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Title: Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo
Author: Vasconcelos, Agostinho
Language: Portuguese
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Vida de Don Duarte de Meneses, tercero Conde de Viana, y sucessos notables de Portugal en su tiempo" ***

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by National Library of Portugal (Biblioteca Nacional de
Portugal).)



                        NOTA DEL TRANSCRIPTOR:

—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos.

—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere
notablemente de la utilizada en español moderno.

—Se ha mantenida la “s larga” (ſ) y las acentuaciónes con el
 signo ~ del libro original (ã, ẽ, ĩ, õ, ũ y q̃).



                                 VIDA
                                  DE
                              DON DVARTE
                              DE MENESES,
                             TERCERO CONDE
                               DE VIANA.

                         _Y SVCESSOS NOTABLES
                      de Portugal en ſu tiempo._

                       POR DON AVGVSTIN MANUEL,
                            i Vaſconcelos.

                    _A DON DVARTE LVIS DE MENESES,
                     Conde de Tarouca, del Conſejo
                      de ſu Mageſtad, Comendador
                            de Albufeira_.


          Con licẽcia de la Inquiſiciõ, Ordinarío, i delRey.

                              EN LISBOA.

          _Por Pedro Craesbeeck Impreſſor delRey, año 1627._



LICENÇAS.


_EM cumprimento do que V. Illuſtriſsima me manda por ſeu deſpacho, li
este livro, que tem por titulo, Vida de D. Duarte de Meneſes terceiro
Conde de Viana composto por D. Agoſtinho Manoel; não tem couſa contra
N.S Fé Catholica, & bons coſtumes; & todas as que nelle ſe relatão,
me parecem mui dignas de ſerem divulgadas, pelo grande intereſſe, que
da lição dellas reſultarâ a todos os que quiſerem imitar, & ſeguir o
exemplo de hũ famoſo varão, que tam inſigne foi pelo esforço de ſeu
invencivel animo, como pelo continuo exercicio das muitas, & ſingulares
virtudes, de q̃  foi dotado; das quais, & de ſuas victorias puderaõ
estar eſcritos muitos cõmentarios, ſe a naçaõ Portugueſa, por ſua
natural emulação ou deſconfiança, não fora tam avarenta no eſcrever,
como prodiga no obrar, porêm neſte breve compendio eſtaõ referidas ſuas
obras, por hum tam excellente, & levantado eſtillo, que a viſta desta
proſa não tem quẽ procurou, ſe fizeſſe, que envejar nos verſos porque
tanto ſuſpirou, quem ſenhoreando o mundo todo, achava, que sô elles lhe
avião faltado para fazer inmortal ſua fama & ficar ſingular em tudo.
Lisboa 1. de Dezembro de 626._

                             Diogo Oſorio de Caſtro.

_Imprimaſe, viſta a aprovação do Inquiſidor Diego Oſorio de Castro.
Lisboa 3 de Dezembro de 626._

                                     O Biſpo Inquiſidor geral.

_Podeſe imprimir, Lisboa 5. de Dezembro de 616._

  _Señor_

                                                       Eugenio Cabreira.


_LI por mandado de V Magestade eſta hiſtoria do Conde de Viana, cõposta
por D Agoſtinho Manoel, & não acho nella couſa algũa, que impida o
imprimirſe; antes muitas muito excellentes, aſsi deſte ilustriſsimo
capitão, honra em ſeus tempos da naçaõ Portugueſa, como do eſcriptor,
que he hum dos grandes eſpiritos nos noſſos: tem grande juizo na
eleiçaõ, & eloquencia na narraçaõ: enſina muita doutrina politica,
muita moral; livro he a meu parecer; digno de trazeremno nas maõs
todas as peſſoas, que tem a ſeu cargo adminiſtraçoens publicas, ou
governos; porque em cada folha acharaõ ponto, quelhes ſirva. Dos que
hoje eſcrevem em Eſpanha, que eu conheço nenhum tem milhor eſtito que
D. Agoſtinho; & verdadeiramẽte merece que V. Mageſtade o honre, &
alente, ſe quer para que ſeja exceiçaõ da má fortuna, que neſte Reyno
tem sempre todos os grandes engenhos. Guarde Deos a Catholica peſſoa de
V. Mageſtade. Lisboa 18 de Dezembro de 1616._

  D. Vicente Nogueira.

_QVe ſe poſſa imprimir eſte livro visto as licenças do S. Officio, &
Ordinario, que offerece, & depois de impreſſo torne para ſe taxar, &
ſem iſſo não correrà, a 19. de Dezembro de 626._

  Araujo.    Meſquita.    Pimenta da Breu.     D. de Melo.    Cabral.

Eſtà conforme com o original. Lisboa 29. de Mayo de 627.

  _Diogo Oſorio._

_Taxaſe eſte liuro em 160. reis, em Lisboa a 31. de Mayo de 627._

  Araujo.   D. de Mello.    Pimenta da Breu.    Cabral.



  A DON DVARTE
  LVIS DE MENESES
  CONDE DE TAROVCA,
  del Conſejo de ſu Mageſtad,
  Comendador de Albufeira.

_ESte libro por tantas razones de V. Señoria, le ofreſco, ò por dezir
mejor, le reſtituyo a ſu caſa, deſeando ſatisfazer las obligaciones,
en que le estoi de deudo, i ſervidor. No parecerà adulacion quando ſe
conoce, q̃ V. Señoria en el eſtado preſente de ſu poca edad, más ſe
diſpone a grandes pueſtos, que los poſſee: i que en lo que và obrando,
ſe vè un retrato verdadero de lo que eſcrivo; correſpondiendo de ſuerte
al valor, i grãdeza de ſus maiores, que no les puede añadir menor
gloria la ſuceſsion, que la aſcendencia. Guarde Dios a V. Señoria
muchos años como deſseo: de mi eſtudio, a 20. Maio de 627._

  Don Auguſtin Manuel,
  i Vaſconcelos.



VIDA DE
DON DVARTE
DE MENEZES,
TERCERO CONDE DE VIANA, I
ſucceſſos notables de Portugal
en ſu tiempo.

POR D. AVGVSTIN MANVEL.

Argumento del Libro Primero.


_NObleza, padres, patria de D. Duarte: deſcripcion de Ceuta, i de
la Prouincia del Habat en Berberia. Su niñez, i criança: varias
eſcaramuças, en q̃ ſe hallô ſiendo mui moço, i de q̃ ſalio felizmẽte.
Paßa el Conde D. Pedro de Menezes a Portugal a ſus pretẽſiones:
dexale por ſu teniente en aquella frontera, en edad de quinze años.
Celebres victorias, que tuvo en eſta auſencia. Singulares honras, i
recibimiento, que la ciudad de Lisboa, el Rey D. Iuan el primero, i
los Iffantes ſus hijos hizieron al Cõde D. Pedro. Titulo que entonces
le dierõ de Villa Real, i otras mercedes. Muerte del Rey, ſentimiento,
que moſtraron en ella los Portugueſes. Buelta del Cõde a Ceuta. Coſas
todas ſuccedidas en eſpacio de diez i nueve años; deſde el de mil
quatrocientos, i quatorze; haſta el de mil, i quatrocientos, i treynta
i tres._



VIDA DE
DON DVARTE
DE MENEZES
TERCERO CONDE
de Viana.

LIBRO PRIMERO.


NO pudo la ignorancia introduzir demanera el Imperio, q̃ tiene vſurpado
en las coſas humanas, q̃ deſluſtraſse en todo, el conocimiẽto, ̃q̃ ſe
deue a la virtud; i la diſminuyeſse la eſtimacion, que ſolo alcança
en los tiempos, que florece; ſiendo tal ſu fuerça, que en los màs
calamitoſos ſe conocen los buenos, aunque ſe premien los malos. Eſte
daño comun a los Reynos, afligiò menos al de Portugal, por la entereza,
i prudencia de algunos de ſus Principes; que ſuelẽ ſer los autores
principales deſte deffecto. Fue uno, i de los mejores el Rey Don Iuan
el primero, hijo ilegitimo del Rey Don Pedro, de tan excelentes
partes, que juſtamente le hizieron ſu Rey los pueblos, con aclamaciõ
general, meneſteroſos entonces, màs que nunca, de un buen Principe,
por las calamidades, que havian ſufrido en el precedẽte reynado, de
ſu hermano D. Fernando; donde los vicios alcançaron los premios, que
ſe devian a las virtudes. Començò, pues, D. Iuan a reynar primero en
los animos, q̃ en los pueblos; que fue medio màs ſeguro de hazerſe
Rey. i luego eſtimando los Heroes Portugueſes, q̃ aquel ſiglo produxo
de admirable esfuerço, i conſtancia; i en tanto numero, que pudiera,
con juſta razon, igualarſe a qualquiera de los paſsados; i con mucha,
cauſar nota en lo preſente, ſi como en tiempos dichoſos, durara el
menoſprecio de los vicios, i la emulacion virtuoſa, con que los buenos
aſpiravan a ſer mejores, i los malos, por lo menos, a parecer buenos.
Eſcrevir la vida de los que verdaderamente lo fueron, ni es accion
nueva, ni condenada: porque los antiguos, con quien las virtudes
tenian màs fuerça, uſavan dexar ſu poſteridad enrequicida con eſtos
exemplos, i memorias de varones ſingulares; para que los venideros ſe
diſpuſieſſen a coſas glorioſas. Pero depravòſe, entre otras buenas
coſtumbres, eſta tan neceſſaria, principalmente entre los Portugueſes,
mâs por falta de eſcriptores, que de hechos; porque ſiendo innumerables
los que en todas edades engrãdecieron eſta nacion, como de embidia
no conocen ſus naturales ventajas unos a otros, aſsi ſe desluzen de
las excelencias de la fama con la murmuracion. Deſta ſuerte falta la
noticia libre de dudas, i ponen en contingencia la verdad de ſer creyda
(que es alma, i eſſencia de la hiſtoria). Y quiçà penſando, que el
eſcrivir las buenas partes, i aciertos de sus mayores, es con animo
de offenderlos, por no tener las que celebramos dellos, quedan con el
animo no bien affecto, i expueſto el Hiſtoriador a lo que ſuele obrar
en unos el poder ſuperior, i en otros el atrevimiento, i paſſion.

(2) Y aunque el rezelo deſto me ha tenido algo dudoſo, confieſſo que
conſiderando el valor de Don Duarte de Menezes tercero Conde de Viana,
me determinè a deſeſtimar contradiciones por dar a mi patria la vida
deſte clariſsimo varon, para eſpejo deſta edad; i veneracion de aquella
tan agradable, en que los Principes fiados en ſu valor, no embidiavan
glorias agenas: premiãdo ſingularmẽte las virtudes de los vaſſallos,
llenandolos, quando vivos de bienes de fortuna, i quando muertos de los
de la fama; con igual gloria por lo que con eſto ſe califica el valor
de ſus obras, en la que redunda al Principe por el agradecimiento, que
mueſtra con los que ya no le pueden ſeruir: accion verdaderamente real,
pues dà animo a los vivos para emprender grandes coſas, i honra a los
muertos, en lo perpetuo de ſu fama.

(3) Fue admirable en eſto el Rey D. Alfonſo el quinto: porque viendo
por ſus ojos las acciones valeroſas deſte cavallero, las vezes, ̃q
passó a Berberia, deſpues de honrar ſus deſcendientes con mercedes, i
nuevos titulos: añadio a ſu memoria eſte de maior alabança, i duracion;
i mandò a Gomez Eanes de Zuzara cavallero de la Orden de Chriſto, i
guarda maior del Archivo deſte Reyno, que hizieſle relacion de ſu
vida, y hechos por una carta particular ſuya llena de mil favores, ̃q
trahe al principio de ſu obra, aſsàs digna de veneracion para la buena
memoria deſte Principe; q̃ obligaua con los mãdatos igualmente, que con
los premios. La hiſtoria aũq̃ eſcrita con el eſtilo toſco de aquella
edad, i falta en partes, tiene mucho de puntual, i verdadera: pues para
eſcrivirla con màs acertamiento, i mejor averiguar las coſas, paſsò a
Africa. Bien es verdad, que olvidò algunas, a que eſtá ſujeto quien
haze vidas particulares, i refiere otras poco advertidas: mas tambien
eſte yerro fue culpa de aquellos tiempos, en que la ſenzillez, i buen
animo ſe conformava con las palabras, i las obras.

(4) Yo ſinò he hecho eſto, por no ſer ya neceſſario, he procurado, con
todo el cuidado poſsible, apurar la verdad; i ofreſco eſcrivirla ſin
odio, ni affeccion; affectos de que me hallo libre: aunque no conſiga
màs premio que la verdad, que por lo que tiene de virtud lo es de ſi
meſma.

(5) Don Duarte de Menezes nacio en Lisboa Ciudad Metropoli de Portugal,
reynando en ella el Rey Don Iuan el primero, en el año de mil
quatrocientos i quatorze. Fue hijo natural de D. Pedro de Menezes Conde
de Viana, i Villa Real: decendiente por varonia de D. Pedro Bernardo,
el que llamaron de S. Fagundo (que es lo meſmo que Sahagun en Caſtilla)
por ſer ſeñor de aquella tierra, y de otras muchas en aquel Reyno, en
los tiẽpos del Rey D. Alfonſo el ſeptimo, intitulado Emperador de las
Eſpañas.

(6) Don Pedro Bernardo, como a origen de los Menezes, es el primero,
que trahe el Cõde Don Pedro en ſu libro de linages, i con el todos los
Autores, que cuerdamente eſcriven deſte appellido: calificando por
apocripha la opinion, que comunmente anda introduzida en el vulgo,
de q̃ procedẽ de una hija de Ordoño Rey de Leon, i de Tello, ſeñor,
ò natural de un cortijo, q̃ llamauan Menezes; añadiendo a eſto otras
fabulas, como ſucede de ordinario en todas las mentiras, q̃ del apoyo
de unas nacẽ otras: dando la adulaciõ motivo para ſemejãtes cuẽtos.
Por̃q cõ el deſſeo de iluſtrar los linages de los màs poderoſos, buſcã
para antiguarlos, coſas ſin propoſito, muchas vezes ignorando, ̃q
entonces los buelven ſoſpechoſos, quãdo intẽtan novedades; q̃ por la
maior parte ſirve ſolo de desluzir lo cierto, y quedar en opiniõ lo
verdadero.

(7) La ſucceſsion de D. Pedro llegò a D. Alõſo Tello de Menezes,
conſervada ſiempre en ricos hombres, i los maiores ſeñores de Caſtilla.
Eſte pues, ſiendo un gran cavallero, mereciò ſer odiado por ſus
virtudes del Rey D. Pedro el cruel, el qual con la violencia, con ̃q
hizo otras muertes, matô tambien a Martin Alfonſo Tello de Menezes,
hijo de D. Alfonſo. Y temiẽdoſe no paſſaſſe a mâs la crueldad del
Rey: por̃q tras haverle caido en ſoſpecha, era cierto aborrecerle, i
mui vereſimil acabarlo, ſi pudiera; ſe retirò con ſu caſa, i familia
a Portugal, donde el Rey D. Alfonſo el quarto llevado de la mucha
calidad, i grãdes partes de D. Alonſo Tello, le diò el oficio de
maiordomo maior de ſu caſa (̃q ſiempre fue de los primeros en la de los
Principes). Y luego ſu hijo D. Iuan Alfonſo Tello, ſiẽdo deſpues Cõde
de Barcelos, lo fue ſu nieto tãbiẽ de Viana, D. Iuã Tello, padre de D.
Pedro de Menezes q̃ lo fue de D. Duarte, de quiẽ voy eſcreviẽdo.

(8) Sobre la primogenitura deſta familia ay grandes controverſias
entre los que la hazen de todo, governandoſe conforme la volũtad,
ô el aborrecimiẽto, que tienen a las coſas. Yo por cumplir con mi
obligacion referirè ambas opiniones, ſin decidirlas; porque no ſiendo
lo eſſencial de mi hiſtoria eſta aueriguacion, devo no parecer
apaſsionado. Las hiſtorias Caſtellanas, i entre ellas Salazar de
Mendoça, que eſcrivio diligentemente deſta familia, quieren, que Martin
Alfonſo de Menezes ſea el hijo ſegundo de D. Alfonſſo Tello, i el
Conde de Barcelos el mayor. La corriente de los Portugueſes affirma
lo contrario. Probabilidades ay para todo. En coſa tan envejecida
quien podra declarar lo cierto? aſsi como indeciſo, lo dexo a los más
genealogicos de profeſsion, i eſtudios; a los qua les confieſſo ſe
deven muchas alabãças, por la diligencia, i curioſidad; ſi bien corren
grã riesgo, como la experiencia enſeña, pues ſi dizen la verdad, como
deven, ſe hazen odioſos, ſujetos a los peligros de los que la profeſsã:
ſi la callan faltan a ſu obligaciõ. A eſtos dos cavalleros, cuya
decendencia ſi incluyò en quaſi toda la nobleza de Portugal, añadẽ los
Caſtellanos tercero hermano, hijo tambien de D. Alfonſo Tello, que con
menos poſteridad, dexò ſucceſſores en Talavera de la Reyna, que oy ſe
conſerva en caſas de cavalleros conocidos.

(9) Por otra parte procedia tambien D. Pedro de Menezes de los Reyes
de Caſtilla, porque el Conde de Barcelos caſó? con Doña Guiomar de
Villalobos biſnieta del Rey D. Sancho. De manera que en calidad no le
faltava al Cõde D. Pedro para Principe, màs que no haver ſido vaſſallo,
porque debaxo deſte nombre fue de los màs illuſtres de Heſpaña.

(10) Mientras biudo tratô amores con una donzella de ſu primera muger
D. Margarita de Miranda, por nõbre Iſabel Domingues; la qual en eſte
grado de gente, era de ſangre noble, i limpieza conocida: i pruevaſe,
por ſer la caſa del Conde de las primeras deſte Reyno, i le ſervian
los nobles del (cõforme dizen Ruy de Pina, i Gomez Eanes.) Eſta fue la
madre de D. Duarte, i el ſentimiento, i deſconfiança, que tenia de no
ſer legitimo, le obligò a proceder de ſuerte, que vino a ſer ſin duda
más honrado.

(11) A los nueve meſes de ſu edad, paſsò el Rey D. Iuan a la conquiſta
de Ceuta, aſsiſtiẽdole el Conde D. Pedro, con cinco nauios a ſu
coſta, bien artillados de gente, i baſtimiẽtos. Moſtrò deſpues en la
toma igual valor a ſus mayores; con que fue gran parte para ganarſe
aquella plaça. Al principio dudò el Rey ſuſtentalla; mas conociendo
ſu importãcia, i los bienes, i comodidades, que de tenerla reſultavan
a Eſpaña, determinó dexarle preſidio baſtante a ſu defenſa; i a cargo
de perſona de calidad, i esfuerço. Hallauaſe preſente el Condeſtable
Don Nuño Aluarez Pereira, en quien concurrian eſtas, i otras muchas,
i auentejadas partes. Offrecioſela el Rey por pueſto no deſigual a
ſu fama. Deſculpòſe por ſu mucha edad, i por el animo que trahia de
retirarſe del deſaſſoſsiego de la Corte a la quietud de un monaſterio,
que deſpues exẽplarmẽte executò. Otros tãbien ſe eſcuſaron de aquella
tenencia, por ſus conveniencias, que reconocian differentes al deſſeo,
̃q dificultavan, del Rey: pero el Cõde D. Pedro allanando todos con ſu
animo, ſe ofreciô al cargo de mayor honra, que codicia. Y por̃q ſus
años (que no llegavan a treynta) no abonavan la peticion, neceſsitando
aquel oficio de muchas canas, i experiencia: tomô por ſu valedor al
Maeſtro de Chriſto D. Lope Dias de Soſa, ſu primo ſegundo, perſona
mui conſiderable en aquellos tiempos. Eſtimava el Rey ſus brios, i
otras calidades, en q̃ fundava grandes eſperanças: i aſsi, deſdeñando
otros ofrecimientos, que con eſte exemplo, ſe propuſieron de algunos
cavalleros de mucha virtud, i meritos; antepuſo los del Cõde. Y
llamandolo en preſencia de todos, le diò en tenẽcia el caſtillo de
Ceuta, de propriedad para el, i ſus decendientes. Fue eſte acto, para
el Cõde de grãde hõra: por̃q, contra el eſtilo ordinario con q̃ los
Reyes hazian ſemejãtes mercedes, le entregò las llaues deſta fortaleza,
ſin tomarle omenaje della; auñq lo empeñò cõ palabras, i favores de
publico agradecimiẽto, como Principe cuerdo; ſiẽdo eſte el modo más
ſeguro de grãgear los ſubditos; i diſponerlos a q̃ pierdã las vidas por
el ſervicio real con guſto, i brio: por las ventajas, i gallardia,
con que ſirvẽ los màs finos al Principe agradecido, i honrador; moneda,
i premio de poca coſta a quiẽ le dà; i de gran eſtima en quien la
recibe.

(12) Partiô el Rey con eſto para Portugal, dexando de guarnicion en
Ceuta dos mil i ſeiſcientos hombres, en que entravan muchos cavalleros;
que en este Reyno llaman Fidalgos. Y al cabo de cinco años hallandoſe
el Conde biudo, con dos hijas legitimas, i D. Duarte muy niño: por
aliviar los gaſtos de ſu caſa quizo llevarlos a Ceuta. Y el Rey, por
que los trabajos de guerra tan continua, tuvieſsen aquel refugio,
i compañia de la muger (ò por otras cauſas) lo caſó ſegũda vez cõ
hija del Mariſcal deſte Reyno. Però fueron los lutos primero, que
las bodas, muriendo ella en el paſſage, deſde el Algarve a Ceuta, do
llegaron los híjos; ſiendo D. Duarte a penas de ſeis años. Començò
luego a eſtimarle como tal, notando en su agudeza, i compoſtura, una
niñez exercitada en todas las buenas coſtumbres, que en un cavallero,
como proprias, luzen màs. El Philoſopho penſó, q̃ de la educacion
primera, pendian los aciertos de la edad ſiguiente. Por eſſo los
antiguos tuvieron tanto cuidado en la diſciplina de los moços; porque
en encaminar bien los principios, conſiſte las màs vezes el ſucceſſo
del fin. Devia el Conde eſta vigilancia a Iuan Alvarez Pereira (deudo
ſuyo, i fundador illuſtriſsimo de la caſa de los Condes de la Feria)
por haverſele dexado, quando paſsô a Ceuta, i fue criado eſte tiempo
con particular ſolicitud ſuya. Continuòla el Conde al fin, como buen
padre, ſeñalandole maeſtros en todos los exercicios de cavallero, en
que ſaliò excelente; i con tambien inſtituida juventud, que no ſe le
conociò ja màs vicio alguno, que la manchaſſe. Deſta templança le naciò
al Conde deſſeo de hazelle clerigo, trayendole, con eſte intento, en
habito eccleſiaſtico. Peró el valor es fuego, que no ſe diſsimula;
en aquellos pocos años dava mueſtras de grandes brios. No tenia diez
cumplidos, quando, a diſguſto del padre, ſaliò a campaña a eſcaramuçar
con los Moros: con la qual demonſtracion ſe acabò de perſuadir el Cõdé
a mudarle de eſtado; ajuſtandoſe a ſu natural, como padre prudente, i
que deſſea el bien, i aumento de los hijos: porque en aquella edad
dictaua la naturaleza con maior pureza la inclinacion, que con ſingular
affecto le llevava a la milicia. Iuzgava a deſacierto deſvialle deſte
camino, por no dar en el yerro en que caen muchos padres, los quales
torciendo a ſu guſto la vida, i eſtado de los hijos, los ocaſionan a
que vivan ſiempre deſcontẽtos, i aun poco medrados; por la dificultad,
con que el arte emienda los affectos de la naturaleza.

(13) Eſto fue lo, que ſin duda, ayudò a Don Duarte a apartarſe de los
vicios; demás de ſer naturalmente bien inclinado: porque ſe ocupó
deſde muchacho en las armas; tẽplãdo el hervor de la mocedad, con la
diſciplina del padre, a quien tuvo por maeſtro en eſta ocupacion.
Siendo ſu exemplo, eſcuela de maior eſtima, que la celebre del
Thebano Epaminondas, de cuya doctrina ſe jactava tanto Philippo Rey
de Macedonia ſu diſcipulo, q̃ la anteponia a ſus maiores fortunas.
Y juſtamente ſe deve comparar el Conde D. Pedro con los vale̊roſos
capitanes antiguos; por lo que eſta guerra de Ceuta tuvo de larga, i
peligroſa. Y aſsi ſucedieron en el cõtinuas ocaſiones, para moſtrar
ſu prudencia, i valor, recibiendo los enemigos del nõbre Chriſtiano,
muchos daños, i la Chriſtianidad grãdes provechos. Por̃q puſo termino
a la inſolencia, i crueldad de aquellos barbaros Mahometanos, cuya
inundaciõ (como exãbres, q̃ libremente diſcurren por los cãpos)
tyranizò tantos Reynos, i monarchias. Refrenò la amenaza perpetua,
con que vivia el de Heſpaña. El qual con ſervidũbre de mâs de 700
años aun padecia, en aquella ſazon, el tyrano dominio, con q̃ ellos
poſſeyan el Reyno de Granada, ſiẽdo de lo mejor, i màs rico della.
Eran ſus puertos, i coſta, los confines de Ceuta: i eſta ciudad
eſcala de los ſocorros de Africa, cõ q̃ los Caſtellanos trabajavã en
vano de recuperar aquel Reyno: por̃q lo impoſsibilitava el paſſage,
̃q haziã perpetuamẽte, inumerables exercitos de Berberia, en ayuda
del Granadino. Por dõde es ſin duda, q̃ de la toma, i defẽſa deſta
ciudad, ſe originò grã parte de ſu ruina. De q̃ ſacò una verdad, como
infalible, q̃ todo eſto deve Eſpaña a la memoria del Cõde D. Pedro, i
a ſus decẽdientes: pues la librò de las afliciones, en que eſtava
padeciendo jugo tan inſolente. Y para màs prueva dello, i por parecerme
neceſſario a la inteligencia de nueſtra hiſtoria, harè relacion del
ſitio, antiguedad, i fortaleza de Ceuta; i de la provincia del Habat;
que es donde ſe incluye, de q̃ han eſcrito no pocos Autores: mas no
ſerà eſto, por parecerme con ellos en ingenio, i diligencia, ſino
porque haviendoſe acabado de conquiſtar eſta ciudad, devo con igual
puntualidad, i noticia, referir las coſas, que ellos encarecieron con
ſu eloquencia.

(14) Es la provincia del Habat, parte de lo que antiguamente ſe llamò
Mauritania Tingitania, i deſpues Berberia, una de las mâs nobles de
Africa; i adonde ſe conservã (aunque en pedaços) las memorias de muchas
ciudades edificadas por los Romanos, i Godos; que tantos tiempos la
ſujetaron. Perdiò ultimamente ſu eſtimacion, con la ereccion del
Imperio de Fez, i aumento de aquella ciudad: a fuer de los edificios
grandes, de cuyas ruinas nacen las màs vezes, veneracion, i eſtima a
nuevos palacios. Dividiòſe eſte Reyno en ſiete provincias, i fue la
quarta la del Habat; nombre impueſto por los Sarracenos, q̃ hizieron
eſta particiõ, i los ultimos, q̃ la invadierõ, i dominaron. Dieronle
principio, al Poniẽte, deſde las lagunas de la provincia de Aſgar;
i de alli corriendo al Levante, comprehẽde las ſierras, que caen
ſobre el eſtrecho de Gibraltar, terminandoſe con ellas en la Gomera.
Rodeala el Oceano Herculeo por la parte del cierço: al medio dia, las
aguas del Erguila, dilatandoſe haſta Oriẽte ſiete leguas de Poniente
a Levãte, i màs de treynta i cinco de Tramontana al medio dia.
Tierra llana, fertil, i regada de muchos rios caudaloſos; q̃ baxan
de algunas ſierras, que la ciñen. Son las màs notables ocho; donde
los Portugueſes, con increyble virtud, acometieron hechos glorioſos,
como veremos en muchos caſos eſparſidos por eſta historia. Conviene
repetirlas por eſta cauſa: i con màs cuidado, por deſcubrir las
fuerças, i engenio del enemigo; i para dar conocimiento de la tierra.
Algunos preſumen, que eſtas ſierras ſon los ſiete mõtes, que Plinio
llamò hermanos, por la ſemejãça, i Ptolomeo, Hepta, Adelphi: i el
octavo Abila, de que diremos luego: porque quedan a las eſpaldas de
Ceuta, a quien dieron nombre. En los que le ſeñalan, varían Iuan Leõ,
i Luis del Marmol; convienẽ, en que corren deſde antes de Ceuta, por
toda la marina, haſta llegar quaſi a Melilla, q̃ ay treynta leguas;
con que acaba la Mauritania Tingitania. Suelen ver mucha parte dellas
deſde la ciudad de Malaga, que queda en el paraje del Peñõ. La primera
eſtà jũto a la ciudad de Ezaguẽ, i ſe eſtiende diez leguas de largo al
Leuante, i quatro en ancho. Sigueſe la de Benizequer, màs rica, i mejor
poblada. Tiene ocho de Poniente a Levante; confina con la de Beniharos.
Y eſta, quiere Marmol, que incluya todos los ſiete hermanos: comiença
de Alcaçar el Quibir, i diſcurre ſiete leguas, por el miſmo curſo.
Vezina a ella apparece la Benîtelit ocho leguas de Tanjar, la tierra
a dentro al medio dia. Peró la que campea ſuperior a todas, ſiendo la
màs aſpera, i de quaſi impoſsibles entradas; es la de Benihazen. En
igual continuacion a la paſſada; i más diſtante un poco, la de Amegara,
en eſpacio de tres leguas de largo, i una de ancho; quedandole a dos
i media, házia el medio dia Alcaçar el Ceguer: i a un lado, en medio
de Ceuta, i Tanjar, la ſierra de Huat Idris, Vaterer, i Quadrès; que
todos eſtos nõbres le dan ſus naturales. Es iluſtre entre los Moros,
por la fortaleza, i valor de ſus moradores, i no menos, por ſer patria,
i naturaleza de aquel famoſo Helul, cuyas hazañas, i proezas (como a
Orlando los Franceſes) celebrã los Africanos en muchas obras de proza,
i verſo. Muriô en la gran batalla de las navas de Toloſa, ſiẽdo capitan
general del Rey de Marruecos, en el año, q̃ apuntó Marmol acertadamẽte,
de mil duzientos i doze, mejor q̃ Iuan Leõ, q̃ se engañò en el ̃q
ſeñala. Es la ultima ſierra la de Beni Huet Fileh: la qual comiença
en el mediterraneo; i para en Tetuan ſiete leguas de Ceuta. Sin eſtas
ocho, legua i media della, quaſi en frente eſtá la Ximera, que los
naturales llaman Alcudi, i los antiguos Abila. Philoſtrato, Euſtachio,
i Paulo Oroſio, la dixerõ Abinna, i Abenna; ſi bien el nombre Latino
en Punico quiere dezir, monte alto (como enſeñò Avieno) i parece màs
ajuſtado, q̃ el Griego, que le nombrò, Aliba; attendiendo, quiçà, a
unas ſeñales, que ſe ven en eſte ſitio, auñq no muy deſcubiertas, de
una fuente deſte nombre. Es una de las dos colunas de Hercules, de cuya
grandeza, i ſecretos, ſe originaron muchas fabulas, que los Autores
Griegos, i Latinos, celebraron; con menos noticia, i conocimiento de
ſus coſas, que admiracion; ſerviendole de portento aquel celebre monte,
tan fabuloſo, como mal conocido de los Romanos, i ſujeto tarde a ſu
imperio.

(15) Entre eſtas ſierras ay gran numero de poblaciones, caſerias, i
aduares. Tienen ſu ſeñorio los Gomeres, nacion antigua, i noble: i tãto
que generalmente ſe reputa por la mejor de Africa; porque decienden de
los Arabes, i conſervan eſta nobleza, ſin mezcla de otras naciones,
aſsi en los dialectos de la lengua, como en las coſtumbres; imitando a
ſus maiores con tanta ambicion, i conſtancia, q̃ deſprecian el vivir
en las ciudades, por que en los campos ſe aparientan ſolamente unos
con otros. Deſte principio naciò llamarenſe vulgarmente Alarabes con
dos letras añadidas, a ſu origen primitiva. De ſus vicios, valor, i
reputacion, cuentan mucho Luis del Marmol, i Iuan Leon: donde ſe puede
entender las cauſas porque vinieron a eſtas ſierras. Su modo de vivir
es apacentando ſus ganados; que es la hazienda, de que ſe ſuſtentan,
recogiendoſe de noche en ſus aduares (ſon unas tiendas de madera, como
diremos adelante.) Eran tan eſtimados por ſu esfuerço, que los Reyes de
Granada los eſcogian para ſu guardia: i de contino trahian quinientos
en ella, i aun deſte tiempo dexaron en aquella Ciudad, vna calle de ſu
nombre, que eſtâ, ſubiendoſe de la plaça nueva, a la Alhambra. Ganavan
tambien ſueldo en todas las guerras, que havia contra los Chriſtianos,
de quienes eran grandes enemigos. Solo en la religion degeneraron
de ſus aſcendientes; por̃q ſiguieron la Mahometana, que como pèſte
del Cielo penetrô, con maior exceſſo, lo mâs oculto deſta tercera
parte del mundo. Goviernanſe por Xeques, ò Philarcos (aſsi los llama
Tacito) que ſon como Principes; nombre, i autoridad dirivada de los
primeros, que poſſeyeron aquellas ſierras. Ay gran cantidad en ellas
de gente ruſtica; auñq otra mui valiente, i politica, i es tanta la
muchedũbre, que conforme a la cuenta de Marmol, ſe pueden juntar màs
de ciento i ſetenta mil hombres de pelea, doblando, por lo menos, eſte
numero, los viejos, i impedidos con mugeres, i muchachos. Y dexando a
parte los montes: por toda eſta provincia del Habat, eſtan derramadas
onze ciudades, i villas de conſideracion, ſiendo la principal, como
cabeça, i corte, Ceuta. De ſu antiguedad dudaron algunos eſcriptores,
haziendola fundacion de los Romanos; però los Africanos lo contradizen,
queriendo, que ſe deva a un hijo de Noè, duzientos i treynta años
deſpues del diluvio univerſal. Su primer nombre fue Esliſa: perdido
eſte por algun accidente del tiempo, que baſta aborrarlo todo, tomò
el de Ceuta de los ſiete montes, que hemos referido. Fue ſiempre de
grande eſtima, trato, i nobleza: por la ſalud, llaneza del ſitio, i
comodidad de ſu puerto, para el paſſage de Eſpaña, de quien queda en
traveſia de cinco leguas, por lo más largo. Iaze a la boca del eſtrecho
de Gibraltar, en el parage de Algezira. Los Romanos la enoblecieron,
i preſidiaron, por eſta cauſa. Iuan Leon, por el Marmol, quieren
erradamente, que ellos la llamaſsen, _Ciuitas_, i la conſtituyen con
el mismo engaño, por cabeça de la Mauritania Tingitania. Siendo pueſta
en la diviſion, que hizieron los Romanos de aquellas provincias, en la
Ceſarienſe; aſsi lo trahen Sexto Rufo en ſu Epitome Paulo Oroſio, San
Iſidro, i otros muchos, contando la Tingitania (conforme la particion,
que comẽçaron los Emperadores, Auguſto, i Othon; i concluyeron los
hijos del gran Coſtantino) por provincia de Heſpaña Transfretana;
ſeñalandole los ſiete montes, hermanos, por linderos, i confines. En
la proſperidad, en q̃ la tenian los Romanos, ſe la ganaron los Godos,
con igual reputacion, governandola debaxo de titulo de Conde; ſiendo
eſta dignidad, no eſpecial en la manera, q̃ oy ſe uſa, ſino general
a todos los q̃ governavan alguna provincia. Deſta manera lo fue el
Conde, i traydor D. Iulian, que la entregô a los Arabes victorioſos,
en cuyo dominio durò, aunque con diverſas fortunas, i ſeñores, haſta
que nueſtro Rey Don Iuan la reduxo a ſu Real corona, como hè eſcrito.
Señoreavala entõces Zaide Rey de Fez, del linage de los Benemerines,
teniendo en ella un Alcayde de valor, llamado Calabençala; Gomez Eanes
le haze ſeñor della, i otras ciudades de aquella coſta, no ſe con que
fundamento.

(16) Echado eſte Moro de Ceuta, la defendió valeroſamente, el Conde, de
dos peligroſos cercos del Rey de Fez: i de inumerables correrias, con
que los enemigos la moleſtavã, havia quatorze años, con feliciſsimos
ſucceſſos, no paſſando dia alguno ſin rebato; ſiendo el tiempo de
maior peligro: porque era a los principios, en que los Moros ſentian
eſta perdida, con las veras, q̃ duele màs una afrẽte reciente, que
olvidada. Viendo, pues, los brios, i partes del hijo, aficionado
ſummamẽte a ellos, i reconociendo en el, quanto trabajaua por imitarlo,
quizo tomarlo por compañero deſta gloria: deſſeando en eſtremo, ̃q
participaſse de la fama, para diſponerlo aſsi, a que heredaſse ſus
virtudes, i nombre, ya q̃ le faltava la caſa. Por eſto lo encargò en
aquella edad, de algunas entradas menos conſiderables. Y moſtrando alli
la fortuna, los favores, que le havia de hazer en otras emprezas, no
rehuzò fiarle las maiores.

(17) La primera, que Gomez Eanes cuenta, i que ſe deve quaſi todo el
buen ſucceſſo a ſu valor, fue una, por Henero de mil quatrocientos
veynte i ſiete, en viſpera de los Reyes i paſsò deſta ſuerte. Tenia el
Conde en Ceuta, entre otros cavalleros, a Martin Alfonſo de Miranda
ſu cuñado, hermano de ſu primera muger. Y cõ el valor heredado de ſus
abuelos, era reputado por uno de los mejores ſoldados, i màs valiẽtes
de aquella plaça. Eſte, pues, deſſeando avantejarſe a los cõpañeros
en peligros, ya que no podia en la fama; ſaliò eſte dia por orden del
Conde a dar campo largo de leña, i heno (aſsi dizen los fronteros de
Berberia al foragear) llevando para eſcolta, quarenta cavallos. Los
atajadores engañados con una niebla eſpeſſa, aſſeguraron el campo, ſin
tener viſta del enemigo; el qual ſabiendo deſta ſalida, con quatro
mil cavallos ſe fue a correr la ciudad. Tomole de improviſo eſte
rebato, i Martin Alfõſo, aunque tuvo contradiciones, los embiſtiò tã
deſordenadamente, que la temeridad por poco le coſtara la vida, ſi
D. Duarte, que eſtava de guardia, con otros cavalleros, no llegara a
ſocorrerle. Sacòle del peligro, desbaratãdo al enemigo: ſeñalandoſe
entre todos de manera, que parece, que la naturaleza ſe anticipava a
darle brios; i el cielo le animava a deſpreciar los miedos comunes a
aquella edad; que no llenava treze años, en preſagio de las hazañas
futuras. De donde colijo, que es de tanta fuerça la virtud heroica,
que viene a imprimir en el animo humano vn cierto ſemblante de
divinidad, que produze acciones, que ſiendo naturales, ſon ſemejantes
a milagroſas; pues no ay duda, que valor tan adelantado, como el que
moſtrò D. Duarte en eſta ocaſion, ſe puede contar entre los prodigios,
que tan celebre hizo la antiguedad, con los Heroes, i ſemidioſes, que
introduxo en la veneracion, i memoria de los virtuoſos: los quales
fueron los primeros ſiempre, que començaron a imortalizar la virtud,
con la fama; deſpues que la vieron menoſpreciada; porque convidados
deſte premio, la ſiguieſsẽ los ambicioſos, igualmente, que los buenos.
Era entre ellos el primer acto de honra, la cavalleria; accion
generoſa, i que inventó el valor, para fortalecerſe; mas abatida
deſpues del vzo demaſiado; porque entró el reſpeto a repartirla. Y con
eſto degenerò de ſus principios, fundando en la neceſsidad, lo que era
merecimiento. Examinavãſe mejor en aquellos tiẽpos, i por lo menos,
durava en los cavalleros, el deſſeo de parecerlo, i de conſervar la
nobleza, con las obras, con q̃ la adquirieron ſus maiores; i aſsi por
acclamaciõ publica de los fronteros, armò, entonces, el Cõde, cavallero
a D. Duarte, en campaña, à viſta del enemigo; que cõ muchas algazaras
ſolenizava eſte acto, glorioſo para el mancebo; no le cauſando toda
eſta gloria, vanidad, ò ſoberbia, como de ordinario ſuccede a los
moços: antes oyendo ſus alabanças, con modeſtia, le ſervieron de
eſpuela, para merecer otras: procurando no baxar de la primera opinion,
que es la fortuna mayor de todas.

(18) Pocos dias deſpues deſte ſucceſſo, caſó el Conde, a D. Beatriz
ſu hija maior, con D. Fernando de Noroña, hijo del Conde de Gigon, i
Norueña, nieto por ambos padres de los Reyes D. Fernãdo de Portugal,
i D. Hẽrique de Caſtilla: i ennoblecieron mucho eſte caſamiento,
las virtudes del novio, que no erã deſiguales a ſu calidad. Andan
comentarios de ſus hechos, vulgarmente repetidos en lugares màs
ſuyos, que eſte; i por eſſo no los referimos. Perô en nueſtra Africa
conquiſtada por los Portugueſes (ſiendo Dios ſeruido) tẽdran el lugar,
que merecen.

(19) Haſta Septiembre del año ſiguiente de mil quatrocientos i veynte
ocho: no hallo màs que correrias ordinarias, en que D. Duarte ſiempre
fue el primero. Peró en eſte mes, viſpera de la natividad de nueſtra
ſeñora, ſe le offreciò igual gloria, que la paſſada. Tenian los Moros
en la ſierra Ximera, un Xeque, por caudillo llamado Cidetalpa, de
grãde reputacion, i esfuerço. Eſte trahia penſamiento de ſuceder en
la fama a otro mui valiente, por nombre Dabu: el qual havia ſuſtẽtado
aquella guerra, deſde la toma de Ceuta, ſiendo frontero, uniuerſalmente
reſpetado por toda aquella provincia, i por otros Xeques, i ſeñores
della, como defenſor, i amparo de ſus vidas, i haziẽdas. Quedaron con
ſu muerte temeroſos de ſu ruina: però Cidetalpa herido màs deſte miedo,
con la emulaciõ, ô embidia de ſus hechos, comẽçò ablazonar contra los
ſuyos, que a penas lo eſcuchavan, quando determinò de hazer vna entrada
luzida, con intento, que ſegun le ſucedieſſe, diſpornia el empeñar ſu
credito, en otra guerra, ô dexarla; viendo, que por ſu parte andava
tan deſmayada, que como gente attonita, i vagabunda, viviã màs como
conquiſtados, que como enemigos. Iuntò un grueſſo exercito de gente
eſcogida, i diſpueſta para qualquier peligro. El Conde entretanto diò
licẽcia a muchos fronteros, para que ſe vinieſsẽ para el Reyno a ſus
pretenſiones, pareciendole juſto procurar el galardon de ſus trabajos;
i que no havia ſatisfacion, que no merecieſſe un ſoldado, quando en ſu
mano eſtà la paz de la Republica: la qual no ſe alcança, ſi no por la
guerra; ni la guerra ſe conſerva, ſino con ſoldados; ni los ſoldados
ſe grangean, ſino con premios. Cidetalpa no ignorava el eſtado de
Ceuta; i que ſu preſidio no paſſava de ochenta cavallos, i duzientos
inffantes. Tẽtò entrarla de noche; i en lo màs ſerrado della, con todo
el ſilencio, que pudo, i buena ordenança ſe fue arrimando al muro,
con quatrocientos cavallos. La vigilancia del Cõde era la guarnicion
más importante, q̃ defendia a Ceuta. El dia antes tenia mandado Alvaro
Gil, criado ſuyo, de quien fiava eſte ſecreto (perſona a propoſito) la
tierra a dentro del enemigo, a reconocerle, por ſaber la cauſa, porque
no corria, havia tantos meſes. Sintió la gente de guerra, que trahia
Cidetalpa, con los de la ſierra, i luego las armas; i retiròſe a Ceuta,
ya con dificultad. Dieron jũtamente ſeñal las atalayas, de haver Moros
en el campo, i ellos deſcubriendoſe con vozes, i gaitas, a ſu modo (que
es, el que tienen de pelear) eſcaramuçando a una, i a otra parte de
la ciudad, deſafiaron a los Chriſtianos. El Conde, entõces, reparando
en la muchedumbre, i que era de noche, procurò templar el impeto de
ſus ſoldados; porque incitados de lo que oyan, querian ſalir, màs a
caſtigar los Moros, como dezian, que a vencerlos. En eſto, Iuan Perera,
Auguſtin de Acuña, cavallero brioſo, i mancebo, con otros tres, pidierõ
al Conde licencia, para ſalir a mezclarſe con el contrario, i reconocer
la fuerça, que trahia: deſſeavalo el Conde, però la obſcuridad de la
noche, le dificultava eſte deſſeo: vino al fin a conſentirlo; mas
con precepto de no embiſtir, por no empeñarſe, haſta q̃ llegaſſe la
mañana. Son los Portugueſes demaſiadamente eſcrupuloſos en la hõra, i
aũ̃q es falta, q̃ ſe origina de ſu nativa deſcõfiança: con todo muchas
vezes tiene ſus aſomos de virtud; i fuera cordura, ſi la governara la
tẽplãça; mas todas las demaſias son dañoſas, principalmente en los
exercitos, donde ſe corre rieſgo, ſiẽpre, los extremos. El q̃ tuvierõ
eſtos quatro cavalleros, ſe diſculpa en el menoſprecio, con q̃ tratavan
los Moros, venciẽdo millares cada dia; i por eſſo Iuan Perera mal
ſofrido, i deſconfiado, propuſo a ſus cõpañeros, q̃ ya que ſalian,
hizieſſen una gallardia; que parò en acometer una ala de cavallos,
que ſe moſtravan màs inſolentes. El Cõde receloſo deſta temeridad,
mandó a Don Duarte, i a D. Fernãdo, de Noroña (̃q en aquella ſazõ, ſe
hallò en Ceuta) no les acudieſſen; por̃q ſe ofendiò de ſu inobediẽcia,
î desordẽ: i queria con eſte exẽplo advertir a los demàs. Cõ todo,
deſpues q̃ viô muerto el uno dellos, que ſe llamava Ruy Mendes, con
aquel enojo, dixo al hijo, i al yerno, que ſalieſsen a ſocorrerlos con
cavalleria, i algunos infantes. No pudo el enemigo reſiſtirles, porque
D. Duarte, peleãdo cuerpo a cuerpo cõ Cidetalpa, le matò por ſu mano:
haziẽdo tales proezas, q̃ bastarã a vẽcer fuerças mayores. D. Fernando,
con eſta gloria fue ſiguiẽdo al enemigo ya desbaratado; el qual por
ſalvarſe, deſordenadamẽte, ſe metiò en la ſierra. Era inpenetrable por
aquella parte, para los nueſtros, por̃q no la ſabian; i dificultoſas
las entradas: i aſsi les fue facil a muchos, ſalvar las vidas, entre
aquellas maleſas. Peligró deſpues la de D. Fernando en eſte alcance;
por̃q dexandoſe llevar de ſu animo, ſe entró en el mõte, adõde ſe hallò
cercado de una tropa de Moros: inveſtierõle por todas partes, matãdole
primero el cavallo; mas el, con la deſeſperacion de vengar la vida, mâs
̃q con la eſperança de ſalvarla; peleò a pie conſtantemente, haſta ̃q
D. Duarte ſu cuñado, rompiendo por todos cõ ſingular esfuerço, le hizo
lugar; para que tomaſſe otro cavallo; i deſpues, auñq trabajoſamẽte
ſe dierõ entre los dos, tan buena maña, que cõ muerte de algunos
bolvierõ a poner en huyda, a los q̃ quedavan. Recogiòſe D. Duarte, con
doblado triũpho; por̃q el librar ſu cuñado de aquel aprieto, le añadio
grãde gloria al vencimiento: i el padre recebiendolo en los braços,
le dió con ellos la corona, con que los antiguos premiavan ſemejantes
hechos, dignos de imitacion, i alabanças, por la fuerça, con que excita
el valor, la honra, q̃ ſe consigue, immediata a las hazañas; premio
de maior eſtimacion, que los que en otras ocaſiones repartẽ grandes
Principes, por mueſtra de ſu liberalidad, muchas vezes intempeſtiva.
Murieron de los enemigos, más de dos mil; i de los nueſtros, ſolo el
cavallero referido, a quiẽ Gomez Eanes no dà apellido. Eſta tan gran
deſigualdad de muchedũbre de Moros, a los pocos Chriſtianos, q̃ se
hallarõ, hizo reputar eſta victoria por milagroſa; i más con lo ̃q
los Moros teſtificarõ, q̃ al enveſtir los Portugueſes, apellidando
Santiago, vieron, q̃ los ayudava otra gente mui màs blãca, que ellos
de otro trage, i ſemblante. Refiero eſta tradiciõ, por̃q la hallo
eſcrita en los autores de aquel tiẽpo, como indubitable; para q̃ ſe
note quales eran los Portugueſes entõces, q̃ alcançavan eſtos favores
del cielo; por el valor, i zelo, con q̃ defendiã ſu cauſa, ſin mirar
otros provechos particulares ſuyos, cuya codicia ha reduzido a terminos
miſerables, las conquiſtas, que nueſtros aſcendientes començaron, ſolo
con la mira del ſervicio de Dios (̃q es el autor de las victorias) i el
bien publico de ſu patria, i ſu Rey, contentandoſe con la buena fama;
quiçà oy no tan eſtimada, como ſeria razon: i es la cauſa, de donde
ſe originan las perdidas, i caſtigos, que encadenados unos en otros,
amenazan cierta ruyna: deviendoſe temer, ſi con los exemplos paſſados,
no bolvemos a renovar las virtudes, que dieron a Portugal reputacion,
i imperio. Pareciome admirable la confiança de un caſo, que en eſta
ocaſion ſucedió a un cavallero, deudo del Conde, por nombre Alonſo de
Acuña. Iva en pos un Moro, q̃ le huya, i al darle un golpe, haziendole
amagos del con la eſpada, le reſvalò de la mano, i le cahiô en el
ſuelo; peró gritando al Moro, que la levantaſse, i ſe la dieſſe; fue
tanto el miedo, que llevava, q̃ bolviô humilde, a obedecerle: Alonſo de
Acuña, entonces, compadecido de ſu flaqueza le dexó eſcapar livremente,
de q̃ fue muy alabado: i con razon, porque el ſaber perdonar los
enemigos, tiene tanto de valor, como el ſaber vencerlos.

(20) Quedaron los Moros tan quebrantados deſte ſuceſſo, que en los
dos años ſiguiẽtes, de veynte i nueve, i treynta, no oſaron a ſalir
de las ſierras. Però D. Duarte aborreciẽdo el ocio, que afemina a los
hombres màs esforçados, i ſuele ſer un daño oculto, q̃ poco a poco và
debilitando la virtud, haſta derribarla, no ceſſava de moleſtarlos.
Y a los diez i nueve de Março, deſte año ultimo, entrô con ſetenta
cavallos, i ſeſenta de apie, en lo màs aſpero de la ſierra de Mexeqiſe,
i arrazò dos poblaciones grandes, que eran Alfayates, i Colleate,
talando muchas cazerias, i aduares, donde hallò grueſſo deſpojo; porque
los tomò tan repentinamente, q̃ a penas les diò lugar, màs, q̃ para
tener miedo. Eſtâ eſta ſierra, ſegun la ſitua Gomez Eanes, ſiete leguas
de Ceuta. Entiẽdo yo, q̃ es la de Benihuet Filoth, q̃ algunos llaman
Benigued Elfethot, por eſtar frõtera a Ceuta, i a Tanjar, pueſta
en el rio de las entradas; i por eſſo le dan eſte nombre, junto a la
ciudad de Tetuan. Es pequeña, aunque de muchas fuerças; porque la
habitavan los hombres más valientes, i belicoſos, que tenia Berberia
en ſus fronteras. Fuerõ un tiẽpo vaſſallos del ſeñor de Tetuã, i tan
moleſtados de los Chriſtianos de Ceuta; que ſe puede dezir, que ſe
ſuſtentavan de ſus ſementeras, i coſechas. Y por eſta conſideracion,
los Reyes de Fez los tomaron a ſu devocion, librãdolos de tributos, i
favoreciẽdolos ſummamente, por la neceſsidad, que tenia dellos; que es
quando los ſubditos ſon màs libres. Eſta fue la vez primera, que los
nueſtros ſubieron a aquella ſierra, i conocieron ſus moradores. Con
eſte principio nada ſe ocultava, i defendia al valor de D. Duarte, de
quien començavan a experimentar los golpes, de que haſta entonces no
tenian otra noticia, màs que la fama, que en eſte caſo ſolamente, hazia
las coſas menores. Grangeô en eſta jornada tanto, que diò confiança
al Cõde, para executar el deſſeo, q̃ trahia de paſſar a Portugal, a
componer negocios forçoſos, de la ſuceſsion de ſu caſa. Determinoſe
tratar dello, perſuadido, no haria falta ſu preſencia, dõde aſsiſtia
ſu hijo; por̃q ya todas las coſas de aquel govierno, ſe hazian por ſu
conſejo, i autoridad; aunque la gloria de los buenos ſuceſſos, ſolo ſe
attribuya al Conde.

(21) Pidió licencia al Rey: llegòle en Abril deſte año de treynta. Y
aunque reſuelto dexar a D. Duarte encargado de aquella plaça, ſabiendo
ſer mui capaz, i baſtante para ello, con todo, como prudente, tomò
antes los votos, i el parecer de los cavalleros, i ſoldados, que le
aſsiſtian; para que aprovada una vez eſta reſolucion, deſpues no la
murmuraſſen, diziendo, que ſe governava por aficiõ de padre; que
ſiempre haze maiores las acciones de los hijos. Aprovaronla todos
conformemente, no teniendo D. Duarte diez i ſeys años; edad mui poca,
para tan grande elecciõ. Y por màs que ſus merecimiẽtos la calificavan,
ſiempre fuera culpable al Conde, ſi faltaran de junto a ſu perſona,
algunos, que ayudarã a ſu juentud. Eſta dificultad emendò el Conde, con
la perſona de Ruy Gomez de Sylva, ſu yerno, Alcaide de las fortalezas
de campo maior, i ouguela; el qual ſiendo ſu frõtero, deſde la
toma de Ceuta; en la opinion, i valor, tenia de los primeros lugares
della; añadiendo a eſto grande experiencia, i conocimiento de los
ardides, i cautelas de los Moros, con que ſe ſingularizava entre todos.
Encomendòle entonces más particularmente, la aſsiſtencia, i conſejo del
cuñado: i a el, llamandolo a ſu apoſento, i travandole de la mano, con
mucho amor, dixo.

 _Aunque procedes de manera, que de ninguna coſa neceſsitas menos, que
 de mis advertencias, con todo ſoy padre cuidadoſo, i como tal, he de
 amoneſtar una, i muchas vezes; ya que tu aumento, i mi aficion, me
 llevan a Portugal: Dexote en mi lugar, porque quiero, que participe
 tu nombre de la gloria, que mereces. Haſta aqui ſe me davan a mi las
 gracias de las victorias: començaràs aora a lograr dellas, i a poner
 en olvido, las que debaxo de mi nombre alcançaſte, con que de nuevo me
 darâs embidia, i triũpho. Trabaja, pues, como eſpero, por acreditar
 mi auſencia; que pues fio de tus pocos años mi reputaciõ, deßeo, ̃q
 todos lo juzguẽ por acierto, i q̃ ſolos nueſtros enemigos lloren
 eſta elecciõ. Sean Dios, i la hõra, tu guia, i luego el conſejo;
 ſin el qual, te mãdo, no camines en nada. Luze en la milicia, cõ
 maiores vẽtajas de los moços, el voto, i experiẽcia de los viejos:
 tẽplaran tus brios, i governarã tus deſſeos. Conoſco, q̃ los tienes,
 de ſer honrado, mas no ay coſa, que no ſe facilite a la mocedad, i
 ſe dificulte a la prudencia. Eſcucha a todos, i aprende de todos;
 que no ay frontero en eſta plaça, que no te pueda ſer maeſtro. Haſta
 los yerros ſe diſculpan con la imitacion; quando ſe ſigue la opinion
 de los buenos. Todos los ſoldados, que te quedan, te criaron: i aßi
 tienes de oyr a cada uno, como a padre; obligandolos primero con
 el agrado, a que te digan libremente ſu parecer; porque en el amor
 no ay adulacion, ni verdad en los reſpetos. Bien veo, que entre
 tantos, no ha de faltar alguno, que ſe quexe de tu precedencia, i
 que condene mi reſoluciõ, por más que la tengan aprovado. Perô tu
 templança ha de moderar eſte ſentimiẽto. Y con eſto te encomiendo,
 que el trato de los cavalleros ſea igual, i facil: de manera, que te
 juzguen por compañero, i no por capitan. Conſiſte en eſta conformidad,
 nueſtra dicha, ſiempre ſuſtento eſta frontera, la igualdad de los
 animos; porque con la diuiſion, nada ſe conſerva. De tus aciertos no
 procures otro teſtigo mejor, que eßos; barbaros, que ves a nueſtros
 ojos, velando ſiempre ſobre nueſtras acciones; ellos baſtan para
 publicarlas. Y aſsi con los tuyos, no ſolo has de repartir los bienes,
 ſino la fama, attribuyendo tus hechos a ſu valor, para obligarlos deßa
 ſuerte, a que hablen de ti, como entereſſados, i no como embidioſos.
 Acabo con advertirte, que tus coſas ſon las que me llevan al Rey mi
 ſeñor, a pedirle la ſuceſsion deſta plaça para ti: pienſo obligarle
 con ſu neceſsidad; porque eſta es la que fuerça a los Principes, a
 nueſtras conveniencias. Seran tus obras la maior valia: i quando no
 baſten, entonces me valdre de mis ſervicios; de que deſſeo logres
 el premio, ya que mi caſa paße a otro dueño; i que no ſeas tu, hijo
 mio, en quien ſuſtẽte mi nombre, i calidad. Mas Dios, que lo permite,
 tambien ſerâ ſeruido, aventajarte en los premios, como haze en los
 merecimientos._

A eſto D. Duarte prometiendo de ſi modeſtamente, offreciô cuidado, i
obediencia: i el padre dandole otras inſtrucciones màs ſecretas ſe
paſsò a Portugal.

(22) Fue recebido en Lisboa, con grande applauſo. Ruy de Pina, dize,
que el Regimiento, i Conſejos, le ſalieron a encontrar en la playa, i
de alli le llevaron, a manera de triumpho, a la Igleſia maior, donde
en un Panegyrico, ſe refirieron ſus hechos, i hazañas, al pueblo.
Eſte modo de agradecimiento publico, pareciò novedad en eſte Reyno,
por la cortedad, con que ſe uſa en el, de engrandecer las coſas
de ſus naturales. Però bien merecen ſus alabanças tan grandioſas
demonſtraciones: por lo mucho, que con ſu exemplo, deſpiertã, i obligã
los animos. Hallò el Conde al Rey en Santaren. Paſsô a beſarle la
mano, i a dos leguas, le eſperò el Iffante D. Duarte, primogenito (aun
entonces, no ſe llamavan Principes) i a dos pieças, el Rey en palacio.
Hõrólo deſpues, con extraordinarios favores: dandole ſu meſa, lado, i
amiſtad publicamente.

(23) Mientras eſto paſſava en Portugal, Don Duarte en Ceuta,
adminiſtrava ſu cargo con templança, i prudencia; procurando conocer
las coſas, i ſer conocido de todos; que es de grandiſsima importancia
a los principios. Però los Moros como vieron auſente al Cõde,
convertieron ſu temor en eſperança; haviẽdo reconocido la ciudad, por
un Alfaqueque, por nombre Cidemus, q̃ con ocaſion de reſcatar eſclavos
(ſon los mercaderes, que tratan en eſto) entrava con familiaridad
en Ceuta. Notô el eſtado, en que eſtavan los Portugueſes; con los
ſemblantes triſtes, por la auſencia del Conde: i juzgò eſta triſteza,
a que procedia de miedo de ſu falta, i no de aficiõ, que le tenian;
pues era capitan, q̃ a los moços havia criado i a los viejos honrado,
i engrãdecido a todos. Eſte engaño de Cidemus, hizo juntar los Xeques
de aquella ſierra, i deſpues que hablaron en ſecreto, començaron a
diſcurrir entre ſi de los males, i daños, que ſufrian; i a repreſentar
las injurias, i exagerarlas, diziendo; que la ocaſion los eſtava
llamando, para que reſtauraſſen ſus vidas, honras, i caſas; que ſu
gran Propheta ſe enojaria de que dilataſſen en acabar con tan vil
gente como eran los Portugueſes; la qual ſin razon, ni juſticia, de
puros codicioſos, aſpiravã a introduzirſe en imperios agenos: ̃q
ſegun andavan ſeñores, i arbitros de ſu tierra parecia, que no
deſcanſarian, haſta ponerla toda debaxo de ſu yugo; que era afrentoſa
coſa, imaginarlo; i mucho màs la aflicion, en q̃ andavan, ſin lograr
los frutos de ſus coſechas; que de ſus ganados, i ſementeras, quien
ſino los Chriſtianos cogian el provecho? q̃ Dios ſe movia, ſin duda,
a eſta vengança, pues tenia auſente el capitan, que los amedrentava,
ô por mejor dezir, huydo, por no ver la deſtruycion de los ſuyos; ̃q
dexava en ſu lugar un moço, q̃ a penas tenia edad para ceñir eſpada,
quãto mâs para defender fortalezas; q̃ con eſto juzgava por gloria
poca, el vencer aquella gente medroſa, i ſin cabeça: q̃ otra coſa
no era ſu triſteza, ſino adivinar ſu ruina; que era tiempo ya, que
bolvieſſen a cobrar reputacion, i vengaſſen ſus injurias. Provocados
con eſtas, i ſemejantes razones, tomaron las armas, debaxo del govierno
de Marzoco Xeque, principal, valiente, i determinado, jurando primero
morir, ò vencer. Convocò luego gran multitud de gente, de que formò
un numeroſo exercito, repartido en dos tropas. Y el dia ſeñalado,
apartando la una, para correr la ciudad, ſe emboſcò con la otra en los
molinos de los cañaverales; ſitio a propoſito para el engaño, por ſer
boſque mui ſerrado, i poco deſviado de Ceuta; a penas media legua. Don
Duarte ſabia mui enteramẽte, por ſus atalayas, lo que paſſava. Y aſsi
jũtando a conſejo a los Fidalgos, i fronteros de maior cuenta; deſpues
de darſela de todo, les hablo deſta manera.

 _Grande immodeſtia fuera la mia, ſi os juntara (ſeñores) con el
 intento, que acoſtumbran, en eſtas ocaſiones, los demás capitanes;
 para repreſentar peligros, i exortar a la virtud. Pues una, i otra
 coſa, ſe eſcuſa, con ſaber las razones, que os obligan a ello, i me
 iſentan de ſemejantes raſonamientos: maiormẽte, quando reconoſco,
 lo que el Conde mi ſeñor me encareciô el obedeceros. Oy comienço a
 militar debaxo de vueſtra bãdera, con maior guſto, pues veo, que ſois
 tales, que me acredita igualmente, el ſer vuestro ſoldado, que vueſtro
 capitan. Conſentidme eſte nombre, ya que es vueſtro el govierno;
 pues de honrarme con el, os ſigue maior gloria. Eſta ha de ſer
 vueſtra, como tambien la culpa, en todo lo que nos fuere ſucediendo.
 Por̃q no ignora el mundo, que mis pocos años obedecen a vueſtra
 experiencia; i que a ella principalmente dexo encargado el Conde mi
 padre ſu reputacion. Bolved por ella, pues deveis a eſta confiança,
 morir por ſu defenſa. Vueſtras canas, i conſejo, me forman otro del
 que ſoy; i eſto es lo que me haze no correr en vueſtra preſencia:
 porque conoſco, que no paßo de executor de vueſtras ordenes. Las ̃q
 me dieredes puntualmente vereis obſervadas; i eſpero gloriarme tanto
 de vueſtra obediencia, como de la victoria. Compañeros ſois todos, en
 las que mi padre tiene alcançado en eſta plaça: aſsi que ſu auſencia,
 no puede cauſarme deſconfiãça, ni a nueſtro enemigo ſoberbia: pues en
 vueſtro valor tenemos el Conde presẽte._

Añadió a eſto otras palabras, i cumplimiẽtos. Habló a cada uno de por
ſi, cõ particular eſtimacion; votòſe deſpues diverſamẽte: por que las
atalayas no conformaron en el aviſo de las eſpias; i hizieron ſeñal,
ſolamente, de una tropa, que vieron. D. Duarte ſaliò, con todo, aunque
recatado: puſo ſu gente en un tieſſo, de manera q̃ eſperò a ver lo
̃q hazia el enemigo, q̃ deſcubierto, cargò cõ grãde impetu a los
almocadenes del cãpo (ſon atajadores.) D. Duarte, entõces, recibiò al
enemigo, haziendole roſtro por algun eſpacio, i luego tentò ſacarlo a
un llano; por̃q la aſpereza de la tierra, impedia ſu cavalleria, a que
no ſe meneaſſe tan ſueltamẽte, como la contraria. Cõ eſto D. Duarte
fingiò retirarſe; i los Moros cevados en eſte miedo, ſe hallaron fuera
de la ſierra. Alli bolviò ſobre ellos D. Duarte con tanta gallardia,
i pujança, que a penas tuvieron animo para huyr deſcompueſtamente.
Marſoco, que andava ſuſtentando la eſcaramuça en lo màs peligroſo,
haziendo todo lo que devia a un valiẽte capitan, poniẽdoſe delante
de los medroſos, cõ vozes, i lagrimas procurô detenerlos. Nunca tuvo
ley, ni razõ el miedo, apoderado una vez del animo, mal ſe reſiſte.
Nada aprovechò a Marſoco: por̃q los ſuyos, aũ̃q cobrarõ brios con ſus
palabras, bolvieron tan floxamente a la eſcaramuça, q̃ los Chriſtianos
los tornaron a desbaratar cõ facilidad. Marſoco deſeſperado de la
reſiſtencia, ſe llevô tambien de la dulçura del vivir, con menos animo
del que moſtrò al principio. Eſcapò en la ſierra, i con el poco màs de
ciento de los ſuyos; por̃q los demàs quedaron, ô muertos, ò captivos.
Reconocia deſpues eſte Moro a los Portugueſes por invencibles, en
quienes ſin duda, havia valor màs q̃ humano: alabança digna de
referirſe, por ſer hallada en boca del enemigo, que la haze menos
ſoſpechoſa.

(24) Fue de grande importancia eſta victoria a Don Duarte: porque
tomò motivo de ella, para ſolicitar otras con más brio, i reputacion,
obrando en el quaſi, como en ſu padre: porque los Moros juzgãdo ambos
por una miſma coſa temian al mãcebo igualmẽte, que al viejo. Recogido
a la Ciudad, determinò de valerſe de aquella felicidad, que ſiempre
allana impoſsibles, i dar ſobre algunos aduares de la ſierra de
Mexequiſe, por ver ſi podia enflaquecerlos, de ſuerte que llegaſſe a
conſumir la inteligencia, que trahian de contino en nueſtro daño. Eſtos
aduares ſon unas poblaciones de ciento, ó dozientas tiendas pueſtas
en rueda, que hazen un ambito redondo, donde los Alarabes meten ſus
ganados de noche. Son de color de burel negro, hecho de lana de pelos
de cabras, i de telas de palma, todo rebuelto, i texido, que haze un
paño grueſſo, i mui tiezo, para reſiſtir la furia del Sol, i del agua;
eſtan aſſentadas unas con otras tan juntas, que forman un muro al
rededor, i no ſe puede entrar en el, ſino por dos puertas, i eſtas las
ſierran de noche con eſpinos, porque los leones no entren a hazer daño.
En Arabigo quierẽ dezir, circulo redondo: uzavãlos antiguamẽte de la
miſma manera, que aora los barbaros Africanos. Ay autor, que afirma,
̃q deſta forma eran los tabernaculos, i tiendas de los Iſmaelitas
Cedarenos, negros aburelados, conformandoſe al uzo de Arabia, del
miſmo color, i modo, mui conforme al nombre de Cedar, que es
obſcuridad, i tenieblas. Con la invaſion de los Arabes, ſe introduxeron
en Africa; por donde a los q̃ los poblaron, llamaron deſpues Alarabes.
Viuẽ en los cãpos, i ſierras, ſiguiẽdo los paſtos mejores para ſus
ganados, que es lo de que viven, i ſe ſuſtentan. Era Benaiame, el aduar
principal, i cabeça de los demàs. Diò ſobre el Don Duarte, con poca
gente, perô con ſecreto, i lo quemó antes que fueſſe ſentido: con tãta
preſteza executava ſus deſignios, q̃ ſe puede contar por maravilloſa
entre ſus excelencias, por ſer parte de grãdes fortunas entre los
ſoldados. A la buelta, arrazò de camino, Abodmi, i Beluaſen, aduares
de menos cuẽta en la miſma ſierra, i degollô en ellos ciẽto i treinta
Moros, ſin los que traxo cautivos, q̃ fuerõ en maior copia. Entre ellos
muriò un hijo de Dabu, de quien ya hezimos mencion, moço de haſta
quinze años, que, por los brios, q̃ ya moſtrava, era la eſperança, en
̃q toda aquella ſierra fundava ſu libertad. Otro moço cautivaron de
riqueza ineſtimable, llamado Lagamuci, de manera que fue eſte ſuceſſo
mui conſiderable por el deſpojo, i la opinion, que alcançò D. Duarte.

(25) Entre tanto, el Conde D. Pedro, hecho ya Conde de Villa Real, i
Alferez maior deſte Reyno, tratò de pedir al Rey D. Iuan la ſuceſsiõ
de Ceuta, i del titulo, para D. Duarte: però no tuvo efeto eſta
pretenſion, por̃q la contradixo, ſolicitandola para ſi ſecretamẽte D.
Beatriz ſu hija maior, heredera legitima de ſu caſa, intercediẽdo en
eſto la Inffante Doña Leonor, que era ſobrina de D. Fernando de Noroña
ſu marido, nieto del Rey D. Iuan el primero de Caſtilla, yerno del Cõde
de Gijon, padre de D. Fernando. Quedò al fin indeciſo el negocio, por̃q
tambien el Cõde D. Pedro, auñq amava al hijo con exceſſo, i deſſeava
ſus aumentos; era facil a mudar de voluntad, i quizo complazer la
hija, i no deſagradar al yerno. Valiòſe el Rey deſtos embaraços, para
ſuſpender el deſpacho, cevando a todos de eſperanças: conſiderando,
que no ay Principe bien ſervido ſin ellas; i eſte principalmẽte, ̃q
ſupo praticar eſta lecion, entendiendo ſu conveniencia mejor q̃ todos:
ſiẽdo grande maeſtro de prometer aun antes del Rey; i es cierto,
que diſponiendo de lo q̃ no era ſuyo, alcançó la corona; teniendo
pretendientes, mas juridicos, aunque de menos poder, i maña, que fue la
juſticia, que tuvo en ſu favor. Verdad ſea, que en eſta ocaſion, fueron
baſtantes las honras, que hizo al Conde, publicas, para remuneracion de
ſus ſervicios; porque el Rey conociendo la ambicion de ſus vaſsallos,
i quanto ſe llevavan de exteriores preeminencias, no rehuzava eſte
genero de premiar; juzgandolo por màs acertado, i màs conveniente
para un Principe, q̃ el de apurar los patrimonios, i erarios, que sõ
los nervios de la Republica. Eſte fue el camino, con que los Romanos
entendian perpetuar la ſuya: i es grande ignorancia, ò mucha embidia,
la de aquellos, que aconſejan a ſus Reyes lo contrario; porque un
Principe miſerable de honras, i favores, adquiere aborrecimiento con
los ſubditos, de manera que deſdeñan el ſervirle, facilmente; quando no
ay honrado, que no anteponga la autoridad, al interes.

(26) Eſta fue la primera dignidad, que la perſona del Conde, alcançô
en Portugal, por que haſta entonces, aunque lo llamen las hiſtorias
Conde, lo era ſolamente de Ayllon, ò Aguilar, en Caſtilla: paſsòſſe
a aquel Reyno, muerto ſu padre, q̃ fue el primero de Viana, el qual
ſiguiendo la voz, i fortuna de la Reyna Doña Beatriz ſu ſobrina,
hija del Rey D. Fernando, i de Doña Leonor Telles, ſu prima hermana;
le matarõ en Penela, ſus vaſſallos proprios, indignados, de que ſe
moſtraſſe contra el Maeſtro de Auis, a quien el pueblo acclamava por
Rey. Mas deſpues entrando el de Caſtilla en portugal, a lo de la
ſuceſsion deſte Reyno, de que moſtrava ſer heredero, por morir ſu
ſuegro con ſola eſta hija; con la rota, que tuvo, no pudo continuar
ſu derecho; i el Maeſtro de Auis, fundado en el de la guerra, màs que
en otro alguno, començò a aſpirar al Reyno, con notable felicidad.
Firmòla en todo el caſamiẽto, que hizo en Inglaterra, con Doña Felippa
hija del Duque de Lencaſtre, caſando otra cõ el Rey de Caſtilla, que
ſe acomodò tambien con los tiempos, conſiderando, que los titulos,
con que reynava en Caſtilla, padecian las miſmas dudas, que los de
Portugal, por haver ſido el Rey D. Henrique ſu padre baſtardo, del
Rey D. Alfonſo el undecimo, i hazerſe Rey por odio de ſu hermano D.
Pedro, que fuerõ las cauſas del de Portugal. Concluyeronſe entonces
las pazes deſtas coronas, contentandoſe cada uno deſtos dos Principes,
con lo que ya havian hecho ſuyo; ſabiẽdo, que facilmente pierde todo,
quiẽ codicia todo; maiormente, quando la juſticia, de lo que ſe
adquiere, ſe eſtablece con las armas, que la fortuna govierna a ſu
arbitrio. Quieto, pues, el Rey D. Iuan, entendiò, que pueſto que la
plebe havia ſido la cauſa principal de cõſeguir el Reyno; todavia para
ſuſtentarſe tenia neceſsidad de la nobleza, i aſsi procuró conduzir
a ſu amiſtad los nobles auſentes, que eran ſus maiores enemigos.
Andavan los Reyes en aquel tiempo mui depẽdientes de los ſubditos, i
trabajavan por obligarlos tanto, como por ſer obligados. Entrò en eſte
numero el Conde Don Pedro con la Condeſſa Doña Mayor Puerto Carrero ſu
madre, los quales duraron en Caſtilla valídos, i venerados, mientras
reynò la Reyna Doña Beatriz ſu ſobrina: però con ſu muerte ſe acabò
la valia, como ſucede de ordinario en las coſas, que ſe ſuſtentan de
favores agenos. Vinieron a eſte Reyno, adonde el Rey le reſtituyò, ſin
el titulo, i juriſdicion, todas las rentas, que havian poſſeydo ſus
aſcendientes. Añadiò el Conde a las de ſu caſa muchas, con el primer
caſamiẽto, que hizo, i aora con eſte ultimo, con la hija heredera de
Miſer Paſaña, Almirante de Portugal, con que alcançò en dote eſte
oficio.

(27) D. Duarte con eſtas nuevas, ni ſe ofendió, ni hablò palabra de
quexa alguna, antes moſtrò en las gracias, que dió al padre por ſus
cartas continuas, que de nada ſe acordava menos, que del complimiento
de ſus promeſſas; porque no paſſavan ſus deſſeos a más que verle con
vida, i grandeza. El viejo obligavaſe deſta conſtãcia, però no oſava
renovar las coſas ya cõpueſtas; pareciendole, q̃ ſe guardarian para
mejor tiẽpo, auñq tãbiẽ ſe puede imaginar, q̃ no andava deſeſperado de
tener hijos legitimos deſte quarto matrimonio, por eſta cauſa parava en
lo primero.

(28) En medio deſtos ſuceſſos adoleſció gravemẽte el Rey D. Iuan en
Alcochete, Riberas del Tajo, i de alli esforçandole la enfermedad,
ſe paſſó a Lisboa, donde muriò, en quatorze de Agoſto, de mil
quatrocientos i treinta i tres, en el de ſu edad, de ſeſenta i cinco.
Lloraron ſu muerte los Portugueſes con grãdes encarecimientos, notando
que perdiã Rey, a quien el ſceptro mejoró de virtudes: coſa bien nueva
en los Principes, por ſer el eſtado donde algunos empeoran; mas el
ſe hizo digno del imperio, que tuvo, mucho màs deſpues que reynò.
Sucediòle D. Duarte ſu hijo maior, i primero deſte nombre. Y luego el
miſmo dia fue levantado, i jurado por Rey, aſsiſtiendole el Conde en
eſte acto, como Alferez maior, que fue la primera vez, en que exercitò
eſte oficio. Eſto acabado, i compueſtas ſus coſas, ſe fue para Ceuta,
llevãdo conſigo algunos cavalleros deudos ſuyos, como fueron Ruy Dias
de Soſa, hijo de D. Lope Dias de Soſa, Maeſtro de Chriſto, i Gõçalo
Rodrigues de Soſa ſu ſobrino; porque deſſeavan aſsiſtir en aquella
plaça, como frõteros. Y en llegando el Conde, al punto D. Duarte
ſu hijo, deſpues de bezarle la mano, le reſtituyò el govierno, ſin
alterarſe en el ſemblante, ni en las palabras, antes humillandoſe a ſus
braços, le moſtrô con igual animo, que no rehuſava nada por miedo, ni
pretendia por ambicion.

[Illustration]



ARGVMENTO
DEL
LIBRO SEGVNDO.


_PRudencia, con que D. Duarte governava Ceuta por orden del Conde ſu
padre, deſſeãdo introduzirle en el cargo: Embidias, que reſolultaron
deſte intẽto entre algunos fronteros calificados. Entradas, que hizo
la tierra dentro del enemigo. Lugares, que arrazô con notable fortuna:
Emulacion de Don Sancho de Noroña: traças, que uzó D. Leonor hermana
de D. Duarte, para haver del Rey la ſuceſsion de Ceuta, para ſu dote:
Fin, que tuvo eſta pretenſion: Iornada infelice, que los Inffantes de
Portugal hizieron contra Tanjar: Muerte del Conde D. Pedro de Meneſes,
ſucediendole ſu yerno Don Fernando de Noroña: Venida de Don Duarte a
Portugal: Grandes honras, i mercedes, que le hizo el Rey: Muerte deſte
Principe, i lo ſucedido deſpues della, haſta entrar en el govierno
deſte Reyno el Infante D. Pedro, ſiendo el Rey D. Alfonſo de ſeis
años. Con lo demâs ſucedido haſta el de mil quatrocientos i treynta i
nueve._



VIDA DE
DON DVARTE
DE MENESES
TERCERO CONDE
de Viana.

LIBRO SEGVNDO.


(1) HAlló el Conde en Ceuta en boca de todos, alabãças del ſezo,
i valor, con q̃ D. Duarte governô en ſu auſencia; i eſtẽdiaſe la
fama a los enemigos; los quales fatigados de miedo, por las rotas
conſiderables, que havemos contado, no oſavan a deſmandarſe ni ſalir
un paſſo, de lo màs aſpero, i oculto de las ſierras; de manera que
con eſto Ceuta mâs parecia lugar metido en Heſpaña, q̃ frõtera de
Berberia; por̃q a eſta paz ſe acrecẽtava grã copia de baſtimẽtos, con
que D. Duarte procuroprocuró ſiẽpre tener contenta, i mantenida la
ciudad; i como era hombre recto, i no eſtava odiado por algun vicio;
ſupo ganar la voluntad de todos; conciliando los extremos, de facil,
i autorizado, en un medio agradable, que adquiria los animos màs
rebeldes. Eſto obligò al Conde, a dexarle la deſpoſicion de todas las
coſas; reſervandoſe ſolamente el conſejo, i ſuperioridad del oficio,
en lo màs preciſo, i neceſſario de ſu perſona. Bien entendian los
prudentes, que el hazer eſto ſin limitacion alguna, i en ſu preſencia,
era introduzirle en la ſuceſsion de aquel cargo: i auñq lo aprovavã
muchos, q̃ no attendian a odios, ó enojos particulares, i miravan
la utilidad publicas; Cõ todo havia otros, que de pura embidia lo
murmuravan, ſeñalando algunas conveniencias; que conſideradas, más
deſcobrian ſu paſſion, que fundamento de algun bien comun. Y como no
ay maldad, que no tenga valedores, ô ſombra de algun bien, con que
los malos ſiempre disfraçan ſus pretenſiones. Baſtaron eſtas para
deſcomponer a D. Duarte, de ſuerte que pudo quitarle la embidia, lo que
tan liberalmente le concedia la virtud. Diremos las cauſas, ſin las
quales mal ſe conocẽ los effectos, ſiendo uno, i otro neceſſario para
la inteljgencia de la hiſtoria.

(2) Deſpues, que los Portugueſes entendieron los bienes, que le
reſultavan de la conquiſta de Berberia, una vez empeñados en ella con
la ſuſtentacion de Ceuta, tomarõ eſta frontera para eſcuela adonde
criaſſen ſus hijos, i aprendieſſen las primeras letras de la honra,
deſdeñando el ocio de la patria, que entonces con la paz uniuerſal,
que gozaua, iva debilitando los animos poco a poco. Guiados deſta
conſideracion, entrò en Ceuta deſpues de aquellos cavalleros Soſas ya
referidos, D. Sancho de Noroña, hijo tercero de los Condes de Gijon, i
hermano de Don Fernando, yerno del Conde. Era eſto en los principios
del año de mil quatrocientos, i treynta, i cinco. Y D. Sancho ſiendo
uno de los maiores caualleros en ſangre, i virtudes deſte Reyno,
llevó conſigo otros muchos, cõvidados de ſu liberalidad, diſcrecion,
i agrado (calidades todas, que conſtituyen un buẽ corteſano, i hazen
un ſeñor bien quiſto, i amable) ò inſtados tambien de ſu exemplo, que
es el general provecho, que produzẽ las reſoluciones acertadas de los
mayores. Con ſu gallardia reforçò el Conde el preſidio, porque (ſegun
Gomez Eanes notò) paſſarõ de cincuenta cavalleros los que acompañarõ a
Don Sancho, a ſu costa.

(3) Tentò el Conde feſtejar la entrada deſte hueſped, con diſponer
alguna la tierra dentro del enemigo; porque D. Sancho no deſſeava otra
coſa, ni el Conde le podia regozijar, como queria, con fieſta, q̃ màs
le agradaſſe; q̃ ſolo eſtas ſe acoſtumbravan en aquellos lugares.
Communicó eſte penſamiento con ſu hijo, i aſſentarõ ambos dar en
Cencẽ, lugar de duzientas caſas, cinco leguas de Ceuta en la ſierra de
Mexequiſe: i luego ſobre Tetuan. Eſta empreſa ultima no ſe declarò;
porque tenia mucha dificultad, i el Conde temia hallar reſiſtencia en
los fronteros, i quiſo cevarlos en la jornada primera, para facilitar
la ſegunda. Apartò Don Duarte cinquenta cavallos, con la preſteza, i
valor, que acoſtumbrava, i arrazò a Cencen, ſin dexarle piedra ſobre
piedra. Importò la preſa un gran deſpojo de ganado, i otras preſeas de
eſtima; porque era el pueblo rico, i los moradores con la diſtancia,
i aſpereza del ſitio vivian deſcuidados deſte acometimiento.

(4) Sucediô a eſte, proſperamẽte el de Tetuã, porque la fortuna
parece que andava apoſtada a halagar a Don Duarte por deſpertar a los
embidioſos de ſus glorias, que aun entõces ſoſſegavan con la eſperãça
de igualarle en la fama. La ciudad de Tetuan (que los Africanos llaman
Tetevain, que quiere dezir ſolo un ojo) yaze riberas del Cuſque; el
qual baxando de las ſierras del Atlante maior, tira derecho al Levante,
quaſi ſiete leguas de Ceuta, haſta meterſe en el Oceano, dõde ſe forma
una barra, no mui capaz; por el arriba una legua eſtà la poblacion en
ſitio freſco, i hermoſo, cercado de viñas, arboledas, huertas, q̃ por
la copia de las aguas vezinas, ſon de mucho vicio; es fundacion de
los naturales, auñq deſpues la ſeñorearõ los Romanos, i ultimamente
los Godos: peró cõ la general ruina de Heſpaña, ſe la ganarõ los
Mahometanos: a eſtos, una armada Caſtellana, en el año de mil i
quatrociẽtos, con q̃ eſtuvo muchos deſpoblada: deſpues un Granadino la
fortalecio de manera, que fue los tiempos futuros una de las plaças más
fuertes, i de maior porte, que tenian los Reyes de Fez. En eſte tiempo
no havia llegado a tanta opulencia; pero tendria haſta mil caſas, i
guarnicion baſtante para defender la entrada por aquella parte a los
Chriſtianos. Gomez Eanes la haze diez leguas de Ceuta, ſiendo no màs
que ſiete; perô eſte engaño no preſumo, que es culpa ſuya, ſino de los
copiadores de ſus eſcritos; que como andan de mano, ſon los yerros
tantos, como las letras: i verdaderamente, que a penas dan noticia
cierta de las coſas; en el camino tres leguas de Ceuta, i cinco de
Tetuan, tenian los Portugueſes hecho un caſtillo, a que Gomez Eanes
llama de Almiñecar, de una meſquita, que alli hallaron apropoſito, de
ſuerte q̃ los nuestros ſe aprovecharon deſta comodidad, para llevar la
infanteria en barcos, por ir más deſcançada haſta aquel caſtillo: i
advierte eſte autor, que eſta fue la vez primera, que los Portugueſes
hizieron eſto, por huyr los muchos pantanos, de que eſtà llena aquella
ſierra, por ſer mui baxa, i humeda; demàs que la marea con qualquier
creciente, i las aguas, que baxan de la ſierra, hazẽ un rio, q̃ llaman
oy del cañaueral en invierno, tan hondo, q̃ a penas ſe puede vadear ſin
mucho peligro: eſta dificultad era de maior rieſgo para la gẽte de a
pie, i aſsi fuerõ de gran remedio los barcos.

(5) Reſuelto el Conde en mandar a D. Duarte ſobre Tetuan, partieron
trecientos infantes por mar haſta el caſtillejo, i D. Duarte cõ ciento
i cinquenta cavallos eſcogidos, por tierra, a prima noche, deſſeando
llegar a tiẽpo, que la obſcuridad hizieſſe maiores ſus fuerças,
teniendo por coſa mui favorable, el aſſaltar de noche al enemigo;
por̃q ſiẽdo de ſuyo eſpantable, las armas, i el eſtruendo dellas; el
deſcuido, i falta de prevencion, confunde, i acobarda aun haſta los mâs
praticos, i esforçados, de manera que ni ſaben, ni pueden valerſe de
remedio alguno. Era por el mes de Outubre, i havia llovido de manera,
que paſsò la cavalleria con mucho trabajo eſte camino haſta que ſe
juntò con los de apie, ſiendo màs de media noche. D. Duarte, entonces,
con acuerdo, i prudencia, ordenò, q̃ deſcanſaſsẽ un poco, i dieſſen de
comer a los cavallos, porque a penas podian dar màs paſſo. Eſtando en
eſto, vieron los almocadenes (aſsi llaman en Africa a los corredores
del campo) unos fuegos, i oyeron vozes, como de Moros: dieron aviſo
a Don Duarte, i començòſe a diſcurrir lo que hariã: quien dizia era
temeridad paſſar adelante, eſtando deſcubiertos del enemigo; pues no
havia duda, que aquellas vozes eran dellos, i los fuegos, ſeñales, con
que ſe ayuntavan; que en un inſtante acudiria tal muchedumbre; que a
penas tendrian lugar para retirarſe; mayormente quando le atajaſſen
el paſſaje del rio, adonde era impoſsible eſcapar alguno con vida;
que el perderlas era menos, ſi ſalvaſſen las honras, porque eſto
hallavan, por màs difficultoſo, quando no ſolo havian de pelear con los
cõtrarios, ſino tambien con los pantanos; donde era màs forçoſo, que
peligraſsen, dando ocaſion a una perpetua infamia, con que los enemigos
offendieſſen la reputacion Portugueza, diziendo, que morian anegados
como cobardes, por huyr de ſus golpes; q̃ la temeridad no era hõra,
ni esfuerço, la prudẽcia ſi, i la conſideracion: que eſtas partes
erã las que davan las victorias, i no irritavan al cielo; que muchas
vezes caſtigava ſemejantes reſoluciones: otros en contrario afirmavan
cõ maior conocimiento de aquella tierra; que aquellos fuegos eran de
paſtores, i de gente, que hazia arrope, ocupada en las vendimias,
(era el ſuſtento ordinario de Tetuan) i las vozes de unos animalejos,
a manera de zorras; (llamanſe Adibes) los quales en los aùllos, no
hazen differencia de los alaridos de aquellos barbaros: que ſeria
notable mẽgua ſuya, bolver a Ceuta, ſin ver los muros de Tetuan, quando
ſalieron con eſſe intento; q̃ para ellos no havia paſſo impoſsible en
Berberia; pues en los más dificiles hallavan los ſocorros del cielo,
que no ceſſava en darle ſingulares victorias.

 _Como (clamò D. Duarte) conſentireis, ſeñores, que blazonen nueſtros
 enemigos, que huymos de imaginaciones? i que para amedrentarnos,
 baſten vnos animales; que otra coſa no ſon aquellas vozes? Si la
 reputacion, i el valor, es lo que nos ſuſtenta en Ceuta, ſerâ bueno,
 que lo aventuremos todo, aunque ſea a trueque de las vidas? Pareceos,
 que paßarâ ni un dia, ſin que ſe publique en Berberia eſta entrada,
 i que ſe ſepa tan vil acaecimiento? Quien, pergunto, ha de encubrir
 nueſtra cobardia? Por ventura, como podremos eſcapar de ſer notados, ô
 de mal conſejo, o de mucho miedo? Havra infamia, que ſe iguale a eſta?
 Ambas coſas nos dañan igualmente: por lo menos no ſe ha de dezir en
 algun tiempo, que ocaſione tal deſatino. Para empreza tan facil, yo
 baſto ſolamẽte. Los que en ella quiſieren acõpañarme, ſiguen ſu honra.
 Si fueren pocos, maior gloria nos eſpera. O compañeros aqui teneis Don
 Duarte capitan de los brioſos ſolamente: buſquen otro caudillo los
 cobardes._

Hablando eſto colerico, i animoſo diò de piernas al cavallo. Fueſſe
con el D. Sancho, i no quedò cavallero, q̃ no le acõpañaſse. Animòſe
la otra gente con eſta reſoluciõ: comẽçò a marchar, offreciendoſe a
ſu capitan, a no deſempararlo, haſta lo ultimo de la vida. Bolviò Don
Duarte a darle gracias deſte offrecimiento, con palabras llenas de mil
favores, con que ſe encendieron de nuevo, procurando cada uno, con la
prieſſa, i ſemblante deſmentir el miedo, i ſer el primero que llegaſſe.
Eſtavan cinco leguas del caſtillo, que era grande eſpacio de camino
para lo que quedava de la noche; i por eſſo llegaron al amanecer, con
que el enemigo tuvo viſta de los Portugueſes. Viendo Don Duarte, que
no podia ya executar ſu deſignio, haziendo dos alas de la cavalleria;
i tomando en medio la infanteria, ſe fue derecho a la ciudad, por
moſtrarſe bizarro; i acercandoſe lo màs que pudo, huvo Chriſtiano, que
clavò vna lança en la puerta principal della. Diò buelta entonces,
con la miſma ordenança, i eſpacio, ſin conſentir a los ſuyos, que ſe
rebolvieſſen con el enemigo; el qual dividido en tropas, les venia
aſſaltando por los lados, haziendole mucho daño; porque la ſierra
eſpeſſa de arboles, i azequias, forçava a los nueſtros a caminar con
mucho tiento, i cuidado, por una ſenda eſtrecha; ignorando los boſques,
de cuya maleza ſe aprovechavan los Moros, como quiẽ las ſabia para
moleſtar los Chriſtianos. Viendoſe D. Duarte en aquel aprieto, con un
terrible impetu rompiò un eſquadron contrario, que lo tomava por la
frente, i lo fue llevando haſta campaña raza. Mas el Moro entreteniendo
eſte brio con moderada reſiſtencia, dava lugar a que los ſuyos en
tropas caminaſſen con mucha prieſſa, provocandoſe unos a otros; con
que iva creciendo el numero, baxando de aquellas ſierras, con intento
de atajar el vado del rio, que era el paſſo donde el enemigo penſava
tomarlos a las manos con mayor eſtrecheza. Entendió Don Duarte eſte
penſamiento, i llegando al caſtilejo, encomendó los infantes a Don
Sancho, para que los embarcaſſe; i el animando, con valientes razones,
la cavalleria, ordenò, que procuraſse vadear el puerto con las lanças
en hieſtas, de manera que pudieſſe offender luego que ſalieſſen en
tierra, porque el enemigo derramandoſe por las orillas, eſtava de la
otra parte eſperando el ſuceſſo para enveſtirlos. Fue el primero D.
Duarte, que con valiente reſolucion ſe echò al agua, i los demàs en
ſu ſeguimiento; però los Moros empeçando a defender la ſalida, los
dexaron paſſar libremente; i fiandoſe en el numero, los acometieron
por todas partes, con muchas algazaras, i gritos, que manifeſtavan
ſu alegria. Duraron con eſto porfiadamente en la eſcaramuça, aunque
tan confuſos, i ſin orden, que le pareció a D. Duarte poca gloria el
desbaratarlos, ſino fueſſe con exceſsivo daño. Venciò al fin, degollãdo
màs de cinco mil; i los otros juzgando, que no havia coſa impoſsible,
ni dificultoſa, a gente tan determinada: deſempararon el campo, huyendo
a toda furia. Con eſta victoria ganò D. Duarte gran reputaciõ, i
nombre, por la prudencia, valor, i acuerdo, que moſtrò en ella. Antes
de entrar en Ceuta, quiſo D. Sancho de Noroña, que D. Duarte le armaſſe
cavallero, honrãdoſe tanto de ſer ſu ſoldado en aquella ocaſion, que
rompió en alabanças ſuyas. Eſcuchòlas D. Duarte con gran templança,
confeſſando dever todo a ſu valor, i al de ſus compañeros (que aſſi
llamava a ſus ſoldados) i pidiendole, dexaſſe aquel acto para el Conde:
no lo conſentiò D. Sancho; antes bolviendo a inſtar con palabras màs
encarecidas, ſe apearon, i le armò cavallero, haviendo entre ambos
grãdes cumplimientos, i pocas ceremonias, en q̃ moſtraron modeſtia,
hidalguia, i valor.

(6) La notable conformidad deſtos dos cavalleros, ſe turbò deſpues a
bien pocos dias, por culpa de D. Sancho, i ſolicitud de los embidioſos
de D. Duarte; los quales procurarõ tomarle por cabeça de ſus quexas;
i el cevandoſe en ellas, moſtrò la ambicion, que haſta alli tenia
oculta; i como es vicio, que no guarda ley, ni tiene fin, ni termino;
deſde entonces començò a ſer enemigo, quaſi deſcubierto, de D. Duarte;
creciendo el odio con los tiempos, i la emulacion con los ſuceſſos.
Deſte paſſado, que referimos, ſe originarõ eſtas enemiſtades, porque
algunos fronteros afrẽtados de ciertas palabras aſperas, con que
D. Duarte vituperò los cobardes en aquella ocaſion; pareciendoles,
que pues lo eran, no hablava con otros: fomentaron la embidia, cõ
que muchos cavalleros miravã la continuacion, i excelencia de ſus
victorias: i entre todos induzieron a D. Sancho con adulaciones, i
engaños; que ſiempre ſuenan bien en los oydos del ambicioſo. Dezianle,
que ſu calidad no ſufria mando ageno, i mucho menos ſu esfuerço:
que razon havia para ſalir al campo a la obediencia de D. Duarte;
̃q las canas, autoridad, i oficio del padre, aũ parecia duro, q̃ le
preſidieſſe, quanto màs un moço poco apaſible. El lugar de caudillo
ſuyo, ſolo a ſu Rey ſe devia, no a un ſoldado, a quien igualauan todos
los que eſtavan en aquella plaça; haviendo muchos, que lo excedian en
la edad, i experiencia; que ſi el valor dava ventajas, no era menos
el de Don Sancho, antes mui ſuperior; que con eſto no era juſto, que
ſufrieſſen ver uſurpar la gloria de ſus hechos, a un mancebo, que
a penas tenia años baſtantes para empuñar la lança, quanto màs el
baſton. Deſcubrieron con eſto los intentos del padre, i el eſtado, en
que eſtava, de quebrantado, viejo, i impedido. Perſuadianle a que la
ſuceſsion de aquella plaça competia por derecho, i razon a D. Fernando
de Noroña ſu hermano, i que era bien atendieſſe, a que no quedaſſe
defraudado de la herencia, ſiendo ſu muger la hija mayor, legitima
heredera del Conde Don Pedro: que a no ſer eſto, màs ſe devia a Doña
Leonor ſu hija ſegũda, para dote de ſu caſamiento, que a D. Duarte
moço, i ſin meritos. Tuvo eſta ſeñora noticia de la conjuracion, i con
la codicia de muger, que de ordinario ſon faciles a vencerſe de ſu
interes; començò tambien a ayudar a los embidioſos, contra ſu hermano.
Al principio hallò repugnancia en el padre; deſpues entendiendo la
confiança, que hazia de un medico ſuyo Iudio, que vivia en ſu ſecta, el
qual con el engaño de la religion, tenia otros muchos de entremetido,
i palabrero; como era mui acepto al Cõde, por̃q le governava la ſalud
̃q es el maior biẽ de la vidatorciòle D. Leonor, a q̃ introduxeſſe ſu
pretẽſiõ en el animo del Conde. Allanólo el Iudio cõ ſus traças, i
obligólo a que deſpachaſſe al Rey D. Duarte, un criado ſuyo ſolamente
a pedirle de merced la tenencia de Ceuta, para la perſona, que caſaſſe
con Doña Leonor. Para eſta menſaje eſcogiô Doña Leonor un hombre mui
a ſu propòſito, llamado Vaſco Dois, que demàs de haverla criado, pendia
de ſus acrecentamientos, i tenia ingenio, i entendimiento aplicado
para ſemejantes caſos, i prompto para qualquier maldad. Llegò, pues, a
Lisboa, i dando una carta de creẽcia al Rey, propuſo la peticion del
Conde, encareciendo entre ſus grandes ſervicios, virtudes, i partes de
Doña Leonor ſu hija, condenando juntamente las faltas de capacidad,
prudencia, i valor de D. Duarte, moſtrando gran dolor en repetirlas,
i que a màs no poder lo hazia, ſolo por el zelo, que devia guardar
al ſervicio de ſu Rey, i ſeñor. Fundôſe en eſto lo principal de la
pretenſion; por que el Rey ſiempre ſe havia moſtrado mui affecto a
las coſas de D. Duarte, i para deſcõponerlo deſta aficion, fueron
neceſſarias tantas diligencias; aunque el amor de los Principes es màs
facil a mudarſe, q̃ el de los otros hombres, principalmente quando ſe
trata de ſus conveniencias, que ſon las cauſas, que más los perſuadẽ.
Eſtrañò el Rey la reſoluciõ del Conde, porque le havia oydo por vezes
lo contrario, i las relaciones, que de contino venian de Ceuta, ſolo de
D. Duarte hablavã, i de ſus hechos; i era cierto, que el Conde no diô
lugar a que vituperaſſen al hijo, aunque conſentiô en el penſamiento
de Doña Leonor. Peró examinando el Rey con maior advertencia, a Vaſco
Dois, de todo lo q̃ paſſava, aunque hallò en ſu informacion grande
conſtancia en lo propueſto, arguyendo della alguna verdad; ſe deliberò,
con todo, a no conceder por entonces al Conde lo que pedia, haſta
enterarſe de todas las dudas; maiormente quando determinava, en caſo,
̃q fueſſe cierta la inhabilidad de Don Duarte, dar Ceuta a D. Fernando
de Noroña, pues de yerno a yerno ninguno havia, que la merecieſſe mejor
que el. Mandò al Conde, que le embiaſſe a ſu hijo para verle; porque
queria deſengañarſe por ſus ojos, de lo que, quiçá, ſe engañava por los
oydos. El deſabrimiento deſta reſpueſta ſoſſegò a Doña Leonor de ſus
imaginaciones; i el Conde, aunque deſſeava darle guſto, porque era el
govierno de ſu vida, i caſa; con todo amava mucho a D. Duarte; i aſsi
holgòſe, aunque interiormente del deſpacho del Rey; i determinando
embiarle el hijo, lo deſviò D. Leonor, por no ſe deſcobrir la paſsion,
i engaño, con que ſe havia informado a un Rey, en cuya preſencia ſe
deven tantas verdades, i ſe dizen tan pocas. No hallo, que deſte
negocio tuvieſſen noticia los contrarios de D. Duarte; porque fue hecho
en gran ſecreto; però igualmente creſcia la fama del, que la embidia
dellos; porque los animos una vez mordidos deſta ſierpe ponçoñoſa, mal
ſe quietan, ſino con la muerte del que aborrecen: i es cierto, que el
embidioſo es el maior enemigo, que tiene la miſeria humana, pues acuſa
a la virtud por los medios, que no la alcança, haziendoſe inferior del
embidiado; confeſſando excelencias dignas de que ſe deſſeen, ſiendo
vltimamente tan ignorante, que ſaca daño para ſy del bien ageno.

(7) D. Duarte tomò en aquellos dias a Benagara, poblacion grande de
la ſierra de Benifilet, de donde traxo gran copia de ganado, con
otro mucho deſpojo. Iuzgòſe eſta jornada por de mucho rieſgo, i
fortuna; i añadiòle eſtimacion la malicia, con que algunos dizian,
que las rezes de aquel lugar tenian màs puntas, que las de la ſierra
de Mexequiſe, como burlando del ſuceſſo. No entró en el Don Sancho,
porque deſcubiertamente rehuzava ſalir en eſtas entradas, ſubordinado
a Don Duarte; i el Conde, aunque ſentia eſta diuiſion, diſsimulava,
feſtejando las felicidades del hijo; mas Don Duarte con maior
ſufrimiento, i prudencia todas las vezes que ordenava alguna ſalida,
aviſava a Don Sancho, para que eſcogieſſe lo que le eſtuvieſſe mejor; i
deſta ſuerte, auñq le dava ocaſion a la embidia, le procurava tẽplar
el odio: mas ſon eſtos vicios inſeparables, i no es buen camino de
atajarlos, quando los embidiados logran la honra con proſperidades.

(8) Reſultaron deſtas tanto miedo en los Moros, que no ſe dando por
ſeguros los de la comarca, i ſierras de Tetuan, Mexequiſe, i Benamade,
trataron de rendirſe al Conde, i bivir de paz en ſu proteccion, dandole
un moderado tributo de ſus coſechas. Porque con eſta fingida libertad,
querian diſculpar la ſervidumbre verdadera. El Conde no admitiò el
partido, porque pidiò le pagaſſen todo el quinto de los frutos, que
cogieſſen. Los Moros entonces bolvieron a las armas, incitados con la
deſeſperacion; i aunque el Rey advertidamente no reprehendiò al Conde,
por la eſtima, en q̃ le tenia; ſin duda quedó ſentido, de q̃ negaſſe
amparo a los afligidos; por ſer eſte el modo de maior utilidad para las
conquiſtas; pues del buen acogimiento, que ſe haze a los conquiſtados,
ſiendo voluntariamente rendidos, ſe grangea muchas vezes màs, que con
las armas, cuyos ſuceſſos ſon varios, i peligroſos. Deſta vez bolviò
ſobre Tetuan Don Duarte; i ſi bien la hallô ſin gente, puſo por tierra
ſus edificios, que eran muchos, i mui hermoſos; por no dexar aquel
padraſto en pie, en caſo que los Infantes fueſſen ſobre Tanjar; ſiendo
aquel el camino donde pudieran los Moros facilmente impedir el paſſo al
exercito, ſuſtentando aquella ciudad.

(9) Acabòſe eſte año con lutos en Portugal, haviẽdoſe comẽçado cõ
fieſtas, i fue la cauſa, ſaber el Rey la priſion, i rota de los Reyes
de Aragon, i Navarra; el Infante Don Henrique, ſus cuñados, hermanos
de la Reyna Doña Leonor ſu muger. Eſtes Principes entraron en Italia
con una poderoſa armada, ſobre la pretenſion, que tenia Aragon al
Reyno de Napoles, por la adopcion de Iuana Reyna ſuya. Sucedioles
infelicemente: fueron preſos, i desbaratados por Genoveſes, i por
Phelipe Maria Esforcia Duque de Milan; que recelando el poder Aragones,
tan vezino a ſus eſtados, defendieron el Napolitano, en favor de Iuana;
i ultimamente el de Milan, con nueua conveniẽcia, reſtituyô la libertad
al Rey Don Alfonſo de Aragon, i le ayudò a cobrar a Napoles: de donde
fue deſpues Rey pacifico. Portugal entonces hizo alegrias publicas,
aunque duraron tan poco, que ſervieron de afligir màs al Reyno.

(10) Por eſte tiempo bolviô el Conde de Ouren del Concilio de Baſilea,
que ſe comẽçò en Ferrara, i concluyò en Florencia; ſobre la union
de las Igleſias Latina, i Griega. Aſsiſtiò el Cõde como embaxador
extraordinario del Rey (̃q era ſu tio, hermano de ſu padre) i el
Papa Eugenio agradecido al cuidado del Rey, le concedio la Cruzada
para la cõquiſta de Africa, i facultad, para que los cavalleros
militares de las Ordenes de Chriſto, i Avis, pudieſſen legitimamente
caſar abſolviendolos del voto, que primero hazian de caſtidad, que
quedò en el conjugal. No tuvo effecto eſta gracia, haſta el reynado de
Don Manuel, que nuevamente la impetrò, porque no ſe expedieron Bulas
dello por falta de dinero. De otra haze mencion Ruy de Pina, tambien
olvidada, i que nunca ſe puſo en pratica: i fue, para que los Reyes
de Portugal ſe pudieſſen coronar, i ungir de la manera que lo uzavan
los de Francia, i Inglaterra. Huvo ſciſma entonces en la Igleſia, ̃q
tardò en deshazerſe los fines de Eugenio, i de Martino ſu ſuceſſor.
Però llegando el de Nicolao tercero, por la renunciacion de Felix (̃q
havia ſido Duque de Saboya, hõbre de buena vida, i con favor de Milan,
i otros potẽtados ſe llamò Põtifice) ſe compuſo todo, i apaſiguaron
diſcordias, que ya amenazavan la paz, q̃ havia entre los Principes
Chriſtianos, quebrantada ſiempre por eſtas cauſas.

(11) En los principios del ſiguiente año de mil quatrocientos i treynta
i ocho, metió D. Duarte a ſaco las villas de Benamade, i Caudil,
vezinas a Tetuan, pueſtas en ſu termino; ſalió en ſu defenſa un Moro
Xeque dellas de grande valor, i opinion, por nombre Bucar Caudil:
matôlo en ſingular batalla; alcançando dos victorias ſeñaladas en eſte
dia, de particular eſtima, i gloria: fueron baſtantes para que Tetuan
temeroſa deſtos ſuceſſos, cõ el miedo de los nueſtros, ſe deſpoblaſſe
de todo, desẽparãdola ſus moradores; haziẽdo la fama, lo q̃ haſta alli
no pudierõ las armas: ſi bien es cierto, q̃ las que ſe apercebian en
Portugal, dieron tambien cauſa a eſte miedo: por̃q ya ſe ſonava en
Berberia, q̃ los Infantes paſſavan a ella con grande poder, a cõquistar
Tanjar. El fin deſta jornada fue tan deſaſtrado como el principio.
Referirlo hemos en ſuma, por̃q ſe hallo en el D. Duarte, en cuyo
diſcurſo de vida, fuerõ notables las coſas, que ſucedierõ a eſte Reyno
de bien, i de mal; porque era el tiempo de ſu virilidad, donde los
animos andavan màs ambicioſos de virtud, i de imperio; que es lo que
màs vezes ocaſiona a ſemejantes ſuceſſos. Antes que ſe reſolvieſſe
eſta empreſa por Agoſto, pariò la Reyna una hija, que llamaron del
nombre de ſu madre; que deſpues fue muger del Emperador Federico
tercero.

(12) Aunque es verdad, que no ſe puedẽ prevenir los acaecimientos con
certeza, por màs que ſea grande la pratica, i la prudencia (porque ſon
llenas de tenieblas, i confuſion, las coſas de los mortales) todavia
los grãdes hechos no ſe han de emprender ſin grãdes fundamentos;
deviendo ſer guiados con mucha conſideracion, i conſejo; porque el
impetu, i la temeridad los atropella, i desbarata. Tuvo eſta reſolucion
mucho de arrojada: por̃q pueſto que el Rey gaſtò màs de un año, en
conſultas, i preparaciones; no eſcuchava cõtrarios pareceres, ſiendo
los acertados; falta ordinaria de los Principes, q̃ dã a la adulaciõ
mejor ſemblante, que a la verdad. No faltò quien ſe la dixeſſe
deſcubiertamente; mas importava poco, por no ajuſtarſe a ſu guſto;
ſobre muchos pareceres diverſos, ſe aſſentò la empreſa de Africa.
Fueron los autores, q̃ la fomentaron, i la concluyeron los Infantes,
D. Henrique, i D. Fernando, por màs que D. Pedro, D. Iuan, i el Conde
de Barcelos, la contradixeron prudentemente. Eran eſtos cinco hermanos
del Rey; aunque cada uno de por ſy, de ſingulares meritos, i prudencia;
mucha parte, para que el Reyno eſtuvieſſe en miſerable eſtado; porque
dividido en tantas grandezas, deſluſtravan en algo la Real, conſumiẽdo
el patrimonio, de ſuerte q̃ quando más eſtirado, llegava a lo forçoſo
de los gaſtos, ſin dar lugar a lo voluntario; de manera que el Rey
tenia hermanos para aconſejarſe, mas no para enriquecerſe; porque
la bondad dellos màs le ſervia de deſaſsoſsiego, que de aumento.
Gozava paz con caſtilla, i alianças con Inglaterra, Francia, i otros
Principes de la Chriſtiandad; però los ſubditos, no ſufrian bien
eſte ocio, i peor los Infantes, porque andavan mendigãdo eſtados: no
les ſufriendo ſu altivez vivir como particulares. El primero, que
habló en eſto, fue D. Fernando màs moço, i màs pobre; ſeguiòlo D.
Henrique, por brioſo, i aficionado a cõquiſtas, i en particular a la
de Africa, porque ſiempre que paſſó a ella, bolviô victorioſo; de
que ſe prometia, nadie le podria hazer reſiſtencia, ſucediendole todo
igualmente; aſsi lo poſsible, como lo mui dificultoſo, con mucho, ò
poco aparejo: porque haſta la proſperidad, en q̃ eſtava Ceuta, con las
victorias del Cõde D. Pedro, i ſu hijo, le dava animo, i eſperãças.
El deſſeo deſtes Principes era ganar Tanjar; i el Rey conſiderando,
faltava gente, dineros, i armas, q̃ ſon los fundamẽtos de la guerra;
dificultóla al principio. Deſpues tornò a trabajar, i enflaquecer los
ſubditos cõ pedidos, i tributos, q̃ es ſiẽpre el ultimo ſocorro de los
Principes, auñq muchos le hazen el primero. Diziaſe con eſto, que
en guerras voluntarias, i en que los pueblos no entran a defenderſe,
ſino ſolamente a ofender, por el guſto del Principe, no podiã ellos
imponer eſtas cargas legitimamente, auñq la guerra fueſſe juſta; ̃q
no ſiendo euidentemẽte neceſſaria, en todo el peligro manifieſto,
̃q metieſſen a los vaſſallos, de que pudieſſen ſeguirſe muertes, i
daños, pecava el Principe grauemente. Eſta advertencia ſin otras de
no menos conſideracion, tuvo el Rey Don Duarte. Perô no ay gente, que
más facilmente atropelle la razon, i el derecho, que los poderoſos,
donde ſe atravieſſa algo de guſto, ò paſsion propria. Divulgòſe luego
la empreſa, que haſta eſto ſe errò; porque es el ſecreto, el alma de
los negocios, que deſvia las prevenciones contrarias, maiormente en
tales caſos. Comẽçarõ los inconvenientes a crecer cõ las preparaciones:
por̃q demás de ſer cierto, q̃ en los grandes movimientos ſiẽpre
ſuelẽ ocaſionarſe grandes dificultades. Vn Reyno acoſtũbrado largo
tiẽpo a tener paz, ſuele faltarle todo lo neceſſario para la guerra.
Aliſtaronſe luego quatorze mil hombres, i al punto de la ocaſion ſe
hallaron ſolamente ſeis mil, mal armados, i poco ſatisfechos: rieſgo,
̃q ſe corre ſiẽpre en jornadas mal diſpueſtas. No ſucediô paſſo en
eſta, q̃ no fueſſe preſagio de ſu infelicidad: i parece, q̃ Dios la iva
impidiẽdo por los medios miſmos, con que el Rey la preparava. Llegaron
los Infantes Don Henrique, i D. Fernando, a Ceuta a veynte i dos de
Agoſto de mil quatrocientos i treynta i ſiete; año el màs fatal, i
calamitoſo, que tuvo deſde ſu principio eſta corona; porque diò cauſa,
a q̃ mucho deſpues no enxugaſsẽ las lagrimas, de que aun oy duran las
ſeñales.

(13) El Conde D. Pedro, ni D. Duarte, no aprovaron la reſolucion de
los Infantes; aunque como los vieron en Ceuta los hoſpedaron con
mucha grandeza, i fauſto; mas deſpues que praticaron largamente ſobre
el intento, deſconfiaron de poder atajarlo. Salió D. Henrique la
buelta de Tanjar, i ſin contradicion alguna, llegò a ponerla cerco
por mar, i por tierra. El Conde offreciôſe para acompañarle, perô
el Infante lo rehuzò, por verle mui enfermo; i en ſu lugar llevò el
guion Real D. Duarte, como Alferez maior. De lo noble, i iluſtre
de Portugal, no faltò perſona en eſte exercito: porque el Infante
D. Henrique, como Principe bien quiſto, i grande favorecedor de la
nobleza, le amavan todos ſingularmente, tanto por lo que entereſſavã,
quanto por ſus virtudes, i aſsi le ſiguierõ muchos: i aunque voy
recopilando el ſuceſſo, es digno de memoria, lo que cuenta Ruy de
Pina, acerca de los eſtandartes, que los Portugueſes entonces vſavan
traher en ſus exercitos, para esforçar los animos, i excitarlos a
la imitacion de quien llevavan delante de ſus ojos: al guion Real,
ſiguian el de la Cruzada; una imagen de nueſtra ſeñora: el ſanto Leño,
i otras Reliquias; luego los retratos del Rey D. Iuan el primero;
del Condeſtable D. Nuño Alvarez Pereira; ſingular hõra para ſus
deſcendientes, i no para olvidar en los ſiglos venideros.

(14) Los Moros entretanto, con el miedo del grande poder, que trahian
los Infantes; que la fama hazia mucho maior del que era, guarnicieron
a Tanjar con ſiete mil hõbres; i llamando otros ſocorros por toda
Berberia, acudieron a ſu defenſa de diverſas partes, haſta diez mil
cavallos, i noventa mil de a pie. Antes que entraſſen la ciudad, quiſo
el Infante darles batalla; ſaliò de los alojamientos, con ſus banderas
tendidas, provocando al enemigo; i deſpues de haver eſtado tres horas
en orden de pelea, le acometiô, i hizo retirar, haſta bolverlos a ſus
quarteles. Al otro dia tornaron a dar ſegunda viſta los Moros en maior
numero, por amedrentar los Chriſtianos: però en varios recuentros,
̃q acometieron en treynta i ſiete dias, que duró eſte ſitio, ſe
ofrecieron caſos raros, i coſas admirables, i grandioſas. Notaronſe
milagros; i ay quien afirme, que al quinto dia del cerco, en que los
Portugueſes ſe avantajarõ de ſus quarteles, con grande mortandad del
enemigo; apareciò una Cruz blanca en el cielo. Deſpues deſcanſando los
nueſtros dos dias, dieron un aſſalto porfiado a la ciudad; i queriendo
ſegundar el Infante, ſe hallò cercado de los Reyes de Fez, Marruecos,
Beles, i Tafilete; que con liga univerſal, por bien de ſu religion, i
eſtados, havian juntado un poder immenſo, para echar los Portugueſes
de Africa. Defendieronſe con notable esfuerço, mientras la neceſsidad
no diò otro combate màs furioſo, i cruel, que el de los Barbaros, que
era cõtinuo ſin ceſſar una hora: porque la gente inumerable ſiempre
llegava de refreſco. Apretava a los Portugueſes no menos la hambre,
que el enemigo: comieron todas las beſtias, ſin que la neceſsidad
preciſa de la guerra exceptaſe los cavallos: vino a faltarles agua;
porque los poços de que a coſta de ſu ſangre, podian ſacar alguna;
eſtavan por los enemigos llenos de coſas aſqueroſas, i hediondas;
i deſta ſuerte tanto los trabajava la ſed, como la hambre. En tan
eſtrema eſtrechura aconſejaron al Infante eſcuchaſſe ultimamente los
partidos, que los Moros offrecian; deſengañados de vencer gente tan
determinada a morir; i aunque no muy decentes; cargavale el pezo de
conſiderar, que havia ſido cauſa de aquel deſacierto, donde acabava
lo màs iluſtre de Portugal. Llegò tarde el arrepentimiento, como en
las coſas mal conſideradas de ordinario ſuele ſuceder. Tambien le
acuſava la conciencia en no haver obedecido la Orden del Rey. Aſsi
que ſobraron coſas en eſta jornada, que la ayudaron a ſu mal ſuceſſo.
El que tuvo fue, concluyr el Infante, que dexandole los Moros la mar
libre para embarcar ſus gentes ſe obligava a entregarle Ceuta; para
ſeguridad dello, dió en rehenes al Infante Don Fernando ſu hermano;
i en teniendole los Barbaros en ſu poder, bolvieron a combatir los
nueſtros, los quales deſeſperados con el impetu, i deſſeo de ſalvar
las vidas, ſe hizieron con las armas, paſſo haſta que ſe embarcaron, i
llegaron a Portugal con perdida de quiniẽtos ſoldados, i entre ellos
ocho fidalgos, muriendo mâs de quatro mil de parte del enemigo. Quedó
con eſto el concierto roto, i el Infante D. Hẽrique ſin obligacion de
cumplirlo, tomãdoſe por cauſa para no entregar a Ceuta; ſiendo la coſa
de que màs ſe hablò en aquellos tiempos, i en que el Rey conſultó al
ſacro Collegio, i a todos los Principes de la Chriſtiandad, i tuvo el
fin, que ſe verà.

(15) Sirvio en eſte laſtimoſo cerco, D. Duarte, con valor conocido, i
brio ſingular, en los pueſtos de maior peligro. Pero antes, pocos dias,
que ſe alçaſſe, lo forçò el Infante, biẽ a pezar ſuyo, a que fueſſe
a Ceuta a ver al Conde ſu padre, que con grandes inſtancias le pidiò
al hijo para encomendarle ſus coſas, antes que murieſſe. A eſta ſazon
eſtava en lo ultimo de la vida, porque ſe le aumentó la enfermedad,
deſpues que paſſaron los Infantes a Tanjar; ó fueſſe tambien con la
pena de aquel ſuceſſo: ò por los males, que le obligavan a eſtar
ſiempre en cama como tollido. Llegò a Ceuta D. Duarte, i hallò al Conde
quaſi eſpirando; però con tan entero juyzio, i firme entendimiento,
que deſpues de haver confeſſado muchas vezes; recebido el Viatico,
hecho teſtamento, i todos los actos, que devia un ſeñor Chriſtiano,
i prudente: llamó al hijo, i le hablò delante de ſus criados, deſta
ſuerte.

 _Eſtas ſeran (hijo mio) las ultimas advertencias, que oygas de mi
 boca; i por eßo imagino de tu obediẽcia, que eſtudiarâs por ellas
 ſiempre, pues deves a mi amor, i cuidado todo eſto reſpeto. Trabajê
 quanto pude, porque heredaras mi caſa, i oficio: no lo permitiô el
 cielo, quiçâ por hazerte mâs honrado; pues la verdadera felicidad,
 es parecer digno della; en lugar deſta herencia, (que es tan de la
 fortuna) te dexo otra del animo, que es de maior estima, conforme la
 opinion de los Sabios: los quales tienẽ ſolo por buenas las coſas
 honeſtas, i por malas las cõtrarias; i ninguna de las que no tocan
 al alma, como el poder, riqueza, i otras cuẽtan entre bienes, males.
 Reconocido pues del beneficio, que te ha hecho Dios, procura darle
 continuas gracias, i obligarle con ellas, a que no te deſampare: pues
 el primer grado de la honra, es amar a Dios, i ſeguir a la virtud.
 Criête en ella deſde niño, cumpliendo con el oficio de buen padre.
 Solicita pues aora no errar eſte camino, que tan adelante llevas, pues
 te lo tienen tan facilitado el exercicio, i tu buena naturaleza. Con
 el zelo de la Religion acompaña al de la fidelidad, que con tantas
 razones de ſubdito, i cavallero deves a tu Rey, i a tu patria. Ambos
 ſon dueños de tu vida, aſsi que a ſu diſpoſicion eſtà que vivas, o
 no, honrado. Por donde no conviene, que examines ſus mandamientos,
 pues no le toca al ſubdito, más que la obediẽcia. En la preſteza de la
 execucion has de moſtrar tu hidalguia, i valor. En los particulares de
 tu eſtado poco tengo, que amoneſtarte, pues elegiſte el de ſoldado,
 donde en tus cortos años llegaſte a conocer la diſciplina, q̃ a
 penas ſe puede aprẽder en muchos. Entretanto, q̃ tarda el premio,
 ſeguirâs la corte de tu Rey, tomãdo, ſus acciones por regla de tus
 merecimientos; porque quanto en otras ſe enseñan vicios: es en la de
 Portugal virtudes. Verás muchos dechados dellas, pues no ay Infante
 de los nueſtros, que no ſea un perfecto Principe; gran dicha de los
 virtuoſos, i vẽtura de los tiẽpos. Cõviene agradarlos igualmẽte, por
 más que la inclinaciõ te lleve a ſeguir a alguno. Dexarâs cõ las armas
 el parecer ſoldado, por ſer nombre faſtidioſo a los palacios; mas ni
 por eßo te entregues de manera a la Corte, q̃ no te puedas librar
 de ſus daños. Advierte hijo, q̃ mâs crueles enemigos te eſperã en
 la paz, q̃ en la guerra: peligrarâs, ſino andas aduertido, por̃q
 haziendo menos ruido por domeſticos, tienẽ maior poder en los animos,
 i cõ mucha facilidad lo eſtragan, i arruinan. Entras en ella mãcebo,
 brioſo, criado en otros exercicios mui diferẽtes de los q̃ alli ſe
 uzã. Luego acudiran tus iguales a deſvanecerte. Con ellos, ni ſeas
 ſingular, ni facil; cuerdo, i agradable ſi; por̃q no te murmurẽ, ni
 deſprecien. Para cõverſar familiarmẽte buſca los buenos; guardãdote de
 los q̃ tienen opiniõ de malos, no menos q̃ de ſerpientes, cuya amiſtad
 inficiona mâs q̃ ſu veneno. Por eſte medio alcançaràs buen nõbre, i la
 gloria de ſer bien quiſto; no deſeſtimãdo la aclamaciõ publica, auñq
 no ſiẽpre juſtificada. Huiràs los q̃ condena, i aborrece, pues en ſu
 cõpañia haſta tus buenas partes ſerã defectos. Vltimamente te acuerdo,
 q̃ la corteſia, agrado, modeſtia, i liberalidad, ſon las coſas, que
 mâs dominan los coraçones: ocultã faltas, i diſsimulã liviandades.
 Eres moço, tẽdras algunas, en q̃ la edad ſea màs culpable, q̃ la razõ;
 bueno es hazer de manera, q̃ quien las murmurare, en tu exterior,
 i ſemblante vea lo cõtrario; por̃q no ay deſdicha, q̃ ſe iguale al
 ſer hypocrita de vicios; quãdo la nobleza es parto de la virtud
 exercitada; la qual con obras ſe conserva, i ſin ellas ſe pierde._

Dictò el Cõde eſtos, i otros preceptos, con el coraçõ tan ſeguro, i
el ſemblante tan alegre, que no moſtrava el peligro, en q̃ eſtava.
Bolvió a echarle ſu bendiciõ, i encomẽdarle màs a ſolas la cõpañia
de D. Leonor ſu hermana: el amparo de la familia: la correſpondencia
dalos amigos. D. Duarte a todo, ya q̃ no pudo hablar con lagrimas, con
el animo le prometiò no olvidarſe de ſus mandatos. El Conde entonces
buelto a Dios, pueſtas las manos, con evidentes ſeñales de ſu ſalvaciõ,
eſpirò en los fines de Septiẽbre, deſte año de 1437 a los ſeſenta de ſu
edad, i de ſu generalato veynte i dos, q̃ fue el tiempo, que governò
a Ceuta, con guerra tan prolija, i porfiada, q̃ no devo callar una
coſa maravilloſa, que encarece bien el rieſgo della, i el valor deſte
cavallero; i es, q̃ traxo diez i ſeis años continuos una cota veſtida,
ſin deſnudarla de dia, jamâs de manera que llegô a rompella, como ſi
fuera un jubon ordinario por muchas partes.

(16) Alcançò todas las calidades, que ſe requieren para un perfecto
capitan, no deſdeñando las de corteſano, i ſabio, en que fue excelente,
con muchas letras, erudicion, i noticia, mezclando otras virtudes del
animo, q̃ lo igualaron a aquellos iluſtres varones, que los antigos
celebran por maiores. Fue cazado quatro vezes: la primera, con D.
Margarita de Miranda, hija de Don Martin Alfonſo de Miranda Arçobiſpo
de Braga, Primaz de las Heſpañas: ſingular matrona de meritos, calidad,
i riqueza. Tuvo della dos hijas, de q̃ ya hizimos mencion, q̃ la maior,
i heredera caſó con D. Fernando de Noroña, ſegundo Cõde de Villa Real,
progenitor de los q̃ oy cõ titulo de Marqueſes deſta villa, i Duques
de Camina, ſucedieron en ſu nõbre, valor, i grandeza. Fue D. Leonor la
ſegunda, i tratada a caſar con D. Fernãdo primogenito del de Barcelos;
murió ſin cõſeguirlo; peró ſin embargo de lo que havemos contado, que
hizo cõtra D. Duarte, tuvo excelencias de gran ſeñora, i tanto amor a
ſu padre, que ſe mandò enterrar a ſus pies; aunque la deſdora en algo
el rancor, que ſiempre moſtrô a ſu hermano; pues en el teſtamento, que
hizo, i oy ſe guarda, excluye de ſu herencia, muriendo ſin hijos, los
de D. Duarte, i toda ſu linea; llamando los de ſu hermana menor Doña
Beatriz, de quien deſcienden los ſeñores de Mafra, i Ericeira. Tal es
el odio, quando ſe arraiga entre deudos.

(17) Casô deſpues el Conde ſegunda vez cõ una ſeñora Coutiña, hija
de Gonçalo Vazques Coutiño Mariſcal deſte Reyno, q̃ muriò antes de
efectuarſe el matrimonio. La tercera fue con hija de Hernando Martines
Coutiño, de la qual huvo D. Beatriz, que casô con D. Fernando de
Vazconcelos, hijo de D. Alonſo, ſeñor de Caſcais, que era baſtardo del
Infante D. Iuan, uno de los hijos delRey D. Pedro, i de Doña Ines de
Caſtro. Deſtos cavalleros procede la caſa de Monſanto: el quarto,
con la heredera del Almirante Miſer, Emanuel Peſaña, de que no quedò
ſuceſsion: ſin eſtos tuvo màs dos hijas ilegitimas, una que ſe llamò
Doña Iſabel, i fue muger de Ruy Gomes de Silva, Alcaide de Campo Maior,
i Ouguela; decendiente por varonia de D. Gutierre alderete de Silva;
̃q fue el primero, que deſte apellido entrô en eſte Reyno; donde tuvo
gran lugar, i nõbre. Quedaron ſus herederos por cabeças deſta familia,
como lo era Ruy Gomez; i naciẽdo deſte matrimonio D. Diego de Silva
(que a reſpeto de ſu madre, ſe añadiò tambien Meneſes) diò principio
a los Condes de Portalegre; Marqueſes ya de Gouvea: de Doña Aldonça
de Meneſes, ſegunda hija natural del Conde: fue marido primero Ruy
Noguera, noble cavallero, i rico, Alcaide de los Alcaceres de Lisboa:
i muriendo ſin ſuceſsores, casò con Luys de Azevedo, de igual calidad,
i rẽtas, Preſidente de hazienda (llamanlos Veedores los Portugueſes)
i entonces dexò una hija unica, en quien inſtituyò un maiorazgo, con
obligacion de llamarſe Meneſes; i fue muger de Iuan Rodrigues de Sá,
ſeñor de Sever, que ſon calificados progenitores de los Condes de
Matoſiños, i Penaguion, Camareros maiores de Portugal. Pareciòme dar
eſta noticia de la iluſtre poſteridad del Cõde D. Pedro, por quan
eſtendida yaſe en nobleza principal deſte Reyno.

(18) Fue ſu muerte contada tambien entre las infelicidades del Rey
D. Duarte; porque en ſu valor, prudencia, i edad, conſideravã los
Portugueſes el arrimo principal, en q̃ ſe fundava la guerra de
Berberia, la qual temian aora con maiores veras, viendo, que la liga de
los Principes Moros aun no eſtava deshecha, i la reputacion Portugueſa
aventurada a perderſe facilmente: ſi aquellos barbaros ſupieſſen gozar
del eſtado preſente, diſcurriendo caſi como vencedores por los campos
de Ceuta; ſiendo cierto, tras un yerro ſuceder otros, con que el
enemigo ſe mejoraria, i nueſtras coſas ſe debilitaran, perdiendo mucha
parte de la reputacion, que las hazia temeroſas, i veneradas. D. Duarte
al fin ceſſando en el llanto, en que fue mui continuo, notãdo començava
ya a experimentar la falta de ſu padre en ocaſion tan apretada;
procurò no deſemparar aquella fuerça mientras no llegaſſe Don Fernando
ſu cuñado, a quien elRey la havia encomẽdado con el titulo de Cõde de
Villa Real, luego que muriò el ſuegro; vino, i entregóſela con tanta
conſtancia, que no ſe puede juzgar, ſi lo havia ſentido, ò no; porque
ſu modeſtia, aſsi como deſcubrió grã valor en los ſuceſſos proſperos,
moſtrava ſufrimiento en los adverſos. Diſpuſo ſu jornada a Portugal,
en compañia de D. Leonor ſu hermana; però no ſe effectuó en quanto
durarõ las amenazas de la liga; i como hazia hõra ſolamente de ſervir
a ſu Principe; lo primero que atropelló fue ſu conveniẽcia, i luego la
autoridad, poniendola en el zelo de no huyr al peligro, ni dexar coſa
por hazer, que fueſſe de ſu obligaciõ. Los Moros entretãto aguardãdo
a ver lo en q̃ parava la entrega de Ceuta, derramarõ ſus gentes por
Africa; i el de Fez, quedãdoſe cõ la perſona del Infante, haziẽdole mil
caricias, i buenos tratamientos, lo dexò en poder del Alcayde de Arzila
para eſte efecto, i ſe bolvió a Fez.

(19) Con eſto D. Duarte reſolviò partirſe, amediado el año de mil
quatrociẽtos treynta i ocho, cõ proſpero viage de quatro dias ſurgiò en
Lisboa; i de alli paſsò a Aviz, villa de Alentejo, cõvẽto, i cabeça de
aquel maeſtrazgo; donde elRey, con la nueva deſaſtrada de los hermanos,
ſe havia retirado, huyẽdo tãbiẽ de la peſte, q̃ por muchas partes
fatigava a Portugal, por̃q tras tantas perdidas, no le faltaſſe eſta;
viniẽdo unas ſobre otras. Peró muchas vezes la ceguedad de un Principe
no conoce ſus yerros por los aviſos, ni por las quexas de los ſubditos,
ſino por los manifieſtos caſtigos de Dios; deviendoſe ſacar dello la
emienda, i conocimiento de la templança, i cuidado, con que han de
procurar governarſe, para dar buena cuenta de ſu oficio; pues lo es el
reynar, i tã trabajoſo, q̃ los Sabios lo juzgan por de grã rieſgo; ſi
la vanidad humana no ſuſpẽdiera eſta cõsideraciõ; por̃q ſi los trabajos
de los Reyes no fueſſen acõpañados de las comodidades de ſu grandeza,
no havria ſujeto, que lo pudieſſe llevar. Andava elRey inquieto,
vagando de un lugar a otro; i con ſer recto, ſabio, i gran catholico,
vivia deſaſſocegado, i penoſo; porque la conciẽcia le hazia cargo de
los deſaciertos, i daños de aquella empreſa. El Infante D. Henrique
cõfuſo, i triſte, parô en el Algarve, i los cavalleros que le
acompañavan, entraron en la Corte, con los ſemblantes tan macilentos
de la hambre, i trabajos, que paſſaron, i tan cargados los coraçones,
i los cuerpos de luto, q̃ elRey començô de nuevo a entriſtecerſe;
i ellos por obligarle a ſus deſpachos, con aquellos exteriores, no
hallavan premio que hartaſſe ſu ambicion. Ruy de Pina cuẽta, que entre
todos fue ſolo Alvaro Vaz de Almada, Conde de Abranches, el que entrô
a ver al Rey veſtido de gala, i con diferente trage, i alegria de los
otros; por̃q ſolo en ſus obras virtuoſas hallava el galardon dellas;
aũque elRey como ſabia, que las ocaſiones perdidas laſtiman de manera,
que caſi no admiten conſuelo, porque falta la eſperança de cobrarlas,
i el arrepentimiento llega tarde, i ſin fruto; andava verdaderamente
afligido de las dificultades, conſiderãdo en la libertad del hermano,
a quien amava mucho, i no dava lugar a otro conſuelo, que hablar de
contino en eſte caſo, trayendole tan preſente ſiempre, que vino a ſer
gran cauſa de ſu muerte.

(20) Con todo ſe aliviò mucho con ver a D. Duarte, el qual deſpues de
bezarle la mano, i entregarle Doña Leonor de Meneſes, ſu hermana (̃q
recogió en palacio) ſin dar quexas, ni ofrecer memoriales de ſervicios,
ſe mezclò entre los demàs corteſanos, moderãdo cõ eſtas virtudes la
fama militar, moleſta a los ocioſos, moſtrandoſe tan obediente a las
advertencias del padre; que la primera accion, que hizo en la corte,
fue disfraçar ſus merecimientos; i luego poco curioſo en el traje, i
mui comedido en las palabras, ſe compuſo tanto, que los que ſolian
juzgar las perſonas graves por ſolas las apariencias, preguntavã,
porque era tan nombrado: mas elRey obligado ya de ſu talento,
comunicandole muchas vezes ſobre las coſas de Berberia, en q̃ ocupava
lo màs del tiempo, i dandole parte de los negocios ſecretos de maior
importãcia; yva provando, i aprovando ſu prudẽcia, valor, i conſejo,
con que un dia como en ſatisfacion publica le dixo eſtas, ò ſemejantes
palabras delante de los Infantes, i otros grãdes, deſpues de referir
los muchos ſervicios, que havia recebido de ſu mano.

 _Don Duarte, mucho pueden vueſtros meritos, pues llegan a obligar
 a un Rey, a que ſe mueſtre culpado, i arrepentido; ſiendo la coſa
 mâs indigna de la mageſtad, por lo que arguye de haverſe governado
 ſin conſejo, i con paſsion; teſtigo es Dios, que no la tuve quando
 os quité la ſuceſsion de Ceuta, pues ni por darla a un hijo mio lo
 hiziera; perô llevome a eſte yerro alguna informaciõ menos cierta,
 que la que es justo ſuene a los oydos reales. En eſto os confieſſo
 mi culpa, i la condeno, pues di maior credito a una embidia, que a
 la fama, que me aſſegurava de vos lo que aora veo. El daño es mio
 ſolamente, pues me quito vueſtra perſona del pueſto, que mâs le
 ajuſtava: pero mientras no ocupais los muchos, en que eſpero poneros,
 para ſatisfazerme deſta offenſa, quiero, que aſsiſtais a mi lado,
 dõde con vueſtro conſejo, i virtud me ſereis de igual utilidad, que
 en Ceuta. Sus peligros tiene el aconſejar los Principes: no os doi
 deſcanſo, ſino trabajo, ni premio, ſino merecimiẽto. Los q̃ grangeò
 vueſtro valor en la guerra cõtinuarâ en la paz vueſtra prudencia: uno
 i otro conſidero igualmẽte en vueſtro animo, con q̃ me obligais a no
 reparar en edad tan deſigual para eßo, preciandome de elegiros por
 conſejero, quando a penas llegais a veynte i quatro años._

Callô, i D. Duarte ſin alterarſe, ni enſoberbecerſe (ſiẽdo los favores
de los Principes poderoſos a deſcomponer la modeſtia del eſpiritu màs
hõrado) reſpõdio humilde, i agradable.

(21) Iurô con eſto de conſejero, oficio ſiẽpre de grande eſtima, i ſolo
de rieſgo en tiẽpo de un mal Principe; poco deſpues le hizo Alferez
maior, q̃ vacò por muerte de ſu padre, i le diò en propriedad la
tenencia del caſtillo de Beja, ciudad de la provincia de Alentejo, una
de las tres chancellerias, que los Romanos tuvieron en la Luſitania,
conocida por el nombre de Pax Iulia. A eſtos cargos añadiò algunas
rentas, i luego la muger; porque lo caſó con Doña Iſabel de Melo,
hija de Martin Alonſo de Melo cavallero mui conocido en las hiſtorias
Portugueſas, por ſu esfuerço, i calidad; viuda ya de Iuan Rodrigues
Coutiño; el qual no dexando herederos, lo fue D. Iſabel de los bienes
libres del primer marido, con que llevò gran dote al ſegundo.

(22) Eſtas, i otras mercedes tuvieron termino con la muerte delRey,
que ſucediò a breves dias deſpues, porque ſe cansò la fortuna de ver
premiar a un hombre, que lo merecia. Bolviò a picar la peſte en Avis,
i elRey huyẽdo della, como de daño irreparable, ſe paſſó a Thomar;
conociendo, que aquellas aflicciones eran pregoneros de Dios. Alli
enfermò herido deſte mal (a lo que algunos dizen) ſi bien otros le
dan por motivo el gran diſguſto, que le cauſó la perdida de Tanjar, i
ſaber los malos tratamientos, que padecia el ſanto Infante D. Fernando
en ſu cautiverio; por̃q viendo el de Fez, que ſe dilatava la entrega
de Ceuta, i que los Chriſtianos no paravan en ſus correrias penſó
reduzirlos con el mal trato, que hazia al Infante, de cuyo fin, i
virtudes diremos algo adelante.

(22) ElRey acabo de treze dias de ſu enfermedad, muriò a los nueve de
Septiembre, de mil quatrocientos i treynta i ocho, a los quarenta i
ſiete de ſu edad: perdida tan general creyeron pronoſticava el cielo
eſpantoſo, el año antes, con ſeñales. Vieronſe cometas de exceſsiva
grandeza, en diverſas partes. Padeciò el Sol eclypſe el miſmo dia de ſu
muerte: en la de ſu coronacion, le avisô un Aſtrologo gran judiciario,
i medico, por nombre Guedeja, reynaria poco, i ſiempre infelicemente:
fue tan verdadero, q̃ no durò ſu govierno màs que cinco años; ſiẽpre
con muertes, i entierros continuos. Los Portugueſes fatigados con
tantos accidentes hizieron grandes demõſtraciones en ſu muerte; por̃q
lo contavan entre los mejores Reyes que tuvieron; ſiendo tan ſabio,
i virtuoſo, como deſdichado: i quanto es dificil hallarſe un Rey tan
bueno, i querido, como el lo fue de ſus ſubditos, tanto màs lamentavan
eſta falta, perſuadidos, a que como es merced rara del cielo, un
Principe tal, raramente ſe alcançan otros ſemejantes. Dexô de la Reyna
Doña Leonor, hija delRey D. Fernando el primero de Aragon, i Cicilia,
cinco hijos: el Principe D. Alonſo, que ſucedio en el Reyno, quinto
deſte nombre, i el primero, que tomò aquel titulo, en vida del padre;
los Infantes D. Fernando padre, que fue delRey D. Manuel: Doña Leonor,
muger del Emperador Federico tercero: D. Catalina, que ſiendo deſpoſada
con el Rey de Inglaterra, muriò ſin concluyrſe el caſamiento: D. Iuana
ſegunda muger del Rey D. Henrique el quarto de Caſtilla. Con tan luzida
poſteridad, parece, que el cielo quiſo reſtituir deſpues de muerto, al
Rey, las fortunas, que merecia, ſiendo vivo.

(23) Al ſegundo dia de ſu muerte aclamarõ por Rey D. Alfonſo niño
de ſeis años en la plaça de Thomar, i luego juraron por Principe
heredero, en falta de que no tuvieſſe hijos, a ſu hermano el Infante
D. Fernando. Eſta diligencia diſpuſo la fidelidad, i valor del Infante
D. Pedro tio de ambos; porque notava como prudente inconvenientes, que
ſe atajavan por eſta via, aſſegurando la ſuceſsiò de ſus ſobrinos,
quando eſte Reyno eſtava lleno de tantos ſujetos Reales; que facilmente
podian aſpirar al ſupremo imperio, guiados de alguna ambicion, i de
otras novedades, q̃ por la maior parte ſe ocaſionan en los reynados
de Principes moços: tãbien ſe puede preſumir, q̃ la preuencion del
Infante, fue neceſſaria para grangear al pueblo, por el amor que
moſtrava a los niños; como prendas del Rey D. Duarte, cuya memoria no
ceſſavan de llorar affectuoſamente con el dolor reciente de ſu perdida.

(24) Aſsiſtiò D. Duarte en aquel acto, haziẽdolo, ſegũ la coſtũbre de
Portugal, cõ grãdes ceremonias; andãdo por las calles la nobleza, i los
eſtados: en los lugares màs publicos; rõpẽ el dia antes los eſcudos de
las armas reales, por el Principe muerto, cõ grãdes lutos, i lagrimas:
i luego al otro dia, veſtidos de gala, i alegria, diziẽdo a vozes: Real
real por el Rey de Portugal, ſe apellidã por todo el pueblo; ſiendo
en todo Reyno cõ real põpa; en la corte lleva el Alferez maior, el
eſtandarte arbolado el dia del alevantamiento. Cumpliò D. Duarte con
ſu oficio mui enteramente; i el Infante D. Pedro deſpues q̃ concluyò
todo lo q̃ tocava a eſte acto, convocò a cortes para aquel proprio
lugar; accion, q̃ acoſtũbran hazer todos los Principes en la entrada
de ſu govierno, para acariciar los animos, i conocer el que tienẽ los
ſubditos en ſu obediencia: auñq el Infante lo reſolviò con maior
neceſsidad por dar cũplimiento al teſtamẽto del Rey, en el qual, entre
otras diſpoſiciones ſobre la educaciõ de ſus hijos, dexava a la Reyna
ſu muger por tutora, i curadora de ellos, i governadora del Reyno,
mientras duraſſe el impedimiento de la edad del Rey.

(25) Causò deſabrimiento eſta reſolucion al pueblo, diziendo, como ſe
havia de ſufrir, q̃ haviendo en el Reyno los Infantes D. Pedro, D.
Iuan, i D. Henrique; Principes naturales, i cada uno capaz de qualquier
gran govierno, ſe le antepuſieſſe la Reyna eſtrangera; que de fuerça
no havia de ſaber los eſtilos, coſtumbres, i fueros Portugueſes, ni
librarſe de las imperfeciones, a q̃ el ſexo feminil eſtá ſujeto.

(26) Son tan varios los deſſeos, i diferẽtes los pareceres de los
hõbres, q̃ no ſe puedẽ hazer obras, ni dezir palabras, con aplauſo
general. Eſtas del pueblo tuvieron ſus contradiciones en la nobleza; i
aunque al principio no pareció màs que un juyzio ſuelto, i a penas con
fundamento; llegò poco a poco a hazerſe ſedicion popular, començando
por los inquietos, en corrillos, i lugares ſolos, haſta que penetrò a
los más apartados en las plaças publicas. Eligieron cabeça a propoſito,
i con motin ya declarado, con la ordinaria confuſion, con que ſuele el
pueblo deſsear las coſas; pidierõ al Infante D. Pedro por governador;
i entendiaſe, que en nada deſto era culpado el Infante, por ſu poca
codicia, i mucha modeſtia. Irritòſe la Reyna con la propueſta, i
como muger, que con facilidad ſe mueven a iras, i dificultoſamente
las diſsimulan; no ſe contentò con moſtrar ſu enojo, i publicarlo
con palabras aſperas contra el cuñado; perô notando, que ſu remedio
conſiſtia en haver ſeparacion entre los Infantes, por deſunirlos, i
grangear alguno, que ſe oppuſieſſe a la autoridad de D. Pedro; tẽtò
traher a ſy a D. Iuan; eſto por medio de ſus acreſcentamientos, que ſon
los que violentan, i deshazen la conformidad màs compueſta.

(27) Ordenava el Rey D. Duarte caſaſse el hijo con Doña Iſabel hija
del Infante D. Pedro; i eſtava eſte matrimonio tratado con cedulas ya
paſſadas, i aprovacion de los eſtados. Quiſo la Reyna trocarlo para una
hija de D. Iuan del miſmo nombre, que fue los tiempos adelante Reyna de
Caſtila, i madre de la catholica; peró el Infante rehuzando haſta la
pratica, ſe moſtró tan deſentereſſado en eſte particular, i amigo del
hermano, que en quanto viviò, jamàs ſe apartò de ſu amiſtad, ofendido
de la propueſta tanto, como deſpreciador de iguales offrecimientos.
La Reyna entonces halló acogida en el Conde de Barcelos D. Alfonſo,
el qual por ſer caſado con hija del Conde de Gijon, tia de la Reyna,
meſclando con el parenteſco conveniencias particulares; admitiô de
buena gana amparar ſu cauſa. Muchos otros cavalleros ſiguieron tambien
ſus parcialidad, llevados de ſus intentos, cuyas acciones, ni apruevo,
ni cõdeno; peró entre todos D. Duarte no deſdeñò el ſervirla; antes
aſsiſtiendola con la miſma fidelidad, que ſi fuera vivo el Rey ſu
marido, cumpliò con el agradecimiento, q̃ devia a ſu memoria; de màs
que a voto de los prudentes, ſu partido tenia entonces la maior parte
de fidelidad; porque el Rey niño eſtava debaxo de la tutela de la
madre: aſsi q̃ el tomar ſu voz, era acudir a la razon de ſubdito, a
quien no toca mudar goviernos, ſino obedecerles, i ſeguir la perſona de
ſu Rey dõde quiera que eſtè. D. Duarte advertido deſta obligacion, no
quiſo deſdezir de las que tenia por tantas cauſas.

(28) Mucho daño hizieron eſtas ſediciones a Portugal, por ſer ſu
medio, el que màs arraiga la quietud, i bien publico; aſsas examinado
en lo preſente; pues los accidentes, q̃ ſe originaron dellas, le
derribaron, i reduxeron a eſtado; que antes de repararſe bien, no huvo
aflicion, que no padecieſſen; i dolor, q̃ no le laſtimaſſe; ſiendo los
medicamentos, que le aplicaron para ſanar, medicos poco zeloſos del
bien publico, por ſangrientos, i entempeſtivos, los que le cauſaron
maior daño.



ARGVMENTO
DEL
LIBRO TERCERO


_GOvierno; inconvenientes, que reſultaron de la ambiciõ de la Reyna D.
Leonor. Oppoſicion, que hizo al Infante D. Pedro ſu cuñado. Como ſe
apartô D. Duarte de Meneſes de ſu bando, i el Infante quedò en cortes
con titulo de regente abſoluto. Diſcordias de Caſtilla, i ſocorros,
que le dio Portugal a cargo de D. Duarte. Renunciaciõ del govierno por
el Infante, en manos del Rey D. Alfonſo ſu ſobrino, yerno i pupilo.
Enemiſtad, i odios, con que le perſiguieron ſus emulos. Quienes eran,
i que cauſas tuvieron para eſte deſacierto: el q̃ moſtro el Rey en
armar contra el Infante. Su muerte, virtudes, i deſcendencia, i otras
coſas, que acontecieron deſde el año de treynta i nueve, haſta el de
cincoenta, i cinco._



VIDA DE
DON DVARTE
DE MENESES
TERCERO CONDE
de Viana.

LIBRO TERCERO.


(1) GOvernó la Reyna un año, q̃ fue el de mil quatrocientos i treynta
i nueve, con mando abſoluto, en virtud del nombramiento del Rey
ſu marido: peró fueron tantas las contradiciones del pueblo, que
interpueſtos los cuñados por bien de paz, ſe conformaron en dexar a la
Reyna la educacion de ſus hijos; proviſion de oficios, i mercedes. Al
Infante D. Pedro, las armas, i defenſa del Reyno; al Cõde de Arrayolos,
la adminiſtracion de la juſticia: era hijo ſegundo del de Barcelos,
de gran ſujeto, i valor, i tan apartado de las paſſiones del padre,
que no le ſeguia, en lo que no mirava a la utilidad publica, que era
ſolo ſu animo. Apaſiguaronſe con eſte triunvirato los exteriores del
pueblo; mas fue por tan corto tiempo, que llegò arrebantar deſpues con
maior violencia, como mina encubierta; porque el remedio, que ſe tomò
en eſtas recõciliaciones, dividiò de nuevo los animos entereſſados,
no quedando alguno de los tres abſoluto para ſus conveniencias, que
era lo que cada uno deſſeava, i juntos todos aborrecian. Dizian, que
haviendo tantas cabeças vivian ſin una, que los governaſſe triſtes, i
afligidos: que de la miſma manera que la Religion no permitia muchas
deidades, ni el cielo dos ſoles: tal eran los Reynos, porque ſiendo
uno ſolo ſu cuerpo, ſe avia de regir por la prudencia de uno; que
hazer lo cõtrario ſeria confundir las coſas, i dar motivo, a que
con la diſſenſion de los que governavã, ſiendo muchos, ſe hizieſſen
parciales los ſubditos, llevados de ſus particulares; que era facil
de anegar la nave, donde los marineros no eran conformes; que las màs
vezes por odio, ó por ambicion, ſe opponian a los pareceres unos de
otros, con que alteravan los acuerdos neceſſarios a los peligros, i
la execucion, ò ſe ſuſpendia, ò ſe negava: que ſiendo eſto caſi proprio
a todos los Reynos: en el de Portugal, aun militavan otros fundamentos
màs apretados; pues los Portugueſes de puro brioſos, i altivos,
llevavan mal cortejar, i aſsiſtir a tantos; i de no hazerlo, ó perdian
ſu autoridad los que governavan; ò los pretendientes ſu negocio, ſin
eſta ordinaria adulacion: que los buenos por la maior parte encogidos,
ſe encerravan en los limites de ſu bondad, i no andavan de ordinario en
la plaça, i a los ojos de los governadores; dõde los malos, como gente
más eſparſida, i aſiſtente, disfrutavan el premio de ſus merecimientos:
que no havia duda, que governando uno, ſe cercenavan reſpetos de
ſangre, i familiaridades; coſas que fatigan de ſuerte a una Republica,
que no ay aflicion, que ſe le aventaje: porque la opreſsion de haver
muchos previligiados, es tan dañoſa, como la de los enemigos; que no
lo ſon menos los reſpetos, pues alcança generalmente a todos, que no
exceptua perſonas, llegando a obrarſe coſas injuſtas ſin culpa de los
que goviernan, porque los inferiores miden ſus utilidades ſiempre por
razones extrinſecas, como ſon el deudo, ò la amiſtad.

(2) Eſtas, i otras razones, andavan en boca, no ſolo de los prudentes,
i zeloſos, que llorã de cõtino las afliciones publicas; pero tambiẽ en
la de todo el pueblo; el qual como ſi fuera obligacion ſuya mudar el
govierno, lo emprendiò hazer; primero con quexas en ſecreto, i luego
conjuntas, i ſediciones, como la vez paſſada, en otro levantamiento
màs peligroſo: porque no quedô de la gente popular, i ordinaria,
oficial alguno mecanico, que no tomaſſe las armas, i corrieſſe a
palacio atrevidamente. Es el impetu, i furia de un pueblo, de manera
que por falta de conſideracion no echa de ver los peligros, que le
eſtà amenazando, aunque aya llegado al punto de caerſe en ellos,
i naturalmẽte ſe inclina ſiẽpre al peor conſejo, ſin que baſte a
perſuadirle el ſaber, ni la prudẽcia de los hombres graves, i bien
experimentados; i con eſta ſu condicion cae en el atoladero de ſu
daño, i ſe llega a rendirſe, es con el cuchillo en la gargãta.
Para ſoſſegar eſta muchedumbre ſalierõ D. Duarte, i otros muchos
cavalleros de los màs principales, i bien quiſtos del pueblo, cuya
preſencia ſuele ſerenar maiores tormẽtas: peró en eſta tenian por
ſoſpechoſa a la nobleza; i como era fundada tambien en la aficion,
que moſtravan al infante D. Pedro, a quien pidian por governador
ſolamente, ſin compañeros; fue neceſſario, que el miſmo, como a quien
màs tocava la quietud de tal deſconcierto, hablaſſe a los principales
fautores. Iuntólos en la Igleſia de los Carmelitas, i eſtrañòles el
modo, diziendo; que no era de la lealtad de los Portugueſes tales
demonſtraciones con ſus Principes: intentavã en la paz, lo que ni aun
los enemigos ſe atrevieran en la guerra; que las ſediciones civiles
diſponian los Reynos a ruinas ciertas; i con la fuerça offendian la
mageſtad, i deſluſtravan la antigua fama de ſus maiores: eligieſſen
procuradores, a quien dieſſen inſtruccion de lo que pretendian pedir
en Cortes. Es razon amigos (continuó el Infante) q̃ vueſtro zelo, i
moderado, ſea la mancha de mi reputacion: que diran mis enemigos? que
los mal intencionados? ſino que os incito, i ſin ambicion lo cauſa, i
os dà las ordenes de lo que intentais; ſabeis la verdad, i a ella ſolo
apelarè deſte agravio: ah no esforceis ſu malicia! Siempre los motines
fueron deſagradables al Principe, de igual peligro a quiẽ los mueve:
vueſtro buen animo ya le conoſco, i agradeſco: no deis lugar a la ira,
miniſtra ſiẽpre de deſaciertos, i conſejera de deſordenes. En un punto
quereis perder la fama, que en tantos ſiglos alcançaſtes, de leales. Ah
Portugueſes, que diran las naciones eſtrangeras? Como, i havra quien os
aventaje en obediencia; ſiendo tan ſeñalados en valor. Encareciôles con
eſto el de los Infantes ſus hermanos; a quien devian reſpeto, i amor.
El que les tenia la Reyna; ſu virtuoſo proceder, i ſingulares meritos.
Oyeron eſto poſtrero deſapaſiblemente, i tanto que moſtraron no
admitir quietud, menos que con dexar la Reyna el govierno: porque las
perſonas, que cõ maior atencion notavan eſta muchedumbre; cõsideravan
los animos de un pueblo, que no hazia nada dividido; ni por parecer de
pocos, ſinó que todos juntos ſe entendiã a una voz, i juntos callavan
con la igualdad, i firmeza, que ſe pudiera creer, que tenian, quiẽ
los governaſſe. La Reyna, como muger facil a enojos, i poco aſtuta en
ocultar ſentimientos; de todo el que moſtrava, hazia culpado al Infante
D. Pedro, publicandolo por autor deſta rebelion: mas lo cierto era, que
manifeſtava aora, con màs claridad, el odio heredado, que por diſcurſo
de años tuvo encerrado en el coraçon, ſegun ſe entendiò ya en vida del
Rey ſu marido. Para eſte aborrecimiento ſeñalavan como cauſa principal,
las diſſenſiones, que huvo entre el Rey D. Fernãdo de Aragon, padre de
la Reyna, i el Conde de Vrgel ſuegro del Infante; ſobre la ſuceſsiõ de
aquella corona; en que por el derecho de ſu muger, moſtrava el Infante
ſer heredero forçoſo della; i conſideravaſe, la Reyna temia, que el
Infante, una vez apoderado del govierno abſoluto de Portugal, quedaria
con fuerças, i poder para alentar eſta pretenſion; porque eſtava el
derecho en las armas del màs poderoſo, que con eſte titulo lo poſſehia
el Rey D. Fernando de Aragon.

(3) Andava Caſtilla igualmente por eſte tiẽpo, tan trabajada, como
Portugal; i aunque ſea con brevedad, que profeſſo; darè noticia de las
cauſas, por lo mucho que ſe mezclarõ con las nueſtras, i parte, que
le alcançò a Don Duarte. Reynava en aquel Reyno D. Iuan el ſegundo;
Principe menos cuidadoſo, que otros de ſu autoridad: porque la mucha
aſtucia del Condeſtable D. Alvaro de Luna, le havia reduzido de
manera a ſu voluntad, q̃ parece no tenian ambos coraçones, màs que un
movimiento. Deſta privança tan prodigioſa, ſe ofendieron gravemente
los grandes, i ſeñores de Caſtilla: creyẽdo, que la inclinacion facil
del Rey llegava a hazer dueño al Condeſtable de ſus vidas, honras, i
haziẽdas; i como aun entonces durava en ellos el deſſear parecerlo en
las acciones, i brios: moſtraron a ſu Rey el daño, que reſultava a ſu
corona de tener un valido tan codicioſo, como dizian era D. Alvaro;
el qual abusò de manera de ſu fortuna, que vino los tiẽpos adelãte a
ſer el monſtruo, i exemplar más vivo de ſus mudanças, i deſconciertos;
determinaron cõ eſto deshazer el pezo del privado, reſervando el de
la fidelidad; perô en union tan apretada fue impoſsible diſguſtar al
valido, i agradar al Rey: i aſsi atropellando todo rompieron el ñudo
de la obediencia, con que quiſieron ſer desleales, por parecer zeloſos.
Haviã entrado en Caſtilla entonces los Infantes de Aragon D. Pedro,
i D. Henrique, cuñados del Rey; i ſiendo por naturaleza inquietos,
i ambicioſos, ſufrian tambien mal a D. Alvaro; por̃q no lo hallavan
propicio a ſus aumẽtos; i los aborrecia ſumamente conociẽdolos por
enemigos, ſiẽdolo el tan declarado ſuyo, que determinó echallos de
Caſtilla, por aſſegurarſe en la valia; repreſentando maior peligro en
la oppoſicion de los Infantes, que en el deſabrimiento de los grandes;
haſta que juntandoſe todos, experimentò, que el privado no tiene mayor
adverſario, que ser aborrecido de muchos: concluyeron pues todos en
procurar su ruina; por̃q el favor, que el Rei le hazia, como mal
repartido, cauſava zelos a los grandes, a los iguales embidia, i a los
pequeños odio; viendo tambien, que el Reyno ſe yva empobreciendo con
las riquezas del valido; i las ordenes de los negocios ſe pervertian;
i el enteres particular ahogava el publico: començaron a desacreditar
al Rey, cõ que ſolo lo era en el nombre, i luego menospreciandole con
engañoſo pretexto, acudieron a las armas con voz de bien publico, que
es ſiempre la cubierta deſtas maldades: el Rey con eſta demonſtracion
andava combatido por todas partes ſin ſaber reſoluerſe, porque la
afficion del Condeſtable le obligaua a no reparar en el peligro, i cõ
eſte deſcuido fue creciendo de manera, que los Infantes excluyeron
al Condeſtable del govierno, i ſe apoderaron de la perſona del Rey:
matandole la luz màs biva que tiene la Mageſtad Real, i haziendo ſu
authoridad imaginada: pues dura es la condicion de un Principe, que no
puede en tanto numero de criados eſcoger alguno màs digno de confiança,
por dicha de eleccion, ó fuerça de merecimiento: quando a los vaſſallos
puede eſtar bien, q̃ la dignidad reconoſca el merito, i la afficion
ſuſtente el ſeruicio.

(4) Destas diſcordias de Caſtilla, ſe alentaron de nueuo las de
Portugal, porque el Infante Don Pedro aviendo llamado a Cortes quietò
al pueblo: i la nobleza deſeando la compoſicion deſtos Principes,
offrecio a la Reyna tratar de concordias; però ella induzida de la
proſperidad que los hermanos trahian en Caſtilla, communicandolos
muy a menudo; i alentando ſus eſperanças con las promeſſas que les
hazian: cerró los oydos al trato, eſcuchando ſolamente aquellos que le
aconſejauan; procuraſſe la Ruina del Infante, por qualquier medio que
fueſſe, ſin deſiſtir del gouierno, ò largar de ſu mano la perſona del
Rey ſu hijo; que mientras lo tenia en ſu poder tendria las coſas a ſu
guſto; que los ſocorros de Caſtilla eran ciertos, i aſsi no le quedava
que temer ruin ſucceſſo a ſus deſeos: Contrarios eran a eſto los
diſcurſos de Don Duarte, i a ſi màs conuenientes al bien de la Reyna
i Reyno; notaua en q̃ de las diſcordias ciuiles ſuele ordinariamẽte
nacer la perdicion de los eſtados, con que ſe cõſumen, i deshazẽ unos
a otros, i tal vez quãdo ſe entremeten fuerças eſtrangeras ſe leuantã
con todo, ò lo deſtruyen haſta el fundamento. Hablò a la Reyna con eſta
reſolucion, y dixo.

 _Grande es la confiança de un buen criado, pues llega pareciendo
 locura oponerſe a la voluntad de ſu Principe: i pedirle la razon de lo
 que haze. Como es poſsible (ſeñora) que no pondere V. Alteza el modo
 con que ſe và deſpeñando, (ſeame licito dezillo aſsi) en un negocio,
 de cuyo acierto pende ſu vida, i la de tantos ſeruidores ſuyos;
 los que deßean hazer algun hecho de importancia han de alargar la
 conſideracion, i eſtenderla por todo el diſcurſo de la obra, porque en
 el progreſſo, i ſin de las empreſas ſuele auer mayores difficultades,
 que en el principio dellas: Emprende vueſtra Alteza echar del gouierno
 publico deſte Reyno, quando menos al ſeñor Infante Don Pedro ſu
 cuñado, hermano del Rey mi ſeñor, Principe de grande authoridad, i
 credito, aſsiſtido de ſus hermanos; ſolicitado del pueblo; i bien
 quiſto de la nobleza. Demos que las cauſas de nueſtra parte ſean
 juſtificadas, el effecto parece impoſsible: pues ſi todos a una boca
 piden por Gouernador al Infante; ay por ventura quien reſiſta a eſte
 applauſo? O quien ſea Iuez deſta cauſa; ſi lo es el Reyno, el Reyno
 lo acclama. Si los Infantes, ellos lo eligen. Si los nobles, ſon los
 primeros, que lo aprueuan. No fuera perder el ſezo luchar con vna
 fiera: o impedir la corriente del Occeano? Pues no es menos (ſeñora)
 ſeguir la reſolucion, que os aconſejan; haſta aqui fundauades en
 derecho vueſtro intento; ya parece codicia, ô thema, que a ſer zelo
 del bien publico, eſte os perſuadiera a apaziguar diſcordias, que
 ſon los incendios que abrazan a una Republica. No ay utilidad para
 ella, como la paz, i la union, dividiendoſe muere, i unida vive, i
 ſe conſerva: comiença a arder por vueſtro reſpecto, ſino aplacais
 el fuego acabarâ, ſin duda, breviſsimamente. Iuzgue V. Alteza, que
 fama dexarâ a la poſteridad con eſte ſuceſſo. Direis, que vueſtra
 pretenſion es tratar del Reyno de vueſtro hijo; pues, pregunto, como
 le quereis deſtruir los ſubditos? i ſi deſſeais hazer mercedes, como
 entrais primero por caſtigos? Reynaſtes en Portugal, i no os duele
 ſu miſeria? Los que rehuzan vueſtro govierno, dan por causa, que
 ſois muger, i eſtrangera. Dadme licencia, a que pergunte, en que
 moſtrais lo contrario deſto? Eſtà en vueſtras manos el ſociego deſte
 Reyno, i no le admitis? eſcuchais dos, que os ſiguen, i no muchos,
 que os niegan? ya que advertis en los amigos, porque no contais los
 adverſarios; en numero tan deſigual, que puede aconteceros, que no
 ſea vuestra deſtruicion? aun deſtos pocos, que os reconocẽ, vereis
 quantos ſon menos en la ocaſion; porque mâs no ſiguierõ vueſtra
 perſona, ſino vueſtra fortuna. Quando la juzgueis proſpera con el
 ſocorro, que os prometen los ſeñores Infantes vueſtros hermanos,
 advertid: que entonces ſe ha de temer la contraria; i prevenirſe mui
 de ante mano para las adverſidades; pues ſobre coſas tan movibles,
 es deſvario aßegurar confianças: i aunque havemos de eſperar buenos
 suceßos, no es justo, que preſumamos tanta certeza dellos; porque que
 la fortuna es varia, i no ſe dexa regir por razon, ni por fuerça;
 maiormẽte no paßando, a mi ver, de cumplimiento (ſi bien ſe conſidera)
 la promeſſa de los Infantes. Son pretenſores de eſtados en Caſtilla;
 como han de alejarſe a Portugal? Su poder no es firme, i quãdo no ſe
 funda en fuerças proprias, facilmente derriba el más encumbrado; ſiẽdo
 cierto, que las confederaciones, i ligas de los potentados, no tienen
 más ſeguridad, de quanto importa a cada uno en particular; teniendo
 ſolo por parenteſco ſu conveniencia, pues ſegun las ocaſiones; ſe
 van afloxando, ò apretando con maña, i arteficio, debaxo de colores
 diferentes._

La libertad deſta pratica deſabrió a la Reyna de manera que de alli
adelante tratô D. Duarte de bolver ſobre ſy; porque anduvo tan
prudente, i cuerdo en eſta ocaſion, que pagando a la Reyna la deuda,
en que le eſtava por ſu marido, ſervió a ſu Rey, i no ſe odiò con el
Infante; ſiendo a todos amable, i a ninguno ſoſpechoſo; ni con eſta
templança ſe puede dezir, que fueſſe neutral, pues pueſta la mira en el
ſervicio de ſu Rey, moſtró claramente, que no convienen parcialidades
cõ la lealtad de ſubditos: ni a eſtos toca alterar el govierno, ò
ſeguir voz, q̃ ſuene diviſiõ; pues con ella ſe facilitan peligros a la
Republica.

(5) Del vando de la Reyna eran las cabeças principales D. Alonſo
Conde de Barcelos, D. Alonſo ſeñor de Caſcais, i ſu hijo D. Fernãdo
de Vaſconcelos, el Prior de S. Iuan, D. Nuño Fernandes de Goes, el
Arçobiſpo de Lisboa D. Pedro de Noroña, i D. Sancho ſu hermano; però
la maior parte deſtos, i otros cavalleros, aſpiravan o a ſus vẽgãças,
ò a ſus cõueniẽcias; i aſsi tomavan eſte camino para alcançar lo ̃q
deſſeavan conociendo q̃ en los tiempos alterados con el agua rebuelta
ſiempre, quedan las manos llenas a los autores de las diſcordias; ̃q
por eſta cauſa lo ſon tambiẽ de la paz deſpues q̃ tienẽ en ſy el fruto
de ſu malicia. Al revez deſto D. Duarte ſaliô pobre, i honrado deſta
guerra domeſtica; por̃q es punto en que dan los brioſos de zelo, i
hõra, no ignorado de alguno, però ſeguido de mui pocos.

(6) Fueron en vano todas las diligencias, q̃ el Infante D. Pedro, i
ſus hermanos, D. Hẽriq; i D. Iuan, hizieron para aplacar la Reyna; mas
deſengañados del poco efeto, acudierõ al govierno, por̃q no ſucedieſſe
lo q̃ al enfermo peligroſo, q̃ miẽtras debaten los medicos ſobre el
remedio, ſe paſſa el tiẽpo de la cura. Tratarõ de llamar a cortes, i
determinôſe en ellas que el Infante D. Pedro fueſſe governador, con
titulo de regente: notificaronſelo a la Reyna; i poco deſpues largaſse
los hijos; por̃q tãbien ſe reſolviò no cõvenia tenerlos en ſu poder,
pues criados en la dotrina de ſus odios, no fueſſen principio de
maiores males. Como en eſtas deliberaciones no ſe eſperava el guſto
de la Reyna, cõ la brevedad, que fueron decididas; fuerõ executadas;
i ella con algunos de ſu bãdo (̃q ya començavã a faltarle muchos) ſe
retirò a Almerin, i de alli cõ maior prieſſa, i en ſon de huyda a la
villa del Crato; encomiẽda, i cabeça del Priorato de S. Iuã. Reſolviò
eſta retirada ſin neceſsidad, ò aprieto alguno, ſolamẽte por moſtrar
miedo al Reyno, de las aſſechanças del Infante, ya governador; i con
eſte penſamiento ſaliò de noche de Almerin, fingiẽdo grãdes alborotos,
i vozes, de q̃ la veniã a prender, por diſsimular cô las tinieblas
el engaño: luego q̃ llegò al Crato divulgò por el Reyno algunas
cartas, en que pedia a la nobleza le reſtituyeſſen el govierno, i
los hijos, meſclãdo entre otras palabras, muchas amenazas de romper
guerra, i meterla en eſte Reyno: tornòſe con eſto a encender el fuego,
de que ya no ſe via tãta llama; i el Infante por atajar eſtos, i
otros inconvenientes; acudiò en perſona al Priorato, i aſſegurò las
fortalezas, que ſe le rendieron ſin alguna contradicion: deſpues marchò
la buelta del Crato, donde la Reyna havia metido copia de gente de
guerra Caſtellana, a cargo de D. Alonſo Henriques tio ſuyo; perô el
Infante, aunque lo ſabia, fue caminando tan de eſpacio, que bien ſe
entendiò, que no queria vencer la Reyna, ó detenerla, ſino darle lugar
a que ſe arrepentieſſe, ò se retiraſſe. El Prior de S. Iuan, entõces,
receloſo del cerco, deſamparò la villa, impoſsibilitado de ſuſtẽtarla;
i la Reyna ſe entrò por Albuquerque, en Caſtilla, en Deziembre de mil
quatrocientos i quarenta.

(7) No hallo q̃ la acompañaſſe en eſte cõflicto, de los Portugueſes,
màs q̃ el Prior de S. Iuan: porque el Cõde de Barcelos andava ya tan
tibio en eſte bando, deſpues que le viò caydo; q̃ ſe fue a ſus tierras
de la Beira, i ſolo tratò de aſſegurarſe: i el Arçobiſpo D. Pedro que
era ſu cuñado, acomodandoſe con los tiempos; procuró ſalvarſe en el
ſagrado de ſu Igleſia, de los fines, que comunmente reſultan deſtas
diſſenſiones.

(8) Fue el Arçobiſpo una de las perſonas de maior lugar, que tuvieron
aquellos ſiglos, en eſte Reyno; i verdaderamente merece gran culpa en
negar ſu autoridad, i talento, a la quietud i deſcanſo de la Reyna,
de quien era tio, primo hermano del Rey ſu padre; por̃q ceſſaran
los rompimientos, que dieron motivo a que la Reyna murieſſe deſpues
deſterrada, i afligida quando por el oficio de buen paſtor era
obligado a unir ſus ovejas, i no derramarlas. Però con eſto moſtrô
bien los daños, que cauſan Prelados, q̃ ſiendo Ecleſiaſticos, en la
profecion, ſon en los cuidados ſeglares. Con el deſamparo, q̃ hizo de
ſu Igleſia, andava Lisboa tan ſuelta, que los ciudadanos con motines,
i otras licencias, pareciã arbitros de la paz, i la guerra; i como
procedian con las conſciencias rotas, moſtravan tambien enfermas las
fidelidades; porque de una corrupcion nacia la otra; ſiendo cierto,
̃q el eſtrago de las conciencias es la fuente de todos los males,
que padece una Republica; que eſtas ſon ſus enfermedades intrinſecas,
̃q como no trahen dolores publicos; quando ſe curan es con deſcuido;
i como no ſanan nũca, van creciendo poco a poco haſta llegar a ſer
irremediables; i aſsi el Arçobiſpo atropellando eſtos inconvenientes,
trepeçava en otros maiores, con menos decencia, de lo q̃ permitia la
razon, dando lugar a que ſe murmuraſſe de ſu codicia; que lo llevava a
tratar de coſas tan agenas de ſu obligacion, en tiempo, que ſu Igleſia
neceſsitava tanto de cuidado, vigilancia, i reformacion; por los
vicios, que ſe originavan de las deſordenes referidas.

(9) El retiramiento de la Reyna ſoſſegó apparentemente los animos
Portugueſes, obedientes ya ſin contradicion alguna al Infante D. Pedro;
mas deſpues de auer governado dos años, q̃ fueron el de quarenta
i uno, i dos; conſiderò eſte Principe quanta neceſsidad tenia de
velar ſobre las coſas de Caſtilla, pues era ſolo la parte de donde
ſe podia temer, q̃ la Reyna hallaſſe recurſo a ſus deſſeos. Andavan
ſus hermanos tan ſeñores en aquel Reyno, que la voluntad del Rey Dõ
Iuan eſtava màs a ſu diſpoſicion, que los pueblos; por̃q los grandes
con el odio q̃ tenian al Cõdeſtable no repararõ en el deſluzimiento
de ſu Principe, conociendolo por facil para mouerſe a qualquier
accidente. Cõ eſtos i otros referidos en las hiſtorias Caſtellanas ̃q
dexo, por̃q no ſon de mi juriſdicion; Llegó el Condeſtable D. Aluaro
de Luna a valerſe de Portugal; confederãdoſe primero cõ el Maeſtro
de Alcantara; por̃q herido de la miſma enfermedad, neceſsitava del
miſmo remedio: ſuſtẽtavan ambos ſus eſtados mui a pedaços, por̃q los
Infantes diſcurrian victorioſos por todas partes, ganandole los mayores
lugares. Apretados pues, recorrierõ al Infante Gouernador, el qual
temeroſo de q̃ eſte rayo le alcãſaſſe a herir, viendo que la Reyna no
ceſaua un momento en ſu pretenſion; determinó ſocorrerlos con acuerdo
de los Infantes ſus hermanos, i de los ſeñores, i cavalleros del
Conſejo; perſuadieronſe a eſto por cartas del Rey de Caſtilla, que el
Condeſtable envió al Infante Gouernador; en que ſe quexava de los
cuñados grauemente, i permitia al Condeſtable meter gente, i armas
eſtrangeras para defender ſus rentas, i eſtados; pareció eſte pretexto
baſtante al Infante para entrar en eſtas coſas, no como medianero, mas
como parte; porque como la guerra ſe auia de hazer em nombre del Rey;
La confederacion, i amiſtad que tenia con el de Caſtilla lo forſaua
a ſemejante ſocorro: pediòlo a gran prieſſa el Maeſtro de Alcantara;
porque ſe iua rindiendo ſu eſtado con la miſma, a la voz de los
enemigos; parte con el miedo, i lo más con las armas; i como quedaua
lo más del en eſtremadura. Iuſgò el Infante Gouernador, que aquello
era acercarſe mucho a Portugal; i con eſte recelo tratò de acudirle
breuemente; juntò dos mil cauallos diuididos em quatro cõpañias, a
quienes ſeñalò por capitanes, caualleros todos de nombre valor, i
ſangre.

(10) Nombrò entonces por general deſta empreſa a Don Duarte de Meneſes;
i eſta es la ultima confiança, que ſe puede dezir de ſu fidelidad, pues
auiendo ſeguido a la Reyna a los principios, en quanto juſtificò ſu
cauſa; deſpues ſe quizo valer el Infante, de ſu valor para ſuſtentar la
contraria.

(11) Partiò Don Duarte la buelta de Alentejo; entrò en Caſtilla por
aquella parte de la ciudad de Badajòz haſta la fortaleza de Mõtanches,
donde le eſperaua el Maeſtro de Alcantara: ſin llevar orden cierta, ni
inſtruccion de lo que auia de hazer, que el Infante lo remitiò todo a
ſu parecer, i prudencia, cõformandoſe con el tiempo, i los ſucceſſos:
aunque en eſta incertidumbre bien conociò Don Duarte que lo màs iua
a parar en deſtruir los Infantes de Aragon: ſalieron ſus gentes a
impedirle el paſſo, i quiſieron inueſtille antes que ſe juntaſſe con
el Maeſtro; porque llevavan partido muy auantejado; però Don Duarte
recebiendolos con notable brio los desbaratô en tan pocas horas, ̃q
parece encarecimiento referirlo, y le degollò màs de quinientos hombres.

(12) Eſta rota fue de grande importancia para el Maeſtro, porque
en todo aquel contorno no quedò fortaleza que no ſe le rindieſſe:
solo la de çalamea ſe puſo en defenſa, ſobre la qual fue luego Don
Duarte. Es çalamea ò como otros pronuncian Zalamea, villa pueſta
en el deſtricto de la ſerena cabeça de ſu encomienda: ſu nombre le
dieron los Arabes Mahometanos, ó porque eran de los Arabes Salameos,
que a differencia de las otras naciones ſe llamaron aſsi, por ſer
confederados, i compañeros de los Nabatheos; ſignificando en ſu lengua
Arabica la palabra, Salama, lo miſmo que, Paz: ô por otra cauſa que ſe
ignora, quitandole el ſuyo antigo, que no ſin grande fundamento algunos
entienden, que es la antiga Ilipa de la qual haze memoria Tito Liuio;
Ptolomeo, llamandola Ilipula: i la ſitua cerca de la Luſitania en los
Turdetanos, i aſsi eſtá quatro leguas de Guadiana, i veinte de Cordoua;
conformando todo una hermoſa columna, que oy ſe vè en ella, i la trahe
Ambroſio de Morales, en la qual eſtâ vna elegante Inſcripcion: i en
ella _Municipium Iulipenſe_. No dudo que de la mudança deſtos nombres
de Ilipa a Zalamea: fueſſe por ventura alguna razon ſuperior, ó por la
ſignificacion del nombre de la Paz, por la que oy tiene eſte lugar con
la Imagen de un Chriſto crucificado de modeſta eſtatura, pueſto en el
trono de la Cruz, repreſentando bien al vivo, la paz, que nos truxo del
cielo, i la eſtà dando, i repartiendo de ſus precioſiſsimas llagas,
con gran liberalidad, i largueza derramando rios caudaloſiſsimos de
gracias, i dones de ſalud ſpiritual, i corporal; de que yô vi muchos
milagros authenticos. Don Duarte rindio en dos dias a Çalamea: retiroſe
la gente al Caſtillo que era fuerte con buen foſſo, i murallas; però
los Portuguezes alentados con la victoria paſſada en el ſegundo
aſſalto lo entraron con muerte de muy pocos. El Maeſtro dio la villa
a ſaco por acariciar los ſoldados, i moſtrar a los rebeldes el fin de
ſu porfia: con eſte exemplo fueron mejorando ſus coſas notablemente:
mas el offendido de la gente de algunos lugares, quizo que Don Duarte
vzaſſe con ellos de la licencia de vencedor, paſſando unos a cuchillo,
i otros deſpojandolos. Mas Dõ Duarte, por no mãchar la piedad; con ̃q
tratava los vencidos, deſviò eſto con buenas palabras; i no ſe ſupo
ſe tenia inſtruccion en ſecreto del Infante Governador, para quitar
eſta ganancia a los ſoldados; porque los deſentereſados juzgavan a
gran cordura no adelantarſe tanto en deſtruir los ſubditos de un Rey
amigo, i vezino, aunque fueſſe con permiſsion ſuya; que ſuele acaecer,
que acabadas las diſſenciones domeſticas conociendo el engaño en
que andava, i cahiendo en la razon de quanto le conviene vaſſallos
proſperos, tener por affrenta lo que antes juzgava por neceſsidad; i
entonces aborrece a los inſtrumentos de ſu colera.

(13) Los Infantes de Aragon aunque por eſta parte no trahian tan
proſpera la fortuna; con todo aſſegurandoſe con la perſona del Rey, no
oſavã a largarla de ſi un punto: antes con mueſtras de aſsiſtido, i màs
venerado le cercavan como prezo, governandole los movimientos por ſus
conveniencias: Tubo traça el Condeſtable tras muchas diligencias que el
Rey mandaſſe al Infante Dõ Henrique a governar la Andaluzia, en ſon de
aquietarla, i reduzirla a ſu obediencia. Engañòſe el Infante con las
appariencias, i la codicia: i como ignorava los ſecretos por donde el
Condeſtable negoceava; tubo a demonſtracion de amor el deſpacho; mas
procedioſe en el con trato tan doble, que luego que llegó a aquella
Provincia, no ubo quien le obedecieſſe en ella. El Infante Governador
ordenó a Don Duarte paſſaſſe allà unido con las gentes de los Maeſtros
de Calatraua, i Alcantara, i Conde de niebla, i otros muchos ſeñores,
que tomaron la boz del Rey, i el partido de Don Alvaro ſob color de
libertar a ſu Principe de la priſion en que le tenian ſus cuñados.
Allanoſe la Andaluzia, i Don Duarte por mandato del Infante ſe bolviò a
Portugal.

(14) Entretanto la Reyna Doña Leonor pendiente deſtos ſucceſſos
aſsiſtia en Toledo, olvidada de los hermanos, i poco favorecida del
cuñado, viviendo con tanta eſtrecheza, i apretura, que fueron notables
las neceſsidades que paſsó en aquella ciudad: donde Don Fernando de
Noroña, Conde de Villa Real fue ſolo el que de Ceuta le embiò un gran
prezente de dinero, joyas, i otras coſas, ſolo a fin de ayudarla a
ſu ſuſtento, ſin que en eſto offendieſſe la paz univerſal que gozava
eſte Reyno; por̃q a eſte ſocorro le obligó màs la memoria del deudo,
que tenia con aquella Princeza, que novedad de intentar ſu buelta:
aſsi paſsô algunos tiempos, haſta que con la ordinaria mudança dellos
trató de bolver a Portugal a ſus hijos, i ponerſe en manos del Infante
Governador.

(15) Deſta reſolucion reſultò al Infante grande alegria, porque deſeava
moſtrar al mundo lo mucho que trabajò, porque la Reyna no llegaſſe a
aquel eſtado; però el cielo que ordenava otra coſa, no quizo darle vida
para lograr la concordia; porque aviendoſe quaſi capitulado, murió en
Toledo por Hebrero de mil quatrocientos i quarenta i cinco: ſu muerte
affirman muchos Autores, fue de Veneno diſpueſto por Don Alvaro de
Luna, temiendola igualmente, que a ſus hermanos; i ſoſpechando, que por
medio de Pero Lopez de Ayala, Alcayde de Toledo perſona de valor, les
queria entregar aquella ciudad: eſtas cauſas miſmas dezian mataron la
Reyna de Caſtilla quaſi a un tiempo, i el Rey diſsimulò eſtas maldades
entre otras que avia permitido al Condeſtable, porque el aborrecimiento
con q̃ tratava las coſas de Aragon era igual al amor que tenia a
Don Aluaro: i aſsi attendiendo ſolamente a ſu acrecentamiẽto, erã
muchos los yerros q̃ ſe ocaſionavã deſta privança; quedando entre los
limites de la prudencia dar la mano a los merecimientos, i recompenſar
los ſeruicios, porque la virtud adonde ſe halla, ſe ha de honrar en
conſideracion ſolo del ſujeto, i la ſufficiencia; que en todos tiempos
ha viſto el mundo hombres nueuos en la cumbre de grandes honras.

(16) Bolvio a esforçarſe el partido de Don Alvaro, con las muertes de
las dos Reynas, i como no era nada pereçoſo, ni deſcuidado en todo lo
que le tocava, hallò ocaſion de acabar de una vez con los Infantes
de Aragon; porque por inſtantes ivan de mal en peor ſus coſas, i el
Rey Don Iuan deſcubiertamente, i con quexa publica prevenia gente
para echallos del Reyno. Por conſejo de D. Alvaro pidiò ſegũda vez
ſocorros al Infãte Gouernador por ſus embaxadores, declarandoſe en
el diſignio; i el Infante guſtò tanta de la reſolucion i pratica, que
aunque no lo manifeſtò con las palabras, facilmente ſe entendió por
las obras: porque no ſolo concediò el ſocorro que pidiò Caſtilla, però
por authorizarlo, i juſtificarlo mas, mandò a Dõ Pedro ſu hijo mayor
con el; moço de haſta quinze años, i el Principe de mayores eſperanças
que tenia eſte Reyno; al principio del negocio determinó el Infante
gouernador de ir en perſona; però mudò de deſignio pareciẽdole cierto
que el gouierno de Portugal no ſufria auzencias, quando los enemigos
domeſticos eran tantos, i tan poderoſos, que a penas podia atajar con
prudencia, i vigilancia las aſſechanças con que cercauan al Rey Don
Alfonſo para hazerle dueño de ſus enemiſtades; i como la edad del Rey
no paſſaua de treze años, hallaua mayor peligro, no pudiendo aduertirlo
como a hombre, ni guardarlo como a niño. Ivaſe criando en el odio del
tio induzido de algunos, a quien oya de contino haſta que echò raizes,
i tan grandes, que ſe puede creer, que la ſangre, i memoria de ſu madre
tubo tambiẽ harta parte en eſta perſecucion.

(17) La prudencia del Infante Gouernador era mucha, i preſumia
nouedades de las demonſtraciones menos conſiderables, que iuã
ſuccediendo; que un prudente todo lo aduierte, i nada deſprecia, todo
le ſirue de auiſo, i de conſejo. Pareciole mejor tentar con beneficios
al Conde de Barcelos ſu medio hermano, que era el mas entero emulo
que tenia, i cabeça de todos los demàs, i reduzirlo a ſu amiſtad por
eſte camino: i como lo conocia por ambicioſo, tomô por inſtrumẽto
de las reconciliaciones ſu miſma ambiciõ: diſpuſo al Rey le dieſſe
la ciudad de Bragança con titulo de Duque della; acceptó el Cõde la
merced; però no la agradeciô al Autor della, ſino al Rey que no ſabia
como moço lo que hazia, ni lo que dava; perô quizo de aquella manera
disfraſſar ſu ingratitud, i no obligarſe a olvidar ſus paſsiones. Vacò
deſpues por muerte de Don Diego, hijo mayor del Infante Don Iuan la
dignidad del Condeſtable. El Infante pues conociendo la malicia de la
tierra en que avia ſembrado el primer beneficio, rehuzò hazer el
ſegundo en el Conde de Ouren primogenito del de Bragança; el qual ſe
deſcubriò por pretendiẽte de aquel cargo. Fundava ſu derecho en que era
nieto del Condeſtable Don Nuño Aluarez Pereira, por cuyo reſpecto ſe
diera al defuncto Don Diego como hijo de Doña Iſabel nieta del miſmo
Condeſtable; i aunque la razon era ſufficiente; el derecho era poco,
porque la juſticia no ſe funda en conſideraciones, i reſpectos, ſino en
fundamẽtos, i verdad; el officio ſin duda eſtava devoluto a la corona,
i cõ eſta certeza ſe dio a ſu hijo D. Pedro hijo del Infante. Sintio
el Cõde de Ouren mucho eſta proviſion, i retiróſe de la Corte para ſus
lugares, i aviendo ſido uno de los que más profeſſaron la amiſtad del
Infante ſu tio, entonces ſe declarò por ſu enemigo; borrando con eſta
offenſa todos los fauores que avia recibido, porque no ay aggrauio,
que no viva ſiglos en un coraçon vengatiuo, ni beneficio, cuyo
agradecimiento en el paſſe del momento en que ſe recibe.

(18) Todas eſtas coſas precedieron al ſocorro de Caſtilla, q̃ no
deſayudaron a la brevedad, i cuidado con que ſe hizo. Eſtava el Infante
Governador en Coimbra por eſte tiẽpo, i llamando del Algarve a D.
Henrique ſu hermano para la execucion deſta jornada, aſſentada por
ambos; i por el conſejo, i los mayores del Reyno; armò Don Henrique
cavallero a ſu ſobrino Don Pedro dos dias antes de ſu partida.
Solemnizòſe el acto con muchas fieſtas, i hecho ya Condeſtable,
partiò la buelta de ciudad Rodrigo, cõ quatro mil Infantes, i dos mil
cavallos, gẽte luzidiſsima, i en q̃ entrava la nobleza de Portugal;
porque no ubo cavallero, q̃ por agradar al Infante perdieſſe la ocaſion
de adularle con hazer offrecimiento de acompañar al hijo; i el moço
de por ſi era amable por ſu buen talle, brio i cortezia, q̃ ſon las
partes, que màs facilmente vencen animos del pueblo.

(19) En eſta empreza eſcogiò el Infante Gouernador a Don Duarte
de Meneſes, por conſejero, i ayo de Don Pedro, encomendãdole a ſu
prudencia el pezo del negocio, i a ſu valor, i arbitrio, la diſpoſicion
de la guerra. Mandò al hijo, que en todo le obedicieſſe, i a el que
en todo governaſſe al hijo, i cumplieron tan bien los dos con la
comiſſion, que no ubo acciõ deſta jornada deſacertada.

(20) Supo el Condeſtable en ciudad Rodrigo, que el Rey de Caſtilla, con
las anſias que tenia de deſtruir los cuñados, los cercò en la villa de
Olmedo, ſin eſperar por el ſocorro Portuguez; i los Infantes temeroſos,
de que las fuerças de los contrarios ſe reforçaſſen con la llegada de
Don Pedro; quizieron antes provar ſu fortuna; i ſaliendo de la villa,
dieron batalla al Rey en campaña de poder a poder, haziendo todo lo que
devian a mui valientes cavalleros; quedaron al fin vencidos muerto Don
Henrique, i herido el de Nauarra. Sin embargo deſta nueua obligò Don
Duarte al Condeſtable a que marchaſſe adelante con ſu campo, porque no
eſtavan ſeguros aun del ſucceſſo que reſultò de la victoria; i como
los grandes de Caſtilla andavã tan rebueltos, tanto tiempo avia, no ſe
imaginava, que ſe podian ſoſſegar en breve.

(21) El Rey de Caſtilla luego que tubo noticia, de q̃ el Condeſtable
no parava con ſu exercito, lo embiò recibir con Don Aluaro de Luna,
i otros muchos cavalleros, por la poſta haſta donde pudieſſen; i el
ſe fue a eſperarlo a Mayorga con toda ſu Corte; donde llegado le hizo
notables fieſtas, i agaſajos; moſtrãdoſe mui liberal, i cortès con los
Portugueſes; aunque Don Pedro no le quedô inferior en las dadiuas,
porque fueron muchas las q̃ repartiò por los cavalleros Caſtellanos.
Todos eſtos aciertos ſe deven a Don Duarte, porque no diſponia menos
biẽ las acciones de la paz, que los peligros de la guerra.

(22) Concluyoſe con eſto la de Caſtilla, i las coſas de Don Alvaro
ſe mejoraron grandemente; ſi bien deſpues ſe canſô la fortuna en
fauorecerle, i con el exceſſo con que le ſubiò con otro mayor le
deshizo: cauſando tanto miedo, i eſpanto ſu caida; como admiracion
ſu proſperidad; porque ya mas antes del ubo en aquella corona quien
alcançaſſe mayores honras mas generales, i menos eſperadas; poſſeyendo
largo tiempo ſu govierno heredado por el Rey Don Iuan el Segundo de
Caſtilla, adminiſtrado, i repartido por el. Honró mucho el Rey a Don
Duarte, en eſte viage; que fue la primera vez que le conociò de
viſta, porque ſu fama a todo alcançaua. Communicolo, i tratôlo entonces
familiarmente, haziendolo de ſu conſejo, coſa que los Portugueſes
eſtrañaron, por la facilidad con que murmuran de ſus naturales. Deſta
merced tomò motiuo ſin duda de no bolverſe a Portugal con Don Pedro,
porque no le conſentia ſu animo vivir ocioſo, i como la conquiſta del
Reyno de Granada prolijamente durava; alcançò del Rey Don Iuan grandes
fauores, para ſervirle en ella.

(23) Inclinòſe a eſto entre otras cauſas, pareciẽdole cordura huir las
diſſenciones, i trabajos ciuiles, que ya amenazauan a Portugal, i que
luego ſuccedieron, i quaſi los prophetizò, conſiderando prudentemente,
que de quan cargado eſtava de enfermedades el Reyno, no avia coſa
que prometieſſe buena eſperança de ſu mejoria, no la aplicando Dios
poderoſamente per medios no alcançados de los hombres.

(24) Avia ocho años, que el Infante Don Pedro governaua a Portugal
ſingularmente, quando los odios de ſus enemigos començaron a recoger
el fructo de ſus ſiſañas: cumplio el Rey quatorze por Henero de mil
quatrocientos quarenta i ſeis, i el Infante en Cortes, que llamô a
Lisboa para eſte effecto; toda la ſolemnidad hizo en ſus manos reales
dexacion del govierno. Fue buen dia para ſus contrarios: però el Rey
mejor aconſejado, rehuzo aceptarlo, i ſe lo bolviô a encargar con
nuevas demonſtraciones de amor, i agradecimiento: el Infante entonces
engañoſe cõ la accion pareciẽdole natural, i no preſtada como era, i al
fin cõtinuò en ſu officio, haſta q̃ los emulos incitados cõ aquellas
mueſtras ſe dierõ tales traças, q̃ metierõ al Rey en zelos del suegro,
entẽdiendo q̃ aquel camino era màs ſeguro para ſus pẽſamientos, por
la facilidad cõ q̃ los Principes oyen ſemejantes praticas; de q̃ no
ay edad libre, ni valor ezento; deziã, q̃ el Infante ya no tratava de
governar, ſino de reynar; grãgeando los ſubditos, i repartiẽdo por
ellos mercedes, i privilegios, eximiendolos de tributos, con q̃ los
enriquecia, procurando enflaquecer el patrimonio real, ſolo a fin de
fortalecer ſu partido; que para eſte effecto los iva atrahiendo, de
manera q̃ no ſolo era querido, però adorado del pueblo; que llegava
a dedicarle eſtatuas publicas llamandole Padre de la patria, como
ſi no tubieron Rey, i ſeñor natural; que el Infante, no ſin grande
induſtria, i cuidados ſuperiores ſe avia confederado en Caſtilla con
el Condeſtable Don Alvaro de Luna; q̃ ſin duda fueron entrambos los
inſtrumentos de la muerte de la Reyna ſu madre, i del Infante Dõ Iuan
ſu tio, ſolo por quitar de en medio las perſonas que podian opponerſe
a ſus pretenſiones; que atendiendo a encaminarlos dividia los officios
publicos, i fortalezas conſiderables por ſus màs familiares; que ſin
duda eſto no mirava a vivir como particular, ni a contentarſe con
ſer ſubdito. Hallaron para approuar eſtas maldades muchos teſtigos
induzidos falſamente, que deponian con la capa de zeloſos, i ſin
deſcubrir paſsion, ó enemiſtad declarada.

(25) Es eſta la gente màs pernicioſa de una Republica, porque engañan
con la verdad apparente, ſiendo la mentira, el aſpid que ſe oculta
entre las flores del zelo, i de la razon. Tubola el Rey de enojarſe,
aunque poca de eſcucharlos, i menos en creerlos; peró teniẽdo
reſolucion de moço, ſobre appetitos de Principe, baſtò eſte engaño
para hazer ſoſpechoſo al tio; i deſpues començando a temelle, deſeo
deſtruille. El Infante quiſo acudir a ſu honor, mas era ya tarde;
porque los Principes cierran los oydos a la diſculpa, quando entrã el
miedo en el coraçon: era tambien el Rey muy moço para ſaber pezar las
coſas, i los ojos a penas abiertos no veian más que los colores que le
querian moſtrar los que le aſsiſtian, hallãdoſe mâs poderoſos entonces;
porque el Infante no ſolo dexò el govierno, pero tambiẽ la Corte;
retiroſe a Coimbra, ciudad cabeça de ſu eſtado, riberas del mondego, i
treinta i quatro leguas de Lisboa: creciò la acuſacion con la auzencia,
i ſus enemigos, ya negociavan, no como de antes en ſecreto, però mui en
publico, infamando ſu lealtad, i virtudes; quien más apretava en las
diligencias era el Conde de Ouren, ayudado del Arçobiſpo de Lisboa, i
Don Sancho de Noroña ſu hermano; porque el de Bragança eſtava en la
Beira, mas de allà buſcava ſus inteligencias para inquietar al hermano.
Emplearon en eſto un fulano de Berredo protonothario, hombre aſtuto,
i eloquente, i que en Roma donde eſtuvo años, avia cobrado opinion de
entendido, i Curial. Con eſte pretexto para acudir mejor al engaño, ſe
hizo mui familiar con el Infante, i tanto, que ſe puede dezir, q̃ en
ſu proprio pecho, i apoſento ordenava los enredos con que provocava al
Rey cõtra el deſcuidado Infante, porque ſo color de avizos le revelava
mentiras: deſte hombre, i aquellos ſeñores, ſalio la conjuracion de tan
terrible hecho, i como le concibieron, aſsi lo executaron.

(26) Contra eſta violencia no le aprovechò al Infante el apartamiento
que hizo para Coimbra, porque allâ tenian ſus enemigos, quien le
notaſſe haſta el menor deſcuido, q̃ ſin parar iva al Rey hecho ya
culpa. En eſto llegò el Infante Don Henrique a la Corte, i publicoſe
que era a defender la causa del hermano, i el pueblo contentiſsimo,
andava deſenfrenado por las calles, dandoſe los parabienes deſta nueva.
Trocaronla luego, en q̃ ò no quizo, ò no pudo. Algunos le culpan, otros
le abſueluen; perô nadie hallo que dexaſſe de confeſſar, que no avia
en Portugal perſona, que pudieſſe atajar eſtos inconvenientes, ſino
Don Henrique por ſu autoridad, i reſpecto. El Rey moço; el Infante
D. Iuan muerto; la Reyna muger, i entereſſada el Duque Don Alfonſo
autor; ſu hijo maior complice: el Infante Don Pedro Reo; Don Pedro de
Noroña enemigo: los demàs parciales: al fin ſolo el, quedava libre,
para la compoſicion deſtos odios: maiores alabanças merece el Conde
de Arrayolos, hijo segundo del de Bragança: el qual eſtando en Ceuta
por general, por muerte de D. Fernando de Noroña, tuvo noticia de lo
̃q paſſava, i luego ſe vino a Santaren, donde ſe havia mudado el Rey
con la corte, para ver ſe podia componer eſtos deſabrimientos; amava
al Infante D. Pedro ſumamente; i como hermano del Conde, i hijo del
de Bragança, procuró impedir ſu determinacion; però ellos deſpues que
no pudieron perſuadirlo a ſu vãdo, ſe valieron de maña, i echarõ en
la corte una voz fingida, con cartas ſupueſtas, de q̃ el Rey de Fez
venia ſobre Ceuta con gran poder. Obligò al Conde la honra a bolver
a ſu plaça, i no ſe apartò della, haſta q̃ las coſas tuvieron el
deſaſtrado fin que veremos.

(27) Antes del Conde, havia venido tambien de Ceuta, donde eſtava por
frontero, Alvaro Vaz de Almada, Conde de Abranches gran ſervidor del
Infante, i enemigo del de Ouren, eſtimado por ſu valor, qualidad, i
ſervicios del Rey, i de aquellos Principes: en ſu preſencia llegò
a deſafiar con palabras aſperas a todos los que calumniavan de
deslealtad al Infante; reptandolos de aleves, i diziendo, que en el
campo defenderia eſta cauſa el ſolo a tres juntos. La maldad ſiempre
fue cobarde, porque toda ſu induſtria pone en la vengança. Callôſe la
demanda, i el de Abranches ſe fue a Coimbra, ſiendo el que ſeguiô la
fortuna del Infante, haſta lo ultimo de la vida, dando un ſingular
exemplo de amiſtad, i esfuerço, igual a los que màs celebra la
antiguedad.

(28) Dos años paſſaron en eſtas diſcordias con varios debates, i
ſucceſſos, todos encaminados a deſtruir al Infante, porque ſus
enemigos no paravan en eſte intento, ni el Rey en darles credito, con
el miedo q̃ ſiẽpre cree, quanto más imagina. Coſa es eſtraña, q̃ los
mâs principales eran miniſtros de ſu paſsiõ, i otros como alanos, que
ſe criavan de ſangre humana, andavan ladrando tras la del Infante,
criminandole aora de nuevo la muerte de la Reyna Doña Leonor; i para
encẽder màs la ira del Rey en eſta vẽgança perſuadiã a los Infantes
niños, a q̃ la clamaſſẽ como hijos, i partes màs offendidas. Cõ tãtas
culpas ſupueſtas, repetidas ſiẽpre por todos lados; vino el Rey a
reſolverſe a armar contra el Infante en ſon de caſtigarle como culpado
en el crimẽ de leſa Mageſtad; i auñq al principio eſte conſejo fue
diſpueſto lẽtamente cõtra el q̃ dan los ſabios, q̃ quieren q̃ las coſas
grãdes eſten hechas, antes q̃ conſultadas; cõ todo eſſo deſpues ſe
dierõ prieſſa a executar la maldad, por̃q no ſe aſſeguravan del Rey
por moço, i por la afficion q̃ moſtrava a ſu muger (Princeſa digna de
grandes loores) por la paciencia cõ que ſe portò en eſte caſo, ſiendo
tã entereſſada en el, q̃ de una parte andava la quietud, i credito
de ſu marido, i de la otra la vida, i hõra de ſu padre. Trabajô (mas
ſiẽpre en vano) por cõponerlos, cõ lagrimas, ruegos, i encarecimiẽtos:
entretãto padecer cõ el ſpiritu, no quedò libre la reputaciõ de
la pena; por̃q le imputarõ en aquellos dias, q̃ D. Alvaro de Caſtro
camarero maior del Rey, i q̃ los años ſeguiẽtes fue Conde de Monſanto;
cavallero cõfidente, i brioſo; le hablava amores; el Rey cõ aquel
impetu primero lo mãdo prẽder; mas ſoltarõle luego, por̃q ſe aueriguo
la verdad; i el autor de la mẽtira quedò ſin caſtigo; q̃ eſſo fue el
exceſſo maior, q̃ ſe puede dezir deſtos tiẽpos, en q̃ andavan las
maldades favorecidas, i las innocencias caſtigadas.

(29) Mientras ſe infamava la opinion del Infante con editos, ſe
aparcebieron tambien las armas, convocando gente, i haziendo levas por
todo el Reyno. Avisò los pueblos, i la nobleza del caſo; i como tocava
en poca fidelidad contra el Principe, no huvo cavallero, que dexaſe de
venir a Santaren donde el Rey eſtava acudiendo con prieſſa, i cuidado a
moſtrar ſu obediencia, i lealtad; porque en eſtas materias mucho maior
peligro ſe corre por las demonſtraciones; que por el effecto, i la
tardança ſe acuſa por delito, como la brevedad ſe encarece por fineza.

(30) Preſumo, auñq no ſolo he podido apurar con mâs que una
probabilidad, que Don Duarte de Meneſes ſe vino en eſta ocaſion de
Caſtilla a Portugal; porque los dos años antes, i parte deſte tercero,
que era el de mil quatrocientos i quarenta i nueve, eſtuvo ſerviendo de
frontero en Granada: deſpues ò fueſſe con expreſſo mandato del Rey, ò
por otro aviſo que tuvieſſe de que armava con aquella fama de caſtigar
rebeldes, pareciendole obligacion preciſa de ſubdito; a quiẽ no toca
eſcudriñar los ſecretos del Principe; ſino obedecer ſus mandamientos:
Acudiò a la corte; quando appareció en ella, fue a tiempo, en que con
la final determinacion aſſentó el Rey en el Conſejo; priſiõ perpetua;
deſtierro; ó muerte del Infante. Admira cierto, q̃ haviendo hecho
tantas amiſtades, tubieſſe tanta falta de amigos en eſta ocaſion, i que
entre tantos votos no ſe hallaſſe uno de vida, que hablaſſe libremente,
i cõ verdad al Rey. Mas eſta es la comun deſdicha de grãdes, q̃ todo
lo q̃ ſe les habla, ha de ſer agradable a ſus oydos. La Reyna ſolamẽte
cõ el amor de hija le eſcreviò la ſentẽcia difinitiva: dizẽ, que al
leer la carta ſin alterarſe, ni dar otra ſeñal de triſteza, eſtuvo un
gran rato perguntando al menſagero por la ſalud, i entretenimientos del
Rey: i que deſpues comiò a las horas ordinarias mui ſeguramente; i la
noche gaſtò con gran quietud, i repoſo, en lo que ſiempre acoſtumbrava.
Enfurecierõſe ſus enemigos con eſta conſtancia, porque luego la
ſupieron: i como al otro dia por parecer del Conde de Abranches ſe
reſolviò el Infante a venirſe a Santaren a defender en campo ſu honra,
i lealtad: ſiendo eſta reſolucion tan peligroſa como honrada; porque
quando los juſtos reſpectos no hallan buena acogida, toqueſe el pulſo a
las fuerças, i ſino ſon poderoſas valganſe del ſofrimiẽto, cuerdamente
eſperando el beneficio del tiempo: Eſte penſamiento ſe trocò al Rey,
porque le dixeron, que con exercito poderoſo ſe venia a entrar en
Lisboa: entonces mandò a Don Duarte a que ſe metieſſe en Pombal, cinco
legoas de Coimbra (plaça importante) por̃q era paſſo de Lisboa, villa
de haſta quiniẽtos vezinos, con un Caſtillo baſtantemente fuerte;
pueſta en la ribera del Arunca, rio pequeño, que algo antes nace de
unas ſierras vezinas, i a breve eſpacio muere, en el Mondego; celebre
no tanto por ſu nombre, quanto por̃q la fama approvada de muchos, le
haze ſegunda patria, en el retiramiento, i ſepultura de nueſtro Liuio
Portuguez, el inſigne Iuan de Barros. Euripides imaginò, que importava
para la fortuna de un hombre nacer en lugar noble: però más glorioſo
es, que aya hecho famoſo al Pombal eſte varon ſingular como otro Homero
(a Eſmirna ciudad de Aſsia la menor en la Ionia) que ſi le diera nombre
la grandeza de ſu tierra.

(31) Como el Infante entendiò la venida de Don Duarte, torcio el camino
por la ſierra, que dizen de Anſion; i ſe fue derecho al convento
de la Batalla, dividida ſu gente en tropas; porque parecieſſe màs
acompañamiento, que exercito; llevava ſus banderas tendidas, i eſcrito
en ellas, Lealtad, Iuſticia, i Vengança: i toda la ordenança que ſe
guarda en la guerra. En el numero ſe difiere; los màs dizen que no
paſſava de mil cavallos, i ſinco mil Infantes; pocos para campo, y
muchos para acompañamiento: en eſta reſolucion peccó de arrojado el
Infante, porque el Rey aunque ſe hallava con treinta mil hõbres;
la proviſion, i baſtimentos eran tan limitados por la eſterilidad
del año, i poco aparejo de carruaje, i artilleria, que la miſma
muchedũbre difficultava el deſeo del Rey; i ſi el Infante tuviera
mayor ſufrimiento, ô diferente conſejo, no ay duda, que ó ſus coſas ſe
mejoraran, ò ſu muerte no fuera tan apreſurada; perô affrentas deſta
qualidad pueden mucho en pechos honrados, quando en ellos ſe antepone
ſiempre la honra a la vida; porque la fama es el bien mayor de los
buenos, i el theſoro donde fundan ſus felicidades.

(32) Llegò el Infante por jornadas largas a tres leguas de Lisboa;
i ſus enemigos, que a cada paſſo ſuyo, ivan abreviando los de ſu
deſtruicion; apretaron entonces al Rey con la amenaça del cercano
peligro; que le perſuadio màs reziamente, temiendo que ſi ſe entraſſe
en Lisboa, ſe apoderaſſe della, como ciudad metropoli del Reyno, i
donde ſiẽpre hallò fauores publicos del pueblo; el qual como beſtia
de muchas cabeças de contino ſe govierna por extremos de amor, i
aborrecimiento. Con eſto ſacò el Rey ſus hueſtes de Santaren, i diôſe
tanta prieſſa a ſeguir al Infante que lo alcançò junto a la villa
de Alverca en el ſitio, que llaman la Alfarrobeira, que deſpues dio
nombre a eſta rota; era por Mayo, i el calor grãde del dia, le obligô
al Infãte a hazer alto, por dar un poco de deſcanço a ſu gente, que
del camino, i la incomodidad venia deſanimada. Los corredores del
campo Real, ò fueſſe de induſtria, ó a caſo; ſe encontraron con los
del Infante, i meſclandoſe otros ſoldados, que por adelantarſe en
la adulacion, procuravan hazer merecimiento deſte zelo demaſiado,
començaron en bozes, i denueſtos infames provocar a la perſona del
Infante, tratandole de traydor, i que ſe queria alçar con el Reyno,
i otras coſas ſemejãtes. Todas eſtas diligencias fueron neceſſarias
para deſcomponer una modeſtia tan leal, como la del Infante; el qual
con el dolor deſta ofenſa impaciente de oyr ſemejantes palabras; mandò
a un artillero, que diſparaſſe una pieſſa por amedrentar a aquella
gente vil, induzida (ſegun ſe entendio) de los enemigos del Infante:
ſuccediò q̃ eſte tiro fue tan dieſtramente hecho, que paſso haſta la
tienda del Rey; i ſiẽdo el miedo mayor que el peligro, ſe alborotaron
los Reales de manera, que ſin guardar pueſto, ni orden, i obediencia
alguna; ſe embiſtieron màs, en forma de pendencia particular, que
de batalla, conforme el uzo de la milicia. Peleoſe de ambas partes
con un odio, i porfia, como ſi fuera contra los enemigos de la Fè.
Veianſe padres contra hijos, i hermanos contra hermanos, governando
ſolo la afficion las lealtades de cadauno. Finalmẽte el Infante quedo
desbaratado, i ſin vida, i de los ſuyos no eſcapò nadie de muerto, ó
preſo.

(33) Es digno de referirſe lo que ſe cuenta del Conde de Abranches;
entre eſte cavallero, i el Infante havia muchas prendas de cõfiança,
i amor; i fue de manera, que hizieron los dos un contrato firmado
con juramentos, i otros vinculos de amiſtad, antes algunos dias de
partir de Coimbra; de que en aquella jornada ſeguirian una fortuna,
cõ la eſtrecheza, que ſi las vidas de ambos fuerã una ſola; i aſsi
lo parecio, porque ſe puede dezir, que ſolo vn golpe los matò a
entrãbos. Pudo ſalvarſe el Conde, pero luego que ſupo en el real la
muerte del Infante, retirandoſe a ſu tienda a deſcançar un poco,
comiò ſoſſegadamente; i deſpues entrandoſe en la fuerça de la pelea,
haviendo recibido muchas heridas, i muerto muchos contrarios, ſe dexò
caer en medio dellos desfalecido con la falta de la ſangre, i diziendo
eſtas ultimas palabras. _Hartaos rapazes._ Murió màs valiente que
devotamente; aunque es de creer, que en aquel punto ſocorreria Dios a
una alma que ſupo tambien cumplir con las obligaciones de la honra,
i amiſtad, con tanto esfuerço. Mayormente quando perdiò la vida por
defender una innocencia.

(34) La ceguedad, i odio con que el Rey mirava las coſas del Infante,
le hizo juzgar eſtas muertes por grande proſperidad, igualando eſta
victoria a las primeras que ſus mayores alcançaron contra Moros.
Començò a celebrarla con fieſtas, recibiendo los parabienes della,
con aquella adulacion que los animos apaſsionados inventaron para
entretener ſu brio; porque ſiendo governado con poca prudencia, i
menos conſejo, como era aquel encuentro el primero en que viò las
armas deſnudas, no hazia differencia de amigos, i enemigos. Tres dias
ſe detuvo en el campo por ſuſtentar la victoria, conforme el uſo de
aquella edad; i no le quedò por hazer alguna demonſtracion publica, con
intento de juſtificar eſta guerra, porque la licencia de los tiempos
dava lugar para todo; i los emulos del Infante no ſe contentavan con
acabarle la vida, ſino mancharle la honra, que era lo que procuraron
tantos años; aconſejarõ al Rey, que hizieſſe entrada publica en Lisboa
a manera de triunfo, llevando delante de ſi, los deſpojos de la que
acclamavã por victoria, en que ſe notavan màs los de ſu deſacierto;
pues no havia coſa dellos, que no manifeſtaſſe la innocencia del
Infante, el arrojamiento del Rey, i la malicia de los conjurados.

(35) En Lisboa derramô por la Chriſtiandad relaciones del caſo, hechas
con aquella verdad con que hizieron las demàs coſas; peró no baſtarõ
eſta, i las demàs diligencias para q̃ generalmente no fueſſe manifieſta
la juſtificacion del Infante: porque la ſingularidad, i excelencia de
ſus virtudes, le diò en la fama la ſatisfacion, que el Rey ſu ſobrino,
yerno, i pupilo por tantos caminos le devia; midiendo eſta paga, por
las q̃ ſuelẽ dar los Principes quando màs obligados.

(36) La muerte del Infante executada con tanto rigor, i violencia,
eſpantó, no ſolo como trueno; però paſſando adelante, hiriò tambien
como rayo, a los que ſe hallaron cerca del peligro; però con eſto no
ſe puede negar, que vino a perderſe tanto por ſus virtudes, quanto
por los vicios agenos, i para maior gloria ſuya; pues entonces ſe
calificaron ſus merecimientos, quando no havia ya que temer dellos.
Con todo ſucediò en eſte caſo, lo que en pocos ſuele acaecer: i es,
que reſultò una paz univerſal de una maldad tan conocida; ſiendo las
màs vezes eſtos, los motivos de muchas diſcordias, quedando ſiempre de
tan grandes incendios, alguna centella, que baſta a reſuſcitar llamas,
que abrazan regiones, i monarchias enteras. Muriò con el Infante la
vengança tambien de ſu muerte: aunque Ruy de Pina, Ieronymo de
Çurita, Philipo de Cuminis, cõ otros muchos hiſtoriadores Portuguezes
notaron advertidamente; que de los graves odios que en eſta ocaſion ſe
ſembraron, vinieron deſpues los deſcendientes deſtos Principes acoger
en ſi el fructo amargo dellos, con tan encontrados ſucceſſos, que el
Rey Don Iuan el Segundo, hijo del Rey Don Alfonſo, i nieto por ſu
madre Doña Iſabel, del Infante Don Pedro; por ſola eſta cauſa, aunque
con otro pretexto llegô a matar por juſticia a D. Fernando, tercer
Duque de Bragança, que era nieto tambien del Duque Don Alfonſo, Autor
deſtas diſcordias del Infante: aſsi que en la innocẽcia del nieto, ſe
caſtigò la culpa del aguelo; ſiendo entonces eſtrañada communmente en
las cauſas que ſe buſcaron para manchar tambien la fama, i lealtad del
Duque D. Fernando, q̃ pareciò coſa prevenida, por igualar ſu muerte a
la del Infante D. Pedro, pues quando murian ambos innocẽtes, murieſſen
tambien ambos infamados.

(37) Eſta deſgracia, como ſi fuera original, ſe eſtendiò a toda ſu
familia de manera, que de ſu muger, i hijos no quedó alguno, que no
perdieſſe con la patria el ſociego, i la hazienda. Deſterraronſe para
diverſas partes; mas los tiempos ſiguientes diô buelta la fortuna;
favoreciẽdolos con tanta felicidad, q̃ en breves años de tres hijos que
le quedaron; fue el mayor D. Pedro, Rey jurado de Cataluña; el ſegundo
Don Iaime, Cardenal, i Arçobiſpo de Lisboa; Don Iuan q̃ ſiendo caſado
con Carlota ſucceſſora de Iuã, Rey de Chipre; muriò intitulado Rey de
aquella Isla. De las hijas que fueron otras tres, fue la mayor la Reyna
Doña Iſabel, de Portugal; la ſegunda Duqueza de Cleves, i ſe llamò Doña
Beatris; la ultima Doña Phelipa, que vivió recogida ſin eſtado, en el
Monaſterio de Odivelas, de San Bernardo, i alli jaze ſepultada. Entre
tales ſucceſſos el cielo màs ayrado que benigno con eſtos Principes,
por ſecretos Iuizios ſuyos, nunca entendidos de los mortales, hallaron
mayor deſdicha en las proſperidades, que en los infortunios; porque
ni tuvieron vida para gozarlas, ni muertes que no fueſſen violentas:
moſtrando que no ſolo fueron herederos de las virtudes del padre, però
tambien del modo, i deſgracia de ſu muerte.

(38) Mas bolviendo a Don Duarte en llegando a Pombal, hechò ſus eſpias
para ſaber el eſtado de la tierra; i conociendo, que el animo del
Infante no era otro, que bolver por ſu credito en preſencia de ſu Rey,
i que a eſſo ſe partia a Santaren: procurò eſtar a la mira ſoſſegando
los animos de aquellos pueblos; los quales ſe alteravan ſegun los
movimientos del Infante, governandoſe por ſus acciones; però como
nunca deſdixo del camino de la fidelidad, más trabajo tuvo Don Duarte
en quitar el temor del Rey, i de ſus familiares, que el deſaſſociego
de los contrarios: porque ſiempre el miedo en eſtas coſas es peor,
que el effecto. Sabida la muerte del Infante en Coimbra, ſe entregô
aquella fortaleza, i a ſu exemplo las demàs de ſu eſtado, ſin haver
quien oſaſſe, no ſolo a contradezirlo, perô ni aun a mentar un nombre
tan odioſo, cuya acuſacion ſe acriminava en las plaças igualmente, que
en los palacios; los ſoſpechoſos, con maior cautela, i vigilancia:
porque el Rey andava notando en los ſemblantes la juſtificacion deſte
caſo; como ſi la conſciencia ſe quietara con las demonſtraciones: mas
baſtaron eſtas para olvidar en breve tiẽpo, lo q̃ ſe preparò en muchos
años.

(39) Deſpues de algunos ſe moſtrô el Rey mejor informado de la
innocencia del Infante; i reſtituyendo a ſu cuerpo (que andava vagando
con la propria fortuna, que vivo) ſepultura Real en el Convento de la
Batalla; paſſó editos, en que le declarò por fiel; con que deſautorisò
no menos ſu credito, q̃ ſi le matara de nuevo: entendiendoſe, que el
error de un Rey, nunca tiene enmiẽda; pues en las llagas, que una vez
haze, laſtima tanto la cura, como los golpes. Eſta reſtitucion fue
hecha à inſtancia de los Duques de Borgoña, Phelipe, i Iſabel, hermana,
i cuñado del Infante; intercediendo juntamente la autoridad de Calixto
tercero, que entonces regia la ſilla de S. Pedro: i el Rey humillandoſe
a ſus ruegos, quiſo obligarle con eſta obediẽcia, a que le concedieſſe
la Cruzada, para paſſar en perſona a Berberia; la qual tuvo el effecto,
que veremos adelante.

(40) En la entrada del año de mil quatrocientos i cinquenta, ſe bolviò
Don Duarte a la Corte, i deſde entonces haſta el de cinquenta i ocho
no hallo ſuceſſo, en que entraſſe: porque la paz, q̃ gozava eſte Reyno
era más llena de peſte, i otros caſtigos publicos, que denunciavan la
ira de Dios, q̃ de glorias militares; pues haſta la conquiſta de Africa
andava mui tibia con las diſſenciones domeſticas.

(41) Entre tanto, fue lo màs notable, q̃ paſsò en Portugal, el
caſamiento de la Infante D. Leonor hermana del Rey, que ſe effectuò a
nueve de Agoſto, de mil quatrocientos i cinquenta i uno, con Federico
electo Rey de Romanos. Celebróſe con muchas fieſtas, por̃q el Rey
tambien quiſo alegrar el pueblo, i divertirlo de las memorias del
Infante D. Pedro, en cuya aficcion durava con notable triſteza: porque
la peſte, que afligia a eſte Reyno, lo obligava a q̃ la tuvieſſe por
caſtigo de aquella perſecucion injuſta: i renovòſe aun màs con la
muerte de la Reyna D. Iſabel, que ſucedio en Deziembre de mil quatro
ciẽtos i cinquenta i cinco: haviendo precedido el Março antes, el
dichoſo nacimiento del Principe D. Iuan deſte nombre, el ſegundo,
Principe digno de imortales alabanças. De cuya vida, i acciones,
entre otros autores, que eſcrevieron de ſus hechos; deſcurri yo
tambiẽ largamente con menos adulacion, i màs certeza: pareciendome,
que la virtud de ocupacion tan honeſta, llegaſſe a deſpertar los
ingenios Portugueſes, para que fueſſen agradecidos a la buena memoria
de ſus Reyes; pues le devian amor, i tratamiẽto de padres: i con el
comovimiento de las acciones valeroſas, i prudentes, que huvo en ſus
tiempos, ſe procuraſſe en eſtos la emulaciõ dellas; de que parece ay
màs olvido, de lo que conveniera.

(44) La muerte de la Reyna, quiſieron algunos, que fueſſe ordenada por
los enemigos del Infante; i aſsi la lloraron los Portugueſes muchos
dias; porque le ſaltô una Princeſa de grandes merecimientos. Però deſte
mal nacieron otros bienes, que fue alçarſe el deſtierro a D. Pedro ſu
hermano, que andava por Caſtilla pobre, i afligido. Bolviòle el Rey el
maeſtrazgo de Avis, i otras rentas baſtantes para el ſuſtento de ſu
grandeza.



ARGVMENTO
DEL LIBRO
QVARTO


_EL Rey D. Alfonſo paßa a Berberia: rinde Alcaçar el ceguer: buelveſe
a Portugal, dexando encargado aquel preſidio a D. Duarte de Meneſes.
Virtudes, en que mâs reſplãdecio en ſu govierno: entradas, que hizo, i
eſcaramuças, que tuvo con los Moros, de que alcançò muchas victorias
ſeñaladas. Aßedio primero, de que defendio eſta plaça contra el poder
del Rey de Fez; ſuceſsos deſde el año de cinquenta i cinco haſta el de
cinquenta i nueve._



VIDA DE
DON DVARTE
DE MENESES
TERCERO CONDE
de Viana.

LIBRO QVARTO.


(1) COn la perdida de Cõſtãtinopla, que ſucedió en el año de mil
quatrocientos cinquenta i tres, Calixto tercero, que entonces preſidia
en la Igleſia, con la vigilancia, i piedad de Paſtor univerſal della;
perſuadiò cõ màs zelo, que fruto, por ſus delegados, a todos los
Principes Chriſtianos a una liga, contra Turcos, que andavan muy
ſuperiores en poder, i fortuna; concluyôſe en eſte de cinquenta i
quatro: i tomaron la Cruzada, que era la inſignia, debaxo de la qual
avian de militar en aquella empreſa. Fue el Rey Don Alfonſo de los
primeros, que la aceptaron; i armò buen numero de velas; però deſpues
de largas prevẽciones, por accidentes, i dudas, que huvo entre los
coligados, ſe deshizo la union; pudiẽdo poco el ruego, i ſolicitud del
Pontifice: mas el Rey viendoſe con las armas en la mano, las bolviò
contra Berberia; aviſandole antes D. Sancho de Noroña (que eſtava
por general en Ceuta) los rumores, que ſonavan, de que el Rey de Fez
venia ſobre aquella ciudad, con poderoſo exercito: però eſta fama parò
en amenazas ſolamente, por donde el Rey màs ambicioſo de gloria, que
neceſsitado de otro motivo, con aquel apetito, que para los Principes
moços es ley màs poderoſa, que la razon; ſe fue a Lagos con ſu hermano
el Infante D. Fernando, i D. Pedro ſu cuñado (que ya por eſte tiempo
eſtava reſtituido) el Marques de Villa Vicioſa, i otros ſeñores, i
fidalgos del Reyno; donde con aſſiſtencia del Infante D. Henrique ſu
tio juntó una grueſſa armada de duzientos i veynte vaſos, conforme
quiere Ruy de Pina, aunque Damian de Goes, acreſcienta màs ſeſenta.

(2) Determinado, pues, en dar ſobre Alcaçar el ceguer; partiò de Lagos,
i llegò a la playa de Tanjar a los veynte i ſeis dias de Octubre, de
mil quatrocientos cinquenta i ocho: alli eſtuvo un dia aguardando, que
llegaſſen algunos navios, que faltavan; i ſiendole el viẽto eſcaço,
quiſo combatir aquella fortaleza: mas el Infante D. Henrique, ayudado
de D. Duarte de Meneſes (que fue tambien deſte parecer) con los
capitanes de maior nombre, i experiencia; lo contradixeron con muchas
razones; i al fin perſuadido a eſto fue ſobre Alcaçar el ceguer. Es
ciudad pueſta ribera del Oceano Herculeo, entre Ceuta, i Tanjar, quaſi
en igual diſtancia, en lo màs angoſto del eſtrecho de Gibraltar; porque
queda en el parage de Tarifa, donde no ay màs de traveſia, que cinco
millas de la coſta de Africa a la de Eſpaña: junto quaſi a ſus murallas
pierde ſu nombre, entrandoſe en la mar, el Balone, rio de menos aguas,
que fama; cuya boca pone Ptolomeo en ſiete grados de longitud; i de
latitud treynta i cinco, i cinquẽta minutos. Es lugar pequeño, i nuevo,
porque le fundó Iacob Almançor, quarto Rey de los almohades, por
facilitar el paſſo de Eſpaña, adonde paſſava todos los años cõ ſus
exercitos, para hazer guerra a los Chriſtianos; hallando el camino,
̃q hazia para ir a Ceuta, fragoſo, i aſpero, i el puerto de Alcaçar
razonable, i menos trabajoſo. Deſde alli apreſtava ſus armadas, i
armava ſus baxeles, q̃ andavan en corſo, por todo el eſtrecho, teniẽdo
mucha madera en las tierras al rededor de la ciudad, buena para eſte
efeto: llamòla Alcaçar el ceguer, q̃ quiere dezir, palacio pequeño, a
diferencia del de Alcaçar el quibir, o viejo, que es mâs sũptuoſo; i de
otros q̃ tenia otras ciudades de maior mageſtad. La preſencia continua
deſte Principe la enriqueciò deſpues de edificios, comercio, i nobleza;
porque hizierõ trato de ſu inclinacion los ſubditos, de ſuerte ̃q
creciendo ſiempre, por eſte tiempo, era una de las plaças importantes
de Berberia.

(3) Llegado el Rey a Alcaçar, tratò luego de ſaltar en tierra. Pero
el enemigo cõ haſta quinientos cavallos, i mucha infanteria, ſalio
a defender el deſembarcadero; i huyendo con perdida, ſobreviniendo
la noche, tuvo el Rey tiẽpo de aſſentar ſu real, ſin dificultad.
Repartieronſe los quarteles de los Chriſtianos, i dada ſeñal,
acometierõ las trincheras del enemigo: ganarõlas brevemẽte haſta
meterlos en la ciudad; yẽdo en ſu ſeguimiẽto. Serrarõ los Moros las
puertas, defendiẽdolas de manera que no las pudierõ los nueſtros
derribar, ni quemar; por̃q eſtavan cubiertas de chapas de hierro, i
deſde lo alto del muro con la artilleria, hachos de fuego, i otras
armas, hizierõ mucho daño a los Portugueſes. Retirarõſe entõces, i el
Rey provocado con la reſiſtencia, otro dia mandó arrimar las mantas
para picar a prieſſa el muro; i al Infante Don Henrique con ſu gente
puſieſſe las eſcalas por otra parte, procurando ſubir: deſta manera ſe
començô un rezio aſſalto, andando el Rey con ſu guardia, animando la
gente, i dando orden en todo lo que convenia para reforçar el combate;
durô dudoſo haſta media noche. A eſte tiempo el Infante hizo aſſeſtar
una pieſſa grueſſa de artilleria hàzia una parte del muro, que le
parecio eſtar màs flaca, i como al primer tiro cayeſſe gran parte del;
Los Moros, que vieron la entrada abierta, a la poſtre cayeron de
aquella gallardia, i ſe offrecieron al Rey con ciertas condiciones
honeſtas; aceptôlas el Infante en ſu nombre: i en cumplimiento dellas,
deſampararon la ciudad, i la dexaron libre al vencedor. Entrò en ella
el Rey a pie en proceſsion, fueſſe derecho a la Meſquita, i deſpues de
hazerla conſagrar a la advocacion de nueſtra Señora de la Concepcion,
i de dar gracias al Cielo, por la victoria recebida: tratò de eligir
General para aquella plaça. Tuvo muchos oppoſitores el cargo; por̃q
el ſer de tanto rieſgo, eran los gajes, q̃ más los convidava a
pretendelle. Però el Rey advertiendo, que en las proviſiones de cargos
publicos, han de ſer publicas las qualidades del que fuere proveido;
porque a ſer de otra manera, es màs ſuerte, que eleccion; la hizo de D.
Duarte, con penſamiento de ſoſſegar a los pretendientes; porque eſta es
la ventura de acomodar los oficios en las perſonas màs dignas, que ſe
grangean los quexoſos igualmente, que los provehidos; porque ſiempre
los benemeritos ſon los ojos del pueblo; i las proviſiones, que haze la
acclamacion publica tienen otros aciertos, que no ſe pueden conſiderar
en las demàs.

(4) Deſta fueron publicos los agradecimientos, que ſe dieron al Rey,
por el Infante Don Henrique; porque eſte Principe tenia tanto cuidado
de la nobleza, que eſtimava como proprias, las mercedes, que recebia:
ſiẽdo eſte zelo tan provechoſo a los Reyes, como a los ſubditos; pues
entre las gracias, que ſe le dan de ſemejantes beneficios, ſe mezclan
otras advertencias de grande eſtima, que ſiempre ſon mejor oydas por el
camino de la adulacion, que de la libertad; quando las verdades dichas
a ſecas a los Principes deſagradã màs de lo que perſuaden; por la
coſtumbre quaſi comun de eſcuchar ſolamente con guſto lo màs agradable.

(5) Señalòſe D. Duarte en eſte cerco con grãdes ventajas, ſerviendo
de avẽturero; porque los pueſtos principales de exercito, ocuparon el
Rey, los Infantes, i el Marques de Villa Vicioſa; i no ſacó menos fama
de obedecer, que de quando mandava: porque ſabia ſer ſoldado tambien
como capitan, preciandoſe ſolo de cumplir enteramente con la obligacion
de la honra, ſin dar lugar a la vanidad, ó a la ſobervia, antes
moſtró con una ſingular modeſtia, que no rehuzava nada por temor, ni
aſpirava por codicia. El Rey pues en el acto de encargar eſte oficio
a D. Duarte, procedio con toda la beneuolencia de palabras, i favores
publicos, con que los Principes ſaben obligar a los ſubditos, quando
quierẽ; que por la maior parte es, en la ocaſion, en q̃ juzgan les ſon
meneſter. Al darle las llaves de la fortaleza, i el baſton de General,
diſcurrio largamente por ſus merecimientos, eſtãdo preſentes los
Infantes, ſeñores, fidalgos, i capitanes del exercito; i deſpues màs en
publico, i en voz alta, de manera que lo eſcuchaſſen todos, mirandole
con alegre, i ſerena frente, le hablò deſta manera.

 _No rehuzo el confeßaros (D. Duarte) por acreedor tan en publico,
 quando las deudas, en que me haveis pueſto, ni ſon ſecretas, ni de
 calidad, que olvidallas no ſea condenar yo miſmo mi reputacion.
 Siento los muchos, que os aventajan en los premios; no os igualando
 en los meritos: por ajuſtarme a ellos, os encargo deſta plaça; porque
 conoſco de vueſtro valor, que ſolo tendreis por merced la occaſion de
 exercitarle. Librome con eſto de una reſtituicion, en que os eſtava
 del govierno de Ceuta; pues ſe os quito ſin razon, haviendola vos
 ſuſtentado igualmente, que el Conde vuestro padre: pero ſiendo eſta
 la ſegunda fortaleza, que ganamos en Berberia, ſois vos el primero,
 con que podemos aßegurarla en eſtos principios; q̃ es quando las
 perdidas tienen la vehemencia de ſu dolor, i la vengança propria,
 maiores affectos: differentes alabanças merece, el que defiende una
 plaça recien rendida; de aquel que la conſerva, deſpues a largo tiempo
 de conquiſtada. Eſpero, que me ſirvais de ſuerte en eſta conquiſta,
 que os deva nueſtra Real corona mâs ciudades, que eſta, haziendola
 puerta, por donde entremos victorioſos a ſeñorear haſta Fez, a cuyo
 imperio puedo aſpirar ſeguramente, con vueſtro braço, i prudencia._

Callò, i D. Duarte pueſto de rodillas, reſpondiò en eſta forma.

 _Sereniſsimo Senhor, ya no me queda lugar de ſolicitar otro galardon
 a mis ſervicios, quando V. A. me aventaja tãto en repetirlos;
 premiandome el zelo, cõ que los hize, que es ſolo el que merece tanta
 ſatisfacion: en eſta de aora hallo el cumplimiento de mi deſſeo; pues
 confieſſo a V. A. una ambicion, que me abrazô ſiempre, i fue de morir
 por el ſervicio de Dios, i vueſtro. Haſta aqui no os puedo negar, que
 vivia quexoſo, i aun quiçâ impaciente, quando haviendo enemigos deſta
 corona, eſtava ſin las armas en las manos. Que honrado ay, ſeñor, ̃q
 no tenga por afrenta el ocio? La fortaleza ſin exercicio, eſtá cerca
 de entorpecerſe: dizelo la experiencia, i la virtud lo acclama; ſin
 ella, que valen dichas? Podran enriquecer a uno, però no honrarlo.
 Verdad es, que eſte cargo me deviades de juſticia, aun no entra
 aqui gracia, porque la guardo para ſuplicaros empleeis muchas en ſu
 conſervacion. Eſta es ciudad mâs vueſtra, que todas; pues la ganaſtes
 por vueſtro braço. No olvideis eſta gloria, que aumentarâ, ſin duda,
 dignidad a vuestra grandeza, en el grado, que và de lo adquirido, a
 lo heredado. Serâ uno de vueſtros titulos Reales, que el tiempo, ni
 la embidia podran borrar jamâs. Añadio a vueſtro abuelo algo de ſus
 proezas, el ſer ſeñor de Ceuta; pareciendole, que en nada moſtrava
 mâs ſu mageſtad, que en publicar ſus brios: dellos ſe originaron los
 Reyes, i ſolo tuvieron de Principes, lo que tuvieron de fuertes;
 obligaciõ es de los nueſtros mâs preciſa, pues ſe hizieron por ſu
 valor ellos miſmos: quedando por herencia deſta corona, conquiſtar
 imperios, de quien los goza tan ſin derecho, i razon, como eſtos
 barbaros; ſi tras deſto conſiderais eſta fuerça, vereis el empeño,
 que os dexa para conſervarla. No la reguleis por el tamaño, ſino por
 la importancia: fue eſcogida por los Moros para paſſage, i eſcala de
 Eſpaña. Eſtà, como veis, en lo mâs angoſto deſte eſtrecho; cõ maiores
 comodidades de madera, i puerto para navios, cõ que los enemigos
 infeſtavã toda eſta costa. Deſtas utilidades, que ellos poſſehian,
 nacerâ, ſin duda, la prieſſa, con que bolveran a conquiſtarla; que a
 mi ver, no tardarâ mâs, que en quanto llegue la perdida a la noticia
 del Rey de Fez; de ſu poder ſoy yo teſtigo. No lo advierto, porque
 lo tema, ſino para que advierta V. A. las obligaciones, que lleva a
 los ſoldados, que dexa en eſte preſidio. Es el favor de la milicia,
 credito, i autoridad de los Reyes: noteſe en ſus aumentos, i ſe echarâ
 de ver facilmente. Eſta merced ſola os ſuplico, que auñq auſente,
 continueis en ver los peligros, i las dificultades, que allana vueſtro
 agradecimiento: ſingular grandeza de los Reyes, poder eſtar preſentes
 a los ſubditos en ſus hechos repreſentados en ſus capitanes, i mucho
 mâs en los beneficios, que les hazen. Frequentandolos, tẽdreis
 vaßallos valeroſos, imperios dilatados, enemigos ſiempre vencidos; i
 ſobre todo una fama glorioſa, que vencerâ tanto, como las armas; pues
 no la dâ menor cũplir con eſta obligacion._

Besòle tras eſto la mano, i con el todos los que ſe hallaron preſentes
a eſte acto. Fue de increyble guſto; i los ſoldados viendoſe
favorecidos dieron a vozes ſeñal de ſu alegria.

(6) Con la eleccion de D. Duarte ſe offrecieron de nuevo muchos
cavalleros para quedar en Alcaçar; que eſto es otro bien, que alcança
un Principe, quando acierta en lo q̃ elige; que grangea todos con la
merced de uno. Compueſto al fin todo lo q̃ tocava a la defẽſa deſta
frontera, deſpachó el Rey con la nueva, navios a Portugal, i cõ los màs
del armada, ſe fue a Ceuta, donde llegò martes por la mañana veynte
i quatro de Octubre. Alli acabò de concluyr otras coſas, i remunerô
con muchas dadivas, i mercedes, a todos los q̃ le ſirvieron en eſta
ocaſion, ſin haver otros memoriales, i conſultas, mâs que ſus ojos; que
ſi ſer pudiera verlo todo, fueran fieles, i grandes ayudadores para el
acertamiento de los Principes, haviendo aſsi muchos bien premiados, i
muchos menos quexoſos; por la eſtrecheſa de algunos miniſtros, que la
aconſejan a titulo de no cargar la hazienda Real; i quiçà ſolo para que
aya màs para ſy, i ſus adherẽtes. Ruy de Pina, Gomez Eanes, i Damian de
Goes, encarecẽ mucho los deſpachos generales, q̃ diò el Rey en aquella
ciudad, ſin otra interceſsiõ, q̃ la de los merecimiẽtos, conociẽdo quan
grande falta es en vn Principe, embiar un ſubdito de ſu preſencia, con
el ſemblante, i coraçon triſte; porque no ay daño, q̃ llegue al de ſer
Rey de vaſſallos mal contentos; por los grandes inconveniẽtes, que
reſultã dello.

(7) Portòſe D. Duarte en el govierno deſta plaça, aunque pequeña, i
limitada, de ſuerte que ſe echava bien de ver, el talento, que tenia
para los maiores: i aſsi no moſtró menos lo que era en lo poco de un
preſidio, que ſi governara una provincia entera; ſi biẽ con lo exterior
de la perſona encubria eſta verdad, para cõ muchos, q̃ ſe muevẽ por
apariẽcias a calificar los ingenios; porque hablava, comunmente poco,
mas eſto con reſolucion, i modeſtia; de que naciò ſer juzgado por menos
entendido de aquellos, que quieren con la lengua ſuplir la falta de la
prudencia, i del animo.

(8) Naciale deſto, ſer tan prevenido, i maduro en ſus conſejos, que ya
màs propuſo coſa, que no ſucedieſſe; con que adquirió gran reputacion
mui util para la guerra, i tan importante, q̃ el enemigo lo confeſſava
por adiuino de ſus penſamientos; aunque hazia deſto particular
eſtudio deduziendo de los caſos, exemplos, i ſemejanças; i no ſe
contentando con que las eſpias que de contino, embiava, inquirieſſen
lo ſecreto de los deſignios, i ardides de los ſoldados; ſino tambiẽ
el particular de los votos del pueblo, que las màs vezes deſcubre lo
flaco, i fuerte de los eſtados.

(9) Sabia por eſta cauſa tanto de los enemigos, como de ſus ſoldados;
entre los quales todo ſu cuidado empleò en reformar la diſciplina
militar algo cahida, con los tiempos licencioſos, ya referidos; i para
que eſta reformacion (que ſiempre ſuele ſer odioſa) tuvieſſe lugar,
i buena diſpoſicion en los animos; començô a hazerſe primero amar,
i luego a temer; de cuyos extremos formò un reſpeto agradable, para
emendar los daños, que reſultan de la floxedad, i rebeldia, en obedecer
la gente de guerra Portugueſa; porque en brios tan embotados poco
obligava el amor, ſino ſe meſclara tambien la ſeveridad, que a ſolas
cada coſa irrita màs de lo que aprovecha, i aſsi no le fue de pequeño
trabajo, diſciplinarlos con clemencia, i caſtigarlos ſin ira.

(10) Para eſto fue grande expediente el modo, que tomó de vivir ſin
diferenciarſe en nada de los demàs; antes haziendo documentos del
exemplo, enſeñava con las obras, ſiendo el primero en el deſvelo,
trabajo, i neceſsidad, con que remediava, i acudia a todos; tan
incanſable, que en la ocaſion de los cercos (que veremos deſpues) no
dava tres horas continuas al repoſo; alentando los cãſados, curando los
enfermos, i rodeando los compañeros; llamando a todos por ſu nõbre, i
cevandolos, con dadivas, ya de eſperanças, ya con honras publicas, i
agradecimientos a la virtud militar, que en grado eminente luzia en
eſte valeroſo capitan; acõpañavale una ſingular piedad, que lo hazia
màs excelente; ſiendo ſu primera alabança el ſer tan religioſo en las
coſtumbres, que ſiẽpre procurò, que ſus ſoldados no lo parecieſſen
en las deſordenes; rehuſando admitir a los q̃ ſiguen eſte nõbre, por
comodidad de ſus deleites. Deſta manera militava igualmẽte cõtra los
vicios, q̃ contra los Moros; i andava tan cuidadoſo en quitar a ſu
ſoldados occaſiones de offender a Dios, que más parecia Alcaçar el
ceguer un monaſterio, que un preſidio.

(11) Si oya juramento, caſtigavale primero de palabra, i deſpues con
alguna pena a los incorregibles. Quando permitia juegos, cõdenavalos en
publico; porque deſta ſuerte los atajava con menos violencia, pues por
darles guſto, no havia ſoldado, que vſaſſe de libertad, aunque fueſſe
indifferente; que el deſſeo de imitarle, i complacerle, emẽdava la
inclinacion, muchas vezes, quando el apetito la deſordenava por otra
parte.

(12) Tenia gran cuenta en reſcatar los cautivos Chriſtianos, i para
eſto vendia con gran liberalidad, haſta lo mas neceſſario de ſu
caſa. Al igual deſta piedad, uſava otra, no menos digna de perpetuas
alabanças; porque ya más ſe canſava en admitir, i favorecer Moros,
que ſe reduzian a nueſtra ſagrada Religion; dandoles con el Baptiſmo
(que era la libertad del alma) tambien la del cuerpo, i bienes, con
que pudieſſen vivir modeſtamente; con que acariciò muchos por eſte
modo; que deſpues de Chriſtianos fueron mui dañoſos al enemigo, por la
conſtancia, i fidelidad, con que ſirvieron a D. Duarte en las entradas,
̃q continuamente hazia por ſus caſas, i poblaciones.

(13) Su liberalidad no exceptava perſonas, ni eſtados; porque en
todos, con larga mano deſpendio ſiempre quanto pudo. En eſta virtud
le encarece tanto Gomez Eanes, q̃ cuenta prodigalidades ſuyas, quaſi
ſucedidas de ordinario. A Xeque Laros, Moro riquiſsimo, i el màs
poderoſo de aquella ſierra (de que havemos de hazer mencion deſpues)
alargò libremente el reſcate de un hijo ſuyo, a quien queria mucho,
ſiendo gran cantidad de ducados, i otras muchas joyas de precio
inextimable: i nota, que en menos de tres años diò màs de treciẽtos
cavallos. De veſtidos, joyas, dineros, i otras coſas, es increyble
lo que repartia por todos; pareciendo impoſible, que en hazienda tan
limitada, como la ſuya, cupieſſe tanta largueza; porque es cierto, que
ya màs ſalio de ſu preſencia ſoldado, ó perſona alguna afligida, ſin
ſocorro, i conſuelo de ſu neceſsidad, ó diſguſto.

(14) Deſte animo tan generoſo en las dadivas, procedia el que moſtrava
en las paſsiones, no ſiendo menos liberal en perdonar offenſas,
quando no tocavan a la honra, de q̃ fue ſiẽpre mui eſcrupuloſo, auñq
no tanto, q̃ llegaſſe a deſcõfiado; mas era ſingular el brio q̃ hazia,
de no ſolo tomar vengãça de enemigos, però en ſu lugar les hazia todo
el bien, q̃ podia; entendiendo, q̃ ſolo los hombres cobardes eran
vengativos, pues de medroſos deſſean matar a ſus contrarios, por
librarſe aun de la ſombra de temer.

(15) Sobre todo amava grandemente a la verdad; i eran ſus palabras tan
infalibles, que llegô a ſer la ultima confiança de los Moros, ſiendo
ellos el miſmo engaño. Mas tiene la virtud el poder de hazerſe eſtimar
de los que màs la aborrecen. Por eſto no ſufria, q̃ ſe trataſse,
ni por eſtratagema, cõ nadie doblemẽte; dezia, q̃ la mentira nunca
fue provechoſa, i la verdad era màs neceſsaria con los enemigos,
que con los amigos. Fiados en ſu palabra ſolamente, i ſin otros
rehenes deſempararõ los Moros a Tarifa en la toma de aquella ciudad,
confeſſando, que no querian otra ſeguridad, que la promeſſa de D.
Duarte.

(16) Concluyo con notar tres coſas, que por excelencia luzieron en
eſte cavallero. Fue mui zeloſo del bien publico, i del ſervicio de
ſu Rey; cuidadoſo del provecho de los particulares; i olvidado de ſu
conveniencia; porque nunca tuvo oficio, en que no ſalieſſe màs pobre,
de lo que auia entrado; ni pidiò coſa, q̃ no fueſſe en orden a ſus
ſoldados; tan dexado de los aumentos proprios, q̃ ſolo tuvo de rico,
el no haver ſido codicioſo; riqueza por cierto de gran eſtima, i
valor; aunque eſta parte, como era en tiempos de un buen Rey, ſerviale
de memorial para ſus ſervicios; porque holgava màs de dar premios, a
quiẽ los merecia, que a quien los pedia: condenando con eſto a los
Principes, que tienen por buena razon de eſtado, no hazer mercedes,
a los que no tratan de ſuplicarlas; como ſi la peticion, i el ruego,
fuera merecimiento: i aſsi màs quieren, que ſu corte eſtè llena de
importunos, que ſu reyno de benemeritos; bien diferente de lo que deve
hazer un Principe prudente.

(17) Partido el Rey, como avemos dicho, a Ceuta, lo primero, q̃ hizo D.
Duarte en Alcaçar, fue pedir a Dios ayuda, i aciertos en ſu govierno
eſtilo, que guardava ſiempre en el principio de ſus acciones; i por
eſſo las acabava con tãta gloria. Deſpues bolviò los ojos a las coſas
de ſu oficio. I conociendo quanto importava a los capitanes, que les
ſalieſſen favorables los principios de ſus empreſas, porque en ellos
ſe gana, ò ſe pierde el animo, i la reputacion, procurò reconocer
la defenſa de aquella plaça. Hallòla poco fuerte en el ſitio por
naturaleza, porque era en tierra llana, arenales todos, i pantanos;
donde el arte ſolamente podia obrar, aunque con dificultad, algun
reparo. El caſtillo baſtantemente fuerte; porque quedava en lo ſuperior
de la ciudad: la muralla algo deshecha. Y aſsi acudiẽdo a reparar la
parte, que los nueſtros deſmantelaron, hizo al rededor una profunda
cava, a manera de dique, que facilmente ſe llenava de agua; i luego
repartiẽdo por las puertas, i muro guardas, i centinelas, nombrò en los
pueſtos de maior peligro, a los fidalgos de màs ſatisfacion; haziendo
todo con tanta pontualidad, como ſi ſe viera cercado ya del enemigo.
Al quarto dia ſalio el miſmo en perſona a reconocer la tierra del
contrario; lo uno, por tomar lengua de ſus intentos; i tambien, por
que era neceſsario limpiarla de lugares diſpueſtos para emboſcadas; i
aſsi hizo tala general de arboles, viñas, i heredades, de q̃ havia gran
copia por aquella parte de tierra firme, al rededor de Alcaçar.

(18) Los Moros, con el dolor deſta perdida, andavan por aquella ſierra
incitandoſe unos a otros, con lagrimas, i alaridos; màs como gente
vagabunda, que como hombres belicoſos: porque juntandoſe en tropas,
ſin eligir cabeça, que los governaſſe, moſtravan unas vezes, que
querian acometer la ciudad, i luego deſviandoſe, con el miedo (a manera
de goſques, q̃ ladran de lexos, deſſeando morder la perſona, de que
huyen) andavan derramados, ſin tener lugar cierto, mudando jũtamente
las familias; por̃q diſcurriendo por todos en ninguno ſe aſſeguravan.
A eſta deſorden, i confuſion, ſe ſiguió un impetu, que fue cauſa de
que un Moro valiente de aquella ſierra offendido de la deſtruicion,
que Don Duarte hazia en las heredades (que aun miravan como ſuyas)
incitandole la codicia màs que la honra: le enveſtiò con trecientos
Infantes, que pudo juntar de aquella muchedumbre: i algunos cavallos
de mejor reſolucion: mas los Portugueſes, ſiendo a penas cinquenta, lo
recibieron de manera, que a los primeros golpes no oſarõ los Moros a
paſſar a delante, con el brio primero; antes huyendo deſcompueſtamente,
dexaron cautivo (como en pena de ſu ſoberbia) al Moro, que los
acaudillava: deſte ſupo D. Duarte, como ſe eſperava en Tanjar al Rei de
Fez, i como venia con penſamiento de cercar a Alcaçar.

(19) Reynava Muley Abdalà Moro robuſto, i de valor; ambicioſo de fama,
aunque de animo ſervil, i ſujeto a privados, principalmente a Muley
Aboacim Benantus; el qual ſiendo de ſangre de los Benemerines, con eſta
qualidad tenia otras mui proprias para validos de Principes; como eran
traça, diſsimulacion, ſufrimiento, i prudencia. Quando ſucedió la toma
de Alcaçar, andava el Rey Moro en el Reyno de Tafilete, con propoſito
de venirſe a Tremecen, por aſſegurar una rebelion, que le fatigava
con amenazas; mas callãdola entonces por acudir al ſocorro de Alcaçar
dió buelta a Fez, a toda prieſſa, i de alli ſe paſsò a Tãjar en tres
jornadas; dõde aguardò el exercito, q̃ marchava màs de eſpacio, por el
exceſsivo numero de gentes, que trahia.

(20) Deſte aviſo diò cuenta luego D. Duarte al Rey, repreſentandole
los pocos baſtimentos, que havia dexado en aquella fortaleza; eſto por
culpa de un miniſtro deſcuidado, a quien ſe havia encomendado aquella
proviſion; i fue eſte deſcuido tan perjudicial, que puſo en rieſgo la
defenſa deſta plaça, dando larga materia, a que en el diſcurſo del
cerco ſe murmuraſſe de los Principes, que en tales negocios, en que
les và no menos que la honra, i reputacion, los fien menos, q̃ de ſus
ojos, quando puedẽ; cuya advertencia ataja todas las faltas, porque
es cierto que el cuidado del Principe en eſto obliga a los miniſtros,
por cuya mano paſſa, a mucha confiança; que podria ſer ſe diſminuyera,
ſi el Rey no lo huviera de ver, ni entender las deſayudas, que unos
ſe ſuelen hazer a otros, por ſus reſpetos particulares, en gran daño
de ſu ſervicio; i mucho diſcredito, ya que no ſea total impedimento
de effectos mui importantes: accion harto uſada en cortes, i cauſa
de inconvenientes grandes, como ſe viô bien en el cuidado, que diô
al Rey, i a ſu Conſejo, eſtãdo en Ceuta, ſobre lo que ſe haria en
reparo de tan gran falta. El Rey, como era brioſo, i mancebo quiſo
entrarſe en Alcaçar, i eſperar el cerco. Los Infantes D. Henrique, i
Don Fernando, offrecian ſus perſonas para eſte effecto, reſervando la
de ſu Rey, como ſuprema; la qual no es bien aventurarſe, ſino en la
ultima aflicion de un Reyno; pues de ſu ſalud depende la ſeguridad del:
dañandole màs una temeridad, ò arrojamiento, como cabeça; que muchos
deſaciertos de los otros miembros: màs faciles de reparar, aunque
grandes, que el menor daño del Principe. Todavia el nueſtro ſe reduxo
al voto de ſu conſejo, que fue de parecer, que plaça adonde aſsiſtia D.
Duarte de Meneſes, ſolo de proviſion neceſsitava, però no de cabeça:
mucho menos de la del Rey, a cuya grandeza, i mageſtad, no convenia
el dexarſe ſitiar de otro. Aſſentado eſte acuerdo quiſo el Rey paſſar
los limites de gallardo, i mandò deſafiar al de Fez, por dos fidalgos,
que fueron Martin de Tavora, i Lope de Almeida (ambos mui valientes,
i determinados) para pelear de poder a poder. Embarcaron en Ceuta,
i al tomar tierra en Tanjar, los hizo el enemigo cañonear del muro,
advertido por ſus eſpias a lo que ivan. Con eſto començaron los Moros
a amotinarſe contra ſu Rey, pareciendoles dilatava mucho el ſitiar
Alcaçar, dando la culpa ſolamente al privado; ſiendo ordinaria deſdicha
dellos, aplicarles los daños, que ſuceden, aunque no tengan culpa.
Perſuadianſe, que Muley Aboacin aborrecia mucho la guerra, porque en
ella neceſsitava el Rey de los fuertes, i virtuoſos; gente a vezes poco
grata a algunos privados; moderandoſe eſte recelo en la paz, donde el
poder, i la adulacion obran màs libremente.

(21) Aboacin, pues, penetrandole eſte ſentimiento haſta el coraçon,
perſuadiò a ſu Rey començaſſe el cerco, enviando algunas vandas de
cavallos a cargo del Alcayde de Alcaçar el Quibir buen ſoldado, para
impedir la obra de la cava, que D. Duarte continuava con ſingular
diligencia. Llegó el Alcayde à viſta de la ciudad; i queriendo
echarſe en una emboſcada con dos mil cavallos, travó con los demàs
una eſcaramuça con los Chriſtianos, que eſtavan de guarda a la obra;
tentó deshazerla, mas todo fue en vano; porque D. Duarte ſaliendole al
encuentro hizo retirar los Moros con alguna perdida, apartandolos del
muro con la artilleria, que no ceſſava en moleſtarlos: i reconociendo
la reſulucion de los nueſtros, no hizo el Alcayde màs, los primeros
ocho dias que el Rey de Fez tardò en llegar, que correr por el campo
libremente, ſin oſar a bolver ſobre la foſſa, cuya fabrica no parava
un momento, trabajando en ella D. Duarte, i con ſu exemplo los demàs
fidalgos con el miſmo cuidado, que los otros oficiales. Al dia de S.
Martin onze de Noviembre appareciò el de Fez ſobre Alcaçar, trayendo
gẽtes de Granada, i toda Berberia; i por ſer el Principe màs poderoſo,
i rico della, juntò campo de cien mil combatientes.

(22) Alojóſe ſin contradicion, porque Don Duarte ſe ocupò en reconocer
enteramente las fuerças del enemigo, deſde un baluarte del muro, donde
eſtava tan deſcubierto, q̃ le alcançò una flecha, haſta herirle en un
labio: de q̃ le quedó ſeñal ſiempre, biẽ honrada, como prueva de ſu
valor; eſtas ſon las heridas, que los antiguos llamavan inſignias de
la virtud, i de tanta honra, i eſtima para los capitanes maiores, que
llegò Servilio a objectar a Galba, de que tenia el pecho, i la cara
liſa, i ſin ellas, ſolo por notarle de cobarde, de dõde acoſtũbravan
los Romanos andar con la toga ſuelta, i ſin tunica muchas vezes, de
manera que con facilidad pudieſſen moſtrar al pueblo, las que havian
recebido en ſervicio de la Republica, como ſe cuenta, que hizo Marco
Antonio, a quien ſiguieron los Eſpartanos, i otras naciones llevadas de
la gloria deſte coſtumbre.

(23) Mientras el de Fez ſe yva alojando, con tantas tiendas, i
pavellones, que parece, que le faltava tierra donde cupieſsẽ;
convaleciô Don Duarte de la herida: i con maravilloſo esfuerço en el
ſemblante, i en las palabras, animava los ſuyos, moſtrandoſe tã alegre
en aquel peligro, como ſi tuviera cierta la victoria; i tentando
prudentemente hazer alguna ſalida contra el enemigo, començó a
deſaſſocegarle de manera, que no paſſava dia ſin eſcaramuça; i ſiempre
felizmẽte de ſu parte.

(24) Vinieron algunos cavalleros de Ceuta, de que diremos a ſu tiempo
los nombres, i refiriera ſus proezas, ſino temiera faltar a la brevedad
deſte compendio, reduzido ſolo a dar noticia de la vida, i hechos de D.
Duarte, i de algunos ſuceſſos, que por maior acaecieron en ſu tiempo;
dexando lo demàs a quienes por obligacion han eſcrito, ò eſcriven las
coſas de Portugal.

(25) En eſte cerco ſon inumerables los que tuvieron los Portugueſes, en
que moſtraron ſingular virtud, i valor. De dos trahe Gomez Eanes (que
ſe llamavan Alonſo de Miranda, i Rodrigo viejo Comendador de Almourol)
dos acciones grandioſas, i fueron, q̃ llegando apartados en dos bateles
a la playa de Alcaçar para entrarſe en ella, deſembarcaron en ocaſion,
que los Moros tomavan alojamientos; i como lo primero, q̃ ocuparõ
fue la marina, por evitar el ſocorro de los ſitiados, ſin embargo
deſſo ſaltarõ en tierra, moſtrando brio, i bizarria; i el enemigo
teniẽdo por menoſprecio aquella temeridad, mandó a algunas mangas de
arcabuzeros, para q̃ los tomaſſen vivos; mas ellos ſe defendieron
tan esforçadamente, que ſe ſalvaron en la ciudad ſin rieſgo alguno.
Eſtas, i otras tales gallardias, fue mucha parte, para que los Moros no
difirieſſen un punto, el batir la ciudad, continuamente, i por todas
partes, con barbara arrogancia, i deſorden. Durò la bateria algunos
dias con poco daño de los nueſtros.

(26) Entre tanto D. Duarte ordenó a los ſuyos, confeſſaſſen
devotamente; diziendo, que pues aquella cauſa era de la fé, con ella
ſe havian de fortalecer: luego conociendo, q̃ en la ciudad havia algun
miedo de la multitud de los Moros, pueſto en la plaça de armas, en
medio de todos, de ſuerte que lo oyeſſen, començô a dezir.

 (27) _Mil gracias doy al cielo, que llego a pediros albricias (o
 Portugueſes) de q̃ os veais en la ocaſion, q̃ ha tanto tiẽpo, ̃q
 vueſtras honras ſuſpiran. Haſta aora os afrentavades con razon, de
 tomar armas cõtra eſtos Moros, ſiẽpre pocos para vueſtro valor. Ya
 ſe vê eßa vega, i mõtañas, ocupadas con tãtos millares, i reduzidos
 en eſta cortedad de tierra, los moradores de quaſi toda Berberia;
 cõvido a vueſtro esfuerço para eſta victoria, por la reputaciõ, ̃q
 alcançareis cõ ella; pues en tanta deſigualdad, ſerâ deſigual la
 fama, q̃ publicarâ vueſtros hechos. Diferẽte es eſte, del q̃ ſucedio
 en el cerco de Tanjar, dõde los cercados erã en mucho maior numero,
 q̃ los cõbatientes: teneis ocaſion, con q̃ ſoldar aquella quiebra
 paſſada; fatal ſiẽpre, i digna de lagrimas: dudo, q̃ el enemigo fiado
 en ſu multitud eſfuerce ſu cobardia, por̃q os cõfießo, que quiſiera
 preſtarles animo, para que en ſu reſistencia hallarades mâs gloria:
 porque ſiendo gente advenediſa, biſoña, flaca, i deſarmada, noto,
 que tiene ſu perdicion en la muchedumbre. Pues que baſtimientos no
 han de apurar; ni que petrechos le han de ſer baſtantes, que no
 lleguen a conſumirſe con ſu propria neceſsidad? Notad la riguridad
 del tiẽpo, en q̃ emprẽden eſto; la fragoſidad deſtos lugares veſinos,
 ſu aſpereza, i eſtrechura, i vereis en ſus moradores, el trabajo, con
 q̃ vivẽ divertidos en eſta ocupacion: q̃ han de hazer; o quiẽ les ha
 de acudir. Si de lexos, primero los conſumirâ la neceſsidad, o la
 impaciencia? de cerca, donde, o como? Acreſcentad a eſto, la inquietud
 de ſus animos: viven de la libertad, i ſolo a los vicios conocen
 ſujecion. Su milicia es la deſorden, peleãdo como barbaros, i no como
 ſoldados. Pues ſin diſciplina, que exercito con ſu grandeza miſma no
 ſe pierde? Son ſus caudillos el robo, i la tyrania: a eſtos tienen
 obediencia; porque ſu crueldad no differencia ſexo, ni deſtingue
 eſtados. El exemplo de Tanjar capaz, es de q̃ os mueua a eſte
 conocimiento: no tengo que advertiros, ni encomendaros en el, ſino que
 peleeis como Portugueſes, i cõ el ultimo deſengaño, de que vueſtra
 vida conſiſte en las armas; que no ay otro camino de ſalvaros, pues no
 ſea mâs peligroſo, que ellas._

(28) El remedio màs eficaz, para que los ſoldados ſe reſuelvan a pelear
obſtinadamẽte, es quitarles la eſperança de alcançar la ſalud, ſino
por la punta de la eſpada. Sobre eſtas razones encareciò D. Duarte
advertidamente, la aleuoſia, i crueldad de los Moros. Soſſegòſe, viendo
el aplauſo, con que los ſuyos ſe offrecian al peligro. Por otra parte
el Rey de Fez, aunque moço, de conſejo de Aboacin Bonantus, viſitava de
ordinario ſu campo, con grande apparato, i ſobervia: i haviendo batido
en vano la ciudad algunos dias, conociendo, que ſu fortaleza conſiſtia
màs en los azeros de los Portugueſes, que en la fuerça de ſu muralla;
deſpues que la conſiderô por vezes, al nono dia del cerco, llamò a ſu
tienda los Alcaydes, i otros capitanes, i hablóles deſta manera.

 (29) _Hallome, que eſtoi corrido, i que a penas oſo hablaros,
 viendo, que llega la oſadia de una gente tan deſeſperada, como los
 Portugueſes, a emprender cõquiſtar nueſtras fortalezas dentro en
 nueſtras proprias caſas, i defenderſe de un exercito capaz de rendir
 el mundo, ſiendo tan pocos como veis: quando nueſtros maiores deſpues
 de dominar a Eſpaña glorioſamente, por eſpacio de ſietecientos,
 i mâs años, aun oy tienen ſujeto parte della; ſin duda, que eſte
 atrevimiento ſe funda ſolo en nueſtro deſcuido; pues ſi de una vez lo
 huvieramos caſtigado, no ſe atrevieran a paßar mares, ni a profanar
 nueſtro imperio cõ ſus banderas; poſſeen Ceuta, cercan a Tãjar,
 ganan a Alcaçar, i ſobre todo menoſprecian nueſtro nombre, i poder.
 Y vôsotros tan cobardes, i deſcuidados, q̃ pareceis delãte de mi,
 ſin tomar ſatisfaciõ de tantas injurias. Haſta aqui mi corta edad
 ſalvò mi credito. Però que accion no condenarâ el vueſtro? Governo
 mi niñez vueſtra ambiciõ, i olvidada de los reſpetos publicos atẽdia
 a ſus particulares, infamãdo la reputaciõ, con que havemos ſeñoreado
 a Berberia. Como, i que razon podreis dar de vueſtra tibieza? quando
 teneis los Chriſtianos dẽtro en vueſtros muros. Dezidme el titulo, con
 q̃ entrarõ en ellos? Fueron a caſo de ſus maiores? o no les coſto a
 los nueſtros ſus vidas? Por conſervar la ſuya infamemente deſamparô a
 Ceuta el Rey Buhale, intentando deſpues grangearla por trato, quãdo
 no quizo defenderla con las armas. O amigos, i que afrẽta tã grãde!
 ſean teſtigos los cielos, q̃ no ay cõsuelo, q̃ me aliente a ſufrir
 lo q̃ veo; pues_ _diera la mitad de mi corona, porque mi enemigo me
 igualara en poder, ſolo por hartaros de ſu ſangre, i ſatisfazerme cõ
 la vengança, que pide ſu oſadia. Bolved por vos; no me contẽto, con
 q̃ deſterremos eſta gente de Africa, ſino q̃ tras caſtigarla, por los
 robos, i latrocinios, q̃ haze en ella, los deſpojemos de Heſpaña; dõde
 eſpero reſuſcitar la fama de nuestros maiores, con igual felicidad, i
 fortuna._

La arrogancia deſta reprehenſion, fue eſcuchada de los Alcaydes, con
gran miedo, i maior aborrecimiento; porque conocieron las palabras
de Aboacin en la boca del Rey; el qual por diſculpar ſu avaricia, i
atraher a ſy la voluntad del moço, le imponia, en que hizieſſe cargo a
los Alcaydes de ſu culpa. Però como la privança tiraniza los coraçones
de los ſubditos, ſujetandolos a una ſervidũbre volũtaria, i aborrecida;
callarõ los Alcaides, i bezãdo el pie al Rey cõ ſu acoſtõbrada
ceremonia, dierõ las gracias al privado, ſiẽdo eſta diligencia mui
propria en los ſubditos, q̃ de ſus offenſas procuran ſacar ocaſiones
de obligar como meneſteroſos, a los que aborrecen como offendidos.
Con eſto ſe renovò el combate de la ciudad con tanta eſtrechura, que
començò a faltar baſtimento a los cercados.

(30) Determinò nueſtro Rey ſocorrerlos en perſona, i para eſte effecto
partiò de Ceuta con toda la armada junta. Parò en frente de Alcaçar, i
el enemigo temiendo, que deſembarcaſſe, eſtuvo a la mira, para ver lo
que hazia, mientras el Rey començò a prevenir baxeles para echar gente
en tierra. Conocio D. Duarte la eſtratagema, i hizo inclinacion de ir a
recebirla. El enemigo con eſte engaño corrio a gran prieſſa a la playa
confuſamente, i ſin reparar las eſpaldas, D. Duarte entõces dio en el,
con tal esfuerço, que le degollô mucha gente, ayudado de la artilleria
de la armada, que tirò muchas pieſſas grueſſas, con que hizo mortandad
conſiderable. La preſencia de dos Principes tan poderoſos, engrãdecio
ſingularmente la deſtreza, valor, i ardid, con que D. Duarte peleò
en eſta ocaſiõ, recogiendoſe ſin deſorden, ni daño alguno, de manera
que no perdio un ſoldado. Deſpues tentó meter baſtimentos por el rio,
mas no pudo, porque el Moro lo havia atajado con vigas grueſſas, i
maderos: i a la poſtre el Rey entendiendo, que ſu aſsiſtencia, en aquel
puerto, era de poca utilidad a los cercados, dando muchas eſperanças
a D. Duarte, de q̃ bolveria con maior ſocorro; ſiguiò ſu derrota a
Portugal, i deſembarcó en el Algarve, i ſe vino a la ciudad de Evora,
donde hallò tan apurada la hazienda Real, i los pueblos tan afligidos,
i gaſtados de tributos, i donativos, que no les fue poſsible continuar
el penſamiento, que trahia; entõces conocio el mal govierno, que
tenia, en no ſaber guardar para poder gaſtar; pues las ſuperfluidades
de los Reyes, trahen conſigo muchos inconuenientes de moleſtias
publicas; ſiendo forçoſo ſuplir ſu neceſsidad, con la aflicion de los
particulares, quando fuera juſto, que conſideraran, que no ay Principe
rico con vaſſallos pobres; ni Rey poderoſo con ſubditos moleſtados.

(31) Havia ya treynta i ſiete dias, que Don Duarte eſtava ſitiado,
padeciendo increibles trabajos; porque los Moros de noche, i de dia
con continuas mangas de arcabuzeros remudados a tiempos, limpiavan
la muralla de cõbatientes, i con eſto quaſi ſin impedimento alçavan
montañas de tierra, que igualavan los muros, haſta que, como en una
llanura podian combatir con los cercados. Mas ellos viendoſe perdidos
ſe animavan con ſu capitan, que no ſolo los esforçava con ſu exẽplo;
pero curando los heridos, i exalçando en particular las hazañas de cada
uno, los tratava con gran cortezia, i benignidad, inchiẽdo a unos de
eſperanças, a otros de glorias; i cõ ſus buenas razones, i cuidado le
aſſeguravan todos, moririan primero, que deſmayaſsen en la defenſa.

(32) Apretava a los nueſtros, no menos la hãbre, que el enemigo; i D.
Duarte con eſta neceſsidad fue eſtrechando la racion, de manera que
ſaliò rumor entre los Moros, que los cercados perecian; i ayudandoſe
tambien de un tiro mui grueſſo, con que de nuevo batieron la muralla,
la deſmantelaron por una parte. Mandò entonces el Moro dar un aſſalto
con màs ruido, que effecto; durò porfiadamente; i los nueſtros
moſtraron en eſte dia ſer invencibles; porque haviendo tan pocos, que
a penas llegavan a quinientos ſoldados, rechaçaron valientemente al
enemigo, por muchas vezes peleando ſiempre con diverſa gente, porque
la ivan mudando cõ otra nueva; i los Chriſtianos ſiendo ſiempre unos,
nunca diſminuyeron de ſu primer brio.

(33) En eſta ſazon entrô en el puerto de Alcaçar un baxel de Portugal,
lleno de eſperanças de ſocorro, el qual deſeſperò màs los cercados;
porque entẽdieron, q̃ era ſupueſto; i D. Duarte teniẽdo modo para
entrar vitualla por una parte menos guardada del contrario, auisò a D.
Sancho de Noroña (Conde de Odemira, i Adelantado maior del Algarve,
que aſsiſtia por general en Ceuta) del eſtado, en que eſtava: i
auñq a eſte cavallero le tocava tanto el ſocorrerle; rehuzò hazerlo
deſabridamente: por̃q ciega el odio los caminos de la honra, i no dexa
libres los movimiẽtos del animo, para diſcurrir contra la paſsion, ̃q
los tiraniza. D. Sancho fue uno de los maiores ſoldados de ſu tiempo,
i por no parecer ſoſpechoſo en ſus alabanças (como ſu deſcendiente)
ſerè mâs corto en ellas, que en referir ſus faltas. Eſtrañóſe mucho
la que tuvo en eſta ocaſion, no pareciendo accion de cavallero, ſino
vengança de hombre ordinario, acordarſe entonces de las emulaciones,
que trahia con D. Duarte, con otro caſo, que ſucediò entre Martin de
Tavora, i Gõçalo Vaz Coutiño, bien extraordinario; tenian odio antiguo,
i hallandoſe en eſte cerco juntos en una refriega, viò Martin de
Tavora, que cautivaron los enemigos al que lo era ſuyo, i arrojandoſe
al peligro con aquel animo, que ſi fuera para ſocorrer un hermano,
ò el maior amigo: librô a Gonçalo Vaz, i el dandole las gracias
deſte beneficio quedaron en ſus enemiſtades. Mas la de D. Sancho fue
condenada de todos, mucho màs quando ſe fundava en faltar al ſervicio
de ſu Rey. No le obſtò deſpues al premio, aunque manchò en parte ſus
virtudes, ſiendo hartas: dãdoſe a conocer por hombre, con quien las
paſsiones podian mucho, pues no las vencia con el valor, que a los
enemigos.

(34) Como D. Duarte ſe vió tan deſemparado, determinó de dar cuenta
al Rey por Luys Alvares de Soſa (que era el que havia llegado a aquel
puerto por alentar a los cercados) i con eſto eſcriviò una carta en
Frances (que ſabia eſta lengua màs que medianamente) i atãdola en
una piedra la hizo arrojar de lo alto del muro al baxel; no pudo
ſalvarle, i cayò en el campo; recogiola el enemigo, i con ver lo que
contenia, alegre, i perſuadido, de q̃ ſupueſto la eſtrechura, en que
D. Duarte eſtava, i q̃ confeſſava a ſu Rey, con aquella llaneza, i
encarecimiento, con que un neceſsitado deſcubre miſerias a ſu Principe,
quando las padece por ſu cauſa; qualquier partido eſcucharia; ordenò a
Aboacin, que le eſcrevieſſe en eſta forma.

 _La clemencia, como virtud digna ſiempre, de que viva en el pecho de
 los Principes, obliga al mio (o Duarte) a que por mis ruegos perdone
 tu locura. Sabemos el miſerable eſtado, en q̃ estâs, i no te negamos,
 que merece muchas alabanças tu valor, i fidelidad. Tengote por eſto
 aficcion, i no menos a la memoria de aquel buen viejo tu padre, que
 tãto tiempo ſuſtentô a Ceuta. Llevado deſto me perſuado a amoneſtarte,
 que te põgas en nueſtras manos. Hará mi Rey contigo, lo que hizo el
 tuyo con los nueſtros, quando ganô eſſa plaça. Quiero, que me devas
 eſte beneficio, pues es maior el q̃ hazes en ſalvar tu vida, i la de
 eſſos miſerables, que te acompañan, que en perderla deſeſperados, por
 el furor militar de nueſtra gente; pues incitada de otras offenſas
 deſſea hartar ſu colera con tu muerte._

(35) Fue incluſo en eſte papel, el que ſe hallò de D. Duarte;
corrieron luego los Chriſtianos a ſaber lo que havia; recelò D.
Duarte, que no ſonaſſe mal la carta a los oydos de los ſuyos; porque
deſcõfiados del ſocorro, i quaſi en la ultima deſeſperacion de la
ſalud, andavan triſtes, i ſin hablar palabra: D. Duarte bolviendoſe
a ellos con el ſemblante màs riſueño, como de coſa nueva, encubrió
las del papel, diziendo por maior, i ſin declararſe, q̃ los enemigos
ivan conociendo el esfuerço de los Portugueſes: que no cayeſſen deſta
opinion, pues baſtava pelear como tales: que de Dios, cuya era aquella
cauſa, eſperava otro ſocorro màs breve, que el que ſu Rey podia
embiarles; aunque no deſconfiaſſen deſte, pues no tardava, ſegun las
preparaciones, que ſe aviſavan; que el cielo bolvia por ellos, pues
enflaquecia los contrarios, i les piſava aquel orgullo, con q̃ entraron
en aquel cerco. Repreſentòles algunas razones, auñq fingidas, de
la carta, que moſtravan miedo en los enemigos, i con eſto encareciò
la fama, que alcançarian, ſaliẽdo victorioſos de aquel ſitio, como
eſperava, i que libres de las fatigas, quan agradable les havia de ſer
la memoria de lo que havian ſufrido por Dios, por ſu Rey, i por ſus
honras.

(36) Tomaron mucho brio los Portugueſes con eſtas palabras, i D. Duarte
reſpondio a Moley Aboacin en ſuma, agradecia ſu aficciõ, auñq no
admitia el cõſejo: por̃q notava en ſu gẽte valor para vẽcer exercitos
maiores, que el de ſu Rey: juntaſſe todos los del mundo, quando
deſeaſſe combatir con los Portugueſes; q̃ lo q̃ ſentiã mucho, era no
ver abreviado en aquel cãpo toda Berberia: q̃ no los querian conſumir
del todo, por tener con quien pelear ſiẽpre: q̃ eran de la calidad del
rayo, que moſtrava ſu fuerça en la maior reſiſtencia: q̃ ſe querian ver
eſto por experiencia, no ſe alejaſſen tanto, pues todas aquellas traças
parecian inventadas por el miedo: que a el le dezian, q̃ ſu Rey tratava
de darle aſſalto, q̃ para eſte efecto mandaria arrimar el proprio
las eſcalas al muro, para q̃ con menos trabajo lo pudieſſen ſubir, i
entrar a averſe cõ ellos màs de cerca, q̃ era lo que màs deſſeavan ſus
ſoldados. Amedrentò eſta reſpueſta a los enemigos, i fue cauſa, de ̃q
alçaſſen el cerco. Replicó el Moro, i D. Duarte con maior prudẽcia
mandò tirar una pieſſa al menſſagero, por̃q entendia el daño, q̃ podia
reſultar de ſemejantes platicas, en la poſtrera aflicion de un cerco,
donde todo el partido es conveniẽte.

(37) El enemigo por ultima diligencia llevantò un fuerte de madera
ſuperior a la ciudad de donde la batia ſin ceſſar un punto con muchas
pieſſas de exceſsiva grandeza. Salio Don Duarte de noche, i deshizo
eſta machina, i luego otras, que hizieron de nuevo, i con eſto afloxò
algo la bateria; mas viendoſe perecer de hambre, determinò mandar al
Rey con eſta nueva, a Rodrigo Alonſo, hombre noble, i uno de los màs
valientes fronteros de aquella plaça, lo embarcô en un navio, q̃ tenia
retirado en el rio, defendiẽdolo todo lo poſsible, por̃q el enemigo
no lo quemaſſe, auñq lo procurò hazer con grande fuerça. Divulgòſe
entõces por el real, q̃ los cercados entravan ya a comer los cavallos,
i la eſtrechura era de ſuerte, q̃ entre los nueſtros uvo votos de q̃ lo
hizieſſen. Perô D. Duarte, ya q̃ no tenia otro remedio, por deſmẽtir
eſta fama, ordenô a D. Henrique de Meneſes, ſu hijo maior (moço a
penas de quinze años) que con treinta cavallos eſcogidos, de los màs
hermoſos, i bien penſados, ſalieſſe a deshazer una trinchera, de que
recebian algun daño. Eſto fue tan de repente, q̃ el enemigo admiró
aquella viſta, como de coſa no imaginada. Cargó a defenderla el Alcayde
de Tanjar, por tocarle aquel pueſto; i Don Duarte ſocorriendo al hijo,
i el de Fez a los ſuyos, ſe peleô quaſi de poder a poder i fue eſte
dia tan glorioſo para los nueſtros, q̃ a no eſconder la ocaſion el
roſtro, ſe pudo ſepultar el nõbre deſte barbaro; però no quiſo la
fortuna acabar en una hora el imperio, que con increyble favor havia
levantado en mucho tiempo. Finalmente los Moros acobardados ya con
tantas perdidas, i fatigados de otros accidentes, q̃ no los moleſtavã
menos, por̃q la rigoridad del invierno les offendia de ſuerte, ̃q
muchos, q̃ eſcapavan las vidas de nueſtras manos, las acabavan en la
de ſu aſpereza. Comẽçaron a desãparar el cãpo, i los primeros hizierõ
puente para los demàs, conociẽdo la obſtinaciõ de ſu Rey; el qual tãto
por ira, como por brio, rehuzava eſcuchar los Alcaydes, que a bozes
le pedian deſiſtieſſe de aquel ſitio. Rieſgo corre quien ſe oppone
deſcubiertamente al guſto de un Principe moço ya empeñado en una
empreſa: porque la razon, que es ſolo el juez de los Reyes, anda menos
admitida en los pocos años, por falta de conſideracion, i ſobra del
apetito, las canas por la experiencia, lo advierten; i aunque executan
las coſas con menos prieſſa deliberanſe con maior eſpacio, en que ſuele
conſiſtir mucho del acierto de los ſuceſſos.

(38) Continuava el Rey Moro en su porfia, i los Alcaydes temeroſos
de ſu enojo, procuravã màs librarſe de ſu colera, que del impetu de
los contrarios; porque Aboacin no osãdo tampoco a contradezir el amo,
esforçava ſu intento, ſolo por moſtrar a los ſuyos, quã en vano ſe
quexarõ al principio de ſu deſcuido. Perô a lo ultimo viendo, q̃ el
real ſe amotinava, i q̃ los motines ſon cauſa de muchos deſpeñaderos,
principalmente para los validos; bolvio a juſtificar ſu parecer
delante del exercito; i ſiendo todos los que deſſeavan hablar al
Rey libremente con zelo de buenos criados, entre una gran copia de
Alcaydes, i Caciques, q̃ alli aſsiſtiã; uno fue ſolo el q̃ rõpio eſte
ſilẽcio, i aũ no fue poco hallarſe uno; por̃q la comiſsiõ de deſviar
a un Rey de lo q̃ deſea, ſiẽpre es mui aſpera, i peligroſa, por eſtar
ſus oydos tan acoſtũbrados a engaños, q̃ cueſta mucho un deſengaño.
Al fin ſe lo vino a dar el Cadi (tiene entre los Moros el lugar, i
reſpeto, q̃ entre noſotros el Cardenal legado) juntando para eſſo
los Caciques, por autorizar màs el conſejo, i tambien porque ayudaſſe
al cumplimiento lo ſuperſticioſo de la ſecta, entrò al Rey, diziendo;
que «las quexas laſtimoſas de ſus gentes le obligavan, como a voz de
Dios, a quien por oficio competia denunciar ſu voluntad; repreſentar
a ſu Alteza quiſieſse alçar aquel cerco, pues no havia coſa en el,
que no contradixeſse a la razon, i a la milicia: que las iras, i
enojos celeſtes no ſe aplacavan con fuerça, ó deſeſperacion, ſino
con lagrimas, i arrepentimiento: que en eſto conſiſtia el vencer los
contrarios, pues el caer en ſus manos, ſiendo una gente tan ciega, i
poco poderoſa, no era otra coſa, que diſpoſiciõ del gran Propheta,
para que bolvieſſen ſobre ſy con eſta afrenta; que no importava el
poder humano, quando del immenſo ſe derivavan las victorias de nueſtros
enemigos; q̃ el cielo de irritado con ſus offenſas, era el primero,
que los ſujetava a nueſtras manos: que no havia monarchia tan fuerte,
a que conſejeros poco conſiderados no derribaſsen, màs que fuerças
contrarias: que huyeſſe los aduladores, como pernicioſos, i peſte de
la Republica; que menos amor tiene a ſus Principes, i maior a ſus
conveniencias; i eſcuchaſſe los prudentes, i zeloſos, cuyo voto ſe
encaminava ſiempre a la conſervacion publica, ſiendo la coſa, q̃ màs
fortalece los imperios, i ſuſtẽtã los Reynos.» Añadiò, q̃ todo eſto
represẽtava de parte del grã Propheta, por cauſar miedo, i reſpeto
a ſus palabras: porque es ſingular la veneracion, con que aquellos
barbaros attienden a ſemejantes ſuperſticiones.

(39) Pareciòle, con eſto, a Aboacin, que eſta practica mirava màs que
todos, a offenderle; porque bien ſe entendia, que las acciones del
Rey no tenian de ſuyas màs, que el movimiento, i la execucion; però
la voluntad, de q̃ dependian, era toda del valido: i como la edad del
Rey, i la aficcion publica, i ſecreta, con que lo tratava, no le dava
lugar para moſtrarſe inocente en eſta culpa, i echar a los hombros del
Rey, los deſaciertos de lo mal hecho, quedandoſe el con las gracias
de lo acertado; conociò, que el Cadi hablava mui a lo juſto, i que la
conſonancia de ſus palabras tenian màs alma, en lo que moſtravan del
animo, que en el ſonido dellas; i aſsi tomando la mano a los otros
Alcaydes pueſto de rodillas, dixo al Rey: que las razones del Cadi
(como de hombre ſanto, a quien la religion acreditava) no admitian
contradicion; que era verdad, que los Chriſtianos alegres deſdeñavan
todo el peligro, ſabiendo, q̃ no havia coſa en aquel ſitio, que no
peleaſſe por ellos; que paſſava de treynta años, que ſuſtentavan
glorioſamente a Ceuta, librãdoſe de otros cercos tan apretados; que no
era poſſible, que en eſte ſe huvieſſen de rendir por otro trato, que
el de las armas; que para eſto faltava lo principal, la artilleria, i
polvora; que era juſto bolvieſſe los ojos al clamor de los ſubditos, en
cuyo aplauſo ſiempre ſe conſiderava el mejor conſejo; principalmente
quando aquel exercito lo màs del conſtava de labradores, que vivian
de ſus ſementeras; i eſtos como nervios de la Republica, i a quien ſe
devia el ſuſtento della, deſtruidos una vez pereceria el Reyno; ̃q
el invierno havia entrado, i tan aſpero, que fatigava igualmente los
alojamientos, que los enemigos; i ſobre todo, no era creyble la hambre,
que ſe dezia de los cercados; pues haviendoſe dicho, que comian haſta
los cavallos, los vieron gordos, i luzidos; que ſin duda ſu Rey al
paſſar de Ceuta los havia baſtecido de mantenimientos, i eſperanças
de maiores ſocorros; pues peleavan tan confiados, i vencedores; que
ſupueſto eſtas dificultades, que totalmente impoſsibilitavan aquella
empreſa, devia ſu Alteza ſuſpenderla haſta el verano ſiguiente, i
entonces con doblado poder, i fuerças, bolver ſobre aquella plaça,
procurando ganar todas las que tenian uſurpadas los Chriſtianos en
Berberia: porque era mui conveniente de una vez extinguir aquella
plaça, antes que vinieſſe a dilatarſe tanto que deſpues haſta la tierra
para retirar ſus familias les faltaſſe.

(40) Tienen los privados en los conſejos, q̃ dan a ſus Reyes otra
fuerça, i aplauſo, con q̃ perſuaden màs facilmente, que otros votos
de los màs cuerdos conſejeros; i es la cauſa, porque llevan embuelto
en ſus razones el imperio, con q̃ la fortuna los hizo validos, i
ſingulares entre todos los demàs. Reduxoſe el Rey al parecer de
Aboacin, haviendo perdido tres mil hombres en cinquenta i tres dias que
durò, al ſegundo de Henero de mil quatrocientos cinquenta i nueve, alçò
el cerco quaſi de repente.

(41) D. Duarte entre tanto vſando entre las armas terreſtres, valerſe
ſiempre de las celeſtiales, hallandoſe libre de aquella affrenta;
bolviò a dar gracias al cielo en una proceſsiõ publica, reconociendo a
Dios por autor de tan grande felicidad; luego deſpachó aviſo al Rey,
el qual con el cuidado, i anſia del ſocorro, andava ſin quietud, por
todo el Reyno, de una ciudad, en otra (a manera del enfermo, que con
el ardor, de la fiebre, en ninguna parte del lecho halla deſcanſo).
Parò al fin en el Algarve en la ciudad de Faro, por eſtar màs cerca
de Berberia: feſtejó la nueva al paſſo, que la deſſeava; i en el
agradecimiento no pareciò Rey obligado, que por la maior parte olvidan
los beneficios, que reciben al tiempo de la ſatisfacion: pues fue mui
entera la q̃ diò, con honras publicas del capitan, i copioſas mercedes
a los demàs ſoldados, i cavalleros.

(42) Los nombres de los que ſe paſſaron de Ceuta a Alcaçar, para ſervir
en eſte cerco, ſon eſtos, los que trahen Ruy de Pina, i Gomez Eanes; i
pareciòme referirlos para gloria de ſus deſcendientes, ſin embargo de
que no havrà pocos embidioſos, que quieran deſluſtrar eſte trabajo: mas
yo como procedo en el ſin reſpeto, ni aficion, facilmẽte deſprecio eſte
genero de maldizientes; por quienes dixo un Sabio; que a ninguna gẽte
devian màs los buenos, por̃q muchas vezes los excitavã a la virtud,
por no caer en ſu malicia. Fue el primero Martin de Tavora, hermano
ſegundo de Alvaro Perez de Tavora, noble cavallero, en qualidad, valor,
i vaſſallos. Eſte pues yẽdo con Lope de Almeyda (como havemos dicho)
al deſafio del Rey de Fez, ſe apartò del compañero en el camino, i ſe
entrò en Alcaçar: i Lope de Almeyda ſe fue al Rey, por cumplir con
ſu commiſsion; aunque deſpues por ſus merecimientos, i nobleza, vino
a ſer Conde de Abrantes, con otros oficios ſuperiores deſte Reyno, i
dexô iluſtre decendencia. Luego vino Iuan da Sylva de Meneſes, hijo
de Ruy Gomez de Sylva, que los tiempos ſiguientes debaxo del nombre
de Amador, con maravilloſa converſion en Italia, dõde paſsó con la
Imperatriz Doña Izabel: fundó la orden de los Amadeos, que oy milita
en la Religion Seraphica de los Franciſcanos ſiendo colocado ſu nombre
en el catalogo de los Santos beatificados. Acompañólo en la jornada de
Alcaçar Diego de Sylva, que fue deſpues el primer Conde de Portalegre,
i Alfonſo Telles ſus hermanos, Rodrigo de Soſa, i Iuan de Soſa tambien
hermanos, Hernãdo Telles, Arias de Miranda, Iuan Rodrigues de Sà, que
caſó con nieta del Conde Don Pedro; Diego de Acuña, Rodrigo Caſco de
Vaſconcelos, Iuan Pinto, Duarte Cerveira, Duarte de Melo, Gomez Arias,
i otros muchos de igual valor, i no de menos calidad. Sin eſtos eſtavan
en Alcaçar D. Alfonſo de Vaſconcelos, nieto del Infante D. Iuan, que
fue hijo del Rey D. Pedro, i de Doña Ines de Caſtro. Don Henrique de
Meneſes, primogenito de D. Duarte, Vaſco Martines de Soſa Chichorro,
D. Pedro de Noroña, D. Pedro Deça, i D. Iuan ſu hermano, D. Alvaro
de Atayde, Nuño Vaz, Montero maior, i Gonſalo Vaz ſu hermano, Alonſo
Pereira Repoſteiro maior del Rey, Alvaro de Faria comendador del
caſal, Rodrigo Iuan, i Pedro Borges, Iuan Peſtaña, Rodrigo de Melo,
hijo de Martin Alonſo de Melo, que deſpues fue primer capitan general
de Tanjar, i Conde de Olivẽcia, cavallero de gran virtud, i nobleza:
Rodrigo Lopez Cotiño, Martin Correa, fidalgo del Infante D. Henrique,
Diego Correa, Iuan de Lima, Alonſo de Miranda, Eſtevan de Gama, padre
de aquel famoſo D. Vaſco de Gama, Almirante perpetuo de los mares de la
India Oriental, i Conde de la Videguera, Alonſo Hurtado de Mendoça, con
tres hijos, i Rodrigo Gonſales de Caſtelblanco con cinco.

(43) No es tan larga como deviera la relacion, que haze Gomez Eanes
deſtos, i otros cavalleros, pues alcançando quaſi aquellos tiempos ſe
contenta con dezir por mayor, muchos ſin appellido, de que a penas
podemos ſaber quien eran; i a otros, les nombra los padres, ò deudos,
como ſi eſto baſtara para hazerlos conocidos. Era notable entonces
la falta, ò ignorancia, que havia de ſaber eſcrevir hiſtorias,
porque los hombres como ſiempre ſiguen lo màs neceſſario, i de que ſus
Principes màs ſe agradan, dexavan las letras por las armas; ignorando,
que de ambas coſas reſulta igual utilidad a la Republica, pues de
balde trabajan en ella los varones ſingulares, para ſuſtentarla, i
engrandecerla, ſi las acciones de ſu vida no quedaſſen, como exemplos
eſcritos en los annales publicos, que para eſte efecto ordenarõ los
prudentes.

(44) Deſte deſcuido infiero una quexa, que juſtiſsimamente tengo contra
algunos genealogicos deſte tiempo, que governandoſe en lo antiguo,
por conjecturas, ſiendo las hiſtorias tan inciertas, i diminutas, ſin
examinar particularmente lo tocante a cada uno; por maior condenan,
i abſuelven; manchan, i ennoblecen, deſtruyendo a ſu arbitrio lo
limpio, i lo noble; de que reſulta daños de mucha conſideracion al
bien publico, i que merecian grandes advertencias; en que muchos
Reynos zeloſos de ſu conſervacion, i aumento, repararon con leyes
prohibitorias de libros de linages, con que totalmẽte extinguieron eſte
mal uzo, màs introduzido en Portugal, de lo que es razon; quando excede
la curioſidad, i lo juſto.

(45) Mas dexãdo eſto a parte, no le ſufriò ſu valor a D. Duarte
ocioſidad alguna: por lo q̃ deziã los Moros, que ya más repoſava,
ſiendo como el Sol, q̃ no deſcãſa en ſu curſo; i aſsi cõ la coſtumbre,
que tenia de buſcar al enemigo en ſu caſa, i ſuſtentarſe de ſus
coſechas; viendoſe libre del cerco, i hallandoſe ſin baſtimentos para
repararſe, mientras llegavan los del Reyno, quiſo correr la campaña de
Tanjar, donde havia muchas aldeas llenas de ganados, i otras riquezas.
Derramòſe eſta voz, porque no fue tan callada, que ſe ocultaſſe a las
atalayas del enemigo, el qual juntando en gran ſecreto ochocientos
cavallos, i tres mil Infantes a cargo de Xarate Alcayde de Tanjar;
eſperò a D. Duarte en una emboſcada, i el ignorando eſta prevencion,
entendiẽdo del miedo, que el Rey de Fez moſtrò en el cerco paſſado, ſe
eſtendia a los ſubditos, i con aquella fama nadie oſaſse a reſiſtirle.
Salió de Alcaçar a prima noche, ſin revelar a nadie ſu penſamiento,
encargando la infanteria a Alfonſo Telles ſu ſobrino, i a una legua
de la ciudad hizo alto con toda ſu gente, i llamando a parte los
cavalleros, que llevava conſigo (que eran muchos, de los que havemos
nombrado) conſultò lo que haria: quiẽ dezia fueſſe ſobre Anexames lugar
rico, i grande, pueſto a poniente de Tanjar, al parecer deſcuidado de
aquel encuentro, por ſu capacidad, i diſtancia. D. Duarte intẽtava
derribar unos fuertes, que el enemigo iva levantando, para defenſa de
aquellas aldeas. Iuzgò a temeridad apartarſe màs de Alcaçar; porque era
tarde, la tierra aſpera, i poco conocida, i el rieſgo mui grande, mandò
a Mahamede con veinte peones, a que en ſon de ſalteadores, entraſse a
deſpertar las centinelas del enemigo, i deſpues fingiendo miedo, ſe
retiraſſe haſta meterlos en la emboſcada.

(46) Era Mahamede perſona mui capaz para eſte engaño, porque con los
que de contino hazia a ſus naturales, havia adquirido credito con
D. Duarte, i lo eſtimava con particular cuidado, por la verdad, i
valor, con q̃ ſervia a los Chriſtianos; i deſpues continuando en eſte
exercicio, tuvo el fin, que diremos. Con eſta orden tomò el camino de
Benambros aldea frontera a Alcaçar, q̃ le quedava al naciente; començò
a alterar con gritos disfraſſados al enemigo; el qual ſoſpechoſo del
ardid, embió primero tres exploradores, a que aſſeguraſſen la tierra
con perros (uzanlos en Africa llevar conſigo en tales ocaſiones,
criados en eſte exercicio con notable inſtincto por el raſtro conocen
ſi ay enemigos, o no, en campaña). Don Duarte aviſado de las Atalayas
ordenò a quatro cavallos que ſalieſſen al encuentro de los Moros,
i los perros con notable manſedumbre ſe venieron a halagar a los
nueſtros. Pareció novedad, i obediencia devida, haſta de las fieras, a
la Religion Catholica. Con eſto los tres Moros, tomados de improviſo,
ſe rindieron los dos, i el tercero huyendo a uña de cavallo fue aviſar
a Xarate, que eſtava en un valle detenido, no lexos de nueſtra gente.
Deſcubrioſe entonces, i mandò haſta ciento i ſeſſenta cavallos, que
fueſſen eſcaramuçando con los Chriſtianos por detenerlos.

(47) Puſo D. Duarte la frente en Benãbros i començò a marchar
ordenadamente contra aquel lugar, con intento de fortificarſe en el,
ſi el enemigo proſiguieſſe en acometello, porque le quedava en medio
una ſierra mui eminente con paſſo peligroſo, ſi a caſo lo atajaſſen.
Venia Xarate detras caminando muy deſpacio haſta ajuntarſe con Abdala
Laros Xeque de los famoſos, i valientes del Reyno de Fez, que con gran
copia de lanças, i peones ſaliô al rebato. Entonces ſe fue acelerando,
i los Portugueſes deſconfiados de la retirada, le hizieron rostro, que
baſtò para hazellos huir. Don Duarte ſin conſentir a los ſuyos que los
ſiguieſſen con paſſo màs ligero, llegò al lugar, i alli eſperò por
ſus gentes, que venian algo derramadas: i hecho vn eſquadron de la
cavalleria, guarneciendo ambos lados de arcabuzeros, i balleſteros,
tomò el camino de Alcaçar intentando atraueſar la ſierra, porque eſtava
màs cerca; los Moros que la conocian mejor, como lo vieron en la cumbre
repartiendo ſu gente en dos tropas, quedando Xarate con la una, fue
picando la retaguarda de los nueſtros, i Abdala Laros apreſurandoſe
quanto pudo ſe adelantò por un atajo para ponerſe en las raizes del
monte, i tomarlos en medio: notò Don Duarte quan peligroſa era la
baxada, conſiderando el intento del enemigo, i mandò a Alfonſo Telles,
que ſe quedaſſe en lo alto con los Infantes, i algunos cavallos para
aſſegurar las eſpaldas, mientras el con los demàs lo acometia.

(48) Affrontaronſe valientemente, i Xarate ſin poder ſufrir eſtar
ocioſo, inveſtió tambien a Alfonſo Telles; durò la pelea de ambas
partes muchas horas en un peſo, porque los Moros eran muchos, i de los
màs esforçados de Berberia; perô Don Duarte corrido de que tardaſſe
eſta victoria mâs tiempo de lo que acoſtumbrava, entrandoſe en la
fuerça de la batalla, como quien havia nacido para atropellar ſin miedo
los mayores impoſsibles, abozes, dixo.

 _Que es eſto (Portugueſes mios) ya deſconoceis los enemigos, que por
 instantes venceis; eſtos ſon los miſmos, que ayer con ſu Rey, i todo
 ſu poder hiziſtes retirar affrentoſamente. Quien detiene vueſtro
 valor? bolved por nueſtra reputacion._

Animados con eſtas palabras, ſalieron en breve eſpacio victorioſos
con muerte de cien Moros, i ciento i diez i ſeis cautivos, todos
perſonas de conſideracion, entrando en ellos un hijo de Abdala Laros,
Moro de brio, i que el padre con la ſeguridad de la empreza, quiſo
que ſe hallaſſe en ella con otro hermano, que muriô deſpues de haver
cumplido muy bien con ſu obligacion. Fuera mayor la mortandad, ſi un
Alfaqueque advertido, por nombre Balarao, no la atajara ardiloſamente:
porque como era de noche (el traje con que peleavan los nueſtros en
aquel tiempo, era comun a los Moros,) començò en lengua Portugueza
apellidar Sanctiago: i con eſte ardid, hizieron lo miſmo muchos de
ſus compañeros, i fue parte para que ſe eſcapaſſen engañando a los
Portugueſes, perô la mayor copia ſe ſalvò eſcondida en la maleza del
monte.

(49) Reſultò alguna vtilidad a Don Duarte deſta victoria, porque el
reſcate de los cautiuos fue de importancia, però el con ſu acoſtumbrada
liberalidad repartiò lo que le tocava por los ſoldados pobres de ſu
preſidio.

(50) Por eſte tiempo entrò Don Fernando, Marques de Villa Vicioſa en
Alcaçar, con lucido acompañamiento de criados, i cavalleros, llevando
tres hijos conſigo mancebos, que en aquella edad davan mueſtras de
raro esfuerço. Obligole la fama de Don Duarte a buſcar el credito de
ſer ſu ſoldado, i erale tan affecto, que no he podido deſcubrir otra
cauſa que lo lleuaſſe a aquella frontera, màs q̃ eſte deſeo. Durò en
ella pocos meſes, porque el Rey lo llamò con prieſſa, mas en ellos
moſtrò ſu valor, i brio, procurando ſer el primero que procurava verſe
con el enemigo. Don Duarte llevado de ſu correſpondencia, i amiſtad,
quizo eſtar a ſu orden, el tiempo que gaſtò en Alcaçar entregandole
el baſton, mas el rehuzando, no ſolo el cargo, però acudiendo con
otras palabras de mayor cortezia, le acõpañô ſiẽpre como ſoldado
particular en muchas entradas que hizo conſiderables. Las que merecen
ſingular memoria, i aun mayor eſtimacion fue vna que ſuccediô a
quinze de Henero, en que ſe quemaron quatro aldeas pueſtas ſobre el
rio Guadeleon, de màs de duzientas caſas ricas; i luego en veinte del
miſmo mez ſe hizieron ſeñores de la villa de Benambros, cabeça de la
ſierra de la Maſmuda: glorioſo con eſtas, i otras victorias ſe bolviò
el Marquez a Portugal con ſus hijos, dexando en Alcaçar gran copia de
baſtimẽtos, i armas a contemplacion de Don Duarte, a quien confeſſava
por uno de los famoſos Capitanes que avia, i muy digno de ſer comparado
a los mayores antigos.

(51) Llevô encargado el Marquez ſolicitar al Rey D. Alonſo ayudaſſe
con mayor pũtualidad la fortificacion de aquella plaça; pues entonces
neceſsitava de gran cuidado por las amenazas, q̃ decontino hazia el
de Fez de bolver ſobre ella: para aſſegurarla del ſegundo ſitio,
nada le era tan conveniente como guardar la marina, de ſuerte que
quedaſſe libre para entrar ſocorro a la ciudad. Conſideroſe el modo,
i aſſentoſe, que ſe hizieſſe una cortina muy fuerte, (Gomes Eanes la
llama Couraça) deſde la playa haſta dentro en la muralla. Facil es
determinar ſe haga alguna coſa conveniente, però muy difficil dar la
forma, i traça, ſea de la manera, que más convenga; lo uno conſiſte
ſolo en buena voluntad, i deſeo, però lo otro requiere ſezo, i pratica;
i aſsi en los conſejeros es neceſſario buena intencion, i mucha
experiencia de las materias que tratan para acertarſe.

(52) Mientras ſe preparava la obra, i los materiales ſe embiavan del
Reyno; apparecierõ por algunos dias muchos Moros en tropas muy cerca
de Alcaçar en ſon de eſcaramuça. Don Duarte que no ſufria ſemejantes
atrevimientos, quiſo caſtigarlos: i a veinte i dos del mez ſeguiente
ſaliò con quarenta i cinco de acavallo a limpiar la tierra deſtos
embaraços, encargando a Rodrigo Vaz Alcaforado, criado que avia ſido
de ſu padre, hidalgo de grande experiencia, i valor la guarda de la
ciudad; i corriendo Don Duarte haſta Benãbros una legua larga al
enemigo, ſin hallar reſiſtencia, i viendo que anocheſia, tratò de
dar buelta a Alcaçar: mas los compañeros deſeoſos de algun recuentro,
le hizieron grandes inſtancias, i a ſu perſuacion fueron de cerro en
cerro, haſta q̃ deſcubrieron una Aldea de cien caſas, riberas del
Cañete, i algunos Moros eſparſidos por aquel cãpo; con eſte alvoroço
mandò D. Duarte a Iuan Peſtaña, i Hernando Cabral con tres mangas de
arcabuzeros q̃ fueſſen a quemarla, i Alfonſo Telles con haſta veinte
cavallos cõtra los Moros. Paſsò Iuan Peſtaña el Rio trabajoſamente,
por̃q venia grande por ſer invierno, i halló impedido el puerto de
una pared hecha a propoſito por los Moros para aquel efecto; gritò a
D. Duarte q̃ la deshizieſſe entretanto que iva a obedecelle. Alfõſo
Telles hallando ganado, en lugar de Moros començò a recogerſe con
eſta preza. Los Moros de la ſierra, que ya tenian noticia de lo que
paſſava, llamandoſe unos a otros, tomando por caudillo a un Xeque muy
valiente ſe aceleraron de manera a tomar el paſſo del Rio, q̃ ya quando
dio buelta Iuan Peſtaña, i Alonſo Telles ſe hallarõ atajados. Acudió
D. Duarte, i el Moro, q̃ le viô nõbrãdole a vozes le hizo una gran
cortezia, diziendo q̃ en aquel dia ſe veria qual era màs valiente;
reſpondiôle Don Duarte cõ ſemblante riſueño, i cortez, ſe alegrava de
verlo tã brioſo, por̃q le daria mayor gloria aquel vẽcimiento. Con
todo D. Duarte recogiẽdo entre ſi la preza, procurò hazer eſpaldas a
los ſuyos, haſta que paſſaron quaſi a nado el Rio, i luego tomò un
camino q̃ le quedava màs eſtrecho por tener los lados amparados con
la eſpeſura del mõte, por̃q el numero de los Moros paſſava de mil i
quinientos, i temia q̃ le rodeaſſen ſu gẽte, q̃ era tã poca q̃ no
llegava por toda a ciẽ hombres. Los Moros ſin oſar a cometerlos lo ivan
ſiguiẽdo, i por poco perdiera la vida D. Duarte, por̃q como venia el
ultimo de todos eſcapò milagroſamẽte a dos lãças cõ q̃ le hizierõ tiro,
aũ̃q de la una quedó laſtimado, però no herido.

(53) Cõ eſto los Moros cobrãdo ſobervia de nueſtra retirada, comẽçarõ
a acercarſe, i llamar a los nueſtros, Ahudes (en àrabigo ſuena Iudios)
colerico D. Duarte deſta licẽcia, diò ſeñal para acometer; i bolvió
ſobre ellos cõ tal impetu, q̃ a los primeros golpes mató por ſu mano
al Xeque principal; i embuelto entre los demás ciego, i furioſo con
la reſiſtencia cayò con el cavallo en un barranco; trabajaron por
levantarle Iuan Peſtaña, Rodrigo Paez, i Alvaro de Faria; i fuera
cierto el peligro; ſi Don Duarte con menos animo del que acoſtumbrava
tener en los mayores no bolviera con nuevos brios, i los acabara de
vencer con valeroſa determinacion.

(54) Succediò que algunos Infantes Portugueſes viendo la cayda de Don
Duarte, i dãdole ya por muerto, con eſte miedo, i poca conſtancia
huieron a Alcaçar, publicando la nueva luego; mas Rodrigo Vaz
Alcaforado mãdãdo al inſtãte cerrar las puertas de la ciudad, ſe
previno para la defenſa: llegó entretanto Don Duarte con màs de tres
horas de noche, i queriendo entrar, rehuzò Ruy Vaz abrirle la puerta
haſta enteràrſe del ſucceſſo. Eſta accion tan acertada, i digna de
grandes alabanças encarecio D. Duarte grandemente, no ceſſando dar
las gracias a aquel hidalgo de lo bien que havia procedido, porque en
ninguna ocaſion dexava eſte famoſo Capitan de alabar a ſus ſoldados las
determinaciones lucidas que hazian, con que diſsimuladamente vituperava
las otras, en q̃ cada uno procurava abſtenerſe, mas por el reſpecto que
tenian a Don Duarte muchas vezes, que por ſu credito dellos. Refiere
Gomes Eanes, que en eſta eſcaramuſa murio Gonçalo Peres Malafaya,
ſingular cavallero de virtudes, i de valor, i fue de los primeros
fronteros calificados que en Africa mataron los Moros.

(55) Ya en toda ella ſonavan las prevenciones que hazia el Rey de Fez
para bolver ſobre Alcaçar, i Don Duarte con eſte recelo apreſurava
quanto podia dar principio a la Cortina; començôla un Lunes de la
ſemana ſancta, que ſe contavan veinte i dos de Março; i ſiendo el
primero que llevava los materiales, pudo tanto eſte exemplo que en
primero de Iunio del miſmo año en ſetenta i un dias ſe concluyo no
quedando cavallero que no trabajaſſe igualmente que los officiales.

(56) Tuvo el Alcayde de Tanjar noticia deſta obra, i para impedirla,
jũtò mil i quinientos cauallos, i muchos Infantes; Don Duarte porque
conocia el provecho que reſultava della mientras ſe hazia por
moleſtar al enemigo, i quitalle la oſadia deſte penſamiento lo iva a
buſcar de dia, i de noche; ſuccediò a eſta ſazon, que haviendo aplazado
una entrada, communicandola a ſus fronteros; dos centinelas que
eſtavan de poſta en el muro aſſegurados con el ſilencio de la noche,
ſe deſcubrieron uno a otro la reſolucion de D. Duarte, contando muy
por extenſo el modo que ſe havia de guardar en ella. Oyolos un Moro
Almograve (aſsi llaman las eſpias) el qual ſabiendo muy bien la lengua
Portugueſa con el deſeo de aprovechar a los ſuyos ſe venia a echar las
màs noches al pie del muro, entendiendo lo que paſſava, ſe fue a Tãjar
a dar el aviſo, a tiempo que el Alcaide ſalia con la gente que tengo
referido. Pareciòle al Moro con aquella facilidad con que ſe creen las
coſas favorables, mas que las adverſas; que de aquella vez no podia
eſcaparſe Don Duarte de muerto ò cautivo, i que la ciudad quedava
quaſi a ſu arbitrio, i con mucha alegria marchó con ſu gente la buelta
de Anexames, i alli tuvo conſejo de emboſcarſe i dexar entrar a Don
Duarte la ſierra dentro con que era fuerça desbaratarlo. Eſte parecer
no pudo ſer tan oculto por el alvoroço que tenian los Moros entre ſi,
cõ la certeza de la victoria; que no llegaſſe a oydos de un eſclavo
Chriſtiano q̃ eſtava en aquel lugar; i cõſiderando el peligro de los
nueſtros, determinò remediarlo, auñq fueſſe aventurando la vida. Tenia
un Moro llamado Aſmede por amigo particular: llamòlo a ſolas: diole
cuẽta del ſucceſſo, aſſegurandole muchos intereſſes, q̃ podria ſacar ſi
lo fueſſe a dezir a Don Duarte. Es la fé de los Moros muy vendible, i
no tiene otra ley que la ganancia.

(57) Partioſe con eſta eſperança Aſmede a Alcaçar, i llegó a punto que
Don Duarte eſtava ya para ſalir; dudô de la infalibilidad del aviſo,
aunque el Moro lo juſtificô de manera, que vino a darle credito,
deſpues que conociol el engaño aſſegurado por los deſcubridores:
porque ſaliendo a reconocer las emboſcadas, el enemigo enfadado de la
tardança, imaginando lo que paſſava, i que eſtavan deſcubiertos, los
fue ſiguiendo, i Don Duarte ſaliol a vengarlos, con ciento i veinte
cavallos. Los Moros entonces los encontraron con quatrocientos, i
travando una porfiada eſcaramuça en la mayor fuerça della, conociendoſe
poca mejoria en los dos campos començaron los Moros a huir, i Dõ Duarte
metiendoſe con el miedo que moſtravan, a ſeguirlos, reparò en que temor
tan intempeſtivo moſtrava algun ardid, i con eſto no conſentiô a los
ſuyos que ſiguieſſen el alcance, aunque tambien naciò eſte recato de
haverſele rompido el freno del cavallo, i detenerſe en adereçarlo.

(58) Fue milagroſo el ſucceſſo porque los Moros ayudados ya de todo
ſu poder cõ los de la ſegunda emboſcada, bolvieron a cargar en los
nueſtros con tal furia, que a ſer màs lexos de la fortaleza corrieron
mucho rieſgo; mas Dõ Duarte por atajarlos deſpues de haver hecho mucho
daño al enemigo, ſe amparò de la artilleria, retirandoſe haſta ponerſe
debaxo del muro. Tuvo eſta jornada aſſas de felicidad, porque hallò
remedio en la verdad de un Moro, que por naturaleza, i religion, no
profeſſan màs que mentir: moſtròle Don Duarte grande agradecimiento
a Aſmede, i con ſingulares beneficios le honrò deſpues, i ſe ſiruio
de ſu aſtucia para ſus emprezas, porque ſabida ſu traycion por los
Moros ſe vino a Alcaçar con el miedo del caſtigo, i durô muchos años
en el ſeruicio de nueſtros Principes de quienes recibiò mercedes, i
priuilegios.

[Illustration]



ARGVMENTO
DEL
LIBRO QVINTO.


_SEgundo ſitio de Alcaçar: cuidado, i virtud con que lo defendiô D.
Duarte, i los cavalleros Portuguezes que ſe hallarõ en esta ocaſion.
Muertes de Principes en eſte Reyno: viene a el Don Duarte llamado de
el Rey, dale titulo de Conde de Viana, buelve a Alcaçar: ſierras, i
lugares que reduxo a la obediencia deſta Corona. Reſolucion que el
Rey tomô de paſſar a la conquiſta de Tanjar, iornada que ſuccediò
infelizmẽte. Enpreſa_ _de Tanjar executada contra el voto de Don
Duarte. Viſtas que tuvieron los Reyes de Portugal, i Caſtilla; entrada
del Rey en la ſierra de Benacofu. Matan los Moros a Don Duarte; conocio
ſu fin antes: ſeñales ciertas de ſu salvacion: i ultimamente ſe trata
de ſus decendientes. Eſto en diſcurſo de cinco años deſde el de
cinquenta i nueve al de cinquenta i quatro._



VIDA DE
DON DVARTE
DE MENESES
TERCERO CONDE
de Viana.

LIBRO QVINTO.


ESforçavaſe el ruydo de las armas, i poder con que el Rey de Fez bolvia
ſobre Alcaçar, i no ſe hablava ya en otra coſa; porque Don Duarte
ſabia q̃ havia llegado a Tanjar para hazer reſeña de ſus gentes. Hallò
dobladas que en la ocaſion paſſada con que formô un exercito que
cubria la tierra, trahiendo en el mucha variedad de fieras disformes,
mas para cauſar miedo a los nueſtros, que provecho a los ſuyos: i un
lunes veinte i dos de Iulio de mil quatrocientos cincuenta, i nueve,
appareciò ſobre Alcaçar caſi de repente.

(2) Don Duarte acoſtumbrado a eſtas viſtas, quiſo ſalir a eſperarlo, i
darle la bien venida con alguna faccion honroſa, repartiendo primero
los pueſtos, i guardas de las puertas a los cavalleros màs brioſos, i
deſcõfiados; ubo entre ellos grande emulacion ſobre pedir cadauno la
parte màs flaca, i peligroſa. D. Alfonſo de Vaſconcelos quedô entre
la puerta de Fez, i Ceuta; eſta tenia el Almirante Rodrigo de Melo;
Martin de Tavora la de Fez, i en guarda de la Cortina Alfonſo Furtado
de Mendoça con tres hijos ſuyos. Deſpues diſpuſo en la primera noche
una encamiſada, i aviendola aprovechado muy a ſu guſto, ſe le offreciò
otra ocaſion gallarda de moſtrar ſu valor, i fue que haviendo eſcrito
al Rey le embiaſſe Doña Iſabel de Caſtro ſu muger con toda ſu caſa a
Alcaçar; llegô entonces a aquel puerto. Serviole a Don Duarte de animo
lo que a todos es deſmayo; i pareció mayor esfuerço, viendo que ſe
apercebia para recebirla; porque ſe tenia a temeridad entrar en aquel
aprieto una muger quando la experiencia, i la razon moſtravan ſer
cordura deſviarlas de ſemejantes cercos; porque no ſiendo de utilidad
alguna las más vezes enflaquecen con ſus lagrimas los brios de los
que procuran defenderlas; dãdo muchas vezes cauſa de que ſe expõgan a
partidos no decentes por ſalvarlas; culpa fuera eſta en Don Duarte a no
conocer las virtudes de ſu muger, tan parecidas a las ſuyas, que ſin
duda tenian ſus dos coraçones una miſma inclinacion, i esfuerço.

(3) Admiró el enemigo eſta reſolucion, aunque procurò impedirla; i Don
Duarte dandole rebato le fue entreteniendo con una eſcaramuça, mientras
Doña Iſabel entrò por una puerta de la Cortina en la ciudad, i ſe fue
derecha a la Igleſia mayor, adonde eſtuvo en vigilia toda aquella noche
a fuer de aquella coſtumbre antigua, haſta por la mañana en que oyò
Miſſa? i deſpues deſde un balvarte eſtuvo viendo el campo contrario con
aquella fortaleza, i conſtancia, que ſi fuera ſu marido.

(4) Gaſtó el enemigo todo el mes de Iulio en batir la ciudad con
tanta porfia, q̃ ſe notô que havia recebido màs de diez mil cañonaços
grueſſos. En los primeros de Agoſto ſuſpendiò la bateria, porque
acertò de caer ſu Paſchua entonces: feſtejaronla ſolenniſsimamente con
rigozijos militares, i mueſtras de cavalleria. Valioſe D. Duarte deſte
embaraço para ſaber como ſe guardava el Rio; porque deſeava hazer por
alli alguna ſalida provechoſa; para eſte effecto, mandò un Moro tã gran
ſu confidente, que no le encubria ſus pẽſamientos, i ardides: havia
tiempos que ſe paſſara a los Chriſtianos, i D. Duarte acariciandolo
con premios, i buenas palabras, alentò la ſolicitud con que andava
de contino meſclado entre los enemigos deſcubriendo ſus intentos. No
he podido ſaber ſu nombre, aunque preſumo que era Mahamede de quiẽ
havemos hablado antes, ſiendo ſu fama tan digna de veneracion, como de
vituperio la de algunos malos Chriſtianos, que de cobardes, i medroſos
del poder grande q̃ vieron en los cõtrarios, o tãbien llevados de ſu
malicia ſe paſſaron a los Moros. Eſtos les revelarõ la ocupaciõ de
nueſtro Moro, el qual ignorãdo aun el aviſo, ſe entrò en el cãpo como
acoſtũbrava. Aboacin vigilante ya ſobre ſu caſtigo, ſupo tanto,
que lo cogio en el hurto, i haviẽdolo trahido a la preſencia del Rey
le afeò con grandes maldiciones la traicion que hazia, a los de ſu
ley, i religion: reſpondiò el ſoldado ya de Chriſto, abominandola, i
confeſſando que bivia en la fé verdadera de los Chriſtianos. Tornoſe
Aboacin a aſſegurarſe en lo que dezia; bolviò ſegunda i muchas vezes
a hazer la miſma Confeſsion, aviſando quaſi a bozes la ceguedad de
los Moros: irritòlos con eſto mucho màs, i Aboacin fue el primero que
le dio una lançada, luego con dos ſaetas le clavaron el vientre, i
pecho, cortandole las piernas, i medio muerto le traxeron un eſpacio a
viſta de la ciudad, donde la poca vida que le quedava ſe la arrancaron
con dos balas: ni ſolo como Leones rabioſos ſe encrudelecieron ſobre
el eſtando bivo, ſino que como ſuzios buytres deſpedaçaron el cuerpo
muerto, i lo hecharon a los perros.

(5) Fue de grande ſentimiento para Don Duarte eſte expectaculo, i no
podiendo ſufrir a ſus ojos tantas crueldades, determinò vengarlas; mas
los barbaros orgulloſos, i alegres de haver llegado a ſu Real algunas
pieſſas de campaña de exceſsiva grandeza; en que tenian la ultima
confiança renovaron la bateria, i a los primeros tiros deſmantelaron un
pedaço de la muralla. Hizieron con eſto particular fieſta, dandoſe ya
los parabienes de la victoria. Pero Don Duarte alçando trincheras por
la parte de dentro al nivel del muro, fue reparando eſte daño con tãta
brevedad, que a penas diò cuidado: entretanto hizo aſſeſtar dos pieſſas
en frente de aquellas grueſſas del enemigo, i fue hecho con tanta
deſtreza, que al primer balaſo las deſencavalgaron; luego ordenó a los
balleſteros, que tiraſſen con flechas llenas de alquitran, i fuego que
ſe abrian, i hechavan de ſi una llama inextinguible no por medio de la
polvora, ſino de otras materias, i todos a un tiempo en tal copia, que
a manera de nubes encubrian al Sol. Fue de mucho effecto eſta, i otras
invenciones de fuego, con que D. Duarte poco a poco iva desbaratando
los enemigos, i ſin duda como la malicia entonces de los hombres era
menos, que la de nueſtros tiempos, era menos tambien la invencion,
que ſe tenia en las eſtratagemas de la guerra: peleava el valor con
menos ſubtileza, i lo màs de las victorias ſe devia al animo, aunque ni
por eſto condenô lo que deſpues hallò en utilidad deſte exercicio, pues
ſe origina de exemplos, i reglas, que los famoſos Capitanes obſervan
para abonar ſu prudencia, i engrandecer ſu acuerdo, i aſtucia. Como
ſe hecha bien de ver en Don Duarte cuyo talento para eſtas coſas fue
ſingular.

(6) No paſſava dia en que de los nueſtros no ſe hizieſſe alguna
faccion, cõ que el enemigo iva desfalleciendo, viendo que los cercados
ſe burlavan de ſu poder, i lo tenian en tan poco, que en el de nueſtra
Señora de las Nieves un criado del Rey, por nombre Galaaz Gallo,
mancebo brioſo en medio del dia, juntandoſe con otros veinte de ſu edad
i eſpiritu llegaron a quemar las caias de aquellas pieſſas con que
los Moros batian la ciudad; i el Almirante Rodrigo de Melo embidioſo
deſta hazaña, i conociendo la confuſion que havia cauſado al enemigo,
viendole que andava preparando otros feſtones para aſſentar las pieſſas
les puſo fuego a ſus ojos, degolandole alguna gente: i retirando la
ſuya libre, i ſin daño, diò notable demonſtracion de ſu esfuerço, i
experiencia.

(7) Caſi ſucceſsivamente ſaliò Martin de Tavora con Don Pedro de Noroña
ſu yerno, i Rodrigo de Soſa, Vaſco Martines de Soſa, i Iuan de Soſa ſus
ſobrinos; i dieron en el quartel que les quedava oppueſto con tanta
fuerça, que puſieron en huyda al Alcayde de Alcaçar el Quibir que lo
tenia a ſu cuenta; però bolviendo en ſi con eſta affrenta acudiò a
remediarla, i algunos de los nueſtros ſocorriendo a Martin de Tavora,
como fueron Nuño Vaz de Caſtelblanco, Gonçalo Vaz ſu hermano, Iuan
Rodrigues de Sà, i otros cavalleros: Creciò de manera la eſcaramuça,
que alberotô los reales, i obligò ſalir al Rey de Fez deſcompueſto de
ſu tienda, penſando que era desbaratado; haſta que ſabiendo lo que
paſſava eſtimulado de la honra, cargò ſobre Martin de Tavora, que como
un Leon bravo andava con ſus compañeros, cercado de muchos eſquadrones
por todas las partes con gran rieſgo de ſus vidas. A las algazaras de
los Moros advertiò Don Duarte lo que paſſava, i como Capitan prudente,
ſalió con mucha prieſſa, a recoger a aquellos cavalleros, i aunque
los viò vencedores, i el daño que havian hecho al enemigo con todo
entre las gracias meſclò templadamẽte algunas reprehenſiones, de que
huvieſſen ſalido encontrando la orden que tenian de no deſamparar ſus
pueſtos; i ponderando el rieſgo a que ſe exponian, i los inconvenientes
̃q reſultavan deſtas ſalidas, tratò de obligarlos con juramento, ya que
el valor atropellava la obediencia; hizieronlo todos excepto Alfonſo
Furtado de Mendoça, porque en ſus canas, i prudencia hallô D. Duarte
que eſtavan los brios màs ſoſſegados que en la edad, i loſania de los
mancebos.

(8) Era Alfonſo Furtado qualificado, i valiẽte cavallero, de cuyos
hechos, i nobleza hazen ſeñaladamente memoria las hiſtorias deſte
Reyno, porque tuvo en el, gran lugar, i reputacion; cargado ya de años,
i de ſervicios, ſe vino de Lisboa a Alcaçar el ceguer con la noticia
deſte ſitio, trayendo conſigo tres hijos muy ſemejantes al padre en el
eſfuerço. Deſeavan ſummamente emplearſe en alguna faccion peligroſa,
i con eſta ambiciõ fomentada de ſus pocos años, i menos experiencia,
violentaron al padre, a que de nuevo contravinieſſe al mandato de Don
Duarte, haziẽdo alguna ſalida al enemigo; la deſcõfiança del buen
viejo, encaminó la reſoluciõ de los moços, porque le parecia, que haſta
a ſus hijos devia moſtrar con el exemplo a no temer rieſgos, ni a huyr
peligros. Para executarlo aſſentô con los hijos hechaſſen delante fuera
de las trincheras dõde eſtava tres ſoldados de valor, en que entrava
Pedro de Mendoça, hijo ultimo de Alfonſo Furtado, para que enbeſtieſſen
los Moros como deſmandados, i entonces tendrian ocaſion de hazer lo que
deſeavan, a titulo de recogerlos.

(9) Eſto que al principio no pareciò màs q̃ una gallardia, tuvo tal
empeño en el ſucceſſo, que fue neceſſario el grande acuerdo de Don
Duarte, para remediarlo: porque encõtrandoſe una eſquadra de cavallos
con los tres Chriſtianos offendidos en la reſiſtencia de ſus golpes
appellidaron ſocorro, que fue la mitad del exercito, i por la nueſtra
ſaliò Alfonſo Furtado con haſta treinta hombres: Encendioſe el rebato
de ambas partes peleando los Portugueſes, mas por ganar honra, que
ſalvar las vidas, i los Moros perdiendo muchas, i atropellados de ſu
deſorden, ivã creciendo cada vez màs, con que apretavan los nueſtros
inconſideradamente con la muchedumbre. Bien deſcuidado deſto andava
Don Duarte proveyendo lo neceſſario con perpetua vigilancia, quando
viò lo que paſſava, i que Don Alfonſo de Vaſconſelos, i Rodrigo de
Melo ſe deſcolgaron del muro con valiente determinacion, i ſe fueron a
Alfonſo Furtado, que eſtava ya herido en la boca, i en un braço. Con
eſte rumor no quedô hombre en Alcaçar, que no procuraſſe ſer el primero
en llegar. Mas D. Duarte acudiẽdo a ſerrar las puertas, por la de la
Cortina ſalió con gran prieſſa, i toda la cavalleria a recoger aquellos
cavalleros, i bolviendolos a poner en ſus pueſtos, dandoles lugar para
̃q deſcanſaſſen, el miſmo dia los hizo llamar jũtos, i les hablò deſta
manera.

 (10) _No puedo negaros (ſeñores) el juſto enojo en q̃ oy me aveis
 pueſto, quando no ſolo os aſsiſto como Capitã, ſino os amo como padre.
 Perô quiero valerme deſte nõbre para reprehẽder cõ blãdura lo ̃q
 pudiera caſtigar cõ rigor. Es poſsible q̃ ignoreis el q̃ moſtravã los
 antiguos en eſte delicto? pues llegava a ſer capital entre los mayores
 Capitanes. Fabio Maximo fue entregado al pueblo Romano deſpues de ſer
 cõdenado a muerte, por̃q peleô cõtra el edicto de ſu Emperador, aũ̃q
 ſaliò victorioſo: i Aulo Mãlio Torquato en la guerra q̃ hizo cõtra
 Francezes, llegô a matar ſu hijo, por̃q paßò ſus mandatos: quiẽ no
 los tuvo ſiẽpre por inuiolables, i ſacroſãctos? i cõ mucho fundamẽto,
 pues q̃ coſa cõſerva la milicia, ſino la obediẽcia? eſta verdad tiene
 qualificado la experiẽcia con exẽplos. Mirenſe los muchos exercitos
 q̃ ſalieron vencedores cõ ſolo ella en partido muy deſiguales.
 Penſais que tantos millares de Moros ſon vencidos por nuestro braço;
 o que baſtan ſeiſcentos hombres, que tenemos, a reſiſtir a duzientos
 mil, que vemos en eſte cerco? es engaño. Su deſorden los vence màs
 que nueſtro valor, porque fuera impoſsible a la miſma naturaleza
 uzar de temeridades ſin mucho daño. Quando cercaron la ciudad, por
 acudir a vueſtras honras os encarguê los puestos mâs peligroſos.
 Biſoñeria fue, perdonadme el deſempararlos, i poca diſciplina pues
 os aventuraſtes, a que el enemigo fiado en ſu muchedumbre procuraße
 entrar por aquel paſſo hallandole abierto, i ſin guarda. Tuvierades
 entonces deſculpa a tan grande affrenta? no por cierto: o por ventura
 no manchara el ſucceſſo perpetuamente vueſtra fama? Por Dios que me
 digais, que motiuo tuviſtes para provocar el enemigo con eſta ſalida
 tan ſin tiempo? ſi fue ambicion de gloria no es buen camino eſte
 para grangearla, porque la temeridad es tanta locura, que aun en los
 aciertos ſe condena: una coſa es oſadia, i otra esfuerço. Nunqua el
 valor deſdeñô la prudencia, antes ambas juntas forman un ſoldado
 brioſo, i honrado; mas lo quedavades en guardar vueſtros pueſtos:
 porque la ley màs cierta de la honra es cumplir cada uno con ſu
 obligacion._

Tras deſta reprehenſion entrò la alabança, i agradecimiento de la
virtud, con que aquel dia pelearon; temploſe con las ultimas palabras
la deſapacibilidad de las primeras, i Alfonſo Furtado que parecia el
reprehendido las agradecio todas. Con eſto por alegrarlos de nuevo,
i olvidarlos de aquel deſabrimiento, ordenô Don Duarte otra ſalida,
que aſsi moderava ſus enojos, no obligando menos con los caſtigos,
moſtrando que ſi los dava era màs con deſeo de emienda, que no de
vengança.

(11) Quebrantado el enemigo con tantas eſcaramuças ſe rindiò primero
a la opinion, i valor de los Portuguezes, confeſſandolos por
inexpugnables. Peró con porfia eſtraña, deſpues que ceſsò la bateria,
bolviò los aſſaltos, i duró en ellos con igual daño, i deſabrimiento,
haſta faltarle la comida, i la municiõ. Tenia Aboacin prevenido eſta
falta con mãdar gran copia de Camellos a Mequines por baſtimentos: mas
roboſelos en el camino Xeque Laros (Moro de que havemos hecho mencion)
que offendido del Rei de Fez, le negô la obediencia deſcubiertamente,
i con mueſtras ya de enemigo, i levantado, andava fatigando aquel
Reyno, a ſon de agraviado, con perpetuos robos, i talas, alterando los
fieles con quexas, i ruegos, ultimamente con las armas. Temiolas el de
Fez con particular cuidado, por el que causò en el real generalmente,
entendiendo que la trayciõ de aquel Moro ſe fundava en alguna aliança
que huvieſſe hecho con los Chriſtianos. Finalmente ſe reſolviò en
levantar el cerco por bolver las armas contra Xeque Laros.

(14) Don Duarte entretanto deſde la muralla hizo mueſtra de ſu gente,
̃q victorioſa, i alegre, diò mil vayas a los Moros, viendo q̃ ninguno
oſava ſer el ultimo en la retirada; i entonces ſe entendiò el daño, que
havian recibido, porque aunque no ay Autor que refiera con certeza el
numero de ſus muertos, de nueſtra parte lo fueron veinte i uno, i de
la ſuya una grã cãtidad, ſegũ ſe ſupo deſpues. Durô tantos dias eſte
cerco como el primero, ambos defendidos gallardamente con el increible
valor de Don Duarte de Menezes, i los demâs fronteros, no eſtando en
la defenſa ninguno ocioſo, los impedidos ponian animo, peleavan los de
entera edad, niños, i mugeres trahian agua piedra, i refreſco a los
ſoldados; ſiendo Doña Iſabel de Caſtro la primera que curava por ſu
mano los enfermos, i heridos, alentando mucho con eſto, i remediando
a los pobres, con tanta piedad, y aſsiſtẽcia q̃ ſe le deven iguales
alabanças, q̃ al marido. Los cavalleros q̃ ſe hallaron de ſocorro,
en eſta occaſion fueron los proprios que aſsiſtieron en la paſſada,
porque tardò tã poco en bolver el Rey de Fez, q̃ no diò lugar a q̃ ſe
apartaſſen de Alcaçar; demàs q̃ cõ eſte reſelo no ubo quien quizieſſe
deſampararla.

(15) Halló eſta nueva al Rey en Santaren, donde con una proceſsion
general dio gracias a Dios de tan felice ſucceſſo, alargandoſe
igualmente, que la vez paſſada, en alabanças de Don Duarte, i de
aquellos cavalleros, q̃ le aſsiſtiã, entre los quales huvo muchos ̃q
deſeoſos del premio, ô forçados de otras cõveniẽcias ſe vinieron a
Portugal. Peró Don Duarte como todo ſu cuidado empleava en el ſervicio
de ſu Rey, dioſe todo al biẽ publico, ſin q̃ en el particular ſuyo
hablaſſe una ſola palabra, i aſsi quando los otros trataron de ſus
pretenciones, entonces bolviô los ojos a reſtaurar la fortaleza; rehizo
la Cortina de que el enemigo arruinò un gran pedaço; fabricò de nuevo
vn buen alojamiento en el caſtillo, para los Capitanes generales, que
ſerviò de ennoblecer, i fortalecer la ciudad.

(16) Deſpues procurò, que los ſoldados màs pobres tuvieſſen tambien
ſatisfacion de tanto trabajo, repartiendo pagas, i ſocorros por todos;
i vendiendo para eſte effecto haſta la plata de ſu ſervicio. Aviſô
luego al Rey, de como cada uno en particular le havia ſervido, porque
nunca uſurpava la gloria de las coſas, que otro havia hecho, antes le
ſervia de fiel teſtigo; i por̃q el enemigo ayudaſſe a eſta paga, fue
ſobre Anexames, i otras aldeas pueſtas en la ribera de Guadaleon, i
tardô en rendirlas, lo que en acometerlas.

(17) La proſperidad de tantos ſucceſſos no ſolo amedrentò a Berberia;
però llenò de eſperãças al Rey, para cõſiderar, q̃ empeñandoſe con
mayor poder en aquella conquiſta, teniendo tal capitan podia eſtender
ſu imperio por aquella parte. Con eſte animo, i deſeo de moſtrar a Don
Duarte el que tenia de honrarle le llamò al Reyno por Abril del año
ſeguiente de mil quatrociẽtos i ſeſſenta. Partiò en ſu cumplimiento,
dexando por teniente en Alcaçar Alfonſo Telles de Menezes ſu ſobrino,
cavallero de brio, i experiencia, i de quien oſava fiar ſu reputaciõ.

(18) Al llegar a Lisboa adonde eſtava la Corte, le ſalió a recibir, lo
màs noble della a la Marina; i el Rey con ſingulares honras, i publicas
demonſtraciones mudandoſe, entõces a Santaren le diò el titulo
de Conde de Viana de Camiña (que tuvieron ſus mayores) referiendo
largamente en eſta donacion los ſeñalados, i grandes ſervicios, que la
corona Portugueſa le devia.

(19) Como el Rey por inclinacion tratava de proſeguir la conquiſta
de Africa; començò a poner eſte penſamiento en pratica, encaminãdolo
a que el Reyno lo reputaſſe por util, i ayudaſſe con impoſiciones,
i donativos, ſin los quales ſe impoſsibilitava la jornada. Mas era
cierto, que ſegun el eſtado del Reyno eſtava debil, i flaco, ſin
las fuerças de la guerra, que era el dinero, i con otras ſemejantes
calamidades, començava aora a ſintir los daños generales, i los
pueblos ſobre cuyos hõbros cargava eſte pezo, ſabiẽdo q̃ la demaſiada
liberalidad del Rey, era vicioſa prodigalidad, cõ̃q empobrecia el
Reyno, dãdo màs por coſtũbre, q̃ por remuneraciõ, ſacãdo de las
affliciones publicas las mercedes particulares: propuſierõ en unas
cortes, q̃ entõces ſe celebrarõ en Lisboa, cõſideraſſe el Rey eſte
daño, i trataſſe irſe a la mano en el, cerrãdola a mercedes no juſtas
pues la miſma juſticia q̃ cõcede premio al que lo merece, lo niega a
otra gẽte menos neceſſaria en las Reſpublicas, i a vezes pernicioſa:
para ſãzonarle en eſta peticion le concedieron ciento i cinquenta
mil doblas de oro para ſu deſempeño. El Rey vino en ello facilmente
en quanto a prometerlo, perô ſiempre executò lo contrario. Con eſtas
dificultades ceſſô deſta vez la jornada de Africa, porque tambien el
Rey enfermò gravemente, aunque convalecio con breuedad.

(20) Succediò por eſte tiempo la muerte del Infante Don Henrique harto
ſentida de los Portuguezes, i mucho màs de ſus Reyes, i cõ razon de
todos por ſus grandes partes, i proceder: porque alcançando los tiempos
calamitoſos de las diſcordias ciuiles deſte Reyno; ya mâs ſe entendiò
trataſſe de otra coſa que de enriquecerle con las conquiſtas de Africa,
i deſcubrimiẽtos del Occeano, de que fue el origen, i promovedor, i a
quien por eſte reſpecto, i el de ſus virtudes ſe deve ſingular memoria.
Fallecio en el Algarve dexando por ſu heredero al Infante Don Fernando,
el qual tresladò ſu cuerpo el año de mil quatrocientos ſeſſenta i uno
al inſigne, i real Monaſterio de la Batalla de Religioſos dominicos.

(21) Menos llorada fue la muerte del Duque Don Alfonſo de Bragança
ſu hermano, que tambien ſobrevino entonces; Principe poco afable,
aũque de gran valor, è induſtria. Succediole Don Fernando Marquez
de Villavicioſa ſu hijo ſegundo, por haver muerto el Marques de
Valencia el año antes, ſin hijos legitimos. I ſin embargo de tantos
lutos; diſpuſo Don Fernãdo ſu primogenito paſſar a Africa en compañia
del Conde de Viana con mil hombres pagos a ſu coſta, i otros muchos
cavalleros de ſu caſa: porque en aquel tiempo condenavan los mayores
el ocio con ſu exemplo, i los ſeñores antes querian que ſus hijos ſe
criaſſen en medio de los exercitos, que de las ciudades.

(22) Bolvio el Conde por Abril deſte año, i apenas llegado a Alcaçar
con la gana que tenia de verſe con el enemigo, corriò brevemente,
tres vezes, haſta la ciudad de Tanjar, haziendo, en todas, tanto daño
al enemigo, que le degollò mâs de ſetecientos hõbres, i quemò quatro
lugares muy ricos, que fueron Palmera, Ceta, Aamar, i Leonçar.

(23) Mucho es para alabar una accion, que le ſuccedió al Conde en una
entrada deſtas; i fue, que ſiguiendo los nueſtros denodadamente el
alcance, Don Henrique de Menezes, no ſatisfecho de haver muerto por
ſu braço algunos Moros, ſe empeñò en ſeguir a uno en que hallô mayor
reſiſtencia; i fue tãto ſu brio, que hechandoſe el Moro al mar ſe hechò
tras del, i le mató; con tanto rieſgo de ahogarſe, que anduuo largo
eſpacio luchando con las ondas, i los enemigos; porque paſſando el
Conde en perſecucion de la victoria, i viendolo en aquel peligro, no
perdiẽdo pũto en ſu officio, la fue continuando ſin dar lugar a que los
ſuyos ſe deſmandaſſen en ſalvar al hijo. Però el cielo que lo guardava
para mayores coſas le diò valor para vencer las ondas igualmente que
a los cõtrarios. Eſta conſtancia del Conde no fue deſigual a la que
eſcriuẽ de los Capitanes inſignes, que atropellavan los reſpectos de la
ſangre por acudir al mayor, de ſus honras, i obligaciones.

(24) Halloſe D. Fernãdo en todas eſtas ocaſiones, portandoſe con
gran valor, i prudencia, i meſclando con la Magestad de Principe,
ſolicitud, i cuidados de ſoldado particular: porque ſiẽdo el primero en
los peligros, moſtrava ſerlo tambien en obedecer, i guardar las ordenes
del Conde, como de ſu Capitan, haziendo ley inviolable cõ ſu exemplo;
en q̃ particularmente hizo ſingular eſtudio, luego que conociò el animo
depravado de algunos cavalleros, que entre la embidia, i el enojo,
comẽçaron en vano a induzirle cõtra la authoridad del Cõde; procurãdo
poner por medio de ſu vẽgança, la grãdeza del nacimiẽto de D. Fernando,
̃q era lo miſmo q̃ lo obligava a moſtrarſe apazible, i obediẽte.
Solicitado del Duque ſu padre bolviò brevemente a Portugal, donde el
Rey agradecido a tãtos ſervicios, le diô cõ el titulo de Cõde el eſtado
de Guimaranes, q̃ deſpues con el de Duque, quedò en los primogenitos
de Bergança cazole tãbiẽ con D. Iſabel hija del Infante D. Fernando ſu
hermano de q̃ nacio D. Iaime, q̃ ſiẽdo IIII. Duque de Bergãça, caſado
con hija de la gran caſa de Medina Sidonia en Caſtilla, i jurado por
Principe heredero deſta corona; por el Rey D. Manoel ſu tio, hermano
de ſu madre, entrando a reinar; es biſaguelo del ſereniſsimo Duque de
Bergãça, q̃ oy bive ultima reliquia de los Principes de la ſangre real
deſte Reyno.

(25) Poco deſpues parecieron entre los Moros de aquella comarca dos
hijos de Calabẽçala, Alcayde que fue de Ceuta, Alcaçar, Tãjar, i
Arzila (como eſtà referido) los quales còmo vieron muerto ſu padre,
i ellos deſpojados por los nueſtros de ſu grandeza, porque de toda
ella ſolamente les quedava la ſierra de Gibelfabibi, que cae al
norte de Alcaçar poco mas de ſeis leguas; tierra fertil, i poblada,
perô limitada, i corta; començaron primero con ruegos, i luego con
amenazas a repreſentar a ſus naturales la affrenta que padecian,
ſuſtentando los Chriſtianos tanto tiempo en ſus tierras; i con animo
de deſtruirlos tomaron las armas, juntando ſiete mil cavallos de las
ſierras Gibelfabibi, i de Benima Grafot, con el Alcayde de Tãjar, i
aſsi jũtos todos embiãdo delãte a correr a Alcaçar, ſe entraron en una
emboſcada cerca de la ciudad. Tuvo luego auizo el Conde, i ſaliò a
ellos, i los desbarato, degollãdole los principales, i màs valientes
Capitanes, que trahian. Fue eſta Rota de las màs ſintidas, i lloradas
que los enemigos tuvieron, porque de más de caer ſobre tantas, quedaron
ſin eſperança alguna de remedio: deſcãſando el Conde por no tener que
vencer lo que quedava del mez de Iulio, i los tres ſiguientes.

(26) Por el fin de Octubre ſe acabò de deſpoblar la ſierra de Amegara,
porque el Conde fue ſobre ella, i la reduxo a nueſtra obediencia con
muerte de los caudillos que la defendian, i governavan. Quedava a un
lado della, hazia Arzila, la ſierra de Luſmara, con muchas aldeas
grandes, i bien pobladas. Era la principal, i cabeça Nazere; rendiola
el Cõde a penas entrado en Alcaçar de la sierra, i de camino deſtruyô
Bogalmaee, lugar pueſto en ſitio eminente, i ſuperior a Guadeleon, ̃q
lo cerca con ſus aguas, i aſsi quaſi inexpugnable. Con eſte hecho, ſin
otros de menos cuẽta que particularmente eſcriue el Coroniſta Gomes
Eanes, concluyò el Conde el año de mil quatrocientos i ſeſſenta i uno,
haviendo ſido glorioſo a los Portugueſes por ſu abundancia, i felicidad
de los ſucceſſos que tuvieron en Berberia.

(27) En Ceuta, deſpues de muchas entradas, i otras victorias que
alcanſó Don Pedro de Menezes tercero Conde de Villa Real; ſujetò las
ſierras de Benihaſcen, i Benitelid, que algunos llaman Chebit, i
quedaron ſus moradores tributarios de Portugal (ſervicio de ſingular
reputacion para eſta Corona) i eſtando el Rey en Torreſvedras le
preſentô una copa hecha del oro deſte tributo; que fue el primero,
que pagaron los Berberiſcos a los Portugueſes como en preſagio de los
muchos, que havia de rendirle aquella parte de Africa por el valor
deſte cavallero, i de ſus decẽdientes, a cuyas proezas ſe deve mucho
en eſta guerra; pprque moſtrô en ella igual virtud al de ſu aguelo, de
quien fue digno ſucceſſor en nombre esfuerço, i grandeza.

(28) Ya por eſte tiempo tratava el Rey, con menos conſideracion que
deviera en negocio de tanto pezo, paſſar a Tanjar, llevandoſe tanto
de ſu appetito como del brio del Infante Don Fernando ſu hermano;
fundava eſta deſorden en el parecer de Diego de Barros, i Iuan Falcon,
que ſiendo cavalleros màs valeroſos que prudentes, haviẽdo eſtado
cautivos en aquella ciudad, facilitaron al Rey el poder ganarla por una
parte, a lo que deziã, del muro menos guardado de los Moros; i luego
en el principio del año de ſeſſenta i dos, hallo en las historias del
Reyno, que el Rey continuando eſte penſamiento, remetiò al Conde de
Viana, a Diego de Barros, i Iuan Falcon, para que juntandoſe con un
Iuã de Eſcalona (que fue tambien compañero ſuyo en el cautiverio) los
encaminaſſe a que reconocieſſen de nuevo la diſpoſicion en q̃ eſtava
Tanjar.

(29) Llegaron a Alcaçar en ſazon que Don Henrique de Menezes entrava
en aquel lugar mal herido, i victorioſo de unos coſſarios Francezes,
que con algunos navios moleſtavan el eſtrecho con robos continuos.
Saliò a ellos a pezar del Conde ſu padre, por̃q tuvo a temeridad eſte
hecho; màs como en eſtas acciones ſiempre juzgava todo el arrojamiento
por de eſtima; armòle una caravela con treinta fronteros eſcogidos,
i reſueltos a morir, ô vencer, i otro pequeño, que luego deſgarrò;
el Coſſario con tres baxeles, viendo a Don Henrique pareciendole
navio de preza, lo fue a encontrar, con menoſprecio, i enviſtiendoſe
gallardamente por las proas, travaron por todas partes: peleoſe muchas
horas igualmente, haziendo los Francezes ſu dever, però no podiendo
deſazirſe, ni eſcaparſe por más que lo procuraron, entrò Don Henrique
finalmente la capitana, ſin que en los otros les quedaſſe perſona
̃q no fueſſe muerta, ò herida; tal fue la porfia con q̃ ſe cõbatio.
Tuvoſe la victoria por los q̃ biẽ la cõſiderarõ por admirable, por la
fortaleza del enemigo ſuperior en fuerças, i gente. El Conde ſaliò a
la playa recibir al hijo, llevandolo en ſus braços tan mal tratado,
que eſtuvo muchos dias ſin eſperança de vida; però es ſingular el
valor, i virtud q̃ D. Iſabel de Caſtro ſu madre moſtrô en eſta ocaſiõ,
pues dexãdo al hijo en poder del padre, acudia por ſus manos, i con
grã cuidado a curar los demás heridos, tratãdo al enemigo cõ la miſma
piedad q̃ a los Portugueſes, de q̃ ſuccediô, q̃ los coſſarios deſpues
de ſanos dandoles el Conde libertad, para que ſe fueſſen donde
quiſieſſen, ſe quedaron algunos en ſu compañia lleuados del beneficio,
i agradecimiento, que conquiſta los animos màs invencibles en las armas.

(30) Con eſte ſucceſſo reposò el Conde haſta el mez de Agoſto, en ̃q
ſupo de Alonſo de los Arcos Caſtellano de Tarifa; como tenia cercado
a Gibraltar, i eſtava falto de vituallas; pidiendole ſocorro con
brevedad, i diligencia. Eſte auizo tardô al Conde, porque paſsò primero
a Ceuta, i Pedro de Albuquerque, que governava aquella plaça, queriendo
lleuar la gloria de ſocorrerla primero cõ alguna emulacion, i embidia,
detuvo la nueva al Conde, de manera que partiendoſe al inſtante que
entendiò lo que paſſava; quando llegó a Gibaltar, havia el Duque de
Medina Sidonia entrado ya la ciudad, i retirado los Moros al Caſtillo
que combatia fuertemente. Llamoſe Gibaltar en ſus principios Heraclea,
por ſer fundacion de Hercules el Thebano; pueſta en una larga enſenada,
que haze la mar en el eſtrecho Gaditano contrapueſto a Tanjar, en las
raizes del Calpe, una de las fabuloſas columnas de Hercules, en cuyo
nombre perſeveró, haſta que con la perdida general de Eſpaña, Tarif
le preſtò el ſuyo; i le dijerõ Gibaltar, de Gibel, i Tarif, que ſuena
en Arabigo lo miſmo que monte, ſi bien algunos lo derivan de Gebel, i
Aar, ò de Tarf, q̃ es la cũbre del mõte. Dominaranla los Arabes, haſta
que el Rey Don Fernando el Quarto de Caſtilla la ganò; perdiò ſu hijo
D. Alonſo el vndecimo, i reſtaurò a ſu coſta D. Iuã Peres de Guſman,
primer Duque de Medina Sidonia (de quien vamos hablando) varon inſigne,
i de excelentes virtudes.

(31) El Duque apretó el combate al caſtillo, i ſabiendo que el de Viana
venia a hallarſe alli; le ſalió a recibir grã trecho de la ciudad con
grandes cumplimientos, dandole la obediencia de ſoldado, i ſuplicandole
una, i muchas vezes quizieſſe governar aquel ſitio; rehuſolo el Cõde
con ſu acoſtũbrada modeſtia, i tomó una pica para ſervir; mas los Moros
deſcõfiados de ſu defẽſa, ſe entregarõ al Duque por trato, pidiẽdo
para rehenes de ſu ſeguridad la palabra ſolamente del Conde de Viana,
(tanto fiavan della). El Duque obligo corteſmente al Conde a que ſe
encargaſſe de aquella gente, i paſſandolos conſigo a Alcaçar, les diò
paſſo ſeguro a Tanjar.

(32) El año ſeguiente de 73. por el mez de Abril, rindio a Safa, lugar
en los confines de tierra de Benamenir, i de Luſmara a dos leguas de
Tanjar en lo más alto, i fragoſo de la ſierra, de haſta quinientas
caſas, con tan aſperas entradas, que no pudieron ſubir los cavallos
màs que uno a uno. Entrò el Conde con eſtraña dificultad, i peligro,
por lo màs agrio, i lo màs defendido, i degollando dos mil hõbres,
prendio quatrocientos. No oſó el Alcayde de Tanjar occupar el paſſo de
la ſierra al paſſarla Don Duarte, con que llegô a Alcaçar con la preza
entera.

(33) Sobre tantas perdidas como los Moros padecian continuamente por
el braço, i valor del Conde; ſintieron eſta con mayor deſeſperacion,
porque el ſitio, i fortaleza de Safa los aſſegurava de ſu ruina.

(34) Mientras eſto paſſava en Alcaçar, el Rey de Fez deſpues que
ſoſſegò la rebelion de Xeque Laros, con ſu muerte, ſe vino a Tanjar; de
donde communicò amigablemente al Conde preſenteandoſe con igual agrado,
i correſpondencia; haviã travado grande amiſtad deſpues que el de Fez
conoció la virtud, i esfuerço del Conde por tãtas vezes, i ſiẽpre en
ſu daño: i verdaderamẽte que dava cõ eſta eſtimaciõ un grã exẽplo de
buẽ Principe, pues ni la differẽcia de la religiõ, ni la diviſiõ de
los animos, ni los daños recibidos por ſu mano i govierno, le impedia
reconocer el valor, en quiẽ lo tenia, ſiẽdo más duro de cõfeſſar en el
enemigo; mas era tãto, i tã publico el del Cõde, q̃ mayor veneraciõ le
tuvierõ ſin duda los Moros q̃ los miſmos Portuguezes, pues aquellos cõ
el miedo, i eſtos cõ la embidia, parece andavan juntamẽte apoſtados
a engrãdecer, i deſluſtrar ſus hechos, i ſiẽdo las acciones tan
encontradas, no moſtrava menos brio el Conde en vencer con las armas a
unos, que con el ſufrimiento a los otros.

(35) Obligado deſtas mueſtras ſolicitò haver del Rey Moro, por reſcate,
ô liberalidad el cuerpo del Santo Infante D. Hernãdo, como reliquia
ineſtimable, por la particular devocion q̃ le tenia. Anda de ſu vida,
muerte, i milagros un volume pequeño, grande en la materia. Tendre
diſculpa a no diſcurrir dellos, por no offender con la cortedad de mi
talento la lecciõ tã agradable de ſus virtudes.

(36) Fueron ocioſas todas las diligencias que hizo el Conde ſobre eſte
particular, aunque muchas, i mui apretadas; i quedando ſin effecto ſe
bolviò el Moro a Fez, dexãdo reforçado el preſidio de Tãjar, con tres
mil cavallos, i por Alcayde a Abraim Bename, Moro de gran opiniõ, i
fortuna; por̃q Xarate auñq era muy valiẽte, fue depueſto del cargo
por deſdichado. Cõſideraciõ importãte en la guerra dõde la felicidad
tiene mucha parte. Eſta prevẽcion naciò ſin duda de averſe diuulgado la
jornada del Rey, intenpeſtivamente con que vino a noticia del enemigo;
ſiendo maxima certiſsima de los Principes entendidos reſervar para ſi
miſmos los fines de ſus movimiẽtos haſta el tiempo en q̃ importa, i es
forçoſo deſcubrirlos. Perô como las emprezas ſe yerran al principio
facilmẽte ſe van desliſando los medios: fuerõ pocos cõſiderados, los
̃q tomò Portugal en eſte negocio en q̃ uvo màs debates q̃ conſultas,
auñq tãbien no faltarõ advertẽcias del Conde, el qual deſpues de haver
cumplido la comiſsiõ de Diego de Barros, i Iuã Falcõ, viẽdo el muro de
Tãjar muy deſpacio los bolvió a embiar al Rey cõ eſta nueva, hallãdo
poſsible el caſo, i encomẽdãdole el ſecreto, i diſsimulaciõ cõ q̃ avia
de proſeguirlo, eſcreviendole era mejor acuerdo le remitieſſe a Alcaçar
gẽte, i armas poco a poco, cõ todo el reſguardo, por̃q deſta ſuerte
ſin otro eſtruẽdo, ni cuidado ſe podia executar ſu deſignio ſagaz, i
aventajadamente.

(37) Offendiò eſta propueſta al Cõde de Villareal, por̃q cõ la buelta
de los reconocedores informado de la facilidad, i grãdeza de la jornada
ſe deſcubriô por oppoſitor para la execuciõ. El Infante D. Fernando
por otra parte haziaſe dueño della, i el Rey no queria reduzirſe a no
paſſar a Berberia; de manera q̃ con tãtas incõſideraciones preſumiẽdoſe
̃q el Cõde de Viana dava eſtos aviſos por hallarſe ſolamẽte en aquella
ocaſion, comẽçarõ los entereſados a tener celos de ſu zelo, i cõ eſto
moviã al Rey a lo q̃ peor le eſtava. Pudo al fin el de Villareal
introduzirſe en la materia, por̃q ſu calidad, valor, i prudẽcia erã
fiadores, para peligros mayores. Todavia como en eſte ſe havia de
hallar el Rey, quiso enterarſe primero por ſus ojos de la diſpoſiciõ
en q̃ eſtavã las coſas de Tanjar; fueſſe a Ceuta llevãdo cõſigo a Iuan
Falcon, i Diego de Barros, con los quales examinô todo lo q̃ paſſava, i
aſſegurò de nuevo al Rey del ſucceſſo, con q̃ finalmẽte ſe determinò ſu
paſſage. Advierte Ruy de Pina, que al partirſe eſte cavallero, le hizo
el Rey algunas mercedes importãtes para ſu caſa, porque aſsi ſe obligã
a los ſubditos, a que menoſprecien las vidas en el ſervicio de ſu Rey,
grangeando muchas vezes cõ un favor deſtos, grandes felicidades para ſu
corona.

(38) Sabia el de Viana todas eſtas diligencias, aunque las callava
prudentemente; por̃q deſcubriô embidia en el Conde de Villa Real;
ambicion en el Infante D. Hernãdo; i brios en el Rey; i como no ſe
hallava con fuerças capazes de luchar cõ tales emulos, remetia al
ſufrimiẽto, i diſsimulaciõ eſte agravio, aũ̃q eſperava del, mayor
gloria, por̃q las prevenciones no ſe ajuſtavan a la neceſsidad,
creciendo muchos inconvenientes con la dilacion, de ſuerte, q̃ pudo
juzgar aliſonja de fortuna lo que muchos imaginaron que fuera ofenſa.

(39) En eſte verano fueron muy continuas las eſcaramuças, que el Conde
tubo con los Moros, porque el Alcayde de Tanjar con la fuerça que
todos los que de nuevo goviernã tienen en ſus principios, procurava
emendar la fortuna de Xarate, deſeãdo avẽtajarſe, a los que haſta alli
haviã peleado cõ el Cõde: mas deſengañoſe brevemẽte; por̃q deſpues de
haver corrido varias vezes a Alcaçar ſiẽpre con perdida, ſabiendo un
dia por ſus eſpias, q̃ el Conde havia pueſto por tierra muchas aldeas
del Farrobo, i Benavolẽſe, i ſe retirava cõ grã preza, le ſaliò al
encuentro con quatrociẽtos i ſeſſenta cavallos, i mil peones. Trahia
el Conde repartida ſu gente en tropas, que era menos la mitad, que el
enemigo; i mandando adelantar la preza con la ſuya enviſtio al Alcayde,
antes que el Moro ſe pudieſſe determinar en lo q̃ havia de hazer. Eſte
repẽte deſcõpuſo al enemigo de manera q̃ cõ poca reſiſtẽcia ſe puſo en
huyda, i el Cõde cõtẽtãdoſe cõ vẽcerlos, le hizo puẽte de plata, como
dizẽ.

(40) A los diez de Iulio ſe jũtarõ los Xeques, de las ſierras de
Anjara, Farrobo, i Benabolẽſe, i perſuadidos de uno màs venerable en
canas, i conſejo llevados del miedo, i fama invencible del Conde ſe
reduxeron a ſu obediencia. Eſta accion contradixeron muchos fronteros
Portuguezes, pareciendoles quitaria la paz, la ganancia que hallavan en
la guerra; mas el Conde anteponiendo el bien publico al particular, ſe
la otorgò debaxo deſtas capitulaciones.

 _Serian tributarios del Rey de Portugal, dando por eſte reconocimiento
 dos doblas de oro cada padre de familias; biudas una; niños, i
 donzellas nada._

 _Eſtarian a la obediencia de los generales de Alcaçar el ceguer ſeguro
 de los Chriſtianos, i amparados de ſus capitanes._

 _No darian favor, ô conſejo a los Moros contrarios; i ſabiendo de
 ſus ardides, entradas, ô deſinios los revelarian luego al Conde ſin
 ocultar coſa, q̃ fueſſe en daño de los Portugueſes._

 _Darian paſſo libre por ſus tierras ſin alterarſe ni hazer otro
 movimiento; mantenimientos, i hoſpedaje a buen precio, i todo el trato
 de amigos._

 _Podrian libremente los Moros ſembrar i coger ſus coſechas, vender ſus
 fructos en Alcaçar, i por todas tierras de Christianos, no paßando de
 treinta los que fueren juntos a eſtas ferias._

 _Siendo neceßario acudirian con armas, perſonas a Alcaçar, ſerviendo
 cõ fidelidad, diligencia, i cuidado._

 _Eſto miſmo ſe havia de guardar puntualmente con los generales, i
 fronteros de Ceuta._

(41) Publicado eſte aſsiento, ſe guardò deſpues inviolablemente en
vida del Conde; porque la verdad, i agrado con que tratava a los Moros
de paz, los hazia andar puntuales en ſu obediencia, conſiderando en
ella muchas utilidades, que el Rey de Fez les negava con el ſeñorio
abſoluto, i tiranico, con q̃ aquellos Principes dominã ſus vaſſallos;
ſiẽdo màs ſu govierno Deſpotico, q̃ Monarchico.

(42) Con eſta proſperidad no oſaron los Moros de Luſmara a reſiſtir al
Conde, en una entrada que hizo en Octubre ſiguiente deſte miſmo año,
de que ſacô mucho ganado. I por̃q ſe hallava falto de vituallas, i
Portugal ocupado en apreſtar la empreza de Tanjar, no attendia a otra
coſa, olvidãdo, o quiça no pudiendo remediar todo: porque las fuerças
eran menos q̃ el animo: y el Rey cõ el appetito, i ambicion de dilatar
ſu imperio, obſtinavaſe en ſu parecer, ſin haver nadie q̃ ſe atrevieſſe
a contradezirlo; reſolviendoſe los màs prudentes, i ſoldados a ſer
compañeros deſte error; por̃q queriã màs aventurarſe, i perderſe con
el, q̃ caer en ſu deſgracia. Era uno deſtos el Cõde de Viana, el qual
deſpues q̃ entẽdiò q̃ el Rey le tenia por ſoſpechoſo en eſta jornada
por aſſegurarle, i deſmẽtir la opiniõ q̃ ſus emulos esforſauã quãto
podiã; embiò al Reyno ſus dos hijos D. Hẽrique, i D. Fernãdo, que era
el ſegundo, ambos de gentil diſpoſicion, i brio para q̃ acõpañaſſen el
Rey, i juntamẽte apercibieſſen otras coſas neceſſarias.

(43) Entretanto no ceſſava un punto de moleſtar al enemigo, i allanando
la ſierra de Benamenir, q̃ fue la vez primera q̃ la corriò, quemãdo a
Ramele, q̃ era el lugar principal q̃ tenia fuerte, i rico, deſpues a
pocos dias corriò a Tanjar por enflaquecer aquel Alcayde de opinion,
i gente, juzgandolo aſi por neceſſario, para lo que ſe pretendia. I
notando, q̃ en todo aquel cõtorno, ſolo la ciudad ſe ſuſtentava por el
enemigo, llegò a deſafiarle al pie del muro de perſona a perſona; ò de
la manera que quizieſſe, mas el Alcayde, covarde con eſta reſoluciõ,
reſpõdiò cõ la artilleria, de manera q̃ fue forçado apartarſe el
Conde; ſiẽdo tã dueño del cãpo, i ſierras, q̃ andava por ellas cõ la
ſeguridad q̃ en Alcaçar. Aquel dia llamó a un Moro de preza, vezino
de Tãjar, i embiolo al Alcayde con una copia de Carneros, pidiẽdo, ̃q
como cavallero los repartieſſe por los Chriſtianos cautivos; por̃q era
eſtraña la piedad con q̃ ſe dolia de los affligidos.

(44) Bolvió en ſi el Alcayde de Tanjar, con tantas perdidas, ſabiẽdo
̃q los ſuyos le notavã de cobarde por el ſucceſſo paſſado, ſe reſolviò
en buſcarle; mas la buena fortuna del Cõde ſe diô ocaſion de nueua
affrenta, por̃q en el mez ſeguiente fue ſobre Benamaqueda, i a la
buelta topò con el Alcayde, y lo venciô, degollandole quinientos
hombres.

(45) Eſta rota pudiera debilitar los animos, i guarnicion de Tanjar,
ſi el Alcayde en la vigilancia, prudencia, i buen ſemblante con ̃q
governava, no disfraçara el miedo con los ſuyos, pareciẽdo con ellos
más vencedor que vencido. Llegavan eſtas victorias a los oydos de
nueſtro Rey, ſin la fama que merecian por la emulacion de los enemigos
del Conde: i como trahian todo el govierno del Reyno entre manos,
arbitravan a ſu guſto en todo, alterandoſe con eſtos ſucceſſos, i
temiendo q̃ el valor del Conde fueſſe tanto, que llevado de la ocaſiõ,
i felicidad, ſe diſpuſieſſe a emprẽder la cõquiſta a Tanjar: por
deſviarlo deſta gloria, hizieron con el Rey a q̃ partieſſe de Lisboa
a ſiete de Nouiembre con dos mil cavallos, i algunos Infantes, ſiendo
entrado el invierno con riguridad de aguas, i frios; con que no faltò
murmuracion contra miniſtros que hazen a ſus Reyes executores de ſu
paſſion, meſclando algunas appariencias de zelo que ſuelen engañar, aun
a Principes advertidos.

(46) Entrô la armada en el eſtrecho con viento eſcaſo, i alli le
ſobrevino tan gran tormenta, que ſe dividiò toda, deſgarrando unos
navios a Ceuta, otros a Alcaçar; i algunos ſoçobraron: ſalvôſe el Duque
de Bragãça, i ſus hijos, i otros muchos cavalleros quaſi milagroſamente
a nado, i el Rey ſe fue a Alcaçar con no poco rieſgo de ſu vida. Eſtos
principios pronoſticaron la deſdicha de los fines: mas la tema del Rey,
i del Infante tuvo neceſsidad de otros deſengaños, para que llegaſſen a
conocer ſu yerro, que es accion aſſas difficultoſa en los poderoſos, i
de grandes peligros; porque como el remedio de los aciertos, conſiſte
en el arrepentimiento la naturaleza como ofendida de los ſuperiores,
quiere emendar una culpa con que ſe cometan muchas, i aſsi van
engazando yerros haſta deſpeñarſe, como en eſte caſo ſe probó bien.

(47) Auñq el Rey tenia tomada la determinaciõ mucho de antes; viẽdoſe
en Alcaçar quiſo juntar a cõſejo más para eſcucharlo, q̃ ſeguirlo; i
por no acabar de deſabrir al Conde de Viana de todo punto, porque en
aquellos pocos dias havia notado, i viſto las maravilloſas coſas que
hiziera en ſu ſervicio. Entraron como treinta perſonas; uvo deſputas
ſobre ſi convenia acometer a Tanjar tambien por mar. Vencieron en
votos al Conde de Viana, que ſe opuſo a eſta reſolucion, fundado en
la incertidumbre, i riguridad del invierno, i aſpereza de aquella
coſta, con otras razones militares, que la experiencia, i la razon
aprovavan con grandes ventajas, mas nada aprovechò, para que el Rey no
ſiguieſſe lo contrario. Partiò entonces Luis Mẽdez de Vaſconcelos con
doze velas, i el Rey con lo reſtante del Campo, por tierra. Amanecierõ
ſobre Tanjar, i Luis Mendez trabajando por deſembarcar ſu gente, eſtuvo
a pique de perderſe, porque las olas andavan tan bravas, q̃ no ſe
domaron con los remos. Y eſto ſolo ſirvio de deſpertar el enemigo, el
qual vigilante antes, con eſte avizo, començò a jugar ſu artilleria
contra la Armada; i el Rey advertiendo lo que paſſava, deſeſperado ya
del effecto ſe bolviò a Alcaçar, i de alli a Ceuta engrãdeciendo con
alabanças al Conde de de Viana, i culpãdo los pareceres q̃ lo havian
perſuadido a no darle el credito que merecia ſu valor, i experiencia:
peró en eſtas palabras más ſe condenava a ſy miſmo, que a otro alguno,
pues ſe dexô llevar de adulaciones, conociẽdo la verdad, i entereſa
del Conde, quãdo no ay Principe tan limitado, q̃ no entienda, quien le
habla màs a lo juſto, i lo que le conviene, auñq es ordinaria traça
ſuya deſcargar ſiempre ſu error ſobre aquellos q̃ le aconſejan en los
caſos adverſos, llevandoſe ſolos la gloria, i alabança de los proſperos.

(48) Deſte deſabrimiento del Rey tomaron motivo los emulos del Conde de
Viana para enviſtir con el Infante D. Hernando, deſengañados ya de ̃q
el Rey attendieſſe a ſus perſuaciones; mas el Infante con la demaſiada
ambiciõ de aquella empreza andava màs diſpueſto a oyr ſemejantes
deſacuerdos; i aſsi diferia al Conde de Odemira, que con particular
adulacion le movia a que de ninguna manera deſiſtieſſe de acometer a
Tanjar. Premiole eſte Principe el conſejo, como ſi fuera en gracias
ya del effecto, con la encomienda mayor de Sanctiago; coſa que el
de Odemira pretendia havia mucho tiempo. Tocavan al Infante eſtas
proviſiones, porque era Maeſtro de las Ordenes Militares de Chriſtus, i
Sanctiago, ſobre ſer Duque de Beja, i Viſeu, con otras muchas tierras,
i ſeñorios.

(49) Por eſte tiempo Don Pedro Primogenito del Infante Don Pedro,
ſe partiò de Ceuta a Cataluña en dos galeras, que de alla vinieron
a buſcarle, i el Rey ſu cuñado aunque al principio le diò licencia,
deſpues ſe la fue ſuſpendiendo de manera, que Don Pedro preſumiô que
lo hazia por reſpeto de Caſtilla, porque el Rey D. Henrique tambien
era oppoſitor a Aragon, i la amiſtad eſtrecha que tenia con el Rey
Don Alfonſo ſobre el parenteſco de cuñado dava ſoſpechas para todo.
Don Pedro pues dexando eſcrito al Rey ſus proteſtos, i cumplimientos;
ſe embarcò en las dos galleras, i llegò a Cataluña; donde le juraron
por Principe, i a pocos mezes fue muerto por los miſmos Catalanes
de veneno, como avemos referido. Quedoſe el Infante Don Fernando en
Alcaçar, con deliberacion declarada de bolver a Tanjar, aunque el Conde
de Viana le parecia impoſsible el buẽ ſucceſſo deſta jornada.

(50) Mas el Infante, como era eſto lo que más ſolicitava, procuró
ſeguir el conſejo del Conde de Odemira; i para reſintir al de Viana de
ſuerte, que el miſmo ſe apartaſſe, tomò para ſi el quinto de vna rica
cavalgada, que por derecho competia a los generales de Alcaçar que ſe
hizo aquellos dias, en la qual ſe havia hallado el Infante, i el Conde,
i perô no quedò perſona, que no lo murmuraſſe, ni dexaſſe de alabar al
Conde por la modeſtia, con que ſe portò en eſta particion, ſiendo tan
liberal en renunciarla, como el Infante corto en repartirla, aunque
bien ſe entendiò a lo que tirava aquel penſamiento.

(51) Deſpues tornò el Infante a hazer conſejo con los cavalleros, que
le aſsiſtian en Alcaçar ſobre la gente que era neceſſaria para la
execucion de ſu deſeo. Llevantoſe Hernãdo Telles en medio, i pidiò al
Infante declaraſſe ſi tenia licencia del Rey ſu hermano para acabar
aquella empreza; hiriole mortalmente la pergunta, aunque callô la
reſpueſta: i el de Odemira, que conoció ſu enojo por liſonjearle,
mas deſcubiertamente ſe deſcõpuſo en palabras con Hernando Telles
(cavallero de ſingular animo, i viçarria, aunque mancebo) con que ſe
deſviò aquella platica; tratandole ſolamente ſobre la propueſta del
Infante, en que el de Viana diſcurrio deſta ſuerte.

 _Bien ſe (ſeñores) que las differẽcias de los votos que eſcuchamos
 en eſte negocio, nacen mâs de alguna particularidad, a que no puedo
 dar remedio, que de otra conſideracion alguna, en que ſe note zelo,
 i cuidado de lo que más importa, con que no dudo, que ſiempre mi
 pratica parecerâ ſoſpechoſa. Baſtante ocaſion era eſta para dexarme
 llevar del parecer arrojado de otros. Mas pues eſtoy aqui para dezir
 lo que ſiento, donde ſolo ſe deve tener la mira al ſervicio de Dios,
 i honra de mi Rey, no tratare de la mia: por temeridad juſgo ponerſe
 a una buelta de dado, i en poder de la ciega fortuna mâs poderoſa
 en la guerra, que en otra parte, vidas, i ſeñorios: la reputacion
 Portugueſa, donde ſolo peleamos con ella, i nos cueſta el grangearla
 tanta ſangre, i trabajo, fuerça es perderla en eſta occaſion; porque
 ſiendo Tanjar una plaça de las más fuertes, i bien guarnicidas, que
 tiene el Rey de Fez, parece coſa impoſsible, que ſe pueda entrar con
 tan poca gente, como tenemos. Paſſa de tres mil ſoldados ſu presidio,
 lleno de vituallas, artilleria, i mucho esfuerço: el ſocorro a la
 puerta, i que ha de venir por tierra firme, que es ſuya, i de ſus
 Principes, que eſtan ſin otros embaraços de guerra, ni rebeliones:
 concluida la de Xeque Laros con ſu muerte; Tremecen quieto; i al
 fin no ay coſa en el Reyno de Fez, que quite acudir a Tanjar en el
 aprieto; tiene un capitan de mucha experiencia, i brio, que ſabe
 guardar ſus muros, de manera que no puede el deſcuido ayudarnos,
 por mâs que nos certifiquen lo contrario. Contra eſto, que razon
 ay de nuestra parte para acometer un hecho tan ſin prudencia? el
 conocimento, i la memoria de las coſas paſſadas, es una luz, i guia de
 las operaciones humanas, principalmente en las guerras, cuyos errores
 ninguna diſculpa reciben, ni aun conſientẽ remedio; porque en ſiendo
 cometidos, cahe la pena ſobre ellos. Prodigioſas fueron ſiempre las
 jornadas de Tanjar, no permita vueſtra Alteza, que eſta acabe de ſer
 tumba de nueſtras honras. Eſperemos tiempo, el nos dirâ lo que havemos
 de hazer: andamos felices en las entradas, però no en los exercitos.
 Quiçâ nueſtro ſufrimiento, i valor podra occaſionar ſu ruina; i pues
 ſomos vencedores en lo poco, Dios ordenarà, que ſea tambien en lo
 mucho._

A eſto reſpondiò el Conde de Odemira, llevado de ſu antigua enemiſtad.

 _Si advertis (ſeñores) en las difficultades, que tienen ſemejantes
 emprezas, ſin mirar primero ſus provechos, i bienes, no ſerâ
 mucho, que os embarace lo que acabaſtes de eſcuchar aora: perô ſi
 diſcurris en lo particular deſta, avergonçareisos, en penſar, que
 tantos apparatos ſean para ningun effecto. Deliberôſe nueſtro Rey
 en venir ſobre Tanjar, trahiendo conſigo lo mâs luzido de ſu Reyno:
 ſerâ condenar ſu prudencia, i conſejo, dexar de proſeguir esta
 determinacion: todos los motivos, que la occaſionaron, eſtan en
 pie; ningun accidente ha quebrantado fuerças, ni animos; pues que
 cauſa havemos de dar para deſculpar eſte yerro. La advertencia del
 enemigo, i ſu vigilancia, eßa es la que nos ha de dar maior gloria,
 que vencerlos con ſu deſcuido, no merece gracias; que les ſomos
 ſuperiores es llano, a quien mirare lo que pocos Portugueſes han
 hecho contra innumerables Moros en Ceuta, i las demàs fronteras: pues
 como ſe han de recelar tres mil, quando millares ſe vencen cada dia?
 Nueſtra gente mâs ſe ha de contar por el valor, que por el numero.
 Cien Portugueſes baſtan para eſta empreſa: Mi voto es, que vueſtra
 Alteza execute eſta noche, lo que ha tantas, que nos deſvela: ſalgamos
 ſeñor, i ſea Tanjar triumpho, gloria un Infante de Portugal, ya que
 fue de otro oprobrio, i ſepultura._

(52) Aprovóſe el parecer en conformidad del guſto, que moſtrava el
Infante, que fue ſolo la juſtificacion, a que attendia el Conde de
Odemira, el qual por liſonjealle más, alcançò del Inffante en ſecreto,
que el de Viana no le acompañaſſe en eſta jornada. Luego apartô cien
cavallos, i ſin dezir nada ſaliô de Alcaçar a prima noche.

Fue Tanjar tumba, un tiempo de la nobleza de Portugal, por las anſias,
con que ſus Principes aſpiraron ſin fuerças baſtantes a conquiſtarla.
Eſtà pueſta en la coſta del Occeano Atlantico, quaſi en la boca del
eſtrecho de Gibaltar, en ſitio llano, i apazible. Tiene Fez al cierco
en diſtancia de cinquenta leguas. De ſu primer nombre, que fue Tingide,
tomò aquella provincia Mauritania, el de Tingitania, por differenciarſe
de las Ceſarienſe, i Sitifenſe, que tambien ſe denominaron de
Ceſaria, i Sitife, ciudades cabeças ſuyas: fue lo ſiempre Tanjar de
la Tingitania, por ſu autoridad, i grandeza. Los naturales le llaman
oy Tanja, i mezclan ſu fundacion con mil cuentos fabuloſos, a que
ſu abundancia, i riquezas dierõ motivo: Iuan Leon, i por el Marmol,
i otros dizẽ, q̃ los Romanos la fundaron, i ennoblecieron, i que
ſeñoreandola deſpues los Godos, quedò ſujeta a Ceuta. Perdiòſe quando
eſta, i los Alarabes la reſtauraron, i fortalecieron con la gẽte mejor,
i màs valiente de Berberia, de que eſtaua llena por eſte tiempo.

(53) Entretanto Diego de Barros, i Iuan Falcon ſe fueron al Conde de
Viana, proteſtandole con muchas razones, quiſieſse aviſar al Rey de
la reſolucion; porque el Iffante no tomando ninguno de los conſejos
acertados (coſa mui dañoſa en los peligros) mientras quiſo ſeguir el
del medio, no ſe atreuiô, ni proveyò, como era meneſter; quando llegò
a Tanjar era ya mañana, i por no deſcubrirſe, ſe emboſcò aquel dia,
embiando al Mariſcal corrieſse el enemigo, haſta que en el ſiguiẽte
effectuaſſe lo que tenia determinado. El Rey en ſabiendo lo que
paſſava, mandó adelantar a Vaſco Martines de Soſa (ſu capitan de la
guardia de cavallos) para que de ſu parte detuvieſse al Iffante, i
a ſus eſpaldas partiò de Ceuta, quaſi por la poſta, con ochociẽtos
cavallos, i muchos infantes; mas fue tãta la prieſſa, que ſe dió en
caminar, imaginando, que el Inffante aſſaltaria a Tanjar ſin el,
que vencio el camino en mui pocas horas. Los infantes de canſados,
quedaronſe en Alcaçar; i el Rey notando grande ſilencio, en el
campo, quanto más ſe acercava ſin hallar el hermano, entendiò, que
avia entrado a Tanjar, i començò a feſtejarlo con la facilidad, que
hizo todo. En eſto llegò el Mariſcal, que contô lo que paſſava, i el
Rey enojado del ſucceſſo, i mucho màs contra el hermano, ſin querer
encõtrarle, ſe bolviò a Alcaçar, con que anduvo quinze leguas en
aquella noche ſin deſcanſar. Vinoſe el Inffante tras el Rey, por
aplacarle, mas el; como Principe, que no ſabia enojarſe contra lo mal
hecho, que tambien es falta de valor, i una de las maiores, que ſe
conſideran en los Reyes, i de maior daño para los Reynos; no paſsò ſu
enojo de una reprehenſion menos aſpera, de lo que el Inffante merecia,
por los deſabrimientos, con que ſe huvo en eſta materia: reſultaron
della nuevas murmuraciones contra el Cõde, que era el fin de todo,
porque el Inffante moſtrandoſe ſentido de la diligencia, que ſe hizo
con el Rey; juzgò por autor al Conde, i como los induzimientos del
de Odomira, no ceſſavan un punto de perſeguirle, procuravan otros
deſacreditarlo, con tan differente effecto, de lo que era ſu animo, que
quanto màs le perſeguian, tanto màs le acreditavan, i engrandecian.

(54) El Rey, entonces, menos deſabrido, ſe fue a Ceuta con penſamiento
de paſſar de alli a Gibaltar, a verſe con el Rey D. Henrique de
Caſtilla ſu cuñado, i el Infante acompañandolo haſta aquel lugar, pudo
tanto con ſu autoridad, que alcançò licencia del hermano para bolver a
Tanjar; conociẽdoſe en eſſo, como en otras varias acciones, que no ay
deſvios humanos, que puedan impedir los ſuceſſos, que la providencia
divina diſpone por otras cauſas, pues con aver tantas en eſta jornada
para atajar la futura deſgracia, vino el appetito de un Principe a
poder màs, que la razon, i la experiencia, hallando ſiempre pareceres,
que approvaſſen tales deſaciertos.

(55) Por otra parte el Infante guiado del conſejo del Conde de Odemira,
huyô de ſeguir el de Viana, que ſin embargo de ſus quexas, tornó con
ruegos, i perſuaciones a encarecerle el error de aquel acometimiento;
i como vió, que a penas lo eſcuchava, con ſolo quatro criados ſe fue
a Ceuta, adonde el Rey lo embiava a llamar, para paſſar a Caſtilla, i
hazer antes alguna entrada en tierra del enemigo. El Infante apreſtado
con quatrociẽtos hombres, en diez i nueve de Henero (̃q era noche
de S. Sebaſtian) dos horas antes de amanecer ſe puſo en Tanjar: los
Portugueſes atemorizados cõ prodigios, q̃ por todas partes amenazavan,
notarõ vn Cometa, cõ largas, i ſangrientas crines, q̃ ſeguia a la Luna,
en mitad de ſu claridad, pueſto ſobre aquella ciudad. Mirò Gomez Freire
al Cielo (perſona de grãde prudencia, ceſo, i calidad, i en alta voz)
dixo.

 _Ah noche fatal, i deſdichada, para quien te aparejas?_

Ivan los hombres con eſtas ſeñales con tanta triſteza interior, que a
penas davan paſſo, que no juzgaſſen, que era para la ſepultura.

(56) Llegados al muro le arrimaron quatro eſcalas, i ſubieron como
cien hombres, mas reconocidos por la poſta, yẽdo Iuan de Soſa a
herirle con la lança, ſe arrojô del muro abaxo, i començò a dar bozes;
i los nueſtros penſando, que del eſtruendo naceria otra confuſion, que
embaraçaſse al enemigo para poder defenderſe, tocaron reziamente al
arma, quando el enemigo acudió con gran valor a ſu defenſa; esforçòſe
con el peligro, i ultimamente hallando los Chriſtianos deſordenados,
fue degollando en ellos, ſin que el Inffante pudieſſe valerlos, màs
que con el ſentimiẽto. Quiſo arrojadamẽte ſubir al muro, i morir con
los demàs compañeros; però el Conde de Odemira, i otros fidalgos lo
deſviarõ deſte intento, alẽtandole deſta aflicion, haſta q̃ ſ vino a
Alcaçar.

(57) Nueva tan deſaſtrada llegô primero, q̃ las reliquias del campo,
a Ceuta, como tienẽ de coſtumbre ſiempre las infelicidades; i el Rey
animandoſe para el conſuelo, mandò al Conde de Viana, q̃ de ſu parte
fueſſe luego a darſele al Inffante, el qual pidiendo al Conde le
perdonaſſe no ſeguir ſu cordura, i parecer, ſe aliviò de la perdida.
Fue mui grande, la que recibiò eſte Reyno, porque murieron màs de
duzientas perſonas calificadas en valor, i ſangre, quedãdo preſas otras
ciento. Anduvo el enemigo revolviendo entre los nueſtros, para ver ſi
hallava el cuerpo del Conde de Viana, porque juzgava, que a quedar vivo
no podia llamar victoria aquella, quando el baſtava a reſtaurar maiores
calamidades. Cuentaſe, que en eſta ocaſion dixera un moro viejo gran
ſoldado, a ſu Alcaide, eſtas palabras

 _Abrahem Bename, en vano buſcas el cuerpo de D. Duarte de Meneſes
 entre eſſos, que miras ſin vida; pues en la deſorden, i poca
 diſciplina, que moſtraron en eſte caſo los Portugueſes, veo, que no ſe
 hallò en el._

Tanto era el reſpecto, con que hablavan de ſu perſona los enemigos, i
la proſperidad de ſu opinion.

(58) El Rey no quiſo divulgar la nueva, haſta q̃ ſe embarcò a
Gibaltar, q̃ fue el miſmo dia, que ſe la dieron. Eſtava el de Caſtilla
aguardandolo, i llevando los dos la grãdeza de ſus cortes, i eſtados, a
cabo de algunos dias, q̃ eſtuvieron juntos, aſſentaron coſas, que nunca
tuvieron cumplimiento, aunque fueron juradas en manos de D. Iorge de
Acoſta Obiſpo de Evora, ſucediendo en eſtas viſtas lo que en todas,
que ya màs lo tratado en ellas ſe guardò nunca. Andavan los ſeñores de
Caſtilla deſabridos con el Rey dudando de la legitimacion de ſu hija D.
Iuana, que era Princeſa unica de aquel Reyno; porque la madre viviendo
con menos honeſtidad de lo q̃ requeria ſu grãdeza, dava ocaſiõ a ̃q
ſe juzgaſſe al Rey ſu marido por inhabil para tener hijos; i que el
pueblo no paraſſe en ſola eſta malicia. El Infante D. Alonſo hermano
del Rey de Caſtilla con eſta, i otras cauſas, ſe inquietò de manera que
llegô a armar contra el hermano, haziendoſe cabeça de los inobedientes,
i malcontentos. Quiſo entonces el Rey caſar al Principe D. Iuan de
Portugal, con la Princeza heredera de Caſtilla, i al Rey D. Alfonſo con
ſu hermana la Infanta D. Iſabel, que deſpues fue la Reyna Catholica,
però el Cielo deſviò el acierto deſtos matrimonios por caſtigar a
Heſpaña, con una guerra poco menos que civil, que duró haſta la muerte
del Rey Don Alfonſo, de que ay eſcritos copioſos commentarios.

(59) Tornòſe el Rey de Gibaltar a Ceuta, donde entrò de nuevo en otro
penſamiento de tomar Arzila, ciudad tambien de aquella coſta, metida
dentro en un arrecife, que alli haze el mar Occeano Herculeo, la qual
ſe llamò antiguamente Zilia, i los naturales, con poca corrupcion dizen
Azeila; eſtà quarenta i ſiete leguas de Fez, i ſiete a Poniente del
eſtrecho; porque el yerro, con que ſe acometio a Tanjar, le atormentava
el coraçon para hallar algun modo, con que pudieſſe reſtaurar el
credito, que imaginava menoscabado con la ſobra de animo, que tenia;
peró muchas vezes pierdẽ los Principes tanto por dar en valientes, ſi
es con temeridad, como por ſer cobardes.

(60) Con eſta imaginacion ſe fue a Alcaçar, i de alli con el Infante
entrando en la ſierra, por el puerto, que llaman de Alfeixe. Al
amanecer diò en unas aldeas, que hallò deſpobladas, con el aviſo, que
tuvieron deſta entrada: deſpues corriò ſin ceſſar, haſta legua i media,
por la ſierra, con no poco daño del enemigo; anocheciole en eſto, i
paſsô el rio de Tagadarte, por alojarſe a ſu orilla; però fue tanto
lo que lloviò aquella noche, i la recia tempeſtad, que ſobrevino, que
el rio ſiẽdo mui pequeño ſe hizo un mar, i el Rey por eſta cauſa ſe
viô perdido, ſin poder paſſar adelante, bolviendoſe triſte, i afligido
a Alcaçar, i luego a Ceuta. Pareciole entonces deſpedir ſus gentes,
porque ſe deſengañò de la tema, con que andava de un yerro en otro, ſin
conſejo, ni prudencia, ſolo por la ambicion de moſtrar valor; ſiendo
tan cõpañero en eſte deſeo el Infante ſu hermano, que no ſe podia
juzgar de ambos, qual deſacertava màs.

(61) Eſte Principe eſtando en Portugal como maeſtro, que era de las
dos ordenes militares de Chriſto, i Sanctiago, mandò con edicto
publico, que todos los cavalleros deſtos habitos, vinieſſen a ſervirle
en eſta empreſa, compeliẽdolos con amenazas, i aunque es lo cierto,
que no faltò alguno, q̃ voluntariamẽte dexaſſe de ſeguir el Infante,
ſiẽdo ſu exemplo, i el del Rey maior fuerça que todos los demás
mandamientos: Con todo como eſte negocio tocava a juriſdicion, i los
cavalleros profeſſavan maior zelo, que en eſte tiempo eſtando aqui
en Ceuta deſpues de deſpedidos, i con licencia, para que pudieſſen
bolverſe a ſus caſas, entre las dos ordenes eſcogierõ a Gonſalo Gomez
de valladares Comendador del Mogadouro del habito de Chriſto, i Martin
Vaz Maſcareñas, comendador de Aljuſter de Sanctiago, cavalleros de
prudencia, i virtud; para que notificaſſen al Infante declaraſſe no
eſtar obligados los cavalleros a ſemejantes violencias, ſiendo accion
voluntaria, i libre ſeguir los maeſtros en ocaſion de guerra, que no
fueſſe declarada en ſus eſtatutos, a quien para maior ſeguridad ſe
remetiã.

(62) Quando la libertad ſe funda en razon, i juſticia, no es buen
Principe, el que la condena, ò caſtiga: pues los buenos ſiempre
permiten, que los ſubditos negocien como ſubditos, i no como eſclavos;
maiormente en las coſas, en que no mueſtran interes proprio, pues la
cauſa publica ha de tener differente aſsiento en el animo del Principe,
cuyas orejas, quanto màs abiertas eſtan para los quexoſos, tanto
más cumplen con la obligacion de ſu oficio, ſin que para eſtos ſean
neceſſarios nuevos tribunales, pues miniſtros con gran dificultad
emiendan yerros de otros miniſtros, por no ſe acuſar a ſy meſmos, i
aſſi los Reyes lo han de hazer como obligacion preciſa ſuya. El Infante
no ſolo los eſcuchô agradablemente, pero examinando los eſtatutos, i
privilegios, ſin remetirlo a nadie, ni dilatarlo, viendo todo por ſus
ojos, concediò lo que pedian aquellos cavalleros, i con eſto ſe paſsó a
Portugal con la maior parte de la armada.

(63) Quedòſe el Rey en Ceuta fatigado con tantas adverſidades, que le
herian màs por̃q tocavan en la inclinacion, de que màs ſe preciava,
que ſiempre ſuele ſer lo que ſe ſiente con maior vehemencia; i no
acabando de reſolverſe en dexar a Berberia ſin alguna demonſtracion,
que reparaſse las paſſadas, reconocida la ſierra de Benacofu, partiò
cõ ocho cientos cavallos, deſseoſo de verſe con el enemigo roſtro a
roſtro; acompañaronle el Duque de Bargança, los Condes de Guimaranes,
Faro, Villa real, Penela, i Monſanto, el de Viana con D. Henrique, i
D. Fernando ſus hijos, i otros muchos cavalleros de igual calidad, i
virtud, aprovando primero eſta entrada, porque queria moſtrar a ſu Rey
el valor, con que le ſervia; ſiendo gran ventura de los tiempos, en que
los Principes toman las armas, tanto para conocer los ſubditos, como
para ſer conocidos dellos.

(64) El dia, que el Rey ſaliô de Ceuta ſe fue alojar al caſtillo de
Almiñecar, i deſcanſando un rato, entrò de noche en la ſierra: diſta
quaſi tres leguas de Ceuta, incluyendoſe en la miſma, que Marmol llama
Huat Idris, ſiendo el nombre de Benacofu impueſto por los naturales,
por algun accidente, de que no ſabemos la cauſa. Son reputados ſus
moradores, por los màs valientes hombres de Berberia: luzieron en eſta
occaſion, porque el Rey pareciendole, que todo ſe allanava a ſu poder,
anduvo diſcurriendo por la ſierra, como vencedor deſpues de hazer
una gran preſa de gente, i ganados; i queriendoſe paſſar a Tetuan,
embiô màs de la mitad de los ſuyos adelante. Los Moros provocados de
ſu affrenta, i deſtruicion, juntandoſe en gran copia, elegieron una
cabeça, i luego cargaron con impetu ſobre los nueſtros, que los
descompuſieron al primer encuentro; i deſpues peleando valientemente,
valiendoſe de los lugares aſperos, i fragoſos de la miſma ſuerte que
de las armas, a penas davan tiempo a los Chriſtianos para defenderſe.
Eſta oſadia fue cauſa para que en un momẽto ſe le juntaſſe al enemigo
un inmenſo exercito; i los nueſtros ſin ſaber camino, ni ſenda, que no
fueſſe en daño ſuyo, començaron a derramarſe de manera q̃ fue forçado
al Rey retirarſe obligado de algunos fidalgos: i quedandoſe el Conde
de Villa Real en la retaguarda algo lexos, por aſſegurar las eſpaldas,
mandò el Rey al Cõde de Viana, que detuvieſſe los Chriſtianos para
hazer roſtro al enemigo, mientras el ſe ſalia de la ſierra.

(65) Conoció el Conde el rieſgo de la comiſſion, porque muchos de los
nueſtros como biſoños en aquellas entradas no hizieron tanto ſu dever,
i deſampararon el campo, llevados de ſalvar las vidas; i ſin embargo de
ver a ſu Rey en tan evidente peligro, atropellaron primero la honra,
i luego la obediencia. El Conde con eſta deſeſperacion ſin que le
aprovechaſſen bozes, ni ruegos: dizen, que reſpondiò al Rey.

 _Señor, dura coſa me encarga V. A. en occaſion, en que me hallo ſin
 mis ſoldados, i con otros, que ni os obedecen, ni me ſiguen; perô pues
 grangeo con mi vida el ſalvar la vueſtra, en mi muerte vereis el zelo,
 que ſiempre tuve de ſerviros._

Con eſto ſe bolviò a Dios, como quiẽ mucho de antes, el coraçon preſago
en los males, le denunciava aquella hora por ultima: i haziendo un
breve acto de contricion, proteſtando que moria por ſuſtentar la fé
de Ieſu Chriſto, de cuyos aumentos tratò ſiempre, con tantas anſias;
i tambiẽ por librar a ſu Rey de aquel peligro (obligacion preciſa de
ſubdito) ſe oppuſo a los contrarios tan esforſadamente, que los detuvo,
a que no ſiguieſſen al Rey: i peleando con notable conſtancia, i valor,
aviendo muertos por ſu braço los más oſados, que por grangear la gloria
de vencerle, ſe adelantavan a los otros, por herirle, le mataron el
cavallo: apeòſe para darle el ſuyo Nuño Martines de Villalobos, però
no pudo, porque ſin executar el intento, quedò ſin vida, dando exemplo
de notable fidelidad, pues ſiendo criado del Conde quiſo morir por
defendelle, igualando en eſto a lo que el amo hizo con el Rey. Viendo
pues el Conde de Monſanto en aquel aprieto al de Viana, corriô tambien
por ſocorrerle, i dandole otro cavallo, trabajando por ſubirle en el,
el Conde mal herido, i con menos fuerça, pueſto un pie en el eſtribo no
pudo llegar al otro, porque hallò los aſiones largos, i embaraçandoſe
en eſto, tocó con la eſpuela en la anca del cavallo, de manera que le
hizo dar corcobos, con que el Conde bolvió a caer en el ſuelo: gritò
entonces al cuñado, q̃ ſe ſalvaſſe, i repetiendo aquellas palabras del
pſalmo (en tus mãos, Señor, encomiendo mi eſpirito) acabó de rendirle
con mueſtras de invencible ſoldado de Chriſto, i de ſu Rey.

(66) Los Moros concluyendo con eſta muerte el triumpho maior, a que
aſpiravan, la ſolemniſaron con grandes alaridos, deſpedaçando el
cuerpo muerto de manera q̃ fue un dedo la maior parte, que dexaron
del entera. Eſte fue el fin glorioſo del Conde de Viana D. Duarte de
Meneſes, al qual pronoſticarõ primero algunas ſeñales, como ſucede en
las muertes de grandes hombres. Cuentan Ruy de Pina, i Damian de Goes,
que muchos años antes, ſe la denunciò un Religioſo Abbad del Convento
de las Sarzedas de S. Bernardo, por nombre fray Luis, que era famoſo
judiciario, diziendole, que auia de morir en occaſion, q̃ militaſse
debaxo del mando de otro capitan; deſpreciò el Conde el aviſo, con la
prudencia, i cordura, con que ſe deven vituperar de todo punto los
profeſſores deſta ſciencia, quando exceden la moderacion, i limite,
que la Igleſia les permite; porque es gente, que guarda ſiempre poca
fidelidad, i que totalmente con eſtos eſtudios ſe inhabilita para el
ſervicio de la Republica, occupada en inquirir la inclinaciõ de los
hombres, que crehen de mejor gana las coſas inciertas.

(67) Sucediò el falecimiento del Conde a 20. de Henero del año de mil
quatrocẽtos ſeſsẽta i quatro, cumpliendo en ſu edad cinquenta; i
porque no falte a ſus aficionados el conocimiento de ſaber, qual era ſu
diſpoſicion, i talle; fue bien proporcionado, mas de pequeño cuerpo;
cargado moderadamente de carnes; blanco, i el roſtro, i preſencia tan
agradable, que facilmente le juzgara qualquier por hombre de bien, i
creyera de buena gana, q̃ lo era; algo tartamudo, però no de ſuerte que
diſonaſse a los oydos: con eſto hablava de eſpacio con màs ſeveridad,
que alegria; era de memoria firme, i entendimiento mui deſpierto;
de buena complexion, i eſtremada ſalud; i aunque verdaderamente fue
arrebatado en lo mejor de ſu edad perfeta, para los q̃ conſideran la
fama con las glorias militares; viviò un largo tiempo, pues quaſi deſde
la cuna las començô a lograr, alcançando los verdaderos bienes, que
conſiſtẽ en la virtud; i para que ſe entienda el ultimo grado a que
podia llegar el valor, i fortuna de un hõbre, es prodigio admirable,
que notan los autores deſte capitan; que nunca fueſſe vencido, ni
ſalieſſe menos que vencedor de las batallas, en que ſe hallô, que
fueron muchas, como ſe echa de ver por lo referido.

(68) Dudavan los antigos de Iulio Ceſar, ſi la dicha igualava al
brio, ſiendo ambas coſas mui neceſſarias para un capitan, pues en la
felicidad, mueſtra la providencia (de donde pẽden las cauſas ſegundas)
que aprueva ſu eleccion. Por eſto los antigos tuvieron gran cuidado
en encargar las empreſas a valeroſos, i bien afortunados, q̃ es la
principal coſa, de q̃ Mario ſe jactava en el ſenado Romano; a los
màs famoſos igualô nueſtro Conde, pues ſiẽdo en vida invencible, fue
feliſsimo tambien en la muerte, librando a ſu Rey della, quando importa
tanto la vida de un Principe, como el ſuſtento de la patria, a cuya
ſalud deven los ſubditos las vidas, honras, i haziẽdas. Cumpliò al fin
el Conde con todo ello, i moſtrò bien ſer Portuguez en la muerte, por
lo que luziò en ellos el amor de ſus Principes, con más ventajas, que
en otras naciones; i como eſte genero de acabar era el màs honrado,
quiſo el cielo darſele por premio, i realce de ſus glorioſas acciones,
i admirables hazañas, que con gran perfeccion obró en la vida.

(69) El Rey entre el ſentimiento, i las gracias, aquel miſmo dia llamò
a Don Henrique de Meneſes ſu hijo; i le diò liberalmente el titulo,
caſa, i oficio del padre: aunque los tiempos adelante le quitô la villa
de Viana, i le diò las de Valencia, i Loule, de que tomó el titulo de
Conde. Luego embiò a conſolar a la muger, la qual con ſu grande fama, i
virtudes, no pudo reſiſtir a la pena deſta falta, con que vivió deſpues
algunos años, auñq ſiẽpre como quaſi muerta; doblòle la aflicion el
ſaber la crueldad, con q̃ aquellos barbaros ſe encrudelecierõ ſobre
el cuerpo difunto del marido, de que ſe alcãçó ſolamẽte un diẽte, ̃q
ella tenia guardado, q̃ deſpues ſus hijos traſladaron a Sanctaren, i le
labraron una capilla mui hermoſa en el Convẽto de S. Franciſco, donde
le puſieron en honorifica ſepultura.

(70) Dexò el Conde muchos deſcendientes de iguales merecimientos,
porque fue caſado dos veſes: la primera con Doña Iſabel de Melo, de
que tuvo una hija ſola, por nõbre Doña Maria, que casò con D. Iuan de
Caſtro hijo heredero del Conde de Monſanto.

De D. Iſabel de Caſtro ſu ſegunda muger hija de la miſma caſa de
Monſanto, uvo D. Henrique, que le ſucedió, el qual deſpues de hallarſe
con el padre en las ocaſiones más peligroſas, q̃ tuvo con Moros;
aſsiſtiô con el Rey D. Alfonſo en la toma de Arſila, donde quedô por
general con la retencion de Alcaçar: juntamente acompañò a ſu Rey en
las guerras de Caſtilla; i ſaliendo mal herido de la batalla de Toro,
diò motivo para que el Rey le dieſſe la ſucceſsion de las dos plaças,
que tenia para un hijo: però vino a morir ſin ellos, tambien a manos de
los Moros, como el padre, en la ſierra de Ferrobo, aviendo ſido caſado
con hija del ſegundo Duque de Bergança Don Fernando.

(71) Llamôſe el hijo ſegundo Don Garcia de Meneſes, i fue clerigo, por
ſus letras, i talento Obiſpo de Evora, i de la Guardia juntamente:
beneficios entonces compatibles, aũque deſpues prohibidos, por el
Concilio de Trento: mezclò eſte Prelado entre ſu mucha erudicion,
algunas acciones de ſoldado, porque ſe preciò de ſerlo, i moſtrò tanto
valor en occaſiones, q̃ no deſdixo de la imitaciõ del Padre, no ſolo en
las guerras, q̃ tuvo Portugal con Caſtilla, però tambien en Italia,
donde paſsó con una grueſſa armada, que el Rey D. Alfonſo embió al
Papa Sixto quarto, contra Turcos; entonces hizo una oracion en el
conſiſtorio capaz de igualarſe con las de Tulio, i Demoſthenes; mas
todos eſtos progreſſos deſdorò el fin, que vino a tener, i le acaeciò,
eſtando en el Caſtillo de Palmela, cõ vehemẽtes ſoſpechas de veneno,
por una cõſpiracion, de que fue arguido contra el Rey D. Iuan el
ſegundo.

(72) Deſta deſgracia participò D. Fernando ſu hermano tercero (que
llamaron Narizes) porque las perdiô en un recuentro de Africa: i ni
eſte ſervicio, ni otros infinitos, que hizo a la corona Portugueſa,
fueron parte para evitar la muerte, que le diò el miſmo Rey D. Iuan por
la miſma culpa, que al hermano Obiſpo. Dexo muchos deſcendientes, que
oy duran noblemente.

(73) D. Iuan de Meneſes hijo quarto del Conde de Viana fue, aunque
el ultimo de ſus hermanos, el primero en las virtudes, tomãdo eſta
herencia del padre, i la fortuna de los tiempos, en que los Principes
premiavan merecimientos, conociendo, que los benemeritos eran
acreedores de ſu grandeza. Alcançò a quatro, como fueron los Reyes Don
Alfonſo, de que avemos hablado, D. Iuan el ſegundo, D. Manuel, i D.
Iuan el tercero, en cuyo reinado muriò: ſiendo ordinario aborrecer, ó
mudar el Principe, lo que ſu anteceſſor dexa aprovado; con todo las
partes de D. Iuan de Meneſes eran tantas, que obligò a todos a ſervirſe
de ſu talento, i valor en los maiores pueſtos, i oficios deſta Corona,
en la paz, i en la guerra. En la de Africa fue general de Tanjar, i
Arzila: i en Portugal, de las armadas del mar Occeano, i en la que
el Rey Don Manuel mandô a Italia en ſocorro del Veneſiano; bolviendo
deſta empreſa le hizo ſu maiordomo maior, aviendolo ſido antes del Rey
D. Iuan el ſegundo Ayo, i governador del Principe D. Alfonſo ſu hijo:
deſpues le dieron el Priorato del Crato del habito de S. Iuan, i el
titulo de Conde de Tarouca, i el de Alferez maior con otras muchas
rentas del eſtado.

(74) Sin eſtos hijos tuvo D. Duarte otro baſtardo, que llamaron D.
Pedro, avido en ſu mocedad, el qual encubriô eſta falta con ſus
virtudes, no ſiendo deſigual en ellas a los legitimos.

(75) Al Conde Prior ſucediò D. Duarte de Meneſes ſu hijo maior; i en
el oficio de Alferes maior D. Luis de Meneſes, que era el tercero,
en cuya poſteridad ſe conſerva. A D. Duarte de Meneſes diò el Rey D.
Manuel el generalato de Tanjar en propriedad para el, i ſus herederos:
i deſpues yendo por Virrey a la India, durò en aquel govierno algunos
años, añadiẽdoſele (como notó Iuan de Barros) por ſu gran calidad, i
lugar, ſalario al ordinario, que llevaron los otros governadores, que
le precedieron. Llamòſe ſu hijo maior D. Iuan, i fue general de Tanjar,
i embaxador de Roma del Rey D. Iuan el tercero.

(76) Su nieto ſiendo del miſmo nombre luziò en los proprios cargos
tanto, que la glorioſa memoria de nueſtro Rey D. Phelipe el ſegundo,
hizo del grande eſtima, i aviendole encargado muchas armadas, i el
govierno del Reyno del Algarve, lo embiò tambien a la India con
grandes poderes. Diego de Couto en la ultima Decada, que anda de mano,
latamente diſcurre ſobre ſus virtudes, q̃ fueron muchas, i mui dignas
de perpetuas alabãças, i no es la menor, no ſolo ninguna codicia, mas
tanta pureza, i deſinteres, que ſalio pobre, i mui endeudado de aquel
govierno; coſa ſucedida pocas vezes, i aſsi como rara, màs eſtimable, i
que ſe deve deſsear la imiten los que ocupan pueſtos tan grandes, donde
ſe apuran los animos màs deſentereſados, i ſe examinan los zeloſos del
bien publico.

(77) Su hijo primero D. Luis, fue quarto Cõde de Tarouca a imitacion de
ſus maiores; governando a Tanjar, dexô por ſuceſſor a Don Duarte, que
es el que vive, i por eſſo no hablo aora de ſus coſas, tales, que en
cierta manera aſſeguran grandes eſperanças, i efectos, por ſu modeſtia
exceſsiva a ſus pocos años, deſtreza en exercicios de cavallero, mucha
curioſidad, i eſtudio a lenguas, i libros: medios mui neceſsarios,
i ayudadores a diſponer un ſeñor a ſaberlo ſer, i conſeguirlo
aventajadamente, cumpliendo bien, con ſu honra (ò digno de alabanças el
que lo alcançare, i màs en unos, que en otros tiempos) i obligar a ſu
Rey a nuevas mercades, i augmentos ademàs de los que ſe deven a ſu
caſa, en cuyo fundador halló la Religion defenſa; los Reyes, amor, i
verdad, con muchos, i ſuperiores ſervicios; la patria reputacion; i ſu
poſteridad gloria.

                                FINIS.

[Illustration]



ERRATAS.


PAg. 4. lin. 11. borreſe coſas. Pag. 5. verſ. lin. 25. ſi, diga ſe.
pag. 7. verſ. lin. 6. para Portugal, diga, a Portugal. pag. 11. lin.
15. Filh. diga Fileh. Pag. 12. verſ. lin. 15. Esliſa diga Eſsiliſa.
pag. 27. lin. 1. del Rey, diga, de Rey. Pag. 27. lin. 18. nieto diga
nieta. ibi lin. 19. yerno diga, hermano. pag. 29. lin. 1. verſ.
esforçandole, diga, esforçandoſe. pag. 56. lin. 12. coranaciõ, diga
coronacion. pag. 59. lin. 13. arraiga, diga, arrieſga, pag. 68 lin.
20. pues diga, porque. pag. 76. lin. 23. del diga, de. ibi ver. lin.
15. para, diga, a ſus lugares. pag. 88. verſ. lin. 12. quitar, diga,
quietar. pag. 96. lin. 16. añadir ã, borreſe ã. pag. 100. ver. lin.
22. Tarifa, diga, Gibaltar. pag. 105. lin. 18. deſte, diga, deſta.
pag. 107. verſ. lin. 6. que, diga, pues. ibi verſ. lin. 7. pues, diga,
que. pag. 115. lin. 18. caciques, diga cacices. ibi verſ. lin. 1. lo
miſmo. pag. 129. lin. 10. cinquenta, diga, ſeſenta. pag. 130. verſ.
lin. 18. eſtuvo, diga, paſsò. pag. 131. verſ. lin. 8. aſsegurarſe,
diga, aſsegurar. idem lin. 9. aviſando, diga, acuſando. pag. 133. lin.
18. alberoto, diga, alboroto. pag. 132. ver. lin. 4. condenó, diga,
condeno. pag. 135. verſ. lin. 1. partido, diga, partidos. pag. 136.
verſ. lin. 7. bolvió los, diga bolviò a los. pag. 141. lin. 13. mais,
diga mas. Pag. 144. lin. 7. monto, diga monte. ibi. verſ. lin. 4. 73.
diga 63. pag. 148. lin. 9. fueron, diga, fueſsen. ibi. lin. 148. lin.
5. verſ. Outubre ſiguiente, borreſe ſiguiente. pag. 149. verſ. lin. 1.
borreſe, ſe. Idem lin. 18. a Tanjar, diga de Tanjar. pag. 155. lin. 18.
llano, diga fuerte. pag. 157. lin. 15. ceſo, diga, ſeſo. pag. 157. lin.
7. Henero añadaſe del año de 64. pag. 16. verſ. lin. 12. ſeñales, diga
ſeñal. pag. 50. lin. 17. da, diga, de. pag. 57. lin. 22. ſe, diga, le.
pag. 72. verſ. lin. 13. tenia otras, diga, en otras. pag. 141. lin. 20.
los, diga algunos.





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