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Title: Prosa Política (Las Repúblicas Americanas) - Obras Completas Vol. XIII
Author: Darío, Rubén
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Prosa Política (Las Repúblicas Americanas) - Obras Completas Vol. XIII" ***

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  Notas del Transcriptor:

  Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.

  El texto en cursiva se indica con _guion bajo_.

  El texto en negrita se indica con =signos de igual=.

  El texto en versalita (mayúscula igual en tamaño a la minúscula
  de la misma clase) han sido sustituidas por letras mayúsculas de
  tamaño normal.

  Los superíndices se indican con el símbolo ^circunflejo.

  Los errores obvios de puntuación y de imprenta han sido corregidos.


       *       *       *       *       *



PROSA POLÍTICA

[Ilustración]

[Ilustración]



[Ilustración: RUBÉN DARÍO PROSA POLÍTICA]



[Ilustración]

ES PROPIEDAD



LAS REPVBLICAS AMERICANAS

[Ilustración]



  PROSA POLÍTICA

  (LAS REPÚBLICAS AMERICANAS)

  POR

  RUBÉN DARÍO

  ILUSTRACIONES

  DE

  ENRIQUE OCHOA

  [Ilustración]

  VOLUMEN XIII
  DE LAS OBRAS COMPLETAS
  ADMINISTRACIÓN:
  EDITORIAL «MUNDO LATINO»
  MADRID



ARGENTINA

[Ilustración]


Entre los acontecimientos que la historia ha de señalar de modo
principal en los principios del siglo XX, está el surgir ante el
mundo de la «nueva y gloriosa Nación» que se canta en el himno de
los argentinos, no a la vida política, libre e independiente que
se conquistara hace una centuria, sino a la vida de los pueblos
superiores por el trabajo y la riqueza pacífica. En la balanza que
forma el continente americano, es la República Argentina la que hace el
contrapeso a la pujanza yanqui, la que salvará el espíritu de la raza y
pondrá coto a más que probables y aprobadas tentativas imperialistas.
Y hoy, por eso el mundo fija la mirada en ese gran país del Sur, de
apenas siete millones de habitantes, que rivaliza en más de una empresa
agraria, pecuniaria o financiera con el otro gran país del Norte cuya
población pasa de ochenta millones.

Pueblo formado con savia española, que heredara todas las cualidades y
defectos de los conquistadores, con agregación de nuevos elementos,
inició su independencia con hechos épicos, sufrió las consecuentes
agitaciones y revueltas de un estado de ensayo; soportó los soplos
del pampero anárquico y se desangró en choques intestinos; supo lo
que pesa el plomo y hierro de las tiranías; se revolvió contra ellas;
fué poco a poco iluminando su propia alma, el alma popular, y enseñó
al Demos la verdadera diferencia entre la civilización y la barbarie;
cuida de la escuela y de la universidad; propaga cultura y progreso;
levanta y da brillo a la organización parlamentaria; ve que en el
seno de su tierra está la mayor de las riquezas; se preocupa de las
cuestiones económicas que son las cuestiones vitales; por eliminación
y por cruzamiento comienza la formación de una raza flamante; recibe
sangre viva y músculo útil de los cuatro puntos del globo; echa al
olvido el daño español del «pronunciamiento» y el mal hispano-americano
de la revolución; crece; se hace fuerte al amparo de una política de
engrandecimiento económico; hace que las grandes potencias la miren con
simpatía, y celebra su primer fiesta secular con el asombro aprobador
de todas las naciones de la tierra.

De tal modo puede decir con justo orgullo un ilustre argentino,
Joaquín V. González, palabras como éstas: «Así, el pueblo argentino,
con ser en América uno de los que mayores dificultades ha debido vencer
para fundar un estado social de libertad y un hogar común para todos
los hombres, puede ofrecer un cuociente de trabajo propio y prospectivo
que equivale a un período más extenso de paz y de orden que el que
realmente ha podido gozar, y su mérito mayor a la consideración de sus
contemporáneos, será la consagración absoluta de su labor y supremas
energías, a labrar una prosperidad y una riqueza materiales que no
ciegue de modo irreparables las fuentes del ideal y la belleza, que no
encierre como el avaro dentro de su propia casa, sino que la ofrezca
al goce de todos los hombres y pueblos, en un banquete eucarístico de
fraternidad y de solidaridad universal».

Pocos países, puede decirse, están más seguros de su porvenir. La
prosperidad nacional no tiene, relativamente, parangón, pues asombra a
los mismos hombres del Norte, que comparan. Las lecciones del pasado se
han tenido en cuenta, y en medio de las más enconadas luchas políticas,
todos los partidos, todos los hombres dirigentes, han tenido ante
todo en mira la dignidad y el engrandecimiento nacionales. Ha habido
grandes errores que la ola del progreso ha borrado, y aun desaciertos
de ayer han abonado el campo del trabajo de hoy.

Ha tenido el país que hacerse fuerte para hacerse respetable, aunque,
según la palabra del eminente Sr. Norberto Piñero, «el papel histórico
de la Argentina es el de la creación de una raza y de una civilización
que ha de difundirse en la paz y por medios pacíficos». Y ha sostenido,
a pesar de su desenvolvimiento positivo y práctico, la cultura
tradicional. «Bajo el punto de vista literario, escribía un autor
francés hace más de cuarenta años, Buenos Aires ocupa el primer rango
entre las ciudades de la antigua América española».

La prensa Argentina es hoy la primera en lengua castellana, por su
riqueza, por su incomparable impulso y por su nutrición universal. El
adelanto universitario ha sido enorme en pocos años. Su instrucción
pública, sus planteles pedagógicos no tienen nada que envidiar, y sí
mucho que mostrar con justo orgullo a cualquier país de la tierra.

Al antiguo romanticismo político, noble y generoso de ideales, sucede,
por virtud de la evolución, un concepto más hondo y firme de la misión
nacional y del patrio porvenir, sin mengua de la fraternidad humana,
antes bien, ofreciendo trabajo y hogar a todos los hombres.

Y ello no es una frase lírica. Yo he habitado en el suelo argentino
y he visto cuán grandes se abren las puertas de la república a todo
extranjero, cuán sincera y práctica es la hospitalidad para todo
elemento útil. El programa patrio pudiera declararse en dos palabras:
trabajo y cultura. En ello van la independencia y la libertad. ¿Quién
más dueño de su futuro que semejante pueblo? Escribe C. O. Bunge: «La
semilla arrojada con gesto grandioso por la mano de la Revolución
sobre el suelo fecundo de la patria, ha germinado, desarrollándose en
gigantesco árbol, exuberante de flores, muchas de las cuales cuajáronse
ya en riquísimos frutos. Si nos enorgullecemos con razón de la presente
cultura, obra en gran parte de la enseñanza nacional, mucho más debemos
esperar para el porvenir. ¡El porvenir es nuestro!» Ese porvenir, que
será resultado del esfuerzo argentino y de la colaboración extranjera,
se define en las palabras de Edmundo d'Amicis, que citara en un
concienzudo trabajo sobre inmigración Aníbal Latino; es el voto y
el augurio de que los argentinos y los extranjeros vivan siempre
como hermanos, «y avancen juntos en el camino de la bondad y del
trabajo, manteniendo ese amplio y fecundo sentimiento de tolerancia,
de benevolencia, de amor patrio sin soberbia, de amor fraternal sin
recelos, que puede hacer de diez pueblos un solo pueblo, de varias
razas un solo estado, produciendo una maravillosa generación multiforme
que verá una patria argentina transfigurada y poderosa, como lo desean
y lo sueñan la fiereza amable de sus hijos y la gratitud sincera de sus
huéspedes».



VENEZUELA

[Ilustración]


Por sus antecedentes históricos de heroísmo libertador, Venezuela
ocupa la primera página en los fastos de la América Meridional. Allí
tuvieron lugar las primeras rebeldías emancipadoras del continente
Sur, y surgieron muchos de los grandes soldados patriotas que fundaron
cinco nacionalidades. Patria de Simón Bolívar, Venezuela abrió amplios
horizontes a la cultura y al progreso de nuestra raza, influyendo de
manera trascendental en el desenvolvimiento político de ella.

A pesar de los contratiempos de la vida interna y de los reveses en la
marcha evolutiva, los venezolanos y su régimen mantuvieron siempre esa
influencia. En defensa de su integridad, Venezuela ha dado muestras de
firme civismo, oponiéndose a los poderosos y sosteniendo la justicia
de su causa. Todas las condiciones de una raza superior acreditan al
venezolano, que es valiente, franco y comprensor de sus deberes de
ciudadano, para quien la patria está sobre todo otro interés. Las
instituciones y Legislatura del país lo llevan a un alto destino entre
los pueblos avanzados, pues desde el establecimiento de la República,
ha tenido por norma los mejores principios democráticos.

Venezuela, como es sabido, ocupa el límite Norte de la América del
Sur, en una superficie de 1.553.742 kilómetros cuadrados, o sea el
cuádruplo de la totalidad del territorio de Centro-América. Con arreglo
a la Constitución, la República se compone de 20 Estados, un Distrito
Federal y dos territorios, como sigue: Estados de Apure, Aragua,
Anzoátegui, Bolívar, Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico, Lara, Monagas,
Mérida, Miranda, Nueva Esparta, Portuguesa, Sucre, Táchira, Trujillo,
Iaragui, Zamora y Zulia, los territorios de Amazonas y Delta Amacuro y
el Distrito Federal formado por la ciudad de Caracas y sus parroquias
Foráneas. El censo de la República ascendía en el año de 1909 a
2.664.294 habitantes. El clima se adapta a toda clase de cultivos. Son
desconocidos los extremos de calor y frío. La salubridad es inmejorable
en todo el país.

Venezuela, más que el Paraguay, es la Mesopotamia de América. Cruzan
y bañan su territorio algo como 1.059 ríos, de los cuales 436 son
afluentes del Orinoco. Esto es causa de que exista allí una flora de
las más ricas y variadas del mundo.

En las llanuras crecen las palmas; en los bosques, los bambues, los
manglares y una inmensa variedad de árboles selváticos como el laurel,
el tamarindo y las palmas de hojas pinadas. En la región cálida, el
cacao, el café, la caña de azúcar, el coco, el banano y la yuca. En la
zona templada, además de lo anterior, se dan el algodón, maíz, trigo,
cebada, todos los cereales y árboles frutales. La región vegetal consta
de 349.661 kilómetros cuadrados, de los cuales 785.590 están en plena
naturaleza, abundando las maderas preciosas.

Después de la Argentina, Venezuela es el país que posee más terrenos
aptos para la ganadería. Estos alcanzan a unos 405.620 kilómetros
cuadrados. La minería es de una riqueza casi inverosímil. Existen allí
todos los metales conocidos; pero pueden explotarse con mayor facilidad
el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo, el azufre y el
asfalto. Hasta el año de 1894 se conocían en el país 62 minas de oro.
Venezuela ocupa el quinto lugar entre los países auríferos de América.

Las minas de cobre ascendían en el año de 1894 a 14, estando en
constante explotación. Los yacimientos de hierro son de una ley de
80 por 100 de metal puro. El asfalto es de fabuloso acopio cerca del
río Pedernales, en Maracaibo, Mérida y Coro. La hulla, el azufre, el
petróleo, el azabache, la pizarra, el mármol, la cal, así como las
salinas, se explotan abundantemente.

Venezuela es una de las naciones americanas más favorables a la
inmigración, y su gobierno, con el fin de fomentarla, ha dictado
leyes liberales que otorgan a los que inmigran importantes garantías,
auxilios y franquicias. El carácter esencialmente hospitalario del
venezolano, la fertilidad de la tierra, la legislación, la estabilidad
de su sistema monetario y de su régimen económico, abren horizontes
dilatados al extranjero que llega a la República dispuesto a trabajar.

La nación está constituída federalmente. Los estados son autónomos.
Reconocen la autonomía federal de los distritos y su independencia
del poder político del Estado, en todo lo concerniente a su régimen
económico y administrativo.

La tierra venezolana fué descubierta por Colón en 31 de Julio del
año 1498. El incremento que tomaron posteriormente las tierras
descubiertas, hizo que el gobierno español las dividiera en virreinatos
y capitanías generales. Venezuela fué, en el año de 1731, una de éstas,
dependiente del virreinato de la Nueva Granada, que abarcaba lo que
después fué la gran Colombia. En el año de 1567 se echaron las bases de
la ciudad de Caracas, erigiéndose la primera iglesia católica al año
siguiente. En 1725 establecióse la Universidad de Caracas.

A fines del siglo XVIII empezaron a propagarse las ideas de
independencia. El 13 de Julio de 1797 se descubrió el primer conato
revolucionario, que debía estallar pocos meses después, y que llevó al
patíbulo a varios de sus promotores. El primer mártir de la libertad
venezolana fué don José María España, que murió ahorcado el 8 de Mayo
del año de 1799.

Francisco de Miranda inició en 1806, aunque sin éxito, la época
heroica, que debía tener como resultado la independencia. El 19 de
Abril de 1810, el capitán general Emparán fué depuesto por el pueblo,
y se nombró en su lugar una Junta de gobierno que reconoció a Fernando
VII como legítimo rey. La Regencia de Cádiz protestó de esta
determinación y ordenó el bloqueo de los puertos venezolanos; pero la
Junta de gobierno convocó una Asamblea, que se reunió el 2 de Mayo
de 1811. Esta Asamblea, en 5 de Junio del mismo año, declaró a la
nación absolutamente desligada de España, y una guerra empezó entre
venezolanos y españoles, en la que intervinieron gloriosamente Bolívar,
Soublette, Nariño, Cedeño, Plaza, Rivas, Anzoátegui, Flores, Urdaneta,
Páez, Brián y otros egregios patriotas. Esta contienda terminó el
7 de Noviembre de 1823 con la toma de Puerto Cabello por las armas
libertadoras.

La Gran Colombia, creada por el Congreso de Angostura, fué despedazada
por las tempestades revolucionarias de 1830, surgiendo entonces la
República de Venezuela. El general José Antonio Páez, uno de los héroes
de la Independencia, desentendiéndose de los vínculos que le unían a
Bolívar, rompe todo ligamen entre Venezuela y la Gran Colombia, toma el
poder en 1831 e inicia la primera presidencia constitucional. Siguieron
a Páez, que tomó por segunda vez el poder en 1839, José María Vargas,
José Tadeo Monagas y José Gregorio Monagas, que fueron desposeídos de
sus cargos por nuevas revoluciones. En 1858 sube al poder el general
Julián Castro, cuyo gobierno fué poco estable por la lucha armada entre
liberales y conservadores, en la cual aquéllos alzaron por primera
vez la bandera de la federación, sistema que ha imperado hasta hoy.
Después de una dictadura del general Páez, el triunfo de las ideas
liberales elevó al poder, en 1863, al general Juan C. Falcón, jefe del
liberalismo, quien dió a la República una nueva Constitución.

El florecimiento de la Instrucción Pública es muy notable en Venezuela.
Por decreto de 23 de Febrero de 1909, el gobierno dispuso elevar a
1.012--que luego han sido 1.217--el número de escuelas de la República
que, cuatro años antes, sólo alcanzaban a 716. A estas escuelas
asisten, por término medio, 27.000 alumnos. Hay, además, dos escuelas
normales, una para cada sexo; 54 colegios particulares, de los cuales
están subvencionados 21; numerosos institutos especiales, entre
ellos la Academia Nacional de Bellas Artes, las Escuelas de Artes y
Oficios, las universidades Central de Caracas, y la Andina en Mérida;
la Escuela de Ingeniería, el Seminario, las Escuelas Politécnicas, de
Agricultura, de Ingenieros, la de Minas y otras. Por lo que se ve, la
educación pública de Venezuela estará muy pronto a la altura de su
intelectualidad.

Este ramo importante cuenta con valiosos elementos profesionales,
como los doctores D. Trino Baptista y D. Samuel Darío Maldonado. El
primero está considerado como la mejor autoridad en el ramo por su
vasta ilustración, su amplio espíritu reformador y su patriotismo.
Hoy ocupa el ministerio de Instrucción Pública un hombre eminente,
nutrido de letras humanas, y en el cual hay el espíritu de los grandes
Cancilleres: el Dr. Gil Fortoul.

El Tesoro Público ha tomado grande incremento. Se han suprimido los
monopolios que existían sobre algunas industrias importantes y roto
las trabas que impedían las transacciones comerciales en general,
derogándose muchos decretos y disposiciones de viejos gobiernos sobre
exportación e importación. Han sido exonerados de derechos aduaneros
varios artículos considerados como esenciales para el desarrollo de la
riqueza nacional y libertádose de gabelas el comercio de cabotaje, y se
han dejado además sin objeto disposiciones sobre impuesto tabacalero,
y se ha restablecido el importante tráfico mercantil con la vecina
República de Colombia. Se han dictado medidas acertadas sobre salinas
y venta de licores, aumentando considerablemente los ingresos públicos.

El presupuesto del año fiscal, comprendido entre el 1.^o de Octubre de
1909 hasta el mismo día de 1910, ascendía a 50.000.000 de Bolívares,
equivalentes a francos.

Las obras públicas se hallan en singular desarrollo, y se cuentan
ya varias construcciones de nuevas escuelas, hospitales, lazaretos,
cuarteles, ferrocarriles y puentes, que se llevan a cabo tanto en
Caracas como en los diversos estados federales. No he de terminar sin
saludar cordialmente la mentalidad venezolana, en sus representantes
de un siglo de labores transcendentes, que han enaltecido el nombre
nacional en la Historia, en la Crítica, en la Polémica, en la Novela,
en la Poesía...



COLOMBIA

[Ilustración]


«Nosotros, decía un eminente argentino, no tenemos un país rico, hemos
_hecho_ nuestra riqueza. Países ricos, son esos que suben al norte en
tierras de tesoros, Colombia, por ejemplo». En efecto, si todo nuestro
continente es generoso y rico, Colombia es uno de los países que tienen
mayores riquezas en la tierra. Hay que recordar que en ella está la
fabulosa región de El Dorado. «Su clima variadísimo--escribía hace
poco el Sr. Luis Cano--y la riqueza insoluble de su suelo atraerán
seguramente la inmigración europea, que hasta hoy no ha logrado
recibir, a causa de la inestabilidad política y por falta de propaganda
exterior y de leyes correspondientes a este objeto. Apenas ahora el
Gobierno se preocupa formalmente de provocar una corriente inmigratoria
que desde hace mucho tiempo necesita, y que será uno de los factores
principales en su proceso de crecimiento. Del mismo modo, parece ya
casi suspendido por obra de la paz y de la moralidad gubernativa, el
éxodo de nacionales, que constituía una de las características más
desconsoladoras de la pasada difícil situación del país. Cierto, esa
_tierra de leones_ ha sido de las más agitadas del continente por la
fiebre revolucionaria. El hombre que aró en el mar, conocía bien el
ambiente de sus empresas. Ha sido Colombia en la América Latina, el
país de las más grandes ilusiones políticas y de terribles contiendas,
que han debilitado la salud de la república. «Durante toda nuestra
vida independiente, ha escrito Pérez Triana, hemos malgastado nuestras
energías en pavorosas luchas cruentas, que nos han hecho aparecer ante
el mundo como indignos de la independencia que obtuvieron nuestros
mayores, y como inhábiles para el aprovechamiento, en bien de nosotros
mismos y de la humanidad, de la egregia herencia que nos legaron.» Pero
esos son cargos para todas nuestras nacionalidades, con señaladísimas
excepciones.

Lo que ha distinguido en todo tiempo a Colombia, ha sido su fecundidad
en valores intelectuales. Santa Fe de Bogotá fué tenida, desde antaño,
como la Atenas hispano-americana, aunque tal denominación se haya dado
a otras ciudades estudiosas. ¿Hasta qué punto tendrán razón los que
afirman que hoy es bastante lamentable para un país nuestro el poseer
una capital que sea más o menos nombrada la Atenas de las repúblicas?
El progreso, en la América latina, se dice, se mide por la mayor o
menor preocupación por las bellas letras y por el cultivo de la lengua
castellana. El culto de la gramática, he ahí el enemigo. La capital
menos castiza: Buenos Aires. El único presidente que haya decretado
sobre el idioma de sus conciudadanos: el doctor Soto, de Honduras.
Hay mucho en esto de paradoja. Colombia, no hay duda, ha sido un gran
cerebro en América; pero ha tenido también un brazo fuerte, un corazón
vasto, un cuerpo rico de energías, cuya acción se desviara a causa de
haber concentrado más que en otras partes, la influencia nociva de los
antiguos filtros españoles. A propósito de una región del interior
colombiano, habla el Sr. don Miguel Triana de «el régimen cuasi feudal,
el ensueño aristocrático, la veneración al estandarte real que pudiera
decirse nostalgia colonial, el predominio teocrático en la disciplina
íntima y el consiguiente desafecto hacia los hombres, las glorias, las
ideas y los métodos de la democracia moderna. Así se explica como, en
los plenos días de la vida nueva, se oyen protestas contra el 89,
contra el anhelo de la concordia republicana y contra la igualdad
civil, culpando todos esos cánones modernos de inspiración diabólica».
No os imaginéis que ella sea aplicable a toda Colombia. ¿No es allí
en donde han surgido, en toda época, espíritus revolucionarios, y en
donde se llevara a la práctica un ensueño de romanticismo político,
como la famosa constitución de Río Negro, que mereciera, ¡naturalmente!
la bendición pontifical de Víctor Hugo? Nada más desdeñable que
el jacobinismo; y no seré yo quien censure y desee la completa
desaparición de _antiguallas_, como el respeto a las jerarquías, el
predominio de los excelentes, el orden y la disciplina, y, la más
antigua de todas, el concepto de Dios. Pero todo eso puede ir y debe ir
en la vida moderna, acompañado de ferrocarriles, bancos, industrias,
agricultura; esto es, trabajo y hacienda pingüe en los estados.

Colombia ha pasado, a costa de su sangre y de su oro, por harto
dolorosas experiencias; y si se afirma la dirección de paz y de
progreso, y verdadera regeneración que se ha iniciado con la buena
voluntad de sus hombres eminentes y el aumento de los caudales
públicos, florecerá en una nueva y grandiosa era. ¿Qué llegará a ser
esa renombrada Bogotá, archivo de cultura y señorío, de la cual cuentan
encantos los que han tenido la suerte de visitarla, cuando una a sus
tradicionales atractivos, que desde luego tomarán otros aspectos,
la vitalidad y el brillo de una ciudad moderna? ¿Qué de ese país
predilecto de la abundancia, el día en que sus energías se empleen,
dados ya al olvido los intereses partidarios, en la labor de hacer
riqueza, civilización y patria grande? En una obra del general Jorge
Holguín, se encuentra el siguiente penoso resumen estadístico: «En los
setenta y tres años transcurridos de 1830 a 1903, tuvieron lugar en
Colombia:

Nueve grandes guerras civiles, generales.

Catorce guerras civiles, locales.

Dos guerras internacionales, ambas con el Ecuador.

Tres golpes de cuartel, incluyendo el de Panamá.

Una conspiración fracasada, que hacen en total veintinueve calamidades
públicas.

De los informes publicados por los ministerios de Hacienda y Tesoro en
los años correspondientes a 1830, 1840, 1851, 1854, 1861, 1867, 1876,
1885 y 1899 (que fueron los años de las grandes guerras), resulta
que, sin computar la destrucción de riqueza ni calcular las pérdidas
sufridas por los particulares, desdeñando _lucro cesante_ y _daño
emergente_, y haciendo cuenta únicamente del dinero pagado o reconocido
por el Tesoro Nacional, las susodichas guerras costaron aproximadamente:

  Nueve guerras, por término medio, a pesos oro 3.500.000
    cada una                                                 31.500.000
  Catorce guerras locales, por término medio, a 400.000       5.600.000
  Dos guerras internacionales                                   800.000
  Dos golpes de cuartel, 23 de Mayo y 31 de Julio de 1912
  Una conspiración de cuartel encabezada por el general
    Huertas en Panamá el 3 de Noviembre de 1903, importe
    de la concesión conforme contrato Herrán-Hay,
    10.000.000. Anualidades del ferrocarril, capitalizadas
    en 4.000.000.                                            14.000.000
                                                             ----------
                                                             51.900.000

Muy pocos son los países del mundo que tengan la desgracia
(proporciones guardadas) de registrar en sus Anales inventario tan
aterrador y, sin embargo, a pesar de ser tan elevada la cuenta, es muy
cierto que, atendido el apasionamiento y la exacerbación en que han
vivido los partidos, las ofensas que se han irrogado, los golpes que se
han descargado en medio de luchas espantosas, de agitaciones horribles
y de ansiedades incesantes, las guerras, los golpes de cuartel y las
conspiraciones no han sido tantos cuantos habría podido suponer un
observador imparcial que hubiera seguido con atención la marcha de
los asuntos públicos.» Si se hiciese un inventario igual de cada una
de nuestras _enfermas_ democracias, Colombia tendría el alivio de las
comparaciones. De todos modos, es la patria la que ha sufrido. Y los
estadistas, los gobernantes no han tenido sino que sufrir la fatalidad
de su medio. El mismo Sr. Holguín da una discreta explicación:
«...Por grandes que fuesen, dice, su inteligencia y su ilustración,
y por nobles y rectas que fueran sus intenciones, estando la nación
dividida en partidos intransigentes que habían adquirido la costumbre
de confiar la solución de sus diferencias al juego tan peligroso de
las batallas, no contando con ninguna clase social que sirviera de
contrapeso a las otras clases sociales, que andaban enloquecidas con
la política; viéndose obligados a defenderse con frecuencia de las
revoluciones, de las conspiraciones, de los golpes de cuartel y de los
ataques formidables que le dirigía la prensa de oposición; con escasas
rentas públicas, con gastos enormes, teniendo que hacer esfuerzos
extraordinarios para cumplir los más urgentes compromisos del erario...
por grande, decimos, que fuese su inteligencia, la tarea de guiar la
nave del Estado por entre tantos obstáculos, ha tenido que ser, si
no imposible, por lo menos muy difícil». En cualquiera de nuestros
países, apartando desde hace algunas centurias a Chile, la Argentina y
la pequeña Costa Rica, la situación ha sido la misma. Lo continental
endémico no aminora sino que acrece lo lamentable. Todos hemos tenido
nuestros criollos y chapetones, al comienzo, para seguir después
con nuestros federales y unitarios, rojos y blancos, liberales y
conservadores, y la innumerable división de los _istas_. Pero Colombia,
como pocos pueblos, ha pagado sus choques y disenciones civiles. Y
pocos pueblos han podido también contar con varones tan ilustres en los
distintos partidos.

No me ocuparé nunca de la política interior de ninguna nación.
Haré notar, no obstante, que desde la unión efectuada por los
diferentes elementos de las agrupaciones políticas, se ha logrado «la
reimplantación gradual y segura de un Gobierno democrático y liberal,
dentro de las exigencias no estrechas de su criterio conservador». Y
el actual mandatario se esfuerza por mejorar el crédito ante todo,
impulsar la industria y el comercio, vigorizar, en una palabra, su
país, que ha de llegar a ser todo lo que puede, con sus vastas riquezas
fomentadas en una paz laboriosa.

Bogotá la docta y palatina, se abrillanta, se rejuvenece. Medellín,
cuyos adelantos se han expuesto tan plausiblemente en una publicación,
con motivo del centenario Colombiano; Popayán, ciudad que, según la
frase de Reclus, es de las ciudades que, vistas a distancia, presentan
el cuadro más encantador y más grandioso; Cali, «la ciudad más bella de
Colombia y la que algún día habrá de disputar a Valparaíso el imperio
del Océano Pacífico»; otras ciudades más, serán quizá en breve focos de
civilización y de vitalidad.

Es demás señalar las ventajas de las regiones colombianas descriptas
en los tratados geográficos y en los libros de viajes; y la belleza
y encantos rurales que en el mundo entero se han podido apreciar
con la simple lectura de la _María_, de Jorge Isaacs. Colombia es
la Fertilidad, en su aspecto físico, como en su aspecto moral es el
Talento. Es el imperio de las esmeraldas y de los versos. Sus figuras
intelectuales son incontables, desde la colonia hasta nuestros días.
¿Qué será Colombia el día que lleguen a sus inmensas tierras los brazos
y las iniciativas europeas? Colombia será una de las grandes sorpresas
de la historia humana. Seguid, oh pueblos de nuestra América, la estela
que va dejando en triunfo hacia el porvenir el potente navío argentino,
y más de un sueño increíble se realizará entre las naciones.



CUBA

[Ilustración]


Isla bella, de feracidad sorprendente y de riqueza casi fabulosa.
La página de sus heroísmos cerró el libro de glorias de la América
multirrepublicana, y entre sus grandes hombres tuvo a un santo de la
libertad: José Martí. País de sol y de palmas en que la naturaleza se
recrea.

Descubierta por Colón el domingo 28 de Octubre de 1492, el almirante
llamó a Cuba _la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto_,
donde _no se conciben la muerte ni el dolor_.

A principios de la Conquista, en 1511, llegaron el capitán Diego
Velázquez y otros, y con el suplicio del cacique Hatuey se inició en
la Isla una época de inquietudes. A partir del siglo XVI, hasta fines
del XVIII, la piratería de franceses, ingleses y holandeses mantuvo en
constante sobresalto a los pobladores, que no llegaban por entonces a
cuarenta mil.

España estableció un monopolio mercantil, y quedó la Isla sometida al
Imperio. Las guerras sostenidas entonces por España trajeron como una
de sus consecuencias la sujeción de Cuba a Inglaterra por un pacto
de familias reales. El gobernador británico, conde de Albermale, dió
libertad al comercio, y en sólo un año llegaron a la Habana cerca de
mil embarcaciones mercantes.

La dominación inglesa duró hasta la paz de Versalles, y España restauró
su poder en 1763. Gobernaron entonces el marqués de la Torre, que hizo
el primer censo del país, el cual censo arrojó 172.620 habitantes; D.
Luis de las Casas y el marqués de Somernelos, buenos administradores
que fundaron instituciones económicas y construyeron obras de pública
utilidad. En 1812 se nombró la diputación cubana a las Cortes de Cádiz.
El rey Fernando VII, como lo habían hecho los ingleses, decretó el
comercio libre, y fué en aquel mismo tiempo cuando quedó oficialmente
abolida la trata de africanos, por un convenio con Inglaterra. No
obstante, el comercio de esclavos continuó.

Después de la abdicación de Carlos IV comenzaron a cundir en Cuba las
ideas liberales; se fundaron asociaciones de cubanos separatistas,
y con motivo de la elección de Diputados a Cortes ocurrió el primer
episodio sangriento entre nativos y peninsulares. Era la principal
de aquellas asociaciones revolucionarias la que se llamó _Rayos y
Soles de Bolívar_, que envió delegación a Venezuela para demandar
apoyo al Libertador Sud-americano, mientras en Méjico se instalaba la
Junta Promotora de la Libertad Cubana. La gestión de esas agrupaciones
patrióticas fracasaron por los temores esclavistas reinantes en los
Estados Unidos de Norte-América, y desde entonces no cesaron los
levantamientos contra el poder español. Y en el año de 1850 flameó por
vez primera la bandera de la estrella sola, cuando el prócer Narciso
López desembarcó con seiscientos hombres en la ciudad de Cárdenas.

Las sociedades _El Aguila Negra_, _Los Soles de la Libertad_, de
Camagüey y otras continuaban sus propósitos. Vinieron el levantamiento
y muerte de Joaquín Agüero, la insurrección de Armenteros, el segundo
desembarco de Narciso López--su captura y muerte--y otros muchos
episodios de sangre anteriores a 1868. La Junta de Información
convocada en Madrid en 1866 fracasó, y Carlos Manuel de Céspedes,
hombre de fortuna y de cultura, se rebeló en Octubre de 1868, en su
Ingenio azucarero _Demajuana_, dió libertad a sus esclavos, y con
un grupo de bravos soldados tomó la ciudad histórica de Bayamo,
que fué el primer triunfo de la guerra larga que, en 1878, concluyó
aparentemente con el conocido Pacto del Zanjón. Formóse luego el
partido autonomista cubano, cuyos ideales no eran creídos en la
Metrópoli. Era jefe de este partido D. José M. Gálvez, hombre fuerte
y talentoso. El estadista español señor Maura fué el único que por
aquel entonces vió claro el problema cubano, y aunque las reformas
propuestas por él no daban la autonomía al país, eran una base de ella.
El partido constitucional, integrado por elementos españoles y que
gobernaba la Isla, combatió tenazmente el proyecto de Maura, impidiendo
su aplicación. Vino luego una época de parlamentarismo activo en el
Congreso español, que sirvió a Martí para hacer la última guerra de
independencia.

Ya he hablado de este apostólico héroe en mis «Raros» y suelo evocarle
con singular sentimiento. Hace poco dije en América cómo le conocí. Doy
la palabra, pues, al escritor y diplomático cubano señor Machado, cuya
monografía de Cuba he visto:

«Era José Martí hombre de dotes extraordinarias, de poderoso genio,
de cultura intensa y varia y sólida y admirablemente gobernada:
orador, periodista, poeta, jurisconsulto, sociólogo y prosista de arte
originalísimo. Y junto con todas esas preeminencias de la naturaleza
y del estudio, poseía un corazón de santo y un carácter de verdadero
apóstol, que lo elevaron a las más altas cimas de la perfección humana.

En Baire empezó la guerra decisiva, la que había de dar fin al gobierno
español en América, el 24 de Febrero de 1895, y en la que ganaron los
laureles de la inmortalidad el casi legendario Maceo, el sagaz Máximo
Gómez, el denodado Calixto García, el propio e insuperable Martí, y
cien y cien más caudillos y capitanes de imperecedera recordación...»

Han gobernado la República cubana el patriota y dulce pedagogo D.
Tomás Estrada Palma, a quien derrocó una revolución, una de las
desgraciadamente epidémicas de nuestros pueblos juveniles e inquietos.
Y después de una segunda intervención Norte-Americana, el pueblo cubano
fué llamado a elecciones, y por voto de la mayoría asumió el mando
nacional el bravo general de la independencia José Miguel Gómez.

En cuanto a producción, exportación, importación, etc., etc., de Cuba,
véase lo que dice el gran diario bonaerense _La Nación_:

«Los progresos de Cuba.--La jira que el secretario de estado de la
Unión, Mr. Knox, está realizando por los países que baña el mar Caribe,
ha tenido como primer resultado provocar la atención general hacia esos
países, de los cuales en realidad se sabe poco, particularmente en esta
parte de la América del Sur. Entre ellos, la república cubana es uno de
los más interesantes.

Con trece años apenas de existencia, Cuba ha hecho progresos
sorprendentes en todo orden de cosas, y una de las equivocaciones
más generalizadas consiste en creer que tales progresos son debidos
únicamente a los norte-americanos, no habiendo cabido a los cubanos
ninguna o apenas muy pequeña participación en ellos. En verdad que en
el período de la intervención norte-americana en la isla se llevaron
a cabo o se iniciaron importantes obras de saneamiento, se desarrolló
la instrucción pública, se construyeron ferrocarriles y caminos, etc.;
pero no es menos cierto que posteriormente, terminada la intervención,
los gobernantes cubanos, por sí mismos, no sólo han continuado la obra
de los norte-americanos, sino también han realizado mucha obra nueva,
de todo linaje, hasta alcanzar el satisfactorio estado actual de cosas,
labor que resulta más meritoria si se recuerda la situación en que,
por razón de múltiples y variadas causas, se encontraba la isla al
concluir la dominación española. Los interesantes datos que publicamos
a continuación, comprueban los progresos realizados por la República de
Cuba en los pocos años que lleva de existencia.

El censo de 1907 fijó la población de la isla en 2.048.980 habitantes:
en nueve años (desde 1899) ha aumentado en más de medio millón.
La administración sanitaria, regida por un ministerio especial, o
secretario del despacho, como se dice en Cuba (primer país en el mundo
que estableció ese departamento), ha extinguido absolutamente la fiebre
amarilla, el paludismo, la viruela, el sarampión y las numerosas
enfermedades clasificadas por la patología intertropical; la mortalidad
ha bajado a un 13 por mil, una de las más cortas proporciones que
se registran en el mundo; la natalidad ha subido a 34 por mil, y el
aumento de la población, no contando las inmigraciones, es de cerca de
cincuenta mil personas por año.

Se ha realizado lo que hace algún tiempo se hubiera creído un milagro:
hacer de Cuba uno de los países más saludables de la tierra.

No menos digna de señalarse como ejemplo notabilísimo es la reforma
de la instrucción primaria: 3.774 escuelas, con maestros competentes
y bien retribuídos, con abundante y adecuado material pedagógico, con
métodos modernos de educación instructiva y objetiva, con 210.092
alumnos y con el 78 por 100 de asistencia, proclaman altamente el
progreso logrado.

Se han aumentado considerablemente las vías de comunicación: 3.433
kilómetros de ferrocarriles y 2.304 de carreteras distribuyen por
todos los lugares habitados de la isla los artículos de importación, y
conducen a los puertos, para ser exportados, los preciosos frutos del
suelo cubano.

Los servicios de correos y telégrafos, organizados y regidos con tanta
perfección como donde los haya mejores, cuentan con 487 oficinas, 9.952
kilómetros de línea, nueve estaciones de telegrafía inalámbrica y 368
líneas de servicio particular, aparte de las destinadas al servicio de
la guardia rural. La Administración postal y telegráfica dió curso el
año pasado a 68 millones de cartas y 645.000 telegramas.

Atiende a la defensa nacional y la conservación de orden público un
ejército de 5.000 hombres (de infantería y caballería) bien equipado,
instruído, disciplinado y pagado, y un cuerpo de guardia rural de 5.246
plazas, en las mismas excelentes condiciones, y que además de las
funciones ordinarias de policía de seguridad en los campos, tiene las
propias del arma de caballería en tiempo de guerra.

Esparcidos por toda la isla hay 175 grandes ingenios (fábricas de
azúcar), que el año pasado produjeron un millón ochocientas treinta
y seis mil doscientas siete toneladas de dicho artículo, y cuya
producción en el presente año se espera que llegue a dos millones de
toneladas, es decir, casi una tonelada por cada habitante del país.
La cosecha de tabaco, la segunda producción de la isla en orden a su
cuantía y valor, alcanzó en el mismo período a 823.082 quintales, con
una exportación de 26.331.835 pesos.

Siguen inmediatamente en importancia la exportación de minerales,
frutas, maderas, cera y miel.

Cuando se leen las cantidades que valúan el comercio de Cuba, cuyo
total volumen con relación a la población, ocupa el segundo lugar en
el mundo (sólo le supera el de Inglaterra), hay que asombrarse del
gran esfuerzo industrial y mercantil que significan, y de la riqueza
que distribuyen 237.774.700 pesos oro, de los cuales 129.178.865
representan la exportación y la importación 108.095.855, con una
diferencia en favor de Cuba, de 21.083.010.

Cabe agregar, para concluir esta breve información, que a esos
progresos materiales corresponde un progreso político muy apreciable,
que permite el funcionamiento regular del mecanismo constitucional y
administrativo, alejándose así la enojosa expectativa de una nueva
intervención norte-americana, que hace poco pareció probable a causa
de la excitación pública motivada por la actitud de la Asociación de
veteranos de la guerra de la independencia, excitación que felizmente
parece ya concluída, circunstancia que hace esperar que la próxima
elección presidencial y la consiguiente transmisión del mando, han de
efectuarse en condiciones que contribuyan al afianzamiento del progreso
y del prestigio de la joven república cubana.»

Son, como se ve, sorprendentes los progresos materiales y morales de
la Perla de las Antillas, una de las Repúblicas latino-americanas de
más porvenir. Su comercio exterior aumenta de año en año, en progresión
extraordinaria; sus producciones naturales y famosas, como el azúcar,
el tabaco y el café, invaden el mercado mundial y son activamente
solicitadas por los países consumidores. Las riquezas de la isla
adquieren positivo valor, y las ciudades se embellecen y se higienizan
con rapidez extraordinaria.

A este resurgimiento material corresponde un verdadero florecimiento
intelectual.

El pensamiento cubano ha tenido, como la libertad cubana, nobles
adalides. El evangélico Martí descolló gallardamente en ambos campos
llevando en su múltiple y grande espíritu las virtudes más altas del
patriotismo libertador y las dotes más puras de la oratoria, de la
poesía y de la prosa caudales.



PERÚ

[Ilustración]


Hace ya largos años tuve la suerte de pasar algunas horas en Lima.
¡Lima! La ciudad tradicional de la riqueza, de la gentileza y del
encanto femenino, la ciudad de Santa Rosa y de D. Ricardo Palma. Y
volvía yo de Chile para Centro América. El vapor tenía que permanecer
algunas horas en el Callao, y yo aproveché ese tiempo para hacer mi
corta visita a ese precioso relicario de la galantería y esplendor
coloniales. No sufrí desilusión ninguna, antes bien, creo que hubiera
permanecido allí por largos años. Pero noté ya que Lima se modernizaba.
Actualmente sí que, si ha perdido algo de su vieja poesía, ha ganado en
progreso y sigue siendo la flor del Perú.

Sobre el Perú de hoy se han publicado algunos libros en Europa y
Estados Unidos; con todo, es poco sabida su situación presente,
su despertamiento. Empieza a conocerse porque tiene laboriosos
propagandistas, como el Sr. Carlos Larrabure, que hace en Europa tanto
bien a su patria.

El Perú que, bajo el Imperio de los Incas primero, y bajo la
dominación española después, ocupaba una enorme extensión territorial,
comprendiendo bajo su dominio, además del Perú actual, el Ecuador y
parte de los territorios de las Repúblicas de Bolivia y Chile, vió
replegarse sus fronteras cuando la emancipación del continente dió
vida independiente a las citadas repúblicas. Y aun cuando disminuído
nuevamente su territorio por consecuencia de la desastrosa guerra
del Pacífico, que hizo pasar a manos del afortunado vencedor el
inmenso departamento de Tarapacá, con su ingente riqueza salitrera,
cuenta todavía con la considerable extensión territorial de 1.800.000
kilómetros cuadrados, en el que se encuentran todos los climas del
mundo, en el que se aglomeran las más variadas y las más ricas
producciones de los tres reinos de la naturaleza, y en el que se pasa
de las llanuras arenosas y de los valles de prodigiosa riqueza agrícola
de la Costa del Pacífico, a las fragosidades de la sierra, cuyos
flancos están cruzados por filones de los minerales más variados; y
de las altiplanicies andinas, cubiertas de pastos naturales, capaces
de alimentar millones de cabezas de ganado, a los bosques seculares
del Oriente, cruzado por los grandes ríos navegables, el Amazonas y
sus afluentes septentrionales y meridionales, recorridos sin cesar
por legiones de caucheros, explotadores intrépidos del Hevea y del
Castilloa.

La región de la costa se extiende a lo largo del Pacífico, en una
extensión de Norte a Sur de 2.270 kilómetros, desde la línea fronteriza
con el Ecuador, hasta el territorio de Chile. Su anchura, desde el
Océano hasta las primeras estribaciones de la Cordillera de los Andes,
es muy variable, alcanzando un máximum de 100 kilómetros.

Esta ancha faja de territorio, dotada de un clima suave que no pasa
de los 28° centígrados en verano, ni baja a más de 8° sobre cero en
invierno, y en la que es casi desconocida la lluvia, que sólo se
presenta bajo la forma de llovizna menuda (garna), está atravesada
de Este a Oeste por numerosos ríos, torrentosos en su mayor parte,
que bajan de las cumbres de los Andes, y forman una serie sucesiva
de valles, en los que se cultivan, sobre todo, la caña de azúcar, el
algodón, el arroz y la vid.

Puede calcularse en 321.450 hectáreas la extensión de tierras irrigadas
actualmente en la región que nos ocupa. Además, los diferentes
proyectos de irrigación en estudio, permitirán aumentar esa superficie
en 314.982 hectáreas más.

La producción de azúcar en el año de 1910 alcanzó la cifra de
148.045.033 kilos, de los que 26.400.000 fueron consumidos en el país,
y kilos 121.465.033 fueron exportados en su mayor parte a Inglaterra y
a Chile, cuyas refinerías se proveen exclusivamente de azúcar peruano.

En lo que se refiere al cultivo del algodón, introducido en el Perú
cuando surgió la crisis de la producción, originada por la guerra
separatista de los Estados Unidos, las condiciones particularmente
favorables de la tierra y del clima, superiores a las de Egipto para
esta planta, han mejorado notablemente las clases diversas que fueron
introducidas en aquella época, y aun se ha formado una variedad
netamente nacional, que se distingue esencialmente de los demás en la
aspereza de su fibra, que le da tal semejanza con la lana, que se le
emplea para mezclarla con ésta en diversos tejidos, siendo necesario
recurrir al análisis químico para distinguirlo.

La producción de algodón en sus diferentes clases, fué el año último
de 24.005.144 kilos, de los cuales fueron exportados 21.305.144 kilos,
siendo consumida la diferencia de 2.700.000 kilos por las fábricas
nacionales de tejidos.

La producción de arroz en el mismo año fué de 39.409.910 kilos, y la de
vino y alcohol de uva, de 12.175.639 litros.

La principal producción mineral de la costa es el petróleo y sus
derivados, cuya exportación alcanzó la cifra de un millón de toneladas,
a la que hay que agregar el consumo nacional.

Las producciones agrícolas de la sierra, susceptibles de recibir
un impulso que decuplique su monto, cuando se desarrolle la red
ferroviaria que permita la exportación, consisten principalmente
en maíz, trigo, cebada y papas. Su producción en 1910, ha sido la
siguiente, íntegramente consumida en el país:

  Maíz      80.000.000   kilos
  Trigo     78.000.000     »
  Cebada    60.000.000     »
  Papas     85.000.000     »

La ganadería es, sin duda, la principal industria de la sierra, después
de la minera, no obstante que, sólo ahora, comienzan a introducirse en
su explotación los modernos métodos científicos que, indudablemente,
le comunicarán en un plazo más o menos largo, el impulso decisivo que
puede convertir al Perú en uno de los primeros países ganaderos del
mundo, debido a las excepcionales condiciones que para ello ofrecen las
altiplanicies andinas, cubiertas de pastos naturales.

No obstante la forma empírica, por lo general, en que se explota esta
industria en la actualidad, la exportación de lanas de oveja, llama y
vicuña, fué el año pasado de 4.729.460 kilos.

En la actualidad, la principal riqueza de la sierra peruana es la
minería. La exportación total del Perú en 1910 ha sido de 650.643
toneladas métricas, con un valor total de 1.922.460 libras esterlinas.

En estas cifras figura la exportación de cobre, ya puro o mezclado
con plata, con 497.824 toneladas, con un valor de 1.231.578 libras
esterlinas; siguiendo su importancia la exportación de plata, oro,
vanadio, antimonio, etc. La producción principal de la región oriental,
llamada _La Montaña_, es la goma elástica y el cauchú. La exportación
del año último ha sido de 2.801.567 kilos.

La población actual del Perú está calculada en 4.600.000 habitantes, de
los que hay un 64 por 100 de indios, 30 por 100 de blancos y mestizos
y 6 por 100 de negros y asiáticos, lo que corresponde a una densidad
de 2,6 por kilómetro cuadrado, cifra ínfima, susceptible de adquirir
un gran aumento mediante la inmigración europea, dadas las riquezas
naturales del país y las ventajas de su clima privilegiado.

Los medios de comunicación adquieren un desarrollo bastante rápido:
numerosas líneas de vapores ponen en comunicación con Europa, tanto
los puertos peruanos del Pacífico como los fluviales de la Montaña.
Iquitos, el gran centro comercial peruano sobre el Amazonas, situado
en el corazón de la selva, está unido al viejo continente por una
línea de trasatlánticos que hacen el viaje directo desde Iquitos hasta
Liverpool, con escala en Manaos, Pará, Lisboa y el Havre.

Gracias a la fundación de la compañía peruana de vapores, cuyas naves
rápidas hacen el recorrido del Callao a Panamá y escalas en cuatro
días, puede hoy hacerse el viaje de Lima a Londres o París, vía
New-York, en diez y nueve días, en magníficos vapores que ofrecen todo
género de lujosas comodidades.

El Perú dispone en la actualidad de treinta y cuatro líneas férreas
en explotación, una de las cuales, la de Moliendo a Puno, atraviesa
todo el territorio de la República de Oeste a Este, empalmando con el
ferrocarril boliviano de Guaqui a la Paz, mediante la línea peruana de
vapores del lago Titicaca que hace el trayecto de Puno a Guaqui. Siendo
particularmente notable la línea férrea del Callao a la Oroya y Cerro
de Pasco, por ser el ferrocarril más alto del mundo, y ser una obra
maestra de ingeniería. Actualmente están en estudio o en construcción
ocho nuevas líneas, de las cuales dos son de penetración: la de Paita
al Marañón y la de Oroya al Ucayali.

La red telegráfica alcanza una extensión de 11.381 kilómetros, que pone
en comunicación los puntos más extremos de la costa y de la sierra con
la capital, empalmando en las fronteras con los telégrafos bolivianos y
ecuatorianos. La Montaña está servida por telegrafía inalámbrica, que
pone en comunicación directa a Iquitos con Lima. Actualmente se está
construyendo en esta última ciudad una estación inalámbrica, capaz de
comunicarse con Iquitos, prescindiendo de las estaciones intermedias,
en una distancia en línea recta de 1.022 kilómetros.

Pronto se construirá también una red inalámbrica en la parte meridional
de la Montaña. Es bueno recordar que el Perú ha sido el primer país
que ha establecido la comunicación por telegrafía sin hilos a grandes
distancias, a través de las selvas y de altas montañas. Las líneas
telefónicas interurbanas tienen una extensión de 791 kilómetros.

El Perú no es, propiamente hablando, un país manufacturero; tiene,
sin embargo, fábricas de tejidos de lana y de algodón, de ladrillos
y cerámica, de papel, de sombreros, etc., así como grandes usinas de
fuerza eléctrica.

Intelectualmente, el Perú ha alcanzado un desarrollo, en concordancia
con su tradición de alta cultura en el continente. En la época
colonial, Lima era el centro intelectual y universitario de
Sud-América, en la que su hegemonía, en tal sentido, era indiscutida.
Hoy, sus cuatro universidades, sus escuelas especiales de ingenieros
de minas, de ferrocarriles y electricistas, de agronomía, de medicina,
de comercio, artes y oficios, normales de maestras y maestros; sus
múltiples instituciones literarias y científicas, entre las que se
destacan el Ateneo de Lima, la Sociedad Geográfica, el Instituto
Histórico y otras, dan gran impulso a los estudios científicos y
literarios. Numerosos son los hombres que se han distinguido en todos
los ramos del saber humano. Muchos de aquellos hombres han sido
estadistas eminentes. Como hombres representativos de la mentalidad
del Perú moderno y contemporáneo, se pueden citar, como jurisconsultos
egregios, a José Gregorio Paz Soldán, a Francisco García Calderón,
autor del monumental Diccionario de la Legislación peruana; en las
ciencias médicas y naturales, a Hipólito Unanue y Sebastián Barranea;
como historiadores, a Mariano Felipe Paz Soldán, autor de la historia
del Perú independiente y de la guerra del Pacífico, y Manuel de
Mendiburo que escribió el Diccionario histórico-geográfico del Perú
colonial; a Félix Coronel Zegarra, investigador paciente y autor de
monografías históricas de mucho mérito; a Eugenio Larrabure y Unanue,
presidente del Instituto Histórico del Perú e individuo de la Academia
de la Historia de Madrid; a José de la Rive Agüero, crítico de alta
cultura y de gran erudición. Su diplomacia se ha honrado con Pando, el
renombrado publicista de Derecho Internacional, con Wiesse, miembro
del Instituto de Derecho Internacional en Bruselas. La lista de sus
literatos y poetas sería interminable, pero entre muchos brillan
Corpancho, Pardo y Aliaga, Segura, Luis Benjamín Cisneros, José Gálvez,
el vibrante González Prada, y los de universal renombre en tierras
de lengua castellana, que hoy sostienen la gloria literaria del
Perú, así el ilustre y benemérito anciano, autor de las tradiciones,
Ricardo Palma y el renombrado José Santos Chocano. Cultivadores de las
ciencias filosóficas ha habido, como ese joven cerebro privilegiado
que brilla aquí en París mismo en los centros de Filosofía, y que ha
escrito sobre el Perú contemporáneo un libro hermoso y sapiente: me
refiero a Francisco García Calderón y Rey; Mariano H. Cornejo, orador,
diplomático y filósofo, cuyo tratado de psicología, traducido del
francés, ha obtenido brillante acogida en el Continente; como pintores
han sobresalido a mediados del siglo pasado, adquiriendo un nombre de
primer orden, Montero, Merino, Lazo y Suárez, y más recientemente, Vaca
Flor, Hernández, Astete, Jiménez y Castillo.

Las damas, entre sus flores de graciosa belleza, han tenido también
flores de intelectualidad. Actualmente, en Europa, la señora Aurora
Cáceres justifica los lauros de sus antiguas compatriotas ilustres.

Y el Perú, para concluir con un heroico recuerdo, ha tenido en el siglo
XX su Icaro: Chávez.



CHILE

[Ilustración]


Quien escribe estas líneas ha habitado por algún tiempo en país
chileno, hace ya bastantes años, y conserva el recuerdo de una tierra
bella y de una gente altiva y cordial. Chile ha sido, desde antaño,
tenido como una república seria, laboriosa y culta, y después de la
guerra con el Perú y Bolivia, como el pueblo más militarizado de
América. Tuvo, antes que otras de nuestras potencias, el tino de buscar
o facilitar el acercamiento y relaciones con las otras repúblicas del
Pacífico, hasta la América Central, ya estableciendo representaciones
diplomáticas y consular, ofreciendo becas, o enviando oficiales de su
ejército como instructores, de suerte que la influencia y la simpatía
chilenas han sido preponderantes en muchas de esas naciones, por lo
menos hasta hace pocos años. Intelectualmente tuvo también cierto
predominio en los estudios de ciencias político-sociales, con un Bello
y un José Victorino Lastarria. El código civil chileno ha sido muy
tenido en cuenta en aquellas legislaciones hispano-americanas.

En Europa, Chile ha sido estimado con gran consideración, en toda
época, por el propósito que mantuvieron sus gobiernos, cualesquiera que
fuese el partido imperante, de sostener el crédito chileno en todos
los mercados, principalmente en Inglaterra, centro de sus grandes
operaciones financieras, por la dignidad tradicional de sus hombres
públicos, por la superioridad de su experiencia marítima, por la
cordura y sentido práctico de sus clases superiores, y por la virilidad
de su raza. El carácter chileno en el continente, está claramente
definido.

La larga espada de tierra que se extiende desde el Sama hasta el cabo
de Hornos, entre el Pacífico y los Andes, es, según los últimos datos
publicados en nutrido libro del ministro de Guatemala D. Eduardo
Poirier, de unos cuatro mil doscientos treinta kilómetros de longitud,
y de una anchura que varía entre ciento setenta y cuatrocientos.
Territorio cubierto en gran parte de valles y alturas, de orografía
variada, contiene desde el desierto hasta la tierra feraz. Se basa
en una copiosa y rica entraña minera. Allí se encontrara el siglo
pasado el famoso antro de Chañarcillo, en Copiapó. Antes que ningún
país americano, produjo Chile vinos excelentes. «Especialmente en los
valles de Copiapó, Huasco y Coquimbo, el cultivo de la vid y de sus
variedades, análogas a las de Europa meridional, ha alcanzado una
perfección comparable tan sólo a la excelencia del producto. De él
obtienen exquisitos vinos de Oporto y de Jerez y las afamadas pasas
de Huasco». Tal dice el citado Sr. Poirier en su obra sobre _Chile
en 1910_. En la parte central triunfa la agricultura. Aconcagua y
Santiago, provincias ricas en viñas, dan burdeos y borgoñas parecidos
a los franceses. Hay en el Sur maderas, pesquerías y ganados. El
Norte posee los tesoros, únicos en el mundo, del salitre y los de su
subsuelo. La fauna y flora han sido objeto, con sobrada razón, de
los estudios de esclarecidos naturalistas del país y del extranjero.
Sus termas son célebres y numerosas. El clima es vario en tierra tan
extensa. El comodoro Byron, tío del poeta, dice en sus memorias: «El
clima de Chile es, según creo, el más hermoso del mundo. Lo que sus
habitantes llaman invierno no dura más de tres meses, y aun esta
estación es sumamente benigna». El ingeniero belga M. Louis Cousin,
ha hecho este resumen halagador y optimista, dirigiéndose a los
chilenos: «La Providencia os ha favorecido con lujosa holgura. Por
un lado, cuatro mil kilómetros de costa os abren la ruta hacia los
demás continentes. Por otro lado, la maravillosa cordillera de los
Andes, fiel y seguro centinela de la frontera oriental, constituye a la
vez un inmenso condensador de las nubes, que os tributa la frescura,
tan agradable en las noches de verano, un acumulador gigantesco de
la energía solar sin medidas, capaz de suministrar gratuitamente una
fuerza inconmensurable; un depósito inagotable de agua, fertilizando
vuestros campos con un funcionamiento automático tan admirable, que
cuando más arde el sol mayor caudal llevan los canales de regadío.
Y como si lo que está a la vista no fuera bastante para estimular a
los habitantes al trabajo, la cordillera encierra en su seno riquezas
inagotables: do quiera que penetre el minero saca minerales valiosos,
desde el hierro hasta el oro. Más todavía: el carbón, considerado como
el pan de la industria, abunda en Chile, sus yacimientos reconocidos
corren desde Punta Arenas hasta cerca de Santiago. Sin embargo, su
extracción alcanza apenas al cincuenta por ciento de lo que consume el
país». Cierto, excelente país para el trabajo, para la industria y la
vida comercial. Con la apertura del Trasandino, una nueva puerta da
entrada mayormente a nuevos elementos de prosperidad.

La «indómita cruza de potros españoles en vientres de Araúco», según la
frase gráfica de Vicuña Mackenna, gracias a los buenos gobiernos, y sin
lo que podría llamarse necesidad de la tiranía en otras partes, ha ido
a la civilización por medio de la paz.

Chile se ha sustentado en la preponderancia ordenada de su «élite», en
el advenimiento de una aristocracia directiva y un pueblo hondamente
poseído del orgullo de su nacionalidad. La mestización amacizó la fibra
del pueblo, que ha conservado la indomabilidad del araucano; arriba
perdura lo que llegó con la sangre vasca principalmente, lo cual es
decir que no es difícil encontrar maestros de tenacidad y profesores de
energía.

Su historia está llena de páginas heroicas, y la gratitud nacional ha
levantado monumentos a los héroes y creadores de la patria. El general
José de San Martín se perpetúa en bronce en Santiago, como en Buenos
Aires y en Lima.

Chile ha tenido un foro y un parlamento ilustres. Su evolución
progresiva ha producido los mejores resultados, a pesar del
sangriento intermedio de una revolución, cuyo último acto trágico,
principalmente, causara en todas partes una impresión profunda.

En la psicología del chileno prima el ánimo de empresa, y, como lo
observa el citado Sr. Poirier, el afecto en el hogar, la hospitalidad
en la vida social, el desprendimiento. Hay en él cierta sequedad,
cierta rudeza, que son muy poco latinas. Una vez que se penetra en su
amistad, se está seguro de ella. Es sabido que se ha llamado a los
chilenos «los ingleses de la América del Sur». Y hay en verdad puntos
de comparación que dan propiedad a tal decir. Sobre todo, ambas son,
Inglaterra y Chile, discípulas del mar. Su soldado tiene fama de
bravo y también de cruel. El obrero es resistente, como pocos, mas
se quema en el alcohol, a punto de que gobernantes y legisladores se
han preocupado de ello. La falta del espíritu de economía que se ha
lamentado en él, háse corregido mucho, según los recientes balances
de la Caja de Ahorros. En las familias pudientes y de estirpe, se ha
corregido la abundancia del «doctor» con la frecuencia del ingeniero
y del «gentleman-farmer». Y en cuanto a la beldad femenina, hay dos
testimonios de marca. La frase del rey francés Luis Felipe al ministro
de Chile:--«Decidme, Cazotte, ¿acaso en vuestro país es todo tan bello
como vuestra mujer? Si es así, ¡os felicito!»; y el admirado busto de
dama, de Rodin, en el museo de Luxembourg.

En un libro que publicó hará unos dos años el príncipe de Orléans
Braganza, se leen estas líneas: «El presente es la crisis, y los
nuestros lo deploran. Cuánto habrían querido mostrarnos un Chile
diferente: el Chile próspero anterior al terremoto y la revolución
anti-balmacedista, el Chile de la política desinteresada y del cambio a
18 peniques, festivo bajo su sol primaveral; o bien a este mismo Chile,
tal como será dentro de diez años, cuando las reformas hayan hecho su
labor. Se equivocan. Es en estos momentos de evolución violenta como
la actual, que un país acredita las reservas de energía que dormitan
en él durante los períodos de próspera mediocridad. Atraviesa Chile
ahora la edad ingrata, ha crecido demasiado deprisa, pero esta crisis
de desarrollo es, en sí misma una prueba de vitalidad. Chile es un
país eminentemente dominador, ha nacido para eso; le es indispensable
la acción que impulsa a la conquista; tiene el orgullo de la fuerza.
Sólo le falta conocer el arte de saber utilizar esta fuerza, aunque
es de esperar, o de temer, que este arte lo adquirirá totalmente
por la experiencia. En este momento, la antigua armadura, demasiado
estrecha para abroquelarle, cruje por todas las junturas, siéntese ya
a las nuevas ideas tomar cuerpo, precipitarse la evolución. Dentro
de algunos años se habrá Chile asimilado los ritmos de la existencia
moderna de las naciones, y fácilmente reconquistará el tiempo que
su largo aislamiento y letargo criollo le han hecho perder». Por
los decir príncipe, estos «enxiemplos buenos» no están mal, en el
desarrollo de un propósito imperialista y combativo. Mas el porvenir
de Chile, como el de todas las naciones de nuestra América, está en la
paz. Seguramente una paz armada que asiente el equilibrio. Una alta
personalidad de la Armada chilena, interrogada últimamente sobre la
construcción de acorazados, ha manifestado que tarde o temprano ha de
producirse una «entente» entre la Argentina, Brasil y Chile. «Debemos,
dijo, acordar de quedar en igualdad de derechos y fuerzas semejantes a
estas dos repúblicas».



BRASIL

[Ilustración]


Tierra de luz, de poesía y de riqueza, tierra prometida para el trabajo
y la energía de los hombres, fué bien llamada Canaán por uno de sus
preclaros escritores. Todo allí es encanto y lujo de la naturaleza,
de tal manera, que los viajeros que por primera vez visitan país tan
señalado y singular sobre la tierra, se diría que sufren como un
deslumbramiento, por cielos, aguas, bosques, paisajes que se juzgarían
ilusorios, y en donde se muestra la gracia y la potencia del universo.
«Los mismos insectos,--dice el gran argentino Sarmiento, hablando
del Brasil--son carbunclos o rubíes; las mariposas, plumillas de oro
flotantes; pintadas las aves que engalanan penachos y decoraciones
fantásticas; verde esmeralda, la vegetación; embalsamadas y purpúreas,
las flores; tangible, la luz del cielo; azul cobalto, el aire; doradas
a fuego, las nubes; roja, la tierra; y las arenas entremezcladas de
diamantes y rubíes». Toda expresión, por hiperbólica que parezca,
no sobrepuja a la realidad, tratándose de este país que contiene
tantas cosas enormes, tantas cosas que parecen de fábula. Una riqueza
imponderable de minerales; una variedad infinita en la flora y en la
fauna; la bahía más bella y el puerto más bello del mundo, y el río
Amazonas, el «Ecuador movible», «inmenso mar dulce, el más grande y
admirable de los escenarios soñados para la epopeya». Son una extensión
territorial de 8.497.940,6 kilómetros cuadrados, que representa 1/15
de la superficie total del globo y 1/5 del Continente Americano, con
una extensión en el Océano Atlántico de 1.351 leguas. Limita con todos
los países de la América del Sur, con exceptación de Chile, y los
veinte estados y el distrito federal que lo constituyen, si alcanzasen
la densidad de población de Bélgica, ¡podrían contener en su conjunto
la totalidad de los pobladores actuales del planeta! «Los árboles más
corpulentos--dice el escritor chileno Clemente Barahona Vega, a quien
seguimos en estas anotaciones,--las plantas más vistosas, las yerbas
más medicinales, las flores más bellas, los arbustos más raros, se
encuentran ahí con profusión. La vegetación ostenta por doquiera una
lozanía, un lujo que pasman al espectador, siendo incontables las
maravillas y curiosidades que ofrece. El cedro del Amazonas alcanza
la altura de ochenta y dos metros, y diez de diámetro. Abundan los
castaños de cinco metros de diámetro y cincuenta y cinco de alto.
La _Victoria Regia_, flor colosal y magnífica, crece en tal grado
que uno de sus pétalos constituye por sí solo la carga regular de un
peatón. ¿Para qué hablar del árbol del pan y de la leche, del árbol
de la goma y de la cera, que parecen concentrar en si la mitad de
las propiedades del reino vegetal? Conforme al estado actual de la
ciencia, los reptiles del Brasil representan un poco más de 1/12 del
total de la tierra entera; contiene más de cincuenta clases de culebras
y serpientes, algunas boas de 20 metros de largo, y doce de ellas
venenosas, siendo las más terribles las víboras. Entre sus mamíferos
se distinguen el tapir, el armadillo, el de mayor tamaño en América,
y el hormiguero, que prestan utilísimos servicios para el exterminio
de las hormigas y otros bichos que amenazarían la habitabilidad del
país en ciertas partes. Hay una infinidad de loros del más brillante
y atrayente plumaje, por lo cual, en los primeros tiempos, se llamó
_a terra dos papagaios_; y de insectos, desde el cocuyo luminoso
y la mariposa de vivaces y múltiples colores, hasta el mosquito
zumbón y terrible que bulle por miriadas, y de monos y macacos. En
cuanto a volátiles, según el doctor Goeldi, hospeda casi 1/6 de todas
las especies de aves del globo. Se conocen más de mil ochocientas
variedades de peces en los ríos y en los lagos. Agassis afirmó que
tan sólo en una pequeña laguna cerca de Manaos, se descubrieron 200
distintas, en tanto que todos los ríos de Europa, desde el Volga hasta
el Tajo, nutren nada más que 150 especies. Llaman la atención, el
_pirarucia_ del Amazonas y el _rubin_ del San Francisco, en condiciones
análogas al bacalao, y el _pirahna_, de 35 centímetros de largo, y tan
corajudo, que se bate con los aligatores y las boas. La caza de la
tortuga es ocupación muy lucrativa en los estados de Pará y Amazonas;
en ese río gigantesco, con su legión de doscientos afluentes, pululan
en espeso cardumen, viven los caimanes, y hay dos mamíferos acuáticos,
el _manati_ o vaca marina y una calidad de delfín, el _ugara_ o _boto_
del indio, que ocupa largo espacio en la imaginación del pueblo, que se
cree que canta, como la sirena antigua, y con su canto seduce. ¡Ay de
la doncella que lo oye cantar en noche de luna!»

La raza autoctona está dividida en cuatro naciones, distintas
unas de otras por sus mitos, su lenguaje y costumbres: _a_) los
_tupys-guaranys_, diseminados, y con varias denominaciones locales
en la zona del país por ellos ocupada, de Sur a Norte y del litoral
atlántico a _Hinterland_ brasilero; _b_) _los tapuyas_ o _ges_, feroces
cazadores que opusieron resistencia a la civilización; enemigos
traicioneros de los blancos, y genéricamente llamados _bugres_,
habitantes de la altiplanicie del Este, enemigos de los _tupys_ y
_caribes_; _c_) los _maipures_ o _nu-aruaks_, pescadores fluviales,
del Noroeste; y _d_) los _carabybas_, _caribes_ o _caraïbas_, en el
alto Amazonas y región de las Guayanas, originarios del Brasil. Se
reconocen, además, otros tres grupos generales, etnográficamente
clasificados como ramas aparte; los _carirys_, los _waitakas_ y los
_panos_. La población selvícola, a la llegada de los portugueses,
podría fluctuar entre un mínimum de dos y un máximum de cuatro
millones. La introducción del negro se inició con la carta regia de
29 de Marzo de 1559, que otorgaba facilidades al tráfico del Congo,
y con la celebración del primer contrato para la introducción de
etíopes, suscrito en 1563 entre el gobernador Carioca Correira de Sá
y Juan Gutiérrez Valerio. El negro ha sido un elemento de muy grande
importancia en el Brasil. «El elemento africano, en contacto íntimo
con nuestra familia y cruzándose ampliamente en todo el país, forma hoy
con los otros dos, el tupy y el portugués, la nacionalidad brasilera»,
dice un autor. Ultimamente, ha habido mucha inmigración europea. Según
datos oficiales de hace unos dos años (1910), la población está de este
modo dividida: italianos: 1.300.000; portugueses: 800.000: alemanes:
300; españoles: 100.000; polacos: 80.000; franceses: 10.000; ingleses:
5.000; norte-americanos: 500; de otras nacionalidades: 110.000. Número
de indios mansos: 450.000; de indios bravos: 350.000; de negros puros:
300.000.

La potencialidad económica del Brasil es de las más extraordinarias.
Calcúlase que posee una superficie de 840.000.000 de hectáreas;
8.000.000 de terreno cultivado y 52.000.000 de floresta, quedando
780.000.000 de terreno inculto. Se calcula que puede contener hasta
30 millones de cabezas de ganado bovino, caballar y mular. El trigo
y el centeno dan un rendimiento doble o triple del de Europa y Asia,
particularmente en Río Grande do Sul, que en el siglo XVIII fué el
granero de Estados Unidos, Repúblicas latinas y Cuba. De las 40
variedades de mijo se obtiene desde 150 hasta 400 por uno. La caña
de azúcar, que constituyó la principal industria hasta la llegada del
café, éste, el algodón, el tabaco, la yerba mate, el cacao, el lino,
la cebada, el añil, han adquirido un desarrollo asombroso. El cauchú
es uno de los productos de las selvas que más influencia ejercen en
la vida económica del país. Hasta 1861, el Brasil ocupaba el segundo
lugar entre los productores de _borracha_ del mundo entero; hoy es sin
disputa el primero. En lo que se refiere a las industrias fabriles,
una de las que han prosperado más es la de los tejidos de algodón,
lana, y seda. En 1897 había 50 de éstas. En cuanto a los diamantes, una
compañía inglesa, dueña desde 1830 de las Minas de Morro Velho, aplica
la electricidad para todas las operaciones del beneficio, y obtiene
una entrada mensual de £25,000. El _Etoile du Sud_, hallado en 1853,
pesaba en bruto 254,5 quilates, y tallado, con sus facetas cambiantes y
deslumbradoras, 125 quilates y medio; el _Diamante de Dresde_, en 1857,
tenía un peso de 117,5 quilates antes de pulirlo, y después, 63,5. Los
dos están en poder de un príncipe de la India, y fueron adquiridos en
1.200.000 pesos el primero, y en la mitad de este precio el segundo.

El movimiento aduanero, siempre refiriéndose a datos de 1910, es como
sigue: _Exportaciones_: 799.670.295 pesos _mil reis_ o sea £53.059.480.
_Importaciones_: 499.286.976 pesos _mil reis_, o sea £33.204.041.
_Saldo a favor_: 300.383.319 pesos _mil reis_, o sea £19.855.439. La
_Deuda Interior_ es, en en pólizas, títulos de renta: £552.476.600.
La _Deuda exterior_: Empréstitos diversos, con un valor total de
69.608.357 libras esterlinas, que representan en papel moneda al cambio
de 15: por _mil reis_, 1.113.733.712 pesos. Total: 1.666.210.312 pesos
_mil reis_. Siendo la población del Brasil de 22.000.000, se deduce que
la deuda que gravita a prorrata sobre cada habitante es de 75,73 pesos
por _mil reis_.

«La República se inició--dice en su citada monografía Barahona
Vega--con una junta provisoria de Gobierno, presidida por el mariscal
da Fonseca y compuesta de siete miembros más Benjamín Constant, Ruy
Barbosa, Quintino Bocayuba, Edmundo Wanden Kolk, Aristides da Silveira
Lobo, Manuel Ferraz de Campos Salles y Demetrio Nunes Ribeiro, las
más elevadas personalidades representativas del movimiento que habían
sido elegidas por los autores de la revolución republicana, como brazo
de la idea. La preocupación especial de la Junta de Gobierno fué
dictar la nueva Constitución, la cual tuvo una prolongada gestación
en el Congreso Nacional. Por fin, en una sesión solemnísima, el 24 de
Febrero de 1891, en el viejo palacio de los emperadores, transformado
triunfalmente en anfiteatro de una convención republicana se hizo
la promulgación del nuevo Código Fundamental del país. El Mariscal
da Fonseca «soldado de alma brava y sencilla» resultó electo por el
Congreso, y al siguiente día, Presidente Constitucional, hasta el 15
de Noviembre de 1894; pero por el golpe de estado del 5 de Noviembre
de 1891, que fué mal visto de la nación, resignó el mando, veinte días
después, en el Vicepresidente electo, Mariscal Floriano de Peixoto.
Cumplido el período presidencial de da Fonseca por el Vicepresidente
Peixoto, subió al poder el doctor Prudente de Moraes Barros. Con la
exaltación de este ciudadano, sube con él el civilismo a la alta
dirección de la República.

La evolución no podía ser más eficaz ni más rápida. Dos Gobiernos
militares con un período de dictadura, habían dado pie a ciertas
tendencias hacia el militarismo sectario; pero el primer gobierno
civil que tomó el poder acabó con ellas. Para esto hubo que cerrar
por tiempo indefinido la Escuela Militar, y se cerró; hubo que
destruir la escuadra, y se deshizo. El mérito histórico de aquellos
hombres fué saber ver con claridad en la confusión de los sucesos y de
los días, y proceder a asegurar la suprema conquista con abnegación
y energía. El 15 de Noviembre de 1898 recibió su investidura de
jefe del Estado el doctor Manuel Ferraz de Campo Salles, y sin más
interrupción que la brevísima del 19 de Octubre al 8 de Noviembre de
1900, en que fué subrogado por el Vicepresidente, doctor Francisco de
Assis Rosa e Silva, continuó consagrando sus desvelos de estadista
a la ejecución fiel del programa de reconstrucción de las finanzas,
sin salirse un punto de esta línea de conducta. Para la magistratura
suprema, en el siguiente período de 1901 a 1906, favorecieron los
sufragios del pueblo, para Presidente, al doctor Francisco Rodríguez
Alves, que no delegó el mando un solo día, y para Vicepresidente al
doctor F. Silviano de Almeida Brandao. El Presidente Rodríguez Alves
dedicó sus más tesoneros esfuerzos al saneamiento, transformación y
embellecimiento de la ciudad de Río Janeiro, y mejoramiento de los
puertos del país. El 15 de Noviembre de 1906, el Vicepresidente en
ejercicio, doctor Alfonso Augusto Moreira Penna, pasó a ejercer la
Presidencia de la República, y a llevar a la práctica, de un modo
sostenido, el programa de población y viación del país y la difusión
de la enseñanza, que había sido la hermosa y sincera plataforma de
su candidatura presidencial. Por la muerte de este hombre de estado
sucedióle el doctor Nilo Peçanha, que siguió estrictamente el mismo
programa. Por último, fué electo, con aplauso general, el pundonoroso
Mariscal Hermes da Fonseca, quien es un esclarecido jefe del Ejército,
Exministro de la Guerra de la Administración anterior, y personalidad
de rasgos enérgicos y francos, y de altas y atrevidas vistas
patrióticas.

Alma y certero brazo director de las relaciones internacionales, fué el
recientemente fallecido barón de Río Branco, cuya desaparición ha sido
lamentada en todas partes. Puede decirse que, por su tacto y pericia,
llegó a ser el primer estadista del continente. Digno heredero de su
ilustre padre, aumentó aún más el brillo de su nombre.

El Brasil intelectual es de una fuerza e intensidad dignas de mayor
fama en el mundo. La lista de sus hombres eminentes llenaría más de
una página nuestra. Básteme con citar a Joaquín Nabuco, Ruy Barbosa,
Machado de Assis, Joao Ribeiro, José Verisimo, Araripe Junior, Taunay,
Graça Aranha, Galvao, Olavo Bilac, y tantos otros dignos de figuración
en cualquier nación europea. Su prensa, con órganos como el _Jornal do
Comercio_ y _O Pais_, es de un gran prestigio. Y Río y Sao Paulo, gozan
de un atractivo y de una celebridad ya mundiales. ¡Bello, soberbio,
opulento país!



URUGUAY

[Ilustración]


Desde los trabajos de Azara hasta las impresiones y datos publicados
por diferentes viajeros en épocas recientes, muchos son los libros
en donde pueden conocerse la geografía, la historia, las riquezas
y el progreso material y moral de la república del Uruguay. Una
obra monumental fué publicada en 1910, en Montevideo, por el Sr. D.
Carlos M. Maeso, en la cual se contienen variadísimas y detalladas
informaciones. Se titula tal libro _El Uruguay a través de un siglo_,
y en él se ve la creciente y brillante transformación, que, a pesar
de las agitaciones políticas y luchas guerreras, ha hecho del país
«oriental» un plantel de civilización y un emporio de trabajo.

He allí una tierra amable, feraz, con el encanto pintoresco de
América, sin muchos de los inconvenientes de otras regiones, y en
donde los habitantes, con un afán continuo desde la consecución de su
independencia, han procurado, en las disciplinas de la paz, y aun
a través de las bregas de las revoluciones, constituirse una patria
digna de haber realizado, según la palabra de Anatole France, «un tipo
superior de civilización».

¿Qué importan las fiebres del crecimiento, si se llega con vitalidad
y empuje al libre desarrollo de un pueblo viril y brillante? Pues hay
que advertir la bella aureola de romanticismo nacional que han tenido a
los ojos extraños, tierras de lucha, gloriosas y legendarias, como la
Grecia moderna en el continente europeo y el Uruguay en la América del
Sur.

Uruguay, tierra de heroísmo. Es ciertamente, en su historia, una
distintiva, entre las repúblicas de nuestra América, que han sido,
en sus esfuerzos por personalizarse en el coro de las naciones,
tierras de heroísmo. Es usual y fácil en el viejo mundo achacar un
exceso de primitivismo y una irremediable propensión a los conflictos
sangrientos, y a las revueltas intestinas a nuestras democracias;
«se nos ha juzgado, dice el autor uruguayo que he citado, con un
criterio especial, que no es el criterio humano que ha presidido el
juzgamiento de los hechos fundamentales a que ha obedecido la evolución
sufrida por las naciones europeas para llegar a la hora y al estado
presentes. Nosotros habremos pasado por pruebas dolorosas para fundar
principios de libertad y justicia, implantar la democracia triunfante
y consolidar el derecho propio y el ajeno; pero esas pruebas no han
tenido la intensidad terrible y feroz que para alcanzar idénticos
fines han sufrido Estados europeos que figuran al frente del avance
civilizador de esta época; la sangre que han derramado las revoluciones
americanas forman un mísero arroyuelo comparado con los mares de sangre
que se han vertido en Europa para satisfacer ambiciones de déspotas,
o alcanzar la libertad apetecida». Nada más fuerte en razón, y es el
hecho que algunas de esas repúblicas, entre las cuales se encuentra el
Uruguay, están, en muchas de las ventajas de la civilización y de la
humana cultura, a la par de las naciones principales de Europa, y aun
llevan la delantera a otras. Cierto que lo que aquí se ha amalgamado en
centurias, allá se ha improvisado en lustros.

Los uruguayos se enorgullecen con justicia de la hermosura de su suelo,
de la riqueza que se encierra en él, del encanto urbano de esa joya de
capital que se llama Montevideo, en donde al par que las actividades
del negocio, florece la intelectualidad y se estimula el estudio, del
que es _le morceau le plus digne d'envie, le coin le plus admirable
du Nouveau Monde par sa topographie, par son climat, par sa géologie
et son hidrographie, par sa fertilité_; como escribiera, ha tiempo, un
sabio y eminente francés. Y si el estado actual de esa república es
en extremo floreciente y envidiable, su futuro, cuando la inmigración
aumente, al ser más conocidos los veneros de prosperidad y las fuentes
de labor proficua que allí esperan brazos y voluntades, su futuro,
digo, es de un engrandecimiento y esplendor incalculables.

Muchas son las maravillas con que la naturaleza ha ornado el país
oriental, descriptas por notorios escritores y reproducidas por el
lápiz, el pincel o la máquina fotográfica; costas vistosas, montes y
sierras, llanuras extensas en que pastan miles de ganados, paisajes
deliciosos, bellas y fecundadoras corrientes hidrográficas, fauna
y flora de mucha variedad y exuberancia. Y si en la historia de la
república del Uruguay resalta como signo distintivo, según ya he dicho,
la singularidad heroica--Artigas es un personaje representativo y
simbólico--en su vida constitucional se hace admirar un culto, desde
antaño sostenido, por la libertad, y un deseo siempre constante de
mejoramiento y de progreso.

Hay en su Carta asegurados derechos y principios de las modernas
conquistas civiles que en otras naciones, a la cabeza de la
civilización por muchos conceptos, no han sido todavía conseguidos.
Así bien pudo asegurar ha tiempo un eminente abogado belga, M.
Stocquart, que «el Uruguay es innegablemente, desde el punto de vista
del derecho civil, el país más adelantado de la América del Sur». Una
de las últimas y más plausibles leyes a este respecto fué la nueva de
divorcio, que garantiza la disolución del matrimonio y deja absoluta
libertad para contraer un nuevo vínculo.

Montevideo, de rítmico y sonoro nombre, es ciudad-presea entre las
capitales hispano-americanas, y se distingue por la modernidad de
su conjunto, por su ambiente de urbana actividad y alegría, y por
la singular beldad de sus mujeres. He de insistir en el cultivo
mental, en el amor y gusto por las especulaciones del espíritu, al
lado del movimiento bancario, y del activo laborar de comerciantes y
estancieros. La instrucción pública uruguaya se encuentra a una notable
altura y se han ido introduciendo en ella las mejoras que en los países
más avanzados del globo han producido resultados superiores, esto desde
los tiempos en que José Pedro Varela, «el Horacio Mann uruguayo»
hiciera como el gran argentino Sarmiento, viaje a los Estados Unidos,
y visitara las escuelas norte-americanas; «y fué tal su admiración y
entusiasmo, dice un informe oficial, por los métodos de enseñanza que
vió aplicar en ellas, a la organización a que estaban sujetas, que se
resolvió a dedicar todas sus energías al estudio de las más acreditadas
obras pedagógicas, y al análisis de los múltiples problemas relativos
a la enseñanza. Sorprendido a la vista de las instituciones políticas
y sociales del pueblo que visitaba, fascinado por el carácter de la
prensa, la libertad de los tributos, la organización de los partidos,
su sistema electoral y el funcionamiento de todos los resortes de
la administración pública, creyó descubrir la base de todo esto en
la educación del ciudadano, y decidióse, una vez que hubo regresado
al suelo nativo, a trabajar con objeto de introducir en ella cuanto
había visto, respecto de instrucción pública, y pudiese contribuir a
la regeneración de la patria uruguaya...» José Pedro Varela fué un
bienhechor de su país y su nombre brilla entre los que constelan de
gloria los anales de la República Oriental.

El movimiento comercial, dado el número de habitantes, supera al de
otros estados americanos de mayor población, y los productos del país
encuentran cada día mayor mercado en el mundo. «Somos, escribe el Sr.
Maeso, actualmente, uno de los pueblos más comerciales de América,
pudiendo ostentar con legítima satisfacción los guarismos de nuestra
actividad en los negocios, porque ellos evidencian que, a pesar de
tener aun poca población en comparación de otros Estados, superamos
en mucho las cifras de su vida comercial. Baste con señalar que de
1862 a 1868, la importación y exportación reunidas, eran de pesetas
109.886.156; y de 1904 a 1908, ha llegado a pesetas 338.009.777. Mucho
tiene que mejorar la agricultura en tan fecundo país; mas la suma de
lo que por año produce en este ramo de sus progresos es ya de más de
noventa millones de francos. Sus líneas férreas tienen un valor de
trescientos setenta y siete millones de francos, su ganadería cuenta
con treinta y siete millones de cabezas. Su porvenir económico, en
fin, despierta las más brillantes y legítimas esperanzas. Un notable
ingeniero francés ha manifestado su sentir en estas palabras: «El
Uruguay tiene en sus tierras valores incalculables y tiene en sus hijos
excelentes elementos de trabajo, que sabrán aprovecharlo». Es, pues,
un pueblo dueño de su destino.

Montevideo se enorgullece de su espléndido puerto, de sus compañías
de navegación y salvataje, en que es famoso universalmente el nombre
de Lussich. La red hidráulica uruguaya cuenta con tesoros de «hulla
blanca». La ganadería ha logrado un gran adelanto gracias a iniciadores
eficaces como el Sr. Reyles y sus émulos; las riquezas del subsuelo
sólo esperan el esfuerzo de las empresas; el inmigrante en pocas partes
encontrará las ventajas que en el suelo del Uruguay.

¿Y la intelectualidad? Largamente podría escribirse sobre el desarrollo
de la cultura y de la producción literaria en aquella nación, desde los
tiempos de la colonia hasta nuestros días. Se ha llamado la atención
sobre la tendencia a un marcado nacionalismo y al color local. Más
allí, como en todas partes de América en que se habla el castellano,
no ha habido sino dos grandes influencias en el dominio del pensar
y el escribir: la influencia peninsular antaño, y la del movimiento
que desde hace algún tiempo ha dado nuevos vuelos y libertades a los
talentos, a la idea, a la creación artística. Saludemos los nombres
de Acuña de Figueroa, Pacheco y Obes, Berro; a los románticos del
tiempo de Juan Carlos Gómez y de Magariños Cervantes. Al fuerte Acevedo
Díaz, a otros eminentes. Y luego, a los que representan la vitalidad
y la gloria actuales, a la cabeza el conspicuo y alto Rodó; a un gran
precursor admirado en su patria y fuera de ella, el noble poeta Juan
Zorrilla de San Martín.

En resumen, la República Oriental del Uruguay es uno de los países que
con mayor complacencia puede la América latina presentar ante los ojos
del mundo civilizado, y uno de los más apropiados refugios para los
ejércitos de inmigrantes que a nuestro continente vayan en busca de
labor y bienestar.



PARAGUAY

[Ilustración]


Tierra de sol, tierra de épica historia, tierra de leyendas. Lo que
hicieron sus hombres en la guerra terrible, se ha contado a los niños
de América, como las hazañas de los héroes homéricos o los cuentos
fabulosos. Porque allí se demostró con sangre y muerte, saber de patria
y de sacrificio, quizás como en ninguna parte, y el poeta argentino de
la barba florida pudo cantar:

      Llora, llora, Urutaú
    En las ramas del yatay;
    Ya no existe el Paraguay
    Donde nací, como tú:
    ¡Llora, llora, Urutaú!

Y cuando los niños que quedaron fueron a su vez hombres, ya que no
lucharon con el extranjero, lucharon y luchan entre ellos, como en
otras tierras de nuestra América. ¡Fatalidad!

Y esa región es bella, ubérrima, digna de los halagos y de los
beneficios del porvenir, si paz y trabajo hubiese en la concordia de
sus hijos.

Leyendo la monografía de Lisoni, se admira el portento de ese suelo
feraz que riegan las corrientes copiosas del Paraná y el Paraguay;
sus bosques llenos de árboles preciosos; sus plantaciones de
hierba-mate, verdadera mina vegetal que produce al año 17.600.000
libras; el _quebracho colorado_ y el _palo rosa_, aparte de otras
maderas preciosas que son tesoros para la ebanistería, y el _árbol del
incienso_ y el _bombax de seda_. Todo lo más rico, variado y bello que
da la tierra fuerte, hay en aquella Mesopotamia gloriosa del Sur, en
aquel país mediterráneo, privilegiado por la Naturaleza en el portento
de su flora y en una primavera eterna y saludable. Solamente la cosecha
de tabaco llega a 6.000.000 de libras por año. La institución agrícola
oficial trabaja con celo y constancia y anualmente se multiplican los
rendimientos agrarios.

Es grande la exportación de algodón paraguayo, de larga fibra, tan
estimado en los mercados alemán, holandés y británico. El aceite
de _petit-grain_--zumo de hojas de naranjo--es fabricado en varios
establecimientos destiladores del distrito de Yaguarón. El cultivo del
arroz se realiza con provechoso esmero, y la Sociedad Nacional de
Agricultura otorga premios a los cultivadores del mejor grano.

El negocio pecuario durante los dos últimos lustros se ha desarrollado
inmensamente, hasta el punto de que ganaderos argentinos y brasileros
han sentado sus reales en el país, efectuando exportaciones continuas
de tasajo a España, Brasil y Cuba, y de cueros a Europa, donde alcanzan
altos precios.

No obstante los desórdenes revolucionarios frecuentes, los gobernantes
paraguayos se preocupan de estimular la inmigración, y hay colonias
italianas que han dado excelentes resultados. En la actualidad se
piensa introducir familias asiáticas para el cultivo del tabaco, la
caña dulce y el arroz.

En mineralogía no es escaso el Paraguay. Cuenta con minerales diversos,
entre los cuales deben contarse el cuarzo, el caolín, el hierro, el
manganeso, el cobre, el mercurio, y con piedras preciosas como el ópalo
y la ágata.

Según los mejores cálculos estadísticos, el movimiento comercial
paraguayo asciende a 12.000.000 de pesos anuales. En 1907, por ejemplo,
llegó a la suma de 12.233.823 pesos. Todo lo cual indica de manera
indudable que el Paraguay, gozando de paz sólida, sus hijos entregados
a la noble labor de la riqueza nacional, podría llegar a un desarrollo
inmenso, aportando producciones cuantiosas al mercado universal.

Hacer que llegue esa hora de concordia y de labor, debe ser la idea
primordial de cada buen patriota en la linda tierra Guaraní.

A consecuencia de la guerra espantosa de 1865 a 1870 que desoló al
Paraguay, llevándolo a una miseria inaudita, las ciudades y pueblos
quedaron reducidos a escombros, y sólo restan de los tiempos de bravura
heroica muy contados edificios. Entre ellos son de recordar, por su
sobriedad y su belleza arquitectónicas, el palacio de Solano López y
la iglesia Catedral de La Asunción, ciudad la más ilustre en época
memorable, cuando fué el centro metropolitano del Sud-América, por su
ruidoso fausto. En los arsenales de La Asunción se construían barcos,
armas y municiones para la guerra, y ese gran desarrollo industrial
animaba extraordinariamente la capital por aquel entonces, cuyos ecos
ha sabido recoger y eternizar la historia en capítulo aparte.

Hoy el Paraguay trata de renacer, como el ave mitológica, de sus
cenizas y escombros, y en el recuerdo de sus épicas desventuras
se levanta en el continente americano, como un ejemplo admirable
de patriotismo. El Paraguay es un ejemplo hoy que el águila yankee
mira hacia el Sur, como orientándose para un vuelo de rapacidad
conquistadora.

Véase lo que una pluma serena--aunque optimista en la
actualidad--escribió sobre el Paraguay, haciéndose intérprete de la
nueva era:

«Enclavado el Paraguay en el centro mediterráneo de Sud-América,
rodeado de grandes ríos, pero apartado de los centros y vías oceánicas
de comunicación directa con Europa, vióse obligado a permanecer muchos
años como viuda feudal envuelta en sus negras tocas, a la húmeda sombra
de sus terrones.

»Llegó, sin embargo, al Paraguay la gran revolución del siglo; tendió
el progreso sobre la tierra los _rails_ de la ferrovía, por aire los
alambres del telégrafo y teléfono, y el vapor por sus ríos navegables,
y la heroica viuda, cumplido el luto por el fatal destino, abrió de
nuevo su pecho a la esperanza, despojó a sus hijos de anticuadas
preocupaciones, ensanchó sus estrechas creencias para que entrara en
sus templos la luz de la fraternidad y de la tolerancia, dió a fundir
para calderas de vapor el hierro de sus montañas, empleado antes en
campanas, fusiles y cañones, compró segadoras y trilladoras para los
colonos, cargó los trenes y navíos con las producciones naturales
y desarrolló la industria y el comercio, que sirven de base a la
prosperidad.

»Desde 1870, todo se ha modificado y transformado en el Paraguay
en sentido favorable. El trabajo ha emancipado al pueblo de la
miseria y de la orfandad en que lo dejaron los desastres pasados,
mejorando su condición moral y social; la riqueza pública ha aumentado
considerablemente, debido a las múltiples causas económicas, y
el movimiento general en todas las esferas de la actividad es
en la actualidad superior al de cualquier otra época pasada. El
desenvolvimiento que adquieren las instituciones de crédito, las
industrias que cada día se implantan, la rápida y creciente valoración
de la propiedad y la importancia que han adquirido las transacciones
comerciales por sus proporciones, son signos de prosperidad, que
vienen a revelar que existen en el país gérmenes fecundos de vitalidad
que, desarrollados convenientemente, concurrirán a la formación de la
grandeza futura.»

La historia del valiente Paraguay es una epopeya _sui generis_. Pueblo
fundado en condiciones tan especiales como las dispuestas por la real
cédula de 1609, su organización fué única en el Continente.

Dice Lisoni en la monografía:

«Los jesuítas encargáronse de la sumisión de los nativos y de su
conversión al cristianismo. Fundaron ciudades, construyeron templos
y establecieron el régimen especial de las _reducciones_. Fué tal la
organización de las misiones paraguayas y la educación que daban a
los aborígenes, que no sólo desarrollaron enormes riquezas, sino que
también cimentaron el poder religioso más grande que recuerden los
fastos americanos.

»Dueños así de más de 160.000 indígenas, provocaron graves dificultades
a los gobernadores españoles por fines netamente materiales, hasta que,
cansado el Gobierno central, hubo de disponer su expulsión y la de
todos los dominicos ibéricos, en 1767, pasando las misiones a poder de
frailes franciscanos y mercedarios.

»La obra de los jesuítas vivió mientras ellos dominaron; pues como dice
Héctor Decoud, el edificio social levantado por ellos se desplomó con
su salida, dejando sólo el triste rastro de una funesta educación.
Aquellos padres, en lugar de organizar pueblos con aspiraciones a
la libertad y al progreso, formaron esclavos fanáticos sin ninguna
iniciativa personal.

»Latente ese estado de cosas, llega el instante solemne de la
Independencia, inspirada por Fulgencio Yegros y Pedro Juan Caballero.
Realizóse el 14 de Mayo de 1811, sin efusión de sangre, merced a la
energía y decisión de este último, a la adhesión incondicional del
pueblo a la causa emancipadora y a la tentativa del gobernador español
para restaurar el régimen de la colonia, constituyéndose la primera
Junta gubernativa de la República con Bernardo de Velasco, como
presidente, y los vocales Gaspar Rodríguez de Francia y Juan Valeriano
Zeballos.

»El 18 de Julio del mismo año, reunida la Asamblea paraguaya, creó
una nueva Junta de Gobierno, formada por cinco miembros: Fulgencio
Yegros, Gaspar Rodríguez de Francia, Pedro Juan Caballero, Francisco
Javier Bogarin y Fernando de la Mora; el primero como Presidente y el
último como Secretario, y dictó una serie de leyes relativas a empleos
políticos, civiles y militares, acordándose, en lo que respecta a los
negocios extranjeros, conservar íntimas relaciones con Buenos Aires y
demás provincias confederadas anular el juramento prestado al Consejo
de Regencia y desconocer la Corte de España, y nombrar al doctor
Francia diputado al Congreso General de las Provincias Unidas.

»Con motivo de un conato de revolución instigado por los españoles y
descubierto oportunamente, hubo de reunirse el 1.^o de Octubre de 1813
el segundo Congreso General, con asistencia de mil diputados electos,
con el fin de ratificar la declaratoria de Independencia, cambiar al
Paraguay el nombre de _Provincia_ por el de _República_ y sancionar
una Constitución que confiaba el ejercicio del Poder Ejecutivo a dos
magistrados, con la denominación de Cónsules, que tuvieron el grado de
brigadieres de ejército, cuyas obligaciones principales consistían en
asegurar la conservación, seguridad y defensa de la República, formar
el Tribunal Superior de Justicia, desempeñar la Comandancia General y
atender a los demás ramos de la Administración.»

La intelectualidad paraguaya es tan contada como distinguida y
vigorosa. Manuel Gondra, Cecilio Baez, José S. Decoud, Alejandro
Audivert, Teodosio González y otros literatos, poetas pensadores,
constituyen una verdadera _élite_ mental. En el ministerio, en la
cátedra, en la tribuna, en el libro, el pensar paraguayo es eminente.

El alma nativa, propensa al ensueño y enamorada de la gloria, da
campo a los escritores nacionales para ejercer el apostolado de todas
las grandes ideas del arte, de la filosofía, de la patria. El mismo
dialecto Guaraní, lengua armónica, melodiosa y sensitiva, revela la
varia intensidad del espíritu paraguayo, y es una demostración de
la grandeza de aquel pueblo. Tal lengua tiene su literatura. Una
literatura llena de brillo y sentimiento, que cuenta con poemas de
vasta inspiración, en que son alabados dulcísimamente los encantos
naturales: el natural amor, el río de plata, la flora magnífica.

En el Paraguay se atiende con particular esmero a la instrucción
pública, y entre sus más entusiastas y eficaces propagandistas no
es posible olvidar a Arsenio López Decoud, educacionista y escritor
notable; a Enrique Solano López, hijo del mariscal Francisco Solano
López; a Teodosio González, doctor en ciencias jurídicas de la
Universidad de Buenos Aires; ni a Carlos Cálcena, que asistió al
Congreso Científico de Montevideo, en 1901, representando al Instituto
Paraguayo.

Ni hemos de omitir tampoco el nombre de quien ha sido calificado como
el más brillante de los poetas nuevos del Paraguay: Juan E. O'Leary,
periodista valiente y autor de libros evocadores. Con O'Leary han
contribuído al realce de las letras continentales Ignacio A. Pane,
Manuel Codas, Alejandro Brugada hijo, y otros que en el momento no
recordamos. Todos ellos intelectos meritorios.

No de otro modo puede ser en un país, en donde lucen figuras como las
que presenta Silvano Mosqueira, en sus _Semblanzas Paraguayas_ que
acabo de recibir, y que me he complacido en leer.

En el prólogo explica Mosqueira: «La importancia de una Nación no se
juzga sólo por su riqueza económica, por los millones depositados en su
tesoro, sino también, y muy principalmente, por la cantidad y calidad
de sus hombres de pensamiento.»

Luego nos habla de Manuel Domínguez, Cecilio Baez, Blas Garay, Héctor
Velázquez, Manuel Gondra y Juan Silvano Godoy de modo entusiástico y
justiciero.

Refiriéndose a Manuel Gondra, a quien el que estas líneas escribe tuvo
la honra de conocer en la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro,
y de apreciar de cerca sus altas dotes mentales, dice Mosqueira:

«¿Cuál es el papel histórico que los acontecimientos señalan a D.
Manuel Gondra en el escenario político de su país? ¿Cuál es la
misión que debe desempeñar un ciudadano colocado a su altura moral y
científica?

»De hecho, por aclamación, sin una voz discordante, Gondra es el
jefe intelectual nato de la juventud estudiosa. Goza de un prestigio
sólido indisputable, entre el elemento joven. Por razones políticas,
los que pudieran rivalizarle se hallan inhabilitados a disputarle la
preeminencia en el ánimo de sus compatriotas.»

Estas palabras del Sr. Mosqueira se pudieran llamar proféticas, pues el
Sr. Gondra ocupó la Presidencia de la República, y ha seguido figurando
activamente en la alta política de su país, después de la revolución
que no le permitió llevar a cabo sus ideas progresistas. Actualmente,
después de concluída la última contienda paraguaya, ocupa el Sr. Gondra
el Ministerio de la Guerra. En cualquier puesto que ocupe, será siempre
el mismo gran ciudadano que procurará el bien de su patria.

Que las conmociones guerreras--de ancestral influencia--tengan
definitivo término, y que bajo una bandera de armonía--la nacional--,
mediten los bravos paraguayos en el porvenir.



BOLIVIA

[Ilustración]


Potosí, antaño, era nombre de fábula,--Cólquida, Eldorado, Ofir,--de la
fábula estupenda que impregna de su luz maravillosa todo el Ciclo del
Oro. Fué en una tierra de entrañas de oro donde Manco Capac iniciara
una civilización; donde las gentes de España destruyeran el imperio
incásico e implantaran su dominio en el alto y bajo Perú; donde Sucre
consagrara a Bolívar el país nuevo que formara después de la victoria
de Ayacucho.

Es hoy tan sólo un recuerdo Potosí; mas Bolivia sigue siendo uno de
los países más llenos de riquezas de todo el continente nuestro. País,
como todos los hispano-americanos, ardido tantas veces por revoluciones
y luchas entre hermanos del propio territorio y de su vecindad, ha
sufrido las inevitables fiebres del crecimiento.

«Bolivia,--decíame un boliviano de talento y carácter--es el país
de los contrastes». Y agregaba a tal afirmación: «Su topografía, su
clima, sus producciones, sus monumentos y sus habitantes, constituyen
un conjunto de elementos tan heterogéneos, que no parecen que formaran
parte de una sola nación. Quien ha viajado, no sólo por una región
de Bolivia, sino por todo su territorio, no puede menos de quedar
pasmado ante la multiplicidad de cuadros, a cual más inconexos y
curiosos, que le presenta este país. Ya se le ve aplanado por enormes
mesetas que cansan los ojos con su perpetua monotonía y que ejercen en
sus moradores una acción achacante que les singulariza por modo muy
particular; ya está erizada por complicadas serranías y cordilleras,
cuyos colosales picachos guarnecidos de eterna nieve, parecen gigantes
embozados en túnicas imperiales de armiño, que contemplan en actitud
monolítica la sucesión de los siglos; ya está horadada de valles
profundos y sinuosas quebradas, donde se ven mil accidentes del terreno
como las proyecciones de un cinematógrafo; ya bordado de praderas y
selvas inmensurables, en cuyo seno bulle una vida activa y desbordante;
ya está bañado por ríos larguísimos y lagos misteriosos como el lago
Poopó y el legendario Titicaca, que guarda la poética tradición de
los hijos del Sol. La primera vez que recorrí Bolivia de extremo a
extremo, me pareció ir por un país de ensueño. Viéndome en la árida
región que mira al Pacífico, y ascendiendo a la antiplanicie andina,
sentíame hastiado por la uniformidad del panorama que se desarrollaba
ante mis ojos. Aquella sábana terrosa, con su aspecto sepulcral, su
frío, sus brumas, sus espejismos, sus pajonales y su silencio, se me
antojaba detestable. Como el navegante que en alta mar no ve más que
agua y cielo, yo, perdido en aquel océano de tierra, no veía más que
la inmensa bóveda azul volcada sobre la inmensa llanura sin color. No
se divisaba ni un arbusto. Yo deseaba ver cuadros más variados. Tenía
la nostalgia de los árboles. La desnudez de la pampa, su serenidad,
su quietud, su mutismo, infiltraban en mi espíritu un sentimiento
mortal de desaliento. Aquélla era una región exánime, maldita. Era
la tristeza hecha tierra. Era la petrificación de la inercia y de la
austeridad. ¡Y bien! Poco después me hallaba en el otro extremo de
Bolivia. Estaba, según mis deseos, en la región de los árboles. ¡Qué
árboles! Ahora eran gigantescos vegetales sembrados en el suelo, como
soldados en ejército sin fin, los que formaban sobre mi cabeza una
bóveda verde y fresca, bajo la cual caminaba semanas, días, meses.
Ahora, ya no más perspectivas limitadas y aburridoras. Yo habitaba en
palacios pictóricos de verdor y de perfumes. Y ya no me deprimía el
ambiente de la pampa agria y silente. Los árboles, el suelo, el agua y
el aire, eran hervideros de seres, laboratorios de energía, campos de
una batalla fenomenal. Y de los árboles del suelo, del agua y del aire,
brotaba sin descanso la sinfonía intraducible de una vida fastuosa y
triunfante. Pero al cabo, esto también me cansó. El árbol dominador,
desmesurado, omnipotente, llegó a causarme empacho. Me hallaba como en
una suntuosa prisión. Deseaba que mi vista se esplayase en horizontes
más amplios, como los del altiplano. Y tuve la nostalgia de la pampa.
Y si antes ésta me había hastiado con su aire de tierra muerta, ahora
sentíme también fatigado con el derroche de vida que veía en mi redor.
¿Pero cómo escapar? Este mar de verdura se extendía hasta el otro mar,
hasta el Atlántico.

»Después visité otros puntos de Bolivia. Navegué durante largas
temporadas por sus interminables ríos, descendí a sus hondos valles
y trepé a sus vertiginosas cordilleras, y en todas partes continué
admirando lo variado y caprichoso de esta tierra extraordinaria. Todo
se opone en Bolivia; las ubérrimas tierras calientes al desolado
altiplano, el frío al calor, lo bello a lo deforme, lo miserable a
lo rico. Sus mismos habitantes. El bravo y feroz aimará es distinto
del quichua apacible; y ninguno de ellos es asimilable al bárbaro
del Noroeste o del Oriente boliviano. Y aun prescindiendo de los
tipos autoctonos, en el mismo elemento criollo se notan profundas
diferencias, como si en él estuviesen marcadas las anfractuosidades y
relieves de su suelo desigual. Las poblaciones constituyen verdaderos
extremos. Santa Cruz, ciudad tropical situada apenas algunos cientos de
metros sobre el nivel del mar, con su calor de zona tórrida, rodeada
de una vegetación lujuriosa y poblaba de gente de tipo marcadamente
español, es muy diferente de Oruro, población de clima siberiano,
construida en medio de un desierto, a miles de metros de altura, y
con habitantes en que predomina el tipo indígena. Escalonemos entre
estos dos extremos las demás poblaciones bolivianas, y ni aun así se
darán una idea neta de su variedad. Potosí es un pueblo encaramado
sobre una gran serranía, y parece estar trepando hacia el cono
gigantesco de plata y estaño, que fué el asombro del mundo. La Paz,
al contrario, está hundida en una hoya, y al verla del borde del
altoplano, hace la impresión de una ciudad acarreada en masa por un
inmenso aluvión, al fondo de un precipicio; y el viajero se admira de
que a nuestros antecesores se les hubiese ocurrido ir a edificar la
ciudad más populosa de Bolivia en aquel estupendo agujero. A veces,
hasta en un mismo sitio, hay aglomeración de elementos incongruentes,
superposiciones extravagantes. Lo prehistórico se junta con lo actual.
Las edades se dan la mano. Lo gigantesco e imponente se codea con lo
pequeño y vulgar. En Tihaguanaco, la humilde choza del indio está
adosada a monumentos colosales, extraños, inmemoriales, obra de una
civilización desaparecida. Todo, pues, contribuye a hacer de Bolivia
un país lleno de curiosidades y rarezas. Hasta en su historia se ve la
desproporción y la incoherencia. Su advenimiento a la vida nacional fué
extraordinario. La misma guerra de la independencia que le precedió,
se caracteriza por el desconcierto con que obraban sus caudillos.
Nadie se subordinaba a un solo plan regular y fijo. Todos obraban por
su cuenta y riesgo. Y sin embargo, con elementos tan variados, se
ha formado esta nacionalidad. He aquí la razón de que Bolivia sufra
mayores dificultades que otras naciones para llegar a su definitiva
constitución. El trabajo de integración de sus diversos componentes
está aún por hacerse. La unificación en Bolivia, empezando desde lo
físico, es más difícil que en otros países de estructura más homogénea
y sencilla. Esos países con amplia salida al mar, y que constituyen,
agregados a los que es fácil el acceso de la ola inmigratoria, de la
industria y del comercio, es lógico que se adelanten a este pueblo
mediterráneo, que metido entre sus montañas, pampas y selvas de
corte gigantesco, tiene que desarrollar una suma de esfuerzo mayor,
proporcionalmente, que aquéllos para ir por el mismo camino. En
realidad, es más bien sorprendente que este país, hecho con elementos
telúricos y humanos tan contradictorios, aun se mantenga en pie. Quiere
decir que acaso posee energías latentes, aunque dispersas, que le
sostienen. Falta que esas energías se fundan y formen un solo bloque,
capaz de ejercer una acción virtual fija. Hasta entonces la nación no
había parecido. Porque, al presente, valga la verdad, ella no existe,
en forma categórica y definitiva, como no existe en otros países,
que no son sino conglomerados informes de cosas y de hombres que se
rechazan, o ni siquiera se conocen. Bolivia sufre las consecuencias
de la disparidad de sus factores étnicos y de la complexidad de sus
condiciones geológicas. Es un pueblo aun no acabado de formar; y sólo
el día en que haya realizado un trabajo de aproximación efectiva, de
simpatía honda de sus componentes, habrá cumplido el ideal de los que
la erigieron nación una, libre y soberana. Hay que decir que para eso
se requieren varias condiciones. Desde luego, un buen vínculo de hierro
que haga juntar el árbol con el yermo, la cordillera con la pampa,
al aimará con el guarayo. Ese día se acerca.» Tales conceptos y de
quien conoce a palmo su tierra, concluyen con una voz de esperanza.
La opinión del doctor Mendoza está confirmada por la realidad actual.
Bolivia progresa y se vigoriza; y están ya muy lejanos los tiempos
de revueltas y satrapías famosas. Hombres de empresas prácticas y
trabajadores de cultura se preocupan en la suerte de la patria. A la
decadencia tan eficazmente expuesta en un libro cauterizante de Alcides
Arguedas, libro aplicable, no solamente a Bolivia, sino a la América
hispano-parlante, y en muchos de sus capítulos, a todas partes, a la
decadencia, dijo, ha sucedido una actividad salvadora, una reacción de
vida. «Hoy, dice el mismo Arguedas, una nueva generación forjada al
calor de generosos ideales, decepcionada del poder de las revoluciones,
escéptica del prestigio popular de los caudillos, llena de bríos,
generosa, preparada, idealista, soñadora, surge». Así se cumplirán
mejor las palabras del acta de independencia, que dicen que: «los
departamentos del Alto Perú protestan a la faz de la tierra entera, que
su resolución irrevocable es gobernarse por sí mismos». Tal ha sido el
espíritu de adelanto en paz y libertad, que ha animado a los últimos
gobernantes de Bolivia.

La mentalidad boliviana ha tenido siempre brillos, y varones de
saber y de armonía han descollado desde los tiempos de la docta y
pretérita Chuquisaca. Como en los tiempos de España brillaron Calancha,
Escalona, Acevedo y tantos más, han animado luego las patrias letras,
los Bustamante, San Ginés, Terrazas, Blanco, Cortés, Vaca-Guzmán,
Ramallo, Mujía y muchos más. Conocida es la notoriedad de los Aspiazu,
los Ballivian, Baptista, Rene Moreno, Díez de Medina, Pinilla, y más
que formaría una larga lista. Yo he tenido oportunidad de conocer a
bolivianos de tanto valer como Julio L. Jaimes, caballero de antaño,
ingenio de pura cepa clásica y colonial; a su hijo Ricardo Jaimes
Freyre, mi brillante amigo en las primeras luchas de renovación
literaria en Buenos Aires, noble poeta y rico de saberes amenos;
a Francisco Iraizos, lleno de discreción y de cultura; a Moisés
Ascarrunz, diplomático, cuyos mejores amigos fueron en España los
poetas; a Franz Tamayo, cuya viril juventud está llena de sapiencia; a
Arguedas, que va por el camino de los triunfos; a Joaquín de Lemoine,
soñador y práctico, buen servidor de su país; al Dr. Jaime Mendoza, en
quien quizá pronto se revele en nuestro continente un nuevo y distinto
Gorki.

La Paz, capital de la república boliviana, adquiere animación. El
ferrocarril conquista el territorio nacional. Europa se acerca. El
progreso entra por el Pacífico y por Buenos Aires. Pronto una vía
férrea unirá la Paz y Puerto Pando. Se cuida de los bosques. Se hace
oro. Se rehace patria. Se va a buen paso al encuentro del porvenir.



NICARAGUA

[Ilustración]


Nicaragua acaba de pasar por una de las crisis más tremendas de su vida
política. La sangre y la muerte han puesto espanto en los ciudadanos,
una vez más; han revivido antiguos odios inmotivados; la miseria y el
hambre han esparcido sus horrores en el país debilitado. ¡Y cuán buena
y generosa tierra para el trabajo, para las iniciativas industriosas!
No entraré en el liso y pantanoso terreno político. Pensadores y
viajeros de juicio creen en que la penetración pacífica del vecino
potente concluirá con la nacionalidad. Entre tanto, véase, en extracto,
su vida histórica. Los famosos hermanos Contreras hablaron los primeros
de libertad, en el siglo décimo sexto, y, cabezas de la sublevación,
fueron, vencidos, a perder la vida a Panamá. Fué, pues, allí donde, en
el continente, se quiso primero ser libre de la dominación española.
Cuando Centro-América se constituyó en República Federal, después de
la independencia, en 1821, Nicaragua fué un Estado de la federación.
Lo gobernaron Cerda, Herrera y Núñez. República autónoma a su vez, en
1841, tuvo por jefes a Buitrago, Pérez, Sandoval, Guerrero Ramírez,
Pineda, Chamorro, que tuvieron el nombre de Directores Supremos. La
Presidencia se inicia, en 1854, con Frutos Chamorro, y le siguen
Martínez, Guzmán, Quadra, P. J. Chamorro, el General Zavala, Cárdenas,
Sacasa y Zelaya. Una revolución sonora, que tuvo por base una traición,
hizo abandonar el poder a este último, y fué Presidente, por poco
tiempo, el Dr. Madriz, a quien sucedió provisionalmente el General
Estrada, sustituído por el actual mandatario Dr. Adolfo Díaz. Sobre
todo esto pasa la sombra de los Estados Unidos.

Nicaragua tiene, como página principal de su historia, la segunda
independencia, cuando se vió libre de la ocupación del filibustero
yanqui William Walker, con el apoyo de las repúblicas hermanas,
especialmente de Costa Rica.

Nicaragua tiene su nombre de Nicarao, cacique, cuya figura podréis
apreciar en las historias de Indias. La limitan Honduras, Costa Rica,
el Atlántico y el Pacífico. Varios libros hay con datos sobre esa
región centro-americana; pero ningún autor os será más útil, si queréis
conocerla, con sus recursos y su vitalidad, que M. Desiré Pector,
francés laborioso y estudioso, Consejero del Comercio Exterior de
Francia, y que durante largos años ha tenido a su cargo consulados de
repúblicas de Centro-América, a las cuales ha procurado hacer conocer
y valer, en numerosos libros, folletos y artículos de periódico. La
América Central, y, sobre todo, Nicaragua y Honduras, deben mucho a la
diligencia y al buen sentido del distinguido M. Pector.

Los datos que siguen, son extraídos de su importante obra _Les
richesses de l'Amérique Centrale_, que lleva un prefacio del finado M.
Levasseur, el ilustre administrador del Colegio de Francia. Así como
todos los datos sobre las otras repúblicas, han sido extractados de
las valiosas monografías de diferentes autores, publicadas por el Sr.
Eduardo Poirier en su obra voluminosa, _Chile en 1910_.

Nicaragua, para su comunicación con el mundo, tiene puertos en ambos
Océanos, que pueden llegar a ser de gran desarrollo. El de Cabo de
Gracias a Dios--que vieron los ojos de Colón--está señalado para
un porvenir brillante. Se llamó algunos meses Puerto Dietrick, por
concesiones hechas a un fuerte especulador de ese nombre. Está
servido, aunque irregularmente, por la _Atlas Line_. La compañía
Hamburguesa y la _Prinzapolka Exploitation C.^o_ recorren los ríos
Grande, Prinzapolka y Onaona. Bluefields es un hermoso Puerto, capital
del departamento Zelaya--ignoro si los rencores políticos hayan hecho
cambiar de nombre a esa región--y da acceso, por su situación en la
embocadura del río Escondido, a toda la región donde se cría la banana
del departamento, al distrito del Siquia (Rama) y a las minas de oro
del departamento de Jerez. En la aduana del Bluff está instalado el
nuevo faro de ochenta pies de altura, de cuatro fuegos y alumbrado por
acetileno; una embarcación a gasolina pone en comunicación a Bluefields
con San Juan del Norte. _La Compagnie Générale Transsatlantique_ remite
mercaderías directas del Havre para ese puerto, que está en combinación
con la Bluefields S. S. C.^o Hay en el Bluff almacenes de aduanas y
muchas facilidades de carga y descarga. Su clima es sano. Los vapores
de la Atlas Line tocan allí.

Bluefields ha exportado durante el tercer trimestre de 1906 por valor
total de $410.806. De esta manera: $136.667 (10.526 onzas de oro);
$79.416 (96.916 libras de Caucho), el resto en cueros secos y bananas.
Monkey Point es un puerto nuevo, en donde se pensaba, durante el
gobierno de Zelaya, que comenzaría la línea férrea que, terminando en
San Miguelito--en el lago de Nicaragua--, se conectaría por vapores
con Granada, y desde allí a Corinto, por el actual ferrocarril. Es
una ciudad de porvenir económico, punto terminal de comunicación
interoceánica. En sus alrededores, un tanto al Norte de la embocadura
del río Puntagorda o Caño Madre, se encuentran terrenos excelentes
para pastos y cultivo de la banana, del caucho, que, como se sabe, es
una verdadera riqueza, del cacao, del café y de la naranja. La United
Fruit C.^o está muy al tanto de todo esto que dejamos señalado. San
Juan del Norte es un gran puerto, indudablemente de mucha importancia,
aunque se le haya tenido en abandono y descuido durante los últimos
años. Está situado en la embocadura del río San Juan, que se comunica
con el lago de Nicaragua, o gran Lago, y hubiera sido el final del
Canal interoceánico por Nicaragua, antes de que este proyecto fuera
abandonado por los americanos. En este puerto también tocan, aunque
irregularmente, los vapores de la Atlas Line.

El precio del pasaje de Granada con New-York, comprendido el embarque
de San Juan del Norte--o Greytown, como dicen los anglo-americanos, es
de 450 francos; el de San Juan del Norte a Limón 30 francos en primera,
y la mitad en tercera. El flete, para este puerto, por la Atlas
Line--vía Hamburgo New-York--para vinos y champañas, es de 60 francos
por tonelada.

El Tempisque es otro puerto, en el Estero Real, que da a la bahía
de Fonseca. No es actualmente más que un puerto fluvial, pero sin
mirar a El Viejo, Chimandega y León, hace esperar que el ferrocarril
se extienda hasta allí, y que hagan entonces escala los vapores del
pacífico.

Corinto es uno de los más bellos puertos de ese Océano, a 732 millas
de Panamá, por mar. Es punto terminal de la línea férrea que sirve
a Chimandega, León, Managua y Granada. Desde 1907, está abierto
al comercio el nuevo muelle, por el cual todos los navíos deben
obligatoriamente realizar sus operaciones. Una sociedad norte-americana
dueña de tal empresa, se encarga de todo. San Juan del Sur es puerto
que utilizan Rivas y las ciudades y pueblos del gran Lago, del valle
Menier, etc. Hay allí una oficina de cable submarino inglés.

Ved ahora la tierra de los lagos. El de Nicaragua y el de Managua,
situados a unos treinta metros sobre el nivel del mar, se comunican
entre sí por el pequeño río Tipitapa. Barcos de vapor pertenecientes al
Estado sirven las varias localidades de los lagos. El Managua, el más
pequeño, tiene una superficie de 650 millas cuadradas, y el Nicaragua,
1.827 kilómetros. Es el mayor de la América latina; este lago tuvo una
importancia internacional como centro, base, recipiente natural de
la alimentación del proyectado Canal interoceánico, antes de que se
adoptase el de Panamá.

Matagalpa es un centro agrícola y minero considerable. El clima es
fresco y muy saludable. Hay una colonia alemana, aunque poco numerosa.
Se produce allí café y trigo muy reputado, y hay una irregación
natural digna de mención. León, es la primera ciudad de Nicaragua,
no solamente por la población sino por la cultura literaria y
científica. Buen mercado comercial. Entre las anticuadas construcciones
coloniales hay algunos edificios modernos, muchas iglesias, alguna
de las cuales deterioradas por terremotos. Hay un hospital y casas
de salud--clínicas--cuyo brillante iniciador fué el Dr. Debayle.
Ferrocarril nacional que une a León con Corinto, Managua, Masaya y
Granada. Granada es una ciudad de gran importancia, a las orillas del
lago de Nicaragua, final de la vía férrea que empieza en Corinto;
embarcadero de los vapores de cabotaje en el gran Lago. Ciudad la más
civilizada socialmente; centro de fuertes transacciones comerciales y
agrícolas, ganados, cereales, café del volcán Nombacho. Masaya llamada
«ciudad de las flores», ciudad central nicaragüense, de posición muy
pintoresca, clima grato y sano, centro cafetero, comercio de granos,
máquina elevadora de las aguas del lago, alumbrado de acetileno. Se
distingue también Masaya, por sus talentos musicales. Rivas es ciudad
interesante, y particularmente rica por su producción de cacao.

En la costa Atlántica no hay caminos terrestres; todos son fluviales,
desde el Cabo de Gracias a Dios hasta San Juan del Norte. Así se
explica la importancia de la red hidrográfica y el valor de las
propiedades agrícolas establecidas en esas riberas. El lago de Managua
está servido por un vapor que hace escala en Managua, capital fundada
para evitar la rivalidad entre León y Granada y que ha adquirido
bastante importancia.

El lago de Nicaragua está servido por vapores de la Compañía Limitada
de Ferrocarriles y Vapores Nacionales. Existe también en el gran Lago
una empresa particular, que reside en Granada, de lanchas para el
transporte, a precios reducidos, de pasajeros, ganado, granos, etc.,
entre los puertos lacustres. Hay algunos caminos buenos en el país,
relativamente los del Ocotal a León, vía Esteli; y a Managua, vía
Matagalpa, el de Momotombo a Matagalpa; de Chinandega a Choluteca, vía
Somoto; el de Managua a Boaco, vía Tipitapa, el de Managua a Acoyapa;
de Granada a Rivas y al valle Menier, y el de Rivas a la Frontera
de Costa Rica. Hay algunos puentes notables, el de Paso Caballos,
de manera principal. Se estableció una línea de automóviles para
transportes de la Paz a Matagalpa. Esta línea iba en progreso; pero
el gobierno la compró para el establecimiento de la vía férrea. En
Centro-América, con la mejora de los caminos, puede hacer mucho la
tracción automóvil. Sobre ferrocarriles, los datos son los que siguen:

Las líneas de explotación de los caminos de hierro, en 1905, alcanzan
a 230 millas. Su valor se estima (vías y material) en $2.700 000. El
ferrocarril del Pacífico se divide en tres secciones: 1.^a, división
occidental, que comprende la línea 66 millas 26, prestando servicio
entre Realejo por el puente metálico de Paso Caballos, Chinandega (un
ramal de 4 millas 92 conduce del Viejo a esta ciudad, futuro punto de
unión del gran trans-americano para Honduras), Chichigalpa (ramal para
las propiedades azucareras de San Antonio), Pozoltega, Quezalguague,
León, La Ceiba, La Paz. (En esta localidad, distante 38 millas de
Managua, se encuentra un ramal de 9 millas 91, sobre Momotombo y el
lago de Managua) y Nagarote, 2.^a, división oriental, que tiene una
extensión de 62 millas 80; esta línea parte de Nagarote, pasa por
Mateare, los Brasiles, Managua, Sabana Grande, Portillo, Campuzano,
Nindirí, Masaya (aquí un ramal de la división Sur), San Blas y Granada.
3.^a, división Sur, que comprende 27 millas 92. Esta línea parte de
Masaya, Catarina, San Juan, los cafetales de Niguinohomo, Masatepe, San
Marcos y Jinotepe, después Diriamba.

Otras líneas: La que sale de Monkey Point (Atlántico) habrá terminado
ya en San Miguelito. Tiene tal importancia, no sólo para Nicaragua
sino para toda la América Central, que en su día, Nicaragua tendrá una
magnífica vía de comunicación interoceánica. Los trabajos de Managua
(Sabana Grande) a Matagalpa y Jinotega, con facultad de prolongarse
hasta San Miguelito y con ramales a Boaco, sobre Estelí, Prinzapolka y
Río Grande, están muy adelantados.

La panamericana se aproximará cerca de Somotillo a la línea hondureña
de Choluteca, después a la de Corinto y Granada en las cercanías de
Chinandega, separándose de ellas, sea por Jinotepe, sea por Granada,
para llegar, vía Valle Menier y Rivas, a Peña Blanca, en la frontera de
Costa Rica.

El servicio de correos cuenta con 139 despachos, y el telégrafo sumaba,
en 1906, la cifra de 5.300 kilómetros. El teléfono, sistema Roulez,
tiene 560 millas en explotación. Además, cuenta con cables submarinos
locales, del puerto de Corinto a Cordón y del puerto de Bluefield a
Bluff.

La cal se vende por fanegas; la de Campuzano es excelente, y la
de los nacimientos de Jinotega. En Nueva Segovia, una compañía
americana explota un rico nacimiento de cobre. En Cinco Pinos, cerca
de Somotillo, hay carbonatos y sulfato de cobre, aligado al oro, que
contiene 16 por 100 de cobre. El jaspe, filones de níquel, aligado de
cobre y de sulfato de hierro y el ocre rojizo y amarillento, existen
también; pero en lo que Nicaragua es verdaderamente rica es en filones
de oro, sobre todo en la parte limítrofe de Honduras y en la región de
La Libertad. El salitre abunda en Jinotega, como la sal, producto hasta
ahora muy abandonado. En Nicaragua como en todo Centro América, debían
instalarse salinas modelos como las que se crearon en Tonkín. Los
manantiales minerales termales y termominerales abundan, mencionando
principalmente los bicarbonatados sódicos, cuya composición es similar
a la del Vichy francés.

En maderas hay también una riqueza: se encuentran, entre otras, el
ébano blanco, flor blanca, gavilán, ñambar, granadino blanco, guaeneo,
iguana verde, laurel real, limoncillo, madera negra, madroño, manzano,
suelero, monocaje, níspero, níspero colorado, palo de carbón, palo
piedra, panama, pochete, guirieus, guizarra blanca, y colorada y
sándalo.

El caucho se encuentra en estado silvestre, en los bosques vírgenes de
los departamentos de Zelaya, Jerez, Matagalpa, Nueva Segovia, Esteli y
Jinotega, en las comarcas de Cabo Gracias a Dios, y San Juan del Norte,
y en los distritos del Liguia, de Río Grande y de Prinzapolka. En los
departamentos de Rivas, Jerez y Matagalpa han comenzado ya a implantar
cultivos.

La cera vegetal se encuentra en las Segovias, en Jinotega, Matagalpa,
etc., a 1.600 pies de altura. La explotación de grandes plantaciones
de cocales adquiere cada día más importancia, y una nueva impulsión
se dará a este cultivo con motivo de la fundación de una fábrica de
molienda de nuez de coco, de destilación de su aceite y de fabricación
de manteca vegetal.

El tabaco es por toda Nicaragua de excelente calidad, sobre todo en
la zona de Los Altos, Ticuantepe, Nindiri, Masatepe, Jinotepe. El
café crece sobre todo su territorio, contando con más de 70 millones
de árboles que producen 32 millones de kilos, y se realizan en 20 o
25 millones de francos. Desde luego, que estas plantaciones no son
sino el comienzo, pues aumentarían como por encanto si los medios de
comunicación fuesen más fáciles y más baratos.

La calidad del cacao es notable. Para confirmarlo basta con gustar la
bebida nacional del país, el famoso _tiste_, de excelencia tal, que se
vende en Nicaragua al mismo precio que en los Estados Unidos, y más
caro que el cacao de Venezuela y del Ecuador. Se exportan anualmente
más 30.000 kilos; pero esto no es sino una ínfima cantidad de su
producción, que se agota en el país. Con el tiempo, el cultivo y la
exportación aumentarán visiblemente. La banana se cultiva en todas
partes de Nicaragua, sobre todo en Zelaya. Los vapores van todos los
meses a cargar al pie de los terrenos de cultivo, sobre la costa
atlántica. El maíz, el azúcar, cuya producción asciende a 15 millones
de kilos, y el algodón, esa materia textil que los norte-americanos
tanto encarecen y que en Centro-América tiene precios bajos y es
de calidad excelente, se producen en abundancia, y al abrir sus
puertos a otros mercados, sobre todo a España y Francia, aumentarían
considerablemente.

En este país, en 1906, había 1.200.000 cabezas de ganado. Hay fuertes
transacciones para las Antillas, Méjico y hasta los Estados Unidos.
Las langostas abundan en la costa atlántica; y las ostras comestibles,
concha nácar o madre perla, se encuentran, sobre todo en el golfo de
Fronseca.

Hay fábricas de azúcares que producen 70.000 quintales de 16 kilos de
azúcar blanca pura, refinada, que se exporta en parte a San Francisco,
El Salvador, Honduras y Panamá. Hay fábricas de jabón, bujías y
cerillas.

Resumiendo: Los principales mercados comerciales son: Bluefields,
puerto de exportación muy considerable de bananas, etc., para los
Estados Unidos; Boaco, centro agrícola; Cabo de Gracias a Dios, centro
de exportación de productos agrícolas y mineros; Chinandega, centro
cafetero; Corinto, puerto de exportaciones agrícolas; Granada, centro
de transacciones comerciales, y agrícolas y de café; Jinotepe, centro
cafetero; León, transacciones comerciales, financieras e industriales;
Managua, centro principal de la república en transacciones de café,
cereales, comercio, hacienda, industria; Masaya, agricultura, comercio;
Matagalpa, café, trigo; Monkey Point, término de la vía férrea, gran
porvenir para transacciones agrícolas, mineras y comerciales; Ocotal,
café, transacciones comerciales con Honduras; Rivas, centro de cultura
de añil y cacao: San Juan del Norte; centro de exportación de cauchú
de Nicaragua y Costa Rica; San Juan del Sur, puerto de embarque y
desembarque de Rivas; Valle Menier, gran centro francés de cacao.

Las estaciones, como en todo Centro América, se determinan por los
períodos de lluvias. La época de las lluvias torrenciales es de Mayo
a Noviembre, del lado del Pacífico; y de Diciembre a Mayo del de las
Antillas. El verano, fresco y templado desde Noviembre a Abril.

Los Estados Unidos, son los más fuertes importadores, y esto es una
amenaza constante económica para todo Centro América, en espera de
la absorción, o anexión política, y las tarifas proteccionistas
anti-europeas que resultarían de ella.

Un capital de 50 millones han invertido los alemanes en minas y
plantaciones de café.

Los intereses ingleses son muy importantes, y consisten en minas de
oro, fábricas de azúcar; el cable submarino es inglés. La mano de obra
agrícola pertenece, en gran parte, a la colonia inglesa del British
Honduras y de Jamaica.

El tratado de amistad, comercio y navegación, ratificado el 25 Agosto
1906 en Londres, entre Nicaragua e Inglaterra, y en vigor desde el 3 de
Septiembre de 1906, por un período de diez años ha dado a Inglaterra
la cláusula de nación más favorecida, es decir, que los productos
ingleses gozan de una reducción del 25 por 100. La ley agraria del 20
Febrero 1902, refundida el 28 de Julio 1903, fija así los precios para
la adquisición de terrenos nacionales: $3 por hectárea, si el terreno
es propio para cría de ganados y está en llanuras o montañas cubierta
de praderas naturales; $4,50 por hectárea, por terrenos en llanuras
o montañas propios para agricultura; $7,50 por hectárea de terrenos
regados o con facilidades de riego; $1 más por hectárea sobre los
terrenos precedentes que contengan maderas preciosas para construcción,
ebanistería, tintura, caucho.

Hay bancos actualmente, uno de ellos dirigido con mucha competencia por
Mr. Martín, financista inglés.

Las Sociedades industriales hacen sus negocios, comprando o vendiendo
letras de cambio sobre Europa y los Estados Unidos. El Banco del
Pueblo, fundado en 1907, presta dinero con interés sobre firmas
solventes. La Sociedad «Managua Unionista» presta al 5 por 100.

La unidad monetaria es el peso plata de 25 gramos de 900 milésimas. Los
billetes del Tesoro son la sola moneda corriente.

Ultimamente y después de las varias revoluciones que han arruinado y
desolado el país, una comisión de norte-americanos llegó a administrar
las aduanas. Se ha creado una nueva moneda, el _balboa_, nombre cuya
razón en Nicaragua no nos explicamos.



GUATEMALA

[Ilustración]


La historia de Guatemala, desde los tiempos de la colonia hasta el
advenimiento de la República, está llena de episodios que alentara el
mismo ideal libertador de toda la América que conquistó España.

Guatemala, como las otras repúblicas nuestras, tiene libertadores. Y
si la conquista de sus derechos republicanos se realizó sin batallas
desastrosas, no por ello es menos transcendental la actitud patriótica
de varones que, como D. José María Castilla, D. Mariano Gálvez, D.
Santiago Milla y D. J. Francisco Córdova, después de oir el memorable
discurso de D. Antonio García Redondo, en la Junta convocada por el
entonces gobernador D. Gabino Gainza, declararon la independencia
nacional.

Fué este acontecimiento un poco tardío--con respecto a la unión
centro-americana--pues en los días de la emancipación guatemalteca no
existían ya lazos fuertes con Honduras, el Salvador, Nicaragua, ni
Costa Rica. Chiapas ya era parte integrante de Méjico, y las tendencias
unitarias desaparecieron entre ambiciones y rivalidades. Vinieron los
odios locales, y comenzó la era revolucionaria intestina de los pueblos
autónomos y nuevos, cuyas masas indígenas se hallaban en la mayor
ignorancia.

Después de más de tres siglos de colonia, la libertad nacional de
Guatemala fué un hecho el 15 de Septiembre de 1821. Todo el país saludó
aquella alborada entusiásticamente.

El programa de los próceres, basado en la libertad lograda, quiso
tender al desarrollo de los intereses colectivos, armonizándolos.
El país se abrió al comercio universal, y los españoles que habían
quedado, gozaron de las garantías que la ley concede a todos los
ciudadanos.

Grandes obstáculos, inevitables contratiempos se opusieron al
desarrollo del programa. Miras diversas y contradictorias tendencias
de los mismos hombres que habían hecho la independencia, dividieron
la nación en agrupaciones y bandos. La unidad en la acción no pudo
sostenerse para organizar el país. Tal división se recrudeció cuando el
Imperio de Iturbide quiso que Guatemala formase parte suya.

Dos fuertes bandos dividieron la opinión, dando pábulo a profundos
antagonismos. Los imperialistas, pertenecientes a las clases más ricas
y acomodadas, por sus ideas ancestrales y su deseo de que la sociedad
continuara en un ambiente monárquico, se inclinaban a que Guatemala
entrase a formar parte del vecino Imperio.

Los republicanos y patriotas que habían luchado por la soberanía
nacional, inspirados en el ejemplo de los Estados Unidos del Norte,
querían establecer un pueblo democrático, alentados--además--por las
ideas de la Revolución Francesa. Este bando contaba en sus filas con
hombres de pensamiento y de cultura, y con la mayoría del pueblo.

Los dos bandos, en continuo choque de ideas, llegaron a los hechos, y
en noviembre de 1821 tuvo efecto el primer episodio de guerra civil.

Después de invasiones imperialistas y combates, la Asamblea se llamó
Constituyente, y por decreto de Julio de 1823, quedó declarada la
independencia de Guatemala, y el gobierno a cargo de un triunvirato
formado por D. Vicente Villacorta, D. Pedro Molina y D. Antonio Rivera
Cabezas.

En Abril de 1829 entró victorioso el general Morazán en la capital
de Centro-América, iniciándose para Guatemala una época próspera.
Después, han gobernado la nación Carrera, Cerna, García Granados y
Barrios, Barillas y Reyna Barrios; y actualmente ocupa la presidencia
el licenciado D. Manuel Estrada Cabrera.

El famoso Rafael Carrera gobernó veinticinco años. No sabía leer ni
escribir. Sus biógrafos refieren que, por su valor de soldado y su
amistad con el clero, se sostuvo en el poder. El plan de instrucción
pública se limitó en aquel tiempo a escasos rudimentos. El trabajo
fué substituído por la holgazanería, y en las _chicherías_ y _fondas_
perdían el tiempo las clases obreras, machete al cinto, como una
continua amenaza a la sociedad. El comercio casi no existía. A la
agricultura no se prestaba atención de ningún género, y únicamente
daban rendimiento las cosechas de _cochinilla_ y de _grana_. Los
caminos de rueda eran muy contados en el interior, figurando en primer
término el del Puerto de San José a la capital, pues la carretera
a Izamal, que se proyectara en aquella época, había quedado en su
comienzo, a pesar de ser la vía del mejor y más cuantioso comercio
guatemalteco.

El presidente Carrera emprendió campañas, entre las cuales se
recuerda principalmente la de 1863, cuando derrotó al general Gerardo
Barrios, que era presidente del Salvador y jefe del partido Unionista
de Centro-América. No obstante, en los últimos años del gobierno de
Carrera hubo algún progreso de orden material. Fueron construídos
entonces el Castillo de San José, el edificio de la Sociedad Económica,
que hoy sirve a los Correos y Telégrafos y a la Legislatura, y el
teatro Colón.

Al morir Carrera, asumió el mando el mariscal D. Vicente Cerna. Este
fué reelecto, y después de una campaña en que se recuerdan las batallas
de Totonicapán, San Lucas, Tierra Blanca y «Cochin», fué vencido por
el general García Granados, quien el 30 de Junio de 1871 entró en la
capital y tomó el mando. El gobierno de esta capital se inició dictando
la ley de libre imprenta, abriendo puertos en el Pacífico, derogando
decretos monopolistas y alentando la agricultura y el comercio. Pero
no tardó la guerra, y el general García Granados sale de la capital,
dejando en su puesto a D. Justo Rufino Barrios. A su regreso fué
convocado el pueblo para elecciones, y elegido este jefe prestigioso.

El general Barrios gobernó catorce años, siguiendo los propósitos
patrióticos de Morazán, en favor del progreso nacional. Creó escuelas
en todo el país, fomentó la agricultura, estimuló a las clases
laboriosas, y creó democracia consolidando la República. A este
respecto dice un guatemalteco eminente, D. Antonio Batres Jauregui:
«Demostró Barrios, que el talento y las virtudes no eran el resultado
de las aspiraciones de bandería, ni radicaban en las pretensiones de la
nobleza. Esta se demostró tal como era entre nosotros, sólo apta para
esquilmar al pueblo, y cuando el pueblo se levantó por el empuje de la
Reforma, y aquél tuvo que unirse a él, necesariamente, y vinieron las
uniones legítimas entre jóvenes educados y cultos, hijos de honrados
artesanos, de industriales y agricultores del pueblo, con damas de
la nobleza, a demostrar que en Guatemala se había hecho práctica la
democracia que radica en la igualdad ante la ley, y que descansa en
el apoyo del talento y en las virtudes que son, generalmente, el
patrimonio de los pueblos más fecundos y honrados de América».

El general Barrios, sustentando las ideas de Morazán, activó su
propaganda, dictó el decreto de 28 de Febrero de 1885 proclamando la
Unión de Centro-América, y se puso al frente de un ejército para
apoyarlo. En la campaña obtuvo algunos triunfos sobre los enemigos de
la Unión, y en el ataque a Chalchuapa recibió la muerte. Fué en verdad
una muerte heroica y gloriosa.

Sucedió al general Barrios D. Manuel Lisandro Barillas, que era
segundo designado. Durante su gobierno, el país siguió su marcha
progresiva. El general Barillas no pudo seguir en el poder, y el pueblo
llevó a la presidencia al general José María Reyna Barrios. De su
administración han quedado huellas estimables, como el Bulevar 30 de
Junio, embellecido por monumentos de caudillos patriotas; el Cuartel
de Artillería, el Palacio de la Reforma y el Registro. Además hizo
todo esfuerzo por la importante obra del ferrocarril del Norte, que no
pudo concluir. En Febrero de 1898, un extranjero, llamado Zollinger,
hirió de muerte al general Reyna Barrios, y esto fué causa de una
conspiración palaciaga, en que se quiso desconocer al designado por la
ley, conspiración sin resultados, porque el licenciado Estrada Cabrera
asumió el mando de la República.

Al referirme a la gestión gubernativa del actual presidente de
Guatemala, he de prescindir de los ataques que contra él se han hecho
en algunas publicaciones y que, desde luego, se ve que son obra de sus
contrarios políticos. No me toca inmiscuirme en los asuntos interiores
y en las rencillas partidarias de aquella generosa nación.

El presidente Estrada Cabrera, aparece, al contemplársele sin
prevenciones, desde lejos, como un intelectual amigo de los hombres
de pensamiento y de acción, y prácticamente interesado en asuntos
que signifiquen brillo y progreso para su país. Ha llevado a término
la grandiosa obra del ferrocarril del Norte interoceánico, que ha
dado enorme impulso al comercio garantizando a la nación su porvenir
económico. Este ferrocarril ha unido las ricas zonas de Mazatenango,
Retalhuleu y Quezaltenango con la capital. El presidente Estrada
Cabrera ha creado las fiestas de Minerva, y dedicando especiales
esfuerzos y estudios al problema de la instrucción pública, con métodos
e ideas modernas, y fomentando las artes y las ciencias ha logrado
un florecimiento intelectual apreciable ya. Ha fundado escuelas
prácticas, con edificios especiales, en los veintitrés departamentos
que componen la República. Un completo sistema telegráfico cruza el
país actualmente. Para el desarrollo de la agricultura, el gobierno
del licenciado Estrada Cabrera, ha repartido más de 8.000 caballerías
entre gentes laboriosas. En la capital, de 1907 a 1911, se han
realizado mejoras de significación, entre las que pueden mencionarse:
la pavimentación moderna de calles y avenidas, la formación de parques
como el de Jocotenango, edificios para escuelas y un plantel for
correccional en la Segunda y Séptima avenidas, Norte y Sur; en el paseo
de la Reforma hay nuevos chalets y villas y asilos, y en el Llano del
Cuadro se han edificado manzanas de bellas mansiones.

En un reciente mensaje a la Asamblea Nacional, dirigido por el
presidente Estrada Cabrera, hay párrafos que acusan un sereno interés
patriótico, por ejemplo:

«A iniciativa de muchos escritores guatemaltecos, fué convocado y se
reunió en esta capital, durante los últimos días del mes de Octubre
recién pasado, el primer Congreso Centro-Americano de Periodistas,
agrupación por todos conceptos importante; simpática, que ocupándose,
según su programa, en excogitar los medios más civilizados y eficaces
para llegar a la pacífica reconstrucción de la antigua patria y de
hacer propaganda de ellos, por medio del periodismo, mereció todos los
aplausos debidos a la buena fe y sana intención con que se trataron
aquellos importantes asuntos.

»El gobierno vió con placer que, efectivamente, salvando unas pocas
exageraciones y ardimientos juveniles, los trabajos llevados a cabo
por ese interesante Congreso tendieron principalmente al acercamiento
pacífico, seguro y estable de las repúblicas del Istmo, que es uno
de los puntos del programa de la Administración guatemalteca y se
congratula en manifestar que la iniciativa de los escritores fué
acogida con general entusiasmo, y que acudió al llamamiento de ella la
parte más importante de la prensa de Centro-América.»

Las instituciones de beneficiencia cuentan actualmente en Guatemala
con toda la protección del gobierno. Asilos para niños, hospitales,
lazaretos, casas de salud, reciben constante apoyo, como lo prueba el
siguiente estado de fondos: Producido del año para beneficencia...
2.635.206,70 de pesos, suma de la cual se invirtieron pesos
2.553.705,72, quedando un saldo a favor de las instituciones,
ascendente a... 81.500,98 de pesos. Con la suma invertida fueron
atendidos en los establecimientos 15.974 enfermos, y recibieron
cuidados 800 niños desvalidos. El día 21 de Agosto del año pasado se
inauguró en Guatemala un importante edificio, la Casa de Maternidad, y
comenzó a funcionar el 21 de Noviembre siguiente.

No he de terminar este artículo, que es un saludo a Guatemala en paz,
en trabajo, y por consiguiente en progreso, sin aludir de modo especial
a esa falange de poetas y pensadores que, en la historia intelectual
del país, exaltan el nombre nacional y son lucida parte de la
intelectualidad de nuestra América. Si en lo antiguo cuenta Guatemala
con Landivar, con Fray Matías Córdova, en lo moderno puede gloriarse
con los peregrinos ingenios de José Milla y Batres Montufar, con
Isisarri, Agustín Gómez Carrillo, Fernando Cruz, los Diéguez, Montufar,
Saravia, el malogrado Domingo Estrada y otros. Y en la actualidad con
el eminente doctor Ortega, con D. Antonio Batres Jauregui, con Salazar,
con Falla, con los insignes salvadoreños, a quienes Guatemala adoptara,
Joaquín Méndez y Francisco Castañeda, con Enrique Gómez Carrillo
y Tible Machado, cuyos nombres, célebre el uno en la literatura,
brillante el otro en la diplomacia y en el periodismo, figuran en la
prensa de Europa; con una juventud, en fin, que es florida corona de su
renacimiento intelectual.



ECUADOR

[Ilustración]


Quien estas líneas escribe ha conocido personalmente a dos de los
prohombres ecuatorianos que han tenido recientemente gran resonancia:
el general Eloy Alfaro, que ha sucumbido tan trágicamente, y el general
Leónidas Plaza. Tiene la idea de que ambos, conforme con sus pensares y
decires, han tenido espíritus de patriotas. Han hablado del bien de su
patria; han expuesto plataformas de libertad y de progreso. Han llegado
al poder, y la revolución ha aparecido, latente o estallante. ¿Es la
enfermedad endémica continental, apenas curada en los países grandes
del Sur a fuerza de inmigración y de trabajo? El caso es que, ahora
mismo, el cable comunica las noticias lamentables de ese país merecedor
de situación más brillante.

Sabido es que el Ecuador, en su primitiva época independiente, formó
parte del inmenso imperio que el conquistador Huaynacapac legó a sus
hijos Huáscar y Atahualpa. Dejó al primero el Perú con las tierras
meridionales hasta Chile, y a Atahualpa el Reino de Quito, como lo
habían poseído sus abuelos, los Shiris. Pero la rivalidad entre los dos
príncipes abrió una guerra desastrosa, en la cual estaban envueltos
aquellos reinos cuando llegaron los conquistadores Francisco Pizarro,
Diego de Almagro y Sebastián de Benalcázar. Con la toma de Quito, el
6 de Diciembre de 1534, el antiguo reino de Quito pasó a poder de la
Corona española. Hasta 1717 fué regido por un solo Virrey que residía
en Lima; su virreinato comprendía las Audiencias de Panamá, Caracas,
Santa Fe, Quito, Lima, Cuzco, Charcas, Santiago y Buenos Aires. Lo que
hoy forma la República del Ecuador, fué constituído en 1564 con el
nombre de Presidencia de Quito, siendo su primer Presidente D. Fernando
de Santillán. El Virreinato del Nuevo Reino de Panamá fué fundado en
1717, y a éste perteneció desde entonces aquella Presidencia, hasta el
24 de Mayo de 1822 en que Sucre, vencedor en Pichincha, desposeyó al
último Presidente, D. Melchor Aymerich. El Ecuador fué el país de la
América española que dió primero el grito de independencia, y el 10
de Agosto de 1809 organizó la primera Junta Revolucionaria, bajo la
presidencia del Marqués de Selva Alegre.

Hasta 1830, el Ecuador formó con la Nueva Granada y Venezuela, bajo el
gobierno de Bolívar, la República de la gran Colombia. Poco antes de la
muerte del Libertador y de la disolución de esta nacionalidad, tropas
peruanas invadieron el territorio ecuatoriano, pero fueron vencidas
por las colombianas, comandadas por Sucre, en la llanura de Tarqui.
Sin embargo, la gran República no pudo consolidarse; apenas duró ocho
años. Venezuela se separó en 1829 y el Ecuador en 1830, el mismo año de
la muerte de Bolívar. Entonces se constituyó el Ecuador en República
independiente, siendo proclamado primer Presidente constitucional, por
la Convención de Riobamba, en Agosto de 1830, el general Juan José
Flores.

Del régimen conservador militarista de Flores--dice un historiador--,
pasó la República al liberal moderado de Rocafuerte, que protegió la
instrucción pública y mejoró la hacienda nacional. Volvió Flores al
poder y permaneció en él, hasta que en 1845 le derrocó la revolución
del 6 de Marzo, que hizo surgir a la Presidencia a un civil, Roca,
cuyo gobierno fué respetuoso de la ley y las libertades públicas,
económico, honrado y magnánimo. Empatadas las votaciones para
Presidente de la República en el Congreso de 1849, entre los candidatos
general Antonio Elizalde y Diego Noboa, se elevó este político a la
Presidencia en 1851, y fué depuesto por Urbina, que subió al poder
apoyado por el liberalismo. Urbina expulsó a los jesuítas. Libertó a
los esclavos. A pesar de sus buenos hechos, su gobierno ha sido acusado
de desorganizador y militarista. Se levanta después la figura de
García Moreno, notable por sus grandes virtudes como por su crueldad.
El fanatismo religioso fué ley en su gobierno y le ha hecho célebre
en Europa. Su busto está en el Vaticano. Construyó la gran carretera
de Quito, inició el ferrocarril de Guayaquil a esa capital, y dió
gran impulso a las obras públicas. Le sucedieron Carrión y Espinosa,
hombres buenos, pero no políticos de grandes energías. Vuelto a la
Presidencia García Moreno, en 1869, gobernó por el terror del patíbulo,
que no escatimó, pero administró con pureza e inteligencia los
caudales públicos. Asesinado García Moreno en 1875, ocupó Borrego la
Presidencia, elegido por gran popularidad; pero antes de que pudiera
desarrollar su programa de gobierno, un teniente suyo, Veintemilla, se
levanta, y después de sangrientas batallas se hace nombrar Presidente.
Al expirar su período quiso reelegirse, dió un golpe de Estado, pero
una coalición conservadora liberal dió con él en tierra el 9 de Julio
de 1883. La Convención de 1884 nombró a Caamaño, Presidente. En su
administración se estableció el telégrafo en toda la República, y se
constituyó el ferrocarril de Durán a Yaguachi. Su época fué de lucha
contra la revolución liberal encabezada por Alfaro. Pero alcanzó a
cumplir su período y a hacer elegir a Antonio Flores (hijo del primer
presidente), cuyo gobierno, liberal moderado, se distinguió por su paz,
su cultura, su respeto a la ley y a las libertades. Flores eligió a
Cordero, que gobernó el país hasta 1895. Dimitió Cordero y sucedióle
Alfaro. Bajo este gobierno, la nación reformó sus instituciones
desde el punto de vista ampliamente liberal, y se llevó a cabo la
construcción del ferrocarril de Chimbo a Quito. Sucedió a Alfaro el
general Plaza, cuyo acentuado liberalismo continuó la gran reforma
iniciada por aquél. Para el período siguiente fué designado García,
hombre de negocios, de honorables antecedentes. Su gobierno fué
como los anteriores, de filiación liberal, pero no tuvo tiempo para
implantar sus ideales de administración, porque el descontento de
algunos elementos del partido liberal derrocó su gobierno, y llevó
de nuevo a Alfaro a la Presidencia de la República, desde 1906. Luego
ascendió al poder D. Emilio Andrade. Y a su gobierno han sucedido
los acontecimientos que, hasta estos momentos mantienen el país en
agitación.

Desde el punto de vista legislativo, el Ecuador es uno de los países
más adelantados del mundo. Tiene las leyes de Registro y Matrimonio
civil, con divorcio por causales que garantizan los derechos del
hombre, la mujer y la descendencia; el Fisco administra los bienes de
las comunidades católicas, con cuyo producto paga el culto, invirtiendo
el saldo en obras de beneficencia. La Constitución garantiza la vida,
la honra y la propiedad; en consecuencia, no hay pena de muerte,
esclavitud, recluta forzosa, impuestos ni servicios no establecidos por
la ley, fueros ni privilegios, juzgamientos por comisiones especiales
ni por leyes posteriores, prisión por deudas, incomunicación por
más de veinticuatro horas, ni tormentos; hay libertad de conciencia
o de cultos, de prensa, de asociación, de enseñanza, de industria,
de tránsito, de defensa y petición; es inviolable el domicilio y la
correspondencia epistolar y telegráfica; existe la igualdad ante la
ley, el derecho que uno sea considerado inocente mientras no se le
declare culpado, en debida forma, y de que no se le exija testimonio
en juicio criminal contra sí mismo o contra sus parientes, dentro del
cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad.

La extensión territorial de la República es de 700.000 kilómetros
cuadrados, incluyendo las islas Galápagos, archipiélago que, al ser
abierto el Canal de Panamá, será de los más ricos centros comerciales
del Pacífico. Aunque la población es apenas de dos millones de
habitantes, la agricultura y la minería están en un estado floreciente.
Los metales que más se exportan son el oro de las minas y lavaderos de
la provincia de Esmeraldas; plata, de la provincia de Cañar; cobre,
carbón de piedra, lignita, azufre, mármoles, alabastros, piedra pómez
y para construcción de edificios, y petróleo. El sombrero de paja
toquilla o de Jipi-japa, llamado equivocadamente Panamá, es objeto
de un activo comercio con el exterior. Y como esta industria, otras
muchas han adquirido gran incremento en el país. Hay ingenios de
azúcar que tienen actualmente una capacidad productora de siete mil
toneladas anuales, y que puede decuplicarse sin más que apropiar
nuevos terrenos al cultivo de la caña, y establecer más maquinaria.
Existen también grandes fábricas de cerveza, de lienzos y bayetas, de
velas, jabón, fósforos, embarcaciones de madera y hierro, a la vela
y a vapor, de cigarros y cigarrillos, de perfumes, de calzado, de
chocolates, fundiciones, aserríos de madera, tenerías, etc., etc. Las
entradas fiscales se calculan en 15.500.000 sucres, y las constituyen:
los derechos de importación a las mercaderías extranjeras, cobrados
al peso; los derechos de exportación a los productos nacionales; los
estancos de sal y pólvora; contribución general; impuestos de timbres,
alcabalas, aguardientes, marcas de fábrica, minas y utilidades de
bancos. El total de la deuda pública, al 30 de Junio de 1909, era
de 43.142.392 sucres. La antigua deuda externa se convirtió en los
llamados _Bonos cóndores_ del ferrocarril de Guayaquil a Quito, que
ganan 4 por 100 de interés y 1 por 100 de amortización, y está reducida
ahora a 722.000 sucres. La deuda interna asciende a 11.000.000 de
sucres, de modo que las obligaciones del país con el exterior son
una mera garantía por la diferencia, 32 millones, y esto en forma
de garantía subsidiaria por el 6 por 100 de interés y 1 por 100 de
amortización de los bonos ferrocarrileros.

La intelectualidad de ese bello país ha tenido príncipes en el
continente. Baste con nombrar a Olmedo y a Montalvo. Otros han
ilustrado también la mentalidad de la República, entre ellos, los Mera,
el tan ingenioso Federico Proaño, el ilustre Numa Pompilio Llona,
Marieta Veintemilla y Eudófilo Alvarez.



EL SALVADOR

[Ilustración]


A no dudarlo, es el Salvador uno de los países más interesantes,
más laboriosos y más bellos de la América española. Sus pobladores,
dedicados en su mayoría a la agricultura y al comercio, le han hecho
alcanzar un gran desarrollo, no obstante su espíritu revolucionario,
por desgracia propio de casi todo el continente.

Fué El Salvador la primera tierra centro-americana que dió el grito de
libertad, el 5 de Noviembre de 1811, siendo gobernador español de la
provincia D. Antonio Gutiérrez de Ulloa, y capitán general del Reino
de Guatemala D. José de Bustamante y Guerra. Las ciudades de Metapán,
Zacatecoluca, Usulután y Chalatenango, unidas a la de San Salvador,
quisieron rebelarse contra el dominio de España y apoderarse de armas y
tesoros reales. Los iniciadores del movimiento fueron los presbíteros
D. Nicolás Aguilar y don Matías Delgado, D. Vicente Aguilar, D. Juan
Manuel Rodríguez, D. Manuel Aguilar y D. Manuel José Arce, quienes,
deponiendo al gobernador Ulloa, realizaron algo del plan libertador;
pero no fueron ayudados por las otras ciudades provinciales y se
desalentaron. El ayuntamiento de Guatemala envió en Diciembre del mismo
año a los regidores D. José M. Peinado y D. José de Aycinena, y ellos
pacificaron la capital, quedando el primero al mando de la provincia.
Más tarde, en 1814, Rodríguez y Arce quisieron rebelarse de nuevo, pero
fracasaron en este segundo intento, siendo encarcelados y permaneciendo
presos hasta un año antes de que los demás patriotas coronaran su
empeño y quedara hecha la Independencia nacional, el 15 de Septiembre
de 1821. El centenario de ese primer movimiento acaba de celebrarse con
toda brillantez.

En los últimos tiempos, la nación se ha encaminado por una vía de
progresos y de reformas. El doctor Zaldívar, a pesar de sus errores
políticos, fué un gobernante civilizador. El general Menéndez ha dejado
el recuerdo de su labor patriótica y de su actividad proba; y hoy, el
doctor Manuel E. Araujo ha iniciado su gestión gubernativa, inspirado
en los mejores propósitos y dando un ejemplo único de desinterés, de
voluntad, de concordia y de verdadera comprensión del destino a que
está llamado su pueblo valiente y trabajador. No hace mucho emitió, en
un mensaje a la Cámara Legislativa de la República, conceptos como los
siguientes, en que pueden apreciarse sus bien orientadas miras, siendo
El Salvador tierra esencialmente productiva, cuyo continuo desarrollo
agrícola se impone como primera condición de grandeza en el porvenir.
Decía el presidente Araujo, después de varias consideraciones:

«Estas máximas fecundas de la ciencia agronómica, que he tenido ocasión
de meditar y comprobar en las experiencias de mi vida de agricultor,
me hicieron pensar que, en un país esencialmente agrícola como el
nuestro, uno de los mayores bienes que el poder público puede hacer
a la sociedad, es la protección decidida y eficaz y la dirección
inteligente y científica de la agricultura nacional. La conservación y
el desarrollo de la riqueza pública, y base de la prosperidad general,
están a ese precio.

»Por eso fué que al organizar el Gabinete, el día mismo que tomé
posesión de la Jefatura suprema del Estado, mi primer cuidado fué la
creación del Ministerio de Agricultura, como órgano del Gobierno en sus
relaciones con esa industria importantísima, y llamé para su desempeño
a un ciudadano distinguido y agricultor muy prestigioso.

»El primer cuidado que se tuvo para la institución de este nuevo centro
orgánico del Estado, fué la fijación de su esfera de acción, por el
deslinde de sus atribuciones, conforme a los altos fines que, por
medio de él, intentó realizar en beneficio del país. A este propósito
obedeció el Decreto legislativo de 30 de Marzo del año anterior,
atribuyendo las funciones propias de su índole al Ministerio de
Agricultura.

»Para procurar mayores fondos aplicables a los servicios agrícolas
estaduales, se dictó, con fecha 8 del propio mes de Marzo, el acuerdo
que suprime el 6 por 100 que inmotivadamente devengaban los tesoreros
municipales por la recaudación de los fondos de agricultura, se
suprimieron algunos empleos innecesarios y se rebajaron sueldos
desproporcionados.

»Comprendiendo que un país que goza de un suelo tan fértil y apropiado
a múltiples cultivos remuneradores no debía limitarse a los ramos de
producción ya conocidos, se hizo al Poder Legislativo una iniciativa
para que dictara el decreto de 6 de Abril, que declara libre la
introducción al país de semillas para el cultivo del algodón, y de
maquinaria para la fabricación de tejidos y de otras industrias que se
relacionan con ese importante producto agrícola, debiendo celebrarse
cada cinco años exhibiciones de tejidos y otros productos extraídos del
algodón, y señalando premios a los mejor calificados en los concursos
respectivos.

»Por su parte, el Ejecutivo impulsará y acogerá todas aquellas
iniciativas tendientes al ensanche y perfeccionamiento de la industria
agrícola, que exige, especialmente, abandonar las rutinas y el
empirismo que la estacionan y comprimen.

»Para estimular la mejora de ciertas industrias agrícolas, se han
dictado disposiciones pertinentes. Para la selección de las razas
bovinas se prometió a un particular ayudarle con 50 pesos, por cabeza
de ganado de las razas llamadas Holstein o Durban, que introduzca
al país; y se ordenó la concesión de otras primas pecuniarias a los
introductores de ganado fino, vacuno o caballar.»

Como se ve, el actual gobernante salvadoreño presta lo mejor de
su atención al problema agrario, que es la más firme base de
engrandecimiento y de fortuna en nuestros países. Seguramente, la paz
de que goza el país, a pesar de incomprensibles tentativas de desorden,
da campo abierto a las iniciativas y trabajos del presidente. El
pueblo salvadoreño tiene razones para estar fatigado de vanas guerras
civiles, y es época de que lo dirijan hombres tan sanos y tan bien
orientados como el doctor Araujo, conocedores inmediatos de sus
necesidades, y que sepan expresar y realizar patrióticamente ideas para
el bien colectivo y nacional. Un país cuyo mandatario se funda «en las
experiencias de su vida de agricultor» para aconsejar, dirigir y obrar,
marcha, desde luego, con decisión, por vías de prosperidad.

En un esbozo de la reciente administración salvadoreña, dice una
autorizada pluma: «El doctor Araujo ha empezado una evolución lenta,
moderada, sin grandes sacudimientos, pero eficaz. Él, como los
ingleses, cree que el ejemplo y la costumbre nos llevarán al orden y a
la prosperidad; se desprende de las muchas facultades y prerrogativas
concedidas por el uso, aunque negadas por la ley, y uno de sus
propósitos más firmes ha sido el de seleccionar, como en efecto lo ha
hecho, el alto personal del gobierno, buscando el mérito en todas las
clases sociales, hasta encontrarlo tal vez en el apartado y modesto
gabinete de trabajo».

En cuanto a instrucción pública, los gobiernos recientes del Salvador
han puesto firme empeño en la propaganda de la cultura general, y puede
decirse que en este país no hay analfabetos. Con planteles escolares
de primera enseñanza para ambos sexos--montados según los métodos de
pedagogía más modernos--cuenta la República, y el actual gobierno les
presta todo el apoyo necesario, tanto como a la enseñanza secundaria y
a la facultativa, y los institutos, los colegios y la Universidad han
adquirido nuevos elementos y profesorado selecto, que atiende, sobre
todo, a la dignificación de los alumnos. Ultimamente, el gobierno ha
pedido a la república del Uruguay profesores, para el establecimiento
de una Escuela Normal.

El importante ramo de Obras públicas recibe asimismo en la actualidad
el laudable impulso del gobierno, y se trata de formar una asociación
de capitalistas del país para que tome a su cargo las obras nacionales.
Ello redundará en provecho propio, ejercitando y acreciendo las
energías domésticas.

La República del Salvador es el país más rico y más densamente poblado
de toda nuestra América, dada la poca extensión de su territorio que
mide a lo largo, de Este a Oeste, 160 millas geográficas, y a lo
ancho, de Norte a Sur, 60 millas, y lo habitan 1.100.000 almas. Las
finanzas de la nación, a pesar de las revueltas civiles que la han
envuelto con lamentable frecuencia, demuestran la prodigalidad del
suelo y el espíritu de laboriosidad de sus pobladores, puesto que la
exportación sobrepuja a la importación, como lo demuestra el cuadro
siguiente, que llega hasta hace seis años:

          Importación.    Exportación.
  AÑOS    Pesos plata.    Pesos plata.
  ----    ------------    -------------
  1902    6.181.816,43    10.278.315,98
  1903    6.949.073,47    14.173.865,11
  1904    8.123.348,18    16.588.611,77
  1905    9.778.628,22    14.098.833,15
  1906    9.368.299,35    16.308.554,32

Del progreso alcanzado por las rentas nacionales dan una idea concisa
los siguientes datos: la renta de importación produjo en 1911,
6.909.109,61 de pesos, contra 5.333.600,59 pesos en 1910, lo que acusa
un alza de más de un millón y medio de pesos. La renta de exportación
en 1911 rindió 989.678,23 pesos, y en 1910, 886.649,55 pesos, lo que
demuestra un aumento de cien mil y pico de pesos. La renta de licores
montó en 1911 a pesos 2.683.568,89, y en 1910, a 2.602.958,33 pesos,
dando un aumento de ochenta mil y pico de pesos. La renta de papel
sellado y timbres ascendió en 1911 a 335.575,28 pesos, y en 1910 a
397.912,24 pesos, dando un margen de treinta y siete mil y tantos pesos.

Los aumentos en el producto total de los impuestos, que equivalen al
16,29 por 100 alcanzado en sólo un año, son un guarismo que pone de
relieve la potencia productora del país. Mientras Francia en épocas
florecientes aumenta sus contribuciones indirectas en 2.30 por 100,
Inglaterra en 1,85 por 100, Alemania en 5,50 por 100, y Austria en 5,86
por 100, el Salvador da la alta proporción de 16,29 por 100.

En lo que respecta al ramo de telégrafos y teléfonos, la República
salvadoreña está muy bien servida. La red telegráfica, que contaba
con 2.386 millas, tiene hoy 187 más, y la telefónica, que tenía
1.783, tiene 329 más. Han sido instaladas estaciones de inalámbrico,
con fuerza suficiente para comunicarse a una distancia de 16 a 20
millas, alcanzando en tiempo favorable hasta 80. Por medio de estas
instalaciones modernas, el Salvador estará en comunicación directa con
las repúblicas de Honduras, Nicaragua y Costa Rica, que cuentan también
con torres potentes. Pronto habrá estaciones, asimismo, en las costas
al Pacífico, de Guatemala y de Méjico, siendo todas ellas de gran
significación para el comercio internacional de los países centrales.

El sistema monetario salvadoreño también ha sido objeto de
modificaciones ventajosas. Ha aparecido recientemente un proyecto de
decreto, que regula y establece el talón de oro, teniendo por base la
unidad _colón_.



HONDURAS

[Ilustración]


Honduras es el país centro-americano más sujeto a su tradición. Lo
que pudiérase llamar su índole nacional, es inconfundible con la de
los otros países del centro de América, que han estado siempre en más
frecuente contacto con corrientes y elementos extraños.

Don Bartolomé Colón, hermano del gran Almirante descubridor del Nuevo
Mundo, se posesionó del territorio hondureño en Agosto del año 1502,
en nombre del soberano español. Desembarcó D. Bartolomé en un punto
que llamó Punta Coxinas, que hoy se llama Cabo Honduras. Se piensa,
generalmente, que el nombre del país es debido a la profundidad del
mar Caribe, que baña sus costas del Norte. Cuando el conquistador de
Méjico, Hernán Cortés, realizó su expedición a Honduras, atravesando
las selvas de los mayas, los españoles llamaban Hibueras o Higueras
a la comarca y, en recuerdo de la metrópoli europea, también la
designaron con el nombre de la Nueva Extremadura. Fué ardua la
expedición de Cortés. Este conquistador sometió a los indígenas, y
fundó la vieja ciudad que hoy es el puerto de Trujillo. Esforzados
conquistadores como Córdoba y Cristóbal de Olir continuaron las
expediciones, beneficiando la comarca con fuerza civilizadora que,
por el año de 1540, contaba con ciudades de significación, y con la
Audiencia, que poco más tarde fué trasladada a Guatemala. De aquel
tiempo a la época de la Independencia, Honduras fué una provincia
de la Capitanía General o Reino guatemalteco, con Nicaragua, Costa
Rica y el Salvador. Estas provincias se separaron de España en 1821 y
constituyéronse en estados soberanos, adoptando una forma confederal
que se llamó República de Centro-América. Después de un revoltoso
período, los estados soberanos se separaron en 1839, quedando, como
están hoy, constituidos en cinco repúblicas independientes.

El territorio hondureño está situado entre los 83°20' y 89°30' de
longitud Oeste y los 13°10' y 16° de latitud Norte, con una extensión
de 42.000 millas cuadradas. La zona de la Mosquitia y las Islas de la
Bahía de Fonseca son colonias inglesas. Según las alturas siguientes,
se puede formar una idea del clima hondureño: Tegucigalpa, 3.015 pies;
El Picado, 4.460; Agua Salada, 8.950; Evandique, 7.000; Nacaome, 110.
Es un país montañoso, con cimas que alcanzan los 10.000 pies sobre
el nivel marino. El llano de Comayagua, que mide 40 millas de largo
y de 5 a 15 de ancho, está regado por el río Humuya. Este llano, con
el valle del río Goascorán, forman una vasta llanura transversal del
océano Atlántico al Pacífico, llanura de clima templado y de asombrosa
fertilidad. Los principales ríos que bañan el país son: el Romano,
Patuca, Tinto, Segovia, Choluteca y otros, casi todos navegables, y que
facilitan el intercambio de productos domésticos. Unos desembocan en
la Bahía de Fonseca, que es una de las más seguras de Centro-América,
con una extensión de 50 millas en la parte más larga y 30 de anchura.
En la Isla del Tigre, situada en la bahía mencionada, está el puerto
libre de Amapala. Los demás puertos importantes de Honduras están en la
costa Atlántica, y son: Puerto Caballos, Omoa y Trujillo. El país tiene
muchas otras bahías e islas que han sido llamadas, por la variedad y
riqueza de sus frutos, El Jardín de las Indias Occidentales.

Los principales productos de este país son, en la vertiente atlántica:
maderas de cedro, caoba, hule, ceiba y muchas otras, enormes palmares,
largas praderas, con fauna extraordinaria. Al Este hay grandes bosques
de acacias y pinos. En las montañas que rodean los valles abundan las
sábanas sembradas de trigo, con huertas de manzanos y melocotones. Bien
puede recordarse este concepto del prócer hondureño D. José Cecilio
del Valle, acerca de su patria, y al que alude una pluma autorizada,
cuya labor he consultado: «Si Honduras no tuviese más que un territorio
plano, el carro del orgullo podría pasearse de un extremo a otro, pero
no habría esa escala maravillosa de climas, de animales, de plantas y
de producciones de todas las zonas, ni de riquezas propias de cada una
de ellas.»

El reino mineral de Honduras es acaso el mejor de Centro-América; y
ello parece justificado, dice un autor experto, «si se considera que el
suelo centro-americano, conocidamente rico por lo que al reino mineral
se refiere, se encuentra virgen casi en su totalidad, debido ello a que
sus hijos, opulentamente favorecidos por la naturaleza en otros reinos
que le procuran fácil y exuberante riqueza, no se han ocupado allí de
arrancar a la tierra los tesoros que oculta, y que ofrece al esfuerzo
y al brío de quien quiera arrancárselos.» En Honduras, ese esfuerzo,
apenas intentado, ha rendido hasta ahora los resultados que muestra la
siguiente estadística:

Minas de oro, 151; de oro y plata, 201; de oro, plata y cobre, 20; de
oro, plata y hierro, 1; de oro y cobre, 20; de plata, 274; de plata y
plomo, 6; de aluminio, 2; de cobre, 10; de estaño, 1; de plomo y zinc,
1; de níquel, 1; de kaolín, 3; de palo, 6; de cristal de roca, 7; de
mármol, 5; de hierro, 4; de antimonio y hierro, 1; de carbón, 7; de
plomo, 1; de tiza, 5; de hulla, 1; de asfalto, 1; de azufre, 1 y de
litosfito, 1.

Después de los minerales, las maderas preciosas ocupan lugar preferente
en Honduras. A más de las que ya dijimos al principio, hay palo-rosa,
palo-amarillo, brasil, campeche, copaiba, ipecacuana, algodón y muchas
otras, frutales, medicinales, etc.

Según el censo de 1901, la población hondureña llega a 543.741 almas.
Las costumbres son sencillas. Sobre la base de una democracia bien
entendida, el mérito individual sabe reconocerse, y personas modestas
llegan a ocupar altas posiciones.

La instrucción pública toma incremento de año en año. En las
universidades de Tegucigalpa y Comayagua cursa sus estudios de
medicina, leyes y ciencias, un gran número de alumnos. Existen
escuelas normales para ambos sexos, y colegios de segunda enseñanza
con matrículas de más de 1.500 jóvenes. El país cuenta, además, con
665 escuelas, a las cuales asisten cerca de 26.000 niños. Entre los
hombres que más se distinguen en este importante ramo, como eminentes
pedagogos, debo recordar a los licenciados D. Rómulo E. Durán, D.
Federico G. Uclés, don Leandro Valladares, D. Marcos López Ponce, y
otros importantes jurisconsultos. En la facultad de medicina, a los
doctores, D. Genaro Muñoz Hernández, D. Diego Robles, D. Samuel Láinez.
En la facultad de ciencias, al licenciado don Manuel A. Reina, al Dr.
D. Ceras Bonilla, al ingeniero D. Héctor Medina.

Con motivo de la inauguración de la Universidad Central de la
República, y en el mismo acto, dijo en brillante oración el prestigioso
D. Adolfo Zúñiga, y al tomar posesión del Rectorado, estas palabras que
cita en una monografía el distinguido chileno Sr. Poirier:

«Fecha inmortal será ésta, 26 de Febrero de 1882, en los fastos de
nuestra civilización. La inauguración de la Universidad Central de la
República, bajo una ley de progreso, de libertad e independencia, y
con todos los elementos necesarios para el desarrollo y cultivo de las
ciencias en sus más grandes ramificaciones, es un suceso tan notable y
trascendental en la vida íntima del país, y en sus relaciones con el
mundo culto, que apenas debería encarecerse, pero cuyas lejanas como
seguras y beneficiosas consecuencias escapan a la más sagaz penetración.

»La necesidad de la reforma en los estudios universitarios, ha sido
generalmente sentida en nuestra América. Las universidades, las
academias, los colegios y liceos, y aun las escuelas elementales,
no son hoy lo que eran al proclamarse la independencia. La idea
democrática no ha podido menos de influir poderosamente en el orden
científico y artístico.

»Secularizar la enseñanza, como secularizar el Estado, ha sido una de
las grandes miras de la revolución que, a través de las más recias
tempestades y de las resistencias y oposiciones seculares, va llenando
su misión progresiva y civilizadora en las jóvenes repúblicas del Nuevo
Mundo...

»Nuestras universidades coloniales señalaron sin duda, y a pesar de
todo, cierto progreso científico. Yo recuerdo y no puedo menos de
citar con respeto el nombre del Sr. Quintanilla, tercer Obispo de
Honduras, que estableció una clase de latinidad: enseñar el idioma en
que Cicerón, el varón más literario que ha archivado la memoria humana,
pronunció sus grandes oraciones y cultivó la más alta filosofía; en
que Séneca y Epicteto divulgaron la moral más pura y fijaron la ley
de la recta razón; en que Tácito imprimió el hierro candente de la
historia sobre la carne viva de todos los tiranos, y en que el divino
mantuano tradujo los ecos de los cielos, como para hacer de la tierra
un idilio o una égloga. ¿No señalará esto un arranque de inteligencia,
un grande paso hacia el progreso literario y científico, en el año de
1588, en Comayagua? Yo no tengo más que respeto y simpatías para el
Obispo Vargas y Abarca, que fundó el colegio tridentino; ese colegio,
a pesar de las nebulosidades teológicas, debe haber despertado alguna
inteligencia, derramado alguna luz; hecho vislumbrar alguna verdad,
y ofrecido campo y estímulos a la juventud. Y mi respeto y simpatías
suben de punto por el obispo progresista, y que debe haber sido hombre
de considerable ilustración, D. Antonio Guadalupe, que fundó en 1874
una clase de filosofía. Esta sola palabra fué, a no dudarlo, una
resplandeciente aurora en la profunda noche colonial.»

Estos párrafos del discurso memorable del gran orador, muestran con
brillo el concepto que se tiene en Honduras, desde sus primeros
tiempos, de la ilustración y de su trascendente significado ante el
porvenir.



COSTA RICA

[Ilustración]


Es Costa Rica una de las naciones más pacíficas del Continente
americano y una de las más laboriosas, de gobierno mejor organizado, y
donde las prácticas republicanas se cumplen con mayor escrupulosidad.
La entrada y salida de sus gobernantes siempre se efectúa según la
Constitución y la voluntad popular, sentando con ello el país, en la
agitada vida política de Centro-América, precedentes ejemplares para el
resto del ramillete de nacionalidades istmeñas. Así lo reconocen todos
los pueblos; y los Estados Unidos de Norte-América, recientemente,
por boca de su Ministro de Estado, Mr. Knox, han tenido conceptos
encomiásticos al contestar una brillante oración diplomática del
presidente, doctor Ricardo Jiménez.

El territorio costarricense tiene una extensión de 50.000 kilómetros
cuadrados y, después de la República del Salvador, es el país más
pequeño de Centro-América. Después de la Independencia, el mapa del
país no ha tenido alteraciones importantes, pues aunque Colombia por
el Sur, y después Panamá, han ocupado cortas zonas, por el Norte, en
cambio, ha tomado incremento, adquiriendo la provincia del Guanacaste.
La población de esta provincia, en el año de 1824, consiguió su anexión
a Costa Rica, separándose de Nicaragua.

A la magnífica situación geográfica del país, que ocupa el centro del
Continente, y a la feracidad de su suelo, en que todo se produce, debe
su nombre simbólico, que merece por todos conceptos. Lo mismo que los
otros territorios centro-americanos, Costa Rica ofrece los más bellos
paisajes y la más robusta y variada vegetación a los ojos del viajero.
Un sistema montañoso coronado por grupos de volcanes en el Norte, y
que alcanza por el Sur a la línea de las nieves eternas, atraviesa
toda su longitud, desde el río San Juan hasta los montes panameños
de Chiriquí. Ese sistema montañoso se dilata en el centro y forma la
ancha meseta por donde se cree que en remotas épocas confundieron
sus aguas los grandes mares. Por las dos vertientes de la cordillera
bajan aguas en abundancia, que van a bañar las tierras de labores a
uno y otro lado. En la costa del Pacífico, en el golfo de Nicoya, se
agrupan islas fértiles como la de San Lucas, en la cual está situado
el establecimiento penal que lleva el mismo nombre, y como la isla del
Coco, a que se refiere la tradición, y donde se cree que existe un
tesoro dejado por piratas ingleses en tiempos ya remotos.

A pesar de su pequeña extensión territorial, Costa Rica tiene todos
los climas, desde el de las regiones ecuatoriales hasta el templado y
frío de las sábanas y cumbres andinas. Las costas del Atlántico y del
Pacífico son de temperatura ardiente, pero la capital, San José, y las
ciudades de Heredia, Alajuela y Cartago tienen clima saludable y frío.
El litoral del Atlántico, por bajo y húmedo, fué hasta hace pocos años
refractario al desarrollo de las poblaciones, pero los cultivos y un
sistema de saneamiento moderno le han hecho habilitable y propicio
al progreso. La fiebre amarilla y otras enfermedades de las tierras
calurosas y desaseadas, desapareció de Costa Rica por el celo de sus
gobiernos más recientes, que invirtieron fuertes sumas de colones en el
saneamiento general. Ahí está Puerto Limón en el Atlántico, que es ya
una ciudad floreciente y próspera.

En la variedad de climas de que he hablado, la fauna y la flora
costarricenses constituyen una riqueza espléndida. País de eterna
primavera, a la europea, no tiene otra variación que la de siete
meses de lluvia y cinco de sequedad. Según varios naturalistas
experimentales, hay pocas zonas en el mundo que cuenten con la variedad
de especies vegetales de este país. El árbol de caucho, ese oro
vegetal, abunda en las selvas; las palmas alcanzan alturas de 300 pies;
la planta del cacao es casi natural, y finas maderas como el _palo de
mora_, la caoba y el cedro llenan los espesos bosques.

La extensión del reino animal está en consonancia. En el Museo de
Washington, por ejemplo, estaban clasificadas en el año de 1885 más de
700 especies de aves, número que pasa y dobla al de toda Europa.

Por sus condiciones climatéricas y por su suelo, es Costa Rica un
país, más que todo, agrícola. Su producción de maderas, caucho y café,
desde los tiempos de la Independencia, constituyó su fuente principal
de comercio, fuente que hoy cuenta con inmensos cultivos de plátano,
exportado en barcos especiales de una poderosa compañía frutera a
los principales puertos norte-americanos y europeos, y, además, con
productos de gran valor como plantas textiles y medicinales, arroz,
frutas, del trópico en general, caña de azúcar y cacao.

En cuanto a la minería, ésta alcanza cada año mayores proporciones. Se
han formado sociedades poderosas con capitales del país y extranjeros,
que extraen plata, oro, cobre. La explotación de este último metal se
realiza desde los primeros años de la pasada centuria, y hoy cuenta con
establecimientos montados por la ingeniería moderna en las minas de
Avangares y del Monte del Aguacate.

Refiriéndose al comercio, dice un distinguido Cónsul de Costa Rica,
el Sr. Elías Leiva Q.: «Los datos referentes al comercio nacional
acusan una pujanza productiva, excepcional en países de escasa
población como éste. Se ha llegado a exportar allí, en sólo productos
del suelo, más de 19 millones de colones (oro nacional de 24 d.), o
sea un promedio de 65 anuales por habitante. Tomando el movimiento
comercial en conjunto, resulta que el país puede exhibir un promedio
por cabeza de 100 colones, que es mucho mayor que el de los demás
países de Centro-América, y sólo inferior en América al de Argentina,
Cuba y Uruguay. Este comercio se hace en su mayor parte con los
Estados Unidos y Europa, y muy principalmente con Inglaterra, y por el
principal puerto de la República, en el Atlántico, el puerto de Limón,
que está a seis horas de ferrocarril de la capital, y que es, después
de Colón, el primero de la América Central por este lado de la costa.
El Estado se proporciona sus recursos con el producto de la renta
aduanera, y con el de algunos impuestos como el del timbre, registro
de la propiedad, alcoholes, patentes para la venta de los mismos y del
tabaco, venta de tierras baldías nacionales, etcétera. La renta de
aduanas forma el cincuenta por ciento de las entradas generales, lo
que acusa un progreso muy halagüeño en el comercio de la República.
El total de las entradas fiscales alcanza a más de 9.000.000, oro
nacional, con los cuales el Estado atiende a los servicios públicos,
pero muy pronto se verán aumentados esos proventos con el nuevo
impuesto que grava la exportación de la banana, que está en su mayor
parte en manos de una compañía extranjera, la _United Fruit Company_.
Con él se espera atender al servicio de las deudas externa e interna,
que hoy ascienden juntas a 18.000.000, y que en los últimos años se
habían descuidado mucho por la crisis financiera que, por causa de
malas cosechas en el café y de su bajo precio en el mercado europeo,
ha tenido que sufrir el país».

El sistema monetario de Costa Rica es a base de oro. La unidad lleva
el nombre de _Colón_, equivalente a 778 miligramos de oro de 900
milésimas de fino, es decir, a cerca de 24 peniques. El colón se parte
en cien centavos. Sus submúltiplos se acuñan en plata y los múltiplos
en monedas de oro. El problema monetario se resolvió sin mayores
dificultades, pues el comercio le fué favorable, y el país estaba en
condiciones de adoptar la moneda que hoy tiene. El cambio internacional
se ha sostenido con variaciones insignificantes desde el año de 1900,
cuando quedó resuelta y asegurada la conversión metálica; y la vida
económica se benefició con la normalidad que dió a los negocios la
nueva moneda. Desde luego, la importancia de empresas norte-americanas
e inglesas establecidas en la nación ha sostenido el dólar y la libra
esterlina que, con el colón, equilibran las transacciones y evitan
crisis.

Son fáciles las comunicaciones terrestres en Costa Rica. De la capital,
San José, hasta el puerto de Limón, sobre una distancia de más de 80
kilómetros, se extiende la línea férrea que pasa por el valle del río
Reventazón, poniendo en diario contacto a las numerosas poblaciones
de la vertiente del Atlántico. Esta línea pasa por todos los climas
del país y es uno de sus trayectos más pintorescos, donde se puede
apreciar la vegetación de las diferentes zonas. Hay otra vía de
hierro que, descendiendo por la vertiente pacífica, por el valle del
Río Grande, sobre el que se levanta un puente colosal, vence enormes
obstáculos y va hasta el puerto de Puntarenas. Costa Rica, pues, como
Méjico, Guatemala y Panamá, tiene un ferrocarril interoceánico. Con
las ciudades de Alajuela y Heredia, que son importantes centros del
comercio y de la agricultura nacionales, tiene también una vía férrea,
San José. Además, la línea al Atlántico extiende varios ramales por
las plantaciones fruteras, llegando a un total de 300 kilómetros en
explotación. Las demás ciudades y pueblos de la nación están unidos
por carreteras y caminos que el gobierno central y los provinciales
conservan en perfecto estado, aun en la época de lluvias torrenciales.
Redes telefónicas y telegráficas cruzan de Norte a Sur y de Este a
Oeste el país, tan bien atendidas, que casi nunca se interrumpe el
servicio con punto alguno. Hay también en Puerto Limón, por ejemplo,
estaciones de telégrafo inalámbrico, que prestan continuo e importante
servicio a los numerosos barcos que frecuentan aquellas costas. Limón
y Puntarenas están a poca distancia de Colón y de Panamá. A Puntarenas
arriban vapores de la línea Kosmos, de la compañía inglesa de Chile,
y de la Pacific Mail Navigation Company de los Estados Unidos de
Norte-América, y algunas embarcaciones mercantes del Oriente. En Puerto
Limón tocan los vapores que hacen el servicio regular con New-Orleans,
New-York y Boston, y que llevan bananas a los Estados Unidos del Norte
y a Europa, y las líneas Hamburguesa-Americana, francesa, española,
inglesa e italiana.

Costa Rica está casi despoblada, teniendo en cuenta los pobladores
que cabrían en su extensión territorial. En la actualidad, apenas si
pasa de los 360.000 habitantes de la raza blanca en su totalidad, pues
los indígenas siempre fueron escasos y el elemento español ha dado
origen al núcleo de población actual. Así, pues, el costarricense
es, etnográficamente, distinto de los otros centros americanos. Sus
hábitos son sencillos y su carácter pacífico, condiciones que explican
su bienestar próspero. Inmigraciones voluntarias llegan al país, y
encuentran todos los apoyos y estímulos en su labor. La Constitución
ordena tolerancia en cuestiones religiosas, pero, como en casi todos
los pueblos de América, tiene supremacía la Iglesia Católica.

La instrucción pública ha sido muy bien dirigida en Costa Rica. Más
de la mitad de la población sabe leer y escribir, y posee nociones de
cultura general.

El servicio de la cultura popular está tan bien establecido, que Costa
Rica siempre ha tenido mucho mayor número de maestros que de soldados.
El presupuesto para la Cartera correspondiente es, después de los de
Fomento y de Hacienda, el que cuenta con mayores recursos. Por tanto,
no es raro que este país, en la estadística americana, ocupe el segundo
lugar en instrucción pública, después de la República Oriental del
Uruguay. Hay una ley nacional que ordena la enseñanza obligatoria y
gratuíta. Esta ley fué promulgada en 1887, y ha sido la base de las
legislaciones al respecto. Los métodos de pedagogía más modernos y
aplicables se han adoptado, y el mayor y más eficaz empuje en favor
de la cultura popular lo debe el país a aquel apóstol que se llamó D.
Mauro Fernández, cuyas nobles labores se perpetúan con su famosa _Ley
General de Educación Común_.

Siendo una carrera el magisterio en Costa Rica, hay un cuerpo de
profesores de ambos sexos, y cada ciudad tiene un Liceo de Varones.
La capital cuenta con dos colegios de segunda enseñanza: El Liceo
de Costa Rica y el Colegio Superior de Señoritas, que por todos
conceptos compiten con los planteles de su género, ya norte-americanos
o europeos. Y por convenio de los países centro-americanos, en las
conferencias de Washington y San José de Costa Rica, de 1906, ha de
fundarse el Instituto Pedagógico Centro-Americano.

Las organizaciones de Higiene y de Beneficencia no omiten esfuerzos
para estar a la altura de las necesidades del país, que cuenta con
hospicios, hospitales y lazaretos de primer orden.

No terminaré sin recordar la obra patriótica del ex-Presidente D. Cleto
González Viquez, quien ha dedicado su vida de trabajador constante al
engrandecimiento de Costa Rica. El señor González Viquez, obediente a
la voluntad popular y respetuoso de la ley, entregó la presidencia al
doctor Ricardo Jiménez Oreamuno, cuyo ilustre nombre está vinculado
a la historia moderna y a la legislación del país. Este Presidente
diserto, prudente y lleno de luces, pertenece a lo más florido de la
intelectualidad costarricense, que ha contado con brillantes nombres en
el pasado, y que en el presente se enorgullece con los de Pío Viquez,
Aquileo Echeverría--el más nacional de sus poetas--el elegante y culto
Brenes Mesén, Lisímaco Chavarría, el desventurado Rafael Angel Troyó
y otros. Harto conocidas son las figuras de D. León Fernández, el
concienzudo historiador, y su hijo Ricardo Fernández Guardia, lo mismo
que el Marqués de Peralta, que honra la diplomacia hispano-americana
en Europa, y Ernesto Martín, cuya juventud fecunda es una de las más
seguras esperanzas de su patria.



SANTO DOMINGO

[Ilustración]


Como es sabido, entre las islas del archipiélago antillano, Santo
Domingo, llamada primitivamente La Española, es la segunda en extensión
territorial, y después de la isla de Cuba, la más histórica, rica
y hermosa. Ella fué la primera tierra que descubrió Colón y donde
fundó la primera ciudad, haciéndola el centro de las operaciones del
descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo Mundo. Por sus
bellezas naturales, por haber empezado allí el glorioso descubrimiento,
y acaso, también, por haber empezado allí sus infortunios, esa isla
fué la preferida y más amada del gran Almirante, por lo que en sus
disposiciones testamentarias le donó sus restos, que la República,
orgullosa de tan precioso legado, guarda entre el mármol y el bronce de
un suntuoso monumento.

Por su bella situación geográfica, la isla de Santo Domingo, cuyo
dominio se dividen la República Dominicana y Haití, es uno de los
países de la América Latina que tiene porvenir más halagador. A quince
leguas de Cuba, a treinta de Jamaica, a diez ocho de Puerto Rico y a
ochenta de Venezuela; siendo uno de los países más cercanos a Estados
Unidos y la antilla más próxima a Europa; teniendo grandes y abrigadas
bahías, como la del Samaná, donde podrían caber ampliamente todas las
escuadras del mundo; y pudiendo ofrecer, abierto ya el canal de Panamá,
por el estrecho de la Mona, el camino más seguro y corto entre los dos
Hemisferios, será seguramente, en un futuro próximo, uno de los centros
comerciales más florecientes del Mar Caribe.

Su fauna, su flora, su topografía, que ostenta la más rica variedad
de climas, como todos los países de la América ecuatorial, fueron
descritos de pintoresca manera en una carta dirigida por el
Descubridor, en 1493, a Luis Santangel, escribano de ración de los
Reyes Católicos por la corona de Aragón. «Yo entendía harto de otros
indios--dice--que ya tenía tomados como continuamente esta tierra era
isla, e así seguí la costa della al oriente, ciento e siete leguas,
fasta donde facía fin; del cual cabo había otra isla, al oriente,
distante desta diez e ocho leguas, a la cual puse luego nombre La
Española; y fuí allí, y seguí la parte del setentrión así como de
la _Juana_, la cual y todas las otras son fortísimas en demasiado
grado, y ésta en extremo: en ella hay muchos puertos en la costa del
mar sin comparación de otros que yo sepa de cristianos, y fartos ríos
y buenos y grandes ques maravilla: las tierras della son altas y en
ellas muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la
isla de _Cetrefey_, todas fermosísimas de mil fechuras y todas andables
y llenas de árboles de mil maneras y altos, y parece que llegan al
cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la foja según lo que puedo
comprender, que los vi tan verdes y tan fermosos como son por Mayo
en España. Dellos están floridos, dellos con fruto, y dellos en otro
término según su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pájaros de mil
maneras en el mes de Noviembre por allí donde yo andaba. Hay palmas
de seis o de ocho maneras, ques admiración verlas por la disformidad
fermosa dellas, mas así como los otros e frutos e yerbas: en ella
hay pinares a maravilla e hay campiñas grandísimas e hay miel, e de
muchas maneras de aves y frutas muy diversas. En las tierras hay muchas
minas de metales e hay gente en inestimable número. _La Española_ es
maravilla: las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas y
las tierras tan fermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar
ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los
puertos de la mar, aquí non habría creencia sin vista, y de los ríos
muchos y grandes y buenas aguas: los más de los cuales traen oro. En
los árboles y frutas y yerbas hay grandes diferencias de aquellas de la
_Juana_: en ésta hay muchas especies, y grandes minas de oro y de otros
metales.»

Esa opulenta naturaleza está todavía inexplotada. Con _seis millones_
de hectáreas y apenas medio millón de habitantes, han faltado los
necesarios elementos para explotar sus cuantiosas riquezas. Ha
concurrido también para ello, además de la escasez de población, las
contiendas en que se ha visto continuamente envuelta la República.
Este es un hecho realmente sensible, pero que, juzgado con reflexión
serena, se advierte que es un fenómeno casi necesario e inevitable. La
República Dominicana, como otras jóvenes democracias de América, ha
sido juzgada aquí en Europa con excesiva severidad; se ha exigido de
ella una madurez prematura, un desarrollo que por su violenta rapidez
habría sido morboso, se le ha calificado de _intratable, sanguinaria,
revoltosa_, como si los primeros pasos no fuesen siempre vacilantes, y
como si no fuese una ley histórica que todo pueblo joven que ha estado
en servidumbre, ha menester rendir un tributo de sangre para afianzar
sus instituciones y cimentar su libertad. Pero, no obstante sus
frecuentes convulsiones, por virtud de su fuerza nativa y el genio vivo
de la raza, la República Dominicana ha hecho, en apenas medio siglo que
lleva de independencia, progresos realmente sorprendentes. De ello dan
testimonio su comercio, sus industrias, sus instituciones libérrimas y
el desarrollo que han adquirido en ella últimamente las ciencias y las
artes.

Según datos oficiales, para el ejercicio del año 1909 a 1910 los
ingresos y egresos públicos del país fueron fijados en 4.024,230
pesos, respectivamente. Las entradas de los impuestos aduaneros se
calcularon en 3.200,010 pesos; impuesto sobre el consumo, 460.000
pesos; renta del servicio postal y telegráfico, 35.000 pesos; derechos
consulares, 15.000 pesos; impuesto de timbres, 43.000 pesos; y rentas
de ciertas propiedades fiscales, pesos 261.230. Con el objeto de
normalizar las relaciones del Erario Público y de los particulares con
los establecimientos de crédito, se ha dictado recientemente una ley
bancaria, que prescribe que los Bancos de emisión deberán tener un
capital por lo menos de 500.000 pesos; los hipotecarios, 100.000 pesos
y los refraccionarios, 50.000 pesos.

Uno de los problemas más serios que el Gobierno Dominicano ha tenido
durante mucho tiempo sobre el tapete, y al que ha dado por fin una
solución, es el de la unificación de la deuda pública. Al dar cuenta
el Presidente de la República de tal hecho al Congreso Nacional,
decía en su mensaje: «El medio para lograr el arreglo y pago de las
deudas estaba indicado. Puesto que los acreedores belgas y franceses
habían convenido desde Junio de 1901 en recibir el 50 por 100 de sus
acreencias si se les pagaba en efectivo en un plazo de veinte años, y
esa deuda era casi la mitad de las sumas debidas por la República, lo
que había que hacer era contratar un empréstito a tipo moderado, con el
cual se pagase la totalidad de las deudas. Hay varias, como la Flotante
interior y la llamada Extranjera, que nunca se han vendido a más del 40
por 100 de su valor nominal; otras, como la Diferida, que no alcanzaron
jamás el precio de 10 por 100, y muchas en que el capital real no
excedía de un 30 por 100, siendo el resto intereses acumulados. ¿No
era factible que los poseedores de créditos en semejantes condiciones
aceptasen el 50 por 100 de su valor, cuando los belgas y franceses,
poseedores de acreencias más legítimas, lo habían aceptado, y que otros
acreedores se conformasen con tipos menores en relación con el valor de
sus créditos, en el momento en que se les hiciera una proposición de
pagarles en efectivo? El empréstito convenido con las casas bancarias
Kuhn, Loeb y C^o, y Morton Trust C^o, es por 20.000.000 pesos, oro
americano, con prima de 4 por 100 e interés de 5 por 100 amortizable
en cincuenta años y redimible en diez con prima de dos y medio por
100. Hay que entregar anualmente 1.200.000 pesos para el pago de
intereses y fondo de amortización, pudiendo entregarse mayor cantidad
si así le conviene a la República, y debiendo además destinar al fondo
de amortización la mitad del excedente de los derechos aduaneros,
si pasasen en cualquier año de la suma de 3.000.000 de pesos.» «La
República debe cerca de 33.000.000 de pesos los cuales devengan un
interés de más de 1.200.000 pesos y obligan a satisfacer por ahora
700.000 de pesos por lo menos de amortización. Todo eso se paga con
1.200.000 pesos anuales. Se disminuye el capital de 33.000.000 de pesos
a 17.000.000 de pesos; se reduce el interés de más de 1.200.000 pesos
a 1.000.000 de pesos, y la amortización de 700.000 de pesos a 200.000
pesos, obteniendo como resultado final que en treinta y ocho años o
poco más quedemos libres de deudas, o en menos tiempo si aumentamos
la amortización, habiendo pagado en ese lapso por capital e intereses
unos 45.000.000 de pesos, en tanto que siguiendo el actual sistema no
pagaríamos jamás, si no en el caso en que aumentásemos en más 1.500.000
pesos la cantidad destinada para el pago de intereses y amortización,
lo que sería verdaderamente muy gravoso para la República, teniendo
además que pagar la deuda en su completa integridad.»

El Estado protege con leyes bastante liberales el desarrollo de las
industrias. A este propósito, el notable escritor Enrique Deschamps,
dice en su interesante libro sobre la _República Dominicana_: «Prueba
evidente de esa protección es la absoluta liberación de derechos de
exportación de que disfruta la industria azucarera, siendo de notar que
este ramo asume trascendental importancia por representar la mayor suma
de capital invertido en una sola industria en la República. De ventajas
muy análogas gozan las diversas fábricas de jabón, de fósforos, de
cigarrillos, de velas esteáricas, de sombreros de paja, de zapatos,
de licores, de medias y calcetines de algodón, de fideos, refinerías
de petróleo, y de diversos artículos más de gran consumo en el país, y
puede afirmarse que, a excepción del azúcar que tiene a su servicio en
la República un alto número de grandes ingenios y centrales de un valor
de muchos millones de dollars, todas las demás industrias están todavía
en período de ensayo...» «Uno de los ramos industriales dominicanos
llamados a más brillante porvenir, es, sin duda alguna, el abarcado
por la industria forestal que dispone allí de esferas de acción de
importancia incalculable. El 80 por 100 del territorio dominicano está
todavía cubierto de selvas vírgenes, y son muy pocas las esencias
que en ellas hay que no representen valores económicos cuantiosos.
Una interesante variedad de pinos de inmejorables condiciones como
madera de construcción, cubren las montañas del interior de la isla,
habiendo en ella extensiones de más de cincuenta leguas, en que toda la
vegetación mayor está representada por un solo bosque uniforme de pinos
seculares».

La educación popular es objeto ahora, por parte del Estado, de una
atención preferente. Desde las reformas iniciadas por el educacionista
Hostos, en 1880, se ha operado una completa renovación, de tal manera
que están ya abolidos los procedimientos rutinarios de la antigua
escuela española e implantados, oficialmente, los procedimientos
racionales y analíticos de la Escuela Moderna. La nación cuenta con
un Instituto Profesional, que equivale a la Universidad; la Escuela
de Bachilleres, cuyo rector vitalicio es el eminente humanista F.
Henriquez y Carvajal, el notable pedagogo y pensador a quien debe tanto
la juventud dominicana; un Seminario, numerosas Escuelas Normales y
Colegios Superiores, que funcionan en las cabeceras de las provincias y
los distritos, y más de trescientas escuelas primarias.



PANAMÁ

[Ilustración]


Quien escribe estas líneas ha visitado Panamá antaño y después de su
separación de la madre patria colombiana, y ha encontrado que está
fuera de duda el evidente progreso que allí ha aparecido, comenzando,
en primer lugar, con lo que se refiere a los adelantos sanitarios. Es
un hecho que la fiebre amarilla ha desaparecido de ese país, y que la
capital se ha modernizado en pavimentación y edificios. Desde luego, ha
aumentado más aún su carácter yanki y su característica de población
bilingüe.

Bien sabido es que la ciudad fué fundada por Pedrarias Dávila, en 1518,
y, como Nicaragua, su nombre es el de un antiguo cacique. Los piratas
la hicieron sufrir harto.

El antiguo departamento, hoy República de Panamá, tiene siete
provincias: Bocas del Toro, Colón, Chiriquí, Coclé, Los Santos,
Panamá y Veraguas. Cuenta algo más de cuatrocientos mil habitantes.
Su historia es de interés, no sólo por las convulsiones políticas
sufridas por Colombia, por ser elegida la capital para lugar del famoso
Congreso panamericano que ideara Bolívar, sino por su importancia
comercial que se ha relacionado con el mundo entero, principalmente
por el canal que une los dos océanos, Atlántico y Pacífico, y que, si
realizado por los Estados Unidos, fué iniciado por el genio francés.
Lesseps tendrá allí su monumento.

Al separarse Panamá de España, los panameños, viéndose aislados,
acogiéronse a los halagos del Libertador; pero la idea de emancipación
fué constante, y el 11 de Septiembre de 1830, la voz del general
J. Domingo Espinas se dejó oir, e hizo que la municipalidad
acordase la separación. Pronto fué, pues Panamá estuvo apenas dos
meses independiente. Disturbios y revueltas, más tarde corrientes
autonómicas, realizaron la unión del Istmo y la República. Sancionada
esta unión, en Marzo del año de 1841, la Convención reunida en Panamá
dictó la ley fundamental del Estado del Istmo; pero en Diciembre del
mismo año, esta sección volvió a formar parte de la República de la
Nueva Granada, que fué luego Colombia.

En 1903 se efectuó la revolución que hizo a Panamá independiente de la
nación Colombiana. Al tratarse entre los Estados Unidos y Colombia la
forma de realizar las obras del Canal, iniciadas, como queda dicho, por
una Compañía francesa, un movimiento de opinión rompió definitivamente
los lazos entre el Istmo y el Poder Central, y el 3 de Noviembre de
1903, el Consejo municipal constituyó una nueva nacionalidad libre
y soberana. El acuerdo tuvo unánime aprobación popular, y el 13 de
Febrero de 1904, el doctor don Manuel Amador Guerrero fué elegido
presidente y aportó toda su autoridad y buenas dotes a la ardua tarea
de organización en el flamante gobierno.

El escritor Tito V. Lisoni, al hablar de esta república en una
interesante monografía, dice: «La administración del Sr. Amador fué muy
fructífera, no obstante haberle tocado atravesar un período difícil y
delicado. Se ejecutaron obras públicas notables: la pavimentación de
la capital, la construcción del acueducto de las ciudades de Panamá
y Colón, de puertos, caminos, escuelas y muelles, la edificación del
Palacio del Gobierno y del Teatro Nacional, etc. Floreció la libertad,
y se afianzaron definitivamente las garantías constitucionales.»

Al Sr. Amador le substituyó en la Presidencia D. José Domingo de
Obaldía. Su hecho principal fué la celebración de un contrato para
la construcción del ferrocarril casi trans-istmeño, que será de gran
utilidad para el país.

Falleció desempeñando su cargo, sustituyéndole el doctor Carlos Antonio
Mendoza, secretario de Hacienda, abogado eminente que cuenta larga hoja
de servicios en la administración de su país. Las mejoras realizadas
en la sanidad y en la enseñanza son notables. La capital ha sido
transformada casi por completo, constituyendo hoy una ciudad moderna,
dotada de los mejores servicios. Las obras públicas en construcción
(muchas de ellas ya concluídas hoy) son numerosas. El gobierno se
preocupa también en mejorar las vías de comunicación; y al efecto, el
Congreso autorizó al Presidente para que terminase la línea telegráfica
de doble alambre de Panamá a Veraguas, y para que construyese entre
ambas ciudades una línea nueva. Ha estimulado la navegación a vapor,
otorgándose cierta subvención a una compañía para que establezca un
servicio de vapores en la costa del Pacífico.

El incremento del país es tan palpable que, en Junio de 1908, la
Hacienda Pública tenía un activo ascendente de 7.860.096,68 pesos oro.

El presupuesto nacional correspondiente al año de 1910 fija la renta
total de 6.877.469,65 pesos. En cuanto a gastos, en 1909, las Obras
Públicas y la Instrucción, consideradas en conjunto, representan la
parte mayor del presupuesto.

Así, la instrucción pública en Panamá ha progresado en forma
extraordinaria. Uno de los apóstoles más decididos de la instrucción
panameña, ha sido el Sr. Lasso de la Vega. A él se debe la Biblioteca
Pedagógica, la Escuela de Artes y Oficios, el Museo, la Escuela de
Indígenas.

La intelectualidad del país cuenta con dignos representantes. La
historia, la crítica, la literatura, la poesía, la música y la pintura
han tenido y tienen buenos cultivadores, comenzando por el presidente
de la República, Dr. A. Porras, que, aparte de sus actividades
políticas, es un intelectual y estudioso de valía.

Amelia Denis, J. Guizado, Arosemena, Jerónimo Osa, Guillermo Andreve,
U. Victoria, Enrique Arce, Juan Báez Ossa, Alejandro Dutary, Oscar
Terán, Darío Herrera, Valdés, Ricardo Miró, Federico Escobar, Demetrio
Fábrega, Pérez y Soto, Simón Rivas, Aizpuru, Octavio Méndez, H. Icaza,
Héctor Conte, J. Conte, Julio Arjona, el notable artista R. Sewis y
otros más, son los representantes del talento panameño. Todos los
hombres públicos trabajan por la grandeza nacional, y la juventud lucha
estudiosa en pro del progreso.

Al iniciar su existencia política este nuevo Estado, desde luego con la
protección directa de una potencia como los Estados Unidos--a pesar del
dominio yanki en el Canal--que Root ha explicado, por otra parte, muy
favorablemente, ha comenzado en una vía de flagrantes adelantos, que
ya quisieran para sí otras pequeñas repúblicas. Dios la lleve al logro
de su riqueza, de su civilización y en todo lo que sea posible, de su
libertad.



LESSEPS Y PANAMÁ


Cuando escribo estas líneas, se inaugurará el Canal que costó tanta
vida francesa, tanto dinero del ahorro francés, y que debió ser llevado
a término por la energía francesa. Quienes lo han concluído y quienes
lo inaugurarán, serán los Estados Unidos.

El yanki recoge, fría y calculadamente, lo que el ímpetu y el
entusiasmo latinos sembraron con demasiada confianza y sin previsión.
Pero si hay una justicia sobre la tierra, un grandioso monumento deberá
alzarse del lado de Colón, o del lado de Panamá; y ese monumento habrá
de conmemorar el nombre, dos veces glorioso, del gran francés Ferdinand
de Lesseps.

El año de la _débacle_ panameña, en el momento de la tempestad, quien
escribe estas líneas llegaba al itsmo de Panamá, en viaje de Chile a la
América Central.

La primera impresión recibida en Colón, fué la siguiente: En el Océano,
barcos de guerra de Inglaterra, Alemania, Francia, España, los Estados
Unidos, etc., para proteger los intereses de los respectivos países;
en tierra, en un inmenso rosario de vagones, un inmenso ejército de
africanos desnudos que, alzando los brazos, lanzaban horribles gritos.
Era una página flaubertiana, o mejor, de Kipling.

Eran esos negros que se reembarcaban parte de un numeroso rebaño de
salvajes de Africa, que un buen contratista llevó al istmo para el
trabajo del Canal. Los negros no sabían casi una sola palabra fuera de
su dialecto nativo. Habían sido sacados de sus selvas, sencillamente,
como ganado humano.

Jamás se borrará de mi mente aquel tremendo cuadro: el país conmovido;
la noticia de la gigantesca desgracia financiera, en todas partes
causando el terror y el asombro; los innumerables trabajadores sin
trabajo; cada ciudadano guardando celosamente su casa; la justicia del
país procurando que no se produjeran esperados y probables desórdenes;
cada cual en su puesto con su revólver listo.

Porque hay que saber lo que fué Panamá en los días de fiebre áurea.
La leyenda de Panamá ha resonado por todas partes, ¡mas, de ella se
sabe tan poca cosa! Aquel mal escrito libro del _Barón Montes_, del
cual se vendieron miles y miles de ejemplares, no es por cierto la obra
que pueda dar una idea de la vida panameña, en los fabulosos tiempos
aquellos.

A propósito, ¿sabéis cómo fué escrito ese libro? Quienquiera que haya
estado en Panamá, por aquellos tiempos, no ha conocido al antiguo
redactor del _Star and Herald_, Mr... ¿Y quién, si le ha conocido, se
ha podido sustraer a jugar carambolas con él en el Club, al eco de
inevitables estallidos de _Ginger-ale_? Pues bien, el autor del _Barón
Montes_ escribió su libro, únicamente copiando, y arreglándolas en
forma novelesca, las conversaciones de aquel excelente empleado de
nuestros amigos Boyd, los antiguos dueños del _Star and Herald_; por
lo cual Mr..., desgraciadamente muerto ya, no recibió un solo centavo,
mientras el otro se guardara miles de magníficas libras esterlinas.

La leyenda de Panamá... Se vivió en verdad una vida de leyenda, una
vida de cuento, una vida de _Mil y una noches_. En Panamá estaba el
verdadero vellocino, los argonautas iban de todas partes. Lesseps,
el gran Lesseps, el gran francés, movía desde París la máquina. Era
el tiempo en que la más pobre costurerita parisiense depositaba sus
ahorros en la caja de la gran obra nacional; era el tiempo en que el
glorioso hombre de Suez profetizaba para Panamá: «Será dentro de cuatro
años»... «Será dentro de tres años»...

Todavía Leroy Beaulieu no había profetizado a su vez que, después de la
catástrofe del sistema Law, la de Panamá sería la más grande.

Una palabra de cualquiera de los Lesseps, una recomendación del obispo
Paul: quinientos pesos oro, mil pesos oro mensuales.

En esos tiempos, un ingeniero vivía en su _chalet_ propio, cada
empleado superior tenía derecho a un viaje anual a Francia, por cuenta
de la Compañía. El champaña sustituía al agua. Los burdeles se llenaban
de flores de vicio, de las cuatro partes del mundo. Se jugaba; al día
siguiente, no era extraño ser rico.

Un ingeniero pide un clavo especial a una casa europea, y envía
el modelo en madera; la casa envía los cientos de miles de clavos
pedidos, iguales al modelo en madera... Todo contra la caja inagotable
de la compañía. Entre tanto, la fiebre tropical hacía que no se la
echase en olvido. ¡Murieron tantos! Un director general--después
de dos más--feliz, ufano, con su cinta de la legión de honor, con
su hija, su hijo, su esposa, había pedido a Francia un tronco regio
para su victoria. El tronco llega cuando la esposa, el hijo y la hija
estaban--en menos de un mes--en el cementerio. El desgraciado director
hace matar los caballos y, desolado, parte.

Era, sí, Panamá, en ese tiempo, un pedacito de Francia.

Se oía hablar francés por todas partes. Todo en francés, a despecho
del yanki. Aún hace poco, si pasabais por el istmo, si visitabais los
hospitales--lo más pintoresco y lindo que tenía Panamá--oíais la lengua
de la dulce Francia en los labios de las hermanas de caridad.

Un día llegó el _Grande Anciano_ con sus hijas. Desde que se anunció su
llegada, los jardines alistaron sus flores. Llegó, y Panamá todo fué
flores, banderas y espumas de Champaña!

Fué Lesseps, y era como si hubiera ido un dios. Desde el báculo del
obispo Paul hasta el sombrero del último operario todo se movía en su
nombre y a su gloria.

¡Dudo yo que, en su _smalah_ oriental, haya tenido mayores honores y
triunfos el pobre Juan Francés!

«Llegó--me decía el brillante poeta Darío Herrera, hijo de Panamá,
que entonces era casi un niño--llegó Lesseps a mi casa, y besó en la
frente a mis hermanos y a mí; jamás olvidará mi techo aquella visita
patriarcal, aquella fiesta.»

Así iba Lesseps por Panamá, vestido de lino, con su ancho sombrero de
jipijapa, repartiendo saludos, besos y francos.

Por donde pasaba, había arcos de flores. No había noche sin baile, ni
baile sin derroche.

Rouget de Lisle quería levantarse de su tumba, y decir a las músicas:

_¡Basta!_

¡Y cuando el día del primer barretazo...! Fué la niña menor de Lesseps
la que tomó el hierro, y entre gritos entusiastas y estallidos del
cañón y del champaña, hirió la tierra.

Jamás, ni en sus esplendores de Egipto, ni en las íntimas fiestas
imperiales, pudo ver el Gran Francés una superior victoria.

El trópico ístmico es de una belleza cálida y rica; las gentes, sobre
todo las entonces colombianas, eran fastuosas y entusiastas; Lesseps
tenía el más bello cielo; la más alta gloria, y cada habitante del
istmo era su súbdito. Lesseps-bajá era nada ante Lesseps-ídolo.

La procesión era triunfal y enorme. Primeramente pasaba el Grande
entre las autoridades y los cónsules; entre estandartes colombianos
y franceses; después, entre las familias, en cuyas casas no faltaba
el retrato del anciano ilustre; luego, la innumerable tropa de los
europeos, yankis, centro-americanos, jamaicanos, negros puros, chinos,
que se quitaban la gorra de labor al paso del dios...

Hoy ¿Qué queda de aquel Dios?

       *       *       *       *       *

En Panamá quedará siempre el nombre del conde Ferdinand de Lesseps,
bendecido y venerado. Caridades y beneficios no se siembran sin
provecho. No es tan mala la tierra humana, pues si produce muchos
cardos ingratos, hace brotar inmortales flores de recuerdo.

Y Lesseps fué bueno y noble.

¿No es cierto que diríais que sí, si viviérais, Bonaparte Wysse, que le
visteis más de una vez favorecer a los necesitados?

¿No es verdad, desaparecido Pedro Losa, su amigo y discípulo, que
presenciasteis la magnanimidad y la grandeza de corazón de aquel a
quien Yankilandia debe una estatua?

Y cuando la Fama y la Fortuna dejaron a Lear abandonado a la tempestad,
a los granizos periodísticos y a las rachas de las prostituciones
financieras, a los soplos de la difamación, el gran Francés ha quedado
moralmente intacto, mientras a su alrededor caían tantos culpables.

Fué grande, fué noble, fué honrado. Francia, que siempre es grandiosa,
noble y justa, se acordará de él y le pondrá pronto en su verdadero
lugar.

Y en el puesto de Colón, en el que fué istmo de Panamá, en donde hubo
de hacerse, por Francia, la unión de los dos océanos, al lado de la
estatua del Revelador del Globo--regalada por una emperatriz amiga
del egregio trabajador y mártir--hemos de ver, enmienda de humanas
injusticias, el monumento de Ferdinand de Lesseps.



ÍNDICE


                        Págs.

  Argentina               1

  Venezuela               9

  Colombia               21

  Cuba                   33

  Perú                   47

  Chile                  61

  Brasil                 71

  Uruguay                85

  Paraguay               97

  Bolivia               113

  Nicaragua             125

  Guatemala             145

  Ecuador               159

  El Salvador           171

  Honduras              183

  Costa Rica            195

  Santo Domingo         209

  Panamá                221

  Lesseps y Panamá      229





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Prosa Política (Las Repúblicas Americanas) - Obras Completas Vol. XIII" ***

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