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Title: La situacion de Puerto-rico: Las falacias de los conservadores - y los compromisos del partido radical
Author: Anonymous
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "La situacion de Puerto-rico: Las falacias de los conservadores - y los compromisos del partido radical" ***

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Notas del Transcriptor:

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Citas están denotadas de acuerdo al texto original con dos
símbolos distintos: " " y « ».



  PROPAGANDA REFORMISTA

  LA SITUACION

  DE

  PUERTO-RICO

  LAS FALACIAS DE LOS CONSERVADORES

  Y

  LOS COMPROMISOS DEL PARTIDO RADICAL

  POR

  UN PUERTO-RIQUEÑO

  MADRID
  1873
  IMPRENTA DE J. NOGUERA Á CARGO DE M. MARTINEZ
  _calle de Bordadores, núm. 7_



  AL PAÍS



  LA SITUACION

  DE

  PUERTO-RICO

  LAS FALACIAS DE LOS CONSERVADORES

  Y

  LOS COMPROMISOS DEL PARTIDO RADICAL

  POR

  UN PUERTO-RIQUEÑO

  MADRID
  1873
  IMPRENTA DE J. NOGUERA Á CARGO DE M. MARTINEZ
  _calle de Bordadores, núm. 7_



  AL PAÍS


I.

Ocurre en estos instantes un hecho que no puede estrañar á los que
conozcan algo la historia de la América española y estén al tanto de los
recursos de que se valen los esclavistas y reaccionarios ultramarinos
para sorprender y violentar la opinion pública de la Península; pero que
parece como de encargo, para aumentar las confusiones y dificultades de
la política española, y por consecuencia para comprometer á la patria en
un camino de escollos y desastres.

Acaba de subir al poder el partido radical, que como partido digno de
este nombre, tenia y tiene su credo perfectamente determinado, y cuya
perfecta realizacion debia ser la esperanza de aquellos que á su
exaltacion habian contribuido, así como el punto de referencia y el dato
obligado de todas las observaciones y censuras de sus adversarios. Solo
así la vida política es una cosa séria, y solo así pueden desenvolverse
las opiniones y hacerse camino las reformas, sin sorpresas, violencias
ni decepciones siempre perturbadoras en el órden de los intereses
permanentes del país.

Entre los empeños del partido radical, uno era el de las reformas
ultramarinas, y singularmente el de las reformas políticas y sociales en
la isla de Puerto-Rico: y lo era, ya no solo por figurar en las filas
del partido--y, dicho sea de paso, en primera línea--un grupo bastante
numeroso de hombres cuyos compromisos en la cuestion colonial eran y son
notorios, sí que tambien por haber sido este punto concreto de la
política española (así como el de la inteligencia de los derechos
individuales y la soberanía nacional) uno de los temas de disidencia de
los dos célebres manifiestos de 13 y de 15 de Octubre de 1871, que como
todo el mundo sabe, sirvieron de base para la formacion de los partidos
conservador y radical.

Triunfante éste, era llegado el momento de esperar la inmediata
realizacion de las reformas de Puerto-Rico; y á esto, en buena
lógica,--no haciendo un agravio al partido dominante--tenian que
contraerse los esfuerzos de los devotos y las críticas de los enemigos.

Pero ¡oh sorpresa! Todo menos que esto hicieron los defensores del
_statu quo_, y toda su inteligencia y todos sus recursos se pusieron al
servicio de estas dos ideas: primera, que el partido radical no estaba
obligado por su historia ni por sus intereses, á hacer política radical
en Ultramar; segunda, que existia en Puerto-Rico un desórden y amagaban
tales conflictos que forzaban al radicalismo peninsular á buscar
soluciones y apoyo en las doctrinas y en los hombres del partido
conservador.


II.

La primera parte de esta empresa era por todo estremo difícil. Cuantos
de las cosas políticas se ocupan conocen bien los compromisos precisos,
terminantes, ineludibles, del partido radical en la cuestion
ultramarina. No era preciso remontarse al año de 1837 en que al ser
expulsados,--sin razon ni motivo, y contra el voto de 65 progresistas,
entre ellos D. Fermin Caballero, Vila, Diez y otros no menos
respetables,--los representantes en Córtes, de las provincias de
Ultramar, se levantaba D. Agustin de Argüelles á decir: «No condenamos á
la isla de Cuba y al resto de esa grande monarquía que ha finalizado
para nosotros, á un sistema absoluto, despótico... Yo quiero que sean
(aquellos habitantes) tan felices como nosotros; no quiero que haya un
solo ápice de diferencia entre ellos y nosotros, pero quiero que esta
felicidad proceda por leyes análogas á su situacion y circunstancias;»
vano deseo, protesta vana que dió de sí, por un lado, la promesa,
consignada como letra muerta en la Constitucion de 1837, de las _leyes
especiales_ por que se habian de regir las provincias de Ultramar, y,
por otra parte, cerca de cuarenta años de absolutismo, de persecuciones
y de opresion en las Antillas, que han tenido muy buen cuidado de
recordar siempre los partidos conservadores, declinando toda la
responsabilidad sobre el partido progresista.

Tampoco era menester acudir á las Constituyentes de 1855, en cuyo seno
el Sr. D. Nicolás M. Rivero sostuvo una proposicion de ley para llevar
las conquistas de la revolucion al otro lado de los mares; proposicion
retirada bajo la formal palabra de los hombres de aquellos dias de que
no tan solo se consignaria en las bases de la Constitucion el precepto
de las leyes especiales, sino que para nuestras Antillas, se harian
aquellas por las mismas Constituyentes, detenidas un instante ante el
temor de la conspiracion de Pintó y las exageraciones de los sucesos de
Cuba; recurso supremo á que han apelado siempre, para sostener el _statu
quo_ los reaccionarios ultramarinos, los reaccionarios de interés y de
corazon, con _voz y voto_ en los períodos revolucionarios y con
autoridad, tan evidente como perjudicial, entre sus mismos enemigos de
la Península, gracias al pretexto de que en nuestras Antillas solo se
ventila una cuestion nacional.

No se necesitaba tampoco recordar los discursos de las eminencias del
progresismo en las Córtes de 1858 al 62; las elocuentes protestas de
arrepentimiento del célebre banquete de los Campos Elíseos en 1864; el
texto del manifiesto del partido progresista y el espíritu y la letra de
todos los programas de la democracia, señaladamente el de 1865:
documentos todos en que aparece, de un modo claro y perfecto, la
voluntad de los dos bandos que luego, por la fuerza de las
circunstancias, han venido á formar el partido que hoy impera en las
esferas del poder, proclamando la personalidad del hombre, sus augustos
destinos y sus _derechos naturales é imprescriptibles_, y por tanto, los
mismos é idénticos, ora en medio de la bravura de los trópicos, ora en
las ardientes arenas del Africa, ora en el seno de las cultas y
refinadas ciudades de la vieja Europa.

De más cerca son los compromisos, llevados ahora casi al detalle, porque
la mayor comunicacion con nuestras provincias de Ultramar, la misma
guerra de Cuba, el adelantamiento general de las ideas y la mayor
cultura de nuestros hombres políticos--prescindiendo de otras
causas--han hecho posible la inteligencia de muchas de las cuestiones
coloniales, la distincion entre comarcas y comarcas y el presentimiento,
cuando menos, de problemas antes ni sospechados, pero cuya trascendencia
en el órden político interior de la Península no puede ocultarse á los
que han visto cómo en nuestras Antillas se han creado las fortunas y
robustecido las posiciones de ese centenar de soldados y ese grupo de
burócratas, de sedientos banqueros é inverosímiles cuanto escandalosos
potentados, base de los partidos reaccionarios de España é implacables
verdugos de nuestros partidos liberales.

Ahí está la solemne declaracion del último Gobierno Provisional, en su
Manifiesto de 25 de Octubre de 1868 á la Nacion, y que á la letra decia:

     "De las ventajas y beneficios de la Revolucion gozarán tambien
     nuestras queridas provincias de Ultramar, que forman parte de la
     gran familia española y que tienen derecho á intervenir con su
     inteligencia y su voto, en las árduas cuestiones políticas,
     administrativas y sociales planteadas en su seno."

Ahí está el art. 108 de la Constitucion de 1869 que á la letra dice «que
las Córtes Constituyentes reformarán el sistema actual del gobierno de
las provincias de Ultramar, _cuando hayan tomado asiento los diputados
de_ CUBA Ó DE PUERTO-RICO, para hacer estensivas á las mismas, con las
modificaciones que se creyeren necesarias, los derechos consignados en
la Constitucion;» artículo en cuya primitiva redaccion se habia
suprimido la disyuntiva.

Ahí está el proyecto de Constitucion para Puerto-Rico, presentado á la
Cámara por el ministro de Ultramar, don Manuel Becerra, y en cuyo
preámbulo se leen estas elocuentes frases: «Aunque otros motivos más
íntimos no tuviera la Madre Patria, bastaria el indicado (el órden y la
fidelidad de la pequeña Antilla) para que volviendo sobre pasados
errores procurase el olvido de injusticias anteriores con la reparacion
solemne y pública de ellas, con el reconocimiento leal, á la vez que
ilimitado, del derecho igual para todos los hijos de España, no solo por
esta consideracion de índole política, sino por otra más poderosa, de
carácter puramente humano: que allí donde existe un sér inteligente y
responsable, se da el derecho como el único medio de manifestacion y
vida propia, de comunicacion con sus semejantes, de realizacion, en fin,
del destino individual y social que la Providencia ha marcado con
indelebles caractéres á los hombres y á los pueblos.... Hoy que la
provincia de Puerto-Rico ha expresado su voluntad y nos presta el
concurso de sus delegados, fuera _impolítico, y sobre impolítico
injusto, diferir por más tiempo el cumplimiento de solemnes compromisos,
de reiteradas promesas, y ante todo de deberes ineludibles_, que la
España, que las Córtes Constituyentes, que el Gobierno, ni pueden, ni
deben olvidar.»[1]

   [1] 18 de Noviembre de 1869.

Ahí está el fallo de la Cámara que por 103 votos contra 13 desechó el
particular del Sr. Romero Robledo que proponia que «se aplazase la
deliberacion sobre el proyecto de Constitucion de Puerto-Rico, hasta que
tomasen asiento los diputados cubanos, recomendando al gobierno la
urgencia de que se procediese á hacer las elecciones en la isla de
Cuba;» votacion[2] importantísima no solo por la materia sobre que
recaia, si que tambien por haberse abstenido todos los diputados de
procedencia conservadora, emitiendo sus votos solo los tradicionalistas
y cuatro progresistas[3] y siendo quizá la primera vez que se rompia el
pacto de los dos partidos gobernantes desde Octubre de 1868.

   [2] Sesion del 1.º de Abril de 1870.

   [3] Los Sres. Palau, Rius, Paradela y Montero Telinge.

Ahí está la _Ley preparatoria para la abolicion de la esclavitud_,
presentada por el Sr. D. Segismundo Moret y votada por la Cámara
Constituyente; ley en cuyo art. 21 se dice de un modo terminante: «El
gobierno presentará á las Córtes cuando en ellas hayan sido admitidos
los diputados de Cuba, el proyecto de ley de emancipacion indemnizada de
los que queden en servidumbre, despues del planteamiento de la Ley
preparatoria;» siendo de advertir que la condicion de la presencia «de
los diputados de Cuba» se establecia por acuerdo del autor de la frase,
del ministro de Ultramar y de la comision que habia dado dictámen, en el
_supuesto de que en la próxima legislatura habrian de estar los tales
diputados_, sin que su ausencia, en todo caso, _pudiese detener la
ejecucion de la ley en la legislatura próxima_.[4]

   [4] Sesion del 17 de Junio de 1870. Discursos de los Sres.
   Cánovas, Moret y Villalobos.

Ahí está la _Ley de organizacion municipal_, obra del señor don Nicolás
M. Rivero, votada por las Constituyentes en Junio de 1870, y en cuya 4.ª
disposicion transitoria se manda que «se aplique la ley desde luego á la
provincia de Puerto-Rico con arreglo á los proyectos de Constitucion y
de Ayuntamientos de la misma»--presentados por el señor
Becerra--precepto hasta ahora no cumplido, para desdoro del poder
soberano de la Metrópoli y agravio de la memoria de las
Constituyentes.[5]

   [5] Despues de escritas estas líneas ha aparecido el decreto
   de 13 de Diciembre de 1872, cumpliendo el precepto, por más de
   que no le siga la convocatoria de los comicios
   puerto-riqueños, que es su lógico complemento.

Ahí están las palabras con que D. Cristino Martos, que á la sazon
ocupaba la presidencia de la Cámara saludó la entrada de los diputados
de Puerto-Rico en las Constituyentes:

     "Sea bien venido ese represente Sr. Vardes Linares, (el que acababa
     de hablar en la cuestion de los defensores de las Tunas, abogando
     porque se hiciese de Puerto-Rico una verdadera provincia española)
     con todos sus dignos compañeros. Que sepa que la Asamblea
     Constituyente, representante de la revolucion de Setiembre, acoje
     con placer su noble palabra y con gratitud la espresion de sus
     patrióticos sentimientos, y que ciertamente las Córtes soberanas de
     la nacion, lo mismo que el gobierno, han de responder á ese
     sentimiento de elevado patriotismo que aquí se expone en nombre de
     esa provincia, llevando allí tan pronto como sea posible las
     reformas liberales á que tiene derecho."[6]

   [6] Sesion del 12 de Octubre de 1861.

Ahí están las frases del presidente del Consejo de ministros, de D. Juan
Prim, en la misma sesion y con idéntico motivo:

     "...Estén tranquilos los diputados por Puerto-Rico; tranquilícese
     aquella hermosa provincia que yo aprendí á estimar cuando tuve el
     honor de mandarla como capitan general: yo que me llevé de aquel
     país un buen recuerdo, á mí recibieron allí con aprecio y
     benevolencia, y siempre les he correspondido y _en cuanto de mi
     dependa, pueden_ estar seguros los señores representantes de
     Puerto-Rico que sus deseos serán satisfechos. En cuanto á las ideas
     políticas, estén seguros tambien los puerto-riqueños que de una
     manera completa y bien entendida quedarán satisfechas todas sus
     aspiraciones."

Ahí está el discurso pronunciado por el entonces ministro de Ultramar,
D. Segismundo Moret, al terminarse las sesiones de las Constituyentes, y
cuyas últimas frases fueron--contestando al diputado Sr. Padial, que
preguntaba: ¿cómo se han de cumplir en lo sucesivo los arts. 108 y 109
de la Constitucion?

     "La obligacion de hacer estensiva la Constitucion de la monarquía á
     las provincias de Ultramar y la de presentar una ley especial de
     gobierno para las islas Filipinas, es una obligacion constitucional
     que queda perfectamente definida y habrá de continuarse, lo mismo
     en este punto que en lo referente á la organizacion municipal en
     las futuras Asambleas que por el país se elijan; y lo mismo digo
     respecto á la cuestion de esclavitud. Esto me parece absolutamente
     fuera de toda duda, y solo por satisfacer á S. S. lo afirma ahora
     el Gobierno."

     "...En resúmen, la Constitucion de Puerto-Rico queda para las
     Córtes próximas, y entre tanto, los derechos electorales están para
     siempre adquiridos en Puerto-Rico, pues no entiende el Gobierno que
     pueda haber elecciones generales sin que las haya tambien en
     aquella leal provincia. Y respecto de los demás puntos, en especial
     á la esclavitud, el Gobierno cree que sus compromisos no concluyen
     en esta Asamblea, sino que siguen y seguirán hasta que tengan
     completa satisfaccion.[7]"

   [7] Sesion del 23 de Diciembre de 1870.

Ahí está el párrafo de la contestacion al Mensage de la Corona de Abril
de 1871; párrafo debido, segun de público se dijo y nadie negó, á las
reclamaciones de los señores don Nicolás María Rivero y D. Gabriel
Rodriguez, presidente é individuo, respectivamente, de la comision
nombrada para redactar el documento, y que á la letra dice: «Fatal
legado del antiguo régimen, durante el cual fermentaron las pasiones
rencorosas y se preparó la esplosion, es la guerra civil que arde en
Cuba todavía; pero el Congreso de Diputados comparte con V. M. la
esperanza de que pronto y dichosamente termine. La entereza del
gobierno, el patriotismo, valor y sufrimiento de la marina, del ejército
y de los voluntarios, la pericia de sus jefes y el constante ánimo de la
nacion entera, contribuirán á este fin juntamente con la persuasion que
ha de ganar al cabo la mente de los rebeldes, de que sometidos,
alcanzarán las libertades que en vano quieren obtener por la fuerza. Su
empleo estorba solo el cumplimiento de las promesas de la revolucion,
las cuales _no tardarán en cumplirse, como el Congreso desea, en la otra
grande Antilla española, donde la paz no se ha turbado y donde el pleno
goce de los derechos políticos y la abolicion de la esclavitud no han de
influir en que se turbe_.»[8]

   [8] Palacio del Congreso 24 de Mayo de 1871.--Nicolás M.
   Rivero.--Tomás G. Mosquera.--Gabriel Rodriguez.--Francisco
   Romero Robledo.--José Abascal.--Juan Valera.

Ahí está el manifiesto de 15 de Octubre de 1871, que sirvió de bandera
al partido radical de la Península, firmado por catorce diputados de la
pequeña Antilla, y que, con asentimiento (como era natural) de los
prohombres del radicalismo fué llevado á Puerto-Rico, por los Sres.
Baldorioty, Blanco y Sanromá, para que á su sombra peleasen, como
pelearon en medio de las mayores contrariedades, los electores
puerto-riqueños, y enviaran cuatro miembros, notables por su carácter y,
su inteligencia y su palabra[9], á la oposicion radical del Congreso, y
dos á la oposicion del Senado.[10] .....«Extinguir á todo trance la
rebelion de Cuba, y asegurar á toda costa la integridad nacional, sin
hacer para ello concesiones que el honor de España no consiente ni
transacciones que el patriotismo de nuestro partido rechaza; y una vez
restablecida la paz, entrar para aquella isla _en el camino de las
reformas que la Constitucion de 1869 ha ofrecido libremente á nuestros_
CONCIUDADANOS _de Ultramar_ y que han _comenzado á plantearse en
Puerto-Rico, donde la tranquilad no se ha turbado y donde el_
COMPLEMENTO DE ESTAS REFORMAS Y LA ABOLICION DE LA ESCLAVITUD _no han de
influir para que se turbe_...: he aquí nuestro firme propósito.»

   [9] Los Sres. Mosquera, Sanromá, Labra y Alvarez Peralta.

   [10] Los Sres. Rodriguez y Tirado.

Ahí está el discurso pronunciado por el Sr. Rivero (actual presidente
del Congreso y fundador de aquel célebre periódico _La Constitucion_,
que desde el primer dia levantó bandera contra las _dos rebeliones_ de
Cuba, antes del motin contra el Banco, la huelga de los cocheros y los
fusilamientos del 28 de Noviembre de 1871 en la Habana) en el gran
_meeting_ tenido por el partido radical en el Circo de Price el 26 de
Noviembre del año último, y donde decia:

     "He sido llamado filibustero y republicano. Deseo ser bien
     comprendido por lo que respecta á esta materia, y hablaré sin
     reserva alguna á mis amigos políticos aquí reunidos. Señores, yo
     siempre he defendido el mismo principio, del cual jamás me
     desviaré. Es mi deseo que las colonias sean verdaderas provincias
     españolas, pero que el pabellon de Castilla ondee siempre en ellas.
     Siempre he defendido esto, y me tomo la libertad de observar que yo
     fuí el primero que levantó la bandera de la perfecta asimilacion de
     aquellas posesiones, en el sentido político y administrativo, con
     las demás provincias de nuestro país. Pero, señores, por la misma
     razon que amo á los habitantes de aquellas colonias como hermanos,
     quisiera verlos en el goce de las mismas libertades y los mismos
     derechos que aquí hemos conquistado con tanto trabajo: derechos y
     libertades que les son debidos porque les han sido prometidos y
     porque yo deseo que estén dispuestos á ser leales y verdaderos
     hermanos nuestros. (_Aplausos._) Señores, yo no quiero esclavos.
     (_Grandes aplausos._) Yo no quiero que mi país, no quiero que el
     país de Isabel la Católica, no quiero que la patria del P. Las
     Casas sea la última en arrancar de su seno este baldon de la
     humanidad. Mas si deseo para mis hermanos de las colonias la
     Constitucion y las libertades de España, nunca por mi parte,
     concurriré á que mi país conceda esa libertad y esa constitucion á
     los que nos las piden á balazos. (_Aplausos._) Ha de ser don
     espontáneo de nuestras almas: acuerdo de los poderes públicos
     generosamente tomado. Sólo así, esto que nuestros padres
     conquistaron, que nosotros mismos hemos alcanzado á costa de tanta
     sangre, de tantas lágrimas, de tantas heróicas víctimas, les puede
     ser concedido."

Y el Sr. Martos añadia en la misma reunion entre los aplausos de las 12
mil personas que asistian á ella. «Somos llamados _filibusteros_ porque
queremos conceder reformas á nuestras posesiones coloniales, á Cuba,
despues de haber hecho sentir á los rebeldes el peso de nuestras armas,
y porque asimismo, somos favorables á la abolicion de la esclavitud,
que es un insulto al siglo. Con más justicia podríamos nosotros
apellidar á los que así nos hablan, _negreros_:»--palabras (de igual
suerte que las del Sr. Rivero) de tanta importancia, como que fueron
reproducidas en los despachos de Mr. Sickles, embajador de los
Estados-Unidos, al Gobierno de su país, y de Mr. Layard al conde
Granville, ministro de Negocios Extranjeros de la Gran Bretaña, en 28 de
Noviembre de aquel mismo año.[11]

   [11] Del despacho de Mr. Layard traducimos estos discursos.

Ahí está la enmienda presentada (aunque no discutida) por los Sres.
Sanromá (actual consejero de Estado) Pasaron y Lastra (actual
vicepresidente del Congreso) Gomez Marin (actual subsecretario del
ministerio de Ultramar), Moreno Portela (actual gobernador de Toledo),
Alvarez Peralta, Molini y Anglada (actuales diputados á Córtes), como
miembros de la oposicion radical en Mayo de 1872, al proyecto de
contestacion al Mensaje de la Corona; Mensage notable por su absoluto
silencio respecto de Puerto-Rico y por sus afirmaciones del _statu quo_
ultramarino mientras durase la guerra de Cuba. «En tanto llega--decia la
enmienda--el anhelado dia de la paz en la grande Antilla, la Cámara cree
que deben cumplirse los compromisos de honor, contraidos por la
revolucion de Setiembre llevando á Puerto-Rico las reformas á que se
refiere el art. 108 de la Constitucion vigente y declarando abolida la
esclavitud de los negros, conforme á las constantes escitaciones de los
habitantes de aquella isla, preparada escepcionalmente para la solucion
definitiva de su cuestion social.»[12]

   [12] Congreso 19 de Mayo de 1872.

Ahí está el discurso pronunciado en aquella misma legislatura por D.
Manuel Becerra que decia.....

     "¿Hay alguna razon para que no se lleven á Puerto-Rico las reformas
     que reclama con tanta justicia, despues de haberles dicho un dia y
     otro que sí, que serian tales españoles, que gozarian de los mismos
     derechos que nosotros, de los mismos deberes y de las mismas
     ventajas? Nosotros que por una malhadada idea los echamos del
     Congreso en 1837 á esos puerto-riqueños, que en una lucha con malas
     condiciones han dado sus soldados, y no sólo dieron soldados sino
     que el país quedó sin uno siquiera por que todos fueran á Santo
     Domingo á defender la bandera española con motivo de la guerra á
     que dió márgen la desdichada, la efímera anexion de 1861. Yo
     pregunto: si allí no hay guerra ¿por qué no llevais la Constitucion
     española modificada como requiere el estado de aquel país? ¿Por qué
     no pensais en abolir la esclavitud? ¿Qué inconveniente ofrece esto
     más que la indemnizacion? ¿Por qué no pensais en darles un Código
     Penal, del cual carecen?..... De suerte que todo de consuno, la
     conveniencia, la justicia nos aconseja _llevar inmediatamente_ la
     reforma á Puerto-Rico. ¿Os parece, señores diputados, un escándalo
     el que Puerto-Rico tenga un Ayuntamiento? ¿Os parece escándalo que
     una poblacion de tal densidad y con tales condiciones viva sin
     Ayuntamiento? ¿Os parece que es este un buen sistema colonial? ¿Es
     este el sistema colonial de los ingleses, de los holandeses, de los
     portugueses, del Brasil? ¡Quedamos hoy, ó somos nosotros la _sola_
     Nacion que tiene la horrible mancha de la esclavitud, mancha que
     cae lo mismo sobre el oprimido que sobre el opresor!"[13]

   [13] Sesion del 4 de Junio de 1872.

Ahí está la prensa radical de Madrid en el momento de subir al poder el
partido dominante. _El Imparcial_ decia el 3 de Julio:

     "Sería chusco que el partido radical, sólo por imitar á los
     conservadores, que tanto han explotado las cuestiones ultramarinas
     para hacerles servir á sus fines en la Península; que el partido
     radical, decimos, no procediera respecto á aquellas provincias tal
     y como en sus manifestaciones ha dicho al país, así en el
     Parlamento como fuera de él, lo mismo por la voz autorizada de sus
     jefes en el poder y en la oposicion, que por los solemnes
     documentos que de vez en cuando se ha visto obligado á
     publicar."[14]

   [14] Artículo _Hablar por hablar_.

Y más tarde, el dia 4, añadía:

     "_Nosotros no hemos dicho por cuenta propia que no existe política
     radical para Ultramar._ Es una opinion de los conservadores y del
     mismo _Debate_ cuando asegura que allí no es posible hacer otra
     política que la española. La nuestra y la del colega son españolas
     y sin embargo, _difieren en muchos puntos que no hay para qué
     nombrar ahora_."

     "Cuando ayer hablamos de la política ultramarina de nuestro
     partido, nos referimos á las declaraciones que el partido ha
     dirigido al país. _Ahí están nuestros manifiestos, los programas
     de los gabinetes radicales. Las opiniones individuales que difieren
     en más ó en menos del resto del partido, no constituye dogma en la
     iglesia radical_."[15]

   [15] Artículo _Dos palabras á El Debate_.

_La Tertulia_ en su número del 14 de Julio combatiendo á los que como
_La Discusion_, temian que el gobierno retrocediese en la política
colonial y á los que, como _El Debate_, le invitaban á entrar en sus
aguas, decia:

     "¿Duda nadie que nuestros hombres cumplirán sus compromisos y sus
     ofertas en puntos tan graves como las quintas, el jurado, el
     derecho de asociacion, etc. etc.? Pues ¡porqué ha de retroceder en
     la cuestion de Ultramar!!!....."

     "Que dentro de un gran partido haya grados y matices, todo el mundo
     lo sabe, y esto prueba la riqueza del partido. Así, no es estraño
     que entre los radicales haya muchos que crean, sobre Ultramar, tal
     ó cual reforma preferible á esta ó la otra..."

     "Se trata, por ejemplo, de la abolicion de la esclavitud. Muchos de
     nuestros amigos son partidarios de la abolicion inmediata, y otros
     de la lenta ó aplazada, todos empero, y este es el compromiso del
     partido, _son defensores, no sólo de la abolicion, sino á comenzar
     desde luego á realizarla_."

     "Y hay más. Dentro del partido radical, como dentro de todos los
     partidos, caben hombres que no están en un todo y absolutamente de
     acuerdo con el programa ó el credo de la Iglesia, si bien aceptan ó
     defienden la mayor parte, la casi totalidad de sus artículos. No
     por esto los rechazamos; pero en cambio sostenemos que esos hombres
     no pueden tomar el nombre ni valerse de la autoridad del partido
     para realizar sus opiniones particulares. _Un enemigo de las
     reformas_, por ejemplo, _sería imposible en el ministerio de
     Ultramar_, como lo sería un partidario de las reformas políticas
     inmediatas en Cuba."[16]

   [16] Artículo _Censuras injustas_.

_El Universal_ escribia el 5 de Julio:

     "... Precisa, por tanto fijar bien el estado de las cosas. Ni
     carantoñas, ni ladridos podrán conseguir del partido radical que
     renuncie á sus compromisos ni falte á su palabra. Nosotros tenemos
     un programa, y nadie, ni alto, ni bajo, puede faltar á él sin
     incurrir en nota que todos los hombres honrados miran con horror."


     "Nadie puede alegar duda respecto de lo que hará el partido
     radical. Al aire tiene desplegada su bandera la víspera del 16 de
     Junio, y todo el mundo conoce su manifiesto programa del 15 de
     Octubre de 1871."

     "En lo relativo á Ultramar es terminante."

     "Extinguir á todo trance, etc... y que han comenzado á plantearse
     en Puerto-Rico, donde la tranquilidad no se ha turbado, y donde el
     _complemento de estas reformas y la abolicion de la esclavitud_ no
     ha de influir en que se turbe."

     "He aquí nuestros compromisos:"

     "... Lo que se puede pedir, lo que hay perfecto derecho de pedir de
     nuestro partido, y por tanto al ministro actual, lo dice claro el
     párrafo que hemos copiado; _y nosotros podemos afirmar, que á fuer
     de sincero y honrado el partido radical hará la reforma en
     Puerto-Rico y abolirá la esclavitud. Para esto ha subido al
     poder_."[17]

   [17] Artículo _Entendámonos_.

_La Nacion_ decia el 3 de Julio:

     "... (Despues de copiar las palabras del Manifiesto de Octubre del
     71.)"

     "Pues bien, cuando tan terminantemente se consignan esos propósitos
     por un partido, ¿es justo abrigar sospechas sobre ellos? De ningun
     modo. Nosotros venimos sosteniendo constantemente la opinion de
     _que si en Cuba no es posible intentar reforma alguna, en
     Puerto-Rico muy al contrario, estamos obligados á llevar aquellas á
     que se han hecho acreedores con su conducta sensata, y tan
     solemnemente les tenemos prometidas_."

     "Que fuera gran torpeza y notoria injusticia condenar á la menor de
     las Antillas á misma suerte que su vecina la isla de Cuba, por el
     solo hecho de su proximidad á la insurreccion. Esto, en vez de
     atraer culpabilidad sobre Puerto-Rico, es un timbre glorioso para
     los fieles borinqueños que no se contagian con la traicion de sus
     hermanos y que saben conservarse fieles á la madre patria." [18]

   [18] Artículo _Una palabra sobre Ultramar_.

Ahí está la contestacion del Mensaje de la corona en las actuales
Córtes. El del Congreso decia:

     "Conseguido el propósito, pacificada la isla, salvo el honor, que
     ya no podrán estimarse las reformas ni motejarse la libertad como
     muestras de flaqueza ó complacencias exigidas y arrancadas, anhelan
     el Congreso y el gobierno que goce Cuba de libertades y derechos,
     cumpliéndose lealmente las solemnes promesas hechas por las Córtes
     Constituyentes."

     "En la otra Antilla, donde la paz no se ha turbado, y donde el
     pleno goce de los derechos políticos y la abolicion de la
     esclavitud no han de influir en que se turbe, no tardarán sin duda,
     como el Congreso desea, en verse totalmente realizadas las promesas
     de la revolucion."[19]

   [19] Firman este documento los señores diputados siguientes:
   D. Manuel Becerra (presidente), D. Tomás M. Mosquera, D.
   Augusto Comas, D. Sabino Herrero, D. Manuel Gomez Marin, don
   Pedro Mata, D. Francisco de P. Canalejas.

El del Senado como sigue:

     "Ese venturoso restablecimiento de la calma en la parte más
     considerable y feraz de la isla, permite esperar que en breve han
     de estenderse los beneficios de la paz á la escasa porcion de
     territorio agitada todavía por el furor de las bandas insurrectas,
     y que entonces, puestos á salvo de toda sospecha los generosos
     móviles del gobierno, será dado cumplir, sin nota de flaqueza, los
     solemnes compromisos de la revolucion."

     "Parte de esta deuda está satisfecha ya con las acertadas reformas
     que, despues de salvar la crísis económica, han regularizado la
     administracion, introduciendo en ella escrupulosa moralidad."

     "En más breve plazo podrá gozar de mayores ventajas la pacífica
     isla de Puerto-Rico, la cual, encerrada en los limites del deber
     por la sola fuerza de su lealtad, merece ver atendidas sin temor ni
     recelo sus justas aspiraciones, y conseguir que los poderes
     públicos, secundando la generosa conducta de sus habitantes,
     promuevan la abolicion de la esclavitud."[20]

   [20] Firman este documento los senadores D. Eugenio Moreno
   Lopez (presidente), D. Eulogio Eraso, D. Vicente Morales Diaz,
   Marqués de Seoane, D. Cándido Pieltain, D. Juan Manuel
   Acebedo, D. Federico Balart (secretario).

Ahí están, en fin, los discursos del Sr. D. Manuel Ruiz Zorrilla; uno al
terciar en el debate sobre las actas de Puerto-Rico; otro al resumir los
solemnes debates de la contestacion del Mensaje en el Congreso. En el
primero decia:

     "La cuestion de Puerto-Rico es completamente distinta, y así lo han
     consignado el gobierno y la comision en el discurso de la corona y
     en la contestacion al mismo: aquí discutiremos lo que más convenga
     al bien de la patria y al reposo de este país tan perturbado,
     mirando si una medida prematura puede traer la pérdida de unos ó
     de otros intereses de los que debemos mirar con predileccion en las
     Antillas."

     "Examinaremos las cuestiones de Puerto-Rico, oiremos á sus
     diputados; pero lo mismo acerca de esto que acerca de todo lo
     demás, voy á hablar con sinceridad, como mi conciencia me dicta;
     creo que así opinan mis compañeros de gabinete y la mayoría de
     ambos cuerpos colegisladores: todo lo que pueda perjudicar á la
     integridad del territorio, no lo hemos de hacer, ni lo hemos de
     proponer ni lo hemos de procurar nosotros; todo lo que pueda
     favorecer la integridad de la patria, nosotros lo hemos de hacer y
     proponer y procurar. Y en _cuanto al cumplimiento de las promesas
     que la revolucion ha hecho, hechas están, y los hombres que las
     votaron no han de decir que no quieren cumplirlas. Si creyeran que
     se habian equivocado, lo dirian; pero no lo creen, y están
     dispuestos á sostener y realizar aquellas promesas_."

     "Pero, ¿le parece al Sr. Sanromá que se puede marchar tan de prisa
     como S. S. desea? Pues qué ¿hemos hecho aquí todo lo que teniamos
     que hacer? ¿No está puesto en tela de juicio todo, desde la
     dinastía hasta la última conquista revolucionaria? Si esto es
     verdad, si los ánimos están agitados, si las conciencias no están
     formadas sobre multitud de asuntos; si las opiniones están
     divididas, y más que en nada en la cuestion de Ultramar, ¿no han de
     creer los amigos que piensan que allí nada se puede hacer, y los
     amigos que opinan que se puede hacer todo; no han de creer,
     contando con la buena fé y el liberalismo de este gobierno, que se
     han de conseguir estas dos cosas: para los unos la pacificacion de
     la isla, defendiendo la integridad del territorio; para los otros
     despues las reformas en las Antillas, recibiendo las bendiciones de
     los que hoy las pretenden, y convenciendo á los que hoy las
     combaten? (Aplausos.)"[21]

   [21] Sesion del 12 de Octubre de 1872.

En el segundo discurso decia el Sr. Zorrilla, despues de hablar del
_statu quo_ en Cuba, mientras durase la guerra:

     "Y vamos á Puerto-Rico, que es la otra colonia. En Puerto-Rico,
     señores, éstos como los otros gobiernos de la revolucion, éste como
     los otros Congresos, han marcado siempre la diferencia que habia
     respecto de Cuba. Tomad los programas de los gobiernos; tomad los
     discursos de todos los oradores; tomad la contestacion al discurso
     de la Corona; tomad el proceder de todos los ministros, y vereis
     cómo siempre se han propuesto, cómo siempre se han trazado una
     marcha completamente distinta en la una y en la otra isla, en la
     una y en la otra provincia. Respecto de esto dije tambien
     terminantemente, en nombre de todos mis compañeros, que
     sosteniamos todas y cada una de las promesas hechas por la
     revolucion."

     "Pero viene despues la segunda parte; y dicen los amigos, y dicen
     los partidarios de las reformas en más ó menos escala en aquella
     Antilla: "pero ¿y cuándo? porque esto lo han dicho todos los
     gobiernos, hasta los gobiernos moderados. ¿Y qué reformas son las
     que vais á llevar? porque esto lo necesitamos saber." Pues yo os
     digo, despues de haber tomado antecedentes de ministros de
     distintas opiniones, de unos oyéndolos de viva voz, de otros porque
     hay datos en el ministerio de Ultramar, que la cuestion de la
     esclavitud en la isla de Puerto-Rico es una cuestion fácil, es una
     cuestion sencilla, es una cuestion que se podrá realizar pronto;
     pero que no puede el gobierno, ni podia el gobierno, ni tenia nadie
     derecho á exigirle que cuando no hay una sola ley todavía empezada
     á discutir de las que ha presentado sobre la mesa á pesar de haber
     muchas ó algunas que le hacen falta, pusiera sobre todas la
     cuestion de la esclavitud en Puerto-Rico."

     "Y viene una segunda cuestion, de la cual tambien hay antecedentes
     en el ministerio de Ultramar, sobre la cual ha discutido el
     gobierno, y sobre la cual tiene formada su opinion; y con esto
     contesto á los que el otro dia tradujeron, sin acordarse de mi
     carácter, sin reconocer mi franqueza, porque cuando no quiero decir
     una cosa me la callo, pero nunca digo lo contrario, á los que el
     otro dia creyeron que cuando yo decia: "estudiaremos todo lo que
     hay que hacer en Puerto-Rico," yo decia: "estamos lo mismo que hace
     diez años, estamos lo mismo que la víspera de la revolucion;
     estamos lo mismo que si aquí hubiera un gobierno que se propusiera
     que las Antillas estuvieran, en la situacion en que estaban hace
     veinte años." Hay, pues, una cosa importantísima que desean, que
     piden la mayor parte de los españoles de Puerto-Rico, y es el
     planteamiento de la ley de ayuntamientos. El gobierno ha de
     resolver tambien sobre esta cuestion, y el gobierno os ha de traer
     á las Córtes la resolucion que acerca de ella recaiga; pero estad
     seguros que aunque no sea más que para cargarse de mucha más razon
     y de mucho más derecho con los rebeldes de Cuba, ha de manifestar
     su gratitud, su cariño y su consideracion á los leales de
     Puerto-Rico. ¿Qué quereis que os diga esta noche? ¿Estos y estos
     artículos tendrá este proyecto de ley y el otro proyecto de ley?
     ¿Es esta la discusion en que estamos? ¿Hemos descendido á esto en
     ninguno de los párrafos de que se ocupa el discurso de la Corona?"

     "Y despues de todo, si creeis que el gobierno tarda, si creeis que
     el gobierno no cumple sus promesas, ¿no teneis la iniciativa del
     diputado ó para escitar su celo, ó para escitar á la Cámara para
     que cumpla las promesas que el gobierno no quiere cumplir?"

     "No tengo más que decir sobre la cuestion de Ultramar. El párrafo
     del discurso de la Corona relativo á este punto es el que los
     individuos de todos los partidos votaron en las Córtes del año
     anterior, cuando existia el ministerio de conciliacion. Ese es
     nuestro programa; ese es nuestro pensamiento; eso fué lo que se
     dijo en el manifiesto del 12 de Noviembre, eso es lo que yo he
     dicho cuando se ha reunido el partido radical; eso es lo que yo
     dije antes del 15 de Octubre, y eso es lo que como hombres leales
     estamos dispuestos á cumplir. ¿Hay algo más de lo que yo os he
     dicho, porque exigen esta explicacion el estado de los ánimos y la
     importancia que á esta cuestion se ha dado en estos dias; hay algo
     más en el párrafo? Pues el gobierno está dispuesto á cumplirlo.
     ¿Hay algo menos? Pues ya sabeis lo que el gobierno ha agregado á lo
     que en el párrafo se dice."[22]

   [22] Sesion del 15 de Octubre.

Tales son no solo los compromisos del partido radical en la cuestion de
Puerto-Rico, sino las manifestaciones que los hombres más importantes
del radicalismo han hecho, lo mismo en la oposicion que en las esferas
del poder: comentario el más autorizado del Manifiesto de 15 de Octubre
de 1871.


III.

Pero es de notar el carácter gravísimo de estos compromisos, porque no
han sido meramente contraidos á la ventura y entregados á los caprichos
del aire; sí que aceptados solemnemente por un pueblo que ha obrado en
su conformidad y tiene hoy un derecho incuestionable á su exacto
cumplimiento.

El art. 108 era terminante: convocáronse los comicios puerto-riqueños y
vinieron á la Metrópoli, abandonando sus intereses y arrastrando los
peligros de una no corta navegacion, quince hombres, cuya llegada se
esperaba únicamente para _reformar el sistema de gobierno de las
provincias ultramarinas_--segun decia el art. 108 de esa Constitucion de
1869, que _no habian hecho los representantes de Puerto-Rico_, á pesar
de las promesas del manifiesto del Gobierno Provisional. Y llegan esos
hombres en Setiembre de 1869, y si á los dos meses está presentado el
proyecto de Constitucion en el Congreso por el Sr. Becerra (el 24 de
Noviembre) á poco (el 24 de Enero) la comision del Congreso da dictámen
sobre él y lo pone en la mesa para que el presidente--Ruiz
Zorrilla--señale el dia de su discusion.

¡Y todavía el 21 de Febrero de 1870 presentaban los señores Romero
Robledo, Figueroa, Navarro y Rodrigo, Barreiro, Merelles, Ayala y
Alarcon una proposicion pidiendo que «se aplazase el deliberar sobre el
proyecto de Constitucion de Puerto-Rico» en vista de las exposiciones
venidas de Cuba; proposicion retirada á instancias del Sr. Figuerola,
ministro de Hacienda, que convenia en acceder hasta cierto punto á los
deseos del Sr. Romero Robledo, recomendándolos á la presidencia de la
Cámara, que los hizo efectivos, á pesar de la protesta del diputado
puerto-riqueño Sr. Padial![23]

   [23] Sesion del 21 de Febrero de 1870.

Meses despues, la Cámara constituyente, desestimando el voto particular
del Sr. Romero Robledo, declaraba la urgencia de la Constitucion
puerto-riqueña; y sin embargo, á pesar de las reclamaciones de los
diputados puerto-riqueños Sres. Becerra Delgado, Baldorioty y Hernandez
Arbizu, autores de varias proposiciones, sostenidas por muchos diputados
radicales y republicanos, y acogidas con buenas palabras por el Sr.
Moret, á la sazon ministro de Ultramar, ante cuyas promesas de que los
debates continuarian próximamente, eran retiradas las mociones,
entablándose así un verdadero pacto; todavía Puerto-Rico, casi al año de
haber acudido á los comicios, tenia que leer estas frases del Sr.
Moret....[24]

   [24] Sesiones del 9 de Abril de 1870, de 23 de Mayo y del 10
   de Junio.

     "Pero, decís, han pasado ocho meses y no se ha hecho nada. Yo
     comprendo vuestra impaciencia, pero en este puesto, al oiros decir
     que han trascurrido ocho meses, casi me sonreia pensando en lo
     breves que son en la vida de los pueblos los meses y los años. Ocho
     meses para el que espera, para el que busca, para el que anhela, es
     ciertamente un plazo muy largo; pero ocho meses, despues de haber
     ganado la representacion nacional, no es un plazo estraordinario,
     sobre todo, si en ese tiempo habeis obtenido, mejor dicho, habeis
     realizado una série de mejoras que me voy á permitir recordar á la
     Cámara!"

Y S. E. hablaba del presupuesto rebajado á 39 millones de 69; y de las
leyes municipal y provincial, y del voto de la Cámara, contrario al
particular del Sr. Romero Robledo; y decia:

     "La Cámara ha decidido que es llegado el momento de aplicar las
     reformas á Puerto-Rico y al desechar el voto particular del Sr.
     Romero Robledo _ha aceptado en principio la Constitucion política
     para aquella isla; de modo que desde entonces el que ocupe este
     sitio, el que gobierne como el que administre para Ultramar, ya
     tiene un principio fijo y seguro á que atenerse_. De hoy en
     adelante, las leyes de Indias, como la real órden de 1825, son
     letra muerta delante de esa afirmacion. Se podrá ir más ó menos de
     prisa, se podrá tardar más ó menos tiempo, pero el principio está
     aquí y los que gobiernen, como tienen que inspirarse en esta
     atmósfera, lejos de retroceder, habrán de llevar adelante las
     consecuencias de ese mismo principio. Verdad que esto no es todavía
     ley, pero es ya la jurisprudencia."[25]

   [25] Sesion de 10 de Junio de 1870.

Los diputados de Puerto-Rico aceptaron en aquella sesion que se aplazase
para la próxima legislatura el debate sobre el proyecto de Constitucion.
El Sr. Moret habrá visto despues, cómo los ocho meses han sido tres
años, que la ley municipal no se ha aplicado, que las leyes de Indias
rigen y que todo su discurso se redujo á buenos deseos y bellas
palabras.

Pero vino la segunda legislatura: este era el momento prometido por el
ministro de Ultramar para debatir el proyecto de Constitucion; la hora
llegaba; los diputados de Puerto-Rico anhelantes y satisfechos estaban
en sus puestos..... Pero es preciso _coronar el edificio
revolucionario_; es indispensable elegir un rey. Despues de varias
tentativas suena la candidatura del duque de Saboya.

Mas el partido conservador, la antigua Union liberal, apartada más ó
menos visiblemente de los demócratas y progresistas desde el voto
particular del Sr. Romero Robledo sobre la Constitucion de la pequeña
Antilla, resiste. Comiénzanse los tanteos; iniciánse las conferencias;
suavízanse las antipatías. Es posible; más aun, es fácil la
reconciliacion..... á costa de la libertad de Puerto-Rico.

Búscase á los diputados de la pobre Antilla; preséntaseles la suerte
difícil de la Patria; el momento es crítico; el porvenir de la
Revolucion está comprometido; la Constitucion de Puerto-Rico será un
hecho en otras Córtes... Es preciso ceder... Es necesario callar... Es
indispensable el sacrificio de Desdémona.

Y el rey Amadeo es votado. Y sigue el absolutismo en la infeliz
Borinquen. Y el ministro de Ultramar al cerrarse las Constituyentes dice
solemnemente: «Queda para las próximas Córtes la Constitucion de
Puerto-Rico... El Gobierno cree que sus compromisos no concluyen en esta
Asamblea, sino que siguen y seguirán hasta que tengan completa
satisfaccion.»[26]

   [26] Sesion del 29 de Diciembre de 1870.

¡Cómo el partido radical puede olvidar este supremo sacrificio!

Pero llegan las primeras Córtes ordinarias de 1871. Por un olvido
inesplicable--muy parecido al de la Regencia en 1810--el Sr. Ayala deja
de convocar los comicios puerto-riqueños al propio tiempo que los de la
Península y hace imposible que los diputados de la pequeña Antilla
vengan á la primera legislatura. Cúpole al Sr. D. Rafael M. de Labra,
diputado á la sazon por Infiesto--Asturias--la honra de volver por los
fueros de la representacion nacional y por el derecho de los habitantes
de Puerto-Rico, en su proposicion de 10 de Julio de 1871, proposicion
que llevó por vez primera á la Cámara española los vastos problemas
políticos de Cuba, Puerto-Rico y Filipinas.

Mas al cabo los diputados puerto-riqueños vinieron en Setiembre; esto
es, en los instantes en que despues de rota la conciliacion y
entronizado el partido radical, los progresistas templados y los hombres
procedentes de la Union liberal se concertaban para dar una batalla al
gabinete Zorrilla en la votacion de presidente del Congreso. Los catorce
diputados de Puerto-Rico--el décimo quinto era un conservador--no
titubearon un momento; á pesar de las muchas quejas que los más tenian
de la administracion del general Baldrich en la isla y de no estar
unidos con ningun vínculo personal ni político al partido radical.

Pero á él le llevaban sus ideas y sus patrioticas inspiraciones. Por
esto si no pudieron estar con sus votos--todavía no habian sido
aprobadas sus actas por el Congreso--al lado de Rivero, en la eleccion
de presidente el 1.º de Octubre, con toda lealtad se pusieron en seguida
de parte de los radicales _caidos_, ocupando los escaños de la
izquierda, con Ruiz Zorrilla y resistiendo quizá, sin un momento de
vacilacion, tentaciones que hombres menos enérgicos y menos dignos
hubieran estimado, pues que por los contrarios solo se trataba de lograr
de ellos la abstencion en los asuntos particulares de los dos partidos
contendientes.

¡Podrá olvidar nunca esto el partido radical de la Península!

Corren los dias; marcánse las tendencias; llega la hora de la
organizacion de los partidos; es el momento de la redaccion de los dos
célebres manifiestos. El de los sagastinos--así se llamaba--sometia la
cuestion de Puerto-Rico, como todas las de Ultramar á la cuestion de
Cuba. Era un criterio claro y distinto. El radical, al principio corria
silencioso sobre este punto; y así _nunca_ lo hubiesen firmado ni los
diputados puerto-riqueños ni otros de la Península como los Sres. Labra
y Rodriguez (Gabriel). Pero sí lo hicieron desde el momento en que se
introdujo en él un párrafo espresivo sobre Ultramar, tomado de la
contestacion al Mensaje de cuatro ó seis meses hacia. Y así el partido
radical tuvo 14 soldados más--y soldados de valer--para la campaña de
oposicion; para abstenerse con él en la cuestion de la _Internacional_,
para con él votar sobre la ley de las asociaciones religiosas.

Y llega la disolucion de aquellas Córtes y la convocatoria de las
segundas. Al comité central del partido son llamados los
representantes--Sres. Blanco, Alvarez Peralta y Sanromá--del partido
radical de Puerto-Rico. Y de allí sale una escitacion á los liberales
puerto-riqueños, llevando por bandera el manifiesto de 15 de Octubre de
1871, y los electores de Puerto-Rico son perseguidos y derrotados por
radicales y como radicales envian á la oposicion del Congreso los
representantes de que se ha hablado, que con el partido luchan y votan y
hasta convienen en _seguir al partido al retraimiento_, aun cuando eran
hostiles á la idea, reservándose, empero, acudir á las Córtes si los
conservadores planteaban la cuestion de las reformas ultramarinas,
prevaliéndose de su ausencia.

Y sobreviene el inesperado cambio del mes de Junio de 1872. Sube al
poder el partido radical, y los radicales de Puerto-Rico alzan bandera,
pidiendo no los goces del mando, no la reparticion del presupuesto, sí
que el cumplimiento exacto de los compromisos del partido y de las
promesas legales de 1869 y 1870.


IV.

Y esto así ¿se comprende, que los enemigos encarnizados del partido
radical se atrevan á sostener uno y otro dia que el radicalismo no está
obligado á intentar reforma alguna, ni política ni social en la isla de
Puerto-Rico? ¡Pues se atreven! Y llegan á más: llegan á afirmar con una
frescura y un aplomo piramidales que los compromisos del partido son de
no tocar al _statu quo_ en la _pequeña_ Antilla mientras no se resuelva
la cuestion en Cuba! Y no es lo sorprendente que esto se diga por
ciertos periódicos y ciertos hombres políticos que están en frente del
partido dominante y que sin embargo, presumen de tal habilidad y tal
elocuencia que piensan han de seducir y envolver á los radicales; lo
extraño, lo peregrino, lo maravilloso es que haya radicales que por un
solo momento se detengan en estas afirmaciones y estos consejos.

Bien es que las huestes del radicalismo triunfante no son las mismas que
ayer figuraron en la oposicion ni de seguro, las que hayan de resistir
compactas al ataque, el dia de la desgracia. Mas por lo mismo, conviene
que se dividan los campos, se conozcan las caras, y se muestren las
enseñas.

¡Ah! Uno de los graves errores del gran partido liberal de nuestra
patria ha sido no comprender que los enemigos de la libertad en América
eran los mismos que aquí en la Península odiaban la libertad. Morillo,
Elío, Monteverde, Venegas, Calleja y casi todos los generales que
pelearon en 1811 y 1820 en la América meridional contra los americanos,
fueron los mismos, absolutamente los mismos, que aquí luego se ponian al
servicio de los famosos _Persas_, y escribian en el martirologio del
liberalismo peninsular los nombres de Torrijos y el Empecinado.

Los mismos que en la regencia de Cádiz, en las Córtes de 1810, y en las
dos legislaturas de 1821 y 22 se opusieron á la libertad mercantil en
América, á la abolicion del tráfico negrero, á la estension de la
Constitucion gaditana al Nuevo Mundo, á la supresion de ciertas gabelas
y ciertos monopolios contra los que sin cesar, y desde el primer dia,
protestaron los diputados americanos, fueron los mismos que aquí
trabajaron luego por la ruina del bando liberal, haciendo traicion, como
Lardizábal, á los hombres de Cádiz ó echando, como Toreno, las bases del
partido moderado.

¡Ah! Es que no hay nada más incontrastable que la lógica de las ideas y
el correr de las cosas necesarias. Es que, como decia el gran Lincoln al
decretar la emancipacion de cuatro millones de negros: _¡Un pueblo no
puede ser mitad libre mitad esclavo!_ Es que Dios no permite, ni á
pueblos ni á individuos, el pleno goce de la libertad si antes no hacen
en su altar el sacrificio de la tiranía: testigo Polonia: testigo
Italia.

Por eso ¡ay! del partido radical si hoy que está solo en el poder, hoy
que asume todas las responsabilidades, hoy que tiene en su mano la
gloria de la patria, por frívolos pretestos ó por miedos pueriles niega
su dogma de _los derechos naturales_, en América: ¡ay! si por respetos
inesplicables, tal vez por consideraciones torpes y menguadas á un
puñado de hipócritas que quizás han buscado los pliegues de su bandera
para resguardarse del huracan revolucionario y adquirir fuerzas para el
negro dia de las traiciones y de las venganzas, retrocede en el camino á
que la voz de sus deberes le llama y olvida la palabra de guerra con que
comprometió en tres luchas, en los comicios puerto-riqueños, á los
habitantes de una isla que siempre ha pagado tributo y enaltecido con su
propio ejemplo, la clásica lealtad española!!

Pero si hubiera alguna duda de esta forzosa cuanto natural intimidad de
los intereses de la reaccion allende y aquende los mares, desaparecia
para todo observador un tanto avisado, reparando lo que ha surgido en
Madrid desde el instante en que los reaccionarios y esclavistas
ultramarinos han llegado á entrever que el gobierno radical persistia
en cumplir los solemnes compromisos á que viene obligado.

Desde aquel momento se ha comenzado un enérgico llamamiento á todas las
fuerzas políticas y sociales en contra de la actual situacion política.
Cierto que los voceadores han puesto todo su empeño en quitar al
movimiento un carácter político bien pronunciado, y hasta se han
atrevido á afirmar que la protesta que hacian contra los presumidos
proyectos del Gobierno era estraña á todo interés de partido. Se
trataba, segun ellos, de una _cuestion nacional_; se trataba de un
interés superior á los esclusivos de los diferentes bandos que pretenden
la direccion de los destinos del país, y quizá más el monopolio de las
satisfacciones y los provechos del poder; se trataba, en una palabra, de
la integridad nacional, de esa causa que nos lleva costados 60 millones
de pesos y sobre setenta mil soldados, mas por la que estamos dispuestos
á hacer todo género de sacrificios, sin discutir las condiciones ni la
cantidad.

Harto se comprende la intencion del propósito. Este es el instante de
allegar fuerzas, de obtener prosélitos. Es preciso que el honrado
agricultor de Castilla, ó el fabricante de Cataluña, ó el paisano de
Asturias y Galicia no recuerden al hacer su viaje y prestar su
cooperacion, respondiendo al _clamor_ que se dice _de la lealtad_,
cuales son sus compromisos en el órden político de la Península y que de
reflexion en reflexion, vengan á caer en que es imposible, es moralmente
imposible, ser liberal en esta tierra para prestar ayuda al absolutismo,
cien leguas más allá, y que no cabe en la armonía de las cosas sociales
que el mismo que aquí ha protestado contra los señoríos, la mano muerta,
el régimen de los Borbones y la intolerancia religiosa, sea el que con
entusiasmo ampare y defienda en un mundo nacido por la libertad y
predestinado á la democracia, la ley de sospechosos, la confiscacion y
la esclavitud. Para evitar esto nada como un llamamiento á las pasiones,
que no permiten la calma ni el juicio; nada como una invocacion potente
al sentimiento nacional. _¡España está en peligro!_ Volad en su ayuda,
heróicos almogávares, soldados de Cortés, defensores de Zaragoza, hijos
del Cantábrico, voluntarios de Ceniceros, de Bilbao y de Madrid!!

¡Pero notadlo! En este instante ¿quiénes toman la direccion del
movimiento? ¿Acaso los hombres del partido liberal? ¡Oh! no; los
personajes del antiguo régimen; los dinásticos dudosos del partido
constitucional; los jefes del ministerio poco hace caido por sus
violencias sobre la máquina electoral, por el convenio de Amorevieta y
por su deseo vehementísimo de gobernar al país con el sable y el
calabozo, mediante la suspension de las garantías individuales. ¡Y sobre
ellos un grupo de comerciantes de Bilbao, de Barcelona, de Santander, de
Cádiz, de Sevilla, de Valencia, que recuerdan á aquellos comerciantes de
Cádiz de 1810 que consiguieron de Lardizábal que retirase el decreto
sobre libertad de comercio de los reinos de América para que ellos
pudiesen continuar sus monopolios, aunque dos años más de intolerancia
mercantil nos hicieran perder las vastas provincias del Nuevo
Continente, la víspera de ser forzados por la ley inescusable del
tiempo, á reconocer esa libertad tan combatida y tan calumniada en las
islas de Puerto-Rico y Cuba!

¿Qué quiere decir esto?

Que no, no es verdad que el partido radical pueda ser indiferente á las
reformas ultramarinas. Aun cuando no tuviera compromisos perfectamente
definidos, sobre su voluntad estaría la naturaleza de las cosas. Lo
semejante llama á lo semejante.

Vedlo sino. Dudad un momento de que el partido radical caiga en el lazo;
pues se organiza la resistencia como se debe organizar: cada hombre va á
su puesto, al puesto que le tienen designado sus antecedentes y sus
intereses. Y la lucha toma el carácter que debe tener: la lucha de la
reaccion contra la libertad.

Suponed que el partido radical titubee, buscando pactos con la
conciencia; suponed que el partido radical retroceda...; pues en seguida
volverán esos elementos y esos hombres á buscar refugio en los pliegues
de la bandera nacional, para ejercer desde allí su influencia en la
marcha de la Revolucion, para fortalecerse y buscar la oportunidad de
caer sobre estos pobres revolucionarios que no habian sabido mas que
despedir á una reina que nadie se habia cuidado de amparar; reina de los
favores y señora de los banquetes, viuda del dolor y solitaria de la
desgracia.


V.

Pero si son asombrosos--por lo audaces y lo inverosímiles--los esfuerzos
de los reaccionarios y esclavistas para convencer al partido radical de
que sus compromisos están por la reforma ultramarina y su interés no
corre pareja con el de la libertad en América (lo cual no obsta para que
por admirable coincidencia los periódicos que aquí más defienden el
_statu quo_ ultramarino, y cuya vida se refiere más ó menos á la vida
del esclavismo americano sean precisamente los que en el órden de la
política peninsular más enérgica oposicion hacen al partido que
domina)[27]; pero ni causa maravilla el empeño de estas gentes en
convertir lo blanco en negro y lo negro en blanco, fiando lo que no es
decible en la bondad, por ellos tan reida, del antiguo progresismo; ni
es menos digno de particular mencion el trabajo que ponen en violentar
la realidad de los hechos y sorprender la opinion pública para que en la
Península se crea que todo lo que ocurre en Puerto-Rico es una razon
bastante para que el hombre político más atrevido aparte la mano del
_majestuoso_ edificio del _statu quo_ colonial.

   [27] Se exceptúa un periódico republicano cuyo director se
   rie, en pleno Congreso (y no del mejor modo posible) de los
   misterios del catolicismo, pero que en su periódico defiende á
   capa y espada la teocracia paraguayana de Filipinas.

No es el fenómeno nuevo. Hace poco más de año y medio los pacíficos
habitantes de la coronada villa fueron sorprendidos, bien de mañana, por
el descompuesto vocerío y la escandalosa movilidad de una turba de
muchachos que gritaban: «_¡¡¡La revolucion de Puerto-Rico, La revolucion
de Puerto-Rico!!!_» y repartian un papel en que se leia:

     "El gobierno debe saber que nuestro ejército ha sido atacado en la
     capital de Puerto-Rico al grito de _¡Muera España!_ de cuyas
     resultas hay que lamentar CUARENTA Y CINCO víctimas; y no contentos
     con esto los que quieren difundir la alarma (!!!) y borrar á esta
     Antilla del mapa nacional, al dia siguiente reproducen con mayor
     fuerza y mayor cinismo sus gritos separatistas, sus actos de
     rebelion y sus ataques al ejército que al grito de _¡viva España!_
     atacó á los insurrectos, reproduciéndose otras víctimas en número
     de OCHENTA Y DOS. El gobierno debe saber que un invicto español,
     oficial de voluntarios, al caer MORTALMENTE HERIDO, supo gritar
     _¡viva España!_ y se vió contestado por quien debia secundar este
     grito con un _¡Eso no, la ley!_ que pudo ocasionar sabe Dios si la
     desolacion y la muerte de los que en nombre de nuestro pabellon
     representan el órden y la autoridad."

     "El gobierno debe saber que fuera de la capital, en Rio Piedras y
     otros puntos han sido _desarmados por los rebeldes algunos guardias
     civiles_; el gobierno debe saber que se _han dado licencias para
     que puedan armarse los habitantes de la isla_, y con ello están
     entregadas armas para que los enemigos de la integridad del
     territorio logren, sin presumirlo, el poder separar de España esa
     isla y ayudar en Cuba á los rebeldes, que con este auxilio tienen
     ya un nuevo punto de apoyo y el gobierno español una lucha doble
     con el filibusterismo en armas. ¿Sabe el gobierno _que han
     circulado, sin que la autoridad se aperciba, ó si se apercibió sin
     poner correctivo, terminadas las elecciones, por todo el litoral
     personas aptas sin duda y en condiciones personales para poder
     hablar contra España y á favor de derechos á la nacionalidad
     funestos_? ¿Sabe el gobierno si la rebelion ha sido capitaneada
     _por algun cabo ido ad hoc_ de la Península? Si sabe todo esto y lo
     ha tolerado y parece dispuesto al _statu quo_ hasta Octubre, por
     razones que su alta política personal comprenda, el gobierno está
     juzgado."[28]

   [28] Suplemento á _Las provincias de Ultramar_ de Agosto de 1871.

La señal estaba dada. Desde aquel momento todos los periódicos que en
Madrid tenian el cargo de servir los intereses de los reaccionarios
ultramarinos comenzaron á reproducir y comentar las horribles nuevas de
la hoja volante, que, en efecto, consiguió que las gentes se alarmasen y
brotase el deseo universal de conocer lo que habia pasado en
Puerto-Rico.

_La Epoca_, la conservadora y autoritaria _Epoca_, habia dicho pocos
dias antes bajo la firma de su corresponsal de la pequeña Antilla:

     "Los leales son menos que los laborantes y aunque estén dispuestos
     á todo no pueden contar con el apoyo _de la autoridad_ (el general
     Baldrich) _que con sus actos protege á los separatistas_ y tiene la
     insensatez de decir que allí no hay más insurrectos que los
     españoles y que fusilando á dos docenas él conseguiria que la isla
     quedase completamente tranquila. Tanta obcecacion, tanta infamia
     parece mentira que quepa en el pecho de un general español."[29]

   [29] _Epoca_ del 3 de Agosto de 1871.

Pero _El Debate_ no se habia quedado en zaga. Su corresponsal le
escribia desde San Juan de Puerto-Rico:

     "La Internacional se halla entre nosotros. Numerosos agentes han
     invadido la isla y empezado á predicar el reparto de bienes, el
     odio á España, á la monarquía y á la religion. Dícese que los
     filibusteros é internacionalistas han hecho un pacto de auxilios
     mútuos... _Los propietarios están haciendo inmensos esfuerzos para
     liquidar en parte sus bienes ya que por las circunstancias no
     puedan otra cosa y marcharse á Europa._ El valor de la propiedad ha
     bajado extraordinariamente. Haciendas que producen 15.000 duros
     anuales he oido que se ofrecen por 100.000 á plazo."[30]

   [30] _El Debate_ del 4 de Agosto de 1871.

Así preparado el terreno--y cuenta que los reaccionarios y esclavistas
no dejan de la mano el propósito que tienen,--la hoja volante de
mediados de Agosto debia producir efecto. _La Epoca_, _El Tiempo_, _El
Debate_... todos los periódicos del _statu quo_ repitieron el grito de
alarma. «Nuestras predicciones se han cumplido--decia _El Debate_ del
dia 16--_la sangre ha corrido en abundancia por las calles_ de
Puerto-Rico.» Y aquí de las protestas, de las amenazas, de los recuerdos
terribles. ¡Oh! aquello era para imponer al mismo Convidado de piedra.
Así que _La Correspondencia_ primero y luego la prensa ministerial
comenzaron tímidamente á poner reparos y pedir tregua para inquirir la
verdad de los hechos. Pero entonces gritaba con más furia _El Debate_:

     "El ejército español ha sido víctima de traidoras celadas de los
     traidores y alevosos que pueblan la isla: el ejército español se ha
     visto, como los voluntarios y muchos leales españoles, atropellado,
     insultado y maltratado en la pequeña Antilla. _La prensa
     ministerial no lo niega._ LOS HECHOS ESTÁN, PUES, RECONOCIDOS."

Verdaderamente la cosa era séria. La cuestion de Cuba palidecia ante
este conflicto. Corríamos un peligro colosal. Quizá habia llegado el
momento de exclamar: _caveant consules_.

Pero corrieron los dias... Y se supo que todo habia sido la derrota
pacífica y ordenada de los conservadores en las urnas electorales. A lo
sumo, un pequeño motin ocurrido en la capital de la isla (esto es, donde
los conservadores tienen toda su fuerza y el gobierno todos sus soldados
y sus medios de accion) dos ó tres semanas despues de las elecciones; y
que el voluntario que se suponia herido _mortalmente_ habia recibido
solo un palo y que no habian ocurrido bajas de ninguna especie y que el
grave ataque dado al ejército español y á los voluntarios habia
consistido en unas cuantas pedradas tiradas no se sabe por quién (el
gobierno sí lo sabe porque tiene el parte detallado del general
Baldrich) á un batallon de hombres armados hasta los dientes.

La falsedad de las noticias quedó, por lo tanto, absolutamente
demostrada. Pero esto no obstó para que los enemigos de las reformas
consiguieran dos cosas: la primera, dejar en el espíritu de la multitud,
que no se ocupa de los asuntos políticos sino bajo la fé de los rumores
y las conversaciones públicas, la impresion de que en Puerto-Rico habian
sobrevenido disgustos y complicaciones á consecuencia de las reformas
(porque al derecho electoral y á la libertad de imprenta se atribuyeron
los sucesos de Julio de 1871) y bajo la administracion radical. La
segunda, que se minase la autoridad del general Baldrich hasta el punto
de conseguir su relevo de la capitanía general de Puerto-Rico.

Debian ya conocer los reaccionarios que el camino que emprendian era de
seguro efecto. Medio año antes lo habian andado, tomando por objetivo al
Sr. D. Cárlos de La Torre, capitan general de Filipinas. Disgustábales
lo que no es decible la administracion de esta autoridad de la
Revolucion. De repente _La Epoca_ y _El Debate_, _La Esperanza_ y _El
Pensamiento Español_ principian á hablar de perturbaciones y conflictos
revolucionarios en Filipinas. No habia llegado el correo: no existia
entonces telégrafo: nadie podia saber por dónde ni cómo se habia
recibido la noticia. Pero los rumores crecian: los comentarios iban en
aumento: el general La Torre era atacado: pedíase al general Prim la
separacion de éste, aunque los que lo solicitaban no se atrevian á
acceder á los deseos del conde de Reus pidiendo la separacion por
escrito y bajo su firma... Pero llega la Mala. _No habia sucedido
nada._--Esto no obstante, mes y medio ó dos meses despues estaba
relevado el capitan general don Cárlos María de La Torre.

Pues bien, ahora no se ha hecho más que seguir igual conducta. Han
comenzado las noticias de efecto y han seguido los sueltos y los
artículos de sensacion: pero desde el principio al fin no se ha
abandonado un instante el camino de las falsedades.

¡Oh! habia ocurrido en Puerto-Rico una cosa grave, muy grave; de nuevo
habian sido derrotados en las elecciones los conservadores. Derrota
efectiva, por más de que estos se hubieran decidido por el retraimiento,
en vista de la inutilidad de sus esfuerzos, aunque bajo el especioso
pretesto de que el Gobierno habia intentado y realizado coacciones de
todo género.

Hablar de coacciones ellos, que habian hecho unas elecciones bajo la
direccion del general Gomez Pulido en Abril de 1872, faltando á todas
las leyes y todos los principios, como demostró hasta la saciedad el Sr.
Labra en su discurso contra el acta de San Juan de Puerto-Rico[31];
ellos que habian tenido que alquilar casas (como en Mayagüez) para
encerrar á los radicales que prendian la víspera ó el mismo dia de las
elecciones; ellos que de un golpe habian arrebatado el derecho de
sufragio á la cuarta parte de los electores de un distrito (Sabana
Grande) so pretesto de insolvencia como segundos contribuyentes, no
estando apremiados; ellos, que habian prohibido la publicacion de
manifiestos y detenido y preso á sus firmantes (como en San German y
Arecibo); ellos que contra el precepto de la ley habian dado curso á
espedientes gravísimos de escepcion de contribuciones; ellos, que
detuvieron á las puertas de la pequeña Antilla el manifiesto del partido
radical de la Península, bajo el pretesto de ser falso en algunos de sus
asertos y atentatorio al principio de autoridad; ellos, que obligaron á
la prensa liberal á no tratar de asuntos políticos durante el período de
las elecciones; ellos, que habian llenado las listas de candidatos con
nombres de personas, respetables sin duda, pero absolutamente
desconocidas del país y que casi en su totalidad jamás se habian ocupado
un solo momento de cuestiones coloniales ni de los asuntos
ultramarinos; ellos, que habian separado de los corregimientos y las
alcaldías á los hombres de posicion que gratuitamente los desempeñaban,
para poner á su frente verdaderos _corregidores_, con sueldo, émulos de
los famosos _Desvravadores_ y _Antonets_ de Ecija y Sevilla; ellos, en
fin, que se habian fabricado un censo _ad hoc_, no aceptando
rectificacion alguna del censo de 1871, pero incluyendo á todos los
soldados y marinos que habian de votar á gusto de sus jefes...!! ¡Oh!
atrevimiento era hablar de las elecciones del mes de Agosto de 1872, en
que no hubo un preso, ni un disgusto, ni se negó á nadie el derecho de
sufragio, ni se puso limitacion á la prensa, ni se reprendió siquiera
por la autoridad á los empleados _activos_ del Gobierno que (como los
directores del _Boletin_ y del _Don Cándido_), no daban tregua en sus
periódicos á los ataques á la situacion y á la conducta de la primera
autoridad, ó (como los funcionarios de Mayagüez) se unian á los
conservadores, sus patronos, para abstenerse en la eleccion, y con esta
abstencion realizar un acto político; ó en fin (como los jefes y
oficiales de la guarnicion de la capital) resueltamente votaban á un
candidato de oposicion, al general D. José Laureano Sanz. ¡Atrevimiento
se necesitaba! pero no es atrevimiento lo que falta á los se-dicentes
conservadores de Ultramar.[32]

   [31] Sesion del 7 de Mayo de 1872.

   [32] Al final insertamos las dos cartas publicadas en _El
   Imparcial_ sobre las elecciones de Agosto: debió publicarse
   una tercera; pero _El Imparcial_ no la quiso insertar.

Mas como queda dicho, era grave, gravísimo lo que habia ocurrido en
Puerto-Rico. ¡Habian triunfado los radicales! Aquí vendrian estos; la
Península los oiria; creeria con justicia que eran los legítimos
representantes de la pequeña Antilla; por lo menos lo creeria el partido
radical. Y esos diputados hablarian; espondrian sus quejas; esplanarian
sus deseos; afirmarian sus derechos. ¡Y horror!!!--se prepararia el
advenimiento de las _reformas_.

Era preciso destruir estas perspectivas. Hacer callar á los
diputados,--llamándose estos Sanromá, Blanco, Padial, Labra, Maitin,
Cintron, Alvarez Peralta, Moret, Borrell, Soria, Alvarez Osorio,
Mosquera....--¡imposible de toda imposibilidad! Y consentir, en el
ínterin que al otro lado de los mares continuase echando raices el
partido radical por medio de aquella diputacion provincial que con mil
cuestiones de competencia habia anulado el general Gomez Pulido, pero
que ahora creceria al amparo de la autoridad imparcial, digna y justa
del nuevo gobernador superior de la isla D. Simon de La Torre.... ¡ah!
esto era más imposible todavía.


VI.

No es del momento hacer la historia del partido conservador de
Puerto-Rico. Ocasion oportuna llegará. Pero sí es del caso (aun cuando
se haga precisa una digresion) advertir que ese partido no existia antes
de la revolucion de 1868 y que de 1869 acá ha sufrido tantos cambios y
ha adoptado tantos nombres que apenas si merece ser considerado con
seriedad. En otros países, en Cuba por ejemplo, ya la cosa es muy otra.
Allí lo mismo en 1820, que en 1840, que en 1854, que en 1868, existió un
partido conservador, más ó menos simpático, pero al fin digno de este
nombre, con fuerza y autoridad, y que repetidas veces dió señales de
vida. Mas en Puerto-Rico nada de esto sucedia. Con aplauso de todo el
país, Power, el ilustre diputado doceañista, habia conseguido en 1811
que se suprimieran las facultades omnímodas de los capitanes generales.
En 1820 se habia promulgado la Constitucion del 12 en Puerto-Rico, é
instaládose y funcionado los ayuntamientos sin oposicion de nadie. En
1836, mientras en Cuba se perseguia á los que proclamaban el código
político de Cádiz, era este jurado por autoridades y particulares en la
pequeña Antilla. En 1866, cuando el Gobierno de la Metrópoli abrió la
célebre Junta de informacion en Madrid, los ayuntamientos (llamémoslos
así) comisionaron á cuatro personas, de las que tres principiaron por
pedir la _abolicion de la esclavitud, con indemnizacion ó sin ella, con
organizacion ó sin organizacion del trabajo_, y la cuarta solo se
atrevió á discutir la oportunidad de la protesta abolicionista. No
existia, pues, en Puerto-Rico un grupo de verdaderos conservadores, ni
hombre alguno caracterizado por su posicion ó su inteligencia, á cuya
direccion pudieran someterse los elementos tradicionalistas del país.

Habia, eso si--y es natural--un número, pequeño despues de todo, de
gentes que vivian á la sombra de los monopolios de nuestro régimen
colonial, algunos poseedores de cincuenta y hasta cien esclavos, y, en
fin, un grupo de no gran valía, de interesados en el _statu quo_; pero
grupo poco importante así por el mérito de las personas cuanto por la
monta de los intereses.

El país era verdaderamente por tradicion, por sentimiento y hasta por su
situacion geográfica, liberal, siquiera no hubiese dado forma precisa y
acabada á sus aspiraciones.[33]

   [33] Véase el libro del Sr. Labra: _La Cuestion de
   Puerto-Rico_.--1870.

La revolucion de Setiembre de 1868 fué saludada con verdadero júbilo en
Puerto-Rico, sin que obstase á ello un pequeño motin, que luego los
conservadores han convertido en _insurreccion de Lares_[34], dirigido
por tres ó cuatro extranjeros, sofocado instantáneamente por las
milicias del país (no habia entonces _voluntarios_), al que el entonces
capitan general de la isla (el digno general Pavía, hombre del partido
moderado) calificó de mera _calaverada_, y que, atendido que brotó á
poco de la revolucion de Setiembre, en buena lógica debe suponerse
tramado en los tiempos de la _prevision y del rigor_ borbónicos.

   [34] Véase el folleto del Sr. Hernandez Arbizu sobre _La
   insurrecion de Lares_.--1869.

La voz del Gobierno Provisional, luego de votado en las Constituyentes
el art. 108 de la Constitucion actual, llamó al Congreso á los
representantes de la pequeña Antilla (sin duda para los efectos del art.
108 referido) y entonces comenzaron á ponerse en relacion todas las
personas que por pagar 500 rs. de contribucion al Estado ó ser
individuos de corporaciones científicas, empleados, jefes y oficiales
del ejército, doctores y licenciados y profesores de instruccion pública
eran electores, con arreglo al decreto del Sr. Lopez de Ayala, fecha 14
de Diciembre de 1868.

La isla se dividió en tres circunscripciones y en el momento de la lucha
electoral surgió una division entre los electores; division que no
entrañaba resistencia alguna á las reformas políticas, económicas y
sociales que eran de esperar, supuesto el voto de las Constituyentes,
sino que se referia al grado y alcance da las reformas; y en particular
la relativa á la esclavitud. Y buena prueba de ello es la alocucion que
en son de despedida dirigieron al país casi todos los diputados electos.
En ella se leen estos significativos párrafos:

     "Vuestros diputados van á la madre patria, no en busca de medros
     personales, sino á defender vuestros intereses y derechos, que son
     los suyos y pedirán para esta Antilla _cuanto se necesite para su
     regeneracion política, social y económica_, sin comprometer vuestra
     tranquilidad y vuestra cara nacionalidad..."

     "Esperad, pues, y oponed un corazon fuerte á toda seduccion;
     aconsejad al que se estravie y manteneos unidos por los más
     estrechos lazos de la fraternidad, que una vez rotos tarde vuelven
     á reanudarse y solo dejan en pos de sí amargas lágrimas que
     dificilmente se enjugan. Habitantes de Puerto-Rico, esperad _y
     pronto os convencereis de que la España regenerada no concluye en
     las playas de Cádiz_; esperad y vuestros diputados probarán que
     saben cumplir como buenos."[35]

   [35] Julio de 1869. Lo firman los Sres. Valdés Linares,
   Vazquez Oliva, Hernandez Arbizu y Puig. Y en una nota se
   consigna que no lo firman los Sres. Machicote y Esperanza por
   haber salido ya para la Península.

Poco antes se habia publicado en Ponce (ciudad importante de Puerto-Rico
y cabeza de la tercera circunscripcion electoral) una exposicion al
gobierno de la Península entre cuyos párrafos habia algunos como los
siguientes:

     "La revolucion de España, juntamente con otros acontecimientos que
     se han venido sucediendo bajo distintas formas, han señalado
     aquella, á las Antillas como la medida única y suprema de todos sus
     sufrimientos, de toda su paciencia, de toda su lealtad. O entrar de
     lleno á ser partícipes de las libertades de la madre patria ó rotas
     sus ligaduras, no se les podria vituperar si en tan inesperado caso
     procedieran por si mismas á atender á sus destinos."[36]

   [36] _Diario de Sesiones_, Marzo de 1869.

Y esto lo firmaban D. Sebastian Plaja, D. Francisco Marich, D. Antonio
Arbizu, D. Luis Becerra, etc., etc., etc.

Las reformas, la asimilacion, el cumplimiento del artículo 108 de la
Constitucion de 1869 era hasta aquí la aspiracion unánime de los que á
poco se habian de separar por razon no de la cantidad y del grado, sino
de la esencia misma de las reformas. Pronto, empero, la division brota,
ya presentes los diputados puerto-riqueños en Madrid; y brota
decidiéndose los Sres. Plaja, Puig, marqués de la Esperanza, y Machicote
por el aplazamiento de las reformas políticas hasta que vinieran los
diputados de Cuba (esto es, aceptando el criterio del Sr. Romero
Robledo) y mostrándose, los mismos, decididos partidarios de la
conservacion de la esclavitud, como lo demostraron el Sr. Puig (_¡¡¡hoy
obispo de Puerto-Rico!!!_) en la junta creada por el Sr. Becerra en
Octubre de 1869 para proponer al gobierno las bases para la reforma del
órden político y social de la pequeña Antilla; el Sr. Plaja, en plena
Cámara Constituyente, abogando entre lacrimoso y asustado y en medio de
la indignacion del Congreso por la conservacion del castigo de azotes; y
los señores Esperanza y Machicote, siempre silenciosos y siempre
elocuentes, ayudando en la medida de sus fuerzas, las enmiendas
esclavistas del señor Plaja al proyecto de ley _preparatoria_ de 1870.

Sobre esta base se organizó en Puerto-Rico el partido conservador,
obteniendo, gracias á la existencia de los ministerios de conciliacion
de 1870 y 71, influjo y poder en la Capitanía general de Puerto-Rico y
medios en el ministerio de Ultramar (sobre todo en tiempo del Sr. Ayala,
es decir, durante el primer ministerio del rey Amadeo) para prodigar
favores á sus adeptos. Por aquel entonces parecia resignado no solo con
la ley _preparatoria_ de abolicion, sí que tambien con las leyes
municipales y provincial votadas para Puerto-Rico y la reforma de la ley
electoral que rebajó el censo á ocho pesos y dió capacidad á todo el que
supiese leer y escribir.

Pero llegan las elecciones de diputados provinciales y de diputados á
Córtes de 1871.

Entonces levanta bandera, usa el nombre de _conservador_ y declarando
que representa una política de _atraccion_, proclama la necesidad de
reformas administrativas y económicas y el principio de «la asimilacion,
mediante _profundas_ modificaciones de la Constitucion española de
1869.» ¿Cuáles eran estas modificaciones? ¿Comprendíase en esa
asimilacion la cuestion social? ¿Hasta qué punto se aceptaban las
conquistas hechas--las leyes de 4 de Junio sobre ayuntamientos y
diputaciones provinciales, la representacion en las Córtes españolas, la
ley electoral del Sr. Ayala con la modificacion del artículo adicional ó
de la ley de 3 de Enero de 1871 (que rebajó el censo á ocho pesos y dió
capacidad á todo el que supiera leer y escribir) y en fin, el decreto de
libertad de imprenta dado por el general Baldrich el 30 de Agosto de
1870, y en cuya virtud solo quedaba vedado tratar de la esclavitud y de
la integridad nacional, cometiéndose á los tribunales el conocimiento de
los delitos de imprenta?

Nada de esto decia el manifiesto conservador de 23 de Marzo de 1871,
venido al mundo despues de otro fechado el 11 del mismo mes y repartido
secretamente á los probables devotos de la nueva Iglesia, pero que por
su carácter agresivo y malsonante fué muy luego declarado apócrifo á
pesar de su perfecta verosimilitud.

Pero lo que el papel callaba, lo decian bien á las claras las gestiones
y los manejos de los se-dicentes conservadores, en el Ministerio de
Ultramar de la Metrópoli y los artículos y los sueltos de sus
periódicos--en particular, _El Español_, que por aquel entonces vino á
la luz para ser luego eclipsado por _El Debate_.

Las aspiraciones de los conservadores puerto-riqueños eran en realidad,
no dar un paso ni en lo relativo al artículo 108 de la Constitucion ni
al 21 de la ley _preparatoria_ del Sr. Moret: conseguir que no se
plantease la ley municipal: alzar el censo y escatimar el derecho de
sufragio; anular la diputacion provincial y sobre todo tener un capitan
general _suyo_, investido por de contado de las ámplias facultades de
los vireyes y capitanes generales, de leyes de Indias, con las que el
decreto de libertad de imprenta de Baldrich era ilusion y podrian
impedir la renovacion de los tres ayuntamientos de Puerto-Rico, Ponce y
Mayagüez (únicos en una isla de 600 habitantes) que quizá les quitase la
influencia que venian ejerciendo en ellos por el modo con que fueron
constituidos en 1869. Y consiguieron casi todo esto: todo menos lo del
censo.

El general Pulido, nombrado por el partido radical para sustituir al
general Baldrich se hizo conservador á la caida del ministerio
Zorrilla... y anuló la diputacion provincial puerto-riqueña con una
série de competencias que al fin ha resuelto el Consejo de Estado en
favor de aquella: y no renovó los ayuntamientos: y consiguió que la
prensa radical se limitase á teorizar, para enmudecer totalmente durante
las elecciones de diputados á Córtes, y en fin, _hizo_ unas elecciones
tales que su éxito sorprendió en Madrid á todo el mundo, inclusos el
ministerio y los mismos periódicos conservadores.[37]

   [37] Véase el discurso del ministro de Ultramar, Herrera, en
   la sesion de 7 de Mayo de 1872. _Diario de Sesiones._

Despues de la inesperada victoria de Febrero de 1872, el partido
conservador cambia de nombre: se llama _español_; y el general Gomez
Pulido da oficialmente cuenta de la lucha de los comicios y de los
candidatos respectivos de esta manera: general Sanz--_español_: general
Fernandez de Córdova--_radical_. De este modo pretendian los
conservadores puerto-riqueños (sólo uno habia nacido en la pequeña
Antilla) ser estraños á las contiendas políticas de la Península, al par
que marcaban á sus adversarios con la señal del antipatriotismo.

En honor de la verdad no consiguieron ni lo uno ni lo otro. Lo de la
_marca_, era soberanamente ridículo y bien lo condenó el Sr. Labra en su
discurso del 7 de Mayo de 1872 en medio de los aplausos de diversos
lados de la Cámara:

     "He prometido, señores diputados, tratar con calma el asunto de las
     actas de Puerto-Rico, porque no quiero que la pasion mia dañe á la
     claridad del asunto y á la bondad de la causa. Por eso yo no he de
     rechazar aquí, no ya con el desden, sí que con la santa ira que ha
     de encenderse en pechos donde la lealtad se anida, la infame
     imputacion que á las veces algunos menguados nos hacen, de que al
     venir á abogar ante la Representacion nacional por los intereses de
     la civilizacion, la causa de la justicia y la extension á nuestras
     colonias de esos derechos consignados en nuestra ley fundamental
     como propios é imprescriptibles del sér humano, y cuya consagracion
     nos exalta y engrandece á los ojos del siglo XIX, despues de haber
     aparecido ante el mundo como el lastre y compensador de toda la
     historia, lo hacemos movidos de un resentimiento incalificable, con
     ánimo de traer sobre nuestra Patria los desastres de una revolucion
     que amanece por todos los estremos de nuestro imperio colonial;
     amamantados, en fin, á los pechos de aquella perfidia
     inmortalizada por el autor del _Príncipe_, y que tan cómodamente
     hace su camino en el seno de los pueblos corrompidos y destrozados
     por el despotismo. No; yo no he comprendido nunca cierto género de
     acusaciones de esas que no se hacen cara á cara y frente á frente,
     porque constituirian la mayor injuria posible, pero que sin embargo
     van siendo muy admitídas en lo que se llama vida política, sin que
     el mismo que las lanza crea que tienen más gravedad que la de la
     mera suposicion de un error ó una falta. Y tan no lo comprendo, que
     á mí nunca se me ocurriria suponer que aquí pudieran venir hombres
     que levantando la bandera de patria trajesen oculto el puñal con
     que hubieran de asesinarla á la faz del mundo civilizado."

     "¡Cómo! ¡Quién tan menguado, quién tan miserable, que de tales
     medios habia de valerse para satisfacer sus pasiones! ¡Cómo de
     sospecharlo siquiera, lo habiais de consentir aquí! ¡Quién tan
     villano que hubiera de venir aquí á engañar, estando Cuba donde
     combatir! Y yo no necesito hacer protestas de ningun género, que
     nadie tiene derecho á pedirme, que yo no consiento que nadie me
     exija.--Y lamento haber hablado con cierto calor de este
     particular. Perdóneme el Congreso la digresion."

     "Pero es el caso que esto del españolismo de los unos y del
     anti-españolismo de los otros es un arma muy del gusto de ciertos
     conservadores de Puerto-Rico; y el anti-españolismo es
     afortunadamente todavía un mote denigrativo en la pequeña Antilla,
     no por los males que pueda acarrear, ni por las persecuciones que
     pueda atraer, sino porque es una acusacion de deslealtad que afecta
     gravemente al carácter de los hombres que uno y otro dia sostienen
     que el interés de la patria no es el interés de un partido
     determinado, y que con España pueden coexistir en nuestras Antillas
     la libertad, los derechos, el órden que en las Antillas inglesas,
     en la Australia y en el Canadá coexisten con el imperio de la Gran
     Bretaña."

Respecto del apartamiento de las luchas políticas de la Península á poco
se levantó en el Congreso el Sr. Fernando de Vida á declarar que era
_alfonsino_, y al caer el ministerio Sagasta, y firmar los conservadores
ó constitucionales su protesta contra el partido radical triunfante y la
disolucion de las Córtes, aparecian con estos los Sres. Sanz, Sedano,
Cortés, Gallostra y demás diputados _españoles_ de la pequeña Antilla: y
en la reunion de los constitucionales del teatro Real voceaba, como
poseido de la fiebre, el ya famoso cubano D. Antonio Gonzalez Llorente,
diputado electo de Mataró y Mayagüez.

Pero llega la cuarta evolucion. Es en Julio. Está en el poder el partido
radical. Apróximanse las elecciones de diputados á Córtes y se acerca al
ministerio una comision de exdiputados conservadores pidiendo al
gobierno que desapruebe (por lo menos) determinadas candidaturas en
Puerto-Rico (las candidaturas _naturales_ de la isla) y se ofrecen á
conservar en las nuevas Córtes la autoridad de los diputados vascos. El
gobierno por de contado desoye tales proposiciones, resuelto á ser
neutral como pedian unánimemente los candidatos radicales; y envia á
Puerto-Rico de gobernador superior al Sr. D. Simon La Torre y de
secretario á D. José Ayuso.

Entonces el partido conservador de la pequeña Antilla toma una nueva
actitud, en relacion con la de sus amigos de Madrid. Se llama el partido
de _españoles sin condiciones_ y pretende torpemente introducir la
division en las filas de los radicales apoyando contra los Labra, los
Padial, los Blanco, los Sanromá y tantos otros perfectamente
caracterizados á los Sres. Gasset, Herrero, Romero Giron, etc., etc.
Tampoco el éxito corona sus esfuerzos y ante la seguridad de la derrota
proclaman el retraimiento... allí donde no podian luchar (á pesar de
tener suyos los ayuntamientos, las juntas de visita, la casi totalidad
de corregidores, la guarnicion y los empleados), en su famosa protesta
de 20 de Agosto de 1872: protesta que es solo un ¡ay! lanzado ante la
realidad de no poseer todos los medios de influencia y de coaccion que
hasta entonces habia tenido el partido conservador: pero nunca una
condenacion elocuente y terminante de las condiciones en que vive el
elector en Puerto-Rico y de los medios que las leyes, hechas, defendidas
y glorificadas por los conservadores mismos, ponen en manos del
gobierno, ora contra conservadores, ora contra radicales.

Desde este momento comprende el partido... (¿como se llamará luego?) que
tiene perdida la campaña. Su protesta es cuando más la mejor
demostracion contra las facultades omnímodas de los capitanes generales:
el éxito de la lucha electoral los pone en ridículo: su impotencia en
Madrid les arranca los medios de derramar cruces, marquesados y favores
de toda especie sobre sus devotos; la conducta enérgica del capitan
general los coloca en una actitud humillante; la severidad, la
inteligencia y el civismo del pueblo puerto-riqueño compromete su
causa--aquella _brillante_ causa que comienza con el manifiesto de Ponce
firmado por el Sr. Plaja en 1869 (manifiesto en que se amenazaba á la
Metrópoli) y concluye con la _inolvidable_ y celosa administracion del
_radical_ Gomez Pulido.

¡La esclavitud peligra! ¡El absolutismo agoniza! ¡Los monopolios se
cuartean! ¿Cómo callar? ¿Cómo permanecer tranquilos? ¿Por ventura no
pasó algo análogo en Julio de 1871? Pues ¡A las armas! ¡A la sorpresa!
¡A la difamacion! ¡A la calumnia!

Ahí está el general La Torre; pues fuego sobre él. Acúsesele de haberse
vendido á los conservadores por treinta mil pesos, para hacerles
traicion luego en el período de las elecciones. Acúsesele y es hombre
perdido. El gobierno tendrá que separarle y se repetirá la caida del
general Baldrich.

Cierto que desde luego resultaria que hay un partido ¡qué partido!!!--en
Puerto-Rico que se cree capáz de _comprar_ á la autoridad superior por
treinta mil pesos. Pero ¡qué importa! ¿No es ese el mismo partido que en
Cuba públicamente ha abierto en las columnas de sus periódicos, y á
ciencia y paciencia de la autoridad, una suscricion para pagar á los que
en la Península fuesen condenados por nuestros tribunales de justicia
por infamantes y CALUMNIADORES en la discusion de las cuestiones
ultramarinas? ¡Brava cosa! ¡Ya á nadie admiran estos recursos! A todo
nos tienen acostumbrados ciertas gentes!!! ¡Adelante! ¡Viva la
calumnia!!!

Ahí está el pueblo de Puerto-Rico. Pues caed sobre él. Haced correr que
la inquietud reina en la pequeña Antilla. Hablad de un motin... en
_Yabucoa_--como hace un año hablásteis de la espantosa insurreccion de
San Juan. Repetid lo del armamento de los separatistas y--¡horror!--de
la clase de color, que representa nada menos que el 60 por 100 de la
poblacion de Puerto-Rico. Volved sobre lo de la libre circulacion por la
capital y las costas de Puerto-Rico de Emeterio Betances, aquel honrado
médico, perseguido por _abolicionista_ hace diez ó doce años y á quien
la mala voluntad de las autoridades borbónicas lanzó al separatismo.
Gritad que los puestos de confianza y los cargos de alcaldes se dan á
los procesados de Lares: gritad que las familias acomodadas huyen de la
isla previendo graves y deplorables conflictos: insistid en que el
valor de la propiedad baja y en que los hacendados tratan á toda costa
de vender sus fincas..... Todo lo habeis dicho en Agosto de 1871: pero
no importa, repetidlo: repetid absolutamente lo mismo, que estas frases
son siempre de efecto, y el miedo es una debilidad frecuente de los
liberales.

Y si por ventura el cable trasatlántico se hubiera roto, aprovechad este
fracaso, y gritad por espacio de diez dias que no se reciben noticias de
Puerto-Rico; que las comunicaciones están interrumpidas, y que la alarma
cunde entre todas las personas que aquí residen y tienen intereses en la
pequeña Antilla. Y si teneis amigos--que si los teneis, y hasta
_íntimos!_--en el ministerio de Ultramar aprovechad sus indiscreciones y
asegurad en todos tonos que el capitan general llamado á Madrid por el
gobierno no ha contestado, á pesar de haber trascurrido ocho y diez
dias. Y no descanseis un momento: y repetid la noticia; y glosad los
sueltos..... y haced en fin, vuestro gusto, máxime si dais con algun
medio de conseguir que tal ó cual periódico reformista enmudezca, y de
que vuestra opinion sea la sóla que se haga escuchar en el estadio de la
prensa. Y luego preguntad si dada esta situacion son posibles las
reformas en Puerto-Rico!!!

Y así se ha hecho.

No parece necesario reproducir aquí los numerosos artículos é infinitos
sueltos que en la prensa conservadora y alfonsina han aparecido en todo
el mes de Noviembre sobre las primeras autoridades de Puerto-Rico, y
sobre la situacion de la pequeña Antilla. Hasta cierto punto el efecto
se ha conseguido.

El general La Torre ha sido llamado á Madrid por el gobierno á dar
esplicaciones--suceso que habia sido anunciado con mucha anticipacion á
Puerto-Rico por un telégrama de uno de los más conocidos representantes
del esclavismo, residente en Madrid. Y esto se unia con la exageracion
de los _españoles sin condiciones_ en la pequeña Antilla, con la
oposicion manifiesta de los jefes militares al capitan general de la
isla, con el aparatoso bullir y las comentadas reuniones de los
personajes del partido, allí donde, merced á los conservadores, no hay
derecho de reunion: con los ataques en _crescendo_ de los periódicos
reaccionarios de Puerto-Rico, dirigidos por funcionarios públicos que
hacian como ostentacion de su inesplicable conducta; con las
manifestaciones públicas, allí donde la ley las prohibe (no por gusto de
los radicales, en verdad), contra la política toda de la autoridad
superior (investida de las facultades escepcionales de las leyes de
Indias) á la cual se acusa de desleal y anti-española: hechos todos que
no parecen sino que obedecen á un plan preconcebido, en cuya virtud
debiera provocarse á la primera autoridad de la isla á determinadas
soluciones que aun siendo perfectamente legales (y perfectamente legales
son todas las del señor general La Torre, por la mera circunstancia de
estar en posesion de todas las atribuciones estraordinarias que nuestras
antiguas leyes conceden á las autoridades de Ultramar para el
mantenimiento del órden y tranquilidad de la tierra) darian pié para que
en Madrid se alzase un poderoso clamoreo contra los ataques de que
allende el mar eran víctimas los _españoles sin condiciones_.

De la misma manera, por espacio de un mes se han llenado los aires con
esclamaciones y denuncias del estado horrible de Puerto-Rico. Temerosa
la prensa ministerial, enmudeció en los primeros momentos; y bien
repartidos los papeles, los reaccionarios y esclavistas ultramarinos no
han cesado de solicitar la atencion pública aventurando todo género de
falsedades y haciendo esfuerzos estraordinarios para conseguir que en la
opinion de las gentes quede como verdad absoluta é incontrovertible que
el desórden reina en Puerto-Rico, y que en la pequeña Antilla es de todo
punto imposible cumplir los solemnes compromisos de la revolucion de
Setiembre, la abolicion de la esclavitud y la vida ordenada del derecho
y de la libertad.


VII.

Pero el tiempo ha pasado. Las _falsedades_ esclavistas han ido á
Puerto-Rico, y aquel pueblo se ha llenado de indignacion protestando
contra tantas calumnias y supercherías. MENTIRA ha sido lo de Yabucoa;
_mentira_ lo del armamento de los negros; mentira lo de la
intranquilidad del país. Por eso más de TREINTA MIL ciudadanos de
Puerto-Rico han elevado una esposicion al rey D. Amadeo; por eso los
vecinos de Yabucoa han dado un solemne _mentís_ á _El Debate_; por eso
han visto la luz pública todos los documentos que al final de estas
líneas verá el lector; documentos firmados por casi todo lo que hay de
inteligente, de rico, de digno en la quieta y liberal isla de
Puerto-Rico.

Atrévanse, atrévanse los esclavistas y reaccionarios á rectificar un
solo concepto: atrévanse los _españoles sin condiciones_ á discutir un
solo dato: Ahí están: ¡atrévanse!

Y conózcalos el público de la Península. Comprenda de que medios se
valen esos hombres para lograr sus inconfesables aspiraciones.

De una parte tratan de convencer á un partido honrado, digno de un
porvenir inmenso--_al partido radical_--que sus compromisos no son
aquellos que todo el mundo conoce, los consignados en manifiestos
solemnes, los reconocidos de un modo explícito por sus jefes y
directores. Y es de ver cómo acuden á todos los recursos, desde la
suavidad más mefistofélica hasta el apóstrofe más provocativo.

Es de ver cómo se cuidan de los intereses de este bando político (cuya
perdicion tienen jurada) y le aconsejan y le excitan como si se tratara
de sus más caros intereses. Y es de ver cómo, variando de traje y de
posiciones, ahuecan la voz y le amenazan--¡ellos, los representantes de
la esclavitud y del absolutismo!--con la eterna maldicion de la
historia.

«Cuidad del laborantismo, le gritan unas veces. Desconfiad de las
sirenas que os salen al camino. Estad prevenidos contra la melosidad
criolla y el maquiavelismo americano. Allende el mar no teneis amigos:
vuestra ruina está decretada y no debeis caer en el lazo que se os
tiende con vanas palabras y protestas de un patriotismo que en América
solo los _nuestros_ sienten.» Y á este propósito recuerdan--¡qué
recuerdo!--la conducta de los diputados americanos de 1810 y de 1820,
siendo así que aquellos insignes varones, los Feliú, los Mendiola, los
Megía y los Navarrete, no cesaron un instante en anunciar al gobierno de
la Península que la revolucion y la separacion sobrevendria en el nuevo
mundo si las Córtes no accedian á tiempo, como no accedieron, á la
libertad mercantil, á la supresion de las facultades omnímodas de los
vireyes, á la abolicion de los estancos, las mitas y las formas todas
de la servidumbre del siglo XVIII.

«Volved en vuestro acuerdo--le gritan otros.--Hartas desventuras habeis
traido á la patria con vuestras exageraciones revolucionarias. Teneis en
peligro la dinastía: nos conducis á la bancarrota: no tiene en vosotros
garantía alguna el órden social. Sois los alentadores de la
Internacional: sois el pretesto de la demagogia: sois los enemigos del
clero: sois los antípodas de todo lo que hay de tradicional y respetable
en nuestra patria. Estais solos--á pesar de vuestra aristocracia
_haitiana_--pero cuidad de no coronar vuestra obra con el
desmembramiento de la integridad nacional. Temed los lazos que os tienen
preparados los demagogos americanos, los separatistas de Puerto-Rico.» Y
á este propósito vuelven los ojos al principio de este siglo, olvidando,
ó haciendo que olvidan, que si Venezuela se perdió fué por no querer la
regencia igualarla á las provincias de España y que la separacion de
Méjico la realizaron en 1822 los reaccionarios, los ex-inquisidores, los
magistrados, el famoso Consulado, resistiendo los decretos de nuestras
Córtes sobre señoríos, mayorazgos y bienes amortizados, como antes lo
habian intentado, en 1820, para dar asilo á Fernando VII, mientras en
España rigiese la inmortal Constitucion de Cádiz.

Pero no conseguirán su intento esos... _españoles sin condiciones_.

Aun cuando el partido radical pudiese caer en la celada--que no
caerá--los radicales puerto-riqueños, el pueblo de Puerto-Rico vencerá
al cabo todas las dificultades.

El sabe de memoria las palabras de Argüelles en 1837, en el momento de
la espulsion de los diputados ultramarinos. «No os condenamos al
absolutismo...»

El ha recordado dia por dia aquella promesa de treinta años, consignada
sin ulterior resultado, en todas las constituciones de España. «Las
provincias de Ultramar serán regidas por leyes especiales.»

El no ignora aquellas frases concluyentes con que en 1865 el ministro
Cánovas del Castillo llamaba á Madrid á los representantes de los
ayuntamientos antillanos para discutir las bases de la reforma
ultramarina:

     "Los adelantos científicos y literarios que se notan en ambas
     Antillas: su riqueza actual, que en la primera de ellas puede
     competir con la de los estados más florecientes de Europa y del
     continente americano; la creciente estension y la importancia de su
     comercio esterior, todo las coloca ya en una situacion escepcional
     que requiere leyes y medios bien distintos de los que existen en
     las demás provincias ultramarinas y de los que hace algun tiempo
     habrian necesitado y reclamado ellas mismas."[38]

   [38] Preámbulo del decreto de 25 de Noviembre de 1865.

Él repite á cada instante las palabras con que el Gobierno Provisional
de 1868, por conducto del ministro Lopez Ayala, anunció su advenimiento
á las colonias españolas:

     "El alzamiento nacional, propagado con espontánea rapidez desde la
     bahía de Cádiz hasta las playas de San Sebastian no se ha llevado á
     cabo en beneficio esclusivo de los habitantes de la península, sino
     tambien de nuestros leales hermanos de Ultramar, que al escuchar el
     eco de nuestra victoria, siendo próximo el momento de ver
     realizadas legítimas esperanzas, y nobles aspiraciones, en nada
     opuestas á su íntima union con la metrópoli, antes engendradas por
     el deseo de renovar, fortalecer y estrechar los antiguos vínculos
     entre los apartados territorios que constituyen la nacion española.
     Comprendiendo el Gobierno Provisional que la estension de los
     municipios proclamados por la revolucion debe ser proporcionada á
     su intensidad, no ha vacilado en su manifiesto del 25 de Octubre
     que las provincias ultramarinas gozarán de las ventajas de la nueva
     situacion é intervendrán con su inteligente criterio y con su voto
     en la resolucion de las árduas cuestiones políticas,
     administrativas y sociales, que tanto interesan á la poblacion
     antillana. En el documento citado ha condensado el gobierno los más
     culminantes dogmas de la revolucion consumada y entre ellos ha dado
     con leal franqueza el debido lugar á la reforma del régimen de las
     islas de Cuba y Puerto-Rico, dignas por su numerosa, rica é
     ilustrada poblacion de adquirir y ejercitar derechos
     políticos."[39]

   [39] Circular del 27 de Octubre de 1868.

Él tiene grabadas en el alma las frases con que el ministro Becerra
recomendaba en 10 de Abril de 1870 al Regente del reino la creacion de
una comision encargada de discutir y proponer á aquel las bases á que
debian sugetarse los proyectos de ley convenientes para hacer la reforma
política y administrativa y realizar la abolicion de la esclavitud en la
isla de Puerto-Rico.

     "Una deplorable y pertinaz tradicion de despotismo, que si pudiera
     justificarse en sus comisiones carece de toda razon en los
     presentes tiempos, encomendó la direccion y manejo de nuestros
     establecimientos coloniales á los agentes de la Metrópoli, anulando
     ante su prepotente y exclusiva autoridad las fuerzas vivas del
     país, la actividad creadora y fecunda de los individuos que se
     gobiernan á sí mismos y aunque en la época moderna el sistema haya
     mejorado alguno de sus detalles, dejándose sentir menos la accion
     avasalladora de la autoridad, todavía se ostenta muy saturado del
     error de orígen, á lo cual contribuyen la pesadumbre de la
     tradicion y la influencia necesaria de los intereses creados á su
     amparo, que sin duda merecen respeto en cuanto sean conciliables
     con las exigencias de la justicia, con el bien comun y con las
     ideas en que debe inspirarse todo sistema liberal. Urge, pues, un
     cambio de sistema así político como administrativo... Y si la
     necesidad de la defensa del territorio impide temporalmente á la
     revolucion española ejercer su influencia política en la más
     preciosa de las Antillas, no sucede lo mismo con Puerto-Rico, y
     libre el gobierno de los justos recelos que le asaltan respecto de
     Cuba, pudiendo escuchar la autorizada voz de los enviados de
     aquella isla cuando se trata de alterar radicalmente el sistema
     político y social que en ella rige, conviene mostrar valerosamente
     cuan enérgica, cuan honrada y sincera es su voluntad de llamar á
     las colonias al pleno goce del derecho y á la entera participacion
     en las grandes conquistas de la civilizacion moderna."[40]

   [40] Preámbulo.--Véase _La Democracia en el ministerio de Ultramar_.

Todo esto lo sabe el pueblo de Puerto-Rico y al igual siente y conoce su
tristísima situacion. El libro 3.º del Código de Indias (leyes del siglo
XVII) es la base de su derecho político, porque es el fundamento del
poder de los capitanes generales, no intervenidos ya por las audiencias
(que eran una garantía) y cuya responsabilidad es absolutamente nula
desde que los famosos juicios de residencia que se abrian en la
Península al terminar cada autoridad el período de su mando, ó no se
abren ó han venido á reducirse á una vana fórmula. Las leyes de Partidas
(esto es, leyes del siglo XII) constituyen el punto de referencia y el
testo fehaciente de su órden penal, complicado, como poco ha se decia en
el Congreso, con la penalidad de las ordenanzas militares aplicable en
infinitos casos, mediante los consejos de guerra y el estado de sitio
que parece la situacion normal de las colonias españolas.[41] El
decreto de 1846 es el fundamento de lo que allí se llama el órden
municipal, es decir, la negacion del municipio (que habia existido en
Puerto-Rico próspero y feliz desde 1836) mediante la reduccion del
número de ayuntamientos á tres poblaciones en toda la provincia,
mientras al resto se las dotaba de juntas de visita nombradas _ad
libitum_ por la autoridad superior, limitándose el derecho de sufragio
para aquellos, á un grupo de mayores contribuyentes y reservándose el
capitan general la facultad de nombrar alcalde y asignarte sueldo. La
propiedad vive en las condiciones de la Novísima Recopilacion, sin
registro y sin las nuevas formas que hoy hacen imprescindibles en todos
los países civilizados, las leyes hipotecarias. La familia yace sometida
á las exigencias religiosas, á pesar de haberse llevado á Puerto-Rico,
por un decreto de la Regencia, la libertad de cultos, sin que le
siguieran las leyes sobre matrimonio civil... Y al lado de esto las
aspiraciones despertadas por la ley electoral, por el establecimiento de
la diputacion provincial, y por la ley preparatoria de 1870. ¡Puede
darse situacion más violenta!

   [41] Discurso del Sr. Labra sobre aplicacion del Código penal
   de la Península á Ultramar.--_Diario de Sesiones._ Octubre, 1872.

Porque el _statu quo_ es posible por muchos años y aún por siglos
mediante el procedimiento del Paraguay. Apartados de todos los pueblos:
cercados de una muralla de hierro: sumidos en añejas preocupaciones y
sin poder levantar la vista y enviar la mirada en busca de nuevos
horizontes, es dable resistir por bastante tiempo á la ley del progreso;
aunque á la postre se haya de pagar caro esta tranquilidad y esta
satisfaccion aparente. Pero en Puerto-Rico esto era de todo punto
imposible, desde el momento en que el absolutismo (que perdió los reinos
de América por no reconocer la libertad del tráfico) tuvo que abrir el
comercio de nuestras Antillas al extranjero; y desde que la revolucion
llamó á los representantes de la pequeña Antilla al seno del Congreso
español, producto de las agitaciones revolucionarias de la Europa
contemporánea y saturada de los principios de la democracia moderna,
cuyas grandezas habian de admirar y aprender en el augusto recinto de
las Córtes los hijos de aquel país esclavizado, si por acaso antes no
habian llevado á sus oidos, (en medio de la legislacion de los estados
de sitio y en lo más profundo del régimen colonial) palabras de
libertad, las refrescantes brisas del mar de los trópicos y el aura
embalsamada de las hermosas playas de la América libre.

Pues bien: los pueblos conquistan su derecho de dos modos: con las armas
ó con el civismo. Las armas son el medio de las revoluciones; y las
revoluciones, que siempre entrañan males sin cuento, cuando no están
_absolutamente_ justificadas, por lo insoportable de la situacion y la
imposibilidad perfecta de echar mano á otro recurso, producen males
superiores al que pretenden remediar. El civismo es otra cosa: es la fé
viva en los principios: la confianza absoluta en la ley providencial del
progreso: el dominio de sí propio: la discrecion en los momentos
difíciles: el aprovechamiento de todos los detalles y de todas las
conquistas que hace precisa é inescusable la marcha del siglo, para
asegurar la posicion y levantarse á nuevos goces.

Puerto-Rico no puede dudar en el momento actual: no ha dudado. Las armas
es el suicidio. Eso es lo que desean sus enemigos. A ello le escitan con
sus falsedades, sus insultos y su tiranía.

El civismo! este es el gran recurso para llegar al logro de sus justas
aspiraciones y á la consagracion de sus incontestables derechos. Y este
civismo lo demuestra Puerto-Rico:

Despreciando las provocaciones infames[42];

   [42] Véanse los artículos de _La Discusion_ sobre la situacion
   de Puerto-Rico. Julio, 1871.

Practicando á maravilla los derechos que la Metrópoli le reconoce[43];

   [43] Véase el discurso del ministro Sr. Moret, en la sesion
   del Congreso de Junio de 1870.

Emancipando espontánea y desinteresadamente á gran número de sus
esclavos[44];

   [44] Véase la _Gaceta de Madrid_ de 31 de Agosto de 1872.

Y reclamando por medio de sus diputados á Córtes el cumplimiento de los
preceptos terminantes de las leyes:

DEL ART. 108 DE LA CONSTITUCION DE 1869--que entraña la proclamacion de
los derechos _naturales del hombre_ en Ultramar;

DEL ART. 4.º TRANSITORIO DE LAS LEYES SOBRE MUNICIPIOS Y DIPUTACIONES
PROVINCIALES, DE JUNIO DE 1870;--que exige la separacion de los mandos
militar y político en la pequeña Antilla y la consagracion de la vida
municipal;

Y DEL ART. 21 DE LA LEY PREPARATORIA, DE JULIO DE 1870, PARA LA
ABOLICION DE LA ESCLAVITUD--que implica la abolicion definitiva é
indemnizada de la servidumbre.[45]

     =Un Puerto-Riqueño.=

     1.º de Enero de 1872.

   [45] Véase el discurso del Sr. Labra en la sesion del 21 de
   Diciembre de 1872.



APÉNDICE

Número I.

Exposicion que treinta mil habitantes de Puerto-Rico hacen al rey D.
Amadeo I.


SEÑOR:

Los que suscriben, individuos de todas las clases de esta Isla,
hacendados, comerciantes, capitalistas, industriales, profesores y
artesanos, afiliados todos al gran partido radical, y leales y fieles
defensores de la nacionalidad á V. M. con el más profundo respecto
exponen: Que cuando comenzaba esta provincia á disfrutar paz y
tranquilidad unidas al más perfecto órden bajo el mando paternal y
justiciero del Excmo Sr. D. Simon de La Torre, á quien V. M. confió su
gobierno; cuando alentaba la más dulce esperanza de que continuando
dirigidos sus destinos por la recta y entendida mano de tan dignísimo
Jefe, se abriría á su porvenir la senda de progreso y de bienestar á que
aspira, y que hasta ahora por circunstancias históricas y excepcionales
no habia podido alcanzar, se ha propalado el alarmante rumor y la
infausta nueva, de que los adversarios á nuestras reformas y enemigos de
toda libertad en este suelo, poniendo en juego sus poderosas influencias
y usando de las terribles armas de la calumnia y la mentira, trabajan
con incansable ardor para sorprender el ánimo de V. M. y su gobierno,
con el fin de obtener que sea relevado del mando superior de esta Isla
el Excmo Sr. General Latorre y su Secretario D. José Ayuso.

Profunda sensacion ha causado y no podia menos de causar esa noticia; si
los planes interesados de esa agrupacion llegaran á realizarse,
Puerto-Rico esperimentaria una sensible pérdida, viendo desvanecerse en
un momento sus legítimas aspiraciones de mejoramiento en su régimen
político y administrativo.

No es de creer que esas maquinaciones prevalezcan, y que V. M. de oidos
á lo que notoriamente es sólo un ardid de partido para conseguir fines
determinados; pero la sola idea de que tal cambio pudiera efectuarse por
consecuencia directa ó indirecta de los activos é infatigables trabajos
de nuestros adversarios, mueve á los firmantes á elevar hasta V. M. su
respetuosa voz con objeto de que la verdad se abra paso y conozca V. M.
de una manera fehaciente la opinion y el deseo de la inmensa mayoría de
esta leal Provincia, que sólo aspira á que en ella reinen la justicia y
el órden, vínculos que la estrechen más y más con la Madre Patria por
cuya gloria y honra darian todos sus vidas y sus bienes.

Los que quisieran el estacionamiento del régimen colonial en esta
Antilla, incompatible con la gloriosa y trascendental revolucion de
1868, que conquistó la libertad para España, de que formamos parte
integral, y que dió por resultado la elevacion al trono de V. M. y su
dinastía para felicidad de la Nacion; los que á todo trance ansían que
se perpetúe ese funesto régimen; los que aman ardientemente esa
situacion política á cuya sombra han medrado con el privilegio y el
monopolio; los que aborrecen la libertad en este suelo porque comprenden
que siendo fuente del órden y de la justicia, caerán esos privilegios y
la igualdad del ciudadano ante la ley y en la ley los despojará de la
influencia y preponderancia indebidas, que por aquellos medios han
logrado y logran todavía; los que tan mal quieren á la noble España que
por su interés egoista prefieren verla aquí arbitraria é injusta antes
que liberal y noble, no omiten medios por reprobados que sean para
alcanzar sus torpes fines.

El Gobierno recto, muy recto del ilustre general La Torre, desde el
momento en que arribó á estas playas desconcertó y disgustó á esos
hombres. Acostumbrados á ser oidos y atendidos en los consejos del
gobierno, y á que sus ideas se practicaran; formando, si así puede
decirse, una administracion y un régimen gubernativo á su antojo y
sabor, la primera vez que una firme y justa autoridad celosa de sus
deberes cerró los oidos á toda exigencia y á toda insinuacion, y sin más
norma que la ley y la justicia distribuyó esta por igual entre todos los
habitantes de la provincia y á todos dispensó la misma proteccion; desde
ese momento el despecho y la ira encendieron sus corazones y
concentraron todas sus fuerzas para volver á la antigua situacion
perdida y echar por tierra sin consideracion ni miramiento alguno el
obstáculo que se oponia á sus planes.

De ahí su actitud hostil y osada en esta provincia; de ahí las
frecuentes alarmas con que han tratado de mantener intranquilo y
temeroso al país; de ahí sus contínuas reuniones y aparatos; de ahí sus
protestas irrespetuosas y sus escritos llenos de saña y de veneno en
los periódicos que aquí sostienen; de ahí, por último, las groseras
calumnias, las torpes mentiras, las falsedades escandalosas con que los
órganos de su devocion en la prensa de la Metrópoli intentan desfigurar
los hechos y la verdad, y sorprender y estraviar la opinion pública,
fingiendo que esta provincia se halla en el más triste estado de
desórden y de anarquía, y presentando á su digno gobernador como el jefe
del partido radical, á quien apostrofan con el calificativo injurioso de
partido filibustero y separatista que conspira contra la integridad de
la nacion.

No cabe ni cupo jamás tal osadía en inteligencia humana. Se concibe la
lucha legal y moderada entre dos partidos que disputan el triunfo y la
influencia en el poder. Se concibe la emulacion de las agrupaciones
políticas, que atentas á la felicidad de la patria comun, batallan en
noble lid, se esfuerzan en conseguir la victoria y usan de armas dignas
y lícitas. Pero no se concibe ni puede concebirse que con la vista fija
en un censurable egoismo, sin amor ni fé por la patria, que sin embargo
se toma por pretesto, haya un conjunto de hombres que quieren
sacrificarlo todo, justicia, derecho, consecuencias, libertad, moralidad
á sus planes funestos y verdaderamente perturbadores de la prosperidad y
el reposo de esta Isla.

Esa es la táctica, ese el sistema empleado por los hombres que en esta
Antilla se llaman defensores de la nacionalidad y se abrogan el
privilegio exclusivo de ser los únicos españoles que aquí alientan.

Esos hombres, penetrados de que la justicia no puede oscurecerse,
convencidos de la que asiste á esta Provincia para pedir los derechos de
ciudadanía, que como miembros de la Nacion Española la pertenecen, sin
poder contener el oleaje impetuoso de la revolucion justa y radical
verificada en la Madre Patria, que prometió esos derechos y las reformas
consiguientes, no encontrando razon alguna que oponer ni fundamento en
que apoyar la negativa al nuevo estado de cosas prometido, han apelado á
ese odioso medio de calumniar al país, llamándole enemigo de España y
confundiendo la reforma con la aspiracion al separatismo, para
ennegrecer con esa fea mancha á todo el que no sea de su opinion y ame
la libertad en esta tierra.

Así se explica lógicamente esa falsa imputacion, que prodigan al partido
radical de Puerto-Rico, y que utilizan en todas ocasiones. Es indigno
tal calificativo. No, Puerto-Rico es fiel y leal. Puerto-Rico ama á la
Patria con el mismo cariño que sus demás provincias hermanas.
Puerto-Rico guarda en su historia elocuentes ejemplos de su lealtad.
Puerto-Rico tiene en su vida pública atestados infinitos de su adhesion
y amor á la Metrópoli. Puerto-Rico no abriga más que españoles. La
inmensa mayoría de sus habitantes, aspira, es cierto, á la libertad,
pero con España, dentro de España, siguiendo su misma suerte. Esa
mayoría inmensa á que los monopolizadores de la nacionalidad apellidan
enemigos de la Patria, porque quieren reformas y libertad; esa mayoría
es más española que sus detractores, porque obedece y acata las
prescripciones del poder supremo, porque se conforma y cumple los
mandatos de sus autoridades, mientras que ellos, los que más gritan su
españolismo, no aman otra España que la que forjan sus intereses, la que
puede servir á favorecerlos, y se rebelan contra el Gobierno, y luchan
con las autoridades superiores, que desprestigian y amenazan osadamente
con la _rebelion de la lealtad_, cuando el poder no favorece esos
intereses y no dispensa injusta proteccion á sus planes.

Esta es la situacion actual. Ese grupo refractario á la libertad es
enemigo de lo existente hoy en la Madre Patria, y no lo oculta en sus
publicaciones. Es enemigo de nuestra primera y superior autoridad,
porque no coadyuva á sus deseos, porque no se hace instrumento de sus
proyectos, porque no sigue el curso que otros han seguido
desgraciadamente.

Por eso la injuria, la mentira y la calumnia. Por eso su inaudita
audacia. Al general La Torre, al digno y buen militar, al leal español
que ha derramado su sangre tantas veces por la Patria, al cumplido
caballero, modelo de honradez y de decoro, lo suponen partidario y jefe
de un partido separatista imaginario, entregado á sus influencias,
rendido á sus deseos y conspirando contra la nacion, perseguidor
acérrimo de sus defensores en esta provincia. Por fortuna, semejante
suposicion está desmentida de antemano por los antecedentes de tan digna
autoridad, y por la conciencia pública de los hombres honrados de esta
Isla.

El Excmo. Sr. General La Torre al encargarse de su mando se encontró
rodeado de elementos hostiles á las ideas que venia á plantear, de
elementos afines á las situaciones anteriores; en la administracion y en
la milicia era grande el número de sus desafectos, y cruda la guerra que
desde el primer dia le hicieron los intransigentes sostenedores del
_statu quo_, los que á la sombra de los abusos é injusticias del régimen
colonial habian predominado hasta entonces en el gobierno del país.
Hechos públicos referentes á las elecciones de Diputados á Córtes lo
demuestran, y sin embargo, atravesando esas difíciles circunstancias,
con todas esas contrariedades, una autoridad nueva en esta provincia y
sin conocimiento anterior de ella todo lo armonizó, todo lo superó, y el
país goza de una tranquilidad y de un órden admirables, sin que hasta
ahora haya tenido que lamentar la más mínima desgracia ni el más ligero
tumulto; que si los denuncian en sus periódicos mercenarios los
adversarios de nuestros derechos políticos, no son mas que creaciones
fantásticas de su imaginacion mal intencionada.

El hecho mismo de la eleccion pasada es una prueba palpable del tino y
la cordura con que gobierna el general La Torre. Quizás en ninguna de
las provincias de la Madre Patria se haya verificado tan importante acto
con tanta calma y tanto órden. ¿Dónde está, pues, la agitacion que reina
en esta Isla? ¿Dónde esos enemigos de España, que con tanta proteccion
en las altas regiones del Gobierno, no abusan de su estado y situacion,
y tranquilamente ejercen el derecho del ciudadano, nombrando sus
Diputados, entre ellos esclarecidos patricios de la Metrópoli, para que
en el santuario de la ley, discutan y reclamen el cumplimiento de las
reformas prometidas? ¿Es esa la actitud del pueblo hostil á la
nacionalidad, del partido que encubre sus miras separatistas bajo la
capa de una opinion radical y exaltada como suponen maliciosamente? Si
fueran ciertas esas prisiones y esos atropellos, de que se quejan
hipócritas nuestros adversarios, si la libertad desenfrenada que
atribuyen al partido radical de esta Isla fuese una verdad, á existir
tales ideas separatistas, ¿no habrian aprovechado tan favorables
circunstancias para realizarlas ó intentarlo al menos?

No es eso lo que ha pasado y lo que pasa. Esta provincia se distingue
hoy más que nunca por su tranquilidad, por su buen juicio y por su
sumision y obediencia á las órdenes superiores, que acata y apoya con
todas sus fuerzas. Y ese será el camino que seguirá bajo la mano hábil y
recta del ilustrado jefe que la gobierna.

Cualquier cambio, Señor, que se operase en el Gobierno y administracion
de esta provincia en las actuales circunstancias, sería ocasionado á
graves disgustos y podria hacer peligrar el sosiego de que hoy se goza.
El cielo, sin duda, inspiró á V. M. al encargar el mando de esta
provincia á su actual Gobernador el Excmo. Sr. General D. Simon de La
Torre, secundado por su recto y entendido Secretario D. José Ayuso.
Modelo de honradez y de probidad, su mano sostiene en el fiel la balanza
de la justicia; para él no hay distinciones ni partidos, ni camarillas,
ni inspiradores apasionados, ni privilegios, ni monopolios: para él no
hay más que la ley y su cumplimiento estricto.

Ese es el verdadero gobierno de un país; ese es el único que da la
felicidad; ese es el único tambien que en esta provincia nueva en el
camino de las instituciones libres, y hostigada por aspiraciones
interesadas y egoistas, que sostienen á todo trance el régimen antiguo,
puede realizar y llevar á cabo felizmente el desenvolvimiento de las
reformas en nuestro modo de ser político y administrativo, que nos han
sido prometidas, que tenemos un título valioso para merecerlas como
leales y fieles ciudadanos españoles, y que de una vez para siempre
estrecharán con indisoluble lazo de union y amor esta Antilla con la
Madre Patria.

Por eso esta provincia se ha alarmado con la sola idea de que el
Gobierno actual y sistema adoptado se alteren; teme con sobradisima
razon que los partidarios del reaccionarismo y del _statu quo_ se
aprovechen de cualquier alteracion que se verifique, y contrarresten las
mejoras y adelantos de que hoy empieza á disfrutar. Y con ese temor y
con ese deseo vivísimo y justificado de conservar lo que hoy existe en
nuestro Gobierno civil actual y de que continúe este en la ilustrada y
justa senda por que va caminando, los que suscriben acuden á V. M. cuya
sabiduría, rectitud y paternal cariño para con sus pueblos, tanto le
enaltecen respetuosamente.

Suplicándole en bien de esta provincia, tan leal y tan fiel como
cualquiera otra de la Nacion, de esta provincia, que protesta una y mil
veces derramar su sangre por la conservacion del territorio, y por
su seguridad exterior é interior; de esta provincia que tanto ha
demostrado su amor á la Madre Patria, se digne, desoyendo las
reclamaciones y quejas que contra el actual gobernador Excmo. señor
general La Torre y su secretario D. José Ayuso, pudieran maliciosamente
dirigir nuestros adversarios, mantener en sus respectivos puestos á la
referida autoridad y funcionario indicado, que como se ha dicho, cumplen
bien y dignamente su difícil y elevada mision, realizando el implantamiento
del nuevo sistema liberal con la más envidiable y perfecta
tranquilidad.--Puerto-Rico 10 de Noviembre de 1872.--Señor.--A. L. R. P.
de V. M.--José Santa Marta, abogado y Diputado provincial; Leonardo
Igaravides, senador; José de Celis Aguilera, Diputado provincial y
hacendado; Julian Blanco, hacendado y Diputado á Córtes; Sev. Quiñones,
abogado y Diputado provincial; Ant. Aguayo, propietario y Diputado
provincial; Manuel Padial, José J. Acosta, propietario y ex-diputado á
Córtes; Pablo Saez, abogado y Diputado provincial; J. S. Alfonso,
farmaceútico, Diputado provincial y propietario; Pedro G. Goico, doctor
en medicina, propietario y Diputado provincial; Enrique Urrutia,
comerciante y corregidor de la capital; José D. Infante, Bernardino F.
Samper, Joaquin A. Angulo, Fidel Guillermo, Miguel Morales, Laureano
Vega, comerciante; José Cordovés y Berrioz, Francisco Buguella, Fernando
Vizcarrondo Rojas, Santiago Prieto, Miguel Quesada, Enrique Ramirez de
Arellano, Gregorio de Latorre y Montesino, Joaquin Rodriguez, Isaias
Félix Castro y Diaz, Herminio Padial, José Franco, Francisco Bulerin,
Esteban Escalona, Francisco C. Dávila, Esteban Calderon, Pedro C.
Corren, Temístocles Andino, Leoncio Carreiro, Juan Enriquez, Manuel A.
Alonso, José A. Fernando, José Vinela, Segundo Setty, Vicente Guillermo,
J. A. Cabrera, Félix Noa, Juan Basilio Nuñez, Manuel J. Calderon, Benito
Torres García, Juan Bautista Fizol, Pedro Vidal, Eduardo Martorell,
Francisco Martinez de Aparicio, Ector Cherremons, propietario; Pedro
Cabrera, Salvador Prato, F. Pablo Rofselló, Bartolomé Llobet, Gregorio
Rodriguez, José María Bunata, Feliciano Cullar y Torres, Juan M. de
Larraon, Pedro del Valle, Pablo Marien, Diego Milé, Eusebio Menendez,
Alejandro Cruz Lacomte, José Fr. Diaz, Gustavo Diaz, L. P. Benitez,
Francisco Gimenez, Joaquin Ramirez, Martin F. Reyes, Francisco F.
Hernandez, Enrique Botch, Marciano Porralas, Francisco de P. Vergara
hijo, C. Avon, Narciso Font, Benito Osorio, Félix Padial, Julio Mas y
Pila, Ricardo Hance, Jorge A. Goyco, Francisco Acosta, José M. Collazo,
Ramon Collazo, Claudino Melizo, Saturnino Rivero, Julian Baldorioty,
Cárlos Lixert, Andrés Medrano, Manuel Lopez, Generoso Diaz, Salvador
Gallart, Teodoro García, Pedro Jimenez, Benigno Capó, E. Gonzalez, Pablo
Durán, Manuel Vazquez, Pedro Marquez, José de la Rosa, Angel Martinez,
Oscar Amadeo, Juan Casanova, Robustiano Texidor, Aureliano Alvarez, M.
Poventud, Gabino Izjo, Nicolás Colon. A ruego de los propietarios Juan
Antonio Santiago, D. Antonio Borge y Victorio Torres, Nicolás Colon. A
ruego de los propietarios Martin Torres, Félix Torres y D. José Cruet N.
M. Poventud, José Diaz de Castro y Ruiz, José T. Quiñones, Manuel
Ramirez, Luis Beansang, Antonio Morales, Land. Morales, Encarnacion
Arce, Manuel Morales, Loreto Marzo, Juan Piña, Hipólito Arce, Manuel
Alvira, Juan A. Quiñones, Manuel Quiñones, Vicente Avila, Juan de Jesús
Cintron, Leon Rivera, Eugenio Rivera, Bautista Carmona, Ildefonso
Carmona, Juan P. de Lugo y Otero, José Manuel Matienzo, Francisco Gran,
José Gregorio Coca, Reyes Coca, Juan P. Tudela, Manuel Escobar, Juan
Gonzalez, Teodoro Bartolomé, Tomás Mizabul, Sebastian Diaz, Luis
Trinidad, Juan P. Diaz, Felipe Vazquez, Aureliano Mizabal, Máximo
Rivera, Andrés Cruz. A ruego de Federico Cruz, propietario José Pujals,
Juan Cataríneu, Froilan Arroyo, Francisco Diaz, Justo Mizabal, Plácido
Perez, José María Benjamin, Juan José Colon, Cristóbal Patxot, Cecilio
Rodriguez, Francisco Molano, Jesús Torres. A ruego de Fermin Ramos,
Eusebio Bravo; Juan Ramirez, Eusebio Bravo, Valentin Berlanga, Félix
Rexach, Escolástico Clavijo, Miguel Mendey, Agustin de Arce, José Manuel
Flores, Juan Moreno y García, Martin Vazquez, Francisco Sabas, Jesús
Ortiz, Alberto Espiado, Pacífico Gonzalez, Pedro C. Villarini, Isaac
Coliaro, José E. Colon, Juan Bautista Perez, Fernando Concepcion,
Fernando Martinez, Antonio Cerrea, José R. Cabrera, Manuel Boralt, José
del C. Siaco, Julian Andino, Ignacio Aguiño, Juan Alvarez, Francisco
Quiñones, José R. Cabrera, José Escudero, Manuel Melendez, Sosé María
Caballero, Charles Belltra, José Perez, Luciano Rivera, Francisco
Duchesne, Valentin Pereyrol, Roman Nuñez, F. Villaveitia, José Marcial
Quiñones, Celso M. Quiñones, Tomás Ramirez Quiñones, Ramon B. Lopez,
Juan O'Neill, Tomás Agrait y Tinto, José R. Oliver, Mariano Ramirez
Quiñones, Vicente Alvarez Dávila, Andrés Dapena, Vicente Alvarez Arce,
Ramon S. Quiñones, Francisco María Quiñones, hacendado; Ramon Francisco
Lugo, propietario; Florencio Lugo, Francisco Lugo, José Miguel Lugo,
German Lugo, Miguel Lugo, Rodulfo Rivera, Pedro Alcaráz, Gaspar
Castillo, Gaspar C. Castillo Ortiz, Vicente Berenguer, Dionisio Ramirez,
Juan Marcelino Vega, Buenaventura Quiñones, Eduardo Quiñones, Matías C.
García, Gustavo Ramirez, Ubaldino Ramirez, Francisco A. García, Ramon
Nazario, Francisco Berengues, Ildefonso Rodriguez, Juan Bautista
Almodra, Gil Aubrité, José Nicomedes Ortiz, M. Antongeorgi, José C.
Balzao, Nicolás Acosta, Andrés Dapena, Bartolomé Esteva, Marcelino Anta,
Miguel Vega, Francisco Medina, José Nuñez, Ramon Gonzalez, propietario;
Francisco M. Lopez, Emilio Rivera, Miguel Cintron, Emilio Cintron,
Modesto Bim, Ezequiel Martinez, Matías Rosario, propietario; Schendg
Conte, Bartolomé Dávila, José Pimentel, José Vivas, Cárlos Carlo,
Avelino Vindglay, Felipe Cacholas, Felipe Cacholas 2.º, Felipe Rivero
2.º, Eugenio Carrion, José María Osorio, Narciso Matos, Felipe
Vizcarrondo, Monserrate Aguilar, José Antonio Morales, Manuel Ramirez
Reyes, Pedro Quiñones, Luis de Jesús, Vicente Escobar, Esteban
Rodriguez, Francisco Silles, Luis Vergue, Juan Miranda, Pedro Cláudio,
Juan Dávila, Francisco Nater, José María Arestíqueta, Cecilio V.
Gutierrez, Pascual Naranjo, José R. García, Francisco Acosta, Andrés
Quiñones, Ricardo Ceballos, Francisco Alejandro Perez, José Vallo
Lepily, Pedro Pani, Pedro Valdespino, Cárlos E. Rodriguez, Ramon
Delgado, José E. de Goenaga, Dr. A. S. Fuertes, Cárlos Castro Pascasio
Chasbournnier, José Balbino de Torres Valle, Hermenegildo Giraldes,
Saturnino Reyes, Juan Benito Romero, Federico Marzero, Nicolás Tarne,
Felipe Rivera, Clemente Bobonis, Severo Melendez, Manuel Robles,
Baldomero Artus, Daniel T. Cogley, Juan Santiago, Vicente Nieves, Juan
Ruiz, Ricardo Pastrana, Ricardo Parsons, José María Jimenez, José I.
Mogica, Angel Pacheco, Jorge Parsons, Evaristo Elcicier, Evangelista
Lebron, Luis Martino, Mamerto de los Santos, Luis Catalino Vazquez,
Valentin Iglesias, Lorenzo Ferrer, Juan J. Calderon, Celestino Lampuzo,
Rufo Santos, Eusebio Acosta, Julian Lopez, Norberto Osorio, Pablo
Ayende, Martin Rodriguez, Manuel Lanzo, Manuel Galvarni, Cárlos Perez,
Francisco L. García, Octavio García, Joaquin L. de Solis, Nicolás R.
Uribe, Ramon Rodriguez, Cárlos Mellado, Eloy García, Antonio Corton,
Juan del Toro, Manuel R. Gonzalez, Tomás Hernandez, Serafin Noya, Ulises
D. Martinez, Faustino Lopez, Ricardo Rodriguez, José Borges, Ramon C.
Martin, Ramon L. Tinajero, Eduardo Noya, Antonio Rodriguez, Demetrio
García, Romualdo L. Vazquez, Francisco Romero, Ramon Acebedo, Julian
Córdova, Eleuterio Rivera, Manuel Tolentino, Manuel Algasurs, Modesto
Disdier, Rafael Flácido Rodriguez, Tomás A. Vazquez, Patricio José
Lopez, José Carmona, 2.º, José Vicente Sanchez, Bonifacio Robles, Martin
Mirot, Rodulfo Victoria, Pilar Castro, Francisco Corrales, Pedro Torres,
P. y Berrios, Aquiles Colon, Manuel Y. Valdo, Manuel E. Aguayo, Gabriel
Mono, Eugenio Jimenez, José Sanchez, José Ramos de Anaya, Pedro de
Santiago, Gabino Jimenez, Mauricio Jimenez, Antolin Cintron, José
Llorens, Florencio Echevarría, Arturo Morales, Manuel Flores, Jesús
María Hernandez, Joaquin Perez, Mariano Alvarez, Manuel Bonilla, José R.
Vazquez, Manuel Dis, Francisco Jimenez, F. Julian Diaz, Manuel de Hoyos
Limon, José G. Cuevas, José R. Mintos, Marcelino Zavala, José C. Cuevas,
Juan José Camacho, Eladio Saldaña, Máximo Galvez, Santiago Aldrey, Dr.
Almodovar, José N. de Aldrey, Juan de M. Peña, Julian Hernandez, Benigno
Porrata, Juan de Aldrey y Rodrigo, Santiago Vezira y Castro, José Acosta
y Ramirez, Manuel Fernandez Juncos, Manuel Padils, José Nater, José
Passapera, Tomás Sandron, Fernando Aragonés, Evaristo Martinez, Manuel
Prado, Miguel Landron Lopez, Manuel Quintero, Pedro María García, D.
Salinas, D. Sena y Bracero, José Vazquez, Márcos Uribe, Semy Bair, J.
Hernandez, José María Muñiz, José García Salinas, Adolfo Mingo,
Temístocles Diaz, Lucio Soto, Federico Matheu, A. Elias Ortiz, Luis
Ercigno, Enrique Redondo, Felipe Lasanta, Marcelino Gomez, Alejandro
Vaillant, Juan de Dios Matos, Juan Vaillant, Federico Leon, Vicente
Vico, Bamon Delgado. A ruego de Cayetano Torres, propietario, José
Bautista Lebron; José Ortiz, Cárlos Ortiz, Santos Ortiz Vazquez, Pablo
Dávila, Ramon Ortiz, Nicomedes Sames, Pedro Colon, Ramon Delgado,
Hilario Ortiz, Florencio Moral, Miguel Morales, Aquilino Figueroa,
Ignacio Figueroa, Pedro Figueroa, R. Bono, Manuel Reyes Dávila. (Siguen
hasta 30.000 firmas, y se promete continuar publicando las que se
reciban de otros pueblos de la Isla.)



Número II.

     Protesta de varios diputados provinciales, propietarios, abogados,
     médicos, farmacéuticos, profesores de instruccion pública,
     periodistas, etc., etc., de la capital de la isla contra las
     falsedades de los ultra-conservadores de Madrid.


Los que suscriben, amantes del órden, de la paz, de la prosperidad y del
progreso de esta bella y leal provincia española, protestan una y mil
veces y de la manera más solemne, de las _calumnias y mentiras_ escritas
en _El Debate_, periódico conservador.

En su número 25 del 28 de Setiembre último se encuentra un artículo con
el epígrafe PUERTO-RICO SE PIERDE, y en él, con escarnio de la verdad, y
con el cinismo más escandaloso, se ven estampadas las siguientes frases:

     "Digámoslo sin rodeos: Puerto-Rico está perdido y á estas horas
     lamentables sucesos hubieran ensangrentado ya sus calles, si la
     intervencion oportuna y providencial de una conocida persona que
     goza en la isla de gran prestigio, no hubiera detenido el golpe en
     los momentos más críticos."

       *       *       *       *       *

     "La audacia y osadía del ultra-reformismo ha llegado ya á su
     límite: allí no existe autoridad ni nada que lo parezca. Los
     separatistas insultan en público á los peninsulares, y en todas
     partes, en los pueblos de la isla, se entonan las canciones más
     escandalosas contra la madre patria, frente á frente de los
     voluntarios, que aunque sientan hervir en su pecho la indignacion
     patriótica, tienen que contener su impulso por no provocar lances
     que desean ardientemente nuestros enemigos."

       *       *       *       *       *

     "El capitan general se ha permitido decir, delante de los hombres
     más distinguidos del partido español, que en Puerto-Rico no impera
     más ley que su capricho, y se ha rodeado de los más audaces
     separatistas de la Antilla."

     "Los de Lares fraternizan con el secretario Sr. Ayuso, que sigue
     anunciando que _es radical hasta el crímen_, y hoy por hoy puede
     decirse que los españoles están á merced por completo de lo que
     aquellos, alentados por la proteccion de la autoridad, quieren
     hacer."

     "La vergüenza y el rubor, dice una de las cartas que tenemos á la
     vista, sube á la frente de todo el que se precia de español, y se
     necesita tener mucho patriotismo para contener la indignacion de
     tanto leal, que por solo el delito de serlo, se ven escarnecidos y
     vilipendiados por el gobernador superior civil. De este señor y de
     su secretario el Sr. Ayuso se ha apoderado el _delirium tremens_ y
     no hay atropello, ni injusticia que no cometan en tratándose de un
     buen español."

     "El respetable alcalde de San Lorenzo D. Ulpiano Valdés, que,
     repetimos, ha sido separado dentro del período electoral, se ha
     visto sustituido por un tal Santiago Rodriguez, _hombre inmortal_ y
     que consta á toda la isla _que está nombrado brigadier por los
     separatistas para el dia que triunfen. Solo un loco, solo un hombre
     que hubiera perdido la razon podria cometer las inconveniencias y
     los desatinos que ha cometido el actual capitan general de
     Puerto-Rico._"

     "Todo este inmenso cúmulo de escándalos, de enormidades, que
     patentizan la persecucion sin tregua ni cuartel que se hace en
     Puerto-Rico á todo lo que es español, han decidido al comité
     central liberal conservador á aconsejar á sus hermanos de la isla
     el retraimiento en las elecciones, etc., etc."

No hay una palabra de verdad en lo que ha relatado _El Debate_, y admira
y sorprende cómo han podido inventarse tamañas falsedades que deshonran
á los que se han atrevido á publicarlas, y causan el disgusto y la
intranquilidad de este pacífico vecindario, cuya ruina desean y provocan
los de _El Debate_ y sus sectarios.

Sin espíritu de partido y guiados solamente por la verdad é impulsados
por el amor á la justicia, nos creemos en el deber ineludible de
protestar, como protestamos, de cuanto ha escrito el _célebre periódico_
contra el benemérito, justo y recto general D. Simon de La Torre; contra
su digno secretario Sr. Ayuso, contra el país y contra el honrado y
prudente partido reformista.

Sí, sin espíritu de partido, sin afecciones, ni rencores, y sin otro
móvil que hacer pública y patente la audaz mentira de _El Debate_, deben
los _conservadores y los reformistas_ levantar la voz y hacer brillar la
esplendente luz de la verdad, porque lo requiere el decoro y la
tranquilidad del país, que á todos interesa, y el recto proceder de
nuestro gobernante y su secretario.

Así sabrá el mundo entero que Puerto-Rico está tranquilo, contento y
satisfecho, esperando las reformas que le conceda la Madre Patria, para
gozar la vida de los pueblos libres, y aumentar su instruccion, su
comercio, su industria y su bienestar dentro de la nacionalidad
española.

Puerto-Rico 20 de Octubre 1872.

Manuel S. Cuevas, Félix S. Alfonso, Pablo Saez, Pedro G. Goico, José
García Maltin, Nicolás Aguayo, Manuel H. Cuevas, Pedro Gutierrez del
Arroyo, Pablo Rodriguez, Félix Padial, Fernando Sárraga, Jacobo Orestes
Montilla, Emilio Montilla, Arturo Sárraga, José S. Delgado, Andrés
Medrano, Andrés A. Valencia, J. Gautier Benitez, Julian Baldorioty,
Jorge A. Goico San Víctor, Ramon Power, Juan Franco, José B. Carreras,
Luis Corton, Eduardo Andino, Casimiro M. de Vizcarrondo, Rafael Quesada,
Juan Emilio Turull, Manuel J. Miró, Jantiago Beltran, Alvaro Muriel,
Cárlos Martinez, Rómulo Vizcarrondo, José Ortega Nevares, Juan J.
Gorbea, Miguel N. Landron y Nater, Enrique Montes, Félix J. Aldao,
Rafael Montes, Cárlos Lopez Viña, Joaquin Saravia, Domingo P. Mojica,
José C. Diaz Ramos, Leonardo Perez Benitez, Francisco Perez, Manuel V.
Cuevas, Francisco García, Luis Font, José Castro Lopez Villalon, Narciso
P. Guerra hijo, Leoncio C. y Caballero, Antero Juliat y Gonzalez, José
Rivera, Ricardo Hernandez, José T. Morales, Manuel Delgado Colon, Manuel
Suarez Valdés, José Modesto Varlle.



Número III.

EN LA PICOTA.

(Artículo del periódico radical de la capital de Puerto-Rico contra
ciertas «equivocaciones» propaladas en Madrid.)


Bien quisiéramos nosotros que las columnas de _El Progreso_ no tuvieran
que mancharse con las farsas que nuestros desesperados contrarios
inventan para desautorizar á nuestras primeras autoridades y al partido
reformista de la isla; pero hoy creemos conveniente al interés de las
mismas personas calumniadas que el público entero de Puerto-Rico vea y
sepa cuáles son las groseras mentiras que sirven de base á la gritería
de los conservadores en Madrid.

Como una pequeña muestra de los órganos subvencionados de los
conservadores, hace unos dias publicamos la descripcion que apareció en
_El Debate_ del motin de Yabucoa, y para que se comprenda cuál es la
conciencia de esos escritores, insertamos á continuacion lo que el mismo
_Debate_ decia á _La Correspondencia_ con motivo de no tener el
periódico noticiero el menor conocimiento de ese soñado motin. Dice así
_El Debate_:

     "_La Correspondencia_ dice que las cartas que ha recibido de
     Puerto-Rico no hablan del motin de Yabucoa. Lo que prueba que _La
     Correspondencia_ tiene muy malos corresponsables en aquella isla, ó
     que tienen ojos y no ven, ó como si dijéramos, que son
     reformistas."

     "¿Ha contado todavía _La Correspondencia_ nada de lo mucho que ayer
     y anteayer referiamos de Puerto-Rico? ¿Ha contado nada de lo mucho
     que desde el dia 1.º de Setiembre hemos publicado sobre el estado
     alarmante en que la isla se encuentra? Diga _La Correspondencia_
     que no puede defender al elemento español de Puerto-Rico, poniendo
     en evidencia el proceder descabellado de los señores La Torre y
     Ayuso, y no desautorice sin fundamento á los que queremos hacerlo y
     lo hacemos."

No basta haber inventado esa farsa ridícula, de la que nos reiríamos si
no supiésemos hasta donde alcanzan los arteros tiros de la calumnia: es
menester dar la última prueba de cinismo y sostener impudentemente la
mentira.

Ahora vean nuestros lectores otro suelto que encontramos en el número
520 del citado periódico correspondiente al dia 3 del próximo pasado
Octubre, en cuya fecha se da cuenta de haber sido espulsado de esta
isla y enviado á la de Cuba, antes de que el gobierno de Madrid tuviera
conocimiento de ello, el Sr. D. Manuel Cortés, jefe de estado mayor que
ha sido de esta isla. El suelto dice así:

     "Ya se ha vengado el capitan general de Puerto-Rico del señor D.
     Manuel Cortés, digno jefe de estado mayor de aquella isla.
     Referimos dias atrás el modo grosero, la falta completa de
     educacion con que el Sr. La Torre contestó al Sr. Cortés cuando
     este, llamado por aquel, le respondió que no podia contribuir á
     infringir terminantemente las leyes autorizando con su firma la
     separacion de dos comandantes de departamento durante el período
     electoral, que el Sr. La Torre queria autorizara, y á quienes
     despues, y no obstante las buenas razones y advertencias del Sr.
     Cortés, separó por sí solo el actual capitan general de
     Puerto-Rico."

     "Pues bien, D. Manuel Cortés ha sido espulsado de la isla por el
     Sr. La Torre y enviado á la de Cuba, antes de que el gobierno de
     Madrid tuviera conocimiento de ello y antes que llegara á
     Puerto-Rico la órden, que con posterioridad ha enviado el general
     Córdova. El ministro de la Guerra, que en todo procede como quien
     es y con el más completo desconocimiento de toda nocion de
     justicia, ha dispuesto que el Sr. Cortés se traslade á Cuba, con lo
     que el general Córdova ha querido, sin duda, dar una satisfaccion á
     los separatistas y ultra-reformistas que le han elegido allá
     diputado por el distrito de Ponce."

No hallamos palabras para pintar con sus propios colores las muestras de
cariño y de la simpatía, que el recto proceder y los sentimientos
altamente españoles han granjeado entre los leales al Sr. Cortés.

Entusiasta hasta el más alto grado fué la despedida que á aquel militar
se ha hecho en Puerto-Rico, teniendo la inmensa satisfaccion de poder
estrechar entre sus brazos á lo más distinguido, á lo más elevado, lo
más patriótico y español de la isla, elocuente manifestacion que prueba
como aquellos honrados y buenos españoles saben venerar á los que sirven
con verdad y lealtad á la causa de nuestra patria.

Se nos dice que se preparaba en la Habana al Sr. Cortés un recibimiento
tan entusiasta como lo fué su despedida de Puerto-Rico.

Lo creemos: el Sr. Cortés es digno de la consideracion y el cariño de
los españoles leales.

Ahora bien, todo el mundo ha podido ver en la _Gaceta_ que el Sr. Cortés
ha pasado á continuar sus servicios en la Isla de Cuba, _por disposicion
del Gobierno Supremo_, habiendo salido de aquí en el vapor correo hace
cuatro dias. Esto no necesita comentarios. Así se escribe la historia
por los periódicos conservadores; así estará escrita seguramente la de
Lares.

Esa senda por donde se han lanzado los conservadores, es el instrumento
que con más vigor y actividad trabaja en favor de nuestra causa. Nos
duele y nos repugna ver á los enemigos de las reformas usar de tan malas
artes para combatir una causa santa; pero lo decimos francamente, si
nosotros quisiéramos apresurar su triunfo, nada nos parecería más útil
que mantener una prensa tan desatentada como la que se llama
conservadora en los asuntos de Puerto-Rico.

Los artículos de _El Debate_ están como las lenguas de los senadores
romanos que, agitados por el terror al ver desmoronarse el grande
imperio exclamaban: ¡Qué se van los dioses! Y en efecto los
reaccionarios aquí y en la Península ya no son otra cosa que lo que es
la nieve cuando para derretirla aparecen los rayos del sol en un hermoso
dia de primavera.

Convénzase el partido conservador de que se halla en plena
descomposicion y si quiere reconstituirse empiece por renunciar todo lo
que constituye su organismo actual. De otro modo, siguiendo el camino
que han emprendido, demolerán creyendo que conservan y anularán teniendo
la preocupacion de que perpetúan.

Con ese sistema de mentiras y calumnias podrán, tal vez, descarriar en
la Península, por un momento, la opinion pública; pero ¡cuán efimero
será ese tiempo y cuán ventajosa á nuestra causa la reaccion que
necesariamente se ofrece en el espíritu público!

Comprendan los hombres del partido conservador que si sus doctrinas no
hallan eco en el país, ni son aceptadas en las regiones del gobierno;
que si para conservar una apariencia de vida necesitan derramar el oro
por todas partes y envilecen su conciencia cual hace _El Debate_, es
porque esas doctrinas han muerto, es porque la idea que alienta el
partido radical lo mismo en esta provincia que en las 49 restantes de la
península, significa en los presentes momentos históricos, algo grande,
algo trascendental para la gloria y el porvenir de España y para la
honra de la revolucion de Setiembre. (_El Progreso_, periódico radical
de San Juan de Puerto-Rico, de Octubre de 1872).



Número IV.

Protesta de los vecinos de «Yabucoa» contra las falsedades propaladas en
Madrid por un periódico conservador.


_El Progreso_ en su número 124, correspondiente al 20 de Octubre del año
corriente, reproduce un artículo de _El Debate_, órgano en Madrid de los
conservadores de Puerto-Rico, en el que, faltándose á la verdad de la
manera más descarada, se refieren como ocurridos en Yabucoa
acontecimientos que no han sucedido, ni pueden suceder, porque estando
aquí en inmensa mayoría los radicales que tenemos probado, con hechos y
no con vana palabrería, nuestro amor al órden y nuestro respeto al
gobierno constituido, sea cual fuere su color político, no consentiremos
que por nada ni por nadie se turbe jamás la tranquilidad pública, que
tan interesados estamos en sostener. Razon tiene _El Progreso_ al decir
que suprime comentarios sobre el trabajo conservador, que por lo grosero
y mal urdido se recomienda por sí solo; pero los que suscribimos,
vecinos de Yabucoa, infamemente calumniados, faltaríamos á nuestro deber
si no levantáramos nuestra voz para desmentir el cúmulo de falsedades
que contiene el espresado artículo, y para protestar llenos de
indignacion contra la grave ofensa que se nos ha inferido en nuestros
sentimientos de lealtad y patriotismo.

Si _El Debate_ se hubiera contentado con lanzar la bola del motin en
Yabucoa, del ataque á la guardia civil y de la muerte del cabecilla
insurgente que hace perecer en la refriega, acostumbrados como estamos á
las peregrinas invenciones de la prensa conservadora, miraríamos con
desprecio este nuevo cuento; pero el periódico conservador, partiendo de
los hechos falsos que ha inventado, deduce á su gusto consecuencias
necesariamente falsas tambien y entra á hacer suposiciones que nuestra
lealtad y amor á la madre patria no nos permiten dejar pasar
desapercibidas sin protestar, como lo hacemos, con toda la energía de
que somos capaces.

Los firmantes declaramos, pues, que es falso, absolutamente falso el
despreciable artículo de que nos venimos ocupando. En Yabucoa no ha
habido tal motin, ni la guardia civil, institucion que todos respetamos,
ha sido atacada por nadie, ni hemos tenido que lamentar desgracias ni la
muerte que se mencionan; y desafiamos á los individuos de la guardia
civil de este puesto y á cualesquiera, otra persona á que nos desmienta,
como desmentimos nosotros al articulista de _El Debate_.--Protestamos
una y mil veces contra las falsas cuanto calumniosas aseveraciones de
este periódico, llamando públicamente al autor del artículo _falsario é
impostor_, y asegurando solemne á la nacion, á S. M. el rey, al gobierno
Supremo y á su dignísimo representante en esta isla, que España no tiene
súbditos más leales ni más amantes de su nacionalidad que los pacíficos
vecinos de Yabucoa.

Cierto que la gran mayoría de este vecindario somos radicales; cierto
que firmes en nuestros principios los sostenemos con energía y
trabajaremos siempre por el triunfo de nuestro partido, moviéndonos
constantemente dentro del círculo de la legalidad, como la demostramos
en las memorables elecciones de Abril en que aceptamos una lucha
desigual cuyo resaltado conocíamos de antemano, por no desatender la
voz del gobierno que nos llamaba á los comicíos; cierto que deseamos la
realizacion de nuestras aspiraciones que no son otras que ser
_ciudadanos españoles de hecho_ como creemos serlo de derecho; pero
sépase una vez por todas que tenemos fé en nuestra santa causa y que
firmemente persuadidos de que al fin lucirá para Puerto-Rico el sol de
la justicia, esperamos confiados y perseverantes tan glorioso dia, sin
que jamás pueda cruzar por nuestra mente la inícua idea de desgarrar el
seno de la Madre Patria bajo cuyo egregio pabellon hemos nacido, á cuya
sombra nos hemos hecho hombres y cuyo estandarte deseamos sea el ciprés
que adorne nuestras tumbas.

Yabucoa, Octubre 24 de 1872.--Isodoro Cintron, Raimundo Diaz, José C.
Carrasquillo, Antonio Berrios, Pedro Dávila, Catalino Colon, Pascasio
Berrios, Aurelio Dapena, Gonzalo de Soto, José de la O. Colon, Ulises V.
de la Fuente, Manuel María Carrasquillo, Pablo Font y Martelo, José R.
Rodriguez, Zoilo M. Abril, Justiniano Artiguez, Santos de Torres, Isidro
Berrios, Juan de la Cruz Cintron, Pedro J. de la Fuente, Luis María
Cintron, Zoilo T. Cintron, Cornelio Santana, Paulino Rodriguez, José E.
Pacheco, Ezequiel Diaz, José J. Alvarez, Ramon Martinez, Jacinto
Casablanca, Manuel García, Pablo Iraris, Zenon Fanquier, José I.
Rodriguez, José V. Cintron, Emilio Colon, Demetrio Lao, Juan A. Nuñez,
Gregorio Pagan, Zenon Cintron, Emiliano Lopez, Justiniano Lopez, Ricardo
Colon, Juan P. Pacheco, Jesús María Carrasquillo, Rafael Lebron, Juan
Morales, Juan Ortiz Lopaz, Modesto Carrasquillo, José Artiguez, Fidel
Ortiz, Anselmo Berrios, Vicente Rodriguez, José L. Dávila, Pedro P.
Cintron, José Ortiz, Juan V. Cintron, José María Lebron, Juan P.
Berrios, Francisco Martinez, Francisco Ortiz, Luis Carrasquillo, Cirilo
Cintron, Francisco Villafaña, Manuel María Marin, Eugenio Lebron,
Gregorio Rivera, Juan R. Lebron, Gregorio Dávila, Aquiles Fuentes,
Vicente Cintron, Miguel Ramos, Evangelistra García, Francisco J. Lebron,
Santos Dávila, David Carrion, Juan Lopez, Salomen García, Juan J. Ortiz,
Eugenio Colon, Ramon Lebron, Laureano Colon, Pedro Mato, Juan P. Colon,
Juan de la Cruz Rodriguez, Lorenzo Ortiz y Balaguer, Bernardo Fontela,
Perfecto Rocafort, Eleuterio Colon, Pedro García, Pablo J. Berrios,
Antonio Berrios 2.º, José T. Delgado, Antonio M. Ortiz, José J. Dávila,
Juan B. Delgado, Tomás A. Dávila, Manuel Pernas, Juan N. Carrasquillo,
Luis Marin, Juan F. Yejo, José J. Sanchez, Valentin Colon, Cesáreo
Lopez.



Número V.

Las noticias de sensacion de los reaccionarios ultramarinos de Madrid.


Para que se puedan apreciar las especies que se vertian en Madrid sobre
la situacion de Puerto-Rico, reproduciremos algunos párrafos tomados al
azár de ciertos periódicos.

_El Debate_ del 16 de Setiembre habia escrito:

EL MOTIN DE YABUCOA.

     "Cada correo que llega de Puerto-Rico, cada nueva carta que
     recibimos, nos proporciona una nueva prueba de la situacion
     estrema, alarmante, desesperada en que la isla se encuentra,
     gracias á la proteccion oficial que al elemento separatista
     dispensa el capitan general y el secretario del gobierno superior
     civil de la Antilla."

     "Dos dias solamente han trascurrido entre la llegada á Madrid del
     correo francés y el inglés, y, sin embargo, ya tenemos que añadir á
     los gravísimos y trascendentales hechos que referiamos en nuestro
     número del sábado, otro que viene á confirmar cuán cierto es que
     Puerto-Rico se pierde, pero se pierde muy aprisa, si no se releva
     pronto, muy pronto á las autoridades que han provocado tales
     acontecimientos, dando aliento y osadía con su antipatriótica
     proteccion, á los más descarados enemigos de la patria."

     "En Yabucoa, pueblo del distrito de Guayama, los ultra-reformistas
     ó separatistas, atacaron á la Guardia civil, trabando un verdadero
     combate con las fuerzas de esta benemérita institucion, del que
     resultó, entre otras desgracias dignas de lamentarse, la muerte de
     uno de los cabecillas que promovieron el motin. ¡Qué hubiera
     sucedido si los rebeldes hubieran podido deshacer y poner en
     dispersion al destacamento de la Guardia civil, puede fácilmente
     considerarse!"

     "En la embriaguez de su azaña y dadas las ideas y predicaciones que
     se han difundido de mes y medio á esta parte por la isla: tenida en
     cuenta la exaltacion de los insurgentes, que ya se creen seguros
     del triunfo, que ya se deleitan ante la idea de que nada ha de
     poder impedirles ahora conseguir sus trainores y descabellados
     propósitos, no es difícil prever que hubieran vuelto contra el
     partido español las armas vencedoras de la guardia civil, y
     empezando por apoderarse, otra vez como en Lares, de los más
     conocidos y decididos españoles para fusilarles, hubieran
     concluido, unidos con los negros y separatistas de los pueblos
     circunvecinos, por levantar el pabellon de la estrella soletaria
     que se alzó en Lares, y por formar el núcleo de una insurreccion
     que á manera de la de Cuba, quizás costará despues á España un
     tesoro y muchas vidas leales si al cabo se conseguiria destruirla,
     como ya puede asegurarse que moralmente y casi materialmente lo
     está aquella."

     "La providencia, pues, poniendo su poder del lado de la bandera
     española, ha evitado recientemente en Puerto-Rico los terribles y
     espantosos acontecimientos que hubieran surgido, á no tener los
     guardias civiles de Yabucoa la decision y el arrojo suficiente para
     rechazar la violenta agresion de que fueron objeto, poniendo en
     dispersion al grupo rebelde, merced al pánico que en ellos produjo
     la muerte de uno de sus cabecillas."

     "Pero ya que la chispa que amenazaba encender la hoguera no
     prendió; ya que por esta vez la isla de Puerto-Rico, gracias al
     auxilio de la Providencia, no vió lanzarse á sus campos y á las
     calles de sus poblaciones una turba desenfrenada contra la madre
     patria, téngase por cierto que, si no se releva inmediatamente á
     los señores La Torre y Ayuso, los combustibles, que seguirán
     hacinados, arderán fácilmente á otra intentona como la de Yabucoa,
     aunque no alcance en su principio las proporciones que ésta llegó á
     tener."

     "Si continúan la proteccion que en la actualidad se dispensa á los
     separatistas, y la persecucion sañuda, implacable que al elemento
     español viene haciéndose, exaltados, envalentonados los
     insurgentes, levantarán osados y audaces la bandera de los
     insurrectos de Cuba y el decrépito general carlista de ayer, pero
     hoy ciertamente radical del más sobresaliente tipo que el gobierno
     pudiera haber enviado allá y á quien tan antipatrióticamente
     sostiene con su secretario el antiguo escribiente de Ruiz Zorrilla,
     será impotente para detener el movimiento. Y entonces veremos á
     casi todos los que aquí y allí están sosteniendo ante el gobierno
     la política anti-española que en Puerto-Rico se hace, en el campo
     de la insurreccion, á la manera que no pocos de ellos estuvieron
     comprometidos directa ó indirectamente en lo de Lares."

     "Puerto-Rico se pierde á ciencia y paciencia de los radicales. Si
     nuestras constantes advertencias no deciden al gobierno á separar
     de allá esas desatentadas autoridades, servirán al menos para que
     el país le exija el dia de mañana la terrible responsabilidad á que
     se ha hecho acreedor."

Decia _La Epoca_ del 4 de Noviembre:

     "Es inconcebible lo que en Puerto-Rico está pasando. Necesario es
     que lo digan cartas de personas formales para que no creamos ser
     víctimas de una alucinacion al ver de qué manera aquellas
     autoridades menosprecian y vejan á los que se honran con el título
     de españoles."

Una reunion de estos á que asistian personas como los marqueses de la
Esperanza y de Casa-Caracena, y el ex-diputado Sr. Diaz Romero, fué
disuelta por el corregidor, bajo el ridículo pretesto de que allí se
conspiraba.

Los jefes militares de Puerto-Rico han sido todos separados y deportados
algunos de ellos, á la manera de lo que se ha hecho con el propietario
redactor del _Boletin_ y secretario del comité español, D. Francisco
Larroca.

Hablábase del desarme de los voluntarios, para dar las armas á los
reformistas y del destierro de las principales personas del partido
español. He aquí lo que dice _El Debate_:

     "La insurreccion, pues, y en resúmen, se prepara en Puerto-Rico á
     conciencia y paciencia del gobierno de Madrid. Los alcaldes y
     corregidores separatistas están organizando sus huestes, y sus
     hombres se distinguen ya públicamente poniéndose por distintivo una
     cinta azul en el sombrero. Se siguen concediendo licencias de armas
     á los que pagan por ellas 12 pesetas, siquiera sea negro ó
     separatista, y todo está ya dispuesto para dar el golpe último en
     favor de la insurreccion, que á decir de los separatistas es ya
     seguro, publicando en la _Gaceta_ de la isla un decreto mandando
     entregar las armas en un término perentorio á los voluntarios
     españoles, con lo que lograrán aquellos laborantes lo que el Sr.
     Topete les negó con indignacion al rechazar un célebre y conocido
     _Memorandum_."

     "Este es el estado, el horrible estado en que Puerto-Rico se
     encuentra. ¡Ah, Sres. Zorrilla, Córdova y Gasset, qué
     responsabilidad!"

     "Nosotros hemos dado á tiempo aun la voz de alarma. El gobierno nos
     desoye, sin embargo."

     "El país juzgará á los que voluntariamente le han arrastrado á tan
     inmensa vergüenza, poniendo á una de sus más queridas provincias al
     borde de un abismo, en que solamente la Providencia es ya capáz de
     evitar se precipite."

A nosotros, en carta de Puerto-Rico, que copiamos, se nos dice lo
siguiente:

     "Estamos atravesando una situacion política sumamente difícil é
     insostenible: tenemos acontecimientos de mucha gravedad que
     comprometan la integridad del territorio."

     "Nuestro actual gobernador D. Simon de La Torre no hace mas que
     política francamente contraria á España. Todos los buenos y leales
     españoles, tanto insulares como peninsulares, son perseguidos y
     vejados; muchos han sido encarcelados y otros amenazados con tener
     que salir de la isla y tener que ir á comer el pan del ostracismo;
     los voluntarios con ser desarmados, y en cambio formar otra milicia
     con el nombre de voluntarios de la libertad, que se compondria, si
     se llegase á verificar, de todo lo más separatista que tiene la
     isla."

¡Qué inmensa responsabilidad para el gobierno!



Número VI.

LAS ELECCIONES DE 1872 EN PUERTO-RICO.

Cartas publicadas en «El Imparcial» de Madrid.


I.

     Sr. Director de _El Imparcial_.

Muy señor mio: La insistencia con que los periódicos conservadores han
dado en extraviar la opinion pública respecto de lo que ha sucedido en
las últimas elecciones de Puerto-Rico; la gravedad de todas las
cuestiones que afectan á nuestra política colonial y la actitud del
popular diario que le dirige, me escitan á molestar su atencion con
estas líneas, dedicadas á referir exacta y brevemente cuanto respecto de
la cuestion electoral puerto-riqueña ha acontecido, respondiendo yo de
la verdad de los hechos con pruebas de todo género que obran en mi poder
y que comunicaria á Vd. si hubiese quien deseara verificarlas.

No pretendo poner de manifiesto ni menos sincerar la conducta y la
intencion de los conservadores. Eso será tarea de otro momento: mas sí
me permitiré recordar que los mismos gritos y las mismas inexactitudes
con que hoy se procura producir la alarma en la península, prevaliéndose
de la distancia á que Puerto-Rico está y el poco conocimiento que aquí
se tiene de aquellas cosas y aquellos hombres, los mismos gritos y las
mismas inexactitudes se utilizaron hace poco más de un año, cuando los
conservadores fueron derrotados en las elecciones de Junio de la pequeña
Antilla. Vd. recordará que llegó el caso de que se vendiese por las
calles de Madrid á grito pelado un periódico que anunciaba la revolucion
de Puerto-Rico y no sé cuántas catástrofes, cuyo anuncio, en efecto,
alarmó al público hasta que se supo que todo era una farsa. Preciso es,
por tanto, estar en guardia, y bajar en todas estas cosas ultramarinas
al fondo de la cuestion.

Ahora las censuras han comenzado por denunciar ante el país al
presidente del Consejo de ministros como decidido protector de los
diputados electos por Puerto-Rico, al señor ministro de Ultramar como
opuesto al Sr. Zorrilla, inclinándose á los conservadores, enemigos aquí
y allá de la actual situacion política y al general La Torre como autor
de no sé cuántos desaguisados que han dado la victoria á los laborantes
puerto-riqueños.

Conviene que se sepa que al abrirse el período electoral dos comisiones
se personaron cerca del jefe del actual gabinete, para tratar de los
asuntos de Puerto-Rico. La una la constituian los ex-diputados
conservadores Sres. Esperanza, Oteiza, Sanz, Diz Romero y no sé qué otro
más. La otra los Sres. Castro, Becerra, Labra, Rodriguez, Padial,
Sanromá, Mosquera y otras cinco ó seis personas. Ignoro el pormenor de
esa conferencia de los primeros, aunque debo declarar que á
correligionarios suyos he oido que los conservadores pretendian que su
actitud en el próximo Congreso, no debia preocupar al gobierno, toda vez
que se inspirarian en la conducta de los diputados vascos y en una idea
que repiten con frecuencia, á saber: que la política ultramarina es
completamente extraña á las cuestiones de nuestros partidos; á pesar de
todo lo que, siempre hemos visto á nuestros conservadores aquí haciendo
de un modo perfecto, pura y simplemente política de partido.

Respecto de la conferencia de los radicales, puedo asegurar que se
redujo á recabar del ministerio la seguridad de una ámplia libertad
electoral y que no hubiese en Puerto-Rico ni asomo de candidaturas
ministeriales. En este sentido se explicaron las personas citadas, y
esto se consignó en una nota firmada por todas ellas, que obra de seguro
en el ministerio de Ultramar, al cual se pasó.

A esto hay que añadir la actitud de la prensa. Yo recuerdo que _El
Debate_--el más encarnizado adalid de los conservadores--exigió
repetidas veces del ministro de Ultramar que condenase y rechazase las
candidaturas de los Sres. Labra, Padial, Sanromá, Rodriguez y otros
ex-diputados puerto-riqueños, legítimos y genuinos representantes del
partido radical de la pequeña Antilla, prometiendo, en cierto caso, el
apoyo de los conservadores en la cuestion de Ultramar. En tanto los
periódicos radicales--recuerdo muy particularmente _La Lertulia_ y _El
Universal_--combatian estas pretensiones pidiendo al gobierno que
mantuviese la libertad electoral en Puerto-Rico, absteniéndose de
inmiscuirse de ningun modo en estos asuntos.

Esto fué lo que pasó aquí. Me atrevo á retar á todo el que afirme que
otra cosa sucedió, á que diga qué candidato radical pidió proteccion de
ningun género al ministerio ó siquiera reclamó una sola credencial ó una
gracia cualquiera para su distrito: qué nuevos pasos se dieron despues
de la conferencia con el señor Zorrilla, y qué insinuacion pública ó
privada se hizo en contra de las inverosímiles candidaturas de los
conservadores.

Es muy fácil suponer protectorados cuando la costumbre del que los
supone es ejercerlos ó utilizarlos en su provecho; es muy hábil repetir
uno y otro dia que la comunidad de ideas del ministerio y de tales ó
cuales diputados, entraña necesariamente el apoyo de aquel en la lucha
electoral; pero esto no basta ni puede bastar, para los que saben que
los mismos conservadores unánimemente declaraban la víspera de las
penúltimas elecciones que en Puerto-Rico era seguro el triunfo de los
radicales si no se limitaba más el sufragio. Las violencias del general
Gomez Pulido, análogas á las coacciones de Sagasta en la Península,
determinaron entonces el retraimiento del partido radical aun en
distritos tan seguros como San German, Arecibo y Mayagüez, y el éxito
escandaloso de aquellas elecciones (que no esperaban los mismos
conservadores, á pesar de que en Puerto-Rico rige todavía el decreto
absolutista de 1825, que da al capitan general todas las facultades
precisas para prender y deportar sin formacion de causa), no fué la
menor de las atrocidades que registra la historia de la última
administracion.

Todos sabemos cómo se pretende y se obtiene y se utiliza la influencia
oficial en los períodos de elecciones. Lo saben mejor que ninguno los
conservadores. Por esto es necesario que cuando se hable de proteccion
gubernamental y de la ingerencia del actual ministerio en las elecciones
de Puerto-Rico, se precisen los cargos, se detallen las idas y venidas
de los candidatos al ministerio, se denuncien los favores, aún los más
sencillos, que los candidatos logran y que pueden traducirse como una
preparacion del distrito. Por lo demás es hablar al aire, cuando no
hacer otra cosa de muy dura calificacion.

Ahora veamos lo que ha sucedido en Puerto-Rico; mas para esto necesito y
espero de la bondad de Vd., Sr. Director, otra columna en su apreciable
periódico.

Dispénseme la molestia en gracia del propósito.--B. S. M.--_Un
puerto-riqueño._


II.

     Sr. Director de _El Imparcial_:

Muy señor mio: Ante todo debo dar á Vd. las más espresivas gracias por
la insercion de mi anterior carta, cuya oportunidad queda demostrada por
la prisa y el furor con que _El Debate_ tuvo á bien ocuparse de ella, en
un artículo que, eso sí, no rectifica uno solo de los hechos referentes
á las elecciones, ni responde al reto que yo lancé á los conservadores
de denunciar una complacencia del ministerio ó una debilidad de los
candidatos radicales; pero que en cambio está cuajado de todo aquello de
laborantes, insurrectos de Lares, odio á España, vergüenza y deshonra de
la patria, maquinaciones ocultas, _españoles sin condiciones_ y otros
lugares comunes por el estilo. ¡Con decir que _El Debate_ afirma que
"_El Imparcial_ ha dicho que el Sr. Zorrilla y el Sr. Gasset han
ordenado á los Sres. La Torre y Ayuso apoyar fuertemente á los catorce
reformistas que han salido victoriosos en las urnas de la pequeña
Antilla!" Mas prencindamos de estos desahogos y veamos la realidad de
los hechos, que el lector deducirá en vista de que ni uno solo es
rectificado.

Quedamos en mi anterior en que, primero, la prensa liberal de la
península (á diferencia de la conservadora) pedia al gobierno que se
abstuviese completamente en todo lo relativo á los candidatos y las
candidaturas de Puerto-Rico; segundo, que los ex-diputados radicales
conferenciaron del mismo modo que los conservadores con el Sr. Zorrilla,
mas para pedirle estricta neutralidad en las elecciones; y tercero, que
los candidatos radicales no han podido ni logrado credencial ni favor
alguno para sus respectivos distritos. Ahora debo añadir, que los
ex-diputados radicales de la pequeña Antilla fueron _absoluta y
perfectamente_ estraños al nombramiento de los Sres. La Torre y Ayuso
para los cargos de capitan general y secretario del gobierno de
Puerto-Rico. Yo quisiera que los conservadores, así de Ultramar como de
la península, me dijeran cuándo ellos han entrado en la lucha electoral
en condiciones siquiera semejantes.

Todo el mundo sabe ya cómo se ejerce la influencia moral en los
distritos. Supresion de electores en las listas, negacion del derecho
electoral en los momentos críticos con cualquier pretesto, prision de
determinadas personas, coacciones sobre los empleados, visitas de las
autoridades á determinados sitios, pronto despacho de ciertos
expedientes, etc., etc.; he aquí parte de esos medios, antes de llegar á
los golpes y las hazañas de los _Desbravadores_ y los Antonets.

Esto es tambien perfectamente conocido en Puerto-Rico. En las últimas
elecciones el general Gomez Pulido hizo sus viajecitos á Rio-Piedras, y
creo que á Arecibo; nombró secretario de gobierno á su propio hijo;
revivió la famosa institucion de los corregidores con sueldo, y contra
la ley electoral, despachó como se pedia el expediente de la
contribucion industrial de la isla. Esta, además, vió presos en el
momento de la eleccion á hombres como los Quiñones de San German,
privados del derecho electoral como deudores de la Hacienda (no estando
apremiados) á más de 150 personas de Sabana Grande, y detenidos y
conducidos entre guardias civiles á muchos pobres _jíbaros_ de Mayagüez,
so pretesto de que les faltaba la cédula.

Ahora tengo el derecho de preguntar á los conservadores: ¿en dónde ha
pasado nada de esto en las actuales elecciones? ¿A quién se ha detenido
ó se ha preso en Puerto-Rico? ¿A quién se ha negado el derecho
electoral? ¿Qué espediente se ha despachado en el período de las
elecciones? ¿Qué manifiesto se ha prohibido, como en tiempo del Sr.
Gomez Pulido los de Mayagüez, San German y Sabana Grande? ¿Acaso el
_Boletin_, órgano de los conservadores, se ha visto ahora como _El
Progreso_, órgano de los radicales en la anterior situacion, en el caso
de abstenerse absolutamente de hablar de política? Vengan los hechos
concretos; nosotros reproduciremos la denuncia.

Pero veamos los cargos que se hacen al general La Torre. Primero, que
durante el período electoral separó á varios empleados de la isla.
Segundo, que dió algunas disposiciones sobre el reglamento electoral,
favorables á los radicales. Tercero, que celebró una conferencia con los
jefes y oficiales de la guarnicion de Puerto-Rico para recabar su apoyo
en obsequio de la candidatura del general Córdova. Cuarto, que apoyó en
la lucha á los candidatos radicales, cuya mayoría era de los insurrectos
de Lares.

Vamos por partes y veamos de concluir pronto. En primer lugar, sépase
que si el general La Torre tocó al personal administrativo durante el
período electoral, pudo hacerlo legalmente, porque la ley, hecha por el
Sr. Lopez de Ayala, se guardó muy bien (los conservadores sabrán por
qué) de estender á Puerto-Rico lo que rige en la Península respecto de
la inamovilidad en la época de elecciones. Despues conviene advertir que
la casi totalidad de los corregidores y delegados separados eran hombres
de partido y agentes del gobierno, colocados por el Sr. Pulido en vista
de las nuevas elecciones, y á los cuales se ha sustituido con personas
que cual siempre habia pasado en Puerto-Rico, son de posicion
independiente é importancia personal, y desempeñan sus cargos
_ad-honorem_. Por último, sépase que la mayoría de los separados lo han
sido con justa causa, con causa legal, y los otros por fundados motivos
de que se turbara el órden so pretesto ó en méritos de su
administracion. No tengo inconveniente en entrar en el terreno de los
nombres propios.

Respecto de las demás disposiciones tomadas por el general La Torre,
presumo que nadie se referirá á una elocucion (que ha hecho, sin
embargo, muy mal efecto entre los conservadores) en que la autoridad
prometia castigar sin consideracion alguna á posiciones ni pretensiones
á los que de cualquier modo faltasen á la ley. Lo que quizá sirva de
pretesto para censuras es un decreto fecha 5 de Agosto, para la
aplicacion del reglamento electoral.

Este decreto, empero, no puede ser más legal ni más justo. En él se
establece que las listas electorales sean las mismas que sirvieron en
1871, sin admitir las inclusiones parciales que á la callada se hicieron
en Abril de 1872, mientras se prohibia la rectificacion pública de las
listas. Mándase tambien que la incapacidad electoral por causa de pena
se entienda si ésta fuese impuesta por los tribunales de justicia en
sentencia ejecutoria, y que la de los deudores del Estado produzca su
efecto cuando los deudores estén apremiados en concepto de segundos
contribuyentes. Dispónese que las cédulas se entreguen á los electores
ocho dias antes de la eleccion y que por tanto su distribucion no quede
á merced de los alcaldes. Por último, se acuerda que los electores del
ejército y armada deben estar inscritos en las listas de cualquiera de
los distritos electorales de la provincia y llevar dos meses de
residencia en el punto en que hayan de votar.

Nada más dice el decreto. Para los que recuerdan que precisamente todo
lo contrario fué lo que se hizo por el general Pulido en las últimas
elecciones, sin duda la disposicion del Sr. La Torre es gravísima.

Los amantes de la libertad electoral nada encontrarán en él de notable.
A los conservadores si les debe desesperar.

En cuanto á la conferencia del Sr. La Torre con los jefes y oficiales de
la guarnicion de la capital, háse de considerar que toda su posible
gravedad desaparecería desde el momento en que aquella respetable
persona desistió de su recomendacion favorable al general Córdova, ante
la actitud resuelta de los jefes y oficiales _en activo servicio_ de
votar un candidato _de oposicion_ al gobierno, sin que por esto les
aconteciera absolutamente nada. Imagine el piadoso lector lo que le
hubiera sucedido á un oficial liberal en un caso análogo mandando los
conservadores.

Despues conviene advertir que los pasos del Sr. La Torre, mas que á otra
cosa tendieron á evitar que la oficialidad de la capital de Puerto-Rico
se entremetiera en las cuestiones de aquellos partidos é influyese de
ningun modo en la clase de tropa. Todo el mundo sabe en Puerto-Rico que
á un coronel de aquella guarnicion se le llama el "jefe militar del
partido conservador", y notorio es que á no oponerse el coronel Manjon y
el jefe del batallon de Puerto-Rico, el general Baldrich hubiera seguido
en 1871 (y por la agitacion política) la suerte de Dulce en Cuba.

En este espíritu conciliador del capitan general estaba el partido
radical de la pequeña Antilla. Así el doctor Goico, presidente del
comité, propuso al conocido comerciante Látimer, persona muy discreta
del partido conservador, que se dejasen á un lado las candidaturas de
Córdova y Sauz, votando conservadores y radicales al general Espartero
como una gloria nacional; propuesta que, acogida por el Sr. Látimer, fué
rechazada luego por el partido conservador.

Por último, es absolutamente falso que la mayoría de los candidatos
radicales de Puerto-Rico fuesen _ni detenidos_, cuando menos procesados
por los acontecimientos de Lares. Solo uno fué preso y la amnistía
(¿saben los conservadores la diferencia que va de indulto á amnistía?)
sobrevino cuando la causa estaba en sumario, de modo que este hubo
desobreserse, con gran disgusto de los sumariados. Insistir en llamar
insurrecto á uno de estos, es ponerse al alcance de los tribunales por
delito de calumnia.

Y he aquí todo lo que ha sucedido en Puerto-Rico. He aquí todas las
coacciones, todos los desaguisados del capitan general; toda la
inmoralidad del gabinete Ruiz Zorrilla; todas las bellaquerías de los
radicales laborantes, simpatizadores, filibusteros, etc., etc., etc.

Como prometí, no quiero hacer comentarios. Ahí están los hechos.
Niéguelos el que pueda.

Solo me permitiré, para concluir, pedir á Vd. perdon del tiempo y el
espacio que le he robado, y preguntar á los conservadores en qué
distrito ni en qué época han pretendido siquiera ellos lo que los
radicales han practicado en Puerto-Rico, con el gobierno, con los
electores y con sus adversarios.--B. S. M.--_Un puerto-riqueño_.



  PUBLICACIONES DE LA SOCIEDAD ABOLICIONISTA ESPAÑOLA

  Valverde, 25 y 27, 3.º, derecha.--Madrid


=Conferencias= anti-esclavistas del teatro de Lope de Rueda, 1871-72.

  Inaugural, por _Fernando de Castro_.

  La abolicion en las Antillas inglesas, por _Félix de Bona_.

  La esclavitud y el cristianismo, por _Antonio Carrasco_.

  La servidumbre en Puerto-Rico, por _José J. Acosta_.

  La esclavitud en Cuba, por _Joaquin María Sanromá_.

  La abolicion en el Brasil, por _Salvador Torres Aguilar_.

  La cuestion social en las Antillas españolas, por _Rafael M. de
  Labra_.

  La abolicion en los Estados-Unidos, por _Gabriel Rodriguez_.

Cada volúmen, un real en la administracion de _El Abolicionista_. La
coleccion, 6 rs.


=El art.= V de la ley preparatoria de la abolicion de la
esclavitud.--Exposicion razonada de la Junta Directiva de la _Sociedad
Abolicionista_ al Excmo. señor Presidente del Consejo de ministros, con
un apéndice que contiene la ley de Julio de 1870 y todos los documentos
publicados por la _Sociedad_ desde 1871.--Un folleto, Julio, 1872; 4 rs.


=La cuestion= de la esclavitud en el año 1871. Coleccion de documentos
(Manifiesto á la nacion, carta al señor ministro Topete, carta al señor
Mosquera, exposicion á las Córtes).--Un folleto, 1871; _50 céntimos_ de
real.


=Exposicion= á las Córtes en demanda del cumplimiento de las leyes y de
la promulgacion de una definitiva de abolicion.--16 Noviembre 1871; una
hoja, _25 céntimos_ de real.


=El proyecto= de abolicion del Sr. Moret y la prensa madrileña.
Coleccion de artículos publicados en 1870 por casi todos los periódicos
de Madrid; proyecto del Sr. Moret y dictámen de la comision; un folleto,
4 rs.


=La esclavitud= de los negros y la prensa madrileña. Mocion al pueblo
español del comité de la conferencia internacional de Paris y artículos
de casi todos los periódicos de Madrid que precedieron al proyecto
Moret.--1870; un folleto, 2 rs.


=El cancionero= del esclavo. Coleccion de poesías leidas en el certámen
de 1863; un volúmen, edicion de lujo, 20 rs.


=La abolicion= inmediata. Carta al señor D. Eduardo Gasset dirige la
Junta Directiva de la _Sociedad Abolicionista_ sobre los proyectos que
se atribuyen al ministerio de Ultramar, _50 céntimos_ de real.


=Toussaint= l'ouverture. Discurso en su elogio por Wendell Phillips,
traducido del inglés por un puerto-riqueño, un folleto, 2 rs.


  EN PRENSA.

=Informe= de los comisionados de Puerto-Rico en 1866 sobre la abolicion
de la esclavitud (_Acosta_, _Ruiz_, _Belvis_ y _Quiñones_); un volúmen.

=La abolicion= de la esclavitud en las Antillas españolas, por _Rafael
M. de Labra_; segunda edicion, un volúmen.

=La abolicion= en Cuba y en Puerto-Rico. Exposicion de la _Sociedad
Abolicionista Española_ á las segundas Córtes ordinarias de 1872,
artículos de _La Epoca_, _El Debate_ y _El Clamor_ en contra; refutacion
de estos artículos, por _Labra_, un folleto.

=Informe= de los comisionados en Cuba en 1866, proponiendo al gobierno
de la Metrópoli la abolicion de la esclavitud en siete años; un volúmen.

=Las reformas= en Ultramar. Discursos pronunciados en el Congreso de los
Diputados el dia 21 de Diciembre de 1872 por los Sres. _Labra_,
_Castelar_ y _Martos_, un volúmen.


  PROPAGANDA REFORMISTA

A partir del 15 de Enero verá la luz en Madrid una série de folletos,
redactados por nuestros primeros escritores, en que se tratarán estos
puntos:

La emancipacion de la América latina.--La guerra de los Estados-Unidos,
en 1776.--La esclavitud y el derecho de gentes.--El Canadá.--Las
escuelas sobre política colonial.--Los diputados americanos en 1810 y
1820.--El incendio de Santo Domingo en 1804.





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "La situacion de Puerto-rico: Las falacias de los conservadores - y los compromisos del partido radical" ***

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