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Title: Apuntes biograficos de escritores, oradores y hombres de estado de la Republica Argentina
Author: Gutierrez, D. Juan M.
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Apuntes biograficos de escritores, oradores y hombres de estado de la Republica Argentina" ***

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Este libro ha sido reproducido con los errores de ortografía y ortografía
antigua tal y como aparecen en el texto original.

En el original faltan algunos caracteres ¡, ¿, ( y ); y se observan
inconsistencias en la acentuación de las palabras. Se ha reproducido como
el original.

La página de Fe de Erratas: estas erratas se han corregido en el texto.

(nota del transcriptor)



                          BIBLIOTECA AMERICANA.

                                TOMO VII.

                           APUNTES BIOGRAFICOS
                                    DE
              ESCRITORES, ORADORES Y HOMBRES DE ESTADO DE LA
                           REPUBLICA ARGENTINA.

                                  POR EL
                       DR. D. JOSÉ MARIA GUTIERREZ.

Siendo esta obra propiedad de la Biblioteca Americana, el Editor
perseguirá ante los tribunales, á quien la reimprima sin su permiso.



                           APUNTES BIOGRAFICOS
                                    DE
                 Escritores, Oradores y hombres de Estado
                                  DE LA
                           REPUBLICA ARGENTINA.

                                  POR EL
                        Dr. D. JUAN M. GUTIERREZ.

    ....Je voudraís que chacun écrivit ce qu’il sait, et autant qu’il
    sait, non en cela seulement, mais en tout autre sujet.

                                         M. MONTAIGNE, Ess. L. I, Chap. 3.

                              BUENOS AIRES.
              Imprenta de MAYO, Calle de Belgrano núm. 107.
                                  1860.



ADIOS!


Con este tomo queda aplazada por ahora la publicacion de la _Biblioteca
Americana_. Son bien notorios y conocidos los sucesos políticos que nos
obligaron á suspenderla á mediados del próximo pasado Mayo, y no juzgamos
necesario ni creemos oportuno entrar en este momento en el análisis de
las diversas causas que nos impiden continuarla hoy; pero como muchos
suscriptores han tenido la bondad de escribirnos, manifestándonos el deseo
de que se publicase al menos el tomo anunciado y pendiente de los APUNTES
BIOGRÁFICOS del Dr. D. Juan M. Gutierrez, hemos hecho un arreglo con D.
Cárlos Casaballe, á fin de complacer á dichos suscritores y complementar
las MÁXIMAS Y PENSAMIENTOS de aquel distinguido escritor.

Al despedirnos, pues, de nuestros constantes favorecedores, solo nos resta
rogarles admitan este último tomo, protegiendo asi el desinterés y buena
voluntad con que el Sr. Casaballe ha querido imprimirlo por su cuenta y
riesgo, contando principalmente con el crecido número de suscriptores que
tenia la Biblioteca cuando se suspendió. Por nuestra parte nos darémos
por muy satisfechos, si al alejarnos de Buenos Aires vinculamos nuestro
recuerdo y ponemos punto á nuestras tareas literarias con la publicacion
de este libro por tantos conceptos recomendable.

Desde Montevideo para donde partimos mañana hacemos ardientes votos por
la felicidad de Buenos Aires y la union de la República Argentina, como
la comprendieron sus ilustres fundadores, esperando que si no nos es
dado mas adelante llevar á feliz término la obra emprendida, otros habrá
mas capaces que, en época mas propicia, sabrán fecundizar la idea en
jérmen que nosotros apesar de todos nuestros esfuerzos no hemos logrado
ni lograremos tal vez desarrollar. Entre tanto como la esperanza es lo
último que abandona al hombre, confiamos todavia, y estrechando la mano á
nuestros amigos, les decimos unicamente: ADIOS!

Buenos Ayres, 2 de Enero de 1860.

                                                   A. MAGARIÑOS CERVANTES.

P. D.--Esto escribiamos hace tres meses: y recien en el dia de la fecha,
4 de Abril, llegan á nuestras manos las primeras pruebas del mencionado
libro. En una estensa y afectuosa carta, nos esplica el Sr. Casaballe
los motivos agenos á su voluntad, que han retardado la impresion, y como
esta circunstancia, nacida principalmente del escesivo trabajo de que
se vé amenudo recargada la imprenta de Mayo, ha dado márgen á diversas
interpelaciones, trascribimos á continuacion la carta que al efecto
publicamos en los periódicos de Montevideo.

Solo nos resta añadir respecto de dicha carta, que resueltos á llevar
adelante los propósitos en ella consignados, bajo las condiciones y en la
forma espresada, la reproducimos aqui con el doble objeto de que llegue
á noticia de los suscritores que no la hayan leido, y como una promesa
que si obstáculos insuperables no lo impiden, mes mas ó menos, ha de
convertirse en realidad.

Dice asi:

Sres. Redactores de la _Tribuna_.

                              Buenos Aires.

                                             Montevideo, Marzo 14 de 1860.

Muy señores mios.--Uno de mis amigos ha tenido la bondad de enviarme,
dentro de una carta que he recibido con bastante retraso, por estar
equivocada la direccion, un párrafo inserto en la _Tribuna_ del 7 del
corriente, en que ustedes tienen la bondad de dirigirme algunas preguntas
á _nombre de la literatura del Rio de la Plata_.

“¿Por qué, dicen ustedes, hoy que la oliva de la paz dá sombra á estos
pueblos, no continúa el señor Magariños Cervantes la publicacion de la
Biblioteca Americana?

“Obras de esa naturaleza no deben cesar jamás, por su intrinseca
importancia, cuanto por el estimulo que despiertan en la juventud etc.”

Agradeciendo cordialmente esta afectuosa indicacion, que ya me habian
hecho otros periódicos y varios suscritores, les diré que al alejarme de
Buenos Aires en Enero de este año, dejé á D. Cárlos Casaballe un tomo del
Dr. D. Juan M. Gutierrez con un pequeño prólogo en el que me despedia
de los suscritores y esplicaba las razones que me obligaron á suspender
la Biblioteca un mes despues del pronunciamiento de los pueblos de la
Confederacion.

Ignoro los motivos que habrán impedido al señor Casaballe cumplir la
formal promesa que me hizo de imprimirlo: probablemente la escases de
operarios será la causa. Yo creyendo que el referido tomo se publicaria
mas pronto, juzgué inútil hacer ninguna advertencia al público, y por ese
motivo he guardado silencio hasta ahora, en que la interpelacion de la
_Tribuna_ me pone en el deber de romperlo.

La favorable acojida que obtuvo esa publicacion, que al suspenderse
por los sucesos de la guerra, contaba con novecientos suscritores en la
República Oriental, Estado de Buenos Aires, Confederacion y Paraguay,
segun consta de las listas publicadas al fin de cada tomo, me hizo creer
en la posibilidad de que alcanzase larga vida, y mas de una vez he ideado
diversas combinaciones para llegar á ese resultado.

Una de ellas era publicar un periódico político, comercial, judicial
y literario, órgano de los intereses permanentes y generales de la
República Oriental, titulado EL URUGUAY, y que por el fondo y por la forma
justificase su título; y si lograba reunir una suscricion suficiente á
costear los crecidos gastos que demanda, agrandarlo de manera que se
pudiesen dar cabida en él mas adelante, á los tomos de la Biblioteca,
de modo que los suscritores recibiesen cada mes el periódico y un libro
intercalado en él por el mismo precio de otro cualquier diario.

La nueva situacion en que ha entrado el pais desde el 1ᵒ de Marzo y otras
circunstancias que seria largo esponer, me han hecho volver á pensar en
mi antiguo proyecto; pero al ir á ponerlo en planta, he tropezado con
dificultades mas serias de lo que me imaginaba.

Y no vayan ustedes á creer que los obstáculos nacen de las autoridades
ó cosa parecida: no: son por ahora puramente materiales. Nada temia ni
temo del Gobierno ni de los partidos, porque el móvil, las tendencias,
los principios que ese periódico sostendria, no pueden ser mas dignos y
elevados.

Espondrelos aqui en breves palabras, para justificar lo que avanzo,
copiando un párrafo del prospecto que tenia escrito desde el 2 de Marzo.

    “EL URUGUAY, caso que se publique, no levantará ninguna bandera de
    partido: periódico _nacional_, en la noble espresion de la palabra,
    y consagrado únicamente á los intereses permanentes y generales del
    pais, buscará la solucion de nuestros problemas sociales, no en
    pequeñas y transitorias cuestiones que solo conducen á perpetuar,
    con mengua de todos, los odios que nos dividen, sino en el estudio
    práctico de la Constitucion: en la recta observancia de la ley;
    en el respeto á las autoridades emanadas de ella, en el mutuo y
    franco cumplimiento de los derechos y deberes que asigna é impone
    á Gobernantes y á gobernados; en la propaganda de los altos
    principios de la democracia; y finalmente en el análisis y difusion
    de las buenas doctrinas, aplicables á nuestras necesidades:
    esas doctrinas que abarcan los diversos ramos del saber humano,
    relacionados con los elementos que constituyen la vida política,
    económica, intelectual y moral de las naciones; y que valen la pena
    de que á su triunfo consagren sus esfuerzos todos los hombres de
    corazon é inteligensia, sin mas recompensa acaso que el aplauso y
    simpatia de los buenos.

    “El jérmen de este pensamiento se encuentra en varias de mis
    publicaciones anteriores (véase el programa de la _Revista española
    de ambos mundos_ y Biblioteca Americana t. 5ᵒ pag. 273) y desde que
    regresé de Europa se ajita en mi cabeza. ¿Habrá llegado el momento
    de realizarlo? Lo ignoro aun; pero de él forma parte la Biblioteca
    Americana, aunque no me sea posible continuarla inmediatamente;
    puesto que, prescindiendo de lo que dejo apuntado mas arriba,
    compromisos contraidos y las atenciones de mi estudio de abogado
    que no pienso ni quiero cerrar, no me permitirán consagrar al mismo
    periódico sino una parte de mi tiempo, como tantos otros letrados
    que han sido y son á la vez periodistas; ya que por desgracia
    todavía la vida de escritor público entre nosotros, si bien tiene
    mas importancia de lo que jeneralmente se crée, no es una profesion
    que recompense los disgustos y compromisos que ocasiona, ni dá al
    que la ejerce la consideracion que merece cuando se desempeña con
    altura y dignidad.”

Esta sencilla exposicion convencerá á ustedes que no he renunciado
completamente á mis antiguos propósitos, y que la literatura del Rio
de la Plata tiene en mi todavia un obrero aunque humilde, decidido y
perseverante.

En fin, obras son amores, y concluyamos que esta carta ya se va haciendo
muy estensa. Voy, pues, á trabajar con doble empeño para llevar á cabo
mi idea, que necesariamente exije algun tiempo antes de poderla plantear
como deseo; pero sino logro vencer las dificultades materiales, ó no veo
condiciones favorables para el desarrollo del fin que me he propuesto,
quedará aplazada la aparicion del URUGUAY, para tiempos mejores, y con
él la continuacion de la BIBLIOTECA. Entre tanto aprovecho la ocasion
que ustedes me ofrecen para disculparme con los suscritores de aquella
publicacion y darles las esplicaciones que anteceden. Por consiguiente
agradeceria á ustedes lo mismo que á sus cólegas de Montevideo me hicieran
el obsequio de reproducir esta carta, si la creen digna de ocupar un lugar
en sus columnas; hay en ella algunas ideas que conviene popularizar,
y me interesa que esos suscritores y mis amigos personales sepan al
menos que no depende de mi buen deseo complacerles desde luego, sino de
circunstancias superiores á mi voluntad.

Esperando que asi lo hagan, les doy las gracias de ante mano y me repito
etc.

                                          _Alejandro Magariños Cervantes._



BIOGRAFIA DE D. BERNARDINO RIVADAVIA.


Los hombres notables de la revolucion argentina de quienes nos separan el
tiempo y la muerte, soportan bajo sus humildes sepulcros el doble peso de
la losa y de la indiferencia.

La vida de nuestro pueblo ha sido turbulenta, rápida como un torrente.
Nos hemos derrumbado por sus aguas, sin hallar aquel reposo que exige
la contemplacion de la historia para poder distinguir con claridad la
fisonomia de los personajes que en ella se ilustraron.

Mientras tanto, los pueblos, como las familias se robustecen para las
luchas en que la virtud sale triunfante, volviendo la vista en las horas
de conflicto á las imágenes respetadas de los antepasados que conservó el
arte ó perpetua la tradicion.

Quien, en los momentos de fragilidad, en las indecisiones de la
conciencia, no ha hallado el buen camino á la luz de la mirada de su
padre, aun arrojada desde la region de la muerte? Nos retraemos de una
accion que nos reprobaria desde su tumba aquel á quien hemos amado y
respetado en vida.

Y como el ciudadano es un hombre, y el pueblo es la coleccion de las
familias, y la patria el hogar de una sociedad entera; ese mismo poder
morijerador que ejerce sobre el individuo el recuerdo de sus antecesores,
se ejerce tambien sobre las naciones por la memoria de los varones
eminentes que son sus gloriosos projenitores.

El viento de nuestras querellas ha llevado en pedazos á nuestros viejos
próceres. Es preciso buscar la huella de sus pasos en los caminos del
destierro, en el pavimento de las cárceles, en la sombra triste á donde
les confinó la injusticia ajena ó los propios desengaños.

Es necesario lavar de sobre ellos las manchas de lodo con que les salpicó
el carro revolucionario, reparar sus mutilaciones, colocarles en dignos
pedestales, á fin de que la juventud les venere y se estimule al bien para
no ser bastarda de tan noble genealogia.

Son estas, sin duda, las consideraciones que han inspirado el pensamiento
de formar la presente galeria de hombres célebres del pais, entre los
cuales se coloca con justicia en primera línea á D. BERNARDINO RIVADAVIA.

Fueron sus padres, el abogado de la Real Audiencia D. Benito Gonzalez de
Rivadavia y Da. Maria Josefa Rivadavia, y nació en esta ciudad de Buenos
Aires el dia 20 de Mayo de 1780.

Era diez años menor que D. Manuel Belgrano y dos menor que D. José de San
Martin, célebres generales de nuestra independencia: menor tres años que
el Dr. D. Mariano Moreno, aquel que como un meteoro brillante cruzó el
cielo de Mayo y se apagó en la inmensidad del oceano.

La profesion del padre y las tempranos propenciones del espíritu llevaron
naturalmente al Sr. Rivadavia á la carrera de las letras.

Los _reales estudios_ existian en Buenos Aires desde el año 1772, época
en que se fundaron, con los bienes secuestrados á los jesuitas, bajo la
direccion del digno y desgraciado santafesino Dr. D. Juan Baltazar Maciel.

El personal docente del _establecimiento académico_, como denomina el
historiador Funes al primer colegio Bonaerense, se componia de dos
preceptores de latinidad, de los cuales uno debia enseñar la retórica;
de un maestro de filosofia y tres de teologia. Estas cátedras reunidas y
aumentadas tal vez en número, pasaron á formar el colegio de San Cárlos
en donde desde el año de 1785 se educaron los hijos de Buenos Aires que no
querian ó no podian trasladarse á la antigua universidad de Córdoba.

La enseñanza de la lengua latina se mantuvo á la altura de las necesidades
de la escolástica, hasta que la fortuna trajo al pais al presbitero D.
Pedro Fernandez, literato imbuido en las bellezas de los clásicos latinos,
á cuya difusion entre los jóvenes se consagró durante cinco años desde el
de 1790.

Fué en la escuela de este hombre útil y modesto, en la que se inició el
Sr. Rivadavia en los rudimentos del saber, segun la disciplina ordinaria.
El mérito del maestro se mide por la gratitud que le conserva el discípulo.

“Mientras el Sr. Rivadavia tuvo influencia en los destinos de nuestro pais
(dice el ilustrado editor del _Triunfo Argentino_) se hizo un deber en
protejer al viejo presbítero que habia sido su maestro: razgo noble que le
agradecemos en lo mas profundo de nuestra alma.”

El pobre anciano Fernandez, entendido en agricultura y aficionado á los
campos, como Virgilio cuyas geórgicas y églogas sabia de memoria, aceptó
con gusto la direccion de una colonia de estrangeros, establecida en _la
chacarita de los colegiales_ en donde el nombre del Rector Chorroarin
debia salvarse del olvido segun las intenciones del decreto de 25 de
Setiembre de 1826. Bastóle este delito para que pasada la Presidencia se
le dejase morir en la oscuridad y en la miseria.

Muchos porteños distinguidos en las letras, en la magistratura y en la
diplomacia, y que han prestado eminentes servicios á la patria fueron
condiscípulos del Sr. Rivadavia.

Educáronse con él, el inspirado autor del himno nacional, fundador del
Departamento Topográfico y creador de la estadística entre nosotros, Dr.
D. Vicente Lopez: el que supo fundir cañones, dispararlos con valentia
y coronarse con laureles tan inmortales como los del héroe, cantando la
_Libertad de Lima_, D. Estevan de Luca: el elocuente orador en el púlpito
y en la tribuna parlamentaria, Dr. D. Julian Segundo de Agüero: el que fué
digno de arrancar con sus virtudes á la lira de D. Juan Cruz Varela una de
las mas entonadas elejias de la musa argentina, Dr. D. Matias Patron......

Todos estos conocieron al Sr. Rivadavia en la íntima familiaridad de
las aulas, sin que pudieran comprender entonces que la frente noble y
desenvuelta, sombreada por abundante cabello renegrido, que el aspecto
grave y la seriedad adulta de aquel jóven eran otras tantas promesas de
las calidades de iniciador y de reformador que habia de desenvolver en
alto grado cuando invistiese la autoridad para cuyo lustre habia nacido.

En la flor de la vida y en medio de la monotonia de la existencia colonial
se encontraban aquellos jóvenes, cuando la inesperada agresion británica
vino á sacudirles como con el golpe de una corriente galvánica.

El pueblo de Buenos Aires se alzó á manera de un solo hombre. Todos los
habitantes fueron soldados. Uno de los condiscípulos ya mencionados del
Sr. Rivadavia, recibió la insignia de doctor en leyes sobre el uniforme
de capitan de Patricios. Con el mismo grado sirvió el Sr. Rivadavia en
el batallon de gallegos, el cual se señaló en varios encuentros con el
enemigo, muy especialmente en el lance de la desgraciada defensa de los
pasos del Riachuelo contra las legiones del Mayor Crawfur.

El francés D. Santiago Liniers fué el héroe de la _Defensa_ y de
la _Reconquista_ en los años de 1806 y 1807. Sus hechos meritorios
despertaron los celos del Cabildo hasta el punto de empeñar esta
corporacion todo su influjo para que la corte de España no le recompensase
con el mando efectivo del vireinato, acéfalo por la fuga cobarde de
Sobremonte y por las medidas tomadas contra este indigno mandatario por la
Audiencia gobernadora.

Los adversarios del vencedor obraron en seguida mas abiertamente contra él
y llegaron hasta los hechos. La primera revolucion armada que presenció
Buenos Aires fué la que tuvo lugar el 1.ᵒ de Enero de 1809, especie de
tumulto militar sofocado principalmente por la actitud decidida que los
patricios tomaron unánimes en defensa de la autoridad de Liniers. “Cuando
los españoles se divídieron entre Liniers y Alzaga (dice un escritor
argentino) Rivadavia se puso del lado del primero porque la idea americana
en ello ganaba, y su resolucion fué de gran peso para hacer inclinar la
balanza en favor de Liniers.”

Los que están al cabo de las curiosas complicaciones de aquella época,
aseguran que este no solo era el caudillo querido del pueblo por sus
brillantes proezas, sino porque los sucesos le habian colocado, sin que él
mismo lo percibiese, á la cabeza de los instintos patrios, despertados con
el sentimiento del propio valor, en oposicion al prurito de superioridad y
predominio del partido peninsular.

El jérmen de la revolucion habia llegado hasta nuestras playas, sin
duda, con las ideas de la filosofia política de la Francia moderna;
pero puede decirse tambien que la revolucion de 1810, tan favorable al
desenvolvimiento del comercio inglés en estas regiones de América, fué
avivada indirectamente con el toque de las generalas con que el tambor
argentino, convocaba á la defensa contra los soldados de la Gran Bretaña.

La posicion en que la fuerza de las cosas habia colocado á Liniers,
era ya de suyo una poderosa razon para que el Sr. Rivadavia se hubiese
conducido para con él de la manera que hemos visto en el suceso del 1.ᵒ de
Enero. Pero, militaba á mas una circunstancia personal que comprometia su
gratitud para con el gefe bizarro de la defensa de Buenos Aires.

Liniers, para arrancar de manos de sus enemigos domésticos una arma
terrible, dispuso que la jura de Fernando VII se verificase el dia 21 de
agosto de 1808, inmediatamente despues que llegó á este puerto la noticia
de la exaltacion de aquel monarca al desacreditado trono de sus padres.
Aquella ceremonia debia tener lugar con el aparato y la pompa de que era
capaz una ciudad rica y populosa, y ocupar en la fiesta un lugar señalado
el Alferez real; empleado de cuenta cuya única incumbencía era pasear
erguido el estandarte de la conquista.

El virey Liniers, nombró para desempeñar aquel cargo al capitan Rivadavia
suscitándose con motivo de este nombramiento un conflicto de competencia
de autoridad entre el virey y el cuerpo capitular del cual salió este
triunfante, eligiendo en consecuencia otro alferez real mas de su amaño
que el criollo Rivadavia.

“No era aquel tiempo de abrir al pueblo los secretos,” dice el mas
sentencioso de nuestros escasos historiadores. Mal interpretaria las
disposiciones del ánimo del Sr. Rivadavia, quien juzgare de ellas y de
sus ideas de entonces, por el papel que se disponia á desempeñar en las
festividades de la jura réjia. En medio de aquel concurso y de aquel
júbilo popular, usando de las espresiones del mismo escritor, no dejaban
de encontrarse algunos patriotas de fino tacto político, á cuya vista no
se escapaban los primeros crepúsculos del dia que iba á nacer para la
América, y cuya inclinacion nativa llevaba sus juramentos á la patria,
como acreedora de mejor derecho.

La vida entera del Sr. Rivadavia nos autoriza para asegurar que era él del
número de aquellos patriotas avisados que disimulaban ante la muchedumbre
y preveian para todos la próxima aurora de una luz que ardia y brillaba en
el interior de cabezas privilejiadas.

Sérias dificultades se presentaban á los hijos del pais para la eleccion
de una carrera.

Aquellos mismos que habian nacido en el seno de familias acomodadas, si
no éran abogados ó sacerdotes, no encontraban colocacion lucida en la
sociedad sin grande pena y con sacrificio de mucho tiempo.

Las ciencias matemáticas no se han cultivado entre nosotros hasta mucho
despues de 1801. La escuela de náutica, abierta por el distinguido
ingeniero D. Pedro A. Cerviño, durante la administracion del virey D.
Joaquin del Pino (1801 á 1804) no mereció sinó una fuerte reprobacion
de la córte. Los ingenieros que median las propiedades rurales eran los
_pilotos_ mercantes que habian aprendido á cuartear la aguja náutica en
las puertas de Cádiz ó del Ferrol.

La literatura, esta madre amorosa con que nos ha dotado la sociedad
moderna, si daba fama escasa no proporcionaba, por cierto, medios sobrados
de subsistencia. Las carreras, pues, eran reducidas en número, ó mas
bien dicho, estaban limitadas á tres para los hijos del pais,--el foro,
la iglesia, la oficina. El comercio, puede decirse con verdad que estaba
reservado con todo el provecho y la respetabilidad que proporcionaba su
ejércicio á los españoles europeos.

El cultivo general de la inteligencia no debia servir mas que para
tormento de quienes le emprendian. La imprenta materialmente imperfecta
y escasa, erizada de peligros y embarazada con las mil trabas de la
legislacion, no presentaba estímulo para producir, ni facilitaba empleo de
provecho al que se sentia capaz de escribir para el público.

“Es una pérdida para las letras americanas, dice el autor del _Ensayo_
de la historia civil de Buenos Ayres, que por falta de imprenta quedasen
ineditas las producciones del Dr. D. Juan Baltazar Maciel. Haria un gran
servicio á la patria, añade, quien recogiera las que andan esparcidas en
manos de muchos.” Por la misma falta de medios de publicidad han caido
en el olvido mas profundo los trabajos literarios de otros compatriotas
ilustrados que contrajeron su vida al estudio y escribieron cosas dignas
de memoria. ¿Quien nos devolverá la história natural y política de Cuyo
escrita por el abate mendocino D. Manuel Morales? ¿Quien la historia
del Rio de la Plata, escrita por Iturri para rectificar los errores del
español Muñoz? ¿Quien de entre los que vivimos, ha oido nombrar siquiera
á los porteños D. José Perfecto de Salas y los Rospicllosis? ¿Quien al
riojano Camacho y á los paraguayos Cañete y Barrientos?

Sin embargo, todos ellos son gloria de nuestra literatura antigua, y nos
llenariamos de justo orgullo si llegásemos á poseer la coleccion de sus
escritos.

La dificultad para tomar una posicion social, era aun ardua para aquel que
como el Sr. Rivadavia se sentia llamado por vocacion á la vida pública.
Bajo el réjimen colonial no era posible alcanzar sino una parte pasiva en
la gestion de los negocios de gobierno, y esta situacion humilde no podia
convenir á un hombre de ingenio y de luces. La iniciativa no partia de
aqui.

Se pensaba en Madrid, y ese pensamiento, concebido en otro mundo, se
ejecutaba en el nuevo, por los empleados reales, como se ejecuta una
evolucion militar. Fué por esta razon que el Sr. Rivadavia permaneció
perplejo por algun tiempo acerca de la carrera que deberia abrazar.

Se ensayó en el ejercicio de comerciante y tomó á su cargo negocios
cuantiosos que no le dieron resultados satisfactorios.

Abrió estudio de abogado, pero no persistió mucho tiempo atado al potro en
que las difusas cavilosidades de Parladorio de Farinacio ó Baldo colocaban
al Togado, antes que los espositores modernos, el buen gusto introducido
hasta en la jurisprudencia, y los nuevos códigos hubiesen cundido entre
nosotros.

Tanto en el foro como en el comercio no dió mas que los primeros
pasos, “afectando ser grande y sábio en todas las carreras,” como le
dijo con intencion de censura, uno de sus ilustres contemporáneos, en
una de aquellas ocasiones en que el celo por los intereses agenos que
se patrocinan ante los tribunales, ofusca la imparcialidad de la razon
mas recta. Aquel apóstrofe que nuestra historia escrita ha querido
consignarnos, vale para llenar un vacio en esta noticia biográfica, y para
deducir que dominaron en el Sr. Rivadavia desde su juventud, las altas
inspiraciones que le han traido su merecida nombradia. Dedúcese tambien de
aquellas mismas palabras que ya desde entonces, sus actos y su persona, se
revestian del aire de dignidad y elevacion que son como el reflejo externo
de la conciencia del valer individual.

La revolucion llamaba mientras tanto á nuestras puertas, trayendo consigo
sobrada tarea y aplicacion para los talentos y las virtudes.

La Junta central que gobernaba en le Península, cuando la invasion
francesa dominaba casi todo el territorio, acertó á herir al pueblo de
Buenos Aires con la eleccion de los altos funcionarios que destinó al
gobierno del Rio de la Plata. Hidalgo de Cisneros elevado al rango de
virey, Elio al de sub-inspector general y Nieto al de gobernador de
Montevideo, no podian ser por sus antecedentes sino instrumentos para
abatir á los nativos del pais y para ensalzar una faccion de españoles
intolerantes, ensoberbecidos con sus caudales y con los recientes triunfos
sobre los ingleses que se atribuian como gloria exclusiva de ellos.

Conociendo Cisneros el estado del espíritu público en Buenos Aires, no
quiso hacer la entrada oficial en esta ciudad sino despues de haber
recibido el baston de manos de Liniers en la colonia del Sacramento. Las
desconfianzas mútuas entre el nuevo gefe y los que habian de obedecerle,
establecieron una frialdad que fué rápidamente tomando cuerpo hasta
convertirse en una protesta de hecho por parte del mas poderoso que era el
pueblo.

Buenos Aires habia medido sus fuerzas. Las revoluciones del Norte de
América y de la Francia habian puesto en muchas manos la cartilla á la
moda de los derechos del hombre, y la Rejencia misma, vencida por la
corriente contemporánea, acababa de declarar á los americanos dignos de
ser libres.

Al fin, un número reducido de porteños denodados, tomaron la resolucion
de arrostrar el poder del virey, en cuya persona mal querida se
disponian á mostrar la repugnancia que les causaba el gobierno de origen
metropolitano. Contando con la simpatía de sus compatriotas, arrojan
á Cisneros de su asiento y colocan en su lugar una junta de nueve
individuos suficientemente autorizada para gobernar provisionalmente el
vireinato hasta la reunion de un congreso general formado de los diputados
de todas las provincias.

Este hecho que contamos como el primero en las glorias de nuestra carrera
política, tuvo lugar el 25 de Mayo de 1810.

La revolucion de ese dia fué verdaderamente popular y sin derramamiento
de sangre. Intervino en ella la razon, no la violencia. Las puertas del
Cabildo habian permanecido abiertas muchas horas _á la principal y mas
sana parte de este vecindario_, convocado con el fin de opinar acerca de
las modificaciones que la situacion exijia en el gobierno. El Obispo, los
Oidores, los generales de ejército, el Asesor, todos los empleados de
nota, fueron escuchados y consignaron sus opiniones en un rejistro bajo
sus firmas. El comandante del batallon de Patricios fué quien arrastró
la opinion de la asamblea, y mereció el aplauso de la multitud reunida
en la plaza, declarando en su voto que el _pueblo era el único que podia
conferir la autoridad y el mando_. Al pié de este voto escribieron sus
nombres, Moreno, Chiclana, Vieites, Passo, Belgrano, Castelli, Alberti,
Larrea etc. etc., y D. Bernardino Rivadavia.

Desde ese instante, estos hombres audaces echaron sobre sus reputaciones
una responsabilidad que se mantendrá llamada á juicio mientras exista la
história. Terrible situacion, que es como el castigo de quienes se elevan
tan alto que alcanzan á tocar la fama.

Uno de los primeros episodios de la _cuestion nacional_, obligó al Dr. D.
Mariano Moreno á renunciar el cargo de secretario de la Junta gubernativa,
á mediados de Diciembre de 1810. Aquel hombre de génio, á quien sus
contemporáneos llamaron el Marcelo argentino, dejó un vacio dificil de
llenar.

El secretario de la primera Junta habia impreso carácter y dado fisonomia
democrática á la revolucion y echado al pueblo en la via del entusiasmo,
con una elocuencia de que dan testimonio estas palabras memorables de uno
de sus decretos: “un habitante de Buenos Aires, ni ébrio ni dormido debe
tener inspiraciones contra la libertad de la patria.”

El puesto dejado por el Dr. Moreno debió ser ocupado necesariamente por
una persona de su mismo temple, y capaz de dar comienzo á la reforma
social y administrativa que exijian los nuevos fines del gobierno recien
creado.

D. Bernardino Rivadavia fué señalado por la opinion pública para
reemplazar á Moreno. La Junta ejecutiva instalada el 23 de Setiembre de
1844, que funcionó bajo la presidencia del honrado y enérjico Chiclana
hasta Octubre de 1812, le nombró su secretario en los Departamentos de
Gobierno y Relaciones Esteriores.

En el año que media entre aquellas dos fechas, se sucedieron como en
torbellino los sucesos de todo género. Causa admiracion respetuosa la
entereza de corazon y la claridad de juicio que supieron desplegar
nuestros padres en situaciones tan dificiles.

Dos ejércitos improvisados en pocos meses obraban en el Perú y en la
Banda Oriental, y era necesario proveer á la direccion y á las inmensas
necesidades de uno y otro.

Las negociaciones con Vigodet y con el enviado del Principe Regente de
Portugal para el arreglo de las complicadas cuestiones de la provincia
oriental, exijia por si solas, una contraccion de todos los instantes y el
empleo de una sagacidad que salvára con honra los peligros presentes sin
comprometer los planes de la independencia que tenia trazados la autoridad
que gobernaba aparentemente en nombre del rey de España. Nuestras
costas eran teatro frecuente de impensadas invasiones de los marinos de
Montevideo enseñoreados de las aguas de los rios. El gobierno patrio no
contaba todavia con el valiente granadero que habia de escarmentarles en
las barrancas de San Lorenzo.

A par de estos conflictos que pueden llamarse esteriores, asaltaban á la
autoridad otros mas inmediatos y no menos premiosos. El rumor sordo de las
conspiraciones se apercibia á veces como resultado de las parcialidades,
tanto mas enconadas, cuanto que sus banderas en lugar de colores de
principios mostraban letreros de nombres propios.

Esta situacion del espíritu público dió su fruto amargo el 7 de Diciembre
de 1811. En aquel dia “cediendo á las intrigas y á las seducciones de los
enemigos de la patria” segun el lenguaje oficial de entonces, una porcion
de soldados del regimiento número 1.ᵒ de la guarnicion, desobedecieron
al gobierno y consternaron al vecindario con una escena de sangre. La
fuerza trajo á los rebeldes á la antigua subordinacion; pero antes que la
ejercitase el gobierno, agotaron sus miembros todos los medios pacíficos,
y hasta tuvieron el heroismo de presentarse ante los amotinados sin mas
armadura que la persuacion.

No fué este el único ni el mayor peligro de que triunfó aquella
administracion. En los primeros dias del mes de Julio de 1812 hubo de
estallar una conspiracion contra-revolucionaria, de la cual habrian sido
los miembros de la Junta las primeras víctimas si por suerte de la buena
causa no hubiera abortado el terrible plan que los conspiradores habian
tramado. La habilidad é incontrastable firmeza de D. Bernardino Rivadavia,
dice un escritor argentino, contribuyeron á descubrir y á vencer la vasta
y poderosa conspiracion de Alzaga, amago el mas serio entre cuantos han
podido poner en peligro la independencia del Rio de la Plata.

La administracion de la Junta fué tan laboriosa como las circunstancias lo
exijia. Apenas habian transcurrido seis meses despues de su instalacion
cuando ya habia dotado al “ejército de la patria,” como entonces se
decia, de un Estado Jeneral para su uniformidad y disciplina y de un plan
metódico para la reforma de los abusos introducidos en él. Se habian
establecido fábricas de fundicion de armas y de pólvora en la capital y
en Tucuman. Las famosas baterias del Rosario fueron construidas entonces
para facilitar la navegacion y el comercio con el Paraguay. Fué tambien
entonces que se creó el regimiento de Granaderos á caballo tan dignamente
mandado por San Martin y Lavalle en épocas distintas. Se creó una cámara
de apelaciones en sustitucion de la audiencia. Los ejércitos del Perú y de
la Banda Oriental fueron socorridos con mas de ochenta mil pesos en dinero
efectivo. Se convocó á los caciques de la pampa á un gran parlamento á fin
de asegurar las comunicaciones con Patagones y levantar poblaciones en
Salinas y en otros puntos adecuados del desierto. Por último, y dejando
de enumerar cien disposiciones mas, todas importantes, el gobierno de la
Junta estableció la libertad de imprenta y la seguridad individual, bajo
la éjida de los estatutos constitucionales, cuyos bienes eran desconocidos
en estos paises desde el tiempo de su descubrimiento y conquista. Asi se
espresa un documento de aquellos tiempos.

El gobierno de la Junta se ocupó del presente preparando el porvenir. Fué
práctico y ejecutivo sin materializarse, no sacrificándolo todo á las
urgentes realidades del momento. Se apoyó tanto en las fuerzas morales
de la opinion como en la fuerza efectiva de los ejércitos. Supo fundir
cañones á la Gomer; pero tambien fué hábil para exitar el patriotismo
hasta en el bello sexo. Las damas mas distinguidas de Buenos Aires
contribuyeron con una suscripcion crecida para cubrir el valor de un
brillante armamento que el Estado no podia pagar por la penuria de su
tesoro. Al dar cuenta estas damas del obsequio que hacian al gobierno,
y de la poética idea de inscribir sus nombres en las armas adquiridas
y distribuidas por ellas, decian en un documento digno de recordarse:
“Cuando el alborozo público lleve hasta el seno de nuestras familias la
nueva de una victoria, podremos decir en la exaltacion del entusiasmo: yo
armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad.”

Las reuniones y fiestas públicas comenzaron desde aquel tiempo, con las
armonias de los himnos patrios escuchados por la concurrencia puesta en
pié y las cabezas descubiertas. El aniversario de Mayo de 1812 fué una
especie de palenque noble y pacífico, abierto al mérito y á las virtudes,
premiadas ante la muchedumbre para inspirarla una emulacion fecunda. Las
sumas de dinero que en los años anteriores se habian consagrado á vulgares
y dispendiosas diversiones, se aplicaron en 1812 á socorrer las viudas,
hermanas é hijas de los soldados muertos al servicio de la causa comun,
á dotar doncellas pobres y á libertar esclavos. Fomentóse la poblacion;
se honraron las letras dando á un afamado literato la comision oficial
de redactar nuestros anales, y se buscaron en Europa sábios y profesores
para derramar en el pais los conocimientos útiles. Las trabas del comercio
se alijeraron, á la enseñanza se le dió ensanche y proteccion. Un vasto
establecimiento “en donde debia formarse el químico, el naturalista, el
jeometra etc.,” bajo la direccion de maestros afamados del viejo mundo,
es concebido por la Junta, y se abren suscriciones en la capital y en
las provincias del estenso vireinato, para llevar á cabo una idea de tan
feliz inspiracion. “Nada importaria, decia con este motivo un aviso
oficial, que nuestro fértil suelo encerrase tesoros inapreciables en los
tres reinos de la naturaleza, si privados del auxilio de las ciencias
naturales, ignorásemos lo mismo que poseemos.” A medio siglo seria
oportuno repetir estas mismas palabras, porque ahora, como entonces,
esperimentamos la necesidad de dar á nuestros estudios un caracter mas
exacto y mas aplicable al aprovechamiento de la naturaleza del suelo
argentino, en el sentido de la industria.

La Europa no podia ser indiferente á los notables sucesos de que la parte
española de América era teatro desde 1810. La España hacia esfuerzos de
todo jénero para mantener su predominio y para robustecer la defensa
de sus derechos, no solo por medio de las armas sino tambien de las
influencias de los gabinetes europeos, casi todos devotos á ella ó cuando
menos al principio lejitimista que representaba.

Llevamos adelante una revolucion que habia de dar forzosamente un nuevo
mundo al réjimen republicano, y las monarquias no podian menos que
oponerse á la realizacion de este hecho. La España tenia de su parte á
todos los gobiernos absolutos del viejo mundo, y acababa de despertar
las simpatias de la Inglaterra, aliada suya en la heróica resistencia
contra la invasion de los franceses. Los peligros que de esta situacion
podian resultar para la revolucion americana se presentaron de bulto con
la vuelta de Fernando VII al trono de sus mayores. Casi al mismo tiempo
que llegaba á Buenos Aires la noticia de este suceso y de la caida de
Napoleon, llegaron avisos fidedignos de la espedicion poderosa que el
gobierno español preparaba para avasallar al Rio de la Plata. Espedicion
para la cual no contaba únicamente con sus recursos propios, sino tambien
con el buen éxito de las negociaciones entabladas para sacar auxilios
de provisiones y de fuerzas de los puertos del vasto litoral brasilero,
sujeto á las influencias de la casa de Braganza. Esta influencia podia
estenderse á toda la costa oriental del Rio de la Plata, que en 1817 fué
ocupada realmente por los portugueses so pretesto de sofocar la anarquia.

La politica del Ministerio británico añadia nuevas dificultades á la
marcha de la independencia. Cuando los borbones de la Península se
restablecieron de las usurpaciones del Corso, Lord Stranffordt exijia mas
bien que aconsejaba en nombre de su gobierno, la adopcion por el de las
Provincias Unidas “de una conducta politica cual convenia al nuevo órden
de cosas” de la España.

Fué entonces y en mérito de tan complicada situacion, que se acordó por
el gobierno la mision diplomática de los Sres. Rivadavia y Belgrano
cerca de los gabinetes de Madrid, Paris y Londres. En 1814 debieron
partir estos señores del Rio de la Plata, y no seria sin emocion que al
llegar á la linea que separa al globo en dos hemisferios, tocaron con el
inmenso sepulcro de su predecesor y nuestro primer plenipotenciario en el
estrangero.

El titulo diplomático de aquellos señores era el de Diputados del
gobierno de las Provincias Unidas, y los objetos de su mision de la mayor
importancia, pues, usando de las palabras de un distinguido actor en
los sucesos argentinos de aquella época, “se dirijian á ganar tiempo y
prevenir los resultados de una invasion; objetos, añade, que se hallan
especificados en las actas del Consejo de Estado, despues de aprobadas por
la soberana Asamblea Jeneral Constituyente.”

Esta aseveracion está de perfecto acuerdo con el testo de una nota oficial
del Sr. Rivadavia, datada en Perpiñan á 19 de Agosto de 1816, en la cual
dice á su gobierno: “En mi propartida de la córte de Madrid recibí el
diploma de 19 de Febrero último, por el que V. E. se ha dignado nombrarme
por Diputado de esas provincias cerca de la Corte de Paris con estension á
otras potencias.... Recibí igualmente la instruccion á que se refiere, y
tengo la satisfaccion de asegurar á V. E. que todas mis operaciones han
prevenido el punto principal á que se contrae, que es _el de neutralizar
todo proyecto de espedicion de la Península con direccion á esas playas_.”

A 21 de Diciembre de 1815, el ministro español D. Pedro Cevallos dirijió
desde Madrid al Sr. Rivadavia una nota, haciéndole saber que era voluntad
de S. M. que en vista de aquella real órden que le comunicaba con mucha
gusto por los informes que tenia de sus apreciables cualidades, se pusiese
en camino para aquella corte y se presentase á tratar del objeto de su
mision, _que seria atendido por S. M. en todo lo que fuese compatible con
su dignidad y su decoro_.

El Sr. Rivadavia no entró á Madrid hasta el 20 de Mayo de 1816, y
al siguiente dia fué recibido por el primer ministro á quien en esa
ocasion presentó su credencial. Alojaba nuestro Diputado en la calle del
Desengaño, casa número 4, cuarto segundo.

Tenemos á la vista algunas notas originales del mencionado ministro de
Estado, Cevallos, pasadas al diputado argentino. Se vé en ellas que desde
las primeras conferencias en que el rey _se prestó á oir las espresiones
de sumision y vasallaje de los que se dicen diputados del llamado gobierno
de Buenos Aires_, comenzó la diplomacia peninsular á apercibirse de
que bajo aquellas formas respetuosas habia la intencion formada de una
completa emancipacion. No era estraño. Las conferencias comenzaban en
Junio de 1816, es decir, un mes antes que el congreso de Tucuman dijese al
mundo que era voluntad unánime é indubitable de las Provincias Unídas en
Sud-América romper los violentos vinculos que las ligaban á los reyes de
España.

El ministro Cevallos halló que el documento que acreditaba el carácter
público del Sr. Rivadavia era informal y á tal punto desnudo de
autenticidad que daba motivos para sospechar de su lejitimidad. Estas
cavilosidades de Cevallos eran alimentada por los informes personalmente
interesados que le comunicaba D. Manuel Sarratea, quien segun el mismo
ministro _tambien se decia diputado_. Sarratea aseguraba que los poderes
del Sr. Rivadavia estaban revocados. Las pasiones de la lucha intestina
habian atravesado el océano y se ejercitaban en mengua del crédito del
pais y de su causa, en el seno mismo de los gabinetes de Europa.

El Sr. Rivadavia tenia instrucciones precisas para arreglar á ellas su
conducta, pero acabamos de ver que no eran de naturaleza para manifestarse
á las cancillerias de Fernando VII. Cuando el ministro preguntó al
diputado que si las tenia, contestóle éste que ni la llevaba ni las habia
pedido á sus comitentes, dando por razon, que habiendo en la Junta de
Buenos Aires algunas cabezas exaltadas le había parecido preferible no
llevar instrucciones á llevarlas tales que pudiese irritar el ánimo de S.
M.

El Sr. Rivadavia deseando obtener algo de importancia para la causa de su
pais, á pesar del mal sezgo que tomaba la negociacion invocó por medio
del director de la compañia de Filipinas D. Juan Manuel de Gondasegui, no
sabemos que capitulo de sus instrucciones.

Esta contradiccion, entre no tener guia escrita de su conducta y apelar
á ella al mismo tiempo, aumentó las sospechas del ministro contra la
buena fé con que obraba el diputado, y dictóle los siguientes párrafos
de un oficio fecha 21 de Junio que creemos deber consignar al pié de la
letra. Dicen así: “Las sospechas crecieron con la noticia de que los
corsarios de Buenos Aires se habian apostado á las cercanias de Cádiz para
hostilizar nuestro comercio; y esta noticia unida al retardo de la venida
de V. dieron á las sospechas un grado de evidencia de que los designios
de Buenos Aires no eran otros que los de ganar tiempo y adormedecer las
providencias reclamadas por la justicia y por el decoro del gobierno.

“Despues que este ha puesto en práctica todas las medidas reclamadas
por la clemencia, y por el deseo de poner fin á una discordia intestina
que hace la desolacion de unos pueblos hasta ahora felices, asi por su
aventajado clima como por la prudencia y suavidad de las leyes que los
regian; es preciso que acordándose de su decoro, _corte el hilo de unas
conferencias destituidas por parte de V. del candor, buena fé y sincero
arrepentimiento_ que debian animarlas singularmente cuando se entablaron
bajo de la autoridad de un soberano que ha querido que el atributo de
padre de sus pueblos resalte sobre los demas de su soberania.

“En consecuencia ha determinado S. M. _que V. se retire de España_ para
donde guste, bajo la salvaguardia de su real garantia; pues como quiera
que esta se concedió á un sujeto que se creyó adornado de las calidades
que inspiran la confianza, y despues de las conferencias á otro muy
distinto á los ojos de la ley, sin embargo, el rey se desentiende de sus
derechos y solo se acuerda de lo que se debe á si mismo. Lo participo á V.
de real órden para su inteligencia y puntual cumplimiento.”

El diputado debió hacer al ministerio español una esposicion siete dias
despues de la nota que acaba de transcribirse, sincerándose de los
cargos que en ella se hacian á su persona y carácter, exposicion que fué
tachada por Cevallos de inexacta, y considerada indigna de toda atencion.
Sin embargo, el ministro no pudo menos que establecer oficialmente
una diferencia entre la persona del Sr. Rivadavia y el gobierno de que
emanaban sus poderes, sentando que sus observaciones sobre la falta de
candor y buena fé no recaen sobre el diputado, sino sobre la comision
que desempeñaba, pero sin embargo, le repetia que el decoro del rey no
permitia por mas tiempo la prolongacion de su permanencia en la Península.
En consecuencia salió el Sr. Rivadavia de Madrid el dia 15 de Julio de
1816, llevando consigo el convencimiento de que la córte de España estaba
irrevocablemente decidida á no entrar por partido alguno “racional, ni á
aquietarse sino con el estremo de dominacion que produce una conquista que
ensangrienta el resentimiento y el furor en las guerras civiles.”

En comunicaciones de 8 y 18 de Enero de 1816 dió cuenta el Sr. Rivadavia á
su gobierno de los incidentes de esta negociacion y del éxito de ella. Asi
se infiere de una nota datada en París á 10 de Setiembre del mismo año,
dirijida tambien á su gobierno. En esta misma nota se lée lo siguiente:
“Es de mi deber participar á V. E. que cuando salí de España se activaban
por toda ella las providencias para embarcar en Cádiz una espedicion
contra esa capital y dependencias al mando del conde de Labisbal: su
número no era aun conocido del público, pues ya se decia de siete, de
diez y aun de diez y ocho mil hombres de tropa de línea de toda arma.

Tambien juzgo de mi obligacion avisar á V. E. que era persuacion universal
en la córte de Madrid y en toda España, que dichas fuerzas operarian
contra ese pais aliadas con las de S. M. el rey de Portugal y Brasil.”

Con respecto á su conducta en la negociacion, el diputado Rivadavia se
espresa asi al final de esta comunicacion: “Yo eseguro á V. E. que he
llenado todas las instrucciones de mi comision, y que no he omitido medio
para persuadir á la córte de Madrid de las buenas disposiciones de esos
pueblos, _asi como para demostrar la justicia y los derechos no solo de
ese pais, sino de todas las poblaciones de América á quienes considero en
un caso absolutamente idéntico_.”

En la diplomacia como en la guerra, el pueblo argentino no fué jamás
egoista. Su sangre y su pensamiento concurrieron jenerosamente á la obra
de la independencia, emprendida casi á un mismo tiempo por toda la América
de orijen español. El carácter del Sr. Rivadavia se prestaba naturalmente
á la idea jeneralizadora que fué como la base de la doctrina política del
gobierno creado por la revolucion de Mayo.

Estos antecedentes auténticos dan gran peso á las siguientes palabras
que transcribimos del libro titulado _Rosas y sus opositores_, cuyo autor
se hallaba bien informado por relaciones que habia oído de la boca misma
de testigos y contemporáneos del Sr. Rivadavia. Tuvo la valentia (dice el
autor de aquel libro refiriéndose al diputado argentino) tuvo la valentia
de decir rostro á rostro á Fernando VII que la independencia americana
era ya una necesidad. El ministro Soler que entró con él en una discucion
sobre este punto, salió de ella convencido, y la córte de Madrid alarmada
del proselitismo que hacia el americano Rivadavia, ordenó que saliese de
los dominios españoles.

Era pues, con mucha verdad que decia á su amigo Chiclana desde Paris en
carta confidencial fechada á 14 de octubre de 1816..... «Yo he trabajado
cuanto podía y acaso mas de lo que debia: no puedo referirle aun cuanto he
hecho, cuanto me he espuesto y los lances que he tenido por conseguir la
libertad y bien posible de nuestra compasible patria.....»

A dar crédito á los escritos sueltos que en justificacion propia han dado
en 1820 algunos altos funcionarios, debieran obrar en nuestros archivos
los documentos suficientes para probar que, si por un abuso de facultades
hubo quien en nombre de las Provincias Unidas negociase con la córte de
España por conducto del conde de Cabarrus, el establecimiento del infante
D. Francisco de Paula en el Gobierno de este pais, no faltó tampoco
quien en representacion de los intereses verdaderos de la revolucion se
opusiese, en el teatro mismo de aquellas desacordadas negociaciones, á
la realizacion de un plan que contrariaba el deseo manifiesto de estos
pueblos. La gratitud que este servicio debe despertar en nosotros, recae
de justicia sobre la memoria del Sr. Rivadavia, quien descubrió y deshizo,
segun toda probabilidad, aquellos errores hijos tal vez de la debilidad
del espíritu mas que de la falta de probidad patriótica.

El Jeneral D. Manuel Belgrano partió de Londres para el Rio del Plata
el 15 de noviembre de 1815, y desde entonces; los graves negocios de la
mision de que hacia parte, quedaron al cuidado esclusivo del Sr. Rivadavia.

La situacion personal de este era embarazosa, no solo por el recargo
de quehaceres y responsabilidad, sino tambien por la escasez de medios
pecuniarios para atender á los gastos ocasionados por repetidos viajes,
por una estensa correspondencia (llevada por él solo, pues no tenia ni
secretario ni escribiente) «estando para nada menos aparejado que para
pendalista,» como el mismo lo aseguraba á un amigo, y por la necesidad
de sostener el decoro de la posicion que ocupaba. Todo el caudal de que
había podido disponer desde la separacion de su amigo el Jeneral Belgrano
hasta principios de febrero de 1818, estuvo reducido á trescientas
sesenta libras esterlinas, que distribuidas en veinte y siete meses
que median entre ambas fechas, corresponden á sesenta pesos mensuales.
El crédito pecuniario de nuestros supremos Directores no debia ser muy
grande entonces en las plazas estrangeras, pues nos consta por documentos
fidedignos que la casa de los señores Hallet de Lóndres, no honraron
la libranza de diez mil fuertes que á favor del diputado habia librado
el Jeneral D. Ignacio Alvarez, encargado provisoriamente del ejecutivo
nacional.

A mediados de octubre recibió en Paris el Sr. Rivadavia la noticia
semi-oficial de la declaracion de la independencia proclamada por el
congreso. «Rindo á V. E., decia al Director con este motivo, las mas
sinceras felicitaciones y le protesto los mas vivos votos por su felicidad
y acierto.» El dia 12 de Diciembre siguiente, llegó á sus manos un oficio
del gobierno de las Provincias-Unidas; comunicándole en forma aquella
misma noticia acompañada de «copias certificadas de la declaracion de la
Independencia» y advertiéndole del riesgo que corria su persona si aun se
hallase en la córte de Madrid, y de la necesidad de retirarse de ella.

Con motivo de esta comunicacion tuvo oportunidad el Sr. Rivadavia de
manifestar nuevamente el patriotismo de sus sentimientos, espresándose asi
en contestacion. «Me lisongeo de haber anticipado mis felicitaciones por
tan plausible é importante suceso. Las repito con una plenitud de gozo que
me hace en parte olvidar que esta sancion aunque tan justa y necesaria,
no debe mirarse en la actualidad por todos los que tenemos el honor de
pertenecer á ese pais, _sino como nueva obligacion que nos impone el
sacrificio de nuestras pasiones, la dedicacion de nuestros talentos y la
concentracion de nuestras fuerzas, para realizarla con la celeridad que
exije la situacion urgente de esos pueblos_.»

A fines de Diciembre de 1816 fué instruido el Sr. Rivadavia de que en la
isla Antigua habia sido capturada por la corbeta _Branes_ de S. M. B.,
una fragata de guerra con pabellon argentino comandada por el coronel D.
Guillermo Brown. La captura tenia por pretesto la falta de los papeles
que el derecho de las naciones requiere para ejercitar el corso, y la
noticia de este suceso llegaba al conocimiento del Diputado con colores
poco favorables á la probidad tantas veces acreditada del que fué despues
nuestro glorioso almirante. En este acontecimiento de suma trascendencía
en aquella época, procedió el Sr. Rivadavia con actividad y acierto.
Su primer paso fué autorizar á los Sres. Hallet hermanos y compañia de
Londres, para que procedieran judicialmente á reclamar el buque de guerra
y las presas de su convoy, en nombre y representacion del gobierno de las
Provincias Unidas.

Apenas el coronel Brown se vió envuelto en aquellas dificultades se
dirigió á los Diputados de Buenos Aires en Europa, dándoles cuenta de
las circunstancias en que se hallaba. Y como fuese el Sr. Rivadavia el
único representante del gobierno de las Provincias Unidas del Rio de
la Plata que á la sazon se hallase allí, se creyó en el deber y con el
derecho de contestarle asegurándole que desde luego se hubiera dirijido
al Lord Vizconde Castlereaght en los términos exijidos por los intereses
y derechos de su gobierno, si no hubiese visto con placer que el coronel
Brown le aseguraba de que dentro de pocos dias seria declarada libre la
fragata de su mando: que en tal concepto creia mas prudente reservar todo
paso oficial hasta recibir noticias auténticas y pormenores del suceso.

El Sr. Rivadavia no perdió esta ocasion para levantar el espíritu del
prisionero comunicándole la reciente declaracion de la independencia y
los sucesos prósperos de los corsarios de Buenos Aires sobre las costas
españolas del Oceano y el Mediterráneo. Y como el bravo coronel pidiese en
su comunicacion reglas acertadas para dirijir su conducta, no quedó corto
el Sr. Rivadavia en satisfacer aquel deseo, haciéndolo con tanto peso
que seria una usurpacion á su fama el no consignar aqui aquellas reglas,
ya que la casualidad las ha traido á nuestro conocimiento. “Como V. S.
tiene la bondad, le decia con fecha 3 de Enero de 1817, de pedir consejos
amistosos, yo opino que el interés del Estado, de V. S. y su honor mismo
exigen con urgente preferencia que asi que se halle V. S. en disposicion,
retorne con toda brevedad á Buenos Aires, participándome en todo caso su
determinacion y cuanto sea digno de una noticia oficial.”

Un subalterno de aquella espedicion se había dirigido tambien á los
Diputados, y segun parece, con espíritu poco favorable al gefe á quien
estaba subordinado. Al contestarle el Sr. Rivadavia en la misma fecha
que lo hacia al coronel Brown, lo hace con palabras que tampoco deben
condenarse al olvido. Si las que hemos copiado honran la prevision del
diplomático, las siguientes demuestran el culto que prestaba el ciudadano,
en toda ocasion, al principio de autoridad que mas tarde se esforzó en
radicar en su patria. “Creo tan de mi deber como del interés de Vd.,
escribia al mencionado oficial, el prevenirle á nombre de nuestro gobierno
que por ningun motivo se separe V; ni consiguientemente su tropa de la
espedicion, hasta que esta regrese á Buenos Aires, ó que otros resultados
que imposibiliten este caso le faculten á Vd. á hacerlo; y aun entonces no
lo deberá ejecutar sin órden espresa de su gefe. El contesto de su oficio
me obliga á recordarle que un oficial de verdadero mérito, cuantos mas
conocimientos posea, aun sobre sus gefes, tantos mayores deberes le ligan
á la observancia de la disciplina. Yo me lisongeo de que Vd. conocerá bien
la importancia de este principio, y toda la trascendencia de cualquiera
infraccion de él. Asi espero, que, tan celoso de los intereses de su
patria como exacto en el cumplimiento de sus obligaciones, sabrá continuar
todos los sacrificios que estas le demanden, proporcionando á nuestro
gobierno la satisfaccion de premiar á un oficial que ha sabido completar
su mérito....”

Las esperanzas del coronel Brown fueron burladas. La “Hércules,” que
asi se llamaba la fragata de su mando, fué declarada buena presa por
los tribunales de Antigua, como lo fué mas tarde por el almirantazgo de
Lóndres. Para ventilar sus derechos ante los magistrados que componian
esta córte militar, se trasladó el coronel Brown á aquella capital, desde
donde se puso en correspondencia con el Sr. Rivadavia. El coronel Brown
comunicó al Diputado argentino los antecedentes necesarios para que éste
formase juicio de aquel suceso ruidoso y para vindicarse de los cargos que
la opinion hacia recaer sobre él, no sin algunos visos de bien fundados.
Pretendia tambien el coronel que el Diputado se trasladase á Lóndres y
tomase parte personalmente en el proceso que bajo la direccion de letrados
ingleses habia entablado contra las autoridades de la Antigua.

El Sr. Rivadavia dió contestacion á la nota de Brown desde Paris, con
fecha 27 de Junio de 1817, observando que si á él le tocaba “la defensa
de nuestros derechos y el honor de nuestro pabellon, no era aquel el
campo en donde debieran defenderse, porque ni el caballero Stirling, ni
el subdelegado de la marina Antigua, ni la misma córte del almirantazgo
habian atacado el honor y la propiedad del supremo gobierno de las
Provincias Unidas del Rio de la Plata, sino el ministerio de S. M.
Británica.... A este, pues, corresponde esclusivamente la subsanacion de
todos los daños y perjuicios irrogados á dicho gobierno, y un enviado
no puede ni debe exijirlas de otra autoridad de esa nacion.” Esta
determinacion de no presentarse en la capital de Inglaterra, sino en caso
absolutamente necesario, tenia por verdadero motivo evitar el hacerse
el blanco inmediato de desaires que preveia por el silencio del gabinete
y por el curso parcial de la subsanacion del negocio, en el cual habia
tomado parte el Cónsul de España desde su iniciacion ante los tribunales.
Mas no por esto dejó el Sr. Rivadavia de atender los intereses argentinos.
Con la misma fecha de la nota el coronel Brown dirijió una detenida
comunicacion á los señores Hallet hermanos y compañia, dándoles bases y
razones en que se fundaron para reclamar del ministerio de Relaciones
Esteriores del gobierno inglés la satisfaccion que el proceder del
Comandante Stirling y la córte del almirantazgo de la Antigua le ponian en
el deber de dar.

Como el Sr. Rivadavia tenia á la vista una copia legalizada del espediente
obrado en la citada isla, puede considerarse como un estracto de él la
relacion que hace de los hechos, los cuales nos parecen interesantes
para la historia, por lo tanto oportuna la transcripcion siguiente de
algunos párrafos de la nota dirijida á la casa de Hallet.--“Partiendo del
principio de la absoluta neutralidad” (dice la nota) que en la guerra de
España con las provincias del Rio de la Plata ha proclamado y protestado
el gobierno inglés, enunciaré los datos y hechos mas esenciales. La
fragata “Hércules” era bajo todo respectos un buque de guerra del Gobierno
de Buenos Aires: la comision y el destino son los que dan este carácter
segun las convenciones y prácticas que forman el derecho marítimo.

El que la propiedad del buque sea de un particular nada altera esta
calidad, y la nacion inglesa es la que puede suministrar mas pruebas de
esto. El comandante de dicho buque D. Guillermo Brown es un oficial de las
provincias del Rio de la Plata: él es de origen inglés; mas en el momento
que admitió el primer despacho del supremo gobierno de dichas provincias,
revistió todas las calidades que les autorizaban á obrar como oficial
de honor en una guerra contra aquel pais. Los vasallos de S. M. B. han
tenido hasta ahora la facultad de hecho y de derecho para consagrar sus
servicios á cualquiera nacion, como no sea contra la suya. Y sobre todo,
el caballero Brown hacia sobrado tiempo que servia al gobierno de Buenos
Aires, para que el de la Gran Bretaña pudiera haberlo sabido y reclamado,
si juzgaba que los servicios de él contrariaban sus intereses ó su
política.

«En la espedicion de que era parte la citada «Hércules» no intervino la
mas mínima propiedad inglesa.» El armamento, pertrechos y habilitacion
misma eran de la propiedad y costo inmediato del gobierno de Buenos Aires,
como consta de los documentos que obran en el espediente.

El casco y aparejo del buque que formaban toda la propiedad del oficial
Brown, no puede calificarse por ningun sólido principio de propiedad
inglesa: ella pertenecia antes al mencionado gobierno que habia comprado
dicho buque para su servicio, del que hizo donacion á uno de sus oficiales
premiando al mérito y animando la emulacion de los que le servian.

«El arribo de la fragata «Hércules» á la Barbada, considerado como buque
de guerra no ha contravenido á ninguna ley marítima de comercio ó colonial
que autorice á su aprehension y confiscacion, y aun cuando se le gradue
de buque mercante, habiendo arribado por necesidad, y no probándole hecho
ni intencion de hacer alguna introduccion clandestina, como lo comprueba
el proceso, por los tratados y leyes coloniales de España misma, no
puede negársele en tal caso el auxilio que su necesidad demanda ni menos
detenerlo....»

Hemos dicho que sobre la conducta del coronel Brown pesaban algunas
sombras; él bien lo conocia, pues ofreció al Sr. Rivadavia una plena
satisfaccion prestándose á darla personalmente en Paris mismo si asi se lo
exijiese el Diputado de su gobierno.

El Sr. Rivadavia con la imparcialidad que correspondia en negocios tan
graves, no quiso disimularle ni la naturaleza ni la fuerza, tal vez
aparente, de los actos que empañaban la fama del buen marino; pero tomando
en cuenta la instancia que este hacia para lavarse de toda mancha, tuvo
la discrecion el Sr. Rivadavia de tranquilizar el espíritu de quien podia
aun prestar á la causa de la independencia servicios de consideracion.
En la nota mencionada del 27 de Junio le decia: «Pasando á lo que toca á
su honor personal, aseguro á V. S. con la franqueza que me pide; que mi
opinion del benemérito coronel Brown es siempre la misma que he tenido
la satisfaccion de manifestar en toda oportunidad, y le protesto que me
lisongeara mucho poder obrar siempre conforme á ella. Persuádase V. S. que
conozco sobradamente los enemigos que forman el mérito y la desgracia,
mayormente si los accidentes prestan la decoracion del celo á la calumnia.
En caso semejante, donde hay un mérito bien fundado y un talento que hacer
valer no falta mas que el carácter, y yo me congratulo de entreveer este
en su persona.»

La nobleza de este lenguaje, los principios de derecho público y los
pormenores históricos que encierran las dos notas que en parte dejamos
copiadas, las dan una importancia que hace que tengamos á dicha la
conservacion de tan preciosos documentos. Por cierto que de la lectura
de ellos no podría traslucirse la situacion personal del autor, ni los
motivos de desaliento que en el instante de firmarlos debian obrar sobre
su ánimo. Dejaremos que él mismo pinte esa situacion en el siguiente
párrafo de su comunicacion de 24 de Mayo de 1817, al Director Puyrredon,
que dice asi: «Acabo de recibir un oficio de V. E. datado en esa capital
á 3 de Enero del corriente año .... en que me íntima que no apareciendo
motivo de conveniencia que pueda fundar mi residencia en Europa para lo
sucesívo, regrese á ese pais .... Yo obedezco á la órden de V. S. y desde
luego no promederia un momento entre la obediencia y la ejecucion si no
me retuvieran motivos insuperables por el presente. En los puertos de
Francia no será fácil encontrar buque que haga viaje directo á esa por
lo que probablemente me veré obligado á pasar á Inglaterra. Mas no tengo
recurso alguno para hacer frente á los gastos precisos de mi transporte.
Y sobre todo, no hace honor á ese gobierno ni á mi persona el salir de
esta capital sin cubrir lo que debo en ella, mayormente cuando se me ha
anticipado bajo la sola garantia de mi persona.»

El 10 de Diciembre de aquel mismo año recibió nuevos plenos poderes
para constituirse en órgano del gobierno de las Provincias Unidas de
Sud-América cerca de los soberanos de Europa, con el objeto de conquistar
la estima de estos á favor de aquel gobierno, el cual estaba seguro de
granjeársela por la bondad de su conducta, segun la espresion oficial de
los respectivos documentos diplomáticos.

Por los antecedentes que tenemos á la vista venimos en conocimiento de
la importancia de los trabajos del Sr. Rivadavia en Europa; pero no
podemos trazar una historia de ellos por lo incompleto de aquellos mismos
antecedentes.

El Diputado argentino no dejó de negociar un solo momento, á fin
de inclinar al gabinete francés á protejer con su fuerza moral la
independencia de esta parte de América, conato principal de nuestra
política esterior. El Sr. Rivadavia habia conseguido captarse la amistad
de escritores y personajes influyentes capaces de obrar sobre la opinion
del pueblo francés y sobre la política de su gabinete. Monseñor Deprat
puso su pluma calorosa al servicio de la gran causa americana, y los
sentimientos democráticos del noble general Laffayette, no permanecieron
inoficiosos ante las hábiles instancias del Sr. Rivadavia cuyo elevado
carácter supo apreciar aquel hombre tan simpático para los amigos de la
libertad.

Debiendo respetar el punto político de partida del monarca francés de
aquella época, el Sr. Rivadavia declaró que el gobierno que representaba
habia seguido una conducta conforme con las doctrinas conservadoras
proclamadas por el Congreso de Viena de 9 de Junio de 1815. Que aquel
creia, por consiguiente, cumplir con sus deberes, perseverando en la
línea de conducta que habia seguido, empleando con respecto del Rey de
España todos los medios de conciliacion que estuvieran á su alcance,
aumentando y fortificando los medios de defensa, al mismo tiempo que
se esforzaba por mejorar y perfeccionar sus instituciones. Hacia esta
declaracion con motivo del Congreso de soberanos que debia tener lugar
en Aix-Lachapelle, y en el cual, segun los cálculos del Sr. Rivadavia,
deberia tratarse la gran cuestion americana á instancias del gabinete
peninsular. Los esfuerzos de nuestro diplomático se contrajeron por tanto
á presentar la causa y el crédito del gobierno de las Provincias Unidas
bajo puntos de vista favorables, demostrando en laboriosas memorias que
redactó al efecto, el progreso creciente del comercio, de la riqueza y
de la civilizacion del Rio de la Plata, asi como de los demas Estados
que tenian un propósito comun con nuestras Provincias.--“La existencia
politica, la organizacion interior y las relaciones esteriores de la parte
mas vasta, hermosa y fértil de la América, (decia el Sr. Rivadavia en 15
de Octubre de 1818, en nota confidencial escrita en frances al Jeneral
Dessales, ministro de Relaciones Esteriores) no es negocio que pertenezca
esclusivamente á la España: es del interés de todo el mundo civilizado.
Las dos potencias americanas reconocidas por la Europa, se encuentran
comprometidas en las numerosas complicaciones que acarrea la prolongacion
de una lucha desoladora, sostenida en el nuevo mundo durante casi nueve
años; lucha cuyas consecuencias son perniciosas para todas las naciones
mercantes. Ha ya muchos años que las Provincias Unidas de Sud América y
recientemente Chile, han conquistado cuanto título puede exijirse á un
pais nuevo para merecer una constitucion nacional.... .... Hasta hoy no
se ha presentado á la América la ocasion de hacerse oir y de esplicar de
una manera adecuada la gravedad é importancia de sus intereses .... Yo me
hallo en situacion de dar á este respecto todas las esplicaciones que se
creyeren necesarias.”

Nuestra diplomácia en Europa no perdió de vista, ni por un solo instante,
un peligro cuya gravedad debia disimularse y en prevision del cual era
prudente captarse simpatías en los gabinetes de primer órden. Consistia
ese peligro en una espedicion preparada en Cádiz, cuyo número de soldados
montaba á 18 ó 20,000 hombres, segun los _Bandos_ que en tinta colorada
imprimia y hacia colocar el gobierno de Buenos Aires en las esquinas
de esta ciudad, y ante cuyo buen éxito probable trepidaban aquellos
gabinetes para decidirse al reconocimiento de nuestra independencia. “La
España, decia con este motivo el Sr. Rivadavia al ya mencionado ministro
de relaciones esteriores de Francia, podrá causar una sorpresa á la buena
fé de la Europa; pero no está en su poder el alucinar á la América....
No nos és indiferente, por cierto, que esa espedicion parta ó no, puesto
que en las Provincias Unidas de Sud-América, la vida y la fortuna de
cada ciudadano están identificadas con las de todos los demas; pero el
señor Ministro me permitirá asentar aquí dos verdades que sobradamente
se justificarán con el tiempo. La primera es que ni el gobierno ni el
plenipotenciario de aquellas provincias consentirán jamás en desviarse un
solo paso del camino que llevan, ni cederán un punto de la justa solicitud
de que se impida á la espedicion militar el zarpar de los puertos de la
península. La segunda es, que si la espedicion llegase á realizarse,
entonces cesarán todas las consideraciones y miramientos, y la fuerza se
encargará de hacernos justicia.”

Fácil es de comprender que la política francesa era dilatoria tanto como
indecisa. El Diputado que usaba tanta firmeza en sus comunicaciones no
tenia acceso fácil para hacerse escuchar de viva voz como deseaba.

Para conseguirlo, ocurrió á la influencia de sus respetables amigos, y
especialmente á la del Jeneral Laffayette, quien levantándose mas alto
que los consejeros del Borbon restaurado, comprendia cuanto ganaria el
prestigio un tanto débil de la Francia, si se decidia á favor del Sur de
la América en los términos que lo habia hecho en otro tiempo con respecto
al Norte.

El noble Jeneral que conocia todo el poder de conviccion en que abundaba
la palabra del diplomático argentino y que se interesaba en su causa,
tenia particular empeño en acercarlo al Ministro de relaciones esteriores.
Dirijióle con este fin una memoria sobre el estado general de los
negocios de la América meridional, en la cual comenzaba por disculparse
de su injerencia en materias de tan alta política, recordando que estaba
suficientemente justificado por la que habia tomado en la causa de los
norte-americanos cuarenta y dos años antes, y añadia: “La emancipacion de
la América española, inspirada por la revolucion de los Estados Unidos, ha
sido acelerada por la revolucion europea. Cualquiera género de oposicion
á ella no puede conducir sino á aflijir la humanidad sin dañar en lo mas
minimo á esa misma independencia. ¿Qué hará hoy la Francia? Al instinto
despótico de Bonaparte repugnaba la política generosa.... Ha llegado el
momento en que el gobierno constitucional procure su apoyo en la opinion
del pais, y sus alianzas en la simpatia liberal de los demas pueblos. Me
guardaré de hacer al rey la injusticia de creer que quiera comprometer
nuestros intereses y sus deberes por atender á cortesanias de familia.
En otro tiempo éramos dueños en gran parte del comercio de la América
española, llevando alli nuestros productos al través de la España y por
intervencion de las casas francesas establecidas en Cádiz. De aquella
ventaja real solo nos ha quedado la conocida preferencia que aun dan
aquellos pueblos á nuestras mercaderias; preferencia que los ingleses se
empeñan en que caiga en olvido.... Para indemnizar á la Francia de la
pérdida de la consideracion política debemos ponernos francamente como en
1778, sin que ahora existan los peligros de entonces, á la cabeza de la
independencia americana, para asegurar provechos que no tardarán otros en
arrebatarnos... Por lo demas mi mision se reduce á presentar á V. E. en la
noche de hoy al Sr. Rivadavia, quien no solo está autorizado para hablar
en nombre del pais de su nacimiento, sino tambien de Chile, en donde las
armas argentinas han sido tan felices como lo serán pronto en el Perú.”

En la noche del 19 de Enero de 1819 el marqués de Laffayette y el Diputado
de Buenos Aires descendieron de un mismo carruaje á la puerta del ministro
de relaciones exteriores de Francia. En aquella ocasion debieron tratarse
los importantes negocios que las transcripciones que dejamos hechas dan
á conocer en defecto de documentos mas esplícitos que no han llegado á
nuestras manos.

El Sr. Rivadavia tuvo órden de su gobierno de pasar á Lóndres,
reemplazándole en el carácter de Diputado cerca del gobierno frances
el Dr. D. Valentin Gomez. Las instrucciones dadas á este último están
firmadas por el ministro D. Gregorio Tagle á 21 de Octubre de 1818, y
de esta misma fecha es la órden dada al Sr. Rivadavia para trasladarse
á la córte de Inglaterra, segun el tenor del artículo 4.ᵒ de dichas
instrucciones.

En una nota datada en Paris á 18 de Junio de 1819, dió cuenta el
nuevo Diputado de su primera conferencia tenida con el ministro de
relaciones exteriores el dia 1.ᵒ de aquel mismo mes, en la cual le
habia declarado que en concepto del gabinete frances dependia la suerte
de la independencia americana de la aceptacion de la forma monárquica
constitucional, y que partiendo de esta persuacion, manifestada con
franqueza, le habia propuesto para el gobierno de esta parte de América,
al principe europeo, heredero del reino de Etruria, entroncado por línea
materna con la dinastía de los Borbones. La manera como el congreso miró
aquella proposicion que el Sr. Gomez comunicó con una circunspeccion que
le honra, fué el motivo que mas de cerca decidió de la suerte funesta que
cupo al cuerpo nacional que habia declarado nuestra independencia en el
acta memorable del 9 de Julio de 1816. Cayó envuelto en un famoso proceso
y los tiros que le derribaron tuvieron alcance para herir á los Diputados
que representaban en paises estrangeros al gobierno de las Provincias
Unidas. Estos diputados eran tres en aquel momento. D. Manuel José Garcia,
D. Valentin Gomez y D. Bernardino Rivadavia. Una nota de idéntico tenor,
en cuya lacónica redaccion se advierte el intencional olvido de toda forma
y de todo comedimiento, les anunció que quedaban sin valor sus poderes y
que en consecuencia regresaren sin demora á esta capital. El Sr. Rivadavia
recibió esta íntimacion el 2 de Julio de 1820.

Disueltas las autoridades nacionales, cayeron las provincias antes unidas
en una especie de aislamiento oscuro y estéril. En todos los puntos del
vasto territorio argentino dejó de existir el gobierno fundado en la razon
y en la ley. Las calles y plazas de la capital misma se convirtieron en
teatro de una desgreñada guerra civil, y sobre la superficie social
aparecieron esas influencias de baja estraccion que cobran albedrio
pernicioso cuando las riendas gubernativas pasan á cada instante de una
mano á otra mano por falta de alguna bien intencionada que las rija con
energia y tino.

Forzoso era de en medio de este caos hacer brotar la luz; evocar el órden
del seno de la anarquia, y construir el poder administrativo con los
escombros de la autoridad derribada por la demagogia. Esta fué la obra
dificil que el pueblo de Buenos Aires; en un momento feliz de reposo,
encomendó á la persona de un guerrero de la independencia.

Todos los amigos del órden se asilaron al rededor de la silla del
gobernador D. Martin Rodriguez. La campaña, reducida á una frontera
estrecha y mal defendida, trajo tambien su continjente de fuerza en apoyo
del nuevo magistrado en quien confiaba para dar mas ámbito á su pingüe
industria especial y para garantir las propiedades rurales contra la
rapacidad de los bárbaros. La esperanza pintábase en todos los semblantes.
La masa del pueblo dotada de esa adivinacion de lo futuro que está negada
al individuo, preveia que comenzaba una época nueva, y que las promesas de
la revolucion iban á tener en los hechos mas realidad que en las columnas
gárrulas de las gacetas. Fatigados estaban los ciudadanos de glorias
militares y de venganzas domésticas; ansiaban por el reposo de la paz y
por la dulce satisfaccion de poder amarse como hermanos.

Bajo el influjo de esta disposicion de los ánimos, nada recomienda tanto
el mérito y el carácter del Sr. Rivadavia como el nombramiento que
invocando “el voto público de sus conciudadanos;” hizo en él el gobernador
Rodriguez para desempeñar el Ministerio de gobierno, por decreto del 19
de Julio de 1821. “La importancia de sus servicios y la estension de sus
luces,” eran otras tantas calidades, que segun el mismo gobernador le
señalaban para ser llamado á aquel importante destino.

Los antiguos, ha dicho el mas afamado de los políticos prácticos,
inventaron el rio del olvido, al contacto de cuya corriente se desvanecian
en las almas los recuerdos de la vida. Pero el verdadero Leteo despues de
una revolucion se forma de cuanto puede abrir al hombre las sendas de la
esperanza. Este ingenioso pensamiento, bajo formas mas graves sin duda
dominaba el ánimo del nuevo ministerio. Esplicándose con alta y generosa
filosofia los errores de todos, (de los cuales él mismo no se consideraba
exento) como consecuencia de la marcha torrentosa de la conquista de la
independencia, se propuso curar esos errores, “cerrando para siempre el
periodo de la revolucion, no acordándose mas ni de las debilidades ni de
las ingratitudes.” Nueve dias despues de su aceptacion del ministerio,
y la primera vez que en este carácter se presentó en la Sala de
Representantes, fué para pronunciar la siguiente declaracion que establece
un programa tan lacónico como bello. “El gobierno quiere constituirse
en protector de todas las seguridades y en un conservador de todas las
garantias.”

La Providencia vinole en auxilio para que pudiera dar cumplimiento á
los votos de su política conciliadora. El ministro sabia aprovechar los
instantes oportunos, y sabia tambien que cuando la generosidad no es
simulada tiene eco inmediatamente en el corazon argentino.

En la noche del 26 de Setiembre llegó á Buenos Aires la noticia de un
gran triunfo obtenido por nuestras armas coaligadas con las chilenas. El
Jeneral San Martin habia entrado victorioso á la ciudad de los Reyes, á la
resistente capital del Perú, asiento del poder peninsular en aquel rico é
inmenso pais.

Segun la espresion de nuestro gobierno quedaban colmadas con aquel
acontecimiento las nobles aspiraciones concebidas en 25 de Mayo de 1810.
Los pueblos del continente gozaban ya de independencia; que fuesen libres
y dichosos debia ser la única ambicion que cupiese para en adelante á la
provincia de Buenos Aires.

Tan grata nueva y tan hermosos sentimientos fueron llevados al seno de
la Sala de Representantes el dia siguiente, con la mayor solemnidad, por
los tres secretarios de Estado, al mismo tiempo que el proyecto de ley
de olvido que fué el primer paso con que el Sr. Rivadavia abrió la série
de sus trabajos políticos. Tendia esta medida á tranquilizar y consolar
los ánimos, á avivar la fé en la libertad civil ahogada en la grita de
los partidos apasionados, y á conquistar entre las parcialidades en que
el pais se encontraba dividido, las capacidades y las influencias que
pudieran concurrir á la reforma jeneral que se disponia á emprender la
administracion. Estas miras eran tas vastas é imparciales que alcanzaron
hasta á los antiguos vecinos españoles de esta ciudad, á quienes las
exijencias de la época negaban desde 1817 el inocente derecho de unir
su sangre en lejítimo matrimonio á las mugeres argentinas. La justicia
política fué pues absoluta para todos los habitantes de la provincia de
Buenos Aires.

Para apreciar bien el mérito de los trabajos que distingen á la
administracion que rijió al pais desde mediados de 1821 hasta el 9 de Mayo
de 1824, seria preciso trazar un cuadro detenido de la situacion de las
cosas, del estado de la cultura pública y de las propensiones generales
de la opinion, anteriores á aquel brillante periodo. Dice con propiedad un
escritor inglés, testigo de aquellos trabajos, que nada es tan capaz de
hacer el elojio cumplido de los talentos del primer ministro del General
Rodriguez como la comparacion del estado del pais entre las fechas en que
se encierran los tres años durante los cuales desempeñó aquel empleo el
Sr. Rivadavia. A pesar de la dócil voluntad que se sentia en la poblacion
para obedecer á un buen gobierno, existia una fuerza secreta que desviaba
y detenia su accion; fuerza formada principalmente por las aspiraciones
envidiosas apoyadas en hábitos rancios y en preocupaciones que una prensa
sin doctrina social habia irritado sin correjir.

Comprendió el Sr. Rivadavia que en situacion semejante debia el gobierno
administrar y doctrinar á un tiempo, y que la autoridad, á la cual
levanta siempre los ojos el pueblo, debia presentarse como modelo de los
que la obedecian. Comprendia tambien que en una república, mas que bajo
cualquiera otra forma de gobierno, necesita la autoridad revestirse de
la fuerza moral que nace de las virtudes cívicas y de la conciencia de
los deberes, y adquirir respeto y prestigio, no por la popularidad que se
compra á precio de concesiones y debilidades que acaban por suprimir á la
autoridad misma, sino por la bondad de sus medidas, por la razon y el
acierto de ellas y por la valiente constancia para sostenerlas á pesar á
veces de la opínion pública cuando se pervierte ó estravia.

El ministro del General Rodriguez no confió en si solo: mas que en él
y en sus hábiles compañeros puso su confianza en la verdad del sistema
representativo que francamente habia aceptado y acababa de estudiar al
natural en las instituciones de la Inglaterra.

En primer lugar exijió de la administracion de justicia, ese gran poder
del Estado, toda la imparcialidad y todo el saber que constituyen sus
principales elementos, elevando á la magistratura los letrados mas
íntegros é inteligentes. Y como el sistema democrático es una burla
cuando los representantes del pueblo no son mas que la significacion
de un partido ó de las veleidades del aura popular de una mañana de
elecciones, ejerció su influencia para que en los bancos de la legislatura
se sentasen los mas dignos, los mas entendidos y respetados entre los
vecinos de la Provincia. Sus atrevidas reformas habrian hecho fracazar al
gobierno, si sus proyectos no se hubiesen convertido en ley por el voto
de los ciudadanos á quienes acataba toda lo sociedad. En una palabra, el
Sr. Rivadavia que no temia ni envidiaba la superiodidad de nadie, y que
se consideraba en un puesto merecido, por el testimonio de su propia
conciencia, trató de que los poderes públicos se colocasen á la altura de
sus miras, y las personas que los componian al nivel de su ilustracion y
de su altísima moralidad.

El Sr. Rivadavia, usando de dos voces de su predileccion, era
«eminentemente gubernamental.» Y, añadiremos, uno de los argentinos mas
demócrata, tomando esta palabra en su hermoso y jenuino significado.

El brazo de este hombre de estado no manejó sino los verdaderos resortes
de los gobiernos libres. Los hilos secretos é ingeniosos con que se traman
las redes políticas, son demasiados ténues para que no se rompiesen en sus
manos de hércules. La libertad, la publicidad, el respeto por la dignidad
de las personas, la consistencia de las relaciones sociales por medio de
la instruccion y de la mejora moral de los individuos, y, segun su bella
espresion, la confianza en el _imperio del bien_.... tales eran aquellos
resortes.

No somos nosotros los que lo aseguramos á título de biógrafos
panegiristas: son deducciones de sus propios actos administrativos.
El Sr. Rivadavia nos ha legado un precioso cuerpo de doctrina social
y gubernativa en los considerandos de los decretos que firmó, en los
mensages del Ejecutivo á las Cámaras. Queria ser obedecido mas que por la
fuerza del mandato por la del convencimiento obrado por el raciocinio que
precedia á sus disposiciones.

Traigamos á la memoria algunas de sus máximas:

«La publicidad es la mejor garantia de la buena fé de los actos,
mayormente en aquellos cuya desicion está sugeta á una arbitrariedad
necesaria.

«No hay instituciones que contribuyan tanto á la civilizacion de un
pueblo, como las que inducen entre los individuos respeto recíproco en
maneras y en espresiones.

«No hay medio ni secreto para dar permanencia á todas las relaciones
políticas y sociales como el de ilustrar y perfeccionar tanto á los
hombres como á las mugeres, á los individuos como á los pueblos.

«La ilustracion pública es la base de todo sistema social bien reglado, y
cuando la ignorancia cubre á los habitantes de un pais, ni las autoridades
pueden con suceso promover su prosperidad, ni ellos mismos proporcionarse
las ventajas reales que esparce el imperio de las leyes.

«Todo premio adjudicado al verdadero mérito, sino es un tributo
de rigorosa justicia, es seguramente un resorte de los que mas
ventajosamente promueven la perfeccion moral.

«Es cierto que la opinion pública, especialmente en paises inespertos, se
estravia de suyo, es á veces sorprendida y frecuentemente resiste á la
accion del poder; pero en todos esos casos sosteniéndose esta sobre la
masa de los intereses ú obrando al frente de la corriente por medio de la
instruccion, de la libertad y de la publicidad, el triunfo es tanto mas
cierto y glorioso cuanto que se reviste el imperio del bien.»

Cerraremos esta incompleta página de un verdadero _libro de oro_ con un
pensamiento que muestra toda la liberalidad de las miras de aquel exelente
estadista:

«Es preciso, decia, que los pueblos se acostumbren á ser celosos de sus
prerogativas.»

En el momento mismo en que desde la altura del mando emitia este
principio, ponia en manos del pueblo los medios para que conociese la
estension y la naturaleza de esa prerogativa, encargando la traduccion
del libro de su amigo M. Daunau, «de las garantias individuales» á uno de
nuestros mas sérios literatos de aquella época.

Esta traduccion, publicada en crecido número de ejemplares, ha sido uno
de los libros en que hemos aprendido á leer y á pensar muchos hombres hoy
maduros, ó mas bíen dicho, una jeneracion entera.

Consiste, pues, la principal gloria del Sr. Rivadavia haber colocado
la moral en la region del poder como base de su fuerza y permanencia,
y en comprender que la educacion del pueblo es el elemento primordial
de la felicidad y engrandecimiento. Sobre estas columnas fundó una
administracion que todavia no conoce rival en estos paises, y parte de
cuyas creaciones, como puntos luminosos, han lucido hasta en las negras
horas del gobierno bárbaro que por tantas años mantuvo detenido el carro
del progreso argentino.

Apenas ocupó el puesto de ministro, erigió la Universidad mayor de Buenos
Aires con fuero y jurisdiccion académica, como estaba acordado por reales
cédulas desde el año 1778. Fué este su primer paso en la tarea de fundar
establecimientos de enseñanza alta y primaria, bajo un sistema general,
oportuno para desarrollar la educacion pública al abrigo del sosiego y del
nuevo órden que sucedia á la anarquia.

Inmediatamente despues fundó las escuelas gratuitas bajo el sistema rápido
y económico de Lancaster, no solo en los barrios de esta ciudad sino en
los mas apartados pueblos de campaña, confiando la inspeccion general de
todas ellas á un sacerdote recomendable por su ilustracion y conocido por
su jenerosa filantropía. El premio dado por el Sr. Rivadavia al difundidor
del benéfico preservativo de Jenner, fué el encargarlo de dirijir el
espíritu de aquellos mismos niños cuya salud corporal habia salvado.

Pero su pensamiento orijinal, y mas fecundo fué el de apoderarse, á favor
del bien público, de las hermosas cualidades del corazon femenino. Sabia
el Sr. Rivadavia--son palabras suyas--que la naturaleza al dar á la mujer
distintos destinos y medios de prestar servicios, dió tambien á su corazon
y á su espíritu calidades que no posee el hombre, quien, por mas que se
esfuerze en perfeccionar las suyas se alejará de la civilizacion si no
asocia á sus ideas y sentimientos la mitad preciosa de su especie. La
Sociedad de Beneficencia se ha defendido en épocas de retroceso social por
la propia importancia de sus tareas, y ha podido educar dos jeneraciones
de madres morales é instruidas que han dado entre caricias los primeros
consejos y las primeras lecciones á centenares de ciudadanos. La Sociedad
de Beneficencia es una escuela normal donde se forman exelentes y dignas
matronas que se sucederán unas á otras practicando el bien y ejerciendo la
insigne majistratura de la mejora de sexo, mientras exista esta ciudad que
la respeta y ama. La anciana moribunda les dirije las últimas bendiciones
desde el lecho de la misericordia, y la tierna niña en el albor y fuerza
de la vida, desde el banco de sus labores, eleva tambien sus puros
agradecimientos á esas segundas madres que les dió la patria por la mano
venerable de Rivadavia.

Cuadro demasiado estenso seria el que comprendiese todos los pormenores
de las reformas emprendidas en la administracion de Rodriguez. Ellas
abrazaron desde la economía interior de las oficinas hasta los actos
ejercidos por el pueblo en razon de su soberania; desde las prácticas
forenses hasta los hábitos parlamentarios; desde la policía del cuartel
del soldado hasta la clasificacion de las recompensas á que eran
acreedores los jefes del ejército. Como la reforma tuviese la inflexible
intencion de desarraigar abusos é introducir economia en la aplicacion
de la renta pública, no pudo ponerse en práctica sin lastimar intereses,
personas y corporaciones que se sublevaron contra sus tendencias. Estas
reformas fueron sancionadas por los representantes del pueblo. Por fortuna
los lejisladores de entonces tenian en el ejecutivo un brazo fuerte para
hacer cumplir la ley, y una voluntad que no se arredraba en presencia
de las dificultades. El Mensaje del año 23, hablando de la reforma, se
espresa en estos términos: “Esta obra árdua ha sido ordenada con valentia
por las dos lejislaturas precedentes, y el gobierno para ejecutarlo ha
debido vencer grandes resistencias y chocar con sentimientos personales
y preocupaciones comunes.” Estas palabras demuestran las resistencias
halladas para obrar el bien y acelerar la marcha de la civilizacion.
Dejan traslucir al mismo tiempo cuales debieron ser las luchas diarias,
sostenidas por los hombres colocados al frente del movimiento rejenerador.
Disculpable habria sido que se manifestasen engreidos por el triunfo
y agriados por las ofensas recibidas en retribucion de beneficios tan
importantes. Nada de eso. Una severa templanza rebosa en todo aquel
documento, modelo de filosofia política. En él se esplican y se absuelven
los errores de la opinion y se esperanza hasta en la exaltacion de las
pasionas para llegar al blanco á que se dirijia el gobierno, asi que esas
pasiones entrasen al cauce que la ley acababa de señalarlas. El Mensaje
continúa así:

“Establecidos ahora los fundamentos del sistema representativo, es forzoso
que la conducta del gobierno sea conservadora. El tiempo debe consolidar
lentamente lo que acaba de construirse con tantas fatigas y peligros: él
tranquilizará los ánimos ajitados de las pasadas contiendas: las pasiones
sublevadas se amanzarán gradualmente y servirán tambien bajo el imperio de
instituciones saludables.”

La ley de reforma eclesiástica dictada en 21 de Diciembre de 1822, fué
pretesto para que los mal avenidos, los aspirantes y los adoradores del
_statu quo_, formasen una especie de coalicion en nombre de la creencia
de nuestros mayores, haciendo entender al vulgo que se atacaban sus
dogmas venerandos y el lustre de su culto. Los principios relijiosos del
primer ministro fueron puestos en duda, y la calumnia declaró ateo á
quien habia contribuido para que el seminario conciliar, mal organizado
y pobre en rentas, fuese levantado á la categoria de colegio nacional de
estudios eclesiásticos; á quien se proponia dignificar el sacerdocio para
que fuese capaz de desempeñar la alta mision docente que el gobierno se
disponia á confiarle. El Sr. Rivadavia quiso dar al clero de Buenos Aires,
en aquella época, una prerogativa que el clero francés aún no ha podido
conquistar del todo á pesar de su ciencia y acreditada moralidad--la de
participar libremente en la educacion y en la civilizacion del pueblo.
Estas intenciones fueron manifestadas con palabras terminantes y con
actos notorios. La sede en aquella época estaba vacante. El ardor de
la revolucion y la lucha intestina habian dado sus frutos hasta en el
corazon de la tribu de Levi, y el pavimento de los claustros habia sido
mancillado con sangre en la hora en que el crimen crée conseguir impunidad
con las tinieblas. La autoridad civil no podia ser indiferente á este
espectáculo. Ojalá que el Sr. Rivadavia hubiera encontrado en su tiempo
á la cabeza de la diócesis uno de esos fuertes varones que saben ir al
fondo de las intenciones del Evanjelio por los caminos mas cortos! El se
hubiera abrazado con el santo pastor y habríale cedido la iniciativa en la
parte eclesiástica de la reforma. Pero aquel deseable obispo no existia.
En su defecto el Sr. Rivadavia ordenó que se estableciesen conferencias
semanales para todos los individuos del clero sobre materias de ciencías
eclesiásticas. El decreto de 5 de abril de 1823, se funda en estas
bellas consideraciones: “No basta que el clero de Buenos Aires obtenga
por su santidad una reputacion distinguida, ni que los servicios en la
causa de la independencia le designen un buen lugar entre las clases que
han contribuido á establecerla. Es menester algo mas; es menester que
su crédito se eleve por la civilizacion, y que llegue por este medio á
ponerse en estado de cargar con la responsabilidad de difundirla.”

Esta es la verdadera tendencia de la reforma eclesiástica tan desfigurada
por la oposicion contemporánea á ella. Bajo la faz en que la presentamos
será mirada por la historia. El sábio estadista mártir de su moralidad y
de su honradez, queda lavado con la uncion de sus propias palabras, de
la mancha de incrédulo con que el espíritu vulgar del partido pretendió
empañar su memoría. En la vasta razon del Sr. Rivadavia habia lugar para
los axiomas de la ciencia y para las verdades de la relijion heredada
que no se desprenden jamás del alma de los bien nacidos: asi como tenian
cabida en los estantes de su biblioteca los escritores de la escuela del
siglo XVIII y los ascéticos de la época brillante de la prosa española.

La atencion del Sr. Rivadavia no estuvo enteramente absorta en los límites
del gobierno de que era miembro. Al crear instituciones útiles, y al
mejorar las formas representativas en Buenos Aires, creia hacer una obra
de modelo y aplicacion para las demas provincias de la república, que de
mancomun y debidamente representadas habian proclamado la independencia
como un solo cuerpo de nacion. Los vínculos de la union se hallaban
desatados en 1821. A la representacion nacional dispersada por la
anarquia habia sucedido la tentativa de otra cuyos miembros reunidos en
Córdoba tuvieron mas de una vez que defenderse contra las acusaciones
de conspiracion que les hacian sus propios comitentes. Quedó sin efecto
esta tentativa de congreso. La reunion de otro nuevo era completamente
imposible en aquellos momentos. El Sr. Rivadavia tuvo que aceptar el
papel de ministro de un gobierno provincial á pesar de sentirse con la
fuerza y la voluntad sobrada para encargarse de los destinos nacionales.
El pensamiento de toda su vida fué la union nacional. En una ocasion en
que circulaban en Europa noticias precursoras de la caida del Directorio
y de la disolucion del Congreso, se espresaba de la manera siguiente en
una nota oficial de 28 de Junio de 1818: “La union de esas provincias
es indispensable á su existencia nacional. Si la administracion central
deja de existir por algun tiempo, debe ser por consultar á su mejor y mas
sólido establecimiento.”

       *       *       *       *       *

La idea de la organizacion del territorio de un pueblo que tantas virtudes
y jénio habia mostrado en comun durante la lucha de la independencia,
no podia dormir en la cabeza del hombre que habia sido vocal de las
primeras juntas, representante de las Provincias Unidas cerca de las
córtes estrangeras y actor principal en el movimiento revolucionario á
que el pais entero habia contribuido con su sangre y sus tesoros.......
Sobre la jeneracion que vivia entonces no habian pasado los veinte años de
aislamiento que llevan el apellido y la divisa de Rosas.

El restablecimiento de la union de los pueblos argentinos, tan ansiada
por Rivadavia, se preparó por él con habilidad y discrecion. «Esa
union, decia, es necesario que se obre por el convencimiento de que las
ventajas son superiores, respecto á cada una de las partes concurrentes,
á cualquier perjuicio real ó de mera opinion, que á alguna de ellas
puede ocurrir.» La explicacion de esas ventajas y del pensamiento
desinteresado del gobierno de Buenos Aires fué confiada al blando y
persuasivo tucumano Dr. D. Diego Estanislao Zavaleta, con sujecion á las
notables instrucciones datadas á 30 de Mayo de 1823 bajo la firma de D.
Bernardino Rivadavia. Pero ántes de tomar la iniciativa «para reunir todas
las provincias del territorio que ántes de la emancipacion componian el
vireinato de Buenos Aires ó del Rio de la Plata, en un cuerpo de nacion
administrada bajo el sistema representativo, por un solo gobierno y por un
mismo cuerpo legislativo,» quiso el estadista porteño poner de bulto con
los hechos la conveniencia de la union y hacerla apetecible con beneficios
prácticos para los pueblos invitados. Seis jóvenes de cada uno de los
territorios que estaban entonces bajo gobiernos independientes, fueron
mantenidos y educados en los colegios de Buenos Aires. Medida excelente
cuyo resultado fué establecer entre aquella numerosa juventud, vaciada en
un mismo molde intelectual, vinculos estrechos y fraternales que con el
tiempo debian producir una accion armoniosa en la máquina del Estado.

Dictóse al fin la ley de 27 de Febrero de 1824, facultando al ejecutivo
de la provincia de Buenos Aires para reunir la representacion nacional.
Esta ley fué precursora de varias medidas que mas tarde facilitaron al
congreso de 1826 y al presidente que nació de su seno, el ejercicio de
sus respectivas funciones. Las relaciones y el crédito que al gobierno
provincial habian grangeado la elevacion y justicia de su conducta,
permitiéronle la formacion de compañias europeas, con fuertes capitales,
para la explotacion de los metales preciosos, para facilitar el comercio
interior, la navegacion de buques á vapor, y para establecer un banco
nacional que sustentase esas mismas empresas proveyendo á las provincias
del numerario que necesitaban para alentar sus respectivas industrias.

El autor de este plan preparatorio para el restablecimiento de la
union argentina, tuvo la oportunidad de ser su agente en los centros
europeos de actividad y riqueza. Habiéndose negado por tres veces
el Sr. Rivadavia á continuar en su cargo de ministro de gobierno al
comenzar la administracion del jeneral Las Heras, fué nombrado ministro
Plenipotenciario y Enviado Extraordinario cerca de las cortes de
Inglaterra y de Francia, por decreto de 17 de Febrero de 1825, época en
que el gobierno de la provincia estaba ya encargado del poder ejecutivo
nacional.

Fué durante esta mision que tuvo lugar la ratificacion y cange del tratado
celebrado con la Gran Bretaña. El nombre del Sr. Rivadavia corre á par
del afamado Ministro M. Canning en la última página de aquel documento á
que debe Buenos Aires adquisiciones de que ya se apercibe, y otras que
el tiempo está encargado de revelar en toda su importante trascendencia.
Pero el patriotismo y las luces del diplomático arjentino no le permitian
ceñirse á procederes de mera forma. Las respetuosas consideraciones que
mereció del gabinete inglés, le ayudaron para emplear con fruto de su
pais el año escaso que permaneció en Europa en desempeño de sus nuevas
funciones. Consagróse con empeño á dar á conocer la aptitud del pais
que representaba para empresas industriales en grande escala, y para
un desarrollo comercial mas estenso que el que hasta entonces habia
recibido. La prensa de Lóndres reveló, por primera vez, puede decirse, los
caudolosos veneros de preciosos minerales que encierran las Cordilleras
del centro y de los estremos de nuestro vasto territorio, y las ventajas
que reportaria una numerosa emigracion agrícola, estableciéndose en los
llanos fértiles y estensos que riegan nuestros rios caudalosos bajo el
clima hospitalario de una zona templada.

Las garantias que en favor de la civilizacion y riqueza del pais acababan
de obtener los súbditos británicos por los tratados que son el punto de
partida del jeneroso derecho público que nos rije, fueron el natural
apoyo de la confianza con que se arriesgaron fuertes capitales europeos
á trasladarse á rejiones lejanas pero que tanto prometen á la industria
y al trabajo intelijente bajo la custodia de las leyes sábias. El
crédito, elemento moral de los gobiernos, obró su preciosa consecuencia,
convirtiéndose en valores positivos. Si los frutos posteriores no
correspondieron á las esperanzas concebidas en vista del movimiento
favorable de la opinion exterior hácia nosotros, no fué culpa de quienes
excitaron ese movimiento con tanto acierto como con medios tan lejítimos;
culpa fué de la mala estrella que guió por tantos años nuestros destinos.

Siempre que busquemos con verdad el camino de nuestro engrandecimiento,
le hemos de hallar por el rumbo trazado por la escuela económica y
administrativa de que es fundador el Sr. Rivadavia. El órden y la paz
interior, serán en adelante como lo fueron desde 1821 hasta 1827 las
proclamas mas elocuentes para traer pobladores al seno de nuestros
desiertos, y capitales á la masa de nuestra circulacion monetaria. Estas
verdades son vulgares en nuestros dias. No le eran cuando se anunciaban y
aplicaban por primera vez. Los que derramaron tales ideas como una semilla
que alguna vez habia de fructificar, fueron tenidos por visionarios y
utopistas. Sin embargo, la fábula se hizo verdad. Las garantias acordadas
al estranjero han salvado nuestra civilizacion naciente y la dignidad del
ciudadano.

El dia 8 de Febrero de 1826, en el salon principal de nuestra vieja
fortaleza, entre un crecido número de ciudadanos y en presencia de los
jefes del ejército y de los departamentos todos de la lista civil, tuvo
lugar un acto importante y trascendental para la suerte del pais.

En aquel dia y en aquel lugar, el gobernador de la provincia de Buenos
Aires proclamó á D. Bernardino Rivadavia, presidente de las Provincias
Unidas del Rio de la Plata.

El Congreso, haciendo justicia á los méritos contraidos por aquel
ciudadano habíale escojido para elevarle á puesto tan honroso como erizado
de espinas. Al tomar el Presidente las insignias del mando y el Jeneral D.
Juan G. de las Heras al entregárselas, pronunciaron palabras que honran
á uno y otro. Los méritos de la administracion que se retiraba fueron
reconocidos y aplaudidos por el Presidente, quien á su vez fué alentado
con la halagüeña perspectiva de una marcha gloriosa. Tan nobles deseos
se frustraron completamente. El Gobierno de la presidencia halló un
terreno conmovido que no le permitió asentarse. El Sr. Rivadavia no podia
fundar su gloria en los triunfos militares sino en las conquistas del
pensamiento con armas pacíficas de una administracion arreglada. Mientras
tanto el pais estaba comprometido en una guerra esterior, en la cual las
victorias sobre el enemigo fueron una verdadera derrota para el poder del
Presidente. Otras causas combinadas con esta no permitieron al réjimen
nacional mas que una duracion cortísima.

El Sr. Rivadavia renunció el cargo de Presidente y cesó en sus funciones á
fines de Julio de 1827.

Al descender de la presidencia, el Sr. Rivadavia dirigió una carta
autógrafa á cada uno de sus ministros, dándoles gracias por la cooperacion
que habian prestado á su gobierno, y asegurándoles de la aprobacion
que le merecia la conducta de los empleados en los tres departamentos
de la administracion. Las contestaciones de los Señores Agüero, Cruz y
Carril son un testimonio de los sentimientos nobles y afectuosos que
el magistrado habia sabido despertar en aquellos hombres notables. En
momentos en que declinaba el valimiento del gobernante, y en que ya
se divisaba delante de él el camino lóbrego que iba á recorrer en el
resto de sus dias, no pueden ser tachadas de lisonjeras las espresiones
con que los ministros contestaron al Sr. Rivadavia. El de hacienda se
espresaba así: “La administracion de V. E. deja descubierto el secreto
y en él la garantia que faltaba á los intereses sociales. No mas el
saqueo y la violacion de las propiedades particulares serán en nuestra
patria suficientemente escudadas con los nombres de patriotismo y de
obligacion.... La mas grata recompensa que me queda es haberme empleado en
el servicio de la nacion, bajo las órdenes del hombre público que en la
historia de la América española ocupará el lugar mas distinguido, por su
constante empeño en propagar la civilizacion de los verdaderos principios
con que, en menos tiempo, y escusando mil calamidades, los moradores de
estas rejiones puedan llegar á la ventura social, y las diversas secciones
del continente elevarse á un grado de prosperidad prodigiosa.”

La nacion pasaba por una verdadera crísis. El carácter provisorio que
imponia al nuevo presidente la ley de 3 de Julio, la reunion próxima de
una convencion nacional; la disolucion del Congreso asi que se tuviere
conocimiento oficial de la instalacion de aquella; la guerra civil que
alzaba la rebelion por una parte, y por otra la guerra estrangera,
colocaban al pais en una situacion que se agrababa con la decadencia del
comercio y los excesos del ajio y con el mal éxito de las negociaciones
diplomáticas entabladas para terminar la contienda con el Imperio.
Las pasiones políticas se hallaban exaltadas. El Gobierno Nacional
caía enlutando el corazon de unos y vistiendo con colores alegres las
ambiciones de otros. Los numerosos amigos de un órden de cosas que
databa desde 1821, se sentian sin apoyo y se consideraban entregados por
la renuncia del Sr. Rivadavia á las consecuencias de una reaccion que
comenzando por las formas habia de llegar hasta las ideas. Para calmar
estos temores y para templar el ardor de los partidos, revistiéndose
el Sr. Rivadavia de esa grave tranquilidad que mostró tantas veces en
los momentos críticos, dirijió al pais las siguientes palabras que se
deslucirian con cualquier comentario:

“Argentinos: No emponzoñeis mi vida haciéndome la injusticia de suponerme
arredrado por los peligros, ó desanimado por los obstáculos que presenta
la majistratura que me habeis conferido. Yo hubiera arrostrado sereno aun
mayores inconvenientes, si hubiera visto por término de esta abnegacion la
seguridad y la ventura de la patria.

“Consagradle enteramente vuestros esfuerzos, si quereis dar á mi celo y á
mis trabajos la mas dulce de las recompensas. Ahogad ante sus aras la voz
de los intereses locales, de la diferencia de partidos y sobre todo, la de
los afectos y ódios personales, tan opuestos al bien de los estados como
á la consolidacion de la moral pública.... Abrazaos como tiernos hermanos
y acorred como miembros de una misma familia á la defensa de vuestros
hogares, de vuestros derechos, del monumento que habeis alzado á la gloria
de la nacion. Tales son los deseos que me animarán en la oscuridad á que
consagro mi vida; tales los que me consolarán de la injusticia de los
hombres; tales, en fin, los que me merecerán un recuerdo honroso de la
posteridad.”

El Congreso que declaró la independencia terminó su carrera bajo la
acusacion de traidor á la patria. El primer Presidente y sus actos fueron
llamados al tribunal de la opinion pública por los hombres públicos que no
acertaron á disimular su parcialidad. El Mensaje pasado á la legislatura
por el gobierno que restituyó á Buenos Aires su antigua forma provincial,
es un documento cuya lectura desconsuela al mismo tiempo que demuestra
la intensidad de los ódios que fermentaban dispuestos á estallar bajo
la silla del Presidente y en la tribuna del Congreso. Aquel Mensaje
clasificó al pensamiento del réjimen general del pais, como “un instante
desgraciado de delirio”: y declarando que “la concentracion y la desunion
se habian hecho igualmente impracticables”, colocó á las provincias en una
situacion incierta que no podia conducirlas sinó á la anarquia, ó á caer
en manos de jefes irresponsables y vitalicios.

Apartado el Sr. Rivadavia de la vida pública, la privada fué para él
en lo sucesivo y hasta el fin de sus dias, una perpétua expatriacion.
Para comprender las tribulaciones de su espíritu, bastará transcribir
las siguientes palabras escritas por él en Paris en Mayo de 1833: “Son
estos los momentos mas tristes de mi vida. Un amigo me instruye sobre la
estrema degradacion y miseria de mi desventurada patria. No he recibido
una sola letra que me consuele sobre la situacion de mi esposa é hijos,
ni recuerdos de mis amigos....., sin embargo no puedo dejar de pensar
constantemente en esa República Argentina que se arruina y degrada cada
vez mas. Ni seria digno ni posible separar mi ánimo de la contemplacion
de tan cara y amada patria....” En aquellos momentos lamentaba la muerte
de un noble y respetable estrangero amigo suyo, “el único ser, segun
su propio testimonio, á quien debiera favores en su desgracia.” Pero
tantas desventuras no abatian su alma bien templada. Cuantos mas motivos
se le agolpaban para quejarse de la ingratitud de la patria, mas se
identificaba con ella consagrándola sus desvelos. Nada podia hacer ya en
su servicio el estadista repudiado, pero si el literato estudioso. “Para
aliviar su espíritu” emprendió entonces la traduccion de los viajes de D.
Félix Azara, “porque era lo mejor que se habia publicado sobre su pais.”

El Señor Rivadavia cedió este manuscrito al Sr. D. Florencio Varela el
año de 1842, en Rio Janeiro, al separarse ambos “para no verse mas en
este mundo.” El tomo segundo de la Biblioteca del _Comercio del Plata_,
contiene la primera edicion de este escrito tan importante para el
conocimiento de la historia natural del Rio de la Plata y Paraguay. Tal
vez hasta el año 45, época de aquella edicion, no se conocian las exactas
observaciones del ilustre geógrafo y viajero en la lengua en que se habian
redactado.

Al hablar de los trabajos diplomáticos del Sr. Rivadavia en Europa, hasta
poco antes de 1820, hemos procurado hacer las transcripciones que ha
sido posible de su correspondencia oficial, para probar indirectamente
el ningun fundamento de las acusaciones que se le han hecho acerca de
sus pretendidas tendencias á monarquizar la América. El señor Rivadavia
no ha dado un paso, que nos conste, en este sentido. Habrá si se quiere,
escuchado proposiciones y aun abierto esperanzas sobre semejante
pensamiento en circunstancias en que era preciso, para no comprometer
nuestra independencia ni el éxito de la lucha con el poder español, calmar
los celos que en los gabinetes de los soberanos europeos despertaban los
gobiernos _insurjentes_ del nuevo mundo. Pudo haber en su ánimo momentos
de duda acerca de cual fuese la forma política mas conveniente para
constituir su pais. Y esto nada tendrá de estraño, pues trepidaciones de
la misma especie hallaban escusas en 1846 para el sesudo redactor del
_Comercio del Plata_, en consideracion al espectáculo de sangre y de
lodo que por treinta y seis años presentaban las repúblicas americanas.
La calumnia, sin embargo, valiéndose de la discreta reserva en que se
envuelve toda negociacion diplomática, por inocente y lejítima que ella
sea, prohijó aquella suposicion vulgar y la presentó con el carácter de
acusacion oficial, durante la última residencia del Sr. Rivadavia en
Francia. Fué entonces que él tuvo el noble coraje de presentarse en Buenos
Aires, á mediados de Mayo de 1834 para vindicarse de las acusaciones
que se le hacian. Solo dos horas pudo permanecer bajo el techo de su
propia casa y en la ciudad de su nacimiento. La autoridad lo obligó á
reembarcarse y á esperar á bordo de un buque durante veinte dias la
decision de la Sala de Representantes sobre la reclamacion entablada ante
ella por acto tan injusto.

El Sr. Rivadavia se asiló entonces en el Estado Oriental. En una
hacienda de las inmediaciones de la Colonia del Sacramento se consagró
á ocupaciones rurales. Rodeado estaba de colmenas, de su querido rebaño
de cabras del Tibet y de plantas útiles y exóticas, cuando en Octubre de
1836, por órden del gobierno de aquel pais, fué deportado á la Isla de
Ratas en la rada de Montevideo, y de allí desterrado con otros argentinos
notables á la isla brasilera de Santa Catalina.

Peregrino y proscripto por Europa, por el Estado Oriental, por el Brasil,
rindió al fin el espíritu en la ciudad de Cádiz el 2 de Setiembre del año
del Señor MDCCCXLV.

El Sr. Rivadavia es sin disputa un argentino digno de preferente lugar en
el panteon de nuestros grandes hombres.

Su razon fué elevada; su carácter recto y firme; su voluntad constante;
sus intenciones intachables. Nadie ha hecho mas que él á favor de la
civilizacion y de la legalidad en estos paises. Nadie ha amado con mas
desinterés y mas sin lisonja, mas de veras al pueblo. Nadie ha respetado
mas que él la dignidad de los compatriotas. Tuvo la conciencia de nuestras
necesidades y se desveló por satisfacerlas. Trajo á su rededor todas las
intelijencias, diólas impulso y las preparó un teatro útil y brillante
de accion. Buscó en el estranjero las ciencias de que careciamos y las
aclimató en nuestro suelo. Compensó y alentó los servicios y las virtudes;
protejió las artes y confió mas en el poder de la razon que en la fuerza.

Su mérito es tan positivo como su gloria será eterna.

Sus bendecidas cenizas están entre nosotros. _Tandem quiescat._ La mano
del agradecimiento las ha devuelto á la Patria como un tesoro usurpado.
Del fondo del sepulcro que las custodia, saldrá constantemente una voz que
resonará como un aplauso ó como una censura en la conciencia de nuestros
mandatarios.



BREVES APUNTAMIENTOS PARA LA BIOGRAFIA DE

D. JOSÉ ANTONIO MIRALLA.


En el número de los arjentinos que se han granjeado fama fuera de la
patria, debe contarse al Sr. D. JOSÉ ANTONIO MIRALLA.

Él “era incapaz de olvidarse [son sus propias palabras] de las Provincias
donde habia tenido el honor de nacer, y mucho menos de la gran ciudad
donde recibió su instruccion.” Esas provincias eran las arjentinas, y
Buenos Aires la gran ciudad.

El hombre que asi se espresaba despues de 12 años de ausencia de la
patria, merece cuando menos, el afecto de sus paisanos.

Nosotros hemos sentido siempre simpatia por Miralla, avivándose toda vez
que la casualidad nos presentó este nombre mezclado con algun incidente
ó unido á algunas personas notables en la historia moderna de la América
independiente.

Hemos recojido esos pocos incidentes; conocemos algunos pasos de la
carrera de Miralla; pero ignoramos con precision donde y cuando termina.[1]

Miralla hizo sus estudios en el Colejio de Buenos Aires durante el
rectorado del Dr. D. Luis José Chorroarin[2]. Permaneció en esta ciudad
hasta 1810 y probablemente ya no residia en ella el dia 25 de Mayo de
aquel año.

No hemos podido rectificar la verdad de algunas curiosas anécdotas
referentes á Miralla y á la proteccion que le dispensó cierto artífice
italiano de una custodia famosa, que pasó al Perú despues de haber
espuesto al público en uno de nuestros templos aquella joya destinada al
culto.

El hecho es que en 1812 se le vé á Miralla en Lima, dando cuenta, en un
cuaderno de pocas pájinas, “de las fiestas celebradas en la Ciudad de los
Reyes con motivo de la promocion del Exmo. Señor Dr. D. José Baquijano al
Supremo Consejo de Estado.”

Las descripciones de festividades públicas formaron un ramo especial de
la literatura peruana. En época en que el talento del escritor tenia
allí pocas aplicaciones, era una buena fortuna la oportunidad de lucir
erudicion y facundia en el panejírico de algun personaje ó en la relacion
de la alegria ó del dolor del público en ocasiones estraordinarias.

Miralla se manifiesta en ese escrito digno de desempeñar una tarea
que él quiso confiar (como lo espresa en la dedicatoria) “á la pluma
delicada de un ilustre literato.” No faltan allí, ni las citas latinas,
especialmente de Lucano y de Ovidio, ni la desenfadada verbosidad á que la
jeneralidad de los escritores limeños tenian acostumbrado el oido de sus
conciudiadanos.

Sin embargo, cualquiera que lea el discurso que encabeza la “breve
descripcion,” no podrá menos de advertir que es fruto de la cabeza de un
hombre de ingénio, no mal preparado para honrar la carrera de las letras.

Es demas decir que en este cuaderno abundan los versos en todo metro y
medida, la mayor parte anónimos. Sospechamos que muchos pertenecerán á
Miralla y especialmente el siguiente cuarteto que fué colocado sobre el
frontis _iluminado_ de las casas consulares: el dejo á _culto_ que tienen
esos cuatro versos, es propió del terreno en que nacieron.

    _Estas llamas ardientes simbolizan_
    _El amor que mereces á este pueblo:_
    _Su inquietud el deseo de tu gloria,_
    _Su claridad la luz de tu consejo._

La única composicion poética, firmada con iniciales que allí se rejistra,
pertenece al Dr. D. José Sanchez Carrion, quien mas tarde se hizo notable
por la parte que tomó en la emancipacion del Perú y por el cargo de
Ministro jeneral de Bolivar que desempeñó hasta la batalla de Junin. Este
personaje se liga con nuestra historia en cuanto se le considera por
algunos como un rival poco jeneroso del Dr. Monteagudo, asesinado en las
calles de Lima durante la influencia política de Sanchez Carrion.

Baquijano pasó á Madrid á tomar posesion de su empleo, y entendemos que
llevó consigo á Miralla de quien se habia declarado protector.

Es de presumir que la gratitud no flaquease en el ardiente corazon de
Miralla; pero tambien es presumible que sus opiniones políticas y su
devocion á la causa de la independencia americana, levantasen un celaje
opaco y frio en las relaciones amistosas entre el magnate protector y su
protejido, novel y oscuro literato republicano.

Baquijano, Conde de Vista Florida, estaba ligado con estrechos vínculos á
dos Ministros del absolutismo de Fernando VII, ambos, por una aberracion
singular, nacidos en América. El uno era el Duque de San Carlos, peruano,
y el otro el mejicano Lardizabal.

La reunion á Cortes habia hecho de Madrid la residencia de muchos
americanos distinguidos, quienes se dividieron, alistándose en uno ú otro
de los dos grandes partidos que ajitaban entonces á la Península.

Los americanos liberales que veian en el triunfo del sistema
constitucional de la Metrópoli, el triunfo tambien de la libertad en
América, manifestaron con una loable valentia su indignacion contra el
decreto de 4 de Mayo de 1814 aboliendo la constitucion y disolviendo en
consecuencia las cortes del Reino.

Algunos de aquellos, como D. Vicente Rocafuerte, y Rivero, diputados
por las ciudades de Guayaquil y de Arequipa, llevaron la enerjia de sus
convicciones y principios hasta negarse á asistir á una audiencia real,
declarando que no era digno de sus respetos un monarca que hacia jemir en
las cárceles á los diputados liberales cuyas opiniones estaban garantidas
por el rejimen constitucional bajo cuyo imperio las habian emitido. Esta
valiente determinacion fué, como es de creerse en los momentos de la
reaccion absolutista, castigada ejemplarmente. Arrebatado Rivero de los
brazos de su joven y reciente compañera, fué encerrado en la oscuridad de
una prision de estado, en donde jimió durante seis años.

Si Miralla se hallaba entonces en Europa es de presumirse que pensase
como el ecuatoriano Rocafuerte: decia este, “que, los americanos eran
mas delincuentes que los españoles en reconocer al rei absoluto, porque
sufrian mas de su lejano despotismo y porque habia llegado la época en que
era obligacion de ellos trabajar en sacudir el yugo español y combatirlo
de todos modos.”

Al fin de una carrera llena de amarguras y de tantos desengaños como
importantes servicios habia prestado á la libertad y á la ilustracion
del nuevo mundo, el mismo Rocafuerte volviendo la memoria á la aurora
de la revolucion esclamaba desde Lima en 1844: «En esa época feliz yo
consideraba toda la América española como la patria de mi nacimiento.»
Esta tambien era la manera de sentir de todos los americanos ilustres que
el espíritu de fraternidad filosófica del siglo XVIII, habia preparado
como por milagro para esa larga y heróica lucha de que habia de resultar
independiente un mundo entero.

Bolivar, Morelos, San Martin, se buscaban anhelantes con el pensamiento
en ese oceano de llanuras, de bosques y montañas vírjenes que fueron
teatro de la lucha de la emancipacion, deseándose mútuamente el acierto y
la victoria en la idéntica causa que sostenian.

Camilo Enriquez no reconoce en los Andes el poder de separar en dos
patrias el suelo chileno y el argentino, y electriza simultáneamente
con sus escritos republicanos á Santiago y á Buenos Aires. El Dr. D.
Bernardino Vera, ignorado y completamente desconocido á las márjenes del
Paraná, donde tuvo su ilustre cuna, vivirá eternamente en los fastos de
la revolucion chilena, como pensador, como majistrado, como poeta, como
patriota.

A este tenor, muchos otros americanos fueron del mismo modo de pensar
que Rocafuerte. Miembros de una misma familia por los principios, las
aspiraciones y los fines, siguieron el rumbo que el destino quiso
señalarles y cultivaron el campo de la independencia con la pluma y
la espada como una heredad comun. Las victorias de Boyacá y de Maypu
alcanzadas por dos distintos heroes en dos opuestos estremos de la América
española, son tan hermanas como Leutres y Mantinea.

Miralla vivia en la atmósfera de esas mismas jenerosas ideas.--«A pesar
de haber sido el principal é inalterable anhelo de su alma el volver al
círculo de sus amigos y paisanos y al grato calor de sus hogares,» como
lo decia á su antiguo maestro en Julio de 1822, el destino le detenia en
la Habana en donde por aquel tiempo era vecino comerciante y propietario
acaudalado.

El restablecimiento de la Constitucion en Cádiz permitió á los amigos
de la independencia americana residentes en la principal de las islas
Antillas, mayor libertad para sus proyectos y trabajos. Existia en la
Habana una asociacion secreta relacionada con otras de la misma especie en
Caracas, cuyo objeto era ganar prosélitos y difundir ideas á favor de la
gran causa de nuestro continente.

En esos trabajos tomó Miralla una parte activa, y aprovechando de la
libertad de imprenta que el movimiento revolucionario de Riego y Quiroga
habia devuelto á los súbditos españoles, se asoció á Fernandez Madrid para
escribir en el sentido de la independencia y de la democracia.

En 1821 fundaron ambos en la misma Habana un periódico titulado el
_Argos_, para influir en la política del continente y en especial en la
de los habitantes de Méjico, en donde acababa de dar Iturbide el grito de
independencia, (24 de febrero de 1821.) Las ideas monárquicas del plan
de Iguala dejaban demasiado transparente los fines de ambicion personal
que se realizaron en 18 de Mayo de 1822;--dia en que se vió en América la
parodia de un Emperador consagrado por el motin militar de un sarjento.
Los verdaderos patriotas mejicanos querian entrar francamente en el camino
natural de los destinos de América que ellos comprendian y aceptaban como
ley infalible en lo futuro. Aspiraban al triunfo del sistema democrático
republicano y á la comunidad de principios é intereses entre los nuevos
Estados que nacian á la independencia, para que esta gran familia de
naciones llegase á ser próspera y feliz por medio de la paz, del órden y
de una sabia administracion económica. El programa del _Argos_ era este
mismo, y estas las ideas y tendencias á cuyo servicio se pusieron sus
inteligentes redactores.

Fernandez Madrid, nacido en Cartajena de la antigua Colombia en 1789, y
cuya existencia se apagó en las cercanias de Lóndres en Junio de 1830, nos
es mas conocido que su amigo Miralla, compatriota nuestro y educado en
esta capital, objeto constante de sus simpatías y recuerdos.

La amistad entre estos dos ilustrados y beneméritos americanos redunda
en elogio del que es objeto de esta breve noticia. Madrid llegó á tener,
dentro y fuera del territorio de Colombia las posiciones mas elevadas
de la majistratura y de la diplomacia. Orador elocuente, versado en las
ciencias, ha salvado su nombre del olvido, no tanto por el distinguido
papel que desempeñó en el teatro de la política, cuanto por las amables
calidades de su carácter y por su aventajada inspiracion poética.

Natural es presumir que entre el Argentino y el Colombiano que habian
fundido sus pensamientos y pasiones políticas en el molde de las columnas
del _Argos_, existiese una especial analojía en el carácter y en las
propensiones del espíritu, cultivado en ambos por la disciplina de la
escuela y por la enseñanza práctica que proporcionan los viajes.

Madrid ha dejado en su coleccion de poesias, publicadas en Lóndres
en 1828, huellas bien marcadas de la intimidad con Miralla, de las
inclinaciones literarias de este, y de su influencia en la sociedad
habanera en cuyo seno pasaron ambos juntos muchos años.

Una de esas composiciones forma por si sola un rasgo sumamente
característico de la fisonomia de nuestro ilustre compatriota. Ella coloca
á Miralla en el número de esos _varones insignes en merecimientos_, cuyas
palabras son poderosas para aplacar el mar de las iras populares.

_Ille regit dictis animos, et pectora mulcet._

Esa composicion no necesita esplicaciones ni comentarios: las relaciones
entre las colonias del golfo mejicano y su metrópoli de entonces,
esplicarán los motivos posibles de la asonada que dá ocasion al

SONETO.

_Al ciudadano Miralla, con motivo de haber sosegado el furor popular del
pueblo el 15 de Abril de 1820._

        Visteis alguna vez del mar airado
    Encresparse las olas ajitadas,
    Cuando de opuestos vientos contrastadas
    Bramando sin piedad se han levantado?
        Ya descienden de un cielo encapotado
    Las centellas por Júpiter lanzadas;
    Ya no atiende á las velas destrozadas
    El marinero absorto y consternado.
        Pero armada la diestra del tridente,
    Habla Neptuno y calla el océano
    Que la voz reconoce omnipotente.
        Imájen de ese mar fué el pueblo Habano,
    Y de Neptuno el jóven elocuente,
    Que aplacar supo su furor insano.

La otra composicion es una sátira bella y orijinal escrita en tercetas
fáciles y de grata lectura bajo la inspiracion de estos dos versos que
dictó Miralla para que sirvieran de tema al poeta:

    _Hay en el mundo dos felicidades,_
    _Una ser rico, y otra ser soltero._

Dedúcese de la lectura de esta sátira que era comun á ambos amigos la
inclinacion á escribir en metro:

      _No mas el tiempo en versos malgastemos,_
    _Porque á la sombra del laurel de Apolo,_
    _Coronados y hambrientos moriremos......_

Dedúcese tambien de la lectura de esta composicion, que doce años de
apartamiento de la patria, no habian desvirtuado en Miralla las amables
dotes intelectuales y los jeniales arranques de un carácter desenvuelto
y comunicativo que con frecuencia acarrean el elojio ó la crítica de los
estraños á los hijos de nuestro pais!....

      _Porque sabes hablar eres pedante;_
    _Porque entiendes de todo eres lijero;_
    _Por ameno y jovial eres tunante._
    _Asi te juzga el público habanero!...._

Otros hechos parciales que han llegado á nuestro conocimiento prueban el
amor á las letras y la aptitud para cultivarlas que asistia á Miralla.
Rayaba alto en un lujo en que pocas veces pecan los americanos estudiosos.
No solo estimaba las buenas obras y los autores clásicos, sino tambien
las bellas ediciones acreditadas entre los eruditos. Complacíase en leer
á Homero, á Horacio, á Lafontaine, al Tasso, en anchas pájinas de bien
abatanado papel y en tipos vaciados en moldes artísticamente correctos.

Este placer, propio de un hombre de gusto y entendido, quiso compartirle
con sus compatriotas destinando á la biblioteca pública de Buenos Aires,
en donde existen hoy, _treinte y siete_ volúmenes de las ediciones
in-folio del Bodoni, muchas de las cuales eran ya raras en Europa en
1822, segun la indicacion del donante en la carta con que remite el
obsequio desde la Habana á su _respetable rector_ el Dr. D. Luis José
Chorroarin.[3] Esta carta cuya fecha es de 27 de Julio de 1822 se publicó
en el _Argos_ de Buenos Aires del Sábado 28 de Diciembre de aquel mismo
año. El mismo periódico, cuya redaccion se señaló en su larga carrera
por inteligente y noticiosa, habia anunciado de antemano el donativo
de Miralla, agregando: “D. José Antonio Miralla, hijo de esta ciudad,
que se halla en el dia en la Habana ejerciendo el comercio...... es un
argentino muy recomendable por sus talentos y por el _número considerable
de idiomas que posée_. Cuantos porteños han visitado aquel puerto, hacen
elojios de la cordialidad con que los ha tratado.” (_Argos_ número
90--Miércoles 27 de Noviembre de 1822.)

Fruto de su inclinacion al estudio de las lenguas, es su traduccion del
orijinal italiano de la afamada obra de Foscolo, titulada: _últimas cartas
de Jacobo Dortis_. Este libro, reimpreso en Buenos Aires en 1835, por un
porteño amigo de las letras, que habia tratado y estimaba á Miralla, es el
único documento que haya llegado á nuestras manos, medianamente apropiado
para dar testimonio de los dotes ó de los defectos de su estilo.

Esa version es fácil y correcta, y conserva transparente, sin daño de
la lengua patria, las formas mórbidas del orijinal italiano, indecisas
y vaporosas á veces, enérjicas y lúgubres con mayor frecuencia. Miralla
habria sido capaz de traer al dominio del habla española los recónditos
tercetos de la _Divina Comedia_, como puede juzgarse por la muestra que
nos ofrece la version de las _últimas cartas_. Es imposible traducir con
mayor concision, con mas eficacia, aquellos dos hemistiquios del Dante tan
conocidos como citados;

        _....Come sa di sale_
        _Lo pane altrui!......_

    AH! COMO SABE A SAL EL PAN AJENO!

Algunos trozos de la trajedia de Alfieri, intercalados en el testo
orijinal, han sido traducidos en verso con igual propiedad y maestria.

El acierto en traducir de que dió pruebas nuestro compatriota faltole para
elejir el objeto de su “principal obra literaria.”[4] La familia enfermiza
de Verther pudo llegar vigorosa hasta el umbral del siglo presente; pero
hoy no puede tener descendencia en las Repúblicas que crecen en el nuevo
mundo, sin ruinas del tiempo sobre sus juveniles espaldas, y que andan
alegremente el camino hácia lo venidero en que tantas esperanzas de hoy
han de ver cumplidas. Podemos aceptar la dulce y fecunda melancolia que el
cristianismo hace brotar del contraste entre nuestra nada y la eternidad;
pero de manera alguna la amarga y venenosa desesperacion que proviene de
la duda ó del ateismo. Estamos por lo tanto los argentinos, en el deber
de buscar en el rastro de la existencia andariega y desprendida del Sr.
Miralla, otros títulos para colocarle en el lugar que le corresponde por
su indudable mérito como literato, asi como los tiene ya granjeados, como
patriota, para nuestra gratitud y nuestro cariño. Alentar á otros para
que efectuen esas indagaciones, es el objeto que nos hemos propuesto al
escribir estos lijeros apuntes que reclaman la induljencia de los lectores.



D. HIPOLITO VIEITES.


D. HIPÓLITO VIEITES sobrevivió apenas cinco años á la revolucion de Mayo,
no obstante, tuvo en ella una parte muy principal. El Dean Funes le
coloca en la lista de aquellos “hombres atrevidos en quienes el eco de la
libertad hacia una impresion irresistible.” La casa del Dr. Vieites en la
calle de Venezuela (dice un testigo presencial) servia frecuentemente de
punto de reunion á los iniciados en el pensamiento de formar un gobierno
independiente de la antigua metrópoli.

El primer gobierno patrio le confió una comision importante al lado del
jeneral D. Francisco Antonio Ocampo, jefe de la expedicion auxiliadora á
las provincias del interior del Vireinato. Intervino con esta ocasion en
el famoso suceso de la prision de Liniers y contribuyó á que se ejecutase
sin demora la órden cruenta pero enérgicamente necesaria que para salvar
la revolucion hizo célebre el lugar de la Cabeza del Tigre.

Obtuvo otros muchos empleos que dan testimonio de la jeneralidad de sus
conocimientos y de la confianza que inspiraba á sus compatriotas.

Fué miembro de la Cámara de Apelaciones en 1812. En noviembre de este
mismo año le nombró el Gobierno para que con otros ciudadanos preparasen
las materias que habian de ventilarse en la Asamblea Nacional que
estaba convocada para el próximo Enero. Segun el tenor de la circular
gubernativa, el Señor Vieites y sus asociados debian “trabajar muy
particularmente en la ilustracion metódica de los ramos relativos á la
prosperidad general y comun seguridad de estas provincias, formando al
mismo tiempo un proyecto de constitucion digno de someterse al examen
de los Representantes de ellas, y de llevar á estos paises al punto de
elevacion y grandeza á que les llama el destino.”

Reunida la Asamblea jeneral, tomó asiento en ella como diputado por Buenos
Aires, y desempeñó la Secretaria de ese cuerpo lejislativo acompañado del
Sr. Dr. D. Valentin Gomez.

El mejor título del Dr. Vieites á la atencion de la posteridad del pais
es su aplicacion apasionada al estudio de las cuestiones económicas é
industriales á que tan poco se inclinaban en la época en que él se formó
los hombres de carreras liberales. Promover la riqueza del pais por la
libertad del comercio, por la difusion de las ciencias aplicables, y por
el cultivo inteligente de la tierra; tal fué el pensamiento constante de
la buena cabeza de aquel ilustrado patriota. Para servir á este fin, fundó
el periódico titulado: _Semanario de Agrícultura, Industria y Comercio_,
cuyo primer número apareció el miércoles 1ᵒ de Setiembre de 1802. Solo
las atenciones de la defensa del pais en 1807 contra el enemigo exterior,
pudieron arrebatar la pluma á la mano incansable de Vieites. Cinco años
consecutivos y sin tregua, combatió contra la pereza, contra los abusos,
contra las ideas estraviadas, y otros tantos empleó en derramar ideas
sanas y buenos principios que al fin fructificaron á pesar del mal
preparado terreno en que caia la exelente semilla. Sus contemporáneos
le hicieron justicia, y el Virey Liniers en comunicacion de Setiembre
de 1806, pidiéndole su cooperacion para la defensa contra las fuerzas
británicas, le decia: “los escritos de V. no respiran mas que el mas puro
patriotismo, amor á las artes, y mas acendradas ideas morales.”

Llegará dia en que los agricultores de Buenos Aires levantarán una estátua
á Vieites como al primero de nuestros escritores que, por medio de la
prensa trató de ennoblecer y de alentar el arte de cultivar la tierra.
Antes que Grigera publicase su cartilla rural, que aun se reimprime como
un prontuario útil, habia llenado Vieites la misma necesidad bajo una
forma mas didáctica y con mas método, guardando el sencillo proceder de
preguntas y respuestas.

Los papeles públicos de los primeros años de la revolucion abundan en
rasgos jenerosos del carácter del Señor Vieites. Dotó jenerosamente de
varias obras de su uso á la biblioteca pública de Buenos Aires, y como
las dádivas del hombre de juicio tienden á ser fecundas y se hacen con
discrecion, donó entre aquellos libros, en lengua española, el tratado
mas estenso y de mejor doctrina que sobre la industria rural era conocido
en aquellos tiempos. El ejemplar del diccionario de Agricultura de Rozier
que pertenece á aquel establecimiento público conserva todavia el nombre
respetable de su primer poseedor.

Hombre de este carácter no podia mantener esclavos á su lado ni con
permiso de la ley y del hábito. Cuando se formó una Compañia de _Castas_
para engrosar con ella las filas del ejército del Perú, el Sr. Vieites dió
la libertad al único esclavo que poseia y le colocó bajo las banderas de
la patria. Murió en Buenos Aires el dia 27 de Setiembre de 1815.[5]

El Dr. Vieites tuvo un hermano, canónigo de la Catedral de Buenos Aires,
no menos decidido que él por la causa de la revolucion desde sus primeros
síntomas. Era aquel sacerdote hombre de talento é instruccion y nos
aseguran que escribió y publicó por los años de 1812 una cartilla ó
catecismo político que no hemos visto.

El buen canónigo cayó en cama postrado por una paralisis. De aquí tomó
causa el mal espíritu antagonista del órden nuevo, para atribuir aquella
desgracia física á castigo del cielo. Los hechos reales de decision
patriótica se agravaron con la calumnia que nunca se hace esperar, siendo,
á veces, no tanto hija de la perversidad, cuanto de la propension del
vulgo á exajerar las cosas y á darlas tintes vivos y novelescos.

Como su hermano D. Hipólito habia ayudado á formar la sumaria en el
proceso de la conspiracion de Alzaga; tomaron de aquí ocasion para
suponer, que el dia de la ejecucion de este altivo español, habia empapado
su pañuelo en sangre: afeaban mas esta accion los impostores recordando
que era un ministro de paz aquel á quien se la imputaban.

Cuando llegó este maligno rumor á oidos del canónigo Vieites, no pudiendo
incorporar su cuerpo, levantó los ojos al cielo esclamando: _¡Qué
calumnia!_ Era un hombre caritativo y bondoso; un _santo_, segun la
espresion de una persona que le trató hasta su último dia.



D. JUAN IGNACIO GORRITI.


D. JUAN IGNACIO GORRITI, es hijo de la provincia arjentina de Jujuí:
recibió su educacion literaria en el colejio de Monserrat de Córdoba en
tiempo que lo dirijia la comunidad de PP. franciscanos, sucesores de los
espulsados jesuitas en la funcion de dirijir la enseñanza. A consecuencia
del movimiento revolucionario de 1810, vino á Buenos Aires en el carácter
de diputado por su provincia, y como tal votó en 18 de Diciembre de
aquel año memorable á favor de la incorporacion de los Diputados de las
Provincias, á la Junta provisional gubernativa. En 1813 obtuvo una silla
de canónigo en la catedral de Salta de la cual llegó á ser Arcediano.
Se atribuye á su doctrina y á su ejemplo una parte muy principal en
el espíritu de independencia que manifestó el clero y la poblacion de
la provincia de Salta durante la lucha con los ejércitos realistas.
Posteriormente sirvió en el ejército del Perú el empleo de Vicario Jeneral
castrense. Despues de los trastornos del año 20, la provincia de Salta,
á imitacion de la de Buenos Aires, trató de reparar sus males creando
una administracion arreglada é intelijente. En esta tarea prestó el
Sr. Gorriti tan eficaz cooperacion que logró acabar de conquistar la
confianza que desde muy atrás le dispensaban los Salteños, quienes le
nombraron diputado para el Congreso Nacional de 1824 que se abria bajo
lisonjeros auspicios. La figura del Sr. Gorriti en aquel cuerpo compuesto
de personas notables sobresale en los primeros planos por la buena ley
de su elocuencia, la alta moralidad de sus sentimientos y la robustez
de su razon. Sobre el fruto final de aquel Congreso,--la Constitucion
llamada vulgarmente unitaria,--tenia el Sr. Gorriti un concepto favorable
que espresaba de esta manera. “Ese código reune todas las ventajas del
sistema federal con las del de Unidad, evitando los inconvenientes de
ambos.” Lleno de este convencimiento aceptó la comision de presentar la
Constitucion á las autoridades de Córdoba en nombre del Congreso. El
éxito de esta mision no fué favorable como es notorio, y la manera como
fué desempeñada consta de un informe detenido pasado por el Sr. Gorriti
al Congreso con fecha 8 de febrero de 1827; informe, que segun su autor,
seria “una leccion bien instructiva para la posteridad.” El último dia de
Agosto de aquel mismo año regresó á Salta. En 1829 fué electo gobernador
de esta provincia, cargo que desempeñó hasta 1831. En esa época se
espatrió voluntariamente á Bolivia en donde murió rodeado de la estima y
de las consideraciones debidas á su talento, méritos y servicios. Segun el
editor del libro del Dr. Gorriti, publicado en Valparaiso con el título:
“Reflexiones sobre las causas morales de las convulsiones interiores de
los nuevos Estados Americanos, etc.,” este señor dejó escrito una memoria
sobre la conducta que observó en el Congreso de 1825 y sobre toda su vida
pública: interesante documento que permanece inedito, no sabemos en poder
de quien.



D. JULIAN NAVARRO.


El presbitero Dr. D. JULIAN NAVARRO: hijo de Buenos Aires. El General San
Martin le recomienda por el valor con que animó á los patriotas en la
jornada de 3 de febrero de 1813, administrándoles al mismo tiempo sobre
el campo de batalla los auxilios espirituales. Esta recomendacion se
encuentra en el parte que dió al Gobierno aquel jeneral, de la importante
victoria de San Lorenzo, preludio de otras mas gloriosas. En 1816 fué
nombrado capellan del regimiento de artillería y catedrático de vísperas
de los _estudios públicos_ de esta capital.

El Dr. Navarro hizo parte de la espedicion á Chile al lado del jeneral San
Martin. Allí obtuvo muy pronto empleos de lucimiento, pues en 1819 era
Rector del seminario de Santiago.

En aquella ciudad ha muerto há pocos años en una edad avanzada, con fama
de injenio agudo pero no en olor de santo.



D. FRANCISCO JAVIER ITURRI


El abate D. FRANCISCO JAVIER ITURRI, de la Compañía de Jesus, era natural
de la ciudad de Santa Fé de la Vera Cruz. La espulsion de los dominios
de España de aquella órden célebre, abrió al P. Iturri el mismo campo en
que se ilustraron Clavijero, Molina, Velazco y otros jesuitas americanos.
El Sr. Funes en el prólogo de su _Ensayo_, dice lo siguiente: “Tenia ya
muy adelantado mi trabajo cuando leí en Hervas y Panduro que el V. Abate
D. F. J. Iturri habia concluido su _historia de esta parte de América_.”
Esta importante obra debe existir manuscrita en alguno de los colejios
ó casas de la órden de Jesus en Roma ó en Boloña, cindades en donde
residieron los expulsados que se dirijieron á Italia. Solo se conoce de
nuestro P. Iturri dos pequeños volúmenes de cartas sobre crítica histórica
americana, publicados en Madrid; una de las cuales se reimprimió en Buenos
Aires en 1818, á costa del Dr. Soloaga, íntimo corresponsal del autor.[6]
Este escrito se contrae á rebatir algunos errores cometidos sobre la
naturaleza y productos del suelo americano, por D. Juan Bautista Muñoz,
en la Historia de América que nunca concluyó, y para cuya formacion habia
reunido laboriosamente gran cópia de documentos. Ese escrito es datado en
Roma á 20 de Agosto de 1797, y en él hace mencion varias veces el autor,
del trabajo histórico de que se ocupaba y al que se refiere el Sr. Hervas,
quien debia estar bien informado acerca de los trabajos literarios de los
miembros de la Compañia de Jesus, contemporáneos suyos.

No sabemos si la carta del P. Iturri, de la cual cópia un párrafo el Dr.
Funes en la paj. 361 del t. 3ᵒ de su Ensayo, corresponde á las impresas ó
si era una epistola confidencial y manuscrita. El dean es un autor muy de
la escuela opuesta al historiador Prescott. Este deja en pié los andamios
que le sirvieron para levantar su fábrica histórica; aquel quisiera pasar
por único testigo de los sucesos que relata: aborrece las citas y poco se
ocupa de las datas.



D. PANTALEON RIVAROLA.


El Dr. D. PANTALEON RIVAROLA fué un sacerdote natural de Buenos Aires,
capellan del rejimiento del _Fijo_, muy dado al cumplimiento de sus santos
deberes; versado en la literatura antigua y en la historia de su patria.
Escribió dos largos _romances_ describiendo la _Gloríosa reconquista_ y
la _gloriosa defensa_ de la capital del virreinato en los años de 1806 y
1807. Al emplear un metro vulgar y un estilo que raya en prosa desaliñada,
tuvo en vista el que sus producciones se hiciesen familiares con el pueblo
y fuesen “cantables para los labradores, para los artesanos, para las
mujeres, en los campos, en los talleres, y hasta en las plazas públicas.”
Son palabras testuales del autor.



F. PANTALEON GARCIA.


El M. R. P. Fr. PANTALEON GARCIA del órden de San Francisco, nació en
Buenos Aires y vistió su humilde hábito en esta misma ciudad, pasando muy
jóven, pero ya sacerdote, á la de Córdoba, del Tucuman. Allí se ilustró en
el púlpito, y en el desempeño de las cátedras que la Universidad le confió
desde el año 1780.

Una parte de los sermones panejíricos de este notable fraile se publicaron
en Madrid en 6 volúmenes el mismo año de nuestra revolucion. La última de
sus obras impresas es la oracion fúnebre que pronunció en las exéquias del
estimable Fr. Cayetano Rodriguez, de quien no solo debió ser un hermano
en el claustro y la penitencia sino un amigo en el patriotismo y en la
comunidad del amor á los buenos estudios.

El P. Garcia tenia una voz sonora y penetrante, espresion viva, presencia
grave y circunspecta: sus panejíricos son elocuentes y llenos de sana y
oportuna erudicion.



D. RAMON DIAZ.


Dr. D. RAMON DIAZ.--En la calle central del cementerio de la _Recoleta_,
existe una modesta tumba, levantada á espensas del Estado para encerrar
los restos mortales del Dr. D. Matias Patron y Salgado. Descansan allí
mismo las cenizas de los dos hermanos, D. Avelino Diaz y Salgado, el
Euclides del Rio de la Plata, y D. Ramon, objeto de esta breve noticia.

Sobre esa tumba que encerró avara tres primaveras cargadas de frutos en
flor, pudiera escribirse con propiedad los siguientes versos de un romance
castellano del siglo XV:

    Una tierra les crió,
    Una muerte les llevó,
    Una gloria les posea.

El Dr. Diaz falleció á la edad de veinticuatro años, el dia 6 de diciembre
de 1824, ejerciendo el empleo de Defensor de Pobres. En el desempeño
de esta magistratura mostró un corazon compasivo, y su caridad por los
desgraciados le permitió conseguir que se tuviese por práctica de nuestros
tribunales el aliviar de los grillos á los reos de graves delitos despues
de prestada la confesion en el proceso. Solo en lo interior de su bella
conciencia pudo gozar de la recompensa de estos servicios á la humanidad
afligida. Él no pudo ver el séquito de desvalidos que le acompañaron con
llanto hasta la última morada. Los Diaz fueron predestinados á despertar
estimacion y amor, en los cortos años de su existencia. D. Avelino fué
conducido al cementerio desde la iglesia de Monserrat, en brazos de sus
amigos y numerosos discípulos poseidos del mas amargo dolor por su pérdida
irreparable para las ciencias físico-matemáticas y para la sociedad que
honraba con sus virtudes.

El Dr. D. Ramon Diaz desempeñó durante tres legislaturas consecutivas el
cargo de diputado; y el de Procurador jeneral de Provincia.

Su modestia quiso ocultar un hecho que nos complacemos en revelar y
en agradecerle. Suya fué la idea de reunir en un volumen todas las
composiciones en verso que se habian compuesto y publicado en Buenos Aires
desde 1810 y que podian servir para alentar el espíritu público en el
camino de mejoras morales y materiales en que entró el pais pasados los
conflictos del año 20. D. Ramon Diaz fué el compilador y el editor de la
_Lira Argentina_, impresa en Paris en 1824; libro que puede considerarse
como el primer tomo de los anales de la poesía del Rio de la Plata.



D. JOSÉ RIVERA INDARTE.


D. JOSÉ RIVERA INDARTE.--Nació en la ciudad de Córdoba del Tucuman el dia
13 de Agosto de 1814. Hizo sus estudios en la Universidad de Buenos Aires,
desplegando desde niño suma aplicacion á los libros y una inclinacion
á la carrera periodística que acabó por ser la vocacion y el empleo de
toda su existencia. Apenas contaba 18 años fundó en Montevideo, bajo la
proteccion del Sr. D. Santiago Vasquez, el periódico ministerial titulado
_El Investigador_. Confiado en sus fuerzas y decidido ya por uno de los
dos grandes partidos que luchaban en el Rio de la Plata, se hizo cargo de
la redaccion del _Nacional_ de Montevideo en el mes de Julio de 1839. Solo
se apartó de este puesto y de las penosas obligaciones que le imponia,
cuando se sintió rendido por la dolencia contraida en una brega de seis
años. El espíritu, tendencia y medios de este diario están reasumidos en
el libro que se titula _Rosas y sus opositores_, reimpreso en Buenos Aires
despues de la desaparicion del tirano. Indarte escribió versos de los
cuales se salvarán algunos en la memoria de los hombres de gusto. En 1853
se reunieron estos versos en un libro impreso en Buenos Aires llevando
al frente una biografia crítica del autor, obra del Sr. Coronel D. B.
Mitre, en la cual se mencionan todos los escritos de Indarte, sus viajes,
padecimientos y demas vicisitudes de una existencia trabajosa y poco
mimada de la fortuna. Murió de una enfermedad pulmonar el dia 19 de Agosto
de 1845 en la ciudad del Destierro, en la isla brasilera de Santa Catalina.



PATRICIO DE BASABILBASO.


D. PATRICIO DE BASABILBASO, hijo de Buenos Aires, se educó en el antiguo
colegio de esta ciudad bajo el rectorado del Sr. Dr. Achega;

    Mi venerable maestro siempre amado,
    Que del estudio en la tortuosa vega
    Dirigió mi razon con celo honrado.

como él mismo lo dice á la pág. 20 del poemita escrito en octavas, de
donde se han tomado las que se registran en la presente coleccion. Siguió
la carrera del comercio y residió muchos años en Méjico, en las Antillas y
en Estados Unidos donde contrajo matrimonio. Era entusiasta admirador de
los Americanos que se habian señalado por sus talentos y por su amor á la
libertad. Movido de este sentimiento promovió en 1835 la reimpresion de
las cartas de _Jacobo D’Ortiz_ traducidas por D. J. Antonio Miralla. Murió
en Buenos Aires poco tiempo despues.



F.ʳ GAYETANO JOSÉ RODRIGUEZ.


    Jamas la patria podrá olvidar su memoria pues es la de un hijo en
    quien se reunían los mejores talentos á una vida llena de probidad.

                                     (ARGOS _del sabado 23 de Enero 823._)

    Hombre de cualidades muy amables, y particularmente recomendable
    por su erudicion y génio.

                                              (MORENO, _vida y memorias._)


FR. CAYETANO JOSÉ RODRIGUEZ, relijioso franciscano, lector jubilado,
Ex-Provincial, Examinador Sinodal de los obispados de Buenos Aires,
Córdoba, Paraguay y Concepcion de Penco, nació en el _Rincon de San
Pedro_, y tomó el hábito en el convento de la órden en esta Capital, el
dia 12 de Enero de 1777, pocos meses despues de haber cumplido diez y
seis años de edad.--En aquella época el jóven Rodriguez, poseia, segun su
panegirista, una alma buena, _un corazon del cielo_, y un ardiente amor
á las letras. Por estas calidades se hizo acreedor á acercarse al altar
antes de tiempo, recibiendo á la edad de 22 años las órdenes de sacerdote
de manos del Señor San Alberto, obispo de Córdoba.

El Padre Rodriguez, ante todo, fué un sacerdote de la creencia y de
la doctrina católica. Orar, asistir al confesonario, endulzar con las
esperanzas de mejor vida los últimos instantes de los enfermos, fueron
sus principales ocupaciones. Fué director, durante veinte años, de la
conciencia de las monjas de Santa Catalina y Santa Clara, y por cinco de
aquellos años, “cargó sobre sus hombros todo el peso de la Santa Casa de
Ejercicios,” que supone la tarea de pláticas espirituales diarias, la
asídua contraccion al confesonario, y la atencion molesta á las consultas
personales sobre intereses de la conciencia ó del mundo. Para el desempeño
de estas dos ocupaciones tenia que caminar diariamente la larga distancia
que media entre el monasterio de Santa Catalina y la Casa de Ejercicios,
puntos distantes entre sí mas de media legua.

El descanso del P. Rodriguez era el estudio de la ciencia y de las
bellas letras.--Tanto en el convento grande de Buenos Aires como en
la Universidad de Córdoba, dictó filosofía, teología y escritura,
introduciendo en esta enseñanza métodos mas adelantados y principios
mas exactos que aquellos en que se habian educado. “Es verdad, dice el
elocuente orador de sus honras fúnebres, que tuvo la desgracia de que le
formase las entrañas un maestro que juraba en Aristóteles. ¿Pero no es
su mayor gloria haber debido á su génio distinguir la moneda falsa de
la verdadera?” Segun este mismo contemporáneo, detestó el P. Rodriguez
el ergotismo, la teología sistemática y las cuestiones inútiles. En la
enseñanza de la física hizo por primera vez comprender á sus discípulos,
que era esta una ciencia de hechos y de mera esperimentacion.

El P. Rodriguez se declaró decididamente en favor de la emancipacion. El
movimiento de 1810 era una realizacion de antiguos deseos suyos, aunque
no fuese mas que considerado como el precursor de mejores destinos para
los despejados talentos de los hijos de América. Sus discípulos, en la
secreta fidelidad del claustro, le oyeron lamentarse mas de una vez
del apocamiento á que tenia reducido el pensamiento patrio la política
colonial. Preparado muy de antemano para las nuevas luchas, pudo escribir
desde los primeros dias de Mayo un manifiesto sobre las vejaciones que
habia recibido la América de sus dominadores, y alentar el fuego de
la libertad en canciones y poesías patrióticas, algunas de las cuales
se entonaban al rededor del monumento levantado á la memoria de la
rejeneracion.

Su patriotismo fué de exelente ley. Preparar á los compatriotas para los
nuevos destinos á que les llamaba la revolucion, fué uno de sus primeros
objetos. Esos destinos los previó con la sagacidad de su jénio, desde un
tiempo en que debia ser una insensatez si nó un delito el imajinarlos.
Cuantas veces no esclamaba bajo las bóvedas de sus aulas: “qué haya
uno nacido en un suelo en que el jénio oprimido pierde su vigor!....
Los americanos son culpables; nos agoviamos bajo el yugo cuando tiempo
há se nos viene á las manos el sacudirlo. Pero es necesario trabajar,
ilustrarnos: no se qué presajios advierto de libertad y es necesario
_formar hombres_.”

Magníficas palabras conservadas por un testigo; tanto mas notables, cuanto
que resonaban en las paredes de un convento de franciscanos!

Lleno de esta idea de _preparar_ hombres para la libertad, abrió las
puertas de la biblioteca de San Francisco á cuantos talentos jóvenes
aparecian con algun lucimiento. El Dr. D. Mariano Moreno fué uno de estos,
y la proteccion del ilustre fraile le siguió hasta Chuquisaca á donde fué
á completar la educacion que bajo tan buenos auspicios habia comenzado en
Buenos Aires.

El P. Rodriguez fué un apasionado activo de la libertad de su patria y
daba por infecundos y malgastados los años transcurridos bajo el réjimen
colonial. _Steriles transmissimus annos_ fueron las palabras sentidas que
él adoptó como epígrafe de alguna de sus producciones para representar
aquella idea.

El Congreso de Tucuman instalado el 24 de Marzo de 1816, le contó entre
sus miembros y fué redactor de las actas de sus sesiones. Representante
allí de la Provincia de su nacimiento, tuvo la gloria de firmar el acta
famosa de nuestra independencia, cuya fecha inolvidable es de 9 de Julio
de aquel mismo año.

Hasta aqui las tareas del P. Rodriguez no habian debido inquietarle ni
acibararle el espíritu. No habia hasta entonces descendido á la lucha de
la prensa periódica. La revolucion habia marchado con su espíritu hasta
entonces en cuanto á los principios fundamentales de ella y á su propósito
final. Pero en el año 1822 se presentó una novedad que le obligó á tomar
la pluma del periodista. La reforma eclesiástica suscitó dos campos en
la opinion pública y uno y otro tuvieron sus sostenedores y paladines.
El _Ambigú_, el _Espíritu_, el _Centinela_, sobre todos, eran periódicos
consagrados á sostener las medidas gubernativas. Y como el terreno era
resbaladizo, se fueron mas allá de lo que habria sido conveniente en un
pueblo católico. La obra del hombre, en cuanto habia abastardeado la
influencia religiosa y sus formas, necesitaba pasar por el crisol en que
se habian depurado la forma y los medios del sistema político anterior á
1810. Esto es evidente: una revolucion no se completa, si en su marcha
no pasa abatiendo las cabezas de las amapolas cargadas de ópio nocivo
arraigadas en el campo de las ideas. Pero ¿era político para llegar á
este fin, maltratar con la irrision y las púas de acero del lenguaje
volteriano, á antiguas comunidades, á las cuales pertenecian hombres del
mérito y de la constancia de alma del P. Rodriguez?

Jamás los frailes, la lejitimidad de sus propiedades, los derechos de la
iglesia, fueron mejor defendidos que en las columnas del _Oficial de dia_.
Alli derramó Fr. Cayetano, todo su saber, la amenidad de su estilo, y la
elevacion de su alma, resistiendo con una moderacion ejemplar á caer en
los exesos á que casi le forzaban sus adversarios.

En esta amarga tarea falleció en Buenos Aires á la edad de 62 años
cumplidos, el dia 21 de Enero de 1823.

El claustro americano, ha producido como el español sus Leones y Gonzalez.
Méjico se gloría de su Navarrete; Lima de su Delso; Buenos Aires de su
Rodriguez, que merece un lugar distinguido entre sus mejores poetas.

Su exesiva modestia hizo que no diera versos á la imprenta con su nombre.
Son muchos los que escribió, devotos, patrióticos, y tambien inspirados
por los intereses del mundo que hasta en el claustro entran á asirse de
los corazones sensibles. Hemos tenido en nuestro poder una coleccion de
sonetos de puño y letra del P. Rodriguez, y nada sería mas fácil á una
persona empeñosa que el reunir todas las composiciones que de pública voz
y fama pertenecen á este escritor y deben hallarse en poder de los amigos
de las musas argentinas.

“Aquí está sepultado el que con sus virtudes patrias cuidó de su nacion y
alcanzó gloria dando á su pueblo lecciones de un buen ciudadano.” Este es
el epitafio que le destinaba otro fraile compatriota, no menos notable por
su talento y carácter, el P. Fr. Pantaleon Garcia.



D. BERNARDO MONTEAGUDO.


El Dr. D. BERNARDO MONTEAGUDO tuvo su humilde cuna en la ciudad del
Tucuman, y es tradicion que se hallaba, por parte de madre, en el caso de
aquellos de quienes dice Lope de Vega....

    _Haberles dado el sol mas fuerte._
    _En el comun camino de la muerte._[7]

Él no aceptaba esta suposicion: la contradice en una carta (datada en la
Punta de San Luis á 16 de Marzo de 1813, que tenemos original á la vista)
desahogándose con vehemencia de la ofensa personal que semejantes rumores
le causaba. En uno de los párrafos se lee lo siguiente:... “Yo no hago
alarde de contar entre mis mayores, títulos de nobleza adquiridos por
la intriga y acaso por el crímen; pero me lisonjeo de tener unos padres
penetrados de honor, educados en el amor del trabajo y decentes sin ser
nobles.”

Monteagudo hizo probablemente sus primeros estudios en Córdoba pero de
cierto los completó en Chuquisaca, poco mas ó menos en la misma época en
que se hallaban allí con igual objeto Moreno, Agrelo y otros argentinos
que tan principal parte habian de tener en los hechos de la revolucion que
ya se aproximaba.

Cuando Monteagudo se presentó en la escena del Rio de la Plata no era
un novicio en los peligros, ni era aquella la primera vez en que daba
pruebas del ardor de su carácter. En la insurreccion de Charcas del año
1809, fué él uno de los mas decididos por la idea de formar una Junta
Gubernativa; como efectivamente se formó, instalándose el dia 25 de Mayo.
Estos sucesos no eran mas que síntomas precursores de lo que dentro
de un año justo, á contar desde aquella fecha, habia de verificarse
definitivamente en el Vireynato del Rio de la Plata. La junta fué disuelta
por una inmediata reaccion y Monteagudo, perseguido y condenado á muerte
se asiló en Buenos Aires en donde iba inmediatamente á encontrar la
atmósfera que convenia al elevado grado del ardor de su carácter y á la
estension de su inteligencia. En 1811 tomó parte en la redaccion de la
_Gaceta_, devolviendo por un momento á este periódico, algo del brillo y
de la energia del estilo de su ilustre fundador. Tambien redactó otros
periódicos. El _Martir ó libre_, el _Independiente_, el _Grito del Sur_,
fueron el éco de un espíritu tan frenético de democracia que tenia por
favorable al despotismo la doctrina misma del contrato social. Tal es la
ingenua y posterior confesion de su propio redactor.

En el seno de la Asamblea Constituyente instalada á principios del año
1813, se mostró Monteagudo, promotor inteligente y celoso sostenedor de
las grandes medidas de reforma dictadas por aquella corporacion nacional.

En el mes de Julio de 1815 ausentóse de Buenos Aires para un viaje á
ultramar que duró hasta fines de 1817. Despues de visitar á Rio Janeiro
recorrió gran parte de la Europa: en Marzo de 1817 estuvo Monteagudo en
Burdeos, segun una carta autógrafa de este, que tenemos á la vista.

Vuelto á su patria, pasó al lado del General San Martin á desempeñar en
las gloriosas campañas de Chile el cargo de Auditor de guerra. No debió
este empleo á otra influencia que á la de su mérito reconocido por las
autoridades chilenas segun consta de documentos oficiales. Un solo dia no
se apartó de su jefe en aquellas rudas y peligrosas operaciones militares.
En la noche del espantoso desastre de Cancha-rayada, el Auditor se separó
de San Martin á la altura del pueblo de San Fernando para pasar á Mendoza,
en donde tomó parte indirecta, pero probablemente decisiva, en la suerte
de los hermanos Carrera, acusados de delito de lesa patria. Condenados
estos á la pena capital por el fiscal de la causa, quiso oir el gobernador
de Mendoza el parecer de algunos letrados y entre estos el del Dr.
Monteagudo: este se pronunció por la necesidad de cumplir una sentencía
justificada por la indudable naturaleza del delito de que eran acusados
los reos.

Monteagudo mantuvo la confianza del libertador de Chile, con quien pasó al
Perú desempeñando el mismo empleo de Auditor del ejército.

Las relaciones entre Monteagudo y San Martin eran de data antigua; venian
desde el movimiento semi-popular y semi-militar que derrocó la junta
de que era secretario D. Bernardino Rivadavia, el dia 8 de Octubre de
1812. Monteagudo fué el alma de aquella revuelta, que San Martin apoyó,
desplegando en la plaza principal de Buenos Aires, la lucida linea de sus
granaderos á caballo.

En 3 de Agosto de 1821, el jeneral San Martin se declaró _Protector_
del Perú y formó un ministerio en el cual dió el departamento de
guerra y marina al Dr. Monteagudo. Duró en el manejo de este ramo de
la administracion hasta el 1ᵒ de Enero de 1822, pasando en este dia
á desempeñar el ministerio de _Estado_ y _Relaciones Esteriores_. El
cumplimiento de los deberes de tan elevados puestos le trajeron muchos
compromisos y sinsabores, y por último le ocasionaron el horrible fin
que tuvo, en la flor de su edad, el dia 28 de Enero de 1825. En una de
las calles principales de Lima, frente al convento de San Juan de Dios
que sirve hoy de paradero interior al ferro-carril del Callao, exhaló el
aliento varonil y patriótico bajo el golpe del bárbaro y traidor cuchillo
de un negro, instrumento de alguna venganza fanática que aun permanece
entre misterios. Bolivar mandaba entonces en el pais, y Monteagudo
conservaba el puesto oficial que le habia acordado San Martin.

El Dr. Monteagudo promovió activamente la instruccion pública en el Perú,
mientras influyó en los consejos de su gobierno. La biblioteca pública
de Lima le reconoce como á su principal fundador. A él tambien es debido
la inspiracion y redaccion del decreto de 10 de Enero de 1822 creando el
establecimiento literario con el título de _Sociedad Patriótica de Lima_,
compuesto de 40 miembros, con el fin que aparece en el artículo 8ᵒ que
dice así: “El objeto de esta sociedad es discutir todas las cuestiones
que tengan un influjo directo ó indirecto sobre el bien público, sea en
materias políticas, económicas, ó científicas, sin otra restriccion que
la de no atacar las leyes fundamentales del pais ó el honor de algun
ciudadano.” En el notable considerando de este decreto asienta su redactor
que la instruccion pública es la primera necesidad de las sociedades, y
que el gobierno que no la fomenta comete un crímen que la mas distante
posteridad tiene derecho á vengar, maldiciendo su memoria. Como todos los
creadores jenerosos de instituciones análogas en nuestra América, tuvo
la honrada sencillez de creer que la _sociedad patriotica_, incorporaria
pronto á la patria de _Baquijano_ y de _Olacide_ á la lista de aquellos
pueblos célebres por los continuos esperimentos que se hacen en ellos _de
la fuerza intelectual que es la última barrera de la tirania_.

El viaje á Europa tuvo gran influencia sobre las maneras y las opiniones
de Monteagudo. El demócrata exaltado regresó dispuesto á volver de sus
primeros pasos y á influir para que la revolucion sesgase de la direccion
que él habia contribuido á imprimirla. Este cambio está confesado por él
mismo, en una memoria que escribió en Quito y que la prensa del Pacífico
ha reimpreso varias veces; contraida á esplicar los principios políticos
que le habian guiado en la administracion del Perú.[8] El _Censor de la
Revolucion_ que publicó en Chile en 1819 fué el agua con que pretendió
apagar la hoguera levantada por las ráfagas del _Martir ó Libre_.

El futuro biógrafo de este sobresaliente argentino tomará talvez por
epígrafe de su trabajo los siguientes versos de D. Estevan Echeverria, que
describen con rara y armoniosa concision el camino de aquel bello meteoro
del cielo de nuestra política:

    ................Monteagudo,
    El de gran corazon é injenio agudo,
    Del porvenir apóstol elocuente,
    Que entre las pompas del marcial estruendo,
    Fué desde el Plata hasta el Rimac, vertiendo
    La fé viva y la lumbre de su mente.

                           (AVELLANEDA, _poema_).



D. MANUEL JOSÉ DE LABARDEN.


El nombre del Dr. D. MANUEL JOSÉ DE LABARDEN, estaria hoy envuelto en el
olvido mas profundo, si el primer periódico que se publicó en Buenos Aires
al comenzar el siglo presente, el _Telégrafo Mercantil_, no hubiese dado á
luz la oda reimpresa en la página 370 de la _Lira Argentina_. Aquella oda
tiene por asunto _el magestuoso rio Paraná_, y parece escrita en el año de
1801.

Sin embargo la fama literaria del Sr. Labarden debia ser grande en los
años inmediatamente anteriores á la revolucion. El Dr. D. Vicente Lopez al
comenzar su canto _El Triunfo Argentino_ (Noviembre de 1807) pide silencio
“al sublime acento de aquel hijo de Apolo” para dar salida al entusiasmo
de su pecho.

El Sr. Labarden nació en Buenos Aires, siguió la carrera del foro, y
desempeñó el cargo de Auditor de guerra del ejército reconquistador en
1807. Su muerte ha debido tener lugar por los años 1812 ó 13.

Refiere la tradicion que él fué el promotor de la primera casa de comedias
que se edificó en Buenos Aires, la cual estuvo situada en el parage que
hoy ocupa el mercado público. Aquel edificio, que no debia ser muy sólido
ni muy suntuoso, pereció por las llamas el año 1793. De esta aficion al
arte dramático que se atribuye al Dr Labarden, da testimonio afirmativo
una trajedia que de su pluma se conserva con el título de _Siripo_,
personage muy conocido en los fastos de la historia novelesca y primitiva
del Rio de la Plata. Esta trajedia se representaba frecuentemente en
Buenos Aires en los aniversarios de sucesos prósperos de la revolucion,
despertando mucho entusiasmo en los espectadores. No la conocemos, pero
sabemos que existen copias de ella en Buenos Aires. Seria una buena accion
el rescatarla de una pérdida segura, conservándola en los archivos de
algunos de los cuerpos literarios que acaban de fundarse en Buenos Aires.

El Dr. Labarden fué de carácter amable, caballeroso, culto de maneras,
dado al trato social, y al mismo tiempo enemigo del bullicio y de la
multitud, tanto como su maestro Horacio:

    _Odi profanum vulgus, et arceo._

Amó la vida retirada y las tranquilas tareas del campo, en las cuales
procedió con el acierto de un hombre ilustrado. Por una casualidad rara
podemos asegurar que él antes que nadie tuvo la idea de mejorar con la
cruza de razas mas perfectas, la calidad de las ovejas del Rio de la
Plata. En un libro de cuentas de la casa de comercio de D. Tomas Antonio
Romero, aquel “jenio vasto y emprendedor”, como le llama el Sr. Funes,
hemos hallado con fecha 10 de Diciembre de 1794, la partida siguiente:
“Por 187 ps. ½ rs. corrientes que han tenido de costo y gastos _diez
carneros y veinte ovejas_ que de su cuenta y riesgo se embarcaron en Cadiz
abordo de la fragata Santa-Ana, como consta por menor de su respectiva
cuenta.... etc.”

Este ganado lanar no podia ser sino merino, pues bien notorio es que la
España posee esa especie; que en aquel suelo es en donde adquirió, siglos
hace, la perfeccion que la distingue, y que de allí se estendió á Alemania
primero, y despues á Francia bajo el reinado de Luis XVI.

En aquella época residió el Dr. Labarden en lo que es hoy Estado Oriental
y entonces se decia, la _otra banda_, en una estancia llamada _del Sauce_
en las cercanias del pueblo del _Colla_. Sospechamos que desempeñaba el
cargo de administrador de las propiedades rurales de la Corona conocidas
con el nombre de Estancias del rey. En el mismo libro de la casa de
Romero, aparece comprada en 1793, para el mismo Sr. Labarden, y por el
precio de 10 ps. 2½ rs. _la obra de Barcarcel sobre Agricultura_. En aquel
año tenia esposa y madre vivas.



D. BERNARDO VERA Y PINTADO.


El Dr. D. BERNARDO VERA Y PINTADO, nació el año 1780 en Santa Fé de la
Vera-Cruz, ciudad natal del jesuita D. Javier Iturri y de D. Juan Baltazar
Maciel, afamados por su literatura.

Ligado por relaciones de parentezco á la familia del teniente general D.
Joaquin del Pino, que mas tarde fué Virey de Buenos Aires, se trasladó
con este á Chile el año 1799. En la Universidad de San Felipe completó su
carrera literaria graduándose en cánones y en leyes.

En esta real Universidad, para recibir grados por aquella época, era
preciso prestar seis exámenes solemnes: cinco de instituta y uno de
cánones y leyes en el cual se absolvian, cuando menos, treinta y tantas
proposiciones relativas á ambas facultades. Los catedráticos eran cuatro:
dos de _prima de leyes_, uno de _decreto_ y otro de _instituta_. Los
jóvenes que se dedicaban al foro, no solo concurrian á la Academia de
práctica, sino tambien al estudio de algun abogado de nombradía durante
los cuatro años del curso jeneral de derecho. La Universidad percibia
_cien reales_ por cada grado.

El Dr. Vera se distinguió desde muy temprano y se granjeó la simpatía de
los hijos de Chile, _por sus talentos_ y _su carácter jeneroso_, segun
la espresion de uno de ellos. Desempeñó varios destinos públicos antes
de la revolucion y formó numerosos discípulos en la Academia práctica de
jurisprudencia que estuvo algunos años bajo su direccion.

El primer suceso que atrajo la atencion pública sobre su persona al
abrirse la era que comienza en 1810, fué un acto despótico del presidente
Carrasco. Urgido este por los conflictos que le rodeaban al recrearse la
revolucion, tomó una medida que vino á mostrar toda la popularidad del
Dr. Vera. Siguiendo aquel mandatario los consejos de la Audiencia, se
decidió á poner presos á aquellos individuos que mas indicados estaban
de conspiradores ante el partido peninsular. Fué el Dr. Vera uno de los
tres que en la noche del 25 de Mayo cayeron en poder de la fuerza armada,
estando en una casa particular. Trasladados á un cuartel, se les hizo
salir inmediatamente, y en la alta noche, para el puerto de Valparaiso
escoltados con 12 dragones á caballo. Llegados allí los pusieron á abordo
del fragata Astrea; en donde, y mas tarde en el castillo de San José, se
les siguió una causa.

Los padecimientos de aquellos patriotas irritaron los ánimos de los
Santiagueños, y el Cabildo tuvo el noble corage de interesarse por su
suerte ante la autoridad de Carrasco. Pero, equivocado este mandatario
sobre la situacion de las cosas y afectando una enerjia que no era natural
en su carácter, hizo que los detenidos en la fortaleza de San José se
embarcasen en la corbeta _Miontina_ próxima á zarpar para el Callao. Vera
quedó en tierra so pretesto de enfermedad.

Mientras tanto los principales vecinos de Valparaiso que habian tomado
relacion con los presos, se interesaban por su suerte é influian para
que se revocasen las órdenes del Presidente. La solicitud que con este
objeto le dirijieron, llegó á la capital el 11 de Julio y con ella se tuvo
un conocimiento exacto de la aflijida situacion en que se encontraban
aquellos que eran ya considerados como victimas de la causa del pueblo.
Subió de punto la exaltacion de este. Juntóse por todas partes la
poblacion en corrillos, y como resultado de la voluntad jeneral se pidió
la reunion estraordinaria del Cabildo. Verificóse esta; pero muy al
principio de la sesion se convirtió en _Cabildo abierto_, es decir en una
asamblea de notables en la cual podian estos discutir y deliberar en razon
de lo estraordínario de las circunstancias y la gravedad del objeto.

Aquella reunion de ciudanos nombró una diputacion cerca del Presidente,
la cual fué desairada por éste. Entonces el pueblo le notificó en términos
mas enérgicos su voluntad, y despues de varios incidentes que agravaron el
descontento general y los motivos de queja del vecindario, se vió Carrasco
en la necesidad de separarse del mando, pretestando el mal estado de su
salud. Este fué el primer paso á la independencia de Chile.

El 18 de Setiembre se efectuó en aquella república el mismo cámbio
político que habia tenido lugar en Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810.
Cuatro dias despues de aquella fecha entró en Santiago el Dr. Vera.
“Volvió este á la capital (dice el historiador español de la revolucion de
Chile, el P. Martinez) con innumerable acompañamiento de los personages de
la ciudad que en carruages y á caballo lo recibieron y entraron como en
triunfo, celebrando y admirando á este sugeto como á una de las primeras
columnas que debian de erijir y sostener el plan de la revolucion.”

Instalado el primer congreso chileno fué nombrado el Dr. Vera secretario
de ese cuerpo teniendo por compañero de taréas al famoso clérigo de
la buena muerte Camilo Henriquez. Uno y otro pertenecian al partido
republicano como decididos parciales del Dr. Rozas, el Moreno de la
revolucion chilena.

Estos dos amigos consagraron tambien sus talentos á despertar é ilustrar
el espíritu público por medio de los escritos periódicos. Asi que se
pudo obtener una imprenta, fundó Camilo Henriquez el primer periódico
que conoció el pueblo chileno, con el título _la Aurora_. Vera fué su
cooperador incansable, y sus articulos llevan por firma el siguiente
anagrama de su nombre ó de sus dos apellidos: _David Parra y Bedernoton_.

Fué el Dr. Vera el primer representante del gobierno de Buenos Aires cerca
del de Chile; cargo que tenia por objeto uniformar la marcha de ambos
en la empresa que acababan de acometer, y atender la propaganda de la
idea revolucionaria por todo el litoral del Pacífico. En este cargo se
desempeñó con tanta actividad como desprendimiento. La jenerosidad fué
siempre en él un rasgo muy visible de su carácter. En las penurias que
padecia el erario de su patria adoptiva, el Dr. Vera no trepido en ofrecer
el fruto de su trabajo y de su economía para ayudar á la marcha naciente
de la revolucion. La Junta de gobierno contestó á tan noble ofrecimiento
en los términos siguientes: “La Junta se cubre del mayor gozo cuando ve
desprenderse á V. de todos sus bienes por amor á la causa comun: contará
siempre con su fidelidad, le distinguirá entre los mejores patriotas,
y le será de la mayor satisfaccion tener oportunidad de acreditar su
reconocimiento. Asi lo entenderá V. en respuesta á su representacion fecha
del dia.--Febrero 7 de 1811.”

Vera fué instado varias veces por D. Bernardino Rivadavia, cuando era éste
secretario del Gobierno de Buenos Aires en 1812, para que pasase á aquella
capital á ocupar un destino. Con este motivo, en una carta confidencial le
contesta, dándole idea de sus aptitudes y hábitos, de la manera siguiente:
“_Santiago 24 de Julio de 1812_.... Cuando V. se empeña en convidarme con
esa capital me hace mas honor que el que merezco porque no me conoce.
Permítame que le hable con toda la franqueza que me caracteriza. Yo no soy
á propósito para comision alguna militar: abomino esta carrera. Tampoco
tengo aquella luz de alta política que en las circunstancias exije la
grande estension del gobierno superior de un Estado naciente. Mis talentos
no pasan la raya de comunes; tal cual expedicion en la pluma, y el deseo
de formarme por principios de pura reflexion y estudio sobre el hombre,
acaso los hago aparecer mas de lo que son. Carezco de erudicion, porque
ni he sido muy aplicado á la historia, ni me ha sobrado tiempo para
dedicarme á ella: ahora empiezo. Casado cinco años hace en Chile con una
jóven indotada y con dos hijos, el foro ha hecho toda mi subsistencia. Lo
desamparé desde que acepté la Diputacion de Buenos Aires. Su corta renta
es la que sufraga á las urgencias diarias porque nada he guardado ni he
podido guardar de los honorarios de la abogacía que siempre han seguido la
naturaleza de mi génio desprendido de intereses.... Diré mas: soy honrado:
amo la justicia, y mi corazon solo deja de ser benigno cuando se le ataca.
Los derechos de los pueblos y la libertad bien reglada, son mi manía”....

No sabemos precisamente en que fecha, pero es indudable que atravesó la
cordillera y llegó á Buenos Aires, en donde desempeñó empleos y comisiones
de mucha importancia. En una de estas se unió al general San Martin,
gobernador de Cuyo entonces, á cuyo lado sirvió de secretario.

En toda época tuvo la fortuna el Dr. Vera de prestar sus servicios á
la revolucion de Chile y al progreso social de aquel pueblo que le
daba hospitalidad. O’Higins le encargó la redaccion del manifiesto
justificativo de la independencia que se preparaba á declarar. Habiendo
cedido el jeneral San Martin los 10,000 pesos que por indemnizacion de
gastos de viaje le habia concedido el Cabildo para fomentar la biblioteca
pública de Santiago, fué nombrado Vera para aplicar aquella cantidad al
noble objeto á que era destinada.

Pero, en nuestro modo de ver, el gran servicio prestado por nuestro
compatriota á la sociedad chilena, fué el haber contribuido á templarla
en el fuego que iba cundiendo desde las orillas del Plata, y á despertar
en ella ese entusiasmo atrevido sin el cual se quedan los pueblos á medio
andar en el camino de un gran propósito.

El Dr. Vera que se confiesa poco dado á la historia, habia nacido poéta y
acertaba sin violencia á herir el corazon con sus versos, sus canciones
eran populares; todos las repetian;--y el autor mismo cubierto con el
gorro frígio, resucitado por los jacobinos franceses, aparecía en los
banquetes patrióticos entonando himnos que habia compuesto pocas horas
antes. Compréndese, cual seria el entusiasmo que se despertaba en los que
le oian y juntaban sus voces á la suya, al leer las estrofas de uno de
aquellos ráptos líricos:

    El augusto dia
    Empezó á brillar
    En que los esclavos
    Puedan respirar.

    El hombre recobra
    La gran magestad
    Que naturaleza
    Le quiso donar.

    Las generaciones
    Nos bendecirán,
    Cuando á nuestro esfuerzo
    Libres se verán.

    De padres á hijos
    La voz pasará,
    Y esta noble historia,
    ¡Que honor nos hará!....

Al principiar esta noticia hemos dado intencionalmente una idea de los
estudios universitarios en Chile. Requerian una reforma, y el 10 de Agosto
de 1813 ya se inauguraba una escuela verdaderamente nueva con el título
modesto de _Instituto_, sentada sobre tan buenas bases que desde entonces
acá ha continuado mejorándose y progresando. El Dr. Vera contribuyó á
la solemnidad de aquel acto componiendo el himno que en él se cantó y
cuyo asunto es la glorificacion de las ciencias que ivan á cultivarse en
adelante con mejores métodos y bajo mas felices auspicios. El coro del
himno es la siguiente cuarteta:

    _La Patria nos convoca_
    _Con noble y suave voz,_
    _A rendir á la ciencia_
    _El merecido honor._

Creemos que es digna de conservarse en la memoria la mayor parte de esta
composicion que falta en la Lira Argentina.

    No hay libertad sin luces;
    Al pueblo oscurecido
    De sus grillos el _ruido_
    Jamás le despertó:
    La gran filosofia
    Del error ha triunfado,
    Y alegre ha levantado
    Su augusto pabellon.

    La patria jenerosa
    Hoy sus luces nos brinda;
    Habrá quién no se rinda
    A su tierna mocion?
    O Libertad! ó Patria,
    O época luminosa,
    La juventud virtuosa
    Os llama á su favor.

    O padre de los hombres
    Que libres les formaste,
    El bien que les donaste
    No lo usurpe el error!
    Que de una vez acabe
    Al último tirano,
    Esa divina mano,
    Que á Chile protejió.. .. ..

Libertado Chile completamente de la dominacion española, volvió el Dr.
Vera á contraerse á su ejercicio de abogado, y á escribir para los
periódicos sin descuidar la direccion de los jóvenes que se ponian al
amparo de sus luces y de su esperiencia. En estas tareas le tomó la muerte
en la madrugada del 27 de Agosto de 1827.

El sentimiento público rodeó su féretro. Los artículos necrológicos que
se publicaron en su obsequio se reimprimieron en grandes telas de seda á
costa de sus numerosos amigos; y uno de los discípulos pronunció un elógio
funebre (que corre impreso) en la Capilla del Instituto Nacional.

Como epílogo de los anteriores apuntamientos transcribiremos la rápida y
exacta pincelada con que el Sr. D. Manuel Antonio Tocornal retrata al Dr.
Vera, en su conocida _Memoria sobre el Gobierno Nacional de Chile_.

“Se repetirán siempre con entusiasmo (dice aquel distinguido é ilustrado
chileno) los himnos á la patria que entonó el Dr. Vera en los primeros
dias de nuestra existencia política.... Elocuente, vivo y animado hasta
en el trato familiar, fué uno de los jenios que honran nuestra naciente
literatura.... Jamás abandonó su patria adoptiva que le contó en el
número de los defensores de su independencia”.



D. JULIAN LEIVA.


El Dr. D. JULIAN LEIVA “Abogado de mucho crédito en el foro argentino, en
una época en que no faltaban talentos que lo ilustrasen”, segun se espresa
D. P. de Angelis en uno de los prólogos de los _Documentos Históricos_,
es una de las entidades literarias del pais cuyo nombre y producciones
merecen sacarse del olvido.

El Dean Funes en la pág. 11 del tom. 1ᵒ de su _Ensayo_, hace terminante
mencion de un dictámen critico del _erudito_ Dr. Leiva, sobre la parte
histórica de las obras de D. Félix de Azara. Existe en nuestro poder
un m. s., en el cual me parece reconocer, de una manera inequívoca, la
forma de escritura del Sr. Leiva. Es una representacion al Virey con
fecha de febrero de 1803, en nombre del _Procurador Sindico de esta
Capital_, contraida á convencer de la necesidad que habia de formar nuevas
poblaciones en las vastas campañas que corren al medio dia de Buenos Aires
habitadas entonces por los indios. Escribió tambien el informe que el
Virey Arredondo elevó á su corte sobre materias de su gobierno, publicado
por primera y única vez en la mencionada coleccion de documentos.

Por estos antecedentes y por el tenor de la carta al Dr. Funes que
damos á luz y poseemos orijinal, con algunas enmendaturas de mano ajena
que manifiestan la intencion de un plagio, se deduce que el Dr. Leiva
fué hombre versado notablemente en el estudio de nuestras antigüedades
históricas y de los hechos administrativos que se relacionan con el
conocimiento del pais en que habia nacido.

El Dr. Leiva, debió haber hecho sus estudios de leyes y jurisprudencia en
la Universidad de San Felipe, pues pertenecia al foro chileno por los años
de 1783.

En los dias de la revolucion, desempeñaba el Dr. Leiva el cargo de Síndico
Procurador, y como tal, era de su incunvencia la citacion del pueblo para
los cabildos abiertos. Sabido es que el 24 de mayo se elijió popularmente
una junta presidida por el Virey. Pesada bien esta resolucion, se
resolvieron los patriotas á provocar una nueva asamblea de vecinos,
y como á la media noche del 24, se encaminó á casa del Dr. Leiva una
comision de aquella con el objeto de preparar lo necesario para el plan
que se proponian. Un testigo ocular ha descripto la entrevista de los
comisionados con el Dr. Leiva, del modo siguiente:

“El Procurador, saltando de su cama acudió á los golpes dados á la ventana
de su habitacion, y abriéndola oyó la notificacion de la voluntad de los
patriotas, hecha en el lenguaje de una intimacion perentoria. La prudencia
y circunspeccion del Dr. Leiva, no podian reconciliarse llanamente con
la iniciativa á otro llamamiento del pueblo para destruir lo que pocas
horas antes se habia sancionado con su beneplácito. Luchaban en él,
notoriamente, sus sentimientos patrióticos y la responsabilidad de sus
deberes oficiales. Negóse á la solicitud. Vencido, empero, por reflexiones
calorosas, ofreció en fin que invitaria al Cabildo á convocar al pueblo
una vez mas[9].”

Pasó sus últimos años en una casa de campo en el pueblo de San Isidro.
Nombrado en 25 de agosto de 1815 “para componer la Comision de los cinco
individuos que habian de estender las instrucciones que la Asamblea
Electoral habia de dar á los Diputados nombrados por esta provincia para
el futuro Congreso general,” se negó á aceptar este cargo fundándose en
que atacado de una parálisis que le privaba de todo trabajo mental, no
habia podido aceptar tampoco los empleos de Presidente del _Tribunal de
Concordia_ y el de Diputado á la Asamblea Constituyente por la ciudad de
Córdoba.

El Dr. Leiva, era alto de estatura, corpulento, y de aspecto respetable.
Falleció el último dia del carnabal de 1818, á la edad de 75 años
cumplidos.



D. ANTONIO SAENZ.


El Dr. D. ANTONIO SAENZ (presbítero) puede contar como su principal mérito
la elección que en él hizo el Gobierno en 16 de febrero de 1821, para
fundar la Universidad de Buenos Aires y arreglar todos los departamentos
que debian componerla segun un reglamento formado por el mismo Sr. Saenz.
A este título se conserva en la Sala de Grados de aquel establecimiento el
retrato de este ciudadano recomendable.

Nació el Dr. Saenz en Buenos Aires á 6 de Junio de 1780 y entró al Colegio
de San Cárlos á los 15 años de edad: allí hizo sus estudios de latinidad,
filosofía y teología hasta fines del año 1800, siendo Rector el Dr.
Chorroarin, y el Dr. D. Diego Estanislao Zavaleta uno de los profesores.
Al año siguiente emprendió viaje para la ciudad de la Plata con el fin
de graduarse en cánones y dedicarse á la jurisprudencia; todo lo que
consiguió con aplauso, hasta matricularse entre los abogados de la Real
Audiencia de la Plata, el año 1804. En 1805 regresó á Buenos Aires y fué
inmediatamente nombrado por el Virey en clase de sostituto de la Catedra
de Teologia que rejenteaba en propiedad el Dr. D. Matias Camacho. A este
cargo se le acumuló el de Secretario Capitular y Notario de la Iglesia
que le confirió el Dean y Cabildo de la misma. Las mismas autoridades
le confirieron en 1807 el empleo de defensor general de los derechos y
acciones de la Santa Iglesia Catedral y del Cabildo eclesiástico.

Desempeñaba este cargo y otras honrosas y benéficas comisiones, cuando en
la noche del 15 de Marzo 1808, fué asaltada su casa por una fuerza armada
que puso en consternacion á su respetable madre y familia. El promotor
fiscal en lo eclesiástico, apoyado en aquellos soldados, tenia órden de
apoderarse de la persona del Dr. Saenz.

El delito de que se le hacia reo era haber redactado una presentacion al
rey quejándose de algunos malos procederes del Obispo, y se le acusaba
especialmente de haber cohechado y engañado á varios de los sacerdotes
que firmaban el recurso al Trono. Fué esta una causa sumamente ruidosa
en aquel tiempo, hasta el punto de intervenir en ella el Virey y el
Cabildo de una manera pública. Con este motivo escribió el Dr. Saenz un
notable recurso á la Audiencia pidiendo declaracion de fuerza de los
procedimientos de la Curia al formar y dirijir el proceso que se le
seguia. Este documento es digno de la luz pública por lo que ilustra
acerca de las formas judiciales de aquella época, del estado, del clero
entonces, y del estado social todo en la víspera de la revolucion. Se lee
con el interés que despierta una historia viva y bien narrada.

Despues de la revolucion desempeñó el Dr. Saenz muchos cargos públicos;
fué miembro de la Junta de Observacion en 1815 y uno de los redactores
del Estatuto que dió aquel cuerpo para el gobierno del Estado. Nombrado
catedrático de derecho natural y de Gentes escribió un curso sobre estas
materias acerca del cual corre impreso en 1823 un informe firmado por los
Dres. Castro y Acosta.--Se vé por este informe que el Dr. Saenz habia
tratado en el Capítulo 3ᵒ del T. 1ᵒ de su obra, _sobre el antiguo uso de
los duelos_, “produciendo el convencimiento y poniendo en claro que lejos
de ser los duelos la prueba del honor, son un testimonio de bajeza, porque
son opuestos á todas las ideas de decencia y de justicia natural, á no ser
que se quieran tomar de los tontos y los locos las ideas que constituyen
el verdadero honor, como dice oportunamente Puffendorf.” “Omitimos
(agregan los señores del informe) analizar los exelentes principios é
irresistibles demostraciones que contiene este capítulo interesante,
_porque ya lo vemos publicado en la_ Abeja Arjentina, _que, dándole todo
el aprecio debido, lo ha considerado digno de ilustrar al público_.”

En el Cabildo abierto de Mayo de 1810, debe notarse la manera como el Dr.
Saenz emitió su voto: es ya el caso, dijo, de que _el pueblo reasuma su
originaria autoridad y derechos_. En mayo de 1810 solo podian espresarse
así los caracteres muy enérjicos y las intelijencias muy cultivadas.

El Dr. Saenz murió á las 4 de la tarde del 25 de Julio de 1825, á los 44
años, un mes y 15 dias de edad. El Gobierno le decretó una sepultura de
preferencia en el cementerio público.



D. MANUEL MORENO.

    Ha muerto en el retiro despues de 55 años de carrera pública. Su
    fin ha sido digno del varon fuerte y del cristiano. (Orden, 30 de
    Noviembre 1857.)


D. MANUEL MORENO, que falleció en Buenos Aires, su ciudad natal, el 18 de
Diciembre de 1857 á la edad de 77 años, se recomienda muy especialmente
por su dedicacion á ilustrar la memoria y los trabajos de su distinguido
hermano el Dr. D. Mariano Moreno, secretario de la primera Junta. Él
recojió las últimas palabras de éste, y yendo en clase de secretario de la
legacion á Inglaterra despachada en 1811, en nombre del gobierno de las
Provincias Unidas del Rio de la Plata. Apesar de las impresiones dolorosas
de semejante catástrofe á que el Oceano mismo daba solemnidad, tuvo D.
Manuel bastante fuerza de espíritu para publicar inmediatamente en Lóndres
el volúmen que lleva por título: “Vida y memorias del Dr. D. Mariano
Moreno etc.” en cuyo testo dió oportunamente una idea de la revolucion
del Plata y de las repúblicas hermanas, contribuyendo á despertar en
Inglaterra el interés público á favor de las colonias españolas que se
levantaban contra una Metrópoli que no merecia gobernarlas. Estas memorias
se tradujeron al inglés en 1813 y se publicaron en la Revista titulada
_Monthly Magazine_, vol. 33, en la parte consagrada al recuerdo de
_personas ilustres_. En la larga residencia que D. Manuel Moreno hizo en
Inglaterra desde principios de 1829, dió otra forma á aquel primer estudio
sobre su hermano, y dió á luz en 1836 el primer tomo de la “Coleccion de
arengas en el foro y escritos del Dr. D. Mariano Moreno etc.” adornado de
un prefacio maduramente escrito, en el cual se enlaza la biografía con la
historia del pais y con muchos curiosos accidentes hasta fines del primer
año de la revolucion. Estos dos libros harán eterna entre nosotros la
hermandad de la sangre como del ingénio, vinculada en las personas de D.
Mariano y D. Manuel Moreno.

Era ya este un empleado distinguido cuando se le nombró secretario de la
Legacion primera á Inglaterra. Perseguido en 1817 por sus opiniones en
la ardorosa cuestion de la invasion portuguesa en el Estado Oriental,
espatriado tambien por la misma causa, permaneció en Estados Unidos hasta
mediados de 1821. “Alli ha estudiado la facultad médica, (dice el _Argos_
de 11 de Setiembre de aquel año, anunciando su regreso á Buenos Aires)
y se asegura que en los últimos meses estaba al servicio del enviado
de Colombia cerca de los Estados Unidos, en clase de secretario y que
viene en una comision muy importante.” Inmediatamente despues, fué electo
diputado á la Junta de Representantes; cargo que desempeñó en todas las
lejislaturas por reelecciones sucesivas hasta el año 1826. Entonces pasó á
representar á la Provincia Oriental en el Congreso constituyente en donde
perteneció al partido que sostenia en el seno de aquella corporacion la
ventaja de la forma federal sobre la unitaria. En aquel mismo año se negó
á aceptar el cargo que le confería el Presidente Rivadavia, de Ministro
Plenipotenciario cerca del gobierno de Washington.

Elevado al mando de la Provincia el Coronel Borrego, aceptó el Sr. Moreno,
el puesto de ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, que llegó
á hacérsele insoportable como se advierte de sus repetidas renuncias,
de las cuales la última tiene la fecha de Diciembre de 1827. El 13 de
Noviembre del año siguiente, hecha ya la paz con el Brasil, salió de
Buenos Aires á bordo del paquete británico _Nocton_ con el carácter de
Enviado Estraordinario y Ministro Plenipotenciario cerca del Gobierno de
S. M. B. A consecuencia del movimiento militar de primero de Diciembre fué
suspendido de sus funciones por la administracion de D. Juan Lavalle; pero
no por eso salió de Inglaterra. Allí escribió un opúsculo defendiéndose
de lo que él llamó “calumnias del _Tiempo_ y el _Pampero_,” que ilustra en
algo la triste historia de aquella época: pamfleto escrito con moderacion
y que prueba que el Sr. Moreno no aspiraba á los empleos á que ponen la
mira los ambiciosos turbulentos y que preferia vivir lejos de su pais
espuesto á la dolencia de las revueltas, para curar las cuales, no se
queria aplicar la medicina que él habia aprendido en Estados Unidos.
Parece que lo mas importante de su cómoda comision á Inglaterra fué la
discusion que sostuvo sobre los títulos argentinos á la posesion de
Malvinas. Publicó sobre esta interesante materia una memoria con un mapa,
que si en nada ha mejorado nuestro sufrido desaire de 1833, ha servido
para dar muestras de que el diplomático porteño podia habérselas en
erudicion sobre descubrimientos marítimos en el Continente Meridional de
América, con los Lores mas espertos del almirantazgo.

El Sr. Moreno, como Ministro Plenipotenciario en Lóndres desempeñó una
comision importante y laboriosa--la de examinar y juzgar las reclamaciones
británicas por causa del corso marítimo de la República durante la guerra
con el Brasil. La discusion de las reclamaciones duró desde Noviembre de
1831 hasta Setiembre de 1832, en cuyo periodo se liquidaron 27 casos,
cuyo valor ascendió á 23,501 libras. En el curso de esta negociacion tuvo
lugar un incidente curioso. El comisionado por parte de Inglaterra era un
Mr. Bruce. Al emitir este su opinion sobre la captura del bergantin Anna
se deslizó y maltrató no solo al gobierno argentino sino á la República,
declarándola incapáz de gobernarse por sí misma atendidos sus antecedentes
coloniales. El Sr. Moreno, resentido de que en desempeño de una comision
de reparacion voluntaria se insultase al pais que representaba, declaró
al gabinete de S. M. que no continuaria desempeñando su comision mientras
tuviese por asociado á aquel gratuito denigrador de su patria. El Ministro
Palmerston hizo justicia á la enérgica nota de nuestro plenipotenciario y
mandó testar todas las claúsulas ofensivas en el parecer firmado por Mr.
Bruce.

El proceso de estas negociaciones puede estudiarse en un libro que
publicó el mismo Sr. Moreno en Lóndres en 1835 con el siguiente título:
“Reclamaciones examinadas y juzgadas por la comision mista, reunida en
Lóndres por parte del gobierno de S. M. Británica, y el de las Provincias
Unidas del Rio de la Plata, en virtud de la convencion de 19 de Julio de
1830, sobre indemnizacion de súbditos británicos por actos de corsarios
de la República en la última guerra con el Brasil: _que comprende varias
cuestiones de derecho público naval_. Publicacion hecha de los documentos
oficiales.” Este libro está en español é inglés, y como se advierte en
su título, merece un lugar en toda biblioteca de escritos sobre materias
de derecho público internacional, especialmente en cuanto á corso y
apresamiento de naves mercantes.

D. Manuel Moreno, amaba el retiro y el estudio. Era un verdadero hombre
de letras como lo prueban sus escritos y la escojida biblioteca que dejó
á su muerte, la primera en nuestro concepto entre cuantas pertenecen á
particulares en Buenos Aires sin hablar de los de ciencias especiales. Era
un verdadero conocedor de los libros curiosos y raros, sin despreciar los
útiles.

El Dr. Moreno desempeñó por muchos años el cargo de bibliotecario,
cuidando con celo intelijente de la mejora y conservacion de un
establecimiento que se liga á la memoria de su ilustre hermano su
verdadero creador y primer protector oficial. Contribuyó á la redaccion de
la Abeja Argentina en clase de miembro de la Sociedad Literaria fundada en
1822, y fué el primero en Buenos Aires que enseñó en público la química
esperimental, servicio que el espíritu de partido le retribuyó con un
apodo que aun se conserva en la memoria de los lectores del _Granizo_.

En la reciente publicacion de los escritos históricos del Sr. D. Ignacio
Nuñez, puede verse una biografia de Moreno donde se hace prolija reseña de
los destinos públicos que desempeñó.



D. MIGUEL CALISTO DEL CORRO.


El Dr. D. MIGUEL CALISTO DEL CORRO nació en la ciudad de Córdoba del
Tucuman, el dia 14 de Octubre de 1775. A la edad de 23 años recibió el
grado de Dr. en Teologia en la Universidad de su provincia. En 1803 se
presentó á hacer oposicion á la silla magistral del Cabildo Eclesiástico
de Córdoba en cuyo acto se desempeñó con mucho lucimiento. Confiado en
sus luces y actividad le encomendó el cláustro de Doctores una comision
cerca del Virey, y del Soberano (si hubiese sido necesario recurrir á él)
para recabar el cumplimiento de ciertas Reales cédulas de Cárlos III, por
las cuales se mandaba que no pudiesen rejentear las cátedras de aquella
Universidad sino miembros del clero secular. Esto tenia lugar en 1806, y
en el mismo año fué nombrado cura interino de la ciudad de Salta, destino
que sirvió hasta fines de 1808.

El Dr. Corro fué del número de aquellos argentinos que presintieron y
concurrieron á acelerar la revolucion americana. A fines del año de 1809
hizo circular en Córdoba un escrito que se suponia hecho en Buenos Aires,
contraido á despertar los instintos de independencia y de libertad en el
pueblo. El primer aniversario del 25 de Mayo celebrado en Córdoba, fué
solemnizado en el templo con una oracion pronunciada por el Dr. Corro,
oracion que mas tarde dedicó su autor á la Asamblea Nacional. No deja
de ser curioso el modo como el sacerdote católico y el hombre de una
revolucion democrática se esplican por una sola boca desde el púlpito y
en lengua española acerca de la lejitimidad orijinaria del poder. “Es
ya un dogma político (dice el Dr. Corro en la 2ª parte de su oracion)
que la autoridad de los Reyes emana orijinariamente de la voluntad de
los pueblos. Sea cual fuere el oríjen de las sociedades, lo cierto es
que á ninguno, á exepcion de los Reyes de Israel, ha conferido Dios
inmediatamente la autoridad y el derecho de reinar. Cuando San Pablo
escribiendo á los Romanos, asegura que toda potestad viene de Dios:
_non est potestas nisi á Deo_; no quiso decir con esto que era Dios el
que inmediatamente la concedia: este seria un absurdo que contrasta
enormemente con el orijen é historia de todos los reinos é imperios.
Aunque las obligaciones que resultan del pacto, de las promesas y
convenciones, se fundan en aquella ley eterna que manda á todos ser fieles
á ella, ¿habremos de decir por eso que la accion ó derecho que de ellas
nace venga inmediatamente de Dios? A la verdad si buscamos el oríjen
primordial de todas las obligaciones, hallaremos no ser otro que Dios y su
justícia. Pero distingamos los derechos y por ellos conoceremos mas bien
el oríjen inmediato de toda autoridad.”

Al comenzar el año 1816 le nombró la provincia de Córdoba Diputado al
Congreso reunido en Tucuman; pero no pudo tener la gloría de poner su
nombre al pié de la acta de declaracion de la Independencia que hace tan
célebre á aquella reunion de patriotas ilustres.

Cuando aquella declaracion tuvo lugar el Dr. Corro, en su carácter de
Diputado, desempeñaba la importante comision de interceder por la paz
interior, y de inducir á la provincia de Santa Fé, á la Oriental dominada
por Artigas y al Paraguay á que enviasen sus Representantes al Congreso de
la Nacion.

Trájole la vejez al benemérito Dr. Corro uno de sus favoritos achaques--la
ceguera. Para divertir la lentitud de unas horas pasadas en la inaccion y
la oscuridad se propuso reveer los manuscritos de sus numerosos sermones,
valiéndose de la intervencion de su sobrina Da. Patricia Bustamante, que
le hacia la lectura de ellos. Correjidos y enmendados se imprimieron en
Filadelfia el año 1849, en tres volúmenes en 8ᵒ.



D. ESTEVAN LUCA Y PATRON.


Por muchos títulos se salvará del olvido el nombre de D. ESTEVAN LUCA Y
PATRON. El pasará á la posteridad mas remota unido á hechos grandes y á
gloriosos acontecimientos del pueblo argentino.

Mucho antes que la robusta entonacion de Lopez prorrumpiese en el himno
nacional,--en lira mas humilde pero con sentimiento y fé, ya habia cantado
el Sr. Luca dos canciones alentando “á la lid tremenda contra los tiranos
que osaban oprimir la América.”

Estas bellas composiciones tienen la misma fecha de la revolucion y
debieron ser muy populares en los dias en que aparecieron á causa de la
sencillez del métro y de la oportunidad de los conceptos.

Cuando San Martin coronó los trabajos de su gran campaña comenzada en
Chacabuco, clavando la bandera de la independencia en el palacio de los
Vireyes de Lima, Luca, que ejercitándose en cantar otros episodios de la
guerra, habia desplegado su talento y su estilo, fué el poeta que con mas
dignidad y grandeza celebró aquel acontecimiento.

El “Canto lírico á la libertad de Lima” que comienza:

    _No es dado á los tiranos_
    _Eterno hacer su tenebroso imperio....._

fué premiado por el gobierno, adjudicando á su autor una coleccion de los
épicos mas célebres entre los antiguos y modernos.

Bajo el uniforme de sarjento mayor de artillería que vistió el Sr. Luca
hasta 1822, se escondia un filósofo amigo de la paz y de las artes útiles.
Vuelta en sí la provincia de Buenos Aires, despues de los trastornos del
año 20, él se asoció á la obra de rejeneracion social comenzada con tan
buen éxito y lucimiento, y publicó su notable composicion _al pueblo de
Buenos Aires_ en el periódico titulado la _Abeja Arjentina_, redactada
por los miembros de la sociedad literaria. Llamámosla notable mas por las
ideas que por la forma, mas por su moralidad y sus acertadas miras sobre
lo venidero que por el calor de la inspiracion y las calidades puramente
poéticas; y mas que todo porque encierra los primeros jérmenes de muchas
ideas que si pareciensen vulgares seria porque se han desvirtuado á
fuerza de repetirse, y han pasado al tesoro comun de los convencimientos
conquistados por toda la sociedad arjentina.

Luca, discípulo de Fernandez en el Colegio de San Cárlos, era gran
conocedor de los maestros latinos, y comete al comenzar aquella
composicion una figura verdaderamente _horaciana_, imitando aunque
remotamente, la profecia de Nereo. “Muéstrase sobre las aguas, el PARANÁ,
con serena frente hablando á la prole hermosa de la victoria.” “Abandonad,
(les dice), la molicie de las ciudades y el lujo corruptor que entregó
á Roma, cuna de los Camilos y los Fabios, al poder del Godo. No durmais
imprudentes en el ocio muelle de una paz engañosa. Corred á los campos hoy
desiertos, á esa vastísima llanura que como el mar no tiene horizontes.
Mejorad allí la raza del caballo jeneroso: esquilad el bellon que defiende
al hombre de las injurias del invierno; y acreced el número del útil
animal que sabe romper el seno de la tierra con el corvo filo del arado.
Los campos llenos ahora del espinoso cardo, se cubrirán de las rubias
espigas de _Céres_ y se fundarán con el trabajo pueblos venturosos y en
tanto número como las estrellas. Crecerán á par de vuestros hijos los
árboles cargados de frutos y de sombra, y de misterio para los castos
amores. La fama de tamaña ventura resonará en los climas remotos, y los
pueblos desgraciados que beben las frias aguas del Volga y del Danubio
vendrán á buscar asilo entre nosotros.”

Talvez para mayor gloria suya, ha querido el destino que no se conozcan
de este poeta, mas que sus composiciones patrióticas. Todos sus papeles se
hundieron con él en un leño náufrago sobre los bajios del _Banco-Inglés_,
en el mes de Marzo de 1824.... D. Juan Ramon Rojas, militar y
versificador, pereció tambien en un naufrajio. Regresaba de una legacion
diplomática á la corte de Rio Janeiro confiada por el Gobierno Argentino
al Sr. Dr. D. Valentin Gomez, y á él como secretario. Habia compuesto un
poema con el título _La Martiniana_, cuyo asunto debia ser las campañas
del General San Martin en Chile y el Perú.--(_Argos de 27 de Octubre de
1821._)

El Sr. Luca no fué únicamente un literato distinguido. Los estudios de
humanidades no le parecieron bastante para llenar con inteligencia el
lugar que la revolucion brindaba á la juventud virtuosa y séria. Dedicóse
á las ciencias exactas, á esas grandes ausiliadoras de la fuerza que
transforma á la naturaleza venciéndola bajo las máquinas del hombre. Si
compuso himnos para entusiasmar al pueblo en el albor de la revolucion,
tambien supo fundir los cañones y templar las hojas de las espadas con que
se equiparon nuestros primeros ejércitos improvisados. El fué discípulo
del coronel D. Anjel Monasterio, (el amigo del sábio Jovellanos), y su
sucesor en la direccion de la fábrica de cañones y fusíles establecida
desde 1812.

D. Estevan Luca contaba apenas 38 años de edad cuando pereció: habia
nacido en Buenos Aires el dia 2 de Agosto de 1786. Su vida fué corta pero
bien aprovechada. Defendió á su patria y la ilustró con sus talentos,
dejando conquistador con su dulce carácter las simpatias que sus versos
revivirán constantemente.



D. FLORENCIO BALCARCE.

    Yo he sido una gota del agua que llueve, Perdida, de noche, que el
    polvo bebió.

                                                              F. BALCARCE.

    En su muerte, perdió nuestra patria infortunada una de las
    mas robustas intelijencias, un espíritu abierto á grandes
    concepciones.--(_Comercio del Plata_, núm. 142--marzo 24 de 1846.)


D. FLORENCIO BALCARCE, hijo del virtuoso vencedor de _Suypacha_, murió á
la edad de 24 años, en Buenos Aires, ciudad de su nacimiento, el dia 16 de
Mayo de 1839.

El jóven Balcarce no solo tenia un talento natural muy distinguido sino
tambien mucha contraccion al estudio sério. Al examinar sus trabajos
emprendidos, los libros de su pequeña biblioteca y los apuntes tomados
por él en los bancos de las aulas, se advierte inmediatamente la buena
direccion que daba á la cultura de su espíritu. La amena literatura
no formaba su ocupacion principal, sino el empleo honesto y laudable
de los momentos de descanso. En la época en que él se educaba habian
declinado mucho los estudios públicos en Buenos Aires, y aspiró á beber
su instruccion en mejor fuente. Quien á su edad y propensiones no sueña
con las escuelas de Europa, con sus grandes bibliotecas y con el nombre de
sus sábios? Balcarce pudo realizar este sueño, y partió para la capital
de la Francia en Abril de 1837. Alli se propuso adquirir conocimientos
jenerales, y profundizar en especial la ciencia de la filosofia por cuyos
problemas manifestaba una predileccion innata. Fueron sus maestros, entre
otros, los señores Saint-Hilaire, Jouffroi, Lerminier, celebridades con
cuyos nombres estamos familiarizados y que entonces estaban al frente de
las aulas mas concurridas de París.

El _barrio latino_ fué la patria y el mundo esclusivo de Balcarce durante
dos años seguidos; dos años que él supo duplicar en duracion por su
infatigable asiduidad al trabajo y sus largas vijilias.--No iban á la par
en él la robustez de su cabeza con la de los demas miembros de su cuerpo.
Su cerebro, materialmente muy desarrollado, absorbia egoista la vida toda
de la existencia que presidia, y llegó dia en que la atmósfera de París no
fué respirable para los pulmones debilitados del jóven estudiante. Pensó
entonces en los aires patrios, en el agua balsámica de su rio natal, en
su familia, y vióse forzado á sacrificar á la esperanza de mejor salud la
cosecha de saber que se prometia recojer madura por una larga permanencia
en Europa.

Esta esperanza fué otra ilusion desvanecida. Balcarce estaba condenado á
morir apenas pisase de nuevo el umbral de su casa en la calle que lleva
su glorioso apellido, y á dar razon á la exactitud de este pensamiento de
Ercilla:

    _Aquella vida es bien afortunada_
    _Que una temprana muerte la asegura._

Por qué ¿quién puede sernos garante de que mezclado al movimiento de
nuestra época, no habria naufragado en algun error, en alguna pasion,
ó no se hubiese alistado en algun partido doméstico que le atrajese la
enemistad de una gran parte de sus propios conciudadanos? Su temprana
desaparicion de este mundo, la inocencia de sus actos hasta el momento
de entregar su alma al Creador, le aseguran una memoria de amor y de
simpatías entre sus compatriotas, mientras haya (y esto será por siglos)
amor á la poesía en la ciudad donde fué concebido aquel injenio prematuro.

Balcarce tradujo del francés al castellano el estenso curso de filosofia
de Mr. Laromiguiere; el drama de Dumas titulado Catalina Howard, y
escribió una novela histórica, y muchos artículos literarios para los
periódicos, antes de salir de Buenos Aires. Pero estos trabajos, apesar de
lo que recomiendan á quien en tan corta edad los emprendió y realizó, no
son sus timbres ni la prenda de la duracion de su memoria. Unas cuantas
composiciones poéticas escritas con arte, y sentidas con toda la verdad
de que es capaz el corazon, son las hojas de la corona de su fama. Cuando
se conocieron por primera vez en Montevideo (en 1833) esas composiciones,
escribió sobre ellas D. Florencio Varela un artículo publicado en el
número 8 del _Iniciador_, del cual tomamos las siguientes palabras: “D.
Florencio Balcarce aparece ahora en la escena literaria para ocupar
despues un lugar muy distinguido entre los poétas argentinos. Cuenta
apenas 23 años, y sería una injusticia no reconocerle ya acreedor á aquel
título tan dificil de merecer. En las dos únicas composiciones suyas que
hemos tenido la fortuna de ver, (_la Partida, y la cancion á las hijas
del Plata_) se descubren ya todas las dotes del verdadero poéta: corazon
muy sensible, imaginacion ardiente, inspiraciones elevadas, abundancia y
propiedad de imágenes, colores naturales, animados, vivísimos, gala de
diccion, pureza de lenguaje, y un estilo lleno de lozania y de soltura
capáz de prestarse á todas las entonaciones.”

El noble entusiasmo del distinguido crítico no le cegaba al espresarse
así. Es imposible pensar de diversa manera al leer los versos de _la
Partida_ saumados con el aroma de una melancolía grave y de un patriotismo
intenso. Imposible es repetir sin conmoverse aquel final de todas las
estrofas,

    _Adios, Buenos Aires, amigos, adios_,

cuando se sabe que aquella despedida será eterna dentro de poco tiempo.

Las ideas mas poéticas están encerradas en este cuadro limitado. Grandeza
de Dios y de la Creacion; pequeñez fugaz de la criatura, presentimientos
de gloria y de muerte; profecias de una libertad próxima, imprecaciones
contra los _tiranos inicuos_. Todo esto, naturalmente traido y bien dicho,
forman entre luces vivas y sombras profundas un cuadro que deja al que le
medite una impresion duradera.

Antes de escribir estos adioses habia dirijido una composicion notable á
su condiscípulo el Sr. D. Victor Silva, al ordenarse este de Sacerdote, en
la cual le describe con severidad y seso las obligaciones que imponen el
estado á que iva á consagrarse.

El comienzo de esta composicion es muy felíz:

      Humilla al polvo la elevada frente
    Y á Dios entona, ó Victor, alabanza,
    Qué él te estendió su mano omnipotente,
    Y con paterno anhelo
    Alzarte quiso á celestial bonanza............

Una composicion existe tambien de Balcarce que es una muestra de su
talento y una prenda de la utilidad social de sus trabajos literarios
para un porvenir á que no pudo alcanzar. Es una cancion que puede
titularse: _el cigarro_, modelo de filosofia popular y de sencillez
y nobleza de lenguaje á la vez. Un anciano, guerrero en otro tiempo,
fuma á la puerta de su _rancho_ y compara las vicisitudes de la vida
con las diversas transformaciones á que el fuego condena á su cigarro
hasta convertirle en un _pucho_ inútil. Si algo fuese capaz de dar una
idea en lengua estranjera á la francesa, del sentimiento melancólico
y prácticamente filosófico que hay en el fondo de las canciones de
_Beranger_, es sin disputa esta cancioncita de Balcarce enteramente
orijinal y escrita, como se vé claro, para mostrar como se pueden
ennoblecer y como son propios para el arte los incidentes de nuestra
naturaleza, de nuestra civilizacion y de nuestras costumbres. Cuando la
pintura tenga entre nosotros mas adeptos que hoy, ha de inspirarse alguno
de ellos en la siguiente estrofa que por sí sola es un cuadro trazado con
la pluma:

      En la cresta de una loma,
    Se alza un ombú corpulento,
    Que alumbra el sol cuando asoma
    Y bate si sopla el viento:

    Bajo sus ramas se esconde
    Un rancho de paja y barro,
    Mansion pacífica donde
    Fuma un viejo su _cigarro_.

Balcarce tiene muchos puntos de contacto y de similitud con Adolfo Berro,
esa otra esperanza arrebatada en flor al Parnaso de la opuesta orilla del
Plata. Pero lo que mas les asemeja es el buen rumbo en que ambos se habian
colocado al comenzar sus escursiones literarias. Uno y otro habian hecho
un estudio esmerado de los recursos del idioma en que debian espresar sus
pensamientos. Leian en los antiguos; se inspiraban en una de las eternas
fuentes de toda poesia, en la Biblia; y eran orijinales, procediendo con
los elementos patrios, como los maestros habian procedido con los que les
fueron familiares. La inspiracion sola no basta para alcanzar la palma de
poeta en las sociedades cultas y artificiales, se necesita la intervencion
del arte, sin el cual la espontaneidad misma marcha tímida como si la
faltase luz y aplomo. Para los poetas hechos por la naturaleza, es para
quienes justamente escribió este precepto el amigo de los Pisones: _Sapere
est principium et fons_: Y eso, que él sabia muy bien que los poetas

    Son _genus irrítabile_ en estremo
    Y les hay que aspirando á ciego culto
    Hasta el consejo toman por insulto.



D. FRANCISCO AGUSTIN WRIGHT.


D. FRANCISCO AGUSTIN WRIGHT, perteneció á una familia antigua y conocida
de Buenos Aires. Su apellido y sus facciones, justificaban en él su
conocida predileccion por los usos y por el idioma de la nacion inglesa.

Wright comenzó á aparecer en la vida pública bajo la bandera del partido
federal, y fué blanco de los tiros satíricos de los periódicos del partido
contrario. Representó varias veces al pueblo, fué jefe de un batallon de
cívicos, y tomó una parte muy activa en los sucesos que restablecieron
en el mando á D. Juan Manuel de Rosas, despues de la administracion
de Balcarce, echado á tierra por una revolucion.--Wright pertenecia á
la cámara de diputados y como tal se negó á votar por las facultades
estraordinarias, perdiendo de este modo la confianza de los Restauradores,
de quienes tuvo que huir á Montevideo en busca de seguridad personal.

En aquella ciudad, donde murió estimado de todos, escribió una estensa
obra que comprende la narracion prolija de los acontecimientos del asedio
que sufrió aquella plaza por D. Manuel Oribe.

El Sr. Wright era hombre de principios rectos y un buen patriota, y
mereció la amistad de personas caracterizadas y de mas edad que él, como
lo prueba la dedicatoria de uno de sus escritos. _Su Breve Ensayo sobre
la prosperidad de los Estrangeros y decadencia de los Nacionales_ (1833),
que está dedicado á los Señores D. Vicente Lopez y D. Manuel Garcia, es un
escrito contraido á mostrar por qué el estranjero adquiere una posicion
mejor que el hijo del pais, á pesar de tener que vencer una gran porcion
de inconvenientes y resistencias que el autor examina con detencion. El
pensamiento fundamental de este escrito se resume en estas palabras de
su página 52: «los estrangeros y el libre ejercicio de sus industrias
es enteramente ventajoso al pais y voy á demostrar que cualesquiera
restricciones ó prohibiciones hacia ambos respectos, en tiempo de paz, es
un quebrantamiento á los tratados que tenemos con las Naciones Amigas, y á
lo que hemos ofrecido al mundo entero; cuando hemos llamado á voces á los
hombres de todos los paises á vivir entre nosotros.»

Escribió tambien las biografias de los bravos D. Federico Brandsen y D.
Tomas Espora. La primera se registra entre los documentos históricos dados
á luz por el Sr. Lamas en Montevideo en 1849, y la segunda se imprimió
en Buenos Aires con este título: «Noticia del Sr. Coronel D. Tomas
Espora que falleció en esta ciudad el 25 de Julio de 1835.--Por un amigo
suyo.»--(1835.)



D. JUAN CRISOSTOMO LAFINUR.


En la parte mas central de la Sierra de la provincia de San Luis, y á la
falda del cerro Tomalarta, llamado tambien Cerro Rico por la abundancia
de oro que le hizo célebre en otro tiempo, existe un valle denominado de
la Carolina, y un pueblo de este mismo nombre en el dia decaido y casi
desierto. En este humilde lugar fué en dónde vió la luz el dia 27 de Enero
de 1797 el Dr. D. JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR, hombre entusiasta y activo,
condenado por su temperamento á gastar la existencia en pocos años, y
cuyos escritos (los que nos son conocidos, al menos) son inferiores á su
fama y al talento que le atribuyen los contemporáneos.

Frecuentaba Lafinur las escuelas de Córdoba, cuando emprendió sus campañas
del Norte el jeneral D. Manuel Belgrano. Dejando entonces el manteo de
estudiante de ciencias morales, ciñó la espada y dió otra direccion á su
espíritu, pues segun espresion de él mismo tuvo la honra de pertenecer
á la Academia de matemáticas fundada en Tucuman por aquel jeneral para
instruccion de los cadetes de su ejército; “academia á que se agolpaba la
juventud á sorprender á la naturaleza en sus misterios y á fecundar desde
temprano el jérmen de la gloria.”

No sabemos en que época abandonó una carrera que no debia ser la de su
verdadera vocacion. Pero antes de pasar á la ciudad de Mendoza en donde
fundó un colegio en 1822, se habia hecho notable en Buenos Aires como
periodista, como poeta, y sobre todo como innovador en la enseñanza de
la filosofía. Esta última circunstancia, le atrajo algunos disgustos que
le decidieron á avecindarse en Chile en cuya capital se graduó en ambos
derechos el año 1823, tomó estado, y murió el 13 de Agosto de 1824.

La muerte del jeneral Belgrano hizo una viva sensacion en el alma
impresionable de Lafinur y arrancó á su lira tres composiciones poéticas
que le colocan en un lugar distinguido entre los poetas argentinos. El
_Canto elegiaco_, el _Canto fúnebre_ y la oda á la _Oracion fúnebre_
pronunciada por el Dr. D. Valentin Gomez en las exéquias del héroe y del
patriota ejemplar, apagan en nuestro concepto los acentos de dolor con que
otros vates lloraron el mismo lamentable acontecimiento. En esos cantos se
revelan todas las dotes y todos los defectos de la musa de Lafinur. Son
inspirados por un dolor verdadero por un aprecio reflexivo de las virtudes
del ciudadano y del guerrero, y parece como que se exhalase de sus
estrofas algo de las entrañas de un hijo. La inspiracion corre á par de
la incorreccion; la naturalidad, el sentimiento, la gracia y la harmonía
se mezclan alternativamente con los conceptos oscuros y ponderativos, y
las frases desaliñadas, aunque sea verdad que estos defectos son en menos
número que las bellezas y los rasgos verdaderamente poéticos de las tres
composiciones en general. Todas ellas brotan de la fuente poética en el
carácter de una inspiracion innegable, y pocas veces hallamos en las obras
de nuestros versificadores modos de comenzar mas felices que los que se
advierten en estos de Lafinur. La interrogacion es su figura favorita:

    Por qué tiembla el sepulcro, y desquiciadas
    Sus sempiternas losas de repente,
    Al pálido brillar de las antorchas
    Los justos y la tierra se conmueven?

Así se introduce el poeta en su _Canto elegiaco_, y con no menos brio y
entonacion prorrumpe al entonar su _canto fúnebre_:

    Adonde alzaste fugitivo el vuelo,
    Robándote al mortal infortunado,
    Virtud, hija del cielo?....

Pero en nuestro concepto las estrofas regulares con que celebró la
elocuencia del orador sagrado son de un mérito mayor y mas orijinales que
las anteriores silvas. El asunto tambien, como menos trillado, liberta al
autor de la remora de las reminiscencias y de los modelos y le obliga á
buscar un cauce propio para dar salida á los sentimientos en que reboza.
Qué natural y digna introduccion!:

    Era la hora: el coro majestuoso
    Dió á la endecha una tregua; y el silencio,
    Antiguo amigo de la tumba triste,
    Sucedió á la harmonía amarga y dulce....

Pinta en seguida la urna solitaria presidiendo la augusta escena, y
supone que todas las virtudes que andaban en torno de aquella, levantando
al cielo, llanto, esperanzas y amores, volaron á posarse en los lábios
del sacerdote elocuente; y los hombres se dolieron de ser hombres al
escuchar sus acentos. Los suspiros del pueblo llegan por una senda muda
y misteriosa hasta el orador, y avara el alma, recoje sus palabras cual
si fuesen reliquias del héroe que elojia..... Esta _oda_ es una joya de
nuestra literatura.



Articulos Críticos y Literarios

DEL

DR. D. JUAN MARIA GUTIERREZ.



LA QUICHUA EN SANTIAGO.

    (UN RATO DE CONVERSACION ESCRITA CON EL SR. D. B. POUCEL QUE SE
    PERMITE SU ATENTO S. S. JUAN MARIA GUTIERREZ.)

                                           Buenos Aires, Enero 16 de 1856.


Es un hecho, al abrigo de toda duda, que la poblacion de la provincia
Argentina de _Santiago del Estero_ habla la lengua _quiehua_ ó _quichua_,
que es la lengua jeneral del Perú. Si esa parte del territorio de la
Confederacion se hallase inmediatamente en contacto con la República
Boliviana, no causaría tanta estrañeza el fenómeno que acabamos de
señalar; pero no es así. Entre la parte meridional del territorio
Boliviano y la Provincia de Santiago, se interponen otras provincias
arjentinas cuyas poblaciones no conocen la lengua de los Incas y hablan el
español únicamente.

El Sr. Poucel, con la sagacidad de induccion que le es familiar, ha echado
de paso algunas ideas sobre esta materia en un artículo recientemente
publicado en el _Orden_; ideas que nos proponemos ayudar un poco con los
presentes renglones.

La cuestion histórica que á este respecto debe ventilarse es: ¿Los
pobladores primitivos de los llanos de Santiago, se establecieron allí
durante el gobierno de los Incas, ó con posterioridad á la conquista del
Perú por las armas españolas?--Nos parece que por mucho que se compulsen
los elementos deficientes que componen la historia de esta parte de
América, no se hallarian pruebas _terminantes_ para asegurar lo primero ni
para negar lo segundo. Los Incas eran conquistadores é invasores: hicieron
por muchos siglos el papel de los romanos, y se dice de ellos como se
ha dicho de los _Señores del mundo_, que tomaban lo mejor de los usos y
costumbres de los pueblos que sometian á su dominio. Eran tolerantes y
trataban de alijerar la mortificacion de la conquista derramando en sus
nuevos dominios los beneficios de la exelencia de su gobierno, de su
administracion y de su civilizacion verdaderamente notables. Es de creer,
pues, que tanto por medio de las armas como de la habilidad, y sobre todo
por la fuerza de espansion que tienen en sí los pueblos adelantados,
se estendió el Imperio de los Incas en el ámbito que le señalan los
historiadores. Oigamos á este respecto al Sr. Prescott (Guillermo), quien,
refiriéndose á la _relacion_ manuscrita de Sarmiento, á la _Crónica del
Perú_ de Cieza de Leon y al exactísimo y bien informado Garcilaso de la
Vega, dice lo siguiente: “El Imperio del Perú, en la época de la invasion
española, se estendía por la costa del Pacífico, desde el segundo grado,
por mas ó menos de latitud Norte hasta el 37 _de latitud Sur_; línea que
describen actualmente los límites occidentales de las repúblicas modernas
del Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Su anchura no puede ser determinada
con exactitud, porque aunque totalmente limitado al Oeste por el gran
Oceano, _hácia el Este se dilataba en varias partes mucho mas allá de los
montes, hasta los confines de las tribus bárbaras, cuya exacta situacion
no es conocida y cuyos nombres han sido borrados del mapa_ de la historia.”

En las palabras que quedan subrayadas en esta larga cita de la _Historia
de la Conquista del Perú con observaciones preliminares sobre la
civilizacion de los Incas_, puede apoyarse cualquiera que tenga interés
en sostener que antes de la conquista fueron del Señorio del Inca las
llanuras que median entre los rios _Salado_ y _Dulce_. Veamos ahora los
datos que en el otro sentido presentan los historiadores de la conquista
del Tucuman, compulsados por el Dr. Funes, en su _Ensayo Histórico_, al
que seguiremos para no acumular autoridades en una nota pasajera.

Supone el Dr. Funes que deseando D. Francisco Pizarro alejar la influencia
poderosa de su rival D. Diego de Almagro, tuvo la habilidad de
persuadirle la conveniencia de la conquista de Chile, la cual emprendió
Almagro por los años de 1535, tomando la ruta de Tupiza, y de aquí la
del valle de _Chicoan_, jurisdiccion de _Calchaqui_. Si esto es exacto,
el ejército español en camino para Chile, se internaba en la provincia
llamada entonces del Tucuman, no por espíritu de conquista sino con el
objeto de evitar las desiertas é inhospitalarias soledades de Atacama
que separan á Chile del Perú. La resistencia á los invasores comenzó
desde Jujuy. De cinco soldados españoles que se separaron del grueso del
ejército, fueron tres despedazados cruelmente por los indios; y cuando
la totalidad del mismo ejército atravesaba el citado valle de Chicoan,
fué atacada por la retaguardia con tanta enerjia, que mataron al caballo
del jeneral escapado dificilmente con vida á merced del oportuno socorro
que le prestaron sus muy leales soldados. Almagro no pudo vengarse de
este insulto. Los indios tomaron las alturas y se burlaron de las fuertes
caballerias que destacó en su persecucion. La relacion algo confusa é
incompleta del Dean, deja lugar á penas para suponer que el ejército de
Almagro entró á Chile por la altura del valle de Calchaquí, lo que, segun
las mejores cartas, cuadra bien con a proposicion que hicimos antes, pues
en aquella altura termina el desierto de Atacama y comienza el suelo
fértil de Chile.

Este ejército español se componia de 570 españoles y 15,000 _indios
peruanos_. Se vé pues que para las empresas de conquista se valian los
españoles de sus nuevos súbditos, acostumbrados por sus envejecidos usos á
invadir tierras estranjeras y á imponerles el uso de su idioma que era en
lo que principalmente hacian consistir los Incas el buen éxito definitivo
y la perpetuidad de sus conquistas.

No seria estraño, pues, que cuando poco mas tarde se concedió la
Capitanía General á aquel Diego de Rojas que tanto se habia señalado en
la conquista de Nicaragua y en otras grandes empresas que supo llevar
á cabo con reducidos recursos, nada tendria de estraño, repetimos, que
trajese consigo algunos aliados peruanos aunque no fuesen en el crecido
número de 15,000. En esta suposicion y aunque segun puede deducirse del
historiador que seguimos, el Capitan General Rojas estendió sus conquistas
hácia Catamarca en donde halló una resistencia que le costó la vida, puede
creerse sin embargo y sin violencia de la razon, que los pobladores de
Santiago, (entonces, y hasta mucho tiempo despues, comprendidos en la
jurisdiccion del Tucuman) son el resultado de la conquista española como
lo presume tambien el Señor Poucel.

Porqué la influencia de los ausiliares peruanos del conquistador español
se fijó de preferencia en aquel punto, no puede tampoco aplicarse de otro
modo que lo hace el Sr. Poucel, es decir por las afinidades del indíjena
Santiagueño con el Peruano, lo que dice mucho á favor del primero,
atendiendo el grado de adelantamiento social é intelectual que no puede
negarse por entonces á la raza de la lengua quichua. Es de añadir que
cuando por los años de 1550, despues de la catástrofe de Rojas, recayó
la Capitania de Tucuman en otro Capitan de la conquista del Perú llamado
_Juan Nuñez de Prado_, quien abrió la vanguardia de sus conquistas con 84
soldados y _muchos indios amigos_. Esta vez los indíjenas se presentaron
mas dóciles. Los de _Calchaqui se convinieron en formar una nacion con la
de su propio invasor_, y los habitantes del Valle de Catamarca, los de
los Rios _Salado_ y _Dulce_, los de la _jurisdiccion de Santiago_ y los
belicosos Lules se sujetaron con grande docilidad.

Estos hechos posteriores justifican aun mas las suposiciones que quedan
aventuradas en un punto todavía tan oscuro de nuestra historía[10].

Volviendo al hecho constante de que la lengua hablada hoy por el pueblo de
Santiago del Estero, es la misma llamada por los escritores _la lengua
jeneral del Perú_, tengo motivos para creer que la adulteracion que haya
podido sufrir en las llanuras, distante de su orijen y circundada de
pueblos que hablan un idioma tan superior como es el castellano, no es de
gran consideracion. Conocemos personas cultas de la Provincia de Tucuman
que han aprendido el quichua en largas residencias que en su juventud
hicieron en los linderos de ambas provincias, y que teniendo despues que
atravesar el territorio de Bolivia y del Perú á causa del comercio en
mulas, se hicieron entender y entendieron perfectamente á los quichuas
puros con el idioma que habian aprendido en Santiago.

Los Santiagueños tienen, como es natural mucho apego á la lengua que
para ellos es materna. El español es el latin de aquellos scitas, la
lengua oficial en que no derraman ni los sentimientos intensos, ni las
confianzas íntimas de la familia y de la amistad. La ola creciente de
la civilizacion debe respetar ese rasgo variado de la fisonomía del
pueblo argentino. Y lejos de desdeñar la parte culta de Santiago el
espresarse en aquella lengua, debe al contrario esforzarse por llevarle
á las fuentes puras de su origen y lavarla allí de las manchas que han
de desfigurarla probablemente por las muchas pecaminosas influencias
que la combaten. Los sacerdotes en especial, debian allí aprender en
las gramáticas y diccionarios que dejaron de la lengua quichua los
misioneros jesuitas, la pureza de que esta es susceptible para derramar
con majestad y eficacia la palabra de Dios entre aquel pueblo tan
industrioso y simpático.--Si se tratara de algun dialecto pobre y oscuro,
encerrado en espacio reducido, y empleado como signo de groseras ideas
por una tribu poco numerosa, nos guardariamos de recomendarla como digna
de estudio, de conservacion y mejoramiento. Pero la lengua de la gran
civilizacion peruana es hablada actualmente por mas de dos millones de
americanos, y sus exelencias como idioma claro, espresivo y harmonioso
están atestiguadas por muchos escritores de nota. Nos contentaremos con
recordar lo que á este respecto dice un célebre Granadino, el malogrado
Caldas, á quien cupo en sus montañas natales de América la misma suerte
que al frances _Lavoisier_, pidiendo en vano una tregua á la muerte (que
no le mandaba Dios) para terminar un trabajo útil. “Los peruanos siempre
exactos, siempre cuidadosos en dar á las cosas nombres tomados de sus
virtudes, (dice el fundador del semanario de Nueva Granada) ó su figura,
de su situacion etc., llamaron á las yerbas por sus virtudes y por sus
usos en la medicina, en las artes, y en la sociedad. Cuando se conoce un
poco su lengua, _esta lengua armoniosa, dulce y flexible, esta lengua que
representa en el nuevo continente á la Toscana del antiguo_, entonces se
conoce el juicio y la eleccion que tuvieron los peruanos en la imposicion
de los nombres á todos los objetos que los rodeaban. Un volcan que arroja
de su cima columnas de humo espeso mezclado con llamas, se le nombra
_Cotopaxi_ (_masa de fuego_); otro que lanza de su seno nubes de arena,
conmueve los fundamentos de la provincia, y arruina los templos y los
edificios, se le llama el _Pichincha_ (_el terrible_, _el amenazador_):
una cima inmensa cubierta de nieve, y colocada al otro lado de un rio, se
nombra _Chimborazo_ (_nieve al otro lado_): una poblacion establecida en
una garganta estrecha que corta la Cordillera, se le impone el nombre de
_Lacta cunga_ (_garganta estrecha_); y en fin á una planta que fortifica
los músculos, que dá vigor, que hace andar á un tullido, le llama....
_calpachina yuyu_ (_yerba que hace caminar_). Los nombres de esta lengua
contienen las virtudes de las plantas y las cualidades de todos los
objetos. Al oir los nombres de las plantas casi se saben sus virtudes.
¿No es esto mas sabio, mas importante á la humanidad que esos nombres
que ha criado la adulacion, el reconocimiento ó el interés? Qué idea nos
pueden dar de una planta las voces _diascorea_, _plinia_, _busfonica_,
_sigesvechia_?....” Para dar algun idea mas de esta lengua, copiamos aquí
la esclamacion patética de una madre que acababa de perder un hijo tierno:
_chaupipurchapi tutayarca!_ (en la mitad del dia le anocheció). Si faltase
armonia á estas dos palabras nadie podrá tacharlas de faltas de elocuencia
y de laconismo[11].

Hay una circunstancia digna de tomarse en cuenta y que prueba la exelencia
de la lengua quichua. Tal es la de haberse naturalizado muchas de sus
palabras en el lenguaje usual de las poblaciones civilizadas, aun en
aquellas que por su situacion jeográfica no están en contacto inmediato
con los indígenas que hablan la quichua. Como se verá mas adelante,
esas palabras inoculadas en el habla de los españoles, es decir de los
conquistadores, responden á usos é ideas mas adelantadas en el imperio de
los Incas que en las sociedades formadas en el molde de la civilizacion
española.--En las ciudades de Chile, Santiago y Copiapó, por el centro
de las cuales corren rios que las divide en dos partes, se llama bario
de la _Chimba_ al suburbio que está al otro lado del rio separado de la
parte principal de la poblacion. _Chimba_, en quichua significa _del otro
lado_. En el fondo del valle de Copiapó y en toda la provincia llamada
modernamente _de Atacama_, centro de afamados laboreos de metales de plata
y cobre, la mayor parte de los términos tecnicos de mineria que allí se
emplean son los mismos que usan los potosinos y demas mineros del Perú,
términos que pertenecen á la lengua quichua sin disputa alguna. De estos
recordamos los siguientes: _Apir_, _poruña_, _chancar_, _cancha_ etc.
Cuando los españoles bajo la bandera del jeneral Valdivia comenzaron
la famosa guerra contra el resistente araucano, ya estaban allí en
uso palabras quichuas que D. Alonzo de Ercilla consideró tal vez como
pertenecientes á la lengua chilena, pues incorporó las palabras _ojota_,
_Llanto_, _Palla_ etc. en la _Declaracion_ que puso al frente de su
conocido y famoso poema, para inteligencia del lector no familiarizado con
las cosas de Indias.

La ciudad de Buenos Aires situada en el estremo sur de la parte poblada
del Continente español de la América, distante centenares de leguas del
Cuzco y de Quito, emporios de la civilizacion de los Incas, ha dado carta
de ciudadanía á muchas palabras de la lengua quichua, sin el ausilio de
las cuales, á veces se hallarian muy embarazados sus habitantes para
espresar ciertas ideas. Mientras tanto, no goza de la misma prerogativa
la lengua _guarani_ que es sin disputa muy bella, muy propia y llena de
imájenes, ha sido hablada, y lo es todavia, en lugares inmediatos y que
se hallaron siempre en constante comunicacion con la antigua Capital por
los canales de los grandes rios.[12] Nosotros tenemos rejistradas como
veinticinco de esas palabras quichuas corrientes en nuestro lenguaje
vulgar, y de entre ellas daremos el significado de las siguientes como
mas características, valiéndonos para probar su orijen del _Vocabulario
de la lengua natural del Perú, etc._, del padre Diego Gonzalez Olguin,
impreso en Lima en el año 1608. _Cancha_, patio ó corral: esta palabra se
aplica entre nosotros para designar un espacio estenso de terreno bien
nivelado, y así decimos, _cancha de pelota_, _cancha de bolos_, al patio
donde tienen lugar estos juegos. _Cancha de un horno de ladrillos_, es
el lugar á propósito para poner en órden el ladrillo crudo para que se
oree antes de ponerle á la accion del fuego. _Cancha_, en nuestros rios,
significa una larga porcion en que se mantienen rectos y sin serpenteos,
conservando una misma direccion. _Pucho ó puchasca_ (sobras, reliquias).
De estas palabras hemos hecho el espresivo modismo _no vale un pucho_ para
despreciar el valor ó la importancia que indebidamente se quiere dar á una
cosa cualquiera. La aplicacion mas terminante que hacemos de la palabra
_pucho_, es el resto ó sobra que se arroja del cigarro que se ha fumado;
así decimos: _pucho de cigarro_.[13]

_Chhacra_ (heredad de labor, tierras ó huertas). Nosotros usamos esta
palabra en la misma significacion escribiéndola con una sola _h_. Es
palabra de uso indispensable. De la palabra _chharqui_, que en quichua
significa _tasajo_ ó _resina_ y tambien el cuerpo de un animal ó del
hombre _flaco_ ó _seco_, hemos hecho la voz _charque_ que solo usamos en
la primera significacion, cuando la carne es seca al sol. Esta palabra
tiene sus derivados, como _charqueada_, el lugar de la faena del charque;
y _charcon_ que se dice del animal enjuto pero fuerte, especialmente
del caballo. _Chhasca_ (melena) se emplea en Buenos Aires, aunque no
jeneralmente, para designar un cabello mal cuidado y abundante. De
_Chasquí_, se ha hecho en casi toda la América del Sur _Chasque_, que
significa, como entre los Incas, el correo ó espreso despachado para dar
una noticia especial y urgente. La _Chhuspa_, bolsa en que los peruanos
guardan el maiz, la coca y demas enseres de viaje y llevan al hombro á
guisa de maleta, se ha convertido entre nosotros en _Chuspa_, especie de
talego largo y angosto, hecho jeneralmente del buche del avestruz ó de la
piel de animalillos silvestres y pequeños que sirve á nuestros paisanos
para guardar el tabaco, el papel y los avios de encender. Vulgarmente se
compara con una _Chuspa_ el seno de las mujeres cuando está lácio y flaco
por falta de cuidado, por la edad, etc.

_Huasca_ (soga ó cordel grueso), es una palabra que escribimos _guasca_,
y es la única que empleamos para significar la cuerda hecha de cuero
de animales que tiene infinitos usos en nuestras industrias: tiene á
mas entre nosotros, el derivado _guascaso_ que es el golpe dado con una
guasca. _Vincha_ (cinta ó apretador de los caballos) se emplea en el
mismo sentido aun cuando sea un pañuelo el que se ajuste á la frente
como tienen de costumbre las jentes humildes cuando les duele la cabeza.
_Yuyu_ (hortaliza, yerba de comer). Es nuestra voz favorita para indicar
cualquiera planta espontánea é inútil: se usa jeneralmente en plural, y
cambiando la _u_ en _o_: _yuyos_. _Humita_ (bollicos de maiz como tamales)
dice el P. Olguin, describiendo así con la mayor exactitud el plato que
llamamos _umitas_ y que consiste en maiz tierno guisado y envuelto en
la hoja de la planta del mismo maiz (chala). Dispuesto así forma lo
que en el Perú se llama _tamal_, palabra probablemente quichua que no
ha llegado hasta nosotros. _Pampa_; este nombre con que designamos la
llanura poblada á este lado de los Andes por la raza Araucana, significa
en quichua--plaza, suelo llano, llanada, sábana, campo abierto. Para
nosotros representa la idea de estension inmensa y solitaria. Llamamos
_pampas_ á los indíjenas del desierto indicado antes. _Chuccho_, es el
frio con temblor que produce la fiebre y especialmente la llamada terciana
(calofrio). “Me dá chucho” se dice en Buenos Aires cuando se siente
esa impresion que los franceses distinguen con la espresion _chair de
poule_. La palabra _cháguara_ con que designan los niños de Buenos Aires
el hilo torcido consistente que les sirve para _hacer bailar_ el trompo,
la supongo derivada de _chahuarhuana_, que significa en quichua--soga
de cáñamo, aunque tambien puede proceder del nombre de un aloes del
chaco llamado _chaiguar,_ segun el Sr. Arenales en su conocida obra
sobre aquella rejion paj. 221. _Dar cháguara_, es un modismo humorítico
de nuestra ciudad que significa--alentar á una persona á que muestre ó
desenvuelva alguna propension inocentemente ridícula. La agricultura
debe algunas voces á la misma lengua del Perú: decimos maiz ó trigo
_chuso_ al que se halla en el caso descripto por el P. Olguin en el
vocablo _chusso_ de su citado diccionario: “maiz ó trigo chupado, no
lleno, arrugado por helarse en leche, ó faltarle el agua al granar, que
molido es todo cáscara ó afrecho;” y llamamos _chaucha_ á la vaina tierna
en que se encierra el poroto, que es la misma acepcion que esa palabra
tiene en quichua etc. etc.--Es sabido que los Incas contraian especial
atencion á la construccion y mejora de los caminos de los cuales habia
algunos que atravesaban toda la estension del imperio y que se llamaban
por antonomasia del Inca, porque este monarca transitaba por ellos en
sus visitas oficiales. A distancia como de 3 á 4 leguas habia en estos
caminos unas posadas que se llamaban _tambos_, y con este mismo nombre
se denominan todavia en Lima algunos grandes edificios construidos por
particulares para proporcionar alojamiento á la jente y sus bestias que
entran del interior con cargas ó productos para alimentar los mercados.
Nosotros hemos adoptado esta voz pero dejenerándola notablemente en su
significado: llamamos _tambo_ al lugar donde se atan y ordeñan las vacas:
_tamberas_ á las vacas mansas cuya leche se destina para beber, hacer
mantequilla, ó quesos; y tambien llamamos _tambo_ al lugar donde se reunen
los negros africanos á bailar y á tener sus juntas y reuniones. Lope
de Vega, haciendo en su rica imajinacion una mezcla graciosa de cosas
americanas ha introducido esta palabra en el siguiente estribillo de una
cancioncilla preciosa:

    _Piraguamonte, piragua,_
    _Piragua, gerizarizagüa;_
          _Bio, Bio,_
    _Que mi TAMBO lo tengo en el rio._

Por último recordaremos una palabra cuyo significado no es misterioso
hoy para nadie en el mundo porque ¿quien no conoce la substancia llamada
_guano_ y sus felices aplicaciones al abono de las tierras cansadas?--Es
probable que este descubrimiento arrebate al elenco peruano de las voces
porteñas, esta que hasta nuestras damas empleaban sin saber lo que decian
en la frase siguiente para ponderar el exeso de las tareas de una persona:
«trabaja hasta echar el guano.»--Esta circunstancia es nueva en la
historia del lenguaje, porque es cosa que no se ha visto nunca abandonar
el empleo de una palabra en el mismo momento en que se aclara ó se conoce
su verdadero valor y significado.

La lengua _quichua_ como casi todas las americanas es lengua hablada
únicamente, porque no consta que se haya escrito en ella obra alguna
de larga estension como sucede con la mejicana en la cual se conservan
algunos manuscritos históricos redactados por indíjenas educados por los
europeos. Sin embargo existen escritos en la lengua jeneral del Perú
algunos sermonarios, devocionarios, etc., y las siguientes que copiamos de
catálogos hechos por personas muy versadas en la bibliografia americana.

    1. Gramática de la lengua quichua ó del Perú, por Frai Domingo de
    Sto. Tomas. Valladolid, 1560, in-12ᵒ.

    2. Vocabulario de la lengua jeneral del Perú, llamada _quichua_ ó
    del Inca, etc. Por el P. Diego Gonzalez Olguin. Lima, 1608.--4.ᵒ
    grandes de 330 f.

    3. Lexicon de la lengua quichua, por frai Domingo de Sto. Tomas.
    Valladolid, 1560.

    4. Ritual para los curas del Perú, por Bocanegra. Lima, 1631; in-4ᵒ.

    5. Arte y vocabulario de la lengua quichua, por el P. Torres Rubio.
    Lima, 1754, in-12ᵒ[14].

La topografia etnográfica del actual territorio de la República Arjentina
no se halla ni siquiera en la cuna. Los historiadores modernos la han
descuidado enteramente, y los antiguos deben leerse con suma precaucion
para no caer con ellos en errores de nota al señalar las localidades
ocupadas por las razas primitivas. En esta materia hay que atender ante
todo á fijar el número de naciones verdaderas existentes en la época de
la conquista; y á nuestro juicio no debe considerarse como una nacion
sino aquella que habló un idioma especial completamente diferente de los
demas conocidos, teniendo en cuenta que muchas de estas lenguas tenian sus
dialectos derivados de ellas, ó corrupciones provenientes de la separacion
y apartamiento de un grupo del seno de la familia principal.--En la
coleccion de Documentos de D. P. de Angelis hay una relacion de las
_naciones_ que repartió en encomiendas el 2.ᵒ fundador de Buenos Aires, D.
Juan de Garay. Pero esas no pueden considerarse como naciones sino como
parcialidades ó tribus de la Gran nacion Guarani, la que, en la parte
de la provincia de Buenos Aires, no pasó jamas á la márjen derecha del
Paraná. Los nombres que se dan en aquel repartimiento de carne humana en
esas supuestas naciones deben ser los de sus jefes ó los de los lugares
que ocupaban en aquel momento.

La nacion _querundio querandi_, era la Señora del terreno sobre que
se asienta Buenos Aires. Era una raza de valientes que se extinguió
completamente sin dejar rastros de su idioma en ningun objeto topográfico.
Los nombres de lenguas indíjenas que conservan los lugares, arroyos,
lagunas, etc., de la provincia de Buenos Aires, son de oríjen _guarani_ y
_araucano_. Los nombres guaraní son en pequeño número y sobre el litoral,
mientras que los araucanos son muchos y comienzan desde la márjen exterior
del Rio Salado. Los indios _quilmes_ del _Tucuman_, trasladados desde allí
á cuatro leguas al sur de Buenos Aires, no han dejado mas rastros que el
del nombre de nacion ó parcialidad dado al pueblo que se fundó con ellos y
que hoy es completamente de jente blanca agricultora. (_Véase Azara_, t.
2.ᵒ p. 241, ded. del _C. del Plata_.)

Las huellas impresas en la nomenclatura topográfica por las naciones
de orijen chileno, pueden ser efecto de una conquista hecha sobre los
habitantes indíjenas por aquella raza que es numerosa y aguerrida,
borrando las denominaciones anteriores dadas á los mismos objetos por los
primitivos señores del suelo de la llanura arjentina. Sin embargo, los
rastros de estos no se advierten en ninguna parte, y hay motivos para
creer que la rejion oriental de las Cordilleras hasta la actual frontera
sur de Mendoza, no fué poblada sino por los llamados actualmente _indios
pampas_, quienes pasaron los montes atraidos por los ganados y caballos
alzados de los establecimientos cristianos, que recobraban en aquellas
pingües y solitarias dehesas su ferocidad é independencia primitivas bajo
la denominacion de _baguales_.

Leyendo en el único libro que queda de la historia de esas pobres razas
perseguidas, y extintas muchas de ellas, cuyas pájinas se componen de
los nombres propios de las localidades, hay motivo para presumir que en
las actuales jurisdicciones de Catamarca y la Rioja existió una raza
que poseia un idioma peculiar, pues los nombres terminados en _gasta_
y en _gala_ que allí son frecuentes como _sinogasta_, _adalgala_ no
corresponden, segun lo que podemos nosotros alcanzar, á la lengua del Perú
ó quichua.

La história ha conservado el nombre de la nacion que poblaba en tiempo de
los conquistadores las provincias denominadas de _Cuyo_, que son Mendoza,
San Juan y San Luis. El P. Jesuita Ovalle, consagra en su historia de
Chile algun capítulo á esa nacion que se llamaba de los _Guarpes_, y de
cuya lengua escribió su _arte_ y compuso su vocabulario el P. Valdivia,
famoso misionero de la Compañia de Jesus, segun le afirma el mismo
historiador Ovalle.

El Entre-Rios y Corrientes estuvieron indudablemente ocupados por las
tribus de la gran nacion Guaraní, cuyo idioma se habla actualmente por la
mayoria de los habitantes civilizados de la segunda de aquellas provincias
argentinas, lo mismo que sucede en el Paraguay. Los guaranis que eran
emigrantes como pocas naciones indíjenas no atravesaron con sus aduares
lengua y costumbres á esta parte del Paraná, sin duda detenidos por el
ancho de este rio al acercarse al Plata[15]. Sin embargo el gran ángulo
formado por el cabo de San Antonio en este rio, que es de parte de tierra
sumamente pantanoso, lleva el nombre _Rincon del Tuyú_ que significa
_barro_ en la lengua guarani, lengua que denominaba las cosas, como Caldas
observa de la quichua, describiendo algunas de las principales propiedades
del objeto denominado.

Este es el único rástro guaraní que sobresale en la nomenclatura
topográfica de la tierra firme de la provincia de Buenos Aires. Varios de
los riachos formados por el Paraná al incorporarse al Plata, mantienen
muchos de ellos sus primitivos nombres guaranís, como el _cané_, por
ejemplo, que significa _tortuoso_ y al cual llaman los españoles de _las
nueve vueltas_, justificando la propiedad del sustantivo-adjetivo indíjena.

Las líneas que quedan escritas son unos cuantos rasgos lijerísimos sobre
una materia que seria curioso aclarar y sobre la cual debe fijarse en
adelante le atencion de los viajeros sábios que visiten estas rejiones.
El Sr. d’Orbigny ha señalado el primer rumbo en la carta etnográfica que
acompaña á su obra sobre el hombre de la América meridional; pero él
se ha contraido únicamente á las principales razas conocidas, dejando
los detalles para los que hayan de sucederle en las investigaciones mas
prolijas de esta misma naturaleza.

                                                     JUAN MARIA GUTIERREZ.



A CONFEDERAÇAO DOS TAMOYOS, POEMA POR DOMINGO GONSALVES DE MAGALHAES

(Rio Janeiro en casa de Paula Brito, impresor de la corte. 1856. 1 v. fol.
men. de 340 pags.)

    ....Se siente ondear como á manera de un perfume de flores de la
    India en ese poema escrito bajo el cielo del trópico. Los dulces
    acentos de su melancolia en nada han alterado los fenómenos; y al
    dar el arte mayor poder á las impresiones sabe añadir grandeza y
    exactitud á las imágenes como le acontece toda vez que ocurre á
    fuentes puras.

    (A. DE HUMBOLDT, _hablando de la grande epopeya de los
    portugueses._)


Los indios Tamoyos fueron para la ciudad de Rio Janeiro, lo que los
Querandies para Buenos Aires,--los primitivos y denodados habitantes de la
tierra en que el conquistador europeo plantó la cruz afianzándola con la
espada.

No hay americano dotado de sensibilidad y de fantasia que al hojear las
crónicas y leyendas patrias no sienta fraguarse en su cabeza el poema
animado de aquellas luchas en que se cruzaba la espada y la _macana_[16],
la bala del mosquete y del arcabuz con la flecha armada del colmillo de
un yaguar, del hueso de un yacaré ó del fragmento de un pedernal aguzado
á fuerza de paciencia. La inocencia iba desnuda por una parte, sin mas
loriga que una musculatura que raza alguna puede mostrar mas consistente,
y por otra la estrategia y la disciplina militar se presentaban revestidas
del acero de las cotas de malla. Los unos tenian á su servicio el rayo de
los cañones; apenas si los otros podian disparar con mal amaño algunos
haces de arbustos encendidos en el estremo de sus flechas para destruir
las tiendas de campaña que se han convertido en ciudades.

Algunos americanos del habla española, durante el gobierno metropolitano,
emprendieron escursiones de mal éxito en ese campo seductor. Saavedra
Guzman cantó las hazañas de Hernan Cortés desde su arribo á las costas
mejicanas hasta la aleve prision de Guatimozin. Pedro de Oña, nacido bajo
la tienda de un conquistador, ha cantado las mismas proezas que dieron á
Ercilla una celebridad tan persistente. Peralta Barnuevo, bajo el título
de _Lima fundada_ compuso mil ciento cuarenta octavas, para _decantar_
toda la historia del descubrimiento y sujecion de las provincias del Perú
por el marqués de los Atabillos.

Estos poemas impresos por primera vez en 1599, 1605 y 1732, fueron
compuestos bajo influencias poco favorables al aprovechamiento de la
abundante cosecha de poesía verdadera y orijinal que presentaban sus
asuntos. Los autores de esos poemas, á pesar de su oríjen indijena, se
apasionaron mas que el mismo autor madrileño de la Araucana, de los
héroes castellanos, dejando sin relieve la constancia de los naturales en
la defensa audaz, y paciente al mismo tiempo, del suelo patrio. Tampoco
acertaron á interesar la sensibilidad del lector con los inauditos é
inmerecidos padecimientos de los desventurados moradores de este nuevo
mundo, condenados por la fatalidad de leyes inmutables y ajenas al
criterio humano, á abonar con sangre y con sudores de muerte el terreno en
que la Europa habia de establecer la civilizacion cristiana.

En esas largas epopeyas, dignas no obstante de ser leidas, no hay que
buscar la perspectiva artística ni el fondo natural del paisaje, en
cuyos primeros planos se agrupan ex-abrupto los personajes y se traman y
desenvuelven las escenas de dramas siempre bélicos en cuyo desenlace es
casi siempre seguro el exterminio de una tribu y la desaparicion de un
idioma. A veces la buena intencion amanece en el espíritu de los autores y
esperimentan como una vision confusa de la magnificencia de la naturaleza
vírjen y de lo pintoresco de las costumbres y usos primitivos. Pero, ni
esa yntension es perseverantemente auxiliada por la voluntad, ni la vision
llega á tomar cuerpo bastante para que se aperciba bien. De manera, que,
esos poemas, por lo jeneral, parece que tuviesen por teatro el vacío, y
que sus héroes, que tan recios mandobles se regalan, fuesen creaciones
osiánicas de aquellas que escojen la rejion de las nubes para campo de sus
batallas fantásticas.

Es verdad que Peralta, imitando sin duda á alguien, forma en verso la
nomenclatura descriptiva de los frutos y flores peculiares á los climas
tropicales del Perú, sin olvidar la _granadilla_ ó pasionaria en cuyos
pétalos vé con los ojos de una fé sencilla y sincera los instrumentos
del mas santo de los martirios. Pero al consagrar un canto especial á
esta materia, la separa y aisla, siguiendo el método científico de los
historiadores jesuitas de América que destinan un libro aparte á sus
crónicas, á los productos, maravillas y fenómenos de la naturaleza;
algunas veces bien mal observados y peor descriptos, sea dicho de paso.

Aunque el poeta verdaderamente inspirado, inventa, y se adelanta á los
preceptistas y dá á estos la materia para que por ella sientan y deriven
sus reglas y establezcan la disciplina literaria de la composicion, del
gusto y del estilo; aunque el arte antiguo, fuente eterna y perenne de
la verdadera y sabia inspiracion, pudo haber dado á los adeptos de su
escuela medios suficientes para sacar todo el fruto que les brindaba
la orijinalidad del nuevo continente,--sin embargo, así como el
descubrimiento de la cuarta parte del mundo fué reservado al siglo XVI
(siglo de grandes novedades) así parece reservado al presente, en que la
humanidad ensancha tanto sus fuerzas, el conocimiento completo de los
ricos mineros que para la imajínacion y el arte encierra este suelo tan
querido y risueño. El jénio apenas si ha comenzado su explotacion; pero
ha dado ya los primeros pasos, y en esta como en toda ruta desconocida el
señalamiento del rumbo es casi una prenda de seguridad para el acierto y
realizacion de la jornada.

La América necesitaba emanciparse para tener conciencia de si propia. El
astro de la monarquía señalaba la direccion en que habian de jirar las
plantas vivaces y jugosas que brotaban entre nosotros en el terreno de la
intelijencia. La antigüedad y la superioridad de las escuelas; la mayor
y mas próxima proteccion al injenio, la facilidad para instruirse y para
producir por la prensa, redujeron por largos años á los hombres estudiosos
de América á la humilde condicion de pupilos de los peninsulares,
precipitándose con la exajeracion que es natural, por el lamentable
despeñadero abierto por el gongorismo y por los _cultos_ al abatimiento de
las letras españolas. Cuánto talento, cuánta erudicion, cuántas bellísimas
dotes han malgastado los antiguos americanos en escribir versos hinchados
y prosa tan inflada que no resistirian á la picadura de un alfiler! Y
sin embargo, cuánta perla de buen oriente podria hacer brillar al sol el
paciente erudito que de entre aquella lobreguez de mal gusto estrajese lo
que es pena que permanezca en olvido!

Aquel meteoro social que en el segundo lustro de este siglo cundió por
las colonias españolas y electrizó las almas, fué una verdadera ráfaga de
luz celestial. Llovieron tambien entonces lenguas de fuego sobre cabezas
nuevas é ignoradas, y comenzó la conquista de la doctrina democrática y de
los justos derechos del individuo, por medio de la espada de los héroes
improvisados y de la palabra de los oradores y poétas que de nadie habian
aprendido el arte de conmover, y de avasallar las voluntades.

El nombre de Olmedo se asocia perdurable al del vencedor en Junin, como se
asociaron mas tarde los de Lafinur y de Belgrano, de Luca y San Martin,
de D. J. C. Varela y de Alvear. Fernandez Madrid emplea las formas de la
elejía antigua para avivar el resentimiento de la opresion y el espíritu
de emancipacion, presentando cuadros patéticos de los padecimientos de
aquel Inca cuya empinada estatura no alcanzó á saciar la codicia de oro
de sus vencedores y se hundió en el sepulcro con todo su imperio y sus
códigos. Heredia desde las alturas monumentales de Cholula se engolfa
en sublimes meditaciones sobre las jeneraciones y pueblos desaparecidos
de sobre el suelo de Anahuac; llora en el destierro la ausencia del sol
tropical de su cuna; traslada al verso las magnificencias del Niagara, y
se convierte sin sentirlo en creador inspirado de un jénero de literatura
americana en la cual, entre nosotros, es el Sr. D. José Marmol su succesor
y rival en este torrente de armonías y de reflejos de rubíes y diamantes
que él ha llamado _El Peregrino_.

En las obras firmadas con estos nombres, y en otras que no es del caso
mencionar, se halla la solucion práctica de esta cuestion tantas veces
planteada: existe, es posible una literatura americana?

Seria largo transcribir todo lo que en crédito y elógio de nuestros
injenios anteriores á la revolucion han espresado los literatos
peninsulares. Nos limitaremos á citar unos cuantos entre los eminentes
escritores estranjeros que, de paso, han resuelto afirmativamente aquel
problema.

«La raza criolla, dice M. de Sainte-Beuve, parece creada para darse al
canto, y á los sueños de la fantasía.»--«Resplandeciente de juventud, la
América debe concebir pensamientos tan nuevos y flamantes como ella.....
En aquellas comarcas mimadas sin tasa por la naturaleza, el pensamiento
debe ensancharse á par del espectáculo que ante él se ostenta..... La
América debe permanecer ajena á toda imitacion y solo la cuadra tomar
por guía á la observacion propia.»--De esta manera se ha expresado un
historiador frances de la literatura brasílica. Cuando el jenio de
águila de Humboldt, en su mas reciente y notable produccion, examina
la parte que ha cabido á la pintura de paisage en los progresos del
estudio de la naturaleza, ha estampado los siguientes líneas que parecen
dictadas al pincel del artista por la observacion, esta gran reveladora
de las verdades: «Existen en la América del sur, (leemos en el Kosmos)
populosas ciudades que se alzan hasta cerca de 13 mil pies sobre el nivel
del Oceano. La vista descubre desde aquellas alturas toda la variedad
de vejetales que proviene de la diversidad de los climas. Cuanto no
debemos esperar de los esfuerzos del arte aplicados á la naturaleza,
cuando desapareciendo la discordia y reinando las institucionos libres
se despierte en aquellas rejiones el sentimiento del arte!» _Ut pictura
poesis._

El viejo mundo espera las revelaciones del nuevo en los fenómenos de la
imajinacion, del sentimiento y del estilo, y es en este concepto que M.
Augusto de Saint-Hilaire, examinando una obra americana de ciencia y de
erudicion, dijo no ha muchos años: «Tambien ellos (los hijos de América)
tienen mucho que enseñarnos.»

Sin mengua de mérito alguno, sin desvirtuar los esfuerzos anteriores
espontaneos, ó premeditados, para dar color nacional ó indijena á las
producciones de la fantasía, puede asentarse como príncipio jeneral que,
hasta la época en que aparecieron las doctrinas y las obras llamadas
románticas, ese color no ha sido subido ni intencional de veras en los
poetas sud-americanos. D. Estevan Echeverria es el primero entre los
nuestros que emprende la pintura de la fisonomia poética del desierto,
colocando en la vasta soledad de la pampa dos seres de su invencion,
seres que al mismo tiempo son reales por los hábitos, por las escenas en
que son actores y por los sentimientos de la sociedad que reflejan.

_La Cautiva_ señala una época notable en las letras del Rio de la Plata y
establece un punto nuevo de partida á nuestra novel y escasa literatura
poética.

La marcha que de la poesia española en América hemos tratado de trazar
en pocos renglones, es en gran parte la misma que han seguido las
producciones de la musa en la parte de nuestro continente que habla y
escribe en portugues. Con la diferencia única que habiéndose conservado la
unidad nacional en el imperio, no ha habido alli dispersion en la familla
de los poetas anteriores á la emancipacion, formando todos un _Parnaso_
mas numeroso, mas homojeneo y tambien mas característico.

Santa Rita Duráo que canta las aventuras de Diego Alvarez, el _hijo del
trueno_ y _dragon de los mares_, pertenece al siglo de Peralta, y su
_Caramurú_ puede hacer juego en sus bellezas y lunares con el poema de
_Lima Fundada_. Entre la aparicion del _Caramurú_ en 1781 y la del poema
titulado el _Uruguay_, digno de la atencion de los lectores argentinos
bajo muchos respectos, puede colocarse un gran número de producciones de
la musa brasilera á las cuales como á las nuestras de aquellos mismos
tiempos es aplicable el juicio que hace de ellas el ilustrado autor de
la _historia de la poesia_ y de la _lengua portuguesa_, al frente del
Parnaso lusitano[17]. «Cierto es (dice) que las majestuosas y nuevas
escenas de la naturaleza de aquella vasta rejion debieran haber dado
á sus poetas mas orijinalidad, mas variedad en las imájenes, en la
espresion y en el estilo. Pero debe tenerse en cuenta para su descargo
que el espíritu nacional fué apagado en esos injenios por la educacion
europea: manifiestan como á manera de recelo de mostrarse americanos; de
donde proviene cierta afectacion é impropiedad que desluce sus mejores
cualidades.»

Pero donde el sincronismo histórico entre una y otra literatura viene á
ponerse de bulto, es cuando se personifican en D. Estevan Echeverria, y en
el Sr. Magalháes autor del poema cuyo título encabeza este escrito.

El Sr. Magalháes nació en el suelo pintoresco de Rio Janeiro y recibió
una educacion literaria apropiada al sano desarrollo de las dotes
intelectuales que debia á la naturaleza. Los autores que primero manejó,
fueron los que en un tiempo no muy distante se apellidaban clásicos como
por escarnio. Los poetas é historiadores de aquellas dos fecundas y
seductoras literaturas que envueltas en el sudario oscuro de sus muertos
idiomas reviven con cada jeneracion, cada vez mas brillantes y mejor
comprendidas, abrieron las puertas de la orijinalidad al Sr. Magalháes. Él
no hubiera podido llegar á ser innovador y á señalar nuevas rutas, si no
se hubiese robustecido con el estudio de aquellos maestros: ellos enseñan
por donde y como se llega á la fuente de toda poesía que es la naturaleza,
en las cosas, y en el hombre, en las profundidades del alma y en esa
region de los meteoros de la luz y de colores que se llama la fantasía.

       *       *       *       *       *

El Sr. Magalháes apareció como Echeverria cuando menos se le esperaba,
trayendo como este el sentimiento, el colorido, la melancolia y el
perfume relijioso que traspiran en las composiciones de Chateaubriand
y de Lamartine. El libro con que se hizo notar el Sr. Magalháes
titulábase--_Suspiros poéticos e saudades_; portada bien significativa
para preparar al hallazgo de las dulces penas y de las nobles esperanzas
encerradas en aquellas pájinas aplaudidas del público y hábilmente
apreciadas en su tiempo por escritores de nota como Evaristo Ferreira y el
vizconde de Cayrú. Echeverria denominó _consuelos_ á la primera coleccion
de poesías que publicó en 1834. «He denominado así estas fugaces melodías
de mi lira, decía el autor en una nota, porque ellas divirtieron mi dolor
y han sido mi único alivio en dias de amargura. Ellas pintan en bosquejo
el estado de mi ánimo en una época funesta»..... Los _Consuelos_ eran el
canto de la resurreccion penosa de una alma que casi había naufragado para
siempre. Los _Suspiros Poéticos_ salvaron á su autor á las puertas ya del
sepulcro sembrándole de agradables perspectivas para lo futuro el tiempo
de su convalescencia. «Moribundo estaba, dice Magalháes, cuando mis amigos
los mandaron imprimir para consolar el último crepúsculo de mi existencia.

Querian adormecerme el alma y volverla á la vida. Lo consiguieron, y este
libro fué mi salvador.»

El Sr. Magalháes recobró sus fuerzas para emplearlas en nuevas y mas
sérias tareas: escribió varios dramas, el _Olgiato_, _Antonio José_,
_Mazanielo_ _etc._, y cooperó como secretario del ilustre Baron de Caxias
á la hábil pacificacion de Rio Grande, trabajo en que no brilló menos
la discrecion que la clemencia, únicos remedios heróicos para curar las
heridas causadas por las armas de hermanos cuando se vuelven unos contra
otros por instigacion del infierno. Dice á favor del juicio y del carácter
del Sr. Magalháes el haber contribuido á que se procediese de una manera
jenerosa en una querella de familia. Eso es amoldarse á los consejos de la
historia, mostrar una política profunda y comprender bien la índole de la
filosofía que preside á la direccion de los hechos y de las costumbres del
siglo. Cuando el Cristo vino á redimir el mundo de las pasiones paganas
traia en los dos brazos de su cruz estas palabras: caridad, perdon;
palabras que supieron fecundar unos humildes pescadores, pero que no han
sido comprendidas por el orgullo de algunos sabios.

El arjentino autor de los _Consuelos_ se vió precisado á abandonar sus
bienes de fortuna y su pais al dia siguiente de haberle dotado con
la segunda edicion de aquellos cantos tan nobles y armoniosos, y fué
á morir prematuramente en tierra estraña en medio de una lucha civil
encarnizada cuyo término no podia preveer. Su lira de paz sonó dos veces
en el estranjero para llorar la sangre inocente y la mala estrella de
sus compatriotas, en los campos del sur de Buenos-Aires y en la victoria
de Oribe, cuyo botin fué la cabeza de Avellaneda presentada oficialmente
á Rosas. El último éco que escucharon sus oidos no fué el de la voz de
sus amigos, casi todos dispersos, sino el del cañon del asedio de la
nueva Troya. El pasó su vida en esa árdua tarea que consiste segun la
espresiva idea de un poeta francés en _faire un avenir á sa tombe_. Y sin
embargo sus restos no descansan al lado de sus padres, sino en un rincon
estranjero y olvidado.

Antes de entrar al lijero anális que nos proponemos hacer del poema del
Sr. Magalháes, queremos fijarnos un momento sobre su dedicatoria al
emperador.

Nos llama la atencion esta dedicatoria, por que al poner un poéta una
produccion suya en manos de un monarca, necesita para no pasar por
lisonjero fundar su predileccion en razones que honren al autor y al
Mecenas. No es el súbdito rendido, ni el cortesano de vértebras flexibles
quien se inclina con aquella admiracion rastrera que tanto afea las
pájinas primeras de muchos buenos libros, sino el hombre que halla en
el monarca las calidades que exije para sus amigos. La dedicatoria del
Sr. Magalháes es la noble accion de un ciudadano libre pero agradecido
y la espresion razonada de ese mismo agradecimiento. Bajo las formas
cultas y pulimentadas con el roce social puede haber tanta independencia
democrática como en las declamaciones de _Bruto_ en la trajedia
filosófica. «No es la gratitud del individuo, dice el poeta á su soberano,
sino el sentimiento patriótico de reconocimiento por la justicia y _el
amor á las instituciones libres_ que distinguen á V. M. lo que me induce
á ofrecerle este trabajo literario.»

Y para que nadie pueda tacharle de inexacto hace la siguente reseña
de las conquistas alcanzadas por el Brasil en el terreno fundamental
de la civilizacion, bajo el ala de la buena índole del monarca. “La
instruccion pública propagada y protejida (añade), la entera libertad de
imprenta, la independencia de la tribuna y la libertad de los cultos,
los puestos públicos abiertos á todos los talentos y capacidades, las
trabas del comercio rotas, todos estos grandes bienes y los que de ellos
necesariamente se derivan, están ahí para presentar al Brasil como una
nacion constituida con arreglo á la dignidad de la naturaleza humana, y
conforme al dictamen de la razon ilustrada y de la buena política, y para
dar al mismo tiempo de V. M. I. una idea al mundo de un principe perfecto,
contraido esclusivamente á promover la felicidad de su pueblo.”

Nuestro Echeverria hubiera buscado en vano (en su tiempo) en toda la
estension que abarca en América el habla española un magistrado protector
de la instruccion, respetuoso por la dignidad del hombre, á quien
manifestarle su gratitud de patriota asociando su nombre duradero de
poeta al del mandatario digno de estima y de fama. Hubiérale buscado sin
fruto. Por eso en la primera edicion de los _Consuelos_ cada composicion
está dedicada á uno de sus amigos íntimos, su _Elvira_ al Dr. D. José
M. Fonseca; la _Cautiva_ á nadie; el _Avellaneda_ al tucumano que mejor
habia pintado el paraiso argentino. En la nobleza de sus ideas no cabia
sino la indignacion contra los mandones voluntariosos ó los indolentes
é ignorantes administradores que las pasiones sublevadas ó las nociones
torcidas sobre el uso del derecho de elejir, levantan al poder para rémora
del verdadero progreso.

Entremos á dar una idea del poéma de que nos vamos apartando.

Acosados de las repetidas invasiones de los lusitanos, se confederan
los Tamoyos. Estos valientes descendian de la raza de los Tupis, pero
no vagaban errantes por los desiertos como los feroces Aimores. Eran
los Tamoyos dados á la poesia y al canto, y estaban persuadidos de que
la armonía de sus gargantas les era comunicada por las aguas puras del
Carioca. Poetas y músicos, eran altivos al mismo tiempo que tratables.
Las diversas tribus de que se componia aquella nacion ocupaban el vasto
espacio comprendido entre las altas sierras de los Organos [llamadas asi
por su aparente configuracion] y las orillas del mar. Adoraban un Dios
cuya voz para hacerse escuchar de los hombres era el trueno. Los payés
eran sus sacerdotes, ministros de Tupan. Respetaban como á Gefe al que mas
se señalaba entre todos por el injenio y la fuerza.

       *       *       *       *       *

_Aimbire_, amaestrado desde la niñez, á disparar la saeta con acierto,
asi derribaba al yaguar en las breñas de las montañas como al mas pequeño
pajarillo en el aire. Robusto, audaz, elocuente, Aimbire acaba de ser
proclamado caudillo principal de aquellas tribus que se aprestan á
castigar á sus opresores. Ceñida trae la cintura con un largo y airoso
tejido de plumas encarnadas y azules. Desde el cuello desciéndele formando
vueltas, hasta cubrirle el pecho, un collar formado con los dientes de
sus enemigos vencidos, y la piel verdinegra y escamosa de un yacaré
jigantesco, muerto por sus propias manos, es el manto con que se cubre las
espaldas. Una hacha formada á modo de sierra con colmillos de onzas es el
arma mortal que levanta en su diestra. Descansan en sus hombros una ancha
aljaba y un arco tan pesado que aun cuando él le maneja como un juguete de
niño no bastarian á cimbrarle las fuerzas de dos atletas. Una diadema de
plumas refuljentes como rayos del sol ciñe sus sienes y es la prenda del
amor de _Iguazú_, su bella prometida para despues de la guerra.

La pátria y el amor se disputan el corazon de Aimbire; la recompensa de
su victoria será la posesion de la mas hermosa mujer de su raza. Habíala
conocido el gefe Tamoyo en una situacion verdaderamente romántica.
Recorriendo las tribus para provocar el alzamiento vá en busca del anciano
Pindoburú, de cuyo brazo y consejo necesita. El Nestor del desierto
acababa de enterrar á su hijo muerto á manos de los cristianos. Los
hermanos y compañeros de la víctima, cabizbajos y llorosos acarrean toscos
pedazos de piedra para levantarle un monumento, y el cacique sentado junto
á la fosa, absorto en su dolor, apoya una de sus manos en la cabeza de su
hija que solloza reclinada sobre las rodillas paternas. Esta mujer que
llora y padece es Iguazú, de quien Aimbire se aficiona, seducido por sus
gracias y su virtud.

Puede decirse que el poema del Sr. Magalháes es la historia de estos dos
hijos de la naturaleza que nunca llegarán á ser esposos y para quienes no
habrá tranquilidad ni patria. Esta idea del poeta es acertada. Haciendo
pasar á estos dos interesantes personages por todas las visicitudes de
la guerra y de las modificaciones ocasionadas en torno de ellos por la
civilizacion y la relijion cristiana que adelanta su conquista, ha
logrado mantener cierta unidad de accion de que careceria una obra cuyo
carácter es descriptivo y concebido con la idea de idealizar algunos
rasgos aislados de las costumbres primitivas, trazadas sobre el fondo
pintoresco y sublime de una naturaleza que dejará siempre atras al
pincel mas diestro y á la poesia mejor inspirada. De este modo aumenta
tambien el interés del lector porque es propension humana tomar mayor
parte en los dolores individuales que en las catástrofes colectivas por
grandes y célebres que sean los pueblos ó asociaciones de hombres que las
esperimenten. En medio de las llamas de Troya no distinguirá la posteridad
sino á la familia de Priamo, y uno de los cuadros mas patéticos de la
epopeya antigua será siempre el que presenta el hijo de Anquises seguido
de su esposa y doblado bajo el peso de sus penates.

Hemos visto ya quien era Aimbire; veamos ahora bajo que aspecto se nos
presenta su querida.

El ejército de los Tamoyos está en marcha: es la madrugada. Los
guerreros sacuden las cabezas emplumadas para espantar al sueño y la
pereza, remedando un campo sembrado de cañas silvestres que se erguien,
pasado el viento que las dobló. Sobre la cumbre de una eminencia,
Iguazú, contemplativa, derramando en ondas fluctuantes el cabello, vé
desaparecer á lo lejos aquel ejército al que van incorporados sus deudos
y á cuyo frente camina Aimbire. Ya trepan una colina, ya descienden á
un precipicio, finjiendo los guerreros á la distancia arbustos débiles
en medio á los robustos troncos de la selva. La melancolía la tiene
aprisionado el corazon. En los verdes ramos de un árbol inmediato, el
_saibá_, el ruiseñor del Brasil, modula canciones de amor y de dulces
recuerdos.--“Canta, la dice entonces el poeta, canta, vírjen del bosque,
vírjen de ojos negros, bella Iguazú. El canto que desde el alma se levanta
al cielo, mitiga inmediamente las angustias del corazon que llora.
Acompaña al dulce saibá que te convida.”

La hija del desierto prorrumpe en estas endechas:

      Vedme aqui sola de mi padre ausente,
    ausente del querido bien amado;
    como tórtola viuda solitaria
    en desierto arenal su mal llorando.

      Hasta hoy estaba de mi padre al lado,
    Al lado de mi amante .... ambos huyeron,
    Como veloces ciervos de la selva:
    mi dicha pasó ya:--soy desgraciada.
    Los ecos respondieron: ¡desgraciada!

      Desgraciada! y aun vivo? ir á la guerra
    en compaña del padre y del amante,
    escucharles la voz y acariciarles,
    y á par de ellos morir, mas me valiera.
    Y el eco respondió: mas le valiera!

      Oh jénios que poblais grutas y valles,
    jénios que contestais á mis acentos,
    id y al amante murmurad al oido
    que esta su ausente de tristeza muere.
    Los ecos repitieron: muere! muere!

Esta última palabra resonó largo tiempo. La jóven suspendió su canto y
repitió en voz baja el estribillo de los ecos como si la asaltara algun
presentimiento. Enjuga sus negros ojos cansados de llorar; pero vuelven
á brotar las lágrimas que le caen como lluvia de perlas sobre el seno
tostado, asi como gotea abundante la linfa pura de la hendida _Taboca_.
El saibá se entristeció al oirla modular quejosas é interrumpidas notas,
y como si obedeciese á un mandato secreto apagó sus trinos. Tal vez
juzgándose vencido, hizo silencio para aprender nuevas armonias; no
pudiendo rivalizar con la voz de aquella criatura humana. “Quien presume
conocer bastante (observa el poeta) los instintos de semejantes seres y
los misterios íntimos de la vida, para afirmar ó negar estas apariencias”?

Parece que en este rasgo tradujese el Sr. Magalháes aquellos conocidos
versos del epílogo de la _Cautiva_:

      Quizá los sueños brillantes
    De la inquieta fantasia,
    Forman coro en la armonia
    De la invisible creacion.

La espedicion de las tribus reunidas de los Tamoyos, como se vé,
comienza bajo la influencia de presentimientos funestos. Nos hemos
detenido en ella porque pone de manifiesto el tinte de melancolía y de
sensibilidad que constituye el fondo de la poesia del autor, sin dejar
por eso de dar toques enérjicos á sus demas cuadros en los lugares que
lo exige el efecto. Por ejemplo; los tamoyos forman un campamento en
donde se sirven manjares silvestres y licores y se discurre sobre las
operaciones militares que deben acometerse y en donde, en fin se alientan
recíprocamente á la constancia y al valor por el recuerdo de sus derechos
á la voz elocuente de sus caudillos, de sus sacerdotes y vates, entre
quienes se distingue Coaquira. Con este motivo se ensaya en imitar los
caracteres y elementos de la oratoria primitiva y salvage de los cantos
de guerra de que toda tribu americana estaba dotada. Hé aquí esos pasages,
y como se desempeña el autor: usamos del verso para acercarnos en lo
posible á los efectos rítmicos del orijinal:

    .... Reina el silencio. Coaquira entonces
    Sobre una prominencia se levanta
    Para que le oigan todos y le vean,
    Y la punta del arco clava en tierra.
    Un albo vaso de enemigo cráneo
    De licor espumoso rebosando
    Lleva al labio, y apura: de improviso
    Sacro fuego devora sus entrañas:
    Inflámanse sus ojos círcuidos
    De una aureola de sangre; como espinos
    Sobre su frente críspanse sus canas;
    Crujen sus dientes, hincha las mejillas,
    Dilátase su pecho, y se estremece
    Como á los calofrios de la fiebre.

      Plácida resplandece en quieto cielo
    La luna cuya lumbre baña el rostro
    Con albor macilento al indio vate,
    Mientras con esa luz contrasta el rojo
    Resplandecer de las hogueras que arden.
    Apenas si interrumpe allí el silencio
    El blando soplo de nocturnas auras
    Que estremecen las hojas murmurando.
    Sacro horror de los pechos se apodera
    De cuantos allí están. Remeda el bardo
    Fantasma aparecida en un ensueño,
    Ó maléfico génio que se antoja
    En solitaria noche al peregrino.

      Despavoridos ojos por el campo
    Vibra, y despues en el cenit los clava.
    Levanta hácia los cielos ambos brazos
    Y con potente voz, ronca, espantosa
    Entona así su cántico de guerra:

      «Gloria, gloria á Tupan, su voz resuena
    Desde la choza erguida en la montaña
    Hasta la oscura cueva de las fieras.

      «El cielo es de Tupán, la tierra es nuestra;
    Con sangre la regaron nuestros padres
    Y nos toca morir para vengarlos.

      «Fueron nuestros mayores el azote
    Del terrible aimoré que carne viva
    Devora, y bebe nada mas que sangre.

      «De qué nos sirve el brazo, el arco y flechas
    Si el fiero portugués impune huella
    Nuestra tierra y cautiva nuestros hijos?»

      Danza veloz emprenden los Tamoyos
    En torno de Coaquira repitiendo:
    «El cielo es de Tupán, la tierra es nuestra.»

      En nueva inspiracion arde la mente
    Del bardo de la tribu y continua:

      «Tal vez es esta noche la postrera
    Que presencie en algunos de nosotros
    La luna el inocente pasatiempo.

      «Cuando mañana el sol dore el racimo
    De las palmas del monte, ya marchando
    Le hemos de saludar todos armados.

      «Bebamos y danzemos en compaña
    De nuestros hijos y mujeres hora,
    Que solo en guerra es de pensar mañana.

      «Tupán es con nosotros! En la sangre
    enemiga lavemos nuestro oprobio,
    y que yazcan sus cuerpos insepultos.

      «Repúdielos la tierra de su seno;
    que negros _urubús_ pasten sus miembros;
    y muera el que piadoso toque á ellos.

      «De heredado valor, ejemplo nuevo
    demos á nuestros hijos. Muera el flaco
    que no sepa vengar al deudo muerto.»

      Cesa el Tamoyo trovador y en tierra
    cae arrobado en éxtasis. En torno
    de él la tribu se ajita, danza y canta:

«El cielo es de Tupán, la tierra es nuestra.»

La propiedad de estas escenas y su naturalidad saltan á la vista. Aquí
no hay imitaciones de los cantos de los bárbaros de uno y otro mundo,
poetizados por Chateaubriand en los _Mártires_ y en los _Natches_. Es una
poesía verdaderamente orijinal y americana: sin conocer probablemente la
_Cautiva_, el Sr. Magalhaes, ha empleado en su himno guerrero algunas
pinceladas idénticas á las que empleó Echeverría poniendo en boca de un
_pampa_ inspirado por el licor la valiente estrofa que sigue:

    _Guerra, guerra y esterminio_
    _al tiránico dominio_
    _del_ huinca;--_engañosa paz:--_
    _devore el fuego sus ranchos,_
    _que en su vientre los caranchos_
    _ceben el pico voraz._

Hacemos estos paralelos con el objeto de mostrar que puede tomar
caracteres especiales la poesía en América, esplotando con inteligencia
sus verdaderas fuentes.

Entre las dificultades de la empresa de los Tamoyos debe contarse el
desaliento de los guerreros mismos de quienes se apoderan á veces los
sentimientos supersticiosos inspirados por sus sacerdotes. En medio de la
noche aparéceseles el Payé trayendo en el estremo superior del arco un
cráneo blanquecino por cuyas huecas órbitas reboza la luz de la resina
ardiendo. Parece una momia animada que surjiese del centro de la tierra.
Sobre sus huesos descarnados se pega macilenta y rugosa una piel semejante
á la corteza de un tronco añoso. “Huid, Tamoyos mios, les dice, huid.
Dejadles las márgenes deleitosas de Nitheroy que ellos tanto envidian y en
donde pretenden á costa vuestra apacentar su ocio y levantar ciudades con
el trabajo de vuestros brazos .... Huid y sereis libres, que todo es nada
en comparacion de la libertad. Sacad únicamente de esta tierra, que no
puede ya llamarse vuestra, los huesos de vuestros padres para que no los
profane el pié de tan feroces enemigos!....”

Copiemos del poema otra bellísima escena que servirá para caracterizar los
sentimientos de Aimbire. El sol se pone; el héroe vá acompañado únicamente
del hermano de su querida Iguazú.

¿Adonde van silenciosos uno en pos de otro esos dos bultos de porte
agigantado y de tostado cútiz, que parecen al claro de la luna dos
jénios nocturnos? siguen la márjen de un rio.--Aimbire, en que piensas,
le pregunta Parabusú, estamos todavia distante? Aimbire levanta los
ojos á los luceros de la constelacion de la cruz del Sur, y bajándolos
lentamente: no, le responde, solo nos faltan unos pocos pasos,--llegaremos
al salir el sol.--Mucho antes de la aurora; cuando la luna brille en la
mitad del cielo .... ya estamos cerca--No oyes un rumor?--Si, es el rio
que se despeña en cascadas.--No equivocarás el sitio?--Bien presente le
tengo; paréceme que estoy viendo todavía á mi anciano padre recostado
al tronco de un gran árbol que entre otros mas pequeños se levanta á la
márgen de la corriente.--Existirá aun? No habrá sido devorado por el fuego
europeo? Suspira Aimbire y no replica. Reina entre ambos el silencio por
algun tiempo, hasta que Parabusú le pregunta con calma: en que piensas,
Aimbire?--Y tú?--Y ambos á un tiempo pronuncian el nombre de Iguazú.
Pensaba en ella, continúa Aimbire; pareciame que la oia, que me llamaba
por mi nombre con voz tan ahogada y sentida que me llenaba el pecho de
pavor y de pena.--Y á mí pareciame, le dice el amigo, que la veia caer
en manos de nuestros fieros enemigos.--Calla, Parabusú, ¿que te atreves
á decirme? No mas: esos recuerdos me horrorizan. Ah! cuando tendrán
fin nuestras desgracias? Mucho hemos sufrido, y el corazon me dice que
mucho mas hemos de padecer aun. Que torrente de males han descargado
sobre nosotros esos hombres crueles que nos han puesto en la alternativa
de una guerra cruenta ó de una dura esclavitud! Ah! no, tu no sabes lo
que es ser esclavo! no ser dueño de si mismo; vivir sin honra, dormir y
despertar por voluntad agena; obedecer callando con rostro complacido;
sufrir sin quejarse; comer con lágrimas; trabajar, trabajar al sol, á la
lluvia, para que el amo viva abundante y tranquilo! Ah! tú no sabes lo que
es ser esclavo; yo sí. Cuando pienso en esto me abrasa la ira........ Mi
padre; desgraciado! murió en la esclavitud: si vivo es para vengar tamaña
infamia. Ellos me la pagarán con un mar de sangre. Asi pudiesen rodar sus
cadáveres hasta las playas de donde zarparon, que entonces arrojaria al
mar sus cadáveres para que llevasen nuevas de nosotros á sus hermanos y
amigos!

Discurriendo de esta manera llegaron á un valle cuyo suelo estaba
sembrado de troncos envejecidos de árboles corpulentos que el hacha y
el fuego hadian derribado con trabajo para proporcionar al hombre un
alimento mezquino. Un hermoso yatai, herido en la raiz, cediendo á su
paso, caia sobre el rio formando una puente rústica y peligrosa. Pasan
ambos por ella, Aimbire reconoce el lugar apesar de los multiplicados
y empinados árboles caidos en tierra. Vaguea con la vista por aquellos
troncos jigantes que parecen esqueletos de una raza titánea respetada por
los siglos. Un soplo de muerte le hiere el pecho anhelante y la sangre
se le agolpa tumultuosa al corazon .... recela, teme no hallar lo que
busca .... avanza el paso por la márjen del rio, y distingue negrear
al resplandor de la luna el bulto inmenso del árbol robusto porque
ansía--Helo aquí--exclama; corre, le abraza, le besa y riega con su llanto
aquel monumento del bosque á cuyo pié enterrara el vaso tosco de barro que
contiene el cuerpo de su padre. Afánanse á porfía los dos amigos, cavan y
desentierran la urna. Al verlo, exclama Aimbire enternecido:--Oh Cairuzú,
ilustre guerrero que despues de una vida gloriosa tuviste una vejez tan
escasa de fortuna y cerraste los ojos en los dolores del cautiverio. Oh!
Cairuzú, padre mio! desde aquella noche en que aquí escondí tus huesos [la
luna que me aclara lo atestigüe] desde esa noche en que juré tu venganza,
no he descansado un solo dia. De esta tierra bañada con tu llanto, tierra
de esclavitud que alimenta la codicia de un magnate, vengo á rescatar tu
cuerpo .... te prepararé otro descanso en aquel monte que mira al mar,
que tomará tu nombre para eterna memoria y en donde el paso del bárbaro
extranjero no haga estremecer tus cenizas. Pero, antes que mis hombres te
alejen de este lugar daré castigo al cruel que incauto duerme en estas
cercanías....

Efectivamente: eran aquellos los campos que la invasion habia convertido
en propiedad de Blas Cubas, á quien Aimbire debia sus martirios y los de
su padre. El mismo habia sido el matador de su primera esposa, y de su
hija primojénita. El Tamoyo, ayudado de su amigo incendia los plantíos y
embaraza las salidas de la habitacion del cristiano con pesados trozos de
piedra. El incendio y el humo crecen, arden ya los techos. Aimbire como el
cazador que espia la fiera, acecha por la ventana que al fin se abre. El
bulto de un hombre despavorido se lanza por ella pálido como un fantasma
que se despoja del sudario y huye. Aimbire le reconoce y le dá caza como
un demonio se apodera del alma condenada que le pertenece por un contrato
infernal--Mírame, Blas Cubas, mírame, conóceme. No quiero que perezcas
antes que sepas quien se venga de ti matándote. Aimbire le hace una larga
relacion de las crueldades del lusitano con su familia y con sus amigos.
Acuérdate, le dice, del pobre Guarativa á quien amarraste á un árbol á
cuyo pié hervia un hormiguero y le azotaste hasta arrancarle la piel con
la sangre dejándole en llaga viva. Acuérdate de los suplicios de aquella
víctima en cuyas úlceras negreaban enjambres de hormigas que le mordian el
cuerpo convulsivo.

La vida del vencido tenia un angel que la custodiaba, su hija Maria, que
como una aparicion del cielo, cubre con sus desnudos y torneados brazos el
cuerpo del padre cuya salvacion pide con lágrimas. El Tamoyo, desarma su
ira y se deja vencer por los ruegos de la inocencia. Otros héroes mimados
por la fortuna, observa aqui el autor, celebrados por altisonantes poetas,
no dieran ejemplo de piedad semejante en el momento en que blandian el
hierro de la venganza.

Los presentimientos de los dos amigos eran de corazones leales. Iguazú
habia caido prisionera en manos cristianas y padecia cautiva lejos del
objeto de su cariño. A par de otras indias compañeras suyas habia tenido
que sufrir mal trato y los lascivos atrevimientos, para salir victoriosa
de los cuales habia puesto á prueba su egregio valor y su constancia. El
poéta echa un velo sobre estas escenas, porque como él dice bellísimamente:

    _No halla deleite el númen que le inspira_
    _Con hechos que al pudor la faz coloran_ (p. 227).

Con cuanto dolor supo Aimbire la suerte que le cabia á su prometida,
nada menos que cautiva en poder del aborrecído Cubas. Devora el furor
dentro del pecho, como el fuego subterráneo que calcina las entrañas de
la tierra. La fortaleza de su voluntad contiene la explosion de su ira.
Descubre á Pindobuzú postrado en el suelo, llorando por su hija querida,
reclinada la cabeza sobre el hombro del hijo tambien aflijido. Entonces
da rienda á su cólera: Oh! Pindobuzú exclama, enjuga el llanto, prepárate
para una venganza ejemplar, Iguazú será libre, te lo prometo. Con ella
te daré en represalias cuantas hijas y esposas quieras de esa raza de
crueles. Haré correr rios de sangre y alzaré un monte de cadáveres.
Opíparo banquete dispone mí brazo á los hambrientos cuervos. Al mar
canoas, al mar volemos.... ....

Una batalla tiene lugar. En aquel campo halla el ofendido su venganza.
Veamos el papel que hace allí Aimbire y como describe el poéta el nuevo
encuentro de aquel con Blas Cubas:

      Cansado de esparcir muerte y espanto,
    Aimbire se adelanta, revolviendo
    Los ojos que el furor en sangre tiñe,
    Busca sus principales enemigos
    Para verles morir bajo su brazo.
    “Traidor Tibirizá, donde te escondes
    Cayubi, Cuñambeba”! asi diciendo
    Tropieza con D. Blas. “Eres tú, infame!
    Te concedí la vida, hoy de tu muerte
    vienes en busca”--Por vengarme vengo,
    el portugues le replicó; salvaje,
    esclavo envilecido, reconoce,
    á tú señor en mí que te castiga.--
    Y al espresarse asi descarga un golpe
    que en la maza del indio no hizo mella.
    --“Mas vigor en la lengua que en el brazo
    tienes, y es poca gloria arrebatarte
    la vida que desprecio y te regalo.
    Mas, ven conmigo y muéstrame primero
    en donde está Iguazú, dónde el infame
    que consumó su rapto y cautiverio.”
    Júzgale descuidado el lusitano
    y con cautela previniendo el arma
    le dice con irónica sonrisa:--
    --Quiero ahorrarte la pena de llorarla.
    --Y yo el infame peso de tu vida,--
    y con pronta respuesta pronto golpe
    aséstale el Tamoyo, retumbando
    á un mismo tiempo el golpe, la respuesta
    y la caida tambien del alevoso.
    --La muerte lenta y cruel que merecias
    no me es posible darte; estoy á prisa,
    dijo el Tamoyo, y en su propia sangre
    dejo teñido el cuerpo de Blas Cubas....

Pero no era la victoria alcanzada con sangre la que habia de volver al
cacique á la mujer de sus sueños. En éste poema hacen un papel principal
los famosos misioneros Nóbrega y Anquieta cuyas intenciones y santidad
ofendidas en sus compañeros por el autor del _Uruguaya_, ha vindicado sin
afectacion el Sr. Magalháes. En tanto que la carniceria tenia lugar, el
segundo de aquellos beneméritos sacerdotes oraba en el templo humilde y
recien levantado como prenda de paz y de cultura en aquellas soledades que
hoy forman los bellos y pintorescos alrededores de Rio Janeiro. El santo
varon manifiesta en su rostro las señales del extásis y presta profunda
atencion como si diese el oido á la voz de algun mensagero misterioso.
Cesa el órgano; el ministro de Dios pónese en pié y dirijiéndose á Iguazú
que estaba en el templo con las mugeres cristianas, tócala el hombro y
la dice: «hija, levántate, ven conmigo.» Absorta la concurrencia ábreles
camino y todos se preguntan curiosos: ¿dónde irán?--Marchan silenciosos
por las tinieblas; Iguazú vá llena de asombro y de incertidumbre: el pié
de ambos evita mancharse en la sangre que cubre el suelo. El sacerdote se
detiene al fin y esclama ¡Aimbire!! Aquella voz parecia resonar en una
bóveda armoniosa. Aimbire! Aimbire! repite varias veces. El rabioso Tamoyo
acude al llamado despavorido y chorreando sangre.--Toma á Iguazú; huye. El
indio fascinado vuelve los ojos á su amada, en tanto que desapareciéndose
Anquieta súbitamente, repite al ocultarse del todo: huye.

Reflexionando Aimbire sobre sí mismo, en aquella especie de tregua á sus
afanes y desgracias, se cree digno de ser feliz y declara ante los suyos
que toma á Iguazú por esposa. Esposa solo en el nombre la virjínea flor
del bosque estaba todavía en pimpollo: era preciso esperar la aurora que
la diera el perfume y nectar. Los indios sabian respetar severamente á
esas impúberes esposas que segun sus usos tenian derecho de elejir. No
eran tan brutos ni lascivos que cojiesen fuera de sazon los frutos del
amor. Amaba Aimbire á su tierna esposa como un lirio próximo á abrir su
mimoso caliz á los besos del colibrí.

Iguazú traia al volver á su tribu inoculadas en el alma las verdades del
evanjelio. Su esposo mismo no podia resistir á las tentaciones de aquel
nuevo misionero cuya palabra llegaba con los écos simpáticos al fondo de
su alma. Así, cuando llegaron Anquieta y Nóbrega á inducir á los Tamoyos á
la paz y á la adopcion del evanjelio, con discursos llenos de elocuencia y
de uncion, vieron que á imitacion de la india convertida, todos aquellos
adoradores de Tupan se postraban en el polvo de los desiertos en donde por
primera vez se consumaban los misterios del cristianismo.

La ambicion del conquistador vino á despertar de nuevo en el ánimo de los
Tamoyos los resentimientos y la innata inclinacion de la independencia,
burlando los pacíficos esfuerzos de los misioneros. Las naves de Mendo de
Sá preséntanse preñadas de soldados y muerte para echar á los franceses,
aliados de los Tamoyos, del pais de Nitheroy y fundar la capital de Rio de
Janeiro. Aimbire duda nuevamente de la lealtad lusitana, enciéndese otra
vez en ira, hace sonar las trompas guerreras y parte con sus parciales al
encuentro de los recien llegados. Nada le detiene, ni las observaciones
de otros caciques de su raza, ni los peligros á que de nuevo pueda
esponerse la jóven cuya existencia depende ya de su apoyo. Pronto se
encuentra con sus huestes al pié de la reciente fortaleza: la asedia meses
enteros; la lucha es porfiada; á los Tamoyos que caen á las balas suceden
otros, como olas que crecen unas en pos de otras.

El mismo Mendo de Sá acude al lugar de la lucha. Aimbire le reconoce, y
levantando los ojos desde el nivel del Oceano hasta las montañas sublimes
que dan majestad al golfo, los vuelve hácia los suyos y los fija con
detencion especial sobre su esposa. Parece que diera el último adios á
tan caros objetos, y la lágrima de dolor que no se muestra en sus ojos le
cae petrificada y ardiente sobre su corazon.--«A las trincheras! esclama
derrepente; combatir ó morir.» Dice, y se lanza á la pelea. No son hombres
sino leones los que batallan; la sangre espumosa forma lagos. Los ojos
de Aimbire parecen dos relámpagos: ensánchasele el alma como el mar al
trueno de la artilleria. Parece que desafiara al cielo y al infierno, á
las balas de los arcabuces y á los escombros que vuelan á su derredor.
Su esposa, Iguazú, cae á su lado herida de muerte en el mismo instante
en que el enemigo proclama la victoria. Mañana la cruz se alzará sobre
aquel campo perdido para siempre para sus moradores primitivos. Aimbire se
detiene pasmado y blandiendo su maza feroz grita con todas sus fuerzas:
«Tamoyo soy, y quiero morir libre como lejítimo Tamoyo. Soy el último de
la raza: no daré á mis enemigos la gloria de arrancarme la vida.» Dice, y
blandiendo sus armas, por entre contrarios y cadáveres se abre paso al mar
y se arroja en sus abismos.

Asi perece con sus amores, sus deudos y su patria el Hector salvaje de
esta epopeya americana.

Nos hemos visto forzados á encerrar en poco espacio _diez_ cantos que
forman 340 páginas en folio menor, y á no bosquejar mas que la fisonomia
descarnada de dos de sus actores. Hay en el poema, sin embargo, variados
é interesantes caracteres, como por ejemplo, el del calvinista frances
Ernesto, aliado y compañero de armas de los Tamoyos, á quien Aimbire
premia con la mano de su hija del primer matrimonio. El sabio Anquieta,

    que mundanas pasiones no cobija
    bajo la capa de Jesus....

está representado como pudiera estarlo en la historia mas severa y sin que
el tinte poético aparezca por eso descolorido. Al contrario sobre todos
los perfumes de aquellos deliciosos bosques y valles se levanta como una
columna de incienso, el que exhala el alma de aquel varon, impregnando
las páginas del libro de una mansedumbre verdaderamente celestial. Los
caracteres, lenguage y hechos de los personages indígenas son bien
escojidos, alejan por su novedad característica todo jénero de monotonia
y sin embarazarse ni producir oscuridad, contribuyen no solo á completar
el cuadro de aquella edad y costumbres, sino á desenvolver el plan que es
tan sencillo como el de una leyenda. El arte principal del autor consiste
en ocultar bajo la sencillez mas depurada, el trabajo y la detenida
meditacion que el desempeño de la composicion arguye.

El Sr. Magalháes conoce la historía de su pais, ha hecho estudios sérios
de las crónicas y de la naturaleza. No pinta sino con colores americanos.
Sus cuadros tienen la orijinalidad de la verdad. En nada se parecen
sus indias adornadas de plumas á las ridículas Atalas y Coras de las
litografías europeas. El Sr. Magalháes ha hecho gala, á mas, de sus
conocimientos en la filosofia relijiosa. Aprovechando discretamente de
la idolatria de los bárbaros, de la creencia disidente de los franceses
parciales de Coligny que habian llegado á aquellas playas á fundar una
Francia antártica, y de la doctrina católica, profesada por los lusitanos
y predicada por los misioneros, pone en boca de los caciques, de Anquieta
y de Ernesto, instructivos discursos en apoyo de las respectivas creencias
de estos, y en los cuales se ventila á veces con novedad la sofística
cuestion planteada por Rousseau sobre si es ó no propicio á la felicidad
del individuo el progreso de la cultura social. Hé aquí de que manera el
sábio Anquieta comprende la tarea que á él le cabe para la dicha de sus
semejantes como soldado pacífico de la conquista:

    .......... No, lusitanos!
    otra es nuestra mision. La luz de Europa
    no sus errores difundir debemos
    en esta tierra santa, hospitalaría,
    debe al amparo de la cruz sembrarse
    la justicia y la paz entre los hombres.

    Levantemos la cruz, la cruz, del Cristo,
    Signo de redencion que en otro tiempo
    allá en el capitolio salvó á Roma,
    cual la arca santa que arrancó al diluvio
    la prole antigua. De la cruz en torno
    aprenda la verdad este jentío,
    y cáigales la venda de los ojos,
    como en otras edades disipóse
    el error de los bárbaros del norte....

En las obras poéticas, la poesia es todo. Aunque cuanto la constituye
pueda caber en una noble prosa como está probado por repetidos ejemplos,
es preciso convenir, sin embargo, en que hay mucho de arte en la poesia
y que por consiguiente ella debe halagar el oido con los sonidos,--fin
que solo se consigue plenamente por medio de la versificacion, es decir
por el período medido y por consonante. Estamos persuadidos de que el Sr.
Magalháes habria dado un grado mas de perfeccion á su poema, si le hubiese
compuesto en estancias regulares, ó en octavas italianas á imitacion _das
Luciadas ó del Curamurú_ de Duráo. La _rima es una esclava_ para el que
conoce su idioma y tiene imajinacion: solo es estorbo, por dicha, para
aquellos versificadores á quienes, segun el dicho epigramático de Horacio,
no pueden soportar ni los postes. La lenta rémora del consonante sazona,
por decirlo así, al pensamiento que busca una forma definitiva al bregar
con ella, saltan chispas de gracia, de novedad y eficacia que el prosador
no habria hecho brotar jamás en el camino llano de su pluma: Manzoni la
ha llamado con razon _inspiratrice_, porque es un verdadero jenio, aunque
subalterno, en el coro de los que inspiran la labor del poeta.

Los escritores que hacen sensacion en nuestros paises meridionales, no
deben apoyar ningun mal ejemplo en literatura, porque hay en nosotros una
lijereza, una laxitud innatas que nos inclinan á buscar sendas fáciles y á
ahorrarnos trabajo mental.

La poesia, que puede considerarse como el lujo superfluo de la república
de las letras, es preciso que se presente siempre, como el oro y la seda,
bajo las formas mas acabados y como fruto de un esmero artístico en
consonancia con la preciosidad de la materia primera, si es permitida esta
espresion profana. No se crea por esto que carece de armonía, de número
ni de entonacion el verso libre en que está escrita la Confederacion de
los Tamoyos. No aceptamos este jénero de versificacion por mas que Heredia
y Basilio de Gama en América, y Quintana y Moratin en Europa, hayan dado
bellísimas muestras de lo que pueden el talento y el estilo para producir
armonia con instrumentos mal encordados.

Lunares mas visibles que este hemos creido encontrar en la obra de que nos
ocupamos.

Parece que la organizacion del autor no estuviese predispuesta sino para
sentir y pintar la voluptuosidad perfumada y luminosa de la naturaleza
inanimada. El amor á Dios y á la patria, se presentan tambien en el poema
con la conveniente exaltacion y con todo el calor con que la esperimentan
las almas de buen temple. Pero el amor humano, el amor entre esos dos
seres que desde la tentacion del paraiso se dicen al oido palabras
que producen incendios y que los ata por el mas santo y dulce de los
vínculos, ese amor no se muestra en los labios de personage alguno del
poema; dejando asi sin pulsar la cuerda á que el corazon del hombre es
mas sensible, y malogrando la ocasion de beber en la fuente inexhausta de
la inspiracion mas viva. El casto Virjilio comunicó hasta cierto punto
su carácter al pio Eneas; pero supo revivir en el pecho de la reina de
Cartago _los vestigios de la antigua llama_. Es tanto mas sensible este
vacio cuanto que aquella pasion, como todas las demas que mueven á la
humanidad, reviste caracteres especiales y aspectos distintos segun
el grado de civilizacion que ocupa en la escala social y segun otras
influencias que el _vate_ debe tomar en cuenta tanto como el fisiolojista.
Que enérgico y orijinal debió ser aquel afecto en hombres que amaban á sus
padres y á la patria con la vehemencia de Aimbire! Aimbire ama, es verdad,
á Iguazú; no quiere vivir un momento mas que ella; pero deseamos conocer
como se espresaria ese amor en el lenguage del desierto adornado con las
imájenes sujeridas á la pasion por los torrentes y las selvas.

El chileno _Oña_, que hemos citado al principio, no solo salpica su poema
con escenas amorosas, sino que interesa con ellas el alma y los sentidos,
pintando al desnudo las gracias sin atavio de _Fresia_, jugueteando con
su amante en las aguas corrientes de Arauco sombreadas de enredaderas y
propicias al misterio.

La belleza airada y celosa de _Moema_ forma uno de los episodios que
salvarán del olvido el poema épico de la _Conquista de Bahia_, escrito por
un fraile Agustino.

Las relaciones místicas entre el _saibá_ y la doncella son de un efecto
esquisito; pero el amor humano se compone, segun la espresion de un poeta,
no solo de «los delirios del alma sino tambien de los estremecimientos de
la carne.»

Por que condenar á la india brasílica al conocido destino de Atala? Acaso
no santifica la relijion los apetitos lejítimos que la naturaleza pone en
nuestras entrañas? Hay ausencia completa de la muger en el poema del Sr.
Magalháes. Iguazú es un pimpollo, una promesa, pero no una esposa. No hay
alli como en la _Araucana_, por ejemplo, madre alguna que arroje el hijo
á su cobarde compañero; ni una Glaura, ni una Tegualda _en fuerte hora
nacida_, «espaciosa de pecho y de dientes engastados en fino coral.» En
aquel Eden de poesia no hay una sola Eva.

Notaremos tambien algunas contradicciones en el carácter de Iguazú. En su
bella y sentida cancion que hemos traducido habla ella del amante querido.
¡Habíase despertado en su corazon el sentimiento del amor de esposa cuando
no era todavia una muger, cuando todavía, segun la poética espresion del
autor, no habia abierto el broche á los besos del colibrí aquella azucena
silvestre! ¿Sientan bien, por otra parte, las sombras de la melancolía
sobre aquella tierna niña, siendo así que las aflicciones de esa dolencia
vaga del alma son fruto por lo general de cierta esperiencia de la vida y
del ejercicio de la sensibilidad?

Algo podiamos añadir á esta crítica en cuanto al uso de lo maravilloso que
el autor ha introducido en la máquina de su poema. El sueño de Jagoanharo
le permite al poeta desenvolver las pájinas de la historia futura de su
patria; pero por mas elevacion que haya logrado dar á la intervencion de
Satanás en las filas opuestas á la cruz, enarbolada por los misioneros,
no quisiéramos ver allí lo que no nos parece estemporáneo ni mal traido
en las octavas del Tasso, en consideracion á la época en que nació la
_Jerusalem libertada_.

    Anjel antes de luz, hoy de tenieblas
    maldito Lucifer! perdiste el cielo.....

Todo esto es muy bello. Seria, empero, mas natural y no menos poético,
poner en el corazon de un europeo influyente las pasiones á las venganzas
del angel caido.--El autor de la Araucana dice terminantemente que los
conquistadores españoles _mas que otras gentes_, eran

    _Adúlteros, ladrones, insolentes._

Serian de mejor condicion los lusitanos? Con semejantes calidades no podia
faltar entre ellos alguno que produjese los mismos fines para que sirve la
evocacion del espíritu malo entre los Tamoyos.

Deseariamos tambien que la erudicion del Sr. Magalháes y su menudo
conocimiento en las costumbres primitivas de su pais no lo llevase á
referir algunas que son aberraciones de la inocencia y la ignorancia y
perjudican al carácter varonil de aquel llas razas. El ejemplo de ternura
conyugal tal cuase leé en la pájina 69 del poema, no nos sensibiliza ni le
creemos un rasgo noble.

Si cuando las mujeres de nuestros _querandies_ se entraban con sus recien
nacidos á las aguas del Plata, hubiesen ocupado sus varones el lugar que
dejaban en el hamaca, no esperimentariamos por ellos profunda simpatía,
ni les ofreceriamos (como lo hacemos ahora) a la juventud bonarense como
dignos de la resurreccion que sabe dar el injenio á los pueblos estintos
que solo viven en los anales de la historia.

El Sr. Magalhaes ha hecho con su poema un servicio á las letras
americanas, dando una prueba mas, entre las poquísimas que existen, de
la posibilidad que hay de interesar el sentimiento y la imajinacion con
nuestras crónicas primitivas, dándolas por fondo las peculiaridades de
nuestra espléndida naturaleza. Es por esta razon que hemos escrito la
presente noticia, sintiendo no haber contraido á ella mayor estudio y
meditacion. El Sr. Magalháes puede con mas razon que su compatriota el
autor del poema _Uraguay_, decir al suyo: _¡serás leido!_ Lo será en todas
partes. Para sus paisanos será no solamente un poema sino una buena accion.

Bajo estos dos aspectos recomendamos tambien su lectura á la jeneracion
jóven de Buenos Aires que hoy se prepara para ilustrarlo en un dia proximo
con las producciones de su espíritu privilejiado.



EL Dr. D. TEODORO M. VILARDEBÓ.


Como si estuviese dotada de un instinto infernal de dominacion, la fiebre
pestilente acaba de conseguir victoria sobre uno de sus mas denodados
é intelijentes adversarios. El jeneroso orgullo del que se consideraba
fuerte por la ciencia, ha sido castigado por la mano misteriosa de la
naturaleza. El Dr. Vilardebó ha muerto de la fiebre amarilla en la noche
del Sábado al Domingo 29 de Marzo último, á la cabecera de los enfermos,
esforzándose por tranquilizar los ánimos aterrados por la secreta y rápida
circulacion de la muerte, como espira gloriosamente el guerrero al pié de
su bandera.

En medio del silencío egoista que se apodera de las poblaciones azotadas
por la peste, no han faltado en Montevideo ecos que repitan el dolor
especial causado por la muerte de aquel hombre distinguido.

El Dr. Vilardebó habria sido estimado en cualquier parte del mundo por sus
luces, por su noble carácter, por su constante devocion á las ciencias
y al estudio; pero en esta parte de América donde tan pocos de sus hijos
se consagran por puro amor, por irresistible vocacion al cultivo de los
conocimientos recónditos que tienen por base la observacion y cálculo, era
una especie de escepcion y un objeto de orgullo para los hombres de su
propio orijen.

Nosotros no podemos hacer una biografia de la noble víctima. Hemos estado
privados por largos años de su agradable trato y de sus instructivas
conversaciones. No estamos iniciados en la marcha de su espíritu desde
el año 1843, ni de sus proyectos científicos, ni de los trabajos á que
ha sabido consagrarse despues de aquella época, aparte del ejercicio de
su profesion de médico. El Dr. Vilardebó, bajo aquellas formas sociales
y amables con que aparecia revestido en público, ocultaba la severa y
elevada rejion en que se mantenian sus ideas constantemente. Su silencioso
gabinete era el oasis de sus sueños en ese arenal que atravesaba como
médico en las horas de su práctica de cada dia.

El Dr. Vilardebó comenzó sus estudios mayores en la Universidad de
Cervera. Creyendo que su vocacion le llamaba á consagrarse á las
matemáticas, hubo de dedicarse á ellas esclusivamente, y aun fué invitado
para rejentar allí una cátedra de cálculo trascendente. Otra era la
profesion á que su destino le llevaba. De España pasó á Francia para
dedicarse á la medicina y fué discípulo de la escuela de Paris hasta
recibir en ella su diploma conquistado con un trabajo asiduo, una conducta
ejemplar y lucidos actos científicos, de cuyo mérito puede dar testimonio
la notable tésis que leyó para recibir el grado de Doctor en la famosa
Universidad de aquella capital. Al frente de esa tésis habia escrito con
ternura el nombre de su padre, pensando al escribirle en los servicios
próximos que iba á ofrecer á su querida patria despues de una larga
ausencia y de muchos desvelos.

La fama de su mérito se adelantó á él en América. Poco antes de partir
para Montevideo, habia sido elejido para componer una comision de
distinguidos profesores franceses encargados oficialmente de estudiar en
el Norte de Europa el carácter y los sintomas del cólera en sus primeras
invasiones en aquella parte del mundo.

Esto era por los años 1830 y tantos: estaba entonces en la plenitud de su
robustez y de su fuerza: su estatura era alta, su semblante simpático, sus
modales benévolos y cultos, y su palabra pura y perfectamente acentuada
no dejaba nunca traslucir que poseia fundamentalmente muchos idiomas
estranjeros, porque había cultivado con preferencia el que amaba y
respetaba como heredado de sus padres. No nos engaña la aficion de amigos.
Podemos citar un ejemplo práctico del encanto de la conversacion íntima
del Dr. Vilardebó, con tal que ella se contrajera á materias científicas
y graves. A las oraciones de una tarde del verano de 1841 se reclinó
nuestro amigo en una hamaca correntina, colgada á las paredes de nuestra
habitacion. Era la primera vez que descansaba el cuerpo sobre las redes
de aquel lecho americano, y las observaciones que hizo con este motivo
nos autorizaron para decirle: «Querido Doctor: haga V. de cuenta que se
encuentra V. en este momento en las soledades primitivas de Nueva Granada
y que ha hallado V. allí como A. Humboldt á aquel pobre americano _del
Pozo_, sediento de los raudales de la ciencia europea, que el sábio
viajero describe con tanta admiracion en una de sus obras. Hábleme V.
de Paris, del Paris intelectual que V. conoce tanto, de los profesores
que allí se distinguen, de las teorias científicas á la moda, y de las
verdades inconclusas que la observacion ha arrancado del avaro seno de la
naturaleza.» Con qué modestia y con cuanta gracia, comenzando por la parte
pintoresca de las costumbres de las escuelas francesas, fué remontando
hasta la parte árdua y elevada á que le convidábamos á subir! El sol
del dia siguiente bañaba las azoteas de la blanca y rizueña Montevideo,
cuando nos despediamos despues de haber pasado una noche _ática_, como
él decia, inolvidable para nosotros. Seriamos incapaces de reproducir
lo que dijeron de bueno y de interesante los lábios que hoy están para
siempre mudos. Pero un biógrafo del famoso físico, M. Ampere, hablando del
inmenso saber de este profesor, ha descripto con una rara fidelidad el
cuadro que acabamos de dibujar con vagos perfiles. «Habló _trece horas_
con una lucidez no interrumpida: y como el mundo es infinito, y todo en él
se encadena, y Ampere le conocia zona por zona y de un círculo al otro,
sus palabras corrian sin cesar: si el cansancio no le hubiese detenido,
creo que aun continuaria. ¡Oh ciencia! Esta vez habiais puesto bien á
descubierto el puro, bullente y sagrado manantial de tus verdades!»

Ocupaba mucho al Sr. Vilardebó la idea de hacer un estudio formal de
la historia política y natural del pais de su nacimiento. Y como la
historia civil del territorio oriental está ligada desde la conquista
á la jeneral del antiguo Vireinato del Rio de la Plata; se estendian á
todo él sus investigaciones. Llegó á reunir muchos é importantes mapas,
planos parciales y documentos escritos para servir á sus miras, y aun
redactó unas _décadas_ que, mas que un trabajo histórico completo, eran
un cuadro cronolójico de acontecimientos y descubrimientos esplicados con
los preciosos materiales que habia sistemado laboriosamente. El estudio
de las razas extintas de la gran familia guaranítica que habian poblado
las tierras comprendidas entre el Uruguay y el Plata, habíale llamado su
atencion con preferencia, y deben existir entre sus papeles apuntes útiles
sobre esta interesante materia y en especial sobre el carácter, hechos y
costumbres de aquellos famosos charruas que fueron rebeldes por siglos á
la espada y á la doctrina de la civilizacion. Creemos que los primeros
pasos que se dieron en Montevideo para formar una asociacion de personas,
que se contrajesen á la jeografia y á la historia patria, fueron dados por
el Sr. Vilardebó. Esta idea se realizó mas tarde, quedando hasta ahora en
estado de jérmen, como quedan siempre entre nosotros las ideas de esta
naturaleza.

El segundo viaje que emprendió á Europa el Sr. Vilardebó debió tener por
objeto, si no estamos mal informados, el perfeccionar sus conocimientos
para realizar sus escursiones científicas en el territorio oriental. Al
ocuparse de la geografia práctica, al estudiar la geolojía especial de
aquel suelo, advertió que las nociones generales que poseia sobre estos
ramos no eran suficientes para llegar á la perfeccion á que aspiraba,
y para responder á las exijencias que tiene en la actualidad el mundo
científico. Adelantado ya en la vida, pudiendo gozar de la independencia
que ya habia conquistado, se resignó por amor patrio y por devocion al
estudio, á volver á la humilde condicion de discípulo, interrogando los
sábios especiales y sentándose en los bancos del aula como en los años de
su primera juventud. El aspiraba á determinar astronómicamente los puntos
principales que habian de servirle de base para formar en seguida la red
trigonométrica de su cartas, asi como aspiraba con este segundo objeto á
perfeccionarse en el manejo de los instrumento jeodésicos. En el estudio
de los minerales, y de la formacion de los terrenos, en la clasificacion
de los abundantes restos fósiles que en esos mismos terrenos están como
incrustados desde las épocas antediluvianas, aspiraba igualmente á
presentarse digno de los jeólogos y de los paleontógrafos mas acreditados.
Es lástima que las inquiétudes políticas y otras causas de desaliento que
militan en América para esterilizar los mejores propósitos, hayan detenido
al Sr. Vilardebó en este camino tan honroso como útil. Su espíritu debe
haber padecido mucho con los obstáculos que encontró invencibles para la
prosecucion de sus miras, pues hemos sido testigos de la satisfaccion con
que decia hablando de la firme resolucion que tenia de entregarse á ese
género de trabajos: «Para quien desea formarse un nombre en la carrera
científica, nada es tan penoso como la indecision del rumbo que haya de
seguir. Yo le he hallado ya. Mi ocupacion en adelante será el estudio
de la naturaleza y de la historia civil de mi pais.».... La muerte lo
ha sorprendido sin haber satisfecho tan laudable ambicion. Esta es la
historia del hombre.

Lo repetimos, el espíritu y el carácter del Dr. Vilardebó eran sérios
y reflexivos. El profesaba principio de que no se puede ejercer en la
vida mas que un sacerdocio, y que los ocios del medico son la meditacion
y el estudio. El profesaba tambien la máxima de Plinio el viejo: para
él, _vivir era velar_. Si las cuestiones de la política intestina de
su pais no le eran indiferentes por la relacion que tienen con la
felicidad pública, nunca quiso tomar una parte activa en ellas, dejando
la jestion de los negocios de estado á cabezas mas audaces ó á personas
mas presumidas de entender la táctica de los movimientos gubernativos.
El era uno de esos pocos hombres con que contamos en estos paises para
que se coloquen á la cabeza de la falanje científica que es preciso
organizar alguna vez para sacar de la pereza en que yacen las fuerzas de
la naturaleza y devolverlas activas á las necesidades de un pais que se
desarrolla como un niño bien constituido,--á pasos de gigante.

Si hay un consuelo para los amigos del Dr. Vilardebó al verle detenido
en la vida, no por el cansancio de los años sino por el veneno traidor
de una épidemia inesperada, es sin duda la idea de que ha sucumbido en
el lugar de honra á donde le llamaban sus deberes. La actitud del médico
que sucumbe al mal que en aquel momento combate, es mas modesta, pero no
menos meritoria que la del soldado que dá la vida en su puesto. Nosotros,
sin embargo, colocamos al Sr. Vilardebó mas arriba de los héroes de
espada, dándole el lugar que merece entre los hombres sabios y rectos que
se sacrifican por la humanidad. Tenemos á la vista la carta de un digno
y respetable europeo que ha tratado al Dr. Vilardebó hasta sus últimos
instantes y de ella estractamos las siguientes palabras: «Estoy convencido
por esperiencia propia de que hay almas tan nobles y sublimes en el seno
de las civilizaciones jóvenes, como en el de las antiguas. Vilardebó
me recordará siempre la verdad de este principio, que para mi es sin
contradiccion.»

Quien conoce el mérito moral é intelectual de la persona que escribe estas
palabras, sabe que ellas son el mayor elojio que se puede escribir sobre
el sepulcro del amigo malogrado á quien deseamos paz.



HONORES FUNEBRES.


El Domingo á las 11 de la mañana fueron llevados al Cementerio del Norte
los restos mortales del Dr. D. Vicente Lopez.

Seguía al ataud una larga fila de carruages conduciendo lo mas distinguido
de esta sociedad, que espontáneamente acudia á rendir el último tributo de
respeto ó de amistad al ilustre finado.

Terminadas las preces religiosas el Dr. D. Juan Maria Gutierrez pronunció
sobre la tumba el bello y sentido discurso que insertamos en seguida. El
Sr. D. Mariano Varela dijo en seguida algunas palabras muy oportunas, y
otro caballero tomó tambien la palabra para hacer el elojio del varon
justo que despues de tantos servicios á la Patria, ha ido á descansar en
el seno de su Creador.

                                   (_El Orden_ del 14 de Octubre de 1856.)



Discurso

PRONUNCIADO POR EL DR. D. JUAN M. GUTIERREZ, EN EL SEPULCRO DEL

Doctor Don Vicente Lopez.


_Señores!!_

La muerte no ha completado su triunfo sobre el hombre que aquí yace. La
tierra ha caido sobre sus restos, pero no el olvido. Las jeneraciones
argentinas al sucederse unas á otras, trasmitirán á la mas remota
posteridad el nombre, las virtudes, el patriotismo y el claro talento del
Sr. Dr. D. Vicente Lopez y Planes.

El que narrase la vida tan llena y completa de este varon benemérito,
haria á la vez la historia laboriosa de nuestra patria desde los primeros
años de este siglo. El fué uno de esos séres privilejiados que recibieron
de la Providencia las dotes necesarias para emprender la obra de la
rejeneracion de América. El pertenece á esa jeneracion denodada que en
los campos de batalla, en las asambleas, en los consejos del gobierno,
por medio de la accion y de la palabra, estaba destinada por Dios para
transformar una colonia en una nacion independiente.

En diferentes climas de este mundo, mi corazon se conmovió siempre, como
el corazon de un hijo cuando una de esas almas bien templadas remontaba
al cielo. En este momento yo lamento la pérdide de uno de los padres de
mi patria y tambien de mi inteligencia. A este último título, escusadme,
señores, si ante esos lábios elocuentes que ha enmudecido el sueño eterno,
se atreven á abrirse los mios. Yo no soy capaz ni siquiera de comprender
todo el valor moral de ese republicano segun el evangelio; de ese justo
acrisolado por la filosofia; de esa cabeza escojida é indagadora que
tras las huellas de Newton sabia seguir el curso de los astros, y cantar
inspirado como Fr. Luis de Leon sus misterios y sus armonias reveladas por
el sentimiento de lo infinito.

Señores, somos argentinos: somos hombres de amor, de sentimiento y de
entusiasmo. Estas magnificas cualidades hervian ardientes en el alma del
Dr. Lopez: él fué nuestro compatriota por escelencia. Nuestro amor debe
derramarse á torrentes sobre su tumba como nuestras lágrimas.

Las fuerzas morales tuvieron para él en las dificultades de la vida, dos
fuertes columnas de apoyo la relijion de sus padres y la relijion de la
Patria.

Le habeis conocido, Señores: Aquel manso filósofo, cuya palabra escojida,
mesurada, armoniosa, acariciaba amorosamente el oido de quien la
escuchaba; aquel cristiano que amaba al prójimo como á si mismo; aquel
hombre de paz que estudió por inclinacion la ciencia de distribuir la
justicia,--ese mismo fué un guerrero intrépido y audaz cuando el peligro
de la patria puso una espada en sus manos de ciudadano. Las insignias de
maestro en leyes, le fueron colocadas en la Universidad de Chuquisaca
sobre el uniforme de capitan de Patricios con que se habia distinguido en
las famosas acciones de guerra de 1806 y 1807, en las calles y suburbios
de la ciudad que tanto amó.

Bautizado por los peligros en la religion de la gloria, la gloria estará
siempre desvelada sobre su tumba.

El Dr. Lopez fué una de esas criaturas á quienes Dios tanto ama, que los
identifica con su patria, dándoles un instante de inspiracion para que en
él reasuman y den forma al instinto característico de esa mísma patria en
toda su prolongada duracion.

La _noble igualdad_ de la democracia; el presentimiento de la realidad
de la independencia en el albor de la lucha que habia de conquistarla;
la fé en la libertad, todas estas aspiraciones realizades mas tarde á
fuerza de sangre y de heroismo, él las impuso como de fé á su pueblo y al
mundo, desde los primeros dias de nuestra revolucion en las magníficas
estrofas de _la marcha nacional argentina_. Himno sagrado que repetimos
en las grandes conmemoraciones patrias, puestos en pié y con la cabeza
descubierta por respeto á la santidad de los conceptos y á la sangre de
nuestros mártires:--¿Cuánto no habrá contribuido á alentar el esfuerzo de
nuestros viejos soldados desde las márjenes del Plata hasta los torrentes
del Ecuador? Vosotros, señores, conoceis las emociones que en la niñez y
en la edad madura produce en todo pecho argentino ese himno para nosotros
inmortal. Yo he comprendido todo su poder y toda su influencia cuando me
he sentado á la orilla del Maipú y á las faldas del Pichincha. El agua
que corria, la brisa que pasaba por mis cabellos, me traia los versos
patrios del poeta como si saliesen de las tumbas de nuestros guerreros que
pelearon allí por la libertad de dos republicas hermanas. Ah! señores, el
molde en donde se vaciaron tan sublimes y armoniosos pensamientos tiene ya
en esa fria tierra la almohada de la noche sin dia siguiente.

Ah! y cuán sin vanidad era en medio de una gloria tan envidiable! El
prémio de merecerla, consistia, para él, por bendicion del cielo, en
encontrarse estimulado para obrar bien, para amar mas, y para sentirse
impelido hácia la juventud en quien miró siempre la prolongacion de la
patria. El estudiaba para enseñar, y enseñaba no solo para cultivar la
mente sino para elevar los sentimientos del corazon sobre el orgullo
del espíritu tan propenso á sublevarse en la edad de la inexperiencia.
El alma del Dr. Lopez era de aquellas que buscan el estudio como medio
de perfeccion moral: la encendia en el fuego de la ciencia para que
se levantase hácia arriba como una llama. Esa alma de poeta jamás se
materializó al investigar las leyes del mundo físico y al someter esas
mismas leyes al cálculo matemático. La fuerza atrayente de su moral,
subordinaba en ella todo lo creado de que tenia conciencia y conocimiento,
y armonizando lo que se palpa con lo que únicamente se concibe, lo
devolvia á Dios en un himno cuya sintesis segun él mismo se encerraba en
estas tan sublimes como sencillas espresiones: _hágase, señor, tu voluntad
así en la tierra como en el cielo_.[18]

Su voluntad se ha realizado--un justo mas está á su diestra....

Adios, mi venerado compatriota! Adios para siempre, maestro y amigo mio!
Permitidme que al separarme de vuestro sepulcro, diga para vos, lo que
dijisteis elocuentemente en este mismo sitio sobre la tumba de otro sabio
y virtuoso porteño: “Adornemos tu sepulcro con rosas y siempre-vivas y
mientras existan tus discípulos y amigos, y mientras haya amantes de la
gloria literaria de Buenos Aires, serás nombrado y alabado como un digno
modelo.

    Semper honos, nomenque tuum laudesque manebunt.”[19]

                                  Eneid. lib. 1, v. 609.



INDICE.



                                                                  Pág.

    Adios,                                                          5

                               BIOGRAFIAS.

    D. Bernardino Rivadavia,                                       13

    « José Antonio Miralla,                                        95

    « Hipólito Vieites,                                           111

    « Juan Ignacio Gorriti,                                       117

    « Julian Navarro,                                             120

    « Francisco Javier Iturri,                                    121

    « Pantaleon Rivarola,                                         123

    « Pantaleon Garcia,                                           124

    « Ramon Diaz,                                                 125

    « José Rivera Indarte,                                        128

    « Patricio de Basabilbaso,                                    130

    « Cayetano José Rodriguez,                                    131

    « Bernardo Monteagudo,                                        138

    « Manuel José de Labarden,                                    145

    « Bernardo Vera y Pintado,                                    149

    « Julian Leiva,                                               161

    « Antonio Saenz,                                              165

    « Manuel Moreno,                                              169

    « Miguel Calisto del Corro,                                   176

    « Estevan Luca y Patron,                                      180

    « Florencio Balcarce,                                         185

    « Francisco Agustin Wright,                                   192

    « Juan Crisóstomo Lafinur,                                    195

                     ARTICULOS CRÍTICOS Y LITERARIOS.

    La Quichua en Santiago,                                       201

    A Confederaçao dos Tamoyos,                                   225

    El Dr. D. Teodoro Vilardebó,                                  275

    Discurso pronunciado en el sepulcro del Dr. D. Vicente Lopez, 286



FE DE ERRATAS.


                      DICE.           LÉASE.

    Pág. 14--lin.  9, en vida,        en vida.
     ”   14-- ”   21, á los propios   ó los propios
     ”   14-- ”   24, separar         reparar
     ”   15-- ”   26, decente         docente
     ”   22-- ”    8, materiales      matemáticas
     ”   23-- ”    2, comprendian     emprendian
     ”   24-- ”    9, á la gestion    en la gestion
     ”   26-- ”   26, arrastrar       arrostrar
     ”   39-- ”    9, tener           obtenor
     ”   41-- ”   20, á las guerras   en las guerras
     ”   43-- ”    5, haya            hallaba
     ”   45-- ”   22, el Director     al Director
     ”   58-- ”   20, adecuada á      adecuada
     ”   61-- ”   12, eran            éramos
     ”   67-- ”   19, las vastas      tan vastas
     ”   75-- ”   14, política        policía
     ”   77-- ”   17, decente         docente
     ”   94-- ”   15, _quiecat_       _quiescat_
     ”  103-- ”   21, no es           nos es
     ”  109-- ”    1, encistiquios    hemistiquios
     ”  121-- ”   18, uno de los      una de las
     ”  124-- ”    1, D.              F.
     ”  129-- ”    3, salvaron        salvarán
     ”  134-- ”    2, meros           nuevos
     ”  156-- ”   12, su gran         un gran
     ”  157-- ”   18, nuevas          buenas
     ”  184-- ”    9, conquistado     conquistador
     ”  186-- ”   21, densos          demas
     ”  198-- ”    7, silvos          silvas
     ”  216-- ”   26, humanítico      humorítico
     ”  224-- ”    3, _carré_         _cané_
     ”  226-- ”    8, lógica          loriga
     ”  270-- ”    9, desgracias      gracias.



NOTAS


[1] Segun datos vagos, Miralla ha debido morir en Colombia, tal vez en
Nueva Granada, el año de 1826. Con fecha 14 de Enero de 1857, nos prometen
desde Valparaiso algunas noticias pedidas sobre el particular á Bogotá.
No nos merece entera fé las que dá el editor bonaerense de las Cartas de
Jacobo Dortis.

[2] El Real Colejio de San Carlos fundado el 3 de Noviembre de 1783. El
Dr. Chorroarin era ya Rector de este establecimiento el año 1792.

[3] Miralla libró con los libros una cantidad para que fuesen
encuadernados en Buenos Aires, porque en la Habana no habia entonces un
artesano capaz. En Buenos Aires no existia tampoco; pero no faltó un
atrevido que envolviese en badana verde aquellos preciosos volúmenes y
sobre todo que hiciera la heregia de recortarles los márjenes. Ahí están
bien maltratados en aquel establecimiento, con aire de libros de caja de
comerciante pobre.

[4] Asi denomina el editor de Buenos Aires la traduccion de esas cartas.

[5] O el 5 de Octubre del mismo año: esta fecha nos es dudosa.

[6] Esta obra que no conocemos, se encuentra catalogada del modo siguiente
en la _Coleccion de obras impresas y manuscritas formada por D. Pedro de
Angelis, 1853: Cartas criticas sobre la historia de América de D. Juan
Bautista Muñoz_. Madrid, 1797, 2 vol., en-12.

[7] Dragontea C. IV.

[8] A mas de esta memoria escribió y publicó los siguientes opúsculos:
Esposicion de los tareas del gobierno, desde su instalacion hasta 1822;
Lima 1822. Ensayo sobre la necesidad de una federacion jeneral entre los
Estados Hispano-Americanos; Lima 825, en 8ᵒ. Oracion inaugural en la
apertura de la sociedad patriótica de Buenos Aires, 1812 en 4ᵒ.

[9] General D. Tomas Guido: _Reseña histórica de los sucesos de Mayo_.
Plata Científico y Literarío. T. 6. pág. 156 y 157.

[10] Existe en el valle de Calchaquí, situado al N. O. de la ciudad del
Tucuman, vastos enterratorios ó _huacas_ á la manera de los peruanos.
Estos monumentos son los mas característicos de aquella civilizacion, por
cuanto preparaban sus momias de una manera especial y porque enterraban
sus muertos con objetos de sus usos, particularmente vasos de una
construccion especialísima ya bien conocida en Europa. En el catálogo de
los libros y papeles vendidos al instituto histórico brasilero, por el Sr.
D. Pedro de Angelis, se registra la obra siguiente, escrita por un Chileno
avecindado en la ciudad de Salta: _Monumentos del tiempo de los Incas,
cuyos vestigios se admiran en las provincias que componian la intendencia
del Tucuman, por D. Filiberto de Mora_. Manuscrito autógrafo.--(Catálogo
de Angelis, publicado en Buenos Aires en corto número de ejemplares.)

[11] M. A. D’Orbigny hablando de los quichuas se esplica así con
respecto al idioma:.... leur langue est remplie de figures gracieuses,
descomparaisons justes, de proverbes naifs, et peint avec force, et
élégance les passions vives, l’amour surtout, la plus entrainante de
toutes....

_Alcide D’Orbigny p. 281.--L’homme americain (de l’Amerique meridionale)
etc. etc., tom. 1er. Paris 1839._

[12] La palabra _tapera_,(habitacion arruinada) y alguna otra que se nos
escapa, son las únicas palabras del guaraní aceptadas en el lenguaje
habitual de la provincia de Buenos Aires.

[13] D. Florencio Balcarce, muerto en el verdor de su juventud y despues
de haber enriquecido su espíritu con las lecciones de los mas célebres
profesores de Paris desde 1837 á 1839, ennobleció esta espresion vulgar
dándole cabida en su afamada cancion _el cigarro_, en la penúltima estrofa
que dice así:

      Qué nos dejan en sus huellas
    La grandeza y los honores?
    Por la paz hondas querellas,
    Los abrojos por las flores.
    La patria al que ha perecido
    Desprecia como un guijarro......
    Como yo arrojo y olvido
    _El pucho de mi cigarro_.

(América Poética, paj. 58 y 59.--Valparaiso 1846.)

[14] No se ha tenido á la vista el exelente catálogo de M. de Compans.

[15] Segun Azara el pueblo del Baradero sobre el Paraná en la Provincia
de Buenos Aires, debió fundarse con indios de una parcialidad Guarani.
Pero esto debe considerarse como una emigracion forzosa provenida de la
conquista.

[16] Esta palabra tan vulgarizada entre nosotros, es una contraccion de la
voz quichua _vinu macana_, cuyo significado esplica asi el P. Holguin en
su vocabulario: _porra de armas de guerra, como baston_.

[17] Paris 1826.

[18] _Armonia de los cielos y la moral_, poema en verso del Dr. Lopez.

[19] En la inhumacion del cadáver de _D. Avelino Diaz_, catedrático de
ciencias físico-matemáticas, etc. etc.





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Apuntes biograficos de escritores, oradores y hombres de estado de la Republica Argentina" ***

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