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Title: El Canto Errante - Obras Completas Vol. XVI
Author: Darío, Rubén
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "El Canto Errante - Obras Completas Vol. XVI" ***

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                           EL CANTO ERRANTE

                               [imagen]

   [imagen: EL DON DE ARTE ES UN DON SUPERIOR QUE PERMITE ENTRAR EN
LO DESCONOCIDO DE ANTES Y EN LO IGNORADO DE DESPUÉS, EN EL AMBIENTE DEL
 ENSUEÑO O DE LA MEDITACIÓN. HAY UNA MÚSICA IDEAL, COMO HAY UNA MÚSICA
  VERBAL. NO HAY ESCUELAS: HAY POETAS. EL VERDADERO ARTISTA COMPRENDE
  TODAS LAS MANERAS Y HALLA LA BELLEZA BAJO TODAS LAS FORMAS. TODA LA
        GLORIA Y TODA LA ETERNIDAD ESTÁN EN NUESTRA CONCIENCIA.

                               _RUBEN._]

                         [imagen: RUBÉN DARÍO

                               [imagen]

                           EL CANTO ERRANTE]

                               [imagen]

                             ES PROPIEDAD



                           EL CANTO ERRANTE

                               [imagen]

                               [imagen:

                    Iba en un paso rítmico y felino
                  a avances dulces, ágiles, o rudos,
                    con algo de animal y de felino
                  la bailarina de los pies desnudos.
                                   ]



                              RUBÉN DARÍO

                               EL CANTO
                                ERRANTE

                             ILUSTRACIONES

                                  DE

                             ENRIQUE OCHOA

                               [imagen]

                              VOLUMEN XVI
                        DE LAS OBRAS COMPLETAS
                            ADMINISTRACIÓN
                       EDITORIAL «MUNDO LATINO»
                                MADRID



                  A LOS NUEVOS POETAS DE LAS ESPAÑAS

                              RUBÉN DARÍO

                              [imagen]



DILUCIDACIONES


I

El mayor elogio hecho recientemente a la Poesía y a los poetas ha sido
expresado en lengua «anglosajona» por un nombre insospechable de
extraordinarias complacencias con las nueve musas. Un yanqui. Se trata
de Teodoro Roosevelt.

Ese Presidente de República juzga a los armoniosos portaliras con mucha
mejor voluntad que el filósofo Platón. No solamente les corona de rosas;
mas sostiene su utilidad para el Estado y pide para ellos la pública
estimación y el reconocimiento nacional. Por esto comprenderéis que el
terrible cazador es un varón sensato.

Otros poderosos de la tierra, príncipes, políticos, millonarios,
manifiestan una plausible deferencia por el dios cuyo arco es de plata,
y por sus sacerdotes o representantes en una tierra cada día más
vibrante de automóviles... y de bombas. Hay quienes, equivocados, juzgan
en decadencia el noble oficio de rimar y casi desaparecida la
consoladora vocación de soñar. Esto no es ocasionado por el _sport_, hoy
en creciente auge. Las más ilustres escopetas dejan en paz a los cisnes.
La culpa de ese temor, de esa duda sobre la supervivencia de los
antiguos ideales, la tiene, entre nosotros, una hora de desencanto que,
en la flor de la juventud--hace ya algunos lustros--sufrió un eminente
colega--he nombrado a _Gedeón_--, cuando, entre los intelectuales de su
cenáculo, presentó la célebre proposición sobre «si la forma poética
está llamada a desaparecer». ¡Ah, triste profesor de estética, aunque
siempre regocijado y poliforme periodista! La forma poética, es decir,
la de la rosada rosa, la de la cola del pavo real, la de los lindos ojos
y frescos labios de las sabrosas mozas no desaparece bajo la gracia del
sol. Y en cuanto a la que preocupó siempre a líricos dómines, desde el
divino Horacio a D. Josef Mamerto Gómez Hermosilla, ella sigue,
persiste, se propaga y hasta se revoluciona, con justo escándalo de
nuestro venerable maestro Benot, cuya sabiduría respeto y cuya
intransigencia hasta deseos me inspira de aplaudir. Aplaudamos siempre
lo sincero, lo consciente, y lo apasionado sobre todo.


II

No. La forma poética no está llamada a desaparecer, antes bien a
extenderse, a modificarse, a seguir su desenvolvimiento en el eterno
ritmo de los siglos. Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía,
dijo uno de los puros. Siempre habrá poesía y siempre habrá poetas. Lo
que siempre faltará será la abundancia de los comprendedores, porque,
como excelentemente lo dice el Sr. de Montaigne, y _Azorín_, mi amigo,
puede certificarlo, «nous avons bien plus de poètes que de juges et
interpretes de poesie; il est plus aisé de la faire que de la
cognnaître». Y agrega: «A certaine mesure basse, on la peut juger par
les preceptes et par art: mais la bonne, la suprème, la divine, est au
dessus des regles et de la raison».

Quizá porque entre nosotros no es frecuentemente servida la divina, la
buena, la suprema, se usa, por lo general, la «mesure basse». Mas no
hace sino aumentar el gusto por los conceptos métricos. La alegría
tradicional tiene sus representantes en regocijados versificadores, en
casi todos los diarios. El órgano serio y grave, el _Temps_ madrileño,
tiene en su crítico autorizado, en su Gastón Deschamps, vamos al decir,
un espíritu jovial que, a pesar de tareas trascendentales, no desdeña
los entretenimientos de la parodia.

Quedamos, pues, en que la hermandad de los poetas no ha decaído, y aun
pudiera renovar algún trecenazgo. Asuntos estéticos acaloran las
simpatías y las antipatías. Las violencias o las injusticias provocan
naturales reacciones. Los más absurdos propósitos se confunden con
generosas campañas de ideas. Mucha parte del público no sabe de lo que
se trata, pues los encargados de informarla no desean, en su mayoría,
informarse a sí mismos. El diletantismo de otros es poco eficaz en la
mediocracia pensante. Una afligente audacia confunde mal aprendidos
nombres y mal escuchadas nociones del vivir de tales o cuales centros
intelectuales extranjeros. Los nuevos maestros se dedican, más que a
luchar en compañía de las nuevas falanges, al cultivo de lo que los
teólogos llaman _appetitus inordinatus propiae excellentiae_.

Existe una _élite_, es indudable, como en todas partes, y a ella se debe
la conservación de una íntima voluntad de pura belleza, de incontaminado
entusiasmo. Mas en ese cuerpo de excelentes he ahí que uno predica lo
arbitrario; otro, el orden, otro la anarquía, y otro aconseja, con
ejemplo y doctrina, un sonriente, un amable escepticismo. Todos valen.
Mas ¿qué hace este admirable hereje, este jansenista, carne de hoguera,
que se vuelve contra un grupo de rimadores de ensueños y de
inspiraciones, a propósito de un nombre de instrumento que viene del
griego? ¡Cuando, por el amor del griego, se nos debía abrazar! Y ese
antaño querido y rústico anfión--natural y fecundo como el chorro de la
fuente, como el ruiseñor, como el trigo de la tierra--, ¿por qué me
lapida, o me hace lapidar, desde su heredad, porque paso con mi sombrero
de Londres o mi corbata de París? Y a los jóvenes, a los ansiosos, a los
sedientos de cultura, de perfeccionamiento, o simplemente de novedad, o
de antigüedad, ¿por qué se les grita: «¡haced esto!», o «¡haced lo
otro!», en vez de dejarles bañar su alma en la luz libre, o respirar en
el torbellino de su capricho? La palabra _whim_ teniala escrita en su
cuarto de labor un fuerte hombre de pensamiento cuya sangre no era
latina.

Precepto, encasillado, costumbres, clisé... vocablos sagrados. _Anatema
sit_ al que sea osado a perturbar lo convenido de hoy, o lo convenido de
ayer. Hay un horror de futurismo, para usar la expresión de este gran
cerebral y más grande sentimental que tiene por nombre Gabriel Alomar,
el cual será descubierto cuando asesine su tranquilo vivir, o se tire a
un improbable Volga en una Riga no aspirada.

El movimiento que en buena parte de las flamantes letras españolas me
tocó iniciar, a pesar de mi condición de «meteco», echado en cara de
cuando en cuando por escritores poco avisados, ha hecho que _El
Imparcial_ me haya pedido estas dilucidaciones. Alégrame el que puede
serme propicia para la nobleza del pensamiento y la claridad del decir
esta bella isla en donde escribo, esta Isla de Oro, «isla de poetas, y
aun de poetas que, como usted, hayan templado su espíritu en la
contemplación de la gran naturaleza americana», como me dice en gentiles
y hermosas palabras un escritor apasionado de Mallorca. Me refiero a D.
Antonio Maura, Presidente del Consejo de Ministros de Su Majestad
Católica.


III

Un espíritu tan penetrante como ágil, un inglés pensante de los mejores,
Arthur Symons, expresaba recientemente:

«La Naturaleza, se nos dice, trabaja según el principio de las
compensaciones; y en Inglaterra, donde hemos tenido siempre pocos
grandes hombres en la mayor parte de las artes, y un nivel general
desesperadamente incomprensivo, me parece descubrir un ejemplo brillante
de compensaciones. El público, en Inglaterra, me parece ser el menos
artístico y el menos libre del mundo, pero quizás me parece eso porque
yo soy inglés y porque conozco ese público mejor que cualquier otro.»
Hay artistas descontentos en todas partes, que aplican a sus países
respectivos el pensar del escritor británico. Yo, sin ser español de
nacimiento, pero ciudadano de la lengua, llegué en un tiempo a creer
algo parecido de España. De esto hace ya algunos años... Creía a España
impermeable a todo rocío artístico que no fuera el que cada mañana
primaveral hacía reverdecer los tallos de las antiguas flores de
retórica, una retórica que aun hoy mismo juzgan aquí imperante los
extranjeros. Ved lo que dice el mismo Symons: «Me pregunto si algún
público puede ser, tanto como el público inglés, incapaz de considerar
una obra de arte como obra de arte, sin pedirle otra cosa. Me pregunto
si esta laguna, en el instinto de una raza que posee en sí el instinto
de la creación, señala un disgusto momentáneo de la belleza, debido a
las influencias puritanas, o bien simplemente una inatención peor aún,
que provendría de ese aplastador imperialismo que aniquila las energías
del país. No hay duda de que la muchedumbre es siempre ignorante,
siempre injusta; pero ¿hay otras muchedumbres opuestas con tanta
persistencia al arte, porque es arte, como el público inglés? Otros
países tienen sus preferencias: Italia y España por dos especies de
retórica; Alemania, exactamente por lo contrario de lo que aconsejaba
Heine cuando decía: «¡Ante todo, nada de énfasis!» Pero yo no veo en
Inglaterra ninguna preferencia, aun por una mala forma de arte.» El
predominio en España de esa especie de retórica, aun persistente en
señalados reductos, es lo que combatimos los que luchamos por nuestros
ideales en nombre de la amplitud de la cultura y de la libertad.

No es, como lo sospechan algunos profesores o cronistas, la importación
de otra retorica, de otro _poncif_, con nuevos preceptos, con nuevo
encasillado, con nuevos códigos. Y, ante todo, ¿se trata de una cuestión
de formas? No. Se trata, ante todo, de una cuestión de ideas.

El clisé verbal es dañoso porque encierra en sí el clisé mental, y
juntos perpetúan la anquilosis, la inmovilidad.

Y debo hacer un corto paréntesis, _pro domo mea_. No habría comenzado la
exposición de estos mis modos de ver sin la amable invitación de _Los
lunes de El Imparcial_, hoja gloriosa desde días memorables en que
ofreciera sus columnas a los pareceres estéticos de maestros hoy por
todos venerados y admirados. No soy afecto a polémicas. Me he declarado,
además, en otra ocasión, y con placer íntimo, el ser menos pedagógico de
la tierra. Nunca he dicho: «lo que yo hago es lo que se debe hacer.»
Antes bien, y en las palabras liminares de mis _Prosas profanas_, cité
la frase de Wagner a su discípula Augusta Holmes: «Sobre todo, no imitar
a nadie, y mucho menos, a mí.» Tanto en Europa como en América se me ha
atacado con singular y hermoso encarnizamiento. Con el montón de piedras
que me han arrojado, pudiera bien construirme un rompeolas que retardase
en lo posible la inevitable creciente del olvido... Tan solamente he
contestado a la crítica tres veces, por la categoría de sus
representantes, y porque mi natural orgullo juvenil, ¡entonces!
recibiera también flores de los sagitarios. Por lo demás, ellos se
llamaban Max Nordau, Paul Groussac, Leopoldo Alas.

No creo preciso poner cátedra de teorías de aristos. Aristos, para mí,
en este caso, significa, sobre todo, independientes. No hay mayor
excelencia. Por lo que a mí toca, si hay quien me dice, con aire alemán
y con lenguaje un poco bíblico: «Mi verdad es la verdad», le contestó:
«Buen provecho. Déjeme usted con la mía, que así me place, en una
deliciosa interinidad.»


IV

Deseo también enmendar algún punto en que han errado mis defensores, que
buenos los he tenido en España. Los maestros de la generación pasada
nunca fueron sino benévolos y generosos conmigo. Los que en estos
asuntos se interesan no ignoran que Valera, en estas mismas columnas,
fué quien dió a conocer con un gentil entusiasmo muy superior a su
ironía, la pequeña obra primigenia que inició allá en América la manera
de pensar y de escribir que hoy suscita, aquí y allá, ya inefables, ya
truculentas controversias. Campoamor fué para mí lo que testigos
eminentes--entre ellos José Verdes Montenegro--pudieran certificar.
Castelar me dió pruebas de intelectual estímulo. Núñez de Arce, cuando
estuve en Madrid por la primera vez, como delegado de mi país natal, a
las fiestas colombinas, fué tan entusiasta conmigo, que hizo todo lo
posible porque me quedara en la Corte. Habló al respecto con Cánovas
del Castillo--otro ilustre y bondadoso amigo mío--, y Cánovas escribió
al Marqués de Comillas solicitando para mí un puesto en la
Trasatlántica. Entretanto yo partí. No sin que antes en las tertulias de
Valera se aplaudiesen y se criticasen algunos de los que llamaban mis
atrevimientos líricos, que eran entonces, lo confieso, muy inocentes, y
apenas de un modesto parnasianismo: _Elogio de la seguidilla_; un
«Pórtico» para el libro _En tropel_, de Salvador Rueda.--Mis versos
fueron bien recibidos la primera vez que hablara ante un público
español--fué en una velada en que tomaba parte don José Canalejas--.
Rueda me alababa, no tanto como yo a él. Mas mis amigos literarios,
además de los que he nombrado, se llamaban entonces Manuel del Palacio,
Narciso Campillo, el Duque de Almenara, el Conde de las Navas, D. Luis
Vidart, D. Miguel de los Santos Alvarez... Me apresuro a decir que yo
tenía la grata edad de veinticinco años.

Estos cortos puntos de autobiografía literaria son para hacer notar que
se equivocan los que afirman que yo no he sido bien acogido por los
dirigentes anteriores. En esos mismos tiempos mi ilustre amiga D.ª
Emilia Pardo Bazán se dió la voluptuosidad de hacerme recitar versos en
su salón, en compañía del autor de _Pedro Abelardo_... Y mis aficiones
clásicas encontraban un consuelo con la amistosa conversación de cierto
joven maestro que vivía, como yo, en el hotel de las Cuatro Naciones; se
llamaba, y se llama hoy en plena gloria, Marcelino Menéndez y Pelayo. El
fué quien, oyendo una vez a un irritado censor atacar mis versos del
«Pórtico» a Rueda, como peligrosa novedad,

    ... y esto pasó en el reinado de Hugo,
    emperador de la barba florida,

dijo: «Esos son sencillamente los viejos endecasílabos de gaita gallega:

    Tanto bailé con el ama del cura,
    Tanto bailé que me dió calentura.»

Y yo aprobé. Porque siempre apruebo lo correcto, lo justo y lo bien
intencionado. Yo no creía haber inventado nada... Se me había ocurrido
la cosa como a Valmajour el tamborilero de Provenza... O había «pensado
musicalmente», según el decir de Carlyle, esa mala compañía.

Desde entonces hasta hoy, jamás me he propuesto ni asombrar al burgués,
ni martirizar mi pensamiento en potros de palabras.

No gusto de «moldes», nuevos ni viejos... Mi verso ha nacido siempre con
su cuerpo y su alma, y no le he aplicado ninguna clase de ortopedia. He,
sí, cantado aires antiguos; y he querido ir hacia el porvenir, siempre
bajo el divino imperio de la música--música de las ideas, música del
verbo.


V

«Los pensamientos e intenciones de un poeta son su estética», dice un
buen escritor. Que me place. Pienso que el don de arte es aquel que de
modo superior hace que nos reconozcamos íntima y exteriormente ante la
vida. El poeta tiene la visión directa e introspectiva de la vida y una
supervisión que va más allá de lo que está sujeto a las leyes del
general conocimiento. La religión y la filosofía se encuentran con el
arte en tales fronteras, pues en ambas hay también una ambiencia
artística. Estamos lejos de la conocida comparación del arte con el
juego. Andan por el mundo tantas flamantes teorías y enseñanzas
estéticas... Las venden al peso, adobadas de ciencia fresca, de la que
se descompone más pronto, para aparecer renovada en los catálogos y
escaparates pasado mañana.

Yo he dicho: Cuando dije que mi poesía era «mía en mí», sostuve la
primera condición de mi existir, sin pretensión ninguna de causar
sectarismo en mente o voluntad ajena, y en un intenso amor a lo absoluto
de la Belleza. Yo he dicho: Ser sincero es ser potente. La actividad
humana no se ejercita por medio de la ciencia y de los conocimientos
actuales, sino en el vencimiento del tiempo y del espacio. Yo he dicho:
Es el Arte el que vence el espacio y el tiempo. He meditado ante el
problema de la existencia y he procurado ir hacia la más alta idealidad.
He expresado lo expresable de mi alma y he querido penetrar en el alma
de los demás, y hundirme en la vasta alma universal. He apartado
asimismo, como quiere Schopenhauer, mi individualidad del resto del
mundo, y he visto con desinterés lo que a mí yo parece extraño, para
convencerme de que nada es extraño a mi yo. He cantado, en mis
diferentes modos, el espectáculo multiforme de la naturaleza y su
inmenso misterio. He celebrado el heroísmo, las épocas bellas de la
historia, los poetas, los ensueños, las esperanzas. He impuesto al
instrumento lírico mi voluntad del momento, siendo a mi vez órgano de
los instantes, vario y variable, según la dirección que imprime el
inexplicable Destino.

Amador de la cultura clásica, me he nutrido de ella, mas siguiendo el
paso de mis días. He comprendido la fuerza de las tradiciones en el
pasado, y de las previsiones en lo futuro. He dicho que la tierra es
bella, que en el arcano del vivir hay que gozar de la realidad
alimentados de ideal. Y que hay instantes tristes por culpa de un
monstruo malhechor llamado Esfinge. Y he cantado también a ese monstruo
malhechor. Yo he dicho:

      _Es incidencia la Historia. Nuestro destino supremo
    Está más allá del rumbo que marcan fugaces las épocas.
    Y Palenke y la Atlántida no son más que momentos soberbios.
    Con que puntúa Dios los versos de su augusto Poema._

He celebrado las conquistas humanas y he, cada día, afianzado más mi
seguridad de Dios. De Dios y de los dioses. Como hombre, he vivido en lo
cotidiano; como poeta, no he claudicado nunca, pues siempre he tendido a
la eternidad. Todo ello para que, fuera de la comprensión de los que me
entienden con intelecto de amor, haga pensar a determinados profesores
en tales textos; a la cuquería literaria, en escuelas y modas; a este
ciudadano, en el ajenjo del Barrio Latino, y al otro, en las
decoraciones «arte nuevo» de los _bars_ y _music halls_. He comprendido
la inanidad de la crítica. Un diplomado os alaba por lo menos alabable
que tenéis: y otro os censura en mal latín o en esperanto. Este doctor
de fama universal os llama aquí «ese gran talento de Rubén Darío», y
allá os inflige un estupefaciente desdén... Este amigo os defiende
temeroso. Este enemigo os cubre de flores, pidiéndoos por lo bajo una
limosna. Eso es la literatura... Eso es lo que yo abomino. Maldígame la
potencia divina si alguna vez, después de un roce semejante, no he ido
al baño de luz lustral que todo lo purifica: la autoconfesión ante la
única Norma.


VI

Jamás he manifestado el culto exclusivo de la palabra por la palabra.
«Las palabras--escribe el Sr. Ortega y Gasset, cuyos pensares me
halagan--, las palabras son logaritmos de las cosas, imágenes, ideas y
sentimientos, y por tanto, sólo pueden emplearse como signos de valores,
nunca como valores.» De acuerdo. Mas la palabra nace juntamente con la
idea, o coexiste con la idea, pues no podemos darnos cuenta de la una
sin la otra. Tal mi sentir, a menos que alguien me contradiga después de
haber presenciado el parto del cerebro, observando con el microscopio
los neurones de nuestro gran Cajal.

En el principio está la palabra como única representación. No
simplemente como signo, puesto que no hay antes nada que representar. En
el principio está la palabra como manifestación de la unidad infinita,
pero ya conteniéndola. _Et verbum erat Deum._

La palabra no es en sí más que un signo, o una combinación de signos;
mas lo contiene todo por la virtud demiúrgica. Los que la usan mal serán
los culpables si no saben manejar esos peligrosos y delicados medios. Y
el arte de la ordenación de las palabras no deberá estar sujeto a
imposición de yugos, puesto que acaba de nacer la verdad que dice: el
arte no es un conjunto de reglas, sino una armonía de caprichos.

Yo no soy iconoclasta. ¿Para qué? Hace siempre falta a la creación el
tiempo perdido en destruir. Malhaya la filosofía que viene de Alemania,
que viene de Inglaterra o que viene de Francia, si ella viene a quitar,
y no a dar. Sepamos que muchas de esas cosas flamantes importadas,
yacen, entre polillas, en ancianos infolios españoles. Y las que no, son
pruebas por corregir para la edición de mañana, en espera de una
sucesión de correcciones. Se está ahora, editorialmente--en Palma de
Mallorca--, desenterrando de sus cenizas a un Lulio. ¿Creéis que este
fénix resucitado contenga menos que lo que puede dar a la percepción
filosófica de hoy cualquiera de los _reporters_ usuales en las cátedras
periodísticas y más o menos sorbónicas del día?

Construir, hacer, ¡oh, juventud! Juntos para el templo; solos para el
culto. Juntos para edificar; solos para orar. Y la constancia no será la
menor virtud, que en ella va la invencible voluntad de crear. Mas si
alguien dijera: «Son cosas de ideólogos», o «son cosas de poetas», decir
que no somos otra cosa. Es expresar: además del cerdo y del cisne, que
nos han adjudicado ciertos filósofos, tenemos el ángel.

¡Tener ángel, Dios mío! Pido exégetas andaluces.

Resumo: La poesía existirá mientras exista el problema de la vida y de
la muerte. El don de arte es un don superior que permite entrar en lo
desconocido de antes y en lo ignorado de después, en el ambiente del
ensueño o de la meditación. Hay una música ideal como hay una música
verbal. No hay escuelas; hay poetas. El verdadero artista comprende
todas las maneras y halla la belleza bajo todas las formas. Toda la
gloria y toda la eternidad están en nuestra conciencia.

    RUBÉN DARÍO.



EL CANTO ERRANTE

[imagen]

[imagen:

      El cantor va por todo el mundo
    sonriente o meditabundo.
]


      El cantor va por todo el mundo
    sonriente o meditabundo.

      El cantor va sobre la tierra
    en blanca paz o en roja guerra.

      Sobre el lomo del elefante
    por la enorme India alucinante.

      En palanquín y en seda fina
    por el corazón de la China;

      en automóvil en Lutecia;
    en negra góndola en Venecia;

      sobre las pampas y los llanos
    en los potros americanos;

      por el río va en la canoa,
    o se le ve sobre la proa

      de un steamer sobre el vasto mar,
    o en un vagón de sleeping-car.

      El dromedario del desierto,
    barco vivo, le lleva a un puerto.

      Sobre el raudo trineo trepa
    en la blancura de la estepa.

      O en el silencio de cristal
    que ama la aurora boreal.

      El cantor va a pie por los prados,
    entre las siembras y ganados.

      Y entra en su Londres en el tren,
    y en asno a su Jerusalén.

      Con estafetas y con malas,
    va el cantor por la humanidad.

      El canto vuela, con sus alas:
    Armonía y Eternidad.


INTENSIDAD

[imagen]

[imagen:

    en que estaba radiante la blancura!
]



METEMPSICOSIS


      Yo fuí un soldado que durmió en el lecho
    de Cleopatra la reina. Su blancura
    y su mirada astral y omnipotente.
                Eso fué todo.

      ¡Oh, mirada! ¡oh, blancura! y ¡oh, aquel lecho
    en que estaba radiante la blancura!
    ¡Oh, la rosa marmórea omnipotente!
                Eso fué todo.

      Y crujió su espinazo por mi brazo;
    y yo, liberto, hice olvidar a Antonio
    (¡oh, el lecho y la mirada y la blancura!)
                Eso fué todo.

      Yo, Rufo Galo, fuí soldado, y sangre
    tuve de Galia, y la imperial becerra
    me dió un minuto audaz de su capricho.
                Eso fué todo.

      ¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
    de mis dedos de bronce no apretaron
    el cuello de la blanca reina en broma?
                Eso fué todo.

      Yo fuí llevado a Egipto. La cadena
    tuve al pescuezo. Fuí comido un día
    por los perros. Mi nombre, Rufo Galo.
                Eso fué todo.

1893.

[imagen:

      ¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
    tu india virgen y hermosa de sangra cálida,
    la perla de tus sueños es una histérica...
]



A COLÓN


      ¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
    tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
    la perla de tus sueños, es una histérica
    de convulsivos nervios y frente pálida.

      Un desastroso espíritu posee tu tierra:
    donde la tribu unida blandió sus mazas,
    hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
    se hieren y destrozan las mismas razas.

      Al ídolo de piedra reemplaza ahora
    el ídolo de carne que se entroniza,
    y cada día alumbra la blanca aurora
    en los campos fraternos sangre y ceniza.

      Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
    al son de los cañones y los clarines,
    y hoy al favor siniestro de negros Reyes
    fraternizan los Judas con los Caínes.

      Bebiendo la esparcida savia francesa
    con nuestra boca indígena semi-española
    día a día cantamos la _Marsellesa_
    para acabar danzando la _Carmañola_.

      Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
    soñadas libertades yacen deshechas:
    ¡Eso no hicieron nunca nuestros Caciques,
    a quienes las montañas daban las flechas!

      Ellos eran soberbios, leales y francos,
    ceñidas las cabezas de raras plumas;
    ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
    como los Atahualpas y Moctezumas!

      Cuando en vientres de América cayó semilla
    de la raza de hierro que fué de España,
    mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
    con la fuerza del indio de la montaña.

      ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
    no reflejaran nunca las blancas velas;
    ni vieran las estrellas estupefactas
    arribar a la orilla tus carabelas!

      Libres como las águilas, vieran los montes
    pasar los aborígenes por los boscajes,
    persiguiendo los pumas y los bisontes
    con el dardo certero de sus carcajes.

      Que más valiera el jefe rudo y bizarro
    que el soldado que en fango sus glorias finca,
    que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
    o temblar las heladas momias del Inca.

      La cruz que nos llevaste padece mengua;
    y tras encanalladas revoluciones,
    la canalla escritora mancha la lengua
    que escribieron Cervantes y Calderones.

      Cristo va por las calles flaco y enclenque,
    Barrabás tiene esclavos y charreteras,
    y las tierras del Chibcha, Cuzco y Palenque
    han visto engalonadas a las panteras.

      Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
    en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
    ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
    ruega a Dios por el mundo que descubriste!

1892.

[imagen:

    ¡Oh Momotombo ronco y sonoro!
]



MOMOTOMBO

    _O vieux momotombo, colosse chauve et nu..._

    V. H.


      El tren iba rodando sobre sus rieles. Era
    en los días de mi dorada primavera
    y era en mi Nicaragua natal.
    De pronto, entre las copas de los árboles, vi
    un cono gigantesco, «calvo y desnudo», y
    lleno de antiguo orgullo triunfal.

      Ya había yo leído a Hugo y la leyenda
    que Squire le enseñó. Como una vasta tienda
    vi aquel coloso negro ante el sol,
    maravilloso de majestad. Padre viejo
    que se duplica en el armonioso espejo
    de un agua perla, esmeralda, col.

      Agua de un vario verde y de un gris tan cambiante,
    que discernir no deja su ópalo y su diamante,
    a la vasta llama tropical.
    ¡Momotombo se alzaba lírico y soberano,
    yo tenía quince años: una estrella en la mano!
    Y era en mi Nicaragua natal.

      Ya estaba yo nutrido de Oviedo y de Gomara,
    y mi alma florida soñaba historia rara,
    fábula, cuento, romance, amor
    de conquistas, victorias de caballeros bravos,
    incas y sacerdotes, prisioneros y esclavos,
    plumas y oro, audacia, esplendor.

      Y llegué y vi en las nubes la prestigiosa testa
    de aquel cono de siglos, de aquel volcán de gesta,
    que era ante mí de revelación.
    Señor de las alturas, emperador del agua,
    a sus pies el divino lago de Managua,
    con islas todas luz y canción.

      ¡Momotombo!--exclamé--¡oh nombre de epopeya!
    Con razón Hugo el grande en tu onomatopeya
    ritmo escuchó que es de eternidad.
    Dijérase que fueses para las sombras dique,
    desde que oyera el blanco la lengua del cacique
    en sus discursos de libertad.

      Padre de fuego y piedra, yo te pedí ese día
    tu secreto de llamas, tu arcano de armonía,
    la iniciación que podías dar;
    por ti pensé en lo inmenso de Osas y Peliones,
    en que arriba hay titanes en las constelaciones
    y abajo dentro la tierra y el mar.

      ¡Oh Momotombo ronco y sonoro! Te amo
    porque a tu evocación vienen a mí otra vez,
    obedeciendo a un íntimo reclamo
    perfumes de mi infancia, brisas de mi niñez.

      ¡Los estandartes de la tarde y de la aurora!
    Nunca los vi más bellos que alzados sobre ti,
    toda zafir la cúpula sonora
    sobre los triunfos de oro, de esmeralda y rubí.

      Cuando las babilonias del Poniente
    en purpúreas catástrofes hacia la inmensidad
    rodaban tras la augusta soberbia de tu frente,
    eras tú como el símbolo de la Serenidad.

      En tu incesante homalla vi la perpetua guerra,
    en tu roca unidades que nunca acabarán.
    Sentí en tus terremotos la brama de la tierra
    y la inmortalidad de Pan.

      ¡Con un alma volcánica entré en la dura vida,
    Aquilón y huracán sufrió mi corazón
    y de mi mente mueven la cimera encendida
    huracán y Aquilón!

      Tu voz escuchó un día Cristóforo Colombo;
    Hugo cantó tu gesta legendaria. Los dos
    fueron, como tú, enormes, Momotombo,
    montañas habitadas por el fuego de Dios.

      ¡Hacia el misterio caen poetas y montañas;
    y romperáse el cielo de cristal
    cuando luchen sonando de Pan las siete cañas
    y la trompeta del Juicio final!

[imagen:

    ...¿Cuándo de tu divina
    faz en la sangre pura resbalará el diamante?
]



ISRAEL


      ¡Israel! ¡Israel! ¿Cuándo de tu divina
    faz en la sangre pura resbalará el diamante?
    ¿Cuándo el viento del río hará que el arpa cante
    entre el concurso eterno de la brisa argentina?

      ¿Cuándo será la cabellera que se inclina
    agitada por un viento perseverante?
    ¿Cuándo el brazo de luz dará al Judío Errante
    el vaso en que se abreve del agua cristalina?

      ¡Israel! ¡Israel! Eso será en la hora
    en que cante a los cielos la alondra pecadora
    y en el profundo abismo se conmueva el grande ojo.

      Y cuando levantados el santo y el aristo,
    ponga su blanca mano nuestro príncipe Cristo,
    ponga su blanca mano sobre el infierno rojo.

[imagen:

    Aguila que has llevado tu noble y magnífico símbolo
    desde el trono de Júpiter, hasta el gran continente del Norte.
]



SALUTACIÓN AL AGUILA

    _...¡May this grand Union have no end!_

    FONTOURA XAVIER


      Bien vengas, mágica Aguila de alas enormes y fuertes
    a extender sobre el Sur tu gran sombra continental,
    a traer en tus garras, anillas de rojos brillantes,
    una palma de gloria, del color de la inmensa esperanza,
    y en tu pico la oliva de una vasta y fecunda paz.

      Bien vengas, oh mágica Aguila, que amara tanto Walt Whitman,
    quien te hubiera cantado en esta olímpica jira,
    Aguila que has llevado tu noble y magnífico símbolo
    desde el trono de Júpiter, hasta el gran continente del Norte.

      Ciertamente, has estado en las rudas conquistas del orbe.
    Ciertamente, has tenido que llevar los antiguos rayos.
    Si tus alas abiertas la visión de la paz perpetúan,
    en tu pico y tus uñas está la necesaria guerra.

      ¡Precisión de la fuerza! ¡Majestad adquirida del trueno!
    Necesidad de abrirle el gran vientre fecundo a la tierra
    para que en ella brote la concreción de oro de la espiga,
    y tenga el hombre el pan con que mueve su sangre.

      No es humana la paz con que sueñan ilusos profetas,
    la actividad eterna hace precisa la lucha:
    y desde tu etérea altura, tú contemplas, divina Aguila,
    la agitación combativa de nuestro globo vibrante.

      Es incidencia la historia. Nuestro destino supremo
    está más allá del rumbo que marcan fugaces las épocas.
    Y Palenque y la Atlántida no son más que momentos soberbios
    con que puntúa Dios los versos de su augusto Poema.

      Muy bien llegada seas a la tierra pujante y ubérrima,
    sobre la cual la Cruz del Sur está, que miró Dante,
    cuando siendo Mesías, impulsó en su intuición sus bajeles,
    que antes que los del sumo Cristóbal supieron nuestro cielo.

      _¡E pluribus unum!_ ¡Gloria, victoria, trabajo!
    Tráenos los secretos de las labores del Norte,
    y que los hijos nuestros dejen de ser los retores latinos,
    y aprendan de los yanquis la constancia, el vigor, el carácter.

      ¡Dinos, Aguila ilustre, la manera de hacer multitudes
    que hagan Romas y Grecias con el jugo del mundo presente,
    y que, potentes y sobrias, extiendan su luz y su imperio
    y que, teniendo el Aguila y el Bisonte y el Hierro y el Oro,
    tengan un áureo día para darle las gracias a Dios!

      Aguila, existe el Cóndor. Es tu hermano en las grandes alturas.
    Los Andes le conocen y saben que, cual tú, mira al Sol.
    _¡May this grand Union have no end!_ dice el poeta.
    Puedan ambos juntarse, en plenitud, concordia y esfuerzo.

      Aguila, que conoces desde Jove hasta Zarathustra
    y que tienes en los Estados Unidos tu asiento,
    que sea tu venida fecunda para estas naciones
    que el pabellón admiran constelado de bandas y estrellas.

      ¡Aguila que estuviste en las horas sublimes de Pathmos,
    Aguila prodigiosa, que te nutres de luz y de azul,
    como una Cruz viviente, vuela sobre estas naciones,
    y comunica al globo la victoria feliz del futuro!

      Por algo eres la antigua mensajera jupiterina,
    por algo has presenciado cataclismos y luchas de razas,
    por algo estás presente en los sueños del Apocalipsis,
    por algo eres el ave que han buscado los fuertes imperios.

      ¡Salud, Aguila! Extensa virtud a tus inmensos revuelos,
    reina de los azures, ¡salud! ¡gloria! ¡victoria y encanto!
    ¡Que la Latina América reciba tu mágica influencia
    y que renazca nuevo Olimpo, lleno de dioses y héroes!

      ¡Adelante, siempre adelante! ¡Excelsior! ¡Vida! ¡Lumbre!
    Que se cumpla lo prometido en los destinos terrenos,
    y que vuestra obra inmensa las aprobaciones recoja
    del mirar de los astros, y de lo que Hay más Allá!

Río de Janeiro, 1906.

[imagen:

      _¡Tannhäuser!_ Resuena la marcha marcial y argentina,
    y vese a lo lejos la gloria de un casco imperial.
]



A FRANCIA


      Los bárbaros, Francia! ¡Los bárbaros, cara Lutecia!
    Bajo áurea rotonda reposa tu gran Paladín.
    Del cíclope al golpe ¿qué pueden las risas de Grecia?
    ¿Qué pueden las Gracias, si Herakles agita su crin?

      En locas faunalias no sientes el viento que arrecia,
    el viento que arrecia del lado del férreo Berlín,
    y allí bajo el templo que tu alma pagana desprecia,
    tu vate hecho polvo no puede sonar su clarín.

      Suspende, Bizancio, tu fiesta mortal y divina,
    ¡oh, Roma, suspende la fiesta divina y mortal!
    Hay algo que viene como una invasión aquilina

      que aguarda temblando la curva del Arco Triunfal.
    _¡Tannhäuser!_ Resuena la marcha marcial y argentina,
    y vese a lo lejos la gloria de un casco imperial.

1893

[imagen:

    ¡Vuestro sol!
]



DESDE LA PAMPA


      ¡Yo os saludo desde el fondo de la Pampa! Yo os saludo
    bajo el gran sol argentino
    que como un glorioso escudo
    cincelado en oro fino
    sobre el palio azul del viento,
    se destaca en el divino
    firmamento!

      Os saludo desde el campo lleno de hojas y de luces
    cuya verde maravilla cruzan potros y avestruces,
    o la enorme vaca roja,
    o el rebaño gris, que a un tiempo luz y hoja
    busca y muerde,
    en el mágico ondular
    que simula el fresco y verde
    trebolar.

      En la pampa solitaria
    todo es himno o es plegaria;
    escuchad
    cómo cielo y tierra se unen en un cántico infinito;
    todo vibra en este grito:
    ¡Libertad!

      Junto al médano que finge
    Ya un enorme lomo equino, ya la testa de una esfinge,
    bajo un aire de cristal,
    pasa el gaucho, muge el toro,
    y entre fina flor de oro
    y entre el cardo episcopal,
    la calandria lanza el trino
    de tristeza o de amor;
    la calandria misteriosa, ese triste y campesino
    ruiseñor.

      Yo os saludo en el ensueño
    de pasados epopeyas gloriosas;
    el caballo zahareño
    del vencedor; la bandera,
    los fusiles con sus truenos y la sangre con sus rosas;
    la aguerrida hueste fiera,
    la aguerrida hueste fiera que va a toque de clarín,
    el que guía, el Héroe, el Hombre;
    y en los labios de los bravos, este nombre:
    ¡San Martín!

      De la Pampa en las augustas
    soledades,
    al clamor de las robustas
    cien bocinas del pampero, yo saludo a las ciudades
    de la mar,
    con sus costas erizadas de navíos,
    con sus ríos
    donde mil urnas colmadas su riqueza han de volcar.

      ¡Argentinos! ¡Dios os guarde!
    ven mis ojos cómo riega
    perla y rosa de la tarde
    el crepúsculo que llega,
    mientras la pampa ilumina
    rojo y puro, como el oro en el crisol,
    el diamante que prefiere la República Argentina:
    ¡Vuestro Sol!

Colonia la Merced, Villarino. Abril de 1898.

[imagen:

    ...Y ví la singular doble serpiente
    que enroscada al celeste caduceo
    pasó sobre las alas de repente.
]



REVELACIÓN


      En el acantilado de una roca
    que se alza sobre el mar, yo lancé un grito
    que de viento y de sal llenó mi boca:

      A la visión azul de lo infinito,
    al poniente magnífico y sangriento,
    al rojo sol todo milagro y mito.

      Y sentí que sorbía en sal y viento
    como una comunión de comuniones
    que en mí hería sentido y pensamiento.

      Vidas de palpitantes corazones,
    luz que ciencia concreta en sus entrañas,
    y prodigios de las constelaciones.

      Y oí la voz del dios de las montañas
    que anunciaba su vuelta en el concierto
    maravilloso de sus siete cañas.

      Y clamé y dijo mi palabra: «¡Es cierto,
    el gran dios de la fuerza y de la vida,
    Pan, el gran Pan de lo inmortal, no ha muerto!»

      Volví la vista a la montaña erguida
    como buscando la bicorne frente
    que pone sol en l’alma del panida.

      Y vi la singular doble serpiente
    que enroscada al celeste caduceo
    pasó sobre las olas de repente

      llevada por Mercurio. Y mi deseo
    tornó a Thalasa maternal la vista.
    Pues todo hallo en la mar cuando la veo.

      Y vi azul y topacio y amatista,
    oro, perla y argento y violeta,
    y de la hija de Electra la conquista.

      Y escuché el ronco ruido de trompeta
    que del tritón el caracol derrama,
    y a la sirena, amada del poeta.

      Y con la voz de quien aspira y ama,
    clamé: «¿Dónde está el dios que hace del lodo
    con el hendido pie brotar el trigo,

      que a la tribu ideal salva en su éxodo?»
    Y oí dentro de mí: «Yo estoy contigo,
    y estoy en ti y por ti: yo soy el todo».



EN ELOGIO DEL ILMO. SR. OBISPO DE CÓRDOBA, FR. MAMERTO ESQUIU, O. M,


      Un báculo que era como un tallo de lirios,
    una vida en cilicios de adorables martirios,
          un blanco horror de Belcebú,
    un salterio celeste de vírgenes y santos,
    un cáliz de virtudes y una copa de cantos,
          tal era Fr. Mamerto Esquiú.

      Con su mano sagrada fué a recoger estrellas.
    Antes cansó su planta, dejando augustas huellas,
          feliz Pastor de su país;
    ahora corta del Padre las sacras azucenas;
    sobre esta tierra amarga, cogía a manos llenas
          las florecillas del de Asís.

      ¡Oh luminosas Pascuas! ¡Oh Santa Epifanía!
    _¡Salvete flores martyrum!_ canta el clarín del día
          con voz de bronce y de cristal:
    Sobre la tierra grata brota el agua divina,
    la rosa de la gracia su púrpura culmina
          sobre el cayado pastoral.

      Crisóstomo le anima, Jerónimo le doma;
    su espíritu era un águila con ojos de paloma;
          su verbo es una flor.
    Y aquel maravilloso poeta, San Francisco,
    las voces enseñóle con que encantó a su aprisco
          en las praderas del Señor.

    Tal cual la Biblia dice, con címbalo sonoro,
    a Dios daba sus loas. Formó su santo coro
          de Fe, Esperanza y Caridad:
    Trompetas argentinas dicen sus ideales,
    y su órgano vibrante tenía dos pedales,
          y eran el Bien y la Verdad.

    Trompetas argentinas claman su triunfo ahora,
    trompetas argentinas de heraldos de la aurora
          que anuncia el día del altar,
    cuando la hostia, esa virgen, y ese mártir, el cirio,
    ante su imagen digan el místico martirio,
          en que el Cordero ha de balar.

      Llegaron a su mente hierosolimitana,
    la criselefantina divinidad pagana,
          las dulces musas de Helicón;
    y él se ajustó a los números severos y apostólicos,
    y en su sermón se escuchan los sones melancólicos
          de los salterios de Sión.

      Yo, que la verleniana zampoña toco a veces,
    bajo los verdes mirtos o bajo los cipreses,
          canto hoy tan sacra luz;
    en el marmóreo plinto cincelo mi epigrama,
    y bajo el ala inmensa de la divina Fama,
          ¡grabo una rosa y una Cruz!

[imagen:

      Hierro y piedra primero y mármol pario
    luego, y arriba mágicos metales.
    Una escala subía hasta el santuario,
]



VISIÓN


      Tras de la misteriosa selva extraña
    vi que se levantaba el firmamento
    horadada y labrada una montaña.

      Que tenía en la sombra su cimiento.
    Y en aquella montaña estaba el nido
    del trueno, del relámpago y del viento.

      Y tras sus arcos negros el rugido
    se oía del león. Y cual obscura
    catedral de algún dios desconocido,

      aquella fabulosa arquitectura
    formada de prodigios y visiones,
    visión monumental me dió pavura.

      A sus pies habitaban los leones;
    y las torres y flechas de oro fino
    se juntaban con las constelaciones.

      Y había un vasto domo diamantino
    donde se alzaba un trono extraordinario
    sobre sereno fondo azul marino.

      Hierro y piedra primero y mármol pario
    luego, y arriba mágicos metales.
    Una escala subía hasta el santuario,

      de la divina sede. Los astrales
    esplendores las gradas repartidas
    de tres en tres bañaban. Colosales

      aguilas con las alas extendidas
    se contemplan en el centro de una
    atmósfera de luces y de vidas.

      Y en una palidez de oro de luna
    una paloma blanca se cernía,
    alada perla en mística laguna.

      La montaña labrada parecía
    por un majestuoso Piraneso
    Babélico. En sus flancos se diría

      que hubiese cincelado el bloque espeso
    el rayo; y en lo alto enorme friso
    de la luz recibía un áureo beso,

      beso de luz de aurora y paraíso.
    Y yo grité en la sombra:--¿En qué lugares
    vaga hoy el ama mía?--De improviso

      surgió ante mí, ceñida de azahares
    y de rosas blanquísimas, Estela,
    la que suele surgir en mis cantares.

      Y díjome con voz de filomela:
    --No temas: es el reino de la Lira
    de Dante; y la paloma que revuela

      en la luz es Beatrice. Aquí conspira
    todo al supremo amor y alto deseo.
    Aquí llega el que adora y el que admira.

     --¿Y aquel trono, le dije, que allá veo?
    --Ese es el trono en que su gloria asienta
    ceñido el lauro el gibelino Orfeo.

      Y abajo es donde duerme la tormenta.
    Y el lobo y el león entre lo obscuro
    encienden su pupila, cual violenta

      brasa. Y el vasto y misterioso muro
    es piedra y hierro; luego las arcadas
    del medio son de mármol; de oro puro

      la parte superior, donde en gloriosas
    albas eternas se abre al infinito
    la sacrosanta Rosa de las rosas.

     --¡Oh bendito el Señor!--clamé--bendito,
    que permitió al arcángel de Florencia
    dejar tal mundo de misterio escrito

      con lengua humana y sobrehumana ciencia,
    y crear este extraño imperio eterno
    y ese trono radiante en su eminencia,
      ante el cual abismado me prosterno.
    ¡Y feliz quien al Cielo se levanta
    por las gradas de hierro de su Infierno!

      Y ella:--Que este prodigio diga y cante
    tu voz.--Y yo:--Por el amor humano
    he llegado al divino. ¡Gloria al Dante!

      Ella, en acto de gracia, con la mano
    me mostró de las águilas los vuelos,
    y ascendió como un lirio, soberana

      hacia Beatriz, paloma de los cielos.
    Y en el azul dejaba blancas huellas
    Que eran a mí delicias y consuelos.

      Y vi que me miraban las estrellas!



IN MEMORIAM

BARTOLOMÉ MITRE

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    Arbol feliz, el roble rey en su selva fragante
    y cuyas ramas altísimas respetó el rudo Bóreas;

    áureas, líricas albas dan sus rayos al árbol ilustre,
    cuya sombra, benéfica tienda formara a las tribus.

    Feliz aquel patriarca que, ceñida la frente de lauro,
    En la tarde apacible concertando los clásicos números,

    mira alzarse las torres a que diera cimientos y bases
    y entre mirajes supremos la aurora futura.

    Sabe el íntegro mármol cuáles varones encarna,
    a qué sér da habitáculo sabe la carne del bronce;

    conocen el momento, las magníficas bocas del triunfo
    en que deben sonarse larga trompa y bocina de oro.

    Súbita y mágica música óyese en férvidos ímpetus,
    y Jefe, o Padre, o Héroe, siente llegar a su oído,

    entre los himnos sonoros, cual de la mar a la orilla,
    el murmullo profundo de un oleaje de almas.

    Pase el iconoclasta quebrantando los ídolos falsos:
    el simulacro justo en la gloria del Sol, que perdure.

    Que se melle en el tronco venerando la hoz saturnina,
    y las generaciones nuevas flores y frutos contemplen.

    Espléndida pompa que brindó al sembrador la cosecha,
    panorama sublime, al ver de la vida en la cumbre,

    o al descenso tranquilo que iluminan serenas las horas
    con astros por antorchas en la escala del regio crepúsculo.

    Negros y rojos sueños en las noches postreras persiguen
    a pastores de gentes que fueron tigres o lobos;
    tarde de imperial púrpura al pastor verecundo y sin tacha
    cívico arco de triunfo y el laurel y la palma sonante.

    Y a quien también adora la beldad de las musas divinas,
    visión de golfos de azur y los cines de Apolo.

    Mira la augusta Patria de su vástago egregio la gloria;
    la hornalla há tiempo viva hace hervir los metales simbólicos.
    Yo, que de la argentina tierra siento el influjo en mi mente
    «llevo mi palma y canto a la fiesta del gran argentino.»

    Recordando el hexámetro que vibraba en la lira de Horacio,
    y a Virgilio latino, guía excelso y amado del Dante.



ENSUEÑO

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[imagen:

    Verlaine arde...
]



DREAM


      Se desgrana un cristal fino
    sobre el sueño de una flor;
    trina el poeta divino...
    ¡Bien trinado, Ruiseñor!

      Bottom oye ese cristal
    caer, y, bajo la brisa,
    se siente sentimental.
    Titania toda es sonrisa.

      Shakespeare va por la floresta,
    Heine hace un «lied» de la tarde...
    Hugo acompasa la Fiesta
    «Chez Thérèse». Verlaine arde

      en las llamas de las rosas
    alocado y sensitivo,
    y dice a las ninfas cosas
    entre un querubín y un chivo.

      Aubrey Beardsley se desliza
    como un silfo zahareño.
    Con carbón, nieve y ceniza
    da carne y alma al ensueño.

      Nerval suspira a la luna.
    Laforgue suspira de
    males de genio y fortuna.
    Va en silencio Mallarmé.

[imagen:

      Las hojas amarillas caen en la alameda,
    en donde vagan tantas parejas amorosas.
]



VERSOS DE OTOÑO


      Cuando mi pensamiento va hacia ti, se perfuma;
    tu mirar es tan dulce, que se torna profundo.
    Bajo tus pies desnudos aún hay blancor de espuma,
    y en tus labios compendias la alegría del mundo.

      El amor pasajero tiene el encanto breve,
    y ofrece un igual término para el gozo y la pena.
    Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve;
    hace un minuto dije mi amor sobre la arena.

      Las hojas amarillas caen en la alameda,
    en donde vagan tantas parejas amorosas.
    Y en la copa de Otoño un vago vino queda
    en que han de deshojarse, Primavera, tus rosas.



SUM...


      Yo soy en Dios lo que soy
    y mi ser es voluntad
    que, perseverando hoy,
    existe en la eternidad.

      Cuatro horizontes de abismo
    tiene mi razonamiento,
    y el abismo que más siento
    es el que siento en mí mismo.

      Hay un punto alucinante
    en mi villa de ilusión:
    La torre del elefante
    junto al kiosco del pavón.

      Aún lo humilde me subyuga
    si lo dora mi deseo.
    La concha de la tortuga
    me dice el dolor de Orfeo.

      Rosas buenas, lirios pulcros,
    loco de tanto ignorar,
    voy a ponerme a gritar
    al borde de los sepulcros:

      ¡Señor que la fe se muere!
    Señor mira mi dolor.
    _¡Miserere! ¡Miserere!..._
    Dame la mano, Señor...



LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS


      Iba en un paso rítmico y felino
    a avances dulces, ágiles o rudos,
    con algo de animal y de felino
    la bailarina de los pies desnudos.

      Su falda era la falda de las rosas,
    en sus pechos había dos escudos...
    Constelada de casos y de cosas...
    La bailarina de los pies desnudos.

      Bajaban mil deleites de los senos
    Hacia la perla hundida del ombligo,
    e iniciaban propósitos obscenos
    azúcares de fresa y miel de higo.

      A un lado de la silla gestatoria
    estaban mis bufones y mis mudos...
    ¡Y era toda Setene y Anactoria
    la bailarina de los pies desnudos!

[imagen:

      Oh pinos, oh hermanos en tierra y ambiente,
    yo os amo. Sois dulces, sois buenos, sois graves.
]



LA CANCIÓN DE LOS PINOS


      Oh pinos, oh hermanos en tierra y ambiente,
    yo os amo. Sois dulces, sois buenos, sois graves.
    Diríase un árbol que piensa y que siente,
    mimado de auroras, poetas y aves.

      Tocó vuestra frente la alada sandalia;
    habéis sido mástil, proscenio, curul,
    oh pinos solares, oh pinos de Italia,
    bañados de gracia, de gloria, de azul.

      Sombríos, sin oro del sol, taciturnos,
    en medio de brumas glaciales y en
    montañas de ensueños, oh pinos nocturnos,
    ¡oh pinos del Norte, sois bellos también!

      Con gestos de estatuas, de mimos, de actores,
    tendiendo a la dulce caricia del mar,
    ¡oh pinos de Nápoles, rodeados de flores,
    oh pinos divinos, no os puedo olvidar!

      Cuando en mis errantes pasos peregrinos,
    la Isla Dorada me ha dado un rincón
    do soñar mis sueños, encontré los pinos,
    los pinos amados de mi corazón.

      Amados por tristes, por blandos, por bellos.
    Por su aroma, aroma de una inmensa flor,
    por su aire de monjes, sus largos cabellos,
    sus savias, ruidos y nidos de amor.

      ¡Oh pinos antiguos que agitara el viento
    de las epopeyas, amados del sol!
    ¡Oh líricos pinos del Renacimiento,
    y de los jardines del suelo español!

      Los brazos eolios se mueven al paso
    del aire violento que forma al pasar
    ruidos de pluma, ruidos de raso,
    ruidos de agua y espumas de mar.

      ¡Oh noche en que trajo tu mano, Destino,
    aquella amargura que aún hoy es dolor!
    La luna argentaba lo negro de un pino,
    y fuí consolado por un ruiseñor.

      Románticos somos... ¿Quién que Es, no es romántico?
    Aquel que no sienta ni amor ni dolor,
    aquel que no sepa de beso y de cántico,
    que se ahorque de un pino: será lo mejor...

      Yo, no. Yo persisto. Pretéritas normas
    confirman mi anhelo, mi ser, mi existir.
    ¡Yo soy el amante de ensueños y formas
    que viene de lejos y va al porvenir!

[imagen:

      Quietud, quietud... Ya la ciudad de oro
    ha entrado en el misterio de la tarde.
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VESPER


      Quietud, quietud... Ya la ciudad de oro
    ha entrado en el misterio de la tarde.
    La catedral es un gran relicario.
    La bahía unifica sus cristales
    en un azul de arcaicas mayúsculas
    de los antifonarios y misales.
    Las barcas pescadoras estilizan
    el blancor de sus velas triangulares
    y como un eco que dijera: «Ulises»,
    junta alientos de flores y de sales.



EN UNA PRIMERA PÁGINA


      Cálamo, deja aquí correr tu negra fuente.
    Es el pórtico en donde la Idea alza la frente
    luminosa y al templo de sus ritos penetra.
    Cálamo, pon el símbolo divino de la letra
    en gloria del vidente cuya alma está en su lira.
    Bendición al que entiende, bendición al que admira.
    De ensueño, plata o nieve, esta es la blanca puerta.
    Entrad los que pensáis o soñáis. Ya está abierta.

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      Aquí, junto al mar latino,
    Digo la verdad:
]



¡EHEU!


      Aquí, junto al mar latino,
    digo la verdad:
    Siento en roca, aceite y vino
    yo mi antigüedad.

      Oh, qué anciano soy, Dios santo,
    Oh, qué anciano soy...
    ¿De dónde viene mi canto?
    Y yo, ¿adónde voy?

      El conocerme a mí mismo
    ya me va costando
    muchos momentos de abismo
    y el cómo y el cuándo...

      Y esta claridad latina,
    ¿de qué me sirvió
    a la entrada de la mina
    del yo y el no yo...?

      Nefelibata contento
    creo interpretar
    las confidencias del viento,
    la tierra y el mar...

      Unas vagas confidencias
    del ser y el no ser,
    y fragmentos de conciencias
    de ahora y ayer.

      Como en medio de un desierto
    me puse a clamar;
    y miré el sol como muerto
    y me eché a llorar.

[imagen:

      La hembra del pavo real
    estaba en el jardín desnuda.
]



LA HEMBRA DEL PAVO REAL


      En Ecbatana fué una vez...
    O más bien creo que en Bagdad...
    Era en una rara ciudad,
    bien Samarcanda o quizás Fez.

      La hembra del pavo real
    estaba en el jardín desnuda;
    mi alma amorosa estaba muda
    y habló la fuente de cristal.

      Habló con su trino y su alegro
    y su stacatto y son sonoro,
    y venían del bosque negro
    voz de plata y llanto de oro.

      La desnuda estaba divina,
    salomónica y oriental:
    era una joya diamantina
    la hembra del pavo real.

      Los brazos eran dos poemas
    ilustrados de ricas gemas.
    Y no hay un verso que concentre
    el trigo y albor de palomas,
    y lirios y perlas y aromas
    que había en los senos y el vientre.

      Era una voluptuosidad
    que sabía a almendra y a nuez
    y a vinos que gustó Simbad...
    En Ecbatana fué una vez,
    o más bien creo que en Bagdad.

      En las gemas resplandecientes
    de las colas de los pavones
    caían gotas de las fuentes
    de los Orientes de ilusiones.

      La divina estaba desnuda.
    Rosa y nardo dieron su olor...
    Mi alma estaba extasiada y muda
    y en el sexo ardía una flor.

      En las terrazas decoradas
    con un gesto extraño y fatal
    fué desnuda ante mis miradas
    la hembra del pavo real.



HONDAS

    _A Pichardo._


      Yo soñé que era un hondero
    mallorquín.
    Con las piedras que en la costa
    recogí,
    cazaba águilas al vuelo,
    lobos, y
    en la guerra iba a la guerra
    contra mil.

      Un guijarro de oro puro
    fué al cenit,
    una tarde en que en la altura
    azul vi
    un enorme gerifalte
    perseguir
    a una extraña ave radiante,
    un rubí
    que rayara el firmamento
    de zafir.

      No tornó mi piedra al mundo,
    Pero sin
    vacilar vino a mí el ave
    querubín.
    «Partió herida--dijo--el alma
    de Goliat, y vengo a ti.
    Soy el alma luminosa
    de David!»



LIRA ALERTA

[imagen]

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    Lúgubres atardeceres
    y amor y dolor.
]



A UN PINTOR


      Vamos a cazar, oh Ramos,
        vamos por allí;
    suenan cuernos y reclamos
        y ecos de jaurías; y

      vamos a cazar colores,
        vamos a cazar
    entre troncos y entre flores,
        arte singular.

      Pintor de melancolías,
        amigo pintor,
    la perla que tú deslías
        tendrá mi dolor.

      Teorías de dolores
        has pintado tú;
    y priapeas y ardores
        que da Belcebú.

      Amas la luz y la furia
        que es un don de Pan
    la poderosa lujuria
        que los dioses dan.

      Lúgubres atardeceres
        y amor y dolor,
    crepúsculos de mujeres,
        masculino horror...

      Vagos éxodos funestos,
        gestos de pesar,
    gestos terribles y gestos
        de llorar y aullar.

      El sol poniente que quema
        la última ilusión,
    o la bruma de un poema
        que es fin de pasión.

      Hondas negruras de abismo
        y espanto fatal,
    lividez de cataclismo
        o anuncio mortal.

      Ráfagas de sombra y frío
        y un errante ir...
    (Vamos a morir Dios mío,
        vamos a morir!)

      Pintor de melancolías,
        deja esa visión.
    Hay soles de eternos días,
        Olimpo y Sión.

      Vamos a cazar colores,
        ilusión los bosques dan,
    las dríadas brindan flores
        y alegría el egipán.

      El trigal sueña en la misa;
        hay de besos un rumor;
    y en la seda de la brisa
        va la gracia del amor.

[imagen:

    ...sobre la pampa inmensa...
]



PRELUDIO

    _En «Alma América», de J. S. Chocano._


      Hay un tropel de potros sobre la pampa inmensa.
    ¿Es Pan que se incorpora? No: es un hombre que piensa,
    es un hombre que tiene una lira en la mano:
    él viene del azul, del sol, del Océano.
    Trae encendida en vida su palabra potente
    y concreta el decir de todo un continente...
    Tal vez es desigual... (¡El Pegaso da saltos!)
    Tal vez es tempestuoso... (¡Los Andes son tan altos!...)
    Pero hay en ese verso tan vigoroso y terso
    una sangre que apenas veréis en otro verso;
    una sangre que cuando en la estrofa circula
    como la luz penetra y como la onda ondula...
    Pegaso está contento, Pegaso piafa y brinca,
    porque Pegaso pace en los prados del inca.
    Y este fuerte poeta de alma tan ardorosa
    sabe bien lo que cuentan los labios de la rosa,
    comprende las dulzuras del panal y comprende
    lo que dice la abeja del secreto del duende...
    Pero su brazo es para levantar la trompeta
    hacia donde se anuncia la aurora del Profeta;
    es hecho para dar a la virtud del viento
    la expresión del terrible clarín del pensamiento.
    Él sabe de Amazonas, Chimborazos y Andes.
    Siempre blande su verso para las cosas grandes.
    Va como Don Quijote en ideal campaña,
    vive de amor de América y de pasión de España;
    y envuelto en armonía y en melodía y canto
    tiene rasgos de héroe y actitudes de santo.
    «¿Me permites, Chocano, que, como amigo fiel,
    te ponga en el ojal esta hoja de laurel?»
    Tal dije cuando don J. Santos Chocano,
    último de los incas, se tornó castellano.

[imagen:

    ¡Si será Ella!...
]



NOCTURNO


      Silencio de la noche, doloroso silencio
    nocturno... ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
    Oigo el zumbido de mi sangre,
    dentro mi cráneo pasa una suave tormenta.
    ¡Insomnio! No poder dormir, y, sin embargo,
    soñar. Ser la auto-pieza
    de disección espiritual, ¡el auto-Hamlet!
    Diluir mi tristeza
    en un vino de noche
    en el maravilloso cristal de las tinieblas...
    Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba?
    Se ha cerrado una puerta...
    Ha pasado un traseunte...
    Ha dado el reloj tres horas... ¡Si será Ella!...



CASO


      A un cruzado caballero,
    garrido y noble garzón,
    en el palenque guerrero
    le clavaron un acero
    tan cerca del corazón,

      que el físico al contemplarle,
    tras verle y examinarle,
    dijo: «Quedará sin vida
    si se pretende sacarle
    el venablo de la herida.»

      Por el dolor congojado,
    triste, débil, desangrado,
    después que tanto sufrió,
    con el acero clavado
    el caballera murió.

      Pues el físico decía
    que, en dicho caso, quien
    una herida tal tenía,
    con el venablo moría,
    sin el venablo, también.

      ¿No comprendes, Asunción
    la historia que te he contado,
    la del garrido garzón
    con el acero clavado
    muy cerca del corazón?

      Pues el caso es verdadero;
    yo soy el herido, ingrata,
    y tu amor es el acero:
    ¡si me lo quitas, me muero
    si me lo dejas, me mata!

[imagen:

      En panorama igual al de los cuadros y hasta
    igual al que pudiera imaginarse...
]



EPÍSTOLA

    _A la señora de Leopoldo Lugones._


I

      Madame Lugones, j’ai commencé ces vers
    en écourtant la voix d’un carillon d’Anvers....
    ¡Así empecé, en francés, pensando en Rodenbach
    cuando hice hacia el Brasil, una fuga... de Bach!

      En Río de Janeiro iba yo a proseguir
    poniendo en cada verso el oro y el zafir
    y la esmeralda de esos pájaros-moscas
    que melifican entre las áureas siestas foscas
    que temen los que temen el cruel vómito negro.
    Ya no existe allá fiebre amarilla. ¡Me alegro!
    _Et pour cause._ Yo pan-americanicé
    con un vago temor y con muy poca fe
    en la tierra de los diamantes y la dicha
    tropical. Me encantó ver la vera machita,
    mas encontré también un gran núcleo cordial
    de almas llenas de amor, de ensueños, de ideal.
    Y si había un calor atroz, también había
    todas las consecuencias y ventajas del día,
    en panorama igual al de los cuadros y hasta
    igual al que pudiera imaginarse... Basta.
    Mi ditirambo brasileño es ditirambo
    que aprobaría tu marido. _Arcades ambo._


II

      Mas al calor de ese Brasil maravilloso,
    tan fecundo, tan grande, tan rico, tan hermoso,
    a pesar de Tijuca y del cielo opulento,
    a pesar de ese foco vivaz de pensamiento,
    a pesar de Nabuco, embajador, y de
    los delegados panamericanos que
    hicieron lo posible por hacer cosas buenas,
    saboreé lo ácido del saco de mis penas,
    quiero decir que me enfermé. La neurastenia
    es un don que me vino con mi obra primigenia.
    ¡Y he vivido tan mal, y tan bien, cómo y tanto!
    ¡Y tan buen comedor guardo bajo mi manto!
    ¡Y tan buen bebedor tengo bajo mi capa!
    ¡Y he gustado bocados de cardenal y papa...!
    Y he exprimido la urbe cerebral tantas veces,
    que estoy grave. Esto es mucho ruido y pocas nueces,
    según dicen doctores de una sapiencia suma.
    Mis dolencias se van en ilusión y espuma.
    Me recetan que no haga nada ni piense nada,
    que me retire al campo a ver la madrugada
    con las alondras y con Garcilaso, y con
    el _sport_. ¡Bravo! Sí. Bien. Muy bien. ¿Y _La Nación_?
    ¿Y mi trabajo diario y preciso y fatal?
    ¿No se sabe que soy cónsul como Stendhal?
    Es preciso que el médico que eso recete dé,
    también libro de cheques para el Crédit Lyonnais
    y envíe un automóvil devorador del viento
    en el cual se pasee mi egregio aburrimiento
    harto de profilaxis, de ciencia y de verdad.


III

      En fin, convaleciente, llegué a nuestra ciudad
    de Buenos Aires, no sin haber escuchado
    a míster Root a bordo del _Charleston_ sagrado,
    mas mi convalecencia duró poco. ¿Qué digo?
    mi emoción, mi entusiasmo y mi recuerdo amigo,
    y el banquete de _La Nación_, que fué estupendo,
    y mis viejas siringas con su pánico estruendo,
    y ese fervor porteño, ese perpetuo arder,
    y el milagro de gracia que brota en la mujer
    argentina, y mis ansias de gozar de esa tierra,
    me pusieron de nuevo con mis nervios en guerra.
    Y me volví a París. Me volví al enemigo
    terrible, centro de las neurosis, ombligo
    de la locura, foco de todo _surmenage_
    donde hago buenamente mi papel de _sauvage_
    encerrado en mi celda de la rue Marivaux,
    confiando sólo en mí y resguardando el yo.
    ¡Y si lo resguardara, señora, si no fuera
    lo que llaman los parisienses una _pera_!
    A mi rincón me llegan a buscar las intrigas,
    las pequeñas miserias, las traiciones amigas,
    y las ingratitudes. Mi maldita visión
    sentimental del mundo me aprieta el corazón,
    y así cualquier tunante me explotará a su gusto.
    Soy así. Se me puede burlar con calma. Es justo.
    Por eso los astutos, los listos, dicen que
    no conozco el valor del dinero. ¡Lo sé!
    Que ando, nefelibata, por las nubes... Entiendo.
    Que no soy hombre práctico en la vida... ¡Estupendo!
    Sí, lo confieso, soy inútil. No trabajo
    por arrancar a otro su pitanza; no bajo
    a hacer la vida sórdida de ciertos previsores.
    Yo no ahorro ni en seda, ni en champaña, ni en flores.
    No combino sutiles pequeñeces, ni quiero
    quitarle de la boca su pan al compañero.
    Me complace en los cuellos blancos ver los diamantes.
    Gusto de gentes de maneras elegantes
    y de finas palabras y de nobles ideas.
    Las gentes sin higiene ni urbanidad, de feas
    trazas, avaros, torpes, o malignos y rudos,
    mantienen, lo confieso, mis entusiasmos mudos.
    No conozco el valor del oro... ¿Saben esos
    que tal dicen lo amargo del jugo de mis sesos,
    del sudor de mi alma, de mi sangre y mi tinta,
    del pensamiento en obra y de la idea en cinta?
    ¿He nacido yo acaso hijo de millonario?
    ¿He tenido yo Cirineo en mi Calvario?


IV

      Tal continué en París lo empezado en Anvers.
    Hoy, heme aquí en Mallorca, _la terra dels foners_,
    como dice Mossen Cinto, el gran Catalán.
    Y desde aquí, señora, mis versos a ti van,
    olorosos a sal marina y a azahares,
    al suave aliento de las Islas Baleares.
    Hay un mar tan azul como el Partenopeo.
    Y al azul celestial, vasto como un deseo,
    su techo cristalino bruñe con el sol de oro.
    Aquí todo es alegre, fino, sano y sonoro.
    Barcas de pescadores sobre la mar tranquila
    descubro desde la terraza de mi _villa_,
    que se alza entre las flores de su jardín fragante
    con un monte detrás y con la mar delante.


V

      A veces me dirijo al mercado, que está
    en la Plaza Mayor. (¿Qué Coppée, no es verdá?)
    Me rozo con un núcleo crespo de muchedumbre
    que viene por la carne, la fruta y la legumbre.
    Las mallorquinas usan una modesta falda,
    pañuelo en la cabeza y la trenza a la espalda.
    Esto, las que yo he visto, al pasar, por supuesto.
    Y las que no la lleven no se enojen por esto.
    He visto unas payesas con sus negros corpiños,
    con cuerpos de odaliscas y con ojos de niños;
    y un velo que les cae por la espalda y el cuello
    dejando al aire libre lo obscuro del cabello.
    Sobre la falda clara un delantal vistoso.
    Y saludan con un _bon di tengui_ gracioso,
    entre los cestos llenos de patatas y coles,
    pimientos de corales, tomates de arreboles,
    sonrosadas cebollas, melones y sandías,
    que hablan de las Arabias y las Andalucías.
    Calabazas y nabos para ofrecer asuntos
    a Madame Noailles y Francis Jammes juntos.

      A veces me detengo en la plaza de abastos
    como si respirase soplos de vientos vastos,
    como si se me entrase con el respiro el mundo.
    Estoy ante la casa en que nació Raimundo
    Lulio. Y en ese instante mi recuerdo me cuenta
    las cosas que le dijo la Rosa a la Pimienta...
    ¡Oh, cómo yo diría el sublime destierro
    y la lucha y la gloria del mallorquín de hierro!
    ¡Oh, cómo cantaría en un carmen sonoro
    la vida, el alma, el numen, del mallorquín de oro!
    De los hondos espíritus es de mis preferidos.
    Sus robles filosóficos están llenos de nidos
    de ruiseñor. Es otro y es hermano del Dante.
    ¡Cuántas veces pensara su verbo de diamante
    delante la Sorbona vieja del París sabio!
    Cuántas veces he visto su infolio y su astrolabio
    en una bruma vaga de ensueño, y ¡cuántas veces
    le oí hablar a los árabes cual Antonio a los peces,
    en un imaginar de pretéritas cosas
    que por ser tan antiguas se sienten tan hermosas!


VI

      Hice una pausa.
                      El tiempo se ha puesto malo. El mar
    a la furia del aire no cesa de bramar.
    El temporal no deja que entren los vapores. Y
    un _yacht_ de lujo busca refugio en Porto-Pí.
    Porto-Pí es una rada cercana y pintoresca.
    Vista linda: aguas bellas: luz dulce; tierra fresca.

      ¡Ah, señora, si fuese posible a algunos el
    dejar su Babilonia, su Tiro, su Babel,
    para poder venir a hacer su vida entera
    en esta luminosa y espléndida ribera!

      Hay no lejos de aquí un archiduque austriaco
    que las pomas de Ceres y las uvas de Baco
    cultiva, en un retiro archiducal y egregio.
    Hospeda como un monje--y el hospedaje es regio--.
    Sobre las rocas se alza la mansión señorial
    y la isla le brinda ambiente imperial.

      Es un pariente de Jean Orth. Es un atrida
    que aquí ha encontrado el cierto secreto de su vida.
    Es un cuerdo. Aplaudamos al príncipe discreto
    que aprovecha a la orilla del mar ese secreto.
    La isla es florida y llena de encanto en todas partes.
    Hay un aire propicio para todas las artes.
    En Pollensa ha pintado Santiago Rusiñol
    cosas de flor, de luz y de seda de sol.
    Y hay villa de retiro espiritual famosa:
    La literata Sand escribió en Valldemosa
    un libro. Ignoro si vino aquí con Musset,
    y si la vampiresa sufrió o gozó, no sé[1].

 [1]

    He leído ya el libro que hizo Aurora Dupín.
    Fué Chopín el amante aquí. ¡Pobre Chopín!...


      ¿Por qué mi vida errante no me trajo a estas sanas
    costas antes de que las prematuras canas
    de alma y cabeza hicieran de mí la mezcolanza
    formada de tristeza, de vida y esperanza?
    ¡Oh, qué buen mallorquín me sentiría ahora!
    ¡Oh, cómo gustaría sal de mar, miel de aurora,
    al sentir como en un caracol en mi cráneo
    el divino y eterno rumor mediterráneo!
    Hay en mí un griego antiguo que aquí descansó un día
    después que le dejaron loco de melodía
    las sirenas rosadas que atrajeron su barca.
    Cuanto mi ser respira, cuanto mi vista abarca,
    es recordado por mis íntimos sentidos,
    los aromas, las luces, los ecos, los ruidos,
    como en ondas atávicas me traen añoranzas
    que forman mis ensueños, mis vidas y esperanzas.

      Mas, ¿dónde está aquel templo de mármol, y la gruta
    donde mordí aquel seno dulce como una fruta?
    ¿Dónde los hombres ágiles que las piedras redondas
    recogían para los cueros de sus hondas?...

      Calma, calma. Esto es mucha poesía, señora.
    Ahora hay comerciantes muy modernos. Ahora
    mandan barcos prosaicos la dorada Valencia,
    Marsella, Barcelona y Génova. La ciencia
    comercial es hoy fuerte y lo acapara todo.

    Entretanto, respiro mi salitre y mi iodo
    brindados por las brisas de aqueste golfo inmenso,
    y a un tiempo, como Kant y como el asno, pienso.
    Es lo mejor.


VII

                      Y aquí mi epístola concluye.
    Hay una ansia de tiempo que de mi pluma influye
    a veces, como hay veces de enorme economía.
    «Si hay, he dicho, señora, alma clara, es la mía.»
    Mírame transparentemente, con tu marido,
    y guárdame lo que tú puedas del olvido.



A REMY DE GOURMONT


    Desde Palma de Mallorca,
    en donde Lulio nació,
    te dirijo este romance,
    ¡oh, Remigio de Gourmont!
    Va lleno de sal marina
    y va caliente de sol,
    del sol que gozó Cartago
    y que a Aníbal dió calor.
    Llevan las gymnesias brisas
    algo de azahar. Y son
    para ti gratas, ilustre
    nieto de conquistador.
    Por tu sangre de Cortés
    puedes ornar tu blasón
    con signos que aquí en España
    mejorara sólo Dios.
    Y pues de Cortés blasonas,
    vaya esta salutación
    llena de frases corteses
    a tu hogar de sabidor.
    Yo te recordé por Lulio,
    a quien amas con razón,
    pues no hay para seres tales
    más que razonado amor.
    De las plantas de Raimundo
    tu herbario bien sabe el don,
    si él tuvo antes don de lenguas,
    don de lenguas tienes hoy.
    Raimundo fué combativo;
    tú lo eres en lo interior,
    y si lapidado fué,
    tú mereces el honor
    de ser quemado en la hoguera
    de la Santa Inquisición.
    Aquí hay luz, vida. Hay un mar
    de cobalto aquí, y un sol
    que estimula entre las venas
    sangre de pagano amor.
    Aquí estaría Simón
    bajo un toronjero en flor,
    viendo las velas latinas
    en la azulada visión.
    Y tú tendrías la mente
    en un eco, en una voz,
    en un cangrejo, en la arena,
    o en una constelación.

[imagen:

    Eco, divina y desnuda.
]



ECO Y YO

    _A la Señora Susana Torres de Castex._


      Eco, divina y desnuda
    como el diamante del agua,
    mi musa estos versos fragua
    y necesita tu ayuda,
    pues, sola, peligros teme.
             --¡Heme!
    --Tuve en momentos distantes,
              antes,
    que amar los dulces cabellos
              bellos,
    de la ilusión que primera
              era,
    en mi alcázar andaluz
              luz,
    en mi palacio de moro
              oro,
    en mi mansión dolorosa
              rosa.
    Se apagó como una estrella
              ella.
    Deja, pues, que me contriste
             --¡Triste!
    ¡Se fué el instante oportuno!
             --¡Tuno!...
    ¿Por qué, si era yo suave
              ave,
    que sobre el haz de la tierra
              yerra
    y el reposo de la rama
              ama?
    Guióme por varios senderos
              Eros,
    mas no se portó tan bien
              en
    esquivarme los risueños
              sueños,
    que hubieran dado a mi vida
              ida,
    menos crueles mordeduras
              duras.
    Mas hoy el duelo aún me acosa
              ¡osa!
    --¡Osar, si el dolor revuela!
              ¡Vuela!
    --Tu voz ya no me convence.
             --vence.
    --¡La suerte errar me demanda!
             --Anda.
    --Mas de ilusión las simientes...
             --¡Mientes!
    --¿Y ante la desesperanza?
             --Esperanza.
    Y hacia el vasto porvenir
              ir.
    --Tu acento es bravo, aunque seco,
              eco.
    Sigo, pues, mi rumbo, errante,
              ante
    los ojos de las rosadas
              hadas.
    Gusté de Amor hidromieles
              mieles;
    probé de Horacio divino,
              vino;
    entretejí en mis delirios
              lirios.
    Lo fatal con sus ardientes
              dientes
    apretó mi conmovida
              vida;
    mas me libró en toda parte
              arte.
    Lista está a partir mi barca
              arca
    do va mi gala suprema,
             --Rema.
    --Un blando mar se consigue.
             --Sigue.
    --La aurora rosas reparte.
             --¡Parte!
    ¡Y a la ola que te admira
              mira,
    y a la sirena que encanta
              canta!

[imagen:

      Líricos cantan y meditan sabios
    por esos pechos y por esos labios:
    ¡La mejor musa es la de carne y hueso
]



BALADA EN HONOR DE LAS MUSAS DE CARNE Y HUESO

    _A G. Martínez Sierra._


      Nada mejor para cantar la vida,
    y aun para dar sonrisas a la muerte,
    que la aurea copa en donde Venus vierte
    la esencia azul de su viña encendida.
    Por respirar los perfumes de Armida
    y por sorber el vino de su beso,
    vino de ardor, de beso, de embeleso,
    fuérase al cielo en la bestia de Orlando,
    ¡voz de oro y miel para decir cantando:
    la mejor musa es la de carne y hueso!

      Cabellos largos en la buhardilla,
    noches de insomnio al blancor del invierno,
    pan de dolor con la sal de lo eterno
    y ojos de ardor en que Juvencía brilla;
    el tiempo en vano mueve su cuchilla,
    el hilo de oro permanece ileso;
    visión de gloria para el libro impreso
    que en sueños va como una mariposa;
    y una esperanza en la boca de rosa.
    ¡La mejor musa es la de carne y hueso!

      Regio automóvil, regia cetrería;
    borla y muceta, heráldica fortuna,
    nada son como a la luz de la luna
    una mujer hecha una melodía.
    Barca de amar busca la fantasía,
    no el _yacht_ de Alfonso o la barca de Creso.
    Da al cuerpo llama y fortifica el seso
    ese archivado y vital paraíso;
    pasad de largo, Abelardo y Narciso:
    ¡La mejor musa es la de carne y hueso!

      Clío está en esta frente hecha de aurora,
    Euterpe canta en esta lengua fina,
    Talía ríe en la boca divina,
    Melpómene es ese gesto que implora;
    en estos pies Terpsícore se adora,
    Cuello inclinado es de Erato embeleso,
    Polymnia intenta a Calíope proceso
    por esos ojos en que Amor se quema.
    Urania rige todo ese sistema:
    ¡La mejor musa es la de carne y hueso!

      No protestéis con celo protestante,
    contra el panal de rosas y claveles
    en que Tiziano moja sus pinceles
    y gusta el cielo de Beatrice el Dante.
    Por eso existe el verso de diamante,
    por eso el iris tiéndese y por eso
    humano genio es celeste progreso.
    Líricos cantan y meditan sabios
    por esos pechos y por esos labios:
    ¡La mejor musa es la de carne y hueso!


ENVÍO:

      Gregorio: nada al cantor determina
    como el gentil estímulo del beso;
    Gloria al sabor de la boca divina:
    ¡La mejor musa es la de carne y hueso!

[imagen:

      Se anuncia que viene el Judío
    errante...
]



AGENCIA...


    Qué hay de nuevo?... Tiembla la tierra.
    En La Haya incuba la guerra.
    Los reyes han terror profundo.
    Huele a podrido en todo el mundo.
    No hay aromas en Galaad.
    Desembarcó el marqués de Sade
    procedente de Seboim.
    Cambia de curso el _gulf-stream_.
    París se flagela a placer.
    Un cometa va a aparecer.
    Se cumplen ya las profecías
    del viejo monje Malaquías.
    En la iglesia el diablo se esconde.
    Ha parido una monja. (¿En dónde?...)
    Barcelona ya no está bona
    sino cuando la bomba sona...
    China se corta la coleta.
    Henry de Rothschild es poeta.
    Madrid abomina la capa.
    Ya no tiene eunucos el papa.
    Se organizará por un bill
    la prostitución infantil.
    La fe blanca se desvirtúa
    y todo negro «continúa».
    En alguna parte está listo
    el palacio del Anticristo.
    Se cambian comunicaciones
    entre lesbianas y gitones.
    Se anuncia que viene el Judío
    errante... ¿Hay algo más, Dios mío?...

[imagen:

      Albas margaritas, rosas escarlatas,
    ¿no guardan memoria de las serenatas
    con que un tierno lírico os habló de amor?
]



FLIRT


      Que a las dulces gracias la áurea rima loe,
    que el amable Horacio brinde un canto a Cloe,
    que a Margot o a Clebia dé un rondel Banville,
    eso es justo y bello, que esa ley nos rija,
    eso lisonjea y eso regocija
    a la reina Venus y a su paje Abril.

      El ilustre cisne, cual labrado en nieve,
    con el cuello en arco, bajo el aire leve,
    boga sobre el terso lago especular;
    y aunque no lo dice, va ritmando un aria
    para la entreabierta rosa solitaria
    que abre el fresco cáliz a la luz lunar.

      Albas margaritas, rosas escarlatas,
    ¿no guardan memoria de las serenatas
    con que un tierno lírico os habló de amor?
    ¿Conocéis la gama breve y cristalina
    en que, enamorado, su canción divina
    con su bandolina trina el ruiseñor?

      Estas tres estrofas, deliciosa amiga,
    son un corto prólogo para que te diga
    que tus bellos ojos de luz sideral,
    y tus labios, rimas ricas de corales,
    merecen la ofrenda de los madrigales
    floridos de líricas rosas de cristal.

      De tu ardiente gracia los elogios rimo,
    de un rondel galante la fragancia exprimo
    para ungir la alfombra donde estén tus pies,
    yo saludo el lindo triunfo de las damas,
    y en mis versos siento renacer las llamas
    que eran luz del triunfo del Rey Sol francés.

1893.



CAMPOAMOR


    Este del cabello cano,
    como la piel del armiño,
    juntó su candor de niño
    con su experiencia de anciano;
    cuando se tiene en la mano
    un libro de tal varón,
    abeja es cada expresión
    que, volando del papel,
    deja en los labios la miel
    y pica en el corazón.



ESQUELA A CHARLES DE SOUSSENS


      A la vista del blanco lucero matutino
    a tu amistad envío mi saludo cordial,
    pues tus dedos despiertan el alambre divino,
    sobre la lira, sobre el tímpano inmortal.

      Tu Suiza, coronada de un halo diamantino,
    circundada en abismos de torres de cristal,
    alzará un día, para tu numen peregrino,
    un busto blanco y fino de firme pedestal.

      Compañero, que traes en tu lira extranjera
    caras rosas nativas a nuestra primavera,
    y que tu Ranz nos cantas en el modo español,

      ¡que la América escuche tu noble melodía
    y a Suiza, Buenos Aires pueda enviar algún día
    tu cabeza lunática coronada de sol!

1895.



HELDA


      Helda c’est la musique et le rythme charmant,
    évocateur. C’est la femme mystérieuse
    et plastique, amoureuse, et pleureuse, et rieuse,
    et même elle est le vers qui câline et qui ment.

      Je ne boirai jamais le vin de son serment,
    et la coupe d’or de cette femme amoureuse
    n’enivrera jamais mon âme malheureuse,
    malheureuse d’Amour, ma Belle au bois dormant.

      Mais Helda est pour moi comme une harpe éolienne:
    et de mes rêves est aussi musicienne
    en fleurissant sa voix des paroles de jour.

      Je voudrais être Roi du pays d’Utopie
    et je donnerais la couronne à mon amie,
    des perles de musique, et des diamants d’amour.

[imagen:

    Alma blanca, más blanca que el lirio...
]



A UNA NOVIA


      Alma blanca, más blanca que el lirio;
    frente blanca, más blanca que el cirio
    que ilumina el altar del Señor:
    Ya serás por hermosa encendida,
    ya serás sonrosada y herida,
    por el rayo de luz del amor.

      Labios rojos de sangre divina,
    labios donde la risa argentina
    junta el albo marfil al clavel,
    ya veréis cómo el beso os provoca,
    cuando Cipris envíe a esa boca
    sus abejas sedientas de miel.

      Manos blancas, cual rosas benditas,
    que sabéis deshojar margaritas
    junto al fresco rosal del Pensil,
    ya daréis la canción del amado
    cuando hiráis el sonoro teclado
    del triunfal clavicordio de Abril!

      Ojos bellos de ojeras cercados,
    ya veréis los palacios dorados
    de una vaga, ideal Estambul,
    cuando lleven las hadas a Oriente
    a la Bella del Bosque Durmiente,
    en el carro del Príncipe Azul!

      ¡Blanca flor! De tu cáliz risueño
    la libélula errante del Sueño
    alza el vuelo veloz, ¡blanca flor!
    Primavera su palio levanta
    y hay un coro de alondras que canta
    la canción matinal del amor.

[imagen:

      Parece un viejo dios, altanero y esquivo,
    que se animase en la frialdad de su escultura.
]



SONETO

    _Para el Sr. D. Ramón del Valle-Inclán._


      Este gran don Ramón, de las barbas de chivo,
    cuya sonrisa es la flor de su figura,
    parece un viejo dios, altanero y esquivo,
    que se animase en la frialdad de su escultura.

      El cobre de sus ojos por instantes fulgura
    y da una llama roja tras un ramo de olivo.
    Tengo la sensación de que siento y que vivo
    a su lado una vida más intensa y más dura.

      Este gran don Ramón del Valle-Inclán me inquieta,
    y a través del zodíaco de mis versos actuales
    se me esfuma en radiosas visiones de poeta,

      O se me rompe en un fracaso de cristales.
    Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta
    que le lanzan los siete pecados capitales.

[imagen:

    Los ojos de las hechiceras...
]



QUERIDA DE ARTISTA


    Cultiva tu artista, mujer,
    que por cierto debes tener
    los ojos de las hechiceras...
    Cultiva tu artista, mujer,
    sin abusar del alfiler
    y del filo de las tijeras.
    Y si eres de las hechiceras
    que, desnudas, se dejan ver
    en las pieles de las panteras,
    o si de las tristes y fieras,
    cultiva tu artista, mujer...



TANT MIEUX...


      Gloria al laboratorio de Canidia,
    gloria al sapo y la araña y su veneno,
    gloria al duro guijarro, gloria al cieno,
    gloria al áspero errar, gloria a la insidia,

      gloria a la cucaracha que fastidia,
    gloria al diente del can de rabia lleno,
    gloria al parche vulgar que imita al trueno,
    gloria al odio bestial, gloria a la envidia.

      Gloria a las ictericias devorantes
    que sufre el odiador; gloria a la escoria
    que padece a la luz de los diamantes,

      pues toda esa miseria transitoria
    hace afirmar el paso a los Atlantes
    cargados con el orbe de su gloria.



LIRICA

    _A Eduardo Talero._


      Eduardo: está en el reino de nuestra fantasía
    el pabellón azul de nuestro rey divino.
    Saludemos al dios en el pan y en el vino,
    saludemos al dios en la noche y el día.

      Todavía está Apolo triunfante, todavía
    gira bajo su lumbre la rueda del destino
    y viértense del carro en el diurno camino
    las ánforas de fuego, las urnas de armonía.

      Hundámonos en ese mar vasto de éter puro
    en que las almas libres del cautiverio obscuro
    de la sombra, celebran el divino poder

      de cantar. Tal será nuestra eterna retórica.
    En tanto suena la música pitagórica
    y brilla en el celeste abismo Lucifer.

[imagen:

    Ninfas, danzad.
]



DANZA ELEFANTINA


      Oid, Cloe, Aglae, Nice,
    que es singular.
    El elefante dice:
    Voy a danzar.

      Lleno de filosofía
    tiene el testuz,
    la trompa es sabiduría,
    los colmillos, luz.

      Las formidables orejas
    gravedades son
    muy llenas de cosas viejas
    y de erudición.

      Cuatro patas misteriosas,
    pues no vienen sin
    haber chafado las rosas
    de griego y latín,

      van a trenzar unas danzas
    que son la verdad,
    los ensueños y esperanzas
    de la humanidad.

      ¿El elefante está enfermo?
    ¿Harto de laurel
    indico está el paquidermo
    rehuso al rabel?

      Basta pesadez le sobra
    para la función;
    y danza mejor la cobra
    de la flauta al son.

      Ninfas, danzad. El alisio
    besa vuestros pies.
    El virtual don de Dionisio
    con vosotras es.

      Oid, Cloe, Nice, Aglae,
    toda mi ciencia es amor:
    Y en mis danzas se distrae
    mi maestro el ruiseñor.

[imagen:

      Rosa, que en la cortesana
    fuiste sobre seda azul...
]



INTERROGACIONES


      Abeja, qué sabes tú,
    toda de miel y oro antiguo?
    ¿Qué sabes, abeja helénica?
    --Sé de Píndaro.

     --León de hedionda melena,
    meditabundo león,
    ¿sabes de Hércules acaso...?
    --Sí. Y de Job.

     --Víbora, mágica víbora,
    entre el sándalo y el loto
    ¿has adorado a Cleopatra?
    --Y a Petronio...

     --Rosa, que en la cortesana
    fuiste sobre seda azul,
    ¿Amabas a Magdalena?...
    --Y a Jesús...

     --Tijera que destrozaste
    de Sansón la cabellera,
    ¿te atraía a ti Sansón?
    --No. Su hembra...

     --A quién amáis,--alba blanca
    lino, espuma, flor de lís,
    estrellas puras, ¿a Abel?
    --A Caín.

     --Aguila que eres la Historia,
    ¿dónde vas a hacer tu nido?
    ¿A los picos de la Gloria?...
    --Sí. ¡En los montes del olvido!



LOS PIRATAS


      Remacha el postrer clavo en el arnés. Remacha
    el postrer clavo en la fina tabla sonora.
    Ya es hora de partir, buen pirata, ya es hora
    de que la vela pruebe el pulmón de la racha.

      Bajo la quilla el cuello del tritón se agacha
    y la vívida luz del relámpago dora
    la quimera de bronce incrustada en la prora,
    y una sonrisa pone en el labio del hacha.

      La coreada canción de la piratería,
    saludará el real oriflama del día
    cuando el clarín del alba nueva ha de sonar

      ¡glorificando a los caballeros del viento
    que ensangrientan la seda azul del firmamento
    con el rojo pendón de los reyes del mar!



INDICE


                                                                  _Págs._

Dedicatoria                                                            1

Dilucidaciones                                                         5

El cantor va por todo el mundo                                        19

INTENSIDAD

Metempsícosis                                                         23

A Colón                                                               27

Momotombo                                                             33

Israel                                                                39

Salutación al Águila                                                  43

A Francia                                                             49

Desde la Pampa                                                        53

Revelación                                                            59

En elogio del Ilmo. Sr. Esquíu                                        63

Visión                                                                69


IN MEMORIAM BARTOLOMÉ MITRE

Arbol feliz                                                           77


ENSUEÑO

Dream                                                                 85

Versos de otoño                                                       87

Sum                                                                   89

La bailarina de los pies desnudos                                     91

La canción de los pinos                                               95

Vesper                                                               101

En una primera página                                                103

¡Eheu!                                                               107

La hembra  del pavo real                                             111

Hondas                                                               115


LIRA ALERTA

A un pintor                                                          119

Preludio                                                             125

Nocturno                                                             129

Caso                                                                 131

Epístola a la Señora de Lugones                                      135

A Remy de Gourmont                                                   145

Eco y yo                                                             151

Balada en honor de las musas de carne y hueso                        157

Agencia                                                              163

Flirt                                                                167

Campoamor                                                            169

Esquela a Charles de Soussens                                        171

Helda                                                                173

A una novia                                                          177

Soneto para el Sr. D. Ramón del Valle-Inclán                         181

Querida de artista                                                   185

Tant mieux                                                           187

Lírica                                                               189

Danza elefantina                                                     195

Interrogaciones                                                      199

Los piratas                                                          201

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ACABÓSE
DE IMPRIMIR
ESTE LIBRO EN
MADRID, EN LA
TIPOGRAFÍA YAGÜES
EL DÍA VII
DE NOVIEMBRE
DEL AÑO
MCMXVIII
]





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