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Title: Música y Músicos Portorriqueños
Author: Ferrer, Fernando Callejo
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Música y Músicos Portorriqueños" ***

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  Nota del Transcriptor:

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
  Páginas en blanco han sido eliminadas.
  Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
  Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.



[Illustration]



  FERNANDO CALLEJO FERRER.

  MÚSICA
    Y
  Músicos Portorriqueños.

  [Illustration]


  TIP. CANTERO FERNÁNDEZ & CO.

  1915.



DEDICATORIA.


A MI HIJA

[Illustration: MARGARITA.]



CONSEJO A MARGARITA.

¡Dichosos los que saben agradecer!


  Si en el divino mármol de la gloria,
  tu humilde nombre se esculpiese un día,
  deberás a tu patria la alegría
  de obtener tan brillante ejecutoria.

  A la patria riqueña, en cuya historia
  sobresalen los rasgos de hidalguía,
  qué, viéndote luchar con gallardía,
  la senda te allanó de la victoria.

  ¡Quiera Dios se realicen tus ensueños!
  Y si logras triunfar en tus empeños
  alcanzando tu voz fama y honores.

  Con el culto a la patria por enseña,
  ofréndale a tu cuna borinqueña
  el soñado laurel de tus amores.

  FERNANDO CALLEJO.



  SEÑORA ADELA BORGHI,
  MEZZO-SOPRANO DE FAMA MUNDIAL Y
  PROFESORA DE CANTO

[Illustration]

  BAJO CUYA DIRECCIÓN HACE LOS ESTUDIOS
  ARTÍSTICOS EN MILÁN,
  ITALIA.

  MARGARITA CALLEJO.



EL POR QUÉ DE ESTE LIBRO.


En la gigantesca lucha que, hace cuatro años, vengo sosteniendo, con la
ayuda de Dios y del generoso pueblo portorriqueño, para ver si las
facultades artístico-vocales de mi hija Margarita, podían, por medio del
estudio y de la buena escuela, adquirir el desarrollo y finalidad,
presagiada por la profesora que en St. Aloysius Academy de New
Lexington, Ohio, descubriera aquellas, este libro viene a ser como la
campaña final que habrá de decidir la realización o pérdida definitiva
del ideal perseguido.

Si entonces estuve vacilante para trazar los planes, pues temía que los
espejismos del amor paternal me hiciesen concebir ilusiones y esperanzas
sin base o causas que las justificaran; cuando, después de un maduro y
severo examen, llegué a la conclusión de que, por lo menos, la materia
prima existía en la garganta, temperamento y vocación de mi hija, me
lancé al combate con valor decidido, llevando la fé por divisa, el deber
por escudo, y, como única arma, mi tenaz voluntad.

Todo Puerto Rico debe recordar la forma como obtuve los recursos para
llevar a Margarita a Milán y los medios lícitos de que me he valido para
sostenerla allí hasta el presente.

Ella--y al decirlo no pretendo hacer vaticinio--ha correspondido a los
sacrificios del hogar y a la generosidad del país, sintetizada por las
subvenciones que le otorgara la Legislatura y ofrendas delicadas de
algunos amigos, consagrándose al estudio con verdadero ahinco.

Sufriendo privaciones y venciendo dificultades, cada vez mayores a
medida que avanza por la escabrosa senda de la carrera artística, si
algún acontecimiento imprevisto no le intercepta el paso, estará en
condiciones para debutar, en la primavera de 1916.

Si el _debut_ será un éxito o un fracaso, no puedo predecirlo; tan solo
Dios conoce lo porvenir. Pero sí puedo afirmar que Margarita necesitará
recursos extraordinarios además de haber requerido ya mi presencia, para
entonces, en Milán.

No por falta de fé ni de entusiasmos sino por las especiales condiciones
del presente, otra vez la vacilación ha venido a torturar mi ánimo al
pensar sobre la manera de llevar a la práctica lo que considero deber
ineludible.

Cuando más perplejo estaba para seleccionar medio adecuado, un hecho,
realizado sin otra pretensión que la de aportar mi grano de arena a la
obra grandiosa de la cultura patria, vino a darme la solución.

Me refiero a la conferencia que sobre el tema _El Arte Musical en Puerto
Rico_ diera en la Biblioteca Insular el 14 de marzo último y que,
publicada por _El Tiempo_, diario de San Juan, fué leída con interés y
juzgada con simpatías, pidiéndoseme, después, que la ampliara y editara.

Esa petición despejó la incógnita en el problema indicado, decidiéndome
a publicar este libro que tendrá dos objetivos, dentro de una sola
finalidad artística, a saber: ampliar el bosquejo histórico de la
disertación citada y adquirir, si el público no le niega sus favores,
recursos económicos para que Margarita pueda hacer el examen final de
la carrera, que no otra cosa es el Debut de una artista.

Cuando regrese a su país, se presentará tal cual sea, para que los
moradores de esta hidalga tierra borincana, sin prejuicios favorables o
adversos, confirmen o rectifiquen el fallo que, al rendir los estudios,
obtenga en el extranjero.

Yo juro ante Dios que, desde Milán, diré la verdad a Puerto Rico.

Si el éxito coronase los sacrificios realizados, los laureles serán para
la patria. Pero, si desgraciadamente el fracaso fuese inevitable, con la
tranquilidad de conciencia del que ha cumplido todo lo que el deber
exige, lo expondré sinceramente, retirándonos al hogar.

Explicado el por qué de este libro, réstame decir que, en realidad, no
tendrá precio determinado; el que lo acepte, dará lo que buenamente
pueda o quiera.

Sin tener para nada en cuenta el resultado financiero, puedo asegurar
que, si con este humilde trabajo coopero al engrandecimiento del nombre
portorriqueño, me sentiré altamente retribuído.

Esto no es óbice para que exteriorice, una vez más, mi eterna gratitud
hacia todos los que me han ayudado en la obra magna de la educación
artística de Margarita.

     FERNANDO CALLEJO.

     Manatí, P. R., agosto de 1915.



INTRODUCCIÓN.


Aunque el tema de este libro sea el mismo de la disertación que diera ha
pocos meses en la Biblioteca Insular, la forma de exposición tiene que
ser distinta.

La idea fundamental de la conferencia, fué la de establecer un paralelo
entre el pasado y el presente del arte musical, en Puerto Rico,
(considerando sus tres aspectos principales: educativo, creador y de
interpretación) para deducir si había progreso, estancamiento o
decadencia.

La del libro, es recopilar los datos dispersos que he podido adquirir
acerca del desenvolvimiento artístico en la isla; exponer juicios más o
menos extensos sobre los artistas músicos que el país ha producido; y
catalogar, hasta donde posible sea, las obras de los compositores
nativos, como punto de partida para los que en el mañana, con mejores
títulos, se decidan a hacer la historia del arte musical portorriqueño,
que permanece inédita.

El relato histórico adolescerá, en muchos puntos, de falta de prueba
documental que la acredite ante la crítica severa. Esta documentación ha
sido imposible obtenerla debido a la carencia de archivos e indiferencia
con que, hasta hace poco tiempo, se han tratado todos los asuntos
musicales. Por lo tanto, mis afirmaciones se basarán, unas veces, en
referencias tradicionales; algunas, en documentación examinada; y
otras, serán las resultantes de hechos conocidos personalmente.

Sin galanura de estilo, que no poseo, pero con dicción clara, concisa,
y, a veces, técnica, expondré mis juicios sobre los artistas y sus
obras, teniendo en cuenta el medio ambiente en que se produjeron, pues,
de no hacerlo así, tal vez el libro holgaría.

En los rubros de las secciones así como en los juicios que emita sobre
cosas y personas, seguiré el orden alfabético. Las biografías serán unas
veces extensas y otras limitadas, no porque desee establecer
preferencias y sí por no haber obtenido datos que solicité tenazmente.

Como la crítica semeja un arrecife en el que, arrastrados por el oleaje
pasional o por defectuosa orientación, van a estrellarse, casi siempre,
los buenos deseos del que la ejerce, paréceme oportuno reproducir aquí,
lo que hace algunos años publicara en un periódico musical que se
editaba en San Juan, bajo la competente dirección del Maestro Arteaga,
como introducción a la biografía crítica de músicos portorriqueños
fallecidos, sección que había sido encomendada a mi impericia.

Entonces decía: "Si en países acostumbrados al juicio de la sana crítica
resultan siempre escabrosos para escritores competentes estos trabajos,
¿qué no lo serán para quien como yo, carece, en absoluto, de condiciones
y tiene que escribir para un público que en su mayor parte desconoce los
fundamentos de la crítica y beneficios que de la misma se derivan?"

"Criticar no es censurar por capricho o apasionamiento: no es tampoco
emitir juicios, más o menos extensos, más o menos razonados, acerca de
una producción o de un artista determinado."

"El fundamento principal de la crítica es la enseñanza, y su saludable
influencia ostenta verdadero alcance, como dijo el crítico español Peña
y Goñi, 'cuando tiende a penetrar en el fondo de la existencia misma del
arte, señala los pasos de éste, investiga las causas de su marcha, de
sus evoluciones, de sus tendencias y lo consigue con el atento estudio
del estilo de cada compositor, de las influencias que le rodean o medio
ambiente en que se desenvuelve.'"

"En tales principios procuraré inspirar mis humildes trabajos. Y puesto
que he exteriorizado mi apreciación sobre el concepto _crítica_, voy a
hacer lo propio con los de _belleza_ y _arte_."

"Dice el crítico germano, Bergman, que es imposible definir la belleza
de un modo objetivo; que no puede ser percibida sino de un modo
subjetivo, y, por consiguiente, que el problema de la estética consiste
en definir lo que gusta a cada cual."

"Definición es ésta, completamente opuesta a la del escritor francés,
Cousin, quien afirma que la belleza descansa siempre sobre una base
moral, que puede ser definida objetivamente y es, por su esencia la
variedad dentro de la unidad."

"Jouffroy veía en la belleza, la expresión de lo invisible. Mario
Pila... el producto de nuestras impresiones físicas. Y Sar Paladán
afirma, que la belleza es una de las manifestaciones de Dios."

"Prescindiendo, por no cansar a los lectores, de otras teorías, y
ateniéndome a la afirmación de Sar Paladán, yo entiendo todo lo
contrario: que el arte es una manifestación de Dios, siendo la belleza
una de las manifestaciones del arte."

"Así como Dios, teológicamente, es uno y trino, así también lo es el
arte como manifestación divina, porque la _verdad_, la _bondad_ y la
_belleza_, sustancias inseparables que forman la esencia del arte, son
las constitutivas de esa esencia creadora que llamamos Dios."

"La belleza, por sí sola, no existe, si no va precedida de la verdad y
como secuela de la bondad; y toda obra de arte que no esté inspirada en
esas tres cualidades esenciales, no puede ser considerada como tal, pues
si solamente fuese bella por la impresión grata que produjera en los
sentidos, no sería artística, toda vez que carecería de la verdad que es
la que impresiona el sentido moral, y de la bondad, consecuencia que
debe buscarse en los efectos que toda obra de arte produce."

"Dice el gran pensador Tolstoy, que el arte no debe ser otra cosa que la
expresión de la conciencia religiosa de la sociedad, y que cuando las
manifestaciones artísticas no responden a la conciencia religiosa de la
época, no deben conceptuarse como tales, puesto que no obedecen a un fin
determinado ni contribuyen a la marcha progresiva de la humanidad."

"De acuerdo con las manifestaciones del ilustre ruso, haré mis
apreciaciones al estudiar las obras de los compositores nativos." Hasta
ahí el artículo de referencia.

       *       *       *       *       *

Se notará que, en los distintos capítulos de este libro, repito nombres
y hechos ya citados. Lo hago, expresamente, para facilitar la búsqueda
de un dato aislado, en caso de consulta.

El trabajo no es completo. La premura con que he practicado las últimas
investigaciones para preparar, a tiempo, la edición, puede ser la causa
de nuevos errores u omisiones y nunca el prejuicio pasional ni la
envidia por méritos o éxitos extraños.

Prefiero pecar de indulgente antes que, por riguroso, se me califique de
egoísta. Los que me sigan en esta labor, podrán rectificarme ya que, por
lo menos, les presento una forma de fácil orientación, de la cual yo he
carecido.

Y..., como el mal camino debe andarse pronto, cerraré el _introito_ para
entrar en la _consumación_ de lo que muy bien puede calificarse: OSADÍA
DE LA IGNORANCIA.

     EL AUTOR.

     Agosto 10 de 1915.



SECCIÓN PRIMERA.

Anotaciones Históricas.



CAPÍTULO I.

1660-1800


El arte musical, en la forma en que ha llegado hasta nosotros, tuvo su
origen en la Iglesia Católica, siendo, primeramente, San Ambrosio, poco
después San Gregorio, más tarde, Guido D'Arezzo, y, últimamente,
Cristóbal Morales y Juan de Palestrina, los verdaderos fundadores de la
música religiosa, generadora ésta, a su vez, de las demás formas de la
composición e interpretación musical.

San Ambrosio, Obispo de Milán, en el año 386, estableció la base del
canto llano, formando los cuatro primeros tonos llamados _auténticos_,
por los cuales se entonaban todos los cantos de la primitiva iglesia.

En el siglo VI, San Gregorio redujo los caracteres griegos de que se
hacía uso por aquella época para indicar los sonidos, a sólo siete
letras con las cuales indicó este Pontífice todos los sonidos de la
música, fundando colegios y escuelas musicales para la enseñanza de los
jóvenes y la primera capilla que fué llamada después pontificia. Desde
entonces se le dió el nombre de _canto gregoriano_ al canto llano o
religioso, que hoy consta de ocho tonos, para diferenciarlo del profano
o figurado.

Guido D'Arezzo o Arettino, monje de la abadía de Pomposa, nacido en
Arezzo, villa de la Toscana, a fines del siglo X, y al que se atribuyen
muchas invenciones sobre el arte y su enseñanza, que no son del caso
relatar, es indudable que fué el primero en establecer un método para la
enseñanza del canto, cuyo estudio era asaz difícil y penoso, y dió a los
siete sonidos musicales la denominación silábica que todos conocemos,
tomándola de la primera sílaba de cada uno de los versos del himno de
San Juan Bautista.

Cristóbal Morales, maestro compositor español, nacido en Sevilla a
principios del siglo XVI, que en 1540 era cantor de la capilla
pontificia, y, en 1545, maestro de capilla de la Iglesia primada de
Toledo; con Juan de Palestrina, nacido en Roma en 1524, nombrado, a los
veintisiete años, maestro de la capilla Giulia y en 1554 cantor de la
pontificia, fueron los creadores de la actual música religiosa, a la que
despojaron, en absoluto, del sentimiento profano de que estaba saturada,
revistiéndola del misticismo, grandeza y severidad en la construcción
que al presente conserva.

Siendo la Iglesia uno de los principales factores en el descubrimiento
de América; asumiendo, casi por igual, con los conquistadores, los
deberes y derechos de la colonización; y, estando en ella vinculadas,
por aquella época, todas las manifestaciones del saber humano y más
especialmente las artísticas, es lógico suponer que fué también la
Iglesia la cuna del arte musical portorriqueño.

Tal suposición la confirma el padre Manso, primer obispo de Puerto Rico,
al establecer la organización interna de la iglesia catedral, en sus
Letras Episcopales dadas en Sevilla, con carácter de documento público,
ante el Notario García Fernández, con asistencia de los delegados
regios, como testigos.[1]

     [1] La Colonización de Puerto Rico.--S. Brau. 1908. P. R.

En dichas letras se instituían seis dignidades, dieciséis canongías, o
prebendas, seis racioneros, tres medio racioneros, seis capellanes de
coro y seis acólitos, además de los oficios de sacristán, _organista_ y
otros varios.

No pudo, el padre Manso, constituir la catedral, durante los primeros
años de la colonización, con tan lujoso cabildo, pues ni estaba erigido
el templo ni disponía de recursos para sostenerlo.

La desaparición, en 1625 (Invasión de los Holandeses) de los archivos
eclesiásticos, no nos permite fijar la fecha de cuándo empezaron a
efectuarse los servicios del organista y cantores en la Catedral. Por
tal motivo es que tomamos, como punto de partida para estas anotaciones,
la fecha de 1660.

En el tomo primero de las actas capitulares existentes en el Obispado,
según notas certificadas que bondadosamente ha tenido a bien
facilitarnos el señor Secretario del Obispo, Rev. Padre Hormachea a
quien está encomendada la penosa labor de reorganizar el archivo,
aparece, como primer acta, la fechada en 9 de enero de 1660. En ella se
consignan los nombramientos, para dicho año, del presbítero Don Gerónimo
de Ovando y Guerra, como organista, y de Juan Piñero, para sorchantre,
donando (suponemos que en calidad de honorarios) 150 misas, valor de 15
reales de plata cada una, para el organista, y 50 para el sorchantre.

El Padre Ovando permaneció de organista hasta el año 1690,[2] quedando
vacante la plaza durante todo el 1691, hasta que, en enero de 1692, fué
nombrado el padre Don Juan de Morales quien la sirvió hasta diciembre
del 1698.

     [2] No dice el acta si Ovando murió o retornó a España.

Piñero, el sorchantre, fué reelecto, consecutivamente, hasta el año 1680
en que falleció. Durante el 1681, estuvo vacante el cargo, designándose
al presbítero Don Fernando de Morales, en enero de 1682, siendo reelecto
hasta el 1698, último del siglo XVII, en que se hicieron tales
nombramientos.

Por primera vez, aparece en el acta de enero de 1672, la designación de
maestro de capilla, a favor de Téllez Rodríguez, y la de Sebastián
García Serrano, como cantor, asignándosele, al segundo, la cantidad de
seiscientos reales de plata, como honorarios. Ambos permanecieron en sus
oficios hasta el 1680, cesando, en esta fecha, esas designaciones y sin
que se indiquen, en las actas, las causas.

Desde el 1698 hasta el 1756, no se encuentra, en las actas, ningún
nombramiento de organista, sorchantre, maestro de capilla ni cantor.

¿Serían suprimidos los servicios o dejarían de ser provistos los cargos
por el cabildo de la catedral?

Lo primero es inadmisible después de un siglo de haberlos utilizado;
cabe más bien suponer lo segundo, en vista de la cédula expedida en el
Escorial, el 12 de junio de 1749, por el Rey Fernando VI, en la que se
negaba a acceder a la petición del Cabildo para que se excluyesen los
mulatos al designarse los cuatro músicos que constituían la capilla de
la cofradía del Sacramento y fuese obligatorio, para dichos músicos,
tocar en todas las festividades de 1ª y 2ª clase.

El Rey no consideraba depresivo para las solemnidades del culto la
presencia de los mulatos músicos, ni en la capilla del Sacramento, ni en
las procesiones y viáticos: por el contrario, recomendaba se les tratase
con las consideraciones debidas a todo ser humano, si bien indicaba se
cubriesen las vacantes con los más idóneos.

¿En qué forma estaba organizada esa capilla? ¿Qué funciones desempeñaban
los cuatro músicos?

Sin documentación en que apoyar el aserto y sólo teniendo en cuenta cómo
estaban organizadas, por aquella época, las capillas de las catedrales
españolas, suponemos que el cuarteto estaría representado por el órgano,
dos chirimías[3] y un fagot.

     [3] La chirimía era un instrumento de madera muy semejante al
     _óboe_, y estuvo muy en uso en las iglesias españolas hasta la
     introducción de los violines. Su boquilla era igual a la que se
     emplea para el _óboe_ y _fagot_ modernos. La chirimía cantaba
     siempre al unísono con el tiple, y la segunda con el contralto o
     tenor.

El presbítero Don Francisco de Sotres, notario y secretario del
Obispado, desempeñó la plaza de organista durante los años 1756 y 57; y
la de sorchantre, en iguales fechas, Don Bernardino Lexes.

Desde 1758 hasta el 1761 en que falleció, fué organista Miguel
Feliciano, permaneciendo la plaza vacante hasta el 31 de diciembre de
1769, en que fué nombrado Domingo de Andino quien continuó hasta 1800,
fecha con que cerramos este capítulo.

Muerto el sorchantre Lexes, en 1758, hasta el 1761 no fué nombrado
Miguel Bonilla, sucediéndole, desde 1762 hasta el 68, el Clérigo de
menores, Don Pedro Martínez.

Don José de Torres fué sorchantre en el año 1769, y del 1770 al 74, José
Vicente Muñoz.

En 1775, designóse al presbítero Don Antonio José Espeleta,
reeligiéndosele para el 1776, y, desde 1777 hasta 1783, sirvió la plaza
Don Leonardo del Toro y Quiñones, que falleció en este año. Le sucedió,
interinamente, Don José María Ruiz hasta el 1785 en que fué nombrado, en
propiedad, Don Pedro Level que la sirvió hasta el 1790.

Durante los años 1791 y 92 desempeñó el oficio, Nicolás Ruiz; del 1793
al 95, Don Pascual González; y, desde 1796 hasta el 1800, el Rev. Don
Agustín Benito Valdejuli que ejercía, a la vez, las funciones de
Secretario y Protonotario.

La frecuencia con que vacaba el oficio de sorchantre y el tiempo que
permanecía sin cubrirse el cargo, hace suponer cuán escasos serían los
apropiados para ejercerlo, hipótesis que confirma la Real Cédula de 18
de diciembre de 1792, incluyendo copia de un oficio del Obispo sobre:
"la necesidad de un sujeto instruído en el canto llano que tiene la
Catedral para que se informe sobre lo que expresa." [4]

     [4] Boletín histórico de Puerto Rico.--Coll y Toste.--Tomo I,
     página 57.

Ya por estos mismos años, según dice otra cédula que, sin fecha ni
encabezamiento, existe en el archivo, se solicitaba la asignación de $50
para un profesor de solfeo y canto, a fin de instruir un número de niños
que ayudasen a solemnizar las festividades.

Esto, unido a la carencia absoluta de bandas militares, pues al
organizar el mariscal de campo, gobernador en 1765, Don Domingo de
O'Reilly, el batallón denominado _El Fijo_, solamente lo dotó de dos
pífanos y dos tambores, nos hace sostener la creencia de que el arte
musical estaba completamente, en pañales, al finalizar el siglo XVIII,
teniendo por únicas manifestaciones, la música religiosa (circunscrita a
los servicios de la catedral, conventos de frailes y alguna que otra
parroquia de la isla) y la de baile, sin que podamos informar la forma
en que ésta se producía.



CAPÍTULO II.

1800-1858


El grito de independencia lanzado por las colonias españolas de Centro y
Sur América, al empezar el siglo XIX, hizo que el gobierno español
reforzara la guarnición de Puerto Rico, destinando un regimiento de
línea[5] con banda de música, que debió arribar a San Juan en la primera
década del siglo, ya que al verificarse, el 24 de julio de 1812, la
proclamación de la Constitución de Cádiz, en la _Gaceta de Puerto Rico_
del 29 de julio de 1812, No. 27, Vol. 7,[6] se cita, por dos veces, a la
música del regimiento de línea, solemnizando las fiestas.

     [5] Según referencias, se denominaba "de Asturias."

     [6] Boletín histórico de Puerto Rico. 1er. cuaderno del tomo
     II.--Coll y Toste.--1915.

Dicha banda, sin que estuviese constituída por artistas, ni la índole de
sus trabajos formasen escuela, vino a ser un nuevo elemento en el
desarrollo del arte musical.

Durante las guerras de las colonias, se estableció una gran corriente de
inmigración hacia esta isla, que llegó a su mayor incremento cuando, en
el año 1821, se emancipó Venezuela.

De Costa Firme, como se la llamaba también, vinieron a Puerto Rico un
gran número de familias, muchas de ellas ricas, ilustradas y
cultivadoras de la música; y un nuevo regimiento de línea, creo que el
de _Granada_, con su música, constituyó, con el de Asturias, fijo de
artillería, la compañía de caballería y las milicias, la guarnición
militar de toda la isla.

Las bandas, entonces, estaban organizadas con el instrumental antiguo en
que, el _figle_ y el _serpentón_, ocupaban el puesto del _bombardino_ y
_bajo_ modernos; las _trompas_ y _clarines_ eran "de manos", es decir,
que la escala de sus sonidos se producía por la mayor o menor
introducción de la mano en la campana del instrumento, lo que hacía muy
difícil la ejecución; los _trombones_ eran de barras en vez de pistones
y el total de instrumentos no pasaba de 20 a 22, incluyendo los de
percusión.

La música recreativa empezó a tener mayores exponentes que los del
género bailable, pues las bandas que acostumbraban a solemnizar las
_misas de tropa_, dejaban oir, durante ellas, trozos de música un poco
más selecta que la, hasta entonces generalmente conocida.

Los bailables, cuya procedencia era completamente española, predominando
la contradanza de figuras, se aumentaron con el danzón de ritmo monótono
e insulsa melodía, que importado de Venezuela, tomó carta de naturaleza
_riqueña_, siendo el origen de nuestra danza actual.

En la parte religiosa, no hubo notable modificación, pues, oficialmente,
en la Catedral continuaba el cabildo haciendo los nombramientos de
organista y sorchantres.

Como organista, siguió reeligiéndose a Domingo de Andino (nombrado por
primera vez en diciembre de 1769) hasta el año 1819, en que, según acta
del 12 de diciembre de 1818, el cabildo acordó "que, en atención a estar
ya imposibilitado para ejercer la profesión (tenía 80 años) y haber
pasado más de sesenta años en el servicio de la iglesia, se le jubilase
con una pensión anual de 180 pesos, y que se le proporcionase otro
músico de canto llano y figurado para que le asistiese a tocar el
órgano en todas las misas de rúbrica y en las demás que hayan,
consignándole, por estos servicios, 300 pesos anuales."

Los sorchantres fueron: en 1800, Francisco Rodríguez Colón; en 1801, Don
Francisco Carbañón, interino hasta nuevo acuerdo, que recayó en el
fraile domínico, Francisco Riesco al que se le aumentó el salario hasta
completarlo en 100 pesos.[7] En 1802, Don Juan Nepomuceno Xusién al que
sucedió, en 1803, Don Emigdio de Torres, clérigo tonsurado, con
obligación de ponerse de acuerdo con el canónigo Don Juan de Andino,
para que le enseñase los tonos necesarios del canto llano y que no se
cubriese la plaza hasta la partida de Xusién.

     [7] La minuta no dice si ese estipendio era anual o mensual. Antes
     tenía la asignación de 32 pesos.

Vacante el cargo en 1804, el clérigo diácono Don Victoriano Martínez,
fué nombrado en 1805, desempeñando el cargo hasta el 1810 en que
designaron, interinamente, al tonsurado, Don Cayetano Pastrana, quien la
sirvió hasta el 1811.

Aumentadas a dos, en 1812, las plazas de sorchantres, Don Juan Vicens
ocupó la de 1º y Don José Matías Cuxach la de 2º, con 100 pesos de
asignación.

Cuxach desempeñaba, a la vez, la plaza de organista, sustituto, pues
como titular seguía apareciendo Domingo de Andino, honor especial que
quiso conferirle el cabildo hasta su muerte acaecida en 1822.

Desde el 1813 hasta 1824, en que falleció, continuó de organista,
sustituto y en propiedad, Don Matías Cuxach. Don Juan Vicens seguía
siendo el primer sorchantre, teniendo por segundo, en 1824, a Miguel
Sandoval.

Muerto Cuxach, en 1825 ocupó la plaza de organista Don José María
Benigno Freijó. Era en este año sorchantre 2º Don Ramón Girona.

Don Juan Vicens sirvió el cargo de organista, en calidad de interino, a
la muerte del anterior, nombrándosele en propiedad, hasta el 1830 en que
falleció.

Desde 1826 hasta 1830, figuraron como sorchantres, Ramón de Soto, Don
Isidoro Martí y Don Ramón Segné.

En la década del 40, el cultivo de la música debió de adquirir mayor
impulso, pues así lo hace suponer la existencia de algunos pianos o
clavicordios, en San Juan, y el haber sido terminado el teatro (el
actual municipal en su estructura antigua) que empezó a edificarse en el
1823, a iniciativas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País,[8]
organismo que contribuyó poderosamente al desarrollo económico, social e
intelectual de Puerto Rico. Los músicos mayores y partes principales de
las bandas de música contribuyeron mucho al fomento de la enseñanza
musical.

     [8] La Real Orden, aprobando los estatutos, tiene fecha 2 de julio
     de 1814.--Coll y Toste.--_Boletín Histórico._--1914.

Entre aquéllos, figuró, en primera línea, Don José Álvarez, músico mayor
del Regimiento de Granada, y que después pasó con igual cargo, al de
Cataluña, cuando éste y el de Antequera, relevaron a los de Asturias y
Granada.

Don José Álvarez debió poseer buenos conocimientos de música, a juzgar
por los discípulos que obtuvo, entre los que sobresalieron sus hijos
Mauricio y Hermógenes, Don Felipe Gutiérrez y Juan Inés Ramos.

Además de Álvarez, por entonces ya figuraban como profesores de violín,
Don Victoriano Juárez (1838) y Mr. Wainet, violinista y compositor
francés, que, del 40 al 50, vivió en San Juan.

Como organistas, fueron nombrados: de 1831 al 32, Don Manuel Benigno
Freijó, y, en 1833, Don Isidro Martí, (interinamente) que era uno de los
sorchantres. Después fué designado Don José Bermejo Iturriaga (1834)
quien sirvió el oficio hasta su muerte, acaecida en 1848,
sustituyéndole, desde entonces, hasta el 1858, en que termina este
capítulo, Don Domingo Delgado, compositor de música religiosa de mucho
mérito, que desde 1846 venía sirviendo la plaza de segundo sorchantre y
la de organista sustituto, con la sola retribución de 25 pesos por mes y
sin ovenciones. Tan escasa retribución motivó una petición que hiciera
el padre Delgado, al cabildo, en que manifestaba: "que, haciendo diez
años que venía sirviendo dos cargos sin más estipendios que los de 25
pesos, suplicaba se le aumentase el sueldo o le señalasen ovenciones",
petición que fué atendida aunque no consta en el acta en qué forma.

Desde el 1831 hasta el 36, Don Isidro Martí era el primer sorchantre y
Don Ramón Segné, el segundo. Muerto Martí, en 1836, Segné ocupó el
primer puesto, designándose a Don Domingo Delgado para el segundo,
siendo éste sustituído, en 1848, por Don Domingo de Villanueva, al que
sucedió José Bey, desde 1851 hasta el 54 en que la ocupó Vicente
Martínez, permaneciendo como tal hasta 1858.

Desde el 1840, el cultivo de la música se extendió considerablemente,
predominando la afición al estudio de los instrumentos de cuerda,
incluso el arpa, aumentándose la importación de pianos. Los músicos
mayores de los regimientos de Antequera, Granada e Iberia (este último
fué agregado a la guarnición) así como el del batallón de Artillería,
(este organizó su banda, según referencias, en 1849) que después fueron
sustituídos por los de Cádiz, Madrid y Valladolid, eran músicos de gran
competencia, algunos extranjeros como Luigini, concertista de cornetín,
que murió en la guerra de Santo Domingo; Don Carlos Allard, flautista
afamado y hermano de Don Delfín, director, entonces, del Conservatorio
de París, cuya escuela de violín todavía se enseña en la Isla, y Don
Rosario Aruti, buen armonista y compositor.[9]

     [9] Aunque al reorganizarse en 1841 el cuerpo de Artillería, en el
     cuadro de oficiales y demás clases del batallón, no figuraban más
     que un cabo y ocho tambores, más cuatro soldados aprendices de
     tambor.--_Boletín histórico de Puerto Rico_. Pág. 163 del tomo
     II.--Coll y Toste.--1915.--por referencias de buen origen podemos
     afirmar, que al poco tiempo se organizó, con fondos del cuerpo, la
     banda de música, siendo Don Felipe Costas el primer músico mayor,
     sustituyéndole poco después Don Rosario Aruti, que había llegado a
     la Isla como maestro director y concertador de una compañía de
     Opera.

El modo de ser político-social de la época, hacía que las clases más
elevadas de la sociedad no desdeñasen el cultivo de la música,
pudiéndose decir, que en ellas estaban vinculadas la mayor parte de las
manifestaciones del arte. Familias enteras, como las de Santaella,
Oller, Paniagua, Montilla, Cabrera, Martínez Aparicio, Martorell,
Vassallo, Ginorio, Otero, Lago, Dueño, Geigel y otras más de toda la
Isla, al arte dedicaban su más preferente atención.

Desde el año 42, empezaron a visitar el país artistas de mérito y
algunas compañías de ópera, siendo la primera, la que trajo el señor
Stefano Busatti, en la que figuraba como soprano, la señora Giovanini y
como tenor, Don Félix Astol autor de la _Borinquen_, danza que por el
pueblo es considerada como el himno portorriqueño, por haber hecho su
aparición en la época de la insurrecta de Lares y haberse adaptado a la
música una letra con pensamientos separatistas.

No era solamente en San Juan en donde progresaba el arte; también en la
Isla tenía buenos cultivadores.

En Arecibo se estableció en 1840, como profesor de música, Juan Inés
Ramos, clarinete que fué de la banda del batallón de Cataluña,
obteniendo alumnos aventajados, como lo fueron sus hijos Heraclio y
Federico, y el diletante Don José María Lago, que como clarinetista
alcanzó gran renombre.

En Aguadilla, el pianista, compositor alemán, Mr. Mello; en Mayagüez el
farmacéutico Don Rufino Ramírez (discípulo en París, del gran maestro de
violín Mr. Beriot, profesor del Conservatorio); en Ponce, Don Antonio
Egipciaco; Don Ignacio Otero en Humacao; Don José Álvarez (ex-músico
mayor del Regimiento de Cataluña) en Caguas, donde fijara su residencia;
en Manatí, Don Pedro José Vega, músico principal que fué de la banda del
Regimiento de Antequera, fueron, entre otros, los que encauzaron el
temperamento artístico de los portorriqueños por las sendas del estudio
y del buen gusto.

La influencia del sentimiento religioso que entonces predominaba, hizo
que este género atrayese más principalmente, la atención artística y,
tal vez, por eso mismo fué que el arte alcanzó después tanto desarrollo,
pues no hay nada como la _fé_, como el _ideal_ y el cultivo de los
nobles sentimientos humanos para impulsar las artes.

El organista de Catedral, presbítero Don Domingo Delgado, fué el primer
maestro compositor que creó, en el país, un bellísimo repertorio de
música _sacra_, que en su mayor parte poseemos. A él sigue, y suponemos
fuera su discípulo de composición, el que después ha sido el mejor
maestro compositor sagrado que ha producido el país, Don Felipe
Gutiérrez y Espinosa, que fué músico mayor del Regimiento de Iberia, y,
más tarde, Maestro fundador de la Orquesta de Capilla de la Iglesia
Catedral.

Al finalizar los lustros de que venimos hablando, siendo Gobernador de
la Isla el General señor Conde de Mirasol, se constituyó, en la capital,
una sociedad titulada _La Filarmónica_ de la que fueron los más
entusiastas sostenedores, D. Martín Salavarría, D. Martín Travieso y la
familia Montilla. Su principal objetivo era fomentar las artes y,
especialmente, la música. Tenía su domicilio en la calle de la Cruz,
casa en donde se encuentra hoy establecido el Colmado Central y la que
todavía se designa con el nombre _La Filarmonía_.

Dicha sociedad puso en escena, en el Teatro, a los pocos meses de
haberse estrenado en Madrid, la bella zarzuela del maestro Arrieta, _El
Dominó Azul_, con tan buen éxito, que después acometió obras de mayor
empeño.

Y, en efecto, a los pocos meses estrenábase la ópera en tres actos,
letra de Don Alejandro Tapia y música de Don Felipe Gutiérrez, titulada
_Guarionex_, con el siguiente reparto:

  Loarina, (Tiple)                 Srta. Dña. Antonia Montilla.
  Anona, (Tiple)                   Srta. Dña. Isabel Oller.
  El Español, (Tenor)              Sr. D. Manuel Paniagua.
  _Guarionex_, (Barítono)          Sr. D. Antero Adzuar.
  El indio Taboa (Bajo Cantante)   Sr. D. Francisco Oller.

Los coros y partiquinos estaban desempeñados por jóvenes aficionados,
de la mejor sociedad, alcanzando un gran éxito dicha obra y
repitiéndose, por varias veces, su representación.

_La Filarmónica_ tuvo, por largo tiempo, vida robusta, dando a conocer
obras de autores y asuntos nativos, como _El Amor de un Pescador_, ópera
en dos actos del maestro Gutiérrez, hasta que después, el General la
Pezuela, al fundar la Academia de Buenas Letras, la hizo incorporar a
esta Institución.

El género bailable que, a principios del siglo, tenía poco sabor
criollo, con motivo de las _típicas_ fiestas de San Juan, fué tomando
tintes más regionalistas, pues venían de los pueblos comarcanos,
orquestas jíbaras constituídas por trovadores y afamados tocadores de
_tiple_, _cuatro_ y _bordonúa_, que hicieron conocer y apreciar las
bellezas de sus cantos titulados _Décimas_, _Caballos_, _Coplas_, así
como del característico _Vals Jíbaro_ y _Seis Chorreao_.[10]

     [10] Según el doctor Don Cayetano Coll y Toste, el nombre de _Seis
     Chorreao_ procede de que, siendo la sexta figura de la contradanza
     la única en que las parejas se enlazaban para dar vueltas
     vertiginosas, de ahí aplicaron los jíbaros el nombre a su
     característico baile.

Caguas era el pueblo en donde el canto regional estaba mejor integrado,
no tan sólo por la pureza del género, en cuanto a la inspiración y
variedad, sí que también por contar con los mejores tocadores de tiple y
cuatro. El jíbaro Calderín, nos ha referido don Mauricio Álvarez, era un
concertista en el tiple y la bordonúa. En 1851, ya había en Caguas una
magnífica orquesta dirigida por Don José Álvarez y de la que formaban
parte, entre otros, Don José Ildefonso Latorre, 1er. violín, y como
voces, el escribano Don Jesús Calderón, Don Saturnino Colón y Don
Fulgencio Mercado; la orquesta tenía dos trompas.

Después de la Compañía de Busatti, vino un cuadro de ópera que dirigía
el barítono Vita, y, poco después la gran Compañía de Stefanelli.

La primer compañía de Zarzuela que visitó la Isla fué la de Blen, siendo
su Maestro Concertador el señor Conde, dando a conocer (en 1858) las
zarzuelas _Los Madgiares_, _Juramento_, _Jugar con fuego_ y _Los
Diamantes de la Corona_. Esta compañía fué la que inauguró el teatro _La
Perla_ de Ponce.

Además, venían con frecuencia, como hemos dicho antes, artistas de fama
que recorrían la Isla dando conciertos. En 1852, la célebre _diva_
Adelina Patti, que aún vive, y el no menos afamado pianista Goltschalk,
dieron una serie de recitales en los que tomaban partes elementos
artísticos de la alta sociedad, como la señora Kortright, de Manatí, que
era una buena arpista, y la señorita Isabel Oller, de San Juan, cuya
bien timbrada voz de soprano ligera, en nada desmerecía a la de la
Patti, en aquella época, cuando cantaban a dúo trozos de ópera.

La música _di camera_, tenía también sus cultivadores. En algunas casas
particulares, como las de Don Aurelio Dueño, Don Manuel Martínez
Aparicio, Don Felipe Hecht y otros extranjeros, se rendía culto al
cuarteto clásico.

El pueblo tenía como expresión musical, las canciones a una y dos voces
y la danza o danzón al que casi siempre le aplicaban letra, si bien ésta
era más bien adaptada a la música, después de oirse esta, y los temas
carecían de interés.

La cultura general del país, a la mitad del siglo XIX, se manifestaba ya
de una manera tan satisfactoria, considerando el corto número de años de
haber sido iniciada, que el Gobierno fué el primero que se interesó para
darla a conocer.

Dos hechos importantísimos vinieron a patentizar el desarrollo que el
arte iba adquiriendo.

Fué el uno, la celebración, en 1854, siendo capitán general de la Isla,
Don Fernando de Norzagaray, de la primer Feria-Exposición. Entre los
muchos premios consignados para las exhibiciones agrícolas, industriales
y profesionales, los había también para las artísticas, habiendo
obtenido la medalla de plata, premio de música, el joven pianista
arecibeño (sólo contaba 18 años) Adolfo Heraclio Ramos, por una fantasía
con variaciones para piano sobre _La Polka Favorita de Jenny Lind_.[11]

     [11] _Jenny Lind_ fué una famosa cantante inglesa.--F. C.

El otro lo constituyó la creación, por el Rev. Obispo de la Diócesis,
Fray Pablo Benigno Carrión, de la orquesta de Capilla de Catedral, en el
año de 1858, con la siguiente organización:

  Maestro director      D. Felipe Gutiérrez.
  Tenor                 D. J. Salavet.
  Barítono              D. Rafael Fatjó.
  1er. Violín           D. Claudio Grandi.
  2do. Violín           D. Aniceto Andino.
  3er. Violín           D. Francisco Martínez Aparicio.
  Flauta                D. Eduardo Martorell.
  Clarinete 1º          D. Salvador Laloma.
  Clarinete 2º          D. José Belén Tizol.
  Trompa 1ª             D. Juan Noriega.
  Trompa 2ª             D. Juan F. Borrás.
  Bombardino            D. Jaime Bastard.
  Violoncello           D. Manuel Martínez Aparicio.
  Contrabajo            D. Aurelio Dueño.

Para la inauguración compuso Don Felipe Gutiérrez una misa en _Do_, que
todavía se toca en algunas iglesias.



CAPÍTULO III.

1858-1898


A partir del año 1858 en que termina el relato del capítulo anterior, el
arte musical siguió evolucionando en _crescendo_.

La enseñanza del piano tenía carácter de escuela determinada, contando
con buenos profesores, en su mayor parte catalanes, que en distintas
poblaciones de la Isla iban obteniendo discípulos de mérito.

Don Juan Cabrizas, en San Juan, que trasmitía con propiedad sus amplios
conocimientos, aunque, como todos los de la época y hasta poco después
de la venida de Tavárez, y Toledo, seguía la escuela francesa, e
italiana en los métodos de enseñanza, obtuvo muy buenos discípulos como
entre otros Tavárez, Gonzalo Núñez, Gerardo Soler y la Srta. Inocencia
Caparrós.

En Mayagüez, que por entonces, era una de las poblaciones de mayor
cultura intelectual y social, pues su riqueza, no vinculada como hoy en
pocas manos, permitía a muchas familias viajar por el extranjero y
España, en cuyas principales capitales quedábanse educando muchos
jóvenes, tenía la música muy buenos cultivadores, no solamente entre las
clases más altas, si que también en el pueblo, de cuyas aptitudes logró
obtener, el connotado maestro de música, Don José Antonio Gaudier,
catalán, alumnos de mérito, que como los Nadal, Ramírez, Freyre,
Casanova, Defilló, Brito, Mesorana y otros, ocuparon, ya como
dilettantes, ya como profesionales, puestos de honor artístico. Todos
los hijos del Sr. Gaudier poseyeron conocimientos no superficiales de
música, aunque no los utilizaron como profesión por haberles podido dar
su Sr. padre, carreras literarias o científicas, cosa imposible hoy para
quien solamente tenga por entradas los estipendios de la profesión.

En Aguadilla, el maestro alemán Mr. Mello, cimentó la afición a la buena
música y estudio del piano, a juzgar por sus discípulos meritísimos,
como los Amell, Méndez, Carvaná y otros.

En Ponce, Egipciaco, Pedro Gabriel Carreras, Ernesto del Castillo,
Forns, Pasarell y otros que no recordamos. En Arecibo, Heraclio Ramos; y
Guillen, Felipa Andino, Eduardo Cuebas, Ignacio Otero, la familia Tizol,
más principalmente los hermanos Manuel, José Belén y Eusebio, Gutiérrez,
Callejo, Montón, Aruti, Arcas, Valero y algunos de mayor o menor talla,
se dedicaban, con ahinco y provecho, a la enseñanza en San Juan y
pueblos de la isla.

Las Ferias-Exposiciones continuaban y aunque nos ha sido imposible, a
pesar del interés con que los hemos solicitado, obtener datos oficiales
a ellas referentes, el Dr. D. Cayetano Coll y Toste, actual historiador
de Puerto Rico, nos afirma, que en la de 1860 obtuvo Heraclio Ramos,
medalla de oro por unas _Variaciones para Piano_ sobre motivos del
Carnaval de Venecia.

A principios de 1865, los señores Gutiérrez, Callejo y Meléndez
constituyeron en la Capital una sociedad artística que fué muy
beneficiosa para el arte y para los músicos.

Lo fué para el arte, porque integrada la orquesta por los mejores
instrumentistas de entonces y dotada, aunque en proporción relativa, del
personal requerido para la gran orquesta, estaba en condiciones para
servir, sin elementos de afuera, a las compañías de ópera que con
frecuencia visitaban la Isla, ensayándose, a la vez, en la
interpretación de algunas obras clásicas, ya que, entre el lote de
partituras que tocara a nuestro padre cuando se disolvió la sociedad, y
que todavía conservamos, estaban las sinfonías de Beethoven, impresas y
orquestadas en París, para gran orquesta. Además fué un acicate para que
el genio musical de Gutiérrez se produjera en todos los géneros, pero
más especialmente en el religioso y sinfónico.

Para los músicos fué utilísima la sociedad, porque con la selección y
competencia, el estímulo les hacía estudiar, a parte de que con la
sección benéfica de aquélla, obtuvieron, en más de una ocasión, eficaz
auxilio, cuando las enfermedades o desgracias de la vida, afligían sus
hogares.

Uno de los actos en que la sociedad tomó parte activa fué al secundar la
iniciativa de D. Aurelio Dueño, para celebrar en 1865 la festividad de
Santa Cecilia, patrona del arte dentro de las creencias católicas.

Dicha festividad, más artística que religiosa, fué un gran exponente del
estado de progreso en que se encontraba el arte en toda la Isla, pues de
la mayor parte de los pueblos acudieron los mejores músicos para
integrar la orquesta que debía solemnizar los números del programa.

Este se componía, entre otros, de: Gran Retreta militar en la noche del
21 de noviembre; Misa solemne, el día 22, en la Iglesia de San José, y
en la noche de ese día, Certámen Musical en el Teatro, seguido de un
concierto vocal-instrumental.

Del Certámen nos ocupamos en la sección correspondiente, y en cuanto a
la festividad religiosa, en ella se estrenó la Gran Misa compuesta para
el certámen por Gutiérrez, y que obtuvo el primer premio, cuya
partitura ponemos a la disposición de los peritos que deseen examinarla;
la que, según Braulio Dueño Colón, que la oyó ejecutar, es una de las
mejores obras del maestro Gutiérrez, sobre todo el _Credo_, que después
de haber sido ensayado con esmero no pudo ejecutarse, por cuestiones de
rúbrica en la liturgia de la Iglesia.

Las bandas militares de la guarnición constituídas por los batallones de
Cádiz, Madrid, Valladolid y Artillería, así como la del de Puerto Rico
que se organizó al final de esta década, daban semanalmente, jueves y
domingos, retretas en la plaza de armas, en las que ejecutaban los
mejores números de las óperas italianas y francesas, más en boga por
entonces, no en forma de selecciones, como ahora, sino tal como
aparecían en las partituras originales.

En muchas casas particulares continuaba el culto por la música _di
camera_, como en las de Hecht, Martínez y Arricruz.

En Bayamón, Don Sandalio Callejo estableció en 1870, una academia de
música, en la que se daban estudios severos y completos de teoría,
solfeo y mecanismo elemental de los instrumentos. De ella salieron,
entre otros, Pedro Arcílagos que después ha figurado y figura aún,
prestigiosamente, en el extranjero.

Las orquestas de Iglesia y de baile más renombradas y que contínuamente
eran solicitadas de la Isla para solemnizar las fiestas patronales, eran
las de Callejo, Esturio, (Damián) y Segné. (De ésta formaba parte el
popular barbero Rufo Mojica). Por entonces fué que Julián Andino,
compuso la danza "La Margarita" en la que sustituyó el antiguo tango del
acompañamiento por el de tresillos, que aunque grandemente reformado,
todavía se estila.

Del 1870 al 1880, nuevas manifestaciones artísticas contribuyeron a los
progresos del arte.

Fué una de las primeras, la Academia de Música creada por el Municipio,
en 1871, por iniciativa de Don Felipe Gutiérrez.

Algo laboriosa fué la tramitación del expediente, del que vamos a hacer
lijera reseña por datos documentados.[12]

     [12] Legajo 57.--Expediente No. 33, del archivo Municipal de San
     Juan. 1871-1877.

En 26 de enero de 1871, Don Felipe Gutiérrez, cumplimentando las leyes
de entonces, solicitó del Gobierno General permiso para establecer una
academia de música. La petición fué favorablemente endosada por el
Secretario del Gobierno y remitida al Ayuntamiento, que concedió la
autorización.

Posteriormente, en mayo 16 del mismo año, elevó Gutiérrez otra instancia
al Gobierno, para que se le señalase una subvención, siquiera para
cubrir los alquileres de casa y material artístico, ya que la academia
contaba con más de 360 alumnos y como local, utilizaba el de la Academia
de pintura, subvencionada por el Municipio, y que generosamente le cedía
de noche, su buen amigo, el director de aquella, y afamado pintor
Frasquito Oller.

El secretario del Gobierno General, Don Francisco Izquierdo, el 19 de
mayo remitía la instancia al Ayuntamiento, recomendando la subvención, y
este en su primer sesión designó a los regidores Don J. Eustaquio
Cabrera y Don Pedro de Menchaca, para que, en comisión, informasen.

El Secretario Municipal, Don Federico Asenjo, mandó la copia del acuerdo
a los comisionados, con fecha 7 de junio, y éstos lo devolvieron,
informado de acuerdo con la petición, el 11 de septiembre. Al siguiente
día, 12 de septiembre el Municipio, reunido en sesión ordinaria, denegó
la recomendación que los comisionados hacían, de pagarse lo pedido con
cargo al fondo de loterías, por estar ya agotados los mismos, acordando,
sin embargo, que se aplazase la resolución, hasta que se encontrase la
forma de poder incluir la partida en el presupuesto general de gastos
para 1872. Así lo hicieron, comunicando al Maestro Gutiérrez, que desde
enero de 1872 se le concedía la subvención de 50 pesos mensuales para
casa y 10 pesos para material, los que percibiría del fondo de loterías,
señalándosele un mínimun de 60 alumnos y que las matrículas serían
hechas por el Secretario del Municipio.

Así continuó la academia hasta el 30 de marzo de 1874, en que hubo de
cerrarse, porque la subvención fué retirada, a causa de haber pasado la
lotería a poder, y como renta propia, de la Diputación Provincial.

En 1877 varios vecinos de San Juan elevaron al Ayuntamiento distintas
peticiones para que se restableciese la Academia, pero fueron todas
denegadas por falta de fondos.

En 1876, el Municipio y la Diputación subvencionaron con 1,000 pesos al
Maestro Gutiérrez para que se trasladase a Europa a visitar la
exposición de Viena, y después a París con el fin de que a la par que se
diese a conocer, ampliase sus conocimientos artísticos. El viaje fué de
poco provecho, pues el temperamento artístico del maestro estaba
desarrollado y saturado de un ambiente completamente distinto, y su edad
y dolencias no le permitían dedicarse a nuevos estudios. De todos modos
fué una especie de premio que tácitamente quiso darle el Gobierno por
su labor incesante y fecunda como maestro compositor.

La Diputación Provincial estableció en 1875 una clase de música en el
asilo de Beneficencia designando como profesor al maestro italiano Don
Rosario Aruti. Muerto éste en 1878 le sucedió en el cargo Don Sandalio
Callejo hasta su muerte, acaecida en 1883 (16 de junio). Obtuvo el cargo
Don Jaime Bastard Tizol, joven músico, que prometía y que a los pocos
meses, también murió, nombrándose entonces a Don Francisco Verar quien
lo desempeñó hasta el cambio de nacionalidad, 1898.

Don Sandalio Callejo fué el primer director que en la clase de música
del Asilo estableció la enseñanza de los instrumentos de cuerda,
organizando una orquesta para los cultos de la Capilla del
establecimiento, llevando, asimismo, a muchos asilados músicos, a la
Banda del 1er Batallón de Voluntarios, de la que era músico mayor, para
que practicasen en ella, algunos de los que después han ocupado puestos
de honor en las bandas y orquestas de la Isla.

Durante esta década tres buenas orquestas religiosas se disputaban la
supremacía. La de Catedral, dirigida por Gutiérrez; la que bajo la
dirección del competente maestro, compositor y organista, Don Gregorio
Ledesma, establecieron los PP. Jesuitas en la Iglesia de San José; y la
de la parroquia de San Francisco que dirigía Callejo.

Ellas no solamente interpretaban las obras religiosas de Delgado,
Gutiérrez, Dueño, Ledesma, Callejo y otros, sino que dieron a conocer
muchas de Mercadante, Miné, Miller, Calahorra, Caballero, Solis y otros
autores españoles y extranjeros, de música sagrada. Y como era costumbre
finalizar las grandes salves y misas, tocando música sinfónica, las
mejores oberturas de ópera y algunos tiempos de sinfonías clásicas eran
también interpretados por dichas orquestas.

La Isla fué visitada en esta época por un buen número de compañías de
ópera y zarzuela, recordando, entre las primeras a la de Petrilli (1877)
en la que figuraba como soprano la señora D'Aponte; Tenor, Sr. Baccei;
Barítono, Petrilli y Bajo, La Torre; otra en que venía de maestro, el
señor Frenchel, 1879, y entre los artistas principales, Ida Visconti,
soprano. La Mercanti, contralto; Baccei, tenor; Mari, barítono, aunque
en algunas ocasiones, como en el "_Fausto_" hacía el papel de
_Mefistófeles_, bajo; y la que en 1880 se organizó en Ponce, siendo el
empresario Don Alfredo Casals, en la que vino de Soprano la que después
ha sido artista mundial, la célebre Eva Tetrazzini; de tenores, Rosnati
y Varoncelli, Viganotti de barítono, no pudiendo recordar el nombre del
bajo. Entre las de zarzuela la memoria nos recuerda a la de Carratalá,
que fué muy aplaudida y otra en que venía de tiple la afamada Hueto.

Después de la muerte, (en 1856) del organista de Catedral Don Domingo
Delgado, la plaza fué servida, interinamente, por los sacerdotes
músicos, señores Herrera, cubano y Cabrera, portorriqueño, hasta que con
motivo de la creación de la orquesta de Capilla, se acordó por el
Cabildo, que la plaza de organista se cubriese por oposición, siendo el
primero, que así la obtuvo, Don Gregorio Ledesma, aragonés, músico
compositor de mérito, que habiendo sido desterrado de España, por causas
políticas (era carlista) aquí constituyó definitivamente su hogar,
después de haber cumplido en el ejército, el castigo impuesto, y del que
fué indultado al poco tiempo. Sus hijos, Matías y Pepe, han sido
portorriqueños, cuya memoria (pues ambos han fallecido) se recuerda
honrosamente.

Al morir Ledesma, fué nombrado Don Luís Rengel, en calidad de interino,
sirviéndola así por más de ocho años, hasta que al verificarse las
oposiciones, la obtuvo, en buena lid, el connotado maestro Agulló, que
permaneció como tal hasta el cambio de nacionalidad. Las plazas de
sorchantres que habían sido aumentadas a cuatro, las cubría, por
designación, el Cabildo. Uno de los que recordamos, que sirvió la plaza
hasta que la Iglesia fué separada del estado con el cambio de régimen,
fué Manuel Jordán, que todavía vive dedicado a la profesión de cantor e
instrumentista.

En la misma forma de oposición fueron cubriéndose las vacantes de la
orquesta de Capilla, aunque de momento se nombraban algunos
interinamente, ocupando las plazas con ese carácter hasta que se llamaba
a oposiciones.

En las celebradas en 1880, cuyo jurado lo formaban los maestros
Gutiérrez, Toledo y Valero, (Don José), más dos canónigos y el Dean como
Presidente, fueron adjudicadas las siguientes plazas:

  Violín 1º       Julián Andino. Servía interinamente.
  Violín 2º       José Rendón. Servía interinamente.
  Violín 3º       Sergio Lecompte.[13]
  Flauta          Braulio Dueño Colón.
  Clarinete       Francisco Verar.
  Trompa 1ª       José Bey.
  Trompa 2ª       Vicente Jordán.
  Contrabajo      Eusebio Tizol, q. la venía sirviendo.

     [13] En esta designación se cometió una gran injusticia, pues
     Sergio Lecompte era un violinista de la talla artística de Andino,
     y muy superior, musicalmente, a Rendón, que como violinista estaba
     conceptuado como el mejor, _para ocupar la cabecera de los segundos
     violines_ en una orquesta y que solamente pudo presentar ante el
     jurado, como méritos superiores a los de Lecompte, el haber servido
     la plaza interinamente durante largos años. El mismo Rendón
     reconocía la superioridad de Lecompte como violinista.--F. C.

Después en otras oposiciones, muerto Rendón, pasó Lecompte al puesto de
2º violín, y fueron nombrados, Pepe París, trompa, y José Laza,
Bombardino. Las demás designaciones no las recordamos.

La enseñanza del piano adquirió nuevos rumbos, con el retorno,
primeramente, de Tavárez, y después con la llegada a la Isla de varios
maestros, siendo entre éstos el más connotado y al que se debe la
implantación en San Juan de la escuela moderna, Don Fermín Toledo.

Tavárez se estableció primeramente en San Juan, después en Caguas y
últimamente escogió, como domicilio definitivo, la ciudad de Ponce. La
llegada de Tavárez a esta ciudad coincidió con la de muchos jóvenes
ponceños que retornaban de Europa con títulos académicos y bastante
cultura general, en la que la música ocupaba puesto prominente, así como
otros _amateurs_ del arte, también de título y posición económica
desahogada, que allí fueron a ejercer sus profesiones.

Entre éstos figuraba el doctor Don Martín Corchado, que poseía y
cultivaba, como dilettante, una hermosa voz de tenor, Don Olimpio Otero,
persona cultísima y de gran influencia en la ciudad del Sur, y otros
tantos, como los Marín, Biaggi, Cabrera, Salazar y otros más, que fueron
los iniciadores, por decirlo así, del renacimiento social, intelectual,
artístico y político de aquella Ciudad, que desde 1870 hasta poco antes
de ocurrir el cambio de nacionalidad, figuraba a la portada del progreso
portorriqueño.

En San Juan, Ramón Sarriera, G. de Aranzamendi, Carlos Geigel, Galván,
Pedro Delgado, continuaban la enseñanza de la escuela brillante en el
piano. Sarriera era el más connotado, pues además de haber obtenido
discípulas tan distinguidas como Dolores Iriarte, Josefa y Ramona
Sicardó, Matilde Girona y Erma Montoto, dirigía una sociedad de
cuartetos, vocal e instrumental, dando frecuentes audiciones en las que
se distinguían los cantantes-aficionados, señorita Damiana Ferrer, Sras.
Llopis de Goded y Emilia T. de Cortés, y los caballeros Pomar, Todd (el
actual alcalde de San Juan), Aranda, y San Juan, así como sus discípulas
de piano.

En Arecibo, Heraclio Ramos; su hermano Federico, en Utuado; Alejandro
Romero, en Manatí; José María Schwartzkoff, en Cayey; Otero y Lino
Rendón, en Humacao; Mauricio y Hermógenes Álvarez, en Caguas; Canales y
Carvaná, en Aguadilla; Espada, en San Germán, fueron, entre otros más,
los encargados de fomentar el arte en los pueblos de la Isla.

La fundación del Ateneo, el 30 de Abril de 1876, sesión preliminar, y,
definitivamente, el 29 de junio del mismo año, inauguración oficial,[14]
de cuyo centro fué _el alma_, Don Manuel de Elzaburo, abogado
distinguidísimo, vino a contribuir, poderosamente, al desarrollo del
arte musical portorriqueño, puesto que, desde el siguiente año de 1877,
empezó a celebrar, periódicamente, certámenes artístico-literarios, en
los que, seleccionando la clasificación de temas y géneros para las
convocatorias, y escogiendo jurados imparciales y competentes, logró
fomentar el cultivo de la composición musical, haciendo que los
artistas, a los que acogía cariñosamente en su seno, y que, por falta de
estímulo, permanecían negligentes o sumidos en la oscuridad, sacudiendo
la especie de parálisis que les atrofiaba, y poniendo en ejercicio sus
facultades creadoras, aspirasen a ceñir sus frentes con laureles de
glorias. La historia del Ateneo portorriqueño, sobre todo en las páginas
correspondientes a los años del 1876 hasta 1898, es una de las más
honrosas que puede presentar a las generaciones futuras, el archivo
cultural del país.

     [14] _Boletín Histórico de Puerto Rico._--Año II.--No. 3.--Página
     41.--C. Coll y Toste.--San Juan, P. R.

Don Fermín Toledo, connotado maestro de piano y música, procedente del
Conservatorio de Madrid, al trasladar su residencia desde Guayama a San
Juan, fué un valiosísimo elemento que adquirió la Capital, y, sobre
todo, el arte.

Toledo, que además de su cultura musical, poseíala también social e
intelectual, aparte de su carácter, altamente simpático, tenía una
actividad grandísima para todo.

Desde que se estableciera como maestro de piano, se adueñó de las
mejores lecciones de la alta sociedad. Implantó, como ya hemos dicho
antes, la escuela del conservatorio de Madrid, en el que, a pesar de que
alguien lo ha calificado de escuela adocenada, se siguen, estudios,
completamente similares a los de París, Roma, Milán y demás de Europa, y
del cual han salido artistas proclamados como tales, por los mejores
centros musicales del mundo, aunque muchos vayan a estudiar a otras
escuelas en el extranjero, pues el mero hecho de obtener un diploma o
premio en un conservatorio, si el titulado no sigue estudiando, no le
permitirá escalar mayores alturas.

Como maestro de piano, Toledo obtuvo discípulas que, en y fuera de
Puerto Rico, han sido después muy aplaudidas, como, entre otras, que aún
viven honrando al maestro, María Medina de Vasconi, Trina Padilla de
Sanz, Leonisa Rius y Asunción Bobadilla.

Pero además del piano, tenía grandes condiciones de organizador y
director, como lo demostró cuando en la noche del 22 de noviembre de
1879, inaugurando la reconstrucción del teatro municipal que acababa de
efectuar nuestro competentísimo ingeniero Don Tulio Larrínaga, actual
consejero del Ejecutivo, presentó al público de San Juan la gran
sociedad de conciertos que en menos de cuatro meses había organizado y
que integrada por los instrumentistas más valiosos de San Juan, podía
hacer acto de presencia musical en cualquier público inteligente. Los
conciertos tuvieron gran aceptación y la sociedad tuvo vida, hasta poco
después de haber obtenido la medalla de Oro en la Feria-Exposición de
Ponce, 1882. Toledo al poco tiempo trasladaba su domicilio a New York en
donde estuvo por muchos años al frente de una gran fábrica de pianos y
órganos, trasladándose después a París en cuya gran ciudad se abrió paso
franco, rindiéndosele, a su muerte, el homenaje artístico que mereció.

El ambiente de libertad que empezaron a respirar los portorriqueños
desde la célebre revolución española de 1869, sobre todo durante el
tiempo en que fué regida la Isla por el sistema republicano implantado,
aunque efímeramente en España; el relativo bienestar económico de que
disfrutaba el país por esos años y la supresión, sino absoluta, por lo
menos en gran proporción, del fanatismo político-religioso que hasta el
1869 imperaba, no dejaron de influir bastante en el desenvolvimiento
del arte musical, pues los compositores, con excepción de Gutiérrez,
que, a pesar de sus esfuerzos, no pudo cambiar el misticismo de sus
concepciones, inspiraban sus producciones en obras completamente
mundanas aunque con mayor preferencia en el género bailable y regional.

De todos modos, en los certámenes del Ateneo y otros que convocaban
distintas sociedades, se presentaban obras de género severo, que fueron
encauzando el buen gusto y fomentando los estudios, bastante descuidados
hasta entonces, de la armonía y composición.

Las bandas militares, mejoraron muchísimo en su organización y
repertorio y las mismas orquestas de baile se oían con sumo agrado. La
danza, en su estructura musical, se elevó a gran altura con el nuevo
estilo melódico-armónico que introdujera Tavárez, y en los campos, las
típicas orquestas jíbaras constituídas por el alegre tiple, el
bullicioso cuatro, la coquetuela bordonúa y el animoso _güiro_ o
_guícharo_, alegrando los _bateyes_ de alturas y sabanas proporcionaban
a nuestros pobres _pálidos_, innumerables horas de alegría y solaz, ya
en los _ritornellos_ de las faenas agrícolas, en las fiestas patronales,
en velorios y rosarios, ya en los bailes, en los que el _seis chorreao_
era y es para ellos el _desideratum_ de sus placeres coreográficos.

Aunque al morir Tavárez, en julio 1 de 1883, ya Campos era una gran
figura musical, su triunfo en la Feria-Exposición le hizo, con pleno
derecho, asumir la dirección general artística de Ponce, comenzando un
período de creciente actividad, que después de su muerte fué
descendiendo hasta casi llegar a un estado de postración, a pesar de los
esfuerzos hechos por Arteaga y más principalmente por Chavier, Pasarell
y Pericás.

En la década de 1880 a 1890 hay un período de tiempo del cual no podemos
ocuparnos, por haber residido, desde julio de 1884 hasta fines de 1889,
en Madrid y desconocer, en absoluto, el movimiento artístico de
entonces, aunque por las referencias que se nos han hecho, nada de
notable ocurrió que merezca citarse.

La llegada a San Juan, en 1887, de los distinguidos pianistas y
profesores, Don Celio Rossy, portorriqueño y del señor Segura Villalba,
español, fué motivo para que, después de haberse apreciado sus altas
condiciones artísticas, les secundasen los mejores profesionales de
entonces y el público en general, para la instalación de un instituto de
música que llegó a tener vida real durante un año con bastantes y buenos
resultados, pero que, por no cubrir los gastos y no haber sido posible
obtener una subvención oficial, tuvo que cerrarse definitivamente.

Por esa misma época se estableció en Mayagüez el maestro compositor,
barcelonés, Don José Gotós, director que había sido de la orquesta del
Liceo de Barcelona, el cual, nombrado Director artístico del Casino de
Mayagüez, dió gran impulso a los actos musicales de dicho Centro.

Gotós ejerció como profesor de Canto, Composición, Piano y Violín,
sobresaliendo como tal, en nuestro concepto, en la enseñanza de la
composición y del violín. Uno de sus mejores discípulos de violín lo ha
sido el joven Salvador Castro Casanova, que hasta hace poco tiempo
ocupaba puesto prominente en la orquesta del Covent-Garden, de Londres,
después de haber sido, por muchos años, violín concertino de la del
Yate, de uno de los más linajudos Lores de Inglaterra.

Muchas fueron las composiciones que el maestro Gotós hiciera
expresamente para el Casino de Mayagüez, sobre todo, overturas y coros.
En 1897 falleció en San Juan.

En Arecibo, el joven Paco Cortés, que después adquirió gran renombre en
París con su obra para la escena lírica titulada "_Le noit du Noel_",
ejerciendo la profesión en 1889 organizó una compañía infantil de
zarzuela, que debutó con "_Los Sobrinos del Capitán Grant_", obteniendo
un gran éxito y algunos positivos beneficios que le hicieron realizar su
soñado viaje a Barcelona, para proseguir estudios superiores. La
Diputación Provincial le concedió, con tal objeto, una subvención
durante dos años.

Al siguiente año regresaba de París y New York para establecerse en
Ponce, el Maestro pianista Sr. Julio C. Arteaga, después de haber
obtenido el primer premio de acompañamiento en el Gran Conservatorio
francés. Al poco tiempo, ya era el maestro predilecto de la sociedad
ponceña, obteniendo con su plan de enseñanza, aventajadas discípulas que
en distintas audiciones públicas patentizaron sus grandes adelantos y su
correcta escuela de piano. A la vez ocupaba las columnas de los
periódicos de Ponce con artículos en pro de la cultura musical del país.

Por este tiempo un nuevo astro apareció en el cielo tropical del arte.
Nos referimos a la pianista humacaeña Ana Otero, que recorrió en
esmerada _tournée_ artística las principales poblaciones de la Isla,
para obtener recursos con que trasladarse a París a completar sus
estudios. Los resultados, a la par que gloriosos, lo fueron
satisfactoriamente económicos. Dos años de permanencia en París, bajo
la dirección artística del maestro Mr. Fissot, la permitieron ceñir los
laureles del triunfo, habiendo sido muy aplaudida en las audiciones que
diera en la sala _Pleyel_ de París y _Palacio de la Música_, de
Barcelona.

Cuando retornó a la Isla, mostró al país sus grandes adelantos y se
estableció en San Juan, abriendo una Academia de Piano de la que
salieron afamadas pianistas como Alicia Sicardó, Monsita Ferrer, Carmen
Belén Barbosa y Rosa Galiñanes, quienes actualmente sostienen, en la
enseñanza, la buena escuela de piano que les trasmitiera su inolvidable
preceptora.

El taller litográfico que desde 1877 había establecido la Imprenta del
_Boletín Mercantil_, permitió a muchos compositores dar a conocer sus
obras, sobre todo las de carácter regional. Asimismo, la casa mercantil
ponceña de Olimpio Otero, hoy, Otero y Co., editaba en Barcelona todas
las obras de Campos, Pasarell y otros compositores ponceños, siendo el
primer establecimiento que, en Ponce, dedicó una sección especial para
la venta de métodos y obras musicales para Piano, instrumentos y
orquesta, lo que facilitó grandemente el conocimiento de las obras
extranjeras.

La celebración del 4º Centenario del descubrimiento de esta Isla dió
oportunidad a los compositores para ejercitar sus facultades, ya que en
la exposición, por primera vez, se designaban premios para grupos de
obras. El gran premio de composición lo obtuvo Juan Morell Campos por su
sinfonía para gran orquesta, titulada _Puerto Rico_. Con motivo del
Centenario, el ya citado señor Segura Villalba, trajo a la Isla una
compañía de ópera española, bastante aceptable por la igualdad del
conjunto en los elementos que la integraban. En ella figuraban los
artistas, siguientes: soprano, Sra. Gay; tenor, Pedro Sotorra; barítono,
Sr. Ventura; contralto, Srta. Virginia Ferranti; bajo, Sr. Gil Rey y
maestro director y concertador, el que lo había sido de varios teatros
líricos de Barcelona y Lisboa, Sr. Mazzi.

En 1893, después de haber terminado sus estudios musicales en el
Conservatorio de París con notable aprovechamiento, se estableció en
Ponce, el Pianista Arístides Chavier, emprendiendo, desde su llegada,
una enérgica campaña en pro del clasicismo musical, bajo todos sus
aspectos, que si bien le ha podido crear, entre los desconocedores del
arte o falsos adoradores del mismo, una atmósfera hostil, en cambio le
hizo consolidar su alto y merecido prestigio, logrando, a pesar de todo,
que muchos de nuestros compositores e intérpretes dirijan sus aptitudes,
por senderos que habrán de conducirles a finalidades más elevadas que
las del género bailable a que con tanto ahinco se dedicaban.

Con motivo de la última guerra separatista de Cuba, los batallones de
Cádiz, Madrid y Valladolid, que guarnecían la Isla, fueron enviados a la
antilla hermana, viniendo a sustituirlos los de Alfonzo XII y
Provisionales Nos. 3 y 4, cuyas bandas de música, especialmente las
números 3 y 4 dirigidas por los maestros Cerdá y Villaplana han sido las
mejores que visitaron la Isla, recordándose todavía, placenteramente,
los conciertos que semanalmente daban en la Plaza Baldorioty, de San
Juan.

Durante los cuatro últimos lustros del gobierno español, todos los
batallones de voluntarios de la isla tenían bandas de música, siendo las
mejores las de San Juan, Mayagüez y Arecibo. En otros pueblos había
bandas municipales y pequeñas orquestas de baile; si exceptuamos la
banda que en Bayamón organizara Dueño Colón, la cual podía competir con
cualquiera otra de San Juan, las demás no valían gran cosa.

La música religiosa había decaído muchísimo, siendo únicamente los PP.
Paules, que regían y rigen aún la Iglesia Parroquial de Ponce, los que
prestaban a dicha música la debida atención. Todas las festividades que
con frecuencia ellos celebraban, las solemnizaban con una buena
orquesta, cuya parte vocal estaba encomendada a un nutrido coro femenino
de la mejor sociedad ponceña, dirigido por la notabilísima _dilettanti_,
de gran escuela italiana, y dulcísima voz de soprano ligera, Sra. Lizzie
S. Graham, cultísima dama que todavía conserva fresca y robusta el
tesoro de su garganta privilegiada.

Hasta aquí el estado en que se encontraba el arte musical portorriqueño
cuando surgió, casi de improviso, la guerra hispano-americana, cesando,
en 18 de octubre de 1898, la soberanía de la patria española, en Puerto
Rico.

Aunque no con la potencialidad inherente al temperamento o especiales
condiciones artísticas de los portorriqueños, debido a la lentitud con
que el gobierno español desarrollaba su sistema de administración en las
colonias, es innegable y lo consignamos aquí como acto de justicia a la
par que de reconocimiento y afectuosa gratitud, que a España se debe el
grado mayor o menor de cultura musical del país, ya que desde los
primeros años de la colonización, españoles fueron los primeros músicos
que regaron en la Isla las simientes del arte; españoles los que
abonándolas más tarde hicieron crecer el naciente tallo, y los que
durante casi todo el siglo XIX cultivaron los campos del arte,
recogiendo el país los frutos. Y no fueron los músicos españoles
solamente los encargados de la propagación del divino arte; los mismos
capitanes generales y con ellos las altas autoridades administrativas,
unas veces secundando iniciativas particulares y otras realizando las
propias, siempre se mostraron propicios, dentro del sistema especial del
gobierno, a fomentar la música en todas sus manifestaciones.

De no haber sobrevenido el cambio de nacionalidad, seguros estamos de
que el gabinete autonómico hubiera llevado a la práctica, tal vez
ampliándolo, el proyecto de escuelas de música que aparece en el
apéndice de este libro, abriendo, para el arte y los artistas,
horizontes amplísimos de gloria y realidades altamente beneficiosas para
el pueblo.



CAPÍTULO IV.

1898-1914


El cambio de nacionalidad, trajo como consecuencia, demostrada por la
historia en las grandes conmociones políticas de los pueblos, la
paralización, ya que no el retroceso, del desenvolvimiento artístico
cuyo progreso se había efectuado tan notablemente en la Isla.

Afortunadamente la forma especial con que se desarrolló en Puerto Rico
la guerra hispano-americana, pues asumió un carácter, más que de
combate, de penetración pacífica, aunque armada, hizo que, en la vida
general, de momento apenas se notasen las diferencias esenciales del
cambio.

No así en la vida oficial, pues siendo, bajo todos los aspectos,
completamente distinto el sistema administrativo del gobierno americano,
era lógicamente natural, aunque la mayoría del país opinase de otro
modo, que aquel, desterrando en absoluto las prácticas españolas,
implantase sus métodos, ya porque los conceptuase como los mejores, ya
también porque raras veces consigna la historia casos en que el pueblo
conquistador se adapte o asimile los usos y costumbres del pueblo
conquistado.

No es práctica en Norte América, que el Estado se haga cargo,
directamente, del fomento de las artes, y de ahí, que uno de los
primeros actos del régimen en Puerto Rico, fuese la supresión de todas
las subvenciones de carácter artístico.

La separación de la Iglesia y el Estado, hizo desaparecer la orquesta
de Capilla de la Catedral, así como al Organista oficial. La primera, no
ha sido repuesta, si bien en determinadas festividades religiosas, el
Obispado o el Párroco de Catedral, llevan orquesta para solemnizarlas,
pero no existe una con carácter permanente. Y en cuanto al órgano,
apenas repercuten por los ámbitos de las majestuosas naves de los
templos, las graves, solemnes y místicas armonías de tan bello
instrumento.

En lo que a la Catedral atañe, al retornar a España el Organista oficial
Sr. Agulló, fué nuevamente llamado para desempeñar el cargo, aunque con
una retribución menor, que paga la parroquia, el antiguo organista Don
Luís Rengel. Durante los primeros años de la nueva nacionalidad, el Rev.
Padre Don Rafael Mangual y Nieva, secretario del Obispado y a la vez
organista compositor, de amplios y sólidos conocimientos, organizó una
escolanía, que por más de un año llegó a solemnizar los cultos de la
Catedral, pero fué suprimida por haber sido designado el Director para
regir la Vicaría de Humacao.

Suprimidas las subvenciones otorgadas por la Diputación Provincial,
hubieron de retornar a la Isla, la Srta. Elisa Tavárez y el joven Ángel
Celestino Morales, que, en virtud de aquellas, cursaban estudios
musicales en el Conservatorio de Madrid, aunque afortunadamente acababan
de terminar los estudios de Piano y Violín que respectivamente hicieran
en el referido centro docente.

Ambos se dieron a conocer en el país, por medio de recitales. Elisa
Tavárez, primer premio de piano, por sus excelentes dotes de pianista
cautivó inmediatamente al público y Ángel Celestino Morales, fué acogido
con grandes simpatías, pues sin ser un _virtuose_, demostró haber
aprovechado tiempo y dinero.

La Tavárez se estableció como profesora en San Juan y después en
Arecibo, en donde, víctima del _ciego-alado_, trocó sin relegarlas al
olvido, las _sonatas_ y _rapsodias_ musicales por los _impromptus_ y
_berceuces_ del hogar, abandonando la profesión, aunque recientemente ha
vuelto a ejercerla en Utuado, donde radican los intereses de su esposo.

Morales emprendió una _tournée_ de conciertos por las antillas y
repúblicas sud-americanas, hasta que en Santiago de Cuba le sorprendió
prematuramente la muerte, cuando empezaba a realizar sus ensueños de
gloria y estaba en pleno idilio de amor por haber efectuado, hacía pocos
meses, su matrimonio con una notable pianista mejicana.

Compenetrados de que la opinión colectiva impulsada por el espíritu de
Asociación, es la que orienta y hasta casi rige la vida oficial
norte-americana, tratamos, desde los primeros meses del cambio de
nacionalidad, de reunir en apretado haz a todos los elementos musicales
del país, como medio de evitar la decadencia que para el arte
presentíamos. Con tal motivo a fines de diciembre de 1898, y secundados
por los maestros Arteaga, Chavier, Carreras, Pasarell, Cruz y demás
elementos valiosos de Ponce, efectuamos un mitin público en los salones
del "Taller Benéfico" de dicha ciudad, en el que quedaron aprobadas las
bases constitutivas de la Asociación Musical de Puerto Rico, y designado
el comité local, que nombró al Maestro Arteaga para que, en comisión,
prosiguiera con nosotros la propaganda o labor constitutiva por toda la
Isla.

El 30 de Diciembre del mismo año se efectuaba en los salones del Ateneo
de San Juan el segundo mitin de propaganda y allí también quedaron
aprobadas las bases y organizado el comité local, en el que figuraban,
entre otros de los principales elementos musicales, el Maestro Gutiérrez
y la pianista Anita Otero. Gutiérrez fué designado para, con Arteaga y
el que esto relata, poner en manos del Gobernador Henry un escrito
pidiéndole patrocinase los fines de la Asociación, subvencionándola para
la constitución de un Instituto de música en San Juan.

El General Henry, recibió cortesmente a la comisión y enterado por el
intérprete de la petición, prometió, como lo hiciera después, endosarla
favorablemente al Jefe del Gabinete autonómico, quien contestó en
sentido negativo, lamentando no poder atender los deseos de la naciente
Asociación porque las partidas del limitado presupuesto, casi no se
podían entonces cubrir con los ingresos. A pesar de que se había
fracasado en el primer intento, se prosiguieron los trabajos para
constituir definitivamente la Asociación general, pero también tuvieron
que abandonarse, porque la idiosincracia de los músicos, por defectos de
educación cívica, era bastante refractaria al espíritu de asociación.

Como organismo oficial de carácter docente-musical únicamente subsistió
la banda o escuela de música del asilo benéfico de niños, circunscrita a
la enseñanza de los instrumentos que integran las bandas militares y sin
que, hasta ahora, puedan apreciarse grandes resultados en la enseñanza.

Aunque el cuerpo de la policía insular fué establecido en Puerto Rico a
los pocos meses del cambio de nacionalidad, la banda de música no fué
creada hasta, la implantación del gobierno civil, en Mayo de 1900,
nombrándose músico mayor al que lo había sido por más de quince años de
la del primer batallón de Voluntarios, señor Francisco Verar.

Esta banda, que al principio solamente constaba de 22 instrumentistas y
que después fueron aumentados hasta 35, predominando la cuerda de
clarinetes, y estando proporcionalmente representados los cuartetos que
integran a las bandas militares, llegó a gozar de un merecido prestigio,
pues constituída por los mejores elementos músicos de la Isla, y
poseyendo el director una gran práctica, los conciertos bisemanales que
daba en la plaza principal, atraían enorme concurrencia, recibiendo
constantemente muchos aplausos. Con elementos de ella, el señor Verar
tenía organizada una orquesta, que solemnizaba los actos privados,
aunque con carácter oficial, de la Mansión Ejecutiva, y era muy
solicitada por el público. Banda y orquesta quedaron suprimidas para
siempre cuando surgió el conflicto económico entre las dos ramas de la
Legislatura Insular, y los presupuestos fueron distribuídos por el
Gobernador Post, dentro del total aprobado para el año anterior.

El 14 de Mayo de 1903, el connotado profesor de música Don Manuel Tizol
Márques, organizó una banda popular de 25 profesores, denominada
"Juventud del Comercio", para dar conciertos semanales en la plaza
pública, pero como la vida económica de ella, dependía de una
suscripción voluntaria, ésta fué decayendo y la banda tuvo que
disolverse.

La depresión económica que sufriera el país con el cambio de moneda,
reformas de la tributación y estragos horribles que causara en la
agricultura el ciclón del 8 de agosto de 1899 conocido por el nombre de
_Ciclón de San Ciriaco_, paralizó por 3 o 4 años las visitas frecuentes
que hacían a la isla diversas compañías de zarzuela y ópera. Con tal
motivo, y con el fin de hacer amena la vida capitaleña, varios
dilettantes organizaron la sociedad, denominada _Gira Artística_, para
poner en escena obras dramáticas y líricas del género chico. En la
sección lírica figuraban, bajo la dirección del maestro concertador Don
Joaquín Burset, joven humacaeño que había hecho sus estudios musicales
en Barcelona, los siguientes artistas aficionados: Sra. Maceira, tiple;
Sra. Europa Dueño, contralto-característica; Sr. Abella Blanco, tenor;
Sr. Montesinos, barítono; Sr. Sandoval, partiquino y los jóvenes Don
Evaristo Vélez López y Don Juan Nadal como bajos. El director artístico
lo era Evaristo Vélez López, que por sus facultades pudo haber llegado a
ser actor de fama si se hubiese dedicado con ahinco al arte
lírico-escénico.

Entre las muchas obras nuevas que se dieron a conocer, figuró la
zarzuela en un acto, de asunto nativo, titulada "El 12 de Mayo", letra
del Lcdo. Don Antonio Moreno Calderón y música del autor de estas
anotaciones, circunstancia por la que nos abstenemos de hacer un solo
comentario.

La _Gira Artística_, fué muy aplaudida no tan sólo por el público de San
Juan, si que también por los de Ponce, Mayagüez y otros de la Isla,
viniendo a probar, que hay de sobra elementos en Puerto Rico para, con
buena dirección, atender a muchas de las manifestaciones del arte.

Desde 1905, empezaron a organizarse bandas escolares en algunos pueblos
de la Isla, siendo sufragados los gastos por las Juntas Escolares y en
algunos pueblos, mitad por ellas y la otra mitad por los municipios.
Durante algún tiempo el Departamento de Instrucción autorizaba el pago
de los profesores y por lo tanto, el funcionamiento de dichas bandas
durante todo el año natural, pero en 1910, el Auditor de Puerto Rico,
pasó una orden al Comisionado de Instrucción notificándole, que, para
los efectos de la legalidad en los pagos de las Juntas, los profesores
de música solamente podían ejercer, como tales, durante el año escolar.

Esta anómala orden trajo como secuela, la desorganización constante de
dichas bandas, pues durante los tres meses de vacaciones, que es cuando
el maestro puede disponer de mayor tiempo para la enseñanza, los
alumnos, se quedan sin lecciones y hasta sin prácticas de los
instrumentos, ya que al cesar el curso, son recogidos los mismos,
cesando para el profesor todas las obligaciones. Si a ésto añadimos los
cambios constantes en el personal de las bandas, así como en el de los
directores, es lógico deducir, que resulta completamente nula la
enseñanza musical que se dá en las referidas bandas cuyo objetivo o
finalidades son, más recreativas que de instrucción.

Lo mismo ocurre con la enseñanza de música en los grados escolares, pues
a pesar de que se ha aumentado el número de preceptores de música y hay
una inspectora general para aquella, los resultados aun no han podido
apreciarse satisfactoriamente. Consideramos que si con el dinero que se
invierte en profesores de música y directores de bandas, se crease una
verdadera escuela de música completamente separada de la instrucción
general, se daría un verdadero paso de avance en pro del arte musical.

En 1911, 16 de febrero, el Municipio de San Juan creó la banda de
bomberos que, dirigida por el Profesor Tizol e integrada por veinte y
dos instrumentistas, tuvo que ser disuelta, porque según el revisor de
cuentas municipales, previa consulta que hiciera al Auditor de Puerto
Rico, el gasto era ilegal por no estar de acuerdo con los preceptos de
la Ley Municipal entonces vigente.

Con la implantación en 1900 del gobierno civil, coincidió la creación
del regimiento de infantería de Puerto Rico, al que dotaron de banda de
música, que dirigida los primeros meses por un profesor americano, desde
el 14 de junio de 1901 lo fué, y es en la actualidad, por el joven
compositor utuadeño Don Luís R. Miranda.

Dicha banda está constituída por 23 músicos con el siguiente reparto
instrumental: 1 flautín, 1 requinto, 5 clarinetes, 1 fagote, 2
saxofones, 5 cornetines, 2 barítonos, 3 onóvenes, 3 trombones, 2
bastuvas, 1 helicón, 1 bombo, platillo y caja-redoblante.

La pericia del Director, la delicada atención que presta al estudio de
las obras que interpreta la banda, la selección de los programas, y la
conciencia artística que revela el conjunto, han hecho que el público la
aplauda donde quiera que hace acto de presencia.

El 11 de enero de 1909 debutaba en San Juan un _Octeto_, organizado por
el profesor Tizol Marquez, que vino a llenar la necesidad que había de
un núcleo orquestal, propio para amenizar veladas, banquetes,
recepciones y demás actos similares. El octeto estaba constituído así:
Violín solista, Julián Andino; 1° señora Luisa Lecompte; 2os. Domingo
Andino y Sergio Lecompte, Jr.; Viola, Sergio Lecompte Aspurúa; Cello,
Francisco Rooms; Contrabajo, Manuel Tizol Marquez; Flauta, Rafael
Márquez; Oboe, Andrés Fernández y Piano acompañante, Joaquín A. Burset.
La selección del personal, pues eran los mejores instrumentistas de la
capital, así como la habilidad del Director y el esmero en la confección
y ejecución de los programas, cautivando al público, les proporcionó
gran cosecha de aplausos y beneficios, ya que era la orquesta preferida
para todos los actos sociales de mayor resonancia.

Modificada, por la Legislatura Insular, la Ley Municipal, para que,
entre otras cosas, pudiesen los municipios consignar en los presupuestos
ordinarios, partidas que cubriesen los gastos de academias o bandas de
música, el 1º de julio de 1913 fué restablecida la de Bomberos de San
Juan, así, como las Municipales de otros pueblos. La de San Juan fué
nuevamente encargado de dirigirla el profesor Tizol, quien le dió la
organización siguiente: 1 flautín, 2 flautas, 2 oboes, 1 requinto, 11
clarinetes, 2 fagotes, 5 saxofones, 1 fliscorno, 3 cornetines, 1 tromba,
1 trompa, 3 altos, 3 trombones, 3 bombardinos, 1 helicón, 1 bastuba, 2
bajos, 2 violoncellos, 2 contrabajos de 4 cuerdas, y batería completa.
La banda dá dos conciertos semanales en la Plaza Baldorioty y asiste a
todos los actos públicos del municipio. El esmero con que últimamente
selecciona e interpreta las obras, dando preferencia a las de los
clásicos, la permite ser calificada, merecidamente, como una de las
mejores de las antillas.

En octubre de 1913 inauguró el citado señor Tizol, que está considerado
como un gran organizador, una sociedad de conciertos que, a juzgar por
las revistas que hiciera la prensa de San Juan, pues no pudimos oirla,
constituyó una nota de progreso artístico.

También, hace más de tres años, viene celebrando mensualmente selectas
audiciones musicales, otra sociedad denominada _Club Armónico_,
integrada por buenos artistas, en su mayor parte dilettantes, que con
una constancia digna de encomio y gran fervor artístico, se reunen todas
las noches en el salón _Apolo_, para estudiar, minuciosamente, las obras
que han de ser ejecutadas en el concierto mensual, prescrito por los
reglamentos de la institución.

La sociedad no tiene ningún objetivo de lucro sino únicamente, el de
practicar el culto de la música entre los asociados, de los que, un gran
número son americanos.

El Club comprende dos secciones, la orquesta de conciertos y la de
mandolinas; ambas alternan en los programas de las audiciones. La
dirección artística la asume el jefe de la banda de música del
regimiento, Don Luís R. Miranda, y como sustituto, el maestro Don Justo
Pastor Torres, hábil violinista y concertador, mejicano.

Esta sociedad, está considerada como una de las más altas
manifestaciones de cultura artística, que pueden registrarse durante el
período de tiempo que relatamos.

Hace poco más de un año, que el Consejo de "San Juan", de los
_Caballeros de Colón_ organizó un Orfeón con más de 20 voces, para
solemnizar todos los actos de la orden.

Dicho Orfeón, modesto al nacer, pero integrado por buenas voces y
entusiastas cultivadores de la música, actualmente se está
reconstituyendo con carácter autónomo, pero siempre bajo los auspicios
del Consejo, con el fin de darle mayor amplitud. Lo dirige el citado
maestro Pastor Torres, y está llamado a registrarse como una gran nota
de progreso en los anales del arte portorriqueño.

Como manifestación artística, aunque de carácter privado, debemos anotar
un cuarteto vocal con acompañamiento de piano, que se reune todos los
miércoles por la noche en la morada del culto caballero suizo, Mr.
George Villard, director de los ferrocarriles de Puerto Rico. El
cuarteto lo forman: Mr. Villard, 1er. Tenor; D. Miguel Gorbea, 2o.
tenor; D. Luís Zubiaurre y D. Luís Esparolini, barítonos; D. Evaristo
Vélez, bajo y el pianista, graduado en la academia musical de Lenox,
Mass., EE. UU., D. Juan O'Neill López. La música que interpretan, es de
la mas selecta dentro del género clásico.

Fuera de San Juan, en las demás poblaciones de la isla, el arte decae
considerablemente.

A pesar de los esfuerzos hechos por el maestro Chavier, la Liga
Progresista y los profesores Pasarell, Pericás y Cruz, en Ponce, si
exceptuamos el certámen que en noviembre de 1913 organizara la referida
Liga, y otro convocado en 1914 por la sociedad de escritores y
artistas.[15] Desde la muerte de Campos no se ha constituído ninguna
otra orquesta de conciertos como "La Lira Ponceña". Solamente subsiste
la antigua banda de Bomberos dirigida por Domingo Cruz, (_Cocolía_) y
algunas orquestas de baile. La orquesta que solemniza las festividades
religiosas, dirigida por el competente profesor D. Arturo Pasarell, es
la única que puede considerarse como un verdadero núcleo orquestal.

     [15] Véase la sección "Certámenes" de este libro.--F. C.

En Mayagüez, el profesor de Violín y compositor de música regional Simón
Madera organizó, en 1912, una sociedad de conciertos titulada "Orquesta
Juventud", que fué muy aplaudida en las audiciones que diera en dicha
Ciudad, Yauco y Santo Domingo. Debe haberse disuelto, pues hace tiempo
no tenemos noticias de ella.

En el resto de la Isla solamente existen pequeñas orquestas de baile y
bandas escolares o municipales, que, con escepción de las de Humacao,
Cabo-Rojo, Comerío y Aguadilla, las demás no merecen citarse como
manifestaciones de progreso.

La enseñanza del piano se ha generalizado en todo el país, debido
principalmente al abaratamiento del precio y facilidades para la compra
del instrumento; pero eso mismo ha hecho que se dediquen a la profesión
infinidad de personas.

Si exceptuamos a un determinado número de profesores[16] de alta escuela
que en San Juan, Ponce, Arecibo, Bayamón, Coamo y alguna otra población
ejercen a conciencia su delicada labor, el resto de los que se titulan
maestros ostentan inmerecidamente el calificativo, a juzgar por el modo
de tocar de los alumnos confiados a su preceptiva.

     [16] Véase la sección "Profesorado" de este libro.--F. C.

Durante el período de tiempo que reseñamos, la música regional ha
perdido muchísimo de su típica estructura, pues la danza, que a tan
grande altura elevaron Tavárez, Heraclio Ramos, Dueño Colón y
especialmente Morell Campos, ha sido sofisticada por sus mismos
cultivadores, que dejándose influenciar por el _snobismo_ de la época,
introdujeron en la conformación melódica, y más principalmente, en la
rítmica, la estructura de bailables exóticos, despojándola de su
cadenciosa belleza para revestirla de un ropaje voluptuosamente
africano.

Afortunadamente, debido a la persistencia de la crítica, nótase una
pequeña reacción, que si continúa, traerá el renacimiento completo de la
tan seductora e idealista danza portorriqueña.

En los últimos dos lustros han visitado la Isla algunas compañías
líricas de ópera, zarzuela y opereta de bastante mérito. La que
contratara en Milán, el entusiasta dilettante, Américo Marín, ya
fallecido, fué conceptuada como de primer orden, pues no solamente
estaba triplicado el cuarteto de voces principales, sino que los
integraban artistas afamados como Di Bernardo, Paganelli, Regina Álvarez
y otros de igual o superior talla. Además, el cuerpo de coros era
nutrido, el atrezzo y repertorio, modernos, y el Maestro lo era uno
italiano de alta competencia artística.

En zarzuela española del género chico, debemos citar a la _Músico
Teatral_, empresa portorriqueña. En ella venía como tiple cómica, Luisa
Arregui, que fué una gran artista en todo el valer del concepto. Las
simpatías rayanas en cariñoso delirio, que se captó en San Juan, se
hicieron patentes, cuando la muerte, siempre traidora, tronchó su
preciosa existencia. El homenaje de afecto que espontánea y sinceramente
tributara a sus despojos mortales, el pueblo capitaleño, cuando se
efectuó el sepelio, no ha tenido precedente, por lo grandioso.

La compañía de Gutiérrez y la de la Gatini, ambas de Opereta, la primera
en español y la última en italiano, fueron muy aplaudidas en toda la
Isla. Esperanza Iris en la "Viuda Alegre" y la Gatini en "Eva" y "Le
Poupée" son recordadas placenteramente.

El Ateneo ha proseguido, periódicamente, la celebración de certámenes
literario-musicales, y, además, ha efectuado veladas en honor a la
memoria de los artistas Morell Campos, Felipe Gutiérrez y Ana Otero.

Otros centros sociales de la Isla, han secundado la costumbre del
Ateneo, en la convocación de certámenes artísticos.

Se está generalizando, lo que encontramos altamente plausible, la
celebración de audiciones públicas por parte del alto profesorado de
piano. En ellas presentan a sus discípulos más aventajados, para que
padres y público puedan apreciar la preceptiva del maestro y los
adelantos de los alumnos. Arteaga y Chavier, fueron los iniciadores en
Ponce de esa práctica europea, y después secundaron la iniciativa, Trina
Padilla en Arecibo; Elisa Tavárez, Alicia Sicardó y la Sra. Montoto, en
San Juan. La últimamente efectuada por Alicia Sicardó ha sido un
verdadero acontecimiento, según las reseñas de la prensa de San Juan.

La Legislatura Insular ha consignado, desde 1910, en los presupuestos
generales de la Isla, partidas para subvenir a la educación artística de
algunas señoritas en el extranjero. Azela y Consuelo Menchaca, esta
última malograda en Milán, cuando por sus aptitudes y estudios
eficientes, era una legítima esperanza de gloria; Alicia Felicci, que
estudia en París y Margarita Callejo, en Milán, han sido las
beneficiadas por la generosa acción de nuestras Cámaras.

También se encuentra, actualmente, haciendo estudios superiores de piano
y composición en el Conservatorio de Madrid, la Srta. Mercedes
Rodríguez, que en concurso de oposición obtuvo la beca ofrecida por el
filantrópico caballero, licenciado en Letras. D. Teodoro Aguilar Mora,
muy culto en materia de arte. Esta Srta. procede de la escuela de piano
que dirige, en San Juan, Alicia Sicardó, discípula predilecta de Anita
Otero.

Recientemente, ha sido presentado ante el público de San Juan, el niño
de 11 años Jesús María San Romá, natural de Fajardo, como un pianista
precoz. Realmente, aunque carece de escuela, es admirable,
interpretando obras de tan difícil ejecución como las _rapsodias_ de
Litz, los _impromptus_ y _baladas_ de Chopín, las _sonatas_ de Beethoven
y otras similares del género clásico y brillante.

El niño San Romá, debe ser protegido por el país, oficial o
particularmente, para que, cuanto antes, pueda trasladarse a un gran
centro docente, en donde sus facultades extraordinarias, bien dirigidas
y severamente educadas, le permitan orlar su frente con los laureles del
triunfo.

San Romá es de los escogidos para brillar con luz propia en el cielo del
arte universal.

Y con tan bella esperanza... cerramos estas anotaciones, que ¡ojalá!
puedan servir de alguna utilidad a los que, en el mañana, se decidan a
escribir la historia del arte musical de Puerto Rico.

     Manatí, octubre 1 de 1915.



SECCIÓN SEGUNDA.

Biografías.



CAPÍTULO V.


Dedicada esta sección a poner de relieve los méritos de las altas
personalidades artísticas que el país ha producido, es de sentirse no
figuren en ella, por la carencia o parquedad de datos, algunos que han
dado prestigio al nombre portorriqueño en el exterior, aunque no los
relegamos al olvido pues son mencionados en las secciones
correspondientes a sus aptitudes musicales.

Las biografías de Ana Otero, Julio C. Arteaga y Felipe Gutiérrez, han
sido trazadas, accediendo a reiteradas solicitudes nuestras, por los
connotados musicólogos, Sra. Trina Padilla de Sanz, la _Hija del
Caribe_, tan justamente apreciada en el mundo literario, y por los no
menos correctos escritores, Don Arístides Chavier y Don Braulio Dueño
Colón, proporcionando a este libro, con sus cortesías, el único valer
real de que pueda hacer gala.


_ARTEAGA, JULIO C._

PIANISTA-COMPOSITOR.

Nació en la ciudad de Ponce, P. R., el 29 de octubre del año 1864.

Desde su tierna infancia demostró aptitudes especiales para el estudio
de la música, circunstancia que indujo a sus amantes padres a llamar al
profesor Don Pedro Gabriel y Carreras, para encomendarle la educación
artística elemental de su hijo. Este profesor, hombre de aptitudes y de
conciencia, reconoció las dotes del niño y auguró a sus familiares y
amigos las más risueñas perspectivas.

Iniciado en los elementos de la música y con conocimientos algo
apreciables del violín y del Piano, pasó Arteaga a New York, a continuar
sus estudios musicales bajo la dirección del distinguido pianista y
compositor Gonzalo J. Nuñez,--quien igualmente reconoció sus singulares
aptitudes, recomendándole de continuar indefinidamente a su lado, lo que
desestimó,--y del notable organista canadiense Mr. Samuel P. Warren,
bajo cuya dirección estudió el gran órgano, realizando apreciables
progresos.

En el año 1883 marchó Arteaga para París, en cuyo Conservatorio
ingresara, después de haber probado sus ventajosas condiciones para
poder ascender a la altura que más tarde ascendiera. En dicha
institución docente trabajó nuestro compatriota con verdadero celo y
entusiasmo, el piano, la armonía y demás ramas del arte musical. Su
profesor de piano fué el ilustre Mr. Georges Mathias, antiguo y
predilecto discípulo de _Chopín_; su profesor de armonía y contrapunto,
lo fué Mr. A. Taudou, un hábil y profundo conocedor de la ciencia
armónica y contrapuntal; su profesor de acompañamiento, lo fué Mr.
Auguste Bazille, profesor del Conservatorio, y organista e improvisador
que se había captado la admiración de _Meyerbeer_. Mr. Bazille, a la
sazón, desempeñaba la plaza de organista en la iglesia de Sainte
Elizabeth, de París.

Arteaga reanudó sus estudios de órgano, iniciados en New York, y al
efecto ingresó en la clase de órgano e improvisación del ilustre
maestro, organista, improvisador y compositor eminente, Mr. César
Auguste Franck. También hizo estudios de canto, bajo la dirección del
insigne barítono profesor E. Crosti, autor de varias obras didácticas
sobre el canto, y antiguo discípulo del gran _Francesco Lamperti_. Así
mismo--y éste es un timbre muy honroso y que muy pocos pueden
ostentar--Arteaga fué discípulo auditor de la clase de alta composición
musical del grande e ilustre _Jules Massenet_. En 1887 obtuvo un
accésit, clase de acompañamiento, y en 1888, después de un brillante
examen, recibió el primer premio.

Obtenido el anterior triunfo, Arteaga retornó a Puerto Rico, al lado de
sus familiares, a difundir los positivos conocimientos que había
adquirido en la ciudad-luz. Al efecto, se estableció en Ponce, en donde
formó un núcleo de discípulas muy aprovechadas y que hicieron honor a su
enseñanza. En la ciudad-perla, llegó a realizar algunas audiciones de
sus alumnas, que merecieron las más cordiales muestras de admiración de
los elementos competentes.

Más tarde marchó a la Habana y a New York, en cuyas ciudades cimentó su
reputación de pianista gallardo y profesor eficiente y concienzudo. En
New York, de 1902 a 1904, desempeñó con éxito la plaza de profesor
superior de piano en el Conservatorio Internacional, que es una de las
instituciones más importantes de la Metrópoli.

Es indiscutible que Arteaga ha recibido una educación musical sana y
vigorosa, que le coloca en la cúspide de nuestra representación
artística y profesional. Sus triunfos, puede asegurarse, han sido
mayores en el extranjero que en su propio país; pues allí han podido
aquilatar más justicieramente sus méritos, prescindiendo de sus
rarezas, que revelan un carácter algo quisquilloso y un temperamento
harto susceptible, y que suele grangearle no pocas desazones. Es no
obstante, Julio C. Arteaga, un corazón bueno y, como artista al fin,
accesible a los más tiernos sentimientos.

Arteaga, como pianista, ha llamado siempre la atención. Posee una
técnica sólida, vigorosa, flexible; hace frente a las mayores
dificultades trascendentales del instrumento que preferentemente ha
cultivado, sin esfuerzo alguno; domina las obras más culminantes de los
grandes maestros clásicos y modernos, siendo _Chopín_ y _Liszt_ sus
favoritos. En nuestro medio artístico--precisa reconocerlo--Arteaga, a
pesar de sus dotes, no ha obtenido los fervientes aplausos que han
obtenido otros, considerablemente menos aptos y concienzudos que él, en
el arte que cultivan. Pero, ya se sabe que nuestro público es más
impresionable que reflexivo, y, regularmente demuestra predilección por
aquello que satisface mejor sus ambiciones _snobistas_, y sin establecer
la diferencia existente entre el oro y el oropel que suele
brindársele...

Como acompañador, Arteaga no tiene rival; es además, un lector
intrépido. Como maestro de armonía y composición ya ha demostrado su
eficiencia. Ha escrito algunas obras musicales, que revelan sus sólidos
conocimientos armónicos y contrapuntales. Entre esas composiciones de
índole seria, figura un Cuarteto, escrito para violín, viola, cello y
piano, que ha sido ejecutado con éxito en distintas ocasiones. Ha
escrito, así mismo, algunos coros, con _soli_ y orquesta, y algunos
trozos para canto; la mayor parte de esos trabajos están inéditos. En la
Habana obtuvo nuestro compañero un sensible triunfo con la ejecución de
su interesante Marcha Triunfal, compuesta para banda, en homenaje al
gran descubridor Cristóbal Colón. Fué obedeciendo a las insinuaciones
del periódico _El Fígaro_ de la Habana, que nuestro compatriota se
decidió a escribir la expresada Marcha, que le valió calurosos aplausos
de la sociedad habanera, y más tarde de la sociedad portorriqueña.

Arteaga cultiva igualmente la dirección orquestal, y tiene aptitudes
para la crítica musical. Aunque su pluma suele ser rebelde en la
expresión, hay que reconocer que en sus trabajos de índole docente, se
destacan siempre sus conocimientos sobre la técnica musical y la
historia del arte. ¡Lástima es que haya permanecido impasible en ciertas
ocasiones en que las circunstancias han debido incitarle al combate! No
obstante, ha dicho algunas verdades, que le han valido los plácemes de
la minoría, que constituye el elemento sensato de nuestra sociedad.

Julio C. Arteaga ha sido aplaudido en centros de gran cultura artística.
En París, en New York, en la Habana, en Caracas, en fin, en todas las
poblaciones importantes que ha recorrido, han tenido la oportunidad de
juzgar sus aptitudes, rindiéndole los homenajes a que se ha hecho
acreedor.

En 1906, fundó una revista musical, que redactó en unión de otros
elementos artísticos portorriqueños. Dicha publicación tuvo muy corta
existencia; pues el público no respondió, como se esperaba, al esfuerzo
que en su obsequio se hacía. En la expresada _Revista de Música_,
colaboraron los distinguidos artistas y escritores Braulio Dueño Colón,
Manuel Martínez Plée, Fernando Callejo, Ramón Morlá, Trinidad Padilla de
Sanz y el que suscribe.

Julio C. Arteaga se encuentra actualmente en San Juan, dedicado a su
labor profesional, con la eficiencia ya demostrada y reconocida por todo
el público sensato portorriqueño. No obstante, sus éxitos materiales son
exiguos y están muy lejos de satisfacer sus justas ambiciones. Pero, ya
se sabe que nuestro país suele brindar a los osados y a las medianías
que se agitan en su seno, el perfume de sus rosas, dejando para sus
verdaderos artistas, para aquellos que le enaltecen ante el mundo, las
punzantes espinas de sus zarzales.

     ARÍSTIDES CHAVIER.

     Ponce, P. R., Sept. 20 de 1915.



CAPÍTULO VI.

_CHAVIER ARÉVALO, ARÍSTIDES._

PIANISTA-COMPOSITOR.


Carlos Gounod, el inmortal autor del "Fausto," en el prólogo a la
correspondencia inédita de Berlióz, juzgando a este maestro francés
dice: "Berlióz era un hombre entero, sin concesiones ni componendas;
pertenecía a la raza de los Alcestes, y tuvo contra él la raza de los
Orontes. Se le ha juzgado atrabiliario y quisquilloso; pero hay que
tener en cuenta, que a esa sensibilidad excesiva, llevada a veces hasta
la irritabilidad, le inducían circunstancias personales y desengaños
sufridos. Si sus opiniones han parecido duras, nadie al menos ha podido
atribuirlas al vergonzoso móvil de la envidia, tan incompatible con
aquella noble, generosa y leal naturaleza."

Este juicio sintético de la personalidad de Berlióz, puede ser aplicado,
sobre todo en el primero y último punto, al artista Arístides Chavier
Arévalo, nacido en Ponce el 3 de Septiembre de 1867, uno de los
_poquísimos_ que cultiva con propiedad el género de música conocido con
el nombre de _música di camera_.

Chavier hizo sus primeros estudios con profesores de música de Ponce,
dedicando su atención primeramente a la flauta, instrumento que luego
abandonó por el piano, que ha sido el único que después ha cultivado.

En 1884 marchó a New York en donde permaneció poco más de un año
estudiando el piano bajo la dirección del distinguido pianista y
compositor Gonzalo Nuñez, y la armonía con Mr. Frederick Doland,
competente maestro, graduado en el Conservatorio de Leipzig, Alemania.
En vista de los progresos que realizara y la intensidad de sus
aficiones, sus padres determinaron enviarlo a París, a cursar estudios
superiores, llegando a la Capital de Francia en mayo de 1886.

Ya en París, continuó los estudios de piano, bajo la dirección de Mr.
Georges Mathias, eminente pianista y compositor, antiguo discípulo de
Chopín y Halevy, y profesor del Conservatorio. La armonía, el
contrapunto y la composición musical, las estudió con Mr. A. Taudou,
profundo y hábil maestro del Conservatorio y Mr. Louis de Serres,
antiguo discípulo de Cesar Frank, actualmente profesor de composición en
la "Schola Cantorum". También asistía, en calidad de alumno auditor, a
las clases de piano y armonía del Conservatorio, sin abandonar las
lecciones particulares con los profesores antes mencionados.

Sus progresos fueron importantes, pues en los diplomas que le otorgaron
sus maestros se expresa: "trabajó con celo e inteligencia haciendo
progresos maravillosos, encontrándose en condiciones favorables para
dedicarse a la enseñanza, puesto que está en posesión de los
conocimientos necesarios para ser un excelente maestro de música y
piano."

En París dió algunas audiciones mereciendo plácemes. También en New
York, años más tarde, se presentó al público, recibiendo elogios de
elementos competentes. _Il Progresso_ diario italiano, y _Le Courrier
des Etats Unis_, magazin francés, ambos editados en New York, le
dedicaron frases encomiásticas.

En la capital de Francia, antes de retornar a su país, ejerció de
maestro de piano por más de seis meses, y lo mismo en New York, en donde
pensaba establecerse definitivamente, lo que no pudo efectuar, porque el
clima le fué altamente perjudicial a su salud, retornando
definitivamente a Puerto Rico en 1893 y estableciéndose en Ponce, en
donde ejerce desde entonces. Periódicamente ha dado en su ciudad natal
audiciones públicas de sus alumnas, que obtuvieron gran éxito,
despertando el entusiasmo artístico del público en general y más
particularmente del perito en materias de arte.

En 1904 envió un grupo de composiciones para piano y orquesta a la
exposición de Saint Louis, Illinois, U. S., que fueron premiadas con
diploma y medalla de oro.

Como pianista es tan concienzudo, que con técnica irreprochable, en la
que no olvida los detalles más insignificantes, cuando interpreta,
expone las ideas substanciales de las obras sin amaneramientos ni
osadías.

Es además un buen compositor y musicólogo de amplia y sólida cultura.

Como compositor ha producido mucho y bueno, permaneciendo inéditas la
mayor parte de sus obras, en las que predominan las de forma clásica
para instrumentos de cuerda y las características para piano. Fuera de
Ponce, apenas se conocen sus composiciones. Y para que pueda aquilatarse
con cuanta propiedad le damos el calificativo de _maestro compositor_,
transcribiremos, a continuación, un juicio crítico que publicó _El Día_,
de Ponce, edición correspondiente al 19 de febrero de 1914, en la que su
autor, el ilustrado compañero Braulio Dueño Colón, después de ciertas
salvedades sobre lo que el prejuzga "incompetencia para emitir juicios",
dice lo siguiente:

"_TRIO en mí bemol._ Op. 21, para violín, viola y violoncello.--Siempre
he considerado que de todas las combinaciones instrumentales es el trío
la más difícil de escribir, no tan sólo por ser la que menos recursos
proporciona al autor para el desarrollo temático, sino por ser la que
menos se presta para cierto género de combinaciones melódicas, a menos
que sea el piano uno de los instrumentos que figure en el trío; siendo
éste el caso del señor Chavier, por cuanto su composición está escrita
para violín, viola y violoncello."

"Es indudable que a esas circunstancias que señalo, se debe el que los
compositores hayan sido tan parcos en la composición de tríos de esa
especie."

"No tengo a mano el catálogo de los compositores clásicos; pero
registrando mi memoria, sólo recuerdo haber visto un trío de Romberg,
compositor alemán, para violín, flauta y cello. En los demás que
conozco, figura siempre el piano como uno de los componentes del trío."

"Teniendo en cuenta lo que llevo manifestado, hay que confesar,
forzosamente, que el señor Chavier ha salido airoso de prueba tan
difícil. Su trío Op. 21 es una demostración elocuente de sus
conocimientos musicales. No es un mero juego de sonidos, sino una serie
de temas bien desarrollados, obedeciendo a un plan sencillo, pero
llevado a cabo dentro de la más exquisita unidad tonal y rítmica. El
_bravísimo scherso finale_, en 6 por 8, está admirablemente combinado y
tiene el _sprít_ del de la sonata de Krautser de Beethoven."

"_Cuarteto_, Op. 25 en _mí menor_ para dos violines, viola y cello.--He
leído y releído detenidamente este cuarteto y siento, de veras, no haber
tenido la oportunidad de oírlo; no porque crea yo, como un querido
amigo y compañero mío, que sea indispensable oir una composición musical
para poder juzgar si está bien o mal escrita, sino porque me gustaría
poder apreciar si el efecto de ese Cuarteto al ser ejecutado difiere
algo del que yo he podido apreciar _al oírlo dentro de mí mismo_, cuando
lo leía. Al examinar esta obra he podido observar lo siguiente:
Originalidad en las ideas, perfecta adaptabilidad de la frase melódica a
lo que exige la música _di cámera_, buen trabajo temático, delicado
ingenio en las combinaciones melódicas y discreta proporción en el
trabajo asignado a cada instrumento; pudiendo decirse de este Cuarteto
lo que decía Marx del primer tiempo de un Cuarteto de Beethoven, 'una
verdadera _causerie_ en la que los cuatro instrumentos usan de la
palabra bajo la indiscutible dirección del primer violín.'"

"El _Andante Cantabile ed Espressivo_, es encantador, y a mi juicio, lo
mejor del Cuarteto, no obstante que el _Finale_ representa una labor
concienzuda bajo el punto de vista escolástico."

"De todas las obras del grupo que he examinado, ésta es, tal vez, en la
que se destaca mejor la personalidad artística del compositor."

"_Dos sets de variaciones_, para piano, Op. 29, y 32.--Son magníficas
unas y otras; y no podía ser de otra manera, si se tiene en cuenta que
el autor posee las tres cualidades más esenciales para esa clase de
trabajos, cuales son: conocimiento profundo del contrapunto, imaginación
fértil y dominio del piano."

"No sé porque, pero a mí me encantan las variaciones cuando, como las
presentes, están bien hechas; y me complazco en confesar, para
satisfacción del autor, que el tema Hummel lo encuentro más fielmente
interpretado y con más maestría que por los compositores que hasta
ahora lo han empleado. El delicado humorismo que se nota en algunas
variaciones, recuerda el que diluyó Beethoven en sus célebres
variaciones sobre el vals de Diabelli."

"_Obertura Puerto Rico_, para orquesta.--Op. 26.--Está muy bien escrita;
y si el autor la instrumenta de nuevo, como parece ser su propósito,
resultará de mejor efecto en la ejecución; pero... mi opinión franca y
leal es que el compositor que ha escrito una _música di cámera_ tan
magistral como la que figura en el grupo de sus composiciones, puede y
debe componer una obertura superior a esa, en el sentido--_Entiéndase
bien_--de que la forma de la obra sea más amplia, y--¿por qué no
decirlo?--que los conceptos melódicos sean más expansivos; que levanten
el espíritu abatido de los puertorriqueños; en una palabra, que al oirla
no nos entristezcamos más de lo que estamos, como me ha sucedido a mí al
leerla. (No hay que echar en olvido--dicho sea como justificación de mi
censura--que el autor está cantando a Puerto Rico.)"

"Yo siento que esto mortifique algo al autor; pero, aparte de que ese
tono de _re menor_, al igual que el de _do menor_ me causa siempre un
efecto fatal, por cuanto me entristecen demasiado, hay también la
circunstancia de que mi ánimo en estos días es algo anormal. Tal vez si
yo oyera ejecutar la obra cambiaría de parecer. Todo es posible, puesto
que se trata de un sentimiento estético."

"Digamos, sin embargo, en descargo del autor, que él ha escrito esa obra
bajo la influencia de la _temperatura moral_ de que nos habla Taine; del
medio ambiente, cuyos efectos sobre el ánimo del artista son
irresistibles, pues por más que se diga en contrario, el artista no
puede expresar más que sentimientos análogos a aquellos que
experimenta. En la música de _Cámera_ no se nota ese fenómeno, porque
ella está exenta del subjetivismo, por cuanto el autor no está atento
más que a la labor científica, si así puede decirse, y estas obras
representan, por lo regular, la inteligencia del autor, más no su estado
de alma."

"Claro está que ésto tiene sus excepciones, como sucede con el IV
Cuarteto en _do_ menor, VII en _fá_ y los cuatro últimos de Beethoven.
Sin embargo, obsérvase que en los demás de este autor, hasta diecisiete
que escribió, campea el más absoluto subjetivismo."

"Y llegamos al QUINTETO, en _do menor_, Op. 23, que de intento he dejado
para lo último. Tenía razón el señor Chavier al decirme, hace algún
tiempo, que era esta obra de la que había quedado más satisfecho,
porque, en realidad, es la de más mérito y mejor trabajada de todas las
obras del autor ponceño. El _Minuetto_ y _Finale molto vivace_, sobre
todo, están tratados magistralmente. El segundo tiempo, o sea el
_Andante Sostenuto e Cantabile_ está muy bien trabajado; pero no hay
tanta novedad en las ideas como en los otros tiempos. La obra en general
está muy bien delineada, y si acerca del Cuarteto, Op. 25 dije que era
la obra en que más se destacaba la personalidad artística del autor, del
Quinteto puede decirse que es la obra que presenta más de relieve sus
vastos conocimientos musicales."

"En resumen; la labor artística del señor Chavier, condensada en el
grupo de composiciones que he examinado--la obertura inclusive, pues si
algo desfavorable dije acerca de ella fué bajo el punto de vista
estético--es de un mérito imponderable; y no vacilo en repetir aquí lo
que dije al estimado artista ponceño al recibir sus composiciones:
ningún otro compositor portorriqueño--que yo sepa, al menos,--ha
abordado con tan buen éxito como lo ha hecho usted, ese género que se
llama _música di cámera_, que con ser el de más mérito es el que, en
nuestro país, dá menos provecho."

Así termina su juicio crítico sobre el compositor Chavier, el competente
Dueño Colón, autoridad en materia de arte lírico, y por lo que no hemos
vacilado en hacer en este libro la transcripción, que tanto honra al
autor de las obras que en ella se juzgan.

Como musicólogo, es Chavier uno de los pocos que, periódicamente,
difunde en la prensa, con estilo claro, elegante y repleto de ideas, el
movimiento artístico mundial, sin olvidarse de exteriorizar también sus
impresiones sobre hechos musicales acaecidos en el país.

No siempre su argumentación, que no puede calificarse de sofisticada, es
convincente, sobre todo cuando juzga hechos y obras que están en
contradicción con las exquisiteces de su temperamento y gusto artístico.

Las varias controversias que ha sostenido en pro del clasicismo, bajo
todos sus aspectos, al que rinde fanático culto, le han hecho ser
juzgado por algunos como enemigo recalcitrante de la música regional.

Tal imputación está erróneamente aplicada, pues la gran cultura
artístico-literaria que él posee no le permitirá negar el valor relativo
que han tenido y tienen, dentro de la arquitectura del arte musical, las
composiciones del género popular o regional. Los grandes maestros han
inspirado muchos números de sus obras famosas en melodías, canciones y
bailables de naturaleza regional, las qué, en su mayor parte, son la
expresión del sentimiento religioso o estado de la conciencia popular de
la época en que se produjeron.

Lo que ha ocurrido a Chavier es, que cuando retornó de Francia, esperaba
encontrar _alguna roca_ en donde cimentar el _idealista templo_ con que
soñara para engrandecer el culto del arte portorriqueño, y al
encontrarse que el _subsuelo_, en su mayor parte, estaba constituído por
el poco compacto terreno de la música regional, del que brotaban, casi
exclusivamente, las fuentes de inspiración de los compositores, dijo
para sí: "cuando la base natural no existe, puede construirse
artificialmente", y empleando el _cemento armado_ de la exageración en
el ataque hacia la música regional, y más especialmente en contra de los
bailables, dió principio a la cimentación, que, a pesar de las protestas
de los _colindantes_, va destacando los muros, pues al presente se
presta mayor atención al género clásico o severo y muchos de los
compositores noveles lo cultivan con bastante fortuna.

Chavier, y nos permitimos asegurarlo sin que él nos contradiga, no
desdeña la danza; lo que no tolera, y en esto debe secundársele, es que
sea ella el único objetivo de nuestro pueblo, como finalidad artística.

A las cualidades descritas, honrosos laureles que orlan su nombre
prestigioso, hay que agregar la propaganda tenaz, teórica-práctica, en
pro de la buena música, y su conciencia como preceptor.

Es un propagandista incansable. Teóricamente, si se acepta la expresión,
no cesa de traducir y dar a la publicidad, todo lo que encuentra en la
prensa extranjera, relacionado con el movimiento artístico
contemporáneo; en la práctica, fué el _alma mater_ del gran certámen
convocado en el pasado año por la "Liga Progresista" de Ponce, del que
damos amplios detalles en la sección "Certámenes" de este libro.

Como preceptor es severo en el fondo, aunque delicado en las formas de
trasmisión. Su plan de estudios, ajustado al del Conservatorio de París,
en donde se educara, lo hace cumplir estrictamente a los alumnos.
Posición, pulsación, independencia y aplicación correcta de los dedos,
igualdad del mecanismo, colorido, articulado, pureza y claridad de
expresión, precisión de los movimientos, manejo adecuado de los pedales,
todo lo observa, corrige y enseña con pulcritud y maestría. Con tal
escuela, ¿cómo no ha de obtener discípulos de mérito?

Consideramos que si Chavier pudiera sustraerse del aislamiento
voluntario en que se ha encerrado y con un medio ambiente más propicio,
que puede obtener, pone completamente de relieve todo su valor
artístico, su gran carácter cívico y su honradez profesional, servirían
para levantar el arte, que languidece, entre otras causas, por falta de
caracteres en la orientación.

He aquí la relación de sus obras:


PARA PIANO A DOS MANOS.

Op. 1. Mazurka en _La_ bemol, (_Transcripción_). Op. 2. Marcha Fúnebre,
en Mi Bemol menor. Op. 3. Marcha Festival, en Sol mayor.--Op. 4. Valse
en _La_ bemol.--Op. 5. Melodía en _Do_ sostenido menor.--Op. 6.
Impromptu, en Sol menor.--Op. 7. Seis Variaciones, en Re menor. (Tema
original).--Op. 8. Nocturno en Re bemol mayor.--Op. 9. Barcarola en _Fá_
sostenido menor.--Op. 10. Melodía Fúnebre, en Fa sostenido menor,
(transcripción.)--Op. 11. Tres Trozos Fantásticos: _Pierrot_,
_Arlequín_, _Colombine_.--Op. 12. Capricho en Re bemol mayor.--Op. 13.
Tarantella, en Mí mayor.--Op. 14. _América_, Marcha Triunfal en Sí
bemol, (transcripción).--Op. 15. Allegro Scherzando en Mi bemol
mayor.--Op. 16. Ocho variaciones en Mi mayor. (Tema original.)--Op. 18.
_Air de Ballet_, en La menor. (Transcripción.)--Op. 19. Diez Variaciones
sobre un tema de Weber, en Do mayor.--Op. 20. Romanza sin palabras, en
Sol menor.--Op. 22. Seis Variaciones sobre un tema de Beethoven, en Re
menor.--Op. 24. _Deux Esquisses pour le Piano_:--1. _Scherzo._--2.
_Danse des Fées._--Op. 27. _Deux Morceaux pour le Piano_:--1.
_Scherzetto._--2. _Toccatina._--Op. 28. Doce Pequeños Trozos para el
Piano.--Op. 29. Catorce variaciones sobre un tema de Hummel, en
Si bemol.--Op. 30. Ejercicios de Mecanismo y Virtuosidad.
(Difíciles.).--Op. 31. Cuatro Trozos para el Piano:--1º,
_Humoresque._--2º, _Scherzino._--3º, _Barcarolle._--4º,
_Capriccio._--Op. 32. Doce Variaciones en Fa mayor. (Tema
original.)--Op. 33. Cuatro Trozos para Piano:--1º, _Humoresque._--2º,
_Badinage._--3º, _Barcarole._--4º, _Tarantella._--Op. 34. Seis
variaciones en La menor, (Tema original.)--Op. 35. Dos Trozos para
Piano:--1º, _Impromptu._--2º, _Capriccio._--Op. 36. Ocho variaciones
sobre un tema de Mozart, en Mi bemol.--Op. 37. Diez Variaciones sobre un
tema de Mozart, en La bemol.--Op. 38. Seis Variaciones sobre un tema de
Schubert, en _Sol_ menor.--Op. 39. Ocho Variaciones sobre un tema de
Hayden, en La mayor.--Op. 40. Seis Trozos para Piano:--1º,
_Toccatina._--2º, _Allegro Marciale._--3º, _Humoresque._--4º,
_Variaciones Cromáticas._--5º, _Berceuse._--6º, _Badinage._


PARA PIANO A CUATRO MANOS.

Op. 14. _América_, Marcha Triunfal en Si bemol, (Transcripción.)

Op. 18. _Air de Ballet_, en La menor, (Transcripción.)


PARA BANDA MILITAR.

Op. 14. _América_, Marcha Triunfal en Si bemol.


PARA ORQUESTA.

Op. 1. Mazurka en La bemol.--Op. 10. Melodía Fúnebre en Fa sostenido
menor.--Op. 18. _Air de Ballet_, en La menor.--Op. 24. _Deux
Esquisse_:--1º, _Scherzo._--2º, _Dance des Fées._--Op. 26. _Puerto
Rico_, Obertura en Re menor.


PARA INSTRUMENTOS DE CUERDA.

Op. 17. Cuarteto en Sol mayor, para dos Violines, Viola y Cello.--1.
_Allegro, ma non troppo._--2. _Menuetto y Trío._--3. _Andante con
Variaziono._--4. _Finale: Allegro Vivace._

Op. 21. Trío en Mi bemol, para Violín, Viola y Cello.--1. _Allegro con
Brío._--2. _Andante Cantabile._--3. _Menuetto y Trío._--4. _Finale:
Allegro Molto Vivace._

Op. 23. Quinteto en Do menor, para 2 Violines, 2 Violas, y Cello.--1.
_Allegro Moderato._--2. _Andante Cantabile ed Sostenuto._--3. _Menuetto
e Trío._--4. Finale: _Allegro Molto Vivace e con Fuoco._--Op. 25.
Cuarteto en Mi menor, para 2 violines, Viola y Cello.--1. _Allegro non
troppo._--2. _Andante Cantabile ed espressivo._--3. _Menuetto e
Trío._--4. Finale: _Presto Fugado._



CAPÍTULO VII.

_DUEÑO COLÓN, BRAULIO._

FLAUTISTA-COMPOSITOR.


En la calle del Sol de San Juan, y en una casa, que ya ha desaparecido,
cercana al castillo de San Cristóbal, nació el 26 de marzo de 1854,
Braulio Dueño Colón, hijo del ilustrado procurador de la Real Audiencia,
y a la vez músico distinguido, Don Aurelio.

El gran temperamento artístico con que Dios le dotara, fué fraguándose,
desde niño, en el cálido ambiente de su hogar, consagrado, no tan sólo
al culto de la música, si que también al de la literatura, ya que su
hermano, Don Manuel, fué un poeta delicadísimo, que hizo honor a la lira
borincana.

Con su señor padre hizo los estudios elementales de la música
prosiguiéndolos después sólo, hasta que, por indicaciones del director
de una compañía de ópera a quien llamó la atención verlo tan joven
ocupando el puesto de flauta en la orquesta, le dijo: "Tu tienes gran
disposición musical y ejecutas mucho, pero te falta escuela". Entonces
solicitó del maestro Aruti,--que no le gustaba enseñar--le diese algunas
clases y este, como excepción, (Aruti solamente enseñó, con
intermitencias, a Dueño y otro joven) le dió lecciones de flauta,
perfeccionándolo en la gran escuela.

En cuanto a la composición, que es lo que le ha dado mayor renombre,
Fetis, Durand, Barbereau, Asioti y Richter, fueron los maestros que,
leídos, meditados y siempre consultados cuidadosamente, le hicieron
conocer, desde las soledades de su gabinete de estudio, los secretos de
la armonía y del contrapunto; aplicándolos, primeramente, con la natural
timidez y descuido del principiante, y, poco después, con la seguridad
del maestro, a la siempre lozana y fértil inspiración de su fantasía
criolla, que, desde los 14 años, empezó a producirse febrilmente.

La personalidad artística de Dueño Colón hay que considerarla bajo
varios aspectos; como instrumentista, como director, como compositor y
como musicólogo.

Bajo el primer aspecto, fué un flautista,--decimos fué porque hace ya
muchos años que abandonó su ejercicio,--que, dominando por completo el
mecanismo, al parecer fácil, pero no exento de dificultades para obtener
una ejecución limpia, y haciendo un estudio especial del doble-picado,
alcanzó, muy joven, el puesto de concertista, siendo desde entonces
considerado como un _virtuose_. Obtuvo por oposición, en 1880, la plaza
de flauta de la orquesta de capilla, que sirvió durante largos años.
Hizo algunas composiciones para Flauta y piano, fantasías sobre temas de
óperas, tan difíciles, que hay que estudiarlas con detención para
decirlas correctamente. Los conocimientos de solfeo, en las siete
claves, que le trasmitiera su padre, fueron tan sólidos, que le
permitieron ser un gran repentista, e igual transportador.

Como director, en donde más ha ejercido, ha sido en Bayamón, su
residencia desde hace muchos. Allí organizó una banda municipal, que por
mucho tiempo se convirtió en un verdadero centro de cultura musical, ya
por el esmero en la trasmisión de la enseñanza, ya por lo escogido del
repertorio que la misma llegó a interpretar cuando los adelantos del
conjunto lo permitieron. Cultivador exquisito de la música regional,
colocó siempre a ésta en el puesto que le corresponde dentro de lo que
pudiera llamarse etiqueta palaciega de los géneros, y alternándola con
obras selectas de buenos autores, los programas de los conciertos
semanales que daba al público resultaban equilibrados en calidad y
variedad. Su batuta, como su carácter, es austera, algo sobria de
detalles, pero enérgica, vigorosa y precisa. Como las obras, que ponía,
casi todas las instrumentaba expresamente, tenía la habilidad de
atemperarse a las condiciones de los instrumentistas, y a la vez, las
deficiencias del instrumental sabía suplirlas sustituyendo efectos de
determinados instrumentos por los de otros similares. De ahí la armonía
del conjunto y la percepción, por los inteligentes, de todas las
bellezas de las partituras. Hoy también ha abandonado este ramo de la
profesión.

Antes de proseguir en el estudio de sus condiciones artísticas, debemos
decir algo de su vida como ciudadano, pues ella ha influído mucho en el
carácter de sus producciones.

Procedente de un hogar culto y honrado, en el que, cosa algo rara en
aquella época, las ideas libre-pensadoras regíanlo intrínsecamente, al
salir del estado de crisálida, la mariposa de sus ensueños no pudo batir
libremente sus alas por los jardines de la emancipación política y de
conciencia, sino que, replegándolas cuando quería libar el néctar de las
ideas liberales, o tenía que rebuscar las _flores ocultas de algún
jardín prohibido por las leyes_, o morir de inanición por el
enrarecimiento del medio ambiente.

Sus pensamientos y sentimientos fueron reconcentrándose, y su carácter,
a medida que se desarrollaba paralelamente con los afectos pasionales,
fué tornándose austero, pesimista y receloso. De ahí que su aspecto
físico denote, sobre todo, en las líneas del rostro cuando se le vé sin
tratarlo, un temperamento frío, indiferente, más adaptable a las
soledades de un gabinete científico, que al alegre bullicio de la vida
artística.

Y sin embargo el arte ha sido siempre el propulsor de su vida.

De joven y mientras viviera su padre, dejó vagar a la _loca de la casa_,
por los campos del ideal, y ora tocando la flauta, ora emborronando
pentágramas, cuyas notaciones _concentraban ideas_, o bien esbozando en
la mente la silueta del _amor único_ que germinaba en su alma, y que más
tarde hubo de realizar con gran acopio de dichas, vivió relativamente
feliz.

Pero cuando se encontró solo, sin otro horizonte para sus nobles
aspiraciones, que el triste destinillo público, el escritorio particular
o la vida azarosa, por lo insegura y mal retribuída, de la profesión
artística, al optar por un escritorio de contabilidad en donde consumió,
casi inútilmente, todas las energías de su juventud y virilidad,
recibiendo, como único premio, un retiro _ad honorem_, solamente en el
arte encontró _el oasis_ que mitigara la sed idealista de su alma, en la
peregrinación por los áridos desiertos de la vida colonial.

Su vida social ha sido, por lo tanto, más bien retraída que pródiga.
Buen hijo, mejor esposo y padre, correctísimo ciudadano, y fiel
guardador de la moral en todas sus manifestaciones, cuando muera legará
a sus hijos un nombre sin mancha, orlado con los laureles de sus
triunfos artísticos y de las buenas obras, que ha practicado y practica
incesantemente desde _el jardín oculto_ en donde, desde su juventud,
cultivó siempre la flor hermosa de la libertad.

Cuando se le trata por primera vez, es imposible juzgarlo, porque dentro
de la corrección de formas, producto de su cultura y educación, no se
muestra expansivo, sino más bien reservado; pero a medida que se cultiva
su amistad, la escarcha que encubre su noble ser, descongelándose al
calor de una recíproca lealtad y compenetración de ideas, permite
apreciar la delicadeza de un alma buena; como de artista al fin.

Ese es el hombre, que ya en el descenso de la vida humana, se sostiene
firme en el pináculo de la artística.

Dueño Colón empezó muy joven a producir; y, como lo hicieran casi todos
los compositores de aquella época, dió a los géneros bailable y
religioso, las primicias de su inspiración.

En sus primeras composiciones, se destacaba la originalidad de las
ideas, aunque la demasiada simetría en la métrica de los fragmentos y
frases, defecto en que incurren todos los principiantes y sobre todo los
que, sin preceptores han hecho estudios de la composición, le impedía
desarrollar completamente los pensamientos.

Las religiosas, y entre ellas recordamos una salve para voces y
orquesta, carecían del misticismo que las caracteriza, saturándolas, por
el contrario y principalmente en los efectos de la instrumentación, del
sabor profano que predomina en la lírica escénica.

Citamos estos defectos en sus primeros pasos de compositor,
expresamente, para poder aquilatar mejor, la exquisita corrección de sus
obras posteriores. Él mismo nos decía, en ocasión en que le recordábamos
algunas de sus primeras danzas, "no me las nombre siquiera, que me
avergüenzo de haberlas escrito." Ingenuidad que le eleva, pues es
reveladora del conocimiento que tiene de sí mismo, y de su modestia.

Sin abandonarlos, se apartó un poco de los géneros citados, y abordó el
lírico-teatral, poniéndole música a una zarzuela en dos actos, letra de
Don Genaro de Aranzamendi, titulada: "Los Baños de Coamo", que fué
estrenada, con gran éxito, en el teatro _Moratín_, que en la calle de la
Luna, de San Juan, estuvo abierto durante se hacía la transformación
interior del antiguo municipal, en la forma que todavía conserva.

Persuadido de que el ambiente de Puerto Rico no es propicio, para que
literatos y músicos se esfuercen en producir obras para la escena, que
aún cuando resulten acabadas, todas tienen efímera existencia, sin otro
producto que el de felicitaciones y aplausos la noche del estreno, y
cuando más en la _reprise_ de éste, y habiéndose hecho cargo de la
contabilidad de la casa comercial de Vías, Soler y Co., en la que
continuó por más de 20 años, a pesar de los cambios de la razón social,
dejó descansar, por poco tiempo, la pluma artística, hasta que, volvió a
tomarla, con mayor suma de conocimientos y en pleno idilio de amor, por
estar en los prolegómenos de su matrimonio, cuando el Ateneo hiciera la
convocatoria para su primer certámen literario-musical, en 1877.

En él obtuvo Dueño su primer triunfo, pues le adjudicaron,
merecidamente, la medalla de oro y diploma de honor, primer premio, por
una obertura para orquesta, estilo rosiniano, titulada _La Amistad_.

Dado el primer paso, con tan grandioso éxito, éste no le ha abandonado
nunca. Trabajos que Dueño Colón envía a concursos, son siempre
premiados por lo cual su reputación de maestro está cimentada
sólidamente.[17]

     [17] Véase la sección "Certámenes".--F. C.

En el género sinfónico para gran orquesta es que ha obtenido la mayor
parte de sus lauros.

Sensible es no poder tener las partituras para, examinándolas, emitir
algún juicio, aunque el nuestro, nada nuevo podría añadir a los que en
los respectivos laudos emitieran los jurados, por todos conceptos, más
competentes que nosotros.

Fueron premiadas, además de La Amistad, la _Sinfonía Dramática_ (primer
premio) y la obertura _Noche de Otoño_ (primer premio, discernido en
Madrid.)

También obtuvo mención honorífica por un _Ave María_ para cuatro voces y
orquesta; diploma y medalla de plata en la Exposición de Búfalo (1901) y
medalla de oro y diploma en la de Charleston, U. S. de 1902 por las dos
series de Cantos Escolares, escritos expresamente para las escuelas
públicas de Puerto Rico, con letra del ilustre literato, Don Manuel
Fernández Juncos; y con diploma y _Lira de Oro_ en el certámen del
Ateneo de 1912, por una Canción Escolar, especial para graduación.

Aunque los cantos escolares no tienen, dentro de los géneros de la
composición, el mérito artístico de las obras sinfónicas, en nuestra
opinión, por la dificultad que envuelve el carácter sencillo de los
mismos, si se logra, como con tanta habilidad y maestría lo ha logrado
Dueño Colón, hacer una colección (doble en este caso) completamente
ajustada al objeto, tal vez si el mérito pueda igualarse al de las obras
del género severo, ya que en éstas el compositor tiene ancho campo en
donde desarrollar la inspiración y los conocimientos, mientras que en
los referidos cantos, la acción es muy limitada, y a la vez tiene que
ajustarse la inspiración musical a los pensamientos de la letra.

Por eso es que no vacilamos en calificar los "Cantos Escolares" como la
mejor obra de Dueño, la que hará recordar su personalidad artística,
puesto que siempre resonarán en los salones escolares de las
generaciones futuras, las dulces melodías, en que el alma nativa del
compositor se expandió libremente para cantar las bellezas de la
tierruca amada y los idilios de la niñez.

La colección la forman 85 cantos; 42 en la primera serie y 43 en la
segunda. No todos son producciones originales, sino que, con el objeto
de ir familiarizando a la niñez en la percepción de la buena música,
adaptándolos a la métrica del verso, ha seleccionado trozos escogidos de
las obras de Lyman, Marcela Reilly, Tschaikowsky, Wilson, Joly,
Beethoven, Gounod, Kreuz, Rungenhagen, Ketterer, Carey y otros autores
clásicos, así como fragmentos deliciosos de danzas de Campos y melodías
de Tavárez, que intercalándolos con los propios, ha hecho que el
conjunto semeje, delicado estuche de perfumería de diminutos pomos, en
los que están concentradas las sútiles esencias de las flores simbólicas
del arte.

En cuanto a la factura musical propia, Dueño Colón, añorando los
ensueños de su niñez y juventud, libre el alma de dolos y la inspiración
de trabas, supo exponer los pensamientos melódicos con sencillez,
espontaneidad, veracidad, expresión adecuada, belleza de giros y
facilidad de entonación, completados con una armonización, a la par que
elegante y correcta, sin rebuscamientos de efectos, logrando producir,
en intérpretes y auditorio, la emoción estética, exigida a toda obra
verdadera de arte.

El único defecto que encontramos es que no siempre los acentos
prosódicos de la letra corresponden con los rítmicos de la música, lo
que atribuímos a un ligero descuido, ya que ni como músico ni como
literato, es capaz Dueño de cometer, adrede, tal incorrección.

_El Barquero_, _Dulce Abeja_, _La Ola y El Arroyo_, _Cantar_ (este es
delicioso,) _La Bandera_, (soberbiamente expresado), _La Muñeca_,
(delicadísima, pues parece que en ella se expresa una ilusión perdida),
_La Canción del Muchacho_ (de sabor pastoril) y _Margaritas_,
(pensamiento completo y de honda emoción) en el primer tomo; la _Canción
de las Manzanas_, _Plegaria_, (precioso tema para desarrollarlo con más
amplitud en una romanza), _La Oración por todos_, (la mejor de todas por
su estructura melódica-armónica), _La Tierruca_, entre otras del segundo
tomo, pueden ser examinadas para probar la veracidad de nuestros
juicios.

En los géneros de salón y bailable también ha estado feliz nuestro
biografiado. En danzas, tiene un estilo propio, intermedio entre los de
Tavárez y Campos. _La Criolla_, _Delia y Belén_, _¡Patria!_, entre
otras, si al ejecutarlas en el piano, se modifica el movimiento propio
del baile, pueden ser consideradas como romanzas sin palabras.

Para resumir el concepto que nos merece como compositor, reproducimos lo
que al juzgarle decíamos en la conferencia: "Dueño Colón, es un
compositor correctísimo en el fondo, elegante en la forma; algunas veces
sobrio y austero en la exposición de la idea, siempre original en el
desarrollo de la frase melódica; conocedor profundo de la técnica
armónica, en ocasiones, subyuga a esta la espontaneidad de la
inspiración, haciéndola perder en belleza poética lo que gana en
variedad de factura. Maneja el contrapunto con suma habilidad y al
instrumentar, hace uso apropiado de los distintos cuartetos."

Como musicólogo, nos abstenemos de juzgarle, ya que en esta misma
sección aparece un magnífico trabajo suyo (la biografía de Gutiérrez) y
los lectores pueden hacerlo de por sí.

Pero debemos consignar que fué premiado con diploma de honor y un busto
en oro de Juan Morell Campos, por un _Estudio sobre la danza
Portorriqueña_.

Y para que pueda tenerse una idea de su labor como compositor,
catalogamos, a continuación sus principales obras.


MÚSICA RELIGIOSA.

Misa en _do_ mayor, para dos voces y orquesta.--Salve en _do_ mayor,
para dos voces y orquesta.--Salve en _re_ mayor, para mezzo-soprano,
coros y órgano u orquesta.--Letanías, en _sol_ mayor, para contralto,
coros y orquesta.--Padre Nuestro, para mezzo-soprano y órgano.--_Ave
María_, para cuatro voces y orquesta. (Premiada.)


MÚSICA PROFANA.

_La Amistad_, Obertura para orquesta (premiada). _Sinfonía Dramática_,
para gran orquesta (premiada.)--_Noche de Otoño_, Obertura para orquesta
(premiada en Madrid).--_Ecos de mi Tierra_, Sinfonía para orquesta,
sobre motivos de cantos regionales.--_Madrona_, Obertura para
orquesta.--_La Calandria_, Obertura para orquesta.--_El Parto_, pequeña
obertura para orquesta.--_Canciones Escolares_, colección de cantos,
para voces y piano, publicados en dos series, y premiados en dos
exposiciones internacionales.--_La Rosa de Oro_, Marcha festival, para
orquesta compuesta expresamente para los Juegos Florales de
Bayamón.--_Mariposas_, Gran Vals para Banda.--_Las Golondrinas_, Gran
Vals para 2 Flautas y Piano.--_Navidad_, Vals para Flauta y Piano.--_El
Pitirre_, Vals para Flauta y Piano.--_Los Fantoches_, Vals para 2
bombardinos y Banda.--_La Polka del Ruiseñor_, Scherzo para Flauta y
Piano.--_La Hebrea_, _La Criollita_, _Teresa_, _Pobre Borinquen_, _La
Aurora_, _La Criolla_, _Delia y Belén_, _¡Patria! y otras danzas_,
además de la danza-intermezzo _La Esmeralda_.



CAPÍTULO VIII.

_GUTIÉRREZ Y ESPINOSA, FELIPE._

MAESTRO-COMPOSITOR.


La vida de aquel artista eminentemente virtuoso, a quien sus discípulos
llamaban "Maestro Gutiérrez," fué una serie, jamás interrumpida, de
amargos sinsabores, producida por la escasez de recursos con que atender
al sostenimiento de sus numerosas hermanas, las que como él, quedaron en
la mayor estrechez pecuniaria a la muerte de su padre.

Esclavo de sus deberes fraternales y llevándolos, si se quiere, a la
exageración, permaneció célibe toda su juventud.--"Muerto mi padre,
solía decir, yo lo soy de mis hermanas, y no tengo derecho, por
consiguiente, a someterlas a privaciones, como indudablemente ocurriría
si se aumentaran los gastos de la casa."

La figura de Gutiérrez, una vez vista, no era fácil olvidarla. De alta
estatura, algo cargado de espaldas, muy trigueño, de amplia frente, de
mirada casi siempre distraída y andar pausado y lento; tales eran los
rasgos característicos de aquella noble figura.

Era de carácter afable con todo el mundo y en extremo cariñoso con los
niños; de ideas liberales en política, y una mezcla de católico y
libre-pensador, que hacía sonreir a sus amigos.

Laborioso como pocos, no abandonaba el trabajo sino a las horas de
comida y del descanso; y frecuentemente le sorprendía la media noche
ante su mesa de trabajo.

Sin haber tenido otra instrucción que la primaria que se adquiría en
las escuelas de aquel tiempo, leía mucho y con provecho, llegando a
adquirir algunos conocimientos que aplicaba con gran oportunidad en su
fluída y agradable conversación.

Le preocupaba mucho su fama, pero no sabía cultivarla; y aún cuando
poseía plena conciencia de su valer, tenía que luchar con las
reputaciones viejas; como si dijéramos: los _intereses creados_.
Desgraciadamente para el maestro, no solamente carecía de aptitudes para
esa clase de luchas, sino que vivió siempre en la creencia de que, al
fin y al cabo, sus paisanos habrían de reconocer su mérito y se
apresurarían a proclamar, _urbi et orbe_, su indiscutible supremacía
sobre los demás compositores del país.

Cuando conocí al Maestro Gutiérrez frisaba este en los cuarenta. Había
nacido en 1825. Vestía siempre de negro y era gran bebedor de café y
fumador empedernido.

Tal era el hombre.

Veamos ahora como era el artista.

       *       *       *       *       *

Gutiérrez fué, cual otro Campeche, un inspirado que, sin preparación
adecuada y guiado sólo por su fantasía inagotable, escribió más de
trescientas composiciones, en las que abarcó todos los géneros, el de la
ópera inclusive. De ésto último son gallardas muestras las partituras de
_Guarionex_, Macías y _El Bearnés_. Escribió también una zarzuela
titulada _El Amor de un Pescador_.

La ópera _Guarionex_, cuyo libro fué escrito por Alejandro Tapia, obtuvo
un lisonjero éxito la noche de su estreno, habiéndose repetido después
unas cuantas veces.

Pero en donde más descolló el genio musical de Gutiérrez fué
indudablemente, en el género religioso.

Siendo maestro de Capilla de la Catedral de San Juan, hizo un profundo
estudio del Canto Gregoriano, y aún cuando no lo aplicó en toda su
pureza, tomó de él sus elementos de tonalidad y utilizó, como tema para
sus misas, los himnos con que la Iglesia Católica celebra las
principales festividades del año. Tal es la base sobre la cual descansan
las últimas producciones religiosas del maestro, entre otras, las misas
de la "Circuncisión," "Purificación", "Corpus-Christi" etc., etc.

En todas sus composiciones demostró siempre un delicado gusto estético.
Era, además muy hábil contrapuntista. Sentía predilección por la música
pura, y era admirador ferviente de Mozart. Esto no obstante, en sus
obras teatrales,--en _Guarionex_ sobre todo--, se nota la influencia de
Donizetti.

Desdeñaba el aplauso de la muchedumbre, dándose por satisfecho con la
aprobación de sus discípulos, cuya opinión, así como la de su
inteligente hermana Justina, solicitaba siempre con ahinco. No componía
música por lucro, puesto que jamás cobró nada por sus producciones; y,
sin embargo, tal era la necesidad que tenía de dar salida a su
desbordante inspiración, que escribía incesantemente, de día y de noche,
hasta enfermar.

Desde muy niño emprendió el estudio de la música bajo la dirección de su
padre Don Julián, músico español de medianos alcances, pero de una larga
práctica profesional, el cual llegó a esta Isla en 1815, incorporado al
regimiento de infantería de "Granada".

Digamos, de paso, que este fué el regimiento que se sublevó en 1835,
cuando nuestro Don Felipe sólo contaba diez años; y puede calcularse
cuan grande sería el pesar de la familia, por más que Don Julián--músico
al fin--no era de carácter revolucionario, y no tomó parte, ni poca ni
mucha, en la que, posteriormente se ha llamado: "revolución de San
Rafael", por haberse dado el grito el día 24 de octubre.

Con tal aprovechamiento estudió la música nuestro biografiado, que a los
diez y ocho años ya conocía los principales instrumentos, entre ellos el
piano, y componía largo y tendido, en casi todos los géneros. Cuando
apenas tenía veinte años, fué nombrado músico mayor del batallón de
Iberia, del cual era músico de segunda clase su señor padre y maestro,
por haberse disuelto el sedicioso regimiento de Granada.

Disuelto también más adelante el de Iberia, quedó reducido nuestro
artista a lo que le pagaban por dar lecciones a domicilio y por tocar
algún instrumento en las orquestas, hasta que más adelante (año 1858)
obtuvo, por oposición, la plaza de maestro de Capilla de la Catedral de
Puerto Rico.

De esa época es la popular misa en do mayor, que se ha cantado en todas
las iglesias de la isla, el "Magnificat", el "Miserere" y la _segunda
Lamentación_ que se canta el miércoles santo. Quince años después
escribió la "Tercera Lamentación" en sol menor, que es una obra maestra,
tan llena de sentimiento, que no es posible oirla sin que se agolpen las
lágrimas a los ojos.

No pasaremos adelante sin hacer constar que fué el maestro Gutiérrez
quien, imitando primero a Don Domingo Delgado, compositor de aquella
época, y adaptando más tarde un estilo propio más brillante y original
que el de su predecesor, causó una revolución entre nuestro pequeño
mundo artístico. Por lo pronto llegó a desterrar para siempre de las
iglesias de San Juan, las extravagantes composiciones religiosas que se
venían ejecutando, entre las cuales no era raro encontrarse con un
"_Aire de Fandango_", o, como tuve ocasión de ver en el archivo de
música de la Capilla de Catedral, un _embutido_, en la Gloria de una
misa, de la antigua canción que empieza así:--"Ojalá que Alejandra--tan
bella--comprendiera las penas de amor".--[18]

     [18] Es indudable que la composición a que alude el señor Dueño
     Colón, sería importada por los antiguos organistas o maestros de
     Capilla, de la "Del Sacramento", mencionada en el primer capítulo
     de este libro, ya que, y a pesar de la reforma radical, que
     hicieran Morales y Palestrina (siglo XVI.) dicha música, por más de
     un siglo, continuó ejecutándose en las iglesias de España y de sus
     colonias americanas.--F. C.

Durante la década comprendida entre 1860 y 1870, disfrutó el maestro de
alguna holgura en sus medios de vivir, gracias a una sociedad musical
que formó con Don Sandalio Callejo, distinguido profesor, que supo
obtener gloria,--bien merecida por cierto,--y provecho de un arte
improductivo hasta aquella fecha.

Al cesar la soberanía de España, cesó también en su destino de Maestro
de Capilla, pasando a desempeñar, después de algunos días de hambre, la
plaza de _Conserje del Instituto de Segunda Enseñanza_, con cuarenta
pesos mensuales.[19]

     [19] De tal nombramiento protestó enérgicamente el autor de esta
     obra, desde las columnas del periódico, no recordamos el nombre,
     que por entonces dirigía en Ponce, el connotado literato dominicano
     D. E. Deschamps.--F. C.

Suprimido poco después el Instituto, fué pencionado por el municipio de
San Juan con _¡Veinte Pesos Mensuales!_

La verdad es que se presta a muy amargos comentarios el hecho de que el
Gobierno español, como se verá más adelante, concediera a nuestro
artista una subvención de mil pesos para que se trasladara a Europa por
dos o tres meses, así como que el Gobierno americano haya pensionado
posteriormente, con bastante largueza, a varios artistas y literatos, y
que el gobierno autonómico, el único genuinamente portorriqueño que
hemos tenido, dejara morir, casi de inanición al más inspirado de los
artistas portorriqueños.

Continuemos. Después de tan doloroso viacrucis, y cansado de tanta
lucha, dejó de existir el incomparable maestro.

       *       *       *       *       *

Era tal su facilidad para componer y tan fecunda su inspiración, que no
era raro verle escribir, en horas y de un tirón, obras que a cualquier
otro hubieran ocupado algunos días.

Entre otros, citaré los siguientes casos.

Ausentábase para la Isla de Cuba un alto empleado español que había sido
buen amigo de los portorriqueños, y, con tal motivo, se intentó, a
última hora, obsequiarle con una serenata.

Estaban los iniciadores reunidos en la imprenta de Acosta, y allí mismo,
y sobre el escritorio de Don Pepe Acosta escribió Ramón Marín una tierna
despedida en verso, cuya lectura fué acogida con gran entusiasmo por los
concurrentes. Faltaba quien pusiera música a los versos, y, ¡oh oportuna
casualidad!: por la acera de enfrente iba a la sazón, a paso lento, y
ensimismado, como era su costumbre, el maestro Gutiérrez.

Llamáronle para encargarle la música de la serenata, a lo que se prestó
sin vacilar. Eran las diez de la mañana. El vapor correo se esperaba
dos días después; así era que el acto debía llevarse a cabo al día
siguiente.

Pues bien: a las tres de la tarde estaba compuesta e instrumentada la
serenata, que constaba de una introducción a gran orquesta, un coro y
tres estrofas.

Al siguiente día por la noche el pueblo congregado en los alrededores
del Casino Español, local escogido por el magnate para recibir el
homenaje que se le tributaba, pudo saborear las bellezas que el maestro
prodigara en aquella obra que no había de ejecutarse más que una sola
vez.

A la terminación del himno, tanto el pueblo soberano como la inmensa
concurrencia que llenaba los salones del Casino, premiaba la labor del
maestro con una prolongada salva de aplausos, disputándose todos el
honor de estrechar su mano; porque eso sí: no ha habido artista en
Puerto Rico que haya sido más sahumado por el vaho glorioso que
Gutiérrez; así como no ha habido otro tampoco que haya sido menos
favorecido por el _sonido argentino_. De Gutiérrez puede decirse que la
gloria le perseguía, pero el dinero huía de él.

En otra ocasión se había proyectado una velada en el Teatro en
celebración de no recuerdo que suceso. La fiesta había de comenzar con
un himno cantado por más de cincuenta voces, acompañadas por una
orquesta de cien músicos; pero sucedió que el poeta encargado de hacer
los versos se enfermó, y no pudo entregarlos hasta la antevíspera de la
fiesta. También fué el maestro Gutiérrez el que esta vez salvó la
situación, escribiendo en dos o tres horas la música del himno, con el
cual comenzó la velada a la noche siguiente.

Cuéntase, también, que cierto día y durante el sermón de una misa cuya
orquesta dirigía, escribió, sentado en la escalera que daba acceso al
coro, un primoroso Ofertorio, que fué ejecutado en aquel mismo acto,
causando la admiración de los músicos, a pesar de lo acostumbrados que
estaban a admirar aquel _fenómeno artístico_.

Para terminar la relación de estos rasgos de pasmosa espontaneidad,
citaré el hecho siguiente, de que fuí testigo.

Estrenábase en el Teatro de San Juan por la compañía dramática de
Gonzalo Duelos el drama titulado "El músico de la Murga". En el segundo
acto, una murga ejecutaba un bolero frente a una casa, y como el maestro
Gutiérrez, que dirigía por aquel entonces la orquesta del Teatro,
encontrase muy defectuosa la composición que le entregara Duclós, allí
mismo, detrás de los mismos papeles, y mientras los actores ensayaban el
drama, escribió otro bolero tan lindo, tan original y al mismo tiempo de
un dejo tan amargo, en consonancia con la situación del protagonista de
la obra, que Duclós abrazó lleno de efusión al maestro, y se llevó el
bolero, cuyo autor habrá permanecido ignorado, porque, según nos dijo
más tarde el maestro, se había olvidado de firmarlo.

Así como Campeche era aficionado a la música y llegó a ser un hábil
instrumentista, nuestro biografiado tenía también regulares aptitudes
para el dibujo y la pintura.

Recordamos haberle encontrado muchas veces pintando paisajes en las
paredes del comedor y del patio de su casa, y es muy común encontrar en
sus originales, los caprichosos dibujos a la pluma, con los cuales
tachaba las frases que no salían a su gusto.

Por cierto que esa afición a la pintura fué causa de que cierto día lo
encarcelaran.

Véase como ocurrió el caso.

Celebrábase, no recordamos que fiesta en la casa Ayuntamiento, en la que
tomaba parte la orquesta de capilla que dirigía el maestro. Mientras
llegaba la hora de comenzar el acto, dirigióse nuestro hombre al salón
de sesiones y situóse delante del retrato del general Ramón de Castro,
obra, como todos saben, de Campeche.

Tan abstraído se encontraba el maestro contemplando aquel admirable
sombrero del general, que no oyó la orden del corregidor don Rosendo
Mauriz de la Vega, mandando despejar el salón, porque iba a reunirse el
Consejo. Viendo el Corregidor que aquel señor trigueño, alto y con una
levita algo antigua, no se daba por entendido, ordenó a un corchete que
hiciera salir de allí a aquel intruso.

El alguacil, ni tardo ni perezoso, y obedeciendo a la voz de su amo, fué
y agarró por un brazo al maestro para sacarlo del salón. Al sentir la
mano del corchete sobre su brazo, lo repelió con fuerza diciendo: "¡Yo
puedo permanecer aquí, porque soy el Maestro de Capilla!"

El Corregidor que oyó ésto, se puso de pié y gritó con arrogancia al
guardia: "No ande usted con más contemplaciones y lléveme a ese maestro
de capilla a la cárcel."

Y lo llevaron a la cárcel. Así como suena.

Y si no es porque vino en su auxilio Aurelio Dueño--padre del que esto
escribe y gran amigo y admirador de Gutiérrez--probablemente hubiera
dormido aquella noche en la cárcel el autor de _Guarionex_.

       *       *       *       *       *

El 24 de abril de 1876 se embarcó el maestro con rumbo a Europa,
habiendo sido pensionado por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento
para que visitara la exposición de Viena. La noche antes de embarcarse
sus discípulos le llevaron una serenata, en la que se cantó un himno
cuya música había compuesto el maestro italiano don Rosario, Aruti. La
letra del himno, que va a continuación, se debe al numen del poeta
Manuel Dueño Colón, hermano del autor de estas líneas.

ADIÓS

_Al Maestro Felipe Gutiérrez._

  Despierta Gutiérrez y escucha la dulce,
  cordial despedida que entona el laúd;
  es canto de glorias que al Genio se ofrece,
  y el labio sincero te dice ¡Salud!

  Mil tristes adioses, suspiros del alma,
  ¡Oh dulce Gutiérrez! te siguen en pos;
  las aves de blanco, de bello plumaje,
  con tiernas canciones te dicen ¡Adiós!

  Tú partes muy lejos en pos de la gloria
  de verdes laureles que cubran tu sién;
  que llenen los cielos tu senda de flores,
  cantor de la bella, feliz Borinquén.

  ¡Adiós! ya la nave de prora flexible
  divide las olas del hórrido mar,
  sus brisas tempranas impelen tu nave
  y en sones dolientes, ¡adiós te dirán!

De Viena se trasladó el maestro a París, acompañado por el insigne
pintor portorriqueño Frasquito Oller.

Poco fruto obtuvo el maestro de tal viaje.

Aparte de que los cuarentiocho años que contaba por aquel entonces no
es edad propia para perfeccionarse en la música, tampoco era Viena, y
mucho menos en plena Feria, más bien industrial que artística, lugar a
propósito para el objeto que el maestro perseguía.

En París no hizo tampoco cosa de provecho. Visitó a Monsieur Mathias, a
quien dedicó un cuarteto de cuerda, que el insigne maestro francés
ejecutó delante de él, y de repente, en el piano.

Por cierto, que al enterarse de que Gutiérrez era procedente de Puerto
Rico, nombre que oía por primera vez (al menos aplicado a una isla),
trajo a la vista un mapa-mundi de pequeñas dimensiones y ¡oh amarga
decepción para el maestro borinqueño! Puerto Rico no figuraba en el
mapa; y por más que nuestro paisano señalaba el sitio donde debía estar
la isla, sólo veía a Cuba representada por una raya, Santo Domingo por
un punto y Puerto Rico desaparecía en la proporción.

"Hasta ese día para mí memorable"--decíanos una vez el maestro--"no me
había dado cuenta exacta de la pequeñez de nuestro país, así como del
completo desconocimiento que acerca de los portorriqueños se tiene en el
resto del mundo."

       *       *       *       *       *

La música de Gutiérrez podría subdividirse en dos estilos o maneras:
comienza la primera con la misa en _do mayor_ de que ya nos hemos
ocupado, terminando con la misa de la Purificación. A partir de esta
obra, ya empieza a notarse una nueva tendencia en las composiciones del
maestro; tendencia fatal a nuestro juicio, pues ella consistía en
sacrificar la forma melódica (que era en lo que más descollaba el
maestro), para amoldarse, según decía a las exigencias de la _nueva
escuela_. (?)

Pero a pesar de esa explicación del maestro, lo que hay de verdad en el
asunto es que un crítico musical de aquella época, se lamentaba de que
la música religiosa de Gutiérrez fuera tan melosa, al extremo de
distraer el fervor religioso de los oyentes, inspirándoles cierta
sensación mundana. De ahí el que nuestro músico, tomando a pecho la
impertinente censura del crítico, cambiara completamente de rumbo, y
comenzara a torturar su inspiración melódica, escribiendo una música de
carácter más bien sinfónico que religioso; y es por eso que la _gloria_
y el _credo_ de sus últimas misas no son otra que tiempos de sonata para
orquesta con acompañamientos de las voces, es decir: una forma contraria
en todo a la que siempre había empleado. Y lo peor del caso es que el
maestro no encontró la fórmula que perseguía, o sea la que tanta fama
diera a Palestrina, Pergolesse, Victoria y Morales; por más que
queriendo imitar al autor de la _Improperia_ utilizaba como tema de sus
composiciones las melodías del canto llano.

Y éste fué el gran error del maestro. No tuvo en cuenta que los grandes
maestros modernos que han escrito música religiosa, entre ellos,
Bellini, Mercadante, Rossini y Verdi, y aún el mismo Mozart en su
_Requiem_ y en el _Ave Verum_ no trataron de imitar a los maestros del
siglo XVI, sino que escribieron música religiosa a su modo y tal como
ellos la sentían. Por otra parte nuestro biografiado escribía para la
orquesta de Capilla de la cual fué director por espacio de cuarenta
años, y con su nueva tendencia de dar preponderancia a la orquesta sobre
las voces, sus composiciones resultaban tan deficientes como la orquesta
para la cual escribía. En efecto: dicha orquesta carecía de Viola, Oboe
y Fagot. En cambio tenía dos trompas, dos clarinetes y un bombardino;
siendo la proporción de seis instrumentos de viento por cinco de cuerda.
Varias veces aconsejamos al maestro la substitución del segundo
clarinete por un oboe, la del bombardino por un fagot y las dos trompas
por otro violín y una viola; y aún cuando algo intentó en ese sentido,
parece que a dicha reforma se oponía el Cabildo de Catedral y hubo que
desistir de ello.

Vamos a terminar este trabajo, ya extenso en demasía.

Después de la muerte de Gutiérrez, ocurrida en 1900, ya nadie volvió a
acordarse de que había existido tal artista, hasta hace algunos años que
dos buenos portorriqueños, Federico Degetau y Emilio del Toro Cuebas,
organizaron una velada en el Ateneo para honrar la memoria de
Gutiérrez.[20] Falta ahora que la actual Directiva del Ateneo haga
colocar en sus salones un retrato del maestro, junto a los señores
Tavárez y Campos.

     [20] No como rectificación al señor Dueño Colón, ni mucho menos
     para restar prestigios a los señores Degetau y Toro Cuebas, cuya
     labor constante por enaltecer el nombre portorriqueño es reconocida
     y apreciada por el país, y sí como aclaración histórica que
     consideramos pertinente, diremos: que la velada en honor a la
     memoria del maestro Gutiérrez, fué la secuela de la ofrenda que
     hiciéramos al Ateneo, de un retrato al _crayón_, de Don Felipe,
     siendo Presidente el distinguido abogado y literato señor Texidor,
     al que exitábamos, en la carta que acompañábamos con el envío, para
     que organizase en dicho Centro, del que había sido socio fundador
     Gutiérrez, un acto público, similar al realizado en honor de Campos
     y otros artistas, de manera que en la historia de nuestro primer
     centro cultural, figurase tan honrosa página en pro de nuestro
     primer maestro compositor.

     Por cierto, que como el señor Texidor, tardase bastante tiempo en
     acusar recibo de nuestra humilde, pero sincera ofrenda, debido,
     según nos explicó después, a no encontrarse en San Juan cuando
     llegó el retrato, nos vimos precisados a dirigirle una carta
     abierta en la prensa, que dió por resultado la inmediata
     organización de la velada, que tomaron bajo su égida los señores
     Degetau y Toro Cuebas, quienes, en magistrales discursos, supieron
     exponer los méritos del gran maestro. El retrato donado, aunque
     representaba a Gutiérrez en su juventud, figuró durante muchos años
     en el salón de actos del Ateneo, pero hemos notado, con bastante
     tristeza, que recientemente ha desaparecido, como también el de
     otros artistas músicos que figuraban allí dignamente, sin que
     hayamos podido encontrar causa alguna que justifique el hecho.--F.
     C.

Antes de terminar, séanos permitido dar aquí una reseña, con algunos
comentarios, no de todas las obras del maestro, porque llenaría tantas
páginas como las que llevamos escritas, sino de las composiciones más
conocidas y que ponen más de relieve las extraordinarias facultades
artísticas del autor.


MÚSICA RELIGIOSA.

Misa pequeña en _do mayor_, a dos voces y orquesta, con un delicioso
_Benedictus_ obligado a flauta. Misa pequeña en _la menor_, a dos voces.
(El _Qui Tollis_ de esta misa es un bello cantabile a dos voces, de
exquisita factura). Misa de la _Circuncisión_, a tres voces. Misa de la
_Purificación_, a tres voces. Misa de la _Anunciación_, a tres voces.
Misa de _Jueves Santo_, (Kirie y Gloria solamente), a tres voces. Misa
del _Corpus_, a tres voces. Misa de la _Ascensión_, a tres voces, (con
un bellísimo _ofertorio_.) Misa de _Noche-Buena_ (tiene una zortzico
encantador con variaciones para el violín, la flauta y los clarinetes).
Misa de _San Juan_, a 4 voces y gran orquesta. Misa de _Santa Cecilia_,
a 4 voces, coro y gran orquesta. (Premiada con medalla de oro en un
Certámen). _Requiem_, a dos voces y orquesta. _Requiem_, a tres voces,
de mayores dimensiones que el anterior. _Miserere_, a tres voces y
orquesta. (Una de las más inspiradas obras del maestro. El estilo de
esta composición, a veces sombrío y a veces patético, inspirábale al que
la oye cierta sensación de pavor; tal es la fuerza de expresión que
empleó el maestro en casi todos los pasajes de la obra). _Las Siete
Palabras_, para 4 voces y orquesta. (En esta obra, de factura muy
descuidada, no estuvo el maestro a la altura de su reputación). _Segunda
lamentación_, a tres voces. _Tercera lamentación_, en _sol menor_, a
tres voces. (Es esta, tal vez, la obra en que con más profusión produjo
el maestro el tesoro de su vena inagotable. Por otra parte, ¡qué amarga
tristeza revela esa música sublime! Creyérase que el autor se propuso en
esa obra traducir al lenguaje de los sonidos las crueles vicisitudes de
su vida; la amargura de ver como iban desapareciendo sus hermanas, una a
una, minadas por la tisis; sus apuros económicos, y, por añadidura, la
guerra sorda, que a causa de sus ideas políticas, le declararon ciertos
elementos reaccionarios, que formaban parte de la orquesta de Capilla.
Nos parece estar oyendo todavía al maestro cuando entonaba con su voz de
barítono la famosa frase de Jeremías: _Jerusalem, convertere ad Dominum
Deum tuum_. Parecía dirigirse a sus enemigos, exhortándoles a que se
arrepintieran del mal que le hacían, ¡Pobre Maestro!). _Magnificat_, a
tres voces y coros. (Un bello cántico a la Virgen, escrito desde 1860,
que no llegó a terminar nunca, por lo que hubo la necesidad de suprimir
parte de la letra a fin de que pudiera cantarse). _Totta Pulchra_, para
Coros y orquesta. (En esta obra se empleó por primera vez en Puerto Rico
el saxofón). Novenario de Nuestra Señora de Belén. Novenario de San
Francisco. Novenario de San Juan Bautista, de Santa Rosa de Lima, de San
Miguel y Septenario de Dolores. Gran salve a cuatro voces, coros y
orquesta. Grandes Letanías a cuatro voces, coros y orquesta: tituladas
_Así-Así_. (Tienen la particularidad de que el 1er. _Agnus Dei_, está
escrito para voces solas, habiendo puesto en los papeles de la orquesta,
la parte de canto correspondiente a cada instrumentista.) Letanías
_Jesuitas_, para tres voces, coros y orquesta. Además de innumerables
salves, letanías y peticiones, escritas para alternarlas en los
distintos novenarios que por entonces se celebraban anualmente en San
Juan.


MÚSICA SINFÓNICA.

_La Familia_, obertura para orquesta. _La Manganilla_, Obertura. _La
Peseta_, pequeña obertura, para orquesta. _Tonidán_, Obertura para gran
orquesta. _El Parto de los Montes_, juguete sinfónico. _Sonatina de
Violín_, con acompañamiento de piano u orquesta.


OBRAS TEATRALES.

_Guarionex._ Opera en tres actos, libro de Alejandro Tapia.
(Representada en el Teatro de San Juan). _Macías_, Opera en tres actos,
libro de Don Martín Travieso. _EL BEARNES._ Opera en cuatro actos, libro
de Don Antonio Biaggi. _El Amor de un Pescador_, zarzuela en dos actos,
letra de Navarro.

Cierro esta lista, y con ella mi desaliñado trabajo, no sin antes
advertir, que la he hecho de memoria y guiado sólo por el recuerdo que,
como músico que fuí de Capilla, durante más de veinte años, conservo
acerca de la música del para mí, inolvidable Gutiérrez. Con ésto quiero
decir, que debe perdonárseme cualquier omisión importante en que baya
podido incurrir.

     _Braulio Dueño COLÓN._

     Bayamón, P. R., 1912.



CAPÍTULO IX.

_MARTÍNEZ PLÉE, MANUEL._

VIOLINISTA.


Si en alguna ocasión es de sentir la carencia de profundos conocimientos
psicológicos y de gran estilista, es, cuando, como en el presente caso,
se intenta hacer la biografía de un artista, que es, de los de más alto
temperamento que se han producido en Puerto Rico.

La figura artística de Martínez Plée es dual; porque si grandes son sus
méritos como violinista, no menores los posee como literato, y si a
ellos unimos las genialidades de su carácter y no olvidamos los rasgos
fisonómicos de los que, un pintor podría hacer meritísima _cabeza de
estudio_, nos encontramos perplejos, ya que no incompetentes, para
delinear, siquiera, el contorno de su personalidad.

"_Cabeza de estudio_" hemos dicho, porque, efectivamente, en todos y
cada uno de los rasgos, encontramos, cada vez que tenemos la oportunidad
de departir con él, algo que nos induce a la meditación.

Frente amplia, ángulo facial circásico, cráneo abultado, en su primer
tercio reluciente y el resto poblado de guedejas que, como las del
rostro, tienen, prematuramente, el tinte gríseo, de los cielos
invernales; ojos, a los que sirven de atalayas cejas de finos trazos, no
muy grandes y cavernosos, cuyas negras pupilas tienen, de ordinario, el
plácido rutilar de las estrellas, y cuando se dilatan por efecto de la
emoción estética, adquieren el fulgor hipnótico de los del león en
plena fiebre; pómulos ligeramente pronunciados, nariz dilatada y labios
reveladores de un temperamento pasional, son los detalles de esa cabeza,
que, repleta de _fósforo_ y de fibras nerviosas delicadísimas, tiene
como soporte un cuerpo de mediana estatura y complexión muscular
vigorosa, haciéndonos recordar, el conjunto, las figuras simpáticamente
majestuosas de los patriarcas bíblicos.

Martínez Plée nació en la Carolina, el 24 de agosto de 1861. Su
nostálgica indolencia pone de manifiesto su procedencia criolla, pues su
señor padre era también portorriqueño, heredando de su madre doña Delia,
de origen francés, los tesoros morales de la Fé y amor a la Libertad.

Don Ruperto Rivera Colón, fué su preceptor de instrucción elemental, y
las selectas bibliotecas de New York, en donde residiera por más de 20
años, las que, con sus colecciones de obras maestras, leídas y meditadas
asíduamente, le hicieron obtener, _per se_, el título de literato, que
le reconocen los intelectuales.

Le son casi familiares las literaturas latina, española, francesa e
inglesa; los poetas y filósofos griegos le seducen, y, en su prodigiosa
memoria, tiene catalogadas las síntesis de las obras contemporáneas de
mayor renombre.

Sus amigos inseparables son el violín y los libros.

Rápido en la concepción, lo es más para asimilarse ideas que, después de
analizadas, las adapta a su criterio, forjándolas de nuevo con
modalidades de expresión conceptuosas, concisas y originales.

Su estilo es tan ameno, por las bellas sutilezas que emplea en la
descripción e ingenuidad con que instruye, que basta ver su firma en un
artículo para leerlo con gran interés. En la controversia muéstrase,
unas veces hiperbólico, otras, cúltamente mordaz, sobre todo, cuando la
argumentación contraria no es sofisticada.

En San Juan cursó la teoría musical, solfeo y rudimentos del violín,
trasladándose después a Caguas, en donde, D. Mauricio Álvarez, modesto y
notable violinista, que por largos años se dedicó a la profesión--vive
aún dirigiendo la farmacia de su hijo D. José--le inició, con maestría,
en los secretos del arco y pulsación de tan difícil instrumento.

Tras de una temporada de residencia en Humacao, en donde su corazón
recibió las primeras impresiones de un amor purísimo que, irrealizado,
tal vez influyera en el pesimismo y dualidad que se nota en su carácter,
marchó a los Estados Unidos, y, en New York, a la par que nutría su
inteligencia con el néctar del saber, con Mr. E. Remenyi, gran
violinista húngaro, adquirió el dominio del instrumento que inmortalizó
a Paganini.

Las audiciones constantes de los grandes artistas que sin cesar visitan
la Babel americana, completaron su educación musical.

En New York formó parte de las mejores sociedades artísticas, siendo su
nombre conocido y justamente apreciado. Allí, nuevamente el amor se
interpuso en su camino y contrajo matrimonio, del que tiene una hija,
que parece haber heredado su temperamento e inteligencia artística, y
cuya educación preocupa hondamente a nuestro biografiado.

Durante su larga ausencia del país natal, éste ignoraba tener un hijo
que le honraba en el extranjero, hasta que la atracción de su doble amor
filial le hizo aparecer entre nosotros, cual bohemio errante que añora
con el arte mágico de su violín las tristezas y ensueños de su perdida
patria, dándose a conocer en la plenitud de sus facultades.

En el violín es un _virtuose_, que burila la frase, destaca con
precisión y claridad los pasajes más difíciles, y, aun cuando para el
colorido de emisión prefiere los tintes crepusculares a los del sol en
el zenit, no por eso dejan de ser vigorosos los sonidos.

Para apreciar todo su valer artístico, hay que estar cerca de él cuando
interpreta. Ruge, canta, increpa, llora; su alma experimenta y trasmite
todas las sensaciones que conmovían al autor en la concepción y que él,
en plena fiebre de interpretación, reproduce fielmente.

La dualidad de su carácter le hace a veces incomprensible.

Escolástico e idealista por convencimiento, muéstrase en ocasiones,
racionalista con tendencias al materialismo.

Amante apasionado de la forma clásica, para las manifestaciones del arte
absoluto, ha roto lanzas en defensa de la libertad de expresión.

Sinceramente cristiano, las contrariedades y luchas de la vida, le hacen
no desdeñar el fatalismo musulmán.

Noblemente bohemio en la práctica del bien, se reprocha a sí mismo el
haberlo ejercido.

Generoso, en demasía, para cimentar prestigios, cuyas procedencias no
siempre escudriña, por cualquier nimiedad trata de derrocarlos
cáusticamente.

Su _temperamento_ le hace vivir en pleno cielo de ilusiones, pero el
_pandemonium_ de su cerebro lo lleva a sufrir las oscuridades del
pesimismo.

Ha concebido obras literarias y didáctico-musicales de altos fines, pero
al darles forma, o las ha dejado en floración, o, después de acabadas,
permanecen ocultas en los anaqueles de su biblioteca.

Es un _valiente-tímido_, capaz de todo, y que por su vacilar constante,
ha perdido grandes oportunidades favorables a su bienestar y gloria.

A pesar de eso, la chispa de su genio, como la del rayo en medio de la
tempestad, brilla refulgente y con luz propia, en el cielo del arte,
siendo una de las legítimas glorias portorriqueñas.



CAPÍTULO X.

_MISLÁN, ÁNGEL._

INSTRUMENTISTA.


Nacido en San Sebastián del Pepino en el año de 1862, murió en
Barceloneta el 1º de Febrero de 1911, en plena edad viril y cuando por
la madurez de su cerebro podía ofrecernos sus mejores frutos.[21]

     [21] Este trabajo se publicó en _LA Democracia_ en febrero de 1911.

Para hacer siquiera un esbozo de la personalidad artística de Angelito,
como familiarmente se le llamaba, requierense profundos conocimientos
psicológicos de que carece el que estas líneas traza, pues radicando en
el alma el origen de todas las producciones humanas, es innegable que
existe una relación entre aquellas y la idiosincracia o carácter del que
las produce, relación que el análisis psicológico descubre en sus
mínimos detalles, sobre todo, cuando se trata de producciones artísticas
en que la expresión del sentimiento se exterioriza con mayor vigor.

Si prescindiendo de las características individuales analizamos las
producciones exclusivamente por su forma y técnica, tropezamos, en las
artísticas, con la dificultad del medio ambiente en que la mayor parte
de nuestros artistas se han desarrollado; y al decir artistas no quiero
referirme solamente a los músicos, pues si exceptuamos la poesía o
literatura en general, las demás artes permanecen en pañales por la
falta de centros docentes, pues de haberlos tenido, las excepcionales
aptitudes del pueblo portorriqueño hubiesen alcanzado y alcanzarían al
presente, en número no escaso, altas finalidades de gloria universal.

Duchesne, Balseiro, Mislán, Ríos Ovalle, Manuel Tizol, Márques, Kington,
Madera, Porrata Doria, Emilio Dávila, en la música; Pou, López de
Victoria, Vélez, Medina, Ríos, en la pintura; Nadal, Montesinos, Vélez
López, en la escena, son, entre otros, dignos de citarse como ejemplo,
para corroborar la afirmación, pues si con su sólo esfuerzo han llegado
a alcanzar, unos más que otros, puesto de honor en el cuadro de nuestras
pequeñas glorias, desarrolladas y pulimentadas sus obras por medio de la
técnica profunda, sus nombres, traspasando los límites estrechos de la
Isla, hubiéranse sumado, a los de Tavárez, Campos, Paoli, Gonzalo Núñez,
Martínez Plée, Arteaga, Chavier, Oller, Campeche, Cuchí, García Molina,
Astol y algunos más, aplaudidos y reputados en el exterior.

Que el temperamento artístico predomina en Puerto Rico, todo el mundo lo
reconoce; pero en lo que al musical atañe, tengo para mí, que Mislán,
Kington, Balseiro, Miranda, Cruz Verar y Tizol son los más altos que ha
producido el país en los últimos lustros del siglo XIX.

Todos han dominado la mecánica de sus instrumentos favoritos; unos,
intuitivamente; otros con más o menos conocimientos de la preceptiva,
han vertido a raudales la inspiración que el _Divino Artista_ les
donara; y sin que a ninguno se le pueda adjudicar, sin reproches, el
anhelado calificativo de maestro, todos son merecedores, no tan sólo del
aplauso público, si que también de que al morir les dediquemos las
siemprevivas del recuerdo, ya que, en sus producciones, expresaron e
hicieron sentir las dulces vibraciones de la música regional.

Antes de proceder al análisis crítico de los méritos artísticos de
Mislán, creo pertinente explicar las precedentes manifestaciones, pues
podría argüirseme que doy demasiada importancia a los temperamentos no
pulimentados con el estudio, así como a la música regional circunscrita,
hasta hoy, a los estrechos límites del género bailable.

Si el temperamento, aptitud o inspiración, como quiera llamársele a la
disposición natural o facultad para producir espontáneamente, no
constituye de por sí, lo que en sentido absoluto se denomina arte, es
innegable, que, como dice Toussenet, "el arte es la encarnación del
ideal". Y siendo su principal tendencia la de excitar en el alma el
sentimiento de la bello, _ideal_, _belleza_, _arte_ son la expresión de
una _verdad_, don que no poseen al nacer todos los seres humanos y por
lo tanto, no se produce el ideal por mera reflexión ni mucho menos por
la imitación o aplicación de artificiosos procedimientos.

La música es la expresión del sentimiento. Lo que ella expresa es la
misma alma en lo que tiene de más íntimo y profundo; y las expresiones
del alma no pueden supeditarse en absoluto a reglas o preceptos que en
algunos casos cohibirían la espontánea veracidad.

La preceptiva del arte completa la finalidad estética. Ella constituye
la relación indispensable entre la ciencia y el arte, ya que todo arte
supone la selección de aquella parte necesaria de la ciencia para
averiguar de qué condiciones dependen los efectos que desea producir.

Más, por el hecho de que una producción carezca, en más o menos
proporción, de la preceptiva, o esté defectuosa, ¿vamos a descalificarla
como artística, cuando por su expresión, excita en el alma el
sentimiento de lo bello y de lo bueno?

Y si los defectos u omisiones tienen por causa, no la negligencia, sino
la falta de dirección para ajustar y corregir ¿debe desalentarse con el
desdén o la censura acerba, a los que por medio de su facultad creadora,
_per se_, saben conmover las fibras del sentimiento?

¿Por qué la humilde violeta no adquiere en su desarrollo el vigor y
proporción del rosal o de la magnolia, dejará de ser grata la delicada
suavidad de su perfume? ¿La dalia que encanta por la hermosura de su
forma, posee alguna cualidad esencial que permite recordarla cuando se
deshoja?

La preceptiva escueta es la dalia sin aroma.

La inspiración, por libre que se manifieste, siempre que sea genial, es
la esencia de la _Divina Flor_, que excita, subyuga, conmueve y arroba
el sentir de las almas.

Aunque la música es el idioma universal, cada raza, nación o pueblo
tiene su forma característica de expresión cuyas diferencias, al
constituir lo que llamamos estilo o escuela, no se circunscriben
solamente a las _composiciones libres_ en las que el temperamento
colectivo puede mantenerse en toda su amplitud sin las trabas de una
rigurosa técnica; también en las _obligadas_ o _severas_, que
generalmente son las que entran en el cuadro de la música religiosa o
sagrada, puede apreciarse la influencia del medio ambiente social,
político y religioso de cada pueblo.

A medida que esas diferencias se destacan con mayor claridad, la música,
acentuándolas, les dá marcado sabor local o regional, dentro de la
variedad de géneros de las composiciones libres, siendo las más
adecuadas para el caso, las teatrales, populares (canciones, coros,
madrigales, etc.) y los bailables.

En Puerto Rico, las diferencias que acabo de exponer, solamente han
podido sintetizarse, hasta ahora, en la danza; y si hemos de ser
veraces, su característica regional se manifestó no hace muchos años,
cuando Julián Andino innovó la variedad rítmica del acompañamiento; y
más principalmente, cuando Tavárez y Campos la elevaron al rango de
verdadera composición. El primero con su portentosa inspiración saturada
del sentimiento de la época, y Campos, agitado su vigoroso genio por las
luchas y pasiones de su tiempo, encarnando en sus danzas inmortales el
alma colectiva del pueblo portorriqueño, formando ambos, los dos estilos
principales que sirven de guía a los jóvenes cuando se inician en los
trabajos de la composición.

       *       *       *       *       *

Mislán estudió con su padre, el solfeo y la mecánica del clarinete y del
bombardino; pero cuando fallecido aquel se vió constreñido, muy joven
aún, por las apremiantes necesidades de la vida, a invadir el campo de
la profesión, la carencia de medios extraños para salir airoso en sus
empeños artísticos hízole, unas veces con preparación otras
improvisadamente, practicar la mayor parte de los instrumentos, incluso
el _típico_ cuatro, que pulsado por él, semejaba los dulces sonidos del
arpa eólica.

Su instrumento favorito, en el que no tuvo rival, lo fué el bombardino.
Aparte de la gran habilidad mecánica, dulzura de expresión y corrección
del fraseo, emitía los sonidos con tal privilegio, que sobrepasando la
extensión del registro agudo con claridad y robustez deliciosa, de no
presenciarse la ejecución, lo que parecía oirse eran los sonidos de una
flauta.

La chispa del genio que iluminaba su cerebro irradió en todos sus actos
musicales. Las bandas y orquestas que dirigía, por heterogéneos que
fueran los componentes, resultaban agradables, pues en el conjunto se
revelaba lo genial de la dirección.

Su trato afable, modesto, simpático, que tan bien reflejan las melodías
de sus danzas, le franqueaba las puertas sociales, proporcionándole,
doquiera que iba, abundante trabajo profesional; pero la nostálgica
indolencia de su carácter, agravada con la falsa adaptación que hiciera
en sus costumbres del concepto de la vida bohemia, como también lo débil
que fué siempre su voluntad para refrenar los ímpetus pasionales, que
forzosamente hubieron de conducirle por senderos peligrosísimos para su
salud, fortuna y fama, le hicieron vivir en constante desequilibrio
económico, atrofiando prematuramente sus facultades, cuando con mayor
energía debieron manifestarse.

Como instrumentista, ya lo he dicho antes, sino fué un _virtuose_, pues
este calificativo para aplicarlo a conciencia sólo tiene una acepción,
fué todo lo hábil para, en el bombardino, destacarse en el cuadro de lo
corriente, ocupando el primer término. Como preceptor, trasmitía sus
conocimientos con pureza, mejorándolos por medio de la observación de
los métodos que empleaban otros maestros que más, afortunados, habían
bebido en mejores fuentes.

Como director de orquesta de baile, estuvo al nivel de los mejores y
para la organización de pequeñas bandas tenía el sentido práctico de
instrumentar con arreglo al número y conocimientos de los
instrumentistas.

No puede ser tan acabado ni halagüeño el juicio que voy a emitir sobre
sus condiciones de compositor. Solamente puedo analizar las dos únicas
danzas que publicó, pues aunque oí muchas otras, así como algunos de sus
valses, mazurcas, paso-dobles y canciones jíbaras, no las tengo a la
vista y el oído no es órgano apropiado para retener toda la factura de
una composición musical y someterla al crisol de la crítica.

Poseyendo Mislán un alto temperamento artístico, las melodías de sus
producciones resultan agradables, claras, bien combinadas y justamente
equilibradas. Y como la estructura de la danza no es muy rigurosa,
cuando el movimiento rítmico no es monótono y el acompañamiento del
bombardino o mano izquierda del piano tiene vivacidad y elegancia, si la
marcha del bajo y enlace de los acordes es correcto, aunque la factura
armónica de las modulaciones y cadencias sean triviales, la variedad y
expresión del pensamiento melódico cubren fácilmente la deficiencia.

De las dos que publicó, _Sara_ es, en mi concepto, la de mejor
construcción armónica; _Tú y yó_ la de factura melódica más completa.

En _Sara_ crea, aplica la técnica, combinada elegantes dificultades para
el bombardino y revela en el ritmo la faz bohémica de su carácter. En
_Tú y yó_ la pobreza y defectos de preceptiva se manifiestan desde el
_paseo_, y el acompañamiento carece de originalidad, resulta demasiado
uniforme y con reminiscencias muy acentuadas, del que empleó Campos para
_Ten Piedad_; en cambio su característica dulce y simpática se refleja
en la melodía, correspondiendo regularmente las cláusulas del lenguaje,
o mejor dicho, las cadencias poéticas con las melódicas.

Ambas se han hecho populares dando fama al autor. La una, porque la
poesía (rimas de Becquer) y la música, son realmente inspiradas; la otra
por ser muy bailable y tener como novedad la parte obligada a
bombardino, cuya dificultad estriba en la articulación. Para mí, la
belleza de _Sara_ está en la segunda parte o frase del _merengue_, pues
la del bombardino la califico: variación sin tema, con ritmo, distinto
al de la estructura general de la danza, marcadamente bohemio, en su
falsa acepción. El final de la danza es una _reprise_ de la primera
frase, cortada bruscamente.

Por la impresión de audiciones grabadas en el cerebro, puedo decir, que
en _Pobre Borinquen_, expresa los dolores de la patria irredenta; en
_Recuerdos_ y _Lágrimas_, las añoranzas de perdidas dichas vibran en el
sentimiento melódico; y en _Ojos de Cielo_, dedicada a la bella señorita
utuadeña, Adela Mattei, retoñando en el alma ilusiones y espejismos de
la juventud, hacen que el _ideal_ adquiera en notas, realidad
momentánea.

Ángel Mislán ha muerto pobre, pero no abandonado, pues el pueblo de
Barceloneta en general y especialmente los señores Agustín Balseiro y
Fernando Suria le atendieron en todo, dando a sus restos decorosa y
cristiana sepultura.

Los músicos de Arecibo, que durante muchos años fueron sus compañeros en
orquestas de baile, acompañados del digno vice-cónsul español Don Ángel
Sáenz, jefe que fué de Angelito cuando dirigía la banda del tercer
batallón de Voluntarios, vinieron expresamente a rendirle el último
homenaje de amistad y compañerismo.



CAPÍTULO XI.

_MORELL CAMPOS, JUAN._

MAESTRO-COMPOSITOR.


En la hermosa Ciudad del Sur de la isla, en donde, el rítmico vaivén de
las olas _caribeanas_, la cadenciosa ondulación de gramíneas y palmeras,
el suave rumorar de frondas y arroyuelos, el centelleo del sol sobre la
dilatada campiña, la placidez de las noches estivales, y la brisa
refrigerante de las montañas que medio la circundan, son _acentos
melódicos_ que, _contrapuntados_ por el espíritu luchador y progresista
de los moradores, _preludian fragmentos delicadísimos_ de la _gran
sonata_ que incesantemente entona la naturaleza en honor del Creador; en
los dominios de esa bella Sultana, que tan fecunda ha sido para producir
artistas; en Ponce, repetimos, nació el 16 de Mayo de 1857, el genial
Juan Morell Campos, _elegido_ por el _Divino Artista_ para traducir en
notas de inimitable expresión, las penas y alegrías, las añoranzas e
ilusiones de este pedacito de tierra americana llamado Boriquén.

Sus primeros estudios de música los hizo con Don Antonio Egipciaco, y
luego de haber practicado la técnica de algunos instrumentos, llegando a
ser un flautista notable y a dominar, en absoluto, las dificultades del
bombardino, aunque sin poseer la dulzura de tono o emisión que diera
fama a Mislán, recibió algunas lecciones de armonía y composición del
pianista-compositor Tavárez. Ingresando después como bombardino solista,
en la banda del batallón Cazadores de Madrid, completó en ella los
conocimientos de instrumentación y Dirección, la cual asumía en ausencia
o enfermedades del músico mayor, Don José Valero.

Tavárez, desde las primeras lecciones que diera a Campos, reconoció la
precocidad de su talento artístico, augurándole grandes triunfos; pero
la inconstancia del preceptor, hizo al discípulo, cosa fácil para los
_elegidos_, formarse solo, como ocurriera a Bach, Hayden y otros de los
grandes maestros del arte.

Terminada su contrata militar, organizó en Ponce una orquesta con la
cual empezó sus campañas de compositor.

Sus primeras danzas, aunque no tan bellas ni tan ricamente armonizadas
como las que después se han hecho inmortales, fueron infiltrándose en el
sentimiento colectivo del pueblo que ya empezaba a rendirle adoración,
repercutiendo los primeros sonidos del clarín de su fama por los ámbitos
de la Isla.

Hasta el año de 1882, puede decirse que su personalidad artística no se
destacó vigorosa y radiante.

La Feria-Exposición que en ese año celebróse en Ponce, fué el campo de
acción en donde, a semejanza de los griegos en los juegos olímpicos,
obtuvo, los primeros laureles que orlaron su frente.

Fué dicha Feria un grandioso exponente, no tan sólo de la cultura
general del país, agrícola, industrial, artística e intelectualmente
considerada, sí que también una manifestación, no superada hasta hoy, de
los grandes elementos, bajo todos sus aspectos, que integraban al pueblo
ponceño, el cual se encontraba en el apogeo de su refinamiento social,
de sus grandes iniciativas, y en donde el valor cívico en pro de las
libertades políticas se manifestó, después, vigorosamente.

Juan Morell Campos, obtuvo entonces, medalla de oro y diploma de honor
por su sinfonía _La Lira_, escrita para gran orquesta; y medalla de
plata­--segundo premio--en el concurso de orquestas de concierto, al que
valerosamente se presentara con la que, en una semana y a instancias de
sus admiradores, organizó para discutir el triunfo.

Muerto Tavárez al siguiente año de la Feria, Campos fué justamente
proclamado como su digno sucesor en el reinado de la música regional
portorriqueña.

Dice, Mad. Gjertz en su libro, "_La música desde el punto de vista moral
y religioso_", "Toda expresión de belleza es un acto de amor que, a este
título, solo a Dios debemos. Mientras nada amamos, creemos hacer
bastante cumpliendo con nuestros deberes, si es posible cumplirlos sin
amar a Dios; más, apenas enardece nuestro corazón el amor, nos sentimos
inclinados a realizar mil delicadezas que salen del dominio de lo útil
para constituir lo bello. Toda forma de belleza es, pues, una forma de
amor. El mismo Dios nos dá un ejemplo de ello en la creación; un campo
de trigo u hortaliza no nos recuerda el amor divino, como una flor. Si
Dios pudiese tener deberes, el campo de trigo sería una manifestación de
este deber, que consistiría en proveer a nuestras necesidades, y la
flor, esta graciosa y encantadora chuchería inútil, lo que realmente es,
manifestación del amor de Dios. Las bellas artes, son hijas de la
necesidad que tiene el corazón humano de embellecer, es decir, de amar."

Nos ha parecido oportuno reproducir el bellísimo párrafo anterior,
porque, en nuestro concepto, la fuerza avasalladora del amor,
conmoviendo las fibras del corazón y agitando las células del cerebro de
Campos, le hizo, con febril inspiración, producirse en toda la
potencialidad de su genio.

El arte absoluto fué la síntesis de su amor, y las formas impulsivas de
expresión, el amor pasional y el amor patrio.

Si Tavárez supo encarnar en sus obras el espíritu doliente, tímido y
soñador del pueblo de su época, Juan Morell Campos, que floreció en otra
muy distinta, condensó, con maestría, en los variados ritmos de sus
danzas y en las rapsodias de sus marchas y overturas orquestales, el
estado de la conciencia popular, agitada por las luchas incesantes en
pro de la libertad política.

Y en cuanto a las manifestaciones del amor pasional, ¿no expresan los
pensamientos melódicos de sus danzas el flujo y reflujo del inmenso
océano del amor, que ora agitado por el vendaval de los celos, ora
plácido y transparente tras de un coloquio, siempre está rumorante y
nunca satisfecho?

_Maldito Amor_, _Ten Piedad_, _Bendita Seas_, _Sin tí Jamás_, _Mis
Penas_, _Alma Sublime_, _Horas Felices_, _Idilio_, _Cede a mi ruego_,
_Dí que me Amas_, _Cielo de Encantos_, _Tuya es Mi Vida_, _Vano Empeño_,
son el compendio de la historia de amores... que, tal vez
correspondidos, nunca traspasaron los linderos del ensueño.

_La Lira_, obertura, _Saludo a Ponce_, tanda de valses, _Juegos
florales_, marcha triunfal, _Puerto Rico_, sinfonía, y otras
composiciones didácticas, que oyéramos en su orquesta, analizadas
psicológicamente, dan cabal idea de sus sentimientos _pro-patria_.

Sin vacilación, calificamos las obras de Campos como verdaderamente
artísticas, porque responden a los principios fundamentales de la
_Verdad_, de la _Belleza_ y de la _Bondad_.

Son _verdaderas_, porque el pensamiento inicial, bien expuesto y mejor
desarrollado por la preceptiva, expresa el _sentimiento religioso_ del
pueblo de aquella época; son _bellas_, porque sin prescindir de los
preceptos de la composición, expanden libremente la inspiración melódica
con gradaciones de tono, colorido y expresión tan sutiles y delicadas,
que conmoviendo los sentimientos, los arroban y subyugan; y son
_buenas_, porque impresionan el sentido moral, elevan el espíritu hasta
las regiones del idealismo y producen siempre, en los oyentes,
deliciosas y nobles sensaciones.

Morell Campos nació para el arte, vivió por el arte y murió dentro del
arte.

Cultivó todos los géneros de la composición; pero el público, que en
general solo conoce sus danzas y alguna que otra obra didáctica, ignora
que, en el género religioso rayó a gran altura, dejando escritas, entre
coros, misas, gozos, salves, letanías y plegarias, más de 60 obras, sin
contar las alegorías fúnebres, muy sentidas y de gran valor orquestal.

Para la escena lírica compuso las zarzuelas en un acto. _Un día de
Elecciones_ y _Un viaje por América_, y otra en dos actos, titulada:
_Amor es Triunfo_, representándose todas, con gran éxito, en el teatro
_La Perla_ de Ponce.

Además de los premios y laudos que obtuviera en la Feria del 1882, fué
condecorado, en la exposición de San Juan, conmemorativa del 4º
Centenario del descubrimiento de esta Isla, con diploma de honor y
premio de cien pesos, por la gran sinfonía para orquesta denominada:
_Puerto Rico_.

En 1895, el Casino de Mayagüez le otorgó diploma de Honor, por la marcha
_Juegos Florales_, escrita expresamente para dicho centro social; y en
la Exposición de Búfalo, le adjudicaron medalla de bronce y diploma por
la citada marcha.

Además de ser un instrumentista notable, pues dominó la mecánica de la
flauta, bombardino y contrabajo, como Maestro Director y Concertador, ha
sido uno de los mejores.

Su batuta clara, enérgica, detallista, sin efectismos de mímica, pero
absolutamente precisa en los movimientos, hacía que la orquesta, en
_crescendos_ y _agitatos_, semejase el desbordamiento de una catarata, o
la placidez del remanso, en _cantábiles_ y _sostenutos_. Al
instrumentar, lo mismo obras propias que extrañas, aunque algo cohibido
por el raquitismo de nuestros núcleos orquestales, usaba,
apropiadamente, los distintos cuartetos, dando al conjunto variedad,
belleza y novedad. La instrumentación de sus danzas dió a estas el
carácter de composición genérica.

Maestro director y concertador de la compañía de zarzuela, empresa
_Bernard y Abella_, marchó como tal, en excursión artística, por varias
ciudades de América del Sur, hasta Buenos Aires; viaje provechoso, pues
en el completó sus conocimientos.

Al volver a Ponce, reorganizó su antigua sociedad de conciertos, la
_Lira Ponceña_, dando, periódicamente, selectas audiciones en el _Sport
Club_ y el teatro _La Perla_, como también en otros de la isla, pues era
muy solicitada.

Su facilidad para componer e instrumentar puede, fácilmente, juzgarse
por los siguientes verídicos hechos:

Estaba con su orquesta solemnizando las fiestas patronales de Barros,
y, ya en plena misa del día de San Juan, cuando platicaba tranquilamente
con los músicos en el antecoro, esperando que el orador sagrado
terminase el sermón de rúbrica, vino Cosme Tizol--primer clarinete de la
orquesta--a decirle: Juan, se quedaron en Ponce los papeles del
_Benedictus_. Pues tráeme los de la _Gloria,_ contestó con presteza, y
escribiré uno en la última plana.

Con lápiz, y a pesar de la prisa, con notación bastante clara, en poco
tiempo, improvisó un _Benedictus_ para voces y pequeña orquesta, que,
después de oído, resultó una de sus mejores composiciones del género
_sacro_.

Otro hecho: Llegó de _arribada forzosa_ a Ponce, procedente de
Venezuela, una compañía de ópera, casi en cuadro y sin repertorio. El
tenor Antón o Antonini, que la representaba, solicitó de Campos le
ayudase en la preparación de algunas audiciones. Con el refuerzo de
algunos elementos dispersos que había en la isla, a la semana, debutaba
la compañía, con Campos de Maestro, continuando las representaciones
tres veces por semana. El repertorio lo rehacía Campos, instrumentando
una ópera cada cuatro días.

Poseía genialidades de carácter. Sencillo, franco y generoso con los
compañeros entre los que no establecía diferencias, solía enojarse por
nimiedades, de las que él mismo se reía, cuando la causa, real o
imaginaria, había cesado.

Cuando estaba de bromas, empleaba la música, para divertirse.
Recordamos, que encontrándose en Añasco, solemnizando con su orquesta
las fiestas patronales, pasó a Mayagüez una noche en que se celebraba un
baile en el Centro Español, cuya orquesta dirigíamos, y de la que
formaba parte, como contrabajista, Blas García. Después de haber estado
un rato oyendo desde el salón la orquesta, subió al escenario y quitando
el arco a García, me indicó con la cabeza que si podía tocar, a lo que,
como era natural, accedí gustosísimo. En aquellos momentos se estaba
tocando su danza _Idilio_, que tiene en la instrumentación original
preciosos efectos y que por lo reducida de aquella orquesta no se podían
apreciar bien. Campos, que jugaba con el contrabajo, empezó a hacerlos,
todos; y unas veces imitando al clarinete, otras los bombardinos como
también los dulces sonidos del Cello, se mostró tan grandioso a la par
que _juguetón_, que poco a poco las parejas dejaron de bailar parándose
a contemplar el juego del arco y a la vez para oir mejor las sonoridades
que sacaba al contrabajo de tres cuerdas.

Otras de sus _maldades de artista_, fueron escribir acompañamientos
erizados de dificultades y en el registro mas agudo del bombardino, para
poner en aprietos a Domingo Cruz, (Cocolía); pero este siempre salía
victorioso de la prueba.

Gonzalo Núñez, que al visitar la isla, después de largos años de
ausencia, fué a Ponce para organizar algunos recitales, mostrábase poco
amigo de la danza; pero el inolvidable Américo Marín, que por
temperamento era artista y a la vez un fanático admirador de Campos,
tomó a empeño el que Núñez oyése, interpretadas por la orquesta, algunas
de las danzas de Campos, y, al efecto, una noche, después de haber
reunido en los salones del _Sport Club_ a la _Lira Ponceña_, sin previo
aviso, se fué a buscar al Maestro Núñez, quién, una vez oída la
admirable interpretación que diera la orquesta a, _Idilio_, _Felices
Días_, _Maldito Amor_, _Vano Empeño_ y algunas más, felicitando a
Campos, (estábamos presente), le ofreció transcribirlas para piano, en
la forma que lo había hecho con la Borinquen.

Morell Campos fué el organizador y Director, hasta su muerte, de la
Banda de Bomberos de Ponce, que rivalizaba y en ocasiones superaba, a
las de los regimientos que estaban allí de guarnición.

Ejerció de organista en la Iglesia parroquial de Ponce, y aunque su
facundia en la improvisación le permitía salir airoso, no era poseedor
de los secretos del órgano, que requiere estudios especiales, después de
ser un hábil pianista.

En la noche del 26 de Abril de 1896, de triste recordación, cuando aún
no había cumplido los 39 años y su facultad creadora se encontraba
fresca, lozana y prepotente, dirigiendo en _La Perla_, la Zarzuela _El
Reloj de Lucerna_ casi al finalizar la obertura, la traidora muerte,
hiriéndole con el dardo cruel de la _angina de pecho_, le hizo caer de
bruces sobre el atril de dirección, produciendo el hecho honda y
dolorosa sorpresa en el público cercano a la orquesta.

Suspendida instantáneamente la representación, fué transportado en
brazos de sus amigos al escenario, acudiendo solícitos a prestarle
auxilio, los mejores médicos, los que si bien lograron paralizar la
acción del primer ataque, comprendieron que el fin de aquella preciosa
vida se acercaba.

El señor Marín Varona--maestro concertador cubano--que se hallaba como
expectador en el teatro, púsose incondicionalmente a las órdenes de la
empresa _Lloret y Pastor_, para sustituir a Campos, gratuitamente, como
director, mientras durase su enfermedad; ofrecimiento que fué aceptado,
reanudándose la representación tan pronto como los médicos anunciaron
que el accidente carecía de importancia. Por cierto que al ser conducido
Campos en un sillón, que cargaban sus amigos desde el escenario al
coche que debía llevarle a su hogar, cuando al bajar hacia la platea vió
a Varona dirigiendo la orquesta, exclamó: ¡Qué ironía!...[22]

     [22] Campos y Varona estaban distanciados.--F. C.

La noticia del accidente circulando con rapidez por toda la Isla, puso
de relieve las grandes simpatías de que gozaba, siendo innumerables los
telegramas que recibiera.

Como los médicos, al notar una acentuada mejoría, indicasen la necesidad
de un viaje con el cual podría recuperar por completo la salud, las
Damas Ponceñas, que para ejercitar el bien siempre están solícitas,
iniciaron seguidamente una suscripción para los gastos de aquél, que fué
acogida con interesante afecto, nutriéndo su total, remesas espontáneas
hechas de muchos pueblos, por amigos, compañeros y admiradores.

Más, cuando se preparaba para tomar el vapor que había de conducirlo a
Europa, recrudeciéndose de improviso los ataques, en la tarde del 12 de
Mayo de aquel mismo año, el espíritu de Juan Morell Campos, desligándose
de la envoltura carnal, se elevó para siempre, radiante de gloria, hacia
las altas regiones de la eterna armonía.

Aunque los médicos trataron de embalsamar el cadáver para ponerlo en
capilla ardiente por dos o tres días y poder preparar un gran homenaje
fúnebre, por falta de algo necesario no pudo efectuarse, teniendo que
procederse, apresuradamente, al entierro, que a pesar de eso resultó
grandioso. Los señores Mateo Furnier, Félix Matos Bernier, Eduardo
Neuman y Licenciado Casalduc, hicieron en las oraciones fúnebres que
pronunciaron la apología de sus méritos y la orquesta _Lira Ponceña_,
por él creada, recibiendo en la puerta del Camposanto, los tristes
despojos del maestro los acompañó, hasta el nicho en donde reposan, con
las melancólicas notas de una alegoría fúnebre que él compusiera a la
memoria del malogrado patriota Manuel Corchado y Juarbe.

¡Tú artista genial, que tantas ensoñaciones produjiste con las melodías
de tus danzas, en las almas portorriqueñas, goza, goza de las eternas
realidades, en el cielo de la gloria, supremo ideal del arte, aún en sus
manifestaciones, al parecer, más pobres!



CAPÍTULO XII.

_NÚÑEZ, GONZALO._

PIANISTA-COMPOSITOR.


Escribir, historiar, pretender la descripción biográfica de
personalidades meritísimas cuya intensa labor se ha realizado más en el
extranjero que en suelo natal, con parquedad de datos y facultades de
expresión limitadas, solamente puede concebirse que se haga, o
constreñido por el deber o como resultante de una acción monomaniaca.

Tal nuestro caso al presente, cuando mayores eran los deseos de
presentar el retrato artístico de Núñez dentro del marco de pulido oro
que él se merece.

Gonzalo Núñez está justamente reputado como el primer pianista
portorriqueño, de los últimos treinta años.

La legitimidad de su fama está refrendada por la crítica docente de
Europa y América; sus composiciones han sido editadas y aplaudidas en el
extranjero, antes que en Puerto Rico; su prontuario de armonía está
catalogado entre las obras docentes de las bibliotecas musicales; su
labor profesional le absorbía todo el tiempo cuando ejerció de maestro
en New York, Habana y Méjico; y, sin embargo, cuando después de largos
años de ausencia regresó a la isla, primeramente en excursión artística
y después con ánimos de fijar aquí su residencia definitiva, en las
primeras, los resultados económicos fueron nulos, y durante los cuatro o
cinco años de residencia, si aplaudido y considerado, en todo su gran
valer, por los inteligentes, para el pueblo, su disco solar permanecía
eclipsado... ¡Cosas de Puerto Rico!...

Su biografía, no tendrá la extensión que, como hemos dicho, deseabamos
ofrendarle, pero en el relato de los hechos más culminantes de su vida
artística, quién profundice lo escrito rendirá a su nombre el homenaje
que actualmente merece, y que en las páginas del arte musical
portorriqueño, cuando verdaderamente se haga, resplandecerá glorioso.

Nacido en Bayamón y sin que podamos precisar el año, con el maestro
Cabrizas, hizo sus estudios preliminares del piano, tomando también
algunas lecciones de Tavárez, cuando éste regresó de Francia.

En 1868 se trasladó a París, en donde, después de sufrir los rigurosos
exámenes de ingreso, fué admitido como alumno titular en el
Conservatorio, matriculándose en la clase de piano de Mr. Le Couppey y
en la de armonía y composición del gran maestro Mr. Mathias.

Siete años estuvo cursando, a conciencia, la carrera artística que
terminó obteniendo merecidos premios.

Regresó a su país y a los pocos meses marchó para los Estados Unidos, en
donde tuvo tan favorable acogida que el tiempo le era corto para las
muchas lecciones que debía dar, proporcionándole los estipendios, vida
holgada y confortable.

Dió muchas audiciones en los salones más afamados de la gran _urbe_
americana y los éxitos se contaban por el número de aquellas.

Después de diez y ocho años de ausencia, volvió al país y en San Juan,
Mayagüez, Ponce, Arecibo y alguna otra población, organizó recitales en
los que se dió a conocer, no solamente como pianista-concertista sino
como compositor que cultivaba con esmero el género clásico. Entre los
inteligentes, cautivó la atención, un cuarteto, estilo Schumann, que
tiene un tema, con variaciones, delicioso.

Al año de excursión volvió a París, de donde pasó a Barcelona, siendo
recibido en la Ciudad Condal con los honores que aquel cultísimo público
rinde a los verdaderos artistas.

Asuntos particulares le hicieron retornar a la isla permaneciendo en
ella, y dedicándose a la enseñanza, por tres o cuatro años. Después se
marchó para New York en donde actualmente reside, y cuyo puesto de honor
entre el profesorado no ha perdido.

En la Habana, Méjico y otras ciudades del continente Sud-Americano dió
una serie de conciertos que le proporcionaron fama y beneficios.

Es Gonzalo Núñez uno de los compatriotas a quién apenas hemos tratado, y
como pianista, solamente le oímos en el concierto que diera en Ponce en
el año 1893. En el pudimos aquilatar su exquisita escuela, su estilo
propio y claro de interpretación, siempre ajustado al espíritu y
notación de las obras que ejecuta.

No tiene, tal vez, los arrebatos pasionales que recordaramos de Tavárez,
pero en la ejecución de obras de sus autores favoritos, Chopín y
Beethoven, sobre todo en la _Sonata Appasionata_ y en la _Rayo de Luna_
del último, y de las que él ha hecho una especie de creación, por la
inimitable interpretación que les dá, la conmoción que produce en el
auditorio es profunda.

El cuarteto que diera a conocer en el recital de Ponce, que pudimos
apreciar bien porque interpretabamos la parte de la viola, está hecho,
dentro de las severas reglas del género, con originalidad, elegancia,
equilibrio y corrección en el diálogo, unidad temática, ricamente
armonizada por el uso apropiado de efectos contrapuntales reveladores de
un pleno dominio de los secretos de la composición, los cual aplica con
la experiencia del arquitecto, que posee por igual estética y
preceptiva, y no como el mecánico que solamente busca la precisión
matemática.

Sus composiciones para piano son todas filigranas inspiradísimas hechas
con maestría y pleno conocimiento de los efectos que una esmerada
ejecución tiene siempre que producir en cualquier auditorio.

Por su semblante parece que vive en contínua abstracción.

Su carácter es más bien retraído que expansivo, y en cuanto a sus _cosas
de artistas_, asegúrasenos que tiene rarezas.

Las principales obras que ha compuesto son:

_Loreley_, Capricho, delicadísimo, para piano. _El Angelus_, Meditación,
para piano. _Sonata_, para piano. _Allegro de Concierto_, para piano.
_Gavota_, para piano. _Gran marcha triunfal_, para orquesta, dedicada a
Porfirio Díaz, Presidente que fué de Méjico. _Cuarteto de Cuerda_,
estilo Schumann. _Elena_, Vals brillante, para piano. _Trina_, Mazurca
para piano. _Una noche en Puerto Rico_, gran danza criolla, de
concierto. _Mariposa_, capricho, para piano, se han hecho cuatro
ediciones. _La Borinqueña_, capricho fantástico, para piano. _Dulce
Sueño_, dedicado a Dueño Colón, capricho, y _Danzas Cubanas_, colección,
de concierto. Las siete primeras se editaron en París y Londres y las
demás en New York.



CAPÍTULO XIII.

_OTERO, ANA._

PIANISTA.


El piano fué siempre su amoroso confidente. En él vertió su alma de
artista, sus alegrías, sus pesares. Inclinada sobre la armónica
dentadura le comunicaba sus más recónditos secretos.

Ana Otero colocaba muy alto el ideal del arte, y por eso el estudio del
piano, en ella, fué a la manera de un sacerdocio.

Su portentosa ejecución hacíanla _única_ en la interpretación de las
rapsodias de Listz, en Puerto Rico, y en el modo de destacar los cantos,
sobre todo, con la mano izquierda, haciendo entonces de ella, como decía
Beethoven, "el maestro de Capilla."

Las más áridas y erizadas dificultades del piano, las vencía Anita sin
esfuerzo aparente, con esa _difícil facilidad_ que es el gran escollo de
los ejecutantes. Era sorprendente en la sonoridad, en el sonido que
sacaba de las notas, en el manejo de los pedales, y en el _rubato_.

Al hacer, Anita, un pasaje _rubato_ expresaba abandono, no desorden, y
haciendo una verdadera creación de cada una de estas frases, se alejaba
del amaneramiento tan común en nuestros días, y tan artificioso como
frívolo.

En la ejecución de la _Polonesa en la bemol_, de Chopín, no desplegaba
esa fuerza de trueno, acostumbrada por algunos pianistas. Ella comenzaba
el famoso pasaje en octavas, _pianísimo_, y lo llevaba hasta el fin sin
una progresión dinámica demasiada estrepitosa. Evitaba, en general,
todos los contrastes chillones y todos los fuegos pirotécnicos.

Nació la egregia artista en Humacao, P. R., el 24 de julio de 1861.

Fué educada o iniciada en el arte de la música y del piano, por su
respetable padre, Don Ignacio, antiguo y reputado profesor de música.

Con una perseverancia digna de encomio, de toda clase de alabanza,
comenzó Ana sus estudios, y sintiendo agitarse a su alrededor las
águilas de la noble ambición artística ya conocedora, precoz, del
instrumento, y, pianista en capullo, dió principio a su peregrinación
por la Isla, en 1886, pues guiábala el loable propósito de allegar
recursos para tender el vuelo hacia un Conservatorio Europeo en donde
perfeccionar sus estudios.

Numerosos amigos y admiradores, que veían en ella, y la predecían, la
sucesora de Tavárez, único pianista conocido, en aquella época, hijo de
Puerto Rico, le aconsejaban frecuentemente, que procurase los medios de
trasladarse a Europa, para enriquecer sus conocimientos musicales bajo
la dirección de maestros eminentes.

Después de luchas incesantes y de vacilaciones sin cuento, decidió Ana
hacer una _tournée_ por la isla, atenida a sus propias fuerzas y a la
hidalguía de sus compatriotas, los cuales no le escatimaron ni aplausos
ni apoyo material.

Terminada la excursión, decidió realizar sus nobles ambiciones, y allá
por el mes de junio de 1887, se trasladó a Barcelona, en donde, al
llegar, se encontró con qué, a la sazón, se proyectaba una fiesta
artística a beneficio de la Sociedad de Escritores y Artistas, de
aquella ciudad; fué invitada a tomar parte en dicho acto, por su
compueblano y amigo, el muy ilustre doctor y excelso poeta, Manuel
Martínez Rosselló, estudiante, entonces, de medicina, que formaba parte
de la comisión organizadora de dicho festival.

Ejecutó Ana Otero varias piezas, entre ellas, el concierto de
_Kalbrenner_ acompañado por numerosa orquesta, y el _Fausto_, del
pianista catalán Pujols, encontrándose éste en el teatro _El Dorado_; y
el renombrado artista manifestó, que la interpretación dada a su obra,
por la señorita Otero, se hallaba al nivel de la de cualquier pianista
de renombre.

Un mes después, se presentaba Anita, decidida y animosa, en París, ante
el profesor del Conservatorio, Mr. Fissot, a fin de que la oyése tocar y
le manifestara, francamente, si podía aspirar al ingreso como alumna en
el Conservatorio, el cual le manifestó, que sus dotes artísticas eran
excelentes, y la ofreció preparar para que entrase en concurso, lo que
no podía efectuarse hasta el próximo noviembre, época en que se abrían
los cursos de estudios.

Llegada dicha fecha, Anita se presentó ante el jurado, a luchar entre
doscientos veinticuatro competidoras; de éstas, sólo dieciséis fueron
calificadas aptas para el ingreso, pero como solamente habían,
disponibles, ocho plazas, se procedió a una elección, resultando Anita,
obteniendo, también por la suerte, la designación que antes alcanzara
por sus méritos.

Desde esa fecha memorable, concurrió Ana, tres veces por semana, a la
clase del Conservatorio, dirigida por el mencionado Mr. Fissot, y a la
vez asistía a la del reputado maestro Toaudau, el cual le daba lecciones
de armonía y composición.

El primer año de su permanencia en París fué de luchas y sufrimientos,
tanto por el idioma, como por los rigores del clima. En combate tan
desigual, venció el genio y la fuerza de voluntad férrea,
inquebrantable, de la notable pianista.

Al terminar el primer curso, tanto Mr. Fissot como Mr. Toaudau, le
expidieron certificaciones expresivas y laudatorias de sus adelantos
musicales.

Con estos triunfos alentadores y aprovechando las vacaciones escolares,
se trasladó, Anita, a Barcelona en donde residía su hermana doña Carmen
O. de Gálvez.

Celebrábase, en aquella fecha, la exposición internacional, en cuyo
salón de música y en un magnífico piano _Erard_ ejecutaba el gran
pianista español, Isaac Albéniz, algunas de sus magistrales
composiciones. Anita se hizo presentar a él, logrando que le concediera
una entrevista en su casa, para ejecutar en su presencia algunas de sus
obras, como las _Sevillanas_, _Cotillón_ y _Pavana_, con el fin de que
la juzgara y corrigiera la interpretación que daba a su música. A los
pocos días tuvo lugar en la residencia del gran _virtuose_, la sesión
musical solicitada, y Ana tocó delante del reputado pianista las piezas
mencionadas, sin que aquél tuviera nada que objetarla; y, como premio a
sus facultades, le regaló varios ejemplares de sus composiciones, con
expresiva dedicatoria, en las que felicitaba a Puerto Rico, por contar
entre sus hijos a una artista de tan relevantes méritos.

Terminadas las vacaciones, preparábase Anita para regresar a Puerto
Rico, sin realizar sus anhelos de terminar los estudios, a causa de
habérsele agotado los recursos con que contaba para su sostenimiento en
París.

A iniciativa de la noble e inteligente dama portorriqueña, Ana Roqué,
secundada eficazmente por Don Arturo Aponte, Don Salvador Fulladosa y
otros amigos entusiastas de Anita, se fundó, en Humacao, una revista
literaria titulada _Euterpe_, con cuyo producto pudo, Anita, trasladarse
nuevamente a París, en octubre de 1888, para proseguir los estudios.

Una vez en la capital francesa, se proporcionó los medios de hacerse oir
del eminente profesor Mr. Marmontel, maestro de Mr. Fissot y de casi
todos los profesores del Conservatorio.

En presencia de este venerable anciano, gloria del arte musical,
interpretó, Anita, la tercera balada de Chopín, pieza de concurso en el
año anterior; y a petición del _maestro_, obras de Listz, Schumann,
Mendelson y Beethoven, el cual, interrumpiéndole, la dijo: "Sin
adulación alguna le declaro, que estoy muy satisfecho de su manera de
tocar; tiene usted interpretación propia, cualidad no común en los
pianistas mordernos; y, tomándola la cabeza entre sus manos, añadió, y
es usted una artista completa y le auguro un porvenir brillante."

Para estar, Ana, aún más segura de sus conocimientos, preguntó a
Marmontel, si él creía que ella pudiera dar un concierto en Madrid,
contestándole el maestro, que no tan sólo podía exhibirse en España, si
que también en Alemania, Inglaterra, y hasta en el mismo París, y que él
se comprometía a hacerle el programa de su primer concierto.

Y en París, cerebro del Mundo, y en la famosa sala _Pleyel_, por la que
han desfilado tantos grandes de la música, dió su primer concierto la
inspirada y eximia artista portorriqueña, alcanzando completo éxito, del
numeroso público que asistió a escucharla.

En una de las primeras filas de butacas de la sala se destacaba la
venerable figura de Mr. Marmontel, quién, al terminar la primera parte
del concierto, subió a felicitar a Ana, y en presencia del público la
estrechó entre sus brazos.

Ana Otero era, por tanto, una artista de fama, sólidamente conquistada,
y había colocado muy alto a su país en suelo extranjero.

_L'echo_ y _Le Fígaro_, de París y otros periódicos proclamaron en sus
columnas el triunfo brillante de la artista borinqueña.

De regreso de Europa, y después de haber dado algunos conciertos en
varias poblaciones de la isla, volvió Ana a hacer otra _tournée_
artística por la América del Sur, empezando por la ciudad de Caracas,
continuando por Puerto Cabello, Valencia Curacao, Cartagena, Costa Rica,
hasta llegar a New York, donde se hizo oir en una de las grandes salas
de conciertos de aquella gran ciudad. Allí permaneció el tiempo
necesario para cursar el inglés, que ya conocía gramaticalmente, así
como el francés y también el italiano, por lo cual, Anita, con su lengua
vernal, poseía cuatro idiomas.

Por razones de salud, regresó a Puerto Rico y se dedicó entonces, a la
enseñanza del piano, fundando una Academia, en la cual llegó a reunir un
gran número de alumnas, todas aprovechadas, que hacen hoy gran honor a
su ilustre profesora.

Ella fué la continuadora, en la enseñanza del piano, del gran maestro
español Fermín Toledo, el cual, fué quién elevó ese arte a gran altura
en Puerto Rico, imprimiendo una nueva escuela, casi desconocida en aquel
entonces en que el ambiente artístico estaba completamente huérfano del
buen gusto que debe presidir en el arte; anulando sensiblerías de gustos
enfermizos, consiguió hacer florecer un buen número de alumnas, entre
las que pueden mencionarse, María Medina de Vasconi, Leonisa Rius,
Asunción Bobadilla y otras más, que pudieron demostrar la impecable
escuela de aquel gran maestro español, amigo cariñoso de los
portorriqueños.[23]

     [23] La señora Padilla de Sanz, (la _Hija del Caribe_) adquirió con
     el señor Toledo, los conocimientos musicales que posee con gran
     eficiencia.--F. C.

De manera que, al marcharse Toledo para los Estados Unidos, fué Anita,
la que asumió la marcha de la buena y perfecta enseñanza del piano,
dando los opimos frutos que todos conocemos.

Su excesivo trabajo; la constante demanda del público, ávido de su
enseñanza, minó su salud y se tronchó la flor de su vida.

Aquellos ojos, que se abrían, como dos astros, sobre sus aristocráticas
mejillas, se cerraron para siempre. Aquellos dedos mágicos, que supieron
interpretar las más difíciles creaciones, se agitaron en
estremecimientos de dolor, tal vez de protesta, y... ¡el cielo no se
conmovió ante aquella inmensa desventura!

Murió el día cuatro de abril de 1905, y, ¡¡ni un sólo pliegue frunció la
azul cortina de los cielos!!

Su muerte fué un doloroso acontecimiento para el arte portorriqueño. Su
cadáver fué embalsamado y conducido a Humacao, en cuyo cementerio duerme
entre flores, junto a la tumba de su padre, su primer maestro.

Dos años después, a iniciativa de algunos admiradores de la egregia
artista,[24] le dedicó el Ateneo una velada, en la cual, las que habían
sido sus discípulas, interpretaron algunas de sus composiciones
inspiradísimas, porque Anita fué también una exquisita compositora.

     [24] Según nuestras noticias la iniciativa partió de la _Hija del
     Caribe_, aunque su modestia lo oculte.--F. C.

El retrato de Ana Otero debe figurar, en sitio de honor, en nuestro
primer centro de cultura.

Fué un astro maravilloso que nos deslumbró con sus resplandores.

Y, como hecha flor, cayó de una estrella, allá se volvió esparciendo, a
su paso, una fulgurante estela de luz.

     LA HIJA DEL CARIBE.

     Arecibo, P. R., octubre de 1915.



CAPÍTULO XIV.

_PAOLI, ANTONIO._

TENOR DRAMÁTICO.


Este, nuestro gran tenor, que merecidamente ha alcanzado fama mundial y
cuya gloria artística es timbre de honor para Puerto Rico, nació en
Ponce, en el año 1873.

Con su hermana Amalia se trasladó, en 1885, a la Corte de España, en
donde, por mediación de la Infanta Isabel, gran protectora del arte y de
los artistas, que siempre tuvo, y tiene aún grandes distinciones para
Amalia, (le fué presentada por la señora Duquesa Viuda de Bailén) obtuvo
de la munificencia Real, una plaza de pensionado en el Real Monasterio
del Escorial, similar a la que también le otorgaran a su otra hermana,
Rosario, ya fallecida, para el Real Colegio de niñas de Leganés.

En 1892, terminados los estudios de segunda enseñanza que hiciera en el
citado Monasterio, bajo la dirección de los PP. Agustinos, empezó a
estudiar la carrera militar, que no era muy de su agrado, hasta que
habiendo recibido Amalia, que se encontraba en Milán, año de 1895, una
carta del que había sido su primer maestro de canto en Madrid, Napoleón
Verger, célebre barítono, avisándole que la casualidad le había hecho
oir a Antonio, en el cual encontraba una voz muy buena y digna de ser
educada en Italia, trasladándose aquella a Madrid, obtuvo, como siempre,
una audiencia de la magnánima Infanta Isabel, quién, después de oir a
Paoli, obtuvo de nuevo que la Reina Regente doña María Cristina,
enviase a Antonio pensionado a Italia, lo que efectuó después de una
corta _tournée_, por el Norte de España, en compañía del célebre bajo
caricato del teatro Real de Madrid, Antonio Baldelli.

En 1897 empezó sus estudios los que, como _elegido_ al fin, terminó en
dos años, cabiéndole la gloria de hacer el debut, año de 1899, en el
teatro de la Gran Opera de París, con _Guillermo Tell_, alcanzando tal
éxito, que desde entonces fué calificado por la crítica, como tenor de
primera línea, haciendo de su vida artística un paseo triunfal por todos
los grandes teatros de Europa y América.

De París marchó a Londres, en 1900, contratado para la temporada del
_Covent Garden_.

Las añoranzas del suelo nativo le hicieron venir a la Isla, el año 1901,
en la que ofrendó al Supremo Hacedor, desde los coros de Catedral y San
José, las primicias de las audiciones, pues Paoli es un fervoroso
católico. Después organizó conciertos en Ponce, San Juan, Arecibo y
otras importantes ciudades, con el único objeto de que sus paisanos
apreciasen las bellezas de su voz, tan aplaudida por los públicos de
París y Londres.

Prosiguiendo la excursión por América, visitó a Caracas, la Habana y New
York, retornando a Italia, en 1902, y volviendo el mismo año a los
Estados Unidos, con el célebre maestro Mascagni. Entonces cantó, con
gran éxito, en New York, Boston y Filadelfia, siendo _Il Pagliasi_ la
ópera favorita de esa temporada.

La del 1903 la hizo en el teatro _Fenice_, de Venecia, cantando en unión
del afamado barítono Titta Rufo, las óperas de Verdi, _Trovador_ y
_Otello_. De Venecia pasó al teatro _Pergola_, de Florencia, en donde
hizo furor con el _Otello_, terminando el año, en el _Reggio_ teatro de
Turín.

Fué contratado, en 1904, para cantar en Petrogrado, Varsovia y Moscou,
las óperas _Sansón y Dalila_, _Otello_, _Africana_ y _Hugonotes_, siendo
en Petrogrado, felicitado por el Emperador.

Después de dar en el teatro _San Carlos_, de Nápoles, a principios de
1905 algunas representaciones del _Otello_, con _éxito delirante_, según
las "Crónicas de Italia," que para la prensa madrileña, enviaba la
ilustre escritora española Cecilia Coronado, fué, por primera vez,
contratado ese mismo año, para el teatro Real de la Corte Española, en
el que debutó, con _Otello_, cantando después, _Trovador_, _Lohengrin_ y
_Africana_.

Santiago de Chile fué su campo de acción en 1906, y al regresar a Milán,
fué inmediatamente contratado para Odessa y de aquí para Nápoles.

Contratado expresamente para inaugurar el teatro _Colón_ de Buenos
Aires, con _Otello_ y _Sansón y Dalila_, cautivó permanentemente, al
público argentino.

Roma y Bolonia le retuvieron durante el año de 1908. En el _Politeama_,
de Boloña, cantó con Amati, el _Trovador_ proclamándole la prensa
boloñesa, como el primer tenor del mundo. En ese mismo año hizo
temporada, con su hermana Amalia, en Bagna Cavallo, importante población
cercana a Roma, cantando, entre otras óperas, _Lohengrin_.

Para los grandes conciertos que anualmente se celebran en el teatro
_Kursall_, de la aristocrática ciudad veraniega de Ostende, fué
contratado en 1909, siendo nuevamente consagrado tenor mundial por el
selecto público que, a precios fabulosos, acaparaba las localidades.

En marzo de 1910 recibió la _confirmación de "primo tenore"_, en el gran
teatro de la Scala de Milán, debutando con _Sansón_ y _Dalila_. La
severa crítica milanesa sólo tuvo para él frases de elogios.

_Aida_, _Lohengrin_ y _Otello_, proporcionaron a los concurrentes del
teatro Imperial de Budapest, noches deliciosas de arte, al oirlas
interpretadas por, "_l'enfant galí_", como llamaba a Paoli, Oscar
Porrán, al hacer, para _Il Seccolo_ de Milán, las reseñas de la
temporada de 1911 en la capital de Hungría.

En noviembre de ese mismo año, fué nuevamente contratado por la empresa
del Real de Madrid, en cuyo teatro tuvimos la fortuna de oirle cantar
_Hugonotes_, en la tarde del 8 de diciembre.

Paoli, que sin estar orgulloso de sus méritos, sabe aquilatarlos para
realizar el puesto que, merecidamente ocupa, es bastante refractario a
la previa _reclame_, circunstancia que, en más de una ocasión, le ha
hecho ser juzgado desfavorablemente. Esto, unido que al escriturarse,
impuso hacer el debut con _Hugonotes_, ópera que, por entonces, no
agradaba al público madrileño, fué causa de juicios contradictorios en
las revistas teatrales que la prensa hiciera.

Pero estando Paoli convencido de que en el _Raul_ de _Hugonotes_, a
excepción de Tamagno, no tenía rival, continuó las representaciones de
dicha ópera basta obtener del público concurrente a la tercera
representación, que conmovido por la manera inimitable con que expresó
el _raconto_ del primer acto, le aclamase delirantemente, haciéndosele
_visar_.

Paoli es tenor dramático absoluto. Su voz clarísima, de timbre cálido,
completamente igual en volumen y colorido de todos los registros,
adquiere sorprendente vigor en los agudos, sobre todo al _filar_ las
cadencias. Su apuesta y arrogante presencia en la escena complementa al
artista.

En 1912, con motivo de haber oído el Kaiser Guillermo, de Alemania, un
record del _Otello_, impresionado por Paoli, le llamó por telégrafo para
que diese ocho audiciones en el teatro Imperial.

De Alemania pasó, por dos meses, contratado a Buenos Aires, y en 1913
fué escriturado para Barcelona.

Cuando en 1914, se disponía a aceptar una contrata para Rusia, surgió de
improviso la funesta y horrible guerra, que actualmente devasta el suelo
europeo, y hubo de quedarse, como la mayor parte de los artistas,
retirado en el hogar, ya que él por su condición de extranjero
perteneciente a una nación neutral, España, no ha tenido que tomar las
armas, como le ha ocurrido a otros de su misma talla.

Afortunadamente, su posición económica, desahogada, pues los records
fonográficos le producen una buena renta, le permite vivir
descansadamente sobre los laureles ganados en su carrera triunfal.



CAPÍTULO XV.

_RAMOS, ADOLFO HERACLIO._

PIANISTA-COMPOSITOR.


De elevada estatura, delgado, músculos vigorosos, temperamento más sajón
que latino, tez bronceada, visión inquieta, cabellos ensortijados,
amplia boca de labios gruesos-carceleros del tabaco de _perilla_ que
solamente abandonaba para comer y dormir--_brazos_ muy largos rematados
por manos gigantescas que le permitían pulsar, sin esfuerzo, la undécima
nota de la _gamma_ del piano, de porte elegante al presentarse en
sociedad, que contrastaba con su desaliño ordinario, tal fué la
personalidad física de Heraclio Ramos, a quien conocimos en su Villa
natal, Arecibo, en 1888.

La psíquica, intelectualmente, denotaba inteligencia espontánea que
acrecentó con la lectura analítica de obras literarias, de buena cepa,
españolas, inglesas y francesas, cuyos idiomas poseía.

Moralmente y en concordancia con su temperamento artístico, era amante
apasionado de _lo bello_ y de _lo bueno_, sin que el genio del mal
conturbase su conciencia, ni los embates de las pasiones socavasen la
pureza de sus ideales.

Nacido en una época en que las diferentes clases sociales tenían
linderos bien demarcados, sus méritos artísticos le permitieron
franquearlos todos, aunque con reservaciones... que nunca pretendió
traspasar.

Su padre Juan Inés, músico procedente de la banda del regimiento de
Granada, fué su preceptor elemental de arte lírico, y el maestro alemán
Mello, quién lo iniciara en el estudio de la composición y alta escuela
de piano.

Las naturales disposiciones, dirigidas por la buena escuela,
contornearon su modalidad artística, que adquirió gran realce, cuando
por la perseverancia en el estudio y a los 18 años, orló su frente con
laureles adquiridos en público certámen.

Como pianista superaba a Tavárez en mecanismo, el cual, casi sin
hipérbole, tenía similitudes con el pasmoso de Listz, cuyas obras, así
como las de Talberg, Proudent y Gottschalk constituían su repertorio del
género brillante. En el clásico, Bach, Hayden, Shumann y Chopín,
ocupaban el puesto de honor. Las fugas del primero y los valses del
último, los interpretaba con ejecución limpia, precisa y elegante.

Aquellas manazas, que en los _fortissimos_ y _crescendos_ producían
sonoridades cual si pulsaran simultáneamente varios teclados, en los
_diminuendos_ y _pianissimos_, herían las teclas, con tal delicadeza,
que percibíanse los sonidos, como el rumor de besos entre brisas y
flores.

Aunque conocía a los clásicos, daba preferencia a la música brillante, y
más especialmente a las fantasías y variaciones, para desarrollar sus
pensamientos musicales.

Como preceptor de piano, era muy cuidadoso en todo lo concerniente al
mecanismo, pero algo descuidado en la interpretación. Además solía
abstraerse con frecuencia, ora vagando por las regiones del ensueño, ora
con la lectura de algún libro o periódico, haciendo caso omiso de las
incorrecciones en que incurriera el alumno a quien estaba dando lección.

Compuso unos estudios didácticos para _octavas_ que fueron premiados en
Roma.

Muchas fueron sus producciones, de las que pocas llegaron a publicarse,
y en casi todas, la exhuberancia de floración encubría la endeblez del
tronco. Sin embargo nos dió a conocer algunas, que revelaban ideas
temáticas bien pensadas y mejor desarrolladas, como la sonata en _la
bemol_, cuyo _andante expresivo_ y _allegro con fuocco finale_ tenían
factura similar, aunque sin plagios ni siquiera reminiscencias, a los
del "_Rayo de Luna_" de Beethoven. Esta sonata nos la hizo oir varias
veces en el piano de la familia Correa de Arecibo, y además, un día, nos
dejó examinar la partitura original, hecha con lápiz. Por cierto, que
nos hemos cansado de indagar, donde o quien pueda poseerla, sin
resultado. De encontrarla la editaríamos, pues merece ser conocida por
los inteligentes.

Su primer lauro lo obtuvo en la Feria-Exposición, que en 1854 se efectuó
en San Juan, por unas variaciones sobre motivos de la polka favorita de
la famosa cantante _Jenny Lind_. En la de 1860, le adjudicaron medalla
de oro y diploma por otras variaciones, para piano, sobre motivos del
_Carnaval de Venecia_. Y en el certámen de Santa Cecilia, efectuado en
1865, conquistó la medalla de oro y diploma, asignada como premio, por
su fantasía para piano _El Ave en el Desierto_. Poco después obtenía en
Roma, mención honorífica de primer grado por los referidos estudios
didácticos.

Una de sus últimas composiciones, que publicó fueron los aires del país,
divididos en dos series.

En ellos tuvo la habilidad de transcribir los cantos más típicos de
nuestros jíbaros, presentándolos tal como estos lo ejecutan en _tiples_
y _bordonúas_, los que, después, empleó como temas para desarrollar
variaciones, en las que, hay más de gimnasia mecánica, que de novedades
en la construcción.

El tema de danza con que empieza la primera serie, y que repite al final
de la misma, no es original, sino una adaptación, con aditamentos de
floreos, de la bella _romanza_, _Di Provenza il mar il suol_... que
canta el barítono en la ópera _Traviata_.

Heraclio Ramos era muy aficionado a esta clase de adaptaciones, tal vez
influído por el gusto de la época en la que, como lo hemos dicho ya,
privaba mucho el género de fantasías y variaciones sobre temas de
óperas.

Esto no quiere decir que careciera de originalidad, por el contrario era
un melodista inspiradísimo, como lo atestiguan las muchas danzas,
polkas, valses, lanceros y demás obras del género bailable y algunas
características del piano, que compuso.

Tales son a grandes rasgos los méritos artísticos del
pianista-compositor arecibeño, que pobre y casi oscurecido, después de
haber ocupado puestos prominente entre los artistas de mérito, falleció,
tal vez de nostalgia, el 22 de abril de 1891.

Su memoria debe siempre ser enaltecida, dedicándosele una página en
nuestra historia musical.



CAPÍTULO XVI.

_TAVÁREZ, MANUEL G._

PIANISTA-COMPOSITOR.


Al evocar la personalidad artística de Tavárez para hacer su biografía
crítica, temo, no sin fundamento, que en vez del _alto relieve_ que
merece, resulte una profanación el diseño que mi pluma trace.[25]

     [25] Publicada en la edición de junio 30, 1904, _La
     Correspondencia_, San Juan, P. R.--F. C.

Aliéntame, no obstante, la idea de que, la incorrección de líneas,
oscuridad del bosquejo, y la falta de tono en el conjunto, podrán muy
bien subsanarse, con solamente traer a la vista o hacer oir a cualquiera
que comprenda el arte, la mas sencilla de sus composiciones.

Antes de ocuparme de estas, trazaré a grandes rasgos la historia de su
vida.

Vino a ella en San Juan, el 28 de noviembre de 1843. Fueron sus padres,
Don Manuel Alejandro, súbdito francés, tenedor de libros de la farmacia
de Mr. Micard y algo inteligente en música, y doña Juliana Ropero,
portorriqueña.

Desde niño reveló grandes disposiciones para la música, y,
especialmente, para el piano, el que empezó a estudiar con Don Juan
Cobrizas, catalán y profesor el más afamado de la época, recibiendo
algunas lecciones de armonía, del organista de catedral Don Domingo
Delgado.

A los 15 años se trasladó a Europa, con recursos que le proporcionaran
algunos de sus admiradores y la Sociedad Económica de Amigos del País,
e instalándose en París, logró ser admitido en el Conservatorio, que por
entonces dirigía el Maestro Auber, después de haber hecho a satisfacción
los exámenes de ingreso. Fueron sus profesores: Auber, de armonía y
composición; y Mr. D'Albert, de piano.

Encontrando en París el medio ambiente adecuado para desarrollar sus
grandes facultades artísticas, al poco tiempo de estudios, se hizo
notar, entre la balumba de alumnos, que en pos de la gloria acuden a
aquel gran templo de Euterpe. Pero la fatalidad o la desgracia,
compañeras inseparables de los artistas, le obligó retornar a su país al
año de su partida, por efecto de una grave enfermedad que le dejó
atrofiados para siempre el oído y mano izquierda, precisamente, la mano
en la que, como pianista, no hubiera tenido rival, por la asombrosa
destreza que, aun medio paralítico, conservó hasta la muerte.

De nuevo entre nosotros y después de una serie de conciertos que diera
por toda la Isla, se estableció en San Juan, como profesor,
trasladándose después a Caguas y fijando, definitivamente, su domicilio
en Ponce.

Creo oportuno referir una anécdota de cuando ejercía en San Juan la
profesión.

En el colegio que en la calle de la Fortaleza tenía establecido, por
entonces, el profesor de instrucción, ya fallecido, Don Adrián Martínez
Gandía, daban clases de piano, elemental y superior, un danés, cuyo
nombre no recuerdo y Tavárez.

La casualidad les reunió de visita una noche en el colegio, y, después
de haber lucido ambos sus habilidades como ejecutantes, recayó la
conversación sobre la dificultad en el repentizar.

El danés afirmó: "Siempre que no sean piezas de dificultad extrema en
su parte mecánica, yo las leo a primera vista". Tavárez, por toda
contestación, llamó a un sirviente y le mandó a comprar dos cajetillas
de cigarrillos de las que entonces traían impresos, al exterior y en
notas muy pequeñas, trozos de danzones y guarachas cubanas, encargándole
fuesen de música distinta.

En su poder las cajetillas, vació una y, desdoblando el papel, lo puso
en el atril del piano diciéndole al danés: "¿Se atrevería a
repentizarla?"

Este, sin vacilación, se sentó frente al piano leyéndola correctamente,
si bien, el sabor criollo de la danza, no resultase del todo. Al
terminar de repentizarla, tomando la otra cajetilla la presentó a
Tavárez para que hiciese lo propio.

Tavárez, colocándola en el atril de manera que las notas quedasen en
sentido inverso, no tan solo la repentizó, sino que, al repetirla, le
improvisó unas variaciones que, aplaudidas frenéticamente por los
concurrentes hicieron exclamar al danés: "Hasta ahí no llego yo."

En la sociedad ponceña, en aquella época, una de las más filarmónicas de
la Isla y tal vez la única en donde los artistas, con más o menos
apasionamiento, eran considerados y protegidos, fué acogido Tavárez con
simpatías extraordinarias, que se trocaron en culto fanático a medida
que sus producciones y cualidades de pianista fueron debidamente
apreciadas.

La típica indolencia del carácter criollo, el maléfico influjo de falsos
admiradores que constantemente le asediaban y su salud, siempre
resentida desde que sufriera, en París, el primer ataque de parálisis,
fueron factores importantísimos en el resultado de sus labores como
maestro, porque, pudiendo haber hecho muchos y magníficos pianistas,
pocos de sus discípulos pudieron recoger el fruto de lecciones cuyas
intermitencias eran muy frecuentes.

En la tarde del 1º de julio de 1883, al cumplirse el año de haber
obtenido, uno de sus mayores triunfos, en la Feria-Exposición de Ponce,
la medalla de oro y diploma de honor, por su gran marcha para orquesta
titulada "_Redención_" fué cortado, por la parca inexorable, el hilo de
su corta existencia, pues no había cumplido aún los 40 años.

La noticia de su muerte causó profunda consternación en Ponce. El pueblo
ponceño le tributó los honores póstumos más grandiosos que se recuerdan
en aquella ciudad.

Los pianos enmudecieron por algunos días. El cadáver fué embalsamado y
puesto en capilla ardiente en los salones del Orfeón Ponceño. Los
balcones de las casas por donde pasó el entierro estaban enlutados, y
uno de sus discípulos predilectos, que después ha alcanzado gran
renombre y que por entonces era un niño, Paco Cortés, fué el único que
se atrevió a pulsar el teclado del piano, para despedir los despojos
mortales de su inolvidable preceptor, tocando, desde el balcón del
Casino de Ponce durante el paso del cortejo fúnebre, las notas
patrióticas de la marcha "_Redención_." Examinemos ahora sus méritos
como pianista.

       *       *       *       *       *

Juzgar a un pianista en una sola audición, cuando el oyente, ni por su
edad ni por su pericia estaba en condiciones de hacerlo, pudiera
considerarse insania u osadía si no fuera porque la impresión
producida, _fonografiada_ en el cerebro, permitiera traerla nuevamente
al oído para formular opinión, cuando, por la experiencia, se creyese
autorizado. Ese es mi caso actual.

Ansioso por oir a Tavárez cuyas danzas eran para mí la fiel expresión de
los ensueños de mi juventud, hice, con tal objeto, un viaje a Ponce, en
agosto de 1880.

Después de varias visitas a su hogar, sin resultado, pude obtenerlo una
noche en el café de _Las Delicias_, en el que, cuando estaba de vena,
hacía las _idem_ del público.

Para ello tuve que esperar basta hora muy avanzada y someterme antes al
cruel martirio de hacerle oir un _mamarracho_, que, con el nombre de
danza, le había dedicado desde San Juan. Terminada ésta y como expoliado
por el buen deseo y ferviente adoración que mis pobres notas expresaran,
mandando cerrar el Café (serían las dos de la madrugada) en el que
únicamente permanecían cuatro personas, sentándose al piano, dió
comienzo a la audición más genial que, en sus recuerdos artísticos,
conserva mi memoria.

Casi era imposible seguir las huellas del torrente de armonías que sus
pequeñas manos arrancaban al teclado.

La balada en _Sol menor_ de Chopín, su autor favorito, y cuyo estilo,
apasionadamente poético tomara por modelo para sus composiciones; la
gran marcha de Gottschalck, obra póstuma dedicada al emperador del
Brasil, en cuyos moldes vaciara dos años después, su marcha _Redención_;
la _Rapsodia_ No. 2 de Listz, cuyas dificultades de mecanismo y
expresión bordaba con maestría; un _andante appasionato_ y _allegro
scherzando_ de Mendelsonn, en cuyas obras no sabemos que admirar más,
si la novedad de la frase melódica o los arrebatadores efectos de la
armonía, que sin llegar a las complicidades e innovaciones de Wagner,
nos resulta tan elegante como la de Beethoven y menos severa que la de
Bach; un dificilísimo estudio de Moscheles, seguido del _andante_ de una
sonata de Matías, y del _momento caprichoso_ de Weber, constituyeron la
primera parte no interrumpida, de aquella memorable audición.

Tras una breve pausa, pues la fiebre del arte parecía dominarle esa
noche, al intérprete de los grandes maestros, sucedió _el maestro_ de la
danza regional, vaciando en raudales de sentimiento las quejas de su
alma dolorida y enamorada, que no otra cosa sintetizan los cantos
inmortales de _Margarita_, _Ausencia_, _Melancolía_, y _Pobre Corazón_,
a las que no vacilo en calificar de _romanzas criollas sin palabras_.

Los suaves tintes de la aurora del 29 de agosto del 1880 empezaban a
iluminar el claro cielo de Ponce, cuando abandonando el Café, me
despedía, ¡quién había de pensarlo fuera para siempre! del maestro
inolvidable cuyo magnetismo personal y artístico era irresistible.

De aquella memorable noche, ya lo he dicho antes, dado el místico
arrobamiento con que le escuchara, solamente pude grabar mis impresiones
para hoy, aunque sin autoridad bastante, poder decir: fué un pianista,
cuya destreza técnica, poético estilo, delicada pulsación y vigoroso
colorido de la interpretación, le hicieron acreedor, no ya entre
nosotros, sino fuera de la Isla, al título de _virtuose_.

Estudiemos, ahora, el mérito de sus composiciones.

       *       *       *       *       *

La música, psicológicamente considerada, es el arte que más poderosos
medios de expresión posee para que un artista pueda establecer verdadera
comunidad de ideas y de sentimientos cuando traduce, al lenguaje de los
sentidos, las impresiones de su numen.

Modelado el corazón de Tavárez en los característicos afectos de la
pasión tropical y desarrollado su genio artístico en el seno de la
nación francesa, conquistadora de los derechos del hombre que trazaron a
la conciencia religiosa de la humanidad el nuevo cauce por donde hoy
dirige sus corrientes, el del amor y fraternidad universal, no pudo
menos que recibir intensa sensación de dolor, cuando al regresar
encontró a la pobre islilla, cual barquichuelo en los mares polares,
aprisionada, moral, política e intelectualmente, por los grandes bloques
de hielo del coloniaje y de la esclavitud.

De ahí, el tinte nostálgico, acentuadamente melancólico, ya que no
doloroso, de los pensamientos melódicos de sus composiciones, cuando con
las danzas expresa los ensueños y decepciones de amor; con los caprichos
característicos, la idiosincracia del carácter nativo; y, con las piezas
de género, los ideales de libertad bajo la égida de nuestra antigua
metrópoli, admirablemente expuestos en el hermoso conjunto armónico de
su gran marcha _Redención_.

Todas sus composiciones, las que en su mayor parte catalogamos en la
sección correspondiente de este libro, están construídas dentro de los
preceptos más rigurosos de la composición. Entre otras, la marcha
_Redención_ revela la profundidad de conocimientos, pues el canon final
está magistralmente hecho.

De su _Vals de Concierto_ para la mano izquierda, decía la _Gazetta
Musicale de Firenze_ en su número del 1º de noviembre de 1879, "que
revelaba extraordinaria actitud, Tavárez, para escribir obras de piano
con gusto, sentimiento y verdadero carácter", añadiendo que "tan notable
vals era una gran composición de concierto, de muchísimo efecto."

Para terminar, ya que no tenemos a la vista para juzgarlas todas sus
composiciones, diremos que brilló a gran altura como compositor de
estilo propio, siendo sus obras las que harán sea reverenciado su
nombre, en la historia del arte portorriqueño.



SECCIÓN TERCERA.

Cantantes.



CAPÍTULO XVII.


La voz, si se modula en sonidos que recorran los grados de la escala
armónica, forma el _canto_, la exposición más natural del sentimiento y
de la pasión. La palabra _canto_, aplicada a la música, indica, la parte
melódica que resulta de la duración y sucesión de los sonidos, de la que
depende en gran parte, la expresión y a la que se subordina todo lo
demás.

"El canto puede dividirse en natural y artificial. Existe el primero,
sin conocimiento alguno del arte del canto, y es el segundo su
perfeccionamiento, merced al ejercicio del arte".

"Pertenece al arte del canto, en primer lugar, la buena calidad de la
voz, la cual debe ser ágil, entonada, clara, robusta, flexible, grata,
dulce y rica de extensión. Es necesario, además saber debilitarla o
robustecerla a placer; manejar bien los alientos, ligar los sonidos,
disminuirlos y destacarlos; pasar con rapidez de la voz de pecho a la de
cabeza, y viceversa; pronunciar bien, articular con perfección y leer
con facilidad las notas".[26]

     [26] "Voz y Canto."--Giovanni Frojo.

El ejercicio respiratorio, que en el tecnicismo de la escuela de canto
italiana se denomina _il fiato_, requiere un estudio especialísimo en
consonancia con las facultades vocales, para que resulte la emisión
correcta y pura de los sonidos, sin menoscabo de los órganos que los
producen.

De ahí, que el estudio del canto sea el más difícil y escabroso entre
todos los demás del arte lírico.

El preceptor de una voz, ejerce también una gran influencia en los
resultados, pues si, no es un verdadero maestro, en lo absoluto de la
expresión, o si carece de conciencia artística para aplicar sus
conocimientos, puede, y se registran infinidad de casos, hacer malograr
voces de condiciones naturales bellísimas, que educadas convenientemente
hubieran alcanzado espléndidas finalidades.

Esa rama de la enseñanza musical ha estado en Puerto Rico casi huérfana
de maestros, razón por la cual, con abundancia de voces, dentro de todas
las texturas, hayan sido muy escasos los cantantes notables que se han
producido.

Como profesionales, muy pocos pudiéramos citar, pero como han existido,
y existen un buen número de diletantes, algunos de los que, si se
hubiesen dedicado a la carrera artística, hubieran alcanzado puestos de
honor, los nominaremos a todos, por si este libro perdurase, que en el
mañana sirva nuestra ofrenda de recuerdo y homenaje a sus méritos.[27]

     [27] Solamente mencionaremos a los que hemos oído cantar o de los
     que tengamos referencias de gran crédito.--F. C.

Para que los lectores puedan distinguirlos, tras de los nombres
agregaremos, entre paréntesis, las letras P., o D., que indicarán la
clasificación.


_APONTE, Araceli._--P.--

Aunque nacida en Sevilla, España, su padre era portorriqueño.

Hizo los estudios de canto en la escuela nacional de música y
declamación, de Madrid, bajo la dirección del reputado maestro Don José
Inzenga.

Su voz, de soprano lírica, cálida y robusta, unida al donaire andaluz de
que estaba saturada su elegante figura, la hizo obtener un éxito franco
al debutar en uno de los teatros de la corte española.

En 1893 vino a Puerto Rico y organizó una serie de recitales en los
principales teatros de la Isla, siendo justamente aplaudida. Dedicose
primeramente a la ópera, que después trocó por la zarzuela. Ignoramos si
vive.


_BERRIOS GIRONA, Pepita._--D.--

Este lindo capullito, que, en el jardín capitaleño, brotara de un rosal
cuya raigambre tiene filamentos de arte, apenas entreabrió su corola,
exhaló, tan pródiga y prematuramente los perfumes del cáliz, que, cuando
se transforme en rosa, _del bel canto_, tal vez si le hagan falta para
la fragancia de los pétalos.

La voz de Pepita Berríos, pura, cristalina, fresca, de gran extensión,
aunque de escaso volumen,--cualidad que el estudio metódico y constante
modifica,--si en la niñez, solamente hubiera practicado ejercicios de
solfeo con aditamentos de piezas adaptadas a sus condiciones, y al
entrar en la pubertad, los de vocalización, impostación y _fiato_,
prescindiendo en absoluto de interpretar obras superiores a sus
conocimientos, seguros estamos, que dadas las características de su voz
de soprano _lírico-spinto_, y su extraordinaria _vis cómica_, hubiera
llegado a ser una cantante de fama en los géneros de la opereta y
zarzuela.

No obstante, todavía puede aspirar a esa gloria. Es muy joven y sus
facultades, aunque tengan, al presente, ligeros defectos, con firmeza de
voluntad en el estudio, estos se corrigen alcanzando la voz modalidades
extraordinarias y meritísimas.

Pepita Berríos, apesar de lo expuesto, expresa con refinamientos de
artista, por lo cual goza de tantas simpatías entre el público de San
Juan.


_BRUNO DE CAÑELLAS, Cecilia._--D.--

Calificada _dilettante_, meramente por practicar el canto como expansión
del alma, por las condiciones de su voz y pura escuela de emisión que
posee, el epíteto que, en verdad y justicia, le corresponde no es otro
que el de _artista_.

Y artista que, en la escena lírica, hubiera alcanzado gran renombre, tal
vez mundial, por la igualdad del color, volumen y elasticidad de su
definida voz de _mezzo-soprano_; equilibrio que establece en los
diversos matices de la expresión, uso apropiado del fiato, claridad de
emisión, elegancia del fraseo, simpática presencia y arrogancia de la
declamación.

Tales características son las resultantes de los dos años de estudios
hechos en New York, bajo la competente y severa dirección del maestro de
canto italiano, y tenor que fuera de cartel, Sigr. Belari, discípulo de
la escuela Lamperti.

Cecilia Bruno, ha sido y es muy solicitada por los centros sociales, de
los que es factor por derecho propio, para, con su participación,
realzar el valor artístico de los actos públicos; y en los templos de
Guayama, San Juan y otros de la Isla los acentos de su voz han resonado
frecuentemente. También ha sido de las primeras en brindar su
cooperación, como cantante, para cualquier espectáculo de fines
caritativos.

A ella debemos, por la manera, indescriptible, con que interpretara una
romanza titulada "Soñando," la sensación más grande, que como autor,
hemos experimentado.

Guayama debe siempre sentirse orgullosa de contarla entre sus hijas.


_CUEBAS, Eduardo._--P.--

Nacido en la Isla, sin que nos haya sido posible obtener la fecha y
sitio, con su padre, músico procedente del regimiento de Iberia, cursó
los estudios elementales de la música.

Su predilección por el canto le hizo abandonar el país, retornando a los
pocos años transformado en tenor de zarzuela, de timbre agradable,
mediano volumen y regularmente impostada. Durante permaneció en la isla,
cantaba en las iglesias, daba clases de música y ejercitaba la
composición.[28]

     [28] Poseemos una salve a dos voces y orquesta, en la que se pueden
     apreciar sus conocimientos, como compositor.--F. C.

Designado como maestro director y concertador de una compañía de
zarzuela, marchó con ella para la América-Central. En Costa Rica fijó,
después de algunos años de excursión artística, definitivamente su
domicilio, siendo al poco tiempo nombrado Director de la Escuela
Nacional de Música, en cuyo puesto continuaba hasta el 1912, fecha a que
alcanzan las últimas noticias.

Conocía varios instrumentos y tenía gran facilidad para trasmitir.


_ELIZIER, José._--P.--

Natural de Loiza, con voz de tenor no muy extensa, pero dulce, afinada y
robusta, aunque algo falta de escuela, fué por más de ocho años el tenor
de la orquesta de la iglesia de San Francisco, San Juan.

En 1880 se retiró a su pueblo natal en donde falleció hace pocos años.


_FELICI, Alicia._--P.--

Nació en Ponce. Sus progenitores--francés el padre y la madre
nativa--que ocuparon sólida y elevada posición social la dieron esmerada
educación.

Apenas púber, se revelaron sus facultades artísticas y vocación para el
canto. Trasladaba a París, en 1910, por motivos de salud, al ser oída en
una reunión familiar, por el Director de la Opera Cómica, Mr. Busser,
éste la prometió prepararla en un año para el ingreso en el
Conservatorio. Y efectivamente, de las 150 damitas que presentaron
solicitudes para los ejercicios de oposición exigidos para poderse
matricular como alumnas, de las que tan solo 15 obtuvieron buena
calificación, la señorita Felici, fué una de las 6 admitidas para el
curso de 1912, en el que obtuvo un accésit al practicar los exámenes.

Haciendo los estudios del segundo año, ganó por oposición una beca de
500 francos ofrendada por una artista francesa; y al final del curso
conquistó un segundo premio. En ese mismo curso,--1913-1914--, fué
admitida a las oposiciones para el primer premio, originándose, con tal
motivo, un debate, pues en el Conservatorio no deben aspirar a dicho
premio otras alumnas que las del tercer curso. Ella alcanzó el honor de
ser admitida y aunque no obtuvo el codiciado galardón, le otorgaron un
accésit.

Cuando cursaba el tercero y último de la carrera, le sorprendió la
terrible guerra europea y entonces, imitando el ejemplo de sus
compatriotas, pues conserva la nacionalidad de su difunto padre, ingresó
en la Cruz Roja, en donde continúa sirviendo a su patria con abnegación
que le honra.

A no ser por esa circunstancia hubiera debutado en Niza, para donde
tenía ofrecida una contrata, con la ópera "_Manón_" de Massanet.

En el teatro de Bastia tomó parte, recientemente, en un concierto a
beneficio de los heridos, dedicándole, la prensa de aquella ciudad, los
mayores elogios.

La Legislatura de Puerto Rico la subvencionó durante los años fiscales
de 1912 al 1914, con $500, en cada uno.

En el verano de 1911, antes de ingresar en el Conservatorio, vino a la
isla y organizó recitales en Ponce y San Juan, siendo aplaudida.

Bella y elegante, con voz de soprano lírica pastosa y simpática, está en
condiciones de alcanzar grandes triunfos y días de gloria para su tierra
nativa.

Fueron sus profesores: Mlle. Grandjean, del Conservatorio y Mr.
Idsuardou, de la Opera Cómica.


_FURNIS, Sarah._--D.--

Asegúrasenos, por personas dignas de respeto y crédito, que esta
señorita mayagüezana, hija de don Rafael Furnis maestro de instrucción
de la escuela correccional, posee una bella voz de soprano, con todas
las condiciones para, si logra educarlas en una buena escuela, alcanzar
puesto preferente entre las cantantes.

Por los programas que hemos leído de conciertos en que ella ha tomado
parte, ha abordado de lleno el repertorio moderno de ópera italiana. Si
lo hace, careciendo de los rudimentarios conocimientos del arte del
canto, le aconsejamos, si es que aspira a cantar profesionalmente, no
prosiga haciéndolo pues corre el riesgo de atrofiarse para siempre. He
aquí otra señorita, como la Berríos, víctima de la falta de una escuela
de canto en el país.


_GIMÉNEZ SICARDÓ, Isabel._--D.--

De ascendencia y temperamento artístico, Isabel Giménez, que ejerce en
Caguas, su pueblo natal, la profesión de maestra de piano, cultiva
también, por afición, la voz de soprano, de mediano volumen, timbre
agradable, correcta afinación y texitura no muy extensa que posee.

Con frecuencia toma parte en veladas y conciertos públicos, sobre todo,
para coadyuvar a fines de caridad o ameritar los programas de recitales
preparados por artistas que solicitan su valioso concurso.

Goza de profundas y merecidas simpatías.


_GOICOCHEA, Francisco._--P.--

Natural de Ponce, de joven se trasladó a Barcelona, España, en donde
tomó lecciones de canto, las que pusieron su agradable voz de tenor en
condiciones para dedicarse a la zarzuela. Como tenor de cartel figuró en
elencos de algunas compañías que trabajaron en Méjico, y teatro
_Albizu_ de la Habana.

Visitó después a Puerto Rico dando algunas audiciones, que fueron
aplaudidas, retirándose al poco tiempo de la escena.


_GÓMEZ DE MARCHÁN, Encarnación._--D.--

Natural de San Juan, e hija del flautista don Manuel, con don Ramón
Sarriera cursó los estudios del canto y piano. Su voz de soprano lírico,
bien timbrada, aunque de mediano volumen, si hubiese sido educada con el
rigor de la escuela europea, hubiera alcanzado altos prestigios en el
género de la Zarzuela española. Como _dilettante_ ha sido justamente
aplaudida en todos los actos públicos a que ha asistido. Su vis cómica
en el género chico le proporcionó grandes triunfos sobre todo en
_Chateau Margaux_, zarzuela en un acto que caracterizó a conciencia.
Toma con frecuencia parte como cantante de solemnidades religiosas y no
escatima su concurso artístico para toda obra benéfica.

Ejerció durante algunos años la enseñanza del Piano en San Juan y
Manatí.


_GRIFO MONCERRATE, Luisa._--D.--

Si preocupaciones paternales, dignas de respeto, no hubiesen cohibido la
natural vocación de esta _flor de mujer_, llamada Luisa Grifo
Moncerrate, de no malograrse durante el curso de los estudios, Puerto
Rico tendría en ella, en no lejano plazo, la soprano dramática absoluta,
compañera del gran tenor ponceño Antonio Paoli.

Y no hay hipérbole en la afirmación.

Los que, con alguna pericia para apreciar cualidades de voces, la oigan
cantar nos darán la razón.

Cuadratura completa en timbre, extensión, volumen y elasticidad;
indicios de expresión extraordinariamente pasional, y decimos indicios,
porque cuando la oímos, el sentir de su alma estaba exento de las
torturas de la pasión; solamente tenía 15 años, y sin embargo el calor
con que decía las frases, nos hizo presentir hondas conmociones
estéticas para cuando goces y dolos, ilusiones y desencantos, por ley
inexorable, desgarren el velo que encubre la virginidad de su alma.

Y si a las facultades artísticas se agregan las características
personales, cuya candorosa hermosura, corrección de líneas, belleza
plástica y energía del conjunto hace recordar a las mujeres de la
antigua Roma, impresión que nos producen la mayor parte de las damas de
Guayama, en donde naciera Luisa, parécenos que el calificativo de
soprano dramática absoluta que la damos, quedaría justificado cuando, ya
artista, proyectase desde la escena el _sprazzo_ de su gloria.

Actualmente cursa en la Normal de Río Piedras los estudios del
magisterio, cuando en donde debiera estar era en Milán modelando su
privilegiada y bellísima voz.


_MANGUAL CESTERO, Estela._--D.--

Desde niña manifestó grandes facultades para la música y especialmente
para el canto. Con don Genaro de Aranzamendi hizo estudios de piano, y
cuando tan sólo contaba diez años empezó a cantar en coros de niños de
festividades religiosas y sociales, cautivando la atención por la
dulzura de su voz, entonces sin definir.

De familia distinguida, nunca pensó en dedicarse al canto como
profesión. Pero su afición, a medida que las facultades vocales
adquirían color determinado, se iba haciendo mayor, hasta convertirse en
necesidad.

Trasladada con su familia a Mayagüez, los centros sociales de la culta
ciudad del Oeste le asignaron puesto preferente en el cuadro de honor de
los socios de mérito, pues ya señorita, su voz, regularmente educada,
tomó las modalidades de soprano ligera.

El _jilguerito_, como cariñosamente la designaban, con los trinos,
escalas y _staccatos_ de su cristalina voz, dando tonos de alegría
permanente a su dulce hogar causaba también la de los mayagüezanos.

Estela, como toda la familia Mangual-Cestero, era artista, demostrándolo
así cada vez que ocupaba los escenarios de los Casinos de Mayagüez, ora
como cantante, ora como dramática o cómica.

Nadie como ella para la interpretación de las danzas de Campos, a muchas
de las que supo adaptar letra adecuada.

Murió, hace pocos años, en Arecibo.


_MATIENZO, Cruz._--D.--

Otra artista segada en flor por suspicacias contra la vida artística.

Voz de contralto con todas sus esenciales. Complexión nerviosa
delicadísima, inteligencia superior, educación esmerada y pasión
delirante por el arte. Con tales condiciones pulimentadas por estudios
metódicos, su voz, cuya texitura tanto escasea, hubiera resonado
vibrante en la escena de los grandes teatros proporcionando a ella y a
su tierra nativa júbilo y gloria.

Cuando canta, y no es pródiga en hacerlo públicamente, a los pocos
momentos el auditorio, hondamente conmovido, la colma de aplausos. ¡Tal
es la fuerza de su expresión!


_MONTILLA, Antonia._--D.--

Por referencias que oyéramos a nuestro padre, confirmadas después por
profesionales y personas de cultura de la época en que la señorita
Montilla cooperaba a las manifestaciones artísticas de San Juan, poseyó
una voz pastosa, afinadísima, elástica y dulcemente timbrada de soprano
lírica, bastante educada, con la que hacía las delicias de los socios de
_La Filarmónica_ y del público, cuando esta sociedad llevaba su cuadro
lírico-dramático de aficionados al Teatro.

Ella fué la que hizo el papel de Loarina en la ópera _Guarionex_ del
maestro Gutiérrez, participando del éxito alcanzado. La señorita Antonia
Montilla, perteneciente a una de las más distinguidas familias
portorriqueñas, fué una artista consumada, lo mismo en el canto que en
la escena.

En el hogar de la familia Montilla el arte tenía culto especialísimo, no
siendo refractarios al mismo, los muchos descendientes que de ella
existen.


_MORENO CALDERÓN, Teresina._--P.--

Hija de don Antonio Moreno Santí y de doña Teresa Calderón, en cuyo
hogar distinguido y durante algunos años reuníanse todos los miércoles
por la noche, para _hacer música_ además de su hermana Isabel, hoy
viuda de Romero, pianista dilettante de gran ejecución y esmerado
estilo, los profesores Toledo, Sarriera, Gómez Tizol, Dueño Colón,
Julián Andino, y algunos otros, nació en el año 1880 nuestra
biografiada.

Desde niña empezó estudios de piano con Sarriera y en 1888 se trasladó
con sus padres a Madrid. El maestro de música del colegio en donde
estaba internada, recomendó al padre de Teresita la dedicase al canto,
pues, había podido apreciar que la voz que entonces poseía al
evolucionar con la pubertad, se definiría con texitura de contralto.

Al salir del colegio fué puesta bajo la dirección del maestro Blasco,
cuya escuela de canto fué reputada como la mejor de Madrid, en aquella
época.

El cambio de soberanía obligó el retorno de sus padres a Puerto Rico y
con ellos vino, hecha ya una verdadera contralto de timbre diáfano y
afinado, volumen vigoroso y expresión cálida nuestra biografiada
Teresina, dejando oir su voz en audiciones públicas en las que fué
justamente aplaudida.

Durante algunos meses se dedicó a enseñar el canto, pero suspendió el
ejercicio de la profesión para trasladarse a Baltimore, EE. UU. a
estudiar inglés y tomar el título de maestra graduada de música.

De Baltimore pasó a Boston, Mass., para ampliar los conocimientos
musicales en el Conservatorio de dicha ciudad, siendo llamada por cable
en octubre 3 de 1904, para ocupar el puesto de maestra de música de las
escuelas públicas de San Juan, por designación que hiciera Mr. E. W.
Lord, Sub-Comisionado de Instrucción.

Las fatigas de la enseñanza no la hicieron abandonar sus prácticas
vocales y de tiempo en tiempo solazaba el público tomando parte en
festivales del Ateneo y en otros de fines caritativos.

En 1911 solicitó de la Legislatura Insular, una subvención para
trasladarse a Italia, por concedida por la Cámara, no pasó en el
Consejo. El mismo año partió para España y en Madrid se encuentra
actualmente ejerciendo el profesorado, siendo actualmente sustituta del
maestro de canto del Conservatorio de Madrid, Sr. Tabullo.

Siendo las voces de contralto las que menos abundan, es de lamentarse
que Teresina no se hubiese dedicado a la escena lírica en la que hubiese
podido obtener, fácilmente grandes triunfos.


_NADAL SANTA COLOMA, Juan._--P.--

Nació en Mayagüez en cuya ciudad recibió esmerada educación elemental.
Al morir su padre el Lcdo. don Ramón, honra del foro portorriqueño, su
señora madre, aristocrática dama española, se trasladó con toda la
familia a Madrid, en donde se desarrollaron sus aficiones por el arte
escénico, siendo Juan el más asíduo expectador de los teatros de
zarzuela.

Cuando después del cambio de soberanía regresó a Puerto Rico formó parte
de la _Gira Artística_, compañía lírica de aficionados organizada por
Evaristo Vélez López y Joaquín Burset.

Juan Nadal se destacó del cuadro, poniendo de relieve sus facultades
artísticas.

Al poco tiempo marchaba para la Habana y Venezuela de donde retornó
figurando como bajo de cartel en una compañía de zarzuela del género
chico, en el que por su gran vis cómica, dominio de la escena y su
profunda y bien timbrada voz, ha adquirido puesto de primera fila.

Su nombre artístico es conocido por todos los públicos de Méjico y demás
repúblicas de Centro y Sud América.


_OLLER, Francisco._--D.--

Aunque la justa fama de que goza Frasquito Oller, que es como se le
nombra, la ha adquirido por sus méritos de pintor, como durante su
juventud y aun en plena edad viril, cultivaba la música, tomando parte,
como barítono, en festividades religiosas y actos del cuadro
lírico-dramático de _La Sociedad Filarmónica_, no debemos omitir su
nombre en esta sección, pues las condiciones de su voz y labor realizada
en la sociedad citada le hacen acreedor al recuerdo.

Fué amigo íntimo de Gutiérrez, quien compuso y le dedicó una gran salve
obligada a barítono, que según nuestro padre, Oller interpretaba a
conciencia.

El papel de _Indio Taboa_--bajo cantante--en la ópera _Guarionex_,
estuvo por él desempeñado magistralmente, según nos refiriera el propio
autor de la ópera, cuando meses, antes de morir, en una visita que le
hiciéramos, nos contó todos los episodios concernientes a la
representación de la ópera.

El mismo Oller, cuando fuimos a verle en febrero de este año, en
solicitud de datos históricos para nuestra conferencia de la Biblioteca,
nos hizo oir un fragmento de la bella romanza que cantaba el barítono,
Sr. Adzuar, en la citada obra. Y aunque su voz ya está casi velada por
los años, el modo de frasear, nos indicó que Frasquito Oller, poseía
escuela y refinado gusto artístico. Y cómo no, si en París era un
asíduo concurrente a la Gran Opera.

Quien, como él, posee la maestría en el arte de los colores, no podía
ser ni insensible ni inepto para el de los sonidos.


_OLLER DE PANIAGUA, Isabel._--D.--

Esta respetable matrona, hermana del pintor Oller y tronco de una de las
primeras familias de San Juan, que ha poco tiempo ha rendido la jornada
de la vida, cuando era señorita y aún en los primeros años de casada
ejercitaba su bella voz de soprano ligera.

Solicitada por Adelina Patti, cuando en los principios de su carrera
visitó la isla, para que la secundara en los conciertos, tuvo el honor
de cantar con la afamada diva, el dúo de tiples de la ópera _Norma_, y
otros de las óperas de entonces, no desmereciendo, ni en calidad ni en
formas de expresión, a la que hasta hoy no ha sido superada como soprano
ligera.

Isabelita Oller, cantó la parte de Anona en la ópera _Guarionex_. Su
esposo Don Manuel Paniagua era también dilettante con voz de tenor y una
gran cultura artística.


_PACHECO, María del Coral._--D.--

Diletante ayer, estudiante en Milán hoy, y dentro de poco tiempo, tal
vez profesional, en todos y cada uno de esos aspectos, las líneas que
forman el contorno de su personalidad son claras, fijas y vigorosamente
artísticas.

Alta, bella y elegante; nerviosa, soñadora, apasionadamente enamorada
del _bel canto_; modesta, laboriosa y culta; voz de soprano ligera,
extensa, pastosa, cálida, clara, ágil y fresca, que recibió educación
primaria en Puerto Rico, secundaria en New York bajo la competente
dirección de un maestro de canto italiano, y ahora cursa la superior en
la Gran Universidad Musical de Italia, en Milán; está en posesión para,
salvo lo imprevisto, llegar, con voluntad firme y decidida, hasta la
cima de la gloria.

Y no decimos más, porque próxima a debutar, el juicio definitivo no nos
pertenece y sería osada pretensión anticiparlo.


_PAOLI, Amalia._--P.--

La gentil ponceña, cuyo nombre ha resonado tanto por los ámbitos de la
isla cuando la recorriera en peregrinación artística con el fin de
trasladarse a Europa para proseguir los estudios del canto, recibió del
maestro catalán don José Forns, sólidos conocimientos del piano; y de
Lizzie Graham, como cariñosamente llaman en Ponce a una de las más
nobles y cultas damas de aquella sociedad, las primeras lecciones de
vocalización e impostación, conocimientos que dicha señora posee a la
perfección por haberlos adquiridos en la escuela Lamperti, de Florencia,
Italia.

Trasladada a Madrid, España, por influencias de su buen amigo don Julio
Vizcarrondo, portorriqueño ilustre que en la corte española fué
justamente apreciado por sus grandes méritos, la Infanta doña Isabel,
cuya nobleza de alma supera a la de su regia estirpe, le concedió una
audiencia, cuyos resultados han sido de altas distinciones para Amalia y
sus hermanos.

Cursó en la Villa y Corte, estudios superiores de canto bajo la
dirección del afamado barítono de ópera señor Vergéz, teniendo la
fortuna de debutar en el Teatro Real con la ópera _Aida_ alcanzando un
éxito franco, según las revistas de toda la prensa madrileña de aquella
época.

Después de algunas representaciones más y de hacer temporadas en otros
teatros, marchó a Italia, para perfeccionar su, ya entonces, magnífica
escuela; pero casi apenas llegada a Milán, hubo de regresar a Madrid
llamada por Vergéz, con motivo de haber este maestro descubierto un
tesoro de voz en su hermano Antonio.

Amalia, que bien puede decirse ha sido la madre artística del gran tenor
Paoli, después de obtener la protección Real para que éste marchase a
Milán, se trasladó con él a dicha ciudad italiana, dedicándose a vigilar
los estudios de aquel y a la vez a perfeccionar los propios.

Después del triunfo de su hermano, ella entró de lleno en la carrera del
canto, siendo siempre muy aplaudida en todos los teatros en donde lucía
las habilidades de su garganta.

Pasado algún tiempo vino a Puerto Rico y en los conciertos que diera por
casi toda la isla, sus paisanos pudieron apreciar los grandes adelantos
que había hecho así como la delicadeza de su escuela, que le ha
permitido ser una cantante, sino de la talla de Antonio, con la
suficiente para dejarse oir de cualquier público y ser siempre
aplaudida.

Actualmente se encuentra en Milán, centro de contratación para los
artistas, y frecuentemente sale a hacer temporadas por teatros de
Italia.

Su hermosa voz de mezzo-soprano es siempre fresca y pura.


_PAOLI, Antonio._--P.--

Véase la sección _Biografías_, de este libro; página 122, capítulo XIV.


_PEÑA MONTILLA, Angeles._--P.--

Los pocos datos que hemos podido adquirir de esta portorriqueña, nacida
en San Juan, nos permiten asegurar que debutó en Madrid, en donde hizo
los estudios del canto, bajo la dirección del maestro Blasco, y que su
voz de soprano lírica, de bastantes buenas condiciones, cautivó por
algún tiempo a los públicos de Sevilla, Granada, Valencia y Madrid en
donde hiciera magníficas temporadas.

Pasado algún tiempo se dedicó a la zarzuela, y contratada como primera
tiple de una gran compañía organizada para la América del Sur, en la
Argentina falleció, en 1902 y cuando ya se había captado las simpatías
de aquel inteligente público.


_SPENCER_ DE _GRAHAM, Lizzie._ (_Isabel_.)--D.--

Esta distinguida soprano absoluta y cultísima dama, aunque de padres
ingleses, nació en Ponce en donde es la reina de uno de los hogares más
estimados en todo Puerto Rico.

Muy niña, sus padres la llevaron a educar a Inglaterra, pasando después
a Francia, Alemania e Italia, en donde permaneció el tiempo suficiente
para aprender a conciencia, no tan sólo los idiomas, si que también la
literatura de dichos países, tomando además, en Florencia, Italia,
cursos especiales de canto con el profesor Adolfo Bach de la escuela
Lamperti, la más correcta y afamada de entonces, hasta, por sus felices
disposiciones, transformarse en excelente artista.

Lizzie Graham era una verdadera joya del arte lírico, y el teatro perdió
en ella una estrella que hubiera iluminado, toda una época, con
fulgores de primera magnitud. Su buena posición social fué la rémora
para que no siguiera esa carrera en la que descuellan los privilegiados
por la Naturaleza.

Cantaba mucho y canta siempre, en el templo y en los centros sociales,
sin otros fines, que el de dar realce a las festividades o cooperar a
los nobles fines de la caridad.

Tomó parte activísima en la Feria de Ponce de 1882 y desde esa fecha
basta hoy no cesa de prestar su valioso concurso, sobre todo al Templo
Católico, consagrándole las primicias de sus tesoros artísticos. La
mayor parte de las plegarias religiosas de Campos fueron compuestas
expresamente para ella.

Su morada ha sido siempre un centro del divino arte, atrayente por el
tono cultural de Lizzie cuya nota predominante es la modestia. La buena
sociedad ponceña se congregaba en sus salones en los que no faltaban,
atraídos por el _Sol_, satélites tan brillantes como el inolvidable Dr.
Martín Corchado y Juarbe, la señora Amalia Arce de Otero, Gil de
Taboada, dilettantes que poseían, en calidad y escuela, voces bellísimas
de tenor, soprano y barítono, respectivamente. También fueron asíduos
contertulios los maestros Tavárez y Forns. De esos inolvidables
reuniones o _noches de arte_, en que reinaba la mayor armonía moral por
efecto de la exquisita cultura de los concurrentes, surgieron infinidad
de iniciativas para conciertos y veladas benéficas o en honor de
distinguidas mentalidades del país.

Esas reuniones filarmónicas tomaron aspecto de Academia de canto, en la
cual, Amalia Paoli, Tomasita Otero, Anatilde Candamo, y otras damitas
ponceñas dieron los primeros pasos por la senda del arte con notable
aprovechamiento.

Lizzie, hubiera podido alcanzar fácilmente, en la escena lírica mundial,
tanta fama como la Patti; pero se ha conformado con obtenerla en Puerto
Rico, conquistando además otra no menos hermosa y tal vez más eterna,
cual es la de ser Ángel de la Caridad.

Ella fué la fundadora de la _Benevolent Society_, institución
valiosísima de fines caritativos que hace honor a Ponce. Es actualmente
la Presidenta del Club de Señoras, que cooperó a fundar, y en el que se
celebran frecuentemente, actos sociales en que el arte musical dá la
nota más alta.

Las puertas de su casa siempre están abiertas para los que reclaman pan
y vestidos.

¡¡Es el ángel de la pobreza y todo Ponce la bendice!!


_TORRUELLA DE ARTEAGA, Nicolasa._--P.--

Nació en Ponce demostrando desde niña gran amor por el canto y notables
aptitudes para la música.

A los 7 años dió principio a los estudios del piano bajo la dirección de
su señora madre, que fué una pianista dilettante muy notable. Más tarde
con Lizzie Graham tomó lecciones de canto, quedando a los 15 años, bajo
la exclusiva dirección, en ambos estudios, del que después ha sido su
esposo, el connotado maestro Julio C. Arteaga.

En 1895, ya casada, debutó como concertista en el _Salón López_ de la
Habana.

En Ponce, al regresar de Cuba cuando estalló la última guerra
separatista, y después en New York ejerció el profesorado.

Ha tomado parte integrante en conciertos y veladas públicas y cuando se
efectuaban los _Lúnes del Ateneo_, su cooperación era eficaz.

De 1908 a 1910 fué la profesora de piano y canto del Colegio del Sagrado
Corazón, de Santurce, P. R. Y en los coros de las Iglesias de Santa Ana
y San Mateo siempre ha prestado ayuda desinteresada.

Actualmente tiene a su cargo las clases de solfeo, canto Y piano
elemental en la _Academia Arteaga_ de Santurce.


_VÉLEZ LÓPEZ, Evaristo._--D.--

Fué el organizador de la _Gira Artística_, cuadro lírico-dramático que
por algún tiempo proporcionó noches deliciosas al público de San Juan.

Vélez López es un bohemio que ha derrochado sus facultades artísticas
sin beneficio alguno. Nació en Lares.

Voz de bajo, con mejores condiciones que las de Juan Nadal y en cuanto a
las facultades escénicas, no tiene por que envidiar las de los afamados
actores del género chico en la zarzuela española.


_VERAR DE REAL, Cruz._--P.--

Natural de San Juan e hija del veterano músico don Francisco, es
poseedora de una de las cuadraturas musicales mejor delineadas que en el
país se han producido.

Su señor padre le enseñó los rudimentos de la música y Ramón Sarriera y
Anita Otero, fueron sus preceptores de piano. En Washington tomó
lecciones de canto, y aunque posee una bien timbrada voz de
mezzo-soprano, no se dedicó al canto, como profesión, sino que prefirió
ejercer la dirección orquestal, haciéndolo con tal maestría, que desde
que realizó su matrimonio con el aplaudido barítono de zarzuela señor
Real, ha sido, y es, la maestra concertadora de todas las compañías en
que su esposo figura contratado o como empresario.

Un periódico de Cienfuegos, Cuba, dijo de ella: "Ya quisieran muchos
simples 'manejadores de batutas' poseer las facultades de Cruz Verar.
Tiene una fácil manera de dirigir las obras y un sentimiento verdadero
para hacer que la orquesta dé a las partituras interpretación adecuada."

En la actualidad se encuentra de directora en una gran compañía de
zarzuela organizada en Cádiz, para el Teatro Nacional.



SECCIÓN CUARTA.

Certámenes.



CAPÍTULO XVIII.


Los certámenes musicales, esas justas en que combaten la inspiración, el
buen gusto y la preceptiva, contribuyen poderosamente al desarrollo del
arte, no solamente por el estímulo que establecen entre los compositores
sino porque fomentan las aficiones del público y las dirigen por buenas
sendas, si la selección de los temas ha sido hecho con maestría.

El objetivo de los certámenes no es tan sólo el de adjudicar premios a
las mejores obras, que dentro de los términos de las convocatorias se
presentan a los concursos, sino que tienden más principalmente a mejorar
las formas generales de la producción musical.

De aquí, el que los compositores no deben circunscribirse a vaciar sus
inspiraciones, a veces apresuradamente, sin orientación fija o
desconocimiento de la génesis de los temas, dentro del molde trivial de
los géneros escogidos para el torneo, sino que deben consultar los
mejores modelos, y después de estar familiarizados con la estructura
general, con pensamiento temático bien definido y meditado,
desarrollarlo con la mayor perfección, dentro de los conocimientos que
posean, tratando de presentar un estilo, propio, original y a ser
posible con novedades de giros e instrumentación, sin olvidarse de que
dichas obras, sobre todo las premiadas, perduran, pues se publican o
archivan y en todo tiempo se podrá apreciar la justicia, error o
apasionamiento de los laudos.

Hasta hoy, los certámenes musicales que se han celebrado en Puerto Rico,
como se hace en casi todas partes, no han tenido otras finalidades que
las de fomentar la producción, olvidándose, casi en absoluto de mejorar,
con el estímulo, las condiciones de los intérpretes.

Por lo mismo que carecemos de centros docentes de carácter oficial,
estando la enseñanza localizada a los esfuerzos y mayor o menor interés
de los profesores particulares, pues con rareza funcionan academias en
que se de enseñanza metódica, si anualmente se hicieran concursos en que
maestros y educandos manifestaran sus métodos y adelantos, el arte
adquiriría un poderoso desarrollo pues se daría interpretación adecuada
a obras, propias y extrañas, que en tanto por ciento muy alzado, lo que
se hace es guillotinarlas, si se nos permite la expresión.

Convóquense certámenes en que se concedan premios en metálico y diplomas
de honor a los profesores que presenten mejores planes de enseñanza, y
cuyos resultados puedan apreciarse mediante la presentación de una
alumna por cada grado de la enseñanza del plan; concédanse premios
idénticos para las alumnas que en esas justas demuestren prácticamente
la mejor escuela y los mayores progresos; hágase lo propio con los
grupos orquestales o instrumentales, otorgando honores al mejor
director, al conjunto más eficiente en organización y ejecución, y hasta
a los mejores solistas y en pocos años el progreso general será notable
y el gusto público se habrá refinado, sin que por esto se abandone el
fomento de la composición.

Los certámenes se empezaron a efectuar en el país el año 1854, con la
primera Feria celebrada en San Juan.

De entonces a acá se han generalizado hasta casi celebrarse anualmente.
El Ateneo es el centro cultural que se lleva la palma por la frecuencia
con que los convoca.

Aunque no con los detalles que desearamos, pues no hemos sido
afortunados en la búsqueda de actas o referencias dignas de crédito,
reseñaremos todos los que se han realizado, por orden correlativo de
fechas.


1854 y 1860.--_Ferias de San Juan, P. R._

Los datos oficiales relativos a las primeras ferias-exposiciones, que
gobernando el General español don Fernando de Norzagaray, se efectuaron
en la Isla, nos ha sido imposible obtenerlas, así es, que ateniéndonos a
lo que nos manifestara el Dr. Coll y Toste, actual historiador de Puerto
Rico, diremos que se adjudicaron premios de música obteniendo el
compositor y pianista arecibeño Adolfo Heraclio Ramos, medalla de plata,
en la de 1854 por unas _Variaciones para Piano_; y medalla de oro, en la
del 1860, por otras _Variaciones para Piano_, sobre el Carnaval de
Venecia.


1865.--_Certámen de Santa Cecilia._ San Juan.

En realidad éste fué el primer certámen musical celebrado en el país,
por la exclusividad de la convocatoria y variedad de los temas.

Fué el acto, broche de oro con que se cerrara el hermoso festival,
organizado en honor de la patrona del arte y en el que se patentizó el
progreso musical del país, en aquella época.

La convocatoria se hizo para adjudicar medallas de oro y diplomas de
honor a las mejores composiciones siguientes:

1.--Gran misa para tres voces, coros y gran orquesta.

2.--Obra de concierto para Piano solo, sin género determinado.

3.--Fantasía para uno o varios instrumentos, con acompañamiento de piano
u orquesta.

El jurado quedaba autorizado para otorgar los accésits o menciones
honoríficas que juzgara pertinentes.

Las obras premiadas fueron:

1.--_La Gran Misa de Santa Cecilia_ del Maestro Gutiérrez. Con medalla
de oro y diploma, correspondiente al premio de música religiosa.

2.--_Gozos a San Vicente de Paul_, por don Sandalio Callejo. Se le
adjudicó el accésit, consistente en diploma de honor y un tomo de obras
de Beethoven, lujosamente encuadernado.

3.--_Ave en el Desierto._ Fantasía para piano por Adolfo Heraclio Ramos;
medalla de oro y diploma, premio de el tema de concierto.

4.--_Vals de concierto_ para piano, por la Sra. Elisa Rascini de Hecht,
mención honorífica.

5.--_Variaciones de Cornetín_ para orquesta, por don José Valero, Músico
Mayor del Batallón Cazadores de Madrid, accésit consistente en mención
honorífica y un tomo de todos los himnos nacionales del mundo, para
piano, correspondiendo el premio al tercer tema de la convocatoria.
Ignoramos quien obtuviera la medalla de oro, o si no fué adjudicada.

El jurado lo constituyeron los profesores don Aurelio Dueño, en
substitución del señor Ledesma que a última hora renunció el puesto, don
Rosario Aruti y don Santiago Arcas, músicos mayores, los dos últimos, de
las bandas de los batallones de Artillería y Cádiz, respectivamente.


1877.--_Primer Certámen del Ateneo._ San Juan.

Único tema: _Sinfonía_ para orquesta.

Premio: 5 onzas de oro españolas y diploma de honor.

Se presentaron 9 composiciones, resultando premiada la titulada: _La
Amistad_.

Autor: Braulio Dueño Colón.

Jurado: don Felipe Gutiérrez, Don Rosario Aruti y don Mateo Tizol.

La obra premiada se publicó para Piano, transcrita por el autor.


1879.--_Certámen del Ateneo._ San Juan.

Tema: _Sinfonía_ para orquesta.

Premio: objeto de arte y diploma.

Número de obras que concurrieron: 4.

Obtuvo el premio la titulada: _Sinfonía Dramática_.

Autor: Braulio Dueño Colón.

Jurado: Don Genaro de Aranzamendi, don Sandalio Callejo y don Fermín
Toledo.


1882.--Mes de mayo. _Certámen del Ateneo._ San Juan.

Tema: _Ave María_ para 4 voces y orquesta.

Premios: medalla de oro, diploma y menciones.

Obras presentadas: cinco.

Fueron laureados: Premio. Don José Agulló. 1er, mención: don Felipe
Gutiérrez. 2a. mención: don Braulio Dueño Colón.

Jurado: la Sociedad de Escritores y Artistas de la corte española,
designó a tres maestros de Madrid cuyos nombres ignoramos.


1882.--Mes de julio. _Certámen de la Feria de Ponce._

El certámen lírico de la Feria comprendía dos secciones; una para
trabajos de composición y la otra fué un concurso de orquestas.

El señor don José Ramón Abad autor de la memoria oficial redactada de
orden de la Junta Organizadora y publicada el año 1885 por la imprenta
"El Comercio" de Ponce, en el párrafo cuarto de la tercera parte, página
89, dice: "Los cinco Jurados determinados por el reglamento, tuvieron
que dividirse en sub-comisiones para poder practicar su difícil trabajo,
de suerte que, en realidad, quedaron constituídos unos veinte Jurados,
entre los cuales, el de la sección literaria y el de la lírica, que eran
sub-comisiones del Jurado de Bellas Artes y Mecánica, obraron muy
cuerdamente dando su dictámen por separado, con independencia completa
de la sección de que nominalmente formaban parte, pues, mal se avienen
los conocimientos especiales que se requieren para juzgar las obras de
la literatura, la música y la pintura, con los especialísimos también,
que son indispensables, para el análisis y estudio de los trabajos de la
mecánica".

En la memoria citada no se dan los nombres de las personas que
constituyeron las jurados y las sub-comisiones.

La convocatoria para trabajos de composición abarcaba los siguientes
temas:

1.--_Obertura de Concierto_, para gran orquesta.

2.--_Obra de Concierto_ para Piano.

3.--_Composición_, género libre, para piano y canto.

Premios ofrecidos:

Para el primer tema: Medalla de oro y de plata, con menciones
honoríficas de primera y segunda clase, por la Junta de la Feria.

Para la Segunda: Medalla de plata y mención honorífica de primera clase,
premio de la Junta.

Para el tercero: Medallas de oro y menciones honoríficas de primera
clase, ofrecidas por la Junta Directiva y el Casino de Ponce.

Número de composiciones presentadas: 26:

Obras laureadas:

1.--Obertura _La Lira_ para gran orquesta, por Juan Morell Campos.
Primer premio del tema.

2.--_Obertura de Concierto_, por Casimiro Duchesne, segundo premio del
tema.

3.--_Polonesa de Concierto_, para piano, por Fermín Toledo, premio
asignado a este tema.

4.--_Alla Luna_, romanza para canto y piano, por don José Agulló y
Prats, 1er. premio de la Junta.

Además el jurado, de acuerdo con la Junta Directiva, adjudicó medalla de
oro y mención honorífica de primera clase, _como premio extraordinario_,
fuera de la convocatoria, a la gran marcha _Redención_, para gran
orquesta, compuesta expresamente para inaugurar la Feria, por el
pianista-compositor, don Manuel G. Tavárez; y recomendaba se otorgasen
premios extraordinarios para una obra de piano titulada _Loarina_[29]
"la que, decía en el laudo, en medio de bellos pasajes, manifiesta
tendencias a elevarse a las grandes dificultades del arte de la
composición; y para la preciosa melodía para canto y piano titulada
_Adiós_, que fué presentada a última hora y, por esta causa no pudo
oirse en el concierto".

     [29] Esta composición era del pianista-compositor arecibeño
     Heraclio Ramos.--F. C.

Para el concurso de orquestas se exigía la lectura de dos piezas, una a
elección de los Directores, de las que concurriesen y otra, a primera
vista, designada por el Jurado, consignándose dos premios consistentes
en medallas de oro y de plata con menciones honoríficas de primera y
segunda, mas medallas de plata con menciones de segunda clase y
menciones de esta clase solamente, para cada músico de los que
integrasen las orquestas laureadas.

Se presentaron a concurso la Sociedad de Conciertos de San Juan que
dirigía don Fermín Toledo, y la orquesta del teatro "La Perla" de Ponce
dirigida por Juan Morell Campos.

La primera ejecutó, como pieza de repertorio la Overtura _Paragraph 3º_
del maestro Suppé; y la de Campos, la marcha _Redención_ de Tavárez.
Como pieza de concurso, a primera vista, _La Overtura de Concierto_
premiada en el certámen; y dice Abad, casi al final del tercer párrafo
de la página 83, de la referida memoria: "en el mismo orden se dió
lectura por las orquestas a la _Obertura de Concierto_, cuya pieza fué
ejecutada a primera vista, sin tropiezo alguno, pero patentizando, de un
modo elocuente, las ventajas que sobre su contrincante daba a la
Sociedad de Conciertos, la organización y disciplina de su numeroso
personal".

Los premios se adjudicaron así: Medalla de oro y mención honorífica de
primera clase a don Fermín Toledo como Director de la orquesta "Sociedad
de Conciertos"; Medalla de plata y mención honorífica de segunda clase a
don Juan Morell Campos como Director de la orquesta del Teatro _La
Perla_; medallas de plata y menciones de segunda clase a cada uno de
los profesores de la Sociedad de Conciertos; y menciones honoríficas de
segunda clase para los de la orquesta del teatro _La Perla_.

Además se otorgó a Campos una lira de plata y una batuta, con cabos y
centro de oro, obsequio especial ofrecido por las damas que formaban
parte de la sociedad "Centro de Recreo", y a Toledo, un ejemplar de la
ópera _Niebelungen_ del maestro Wagner, obsequio particular del
Presidente del Jurado, don Virgilio Biaggi. Todos los artistas laureados
con primeros premios, fueron nombrados socios de méritos del Casino de
Ponce.


1887.--_Certámen del Ateneo._ San Juan.

Tema: _Obertura_, para gran orquesta.

Premio ofrecido: 200 pesos y diploma de honor.

Composiciones presentadas a concurso: tres.

Obras laureadas:

1.--_Noche de Otoño_, por Braulio Dueño Colón, primer premio.

2.--_Obertura_, por Felipe Gutiérrez, primer mención.

3.--_Obertura_, por Casimiro Duchesne, segunda mención.

Jurados: don Manuel Fernández Caballero, don Ruperto Chapí y don Ignacio
Ovejero, maestros compositores de gran prestigio en Madrid y
pertenecientes a la Sociedad de Escritores y Artistas.


1894.--_Exposición conmemorativa del 4º Centenario del Descubrimiento de
la Isla._ San Juan.

El único dato que hemos podido adquirir de este Certámen es que fué
premiada, con 100 pesos y diploma de primera clase, la sinfonía para
gran orquesta del maestro ponceño Juan Morell Campos, titulada: _Puerto
Rico_, y ejecutada por un gran núcleo que dirigió el maestro Mazzi,
director de la compañía de ópera que actuaba en el _Municipal_, con
motivo de la exposición, y que Casimiro Duchesne también fué laureado
por un grupo de composiciones religiosas para órgano y voces.


1904.--_Certámen del Ateneo._ San Juan.

Tema: _Romanza_ para canto y piano.

Premio: objeto de arte y diploma de honor.

Composiciones presentadas: cinco.

Obras laureadas: _Patria_, por Manuel Rodríguez Arreson, maestro
compositor portorriqueño de gran cultura, que hace años reside en Puerto
Plata, República Dominicana.

_Patria_, de Juan Viñolo, a la que concedieron mención honorífica.

Jurado: Anita Otero, Trinidad Padilla de Sanz y Braulio Dueño Colón.


1908.--_Certámen de la Sociedad Recreativa "Libertad Borinqueña"_, de
San Juan.

Tema: _Sinfonía_ para orquesta.
      _Danza_ portorriqueña, para orquesta.

Premios: Medallas de oro y de plata, respectivamente y diplomas.

Obras concurrentes: 1 sinfonía y 3 danzas.

Premios otorgados: Declarado desierto el premio para el primer tema y
Medalla de plata para la danza, de nombre _Isabel_, de la que era autor
el flautista Rafael Márquez.

Jurado: Braulio Dueño Colón, Luís R. Miranda y Fernando Callejo.


1909.--_Certámen del Ateneo._ San Juan.

Como en las actas del Ateneo no se consignan ni las convocatorias ni los
laudos que rinden los jurados de los certámenes que dicho centro
celebra, y no hemos podido encontrar los datos, que allí deben estar
archivados, del certámen correspondiente a este año, lo único que
podemos decir es que se adjudicó Medalla de Oro y Diploma de honor a un
Vals de Concierto titulado _Puerto Rico_, original del pianista
dilettante don Rafael Balseiro Dávila.


1910.--Mes de febrero. _Concurso de la Comisión del Carnaval._ San Juan.

Este concurso fué un concurso especial convocado por la Comisión
organizadora de las Fiestas del Carnaval, para escoger la mejor Marcha
Festiva con que solemnizar la entrada de la Reina en el baile de
inauguración de las fiestas.

Se presentaron varias composiciones, siendo premiada la marcha titulada
"_El Antifaz Rojo_" de Rafael Balseiro Dávila, consistiendo el premio en
diploma alegórico de mérito litográfico.

Desconocemos el nombre de las personas que integraron el jurado, como
también si se otorgó alguna mención.


1910.--Mes de mayo. _Certámen Lírico-Literario de Bayamón._

Temas musicales:--"_Danza_", portorriqueña para orquesta y "_Two Step_",
también para orquesta.

Premios:--Un objeto de arte, 50 dólares y diplomas de honor, para cada
tema, dejando al jurado en libertad para otorgar menciones.

Obras presentadas:--7 danzas y 8 two-steps.

Fueron laureadas:--la danza "_La Reina de las Flores_" original de Luís
R. Miranda, y el two-step titulado "_Bayamón_", de Juan Ríos Ovalle,
otorgándose mención honorífica a otro de nombre "_Apolo_", compuesto por
la Srta. Monsita Ferrer Otero.

Jurado:--Braulio Dueño Colón, Gonzalo Nuñez y Enrique Simón.

El Sr. Dueño Colón, compuso expresamente para el acto de la Coronación
de la Reina de los Juegos Florales la preciosa marcha titulada "_La Rosa
de Oro_", de fino corte y original instrumentación.


1910.--_Concurso de Bandas Escolares, en la Feria Insular._ San Juan, P.
R.

Sin programa determinado, con jurado unipersonal, el Sr. Juan Viñolo, y
como único premio un pendón conmemorativo, se efectuó el concurso al que
asistieron las bandas escolares de Barros, director Francisco de la
Gracia; Cabo Rojo, Herminio Brau; Cayey, Luís R. Vázquez; Comerío;
Francisco Millián; Juncos, José Pons Zayas; Manatí, Fermín Ramírez;
Mayagüez, Enrique Simón; y Santa Isabel, Agustín Monsanto. El premio fué
adjudicado a la de Comerío, dirigida por el profesor Millián.


1911.--_Certámen Lírico-Literario del Casino Portorriqueño de Manatí, P.
R._

Tema:--"_Marcha Triunfal_", para gran orquesta.

Premio:--Lira de Oro, 25 dólares, diploma de honor y título de socio de
mérito.

Composiciones presentadas: 10.

Obras premiadas:--"_Marcha Triunfal_" del joven compositor José I.
Quintón, premio. "_Weber_", de Luís R. Miranda, primera mención; y la
segunda mención fué otorgada a otra marcha del Sr. Justo Pastor Torres.

Jurados:--Arístides Chavier, Manuel Martínez Plée y José Miguel Morales.


1912.--_Certámen Literario-Musical del Casino de Mayagüez._

Tema:--"_Sinfonía_" de tono festivo para pequeña orquesta.

Premio:--Lira de Oro y diploma de primera clase.

Obras presentadas: 4.

Laudo del jurado, publicado en síntesis: "En vista de que las
composiciones recibidas para cubrir ese tema, (cuarto de la
convocatoria) no tienen mérito alguno, el Jurado correspondiente declaró
desierto dicho tema".

Jurado:--Arístides Chavier, Enrique Simón y un tercero que no fué
consultado.[30] El premio ofrecido pasó a la sección literaria que lo
otorgó, como extraordinario, a la poesía titulada: _Isabeau_, del
laureado poeta F. Matos Bernier.

     [30] Los datos de este certámen, tal como aparecen en la reseña,
     los debemos a la cortesía del actual Presidente de dicho Centro,
     Sr. Riera Palmer.--F. C.

1913.--_Certámen de la Liga Progresista de Ponce._

Temas:--_CLASE A._--UN PREMIO consistente en $100.00, INSIGNIA DE ORO Y
DIPLOMA, se otorgarán al mejor CUARTETO DE CUERDA que se presente.

_CLASE B._--UN PREMIO consistente en $75.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA,
se otorgará a la mejor _OBERTURA ORQUESTAL_.

_CLASE C._--UN PREMIO de $50.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, se otorgará
al mejor "_set_" de _VARIACIONES_ que se presente, sobre un TEMA que
será suministrado por la comisión del Certámen.

_CLASE D._--Finalmente, UN PREMIO de $40.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA,
también, se otorgará a la mejor composición para PIANO SOLO pudiendo el
autor escoger la forma que le agrade.

Obras que concurrieron:--SEIS CUARTETOS para cuerda, UNA OBERTURA
orquestal, UN "SET" DE DOCE VARIACIONES, sobre un tema dado y TRES SOLOS
de Piano, total 11.

Resultaron laureados: _Clase A._--_Cuarteto en Re Mayor original de José
I. Quintón_, adjudicándosele la más alta recompensa.

_Cuarteto en Sol Mayor_, del maestro portorriqueño Pedro Arcílagos,
residente en Caracas, Venezuela. Se le concedió, en virtud de
recomendación especial que hiciera el Jurado, _Un Segundo Premio_
consistente en el prefijado para la Obertura Orquestal, cuyo tema se
declaró desierto.

_Cuarteto en Re Mayor_, por Luís R. Miranda. También por indicación del
Jurado se adjudicó como _Tercer Premio_, el designado para la _Obra de
Piano Solo_, cuyo tema se declaró por el jurado sin obras dignas de
premios.

_Clases B. y D._--Declaradas desiertas:

_Clases C._--"_Variaciones en Si Bemol sobre un tema de Hummel_",
composición de José I. Quintón al que se concedió el premio de la
convocatoria.[31]

     [31] La forma de esta reseña está inspirada en la convocatoria y
     laudo publicados por la prensa de Ponce, lamentando, sinceramente,
     que las dimensiones asignadas a esta sección, dentro de las
     generales del libro, nos impidan publicar el extenso y luminoso
     laudo del Jurado.--F. C.

Jurados: Braulio Dueño Colón, Arístides Chavier (Secretario), Ramón
Morlá, Juan Ríos Ovalle, José Miguel Morales y Dr. Justo R. Rivera.


1914.--_Certámen del Ateneo._ San Juan.

Este certámen debió efectuarse en diciembre de 1912 para cuya fecha se
convocó, pero, por causas que desconocemos se transfirió para el 1914.

Muchos fueron los temas generales de la convocatoria, pues, no era
solamente lírico. En cuanto a la sección musical, solamente sabemos que
obtuvieron premios las siguientes obras:

"_Estudio sobre la Danza portorriqueña_". Autor: Braulio Dueño Colón,
otorgándosele _Un Busto de Oro_, de Juan Morell Campos, Y Diploma.

"_Una Perla_", danza portorriqueña de Rafael Balseiro Dávila,
adjudicándosele el primer premio. Copa de plata y Diploma. Otra danza
original de la Srta. Monsita Ferrer, laureada con mención honorífica.
Carecemos de más detalles con referencia a obras premiadas, sus géneros,
así como los nombres de los jurados.


1914.--_Certámen de la Sociedad de Escritores y Artistas de Ponce._

Parecerá inverosímil que siendo este certámen el último celebrado y en
fecha reciente, no podamos decir del mismo sino que, siendo varios los
temas de la convocatoria, obtuvieron premios: la Srta. Monsita Ferrer
Otero, por un "_Nocturno_" para Piano; Jaime Pericás Díaz, medalla de
oro por una composición para canto y piano, titulada "_Así canto mis
amores_" y Rafael Balseiro Dávila, también medalla de oro, por un Vals
de Concierto, para piano, titulado "_Mariposas_".

Por más gestiones que hemos hecho nos ha sido imposible adquirir datos
completos, lamentándolo, porque no atribuyan, los otros autores
laureados, a envidias o egoísmos, que jamás hemos sentido por nada ni
por nadie, la omisión de sus nombres, ya que por la premura del tiempo
no podemos demorar el envío de estas cuartillas a la imprenta editora.



SECCIÓN QUINTA.

Compositores.



CAPÍTULO XIX.


Dedicada esta sección a la reseña de los compositores nativos y obras
que han producido, con ligeros comentarios propios a cada uno, parécenos
oportuno dar ligeras noticias sobre el origen de la composición, que tal
vez puedan ser útiles a muchos de los que nos honran leyendo estas
humildes páginas.

Decimos al empezar las anotaciones históricas del primer capítulo, que
el arte musical, tal como ha llegado hasta nosotros, tiene su origen en
la iglesia católica; pero es necesario indicar que el sistema musical de
la era cristiana procede, en la forma melódica, de la música griega,
traspasada a Roma, aunque ya en decadencia, cuando la gran nación
helénica, cuna de la civilización, fué convertida en provincia romana.

La melodía y el ritmo, que son los elementos constitutivos de la música,
sin los cuales la armonía no podría existir, formaban la base del
sistema musical griego, cuyo estudio era considerado como parte
integrante de la educación cívica.

La melodía no era una sucesión de sonidos producto exclusivo de la
inspiración, sino que debía producirse de acuerdo con los _tetracordes y
géneros_, que formaban el sistema, y completamente ajustada a las
difíciles reglas del ritmo.

El primer sistema, o primera escala, como decimos hoy, componíase de
cuatro sonidos a cuerdas, denominados _tetracorde_, de cuyos sonidos el
primero y cuarto eran fijos y el segundo y tercero móviles, permitiendo
esa cualidad de los intermedios, diferentes combinaciones en la sucesión
de los intérvalos, de las que nacieron tres diferentes sucesiones de
tonalidad, llamadas géneros _diatónico, cromático y enarmónico_.

Cada género tenía su carácter especial; grave y viril el diatónico,
grato y patético el cromático y el enarmónico, dulce y animado, siendo
el primero el de más aceptación, por el vulgo, por ser el más natural y
fácil.

Con la agregación de nuevos _tetracordes_, se amplió la forma hasta
constituirse el _gran sistema_, formado por quince sonidos, a los que,
para completar las dos octavas, agregaban uno, antes del llamado
"_hypate hupaton_",--correspondiente al _sí_ del segundo espacio grave,
clave _sol_, de nuestra notación--, cuyo sonido o nota denominaban,
"_proslambamenos_", o adjunta.

Además de los géneros tenían _modos_, con los nombres de _Dórico_,
_Jónico_, _Frigio_, _Eólio_ y _Lidio_, según el del pueblo donde lo
tomaron. Cada _modo_ distaba de otro un _semitono_ y ocupaba un justo
medio en el gran sistema. Los diferentes _modos_ no eran otra cosa, que
una trasposición de un tono a otro, como decimos hoy.

Los _modos_, además se distinguieron por el punto variable que ocupaban
los semitonos de la escala, la cual ya constaba de ocho sonidos o sea de
dos _tetracordes_ conjuntos.

Si en el sistema reformado, que pasó a Roma, se analizan y comparan los
_tetracordes_ de la escala griega, con los que forman la estructura de
las escalas diatónicas modernas, base de nuestras tonalidades, se verá
la semejanza de origen.

Por eso después de minuciosas investigaciones y estudios prolijos
verificados, entre otros, por Mr. Gevaert[32] y el abate Lhoumean,[33]
ha podido afirmarse, que el sistema melódico actual, así como el tonal
de canto llano, viene del sistema musical griego, estribando las
diferencias del último en la división interior de las escalas modales;
los _tetracordes_ griegos están sustituídos por _exacordes_.

     [32] Historie et théorie de musique de l'antiquité.--F. A
     Gevaert.--Gante, 1876.

     [33] De la alteración o semitono accidental en la tonalidad del
     canto llano.--Lhoumean, maestro de capilla de San Andrés
     Niort.--1879.

Dice Mr. Gevaert: "el arte del ritmo, tan absolutamente necesario como
el de la melodía, o las formas rítmicas creadas por el genio griego y su
aplicación a la expresión de los sentimientos musicales, quedarán
siempre como testimonio imperecedero de las altas dotes musicales de
aquella escogida raza."

"La forma melódica griega, tenía también su parte armónica, basada
principalmente en los _modos_ en los que se han encontrado los acordes
tónicos de _fá_, (_modo Lidio_), _sol_, (_modo Frigio_) y _do_, (_modo
Dórico_). El mérito de las obras musicales lo determinaba la pureza del
tono, las bellezas armónicas,--intérvalos armónicos--, y perfecta
compenetración rítmica con la expresión del sentimiento."

La melodía greco-romana, aunque con orientaciones hebraicas, fué la
constitutiva del cantollano y figurado de los primeros siglos del
cristianismo, "quedando siempre dentro del inmenso movimiento de la
polifonía moderna y del tipo general de la melodía, como elemento común
e intermediario, la melodía homofónica, tipo universal e inmutable del
canto vocal". (Mr. Gevaert.)

La gran belleza del arte musical contemporáneo estriba en el enlace de
la melodía polífona, lo mismo vocal que instrumental, con la armonía,
síntesis de la composición.

Después que San Ambrosio y San Gregorio hicieron las reformas tonales
del canto llano primitivo, no se dió ningún otro paso de avance hasta
finalizar el siglo IX y principios del X en que se estableció la armonía
diáfana o rudimentaria de cuatro notas, atribuyéndose la innovación al
monge Hucbald y al italiano Guido D'Arezzo.

En el siglo XI, cuando desaparecieron las últimas huellas de la
civilización greco-romana, brotaron los primeros gérmenes de un arte
nuevo que evolucionó ampliamente en el siglo XIV con los trabajos de
Landino el ciego y Jaime de Bolonia. Los maestros franceses, G. Dufay y
Gil Binchais, así como el inglés Juan Duntaple,--al que se atribuye el
empleo de la tercera en los acordes--, perfeccionaron en el siglo XV la
arquitectura de la composición, que cimentaron sólidamente en el XVI,
Cristóbal Morales, Palestrina y otros maestros italianos.

El nacimiento del _Gran Sebastián Bach_, 1685, señaló una nueva era en
la historia de la composición, ya que con su _genio_ inmortal, creó de
manera espléndida, por la variedad, pureza y profundidad de conceptos
armónicos, la escuela del contrapunto y de la fuga, que hasta hoy
permanece inmutable.

Bach, Hayden, Mozart y después el inmortal Beethoven, fueron los
creadores del género clásico, no debemos olvidar a Gluck y Weber,--en
que la sonata y la sinfonía[34] son las únicas formas en la expresión,
_oratoria_, de la música. El siglo XVIII y primer tercio del XIX,
pueden considerarse como _los de oro_ del arte de la composición.

     [34] Ricardo Wagner, denomina a las sinfonías de Beethoven: "Las
     Catedrales de la Música."

Después, y a pesar de que Berlióz trató de introducir innovaciones,
solamente Wagner, ha revolucionado la forma de construcción,
principalmente en lo que al arte lírico-dramático se refiere, creando un
nuevo género de armonía instrumental, que ridiculizado al principio y
todavía impugnado, se ha abierto paso franco imponiendo los nuevos
rumbos a los compositores del presente siglo, si bien la escuela
italiana, secundando a la francesa, pugna, desde Verdi en sus últimas
óperas, hasta Mascagni, Puccini, León-Cavallo y otros, por la creación
de un género intermedio, más adsequible, en la primer impresión, que el
nebuloso y a veces indescifrable, según impugnadores, estilo de Ricardo
Wagner.

El estudio de la composición es sumamente complejo. Comprende diversas
ramas que si no se estudian a conciencia y con método progresivo de
enlace, nunca permitirán producir frutos sazonados y puros.

Los estudios progresivos de la composición siguen este orden: 1.--Pleno
conocimiento de lo que se llama teoría musical, indispensable para
ajustar la inspiración a los preceptos melódicos. 2.--Estudio de la
armonía, parte científica del arte, que comprende las formas de las
cadencias, modulaciones, acordes, enlace y resolución de los mismos,
retardos y movimientos adecuados de las voces armónicas en las que el
bajo reviste suma importancia. 3.--Secretos del contrapunto y fuga.
4.--Estudio de los distintos cuartetos instrumentales, para después
aplicarlos con propiedad y elegancia en la orquestación, y últimamente,
conocer las leyes fundamentales de la estética y campo de acción de los
distintos géneros u órdenes de la arquitectura musical.

El compositor que posea esos conocimientos, puede ostentar con orgullo
el calificativo, aunque sus obras no estén saturadas del perfume poético
de la inspiración.

¿Los poseen, en mayor o menor proporción, los compositores que vamos a
citar?

La crítica del futuro, despojada de los sentimientos pasionales del
presente, será la que depure y aquilate, niegue o ratifique, después de
un estudio profundamente analítico de las obras, los méritos y deméritos
que, con relación al medio ambiente y carácter más histórico que
crítico, aplicamos a los que ora por haber sido laureados en certámenes
públicos, ora por su intensa y meritísima labor, son acreedores a
figurar en esta sección.


_ANDINO, Julián._

Nació en San Juan en los primeros años de la cuarta década del siglo
XIX. Procede de un hogar en que se rindió adoración a la música, pues
además de su padre que le enseñó el arte, entre sus ascendientes hállase
Domingo Andino, organista que fué de la Catedral durante 60 años.

Su temperamento, acentuadamente musical, le hizo, desde niño, realizar
grandes progresos. A los 18 años era un buen violín de orquesta,
ocupando después y por más de 40 años el puesto de Concertino en las
orquestas de las compañías de ópera y zarzuela que actuaban en el
teatro, por cuyas habilidades le felicitaban y estimaron en alto grado
todos los directores de las referidas compañías.

Está considerado como uno de los mejores violinistas que han habido en
el país, pues aunque todavía vive y pulsa tan bello instrumento, los 70
años le han restado algún vigor.

Como compositor su nombre adquirió resonancia, cuando efectuó la
transformación rítmica de la danza regional en una que tituló _La
Margarita_, escribiendo la parte acompañante en tresillos.

En este género ha producido con abundancia, aunque con estilo más
melódico que armónico y sin otras finalidades que las inherentes al
baile.

Posee conocimientos de composición y especialmente de los giros
armónicos, modulaciones y ritmos.

Tiene varias composiciones de géneros distintos, algunas de las cuales
han sido laureadas en certámenes extranjeros y las demás han sido
siempre muy aplaudidas. Entre estas le ha proporcionado gran
popularidad, el alegre _Seis Chorreao_ conocido con el nombre de _Seis
de Andino_.

Sus composiciones principales son: _Siempre Tú_, _Adiós_, y _Rayo de
Luna_, romanzas para canto y piano, premiadas la primera y tercera con
menciones honoríficas de tercera clase, en Catania, Italia. _Figuras
Chinescas_, revista cómico-lírica, letra de Fernando de Ormachea; _Amor
e Hidrofobia_, zarzuela en un acto, letra de Garrido; _Agua Mansa_,
juguete cómico-lírico en un acto y _La Soleá_, zarzuela en un acto,
letra de José Pérez Losada; infinidad de plegarias y otras piezas del
género religioso, más los valses, polkas, mazurcas y danzas que forman
una colección completa.

Julián Andino, que fué 1er. violín, por oposición de la orquesta de
Capilla de la Catedral, vive aún laborando musicalmente a pesar de sus
años. La expresión melódica de sus obras, es dulce, equilibrada y
produce siempre agradables sensaciones.


_ARANZAMENDI, Genaro._

Pianista, literato y compositor perteneciente a una distinguida familia
de San Juan. Se educó en Europa y ejerció la profesión musical en
Bayamón y San Juan.

Como compositor salió triunfante en obras cortas para canto y piano,
como romanzas, plegarias y danzas. Más melodista que armonista, saturaba
sus cantos con el perfume poético de su alma soñadora.


_ARCILAGOS, Pedro._

Natural de Bayamón, recibió en este pueblo educación musical primaria,
en la Academia que dirigía Don Sandalio Callejo, poseyendo a conciencia
la teoría, solfeo y mecanismo de Trompa, de tono dulce y seguro.

Muy joven abandonó la Isla, y desde hace años reside en Caracas,
Venezuela, en donde en posesión de profundos conocimientos de la
composición y dirección orquestal, está reputado como uno de los
primeros maestros que actúan en la Capital de aquella república,
habiendo la prensa caraqueña tributado, frecuentemente, grandes elogios
a sus producciones.

En el Certámen que _La Liga Progresista_, celebrara en Ponce en 1913,
obtuvo segundo premio, especialmente recomendado por el jurado
calificador, _Un Cuarteto_ en _Sol_ mayor, para cuerda que remitiera
desde Caracas y del cual dice el jurado en su laudo: "Los _temas
expositivos_ de los _cuatro movimientos_ están bien caracterizados y se
desenvuelven de acuerdo con los preceptos establecidos por la tradición
clásica. Giran dentro de las tonalidades rigurosamente adoptadas en la
forma _Sonata_ en su parte expositiva. Existe un perfecto equilibrio en
todas las partes; la línea melódica no se interrumpe un sólo instante;
los temas todos se desenvuelven con espontaneidad, poniendo de
manifiesto que el autor del cuarteto tiene experiencia en el manejo de
los instrumentos. Salvo pequeñas licencias armónicas, esta composición
puede calificarse de buena, haciendo honor a su autor, quien tiene
valiosos conocimientos de armonía, contrapunto e instrumentación."

Consideramos que ese juicio sintético del laudo, será suficiente para
que se aprecien las grandes condiciones artísticas de Pedro Arcílagos.

No hemos podido obtener el catálogo de sus obras.


_ARTEAGA, Julio C._

Véase la sección _Biografías_, Capítulo V, página 72.


_BALSEIRO DÁVILA, Rafael._

Nació en Arecibo el 24 de septiembre de 1867. De alto temperamento
musical, a los 9 años empezó a estudiar el arte con el connotado
pianista Heraclio Ramos, que también fué el maestro de Aurea Balseiro,
hoy señora de Georgetti, y que es una pianista dilettante de esmerada
ejecución, delicado estilo y expresión ajustada a las obras que
interpreta, aunque sumamente tímida para dejarse oir fuera del santuario
de su hogar.

Rafaelito, que es como lo nombran sus amigos, después de hacer en el
piano rápidos progresos con Ramos, cuyo estilo de ejecución se
asimilara, mientras hacía los estudios del bachillerato en el colegio de
los PP. Jesuitas de Santurce, proseguía los de piano, obteniendo siempre
el primer premio al final de los cursos, perteneciendo a la Banda de
música del mismo, como bombardino solista, instrumento que llegó a
dominar, abandonándolo más tarde.

Los afectos paternales cohibieron la acentuada vocación artística que
impulsaba sus deseos de trasladarse a Europa,--y su posición económica
lo permitía--, para ingresar en un Conservatorio, del cual, aprovechando
tiempo y lecciones, seguros estamos que hubiera salido un pianista
compositor de renombre mundial, pues la chispa del genio ardía en su
cerebro.

Trasladado su hogar paterno a Manatí, en este pueblo ejerció como
profesor de piano, hasta que su señor padre lo llevó a su escritorio
agrícolo-comercial como jefe de la contabilidad, con residencia en
Barceloneta.

De profesional se transformó en dilettante, y en sus ratos de ocio
empezó a verter al pentagrama las inspiraciones de su fantasía,
netamente criolla.

Su primer producción fué la danza _Amparo_, recientemente editada, cuya
estructura melódica es completamente distinta al estilo que después ha
caracterizado todas sus composiciones. Al poco tiempo componía un vals
de concierto, de extrema dificultad, titulado _El Niágara_, que fué
premiado en la exposición de Chicago, EE. UU., con medalla de bronce y
diploma.

Mimado por la fortuna y habiendo constituído hogar propio, la educación
de sus hijos le hizo fijar su residencia en San Juan, en donde la fiebre
de la composición se le desarrolló en alto grado, sin que hasta la
fecha encuentre antídoto que la corte.

Su predilección son los valses, sobresaliendo entre los 25 que ha
compuesto, además del _Niágara_ citado, los titulados _Puerto Rico_, de
concierto, premiado con medalla de oro y diploma en Certámen del Ateneo;
_Mariposas_, de concierto, laureado en el torneo de la Sociedad de
Escritores y Artistas de Ponce, con medalla de oro, y _Tu Risa_, el de
factura melódica más fluída, y de expresión en consonancia con el
pensamiento inicial.

Ha obtenido además de los premios referidos, Copa de plata y diploma,
primer premio del Ateneo, por una danza titulada _Una Perla_ y Diploma
de honor, premio de la Junta organizadora del Carnaval de 1911, por una
marcha festiva titulada _El Antifaz Rojo_. Es también autor de muchas
marchas entre las que merece citarse la dedicada a la memoria de Sergio
Lecompte, y otras obras de distinta métrica, como también de una
zarzuela titulada _Amor que Nace y Amor que Muere_ letra de Felipe
Castañón, en la cual, el número más original es el Vals-Intermezzo.

"Rafael Balseiro", decíamos en nuestra conferencia de la Biblioteca:
"cuando reduce a notas las idealidades de su morisca fantasía, semeja al
ruiseñor que en la espesura, sin orden ni concierto, pero con inimitable
agilidad y dulzura, al expresar sus amores, trina, florea, _stacatta_
sus _gammas_ y con piquetatos rapidísimos de entonación precisa, señala
las notas del único acorde en que estriba la modalidad de sus cantos."

Es un compositor laureado, en que la preceptiva está en razón inversa a
la potencialidad de su inspiración y temperamento.


_CALLEJO, Sandalio._

Desde que concibiéramos la idea de escribir este libro, nuestro primer
acto fué concentrar en lo más íntimo del alma los sentimientos
pasionales, para que las expresiones que la pluma trazara fueran, tan
sólo, resultantes de pensamientos justos y veraces, con más indulgencia
que severidad.

No haya por tanto temor alguno de que sea la pasión filial la que trace
los méritos de Sandalio Callejo; por el contrario, estas breves notas
constituirán la escepción en cuanto a la indulgencia del cronista.

Si lo hacemos figurar en esta sección, es por el hecho de haber obtenido
un laudo en certámen público, pero dentro de la rigurosidad del concepto
_compositor_, a pesar de haber producido muchas obras de los distintos
géneros de la composición, y poseer conocimientos de armonía que
aplicaba con suma corrección, no lo consideramos con las condiciones
generales requeridas para adjudicarle el honroso calificativo.

Las características de Sandalio Callejo, fueron las de educador y
organizador.

Como educador, tenía el arte especial de la trasmisión, cualidad
preferible a la profundidad de conocimientos, en los que se dediquen a
la enseñanza.

Sandalio Callejo "_hacía músicos de las piedras_" es la expresión que
repetidas veces hemos oído a los maestros del arte en Puerto Rico, y
como testimonio del aserto, muchos son los músicos de valer, que de él,
recibieran sólidamente los conocimientos de la teoría musical, solfeo,
hasta verificar rápidamente la transportación, y mecanismo elemental de
todos los instrumentos, incluso el piano.

Su extremada paciencia, la rigidez de su carácter entremezclada con
oportuna dulzura, la puntualidad en las lecciones, la escrupulosidad en
los menores detalles de ejecución, la aplicación de sistemas de
trasmisión según la idiosincrasia del alumno y la selección en los
métodos que empleaba fueron las causales del prestigio que alcanzó como
maestro de música.

Como organizador, también ocupaba preferente puesto. Jamás le vimos
realizar nada impulsivamente; todo lo meditaba, pesando el pro y el
contra, y cuando después de trazado el plan, lo llevaba a la práctica,
no había obstáculo que le hiciera retroceder, ni accidentes que lo
desviasen del camino emprendido.

El deber fué su religión; el trabajo artístico su culto. Fué un
carácter; y como ligera prueba citaremos un hecho.

El que esto escribe, había sido aceptado como maestro de música para el
pueblo de Lares. Debía tomar posesión del destino el 1º de febrero de
1882, y para ello le era necesario salir de San Juan, por mar, el 28 de
enero.

El 27 de ese mismo mes fué atacado Don Sandalio por rápida y aguda
pulmonía. Los médicos consideraron de gravedad el caso, y como era
natural, pensamos suspender nuestro viaje hasta ver la resolución de la
enfermedad. Nuestra madre aprobó la idea y cuando se la expuso, él,
llamándonos a su presencia inmediatamente, nos dijo: "La palabra del
hombre es sagrada; tú debes partir esta tarde para Lares a cumplir tu
deber, aunque yo muera en este instante y mi cadáver esté de cuerpo
presente". Y salimos para Lares dejándole muy grave, aunque
afortunadamente recuperó la salud.

En Bayamón fundó una Academia de Música que dió espléndidos resultados;
y en San Juan, fué director de orquesta de las iglesias de San
Francisco y Santa Ana, de la escuela de música del Asilo de
Beneficencia, de una Academia particular, por él fundada, y Músico
Mayor, hasta su muerte, del 1er. Batallón de Voluntarios.

Su obra laureada fué, _Gozos a San Vicente de Paul_, para orquesta,
certámen de Santa Cecilia.

A él, principalmente, debemos nuestros pocos conocimientos artísticos.

Nació en San Juan el 3 de septiembre de 1833 y murió repentinamente en
junio 16 de 1883.


_CORTÉS, Francisco._[35]

     [35] Le habíamos reservado puesto de honor en la sección
     _Biografías_, pero nuestros deseos se han frustrado, porque a pesar
     de las gestiones practicadas entre sus familiares, no hemos podido
     obtener los datos necesarios. Hacemos la aclaración para evitar
     malas interpretaciones.--F. C.

Desde niño se revelaron sus facultades extraordinarias para el arte
musical. Tavárez fué su primer preceptor y tomó a empeño hacerlo
pianista. La muerte inesperada del maestro paralizó algo la carrera de
Cortés, siendo éste el único que se atreviera a pulsar el piano cuando
el entierro del autor de _La Margarita_, para despedirle con las notas
de la Gran Marcha _Redención_.

Trasladado a Arecibo, se dedicó a la profesión, y organizó una compañía
infantil de zarzuela, que debutó con _Los Sobrinos del Capitán Grant_,
obteniendo éxito moral y material para poder realizar su viaje a
Barcelona, en donde continuó sus estudios de piano, tomando lecciones de
composición. La Diputación Provincial le concedió una pensión durante
dos años, con tal objeto.

En posesión de sólidos conocimientos y lleno de legítima ambición
artística, se trasladó a París, para adquirir, a ser posible, mayor
suma de aquellos y abrirse paso en la Ciudad-Luz.

Sus ilusiones las vió realizadas, como premio a su constancia en el
estudio. Primeramente fué clasificado entre los mejores directores de
orquesta de la metrópoli francesa, y poco después, su obra _La Noche
de Navidad_, le hizo ceñir los laureles del triunfo como
maestro-compositor. La obra fué estrenada en París, repitiéndose
infinidad de veces, obteniendo los beneplácitos de la crítica severa y
docente y repercutiendo su fama por el extranjero.

Después de largos años de ausencia visitó su país natal, proporcionando
al autor de sus días la inmensa satisfacción de que en el teatro de San
Juan se le tributasen, como Director y Compositor, los aplausos y
homenajes que tan justamente había alcanzado en el exterior. Dió dos o
tres conciertos, marchando después para New York, en donde contrajo
matrimonio con una portorriqueña de abolengo artístico y en la Babel
americana fijó su domicilio dedicándose a la profesión.


_CHAVIER ARÉVALO, Arístides._

Véase la sección _Biografías_, Capítulo VI, página 78.


_DUCHESNE, Casimiro._

Natural de San Juan. Después de haber obtenido los conocimientos
elementales del arte con un profesor, cuyo nombre ignoramos, y ya con
bastantes del clarinete, en cuyo instrumento sobresalió, especialmente,
por la dulzura del tono, ingresó como requinto en la Banda de
Artillería, y a la vez era el primer clarinete de la orquesta de baile
de Carlos Segnet. Empezó a ejercitarse en la composición de música
regional, de la que fué abundante productor. Sus danzas, dentro del
estilo característico de las de San Juan, se destacaban por la vivacidad
del ritmo e ilación de los pensamientos melódicos, habiendo obtenido
bastante popularidad, entre otras, la titulada _La Mariposa_.

Muerto Segnet, su orquesta continuó bajo la dirección de Duchesne, y era
la preferida por los centros sociales.

Su vocación artística le hacía estudiar, solo, los textos de composición
y obras de los maestros clásicos, hasta que consolidados sus estudios
dió los primeros pasos por las sendas _severas_, con tanta fortuna, que,
en 1882 obtuvo en la Feria de Ponce, medalla de plata y mención
honorífica de segunda clase, por una _Obertura de Concierto_ para
orquesta.

En el certámen del Ateneo de 1887, el jurado que en Madrid laudó las
composiciones concurrentes, le adjudicó una mención honorífica, por otra
_Obertura_ para orquesta, que después fué premiada con medalla de oro al
ser nuevamente presentada entre un grupo de composiciones, a la
Exposición de San Juan de 1894.

En 1891 fué honrado con el título de socio de mérito, medalla de plata y
diploma, por una _Sinfonía_, que remitiera al concurso lírico del
Círculo _Bellini_ de Catania, Italia.

Produjo también obras del género religioso, entre estas, una Misa a tres
voces y gran orquesta que fué premiada con medalla de oro en la
Exposición de 1894. Compuso además un cuarteto de cuerda de bastante
mérito.

Fué autor de la zarzuela _Cada Loco con su Tema_ y de muchos bailables.
En el Instituto de Música que fundara Segura Villalba, tenía a su cargo
la clase de armonía.

Desempeñó el cargo de Músico Mayor de Voluntarios de San Juan, durante
los dos últimos años de la dominación española y desde 1882 era socio de
mérito del Casino Español.

Su música era a veces simpáticamente expresiva, otras parca de bellezas
melódicas, siempre dentro de los preceptos de la composición, con unidad
temática, enlace armónico correcto y variedad de instrumentación. Su
batuta de director era débil, teniendo, en cambio, sobrada pericia como
profesor de orquesta. Su modestia le hizo poseedor de grandes simpatías.

Murió en 1906.


_DUEÑO COLÓN, Braulio._

Véase la sección _Biografías_, Capítulo VII, página 90.


_ESTURIO, José Damián._

Poquísimos son los datos que de el _Nene_, por cuyo apodo se le conocía,
poseemos, aunque lo conocimos y tratamos algo en nuestra adolescencia.

Sobrino e hijo adoptivo del maestro platero y director de una orquesta
de baile de San Juan, de su mismo nombre y apellido, con él aprendió los
rudimentos del arte hasta, por sus propios esfuerzos, alcanzar fama de
buen clarinete y compositor. En Juana Díaz fijó después su residencia,
como director de una academia y banda de música municipal bastante bien
organizada. En dicho pueblo produjo mucha música, especialmente del
género religioso, según nos han referido personas de aquella localidad,
en donde fué muy apreciado hasta su muerte.


_FERRER OTERO, Moncerrate._

Monsita Ferrer, por cuyo nombre se le designa, es hija del Dr. Don
Gabriel Ferrer de grata y venerada recordación.

Nació en San Juan y allí, bajo la competentísima dirección de Anita
Otero, estudió con tenacidad, aprovechando su temperamento hereditario
de artista, hasta transformarse en pianista.

Es una de las discípulas que más honran la memoria de la Vestal
humacaeña.

Con Gonzalo Núñez estudió armonía y composición, por la que siente
verdadero delirio.

Apenas iniciada en la ciencia de los acordes, dejó fluir la inspiración
de su mente por los canales del pentagrama y con valentía espartana,
concurrió con uno de sus primeros frutos al certámen de Bayamón--1910--,
siendo laureada, con mención honorífica, por un Two-Step titulado
_Apolo_.

Alentada por el triunfo continuó estudiando y produciendo, siendo
nuevamente premiada con otra mención, por una _Danza_ que remitiera al
Certámen del Ateneo de 1914, la que, por la belleza de la melodía,
estilo original, elegancia sin efectismos del acompañamiento y pureza
del ritmo, placenteramente criollo, es acreedora a un primer premio.

_Nocturno_ su última composición laureada con primera mención en el
Certámen de Escritores y Artistas de Ponce, 1914, es una joyita musical.
Con Chopín por modelo, pero sin plagiarlo, el alma de la artista
poetizando las ensoñaciones de la mujer, combina el nostálgico
pensamiento temático, con modulaciones, cadencias y giros rítmicos tan
espontáneos, que imprimen el sello de original belleza a la armonía del
conjunto. Si no abandona el estudio, tiene un porvenir de gloria que
reflejará en la patria.


_GUTIÉRREZ ESPINOSA, Felipe._

Véase la sección _Biografías_, Capítulo VIII, página 101.


_MIRANDA, Luís R._

Nació en Utuado el 21 de junio de 1879.

Su vocación por el arte lírico se manifestó desde la niñez, pues
frecuentemente sus padres, al notar su falta en el hogar, salían a
buscarle y lo encontraban siempre oyendo embelesado la orquesta del
pueblo, bien en un baile o ensayando.

Con sus familiares que poseían diversos instrumentos empezó a estudiar
solfeo y prácticas del clarinete; después con profesores que ejercieron
en Utuado adquirió mayor suma de conocimientos, especialmente con Jesús
Muñoz, maestro de piano,--utuadeño procedente del Conservatorio de
Madrid--, que le dió lecciones de armonía.

Cuando las tropas americanas formaban campamento en Utuado, él solicitó
permiso del Jefe de una banda de música para agregarse a la misma como
clarinete. Admitido, en ella practicó lo suficiente para después ser
contratado como clarinete solista en la Banda del Regimiento de Puerto
Rico, desde su fundación, que dirigía un profesor americano, y al
vencimiento del término de este, fué Luís R. Miranda, en 14 de junio de
1901, nombrado Jefe de la Banda, puesto que todavía ocupa y en el cual
ha ido alcanzando con tenacidad, constancia en el estudio y noble
ambición, el merecido prestigio músico-personal de por goza y que ha
hecho extensivo a la Banda.

Primeramente por correspondencia y después aprovechando la estadía, en
el País, de Gonzalo Núñez, continuó ampliando sus conocimientos sobre el
arte de componer con tanta aplicación, por los frutos empezaron a
alcanzar renombre.

Sus obras laureadas en certámenes han sido: _Weber_, Marcha triunfal
para orquesta, primera mención en el certámen de Manatí; _La Reina de
las Flores_, Danza, primer premio del certámen de Bayamón; _A Red Red
Rose_, poema de R. Burns, para orquesta, Lira de oro y $50, segundo
premio de un certámen efectuado en Chicago, EE. UU. y _Cuarteto en Re
mayor_ para instrumentos de cuerda, $50, Insignia de oro y diploma en el
Certámen de la Liga Progresista de Ponce, del cual dice el jurado en su
laudo: "La contextura de este cuarteto se asemeja más a la de Hayden y
Mozart que a la de Beethoven. El autor de este trabajo tiene aptitudes
para cultivar este género de composiciones, pero con mayor acopio de los
conocimientos contrapuntales, hubiera podido sacar un partido más
ventajoso de los _temas expositivos_. No obstante, en algunas partes se
observan ingeniosas combinaciones que dan relieve e importancia al
trabajo, revelando buenas dotes el compositor. La instrumentación no es
absolutamente irreprochable; las modulaciones se suceden correctamente
de acuerdo con las leyes establecidas, los _movimientos_ están bien
equilibrados, aunque acaso el tercero resulte demasiado extenso dada la
amplitud de la obra."

Luís R. Miranda es el director de la orquesta de conciertos del "Club
Armónico" y es indudable que a su pericia se debe el gran éxito
alcanzado por tan artística sociedad.

Hasta hoy no puede decirse que Miranda tenga un estilo propio, original,
como compositor. Los pensamientos melódicos no sobrepasan la belleza
ordinaria, si se nos permite esta expresión, la factura armónica a veces
tiene atrevimientos de carácter innovador. En la estructura general hay
arte en el cual, los peritos, pueden ver la influencia del preceptor
Núñez, es decir, que Miranda se ha asimilado la forma de construir de
Gonzalo, pero sin acudir, naturalmente al plagio.

Es un magnífico director, de mucha conciencia para la interpretación, y
severo en la ejecución, consiguiendo siempre una bella igualdad en el
conjunto.

Sus composiciones principales, que están por editar son: _Zelmira_,
sinfonía en _Do_ mayor; _Diadema_, obertura; _Recuerdo del Pasado_,
Novelette; _Minuetto_, en _Sol_ mayor; _Miosotis_, Vals-Intermezzo; _La
Flor de Amor_, canción; _Souvenir_, mazurca; _A Tí_, elegía;
_Recuerdos_, gavota; e infinidad de danzas, marchas fúnebres y
paso-dobles, para banda militar.


_MORELL CAMPOS, Juan._

Véase la sección _Biografías_, capítulo XI, página 130.


_PASARELL, Arturo._

El encontrarse sus padres, Don Oriol y doña Teresa Pasarell de temporada
en Barcelona, España, hizo que nuestro biografiado naciera el año 1866
en la Ciudad Condal; pero siendo aquellos portorriqueños, la herencia
étnica, así cómo el haber venido al país cuando solamente contaba un
año, recibiendo aquí todas las modalidades que constituyen su
personalidad le hacen acreedor al título de nativo.

Su padre, profesor de piano que ejerció largos años en Ponce, fué su
primer preceptor, terminando después los conocimientos, solo, por su
inteligencia y constancia en el estudio.

Tocó el violoncello con bastante habilidad, formando parte de la
orquesta del teatro _La Perla_.

Pianista de bastante ejecución y buena lectura, se dedicó a la enseñanza
del instrumento. Es desde hace tiempo el organista de la Iglesia
parroquial de Ponce, lo que le permitió ampliar sus conocimientos del
género y hacerse un buen director de orquesta y compositor _sacro_.

Ha sido también un abundante productor de música regional, imprimiendo a
sus danzas estilo propio, sobre todo en los ritmos, vivaces y
placenteros.

Sumamente modesto, labora en silencio, aunque sus danzas _Yambú_,
_Pistolos_, _Anhelos del Alma_ y _Sicilia_, han hecho que su nombre sea
conocido en la isla.


_PERICÁS DÍAZ, Jaime._

Nació en Aguadilla el 13 de mayo de 1870, residiendo en Ponce desde la
edad de un año.

Con el afamado profesor Antonio Egipciaco empezó los estudios del solfeo
y del violín, continuándolos después con Morell Campos y Gabriel
Carreras.

Su vocación musical le hizo perseverar en el estudio hasta llegar a
penetrar en los campos de la composición.

Sus principales obras son: _Lirios y Rosas_, vals para orquesta; _El día
de Farfantón_, opereta, letra de el reputado literato Félix Matos
Bernier; _Así Canto Mis Amores_, romanza para canto y piano, laureada
con medalla de oro en el Certámen de Escritores y Artistas de Ponce.

Fué organizador de la Banda escolar de Ponce, justamente aplaudida y
Director-fundador del Club de Mandolinas, academia en la que han
estudiado muchas señoritas de la buena sociedad ponceña.

Su constancia en el estudio, modestia, y el hecho de encontrarse en
plena edad viril, hace esperar que continuará en _crescendo_ la
producción musical.


_QUINTÓN, José._

Nació en Caguas el 1º de febrero de 1881. Hijo del maestro de música,
Don Juan Quintón, recientemente fallecido y que por largos años
ejerciera la enseñanza musical en Coamo a cuya Villa se trasladara
siendo su hijo muy niño, con él aprendió nuestro biografiado cuanto
aquel podía enseñarle. El pianista Catalán Ernesto del Castillo, le hizo
progresar bastante en su instrumento favorito y después, como la mayor
parte de nuestros artistas, el estudio solitario y reflexivo completó su
educación.

Pepito Quintón, como le nombran en el pueblo de su residencia, nació con
un gran temperamento artístico. Si prosigue estudiando como hasta aquí,
será el primer maestro compositor de la época actual, pero su modestia
excesiva y la pobreza del medio ambiente en que gira no le permitirán
remontarse a las altas regiones del ideal, para lo que le sobran
facultades.

Como pianista, posee asombrosa, limpia y ágil ejecución; como profesor,
tiene facilidad para trasmitir; como director su batuta es enérgica,
detallista y circunspecta.

Pero en donde su genio se manifiesta radiante es en la composición.

Impulsado por sus amigos, concurrió por primera vez al certámen de
Manatí, obteniendo el primer premio, consistente en Lira de Oro, $25,
diploma de honor y título de socio de mérito del Casino Portorriqueño,
por una _Marcha Triunfal_ para orquesta. Después de ese hermoso triunfo
se encerró nuevamente en su querido Coamo, hasta que en 1913, como los
cometas errantes, reapareció en el cielo del arte, concurriendo al
certámen de la Liga Progresista de Ponce, agregando a su gloriosa corona
de laureles, dos brillantísimas hojas.

En dicho certámen obtuvo las distinciones más altas, $100, insignia de
oro y mención honorífica de primera clase por un _Cuarteto_ en _Re_
mayor para cuerda y $75, insignia de oro y diploma de honor por _Un'
Set_ de 12 variaciones sobre un tema de Hummel, para piano.

Sobre dichas producciones decía el laudo del jurado: "Por el análisis
minucioso que se ha hecho del presente _Cuarteto_ en _Re_ mayor, se
deduce que su autor tiene verdaderos conocimientos de armonía,
contrapunto y composición musical, habiendo así mismo seguido un plan
que revela sus aptitudes en el manejo de la forma prescrita para el
género _Sonata_, que es el que fundamenta esta clase de composiciones.
Las frases dialogadas, las imitaciones fragmentarias de los temas en el
discurso de toda la obra, el desenvolvimiento de las modulaciones,
atestiguan elocuentemente que se está en presencia de un compositor de
dotes excepcionales y que sabe conciliar su libre fantasía, su delicada
inspiración con las exigencias inherentes a la _música di camera_."

Y al laudar _Las Variaciones_, dice el jurado: "El autor es
indiscutiblemente un compositor de grandes dotes. En las _Doce
Variaciones_, escritas con suma facilidad y elegancia, se desataca
siempre el _Tema dado_, presentando bajo distintos aspectos, luciendo
cada vez, por decirlo así, una vestidura distinta y más atrayente pero
que no le hace perder de vista, ni por un instante su _individualidad_,
a pesar de la complejidad en que se desenvuelve, en ciertas ocasiones.
La 12ª variación, en ritmo de polonesa, es realmente ingeniosa y
brillante. Ella por sí sola revela las aptitudes envidiables, del autor,
digno de ocupar uno de los más elevados puestos entre los compositores
de Puerto Rico."

El Municipio de Coamo a raíz de estos triunfos le declaró _Hijo
adoptivo_ de dicha población, acuerdo que honra por igual a otorgantes y
adoptado, siendo Quintón el único artista que en Puerto Rico lo ha
obtenido.

Además de las laureadas ha compuesto: _Overtura_, estilo clásico, _Misa
de Requiem_, _Scherzo_, para piano, _Danzas_ de concierto, para piano
(difíciles), _Valses_ de salón y una gran variedad de música religiosa y
bailable.


_RAMOS, Heraclio A._

Véase la sección _Biografías_, Capítulo XV, página 158.


_RAMOS, Federico._

Si fuéramos a juzgarle por el número de sus obras, parecería, como
artista, muy superior a su hermano Heraclio, pero ni como compositor, ni
como pianista le ha superado.

Federico Ramos nació en Arecibo el 14 de abril de 1857, cuando ya
Heraclio era un compositor laureado. Éste fué su preceptor.

Es innegable que posee temperamento musical y conocimientos bastantes,
que le permiten cultivar con fortuna los distintos géneros de la
composición.

Pero como su producción es vertiginosa, en las obras de empeño nótase, a
veces, un desequilibrio en la estructura general; sobre todo, no siempre
se destaca con claridad el pensamiento temático o inicial de la
composición. Tiene ideas bellísimas junto a otras pobremente expuestas.
Pudiera, en general, compararse su labor de compositor, como un jardín
en el que han florecido variedad de plantas y que por la falta de
jardinero se encuentran todas entremezcladas, siendo muy difícil
encontrar los tallos o troncos pertenecientes a cada flor o planta.

La misma impetuosidad de su carácter le perjudica. Como pianista, tiene
pasmosa ejecución, digitación bastante correcta, repentiza con
facilidad, pero el conjunto semeja el torbellino de una catarata.

Estas deficiencias que expresamente señalamos, pues por lo mismo que
vale mucho desearíamos verle producir con más reposo, no quieren indicar
que no tenga especiales composiciones. No; en los últimos años ha
publicado y compuesto algunas que han sido elogiadas en el extranjero,
como la Marcha Triunfal dedicada al Presidente Roosevelt de la cual
decía _Le Journal Musical_ de París, en su edición de julio 16 de 1907,
"Esta marcha brillante ha penetrado en Francia y será pronto ejecutada
en todas partes. Está en efecto bien rimada y de un desarrollo melódico
bien señalado, con armonías del mejor efecto."

Recientemente nos dejó oir su última obra _Nocturno_ y un _Intermezzo
sinfónico_, de exquisita factura.

Para que se tenga una idea de su enorme producción, diremos que tiene
hechas (en gran número publicadas) 23 obras de baile, 27 de salón, 23
de concierto, 29 para canto y piano, 2 que el titula recitaciones, 4
zarzuelas en 1 acto, 1 drama lírico en 3 actos y 3 didácticas.

Su melodía _El Encanto del Hogar_ es un verdadero idilio de expresión,
clara, espontánea y hondamente sentida. Se destaca del resto de las
composiciones y sin embargo ¡está expuesta con tanta sencillez y
maestría!


_RÍOS OVALLE, Juan._

Laborioso como la hormiga, modesto cual la violeta, de inteligencia
natural, gran intuición artística y con acopio de conocimientos
adquiridos asíduamente, es uno de los compositores ponceños, que
dedicados más principalmente a la producción del género bailable, tiene
facultades para subir hacía la cima de los llamados severos,
atestiguándolo la forma de construcción de los bailables y el hecho de
haber sido uno de los jurados del certámen de la Liga Progresista, en
donde para poder juzgar obras clásicas tenía que estar en posesión de
los conocimientos a ellas inherentes.

Buen clarinete y correcto preceptor de música, fué laureado en el
certámen de Bayamón con el primer premio, por un Two-Step, para
orquesta, titulado _Bayamón_, lema: Cruz Roja.

Como compositor de danzas ha sido fecundo. Su estilo fué, primeramente,
casi una continuación del de Morell Campos, pero después ha tomado
carácter propio, algo discutido, por las novedades rítmicas y formas de
expresión introducidas, que han desvirtuado, a pesar de las bellezas
melódico-armónicas de que están saturadas, la candorosa idealidad de
nuestra danza.


_RODRÍGUEZ ARRESON, Manuel._

Si no estamos mal informados, es natural de Añasco, aunque educado en
Mayagüez, en donde se dió a conocer como hábil violinista y correctísimo
educador, con aficiones literarias que después ha consolidado
prácticamente.

Hace muchos años reside en Puerto Plata, República Dominicana, a donde
fuera por primera vez, como Director de la Banda Municipal.

Su intensa labor artística la ha realizado fuera de su país, en el que
se dió a conocer como exquisito compositor, cuando fué laureada su
romanza para canto y piano titulada _Patria_ en el certámen del Ateneo
de 1904.

De sólida cultura lírico-literaria, constantemente labora en pro de sus
aficiones.

Uno de los actos de mayor renombre que conocemos de él, fué el
Reglamento aprobado por el Ayuntamiento de Puerto Plata, R. D. para la
Academia de Música Municipal, que fué puesta bajo su competentísima
dirección y en la que ha permanecido hasta hace poco tiempo dando
sorprendentes resultados. Para apreciar la capacidad musical de
Rodríguez Arreson, transcribimos el programa de estudios de dicha
academia, que puede decirse ha desarrollado él sólo.

"PROGRAMA.--_Primer Curso._--Nociones sobre el sonido; teoría y práctica
del Solfeo; desarrollo de tonalidad; técnica instrumental;
ejercicios.--_Segundo Curso._--Teoría y práctica de claves; transporte;
ejercicios de solfeo en conjunto; afinación y desafinación; armónicas de
los sonidos; técnica instrumental; ejercicios.--_Tercer Curso._--Armonía
hasta las modulaciones por transformación; elementos; ejercicios y
dictados; tono o altura; intensidad; cuerdas y tubos sonoros; aplicación
de sus leyes en los instrumentos musicales; técnica instrumental;
ejercicios en conjunto.--_Cuarto Curso._--Armonía (continuación);
timbre; aplicación de sus leyes en los instrumentos musicales; técnica
instrumental; ejercicios de conjunto.--_Quinto Curso._--El arte de
instrumentar; breve estudio de los géneros musicales; historia de la
música; técnica instrumental; ejercicios en conjunto.--_Curso
Completo._--El arte de dirigir; bibliografía musical; grandes
organizaciones orquestales; orfeones; su influencia socio-moral;
experiencias; el drama lírico; su forma presente; la concepción
Wagneriana de la ópera; su influencia y su evolución."

Nos consta que produce mucho y bueno. Conocemos de él una Elegía fúnebre
y un Nocturno para piano de mucha delicadeza en la expresión y factura.
Recientemente le escribimos y al contestarnos, hizo omisión absoluta a
uno de los particulares de nuestra carta en que le pedíamos el catálogo
de sus obras, traduciendo nosotros, el silencio, como un acto de
modestia.

Es un portorriqueño que honra a su país en el extranjero, siendo apenas
conocida su intensa labor en la tierruca nativa.


_TAVÁREZ, Manuel G._

Véase la sección _Biografías_, Capítulo XVI. página 162.


_TIZOL MÁRQUEZ, Manuel._

Aunque las producciones que de él conocemos, pertenecen al género
bailable, no dudamos que por sus conocimientos y cuadratura musical
completa, haya producido o pueda producir obras de mayor empeño. Su
fuerte labor profesional desde el cambio de soberanía, en que su
personalidad artística se destacó vigorosa, le ha hecho aparecer en
primera línea como organizador de núcleos instrumentales, para los que
ha tenido que estar constantemente instrumentando, lo que hace
magistralmente, siendo ésta, tal vez, la causa de que su inspiración
permanezca algo inactiva.

Es un contrabajista de talla mundial (herencia paterna) y aunque conoce
y ha practicado varios instrumentos, su profesión principal es la
dirección de orquestas y bandas.

Actualmente es el Director de la Banda de Bomberos Municipal de San
Juan, por él organizada y que está reputada como una de las mejores de
las Antillas.

En los últimos meses la ha hecho progresar mucho, y en los conciertos
públicos que bisemanalmente celebra es muy aplaudida haciéndosele bisar
casi todos los números del programa, en el que combina música de los
grandes maestros con otras afines al gusto imperante en el público.

Como es joven, tiene amplio porvenir y estamos seguros que, remontando
vuelos, honrará dignamente su apellido, de gran abolengo artístico.

       *       *       *       *       *

Al cerrar esta sección, consideramos justo citar los nombres de algunos
dilettantes que con frecuencia han dado y dan a la publicidad las
inspiraciones de su fantasía, en las que se encuentran ideas melódicas
bien definidas, efluvios estéticos de sus temperamentos artísticos.

Son éstos, los señores Antonio Otero, de Ponce; Federico Porrata Doria,
de Naguabo; Juan Garriga, de Utuado; y Emilio R. Dávila, de Ciales.

Este último no conoce siquiera los signos musicales y sin embargo toca,
de oído, bastante piano sin alterar, en lo más mínimo, las partituras; y
compone diversidad de piezas--algunas están publicadas--que han ido
adquiriendo poco a poco sello de originalidad, las cuales son anotadas
en los pentágramas por músicos inteligentes a quienes el autor hace oir
repetidas veces las frases de la obra.

_Puesta de Sol_, su último vals, llamará la atención por la expresión
intensa del pensamiento musical, en concordancia con el título y la
armonía del conjunto.

Emilio R. Dávila es un caso psicológico especialísimo digno
verdaderamente de estudio.



SECCIÓN SEXTA.

Instrumentistas Notables.



CAPÍTULO XX.


De acuerdo con el orden seguido en secciones anteriores, en esta
nominaremos, alfabéticamente, a los instrumentistas cuyos méritos hayan
sido refrendados por juicios públicos y competentes, eliminando, para no
ser difusos, a los que bajo otros aspectos hayan sido citados.

Los relatos tendrán la amplitud de las referencias adquiridas,
circunscribiendo la mención de los dilettantes a sus nombres,
instrumento en que han sobresalido, y, a ser posible, el nombre del
preceptor o escuela de donde proceden.

Puede que incurramos en omisiones, que podemos afirmar serán
involuntarias, pues en esta clase de trabajos, por mucho cuidado que se
tenga y mejores deseos en la solicitud de informes, siempre hay escapes
lamentables.

Las dificultades con que hemos tropezado para formalizar el libro, bien
sabrán apreciarlas los que con mayor pericia, han practicado tan
delicada y peligrosa tarea.

Tal vez, para muchos de los que nos lean, profanos y hasta algunos
artistas, resultará anómalo el que incluyamos a los guitarristas, en
nuestro relato, y no por lo que a las personalidades atañe sino por la
guitarra en sí, por ser ésta considerada, generalmente, como un simple
instrumento acompañador de canciones y bailes populares, de la cual
decía Covarrubias en 1675, "Que era un cencerro de fácil tañer,
especialmente en los rasgados, y que no había mozo de caballos que no
la tocase." Pero el P. Basilio, gran contrapuntista y organista en el
convento de la orden del Cister en Madrid, desmintió completamente tal
opinión, sobre dicho instrumento, siendo el primero que estableció el
método de tocar punteado, sacándola del uso exclusivo, que hasta
entonces tuvo, para acompañar _seguidillas_, _canciones_ y _tiranas_.

Desde el siglo XVIII data verdaderamente la importancia de la guitarra,
dedicándose a ella artistas que, por su buena ejecución, llegaron a
conquistar un nombre distinguido, entre los que sobresalieron, Don
Dionisio Aguado, Don José Huertas, D. Fernando Sons, el catalán Ferrer y
Esteva, Picornell y otros más, que venciendo dificultades inmensas
consiguieron presentar de una manera prodigiosa y admirable todas las
buenas cualidades y grandes bellezas de este instrumento de _punteo_, de
invención árabe-española.

Si este instrumento no ha podido formar parte de la orquesta, acaso
porque sus sonidos dulces y apagados no pueden producir sensaciones
vivas e impresiones fuertes, es en cambio tan agradable, se presta tanto
a la expresión y tiene tan dulce melancolía, que es irresistible en
ocasiones dadas. Para la inspiración de un buen artista, posee la
guitarra condiciones muy apreciables, y bajo la presión de una mano
maestra, sabe responder a los afectos del alma como si fuera la
verdadera manifestación del sentimiento que hace herir sus cuerdas.
Ella, puede decirse, forma una pequeña orquesta que el pueblo ha
adoptado como muy suficiente para satisfacer sus necesidades musicales.

El hecho de haber podido apreciar el arte exquisito de dos
portorriqueños guitarristas a los que hemos de referirnos en esta
sección, nos ha movido a exponer los antecedentes históricos musicales
sobre tal instrumento.


_ÁLVAREZ, Hermógenes._--Semi-profesional.

Hace pocos meses que ha fallecido en Caguas en donde residiera por
largos años, cultivando por igual el arte y la literatura. Nació en San
Juan y con su hermano Don Mauricio aprendió varios instrumentos y
composición. Sobresalió como contrabajista y cellista, también, según
las necrologías que publicara la prensa de toda la isla, fué un
compositor de exquisita factura y delicada inspiración.

Nosotros no tuvimos el honor de conocerle y no hemos visto ni oído sus
composiciones por lo que nos vemos privados de emitir opinión alguna,
propia. Pero no dudamos un solo instante de su valer, pues habiendo sido
su señor padre y su hermano dos de los mejores músicos del país, la
herencia le abona.


_ÁLVAREZ, Mauricio._--Violinista profesional.

Nació en San Juan el año 1842.

Con su padre Don José, músico distinguidísimo que dirigió las bandas
militares de "Granada" y "Cataluña", trasladándose en 1851 a Caguas en
donde puede decirse que fué el primer maestro que difundió la buena
enseñanza general del arte, aprendió nuestro biografiado, teoría
musical, solfeo, armonía y composición.

Su primer maestro de violín fué Mateo Tizol, y después en Mayagüez tomó
lecciones superiores con Don Rufino Ramírez, quien le educara de acuerdo
con la escuela del maestro francés Mr. Beriot, su preceptor en París.

Una inadvertencia, que no hemos podido subsanar por estar ya compaginada
la sección _Compositores_ cuando notamos la omisión, hace que no
aparezca en ella, Mauricio Álvarez, cuando ha sido uno de los que más ha
sobresalido, ya por la exuberancia de la inspiración ya por la
corrección de la forma, pues en sus obras patentizó la solidez de los
conocimientos armónicos, estructura de los géneros, resortes de la
instrumentación y expresión temática. Produjo, dentro del medio ambiente
de la época, música religiosa, bailables, algunas overturas y piezas de
concierto para violín y piano.

Cuando los funerales del pianista Tavárez, el oficio de difuntos y misa
de _requiem_ que ejecutó la orquesta, fuéron compuestos por Mauricio,
amigo íntimo del pianista.

De un carácter apacible y bondadoso, no cesa de laborar, pues, como
también posee el título de farmacéutico, al retirarse de la profesión
musical, tras de cuarenta años de ejercitarla, (hoy tiene 73) se le ve
siempre al frente del despacho de la farmacia de su hijo Don José,
residente en Caguas, pues le es imposible, según nos manifestara, estar
inactivo una sola hora.

Sumamente modesto, cuando se le habla de música, y sobre todo, de la de
su tiempo, evita tratar nada referente a sí mismo, pero en la
conversación se advierte que tiene pericia artística.

Ha enseñado a dos generaciones haciendo músicos aprovechados, y si como
violinista su nombre es poco conocido, débese a haberse encastillado en
Caguas.


_ALVARADO, Margarita._

Pianista dilettante. Natural de Juana Díaz. Discípula de Manuel G.
Tavárez, quien le dedicara su renombrada danza _Margarita_.


_ARCE DE ASTOL, Sicila._

Pianista dilettante. Nació en Ponce. Discípula del maestro Torns.


_ARIAS, Mercedes._--Profesional.

Ponceña y pianista de correctísima escuela.

Gran temperamento musical, vehemente, a la par que delicada expresión;
devota de los clásicos cuyas obras interpretaba concienzudamente.

Modesta, ingénua, laboriosa, sumamente simpática y distinguida, fué la
inspiradora de una gran pasión, sin que su alma recorriera otros campos
que los del arte, síntesis de sus amores.

Compositora, si no de grandes obras, con inspiraciones saturadas de
bellezas, que armonizaba con maestría.

Ejerció el profesorado hasta que, prematuramente, se elevara su alma al
cielo de encantos con que tantas veces soñara en vida.

_Flores y Perlas_ y _Renacimiento_, son dos preciosos valses, editados
por la casa Otero y Co., que ponen de relieve su facilidad para
componer.


_BARBOSA SÁNCHEZ, Carmen Belén._--Profesional.

En San Juan se meció su cuna, y en la Academia de piano de Anita Otero
se desarrolló, vigoroso, su temperamento especial para el arte.

Después de la muerte de su preceptora, cuya memoria honra dignamente,
pues es una de las cuatro _gracias_ que ornaron el jardín artístico de
aquella academia, se trasladó al Conservatorio de Boston, más que para
perfeccionar los conocimientos adquiridos, para obtener el diploma de
maestra graduada de música y piano.

El sentir de su alma lo reflejan sus ojos, grandes, negros, bellamente
soñadores.

Su técnica es clara, precisa y robusta de detalles.

El estilo de interpretación, bastante parecido al de la Otero, aunque no
con tanta maestría.

La modestia de su carácter le hace reservar las delicias de su ejecución
para las intimidades del hogar. Es artista.


_BOBADILLA, Asunción._

Pianista dilettante. Discípula de Don Fermín Toledo. Si no estamos mal
informados, nació en San Juan.


_CAPARROS, Inocencia._

Pianista dilettante, natural de San Juan, fué una de las mejores
discípulas del señor Cabrizas.


_CASANOVA, Carlos._--Profesional.

Si como literato y periodista alcanzó merecido prestigio proporcionando
honor a Mayagüez, su ciudad natal, como pianista y musicólogo no fué
menor su reputación.

Carlos Casanova era un temperamento exquisito y absolutamente artístico.
No se prodigaba en el piano, pues era algo indolente, pero cuando
pulsaba el teclado, sobre todo en el gabinete reservado a la intimidad
musical, las horas se deslizaban para los afortunados oyentes, cual
para los astrónomos, cuando ante el ocular del telescopio contemplan las
bellezas siderales. Su ejecución no era extraordinaria, pero sí la
fuerza conmovedora de su expresión.

Su cultura musical hacía _pendant_ a la literaria.

Su estilo periodístico era castizo, sobrio, de argumentación cerrada.

El literario era poético a la par que filosófico.

Su oratoria, más conceptuosa que florida, en donde brillaba radiante era
en el anfiteatro de una academia; para el batallar político era mejor
con la pluma.

Su conversación familiar era sumamente agradable por las oportunas
agudezas y repertorio de cuentos con que las aderezaba.

Como literato fueron varias veces laureadas sus poesías y prosas.

Si se hubiera dedicado a la composición musical, en ella también hubiera
alcanzado renombre; más, poseyendo la preceptiva, no tenemos noticias de
que produjera.

Jamás le oímos hablar mal de ningún compañero, en cambio ¡Con cuanta
nobleza y pericia ejerció la crítica! En Mayagüez se dedicó durante
algún tiempo a dar clases de piano y en los centros sociales dirigía la
parte lírica de las veladas.

Murió pobre y algo nostálgico, en Ponce, no hace muchos años.


_CASTRO CASANOVA, Salvador._--Profesional.

Violinista mayagüezano, discípulo del maestro catalán Don José Gotós.

Fuera de Mayagüez su nombre es casi desconocido y como artista muy pocas
son las personas que, aun en su pueblo natal, tengan noticias del
puesto distinguido que ocupa en las grandes orquestas de Londres.

Su padre, cubano inteligente, que constituyó su hogar en Puerto Rico,
viajó mucho por Europa, y estaba bien relacionado en París y Londres.

A esta última ciudad envió a su hijo mayor, Felipe, quien adquirió
puesto de confianza en una casa comercial.

Después que nuestro biografiado obtuvo con Gotós ejecución esmerada y
sólida, se fué a Londres con su hermano para ampliar sus estudios.

Sus primeros pasos de artista los dió, de concertino en la orquesta del
Yate de uno de los más opulentos Lores ingleses. Viajó mucho, por el
Oriente, durante más de 4 años, hasta que sus justas ambiciones de
glorias le hicieron fijar la residencia en Londres, no siéndole difícil
obtener uno de los primeros puestos, como violín primero en la orquesta
del Convent Garden.

Le conocimos íntimamente cuando estudiaba con Gotós y le predecíamos
que, si persistía estudiando, podría satisfacer sus anhelos.

Por cartas y recortes de periódicos que hemos leído, nos hemos enterado,
con verdadero júbilo, de que, hasta hace tres años (últimas noticias
adquiridas) sus progresos eran reales.

¡Otro portorriqueño que en el extranjero enaltece el nombre patrio!


_COLÓN, Aberano._--Profesional.

Violinista ponceño.

No fué un _virtuose_, no por falta de condiciones, sino por tener que
dedicar la mayor parte del tiempo a luchar por la existencia, en un
ambiente algo enrarecido para dedicar al estudio las mejores horas sin
menoscabo de los deberes familiares.

Pero fué un concertino de gran orquesta, con técnica correcta en
pulsación y arco, repentizaba bien, gran fuerza de expresión, seguridad
en las entradas, transportador y en ocasiones, director.

Parco de palabra, semblante poco risueño y algo retraído en el trato
social, poseía no obstante bellezas psíquicas que le hacían apreciable.

Con algunos conocimientos del arte de componer, a veces producía
bailables de buena factura.

Su polka _El Orfeón Ponceño_ compuesto cuando la Feria de 1882, fué muy
aplaudida y editada.

Fué siempre el violín concertino de la orquesta del teatro _La Perla_ y
el solista de la de Morell Campos. Murió, en Ponce, a principios de este
siglo.


_DÍAZ, Carmelo._--Profesional.

Es el cornetín solista de la Banda Municipal de San Juan. Nació en
Aguadilla. Con Lequerica aprendió los elementos de la música,
completándolos en la Banda de la Policía Insular. No le conocemos
personalmente, pero la dulzura con que emite los sonidos, corrección del
fraseo, facilidad para el doble picado y hondo sentimiento de expresión,
nos hace considerarle como uno de los buenos cornetines de la isla,
llamado a alcanzar grandes triunfos en el instrumento que tanta fama
diera en Madrid al señor Coronel.


_DOMÍNGUEZ, Lcdo. Celestino._

Pianista dilettante. Natural y residente de Guayama.

Sus estudios superiores los hizo fuera del país.


_DUEÑO, Aurelio._--Profesional.

Notable contrabajista, natural de San Juan en donde, además del arte,
ejerció como Procurador de la Real Audiencia. Persona de cultura y
distinguido trato social. Le recordamos perfectamente. De regular
estatura, color blanco rojizo, pelo tirando a rubio en cuanto al tinte,
andar reposado, mirada penetrante protegida por cristales, conversación
amena, pasión desmedida por la música, conocimientos arraigados, cuyas
demostraciones le dieron prez.

Su hogar fué uno en donde se hacía _música di cámera_.

Si por los retoños se puede apreciar el tronco bastará decir que fué el
padre de Braulio, el laureado músico compositor y de Manuel, también
músico y poeta de renombre.

Ejerció influencia en el movimiento musical de la isla.


_DUEÑO Y DUEÑO, Dr. Manuel._

Pianista dilettante. Natural de Bayamón. Con su padre Don Braulio
estudió música.

Durante cursaba medicina amplió en los EE. UU. sus estudios del piano.


_FRADERAS, Fidel._

Natural de Maricao. Pianista dilettante. Hizo los estudios musicales en
Barcelona, España.


_FERNÁNDEZ, Andrés._--Profesional.

Distinguido profesor de oboe, natural de San Juan en donde ha sido muy
aplaudido, cuando desde su puesto en las orquestas de ópera, ha
demostrado habilidad de ejecución y dulzura de tono en un instrumento
difícil para la emisión de los sonidos por la especialidad de la
boquilla.


_FREYRE, B._--Profesional.

Flautista mayagüezano de alta escuela, esmerada y brillantísima
ejecución. Alcanzó gran renombre como concertista y obtuvo muy buenos
discípulos. Es de los artistas mayagüezanos que más se recuerdan,
habiendo repercutido su fama por toda la Isla.

Fué generalmente conocido por el nombre de _El Nene Freyre_.


_GALIÑANES, Rosa._--Profesional.

Nació en San Juan. Procede de la Academia de piano de Ana Otero,
constituyendo con Alicia Sicardó, Carmen Belén Barbosa y Monsita Ferrer
el privilegiado cuarteto de alumnas que salieron profesoras de dicho
centro de enseñanza.

Conocida ya la escuela de su preceptora, cabe suponer cuales serán las
condiciones de pianista que posee Rosa Galiñanes. Tiene el don especial
de ser muy hábil acompañante, cualidad que no todos los buenos pianistas
pueden ostentar.

Ejerce la profesión y le faltan horas para atender al crecido número de
alumnas que concurren a su hogar. Sencilla y modesta es muy apreciada
por la sociedad capitaleña.


_GARCÍA ARTÍGUEZ, Elifio._

Guitarrista, natural de Naguabo. No podemos clasificarle ni como
profesional ni como dilettante, porque dentro de la especialidad del
instrumento en que tanto brilla, hasta ahora, que nosotros sepamos, no
se ejerce en la isla ese ramo de la enseñanza musical; y, por su arte
exquisito, rebasa los linderos de la heredad en que fructifica el
diletantismo.

Para que sea más rara su habilidad, no toca el instrumento como todos
los guitarristas, sino que colocada la guitarra horizontalmente sobre
los muslos, con la mano izquierda pulsa las cuerdas como si fueran las
teclas del piano, y con la derecha hace el punteo en igual posición.

Le oímos como acompañante en los conciertos de violín que diera Ángel
Celestino Morales, lo que implica conocimientos superiores a los de un
simple guitarrista, pero en lo que nos mostró su verdadero mérito de
artista fué en las transcripciones que nos hiciera oir de obras
clásicas. El andante de la sonata "Rayo de Luna" de Beethoven lo decía
con tal arte y tan honda expresión, que nos hizo recordar la que al
citado canto daba en el piano el pianista español Power. De sentirse es
que por no salir de Puerto Rico permanezca desconocido en el exterior en
donde hubiera adquirido puesto preferente como artista.


_GEIGEL, Isabel._

Pianista diletante. Natural de San Juan. Discípula del profesor D.
Fermín Toledo.


_GÓMEZ TIZOL, Manuel._--Profesional.

Nació en San Juan el 6 de enero de 1842. Manifestó desde niño grandes
aptitudes para la música y con su tío José Belén Tizol, aprendió lo
elemental del arte y de la flauta, ingresando, muy joven aún, como
flautín en la banda del regimiento de Cataluña. Cumplido el término de
su contrata, tomó lecciones de su instrumento favorito, con el gran
Flautista francés, Don Carlos Alard, durante el tiempo que éste
permaneció en el país.

Lleno de justa ambición y no proporcionando el arte otros emolumentos
materiales que los precisos para cubrir las necesidades de la vida,
abandonó la profesión ingresando en el cuerpo de Administración militar,
trasladándose, como tal empleado, a Santo Domingo, cuando la guerra del
1864.

Sorprendido por una partida enemiga cuando comandaba la conducción de un
convoy, fué herido gravemente, por lo cual, y en premio de sus
servicios, el gobierno español le otorgó la cruz de la orden de Isabel
la Católica, con pensión vitalicia.

Retornó, para convalecer de la herida, a Puerto Rico, volviendo al
ejercicio de la profesión, hasta que en 1866, se trasladó a Cuba,
ocupando un puesto en la administración militar del Hospital de
Cárdenas.

En Cuba fueron muy apreciadas sus condiciones de flautista, pues
frecuentemente tomaba parte como concertista en actos públicos.
Permaneció en la antilla hermana hasta unos meses antes de que estallara
la revolución del 1868.

De nuevo en su país y retirado ya del servicio militar, en 1870 fué
nombrado inspector de policía del primer distrito de la capital, en cuyo
destino permaneció hasta su muerte acaecida el 2 de marzo de 1914. En
1886 fué a España, y en Madrid y Barcelona lo calificaron como un
_virtuose_ de la flauta. Tuvimos el honor de presentarle a nuestros
maestros del Conservatorio, los que, después de oirle tocar, nos
manifestaron que era un gran artista, que podía mostrarse ante cualquier
público de Europa.

Su agilidad era asombrosa, y así como Dueño sobresalió en el doble
picado, Gómez Tizol lo fué en los ligamentos de grandes frases, las que
matizaba insinuando a veces ligeros picados de garganta sin romper la
unidad del ligado. Su tono de emisión era dulcemente expresivo. Tenía
especial gusto en ponerse a tocar en la sala de su casa y a obscuras,
después de media noche, semejando su flauta ora al ruiseñor, ora
melodías celestes de desconocido instrumento.

Además de la flauta, tocaba con delicada expresión el "Copófono",
instrumento de copas de cristal de roca, que él mismo confeccionó y por
el cual le concedieron en la Feria de Ponce, diploma de honor y accésit.


_GUERRERO, Pedro._--Semi-profesional.

De joven y hasta el cambio de soberanía figuró como profesional en el
cornetín que practicaba con suma habilidad y corrección. Nació en
Humacao. Desde que ingresó como oficial en la Policía Insular abandonó
el arte, como profesión, aunque toma parte algunas veces en conciertos.
Actualmente ejerce como dentista en Arecibo.


_IRIARTE, Lola._

Pianista dilettante, natural de San Juan. Fué una de las alumnas más
prestigiosas del señor Sarriera.


_LAGO, José María._

Clarinetista dilettante de gran fama. Natural de Arecibo y discípulo de
Juan Inés Ramos.


_LECOMPTE, Luisa._--Profesional.

Es la única mujer portorriqueña que ocupa puesto preferente como
violinista en las orquestas de ópera. Natural de San Juan, con su padre
aprendió el violín, y después perfeccionó sus conocimientos en el
Conservatorio de la Habana. Si en vez de dedicarse, prematuramente a la
profesión, hubiera podido seguir estudiando unos años más, con facilidad
se hubiera abierto paso entre los concertistas.


_LECOMPTE, Sergio._--Profesional.

Como violinista fué de la misma talla de Julián Andino, ocupando con
éste los primeros puestos en las orquestas de concierto y ópera. Tomó
lecciones de Mauricio Álvarez. En los últimos años de su vida trocó el
violín por la viola de amor. Cuando acompañaba el raconto de Hugonotes
era siempre aplaudido. Ejerció la enseñanza muchos años obteniendo muy
buenos discípulos. Murió en 1912.


_LÓPEZ GASTAMBIDE, Miguel._

Pianista dilettante, natural de Añasco. Perfeccionó en Barcelona y con
sus distintos viajes por Europa los conocimientos adquiridos en la Isla.


_MANGUAL, Rafael._

Flautista dilettante, natural de Mayagüez. Discípulo predilecto del
_Nene Freyre_.


_MÁRQUEZ, Rafael._--Profesional.

Está reputado como uno de los mejores flautistas del presente,
recibiendo grandes aplausos y juicios meritorios de la prensa, cada vez
que ejecuta los pasajes de ópera en que la flauta acompaña las
cadencias, como en el aria de la locura de la _Lucía_. Ejerce la
profesión a conciencia y también hace excursiones por los campos de la
composición, habiendo sido laureado en el certámen de "La Libertad
Borinqueña."


_MARTI, Ignacio._--Profesional.

El mejor clarinetista que ha producido el país. Su fama ha repercutido
fuera de la isla. Fué músico mayor del batallón de línea "Cazadores de
Puerto Rico" y en Puerto Plata, R. D. fué hasta su muerte el director
artístico de la banda militar de aquella plaza. Era un concertista.
Según referencias nació en Mayagüez.


_MARTÍNEZ APARICIO, Manuel._--Profesional.

Contemporáneo de Dueño y Gutiérrez, fué el mejor _Cello_ de aquella
época. De gran cultura musical, en su hogar se rindió culto ferviente a
la música _di cámera_. Fué hasta su muerte el violoncello de la orquesta
de capilla de la Catedral, compartiendo su laboriosa vida entre el
arte, el escritorio y dirección de la casa mercantil de Felipe Hecht, la
única introductora, entonces, de instrumentos y obras musicales.


_MARTORELL, Eduardo._--Profesional.

Perteneciente a una distinguida familia de San Juan, fué un gran
flautista, de tono dulcísimo y esmerada ejecución. Con Don Carlos Alard
tomaba frecuentemente parte en conciertos, en los que patentizó la buena
escuela de su compañero y preceptor.

Fué el primer flauta de la orquesta de capilla, único sitio en que
tocaba con el carácter de profesional.


_MEDINA DE VASCONI, María._

Pianista dilettante, nacida en San Juan. La discípula más connotada de
Don Fermín Toledo.


_MILIAN, Liborio._--Profesional.

Aventajado profesor de cornetín, que fué solista aplaudidísimo en la
banda de la Policía. Su ejecución era clara, elegante y muy técnica.
Nació en Ponce.


_MONTOTO DE SALAS, Erma._--Profesional.

Una de las discípulas aventajadas del señor Sarriera, que después de
viuda se ha dedicado a la profesión, como preceptora de piano. Hemos
oído a algunas de sus alumnas, con escuela bastante aceptable.


_MORALES, Ángel Celestino._--Profesional.

En el periódico _La Chispa_, de Manatí, y en la edición del 20 de junio
de 1904, con motivo de un concierto que diera en el Casino Español, este
violinista, nacido en Gurabo, decíamos: "No es todavía un _virtuose_,
pero llegará a serlo en no lejano tiempo, si amplia sus estudios del
Conservatorio con los de audición de los grandes maestros e
interpretación con estilo propio, no imitativo, de los grandes clásicos.

"Cuando por primera vez recorrió la isla para arbitrar recursos con que
trasladarse a Madrid, le señalamos los puntos débiles de sus
conocimientos, que eran el solfeo y la escuela de arco; y, él, anhelante
de su progreso, se dedicó a reforzarlos con firmeza hasta llegar a
dominar el primero, pues repentiza correctamente, y en el arco adquirió,
bajo la dirección de los maestros Hierro y Monasterio, los secretos para
manejarlo con pericia."

Ángel Celestino Morales, hizo excursión como concertista, por las
Antillas, Venezuela y Méjico, obteniendo fama y provecho.

En Cuba le sorprendió, prematuramente, la muerte, cuando se encontraba
en plena luna de miel, y la mente llena de ensueños de glorias para el
futuro.

La Legislatura Insular votó una cantidad para trasladar sus restos a la
tierra nativa.


_MORALES, José Miguel._

Pianista dilettante ponceño. En la perla del sur hizo sus estudios de
piano que ha ampliado con sus frecuentes viajes a los centros musicales
de Europa y EE. UU.


_MUÑOZ COLOMER, Jesús._--Profesional.

Natural de Utuado, con Don José María Lago tomó lecciones de música y
con el joven pianista español, Rufino Diez, que falleció en Utuado, hizo
grandes progresos en la técnica del piano. Después se trasladó a Madrid
y en el Conservatorio se graduó de profesor de piano y armonía. En 1891
regresó a su pueblo natal, poseyendo bastante ejecución y notable
estilo, dedicándose seguidamente a la enseñanza, que ejerció también
durante algún tiempo en Juana Díaz. Tiene muy buena escuela y facilidad
para trasmitir. Hoy no ejerce, pues prefiere la quietud del escritorio
comercial a las fatigas del profesorado.


_NADAL, Blas._

Connotado pianista dilettante. Natural de Mayagüez. Su educación
artística la recibió en Europa.


_NADAL SANTA COLOMA, Matilde._--Profesional.

Mayagüezana e hija del Lcdo. Don Ramón Nadal. Hizo sus estudios en
Madrid bajo la dirección del maestro Zabalza, del Conservatorio
Nacional. Con título del referido centro musical, regresó a Puerto Rico,
y después de haber sido muy aplaudida en conciertos públicos se dedicó a
la enseñanza, siendo desde hace muchos años, profesora de música de las
escuelas públicas.

Su estilo es delicadísimo y correcto. Su temperamento musical es
hereditario y familiar, pues casi todas sus hermanas cultivan, con
méritos, el arte.


_O'NEILL LÓPEZ, Juan._--Semi-profesional.

Estudió piano y composición, graduándose como maestro en el Instituto
Musical de Lenox, Mass., EE. UU., en 1902. Fué profesor de piano en el
Branch del "_Brooklyn Conservatory of Music_"--Flatbresh.--

No tenemos noticias de que actúe en San Juan, su residencia, como
maestro, aunque frecuentemente toma parte en actos musicales de carácter
privado.

Es natural de San Germán.


_OTERO, Modesta._--Profesional.

Natural de Humacao, con su hermana Anita perfeccionó los estudios que
hiciera en su Villa natal, llegando a ser la primer ayudante, y después
la directora de la Academia de Piano que ambas establecieron en la
Capital.

No alcanzó el renombre de su hermana y preceptora, pero fué tan
concienzuda pianista como ésta. A la muerte de Anita se puso frente a la
fuerte labor de la enseñanza, hasta que el exceso de trabajo debilitó su
organismo, falleciendo en 1912.

Con su muerte desapareció un centro docente, que debió ser la base del
Conservatorio de música portorriqueño.


_PADILLA DE SANZ, Trina._--Profesional.

_La Hija del Caribe_, seudónimo literario que emplea hasta para la
correspondencia íntima, nació en Vega Baja, cuna también de su padre, el
ilustre y castizo poeta, doctor en medicina, Don José Gualberto Padilla,
conocido, literariamente, por _El Caribe_.

Trina Padilla, con temperamento hereditario de artista, estudió el piano
como complemento de su esmerada educación, sin que remotamente
sospechara que había de servirle de profesión.

Afortunadamente, sus aptitudes fueron encaminadas por sendas escogidas,
pues fué su único preceptor, Don Fermín Toledo, y ella, una de las más
sobresaliente de sus alumnas.

Esposa del distinguido caballero Don Ángel Sanz, ya fallecido, que ocupó
altos puestos en la administración española, por su brillante y
desahogada posición social, estuvo en condiciones de no abandonar el
estudio del piano, al que dedicaba todas las horas que los cuidados
maternos la dejaban libre.

Su hogar siempre ha sido un centro de arte. A él acuden como en
peregrinación, cuantos artistas de valer, ya literario ya musical, pasan
por Arecibo, su residencia desde hace más de veinte años.

Trina Padilla es una verdadera pianista, de esmerada y delicadísima
ejecución, sentimiento expresivo interesantemente apasionado, en
concordancia con su poética y fantástica imaginación. Técnica bastante
correcta.

Su poderosa retentiva la ha hecho poseedora de un extenso y selecto
repertorio de las mejores obras clásicas, pues casi con una audición se
queda grabada en su mente la factura de una obra.

Es una buena acompañante y repentiza con facilidad.

Las obras de Chopín, Beethoven, Mendelsonn, Schubert, Shumann, Albéniz,
Granados y demás maestros del piano, le son familiares, bordándolas
cuando las ejecuta ante auditorio competente.

Después del cambio de nacionalidad, las veleidades de la diosa Fortuna,
la hizo tomar como profesión lo que hasta entonces solamente era deleite
del alma, y desde que abriera su academia de Piano en Arecibo, el tiempo
le es corto para las clases.

Su cultura intelectual, su apasionamiento por todo lo que sea arte, las
relaciones que por sus méritos y _propio esfuerzo_ ha adquirido con
personalidades musicales de gran fama en el extranjero, la permiten
estar a la portada entre los conocedores del progreso en la bibliografía
musical y de ahí que en su Academia se enseñen los métodos modernos de
más valía, siguiéndose además la correcta escuela de su maestro.

Simultáneamente con el ejercicio de la profesión, empezó a desarrollar
sus dormidas facultades literarias y ora en prosa, ora en verso, la
prensa nativa y selectas publicaciones literarias del extranjero,
engalanan las columnas con sus producciones.

Como poetisa ha obtenido laudos en Juegos Florales y certámenes.

Como literata musical es colaboradora de número y corresponsal en Puerto
Rico, del _Correo Musical Sud-Americano_, que se publica todos los
miércoles en Buenos Aires y que en nuestro concepto es uno de los
mejores periódicos musicales del mundo.

Su corazón es un tesoro inagotable de bondades y siempre es de las
primeras, cuando no la iniciadora, en toda idea noble y altruista.
¡Dejaría de ser ángel de caridad, siendo tan artista!


_PARÉS, Josefino._

Fué un _virtuose_ de la guitarra. Nació en Morovis en 1862 muriendo
repentinamente en Manatí el 18 de marzo de 1908. Fué artista por
temperamento, por el estudio, y si se nos permite la frase, por
necesidad, ya que únicamente en las manifestaciones artísticas hubiera
podido expandir los delicadísimos sentimientos de su alma.

Discípulo en Barcelona del gran guitarrista catalán, Ferrer y Esteva,
durante dos años fueron tan sorprendentes los progresos que hiciera, que
un día, asombrado el profesor con la interpretación que diera a una de
sus obras más difíciles, le dijo: "No tengo más que enseñarle, usted me
supera."

Las cuerdas del dulcísimo a la par que difícil instrumento, cuando eran
pulsadas por los dedos de Josefino Parés, vibraban con tan sonora
expresión y arte, que el oyente se sobrecogía y extasiaba cual si las
vibraciones que percibiera lo fuesen de la _armonía celeste_, que según
el gran Rossini, es imposible concebirla en el mundo material por la
insuficiencia del _grosero lenguaje_ que se emplea: la música.

Interpretaba acertadas y difíciles transcripciones, para guitarra, de
obras clásicas, con un punteo claro, conciso, de igualdad absoluta en
los acordes.

Los trastes del instrumento los conocía tan profundamente, que al
acompañar de oído a un buen instrumentista o cantante, seguía los
movimientos armónicos y modulantes cual si lo hiciera al piano o por
lectura del original. Oímos buenos guitarristas en España, pero ninguna
tenía la fuerza de expresión que Parés.

En la fantasía _Variaciones sobre el Carnaval de Venecia_ ponía de alto
relieve su técnica y agilidad. ¡Con qué modo tan especial producía los
sonidos enarmónicos! De la danza _La Melancolía_ de Tavárez, hizo una
creación. Fué un artista tan elevado, que nunca le oímos tocar rasgueos
de bailables o cantos regionales.

Tocaba la guitarra con pleno conocimiento de la música. Además era un
correcto pianista, y con la pluma litográfica hacía maravillas. ¡Nuestra
pobre descripción es pálida ante la realidad, desgraciadamente,
desaparecida!


_PENEDO DE CUEVAS ZEQUEIRA, Elisa._

Pianista dilettante. Natural de Fajardo. Desconocemos con quien adquirió
su brillante escuela. Interpreta con maestría.


_RAMÍREZ, Rufino._--Profesional.

Violinista y Licenciado en Farmacia. Nació en Mayagüez en donde hizo
estudios elementales del arte, trasladándose después a París para cursar
los estudios superiores con el gran maestro de violín del Conservatorio
Mr. Beriot.

A su regreso, según referencias del señor Mauricio Álvarez, su mejor
discípulo, solamente se dedicaba a trasmitir sus conocimientos entre
determinado número de alumnos.

Nos aseguró también que, aparte de la escuela de arco, tenía
interpretación propia y delicada.


_RIVERA, Modesto._--Profesional.

De este connotado violinista, natural de Cayey, fallecido en Madrid el
16 de diciembre de 1893, desde la Corte española al Director de _El
Neófito_, periódico ponceño, una dama portorriqueña de alto valer, lo
que publicado por el referido vocero en su edición del 20 de enero de
1894, decía: "Ha muerto Modesto Rivera, joven que vino de Ponce hace 6
años lleno de ilusiones, emprendiendo con entusiasmo los estudios del
violín. Alcanzó el primer premio en el Conservatorio, que es mucho
alcanzar, y no satisfecho aún, ganó otro premio en el estudio de la
armonía. El ilustre Maestro Monasterio lo quería tanto que lo llevó a
tocar a presencia de la Infanta Isabel."

"Conquistó un puesto entre los profesores de la orquesta del Teatro
Real; perteneció a la Sociedad de Conciertos que bajo la dirección del
maestro Bretón está compuesta por notabilidades artísticas."

"En fin era incansable y vivía enamorado de la música; pero... ¡el
destino es implacable con algunos seres! ¡La lucha por la existencia!...
Modesto Rivera, vivía buscando, aquí y allí con que sostener a su
familia, y después de tantos trabajos, vióse repentinamente hundido en
la más grande desesperación... ¡Del exceso de ejercicio se le presentó
una parálisis en un brazo! ¡pobre joven! De tanto cavilar se enfermó y
el tifus acabó con su vida..."

"¡Así concluyó el perseguido por la desgracia!"

"No tenía Modesto otro pensamiento que el de regresar a Puerto Rico, a
que le oyesen sus paisanos."

"¡Infeliz! ¡La gloria ha ido a recogerla al cielo!"

Con esta bellísima y honda exclamación, como de mujer y artista al fin,
terminaba la luctuosa misiva.

En Puerto Rico, antes de su marcha para España, formó parte de la
orquesta de Morell Campos y ya antes, en 1875, había sido en Vieques
Profesor de Música y secretario de aquella municipalidad o gobierno
militar especial, siendo gobernador de la plaza el Coronel Quijano.

Modesto Rivera honró grandemente el nombre de su país en la antigua
metrópoli y de no haber muerto lo hubiera también honrado, con mayores
triunfos, en el extranjero.


_RODRÍGUEZ SERRA, Lcdo. Manuel._

Pianista dilettante. Nació en Sabana Grande. Los estudios superiores de
música y piano los hizo en el extranjero.


_ROSSY CALDERÓN, Celio._--Profesional.

Nació en San Juan y en España se educó musicalmente.

Su escuela de piano es correctísima, con ejecución esmerada por lo ágil,
clara, técnica en todos los detalles y sentimiento expresivo conmovedor.

Cuando regresó al país en 1886 se dedicó a la profesión tomando parte en
audiciones públicas en las que se consolidó como pianista.

Con Segura Villalba fué el coopartícipe en la fundación del Instituto de
Música.

Clausurado éste, Rossy abandonó la profesión aunque no la práctica del
instrumento.

Aunque hace poco alarde de sus conocimientos, éstos son sólidos y
selectos.


_SABATER, Juanita._--Profesional.

Nació en Mayagüez. Después de haber obtenido el primer premio se graduó,
como profesora de piano, en el instituto de música de Barcelona.

Notable repentista; con limpieza técnica, originalidad de interpretación
y sin efectismos de expresión exagerada. Su repertorio es clásico.
Posee además grandes disposiciones como directora de orquesta.

Ejerció la enseñanza en Mayagüez. Acompaña con maestría.

Es artista por estudio y por temperamento.


_SANTINI, Nicolás._

Flautista dilettante. Natural, según referencias, de Barranquitas. Hizo
en Ponce sus estudios musicales.


_SICARDÓ, Alicia._--Profesional.

Concertista de piano. Directora de una Academia musical en la que
prosigue el sistema de enseñanza de la que fué su preceptora, Ana Otero.

Nació en San Juan y todas sus hermanas cultivan con esmero el arte.

Como pianista goza de alta reputación por su brillante ejecución
ajustada, en absoluto, a todos los preceptos de una severa técnica.
Interpreta a conciencia y su expresión es delicadamente poética.
Estudiosa en sumo grado, los momentos libres de las clases, los
aprovecha, ya aumentando la agilidad de su mecanismo, ya puliendo los
pasajes difíciles o la interpretación de obras selectas. Nunca está
satisfecha de sí misma, y observa cuidadosamente el estilo de los
pianistas a quienes puede oir tocar, pues cree que, hasta en los más
modestos, siempre puede encontrarse algo apreciable.

Con el connotado violinista suizo, Mr. Ern, cultivador exquisito de la
música clásica, que reside en San Juan, estudia la interpretación de los
grandes maestros, armonía y composición. Después de la muerte de la
Otero, Alicia continuó sus estudios de piano con Gonzalo Núñez.

La Academia que dirige y de la cual son profesoras auxiliares sus
hermanas Rosa y Ana, goza de merecido prestigio. El plan de estudios
dividido en 7 cursos, es idéntico, en cuanto al sistema y textos, al
empleado en los Conservatorios de Madrid y París.

Con frecuencia presenta a sus alumnas en audiciones públicas en las que
pueden apreciarse los progresos, disposiciones de cada una, y efectos
del sistema educador.

La última celebrada en el Ateneo, fué un acontecimiento por lo selecto
del programa y adecuada interpretación con que lo cumplieron las
diversas niñas y señoritas que hacían su exhibición.

De su academia procede la señorita Mercedes Rodríguez que actualmente
estudia en el Conservatorio de Madrid, pensionada por el señor Teodoro
Aguilar, y que al sufrir el examen de ingreso, fué calificada para el 5º
año de piano, el mismo que cursaba con la señorita Sicardó cuando obtuvo
la beca.

Basta contemplar la elegante y bella figura de Alicia para adquirir la
certidumbre de que se está en presencia de una artista.


_SICARDÓ DE CARACENA, Ramona._--Profesional.

Nació en San Juan en donde, con el señor Sarriera, hizo estudios durante
algún tiempo. Después pasó a la Habana ingresando en la escuela de
música de aquella ciudad, y últimamente en Madrid completó sus
conocimientos hasta adquirir ejecución sorprendente así como un estilo
propio y elevado.

Según hemos leído recientemente en la prensa, ha sido designada para
ocupar una plaza de Profesora de piano en el Conservatorio de Música de
la Habana, Cuba.


_SICARDÓ DE CASTAÑOS, Josefa._

Pianista dilettante. Natural de San Juan. Discípula del señor Sarriera.
Reside actualmente en Madrid.


_SIMÓN, Enrique._--Profesional.

Natural de Mayagüez. Discípulo de Freyre. Flautista connotado que por
algunos años fué profesor de dicho instrumento en la orquesta del teatro
Tacón de la Habana. Reside en su pueblo natal ejerciendo la profesión.
Dirige orquestas y bandas, cultivando también la composición.


_SOLER, Gerardo._

Pianista dilettante. Natural de San Juan. Discípulo meritísimo del señor
Cabrizas.


_TAVÁREZ DE STORER, Elisa._--Profesional.

Hija del pianista nativo Manuel G. Tavárez, de éste heredó el
temperamento y disposición especial para el piano. Nació en Ponce en
cuya filarmónica ciudad estudió, con notable aprovechamiento, bajo la
dirección de los profesores Galván, Arteaga, y Chavier, habiendo
empezado sus estudios a los 7 años de edad.

En 1896, se trasladó a Madrid ingresando con alta calificación en el
Conservatorio. La Diputación Provincial le concedió una pensión de 24
pesos mensuales durante dos años, que no le daban ni para la mitad de
sus gastos, habiendo sido su padrastro, el doctor Álvarez Valdés, su
verdadero protector, así como de sus otros hermanos a los que ha
educado.

Permaneció en el Conservatorio hasta el 1899 y allí, en reñida lid,
obtuvo primer premio de solfeo y de armonía, y segundo y primero de
piano, mereciendo una especial felicitación del tribunal examinador.

Sus profesores del Conservatorio fueron: la señora Pilar Fernández de la
Mora, de piano; y los señores Reventós y Fontanilla, de solfeo y
armonía, respectivamente.

El año que obtuvo el primer premio de piano, tuvo el honor de dar una
audición en el Palacio Real, ante S. M. la Reina Doña María Cristina y
la Princesa de Asturias. Antes de su regreso visitó a París, y
posteriormente fué muy aplaudida en Cuba, en los recitales que
organizara. También fué muy aplaudida en los públicos de esta Isla.

Su técnica es irreprochable, borda las piezas que ejecuta y Chopín tiene
en ella un buen intérprete.

En San Juan, Arecibo, Manatí y Utuado, ejerció la profesión, que
abandonó después al contraer matrimonio.

Tiene inéditas algunas composiciones, entre ellas, una brillante y
conceptuosa _Fantasía_.

Elisa Tavárez es una gran artista que no debe permanecer retraída del
arte que tanta fama diera a su padre.


_TIZOL, Eusebio._--Profesional.

Nació en San Juan. Ha sido el mejor contrabajista que ha producido el
arte portorriqueño. Su ejecución era, sin hipérbole, realmente
asombrosa. Jugaba con el instrumento y por difícil que fuese la música
que le pusieran en el atril, la repentizaba a conciencia.

Fuera de Puerto Rico su nombre hubiera alcanzado fama y honores.
Perteneció a una familia en que el arte ha sido siempre su patrimonio.


_TIZOL, Dr. José de Jesús._

Hijo de D. Manuel viola notable, fué un violinista diletante que hizo
los estudios en París, simultáneamente con la carrera de medicina. Nació
en San Juan.


_TIZOL, Manuel._--Profesional.

Constituyó con sus hermanos Eusebio, Facundo, Gervasio y José Belén un
cuarteto de músicos distinguidísimos que en la mitad del siglo XIX, eran
de los primeros en todos los actos musicales. D. Manuel tocaba la viola,
y fué un buen preceptor de instrumentos de cuerda.

Sus hijos el Dr. José de Jesús, Gervasio (que falleció en Coruña al
graduarse de médico, era más violinista que José de Jesús) y Mateo, han
sabido honrar dignamente la fama artística de su apellido.


_TIZOL, Mateo._--Profesional.

Aunque el violín es su instrumento favorito y con el cual ha obtenido
meritorios aplausos, su verdadera fama consiste en la habilidad y
pericia como maestro concertador de compañías líricas. Mateo vivió
ejerciendo como violinista, en Puerto Rico, durante los primeros
treinta años de su vida, pero después empezó a viajar y desde 1897, si
no estoy equivocado, se encuentra ausente de su país natal. Actualmente
reside en la Habana en donde goza de reputación y afectos.


_VAN RYHN, Margarita._

Pianista dilettante natural de Carolina. Se graduó de maestra de piano
en St. Aloysius Academy, New Lexington, Ohio. Actualmente hace estudios
de perfeccionamiento en la Academia de Alicia Sicardó. Tiene grandes
condiciones para llegar a ser una excelente artista.


_VIZCARRONDO, Dr. Felipe._

Flautista diletante, natural de San Juan, en donde hiciera sus estudios
con tanto aprovechamiento, que le sirvieron de poderosa ayuda en la
Habana y Cádiz para hacer la carrera de medicina.


POST SCRIPTUM.

Cuando empezábamos a escribir esta sección y ya en prensa las cuatro
primeras del libro, fuimos hondamente sorprendidos con la noticia de la
muerte acaecida en los primeros días de Octubre, en New York, del
reputado pianista compositor Gonzalo Nuñez, al que ya habíamos dedicado
una biografía especial aunque no con la extensión de sus méritos.

Al cerrar esta sección, deseamos consignar el luctuoso acontecimiento,
que representa una pérdida inmensa, por haber sido Gonzalo Nuñez una de
las más legítimas glorias del arte, y especialmente del portorriqueño,
pues supo honrar el nombre de la patria nativa en el extranjero.



SECCIÓN SÉPTIMA.

Música Regional.



CAPÍTULO XXI.


Eran nuestros deseos haber hecho en esta sección, un estudio analítico,
y en parte gráfico, del origen, desarrollo y evoluciones de la música
genuinamente portorriqueña y con especialidad de la danza; mas, por una
parte, el no tener, aún, compilados todos los cantos _jíbaros_, labor
factible aunque penosa y tardía; y, por otra, lo costosa y extensa, pues
el texto pasaría de cien páginas y las transcripciones musicales no
menores de 20, el intento queda transferido para más tarde, si es que
Dios nos concede algunos años más de vida.

Nos limitaremos a una breve reseña de los cantos nativos y evoluciones
de la danza.

Nada refleja tan fielmente la originalidad intelectual de un pueblo como
sus cantos nacionales o regionales, siendo éstos los que a través de los
tiempos coadyuvan, sino sirven de orientación casi absoluta, con la
historia a fijar los caracteres particulares de las razas.

El objeto del arte musical no es más que uno; pero así como siendo
inherente a todos los hombres la facultad de hablar, la forma de
expresión ha dado origen a la diversidad de idiomas y dialectos, así
también, dentro de la universalidad de la música, hay variedad de
géneros, estilos y formas de expresión que han venido a caracterizarla
colectiva y hasta individualmente.

No es en la técnica o preceptiva en donde se encuentran tales
diferencias; es la idealidad expresiva de los sentimientos lo que
acentúa las características.

La forma melódica, que en los cantos populares se manifiesta en toda su
primitiva sencillez de expresión, es la que más principalmente fija, en
consorcio con el ritmo, la idiosincracia musical de cada pueblo, nación
o raza.

"La música, dice el ilustre maestro francés Mr. Camile Saint Saens,
surgió de los ruidos de la Naturaleza, de los cantos de los pájaros, de
los gritos de los animales. Pero el Arte, empero, no es la Naturaleza;
el Arte es una creación del hombre, cuya base es la Naturaleza."

De aquí el que para expresar los sentimientos más íntimos del alma en un
lenguaje universal, el hombre haya creado el arte de la música, pero con
los acentos peculiares a su estado psíquico, que forzosamente tiene que
estar en relación con las modalidades de su carácter, pasiones,
educación, costumbres, placeres, trabajos y hasta con la misma parte de
Naturaleza que le rodea, pues siendo ésta _una_, también lo es _varia_,
modelo, el más perfecto, del principio fundamental de la estética.

Los primitivos hombres, apenas se extasiaron en la contemplación de la
Naturaleza, al oir los trinos y escalas de los pájaros, los rugidos de
las fieras, el tronar de la tempestad, el murmullo de las corrientes,
los silbidos penetrantes de los vientos; y, sentir interiormente los
primeros aleteos de la pasión, ora plácidos cual los de la paloma, ora
iracundos como los del águila cuando vuela rápida en pos de una presa,
trataron primeramente de imitar con la voz aquellas expresiones, y
después de adquirida la facultad o aptitud, intuitivamente, la
aplicaron, con modalidades propias, a la expresión de los sentimientos.

De ahí surgieron los cantos populares que, mientras más espontáneos más
puros, mientras más puros más sencillos y mientras más sencillos más en
concordancia con la idiosincracia personal o colectiva.

¿Existen en Puerto Rico cantos populares que denoten características
etnológicas?

¿Pertenecen exclusivamente o son derivaciones de la raza aborígen, de la
colonizadora o proporcionalmente de las dos?

La primer interrogante nos permitimos contestarla afirmativamente.

En cuanto a las demás, si tenemos en cuenta que, así como de los indios
Incas se han encontrado vestigios de un sistema musical propio basado en
solo tres notas y ritmos más irregulares que uniformes con el cual, a
semejanza del primer sistema melódico griego, expresaban sus
concepciones artísticas, de los indios boricanos se ignora hasta hoy, al
menos por nosotros, si poseían o no, formas determinadas de expresión
musical; y en cambio, basta un ligero examen analítico de la estructura
y expresión de los cantos nativos para apreciar las similitudes de
tonalidad, cadencias métricas y melancólica expresión, con muchos de los
cantos populares españoles y más especialmente con los de las regiones
andaluza y gallega de donde procedían la mayor parte de los
colonizadores de esta Isla siendo lógico suponer o deducir, que nuestra
música regional, aunque con algo propio del medio ambiente, es derivada
de la característica de la raza española.

No hay quien se atreva a negar la existencia de acentos, colores,
líneas, o como quiera designarse la psiquis musical, propia de cada
nación. Basta tener un poco de cultura artística para, en cuanto se oye
una composición, sobre todo de las del género recreativo, poder decir
que el estilo es húngaro, francés, español, alemán, etc., etc. Pues así
también hace ya mucho tiempo que los cantos y bailables portorriqueños
se distinguen, con claridad, de las guajiras cubanas y tangos americanos
del continente y antillas.

Los instrumentos musicales que emplea el pueblo de nuestras alturas y
sabanas, consistentes en los de cuerda, tañidos mas por _punteo_ que por
_rasgueo_, denominados: _tiple_, _cuatro_ y _bordonúa_, son sustitutos o
derivados del _guitarrillo, bandurria y guitarra_ española, aunque
distintos los dos últimos en la encordadura. Los otros dos que completan
la _orquesta jíbara_, no son de origen español. El _güiro_ o _guícharo_,
tal vez, sea una derivación bastante desvirtuada, de algún instrumento
indio similar. La _maraca_ que sólo la emplean para los cantos
especiales de _aguinaldos_, nos inclinamos a considerarla como importada
por la raza africana, pues recordamos que cuando la esclavitud regía,
desgraciadamente, en Puerto Rico, en los bailes que anualmente
celebraban las diversas tribus de negros, por _Reyes_ y _San Miguel_ en
la antigua plaza del mercado de San Juan, los únicos instrumentos que
empleaban para marcar el ritmo de sus grotescos bailes y canturías, eran
los de percusión denominados _bombas_ y _maracas_.

Los principales cantos populares de la población campesina son: las
_coplas_, _décimas_, _caballos_ y _aguinaldos_; los del pueblo de las
agrupaciones urbanas, sólo se circunscriben a las _canciones de
serenatas_.

Algunas veces durante nuestros frecuentes viajes por el interior de la
isla nos hemos detenido en mitad de un solitario camino de herradura,
atraídos por el eco armonioso de entonaciones, bien timbradas, en las
que notábamos algo distinto a la melodía y ritmo de los cantos arriba
citados.

Tales melodías eran entonadas por campesinas que, cabe la orilla de un
arroyuelo, mitigaban con la expansión musical, la rudeza de las faenas
propias de su condición.

Esos cantos, que hemos oído repetidas veces, tienen mucho de la
expresión melancólica que dan las campesinas gallegas a los que entonan
durante siegan las mieses, y reminiscencias de las melodías irlandesas.
Por la forma rítmica y terminación cadencial de las frases en las que,
por intuición, solamente emplean la _semi-cadencia_, hay que concederles
carácter regional.

Lo que caracteriza las _canciones de serenatas_, nombre que nos ha
parecido el más adecuado, por la índole de los versos, para clasificar
dicha música, es la simetría de los fragmentos y frases, el casi
exclusivo uso de _tonos menores_, la lentitud de los movimientos y sobre
todo el dejo melancólico de que está saturado el pensamiento musical.
Estos cantos son siempre acompañados por guitarra haciendo los cantantes
un verdadero abuso de las notas tenidas, que casi vienen a ser
_calderones_ prolongadísimos.

El baile constituye otra de las características de las razas y naciones.

En el baile hay dos factores que concurren a ese objeto; el movimiento
coreográfico y la música. Ambos tienen que marchar acordes para que la
expresión étnica esté bien definida, siendo la música, desde luego, la
que más acentúa las modalidades de la raza o región, aunque la finalidad
del bailable sea solamente la del placer coreográfico.

Los bailables genuinamente portorriqueños son pocos; están circunscritos
a los llamados _seis_ y _vals_ de los jíbaros y a la _danza_, ésta como
bailable social.

El _seis_ jíbaro, se subdivide en dos clases: el denominado simplemente
_seis_ y otro al que se le agrega el adjetivo _chorreado_ y por
contracción, _chorreao_. La diferencia estriba en que el _chorreao_ se
baila vertiginosamente, siendo, por tanto, más rápido el movimiento
musical, y en que, frecuentemente, se interrumpe el baile para recitar
una copla de picaresco estilo, la cual se designa con el nombre de
_bomba_.

La estructura musical es lo que le dá carácter nativo o regional. La
parte melódica puede considerarse reducida a una o dos partes de 8
compases que sirven de tema para variaciones interminables. La métrica
del movimiento acompañante es una mezcla del ritmo ternario con el
binario, aunque al llevarlo a la notación del pentagrama se fija como
compás, el de _dos por cuatro_.

Algunos peritos musicales encuentran similitud entre el ritmo de los
bailables portorriqueños con el del zortzico vascongado, opinión que no
compartimos, pues la periódica precisión del ritmo irregular del
zortzico, es incompatible con la elasticidad, imposible de anotar, que
se da a la supradicha combinación terno-binario de nuestros bailables,
en el cual estriba la gran dificultad con que tropiezan los extranjeros
para ejecutarlas con expresión adecuada.

El _vals jíbaro_ es de distinta factura al vals corriente. La frase
melódica es corta, con muy pocas variantes; y el acompañamiento armónico
se basa, exclusivamente, en los acordes _tónico_, _subdominante_ y
_dominante_, llamados acordes naturales. Con frecuencia se omite la nota
del bajo acompañante, en el primer tiempo de cada compás,
sustituyéndolo por un golpe de mano en la caja armónica de la bordonúa.

La _danza_, de tango completamente distinto al de las demás americanas,
es, por su carácter regional, de relativa reciente creación, ya que, en
su primitiva forma de tango americano, fué importada de Venezuela el año
21 del siglo pasado, y hasta en uno de los de la sexta década de dicho
siglo, no adquirió carta de naturaleza nativa.

El danzón, importado de Venezuela, no tenía otra finalidad que la del
baile. Su melodía era insulsa, circunscrita a una frase repetida de 8
compases, sin pensamiento determinado, a la que daban el nombre de
_paseo_, y dos partes más de ocho y a veces 16 compases repetidos, que
formaban el bailable y en las cuales, la monotonía del ritmo estaba en
relación con la melodía, desprovista de toda expresión.

A veces solían aplicarle letra de carácter chabacanamente satírico o
alusivo a un hecho determinado, cuya letra aprendía el pueblo,
inmediatamente, para cantar el danzón en dondequiera que se ejecutaba.

Así la costumbre, de las danzas de _cantaleta_, infiltrada en el pueblo
de San Juan, cuando después se hizo la innovación rítmica, lo que
influyó en que las danzas capitaleñas no puedan citarse como modelos del
género elevado que, con Tavárez y Campos, adquirió dicho bailable hasta
casi transformarse en verdadera composición étnico-musical.

La evolución rítmica la hizo Julián Andino, empleando la combinación
terno-binaria en el acompañamiento. En el danzón primitivo había alguna
combinación parecida, pero muy simple, pues sólo se reducía a un
tresillo de negras, un compás si y otro no. Pero en la hecha por
Andino, el tresillo (elástico)[36] era de corcheas en cada tiempo de un
compás alterno.

     [36] La palabra _elástico_ quiere indicar que la medida del
     tresillo no puede ser precisa sino alargando una nota más que otra
     para constituir el ritmo _criollo_ del acompañamiento.--F. C.

También la melodía adquirió belleza de expresión, variedad y alguna
fijeza temática, pero continuaba pobre, no ya de combinaciones
armónicas, sino de modulaciones.

Tavárez fué el que dió a la melodía, la debida relación expresiva entre
el pensamiento inicial y la variedad temática con verdadera riqueza de
modulaciones y acompañamiento armónico de correcta construcción. Aplicó
varias combinaciones rítmicas, saturando al _espíritu del conjunto_
artístico, del ambiente moral de la época.

Juan Morell Campos, después de muerto Tavárez, continuó la evolución,
ampliando las combinaciones armónicas por medio de otras instrumentales,
nuevos y variados ritmos, frases melódicas inspiradísimas, bien
equilibradas y mejor concordadas con el pensamiento inicial.

La vivacidad rítmica y desarrollo del discurso melódico responden, por
la robustez de expresión, al ambiente luchador en que desarrollaba sus
iniciativas el pueblo de su tiempo.

Pero con la muerte de Campos, la evolución se paralizó. Se han compuesto
después innumerables danzas, se ha tratado de hacer innovaciones en su
factura, pero desgraciadamente el estado caótico-moral del pueblo, que
hasta hoy casi puede decirse carece de una orientación fija dentro del
nuevo régimen imperante, influyendo en el ánimo de los compositores, le
hacen desvirtuar, con las novedades de factura rítmico-melódicas que
introducen, el carácter netamente portorriqueño de la danza, como
bailable y como composición regional.

El renacimiento de la pura forma se inicia; y, si los jóvenes
compositores que suben, son como tales, cuidadosos en la producción, no
solamente pueden salvar la típica factura sino completar la evolución,
hasta hacer que nuestra danza adquiera modalidades, como las de la
húngara y la de otros pueblos que, con los cantos populares, son fuentes
de inspiración inagotable para la producción de obras maestras.

El compositor coameño, por adopción, José Y. Quintón es el llamado a que
la historia musical le registre esa página de honor.

Y no es la danza solamente la que debe adquirir entre los bailables el
carácter regionalista; también el vals puede ostentarlo, pues así como
el vals venezolano, el francés, y hoy el vienés tienen factura especial,
¿por qué no dársela al portorriqueño?

El Vals _Tu Risa_, de Rafael Balseiro, tiene una característica
expresión criolla, y su autor, que tan sugestionado está por esa forma
de bailable, puede proseguir produciéndolos con acentos más regionales,
aunque debe sacrificar algo del floreo característico de su personalidad
productora.

Y fuera de los bailables, en la misma música severa, puede y debe
intentarse que en el conjunto se destaque la idiosincracia de la música
nativa.

Para terminar esta sección diremos, que como productores del antiguo
danzón, sobresalieron: Don Eulogio Cortés y Don Ramón Santaella; después
de hecha la evolución y en el típico estilo capitaleño, los más
connotados y constantes fueron Julián Andino, Casimiro Duchesne, Damián
Esturio, (el nene) José del Carmen Martínez, Paco Pérez, Carlos Segné,
Blas Laguna y otros de la Isla a quienes seducía el estilo; y dentro de
la elegancia de factura creadas por Tavárez y Campos, Sandalio Callejo,
Dueño Colón, Monsita Ferrer, Simón Madera, Rafael Marquez, Luís R.
Miranda, Ángel Mislán, Heraclio Ramos, Arturo Pasarell, Juan Ríos
Ovalle, José Quintón y Manuel Tizol Marquez, son los de mayor renombre.



SECCIÓN OCTAVA.

Profesorado.



CAPÍTULO XXII.


Dentro del medio ambiente en que se han desarrollado todas las
manifestaciones artísticas portorriqueñas, si meritorias son las de los
compositores e instrumentistas, también las de los que, desde él, a
veces, casi desconocido gabinete de trabajo de sus hogares, se han
dedicado a la penosa tarea de la enseñanza, merecen ser considerados y
que los nombres de los de mayor y eficiente labor figuren en esta
especie de _memorandum_ del arte borincano.

No seremos prolijos en el relato. Consideramos suficiente a nuestros
propósitos, indicar el ramo de la enseñanza que practicaron y métodos de
su escuela.

Solamente nominaremos a aquellos que no aparezcan citados por otros
conceptos en las secciones precedentes.

Terminando con este capítulo el plan general del libro, queremos
suplicar nuevamente a los que nos lean suma indulgencia para el estilo,
pues no somos literatos, y también ante cualquier omisión que pudiéramos
cometer. Si realmente la hubiera será por inadvertencia o constreñido
por alguna poderosísima razón que alguien y no nosotros, dada su
rectitud de conciencia, explicará debidamente.


_ACEVEDO, Cándido._

Natural de Manatí, en este pueblo ejerció la enseñanza elemental de la
música, con facilidad de trasmisión, minuciosidad en los detalles y
conciencia profesional. Ha obtenido buenos alumnos que hoy figuran como
partes principales en bandas y orquestas. Su instrumento favorito es el
violín.


_AGRINSONI, Germán._

Nació en San Juan. Hijo de un profesor de cornetín. Con Verar hizo sus
estudios de música. Fué el requinto y sub-director de la Banda de la
Policía. Hace años figura como clarinete solista de la orquesta del
teatro, y actualmente es el director de la orquesta del Casino Español
de San Juan. Ejerce la profesión y tiene muchas composiciones del género
bailable.


_ANDINO, Felipa._

Fué preceptora de piano en San Juan y otros pueblos de la Isla, hasta su
muerte acaecida en Utuado en 1888.

Su escuela era la misma del señor Cabrizas con quien estudiara. Su
estilo brillante se reflejaba en la manera de tocar de sus alumnos.
Practicaba además el canto.


_BASTARD TIZOL, Jaime._

Después de ser un buen instrumentista, al vencer su contrata como
requinto de la banda de Artillería, se dedicó a la enseñanza
sorprendiéndole la muerte, muy joven aún, como profesor de la escuela de
música del Asilo de Beneficiencia. Sus instrumentos favoritos fueron la
flauta y el clarinete. Nació en San Juan.


_BLASSINI, Francisco._

Nació en Yauco, educándose en Florencia, Italia. De familia distinguida
y rica, puede decirse que el arte fué su principal distracción. Su
escuela de piano puramente italiana, era completa. La diosa Fortuna le
abandonó por completo y en Mayagüez y Aguadilla ejerció la enseñanza del
piano con resultados satisfactorios. Era un alma nobilísima que en todas
sus manifestaciones revelaba sentimientos altruistas. Su alta cultura y
educación le granjeaban las simpatías públicas. Murió repentinamente en
Aguadilla en 1913. Dió en este pueblo algunas audiciones con sus
discípulas en las que se pudieron apreciar notables progresos.


_BURSET, Joaquín A._

Nació en Humacao en donde cursó los estudios elementales de la música,
marchando después a Barcelona en donde los hizo sólidos, adquiriendo los
especiales del piano, concertación y dirección.

Es muy buen solfista. Fué el director de la Compañía lírica "Gira
Artística" y desde entonces ha venido actuando como maestro en diversas
compañías de zarzuela que han hecho temporadas en la Isla, Antillas
españolas y Venezuela.

Aunque ejerció la profesión como maestro de piano, dá preferencia a la
dirección orquestal.


_CRUZ, Domingo. (Cocolía.)_

Natural de Ponce, además de ser un bombardinista que en el género
bailable ha alcanzado gran renombre, ha sido preceptor de música por
muchos años y Director de la Banda de Bomberos. Además es un buen
Violoncellista.

Perteneció siempre a la orquesta de Campos, la que dirigió después de la
muerte del maestro.


_DUEÑO Y DUEÑO, Belén._

Distinguida señorita natural de Bayamón e hija del connotado maestro Don
Braulio, fué discípula de los señores Arteaga y Gonzalo Nuñez. Artista
por herencia y temperamento tiene mucha técnica en piano y música y es
la actual profesora de piano que en su pueblo natal ejerce con grandes
resultados.


_DULIEVRE, Francisco._

Mayagüezano, que por inadvertencia dejamos de incluir entre los
instrumentistas notables, ya que es un buen violinista, que si
prosiguiera estudiando llegaría a alcanzar lauros como concertista. Era
el concertino de la orquesta de la Policía, y con frecuencia actúa como
tal en las de compañías de ópera. Es director de compañías líricas y
actualmente ejerce como Director de la banda escolar de Añasco.

Es un temperamento artístico de primer orden que sin haber completado
sus estudios se hace notable.


_EGIPCIACO, Antonio._

Educador de música ponceño, en cuya ciudad ejerció durante largos años.
Fué el preceptor de la mayor parte de los buenos artistas que han hecho
y hacen honor a la Perla del Sur. Su instrumento favorito era el
violoncello.

Murió en Ponce en tiempos de la soberanía española.


_FULLADOSA, Carmen._

Natural de Humacao, se dedica a la enseñanza del piano trasmitiendo a
conciencia los conocimientos que posee.

Ha ejercido en varios pueblos de la Isla, y la instrucción elemental que
da es correcta.


_GEIGEL, Carlos._

Contemporáneo de Callejo, Cabrizas y demás preceptores durante las
décadas del 1860 al 1880, ejerció la enseñanza del piano con notable
aprovechamiento.


_GIRONA, Matilde._

Natural de San Juan y procedente de una familia en que el arte tuvo
siempre buenos cultivadores, desde niña empezó sus estudios musicales
con notable aprovechamiento. Fueron sus profesores de piano los señores
Aranzamendi y Sarriera.

Sus progresos fueron tan notables que a los 15 años ya tocaba en
audiciones públicas siendo justamente aplaudida.

Dedicada a la enseñanza desde hace años, con labor persistente y
callada, trasmite con acierto y conciencia, pudiendo considerarse como
una buena profesora para la enseñanza elemental y secundaria del piano.


_GUILLEN, Miguel._

Hijo de un buen maestro de música y organista catalán que ejerció en
Arecibo y otros pueblos, tenía verdadera disposición musical poseyendo
bastante ejecución en el piano y conocimientos generales del arte cuya
profesión ejerció en San Juan hasta su muerte acaecida en uno de los
primeros años de este siglo.

Figuró en el cuadro de profesores del Instituto musical de Segura
Villalba.

Era perito en la afinación y reparaciones de pianos.


_LALOMA, Salvador._

Clarinetista de renombre que por inadvertencia dejamos de incluir en la
sección de instrumentistas notables, fué también connotado educador de
música, y de su instrumento especialmente.

Fué el primer clarinete de la orquesta de Capilla de la Catedral, desde
su fundación, y ocupó la plaza de Requinto en bandas militares.


_LAZA, José._

El actual condueño del acreditado bazar "_Euterpe_," almacén de música e
instrumentos acreditado en la isla, es un músico modesto que posee con
excepcionales facultades el bombardino, dedicándose principalmente a
tocar en las orquestas de ópera e iglesia y a enseñar teoría y solfeo,
lo que hace a conciencia.


_MADERA, Simón._

Natural de Mayagüez. De gran cuadratura musical. Posee el violín y el
clarinete con bastante escuela. Su ejecución es técnica y esmerada. En
el clarinete tiene un tono muy dulce y en el violín expresa con acentos
pasionales. Como compositor de música regional su nombre es conocido y
apreciado. Hace años que reside en Guayama dedicado a la profesión,
especialmente de instrumentos de cuerda. Es muy buen solfista y posee
espíritu artístico.

Tiene dos hijos a los que ha enseñado violín y el varón especialmente
está en condiciones de, pudiendo ir a un Conservatorio, alcanzar puesto
eminente como violinista. Su modo de expresar, cuando aún es un niño,
revela al artista, aunque hoy en estado incipiente. Durante el pasado
año Simón Madera organizó un terceto, con sus dos hijos y dió conciertos
por la Isla con el fin de mandarlos a educar fuera. Ignoramos el
resultado de la excursión.


_MILLÁN, Tomás._

Buen Cornetín y mejor preceptor, especialmente de bandas escolares.
Posee varios instrumentos y un gran sentido artístico. Nació en Ponce y,
hasta que fué disuelta, perteneció a la Banda de la Policía Insular.

Ha organizado bandas escolares en diversas poblaciones de la isla.


_OTERO, Julia._

Natural de Humacao y hermana de Anita, con esta hizo sus estudios hasta
graduarse como maestra de Piano. Fué la principal ayudante de la
Academia de piano que en San Juan organizara Anita. Muerta ésta y
después Modesta, Julia Otero continuó durante algún tiempo enseñando en
San Juan, trasladándose últimamente a Humacao.


_PASARELL, Oriol._

Prestigioso profesor de piano, natural de Ponce, en cuya población
ejerció siempre el profesorado artístico.

Obtuvo muy buenos discípulos y su método de enseñanza era el de la
antigua escuela brillante.


_PEÑA, F._

Actual director de la Banda Municipal de Humacao, que ha demostrado
poseer amplios conocimientos como educador y director.

Es sumamente modesto, pero sus conocimientos los trasmite con
escrupulosidad digna de encomio.


_RENDÓN, José._

Natural de San Juan ejerció durante muchos la enseñanza del solfeo y
violín. Ocupó siempre la cabeza de los segundos violines en las grandes
orquestas. Murió el 27 de noviembre de 1903.


_RENDÓN, Lino._

Natural de San Juan, después de haber sido Requinto de la Banda de
Artillería y músico mayor interino de la del Batallón de Puerto Rico,
pasó con igual cargo, que ejerció hasta su muerte, a la del Batallón de
Voluntarios de Humacao, dedicándose también a la enseñanza particular en
la que obtuvo alumnos distinguidos.


_ROSELLÓ, José._

Natural de San Juan. Fué su primer preceptor de música Don Sandalio
Callejo, quien le profetizó sería un buen artista. Al morir Callejo,
prosiguió los estudios con Verar hasta hacerse un notable flautista,
ocupando la plaza de flauta en la orquesta de Capilla.

El maestro Gutiérrez le dedicó una fantasía para flauta de extrema
dificultad, que leyó a primera vista.

Ejercitaba también el clarinete y se dedicó a la enseñanza hasta que
prematuramente le sorprendió la muerte cuando apenas contaba veinte
años.


_TEODOSIO, Rubio._

En su pueblo natal, Manatí, se dedicó a la enseñanza de la música,
refiriéndonos, los pocos contemporáneos que viven, que era un apasionado
del arte y trasmitía con ahinco.


_TIZOL, José Belén._

Le conocimos de segundo clarinete de la orquesta de capilla y profesor
de flauta del colegio de los PP. Jesuitas, cuando éstos regentaban el
Seminario-Colegio.

Daba además clases particulares y estaba conceptuado en aquella época
como un buen profesor.


_VAZQUEZ DE CANDAMO, Antonia._

Natural de Ponce. Pianista que se dedica a la enseñanza y toma parte
frecuentemente en actos musicales públicos. Tiene bastante escuela, y
repentiza con suma facilidad. Siempre está propicia para coadyuvar a
cualquier acto benéfico. En su pueblo natal goza de muchas simpatías.


_VERAR, Francisco._

Nació en 1850, siendo San Juan la ciudad en donde meciérase su cuna. Fué
discípulo de Salvador Laloma. A los 17 años obtuvo por oposición la
plaza de requinto del Batallón de Madrid. En 1872 era el músico mayor de
la Banda de Bomberos de Mayagüez. En 1880, Don Sandalio Callejo lo llevó
de nuevo a San Juan, colocándolo de requinto en la Banda del 1er.
Batallón de Voluntarios, de la que era Músico Mayor, y de ayudante en
la Academia de Música del Asilo de Beneficencia, de la que era director.
En 1881 obtuvo por oposición la plaza de primer clarinete de la orquesta
de capilla permaneciendo en ella hasta su disolución por el cambio de
nacionalidad. A la muerte de Callejo le sucedió como músico mayor de
Voluntarios y cuando falleció Jaime Bastard, fué nombrado Director de la
Academia de Beneficencia. En 1901 fué el Director-organizador de la
Banda de la Policía Insular, hasta que fué disuelta en 1908.

Perteneció hasta hace poco tiempo como primer clarinete de la orquesta
del teatro y era el director de la del Casino Español. Ya entrado en
años, continúa su labor de maestro. Fué el instructor de la Banda
Escolar de Fajardo; de la cadetes de la Universidad, en Río Piedras y
actualmente lo es de la Municipal de Manatí. Como clarinetista fué (pues
ya apenas lo toca) un profesor competente, leyendo y transportando a
primera vista.

Como director, su gran práctica le hizo siempre salir airoso y como
preceptor, posee el don de trasmitir con facilidad fundamentando la
enseñanza en el perfecto conocimiento del solfeo.


_VILELLA, Rosa._

Natural de Humacao, discípula de Don Ignacio Otero. Ejerce desde años la
profesión en su pueblo natal con notable aprovechamiento,
distinguiéndose entre muchas de sus discípulas la señorita Pepiña
Montoto.

     Manatí, 29 de octubre de 1915.



APÉNDICE.



CAPÍTULO ÚLTIMO.


No por vanidad de autor, sino, únicamente, con el fin de que pueda
saberse que en Puerto Rico llegó a formularse un proyecto para organizar
la enseñanza musical en debida forma, reproducimos, como apéndice de
este libro, las Bases que, en noviembre de 1898, presentáramos, después
de haber sido sancionadas por los maestros Gutiérrez, Arteaga, Chavier,
Dueño Colón, Anita Otero, Verar y otros más, a la consideración del
entonces Secretario de Fomento, Don Salvador Carbonell, y que, aceptadas
en principio por éste, no llegaron a cristalizarse en Ley, porque las
circunstancias especiales del cambio reciente de nacionalidad,
reclamaron la atención de los legisladores en asuntos de carácter más
urgente.

He aquí el proyecto:

_Bases que para la organización general de la enseñanza de la Música, en
Puerto Rico, presenta el Profesor que suscribe a la consideración del
Hon. Secretario de Fomento._


_PREÁMBULO._

Las artes, esas sibilas que, en todos los tiempos descubren con todos
los atractivos de la belleza los misterios del alma porque representan
todos los sentimientos; esas inspiraciones de todos los siglos que,
después de glorificar al hombre privilegiado que las cultiva,
engrandecen a las naciones, las hermanan y conservan su memoria cuando
el tiempo las borra de la faz de la tierra; las artes, repito,
constituyen uno de los principales elementos en el desarrollo de la
cultura de los pueblos.

Hijas del pensamiento de la Divinidad, hablan sólo a las almas; para
todas tienen consuelo y son, en la historia del mundo, una cadena que
enlaza los pueblos y las civilizaciones, las ideas y los sentimientos.

Su influencia es directa y, aunque diferentes en la forma, todas tienden
a un mismo fin, todas pueden llegar a producir análogos efectos.

Careciendo de los conocimientos necesarios para tratar de ellas en
general, me limitaré a estudiar, con arreglo a mis facultades, el estado
en que se encuentra la enseñanza del arte musical en Puerto Rico,
sintetizándolo, cuanto me sea posible, en este preámbulo, ya porque no
debe ser muy extenso, ya también, porque no hace mucho tiempo, publiqué
en _El Diario Popular_, de Mayagüez, una serie de artículos, sobre el
mismo tema y no quiero pecar de repetido.

La música, ese hermoso lenguaje del alma, que nació con el primer hombre
y perfeccionándose con él, ha llegado a su mayor grado de apogeo, ha
creado una sociedad universal, ha puesto en comunicación a las más
apartadas regiones, ha dado medios de desplegar todos sus encantos a la
pintura, escultura y arquitectura escenográficas y ha venido a
constituir una verdadera necesidad, lo mismo en las capitales más
civilizadas, que en los pueblos y caseríos más apartados.

Su estudio, al parecer sencillo, requiere, aparte del temperamento
especial, una serie de sacrificios y una lucha tal de dificultades que
no todos pueden vencer; porque para ser un buen músico, un verdadero
artista, no basta vencer las mayores dificultades del instrumento, pues
eso que es puramente mecánico, sólo manifiesta ciertas disposiciones
ejercitadas con empeño y perseverancia, pero nunca ingenio y reflexión;
y el artista, que debe ser instruído, debe haber reflexionado mucho
sobre su arte, debe conocer los objetos que se propone imitar; en suma,
debe presentir los efectos que pueda causar, pues de otro modo, nunca
será más que un autómata que trabaja, salga lo que salga, y, falto de
principios, no podrá estar seguro de acertar y complacer.

Entre nosotros existe una disposición privilegiada para el cultivo de la
música, pero, en los dieciocho años que llevo dedicados a la enseñanza,
en distintas poblaciones de la Isla, he podido apreciar que, en general,
no marcha por la senda de la escuela moderna.

Muchas son las causas y creo haberlas indicado en una carta que dió a la
publicidad _La Balanza_, cuando el señor Segura Villalba trataba de
fundar el Instituto Musical que tan poca vida obtuvo.

Prescindiendo de las otras, dos son, en mi concepto, las más
principales. Una, la falta absoluta de un plan determinado de enseñanza;
otra, el desamparo moral y material que ha tenido, hasta hace muy poco
tiempo, por parte de los poderes encargados de proporcionar al pueblo su
educación y adelanto.

Por eso, hoy que surge para nosotros el sol espléndido del verdadero
progreso,[37] y que deseamos que el pueblo posea todos los
conocimientos que, difundiendo la luz en su inteligencia, le proporcione
los medios para librar, con más desahogo, la subsistencia, hoy, repito,
he creído un deber ocuparme, nuevamente, del estado de la enseñanza del
arte a que me dedico, para, con la ayuda de todos, ver si logro
encauzarla por la senda que debe seguir y, para lo cual, de tantos
medios disponemos.

     [37] Este proyecto estaba ya redactado cuando se constituyó el
     Gabinete Autonómico, en tiempos de la Soberanía Española, pero no
     fué presentado hasta después del cambio de nacionalidad.--F. C.

Dos fines persigo: difundir, encauzar y unificar la educación musical en
toda la Isla, y crear, por decirlo así, la carrera artística, para que
el pueblo que obtiene siempre de las artes mayores y positivos
beneficios, tenga un ancho campo en donde desarrollar sus facultades, y,
un medio adaptado a sus condiciones, para ganarse la vida.

Por tanto, Hon. Señor, yo ruego a usted, encarecidamente, se digne
estudiar las Bases de organización que tengo el honor de presentarle,
para que, haciéndolas suyas y después de sometidas al crisol de su
clarísima inteligencia, haga cuanto de usted dependa para darle forma
tangible, convirtiéndolas en acabado proyecto de Estatuto.

A nada personal aspiro; mi único objetivo es cooperar, con el óbolo de
mi limitada inteligencia, al progreso y cultura de mi país y ver al arte
glorificando el nombre de los portorriqueños que, como descendientes de
la gran nación española, son todos artistas por temperamento.

     FERNANDO CALLEJO FERRER.

     Arecibo, P. R., marzo de 1898.


BASES GENERALES.

1.ª--División de la enseñanza.

2.ª--División de los estudios. Su reglamentación.

3.ª--Creación de establecimientos. Profesorado respectivo.

4.ª--Condiciones para el ingreso de los alumnos. Nombramiento del
profesorado. Duración de los cursos. Exámenes y premios.

5.ª--Creación de plazas pensionadas.

6.ª--Inspección general de la enseñanza.

7.ª--Presupuestos.


DESARROLLO DE ESTAS BASES.


_Base Primera.--División de la Enseñanza._

Deseando que la enseñanza tenga toda la uniformidad necesaria para que
los resultados sean satisfactorios; que carezca, en absoluto, de toda
tendencia de exclusivismo personal y respetando, asimismo, la libertad
individual, que nunca debe coartarse, la enseñanza se dividirá en
_Oficial, Particular y Privada_.

Será _Oficial_, la que se curse en los establecimientos públicos creados
al efecto.

Particular, la que se dé en escuelas y academias particulares, que
funcionen con autorización de la Secretaría de Instrucción Pública,
debiendo regirse por el plan general de estudios oficiales.

Privada, la que se reciba individualmente, que gozará de libertad
absoluta.


_Base Segunda.--División de los Estudios.--Su Reglamentación._

Los estudios musicales, a semejanza de la instrucción general, se
dividirán en elementales, secundarios y superiores.

Corresponde a los primarios, el conocimiento completo de la teoría,
solfeo en las siete claves, transporte a primera vista y nociones del
mecanismo de los instrumentos.

A los segundos, mecanismo general de los instrumentos y elementos de
armonía.

A los superiores, el perfeccionamiento del mecanismo, armonía,
composición y algunas nociones de estética e historia general del arte.

Los estudios de teoría y solfeo se dividirán en tres cursos; el de
instrumentos, por lo menos, en seis; y la armonía y composición, cada
una, en tres.

Las nociones generales de estética e historia del arte formarán parte
del último curso de composición.

Algunos de estos estudios podrán simultanearse, tales como los dos
primeros de los instrumentos, con el 2.º y 3.º de teoría y solfeo; los
de armonía y composición con los de instrumentos. Pero, en ningún caso,
podrá concederse examen de cursos instrumentales sin tener aprobados los
de teoría y solfeo, ni matricularse en composición, sin tener aprobada
la armonía.

A pesar de esta división, los alumnos que, estando en condiciones,
quieran aprobar en un solo año dos o más cursos, podrán hacerlo, pero
sufriendo el examen riguroso de cada uno, previo pago de los derechos de
matrícula y examen correspondientes.

La división definitiva de los cursos así como los métodos porque deban
regirse, se hará por reglamentos especiales.


_Base Tercera.--Creación de Establecimientos.--Profesorado._

Siguiendo la división establecida en la base anterior, los
establecimientos que deban fundarse serán:

_Instituto Superior_, para la enseñanza de todos los estudios, radicado
en la Capital.

_Academias de Segunda Enseñanza_, en las cabeceras de Departamento. En
ellas se cursarán los estudios elementales y secundarios.

_Escuelas Elementales_, en el resto de las poblaciones, cuyos
presupuestos excedan de _Quince Mil Pesos_ ($15,000.00).

El Profesorado lo constituirán:

En el _Instituto_:--Profesor de teoría y solfeo.--Profesor superior de
piano.--Otro auxiliar.--Profesor de canto.--Maestro de armonía.--Maestro
de composición.--Profesor de Instrumentos de cuerda.--Otro
auxiliar.--Profesor de flauta y oboe.--Id. de clarinete, saxofón y
fagot.--Id. de cornetín y trompa.--Id. de bombardino, trombón y
bajo.--Id. de armoniun y órgano.--La dirección y secretaría de este
centro serán desempeñadas por dos de los profesores, los nombramientos
de los cuales corresponderá al Secretario de Instrucción Pública,
sirviéndose los cargos por quinquenios, pudiendo ser reelectos y
asignándoseles una gratificación extra sobre sus estipendios como
profesores.

La dependencia estará formada por un Conserje, un ujier y un escribiente
de Secretaría.

En las Academias de 2.ª enseñanza:

Profesor-Director para la enseñanza de los instrumentos y elementos de
armonía.--Profesor auxiliar de piano.--Profesor auxiliar de teoría y
solfeo, ayudando ambos auxiliares al director en la enseñanza
instrumental.--Como dependencia habrá un conserje-ujier.

En las _Escuelas Elementales_.

Un profesor para toda la enseñanza respectiva.

No siendo las poblaciones que forman cabecera de departamento de la
misma importancia, ni contando con iguales recursos económicos para la
formación de sus presupuestos, queda al arbitrio de sus Municipios dar a
la enseñanza, en las academias, toda la amplitud que deseen,
aumentando, por lo tanto, el cuadro del profesorado.


_Base cuarta.--Condiciones para el ingreso de los alumnos.--Nombramiento
del profesorado.--Duración de los cursos.--Exámenes y premios._

_De los alumnos._--Para ingresar como alumno en la enseñanza oficial, se
necesitará saber leer y escribir, poseer elementos de gramática y
aritmética y tener _ocho años cumplidos_. Estos requisitos pueden
llenarse con certificaciones de los profesores de instrucción pública y
con la partida de bautismo o inscripción de nacimiento.

La inscripción se hará por matrículas de pago, para la enseñanza
superior y secundaria; gratuita para la elemental, en los centros
oficiales. Las academias particulares que deseen legalizar los estudios
de sus alumnos, deberán hacer matrículas adscritas de cada uno, al
empezar los cursos, pagando las inscripciones por la elemental y
adquiriendo, por lo tanto, el derecho de presentarse a examen, en los
ordinarios de cada curso.

Los derechos de matrícula serán de diez pesos, pagaderos, para la
enseñanza oficial en dos plazos:--uno, al empezar el curso; y el otro,
en el mes anterior al de los exámenes. La enseñanza particular pagará
toda la matrícula al empezar el curso. Los alumnos de enseñanza privada
pagarán todos los derechos al solicitar examen, en la época señalada
para los extraordinarios.

Cada matrícula dará derecho a los alumnos de la enseñanza oficial y
particular a inscribirse en dos de las clases que puedan simultanearse.

Los derechos de matrícula corresponderán al Tesoro Insular.


_Nombramiento del Profesorado._

El ingreso en el profesorado del Instituto, así como en el de Director
de las academias departamentales, será por oposición. Los profesores de
las escuelas elementales y auxiliares de la 2a. enseñanza, por concurso.

Los ejercicios de oposición se verificarán todos en la Capital,
formándose dos tribunales:--uno para los del Instituto y otro para los
de las Academias.

El tribunal de oposiciones para el Instituto, lo constituirá, en las
primeras oposiciones, dos maestros de música y dos personas designadas
por la Secretaría de Instrucción, presididos por el decano de nuestros
maestros, y con sujeción al programa que se determine. En las sucesivas,
después de constituído el establecimiento, por dos profesores del
Instituto y dos personas designadas por la Secretaría de Instrucción,
presididos por el Director del Instituto.

Verificados los ejercicios, de su resultado, el tribunal formulará una
terna que elevará al señor Secretario de Instrucción, quien hará los
nombramientos dentro de un plazo no mayor de quince días.

El tribunal para las oposiciones del profesorado de las Academias, lo
formarán siempre dos profesores de música del Instituto y dos delegados
del Municipio respectivo, presididos por el Director del Instituto. Las
ternas se remitirán a los Municipios para que estos hagan el
nombramiento.

Si al verificarse las primeras oposiciones no pudieran cubrirse, en esta
forma, todos los cargos, podrán ser provistos por concurso,
interinamente, hasta que se celebren, en el más breve plazo posible,
nuevas oposiciones.

La interinidad por cinco años consecutivos dará derecho a que se
considere cubierta la plaza como en propiedad.

Las vacantes que ocurran en el Instituto y Academias, serán cubiertas
por turnos rigurosos de traslado o ascenso y por oposición.

Los profesores que sean nombrados en virtud de las oposiciones,
obtendrán, cada cinco años, un ascenso que consistirá en un aumento
proporcional del sueldo.

Se concede, además, el derecho de permuta entre profesores del Instituto
y los Directores de Academias. El concurso de mérito para los auxiliares
y elementales se hará por cada Municipio, con arreglo a las
prescripciones que ellos acuerden, previo informe del Director de las
Academias respectivas, prefiriéndose a los que presenten títulos de
profesores, expedidos por el Instituto.

La dependencia de cada establecimiento la nombrará el centro gubernativo
que pague los sueldos, previo informe del Director del establecimiento,
por cuyo conducto se harán las solicitudes en el papel sellado
correspondiente.

Ningún profesor podrá ser separado de su cargo, sin previa formación de
expediente gubernativo, del cual podrá apelarse ante los tribunales de
justicia correspondientes.

Ahora bien; me atrevo a proponer, por considerarla de justicia, una sola
excepción para cuando se constituya el Instituto Superior, y es:--que la
clase de composición sea conferida en calidad de vitalicia,
prescindiéndose de la oposición, al decano de nuestros maestros, gloria
del arte musical portorriqueño, el fecundo e inspirado compositor, don
Felipe GUTIÉRREZ Y ESPINOSA.


_Duración de los Cursos.--_

Los de las Academias y escuelas elementales, del 15 de enero hasta el 30
de noviembre.

Los cursos del Instituto Superior empezarán el 1º. de octubre,
terminando el 30 de junio.

La matrícula se abrirá desde el mes anterior al de la apertura de los
cursos. Para los días y horas de clase, se harán reglamentos especiales,
pero, en ningún caso, los profesores darán más de dos horas diarias de
clases.


_Exámenes y premios:_

Los exámenes de prueba de curso se verificarán dentro de la última
quincena del último mes escolar. Los extraordinarios y de reválida, en
el mes anterior a la apertura del nuevo curso.

Las calificaciones serán: Sobresaliente; Bueno; Aprobado y Suspenso; y
con arreglo al tanto por ciento de eficiencia siguiente: de 95 a 100
puntos, Sobresaliente; de 80 a 95 puntos, Bueno; de 65 a 80 puntos,
Aprobado; y menos de 65 puntos, Suspenso.

Se pagarán derechos de examen y certificados, los que ingresarán en los
fondos de cada centro, para con ellos sufragar las dietas de viaje a los
Inspectores de Visita.

Cada centro podrá expedir certificados, con validez académica, a los
estudios asignados a cada uno.

Las certificaciones de las Academias particulares no tendrán validez
oficial si no están visadas por el Director del centro oficial en donde
las mismas estén adscritas.

Los derechos del título definitivo los fijará la Secretaría de
Instrucción e ingresarán en el Tesoro Insular.

Después de efectuados los exámenes ordinarios, los alumnos oficiales que
hubiesen obtenido notas de sobresaliente, tendrán derecho a entrar al
concurso de premios (ejercicios públicos) que para cada clase se
designe, consistentes en diplomas y matrículas de honor.


_Base Quinta.--Creación de Plazas Pensionadas._

Deseando que el Arte llegue a alcanzar todo el esplendor que merece, y
que la juventud pueda completar la carrera artística por medio de
grandes audiciones, he considerado necesaria la creación de plazas
pensionadas, para la Metrópoli y extranjero, las que servirán, también,
de estímulo, ya que podrán considerarse como un premio especial al
término de la carrera. Y, dentro de la unidad del plan, deben también
señalarse pensiones en las academias y escuelas para que los que las
obtengan puedan trasladarse a los centros superiores a terminar los
estudios.

En los presupuestos de cada establecimiento se consignará una partida
anual para dichos fines.

Las plazas pensionadas del Instituto Superior, serán: una para alumnos
de la clase de composición; una para los de la clase de canto; y otra,
alternando, a su vencimiento, para los de la clase de piano e
instrumentos de cuerda.

La duración de estas pensiones será de tres años; el primero, para la
Metrópoli; y los dos últimos, para el extranjero, Italia, Francia,
Alemania o Bélgica a elección del agraciado.

Para obtener las pensiones se requerirá:

1º--Haber obtenido, en todos los cursos, y en el título definitivo, la
nota de Sobresaliente.

2º--Certificación de buena conducta, del Director así como de la
autoridad local.

3º--Hacer los ejercicios de oposición.

Los agraciados quedarán en la obligación de remitir, anualmente, y en
tiempo oportuno, certificaciones laudatorias y legalizadas, de los
Directores de los centros docentes en donde prosigan los estudios. Los
de composición, una obra, producto de su inspiración y de acuerdo con lo
que el reglamento del Instituto determine.

Las faltas de tales requisitos dará por caducada la pensión.

En las academias y escuelas se creará una plaza pensionada para
continuar los estudios en el centro inmediato superior. Las condiciones
las estipularán los Municipios, de acuerdo con el Director docente.

Existiendo, en la actualidad, dos o tres plazas de pensionistas
otorgadas por la Excma. Diputación Provincial, y con el fin de respetar
derechos adquiridos, los jóvenes que se encuentran en España, estudiando
por cuenta de la Diputación, continuarán pensionados, por cuenta del
Instituto, hasta que venza el término por el cual aquéllas les fueron
concedidas.


_Base Sexta.--Inspección General de la Enseñanza._

La enseñanza será inspeccionada, anualmente, en toda la Isla, del
siguiente modo:

El Director del Instituto designará, por turno anual, a dos profesores
de dicho centro, para que giren visitas de inspección a las Academias de
cada departamento, durante el período de vacaciones del Instituto, o
sea, en los meses de julio, agosto y septiembre.

La visita de Inspección a las escuelas elementales será hecha por los
Directores de las Academias de Departamento, en la época en que el
Director crea más oportuna, y sin previo aviso.

En dichas visitas se examinará el estado de las clases y la
documentación, dándose cuenta, por duplicado, a la Secretaría del
Instituto, para que ésta haga, en el registro general, las anotaciones
oportunas y remita al Secretario de Instrucción un resumen de la
inspección.

Las dietas que devenguen los Inspectores del Instituto serán pagadas de
los fondos de este Centro; las del Director departamental, por mitad de
los fondos de las academias y escuela elemental que visite.


_Base Séptima.--Presupuestos._

Al llevar a la realidad este proyecto, se formarán dos clases de
presupuestos; uno extraordinario de gastos de instalación, y otro
ordinario para los de cada año.

Los presupuestos del Instituto corresponderán al Tesoro Insular; los de
las academias y escuelas, a los respectivos municipios.

Al formularse los presupuestos de instalación, se procurará que los
establecimientos queden dotados del material e instrumental necesarios a
cada uno.

Ahora bien; siendo los presupuestos ordinarios los que, aunque de un
modo aproximado, deben conocerse, para que dentro de lo vasto del plan
pueda juzgarse lo limitado del sacrificio que se pide al país ante los
grandes beneficios que podrán obtenerse, me voy a permitir indicarlos,
no como definitivos, sino como punto de partida para la aprobación del
proyecto.


PRESUPUESTO ORDINARIO DEL INSTITUTO.

  1 Profesor de teoría y solfeo                       $600.00
  2 Profesores de piano a $900.00 cada uno            1800.00
  2 Auxiliares de piano a $600.00 cada uno            1200.00
  1 Profesor de canto                                  600.00
  1 Maestro de Armonía                                 720.00
  1 Maestro de Composición                             720.00
  2 Profesores para instrumentos de cuerda a $600     1200.00
  4 Profesores para instrumentos de viento a $600     2400.00
  1 Maestro de Armonium y órgano                       720.00
  Gratificación para el Director                       600.00
  Gratificación para el Secretario                     300.00
  Portero                                              360.00
  Ujier                                                240.00
  Escribiente de Secretaría                            360.00
  Alquiler de casa y material                         1380.00
  Para 3 pensionistas a $600, cada uno                1800.00
                                                   ----------
                                           Total   $15.000.00


PRESUPUESTO DE INGRESOS.

  Por derechos de matrícula, a $10.00                $4000.00
  Por derechos de títulos, a $50.00                   1000.00
  Por subvención que pagará el municipio de San
  Juan, que no tendrá Academia Departamental          2000.00
                                                     --------
                                           Total     $7000.00

De manera que, balanceando el presupuesto de gastos con el de ingresos,
vendría a costar el Instituto, al Tesoro Insular, la cantidad de
$8,000.00, cantidad que casi se gasta hoy por la Diputación Provincial,
en pensionistas y subvenciones a escuelas y sociedades de la Capital,
sin beneficio para el resto de la Provincia.


PRESUPUESTO DE LAS ACADEMIAS.

  1 Maestro-Director                                $720.00
  2 Profesores auxiliares a $360.00, cada uno        720.00
  1 Portero-ujier                                    240.00
  Material y alquiler de casa                        520.00
  Pensionista                                        300.00
                                                   --------
                                         Total     $2500.00


PRESUPUESTO DE LAS ESCUELAS.

  Profesor único               $ 500.00
  Pensionista                    300.00
  Material y casa                300.00
                               --------
                     Total     $1100.00

El pago del personal se hará por nóminas.


COMUNICACIÓN DEL SEÑOR SECRETARIO DE FOMENTO ACEPTANDO, EN PRINCIPIO, EL
ANTERIOR PROYECTO.

Hay un sello que dice: "_War Department, Headquarters Department of
Porto Rico.--Secretary of Fomento._"

     No. 1169.

Oportunamente se recibió en esta Secretaría su instancia relativa a la
organización de la enseñanza musical en esta Isla.

Tengo el honor de manifestarle, en contestación, que desde luego, acepto
en principio su idea, prometiéndome estudiar las bases propuestas por
usted, y anhelo que cuando las circunstancias lo aconsejen, pueda darse
realidad a tan hermoso proyecto.

Puerto Rico, diciembre 29 de 1898.

     (firmado) _Dr. S. Carbonell_,
     Secretario de Fomento.

_Sr. don Fernando Callejo Ferrer._

       *       *       *       *       *

Posteriormente y debido a las incesantes gestiones del señor Américo
Marín, gran _amateur_ del arte, que falleció a principios de 1914, fué
presentado en la Cámara de Delegados de la Legislatura Insular, el
siguiente Proyecto de Ley:


R. C. de la C. 37.

EN LA CÁMARA DE DELEGADOS DE PUERTO RICO.

Marzo 8, 1913.

_Los señores Ledesma, Barceló y del Rosario, presentaron la siguiente_


RESOLUCIÓN CONJUNTA

Para la creación de una Academia de Música, Canto y Declamación en la
Isla de Puerto Rico.

POR CUANTO, una gran mayoría de los jóvenes de ambos sexos en esta isla,
posee la más admirable disposición artística;

POR CUANTO, la Asamblea Legislativa de Puerto Rico ha consignado en sus
diversos presupuestos varias sumas de dinero para costear la educación
artística a varias jóvenes portorriqueñas que se han enviado a Italia,
centro en donde se adquiere una perfecta educación en Música,
Declamación y Canto;

POR CUANTO, los estudiantes portorriqueños que han asistido a
Conservatorios de Europa han revelado a los maestros de aquéllos un
hermoso talento artístico, y hay en las escuelas de Puerto Rico un
sinnúmero de niños de ambos sexos dotados de una buena voz, quienes si
se educan, pueden salir de su país a ganar la vida en el mundo del
Arte, u obtener ocupación diaria en esta Isla;

POR CUANTO, a pesar del lamentable descuido en que siempre ha estado el
arte en Puerto Rico, han nacido en él músicos inspirados y varios
artistas, y existe en las escuelas un número de niños de maravillosa
precocidad que aprenden música y canto con notable rapidez;

POR CUANTO, la creación de una Academia de Música, Canto y Declamación
abrirá una nueva senda a los jóvenes portorriqueños para el porvenir y
contribuirá a dar realce a nuestro nombre en el exterior;

POR TANTO: Decrétese por la Asamblea Legislativa de Puerto Rico:

Sección 1ª--Se crea, por la presente, en la Ciudad de San Juan, Capital
de la Isla de Puerto Rico, una Academia de Música, Canto y Declamación,
que se instalará, temporalmente, en un edificio propiedad de _El Pueblo
de Puerto Rico_, dentro de dicha ciudad, hasta que pueda dotarse, a la
nueva Institución, de un albergue apropiado.

Sección 2ª--El gobierno interior de dicha Academia queda encomendado a
una comisión compuesta por el Speaker de la Cámara de Delegados y los
demás miembros que forman la Junta de la Universidad de Puerto Rico y
cinco profesores de la Academia, designados por la Junta de la
Universidad.

Sección 3ª--Dicha comisión deberá redactar todos los reglamentos para la
admisión de estudiantes, y aprobará el plan de estudios por que la
Institución deberá regirse, siendo además su obligación presenciar los
exámenes anuales que se verificarán en la fecha que ella indique.

Sección 4ª--El personal de dicha Academia de Música, Canto y
Declamación, constará de 25 profesores, quienes recibirán la
compensación anual que junto a sus nombres se indica:

Tres profesores de Canto, con mil seiscientos dólares cada uno.

Tres profesores de Violín, con mil dólares cada uno.

Un profesor de Contrabajo y Cello, con mil dólares.

Un profesor de Viola, con seiscientos dólares.

Un profesor de Clarinete y Flauta, con seiscientos dólares.

Un profesor de Cornetín, con quinientos dólares.

Un profesor de Trombón, con quinientos dólares.

Un profesor de Oboe y Clarín, con quinientos dólares.

Cuatro profesores de Solfeo, con mil dólares cada uno.

Un profesor de Tromba, con quinientos dólares.

Dos profesores de Arpa, con mil doscientos dólares cada uno.

Dos profesores de Piano, a mil dólares cada uno.

Un profesor de Armonio, con mil doscientos dólares.

Un profesor de Composición, con mil doscientos dólares.

Sección 5ª--Todos los profesores deberán acreditar su competencia para
entrar en el desempeño de sus respectivos cargos.

Sección 6ª--La duración del año académico, así como la duración del día
de clases y las materias que deban cursarse oralmente, serán designadas
por la Junta de la Universidad, oído el Consejo de Profesores, que será
formado por todos los que pertenezcan a la Institución, y al cual se
inviste con la facultad de adoptar cuantas medidas fueren necesarias
para la conservación de la disciplina.

Sección 7ª--Se fijará anualmente una cantidad para la adquisición del
instrumental necesario, a medida que el adelanto de los educandos lo
requiera, y para la iniciación de la Academia, esta suma queda señalada
en cuatro mil dólares.

Sección 8ª--Queda señalada para gastos del personal administrativo la
suma de cinco mil dólares, la cual no podrá alterarse sin el
consentimiento de la Junta de la Universidad de Puerto Rico.

Sección 9ª--Será deber de la Junta de la Universidad costear la
impresión de Diplomas, siempre que el Consejo de Profesores haya
sometido un modelo de los mismos a su aprobación, y nombrar, oyendo a
dicho Consejo, un Administrador de la Academia, quien tendrá a su cargo
la adquisición de papel de música, enseres de escritorio y todo el
material que requiere una Institución artística, debiendo presentar
detallada cuenta de los gastos a la Junta de la Universidad, al comenzar
el año Académico.

Sección 10ª--La Junta de la Universidad de Puerto Rico y el Consejo de
Maestros, en sesión conjunta al iniciarse el año Académico, redactarán
las reglas por que debe gobernarse el trabajo de la Institución, y
tomará las medidas que crean oportunas para el progreso de la misma,
adaptando, en cuanto fuere aplicable, el reglamento de cualquier
Conservatorio de Europa.

Sección 11ª--Por la presente se asigna, de cualquiera fondos existentes
en Tesorería no destinados a otros fines, la cantidad de treinta mil
dólares, o la parle de ella que fuere necesaria, para el sostenimiento
de la Academia durante el primer año de su fundación, debiendo
consignarse anualmente igual o mayor suma, según lo demande el adelanto
de la Academia.

Sección 12ª--Cuanto por esta Resolución se dispone, entrará en vigor el
día primero de junio de 1913, quedando derogada toda ley o parte de ella
que se oponga a la presente.


FIN DEL LIBRO.



ÍNDICE.


                                             PÁGINA

  Dedicatoria                                     3.
  Consejo a Margarita                             5.
  Señora Adela Borghi                             7.
  El por qué de este libro                        9.
  Introducción                                   13.


  _Sección Primera.--Anotaciones Históricas._

  Capítulo I.   1660-1800                        19.
  Capítulo II.  1800-1858                        26.
  Capítulo III. 1858-1898                        37.
  Capítulo IV.  1898-1914                        57.


  _Sección Segunda.--Biografías._

  Capítulo V. Arteaga, Julio C.                  72.
  Capítulo VI. Chavier Arévalo, Arístides        78.
  Capítulo VII. Dueño Colón, Braulio             90.
  Capítulo VIII. Gutiérrez Espinosa, Felipe     101.
  Capítulo IX. Martínez Plée, Manuel            117.
  Capítulo X. Mislán Ángel                      122.
  Capítulo XI. Morell Campos, Juan              130.
  Capítulo XII. Nuñez, Gonzalo                  141.
  Capítulo XIII. Otero, Ana                     145.
  Capítulo XIV. Paoli, Antonio                  153.
  Capítulo XV. Ramos, Adolfo Heraclio           158.
  Capítulo XVI. Tavárez, Manuel G.              162.


  _Sección Tercera.--Cantantes._

  Capítulo XVII. Cantantes                      170.


  _Sección Cuarta.--Certámenes._

  Capítulo XVIII. Certámenes                    193.


  _Sección Quinta.--Compositores._

  Capítulo XIX. Compositores                    210.


  _Sección Sexta.--Instrumentistas Notables._

  Capítulo XX. Instrumentistas Notables         241.


  _Sección Séptima.--Música Regional._

  Capítulo XXI. Música regional                 273.


  _Sección Octava.--Profesorado._

  Capítulo XXII. Profesorado                    283.
  Capítulo último. Apéndice                     293.





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