y lomas estériles. Los parques y las dehesas del Escorial
tienen una frescura que arrebata al viajero, encantado con la
contemplacion del panorama que se desarrolla á sus piés, hácia Madrid,
por las faldas ondulosas ó abruptas de la Sierra de Guadarrama. Todo lo
que puede ser cultivable ó aprovechable de algun modo en aquellas
eminencias; pertenece á la casa real. Lo _demas_ á los vecinos de los
dos Escoriales, tan bien librados los unos como los otros.

Así como las fronteras nacionales tienen sus jefes de aduana sin cuyo
_pase_ no es posible entrar, el real sitio de San Lorenzo posee un
interesante personaje (nada antipático por cierto) sin cuya compañía es
de todo punto inútil, si no imposible, visitar los monumentos, los
jardines y demas bellezas del lugar. Ese personaje es un ciego, llamado
Cornelio, de reputacion mas que europea, anciano muy bondadoso y atento
y de una memoria prodigiosa apesar de sus setenta y seis años. Cornelio
es el guia ó _cicerone_ obligado de todo el que visita el palacio del
Escorial. El siglo XIX lo encontró ya privado de la vista, y durante
cincuenta ó mas años el pobre ciego ha recorrido por lo ménos quince mil
veces todos los claustros, salones, galerías, escaleras y patios del
inmenso edificio, y relatado dia por dia los mismos hechos y las mismas
cosas á centenas de miles de curiosos visitadores. Él ha conversado con
los reyes y príncipes, los generales y diplomáticos, los sabios y
eruditos, los artistas y estudiantes, los viajeros de todas clases y de
todos los paises civilizados. Cornelio ha servido de guia á Prescott y
Washington Irving, á Victor Hugo y Alejandro Dumas y á personajes
innumerables.

Aquel anciano singular es una enciclopedia en su género. Tiene tan
prodigiosamente desarrollada la memoria, como el tacto y el oido (á
virtud del hábito y de la falta de la vista), que conoce muchas veces
las nacionalidades por el acento, aún respecto de razas muy lejanas y
heterogéneas,--porque recuerda cómo hablaban el Ruso tal y el Griego
cual, este Americano y aquel Escandinavo ó Aleman, mucho tiempo ántes.
Inmediatamente que supo mi orígen, me preguntó por todos los Colombianos
que habian visitado el Escorial, y muy particularmente por el señor José
Ignacio París, el colonel Joaquín Acosta Y otros sujetos muy notables
que no existen.

Cornelio tomó un baston y echó á andar con el mayor desembarazo en
direccion al palacio y convento del Escorial, situados en una eminencia
que domina todo el panorama. Cárlos V legó á Felipe II el encargo de
consagrar la memoria de la batalla de San Quintín por medio de un
monumento que, bajo la advocacion de San Lorenzo, sirviese de mausoleo á
los restos del emperador-fraile que tanto conmoviera al mundo. Felipe II
encomendó la obra á los famosos arquitectos Juan de Herrera y Juan
Bautista de Toledo, y, á fuer de rey _piadoso_, quiso que no solo se
construyese un palacio admirable, sino tambien un esplendido convento y
una iglesia maravillosa. Para hacer mas vivo el recuerdo de San Lorenzo
se dió á esos monumentos la forma general de una parrilla, símbolo del
suplicio del Santo.

Supongo que el lector no se prometerá la descripcion detallada de ese
colosal monumento, repleto de primores artísticos, tarea que exigiría un
grueso volúmen y sólidos conocimientos de arte. No me es posible
detenerme sino en algunos de los rasgos mas salientes. Para que se tenga
una idea general baste saber que el edificio en masa, comenzado en 1563
y terminado en 1584, y que dió ocupacion á los mas eminentes artistas de
la época, es integramente de granito, constituyendo una mole inmensa y
formidable dividida en varios cuerpos. El palacio, que hace frente á
tres grandes edificios accesorios (construidos para el servicio de los
ministerios cuando la Corte residia allí), se comunica con ellos por
medio de un estupendo subterráneo, que por sí solo es una obra de gran
mérito.

El palacio propiamente dicho tiene: 16 patios, 9 torres, 76 fuentes, 80
escaleras y 10,032 puertas y ventanas, de las cuales 1,110 exteriores.
El patio principal está dominado por la gran fachada que mide 744 piés
de longitud, formándose allí una gran plazuela cuadrilonga; miéntras que
por la fachada del sur el otro patio mide 580 piés. Esa fachada (llamada
de _los Reyes_) es por sí sola un monumento admirable. Aparte de sus
obras de arquitectura, llaman allí la atención las estatuas de San
Lorenzo y los reyes bíblicos (David, Salomón, Isaías, Josafat, Ezequiel
y Manasías), cuyas cabezas y manos son de mármol blanco de Carrara, los
cetros y coronas de bronce dorado y los cuerpos de granito. Cada una de
las siete estatuas, de un bello trabajo, tiene 8 piés de altura, y todas
ellas salieron de un solo trozo de granito, sobrando bastante material
aún. Por eso el escultor (Bautista Mornedro) hizo escribir en la portada
estos _versos_ macarrónicos alusivos á la bienaventurada piedra:

«Dichoso _canto_
 Que dísteis
 Para seis reyes y un santo,
 Y sobró para otro tanto.»

El conjunto del edificio corresponde en lo general á los órdenes jónico
y dórico, aunque en la fachada de los Reyes y el altar mayor de la
iglesia están combinados los cuatro órdenes de la arquitectura del
Renacimiento. La iglesia es, en pequeño, una primorosa imitacion de San
Pedro de Roma, con un lujo de ornamentacion que sorprende y seduce, y
mil trabajos de escultura y pintura que arrebatan y embelesan
sucesivamente. Hay allí frescos deliciosos que le dan al recinto un no
sé qué de celestial y sublime, impresionando profundamente. Compónese la
iglesia de tres naves, en un conjunto de forma casi cuadrada,
dominándolo una soberbia cúpula, y terminándolo un coro alto que sé
prolonga en una galeria circular hasta rodear el altar mayor. El
cimborrio tiene la considerable altura total de 351 piés, rematando en
una cruz de bronce de 913 kilógramos de peso, que reposa en una enorme
bola de bronce dorado tambien, con 7 piés de diámetro y 1,662
kilógramos de peso. Todo en este monumento tiene las proporciones de lo
colosal y suntuoso. Ademas de los 42 bellos altares de la
circunferencia, cada uno de los cuales está cuajado de obras maestras de
arte, el altar mayor, todo de bronce dorado al fuego, es de una
magnificencia y finura prodigiosas.

La Biblioteca es una de las joyas mas valiosas del Escorial. Ademas de
sus interesantes colecciones de libros (que exceden de 40,000 volúmenes)
contiene como 10,000 manuscritos, algunos de ellos preciosísimos por su
especialidad ó por sus obras de arte. Son muy notables: un _Koran_
tomado al sultan de Marruecos por D. Pedro de Lara;--un _Devocionario_
de Felipe II, en hojas de pergamino;--otro de Isabel la Católica, en
papel vitela, y un _Códice_ aleman (de Espira) que contiene los cuatro
Evangelios, todos admirables como obras de caligrafia y miniatura, en
que se revelan al mismo tiempo una increible paciencia y una maravillosa
habilidad y finura de pincel y pluma. Toda la techumbre de la Biblioteca
contiene bellos frescos, y de los muros penden algunos retratos
históricos muy estimables.

Si la techada principal, la iglesia y la Biblioteca tienen mil
preciosidades, la grande escalera del palacio es un famoso monumento,
notablemente por los gigantescos frescos históricos que representan la
batalla de San Quintin en Francia y los personajes mas importantes del
Escorial, como Cárlos V, Felipe II, etc. Un asombroso laberinto de
escaleras, galerías y salones, en que sería fácil perderse, permite
llegar al fin á los departamentos reales ó del _Palacio_ propiamente
dicho. Allí cada salon y cada aposento es un museo, donde se ha reunido
cuanto el arte puede haber producido de mas bello, delicado y primoroso
en España, desde la época en que el monumento fué construido, ya en
materia de pintura y escultura, ya en cuanto á tejidos artísticos
(tapicería), dorados, ebanistería, cerrajería, etc.

Así, las piezas corresponden á cuatro clasificaciones generales: unas
que son galerías de pinturas; otras que ostentan principalmente sus
tapicerías superiores; otras notables solamente por sus frescos; y otras
en fin (especialmente los aposentos de la reina) donde se admiran mil
primores en madera, marfil, nácar y metal, en los muebles finísimos, las
puertas y ventanas, los pavimentos, etc. Es incalculable el valor de
tantas maravillas, cuya sola mencion exigiría muchísimas páginas, sin
hacer resaltar por eso lo que hay de admirable en tantas obras de arte.
No se sabe qué apreciar mas entre tantos cuadros de Rafael, Parmesiano,
Reni, Murillo, Ribera, Cano, etc., tantas preciosas tapicerías flamencas
pintadas por David Teniers, ó por Goya, nacionales; tantos tesoros de
ebanistería; tantas riquezas en frescos superiores y prodigios de todas
clases. La sala de las _Batallas_, cuyos enormes frescos (pintados por
Granelli y Fabricio) carecen absolutamente de perspectiva, son
sinembargo muy interesantes por su asombrosa variedad y riqueza de
detalles y figuras, que trazan la historia de las batallas de D. Juan II
de Castilla contra los Moros de Granada, y de Felipe II contra los
Franceses en la ciudad de San Quintin y otras de Francia.

Para que se tenga una idea de la inmensidad de riquezas consumidas en la
ornamentacion del Escorial, me bastará indicar un hecho. Las cuatro
pequeñas piezas llamadas «aposentos de la reina», repletas de
_filigranas_ de todo género, mesas de pórfido, oro, nácar, carei, etc.,
y cuyos muros están cubiertos de tela de razo bordado de oro, han
costado 28 millones de reales de vellon (1,400,000 pesos fuertes) en lo
relativo al ornato nomas. No sería exagerado calcular que todos los
objetos de arte (arquitectura, pintura, jardinería, etc., etc.) que
constituyen el material del real sitio de San Lorenzo, han hecho
consumir por lo ménos 250 millones de pesos fuertes. Los _reales sitios_
son las vorágines profundas del tesoro español.

Durante muchos años el Escorial ha estado casi completamente desierto,
aunque no descuidado, en los meses en que la Corte no reside
allí,--gracias á la supresion de los conventos. Pero recientemente la
piadosísima reina (que desea con ardor tener contento á Dios) ha
restablecido el convento, á despecho de la ley, de un modo indirecto,
mediante una comunidad, muy curiosa y original, de clérigos seculares
sometidos á una regla que, segun las malas lenguas, tiene íntimo
parentesco con la de San Ignacio de Loyola. Esa comunidad disimulada diz
que tiene por objeto el cuidado de la biblioteca y de todos los primores
del edificio. Nada hay que extrañar en la piadosa maniobra de la reina,
puesto que su primer ministro, el Mariscal O'Donnell, le ha dado el
ejemplo de un buen sistema, declarando á las Cámaras que su Ministerio
_no moriría de empacho de legalidad_.

El panorama que se registra desde los balcones del palacio, mirando
hácia abajo, es bellísimo. La vista abarca todas las faldas de la
Sierra, cuyas crestas coronadas de nieve brillan magníficamente; reposa
con placer sobre los hermosos bosques y prados del inmenso parque, y se
deleita en la contemplacion de los lindos jardines y las espléndidas
alamedas que circuyen la _casa del Príncipe_, como de los suntuosos
patios y terrazas del pié del palacio, cuyas fuentes arrojan
graciosamente sus aguas saltadoras entre grupos de arrayanes
artísticamente cultivados. Aquel horizonte es de una poesía triste y
solemne en lo lejano,--deliciosa y risueña en los cuadros de verdura y
trabajos de arte mas inmediatos.

La segunda maravilla del Escorial es la _casa del Príncipe_, encantadora
quinta ó palacio campestre á donde se baja por una grandiosa alameda,
entre parques suntuosos, sombríos y ricos en flores y perfumes. Ese
edificio, cuyas formas son graciosísimas, es un museo de incomparable
valor, desde la entrada hasta los mas recónditos aposentos. Es indecible
lo que hay allí de tesoros en pinturas (de todas las escuelas del mundo
y con mucha abundancia de obras maestras), en esculturas de todos
estilos,--ya en mármol, ya en marfil, pasta de arroz, carey, nácar,
etc.,--en tapicerías y trabajos de ebanistería, bordados, doradura, etc.
Un artista podría vivir años en aquel santuario de primores, sin
cansarse nunca, sino al contrario deleitándose con la suprema embriaguez
de la admiracion. No hay un artista eminente de cuantos han brillado en
el mundo en los últimos ocho siglos, que no tenga allí su representante.
Asi, puede decirse que si el Escorial es admirable, sobre todo por su
grandeza, la Casa del Príncipe le sobrepuja en muchos de los mas
delicados objetos de arte.

La contemplacion de todas esas maravillas me sugirió algunas reflexiones
penosas respecto de España y aún de la civilizacion en general. La
península española es, sin disputa, despues de la italiana, el país mas
rico en monumentos y objetos preciosos de bellas artes, pero es tambien
uno de los mas profundamente atrasados (en Europa) en esa labor vigorosa
de la civilizacion que se refiere al desarrollo del bienestar social. Su
industria es á sus museos lo que su literatura científica á su amena
literatura. Pocos pueblos han hecho tan hermosos versos y con tanta
abundancia como el español; pero pocos están tan atrasados como él en el
conocimiento de las ciencias físicas y matemáticas, morales y políticas.
Así, donde quiera resalta en España el vivo contraste de un inmenso
adelanto artístico, ya _pretérito_, y un lamentable atraso presente, en
la agricultura, las fábricas, el comercio, las ciencias, las artes mas
comunes, las comunicaciones, el gusto, las costumbres, etc.

¿Cambiará en breve esa situacion?

Todo lo hace esperar, puesto que los ferrocarriles y telégrafos, los
bancos y sociedades de crédito, y muchas otras nuevas empresas están
produciendo excelentes resultados, en reducida escala, y van
trasformando la faz social del pais.

La España comprenderá que los museos y todas las maravillas de arte no
pueden tener importancia sino como lujo ó refinamiento de la
civilizacion, debiéndose pensar primero en los trabajos que aseguran la
prosperidad económica, intelectual y política. Antes de fabricar los
adornos de la casa conviene hacer la casa misma, sólida, barata y
cómoda.

       *       *       *       *       *

Un pobre vecino del Escorial se encargó de conducirme por una ruta
trasversal al pequeño pueblo de _Guadarrama_, miserable caserío de 380
vecinos, á fin de tomar allí la diligencia que gira de Madrid á
Valladolid. El buen hombre me atavió un troton mas duro que las piedras,
que cargó conmigo con la mejor voluntad de que es capaz un rocin; y por
su parte se echó á andar á buen paso, caballero en una yegua de humor
apacible y dócil, encajado entre las maletas y el baúl que componian mi
modesto equipaje.

El tal castellano-nuevo, sencillo, honradote, pero con ciertas puntas de
malicia epigramática que distinguen mucho al español casi en todas las
provincias, me hizo no solo tolerables sino agradables las tres horas
del trayecto, siguiendo una hermosa pero inútil carretera que costea las
eminencias y ásperas lomas de la falda oriental de la Sierra. Contóme de
cabo á rabo todas las crónicas municipales de su vecindario, las
disputas permanentes del Ayuntamiento y los vecinos con los
administradores del real sitio, las miserias de los habitantes, su modo
de vivir y sus alegrías en las épocas en que la Corte reside en San
Lorenzo. Esta cronista, hablando sin amargura y con honrada sencillez,
hacia, sin pensarlo, la acusacion de todo un pueblo contra sus
gobernantes. La voz de aquel rústico labriego, resonando en los peñascos
escarpados, en la oscuridad y en el silencio de la noche, me
impresionaba profundamente, haciéndome reflexionar en el inmenso y
secular drama de la civilizacion cuyas escenas, aunque infinitamente
variadas en la forma, presentan en definitiva el mismo espectáculo de
lucha: pueblos víctimas, y soberanos victimarios de una manera ú
otra....

Eran las diez y media de la noche cuando me apeaba pidiendo la
hospitalidad en una de las posadas principales del _puerto_ de
Guadarrama, punto donde se produce la mas profunda abra de la serranía
para dar paso entre las dos Castillas. Hube de pasar por la cocina para
poder penetrar hasta mi dormitorio. Molido por el troton y casi aterido
de frio, quise esperar el sueño en un rincon de la cocina, donde al
derredor de un gran fogon estaban agrupados cinco ó seis castellanos
departiendo sobre las cosas del dia mas importantes para ellos. Caras
curtidas por el sol y el viento, severas pero simpáticas, de ojos
inteligentes, expresivos y un poco burlones; un acento mesurado y
sonoro, y de correcta pronunciacion en lo general, y un aire de
benevolencia y honradez, distinguian á esos rústicos hijos de la Vieja
Castilla. Sus pantalones cortos, ligados á las polainas muy modestas, en
dos de ellos, haciendo juego con la chaqueta de paño burdo y el sombrero
de anchas alas, armonizaban con el vestido de los otros, casi totalmente
cubierto por el sayal ó manta de lana parda ó amarillenta.

Cuando me acerqué al grupo campechano se discutia sobre alimentacion, y
las opiniones eran unánimes en condenar las papas (que en España llaman
_patatas_) como indignas de la especie humana. Efectivamente, en todo el
país las papas son miradas generalmente con tal desprecio que tienen su
aplicación preferente en la ceba de los cerdos.

El pan, las habas, las judías (ó frisoles), el tocino y sobre todo los
garbanzos, constituyen la base general de la alimentacion popular. El
vino tiene un consumo relativamente muy reducido. Acaso el pueblo
español es el mas frugal de los de Europa, alimentándose principalmente
con legumbres y granos. De seguro que es el primero en sobriedad.

La conversacion rodó luego sobre los ferrocarriles, y fué entónces
cuando me interesó mas, probándome el buen sentido de aquellos
labriegos. Uno de ellos, que por mucha fortuna había ido á la _Corte_
recientemente (la _Corte_ es el nombre enfático de Madrid), contaba que
se había _embarcado en la máquina_, para ir hasta Valdemoro á una
diligencia.

--Vamos, ¿y es cosa de quedarse uno _pasmao_, como cuentan? preguntó uno
de los departidores.

--Ca, hombre! si aquello es lo que hay que ver, respondió el viajero
feliz.--¡Qué correteo de máquina, por Cristo!

--¿Y asusta el embarcarse?

--Pues ya! Al comenzar la carrera da resoplidos y _jumea_ como un horno
encendido; pero luego es el gusto. No es mas que abrir y cerrar un ojo,
y héteme Usté al fin del viaje.--Eso es como cosa de encantamiento.

--Pues ni mas ni ménos. Barato y ligero, como quien vuela.

--Diantre! que no tengamos otro igual por estos cerros de Dios!

--Ya vendrá, que lo están haciendo de Madrid á Francia, y la máquina nos
pasará por entre las barbas, como, quien dice.

--Pues no les arriendo las ganancias á los posaderos y muleteros. El
mayoral de la otra casa sé hará sacristan si quiere yantar judías y buen
tocino.

--Quién dijo tal! Usté no entiende el cuento.

--Pero si todo pasará tan de ligero, quién se ha de apear en Guadarrama!

--Ca! que se está Usté diciendo! ¿Pues no considera Usté que nos
lloverán los franceses como granizo y pasará gente como pájaros? Y
luego, échele Usté trigo á la tierra y saldrá la harina de Castilla
hasta por los ojos; que en habiendo caminos todo será barato y bueno, y
andaremos mas á priesa.

--A lo ménos eso dicen los que lo entienden en la Corte, y así me lo
pienso yo tambien cuando recapacito en mi viaje de Madrid á Valdemoro,
que fué cosa de media hora.

--¿Y qué espera el Gobernador que no nos echa un camino de esos para
cada atajo?

--Pues si diz que no hay con qué.

--Ca! qué me cuenta Usté! Y las pesetas que nos tira el Estao? Y los
estancos y las loterías? La pecunia les sobra, y no les falta á los
mandones sino la buena volunta.

Por ese estilo continuó la conversacion durante mas de una hora, y he
procurado trascribirla tan fielmente como la recuerdo, sin agregarle
nada (pero suprimiendo ciertas interjecciones), no porque el asunto sea
chistoso ni importante como una manifestacion de costumbres castellanas,
sino por su significacion. Aquellos labriegos ignorantes pero de muy
buen sentido, me daban en cierto modo la clave de la sociedad española.
Con muy clara inteligencia comprendían perfectamente el interes del
progreso en las comunicaciones, adivinando el fenómeno de la armonía en
virtud del cual un adelanto engendra otros muchos. Al mismo tiempo
acusaban al Gobierno, ó le atribuian instintivamente la responsabilidad
por la falta do esos ferrocarriles que admiraban sin conocerlos.

Yo reflexionaba al oírlos en la falsedad del sofisma de la raza, que ha
hecho tan vulgar la opinion de que los Españoles no progresan sino muy
lentamente ó permanecen en mucho estacionarios, por una incapacidad
proveniente de su pereza genial. Y al mismo tiempo veia la consecuencia
lógica del espíritu reglamentario, en esa disposicion que tienen los
pueblos á imputar la causa de su pobreza y todos sus males á los
gobernantes. El pueblo español no es perezoso por carácter. Es que las
instituciones de muchos siglos, privándolo de su personalidad, le han
hecho perder todo hábito y aún todo instinto de iniciativa. Hoy es un
pueblo de fuerzas pasivas, latentes (pero muy elásticas en el fondo) que
necesita de impulso para todo progreso, pero que al recibirlo hará
cuanto otros pueblos sean capaces de hacer. Mas esa impulsion no deberá
salir del gobierno para ser fecunda, porque la reglamentacion la
neutralizaría. Es la libertad en todos sentidos, y muy especialmente en
lo económico y político, la fuerza que puede vivificar y engrandecer á
la sociedad española.

¡Cuántos hombres de Estado aceptarían resueltamente las doctrinas
liberales, si escuchasen las conversaciones de la muchedumbre ignorante
pero certera en sus instintos! Ella ve que el gobierno es todo, lo
abarca todo y lo hace todo ó lo prohibe. Y la lógica mas elemental le
hace comprender al pueblo que lo que se deja de hacer, ó está mal hecho,
en cualquier asunto de interes social, tiene que ser atribuido á la
incapacidad, la malevolencia, el egoísmo ó la avaricia del mismo
gobierno.

Confieso que los seis ó siete labriegos castellanos me hicieron el
servicio, sin intencion, dé enseñarme algunas verdades ó confirmarme en
ellas. El sueño me venció miéntras pensaba en el inmenso porvenir que le
está reservado á la España progresista y demócrata.


       *       *       *       *       *


CAPITULO II.

       *       *       *       *       *

LA VIEJA CASTILLA.


Un cura en diligencia.--Las llanuras castellanas.--Un poco de
diplomacia.--La provincia de Valladolid.--La capital; sus monumentos,
curiosidades, costumbres é industrias.

Comenzaba á despuntar la aurora, extendiendo su vaga claridad sobre las
cimas escarpadas y cubiertas de manchas de nieve de la Sierra de
Guadarrama, cuando me llamaron á tomar asiento en la diligencia que
debia conducirme á Valladolid. Habíame tocado el número 3º (único que
estaba disponible) en el compartimiento que tiene el nombre
aristocrático de _berlina_. Los asientos de los rincones (los ménos
incómodos en todo caso) tenian por poseedores actuales dos personas de
distinto sexo entre las cuales debia yo instalarme como mediador. La
femenina se hallaba en la diligencia cuando entré, y me contestó con la
gracia circunspecta que distingue á las castellanas, el atento saludo
que le hice al instalarme á su lado.

Era por cierto una de esas mujeres que entre los Españoles merecen el
calificativo muy honorífico de _guapas mozas_, aplicado frecuentemente á
la reina para expresar la idea del garbo y de la distincion en el porte.
Alta, elegante y bien formada, con una tez blanca y fina, ojos negros y
severos, cejas finamente arqueadas; mirada sincera y bondadosa, y una
expresion que reunía las señales de la reserva y la amabilidad sin
oposicion alguna. Parecia tener unos veinticuatro años, y su vestido
indicaba comodidad ó algo mas que medianía de recursos.

El compañero masculino me pareció ser un bulto que se hallaba envuelto
en una ancha capa á algunos pasos de la diligencia, paseándose con
abandono como si solo quisiese desentumir sus músculos un poco. El
mayoral anunció la partida, y el bulto se apresuró á entrar á su rincón,
sentándose á mi derecha. Al verme, mi aspecto juvenil le causó tan
evidente desagrado, que no pudo reprimir un sordo gruñido, por via de
contestación á mi saludo. Era un nombre de regular estatura, de mirada
fria y austera, bien avanzado en edad y con la barba enteramente rapada.
Un instinto secreto, que no acierto á explicarme pero que no me engaña
nunca, me hizo sospechar que mi vecino tenia algun parentesco con la
Iglesia. Sentí no sé qué olor de sacristía, y me propuse saber si mi
impresión se confirmaba.

La diligencia rodaba á toda priesa, y como yo habia dormido, en vez de
sueño sentia un vivísimo placer al aspirar el aire de la mañana, en
medio de las colinas que van descendiendo como estribos de la serranía
para disiparse al fin en las vastas llanuras de la Vieja Castilla. Pero
el vecino tenia un sueño mortal, por haber pasado la noche en
diligencia, y la vecina, que no parecia tenerlo igualmente, lo
aparentaba; de modo que guardábamos completo silencio, con indiferencia
recíproca en apariencia.

El vecino acabó por dormirse, pero algunos minutos despues la vecina
hizo algun ruido al estirar una pierna, y el buen hombre se despertó
sobresaltado y nos lanzó una mirada escrutadora en cuyo relámpago
alcancé á ver un pensamiento de desconfianza. Al mismo tiempo, su brusco
movimiento le hizo entreabrir la capa, y pude ver un cuello de raso
bordado, distintivo del sacerdote. Desde aquel momento comprendí lo que
había, tanto mas cuanto que, al mirar con impasibilidad á la silenciosa
vecina, noté que bajaba los ojos con algun embarazo. Parece que ámbos
adivinaron mi sospecha, porque inmediatamente el dormilon sobresaltado
dijo, como queriendo explicar la situacion:

--Sobrina, ¿no tienes sueño?

--No, tio, respondió la vecina.

--Pues yo no puedo tenerme; pero esta diligencia que salta como una
cabra no me deja dormir.

--¡Y qué remedio, tio!

--Este caballero, añadió dirigiéndose á mí, debe de estar muy
incómodo....

--Oh, no Señor. He pasado la noche en una posada y no necesito ya
dormir.

--Verdad; pero ya ve Usté, ese asiento del medio es tan desagradable....

--¡Bah! le repuse, no es cosa de impacientarse. Y al cabo, un solo dia
de camino se pasa de cualquier modo.

--¡Hola! va U. de largo? me dijo con interes disimulado.

--Hasta Valladolid.

--Pues nosotros tambien.

--Mucho lo celebro.

--Gracias, Señor, respondieron á una.

--¿Y...la señorita sobrina de U. no se fatiga mucho en diligencia?

--Algo, es verdad; pero el viaje distrae siempre, y la paciencia hace lo
demas, dijo la hermosa castellana.

Despues de ese corto diálogo insignificante, parecióme estar autorizado
para seguir la conversacion.

Era preciso matar el tiempo, y ademas el carácter evidentemente zeloso
de mi vecino me tentaba mucho á divertirme un poco y observar el corazon
humano en diligencia, Poco á poco fuí llevando la conversacion hácia la
discusion de los diversos tipos de mujeres en España, y cuando el buen
tio parecia estar en ascuas á causa de mis elogios entusiastas en favor
de las castellanas, me puse á tocarle su cuerda con preguntas sobre la
situacion del clero en España.

En breve comenzaron las lamentaciones acerca de los progresos de la
irreligion, fruto de los libros franceses; de la pobreza en que vivia el
clero en España, especialmente el subalterno; del abandono en que se
hallaban en casi todas las ciudades las iglesias, muchas arruinadas, y
de todo lo que suministra materia á las conversaciones de un cura en
todo país _romano_. Ello es que á poco rato, apesar de su tonta
desconfianza, el tio comenzó á humanizarse y aún mostrarme alguna
consideración, quizas en atencion al interes que yo le manifestaba por
la independencia y el bienestar del bajo clero y por la prosperidad
general de España. La sobrina, por su parte, parecia estar contenta de
mis opiniones y gustos en cuanto á las españolas, y al fin quedamos muy
_amigotes_, aunque de cuando en cuando sentia yo que por encima de mi
nuca le echaba el tio á la sobrina las miradas mas paternales, pero
siempre escrutadoras en el fondo.

La diligencia hubo de hacer un alto para remudar el tiro, y yo me
apresuré á bajar para dejar algun respiro al atribulado párroco, que
parecia mirar como una calamidad mi interposicion forzada en la berlina.
Cuando volví á subir, el amable tio habia tenido la fineza de ocupar el
asiento del medio y cederme su rincon. Como no se movió de mi puesto, le
hice notar que allí quedaria con mas incomodidad, pero se apresuró á
responderme:

--Oh, no; entre buenos compañeros se debe alternar. Por otra parte, U.
como extraajero tendrá mas gusto en hallarse junto á la portezuela para
observar mejor los campos.

No me hice rogar, tanto mas cuanto que asi el buen tio podia viajar con
mas tranquilidad. Los tontos zelos de mi vecino me procuraban una
ventaja de posicion con que no habia contado. Desde entonces, aunque de
rato en rato se renovaba la conversación, pude entregarme á la
contemplacion de las llanuras solitarias de Castilla, de una completa
analogía con las de la Mancha y demás provincias de la Castilla oriental
ó _nueva_.

Nada mas rico por su naturaleza ni mas triste y monótono que aquella
comarca, donde la antigua inmobilidad española se muestra con todos sus
rasgos característicos. La provincia de Madrid habia terminado en las
alturas de la Sierra, donde un leon de piedra demarca el límite de las
dos Castillas. Desde allí la carretera comienza á cortar la provincia de
Segovia, una de las mas atrasadas de España por la insuficiencia de sus
vias de comunicacion. El terreno va descendiendo en escalones de colinas
rocallosas y planos inclinados, cuyo aspecto es triste y desapacible.
Después de algunas _ventas_ ó elementos de microscópicos centros de
poblacion, dejando á un lado la pequeña villa de las _Navas de
San-Antonio_, el horizonte se abre y las llanuras aparecen á la vista en
casi toda su extensión. Por último, la vía toca en el pueblo de
_Villacastin_ (de 1,500 almas) y en el de _Labajos_ (de 900 habitantes);
penetra en _San Chidrian_ al territorio de la provincia de Avila,
separándose cerca de allí de la carretera que conduce á las Asturias, y
al pasar por la villa de _Martin-Muñoz_ (que cuenta 1,000 habitantes)
cortando de nuevo una punta de la provincia de Segovia, el viajero se
encuentra en plena llanura, rodeado de un vastísimo horizonte.

Las poblaciones que atraviesa la vía están en completa armonía con las
llanuras. En todas ellas se ven las casas viejas de aspecto miserable y
aflictivo; las calles sin pavimento alguno, ó atrozmente empedradas,
llenas de fango y mugre; los enjambres de mendigos asaltando á los
viajeros si la diligencia se detiene un momento siquiera. Vestidos que
acongojan, capas patibularias, figuras extrañas y repelentes por su
conjunto; y todo eso ¡cosa singular! contrastando con el tipo de una
raza distinguida, inteligente, honrada y de índole dulce, en cuyo seno
abundan las bellas fisonomías y las organizaciones robustas. El hábito
de la mendicidad, del abandono, de la imprevision y la mugre se revela
allí en todas las formas exteriores de una sociedad que tiene superiores
cualidades latentes, que para desarrollarse no aguardan sino el impulso
del comercio y de la libertad.

Una vez que se desciende completamente á la llanura, el terreno, sin
ninguna de esas inflexiones que lo hacen pintoresco, no es mas que una
pampa de cereales casi totalmente desierta. Si de trecho en trecho se
ven algunos pequeños viñedos, ó rebaños de ovejas casi insignificantes,
apénas sirven para hacer resaltar mas, como excepciones, la monótona
uniformidad de las inmensas plantaciones de trigo, cebada, judias, habas
y garbanzos que cubren el terreno. Si á muy largas distancias se ven
algunos centros de poblacion, lo demas está desierto, como en la Mancha,
sin un árbol, una casa ó un modesto cortijo. Si á la izquierda se ven á
considerable distancia, del lado de Salamanca, los contrafuertes
avanzados de la Sierra de Guadarrama que se dirige hácia Portugal, y á
la derecha (norte) se alcanzan á divisar las pálidas eminencias de la
sierra que separa á Castilla de la hoya del Ebro: al occidente, en la
direccion de Valladolid y Zamora, el horizonte no tiene casi límites. La
mirada se pierde en la contemplacion de un inmenso desierto de gramíneas
cultivadas por la naturaleza sola, opulento de verdura y de gérmenes de
progreso, pero triste, sin un ruido, sin animacion, sin movimiento
social alguno. Los castellanos son un pueblo ahogado entre ondas
interminables de cereales. Allí la naturaleza vive sin sonreir, y el
hombre vegeta durmiendo ú bostezando.

La riqueza de ese pais, esencialmente agrícola, es inapreciable. Solo le
faltan los medios y la libertad para dar salida á sus productos y
regenerarse por el cambio. El dia que los obtenga, la Vieja Castilla
podrá ser un emporio. Si el canal de _Castilla,_ las nuevas carreteras y
los ferrocarriles que están en construccion ó en via de ejecucion,
crearán el primer elemento de prosperidad, solo una legislacion liberal,
que rompa las ligaduras del comercio interior y exterior, completará la
regeneracion económica y moral de los castellanos.

Uno de los rasgos mas característicos de esa poblacion (para la cual la
vida no es mas que un hábito) es la impasibilidad, que raya á veces en
un estoicismo bárbaro. Durante casi todo el dia el viento y la lluvia
batian la desolada llanura; y sin embargo, donde quiera que alcancé á
ver un rebaño me llamaron la atencion dos séres en infalible asociacion
en el centro de cada uno: el pastor y el perro guardian. Cada perro
dormia cerca de su dueño con la misma filosofía de este, que se
destacaba immóbil, sin hacer caso de la lluvia y el viento. Un pañuelo
apénas le cubría la cabeza, miéntras que todo el cuerpo se escondia bajo
el embozo de una capa vieja de paño burdo amarillento (especie de
estameña); y si alguna vez salía de su inmobilidad era solo para señalar
con la mano al impasible perro alguna oveja que se alejaba demasiado del
grupo. El obediente bruto llenaba su deber con lentitud, y el hombre
seguia fijo como una estaca, centinela mudo de un campo desierto y de un
rebaño de excelente índole. La misma _escena_ se me ofreció diez ó doce
veces.

A 143 kilómetros de Madrid, en el fondo de la extensa llanura, se
encuentra la pobre y vieja villa de _Olmedo_, primera poblacion de la
provincia de Valladolid en la vía que yo llevaba. Olmedo, célebre por
dos batallas en las viejas guerras civiles de España, cuenta apénas unos
13,000 habitantes. Un tiempo ciudad fortificada y de alguna importancia,
hoy no llama la atención del viajero sino por sus ruinas, sus murallas
desmanteladas, su soledad y tristeza, á pesar de su mediano comercio de
maderas.

Los paraderos donde la diligencia se habia detenido sucesivamente eran
tan detestables que yo no habia podido tomar alimento ninguno de
provecho. Los garbanzos cocidos, las habas guisadas, el tocino y los
chorizos me perseguian sin misericordia; y aunque algunos vasos de vino
de Aranda y de Toro me habian confortado un poco, tenia la pena de no
poder entretener el apetito con el cigarro por consideracion á la
sobrina del buen cura. Ello es que yo tenia una hambre de primer órden,
que se avivaba con cierto olorcillo á buen queso y exquisita conserva de
melocoton que se escapaba de la maleta del cura. Él y su sobrina
aprovechaban para refocilarse los momentos en que yo bajaba de la
diligencia en busca de alguna cosa tolerable.

La situacion me hizo comprender que era preciso apelar á la diplomacia.
Restablecí la conversación sobre el clero y logré interesar al digno
cura castellano. Por fin le hice saber que en Nueva Granada habia
corrido yo graves peligros como periodista, á causa de la energía con
que, discutiendo la cuestión del clero, habia defendido los verdaderos
intereses de la religion, ó de la pureza del cristianismo y la
independencia del sacerdocio. Yo decia enteramente la verdad, pero me
guardé bien de decirle á mi compañero que mis enemigos habian sido
precisamente los malos clérigos y los fanáticos, ni de entrar en
pormenores sobre el modo como yo entendía _los verdaderos intereses_ del
clero católico y de la religion. Ello es que el tio se enterneció, y
luego luego me invitó á participar de sus sabrosas provisiones, que me
probaron el buen gusto gastronómico de mis compañeros. Si los zelos
vulgares me habian procurado un buen asiento, el espíritu de corporación
del cura viajero socorrió muy oportunamente mi situación estomacal. Debo
decir, para descargo de mi conciencia, que desde aquel momento la
gratitud me hizo olvidar toda cavilación maliciosa acerca del parentesco
de mis compañeros de viaje.

Desde Olmedo hasta Valladolid (en un trayecto de 43 kilómetros) la
carretera, enteramente nueva, gira por una comarca tan solitaria que no
se toca sino en cuatro pueblecitos enteramente insignificantes, uno de
ellos situado á la orilla izquierda del Duero, rio angosto y profundo
pero muy subalterno hasta el punto donde, á pocas leguas de distancia,
se le reune el Pisuerga. La noche estaba ya bien avanzada cuando
pasábamos por enfrente de _Simancas_, tan famosa por su archivo
histórico riquísimo en preciosos documentos. A las once llegábamos á
Valladolid, y el buen cura y su sobrina se despidieron con la mayor
amabilidad, dejándome un grato recuerdo de las ventajas de viajar en
diligencia con los curas que tienen sobrinas.

Como se ve, en todo un trayecto de 189 kilómetros, entre Madrid y
Valladolid, la carretera gira por una línea de pueblos muy aislados que
apénas reunen un total de 19,500 habitantes á lo sumo, no obstante que
la via es una de las mas importantes. Ese solo hecho da la medida de la
escasez de poblacion en España y de su viciosa distribucion,
principalmente en las Castillas.

La provincia de Valladolid, de territorio casi totalmente llano y
situada entre las de Segovia, Avila, Salamanca, Zamora, Leon, Palencia y
Búrgos, es la trigésima cuarta de España en el órden de poblacion,
contando apénas 244,000 habitantes, Aparte de Valladolid, que tiene
41,869, no hay mas localidades de alguna importancia en la provincia que
_Olmedo_, _Medina-de-Rio-seco_ (con 4,500 habitantes), _Benavente_ (que
cuenta 4,550) y _Medina-del-Campo_, con 4,238. El resto de la poblacion
está diseminado en muchos pueblos de 300 á 2,000 vecinos, pero los
campos están donde quiera casi completamente desiertos, sea por causa de
los hábitos sedentarios de todos los castellanos, sea porque la
naturaleza de su agricultura (cereales y viñas principalmente) no exige
la misma asiduidad en la consagracion al cultivo, que imponen otras
producciones, sea en fin por la falta de buenos caminos vecinales que
mantengan comunicaciones frecuentes entre los distritos.

La ciudad de Valladolid, tan célebre por su universidad, está situada á
la márgen izquierda del rio _Pisuerga_, á poca distancia de algunos
grupos de colinas bajas y redondas que interrumpen graciosamente la
llanura para determinar en cierto modo el valle de aquel rio. Este, que
tiene sus fuentes en la sierra de Reinosa, el _Bornesga_ que nace en las
montañas de Leon, y el _Tormes_, procedente de la sierra que domina á
Salamanca, son los principales afluentes del Duero, centro hidrográfico
de la vastísima hoya de la Vieja Castilla y el antiguo reino de Leon,
comprendida entre los Pirineos (prolongados hasta las Asturias y
Galicia), la Sierra de Guadarrama y la que liga esas dos cadenas
separando las hoyas del Ebro y el Duero.

Valladolid es quizas la ciudad española que hace resaltar mejor el
contraste de la vieja y la moderna España. En el centro está la
Valladolid de las tradiciones, de la inmobilidad, del egoismo, del
aislamiento,--la Valladolid gótica, sombría, de un carácter severo,
triste, feudal y frailesco. En los arrabales ha ido surgiendo la
Valladolid moderna, con tendencias visibles á la comodidad, la
elegancia, el movimiento, la luz, la actividad económica, el aseo y el
buen gusto.

En la primera parte se ven: casas de menguado y repelente aspecto,
calles sucias, tortuosas y estrechas, callejones sin salida, plazas de
arcadas sombrías y arquitectura pesada y empírica, torreones góticos y
monumentales, numerosas iglesias medio arruinadas pero venerables por
sus bellas fachadas cuajadas de trabajos artísticos; miéntras que el
aspecto de las gentes y el movimiento mesurado de todos los objetos en
las calles y plazas revela la tenacidad de los hábitos, el abandono y la
fria austeridad de las costumbres. Donde quiera vestidos sombríos y
uniformes, bandas de mendigos, mugre, viejos asnos errando por las
calles entre la basura, muchachos vagamundos, gentes deteniéndose ó
asomándose á mirar al forastero como un animal curioso,--en una
palabra, la vida casi primitiva ó tradicional de la España castellana,
con casi todos los caractéres que Lesage hizo resaltar magistralmente en
su _Gil Blas de Santillana_.

Al contrario, en los arrabales ó la parte moderna de Valladolid se ven:
hermosos paseos, espléndidas arboledas á la márgen del Pisuerga, los
trabajos preparatorios de la estacion del ferrocarril que se adelanta,
la animacion y el movimiento de carros en las cercanías de la cabeza del
canal de _Castilla_, anchas y bien alineadas calles, casas hermosas y
elegantes, nuevas construcciones que indican un rápido acrecentamiento
de la ciudad, y todas las señales de una próxima regeneracion social.

Aquellas hermosas arboledas de la playa del Pisuerga, que me parecieron
un prodigioso esfuerzo progresista en Valladolid, contribuyeron á
probarme la tenacidad de los viciosos hábitos españoles. Es inexplicable
el odio que los castellanos profesan á la naturaleza en sus mas
simpáticas y atractivas manifestaciones. Todo lo que en ella es risueño,
alegre y delicioso, desagrada á la mayor parte de las poblaciones
españolas que no recibieron fuertemente la infusion del elemento
arábigo. Los árboles, el agua, las brisas, el cielo, la frescura y la
libertad de las campiñas repugnan á esa raza sedentaria, cuyos hábitos
la han mantenido fiel á las sacristías, el silencio, la inmobilidad, el
desaseo, los rincones, las sombras, los portales, el horror á la luz y
á la vida en todo. Así es que la mayor parte de los vecinos de
Valladolid detestan las deliciosas alamedas con que la autoridad pública
los ha obsequiado, y en vez de ir á buscar allí el sol, el aire puro,
los perfumes y las alegrías de la vegetacion, y los rumores de las
aguas, prefieren aglomerarse bajo los sombríos portales del centro, ó
errar perezosamente en las calles infectas y tristísimas donde se
pudrieron sus antepasados en el mismo abandono.

Valladolid, la _Pintia_ de los Romanos, trae su nombre, segun se dice,
de su fundador, un moro llamado Olid _(Valle de Olid)_, y ha sido la
patria de muchos personajes ilustres de España. Entre los contemporáneos
debo citar al célebre poeta Zorrilla, que ha tenido tanta popularidad
entre los amigos del romanticismo de formas y lenguaje. Es bien sabido
que en esa ciudad sucumbió en la miseria y perseguido, en 1506, el
inmortal Colon, á quien debió España sus mejores glorias. La casa que
habitó el heróico revelador del Nuevo Mundo se conserva aún, y es
propiedad de sus descendientes colaterales, que llevan el título de
_duques de Veraguas_. Ese monumento humilde, que debería ser un precioso
museo _especial_ y figurar como una de las mas interesantes reliquias de
la vieja España civilizatriz, apénas es conservado como la casa mas
vulgar.

Lo que he dicho sobre los rasgos generales de Valladolid indica bien la
naturaleza de sus monumentos, pertenecientes casi todos al estilo
gótico, y los mas notables al florido ó de transición del siglo XV,
precursor del Renacimiento. La catedral, que jamas ha sido terminada, es
obra del famoso Juan de Herrera en todo lo que tiene de elegante, y de
Churriguera (el infeliz fundador del mal gusto en España) en cuanto
tiene de pesado, frio y chocante; pero es por su fachada un modelo, en
Castilla, de la arquitectura dórica en contraste con la gótica. No pude
visitar el interior, porque en España es muy raro hallar abiertas las
puertas de los templos en horas que no son las de oficios religiosos.

La iglesia de _San Pablo_, costeada por el famoso Torquemada de
_candelosa_ recordacion, no conserva de su carácter primitivo sino la
fachada, porque el interior es un asilo de presidiarios. En España los
cuarteles y presidios han heredado, en lo general, á los frailes que
habitaron los conventos suprimidos; pero es justo decir que las
bibliotecas, los museos y las oficinas de administracion han tenido su
parte en la herencia. Valladolid tuvo la bobería de veinte conventos de
monjas y diez y nueve de frailes, sin perjuicio de las numerosas
capillas y las iglesias parroquiales. La fachada de San Pablo es
verdaderamente un prodigio de escultura en cuya contemplacion puede uno
embelesarse durante muchas horas. Admira la increible paciencia de los
artistas y la finura portentosa de sus cinceles guiados por una feliz
inspiracion.

Al lado de San Pablo llama la atencion otra iglesia menos arruinada, la
de _San Gregorio_, notable por su bella fachada y algunos detalles del
interior (en el patio y la escalera) muy característicos del estilo
gótico en sus dos últimos siglos. Allí está establecida la Gobernacion
de la provincia. A poca distancia se ven la casa en que nació el funesto
Felipe II (á quien Víctor Hugo ha llamado el buho de la España
inquisitorial), la casa en que se hizo el matrimonio de los Reyes
Católicos, y la que sirvió de prision al célebre _favorito_ Don Alvaro
de Luna, ejecutado en Valladolid en 1453.

El museo, monumento social de cuya posesion se enorgullecen los vecinos
de Valladolid, me pareció el lugar mas adecuado para un auto de fe
contra las herejías artísticas. Si se exceptúa la biblioteca (14,000
volúmenes), unos treinta cuadros regulares ó muy buenos (entre mas de
mil que nada valen), una sillería esculpida de bastante carácter aunque
sin finura, y algunas pocas medallas y curiosidades artísticas, lo demas
debería ser condenado al fuego como una degradacion del arte, que solo
puede servir para pervertir el gusto y mantener groseras preocupaciones.
La gran masa del museo se compone de mamarrachos abominables, en lienzo,
en tabla ó en estatuas, procedentes de las sacristías de muchos
conventos, cuyos moradores, á lo que parece, no se preocupaban sino con
la representacion material de Cristo, la Virgen, los santos, los
judíos, etc., sin cuidarse del interes divino de la religion ni del
social del arte, excluido del feticismo bárbaro de las poblaciones.

Tambien llaman la atencion en Valladolid el viejo palacio castellano y
otros mas modestos, que tienen la apariencia de cárceles; la plaza
_Mayor_, cuyas arcadas tienen el tipo especial de su época; una de las
cuatro puertas de la ciudad (la de _Madrid_) verdaderamente monumental,
y _San Benito_, edificio grandioso convertido de convento en fortaleza.
De resto, la ciudad cuenta importantes institutos de instrucción y
beneficencia, y se echa de ver que el espíritu moderno va poco á poco
penetrando al corazon de la antigua corte castellana. No muy tarde la
modificacion será profunda y casi completa, y Valladolid (que puede hoy
contener 100,000 habitantes) se elevará al rango de ciudad española de
primer órden.

Su movimiento comercial es ya considerable, gracias al canal de
_Castilla_ y las demas nuevas vias de comunicación. Esa ciudad es el
centro de una vastísima produccion de trigos, cuyas harinas van teniendo
ventajosa salida por el puerto de Santander y algunos otros de la costa
cantábrica. Aparte de esa produccion, son notables entre las agrícolas
las de vinos, lanas y maderas. Valladolid es tambien un centro de
fabricacion, aunque muy inferior. Ademas de sus grandes molinos
hidráulicos y los muchos de viento, que dan al comercio fuertes valores
en harinas, contiene fábricas de tejidos burdos (estameñas, etc.), de
papel, sombreros de fieltro y otros artículos de menor importancia. De
resto ninguna otra cosa llama la atencion en la actualidad. Lo pasado es
triste pero venerable en muchos de sus rasgos. Lo porvenir será una
época de resurrección para Valladolid.

       *       *       *       *       *



CAPITULO III.

       *       *       *       *       *

PALENCIA Y SANTANDER.


El canal de _Castilla_.--La provincia de Palencia y su
capital.--Alar-del-Rey; las fuentes del Ebro.--El rio Besaya.--La
provincia de Santander.--La ciudad y su bahia.

No obstante el notabilísimo interés que tiene Búrgos (ciudad de 26,000
almas apénas) por su admirable catedral, su Cartuja y otros monumentos
góticos, así como por su aspecto de viejo _españolismo_ tan marcado,
preferí dirigirme á Santander, por Palencia, para conocer una region
interesante donde va desarrollándose activamente el comercio español.
Búrgos, por lo que tengo entendido, no se hace notable sino por la
exuberancia de dos objetos: los primores de arquitectura gótica y los
mendigos. Yo estaba ya satisfecho de monumentos y hastiado de mendigos.
Queria ver en la region castellana el movimiento social, y eso determinó
mi itinerario.

Habla viajado en España sucesivamente en vapores, ferrocarriles y
diligencias, y en una trotona locomotiva de cuatro patas por los cerros
de Guadarrama. Quise servirme de otro vehículo, y por eso me embarqué en
un bote, tirado por dos caballos, que navega el canal de _Castilla_. Su
extremidad meridional arranca en Valladolid, y la setentrional en
Alar-del-Rey, pasando la línea por Palencia. Ese canal es alimentado
por las aguas del bello rio _Carrion,_ afluente del Pisuerga, y cuyo
origen dista poco del de este último. Despues de rodear en parte á
Palencia, el Carrion verifica su reunion con aquel á poca distancia al
sur de esa ciudad. Es por ese canal que se exportan hácia Santander las
harinas centralizadas en Valladolid; sin tal via de comunicacion, muy
embarazosa sin embargo, los pueblos de esa parte de Castilla se
hallarían mucho mas miserables de lo que están.

Mide el canal unos 45 kilómetros de longitud en la parte comprendida
entre Valladolid y Palencia, y como 70 entre Palencia y Alar-del-Rey. Su
anchura constante es de unos 11 metros, con 7 piés de profundidad. Se
cuentan 10 esclusas ó compuertas en solo aquella parte. Esa bella obra
fue comenzada por órden de Cárlos IV y continuada por Fernando VII. La
parte comprendida entre Alar y Palencia está en servicio desde 1809; la
otra solo desde 1833. Se acongoja el viajero al oir la relacion de los
horribles martirios de que fué teatro aquel canal, construido por los
presidiarios, de los cuales hubo millares de víctimas del trabajo y los
crueles tratamientos. Pero ese sentimiento de dolor se convierte en
indignacion al recordar que muchos de los pretendidos presidiarios no
fueron sino leales patriotas, atrozmente perseguidos por sus opiniones
liberales y condenados á la infamia y la muerte de los trabajos forzados
sin fórmula de juicio ó inocentes de todo delito. Fernando VII hizo,
pues, del canal de _Castilla_ un inmenso é inmundo cadalso. Pero mas
tarde los llamados _moderados_ inventaron la proscripcion á Filipinas
para no _escandalizar_ á la Europa con el espectáculo de las víctimas.

Aunque las tres líneas paralelas que describen el Pisuerga, el canal y
la carretera, le dan alguna animacion al paisaje, este es en lo general
monótono y triste. El viaje es lento, pero no carece de distraccion.
Aparte del placer que me causaban las conversaciones de los muchos
castellanos compañeros de viaje, manifestándose todos inteligentes,
habladores, chistosos y de excelente índole, los objetos del tránsito me
interesaban. Ora me llamaban la atencion los numerosos molinos y alguna
que otra fábrica á orillas del canal; ora las barcas viajeras cargadas
de harina ó de mercancías extranjeras y rieles de ferrocarril; ya
algunos pequeños pueblos vecinos, algunos cordones de colinas cubiertos
de viñas, ó grupos de bodegas al aire libre; ya los bellos paisajes del
valle del Pisuerga, en pintoresca sucesion desde la llanura de
Valladolid hasta Palencia, que el canal domina enteramente desde léjos.
La línea del ferrocarril que se está construyendo, para ligar á
Valladolid con Santander, por Palencia y Reinosa, corre tambien por la
orilla misma del canal en largo trecho.

Entre los pocos pueblos que demoran en la vecindad del canal, solo es
notable _Dueñas_ (que pasa por ser de orígen céltico), con 4,300
vecinos, y abundante en producción de granos y buenos vinos. Los demas
son casi insignificantes y de un aspecto generalmente pobre y
desgraciado.

       *       *       *       *       *

La provincia de Palencia tiene apenas 185,970 habitantes, sin mas centro
importante de poblacion que la capital, que cuenta cerca de 13,000. La
extensa y fértil llanura que rodea á _Palencia_ es muy pintoresca y de
esmerado cultivo. Si sus campiñas están todas cubiertas de cereales, sus
alrededores interesan y sonrien ostentando hermosas arboledas ó
graciosos huertos de frutales fecundados por el rio Carrion. La ciudad
es tan antigua que su origen es desconocido, y no solo es célebre por
haber sido el asiento de muchos concilios españoles, sino también por el
recuerdo de sus heróicas mujeres que, habiendo combatido á los Ingleses
en tiempo del rey Don Pedro, ganaron el privilegio de usar bandas de oro
en el tocado, á estilo de las de los caballeros. Llama la atencion allí,
en la puerta meridional, una lápida del sepulcro de los hijos de
Pompeyo, descubierta por una casual excavacion en la ciudad.

Palencia tiene sin duda «el colorido local» ó el aspecto general de las
viejas ciudades españolas, pero tiene condiciones especiales que la
hacen apreciable. Sus calles son generalmente rectas, espaciosas y
limpias, y sus casas (de dos pisos casi todas) no tienen el aire
repelente de la parte antigua de Valladolid. La calle principal es muy
curiosa por sus dos filas de arcadas interminables, á cuya sombra se ven
las tiendas y los almacenes que centralizan toda la actividad comercial
de la ciudad.

El único monumento importante es la Catedral, pero ella sola vale por
muchos monumentos. Es de una arquitectura gótica muy elegante y
graciosa, como lo exigía la época de su construcción, y se la considera
con justicia como una de las mas bellas y espaciosas catedrales de
España. Comenzada al principio del siglo XIV, fué terminada á fines del
XVI, por lo que no es extraño que algunos de sus detalles interiores
pertenezcan al Renacimiento. Consta de tres naves, sostenida la central
por veinticuatro columnas. El atrevimiento, la ligereza, la gracia y el
buen gusto son sus distintivos. Aparte de las mil preciosidades de las
naves, del claustro, de las altas galerías, las capillas, etc., su coro,
que es de mucho mérito en todos sentidos, contiene un órgano superior de
11,000 tubos, curioso por la particularidad de dos figuras de moros, en
bronce, que cantan á duo, el uno en tenor y el otro en bajo, obra de un
ingenioso lego de San Francisco de Rio-seco. Si la reja, esculturas y
sillerías del coro y el altar mayor son riquísimas y de gran mérito, la
enorme custodia y su tabernáculo son de un trabajo admirable y de
muchísimo valor. El doble templete y la custodia que reposa en él fueron
trabajados por seis artistas superiores bajo la dirección del famoso
Juan de Benavente. Esa catedral es, sin disputa, la mas graciosa y
elegante de España, en su interior, pero la ménos caracterizada en
cuanto al aspecto sombrío y solemne de las construcciones góticas.

Palencia es también un centro de fabricacion, y algunas de sus _mantas_
de lana, de vivos y graciosos colores, tienen mucha reputacion en
España. Produce ademas cobertores, paños burdos, loza y cueros curtidos.
La población es sana y robusta, pero las costumbres están sumamente
atrasadas todavía. Ya vendrán con los ferrocarriles el movímiento y el
progreso, al recibir los palencianos la infusion de los buenos hábitos
franceses y el impulso que procuran las nuevas necesidades de la vida
social.

       *       *       *       *       *

No pude tener idea ninguna de la vasta comarca que se extiende desde
Palencia hasta Alar, porque la diligencia me condujo durante una noche
oscura, y me amaneció al tocar en la estación del ferrocarril
recientemente establecido. _Alar-del-Rey_ es un caserío insignificante
de por sí. Toda su importancia le viene de la cabeza del canal de
Castilla y la estación de la primera sección del ferrocarril que conduce
á Santander. Tomé inmediatamente el tren, que hizo en dos horas el
trayecto hasta _Reinosa_, de 51 kilómetros, tocando en cinco pueblos
intermedios sin interes ninguno. En Alar terminaron las llanuras de la
Vieja Castilla, limitadas por los primeros estribos de las montañas que
continuán los Pirineos, llamadas «montañas de Búrgos» y tambien «montes
de Reinosa.» El suelo es desde aquel punto sumamente variado y
pintoresco, sembrado de verdes y redondas colinas, y surcado de
numerosos riachuelos cristalinos á cuyas orillas hay un cultivo
esmerado. Arriba se ven las altas cimas montuosas y los picachos
graníticos de un aspecto majestuoso, y mas altas aún se ostentan las
lejanas eminencias de la cordillera coronadas de nieves perpetuas.

Aquella comarca, de suelo suavemente ascendente y entrecortada por bajos
cerros, es en extremo curiosa como elemento determinante de dos sistemas
hidrográficos. Los estribos de la cordillera se bifurcan y entrecruzan
tomando formas particulares que corresponden á cierta lógica de
inclinacion y giro, como si se buscasen mutuamente para componer una
cadena secundaria destinada á ser la generatriz maravillosa de todo el
singular sistema orográfico de la península. Los risueños vallecitos se
multiplican, sucediéndose en giros tortuosos y ascendentes, y al cabo el
ferrocarril atraviesa el cordon de colinas ó cerros que média entre las
aguas que se inclinan hacia Castilla, recogidas por el Pisuerga, y las
que se dirigen en sentido casi opuesto buscando los valles del Ebro para
ir á formar la base hidrográfica de los antiguos reinos de _Navarra_ y
_Aragon_ y del principado de Cataluña.

Nada mas risueño, mas poético y pintoresco que aquellos vallecitos
regados por el Ebro casi en sus fuentes, surcados de arroyos cristalinos
que forman á veces miniaturas de lagos, poblados de lindos grupos de
álamos, encinas y sáuces, y cubiertos de graciosas sementeras que hacen
un juego encantador con las casitas rústicas, las verdes praderitas y
las colinas de planos inclinados. El ferrocarril salva el Ebro varias
veces por sólidos y elegantes puentes de hierro, y termina su primera
seccion en Reinosa, pueblo de 2,900 habitantes graciosamente situado en
el fondo de una llanura, casi al pié de los altos contrafuertes de la
cordillera, y á menos de tres kilómetros del origen del Ebro. Reinosa
debe su importancia no solo al hecho de ser el punto de escala para el
comercio muy considerable de harinas, vinos, aguardientes y trigos entre
Santander y el interior de Castilla, sino tambien á su abundante
produccion propia en cereales, maderas y crias de ganados.

En Reinosa habia que tomar de nuevo la diligencia para ir hasta
_Corrales_, punto del valle marítimo del rio _Besaya_ donde comenzaba la
segunda sección del ferrocarril. Toda la parte intermediaria estaba en
construcción, trabajando simultáneamente muchísimos obreros en mejorar
la carretera y preparar la via del ferrocarril. No he visto jamas (ni en
Suiza, el país de lo pintoresco por excelencia) un paisaje tan animado,
tan gracioso é interesante como el que pude observar en todo el trayecto
de Reinosa á Corrales, no ménos instructivo que agradable.

       *       *       *       *       *

Casi al salir de Reinosa comienza un admirable laberinto de colinas y
cerros de encanto sin igual, que se destacan ya abruptos, ya redondos,
ya en planos inclinados, produciendo una infinidad de quiebras ó
profundas ramblas por cuyas faldas y honduras va caracoleando la
carretera, llevando al viajero de sorpresa en sorpresa. A cada vuelta ó
revuelta cree uno imposible hallar paso por en medio de tan complicadas
montañas que tienen el aspecto mas risueño. Donde quiera colinas verdes,
relucientes y frescas, pobladas en sus cimas de tupidos bosques de
encinas enanas, y en el resto de rústicas casitas y alegres sementeras
de variadas tintas. Donde quiera abismos de verdura y vallecitos
microscópicos donde murmura algun arroyuelo saltador. La vida campestre
aparece en aquellos parajes con toda su dulce sencillez, su apacible
alegría y su poética variedad de armonías.

Al cabo la via llega al punto culminante en las montañas, produciéndose
allí una doble inclinacion de faldas montuosas, cuyas aguas giran en
opuesto sentido. Las unas se inclinan al oriente en busca del Ebro; las
otras concurren á formar el lindo rio Besaya, centro del pequeño valle
marítimo de Santander. El aspecto de la hoya del Besaya era riquísimo de
colorido y vitalidad. Un país enteramente distinto de cuantos habia
recorrido en España, y particularmente en Castilla, se ofrecia á mi
contemplación. En vez del abandono y la incuria, de la holgazanería, el
servilismo del hábito, la imprevision y los usos frailescos, veia la
animacion del trabajo, el gusto avanzado en las construcciones, el
esmero en el cultivo, la pulcritud en todo, la alegría en los semblantes
y los vestidos, el amor á las flores manifiesto en graciosos
jardincitos, la vida expansiva en todas sus formas campestres.

El Besaya, que al principio no es sino un bello torrente, corre en lo
general por una hoya tan estrecha hasta Corrales, que su latitud média
no excede de unos 80 ó 100 metros. Por la una márgen gira la carretera,
y por la otra el ferrocarril en construccion, hasta un punto donde se
cruzan salvando el rio para trocar las bases de su curso. El rio corre
por un lecho profundo y sumamente pedregoso, y las dos vias, talladas
ámbas en la roca viva á alturas muy considerables y sostenidas por
enormes baluartes, dominan donde quiera un abismo y están dominadas por
las moles paralelas de los altos cerros, de formacion caliza, granítica
y de arenisca petrificada en partes, y en otras compuestos de
aglomeraciones esquistosas. De trecho en trecho se destacan peñascos
colosales ó picachos abruptos, ó bien se producen altísimas murallas
tajadas verticalmente, donde se ven con mucho interes, ora las grandes
vetas brillantes y azulosas de las rocas graníticas, ora las severas
estratificaciones de los sedimentos de caliza y arenisca, ó los
complicados relieves de pizarra ó rocas esquistosas,--ora, en fin, los
verdes festones de lianas y helechos descolgándose sobre los abismos, ó
los lucientes matorrales de encinas enanas que vegetan en las
sinuosidades de los cerros, flotando al viento como si se desprendiesen
de las rocas para volar sobre las ondas espumantes del riachuelo.

El Besaya, sucesivamente engrosado por numerosos arroyuelos y torrentes,
es de un capricho encantador. Unas veces, sumamente estrechado en su
curso por las paredes de la rambla, salta y se retuerce sobre un lecho
de grandes rocas, precipitándose en cien cascadas eslabonadas y
produciendo mil ecos sonoros. Otras, ensanchándose el abra para producir
los mas preciosos vallecitos, el rio murmura dulcemente sobre un lecho
de guijarros de colores, entre hileras de álamos blancos y árboles
frutales, regando risueñas praderitas y sementeras, en cuyo fondo se
destacan sobre ondulantes planos inclinados las casas pintorescas de los
campesinos. Tan presto recibe el rio brillantes cascaditas, que brincan
de lo alto de las rocas laterales en uno ó mas escalones, ó descienden
en hilos perpendiculares por los muros tajados, como se bifurca en
canales artificiales cuyas aguas dan impulso á numerosos molinos
atrevidamente construidos sobre los abismos que dominan el cauce.

Un interminable cordon de carros cargados de harina y trigo, ó
mercancías extranjeras, tirados por yuntas de bueyes, le daba grande
animacion á la carretera; miéntras que en el lado opuesto se veían los
escombros de las rocas voladas por la mina, y los numerosos obreros
trabajando en las alturas abruptas en la nivelacion del terreno, la
apertura de muchos túneles y el establecimiento de algunos rieles. Aquel
doble movimiento comercial é industrial armonizaba perfectamente con la
actividad de los molinos, las escenas agrícolas y el aspecto de las
muchas pequenas poblaciones situadas en la márgen izquierda del rio.

Dondequiera veia las gentes trabajando: los hombres como carreteros y en
otras duras faenas; las mujeres conduciendo el arado, desyerbando ó
aporcando las sementeras de hortalizas; los chicos cuidando de algunos
pequeños rebaños; las buenas viejas hilando bajo el umbral de sus
casitas ó en el fondo de un jardín. El trabajo de las mujeres en la
agricultura es muy raro en la mayor parte de España, pero muy común ó
habitual en las provincias vascongadas, Navarra y sus asimilables. La de
Santander, que siempre ha figurado como accesoria del reino de Castilla,
y que lo es por la lengua, pertenece en realidad á un sistema
etnográfico de transicion, como intermediario del país vasco y el
castellano. Sea por razon de la topografía, sea por otras causas,
Santander es una provincia mas semejante por su aspecto general á las
vascongadas que á las de Castilla.

Desde luego, en la hoya del Besaya no se ve un solo mendigo, ningun ser
inútil, nada que indique miseria. Allí todo sonrie, denotando un modesto
bienestar, y cada pueblo es un enjambre de casas graciosamente rodeadas
de huertos y jardines; con gentes bien vestidas, de bella raza, de
fisonomías francas, risueñas, inteligentes y amables que brindan
robustez y contento. Si la lengua y muchos rasgos de costumbres no
mantuviesen la unidad, podría decirse que al entrar á la provincia de
Santander se sale de la España gótica ó castellana. Evidentemente los
Pirineos han determinado profundas diferencias, que la proximidad del
Océano, al occidente, contribuye á fortificar.

En _Corrales_ volví á tomar el tren del ferrocarril, despues de un
trayecto de 49 kilómetros entre ese punto y Reinosa, faltándome otro de
33 para llegar á Santander. Toda esa via, cuya longitud total desde Alar
es de 133 kilómetros, ha sido emprendida por una compañía anónima de
capitalistas de Santander, estimulados por el interes de la industria y
el comercio, que no han necesitado del auxilio extranjero en lo relativo
á fondos. Y sin embargo, la obra no costará ménos de seis millones de
pesos en su totalidad. Ella, como esfuerzo progresista y como obra de
ingeniatura, es una de las mas bellas que pueden hacer honor al espíritu
industrial moderno. Es realmente asombroso el establecimiento de un
ferrocarril en medio de aquel laberinto de montañas, de tan fuerte
inclinación y corto trecho relativamente, donde el arte ha tenido que
vencer obstáculos formidables, trazando la via sobre los abismos en el
seno de rocas estupendas, multiplicando túneles y puentes y dominando la
naturaleza con el poder sublime de la ciencia secundada por el arte y el
dinero. Yo querría poder traer allí á los colombianos que creen que los
Andes los han condenado á la inmobilidad, y decirles: «Ved los prodigios
que realiza la ingeniatura cuando la apoyan el dinero y una voluntad
firme y perseverante.»

En _Corrales_ el valle del Besaya se ensancha, sembrado de pueblos,
casas de campo muy bonitas, bosques importantes, huertos, jardines,
fábricas numerosas y sementeras muy variadas. El paisaje es extenso y
hermosísimo, el bienestar se revela en todas partes, y un ambiente
particular, libre y fortificante, hace adivinar la proximidad del
Océano, que penetra por en medio de montañas escalonadas hasta la ria de
Besaya ó bahía de Santander. El ferrocarril llega hasta el puerto mismo
por una calzada construida entre las aguas de la bahía, desarrollándose
á la vista un magnifico paisaje.

La provincia de Santander, muy rica por sus extensos bosques naturales y
casi totalmente montañosa, es una de las mas bellas comarcas marítimas
de España. Su poblacion total alcanza á 214,441 habitantes, distribuidos
en las campiñas y en numerosos pueblecitos, con excepcion de la capital,
que cuenta 28,907. La hoya, que tiene por base ó centro la bahía de
Santander, es una de las mas bellas formaciones orográflcas que he visto
en España.

Una península montañosa de 65 kilómetros de circunferencia se avanza
hácia el Océano, formando un semicírculo por el lado nordeste, cerrado
al opuesto por otro órden de montañas cuya costa determina la formacion
completa de la bahía. En el fondo de ese semicírculo demora la elegante
ciudad de Santander, recostada contra las faldas de las montañas que,
descendiendo en ondulantes gradaciones, cubiertas de plantaciones y
coronadas de bosques naturales, vienen á bañar en las ondas del mar
cantábrico sus estribos ó colinas relucientes de verdura, destacando por
la costa sus peñascos gigantescos que producen donde quiera graciosas y
pequeñas ensenadas. Al frente se extiende una línea semejante de rocas
que orillan la ria y el mar, con multitud de primorosos vallecitos y
colinas tapizados de sementeras y casas de campo cuyo núcleo es el
pueblo de _Santoña_, puerto militar y de comercio con unos 1,800
habitantes. Detras se van levantando las montañas en anfiteatro hasta
producir las más graciosas formaciones y los mas pintorescos paisajes.

Santander es una ciudad fortificada, sin que por eso pueda llamarse una
plaza fuerte. Ella es esencialmente comercial, en términos que después
de Cádiz y Sevilla es el puerto mas importante que en la actualidad
tiene España en el Atlántico. No ha muchos años que vegetaba en la
inaccion, apesar de sus ventajas hidrográficas, siéndole superior el de
Bilbao; pero el canal de _Castilla_ por una parte, que le ha acarreado
las harinas del interior, y por otra el reciente ferrocarril, las nuevas
carreteras en varias direcciones, y sus comunicaciones por buques de
vapor con los demas puertos del Océano y con los de Cuba, le han
procurado un desarollo rápido y que no se detendrá en mucho tiempo.

La ciudad, por falta de terreno suficiente, se ha extendido á lo largo
de la costa, en un triple cordon de casas; de manera que es larga y
angosta, con sus bonitos arrabales desperdigados caprichosamente sobre
las colinas entre huertos y graciosas alamedas. La parte antigua, sin
ser repugnante ni fea, tiene un terreno desigual, y es allí donde se ven
la catedral, la cárcel, el teatro y otros edificios públicos. La parte
moderna, muy elegante y simétrica, es como la fachada de la ciudad,
extendida á lo largo de los muelles del puerto, desde la estacion del
ferrocarril hasta el extremo sud-oeste. Se compone de tres calles
paralelas, muy pulcras y regulares, destacándose para dominar la bahía
una larga fila de casas muy hermosas, de aspecto frances moderno,
perfectamente iguales, de muros de piedra y cinco pisos, y adornadas de
graciosos balcones, con algunos miradores y gabinetes volados.

Todo tiene en Santander un aspecto agradable y simpático de frescura,
actividad y progreso. La dársena y los muelles son obras estimables, la
abundancia de tiendas y almacenes es considerable, el movimiento
comercial y marítimo reina en todas partes, y en la bahía se balancean
numerosos buques de vela y vapores con banderas de todas las naciones
principales. Los hoteles y cafés, los círculos de sociedad, los paseos
públicos, el teatro, etc., etc., revelan bien que los habitantes de
Santander comprenden el buen gusto, la necesidad del _comfort_ y todos
los progresos del espíritu moderno. Debo exceptuar lo relativo á los
alimentos, en que se conservan los antiguos hábitos de repetir las
comidas, teniendo una frailesca á medio día, asi como la suculenta cena
á las nueve de la noche.

Las costumbres tienen allí un doble sello, porque son como el término
medio, ó mejor dicho, la transición de lo español á lo francés. Así, las
señoras llevan conjuntamente la mantilla española y la manteleta ó el
chal frances, ó bien una combinacion de ámbas piezas; y usan para salir
á la calle indiferentemente la _gorra_ parisiense ó el bellísimo tocado
español, tan sencillo como propio para hacer lucir una rica y negra
cabellera. Los hombres mantienen frecuentemente la capa, á despecho del
_paltó_ que va debajo; y las gentes de las clases obreras (las mujeres
campesinas sobre todo) gustan mucho de las telas de colores vivos que
contrastan. En las habitaciones, en la estructura de las casas y en casi
todas las manifestaciones sociales, se ve patente la invasión de lo
frances, la modificación que produce el contacto frecuente con el
extranjero.

Santander no tiene monumentos que merezcan mencion especial: su
Catedral, sin ser despreciable, no es realmente una obra artística. Allí
lo que interesa es el movimiento comercial é industrial. Santander
envia las harinas castellanas á la Habana y algunas veces á Inglaterra,
y exporta tambien algunos vinos y otros artículos de poco valor. Tiene
una manufactura considerable de tabacos, por cuenta del Estado, algunas
fábricas de papel de colgaduras, de quincallería y de lonas y cordajes
para la marina. A pesar de la falta de terreno para las construcciones
fáciles, esa ciudad está destinada á prosperar mucho, gracias á su
ferrocarril, sus comunicaciones marítimas y el canal de Castilla. Sus
riquísimos bosques le prometen á la provincia una fecunda explotacion de
maderas de construccion.

Santander me ofreció una nueva prueba del contraste que hay en toda
España entre la generosa benevolencia y el espíritu hospitalario de la
sociedad por una parte, y el espíritu inquisitorial, reglamentario y
embrollon que, por otra, distingue á la administración española,
entrabada en su accion y entrabando la de todo el mundo por las mas
viciosas instituciones. Habia perdido en la diligencia, en Alar-del-Rey,
una cartera de viaje conteniendo todos mis valores y papeles, y al caer
en cuenta de ello me encontré en Santander sin los elementos
indispensables para viajar: dinero, pasaporte y recomendaciones. Un
generoso compañero de viaje me suministró cuanto pude necesitar, sin
tener ninguna garantía de mi parte, y su excelente familia me favoreció
finamente y me abonó para obtener nuevo pasaporte; miéntras que, gracias
al telégrafo, un estimable banquero de Madrid me hizo dar los fondos
necesarios para volver á París. ¡Pero qué de diligencias y dificultades
para lograr el consabido pasaporte! Papel sellado, peticiones escritas,
declaraciones, ratificaciones, filiacion y la intervencion de cinco ó
seis empleados diferentes fueron indispensables para probar que _yo era
yo_ y tener licencia para salir de España con destino á Francia.

En honor de la probidad española debo decir que mi cartera pareció
intacta, en la misma diligencia, al cabo de algunos días, y me fue
benévolamente remitida á París. No se crea que este es un ejemplo
aislado. Salvo en algunas regiones oficiales y en todo lo que se refiere
al contrabando (delito de orígen oficial tambien) la probidad española
tan proverbial no ha disminuido en nada. En cuanto á la hospitalidad,
ella es una virtud universal en España. Allí no es inhospitalaria sino
la legislacion en todos sus ramos.


       *       *       *       *       *


CAPITULO IV.

       *       *       *       *       *

LAS PROVINCIAS VASCONGADAS


La ria del Nervion.--Idea de las tres provincias.--Bilbao.--Los Pirineos
vascongados.--Vitoria.--Tolosa y San Sebastian.--El valle del Bidasoa.

Un bonito barco de vapor que hacia rumbo para Bayona me condujo á
Bilbao. El mar de Cantabria estaba agitado, como sucede casi siempre,
pero no tanto que pudiese impedirme la contemplacion deliciosa, desde el
puente, de la costa de Santander, áspera, rocallosa y arrugada por
numerosas colinas. Vese en las cercanías del mar el gracioso pueblo de
_Castro_, situado en una pequeña eminencia; y despues de tres horas de
navegacion marítima, se comienza á entrar en la ria de Bilbao, formada
por el _Nervion_, en forma de larga y estrecha bahía, que permite á las
aguas del Océano penetrar hasta los muelles de la ciudad.

Esa ria es una de las formaciones topográficas mas lindas y agradables
que un viajero puede encontrar en las comarcas marítimas de Europa. A
uno y otro lado se ostentan altas montañas (las del sud-este mucho mas
considerables) que van descendiendo en faldas pintorescas, grupos de
verdes colinas y planos inclinados, y arrojan sobre el Nervion algunos
bonitos rios como el _Buceña_, del lado izquierdo; el _Galindo_ (del
mismo), por el cual baja el hierro bruto de las minas vizcaínas, para
ser fundido y purificado en las fundiciones establecidas sobre la márgen
de la ria; y el _Luchana_ procedente de las montañas del nor-oeste,
cuyo puente echado junto á la confluencia fué campo de un sangriento
combate en 1836, en la guerra civil promovida por los carlistas. La ria
es tan estrecha que su desembocadura no excede de 200 metros, y en la
parte superior la anchura média es de unos 40 á lo sumo. Pero es
profunda, está muy bien canalizada y sus muelles de uno y otro lado son
tan completos, que la hacen parecer una inmensa calle fluvial desde el
mar hasta Bilbao.

Todo es allí pequeño pero gracioso, interesante y útil. Se siente uno
poseido de cariño y estimacion hácia los vizcainos al entrar nomas en
esa encantadora ria, Todo predispone el ánimo á la observacion atenta;
todo indica que aquel país está poblado por una raza activa,
emprendedora, que tiene personalidad y conciencia de su destino; todo
presenta á los ojos del viajero el sello profundo de la libertad,
fecunda en progreso y bienestar. Allí comienza una España enteramente
distinta de la gótica: es la España céltica, de fuertes analogías con la
francesa gálica; la España laboriosa, republicana, independiente,
individualista,--en una palabra, la España _vascongada_,--el mas
pequeño, pero el mas interesante bajo el punto de vista social, de los
cuatro pueblos distintos que componen la nacion española.

Desde _Santurcel_ pueblo situado en la desembocadura, la ria está
rodeada de pueblos sumamente pintorescos, cuyas formas tienen mucha
semejanza con las de las aldeas suizas. Citaré entre esas localidades á
_Portugalete_ (la mas importante), _Sestao, Sajona, Desierto, Olaviada,
San-Vicente y Buceña_. Donde quiera se encuentran numerosas barcas
ancladas, esperando la marea para subir ó bajar, y se ven las señales de
un movimiento comercial considerable. En las alturas de las montañas
descuellan los hermosos bosques; mas abajo las faldas y colinas ostentan
un cultivo esmeradísimo y variado. Hácia las márgenes de la ria el suelo
está sembrado de lindas casas de campo que imitan los _chalets_ de
Suiza, de elegantes iglesitas en medio de jardines, de ricas arboledas y
huertos, y de fábricas diversas y algunas fundiciones de hierro.

A medida que uno se acerca á Bilbao, el paisaje tiene un aspecto, mas
animado todavía. Comienzan los arrabales de la ciudad, formando una gran
calle, cuya base es el Nervion, orillado por dos largas hileras de casas
pintorescas que dominan los muelles. Al subir el vapor todas las gentes
se asoman ó detienen, saludan, gritan alegremente y le dan al cuadro
entero el aspecto mas interesante, y simpático. Francia y Suiza parecen
estar igualmente representadas allí.

       *       *       *       *       *

El admirable pais, montañoso, de raza inteligente, laboriosa y belicosa;
que en España tiene el nombre de _Provincias_ (comprendiendo la de
_Navarra_ y las tres _vascongadas_) tiene una poblacion total de 710,912
habitantes que se distribuyen así:

Navarra, con       297,422
Vizcaya con        160,599
Guipúzcoa, con     156,493
Alava, con          96,398

Así, pues, el pequeño país vascongado propiamente dicho, cuenta por sí
solo 413,490 almas, poblacion sumamente condensada, si se considera que
el territorio mide apenas 6,038 kilómetros cuadrados (inhabitables en
mucha parte), lo que da la proporcion de 68-2/5 habitantes por kilómetro
cuadrado, densidad igual á la de Italia.

Puesto que voy hablando de todo el país vascongado, permítaseme resumir
las observaciones generales que puede hacer respeto de su condicion,
antes de hablar particularmente de Bilbao y otras localidades
importantes. Las provincias vascongadas y la de Navarra habian
conservado hasta 1833 un régimen especial de gobierno que les daba una
verdadera autonomía administrativa. La muerte de Fernando VII, dando
lugar a la caida del absolutismo provocó la larga y sangrienta guerra
civil tan conocida, apareciendo Navarra y las provincias vascongadas
como elementos principales del partido _carlista_. Este hecho
considerado superficialmente, ha dado orígen á la errónea opinion de
que aquellos puebles son ó eran partidarios del absolutismo. Verdad es
que el célebre guerrillero Zumalacárregui y los demas jefes del
movimiento eran absolutamente carlistas, y querian por lo mismo la
conservacion del antiguo régimen. Pero no sucedía lo mismo en cuanto á
las poblaciones. Para ellas la cuestion era principalmente social,
aunque influia en su opinion un cierto espíritu de amor á las
tradiciones, favorable al pretendiente Don Cárlos. Pero en definitiva,
la tradicion de la monarquía era para los pueblos un principio histórico
íntimamente ligado á la tradicion de las libertades ó _fueros_
municipales que los monarcas habian respetado.

El partido constitucional de España, aspirando á la libertad en la
unida, trabajaba en cierto modo contra su propia causa al querer fundar
un gobierno parlamentario pero central, puesto que su triunfo debia
producir la absorcion de la independencia municipal de las provincias, y
por lo mismo la anulacion de esas libertades impropiamente llamadas
fueros. Los navarros, vascongados, catalanes, etc., al combatir bajo la
bandera de Don Cárlos, lo hacian, pues, mas bien por sostener su
autonomía que por apoyar el absolutismo. Es por eso que, desde que
Espartero y Cabrera celebraron el famoso convenio de Vergara, que
garantizó su autonomía á los navarros y vascongados, la guerra terminó
por sustraccion de materia, y esos pueblos, especialmente los últimos,
entraron con gusto en la via del gobierno constitucional y no han vuelto
á inspirar temores de revueltas.

Es que, en realidad, aquellas províncias constituyen una pequeña
república anexa á España, de condiciones muy especiales en todo: en
instituciones y costumbres, como en industria, en el tipo de la raza, en
la lengua y las formas íntimas de la vida social. Allí no hay ejército
ni gendarmería militar, pasaportes ni aduanas, monopolios ni impuestos
indirectos, patentes de privilegio, ni aristocracias, ni reclutamientos,
ni conscripciones, ni reglamentacion de la vida por la autoridad, ni
policia (en la acepcion inquisitorial), ni inciativa oficial en los
trabajos sociales, ni gobiernos empresarios ó especuladores, ni nada, en
una palabra, de lo que constituye la organizacion política y social de
España.

Cuando ocurre una guerra nacional, las _Provincias_ suministran un
contingente proporcional, pero sin que en su formacion intervenga el
gobierno de la reina. De resto, no es permitido reclutar á nadie, y los
pueblos vascongados y navarros gozan de plena exencion en el servicio de
guerra y marina. Tampoco pesan sobre ellos los impuestos nacionales; de
manera que todo comercio es franc