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Title: Cacionero de Lope de Stúñiga - Códice del siglo XV.
Author: Stúñiga, Lope de
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Cacionero de Lope de Stúñiga - Códice del siglo XV." ***

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                        NOTA DEL TRANSCRIPTOR:

—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos.

—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere
notablemente de la utilizada en español moderno.



                               COLECCION

                                  DE

                           LIBROS ESPAÑOLES

                           RAROS Ó CURIOSOS.


                             TOMO SÉPTIMO.



                           LIBRO INTITULADO

                             EL CORTESANO,

                               COMPUESTO

                          POR D. LUIS MILAN.

                            LIBRO DE MOTES

                        DE DAMAS Y CABALLEROS,

                             POR EL MISMO.

[Illustration: LOGO]

                                MADRID,

               IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE ARIBAU Y C.^a
                      (SUCESORES DE RIVADENEYRA),
                   calle del Duque de Osuna, núm. 3.

                                 1874.



[Illustration]



ADVERTENCIA PRELIMINAR.


HACE mucho tiempo que la obra intitulada EL CORTESANO, que compuso
y publicó el caballero valenciano D. Luis Milan, es tenida entre
los bibliófilos por un libro de los más raros de nuestra antigua
literatura; tanto que uno de los más entendidos, el Sr. D. Vicente
Salvá, decia en 1826: «Es uno de los más escasos de cuantos hay en
idioma castellano; Ximeno no tuvo ocasion de ver ninguna de las dos
ediciones que menciona de 1561 y 65, tal es su rareza: este ejemplar es
de la primera edicion, y está completo áun cuando aparenta carecer de
portada, pues nunca la tuvo. Perteneció á don Gregorio Mayans»[1]. A
incluirla en nuestra coleccion nos ha movido, no sólo su extraordinaria
rareza, sino tambien su indudable mérito, pues áun cuando la obra de
Milan no admite comparacion con la de Castiglioni, que le sirvió de
modelo, tiene más interes para nosotros bajo el punto de vista español,
porque al hacer una exacta descripcion de las costumbres y manera de
vivir de aquella época en el palacio del duque de Calabria[2], pinta
tambien, y admirablemente por cierto, la sociedad de entónces haciendo
figurar en su libro, no personajes ficticios, sino lo más escogido de
los nobles y poetas valencianos; es, en una palabra, la resurreccion
del siglo XVI, y hace pasar ante nuestra vista los saraos, fiestas y
trajes de su tiempo.

Más afortunados nosotros que el señor Salvá, tenemos noticia de seis
ejemplares de EL CORTESANO[3]; todos los cuales tienen, como ya
advirtió aquel distinguido bibliófilo, la página primera en blanco,
empezando al reverso el libro, de modo que éste no llegó á tener
portada; rareza que en sentido inverso se encuentra en otro del mismo
Luis Milan, titulado: _El Maestro ó música de vihuela_[4], pues hemos
visto en los ejemplares que de él se conservan en la Biblioteca de
Palacio y en la de nuestro querido amigo el Sr. D. Pascual de Gayángos
que en la portada tienen el fólio 2, lo cual parece indicar debieron
tener otra anterior ó al ménos una ante-portada; porque de no ser así,
no se concibe empiece la numeracion en ese fólio, siguiendo luégo
correlativa.

Ximeño asegura[5] que de EL CORTESANO se hicieron dos ediciones, una
en 1561, y otra cuatro año despues, ó sea en 1565; pero creemos se
equivocó en esto, pues todos los ejemplares que se conservan y hemos
podido ver son de la primera, que es la que debia ser más rara, así
como se equivocó tambien al citar dos ediciones (1534 y 1535) del libro
_El Maestro ó música de la vihuela_, siendo una sola, con la fecha en
la portada de 1535 y en el colofon la de 1536, que es cuando concluyó
de imprimirse.

Hubiéramos deseado dar en esta advertencia algunas noticias de D. Luis
Milan, ademas de las que sobre él traen Ximeno, Rodriguez, Fuster,
Cerdá y demas autores que han escrito sobre bibliografía valenciana,
pero nuestros esfuerzos para procurárnoslas han sido inútiles, así
como tambien los del distinguido bibliófilo Sr. D. Manuel Cerdá, que á
instancia nuestra se prestó á hacer investigaciones en Valencia con el
mismo objeto, y con una eficacia que le agradecemos vivamente; ni en el
Dietario del Ayuntamiento de dicha ciudad, ni en otros papeles de aquel
tiempo que ha examinado aparece hasta ahora el nombre de D. Luis Milan.

En cambio, nuestros lectores verán hoy reimpreso otro libro de este
autor, del que no da noticia alguna, que sepamos, ninguno de sus
biógrafos, tan raro es. El único ejemplar que se conoce del _Libro
de motes_ ó _Juego del mandar_ se conserva en la Biblioteca Nacional
y procede de la del Sr. D. Serafin Estébanez Calderon; fáltanle dos
hojas, cuya falta, que nos ha sido imposible subsanar, indicamos en
la reimpresion con puntos suspensivos. Tambien publicamos un exacto
facsímile de su portada, que creemos verán con gusto nuestros lectores.

Lugar oportuno nos parece éste para hacer mencion de otra obra titulada
EL CORTESANO, inédita, desconocida, y cuyo autor no sabemos quién
fuese. A la buena amistad del Sr. D. Manuel de Goicoechea, entendido
Bibliotecario de la Academia de la Historia, debimos la noticia de
existir en la Biblioteca de esta corporacion un manuscrito de letra del
siglo XVI que se titula EL CORTESANO, y á cuyo título se veia añadido
de letra de Don Bartolomé José Gallardo el nombre de D. Luis Milan.
Examinado por nosotros el citado manuscrito, nos hemos convencido
no ser de D. Luis Milan, ó al ménos no ser igual ni parecido al que
corre impreso con el nombre de este autor, ignorando el motivo que
tendria persona tan competente como el Sr. Gallardo para atribuírselo:
desgraciadamente el libro nos parece incompleto; pero así y todo,
creemos no merece el olvido en que hasta ahora ha estado sepultado.

  F. DEL V.        J. S. R.

[Illustration]



[Illustration]



LIBRO

INTITULADO

EL CORTESANO.

 DIRIGIDO Á LA CATÓLICA REAL MAGESTAD DEL INVICTISIMO DON FELIPE, POR
 LA GRACIA DE DIOS REY DE ESPAÑA, NUESTRO SEÑOR, ETC.; COMPUESTO POR
 DON LUIS MILAN. DONDE SE VERÁ LO QUE DEBE TENER POR REGLAS Y PRÁCTICA;
 REPARTIDO POR JORNADAS. MOSTRANDO SU INTINCION POR HUIR PROLIXIDAD
 DEBAXO ESTA BREVEDAD; SIRVIENDO DE PRÓLOGO Y DIRECCION, Y UTILIDAD
 ESTA PRESENTE CARTA.

C. R. M.


HÁLLASE por escrito que en una plaza de Roma, nombrada Campo Marcio, se
abrió la tierra, y por la abertura salian grandes llamas de fuego, y
crescia cada dia de manera que toda la ciudad fuera consumida en poco
tiempo si no se remediára; y preguntado por los romanos al oráculo, su
ídolo, qué remedio ternian, respondió que echasen por aquella abertura
la mejor cosa que debaxo del cielo fuese criada. Y determinaron que
era el hombre, y de los hombres el caballero armado de todas armas
buenas. Eligieron al valeroso Curcio romano, pues él, de muy bueno,
voluntariamente quiso perder la vida porque su patria no se perdiese;
y así vino, acompañado de toda Roma, muy ricamente armado, y puso á
su caballo una venda en los ojos, porque rehusaba la muerte que su
señor no temia, y en haberse echado Curcio en el fuego cerróse luégo
la abertura; por donde se determina que el caballero armado virtuoso
es la mejor criatura de la tierra, y para tener perfecta mejoría
debe ser cortesano, que es en toda cosa saber bien hablar y callar
donde es menester. Las armas de este caballero han de ser un yelmo
de consideracion, que sea bien considerado en dichos y hechos, y una
goleta de temperancia, que no coma sino para vivir, y no viva para
comer, porque el hombre destemplado de comer y beber:

  Quien de sí fuere vencido
  Nunca bien podrá vencer;

y un peto animoso, que ofrezca su pecho á cualquier contrario para
reparo de quien justamente lo habrá menester, con un volante diligente,
porque no se pierda lo bien hecho, por negligencia, y un espaldar
de sufrimiento, para, que traiga á sus espaldas la carga que debe
el caballero; y la doble pieza de esperar para que espere qualquier
encuentro que fuere obligado; y unos brazales de esecuciones para
que esecute, defendiendo lo bueno y ofendiendo lo malo, en su caso y
lugar; y unos guardabrazos defensivos para defender á los brazos de
su República, militar, eclesiástico, real, conforme á justas leyes; y
unas manoplas liberales para que tenga manos abiertas para dar la vida
á quien debe; y un arnés de piernas bien andantes, para que anden por
pasos mostrando el paso para pasar á él y á otros á la verdadera vida,
pues el caballero debe pasearse por este mundo dando exemplo y leyes
de bien vivir. Sabido que hube el mayor presente que á un príncipe se
podia hacer, segun la determinacion de los romanos, que es un caballero
bien armado cortesano, viendo que éste representaba á vuestra Real
Magestad, dije: Muy bien será presentar _quod Cæsaris Cæsari_, y así
presento al César lo que es de César, pues por lo que vemos se espera
lo que se cree de vuestra católica Magestad. Este caballero armado
cortesano que por presente doy, hice de la manera que diré: hablándome
con ciertas damas de Valencia, que tenian entre manos el _Cortesano_
del conde Baltasar Castillon, dixeron qué me parescia dél, yo dije:

  Más querria ser vos conde
  Que no don Luis Milan,
  Por estar en esas manos
  Donde yo querria estar.

Respondieron las damas: Pues haced vos un otro, para que allegueis á
veros en las manos que tanto os han dado de mano. Probé hacelle y
ha allegado á tanto, que no le han dado de mano, sino la mano para
levantalle. Tiene estas partes que diré: Dá modos y avisos de hablar
sin verbosidad, ni afectacion, ni cortedad de palabras que sea para
esconder la razon, dando conversaciones para saber burlar á modo de
palacio. Representa la córte del real duque de Calabria y la reina
Germana, con todas aquellas damas y caballeros de aquel tiempo,
habilitando algunos que para dar placer fueron habilitados por el
Duque, haciendo que hablen en nuestra lengua valenciana como ellos
hablaban, pues muchos que han escrito usaron escribir en diversas
lenguas, para bien representar el natural de cada uno. El principio
deste libro comienza representando una caza que hacen la Reina y el
Duque, donde fuí mandado que pusiese por obra el Cortesano, que las
damas mandaron que hiciese y que lo dirigiese á vuestra Real Magestad,
pues con mucha razon se le debia, y así tuve por muy buena ventura ser
tan bien mandado como está dirigido. Suplico á vuestra Real Magestad
reciba este presente como dice el filósofo, quel menor servicio, con
voluntad, vale más que el mayor sin ella.

[Illustration]


[Illustration]



JORNADA PRIMERA

DEL

PRESENTE CORTESANO.


EN el tiempo deleitoso de la hermosa primavera, cuando todo el mundo,
para conservacion de la vida humana, saliendo del estremo invierno,
entra en estos dos suaves hermanos Abril y Mayo, enramados con
guirnaldas de flores y frutos, se hizo una real caza de monte de las
damas y caballeros que aquí verán.

Salió el real duque de Calabria y la reina Germana, muy ricamente
vestidos de terciopelo carmesí, broslados de hilo de oro, por invincion
muchas matas de retama, que los granos dellas eran muy gruesas y
finas perlas orientales de gran valor, diciendo á todas las damas: _Mi
invincion traigo por mote_. A esto respondió la Reina con unos celos
cortesanos, y dixo:

  La retama es mi amor,
  Y vos della el amargor.

Dixo el Duque sonriendo:

  Mi amor es la retama,
  Por mostrar sobrado amor,
  Que en mí no está el amargor,
  Sino en mi dama.

Gilot salió, que el Duque le habia vestido, de terciopelo verde, con
una mona en la cabeza encima de una montera, y el mote que sacó decia:
_Por remedar_, y y dixo á la Reina: Vostra altesa adevine qué vol dir
la mona que yo he tret per invincio, que la retama clar parla que lo
Duch mon senyor diu que no sols la ama, mas la reama. Respondió la
Reina: Gilote, yo te adevinaré tu invincion: El Duque, mi señor, es lo
verde que traes, que está en verdor, que se madurará su amor, y la mona
por remedar, que en amor quiere engañar, como suelen todos los falsos
hombres; y tú sales por majadero, que majarás en este banquete, por
alcahuete. Gilote respondió: Seynora, vostra altesa es exida huy ab lo
peu esquerre, y tot lo dia va coxo qui ab mal pensament hix de casa.
Nom veurá mes en tota sa vida en jornades de plaer, que los celosos son
gasta festes. Si de aci avant no acomana los cels á la cambrera don Ana
de Dicastillo quels hi guarde en la cambra, que estes navarres son tan
guardoses, que perzo he posat nom Navarra á una goza mia, per ques bona
guardaroba. A esto respondió la camarera y dixo: Gilote, á la Reina, mi
señora, no le pesa que seas alcahuete del Duque, mi señor, que pues no
se puede escusar por haber tantos dese oficio, más vale que tú lo seas
que no el Reverendo canónigo Ester. Respondió á la camarerael Canónigo,
diciendo: Donos reverent ab tal sobrescrit, seynora don Ana, ¿qui li
ha dit que yo so alcabot? Dixo la camarera: Señor canónigo Ester, en
verdad que no se lo alevanto, que Gilote me lo ha dicho, y no sé qué me
crea. Tomóse á reir como quien regaña el Canónigo, y dixo: La dob es
bo pera uns guants, diu que no me alleva; allevantmo ab un no sé qué
me crea, Senyora don Ana, yo li diré per quen diu alcabot lo bellaco
de Gilot: En dies passats porti unes mendacions á la sua Beatriz de
part de don Luis Vich, pera yo tenir entrada en sa casa, y Gilot haguen
sentiment que estaba amagat escoltantme, y feuse á la finestra cridant
com un orat: Veyns, veyns, socorreume, que un lladre tinch en casa.
Y venint tot lo veynat diguerenli: ¡Á hon es lo lladre: Y ell dix:
Vel vos aquí; lo canonge Ester es quem vol robar la honra, portant
alcaboteries á la mia Beatriz, que pijor es que lladre un alcabot.
Prenguérense á riure y dexárenlo tots pera qui es, que tal es com ell
qui creu al orat.

Salió á esta caza don Luis Vique y la señora doña Mencía Manrrique,
su mujer, con unas ropas de terciopelo morado, pasamanadas de oro y
plata, llenas de unos ojales con un ojo en cada uno dellos, y el mote
decia _Vi que vi_; y como la señora doña Mencía oyó al canónigo Ester,
que habia traido á Beatriz de Gilote encomiendas de parte de D. Luis
Vique, su marido, dixo: Señor canónigo Ester, si no hubiera emprestado
mis celos á la señora doña Violante Mascó, mi vecina, que los ha bien
menester, yo me hiciera celosa por haber traido vuesa reverencia
encomiendas á Beatriz de Gilote de parte de D. Luis Vique, mi señor;
y áun que os amparastes del nombre de mi marido para entrar en su
casa, más me siento deso que si fuérades tercero, que no es bien tomar
nombre honrado para hacer deshonras. Respondió el Canónigo, y dixo:
Señora doña Mencía, Gilot es lo cornut, y vosa merced la celosa, y yo
lo alcabot; parme que danzan los furios los tres, y lo señor D. Luis
Vich, son marit, sen riu; dexen esta danza, que en jornades de plaer lo
furios no sa de fer. Don Luis Vique, confirmando la razon del Canónigo,
dixo á su mujer: Señora, el señor canónigo Ester dice bien y obra mal;
disimúlense los celos en esta jornada y no gastemos la fiesta, pues yo
disimulo la reverenda traicion que se me ha hecho, que entre en casa
de Beatriz de Gilote el Canónigo, como alcahuete mio, para alzarse con
ella.

Vino á esta caza D. Luis Margarite y la señora doña Violante, su mujer,
con ropas muy bien divisadas y ricas, de terciopelo, aforradas de tela
de oro; y entre unos recamos y brosladuras de cañutillo estaban unas
medallas, y en las del marido los rostros dél y su mujer que se miraban
el uno al otro, y el mote decia: _Viola ante mi deseo que la veo_.

Y en las medallas que la señora doña Violante traia estaban unas manos
con el puño cerrado, y el dedo más pequeño alto, que se nombra el
margarite, y el mote decia:

    Mi mano muestra con razon
  Quién está en mi corazon.

Llegóse riendo la señora doña Violante Mascó, y dixo á la señora doña
Mencía: Yo vuelvo los celos que vuestra merced me ha emprestado, que
más los ha menester que yo, segun va embeatrizado el Sr. don Luis,
su marido, de Beatriz de Gilote, y no lo tome por mote; pues le he
oido decir aquí que el canónigo Ester le ha hecho una reverenda
traicion, que no se puede adevinar si son burlas las que pueden ser
véras. Respondió la señora doña Mencía: Señora doña Violante Mascó,
yo quiero cobrar mis celos, y de aquí adelante no me los ampreste más
que no se los emprestaré, pues burla dellos, sino á la señora doña
Castellana Belvis, su cuñada, que me han dicho que por no ser celosa
dice su marido que no es amorosa, y va á buscar el amor de fuera de
casa; y porque sea más casero no debe dexar un dia en la semana de
ser celosa, que á maridos que se desmandan los celos los enfrenan, y
si muerden el freno como á caballos desbocados, y pasan la carrera
hasta á donde quieren, quando se cansarán ó alcanzarán volverán á su
casa, y conoscerán que su mujer les mostraba con los celos los recelos
que tenian de su perdicion; que no hay amor sin celos, ni cordura
sin recelos. Dixo don Luis Margarite: Señora doña Mencía, beso las
manos de vuestra merced de los celos que ha emprestado á mi mujer,
que yo lo deseaba, diciéndole cadal dia: mujer, haceos celosa porque
no engordeis, que si más engordais, yo me buscaré un festejo flaco y
unos amores éticos. Y desparóme un dia con unos celos rabiosos que
bien parescen emprestados, pues se lo rie en ser yo fuera casa con una
castellana, camarera suya, que se nombra Mariseca.

Dixo la señora doña Violante: Señor marido, pues quereis que hagamos la
tortilla de celos que hacen Joan Fernandez y su mujer, séanos juez la
señora doña Mencía; y diga si tengo de ser celosa de marido que cadal
dia va de boda en boda festejando toda Valencia, dándome á entender que
festeja por competir de burlas con el comendador Montagudo, por ver
cómo se hace celoso, y he caido en la cuenta que suelen con las burlas
encubrirse las véras.

Vino á esta caza don Pedro Mascó y la señora doña Castellana Belvis, su
mujer, con unas ropas de terciopelo encarnado, todas brosladas de unos
manzanos al natural, las hojas verdes y la fruta colorada, con unos
letreros de oro colgados dellos, y tenian unas letras que, haciendo de
cada una dellas sílaba, dicen: _Él es de ella y ella es de él_, como
dice este letrero:

  L. S. D. L. A. Y. L. A. S. D. L.;

conformando á esta voluntad el manzano y la manzana, quel uno procede
del otro. Fué tan buena esta invincion como la burla que la señora
doña Castellana pasó diciendo: Señora doña Mencía, yo recibo la merced
que me hizo cuando dixo á la señora doña Violante, mi cuñada, que me
emprestaria celos para que un dia en la semana sea celosa, porque le
han dicho que por no tener celos don Pedro, mi señor, me tiene por
desamorada y vase á buscar nuevos amores fuera de casa; suplico á
vuestra merced me los empreste, que para luégo es tarde lo que mucho
es menester. Dixo la señora doña Mencía: Señora doña Castellana, tome
vuestra merced, que con un abrazo se debe emprestar y volver lo que es
para bien hacer. La señora doña Castellana dixo: Agora que soy celosa
verá mi marido qué cosa son jinetes, por más que él sea buen jinete.
Respondióle su marido: Señora mujer, si como dixo jinetes dixera
jinetas, que son raposas, guardára mis pollos que no me los coma. Dixo
la señora doña Castellana: Pues por mucho que los guardeis yo comeré
dellos. Su marido se rió y dixo: Eso sería la comida que hizo una mujer
de Hierusalen, que, estando cercada por Vespasiano, emperador de Roma,
y su hijo Tito, teniéndola en gran aprieto, al fin de diez años que
duró la guerra, vinieron los cercados en tan gran rabia de hambre, que
una viuda hebrea, de las que estaban dentro la ciudad, dió la muerte á
un solo hijo que tenía mochacho, haciéndolo quatro quartos y comióselo.
Dixo la señora doña Castellana: ¿Esos son los pollos? ¿y de qué gallina
los habeis sacado? que si son vuestros hijos y de buena casta, no los
comeré como la mujer hebrea, sino criarlos he para que no se pierdan,
que los celos de la mujer no han de ser para hacer receloso á su marido.

Salió Joan Fernandez de Heredia y la señora doña Hierónima, su mujer,
con unas ropas de terciopelo azul, recamadas de hilo de plata y oro,
broslados unos ruiseñores, que son páxaros que no cantan ni muestran
alegrarse sino en la primavera, y el mote decia:

    Gozan del que yo quisiera
  Cantar en la primavera.

Doña Hierónima dióse cata que su marido habia sacado la invincion y el
mote por una prima suya, y con un zuño dijo:

    Señor marido,
  Hablemos un poco al oido.

Y él respondió:

    Señora mujer,
  Guárdeme Dios de tal hacer.

Dixo la señora doña Hierónima:

    Vos temeis que yo os dixera
  Quién es vuestra primavera,
  Ques tan falsa para vos,
  Como sois falsos los dos:
  Decidle ques por demas
  Quella me vesite más,
  Pues que vuestros ruiseñores
  Cantan que me sois traidores.

Dixo Joan Fernandez:

  ¿Quién os hizo trovadora,
  Mi señora,
  Quién os hizo trovadora?

Dixo la señora doña Hierónima, su mujer:

    Por trovar vuestras maldades,
  Digo en versos las verdades.
  Que meresceis que yo diga
  Que vestis mujer y amiga;
  Pues dos jaulas parescemos,
  Destas aves que traemos;
  Ya nos dicen farsa es ésta,
  Paxareros son de fiesta;
  Yo me voy, quedaos con Dios,
  Que corrida voy con vos.

La Reina, viendo que se iba, le dijo: doña Hierónima, por me hacer
placer, y pesar á quien os quiere mal, que volvais, que nunca se debe
hacer lo que el enemigo quiere. La señora doña Hierónima volvió á la
Reina y dixo:

  Señora, con tan gran favor
  Yo seré tan socorrida
  Que no me veré corrida
  Sino por mi corredor.

Dijo Joan Fernandez, su marido:

  ¿Quién os ha mal enojado,
  Mi buen amor,
  Que me hicistes corredor?

Respondióle su mujer:

  ¿Quién os hizo pajarero,
  Caballero,
  Quién os hizo pajarero?

La Reina le dijo: Señora doña Hierónima, más querria ser vos que
yo, que muy gran cordura es saber enojarse y desenojarse cuando es
menester.

Vino á esta caza don Diego Ladron y la señora doña María, su mujer, y
por lo que le pareció, él no salió vestido de fiesta y ella sí, con
una ropa de terciopelo negro, toda broslada de unas sierpes, muy al
natural, que tenian cortado del pescuezo un tercio y de la cola otro
tanto, y en una montera que de lo mismo traia estaba este letrero:

    En el medio está lo bueno;
  Que en los estremos
  Se pierden los que perdemos.

Paresció esta invincion y mote muy bien á todos y alabáronselo mucho,
y don Diego dixo: Señores, todos pienso que me engañais, si no me
desengaña la señora doña Hierónima, que del señor Joan Fernandez, su
marido, desengañado estoy, que las más veces burla alabando el que
va lisonjeando. Dixo la señora doña Hierónima: Señor don Diego, pues
yo no soy lisonjera, dice mi marido que tengo mala condicion, yo
tengo por mal acondicionado el corazon falsificado, que por eso se
dice: vé con él y guarte dél. Lo que yo siento de invincion es, que
á nosotras habeis hecho sierpes y á vos apoticario, que para que nos
puedan comer, que no emponzoñemos, nos habeis hecho sacar á la señora,
vuestra mujer, cortadas las cabezas y colas, mostrando que las mujeres
tenemos la ponzoña en la cabeza y en los piés, de mal parleras y muy
andariegas, y encobris esta malicia con el aviso que dais en el mote,
diciendo: _En los extremos se pierden los que perdemos._ Vos y mi
marido sois en esto médico y apoticario, que ordenais contra mujeres.
Yo creo que tan poca paz tiene su mujer en casa como yo en la mia, pues
no son portapaces los maridos que son desplaces. Dixo don Diego: Señora
doña Hierónima, yo no pensé decir tanto, ni he dexado de tocar mucho,
mas yo, de lo mucho que dixe, no he querido decir tanto de lo malo que
vuestra merced ha sacado; y por esto se dice: no hay nada mal dicho si
no es mal tomado, como ha hecho agora vuestra merced, que ha sospechado
que para decir mal de mujeres hice sacar á mi mujer doña María las
sierpes por invincion, y no ha sido sino por la semejanza que tiene
la sierpe á lo que dice el mote, y es que así como tiene en el medio
gran virtud, y en los estremos, que son la cabeza y cola, ponzoña, así
se ve que en el medio está lo bueno, donde consiste la virtud para
bien obrar, que en los extremos, que hacen perder, se pierden los
que los siguen. Mi intincion no fué hacer sierpes á las damas, mas
vuestra merced, para hacernos médico y apoticario, á vuestro marido y
á mí, contra mujeres, habeis hecho esta glosa, y lo demas, dexo á Joan
Fernandez, su marido, que lo dirá mejor que yo. Armóle á Juan Fernandez
ir á la mano á la señora doña Hierónima, por vengarse de las que ella
le habia dado y dixo: Señora mujer, quien tiene la cola de paja, del
fuego se teme; como vos sois una sierpe para mí, habeis sospechado que
el señor don Diego Ladron las hizo sacar para motejar á las mujeres,
y cuando por esto lo hubiese hecho, no teneis que enojaros, pues se
dice: sed prudentes como serpientes, esto tienen por quien las crió,
que es la prudencia, y la ponzoña por la serpiente, que á la primera
mujer engañó; ya veis qué mal os viene porque os hayan acomparado á
serpientes, diciendo la mesma verdad que son de su naturaleza sábias,
y cuando no lo quieren ser es por creer á Lucifer, que les dice que
hagan lo que les vedan. Respondió la señora doña Hierónima y dixo:
Señoras, preicador es mi marido y yo no lo sabía, sepamos dónde preica
la cuaresma y vamos á oille, yo creo que será á casa de don Anton
Vilaragut, que por lo que allí hace y dice le hizo don Luis Milan
una obra, donde le hace en ella Adan y á doña Antona Vilaragut y de
Heredia Eva; que no se cazaria mejor cosa en esta caza que don Luis
Milan la hiciese correr por aquí como á liebre, á ruego de todas las
damas, que yo creo que lo hará si una dama de las que han salido aquí
se lo manda, que nadi puede mandar si no es bien mandado. Dixo Joan
Fernandez: Señora mujer, si tales liebres levantais contra mí en esta
caza, yo las haré correr á mis galgos. Respondió don Luis Milan: Señor
Joan Fernandez, si la dama que la señora doña Hierónima, vuestra mujer,
ha dicho, lo manda, mis coplas saldrán, y no serán vuestros galgos tan
corredores que las corran, pues nunca las mias quedaron corridas de las
vuestras.

Salió don Francisco Fenollet á esta caza, y la señora doña Francisca,
su mujer, vestidos de monte, con ropas y monteras de terciopelo
amarillo, aforradas de tela de plata, con muchas guchilladas y
prendederos de oro, y el mote decia:

    Sus ojos son prendederos
  Que los mios aprendaron;
  Amarillo me dexaron,
  ¿Cómo pude meresceros?

Dixo don Francisco: Bien habeis escaramuzado con la señora vuestra
mujer, señor Joan Fernandez.

  Caballero de frontera
  Sois en todo, mi señor,
  Siempre escaramuzador
  Por de dentro y por de fuera.

Respondióle Joan Fernandez:

  Don Francisco, ballestero,
  Con virote habeis tirado,
  Que muy mal está encarado
  Quien hiere su compañero.

Don Diego Ladron, que vió escaramuzar á motes á don Francisco y á Joan
Fernandez, entró en la escaramuza y dixo:

  ¿Jugais á pasa Gonzalo?
  Señores, decídnoslo,
  Que tambien jugaré yo,
  Si Joan es el Gonzalo.

Don Luis Milan atravesó como á valedor de Joan Fernandez, y, mostrando
defendelle, le hirió sin sacar sangre y dixo:

  Dexad vos ese mi Joan,
  Que no sufre papirote,
  Sino á quien le da en el mote
  Más del palo que del pan.

Joan Fernandez revolvió sobre don Diego y don Luis, y con una piedra
mató estos dos páxaros y descalabró á don Francisco, diciendo:

  Mirad qué Milan y Diego,
  Para competir conmigo;
  Don Francisco, nuestro amigo,
  Sedles vos mozo de ciego.

Vino á esta caza don Miguel Fernandez y la señora doña Ana, su mujer,
con ropas de monte de terciopelo naranjado, llenas de muchos oidos
broslados, que estaban entre unas obras, que hacian muy buen matiz,
de cordoncillo de hilo de plata y seda verde; y los motes que en sus
monteras traian, decia el del marido:

    Todo estoy hecho oidos
  En sentiros, por oiros.

Y el de la señora doña Ana, su mujer, decia:

    Toda estoy hecha oidos,
  Del que oigo de maridos.

Dixo don Miguel Fernandez: Señora mujer, vuestros oidos querria ser,
por oir si os dice algunas mentiras contra mí vuestra Castellana
Marinuevas, que por vuestra autoridad no la debríades escuchar,
que mujer novicholera, nunca fué buena casera. Dijo la señora doña
Ana: Señor marido, vos querríades ser mis oidos, yo querria ser los
vuestros, por saber si es verdad lo que decis en vuestro letrero, que
os volveis todo oidos en sentirme por oirme, que yo creo lo debeis
decir por huirme, segun huis muchas veces de casa; que el marido mal
casero canta en otro gallinero.

Salió á esta caza don Baltasar Mercader y la señora doña Isabel Ferrer,
su mujer, vestidos de terciopelo verde, con muchas flores de jazmil,
brosladas de hilo de plata, y el mote decia:

    Como flor es de jazmil
  El amor de poca fe,
  Que entre manos secasé.

Dixo don Baltasar Mercader: Señora mujer, ¿cómo le paresce este nuestro
letrero que hice para decir una gran verdad? Respondió la señora
doña Isabel: Señor marido, mucho querria saber en quién ha probado
vuestra merced esta verdad, que por mí no se puede entender. Dixo don
Baltasar: Señora, muy poco há que se probó con la vida de mi hermano
don Berenguer Mercader, que murió de amores por una dama que se le
casó, pensando que estaba tan casada en la voluntad dél como no lo fué,
pues pudo casar con otro y descasar á quien tan casado estaba de amor
con ella; no digo que por ser mujer tuvo poca fe, sino porque no fué
hombre en agradescer, que tan de véras es el amor que mata, como es
de burlas el que no da vida; pues piensan que todo le es debido á la
dama que matando pone en fama. Dixo la señora doña Isabel, su mujer:
Señor, dicho me ha la señora doña Ana Mercader que le ha parescido
muy bien todo lo que vuestra merced ha dicho, sino tacharnos á las
mujeres de poca fe, y alabar á los hombres de agradescidos, que no
quedan desculpados los que culpan á mujeres, si ellos quedan infamados;
y lo más dirá la dama que he nombrado, pues lo siente mejor que yo.
Respondió la señora doña Ana Mercader: Señora doña Isabel, no tengo
parescer sino el de vuestra merced; aquí está don Luis Milan, que,
yo creo, segun ha escuchado á vuesa merced, que guarda muy bien esta
razon que ha dicho, y ella es tan avisada que descubrirá el parescer
de algunos para mostrar lo que sienten, pues hay razones que no
debrian hablar en ellas, sino el que puede entendellas. Entendamos
por qué trae las víboras en el vestido que ha sacado, que bien viene
invincionado, y dígalo, por vida de quien las sacó.

Dixo don Luis Milan: Señora doña Ana, lo que se debe callar no es de
decir, y lo que se puede decir no es de callar. Las mejores invinciones
son las que ellas mismas hablan sin letrero, y éstas apénas las hallan
sino los bien invincionados cortesanos, como fué el Almirante de
Castilla, que traia un corazon de piedrazufre, que nombrándole, dice la
intincion del que le trae; y don Fernando de Torres, baile general de
nuestra Valencia, que sacó la vela de la nave que nombran contramesana,
que claro dice: contra mí es Ana; y nuestro caballero valenciano don
Baltasar Romani, que traia un sino de libra, que es uno de los sinos
del cielo, que esta invincion quiere decir: si, no, delibra; como es
verdad que si ó no delibra al que espera. Y un otro que por Ana traia
una partesana, que claro dice: parte es Ana, queriendo decir que Ana es
parte para matar ó dar la vida; y ésta que yo he sacado, que son las
víboras, que ellas mismas son el letrero, pues dicen por el que las
trae, vivo horas, que bien se puede decir que en esta vida no se vive
sino horas;

    Que las horas del pesar
  Más son que las del reposo,
  Pues que se puede mudar
  Lo venturoso.

Y el que se acordáre desto no estará sin sintir,

    Que las horas del pesar,
  Que es el morir,
  Más son que las del placer,
  Que es el vivir.

Salió don Berenguer Aguilar y la señora doña Leonor Gualvez, su mujer,
con unos vestidos de terciopelo leonado; y el marido traia unos
círculos redondos de plata, con un leon de oro dentro dellos, que
tenian este letrero:

    Leonor de oro es mi invincion,
  Como muestra este leon.

Y la mujer sacó unas águilas volando, brosladas de hilo de oro, y en
una montera traia el mote que decia: _Tras águilas fué mi volar._

Dixo don Berenguer á la señora su mujer: Una dama me ha dicho que por
haber casado con vuestra merced me pueden decir el marido de la gala y
que no me faltaba sino que me dixesen Martin, pues ya tenía la gala.
Dígame cómo se ha de entender esto, que yo no lo entiendo.

Respondió la señora doña Leonor: Señor, pregunte vuesa merced al señor
Joan Fernandez, qué quiso decir esta dama, que no la entiendo, por qué
queria que le dijesen á vuestra merced Martin, si ya no es ella por
quien se dixo esta cancion,

    ¿Por qué no tramas tela,
  Di, Berenguela?

Respondió Joan Fernandez: Señora doña Leonor, pues vuestra merced lo
manda, y el señor don Berenguer se lo rie, digo que esa dama quisiera
ser Berenguera, y como no lo ha sido, se burla de lo que ella quisiera
ser burlada, y quiere decir que pues el señor don Berenguer alcanzó
renombre de marido de la gala, que si le dixesen Martin le dirian
Martingala.

Don Berenguer se corrió de la risa que este apodo levantó, y dixo:
Señor Joan Fernandez, ese nombre mejor sería para vuestra merced, pues
un tiempo usó la martingala en las calzas, quando se iba de cámaras de
baxas coplas, que contra don Luis Milan trobó, que pullas las llamo
yo. Respondió Joan Fernandez: Si el Milan dice que son pullas, yo lo
otorgaré, y de otra manera no. Dixo don Luis Milan: Pues el Sr. Joan
Fernandez se fia de mí, yo no digo que son pullas, sino repullones, y
dígalo su excelencia, si fueron coplones lo que respondió á mis coplas,
y séanos juez.

Respondió el Duque: Si yo tengo de ser el juez, para bien juzgar he de
oir las dos partes cuando yo daré audiencia, que será mejor despues
de haber cazado, porque los monteros traen los sabuesos que no los
pueden tener de sentir los puercos, que no deben estar léxos; y en esto
levantaron un gran puerco, y maltrató los perros que le asieron, y el
Duque demandó una porquera y mató al puerco, y presentóle á la Reina
con este requiebro:

    Un muerto presenta á otro;
  Que el amor
  Mata y hace matador.

La Reina respondió al requiebro del Duque con una risa, y dixo, á mí me
dicen: _Je vus entendo ben._ Y el Duque respondió: Y á mí me nombran
_Sans mal pensier_; y porque es así como digo, qualquier de la compañía
que mate caza, preséntela á quien quisiere y no á mí, por quitar de
sospecha á vuestra alteza que la tomo para presentalla á damas; pues no
quiero hacer presente sino á quien no soy ausente, que es á la Reina,
mi señora. Levantóse un otro puerco muy fiero, y matóle don Luis Vique,
y presentóle á la señora doña Mencía su mujer, con este requiebro:

    Presento de lo que dais,
  Muerto, pues que vos matais.

Dixo la señora doña Mencía: No sabía yo que fuese matadora, por esto
el médico de nuestra casa no sabía decirme el otro dia qué mal era el
de vuestra merced; agora veo que mejor están los amadores enfermos que
estando buenos.

Dixo el Duque: Señora doña Mencía á esa razon no se le puede responder
estando á las manos, sino á las lenguas en conversacion de damas, y no
entre puercos. Yo me acordaré della á su tiempo, porque vuestra merced
nos la haga de dárnosla á entender. Salió un puerco muy bravo que puso
espanto á todas las damas, porque iba entre las mulas, y mató la de
la señora doña Violante Mascó; y don Luis Margarite, su marido, saltó
del caballo y púsose á las espaldas su mujer, y el puerco vino para
ellos, y este galan le puso la espada por la boca hasta la empuñadura,
y muerto el puerco, dixo este requiebro:

    Cuando en vos me vi salvar
  De la muerte que moria,
  Nunca llegaré á pagar
  Con esta muerte la mia.

Dixo la señora doña Violante, su mujer: No me ganaréis á requiebros más
de lo que ya me habeis ganado, y respondió con este otro:

    Si de muerte os he librado,
  Fué porque vos me librastes;
  Con lo que vos me pagastes
  He pagado.

Don Pedro Mascó se fué con los monteros de ciervos, y no tardó mucho
á venir con un ciervo que habia muerto, y trúxole con los cantores
del Duque que delante dél venian cantando: _Sicut cervus ad fontes
aquarum_, viene el ciervo del marido que su mujer le ha herido.

Dixo la señora doña Castellana, su mujer: Señor don Pedro, el que hizo
ese cantar muy gran verdad ha dicho, porque así como el ciervo herido
va á las fuentes de las aguas, con el mismo deseo viene el marido á su
mujer, si della ha sido herido ántes de casar.

Dixo el Duque: Señora doña Castellana, guardemos esa razon, que hay
mucho que decir, para la conversacion que se terná en la comida desta
caza, que yo la sacaré por postre, pues á vuestro marido le dió tan
buenas primerías.

Dixo la señora doña Hierónima, mujer de Joan Fernandez: Señor Duque, su
servidor y mi marido he visto de aquí trabado con un puerco al pié de
aquel montecico, y parésceme que su caballo está mal herido; mándeme
dar un caballo y una lanza, que yo le quiero socorrer. Héle allá, agora
le veo, y está á pié, muerto debe ser su caballo. Socorrieron el Duque
y todos los caballeros, y hallaron á Joan Fernandez á caballo sobre el
puerco, asido de las orejas con la mano izquierda, y con la derecha
dándole de puñaladas, que ya le tenía casi muerto, caido entre sus
piernas. Levantóse de tierra y vió venir con el socorro á su mujer, con
un caballo y una lanza á la jineta; y como su marido Joan Fernandez
la vió venir de tal manera, rióse v díxole: doña Hierónima, ¿á quién
veníades á socorrer, á mí ó al puerco?

Y ella le respondió: Yo os respondo con lo que dixo el Duque de Ferrara
en un socorro que hizo á los franceses contra los españoles en la
batalla de Rávena, que viendo los dos campos muy trabados y perdidos,
para acaballos del todo, mandó desparar su artillería á todos y dijo:
_Tutti son inimici._

Rieron mucho y Joan Fernandez respondió: Señora mujer, pues decis que
á los dos teneis por enemigos, á mí y al puerco, bien será que yo le
presente á la primavera vuestra amiga, que nos terná por amigos, con
este mote:

    Recebid este presente
  Mi seniora primavera,
  Que mi mujer le comiera,
  Sino por un accidente.

Respondióle doña Hierónima: Sepamos por qué decis que yo comiera el
puerco, sino por un acidente, que ninguno tengo para dejar de comelle,
sino ser mal casada.

Dixo Joan Fernandez: Pues sabed, señora mujer, que, hablando de véras,
el puerco es vuestro, que matándole me dixo: Yo me dexo á tu mujer, y
así os le presento con este cantar:

  Mal casada, no te enojes,
  Que me matan tus amores.

Y ella le respondió con este otro:

  ¡Ay, señoras, si se usase
  Que quien mal marido tiene
  Que lo dexase!

Y así se volvieron cantando y riendo, para alegrar á las señoras, que
tristes estaban hasta que vieron á Joan Fernandez sin peligro.

No muy léjos deste placer donde estaban, se levantó un puerco muy
fiero, y don Diego Ladron tomó una lanza y fué para él, y dióle una
lanzada por los costados, que le pasó de parte á parte; y el puerco le
rompió la lanza con los colmillos, y le hirió el caballo, y dixo estas
palabras: Mahoma, no me faltes.

Joan Fernandez se rió, diciendo: A no decirse vuestro caballo Mahoma,
pensáramos que sois moro.

Respondióle don Diego: Mas ántes yo lo soy despues que moro con vuestra
amistad, aunque más lo parescistes vos el tiempo que trujistes la turca
de grana, que enojastes en traella á dos veranos de caliente y á tres
inviernos de frio, que don Luis Milan se acordó desto en una copla que
os hizo haciéndoos turquesa quando sacastes una ropa larga, de paño
azul, como la que traen los pregonamuertos de la cofradía de Santiago,
que si don Luis Milan la quiere decir y vos no os correis, seréis mucho
de palacio.

Dixo Joan Fernandez: Sólo por paresceros cortesano sufriré papirotes
del Milan, cuanto más coplas.

Dixo don Luis Milan: Bien será decilla, y no os corrais, que de color
os mudais.

    No se vió mejor empresa,
  Ni azuleja más galana,
  Tan turco sois con la grana
  Como con lazul turquesa.
    Azulejo, mi señor.
  Turquesa contra caida;
  No tengais ningun temor,
  Que no caeréis de amor
  En vuestra vida.

Dixo Joan Fernandez: Pues habeis empezado la escaramuza de coplas, vos
seréis como Moriana, bien servida y mal contenta de mis respuestas;
y recebid ésta con perdon que os hace búfalo, por ser animal que
aborresce la grana, y á toda cosa que con ella está. Pues mi ropa azul
aborrecistes por vos haber sacado tras ella mi turca de grana que me
quisistes matar á motes cuando la traia, así como el búfalo quiere
quitar la vida á quien la trae; y la respuesta que doy á vuestra copla
es ésta:

    Nombrar mi ropa azuleja,
  De azulejo fué tomado,
  Paresce que habeis sacado
  Vestido de ropa vieja.
    Turco y turquesa me heciste,
  Corriste carrera vana,
  Búfalo me parecistes,
  Que lazul aborrecistes
  Por la grana.

Don Francisco Fenollet, como no es muy amigo de cazar puercos, siguió
á los monteros de ciervos, y vino con un ciervo cariblanco, que tenía
el pié derecho negro, y cuando fueron en vista y oida de la señora doña
Francisca, su mujer, venía delante del ciervo cantando Olivarte, cantor
del Duque, este romance:

    Aquel ciervo cariblanco
  Que corre por aquel llano,
  Quien fuere mi caballero,
  Tráigamelo á la mano.
    Dias há que yo ensoñé
  Que mi mal no será sano
  Si no me traen un ciervo
  Cariblanco y rabicano.
    Con el pié derecho negro,
  Que no es de señal villano
  Por la propiedad que tiene,
  Que sabella no es en vano.
    Quien comiere deste ciervo
  De Cupido será hermano;
  No le matará el amor,
  Que no le dará de mano.

En acabar de cantar Olivarte, don Francisco le presentó á la señora,
su mujer, y le dixo: Señora, con el romance que hice por servicio
de vuesa merced, ántes de seros marido, os he presentado este ciervo
cariblanco, que la ventura me ha hecho cazar, para que se cumpliese mi
deseo de presentaros lo que yo represento.

    Ciervo cazado del amor
  Para ser vuestro amador.

Dixo la señora doña Francisca: Señor, si las señales no mienten, vuesa
merced las tiene de buen marido, que hasta agora no tengo de qué
quejarme, sino que anda mucho en burlas con Gilot.

    Que á las veces salen véras
  Las burlas que son terceras.

Dixo Gilot: Señora doña Francisca, totes les celoses son com á cigales,
que en cantar una responen molges. La Reina ha comenzat lo cant, que
de cels es un encant; y la señora doña Mencía fa lo contralt, que son
marit ne stá malalt, y vosa merced es un tenor sospitos, que pijor es
que la tos; y la seniora doña Hierónima lo contrabaix, puix son marit
va tos temps baix en amors,

    Que pijor es que dolor
  De mal frances,
  Baix amor en caballers.

Don Miguel Fernandez vió un ciervo no muy léjos de donde estaban, y
dixo á la señora doña Ana, su mujer: Yo quiero ir á matalle como á
servidor, y no como á marido, porque si lo presento á vuestra merced le
tomará de mejor gana, pues yo le daré con mejor modo. Y tomó un arcabuz
de un montero, y mató el ciervo y presentóselo con este requiebro:

    Tenedme por recebido
  Ciervo, vuestro servidor,
  Y sabráos mucho mejor
  Que de marido.

Dixo la señora doña Ana, su mujer:

  No le tomára
  Si como á marido le presentára,
  Y en presentalle como á servidor,
  Le tomo con más amor,

que, para conservarse la voluntad entre los casados, siempre ha de
saber como á servidor el marido, porque no sea tenida en poco la mujer,

    Pues en ser casada es olvidada,
  Lo que no debria ser,
  Que la guerra en la posada
  Peor mal no puede ser.

Dixo el Duque: Señora doña Ana, porque no le responda su marido á esta
plática, que ha menester hora más desocupada, dejémosla para despues
de la comida por lo que se dice:

    Lo que á muchos toca,
  Con pocos no se platica.

Levantaron un puerco y vino hácia donde estaba don Baltasar Mercader,
y tomó una lanza, y dixo á la señora doña Isabel, su mujer: En nombre
vuestro le daré lanzada, porque no se me vaya; y mató el puerco, y
dióselo con este requiebro:

    Si con vos no le hiriera,
  No muriera.

Respondió la señora doña Isabel:

  No es tan mortal
  Mi lanzada,
  Pues que no puedo matar
  Vuestro burlar.

Venía don Berenguer Aguilar corriendo tras un ciervo que habia herido
al pié de un monte, á vista de todos, y vino á morir delante de la
señora doña Leonor Gualvez, su mujer, y presentóselo con este requiebro:

    Por vuestra vista murió
  El que os miró.

Dixo don Luis Milan: Basilisco ha hecho el señor don Berenguer á vuesa
merced, que mata con la vista.

    Díganos en qué está muerto,
  Que no lo entiendo por cierto;
  Que en la carne está engordando
  Y en su espíritu burlando.
    Creo que esta muerte debe ser
  Que murió de gran placer
  Por haber con vos casado,
  Y vióse resucitado,
  Más sabido
  Por habella conoscido.

Ya era mediodia, y el Duque mandó que cesase la caza, y dixo:

    Buena caza habemos hecho,
  Como hacen en cazar
  Los que cazan para dar
  A su provecho.
    Hora será de comer,
  Que ya espero esta comida,
  Pues comer es para vida
  Gran placer.

Dixo don Francisco Fenollet: ¿Trovador es vuestra excellencia?

Respondió el Duque: No soy sino perdedor.

Dixo don Luis Milan: Nadi pierde por otro sino por sí.

Replicó Joan Fernandez: En el merescer está el tener.

Respondió don Diego Ladron: Nadi meresce sino á quien se le paresce.

Todos allegaron con gran regocijo á la comida, que fué en Liria, y
sentados que fueron á la mesa, dieron muy buen tocino con vino blanco
y azúcar, y dixo el Duque: Gilot, muy buenos principios son éstos, del
tocino de Aragon deben ser, que tú lo debes conoscer.

Respondió Gilot: Señor, gran merces del mot quem habeu donat; juheu me
habeu fet, mas no so cobart, á un canonge ne fas part, ques diu Ester,
que sé que lin fas gran placer.

El Canónigo le tiró un bofeton, y erró á él, y dió al paje del mal
recaudo, y los dos para vengarse trujeron dos halcones muertos de
hambre, y soltáronlos al Canónigo, que sin bonete en la cabeza estaba
delante el Duque, y asidos dél le picaron en la calva y él gritando, y
Gilot y el paje teníanle, porque los halcones estuviesen como en barra
asidos con las uñas dél; y quedó tan ensangrentado que si el Duque no
le socorriera, muerto fuera, y el paje le apodó, y díxole:

    Señor mosen Agron,
  ¿Cómo os fué con mi halcon?

Y él respondió:

    Y á vos, patge del ganget,
  ¿Cóm vos va ab lo meu bufet?

A ruego de las damas el Duque los perdonó, y mandó que no se
desmandasen más de manos.

Sacaron unas aves asadas de tan estraño olor y sabor, que de no
conocellas les pusieron nombre las desconocidas. El gobernador
Cabanillas, por haber tomado el cargo desta comida, no le vimos hasta
la hora del comer y dixo: Ninguno sabe el nombre destas aves sino
yo, que de las Indias me han enviado dellas poco há, y en Benizano y
Bolbait las hago criar dentro en los castillos, porque son de tan gran
sentido que sirven por sentinelas, pues por poco ruido que sientan de
noche dan grandes voces, y hace la guardia una dellas despierta, como
está la grulla con la mano alta y una piedra en ella, miéntras las
otras duermen, porque si se aduerme, al caer de lo que tiene entre las
uñas despierta, y desta manera no puede dormir, que por esto no me ha
de tener en poco su excelencia de las muchas que yo he traido aquí,
teniendo la propiedad que tienen para centinelas, que guarda fuerzas se
debrian nombrar, y no el nombre que tienen.

Dixo el Duque: Cabanillas, nadi alcanza lo que vos, pues alcanzais
hasta las Indias á tener lo que dellas no alcanzan reyes. Decime, por
vida de la Reina, mi señora, qué nombre tienen, si es tan bueno como el
que vos les habeis puesto.

Respondió Cabanillas: Señor, soy contento; el nombre dellas es
perdizajeras.

Dixo doña Hierónima, la mujer de Joan Fernandez: Esto, perdices son
con ajos, que el nombre se lo dice, pues nombrando una que se dirá
perdizajera, lo dice claro.

Rieron mucho de la burla de Cabanillas, y el Duque le dixo cómo las
habian aparejado; y él respondió: Ponen dentro dellas agiaceite, de
manera que no pueda salir, y al asar incorpórase todo en la perdiz,
y queda tan desconoscida como conoscida de la señora doña Hierónima,
por ser muy enemiga de los ajos, que su marido no los osa comer en su
casa, porque un dia le corrió con el majadero que los habian hecho y
arrojóselo; y él vino huyendo á mi casa, á hora de comer, hediendo á
los ajos y díxome: Señor, acógeme en vuestra mesa, que huyendo vengo
del majadero, que nunca estuvo más donoso en su vida, por los donaires
que aquel dia dixo, y fueron tales, que doña Elena, mi nuera, le puso
nombre Joan Donaire.

Dixo Joan Fernandez: Señor Cabanillas, buen sermon habeis estudiado
para venir á decirme Joan Donaire. Bien será que sepan lo que á vos
os siguió en otra comida que don Guerau Bou estuvo en ella y me dixo
que Juan Vilarrasa, vuestro sobrino, convidó á comer á su huerta á
fray Palomo, que aquella cuaresma preicaba en Valencia, y convidóle
para oirle, que era muy buen decidor. Y al hora que se asentaban á la
mesa, vuestra merced entró y dixo: _Pax vobis_, y sentóse á comer,
y don Juan Vilarrasa fuése á la cocina por no oir vuestros cuentos
católicos del tiempo del Rey Católico; que fueron tantos, que nunca el
fraile pudo envidar con los suyos, y á cada paso vuesa merced decia:
Esto que digo en este cuento don Juan Vilarrasa lo sabe tan bien como
yo. Y él respondió de la cocina, donde estaba, gritando: Noy sé res de
quant diu, puix mal profit me ha fet entrar lo frare que nunca la dexat
parlar. Y en irse vuesa merced, el fraile os puso nombre el gobernador
Campanillas, porque quando ellas tañen nadie puede hablar.

Despues de las perdices dieron pavones de las Indias y de los nuestros,
y dixo don Diego Ladron: Apostaré que al señor Joan Fernandez mejor
le parecerán los pavones indianos que los de Valencia, aunque para lo
que siempre hace en sus amores, mejor le debrian parescer los nuestros,
pues los contrahace estando en rueda como están ellos con las plumas
muy hermosas, que son las que don Luis Milan le pasa por la nariz, y
son tantas que queda emplumado. Pues digámosle Joan de Rueda, y no lo
digo porque sea como Lope de Rueda, que no hace farsas como él.

Dixo don Francisco Fenollet: Si él es más amigo de los pavones
indianos, yo le diré Juan pavon indiano.

Joan Fernandez le respondió con esta copla, que de presto hizo:

    Cuervos habeis parescido,
  Que muy mal habeis picado,
  La ropa me habeis rasgado,
  Que sangre no m’ha salido.
    No seais corveadores,
  Qu’es muy malo corvear;
  Alquilaos á podar,
  Pues sabeis á podadores.

Don Diego y don Francisco, que se oyeron apodar á cuervos, dixeron
á las damas si era bueno el apodo, y en qué les parescia que fuesen
corveadores, como Joan Fernandez les habia dicho en su copla; y que lo
pensasen entre tanto que respondian cada uno á la copla con otra suya,
y dixo don Francisco:

    Paresce que os enojastes
  Por deciros Joan pavon;
  Y’os apodo al abejon,
  Pues que siempre le jugastes.
    En las burlas deste juego
  Siempre haceis sentir el palo:
  Comenzad á rezar luégo,
  De las manos de don Diego
  _Sed liberanos à malo_.

Y tras esta copla de don Francisco Fenollet salió la de don Diego
Ladron y es ésta:

    Si cuervo os he parescido,
  Lagarto me semejais,
  Con vuestra cola gastais
  Lo que os sale del sentido.
    Yo no he visto mejor pieza,
  Digámosle Joan Lagarto;
  Pues la cola gasta harto
  Lo que adoba su cabeza.

Dixeron las damas á don Francisco Fenollet y á don Diego Ladron: Con
mucha razon os apodó Juan Fernandez á cuervos por aquello que dice;
ántes que dices diga que la señora doña Hierónima, su mujer, lo ha
dicho, que si les apodó su marido á cuervo, fué porque no le apodasen
primero á él cuervo, que mejor le estuviera, pues siempre la va
picando; que yerros son del marido y la mujer, decirse cuentos para
quedar descontentos.

Tras los pavones sacaron muy grandes pasteles, y fueron nombrados copos
de amor, con muchas aves en ellos, y de todas carnes, que buenos los
hacen; y el Duque presentó uno á la Reina con este requiebro:

    En este copo de amor
  Le presento á su alteza
  Una ave, ques mi firmeza.

Don Luis Vique dió otro á la señora doña Mencía, su mujer, y dixo:

    En este copo de amor
  Por ave mia os presento,
  De Mencía es mi contento.

Don Luis Margarite dió otro á la señora doña Violante, su mujer, y dixo:

    Este copo del amor
  Por ave os presento yo,
  Que se nombra, vuestro so.

Don Pedro Mascó dió otro á la señora doña Castellana, su mujer, y dixo:

    En este copo de amor
  De vos y de mí está lleno
  De un ave, ques gusto bueno.

Joan Fernandez dió otro á la señora doña Hierónima, su mujer, con este
dicho:

    En este copo de amor
  Os presento un ave hermosa,
  Qu’es la vuestra mariposa.

Don Diego Ladron dió otro á la señora doña María, su mujer, y dixo:

    En este copo de amor
  Os presento un muy gran dón,
  Un ave vuestro Ladron.

Don Francisco Fenollet dió otro á la señora doña Francisca, su mujer, y
dixo:

    En este copo de amor
  Por ave Francisco doy,
  Pues que de Francisca soy.

Don Miguel Fernandez dió otro á la señora doña Ana Mercader, su mujer,
y dixo:

    En este copo de amor
  N’os presentó cosa vana
  Por ave la mayorana.

Don Baltasar Mercader dió otro á la señora doña Isabel, su mujer, con
este dicho:

    En este copo de amor
  Doy lo que de vos más quiero,
  Un ave qu’es, mucho quiero.

Don Berenguer Aguilar dió otro á la señora doña Leonor Gualvez, su
mujer, y dixo:

    En este copo de amor
  A mi Leonor se da
  Por ave mi aguila.

Tras estos copos de amor sacaron muchas maneras de potajes: manjar
blanco de amor en blanco, y mirrauste de mal miraste, y diamante del
amante, y aves cocidas de escocidas, y escodillas de salsas de falsas,
y salchichones de burlones, y longanizas de falsas risas, y sobreasadas
de refalsadas, y pollastres de desastres, y porcellas de querellas,
y cabritos de malditos, y cabezas de ternera de parleras, y tortras
de mal de otras, y empanadillas de rencillas; y por postres dieron
peras de mal esperas, y queso de mal seso, y aceitunas de importunas,
y camuesas de feezas, y ragea de mal se vea, y muchas maneras de
confituras de amarguras; todo

    Fué con tanto cumplimiento,
  Que por burla como á cuento
  He sacado
  Los manjares que he burlado,
  Que hablando muy de véras
  Sin falsete,
  Nunca fué mejor banquete.

Acabada que fué la comida, dixo el Duque: Quien promete en deuda
se mete. Yo prometí ser juez para juzgar cuál de los dos, ó Joan
Fernandez, ó don Luis Milan, agora podeis decir las coplas que os
hecistes, que, oidas las dos partes, yo diré mi parescer.

Dixo don Luis Milan: Pues vuestra excelencia lo manda, y estamos
en juicio, tengámosle los que habernos de ser juzgados en ser bien
sufridos,

    Que en el lugar de las verdades
  Decir mentiras, son maldades.

Y tratando muy gran verdad digo, que Joan Fernandez vino al juego de
la pelota muy canicular en los dias caniculares, en cuerpo, sin capa,
vestido de monte ó de mote, con un sayo y calzas y montera de paño,
y un jubon algodonado de fustan; todo tan verde que no vino nada
maduro, con tan grandes calores como hacia, que no se podia vivir con
tafetanes; y diciéndome don Francisco Fenollet: ¿Qué risa es ésta que
se ha levantado tan grande? yo le dixe: Del cielo viene lo que por
castigo se hace, ¿no veis cuál ha venido nuestro amigo, un Enero en
Juliol hecho un verderol? Y por esto le hice estas tres coplas, que si
comienzan con puntos de música, fué por burlar de la suya, pues burla
de la de todos, y recíbalo con paciencia.

    Que poco enoja
  La burla que desenoja.

Dixo Joan Fernandez: Decildas, que las burlas sin dañar nunca obligan á
enojar.

    Señor, ut, re, mi, fa, sol,
  Joan Fernandez sin par,
  Ogaño os podrán pescar
  En la mar por verderol.
    Un tiempo fuistes pajel
  Trayendo turca de grana,
  Yo no sé por cuál desgana
  Dejastes la color dél,
  Por una esperanza vana.
    Suplicos se os acuerde
  Sobre tal caso escribir,
  Si no, habrémos de decir,
  Adelante los del verde.
    Y á refran tan conoscido,
  Por quitar murmuradores,
  Dad razon á trovadores,
  Si de verde os sois vestido
  Por ir verde en los amores.
    Por mote no lo tomeis,
  Pues es pregunta que os pido,
  Si no, yo seré el corrido,
  Si vos desto os correis.
    Y perdone la ocasion
  Que lo verde me ha dado,
  Que por verderol, pescado
  Entre platos y un limon,
  Al Duque os he presentado.

Dixo Joan Fernandez: Con un cuento quiero responder al yerro que sintió
don Luis Milan, de malas coplas que le hice, por contentar á quien
contentando descontenta.

    Que peor no puede ser
  Que á malos apetitos complacer.

Y siguióse que el Rey de Portugal hizo hacer un exercicio para hacer
galanes, y fué que armó un maestro de gala porque amostrase á hacer
el galan á quien lo hubiese menester para bien servir á damas, porque
no se daba licencia de servirlas sino á quien fuese examinado oficial
de la gala, y si el caballero sirviendo á su dama hacia algun nescio
pecado, ella le daba la pena que merescia. Y como el mayor de todos los
pecados fuese hacer malas coplas, hizo un portugues á un competidor
suyo unas, que sabian á pullas por ser mentirosas y de bajo estilo;
y la pena que su dama le dió, fué despedirle de servidor, y él iba
diciendo:

    Por facer malas coplas
  Perdí miña amor,
  Doleyvos de meu dolor.

Yo soy este portugues, que por lo mismo fuí despedido de una dama que
serviamos don Luis Milan y yo, y despidióme con este cantar de muertos:

    No me sirvais, caballero,
  Ios con Dios,
  Que quien hace malas coplas,
  _Nescio vos_.

Yo quedé tan arrepentido, que luégo rasgué todas las malas coplas que
pude haber, y de nuevo le respondí á todas las suyas con las que agora
le responderé á cuantas me dirá; y respondo á las del verderol, que me
ha hecho, con éstas:

    Señor: re, mi, fa, sol, la,
  Respondo al ut, re, mi, fa, sol;
  Vuestro galan.
    De vos se queja mi águila,
  Que la hizo verderol
  Vuestro milan.
    En el vuelo se ha mostrado
  Vuestro milan, como en caja,
  En amor.
    Quien tras águila ha volado,
  Si por verderol se abaja,
  Es pescador.
    Vos haceis lo que hacer suele
  El milan en su volar
  Por vivir sano.
    Que por muy alto que vuele,
  L’habemos visto abajar
  Por un liviano.
    Ese milan que teneis
  Daltibajo es su gran vuelo
  En llano y sierra.
    Cantad lo que vos haceis,
  Que vuelo hasta el cielo
  Y quedo en tierra.
    Las damas os desengañan,
  Que n’os quieren mirar más
  Si las mirais.
    Pues vuestras cosas engañan,
  Todo es Pedro por demas
  Si festejais.
    Dicen que os han descubierto
  Que sois muy desamorado
  En amores.
    Qu’el primer dia sois muerto,
  Y al tercer resucitado
  Sin dolores.

Dixo don Luis Milan: Señor Duque, si estuviese en mi mano, lloraria
por no dar en reir de lo que diré, que no sé cómo lo diga, que ya me
rio del sayete de paño naranjado que sacó el señor Joan Fernandez para
ruar, ó reir á hora de vueltas; y estaba guarnescido con una trepilla,
ó tripilla cortesana de tercioperro negro, que tan negro terciopelo
nunca vi. Pues fué tan reido por la trepilla, como trepado de todos,
por ser tan corto como vizcaíno, y tan estrecho como catalan, que don
Diego Ladron, en una copla que le hizo, le dixo que era sayo-paje,
y don Francisco Fenollet, en otra, le apodó á sayo-mono, y yo, á
cuera-sayo, como en esta copla vuestra excelencia verá:

    No caigo bien en la cuenta,
  Y he caido de quién es,
  Que ese sayo que traés
  Á los dos os descontenta.
    Para sayo más es cuera,
  Para cuera más es sayo,
  Librea pensé que fuera;
  Digámosle sayo-cuera,
  Ó si quereis, cuera-sayo.

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.

    Pues tambien canta estrambotes
  Á mi sayo su milan,
  Si quisiese ser truhan,
  Ganaríale á motes.
    Cuera-sayo le decis,
  Y no está de vos quejoso,
  Que si vos os lo vestis,
  Decirle han sayo Luis,
  Que se ensaya á ser donoso.

COPLA DE DON DIEGO LADRON Á JOAN FERNANDEZ.

    Ya tengo perdido el norte,
  No puedo saber quién es,
  Ese sayo que traés
  Debe ser de vuestro corte.
    Ó de vuestra corte traje,
  Me paresce, señor Juan,
  Dalde luégo á un truhan,
  Que paresce sayo-paje.

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ Á DON DIEGO LADRON.

    Pues el norte que perdistes
  Os hizo perder la gala,
  Don Diego Ginagala
  Á mi sayo parescistes.
    Sayo-paje le apodastes,
  Y él á vos os ha apodado
  Á galan Ginagalado,
  Pues de Ginagala hablastes.

COPLA DE DON FRANCISCO FENOLLET Á JOAN FERNANDEZ.

    Espantados vais los dos,
  Vos y el sayo que traeis;
  ¿Cómo los dos n’os correis,
  Vos con él, y él con vos?
    Dende agora y’os perdono,
  Y podréis os dél servir,
  Si me le dejais decir
  Que parece sayo-mono.

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ Á DON FRANCISCO FENOLLET.

    Si los dos nos espantamos,
  Yo y mi sayo naranjado,
  Fué de veros espantado
  Por lo que de vos burlamos.
    Para hacer una comedia,
  Yo le dixe á mi sayete,
  Mejor fueras fenollete
  Que sayo-mono de Heredia.

Dixo don Luis Milan: Item más, salió el señor Joan Fernandez por la
iglesia mayor, sin capa y con el sayo desabrochado, para oir, la oncena
qu’es la misa de los perezosos. Y fué tan mortal este pecado, que
nadie lo quiso absolver, sino el Obispo de Fez de vuestra excellencia,
que perdona de todos los pecados, y porque supo que no pecó en dia
de fiesta, ni por mostrar su gentil cuerpo, sino por remedar á un
caballero mallorquin que quiso poner este mal uso en nuestra Valencia;
y fué tan reido, qu’el señor Joan no osó más volver á pecar en este
pecado, y por esto fué de las damas perdonado. Pero no se me fué sin
copla, y es ésta:

    Dicho me han, señor don Joan,
  Que se toma residencia
  En la ciudad de Valencia
  Del oficio de galan.
    El pueblo está alborotado,
  Que en cuerpo y desabrochado
  Remedais al mallorquin:
  Decidme, ¿qu’es vuestro fin,
  Que de risa m’he finado?

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.

    Dicho me han, señor don Luis,
  Que os han hecho juez de gala,
  Buena será para mala,
  Si juzgais como servis.
    Rey fué mal aconsejado,
  Creo que vos lo aconsejastes,
  Á vos y á él ha engañado,
  Á él porque á vos l’ha dado,
  Y á vos porque lo tomastes.

RÉPLICA DE DON LUIS MILAN.

    Yo quiero renunciar
  Al oficio de galan,
  Mejor será para tal Joan,
  Pues sabe tambien juzgar.
    De razon me alcanzais,
  Que mejor que yo juzgais,
  L’ajeno y vuestro decis,
  Vos hablais como vestis,
  Y vestis como hablais.

RESPUESTA DE JOAN FERNANDEZ.

    Vos sois muy buen danzador,
  Y danzais para reir,
  Del són os veo salir
  Para ser gran tañedor.
    Harto fué salir del són,
  Sacarnos, como á desastre,
  Á mis vestidos y razon,
  Aquel juez sois de Aragon
  Que ahorcó tejedor por sastre.


DON LUIS MILAN.

    Yo por sastre os he tomado,
  Que vos no sois tejedor,
  Ordidor ni tramador,
  Sino de muy mal cortado.
    Y aunque mucho habeis reido,
  Del són no me soy salido,
  Que despues que os guié,
  De tal baja y’os saqué,
  Que en el alta os he metido.


DE JOAN FERNANDEZ.

    L’alta y baja que nombrastes
  Es de vuestra condicion,
  Alto sois de presuncion
  Y muy bajo copleastes.
    Contrabajo sois de tono
  Por burlar de bajo traje,
  Siendo contralto en linaje,
  Quien dixera sayo-mono,
  Sayo-cuera y sayo-paje.


DON DIEGO LADRON.

    Tened al Rey, trovadores,
  Qu’el Rey me ha dado poder
  Que presos pueda traer
  Á quien son copleadores.
    Copleadores paresceis
  Porque mucho os encendeis,
  Que burlas n’os han de alargar,
  Ya os podeis espabilar,
  Que gran pábilo teneis.

Dixo el Duque: Tiene razon, don Diego Ladron, que las burlas no deben
ser largas aunque sean buenas, que si turan mucho, pueden hacer mal
estómago, por ser de mala digestion el burlar, y si son pocas puédense
digerir; y pues los caballeros no deben reñir de burlas, no se ha
de burlar para que puedan reñir de véras, porque sufriendo muchas,
parescen hombres de burlas, y siendo pocas, no apocan á los burladores
en sufrillas. Yo doy por tan buenas vuestras coplas, que no sé á quién
dar la mejoría, despues que se ha mejorado Joan Fernandez en rasgar las
malas coplas, que, por mal consejo, hizo contra don Luis Milan.

Dixo don Francisco Fenollet: Señor, agora le pueden decir, Joan
Fernandez adobado como guante, pues ha sido tan bueno el adobo de
la dama que le despidió, que ha mejorado de coplas en las burlas.
Y vuestra excelencia, para acabar de bien juzgar, no debe atajar
que digan las demas que se hicieron, para que vea si son tan buenas
las que vernán como las pasadas, que volviéndose á encender, yo los
espabilaré y departiré con otra copla, como lo hizo don Diego Ladron.

Dixo el Duque: Don Francisco, bien me parece lo que decis, aguarden
tiempo y lugar que venga á buen propósito, y podrán tornar á volar el
águila del Joan y el milan de don Luis, y agora tratemos de las muy
avisadas y graciosas razones que estas señoras dixeron ántes de cazar,
que yo las atajé para que mejor platicásemos dellas despues de la
comida. Y agora diga la señora doña Mencía la suya.

Dixo la señora doña Mencía: Señor, lo que yo dixe fué, que mejor
están los amadores estando malos que buenos, porque la dolencia de
los que aman es salud para la honra de sus damas, pues estando malos
sus servidores, muestran no estar sanos de favores, y estar los
galanes dolientes, desfavorecidos, es sanidad para ellos; pues no
andan atrevidos sino para bien servir y no enojar; que si estuviesen
sanos de bien tratados, andáran descuidados en el servicio de sus
damas, pensando que no pueden parescer mal, de cualquier manera que
sirvan, los que por buenos servicios han allegado á parescer bien y van
engañados; que los que se descuidan son los que se pierden. Y como
mi señor don Luis Vique tiene bien probado ser esto lo mejor, siendo
marido se trata conmigo como á servidor, y á quien tal hace, meresce
que nunca le contradiga su mujer.

Dixo el Duque: Señora doña Mencía, no hay más que decir, sino dígalo el
señor don Luis Vique, su marido.

Dixo don Luis Vique; Señora mujer, yo ensoñé, quando os era servidor,
que os habia de ser buen marido, porque siendo leal la dama cuando es
amiga, no puede ser desleal cuando es mujer, que si ántes de casar,
cuando ella manda, se dexa mandar de la razon, despues de casada no se
puede desmandar para dar pasion. Siempre vi en vuesa merced, cuando
os servia, lo que debe hacer la dama á su servidor cuando no merece
competidor, pues vió en mí que no lo merescia, ni por desleal para
seros traidor, ni por atrevido para mal serviros, ni por confiado para
prometerme, ni por descuidado para yo faltaros; que ni yo me confié
de meresceros, ni me desconfié para olvidaros. Y así la ventura os
hizo mia, pues vió que todo era vuestro, y con el modo que le gané la
voluntad, como á servidor, la quiero conservar como á marido, pues
vuesa merced se hizo amar como amiga, que habia de ser mi mujer. Que
las amigas que son buenas para mujeres, agradan mas que las mujeres que
son buenas para amigas.

Dixo Joan Fernandez: Señora doña Mencía, por lo que vuesa merced ha
dicho, ha mostrado qu’el señor don Luis Vique, su marido, va tan
enfermo de vuestro amor como cuando os era servidor; y á mi parescer no
se vió Luis más sano. Díganos en qué está mal, si es dolor de quixal.

Dixo don Francisco Fenollet:

    No puede ser mal de muelas,
  Que sería gritador;
  Más paresce mal de amor.

Dixo don Diego Ladron: Más parece el mal del tordo.

Dixo don Luis Milan: Más será el del gavilan, que, por gentileza, á la
mañana suelta la presa.

Dixo la señora doña Mencía: Señores desamorados, como no teneis amor,
habeis burlado del mal de mi señor don Luis Vique; Don Francisco
Fenollet ha acertado, que deste mal fué oleado.

Dixo don Luis Milan: Y cuán oleado, y áun batizado del agua del palo,
que mal frances fué su amor.

Dixo don Francisco Fenollet: Ximeno, por su mal conoce el ajeno.

Dixo Joan Fernandez: Don Francisco, vos no quereis acabar de conoscer
ese milan; por él se dixo: El mal de milano, las alas quebradas y el
pico sano.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, pues quereis que tenga pico,
repico. Bien se os acuerda, cuando fuisteis dama de don Enéas Ladron,
que os sacó á danzar en el Real, estando en sarao la Reina, mi señora,
y su excelencia, y vos no le negastes vuestro cuerpo, que parescistes
la reina Dido, que iba danzando con su Enéas troyano, como vos con el
vuestro, que parescia Enéas gitano, que por parescernos vos tan feo
para dama como él para galan, le apodamos á Camafeo, y á vos á dama
fea. Pues fué el caso tan feo, que no hallamos con qué salvaros, sino
con Lope de Rueda, que lo quisistes contra-hacer por dar placer á costa
vuestra, como esta copla muestra:

    Bueno vais, señor don Joan,
  Puesto estais en buena fama,
  Y’os tenía por galan,
  Y hanme dicho que sois dama.
    Bien podeis cantar de hoy más
  Aquella triste sonada
  De Dido, la desdichada:
  Enéas, pues que te vas
  Y me dejas tan burlada.


RESPUESTA DE JOAN FRNANDEZ.

    Cantó l’alba la perdiz,
  Más le valiera dormir,
  Pues danzastes con Betriz
  Para darnos que reir.
    Gilot lo supo despues
  Que con su Betriz danzastes,
  Pues de su casa llevastes
  Á la vuestra el mal frances,
  Que á don Francisco pegastes.

Don Francisco los departió y dixo:

    Tené al Rey, no más burlar,
  Que ya dais mucha ocasion,
  Como á don Diego Ladron
  Quando os quiso espabilar.
    No paseis más adelante,
  Y de mal frances no hablemos;
  Enviémoslo á Alicante,
  Que lo embarquen á Levante,
  Que los tres harto tenemos.

Dixo el Duque: Yo quiero poner en medio, para departir como maestro de
esgrima, la vara, y es del palo del canónigo Ester.

Dixo el Canónigo: Señor, un dia me diréu lo canonge boix, puix me habeu
fet de palo.

Dixo el Duque: Canónigo, por mi vida, no haya más, pues no sois para
ménos; y diga la señora doña Castellana Belvis la razon que en la caza
le dixe que la dexase para agora.

Respondió la señora doña Castellana: Vuestra Excelencia manda que diga
lo que no querrian oir los malos maridos. Yo dixe, quando don Pedro,
mi señor, me presentó el ciervo con los cantores, que para conoscer si
estuvieron enamorados de véras los amadores, ántes de casar, que siendo
casados, siempre han de venir delante sus mujeres, como á servidores,
para ser buenos maridos, con mucho deseo á beber de la fuente del deseo
de su mujer; porque en perderse los deseos, reinan los menosprecios. Y
por esto las menospreciadas son las mal casadas.

    Y hombres menospreciadores
  Siempre saben á traidores,
  Y desleales,
  Abren puerta para males.

Vengan pues con el deseo que viene el ciervo herido al agua, y creerá
la mujer que su marido no se dice don Olvido, como en este cuento
oirán. Una señora amiga mia, siendo mal casada, siempre nombraba á
su marido don Olvido, y él le puso nombre á ella doña Olvidada.
Hiciéronles esta cancion:

    Si quereis saber quién son
  Don Olvido y doña Olvidada,
  Mal marido y mal casada.

El Duque se rió de buena gana y dixo: Señora doña Castellana, atapado
nos ha las bocas, aunque no para reir, que no hay más que decir.
Caballeros, sirvamos á nuestras mujeres como amigos, y ellas servirnos
han como á mujeres.

Dixo Joan Fernandez: Señor, vuestra Excelencia da unos consejos que
saben á conejos casolanos, que son mal sanos; gran trabajo es hacer
el siervo para ser señor, por esto rehusó de casar un sabio que en
este cuento diré. El Petrarca, siendo canónigo de Padua, dispensaba
el Papa que casase con madona Laura, por quien él mostró estar tan
enamorado della, como en sus Triunfos y sus sonetos se ve, y consentia
que viviese con sus rentas eclesiásticas si se casaba, porque no
escandalizase con amor temporal á su hábito eclesiástico; y él, no
queriendo casar, respondió al Papa: No quiero trocar los placeres del
amiga por los enojos de la mujer.

Dixo doña Hierónima, mujer de Joan Fernandez: Senyores, quin preycador
de bulles falses es mont marit; non prengau ninguna, que totes les que
ell preyca porten al infern.

Respondióle su marido: Mujer, engañada vais, que poco há me aparesció
una mujer que murió de amores de su marido, y díxome que era salvada
por haber tomado una bulla que yo preyco, y es, que ninguna mujer se
puede salvar si no muere de amores de su marido.

Dixo doña Hierónima, su mujer:

    De tal marit com vos,
  ¿Qui pot morir de amors?
  Que jaus diuen Joan farcer,
  Puix farçes feu de la muller.

La Reina rió mucho y dixo: Doña Hierónima, siempre querria que
hablásedes en valenciano, que en vuestra boca es gracioso; las dos
podemos cantar:

    Mal me quieren mis comadres,
  Porque les digo las verdades.

Y diga, Gilot, ¿quién son las comadres?

Dixo Gilot: Senyora, puix vostra altesa ho mana, yo diré qui son les
comares ab est cuento. En lo carrer de la Nau dos dones eren grans
amigues per ser enemigues de sos marits, baralléuenlos cada dia, y
ells deyen: Vosastres no sou dones, sino homens; y elles responien:
Homens som, puix vosastres sou dones no fentnos parir, y posárenlos
nom, les comares. Nou dich perque sa Excellencia y Joan Ferrandiz ó
siem en cara que may han fet parir á ses mullers.

Dixo Joan Fernandez: Gilot, ¿tú no sabes que á su Excelencia y á mí
nos han parido dos mujeres? Que este mal de ser estériles no está en
nosotros, sino en las rabiosas,

    Que por maravilla paren
  Las que rabias conciben,
  Pues que matan y no viven,

segun dice la regla de medicina.

Dixo doña Hierónima, su mujer: Senyora, ¿qui li par á vostra altesa de
mont marit? ¿Quin metge y buller que es? ab bulles falses que preica,
diu que posa dones en parais, y ab regles fingides de medisina nos
infama que som rabioses, y per ço no parim. No sería mal acusarlo,
que l’atre dia tragueren á la scala un buller falsari y un metge no
doctorat.

Dixo la Reina: Doña Hierónima, por adúltero meresceria más ser sacado á
la vergüenza, pues tiene tan poca que nos dice cara á cara que les han
parido dos mujeres.

Dixo el Duque: ¿Vuestra alteza sabe lo que me ha dicho al oido Joan
Fernandez? díxome: Mire qué primor diré, que diciendo una gran mentira
que nos han parido dos mujeres, diré una gran verdad; que dos mujeres,
que son nuestras madres, nos han parido.

Dixo la Reina: Eso teneis los hombres engañadores, que de las verdades
haceis mentiras y de las mentiras verdades. Mudemos de nuevas, que en
casos hay que es bien mudar para desenojar. Dixo don Miguel Fernandez:
Si como dixo vuesa alteza mudemos de nuevas, dixera mudemos de
costumbres, las mujeres no serian tan rabiosas, y los maridos serian
más caseros, y mi mujer y yo terniamos mejor vida, porque siempre le
digo: Mujer, mudemos de nuevas; y ella me responde: Marido, mudavos de
costumbres; yo le respondo: Mujer, vos de condicion.

Y la señora doña Ana, su mujer, le dixo: Dexad vos la que habeis tomado
de vuestro hermano Joan Fernandez, yo dexaré la que tengo de la señora
doña Hierónima, su mujer, pues las dos más tenemos los maridos mozeros
que dameros por tener gustos bajos, que no son sino de cortesanos de
rameras cortesanas, bien mereceis el nombre que os han puesto las
damas, que en veros dicen: Hé aquí los viejos mozos, y dicen bien, pues
sois viejos para vuestras mujeres, y mozos para las mozas de vuestra
casa, que siempre andais á caza dellas, que peor es que de moxcas.

Tomó la mano don Berenguer, y dixo: Señora mujer, pues á decir
condiciones de casados va, yo diré la vuestra y la mia, y su alteza
séanos juez cuál de las dos es mejor; yo le digo á doña Leonor, mi
mujer, cantando por casa:

    Tus ojos, Leonor,
  Mis enemigos son;

y ella me responde con este otro cantar:

    Quitad el caballero
  Los ojos de mí,
  No mireis ansí.

Dixo la señora doña Leonor á la Reina: Pues vuestra alteza es nuestro
juez, dígame si tengo razon de mirar de mal ojo á marido que viene
fuera casa tomado de mala vista, que todo el año tenemos los dos mal
de ojos, él de perderme de vista, yo de buscalle con la mia, que
sombra está de asombrado de bajos amores, pues siguiéndole me huye, y
huyéndole me sigue como sombra; que ya le pueden decir lo que dicen las
damas á don Francisco Fenollet, que vuestra alteza lo debria saber de
don Luis Milan por un cuento donoso que dél me contó.

Dixo la Reina que lo contase.

Don Luis Milan respondió: Que no convenia decir cuento tan bajo delante
su alteza.

Dixo don Francisco: Si lo decis, yo diré otro de vos, mucho peor.

Yo le respondí: Porque vea su alteza quál corrió lança más baja de vos
ó yo, quiero decille; sepa vuestra alteza que el cuento es éste: Yo
visité á don Francisco, que estaba mal de unos amores bajos, que yo se
lo conoscí por este villancico que me dixo:

    Herediano es el mi amor,
  Herediano es
  Quien me le hizo aragonés.

Y contóme que tenía amores con una hermosa cortesana aragonesa, que
se decia Herediana; y pensando estar sólo en esta baja que danzaba,
supo que un mercader ginoves, nombrado micer Maltevollo, tenía amores
con ella, y don Francisco quísola dejar y no pudo de muy herediano.
Quedó don Francisco con este concierto que Herediana no diese más de
un hora al dia á Maltevollo, y si más se detenia y no se queria ir de
casa, salia don Francisco amortajado con una mortaja de tela negra
diciendo: Guarda la sombra, guarda la sombra; y Herediana decia: Ios,
ios, Maltevollo, que ya viene la sombra de mi padre del otro mundo,
que me quiere matar porque sea buena; y no queriendo irse Maltevollo,
por comer una buena cena que se habia hecho traer, salió otra vez la
sombra diciendo: Vate, Maltevollo; y él decia: Prima vollo manjar. Y él
que no, y el otro que sí, y abrazáronse los dos y rodaron la escalera
abaxo. Maltevollo huyó con la cabeza quebrada, y don Francisco cerró
la puerta y comióse la cena de Maltevollo; y quedó desta caida cojo de
reputacion, y por esto le dicen las damas don Francisco Sombra, que
sombra es quien de baxos amores se asombra.

Don Francisco dixo: Pues nos habeis resfriado con mi cuento, yo
escallentaré con el vuestro de risa. Bien se os acuerda que estando vos
enamorado de una criada de una dama que serviades, en pago desta baja
traicion burlaban de vos desta manera: La señora hacia con su criada
que os hiciese estar en un árbol de su huerta haciendo el mochuelo
toda la noche, porque no fuésedes descubierto, esperando que la criada
os diese entrada, y cuando hubieron muchas noches burlado de vos, una
noche que su marido de la señora era fuera Valencia, subieron ella y su
criada al terrado, y decian:

    Mal canta este mochuelo,
  Matémosle;

y vos deciades:

    No tireis piedras,
  Que yo cantaré bien.

Y ellas decian: ¿Qué, los mochuelos hablan? vos algun ladron debeis
ser; respondíades vos: No soy sino mochuelo de amores; y ellas á tirar
piedras y vos hacer el mochuelo, hasta que os derribaron del árbol
abajo, y fuístesos apedreado como el gallo de Carnestoliendas.

    Que peor es que mochuelo
  Quien sirve la señora,
  Y pára en ser mozero.

El chiste que hicistes sobre esto quiero decir, pues tan bueno es para
contar como para hacer reir, y es éste:

    Quéjome de una dama
  D’ella á ella.
    Que no puedo estar sin vella
  Y no la veo.
    Vengo yo d’este deseo
  Á llorar.
    Miedo tengo de cegar,
  Mejor sería.
    Pues no veo á quien querria,
  Que sois vos.
    Alabado sea Dios,
  Que os crió,
    Para que cegase yo,
  Que ya lo’stoy.
    Pues no veo por do voy
  Á las gentes.
    Diciendo van entre dientes,
  Hélo, hélo.
    Vuelto se nos ha mochuelo,
  Que tal sería.
    Cierto no ve de dia
  Y va mirando.
    Vémosle estropezando
  En sus amigos.
    Señales son y testigos
  De su muerte.
    Dícenme: muy mala suerte
  Habeis tenido.
    Yo les digo: no ha sido
  Sino buena;
    Que no ver no me da pena,
  Pues no veo
    Á la que más ver deseo,
  Que’s mi dama.
    Dícenme si me defama,
  Yo les digo:
    Las obras son el testigo
  Del amor.
    ¿Veisme ciego amador
  Y burlais?
    Plega á Dios que os veais
  Como yo.
    Mas no de quien me cegó.

Dixo la señora doña Violante Mascó:

    Dios lo guarde á mi marido
  De mochuelo,
  Que no lo está de ser mozero.

Respondió don Luis Margarit, su marido:

    Guardado estoy de mozero,
  Pero no de ser mochuelo.

Dixo la señora doña Mencía: No temo yo de mi marido que se me haga
mochuelo ni mozero desvergonzado viéndose tan bien casado; que cantando
va por casa:

    Soy mozo y vergonzoso,
  Soy mozo.

Respondió don Luis Vique, su marido:

    Quien de vos se vió mochuelo,
  ¿Cómo puede ser mozero?

Dixo doña Castellana Belvis:

    Como gavilan en mano,
  Tan leal fué mi mochuelo.
  Que jamas le vi mozero.

Dixo don Pedro Mascó, su marido: Señora mujer, quien no asegura no
prende.

La señora doña Ana Mercader dixo:

    Claro se deja entender,
  Que no fiemos de maridos
  Que aseguran por prender.

Respondió don Miguel Fernandez, su marido:

    No me entiendo yo en esto,
  Que jamas os fuí travieso.

Dixo Joan Fernandez: Nunca son creidos los que tienen sus mujeres por
maridos.

Respondió la señora doña Hierónima, su mujer: ¿Cómo os va de calor? que
de frio no digo nada.

Dixo don Diego Ladron: Señora doña Hierónima, habiendo salido el señor
Joan Fernandez y vuesa merced una primavera de amor, ni él puede tener
frio ni vuestra merced calor.

Dixo la señora doña María, su mujer: Piénsase el ladron que todos son
de su condicion.

Dixo la señora doña Isabel Ferrer:

    Señora hermana,
  No correis carrera vana,
  Que ladron tengo yo el mio,
  Que mi prima no le fio.

Respondió don Baltasar Mercader, su marido: Si mal es de quien no deben
confiar, peor es de quien se debe no fiar.

Dixo don Berenguer Aguilar: nunca pudo engordar mi mujer de no fiar.

Respondió la señora doña Leonor:

    Mi señor don Berenguer,
  De engordar mucho el marido
  Enflaquece la mujer.

El Duque y la Reina se holgaron mucho destas cortesanías destos
caballeros y damas, y dixo: Bien sería que don Luis Milan pusiese por
obra el Cortesano que le mandaron las damas que hiciese; yo respondí:
Si vuestra Excellencia me avisa diciendo las partes que ha de tener el
Cortesano,

    Yo sabré hacer lo que no sabria,
  Que del Rey se ha de tomar cortesanía.

Dixo el Duque: Yo diré mi parescer y esos caballeros digan el suyo:

    Que en las cosas de gran sér,
  El Rey con los caballeros
  Tiene muy buen parescer.


REGLAS DEL CORTESANO.

Comenzó el Duque y dixo: Á mí me paresce que el Cortesano ha de tener
estas reglas: saber hablar y callar donde es menester, que no en todos
tiempos ni en todo lugar ni á toda persona es bien hablar, sino en su
caso y lugar; que si se habla en tiempos que pueden causar algun mal,
mejor es callar; ni ménos se ha de hablar en el lugar que se debe tener
silencio, que ha de ser en la casa de Dios, cuando se ha de rezar ó
tener atencion á los oficios que se dicen, y asimesmo en los lugares y
casas reales estando delante del Rey, por la fidelidad y acato que se
le debe, sino cuando él lo manda, ó hay ocasion ó interroga que delante
dél se hable; ni ménos se debe hablar á la persona qu’es prohibido,
como escomulgado con participantes, por no menospreciar la Iglesia
de Dios que lo manda; ni con hereje ni moro, sino por necesidad ó
conversion dellos, y en este caso es bueno ser amigo del amigo, qu’es
Dios, y enemigo de su enemigo, ni en lo temporal nadie debe ser amigo
de su enemigo para encender fuego en lugar de matalle, y lo demas diga
quien quisiere.

Dixo don Diego Ladron: Pues vuestra Excelencia lo manda, digo, que el
Cortesano no debria hablar sino de aquello que él sabe, pues qualquier
que habla lo que no comprende, descubre lo que no entiende. Ni ménos
debe hacer lo que ignora ó lo que no puede, que muestra saber poco, y
poder ménos quien mal se atreve.

Dixo Juan Fernandez: Yo diria que el Cortesano debe hablar siempre á
buen propósito, que apénas hay cosa mal dicha á buen propósito ni bien
hablada fuera dél, hora sea moviendo conversacion, ó respondiendo á
quien la mueve, pues sería conversacion despropositada, como si se
hablase de alegría en tiempo de tristeza, si ya no se hiciese para
alegrar á uno que se holgase lo sanase de triste un alegre donoso.

Dixo don Francisco Fenollet: Yo digo que el Cortesano siempre debe
estar en lo que hace y dice, por no parescer descuidado, como en este
cuento diré: Iban camino dos caminantes, y pasando por un pajar dixo
el uno: ¡oh qué buena paja es ésta! y de allí á una hora respondió el
otro: para albardas. Esta paja se les podria dar á comer á los que no
están en lo que están, ni traen cuenta con quien les habla, que no se
ha de responder tarde para luégo, ni luégo para tarde. Otros hay que
no están en lo que hacen, como hacia un justador portugues que nunca
engozaba la lanza sino cuando su contrario lo habia encontrado, y decia
que se le hacia gran traicion de encontralle ántes que él engozase;
quiso ser juzgado, y el Rey de Portugal, que era el juez, juzgó y dixo:

    Descuidado justador,
  Nan juste mais en amor.

Dixo don Luis Milan: El Cortesano ha de ser padre de la verdad, hijo
del modo, hermano de la crianza, pariente de la gravedad, varon con
ley, amigo de limpieza y enemigo de pesadumbre; y por mostrar cómo lo
entiendo, digo, que debe ser tan verdadero como el padre á sus hijos,
tratando mucha verdad con ellos para que sean verdaderos, mostrando
amor y correccion donde se debe, que en casos hay que si mostrase
voluntad sería tenido en poco; y porque no lo sea, no le han de ver la
cara para ser temido, sino obras para ser amado, que no debe causar
menosprecio quien ha de ser respetado; y en todo lo que ha de tratar
verdad ha de ser muy verdadero, sino cuando va de burlas placentero.

Tambien ha de ser hijo del modo por lo que diré: Un filósofo, haciendo
vida en un desierto, vió una muy hermosa ninfa y demandóle quién era,
y ella le respondió: Soy la Justicia; dixo el filósofo: ¿De dónde
veniste? respondió: Vine del cielo; prosiguió el filósofo diciendo:
¿Por qué vas por desiertos? dixo la Justicia: Porque donde yo reinaba
han muerto mi padre, que do el modo se pierde, justicia no reina. Por
donde se ve que el modo es padre de la justicia y del Cortesano, que,
para ser justo y llegado á razon, ha de ser su hijo y de su condicion.

Tambien ha de ser hermano de la crianza, como en este cuento mostraré:
Topáronse cazando dos cazadores, muy lindos hombres; dixo el uno al
otro: Tan bien me paresces, que yo querria saber tu nombre y de qué
vives. Respondióle: Á mí me dicen don Venturoso, y vivo de cazar lo que
desdichados no alcanzan; yo tambien querria saber lo mesmo de tí. Dixo
el otro: Á mí me nombran don Bien-criado, y vivo de cazar lo que mal
criados pierden; el Cortesano debe ser el uno que es don Bien-criado y
cazará siempre lo que mal criados vienen muchas veces á perder, que es
el cielo y la tierra; y puede ser el otro que es don Venturoso, porque
el cielo da la ventura á quien trabaja de ganalle con bondades y no
parencerias, como debe ser la crianza, que no ha de ser fingida para
engañar, sino verdadera para contentar.

Tambien ha de ser pariente de la gravedad, como en este cuento diré: Un
caballero de muy gran presencia y gravedad topó con una reina, de gran
hermosura y auctoridad, que se paseaba sola por una deleitosa floresta,
y díxole: Señora, ¿quién sois, que tanto contentais á quien os mira?
respondióle: Yo soy la Reina de la gravedad; dixo el caballero: ¿Y por
qué vais sola? respondió ella: Más vale soledad que mala compañía, que
la gravedad ha de ir acompañada de virtudes y sola de vicios.

Tambien ha de ser varon con ley, como dixo un valeroso caballero
castellano, en la guerra de Granada, nombrado don Manuel de Leon, que
siendo muy amado, por su gran valentía, de un moro no ménos valiente
que él, que se decia Muza, que fué cativado en una escaramuza, y
trabajando el rey don Fernando y la reina doña Isabel que se hiciese
cristiano, viéndose muy importunado, dixo: Yo no haré sino lo que me
aconsejáre don Manuel Leon, mi gran amigo. Fué á hablalle por mandado
de los reyes y díxole: Muça, si tú te pasas á nuestra ley y de corazon
no fueres della, ni serás de la tuya ni de la nuestra, y quedarás
hombre sin ley; no dexes de serlo, que no debe estar sin ley un momento
el corazon para ser todo varon. Muy bien mostró este caballero tener lo
que aconsejaba; pues hallándose en Roma, asaltado de malhechores una
noche, hizo tan maravillosas cosas en armas, que siendo los contrarios
muchos, los hizo pocos, venciendo á todos, huyendo de su gran corazon;
y viendo esta hazaña un romano, dixo á su mujer lo que don Manuel de
Leon habia hecho, y ella, enamorada de su gran valor, fuese á él y
contóle lo que su marido le habia dicho, ofresciéndose para cumplir su
voluntad si della se queria servir. A esto respondió él: Ios, señora,
que muy mala obra haria yo á quien me la hizo tan buena, que fué
vuestro marido; que jamas está sin ley l’agradescido.

Tambien ha de ser el Cortesano enemigo de pesadumbre,

  Que si fuere pesadilla
  No le cumple ir en Castilla
  Ni en córte de Portugal;

que á pesados hacen mal y burlan dellos. Sepan más

    Que’l buen galan,
  Sus vestidos y ademan
  Han de ser buenas razones,
  Honestas calzas y jubones,
  Capas y sayos.
  Que si visten
  Como mayos
  De colores,

ha de ser

  En justas y cañas,
  Por amores.

Y al usado, honesto y limpio y adobado de buenos guantes adobados,
porque no den mala olor, de cuero de mal servidor:

  Que no debe mal oler
  El vestido cortesano
  Porque no le den de mano

camisas y pañizuelos limpios y de buen olor

  Y si fuese servidor,
  En la gorra una invincion,
  Que el otro monerías son.

Tambien debe tener el Cortesano buen estilo de hablar.

    Que á los muy malos vocablos
  Gasta bocas digo yo,
  Que bocajes engendró.

Y si viene á burlar en conversacion, jugar del vocablo da buen son

  Á los muy buenos oidos,
  Que nunca serán reidos
  Y podrán hacer reir.

Que agudeza muy graciosa, apénas es enojosa, como dixo un cortesano á
otro de amor mal sano:

  Por demas sois en la gala.

Dixo el otro:

  Mas no Pedro por demas,
  Como vos en una sala.

Y algunas veces en burlar:

  Prosa y verso debe hablar.
  Y debaxo esta alegría,
  No calle filosofía.
  Muy de véras,
  Que las burlas hacen véras.

Tambien ha de ser amigo de limpieza el Cortesano, como nos muestra
aquel animal nombrado herminio, que por no caer en el lodo que los
caçadores le ponen para caçalle, se dexa tomar. Con más razon debe ser
limpio el Cortesano, siendo herminio de damas por ir mucho entr’ellas:
lo que no son dos medio galanes nuestros amigos. Que no son de los
cumplidos los que en bajos aposentos hacen nidos.

Dixo don Diego Ladron: Ya sé por quién preguntais.

Dixo Joan Fernandez: Por Herediano decis.

Dixo don Francisco Fenollet: No lo dice sino por su mochuelo.

Dixo el Duque: No he visto tan grandes véras parar en tan buenas
burlas; volvamos á Valencia, que yo daré mucho de mí si dan de sí las
damas y caballeros que aquí están para que nazca este Cortesano, que
no le faltarán comadres y compadres en esta compañía cortesana, y
batizarle ha el canónigo Ester y póngale nombre luégo.

Senyor, yo so content, y de ara li pose nom el Pico, puix piccará mes
que una picaraza.

Respondió don Luis Milan:

  Armad vuestra giba
  Porque no reciba.

Dixo Joan Fernandez:

  Yo la armaré
  Con lo que sé.

Dixo el canónigo:

    Armaula ab vostra muller
  Y picau tots á plaer,
  Que molt poch y fareu mella
  Ab tal rodella.
  Y restau pera corps
  Picadors,
  Que buitrera sou de mors.

Y dió de espuelas á su cuartago, y á más correr de corrido se fué
diciendo: Als corps, als corps. Y los pajes tras él gritando al
tartugote, canónigo giba, mendrugo Ster, y así se fué, y nosotros tras
él finados de risa hasta llegar á Valencia, y determinóse en el camino
que los cuatro á quien el Duque dió cargo que traigamos la córte en
peso, fuésemos nombrados desta manera:

  Que don Diego Ladron se nombrase Diego
  en él; y don Francisco Fenollet, Francisconio;
  y Joan Fernandez, Joanin;
  y don Luis Milan, Milanteo,
  como nos verán nombrados
  en las pláticas que pasarémos
  en esta córte,
  y aquí se acaba
  la primera
  jornada.



[Illustration]



JORNADA SEGUNDA.


_Y en ella verán que los caballeros de los nombres mudados no quisieron
dexar los suyos, que no se debe dexar nombre de buen renombre._

_La conversacion della será declarar al principio debaxo jocosidad el
presente_


SONETO.

    Con alta voz yo cantaré llorando,
  Pues es llorar cantar penalidades,
  Á fin de bien diré muchas verdades,
  Que muchos van por esto sospirando.
    Mi fin será que vayan escuchando
  Para mostrar las fieras crueldades,
  Qu’el dios de amor, por campos y ciudades,
  Á sombras va con sombras espantando.
    ¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?
  Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,
  Por desear desvergonzadamente;
    Desnudo va quien es desvergonzado,
  No le creais, que no es Dios ni lo creo,
  Que lo qu’es Dios no reina malamente.

Dice Joan Fernandez: Don Luis Milan, vos decis en el presente soneto
vuestro estos versos que dicen:

    Con alta voz yo cantaré llorando,
  Pues es llorar cantar penalidades.

Maravillado estoy de vos, que nos quereis dar á entender que se pueda
cantar llorando; acompaña-muertos debeis ser, que paresce que lloran
cantando, y queréisnos cantar á muertos entre vivos.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, no os debeis maravillar de
lo que puede ser, que cantar versos de penalidades es llorar cantando;
bien sé que vos lo sabeis mejor que yo, pues sois llorador y cantador
en amores, que de vuestra dama he sabido que una noche os tomó por
mochuelo, que fuera mejor por mozuelo, para parescelle bien vuestro
canto, que por no sello le parecistes mal; sino, dígalo vuestro amigo
don Francisco Fenollet, que se entiende de cantos de mochuelos, si
lo pareceis; pues de aborrecido de las damas, por ser más mocero que
damero, pareceis que llorais cantando.

Dixo don Francisco Fenollet: Señor don Luis Milan, jugador debeis ser
de axedrez, que dais jaque á uno y mate á otro; á Joan Fernandez
dixistes mochuelo, y á mí que me entiendo de cantos de mochuelos; pues
sabed que cantan por vos este cantar:

    Pajarero sois d’amor,
  Mi señor,
  Pajarero sois d’amor.

Sino, dígalo si lo pareceis don Diego Ladron, pues sois de su condicion.

Dixo don Diego Ladron: Señor don Francisco, vos dixistes á don Luis
Milan que debia ser jugador de ajedrez, y vos lo sois de espada de
dos manos, pues con tanto osar acometeis á dos, diciendo que don Luis
y yo somos pajareros en amores, y nuestros pájaros, respondiendo por
nosotros, dicen de vos cantando:

    Engañado andais sirviendo,
  Nuestro amigo,
  Que en amor sois papahigo.

Callad y callemos, que sendas no tenemos, y Joan Fernandez pida á don
Luis Milan que nos acabe á declarar su soneto.

Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis, pues sois colmena de miel, acabad
de darnos á comer della sin abejas, que hasta agora no la habemos
gustado sin ellas; pues nos han picado vuestros motes, que todo lo
tenemos por bien empleado porque acabeis el dulce panal de vuestro
soneto.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, y’os agradezco, pues no me
habeis dicho colmenero, que vuestra lengua lo queria decir y vuestro
seso no lo sufrió, por ser tan sabido como donoso; pues en vos se ve
cuanto bien paresce este dicho:

    Primero debe venir
  Al seso que no á la boca
  La palabra, pues nos toca
  Para dar muerte ó vivir.

Y pues me hicistes colmena, y’os haré della el colmenero, qué á la
miel me supo el beso, y acabaré de dar á comer el panal de mi soneto,
que, por ser á causa vuestra, será de miel; y pues sois traga-versos,
empezad á comer estos dos, que dicen ansí:

    Á fin de bien diré muchas verdades,
  Que muchos van por esto sospirando.

Quiero decir que yo diré las verdades á los penados amadores para que
sepan guardarse de las mentiras que se dan á entender, confiándose
mucho para seguir lo que les hace sospirar, como á Joan Fernandez cada
dia le sigue, que se confia merescer en amores tanto, como desmerece
en dexarse engañar de una tercera, que le da á entender ser verdades
las mentiras que le dice para engañarle, y no la quiere creer de las
verdades para desengañarle, como oiréis en este cuento que os diré:
Una tercera de Joan Fernandez emprendió de metelle en casa, diciéndole
que su señora lo sabía, y no era verdad, y encerrólo en un gallinero
dándole á entender que era el más seguro lugar para no ser descubierto,
y que cantase alguna vez haciendo el gallo, que su señora subiria á
esta señal; y como él un dia cantase, la señora dixo: ¿De dónde nos ha
venido este gallo que nos canta en casa? y la criada le respondió: No
lo sé, suba vuestra merced arriba y vello ha; y como las dos subiesen y
la señora viese á Joan Fernandez en el gallinero, díxole: ¿Quién sois
vos que estais ahí? respondióle: Señora, soy el gallo de la pasion; y
la señora se fué riendo y él se quedó hasta la noche, que la criada lo
echó de allí, lleno de piojos de gallinas.

Dixo Joan Fernandez: Pues vos habeis dicho un cuento de mí, yo diré
un otro de vos, y es éste: Sepan que don Luis Milan se halló en una
huerta pasada media noche, y era en una casa fuera de la ciudad donde
él hacia entradas y salidas siguiendo sus aventuras en amores, y, como
quisiese salir, halló la puerta falsa cerrada, y el hortelano tan
borracho que nunca le pudo despertar. Fuéle forzado aguardar hasta la
mañana, y al gran ladrar que un perro de la huerta hacia, el señor de
casa con dos criados salió á ver por qué ladraba el perro. Y don Luis
Milan, que los vió venir en punto de guerra, subióse en una higuera por
no ser conoscido, y con un arcabuz que traia, amenazábales de arriba,
diciendo: Guarda el arcabuz, y ellos decian: ¿Quién sois, quién sois? y
él díxoles: Higo soy, higo soy. Y ellos, finados de risa, abrieron la
puerta y él salió corriendo y ellos dándole grita, al higo, al higo, y
así se salvó por donoso, haciéndose higo, como yo en el gallinero gallo.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, si quereis trocar, yo me
comeré vuestro gallo y vos comeos mi higo con el cuarteto de miel que
os daré, que son estos cuatro versos del soneto:

    Mi fin será que vayan escuchando
  Para mostrar las fieras crueldades,
  Qu’el dios d’amor, por campos y ciudades,
  Á sombras va con sombras espantando.

Digo que mi fin es avisar que vayan escuchando los que están ó podrian
estar enamorados, para saber las fieras crueldades que el dios de amor
hace por campos y ciudades, desde el mayor hasta el menor, espantando
con sombras que son todas sus cosas, á sombras que no son hombres, como
le ha seguido á don Francisco, que sabiendo que’l dios de amor no tiene
poder si no se lo da el amada para enamorar á su amador, ó el amador
para enamorar á su amada, siendo tan sabido, no se ha podido guardar
destas armas de Cupido, que sombras son para quien resistirle puede, y
el que se deja vencer dél es más sombra que hombre; digámosle, pues,
don Francisco sombra; aparéjese don Diego Ladron á comer la postre de
mi soneto, que son estos seis versos, nombrados tercetos:

    ¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?
  Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,
  Por desear desvergonzadamente.
    Desnudo va quien es desvergonzado,
  No le creais, que no es Dios ni lo creo,
  Que lo qu’es Dios no reina malamente.


DECLARACION DE LOS DICHOS VERSOS.

Con gran curiosidad he sacado en limpio quién podia ser este Cupido,
nombrado dios de amor de la mentira, y pintado, como le veis, de
la verdad, y hallaréis que en los enamorados viciosos es nuestro
deseo que, por desear desvergonzadamente, le pintan desnudo como á
desvergonzado y ciego, pues lo son todas sus cosas, y con armas para
hacer mal, pues siempre lo hace, que cuanto más da placer, no está sin
dar pesar; nómbranle aquello que él no es, pues lo que es Dios no reina
malamente, para que don Diego Ladron crea en lo que es Dios, y no en
quien no lo puede ser, como de muy enamorado, le tomé un dia por el
mismo dios de amor.

Dijo don Diego Ladron: Nunca he visto buena postre y mal provecho
sino agora, habeisme convidado á tercetos y hanme sabido á motes, ni
los unos ni los otros me han parescido mal por ser vos el convidador;
pagar os quiero esta comida con este cuento que oiréis: El almirante
de Castilla convidó á unos portugueses, y fueron servidos de truhanes
á la mesa porque les diesen de motes, y dióles por comida no más de
ruiseñores, que son aves de poca carne y mucho cantar; y como ellos
estuviesen muertos de hambre y hartos de risa por haber comido poco y
reido mucho, con los truhanes, dixeron: Señor Almirante, mais manjares
é ménos donaires. Don Luis Milan, yo no he dicho esto sino porque nos
deis más sonetos y ménos motes, aunque todo es tan bueno que por vos
se puede decir: Cada cosa en su lugar, imposible es enojar.

Dixo don Luis Milan: Responder os quiero con otro cuento, y es éste:
Un señor tenía un barbero en su casa, y era tan loco, que siempre
queria hacer el donoso, y tan importuno, que jamas se apartaba de
su señor quebrándole la cabeza de mucho hablar; tanto, que de sus
locuras adolesció de dolores de cabeza que tenía muy á menudo, y para
sanalle, untábale la cabeza en tomalle el dolor, y en lugar de sanar,
más adolescia. Cayó en la cuenta su señor que su barbero le habia
adolescido, y díxole: Véte de mi casa, que yo no sé que sepas hacer
otra cosa sino quebrarme la cabeça y untarme los cascos; que ni sabios
verbosos ni ignorantes graciosos.

Dixo don Francisco Fenollet: Don Luis Milan, pues don Diego Ladron os
quebró la cabeza con su cuento, y vos os habeis bien pagado con el
vuestro, untalde los cascos con otro soneto y quedarémos de las burlas
en paz, con tan buenas véras como vos nos dais.

Respondió don Luis Milan: Soy contento si no salle algun cuento fuera
de tiempo, que los cuentos, para nunca enojar, han de ser en su lugar.

Aseguralde y salir ha; y respondieron: Él se asegura tanto como está
seguro de no parescer mal, y con esta seguridad, el soneto salió
diciendo:

    De mí dirán aquel refran muy cierto:
  Quien no’s á sí, ¿á quién podrá ser bueno?
  Escarmentad por bien en mal ajeno,
  Y no burleis de quien muchos ha muerto.
    No sea, pues, mi prédica en desierto,
  Que mal amor peor es que veneno,
  Pues deste mal á mí mismo condeno
  Por despertar á quien no va despierto.
    Ya veis que fué d’aquel tan gran maestro
  Del griego rey, Alexandre nombrado,
  Que fué d’amor de su mujer vencido.
    Della se vió con freno ir de diestro,
  Y respondió: Deste gran rey burlado,
  ¿Qué harás tú, si yo no me he valido?

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, lo que en vos sobra, en nosotros
falta para alabaros; mucho debeis á Dios, merescimiento habréis de
amprar á toda la letanía de los santos para pagar tan gran deuda, como
debeis á quien os crió, porque vos avisais muy avisadamente en vuestro
soneto á todos que escarmienten en mal ajeno mirando el vuestro, y no
desperdicien lo bueno que vos aconsejais y el mal que Cupido puede
hacer, trayendo por exemplo lo que le siguió al gran Aristotil con la
mujer del rey Alexandre, su discípulo, que en este cuento oirán:

El príncipe de los filósofos, nombrado Aristotil, siendo maestro
del rey Alexandre, se enamoró de la mujer de su discípulo, y de muy
enamorado se desvergonzó á pedille lo que no debia, y ella, burlando
dél, le otorgó lo que no debiera, diciéndole: Aristotil, yo soy
contenta de hacer cuanto me pides, si tú te dejas enfrenar y ensillar
de mi mano en secreto, sólo para que yo tenga contento de mí, que pudo
mi hermosura vencer á tu gran saber; y teniéndole encerrado de la
manera que habeis oido, como á bestia, hizo venir á su marido Alexandre
para que viese á su maestro; y muy espantado de velle como estaba,
le dixo: ¡Oh Aristotil! tú, que me avisabas con todo tu saber que me
guardase de ser vencido y sojuzgado de mujer, ¿te has dexado vencer?
Respondióle como á sabio, aunque estaba como bestia: ¡Oh Alexandre!
agora te debes más guardar viendo que yo no me pude defender, ¿qué
harás tú si no te guardas? que á mí me han traido en lo que estó.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, gracias os hago, pues
habeis declarado mejor que yo supiera declarar mi soneto; si vos me
emprestais vuestra lengua, que tanto bien sabe alabar burlando, y’os
emprestaré mis manos para que tañendo desenojeis lo que me habeis
enojado burlando de mí con tanto alabarme cara á cara, que de corrido
estoy para correr á pedir socorro á don Diego Ladron, que responda
por mí y me vengue de vos, como hizo un portugues en este cuento que
os contaré: Vino á Castilla un portugues, y dixo que era venido para
vender donaires á castellanos, y viniendo un castellano á mercalle
un donaire, el portugues le dixo: Castelau, ¿cuánto m’habeis de dar
que heu vos faça donoso? y respondió el castellano: Pagaros he con un
cuento muy bueno desto que se siguió en Lisboa, que oiréis: Fué un
castellano á Portugal diciendo que los portugueses habian enviado á
Castilla para que viniese algun castellano á mostralles ser donosos,
que el Rey de Portugal lo pagaria muy bien, y que él venía allí para
maestro de donaires; y parando escuela, tenía muchos criados del
Rey que les avezaba á ser donosos desta manera: hacíales desnudar y
metíales al sol en el verano quando más hervia, y dábales aire con
unos fuelles por la boca, que abierta con un badajo tenian, y en
ver á su discípulo bien hinchado, hacíale atapar la boca y el aire
salia por detras con muchos truenos; convidaba á los vecinos para que
viesen si sabian bien estos donaires. Y ellos decian: Castelau, fazey
boca donosa que rabos donosos son. Y en oir esto el portugues que era
venido á vender donaires á Castilla, fuése de corrido diciendo: Vo
correndo á Portugal á trazer socorro de un muito donoso portugues que
nos vengue de un frio castelau. Señor Joan Fernandez, esto he dicho
por ir corriendo de corrido para que venga don Diego Ladron á vengarme
de vos, que sois tal cortesano que alabais para burlar, pues sabe á
burla alabar con palabras para hacer reir como vos hecistes, diciendo
que yo debia tanto á Dios, que para pagalle habia menester amprar
merescimientos á toda la letanía de los sanctos. Yo voy por don Diego
Ladron que me venga á socorrer.

Dixo don Diego Ladron: No será menester, que muy bien he oido lo que
habeis pasado con Joan Fernandez, y no le quedais deudor, que muy bien
le habeis pagado; sino, dígalo don Francisco, que los dos estábamos
escuchando de la cuadra de fuera mirando una pintura que yo saqué,
y en oir la escaramuza de los dos, fué parte para que dejásemos de
gozar con los ojos de la buena pintura que teníamos entre manos, para
recrearnos con los oidos de oiros á los dos.

Dixo don Francisco: Señor don Diego, vos habeis movido una question
diciendo que no le debe nada don Luis Milan á Joan Fernandez, que no
la podrémos apaciguar sino con mostralles vuestra pintura; sacalda,
que bien menester será; dádmela, que yo la quiero amostrar, porque si
los dos vienen á reñir, yo me porné entre ellos, y en ver el retrato
de su dama, todos se convertirán en ojos, que no ternán manos para
desacatarse delante della, haciendo besar, como á portapaz, esta
pintura, pues es el retrato de la dama que van servidores don Luis
Milan y Joan Fernandez. Parésceme que acontecerá con esta tabla deste
retrato, lo que aconteció en nuestra Valencia con un otra tablilla
de un sancto que hacia reñir y hacer paz, como en este cuento diré:
Iba un chocarrero por Valencia, vestido como fraile, pidiendo con un
sancto que traia pintado en una tablilla, que por esto le decian el
fraile de la posteta, y en hallar alguno que al seguro le podia hacer
besar la tablilla, metíase tras el hombre y hacíasela besar por fuerza
y pedíale caridad, y como alguno no se la queria dar con el modo que
la pedia, díxole uno, que no merescia caridad paz que reñir hacia; y
el fraile gritaba diciendo que no creian en el sancto, y ellos que sí,
y él que no, venian á las manos alguna vez sobre esto, y diciéndole
un departidor que hiciese paz con el hombre que habia reñido, díxole
el fraile: No haré paz si no la paga al sancto, y siendo contento su
contrario dixo: Yo doy caridad á un sancto por hacer paz con un diablo.
Y tornando á nuestro propósito, hé aquí la tabla del retrato de vuestra
dama, que fuerza tiene para paz lo que puede hacer reñir.

Dixo Joan Fernandez: Yo querria mucho saber cómo ha venido en manos
de don Diego este retrato, porque á mí me la hurtaron por temor de mi
mujer, que un dia reñimos por ella sobre esto que oiréis: Yo la tenía
en mis manos solo encerrado en una cámara y decíale: Más te quiero yo
pintada que á mi mujer viva, pues tú me desenojas en mirarte, y mi
mujer me enoja en mirarme, ella de braveza me mata, y tú de benina me
resucitas, y como ella me viese y oyese por la cerradura de la puerta,
abrió y entró diciendo: Á mis manos habeis de morir, don traidor;
yo díxele: Buena mujer, teneos allá, que no soy quien vos pensais,
nombraisme don traidor y á mi vez me dicen don leal. Respondió: No
sois sino don diablo; pues estais idolatrando en esa diablesa pintada,
que más lo va ella de afeites que vos la teneis en esa tablilla.
Respondíle: Á lo que me decis que soy diablo, agora me habeis acertado
el nombre, que para ser uno galan ha de ir tras las almas como él va,
aunque yo no lo soy para vos, que nunca iré tras vuestra alma siendo
tan rabiosa; y á lo que decis que esta dama va de afeites más pintada
que aquí está en la pintura, ¿n’os acordais que un dia os desconocí en
una fiesta, muy pintada de afeites, y tomándoos por otra os decia de
amores y vos me respondistes: Ciego, rézame una oracion; y conociéndo’s
en el habla os dixe: Más os querria pintada y muda que despintada
hablando?

Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, vos pretendeis que el
retrato de nuestra dama es vuestro, yo no otorgaré jamas sino qu’es
mio, porque yo le hice pintar y hurtáronlo de casa del pintor, y creo
que vos lo habeis hecho, pues estaba en vuestro poder; y porque se vea
qu’es mio, hé allí aquella señal, que llorando de vella tan hermosa
pintada como desapiadada viva, cayó una lágrima mia sobre su mano
y hizo aquel agujero que veis, y de presto demandé tinta y papel,
haciendo una glosa á este villancico que tan á mi propósito hecho está,
que en el postrer verso le hallaréis de cada copla destas que yo os
diré agora:

    Tengo tanto sentimiento
  De lo que me haceis sentir,
  Que siento tanto el morir
  Cuanto mi vivir no siento.
    Deste mal saco este bien,
  Que estoy hecho un Hieremías,
  Que por vuestro gran desden,
  Lloran mi Hierusalen
  _Las tristes lágrimas mias_.
    Mi Hierusalen en mí,
  Es la triste de mi vida,
  Que la veo tan caida
  Cuanto yo de vos caí.
    No alcanzo un válaos Dios,
  De caida tan mortal,
  Que llorando para dos,
  De no hacer señal en vos,
  _En piedras hacen señal_.
    Son tan grandes mis enojos,
  Que sangre vengo á sudar,
  Y me siento distillar
  Agua amarga por los ojos.
    De mí tiene piedad
  Cualquïer fiero animal,
  Qu’en tan grande crueldad,
    En todos hay caridad,
  _Y en vos nunca, por mi mal_.

Señor Joan Fernandez, muy gran menoscabo de mi honra sería sufrir que
aquella que está siempre en mi pensamiento, que yo hice pintar, la dexe
estar en quien, ni viva ni pintada, la quiere tanto como yo.

Respondió Joan Fernandez: Don Luis Milan, ántes moriré que yo otorgue
lo que decis, ni consienta lo que vos quereis, y pues nadie la puede
querer más que yo, no está bien que esté sin mí quien no puede estar
sin ella.

Dixo don Diego Ladron: Yo quiero responder á lo que el señor Joan
Fernandez dixo quando vió el retrato de su dama en mi poder, que
holgaria mucho de saber cómo habia venido á mis manos; y ha de saber
que visitando un dia su mujer con una dama que á su casa habia traido,
nos contó la question que tuvo por ella con el señor Joan Fernandez,
que aquí nos ha contado, y llorando me rogó que le sacase una diablesa
que pintada tenía en casa; yo díxele que la mostrase y sacóla, y en ver
el retrato, conoscí quién era la dama y llevémela, y así ha venido á
mi poder; que no querria causase enojo entre sus competidores la que
da en miralla tanto placer á sus servidores; y para escusar que no
viniésedes á las manos, querria veros á las lenguas, con lo que diré;
que entreis en campo los dos á daros de motes, y serémos jueces don
Francisco y yo, y el que mejor nos parecerá que lo ha hecho, se lleve
el retrato: pareció tanto bien á todos, cuanto parece mal reñir los
competidores, que el competir descubre quién sabe servir. Comenzó los
motes don Luis Milan, y dixo:

Señor Joan: Si tan bueno fuésedes en casa como en calle, n’os hubiera
puesto nombre vuestra mujer, Encasamalo.

Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, si tan bien acabásedes en
los amores como empezais, n’os hubieran puesto por nombre las damas,
Enmalacaba.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan, dicho me han que sois en amores
perrigalgo, que levantais liebres y otro las mata.

Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, no creais lo que os dicen de
mí, que tambien me han dicho de vos que sois en amores perro mestizo,
que levanta liebre y mata lagarto.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan, apodo’s al muy frio caballero catalan,
que le cantaban en Barcelona:

    Del galan de don Dimas
  Nous ne cal tenir enveja.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, apodo’s á Calisto, que siempre
decia: Yo Melibeo só; y vos siempre decis: Yo Margarite só.

Dixo don Luis Milan: Señor Joan, camaleon me pareceis en amores, que
mudais muchos festejos y colores; que por esto os hice esta copla á un
vestido morado que sacastes de la color que iba vestida la mujer que
servíades entónces, y la copla es ésta:

    ¿Es morada intincion,
  Ó intincion enamorada,
  Ó es condicion mudada,
  Vuelta en camaleon?
    Camaleon sois, mi señor,
  Esto cierto debe ser,
  Qu’en mudar de nuevo amor,
  Os vestis de la color
  Que se viste la mujer.

No más, no más, dixeron don Diego y don Francisco, que fueron jueces
dellos, y dieron el retrato de su dama á don Luis Milan, que ganar
en el campo muy gran verdad muestra, pues la señal que mostró de su
lágrima era testigo de la verdad. Rogaron á don Luis Milan que sacase
un otro soneto, y fué tan bueno para desenojar á Joan Fernandez, que no
sin razon dixo: El soneto me cata.

    Quiero pasar por todos estamentos,
  Dende el mayor hasta el menor convido
  Para comer con Vénus y Cupido,
  Y gustarán guisados descontentos.
    Pocos irán de su manjar contentos,
  Pues es comer muy tarde digirido,
  El nombre dél se nombra dolorido
  Por dar dolor de muchos sentimientos.
    Al que darán manjar de venturosos
  Muy buena pro terná de su comida,
  No morirá del mal de enamorado;
    Que d’este mal mueren presumptuosos,
  Que es condicion jamas no digirida,
  Que bien sufrir de todos es loado.

Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, tales son vuestras cosas que á
Joan Fernandez matais de envidia mala, y á don Francisco dais la vida
de envidia buena, porque la mala quiere deshacer lo bueno de todo, y la
buena no quiere gastar lo qu’es de alabar; al uno haceis hacer cara de
perro cuando regaña de envidioso, y al otro cara de papagayo risueño.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, pues apodastes nuestras caras, yo’s
apodo la vuestra á cara de truhan pedigüeño, que no se la pueden ver de
zuño quando no le quieren dar lo que pide. Demandásteme unas espuelas,
y si fuera freno n’os lo negára, pues lo habeis más menester.

Dixo don Francisco: Don Diego, vos habeis hallado lo que buscábades,
que buscando lo que no conviene se halla lo que no cumple, como halló
un truhan que iba buscando los cinco piés del carnero, y él no tiene
sino cuatro, porque un médico le habia dicho que si le hallaba y comia
dél sería muy donoso; y pensando dónde le podria hallar, díxole un
otro truhan: Yo he comido dél, y por esto soy más donoso de lo que
ántes era, tú le hallarás en su lugar donde yo le hallé, que fué en una
cocina de frailes; y creyéndole, entróse por ella vestido como fraile
á hora de comer, y reconocia las ollas si le hallaria, y viniendo los
que servian y viendo que no era el cocinero del monesterio, lleváronlo
delante del superior dellos, y sabido todo el caso por que era venido,
mandóle desnudar y dar disciplina: y cuando le azotaban decíanle:
¿Que buscábades, don ladron? y él gritando decia: El cinquen pié del
carnero; y respondian dándole: Ya le teneis, ya le teneis, id para
donoso. Fuése desnudo huyendo, y topó con el médico que le habia
aconsejado, y díxole riendo: ¡Oh, cómo estás donoso! tú debes haber
comido del pié que te dixe; respondióle el truhan: Tal pase por tí; y
contóle todo lo que le siguió; y el médico le dixo: Agora ternás que
contar para hacer reir con el pié del carnero que te dieron á comer los
frailes. Yo creo, don Diego, que, segun sois donoso, vos habeis comido
dél, que muchas veces le vais á buscar.

Respondió don Diego Ladron: Don Francisco, mejor puedo yo deciros
donoso que vos á mí, que dese pié que decis que voy buscando andais vos
coxqueando, como acontesció á un caballero aragones en Barcelona, que
en este cuento oiréis: Siendo visorey don Fadrique de Portugal, mandó
que ningun cojo anduviese de noche por la ciudad, porque muchos lo
hacian para engañar, y como una noche topase uno, mandóle llevar preso,
y era el caballero aragones, que competia con él en amores, y díxole:
Señor visorey, vení conmigo á la prision, pues estamos los dos en ella
por amores, que del pié que yo coxqueo coxqueais vos tambien; dixo el
Visorey: Soltalde,

    Que harto preso está
  Quien d’amores cojo va.

Don Francisco, teneos por entendido que dos de un mal se conocen por
señal; dejadme revolver con don Luis Milan sobre el postrer soneto
que nos ha dicho, que no se ha de tratar poco de lo mucho ni mucho de
lo poco. Oidme, don Luis Milan: Vos decis en vuestro soneto que del
mayor hasta el menor convidais á todos, para comer con Vénus y Cupido,
y gustarán guisados descontentos; comeos vos solo tal guisado si mal
provecho ha de hacer; mesonero catalan debeis de ser en amores, que
dais mal á comer y haceisos pagar á vuestro placer.

Dixo don Luis Milan: Yo he convidado de lo que Cupido da á comer á
los que maltrata, que pocos irán de su manjar contentos, pues es muy
tarde ó nunca digirido en el estómago desdichado; y si alguna vez, del
mucho calor enamorado, lo viene á digirir, para estar contento ha de
ser con grandes trabajos que muelan el ahito desdeñado, untándose con
el ungüento que le nombran «el porfiado», compuesto por la receta que
dice, porfía mata venado.

Esta es la comida de los desdichados, que por estar muy descomidos,
para que no pierdan del todo el apetito del contento y desesperen, se
les da una postre italiana, que la nombran: Qui la seque la vince, y á
los que darán manjar de venturosos muy buena pro ternán de su comida,
pues no morirán del mal de enamorados, que le nombran morrion; pues
desto mueren presumptuosos, y no los humildes que lavan su cara con
agua de alegría de lágrimas de placer, que da tan buen olor, más que
el agua almizcada, pues el almizque della es buen modo, y el algalia
crianza, y el ámbar agradescimiento; que la almizquera italiana la
compone de la recepta que dice: Humil amante vince dona altiera. Lo
que en todos los soberbios es al contrario, pues tienen condicion para
hacer estómagos acedos, que bien sufrir de todos es loado, y no como
vos, que siempre sois tan mal sufrido como aborrescido.

Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, ¿n’os acordais de los amores de
Belerma y Durandarte? que siendo desterrado por mandado de su emperador
Carlo, y volviendo á la córte perdonado, halló á Gaiferos servidor de
Belerma, sin haber dado él ocasion, y quejándose desta traicion, dejó
de servirla, diciendo:

  Que por no sufrir ultraje
  Moriré desesperado,

mostrando que la dama ha de mostrarse enojada si la sirve otro
caballero, si ya su servidor no le ha dado ocasion para despedille si
le ha sido desleal; y si esta culpa no tiene y su mucho amor le hace
volver á servirla, ha de ser con gran arrepentimiento de su dama, y
pues ella causó la pena, debe traer en un letrero este mote: Digo mi
culpa. Pues ya veis cómo por esta ley de agradecimiento que se tenía en
aquel tiempo, no era bien qu’el caballero desdeñado fuese bien sufrido,
pues sabeis que y’os visité estando doliente en la cama, deste mal, y
dixísteme una glosa vuestra á este villancico que dice:

    _Desdeñado soy d’amor,
  Guarde os Dios de tal dolor._


GLOSA.

    El mayor mal de los males
  Que el amor nos da á sentir,
  Lo que no pueden sufrir
  Los más simples animales,
    Es tan malo de pasar,
  Por ser esta mar mayor,
  Que me vengo ahogar
  Cuando yo quiero cantar,
  _Desdeñado soy d’amor_.
    Es mi vida ya un poca,
  Si della querrán saber,
  Que en el gesto se ha de ver
  Cuando está muda la boca.
    Á muerte soy condenado,
  Trátanme como á traidor;
  No vale ser coronado
  Por leal enamorado,
  _Guarde os Dios de tal dolor_.

Dixo don Luis Milan: Señor don Diego, reir me hecistes cuando os oí
decir si me acordaba de los amores de Durandarte y Belerma, como
si fuéramos de aquel tiempo. Si Dios os guarde, ¿habeis tenido mal
frances? que de ahí os debe venir sacar amores de Francia; en la
boca habeis debido tener este mal, que siempre teneis en ella á los
franceses. Decíme, ¿qué os parece deste romance?

    Mala la vistes, franceses,
  La caza de Roncesvalles;
  Don Cárlos perdió la honra,
  Murieron los doce pares.

Respondió don Diego Ladron: Paréceme tan bien como muy mal de la
traicion que Galalon hizo, pues por él fueron vendidos y muertos de los
moros los que no bastára matar todo el mundo, si apercibidos y no solos
tomáran á don Roldan y á Oliveros y á Durandarte, que bien parece que
le sois amigo en la glosa que hicistes á su romance, que dice:

    Durandarte, Durandarte,
  Buen caballero probado,

que si gana os toma de tañer y cantalle, aquí tengo una muy buena
vihuela y damas que os escucharán, que están en visita con doña María
mi mujer.

Respondió don Luis Milan: Señor don Diego, soy contento si n’os enojais
que despues de este romance cante un otro, y podrá ser que os sane del
mal frances que mostrais tener en la afeccion francesa, que traeis como
á gorra en la cabeza.

Dixo don Diego: No respondo á vuestra lengua por más presto oir tañer
vuestras manos; yo voy á presentallas á las damas de la visita, de
parte vuestra, que sé que os haré gran placer, y luégo volveré con el
recaudo.

Dixo don Francisco: No seais músico y no ternéis terceros; si fuese de
don Luis Milan, yo le cantaria á don Diego: El diablo trae á su casa
con que llore. Su pago sería que le quedase competidor el tañedor, como
hizo aquel nuestro caballero valenciano nombrado Diaz, que trayéndole
un gran amigo suyo á tañer á una dama que servia, se enamoró della,
y el otro dia hallóle dando vueltas á caballo por su calle y díjole:
¿Anoche músico y hoy competidor? no seréis más mi tañedor; y Diaz le
respondió: No siam mes amichs.

Dixo Joan Fernandez: Muy gran necedad es traer á tañer amigo que puede
enamorar y enamorarse de vuestra amiga, que si él es para enamorar,
n’os quejeis della, pues le traeis hombre que tenga lo que vos no
teneis para contentar, y si es para enamorarse n’os quejeis dél, pues
le fuisteis tercero, quejaos de vos mismo; por lo que dice el italiano:
Non te fidar, e non saray gabato.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, hé aquí un paje que os trae un buen
recaudo de parte de las damas, que no sé yo con qué pagueis una tan
gran merced sino con una ingratitud á modo de encarecer, mas no de
hacer, aunque dice el refran: No se puede pagar lo que no tiene precio;
como quiso decir un caballero castellano, aquí en Valencia, al rey
Francisco de Francia, cuando vino preso, saliendo de visitar á la reina
Germana, francesa; y las palabras qu’el caballero le dixo fueron éstas:
Syra, vuestra Majestad va preso de tal Emperador,

  Que en velle se volverá
  En placer vuestro dolor.

Y tan gran merced no puede pagarse sino con una ingratitud, y el Rey
de Francia lo hizo mejor que se lo dixo; que en pago de habelle dado
el Emperador libertad y á su hermana por mujer, en ser en Francia le
rompió la paz y le movió nueva guerra; no querria, don Luis Milan, que,
en pago de esta merced que os he hecho hacer á las damas, fuésedes tan
ingrato como fué el Rey de Francia, pues sería peor mal frances el
vuestro que no el mio. Paje, dile el recaudo que le traes de parte de
las damas, que buena pro me haga.

Dixo el paje: Señor don Luis Milan, mi señora y las señoras que arriba
están, mueren de deseo de veros y oiros, y dicen que si vuestra merced
tiene el mismo deseo, podréis cantar:

    Nunca fuera caballero
  De damas más bien querido.

Respondió don Luis Milan: Paje, diréis á todas esas señoras que os
envian, que yo les beso las manos y cumpliré su deseo, pues el mio
muere porque me vean y oigan, y responderé á su romance con este
villancico:

    Si amores m’han de matar,
  Agora ternán lugar.

Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, vamos, vamos, que yo temo de
cantar:

    D’este mal moriré, madre,
  D’este mal moriré yo.

Y en ser todos delante las damas, don Diego tomó de la mano á don Luis
Milan, diciendo:

    Señoras, hé aquí á Orfeo
  Que yo le querria más feo.

Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Señor don Diego:

    Nunca os vi tener temor
  Á ningun competidor,
  Y agora veo
  Que Narciso teme á Orfeo.

Dixo don Luis Milan: Señora doña Leonor, con una glosa quiero responder
á vuestra merced, que me mandó hacer una dama á este

  MOTE.

  _Guárdeme Dios de mí._

  GLOSA.

    Si Narciso se ahogo
  De sí mismo enamorado,
  Tened de vos más cuidado,
  Pues que ménos se perdió
  En haber á vos cobrado.

    Y pues más teneis razon
  De la que tuvo de sí,
  Traed con gran devocion
  El mote por oracion,
  _Guárdeme Dios de mí_.

Con más razon debe temer de su hermosura, señora doña Leonor, que n’os
acontezca como á Narciso, pues siendo ménos la dél que la vuestra, se
turbó, de sí mismo enamorado, mirándose en una fuente donde cayó y
murió ahogado; mande vuestra merced al Narciso, que habeis nombrado que
traiga consigo el mote por oracion, porque no se ahogue si se turba
mirándose muy hermoso en la fuente de vuestra hermosura.

Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis Milan, para celos sería bueno
vuestro requiebro, pues decis que el Narciso que la señora doña Leonor
ha nombrado pasa peligro de ahogarse, mirándose muy hermoso en la
fuente de su hermosura, que si no me engaño, no es feo quien en su dama
se mira Narciso; tales celos como los vuestros no los hay en Portugal.

Dixo la señora doña Ana: Señora doña Leonor, departa vuestra merced
á Joan Fernandez y á don Luis Milan, que si tales cortesanos dan en
alabar vuestra hermosura, no quedará qué alabar para nosotras ni quien
alabe la nuestra, que don Diego Ladron no está para alabarnos, que
tomado está de ojo y don Francisco de boca.

Dixo la señora doña Leonor: Señora doña Ana, no tengo qué departir,
pues no tienen qué partir conmigo los cortesanos que ha nombrado,
depártalos vuestra merced, ó desencante á don Diego y á don Francisco,
que están encantados mirando vuestra gracia y hermosura.

Dixo don Diego: Señora doña Leonor, diga vuestra merced á la señora
doña Ana que si yo estoy tomado de ojo, ella no lo está de boca, pues
no mira lo que habla, sino dígalo don Francisco, que tambien ha muerto
su pájaro como el mio con la piedra que nos ha tirado; cure de su
comendador Montagudo, que va tan ciego de miralla como ella por no
velle, y vayan á Sancta Lucía que los sane.

Dixo don Francisco: Don Diego, n’os maravilleis deso, que la señora
doña Ana se burla de todos por ir de véras con uno, y es su marido, que
lo quiere tanto, que hizo apedrear á su Montagudo una noche porque le
hacia cantar á la puerta: «La bella malmaridada» á un ciego.

Dixo la señora doña Hierónima: Yo quiero responder por la señora doña
Ana por las pedradas que decis que tiró; habeis de saber que no tira
piedras sino quien no piensa tirallas, que en su seso está quien sabe
lo que hace, que no es tirar piedras adonde se debe, pues hay galanes
que lo piensan y no lo son, que para sello, en todo lo deben ser,
que el ojo y la boca, la mano y el pié no se han de mover sino para
contentar á las damas, que don Diego bien mostró estar en pasion y no
en razon, pues habló lo que no quiso entender; que la señora doña Ana
no mató su pájaro ni el de don Francisco, pues no fué la que tiró, sino
piedra iman que nos tira á querella; que no fué mal decir lo que dixo,
que de muy enamorados el uno estaba tomado de ojo y el otro de boca,
que de pensar es que lo hizo para hacelles hablar, pues se perdia mucho
en ellos callar.

Dixo la señora doña María: Paréceme que convidamos don Luis Milan á una
vihuela y dámosle á comer palabras; callemos, qu’es gran desacato que
su tañer calle por nuestro hablar, y este descuido que habemos tenido
merece ser perdonado, pues oyéndole hablar hace olvidar su tañer, y
tañendo se olvida su hablar.

Dixo don Luis Milan: Señora doña María, no he visto descuido con tan
buen adobo como este que vuestra merced ha adobado; no le ponga tal
nombre, que no ha sido sino cuidado para que yo oyendo palabras tan
cuerdas lo fuesen las de mi vihuela, que, remedando armonía, de tan
dulce conversacion saque el mal espíritu de la envidia del cuerpo de
Joan Fernandez, como hacia el arpa de David al rey Saul; y por hacer lo
que me rogó don Diego, lo primero que cantaré será la glosa que hice al
romance de Belerma y Durandarte quando se dejó de servirla, y es ésta:

    Ya no es él, perdido está
  El que no cura de fama,
  Que el galan sin servir dama
  Fuera de camino va.
    Vuelve, vuelve, caballero,
  No quieras desesperarte,
  Que en tu amor tan verdadero
  Siempre serás tú el primero,
  _Durandarte, Durandarte_.
    ¿Cómo estás de tí tan fuera,
  Que tán fuera estás de mí?
  Ménos de tí conoscí
  Que si no te conosciera.
    No te venza la pasion,
  Sino la de enamorado,
  Y á mayor satisfacion
  Prueba y tente á la razon,
  _Buen caballero probado_.
    No estés tanto sin acuerdo,
  Pues tan acordado eras
  Que en las burlas y las véras
  Nadie se halló más cuerdo.
    Para tu mortal dolor
  Gran remedio te sería,
  Que d’aquel tan gran favor
  Aceptarte servidor,
  _Acordar se te debria_.
    Quien del tiempo se olvida
  El tiempo se olvida dél,
  Mucho es para sí cruel
  Quien lo fué para su vida.
    Tanto un tiempo te acordabas
  Cuanto fuistes envidiado,
  Y pues todo lo alegrabas,
  Muestra ser lo que mostrabas.
  _D’aquel buen tiempo pasado_.
    No parece que pasaba
  Cuando el tiempo entretenias,
  Las tinieblas despedias
  Y la noche se aclaraba.
    Tus mayores devaneos
  Eran en tí perficiones,
  Pues que fueron tus arreos
  Cuándo en justas y torneos,
  _Cuándo en galas y envinciones_.
    Nunca fué tal amador
  En amar como tú fuiste.
  Siempre alegre sobre triste
  Por no descubrir favor.
    No porque te hice favores
  Á mi costa y á tu grado,
  Sino alivio de dolores,
  Pues penando sin clamores
  _Publicabas tu cuidado_.
    Tu mirar fué por mirarme
  Con acatamiento y honra,
  Nunca fuiste á mi deshonra
  Sino para más honrarme.
    Durandarte solias ser,
  Y dudo haberte conocido,
  Porque está sin conocer,
  Sin oir, hablar, ni ver.
  _Agora desconocido_.
    Estos ruegos no lo son,
  Pues que yo doy por testigo
  Lo pasado, y lo que digo
  Abonando mi intincion.
    No te ruego yo por mí,
  Pues lo tienes tan probado,
  Lo que te ruego es por tí,
  Que no siendo tú sin mí,
  _Di ¿por qué me has olvidado?_


RESPUESTA DE DURANDARTE.

    Ya, señora, no soy yo,
  Pues no sois, señora, vos;
  La que se sirve de dos,
  Nunca amor en ella entró.
    Razon hay de sospechar
  Que burlais mucho de véras,
  Pues mudastes en mudar
  Con las obras el hablar,
  _Palabras son lisonjeras_.
    Si tan grande voluntad
  Tan abierta n’os mostrára.
  Yo no viera cara á cara
  Tanto vuestra crueldad.
    Voluntad tan verdadera
  Nunca tan mal s’ha pagado,
  Pues m’he visto en vos quien era
  Por lo que mostrais afuera,
  _Señora, de vuestro grado_.
    En mis ojos mostraré
  Siempre seros tan amigos,
  Cuanto vos muy enemigos
  Los hicistes sin por qué.
    Mientra ojos mirarán,
  Bien verán cuanto y’os quise,
  y por lo que en mí verán,
  Todos os preguntarán
  _Que si yo mudanza hice_.
    Si algun tiempo vos quejais.
  No hay razon para quejaros,
  Pues mostrais apïadaros
  De quien n’os apïadais.
    Si se viene á tocar
  Lo que habeis falsificado,
  En la piedra de mi amar
  Se verá que mi mudar
  _Vos, señora, lo heis causado_.
    Yo querria mas no puedo,
  No decir lo que se muestra,
  Que lo qu’es á culpa vuestra
  De vergüenza tengo miedo.
    Y aunque en damas no es tan mal
  No tener ley en no veros,
  Siendo yo tanto leal,
  En vos fué más que mortal,
  _Pues amastes á Gaiferos_.
    Y si esto á vos infama,
  Sálveos esta razon
  Que en nosotros es traicion
  Lo que no es traicion en dama.
    El quejar solo me queda
  Á mí triste agraviado,
  Pues fortuna siempre rueda,
  Imposible era estar queda
  _Cuando yo fuí desterrado_.
    Es la ley en los destierros
  Sufrir pena por un yerro,
  Mas en mi triste destierro
  Yo la sufro por dos yerros.
    El otro fué vos consentir,
  Servidor, en mi viaje,
  Que por esto he de morir
  Por sufrir y más sufrir,
  _Y por no sufrir ultraje_.
    Como si fuera traidor
  Me habeis dado la sentencia,
  Haceisme sin competencia
  Y distes me competidor.
    Nunca fué tan mala suerte,
  Ni se vió tal desterrado,
  Ni habrá quien lo concierte,
  Y pues todo sabe á muerte,
  _Moriré desesperado_.

  FIN.

Agora quiero cantar en este romance una gran verdad española, contra
una error francesa que defiende don Diego por tener mal frances, y es
la pasion que tiene por los franceses, diciendo que la batalla que
tuvieron en Roncesvalles con nuestros españoles, si fueron vencidos
fué por la traicion que su Galalon les hizo convidándoles á una caza,
que fué batalla, donde fueron vencidos y muertos muchos de los doce
pares; y la verdad española es esta que oiréis en este romance:

    Mala la vistes, franceses,
  La caza de Roncesvalles,
  Que salida fué de Francia
  Para alzaros con España.
    Cuando don Alonso el Casto
  Llamó al Emperador Carlo
  Para conquistar los moros
  De Castilla cativada,
    Prometiéndole su reino
  Si hacia esta jornada,
  Y españoles no quisieron
  Mostrar gente acobardada,
    Que el gran leon español
  Bravo Bernaldo del Cárpio,
  Fué muy valerosa lanza
  Y gran cortador d’espada.
    Salió con sus españoles
  Defendiendo vuestra entrada
  En la muy cruel batalla
  De Roncesvalles nombrada.
    Don Cárlos perdió la honra,
  Murieron los doce Pares,
  Porque fuera tiranía
  Francia reinar en España.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, y’os agradezco lo que vos debeis
agradecerme; pues yo seré causa que os agradezcan las desagradecidas el
servicio que les habeis hecho en dejarlas encantadas de vuestro cantar
y tañer; y vos, con el romance que habeis cantado de la batalla de
Roncesvalles, me habeis sanado del mal frances que tenía defendiendo la
error francesa contra la verdad española.

Dixo la señora doña Leonor: Señor don Diego, de grado os reñiria, sino
por no hacer paz con vos; que no es bien reñir donde es mal hacer paz.
¿Para qué habeis dicho á don Luis Milan que somos desagradecidas?
Meresceríades que lo fuésemos para vos, pues lo sois para nosotras,
porque os quejásedes con la cabeza quebrada hasta que va Juliana os
curase, que es vuestra enxarmadora.

Dixo don Diego: Señora doña Leonor, mucho me tira vuestra merced hoy
con flecha, y si fuese la de la bella Laura por quien Petrarca decía
«Amor ma posto como seño, astrale», yo quedaria tambien asaetado de
vuestra mano como verian en este letrero: «Le onor più que la vitta.»
Dixo la señora doña Ana: Tiene razon la señora doña Leonor, pues nos
decis ingratas para que don Luis Milan tome por achaque lo que decís y
no se deje más oir, diciendo de nosotras lo que de los necios se dice:
los que no tienen sentir, no saben agradecer.

Pues agora veréis cómo se lo agradezco yo con lo que le diré: don Luis
Milan dad muchas gracias á Dios, que don Diego tiene envidia de vos.

    Y no es poco
  Que desto se vuelva loco,
  Que sólo de vos lo está
  Quien nunca envidiado há.

Dixo la señora doña Hierónima: Señora doña Ana, vuestra merced ha
envidado con un dos vale, que si don Luis Milan no valiese por tres, no
revidaria con este envite:

    Si n’os hubiera oido,
  Pluguiera Dios que no fuera,
  Porque yo no aborreciera
  Cuantos han por mi tañido.

Dixo la señora doña María: Don Luis Milan, con un cuento quiero
alabaros: Cuando yo era dama de la Reina, iba servidor un caballero
gran músico de una de palacio amiga mia, y cuando le tañia atapábase
los oidos diciendo: No se debe oir lo que no es de agradecer.

Dixo Joan Fernandez: Señoras, como á pan bendito habeis gustado y
comido á don Luis Milan; rezando cada una su oracion de alabanzas, él
quedará bien alabado aunque luégo olvidado; pues la condicion de las
damas es, pan comido compañía deshecha; sino, dígalo don Francisco si
es verdad.

Respondió don Francisco:

    Amén, amén, dixo tio
  Vámonos luégo á cenar,
  Que diez horas son ya dadas
  Y es bien irnos acostar.

 AQUÍ SE ACABA LA SEGUNDA JORNADA Y COMIENZA LA TERCERA.

[Illustration]



[Illustration]



JORNADA TERCERA.

Y COMIENZA DON LUIS MILAN.


Muy solo me hallo la hora que no estoy en compañía de Joan Fernandez,
por ser de tan buen gusto que para maestresala de damas sería bueno,
pues los manjares que les daria serian de tan buen sabor como don
Francisco los sabe guisar, qu’es tan buen cocinero de tales potajes
como don Diego para mayordomo de la Gala-gineta.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, buenos oficios nos habeis dado;
á don Diego hicistes mayordomo de la Gala-gineta y á mí maestresala
de damas, y á don Francisco cocinero, que de enojado no quiere entrar
si no le desenojais en dalle otro oficio más honrado. Diréis que nos
habeis mucho alabado, pues decis de mí que yo les daria manjares de
muy buen sabor, y juraria que ha sido vuestra intincion hacerme donoso
de damas. Y’os lo agradezco si vos me otorgais: que más vale en todo
sello que parescello, pues de los donaires que á mí me sobran se podria
hacer un Perico de Ayala, que fué donoso, y de los que á vos faltan se
haria un Perico de hielo, pues sois frio.

Dixo don Diego: Pues Joan Fernandez se ha vengado, yo me quiero
vengar. Don Luis Milan, vos decis de mí que parezco mayordomo de la
Gala-gineta, bien sé que diréis que lo habeis dicho por alabarme de
galan jinete, y creeria que no burlais sino por este romance que me
dice que sois burlador y es éste: La Gina-gala, la gala-gineta, donde
mostrais que por no decirme á la descubierta mayordomo de la Gina-gala,
habeis dicho de la Gala-gineta, burlando de mi gala; pues habeis de
saber que de la mia se podria hacer un don Antonio de Velasco, y de la
vuestra un don Antonio Vellaco de travieso y avisado.

Dixo don Francisco: Adargaos, adargaos, don Luis Milan, que no quiero
tomaros desadargado, sino cubierto de la adarga que vos teneis, y es
que despues que habeis quebrado la cabeza á motes, os adargais con
decir, no lo dixe por tanto. Y á los que tales cañas tiran, tiralles
á traicion no lo sería, pues á todos excusa aquella ley que dice: A
traidor, traidor y medio. Esto sería vuestro pago, si no quedase tan
pagado y contento de vos, que con un soneto que nos digais quedarémos
satisfechos.

Dixo don Luis Milan: Primero quiero mostrar la poca culpa que tengo y
la mucha que vosotros teneis, pues no os puedo desculpar que sentis
mucho, de sentir poco, que sería yo sentir poco de lo mucho que sentis;
y pues así es, que no teneis desculpa de ignorancia, quiero mostrar
vuestra malicia, y comienzo por Juan Fernandez: Él dice que juraria que
mi intincion fué decille donoso de damas; ya que fuese así, no debe ser
mal tomado lo que no es mal dicho, si ya no tiene cola de paja que d’el
fuego teme, pensando que yo le decia truhan; y si creyese que tal ha
pensado, por tal lo ternia, mas como todos le tengan por galan, yo no
lo puedo tener por truhan; hízose ignorante, que fué sacarse un ojo por
sacarme á mí los dos, diciendo que de mi gala se podria hacer un Perico
de hielo de frio que soy, yo digo que más quiero ser de hielo que de
Ayala y truhan; por él se podria decir: trocastes Rebolledo por Giron,
no sé si teneis razon.

Agora quiero haberlas con don Diego y decille que haga buen broquel,
pues don Francisco me dixo que me adargase, que bien es satisfacer á
cortesías y á descortesías, pues dixo que de mi gala se podria hacer un
don Antonio Vellaco de travieso y avisado, yo digo que por lo mismo se
puede hacer dél un don Antonio del Asco.

Dixo don Francisco: No más, por vida de vuestras damas, que si Marina
bailó, tómese lo que ganó, y quítese el enojo con lo que desenoja don
Luis Milan, que ya le veo la risa en la cara y el soneto que nos quiere
decir en la boca.

Dixo don Luis Milan: Yo haré lo que mandeis, pues es de buen cortesano,
que sois, querer que mudemos de conversacion; que cuando los motes
pican, para que no saquen sangre es bien mudar de nuevas: que el
divertir hace vivir. Y oigan el soneto:

    El gran Sanson se queja de su amiga,
  Que fué un varon muy fuerte en los hebreos;
  Por ella fué vendido á Filisteos,
  Sus enemigos, puesto en gran fatiga.
    ¿Por qué dirán amiga al enemiga
  Siendo enemigos nuestros sus deseos?
  Impropios nombres son por casos feos,
  Nombrémosla como es razon se diga.
    La de Sanson fué Dálida nombrada,
  Dálida es bien que nombre yo la mia,
  Pues siempre vi las caras del olvido.
    Mostró en la una ser de mí pagada,
  Yo vi en la otra que no me queria,
  Que entre enemigos va quien es vendido.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, nunca he oido mejor parecer que el
vuestro, ni mejores quejas que las de Sanson; mucho querria saber cómo
pasó esta tan gran traicion, vender Dálida su amigo á sus enemigos.

Dixo don Luis Milan: Y’os lo diré: Ya habréis oido decir la fuerza de
Sanson cuán grande fué y la gran amor que á su amiga Dálida tuvo, pues
oid el pago que della recibió, y fué este que diré: Deseando saber los
filisteos, sus enemigos, en cuál parte del cuerpo tenía Sanson las
fuerzas, rogaron á su amiga Dálida y diéronle mucho tesoro para que lo
supiese, y como ella trabajase saberlo, rogaba con gran importunidad
á su amigo Sanson se lo dixese, y él, no sospechando que lo quisiese
saber por mal suyo mostrándole ella tan buena amor como él la mostraba,
díxole: Dálida, tú sabrás que la gran fuerza que yo tengo es por gracia
que Dios me ha dado, y por ser así sé que la tengo en unos cabellos que
en medio de mi cabeza están, y si á mí me los cortasen, yo perderia
todas mis fuerzas; y rogándole ella que se los dejase cortar para
ver si era verdad lo que él decia, consintió que se los cortase, y
viéndole sin las fuerzas que primero tenía, esecutó su traicion y dió
entrada á los filisteos, sus enemigos, y sacáronle los ojos y dejáronle
vivo para hacer burla dél; y por no morir muchas veces con esta vida
muerte, determinó de acabar sus tristes dias desta manera que diré:
Sintiendo ya cobradas sus fuerzas por haberle crecido los cabellos que
Dálida le habia cortado, hízose guiar á un templo donde gran multitud
de filisteos estaban, y abrazóse con unas columnas que sostenian todo
aquel edificio y derribólas; donde murieron sus enemigos, y él por
vengarse dellos.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, gran espanto pone la gran traicion que
Dálida hizo á su amigo Sanson, que por interese del tesoro que hubo de
los filisteos vendiese tan gran riqueza como fué la fuerza de Sanson
para defension de los hebreos; una Dálida querria dar á Joan Fernandez
para que anduviese como Sanson, sin ojos, entre las damas, rezando
entre dientes por oracion la letanía que se rezó al dios d’amor cuando
le ahorcaron en la justa de un amador, que desamador le digo yo, y que
dixese, de las crueles damas, _libera nos, Domine_, para que armasen
contra él uno otro ciego que le respondiese, contra el mocero Joan
Fernandez, _te rogamos audi nos_.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, vos decis que me querríades ver una
Dálida por amiga para que me acontesciese lo que le acontesció á
Sanson, y si yo en tal me viese, á vuestra puerta rezaria los setenta
y dos nombres que las damas os han puesto, para que se guarden de vos
los que n’os conocen, y en esto les haria tan gran placer como vos les
haceis pesar con vuestra lengua.

Respondió don Diego: Joan Fernandez, si á mí me quieren mal las damas
por la lengua, á vos n’os quieren bien por la boca, que os hiede de
tomar y dar paz con ella donde os sería mejor tener guerra; lo que yo
digo es esto que dice don Luis Milan en su soneto con estos versos:

    ¿Por qué dirán amiga al enemiga
  Siendo enemigos nuestros sus deseos?

Dixo don Luis Milan: Don Diego, no me revolvais con las damas, que en
mi boca no les parescerá mal esa razon como en la vuestra que teneis
bocaje; pues bien entendido, como yo lo digo, no es decir mal, que
impropio nombre es decir amiga á la que hace obras de enemiga.

Dixo don Francisco: Donoso sois, don Luis Milan, pues qué, ¿querríades
vos que se os diese en amores lo que no se meresce, para que de no
poderlo digirir de poco merescello os ahitase y que os matase una
poplejía desamorada? Dexaos d’eso y no vais tras lo imposible por no
parecer á Joan Fernandez y á don Diego; que vos y él os querríades
que el amor os trujese con el plato de vuestro apetito, la perdiz que
deseais comer en los amores; y si esto no se hace, luégo decis que el
amiga es enemiga, pues no cumple vuestros deseos.

Dixo Joan Fernandez: Don Francisco maestr’escuela pareceis, pues
habeis entrado en esta disputa como á determinador, con decir que don
Luis Milan y yo vamos tras lo imposible diciéndonos lo que el refran
dice: Tras lo imposible van los locos; ¿quién os ha dicho que nosotros
tenemos esta locura? ¿supistes lo de la paloma de Mahoma que decia que
por ella lo sabía todo? De ser moro en amores, venis á creer que don
Luis Milan y yo tenemos lo que vos debeis tener, por lo que dicen:
Piénsase el ladron que todos son de su condicion.

Dixo don Luis Milan: Departiros quiero con un cuento, pues me habeis
dado con el hierro: El gran poeta Dante Florentino fué tan donoso
como avisado, y los florentines le tenian en tanto como él los tenía
en poco, por ver la ciudad de Florencia poblada de hombres que tenian
de lo mucho poco, y de lo poco mucho; enhadado desto, desaparecióles
de manera que iba entre ellos y no le podian hallar, y no podiendo
vivir sin él no sabian qué hacerse para hallarlo; aconsejóles un sabio
filósofo, y díxoles: El Dante es tan sabio que no le hallarán sino para
responder y dar cabo á una muy avisada razon que la oyese comenzada
y no acabada, porque no terná sufrimiento que esté sin acabar lo que
está bien empezado; y’os aconsejaria que fuésedes diciendo por la
ciudad estas palabras: ¿Qui sà lo bene? ¿Qui sà lo bene? Y diciendo
los florentines esto, oyeron al Dante que iba disfrazado entre ellos,
y respondióles: Qui ha provato lo male, qui ha provato lo male; que
quiere decir: Aquel sabe el bien, que ha probado el mal. Yo he dicho
esto sólo para mostrar que pues tanto he probado el mal del amor,
sé qué cosa es bien, aunque nunca he gustado á qué sabe, como á don
Francisco que le supo á miel rosate colado, y á Joan Fernandez á
miel de azúcar, y á don Diego á vino cocho, que les alargaron con
dulzuras los amores burlando dellos. Y por yo ser estado muchas veces
acuchillado á casa del cirujano del amor que es el sufrimiento, dixe
en mi soneto, como harto experimentado, que no se debia nombrar amiga
la qu’es enemiga, y para prueba desto, truje por ejemplo á Dálida,
que mejor se podia decir enemiga que amiga, pues hizo tales obras á
Sanson. Dixe más, que poner impropios nombres son por casos feos, pues
es impropio nombre decir enemiga á la que deberia ser amiga de su
naturaleza, que por lo uno parece fiera, y por lo otro pareceria más
hermosa; no lo digo por lo que ha dicho don Francisco, que yo querria
que el amor me presentase la perdiz que deseo comer en los amores, y
no me ha querido entender, pues lo que yo digo es esto: La dama puede
hacer bien sin daño suyo, y á ésta se debe decir amiga, y á la que hace
el contrario desto, la deben nombrar enemiga, que por sello la mia,
quiero nombralla Dálida, pues siempre me mostró las caras del olvido,
que son buena cara y mala obra, mostrando en la una esperanza y en la
otra desesperacion; y así vamos vendidos como quien va entre enemigos.

Dixo don Francisco: Don Luis Milan, jugador de pasa pasa debeis ser;
dixistes que pues os habiamos dado con el hierro, nos queríades dar
con el cuento, y por sutilmente que habeis pasado las galas de vuestra
gala, habemos sentido el hierro de tal cuento, acomparastes os al
Dante y á nosotros á los florentines, haciendo mucho vuestras cosas y
deshaciendo las nuestras.

Dixo don Diego: De aquí adelante os nombrarémos don Luis Milan de
Piedra-iman, pues tirais la piedra y escondeis la mano; dixistes
que los florentines tienen de lo poco mucho y de lo mucho poco, y
acomparándonos á los florentines, ha sido decirnos, á tú lo digo,
hijuela, entiéndete tú, mi nuera.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, perro escusero me pareceis, que
mordeis sin ladrar, embozado habemos vuestro perro con estos apodos que
os hacemos, pues no respondeis.

Dixo don Luis Milan: Pues esperaos un poco y vello heis; á don
Francisco que me apodó á jugador de pasa pasa, yo le respondo con el
nombre que le han sacado las damas, y es don Francisco pasa pasa, que
no quieran que pare en ellas; y á don Diego que me dixo que me podian
decir don Luis Milan de Piedra-iman le respondo que se le puede decir
don Diego de Piedra-zufre, pues tiene la color dél; y á Joan Fernandez
que me apodó á perro escusero, le respondo con lo que le dice su
mujer: Joan, perro mocero, que va tras mozas carnicero.

Dixo don Francisco: Bien os habeis pagado don Luis Milan, y’os doy
la mejoría si me decis quién son las damas y por qué me dixeron don
Francisco pasa pasa.

Dixo don Luis Milan: Las damas no diré; la causa por que sacaron el
nombre, fué porque pasando vos por allí os cantó la una dellas este
cantar: Pasau el tempo que fuy enamorato.

Dixo don Francisco: ¡Ay que ya sé quién es! ¡ay que ya sé quién es!

Dixo don Luis: Sospirastes, Baldoynos, os podemos cantar.

Respondió Joan Fernandez: Yo quiero responder por mi amigo don
Francisco que se ha pasado á los franceses con un sospiro; y á vos, don
Luis, se os puede decir: Vuestro Milan, señora, vuela por la cola.

Dixo don Luis: Y á vos, Joan, se os puede cantar esto que siempre
cantais: En hora mala me perdereis, mozas, para vosotras.

Dixo don Diego: Yo quiero departir estos motes para que mejor acabemos
el dia; vamos á casa de Joan Fernandez que hay una visita de damas,
y son doña Mencía y doña Luisa, y doña Violante y doña Castellana,
cuatro estrellas, y están esperando una farsa que si verdad es lo que
me han dicho, no puede ser sino muy escelente por ser de don Luis
Milan, y entre tanto que no viene, sacará un soneto quien tan bien nos
provee dellos; vamos, que á tal fiesta ya tardamos, porque alleguemos
con tiempo para aguardar al Duque y á la Reina, que vienen á favorecer
la fiesta de la señora doña Hierónima.

Dixo don Luis Milan: Bien será si os parece que enviemos un recaudo
á la señora doña Hierónima, que sería desacato entrar en su casa sin
licencia, porque no seamos tenidos por licenciados, aunque su marido
Joan Fernandez nos aseguraria como dia de fiesta: Que todos pueden
entrar los que merecen lugar.

Dixo Joan Fernandez: Bien conoceis á mi mujer, mejor fuera para marido;
yo me habré de asegurar con vosotros de alguna riña, que Dios nos
guarde della, no olvidemos en el recaudo á las otras damas porque me
valgan si reñimos mi mujer y yo, y ordenalde vos, que don Francisco
está desordenado despues que sospiró, y don Diego piensa en hacer una
buena entrada porque yo la tenga con mi mujer.

Dixo don Luis: Pues así mandais que sea yo lo haré. Paje, iréis á la
señora doña Hierónima y decilde que estos caballeros y yo besamos las
manos de su merced y de las otras señoras, y les suplicamos nos den
licencia para visitallas, que no la queremos sino de su mano, aunque la
daria la fiesta que se harán Joan Fernandez y su merced.

Volvió el paje con la respuesta y dixo: Señores, las damas dicen que
agora será fiesta por venir tales caballeros á ella, y que suban de
manera que no abajen.

Dixo don Diego: Señoras, á mí se me han de dar estas albricias, las
damas porque les truje tales caballeros, y los caballeros porque les he
traido á tales damas.

Respondió la señora doña Mencía: Señor don Diego, las albricias que
demandais á fiestas se os darán.

Replicó don Diego:

    Si á fiestas se me dan
  D’aquellas que yo querria,
  Siempre deudor le sería.

Dixo don Luis Milan: Mucho tenemos que agradecer á don Diego, que nos
dió parte de fiesta, que aunque no se nos haga la ternemos.

Respondió la señora doña Luisa: Don Luis Milan, con razon debeis hacer
gracias á quien os ha dado parte de fiesta que seréis el todo della.

Dixo don Francisco: Señoras, si no adoleciera poco há de un sospiro
oyendo un nombre de una dama, yo cayera malo viendo aquí las que veo.

Respondió la señora doña Violante: Señor don Francisco, estaos con
vuestro sospiro, que si es leal no os hará mal.

Dixo Joan Fernandez: Con tan buena vista como ésta, quien la tuviese en
una celada, bien se podria justar y ganar precio.

Respondió la señora doña Castellana: Señor Joan Fernandez, no querais
vista en celada, que no asegura, que es peligrosa armadura.

Dixo don Diego: Señoras si deseasen lo que don Luis Milan desea, oirian
algun soneto suyo, que sus palabras son mejores que las obras de otros,
y desenojalde, que hace rostro de enojado por ser alabado; mándenle que
diga sonetos á damas, que por decir sonsonetos, ése debe ser su deseo.

Dixo la señora doña Mencía: Con licencia destas señoras, pues me lo
mandan, diré si nuestros ruegos han de aprovechar, conforme serán
nuestros deseos, para oir tan buenas palabras como tienen sus obras.

Don Luis Milan respondió: Señora doña Mencía, con tan buen mandado,
¿quién no se dejará mandar? y adonde con obras se ha de servir no debe
ser con palabras, y no se me enojen del sonsoneto, pues la fin no es de
enojar de éste


SONETO.

    Es tan comun burlar de quien os ama,
  Que deste mal las más andais dolientes,
  Y no burlais hablándolo entre dientes,
  Que siempre vais tras ciervos á la brama.
    No es mal decir lo qu’es pública fama,
  Hay un refran comun entre las gentes,
  Haz siempre bien y á quien no pares mientes,
  Que bien hacer da buena mesa y cama.
    Pues es perder seguir un mal camino
  Que va á parar al más profundo infierno
  ¿Por qué quereis salir de vuestro estado?
    Y aunque yo soy de merecer indino,
  Pues vos teneis de mí todo gobierno,
  Tenga de vos no ser d’amor burlado.

Dixo la señora doña Luisa: Señora doña Mencía, ¿qué le parece cómo nos
trata en este soneto don Luis Milan de burladoras, diciéndonos que las
más de nosotras andamos dolientes deste mal burlando de quien nos ama?
y por más encarecello dice que burlamos tan de véras, como los monteros
del rey don Alfonso iban tras ciervos y osos, segun dice este cantar:

    Tres monteros
  Matan el oso,
  Monteros son
  Del rey don Alfonso.

Y si él fuese el oso, yo le cantaria: Villanos le maten al oso.

Dixo la señora doña Mencía Señora doña Luisa, paréceme que nos ha hecho
mataciervos, y ellos no se dejan matar, por ser muy grandes corredores,
que no hay saeta de amor que los alcance, que los hombres muy de burlas
no pueden ser muy de véras, y éstos son los que toman las burlas de
véras y las véras de burlas; y de esto que nos alevanta nunca nos
pedirá perdon, pues escusa su pecado diciendo, que no es maldecir de
aquello qu’es pública fama, ser nosotras burladoras de quien nos ama,
qu’es la mayor infamia que puede ser, pues la ley nos manda que amemos
á quien nos desama; cierto él se irá al infierno por donoso y no le
valdrán sus donaires para salvarse de las penas que á los infamadores
dan.

Dixo la señora doña Castellana: Pues lo bueno es que se nos ha hecho
consejero diciendo que sigamos aquel refran que dice: Haz siempre bien
y no mires á quién, que bien hacer da buena mesa y cama. Tras eso anda
él, y merece, por lo que nos alevanta, que el amor le dé cama de galgo
y mesa de hospital.

Respondió la señora doña Violante: Él verná á ser confesor, pues nunca
fué mártir en amores; ermitaño de Monte Olivete le querria ver, que
yo iria á confesarme con él, pues preica tan bien como veis, diciendo
que irémos al más profundo infierno si no vamos por el camino de su
voluntad, y es que amemos á quien nos ama, y debe ser que á él le debe
ir mal en amores y querria ser amado, como muestra á la fin del soneto
diciendo á su dama: Que pues ella tiene el gobierno suyo bien mandado
y enfrenado, hecho caballo de amor, que no le ensille burlando dél,
como hacia Laura á su Petrarca, que lo gobernaba como á caballo bien
enfrenado, que, en desmandarse de confiado, le daba una sofrenada, y
en acobardarse de triste, le aflojaba la rienda, segun nos contaba don
Luis Milan un dia delante su Margarita, que de velle muy triste le
dixo: Alégrate, que pues escribes como el Petrarca, yo leeré tus obras
como Laura.

Dixo don Diego: Señoras, mudar de bien en mejor es gran cordura; si
parece á vuestras mercedes, vamos al Real y presentemos al Duque y á la
Reina la farsa, y nosotros harémos otra con sus damas, porque sepan
nuestro palacio ser tan bueno como el suyo.

Respondió la señora doña Mencía: Señor don Diego, yo soy de su parecer,
que tan bueno es mudar de bien en mejor, como es malo de mal en peor.

Ya querria que estuviésemos allá por meter la guerra en casa ajena y
sacarla de la nuestra, pues aquí ya estaba comenzada contra don Luis
Milan y sus valedores, y vos, señor don Diego, empezaréis la escaramuza
con las amazonas de la Reina que pelean diciendo: Que no se pueden
decir damas sino las de palacio, y nosotras entrarémos á pelear con
ellas como á valedoras vuestras.

Dixo don Diego: Señora doña Mencía con tal valenza la victoria tenemos
cierta, vamos: Que mucho se gasta en tardar lo que se debe ejecutar.

Hé aquí el Duque que ya sale del Real, á buen tiempo allegamos: Señor,
mande vuestra excelencia que se haga la farsa en el Real y será sacar
de necesidad á don Luis Milan, que las damas que traemos habian movido
una escaramuza contra él, que no podia acampar de muerto ó preso, y
pues aquí verá cara de rey, será salvo, puesto que más vale ser buen
preso que mal libertado.

Dixo el Duque: Bien me parece lo que habeis determinado, id al apear
de la Reina.

Joan Fernandez llegó primero y dixo: Vuestra alteza sírvase de mí para
tablas de apear y serémos el Cristóbal y el Jesus, pues siempre le
tiene en la boca cuando me ve, como si yo fuese el enemigo.

Dixo la Reina: Por mi fe yo no me fiaria de vos por un refran que dicen
en valenciano; doña Hierónima, adevinaldo y responded á vuestro marido,
que yo no acertaré.

Respondió la señora doña Hierónima: Mes val ase quem porte, que caball
quem derroque; no se si acerti á dir lo que vostra altesa volia.

Dixo Joan Fernandez: Mirad qué duda, para decir mal del marido, si
habia de acertar la mujer.

Dixo don Diego: Vuestra alteza y su excelencia sean nos jueces quien
terná más razon, ó las damas de su casa ó las de Valencia, en lo que
dirémos.

Señora doña Beatriz de Osorio: Vuestra merced y estas otras señoras
de palacio, lo quieren ser tanto, que emprenden á defender que no
se pueden decir damas sino las que están en él; y seréis la torre
de Babilonia que quiso subir tan alto cuanto abajó: Que no se debe
comenzar lo que no se puede acabar.

Respondió la señora doña Beatriz: Don Diego, pues decis que somos la
torre de Babilonia, vos sois el que la mandó hacer, que de soberbio era
un Lucifer; lo de nosotras no es soberbia, sino ley.

Dixo don Francisco: Señora doña Beatriz, no puede ser ley lo que en
ley no está; en Castilla debe ser hecha sólo para contra Valencia, que
segun las gentes dicen, suegra y nuera son entrambas.

Dixo la señora doña Joana de Guzman: Don Francisco, en Castilla no
hacen leyes para contra Valencia, y si yo las hiciese diria: Don
Francisco y burlador padre y hijo son entrambos.

Dixo Joan Fernandez: Si vuestra merced hiciese esa ley, aquí le harian
otra que diria:

    Doña Joana de Guzman
  Ley no tiene á su galan.

Dixo doña Joanilla de Dicastillo, y es esta á quien la reina decia
marido:

    Reina, pues le soy marido,
  Si más sufre esta porfía,
  De vos me descasaría.

La Reina le dixo: Doña Joanilla,

  No lo tengo á maravilla,
  Que ley no quieras tener
  En marido ser.

Dixo la señora doña María de Tobar: No hablemos más de leyes, que en
los hombres se perdieron, y volvamos en lo que primero hablamos;

    Que en Castilla no se llama
  Si no es de palacio, dama.

Dixo don Luis Milan: Señora doña Merina:

  Mucho va eso al reves,
  Que el palacio no hace dama,
  Sino la que dama es.

Dixo el Duque: No se hable más desto, que don Luis Milan me ha quitado
de la boca lo que yo queria decir, y vuestra alteza, pues es juez
conmigo, no sea amiga del amigo de pasion, sino enemiga del enemigo de
razon.

Dixo la Reina: Yo no me apartaré de la razon, que por mis damas no
quiero tener pasion:

    Sino por don Pedro Milan,
  Que es mi galan.

Dixo la señora doña Mencía: Pues su excelencia y alteza han determinado
que pasemos por damas, pasarémos á servirlas como galanes, que yo
quiero requebrarme con la señora doña Beatriz de Osorio,

    Que es tan hermosa,
  Que es muy poco hacella rosa.

Respondió doña Beatriz de Osorio: Señora doña Mencía:

    Los ojos que nos verán
  Nunca vieron,
  Y los que os vieron ménos
  Si n’os conocieron.

Dixo la señora doña Luisa: Señora Doña Joana:

    Si yo fuese tan galan
  Como vos sois muy galana,
  Sería el mejor Guzman
  Por tal Guzmana.

Respondió doña Joana de Guzman: Señora Doña Luisa:

  Nos dirán como al frisado:
  Cayó la frisa
  Y queda la risa,
  Pues sois brocado.

Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tobar:

  Quien á vos ha de llevar,
  Muerto no estará en marina
  De vuestra mar.

Respondió doña Merina de Tobar: Señora doña Violante:

  Pues sois otra Bradamente,
  Querria ser
  Para vos otro Rugier.

Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo:

  Mucho quedará ufano
  Quien será de su castillo
  El castellano.

Respondió la señora doña Joana: Señora doña Castellana:

  De mi dedo sois anillo,
  Vos sereis de mi castillo
  El castellana.

Dixo don Diego: Estos amores que se dicen las damas de Valencia con las
del Real, se encienden mucho; Joan Fernandez, pues sois llorador en
amores, llorad y matarán vuestras lágrimas este fuego.

Respondió Joan Fernandez: Don Diego, mejor sería matalle con el hielo
de vuestra frialdad, pues os pueden hoy cantar:

    Fuente fria, fuente fria,
  Fuente fria sois, señor;
  Pues atravesais con hombres
  Donde hay damas de primor.

Dixo don Francisco: Yo voy por la farsa para atajar la que hacen don
Diego y Joan Fernandez, y no será menester, que ya me parece que
entran. Todo el mundo esté atento y sin mucho reir, que don Miramucho,
que es el Milan, si reimos demasiado nos terná por hombres de farsa y
burlará de nuestras risadas con aquello que dice:

    Un reir demasiado
  Juzgan por muy alocado.

Guardemos, pues, la autoridad y vergüenza, que donde se pierde, tarde
se cobra, y callemos, que ya comienzan.

       *       *       *       *       *

El Capitan de las galeras de la religion de Sanct Joan comienza y dice:

    Duque, todo rey sin falta,
  Hoy son justos veinte dias,
  Que con grandes alegrías
  Partimos todos de Malta.
    Y saliendo de Isladeras
  Dió al través la Capitana
  Y las otras tres galeras
  Con fortuna tan de véras
  Van corriendo Tramontana.
    La fortuna ya pasada
  Fletamos un bergantin,
  Y embarcámonos á fin
  Para hacer esta jornada.
    Medio dia no pasó
  Que acudió Griego y Levante,
  Y en un punto nos echó
  Que sueño me pareció
  Ser tan presto en Alicante.
    Demos gracias á Dios
  Y hacer siempre buena cara,
  Pero quién no se alegrára
  Sino en ver, señor, á vos.
    Caballeros esforzados,
  Hagamos cara de hierro,
  Que tras casos desastrados
  Parecer regocijados
  Nadi lo terná por yerro.
    Si hacemos de donosos
  N’os debeis maravillar,
  Que así suelen espantar
  La fortuna valerosos.
    Y fortuna de espantada
  En no darnos cata della,
  Nos ha puesto en tal posada
  Que si es el Real nombrada,
  Es por quien hoy posa en ella.
    Lo que agora diré yo
  Es de estar enamorado,
  Que si el mar no m’anegado
  Fué por quien negado so.
    Y tened esto por cierto,
  Como es muy cierto el morir,
  Que la mar, como á muerto,
  Por echarme á tan buen puerto,
  He cobrado aquí el vivir.

Dixo otro Comendador:

    Perdone sobre este paso
  Por la parte que me toca,
  Que no es bien calle mi boca
  Pues d’amores me traspaso.
    Si no me negó este mar,
  Fué tambien por ser negado
  En aquella del amar,
  Donde amor hace tragar
  El morir que ya he tragado.

Dixo otro Comendador:

    ¡Ay amor! ¿yo qué diré?
  Habla tú por mi agora,
  Negóme una señora
  Que yo nunca la negué.
    Y al tiempo que me negaba
  En mi alta mar de amor
  De lo mucho que lloraba,
  Un paje se me ahogaba
  Si no fuera nadador.

Dixo otro Comendador:

    No es mi pena así tan poca
  Como la que se ha contado,
  Pues de sed me só ahogado
  Teniendo el agua á la boca.
    ¿Como me negára aquí
  En aquesta mar salada,
  Pues huye el agua de mí,
  Si por la que no bebí
  Siento mi vida negada?

Dixo otro Comendador:

    Nunca fuera acontecido
  Ni jamas ojos lo vieran,
  Que los peces me comieran
  Siendo ya d’amor comido.
    Que donosa cosa fuera,
  Todo fuera por demas,
  Que ballena me comiera,
  Y si fuera que tal fuera
  Verme por vos un Jonas.

Dixo otro Comendador:

    Yo solo fuí sabidor
  De lo que nos sucedió,
  Pues á mí me apareció
  Por Santelmo, el Dios d’amor.
    Díxome que no quisiese
  Esta aparicion contar,
  Porque en tal fortuna viese
  Quién sería el que dixese
  Amor nos puede salvar.

Dixo otro Comendador:

    Pensamientos fueron vanos
  Sino en mar d’amor negarnos,
  Pues no podemos negarnos
  Muertos d’amorosas manos.
    Pues negar no nos podemos
  Mártires enamorados,
  De reir es que pensemos,
  Por mucho que naveguemos,
  Que podamos ser negados.

Dixo Otro Comendador:

    Mucho fuera gran dolor
  Que muriéramos negados,
  Siendo tan enamorados,
  Si no fuera en mar d’amor.
    Y pues no podia ser,
  Ya yo estaba confiado
  Que no me podia perder;
  Que en la mar de mi querer
  Ya estoy hecho un pescado.

Prosigue el Capitan:

    Como al eco parecieron,
  Desculpados son, señor,
  Que en oir hablar d’amor
  Todos ellos respondieron.
    Y tambien porque se vea
  Que coxquean en amar,
  Que cojo d’amor no afea
  Cuando la dama no es fea
  La que hace coxquear.
    Las damas por quien andamos
  En amores tan de véras
  Vienen en las tres galeras
  Por ver cómo peleamos.
    Peleando en su presencia
  Serémos fuertes guerreros
  Contra toda otra potencia;
  Que no hallan resistencia
  Amadores caballeros.
    Suplicamos su excelencia
  Por un correo sin tardar,
  Mande luégo atalayar
  Por la costa de Valencia.
    Que de todos tomen lenguas
  Si habrán visto las galeras,
  Porque algun aviso venga,
  Que sería muy gran mengua
  Descuidarse en las de véras.
  Gilot y Joan de Sevilla
  Podrán ir en tal despacho,
  Que harán muy poco empacho
  Al caballo ni á la silla.
    Tan ligeros siempre están
  De cabezas y de piés,
  Que sin duda volarán
  y por donde pasarán
  Cada cual dirá quién es.
    Mándeles, señor, venir,
  Vaya un paje bien criado,
  Tráiganles mucho á su grado
  Los que han de hacer reir.
    Si me da la comision,
  Presto los despacharé,
  Porque haré la provision
  Más conforme á la razon
  Que yo en ellos hallaré.
    Manda el Duque que partais
  Para hacer luégo un viaje,
  Por correos de aventaje,
  Pues siempre en todo volais.
    Iréis hasta á Gibraltar
  Muy en seso y muy de véras
  Orillas siempre á la mar,
  Y mandad atalayar
  Si verán nuestras galeras.

Vuelven Joan de Sevilla y Gilot, y dicen que una armada de turcos han
tomado las tres galeras y están en Dénia, y dice el capitan:

    A consejo, á consejo,
  Que bien será menester,
  Dadme todos parecer
  Cada cual como hombre viejo.
    Que el consejo en perficion
  En los viejos floresció,
  Que en mozos hay confusion
  Si no fué el de Scipion
  Cuando á Roma libertó.

Dixo Otro Comendador:

    Caballeros de Sanct Joan,
  Oyan todos este mote,
  Á las armas moriscote,
  Que bien menester serán.
    Por armas quiero mi dama
  Del turco que la tuviere,
  Que ganalla por la fama
  Es mejor que por la cama,
  Véngame lo que viniere.

Dixo Otro Comendador:

    Yo pedir quiero la mia,
  Que no vivo ya sin ella,
  Porque estar tanto sin vella
  Ya parece cobardía.
    Batallar será por fe,
  Pues por fe será el motivo,
  Y si muero ganaré,
  Y si preso, ya yo sé
  Á qué sabe ser cativo.

Dixo otro Comendador:

    Yo tambien no veo el hora,
  Pues que sé que ha de vencer
  La que m’ha de dar poder
  Para hacella vencedora.
    Ella es la que vencerá
  Con su fuerza y mi persona,
  Pues á mí vencido m’há
  Desta suerte dias ha
  Mi dulce brava leona.

Dixo otro Comendador:

    Por metelles más espanto
  Vamos presto, que ya es tarde,
  Que me dirá de cobarde
  Mi señora en tardar tanto.
    Suenen, suenen nuestras mallas,
  Vaya, vaya muy de véras,
  Peleemos por ganallas
  Y será vencer batallas
  Y cobrar nuestras galeras.

Dixo otro Comendador:

    Ya veis que siento en tardar,
  Pues que traigo yo en mis armas:
  Mis arreos son las armas,
  Mi descanso es pelear.
    Mi costumbre esta es
  Por vencer al Dios d’amor,
  Ya veis si será gran pres
  Libertar la que despues
  Puede hacerme vencedor.

Dixo otro Comendador:

    Yo tambien de armas me arreo,
  Peleando por vencer,
  Pero no para ofender
  La que causa mi deseo.
    Esta es ya mi condicion,
  Mi señora la causó,
  Pues ya veis si es gran razon,
  Para salir de prision,
  Que la deje presa yo.

Dixo otro Comendador:

    Mi señora, ¿qué dirá,
  Qué podrá decir de mí,
  Sino que si estoy aquí,
  Es por no estar todo allá?
    Este mote contradice,
  Que por oracion lo digo;
  Pues que por ella lo hice,
  Siempre mi boca lo dice:
  Cuando ménos más contigo.

Dice el Capitan:

    Pues teneis tanto en memoria
  Cada uno vuestra dama,
  Caballeros de gran fama,
  Y’os prometo la victoria.
    Yo no quedo en la posada,
  De gana de verme en ello,
  Primero será mi espada,
  Por quien mi vida colgada
  Tiene siempre de un cabello.

Va el Capitan, y viene con los turcos, con quien han de combatir los
Comendadores uno á uno, para lo que veréis, y dice:

    Caballeros, sedlo en todo,
  Ya veis qu’el turco me espera,
  Si Dios quiere que aquí muera,
  Regíos con muy buen modo.
    Turco, vuélvete cristiano
  Y dame mi linda amada,
  Que esto te será más sano,
  Y sino, pon luégo mano
  Como yo pongo á mi espada.

Vence el Capitan al turco y cobra su dama griega, y dícele:

    Gracias hago á mi Dios,
  Gran victoria me ha dado,
  Pues que vos la habeis ganado,
  Que yo no venzo sin vos.

Respóndele su dama:

    Caballero de verdad,
  De muy alto corazon,
  Siempre estuve en libertad,
  Porque en vuestra gran bondad
  Nunca se siente prision.

Pelea otro Comendador.

    Si tan turco más no fueses,
  Como hasta aquí has sido,
  Harás muy mejor partido
  Si mi dama me volvieses.
    Y sino, pon mano luégo
  Al espada como yo,
  Y verás que si te ruego,
  Es porque no vayas ciego
  Para aquel que te crió.

Dice á su dama:

    Vuestra es esta mi victoria,
  Vos, señora, la vencistes,
  Pues que siempre lo tuvistes
  De vencer en mi memoria.

Su dama responde:

    Caballero, vuestra es,
  Nunca vos seréis vencido
  De valiente y muy cortés,
  Porque muy tarde verés,
  Cortesano ser perdido.

Pelea otro Comendador.

    Turco, oye lo que digo,
  Deja tu secta enemiga,
  Y á mí vuélveme mi amiga
  Y yo volverm’he tu amigo.
    Y sino, guarte de mí,
  Que de tí guardado estoy,
  Que la ley en que nascí
  Me defenderá de tí
  Por la fe que yo le doy.

Dice á su dama:

    Gracias á Dios verdadero,
  Mi dama llevó el mejor,
  Qu’ella ha sido el vencedor
  Siendo yo su prisionero.

Su dama responde:

    Caballero, vos vencistes
  A mí y al turco en verdad,
  Á él, pues que lo rendistes,
  Y á mí, porque causa distes
  De cobrar yo libertad.

Pelea otro Comendador, y dice:

    Lástima tengo de tí
  Siendo tan turco en tu ley,
  Yo terné contigo ley
  Si tú la ternas con mí.
    Déjame mi dama ya,
  Que contigo va corrida,
  Y sino, aquí estará
  Quien dejártela hará,
  Ó tú dejarás la vida.

Vence al turco y cobra su dama griega, y dícele:

    Señora, ser no pudiera,
  Pues que fuera sin razon
  Ser vos en mi corazon
  Y que turco me venciera.

Respóndele su dama:

    Caballero vencedor,
  Á vos se ha de atribuir,
  Que teniendo tanto amor,
  No habia matador,
  Sino vos hacer morir.

Pelea otro Comendador, y dice:

    Turco, no lo seas tanto,
  Y conviértete á Dios,
  Y pornáse entre los dos
  Paz con l’Espíritu Sancto.
    Y por dama cobrarás
  La reina Vírgen María,
  Y mi griega dejarás,
  Y sino, conoscerás
  Que rogar no es cobardía.

Gana en el combate á su dama, y dícele:

    Señora, Dios que os crió,
  Permitió lo que ha sido,
  Que si el turco fué vencido,
  Vos sois la que le venció.

Respóndele su dama:

    Caballero, para dos,
  Aunque fuesen más romanos,
  Haced gracias á Dios,
  Que no se dirá por vos:
  Más tuvo lengua que manos.

Pelea otro Comendador, y dice:

    Yo ternía por mejor,
  Turco, que te convirtieses,
  Y mi dama me volvieses,
  Porque toda es desamor.
    Créeme, que yo lo sé,
  Déjala qu’es muy ingrata,
  Y sino, aparejaté,
  Que tal cual la cobraré,
  Aunque más y más me mata.

Cobra su dama y dícele:

    Lo que dixe engaño era,
  Señora, para engañar,
  Que de vos sale el matar,
  Si el turco aquí muriera.

Respóndele su dama:

    Buen caballero engañoso
  Y muy sabio en combatir,
  Vuestro engaño gracïoso
  Á vos hizo venturoso
  Y á mí me hizo reir.

Pelea otro Comendador.

    ¿Quién te puso en tal favor,
  Turco mal aventurado?
  ¿Quién te hizo enamorado,
  Siendo el mismo desamor?
    Déxame, mi dama, Can,
  Que no es hueso de roer;
  Vuélvesela á su galan,
  Que tus ojos no verán
  Que yo te la deje ver.

Dice á su dama:

    Vos, victorïosa dama,
  Sois semblante al Amazona,
  Que al gran Héctor en persona
  Quiso ver por su gran fama.

Respóndele su dama:

    Si yo el Amazona soy,
  Vos sois Héctor ciertamente,
  Que si tal renombre os doy,
  Es por lo que hecistes hoy
  Contra un turco tan valiente.

Pelea otro Comendador, y dice:

    Pues que cada cual venció
  Á su turco con gran fama,
  Turco, vuélveme mi dama,
  Pues que para mí nasció;
    Y sino, sé convidado,
  Que si me acampares vivo,
  Nunca serás libertado
  Por haber tú cativado
  Á quien me tiene cativo.

Cobra su dama, y dícele:

    Mi señora, ya me veis,
  Que vos misma os libertastes,
  Vos sois la que peleastes,
  Pues que todo lo venceis.

Respóndele su dama:

    Caballero, no burlais
  Mucho, gran verdad decis,
  Que los que d’amor penais,
  Fuerzas son con que matais
  Las fuerzas con que moris.

Quedan vencidos los turcos y cativos, y requiébranse los Comendadores
con sus damas.

Caballero:

    Qué triunfo, qué victoria,
  Toda de gloria tan llena,
  Ganar damas para pena,
  Que la pena toda es gloria.

Dama:

    Caballero, bien mostrais
  Cuánto en todo mereceis,
  Pues que tanto nos honrais,
  Que las penas que pasais
  Por gran gloria las teneis.

Caballero:

    Diga qué sintió, señora,
  Ver á sus piés d’un reves,
  Cuando el Turco vió á sus piés,
  Siendo dél trïunfadora.

Dama:

    Lo que yo podré decir,
  Alabar, señor, á Cristo,
  Que entre la muerte y vivir,
  Vos me habeis hecho reir,
  que en tal caso no s’ha visto.

Caballero:

    Señora, bien es saber
  Cóm’os fué de servidores,
  Y á los turcos de favores,
  Que otro no podia ser.

Dama:

    A mi Turco le ha ido
  Como vos lo habeis gustado,
  Que segun me ha tenido,
  Tan mandado l’he tuvido,
  Que jamas s’ha desmandado.

Caballero:

    Yo tambien tengo un dolor;
  Pues ser otra no podia,
  Que favor al Turco haria,
  Más de miedo que de amor.

Dama:

    Eso no pudiera ser
  Que de miedo yo le amase;
  Que esperando su valer,
  No tenía qué temer,
  Que más no me asegurase.

Caballero:

    Turcos requiebros dirian,
  Turcos tan enamorados,

Dama:

    No merecen ser burlados,
  Pues que tanto nos querian.

Caballero:

    Celos querria tener
  Si licencia me daïs.

Dama:

  Bien los habeis menester,
  Pues mostrais ménos querer
  De lo que, señor, mostrais.

Caballero:

    Señora, ¿qué le presento
  El Turco su servidor?

Dama:

    Lo que pudo y buen amor,
  Pues con obras lo mostró,
  L’arco y flechas que traia,
  En mis manos todo estaba.

Caballero:

    Ya vuestra merced tenía
  Arco y flechas, pues heria
  Con los ojos que miraba.

Caballero:

    Señora, ¿quién me dirá
  Este tiempo que n’os vi,
  Si os acordastes de mí,
  Que yo siempre estuve allá.?

Dama:

    Nadi os lo dirá, señor,
  Como yo con más razon,
  Pues perdí todo temor,
  Confiando en la valor
  De vuestro gran corazon.

Caballero:

    ¡Oh quién supiese, señora,
  Si sentistes unos tiros,
  No de bronzo, mas suspiros
  Que os tiraba cada hora!

Dama:

    Sí sentí, pues allegaron
  Las pelotas hasta mí,
  Y á los turcos espantaron,
  Que’en mi boca retumbaron,
  Que por eco os respondí.

El Capitan:

    Ea ya, señores, ea,
  Vamos, vamos á danzar,
  Porque yo quiero estorbar
  Con danzar esta pelea.
  Sea trisca, sí querrán,
  Y cantemos en la fiesta,
  Y las damas callarán,
  Y callando mostrarán
  Que el callar dan por respuesta.

Dama:

    Fiesta de tanto placer
  No se puede festejar
  Con bailar y no cantar,
  Por vengarme en responder.

Caballero:

    Damas que vengar se quieren,
  Pues no quieren amistades,
  Respondan lo que quisieren,
  Que pues matan y no mueren,
  Cantar quiero las verdades.

Canta el caballero:

    En mi gesto se os amuestra
  Gran amor,
  Y en el vuestro á culpa vuestra
  Hay desamor.
    Siempre estoy mirando al cielo
  Cuando yo n’os puedo ver,
  Y vos daisme por placer
  Del pelillo pelo á pelo.
    Callo y mi gesto os amuestra
  Gran amor,
  Y en el vuestro á culpa vuestra
  Hay desamor.

Respuesta de la dama:

    Si en el gesto se ha de ver
  Cuanto quereis,
  Poco mostrais el querer
  Que me teneis.
    Vos mostrais en vuestro gesto
  que teneis muy poco amor,
  Que tan sano servidor
  No podrá estar mal dispuesto.
    Ya por vos no puede ser
  Que amor mostreis,
  Pues que nunca por querer
  Enflaqueceis.

Canta Otro caballero:

    Yendo y viniendo
  Vóyme enamorando,
  Una vez riendo,
  Y otra vez llorando.
    N’es la de mi ciego
  Voluntad pequeña;
  Mas arde mi fuego
  Si le añaden leña.
    Vánmela añadiendo,
  Mis ojos mirando,
  Una vez riendo,
  Y otra vez llorando.

Respuesta de la dama:

    Cuando más os veo
  Ir apasionado,
  Más y ménos creo
  Que estais namorado.
    Más amor y ménos
  Veo en su manera,
  Más amor de fuera,
  Y de dentro ménos.
    Sois otro Teseo
  Muy falsificado,
  Más y ménos creo
  Que estais namorado.

Canta otro caballero:

    Cuando más y más os miro,
  Más sospiro.
    Tanto tengo que mirar
  En su gesto muy hermoso,
  Que me hace sospirar,
  Pues no soy su venturoso.
    Si me quiero retirar
  De miraros, como os miro,
  Más sospiro.

Respuesta de la dama:

  Si os creyese cantaría,
  Sospirastes Baldoínos
  Las cosas que más queria.
    No tengo mucha razon
  De cantar este cantar,
  Pues que vuestro sospirar
  Muy falsos sospiros son;
  Si n’os correis cantaria:
  Sospirastes, Baldoínos,
  Las cosas que más queria.

Canta otro caballero:

    ¡Ay que me matais!
  Caballero, ¿qué teneis?
  Señora, muerto m’habeis.
  Por mi vida que os burlais.
    ¿Cómo puedo yo burlar
  Burlas que son tan de véras,
  Pues matais de mil maneras
  Para más enamorar?
    Cruelmente me matais.
  Caballero, ¿qué teneis?
  Señora, muerto m’habeis.
  Por mi vida que os burlais.

Respóndele su dama:

    Caballero burlador.
  Mas lo sois vos, mi señora.
  ¿Para qué os burlais d’amor?
  Porque vos sois burladora.
    Huélgome que lo otorgais,
  No habeis menester tormento.
  Por vida vuestra, que miento,
  Que vos sois la que burlais.
    ¿Para qué os burlais d’amor?
  Tened vergüenza en mal hora.
  Más burlais vos, mi señora,
  Que yo no soy burlador.

Canta otro caballero:

    Vaya, vaya, en hora mala,
  Vaya, vaya.
    He perdido mi dormir,
  Y no le quiero cobrar.
  Porque más quiero morir
  Que vivir para penar.
    No lo quiero más buscar
  Si Dios me vala,
  Vaya, vaya, en hora mala,
  Vaya, vaya.

Respuesta de su dama:

    Venga, venga, en hora buena,
  Venga, venga.
    Dicen si quiero un truhan,
  Que burla de servidores,
  Burlára de mi galan,
  Que quiere morir d’amores.
    Dalles ha, pues son traidores,
  Mala strena,
  Venga, venga, enhorabuena,
  Venga, venga.

Canta otro caballero:

    Loco estoy del mal que siento;
  Piedras me haceis tirar,
  Búscame mi entendimiento,
  Yo no lo quiero cobrar.
    Mucho más vale ser loco,
  Que morir con la cordura,
  Yo moria poco á poco,
  Y hora vivo con locura.
    Con ser loco estoy contento;
  Pues no siento mi penar,
  Búscame mi entendimiento,
  Yo no lo quiero cobrar.

Respuesta de su dama:

    Un loco tengo donoso,
  Por amar
  No quiere el seso cobrar.
    Yo querria que sanase,
  Vále buscando su seso,
  Tírale piedras y vase
  Como si fuese sabueso.
    Muestra tener más reposo
  En loquear,
  No quiere el seso cobrar.

Canta otro caballero:

    Con dolores descorteses
  Voy cantando por las calles:
  Mala la vistes, franceses,
  La caza de Roncesvalles.
    Tengo mal frances d’amor,
  Qu’es peor que mal frances,
  Que jamas curado es
  Sino de quien da el dolor;
    Deste mal há muchos meses
  Que me sienten por las calles,
  Mala la vistes, franceses,
  La caza de Roncesvalles.

Respuesta de su dama:

    Buena pro os haga, señor,
  Buena pro.
    Mal frances teneis d’amor,
  Tenéoslo.
    Mal frances d’amor no sé,
  Buscad quién os l’ha pegado;
  Yo n’os tengo enamorado,
  Que nunca vistes por qué.
    Buena pro os haga el dolor,
  Buena pro,
  Mal frances teneis d’amor,
  Tenéoslo.

Canta otro caballero:

    No sé qué me digo,
  No sé qué me hago,
  Dame amor un higo,
  Y tómole por pago.
    Tal os pague amor
  Á cuantos burlais,
  Pues que no tragais
  Higos por amor.
    Ya no estoy conmigo,
  No sé qué me hago,
  Dame amor un higo
  Y tómole por pago.

Respóndele su dama:

    Si l’amor n’os da un higo,
  Y’os daré una castañeta,
  Pues teneis falsa riseta
  De enemigo.
    Vos teneis muy buena paga,
  Pues que de burlas servis,
  Buena pro, señor, os haga,
  Ya que todo os lo reis.
    Vuestra cara es el testigo,
  Tomad una castañeta,
  Pues teneis falsa riseta
  De enemigo.

       *       *       *       *       *

    No más trisca y acabemos
  Con tener debida ley;
  Pues vieron casa de rey,
  Á los turcos libertemos.
    Y mandémosles bailar,
  Pues su mal volvió alegría,
  Que no sentirán pesar,
  Pues se vean libertar
  Para volverse á Turquía.
    Turcos, pues lo mereceis,
  Cobrad vuestra libertad,
  Y si lo mandais, bailad
  Como en Turquía soleis.
    Y por más regocijar
  Dia, que tan dia fué,
  Que en placer volvió el pesar,
  Le podrémos acabar
  Con un torneo de pié.
    Esto es lo que hacer debemos,
  Vamos por las armas, vamos,
  Pues con armas nos honramos,
  Con las armas acabemos.
    Y vosotros no dejeis
  De bailar, pues dais placer,
  Que tambien pareceréis,
  Con el baile que haréis.
  Que podréis entretener.

Acabado el torneo se acaba la farsa con esta copla:

    Si nos da, señor, licencia,
  Volvernos hemos á Malta,
  Aunque parece que falta
  Vista en no ver su excelencia.
    La fortuna que pasamos,
  Pasarémos en no veros;
  Que si dulce lo gustamos,
  Muy amargo lo esperamos
  Lo que se pierde en perderos.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, bien habeis mostrado que no son
farsas las que vos haceis, pues de vuestras burlas se pueden sacar
avisadas véras, y de las véras avisadas burlas, como mostraron: _Los
comendadores, por mi mal os vi_; que esto puede cantar Juan Fernandez,
vuestro competidor, pues los vió, para tener envidia de vos, por
habellos hecho tan cortesanos en las burlas como en las véras.

Dixo don Luis Milan: Si las de vuestra excelencia no fuesen burlas
para favorecer, creeria que son véras para burlar, que de reyes es
burlando hacer mercedes, como oirán en este cuento: Nuestro valenciano
Penarroja, comendador de Christus, viviendo con el rey Manuel de
Portugal, fuéle á demandar casamiento, y díxole: Decey, Comendador,
¿habeis casado por trato ó por amores? y respondióle: No, señor, sino
por trato; y el Rey le dixo: ¿He vídevos ella? Quiso decir con esta
burla, que si le habia visto ella ántes de casar, siendo tan feo, nunca
le tomára por marido, y si habia casado por amores, creyéralo, pues no
hay amor feo; y despues de haber burlado con él, le dió más de lo que
demandó; que burlas de reyes mercedes son.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, las burlas de su excelencia lo han
sido para mí, y no para vos, pues me ha dicho que vi los Comendadores
de vuestra farsa por mi mal, para tener envidia de vos; y téngola, pues
habeis sabido hacer lo que os diré con este romance:

    Más pesar he de vos, Conde,
  Pues no sois de envidiar
  En armar las cortesanas
  Damas para farsear.

Dixo don Luis Milan: Juan Fernandez, lo que yo hice de burlas vos lo
haceis de véras, como en este contra romance al vuestro oiréis:

    Siempre os vi, señor don Juan,
  Armado de cortesanas
  Contra damas muy galanas
  Por ser muy bajo galan.

Dixo don Diego: No teneis razon, Joan Fernandez, de buscar tachas
donde no las hay, que os tacharán; tachador real de córtes pareceis, ó
coracero en poner tachas en la coraza de don Luis Milan, teniendo tan
fuertes launas de respuestas, que no las pasarán vuestros hierros, que
por ser de amores bajos, cuentos son para burlar.

Dixo don Francisco: Don Diego, bien habeis defendido á don Luis Milan,
vuestro amigo, perro ropero me habeis parecido, de aquellos que les
dicen, guarda la ropa, guarda la ropa.

Dixo la señora doña Beatriz de Osorio: Señora doña Mencía, donoso ha
sido don Francisco, que á don Luis Milan ha hecho hacer risa de perro,
y mereceria que se quedase con ella, pues los mofadores parece que
regañan riendo quando quieren mofar.

Dixo la señora doña Mencía: Señora doña Beatriz, no puede parecer
don Luis Milan á lo que no paresce, que no siendo perras sus cosas,
haga risa de perro; más parece á risa de córte, que risas de avisados
reprensiones son.

Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tovar, ¿qué le
parece destas dos lanzas que han corrido estas señoras? ¿á quién daria
vuestra merced la mejoría,? que el merecimiento no debe estar sin
precio.

Dixo doña Merina de Tovar: La señora doña Mencía corrió mejor lanza,
pues socorrió á don Luis Milan, que estaba corrido de verse apodado á
risa de perro, por haber sido mucho reido. Y la señora doña Beatriz de
Osorio no corrió mala lanza, pues corrió á don Luis Milan, que ha sido
echar lanza en Fez, lo que yo les doy es lo que se traen consigo, que
el merecimiento no está sin precio. Dixo la señora doña Luisa: Señora
doña Joana de Guzman, adevinar querria lo que vuestra merced piensa y
debe ser; que tiene muy risueño el servidor, y es señal de poco amor.

Respondió la señora doña Joana de Guzman: Señora doña Luisa, mi
servidor no rie de poco amor, mas ríese de lo que sé.

Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo, ¿de
qué puede reir el servidor de la señora doña Juana de Guzman? ¿si se
rie que le dicen don Donoso, y nunca dice donaires?

Respondió la señora doña Joana de Dicastillo: Señora doña Castellana,
á jornadas es donoso, que el otro dia acertó á decir uno á su dama, y
fué que la apodó á saboga, que tenía gusto para contentar, y espinas
para ahogar, y ella le dixo: que tenía donaires de pescador. Y él
respondió:

  Si pescase vuestro amor,
  Sería buen pescador.

Y ella replicó:

  No me dejaré pescar
  En vuestra mar.

Y él se fué desavenido con ella, y así está como halcon encapirotado,
que no dice nada.

Dixo don Luis Milan: Muy contento estó de la señora doña Beatriz de
Osorio, que me apodó á risa de perro, porque me hizo mercurino, de la
propiedad del planeta Mercurio, que le pintan la cabeza de perro, por
ser muy sentido y entendido; y así risa de perro es de avisado, que
apénas ha de mostrar los dientes cuando rie, mostrando que siente lo
bueno y lo malo de la conversacion, y á lo bueno ha de reir como quien
alaba, y á lo malo como quien reprende. Dixo que yo reia regañando
cuando queria mofar, y en esto quiso decir mal de mí, ó no me entendió,
que mejor mostró la señora doña Mencía entenderme, en lo que respondió
por mí; y aunque en mí no haya tanto bien como dixo, en su mercad hay
aviso para hacerme más de lo que soy, pues puso nombre risa de córte,
á la que la señora doña Beatriz dixo de perro; que no es perra ni
mofadora la risa que al reprendido mejora.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, mucho querria saber cómo se ha de
reir para alabar ó para reprender, que yo nunca he oido ni visto risas
que hablen, sino agora.

Respondió don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, razon sería que me
hubiésedes entendido las risas que me habeis hecho hacer muchas
veces; que por responder á lo que me habeis preguntado, contaré lo
que á muchos caballeros y á mí nos contastes en el Real, delante su
excelencia; y dixistes que viniendo muy tarde á dormir, pasada media
noche, os desnudastes solo por no ser sentido; despertó vuestra mujer,
muy brava y celosa riñéndos mucho, y como le sobrase la razon, á vos os
faltaba para respondelle, y siempre callando os acostastes; y ella, de
muy enojada, dándoos empujones os trajo hasta la orilla al despeñadero,
y como vos os vistes tan apretado, porque no os derribase de su cama,
dixístesnos que le tirastes una púa, y ella os dixo: _Vade retro_,
Satanas, que mi marido no era tan sucio; y huyendo de la cama, y vos
tras ella le respondistes: Mujer, no soy Satanas, sino puerco espin,
que cuando le aprietan tira púas. Y preguntándome el Duque qué me habia
parecido del cuento, yo le respondí: Señor, preguntaldo á mi risa; y
él me dixo: ¿Qué, las risas hablan? yo le dixe: Cuando el reir es con
zuño y gesto de menosprecio, entónces es reprender, y el sonreir con
gesto amoroso es alabar, que harto hablan las risas, que descubren á
los ánimos lo que sienten. Si Joan Fernandez me cree, ántes se dejará
despeñar de la cama, que hacer más el puerco espin.

Dixo Joan Fernandez: Bien será mudar de nuevas, porque mi mujer se ha
parado colorada y está corrida. Yo le he hecho del ojo que disimule, y
no sé si lo hará.

Respondió la señora doña Hierónima: No cumple hacerme del ojo, ni del
dedo, que calle, pues no es para disimular lo qu’es mal disimularlo;
que sufrir la mujer al marido, no ha de ser para que la tenga en poco
como vos haceis, que á su excelencia quiero pedir justicia de vos, que
os mande no saqueis cuentos sobre mí.

Dixo Joan Fernandez: Mujer, mirad lo que decis, que nunca saqué cuentos
sobre vos, que siempre quereis que yo esté debajo, y á vuestro mando,
que yo no he casado con mujer, sino con hombre; y así cuando las damas
me preguntan qué hace doña Hierónima, vuestra mujer, yo les digo:
Señoras, no se puede vivir con don Hierónimo, mi marido, que yo soy la
mujer, pues ella no lo quiere ser.

Respondió la señora doña Hierónima: Si yo no hiciese el hombre, ninguna
mujer ternia segura en casa de vos; y á tal marido tal mujer.

Dixo la Reina: Doña Hierónima, reir me habeis hecho de buena gana;
amostráme cómo haré el hombre, pues vuestro marido ha mostrado al
Duque, mi señor, á ir tras las de su casa.

Respondió el Duque: Vuestra alteza es tan celosa, que á mí me ha hecho
celoso, y por esto voy tanto tras sus damas, para guardallas.

Dixo Joan Fernandez: De la boca me lo quitó vuestra excelencia, que eso
mismo le queria decir á doña Hierónima, mi mujer.

Respondió la señora doña Hierónima: ¿Qué le parece á vuestra alteza,
qué buen médico y apotecario son? mejor visitan las sanas de casa que
las enfermas; que yo estando enferma poco há, halló al mio mi hermana
vestido como á médico, tentando el pulso á una criada mia, y díxole:
Hermano, ¿qué es eso que haceis? y él respondió: Señora, no soy quien
pensais, que el médico de casa soy.

Dixo don Francisco: Si vuestra alteza y su excelencia mandan, aquí está
á la puerta un Rey d’armas que viene á publicar un cartel; entrará si
le dan licencia.

Dixo el Duque: Hacelde entrar, que el corazon me dice qu’es alguna
fiesta que don Luis Milan quiere hacer en servicio de su dama. Entró el
Rey d’armas, y publicó este cartel, que dice:

Muy altos príncipes y señores: Yo Miraflor de Milan, caballero errante,
os hago saber que soy llegado á esta tierra, por dar cabo á una
aventura, ó acabar mi desventura, y es que hallándome por el reino de
Frigia, en el puerto Tenedo, donde la griega armada tuvo diez años
sitiada Troya, salí de mi galera, y siendo en tierra sentí una voz que
me dixo: Sube en ese monte nombrado Ida, que delante tienes, donde
Páris Alexandre fué criado, y estuvo hasta que hizo el juicio á las
diosas, dando la manzana de oro á la Vénus, por más hermosa que la Juno
y la Pallas, y sabrás lo que has de hacer. Y subiendo hallé al entrada
dél la fuente de Policena, que el retrato della, en bulto de cristal,
sobre una columna estaba, echando agua por un caño de oro que en los
pechos tenía con un letrero que decia:

    Quien d’esta agua gustará,
  Hermosura beberá.

Yo, queriendo beber della para que me viese hermoso la que feo le
parecia salió un caballero armado de unas muy hermosas y ricas armas,
con unas letras de oro por ellas sembradas, que decian:

    Yo soy Achíles, mandado
  Que l’agua de Policena
  No deje beber de grado
  Si Cupido no lo ordena.

Yo, que vi la guarda desta fuente ser Achíles, pensando cómo podia
ser esto, estuve más espantado que de verme en batalla con él; que la
muerte no deshonra cuando el matador da honra.

Y viniendo á palabras, me dixo: Nadi merece gustar del agua que no
pude beber; que do falta el merecer, nadi se debe probar. Yo, que
me vi despreciado, holgué que me dió ocasion de ensañarme con él, y
respondíle:

    No estará sin merecer,
  Quien ventura le quisiere,
  Desta agua dejar beber.

Y él metiendo mano á su espada y yo á la mia, combatimos gran rato,
hasta que sentimos una voz que dixo:

    Achíles, deja beber
  Del agua de Policena
  Á Miraflor á su placer.

Y él con un gran sospiro desapareció, que no vi por dónde se fué; yo,
bebido que hube del agua, vime en ella tan hermoso como ántes era feo.

Pasé más adelante, y vi un otra, nombrada la fuente de Casandra, hija
de Priamo, rey de Troya, que profetizó la destruccion de los troyanos y
no fué creida; y asimismo estaba un retrato della de bulto, de piedra
amatiste, sobre una columna, con un caño que de la frente le salia,
echando agua por él, con este letrero que decia:

    Quien d’esta agua beberá,
  La sciencia de Casandra
  Alcanzará.

Yo, queriendo beber della, vime delante un caballero con unas armas
negras y unos letreros de oro por ellas, que decian:

    Corebbo soy por querer,
  Que si amor no me lo manda,
  De mi señora Casandra
  Su agua no dexe beber.

Conociendo que este caballero era Corebbo, que la hermosura de Casandra
le hizo enemigo de sus amigos, y amigo de sus enemigos, como amor suele
hacer, que por selle servidor, siendo griego, sirvió á los troyanos
contra sus griegos en la guerra que tuvieron, y viendo que de Troya
habian hurtado sus enemigos á Casandra, su señora, salió sólo contra
ellos, y peleó de tal manera, que su dama se salvó y él fué muerto allí
por ella; y viniendo él y yo á las armas, por defenderme que no bebiese
del agua, sentimos la misma voz que le dijo:

    Corebbo, Cupido manda
  Que del agua de Casandra
  Á Miraflor dejes beber.

Desapareció, que ni sé cómo vino ni por dónde se fué, y bebí del agua,
que me pareció de tal gusto como lo que da á gustar; pues que nadi se
hartaria de beber sabiduría.

Y pasando más adelante, hallé un otra, nombrada la fuente de Elena,
mujer del rey Menelao, griego, que fué robada de Páris Alexandre,
hijo del rey Priamo de Troya, en venganza del robo que hizo Hércules,
griego, de Hesiona, troyana, hija del rey Loomedon, troyano, que
entónces reinaba, llevándola á Grecia, que fué causa de la destruccion
de Troya; y vi, como en las pasadas fuentes, que esta hermosa Elena
estaba de bulto damantino retratada sobre una columna, con un caño que
de la teta izquierda le salia, echando agua por él, con un letrero que
decia:

    Quien d’esta agua beberá,
  Otro Páris en amores se verá.

Yo, queriendo beber della, con gran desseo de verme tan venturoso
como Páris en amores, vi venir á gran prisa un caballero muy hermoso,
armado de muy ricas y hermosas armas, con un arco y saeta encarada para
mí, con un letrero que en la ventanilla de la celada traia, que desta
manera decia:

    Páris só que voy en pena
  Sino cuando vengo á ver
  Para no dejar beber
  L’agua de la reina Elena.

Yo, que por el letrero conocí que este caballero era Páris Alexandre,
hijo del rey Priamo de Troya, que siendo preñada dél la Reina, su
madre, ensoñó que paria una hacha quemando á toda Troya; y sabido por
el Rey, su marido, de los sabios que tenía, que este sueño significaba
la destruccion y pérdida de todo su reino, mandó por consejo dellos
que luégo en nacer lo matasen; y como nació este infante muy hermoso,
su madre no tuvo corazon de hacelle matar, y mandó á una criada suya
que ántes del dia lo echase al pié deste monte Ida, secretamente que
nadi lo supiese, y que lo dejase allí; viniendo el dia, fué hallado
por un pastor, que lo crió como á hijo suyo hasta que fué hombre, y
saliendo muy gran luchador, que jamas halló quien le venciese, llevólo
el pastor que lo habia criado á una fiesta de lucha que en Troya se
hizo, donde venció á Hector y á todos sus hermanos; y espantados dél,
quisieron saber quién era y supieron toda su historia. Y conocido
ser hijo del Rey, por decir la Reina que no lo habia hecho matar,
alegráronse todos y quedó con ellos; yo, pensando con el arte que me
hacian ver lo que via, muy espantado fuí á beber del agua, y Páris
tiróme una saeta que en mi escudo quedó enclavada, y echando mano á las
espadas, turó muy gran rato nuestra batalla, hasta que nos departió la
misma voz que siempre oido habia, que le dixo:

    Páris, deja tu furor,
  Que mi voluntad ordena
  Que de la fuente de Elena
  Beba el agua Miraflor.

Y desapareciendo como los otros, yo pude beber del agua desta fuente de
Elena, que tal sabor tenía como Páris la gustó, al principio dulce y á
la fin muy amarga; pues fué muerto de Pirro, hijo de Achíles, á quien
Páris mató en el templo de Pállas, viniendo sobre seguro á tratar con
la reina Hecuba y su hija Policena, para casar con ella; y si allí le
mató Páris con engaño, fué porque Achíles habia muerto á Hector en la
batalla á traicion, no osando acometelle cara á cara, que por traidor
era tenido entónces quien tal hacia.

Pasé más adelante y vine á parar en una muy hermosa plaza que en medio
de lo más alto deste monte estaba, con un palacio real que el rey
Priamo habia mandado hacer para cuando venía á cazar en este deleitoso
monte, lleno de caza y muchos deleites, que al parecer todo animal
allí vivia más tiempo; que el deleite virtuoso conserva la vida hasta
el término della: y recreando de ver estas maravillas, vime delante un
hombre de maravillosa presencia, y díxome: Sígueme y no receles, que
entre enemigos no va quien favorecido está, de la manera que tú has
sido en esta aventura de las fuentes, quedando más hermoso y más sabio
y más venturoso, por haber alcanzado con tanta honra á beber del agua
dellas. Tomóme de la mano y fuimos á parar donde paran los favorecidos
de Cupido, que fué en la sala del alegría, pues todo parece que reia,
y vi á Cupido y á su madre asentados sobre dos grifos de oro, que en
el aire por maravilloso artificio estaban, con este letrero que desta
manera decia:

    Por la tierra y por la mar
  Vuelan grifos del Amor,
  Desde el rey hasta el pastor,
  Qu’es reir y sospirar.

Yo, con el acato que debia, hablé desta manera al Amor: ¡Oh Cupido! no
sé cómo servirte las grandes mercedes que me has hecho, que por tu mano
haya sido merecedor de beber el agua de las tres fuentes que en este
monte tuyo están, que, por ser de tanto valor, muy pocos beberán dellas
si no es por tu favor; yo te suplico me mandes con qué te sirva porque
sepa lo mejor, y respondiendo con estas amorosas palabras, me dixo:

¡Oh Miraflor de Milan! tan pagado estoy de tí como tú deudor á mí, que
por lo que mereces te he pagado, y no por cuanto hecistes ni harás por
mí; tu has de partir luégo para la ciudad de Valencia de Aragon, mi
mortal enemiga, pues reino tan poco en ella, que me ahorcaron en una
justa, como tú sabes, que sólo en tí quedé vivo por una obra que en
honra mia heciste, mostrando tu gran lealtad y la poca que los jueces
tuvieron en dejarme ahorcar contra razon, siendo los aventureros que
me defendian ganadores y perdedores de perdidos, pues á la fin fuí
ahorcado por ser muy desconocidos; donde se vió el poco amor que tienen
y el mucho que hay en tí, pues se ve que por ser desamorados, las damas
hacen gestos á los caballeros burlando dellos, y ellos guiñan dellas de
cola de ojo, que dias hay que no se conocen los unos á los otros, pues
ellos parecen tuertos por guiñar, y ellas desamoradas por mofar, y de
aquí viene que se van cantando:

    No fie nadi d’amor,
  Qu’es mudable y burlador.

Y así no se fian unos de otros, que si un caballero quiere servir,
ha de dar fianzas que no ha de guiñar, y ellas dar fiadores que no
han de mofar; y en llegando á tu Valencia, enviarás un cartel por
el rey d’armas mio, que de aquí llevarás nombrado el Revolvedor, y
mandarle has presentar de parte tuya á los desamorados valencianos
tuyos, y tomarás por querella, que, por el desacato que me hicieron
y menosprecio de ahorcarme, les combatirás que me fueron traidores en
un torneo de pié, á tres golpes de pica y cinco de espada; y porque
vean cómo pago á mis leales amadores, como tú eres, escríbeles las
maravillas que en este monte te hice ver, y la gran honra y provecho
que has ganado por combatir con tan nombrados caballeros y beber del
agua destas tres fuentes, de tanto valor y propiedad como son; agora
véte y harás como quien eres, que yo nunca te faltaré. Y así me partí
el más contento hombre que del amor se partió, por donde os desafío con
ese cartel de hoy en un mes en la plaza Mayor, dicha el Mercado, con
las condiciones y armas y querella que aquí tengo dicho; y el combatir
será sobre el monte Ida que allí veréis, y al subir dél me hallaréis
á mí primero, defendiendo que no beban del agua de la fuente que yo
guardaré, y el que mejor lo hiciere que yo tenga libertad de pasar
adelante, si querrán probarse con Achíles y Corebbo y Páris, que allí
estarán guardando sus fuentes que no beban del agua dellas, y el que
pudiere pasar y vencer todos estos caballeros, y llegáre al palacio
real del dios d’amor, que allí verán, su madre, la diosa Vénus, le
alcanzará perdon que no esté en desgracia de su hijo Cupido, y daránle
un anillo nombrando el venturoso, con un letrero en torno dél que dirá:

    Quien anillo llevará del amor,
  Será anillo de su dedo el servidor.

Dixo el Duque: En mi vida oí cartel que más placer me diese, por
haber contado la maravillosa y extraña aventura de las fuentes del
monte Ida. Si en libertad estuviese, yo iria á probarme en ella, que
no es caballero el que no emplea su vida por alcanzar honra y fama,
mayormente donde se alcanzaria tan gran provecho bebiendo del agua
destas tres fuentes, que dellas se alcanza hermosura, que yo la querria
para parecer bien á la Reina, mi señora, y sabiduría para disimular los
celos que tengo de don Pedro Milan, y ventura para que no me fuese más
contraria.

Dixo la Reina: Y’os digo, por mi fe, que si fuese caballero, me iria
á probar en esta aventura por ganar hermosura para parecer bien á don
Pedro Milan, mi servidor, y sabiduría para saber cómo le va al Duque,
mi señor, en amores, y ventura para ser más querida dél.

Dixo don Francisco: Si una dama me diese licencia, yo iria á probarme
en ella, y si alcanzase la hermosura, no la querria, sino para matar de
celos á un competidor mio, y la sabiduría para saber si una dama burla
de mí ó no, en hacerme un higo debajo manga que me hace en verme, y la
ventura para que fuese venturoso con ella, que siempre me desengaña en
ponerme á la ventana una mona cuando le doy vueltas.

Dixo don Diego: Si no fuese que soy desdichado en aventuras, no
tardaria de verme en ésta, que muy poco se aventura para lo que
se gana; y si alcanzase la hermosura, la querria por no tener que
agradecer mucho á mi dama, que los feos han de agradecer que los dejen
servir, y á los hermosos se les ha de sufrir, pues hermoso alegre y feo
entristecen; y si alcanzase sabiduría la emplearia para que nunca me
acabasen de entender, que lo entendido desprecia el no saber que nada
aprecia; y si alcanzase la ventura, no la querria sino para no tomar
lo que se alcanza con ella, pues mucho mejor sabe lo que por merecer
se posee, como dixo un criado favorecido en este cuento que oiréis:
Un rey muy soberbio no queria hacer mercedes por merecer sino por
ventura, pretendiendo que todo servicio se le debia de deuda debida, y
queriendo usar desta mala plática, mandó henchir muchas arcas la metad
de caras que hacian gestos para burlar, y las otras de mano de fe, que
tienen solo un dedo alto, y los que habian de recibir las mercedes
abrian las arcas, y el que abria arca que hacia gestos de burlar,
decíale el Rey: Toma deso que tú me das, que la ventura le paga á quien
de su señor se burla; y el que abria arca de fe el Rey le decia: Toma
deso que tú me das, y hacíale mercedes. Y el criado favorecido no quiso
abrir arca ninguna y dixo:

    No quiero bien por ventura,
  Sino por merecimiento,
  Que no puede dar contento
  Lo que se da por locura.

Dixo Joan Fernandez: Si mi mujer no quisiese ser el marido, ternía
libertad de irme á probar en esta aventura, que tan hombre me hallo
para pelear con hombres, como mujer para resistir á mi mujer, y si
alcanzase la hermosura, no la querria sino para que una dama no dixese
una mentira de celos, porque se ha dado á entender que ando tras de una
camarera suya, y cuando paso por su puerta á hora de vueltas, arremete
á su criada, y dándole pellizcos, le dice: Toma, porque te festeja don
Feo, y su criada le dice: No es sino don Hermoso; No es sino feo; No
es sino hermoso: alborotan toda la casa hasta que las departen; y si
alcanzase la sabiduría no la emplearia sino para saber cuándo andan de
véras ó de burlas los amores desta criada de la dama de los pellizcos,
diciendo yo por un agujero que le hablo, decidme, por vuestra vida:
¿Andáis conmigo de burlas ó de véras? y respóndeme: Un dia de burlas
y otro de véras, porque veais quién son mujeres; y si alcanzase la
ventura, no la querria sino para ganar de venturoso lo que gano de
porfiado, que diez años, los mejores de mi vida, me ha costado una moza
aragonesa, y díceme cuando conmigo se enoja: Andad para porfiado. Yo
le digo: No soy sino venturoso en haberos alcanzado; y ella me dice:
No sois sino porfioso, que nunca me fuistes agradoso. Yo dígole: Andad
para moza; y ella me dice: Andad para viejo. Yo le digo: Troquemos si
pensais que os he enojado; y respóndeme: Ya he trocado, que bien troca
quien mejora.

Dixo don Luis Milan: Yo me he de ver en esta aventura y si alcanzase la
hermosura, no la querria sino para hacer celoso á Joan Fernandez, con
nuestra competencia, porque va diciendo que nuestra dama le dice que
me gana de gentil-hombre lo que yo le gano de más valido entre damas,
y él me gana de jugador de pelota á largas, lo que yo le gano á la
cuerda, y él me gana á la jineta lo que yo le gano á la brida, pues no
me voy tanto della como él; y si alcanzase la sabiduría no la emplearia
sino para saber qué le pasa por la cabeza á Joan Fernandez cuando
vuelve los ojos en blanco y mira al cielo, y dice, tan blanco el ojo,
que yo creeria que alguna moza se le ha ido de las redes quando retiga
los ojos, y si alcanzase la ventura, no la querria sino para ganalla
donde Juan Fernandez la pierde, y perdella donde él la gana;

  Que segun dicen las gentes,
  Entre damas siempre pierde,
  Y con mozas siempre gana.

Dixo el Duque: Horas dan, ya debe ser muy tarde, aunque no les querria
dejar ir sin una condicion que nos veamos mañana, á la hora misma,
así como estamos, que mucho querria más largamente platicásemos de la
córte del rey Priamo de Troya, desde el principio de este reino hasta
su malaventurado fin. Y sea sin falta, porque si Joan Fernandez la
hace, don Luis Milan le ganará quince y treinta, con la ventaja que
mostraria tenelle ganándole á este juego.


_Aquí se acaba la tercera jornada._

[Illustration]



[Illustration]



JORNADA CUARTA.

Y DICE DON LUIS MILAN.


Señor Joan Fernandez, el Duque me ha enviado un paje para que vaya con
la dama, que ayer llevé, y quiere que le traiga una montería que tengo
hecha del Rey de Troya con sus damas y caballeros, y que tenga cuidado
de haceros ir, porque no perdais el juego de falta: yo querria que
viniésedes, para que si os tengo de ganar, no sea por la falta que vos
haréis en faltarnos, porque no digan que si yo gané en la conversacion
fué por vos no estar en ella; aunque más os conviene ir á vos que á mí,
pues dirian las damas que no osais veros conmigo en el campo cerrado de
la gala, que es en sarau, donde más se muestra quien es galan, pues el
que no lo fuese en sala no lo será en calle, que por más que vaya bien
vestido y encabalgado, no será sino don Juan Mula, ó don Pedro Caballo:
y tomad el primer consejo del enemigo y venid, que yo me voy, y vos,
paje, id á casa de don Diego y don Francisco y Joan Fernandez, que
menester será, segun se ha ido enojado, para que no hagan falta, sino á
todos les ganaré el juego.

Va el paje del Duque á casa de Joan Fernandez, y llama y respóndele una
criada. _Paje._ ¿Quién está en su casa? ¿quién está en su casa?

_Criada._ El que no está en la ajena.

_Paje._ Mirad qué fria razon. Mas pensé que habia de estar en casa
ajena el que está en la suya. ¿Quién está arriba? ¿quién está arriba?

_Criada._ El que no está abajo.

_Paje._ ¡Oh cuerpo de mí qué frialdad! Esta debe ser la que dicen
mozuela de Caraza.

_Criada._ Ved si sois vos el que dicen

    Tirte allá, que no quiero,
  Mozuelo Rodrigo,
  Tirte allá, que no quiero
  Que burles conmigo.

_Paje._ Mejor os podrian decir á vos mozuela de Logroño; pues estais
engroñada con quien n’os merece nada. Salid, veamos con quién hablo,
si es del palacio ó del establo.

_Criada._ Vos debeis ser del establo, que yo de palacio soy; pues á
tales preguntas como haceis, tales respuestas mereceis. Mi señor Joan
Fernandez contaba á la señora, su mujer, el otro dia, que tenía un
criado, que donde quiera que lo enviaba, siempre le traia mal recaudo,
y púsole nombre paje del mal recaudo, y porque le daban grita los pajes
sobre esto, lo despidió; quizá debeis ser vos: esperad, y decírselo he.
Señor, á vuestra merced creo que viene un criado del Duque, y cierto
debe ser el paje del mal recaudo que vuestra merced despidió.

Díxole Juan Fernandez: Dile que suba, veamos si me trae algun mal
recaudo, que peor se le llevará.

Dixo el paje: El Duque mi señor me ha mandado que yo viniese á no sé
quién, para que no falte de ir allá, como ayer le ofreció, que para
luégo es tarde.

Respondióle Joan Fernandez: Paje, mirad bien á quién os envian, que á
mí no me nombran Noséquién.

Dixo el paje: Señor, ya sé que no le dicen Noséquién, sino Nosécómo,
que no me acordaba de su nombre sino del que vuestra merced me puso,
que por él voy corrido y habré de irme de Valencia.

Respondióle Joan Fernandez: ¿Y por qué me habeis puesto por nombre
Nosécómo?

Dixo el paje: Parecióme, señor, que los nombres y apodos han de ser
conformes al parecer y condicion de los apodados, y con razon se le
puede decir el señor Nosécómo, pues no se puede saber cómo han de
contentar á vuestra merced; y por no enhadalle más voy á don Diego, por
lo mismo que á vuestra merced soy enviado.

Respondióle Joan Fernandez: Paje,

    Ios para burlador,
  Que mejor vais apodado
  Que vos sois apodador.

Vase el paje para casa de don Diego Ladron y dice: Si tan mal me va en
casa de don Diego como en la de Joan Fernandez, yo podré cantar:

    Estos mis cabellos, madre,
  Dos á dos se los lleva el aire.

Pues me han dado tal pelillo el señor y su criada, ella debe pelar á su
amo. Ya veo casa de don Diego, y una criada á la ventana, que le dicen
la Peladilla; en nombre de Dios, y échome á nadar.

_Paje._ ¡Ah, señora Peladilla! ¿está vuestro señor en casa?

_Pelad._ Señor Pelado, no sé sino que para vos no hay nadi.

_Paje._ Ea, por mi vida, diga la verdad, aunque pocas veces la soleis
decir.

_Pelad._ A lo ménos agora no he dicho mentira, pues pareceis gurrion
pelado. No sé de qué gavilan habeis acampado.

_Paje._ Del que vos acampastes, pues tuvo presa con vos toda la noche.

_Pelad._ Toma esa pedrada, porque se os acuerde de la mentira que
decis, y del nombre que me habeis sacado.

_Paje._ ¡Ay! ¡ay! que me ha escalabrado la calabacilla de romero, que
no hay media bebida en ella.

Salió don Diego y dixo: ¿Qué es esto? ¿qué es esto, paje de mal
recaudo? ¿qué teneis vos que ver con mis criadas, que le sacais nombres?

Respondió el paje: Señor, ¿mas qué tienen ellas que ver conmigo, que me
han sacado nombre gurrion pelado?

Dixo don Diego: Pues así es que los dos os habeis motejado, y estais al
cabal, no se hable más en ello; que vos habeis picado como á gurrion
pelado, y ella á vos como á peladilla. Decidme si sois venido con algun
recaudo.

Respondió el paje: Señor, sí; que el Duque me envia á vuestra merced se
le acuerde del sarau que está aplazado hoy en el Real, pues el suyo le
hace valer á veinte y cuatro.

Dixo don Diego: Paje, diréis á su excelencia que luégo soy allá, que
aquí aguardo á Joan Fernandez y á don Luis Milán, para ir, que me han
enviado á decir que están armándose de motes para contra mí, porque yo
haga lo mismo, que bien lo habrémos menester don Francisco y yo.

Partióse el paje para casa de don Francisco y dixo: Con temor voy á
casa de don Francisco para que vaya, y, si no me engaño, yo soy de
bodas, que Guzmana veo qu’es peor que perra parida, que, de celos de
sus hijos, á cuantos entran en su casa muerde. ¡Ah, señora Guzmana!
¿por qué se entró de la ventana?

_Guzm._ Por el paje del mal recaudo, si lo conosceis.

_Paje._ Tan bien le conozco como á Guzmana de los afeites.

_Guzm._ Mirad el murciégano, traga-morcillas, con qué ojos me mira; él
no tiene vista para ver los papirotes que le dan cara cara, y ve los
afeites que yo no traigo.

_Paje._ No hablemos de mala vista, que el otro dia vi que os entrastes
en casa de mosen Calamoja, por la grita que os dió un hombre, que
topastes con él, haciéndole saltar la sangre de las narices, y él fué
tras vos para ensangrentaros, y vos huyendo, os iba diciendo: A la
lechuza, á la lechuza Guzmana de los afeites, encuentra-hombres, que no
ve de dia.

Salió don Francisco y díxole: ¿Qué alboroto es éste, Guzmana, con el
paje del mal recaudo? ¿entendeisos los dos?

Respondió Guzmana: El diablo le entienda á este pan perdido, mendrugo
de casas, que, de bellaco, ratones no quieren comer dél; revesado de
mesones, que yo me espanto cómo está en casa del Duque, si ya no es
criado del secretario Sis.

Dixo don Francisco: Paz, paz, con que no la hagais de boca, que
engendraréis como víboras, que mata la hembra su macho al engendrar:
Que mi Guzmana y vos ponzoña sois los dos.

Vino don Luis Milan y dixo: ¡Ah señor don Francisco! hénos aquí ya
con nuestras damas; la señora doña Mencía os está esperando al cabo
de la escalera, que no se alcanza esto de damas. Mereceríades ser el
ahorcado, y que os diese la vuelta, pues os haceis desear de quien
sería mejor desealla.

Respondió don Francisco: Don Luis Milan, mucho mejor es hacerse desear,
que no aborrecer.

Dixo don Luis Milan: Responda la señora doña Violante, pues es para
responder por los dos.

Dixo la señora doña Violante: Cabalgue presto, y vamos á recoger la
señora doña Mencía,

    Que donde se puede perder,
  Quien se hace desear,
  Le vernán aborrecer.

Allegaron á casa de la señora doña Mencía, y díxole don Francisco:
Señora, diera yo mil vidas por vella hecha leon de cabo de escalera,
por morir á sus manos, pues se podria decir este mote que yo en una
justa saqué:

    Quien á vuestras manos muere,
  ¿Qué más quiere?

Respondió la señora doña Mencía: Señor don Francisco, bueno es hacer
del enojado las damas, por oir un adobo de tal galan como vos sois;
que de leona que estaba al cabo de la escalera, por vos tardar tanto
os matára, sino que vemos por el letrero de las manos que nos habeis
dicho que ya n’os queda vida para que se os pueda dar la muerte; sino,
dígalo la señora doña Castellana, si es verdad.

Respondió la señora doña Castellana: Señora doña Mencía, nunca la
he visto recibir engaño sino agora; y no es maravilla, que no son
engañados sino los que no saben engañar. ¿No ve vuestra merced que don
Francisco es el gato pajarero de nuestra vecina, que saltando tras
pájaras por los tejados, aunque caya de muy alto, siempre cae de piés y
queda sano? La señora doña Luisa se rie, díganos de qué.

Respondió la señora doña Luisa: Señoras, de lo que yo me rio es que
pocos dias há me contaron este cuento de don Francisco; él iba haciendo
el gato de noche, por encubrir el rumor que hacia en un tejado por
donde pasaba á cazar pájaras, y resbalando cayó de muy alto sobre un
gran monton de plumas de almohadas, que de ventura halló para acampar
la vida; y dióse gran prisa de maullar, porque nadi se hubiese pensado
que fuese gato; y como el ruido de la caida fué grande, subió la señora
de casa para ver lo que era, y vió un hombre casi todo cubierto de
las plumas, maullando, y díxole: ¿Quién sois vos, que maullais? y
él conosciéndola respondióle: Vuestro gato soy, señora; y ella mandó
secretamente que subiesen agua, diciendo: Echalde agua, porque no se me
muera el gato, echalde agua; y quedó tan gato mojado, que nunca más ha
maullado en amores.

El Duque vió venir las damas, y envióles el paje y dixo:

Su excellencia ha visto á vuestras mercedes de la ventana de su
aposento, y mandóme que las guiase allá, donde las aguarda la Reina.

Dixo la Reina: Bien seais venidas, amigas mias; á esos caballeros que
os han traido no digo nada, pues vienen á endechar, que el Duque mi
señor quiere resuscitar hoy muertos, con una montería, que me han dicho
que nos trae, de las damas y caballeros de Troya, don Luis Milan.

Dixo el Duque: Señora, no veo el hora cuando oirla, que Joan Fernandez
me ha dicho que es muy buena; óyala vuestra alteza, y será poner gana
á don Luis Milan para decirnos lo que sabe de los troyanos, y si de
lástima vienen las damas á llorar, en oir la crueldad que los griegos
tuvieron con las damas troyanas, quedarán piadosas, que no podrán
reirse de los que matan de amores; y roguemos á don Luis Milan que
lea, que ya está con la obra en las manos, esperando que vuestra
alteza se lo mande.

Dixo la Reina: Don Luis Milan, por vida de don Pedro Milan, vuestro
primo, que leais, que y’os prometo de oir de buena gana por ser la obra
milana.

Respondió don Luis Milan: Con el favor de vuestra alteza será el obra
del alteza que será, por oir quien la oirá.

Y dice así:

    Damas salian de Troya,
  A una montería van,
  ¡Cuán hermosa y cuán galan
  Iba Elena!
    Presa va d’una cadena
  De oro fino, y de amor,
  Por la saya al derredor
  Bien labrada.
    Toda va invincionada,
  De rubís toda salió,
  Pues que Páris la robó
  A su grado.
    Saya del oro tirado,
  Pues d’amor tirada fué,
  Cuando con Páris se fué
  Para Troya.
    En sus pechos una joya
  Con un rico diamante,
  Por aquel hermoso amante,
  Amiga d’ella.
    Parecia una estrella
  De hermosura que guiaba,
  Mano á mano la llevaba
  Su amado.
    Todo su vestir broslado
  D’unas hachas que ardian,
  Y con letras que decian:
  Ardo yo.
    La madre que lo parió
  Ensoñó dél, que paria
  Una hacha que ardia
  A su ciudad.
    Invincion de crueldad,
  Pues que le costó la vida,
  D’él ni della no entendida,
  Mas gustada.
    Elena muy regocijada,
  Para más placer mostrar,
  Entonó este cantar
  Y cantó:
    Ojos que me veis en Troya,
  No seré más griega, no,
  Pues que Páris me robó.
    Fuerza tuvo de tirano,
  Pues que me pudo tirar,
  Gran cosario es en la mar
  Del amor este troyano.
    Ya no está más en mi mano
  Sino ser troyana yo,
  Pues que Páris me robó.

Aquí salen á la caza Trohilo y Policena:

    Como un sol luégo salió
  Policena tan hermosa,
  Qu’es muy poco hacella diosa
  De hermosura.
    Su cuerpo, gesto y postura
  No se pueden alabar,
  Pues turbaban en mirar
  Toda vista.
    Tan graciosa sobre trista,
  Que fingia su alegría,
  Y en lo poco que reia
  Bien mostraba.
    Señalar lo que esperaba
  De su fin muy desastrada,
  Que por Pyrro degollada
  Se vió en Troya.
    ¡Oh resplandeciente joya!
  Tu hermosura te dejó,
  Pues á Pyrro no mató
  Tu hermosura.
    Caso fué de desventura
  Que se habia de seguir,
  Qu’el remedio del morir
  Es la muerte.
    Siguiendo su mala suerte,
  Sobre triste muy galan,
  Mano á mano los dos van,
  Trohilo y ella.
    Ella en todo ya una estrella,
  Y él un otro Héctor troyano,
  Despues de Héctor su hermano,
  En los troyanos.
    Ella y él que dos hermanos,
  Pues de bien invincionados,
  Los dos fueron muy nombrados
  Este dia.
    De un carmesí traia
  Una saya recamada
  De hilo plata, broslada,
  Toda estrellas.
    Y un sol eclipsado entr’ellas,
  Hecho de tan subtil arte,
  Que no parecia arte,
  Mas verdad.
    Vióse en él escuridad,
  Y d’estrellas resplandor;
  Invincion fué de dolor
  Y profecía.
    Las estrellas que de dia
  Todo eclipsi hace ver,
  Las más veces suele ser
  Muy gran mal.
    Harto fué mala señal
  De la muy triste jornada,
  De su Troya asolada
  Y todos ellos.
    Iba en rubios cabellos,
  Y tan claros rayos daban,
  Que los del sol se espantaban
  Y escondian.
    Enlazaban cuantos vian,
  Y ansí iban enlazados,
  Con muchos ojos colgados
  Della y dellos.
    Sino, dígalo de aquellos
  Achíles el fuerte griego,
  Si fueron rayos de fuego
  En que murió.
    Fué el vestido que sacó
  Trohilo muy señalado,
  De un carmesí broslado
  De leones.
    Ellos dicen quién él es,
  Que Trohilo fué un leon,
  Tal que puso en ocasion
  De perderse
    Á los griegos y volverse,
  Que mucho desconfiaban,
  Pues en Trohilo cobraban
  Los troyanos
    Las victoriosas manos
  De Héctor, que ya no vivia;
  Mas fortuna no queria
  Que así fuese,
    Porque Troya se perdiese,
  Como veis que se perdió;
  Policena se entonó,
  Muy suave,
  Á cantar como aquel ave
  Que la nombran ruiseñor:
    Aguas de la mar,
  Miedo he
  Que en vosotras moriré.
    Ondas turbias saladas,
  Al mejor de mi dormir,
  Ensueño que m’a de venir
  Por vosotras, malas hadas,
  Mil veces os he ensoñadas,
    Miedo he
  Que en vosotras moriré.

Aquí salen Héctor y Andrómaca:

    Salió la mayor valor
  De hombre humano,
  Héctor era el troyano,
    Flor de la caballería,
  que con su gran valentía
  Estorbó
    Que griego no desembarcó
  Aquel dia que allegaron,
  Que ni tierra le ganaron
  Ni pudieran,
    Si los hados no quisieran;
  Pues aquel griego poder
  Todo se pensó perder
  En aquel dia.
    Mar de sangre parecia,
  El mar junto á la tierra,
  De la gran matanza y guerra
  Que Héctor hizo.
    Un griego le contrahizo
  Aquel dia en pelear,
  Ajaz Thalomon sin par,
  Por que vió,
    Desde el puerto Tenedo,
  Los griegos en perdicion,
  Y salió como un leon
  En sólo ver
    Que Héctor pudiera vencer
  Sólo á la griega armada,
  Fuese contra aquella espada
  Hectorea,
    Que tanto nombrada está
  Del gran Héctor invencible,
  Con denuedo muy terrible
  Y gran osar.
    Que al Héctor hizo hablar,
  De sus fuerzas espantado:
  ¡Oh caballero esforzado!
  Yo te ruego,
    Pues eres valiente griego,
  Que te conozca por nombre,
  Pues te conozco por hombre
  En tu persona.
    Hijo soy de Exiona,
  Yo soy Ajaz Thalomon.
  Esto fué la perdicion
  De troyanos,
    Que Héctor retiró sus manos,
  Este dia de los griegos,
  Que Ajaz Thalomon, á ruegos,
  Lo alcanzó.
    Por lo cual desembarcó
  El armada griega en paz,
  Por amor del fuerte Ajaz,
  Su primo hermano.
    Héctor, el valor troyano,
  De oro y verde ha salido
  Muy broslado su vestido
  De hazañas.
    D’él huyendo alimañas,
  Osos, tigres y leones
  Salvajes, sierpes, dragones,
  Que en miralle,
    No osaban esperalle,
  Que tan conoscido era,
  Por temor de una fiera
  Sin razon.
    Como del fuerte varon,
  Achíles dado por suerte,
  Para que diese la muerte
  Al desdichado
    De Héctor, muerto más por hado
  Que no por quien le mató,
  Porque nunca le esperó
  Cara cara,
    Tanto tiempo, que esperára
  Lo que suceder pudiera,
  Y buscó nueva manera
  Y ocasion.
    No sé si fué á traicion,
  Pues se puede presumir,
  No pudiéndolo sufrir
  En batalla.
    En razon y escrito se halla
  Que fué muerto á cautela,
  Porque muriese la vela
  Que velaba,
    Y á los griegos espantaba,
  Que si Héctor no muriera,
  Troya nunca se perdiera.
  Salió con él
    La joya de tal joyel,
  Con la saya de coronas
  Que la Reina de Amazonas
  Se la dió;
    Sólo porque meresció
  Hombre de tal merescer,
  Gloriosa tal mujer.
  ¡Oh qué dama!
    Más hermosa por la fama
  De mujer de tal ventura,
  Que la misma hermosura
  Como á dea,
    La reina Pantasilea,
  La miraba y la acató,
  Cuando la saya le dió
  Por el nombre
    De mujer de tan gran hombre.
  Las coronas que traia,
  Son por las que merescia,
  Y ganó
    De los reyes que mató
  Sobre Troya, su marido.
  Un sol era su vestido;
  Relucia
    De la grande pedrería,
  Finas, de muy gran valor,
  Por el muy fino valor
  D’él y della.
    Iba Andrómaca tan bella
  Como Héctor muy galan,
  Mano á mano los dos van,
  Y ella cantando:
    ¡Oh qué fresco y claro dia,
  Si no turban tristes hados
  La alegría!
    Rosas d’esta pradería,
  Cogidas y por coger,
  Bien nos va con el placer,
  Pues nos hace compañía;
  Buena va la montería,
  Si no turban tristes hados
  La alegría.

Aquí salen Corebbo y Casandra:

    Tras éstas salió una dama
  Como radial cometa,
  Casandra, la gran profeta
  No creida.
    Con una invincion subida
  Y una ropa muy extraña,
  Y broslada una montaña
  Toda fuegos.
    Que si no estuvieran ciegos
  Los troyanos de valientes,
  Vieran estos accidentes
  Ser mortales.
    Proveyeran á los males
  Como Casandra decia,
  Que la ciega valentía
  Es peligrosa.
    Con su cara piadosa
  Entre dientes sospirando,
  Como quien rie llorando
  Descubria
    Que el placer no es alegría
  Con sospecha de pesar.
  Todo fué profetizar
  Su montaña,
    Porque viese cuanto daña
  No creer lo porvenir,
  Pues lo puede descubrir
  El alto cielo.
    Gran cordura es el recelo,
  Que Casandra lo mostró;
  La montaña que sacó
  Figuraba
    Troya, como se quemaba
  Rocafuerte su Illion,
  Quemada sin defension
  De aquel fuego
    De los griegos más que griegos,
  Pues sus llamas más quemaron,
  Cuanto más agua echaron
  En llorar,
    Damas tan de apiadar,
  Que aquel fuego se apiadára,
  Si sintiera y él gustára
  Lo que hacia.
    Su Corebbo la seguia
  Con tan acatado amor,
  Cuanto fué gran servidor
  De Casandra.
    Sacó d’una Salamandra
  Un vestir todo broslado,
  D’un raso fino encamado;
  Iba tal,
    Como aquel que va en su mal,
  Vivo en pena como el ciego,
  Pues viviendo en su gran fuego
  D’amador,
    Trasportado todo amor,
  Tal cual veis siempre se vió
  Salamandra, que vivió
  En la llama
    Desta tan hermosa dama,
  Como muestra su invincion.
  No salió con su intincion
  El desdichado,
    Porque no se vió casado
  Con Casandra, su señora,
  D’él en todo matadora,
  Pues murió,
    Cuando sólo acometió
  A los griegos que llevaban
  Su Casandra, que apartaban
  De Troyanos.
    Por decilles los humanos
  Casos que eran por venir,
  Corebbo paró en morir,
  De tal suerte,
    Que su vida está en su muerte,
  Siguiendo su suerte mala;
  Los dos van la mesma gala
  Este dia
    Lealtad y cortesía
  Eran sus guardadores,
  Pues fiaban sus amores
  Sólo dellos.

  _Corebbo._  ¿Quién pudiese merecellos,
  Casandra, tus pensamientos?

  _Casandra._  No ternias muy contentos
  Tus cuidados.

  _Cor._  Ya los viese aposentados
  En la casa de los mios.

  _Cas._  Nascerian desvaríos
  De dolor.

  _Cor._  Hijos de mi grande amor,
  No podrian enojar,
  Que un muy buen desvariar
  No enoja.

  _Cas._  Corebbo, vuelve la hoja.

  _Cor._  Vuelta está, señora, ya,
  Si en mí leer querrá
  Tu mercé.

  _Cas._  Que verdades que hallaré,
  No quiero decir mentiras.

  _Cor._  Verdad dices que me tiras,
  Verdad es.

  _Cas._  Corebbo, vuelve otra vez
  La hoja como se estaba,
  Porque no desvariaba
  Tanto aquélla.

  _Cor._  Pues tu mano escribe en ella,
  No las aguas de carbon,
  Que letras de tu mano son.

  _Cas._  ¡Ay, Corebbo,
  Cómo salle lindo el Febo
  Con sus rayos tan dorados!

  _Cor._  Rayos son enamorados,
  Que han salido
  De mi sol tan relucido
  Por tu amor,
    Que inflamado de amador
  He dorado,
  Este sol que nos ha dado
  La mañana tan hermosa.

  _Cas._  Háblese ya de otra cosa,
  Pues el cielo
  Habla lo que yo recelo
  Por sus cursos naturales.

  _Cor._  Celos tienen d’esos males
  Venideros,
    Mis males tan verdaderos,
  Los mios son de llorar,
  Que ésos suélelos mudar
  La ventura.
    Prevenillos es cordura,
  Y no ser previsto d’ellos;
  Mas llorar ántes de vellos
  Es flaqueza.
    Casandra, tu fortaleza
  Debe ser que te ha dejado,
  Contra mí l’han empleado
  Tristes hados.
    No serán muy malhadados,
  Pues con tus fuerzas haré
  Lo que nunca emprenderé
  Con la mia.
    En mí está tu valentía,
  Pues á mí me conquistó,
  Otro Héctor seré yo
  De tí animado.
    Á tus dioses he jurado
  De servirte en esta guerra
  Hasta ver libre tu tierra
  Ó morir.
    Cuando me verás salir
  De Troya contra los griegos,
  No me olvides en tus ruegos,
  Con tus dioses.
    No descanses ni reposes
  De rogar siempre por mí,
  Porque tuyo vuelva á tí,
  Pues soy tuyo.

  _Cas._  Ya se está eso de suyo,
  Que á mí tocará el rogar,
  Qu’el sentir y el sospirar
  Cerca están.
    Los dioses te defenderán
  Mientra yo libre seré,
  Lo demas yo callaré
  Para agora.

  _Cor._  Baste, baste, mi señora,
  Ya no más tanta tristeza,
  ¿Por qué empleas la crueza
  Contra tí?
    Vamos como van aquí,
  No turbemos la alegría,
  Tal el gesto cual el dia
  Ha de ser.
    Y trabaja en contrahacer
  Alegría de alegrar,
  Pues tú sola me has de dar
  Alegría.
    Tal cual veis fué en este dia
  Esta dama tan penada,
  Cuanto fué disimulada
  Á la vista.
    Iba entre alegre y trista,
  Contrahaciendo al natural;
  Como quien saca d’un mal
  Un provecho,
    Sacó risa del despecho
  Por mostrar alegre cara,
  Que no hay quien la juzgára
  Ser fingida.
    Fué Casandra tan sabida,
  Como era sin igual,
  Venció el arte al natural
  Y cantó:
    Si ventura no se muda,
  Las señales
  Claro muestran nuestros males.
    Veo cursos inhumanos,
  Contra Troya muy irados,
  Cuanto veo descuidados
  De creerme los troyanos.
    Si no se vuelven humanos,
  Las señales
  Claro muestran nuestros males.

Aquí salen Enéas y Crehusa, su mujer:

    Salió Crehusa,
  Tal que nadi la rehusa
  De hacelle acatamiento,
  Que real merescimiento
  Merescia.
    Como esmalte parecia
  La real sangre de Enéas,
  Que una dea entre estas deas
  Pareció.
    Y unos nublos que sacó
  Broslados sobre su manto;
  Á Casandra puso espanto
  Con razon.
    Pues esta triste invincion,
  Un sol que sacó nublaba,
  Y entre los nublos mostraba
  Algun claror.
    ¡Ay Crehusa, gran temor
  Estos nublos me han puesto!
  ¿Cómo saliste con esto,
  Qu’es agüero
    De algun caso venidero
  Que señala una traicion?
  ¡Oh Casandra,! mi intincion
  Ninguna fué,
    Sueño es esto que ensoñé,
  Desta linda montería,
  Y ensoñaba que traia
  Este manto;
    Parescióme bien, y tanto
  Cuanto temes ser verdad,
  Pues que no fué vanidad
  Mi soñar.
    Crehusa, quiero declarar
  Lo que tu invincion declara,
  Ese sol que no se aclara
  Es nuestro Rey,
    Que ni lealtad ni ley
  Dos troyanos le ternán,
  Su claror le nublarán
  A gran traicion.
    Venderánle su Illion,
  Qu’es su Troya tan nombrada,
  Y entrará la griega armada
  Con gran fuego.
    Que ni lágrimas ni ruego
  Este fuego amatará,
  Que en ser griego quemará
  Toda Troya.
    Basta ya, que no nos oya
  Tu Enéas y Antenor,
  Que han perdido la color
  De sus caras;
    Debe ser porque declaras,
  Casandra, esta perdicion,
  Muda de conversacion,
  Pon esperanza,
    Que tras fortuna hay bonanza,
  Pues se suele ella mudar.
  Por tal plática atajar,
  Dixo Enéas.
    ¡Oh Crehusa! nada creas
  Desto que Casandra dice,
  Pues fortuna contradice
  Y se muda.
    Casandra paróse muda,
  y Antenor jamas habló,
  y Corebbo atravesó
  Contra Enéas.
    Tú no hables cosas feas,
  Que no son de caballero,
  Mi amor muy verdadero
  Es tan leal,
    Que si te sufro hablar mal
  De Casandra, mi señora,
  Mi lengua será traidora
  Si yo callo.
    Enéas quiso vengallo,
  Que su gesto lo decia,
  Pero tuvo cortesía
  A las damas,
    Cuyas honras, cuyas famas,
  Han de ser muy acatadas,
  Servidas y muy amadas,
  Aunque son
    Crueles de condicion.
  De Corebbo paresció
  Que fué ley lo que él habló,
  Y él callar
    De Enéas quiso mostrar,
  Que en su caso el sufrimiento
  Es gran dón de entendimiento
  Y cordura.
    Fué vestido en su ventura,
  Enéas en este dia,
  Que de tornasol traia
  Un vestido.
    Naturalmente ha salido
  De colores variando,
  Que quien males va pensando
  Va alterado.
    Que la fuerza del cuidado
  De la mala inclinacion,
  Va alterando el corazon,
  Y la cara
    A veces blanca la para,
  Y á veces muy colorada,
  Y á ratos mortificada
  Muy cetrina;
    Segun l’ánimo se inclina,
  Tal el gesto se nos muestra,
  Porque en él está la muestra
  Como en paño.
    Que temor y amor y engaño,
  Ó vergüenza ó corrimiento,
  Ó traicion ó descontento
  Veis en él.
    La invincion fué muy cruel,
  Que lo más que se mostraban,
  Fuego y sangre señalaban
  Sus vislumbres.
    Qu’él vestir y las costumbres
  Muy conformes siempre van;
  Pues traia este galan
  Unas Y griegas.
    ¡Oh troyanas gentes ciegas!
  En los casos venideros
  Invinciones son agüeros
  A las veces.
    Veis por haces y en enveses,
  En vestidos y invinciones,
  Vuestras claras prediciones
  A la clara,
    Que Casandra las declara,
  Y no las quereis creer;
  Víspera está de perder
  La ceguedad.
    Cantad, señora, cantad,
  Dixo Casandra á Crehusa,
  Que Enéas no rehusa
  De oiros.
    Esto no quiero deciros
  De qué modo os huirá,
  Que la noche lo dirá
  Que yo sé.
    Crehusa no le dió fe,
  Porque Enéas se lo dixo,
  Que jamas le contradijo
  Por hacer
    El oficio de mujer,
  Y cantó con un cantar
  Que no siendo de alegrar
  Alegró:
    Contra ventura
  No se ha de buscar placer
  Que poco tura.
    Muy mal se puede alegrar
  Quien con el cielo está en guerra,
  Qu’el placer no está en la tierra,
  Pues que no suele turar.
    No sé reir, sino llorar
  Contra ventura,
  Que pesar es el placer
  Que poco tura.

Aquí salen el rey Priamo y la reina Hecuba, su mujer.

    El rey Priamo salió,
  Todo honra y valentía,
  En su real montería
  Muy ufano,
    Con un laurel en su mano
  Prometiéndose victoria,
  Y triunfó de gran gloria,
  Confiando
    Qu’él y Héctor triunfando
  De la griega montería,
  Con toda su caballería
  Triunfarán,
    Y á los griegos vencerán;
  Tanto de Héctor confiaba,
  Que Héctores con él miraba
  A sus hermanos.
    Sacó lleno de unas manos
  Un vestido esta jornada,
  Con una espada sacada
  En cada mano;
    Qu’el poder fuerte troyano
  Esto por armas usó,
  Y por tal su Rey sacó
  Tal invincion,
    Mostrando su gran corazon
  Que á los griegos venceria
  Y en las armas se veria
  La verdad.
    Hablar quiero en libertad
  Y á los ánimos mover,
  Que digan su parecer
  Sin pasion,
    Que verdad está en razon.
  Digan pues ¿cómo y por qué
  Tan contraria les fué
  La fortuna?
    Que no hay persona alguna
  Que no haga vencedor
  Al gran Héctor sin temor,
  Y sin igual,
    Muy valiente natural,
  Qu’el vencido no’s vencido,
  Si de sí jamas lo ha sido.
  Yo diré;
    Por lo que ya dicho hé
  De los griegos y troyanos,
  Porque en armas y á las manos
  Y en crueldad,
    Quisieron saber la verdad
  De quien más razon tenía,
  La troyana valentía
  Como creo.
    De Hércules un caso feo
  Con razon se está quejando,
  De su gran osar hablando,
  Como se engaña
    El que fia en gente extraña,
  Qu’es la que no’s conocida,
  Que en gente desgradescida
  No hay fe.
    Sin pasion yo culparé
  Al ingrato Hércules,
  Pues que tan sabida es
  Su historia.
    Triunfando con gran gloria
  De sus hechos y hazañas
  Volviendo de las Españas,
  A sus tierras,
    Vencedor siempre en sus guerras,
  Y de sí mismo vencido,
  Fué mucho bien recebido,
  Como hermano,
    Del rey Laumedon, troyano,
  Con amor, brazos abiertos,
  Recógele por sus puertos
  En su Troya.
    Vista aquella hermosa joya,
  Del rey Priamo hermana,
  Exiona, de galana
  Un trofeo,
    Si ella hermosa, él no feo,
  Sino fuera en el error
  Que fué vencido d’amor
  De mujer.
    Quien jamas se vió vencer,
  A Exiona se llevó,
  Que pues ella le robó,
  Robó á ella.
    Esta princesa doncella
  Se vió en Grecia llevada
  De Hércules muy acatada
  Y afírmase
    Con Thalomon casada fué,
  Y el troyano corazon
  Dixo qu’esto fué traicion,
  Pues la casó,
    Con modo que despreció
  Hércules á los troyanos.
  Con las armas á las manos
  Fué propuesto
    De tomar venganza d’esto,
  Y así se determinó,
  Que Páris troyano robó
  La reina Elena.
    Que fué recompensa y pena,
  Y de Troya perdicion,
  Porque siempre con razon
  Vence fortuna.
    La razon se vió ser una
  Que los griegos han tenido
  Para haber Troya vencido,
  Y ésta fué,
    Que el rey Menalao, sin por qué,
  Pagó el robo de Hércules,
  Que de fortuna fué reves
  Roballe Helena.
    Dieran á Hércules pena
  Si á Exiona les robó,
  Pues d’él sólo procedió
  Y de otri no;
    Por donde claro se vió
  De Troya la perdicion
  Con soberbio corazon
  Que tuvieron,
    Los troyanos se perdieron,
  Que las venganzas erradas
  Del cielo son castigadas;
  Que el castigo
    Ha de ser al enemigo,
  Que en la culpa es más culpado
  Para ser justificado.
  Y bien mirado,
    Hércules va desculpado,
  Que buen fin no es con traicion
  Pues casó con Thalomon
  Exiona.
    Que Páris robó persona
  Casada, que fué adulterar
  Con quien no pudo casar.
  Salido ha
    La Real reina Hecuba,
  En esta caza y montería,
  Con la mesma fantasía
  Que sacó
    Su marido Priamo,
  Toda su ropa broslada
  De manos con una espada
  En cada mano.
    Y allegando en un gran llano
  De altos montes rodeado,
  Allí fué determinado
  De montear:
    Y ántes de nadi cazar,
  Casandra en un árbol subió,
  Y á los troyanos habló
  D’esta manera:
    ¡Oh troyanos! mejor fuera
  Que primero se pensára
  Y nò se determinára,
  Qu’el pensar
    Ántes del determinar,
  En los casos ha de ser,
  Y éste es el mejor saber.
  Estais ciegos
    En la guerra contra griegos
  Que determinado habeis,
  Y tan ciegos que no veis
  Que los agüeros
    Se nos muestran muy guerreros
  Y de griegos muy amigos;
  Señales son y testigos
  Que hace el cielo.
    No quereis tener recelo
  De lo que se ha de tener,
  Al cielo se ha de temer
  En la guerra,
    Para vencer en la tierra;
  Volved en paz vuestra espada
  En guerra qu’es mal pensada,
  Que la luna
    Nos muestra mala fortuna,
  Que en fuego y sangre la vemos,
  En sacrificios que hacemos
  Para saber
    D’esta guerra que ha de ser.
  Sacrifiquemos primero
  Ántes que se vea agüero
  Esta jornada,
    Para ver si está mudada
  Fortuna en nuestro favor,
  Y esto será lo mejor
  D’este dia.
    La troyana valentía
  Y sus fuertes corazones
  Burlaron de las razones
  D’esta infanta.
    Decian, no nos espanta
  Hado en casos venideros,
  Do suelen mentir agüeros,
  Qu’es todo error.
    Casandra, no pongas temor,
  Díxo Héctor, su hermano,
  Que á un corazon villano
  Vence opinion.
   El fuerte siempre ésta en razon,
  Nunca se deja vencer,
  Que siempre vence al temer
  La vergüenza.
    Tú harás poca valenza
  A tu padre y tus hermanos,
  Si acobardas los villanos
  Corazones.
    Confia con tus razones,
  Pon á todos esperanza,
  Que el cielo pone mudanza
  En fortuna.
    Que sin confianza alguna
  La valor se perderia,
  Y se desesperaria
  El esperar.
    Fortuna suele mudar
  Los agüeros y señales
  De cuerpos celestiales,
  Pues su sér
    En todo es el mayor poder.
  Y Trohilo, su hermano,
  Dió á Casandra otra mano
  Y díxole:
    Casandra, desespérate,
  Pues no te falta otra cosa
  Que persona muy medrosa
  Muerta está.
    Acaba y muérete ya,
  Y no pongas cobardía,
  Que medrosa compañía
  Tarde venció.
    Páris la mano tomó
  Diciendo, Casandra hermana,
  En creer no seas vana
  Qu’es mal agüero.
    No creas tan de ligero
  En los sueños ni en agüeros,
  Qu’es de ingenios ligeros
  Agüero ser.
    Cree en el mayor poder
  En los casos por venir,
  Que en lo que suele mentir
  No pongas fe.
    Enéas desto rióse;
  Los troyanos muy turbados,
  Con los rostros enojados
  De alteracion,
    Temieron alguna traicion,
  Que el corazon siempre avisa,
  Respondieron á la risa
  De Enéas:
    Yo no sé si nos deseas
  Que nos venga bien ó mal,
  Tú nos puedes ser leal,
  Mas tu modo
    No lo muestra ser en todo,
  Enéas dixo enojado:
  Nadi debe ser culpado
  Sino el obrar,
    Qu’el efecto es de juzgar,
  Y no las demostraciones,
  Que juzgar los corazones
  Sólo es dado
    A quien todo lo ha criado;
  Que por lo que yo he reido
  No debo ser reprendido,
  Qu’el reir
    No se puede corregir,
  Hasta que se declaró
  Porqué rie el que rió.
  Doy por testigo
    Al cielo de lo que digo,
  Pues sólo sabe mi intincion.
  Jamas me dixo el corazon
  Que guerreeis
    Con quien guerrear quereis;
  Y no lo tengáis á risa,
  Qu’el buen corazon avisa
  Justificado,
    Quando no está apasionado.
  El rey Priamo habló:
  Pues guerra se determinó
  Por mar y tierra,
    No hay hablar sino de guerra.
  En esto salió un leon,
  Y Héctor con gran corazon
  Le mató;
    Su leona arremetió
  A Trohilo, y él á ella,
  Y matóla sin temella.
  Párís corria
    Tras un oso que huia,
  Y tiróle una saeta,
  Y él volvió como cometa
  Y abrazóle,
    Y Páris luégo matóle;
  Y Corebbo arremetió
  A una tigre y la tomó,
  Y bien atada,
    A Casandra presentada
  Fué por él d’esta manera:
  Sea de mi linda fíera
  La vencida,
    Pues por ella tiene vida.
  Enéas arrojó un dardo
  A un fiero leon pardo,
  Y en ser herido,
    Viéronse á brazo partido,
  Y Enéas fué el matador,
  Que era de muy gran valor.
  Salió el Rey
    Y arremetió á un bravo buey,
  Y de un golpe le mató
  Que la cabeza le cortó.
  Todo el dia
    Hicieron carnicería
  Á muchas fieras matando,
  Y volviéronse cantando,
  En anochecer,
    A Troya con muy gran placer.
  Hicieron fiestas y fuegos
  Toda la noche con juegos
  Y alegría,
    Teniendo esta montería
  Por agüero de vencer
  A todo el griego poder.

Dixo el Duque: Don Luis Milan y vos Joan Fernandez, haceme placer que
os vais de aquí, si no quereis morir los dos esta noche.

Dixo don Luis: Señor Joan, supliquemos á su excelencia nos haga saber
por qué nos manda ir de aquí si no queremos morir; y si yo no me engaño
yo querria adevinallo, y es que vos haceis gestos de envidioso y yo de
vanaglorioso, de veros que estais muerto de envidia d’esta montería de
Troya por haberla hecho yo, que si vos la hiciérades, la rezárades por
puertas como á oracion de ciego.

Dixo don Diego: Yo lo queria decir si don Luis Milan no lo dixera,
que los gestos que Joan Fernandez hacia oyendo la montería, eran de
envidioso, quocando como á mono, que meresceríades por pena d’este
pecado que vos y vuestros descendientes quedásedes con caras de monos
que quocan, y les quedase por nombre el linaje de los monos, así como
quedó el de los bailadores, que bailando muchos hombres y mujeres en
fiestas del sancto Nacimiento, pasaron por una iglesia en Alemaña
al tiempo que preicaban, y el obispo maldíjoles por el desacato y
menosprecio que hicieron á la casa de Dios, y quedaron toda su vida
hasta la muerte bailando, heredando esta pena sus descendientes, que
vuestro hijo parece que ya la ha heredada.

Dixo Joan Fernandez: Porque no muera de vanagloria don Luis Milan,
quiero rogalle que hagamos una máxcara para mañana á la noche, aquí en
el Real, contrahaciendo su montería y prometo de hacelles envidiosos
porque no me digan envidioso, pues soy mejor para envidiado.

Dixo don Francisco: Señor Duque, si Joan Fernandez nos ha de hacer
envidiosos diciendo donaires, no consienta que los diga á costa de la
señora doña Hierónima, su mujer, que yo vi lo queria decir á vuestra
Excelencia, y por atajar este fuego lo quise yo decir, y no se fie d’él
que se le destiene la ballesta, y dé fianzas que no hará el donoso,
pues no’s gracioso sino quien lo es; que d’esta manera negocié yo con
Enguera en casa del Romano, donde jugábamos muchos caballeros, como
en este cuento contaré: Enguera nos enojaba mucho que se destenia
su ballesta, y por ser caballero de baja calidad y conversacion,
lo echamos del juego, y estando algunos dias en la entrada de casa
aguardando si le dejariamos subir á jugar, yo le dixe: Enguera, yo
recabaré con estos caballeros que os dejen subir si vos dais fianzas
por las ignocencias, y dióme á mí por fianza y subió. Si mi amigo Joan
me promete que no hará el donoso á costa de su mujer, yo le seré fiador.

Dixo Joan Fernandez: Don Francisco, pasado os sois á los franceses
contra mí, no se me da nada, por vos se puede decir:

    Ó teneis miedo á los moros,
  Ó en Francia teneis amiga.

Respondió don Francisco:

    No tengo miedo á los moros,
  Ni en Francia tengo amiga,
  Mas tú moro y yo cristiano
  Traemos muy gran porfía.

Con los malos trajes que sacais, lisiado de mal vestido, que si don
Luis Milan á coplas n’os tuviera la rienda, fuérades el monstruo de la
gala, que pudieran ganar con vuestra ropa los truhanes, mostrándola
diciendo: Hé aquí las ropas de Joan de mal traje.

Dixo el Duque: Demos parte á la noche y Joan Fernandez y don Francisco
hagan paz, que si están en guerra no ternemos cierta la máxcara, y
vuestra alteza y esas señoras, que ellos han traido, tomen la palabra
haciéndolos jurar por vida de sus damas, porque sepamos quién son; y no
se olviden á don Diego, como á revolvedor, ni á don Luis Milan, que es
mátalas callando: y comience la Reina, mi señora.

Dixo la Reina: Joan Fernandez, hacé paz con don Francisco, por vida de
vuestra mujer.

Respondió Joan Fernandez: Si vuestra alteza me jurára, por la vida que
nunca da vuestra mujer, fuera mejor jura; pues ni ella la tiene de
brava, ni yo la tengo si no fuera de mi casa.

Dixo la señora doña Hierónima: Per vos se dix, bell en banch y mal en
casa.

Dixo la señora doña Mencía: Don Francisco, pues hoy os mando como
acompañador mio, hacé paz con Joan Fernandez, por vida de vuestra dama,
y nombralda, que el Duque lo manda.

Respondió don Francisco:

    Pues vuestra merced lo manda,
  Yo haré paz con el Joan,
  Y este mote es mi refran:
    _Quien me manda
  Me desmanda_.

Dixo la señora doña Luisa: Don Diego,

    No dejeis de entrar en paz,
  Pues que sois revolvedor,
  Que os querrá muy mal l’amor.

Por vida de vuestra dama, nombralda, que el Duque lo manda.

Respondió don Diego:

    Yo entraré en la paz, señora,
  Por vida de quien oirán,
  Que en esta hierba lo verán:
  _Anapelo es matadora_.

Dixo la señora doña Violante: Don Luis Milan, pues manda el que se
deja mandar, hacé paz con Joan Fernandez, por vida de vuestra dama y
nombralda, que el Duque lo manda.

Respondió don Luis Milan:

    Pues mandar es ser mandado,
  En paz quiero siempre estar,
  Mi dama quiero nombrar;
  De su nombre soy nombrado
  Margarite por amar.

Dixo el Duque:

    Vámonos á dormir,
  Mi Reina gentil,
  Vámonos á dormir,

y venga mañana la máxcara á prima noche.


_Aquí acaba la jornada cuarta._



[Illustration]



JORNADA QUINTA.

Y DICE EL DUQUE.


Señora, si le parece, enviemos á las damas y caballeros á rogalles que
sea el sarao y máxcara despues de mañana, por no poderse hacer más; y
vaya el canónigo Ester de parte de vuestra alteza, y de la mia el paje
del mal recaudo, que no les faltarán motes y apodos, á la giba del uno
y al mal nombre del otro, y ternémos parte de las burlas por relacion
de los burladores, que yo comenzaré la plática para que riamos.

Dixo la Reina: Paréceme tan bien como al canónigo Ester no le parecerá,
que siempre dice le hago ir á convidar damas para fiestas, que no las
querria mandar, por hallar criadas que se desmandan con su giba. Hélos
aquí á los dos; por su mal vienen los que para bien nunca se hallan.
Canónigo, diréis de mi parte á las damas que mañana habian de venir
á la fiesta, que el Duque, mi señor, la manda alargar hasta despues
de mañana, por estar ocupado, y que no dejen de acudir por nos hacer
placer.

Respondió el canónigo Ester: Senyora, tos temps me posa vostra altesa á
les banyes dels bous pera que burlen de la mia gepa. Doneli quitasio,
puix li han posat nom, la gepa Stera mana festes. Yo iré ab la ballesta
parada, puix no faltarán á la mia gepa aljaba, virots quem tirarán pera
tornarlos á tirar.

Dixó el Duque: Paje de mal recaudo, irás de mi parte á don Luis Milan,
y á Juan Fernandez, y á don Diego, y á don Francisco, á decilles lo
mismo que la Reina, mi señora, envia á decir á las damas, y en cuanto
has de hacer ten buen seso.

Respondió el Paje: Señor, lo uno hará, mas el otro, que es tener buen
seso, no sé si podré yendo en compañía del canónigo Ester, que para
defender su giba, manos y lengua sería menester.

Dixo el Canónigo: ¿Com se pot comportar asó, que la Reina vulla fer
corro de bous tot l’any ab mí, enviantme á convidar dames, que par que
sia andador de festes, y ara, per millor adobaro, lo Duch, mon senyor,
fa venir en ma companyía aquest tava del patje, que tos temps me va
picant en la gepa, quem fa rabejar com á macho de lloguer? Renegau de
senyors que pera riure donen ocasió ques riguen de sos criats.

El paje le respondió: Vamos, señor Canónigo, y, aunque me ha dicho que
soy tavano de su giba, yo le prometo de no picar esta jornada en ella,
sino cuanto podré para defendella, y por señal que lo haré, quiero
cantar, para daros placer, esta cancion catalana:

    Bella, de vos so enamoros,
  Gibeta mia,
  Tos temps sospir pensant en vos
  La nit y’l dia.

Dixo el Canónigo: Puix tú has cantat pera mí, yo vull cantar pera tú.

    Tot lo mon me stá mirant
  Com si fos una donsella,
  Si bem veu anar galant,
  Lladre so per maravella.

El paje le dixo: ¿Qué es eso, Canónigo? ¿ladron me dices? Para ésta,
que yo lo diga á nuestro obispo de Fez que os excomulgue y no os
absuelva hasta que me hayais restituido la fama, irregular, tartuga de
mujeres, que por vuestro vecindado siempre les andais en torno de las
haldas con una guitarra tañendo y cantando este cantar:

    Comed de mi tartugado,
  La de lo verdugado.

El Canónigo le dixo: Vesten, endemoniat, davant de mí, _per Deum
vivum_, _per Deum vivum_; Jesus, Jesus, desaparegut es. Per cert ara
crech que deu ser lo familiar del italiá que tenim en casa. Y o’m
vull donar presa en lo que tinch de fer, per tornar pres á contar al
Duch, mon senyor, ques’ guarde del patje del mal recaudo y li fasa la
creu si li ve davant; que cert deu ser dimoni, puix ab conjurs me ha
desaparegut. A Joan Fernandez veig á la finestra de sa casa, ab sa
muller, espantat estich, pau es esta de hostaler cathalá, que may la fa
ab sa muller sino quant la vol engañar. ¡Ah señor Joan Fernandez! ¡ah
señor! entrat sen es de la finestra, nom’ ha degut conexer, ó nom’ ha
oit, que no sen fora entrat.

Dixo Joan Fernandez: Ántes de haberos oido os he huido y me soy
entrado; subí y guardaos de Maricorta, mi criada, que bien lo habeis
menester.

El Canónigo dixo: Vejam qui es esta Maricorta, que si les paraules son
tals com lo seu nom, cerca quit parle. ¡Ah senyora Maricorta! ¿estam
segures? Fora d’aquí, fora d’aquí, ¿quin diable de gosa es ésta que ma
exquexada la clocha?

Salió riendo Joan Fernandez y dixo: Hexe d’ahí, hexe d’ahí, Maricorta;
diablo haya parte en el cazador y en tí, que no te tiene atada estando
parida. Perdone, señor Canónigo, que pensaba que le queríades hurtar
sus hijos, que dicho le han que sois hurta perrillos.

Respondió muy enojado el Canónigo: Hábit de sent Pere, ¿asó es la
Maricorta criada vóstra? ¿desta manera feu lo graciós? Altres grasies
pensaba que tenien millors en vostra casa; persous ha posat nom vostra
muller, Encasamalo.

Dixo la señora doña Hierónima: Par vos que tinch rahó, señor Canonge.
¿Qui ha de comportar estes fredors, fer soltar la gosa parida pera que
esquexe cloches? Puix habeu fet lo grasiós, donauli una nova.

Dixo Joan Fernandez: Ya sin esto se la debia por un recuado que llevó
de parte mia donde él sabe, y porque se la tengo aparejada nueva,
le he hecho rasgar á Maricorta esa vieja que trae; que así como puse
nombre proprio al paje del mal recaudo, por los malos recaudos que me
traia, así por los buenos que vuestra reverencia me trae, le quiero
decir de aquí adelante, el canónigo del buen recaudo.

El Canónigo respondió: Vos per altrem preniu; nous burleu ab mí de tal
manera, que pera repondre á mots que fan alcabot al motejar, abat y
ballester so. Que en ma terra un temp nom deyen mosen Ster sino mosen
Ballester. Que sta gepa que tinch, no es sino aljaba de passadors, pera
passar apodadors daquest mon en laltre.

Dixo la señora doña Hierónima: Riñen las comadres y dícense las
verdades. O com he pres plaer de haber sabut que lo canonge Ster no
es alcabot en les obres, sino en les paraules, perque los alcabots da
paraules tots parlen com alcabotes. Cert y hoy peccaba, perdone senyor
Canonge, que per tal lo tenia.

Respondió el Canónigo: Cercau quius perdone, pera una sou los dos,
que yo men vaig dient: _Quos diabolus conjungit homo non separet_. Lo
recaudo que portaba men tornaba á casa, y es que la Reina y lo Duch,
mos senyors, han allargat la festa pera despus demá; preguenvos que noy
falteu, y que porteu millors mots que á mí me habeu donat. Ab por vaig
á casa de don Diego, que per troneres tiren les mots les moces; que
tostemps están en aguait, com á gent ques recela. Ya so prop la casa,
senyar la vull ans que entre en ella. ¿Ah de casa? ¿Ah de casa?

Respondió Marimancha, criada: ¿Ha de caso? ¿ah de caso? ¿para qué
cruzais la casa? guardad n’os crucen la cara; si ya no lo haceis por
entrar el diablo en ella, que sois vos.

El canónigo dixo: ¿Qué tanta por teniu á la creu? ¿Per ventura han vos
tret ab ella al cadafal?

Dixo Marimancha: Rabo rastrando heme aquí, que no traigo sambenito. Mas
porque veo sanmaldito, que sois vos, yo haré la señal de la cruz, que
pienso que huiréis como á diablo, pues lo pareceis.

Dixo el canónigo: ¿Ah senyor don Diego? ¿sou en casa? ¿sou en casa? Par
que noy haja amo en ella, segons los criats fan á son plaer.

Respondió don Diego, y dixo: ¿Qué es esto, señor Canónigo Ester? ¿A qué
viene vuestra merced, y con quién está enojado?

Respondió el Canónigo: Senyor don Diego, vaig y vinch, y vinch y vaig,
y res no fas.

Don Diego le respondió: Señor Canónigo, yo no entiendo este lenguaje;
volvé á decirme por lo que venis, y declaraldo mejor que se deje
entender.

Salió Martineta, criada de casa, y dixo: Senyor yo declararé lo que vol
dir. Vaig burlant, y vinch fredas, y res no fas.

El Canónigo se santiguó, y dixo: No mes, no mes. Yo so nat en mala
planeta, fins á Martineta burla de mí; yom despediré de la Reina y del
Duch, si mes tinch de anar per cases de orats, convidant á festes que
tan mal profit me fan, y vos senyor don Diego, enfrenau estes gates de
vostra casa, que arrapen la cara, sino vindrem á creure que elles vos
tenen enfrenat. Lo que you digui que no volgues entendre, es azó: Que
vaig y vinch convidant á festes, y vinch y vaig á mon desgrat, y res
no fas á mon plaer. Lo Duch vos fa saber, que allargat la festa pera
despues demá; hy voldreu ser, sino á Deu siau que bens veurem. Per
labit de sent Pere que si en casa de don Francisco me parlen de tal
manera les criades, yols reganyaré les dents; ya veig una delles á la
porta ab una mona que sta quocant, y reganyant les dents, y si ab mí
les ha, yo so de bodes. Un patje veig á la finestra quey prench plaer.
¿Hola, hola, patje, com te dius, no respons? ¿es tom amo en casa,
Malfaras?

Dixo el paje: Mossen tartugo, ó tartuga, ¿quién os ha dicho que á mi me
dicen mal farás? Pues venis tan bien hablado como mal carado, y peor
dispuesto á pedir de mi amo, preguntaldo á la mona, pues teneis cara de
mona. Quocalo mona, quocalo mona.

Respondió el Canónigo: Rapaz aballau azí, que yous mostraré com habeu
de parlar, y puix per vostres tacanieries la mona me ha squexat la
clocha, si vostre amo no lam paga yo sé lo que faré. Senyor don
Francisco, mirau quines bondats se fan en vostra casa, venint de par
del Duch á fer vos saber que allargat la festa para despus demá; que
demanant aquest patje vostre si stabeu en casa, la resposta quem a
donat es que a embregat la mona ab mí, yam esquexat la clocha.

Dixo don Francisco: Señor Canónigo, no tome enojo, que al paje yo le
haré dar doscientos azotes, y mañana yo os pagaré la loba para que os
hagais otra nueva, y podréis hacer paz con la mona, porque es muy
aparentada en esta tierra con muchos monos que hay; y por quitar mal,
ya que no teneis vergüenza, será bien que seais amigos vos y ella.

Dixo el Canónigo: Algun dia tindrán fi estes fredors, y si lo Duch nou
remedia, yo y posaré remey ab uns quants delats del camp de Tarragona,
parents meus; y no passará axi com pensau, que dret men vaig al Duch.
Señor yom vinch á despedir de vostra Excellencia, si nom llevau lo
carrech de convida festes. Y lo demes quem resta á dir sobre azó, será
contar les burles que man fet los criats destos cortesans, davant ells
depus demá, que sitant de cor fossen com ells se pinten, no serien tan
descortesos sos criats. Que en los servidors se veu lo senyor quál es.

Dixo el Duque: Canónigo, descansad, que yo haré con la Reina que no
tengais más ese oficio, sino guarda damas, ó guarda polvo.

Dixo el Canónigo: ¿Yo nou dich que lo primer que burla de mí es vostra
Excellencia? Guarda dames me ha fet com si fos molle de sastre, y
guarda polvo pera ques seguen sobre mí. Yo men vaig á clamar á la
Reina, y será exir del foch y donar en les brases.

La Reina le dixo: ¿Qué es esto, canónigo Ester? por mi vida que no
esteis enojado, sino haceros he cantar:

  ¿Quién os ha mal enojado,
  Mi buen amor,
  Quién os ha mal enojado?

Yo que debia enojarme con vos por haberme hecho brasas de fuego, no lo
estoy; ¿y vos enojaisos? El raton caza el gato; pues vos sois el uno, y
el otro el Duque mi señor.

Dixo el Duque: Canónigo, desenojaos, pues tambien hay para mí de las
burlas de la Reina, mi señora, como para vos, que á mí me ha hecho
gato, y á vos raton; y si lo dice por lo que vos sabeis, adevinado ha.

El Canónigo respondió: Senyor, yo vull parlar clar, perque nom tinga
per alcabot la Reina ma senyora, que si á vostra Excellencia diu
gat per ser cazador de ses criades, yo no so rata que les rosegue
de alcaboteríes. Yo men vaig á reposar, que si fora de casa me han
verguejat, ací me han espalmat, que no ma restat pel en la roba.

Dixo la Reina: Canónigo, quedemos en paz, que no os faltará pelo en
la ropa, y hacé que no le tengais en la lengua, para burlar de los
caballeros que decis que os han enojado por las casas que habeis ido.
Y si les ganais en las burlas, yo os daré un vestido muy de véras,
y será una lobera, y cuera de martas, y calzas de grana, y chapeu de
terciopelo carmesí, con pluma y medalla, y mote que dirá: Soy canónigo
d’amor, por una Hierónima que muerto me ha.

El Canónigo respondió: Bese les mans de vostra altesa, ab ninguna cosa
me podia desenujar sino ab la dama que ha nomenat, que l’mor ab lo que
enuja desenuja.

Dixo el Duque: Canónigo, espabilar os quiero, que gran pábilo teneis de
muy encendido de amor.

Respondió el Canónigo: Señor, pera demá será millor, y anem á dormir,
que hora es.

El paje del mal recaudo dixo: Señor don Luis Milan, vuestra merced
sabrá que el canónigo Ester y yo salimos hoy de palacio, de parte del
Duque y de la Reina, para que la máxcara se alargase hasta despues de
mañana, dímosnos de motes y enojóse conmigo, porque el hombre que toma
las burlas de véras, las véras toma de burlas, y fuíme para entender en
lo que á vuestra merced diré: Yo tengo un amigo que tiene un familiar,
y habemos concertado él y yo de hacer por arte mágica la máxcara de la
montería de Troya, que vuestras mercedes querian hacer, y harémosla
contrahecha al natural, cada uno de los troyanos en su propia
figura, como por esta arte se puede hacer; y tras éstos, entrará una
contramáxcara de los más fuertes y valientes griegos, que sobre Troya
estuvieron y la tomaron, y combatirán un torneo de pié, uno á uno, y
serán: El rey Priamo, troyano, con el rey Agamenon, griego, y Páris con
el rey Menalao, porque robó á la reina Helena, su mujer; y Trohilo,
troyano, con el rey Diomedes, griego; y Héctor con Achíles, y Enéas,
troyano, con Ayax Thalomon, griego, y acabarán con una folla; vuestras
mercedes no saquen la suya, pues más al natural será ésta; y diga al
Duque lo que yo le he dicho, y cada vez que mandára cesar el combatir,
haga señalar á un trompeta; y acabado el torneo, oirán una música y
cantarán un romance de cada uno de los troyanos y griegos, y acabará la
fiesta. Yo me voy á ponello por obra.

Dixo don Luis Milan: Don Diego, á vuestra casa soy venido para lo
que oiréis; el paje del mal recaudo no lo será agora, pues con él lo
ternemos muy bueno, que no se halla ninguno de quien no se pueda haber
algun placer, y por esto es bien no dar ocasion de estar con nadie
mal, sino con quien no se puede estar bien. Hame dicho que no tomemos
trabajo de hacer la máxcara nosotros, que él la hará más al natural,
con un amigo suyo que tiene familiar; por eso avisad á don Francisco y
á Joan Fernandez de lo que pasa.

Dixo Joan Fernandez: Avisados estamos, que todo lo habemos oido don
Francisco y yo, y parésceme que la debemos vender al Duque y á la Reina
por nuestra, por ser la más importante máxcara que haya sido, en ver
tan valerosos caballeros en su propia forma.

Don Francisco le respondió:

    Engañado andais en trajos,
  Mi buen amigo,
  No digais que n’os lo digo.

¿No veis que vuestra disposicion no parescerá á la de los troyanos ni
griegos, ni ménos las fuerzas? pues se dice d’ellos que arrojaban en
aquel tiempo con la mano una piedra tan grande como vos sois, cuando
en amores os volveis de piedra; aunque don Luis Milan no puede creer
que en vos pueda entrar amor, por más que os haya hecho embojar y
encasillar una ramera; perdonad, que romera quise decir, y la razon
que dice es ésta, que cada uno se inclina más á su semblante, como el
caballero á la dama, y que no puede ser verdadero amor de hombre alto
con mujer baja, que yo más le diré vicio que voluntad verdadera, la que
tuvo Anníbal á la ramera que le detuvo en Cannas, cuando no siguió la
victoria de la batalla que venció á los romanos, que pudiera entrarse
por Roma como por su casa, segun dice Petrarcha en este soneto: _Vince
Anníbal, et non sepe usar poi_.

Dixo don Luis Milan: Don Francisco, porque no piense Joan Fernandez
que me haceis placer en irle á la mano, yo la quiero tomar por él, y
responderos á quanto le habeis culpado. A lo que le dixistes:

    Engañado andais en trajos,
  Mi buen amigo,
  No digais que n’os lo digo.

A esto os respondo, que si él dixo que vendiésemos por nuestra la
máxcara de los troyanos y griegos al Duque, fué bueno para malo, y pues
tuvo esta bondad, vos no la tuvistes en corregirlo; y si le dixistes
que su disposicion y fuerzas no son tan grandes como las de Héctor,
bien podria ser tenido por él, pues defiende lo que nadi defenderia
para ofender á buenos ojos, que no es menester poco valor defender
malos trajos y baxos amores, segun vos decis; que yo no digo sino que
de ser buen maestro de trajos, podria ser mayoral de los sastres y
provincial de los amores, que por más que digais que los tiene bajos,
la baja dél es alta, pues los danza remedando á tan grandes hombres
como oiréis, que si él encasilló y embojó por amores en Liria, Hércules
hiló, y Virgilio estuvo en un cesto, y Aristótil enfrenado y ensillado;
que, por remedar á grandes hombres, á nadi deben culpar si se puede
desculpar, sino dígalo mastre Zapater que viene por la calle, veisle
allá, llamémosle. ¡Ah, señor mastre Zapater! vuestra merced viene á tan
buen tiempo, como la nave que nuestro sanct Vicente Ferrer dixo que
venia preicando en Barcelona, que fué gran remedio para matar la hambre
que tenian los catalanes.

Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, pues si supiésedes cómo sabe matar
la hambre el señor mastre Zapater, con más razon lo podríades decir;
tan buenos manjares da en su hortecico para los cuerpos de sus amigos,
como en el púlpito para los espíritus; vos más querríades los que da
para el cuerpo que los que le quereis pedir agora para el espíritu.

Dixo don Diego: Joan Fernandez, yo quiero responder por don Luis Milan,
vos no dejais de tener buen palacio, mas teneis malas cámaras, pues
huelen á mal decir, ¿de dónde sabeis vos que don Luis Milan querria más
que el señor mastre Zapater le matase la hambre del cuerpo que la del
espíritu? Yo bien sé que os ha movido á decillo por jugar del vocablo
de la hambre que don Luis Milan sacó; y vos, por mostrar que es mucho
del palacio levantar conversacion jugando del vocablo, hablais como
diablo. Pues el buen dejo del avisado ha de ser dulce, y no como del
truhan, que es amargo; que lo mejor del cortesano es que el burlado
quede contento del burlador, y quien esto no sabe hacer, déjese de
burlar si no quiere enojar, que si malas burlas apénas se pueden sufrir
á ley de honra de un truhan, no es razon se sufran á un galan, que lo
que enoja no es cortesanía sino descortesía, que puesto que no obliga
á honra uno que vive de hacer el loco, pero no se le ha de sufrir que
desautorice la autoridad, porque la reputacion no se pierda en ser
reida de quien debe ser acatada, que los ignorantes no tienen ojo sino
á la risa; y por lo que se puede decir que entre avisados se sufre
burlar lo que entre simples no se debe hablar, tengo por bien que don
Luis Milan disimule y dé en callar, y Joan Fernandez en no enojar, que
la cólera en todos tiempos se debe templar.

Dixo don Francisco: Don Diego habló tan bien como entiende, y entiende
tan bien como habla; no se ha dicho mejor licion sobre el caso. Lo
que yo querria añadir con su licencia es esto: El cortesano no es
obligado sino á callar, quando no está para bien hablar si no es á
juego forzado, que no hay muestra quando la honra y obligacion obligan
á responder, como es á satisfacer injurias, ó á preguntas que sois
obligado á dar respuestas.

Dixo mastre Zapater: Yo alabo esta conversacion, por la mejor que he
oido sobre el caso, en lo que es buena, y no puedo alabarla en lo que
es mala, y en lo que es buena es en aquello que hace un cortesano
buen cristiano, y en lo que es mala es en lo que hace un cortesano
mal cristiano. Todo lo que don Diego habló es tan bueno, que no hay
que reprender, sino alabar; pues no puede ser buen cortesano que
sea avisado para el cuerpo y nescio para el alma, que si vamos tras
agudezas de palacio perjudiciales á nuestro prójimo, para hacer reir á
los cuerpos hacen llorar á las almas, pues en la córte celestial dan
grandes penas por las culpas; que tan buen cortesano ha de ser para la
córte del cielo como para la de la tierra, porque nunca contentará al
Criador el que deshace la criatura burlando della. Que las burlas que
hacen

    Perder la reputacion
  Al burlado y burlador,
  Castígalas el Criador.

Pues las más veces el burlado queda honrado del burlador por justicia
del Señor; que si el burlado queda para los necios derreputado, el
burlador es condenado de los sabios por malhechor. La conclusion d’esto
es ésta: Lo que no querria nadi para sí, no le quiera para otri, pues
para ser verdadero sabio, no puede ser sino haciendo lo qu’este dicho
dice:

    Esta vida tan penada,
  Si quereis que en bien acabe,
  Aquel que se salva sabe
  Qu’el otro no sabe nada.

Dixo don Luis Milan: Señor mastre Zapater, gran jornada ha sido ésta,
en ser vuestra merced en ella, pues vuestro decir ataja porfías y
vuestro saber adoba razones. Mucho debe á Dios por lo que le dió,
pues por él tanto alcanzó; y pues tan bueno es para todo, téngase por
corregidor de la gala, porque algunos la hacen ginagala. Unos hay
que dicen malicias encubiertas con palabras á dos sentimientos, para
salvarse con decir: Yo no dixe á mala fin lo que me han tomado por mal,
y si á vuestras mercedes parece, con éstos se debe disimular por no
obligarnos á responder. Hay otros que declarando la malicia dicha por
otro, con boca ajena dicen mal por la suya; y por esto hay un refran
en valenciano que dice: Qui la splana la gasta, como hizo don Diego,
que, interpretando la hambre que dixo que me mataria el señor mastre
Zapater, hizo malicia de lo que no debia ser; y por esto no es bien
hablar por otri, sino en absencia de vuestro amigo si le perjudican,
como en este cuento diré: Un caballero castellano dixo una malicia con
palabras cubiertas á un portugues competidor suyo, y no respondiéndole,
quiso un otro castellano responder por el portugues, declarando la
burla encubierta que su competidor le habia dicho, y enojado d’esto el
portugues dixo al castellano que por él habia respondido: Castelau, vos
falais con tres bocas, con la vostra é con la miña é con vuestro rabo,
que en Portugal rabo é quien fala mal. Y pues tal Zapater tenemos, que
sabe calzar á la medida de cada uno, declárenos si hay errores que
tengan desculpa ó no, que por esto llamamos á vuestra merced.

Dixo mastre Zapater: Yo diré cristianamente lo que d’esto siento; pues
los cortesanos no dejan de sello por ser buenos cristianos, mucho deben
huir todos de los errores que no tienen desculpa, como son aquellos por
quien se pierde la honra y el alma, que agora oireis: Nadi debe venir
á ménos de su palabra sino en lo que no se debe cumplir, como prometer
lo imposible y obligarse á lo que no podéis; que si uno prometiese
dar su hija por mujer, ó hacerla religiosa, y ella no quisiese uno ni
otro, no’s tenido á tener su palabra, y si la tuviese, sería ir al
infierno; ni ménos debe tenella quien prometiera casarse por tercera
persona, si ántes de ser casado mudase de parecer; verdad es que son
tenidos por muy vanos y de poco saber los que prometen lo que no deben
ni pueden tener, y por esto es de muy sabio prometer lo que se puede y
debe tener, y despues de prometido, no dexarlo de cumplir por ninguna
cosa, porque el hombre sin verdad, cuando la dice no’s creido y queda
sin autoridad, que sin ella todas las habilidades de los hombres son
tenidas en poco, y muestran ser poco de la misma verdad los que no son
della. Tambien derreputa mucho la traicion, pues el cielo y la tierra
no la pueden sufrir, no tardando en dalle la pena que merece. No’s de
callar el ladronicio, pues el ladron es tan derreputado y aborrecido,
que Alexandre, príncipe muy bueno, tuvo tan gran ódio con los ladrones,
que, segun Elio Lampidio escribe d’él, en viendo uno dellos, luego
iba para sacarle el ojo con su dedo, y tan gran rencor tenía á los
infamados de algunos hurtos, que si acaso les veia se le alteraba el
corazon, que venía á echar cólera por la boca, y así se le abrasaba el
gesto con la gran ira, que no podia hablar. ¡Oh noble enojo y de ánimo
generoso, como en este cuento oiréis! Un varon de los que falsamente
nombran honrados, habiendo sido algunas veces culpado de hurtos, quiso
presumptuosamente, con favor de algunos reyes, sus amigos, subir á la
órden de caballería, y como fuese luégo tomado por ladron, preguntó
Alexandre á los reyes, por cuyo favor habia sido caballero aquel varon,
que le dixesen que pena tenian entre ellos los ladrones, y respondieron
que la horca, y así le mandó luégo ahorcar diciendo: No merece honrada
muerte quien tuvo deshonrada caballería. No’s de callar la cobardía
cuán vil cosa es, pues apoca y derreputa tanto cualquier hombre, que
no se debria dar honra alguna á quien no tiene ninguna, pues no está
bien dar oficio honrado á quien no le puede honrar; que los cargos y
oficios y gobiernos no los debrian tener los de flaco ánimo, habiendo
tanto menester la fortaleza como la sabiduría para dar buena cuenta de
sí, que muy poco aprovecha la sabieza para gobernar, si falta la osadía
para esecutar; y considerando los reyes de España cuanto conviene la
fortaleza de ánimo al caballero para dar buena cuenta de su oficio,
no se da la cruz de Santiago á quien se le pruebe que haya perdido
honra, como en este cuento oiréis: Vino un caballero á demandar la
cruz, y probadas todas las cosas que suele probar la órden, si era
bueno para recibille por comendador, determinaron de dársela, y estando
para recibilla, él les demandó á que era obligado, y ellos le dixeron:
Primeramente habeis por fuerza de ser valiente; y él les respondió:
Si quereis que lo sea de grado, si no quedaos con Dios, que no quiero
valentía por fuerza, y así se fué que no le recibieron, pues mostró ser
cobarde. Gran virtud es la fortaleza de corazon, mas ha de ir siempre
apegada con virtudes, pues no puede ser buena si no es virtuosa, ni
ser alabada sino entrando en los peligros que puedan honrar y no
deshonrar; y así se determina, de los que son obligados por oficios
y gobiernos y cargos, que se hayan de ofrecer á los peligros por sus
repúblicas y fidelidades, y no temer la muerte, que para siempre hace
vivir, y en general obliga á todos conservar honra virtuosa conforme á
su estamento, y no irla á buscar, que son locos los que las más veces
que la buscan la pierden, pues quien busca honra con perjuicio de otri,
la pierde con daño suyo; piérdense muchos en no medir su corazon con su
poder, que gran corazon sin gran poder es gran locura.

Dixo Joan Fernandez: Señor mastre Zapater, preguntaron á uno que
habia oido preicar á san Bernardo, que dixese cómo le habia parecido,
y respondió: _Vidi hominem, et audivi angelum_. Así me ha parecido
vuestra merced.

Dixo don Diego: Decí, Joan Fernandez, ¿cómo hablais latin? ó vos
le teneis ó no; si vos le teneis, ¿dónde le tuvistes tanto tiempo
escondido? ¿fué en Andilla ó en Liria, donde vos sois Leriano, ó en
casa de mosen Rodela, de quien sois vos rodelero?

  ¿Ó en casa de don Anton,
  Donde vos sois un Sanson,
  No faltando Dalida,
  Que siempre vendido os há?
  Y si latin no teneis,
  Suplíco’s que no le hableis.

Que veo reir al Paje del mal recaudo y apodaros há el Papagayo del papa
Paulo, veneciano, que habló en latin muy cortesano.

Dixo el Paje del mal recaudo: Señores, _pax vobis para nobis_, tras la
puerta oí un latin que dixo mi señor Joan Fernandez, y no esté nadí
espantado, que mucho há que es latinado y muy buen griego, que su
maestro fué Diego y Juan de Sevilla.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, hacé buen broquel, pues habeis sacado
contra mí vuestra lengua espada; luenga queria decir, y la teneis tan
larga como la mula del portugues, que en este cuento oiréis: Tenía
un portugues una mula que lo más cabalgaba con ella porque la hacia
rebuznar cuando le daban de motes, y tenía la lengua tan larga, que
la traia colgando fuera de la boca; y sirviendo á una dama, competia
con él un otro portugues, gran motejador, que por no respondelle daba
siempre en callar, y fatigándose un dia de muchos motes que le daba
delante la dama que servian, dió ocasion su competidor que un paje le
motejase como vos lo habeis hecho agora conmigo, por el latin que ha
sacado el Paje del mal recaudo á causa vuestra, y diciéndole su dama
cómo no respondia por sí á los motes que le daban, respondió: A motes
mulos responda meu mula, que ten larga lengua é muito rebuzna.

Dixo don Francisco: Departir querria á don Diego y Joan Fernandez con
un otro cuento que diré: Competian don Antonio de Velasco y don Juan
de Mendoza sirviendo á una dama de la reina doña Isabel, mujer del Rey
Católico, y dándose de motes un dia delante el Rey y la Reina donde
estaba su dama, dixo don Antonio á don Juan:

  _Pregunta._  Decidme, pues sois galan,
  Por vida d’una Doñana,
  A deciros doña Juana,
  ¿Fuera yo vuestro don Juan?

  _Respuesta._  Don Antonio de Velasco,
  Vos seríades buen hombre,
  Sino por vuestro renombre,
  Que diciendo está Ve lasco.

  _Preg._  Don Juan, adeviná,
  Por vida de nuestra dama,
  A cuál de los dos desama,
  Pues adevinado está.

  _Resp._  Adevino que á los dos,
  Qu’es el pago que esperamos,
  Que pensando que burlamos,
  Burlará de mí y de vos.

  _Preg._  Otra cosa decir quiso
  Vuestra boca, si mandais,
  Que segun lo que mostrais,
  Vos creeis ser un Narciso.

  _Resp._  Para yo bien responder,
  Lo que vos callais me toca,
  Uno teneis en la boca,
  y otro es vuestro parecer.

  _Preg._  ¿Para qué vais sospirando
  Por amores noche y dia,
  Que yo no sospiraria,
  Para sospirar burlando?

  _Resp._  Más nos dais vos que decir
  Con los ojos lloradores,
  Pues que no llorais d’amores,
  Sino es de mucho reir.

  _Preg._  Pañizuelos sois d’amor,
  Siempre traeis pañizuelo,
  No llorais d’amor un pelo,
  Y mostrais ser llorador.

  _Resp._  Mi llorar es de manera
  Como yo siento l’amor,
  Quien adentro es llorador,
  Nunca llora lo de fuera.

  _Preg._  Al cielo siempre mirais,
  Digan os tan blanco el ojo,
  ¿Para qué tomais enojo
  De lo que n’os enojais?

  _Resp._  Si yo voy mirando al cielo,
  Vos tambien sois estrellero,
  Vais buscando aquel lucero
  Que perdisteis en el suelo.

  _Preg._  Vuestro amor es estafeta,
  Que de gran desdicha trota,
  No correis á la extradiota,
  Sino siempre á la jineta.

  _Resp._  Si estafeta soy d’amor,
  Soy lo siempre de aventaja,
  Pues á vos os dan la paja,
  Y á mí el grano d’amador.

  _Preg._  Si una dama sospirase,
  Por cierto yo creeria
  Que por vos sospiraria,
  Aunque de mí se acordase.

  _Resp._  Aunque sois engañador,
  Vos n’os engañais agora,
  Que dama sospiradora
  No será de vuestro amor.

  _Preg._  Estais d’amor tan relleno,
  Que podeis dar á los dos,
  Y teniéndole de vos,
  Para malo será bueno.

  _Resp._  Del relleno que burlais,
  Que por burla lo quereis.
  Tan vacío quedaréis,
  Como vos d’amor estais.

  _Preg._  Desengaños desde agora,
  No vivais más engañado,
  No estais mas enamorado
  De lo que en vos enamora.

  _Resp._  Nunca vi mayor engaño,
  Vos mirais con tal antojo,
  Veis un no sé qué en mi ojo,
  Y no veis vuestro mal año.

  _Preg._  La mano os daré de grado,
  Si vos no le dais del pié,
  Que de porfiar gané,
  Más que no de porfiado.

  _Resp._  Yo no quiero vuestra mano,
  Ántes y’os daré la mia,
  Que en tomarla perdería
  La que yo gané de mano.

  _Preg._  En paz debemos quedar,
  Y en amores en abierto,
  De los motes quedo muerto,
  Pero no del motejar.

  _Resp._  De la paz yo no me esquivo,
  Sea como vos mandais,
  Cuando más muerto quedais,
  Dais á entender que sois vivo.

Dixo don Luis Milan: Don Francisco, don Francisco, ¡quién no te las
entendiese! Mostrastes querer departir, y daréis más que partir;
habeis sacado los motes de los más galanes cortesanos que en el mundo
fueron, ¿y quereis con tizones matar tizones, y con carne departir
carne y perro? Vos no buscastes sino guerra; que envidiosos no sufren á
mayores, que por no mostrar que lo fueron don Antonio de Velasco y don
Joan de Mendoza, se matarán á motes don Diego y Joan Fernandez.

Dixo Joan Fernandez: Mirá qué duda, apercibíos don Diego que ya soy con
vos; y si quereis ayudador, sea don Luis Milan, que cuanto más monos
más ganancia. Perdonad que moros quise decir, pues lo sois en amores.

Dixo don Diego: mucho estais gallardo, Joan, mucho estais gallardo, y
no sé de qué, pues cuando fuistes á la córte, lo ménos que parecistes
fué de lo que más os confiais. Que la ocasion muestra el varon, como
dice este mote:

    Nadie se confie, no,
  Hasta ver dónde allegó,
  Que no está en el parecello,
  Sino en sello.

Y por qué no es bien disimular lo que no se debe, responderé á vuestros
donaires, pues van por los aires cantando:

  Mi gavilan, señora,
  Por los aires vola.

Y él no vuela sino de noche como murciégalo, cazando moscas de ramo,
que son rameras. Perdonad que romeras quise decir, que Joan Fernandez
es romero en amores, que el otro dia le cantaba la cortesana de su
córte doña Antona de don Anton de Vilaragut y de Heredia:

  Romerico, tú que vienes
  De donde serrana está,
  Di, ¿cómo d’amor te va?

Y n’os maravilleis si me he destemplado con vos en sacar vuestras
romeras, pues tambien os destemplastes con don Luis Milan y conmigo,
apodándonos á monos, que’s un género de milicias, que dan un bofeton
con un perdon, como este dicho dice:

    Al juego del abejon
  Parece el muy mal burlar,
  Perdon piden para dar
  Un bofeton.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, más motes teneis en el cuerpo que un
meson de camino, para general de mesoneros seríades bueno, pues no hay
meson que no esté don Diego Ladron en este mote:

    Ladron de nadi
  Sino de mí.

De manera que si os perdemos, hallarémos á don Diego Ladron de meson en
meson, que por cierto

    Mas es gala
  Mesonera,
  Que de sala;

el que va escribiendo por mesones en carbon sus intinciones.

Merece ser muy burlada la gala qu’es mascarada, como oiréis en este
cuento: Un portugues era muy galan, sobre callado, y un castellano
competia con él en amores, y era galan muy fanfarron que jamas callaba;
y estando los dos un dia delante la dama que servian, el castellano,
pensando ganalle la dama por decidor, dábale muchos motes; y el
portugues en acabar el castellano, le corrió con este apodo que le
hizo: Castelau, heu vos apodo á meson de camino geno de motes. Don
Diego, tenéme por entendido, pues sabeis á resabido.

Dixo don Luis Milan: Más cortesano fué el portugues que no el
castellano, que la trecha para matar un verboso decidor es callarle
hasta que ha revesado toda su verbosidad, y en acabar darle con un
apodo, ó con un cuento tal, que sienta el hierro con que no saque
sangre, como hizo este portugues, que le apodó muy al natural al
verboso castellano que pensaba ganalle la dama á motes; esto es la cosa
que más debria enfadar á las damas, y no sólo no reirse de servidores,
motejadores pesados, mas debrian mostrar enojarse, porque se pierde el
acato que se debe tener delante la dama, y la autoridad del motejador
por parecer truhan más que galan, y tambien la del motejado, pues
parece atambor de guerra que tocan alarma con él. Lo que yo haria en
tal necedad, hacer lo que hizo este portugues, que callando por no
parecer truhan, como su competidor, tuvo más saber y más autoridad
y más vergüenza y crianza, que son cuatro cosas, que teniéndolas un
servidor feo, le hacen parecer hermoso, y no tenellas, á un hermoso
hacen parecer feo, como en este cuento oiréis.

Tenía una dama dos servidores, el uno muy galan, sobre callado, y el
otro muy verboso decidor, y el callado no era hermoso y el verboso era
gentil-hombre; y como algunas veces el verboso fatigase á motes al
callado, delante la dama que servian, oyéndolo un dia una muy amiga
suya le dixo: Señora, ¿há mucho tiempo que tura esta farza? y ella
respondió: Muy poco para lo que yo me doy cata d’esto, y mucho para lo
que me enfada d’ello; mostrando que nadi se debe catar de lo qu’es bien
disimular y mostrar enojarse de lo que puede desacatar. Y turando mucho
este mal palacio, díxole el servidor callado á la dama que servian:
Señora, aunque á mí me cueste la vida dejar de serviros, más quiero
perdella que enojaros, ¿qué manda vuestra merced que se haga d’este mal
palacio? ¿irnos hemos ó quedarémos en vuestro servicio? Dixo ella: pues
á mí habeis dexado el cargo, oid lo que diré á los dos: Quedad vos para
feo hermoso, y vos íos para hermoso feo; y así se fué el verboso bien
pintado, pues la locura hace feo al hermoso, y quedó por servidor el
callado, pues la cordura hace hermoso al que es feo.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, aunque don Luis Milan ha embarrerado
esta lanza de conversacion, tan deleitosa como provechosa para estorbar
nuestros motes, no se deben excusar los caballeros dejar de hacer lo
que la honra les obliga, porque no parece caballero sin ella, y aunque
don Francisco se reirá que nos ha hecho picar, mejor es que se ría de
lo que honrar nos puede, que d’aquello que deshonrar nos podria; si
dejásemos de vernos en el campo de la gala que las armas son buenos
motes que han de señalar sin sacar sangre; como en las armas de burlas
de la esgrima, no parece bien ejecutar las veras porque no digan: No’s
hombre de véras quien en las burlas muestra las véras; y pues esto es
lo mejor, reciba este mote como á servidor:

  JOAN FERNANDEZ.

    No está mucho á su placer,
  Aunque en su placer está,
  El galan que mal le va
  Y muy bien al parecer.

  DON DIEGO LADRON.

    No he visto mejor pintor,
  Bien os habeis retratado;
  En las veras vais burlado,
  Y en las burlas don favor,

  JOAN FERNANDEZ.

    Del ojo está lisiado,
  El tomado de mal ojo,
  Porque da muy gran enojo
  Un ojo desamorado.

  DON DIEGO LADRON.

    Vos teneis lo que decis,
  De mal ojo estais tomado,
  L’ojo teneis regañado,
  Que regañando reís.

  JOAN FERNANDEZ.

    Del amor van condenados
  Los galanes á galeras,
  Que nos tiran por troneras
  Motes que son atronados.

  DON DIEGO LADRON.

    Vos burlais de tal manera,
  Que de vos eso si suena,
  Porque relampega y truena
  Vuestra gala por tronera.

  JOAN FERNANDEZ.

    Galan de ademanes frios,
  Que sus guantes siempre estira,
  Y ojos en blanco sospira,
  Hace venir calosfríos.

  DON DIEGO LADRON.

    Lo mejor que vos teneis
  Cuando no teneis que hablar,
  Vuestros guantes estirar,
  Que rasgados los traeis.

  JOAN FERNANDEZ.

    Gran ventaja nos llevais,
  Y aunque no sería poca,
  Si hablásedes de boca
  Lo que con dedos hablais.

  DON DIEGO LADRON.

    Cuando con los dedos hablo,
  Quiero señalar á todos,
  Que vuestros cuentos y apodos
  Los den todos al diablo.

  JOAN FERNANDEZ.

    Ó vestí como hablais,
  Ó hablá como vestís,
  Que de aquello que reís,
  A reir mucho nos dais.

  DON DIEGO LADRON.

    No burlemos del vestir,
  Pues que no teneis vestidos
  Que merezcan ser reidos.
  Sino para hacer reir.

Dixo mastre Zapater: Mucho me he holgado d’este palacio tan avisado,
que nos ha hecho reir sin perjuicio de nadi, que la conversacion que
perjudica es de perro que ladra y muerde; y cree que los hombres de
mala lengua, los más hacen mala fin, y el diablo va muy apegado con
ellos, como en este cuento, que fué verdad, oiréis: Un labrador tenía
muy mala lengua, y tuvo el mal espíritu en figura de perro siete años
en su casa, y cada sábado desaparecia, que no sabian qué se hacia, y
no volvia hasta el domingo de mañana; y como se dieron cata d’esto,
un hijo de casa tuvo cuidado de no perdelle de ojo, y vió que se iba
fuera del lugar, y siguióle una legua hasta que fué á parar al pié de
un monte, donde le esperaban muchos perros que se pusieron á bailar, y
á ratos se mordian y ladraban, y el hijo del labrador, muy espantado,
contó á su padre todo lo que habia visto; y volviendo el perro, fué
atado con una cadena y conjurado por el cura del lugar, que le dixese
si era el diablo y lo demas que dél queria saber, y respondió que sí,
y que estaba esperando al señor d’aquella casa para llevárselo cuando
se muriese, que, por ser muy maldiciente y jurador, era compañero
suyo, y que ya se lo hubiera llevado sino porque decia cada sábado el
rosario de la Vírgen María, y que los otros perros con quien bailaba
eran demonios como el que aguardaban, y hacian compañía á maldicientes
y juradores, para llevarlos al infierno cuando pudiesen. Porque veais
quién es el compañero del maldiciente y jurador; y si el Paje del mal
recaudo, que delante se lo digo, no deja de ser blasfemo y de mala
lengua, creeré que el perro, que muchas veces va tras él, es algun
familiar, y no lo tengais á burla, que más demonios van que moxcas
entre los hombres que nos tientan á mal decir y hacer; así como los
ángeles, custodios nuestros, nos aconsejan á bien obrar, por donde
en las voluntades que teneis, si son buenas, conoceréis que vuestro
ángel custodio os aconseja, y si son malas, el mal espíritu, que si
don Luis Milan quiere echarle de aquí, taña un poco, que no faltará
el demonio de la envidia que alguno terná á su música, y saliéndole
del cuerpo, podrá alabar las obras de Dios que el envidioso deshacer
quiere; guárdense de la envidia, que pierden por ella al Criador y á la
criatura.

Dixo don Luis Milan: Denme la vihuela, que para luégo es tarde, para
sanar un envidioso. Oyamos qué horas tocan; las doce han dado: mudemos
de parecer, que si agora tañese y cantase, me apodaria el señor Joan
Fernandez á galo relóx, que canta á media noche. Mejor será dexarlo
para mañana á la noche, delante el Duque y la Reina, que me han mandado
les dé una cena de lengua y manos, tañendo y cantando la aventura del
monte Parnaso, donde me vi. Vuestras mercedes podrán decir ántes de
la mia cada uno la suya, que nunca faltan aventuras á quien buenas
las busca; y quedando con este concierto acabamos la noche, que no lo
parescia con tal compañía; que dia es todo conversar con muy buen modo.


_Acaba la quinta jornada._

[Illustration]



[Illustration]



JORNADA SEXTA.


Y halláronse todos al Real á la hora que tenian concertado de ir, y
dixo don Luis Milan: Sepan vuestra alteza y su excelencia que yo vengo
esta noche para hacer un descargo del cargo que tenía, de dar la cena
que me mandaron de lengua y manos, de tañer y cantar, y á la postre
daré por confituras la aventura del monte Parnaso, donde fuí probado y
puesto en muy gran peligro, por la residencia que me tomaron; y porque
no se me enojen los que esperan la música, quiero tomarme la licencia
para darla, que para no dar pesar licencia se puede tomar.

Y denme la vihuela que me han traido, y cantaré con esta primera obra
las obras que las damas suelen hacer. Y es una carta, que para ganar,
si á cartas jugára, el resto del amor ganára; y dice así:

    Carta mia, pues que vas
  En pasos de tanta gloria,
  Si no son en mi memoria,
  No te acuerdes de mi más;
  No vuelvas de tal manera,
  Que me hagas más mortal
  De lo que yo ántes era,
  Porque no seas mensajera
  De mi bien para mi mal.
    Y en llegar delante aquella,
  Do mi voluntad te envia,
  Para conocer si es ella,
  Conocerás que no es mia;
  Y despues de conoscida,
  Para que quiera leerte,
  Di que sólo fué tu ida
  A mostralle con mi vida
  Un traslado de mi muerte.
    Preséntale mi corazon,
  Donde siempre se verá
  Quien bien retratada está,
  Segun es su condicion;
  Muy perfeta al natural
  El amor la retrató,
  Pues le soy en todo tal
  Para sufrir tanto mal,
  Cuanto yo contento estó.
    Lévale mi entendimiento,
  Porque vea en lo que entiendo,
  Que velando ni durmiendo,
  No le busco descontento;
  Basta lo que le he buscado,
  Aunque no soy de culpar,
  Que si estoy enamorado,
  Téngame por desculpado,
  Pues es para enamorar.
    Mi memoria le presenta
  Por espejo que se vea,
  Como está en mí su idea
  Muy hermosa y mal contenta;
  Es tan grande su hermosura,
  Que aunque no me quiera ver,
  Contemplando su figura,
  Todo gusto de tristura
  Se me convierte en placer.
    Muéstrale mi voluntad
  Cuanto está llena de fe,
  Aunque sabe que yo sé
  Que no duda la verdad;
  La verdad trastrueca y muda,
  Nómbrame desamador,
  Que para mostrarse cruda,
  Pone la verdad en duda,
  No dudando de mi amor.
    Preséntale mi sentido,
  Si es á su contentamiento,
  Cuando tengo sentimiento
  De verme su aborrecido;
  Que si yo no me sentia
  De ser d’ella despreciado,
  Tan mal le pareceria,
  Por lo que no sentiria
  Como por demasiado.
    Mi pensamiento doliente
  De pensar en su dolencia,
  Le pornás en su presencia,
  Si le terná por presente;
  Dile que dentro de mí
  Tan presente siempre está,
  Que el tiempo que no está en si,
  Tanto yo la tengo aquí,
  Cuanto no me tiene allá.
    Muéstrale mi gran sufrir,
  Aunque tú lo mostrarás,
  Cuando por mí te verás
  Estos tormentos sentir;
  Luégo te dará un tormento,
  Que es muy recio de pasar,
  Tal que en decillo lo siento,
  Y es el descontentamiento,
  Que ella me suele mostrar.
    Y tras este tan cruel,
  Luégo un otro te dará,
  Que nunca te mirará
  Por no mirar mi papel;
  Otro tormento de fuego
  Te dará mucho peor,
  Y será darte gran fuego,
  Que te vayas luégo, luégo,
  Por ser yo su servidor.
    Y por cuanto has de hacer
  No seas desacatada,
  Sino, tú serás rasgada,
  Y rompido mi placer;
  Y si vieres sentimiento
  De alguna voluntad,
  Di con mucho acatamiento,
  Ved qué tal es su tormento,
  Que vos le tengais piedad.
    Bien sé luégo que dirá:
  ¿Quién te puso en tal locura,
  De ponerte en aventura
  Por quien ventura no ha?
  Di, que piedad de ver
  Un dolor de verme tal,
  Que podria merescer
  Que holgase de leer
  Una letra de mi mal.
    Dile más, cómo me dejas
  Esperando tu venida,
  Entre la muerte y la vida,
  Dando de mi vida quejas;
  Y que son de calidad
  Las quejas de mi pasion,
  Que pueden poner piedad
  A la mesma crueldad,
  Ántes que á su corazon.
    Y si algo se le antoja
  En decille que es cruel,
  Dile que lo dice aquel
  A quien ya el vivir enoja;
  Y á quien ya su mal le tiene
  Tal, que dice el que no sabe:
  Pues que sabes dó me viene,
  Trabaja que más no pene,
  Ó que mi pena m’acabe.

  FIN.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, no se podrá decir por esta carta: de las
cartas placer hube, de las palabras pesar.

Respondió Joan Fernandez: Yo le perdono la confianza que tuvo ántes de
cantar, cuando dixo que si á cartas con esta carta jugára, el resto
del amor ganára; aunque no me ganaria si en amor fuese mi competidor.
Yo le hiciera una primera, que primero en l’amor fuera de bien querido,
de mejor haber servido.

Dixo don Diego Ladron: A lo ménos de confiado el resto le teneis
ganado, y á las veces lo que engaña desengaña, como muestran vuestros
trabajos en amores, que son desengañadores, de esa confianza vuestra
como se muestra.

Dixo don Francisco: Más estais vos confiado por haber desengañado á tal
Joan, que sus pensamientos van volando como mariposas, que se queman
tras hermosas de gran lumbre, por rodar por alta cumbre.

Dixo el Duque: Muy bien habeis discantado sobre la carta que ha cantado
don Luis Milan; pues mejor discantaréis si las siete angustias canta,
que l’amor hace pasar á quien más siente en amar; y por vida de quien
más quereis, que las canteis.

Y don Luis Milan respondió: Por vida de quien lo mandó cantaré, y son
estas que diré:


LAS SIETE ANGUSTIAS DE AMOR.

    Canten los gozos de amor
  Los que sienten alegrías,
  Y yo las angustias mias,
  Pues que siento su dolor;
  Y dirélas lamentando
  Con voz de extraña tristura,
  Ofreciéndolas llorando
  Á la perfeta figura
  Que siempre estoy contemplando.
    La primera angustia siento,
  Causada del desear,
  Cuando n’os puedo mirar
  Sino con el pensamiento;
  Pues si es gran padecer
  No veros y contemplaros,
  Ved cuán mayor debe ser,
  Cuando yo alcanzo á miraros,
  Y vos no me quereis ver.
    La segunda angustia triste
  Siente más el más sufrido,
  Porque el gesto va vestido
  De lo que l’alma se viste;
  Esta es sin comparacion
  Por sufrir lo que se siente,
  Que si pena el corazon,
  Amor escribe en la frente
  De que pena la pasion.
    La tercera angustia alcanza
  El servidor á la hora
  Que conoce en su señora
  Ser perdida su esperanza;
  Pues mi esperanza perdida,
  ¿Quien la perdió como yo?
  ¿Quien la tuvo tan sin vida,
  Que primero se secó
  Ántes que fuese nacida?
    La cuarta por mi dolor,
  Que mil veces he gustado,
  Es aquel cruel desgrado
  Que mostrais con disfavor;
  Ora ved qué tal me siento,
  Si es firme mi firmeza,
  Que con tal conocimiento,
  No puede vuestra crueza
  Estragar mi sufrimiento.
    La quinta angustia parezco
  De muerto y descolorido,
  Que estoy muerto en vuestro olvido,
  Y vivo en lo que padezco;
  ¿Quién se vió tan olvidado,
  Que ante vos se halle ausente,
  Sino yo desesperado,
  En mi mal siempre presente,
  Y en su presencia pasado?
  La sexta sentí en veros,
  Qu’es el temor de enojaros,
  Mas quien no puede ganaros,
  ¿Por qué ha de temer perderos?
  Quien nunca tuvo favores,
  ¿Por qué teme disfavor?
  Porque en el trato de amores
  Se confia el amador
  Con sospechas y temores.
    La setena y la mayor
  Es la angustia del partir;
  ¡Oh, cuán grave es de sufrir
  Si dejais competidor!
  Pues si es cosa conocida
  Al tiempo del despediros
  Ser gran trance la partida,
  Más es no poder partiros
  Cuando ella está partida.
    Hé aquí, gentil señora,
  Las siete angustias d’amor.
  Que siéndo’s tan servidor,
  Siento cadal dia y hora.
  No me perdí, mas perdí
  En esta triste jornada
  Lo que sentiréis de mí;
  Siete años te serví
  Sin de tí alcanzar nada.

Dixo el Duque: Si tan poca pena diesen en sentirlas como en oirlas,
ántes serian gozos que angustias, pues tanto alegra vuestra música.

Respondió Joan Fernandez: Señor, el uno y l’otro creo que son, parecen
gozos por lo poco que siente angustias de amor don Luis Milan, y no
dejan de parecer por lo mucho que muestra sentirlas cantando que de
amor se va burlando.

Dixo don Francisco Fenollet: Para saber desto la verdad, cantemos tras
las angustias los gozos de amor, que siendo las dos obras suyas, en
cantar se verá,

    Que si él se alegrára,
  Nos dirá su corazon,
  Que sus angustias gozos son.

Dixo don Diego Ladron: Si los cantais, sean por don Pedro Milan y gozos
nos parecerán, pues su alteza os hará mucho favor cantando por su
servidor.

Don Luis le respondió:

    Para gozos parecer,
  Así lo entiendo de hacer.

Y son éstos:

    Siete gozos cantar quiero
  Que el amor me hace sentir,
  Por mostrar
  Que por más y más que muero,
  Siento gozo de sufrir
  Por amar.
    Si por ser vuestro sufrido
  Quiere amor que por constante
  Valga más,
  No me vea tan perdido
  Que en lugar de ir adelante
  Vuelva atras.
    El primer gozo de amor
  Que siente el enamorado
  Donde ama,
  Verse en honra el amador,
  Por estar bien empleado
  Puesto en fama.
    Es tan grande este contento,
  Que jamas dejo de veros
  No mirándoos,
  Porque mira el pensamiento
  Con los ojos del quereros
  Contemplándoos.
    El segundo gozo siente
  L’amador cuando recrea
  En los amores,
  Que de aquello se contente,
  Que ninguna cosa afea
  Disfavores.
    Como yo que siempre quedo
  Tan contento de que quiera
  Y tan ufano,
  Que si me diera su dedo,
  Nunca yo el villano hiciera
  Con la mano.
    El tercero gozo gusta
  Quien mostró bien parecer
  Do quiere bien,
  Que su gusto no desgusta,
  Pues en cuanto debe hacer
  Parece bien.
    Recibir querria engaño,
  Que vuestra merced me quiere
  Para vos,
  Para huir al desengaño,
  Porque no me desespere
  De los dos.
    El cuarto gozo diré,
  Que’n veros siempre he sentido
  Todo gloria,
  Pensar que no moriré
  De la muerte del caido
  De memoria.
    D’este gozo gozará
  Quien nació bajo la estrella,
  Que ella es él,
  Ya veis, pues, si vivirá,
  Quien será para ser della,
  Y ella d’él.
    El quinto gozo contenta,
  Pues es cosa muy probada
  Ser mejor,
  Cuando se remata cuenta
  Que se toma d’el amada
  Al amador.
    Ésta nunca tomé yo,
  Que si de vos la tomára
  A vuestro grado,
  Quien de veros se pagó,
  De ménos se contentára
  Ser pagado.
    El sexto gozo es mirarse
  Los amantes muy hermosos
  En amar,
  Que si son para mostrarse,
  Son amores más gustosos
  De gustar.
    Lo que gusto no gustais,
  Señora, de la hermosura
  Que teneis,
  Porque todo lo matais,
  Pues que sois mata figura
  De quien veis.
    El seteno gozo digo,
  Si sois de mi parecer,
  Qu’es más gustado,
  Si el amiga y el amigo,
  Vinieren á poseer
  Lo deseado.
    Si es muy dulce merecello,
  Más y más es el gustallo
  Con descargo;
  ¿Quereis ver qu’es poseello?
  Que hace dulce el deseallo
  Siendo amargo.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, alegremente habeis cantado los gozos de
amor, sepamos por quién los cantastes, que si fué por vuestro primo don
Pedro Milan,

    Habeis sido muy galan,
  Por mostrar
  Que gozos sienten en amar,
  Aunque tengan disfavores,
  Los que rien en amores.

Don Diego Ladron dixo: Señor, no se podrá decir eso por Joan Fernandez,
que por tenerlos lloradores, alcatara es en amores, que se dice en
valenciano alambique, que destila por sus ojos y nariz lágrimas por
Beatriz de don Anton, que agua rosada son para ella; pues en la redoma
della, qu’es su engaño, caen para su mal año.

Respondió Joan Fernandez: Don Diego,

    Burlas de mozo de ciego
  Pareció vuestro burlar,
  Cuando para hacer reir,
  Pullas le hacen cantar.

Dixo don Francisco:

    Bien parece que son gozos
  Los que el Milan ha cantado;
  Pues nos han regocijado.
  Agora os digo
  Que de gozos es amigo
  En los amores,
  Que no sufre disfavores;
  Pues que no es de los que lloran,
  Sino de quien va cantando.
  Buenas obras enamoran,
  Malas van desamorando.

Dixo don Luis Milan:

    Órganos hacen de mí,
  Que mis flautas han tañido
  Como les ha parecido.
  No faltó buen manchador,
  Que’s el Duque, mi señor,
  Pues ha dado tan buen aire,
  Que me tañió don Donaire;
  El Fenollet, nuestro amigo,
  Que don Donaire yo le digo
  De esta vez;
  Que’es mal aire de traves,
  Que la mar levanta en puerto;
  Pues levanta un desconcierto,
  Que jamas sufrí en amores
  Disfavores.

Don Francisco le respondió: Si me pagais una verdad, por lo que dicho
me habeis, yo sé que lo otorgaréis por lo que sé, y si quereis, la
cantaré.

    Y es la más linda cancion
  Que glosastes con razon;
  Y diréla con la glosa,
  Que la hicistes muy hermosa.
    Y esta cancion por respuesta
  Os quiero dar
  En este nuestro burlar.
    _De piedra puedo decir
  Que son nuestros corazones;
  El mio en sufrir pasiones
  Y el vuestro en no las sentir._
    _Ha causado mi ventura
  Lo que más tuve temor,
  He topado con l’amor
  Haciendo mi sepultura._
    _En su piedra vi esculpir
  Dos contrarios corazones;
  El mio en sufrir pasiones,
  Y el vuestro en no las sentir._

  GLOSA.

    Sufro por vos tanto daño,
  Cuanto por sufrillo es honra,
  Que en su caso no es deshonra
  Sufrimiento tras engaño.
    De este bien tan mal estoy,
  Que estoy cerca d’el morir;
  Que por do quiera que voy,
  Si me preguntan quién soy,
  _De piedra puedo decir_.
  Es ya tanto lo que sufre
  Mi sufrido corazon,
  Que traigo por invincion
  Corazon de piedra zufre.
    Vos de no sentir dolor,
  Yo de sufrir sus pasiones,
  De este amor y desamor,
  De piedra dice el amor
  _Que son nuestros corazones_.
    Tales corazones dos
  En el mundo no se han visto,
  Esto hace el Antechristo,
  Qu’es l’amor que teneis vos.
    Dos contrarios se han juntado
  En nuestras dos condiciones,
  El vuestro desamorado,
  Que no siente ser amado,
  _El mio en sufrir pasiones_.
    Tanto siento vuestra culpa,
  Cuanto á mí me da gran pena,
  Que tenella yo por buena
  Del que digo me desculpa.
    Entre amor y desamores
  Siento muerte en mi vivir;
  Pues tengo por valedores,
  El mio en sentir dolores,
  _Y el vuestro en no las sentir_.
    Sóbrame tanta razon,
  Cuanto vos teneis muy poca,
  Que no hallo en vuestra boca
  Lo que en vuestro corazon.
    Ya no tengo á quién quejarme,
  Muerto estoy en mi ventura;
  Todo bien viene á faltarme,
  Qu’este mal para matarme
  _Ha causado desventura_.
    Mi mano sintió quién es
  Lo cruel de vuestra mano,
  Con el pié me dais de mano,
  Pues me veis á vuestros piés.
    Ya yo estaba temeroso
  De caer malo de amor,
  Mas es mal contagioso,
  Que se pega al más medroso
  _Lo que más tuve temor_.
    Mucho milagrosamente
  Una vez de amor curé,
  Y hartas veces yo juré
  De quitar inconviniente.
    Viendo causa yo cerraba
  Los ojos d’este temor,
  Del amor me desviaba,
  Cuando más d’él me apartaba
  _He topado con l’amor_.
    Yo estaba muy espantado,
  Que no estando ya con él,
  No pudiese huir d’él,
  Y vi ser juego forzado.
    Y aunque más miré por mí,
  Me mató vuestra hermosura,
  Y tan muerto me sentí,
  Que luégo al amor le vi
  _Haciendo mi sepultura_.
    Con el duro mármol frio
  D’ese vuestro desamor,
  Labrando estaba el amor
  En este sepulcro mio
    Estas letras que decian:
  Muerto estaba por morir,
  Y matar no le querian;
  Y otras más que se leian
  _En su piedra vi esculpir_.
    Esta sepultura honrada,
  Pues deshonra se me hacia,
  Pues que por ella le via
  Ser mi vida deshonrada.
    Lo que ser vuestro me honraba,
  Gastaban dos condiciones,
  La vuestra me despreciaba
  Y era porque lo causaba
  _Dos contrarios corazones_.
    Tan desavenidos fueron
  Vuestro corazon y el mio,
  Que muy duro mármol frio
  L’uno al otro se volvieron.
    De vos tengo compasion
  Que n’os tengan compasiones,
  Porque veo á perdicion,
  El vuestro en no sentir pasion,
  _El mio en sufrir pasiones_.
    Con tal condicion tan dura,
  Hacer paz sería excusado,
  Que el amor reconciliado
  En ningun tiempo asegura.
  Quien no sabe agradecer,
  Nunca puede en paz vivir;
  Mi corazon veo perder
  De pasiones padecer,
  _Y el vuestro en no las sentir_.

Dixo el Duque:

    Bueno ha sido el manchador,
  Que por manchar ha sonado
  La glosa que s’a cantado;
  Pues burló como á galan
  El Fenollet al Milan,
  Que de piedra corazones
  Tenian en sus pasiones,
  Don Francisco de sufrillas
  Y el Milan de no sentillas;
  Por lo que le motejó
  Que nunca angustias sintió,
  Sino gozos en amar;
  Diciendo qu’es burlador en amores,
  Que todo se pasa en flores;
  Y el coge d’este burlar,
  Frutos por disimular.

Respondió Joan Fernandez:

    ¿Qué frutos puede coger?
  Camuesas deben de ser
  Encamusadas,
  De mal frances desnarigadas.

Respondióle don Luis Milan:

    Esas vos las conoceis,
  Que d’esas camuesas comeis,
  Cuando con mosen Rodela
  Cenais á lumbre de vela,
  Embelesado,
  Pues os tiene encandilado
  Con una cierta Beatriz,
  Que postiza la nariz
  La tragais,
  Y por coplas alabais
  Su gesto; qu’es todo risa,
  Que tragueis nariz postiza.

El Duque dixo: Yo sería de parecer que las damas de vuestra alteza
oyesen la música de don Luis Milan, que mucho lo desean; mándelas
venir,

    Que sin damas los galanes
  No se muestran lo que son,
  Que piedra toque es la ocasion.

Las damas de la Reina vinieron; que la señora doña Leonor Gualvez,
que’s guion de la gala, habló á voluntad de todas y dixo: ya que en
jubileo de música nos hallamos, pues por jubileo se deja oir don Luis
Millan, las damas quieren mostrar:

    Que de sabio es no mandar
  El mandador,
  Que mandado es muy mejor.

Como verémos en vos, que os dejaréis mandar de las damas en dalles
cuanto os pedirán; y la primera quiero ser yo, que os mando me canteis
sonetos vuestros, porque gustemos de los sonsonetos, que nos harán bien
callar y mejor hablar para entendellos.

Don Luis Milan respondió: Señora doña Leonor, si por jubileo me dejo
oir, no se maraville vuestra merced, pues por jubileo se dejan ver las
damas, y no para sacar almas de penas, por donde, siguiendo yo sus
pisadas, no me perderé. Que no es bien dejar pisar lo que debe estar en
pié; yo no soy tan desmandado de no dejarme mandar donde soy muy bien
mandado. Y pues aquí está mi palomando que mandar me puede, yo me doy
por mandado.

Dixo el Duque: Bien muestra en su hablar don Luis Milan que los milanes
vinieron de los griegos con Hércules en Italia, pues habla con la
brevedad d’ellos, como agora ha dicho en este vocablo, palomando,
queriendo decir palo y mando. Y en los motes que se dieron el Joan y el
Milan para ganar el retrato de su dama, hay otro que dice Encasamalo
por abreviar lo que dicen en valenciano: Bell en banch y mal en casa.
Y el nombre que agora ha puesto á don Francisco, que dice Dondonaire,
queriéndole decir en valenciano Don, dona, aire, haciéndole fuelle, que
es mal aire lo que da; y tambien nos ha dicho poco há que la ocasion
es piedratoque, queriendo decir que es piedra de toque, que descubre á
cada uno de qué metal es; y muchos otros que ha dicho, imitando á los
lacedemonios griegos en esta brevedad, que con sólo un vocablo se diga
una sentencia, que los latinos muy poco lo acertaron á decir. Fué este
modo de hablar en tanto tenido, que Petrarcha recita en su libro _De
próspera y adversa fortuna_, una palabra que solia decir Andromaca,
mujer de Héctor, á su marido, y era ésta, Demome, que quiere decir:
Buen hombre, tu gran corazon te echará á perder. Es tan cortesano el
corto hablar, que _vorria sensa parlar eser inteso_; y no le estorbemos
el gran mandamiento que le han hecho, que cante sus sonetos.

Respondió don Luis Milan: La mejor respuesta que se puede dar, obedecer
á buen mandar; y empezó á cantar este


SONETO. 4. 7.

    Si voluntad merece ser pagada
  Por cual razon, no soy d’esto pagado,
  Diréisme vos, pues has mal deseado
  Mal desear, pagalle con no nada.
    Respondo yo, qu’es muy perjudicada
  Mi gratitud, que nunca os ha enojado,
  Respondereis que debe ser juzgado
  Lo que sin ley no es cosa bien juzgada.
    Si fuese yo juez d’esto, aunque soy parte,
  Con gran razon daria ley en esto,
  Que lealtad gran lealtad merece.
    Pues buen amor no tiene ningun arte,
  Y en bien amar á todos gano el resto,
  Quien meresció jamas no desmerece.

Dixo don Diego: Don Luis Milan, en pleito habeis traido vuestra dama,
y respondistes por ella, haciéndoos procurador de los embargos,
respondiendo contra vos, como hizo un portugues que emplazó delante
justicia á la que servia, diciendo al juez: Nan deis por muller á meu
competidor miña dama, que eu la queiro, ella dice que nan me queire, eu
torno á decir que la queiro, que amor primero he casamenteiro. Rieron
mucho del portugues, que por pleito queria á quien no le queria.

Dixo don Luis Milan: Don Diego, yo respondo á vuestro bocaje, como
respondí á un estorbamúsica, que le dije: Yo tengo un atapabocas, que
es éste


SONETO.

    Hermosa maya, llena de mil flores
  Y extrañas hierbas, de propiedades
  Sanais con ellas mil enfermedades,
  Que de miraros sanan amadores.
    Y á mí no sanan, d’estos mis dolores,
  Que hierbas fueron vuestras crueldades,
  Que entosicaron nuestras voluntades,
  La vuestra y mia para desamores.
    La vuestra hicieron de ponzoña llena,
  Que emponzoñada voluntad se muestra,
  La mia siento desto entosicada.
    Y aunque está siempre para amaros buena,
  Va muy doliente, por no verse vuestra,
  Qu’el rostro muestra voluntad dañada.

Joan Fernandez sospiró, y su mujer le dixo: Vos me par que sou lo que
anava venent sospirs per Valencia.

Y él respondió:

    Yo no los vendí,
  Mas ellos me vendieron
  Cuando’s vi.

Díxole ella: ¿Y per que os han venut? ¿Per que yous compri mercat pera
mal marit?

Dixo él: No por eso, sino porque habia de mercar brava mujer para
sospirar. Que pensando que fuérades una maya, sois una desmaya, que
siempre desmayo de vuestra mala condicion, que hierbas son. Que al
médico moro fuí que me sanase, y para sanar me hizo estar en su casa
ocho dias, acostado en una cama llena de hierbas de montaña, y algunas
dellas pinchaban, que me hacian dar voces, y el moro decia: ¿Sufris
hierbas en vuestra casa para matar, y no sufrireis para sanar? Yo
diciendo no sufriré, y él que sí, yo que no, salvéme dél como de
vuestra merced haciendo el puerco espin.

Dixo su mujer: Don Luis Milan llanzau de aci aquest porch espi, ó feulo
callar á mots, que sols vos lo embozau, quant los dos vos motejau.

Y don Luis respondió: Para hacerle yo callar, á su fumeto será con este


SONETO. 4. 7.

    Para mi bien y por mi mal os veo,
  Pues me mirais con rostro muy irado,
  No siento yo que esté por mí enojado,
  Pues que por vos con todas me peleo.
    Digo que sois un otra doña Iseo,
  Yo don Tristan, de triste desamado,
  No digo aquel don Tristan muy amado,
  Que desamor lo vuelve todo feo.
    ¿Quereisme mal, pues mi ventura quiso,
  Y no quereis que esté peor que muestro,
  Que el bien no sé dónde tiene la posada?
    Queredme bien y verm’heis un Narciso
  Para probar que tal parezco vuestro;
  Que hermosa está la cara qu’es amada.

Dixo don Diego: Señor Joan, tanto os toca este soneto, que á ser silla
y vos caballo no lo podríades sufrir, por lo que os siguió cuando
dixistes de amores á una cortesana de la córte, que le demandastes como
se decia, y ella respondió: A mí me dicen doña Iseo, y vos sospiraste
diciendo:

    Yo soy vuestro don Tristan,
  Que por veros, mi señora,
  Pasé yo la mar salada;
  Pues que veros enamora.

Y ella os respondió:

    Vos no sois mi don Tristan,
  Que pasó la mar salada,
  Mejor sois para ensalada
  De truhan.

Cerró la ventana y entróse, y unos escuchamores que os escucharon os
apodaron á don Joan ensalada.

Y don Luis Milan les departió con este


SONETO. 4. 7.

    Tan triste estoy, que vivo muy mal sano,
  No sé si son mis pensamientos sanos,
  Quizá es mejor morir de vuestras manos,
  Las que me dais, pues que me dais de mano.
    Pues vos sabeis cuál me será más sano,
  Mejor será dejarlo en vuestras manos,
  Que yo no haré lo que suelen villanos,
  Que si les dan toman dedo y la mano.
    Yo sé muy bien, si en tal caso se viese
  Vuesa merced, si fuese caballero,
  Que dedo y más de tal mano quisiese.
    Que por mandar aquel César primero,
  Tuvo por ley, que ley no se tuviese,
  Que por mejor se muda ley por fuero.

Dixo don Francisco: Vengar quiero á Joan Fernandez con este cuento que
diré: Una noche estaba en una calle escuchando á don Diego, que decia
los amores de Audallá á la criada de una dama que servia, y díxole:
Dadme el dedo, que no tomaré la mano, pues no soy villano; y ella
fiando dél dióle el dedo y él tomóle la mano, que fué parte para subir
donde estaba. El señor sintió ruido, y reconosciendo casa topó con don
Diego, que con una sábana se habia envuelto gritando: Alma soy que voy
en pena, y el señor le soltó un perro de ayuda diciendo: Cómete esa
alma, que un perro comerá otro, y vos saltastes por la ventana y el
perro tras vos, haciendo tan gran alborote, que las damas del vecindado
salieron á las ventanas con lumbres, y conosciéndoos dixeron: Señor don
Diego ensabanado, ¿cómo vais aperreado? y vos respondistes: Quien tras
perras va aperreado será; y las criadas d’ellas en veros os dicen, don
Diego ensabanado.

Dixo don Luis Milan al Duque: Señor, si más salen cuentos, yo no sacaré
sonetos. Y todos dixeron que no dirian más.

La Reina dixo: Don Luis Milan tiene razon, que cuando la música es de
caballero, hase de escuchar si ya él no quiere hablar.

Y él dixo este


SONETO. 4. 7.

    De bien y mal mi vida se sostiene,
  Porque el vivir se vaya conservando,
  Con sólo el bien no va el saber reinando,
  Pues no es pesar el mal que de vos viene.
    Amor, amor, pues mandas que yo pene,
  Sostiéneme, que muero deseando;
  No vea yo que vas de mí burlando,
  Qu’en posta voy y nadi me detiene.
    Corro al morir, y muerte no me quiere,
  Cansado estoy, y siento gran descanso,
  Quiero llorar, y voy de mí riendo.
    Sé que dirá quien tal por vos se viere:
  Fiero leon, amor le vuelve manso,
  Que gran amor de sombras va temiendo.


SONETO INTERCALADO.

    Gran bien durmiendo vengo á ensoñarme,
  No sé yo en sueños qu’es lo que me crea,
  Séos decir que tanto me recrea,
  Que yo querria nunca despertarme.
    Dicen que sueños son gran vanidad,
  Y á veces vemos ser muy verdaderos,
  Mas veo mal en todos mis agüeros,
  Que hijos son de vuestra crueldad.
    ¿Amor, amor, qué tengo de creer?
  Pues tú me haces reir y llorar,
  Hazme dormir, pues huelgo de ensoñar.
    Que vanidad á ratos da placer.
  O bien ó mal de tí sepa lo cierto,
  Que es en fin pena un vivir incierto.


SONETOS. 6. 6.

    Cabellos principian, cabellos fenecen
  Mis altos cuidados de vida y de muerte,
  De tales cabellos se cuelga mi suerte,
  Que matan al oro y al sol escurecen.
    Mi vista se altera mirándome en ellos,
  Del todo turbado ni veo ni atino,
  De mucho atinaros estoy tan sin tino,
  Que vengo á estar léjos estando cabellos.
    Los rayos de Febo si ciegan no matan,
  Mas vuestros cabellos me matan y ciegan,
  Son rayos que pasan, traspasan y allegan,
    Á ojos de un alma, que con ellos atan.
  De cada cabello me veo colgado,
  Temiendo no quiebre de muy desdichado.

    Mortal dolor con quien amor tormenta,
  No me tormentes, dame algun sosiego,
  Pues siempre otorgo por más que reniego,
  Que soy de amor perdido á mi cuenta.
    Soy como aquel que tienen al tormento,
  Y estando en él, del gran dolor se aduerme,
  Así me sigue para sostenerme;
  Pensando en vos se aduerme el sentimiento.
    Cruel amor, no tal, cual es tu nombre,
  Manda al dolor, que más no me tormente,
  Que aquella parte en mí que más te siente,
    Muere y revive por quedar más hombre,
  Que buen pensar es gusto que descansa,
  Y en los tormentos su dolor amansa.

    Allá me voy, á dó el amor me guia,
  Soy como aquel que va en su pensamiento,
  Qu’está muy fuera del conoscimiento,
  Sino d’aquel que está en su fantasía
    ¿Pensando en vos quién ha de estar en sí
  Que por idea en vos no se transforme?
  Estoy sin vos, y en vos tanto conforme,
  Que voy conmigo, y nunca voy en mí.
    Ni pié ni mano, la boca ni l’ojo,
  No mandan ya, pues tal señora reina,
  Reinas en mi tan absoluta reina,
    Qu’en mí es placer aquello qu’es enojo
  Ó bien ó mal, avenga como quiera,
  Vos sola sois mi voluntad postrera.

    Yo voy buscando todos los lugares,
  Para miraros si podria veros,
  Y en descubrirme no quereis volveros,
  Y hállome vuelto para ver pesares.
    No sé yo cómo pueda sostenerme,
  ¡Miraros siempre y vos nunca mirarme!
  Bien podrá ser que amor pueda cegarme,
  Mas nunca hará qu’en vos no pueda verme.
    Dos ojos tengo y son para llorar,
  Pues que no ven lo que ver querrian,
  Dos rios son que siempre correrian,
    Si dellos fuese vuestro amor la mar;
  Y aunque éstos pierda, vuestra merced crea
  Que tengo mil que os miran por idea.


SONETOS INTERCALADOS.

    Á todo el mundo doy de mí descargo
  Del bien que os quiero y mal que me quereis;
  Ya veis, señora, lo que vos haceis,
  Que de mi muerte tengais tanto cargo.
    Dirán de vos que fuistes matadora,
  Y vos diréis que yo mismo me he muerto,
  Dirá el amor en tal caso lo cierto,
  Qu’en vos estaba ser remediadora.
    Sé que diréis que no pudo haber medio
  Entre mi mal y vuestra gran bondad,
  Todos dirán que en vuestra piedad
    Estaba el bien de todo mi remedio;
  Que siendo siempre tanto valerosa,
  La piedad en vos no’s es viciosa.

    Pensando en vos un no sé qué me enoja;
  Sélo sentir y no dar á entender
  Es un amargo en medio del placer
  Qu’el mundo da por lo que se le antoja.
    Muy gran mal es y cuento mucho largo,
  Ser esto en todo tan naturalmente,
  Que piense en vos muy mucho dulcemente,
  Y un no sé qué lo vuelva todo amargo.
    Soy como aquel que muestra ser mortal,
  Que su accidente da señal de muerte,
  Si no mudais de mal en bien mi suerte,
    Dadme por muerto deste grave mal.
  Y es lacidente ser desconfiado,
  Señal de muerte en cualquier estado.


SONETOS. 5. 6.

    Al pié d’un monte cerca de una fuente,
  En un bell prado muy verde y florido,
  Pasciendo estaba su triste sentido,
  Cogiendo flores un pastor doliente.
    De mal d’amores era su accidente,
  Que sospiraba nombrando Cupido;
  Yo sospirando d’él fuí conoscido,
  Que amor dó reina descubre su gente.
    Y platicando de nuestros amores,
  Cada cual dixo que fué su venida;
  Él iba en busca de sana-dolores,
    Qu’es una hierba que d’amor olvida;
  Yo la que nombran acuerda amadores,
  Que cualquier calza segun su medida.

    D’un árbol d’amor yo vi que colgaba
  Una guirnalda de muy lindas flores,
  Muchas pastoras y muchos pastores
  Se la ensayaban y á nadi encajaba.
    Y en la cabeza que muy bien entraba,
  Era dichosa y amada en amores;
  L’árbol nombraban manzano d’amores,
  Y era malsano de quien no sanaba.
    L’amor me mandó que yo me probase,
  Dixo riendo que d’él no temiese,
  Con grande temor probé esta aventura.
    Y ántes fué seca que yo la ensayase,
  Porque esperanza ninguna tuviese,
  Qu’el engañoso jamas asegura.


SONETOS. 4. 7.

    Linda Thamar, más bella que la rosa
  Del mes de Abril, cogida en la mañana,
  Saliendo el sol con su estrella Diana,
  Qu’en ver á vos se vuelve envidiosa.
    El sol está miránd’os tan hermosa,
  Como el galan que mira su galana,
  Rie de ver á su estrella tan vana,
  Que competir no es bien con mayor cosa.
    ¿Qué haré yo mirando vuestra cara,
  Sino seguir al sol que os ha mirado
  Y sospirar de mi triste ventura?
    Que no pensé que tanto me costára,
  Que por amar me viese despreciado,
  Que despreciar es contra la natura.

    Supe d’amor una cosa excusada,
  Su condicion cual es en desdichados,
  Y díxome que los trae engañados,
  Promételes y no les tiene nada.
    Quise dejar la empresa comenzada,
  Y en comenzar vinieron mis soldados,
  Temor y amor, que estaban espantados,
  Que yo de vos hiciese retirada.
    Dixéronme, mejor es hacer cara
  Que no dejar de ver cara tan bella,
  Á bien ó mal venga lo que viniere.
    Sin este mal, menor mal me matára,
  Que proseguir con muy buena querella,
  No muere no, que vive cuando muere.


SONETO INTERCALADO.

    ¡Oh quién pudiese vivir sin deseo
  Por no saber qué cosa es desear!
  ¡Oh quién pudiese nunca sospirar
  Por no mostrar l’amor qu’en vos no veo!
    Son el deseo y el sospiro hermanos,
  Y mi tristeza d’ellos es su madre,
  Vuestro desden les es natural padre,
  Y yo el seráu de tales cortesanos.
    Séos decir que mil requiebros siento
  Dentro de mí dó está vuestra idea,
  Que nadi hay que á vos, señora, vea,
    Que no esté mal d’alegre descontento;
  Y es este mal como quien se sonrie,
  Que dentro llora y defuera rie.


SONETO. 4. 7.

    Como el dulzor de la dulce armonía
  Hace acordar cualquier tiempo pasado,
  Tañendo yo, lloro de enamorado
  Lo que no soy, á lo que ser solia.
    La suavidad de vuestra melodía,
  Si vos cantais sois como aquel pescado
  Que hace dormir lo que soy olvidado,
  Y hace ensoñar toda la pena mia.
    Despiértame teneros en memoria,
  Qu’es un reloj que me está despertando,
  Y en acordar me hallo como añoria,
    Que agua doy, mi gran ardor regando,
  Y siempre en vos hallo seca mi gloria,
  Que sequedad todo lo va secando.


SONETOS. 5. 6.

    Nasció cuando os vi lo que no quisiera,
  Que siempre vivió de vos maltratado,
  Tuvo por nombre lo que m’ha quedado
  Desventurado, destraña manera.
    Y es el mal hado que el cielo me diera,
  Él sabe por qué yo fuí malhadado;
  Que muere en nascer, cualquier desdichado,
  Que en veros mostró mi estrella quién era.
    Parezco la flor que muere nasciendo,
  Que nasce en nascer la linda mañana
  Del Mayo gentil, que el mundo recrea.
    Y dándole el sol se seca muriendo,
  Tal soy y seré por vuestra Diana,
  Que ver y cegar verá quien os vea.

    Siempre querria con vos endeudarme
  Para deberos, y no estais contenta,
  Que nunca poneis la cruz en mi cuenta,
  Y en cruz me teneis por crucificarme.
    No por rematar, mas por rematarme
  Haceisme la cruz, de muy descontenta,
  Yo digo que vos haceis la contenta,
  y vos decis no, por no contentarme.
    Yo me pagára de ser mal pagado
  Para que vieran que no sois deudora,
  Que buen pagador de todos es grado.
    Y vos, por mostrar no ser mi señora,
  Nunca mostraste que os fuese criado,
  Que muy mal querer se muestra do mora.


SONETO INTERCALADO.

    Sintiendo voy d’amor gran agonía,
  La cara traigo de color de tierra,
  Ya viene por llevarme quien entierra,
  Que ya murió del todo mi alegría.
    Matóla vuestra grande guerrería,
  Que siempre m’habeis hecho cruel guerra,
  Venciéndome en el llano y en la sierra,
  Que son mi corazon y fantasía.
    Vos m’habeis hecho el corazon muy llano,
  Que guerra del amor lo allana todo,
  Y allanará la ciencia más subida.
    Ganástesme el castillo, y castellano
  Mi entendimiento con mi leal modo,
  Que muy alto subir da gran caida.


SONETOS. 5. 6.

    Del paraxismo d’amor voy tollido,
  Ya m’he venido d’aquel infernado
  Para sí mismo, Cupido malvado,
  Que sólo es de sí quien siempre lo ha sido.
    Por vos me gané, por vos m’he perdido,
  Gané por servir y soy mal pagado,
  No quereis cuenta del bien que he gastado,
  Por no tomalla de haberos servido.
    ¿Qué os costaria decirme, burlando,
  Quieres ser sano, y yo que os dixese,
  Ya fuese por vos, pues soy vuestro, muerto?
    Que no sana mal, que va deseando,
  Si no es con dotor que como vos fuese,
  Que bien aplicar da luégo en lo cierto.

    Tiro mi querer el mal que tirado
  Lo malo de vos, que mal os hacia
  Mal paresceros de noche y de dia,
  Que dar mal por bien es mucho mal dado.
    Vos estais sana, que y’os he sanado,
  Mata venado será mi porfía,
  Yo estoy malsano, morirme querria,
  Por ver si de vos sería llorado.
    Soy como el ámbar que tira pajuela,
  Y así vuestro mal de vos á mí tiro,
  Que y’os doy mi fe que más nunca os duela;
    Pues siempre seréis por quien yo sospiro,
  Que vos para mí sois siempre mi estrella,
  Mas yo para vos no soy lo que miro.


SONETO. 4. 7.

    Rosa d’Abril, cogida en la mañana,
  Saliendo el sol con sus rayos dorados,
  Muy gran olor sentimos los penados,
  Pues huele bien lo que de vos nos sana.
    El Dios d’amor os saca á la ventana,
  L’aire de vos da vista á los cegados,
  Milagros son que vos haceis contados,
  Dejaros ver por dar salud humana.
    Cobran vivir mis cinco sentimientos,
  Vee mi ver en ver quien le ha cegado,
  El toque más que vivo ya se toca,
    Gustar y oler reviven más contentos,
  Pues cobra más del que perdió el cobrado,
  Vive el oir oyendo buena boca.


SONETOS. 5. 6.

    Yo sentí en veros el mal no temido,
  Por lo que dicen del mal de terciana
  Nunca fué visto, se toca campana,
  Tangan á muertos, que siempre lo he sido.
    Malenconía de verme en olvido
  En las entrañas de vuestra desgana,
  Causaron en mí la vida malsana,
  Que vivo por vos, y nunca he vivido.
    Terciana d’amor es mucho más fuerte,
  De frio mayor y más callentura,
  Que mis contrarios de vos y mí vienen.
    D’estar fria vos mi frio es de muerte,
  De yo no lo estar la vida me tura,
  Que mal qu’es por bien extremos sostienen.

    Señala las horas el Norte su estrella,
  Que Norte del cielo d’amor sois, señora,
  Mas nunca señala vengais en buen hora,
  Quien horas amuestra de muerte por vella.
    Es muy mal agüero miralla y perdella,
  Su cara me dice que vaya en malhora,
  La mala ventura muestra do mora,
  Que vista señala lo qu’es de creella.
    Es como quien pierde, quien ha de perderos
  El mar que navega de vuestra belleza,
  Qu’el Norte su estrella do pierde la cobra.
    Pues va navegando por no meresceros
  Por Indias crueles de vuestra crueza,
  Que todo bien falta do mucho mal sobra.


SONETOS INTERCALADOS.

    Pensando en vos está mi pensamiento,
  Alegre y triste por diversas vias,
  Dase á entender no sé qué alegrías,
  Que alegre error amando da contento.
    ¡Qué dulce rato, qué embelesamiento
  Es l’amador creer sus fantasías!
  Matar podrian estas niñerías,
  Que peligroso es gran contentamiento.
    Provee amor con vuestra gran cordura
  Que en el placer se mezcle la tristeza,
  Mareas son de amor que mengua y cresce;
    En la creciente sube mi ventura,
  En la menguante que es vuestra crueza
  Baja en l’amar d’amor quien n’os merece.

    Dulce cuidado y amargo deseo
  Me tienen puesto en prision muy contenta,
  Contento estoy de vida descontenta,
  Pues fué por ver y por lo que no veo.
    No sé yo cómo ni con quién peleo,
  Que con mi cuenta no se traiga cuenta,
  Todo lo veo mucho á mi descuenta,
  Mi mucho amor y el que de vos no creo.
    ¡Oh dulce mal con hiel siempre á la boca
  Acaba ya de darme muerte ó vida
  Por ver cuál es el fin de mi ventura.
    Si soy de vida, ¿cómo es ya tan poca?
  Si soy de muerte, acorta mi partida,
  Que mal d’amor sin fin no tiene cura.

Dixo la Reina: Don Luis Milan, por vida de Matalinda y Matacruel, que
canteis las coplas que por esto hecistes, y de palabra nos conteis la
historia.

Señora, porque sepan mejor las coplas á vuestra alteza, ántes de cantar
diré lo que me siguió: Yo hablaba algunas noches á una burladora que
servia, y cada noche la desconocia, que todolo suele mudar el engañar.
Yo le dixe: Tantas mutaciones de hablar haceis, que no sé con quién
hablo: decíme ¿cómo habeis nombre? Respondióme: A mí me dicen una noche
Matalinda y otra Matacruel. Díxele:

    Si con tantos servidores
  No poneis tela, señora,
  No sois buena burladora.

Por eso Joan Fernandez jura muchas veces por vida de Matalinda, y don
Francisco os dixo en una fiesta: Ios para Matacruel; que por bajo
que lo dixo, mucho más bajo fué él que no se ha de descuidar el buen
hablar. Bien será porque sepamos que baile de tres bailamos; que d’esto
unas coplas haga, y serán reseña y paga para pagar tales fiestas, y son
éstas:

    Gran bien es pensar en vos,
  Y gran mal tambien, señora,
  Contemplaros matadora
  Para dar muerte á los dos.
    La vuestra quiero mostrar,
  Que ya os huyen de cruel,
  La mia no es de dudar,
  Que Cain sois en matar,
  Yo en morir un otro Abel.
    ¿Matalinda no bastára
  Que os quedaba por renombre,
  Que Matacruel por nombre
  Os pregonan cara á cara?
    Dejad nombre de traidor,
  Que cruel sabe á traicion;
  Todos os tienen temor,
  Sino yo, que os tengo amor
  Á razon ó sin razon.
    Si lo haceis porque n’os sigan,
  Siendo más para seguiros,
  Es vos misma perseguiros
  Que Matacruel os digan.
    Como hierba os dejarán
  No cogida de recelo;
  Que en los berros la hallarán,
  Y en veros luégo dirán
  Huyamos del anapelo.
    Muy mejor seréis nombrada
  Matalinda de lindeza,
  Que del nombre de crueza
  Quedaréis desacatada.
    Que si á vos os van nombrando
  Matacruel de crueldad,
  Quedaré por vos en bando,
  Y con todos peleando
  Que es mentira la verdad.
    Bien sé que os enojarán,
  Mas debeislo de sufrir,
  Cuando vos oiréis decir:
  No lo hagais, no lo dirán.
    Basta que lo vengue yo
  Con obras, y responder
  Que si en otras amargó,
  En vos dulce paresció
  Lo que amor nos da á comer.
    No penseis que voy tras pago,
  Que bien sé con qué pagais;
  De vos misma os olvidais,
  Cuanto más de lo que yo hago.
    Aunque más está en razon,
  Que haceis del olvidado,
  Para dar satisfaccion,
  Que teneis por condicion
  Corazon desacordado.
    Vos teneis mucho por gala
  Reiros á costa ajena,
  Es muy mala para buena,
  Y muy buena para mala.
    Si al contrario paresciese,
  Muy mejor paresceria,
  Porque de vos se dixese:
  Quien de vos, señora, fuese,
  De ninguna más sería.
    Mudad de costumbre ya,
  Que por vuestro bien lo digo,
  Y haréis de todo enemigo,
  Que enemigo no será.
    Si me fuesen más traidores
  Que fué Júdas para Dios,
  Por oir de vos loores,
  Más quiero competidores
  Que velles huir de vos.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, si os cansais de cantar, n’os canséis de
contar más sonetos, que no son para cansar los graciosos sonsonetos.

Dixo don Diego Ladron: y decidnos la razon cómo quedará un soneto para
que sea perfecto.

Item, don Francisco dixo:

    Por quitar un dixo dixo
  De perversos pareceres,
  Que juzgan á sus placeres,
  Decidnos lo que sabeis
  De los sonetos que haceis.

Joan Fernandez se rió y díxoles: Aquí estoy yo que lo diré.

    Ellos han de ir muy derechos,
  Que no puedan coxquear,
  Porque el morisco Alatar
  No los vea ir contrechos.
    Item, más han de mostrar,
  El sol que no esté nublado;
  Que no vayan á buscar
  Lo presente y lo pasado
  De la razon,
  Que nublados muchos son.
    Item, más han de tener,
  Que si querrán dellos coger
  Frutos para alguna dama,
  Que no sean todo rama,
  Que enramadas son de fiestas
  De verano
  Los que son pajar sin grano.
    Item más no queden frios,
  Que si dicen desvaríos
  En los modos del hablar,
  Guárdense de no topar
  Con don Artal.

Dixo don Luis Milan:

    Burla burlando,
  El Joan dixo verdades,
  Que burlas no son maldades
  Avisando.
  Y pues ya no he de cantar,
  Sino contar los sonetos,
  Bien podrémos discantar
  Los sonsonetes.

Y comiencen á templar, que bien hay que discantar en mí.


SONETO. 4. 7.

    No porfiar hablando descontentos,
  Dos cosas son que dan bien al oido,
  Sabido ser y ser muy bien sufrido,
  Que la valor sufrida es en tormentos.
    Dama real, vos dais merescimientos
  Como da el Rey, que todo l’es debido;
  Mas crueldad y desagradescido,
  Parescen mal en todos estamentos.
    Mi reina sois, yo soy vuestro vasallo,
  Mandar podeis á tuerto ó á derecho,
  El tuerto soy, pues vos me habeis cegado.
    Derecho no, que cojo y manco me hallo,
  Su crueldad me tiene muy deshecho,
  Por bien mirar me veo mal mirado.

Dixo don Diego: Templado ó destemplado, yo quiero discantar sobre
este soneto, que yo sé una glosa d’él y es: Que don Francisco y Joan
Fernandez servian á dos viudas que en una casa estaban, y burlaban
d’ellos en secreto, y en público no traian cuenta con ellos. Solian
hablar alguna noche de una ventana, y ellos de una huerta, y de muy
enamorados, algunas veces se desconcertaban, y ellas les decian: Don
Joan tuerto, todo estais un desconcierto. Y él respondia: Si he hablado
desconcierto, allá me teneis un concierto. La otra decia: Don Cojo
Francisco, ¿quién os puso en tal arrisco? Respondió él: Si soy don Cojo
Francisco, allá me teneis un pellizco. Y ellas, enojadas de alabarse
de lo que no era verdad, me contaron que una noche les dejaron entrar
en casa para pagarse d’ellos, y encerrólos en una cocina una criada
d’ellas, diciendo que allí estaban más secretos; y las viudas de una
ventana hacíanles arrojar un agua almangrentada á sus criadas, diciendo
todas: Don Joan tuerto deslenguado, bien estais almangrentado; tomad,
don Cojo Francisco, pues mentis con el pellisco.

Y fuéronse como merescian por el terrado de casa, que les dió salida
una vecina.

¿Qué meresce quien deshonra? Que no se le haga honra.

Dixo don Luis Milan: Hagamos honra á este


SONETO. 4. 7.

    Yo retraté su gesto muy hermoso,
  Y téngole perfeto retratado,
  Cuando no estais haciendo el desdeñado,
  Que feo está mirar muy desdeñoso.
    Rato me dais que no sé qu’es reposo
  Cuando mirais, mirar desamorado;
  Tal me parais, de vos muy mal parado,
  Que muérdome las manos de rabioso;
    Y en veros tal, rabiosa por matarme,
  Corriendo voy á ver vuestro retrato
  Por descansar mirand’os en pintura.
    Y el dios d’amor, por más desengañarme,
  Húrtamela por darme muy mal rato,
  Que del mortal le huye su natura.

Dixo don Francisco: Señor Duque, este soneto recita la farsa que Joan
Fernandez hacia, y era que en su oratorio tenía el retrato que hurtó
á don Luis Milan de la dama que servian, y en ella hacerle mala cara,
luégo le decia: Yo me voy á ver vuestro buen gesto, pues este que me
haceis no es sino el de Marifea, vuestra favorecida; que el compañero
sella como sello. Y con gran prisa iba á su casa, y algunas veces no
hallaba el retrato, y él decia cantando:

    ¿Dónde estás, que no te veo?
  ¿Qu’es de tí, pintura mia?
  Vuelve, que verte deseo,
  Si estás en la morería.

Y esto cantaba porque sospechaba que una mora hechicera, de quien
él estaba hechizado d’amores, se la tenía, porque le dió á entender
qu’el dios d’amor se lo traia. Y era que una criada de su mujer se lo
llevaba á la mora para composar á Joan Fernandez cuando se lo volvia,
partiéndose las dos la composicion.

Dixo don Luis Milan: Tan buena me ha sabido la glosa, que por oir otra
diré luégo este otro


SONETO. 4. 7.

    Seguir á quien ningun respeto tiene
  Sino mandar y nunca ser mandado,
  Es de cruel que manda su criado,
  Y d’este mal alguna merced viene.
    Mas yo de vos, por más y más que pene,
  Por bien servir no soy galardonado,
  Mas de tener por vos ser muy honrado,
  Que mal qu’es bien en honra nos sostiene.
    Contento estoy d’estar en vuestro puesto,
  Vos no debeis del mio estar contenta,
  Pues nunca estais en puesto de mi juego.
    Parésceme juego de cañas esto;
  Tirámosnos las cañas d’esta cuenta,
  Yo juego bien, y vos haceis mal juego.

Dixo Joan Fernandez: Adargaos, don Diego, que vos recebiréis. Bien se
os acuerda que una vieja de sesenta años se os hacia moza de afeites
y mechuelas de cabellos rubios, dándole á entender que la servíades:
Que la natural cordura en ningun tiempo asegura; y vos íbades tras
una sobrina suya secretamente, y cuando ella se dió cata del engaño,
matábala á pellizcos, diciendo: Toma, porque te festeja don Diego el
desbocado, que á tu puesto se es pasado; y la sobrina, pellizcada por
vos, en una fiesta os dixo:

    No me sirvais, caballero,
  Ios con Dios,
  Que pellizcada voy por vos.

Dixo don Luis Milan: Si Martina bailó, tómese lo que ganó; porque baile
otra Marina, quiero decir otro


SONETO. 4. 7.

    Espejo sois d’amor desamorado
  Para quien es á vos muy enojoso,
  Mírase en vos, y no se ve hermoso,
    Que feo está un rostro desdeñado.
  Y el que será muy hecho á vuestro grado
  Parecerá Narciso glorioso,
  Que gentil es un feo venturoso,
  Y no es gentil quien es desventurado.
    Tal os miré, cual quedo por memoria,
  Un Lucifer muy desfavorecido,
  Vos un Luzbel de muy gran hermosura.
    soy Luzmal, caido de la gloria,
  Pues deseé ser yo con vos unido,
  Que pena da lo que se desmesura.

Dixo don Diego: Juan Fernandez, este soneto os va cantando: Joan, arte,
Joan, arte,

    Buen caballero probado,
  Acordarte se debria
  D’aquel buen tiempo pasado.

De lo que pasó por vos, que diciendo muchas veces: Espejo mio, espejo
mio, á una cara de luna de fuego que vos servíades, que pensando que
la motejábades, se enfadó tanto desta frialdad que os dixo: No me lo
digais más, que me enojais; y estando un dia enrubiándose los cabellos
en su terrado, y vos escondido en un gallinero de su casa, hecistes
el gallo porque se volviese á miraros, y en veros le dixistes: Espejo
mio, y ella os le tiró á la cara diciendo: A quien no pensando enoja,
volvelle la hoja. Pues tan bien me pagan, hé aquí un otro


SONETO. 4. 7.

    Nunca pensé que mal por bien viniese,
  Y mal por bien por vos me ha venido,
  Vínome: el mal, y todo m’ha tollido,
  Que mal frances pensé luégo que fuese.
    Yo le rogué su nombre me dixese,
  Y díxome: yo soy nombrado olvido,
  Vengo á matar á quien bien ha servido,
  Que el dios d’amor mandó que yo lo hiciese.
    Doña cruel tu dama fué la parte,
  Ventura el juez, yo soy verdugo della,
  Dice el pregon: éste es el desdichado.
    Que siempre fué d’amor un Durandarte,
  Y mándanle que muera por no vella,
  Que muerte dá no ver lo deseado.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, este soneto debia ir como carta nueva
por Valencia cuando fuistes infamado de mal frances, que vuestra dama
os dixo en una fiesta: No se llegue más á mí quien se pasa á los
franceses; y una amiga suya lo declaró, que no se debe declarar lo que
puede enojar, y dixo: Eso mal frances será, señor, de bajo amor. Otra
dama dixo: No es ese mal por cierto, sino que su dama le ha dicho que
no la vea ni oya mas, y él, por obedecerla, trae la gorra encima de los
ojos por no vella, y algodones en los oidos por no oilla; que por esto
sacó un ahorcado en una justa, con este mote: ahorcado amador, ni ve ni
oye d’amor.

Dixo don Luis Milan: Resucite el ahorcado con este


SONETO. 4. 7.

    Temor y amor, amor es verdadero,
  Y de temor en veros me santigo,
  Pregúntanme si veo al enemigo,
  Yo digo sí, que de enemiga muero.
    Y del amor queriendo como os quiero,
  Vengo á temblar si alguna cosa os digo,
  Por acertar errando voy conmigo
  Que ce por be y’os digo en cuanto quiero.
    No respondeis; si toco vuestra aldaba
  Dais en callar, al son de mi sospiro,
  Vengo á parar en mármol convertido.
    Y para estar como primero estaba,
  Despárame Cupido nuevo tiro,
  Que nuevo mal recuerda amortecido.

Dixo don Diego: Yo traia una dama á vesita un dia, y salió tras canton
un caballero, y en topar con nosotros se santiguó; yo díxele: Joan
Cruzado, ¿de qué os santiguais? ¿veis al enemigo? respondióme: Sí, que
de enemiga muero. Pareció tan galan, que no quisiera que tambien nos
pareciera el señor Joan Fernandez.

Dixo don Luis Milan: A este cuento no se ha de responder agora por no
estorbar este


SONETO. 4. 7.

    La perramor es esta perra mia,
  Que pena fué, pues me mordió rabiando,
  N’os enojeis si os voy acomparando
  Al animal que más veros querria.
    Es muy leal á aquel que dél se fia,
  Es todo amor á quien lo está halagando,
  No es ella ansí, mas siempre va ladrando
  Para morder lo que sanar debria.
    Curar debeis la llaga que me hecistes
  Con piedad que damas hermosea,
  Que, vivo yo, mejor seréis servida.
    No seais vos lo que no sois ni fuistes,
  Que puesto que sois de hermosura dea,
  Lo que no es Dios no sea mata vida.

Dixo Joan Fernandez: Con otro cuento muy mejor respondo á don Diego
Apodador; y es éste, que los dos nos hallamos en una vesita de damas en
casa de mi hermana doña Marquesa, y él vendió este soneto por suyo, y
díxolo para decir perra á una que servia de las que estaban allí, y su
dama le dixo: Don Diego Perramor, ¿de quién andais servidor? Respondió
por él un otra dama, que él se lo rogó: De sí mismo se enamora, que
Perramor es su señora. Dixo otra: Y cuán perro es el señor que
mordiendo va d’amor. Y vos os fuistes, un pañizuelo rasgando, como
perro rabiando.

Dixo don Luis Milan: Pues Joan Fernandez se ha vengado, oyan si querrán
oir otro


SONETO. 5. 6.

   Quien osaria por mucho que osase,
  Tener tal ser de ser atrevido,
  Probarse con vos á brazo partido
    Si no fuese ya que desvariase,
  Si mi loquear en esto parase
  Pues fuese por vos su seso perdido,
  Meresceria lo que es merescido,
  Quien hizo al loco que le perdonase.
    Á ley de razon si estoy loqueando,
  Pues vos lo causais, yo soy desculpado,
  Que no tiene ser quien es para poco.
    Si loco con vos me viese luchando,
  Debria de ser de vos perdonado,
  Que no es buen amor si no es amor loco.

Dixo don Diego: Este soneto hará saber á quien no sabe unos requiebros
lirianos, que en Liria dixo el señor don Joan Fernandez, y son éstos;
hallóse en una vesita de una partera liriana, que le tenian hecho un
liriano de amores, y díxole este soneto que habia amparado á don Luis
Milan, y en haberlo dicho desampararon las mujeres la vesita, pensando
que quisiese luchar con alguna de ellas, que de todas iba servidor á
jornadas; y él se fué tras ellas diciendo: no le huyais al loco de amor
si es buen luchador. Dixo don Luis Milan: pues se vió tan mareado el
señor Joan Fernandez en Liria, oya al propósito un otro


SONETO. 4. 7.

    El marear que el mar d’amor nos hace,
  Es muy peor qu’el mar que se navega,
  El mar d’amor muy más veces reniega
  Y mueve más, pues con placer desplace.
    Desplácenos con lo que más nos place,
  Con el mirar que nos contenta y ciega,
  Y este placer á mucha gente niega,
  Y en tierra y mar amor hace y deshace.
    Digámosle del mar suyo almirante,
  Que es el marqués de libertad perdida,
  Duque tambien de voluntad humana.
    Conde de paz, sino reina levante,
  Y rey del fin y reina sin medida,
  Que amor es rey do voluntades gana.

Dixo Joan Fernandez: Este otro soneto hará saber cómo le fué al señor
don Diego acompañando unas damas que fueron á ver las galeras de don
Álvaro de Bazan, y en ser luégo en barca se mareó en tanta manera, que
le pusieron nombre don Diego mareado, y volviéronlo á tierra y á su
casa en una litera á la noche, y las damas le iban cantando:

    Mal amar os prueba mucho,
  Caballero,
  Debe ser de mal parlero.

Y él respondió:

    Mareado estoy d’amor,
  Que dado me han competidor.

Dixo don Luis Milan: Para sanar este mareado d’amor que se conhorte con
lo que dice: _Solatium est miseris socios habere penates_, doy este


SONETO INTERCALADO.

    Soñado he lo que no fué soñado,
  La triste muerte de Leandro y Hero,
  Amor y muerte fué con ellos Nero,
  Que amor se vuelve muerte al desdichado.
    De su torre por él se ha arrojado
  En ver que se ahogó su caballero,
  Pasando el mar d’amor tan verdadero,
  Sus vidas con sus muertes han casado.
    Tal soy, como Leandro, más que muerto
  Por olas d’este mal de mi enemiga,
  Vos no sois Hero, sino Nero mia.
    Aquél pasando el mar gozó de puerto
  Los dias que vivió con su fatiga,
  Yo por mejor Leandro ser querria.

Dixo don Francisco: Mejor se hallaria ahora una Nero á cada paso que
media Hero en medio mundo.

Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Por no haber ya ningun Leandro no
se halla Hero alguna.

Respondió Joan Fernandez: Esta casta de enamorados yo la he conservado
hasta agora, que no ha mucho que estaba yo hecho un Leandro medio
muerto de amores al pié de una torre, y no faltó una Hero que pensando
que yo estaba muerto se quiso echar, si yo no echára de presto un
sospiro que la detuvo, que no se echó de la torre abajo por mí, y dixo:
A no sospirar mi Leandro, yo me desesperaba como Hero.

Dixo don Luis Milan:

    Nunca fuera caballero
  De damas tan bien querido,
  Como fué Joan Leandro
  De una Hero que no ha sido.

Y no porque no se hallen Heros y Leandros, mas no se hallará Leandro en
tal Joan, que sus amores flojos van;

    Pues que no osaria nadar
  Por aquel brazo de mar,
  Que á nado le pasaba
  Leandro cuando nadaba,
  Una legua por la mar,
  Para á su Hero llegar.

Dixo la Reina:

    Perdido se ha l’amor
  En Valencia,
  Aunque no en una excelencia.

Respondió el Duque:

    Ni ménos perdido le han
  Un alteza y un milan.

Replicó la Reina:

    Para hacer que no me enojen
  Sus amores,
  Sácame mis burladores.

Dixo la señora doña Margarita de Peralta:

    Ya no se hallarán Leandros
  Amadores,
  Sino landres en amores.

Respondióle Joan Fernandez:

    Pues yo sé una Hero sin falta,
  Qu’es una linda Peralta,
  Que el galan que la sirviese,
  Leandro por ella volviese.

Dixo la señora doña Beatriz de Osorio:

    Si un Leandro verdadero
  Fuesen hoy dia á buscar,
  Para nunca sospirar,
  En don Diego Maltequiero
  Este amor podrán hallar.

Respondióle don Diego Ladron:

    Si una verdadera Hero
  Buscan para burladora,
  Osorio es esta señora,
  Que se nombra doña Nero.

Dixo la señora doña Marina de Tobar:

    Si un Leandro amor se hallase,
  L’amor resucitaria;
  Y si mucho se buscase,
  En don Francisco se hallaria.

Respondióle don Francisco:

    Señora doña Marina,
  Si en ella un Hero viese,
  Y Leandro me volviese,
  No me ahogue su Marina.

Dixo don Luis Milan: Hero en latin quiere decir yo seré, si una Leonor
Galan d’esto se quiere servir, la serviré.

Respondió la señora doña Leonor:

    Si Leandro quereis ser,
  ¿Cómo puede faltar Hero
  Á un amor muy verdadero?

Dixo el Duque: Ya veis cuán infamada está Valencia, que no hay amor
en ella; y esto no viene sino por un gran descuido que se tiene, que
no quieren ser buenos oficiales los caballeros en su oficio, que es
saber á maestro en todo lo que no debe ignorar un caballero, que para
ganar buen nombre críanos naturaleza, y quiere que se ayude el hombre;
y exercitándose en las virtudes, el cielo da la gracia para alcanzarlas
y la paga para remunerarlas, porque no hay bien sin amigo ni mal sin
castigo: y así como la verdadera justicia remunera lo bueno y castiga
lo malo, los príncipes para ser buenos deben galardonar á los buenos
y castigar á los malos, que el galardon hace los hombres mejores y el
castigo que no sean peores. Mucha culpa tienen los padres si sus hijos
se pierden á culpa dellos, pues hay algunos que tienen más cuidado de
hacer un buen caballo que un hombre bueno; y por esto dixo un cortesano
portugues, á quien fué demandado qué le parescia de una ciudad muy
nombrada que habia visto: Heu e visto muytos homos boos para cavalos
e muytos cavalos boos para homes; queriendo decir lo más malo que una
república podia tener y lo mejor que poseer debria, que son hombres,
como hacia un filósofo viendo su ciudad de Aténas muy perdida por falta
de hombres, que iba de dia con una lanterna encendida poniéndola á la
cara de cuantos topaba, y decíanle qué buscaba, y él respondió: Busco
hombres y no los hallo. Y por esto don Luis Milan dixo que el caballero
bien aderezado sólo de cuerpo, y no de alma, le podrian decir don Pedro
Mula ó don Juan Caballo; y tornando á nuestro propósito, para que el
amor se cobrase en Valencia, sería menester hacer leyes para algunas
damas, que no se descuidasen de hacer lo que deben, y á los caballeros
que supiesen cómo las han de servir, y sería de parescer que mañana,
despues de haber comido, acudiesen aquí las damas que venir querrán,
para que se hiciesen á voluntad de todos estas leyes, que no reina
amor ni rey sin tener ley. Paresció bien á todos, y quedaron con este
concierto.

El otro dia no vieron el hora cómo acudir y acudieron muchos caballeros
y damas á esta sala-córte, que se tuvo en la sala mayor del Real, donde
el Duque y la Reina se pusieron sobre un teatro de quince gradas en
alto, y los caballeros en un cadalso y las damas en otro, y el Duque
proponiendo, dixo: Señores, Valencia está muy infamada por todo el
mundo, de muy desamorada, que ningun amor hay en ella; para que se
cobre el amor y la fama della, fuy de parescer que, á voluntad de
todos los que aquí están, se hagan leyes para que las damas sean
bien servidas, y los caballeros que lo habrán menester sepan en qué
las han de servir, y diga cada uno de qué está agraviado del otro, y
concertados todos haráse ley sobre ello.

Comenzó don Rodrigo de Borja, y dixo: Yo estoy agraviado d’esto que
hacen las damas, no dan crédito en amores que caballero tenga amor,
y hanse vuelto burladoras, y el galan más burlador, que perdido el
crédito se pierde el amor.

Respondió la señora doña Ángela de Aragon y del Milan, condesa de
Almenara, y dixo: Señor don Rodrigo, si las damas lo son, no han de
sufrir á los caballeros que digan á la que sirven requiebros sin
sospirar, que es indicio de burlar, ni ménos se requiebren sino con sus
damas; que l’amor que es chocarrero, no sospira y es parlero.

Sobre esto hizo el Duque esta primera ley:

    Lo que está en ley sea ley
  Que sospire el servidor,
  Y si no es sospirador,
  Tenga con su dama ley.
    Y será la que y’os digo
  Que requiebro nunca diga,
  Sino sólo á su amiga,
  Sino, denle al enemigo.

Dixo don Diego Ladron: yo estoy muy agraviado de la mala condicion que
las damas tienen, que siempre nos muestran zuño, que nublos de piedra
son zuños de mala condicion, y temiendo de pedradas huimos de nuboladas.

Respondió la señora doña Mencía Manrique: Señor don Diego, merescen ser
apedreados y ver zuños muy nublados los que tienen tan poco miramiento,
que sin saber la condicion de su dama la sirva el caballero, pues es
cierto, quien contra condicion irá, piensa servir y enojará.

El Duque rió mucho de los zuños nublados, y hizo esta segunda ley:

    Deben saber la condicion
  De cualquier servida dama,
  Para bien servir quien l’ama,
  Pues está mucho en razon.
    Que contentacion no da
  Sin la condicion seguir,
  Que pensando bien servir,
  Deservir parescerá.

Dixo don Berenguer Aguilar: Yo tengo un agravio de las damas, que son
mucho descuidadas, que nunca responden á lo dicho sino, ¿qu’es eso que
me habeis dicho? que nunca bien responderá quien nunca está en lo que
está.

Respondió la señora doña Castellana Belvis: Señor don Berenguer, si lo
que me han dicho es verdad, vuestra merced más tira á engordar que á
festejar; y si es ansí, los descuidados con descuidos son pagados.

El Duque hizo sobre este caso esta tercera ley:

    No deben ser descuidados
  Que muestran desamorados,
  Que descuido es accidente
  Que muestra quien poco siente.
    El que falta en aguardar
  Falta muestra en el amar,
  Qu’el amor muy más se muestra
  En las obras que á la muestra.

Dixo Joan Fernandez: yo tengo un muy grande agravio que las damas nos
hacen, y es la deslealtad que tienen, que poco há se estaban alabando
en una vesita, deciendo: Pues tenemos el palomando sobre los amadores,
hagamos que sientan el palo porque no tengan el mando.

Respondió la señora doña Hierónima su mujer: Tostemps feu lo Margarit,
per vesites aguartant encenser que va encensant, fum de noyes vos han
dit.

Dixo el Duque: Nunca mejor apodo se dixo, encensero de humo de nuevas.
Señor don Luis Margarit, avisadamente dió ocasion la señora doña
Hierónima que hablase, que mucho se pierde en callar un buen hablar; y
escuchen, que á todos comprende esta cuarta ley.

    Nadi sea desleal
  En obrar, mirar, ni hablar,
  Que traicion es en amar;
  Vamos todos al igual.
    Y para muy justa ser
  Tengan libertad si quieren,
  A quien ley no le tuvieren
  Que no la haya de tener.

Dixo don Luis Margarit: Señora doña Hierónima, pues me hizo encensero,
yo quiero encensar para humo quitar entre damas y caballeros; Cupido
me aparesció esta noche pasada y díxome: Tú has de proponer mañana en
la sala-córte un agravio que se hace muy grande en los amores, que da
ocasion de mucho mal y es éste; que los enamorados nunca deben reñir
con sus competidores, por no dar que hablar á miradores echando juicios
temerarios sobre las honras de las amadas y amadores, que la causa del
reñir ha de ser para alabar y no infamar. Mas no deben negarse las
cortesías á la italiana; háblanse sin tener gana por quitar mal decir
y mal pensar, y la estrecha amistad no la deben detener, que es muy
malo de comer, en la mesa, que es traicion ó gran simpleza. Que la dama
no sea fia, de simple ó falsa compañía; y es de tener por mucho mal
parecer.

Respondió la señora doña Hierónima: Ab molta raó he donat occasió que
vossa merce parlas. No se puede decir más donde responder es ménos.

Al Duque le paresció muy bien, haciendo sobre esto esta quinta ley:

    No paresce bien que sirve
  Reñir con el competidor,
  Qu’es locura ó poco amor
  El que sirve si desirve.
    Y da mucho que hablar
  De lo que no es bien decir,
  Y si debe de reñir,
  Sea para más honrar.

Dixo don Francisco Fenollet: Un grande agravio quiero proponer por
parte de la Vénus, madre de Cupido, qu’esta noche me vino en sueños y
díxome: Mañana en la sala-córte has de proclamar que no se consienta
mentir mal, sino bien, en los amores; yo le dixe que me dixera cuál
era mal ó bien mentir. Respondióme: Aquel es mentir bestial, qu’es
causador de mucho mal, y el que mal no puede hacer es mentir para
placer. Entendido que hube que hay buenas mentiras, yo desculpé á
Joan Fernandez de sus cuentos, pues no son yerros, aunque lo son por
ser de baja nascion, que de bajos podrian ser contrabajos de música
desentonada, pues que todos son risada para bocas de reir, que se rien
sin sentir, como papagayos son risueños sin intencion.

Dixo la señora doña Violante Mascó: Si supiese quién sana de mucho reir
querria desto sanar, para no dar que hablar si rio de no sentir, qu’es
peor que mal pensar.

Dixo el Duque: Tan bien me ha parecido lo que ha dicho la señora doña
Violante como todos lo verán en esta sexta ley:

    Cuando no s’ha de burlar
  Nadi sea fementido,
  Que no debe ser creido
  Quien no puede acreditar.
    Y lo que burlar se puede,
  Sea para dar placer,
  Mentir con tan gran saber,
  Que por verdadero quede.

Dixo don Luis Vique: Esta mañana, cuando amanescia, entre durmiendo
y velando, sentí una voz de mujer que mostraba ir en pena como la
que sintió Julio César, estando para pasar el rio Rubicon, cuando se
determinó hacer guerra contra los romanos sus enemigos, que por lo que
le dixo esta vision, vino en conocimiento ser la ciudad de Roma, que
le contó las grandes fatigas que sintió por las crueles guerras y mala
voluntad que entre sus ciudadanos habia; por donde yo tambien he venido
á conoscer quién es ésta que me aparesció. Y es la ciudad de Valencia,
diciendo que yo hiciese una figura que la representase delante vuestra
excelencia para que la desagraviase de los agravios que está agraviada;
y dejóme en un papel escrito todo lo que por parte suya se habia de
suplicar. Ya la veo entrar, desagráviela vuestra excelencia para que
torne á ser Valencia. Hecha la entrada y acato debido al Duque, dixo:

Excelentísimo señor, yo estoy agraviada de las damas que están hechas
tan á su placer, que todos los servicios que les hacen sus servidores
los toman á burlas; que no es de burlar lo que no se debe olvidar;
y aunque todo se les debe, debrian quedar deudoras para mostrarse
agradecidas y no desconocidas. Yo me veo muy mal pagada dellas, que
siendo mis hijas me hacen obras de enemigas; pues con los menosprecios
que hacen se retiran los que las sirven de servirlas, que bien dice
este dicho: Por do se piensa ganar se pierde el desengañar. Piensan
ganar mucho con despreciar algunos que no son para servirlas ni para
ser sus criados, y ellos quedan sin oirlas ni verlas de maltratados.
Que no es bien dar ocasion perderse la reputacion, pues la dellas y
dellos se pierde en perderse la crianza, que cada uno dellos podria
decir al otro, viendo la vuestra se pierde la mia. Suplico á vuestra
excelencia, pues ha hecho leyes para los caballeros, se haga para las
damas; y todos haciendo lo que deben yo seré Valencia, que agora no soy
sino Desvalencia.

Luego salió con un agravio don Joan de Cardona y dixo: Señor, yo estoy
maravillado de las damas, que por haber la primera dellas sojuzgado
al primer hombre, quieren tener el mando sobre nosotros, que nunca
mejor cosa se dixo, que decille palomando, haciendo al hombre palo,
y á la mujer mando. Y no lo digo por los casados que no están desto
agraviados, sino de los por casar, que mejor paresceria no fuesen
maltratados los que no pueden llegar con quien aman á ser casados, que
si no son para maridos en más deben ser tenidos, en servir sin esperar
galardon por bien amar; y por esta razon las damas se debrian dejar
servir de todos los caballeros, porque no se pierda lo que tanto se
gana.

Respondió la señora doña Margarita de Peralta, y dixo: Mucho se ha
maravillado el señor don Juan de Cardona, y ha quedado una flor de
maravillas, que huele bien lo que ha dicho y parece mal, pues no se
usa; temiendo estoy que se han de secar sus flores á la salida del sol
de mi razon, que ya sale y digo: Que del palomando que ha dicho, lo
mejor d’este nombre es que el hombre sea palo para sostener el cuerpo
de los trabajos que tiene el deseo del amor, y la mujer ha de ser el
mando para moderar su mal desear de los apetitos desmesurados que
vuestro Cupido tiene; y si á vuestra excelencia le parece que yo he
ganado este palomando, qu’es tener nosotras el mando para que no se
desmanden los malos deseos de los que nos sirven, póngalo en la ley que
se ha de hacer.

Dixo el Duque: En razon está todo cuanto ha dicho la señora doña
Margarita de Peralta, que su nombre dice: _Per alta piace_, como dirá
esta séptima ley:

    Por alta place la dama
  Que bien mandando manda,
  Pues que no se desmanda,
  Mande la buena fama.
   Quiero decir, señores,
  Que el mando esté en mujeres,
  Por moderar placeres
  Que gastan los amores.

Don Joan de Cardona salió con otro agravio, y dixo: Los caballeros
estamos muy agraviados de las damas que no se quieren tener á ley,
mostrando la poca que tienen en dejarse servir de muchos caballeros; y
si dicen que nadi puede forzar á no ser bien quisto es muy gran verdad,
mas puédense mostrar con demostraciones las intinciones, que en la cara
pueden ver lo que siente de pesar ó de placer. Responderán las damas
que si no se puede atajar de ser amadas, ménos se podrá excusar si
l’amor les hace fuerza para amar, y páguenme de procurador por haber
respondido lo que nunca respondieran; porque jamas han otorgado, que
mujeres han amado.

Dixo la señora doña Beatriz de Osorio:

    No hay don Joan más avisado
  Que sólo en él paresce bueno,
  Si habla el suyo y l’ajeno.

Una cosa me paresce decir que se ha olvidado, que aquello que no toca,
suélelo callar la boca, y es que si la dama muestra estar descontenta
del que la sirve, sea desculpada quien no consiente ser amada.

Dixo el Duque: Muy poco trabajo hay de hacer leyes entre los muy bien
hablados, que hablando hablan leyes avisados. Y pues ya está platicada
diréla más abreviada, esta muy importante octava ley:

    Las damas que con ley van,
  Nunca deben consentir
  Que las haya de servir
  Sino sólo su galan.
    Si no se puede atajar,
  Muestre con demostracion
  Que no está en su corazon
  Lo que no puede excusar.

El almirante de Aragon salió con luto por la muerte de don Berenguer
Mercader, que murió d’amores por una crueldad que las damas usan, y
dixo: Grande agravio nos hacen las damas, que siendo gasta hombres,
no quieren dalles adobo, que á ser guantes los adobarian No sé qué
sufrimiento basta, que una dama de nuestra tierra la haya puesto sobre
los ojos al muerto qu’he nombrado, porque le vino cuerdo para servirla,
y ella le volvió insensible de mucho sentir lo que le despreció. Razon
sería que al servidor, que le trastornan el seso, diesen adobo con
ámbar de bien tratar, y almizque le compasion y que dixesen: Cuerdo es
bien amador que pierde el seso de amor, y si no pudiera hablar, diga
yo le haga callar y diga, si locuras dice, no me enoja lo que dice,
y si dice necedades, conténtense de haber traido al hombre fuera de
sentido.

Respondió la señora doña Marina de Tovar: Muy bien ha pintado el
señor Almirante á su placer y á nuestro pesar, si él fuera dama
peor le sabria sufrir locuras y necedades en amores que ganarle sus
competidores; yo quiero ser de su parte, pues es el todo de la razon,
que en ley está, quien hizo el loco que lo sufra, como dice este
cantar: Quien gasta debe adobar.

Dixo el Duque: No se debe responder donde todo es aprender, y doy por
respuesta la vuestra plática, que es esta novena ley:

    La dama que su hermosura
  Hace al hombre enloquecer,
  Quien hace el seso perder,
  Súfralo como cordura.
    Que de ser bien avisado,
  Se pierde el seso por amar;
  Adóbelo para adobar
  Lo que muy bien ha gastado.

Don Miguel Fernandez dixo: Si no fuese gastar el dia llorando,
demandaria justicia d’esto. Las damas ayudan á mal morir á sus
servidores, que riendo se mueren de amores, y el hacer morir riendo
es matarnos halagando. Yo creo que les dan á comer de la hierba de
Cerdeña, que se dice matariendo, que riendo d’él se muere, quien do
no le quieren quiere; y ésta es la hierba de Cerdeña que le dan, que
por ser de mal querer, qu’es mala tierra, con la vida nos entierra.
Yo, señor, suplico por vos á vuestra excelencia, y por todos los
enamorados, que por esto ley se haga, que no den reseña y paga en
amores burlar de los servidores á cada rincon, qu’es matar á gran
traicion, como muestra este dicho: La autoridad de matar no la tiene de
burlar.

Dixo la Reina: Don Miguel, vos habeis puesto en el baile del amor
á quien más que todos baila, que es el Duque, mi señor. Yo quiero
responder por las damas, que las hecistes hechiceras con la hierba
de Cerdeña, que vos le pusistes nombre matarriendo, y la vuestra se
dice mátalascallando, que vuestra mujer lo dice, que sois desencamina
casados. No sé por qué habeis demandado lo que no habeis menester, que
negar se le puede á quien pide lo que no debe. Vos nunca sois estado
en la cama por amor, y temeisos de morir, y más será del desamor que
teneis, que todos mueren éticos d’ese mal; yo sería de parescer que no
se haga ley, para que las damas dejen de burlar de burladores, que
sería desigual en los amores.

Dixo el Duque: Santiguar me quiero para esta ley, pues no puedo sino
hacer justicia, y temo de ser justiciado de la Reina, mi señora, que ya
sin esto es matadora, cuanto más haciendo esta ley, que todas cantarán
contra mí:

    Enemiga le soy, madre,
  Aquel caballero yo,
  Mal enemiga le só.

Yo sé que les pasará el enojo cuando se verán mejor servidas con esta
última decena ley:

    No burlen más de galanes,
  So pena de ser burladas,
  Que seguir malas pisadas,
  Se pierden los capitanes;
  Y tambien las capitanas,
    Que si más se burlarán,
  Lo que d’esto ganarán,
  Correrán carreras vanas.

Dixo el Duque: Señores, yo les quiero convidar á lo que soy convidado.
Bajemos á la huerta, que mis cantores quieren hacer la fiesta del Mayo
que hacen en Italia, y con razon meresce ser tan celebrado este mes;
sino, dígalo mastre Zapater para que sepamos lo mejor d’esta fiesta
en qué está, y lo que más le parescerá decirnos, que será un buen dejo
d’esta sala-córte que aquí se ha tuvido.

Mastre Zapater, como lo era de crianza y saber, dió el obrar por
respuesta, y dixo: El saber y poder del Criador de todo lo criado es
tal y tan grande, que fué cosa conveniente no dejarse comprender,
que de no saber perfectamente lo que su Majestad es, venimos á
saber claramente qué cosa es Dios; por donde se viene á considerar
que aquello qu’es más saber y poder que todas las criaturas, es el
Criador, á quien debemos adorar y creer. Grande engaño recibieron en
este mundo los que dieron crédito á Lucifer, como fueron los idólatras
y mahométicos que le creyeron y adoraron, pues siendo criatura, no
podia ser él creador, sino quien á él habia creado; y pues esto no
tiene contradicion, ménos la tiene para creer qu’es Dios, considerar
la gran providencia y gobierno que en todo tiene, y contemplando su
casa y oficios d’ella, se ve quién es Su Majestad, como en los criados
se conoce cuál es el señor d’ellos; pues lo conoscerémos por el sér y
dignidad y operaciones de los ángeles, que el espiritual ser d’ellos
nos dice que nadi lo supo ni pudo crear sino el Creador; y asimismo
que siendo de mayor dignidad que los hombres, ha sabido y podido hacer
que nos sirvan por custodios y medianeros, alcanzándonos gracias para
ir al cielo, que son las operaciones d’ellos.

Tambien es de considerar en los otros cuerpos celestiales, que son
el sol y la luna para alumbrar la tierra, y los signos y planetas
y estrellas, los efectos que hacen por sus influencias y las
inclinaciones que dan á en debajo su curso nasce, por ser cuerpos
superiores, y nosotros inferiores á ellos, y tanto, que si por
menosprecio tenemos osar de hablar y entrar donde algun mal espíritu
está de los que sentimos por el mundo, nos asombran y matan, sino los
que tienen mando sobre ellos, que son sacerdotes y seculares por divina
virtud; por donde se concluye que la primera causa sólo es Dios, de
quien proceden todas las segundas causas, que son las criaturas. Y por
esto, respondiendo á lo que vuestra excelencia me ha mandado, digo que
sólo al mes de Mayo dan las estrellas influencias para engendrar todos
los metales, que por mineros de la tierra se engendran, como el oro y
plata y los otros, y tambien todo género de piedras preciosas, y tienen
más virtud las hierbas en este mes que en todo el año por el rucío que
cae del cielo sobre la tierra, que es manná cogido en muchas partes
para medicinar los cuerpos humanos; y vistas las grandes excelencias y
provechos que se alcanzan en este mes de Mayo, vinieron los romanos y
muchas naciones á celebrar esta fiesta, por la que el cielo nos hace
en darnos tan grandes tesoros como nos da, y para ser católicas estas
alegrías, han de ser dando gracias á quien las da, que es nuestro Señor
Dios, de quien todas las criaturas proceden y son hechas.

En acabar mastre Zapater abajaron á la huerta del Real, donde hallaron
un aparato de la manera que oirán.

Estaba un cielo de tela, pintado tan natural que no parescia
artificial, con un sol de vidro como vidriera, que los rayos del otro
verdadero daban en él, y le hacian dar luz, no faltando estrellas
que por sutil arte resplandecieron á la noche. Debajo dél habia una
bellísima arboleda, con unos paseaderos de obra de cañas, cubiertas de
arrayan, y entre ellos unas estancias en cuadro, hechas de lo mesmo; y
en medio de este edificio estaba una plaza redonda, arbolada al entorno
de cipreses con asentaderos, donde estaba una fuente de plata, que
sobre una columna tenía la figura de Cupido, que la representaba un
mochacho muy hermoso con el arco sin cuerda, asegurando con este mote
que en una guirnalda traia: sin cuerda por no acordar. En el remate de
la columna estaba este letrero: Soy la fuente del deseo, que su deseo
alcanzará quien d’esta agua beberá.

Tenia en la mano izquierda un ramo de flores, y en la mano derecha un
guion real con una plancha de oro por bandera, con estos versos en
ella, que muestran, moralizando á Cupido, quién es:

    El muy grande niño de muchos señor,
  Desnudo con alas y nunca cansadas,
  Con arco y saetas de plomo y doradas,
  en yerra le llama el gran dios d’amor.
    ¿Sabeis quién es este de tanto valor?
  Cupido se dice, y es nuestro deseo
  Que cuando codicia d’amor lo más feo,
  Pierde lo bueno y es todo dolor.
    Entónces desnudo, muy desvergonzado,
  Razon le contempla, y muchos le pintan,
  Sin ver, pues no ve qu’es mal deseado
  Volar con dos alas de vicio malvado,
  Y voluntad mala que el bueno despintan.
    El arco su fuerza primero nos tira,
  Saeta dorada que toma de grado,
  Las otras de plomo despues que ha tomado,
  Penando las siente quien ama en su ira.

Los que se probaban en esta aventura habian de beber del agua, y al
que no se queria dar secábase la fuente, y ántes de gustar della habian
de publicar lo que deseaban. Estando en este deleite sintieron que
venian los del Mayo con gran música de todo género de instrumentos, que
tañeron en esta fiesta, y subieron á las ventanas para ver la entrada
dellos. Venía delante de todos un Confaloner, con un caballo blanco
cubierto de una red de oro guarnecida de muchas flores, y el vestido de
lo mismo con un estandarte de seda verde, broslado todo de flores, y
una guirnalda en la cabeza, de lo mesmo, sobre una cabellera, y él era
rubio y dispuesto, hermoso y desbarbado. Venian en torno dél, vestidos
en figura de ninfas, los cantores de su excelencia cantando:

  Bien venga el magio
  El Confaloner selvagio.

Con este triunfo entraron en la huerta del Real, y en ser delante el
Duque y la Reina, el Confaloner selvagio dixo: Yo soy el Mayo, hijo de
naturaleza humana, representador del placer con flores y frutos, para
recreacion de las criaturas, que debilitadas salen de la frialdad del
invierno, enemigo de la vida humana, y renovador de la virtud, pues
conmigo renueva lo que el invierno envejece. Proveedor de la salud,
con hierbas de maravillosas virtudes, conservador del contento, porque
el deleite no se pierda; traia este mote en la guirnalda de su cabeza:
Quien es Mayo pasa el año.

Habló luégo una de las que le acompañaban, que venía vestida de una
ropa montesina, toda broslada de montes con un mote que decia: Por
montes se debe andar, por no abaxar, y dixo: Yo soy la ninfa de los
montes, que habito en el monte Olimpo, que está en la Grecia, de quien
muchas naciones contaron el tiempo, porque los griegos hacian unos
juegos en él de cuatro en cuatro años, que principiaron el año cccc. y
vj. despues de la destruccion de Troya. Y los romanos de cien en cien
años hacian sacrificios en él, que por ser más alto que las nubes y los
vientos, siempre hallaban la ceniza de los cienaños pasados como las
dejaban.

Habló un otra que venía vestida con una ropa toda broslada de ondas
de aguas del mar, y el mote decia: los que mejor triunfaron mis aguas
ensangrentaron, y dixo: Yo soy la ninfa de las aguas, que lo más habito
en la profundidad della, entre las gentes que habitan en lo interior
del medio de la tierra, que son nombradas gente de agua, que estando lo
más dentro della no los mata.

Habló un otra que venía vestida de una ropa toda broslada de muy lindas
arboledas, y el mote decia: por mis florestas no matan calorosas
fiestas. Y dixo: Yo soy la ninfa de las florestas que lo más habito por
Flándes y Alemania, donde las gentes dejan las poblaciones y viven en
las florestas, que son muy arboladas, para que la furia del sol, cuando
está en Leon, no pueda entrar en ellas.

Cada una d’estas ninfas traian muchas vestidas como ellas venian, que
fué cosa de ver, y oirles tañer la diversidad de instrumentos que
tañeron.

Levantóse Joan Fernandez diciendo: Yo quiero ser el primero que me
probaré en esta aventura, y dixo: Yo tengo deseo de alcanzar que mi
mujer en los dias caniculares no tenga celos de mí, que peor es que
cigarra, que en todo el dia no calla, y temo que no reviente; y en
allegarse á beber el agua se le secó, y él echó un

    Reniego de mí
  Porque me casé,
  Que si no me casára
  No me encativára
  Por una Beneita
  Que nunca lo fué.

Su mujer se llegó á probarse, y dixo: Yo tinch un desig, que bon profit
me faza, que estigues en la caza, tostems mon marit y nom cazas en
casa, que mi posa brasa. Quiso beber del agua y no salió; y su marido
le dixo: ¿qué haré yo, que el agua huye de vos?

Don Diego Ladron llegó á beber del agua, y dixo: Yo tengo un deseo, que
las damas perdiesen los deseos, que peores son que de preñadas, que no
les podeis negar lo que piden, porque no muevan, y no dejan de mover,
que no están firmes en querer. La fuente se le secó, y él dixo: Las
damas le habrán hecho del ojo que no saliese, que cuando sus ojos tiran
por la mira del enojo, tan blanco el ojo.

Llegó á probarse la señora doña María de Robles su mujer, y dixo:
Yo tengo un deseo, que mi señor don Diego tuviese deseos de preñada
de bien parir, que si no pareciese mal no le faltarian comadres y
compadres para batizar, y sé que le pornian por nombre don Diego Git y
Calla, que no hallo qué es saber galan y hacerse mal querer.

Respondió su marido: Si me hago mal querer es por sanar una celosa,
que sois vos: que mucho se debe hacer para conservar á la mujer.

Dixo ella: Verdad es, mas nadi debe ser bueno con mal ajeno.

Al Duque les paresció tan bien está plática, que dixo á la Reina:
Señora, probarme quiero en esta aventura, pues hace tanbien hablar, que
Julio César fué en Asia por aprender retórica de Apolonio, astrólogo.
Que todo se debe probar por saber muy bien hablar.

Tomó de la mano á la Reina, y en ser delante la fuente, dixo: Yo deseo
ser deseado de vuestra alteza y no aborrecido; y en querer beber del
agua no salió.

Rióse mucho la Reina, y dixo: Todo se le hace mal á mal pensar, yo me
quiero probar por ver cómo me irá. Tal voy al agua, como cierva herida,
y no soy creida, porque tengo por marido un descreido. Yo digo que
tengo un deseo de preñada, y es de no ser olvidada del Duque, mi señor,
que cualquier que no se quiere es muy gran olvidador; allegar quiero al
agua, ya la veo seca, pues todo se me deseca, que mucho daña si ventura
desengaña.

El Duque se rió, y dixo: Señora, cabales estamos de risas y deseos,
vuestra alteza de mal pensar perdió; que sin tocar nunca es bien
determinar.

La Reina dixo: ¿Amigo sois de tocar? Respondió, no, sino de destocar,
d’eso pues reniego yo. Señora, no me ha entendido, que de no tocar ha
sido mi destocar. A otro perro con ese hueso.

Dixo Joan Fernandez: Señora, si perra dixera por mi mujer lo
entendiera; puix sou gos, seré yo gosa, per ser vos un Barbarosa ab
cent mullers. Hágolo por haber hijos, para mostrar que en vos se toma
no engendrar, y no en mí. Mes val que estigam axí, que si fill tingues
de vos sería masa graciós.

Dixo don Luis Margarit: Departir quiero estos amores d’estos señores;
probarme quiero que de un gran deseo muero.

La señora, su mujer, dixo: Los deseos de maridos no merescen ser
cumplidos, porque son parientes de la traicion.

Respondió su marido: Vuestra merced lo verá, qu’el agua no me faltará
por mostrar que os soy leal á bien y á mal. Y digo que mi deseo, que
ninguna me mirase porque en vos no idolatrase. Que al parangon se
muestra más la perficion, y en llegarse á la fuente se le secó.

Su mujer se le rió cara á cara, y dixo: Cuán cierto está que no engaña
la ventura, vuestro deseo fué engañarme, queriendo darme á entender
desear no ser mirado por no idolatrar en mí, y todo vais falsificado,
pues huis siempre de mí; y no fuig qui á casa torna.

Dixo la señora doña Joana Pallas: Señora doña Violante, amagau lo
valenciá, que castellans van per la terra, que per burlar de nostra
llengua nos furten les peraules, y pórtenles á Castella pera fer farses
ab ella, que mones son de Valencia, parlant ab reverencia.

Dixo Joan Fernandez: D’esas monerías don Diego se ha burlado con
cuentos valencianos de castellanos, y hánselo muy bien pagado, que
burlar del burlador es de avisado.

Dixo don Francisco: Yo quiero probar en qué parará un deseo que tengo,
y es, si he de comer un higo que me hacen en una relogía; y queriendo
beber del agua se le secó.

Dixo la señora doña Francisca, su mujer: Yo conozco la higuera de ese
higo, que por esto vos sacastes en las cañas papahigo y no le paparéis;
por eso no subais á la higuera que sabeis, que dicho me ha que no deja
cogerse, que bajar es el subir que ha de perderse. Yo tambien quiero
probar un buen deseo en qué tiene de parar, y es que nunca os mirasen
otros ojos sino los mios, porque estaria al seguro que no seríades
burlado, pues los más hombres que se enamoran, son de ojos burladores,
que los miran, y por ellos no sospiran, ántes hacen sospirar. Que el
mirar de la mujer, lo más es para burlar. El agua se me ha secado, vos
ternéis, señor marido, muchos higos y burlado.

Don Pedro Mascó y la señora doña Castellana, su mujer, llegaron
á probarse, y dixo el marido: Yo deseo nunca ser olvidado de una
valenciana y castellana, que cuando más y más las miro más sospiro; y
probó á beber del agua y secóse.

Dixo la señora, su mujer: Pues me tengo de probar, deseo no desear á un
Pedro más contento de sí mesmo que de mí, que no está léjos de aquí; y
queriendo beber del agua se le secó.

Dixo el marido: Señora mujer, decidme quién es el Pedro más contento
que habeis deseado, que todo estoy demudado, mas no mudado en desamor,
que no se muda un buen amor.

Y ella respondió: Y’os lo diré, si vos me decis quién son las dos que
deseais no ser olvidado dellas.

Él se rió, y dixo: Mirad cuánto ciegan los celos, que os habeis
desconocido; pues nombránd’os yo Valenciana y Castellana, que sois vos,
os habeis hecho celosa pensando que fuesen dos; picado habeis, no lo
negueis.

Ella se rió, y dixo:

    Tambien habeis vos picado
  Del Pedro que os he nombrado,
  Más contento de sí mesmo
  Que de mí;
  Pues sois vos si estais aquí.

Don Baltasar Mercader llegó á probarse en la aventura, y dixo: Yo tengo
un deseo que pocos le tienen, de morir primero que mi mujer, porque
yo me desesperaria si ella me faltase, y de otra parte no lo querria,
porque de celos yo iria al infierno si otro la gozase; alargó la mano
para beber del agua y secóse la fuente.

Y la señora doña Isabel, su mujer, dixo: Yo tambien quiero probarme
con el mismo deseo que mi señor don Baltasar tiene, y de las dos cosas
que él ha deseado, la que ménos querria quiero, y es, que su merced se
muriese primero porque nadi d’él gozase si por ventura se casase, que
por ventura habria de ser segun me suele querer; y el agua se le secó
y sospiró.

Don Luis Vich tomó de la mano á la señora doña Mencía, su mujer, y
dixo: Señora, vamos á probarnos en esa aventura, que mostrar quiero
cuanto os quiero, y es mi deseo que vuestra merced creyese de mí que
despues que la miré he cegado para cuantas he mirado, que topándolas
voy como á ciego, y perdon les pido luégo diciéndoles: Hag’os saber que
mis ojos dejo en casa mirando siempre á mi mujer.

Dixo la señora doña Mencía: Tan casados son nuestros deseos como
nosotros, pues deseo lo mismo de vuestra merced, que si deja los ojos
en casa para siempre mirarme, no quedan los mios en la posada por irse
tras él; que si en ella tengo de ver, con los ojos de mi hija ha de
ser, que no veo sino con los de Doñana. Llegaron estos dos tan casados
en su voluntad á beber del agua y no se les dió, que Cupido que la daba
la quitó porque no muriesen de placer de verse favorecer más que todos
del amor, que fuera hacer gran sinsabor.

Don Berenguer Aguilar llegó á probarse, y dixo: Yo deseo que la señora
doña Leonor, mi mujer, me tuviese por tan buen casado que no dejase
cantar por casa á su criada Marinsueña: Mal casada, no te enojes; que
cantando le va esta cancion por meternos en quistion, que en ser en
Valencia estas castellanas, son revuelve-casados y descasa-maridos.

Dixo la señora doña Leonor: Quien se da mal á entender, se va á perder.

Respondió su marido: Quien se da á mal sospechar, va á mal andar, como
hace Marinsueña, que debe ensoñar que yo soy mal marido, y serlo he,
porque ella vaya á cantar á otra casa; y queriendo beber del agua, se
le secó, y á su mujer le rogó que no se probase en ella, que enojado
estuvo d’ella.

Don Miguel Fernandez tuvo por cierto que se cumpliria un deseo que
tenía, y llegó á la fuente á probarse, y dixo: Yo tengo un deseo de ser
muy leal en amores si me guardasen lealtad, mas no se usa, que mal uso
descubre quien es confuso, bien sé que hablo contra mí, mas yo sé quién
obra contra nosotros en seguir y perseguir las damas á sus amadores,
con este diabólico uso, nombrado deslealtad, que tantos quieren cuantos
ven de servidores, y á todos hacen disfavores; y queriendo beber del
agua, se le secó, y dixo: Desculpado so si no tengo lealtad, que no
quiere esta bondad, Cupido, nuestro deseo, por seguir l’amor más feo
en los amores, que nascen de mal amor desamores.

Dixo la señora doña Ana, su mujer:

    Buen pintor es mi marido,
  Á su placer ha pintado,
  Falsas nos ha retratado,
  Guárdeos Dios de arrepentido.
  Todas l’han amenazado
  Que será bien combatido.

Y’os prometo de no ayudaros, que bien dicen: Quien mal busca, presto
le halla. Yo quiero tambien probarme en esta aventura, y es mi deseo
que no viese lo que veo cuando me enoja, que ver mal, males antoja; y
en llegar á beber del agua se le secó, y dixo: Ya me temia que jamas
alcanzaria dejar de ver en amores refalsados amadores. Señoras, demos
mala postre á mi marido, que esta plática ha movido.

Vinieron dos disfrazados á probarse en esta aventura, y el uno venía
armado de cuerpo con unas muy ricas armas, llenas de flores esmaltadas
sobre planchas de oro de martillo y en un chapeu que traia una red
de oro colgaba, que su rostro le atapaba, y este mote en él traia,
Miraflor de Milan.

Y el otro venía en cuerpo muy bien vestido, como á soldado, de
terciopelo carmesí, con unos ojos en blanco mirando al cielo, broslados
entre muchas alas de oro de martillo, esmaltadas, y en un sombrerete de
lo mismo traia este mote que decia: El deseo siempre vela, mira y vuela.

Y en ser delante la fuente para decir sus deseos, el uno que en su mote
representaba ser el deseo, quiso comenzar á decir lo que deseaba, y
el otro, que venía armado, le dixo razonando á modo de diálogo lo que
oiréis en este razonamiento:

  _Miraflor._  Paso, paso, mi Deseo,
  N’os pongais á desear
  Lo que n’os puede matar
  De la muerte que ya veo.
  _Deseo._  ¿Y que muerte podeis ver,
  Que no sea más placer
  El morir por gentil dama,
  Que despues de muerto ser?
  Más se vive por la fama.
    Ya yo sé
  Lo que de Leriano fué,
  Que murió por Laureola;
  Mártir con tal laureola,
  Que laurel d’amores fué.
  _Mir._  Deseo, n’os engañeis,
  N’os perdais de confiado,
  Que do vos habeis entrado,
  Nunca pienso que saldréis.
  _Des._  ¿Y qué mal puede venir,
  Que no sea más vivir
  Morir bien enamorado?
  Que si envida fué nombrado,
  Mucho más es en morir.
    Ya sé yo
  Que por lo que deseó
  Leandro, su linda Hero
  Murió de lo que yo espero,
  Que en l’amar se ahogó.
  _Mir._  Deseo, dejad razones,
  No paseis más adelante,
  Vos pornéis á vuestro amante
  Por mil bocas de leones.
  _Des._  ¿Y qué afrenta le verná?
  Pues que más leon será
  En cualquier inconviniente,
  Que el cobarde es más valiente
  Cuando enamorado está.
      Ya está visto,
  Que por desear Calisto
  A su linda Melibea,
  Murió del que yo me vea,
  Pues no fué d’ella malquisto.
  _Mir._  Deseo porfiador,
  No salgais de la barrera,
  Hablemos de talanquera,
  Que mata el toro d’amor.
  _Des._  ¿Y qué muerte darnos puede,
  Que muy más muerto no quede
  El que por temor olvida?
  Que amor mata y da la vida
  Cuando todo lo procede.
    Yo bien veo
  Que Sanson y su deseo
  Por su Dalida murió,
  Cuando el templo derribó
  Con el pueblo filistéo.
  _Mir._  Deseo, creedme, pues,
  Desear es gran fatiga,
  Mate da cualquier amiga,
  Si amor juega al ajedres.
  _Des._  ¿Y qué mate nos dará?
  Pues su mano matará,
  Que muy más es ganador
  El que pierde por amor,
  Cuando bien perdido está.
      Ya contemplo
  Que Achíles murió en el templo
  Deseando á Policena,
  Que si desear da pena,
  Troya queda por ejemplo.
  _Mir._  Deseo, no me enojeis,
  Que tambien ternéis vos parte,
  Recelad de cada parte,
  Que enemigos hallaréis.
  _Des._  ¿Y de qué parte vernán?
  Sé que no nos matarán
  Si de nuestra dama vienen,
  Que de muertos que nos tienen,
  Poco que matar hallarán.
      Bien sé que avino
  Que por desear Tarquino
  Á Lucrecia su romana,
  Él quedó muerto en Toscana,
  Que de Roma huyendo vino.
  _Mir._  Deseo, ya podeis ver
  Lo que nos puede seguir,
  Si vos n’os dejais regir,
  Yo no me podré valer.
  _Des._  ¿Y qué seso bastará?
  Quien tal dama mirará,
  Que se pueda regir más,
  Pues que tú mirado la has,
  Quien la vió la deseará.
      Calla, pues,
  Que amor pasa todo arnes,
  Si con esta dama mata,
  Nombrada Margarimata,
  Que en su nombre está quien es.

Pues nombraste la dama que has nombrado, no se puede excusar el desear
que hasta agora t’he rogado; hícelo porque mostrases la razon que tengo
yo de siempre ser de quien yo so; y así deseo lo que tú deseas, nunca
estar en libertad, que pueda tener deseos sino de servir á la señora
que serle su servidor hace ser muy gran señor. Alargó la mano, y el
agua se le dió, y Cupido le habló desta manera: Miraflor de Milan, si
yo te he dejado beber del agua desta fuente del Deseo, ha sido porque
el Cupido que yo represento me aparesció esta mañana, y me dixo que no
te negase el agua del Deseo, pues deseas en los amores para merescer
favores, y que no te niegue cuanto me pedirás, pues tan bien deseado
has. Toma esta carta que me dió para tí, y mira lo que mandas de mí.
Con lacato que se toma una carta real la tomé y le sopliqué me dixese
por qué habia negado el agua en dia que nos mostró con su invincion
que á ninguno enojaria; respondióme: Por probar de paciencia, que mucho
se contenta amor de bien sufrido amador. Agora yo la daré, que á buen
sufrir se le debe sin pedir.

Todos bebieron con gran placer desta agua que tan buen sabor tenía,
como el efecto que hacia; el Duque y la Reina quisieron saber quién
yo era, yo respondí: Mi nombre traigo por mote; dixéronme: ¿Luego vos
debeis ser aquel Miraflor de Milan que nos hizo publicar con el rey
darmas el cartel de la aventura del monte Ida, donde vos os hallasteis
muy favorecido de Cupido? quitéme el disfraz y dixe: Yo soy quien
siempre fué muy gran servidor de vuestra alteza y su excelencia. Rieron
mucho de mi arreboz tan disimulado, que buen engañar no enoja al
engañado; mandáronme que leyese la carta, yo dixe: Quien me la dió debe
saber si en público se ha de leer, dársela quiero, y él la tomó, y á
todos la carta leyó, que ansí decia:

    Buen amador con quien amor recrea,
  No l’amador por quien fuí ahorcado,
  Deten la fiesta, que yo te he mandado,
  Del monte Ida, porque yo la vea.
    Mandamos esta carta que se lea
  Para mostrar lo que he determinado,
  Que por mi mano seas muy honrado,
  Porque mejor de tus manos lo sea.
  Yo llevaré mi madre en compañía,
  Y ella dará jornada d’este dia.

Las damas que tenian amenazado á don Miguel Fernandez vinieron todas
juntas contra él, y dixéronle que se pusiese en punto de guerra, que
le querian dar la batalla que tenía aplazada, y fué de mujeres á
maridos, porque fueron valederos d’él, y ellas de la señora doña Ana,
su mujer, y por excusar prolijidad en esta escaramuza, serán señalados
los caballeros, cuando hablan, con una C., y las damas con una D., y
comenzó la señora doña Ana Mercader:

  _Dama._  Señor don Miguel, Olvido.

  _Caballero._  Señora Doña Ana, Acuerdo,
  Para tener desacuerdo,
  Siempre os vi contra el marido.

  _D._  Dígame, señora hermana,
  ¿No está muy bien apodado?
  Dichli pájaro pintado,
  Vestit de vert y de grana.

  _C._  Decid, señora mujer,
  ¿Qué os ha hecho don Miguel?

  _D._  Perque vos sou tal com ell,
  Pensi dar en lo terrer.

  _C._  Señora doña Leonor,
  ¿Com li va de mal marit?

  _D._  Mejor era servidor;
  Respondre vull al envit,
  Doña Juana Pallas so,
  També cante exa cansó.
  Don Diego mal querer,
  ¿Porque no entrais en batalla?

  _C._  Don Diego git y calla
  Me ha puesto mi mujer,
  Con un mote de Milan
  Os respondré muy conforme:
  Non despertar el can que dorme.

  _D._  Muy mejor está durmiendo
  Que vellando, mal marido.

  _C._  Porque no tenga sentido,
  ¿Quereis que no esté sintiendo,
  Señora doña Isabel?
  ¿De qué visten los maridos?

  _D._  De raposos van vestidos,
  Que huelen á mala piel.

  _C._  Señora mujer, ¿qué es eso,
  Que raposo me decis?

  _D._  Un poco dello vestis,
  Que en amores sois travieso.

  _C._  Señora doña Violante,
  Mi mujer,
  ¿Amazona quereis ser?

  _D._  No soy sino Bradamante
  De bien querer,
  Aunque vos no sois Rugier.

  _C._  Señora doña Mencía,
  ¿A franceses os pasais?
  Quien os hizo en este dia
  Lo que nunca me mostrais.

  _D._ Perdone, señor don Luis,
  Que no puedo paz tener;
  engarme quiero por ver
  Si es placer cuando reñis.

  _C._  Doña brava Castellana,
  ¿Armastes hoy la ballesta
  Contra mí?

  _D._  Don Pedro, mala semana
  Y peor dia de fiesta,
  Veisla aquí.

  _C._  Bravas andan las señoras,
  Que Doñana, mi mujer,
  Las saca al corro.

  _D._  Don Miguel, poco enamoras,
  Salidnos vos á correr
  Que no me corro.

  _C._  Don Miguel, teneos bien,
  N’os derribe de la silla
  Vuestra mujer.

  _D._  Joan Fernandez Desden,
  Corregidor de Castilla,
  Debeis ser.

  _C._  Diga, señora Doñana,
  ¿Hale entrado por la boca
  Mi mujer?

  _D._  Fet habeu carrera vana,
  Caball sou que mol se toca
  De llauger.

El Duque se rió mucho d’este palacio, y dixo d’esta manera: Señores,
nunca fué mejor batalla, que los muertos son de risa, y los vivos
d’amores quedan cativos. Las mesas están paradas para cenar, váyanse
luégo á sentar, porque miéntras cenarémos, alabanzas oirémos de las
damas de Valencia, que serán en un _toma vivo te lo do_, que cantarán
todos mis cantores, y dirá Olivarte sólo la copla de cada dama tañendo
y cantando; y porque será tarde cuando de aquí saldrémos, yo hago
franco á don Luis Milan para agora de la aventura del monte Parnaso que
nos ofresció de contar, con que nos quede deudor della para cuando se
la demandarémos, que buena deuda, pedir se debe, y comience la música á
darnos por principio d’esta dulce cena el


TOMA VIVO TE LO DO.

    Para quien falta mi pluma,
  Aunque sea de Milan;
  Que las garzas altas van,
  Pues de damas son la suma.
    Son las cuatro de Aragon,
  Que en Doñana os mostraré
  Un noli me tangere,
  Que de César diz que son.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una Perellosa,
  En muy buen oro engastada,
  Que cuando será tocada
  La hallarán muy más preciosa.
    Es de tal quilate bella,
  Qu’es para dorar su oro,
  Que á mí me ha vuelto moro
  Y no he renegado della.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Francisca
  De Mascó y Castellví,
  Por amores me perdí,
  Cantará quien se le arrisca.
    Aunque no se olvidará,
  Y si me cobrase hoy dia,
  Otra vez me perderia
  Quien tambien perdido está.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Gracía Ladron,
  Que de sí retrato está,
  Pues en ella se verá
  Su nombre por condicion.
    Lo que en todos es desgracia,
  Es muy grande gracia en vos
  Tener tales nombres dos,
  Ladron puesto en tanta gracia.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Desprecia,
  Que desprecia toda hermosa,
  Sino mi linda preciosa,
  Y es en todo otra Lucrecia.
    Y aunque trae luto agora,
  Luégo le podrá vestir
  Quien la mire por servir,
  Pues en todo es matadora.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Ventura,
  De la hermosura Marquesa,
  Pues nasció para deesa
  De la mesma hermosura.
    Hable un marqués, dígalo
  Quien es esta Madalena,
  Pues que lo sacó de pena
  La pena que ella le dió.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Leonor,
  Qu’es en todo tanta dama,
  Y Gualvez, qu’es en la fama
  Con las de mayor valor.
    Es de tanta perficion,
  Como en ella se verá,
  Si viene otra reina Sabba
  Para ver su Salomon.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Ana Mercader,
  Pues con su mercadería
  A todos abatiria,
  Y no para abatidos ser.
    Todos s’abaten en vella,
  Nadi deja de servilla,
  Aunque perderá la silla
  Quien irá encontrado d’ella.
  _Toma vivo te lo do._
    Para tres puertas al cielo
  Que harán perder de vista,
  Si no es águila la vista
  Que las mire d’este suelo.
    Adevínelas, señor,
  Que la segunda es muy linda,
  Mariángel, Cathalinda,
  Joanamor.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una matadora,
  Qu’es en todo mucho bella,
  Quien dirá quien fuere d’ella,
  Sano era, mas no agora.
    Aunque cierto yo diria
  Qu’es contraria á su nombre,
  Que María sana al hombre
  Y en ella no sanaria.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Theodora
  De Carroz y de Artes,
  Que de tan gran arte es,
  Que á las damas enamora.
    Porque no es poco saber
  No matar envidiosas,
  Que son las ménos hermosas
  Delante su parescer.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una aragonesa
  D’Aragon y de Casada,
  Doña Francisca nombrada,
  Que era toda gentileza.
    Dígalo quien lo dirá,
  Qu’es su don Juan Valterra,
  Que no está debajo tierra
  Quien bien enterrado está.
  _Toma vivo te lo do._
    Para dos de gran blason,
  Doña Mencía doña Ana,
  Quien d’ellas muere no sana,
  Madre y hija entrambas son.
    Son de hermosura tan bella,
  Como no tiene respuesta,
  Que no paresce ser fiesta
  Si las dos no son en ella.
  _Toma vivo te lo do._
    Para las tres saboyanas
  De la casa de Saboya,
  Que quien ménos vea y oya
  Las dará por muy galanas.
    Todas son tan angeles,
  De hermosura valenciana,
  Doña Beatriz y Doñana,
  Con doña Francisca tres.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una Doñana Blanes,
  Qu’es de muy alta casada,
  Que si no fuese casada,
  Casaria mil galanas.
    Casados con su parescer,
  Irian ciegos tras ella,
  Pues nasció debajo estrella
  Para siempre estrella ser.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una su cuñada,
  Mujer de Blanes, su hermano,
  Que no le darán de mano
  De graciosa y avisada.
    Pues que tiene tal aviso,
  Qu’el espejo en que se mira,
  Tras su marido sospira,
  Pues en él ve un Narciso.
  _Toma vivo te lo do._
    Para quien nada le falta
  Que pueda tener, señora,
  Que un Milan voló en buen hora,
  Por volar garza tan alta.
    Sepan, pues, qu’es esta dama
  Doña Joana de Cardona,
  Que muy caro da persona
  Que tiene mucho de fama.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una linda Pallas,
  Con un Margarit casada,
  Que por servir no da nada,
  Que servirla es por demas.
  Porqu’es escupir al cielo,
  Que se volverá á la cara,
  Pues es cosa mucho cara
  Lo sin precio en este suelo.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una d’este són,
  Que sin honra á nadi da,
  Que no es como Dalidá,
  Aunque es mujer de Sanson.
    Adevinénmela, pues,
  Que entre todas damas cabe
  Que don Pedro Sans lo sabe,
  Pues que su medalla es.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Beatriz Vique,
  Pues es dama tan de ver,
  Que de quien no debe ser
  Por demas es que repique.
    Tiene pacto con ventura,
  Que terná della contento,
  Que muy gran merescimiento
  Tarde para en desventura.
  _Toma vivo te lo do._
    Para dos lindas Violantes,
  Madre y hija son las dos,
  Que mucho deben á Dios,
  Pues que son muy importantes.
    Pallas serán y Pujadas,
  Pues que suben á tal alto,
  Que daria mortal salto
  Quien siguiese sus pisadas.
  _Toma vivo te lo do._
    Para tres de muy gran vuelo,
  Garzas son estas Garcías,
  Que si viviera Macías,
  Muriera tras este vuelo.
    Doña Joana lo dirá,
  Villarasa, linda dama,
  Que si tal señuelo llama,
  Qualquier ave le verná.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una qu’es el norte
  De hermosura en el amar.
  Estrella del navegar,
  Guia del galan de córte.
    Doña Joana Jofre es ésta,
  De los cortesanos guía,
  Que estrellas á mediodia
  Hace ver á quien le cuesta.
  _Toma vivo te lo do._
    Para tres lindas cometas
  Que sacan rayos de fuego,
  Quien los mira queda ciego
  D’estas lindas Fenolletas.
    Cuando se muestran en fiesta,
  Señalan caso de muerte,
  Para el de muy mala suerte,
  Que con ellas no hará fiesta.
  _Toma vivo te lo do._
    Para dos que están vecinas,
  Que la una es milanesa,
  Y la otra es ferraresa,
  Muy hermosas clavellinas;
    Pues que son d’ellas claveles,
  Dos que con mucho de ver,
  Un Milan con un Ferrer,
  Que parescen dos joyeles.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una Sanoguera,
  Señora de Catarroja,
  Que prometo que no acoja
  En este lugar quinquisera.
    Dícese doña María
  Sanoguera mucho bella,
  Que cualquier dirá por ella,
  Por María yo amaría.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Joana
  Que la gracia está en su nombre,
  Vida y muerte dará al hombre
  De Vilanova y galana.
    Es de muy gran hermosura,
  Hija del Rey del amor,
  Pues da vida al amador
  Que le da la sepoltura.
  _Toma vivo te lo do._
    Para dos cuñadas bellas
  Doña Esperanza Despes,
  Qu’el oro y ruchicler es,
  Con doña Joana Centellas.
    Son la más bella cadena
  Que s’ha visto en los nascidos,
  Pues que tienen sus maridos
  Libertados y en cadena.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una Castellví
  Que nombran doña Rafela,
  Quien tras su castillo vela,
  Mejor vellador no vi.
    Fortaleza tanto bella
  Nunca se podrá ganar,
  Porque no llega el amar
  A tomar almena della.
  _Toma vivo te lo do._
    Para quien valen por ciento
  Que siempre serán nombradas,
  Ejemplo y paz de cuñadas
  Por su gran avisamiento.
    Doña Castellana es una,
  Y el otra doña Violante,
  Que de poniente á levante
  Como ellas fué ninguna.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Dorotea
  Pellicer y de Scribá,
  Que bien para mal le va,
  Pues no es matadora fea.
    Es de tal arte sabida,
  Que no se puede atinar,
  Que sabe tambien matar,
  Qu’en la muerte da la vida.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una linda Cardona,
  Paloma del alto cielo,
  Que siempre la veis al cielo,
  Pues del cielo es su persona.
    Un Milan, gran volador,
  Por ser alto su volar,
  Se vinieron á cazar,
  Que no fué caza mejor.
  _Toma vivo te lo do._
    Para tres Borjas Joanas,
  Que Joanas son y Borjas,
  Sayas traen con alforjas
  De mil gracias y ademanes.
    De sobrinas tienen talle
  Del gran Honorat Joan,
  Qu’es el más gentil galan
  Que se vió de sala y calle.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Luisa
  Penarroja y de Pujadas,
  Que no terná malas hadas
  Quien por ella tenga risa.
    Guay de quien hará llorar,
  Porqu’es dama tan en todo,
  Que en servirla de mal modo,
  Luégo puede comulgar.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Mencía
  Margarit y de Mascó,
  Quien á tí no te buscó
  Todo bien desmerescia.
    Más linda que Cleopatra,
  De las más lindas que vi,
  Por idolatrar en tí,
  Muerta estás por idolatra.
  _Toma vivo te lo do._
    A doña Agraida Parda,
  Y á su hermana la Rubina,
  Que con su doña Agustina
  Danzarán alta y gallarda,
    Porque son tan altas tres,
  Y de tanta gallardía,
  Que baja no danzaria
  Quien danzase con sus piés.
  _Toma vivo te lo do._
    A las lindas escribanas
  Que están siempre bajo velo,
  Como imágines del cielo,
  Aunque estén á sus ventanas.
    Ellas y Vilaragudas
  Gustan de cualquier que pasa,
  Pues el gusto más traspasa
  De las más bellas y agudas.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Madalena
  Sanoguera y de Pujadas,
  Que en seguille las pisadas,
  Será gloria toda pena
    Es de tal contentacion
  Todo lo que veis en ella,
  Que lo que no fuere della
  Todo es descontentacion.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una gentileza,
  Que en su cruz no morirá,
  Á quien crucificará
  Si es Andres de tal Andresa.
    Cuando se nos mostrará
  Veréis si digo verdad,
  Que ciega va en claridad,
  Voluntad que ciega está.
  _Toma vivo te lo do._
    Para aquella muy galana,
  De don Diego Ladron hija,
  Qu’en la gala poco aguija
  Quien no va tras doña Joana.
    Qu’ella tiene por legado
  Que su padre le dejó,
  Qu’el galan que la sirvió,
  Quede por galan marcado.
  _Toma vivo te lo do._
    Para otra Doñana Vique,
  Que de Betera es señora,
  Que de todo se enseñora
  Quien no halla le replique.
    Que yo le consejaría
  No viese á Margarimata,
  Qu’es Margarita que mata,
  Que tambien la mataria.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Marquesa,
  Qu’es Condesa d’Almenara,
  Que le huirán la cara,
  Si no es mi gran milanesa.
    De la cerda de do viene,
  Cuelga luégo al que la mira,
  Que por mucho que sospira,
  Mucho ménos vida tiene.
  _Toma vivo te lo do._
    Para tres lindas Vidalas,
  Que la una es Aguilar,
  Águilas son en volar,
  Que muy altas van sus galas.
    Guárdeme Dios el Milan,
  Aunque ya guardado está,
  Que la garza muerto le ha,
  Que mata todo galan.
  _Toma vivo te lo do._
    Para un Ángel y Angelá,
  Devinen quién puede ser,
  Que sin ver se puede ver
  Qu’en ser Ángel se verá.
    Y es el Ángel su marido,
  Adevinénmela pues,
  Esa dama Borja es,
  Que á los dos he conoscido.
  _Toma vivo te lo do._
    Para un otra su hermana,
  Que bien la conoscerán,
  Que en su gracia la verán
  Castellana en valenciana.
    Es de Borja y gran saber,
  Y en todo gobernadora,
  Pues gobierna esta señora
  Un gobernador Ferrer.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una Alponta y Parda
  De mi parte tú irás,
  Y en llegando le dirás
  Fuera, fuera, guarda, guarda;
    Aquí traigo un motecillo,
  Miren bien lo que diré,
  Y es esto que cantaré:
  Moriana en el castillo.
  _Toma vivo te lo do._
    Para dos lindas que vi,
  Que son para más que tres,
  Que la una Parda es,
  Y la otra es Castellví.
    Adevinen la cancion,
  Pues no son desconoscidos
  Los nombres de los maridos,
  Que ellas Vilanovas son.
  _Toma vivo te lo do._
    A doña Laudomia irás,
  Que un galan dixo por ella,
  Ésta es cierto la más bella
  Qu’en mi gala vi jamas.
    Ésta remontó mi córte,
  Por ella sé qu’es amor,
  Laudo mia sorte amor,
  Laudo mia sorte.
  _Toma vivo te lo do._
    A una que fué y será
  Doña Marquesa de Heredia,
  Que su gala fué comedia
  Que jamas enfadará.
    Porque puso ley en gala
  Para hacer un servidor,
  Que en servirla fué señor
  Y galan de calle y sala.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña María
  De Robles, que robles son
  Que colgaron un ladron,
  Que ella sola lo podia.
    El mayor ladron ha sido
  Don Diego Ladron d’ella;
  Pues quedó colgado en vella,
  Y ella d’él para marido.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Raphela,
  Que de Almunia fué mujer,
  Que paresce que fué ayer,
  Que siempre se nos revela.
    Nunca en gala puso cisma,
  Que si quieren batizar
  Una dama singular
  De su gala toman crisma.
  _Toma vivo te lo do._
    A Doñana Mompalau,
  Que si el Petrarcha la viera,
  Su madona Laura fuera,
  Pues de gala fué un serau.
    Dama de sala y ventana
  Mejor qu’ella no se vió,
  Pues por ella se acertó
  Sacar la contramesana.
  _Toma vivo te lo do._
    A dos hijas de esta dama,
  Que en la gala las verés,
  Las columnas de Hercules,
  Que d’ella dejan gran fama.
    Doña Ines, doña Merina,
  Son los nombres d’estas bellas,
  Pues dirán d’estas estrellas
  Su virtud á bien inclina.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una Borja y Aguilar
  Que nombran doña Angela,
  Que en todo es tal aguila,
  Que otro Joan puede mostrar.
    Un buey en sus armas tiene
  Que d’ellas es su defendedor,
  Que luégo mata al servidor,
  Que servilla no conviene.
  _Toma vivo te lo do._
    Para dos lindas estrellas
  Que inclinan á sus maridos,
  Que ni ojos ni oidos
  Tienen sino es para ellas.
    Adevinen quién serán
  El de Borja y Granullés,
  Que en ellos conoscerés
  Por otras no trocarán.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una Ángela condesa
  Que ninguna le aventaja,
  Porque á la natura ataja
  Cuando salle esta deesa.
    Dícele, tu sér y modo
  Mucho mal te lo pagára
  Quien te dió una almenára
  Meresciendo un mundo todo.
  _Toma vivo te lo do._
    Véte al otro mundo, vé
  Á doña Isabel Ferrer,
  Mujer de Joan Mercader,
  Que por ella rico fué.
    Pues ganó ciento por uno
  Y jamas fué logrería;
  Pues con tal mercadería
  Fué más rico que ninguno.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Violante
  De Pallas y de Artes,
  Que de un Ximen Perez es
  Que no es mejor en Levante.
    No hay perro que aquí le ladre,
  Que madre y hija son joyel,
  Y en la hija veis Rachel,
  Y á Lucrecia en su madre.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una gobernadora
  De Borja y de Cabanillas,
  Que sallen las siete cabrillas
  Cuando salle esta señora.
    Las cabrillas son estrellas
  Que sallen con su gran norte,
  Cuando salle con su córte
  Para ser guion de vellas.
  _Toma vivo te lo do._
    Para la la estrella Diana,
  Doña Hierónima Exarque,
  Que no hay quien no se embarque
  En su nave capitana.
    Señora fué de Callosa,
  Y era para hacer callar
  A quien la oyera hablar,
  Y dar habla á toda cosa.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña María
  Valterra, mas no enterrada,
  Que sobre ella es levantada
  En muy gran altanería.
    Un valenciano justador
  Por ella sacó en cimera
  Un palmito, y el mote era:
  Devall terra es lo millor.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña María Flos,
  Que fué flor de aquesta tierra,
  Plantada en esta Valterra,
  Que un jardin fueron las dos.
    Dígalo el Comendador
  Montagut que la sirvió,
  Que á gato de algalia olió
  Quien fué della servidor.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una de gran norte
  Vilanova y Catalá,
  Que en vella cualquier dirá
  Cata la dama de Córte.
    Que Joan Fernandez quiso
  Hacer una cortesana
  Del córte d’esta galana,
  Y perdióse en su aviso.
  _Toma vivo te lo do._
    A doña Esperanza Despes,
  Que mujer fué de Sanctángel,
  Que por ella tuvo el Ángel,
  Pues en todo un ángel es.
    Y ella su Despes por él,
  Pues tuvo gran esperanza,
  Que temia una esperanza
  Que parió como un pincel.
  _Toma vivo te lo do._
    Para su suegra Centellas,
  Que fué del Conde d’Oliva,
  De su boca la saliva,
  Que sal fué para las bellas.
    Provision fueron sus minas
  De sal, pues fué tan salada
  Que mejor fuera nombrada
  Doña Francisca Salinas.
  _Toma vivo te lo do._
    Para quien fué tal mujer
  Como fué su embajador,
  Vique fué muy gran señor
  Por tal dama poseer.
    Doña Violante fué
  De Ferrer y Castellví,
  Que castillo tal no vi,
  Ni tal castellan veré.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Luisa,
  La mujer de don Ramon
  Peromaza y de Ladron,
  Pues rey fué con ella en Frisa.
    Y á su doña Violante,
  Qu’es hermana d’esta dama,
  Que las dos van en la fama
  Con un plus ultra adelante.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una dama de talle,
  Que señora fué de Heriza,
  Que presto será ceniza
  Lo que de Valencia salle.
    El contento que no tura
  Nos mostró esta doña Joana,
  Que pasa carrera vana
  Quien para en mala ventura.
  _Toma vivo te lo do._
    Para un otra doña Joana
  Cañavate y Corverán,
  Que jamas la picarán
  Cuervos á tal corverana.
    Cuervos son los maldicientes,
  Pues tal viuda no se vió,
  Que ninguno la picó,
  Haciendo picar á las gentes.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Margarita
  Corverán y de Cruilles,
  Que no sé sino decilles
  Que este nombre nunca ahita.
    Este nombre es de virtud,
  Que hermosea á quien le tiene,
  Porque siempre les sostiene
  Hermosura y joventud.
  _Toma vivo te lo do._
    Para tres de admiracion
  Margaritas preciosas,
  Borjas son estas tres diosas,
  Juno, Pallas, Vénus son.
    Que si yo les fuese el juez,
  La manzana les daria
  Á las tres, pues que veria
  Que una Vénus son las tres.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una doña Francisca,
  Qu’es señora de la Daya,
  Que mata como azagaya,
  Qu’es una lanza morisca.
    Pasará de parte á parte
  Al galan que irá tras ella,
  Porque mata la que es bella
  Sobre honestidad sin arte.
  _Toma vivo te lo do._
    Para quien no se desmanda,
  Y manda á un gobernador
  Que fué siempre mandador
  Sino desta que le manda.
    Ésta que n’os he nombrado,
  Boyl es, castiza casa,
  Manda á don Juan Vilarrasa,
  Por ser d’ella bien mandado.
  _Toma vivo te lo do._
    Para una Villarrasa,
  Que no es villa, mas ciudad,
  Que ladrona voluntad
  No le verán por su casa.
    Su nombre es doña Rafela,
  Llena de propiedades,
  Que robando voluntades,
  Nunca robarán las della.
  _Toma vivo te lo do._
    Para doña Joana Aguilon,
  Que de peste se murió,
  Pues á quien ella hirió
  Nunca tuvo defension.
    Que la peor landre es ésta,
  Ser herido de la dama,
  Cuando amando nos desama,
  Defendiéndose de honesta.
  _Toma vivo te lo do._
    Para dos de grande primor,
  Joan Fernandez, cantad vos,
  De las dos hermanas dos,
  A mi mátame la mayor.
    Y diréis muy gran verdad
  Sinos asis á dos ramas,
  Que Beneitas son las damas
  Isabel, Hieronima.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, no paseis más adelante, pues habeis
parado tan bien, que hecistes parar muy colorado al que estaba sin
color de vuestro «toma vivo te lo do» que por Joan Fernandez se pudiera
decir: toma muerto te lo do; pues lo estaba tanto, que si fuera
envidioso como es envidiado, creyera que lo estaba de vos.

Dixo don Francisco: Acertado ha vuestra excelencia, que Joan Fernandez
me ha dicho que no ha oido mejor toma vivo te lo do, ni ha visto tal
toma muerto te lo do, como estaba don Diego de envidia de no haberlo
hecho él.

Dixo don Diego: Don Francisco, pareceisme sacabuche, pues del buche
de Joan Fernandez habeis sacado lo que habeis dicho contra mí por
vuestra boca; y vos, Joan Fernandez, me pareceis ventosa, que por vos
ha salido el humor malencólico de don Francisco, que vuestra malicia le
ha engendrado para dañarme, diciendo que yo estaba un toma muerto te
lo do, de envidia de don Luis Milan de su toma vivo te lo do; y decis
verdad, que no puede haber cosa buena que no sea envidiada, ni cosa
mala que no sea reprendida.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, pues nos habeis apodado, á don
Francisco á sacabuche, y á mí á ventosa, y’os apodo á vos á cinfoynero
de perro bailador, que nunca tañe la cinfoyna sino para sacar dineros;
y es el perro vuestro pensamiento, que siempre va rondando, como á
bailador, para embaucar á quien de vos se deja; sino, dígalo la córte á
cuántos habeis embaucado, para sacarles presentes, tañendo las cuerdas
de vuestra armonía; pues lo son tanto que saben sacar joyas burlando de
vuestros valencianos en Castilla, como vuestro padre don Luis Ladron de
Castellanos en Portugal, que es oficio de lisonjeros, que por él vos
podrian decir don Diego lisonjero.

Dixo don Francisco: Joan Fernandez, pues vos os habeis vengado de don
Diego en apodarle á cinfoynero, yo le apodo á melcochero, que se hace
pagar mala miel por buena á los que no tienen gusto, como se siguió
en Portugal en este cuento que oiréis: Un castellano melcochero iba
vendiendo melcocha en Portugal diciendo «á la buena melcocha, á la
buena melcocha», y un portugues díxole: Melcochero castelau, nan dezis
ben, que sendo os castelaos suzios, muito mejor direis, «á la boa merda
cocha, á la boa merda cocha».

Dixo don Diego: Don Francisco, á vuestro cuento sucio y al de Joan
Fernandez frio, quiero responder con un cuento que oiréis: Dos
volteadores allegaron en tiempo de Julio César á Roma, y prometieron
hacer espantar y reir á cuantos les mirasen, fuéles mandado que
volteasen en el Coliseo, porque todos los que quisiesen los pudiesen
ver, y voltearon vestidos de la cintura arriba, y de la cintura abajo
desnudos; y hacian tales vueltas que de muy peligrosas espantaban,
y de muy desvergonzadas hacian reir, porque mostraban todas sus
desvergüenzas volteando. Acabado que hubieron, fueron á los senadores
y á Julio César que les miraban, á pedir por paga lo que mandasen,
y fué mandado que se les diese de lo que ellos habian dado para
hacer reir, y ansí fueron puestos en sendos asnos á caballo, de la
misma manera que habian volteado, mostrando sus desvergüenzas, y
mandáronles dar cien azotes por paga á cada uno, y el pregon decia:
A los desvergonzados sean en sus desvergüenzas azotados. Por donde
se puede entender que á todos los que hacen, ó dicen, ó piden con
desvergüenza, es bien pagalles con la misma moneda d’esta manera;
á los que hacen algun placer desvergonzadamente, sean pagados con
desvergüenza como éstos fueron, y á los que dicen desvergüenzas para
hacer reir, desvergonzarse para hacelles llorar; y á los que piden con
desvergüenza lo que no deben, no dalles nada, y decilles lo que yo diré
á vosotros, y es esto: Viendo la vuestra se pierde la mia, que con la
poca vergüenza que me habeis motejado, os he respondido.

Dixo el Duque: Qué os parece, mastre Zapater, qué buenas lanzas han
corrido estos caballeros cortesanos, y cuán poco se han corrido de los
apodos que se han hecho, mostrando la severidad que los avisados han de
tener para mostrar que ni en las burlas ni en las véras deben salir de
seso, sino estar siempre en consideracion, para bien responder y obrar
en todo lo que conviene, como mostró Julio César en su primera edad,
que siendo de la parte de Mario, fué preso de los contrarios, y traido
delante Sila. Y rogándole todos que lo soltase por ser muy mancebo,
respondióles: ¡Oh caballeros! ¿para qué rogais que yo dé libertad y
vida á quien muestra su presencia, qu’es para dar y quitar libertades
y vidas? ¿No veis vosotros que en él hay muchos Marios? Yo haré lo que
me rogais, sólo por mostrar que tengo tan poco miedo de Mario como él
muestra tener de Sila. Véte, Julio César, y dirás á tu Mario que si te
he dado la vida, es por tener muy poco miedo á los que le parescen á
él. Palabras fueron como de tal varon, mostrando lo que debe hacer el
hombre sabio para mostrar ser fuerte; que en ninguna ocasion contraria,
ni en burlas ni en véras, muestre ser vencido.

Mastre Zapater: Señor, parésceme que no se puede decir por vuestra
excelencia lo que dice nuestro valenciano: Qui la esplana la gasta,
pues ha declarado tan bien las burlas d’estos caballeros cortesanos,
que ha mostrado el fruto que se debe coger de los que echan flores por
la boca; y si los que leen y oyen razones avisadas, no gustan de lo
que vuestra excelencia ha gustado, no muestran entender lo que leen
y oyen, que si lo entendiesen, ó trabajasen de entendello, haríanse
avisados, que muchos lo serian si quisiesen; diránme algunos que no hay
quien no quisiese ser avisado, mas como sea dón de Dios, él lo da á
donde quiere. A esto les respondo con lo que dice el Papa á los judíos
que le están esperando con sus cerimonias, cuando vuelve á Roma de la
coronacion que le hacen en San Joan de Letran, y son estas palabras:
_Lex vestra est bona, sed est male intellecta_. Diciéndoles, vuestra
ley es buena, mas es mal entendida de vosotros. Así se puede decir á
los que dicen que nuestro Señor Dios da la gracia adonde quiere, verdad
decis, mas entendeislo mal si creeis que si á unos da gracia especial
de sabiduría por nacer debajo la estrella que nascen, ó por lo que á su
Majestad le place, que á los otros no la dará. Esto es muy gran error,
porque Dios tiene prometido, dicho por su boca, que á ninguno dejará de
dar gracia y gloria, que trabajará de alcanzarla haciendo buenas obras,
con que nadi se confie que por sus propios merescimientos meresce el
Paraíso, sino por virtud de la muerte y pasion de Jesu-Christo, nuestro
redentor.

Gilot: Señor mestre Sabater, puix axí es com vos dieu, yo bem puch
salvar vivint ab ma amiga Beatriz si fas bones obres.

El canonge Ster: Demonium habet; y es lo dimoni la sua Beatriz, que li
deu preicar esta taulegia, que vivint amigat pot anar á Parays ab lo
diable al cos.

Gilot: Blasfemavit, que ma dit que yo tinch lo diable al cos tenintlo
ell en la gepa, que si per Beatriz ho diu, no te tall de diablesa com
la mare del seu corbinet Ster, que cascunani la lloguen pera ballar ab
los diables de la roca de intern.

El Canonge: ¿Nos pijor que cada nit es llogue la tua Beatriz, ó
farsatriz pera ballar vestida con á home en la farsa de Lope de Rueda,
y tornát á casa ab lo porró plé de oli per paga, com á beata almoynera?

Gilot: Senyor Duch, ¿pera que teniu aquest tartugot? nous entraré mes
en casa, si nol llansau á la gola del vall, ó donaulo al bachiller
Molina que vaja á Castella ab ell, que per los hostals del camí
guanyará á diner, mostrantlo; dient que es lo diable de Viterbo, y fará
millor guany que ab les medalles que amostra.

Molina: Gilot, nunca creí tanto como agora que un loco hiciese ciento,
que sacado me has de donde estaba escondido para escuchar lo que en mi
vida he oido ni visto como agora, que en banquete tan bien banqueteado,
todos estén tan firmes, que ninguno ha perdido los estribos ni la
silla, sino el canónigo, que te los ha hecho perder en tocarte á
Beatriz; y tú en tocalle á la madre de su hijo Corbinet Ster le has
hecho perder su silla giba, que no se la veo á cuestas, segun anda
derecho en disparates.

El Canonge: Gilot, ara tens sabata de ton peu, lo diable te ha fet
tocar esta cigala que pera tots ni haurá, que per ser tan gran
charrador, en casa de mestre Sabater li han posat nom lo bachiller
Cigala.

Gilot: Canonge, armeuvos los dos contra ell, posauvos de espatles, y
servirnos ha per rodella la vostra gepa á vos y á mí, y yo tirarvos he
per lleu, y restarme ab la gepa enrodellat, y ab les vostres lleuhades
farem un corro de bous, y lo bou será Malfarás, patge del mal recaudo.

Molina: Señor Duque, grandes humores se son movidos aquí con mi venida;
vuestra excelencia calle y mire, y póngase en talanquera porque no le
dé algun liviano d’estos que Gilot quiere tirar al canonge Ester.

Canonge: Bachiller Cigala, rebeume está lleuhada.

Molina: ¿Qué bellaquería es ésta? ¿Al bachiller Molina se habia de
hacer este desacato, tirarme un liviano de véras?

Gilot: Canonge, molt me pesa del que habeu fet, baix sou anat un poch.

Molina: ¿Qué te parece, Gilot, cuán bajo ha ido?

Gilot: Senyor bachiller, es anat tan baix que á mim pesa, que si ell me
creguera, vosa merced en les galtes la rebera.

Molina: Cuán cierto está, que palabra á dos sentimientos en boca de
bellaco ha de parar en ser bellaca. Yo pensé que Gilot decia á mosen
Ester que habia hecho gran bajedad en tirar buetago á tal hombre
como yo, que pienso que en mi cuerpo no le tengo, por no quererme
dar naturaleza cosa tan baja. Y no lo dixo el bellaco sino porque
habia hecho el golpe bajo, pues no me habia dado en el rostro como
él quisiera. Yo quiero responder á este botegazo lo que respondió el
duque de Cardona pasado, que entrando por un corro de toros, que por
él se hacia en Valencia, vino un buetago volando de los que suelen
volar en tales fiestas valencianas, y dióle en el rostro, y dixo: Per
altri me ha pres lo lleu. Así puedo yo decir; lo que más d’esto siento
es que su excelencia se haya reido de lo que habia de castigar por
holgarse más con Gilot que conmigo, por parecelle mejor sus letras
que las mias, y á esto respondo con este cuento que diré: Un señor de
Italia de casa de Colunna holgábase mucho de tener truhanes y locos
en su casa, y tenía uno como Gilot muy desvergonzado y atrevido, y
reprendiéndole un filósofo por ver que todo era de locos y muy poco de
sabios, trabajó mucho de tener en su servicio al Dante; y por no ser
este Colunnes dantista, sino truhanista, el truhan era muy favorescido
y el Dante muy olvidado, y estando muy arrinconado y siempre mudo al
rincon de una sala donde aquel dia se hacia gran fiesta, el truhan
diciendo y haciendo muchas locuras para hacer reir, traia una ropa muy
rica á cuestas que su señor le habia dado, y pasando por donde estaba
el Dante, díxole burlando dél: Qui sa far el bufone e rico garzone.
Respondióle el Dante: Quando io troverò un signore simile à me, como tu
hai trovato simile à te, sarò rico.

Gilot: Senior Duch, bona lans ha pegada aquest Bachiller Cigala.

Duque: Gilot, á tí te lo pegó, que á mí poco me tocó, que por divertir
locos se pueden sufrir, qu’es muy grande enfermedad estar siempre en
gravedad; si no, dígalo Molina cuando muere su harina; a donaires
y razones mostrando por los mesones las medallas que ha llevado; y
en habelles acabado de preicar, él se convida á cenar con el más
embaucado, y queda bien aposentado de mesa y cama. En cada lugar
ó villa hasta llegar á Castilla. Y es muy gran sabiduría la buena
truhanería; pues mejora al decidor, y da placer al señor, si no queda
por refran que el señor es el truhan, y el truhan es el señor.

Gilot: No he oit cosa que millor me donas á les orelles que lo que
vostra excellencia á dit pera que tot hom vixca, lo albarda pera que
no muira de fam, y lo señor del mal de gravetat. Mas ab tot azó en son
seni esta algunes hores lo canonge Ster.

El Canonge: Mas no cuant toca lo teu relonge.

Gilot: Habieu de dir ab lo vostre batall.

Malfaras: Señor Canónigo: Razon tiene Gilot; pues no le dejastes
acabar la razon que comenzado habia. Parescístesme gato zarpador, que
con la zarpa quita la carne de la boca del perro, como el otro dia
nos hizo reir á todos los pajes estando á la mesa, que yo llamé al
perro del cocinero que estaba emprisionado en la cámara de su señor
dos dias habia, por haberle comido su comida, y soltéle porque moria
de hambre, y díxele: Sírveme de paje, y darte he á cenar; y estándome
delante rabeando de placer, como el Canónigo está con el rabo de su
loba delante la señora doña Hierónima, trujéronme un buen pedazo de
carnero sin cortar, y ántes que yo le tomase ya le vi en la boca del
perro, y un gatazo como el Canónigo que le estaba detras, tiróle un
zarpazo y quitóle la meitad de la boca, y dame á mí con el otra zarpa
en las narices porque no cobrase mi carne, y fuéronse huyendo hasta la
cámara donde cenaba el secretario Sis, y yo tras ellos diciendo «á los
ladrones del gato Ester y perro Gilot», que me han hurtado la cena; y
tomámoslos, y el secretario dió la sentencia que cortase la nariz al
perro Gilot y el rabo al gato Ester. Lo uno está por hacer, porque el
perro es amigo mio, y lo otro está hecho, que no sé quién ha cortado el
rabo de la loba del canónigo Ester.

_El Canonge._ Habit de Sempere, ¿cóm se poden comportar aquestes
tacanyeries; que vajen per ací taya rabos? Als potreros de mules se
comporta azó, que nos faria sino davant vostra excellentia, que tot so
riu.

_El Duque._ Canónigo, n’os enojeis, que yo os daré otra loba mejor, y
será la señora doña Hierónima, pues ha sido loba en escoger á vos por
servidor.

_El Canonge._ Vostra excellencia per pabil de ciri de morts me deu
tenir, que espabilant me van ací, ab les ullades que contra mí li veig
fer. Nom tinga ningu per pabil, que nou so, niu vull ser, com alguns
ques dexen espabilar.

_Gilot._ Señor Duch, bom remey, si no vol ser pa bil, fiavil pa, que
pijor es que de centeno.

_Joan Fernandez._ Señor Canónigo, Gilot dice bien, que porque no os
digan pabil, os debeis dexar decir vil pa.

_El Canonge._ Yo so content, si vos acabau ab la señora doña Hierónima,
vostra muller, que menje de mí. Que los caballers que fan lo donos, ab
cobles y cuentos y gistes de tan poca vergonya com vos feu, tots parent
en ser alcabots de sa muller; si no digau lo cuento del porch espí, y
lo del armat, que molt á costa vostra y della feren.

_Juan Fernandez._ Mira qué tacha, que teniendo bandos mi mujer conmigo
me armase yo; y estando tras una puerta de una cámara armado y desnudo,
entró en busca mia diciendo: Adónde es este traidor de mi marido. Yo
díxele, héle aquí cómo os espera; y ella dió voces diciendo: Dones,
correu, que mont marit es tornat orat. Yo díxele mira cuán endiablada
y brava sois, que tengo de ir por casa siempre armado para valerme con
vos; y ella tornóse á reir y díxome: Axous val, que yous aguera mort,
sius trobara desarmat, y hicimos paz.

_El Canonge._ Lo mal no está en fero, sino en diro, que be sé yo que
les dones braves, lo marit ben armat les amansa, y á voltes noi basta
quien ha menester algun companyo, que si me portaba mí, yous posare
tanta pau en vostra casa, que li poran dir lo templum pacis com lo dels
Romans.

_Joan Fernandez._ No entraréis vos en este templum pacis que decis,
sino como salió un truhan que habia entrado en achaque de hacer oracion
á la diosa de aquel templo, y halláronle con una moza, y mandaron que
anduviesen ella y él desnudos por Roma azotando el uno al otro; y él,
cuando le daba, le decia: _Toma, vivo te lo do_, y ella á él: _Toma,
porque se cansó_. Y si quereis veros en esto, yo tengo en casa una
mozuela de Logroño, que por mucho que le digais toma vivo te lo do,
ella os responderá toma porque se cansó.

_El Duque._ No riamos más, que pienso reventar; las doce dan agora;
vámonos á reposar, y no falte nadi de los que estamos aquí, que la
máscara de Malfarás, de los griegos y troyanos, es cierto mañana á la
noche.

Acudieron todos el otro dia en el mismo lugar, y el Canónigo Ester
estaba en una ventana aguardando á la máscara para dar aviso al Duque,
y dixo: Senyor Duch, puix me habe fet Monjuhí lo de Barcelona, ja he
descubert los cuatro galeons galans ab la conserva que tostemps porten
de les quatre galeres, que per la capitana, que es la señora doña
Hierónima, he dit galeres, que vol dir galan eres.

_El Duque._ Canónigo, por vos se puede decir, no con quien nasces, sino
con quien pasces. Nacistes catalan y habeisos hecho galan sirviendo la
señora doña Hierónima, que de aquí en adelante os haré nombrar mosen
Hierónimo Ester.

_El Canonge._ Señor, á la darrería yo exiré de vostra casa orat y plé
de noms; vostra excellencia no fia huy contra mí, que yo vull pagarme
á mots destos cortesans per les burles que en ses cases me feren lo
dia quels allargui la máscara pera huy; que á senyors que á sos criats
dexan ser amos, be será tenirlos á ells per criats. Yo vaig á rebrels
al apear, que allí vull comensar la escaramusa.

¡Ah, senyor Joan Fernandez! á la trocada me par que dansau huy la baxa;
vos portau á la senyora doña Isabeth, vostra cunyada, y altri us porta
la muller; millor sou pera porta homes que pera porta mullers.

_Joan Fernandez._ Señor Canónigo, ni con la señora doña Isabel se puede
danzar baja ni con vos alta.

_Doña Isabeth._ Senyor Canonge, dexeu burlas á part, ¿trobaria en son
poder un poch de tortugat? ¿que volen los metges, quem prenga una
novena?

_El Canonge._ Senyora doña Isabeth, ¿trovaria yo en poder de vosa merce
un poch de codonyat pera guarit de unas cambres que man vengut del mals
mots de vostre portador?

_Doña Hierónima._ Senyor Canonge, yo he sabut del vostre mal, que son
cambres de cels que teniu de la vostra Corbina, mare del vostre fill
Corbinet Ster. Yous enviaré mel rosada alexandrine, qu’es millor que lo
codonyat que demanau.

_Joan Fernandez._ Señor Canónigo, tiznado os sois parado en nombraros á
vuestra negra Corbina, que de tal molino, tal harina.

_El Canónigo._ Senyora doña Gracia, encara que vosa merce sia filla de
la senyora doña Isabeth y nevoda de la senyora doña Hierónima, responga
per mí á estos mots quem ha pegat. Que en son cas y lloch, ab una filla
es bó vengarse de una mare, y ab una neboda de una tia.

_Doña Gracia._ En verdad que no teneis razon de quejaros, que motes de
damas favores son. Si no dígalo don Diego Ladron.

_Don Diego._ Señora doña Gracia, el Canónigo me parece que ha venido á
trasquilar y queda trasquilado, como carnero sardo de cuatro cuernos,
que de la tisera queda bravo, que no hay rodela que lo espere; si me
empresta la que trae á cuestas, yo le esperaré.

_El Canonge._ Don Diego, Esperaume ab lo broquer de roble queus ha
portat vostra muller, y sil vos pase, restar vos han los corns del meu
moltó per llesió, y á Deu siau, que allá en la sala tindré camp á
vostra gala.

_Don Diego._ Dalde grita, pajes; dalde grita: Al lobo, al lobo,
gibalgaba, mandafiestas, tartugote, carnero sardo, gurrion pelado.

_El Duque._ ¿Qué es esto, Canónigo? ¿Qué grita es la que siento? ¿Cómo
venis mudado de color?

_El Canonge._ Senyor, yo ya estich com á roba pelada al coll de
corredor, que tot hom me corre y fa menyspreu de mí, per conoxer en
vostra excellencia quey pren plaer, puix sen riu. Lo diable me ha fet
moure la escaramusa vaix, que tots me han perdut la vergonya, hanme
avisat los patges com á gosos, que si non fora devot de senta Quiteria,
me haguerent rosegat. Yo’m vull retraure en la mia cambra y exiré
desfresat com á frare ab la máscara que vostra excellencia me ha donat,
y nom descobra, que vull aguaytar á la senyora doña Hierónima y á mon
competidor com li va ab ella, y será fugir de orats en lloch estret,
que nos pochs saber.

_Joan Fernandez._ Vuestra excellencia sabrá que el Canónigo Ester nos
ha salido á recibir al descabalgar, y ha hecho entrada en nosotros
como á lobo que acomete ganado, que si no le resistiéramos, queria
hacer presa, segun venía hambriento de carne, y desvergonzado carnicero
con los motes que á nuestras damas ha dado; y como ha visto tan gran
resistencia, púsose á huir, y los pajes como á perros tras él dándole
grita: Al lobo, al lobo, con una de nombres que le han sacado, que ha
sido la mejor fiesta que aquí se hará hoy.

_El Duque._ Yo he visto cuanto habeis pasado por donde nadi me podia
ver, porque de mí se partió con una modorra para recibiros, que yo
quedára con ella si dejára de gustar cosa tan de ver; y cuando volvió
para mí, venía como lobo acosado y peor; pues le acosaban pajes, que
son peores que perros: Díxome que se iba á retraer á su cámara y salir
como á fraile en máscara para acechar á la señora doña Hierónima,
vuestra mujer, y á un competidor que tiene para ver cómo le va.

_Joan Fernandez._ Señor Duque, don Luis Vich hizo lo mismo cuando
servia á doña Violante Almunia, su mujer. Disfrazóse como armado de
Juéves Santo para ver cómo le iba á un competidor suyo que ella le daba
á entender que no hacia caso d’él; y como él le hallase en una iglesia
aguardándola, allegóse á ella armado y alzó la ventanilla del helmete,
y díxole: Dona Violant, preneu esta figa y una alta pijor pera tal
competidor.

_Don Luis Milan._ No tuvo mal parescer don Luis Vich de acechar y
probar lo que se debe, porque de dos cosas me paresce que es bien hacer
prueba ántes de fiar de ellas, y son del amigo y del amiga d’esta
manera; amprar á vuestro amigo en todas aquellas cosas que vos haríades
por él para saber qué teneis en él, que no es justo tenga más en vos de
lo que teneis en él; y la otra prueba es á la amiga, ora sea para casar
con ella ó no, porque si no la hallais tal que sea buena para mujer y
casais con ella, quejaos de vos, que los descontentos son muy malos de
digerir cuando es la culpa del que siente la pena.

_Don Diego._ No he visto de una burla salir mejor cosa de véras, que de
la burla de don Luis Vich sacar tan gran verdad don Luis Milan. Bien se
puede decir, el hombre que es muy de hecho, de burlas saca provecho.

_Don Francisco._ Pues la boca de don Luis Milan nunca da pesar sino á
pesar suyo, y siempre toma placer para dalle, no nos daria mal rato con
un soneto, pues tiene tal dejo, que nunca los deja de memoria de quien
los oye, como este dicho dice: Lo que es mucho de acordar, tarde se
puede olvidar.

_El Duque._ Si nos ha de aprovechar, dése por mí rogado.

_Don Luis Milan._

    Yo me doy por su mandado,
  Pues sabe tan bien mandar.


SONETO INTERCALADO.

    Un hijo sé que nasce de ignorancia,
  Y es tal que siempre va enojando á todos,
  Y nómbrase por nombre Error de modos,
  Que nunca de enojar salió ganancia.

    De vos, señora, á él hay gran distancia;
  Mas yo osaré decir en mis apodos
  Que en crueldad sois un rey de los godos,
  Que conquistais Italia, España y Francia.

    Italia, en mí de vos muy sojuzgada,
  Es donde estais, que es mi memoria vuestra,
  Y España es mi razon por vos nombrada.

    Que más reinais en ella que se muestra,
  Y es Francia en mí de vos muy guerreada,
  Mi voluntad que nunca os fué siniestra.

_El Duque._ Pues tal hijo nos ha engendrado este soneto tan natural,
adevinemos en quién le hallarémos á él y á su madre; y comience mastre
Zapater, y no se excuse, que me enojará.

_Mastre Zapater._ Señor, no hay cosa que hacer se deba que yo no la
haga por no enojar á vuestra excelencia, aunque más querria deservir-le
callando que enojarle hablando.

_El Duque._ Haciendo vuestro oficio nunca me enojaré; pues tan bien
sabeis hablar como callar lo que se debe.

_Mastre Zapater._ Usando de mi oficio, que es decir las verdades, y
vuestra excelencia del suyo, que es ser amigo de ellas, digo: Que este
hijo nombrado Error de modos, que este soneto, tan acertadamente, dice
que su madre es la ignorancia, en ningunas personas lo hallo yo mejor
que en los privados que mandan para mal hacer á los príncipes, porque
si ellos me dicen que no pueden tener Error de modos, los que no pueden
ser privados sino con avisados modos. A esto respondo: Que aunque la
privanza sea para bien hacer, no debe ser para mandar al príncipe,
sino para ser mandado de él, como dice este dicho: Mal hay en aquel
bien que mal del bien se sigue. Pues la potestad Real que Dios da,
tal se ha de conservar como de quien viene; mostrando que no proceden
las esecuciones sino de quien tiene el poder, que es el Rey, y no de
quien lo quiere tener, que es el privado; y esto porque no se siga ser
malquisto el príncipe mandado; pues el bien no debe dar por su criado,
y así, bien considerado, no puede tener sabios modos el que los tiene
tan errados, que quiera mandar á uno para ser aborrecido de muchos;
pues al fin es ignorancia el saber que con él se han de perder.

_Molina._ Señor mastre Zapater, ya sé por quién preguntais; vos habeis
calzado, como á buen zapatero, á un pié que sabeis de qué coxquea;
y oya un cuento de un muy notable príncipe que jamas se dejó mandar
de manera que pareciese ser mandado. Julio César, como nació para
príncipe, siempre lo fué, y rogándole los senadores y cónsules de Roma
muy mucho que cobrase á su mujer, que él habia repudiado, diciéndole
que le hacia gran sinrazon por no parescer en ella causa alguna para
ser repudiada y dejada d’él. Respondió Julio César: Quien no calza el
zapato no sabe dónde le duele, yo que lo calzo sé dónde me toca.

_Gilot._ Trompetes y clarins sent, la máscara deu venir, yo vull anar á
la finestra per veure si venen. Senyor Duch, cert es la máscara espant
posa de veurela; tots venen armats, y son tan grans, que par que fien
pagans.

_El Duque._ Calla, Gilot, que más dices de lo que piensas, y estemos
atentos y gocemos de las invinciones y motes, y del combatir, que será
cosa de ver.

_Malfarás._ Porque vuestra excellencia mejor goce de ver las
invinciones que traen los de la máscara, está ordenado que al pasar
cada uno d’ellos l’estará delante hasta que señale que pase; yo voy
á guiallos, que cerca están. Señor, este que delante está vuestra
excellencia es el rey Priamo de Troya. Mire qué lindas armas doradas
trae, con el juego del ajedres de diamantes y rubis, que por invincion
sobre ellas lleva, y el mote en la celada que dice: Yo di el jaque, y
fortuna me dió el mate.

Pues mire vuestra excelencia este otro que viene, que ya delante tiene.
El muy valeroso y nombrado Héctor troyano, que lindas armas verdes que
trae, cubiertas de hiedra de esmeraldas, qu’es es el árbol que más
tura, y jamas pierde la hoja si no le roe gusano. Y el mote dice: Mi
hiedra no morirá, que en su muerte vivirá.

Y este que agora viene, que ya delante su excelencia está, si le
viese desarmado diria por su hermosura lo que yo diré: Este es Páris
Alexandre el troyano, que juzgó las res deesas y robó á la reina
Elena, y porque él fué más robado de su gran hermosura, mire cómo
la trae retratada sobre sus armas, que tan hermosas son por ella
como desdichadas por él. Y el mote decia: Retrato de la hermosura y
desventura.

Y este otro que delante tiene, es el fuerte Trohilo, troyano, hermano
del gran Héctor, á quien él paresció tanto en las armas, que por esto
las ha sacado verdes como las d’él, con muchas manos de oro de martillo
sobre ellas. Y el mote dice: Poco valen muchas manos contra casos
inhumanos.

Y este postrero del puesto de los troyanos, que aquí está, es Enéas,
troyano, sobrino del rey Priamo. Mire cuán bien proporcionado y grande
era, y qué bien invincionadas armas que trae, llenas de medallas de
emperadores romanos que representan los que d’él vinieron. Y el mote
dice: Al que guia la ventura en peligros asegura.

Tras estos verná el puesto de los griegos, ya entran. Mire vuestra
excelencia este primero que viene, que ya delante tiene, cómo muestra
su presencia que es Agamenon, griego, rey de Micena, capitan de todo
el exército de los griegos contra los troyanos, en la guerra de Troya.
¡Oh, cuán espantosas armas trae! de color de fuego y sangre son. Y el
mote dice: Do no es bien que valga ruego, á sangre y fuego.

Este otro que viene es Menalao, griego, rey de Lacedemonia, marido de
Helena, la que robó Páris, troyano, hermano de Héctor, en recompensa
del robo de Hesiona, hermana de Priamo, rey de Troya, que Hércules
Griego robó á los troyanos. Qué bien invincionadas y ricas armas
que trae, con relieves de oro de martillo, que hacen unos corazones
abrasados sobre brasas de fuego de esmalte de ruchicler. Y el mote
dice: Corazones abrasados arden hasta ser vengados.

Agora entra el muy fuerte Achílles, griego, hijo de Peleo, rey de
Tesalia, que mató á Héctor y Trohilo en la guerra de Troya; envidiado
de Alexandro Magno por la pluma de Homero, que muy altamente de sus
hazañas escribió. Mire las más fuertes y ricas armas que se han hecho
fabricadas de Vulcano. Y el mote dice: Las mejores que se halláran si á
Policena armáran.

Este que agora viene es Ajaz Telamon, griego, hijo de Hesiona,
hermana del rey Priamo, y la que Hércules Griego robó de Troya. Fué
tan fortísimo en armas, que puso espanto á Héctor cuando los dos
combatieron y se vinieron á conocer por primos hermanos; de quien
Héctor, siguiendo el costumbre antiguo, tomó el Baltheo, que es el
militar, y él le dió un cuchillo que Ajaz se mató con él, porque los
griegos, demandando Ulíxes y él las armas de Achíles, despues de
muerto, las dieron al tímido Ulíxes y las negaron al muy temido Ajaz.
No sin gran propósito debe traer sobre las armas aquellos animales
que la hembra mata al macho al engendrar, y los hijos matan la madre
al nacer, que son víboras. Oya el letrero lo que dice: Víbora es mal
parescer; lo que muere al engendrar, mata al nascer.

Diomedes, el muy valeroso y sabio griego, hijo de Thideo es este que
ve, que despues de muerto Achíles y Ajaz era el más valiente y osado
de los griegos. Mire qué ricas y bien invincionadas armas que trae,
con muchos ojos cerrados por todas ellas. Y el mote que dice: A ojos
cerrados se han de mirar cuidados.

Ya que todos fueron entrados, estando donde hablan de combatir, hecha
que fué la señal, vinieron con muy gran saña uno para el otro, el rey
Priamo, troyano, y el rey Agamenon, griego, y en haber rompido sus
picas pusieron mano á las espadas, que gran espanto ponian los golpes
que se daban, y el Duque mandó señalar al trompeta porque las damas
habian perdido la color de sus caras de la ferocidad dellos, y cesaron
de combatir.

Luégo tras éstos vino al palenque el invincible Héctor, troyano, con
muy gran braveza contra el ferocísimo Achíles, griego, y diéronse tan
grandes encuentros de picas, que la tierra que pisaban temblaba; y
poniendo mano á sus espadas, salian tan grandes centellas de fuego
de los espantosos golpes que se daban, que las damas, de temor de
ser abrasadas, señalaron al Duque, y el trompeta señaló y cesaron de
combatir.

Vino como un bravísimo toro agalochado al palenque el rey Menalao,
griego, marido de Helena, contra el muy fuerte Páris, troyano, que
lo esperó con más ferocidad que ira, por tenerle su mujer, que el
agraviador debe ser defendedor. Rompió Menalao las tres picas, que bien
mostró estar picado, y daba tan fuertes golpes, que Páris se desapiadó;
y viniendo á las espadas, hicieron tales cosas, que si el uno mostró
ser hermano de Héctor, el otro peleó como Achíles; pues la mayor parte
de las lumbres se mataron del aire que movian los grandes golpes que se
daban. Señaló el trompeta, y el combate dellos cesó.

Vinieron dos tan furiosos al palenque, que bien mostró la honra no
tener respeto á parentesco, y era Trohilo, troyano, y Ajaz Telamon,
griego; diéronse tan grandes golpes de pica, que Gilot, de gran miedo,
se echó á los piés del Duque, y dixo: Señor, llansau diables de vostra
casa, que axó no son homes. Y el canónigo Ester se puso en las espaldas
de la señora doña Hierónima, y díxole: Señora, nos troba al cor sino
aun lo te l’amor; y viniendo á las espadas, tan grandes fueron los
golpes que se dieron, que Héctor dixo: No pelean como primos aunque son
primos hermanos; y el trompeta señaló y dejaron de combatir.

Los postreros fueron Enéas, troyano, y Diómedes, griego, que del golpe
de la primera pica dió con la rodilla en el suelo, y á la segunda que
rompieron, Enéas perdió un paso de tierra, y á la tercera pensaron
caer. Pusieron mano á las espadas, y los golpes fueron tales, que de
temblar todo aquello, algunas gorras, que damas traian en las cabezas,
cayeron. El Duque mandó señalar al trompeta y dejaron de combatir uno
á uno, y arremetieron cinco á cinco, unos contra otros al palenque, y
de la gran furia dieron con él en tierra, que temblando estaban las
hojas de los árboles. El grande aire que levantaron del combatir, la
mayor parte de las lumbres mataron; las damas se pusieron detras sus
caballeros; el Real pensaron que cayera del terremoto que sintieron,
que paresce que el mundo se hundia de la cruel batalla y grandes
golpes que se daban, que jamas sintieron el trompeta que señalaba que
cesasen; y estando en esto se pararon como encantados, porque entró
Apolo tañendo con su cítara, que compuso para representar á la dulce
armonía que los siete cielos de las planetas hacen. Este fué un gran
sabio de Grecia, y el primero que halló el arte de la medicina; tuvo
un hijo que se decia Astrolapio, que amplió mucho esta ciencia; murió
herido de rayo celestial, y la gente bárbara quemó todos sus libros,
y de allí adelante no quisieron más medicinarse, creyendo que Dios le
habia muerto porque daba veneno mezclado con la medicina, y por esto
no la usaron por tiempo de cien años, hasta que Athanases, rey de
Persia, que fué docto en ella, la resucitó. Este Apolo fué aplicado al
cuarto planeta, qu’es el sol, despues de muerto Entró en esta fiesta
con la ninfa nombrada Syringa, que tan dulcemente cantaba, como él
con la cítara tañia. Fué de tan gran suavidad esta música por lo que
representaba y los efectos que hace, que hizo cesar la gran batalla de
los troyanos y griegos. Representaron á Syringa y Apolo muy al natural
dos grandes músicos, que cantaron los romances que oiréis, y el primero
es del rey Priamo de Troya, que es este presente


ROMANCE.

    ¡Oh buen Priamo troyano,
  Rey de los fuertes troyanos,
  Héctor muestra y sus hermanos,
  Tales hijos de tal padre.
    Tu mujer, y d’ellos madre,
  Se volvió perra ladrando,
  La noche que vió quemando
  Troya con todo tu estado.
    Cuando te vió degollado
  De manos de Pirro el griego,
  Que bien era griego fuego,
  Pues con agua más ardia.
    Lágrimas todo lo vía
  De tus hijas y troyanas,
  ¡Oh entrañas inhumanas
  De Pirro, perro cruel!
    Llevarate en Grecia con él
  Para más honrado ser,
  Que no triunfa el vencer,
  Vencido de crueldad.
    Reinó tu prosperidad
  Cincuenta dos años vida,
  Hasta ser Troya perdida
  Con tu corona real.
    De dolor que das señal,
  Que no hay persona alguna,
  Que no llore tu fortuna,
  Y á tu Héctor sin igual.

Del gran Héctor, troyano, es este otro


ROMANCE.

    Héctor, príncipe troyano,
  ¿Quién terná sabiduría,
  Que no falten las palabras
  Cantando tu valentía?
    La mujer del griego Ulixes
  A su marido escribia
  Que por Grecia el nombre de Héctor
  Muy gran espanto ponia.
    Y ella, cuando le nombraban,
  Su rostro el color perdia,
  Temiendo que su marido
  A sus manos moriria.
    Fué de griegos tan temido,
  Que nadi se le atrevia
  A esperalle uno á uno,
  Sino con gran compañía.
    Los griegos por temor dél
  Dejáran su guerrería,
  Sino que Eritrea dixo
  Que Troya se perderia.
    El más fuerte de los griegos
  A la fin desflaquecia,
  Que tu muy gran fortaleza
  A todos siempre vencia.
    Llegó el dia de tu muerte,
  Que fortuna lo queria,
  Achíles y la traicion
  Se juntaron aquel dia.
    No te vino cara á cara
  Porque mucho la temia,
  Que si por traicion no fuera
  Nadi matar te podia.

De Páris Alexandre, troyano, es este otro


ROMANCE.

    Páris Alexandre hermoso,
  Hijo del buen rey de Troya,
  Caro te costó la joya
  De los griegos que llevastes.
    Al rey Menalao robastes
  Su linda mujer Helena,
  Cual la culpa tal la pena
  A tu Troya le fué dada.
    A traicion le fué robada
  Á Menalao su mujer,
  Y á traicion se vió perder
  Troya y su gran Illion.
    Tú mataste con razon
  Achíles que lo mereció,
  Que si á traicion Héctor mató,
  Con lo mismo te vengaste.
    A la fin tambien pagaste,
  Siguiendo tu mala suerte,
  Que Pirro te dió la muerte,
  Hijo de quien tú mataste.

Del fuerte Trohilo, troyano, es este otro


ROMANCE.

    Trohilo, fuerte troyano,
  Si fortuna lo quisiera,
  Héctor nunca muerto fuera,
  Pues en tí vivo se vía.
    Tu muy grande valentía
  A los griegos espantaba,
  Que cualquier griego pensaba
  No volver más á su tierra.
    Tú dieras fin á la guerra
  Cuando vino el Amazona
  Á socorrer en persona
  Á tu Héctor, que halló muerto.
    Puso gran fuego en el puerto
  Y quemó la griega armada,
  Porque estaba confiada
  Vencer con tu corazon.
    Todos dirán con razon
  Achíles no te mató,
  Sino aquel que te crió,
  Que secretos de Dios son.

Del valeroso troyano Enéas es este otro


ROMANCE.

    La noche que Troya ardia
  Partióse Enéas troyano,
  Navegando por las mares,
  Á Cartago es allegado,
    Ciudad de la reina Dido,
  Do fué bien aposentado,
  Él y todos sus troyanos
  Por su puerto s’han entrado.
    En llegar delante d’ella,
  A sus piés s’ha arrodillado;
  Apiádate, señora,
  D’este Enéas desdichado.
    Esta Reina piadosa
  Dixo: Bien seas llegado;
  Cuéntame, troyano Enéas,
  De Troya lo que ha pasado.
    Reina Dido, pues que mandas
  Renovar dolor llorado,
  Yo te contaré llorando
  Troya cómo ha quedado.
    Diez años tuvieron griegos
  Guerra sobre nuestro estado,
  Y á la fin de los diez años
  Su real fué levantado;
    Fingiendo volverse á Grecia,
  En sus naves s’han entrado,
  Dejaron un hombre en tierra,
  Que Sinon era nombrado.
    Dixo que en la griega armada
  Ya se habian embarcado,
  Yo huí la noche ántes
  Y escondíme en este prado,
    Porque me cupo la suerte
  Que fuese sacrificado,
  Por placar al dios Neptuno
  Y el mar no estuviese irado.
    Dejaron este caballo
  De manera bien labrado,
  Por el Paladion de Pallas
  Que de Troya os han hurtado.
    Creimos Sinon el griego,
  De sus griegos consejado,
  Para darnos á entender
  Todo lo por él contado.
    Yo les dixe que quemasen
  El caballo, que era engaño,
  Por su mal no me creyeron
  Y á la ciudad fué llevado.
    Haciendo fiestas de Baco,
  Los troyanos se han turbado,
  Y quedáronse durmiendo,
  Que el placer es descuidado.
    Y pasada media noche,
  Salieron los del caballo;
  Los griegos desembarcaron,
  Y por Troya s’han entrado.
    Dieron fuego á toda Troya,
  Nuestro Rey fué degollado,
  Y delante dél sus hijos,
  Sólo yo soy acampado.
    Entre tanto fuego y sangre,
  De Héctor fuí aconsejado,
  Que volvió del otro mundo,
  De los dioses enviado.
    Díxome, véte, Enéas,
  A buscar nuevo reinado;
  Lleva los dioses de Troya,
  Que por esto te han guardado.
    Lleva tu padre y tu hijo,
  Y entra en mar aconsolado,
  Que los dioses te dirán
  Que serás bien fortunado.
    Que si el cielo no quisiera
  Derribar á nuestro estado,
  A traicion no me matára
  Achíles falsificado,
    Por la muerte de Patroclo,
  Su amigo muy amado,
  Que maté delante Troya
  Con las armas d’él armado.
    Pensando que fuese Achíles,
  Derribéle del caballo,
  Y cortéle la cabeza
  Y enviéle muy honrado.
    Lo que yo no fuí de griegos,
  Que muerto fuí deshonrado,
  Fuera los muros de Troya
  Siete veces arrastrado.
    Abracémonos, Enéas,
  En lugar tan desdichado,
  Donde yo perdí mi reino,
  Y tú te vas desterrado.

Del rey Agamenon, griego, capitan de todos los griegos, es este otro


ROMANCE.

    El griego Rey de Micena,
  Agamenon, puso mano,
  Para vengar su hermano
  De quien le robó su Helena.
    Como alma que va en pena
  Por la Grecia discurriendo,
  Arma, arma, va diciendo,
  Venguémonos de troyanos.
    Todos con armas en manos,
  Mil naves juntado han;
  Haciéndole capitan,
  De troyanos se vengaron.
    A su Troya les quemaron,
  No dexando rosa á vida;
  Mas si Troya fué perdida,
  Fué porque su Héctor murió.
    Agamenon se volvió
  Vencedor para su tierra,
  Y halló en su casa guerra,
  Pues que fué muerto de Egisto.
    Nunca tal guerra s’ha visto,
  Que los más d’ellos murieron;
  Vencidos y quien vencieron,
  Que mal fin en mal acaba.

De Menalao, griego, rey de Lacedemonia, es este otro


ROMANCE.

    El rey de Lacedemonia,
  Menalao, de sí salió,
  Su real ropa rasgó
  Y echó su corona en tierra.
    Toda Grecia estaba en guerra
  Por el robo de su Helena,
  Lo que más le daba pena
  Verse menospreciado.
    Venir Páris tan osado
  A su tierra á ser traidor,
  De su padre embajador,
  Para robar su mujer.
    Juntóse muy gran poder
  Por la tierra y por la mar,
  Para Troya conquistar,
  Y en diez años la tomaron.
    Cien mil vidas les costaron,
  Y muy más ántes que ménos,
  Murieron tantos de buenos,
  Que gran valor se perdió.
    Si el rey Priamo murió,
  Con sus hijos tan nombrados,
  Muchos griegos señalados
  Sobre Troya se quedaron.
    Las manos de Héctor mataron
  Tantos, que si él no muriera,
  Menalao nunca se viera
  Cobrar más su reina Helena.

Del fuerte Ajaz Thelamon es este otro


ROMANCE.

    Aquel fuerte caballero
  De sangre, griego y troyano,
  Del gran Héctor primo hermano,
  Ajaz Thelamon nombrado,
    A Héctor tuvo espantado
  Cuando los dos pelearon,
  Y á la fin se abrazaron
  Despues que se conoscieron.
    Dos presentes se hicieron,
  Héctor dél quiso tomar,
  El Baltheo militar,
  Y un cuchillo á él le dió.
    Ajaz con él se mató
  Por la ingratitud que hicieron
  Los griegos, que no le dieron
  Lo que mucho merescia.
    Las armas de Achíles pedia,
  Y á Ulíses fueron dadas,
  Por sentencia juzgadas
  Con pasion y ceguedad.
    Danlas á la flojedad,
  y al valor se las quitaron,
  Que jueces que tal juzgaron
  Dejan gran enemistad.

Del fuerte Achíles, griego, es este otro


ROMANCE.

    Achíles el fuerte griego
  Á Héctor ha amenazado,
  Porque le mató á Patroclo,
  Su amigo muy amado.
    A buscarle fué por Troya,
  Y en un templo le ha hallado,
  Con la reina Helena hablando,
  Que Páris habia robado.
    En mirarse el uno al otro
  Los dos se han demudado,
  Achíles con grande enojo
  D’esta suerte le ha hablado.
    Ya no veo el hora, Héctor,
  Las treguas hayan pasado,
  Para mostrarte en el campo
  Cuánto estoy de tí enojado.
    Yo espero vengar la muerte
  Que á Patroclo le has dado,
  Malamente le mataste,
  Tú serás dello pagado.
    Héctor le dixo, Achíles,
  Falsamente has hablado,
  Que yo no maté á Patroclo
  Como hombre acobardado.
    Que jamas temí las armas,
  Como tú lo has mostrado,
  Cuando te halló Ulíses
  Como mujer disfrazado.
    Del rey Peleo, tu padre,
  Y de tí fué ordenado,
  Por no verte en esta guerra,
  Que te habia amedrentado.
    Mas si tú tanto deseas
  Ver tu Patroclo vengado,
  Combatámonos los dos
  Mañana en campo aplazado.
    Y será con un concierto
  Por nuestros campos jurado,
  Que si tú vences á mí,
  Harémos vuestro mandado.
    Y si yo te venzo á tí,
  Todos esteis á mi grado.
  Pláceme dixo Achíles,
  Y su guante le ha dado.
    Los griegos no lo quisieron,
  Por haberse ya probado
  Héctor más fuerte que Achíles,
  Aunque no más esforzado.

Del muy sabio y esforzado Diomedes, griego, es este otro


ROMANCE.

    Diomedes el buen griego,
  Tan fuerte como avisado,
  Muertos Achíles y Ajaz,
  A los griegos ha emparado.
    Él hizo venir á Pirro,
  Hijo de Achíles, nombrado
  Porque vengase la muerte
  Que á su padre habian dado.
    Diómedes le traia
  En batallas á su lado,
  Que con al les parescia
  Achíles haber cobrado.
    Esforzó al griego poder
  Que estaba desanimado,
  Que Diómedes tomó Troya,
  De muy sabio y esforzado.
    No volvió más á su casa,
  Porque se vió mal casado,
  De Troya se fué por mar,
  Y en Pulla fué bien llegado.
    Parte del reino de Dauno,
  De fortuna le fué dado,
  Cerca del monte Gargano
  Ciudades ha edificado.
    Los suyos edificaron
  Nápoles por su mandado,
  Y en la isla Diomedea
  Otros suyos han poblado.
    De su nombre la nombraron
  Por ser nombre tan nombrado,
  Donde está su cuerpo hoy dia,
  Honradamente enterrado.

En ser acabados los romances se fueron tras Apolo y la ninfa los del
torneo, y movióse una conversacion que turó hasta el dia, con mucha
diversidad de pláticas graves y jocosas. Y por excusar prolixidad,
donde veréis C. hablará caballero, y con la D. dama. Comenzó el Duque
y dixo: Platiquemos de condiciones, que son menester muchos pareceres
para dejarse bien entender, y pues yo he movido esta plática, haré
las preguntas para sacar respuestas de tales cortesanos, que no serán
menester réplicas. Díganme, pues, ¿de qué viene una condicion que no se
deja acabar de entender?

_C._ Señor, yo diria que de sabio ó de loco le viene á quien tal
condicion tiene, que muy gran locura es no dejarse entender para
bien hacer; y gran saber es no descubrir la intincion que sea para
perdicion, como se sigue entre enemigos, que saben proveer contra quien
se deja comprender; no lo digo por las mujeres, aunque algunas dellas
tienen esta condicion, que en habelle entendido se rien de su marido; y
éstas son las que no quieren bien á sí ni á otri, y no sé de qué viene,
querríalo saber para aprender.

_D._ A las que sabes mueras, aunque no tengo que responder por mí, sino
por vos, que modorra me paresce que teneis en esto que hablado habeis.

_C._ Señora, no es modorra, sino modo razonable, que bien es que no
sepa la mujer, si no es leal su marido, que encubrir esto es de sabido.

_D._ A otro perro con ese hueso.

_C._ Por mi mujer lo debe decir, que perra y perro es en roer, que nada
le puedo esconder, que más sabe que el diablo, pues entiende lo que
callo y cuanto hablo.

_D._ Diable so pera entendreu, perque us llanci la diablesa pintada,
quem portas á casa plena de afeyts.

_C._ Señora doña Hierónima: Non in die festo.

_D._ Don Luis Milá, feu del resto, que com aguant lom adobau, que no
put á mal marit, quant los dos vos coblejau.

_C._ Señora mujer, el latin que don Luis Milan os ha dicho, se nombra
adoba lenguas; una tiene adobada de ternera, ¡ojalá la vuestra fuera!

_D._ Si tan malos fuesen los lenguados como son los deslenguados, no
los nombrarian los franceses perdigones de mar.

Dixo el Duque: Buenas lanzas se han corrido, que bocas bien enfrenadas
no hacen embarreradas, y volvamos la hoja. Decíme de que viene la muy
mala condicion de celosos.

_C._ Los celos, señor, son hijos del amor, los buenos son legítimos,
que son los avisados, y los malos son bastardos, que son los necios;
los locos son alborotadores, como los de Gilot; los necios son
rebuznadores como los del canónigo Ster; los sabios son falsirisueños,
como los de don Luis Milan, que los tiene risueños sobre tristes,
mostrando con una falsa risa que siente lo que de palabra no se debe
dar á sentir.

Dixo el Duque: Por mejor tengo no mostrar celoso sino receloso secreto,
apartando todo lo que puede mal hacer con sabio modo, que, aunque sea
poco el fuego, descuido lo enciende todo.

_D._ Si justicia se hiciese de celos, cuántos hombres veriamos á la
casa de locos.

_C._ No quedarian las mujeres en la posada, que un casado poco há envió
á su perrochia para que tocasen la campana, diciendo que tenía fuego en
su casa, y los que fueron á socorrelle dixéronle: ¿A dó está el fuego,
que no le vemos? y él respondió: En los celos de mi mujer lo hallaréis,
que peor son que fuego celos de mujer, que no se puede socorrer.

Dixo el Duque: Tan buenas son estas lanzas como las pasadas, pasemos
adelante. Mucho querria saber qué os paresce de una condicion
demasiadamente dulce.

_D._ Señor, la bona condicion ha de ser agredolsa com á magrana de
Xativa, que lo dols de les mullers fa bon agre en los marits, y esta
es bona mixtura pera conservar la honra deis casats.

Dixo el Canónigo: Veritat es, sino que á voltes si mescla algun gasta
honres.

Respondió Gilot: Almenys no les gastará un tartugot gasta pa tal com
vos, espanta pardals, aborrit de cuants hostals es anat per festejador
orat.

_D._ Gil, may te vist tan grasiós com ab lo meu servidor mosen Coster,
que may entra en lo terrer mosen Ster.

_C._ Paso, señora doña Hierónima, que el Canónigo no’s quien quiera,
que hijo es de una panadera, y quedó pan lisiado al enhornar.

Dixo Gilot: Be dieu señor Joan, que al enfornar se fan los pans
geperuts.

Dixo el Duque: ¿Pues tan gran mar ha levantado el gasta honras del
canónigo Ster? sepamos qué cosa es honra, y dígalo mastre Zapater, que
lo sabrá mejor; y rogado de todos, dixo: Yo diria, no apartándome de
la ley de Dios, que la honra es el valor de cualquier persona, mas ha
de ser la que á Dios place, y no la que Lucifer quiere; y así es mucho
de notar que con sola su palabra, diciendo fiat, fueron hechas todas
las criaturas, y pudiendo con lo mismo echar á Lucifer del cielo, no
quiso su Majestad que fuese echado, sino resistiendo á modo de batalla
sus ministros los buenos ángeles, mostrando que justamente se puede
resistir y pelear por la verdadera honra, que es conservar justicia y
verdad, como ellos hicieron á voluntad de Dios, resistiendo y peleando
contra la injusticia y la mentira, que es el diablo; por donde nos
debemos mirar siempre en Cristo, nuestro señor inmaculado, espejo de
cristal, siguiendo aquellas letras que dicen en torno d’él: _Omnis vita
Christi actio nostra est_. Diciendo que toda la vida de Cristo debemos
imitar, peleando por la justa honra, conservando lo que Dios nos da;
y es de entender por su ley, como mandó á los judíos, que siempre
fueron vencedores peleando por la honra de Dios, y así no osó Alexandre
conquistarlos, porque le dixo un filósofo que si estaban en gracia de
su Dios, no lo emprendiese, que se perderia. Tambien es lícito pelear
por el natural rey con justa guerra, y por el bien comun, y asimismo
defendiendo cada uno su vivienda cuando con injusticia se la quieren
quitar, y ésta es la verdadera honra; la falsa es la que Lucifer ha
introducido en el mundo usando las armas contra caridad y justicia,
siguiendo la voluntad, y no la razon, en perjuicio del prójimo para
perdicion de quien tal hiciese.

_C._ Señor Duque, yo hallo á mi cuenta, tratando de la honra, que
los más injuriados los unos lo son á culpa suya, y otros por falta
de buenos juzgadores. Los hombres, para vivir honradamente, debrian
guardarse mucho de todas las ocasiones por donde les puede venir
deshonra, y si no dan ocasion y se ven en ella, nunca debrian
satisfacer á las injurias con obras donde se puede con palabras, que
es falta de razon ó gran soberbia que las más veces hace perder. Otros
hay que son tenidos por deshonrados sin culpa, de quien no saben
juzgar de honras, que debrian, para ser buenos jueces, saber los casos
que obligan á satisfaccion, y hallarán que son muy pocos; y para muy
bien gobernarse, débese tomar consejo de quien tiene calidades para
darle bueno, y son éstas: Que sea experimentado y no apasionado, ni
interesado, ni sospechoso, y sabido en lo que aconseja, que los más
consejos están lisiados por falta de buenos consejeros, por quien se
siguen grandes deshonras y pérdidas; y en deshonra venida por mujeres,
no obliga sino aquella que por descuido ó consentimiento del deshonrado
le viene, como es descuidarse no proveyendo á las deshonras que seguir
se pueden, ó consintiendo á las que ven venir ó tienen en su casa; y si
á quien toca ha proveido en todo lo que debe, no puede tener deshonra
por la de otro quien por sí no la tiene.

Dixo el Duque: Muy bien se ha tratado de la honra, y mal se trata
d’ella cuanto más va, y en cosa que tanto importa calzar se debrian
con este zapatero y armarse de tal caballero, pues se puede decir por
ellos: Quien las sabe las tañe, y no como algunos, que primero las
tañen que las saben. Decidme, pues, qué os parece de una condicion
descuidada.

Respondió el bachiller Molina: Señor, á esa condicion la nombran cuerpo
de buen tiempo; yo puse por nombre á un nuestro caballero castellano
don Pedro Melacha, por ser tan descuidado y dulzacho, que más cuidado
tenía de hacer perros de caza que de sus hijos, que por haberlos mal
criado, todos murieron á mala muerte; y por la gran culpa que tuvo, un
dia le aparecieron como á galgos en una caza, y á bocados le mataron
diciendo que venian por él para llevarle al infierno, adonde los habia
hecho ir. Todas las repúblicas que están perdidas es por ser perdidos
sus caballeros, que debrian los padres d’ellos apartarlos de sí
en la primera edad para que se hiciesen hombres por casas de reyes
y señores; que la propria tierra ni la cara del padre nunca hacen
perfecto hombre al hijo; y así, porque no desasosegasen á su tierra
ni á los suyos, solian los romanos echar fuera de Roma á los mancebos
en la edad desasosegada de quince hasta veinte años, ó en la guerra,
ó para saber letras por casas ajenas, porque volviesen más hombres
para regir y conservar su tierra. Y si por necesidad algun romano
pedia á los senadores que le dejasen su hijo, habia de entrar fianza
por las innocencias d’él para pagar cualquier pena que le fuese dada
por justicia; y si no tenía posibilidad el padre, á costa del público
tesoro criaban á su hijo para que no se perdiese, y así quedaban
hombres bien mandados para saber mandar. Hay una costumbre mala, que
se nombra gasta criados, y es que los señores no debrian tomar criado
ni vasallo de otro, y si esto se usase, ninguno se despidiria si no
hallase quien los recogiese, y sería gran bien, pues no habria gasta
buenos, sino adoba malos.

_D._ Nos pot dir per vos aquel cantar que diu: Que no puede ser, señor
bachiller, que no puede ser, puix noy falta algun don Pedro Melacha que
de fats á molts fan tornar orats, que tot home fa lo galan enfastijan,
y la mor es de natura que fa parer be la oradura com he llegit en uns
tercetes de don Luis Milá, que en los darrers versos diu: Ved amor en
qué nos trae, y haga parescer bien la locura.

Don Luis Milan tomó una vihuela, qu’esta señora le dió para que cantase
este diálogo de amores, que es razonamiento de un galan y una dama en
los presentes


TERCETOS.

  _G._

    Cuando más miro más estoy mirando,
  Si podré ver en vuestros lindos ojos
  Lo que de vos, señora, voy buscando.

  _D._

    Tú buscas, amador, muchos enojos,
  Que yo no puedo dar sino tristeza;
  Quien busca mal, coger quiere abrojos.

  _G._

    No puede ser de vuestra gran belleza
  Puedan coger sino gran alegría,
  Que no puede mentir naturaleza.

  _D._

    Mentir suelen señales cadal dia,
  Que muchas veces corre gran fortuna
  Quien de la mar bonanza se confia.

  _G._

    Bien sé que no hallarán firmeza alguna,
  Por más que vuestra mar muestre bonanza,
  Que no tiene mujer amor ninguna.
    No tengo yo, señora, confianza
  Que s’ha de ver en puerto mi navío,
  Qu’el aire me es contrario de esperanza.
    Si veis alguna vez que yo me rio,
  Doyme á entender que no soy desdichado,
  Pues me tienen por vuestro más que mio.
    Con mal me tengo por muy bien pagado,
  Yo me pagué de lo que me enamora,
  Verme de tal señora enamorado.
   Un loco fué d’amor de su señora,
  Gracioso, que la amor muda natura,
  Que á velle iban muchos de hora en hora.
    Por ver y oir locuras de cordura,
  Decia, ved amor en qué nos trae,
  Que haga parescer bien la locura.

  _Fin._

Dixo una dama: No he oido mejores tercetos, por decir en poco mucho,
y ser tan mesurados, que si tales fuesen los que se desmesuran en
festejos, no dixera la señora doña Juana Pallas lo que quiso decir de
los que se desigualan en servir donde no debrian. Decidnos, ¿qué mesura
se debe usar al que no iguala, que allegue á festejar?

_C._ Al que se desmesura hacelle poca mesura, y esto se ha de entender
por los festejos hormigueros, que son como las hormigas, que yendo por
tierra van más seguras, y en hallarse con alas quieren volar para en
mal parar.

Dixo el Duque: No creo que mejor se haya tratado de condiciones que
agora; pues se trata del adobo que pueden tomar los que se querrán
adobar: decíme, ¿qué os parece de la condicion miserable?

Dixo mastre Zapater: Señor, el avaro para la verdadera gloria es
mísero, y para la vana es liberal, que no hay mal que no haga quien
con el bien no la hace; que cierto está que hará muchos males quien no
puede hacer bien con los bienes temporales; pues el cativo del oro es
peor que del moro, porque éste trabaja de salir de cativerio, y el otro
cuanto más va más lo quiere ser, por lo que dice el poeta: _Crescit
amor numi quantum ipsa pecunia crescit_. Él no tiene el amor que á
todos debe: pues no da de lo que Dios dado lo há, para poder remediar
aquel mal de la pobreza, que la dió para probar la paciencia, que sana
cualquier dolencia causada del pecador; que médico es el Criador, que
en la piscina se vió la llaga y medicina.

Dixo el Duque: Lo que se pierde, de mastre Zapater no se cobrará por
ningun bachiller, aunque fuese Molina.

Respondió mastre Zapater:

  Nunca vi mejor Molina,
  Que tan bueno es su salvado,
  Que se salva por harina.

Dixo el Bachiller:

  Vos y Juvenal
  Con el bien decis del mal.

El Duque atajó este satírico palacio, y dixo: Decíme, ¿qué os parece de
una condicion perezosa, que se descuida de lo que deberia tener cuidado
para no verse juzgado; y decid los dos primero, el Zapater y Molina:
pues dará tan buena harina, que el Zapater avisado no la terná por
salvado.

Respondió Molina: Dixo Aníbal cuando Quinto Fabio Máximo Romano se
honró dél con sus mañas: _Et romani suum Anibalem habent_. Esto se
puede decir por vuestra excelencia d’esta manera: _Et Valentini suum
Juvenalem habent_.

_D._ Vaja fora lo llatí, que mon marit noy entra aci, qu’es tan verbos
que si no parla está rabios, que yol sent ja rosegant lo llatí que
estant parlant.

_C._ Mujer, _quid mihi aut tibi_? Eso que decis de mí debeis vos hacer
aquí, que roeis de rabiosa toda cosa.

_D._ Señor marit, ¿de cuán enzá parlau llatí? don Anton lous fa parlar,
qu’es lo vostre familiar.

Dixo mastre Zapater al Duque: Señor, en la condicion perezosa que
vuestra excelencia manda que yo hable, nadi se debe enojar de lo qu’es
de aprovechar. En los príncipes hallo yo que la condicion perezosa es
muy dañosa, y para bien gobernar á sus pueblos debrian mandar tener
siempre en su córte un embajador por parte de su república, y un Juez
de residencia contínuo dél en ella, para que del embajador supiese
mejor lo que ha menester su tierra si está mal gobernada, y del juez de
residencia fuese remediada, informando á su príncipe para que diese la
pena condigna á quien la meresce, porque no se la den á él de perezoso
en el otro mundo, que Jesucristo nuestro redentor no rehusó cualquier
trabajo para redimirnos.

Dixo el Duque: No he oido mejor licion para bien gobernarse los
príncipes, que si esto se hiciese como debe, muchos se salvarian que se
pierden: decíme, ¿qué os parece de la condicion parlera?

Dixo don Luis Milan: Señor, la condicion parlera se dice ventera, por
ser llena de viento, que la verbosidad es enemiga del buen hablar, y
para ser uno bien hablado, si á vuestra excelencia le paresce, debe
tener estas partes: Estar siempre en su pensamiento para pensar ántes
que hable si es bueno ó malo lo que quiere hablar, que despues de mal
hablado, si se ha de remediar, se verá ser remendado, y para guardarse
de errar, sólo en lo que sabe debe hablar, sopena de ser tenido por
nescio ó loco ó atrevido.

Tambien debe considerar cada uno para lo que es bueno en la
conversacion, porque hay unos que son buenos sólo para recitar, y quien
no fuese para más, recite lo que habrá oido ó visto ó leido, por no ser
tenido en ménos si habla más de lo debido. Otros hay que saben inventar
razones, y quien tal gracia tuviere no lo deben atajar, pues desobliga
á quien lo oyera de hablar. En ningun tiempo ni lugar deben estorbar
á la persona que habla si es para dejarle hablar, que es una licencia
que descubre muy licenciado á quien se la toma, que la mala crianza es
gasta buenos, y la buena adoba malos. Dícese una razon de don Hernando
de Abajos, marqués de Pescara, que fué tan excelente cortesano como
guerrero, pues tanto venció con avisadas palabras como por armas. Fué
tenido por tan sabio y valeroso, que con su fama venció el gran Antonio
de Leiva al rey de Francia una jornada que los franceses le tenian
banderas dentro Pavía, y valióse con una estafeta que hizo entrar
corriendo por Pavía diciendo: Victoria, victoria, que el Marqués de
Pescara ha vencido á Lanzon, y viene en vuestro socorro; que puso tanto
temor en los enemigos como esfuerzo en los españoles, pues vencieron
á los franceses. Solia decir este invencible capitan cortesano que la
obligacion de hablar es una pesada carga, y cuando alguno hablando bien
desobligaba de hablar, no sólo debrian callar y escucharle, mas hacerle
gracias, como hizo un portugués á un castellano competidor suyo, que
no le daba lugar que hablase delante la dama que servian, y dixo:
Portugués, ¿por qué no hablais? y él le respondió: Castelau, heu vos
faço gracias que falais por los dos, e vos agradesceime que amo por mí
e por vos.

_D._ Mejor estoy con el portugués, que el callado amor muy mejor es.

_C._ Y si algo quieren demandar, ¿han de callar?

_D._ A quien pide lo qu’es malo, dalle del palo.

_C._ Y si meresce del pan, ¿qué le darán?

_D._ Si ha de ser para casar, d’este pan le pueden dar.

_C._ ¿Y si no es casamentero?

_D._ Ame, sirva y sospire, que un amor muy verdadero, un no, suele
volver sí, que diciéndoles de no, á muchos casados ví que la ventura
los casó.

_C._ Señora, nombrarse debria doña Esperanza, pues que la da.

_D._ Y vos don desesperado, de mal hablado.

_C._ ¿De no dar nada estais enojada?

_D._ Jugador de pasa pasa debeis ser.

_C._ Eso mismo soy, señora, pues me decis pasa pasa en mal hora.

_D._ A Dalmau me semejais, que figura por punto mostrais.

_C._ Mas ántes he mostrado el punto, pues en tal punto he venido, que
la tengo retratada en mi posada.

_D._ ¿Quién os ha dado licencia de retratarme?

_C._ El que á vos os dió poder para matarme, qu’es vuestra gran
hermosura, que en vella vi su pintura en mí pintada por idea
aposentada.

_D._ Hablad alto, que n’os oigo lo que hablais.

_C._ Alto hablo, pues no es bajo sino lo que me abajais.

_D._ Altibajo debeis ser, y no brocado, pues andais desvariado.

_C._ Alto es todo el amador cuando no es bajo su amor.

_D._ Callad un poco, que dirán si hablar os oyen que sois loco, que por
no dar á entender que os atreveis, disimulo lo que haceis, que un buen
disimular vale más que mal hablar.

Dixo el Duque: Mal estoy con la parlería inconsiderada, que bestia es
desenfrenada. Nasce desta mala madre una peor hija nombrada Verbosidad,
y los que la tienen para no ser enojosos de verbosos debrian tener en
su memoria una recámara de muchas diversidades de razones, tomadas de
lo mejor que leen y oyen y ven, que sin leer, oir ni ver no se puede
bien saber; y haciéndose avisados desta manera la lengua verbosa se
convertiria ensabrosa, y será muy bien oida hablando como sabida; pues
sea la conclusion, que la parlería inconsiderada no debe ser creida ni
escuchada si con arte no se hiciere avisada, que tanto cansa un verboso
alocado como descansa un hablador avisado.

_D._ Mala estoy de unos requiebros largos, que ribetes viejos son.

_C._ Serán de mi competidor, que viejo muestra ser su amor.

_D._ Guardad que no sean vuestros, que á ropavejeros han apodado
vuestros amores, que de viejos amadores tomais cuentos, pues de largos
paran siempre en descontentos.

Dixo el bachiller Molina: Señor Duque, á jaraves apodo á los malos
amores, que mueven malos humores, si se dicen fuera tiempo y lugar que
á veces suelen matar de frialdad, purgallos luégo es sanidad, y la
purga debria ser despedilles con este cantar:

  No me sirvais, caballeros,
  Ios con Dios,
  Que purgada estoy por vos.

_C._ Señor Bachiller, á vos habemos menester; sarnoso sois en amores,
que rascando sacais sangre con humores. Mejor sería que preicásedes las
leyes que se han hecho en la Salacorte para que no se pierda el amor,
que no haceros purgador con tales purgas y jaraves, que sea despedido
el amador de su amada. Guardaos de aquel refran que dice: El que hace
cudolete le meresce en su posada.

Dixo el Duque: Don Luis Milan, ¿en qué punto teneis el Cortesano que
las damas os mandaron hacer?

_C._ Señor, ya está hecho y heme visto en una gran batalla por
defendelle de quien vuestra excelencia oirá: La noche pasada, ántes
del dia, salí al campo para ver en el curso de las estrellas si ternía
contrarios mi libro, y buscando mi estrella, que es el planeta Març, vi
que muchos cometas estaban encarados contra él con unas colas de fuego,
y él echaba tan gran resplandor que en un cuarto de hora desaparecieron
sus contrarios por tener dominio sobre las batallas. Este curso
señalaba que los cometas eran invidiosos, que siempre señalan mal, y
si no se ha de seguir en la persona que ha nascido debaxo el planeta
Març, él se oposa delante d’ellos y queda vencedor. Este planeta,
por ser mi estrella, señaló ser mi libro, que será vencedor de sus
envidiosos, pues señala el cielo quien bien ó mal terná en el suelo. Y
trasportado todo en este curso, vine á parar en unos campos solitarios
al pié de un monte tan alto que parescia que llegaba al cielo, arbolado
de maravillosos y odoríferos árboles, donde vi una hermosa ninfa
extrañamente vestida, con una ropa de color de cielo, y por guarnicion
al entorno traia el arco Iri con unas letras de oro por toda ella
que decian: El arco Iri y la verdad salen por seguridad. Admirado de
ver tan extraña belleza, la saludé y dixe: Señora, pues fuí venturoso
para veros, séalo para conoceros, que ya lo querria, pues asegurais
de tristura, como hace el arco Iri, que asegura. Respondióme: Yo soy
hija de la Razon, la ninfa de la verdad, y somos del alto Dios, á quien
servimos las dos; sígueme, que para tu bien he venido. Tomóme de la
mano y subimos á lo más alto de este monte, donde vi una muy hermosa
plaza con una cerca torreada de extraña y muy fuerte fina piedra,
grabadas unas letras por ella, que decian: _In ratione fortitudo, in
fortitudine ratio_.

En medio d’esta plaza estaba una casa-fuerza real, toda labrada de la
misma piedra de la cerca. Las cubiertas eran de oro de martillo, y los
suelos de plata, labrado todo de maravillosos esmaltes y figuras de
notables varones que en este mundo tuvieron gran verdad y fe. Tenian
debaxo sus piés muchos envidiosos en figura de perros, que son los
animales que más envidia tienen. El nombre d’esta maravillosa casa
estaba en la puerta del entrada intitulado con este letrero: _Domus
rationis, ubi residentiadatur_.

La ninfa de la verdad me entró en una sala donde la Razon estaba sobre
un trono real, que por estar donde reinaba, tenía debajo sus piés á
la Voluntad, su enemiga, en figura de una cortesana mundanal, vestida
de tornasol, con este letrero en sus manos, que decia: _Sine ratione
voluntas sub pedibus ejus_.

En vella me arrodillé á sus piés y pedíle la mano para que me la diese
de correction, si mi Cortesano la merescia en la residencia que tomar
me queria, que la Ninfa me dixo haberlo procurado contra envidia y su
pasion, porque en mí no se perdiese, si la tengo, la razon. Y esta
Reina que la representaba me dixo estas palabras: Yo te hice venir para
tomarte la residencia que te conviene dar, porque no te la tome quien
no la puede tomar, que de razon sólo juzga la Razon. Mucho holgaré que
me digas la intincion y obra de tu Cortesano, pues sé la de los que
te van á la mano, que son el Invidioso y el Ignorante y el Loco, que
ya entran á contradecirte, que es el oficio d’ellos; ten paciencia y
reposo, que mejor es envidiado que envidioso. El primero que entró fué
el Invidioso en figura de un viejo muy arrugado, de color de alacran,
mirando de cola de ojo como á traidor, con una ropa toda de lenguas
de fuego, y unas letras al entorno por guarnicion, que decian: _Ponam
solium meum super astra c[oe]li, et similis ero altissimo_.

Luégo despues entró el Ignorante en figura de un sordo que no gusta de
lo que no siente, con una ropa de muy grosero paño, y un mote en un
sombrero, que decia: _Nescio vos_.

El postrero que entró fué el Loco en figura de un hombre desnudo
desvergonzado, con un letrero en sus manos, diciendo: _Quod habeo vobis
do_.

Mandóme la Razon que yo hablase primero, y dixe: Envidioso, dime, ¿qué
ha de tener un libro para ser cual debe? Respondióme: Ser bueno. Yo le
dixe: Más pensé que ser malo; tanto se dixeran el Nescio y el Loco, tus
hermanos. Respondieron: ¿De qué te maravillas? ¿de haberte dicho la
verdad nuestro hermano? y levantaron una gran risa, que bien parescia
de quién era; y díxeles: Y’os respondo con lo que dixo un filósofo á
un amigo suyo, que le decia que entrasen en una casa; respondióle el
filósofo: Yo no entro en casa que se sienten las risas del cabo de la
calle. Y volviendo á tí las razones, Envidioso, sabrás que para bien
juzgar ha de saber el que juzga las partes que debe tener lo juzgado
para ser bueno, y si tú las supieras, respondieras á mi pregunta, que
cuatro cosas habia menester un libro para ser bueno. La primera que ha
de tener, ser útil, porque todo lo que hay en el libro pueda aprovechar
para lo que es hecho, como hallarán en este tu envidiado, que tiene
muchas sentencias de filosofía y muchas jocosidades y cuentos para
aprobacion de razones; tiene estilos para saber hablar y escribir á
modo de córte, á quien yo he querido tanto imitar, que por la brevedad
de palabras y la verbosidad que no tiene, será menester leerle á
espacio y con atencion para mejor gustar lo que no se gusta sin pensar.

La segunda que debe tener, ser delectable, prosiguiendo de bien en
mejor todo lo que tratáre, porque no enfade y ponga gana de leerle
muchas veces, para que mejor quede lo bueno d’él en la memoria del
lector; y por esto he tratado con diversos lenguajes que á tí,
Envidioso, te han hecho deslenguado, no mirando que muchos autores
extranjeros lo han hecho, que no dices mal sino por decille de tu
natural.

La tercera que ha de tener, ser inventivo, para que no sea aborrescido
por ladron si le hallan con el hurto en las manos, porque las tuyas no
le azoten como á verdugo, que por el mal uso no tiene piedad, y ésta
es gran desvergüenza del que hace con obras ajenas libro suyo; que por
huir de tus envidiosos azotes me guardé de ser ladron de la primera
hasta la postrera letra d’este libro, qu’está libre, si no de tu
envidia, que no le hallará la razon ni la verdad, fuera de la historia,
que no es hurto, para que tú le puedas ahorcar.

La cuarta que ha de tener es arte, servando las partes de la retórica:
tratar cada cosa en su lugar, principio, medio y fin, con sus
preparaciones y colores retóricos para autorizar lo que propone y
acaba, poniendo gran fuerza en las palabras atractivas para traer los
ánimos á lo que el autor quiere. Esto es lo que ha de tener un buen
libro y un buen orador en el hablar y escribir, que si tú la tuvieses,
no ternias de qué tener envidia, que el envidioso muéstrase defectuoso,
y á su envidiado hace más aventajado.

La intincion mia en este Cortesano ha sido representar todo lo que en
córtes de príncipes se trata: diversidad de lenguas, por las diversas
naciones que suele tener; uso de todos los estilos, usando del altiloco
en las cosas altas, que son consejos y pareceres para gobernar nuestra
vida y estados; sirviéndome del mediocre para las conversaciones
jocosas de graves cortesanos, exercitando el ínfimo para las pláticas
risueñas de donosos y truhanes, que por secretos y públicos lugares de
señores, alivian de las pesadumbres de los negocios y gravedades. Yo
pido de merced á quien leyere este libro, que mire la intincion de cada
cosa para lo que fué hecha, que no hay bajedad mal dicha si está como
debe, ó para alegrar y divertir d’aquello que turando mucho enfada,
ó para hacer preparaciones, que de las burlas se saquen provechosas
véras; y si no saben juzgar, pidan lo que ignoran á quien lo entiende,
porque les pueda aprovechar para no dexar de leer y más saber.

Mandó la Razon al Envidioso que hablase, y él queria y no sabía, que
contra razon no podia ni acertaba, que era señal que hablaba contra
verdad; _quia fortior est veritas_. Y visto la Razon el efecto que hace
la Verdad, que turba los sentidos á sus contrarios delante d’ella,
hizo parte por sí misma para que la Razon juzgase quién la tenía, que
tratando della, la Verdad está agraviada si van contra la Razon, que
madre y hija entrambas son. Y el juicio que la Razon hizo, fué avisar á
todos que aprovechasen con estos presentes versos:


CARMINA CONSONANTIA DUODECIM SYLLABARUM, IN OCTAVA RIMA.

    _Si de longe vides et profundus eris,
  Respice per librum eius horizontem
  Utilem suavem, gustabis hunc fontem
  Si liber in libro, teipsum videris;
  Synon si non eris, agam tibi gratias,
  Ulysses ne fias, in forma fallace;
  Crede mihi, lector, audi, vide et tace;
  Quod tibi non velis alteri non facias._

  Fué impresa la presente obra en la insigne
  ciudad de Valencia, en casa de Joan
  de Arcos, corregida á voluntad
  y contentamiento del autor.

  Año MDLXI.

  Vt. Blasius Navarro.

[Illustration]



Libro de motes de damas y caualleros: Intitulado el juego de mádar. Lo
puesto por don Luys Milan. Dirigido a las damas.

[Illustration]

[Illustration]



[Illustration]



PRÓLOGO.


_Señoras damas: resplandeciente virtud: estrellas relumbrantes:
glorias de los caballeros: espejo de gala: celestial hermosura:
exemplo de crianza: graciosa conversacion: leyes y mando en la tierra
para dar vida y muerte y fama de inmortal memoria. ¿Quién será tan
ignorante que no conozca todo lo sobredicho ser poca alabanza, para
tanto merecimiento? No hay ninguno que ignore que con mucha razon os
podemos decir señoras damas, pues sois tan señoras que no hay poder
humano que sea poder delante el vuestro. Si no, dígame alguno ¿qué
poder humano hay en esta vida que pueda hacer una tan gran cosa como
las damas hacen, en mudar un hombre y hacelle todo otro de lo que es?
ninguno en este mundo podrá hacer de un cobarde valiente y ni de un
avaro liberal, sino estas tan poderosas señoras, que mudan condicion,
sér y vida al hombre que por ellas es hombre. Tambien con mucha razon
os podemos decir resplandeciente virtud, pues siendo la mesma virtud
resplandeceis tanto en virtudes, que cegais á todos los ojos que con
vicio os miran, como el rayo del sol á la vista humana, y dais tan
clara y fuerte vista á los ojos que con virtud os miran, como tiene
el águila mirando el rayo del sol. Tambien con mucha razon os podemos
decir estrellas relumbrantes, pues pareciendo por la tierra entre
la vulgar gente, relumbrais como las estrellas del cielo entre las
tinieblas de la noche. Tambien con mucha razon os podemos decir gloria
de los caballeros, pues todo lo que parece trabajo por servir las damas
es gloria; que si la gloria es descanso de trabajos, y contentamiento
de vista, y alegría de pensamientos, ¿qué otra cosa es el trabajo del
caballero, sirviendo su dama como caballero, sino descanso? ¿Y qué
mayor contentamiento en este mundo para la vista que ver una gentil
dama? ¿ni qué mayor alegría de pensamiento que veros servidor de quien
os hace tan señor? No parece el señor ser tan señor, ni el caballero
tan caballero, sino sirviendo las damas con tales servicios, que el
trabajo se convierta en descanso, y el mirar en contentamiento, y el
pensar en alegría. Tambien con mucha razon os podemos decir espejo
de gala, pues nunca se tiene el caballero ni es tenido por perfecto
galan, de muy bien adereszado de cuerpo y de alma, sino cuando las
damas dicen que lo es; pues si el caballero no es galan si las damas
no lo dicen, con mucha razon las podemos tener por la misma gala,
pues el buen parescer dellas es espejo de gala, donde nos habemos de
mirar para parescer bien. Tambien con mucha razon os podemos decir
celestial hermosura, pues ninguna hermosura paresce tanto ser venida
del cielo como la de las damas y señoras. Que aunque toda hermosura es
criada por el Criador de todos, en las damas se paresce más aquello
que dice_: Signatum est super nos lumen vultus tui, Domine. _Tambien
con mucha razon os podemos decir exemplo de crianza, pues la mayor
cortesía de los caballeros no es tanto como la menor cortesía de las
damas, porque en ellas no hay menor ni poco, sino mayor y mucho, pues
el gran merescimiento dellas todo lo meresce. Tambien con mucha razon
os podemos decir graciosa conversacion, pues sois la misma gracia, y
en tanta manera, que si un caballero habla una razon sábia, y una dama
dice una otra razon avisada, en más y por más graciosa será tenida la
de la dama que la del caballero, por la poca turbacion de ingenio que
siempre tienen y la mucha que nosotros delante dellas tenemos, y por
aquel gran privilegio que tienen por haberse dicho en la más alta
de todas_: Gracia plena. _Tambien con mucha razon os podemos decir
leyes y mando en la tierra para dar vida y muerte y fama de inmortal
memoria, pues ninguna ley humana hace tanto sentir que la vida parezca
muerte, y la muerte vida, sino la ley y mando de las damas, porque
si un caballero es desfavorecido ó desdeñado dellas, todo lo que es
vida le paresce muerte, pues sabe á muerte su vida, y todo lo que le
paresce muerte por amarlas y servirlas es vida, pues les da fama de
inmortal memoria. Considerando, pues, tan gran merecimiento y valor de
tan poderosas y excelentes señoras, ¿quién no trabajará en servirlas
y alabarlas sino el que ni es para uno ni para otro? Y por no ser yo
tenido por tal, ofrezco mi voluntad por obra, pues ninguna obra, por
grande que fuese, sería sino voluntad para servir tan grandes señoras,
y por esta razon este libro, intitulado el_ Juego de mandar, _es
pequeño, pues tambien lo sería aunque fuese grande. Recíbanlo como á
pequeño servicio y gran voluntad, y rescebido desta manera el libro
será grande, e yo el más dichoso servidor de damas._


LA MANERA COMO SE HA DE JUGAR ESTE JUEGO DE MANDAR.

Teniendo un caballero el libro entre sus manos cerrado, suplicará á
una dama que le abra, y abierto que le haya, hallarán una dama y un
caballero pintados cada uno con un mote delante sí. El de la dama será
para mandar el caballero, el cual ha de ser muy obediente, pues por la
obediencia que ha de tener en hacer lo que le mandará la dama, tiene
mote á su propósito en el libro; y el caballero que no será obediente
sea condenado por las damas en lo que les pareciere, y echado de
la sala. Despues otro caballero y otra dama harán lo mismo que los
primeros han hecho, y todos los otros despues, por su órden, hasta que
las damas manden cesar el juego.

[Illustration]



[Illustration]


    Alzad los ojos al cielo
  Sospirando si podeis,
  Que muy presto alcanzaréis
  Tanto cuanto monta un pelo.

         *       *       *       *       *

    Pues quereis que yo lo diga,
  Yo haré vuestro mandado,
  Pero siento gran fatiga,
  Que muriendo por mi amiga
  No parezca enamorado.

         *       *       *       *       *

    Levantaos á bailar,
  Que con tal disposicion
  Bien podeis bailar sin són.

    No paresceria loco
  En bailar sin són por vos
  Si bailásemos los dos.

         *       *       *       *       *

  Buscaréis por estas damas,
  Y decilde, si hay Merina,
  Yo la mar, vos la marina.

    Merina,
  Yo la mar d’amar muy dina,
  Pues mi corazon ha echado,
  Como hombre ahogado,
  De la mar á la marina.

         *       *       *       *       *

    Levantaos y decid
  Un requiebro á la dama
  Que aquí ménos os ama.

    Ninguna tan mal me quiere,
  Como vos m’habeis mostrado;
  Pues á vos soy enviado,
  Sufridme lo que os dijere.

         *       *       *       *       *

    Descalzaos los zapatos,
  Y si os hieden vuestros piés,
  Calzaros heis al reves.

    Yo bien me descalzaré,
  Y por lo que me haceis,
  Plega Dios que’n mí halleis
  Zapato de vuestro pié.

         *       *       *       *       *

    Sospirad un gran sospiro
  D’aquellos que vos soleis
  Cuando ménos mal teneis.

    Con las burlas que decis,
  Y el mal que me haceis,
  Más sospiros sacaréis
  De los que vos me pedis.

         *       *       *       *       *

    Buscando entre estas damas,
  Decid, si Ursola hubiere,
  Quien os vió, ¿como no muere?

         *       *       *       *       *

    No será tirar de loco,
  Mas de cuerdo,
  Si por vos el seso pierdo.

         *       *       *       *       *

    Limpiaos las narices
  Que no diga algun donoso
  Que sois sucio e mocoso.

    Tambien lloran mis narices
  Lo que lloro con mis ojos,
  Lágrimas de mis enojos.

         *       *       *       *       *

    Yo os ruego, pues tengo mando,
  Que canteis,
  Por ver si parescéreis
  Como pareceis callando.

    Cantar mal y porfiar
  Es muy malo,
  Cuando más os dan del palo.
  Que del pan del bien amar.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas,
  Y si hay Jerónima,
  Decilde cómo le va.

    Jerónima
  Decirme ha, va como va,
  Yo diré, no como debe,
  Pues que sé qu’ella no bebe
  Con el cáliz que me da.

         *       *       *       *       *

    Jugad á pasa Gonzalo
  Vos y el que está cabo vos,
  Y reirme de los dos.

    Si jugamos á pasar,
  El Gonzalo quiero ser
  Para daros más placer.

         *       *       *       *       *

    Limpiaos vuestros ojos
  Y pestañas,
  Que están llenos de lagañas.

    Secáronse por mi mal
  Lágrimas de mis entrañas,
  Y han quedado en las pestañas
  Secas por una señal.

         *       *       *       *       *

    Id pidiendo con un guante
  Para ver lo que os darán
  Todas cuantas aquí están.

    Yo bien andaré pidiendo
  Lo que mucho ha menester
  Este pobre de placer.

    Buscando por estas damas,
  Decilde, si hay Mencía,
  Hermosura y alegría.

    Mencía,
  Quien os hizo bien sabía
  Que criaba en vos dos cosas,
  Hermosura entre hermosas,
  Y entre tristes alegría.

         *       *       *       *       *

    Yo os mando que toqueis palmas,
  Pues yo sé que poco á poco
  Vos las tocaréis de loco.

    Yo lo haré como mandais,
  Que ya há mucho que las toco,
  Que por vos he vuelto loco.

         *       *       *       *       *

    A la noche yo querria
  Que canteis en la vihuela:
  Nadie de mi mal se duela,
  Pues que todo es alegría.

   A la noche cantaré,
  Nadie de mi mal se duela,
  Pues el mismo me consuela.

         *       *       *       *       *

    Arrancaos dos cabellos
  De vuestras barbas muy presto
  Sin hacer señal ni gesto.

    Hé aquí ya dos cabellos,
  Mas si yo fuese de ellas,
  A cabellos ó cabellas
  Me querria ver con ellos.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas,
  Y diréis, si hay Raphela:
  Quien os ama siempre vela.

    Raphela,
  Quien os ama siempre vela,
  Que durmiendo está velando
  Quien á vos está ensoñando.

         *       *       *       *       *

    Yo os mando que os asenteis
  Al cabo d’aquella sala,
  Que de léjos vuestra gala
  Muy mejor la venderéis.

    ¿Qué aprovecha que yo esté
  Léjos de poder hablaros,
  Pues estoy para alcanzaros
  Tan cerca como yo sé?

         *       *       *       *       *

    Un deseo me ha tomado
  De veros cómo correis,
  Si no os correis.

    Un otro deseo tengo
  D’alcanzaros, por mi vida,
  De corrida.

         *       *       *       *       *

    Yo os mando que me sirvais
  Ciertos dias la semana,
  Y si estoy de mala gana,
  Que por do venis volvais.

    Si atras he de volver,
  Cuando tal os hallaré,
  Cierto está que caeré,
  Pero no de bien querer.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas,
  Y si Aldonza hay diréis:
  Vos sabeis á qué sabeis.

    Aldonza sabe
  Sólo ella á lo que sabe,
  Que quien quiere gustar della,
  Gustará sólo en vella
  Lo que en ella nunca cabe.

         *       *       *       *       *

    Yo os mando que no hableis
  Por espacio de un hora,
  Porque no nos enojeis
  A criada ni á señora.

    Yo haré vuestro mandado,
  Mas á veces yo no mando,
  Pues harto habla callando
  Quien de vos es mal tratado.

         *       *       *       *       *

    No quiero que esteis sentado
  Hasta tanto que os lo diga,
  Por ver si ternéis fatiga
  De haberos yo mandado.

    Vos holgais de verme en pié
  Para más cansar mis piés;
  Yo querria estar en tres
  Por lo que me cansaré.

         *       *       *       *       *

    Iréis con ojos cerrados
  A tocar á la pared
  Y pedirme una merced.

   La merced que y’os pido
  Pues cegado me habeis,
  Que vos, señora, me guieis.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas,
  Y decid á Isabel
  Matadora no cruel.

    Isabel
  Tiene el nombre de Abel
  Y las obras de Caín,
  Dos contrarios en un fin,
  Matadora no cruel.

         *       *       *       *       *

    Levantaos á saltar,
  Que saltando ganaréis
  Algun baque que daréis.

    Si saltando yo pudiese
  Dar un baque do querria,
  Nunca me levantaria.

         *       *       *       *       *

    No lo hagais de mala gana,
  Que n’os pienso hacer enojo;
  Cerradnos una ventana
  Y seréis de ella cerrojo.

    Tiro de tan cruel guerra
  Busque á otro que escalabre,
  Que á dó una se cierra
  Otra ventana se abre.

         *       *       *       *       *

    Meteos á la ventana
  Hasta que seais llamado
  Ó saludado.

    Yo iré con condicion,
  Que si no soy saludado
  Sea yo de vos llamado.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas,
  Y decilde, si hay Juana,
  En la gala muy galana.

    Juana,
  En la gala muy galana,
  Y hermosa entre hermosas,
  Y á quien matan estas cosas
  Nunca sana.

         *       *       *       *       *

    Extendeos en el suelo,
  Como hombre amortecido,
  Y echad un gran gemido.

    Vos, señora, sois el suelo,
  y yo soy el extendido
  Enterrado en vuestro olvido.

         *       *       *       *       *

    Levantaos con dos otros,
  Y los tres sin lision
  Jugaréis al abejon

    L’abejon sabeis que dice,
  Cuando él hace zun zon,
  Que las damas falsas son.

         *       *       *       *       *

    Allegad á una dama
  Y decilde en confision
  Una muy buena razon.

    Véome con tanta pena
  Y con tanta turbacion,
  Que no estando en razon,
  ¿Cómo la diré muy buena?

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas,
  Y decilde á Leonor:
  Quien os sirve es muy señor.

    Leonor,
  Quien la sirve es muy señor,
  Pero no della,
  Que vencido queda en vella.

         *       *       *       *       *

    Mandad luchar á dos pajes,
  Y si el vuestro es vencedor,
  Vos lo seréis en amor.

    Nunca me veré perdido,
  Ni mi paje perdedor,
  Pues que yo soy en amor
  Vencedor de bien vencido.

         *       *       *       *       *

    Quitaos de la cabeza
  Vuestra gorra, porque creo
  Que con ella estais más feo.

    Yo me quitaré la gorra,
  Pero no de la cabeza,
  Que en vos nunca se estropieza.

         *       *       *       *       *

    En el suelo arrodillado
  Soplicad á una dama
  Que os mande meter en fama
  De muy frio enamorado.

    Agora, por Dios eterno,
  Veo mi trabajo en vano,
  Pues que siendo un verano
  Me tienen por un invierno.

         *       *       *       *       *

    Buscando por estas damas,
  Decilde, si hay Francisca,
  Quien os ama bien s’arrisca.

    Francisca,
  Quien os ama bien s’arrisca,
  Que si muere por tal dama,
  Siempre vivirá su fama.

         *       *       *       *       *

    Yo os mando que digais
  De cuantas soy servidor,
  Para daros por traidor.

    A traidoras ser traidor,
  Pues no hay otro remedio
  Que á traidor traidor y medio.

         *       *       *       *       *

    Por mostrar qué gesto haceis,
  Reios sin alegría
  Con una risada fria.

    Vuestro amor anda tan frio,
  Que helando mi placer,
  El reir frio ha de ser.

         *       *       *       *       *

  Yo os mando que digais
  De las gracias que soleis,
  Y que vos os las riais,
  Que solo las reiréis.

    Yo haré lo acostumbrado
  Vuestras gracias diciendo,
  Y ellas me han tan maltratado,
  Que no quedaré riendo.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas,
  Y diréis á Margarita:
  Vuestra gracia es infinita.

    Margarita,
  Es su gracia infinita,
  Tanto que los que la miran
  La dessean y sospiran.

         *       *       *       *       *

    Jugaréis otro y vos
  Con las manos á la esgrima,
  Y el que quedará encima
  Sea señor de los dos.

    Hartas veces he jugado
  Con mis males á la esgrima,
  Pero nunca fuí encima,
  Pues no os he señoreado.

         *       *       *       *       *

    Y’os mando, si vos quereis,
  Que digais una mentira
  D’aquellas que vos soleis.

    Nunca mentí, por mi fe,
  En deciros que soy vuestro,
  Pues lo siento y lo muestro.

         *       *       *       *       *

    Bajad bajo á la entrada
  Y subid con gran presencia,
  Y haréis una reverencia
  A la que n’os tiene en nada.

    Aunque no me tenga en nada
  No me quiero maldecir,
  Pues me veo ya subir
  La escalera del entrada.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas
  Si hubiere Chatalina,
  Y decilde que es divina.

    Chatalina
  En sus obras es divina,
  Y humana cuando mira
  Al galan que la sospira.

         *       *       *       *       *

    Id pidiendo con un guante,
  Para ver lo que os darán
  Todas cuantas aquí están.

    Yo bien andaré pidiendo
  Lo que más ha menester
  Este pobre de placer.

         *       *       *       *       *

    Haceos á la ventura,
  Y decid á dos ó tres
  Que os digan qué hora es.

    Las horas de gran contento,
  Cuando las quieren contar
  Más presto suelen pasar.

         *       *       *       *       *

  Abajad bajo á la puerta
  Y pedid á dos ó tres
  Cuanto tenemos del mes.

    Si ha de ser en mi favor,
  Dende agora os lo muestro,
  Si me asentais por vuestro
  En libro de servidor.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas
  Si hay Ángela alguna,
  Y decilde, sola una.

    Ángela,
  Ángel es, ángel será,
  Y á quien ella es el bueno
  Siempre está de gloria lleno.

         *       *       *       *       *

    Punchad vuestra mala lengua
  Con un alfilé delgado,
  Pues que sois tan mal hablado.

    Porque sienta mayor mengua
  Ha causado mi pasion,
  Qu’en hablar mi corazon
  Lo borra todo la lengua.

         *       *       *       *       *

    Menazalda con el dedo
  A quien vos sois servidor,
  Por ver si hará de miedo
  Lo que no hace d’amor.

    Pláceme, mas yo recelo
  Qu’esta burla cueste cara,
  Pues será escupir al cielo
  Y volverme á la cara.

         *       *       *       *       *

  Volved los ojos en blanco,
  Mostrando muy grande enojo,
  Y diréos tan blanco el ojo.

    De haber sido tan franco
  Y de verme tan cativo,
  Volveré, pues que no vivo,
  Mis tristes ojos en blanco.

         *       *       *       *       *

    Buscaréis por estas damas
  Si hay alguna Esperanza,
  Y diréis sin confianza.

    Esperanza,
  En su nombre hay confianza
  Y en sus obras no es tal,
  Pues á mí me hacen mal.

         *       *       *       *       *

    Meté el dedo en vuestra boca
  Y mordelde con gran saña,
  Y será muy buena maña
  Si engañais alguna loca.

    Ninguna veo tan loca
  Que se deje ya engañar,
  Sino mordiendo el lugar
  Con que se gana la boca.

         *       *       *       *       *

    Preguntad á una dama
  Si llegais á treinta años,
  Que, segun vuestros engaños.
  Mas nos muestra vuestra fama.

    Si engañando á quien engaña
  Perdones s’han alcanzado,
  ¿Cuántos habeis vos ganado?

  Echad fuera esos pajes,
  Vayan fuera de la sala,
  Pues pareceis maestresala.

         *       *       *       *       *

  Muy mejor pareceria,
  De mayor nombre y fama,
  Maestro en cama.

         *       *       *       *       *

    Buscad bien por estas damas
  Si hallais alguna Ines,
  Y decilde: una es.

    Ines,
  En el mundo una es,
  Sola Fénix en el mundo,
  Sin igual ni sin segundo.

         *       *       *       *       *

    Pues que sois buen cazador,
  Haced con un pañezuelo
  Un señuelo.

    A quien yo haré señuelo
  Me verná tarde ó temprano
  A la mano.

         *       *       *       *       *

    Id delante una dama
  Y decilde un donaire
  De buen aire.

    Yo iré delante aquella
  Que no sé sino mirarla
  Y contemplarla.

         *       *       *       *       *

    Preguntad á una dama
  Si sois para ser amado
  O desamado.

    A quien yo preguntaré
  Ya yo sé qué me dirá,
  Segun os va.

         *       *       *       *       *

  Buscaréis por estas damas,
  Diréis á Beatriz,
  Tú mi sola emperatriz.

    Beatriz
  Es mi sola emperatriz;
  Y hame muerto con justicia,
  Pues no mata con malicia.

         *       *       *       *       *

    Pues que sois un espantajo,
  Espantad una doncella
  Y n’os allegueis á ella.

    Si suelen morir d’amores,
  Mejor soy para matar
  Que no soy para espantar.

         *       *       *       *       *

    Preguntad á una dama,
  Si mostrais en ser callado
  Enamorado.

    Yo se lo preguntaré,
  Y en mi gesto lo verá
  Y creerá.

         *       *       *       *       *

    Mal os está vuestra gorra;
  Ensayadla á uno ó dos
  Si estará mejor que á vos.

    Gorra que tan bien criada
  Siempre ha sido para vos,
  ¿Por qué burlais de los dos?

         *       *       *       *       *

  Buscaréis por estas damas,
  Y si Anna se hallará,
  Decilde vos mi manná.

    Anna
  Es como una manna
  D’allá del cielo caida,
  Muy sabrosa é bien sabida.

         *       *       *       *       *

    Soplicad á vuestra dama
  Que por toda una semana
  N’os mire de mala gana.

    Ya quisiese mi ventura
  Que á mirarme se volviese,
  Y fuese como quisiese.

         *       *       *       *       *

    Vuestra capa está bien hecha,
  Y en mirarla he conocido
  De la bolsa que ha salido,
  En ser corta y tan estrecha.

    Ya yo sé lo que mandais
  Que sea muy largo y hecho,
  Que quien es corto y estrecho
  Con razon lo motejais.

         *       *       *       *       *

    Estiraos esas calzas,
  Que no diga algun donoso
  Que son calzas de gotoso.

  Son tan viejos mis amores,
  Que de viejos han rugado
  Mis carrillos y calzado.

         *       *       *       *       *

  No es dese cuerpo esa capa,
  Y pues no es de galan,
  Ensayalda algun truhan.

    Pues quereis que me la quite,
  Vístasela el más gracioso,
  Y será vuestro donoso.

         *       *       *       *       *

    La dama qu’en su mote está,
  Si la veis en esta sala,
  Decilde con mucha gala:
  Laudomia, Laudomia.

    Laudomia es
  La que siempre fué despues,
  Y ántes della
  De su nombre la más bella.

         *       *       *       *       *

    Preguntad á una dama
  Que de qué os ha venido
  Estar tan descolorido.

    Desque perdí la esperanza,
  Que es color del amador,
  He perdido la color.

         *       *       *       *       *

    Preguntad á una dama
  Cuándo, poco más ó ménos,
  Seréis vos de los muy buenos.

  Muy bueno para bellaco
  Soy yo siempre y seré
  En lo que sé.

         *       *       *       *       *

    Si la veis en esta sala,
  Decilde á Violante:
  Ya soy vuestro diamante.

  Violante,
  Yo soy vuestro diamante
  Falso, pues que ser no puedo
  Anillo de vuestro dedo.

         *       *       *       *       *

    Sabed de cuantas aquí están,
  O de quien querréis pedillo,
  Si destar flaco, amarillo,
  Sois salido tan galan.

    Donde sobra tanto afan,
  Con razon puedo decillo,
  Que yo soy el amarillo,
  Y lo flaco es el galan.

         *       *       *       *       *

    Si hallais en esta sala
  A María,
  Decilde: yo os amaria.

    María,
  Con razon os amaria
  Como hombre,
  Si no por vuestro gran nombre.

         *       *       *       *       *

    Vuestro amor viejo y rugado
  Bien será que lo mudeis,
  Porque ya n’os pareceis,
  Que andais muy corcovado.

    Ponerme quiero una muda
  Y mudar nuevo amor
  Para parescer mejor,
  Que quien muda Dios le ayuda.

         *       *       *       *       *

    Saquen algo de comer,
  Que ver quiero si maxcais
  De la suerte que hablais.

    El que no puede tragar
  Ningun bien en sus pasiones,
  Maxca siempre las razones.

         *       *       *       *       *

    A la muy linda Felipa
  Decilde muy sospirando:
  Con vos tiene amor gran mando.

    Felipa,
  A vos sólo se aplica
  Este mote tan señor:
  Toda cosa vence amor.

         *       *       *       *       *

    Quitaos la capa y sayo,
  Y verémos si el jubon
  Es mejor que no el sayon.

    Lo encubierto es lo mejor,
  Que lo que se puede ver
  No da tanto de placer.

         *       *       *       *       *

    Enviadle un recaudo
  A quien mal recaudo os da,
  Por ver qué responderá.

    Ella me responderá
  Lo que siempre suele hacer,
  El callar por responder.

         *       *       *       *       *

  Id delante una dama
  Con mesura
  Y decilde la ventura.

    Yo le diré la ventura,
  Que bien la sé por su mano,
  Pues me convirtió en gitano
  Lo cruel de su hermosura.

         *       *       *       *       *

    Si la veis en esta sala,
  Diréis á la linda Elena,
  Vos la gloria, yo la pena.

  E  lena,
  Vos la gloria, yo la pena,
  Pues no soy por mi tristura
  Vuestro Páris en ventura.

         *       *       *       *       *

    Preguntad á una dama,
  Si teneis de gracioso
  Tan poco como de hermoso.

    No soy cierto gracioso,
  Pero doy gracias á Dios
  Que si no soy para vos,
  Para otra soy hermoso.

         *       *       *       *       *

    Decilde que os adevine
  Una dama
  Qué soñastes en la cama.

    Mucho más quiero creer
  Lo que ella pensará
  Que lo que adevinará.

         *       *       *       *       *

  Si Hipólita veréis,
  Decilde de vuestra parte:
  Hermosura y muy gran arte.

    Hipólita,
  Quien la vee bien verá
  Que es hermosa y de gran arte,
  Pues en todo tiene parte.

         *       *       *       *       *

    Pues siempre mirais al cielo,
  Pareciendo un estrellero,
  Salid á ver el lucero.

    No soy muy mal estrellero,
  Pues que voy mirando aquella
  Que de damas es estrella
  Y de galanes lucero.

         *       *       *       *       *

    Pintad luégo en la pared,
  Con un carbon,
  Quién os tiene el corazon.

    La pared es mi afficion,
  Y el nombre que pintaré
  Es la que siempre terné,
  Y ella á mí mi corazon.

         *       *       *       *       *

    Decilde, si es aquí,
  Ala linda castellana,
  Vos sois la estrella Diana.

    Castellana,
  Vos sois la estrella Diana,
  Que trae la luz del dia
  A quien vuestra lumbre guia.

         *       *       *       *       *

    Haced un poco el truhan,
  Que yo sé que todo el año
  Lo haceis á vuestro daño.

    Yo lo hago todo el año
  Por daros placer, señora,
  Y vos haceislo cada hora
  Sólo por hacerme daño.

         *       *       *       *       *

    Salid á mirar el cielo,
  Para ver si podréis vellas
  A tal hora las estrellas.

    Ya de aquí veo el cielo
  Y aquella que ver me hacia
  Estrellas á mediodía

         *       *       *       *       *

    Decilde, pues la servis,
  A la linda Estephanía,
  Venado mata porfía.

    Estephanía,
  Venado mata porfía,
  Que no porfía venado,
  Pues en vos está probado.

         *       *       *       *       *

    Por las rayas de mi mano
  Divinad, si sois muy diestro,
  Qué tiempo de vida muestro.

  No teneis más de vivir
  Del que vos me daréis vida,
  Pues es cosa conocida
  Que quien mata ha de morir.

         *       *       *       *       *

    Decid á cuantos aquí están:
  Dios loado,
  Pues que ya sois acabado.

    Sepan cuantos aquí están
  Que vos me habeis acabado,
  Dios loado.

  Fué impressa la presente obra en la Metropolitana
  ciudad de Valencia, por Francisco
  Diaz, romano, en el año de
  Mil y D. y xxxv á xxviiii dias
  del mes de Octubre.

[Illustration]



FOOTNOTES:

[1] Catálogo de Salvá, publicado en Lóndres, 1826-29, parte 1.ª, pág.
142.

[2] Don Fernando de Aragon duque de Calabria y Príncipe de Taranto,
fué hijo de D. Fadrique, rey de Nápoles; casó con doña Germana de Fox,
viuda del rey D. Fernando el Católico, y en segundas nupcias con doña
Mencía Mendoza, segunda marquesa del Zenete: murió en 1551.

[3] Dos hay en la Biblioteca Nacional, otro en la Colombina, en
Sevilla, otro tiene nuestro querido amigo el Sr. D. Pascual de
Gayángos; el Sr. D. Ricardo Heredia tiene el que fué de Salvá, y
por último don Blas Hernandez el que perteneció á D. Bartolomé José
Gallardo.

[4] Libro de mvsica de vihuela de mano, intitulado El Maestro, el qual
trahe el mesmo estilo y órden que un maestro traheria con un discípulo
principiante: mostrandole ordenadamente desde los principios toda cosa
que podria ignorar para entender la presente obra. Año 1535. Fól.

[5] Escritores del reino de Valencia. Valencia, 1747-49, tomo 1.º, pág.
137.





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