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Title: Viage al Rio de La Plata y Paraguay
Author: Schmidel, Ulderico
Language: Spanish
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*** Start of this LibraryBlog Digital Book "Viage al Rio de La Plata y Paraguay" ***


by the Bibliothèque nationale de France (BnF/Gallica) at
http://gallica.bnf.fr)



[La ortografía del original fue conservada. (nota de transcriptor)]


VIAGE

AL

RIO DE LA PLATA

Y

PARAGUAY,

POR

ULDERICO SCHMIDEL.

BUENOS-AIRES.

IMPRENTA DEL ESTADO.

1836.



NOTICIAS BIOGRAFICAS DE ULDERICO SCHMIDEL.


El autor del diario que reproducimos en nuestra coleccion, era un
natural de Straubing, en Baviera, donde nació á principios del siglo
XVI. Hallábase en Amberes, cuando se hacian en España los aprestos de un
armamento considerable, destinado á la colonizacion y conquista del Rio
de la Plata. Jóven y entusiasta, resolvió pasar á Cádiz, punto de
reunion de los que debian tomar parto en esta hazaña.

Catorce buques de varias dimensiones, llevando á bordo una fuerza de
2,500 Españoles, y de 150 Alemanes, estaban al punto de alzar el ancla
para entregarse á los azares de una navegacion desconocida. Un rajo de
esperanza, pintado en todos los rostros, alumbraba esta escena magnífica
de actividad y heroismo.

D. Pedro de Mendoza, que se habia distinguido en las guerras de Italia,
peleando al lado del Condestable de Borbon, era el alma de esta empresa,
en la que se alistó Schmidel como soldado, sin preveer que seria su
historiador.

El 24 de Agosto del año de 1534 dejó la escuadra la rada de Cádiz, y
pasó á la de San Lucar, de donde zarpó el 1.º de Setiembre. En pocos
dias llegó á las Canarias, último eslabon del mundo antiguo, y colocadas
como una atalaya en las vastas soledades del Océano. Un furioso
huracan, que se formó á la vista de las islas, dispersó el convoy, sin
causarle mas daño que el de detenerlo en su ruta. Volvió á juntarse en
Santiago, la principal de las islas de Cabo Verde, y navegando con rumbo
al oeste, arribaron al Janeiro despues de una penosa travesía.

Los gefes de la expedicion dejaron en este puerto una huella sangrienta
de su aparicion, matando á puñaladas á Juan Osorio, recien elevado á la
dignidad de lugar teniente del ejército. Este crímen, misterioso en su
orígen, descubrió desde luego la índole feroz de los compañeros de
Mendoza, de la que dieron repetidas pruebas en adelante.

Del Janeiro pasaron al Rio de la Plata, que aun conservaba su antiguo
nombre de _Paraná-guazú_; y fondearon en la isla de San Gabriel, que era
el puerto militar de los españoles en la primera época de la conquista.
Ninguna resistencia le opusieron los Charrúas, que fueron tan osados é
inhumanos con Solís: no porque hubiesen dejado de serlo, sino por el
miedo que les inspiró la vista de tantos buques y de sus numerosos
combatientes.

¡Cuan distinta fué la acogida que les hicieron los Querandís, moradores
y dueños de los fértiles campos en donde se fundó BUENOS AIRES! Sin mas
recursos que sus bolas y dardos, que arrojaban con un acierto admirable,
defendieron sus hogares contra los que habian triunfado de los ejércitos
mas aguerridos de Europa, y que los atacaban con toda la superioridad de
su disciplina militar y de sus armas. En uno de estos ataques, de que
habla Schmidel como testigo ocular, perecieron varios gefes, y el mismo
Almirante de la escuadra, D. Diego de Mendoza, hermano del Adelantado.

Entretanto el ejército, cercado y hostigado por todas partes, se halló
expuesto á las mayores privaciones; y si no es exagerado el cuadro que
hace Schmidel de los efectos del hambre, pocas veces fueron mas
terribles sus estragos. Baste decir que en una reseña que pasó D. Pedro
de Mendoza en el fuerte recien edificado de Buenos Aires, halló apenas
563 individuos, de los 2,650 que habia traido de España:--"los demas
habian muerto (son palabras del historiador), _y la mayor parte de
hambre_!"

Schmidel, que salvó de tantos amagos, acompañó á Oyolas en una
expedicion al Paraná y Paraguay. El cómputo que hace de las fuerzas de
aquellas tribus es asombroso, y se le podria creer exagerado, si el que
lo hace no se hubiese mostrado tan cuerdo en sus demas detalles. Todos
ellos tienen el interes que inspira ese gran drama de la conquista del
Nuevo Mundo, bosquejado por uno de sus actores. ¿Quien no preferirá la
ingenua relacion del que concurrió á la fundacion de Buenos Aires y la
Asumpcion, á las páginas mas elocuentes de los modernos historiadores?

Es de sentir que su ningun conocimiento de los idiomas que se hablaban
en las colónias, le haya hecho corromper casi todos los nombres, hasta
hacerlos ininteligibles; sin ahorrar siquiera las palabras castellanas,
que no siempre es posible descifrar, por mas que se procure indagar su
sentido. Este defecto no debe imputarse tan solo al autor, sino tambien
á los que trabajaron sobre el texto aleman, latinizando á su modo los
nombres propios, incluso el del autor, que transformaron en _Faber_, ó
_Fabro_, traduccion literal de Schmidel. El primero que lo ejecutó fué
Gotardo Arthus, cuya version insertó De Bry en la 7.ma _part_. de su
gran _Coleccion de viages_: y tan imperfecta pareció á Levino Hulsio
cuando la confrontó con el original, que se decidió á emprender otra
traduccion, la que publicó en Nuremberg, en 1599; agregándole el retrato
del autor, con varias láminas de frutas y animales del Paraguay, y dos
mapas, una de la América del norte, y la otra del sud, que aunque
incorrectas, no dejan de tener algun mérito por la época en que
aparecieron.

De estas versiones se valió D. Gabriel Cárdenas para el epítome que
publicó en 1731, y que reprodujo Barcia en el III tomo de sus
_Historiadores primitivos de las Indias Occidentales_.

A pesar de las notas y del índice con que acompañó su publicacion, no
logró ilustrarla, y solo podrá conseguirlo el que consulte el texto, lo
que hubieramos hecho si lo hubiésemos encontrado. Pero, de todas las
obras que tratan de la conquista del Rio de la Plata, la de Schmidel es
la mas rara, casi puede tenerse por irreperible.

Para sacar algun provecho de nuestra reimpresion, hemos emendado algunas
palabras, cuya equivocacion era evidente: como, p. e., _Zechurvas_ por
Charrúas; _Carendies_ por Querandís; _Aigais_ por Agaces; _Salvascho_
por Salazar; _Luchsan_ por Lujan; _Richkel_ por Riquelme; _Dabero_ por
Tabaré; _Gratio Amiego_ por Garcia Vanegas; _palmele_ por palometa;
_cardés y tardés_, por cardos y dardos, etc.:--y hubiéramos multiplicado
estas correcciones si no nos hubiese detenido el temor de enredar mas el
texto de un escritor, cuyo diario es el primer monumento de nuestra
historia, y la única fuente en que deben beber los que se proponen
seguir los primeros pasos de los europeos en estas remotas regiones.

Los juicios de Schmidel se resienten á veces del espíritu que reinaba
entonces en los conquistadores todos divididos en bandos y
parcialidades; y el fallo que pronuncia sobre la conducta del Adelantado
Cabeza de Vaca, nombre ilustre en los anales de la conquista, no está de
acuerdo con los hechos que nos han transmitido otros historiadores
contemporaneos. Pero, prescindiendo de estos lunares, que todo lector
prudente puede discernir, merecen crédito los datos que ha recogido; y
solo la mencion que hace de tantos lugares, tribus, costumbres y
acontecimientos, ha podido preservarlos del olvido, que ha devorado
muchas otras memorias.

Sea que fuese dotado de una imaginacion mas templada ó de un juicio mas
maduro; sea que, desconfiando de lo que otros decian, se ciñeae á
referir lo que él mismo observaba, cierto es que se le debe considerar
como el escritor mas circunspecto de su época.

El idioma aleman, de que se valió para redactar sus apuntes, y el latin
en que fueron reproducidos, no eran los mas á propósito para
generalizarlos: así es que por cerca de dos siglos quedaron ignorados.
Tambien contribuyó á este abandono el poco caso que hacian los españoles
de sus establecimientos en paises desprovistos de minas: su explotacion
fué por mucho tiempo el objeto exclusivo de la administracion de sus
colónias; y tan general era el prestigio que egercian en el público
estos ricos productos, que pervertió hasta el juicio de los
historiadores, cuya admiracion se concentró en los conquistadores del
Perú y de Méjico.

Sin embargo, ni fueron menores los riesgos, ni menos heróicos los
sacrificios de los que invadieron los demas puntos de América: y para
ponderar lo que costó la ocupacion del Paraguay, basta seguir á Schmidel
en la rápida pero magistral ojeada que dá sobre los veinte años que pasó
en el Nuevo Mundo, rodeado de pueblos indómitos y de una naturaleza
salvage.

Cansado de tantos trabajos, solicitó y obtuvo licencia de volver á su
patria; y escoltado por veinte indios _Cários_, ó Guaranís, único fruto
de su larga peregrinacion en América, atravesó el Guaira, para llegar
mas pronto á San Vicente, donde esperaba hallar un buque para Europa.
Este camino, que no conservaba mas huellas que las de Cabeza de Vaca,
sobre ser impraticable por las asperezas del terreno, era defendido por
enjambres de salvages que se anidaban en sus dilatados é impenetrables
bosques. Poblaciones enteras salieron á disputarle el paso, y á todas
opuso una valerosa resistencia, segundado por sus fieles compañeros, que
á pesar de ser indios, defendieron á un europeo. Por fin llegó al
término suspirado de su viage, y tomó asiento en un buque portugues que
lo llevó á Lisboa.

Encargado por el Gobernador Martinez de Irala de poner en manos del Rey
un parte detallado de las principales ocurrencias de su administracion,
pasó á Sevilla, en donde se hallaba á la sazon el Emperador Carlos V: y
en la audiencia que le concedió aquel soberano, agregó verbalmente otras
noticias á las que contenia el informe de Irala. Este documento, muy
importante para la história de nuestras provincias, si no se extravió
en poder del Rey, deberia hallarse en Sevilla ó Simancas, en el fárrago
de papeles hacinados en sus archivos.

Libre ya Schmidel de todos sus compromisos, se embarcó para Amberes, de
donde se restituyó al seno de su familia al cabo de veinte años de
ausencia.

PEDRO DE ANGELIS.

_Buenos Aires, 16 de Setiembre de 1836._



VIAGE AL RIO DE LA PLATA.



CAPITULO I.

_De la navegacion de Amberes á España._


El año de 1534, salí de Amberes embarcado para España; llegué á Cádiz en
14 dias, navegando 480 leguas, y ví en la costa una ballena de 35 pasos,
de cuyo aceite se lleñaron 30 toneles. Habia en el puerto 14 navios
grandes prevenidos para ir al Rio de la Plata, 2,500 españoles y 150
alemanes, flamencos y sajones, con su Capitan General, D. Pedro de
Mendoza, y 72 caballos é yeguas. Uno de estos navios era de Sebastian
Noarto y Jacobo Belzar, en que iba Enrique Peyne, su factor, con
mercaderias al Rio de la Plata, en el cual me embarqué con cerca de 80
alemanes y flamencos, bien armados. Salimos del puerto el dia de San
Bartolomé, de 1534, con la armada, y llegamos á San Lucar, que dista 20
leguas de Sevilla, donde nos detuvimos por lo tormentoso del mar.



CAPITULO II.

_De la navegacion desde España á las Canarias._


A primero de Setiembre, sosegado el tiempo, salimos de San Lucar, y
llegamos á tres islas no muy distantes entre sí, llamadas Tenerife,
Gomera y Palma, que distan de San Lucar 200 leguas[1]; muy abundantes de
azucar: allí se dividió la armada. Habitan estas islas españoles con sus
mugeres é hijos, y son del dominio del Rey. Estuvimos cuatro semanas con
tres naves en la Palma, proveyéndonos de vituallas, hasta que vino órden
de D. Pedro de Mendoza para proseguir viage. Estaba en nuestra nave un
pariente de D. Pedro, llamado D. Jorge de Mendoza, que se habia
enamorado de la hija de un vecino de la Palma: pues habiendo el último
dia levado anclas, salió á tierra D. Jorge con doce compañeros, acerca
de las doce de la noche, y la robaron, trayéndola á la nave con una
criada, sus vestidos, joyas y dinero; y ocultamente la metieron en
nuestro navio, sin que el capitan Enrique Peyne supiese nada. Solo lo
advirtieron las centinelas, que lo habian visto.

Empezamos á navegar por la mañana, y á las dos ó tres leguas de viage,
entró tan recio temporal que nos volvimos al puerto y echamos las
anclas. Enrique Peyne fué en el bote á tierra, y queriendo tomarla, vió
30 hombres armados con escopetas y espadas, que querian prenderle: y
conociéndolo sus marineros, le instaron á que no saliese á tierra.
Procuró volverse á toda prisa, aunque menos de la que él quisiera,
porque le seguian en navichuelos los de tierra, amenazándole. Al fin se
libró de ellos en otra nave mas cercana á tierra.

Viendo los Canarios que no podian cogerle, hicieron tocar á rebato, y
trageron dos tiros, que dispararon cuatro veces contra el navio mas
cercano. El primero hizo pedazos una olla de agua, de cuatro ó cinco
arrobas; el segundo quebró el último árbol de la nave; el tercero hizo
un agujero grande en el costado, y mató á un hombre, y aunque erraron el
cuarto, quedó muy maltratada la nave.

Estaba surto en el puerto otro capitan que iba á Méjico, y él en tierra
con 150 hombres: el cual, habiendo sabido el robo de la muger, procuraba
la paz entre nosotros y los de la ciudad, con que se les entregasen D.
Jorge de Mendoza, la hija y la criada; y habiendo entrado el capitan
Peyne y el gobernador de la isla en nuestro navio para egecutar lo
pactado, D. Jorge les dijo, que aquella era su muger, y ella que su
marido; y al punto se desposaron con gran dolor y tristeza del padre de
la muchacha.

[Nota 1: _En las distancias suele tener poco acierto el autor, pues
en esta, quita una tercera parte._]



CAPITULO III.

_De la navegacion desde la Palma hácia las islas Verdes ó Hespérides,
que llaman tambien de Cabo Verde._


Dejó el capitan á D. Jorge en tierra con su muger, y reparado el navio
como se pudo, navegamos á la isla de Santiago, sugeta al Rey de
Portugal, á quien obedecen los negros: y dista de la Palma 200 leguas.
Allí estuvimos cinco dias, y proveimos nuevamente nuestro navio de pan,
carne, agua y otras vituallas, y cosas necesarias á los navegantes.



CAPITULO IV.

_De la navegacion desde las islas Verdes hácia el Brasil._


Volviéronse á juntar los 14 navios de toda la armada, y empezó á
navegar; y al cabo de dos meses llegó á una isla despoblada de seis
leguas de ancho y largo, distante 500 leguas de Santiago,[2] en que
solamente habia pájaros, pero en tanta multitud, que los matabamos á
palos: estuvimos en ella tres dias. Hay en este mar peces que vuelan,
ballenas y otros que se llaman _Schunbhut_,[3] por un gran redondel que
tiene cerca de la cabeza, con que dañan mucho á los pescados con quienes
pelean: es pez grande, de mucha fuerza, y que fácilmente se irrita.
Tambien hay en este mar peces _espadas_, que tienen en el hocico un
hueso á modo de cuchillo; peces _sierras_, que le tienen á modo de
sierra, y otros de varios géneros muy grandes.

[Nota 2: _Los indios llaman al puerto_, Nhiteroy, _y está en 23
grados. P. Simon Vasconcelos, en la_ Noticia del Brasil, _lib 2, núm. 6,
fol. 39, y le describe en la_ Historia de la Compañia de Jesus, _de la
misma provincia, lib 3, núm. 65 y siguientes. Juan Estadio en la_
Historia del Brasil, _lib. 1, cap. 41, y lib. 2, cap. 1 (que está en
Teodoro Bry, part. 3 de su_ América, _fol._ _y_ 101), _dice que los
indios le llaman_ Iteronne.]

[Nota 3: _Es palabra alemana, que literalmente corresponde á pescado
con sombrero._--EL EDIT.]



CAPITULO V.

_Del rio llamado Janero._


Llegamos despues á cierta isla llamada Rio Janero, donde los franceses
poblaron el año de 1555 (entonces y ahora, del Rey de Portugal). Dista
de la primera 200 leguas: llaman á sus indios Tupís. Aquí estuvimos 14
dias, y entonces nuestro General, D. Pedro de Mendoza, por estar
continuamente enfermo, encogido de nervios y muy débil, nombró por su
teniente á Juan Osorio,[4] su hermano. Pero, poco despues de haber
aceptado el cargo, fué acusado de rebelion contra Mendoza: por lo cual,
mandó á cuatro capitanes, que fueron; Juan de Oyolas, Juan Salazar,
Jorge Lujan y Lázaro Salazar, le matasen á puñaladas y le sacasen á la
plaza, para que todos le viesen muerto por traidor: y publicó bando con
pena de muerte, para que ninguno se alborotase por causa de Osorio,
porque le sucederia lo mismo que á él. En lo cual se procedió sin motivo
justo, porque Osorio era bueno, íntegro, fuerte soldado, oficioso,
liberal y muy querido de sus compañeros.

[Nota 4: BARCO, _en su Argentina, canto 4_.]



CAPITULO VI.

_Del Rio de la Plata ó Paraná; el puerto de San Gabriel y los Charrúas._


De aquí partimos á buscar el Rio de la Plata[5], y llegamos á otro rio
dulce, que llaman Paraná-guazú: está lejos este de la boca en que cae al
mar, y tiene 42 leguas de ancho. Desde el Rio Janero á él hay 215
leguas. Aquí llegamos al puerto de San Gabriel: ancoraron los 14 navios
en el rio Paraná, y porque estaban distantes un tiro de bala, mandó el
General D. Pedro de Mendoza, que saliésemos los soldados y demas gente á
tierra, en los botes prevenidos para este efecto. Así llegamos
felizmente al Rio de la Plata el año de 1535, y hallamos allí un pueblo
de indios de los que habia 2,000, llamados Charrúas, que no tienen mas
comida que pesca y caza, y andan todos desnudos. Las mugeres solo traen
un paño delgado de algodon, desde la cintura á las rodillas. Todos
huyeron al vernos, con sus mugeres y sus hijos; y Mendoza mandó
volviésemos á embarcarnos para pasar á la otra parte del rio, que no
tenia por allí mas anchura que ocho leguas.

[Nota 5: HERRERA _en la descripcion de las Indias, cap. 21, fol. 46,
y Decada 6, lib. 7, cap. 5, fol. 152._ BARCO, _en la Argentina,
canto..._.]



CAPITULO VII.

_De la ciudad de Buenos Aires y de los indios Querandíes._


En este sitio hicimos una ciudad, á la que llamamos Buenos Aires,[6] por
lo saludables que eran los que allí corrian. Hallamos en esta tierra
otro pueblo de casi 3,000 indios llamados Querandíes, con sus mugeres é
hijos que andan como los Charrúas: nos trajeron carne y pescado. Estos
Querandíes no tienen morada fija; vagan por la tierra como gitanos.
Cuando caminan en verano (que suele ser á mas de 30 leguas), sino hallan
agua, ó la raiz de los cardos, que comida quita la sed, matan el ciervo
ó la fiera que encuentran, y beben la sangre; y sino lo hicieran, acaso
murieran de sed. Catorce dias trajeron peces y carne al real, y porque
faltaron uno, envió Mendoza á Ruiz Galan, juez, y otros dos soldados á
ellos (que estaban á cuatro leguas). Pero los indios los maltrataron y
volvieron al real con tres heridos.

[Nota 6: BARCO, _en su Argentina, canto 6_.]

Viendo Mendoza esto, y que Galan se mantenia con la gente, envió á su
hermano, D. Diego de Mendoza, con 300 soldados y 30 buenos caballos
(entre los cuales iba yo): mandándole, que tomando el pueblo de los
indios, los prendiese ó matase á todos. Pero cuando llegamos ya tenian
4,000 indios de sus amigos y familiares, de socorro.



CAPITULO VIII.

_De la batalla con los indios Querandíes._


Queriendo atropellarlos, nos resistieron; peleando tan furiosamente,
que dieron muerte á D. Diego de Mendoza, á 6 hidalgos, y á cerca de 20
soldados, de á pié y á caballo. De los indios murieron cerca de 1,000.
Pelearon fuerte y animosamente con sus arcos, y dardos, género de
lancilla, á modo de media lanza, con punta de pedernal aguzado, y tres
puntas en forma de trisulco. Tienen unas bolas de piedra, atadas á un
cordel largo, como las nuestras de artilleria[7]: échanlas á los pies de
los caballos (ó de los ciervos cuando cazan), hasta hacerlos caer; y con
estas bolas mataron á nuestro capitan y á los hidalgos referidos; y á
los de á pié, con sus dardos: lo cual ví yo. Pero, no obstante su
resistencia, los vencimos y entramos á su pueblo, aunque no podimos
coger vivo ninguno, ni aun mugeres y niños, porque antes de llegar los
habian llevado á otro lugar. En el pueblo hallamos pieles de nutrias,
mucho pescado, harina y manteca de peces. Detuvímonos tres dias en él, y
volvimos al real, dejando allí cien hombres, que en el interin pescasen
con las redes de los indios para abastecer la gente; porque aquellas
aguas son maravillosamente abundantes de pescado. Repartíase para
comida, á cada uno, tres onzas de harina, y cada tres dias, un pez; y si
queria mas, habia de ir á pescarlo cuatro leguas de allí: duró esta
pesca dos meses.

[Nota 7: BARCO, _en el canto 11_.]



CAPITULO IX.

_De la poblacion de Buenos Aires, y hambre que se padecia._


Vueltos á nuestro real, fué dividida la gente para la obra de la ciudad
y la guerra, aplicando á cada uno á oficio conveniente. Empezó á
edificarse la ciudad, y á levantarse al rededor una cerca de tierra de
tres pies de ancho, y una lanza de alto; pero lo que se hacia hoy se
caia mañana: y dentro de ella una casa fuerte para el Gobernador.
Padecian todos tan gran miseria que muchos morian de hambre, ni eran
bastantes á remediarla los caballos. Aumentaba esta angustia haber ya
faltado los gatos, ratones, culebras y otros animalejos inmundos con que
solian templarla, y se comieron hasta los zapatos y otros cueros.
Entonces fué cuando tres españoles se comieron secretamente un caballo
que habian hurtado: y habiéndose sabido, confesaron atormentados el
hurto, y fueron ahorcados; y por la noche fueron otros tres españoles, y
les cortaron los muslos y otros pedazos de carne, por no morir de
hambre. Otro español, habiendo fallecido un hermano suyo, se le
comió.[8]

[Nota 8: BARCO. _Canto 4._]



CAPITULO X.

_De la navegacion de algunos por el Rio la Plata arriba._


Viendo el Gobernador que la gente no podia mantenerse allí, mandó armar
cuatro bergantines con 40 hombres cada uno, y tres botes ó embarcaciones
menores, y juntar el pueblo y á Jorge Lujan, que con 350 hombres subiese
por el rio arriba á reconocer los indios y buscar bastimento. Pero los
indios habiéndonos sentido, quemaron con sus pueblos toda la comida y
cuanto podia servirnos de alivio, y se huyeron: sin embargo tragimos á
Buenos Aires alguna poca, que se nos repartia á onza y media de pan de
racion; mas como era tan corta, murió de hambre la mitad de la gente en
este viage. Admiróse el General de ver tan poca gente, hasta que supo
los motivos referidos que le contó Jorge Lujan.



CAPITULO XI.

_Del sitio, toma y quema de la ciudad de Buenos Aires._


Estuvimos juntos un mes en Buenos Aires, con gran necesidad, esperando
se previniesen las naves: en cuyo intermedio se pusieron sobre la ciudad
23,000 indios valientes, cuyo número componian las cuatro naciones
Querandíes, Bartenes, Charrúas y Timbúes, con intencion de acabarnos.
Unos envistieron á la ciudad para entrarla, otros arrojaban flechas de
cañas encendidas sobre las casas, que cuyos techos estaban cubiertas de
paja, excepto la del General que era de piedra, y lograron quemar
enteramente toda la ciudad. Disparadas las flechas, empiecen á
encenderse por la punta, y encendidas y arrojadas, no se apagan, antes
queman las casas en que pegan, y abrasan lo que tocan.

Tambien nos quemaron en esta funcion los indios cuatro navios grandes,
que estaban en el mar á media legua del puerto; y la gente de ellos,
viendo el gran tumulto de indios, se pasó á otros tres que no estaban
lejos, y se hallaban abastecidos de bombardas. Previniéronse á la
defensa, y viendo quemarse las cuatro naves, dispararon tantas balas
contra los indios que iban á quemarlos, que temiendo las violencias de
los tiros, se retiraron; dejando en quietud á los cristianos, de los
cuales murieron, en estos trances, un alferez y treinta mas. Esto
sucedió el dia de San Juan Evangelista, de 1535.



CAPITULO XII.

_Hácese reseña de la gente, y se fabrican náos para pasar adelante._


Pasado lo referido, se metió toda la gente en las naves, y el Adelantado
D. Pedro de Mendoza nombró á Juan de Oyolas por Capitan general, con el
gobierno universal del pueblo. Pasó revista, y solo halló 560 españoles,
de 2,500 que habian salido de España: los demas habian muerto, y la
mayor parte de hambre.

Mandó Oyolas fabricar prontamente ocho bergantines y algunos botes, y
dejando 160 españoles en guarda de los cuatro navios grandes, y por su
capitan á Juan Romero, con racion de un cuarteron de pan para un año, y
que si mas quisiesen, lo buscasen, se embarcó con 400 hombres.



CAPITULO XIII.

_Como subieron navegando por el rio Paraná ó de la Plata, con los 400
soldados._


Llevó Juan de Oyolas con los 400 soldados al Adelantado D. Pedro de
Mendoza: navegó en los bergantines y las embarcaciones pequeñas por el
rio Paraná arriba, y á los dos meses, á distancia de 84 leguas, dimos
con pueblos de indios, que á cuatro leguas conocieron nuestra llegada:
llámanlos Timbúes, y nosotros _Buena Esperanza_. Vinieron de paz cerca
de 400, que habitan una isla, en canoas, que en cada una cabrán 16
indios, y nos recibieron muy bien. D. Pedro de Mendoza dió al cacique
que los indios llamaban Chera-guazú, una camisa, un bonete colorado, una
hoz y otras cosillas; que las tomó gustoso y nos llevó á su pueblo, y
nos dió caza y pesca en abundancia, de que recibimos grande contento;
porque si el viage hubiera durado diez dias mas, todos hubiéramos
perecido de hambre, como habia sucedido á 50 de los embarcados. Estos
indios Timbúes traen, en ambos lados de la nariz, embutida una
estrellita de piedra blanca y azul: son grandes y altos; las indias,
mozas y viejas, feísimas; las caras heridas y sangrientas, y desnudas,
excepto un paño de algodon que las cubre desde la cintura á las
rodillas. No tienen estos pueblos, ni han tenido jamas otra comida que
caza y pesca: serán 15,000 indios de guerra ó mas. Sus canoas son de
árboles de 80 pies de largo y tres de ancho, y las navegan con remos
(sin yerro), al modo de los pescadores de Alemania.



CAPITULO XIV.

_Volviendo á España D. Pedro de Mendoza, muere en el viage._


Cuatro años estuvimos en aquel pueblo, pero nuestro Adelantado D. Pedro
de Mendoza[9], se hallaba tan enfermo que no podia mover pié ni mano:
por lo cual, así como por haber gastado mas de 40,000 ducados efectivos
en esta jornada, se volvió á Buenos Aires en dos de los cuatro
bergantines, con 50 soldados, y desde allí á España: donde no llegó, por
haber muerto miserablemente á la mitad del camino; y en su testamento
mandó se enviase mas gente al Rio de la Plata, con bastimentos,
mercaderias y otras cosas necesarias, como lo habia ofrecido antes de
partir. Y habiendo llegado á España los dos bergantines, enviaron los
ministros del Rey dos barcadas de gente, con lo demas que habian
dispuesto.

[Nota 9: BARCO. _Canto 4._]



CAPITULO XV.

_Alonso Cabrera es enviado desde España al Rio de la Plata._


Iba por capitan de estos dos navios Alonso Cabrera,[10] que traia 200
españoles y bastimento para dos años. Llegó á Buenos Aires, donde aun
estaban los 100 hombres que dejamos el año de 1539. Pasó despues á la
isla de los Timbúes; dispuso con Juan de Oyolas despachase un navio á
España, segun la órden que traia del Consejo de Indias, con relacion
copiosa de la calidad de estas tierras y gentes, sus pueblos y otras
circunstancias. Púsose Juan de Oyolas de acuerdo con Alonso Cabrera,
Domingo Martinez de Irala y los demas capitanes, para pasar muestra, y
se halló tener 550 soldados, incluidos los que habian llegado
nuevamente: resolvieron dejar 150 en los Timbúes, (porque no cabian en
las naves), y por su capitan y gobernador á Carlos Dubrin, que habia
sido page del Rey.

[Nota 10: _Alonso Cabrera, veedor de la Asumpcion, llevó á Oyolas
los navios de vitualla._ HERRERA, _Decada 6, lib. 3, cap. 18, fol. 78_.]



CAPITULO XVI.

_Prosiguen la navegacion al rio Paraná arriba, hácia Coronda._


En ocho bergantines metieron los 400 hombres restantes, y salimos del
puerto de Buena Esperanza, rio Paraná arriba: buscamos otro rio, que se
llamaba Paraguay, de que teniamos noticia, y cuyas riberas estaban
pobladas de indios Cários, con abundancia de maiz, manzanas y raices (de
que hacian vino), de peces, carne, ovejas, tan grandes como mulos, de
ciervos, puercos, avestruces, gallinas y ganzos, de que se tratará en el
cap. 20. Habiendo navegado cuatro leguas, llegamos el primer dia á la
nacion Coronda. Sus indios son altos, y traen cerca de las narices unas
piedrecillas, y las indias andan como las que ya se ha dicho. Son
semejantes á los Timbúes, y habitarán estas islas hasta 12,000 de
guerra: mantiénense de caza y pesca. Tienen gran abundancia de pieles
de nutrias: rescataron de todo lo que tenian, por cuentas, vidrios,
espejos, peines, cuchillos y anzuelos. Allí estuvimos dos dias, y nos
dieron dos indios Cários que habian cautivado, para que nos serviesen de
guias é intérpretes.



CAPITULO XVII.

_Llegamos á los Galgaisi y Macurendas._


Proseguimos nuestro viage; llegamos á otra nacion llamada
_Galgaisi_,[11] que podia poner 40,000 indios de guerra. Traen tambien
sus indios dos piedrecillas junto á la nariz, como los Corondas; y son
de la misma lengua que los Timbúes: distan 30 leguas de su isla. Habitan
sus indios en la orilla de una laguna de seis leguas de largo y cuatro
de ancho, situada á la izquierda del rio Paraná. Allí estuvimos cuatro
dias, en los cuales nos regalaron los indios con lo que tenian, y los
correspondimos. Despues no hallamos indios en 18 dias, y llegados al rio
que corre por la misma tierra, encontramos gran número de ellos juntos,
llamados _Macurendas_[12]. Estos no tienen mas comida que pescados y
poca caza; y habrá 18,000 de guerra, con gran número de canoas.
Recibiéronnos, segun su costumbre, de paz, y nos dieron de lo que tenian
liberalmente. Habitan á la derecha del rio Paraná: tienen diversa lengua
de los antecedentes; son altos y de buena proporcion, y sus mugeres
feísimas. En cuatro dias que estuvimos allí, hallamos en tierra cerca de
la orilla, una grandisima y monstruosa serpiente de 45 pies de largo,
del grueso de un hombre: negra, con pintas leonadas y rojas,[13] de que
los indios se admiraron por no haberla visto mayor: matámosla de un
balazo. Decian los indios que les habia hecho grandes daños; porque
cuando se bañaban, esta y otras de su especie, les rodeaban el cuerpo
con la cola, y hundiéndolos en el agua, sin saber los indios lo que les
sucedia, se los comian. Medí esta serpiente con mucho cuidado, y
dividida despues por los indios en pedazos, se la llevaron á sus casas,
y se la comieron cocida y asada.

[Nota 11: _Ninguna nacion de este nombre existia en los parages que
describe el autor en el presente artículo. La laguna á que alude es la_
Ibera, _cerca de la ciudad de Corrientes, cuyos bordes se hallaban
poblados por los_ Caracarás, _al tiempo de la conquista_.--EL EDITOR.]

[Nota 12: _Tampoco hay noticia de una nacion de este nombre, y nos
es imposible atinar cual sea._--EL EDITOR.]

[Nota 13: _V. infra, cap. 52._]



CAPITULO XVIII.

_De como llegamos á los Zemais Salvaiscos, y Mepenes._


Volvimos á embarcarnos, y á los cuatro dias, navegadas 16 leguas,
llegamos á la nacion llamada _Zemais Salvaiscos_[14]; sus indios son
pequeños y gordos: se sustentan de pesca, caza y miel. Andan todos
desnudos hombres y mugeres: tienen guerra con los _Macurendas_. Habia
cinco dias que estaban al rio á pescar, y á hacer guerra á sus enemigos,
porque ellos viven 20 leguas de tierra adentro, por no ser sorprendidos:
andan al modo de nuestros ladrones. Tienen 2,000 indios de guerra; y por
tener poco bastimento solo estuvimos un dia con ellos. La carne que
comen es de ciervos, puercos, avestruces y conejos, que, excepto en la
cola, se parecen á los gatos.

[Nota 14: _Este nombre es ininteligible; á no ser que sea una
corrupcion de_ Savanche, _pueblo fronterizo de los Mepenes._--EL
EDITOR.]

De aquí navegamos á los indios Mepenes, que viven esparcidos, ocupando
40 leguas de país en cuadro, y pueden juntarse por mar y tierra en dos
dias, 10,000 indios de guerra; y es mayor el número de canoas, de las
cuales en cada una, caben 20 indios. Este pueblo nos recibió de guerra
con 500 canoas: matamos muchos indios con los arcabuces, retirándose
esparcidos una legua de las naves, porque nunca habian visto cristianos.
Pasamos á sus casas: no conseguimos nada, porque cerca de su pueblo se
rezumaban de una legua aguas tan hondas, que ni pudimos seguirlos, ni
hacer mas que quemarles 250 canoas que les tomamos: y temiendo que
envistiesen nuestras náos, volvimos á ellas. Estos indios Mepenes solo
pelean en agua, y están de los _Zemais Salvaiscos_ 95 leguas.



CAPITULO XIX.

_Del rio Paraguay y de los pueblos Curumias y Agaces._


Proseguimos nuestra navegacion ocho dias, y dimos en un rio, y despues
en el pueblo de los Curumias, que es de muchos indios que se mantienen
de caza y pesca, y hacen vino de la algarroba,[15] (que llaman los
alemanes _joannesbrot_). Este pueblo procuró servirnos en todo, y nos
dió cuanto necesitábamos con mucho agrado, en tres dias que allí
estuvimos. Hombres y mugeres de grandes estaturas: los unos traen en la
nariz un agugerillo, en que por galanura se ponen una pluma de papagayo;
y las otras se pintan la cara con raices azules, que nunca se quitan, y
traen un paño de algodon desde la cintura á las rodillas. Distan de los
Mepenes 40 leguas.

[Nota 15: CABEZA DE VACA _en su comentários cap. 18, fol. 16._
BARCO, _canto 25_.]

De allí fuimos á los Agaces, que tambien se mantienen de caza y pesca.
Indios é indias son altos, y estas se pintan y cubren como las
antecedentes. Recibiéronnos de guerras, queriendo estorbarnos el viage;
y no pudiendo reducirlos á razon, peleamos con ellos en agua y tierra, y
matamos á muchos: de los nuestros murieron 15. No les tomamos nada,
porque al tiempo de pelear habian retirado mugeres é hijos, y escondido
los bastimentos y cuanto tenian. Estos Agaces son obstinados guerreros
en agua, en tierra no. Diremos despues lo que sucedió: su pueblo dista
de los Curumias 35 leguas. Está situado cerca del rio _Jepido_,[16] que
del otro lado tiene el rio Paraguay, que baja de las montañas del Perú,
cerca de los Xarayes.

[Nota 16: _Talvez sea el Tebicuary._--EL EDITOR.]



CAPITULO XX.

_De los pueblos Cários._


Desde estos pueblos pasamos á los de los Cários, que están á 50 leguas
de los Agaces, donde hallamos mucho maiz y algodon. Comen los indios
las raices batatas, que saben á manzanas, y la mandioca, que sabe á
castañas, de que hacen cerveza (_mandel-bee-re_). Tienen tambien peces,
carnes, puercos, avestruces, ovejas indianas, tan grandes como mulos,
cabras, gallinas, conejos, y otras cosas de este género. Hay miel en
abundancia, de que hacen tambien vino, cociéndola.

Es tan dilatada la tierra habitada por los Cários, que tiene 300 leguas
de ancho y largo. Los indios son pequeños y gordos, y mas trabajadores
que los demas. Traen un agugerillo en los labios, y en él un cristal
leonado, que llaman en su idioma _tembetá_, de dos palmos de largo, y
del grueso de un cañon de ganzo: andan desnudos como las indias. Usase
entre ellos vender los padres á las hijas, los maridos á las mugeres, y
algunas veces los hermanos á las hermanas; y el valor de una india es
una camiseta ó cuchillo, ó hocecilla, ó cosa semejante. Comen carne,
aunque sea humana, si pueden adquirirla. Matan á los cautivos en guerra,
sean hombres ó mugeres, mozos ó viejos, y los asesinan como nosotros los
puercos. Conservan por algunos años una india, recomendable en edad y
traza, pero sino se acomoda á los deseos de todos, la matan y comen en
convite, tan célebre como el de nuestras bodas; mas si dá gusto á todos,
y llega á vieja, la guardan hasta que ella se muere. Hacen estos Cários
mas largos viages que los demas indios del Rio de la Plata. Son feroces
en la guerra, y tienen sus poblaciones y fortalezas cerca del rio, en
parages altos.



CAPITULO XXI.

_De la ciudad de Lambaré, y como fué sitiada y rendida._


La ciudad de estos indios, que llaman estos moradores Lambaré, está
rodeada de dos cercas de palos, del grueso de un hombre, puestos de doce
en doce pasos, hincados en la tierra; quedando fuera tanto como la
altura de un hombre con la espada y brazo levantados; y á quince pasos
tenian hechos fosos y hoyos de tres estados de hondo, cubiertos con
ramas y tierra, y en medio de cada uno, una lanza fijada, aguda. Este
aparato es para coger á los cristianos, porque dejando Juan de Ayólas 60
hombres en guarda de los bergantines, fué en contra la ciudad, en
órden, con 300 soldados bien prevenidos, y llegando á un tiro de bala
del egército de los indios, que eran 4,000 armados con arcos y flechas,
nos enviaron á decir que nos volviésemos á las naves, y nos darian
bastimento y lo demas que necesitásemos para volver á nuestra tierra
cuanto antes. Despreciamos esta oferta, por ser muy á propósito este
provincia para nosotros, por la abundancia de bastimentos, y
especialmente porque en cuatro años continuos no habiamos comido pan,
sino carne y pescado solamente, y muchas veces escasísimamente.
Empezaron los Cários á disparar contra nosotros, y no quisimos hacerles
mal, sino darles á entender que queriamos ser sus amigos: no quisieron
aquietarse por no haber experimentado nuestras espadas ni los arcabuces.
Acercámonos y disparamos la artilleria, á cuyo estruendo y estrago,
viendo que caian tantos muertos sin saber de que, y las disformes
heridas y agugeros en sus cuerpos, espantados con gran temor, huyeron
tumultariarmente, cayendo unos sobre otros en los hoyos, mas de 300,
dándose gran prisa á meterse en su pueblo.

Sitiamos la ciudad, y se defendieron los indios fuertemente, hasta el
tercero dia, matando 16 españoles: pero temiendo el daño de sus mugeres
é hijos que tenian consigo, pidieron perdon y las vidas, y se entregaron
á nuestra voluntad, ofreciendo hacer lo que les mandásemos, y admitimos
la paz. Regalaron al capitan Oyolas con siete indias, la mayor de 18
años, y seis ciervos, rogándole que nos quedásemos con ellos. A los
soldados dieron dos indias para que los sirviesen, y comida y otras
cosas necesarias: y de este modo quedamos amigos. Entróse al pueblo el
dia de la Asumpcion, del año de 1539, y le dimos el nombre del dia, y
así se llama hoy.



CAPITULO XXII.

_Hácese un castillo en Lambaré, con el nombre de la Asumpcion; y los
Cários, con socorro de los cristianos, van contra los Agaces._


Mandóse despues á los Cários que hiciesen una gran casa de piedra,
tierra y madera, para seguridad y defensa de los cristianos, en caso de
alzarse los indios. Estuvimos aquí dos meses.

Ofrecieron tambien los Cários ayudarnos en la guerra, y que si era
contra los Agaces, (que distan 30 leguas de ellos, y cerca de 334 de la
isla de Buena Esperanza, poblada de Timbúes), que darian 18,000 indios.
Con lo cual dispuso nuestro capitan 300 españoles, y bajó con ellos y
los Cários el rio Paraguay 30 leguas, hasta el pueblo de los Agaces, que
estaban durmiendo en el sitio que les habiamos dejado. Reconociéronlo
los Cários, é improvisamente dieron sobre ellos, entre 3 y 4 de la
mañana, y mataron á todos sus enemigos, viejos y mozos, segun la
costumbre que tienen cuando quedan victoriosos.

Tomamos despues cerca de 500 canoas: quemámos todos los pueblos donde
llegamos, haciendo otros daños. Al cabo de un mes vinieron algunos
Agaces, que no se habian hallado en el estrago por estar lejos de esta
tierra, pidiendo perdon. El capitan se lo concedió, segun la órden del
Rey, y los admitió de paz, como debia hacerlo; aunque la pidiesen
tercera vez, porque solo si se rebelasen despues, quedaban esclavos
perpetuos.



CAPITULO XXIII.

_Quedan los soldados en la Asumpcion; reconocen el sitio y condicion de
la tierra, y suben por el rio mas arriba._


En seis meses que estuvimos en esta ciudad, nos reparamos con la
quietud, y en tanto nuestro capitan Oyolas se informó de los Payaguás
que están poblados cerco de 100 leguas de la Asumpcion, á las riberas
del rio Paraguay, segun le dijeron los Cários; y que su principal
alimento era caza y pesca, y tambien tenian algarroba de que hacian
harina que comian junto con el pescado, y vino tan dulce como nuestro
mosto. Entonces mandó Oyolas cargar cinco navios de maiz, y prevenirlos
de todas las cosas necesarias, y dar á los marineros cuanto habian
menester para el buen suceso del viage, que á los dos meses meditaba.
Primero queria hacer guerra á los indios Payaguás, y despues á los
Caracarás. Asistian á todo los Cários con mucho cuidado y sumision, y
prometian obedecer fielmente en todos los puntos las órdenes del
capitan.

Ordenado así lo referido, y prevenida la nave de todo, escogió el
capitan 300 soldados, los mejor armados y compuestos, y dejó 100 en la
ciudad de la Asumpcion. Navegando siempre rio arriba, á las cinco leguas
llegamos á un pueblezuelo, cuyos indios trageron carne, gallinas,
ganzos, ovejas y avestruces; y llegando al último pueblo de los Cários,
llamado Itatin, distante 80 leguas de la Asumpcion, nos dieron sus
indios bastimentos y otras cosas con que nos socorrimos.



CAPITULO XXIV.

_Del monte de San Fernando y Peyaguás._


De allí llegamos al monte llamado San Fernando, semejante al que llaman
_Bogemberg_[17], y dimos con los indios Payaguás, á 12 leguas de Itatin:
recibiéronnos de paz, aunque fingida como se conoció despues,
llevándonos á sus casas, y nos regalaron con pescados, carnes,
algarrobas, ó _Pan de Juan_; así estuvimos nueve dias. Hízoles preguntar
el capitan si conocian la nacion llamada Xarayes; respondieron que
habian oido; que habitaba lejos en una provincia rica de oro y plata,
pero que no habian visto nunca indio alguno de ella: y por relacion de
otros, añadian, que eran tan sábios como los cristianos, y que abundaban
en maiz, cazabí ó mandioca, mandubís, batatas y otras raices; de carne
de ovejas ó antas, animales semejantes á los asnos, que tienen los pies
como de vaca, el pellejo grueso; de conejos, ciervos, ganzos y gallinas,
y otras cosas de que despues supimos lo cierto.

[Nota 17: _Este nombre está_ germanizado, _y nos es imposible
reducirlo á su forma primitiva_.--EL EDITOR.]

Pidió guias el capitan á los Payaguás, para ir á aquella provincia, y se
ofrecieron prontos; y al punto dispuso su capitan 300 indios que fuesen
con nosotros, y nos llevasen comida y otras cosas. Publicó nuestro
capitan el viage dentro de cuatro dias, mandando se proveyesen todos de
lo necesario para esta empresa: deshizo tres naves, y dejó á 50
cristianos en las dos, con órden de que estuviesen allí.[18] Cuatro
meses esperándole, y si no volviese en aquel término, se retirasen á la
Asumpcion: estuvimos seis meses esperando sin saber nada de Juan de
Oyolas, y por faltarnos el bastimento, fué preciso volvernos con Domingo
de Irala, que habia quedado por nuestro capitan, á la ciudad de la
Asumpcion, como nuestro capitan habia mandado.

[Nota 18: _A este puerto llamó Juan de Oyolas_ Candelaria. CABEZA DE
VACA, _cap. 4._ HERRERA, _descripcion de las Indias, cap. 24._]



CAPITULO XXV.

_Juan de Oyolas llega á la tierra de los Naperús y Samocosis, y es
muerto á la vuelta con todos los cristianos._


Partido Juan de Oyolas con los 300 españoles y 300 indios, llegó á los
Naperús, amigos y aliados de los Payaguás, que se mantenian de caza y
pesca. Es nacion populosa, y de ella tomo algunos indios Oyolas para
guias, porque habia de caminar por entre varias naciones, como lo hizo
lleno de trabajos y falta de todo: muchos le resistian con las armas, y
le mataron la mitad de la gente. Llegó á los indios Samocosis, y no pudo
pasar adelante; y dejando tres españoles enfermos con estos indios,
precisado de los trabajos, se volvió con todos los suyos. Descanzó Juan
de Oyolas con su gente, fatigada del camino, tres dias en Napero, y
aunque venia bueno, entendieron los indios que no traia municiones y
armas, por lo cual trataron los Naperús y los Payaguás, de matarlos, y
lo consiguieron: pues habiendo partido de Napero, Oyolas con sus
cristianos para ir á los Payaguás, estando casi en medio del camino, dió
de improviso sobre ellos gran multitud de estas dos naciones,
(escondidas en destinado bosque para esta traicion, por donde habian de
pasar); y como perros rabiosos dieron muerte al capitan y á sus
soldados, sanos y enfermos, sin que escapase ninguno.



CAPITULO XXVI.

_Viendo muerto su Capitan, eligen los españoles en su lugar á Domingo
Martinez de Irala._


Supimos la traicion de los Payaguás, por un indio[19] que habia sido
esclavo de Oyolas, el cual huyó de los enemigos por saber la lengua:
pero no le dimos entero crédito, aunque contaba todo lo que habia
sucedido, desde el principio hasta el fin del lance lastimoso. Así
estuvimos un año en la ciudad de la Asumpcion, sin saber de nuestra
gente otra cosa que lo referido, y lo que los Cários contaban al capitan
Irala, y ser pública fama que los Payaguás y Naperús le habian muerto.
Mas para asegurarnos, queriamos oirlo de la boca de alguno de los
Payaguás.

[Nota 19: _Era cristiano este indio, y se llamaba Gonzalo._ CABEZA
DE VACA, _cap. 4, fol. 4_. HERRERA, _en dicha Decada, lib. 7, 107, cap.
5, fol. 152._]

Dos meses despues, algunos Cários prendieron dos Payaguás, y los
trageron al capitan: y preguntándoles si habian ayudado á dar muerte á
los nuestros, lo negaron, diciendo que nuestro capitan aun no habia
vuelto con los suyos á su provincia. Dióseles tormento, y confesaron la
verdad, y lo que queda referido en el capítulo antecedente; mandándolos
quemar el capitan atados á un palo, rodeado de una gran hoguera.
Entonces elegimos por capitan al referido Irala, hasta que el Rey
mandase otra cosa; porque siempre se habia mostrado justo y benévolo,
especialmente con los soldados.



CAPITULO XXVII.

_Pone presidio el Capitan en la Asumpcion; va á los Timbúes y los halla
muertos y heridos: deja á Antonio de Mendoza en_ Corpus Christi, _y
navega á Buenos Aires_.


Hizo luego el capitan proveer cuatro bergantines, y con 150 españoles
del pueblo, bajó navegando los rios Paraguay y Paraná. El segundo,
dejando la demas gente en la Asumpcion, con órden de juntarse á los 150
que estaban en los Timbúes, y á los 160 de las náos de Buenos Aires,
llegó á los Timbúes, ó _Buena Esperanza_, y al fuerte de _Corpus
Christi_, donde los nuestros habian quedado: pero hallamos la tierra sin
indios, porque el capitan Francisco Ruiz, Juan Galan, presbitero, Juan
Hernandez, escribano, que eran como gobernadores, despues de varios
tratos infieles y malvados, habian muerto al cacique de los Timbúes y
otros indios, y los demas se huyeron, de los cuales habiamos recibido
muchos beneficios. Sabiendo tan triste maldad, quedamos asombrados, y
nuestro capitan encomendó á Antonio de Mendoza el fuerte de _Corpus
Christi_, dejándole 120 hombres y bastimento, con órden de guardarse de
los indios, estando siempre sobre aviso con buenas centinelas: y que si
los indios viniesen de paz, los tratase con mucho amor, haciéndoles
cuantos agasajos fuese posible, y evitando todos los daños que
intentasen hacerles, y á los cristianos, y mirando por sí con la mayor
diligencia. Con lo cual se volvió á embarcar, llevando consigo á
Francisco Ruiz, Juan Galan y Hernandez, autores de las infames muertes
de los indios. Estando ya para navegar, llegó un indio principal Timbúe,
gran amigo de los cristianos, que se vió precisado á seguir á los suyos,
por su muger, hijos, parientes y familiares; el cual venia á aconsejar
al capitan que no dejase allí cristiano alguno; porque toda la gente de
guerra de la provincia estaba resuelta ó á acabar con ellos, ó echarlos
de la tierra. El capitan respondió que él volveria presto, y que la
gente que dejaba bastaba para resistir los indios: y le rogó se viniese,
á los cristianos, con su muger, hijos y familiares, y así lo prometió; y
dejándonos en _Corpus Christi_, se embarcó el capitan.



CAPITULO XXVIII.

_Matan los Timbúes á traicion 50 españoles: desamparan los demas el
fuerte de_ Corpus Christi, _y se embarcan para Buenos Aires_.


A los ocho dias, poco mas ó menos, envió el cacique á su hermano, pero
traidora y alevosamente, pidiendo á nuestro capitan Mendoza seis
soldados con escopetas y otras armas, para pasarse á nosotros con toda
su hacienda y familia á vivir siempre. Ponderaba el temor que tenia á
los Timbúes, y la falta de seguridad para venir sin este socorro:
ofrecia, como amigo, solicitar toda nuestra conveniencia, traernos mucho
bastimento, y gran abundancia de otras cosas. Persuadido el capitan, no
solo le dió 6, sino 50 españoles arcabuceros bien armados, encargándoles
que fuesen con recato, cautela y solicitud, para librarse de los daños
que podian causarles los indios que estaban á media legua de nosotros.
Llegados los 50 españoles delante de sus casas, los Timbúes los
recibieron con la paz de Júdas: ofreciéronles pesca y caza, y al empezar
á comer, dieron sobre ellos amigos y enemigos, que los miraban con otros
que se habian escondido en las casas, con tanta furia y priesa, que sino
es un muchacho que se llamaba Caldero que escapó de sus manos, ninguno
pudo salvarse. Y prosiguiendo su rabia, nos envistieron 10,000, y
estuvieron sobre el fuerte catorce dias continuos, con intento de acabar
con nosotros: pero Dios lo impidió piadosamente. Traian lanzas largas,
con las espadas que habian quitado á los cristianos muertos, por puntas,
y peleaban con ellas y otras armas, de noche y de dia, para tomar el
fuerte, pero no pudieron.

Pasados los catorce dias, dieron la última envestida, echando porfiados
todas sus fuerzas, y pegaron fuego á las casas. Salió el capitan Antonio
de Mendoza con espada por un puerta, en que los indios tenian puesta
celada, bien disimulada, y apenas dió en ella, cuando le atravesaron los
indios con las lanzas, cayendo al punto muerto. Quizo Dios que se les
acabó la comida á los indios, y no pudiendo mantenerse mas, levantaron
el sitio y se fueron: con lo cual descansamos, y mas con dos bergantines
que enviaba nuestro capitan de Buenos Aires, con bastimento y
municiones, para que nos pudiésemos mantener hasta que volviese, que nos
causó grande alegria. Pero era mayor la tristeza que la muerte de los
cristianos infundió en los recien llegados, y no hallando otro modo de
restaurarnos, de comun acuerdo resolvimos desamparar á _Corpus Christi_,
y volvernos á Buenos Aires, como lo egecutamos con toda la gente. Asustó
nuestra llegada al capitan, y se angustiaba vehementemente por la ruina
del pueblo, no sabiendo que haria, por faltarle el bastimento y lo demas
necesario para cualquier empresa.



CAPITULO XXIX.

_Llega un navio de España con gente á la isla de Santa Catalina, á donde
van los nuestros en un barco._


Quince dias habia estabamos en Buenos Aires, cuando vino una caravela de
España, y nos avisó estar en Santa Catalina una náo con 200 hombres, en
que venia por capitan Alonso Cabrera. Al punto nuestro capitan mandó
aprestar otra nave pequeña para que fuese al Brasil, á Santa
Catalina,[20] que distaba 300 leguas de Buenos Aires. Envió por capitan
á Gonzalo de Mendoza, con órden de que si la encontrase en Santa
Catalina, cargase de arroz, mandioca y los demas bastimentos que le
pareciere. Pidió Gonzalo de Mendoza al capitan 7 soldados, de quien se
pudiese fiar, y eligió 6 españoles, y á mi y otros 20 que nos
acompañasen.

[Nota 20: _Está en 28 grados escasos._ CABEZA DE VACA, _cap. 2, fol.
2_.]

Navegamos un mes, y llegamos á Santa Catalina, donde estaba la nave que
buscabamos, con el capitan Alonso Cabrera y su gente, con la cual nos
regocijamos mucho, y estuvimos dos meses con ella. Cargamos cuanto
pudimos nuestra náo de arroz, mandioca y maiz, y salimos con ambas náos
y con el capitan Alonso Cabrera y sus soldados de Santa Catalina,
navegando á Buenos Aires; y hallándonos á 20 leguas de la ciudad,
víspera de Todos los Santos, en el rio Paraná, se preguntaban los
marineros unos á otros, si estaban ya en el rio Paraná. Los nuestros
decian que si, y los de la otra nave decian que aun faltaban 20 leguas:
que ya se sabe que cuando muchos navios hacen juntos un viage, al
ponerse el sol cada piloto pregunta á los otros ¿cuanto ha navegado?;
¿con que viento ha de navegar de noche, para no apartarse? El rio Paraná
Guazú tiene 30 leguas de ancho hasta su golfo ó boca, que corren 50
leguas continuas hasta el puerto de San Gabriel, donde solo tiene de
ancho 18 leguas. Nuestro piloto dijo al de la otra nave si queria
seguirle, á que respondió, que era casi de noche, y queria estarse en el
mar hasta salir el sol, y no llegar á tierra en noche sin tempestad.
Tenia mas juicio este piloto que el nuestro en el gobierno de su nave,
como despues declaró el suceso; y sin embargo continuó el nuestro su
viage, dejándole allí.



CAPITULO XXX.

_Naufraga nuestro navio, salen algunos á tierra en San Gabriel, y de
allí van á Buenos Aires y á la Asumpcion._


Navegamos de noche á cerca de las doce, y una hora antes de salir el sol
se levantó tan gran tempestad, que aunque vimos tierra á una legua ó
mas, no pudimos tomarla, ni echar anclas, ni hallar otro remedio que
hacer votos, é implorar la piedad divina. Pues en la misma hora se hizo
nuestra náo mil pedazos, y se ahogaron 15 españoles, de que nunca
pudimos hallar cadaver alguno, y 6 indios. Otros, asidos á algun madero,
se salvaron nadando: yo salí con 5 compañeros agarrados al árbol del
navio. Quedamos en tierra desnudos y sin comida, por haberlo perdido
todo; y teniendo que caminar 50 leguas por tierra, nos vimos precisados
á mantenernos de raicillas y otras frutas en el campo, hasta llegar al
puerto de San Gabriel, donde habia llegado 30 dias antes la otra nave
con Cabrera. El General, que entendido nuestro infortunio, andaba muy
triste con los suyos; y persuadiéndose que todos habiamos perecido,
mandó decir algunas misas por nuestras almas.

Lleváronnos á Buenos Aires, y el General procesó al capitan y piloto, y
queria ahorcarle: pero, por grandes intercesiones, fué solo condenado
por cuatro años á un bergantin.

Juntos todos en Buenos Aires, mandó el General despachar los
bergantines, y en ellos todos los soldados: hizo quemar las demas naves,
y guardar el hierro. Navegamos otra vez el rio Paraná arriba, y llegamos
á la ciudad de la Asumpcion, donde esperamos dos años las órdenes del
Rey.



CAPITULO XXXI.

_Alvar Nuñez Cabeza de Vaca llega de España á Santa Catalina, y de allí
á la Asumpcion con 300 españoles, y es recibido por Gobernador._


Estando así las cosas, llegó de España Alvar Nuñez Cabeza de Vaca,
Adelantado, nombrado por el Rey, con 400 hombres y 30 caballos, en
cuatro naves, dos mayores y dos caravelas.[21]

[Nota 21: HERRERA, _Decada 7, lib. 4, cap. 13_.]

Habian aportado estas naves al Brasil y Santa Catalina, buscando
bastimento, desde donde envió el Adelantado las dos caravelas, ocho
leguas del puerto, á buscar comida: pero les entró tan récia tempestad,
que perecieron rotas en el mar, salvándose la gente. Por esto no quiso
el Adelantado volver á embarcarse, antes procuró deshacer las náos y
caminar por tierra, y llegó á la Asumpcion con 300 hombres, de 400 que
habia embarcado;[22] porque los demas habian muerto de enfados y
enfermedades. Ocho meses tardó en andar 300 leguas que hay, desde la
ciudad de la Asumpcion hasta la isla de Santa Catalina:[23] y por eso
pedia Alvar Nuñez á Domingo de Irala le entregase el gobierno, y que el
pueblo le obedeciese, á que estaban prontos; manifestando el título de
Adelantado, ú otro documento evidente de haberle concedido el Rey esta
potestad, lo cual no pudo conseguir toda la comunidad.[24] Solo los
sacerdotes, y uno ú otro capitan lo afirmaron así: pero de lo que se
dirá adelante se vendrá en conocimiento de lo que sucedió á este
Adelantado.

[Nota 22: FRANCISCO LOPEZ, _cap. 89, escribe de este Alvaro Nuñez,
que fué enviado por el Rey al Rio de la Plata el año de 1540, con 400
soldados y 46 caballos. Estuvo ocho meses en el viage; luego llegó á la
Asumpcion á 1.º del año de 1542, pero fué á 11 de Marzo á las nueve._
CABEZA DE VACA, _cap. 13, fol. 12_. HERRERA, _en el referido cap. 13_.
(_Nota de_ HULSIO _fol. 42._)]

[Nota 23: _Esto se ha de entender del camino recto y próximo, porque
de la Asumpcion por el rio hasta el mar hay 385 leguas; hasta Santa
Catalina 300._ (_Nota de_ HULSIO _fol. 42._)]

[Nota 24: _Quietamente le dió la posesion del adelantamiento Domingo
Irala; recibido de todos con mucho gusto._ HERRERA, _Decada 7, lib. 4,
cap. 13, fol. 79, y los autos de la posesion se los quitaron los
oficiales reales con los procesos hechos contra ellos, cuando le
prendieron._ CABEZA DE VACA, _cap. 74, fol. 59._ (_Esto no tiene
fundamento, y prueba lo mal informado que en las cosas de gobierno
estaba el autor: porque Cabeza de Vaca presentó las provisiones reales,
que fueron leidas y aceptadas, como refiere en sus comentários, cap. 13,
fol. 12 y 13._ HERRERA, _en el dicho cap. 13._)]



CAPITULO XXXII.

_Pasa revista Alvar Nuñez: envia bajeles por el rio arriba á los indios
Chaneses y Cambales, á cuyo cacique ahorcaron._


Procuró Alvar Nuñez la amistad de Irala, y en efecto se juraron el uno
al otro union y fé fraternal; quedando Irala, con la potestad que antes,
de mandar el pueblo. Pasó muestra Alvar Nuñez, y halló que eran 800
hombres todo el número de su egército; y luego mandó aprestar nueve
bergantines para subir, cuanto se pudiese, el rio arriba: y antes de
acabar su apresto, envió tres delante, con 115 soldados, con órden de ir
cuanto mas lejos pudiesen, y de buscar indios que tuviesen maiz.

Nombró por capitan á Antonio Grovenoro y Diego Tabellino. Estos al
principio llegaron á la nacion de los Samocosis, que tenia maiz, cazave
y otras raices semejantes, y una fruta como avellanas, llamada mandubí,
con pesca y caza. Los indios andan desnudos, y traen en los labios una
piedrecilla azul, á modo de dado: la indias, de la cintura á la rodilla
andan cubiertas. Aquí dejamos los navios con bastante guarda, y entramos
por su provincia, caminando cuatro dias hasta que llegamos á su pueblo,
que tocaba á 300 Cários valientes. Informámonos del estado y calidad de
toda la provincia, y nos volvimos á las naves; y bajando por el rio
Paraná, llegamos á la provincia de los Cambales, donde hallamos cartas
de Alvar Nuñez, en que nos mandaba ahorcar al cacique, que se llamaba
Aracaré[25] como se egecutó. Accion que dió despues causa á una guerra
tristisima: con lo cual nos volvimos el rio abajo á la Asumpcion.

[Nota 25: _Su proceso se hizo con parecer de los Oficiales reales de
los eclesiásticos y otros; y por ser enemigo capital de los cristianos,
y haberles hecho grandes daños, fué condenado á muerte._ CABEZA DE VACA,
_cap. 37, fol. 28_.]



CAPITULO XXXIII.

_Taberé y los Cários se arman contra los cristianos, y Taberé es
vencido._


Despues pidió nuestro Gobernador al cacique de los indios, que vivia en
la Asumpcion, 2,000 indios para subir por el rio con los cristianos
contra Taberé. Estaban prontos los indios á esto, y á todo lo que
queriamos, acudiendo con obsequios y servicios: pero aconsejaban al
Gobernador mirase bien lo que emprendia, antes de partir; porque toda la
provincia de Taberé y los Cários estaban de regura, unidas sus fuerzas,
para tomar venganza cruel de los cristianos, por la muerte de Aracaré,
que era hermano de Taberé. Y por no entrar en riesgo tan grande, dejó
por entonces la empresa el Gobernador: pero determinó enviar á Irala con
400 cristianos y 2,000 indios contra Taberé y los Cários, para echarlos
de la tierra ó acabar con ellos. Salió Irala con el egército de la
Asumpcion, y avistado con el enemigo, requirió de paz á Taberé, conforme
á las órdenes del Rey: mas el cacique estaba tan enojado, que nunca
quiso admitir trato. Tenia un egército númeroso, y habia fortificado sus
pueblos con estacadas al rededor, en tres órdenes, con grandes y
profundos hoyos: lo cual habia averiguado nuestro cuidado y diligencia.

Tres dias tardamos en procurar la paz, é informarnos del enemigo, y el
cuarto por la mañana, tres horas antes de salir el sol, viendo que
estaban mas obstinados, dimos impetuosamente en la ciudad y la rendimos;
matando cuanto en ella encontramos, y cautivando muchas indias que nos
sirvieron de mucho despues. Murieron en esta batalla 16 cristianos, y
quedaron heridos y aporreados otros. Pereció gran número de nuestros
indios, y de los Cambales, 3,000. A poco tiempo vino de paz Taberé con
los suyos, pidiendo perdon, y rogándonos que le volviésemos sus mugeres
é hijos, prometiendo dar la obediencia por sí y su pueblo: y el capitan
le concedió lo que pedia, segun el órden del Rey.



CAPITULO XXXIV.

_Queda presidio en la Asumpcion: navegan rio arriba el rio Paraguay;
llegan al monte San Fernando, y á los Payaguás, Guajarapos y Sococies._


Confirmada la paz, volvimos por el rio Paraguay á Alvar Nuñez Cabeza de
Vaca, que informado de nuestro buen suceso, determinó ejecutar la
empresa que habia pensado antes. Pidió á Taberé 2,000 indios auxiliares,
y á los Cários, que proveyesen los bergantines, y así lo ejecutaron
prontamente. Eligió 500 cristianos, de 800 que habia, dejando 300 en la
Asumpcion, y por capitan de ellos á Juan de Salazar de Espinosa.

Subimos por el rio Paraguay con los 500 cristianos[26] y los 2,000
indios: los Cários tenian 83 canoas, nosotros 9 bergantines, y en cada
uno iban dos caballos, que hasta que llegamos al monte de San Fernando.
Por espacio de 100 leguas fueron por tierra, y los embarcamos y
proseguimos el viage hasta los Payaguás, que huyeron con sus mugeres é
hijos, quemando antes sus casas. Anduvimos 100 leguas sin encontrar
pueblo alguno de indios: y finalmente, llegamos á los indios Guajarapos,
que se mantienen de pesca y caza, y habitan en una larga provincia de
100 leguas; tienen tan gran número de canoas, que no se puede decir. Las
indias andan tapadas de la cintura á la rodilla, y por no haber querido
oir nuestras pláticas, pasamos á otra nacion llamada Sococies, que nos
recibieron de paz, y estaba 90 leguas de los Guajarapos. Cada uno de
estos Sococies vive en propia y particular casa, con su muger é hijos.
Los indios traen una bolilla de palo pendiente de las orejas. Las
indias, de los labios un cristal azul, de un dedo: son hermosas, y andan
desnudas. Tienen en abundancia maiz, mandioca, mandubí, batatas, peces y
caza, y es nacion muy populosa.

[Nota 26: _Eran 400 arcabuceros y ballesteros. Los bergantines 10,
las canoas 120._ CABEZA DE VACA, _cap. 44, fol. 33, que refiere en los
capitulos siguientes este descubrimiento_.]

Procuró el Adelantado informarse de la nacion de los Carcaráes, y de los
Cários: pero los indios no sabian nada de aquella; y de esta decian que
estaban con ellos, siendo mentira. Con esto mandó que nos previniésemos
para entrar en la provincia, aunque veia el poco provecho que se nos
seguia, porque no era hombre para tanta empresa, y le aborrecian todos
los capitanes y soldados, tanto como él era perezoso, y poco piadoso con
los soldados[27]. Caminamos 18 dias, y no vimos ni á los Cários ni á
otros indios, y faltándonos la comida, fué preciso volver al puerto de
los Reyes, dando antes órden á Francisco de Rivera, que con otros diez
soldados, pasase adelante, y que, no hallando gente á los diez dias de
camino, se volviesen á las naves donde los esperábamos.[28] Hallaron
estos una nacion populosa, con gran abundancia de maiz, mandioca,[29] y
otras raices; mas no se atrevieron á dejarse ver de los indios, antes
se volvieron al Adelantado, el cual queria entrar otra vez en esta
provincia, pero impidieron las aguas su determinacion. [Nota 27: _En
pocos meses descubrió la tierra, que en doce años habia padecido tantos
daños por los intrusos gobernadores, sin cuidar de su descubrimiento:
tratando inicuamente no solo á los indios, sino á los españoles, que se
querellaron á Cabeza de Vaca, á quien los oficiales reales procuraron
echar de la tierra, valiéndose de los frailes, porque los prendió como
dioses, cap. 41, fol. 32 de sus comentários._]

[Nota 28: _Francisco Rivera se ofreció á proseguir con 6 soldados y
5 indios, y se permitieron._ CABEZA DE VACA, _cap. 76, fol. 51. Fué y
volvió, refiriendo lo que dice el mismo_ CABEZA DE VACA, _cap. 69 y 70,
fol. 4, vuelta 5._ HERRERA, _cap. 17, fol. 128 y 198_.]

[Nota 29: _Mandeoch ó mandioca es el cazave._ CABEZA DE VACA, _cap.
54. fol. 42, cuyas especies son muchas, y sus nombres trae_ VASCONCELOS,
Crónica del Brasil, _cap. 2, núm. 73, fol. 150 y 160_.]



CAPITULO XXXV.

_Vá Hernando de Rivera á los Orejones y Acarés, navegando rio arriba._


Hizo prevenir una nave el Adalantado, con 80 soldados, de que nombró por
capitan á Hernando de Rivera, mandándole subiese por el rio Paraguay,
buscando la nacion de los indios Xarayes, y que entrase la tierra
adentro, dos dias y no mas, y volviese á darle cuenta de la provincia, y
sus indios. El primer dia que navegamos, dimos con los indios Orejones,
que habitan una isla de 30 leguas rodeada del rio Paraguay se mantienen
de mandioca, maiz, batatas, mandubís y otras raices, caza y pesca. Son
semejantes á los Sococies. Recibiéronnos bien, y estuvimos con ellos
todo el dia, y el siguiente partimos, y nos acompañaron con diez canoas,
cuyos indios cazaban fieras, y pescaban dos veces al dia, y nos
agasajaban con la caza y pesca.

A los nueve dias de camino, llegamos á los indios Acarés, y hallamos
juntos muchos. Son tan altos, y las indias, que no los ví semejantes en
todas aquellas provincias, y no comen mas que caza y pesca. Las indias
andan cubiertas de la cintura abajo: estan treinta leguas de los
Sococies: estuvimos un dia con ellos, y desde aquí se volvieron los
Sococies en sus canoas á sus pueblos. Pidió á los Acarés guias nuestro
capitan para ir á los Xarayes, y las dieron en ocho canoas, cuyos indios
iban pescando y cazando, como los Sococies, bastante comida para
mantenernos.

Toman el nombre estos indios de un gran pez, llamado _jacaré_, de tan
duro y áspero pellejo, que no le hieren las flechas de los indios, ni
otras armas. Vive en el agua, y hace mucho daño á los demas peces: pone
en tierra sus huevos, á dos ó tres pasos de la orilla del rio: huele á
almizcle, y sabe bien: su carne no es dañosa, y su cola es delicadísimo
manjar. Entre nosotros se cree que es animal venenoso, y se llama
cocodrilo. Entre otras ficciones que cuentan de él, refieren, que si
alguno le mira, ó él le echa su hálito, muere luego, y que si nace en
alguna fuente, el único medio de matarle es ponerle delante un espejo,
en que viéndose, muere: y otras cosas que, si fuesen verdades hubiera yo
muerto mas de cien veces, porque miré y cogí mas de tres mil.



CAPITULO XXXVI.

_Llegan á los Xarayes, y son recibidos y tratados con gran agasajo._


Desde estos indios pasamos á los Xarayes: tardamos nueve dias, aunque
solo distan 36 leguas de los Acarés. Es muy numerosa la nacion de estos
indios, y aunque no son los verdaderos Xarayes, vive el rey entre ellos,
y de su nombre le toman los indios: traen bigotes, y un redondel
pendiente de las orejas, y en los labios pedazos de cristal azul como
dados, y andan pintados de azul, desde el cuello á las rodillas, como si
trageran bordado el pellejo. Las indias se pintan de otro modo, pero
tambien azul, ó ceruleo, desde los pechos hasta las rodillas; con tanto
primor que dudo haya en Alemania quien las exceda en artificio y
lindeza: andan desnudas, y son hermosas. Detuvímonos allí un dia, y en
tres navegamos 14 leguas, hasta llegar á un buen pueblo, donde vivia el
rey, situado á la ribera del rio Paraguay: su provincia es de cuatro
leguas. Rescatamos con los indios dos dias; y porque el rey no estaba
allí, resolvimos ir á verle.

Dejamos la nave con doce españoles de guarda, y pedimos á los indios
conservasen con ellos la amistad que habiamos hecho: y así lo hicieron.

Prevenidos de todo lo necesario, pasado el rio Paraguay, llegamos al
pueblo que era la corte y casa del Rey: el cual nos salió á recibir de
paz, una legua antes de llegar, en un campo muy liano, con mas de 12,000
indios. La senda por donde iba, era de ocho pasos de ancho, llena de
flores y yerbas; y tan limpia que no se veia una paja ni piedra en ella.
Tenia consigo el rey sus músicos, con instrumentos como nuestras
flautas, que llamamos _schall-meias_:[30] habia mandado que á la
entrada de ambos se hiciese una caza de fieras, y en poco tiempo se
cogieron cerca de 30 ciervos y 20 avestruces, ó _ñandús_, que fué muy
apacible recibimiento. Entrados en el pueblo, iba señalando posada de
dos en dos á los cristianos. Nuestro capitan juntamente con sus
oficiales se alojó en el palacio, de que estaba cerca mi posada. Mandó
despues el rey _xaraye_ á los indios que diesen á los cristianos cuanto
necesitasen. Este fué el aparato y esplendor de la corte de este rey,
como supremo señor de la provincia.[31]

[Nota 30: _Nombre que los alemanes dan al caramillo._--EL EDITOR.]

[Nota 31: _Declaracion solemne de este descubrimiento hizo en la
Asumpcion Hernando de Rivera, en 3 de Marzo de 1543, y está al fin de
los comentários de_ CABEZA DE VACA, _fol. 67, que deshace las
equivocaciones de los nombres y otras cosas que se refieren en esta_.]

Cuando gustan de música á la mesa ó en los convites, cantan con flautas
y bailan los indios, con tanta destreza, que los cristianos estaban
maravillados de verlos: en lo demas son como los indios antecedentes.
Las indias hacen para sí unas como capas de algodon, tan sutíl como
nuestros tejidos de seda, que llamamos _Arras_, ó _Burschet_, y las
tejen con varias figuras de ciervos, avestruces, ovejas indias, ó las
que mejor saben hacer. Si corre aire frio, duermen, ó se sientan en
ellas dobladas, y tienen otros usos. Son hermosísimas, lascivas, y me
parecieron muy blancas.

Habiendo estado allí cuatro dias: preguntó el rey á nuestro capitan,
¿qué queriamos, y adonde ibamos?--Respondíole que buscaba oro y plata, y
el Rey le dió una corona de plata de medio marco de peso, una plancha de
oro de medio palmo de largo, y la mitad de ancho, y otras cosas hechas
de plata: diciéndole, que no tenia mas oro ni plata, y que lo que le
daba era el despojo que habia traido de la guerras con las Amazonas.

Mucho nos alegramos al oir Amazonas, y demas la opulencia que refirió: y
al punto preguntó el capitan al rey si por tierra ó mar podíamos ir á
ellas, ¿y cuanto distaban?--Respondíole que solo podia irse por tierra,
y se llegaria en dos meses á su provincia; con lo cual determinamos
buscarlas.



CAPITULO XXXVII.

_Vamos en busca de las Amazonas, y se describen los indios Paresis y
Urtueses_.


Estas Amazonas solo tienen un pecho ó teta: sus maridos van á verlas
tres ó cuatro veces al año; si paren varon, se lo envian á su padre; si
es hembra, la guardan, y le queman el pecho derecho para que pueda usar
bien el arco y armas en las guerras con sus enemigos, porque son mugeres
belicosas. Habitan en una gran isla, en la cual no tienen oro ni plata,
que esto lo hay en tierra firme donde viven los indios, y se vió que
tienen grandes tesoros. Es nacion muy numerosa, y su rey se llama
_Paitití_.[32] Pidió el capitan Hernando Rivera al rey _xaraye_ (que
tambien nos habia dicho el nombre del pueblo), algunos indios para
llevar el fardage, y llegar á lo mas remoto de la provincia,
buscándolas. Díole lo que pedia, pero advirtiéndole que entonces estaba
inundada toda la provincia, y que seria muy difícil y trabajoso el
viage, y aun inútil, porque no era posible por aquel tiempo llegar á
ella. No quisimos creerle, é instándole á que diese los indios, dió
veinte al capitan, y cinco á cada soldado, que nos sirviesen y llevasen
nuestras mochilas.

[Nota 32: FRAY MARTIN SARMIENTO _en su demostracion_
Crítico-Apologética, _disc. 16, par. 9, fol. 216, tom. 5, hace mencion
del autor, así: "no me detengo en las mismas noticias que Ulderico
Schmidel, viagero original, dió de las Amazonas al sur del Marañon,
antes de Orellana, y fol. 219_."]

Caminamos hasta llegar á los indios Paresis, semejantes, en lengua y
otras cosas, á los Xarayes, y anduvimos continuamente ocho dias, de dia
y de noche, con la agua hasta las rodillas, y á veces hasta la cintura,
sin poder salir de ella. Si habiamos de encender lumbre, armábamos sitio
con palos en alto, donde ponerla; y muchas veces la comida, la olla y la
lumbre, y aun quien la cocia, se caian en el agua, y nos quedamos sin
comer. Los mosquitos nos molestaban tanto, que no nos dejaban hacer
nada.

Preguntábamos á los Paresis, si adelante habria aquella agua; y
respondian, que aun habiamos de andar cuatro dias, y cinco por tierra,
para llegar á la nacion llamada Urtuesa, y decian que nos volviésemos,
que éramos pocos: lo cual repugnaban los Xarayes; pues habiéndoles dicho
que se volviesen á su pueblo, respondian que su rey les habia mandado
que no nos dejasen, hasta volver á su provincia: los Paresis nos dieron
diez indios, que juntos con los Xarayes nos guiasen á los Urtueses.
Proseguimos nuestro viage siete dias mas, por el agua, que estaba tan
caliente como si hubiera estado al fuego; y nos velamos precisados á
beberla por no tener otra. Pudiera pensar alguno que era de rio, pero
entonces eran tan contínuas las lluvias, que como la provincia era tan
llana, la habian inundado, y el daño que nos hizo, lo sentimos despues.

A los nueve dias, entre diez y once, llegamos á un pueblo de la nacion
Urtuesa, y entramos en él á las doce. Fuimos en casa del cacique: habia
entonces entre los indios una cruel peste, ocasionada de la hambre,
porque los dos años antes la langosta habia destruido tanto el grano y
todos los frutos, que casi no les dejó qué comer; y esto nos atemorizó
tanto, que como tampoco llevásemos mucha comida, no pudimos detenernos
en la provincia. Preguntó nuestro capitan al cacique, ¿cuanto nos
faltaba para llegar á las Amazonas? y respondió, que un mes: pero que la
provincia estaba inundada, como ya habiamos experimentado.

El cacique dió al capitan cuatro planchas de oro, y cuatro sortijas
grandes de plata para los brazos: usan los indios de estas planchas de
oro por adorno en la frente, como entre nosotros las señoras traen
cadenas ó collares pendientes del cuello. El capitan dió al cacique, en
recompensa, hocecillas, cuchillos, cuentas, tenazas y otras cosas
semejantes que se suelen labrar en Norimberga. No nos atrevimos á
preguntar á estos indios muchas cosas, porque éramos pocos, y ellos gran
número; y el pueblo era tan grande, ancho y largo, que no ví otro mayor,
ni mas populoso en todas las Indias: y juzgo nos fué de mucha utilidad
la peste, que si no la hubiera, escapáramos dificultosamente de tanta
multitud.



CAPITULO XXXVIII.

_Vuélvese Hernando de Rivera al Adelantado, el cual le quita, y á su
gente, lo que llevan, y se tumultúan._


Volvímonos á los Paresis, sin mas comida que palmitos y raices agrestes:
y estando en los Xarayes, enfermó la mitad de la gente, siendo la causa
el hambre y pobreza que pasaban en este viage, y el agua que habiamos
bebido, y en que anduvimos treinta dias continuos. Cuatro estuvimos con
los Xarayes y su cacique, y nos trataron muy bien, curándonos y haciendo
otras buenas obras: porque el rey mandó á los suyos que nos diesen lo
que necesitásemos. Ganamos en esta jornada 200 ducados cada uno, solo
con el rescate de cuchillos, cuentas, &c. por mantas de algodon y plata.

Volvimos por el rio al Adelantado, el cual mandó que, pena de la vida,
ninguno desembarcase: y luego vino él mismo, y prendió á nuestro
capitan, echándole prisiones, y á los soldados nos quitó por fuerza
cuanto en la jornada habiamos ganado: y no contento con esto, queria
ahorcar de un árbol al capitan. Pero nosotros (estando en el bergantin)
nos acordamos con algunos amigos de los que estaban en tierra, y nos
tumultuamos contra el Adelantado, diciéndole cara á cara, que cuanto
antes nos diese libre á nuestro capitan, Hernando Rivera, y nos
restituyese lo que nos habia quitado, y que de otro modo veríamos lo que
habiamos de hacer.

Viendo Alvar Nuñez el motin y nuestra indignacion, dió libertad al
capitan, y nos restituyó lo que habia tomado; procurando con buenas
palabras templar nuestros ánimos y conciliar la paz.

Conseguida la quietud de la gente, mandó el Adelantado á Hernando de
Rivera le refiriese lo que habia visto en su viage: qué era aquella
provincia, y por qué habiamos tardado tanto?--A todo le respondió con
mucha órden,[33] y quedó satisfecho el Adelantado, aunque habiamos
faltado á sus órdenes; pues expresamente nos mandó, que no pasásemos de
los indios Xarayes, sino que de ellos, despues de haber estado dos dias
solamente, en su provincia, volviésemos, con relacion de las provincias
por donde hubiésemos pasado: lo cual no cumplimos, y por eso prendió al
capitan y nos quitó lo que llevábamos.

[Nota 33: _Sospecho que nada de esto es verdad, porque cuando volvió
Hernando Rivera, (que fué á 30 de Enero de 1543), estaba enfermo Cabeza
de Vaca, y no pudo dar relacion del descubrimiento; y le duró la
enfermedad hasta que le prendieron, por el aborrecimiento que le tenia
la gente, á la cual privó de sacar del Puerto de los Reyes las indias
que los indios le habian dado y adquirido: que es lo que refiere cap. 73
y 74, fol. 57 de sus Comentários._]



CAPITULO XXXIX.

_Desprecian los soldados al Adelantado Alvar Nuñez, por su soberbia:[34]
hace dar muerte á los Sococies sin justa causa._

[Nota 34: _Soberbia llama á la envidia y odio que tenian á Cabeza de
Vaca, porque habia descubierto la tierra y prohibido sus maldades á
aquella gente, como lo confesaban á voces los Oficiales reales que le
trajeron preso; y murió malamente._ CABEZA DE VACA, _Comentários, cap.
84._]


Luego que vió á Rivera el Adelantado, determinó ir con todo el ejército
á las provincias en que habiamos estado: y los soldados no queriamos
seguirle, y menos en tiempo que toda la provincia estaba inundada, y
muchos de los que fueron con nosotros, enfermos. Queríale poco la gente,
y él no se avenia bien con ella, porque nunca habia tenido empleo de
importancia[35]. Diéronle calenturas muy fuertes, en los dos meses que
estuvimos en los Sococies; y aunque se hubiera muerto, lo hubiéramos
sentido poco. No hallé en esta provincia ningun indio que pasase de 40 ó
50 años, porque es tan enferma como la de Santo Tomas. Está situada
debajo del tópico de Capricornio, donde el sol está altísimo. Vi el
Carro en ella, ó la Ursa Mayor, cuya constelacion habiamos perdido de
vista cuando navegamos cerca de la isla de Santiago y Cabo Verde[36].

[Nota 35: _Esto es mentira, porque Alvar Nuñez fué por tesorero de
la infeliz armada, con que fué á la Florida Panfilo de Narvaez._
HERRERA, _Decada 4, lib. 2, cap. 4, fol. 26; cuya salida al nuevo Méjico
por tierra, con tres compañeros, es uno de los mayores sucesos de las
Indias, aun sin los prodigios que hicieron con los indios_. HERRERA, _en
la misma Decada, lib. 5. cap. 5, fol. 84, y Dec. 6, lib. 1, cap. 3, fol.
5._]

[Nota 36: _Debajo del trópico en que se dice está situada Sococi, es
la elevacion del Polo Antártico_ 22-1/2 _grados: allí se vé la Ursa
Mayor en la mayor altura algunas horas. Lo que dice el autor en cuanto á
haberla perdido de vista en la isla de Santiago, no parece verdad;
porque la Ursa Mayor aun puede verse, desde esta isla, 600 leguas hácia
mediodia, donde es su mayor elevacion, como se puede hacer patente en el
globo celeste. (Nota de_ HULDERICO HULSIO, _fol. 58.)_]

Mejorado el Adelantado, mandó armar 150 cristianos, que con 2,000 indios
fuesen en cuatro bergantines á la isla de los Sococies, que está á
cuatro leguas, y que los matasen, ó prendiesen todos, y especialmente
los que tuviesen 40 ó 50 años. Llegamos á su pueblo de improviso:
salieron de sus casas á recibirnos de paz con sus arcos y flechas; pero
levantándose pendencia entre ellos y los Cários, disparamos la
artilleria, matando mucho número: cautivamos cerca de 2,000 muchachos y
muchachas, saqueamos el pueblo, y ejecutado lo referido, con gran
injuria de aquellos pobres indios que tan bien nos habian tratado,
volvimos al Adelantado, que aprobó lo hecho; y viendo la mayor parte de
su gente enferma y flaca, y la poca aficion que le tenian,[37] se volvió
con ella, por el rio Paraguay, á la ciudad de la Asumpcion, donde le
repitieron las calenturas, y en catorce dias no salió de casa, mas por
soberbia que por su enfermedad: tratando mal y con poca decencia á los
soldados, que debiera tratar apaciblemente; dando sin aspereza las
órdenes,[38] respondiendo á todos con mansedumbre, haciéndoles creer que
era mas prudente y virtuoso que los súbditos.

[Nota 37: _Era causa de este odio que no dejaba cautivar á los
indios, ni hacerles los daños á que estaba acostumbrada esta gente_.
HERRERA, _Decada 7; lib. 2, cap. 11 y 12, fol. 198._]

[Nota 38: _El autor largo en estos consejos, fuera mejor que dijera
la verdad, pues en Cabeza de Vaca nunca hubo que reprender: solicitaba
observar las órdenes reales en favor de los indios; guardar las leyes
entre los españoles, é impedir el nuevo quinto, que sin razon habian
impuesto los Oficiales reales en el maiz, manteca, miel, pescados y
otros alimentos. Esto causó el odio de todos los que deseaban ser
ladrones y crueles con españoles é indios_. CABEZA DE VACA, _cap. 18,
fol. 16._]



CAPITULO XL.

_Es preso Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, y enviado al Rey, y en su lugar
elegido Domingo de Irala._


Viéndose la gente despreciada de Alvar Nuñez, determinó unánime, noble y
plebeya, enviarle preso al Rey; avisándole lo mal que se habia portado
en el gobierno. Y entraron en su casa, el dia de San Marcos, Alonso de
Cabrera, Francisco de Mendoza y Garcia Vanegas con 200 soldados, y lo
prendieron cuando menos lo recelaba:[39] Tuviéronle preso un año, hasta
que previnieron una caravela con bastimento, marineros y otras cosas
necesarias, para enviarle al Emperador con otros dos caballeros.

[Nota 39: HERRERA _Decada 7, lib. 9, cap. 11 y 12, fol. 199 y 200,
cuenta la verdad y causa de los rebeldes para esta maldad, y los falsos
testimonios que le levantaron para engañar al pueblo_. CABEZA DE VACA,
_cap. 74 y 75; y se admira_ BARCO, _canto 5, de que en España se
tolerase sin dar el castigo correspondiente: y mas, habiendo absuelto el
Consejo á Cabeza de Vaca, de que tanto le imputaron_. HERRERA, _Decada
7, lib. 11, cap. 13._]

Eligió despues la ciudad por capitan á Domingo de Irala, que habia
gobernado antes, y era muy amado de los soldados, que aprobaron la
eleccion; excepto algunos de los parientes y familiares de Alvar Nuñez,
de que no se hizo caso. Entonces estaba yo con hidropesia, que fué lo
que saqué de la jornada á Urtuesa, y de 80 que enfermaron, solo 30
sanaron.



CAPITULO XLI.

_Discordia de los cristianos, disposiciones de los Cários contra ellos:
los Yapirús y Nagases ayudan á los españoles._


Enviado á España Alvar Nuñez, empezó entre los cristianos tanta
discordia que ninguno deseaba el bien de otro: todo era pendencias y
riñas, sin que en mas de un año ninguno anduviese seguro, ni se
escusasen los ruidos causados por haber enviado á España á Alvar Nuñez.
Los Cários, hasta entonces nuestros amigos, tenian gran gusto en vernos
reñir, y trataron de matarnos á todos, ó echarnos de la provincia.

Toda la provincia de los Cários con otras, y los Agaces, se levantaron
contra nosotros; por lo cual, precisados, volvimos á la union primera, é
hicimos paz con los Yapirús y Nagases, naciones que tendrian 5,000
indios de guerra. Son belicosas en tierra y mar, no tienen mas comida
que caza y pesca; y sus armas son dardos como media lanza, no tan
gruesa, con puntas de pedernal. Usan llevar debajo de un ceñidor un palo
de cuatro palmos, y en el extremo anterior, una bola ó nudo. Tienen
tambien otras armas de un palmo de largo, con puntas armadas de un ancho
diente de pez que llaman _palometa_, semejante á nuestras tencas. Este
diente es agudo: de estas armas usan en el modo siguiente.

Empiezan la batalla con los dardos: cuando siguen al enemigo, arrojan
corriendo el palo á los pies para que caiga: si cae vivo ó muerto, le
cortan la cabeza con gran presteza, despues guardan el diente en el
cincho, ó en lo que llevan para este efecto: luego á la cabeza quitan
todo el pellejo, con el pelo, y bien seco le ponen en una pértiga larga
que cuelgan en los templos, en memoria de su hazaña, como nuestros
capitanes hacen con sus trofeos. Vinieron finalmente á ayudarnos 1,000
indios de guerra Yapirús y Nagases que nos sírvieron con mucho gusto y
provecho.



CAPITULO XLII.

_Vencen á los Cários los cristianos, auxiliados de los Yapirús y
Nagases, y ganan á Froemidiere y Acaraiba._


Salimos de la Asumpcion, con nuestro general, 350 cristianos, y los
1,000 indios, distribuidos de forma, que siempre tres asistiesen á un
cristiano: llegamos á tres leguas de los Cários, que eran 15,000,
gobernados de su cacique Mayrairú; y aunque nos pusimos á media legua de
ellos, no los envestimos por estar cansados del camino, y muy mojados de
la continua lluvia: ocultámonos en un bosque, en que habiamos pasado la
noche.

A las seis de la mañana del dia siguiente, empezamos á marchar, y á las
siete los envestimos: duró la batalla hasta las diez, que huyeron
precipitadamente á meterse en _Froemidiere_,[40] pueblo que habian
fortificado, cuatro leguas de allí, quedando muertos 2,000, cuyas
cabezas llevaron los Yapirús. De los nuestros murieron diez, y algunos
heridos que enviamos á la Asumpcion, los demas seguimos á los enemigos
hasta Froemidiere, donde se habia metido el cacique Mayrairú con sus
indios. Tenia el pueblo fortificado como con muralla, con tres órdenes
de maderos, del grueso de un hombre, de un estado de alto; habian hecho
tambien hoyos, como los que quedan dichos, y en cada uno, cinco ó seis
estacas fijadas, y aguzadas como agujas. Estaba muy bien fortalecido, y
con guarnicion de indios fuertes: tuvímosle sitiado tres dias en vano.
Hicimos mas de 400 grandes y redondos broqueles, de los cueros de las
ovejas de Indias, que llaman _huanaco_: es tan grande este animal como
un mulo mediano, color azul, y no pati-tendido; en lo demas semejante al
asno, y es buena comida. Tiene la piel de medio dedo de grueso, y hay
muchos en esta provincia. Estos broqueles dimos á algunos indios
Yapirús, con una hoz; y entre dos indios poniamos un arcabucero. Entre
dos y tres de la mañana acometimos al pueblo, por tres partes, y á las
tres horas, destruidas las palizadas, entramos, haciendo grande estrago
en indios, mugeres y muchachos, aunque la mayor parte de ellos huyó á
Acaraiba, pueblo suyo, que estaba veinte leguas de Froemidiere, el cual
habian fortificado cuanto pudieron. Volviéronse á juntar los Cários en
gran número, y pusieron su ejército cerca de un áspero bosque, para
ampararse en él si perdian tambien este pueblo. A las cinco de la tarde
llegamos, persiguiendo los Cários, hasta Acaraiba, y sitiámosle:
sentando los ataques en tres parages, y dejamos centinelas en el bosque.
Entonces nos llegó el socorro que habiamos pedido para suplir los
muertos y heridos, y era de 200 cristianos, y 500 Yapirús y Nagases de
la Asumpcion, con que se aumentó nuestro ejército á 450 cristianos y
1,300 indios. Tenian los Cários fortificado á Acaraiba con palos y
fosos, mucho mas que los otros pueblos, y ademas habian hecho unos
instrumentos como ratoneras, junto al pueblo, que si hubieran tenido el
efecto que ellos pensaban, cada una habria cogido veinte ó treinta
hombres. Estuvimos sobre él cuatro dias sin poder hacer nada: hasta que
un indio Cário, que habia sido su capitan, y era dueño del pueblo, vino
de noche al general, pidiéndole con gran instancia, que no le
destruyésemos con fuego, ofreciendo, si le permitíamos, dar traza y
forma de tomarle. Prometíole el general, que no recibiria ningun daño,
asegurándole lo cumpliria. Con lo cual mostró dos sendas en el bosque
que iban á dar al pueblo, diciéndonos que, cuando él hiciese fuego
dentro de él, habiamos de envestirle. En la misma forma que se habia
tratado, se ejecutó: entramos al pueblo, y dimos muerte á muchos indios,
y los que creian escapar, huyendo, caian en manos de los Yapirús, que
mataban la mayor parte: sus mugeres é hijos quedaron libres, porque los
tenian escondidos en un gran bosque, una legua de allí.

[Nota 40: _Este nombre no se halla en ninguna otra história, y
dudamos que sea correcto, porque nada expresa en guaraní._--EL EDITOR.]

Los que escaparon de este estrago, se refugiaron al cacique Taberé, en
su pueblo, llamado Hieruquizaba, 40 leguas de Acaraiba: no pudimos
seguirlos, porque iban quemando y robando por donde pasaban, quitando
todo el bastimento y comida. Estuvimos cuatro dias en Acaraiba,
reparándonos del trabajo, y curando los heridos.



CAPITULO XLIII.

_Vueltos á la Asumpcion, se encargan de otra espedicion, suben el rio en
las náos, y toman á Hieruquizaba, perdonando á Taberé._


Volvimos á la ciudad de la Asumpcion, con ánimo de repetir el viage por
el rio, buscando el pueblo de Hieruquizaba, donde vivia el cacique de
los indios, Taberé. En la Asumpcion estuvimos catorce dias,
previniéndonos de armas, municiones, bastimentos y otras cosas para la
jornada referida. El general, que ya tenia cerca de 60 años de edad,
procuraba aumentar españoles é indios á su ejército, para reemplazar
enfermos y heridos, en las batallas y tomas de pueblos.

Compúsose la armada de nueve bergantines y 200 canoas, en que iban 1,500
Yapirús: subimos por el rio Paraguay, para buscar el pueblo de
Hieruquizaba, donde habian huido los Cários; que dista 46 leguas de la
Asumpcion, y en este viage se nos juntó el cacique, que dió la traza de
tomar á Acariaba, con 1,000 Cários, contra Taberé.

Dispuesta la gente en tierra y agua, marchamos, y nos pusimos á dos
leguas de Hieruquizaba, y el general envió dos indios Cários á decir á
Taberé hiciese volver al pueblo los huidos, con sus mugeres, hijos y
hacienda, y que diesen la obediencia á los cristianos como antes: y que
si lo reusaba, los echaria á todos de aquella provincia. Taberé
respondió, que ni conocia al general, ni á los cristianos: que
envistiesen luego, que los habia de matar, arrojando huesos contra
ellos. Mandó dar de palos á los embajadores, y los despidió,
amenazándolos, que si no se huian de los cristianos, los habian de
matar.

El general, viendo el mal éxito de su embajada, marchó con todas sus
fuerzas, distribuidas en cuatro escuadrones: llegamos al rio Ipané, que
es tan ancho como el Danubio; tiene medio estado de hondo, y en algunas
partes mas: crece con las inundaciones, tanto algunas veces, que no se
puede andar por tierra.

Habíamos de pasar este rio, pero los indios estaban defendiendo este
paso, y nos hacian tan gran daño, que si no fuera por la providencia de
Dios, y la artilleria que se disparaba bien, hubiéramos perecido. Pero
le pasamos, y en las naves llegamos á la otra ribera: lo cual visto por
los indios, huyeron á meterse en su pueblo, á media legua de allí.
Seguímoslos con tanta prisa, que casi al mismo tiempo llegamos al pueblo
Hieruquizaba, al cual sitiamos, sin que ninguno pudiera entrar ni salir:
usamos despues de los escudos de huanaco y segures, como queda dicho, y
aquella tarde entramos al pueblo, dando muerte á muchos indios, y
reservando sus mugeres é hijos para cautivos, como habia mandado el
general. Muchos indios escaparon huyendo, y los amigos Yapirús
consiguieron el despojo de 1,000 cabezas de sus enemigos.

Despues vinieron los Cários huidos, con su cacique, pidiendo perdon al
general, y que se les restituyesen sus mugeres é hijos, ofreciendo la
obediencia, y servir como antes: y el general les perdonó.

Y perseveraron despues firmes en nuestro servicio, todo el tiempo que
estuve yo en aquella provincia. Duró esta guerra medio año, desde 1546.



CAPITULO XLIV.

_Vuélvese el general á la Asumpcion, y entra la tierra adentro buscando
oro y plata._


Acabada la guerra, se volvió el general con la gente en las naves á la
Asumpcion, y descansamos dos años enteros, sin que en tanto tiempo
viniese navio de España; y por no estar ocioso el general, propuso á los
soldados si tendrian á bien que entrase la tierra adentro con alguna
gente. Todos convinieron en lo que decia, y separó 350 españoles, á los
que ofreció, si iban con él, juntarles indios y cuidarles de vestidos,
caballos y lo demas necesario. Alegres todos, admitieron la oferta:
llamó á los Cários, y preguntóles si querian ir con él 2,000? Y al punto
se ofrecieron á servirle como estaban obligados.

Pasados dos meses, salió nuestro general el año 1548, subiendo el rio
Paraguay con siete bergantines y doscientas canoas. La gente que no cupo
en las náos, fué por tierra, con 130 caballos, y se volvió á juntar
cerca del alto y redondo monte de San Fernando, distante 92 leguas de
la Asumpcion, que habitan los Payaguás. Hizo el general volver desde
allí á la Asumpcion cinco bergantines con las canoas, y dejó los otros
dos con 50 españoles, proveidos para dos años; por capitan á D.
Francisco de Mendoza,[41] con órden de mantenerse en aquel sitio dos
años, encargándole tuviese gran cuidado con los indios, no le sucediese
lo que á Juan de Oyolas, hasta que volviese.

[Nota 41: BARCO, _can. 1._ ARTUS _en su traduccion dice que fué
Pedro Diaz. cap. 24 al fin, fol. 45._]

Empezó su viage con 300 cristianos, 130 caballos y 2,000 Cários, y en
ocho dias continuos no halló nacion alguna. Al noveno, y á las treinta y
seis leguas del monte de San Fernando, dimos en los Naperús, indios que
se mantienen de caza y pesca. Son altos y robustos. Las mugeres son
feas, y desde la cintura á la rodilla traen un paño. Cuatro dias despues
llegamos á los _Mapais_,[42] nacion muy populosa. Son tan sugetos á sus
principales, que precisan á los indios á servirlos, como sirven en
Alemania los rústicos á los nobles.

[Nota 42: _Ignoramos cual sea esta tribu, de la que ninguna mencion
se hace en las demas histórias de la conquista._--EL EDITOR.]

Tienen abundancia de frutos de maiz, mandioca, batatas, mandubí,
pacobas, y otras raices y cosas de comer. Hay muchos ciervos, ovejas
indias, avestruces, anades, gansos, gallinas y otras muchas aves. En los
bosques hay mucha miel, que gastan en hacer vino y otros usos; y cuanto
mas adelante se camina, tanto es mas fértil la tierra. Todo el año hay
maiz y raices que comer en esta provincia.

Las ovejas, que llaman _huanacos_, son de dos géneros, domésticas y
monteces, de que usan para carga, andar á caballo y otros ministerios,
como usamos de los caballos: y en esta jornada, por estar malo de una
pierna, anduve mas de cuarenta leguas en una. En el Perú portean las
mercaderias en ellas.[43] Los indios son altos y belicosos, que solo
cuidan de las cosas de guerra: las indias son hermosas, y andan
cubiertas como las antecedentes. No trabajan en el campo, antes los
indios tienen el cuidado de sustentar la familia, ni en casa hacen mas
que hilar ó teger algodon, ó guisar la comida á los maridos, ó
servirlos en otras cosas agradables, lo cual hacen tambien con otros
compañeros fácilmente.

[Nota 43: _De estas ovejas escriben_ ACOSTA, _(lib. 4, cap. 36 y 41;
y_ LOPEZ, _part. 2, cap. 142), que no se hallan en otra parte que en la
tierra del Perú, y que son de dos géneros, domésticas y silvestres, de
las cuales estas tienen mas blanda la lana, aquella gruesa. Pueden
llevar desde 50 á 100 libras de carga: tambien se usa andar en ellas á
caballo, pero despacio. Fatigadas, vuelven la cabeza al caballero, y
échanle en la cara una agua que hiele: echadas con la carga, no se
levantan, aunque las maten á palos, y quitandoles la carga, se levantan.
Al vivo van pintadas; pero mejor_ GARCILASO, _Comentários Reales, tom.
I._]

Salieron los Mbayás á recibirnos, á menos de media legua de este pueblo,
junto á un lugarillo, donde decian, aleve y traidoramente, que
sosegasemos aquella noche, y nos asistirian con cuanto necesitásemos; y
para asegurar la traicion que trataban, dieron al general tres indias
muchachas, cuatro coronas de plata, que suelen traer en la cabeza, y
cuatro planchas, cada una de medio palmo de largo, y la mitad de ancho,
que se ponen en la frente por adorno. Creimos estaban de paz, y nos
alojamos en el lugarillo: y acabada la cena y puestos centinelas,
dormimos hasta cerca de media noche, que el general echó menos las tres
indias, y buscándolas, se alborotó el ejército, y sospechando mal de los
Mbayás, secretamente se mandó al amanecer que todos estuviesen en su
alojamiento prevenidos con sus armas, y prontos á egecutar lo que se les
órdenase.



CAPITULO XLV.

_De los pueblos Mbayás, Chanás, Tobas, Peyonas, Mayegoni, Morronos,
Paronios y Simanos_.[44]

[Nota 44: _Casi todos los nombres indios de este capítulo y de los
que siguen, son ininteligibles, y los hemos puesto en letra bastardilla,
para que se distingan. Lo único que puede decirse es que pertenecen á
naciones fronterizas del Perú, en las provincias de los Chiriguanos y
los Chiquitos._--EL EDITOR.]


Imaginando los indios que estabamos durmiendo, de improviso nos
embistieron 2,000, los cuales fueron presto desbaratados, con muerte de
mas de la mitad, y el resto huyó al pueblo, adonde velozmente los
seguimos y entramos en él, pero no hallamos á ninguno, ni sus mugeres é
hijos. Siguiólos el general con 150 arcabuceros y 2,500 indios á gran
prisa, por tres dias y dos noches, sin parar mas de á comer, y á
descansar cuatro ó cinco horas de noche.

Al tercero dia cogimos en un bosque muchos Mbayás con sus hijos y
mugeres, pero no eran los que buscabamos, sino amigos suyos, que no
tenian el menor recelo de que fuesemos á ellos: no obstante pagaron por
los culpados, pues cuando dimos en ellos, matamos y cautivamos, con
indias y sus hijos, cerca de 3,000, y sino anochece, ninguno escapa,
porque todo el gran número de este pueblo se juntó en un monte rodeado
de bosques. Pillé en el despojo 19 indios é indias no muy viejas, y
otras cosas.

Volvimos al real, donde estuvimos ocho dias, porque teniamos comida
bastante. Desde los Mbayás al monte de San Fernando, hay 50 leguas, y
desde los Naperús, 36.

Prosiguiendo el camino, llegamos á los indios Chanás, súbditos de los
Mbayás, al modo que los rústicos de Alemania á sus Señores: hallamos en
esta jornada maizales y raices sembradas y cultivadas, que en esta
tierra duran todo el año: pues cuando uno recoje la cosecha, otra está
madurando y otra se siembra, y así en cualquier tiempo se hallan en los
campos cosas frescas que comer. De allí fuimos á otro pueblo, cuyos
indios huyeron al vernos, y nos dejaron abundancia de comida, que nos
detuvo dos dias: á las seis leguas llegamos á los indios Tobas, que se
habian huido, y estaban bien prevenidos de comida; son tambien sugetos á
los Mbayás.

Proseguimos el viage sin hallar indios; y á los siete dias llegamos á la
nacion de los _Peyonas_, que está á 14 leguas de los Tobas. Salió el
cacique del pueblo á recibirnos de paz, acompañado de gran multitud de
indios, rogando encarecidamente al general, escusase entrar en el
pueblo, poniendo su real en el sitio donde nos recibió. Pero el general
no le atendió, y con buenas palabras por el camino derecho, que quiso y
que no quiso el cacique, se entró al pueblo, en que habia muchas
gallinas, gansos, ciervos, ovejas, avestruces, papagallos, conejos y
otros semejantes; mucho maiz y raices, de que es fertilísima aquella
tierra: pero muy falta de agua, y de plata y oro, por el cual no nos
atrevimos á preguntar; porque las demas naciones por donde habiamos de
pasar, no supieran lo que apetecíamos, y huyesen. Tres dias nos
detuvimos con estos _Peyonas_, y el general se informaba de la
naturaleza y condicion de esta provincia, y al despedirnos nos dieron
una guia, que nos llevase por camino que hubiese agua que beber. Y á las
cuatro leguas llegamos á la nacion llamada _Mayegoni_, donde estuvimos
un dia, y tomando guia y lengua, partimos. Eran estos indios muy
apacibles, y nos dieron todo lo que habiamos menester. Caminadas ocho
leguas, llegamos á la nacion de los indios _Morronos_: recibiéronos
tambien de paz, y estuvimos dos dias con ellos; y tomada relacion de la
naturaleza y calidad de la tierra, con nueva guia proseguimos nuestro
camino, y á las cuatro leguas llegamos á otra nacion, no tan populosa,
llamada _Paronios_; tendrá 3,000 indios de guerra: allí nos detuvimos
un dia, aunque tenian poca comida. A las doce leguas entramos en otra
nacion, cuyos indios se llaman _Simanos_. Su pueblo está situado en un
collado alto, y rodeado de espinos y monte bajo como muralla. Juntáronse
muchos, y nos recibieron de guerra, con sus arcos, flechas y otras
armas. Duró poco su soberbia, pues vencidos, desampararon su pueblo,
habiéndole quemado antes: pero los campos nos daban bastante comida.



CAPITULO XLVI.

_De los Barconos, Leyhanos, Carconos, Sivisicosis y Samocosis_.


A 16 leguas de esto pueblo, que caminamos en cuatro dias, llegamos de
repente cerca del pueblo de los indios _Barconos_, que no sabiendo que
ibamos, empezaron á huir: pero á nuestra instancia se detuvieron. Les
pedimos comida, y prontamente trageron con abundancia, gallinas, ganzos,
ovejas, avestruces, ciervos y otras cosas, y con gran contento de los
indios nos detuvimos cuatro dias, tomando noticias de la tierra. De
allí, en tres dias, entramos á los indios _Leyhanos_, nacion que habita
á doce leguas de los _Barconos_: tenian poca vitualla, porque la
langosta habia destruido casi todos los frutos, y por no gastar lo que
llevábamos, volvimos á caminar, pasada la noche; y en cuatro dias
anduvimos 16 leguas, y llegamos á otra nacion llamada _Carconos_, que,
aunque habian padecido la misma plaga, tenian mas comida. Informaron, en
un dia que nos estuvimos, de que en 24 ó 30 leguas, que distaba la
nacion de los indios Sivisicosis, no hallariamos agua. Llegamos á ella á
los seis dias, con gran trabajo; pues aunque los _Carconos_ nos
proveyeron, morian de sed algunos de los nuestros, si en este viage no
encontráramos una raiz, que estaba fuera de la tierra, de que salian
grandes hojas, en que habia agua tan firme como en un vaso, que no se
derramaba, ni fácilmente se consumia; y tendria cada una medio
cuartillo. Dos horas de noche, estando cerca del pueblo de los
Sivisicosis, intentaron huir, con sus muyeres é hijos, pero el general
despachó una lengua, para que se estuviesen quietos en sus casas, y sin
miedo alguno, que no se les haria daño: y así lo hicieron. Habia gran
falta de agua en aquella provincia, y mayor por no haber llovido en tres
meses, para llenar los algibes en que la recogen, ni tenian rios, ni
otra bebida que la que hacen de la raiz de mandioca, en esta
forma:--Echaban en un mortero las raices machacadas, y sacaban el zumo
de color de leche: si puede hallarse agua, hacen vino tambien de estas
raices. Solo habia un pozo en este pueblo, en que me puso el general de
centinela, para distribuir el agua á cada año, segun la medida dada por
él: y aun con estas providencias teniamos grandes trabajos por la falta
de agua, y tantos, que no nos acordábamos del oro y plata, que todo era
clamar por agua. Este empleo me facilitó la gracia, favor y benevolencia
de muchos, porque en su distribucion no era muy escaso, pero cuidando
que no faltase agua, y solo por ella tienen guerra los Sivisicosis con
los vecinos. Dos dias estuvimos en este pueblo, y dudando si habiamos de
pasar adelante ó volvernos, echamos suertes, y salió que prosiguiésemos.
Informóse el general de la tierra, y los indios dijeron que en seis dias
de camino llegaríamos á los indios Samocosis, y que en él hallariamos
dos arroyos buenos para beber: con lo cual proseguimos el viage,
llevando algunos Sivisicosis para guias, que huyeron la primera noche,
dejándonos confusos para hallar el camino: pero le acertamos, y dimos
con los indios Samocosis, que nos recibieron de guerra, sin querer oir
paz: pero fácilmente los desbaratamos y huyeron. En la batalla prendimos
algunos, que nos dijeron, que en aquel pueblo habia dejado enfermos tres
cristianos Juan de Oyolas, cuando fué á reconocer aquella tierra de
órden de D. Pedro de Mendoza (como se contó largamente en el capítulo
25). Pues á estos tres cristianos, que uno se llamaba Gerónimo, y era
trompeta, decian los Samocosis los habian muerto cuatro dias antes que
llegásemos; instados por los Sivisicosis. Pagaron bien esta maldad, pues
estuvimos catorce dias en el pueblo para saber donde se habian retirado:
y averiguado que estaban en un bosque, aunque no todos, fuimos contra
ellos, matamos muchos, y cautivamos los demas, los cuales nos informaron
de la naturaleza y costumbres de esta provincia y sus indios.



CAPITULO XLVII.

_De los pueblos Maigenos y Carcokies_.


Entre otras cosas, supo el general, que la nacion de los indios
_Maigenos_ distaba cuatro dias de camino. Partimos á buscarla, y nos
recibieron de guerra, aunque procuramos la paz. El pueblo estaba situado
en un collado, y rodeado de un espeso y ancho espinal por todas partes,
tan alto como un hombre con la espada levantada en la mano.

Vista su obstinacion avanzamos, con los Cários, el pueblo, por dos
partes: nos mataron los _Maigenos_ doce cristianos y algunos Cários, que
nos sirvieron muy bien: pero prosiguiendo con mayor esfuerzo, le
entramos por fuerza, y los _Maigenos_ le pusieron fuego y huyeron: esto
causó la destruccion de muchos, que pagaron con la vida la culpa de sus
compañeros.

Ocho dias despues, 500 Cários armados, con gran secreto, y sin saberle
nosotros, se fueron dos ó tres leguas del real, á buscar los _Maigenos_
que huyeron: y habiendo dado en ellos, pelearon con tanta obstinacion
que murieron 300 Cários é ¡numerable multitud de los _Maigenos_, que
eran tantos, que ocupabon cerca de una legua. Los Cários enviaron á
pedir al general socorro, avisándole que los _Maigenos_ los tenian
cercados por todas partes, sin poder volver ni ir adelante. Despachó
luego el general 150 cristianos, con algunos caballos, y 1,000 Cários,
dejando los demas soldados en guarda del real, por si los _Maigenos_ le
acometian. Apenas nos divisaron los _Maigenos_, cuando levantaron sus
reales y huyeron, y auque los seguimos con cuanta prisa fué posible, no
los pudimos alcanzar: pero nos admiró el destrozo que habian hecho los
Cários en los enemigos, y los que habian quedado vivos volvieron con
nosotros, á nuestro real, muy contentos.

Hallamos en el pueblo gran abundancia de comida, por lo cual nos
detuvimos cuatro dias en él: juntámonos despues, y pareciéndonos que
estabamos informados medianamente de la tierra, su calidad y frutos,
pareció á todos proseguir el viage; y caminando trece dias continuos, en
que andariamos 52 leguas, segun decian los que entendian de las
estrellas, llegamos á la nacion de los indios _Carcokies_: de allí, en
nueve dias, entramos en otra provincia, de seis leguas de ancho y largo,
la cual estaba toda cubierta de sal, tan espesa y blanca que parecia
nevada, y que nunca se deshace.

Descansamos dos dias en esta tierra salada, dudando el camino que
seguiríamos; pero se eligió el derecho, y á los cuatro dias entramos en
la provincia de los _Carcokies_: y el general, estando á cuatro leguas
de su pueblo, envió 50 cristianos y 50 Cários, para que nos diesen
alojamiento. Entramos en el pueblo, y vimos la mayor multitud de indios,
que jamas habiamos hallado tantos juntos; y congojados dimos aviso al
general para que nos socorriese luego.

El general se puso en marcha aquella misma tarde, y llegó á nosotros
entre tres y cuatro de la mañana. Los _Carcokies_, viéndonos pocos,
tuvieron por cierta la victoria: pero entendiendo que el general nos
habia seguido, se entristecieron y por fuerza, y por conservar á sus
mugeres é hijos que estaban en el pueblo, nos asistian en todo,
trayéndonos carne de ciervos, y otras fieras y aves, gansos, gallinas,
ovejas, avestruces, conejos, maiz, trigo, arroz y algunas raices, de que
era abundante esta provincia.

Traen estos indios en los labios una piedra azul, como dado, sus armas
son dardos, lanzas y rodelas de cueros de huanaco.

Las indias traen horadados los labios con un agugero chico, y en él un
poco de cristal azul ó verde, visten camisetas de algodon, sin mangas;
son bastantemente hermosas, hilan, y cuidan de la casa, y los indios
labran los campos, y cuidan lo demas necesario á la familia.



CAPITULO XLVIII.

_Del rio Guapás y su pueblo cerca del Perú, y como partieron dos
mensageros á Potosí, Plata y Lima._


Tomamos algunos _Carcokies_ por guias para pasar adelante, y á los tres
dias de camino huyeron: proseguimos sin ellos, y llegamos al rio Guapás,
de media legua de ancho. Nos era imposible pasarle sin riesgo, y para
evitarlo, cada dos soldados hicimos una balsilla, ó red de palos y
sarmientos tegidos, en que, llevados del rio, pudiésemos tomar la otra
ribera; en este paso se ahogaron cuatro compañeros. Tiene este rio peces
muy sabrosos: hay en la tierra muchos tigres.

Estando una legua distante del pueblo, situado á cuatro del rio,
salieron sus indios á recibirnos, convidándonos, en lengua española, de
que al principio nos espantamos.[45] Preguntámosles, qué señor tenian,
y quien era su corregidor?--Respondieron que eran de cierto noble
español, llamado Pedro Anzures.

[Nota 45: HERRERA, _Decada 7, cap. 15, fol. 235_]

En este pueblo hallamos alguna gente, y unos animalillos como pulgas[46]
que andan saltando, y si pican en los dedos de los pies, ó en otra parte
del cuerpo, van entrándose y royendo, hasta crecer como gusanillos,
semejantes á los que se hallan en las avellanas. Si se acude con tiempo
á sacarlos, no hacen daño; pero si se dilata el remedio, se pierden los
dedos enteros.

[Nota 46: _Son las niguas, que los Tupís llaman_ Attune. JUAN
STADIO, _Historia del Brasil, lib. 2, cap. 23._]

Desde la Asumpcion hasta este pueblo, segun la cuenta de los astrónomos,
hay 372 leguas: allí estuvimos veinte dias, y al fin de ellos llegó una
carta de Lima, ciudad del reino del Perú en la cual vivia, y era virey ó
presidente, el Licenciado de la Gasca, que es aquel por cuya órden fué
degollado Gonzalo Pizarro con otros, nobles y plebeyos, y otros
condenados á galeras.

En ella mandaba, de órden del Rey, que pena de la vida, no pasase el
general adelante, sino que esperase nuevas órdenes en el pueblo de los
Guapás. Cuya detencion fué, porque temia Gasca que si entrásemos en el
Perú, y se movia alguna sedicion contra él, nos juntaríamos con los
secuaces de Pizarro que andaban huidos; como sin duda hubiera sucedido,
si nos hubiésemos juntado.

En fin Gasca y el general se concertaron, quedando este muy contento con
las dádivas que le envió: todo lo cual se hizo sin saberlo los soldados;
que si lo penetráramos, le hubiéramos enviado al Perú atado de pies y
manos.

Envió despues el general cuatro soldados al Licenciado Gasca, que eran,
el capitan Nuflo de Chaves, Agustin de Campos, Miguel de Rutia y Rui
Garcia. Llegaron primero á Potosí, donde enfermaron y se quedaron Rutia
y Garcia; despues á otra llamada Cusco, de allí á la Plata,[47] y en fin
á la metrópoli Lima. Estas son las cuatro principales y opulentísimas
ciudades del Perú. Allí Chaves y Campos se embarcaron y llegaron á Lima,
al Presidente: el cual habiendo oido la relacion de todas las provincias
del Rio de la Plata, sus calidades y gentes, los mandó hospedar y tratar
esplendidamente, regalándolos con 2,000 ducados: y mandó á Chaves que
volviese á escribir al general, que no dejase entrar á los soldados en
el Perú, hasta nueva órden, como se lo habia mandado, y que procurase no
hiciesen agravio á los indios, ni permitiese se les quitase nada, si no
es la comida. Bien sabíamos que tenian vasos de plata, pero porque
estaban sugetos á español no nos atrevimos á quitarles nada.

[Nota 47: _Esta ciudad, de que hace aquí mencion el autor, fué
fundada por el capitan Peranzures, año 1538, y la llamó Plata, (que es_
Argentum), _por la abundancia de ella_.]

El mensagero que traia la carta fué cogido por cierto español, llamado
_Parnauvie_, de órden del general; porque estaba con gran cuidado,
temiendo no le viniese nombrado sucesor del Perú en su gobierno y de su
gente, que ya sabia estaba nombrado[48], y por eso mandaba á
_Paranauvie_ que guardase diligentemente los caminos y recogiese las
cartas que hallase, y se las llevase á los Cários: lo cual se hizo.[49]

[Nota 48: _Era Diego Centeno, á quien el licenciado Gasca señaló
límites en la gobernacion, y le dió la instruccion que refiere_.
HERRERA, _Decada 8, lib. 5, cap. 1 y 2, fol. 96. Pero murió antes de
ir._ HERRERA, _Decada 8, lib. 4, cap. 15, fol. 88._]

[Nota 49: _Lo que se dice aquí que llegaron á los Guapás, y que
despues recibió cartas de Lima, ciudad real, que es metrópoli del Perú
donde reside el virey y está la suprema Audiencia, es menester que
sucediese el año 1549; porque el año de 1548 el Señor Gonzalo de Pizarro
fué condenado á muerte en el mes de Abril, por el Presidente licenciado,
(ó como quiere Lopez), D. Pedro la Gasca, año de 1550: y el dicho la
Gasca en Julio ya habia vuelto á España,[50] y su vuelta pone_ (HERRERA,
_Decada 8, lib. 6, cap. 7, fol. 130, en este año de 1550.) Que el Potosí
y la Plata, de cuyos lugares se hace aquí mencion, y á que muy cerca
llegó este general, abundasen de plata, lo escribe el dicho_ LOPEZ,
_cap. 13, de su Historia de Indias, y que cien libras de metal, que se
sacaban de las minas de Potosí, dejaban cincuenta de plata pura: mas
estas minas de plata fueron halladas año de 1547, como dice_ PEDRO DE
CIEZA, _Crónica, cap. 110, lib. 4, cap. 6._ HERRERA, _Decada 8, lib. 2,
cap. 14, fol. 40; ó como_ ACOSTA, _año 1545. De suerte que, estando el
general en Guapás, no eran acaso tan conocidas y célebres, aunque el
Emperador en el mismo año 1549 recibia por su quinto real, cada semana,
treinta mil, y muchas veces cuarenta mil libras de plata: y en lugar de
jornal se daba á los mineros, por el trabajo de una semana, una, y
algunas veces, dos libras de plata. Tambien escribe_ ACOSTA _que hubo
tanta abundancia de plata en el Perú, que en mucho tiempo ni se labró ni
se acuñó: y que no se usaba moneda acuñada de que al Cesar habia de
pagarse el quinto real; de suerte, que muchos piensan que ni aun la
tecera parte se hacia moneda, ni se le pagaba el quinto. Sin embargo, se
dice que tocaron al Emperador, por el quinto, desde el año en que se
descubrieron las minas, hasta el año 1564, setenta y seis millones; y
desde el año de 1564 hasta el de 1585, treinta y cinco millones. Hasta
aquí_ LOPEZ, CIEZA y ACOSTA. (HERRERA, _Decada 8, cap. 15, lib. 2, fol.
5._) (_Nota de_ HULSIO.)]

[Nota 50: Pero este argumento es débil, y no tiene conexion con los
hechos que se alegan, porque el año de 1548, fué cuando Nufla de Chaves
llegó á Lima y Domingo de Irala se volvió á la Asumpcion, y prosiguió en
su gobierno por la muerte de Diego Centeno y Diego Sanabria. HERRERA,
_Decada 8, lib. 5, cap. 1, par. 2, fol. 96._ (Nota de BARCIA.)]



CAPITULO XLIX.

_De la fertilidad de la tierra de Guapás, y como volvimos á las náos_.


La provincia de los Guapás es de tanta fertilidad, que en todo nuestro
viage no la hallamos, ni vimos igual, ni semejante: porque si un indio
hiende un árbol con una hocecilla, destila, y él coge cinco ó seis
medidas de miel, tan pura como si fuera mosto, y comida con pan ó con
otras cosas, es muy agradable manjar: hacen tambien de ella vino del
mismo sabor que él mosto, aunque mas suave, y las abejas que la labran
son pequeñas y sin aguijon. El general dió en maquinar con los soldados,
que no podíamos estar aquí por falta de bastimento: mas si hubiéramos
sabido que tendríamos gobernador y provision, no hubiéramos dejado la
provincia, y fácilmente halláramos lo necesario. En fin, forzados á
volver, llegamos á los _Carcokies_, que ya habian huido con sus mugeres
é hijos, y mejor les hubiera sido no hacerlo: envió el capitan otros
indios á decirles volviesen á su pueblo, no temiendo nada, que no les
haríamos mal. No hicieron caso del mensage: antes respondieron, que
cuanto antes desamparásemos su pueblo, que si no, nos echarian de él con
las armas: con lo cual marchamos contra ellos. Queriamos algunos escusar
esta jornada, diciendo al capitan que podria ser esta guerra de
perjuicio para toda la provincia; porque, si se intentaba hacer camino
desde el Rio de la Plata al Perú, faltaria bastimento á los que
caminasen. Pero el capitan y los demas soldados despreciaron nuestro
dictámen, y manteniendo el suyo, prosiguieron la marcha: y llegado á
media legua de los _Carcokies_, ya se habian plantado á la falda de un
monte, cerca de un bosque, para escapar si los venciésemos. Sirvióles de
poco su prevencion, porque embestimos, y matamos cuantos pudimos, y
cautivamos cerca de mil en esta batalla. Dos meses nos detuvimos en este
pueblo, que era muy grande: volvimos al monte de San Fernando, donde
habiamos dejado dos navios (como se dijo en el capítulo 44). Gastamos en
este viage año y medio, sin hacer otra cosa que pelear continuamente, y
cautivamos 12,000 indios, indias y muchachos, que los forzábamos á que
nos sirviesen como esclavos, y yo tenia cincuenta.

Supimos por la gente de las naves, las discordias que, estando nosotros
ausentes, habian nacido entre Diego de Abreu, sevillano, capitan, y
Francisco de Mendoza, á quien el general dejó por capitan de la gente.
Diego de Abreu intentaba privarle del gobierno, y resistiendo D.
Francisco de Mendoza, creció el odio de suerte que, habiéndose alzado
Abreu con el gobierno, hizo matar á Mendoza.



CAPITULO L.

_Diego de Abreu se opone al general, y el autor recibe carta de
Alemania._


No contento Abreu con esta maldad, tumultuó la provincia, ciudad y
presidio de la Asumpcion, y trataba de enviar gente contra nosotros que
ibamos acercándonos con nuestro general. Pero Abreu no quiso abrirle las
puertas, ni entregarle la ciudad, ni reconocerle por superior.

Viendo el general tan declarada rebelion, sitió la ciudad con todas sus
fuerzas, cercándola toda, y advirtiéndole que iba de veras: los soldados
de la plaza cada dia se venian á nuestro campo, pidiendo perdon al
general; con lo cual conoció Diego de Abreu que no podia fiarse de su
gente, y temiendo que de noche le cogiésemos, ó que la ciudad se
entregase por tratos[51] (lo cual sucederia), con acuerdo de cincuenta
de sus íntimos compañeros y amigos, la desamparó, y se entregó al
general. Al instante que salió de ella, pidiéronle todos perdon, que
concedió francamente.

[Nota 51: HERRERA, _Decada 7, lib. 10, cap. 15, fol. 236. Decada 8,
lib. 2, cap. 17, fol. 43._]

Abreu, con los 50 cristianos que le seguian, se desvió 30 leguas de la
plaza, donde no podíamos hacerle daño, y él nos lo hacia desde cualquier
parte. Duró dos años esta guerra, sin vivir seguro el general ni Abreu,
porque este andaba con los suyos, vagando como salteadores de caminos,
no omitiendo ocasion de maltratarnos. Viendo el general la falta de
sosiego, determinó concordarse con Abreu, proponiendo casar sus dos
hijas con Alonso Riquelme y Francisco de Vergara, parientes de Abreu, el
cual aceptó el partido. Y ejecutados los casamientos con varios pactos,
cesaron las inquietudes.

En este tiempo, dia de Santiago de 1552, recibí, por mano de Cristoval
Rieser, corredor de los fucares en Sevilla, una carta de Sebastian
Nidhart, que me escribia en nombre de mi hermano Tomas Schmidel,
encargándome que procurase volver á mi patria.



CAPITULO LI.

_Pide licencia el autor, y bajando por el rio Paraguay, sube por el
Paraná._


Llevé luego la carta al general, y le pedí licencia para el viage. Al
principio la reusaba; y habiéndole referido mis largos trabajos y
molestos servicios, y la fidelidad continua con que los habia ejecutado
en el servicio del Rey, y que en todo este tiempo considerase cuantos
peligros y miserias haba sufrido, y cuantas veces puse la vida por el
mismo general, sin haberle dejado jamas, me dió licencia con mucho
honor, y cartas para el Rey: en que, despues de dar cuenta de todas las
provincias del Rio de la Plata, ponderaba lo que yo habia servido en
ellas. Habiendo llegado á Sevilla, entregué yo mismo estas cartas al
Rey, y le hice relacion de todas estas regiones, y sus circunstancias,
lo mas fielmente que pude.

Prevenido para mi viage, me despedí del general y de mis compañeros:
tomé veinte indios Cários, para que me llevasen mi ropa y otras cosas,
que de muchas mas habria necesidad en tan largo camino. Ocho dias antes
de partir, vino uno del Brasil, diciendo habia llegado navio de Lisboa,
que era de Juan Helsen, mercader de Lisboa, y Erasmo Schetzen, corredor
de Amberes: y por no perder esta ocasion, partí de la Asumpcion con mis
veinte indios, en dos canoas, por el Rio de la Plata, el dia de San
Estevan, á 26 de Diciembre de 1552: y al cabo de 46 leguas, llegamos al
pueblo _Suberic Sabaye_,[52] en el cual se nos juntaron otros cuatro
españoles, con dos portugueses que se iban sin licencia del general.

[Nota 52: _Por la distancia, corresponde á la boca del
Tebicuarí._--EL EDITOR.]

Anduvimos 15 leguas, y llegamos al pueblo de _Gaberetho_; despues fuimos
á 16 leguas á otro, llamado _Barotio_, desde el cual, en nueve dias, nos
pusimos en _Berede_, pueblo que dista del antecedente 54 leguas.
Estuvimos dos dias en él, tomando bastimentos, y reconociendo las
canoas, porque habiamos de subir por el rio Paraná, 100 leguas; y
despuesto todo, fuimos á _Gingie_, pueblo en que estuvimos cuatro dias,
y que antes obedecia á los Cários, y era hasta donde se estendia el
imperio del rey.



CAPITULO LII.

_El autor camina por tierra, dejando el rio Paraná, y lo que le sucedió
en Tupí._


Dejamos las canoas y el Paraná para ir por tierra en la provincia de la
nacion de Tupís,[53] donde empieza la jurisdiccion del rey de Portugal:
el camino dura seis meses enteros, y hay en él muchos desiertos, montes
y valles que pasar, tan llenos de fieras, que de miedo no podíamos
dormir seguramente.

[Nota 53: _Estos indios conservan el nombre de su poblador Tupí,
Estremeño, segun_ BARCO, _Argentina, conto 1: y aunque no le nombra,
sigue lo mismo_ VASCONCELOS, _Crónica del Brasil, lib. 1, núm. 78 y 79,
de oidas á los indios, y núm. 149, fol. 91._]

Los indios de esta nacion se comen á sus enemigos. Siempre tienen
guerra, que es su mayor deleite: cuando vencen, llevan al pueblo los
vencidos, con tanto acompañamiento como si fuera boda. Si quieren matar
á alguno hacen grandes fiestas; y en tanto que duran, le dan todo cuanto
pide y apetece, y mugeres con que se divierta, hasta la hora en que le
han de matar.

Pasan los dias y las noches en banquetes y comidas, borrachos como las
manadas de puercos de Epicuro, mas torpemente de lo que se puede decir.
Son muy soberbios y altivos; hacen vino de maiz, con que se emborrachan:
es poco diferente su lengua de la de los Cários.

Llegamos á otro lugar, llamado _Careiseba_, habitado tambien de los
Tupís. Estos tienen guerra con los cristianos: los primeros son sus
amigos.

El domingo de Ramos partimos á otro pueblo que estaba á 4 leguas, y en
el camino nos avisaron que nos guardásemos de los de _Careiseba_; y
aunque no teniamos necesidad de bastimento, y con el que habia podíamos
pasar adelante, no quisieron dos de nuestros compañeros, y se fueron al
pueblo contra nuestro consejo: donde apenas entraron, fueron muertos y
comidos de los indios. Acercáronse despues á nosotros 50 vestidos de
cristianos, y á treinta pasos nos hablaron. Guardan los indios esta
costumbre, que quedandose algo lejos del contrario, si habla con él no
se presume que piensa cosa buena. Viendo estas malas señales, tomamos
las armas lo mejor que pudimos, y les preguntamos ¿donde estaban
nuestros compañeros?--Respondieron que estaban en su pueblo, y que nos
rogaban fuesemos á él: pero conociendo su engaño, lo escusamos.
Dierónnos una rociada de flechas, y se volvieron en breve á su pueblo,
de donde salieron 6,000 contra nosotros. Hallábamonos sin mas defensa
que un bosque al lado, cuatro arcabuces y 20 indios Cários, que traia yo
de la Asumpcion; y con tan poca fuerza nos mantuvimos cuatro dias contra
ellos. Disparábannos muchas flechas, y considerando era vana la
resistencia, á la cuarta noche nos emboscamos sin comida y con muchos
indios que nos perseguian. Sucediónos lo que dice el refran:--_la
multitud de los perros es la muerte de las liebres_.

Ocho dias continuos anduvimos vagando por los bosques: de suerte que,
aunque he peregrinado tanto en toda mi vida, nunca he tenido camino mas
áspero, molesto y desazonado. Manteniámonos con miel y raices, y no nos
deteniamos á cazar algunas fieras, porque los indios no nos alcansasen.

En fin llegamos á la nacion _Biesaie_, donde estuvimos cuatro dias, y
nos proveimos de lo que habiamos menester, sin atrevernos á llegar al
pueblo, por ser tan pocos.

En esta nacion está el rio _Urquá_, en que vimos culebras, llamadas en
español _Schebe Eyba Tuescha_,[54] de diez pasos de largo y cuatro palmo
de ancho. Hacen estas serpientes mucho daño, porque si se baña un hombre
en aquel rio, ó quiere pasarle nadando algun animal, la serpiente
envuelve en la cola al hombre ó al animal, y le mete debajo del agua y
se lo come: por esto siempre andan con la cabeza fuera del agua, mirando
si pasa algun hombre ó animal que poder llevarse.

[Nota 54: _Este nombre dá la medida del ningun conocimiento que
tenia del castellano este escritor, y hasta que punto estropeaba los
nombres por su ortográfia._--EL EDITOR.]

Desde aquí anduvimos en un mes 100 leguas, hasta dar en _Scheverveba_,
pueblo en que descansamos tres dias; pero tan descaidos y flacos del
viage y falta de comida, que nunca teniamos en abundancia sino miel. Y
luego empezamos á enfermar, perdidas todas las fuerzas con los largos y
peligrosos viages hechos con gran pobreza y miseria; y lo mas principal,
sin comida conveniente á la naturaleza, ni camas en que descanzar,
porque las que llevábamos á cuestas, como saben todos, eran de algodon,
tegidas como red, de cuatro ó cinco libras de peso; y para dormir las
atabamos á dos árboles, y echándose se descansa en el campo: que es mas
seguro cuando caminan pocos cristianos en Indias, que en las casas y
pueblos de los indios. Desde allí fuimos hasta un pueblo de cristianos
que tenia yo por cuevas de ladrones. Era su capitan Juan Reinville, que
entonces estaba ausente, sin duda por nuestro bien, en el pueblo de San
Vicente, con otros cristianos para cumplir ciertos ajustes que habian
hecho. Estos indios, (con los cuales habitan 800 cristianos en dos
pueblos), están sugetos al rey de Portugal, pero debajo del poder de
Juan de Reinville, que era muy obedecido, porque habia estado en Indias
40 años de gobernador, hecho guerra, y pacificado la provincia; y
juzgaba que nadie mejor que él merecia el gobierno. Y porque no se le
daba siempre, armaba guerras y juntaba en un dia 5,000 indios de guerra,
y el Rey de Portugal no podia juntar 2,000. ¡¡tanta era su autoridad y
poder en estas provincias! Cuando nosotros llegamos, estaba en su casa
un hijo suyo, que nos trató con harto agasajo; y con todo, remediamos á
su gente mas que á los indios, y porque nos salió todo bien, estabamos
muy alegres, dando gracias á Dios de habernos sacado sin peligro de
aquel pueblo.



CAPITULO LIII.

_Llega el autor al cabo de San Vicente; navega á España, y por vientos
contrarios aporta segunda vez al puerto del Espíritu Santo._


Desde allí fuimos al pueblecillo de San Vicente, que está á 20 leguas
del antecedente. El dia 13 de Julio de 1553 encontramos en su puerto una
nave portuguesa, cargada de azucar del Brasil y algodon, por Pedro
Rosel,[55] factor de Erasmo Schitzen de Amberes, que residia en San
Vicente, y la enviaba á Juan Hulsen, morador de Lisboa, de quien tambien
era factor.

[Nota 55: _La gente de esta nave era inicua, pues habiendo llegado á
ella nadando Juan Stadio, huyendo de los indios Tupís que le tenian
cautivo, no quisieron recibirle por no desazonarlos, y le dejaron en su
esclavitud; como refiere él mismo en su Historia del Brasil, lib. 2,
cap. 53, fol. 97._]

Recibióme con mucho amor y honra Rosel: solicitó que me recibiesen en la
nave, rogando á los marineros que me tratasen como á su recomendado: lo
cual hicieron fielmente.

Once dias mas nos detuvimos en San Vicente, en los cuales nos proveimos
de todo lo necesario para la navegacion. Hay desde la Asumpcion á San
Vicente en Brasil, 376 leguas, que anduvimos en seis meses.

Salimos de San Vicente, dia de San Juan Bautista, de 1553, y á los
catorce dias de mar, agitados de continuas borrascas y vientos
contrarios, roto el árbol de la nave, ignorando donde estabamos,
entramos en el puerto del Espíritu Santo en el Brasil, poblado de
cristianos, que con sus hijos y mugeres labran azucar. Hay algodon,
grandes y muchos palos del Brasil y otras mercaderias.

En este mar, especialmente entre _Sancti Espiritus_ y San Vicente, y mas
que en todos, hay grandes ballenas[56] y pescados, tan grandes como
ellas, que muchas veces hacen gran daño, porque cuando los marineros
pasan en los esquifes de una nave á otra, suelen venir las ballenas como
rebaño á pelear entre sí, y vuelcan los navichuelos, pereciendo la
gente. Siempre están arrojando agua; y cada vez tanta, como media cuba
francesa, porque meten la cabeza debajo del agua y vuelven á sacarla al
instante, arrojándola, como se ha dicho. El que no hubiese visto esto
nunca, pensaria que navega un monton de peñascos.

[Nota 56: _Hay tantas ballenas, que el Rey D. Alonso, el VI de
Portugal, el año de_ 1662 _tenia arrendado por tres años su pesca en
43,000 cruzados. Vasconcelos, lib. 2, núm. 97, fol. 172._]



CAPITULO LIV.

_Sale el autor del puerto del Espíritu Santo y llega á la Tercera y los
Azores: navega á España, y de allí á Flandes. Toma la tierra otra vez
por tempestad._


Cuatro meses estuvimos en el mar, despues que salimos del Espíritu
Santo, en navegacion continua, sin haber visto tierra hasta la isla de
la Tercera, en la cual estuvimos dos dias, y nos proveimos de pan,
carne, agua y otras cosas frescas y necesarias. Obedece al rey de
Portugal.

En catorce dias de navegacion llegamos á Lisboa, á 3 de Setiembre de
1552, y habiendo estado en ella otros catorce dias, y muerto dos de los
indios que yo llevaba, pasé á Sevilla, que dista 42 leguas de Lisboa, y
llegué en seis dias. Despues por mar navegué á San Lucar en dos dias:
allí estuve una noche, y por tierra fuí en un dia al puerto de Santa
María, y en otro dia pasé á Cádiz, por tierra. Hallé en la bahia 25
_urcas_ grandes holandesas, de vuelta á su provincia: una mayor y mas
hermosa, nueva y que solo habia navegado una vez á España desde Amberes.
Aconsejábanme los mercaderes que me embarcase en ella, y ajusté con
Enrique Schertzen, su patron, mi viage: para el que me previne aquella
tarde, quedando de acuerdo con él que me avisase la hora de partir. Metí
en la nave lo que llevaba, vino, pan y otras cosas semejantes, y algunos
papagayos que traia de las Indias.

Aquella noche bebió el patron mas que debiera, y por mi bien se olvidó
de mí, y me dejó en la posada: dos horas antes de amanecer, mandó al
piloto que se hiciese á la vela. Viendo muy de mañana donde estaba la
nave, y que se habia apartado una legua de tierra, me fué preciso echar
el ojo á otra, y tratar con otro patron, á quien dí lo mismo que al
primero.

Salidas del puerto estas veinticuatro náos, tuvimos feliz viento tres
dias: despues se levantó una tempestad tan horrible, que no pudimos
proseguir el viage. Esperamos ocho dias mejor tiempo, pero mientras mas
nos deteniamos, arreciaban mas las tormentas, de manera que no
pudiéndonos mantener en el mar, nos volvimos por el mismo camino al
puerto: y _Enrique Schertzen_, (que era el navio en que habia puesto mi
ropa y me habia dejado olvidado), venia el último. A una legua de Cádiz,
y por la noche tenebrosa, puso farol el capitan de la armada, para que
los demas pilotos la viesen y siguiesen. Llegamos á Cádiz, y ancoradas
las naves, quitamos el farol, y se hizo en tierra, con buen consejo, una
luminaria junto á un molino, á un tiro de bala de Cádiz. Pero fué de
grandisimo daño á Enrique Schertzen, el cual pensó era farol, y dirigió
su náo derecho al fuego, y dió con gran ímpetu en los peñascos que
estaban debajo del agua: de suerte que se hizo mil pedazos, y se hundió
con toda la gente y mercaderias, muriendo en un cuarto de hora 22
personas, quedando solo vivo el capitan y el piloto, que salieron asidos
al árbol mayor: hundiéndose tambien seis cestas de oro y plata que se
habian de entregar al Emperador, y mucha mercaderia; causando este
naufragio estrema pobreza á muchos. Dí gracias á Dios Omnipotente, que
por su clemencia no permitió que yo me embarcase en aquella náo.



CAPITULO LV.

_El autor navega otra vez de Cádiz á Amberes._


El dia de San Andres, dos despues de esta desgracia, nos hicimos á la
vela á Amberes: padecimos tan gran tempestad, que juraban los marineros
que habia veinte años, ó que en todo el tiempo que navegaban, no habian
visto tormentas mas crueles, ni tan horribles torbellinos.

Llegamos á Wight, puerto de Inglaterra, sin árboles, timones, ni otra
cosa que pudiese servirnos en la navegacion; de modo que si hubiera
durado la jornada pocos dias mas, ninguna de las 24 naves se hubiera
salvado. Pero Dios nos libró de este peligro casi evidente; pues cerca
del mismo lugar, el primer dia del año de 1554, naufragaron ocho navios,
sumergiéndose miserablemente toda la gente, sin salvarse persona alguna,
y las mercaderias y otras cosas preciosas: sucedió este calamitoso
naufragio, entre Francia é Inglaterra. Detuvímonos cuatro dias en Wight,
componiendo nuestras naves. Lo mejor que pudimos, nos hicimos á la vela
para el Brabante, y llegamos á Armuyden, ciudad de Zelanda, donde hay
gran multitud de embarcaciones: dista esta ciudad de Wight 47 leguas.
Desde allí navegamos 24 leguas hasta Amberes, donde llegamos salvos _y_
libres, á 25 de Enero de 1554.



EPILOGO.


Así, despues de veinte años, por singular providencia de Dios
Omnipotente, llegué al lugar de donde habia salido: pero en tantos,
cuantos peligros de la vida y cuerpo sufrí y probé, cuantas hambres,
cuantas miserias, cuidados, trabajos y angustias, en andar por las
provincias de los indios, bastantemente podrán entenderse de esta
declaracion histórica. Pero doy á Dios Eterno y Omnipotente cuantas
gracias puedo concebir en el ánimo, porque me volvió salvo á los
lugares, de donde salí veinte años antes. Sea la gloria al mismo y la
honra, por los siglos de los siglos. Amen.



INDICE DE LA MATERIAS CONTENIDAS EN EL VIAGE

DE

ULDERICO SCHMIDEL AL RIO DE LA PLATA.

_Los nombres en letra bastardilla son los que, por haber sido
adulterados por el autor, han quedado ininteligibles._


A

Abejas chicas y sin aguijon--52.

Acaraiba. Pueblo de los Cários,
  á 20 leguas de Froemidiere--40.

Acaré,
  indios. Su trage,
  comida,
  y motivo de su nombre--31.
  Su provincia--30.
  Dan guias á Hernando de Rivera--_ibid._

Agaces,
  indios,
  obstinados guerreros en mar y tierra,
  sus trazas y
  adornos--38.
  Vencidos por Oyolas con pérdida de cinco españoles--35.
  Muertos los de un pueblo por los Cários,
  los demas son perdonados--_ibid._
  Enviado á España Cabeza de Vaca,
  se rebelan--38.

Agua. Falta en los _Peyonas_,
  siendo la tierra fertilísima--45.
  Los Sivisicosis tienen guerra con los vecinos sobre ella--46.
  La que arrojan la ballenas--58.

Agustin del Campo,
  vá á Lima con Nuflo de Chaves--50.

Alemanes y Flamencos. Se embarcan 80 con D. Pedro de Mendoza--3.

Algarrobas--19. Hacen vino de ellas los indios--15.

Algodon. En el pueblo del Espíritu Santo del Brasil--58.
  Hilan y tegen las indias--43.

Alonso de Cabrera. Llega á Buenos Aires con socorro,
  vá á los Timbús,
  y despacha aviso á España de acuerdo de Oyolas--24.
  Surge en Santa Catalina con una caravela y 200 españoles,
  y á los dos meses vá Buenos Aires--_ibid._
  Líbrase de una tormenta por el conocimiento de su piloto,
  y llega á Buenos Aires 30 dias antes que los que venian con él--26.
  Prende con otros á Cabeza de Vaca--37.

Alonso Riquelme,
  se casa con la hija de Irala,
  y por qué?--53.

Alvar Nuñez Cabeza de Vaca,
  tesorero de la armada que llevó Panfilo de Narvaez
  á la Florida--36.
  Adelantado del Rio de la Plata,
  llega á Santa Catalina con qué gente,
  y qué año?--26.
  Envia á buscar bastimento dos caravelas,
  y se pierden,
  salvándose la
  gente,
  y tarda ocho metes en ir á la Asumpcion,
  por tierra--26.
  Toma posesion,
  y ajustado con Irala,
  se previene para descubrir,
  y envia gente delante--27.
  Hace proceso al cacique Aracaré,
  y le manda ahorcar,
  con acuerdo de los oficiales reales,
  y otros--27.
  Envia á Irala con 2,000 Cários contra Tabaré--28.
  Y su buen suceso le hace embarcar,
  y llega al monte
  de San Fernando; huyen de él los Payaguás,
  y llega á los Sococies--29.
  Infórmase de otros indios,
  y no hallándolos en 18 dias,
  se vuelve á los Reyes--_ibid._
  Envia á Francisco de Rivera con 10 españoles á reconocer,
  é intenta volver á su descubrimiento,
  y lo impiden las aguas--_ibid._
  Envia á Hernando de Rivera á los Xarayes--30.
  Y vuelto,
  le prende,
  y se alborota su gente--35.
  Obligándole á que se dé por satisfecho,
  habiendo faltado á su órden--_ibid._
  Resuelve el viage por sí,
  y no quieren seguirle los soldados--36.
  Prohibe á los españoles lleven los indios que tenian,
  y se hace odioso,
  por este y
  otros motivos inicuos--_ibid._
  Enferma en los Reyes--37.
  Envia á matar á los Sococies á la isla,
  y aprueba su destruccion--_ibid._
  Vuelve á la Asumpcion,
  y á enfermar; y por qué no salió de casa
  en 15 dias?--_ibid._
  Préndenle los oficiales reales para enviarle á España--_ibid._
  Repugnan los leales,
  y no hacen caso de ellos los rebeldes--38.
  Trátale el autor inicuamente--37.
  Lo que hizo en poco tiempo,
  deslucido por la envidia y el odio--29.
  Es enviado á España: revueltas entre los soldados,
  y rebelion de los Cários--37.
  Absuelto por el Consejo,
  se estraña no se castigaren
  los testigos falsos--_ibid._

Amazonas. Halla noticia Hernando de Rivera de ellas,
  y se parte á buscarlas,
  y como viven y se conservan,
  y tesoros de su tierra--32.

Amberes. Sale de ella el autor--3.
  Y vuelve despues de 20 años--61.

Anmuyden,
  ciudad de Zelanda. Tiene muchos bageles--60.

Anades,
  en los _Mapais_--43.

Antas,
  animales como asnos,
  y su piel y cuero--19.

Antonio Grovenoro. Vá á descubrir indios de órden de Cabeza de Vaca,
  y halla
  maiz en los Samococis,
  y entra la tierra adentro,
  y llega á los Cambales--27.

Aracaré,
  cacique. Hermano de Tabaré--28.
  Procesado por Cabeza de Vaca,
  le hace ahorcar--27.
  Y se levanta la tierra para vengarle--_ibid._

Antonio de Mendoza. Queda de gobernador en Corpus Christi--22.
  Y con qué órden--_ibid._
  Engáñale un indio,
  y pierde 50 españoles--23.
  Sítianle los indios,
  y cayendo en una trampa de ellos,
  es muerto,
  y su gente se vá á Buenos Aires--_ibid._

Armada de D. Pedro de Mendoza. Sale de San Lucar el dia 1.º de
  Setiembre de 1534--3.
  Vuélvese á juntar en Canarias--4.
  Llega á Rio Janeiro--5.
  Y al Rio de la Plata--6.

Arroz,
  en la isla de Santa Catalina--22.
  En los _Carcokies_--49.

Asumpcion,
  ciudad. Cuanto dista de la isla de Santa Catalina--26.
  Y del Perú--50.
  Sus vecinos se dividen en facciones: preso Cabeza de vaca,
  se rebelan los indios--36.
  Sitiada por Irala,
  se entrega,
  huyendo Abreu--53.

Asumpcion,
  pueblo. Llamóse así Lambaré por Oyolas--17.
  Deja en él 100 hombres para entrar en los Payaguás,
  y con qué órden--18.

_Attune_,
  llaman los Tupís á las niguas--50.

Aves. Tantas en una isla despoblada,
  que las mataban á palos los soldados--5.
  Muchas en los _Mapais_--43.

Avestruces en los Cários--12.
  En los _Zemais_--14.
  En los Xarayes--31.
  En los _Peyonas_--45.
  En los _Mapais_--_ibid._
  En los _Barconos_--46.
  En los _Carcokies_--49.

Autor. Sale de Amberes,
  vá á Cádiz y se embarca para el Rio de la Plata--3.
  Acierta poco en las distancias de las tierras--4.
  Vá contra los Querandís con D. Pedro de Mendoza--7.
  Nombrado con otros seis de confianza para ir á Santa
  Catalina con Gonzalo de Mendoza--24.
  Sálvase,
  volviendo de una tempestad,
  en un palo,
  y comiendo raices llega á San Gabriel--25.
  Fué á caballo en huanacos mas de 40 leguas,
  por estar enfermo--43.
  Toma 19 indios en la derrota de los Mbayás--43.
  Pónele Irala de centinela en un pozo,
  y se hace muchos amigos--47.
  Tenia 59 indios esclavos--52.
  Se equivoca en los nombres,
  y los altera;
  de modo que no es fácil entenderlos--14,
  56.
  Estaba mal informado de las cosas de gobierno--26.
  Se burla de los que cuentan de los caimanes,
  ó yacarés--31.
  Lo que ganó en la jornada de los Xarayes--35.
  Miente mucho contra Cabeza de Vaca--37.
  Si perdió la Ursa mayor de vista en las islas de Cabo Verde,
  ó
  se equivocó?--36.
  Le dá hidropesia en la Asumpcion--38.
  Escríbele su hermano se vuelva á Alemania--54.
  Le dá Irala licencia,
  y se despide de sus amigos,
  y con 20 Cários
  llega en canoas á _Suberic Sabaye_--54.
  Navega por el Paraná,
  entra en los Tupís,
  y miedo que tuvo de las fieras en los desiertos--55.
  Defiéndese con seis españoles y sus indios cuatro dias contra los Tupís,
  y emboscados huyen,
  manteniéndose de raices y miel,
  y llega á los _Biesayes_--56.
  Enferma con los demas en _Scheverveba_,
  y llega á un pueblo donde los agasaja un hijo de Juan de Reinville--57.
  Llega á San Vicente y le recibe bien Juan Rosel,
  y le recomienda á los marineros de un navio que iba á Lisboa--58.
  Se embarca,
  y con tempestad vuelve al puerto del Espíritu Santo--_ibid._
  Llega á Lisboa en cuatro meses,
  y pasa á San Lucar,
  y á Cádiz--59.
  Informa al Rey en Sevilla,
  de las tierras del Rio de la Plata,
  y le dá las cartas de Irala--54.
  Ajusta su viage á Flandes,
  embarca su ropa,
  y el patron se emborracha y no le lleva--59.
  Ajusta con otro patron,
  se embarca y se vuelve
  á Cádiz con tempestad--_ibid._
  Padece otra muy grande,
  y llega,
  derrotados los navios,
  á Wight--60.
  Dá gracias á Dios llegando á Amberes,
  por haberle librado de tantos riesgos--61.

Autos de posesion del gobierno de Cabeza de Vaca,
  robados por los oficiales reales--26.

Azucar. Abunda en Canarias--4.
  Lábranla en el puerto del Espíritu Santo del Brasil--57.


B

Ballenas--5.
  Su abundancia entre San Vicente y Sancti Espiritus,
  en el Brasil,
  y como pelean y vuelcan los navios pequeños?--58.
  Una de 35 pasos se tomó en Cádiz--3.

Balsas en que pasó Irala para ir á los Guapás--49.

_Barconos_,
  indios. Quieren huir de Irala,
  y detenidos le dan bastimento y noticia de la tierra--46.

_Barotio_,
  pueblo--54.

Bartenes,
  indios. Sitian á Buenos Aires,
  con otros,
  y lo queman--9.

Batatas,
  raices que saben á manzanas,
  en los Cários--16.
  En los Sococies--30.

_Berede_,
  pueblo. Toma bastimento en él el autor--54.

_Biesayes_,
  indios. Llega á ellos el autor y se provee de comida y otras cosas--56.

_Bogemberg_,
  monte,
  en Alemania,
  semejante al de San Fernando--19.

Bolas,
  que tenian los indios atadas á un cordel de un palo,
  para cazar y derribar los caballos--8.
  Como las llevan y usan--38.

Borracheras de los Tupís. Duran dias y noches--55.

Brasil,
  palo. Abunda en el Espíritu Santo--58.

Broqueles de cueros de huanacos. Hacen los españoles,
  y para qué?--42.
  A imitacion de los indios _Carcokies_ que los usan--49.

Buena Esperanza. Isla de los Timbús y su puerto--12.

Buenos Aires,
  ciudad. Se funda--7.
  Y como--8.
  Sitiada por los indios,
  matan 31 españoles,
  la queman y se retiran--9.
  Hambre de sus vecinos--8.
  Vuelve á ella D. Pedro de Mendoza,
  y de allí á España,
  y muere en el camino--11.
  Desampárala Irala--25.


C

Caballos. Como los derriban los indios con la bolas--8.
  Hurtan uno tres españoles,
  y se le comen,
  y son ahorcados--8.

Cabelleras,
  con el cuero de la cabeza. Quitan los indios á los enemigos,
  y las cuelgan por trofeos--39.

Cabras,
  en los Cários--16.

Cacique,
  Cário. Dá traza á Irala para tomar á Carieba--40.
  Júntase á él con mil indios--41.

Camas de algodon,
  pendientes en árboles,
  que usan los indios--57.

Cambales,
  indios. Mueren 3,000 en la toma del pueblo de Taberé--28.

Camisetas de algodon. Visten las indias _Carcokies_--49.

Canarias,
  islas,
  y sus habitadores--4.

Candelaria,
  puerto,
  cual es?--20.

Canoas de 80 pies. Tienen los Timbús--11.
  En que caben 20 indios--14.

Capas que traen las indias Xarayes,
  tegidas con varias figuras de animales--32.

Capitan,
  uno que iba á México compone á los de la isla de la Palma
  con Enrique Peine--4.

Caracaráe,
  indios. Resuelve Oyolas ir á ellos--18.

_Carcokies_,
  indios. Sus armas,
  frutos y trages--49.
  Cuidan de su casa y familia,
  y las indias hilan y tegen--_ibid._
  Llega á ellos Irala--48.
  Espántanse de su multitud 100
  españoles,
  piden socorro,
  y llegando Irala se entregan,
  y le dan bastimento--49.
  Huyen de Irala cuando volvian,
  y no queriendo obedecerle dan batalla,
  y son vencidos,
  y presos
mas de mil--52.

Carcaráes,
  indios. Procura saber de ellos Cabeza de Vaca--29.

_Carconos_,
  indios. Socorren á Irala con agua para ir á los Sivisicosis--46.

Cardo,
  raiz,
  que suple el agua á los indios--7.

_Careiseba_,
  pueblo de los Tupís,
  tenia guerra con los cristianos--55.
  Van á él dos compañeros del autor contra su consejo,
  y les dan muerte sus indios--56.
  Y son comidos de ellos--_ibid._
  Cincuenta,
  vestidos de cristianos salen á hablar al autor,
  y pelean cuatro dias--_ibid._

Carieba,
  pueblo sitiado por los españoles--40.
  Como le habian fortificado los indios?--_ibid._

Cários,
  indios chicos,
  gordos,
  y trabajadores--16.
  Feroces en la guerra--_ibid._
  Matan á todos los vencidos--_ibid._
  Poblados en las riberas del Paraguay por 30 leguas--_ibid._
  Sus frutos y comida--_ibid._
  Comen carne humana y venden sus hijas,
  mugeres y hermanas--_ibid._
  India comun que tienen,
  y cuando la matan ó cuidan--_ibid._
  Ofrecen bastimento á Oyolas porque deje á Lambaré y se vuelva
  á las náos--17.
  Embístenle,
  y huyen espantados de la artilleria,
  y cayendo en los hoyos que habian hecho,
  mueren muchos--_ibid._
  Entréganse,
  habiendo muerto 16 españoles,
  regalan con indias á Oyolas y su gente; hacen un fuerte,
  y se ofrecen contra los Agaces--_ibid._
  Van con Oyolas y matan á todos los Agaces que pueden--18.
  Asístenle con mucho cuidado en la jornada contra los Payaguás--_ibid._
  Contaban en la Asumpcion la desgracia de Oyolas,
  y no los creian los españoles y prenden los Payaguás--21.
  Ofrece 2,000 su cacique á Cabeza de Vaca contra Tabaré,
  y lo que le advirtió--27.
  Proveen prontamente los bergantines de órden de Cabeza de Vaca--28.
  Traban pendencia con los Sococies,
  y los destruyen--36.
  Se alegraban de que los españoles riñesen entre sí,
  y se levantan contra ellos--38.
  Quince mil se juntan para esto con su cacique--39.
  Embestidos,
  huyen 20 leguas,
  y son sitiados en Carieba--40.
  Esconden sus hijos y mugeres en un bosque--_ibid._
  Uno dá traza para tomar á Carieba,
  y tomada,
  huyen á Tabaré,
  y van quemando y talando la tierra--_ibid._
  Dos van por mensageros á Tabaré,
  y son maltratados--41.
  Rendido el pueblo,
  les concede Irala perdon--42.
  Y le ofrecen 2,000 Cários--_ibid._
  Embisten con los españoles al pueblo de los _Maigenos_,
  y mueren algunos--48.
  Van 500 secretamente contra los _Maigenos_,
  huidos y muertos,
  300,
  envian por socorro--_ibid._
  Cincuenta van con los españoles á _Carcokies_--_ibid._
  Escoge veinte el autor para volverse á Flandes,
  y llegan en canoas á _Suberic Sabaye_--54.
  Pelean en _Careiseba_--56.
  Sirvieron bien á Irala--48.
  Se le mueren dos al autor en Lisboa--59.

Carlos Dubrin. Queda por capitan en los Timbús--12.

Carne humana. Comen los Cários--16.

Cautivos. Los matan y asesinan los Cários--16.

Caza y pesca,
  comida regular de los indios del Rio de la Plata--8.

Cazave,
  raiz,
  es la mandioca--19.
  En los Samocosis--27.

Chanás,
  indios sugetos á los Mbayás,
  como esclavos. Cultivan maiz,
  raices todo el año--45.

Chera-Guazú,
  cacique de los Timbús. Lleva á su pueblo á Oyolas y su gente,
  y le regala D. Pedro de Mendoza--11.

Charrúas,
  indios. Andan desnudos,
  y su número,
  comida,
  y trage de sus mugeres--6.
  Sitian,
  con otros,
  á Buenos Aires--9.

Ciervos,
  en los Xarayes--41.
  En los Cários--12.
  En los _Zemais_--14.
  En los Xarayes--19.
  En los _Mapais_--43.
  En los _Peyonas_--45.
  Como los cazan los indios con las bolas--8.
  En los _Barconos_--46.

Cocodrilos ó caimanes. Los Yacarés del Rio de la Plata: se describen--30.

Conejos,
  parecidos,
  menos en la cola,
  á los gatos,
  en los _Peyonas_--14.
  En los _Carcokies_--49.

Corpus Christi,
  fortaleza,
  en la ribera del rio San Salvador--22.
  Llega á él Irala,
  y halla sin indios la tierra--_ibid._
  Sitiado por los Timbús,
  le dejan despues los españoles,
  y se van á Buenos Aires--23.

Corondas,
  indios semejantes á los Timbús,
  y su comida; rescatan,
  y dan á los españoles dos Cários--13.

Cosechas,
  en los Mbayás,
  en todos tiempos del año--45.

Crecientes,
  que inundan la tierra de los Paresis y otras--33.

Cristoval Rieser,
  corredor de los fucares--54.

Cueros,
  comen los españoles en la hambre de Buenos Aires--8.

Culebras,
  comian los españoles en Buenos Aires--8.

  Una de 45 pies,
  que habia hecho grandes daños á los indios,
  muerta de un balazo,
  se la comen cocida--14.
  Envuelven con la cola á los que pasan los rios,
  para hundirlos y comérselos,
  y andan con la cabeza fuera del agua--56.

Curumias,
  indios--15.
  Sus trazas y adornos,
  y como se pintan sus indias con rayas azules--_ibid._
  Reciben bien á Oyolas--_ibid._

Cuzco,
  ciudad del Perú--50.


D

Dardos,
  armas de los indios,
  como eran?--8.
  Empiezan las batallas con ellas--38.

Diego de Abreu intenta quitar el gobierno á D. Francisco de Mendoza,
  y le dá muerte--53.
  Cierra las puertas de la Asumpcion á Irala,
  y sitiado,
  huye con 50 confidentes,
  y hace muchos daños hasta que se ajusta--_ibid._

Diego de Acosta. Vá á prender á Cabeza de Vaca--37.

Diego Centeno,
  elegido por Gasca gobernador del Rio de la Plata,
  muere--51.

Diego de Mendoza,
  vá contra los Querandís--8.
  Y es muerto con otros seis españoles,
  por los indios con las bolas--_ibid._

Diego Tabelino,
  vá con Antonio Grovenoro á descubrir indios que tengan maiz--27.

Domingo Martinez de Irala--12.
  Queda en la Candelaria con órden de esperar á Oyolas cuatro meses,
  y á los seis se retira á la Asumpcion--20.
  Si tuvo la culpa de la muerte de Oyolas--_ibid._
  No cree su muerte hasta que la confesaron dos Payaguás,
  que hizo quemar: y elegido por general,
  vá á los Timbús--22.
  Vuélvese á embarcar,
  trayendo á los que los habian maltratado,
  y dejando gobernador en Corpus Christi--_ibid._
  Socórrele con gente,
  y su pesar de que le desamparasen--23.
  Cree haber perecido toda la gente de un navio,
  y perdona al capitan y piloto--25.
  Quema las naves,
  y hace entrar la gente en los bergantines,
  y sube por el Rio de la Plata--_ibid._
  Y se vuelve--26.
  Trepida en entregar á Cabeza de Vaca el gobierno--_ibid._
  Jura amistad con él--27.
  Vá,
  de su órden,
  contra Tabaré,
  le toma el pueblo y hace paz--_ibid._
  Vuelve á la Asumpcion--28.
  Y dá relacion á Cabeza de Vaca--_ibid._
  Elegido gobernador por sus parciales,
  preso Cabeza de Vaca--37.
  Vá contra los Cários y se detiene cerca de ellos--39.
  Los vence,
  toma el pueblo de _Fromidiere_,
  y sitia á Carieba,
  donde le llega socorro--_ibid._
  Y tomado el pueblo,
  y sin seguir los indios se vuelve á la Asumpcion: vá contra Tabaré,
  y le envia mensageros,
  y maltratados sitia á Hieruquizaba--41.
  Ofrece á un indio Cário no hacer daño en Carieba: entra al pueblo
  y mata muchos indios--42.
  Vuelve contra Tabaré,
  y tomado el pueblo de Hieruquizaba,
  se vuelve á la Asumpcion,
  y propone á los soldados ir á buscar oro y plata,
  y como?--_ibid._
  Sube por el Paraguay con siete bergantines,
  y 200 canoas,
  y llega al monte de San Fernando--_ibid._.
  Manda volver los cinco bergantines á la Asumpcion,
  y deja guarda en los dos,
  y con qué gente empezó su viage,
  hasta los _Mapais_--43.
  De los cuales desconfia,
  y los derrota: sigue,
  mata,
  y cautiva á muchos--44.
  Llega á los Chanás,
  y admira la fertilidad de su tierra,
  y pasa á los Tobas,
  y á los _Peyonas_,
  en cuyo pueblo no quiere entrar,
  ni preguntar por oro,
  y por qué?--45.
  Dánle guias y llega á los _Mayegoni_,
  _Morronos_,
  _Paronios_,
  y á los _Simanos_,
  que le reciben de guerra,
  y son vencidos,
  y su pueblo quemado--46.
  Pasa á otras naciones,
  y los _Carconos_ le proveen de agua. Se le muere de sed alguna gente en
  el camino á los Sivisicosis,
  y pone centinelas en un pozo--_ibid._
  Dánle guias,
  é informado de la tierra llega á los Samocosis,
  que le reciben de guerra,
  y son vencidos,
  y los Sivisicosis castigados,
  y por qué?--47.
  Pierde 12 españoles en ganar su pueblo á los _Maigenos_--48.
  Entra en la provincia de la sal,
  y vá á los _Carcokies_,
  adonde envia 100 españoles é indios--_ibid._ Socorre á los Cários,
  se le entregan los _Carcokies_,
  con cuyas guias llega el Perú,
  y se le ahogan cuatro soldados--49.
  Escríbele Gasca no pase adelante,
  y se ajustó con él sin saberlo los soldados. Envia cuatro á Lima,
  y le escribe Chaves lo mismo que Gasca,
  de su órden--50.
  Manda coger los caminos,
  y las cartas,
  y por qué?--51.
  Vuélvese á disgusto de su gente,
  por decir no tenia comida,
  á los _Carcokies_,
  á los cuales vence--51.
  Gastó año y medio en esta jornada,
  y cautivó 12,000 indios--_ibid._
  Halla muerto su teniente en la Asumpcion,
  y la sitia,
  y se entrega,
  habiéndose salido Abreu de ella,
  y como se ajustó con él?--53.
  Dá licencia el autor para volverse á Alemania,
  y cartas para el Rey--54.


E

Enrique Peine,
  factor. Se embarca para el Rio de la Plata--3.
  Quieren prenderle en la Palma sin saber él por qué,
  y maltratan su navio--4.

Enrique Schertzen,
  piloto. Se emborracha,
  y se le olvida llevar el autor á Flandes--59.
  Vuelve con tempestad á Cádiz,
  y engañado de una llama,
  dá contra una roca su navio y perece con la gente,
  y él se libra--_ibid._

Erasmo Schitzen,
  corredor de Amberes--58.

Esclavos. Al que han de matar los Tupís le dan cuanto apetece
  hasta su muerte--55.

Españoles. La hambre les hace comer á ahorcados--9.
  Mueren 30 con un alferez en Buenos Aires--10.
  Ahóganse 15 en la tempestad de Gonzalo de Mendoza,
  y los demas se salvan desnudos--25.
  Enferman de andar,
  y beber el agua de las crecientes é inundaciones--34.
  No pueden sufrir el gobierno de Cabeza de Vaca,
  ni la justicia de él--37.
  Júntanse cuatro al autor volviendo á su tierra,
  en _Suberie Sabaye_--54.

Espada,
  pez--5.

Espíritu Santo,
  puerto en el Brasil. Llega el autor á él,
  y en que trabajan sus vecinos--58.


F

Felipe de Cáceres,
  contador del Rio de la Plata. Vá con otros á prender á Cabeza de
      Vaca--37.

Flechas encendidas,
  arrojan los indios en Buenos Aires,
  y la abrasan--9.

Fortalezas de los indios,
  de estacas; y como era la de Lambaré--16.

Fosos,
  cubiertos de ramas,
  con lanzas dentro,
  puestos contra los españoles--17.
  Sirven contra los indios--_ibid._

Franceses. Pueblan en el Rio Janeiro--6.

Francisco de Mendoza. Prende,
  con otros,
  á Cabeza de Vaca--37.
  Queda por teniente de Irala en el Rio de la Plata--43.

Francisco de Rivera. Ofrece proseguir en reconocer la tierra,
  con seis hombres: y con diez llega á una nacion populosa,
  y se vuelve á Cabeza de Vaca--29.

Francisco Ruiz y otros. Hacen muchas crueldades en los Timbús--22.
  Llévale Irala consigo--_ibid._

_Froemidiere_,
  pueblo fortificado por los indios,
  tomado por Oyolas--49.


G

_Gaberetho_,
  pueblo--54.

_Galgaisis_,
  indios poblados ú orilla de una laguna. Regalan á Oyolas: su número,
  trages
y comida--13.

Gallinas,
  en los Cários--16.
  En los _Carcarisos_--19.
  En los _Mapais_--43.
  En los _Peyonas_--45.
  En los _Barconos_--46.
  En los _Carcokies_--49.

Ganzos,
  en los Cários--46.
  En los _Carcarisos_--19.
  En los _Mapais_--43.
  En los _Peyonas_--45.
  En los _Barconos_--46.
  En los _Carcokies_--49.

Garcia Venegas,
  tesorero. Vá,
  con otros á prender á Cabeza de Vaca--37.

Gatos,
  comian los españoles en Buenos Aires--14.

Gerónimo,
  y otros dos españoles,
  muertos por los Samocosis--47.

_Gingie_,
  pueblo sugeto á los Cários,
  y último del rey hácia el Brasil--55.

Gobernadores intrusos del Rio de la Plata,
  y sus injusticias con indios y españoles--29.

Gonzalo,
  indio,
  esclavo de Oyolas. Dá cuenta en la Asumpcion de su muerte,
  y no le creen--21.

Gonzalo de Mendoza. Vá á Santa Catalina á reconocer la nave que habia
      llegado,
  y por bastimento--24.
  Carga,
  y se vuelve con Cabrera,
  y disputa que tuvieron los pilotos--_ibid._
  Hace pedazos una tempestad su navio,
  se ahoga parte de la gente,
  y la demas se salva en tablas y palos--25.

Gonzalo Pizarro,
  y otros. Justiciados por Gasca--50.

Guajarapos,
  indios. Reusan oir á Cabeza de Vaca,
  y su provincia y canoas--29.

Guapás,
  indios apacibles. Dan á Irala bastimento--49.
  Salen á recibirle--_ibid._
  Saludándole en español--_ibid._
  Sus soldados no se atreven á quitarles oro y plata,
  y por qué?--51.

Guapás,
  rio de media legua de ancho,
  y buena pesca--49.

Guaranís,
  indios Cários. Ayudan á Tabaré contra Irala,
  y son vencidos--27.


H

Hambre. Se empieza á sentir en el real de D. Pedro de Mendoza--8.
  Llega al estremo de comer carne humana en Buenos Aires--_ibid._

Hermanas. Las venden los Cários muy baratas--16.

Hermano. Se come en Buenos Aires á otro que se le murió--9.

Hernando de Rivera. Sube por el Paraguay buscando los indios Xarayes,
  y llega á los Orejones--30.
  Sale el rey de los Xarayes á recibirle,
  y como le alojó en su pueblo?--31.
  Es regalado de él con oro y plata: dále noticia de las Amazonas,
  é indios que vayan con él--33.
  Aunque le decia no era tiempo de este viage--_ibid._
  Camina con gran trabajo por agua,
  y llega á Ortuesa,
  que halla con peste--_ibid._
  Pregunta al cacique por lo que faltaba del camino de las Amazonas,
  y es regalado con oro y plata--34.
  Enferma su gente de andar por agua,
  y se vuelve á los Xarayes--_ibid._
  Preso por Cabeza de Vaca,
  y despues suelto,
  y si le hizo relacion de su jornada?--35.

Hieruquizaba,
  pueblo de Tabaré. Se refugian á él los Cários,
  y los sitia Irala--41.
  Entrado,
  con muerte de muchos indios--42.
  Júntanse en él con el autor,
  volviendo á su tierra seis españoles--54.

Hijas. Las venden los Cários--16.

Huanaco,
  ovejas de Indias. Se describen--43.
  V. _Ovejas_.


I

Indias Timbús,
  feísimas--11.
  Las _Macurendas_--13.
  Y las de los Naperús--43. Los
  Cários venden hasta sus mugeres--16.
  Hacen regalos con ellas--_ibid._
  Una comun que tienen,
  y cuando la matan ó cuidan--_ibid._
  Las Xarayes,
  hermosas--31.
  Se pintan con gran destreza--_ibid._
  Usan capas tegidas con figuras--32.
  Tres que dieron los Mbayás á Irala,
  se huyen--44.

Indios del Rio de la Plata. Queman los bastimentos,
  y huyen de Lujan--9.
  Sitian y abrasan á Buenos Aires--10.
  Cuando pasan por los rios les hacen gran daño las culebras--13.
  Asómbranse de las heridas de la artilleria y arcabuces--17.
  Impide Cabeza de Vaca los hagan esclavos--36.
  Donde no viven mas de 40 ó 50 años--_ibid._
  Cautivó 12,000 Irala en la jornada al Perú,
  y su gente los hacia servir como esclavos--52.

Ipané,
  rio. Quieren los indios impedir á Irala le pase,
  y no pudiendo,
  huyen--41.

Isla,
  á 500 leguas de Santiago,
  poblada solo de pájaros--5.

Itatin,
  pueblo,
  el último de los Cários--55.


J

Jacobo Belzar,
  mercader--3.

Jaime Rasquin. Acompaña,
  con otros,
  á los que prendieron á Cabeza de Vaca--37.

Janeiro,
  rio--5.
  Cuanto dista del de la Plata--6.

_Jepido_. Rio que baja del Perú al Paraguay--15.

_Joannebrot_ llaman los alemanes á los algarrobos--15.

Jorge Lujan,
  con otros,
  mata á puñaladas á Juan Osorio,
  de órden de D. Pedro de Mendoza--6.
  Vá por el Rio de la Plata á buscar bastimentos,
  y los indios huyen,
  dejándolos quemados,
  y se le muere la mitad de la gente de hambre--9.

Jorge de Mendoza--4.
  Roba una hija á un vecino de la Palma,
  donde se queda casado con ella--_ibid._

Juan Helsen,
  mercader de Lisboa. Envia á comerciar al Brasil un navio,
  y trata al autor de venir á España en él--54.
  Quien era su factor,
  y de qué cargo?--58.

Juan Hernandez,
  escribano. Hace daño en los Timbús--22.
  Llévale Irala consigo--_ibid._

Juan Osorio. Acusado falsamente de rebelion,
  es muerto á puñaladas de órden de D. Pedro de Mendoza--6.

Juan de Oyolas. Ejecuta con otros la muerte de Juan Osorio--6.
  Es nombrado Capitan General por D. Pedro de Mendoza--10.
  Hace fabricar cuatro bageles,
  y se embarca con 400 españoles--_ibid._
  Vá á reconocer la tierra--47.
  Sube por el Rio de la Plata,
  llega á los Timbús,
  habiéndosele muerto de hambre 50 hombres,
  y se detiene cuatro dias en el pueblo--11.
  Pasa muestra,
  y dejando gente en los Timbús,
  entra en el Paraguay,
  y reconoce sus riberas,
  y los Cários que las pueblan--12.
  Rescata en los Corundas,
  y le dan dos indios Cários para guias,
  y pasa á los _Galgaises_--13.
  Y á los _Zemais_,
  y le reciben de guerra,
  y vencidos,
  los quema 250 canoas--14.
  Los Curumias,
  y los Agaces le reciben de guerra,
  y vencidos,
  vá á los Cários--15.
  Dejando guarda en los navios,
  sitia á Lambaré,
  y no admite el ofrecimiento de comida que le hacian los indios--16.
  Pierde 16 españoles,
  toma el pueblo y le regalan con indias--17.
  Vá contra los Agaces,
  y les quema 500 canoas,
  perdonando á los que vinieron despues--18.
  Infórmase de los Payaguás,
  y sube por el rio arriba á ellos,
  y á otros--_ibid._
  Dánle bastimento los Cários en su último pueblo,
  y se informa de los Xarayes,
  y vá á los Payaguás,
  dejando órden á la gente de las naves para que le esperen--19.
  Toma guias en los Naperús,
  pasa varias naciones con muchos trabajos y guerras--20.
  Vuelve desde los Samocosis--20.
  Donde deja tres españoles enfermos--_ibid._
  Descansa en los Naperús,
  que unidos á los Payaguás,
  le dan muerte,
  y á toda su gente--_ibid._
  No le creen en la Asumpcion--21.

Juan Reinville,
  gobernador antiguo en los Tupís,
  y su poder y conquistas--57.

Juan Romero. Queda por capitan en Buenos Aires,
  con racion para un año--10.

Juan de Salazar. Dá muerte á Juan Osorio á puñaladas--6.
  Queda por teniente de Cabeza de Vaca con 300 hombres,
  en la Asumpcion--20.

Juan Stadio,
  cautivo de los Tupís,
  huye al navio de Pedro Rosel,
  que no quiere recogerle--51.


L

Labios. Se agugerean los Cários para ponerse en ellos un cristal que
  llaman _tembetá_--16.
  Los Samocosis una piedra azul como dado--27.
  Y los _Carcokies_--48.
  Los Curumias una pluma de papagayo--15.

Laguna de seis leguas de largo,
  en que habitan los _Galgaises_--13.
  Una que se rezumaba,
  impide á Oyolas vengarse de los indios--14.

Lambaré,
  pueblo de los Cários,
  su muralla de estacas y foso embestida por Oyolas--16.
  Entrégase,
  y sus vecinos le regalan--17.

Langosta. Destruye los sembrados,
  y frutos de los indios Ortueses--33.
  Y de los _Carconos_--46.
  Y Leyhanos--46.

Lanzas. Hacen los Timbús de las espadas de los españoles--23.

Lázaro Salazar,
  con otros,
  dá de puñaladas á Osorio--6.

_Leyhanos_,
  indios. Llega á ellos Irala,
  y los halla destruidos por la langosta--46.

Lima,
  metrópoli del Perú--50.

Lisboa,
  cuanto dista de Sevilla--59.

Lumbre. Como la encendian los españoles para cocer la comida cuando
  caminaban por agua--33.


M

_Macurendas_,
  indios. Su número,
  comida,
  habitacion,
  trage y lengua--13.
  Tienen guerra con los _Zemais_--14.

_Maigenos_,
  indios. Su número y tierra,
  y por qué no pudo castigarlos Oyolas?--47.
  Su provincia la mas fértil--48.
  Resisten á Irala en su pueblo,
  matando 12 españoles,
  y entrado le queman,
  y huyen--_ibid._
  Pelean con 500 Cários y dan muerte á 300,
  y vá en socorro Irala,
  y bastimento que halló en su pueblo--_ibid._

Maiz,
  en los Cários--15.
  En los Samocosis--27.
  En los Orejones--30.
  En los _Mapais_ lo hay verde todo el año--43.
  En los _Carcokies_--49.
  Hacen vino de él los Tupís,
  con que se emborrachan--55.

Mandioca,
  raiz,
  y otras que comen los indios--19.
  Los Sivisicosis usaban,
  á falta de agua,
  de un licor que hacian con ella--46.
  Es el cazave--16.
  En los Xarayes,
  y en Santa Catalina--19.
  En los Orejones--30.
  En los _Mapais_--43.

Mandubí,
  como avellanas--29.

Manzanas,
  en los Cários--12.

_Mapais_,
  indios altos,
  belicosos. Viven como esclavos de sus caciques: frutos
  y fertilidad de su tierra--43.
  Cuidan de su familia,
  y de la guerra,
  y las indias de sus maridos--_ibid._
  Salen á reciber á Irala,
  y le piden se aloje en un lugarcillo,
  y oro y plata--44.
  Embisten al alojamiento,
  y son desbaratados,
  y siguiéndolos pagan otros por ellos,
  y se cautivan 3,000--_ibid._

Mayrairú,
  cacique de los Cários. Se opone á los españoles con 15 indios--39.
  Entrase en _Froemidiere_,
  vencido y tomado el pueblo,
  pasa á Carieba,
  y se fortifica--_ibid._

Mbayás. Distan 50 leguas del monte de San Fernando,
  y 36 de los Naperús--45.

Mepenes. Solo pelean en agua. Cerca de su pueblo se rezhuman
  aguas muy hondas--14.
  Distan 40 leguas de los Curumias--15.

Miel,
  en los Cários,
  y como hacen vino de ella?--16.
  En los _Mapais_--43.

Miguel de Rutia. Enferma en el Potosí,
  yendo á Lima con otros,
  de órden de Irala--50.

Millones que dió al Rey en 24 años el quinto del cerro de Potosí--51.

Minas de Potosí,
  su descubrimiento,
  y cuanta plata pura daba el metal,
  y qué jornales á los mineros--51.

Moneda,
  no se labraba al principio en el Perú--51.

_Morronos_,
  indios. Reciben bien á Irala,
  y le dan relacion de la tierra--45.

Mosquitos. Molestan á los españoles en los Xarayes--33.

Música del rey Xaraye,
  y como la usaba--31.


N

Nagaces,
  indios belicosos. Sus armas y comida: hacen paz con ellos los
      españoles--38.

Naperús,
  indios altos y robustos,
  su comida y mugeres--43.

Nariz. Los Timbús traen en ambos lados de ella engastada una estrella--11.
  Los Corundas una piedrecilla--12.
  Y los _Galgaises_--13.

Navíos. Queman cuatro á D. Pedro de Mendoza los indios,
  y se retiran de los demas á balazos--9.

Nhiteroy. Así llama los indios á un puerto de las islas de Cabo Verde--5.

Niguas,
  en los Guapás,
  y como se remedia el daño que hacen?--50.

Nuflo de Chaves. Vá,
  con otros,
  de órden de Irala,
  á Gasca--50.
  Llega,
  es bien recibido,
  y lo que hizo--51.

Nutrias. Abundan de ellas las tierras del Rio de la Plata--8.


Ñ

Ñandú ó avestruz--31.


O

Oficiales reales. Procuran echar del gobierno á Cabeza de Vaca,
  porque reprimia sus maldades--29.

Orejones,
  indios semejantes á los Sococies. Habitan una isla que forma el
  Paraguay: y sus frutos--30.
  Reciben bien á Hernando de Rivera,
  y le acompañan con diez canoas,
  cazando,
  y se vuelven desde los Acarés--_ibid._

Oro y plata que llevaban al Rey,
  á Flandes,
  se hunde con una tempestad en el mar--59.

Ortueses,
  indios. Llega á ellos Hernando de Rivera--33.
  Su pueblo,
  el mayor que vió el autor en Indias--34.
  Su cacique regala á Rivera con oro y plata--_ibid._
  Enfermedades que causó esta jornada en los españoles,
  de que murieron cincuenta--38.

Ovejas. Como son--43.
  En los Cários--16.
  En los _Mapais_--19.
  En los _Peyonas_--45.
  En los _Carcokies_--49.
  Hacen rodelas de sus cueros los españoles--42.
  Hay dos especies,
  y sirven para carga,
  y caballeria--33.
  Y lo que hacen si se caen ó se cansan--_ibid._
  V. _Huanaco_.


P

Paitití,
  rey de los indios,
  padres de las Amazonas--33.

Palma,
  isla. Compra en ella bastimento D. Pedro de Mendoza--4.
  Sus vecinos intentan prender á un capitan de la armada,
  y maltratan su navio--_ibid._

Palmitos. Comen los soldados de Hernando de Rivera--34.

Palometa,
  pez,
  de cuyos dientes hacen puntas para sus armas los Yapirús y otros
      indios--38.

_Pan de Juan_,
  ó algarroba--19.

Papagayos,
  en los _Peyonas_--45.

Paraguay,
  rio. Vá Oyolas á reconocerle,
  y las poblaciones de los Cários en su ribera--12.

Paraná Guazú,
  es el Rio de la Plata--6.

Paresis,
  indios semejantes á los Xarayes. Llega á ellos Hernando de Rivera--33.
  Dan guias á los españoles y caminan por agua,
  y se vuelven con ellos á su tierra--35.

_Paronios_,
  indios. Reciben bien á Irala--46.

Payaguás,
  indios,
  su habitacion,
  frutos y vino--19.
  Reciben á Oyolas con paz fingida; dánle noticia en los Xarayes--_ibid._
  Y guias,
  y volviendo de la jornada le matan,
  con todos los suyos--20.
  Queman sus casas,
  y huyen al llegar Cabeza de Vaca--28.
  Dos presos confiesan la maldad en la Asumpcion,
  y son quemados--31.

Peces,
  abundan en el Rio de la Plata--8. Los que vuelan--5.

Pedro Dias--43.

Pedro de la Gasca (Licenciado). Cuando fué al Perú y volvió?--51.
  Castiga á Gonzalo Pizarro y otros,
  y escribe á Irala no entre al Perú--50.
  Recibe bien á Nuflo de Chaves y á otros enviados por Irala: los regala,
  y qué les previno?--51.
  Nombra por gobernador del Rio de la Plata á Diego Centeno,
  y le dá instrucciones--_ibid._

Pedro de Mendoza. Vá al Rio de la Plata,
  y con qué armada?--3.
  Dá en una isla despoblada,
  y se detiene tres dias--5.
  Llega al Rio Janeiro muy enfermo: nombra por su teniente á Juan Osorio,
  y por qué le hizo matar?--6.
  Va con la armada al puerto de San Gabriel,
  y sale á tierra su gente--_ibid._
  Funda la ciudad de Buenos Aires--7.
  Envia á D. Diego,
  su hermano,
  contra los Querandís--_ibid._
  Arma cuatro bergantines para reconocer los indios y buscar bastimento--9.
  Embárcase con Oyolas,
  á quien hizo capitan general--10.
  Muérensele 50 españoles,
  de hambre en el viage,
  y llega á los Timbús,
  y regala al cacique--11.
  Agravado de la enfermedad,
  y gastados mas de 40,000 ducados,
  se vuelve á Buenos Aires con dos bergantines--_ibid._
  Embárcase para España,
  muere en el camino,
  y manda en su testamento se lleve socorro á su gente--_ibid._

Pedro Rosel. Carga en San Vicente su nave de azucar--58.
  No quiere admitir en ella á Juan Stadio,
  que iba huyendo de los Tupís,
  y por qué?--_ibid._

Peranzures. Funda la ciudad de la Plata--50.
  Los indios de su repartimiento salen á recibir á Irala--40.

_Pernaiuve_. Toma los caminos del Perú,
  de órden de Irala,
  para recoger las cartas--51.

Perú,
  abundante de plata,
  y cuanto tocó de sus quintos al Rey--51.

Pescados tan grandes como ballenas,
  y sus batallas--58.
  Hacen gran daño en los navios pequeños--_ibid._

Peste en Urtuesa,
  causada por el hambre--34.
  Fué útil á los españoles--_ibid._

_Peyonas_,
  indios. Su tierra fértil y falta de agua--45.
  Su cacique pide á Irala no entre en su pueblo: no lo consigue,
  y le dá guias para que lleve agua por tierra--_ibid._

Pilotos. Se preguntan por su navegacion y viento al anochecer,
  cuando van juntos--24.

Planchas de plata que se ponian los indios en la frente--44.

Plata,
  rio. V. _Rio de la Plata y Paraná_.

Plata,
  villa--50. Abundante del metal de su nombre--_ibid._

Portugueses. Júntanse dos al autor cuando volvia á España--54.

Potosí,
  villa--50. Las minas de su cerro,
  y abundancia de plata--51.

Prodigios que hizo Cabeza de Vaca en la Florida--36.

Puercos,
  en los Cários--12. En los _Zemais_--14.

Puerto de Santa María--59.


Q

Querandís,
  indios vagos. Su número y comida--7.
  Acuden á los españoles catorce dias y se retiran--_ibid._
  Matan tres españoles,
  y,
  socorridos por sus amigos,
  pelean fuertemente: son vencidos,
  y su pueblo tomado--_ibid._
  Sitian con otros á Buenos Aires,
  quémanlas y á cuatro navios,
  y se retiran--9.

Quinto que impusieron los oficiales reales en los frutos;
  le quita Cabeza de Vaca--37.

Quintos reales. Lo que importaron en el Perú,
  aun no pagando la tercera parte,
  desde el año
1564 á 1585--51.


R

Raices. Comen los españoles--35.
  Hacian vino de ellas los indios--12.
  Una notable que formaba vasos de agua con las ojas,
  socorre á la gente de Irala--46.

Ratones. Comian los españoles de Buenos Aires--8.

Rio de la Plata,
  y su descripcion,
  y nombre en indio--6.
  Su anchura varia,
  hasta que entra en la mar--24.

Rui Garcia. Vá con otros á Lima de órden de Irala,
  y enferma en el camino--50.

Ruiz Galan. Vá con soldados por bastimento á los Querandís--7.
  Vuélvese con tres heridos--_ibid._
  Hace matar al cacique de los Timbús--8.
  Llévale Irala consigo--10.

Rio Janero. Llámalo _isla_ el autor--5.
  Habitado por los Tupís--6.

Robo de una muger por D. Jorge de Mendoza,
  alborota la isla de la Palma--4.

Rústicos en Alemania,
  casi como esclavos--43.


S

Sal,
  provincia llena de sal como nieve. Descansa Irala en ella dos dias--48.

Salazar. Vá á prender á Cabeza de Vaca--37.

Samocosis,
  indios. Déjales tres españoles enfermos Oyolas--20.
  Reciben de guerra á Irala y son vencidos,
  y muchos presos--47.

San Lucar,
  puerto. Dista 20 leguas de Sevilla--3.

San Salvador,
  rio--22.

Santiago,
  isla,
  cuanto dista de la Palma?--5.
  Toma bastimento en ella D. Pedro de Mendoza--5.

Santo Tomas,
  tierra enferma en que viven poco los indios--36.

San Vicente,
  pueblo en el Brasil--57.

_Schall-meias_. Nombre que los alemanes dan al caramillo--31.

_Schaubhut_,
  pescado,
  y daño que hace á los demas--5.

_Schebe Eyba Tuescha_,
  dice el autor que llaman los españoles á las culebras del rio,
  que atan con la cola á los que le pasan--56.

_Scheverveba_,
  pueblo. Llega á él autor con sus compañeros dolientes y flacos--57.

Sebastian Nidhart,
  ó Noarto,
  mercader--3.
  Escribe al autor se vuelva á Alemania de órden de su hermano--54.

Sed. Muere de ella alguna gente de Irala--46.
  Apáganla los Querandís con sangre de fieras,
  á falta de agua--7.
  Quitaba á los soldados pensar en oro y plata--47.

Sierra,
  pez--5.

_Simanos_,
  indios. Vencidos por Irala,
  desamparan su pueblo--46.

Sivisicosis,
  indios. Quieren huir de Irala,
  y les asegura: su guerra con los confiantes sobre agua que les faltaba,
  y un pozo que tenian se le dan á Irala--46.
  Y guias,
  que huyeron por la noche--47.
  Instan á los Samocosis á que maten tres españoles,
  y son castigados--_ibid._

Sococies,
  indios. Viven poco--36.
  Nacion populosa: y sus frutos--29.
  Situacion de su tierra--36.
  Andan desnudos: sus adornos,
  y trage de las indias--27.
  Llega á ellos Cabeza de Vaca--29.
  Salen de paz á recibir á los españoles,
  y armada pendencia con los Cários,
  son todos muertos--36.

Socorro que mandó enviar D. Pedro de Mendoza en su testamento á su gente,
  se ejecutó por los oficiales reales--11.

Soldados. Como deben tratarse--37.


T

Tabaré,
  cacique--41.
  Vá con los Cários á vengar la muerte de su hermano Aracaré--28.
  Requiérele Irala,
  y le desprecia,
  y como estaba fortificado,
  y perdido su pueblo,
  viene de paz--_ibid._
  Dá 2,000 indios á Cabeza de Vaca para la guerra--_ibid._
  Responde mal á Irala,
  pidiéndole que enviase los Cários á su tierra,
  y es vencido y perdonado--41.

Tempestad que padeció Gonzalo de Mendoza en el Rio de la Plata--25.
  En una perecen dos caballos de Cabeza de Vaca--26.
  Vuelve con ella á Cádiz el autor--60.
  Padece otra entre Francia é Inglaterra,
  que destroza los navios,
  y hunde ocho--_ibid._

Tembetá,
  llaman los indios al cristal que traen encajado en los labios--16.

Tenerife,
  isla--4.

Tercera,
  isla. Llega el autor á ella,
  y se provee de agua y bastimentos--59.

Testimonios falsos que levantaron á Cabeza de Vaca los rebeldes--37.

Tigres en los Guapás--49.

Timbús,
  indios. Su número,
  traza,
  trages de sus mugeres,
  comida y canoas--11.
  Habitan una isla en que reciben bien á Oyolas--_ibid._
  Sitian con otros á Buenos Aires--9.
  Muerto su cacique,
  huyen de la poblacion de los españoles--28.
  Rebélanse,
  resueltos á acabar con los españoles--_ibid._
  Dan muerte á 50 sobre seguro,
  y sitian á Corpus Christi,
  combatiéndole fuertemente: matan al gobernador y se retiran--_ibid._

Tobas,
  indios sugetos á los _Mapais_,
  huyen de Irala,
  dejando el pueblo con bastimento--45.

Tomas Schmidel,
  hermano del autor. Le hace escribir que se vuelva á su casa--54.

Trages de las indias del Rio de la Plata: un paño desde
  la cintura á la rodilla--6.

Tupí,
  provincia--55.

Tupís,
  indios del Rio Janeiro--6.
  Soberbios,
  tienen guerra con sus vecinos,
  y como llevan los cautivos á su pueblo,
  y fiestas que hacen cuando los matan,
  y sus borracheras--55.


U

_Urquá_,
  rio de muchas culebras,
  que hunden con la cola á los que pasan--56.

Ursa mayor,
  donde deja de verse en el viage de Indias,
  y su mayor altura--36.

Urtueses. Nacion mas al norte de los Paresis. Su cacique regala á
  los españoles planchas de
  oro y pulseras de plata--34.


V

Viages de los Cários,
  mas largos que los de los otros indios--16.

Vino. Hacian los Cários de raices--12.
  Otros de algarroba--15.
  De miel,
  y como?--16.
  De maiz,
  los Tupís,
  con que se emborrachan--55.


W

Wight,
  puerto,
  en Inglaterra,
  donde llega el autor con tempestad,
  casi perdidas las naves--60.


X

Xaraye,
  rey de este nombre. Sale á recibir á Hernando de Rivera por un camino
  sembrado de flores y yerbas--31.
  Con su música y caza,
  que le tuvo antes de llegar á su pueblo--_ibid._
  Dále oro y noticia de las Amazonas--32.
  E indios que le guien,
  y lleven el fardage,
  disuadiéndole el viage--33.
  Hace asistir á los españoles enfermos con mucho cuidado--34.

Xarayes,
  indios. Eran,
  segun los Payaguás,
  tan sábios como los españoles,
  y ricos de oro y comestibles--19.
  Envia á reconocerlos Cabeza de Vaca--30.
  Rescatan con Hernando de Rivera--31.
  No quieren dejar á los españoles en los Paresis,
  y volver á su tierra--33.
  Es nacion populosa,
  que toma nombre de su rey: sus adornos,
  y trage de las indias--31.
  Son como los Orejones,
  y bailan con tanto concierto que pasman--32.


Y

Yacaré,
  pez,
  es el caimán ó cocodrilo. Se describe,
  y fábulas que se cuentan de él; dió nombre á los Acarés--30.

Yapirús,
  indios. Sus armas y comida--38.
  Hacen paz con los españoles,
  y les auxilian--_ibid._
  Dos ayudan á cada español con hoces y escudos de cuero en
      Carieba--_ibid._
  Entrando al pueblo matan cuantos pueden,
  y les desuellan las cabezas--40.
  Y para qué?--_ibid._
  Van con Irala contra Tabaré--39.
  Cortan mil cabezas á los indios de Hieruquizaba--42.


Z

_Zemais Salvaiscos_,
  indios chicos y gordos. Andan desnudos,
  su comida y número--14.



INDICE DE LAS OBRAS CONTENIDAS EN EL TERCER TOMO.


I.

_Descripcion geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz de
la Sierra, por D. Francisco de Viedma._

_Discurso preliminar del editor._


II.

_Fundacion de la ciudad de Buenos-Aires por D. Juan de Garay, con otros
documentos de aquella época._

_Discurso preliminar del editor._


III.

_Actas capitulares desde el 21 hasta el 25 de Mayo de 1810, en
Buenos-Aires._

_Prólogo._


IV.

_Memoria sobre la navegacion del Tercero, y otros rios que confluyen al
Paraná, por D. Pedro Andres Garcia._

_Introduccion del editor._


V.

_Fundacion de la ciudad de Montevideo, por el Teniente General D._

_Bruno Mauricio Zavala, con otros documentos relativos al Estado
Oriental._

_Discurso preliminar del editor._


VI.

_Memoria histórica, geográfica, política y económica sobre la provincia
de Misiones de indios guaranís, por D. Gonzalo de Doblas._

_Discurso preliminar del editor._


VII.

_Diario de un viage á Salinas Grandes, en los campos del sud de
Buenos-Aires, por el Coronel D. Pedro Andres Garcia._

_Informe al gobierno._

_Discurso preliminar del editor._


VIII.

_Descripcion de la provincia de Tarija, por D. Juan del Pino Manrique._

_Prólogo._


IX.

_Viage al Rio de la Plata, por Ulderico Schmidel._

_Indice._

_Noticias biográficas del autor._





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