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Title: La señorita de Trevelez - Farsa cómica en tres actos
Author: Barrera, Carlos Arniches y
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "La señorita de Trevelez - Farsa cómica en tres actos" ***

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Note: Images of the original pages are available through
      Internet Archive. See
      https://archive.org/details/laseoritadetreve00arni


NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

      Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y el texto
      reducido tipográficamente, utilizado en las indicaciones
      escénicas, entre ~tildes~.

      Las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.



LA SEÑORITA DE TREVELEZ


      *      *      *      *      *      *

Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso,
reimprimirla ni representarla en España ni en los países con los
cuales se hayan celebrado, ó se celebren en adelante, tratados
internacionales de propiedad literaria.

El autor se reserva el derecho de traducción.

Los comisionados y representantes de la _Sociedad de Autores
Españoles_ son los encargados exclusivamente de conceder ó negar el
permiso de representación y del cobro de los derechos de propiedad.


Droits de representation, de traduction et de reproduction réservés
pour tous les pays, y compris la Suède, la Norvège et la Hôllande.


Queda hecho el depósito que marca la ley.

      *      *      *      *      *      *


LA SEÑORITA DE TREVELEZ

FARSA CÓMICA EN TRES ACTOS

ORIGINAL DE

CARLOS ARNICHES

Estrenada en el TEATRO LARA de Madrid, la noche del 14 de Diciembre
de 1916



[Ilustración]

MADRID
R. Velasco, impresor, Marqués de Santa Ana, 11, dup.
TELÉFONO, NÚMERO 551
1916



  A Emilio Thuillier con un efusivo y
  fraternal abrazo. Fra ter nal...

    _Carlos._


  _Madrid Diciembre 1916._



REPARTO


  PERSONAJES                          ACTORES

  FLORA DE TREVELEZ                   SRTA. ALBA (L.)
  MARUJA PELÁEZ                             HERRERO.
  SOLEDAD                             SRA.  ILLESCAS.
  CONCHITA                            SRTA. PONCE DE LEÓN.
  D. GONZALO DE TREVELEZ              SR.   THUILLIER.
  NUMERIANO GALÁN                           ISBERT.
  MARCELINO CÓRCOLES                        RAMÍREZ.
  PICAVEA                                   MANRIQUE.
  TITO GUILOYA                              MIHURA.
  TORRIJA                                   ARIÑO.
  PEPE MANCHÓN                              PEÑA.
  PEÑA         }
  MENÉNDEZ     }                            MORA (S.)
  CRIADO                                    PACHECO.
  DON ARÍSTIDES                             BALAGUER.
  LACASA                                    MORA (J.)
  QUIQUE                                    GÓMEZ.
  NOLO                                      RUBIO.


La acción en una capital de provincia de tercer orden.—Época actual


Derecha e izquierda, las del actor



[Ilustración]

ACTO PRIMERO

  ~Sala de lectura de un Casino de provincias. En el centro una
  mesa de forma oblonga, forrada de bayeta verde. Sobre ella
  periódicos diarios prendidos a sujetadores de madera con mango,
  y algunas revistas ilustradas españolas y extranjeras, metidas
  en carpetas de piel muy deterioradas, con cantoneras metálicas.
  Pendientes del techo, y dando sobre la mesa, lámparas con
  pantallas verdes. Junto a las paredes, divanes. Alrededor de la
  mesa sillas de rejilla.

  Al foro, dos balcones grandes, amplios; por cada uno de ellos se
  verá, toda entera, la ventana correspondiente de una casa vecina.
  Dichas ventanas tendrán vidrieras y persianas practicables. Las
  puertas de los balcones del Casino también lo son.

  En la pared, lateral derecha del gabinete de lectura, una puerta
  mampara con montante de cristales de colores.

  En la pared izquierda, puertas en primero y segundo término,
  cubiertas con cortinas de peluche raído, del tono de los divanes.
  Todo el mobiliario, muy usado.

  En el lateral derecha, en segundo término, una mesita pequeña
  con algunos periódicos que todavía conservan la faja, papel de
  escribir y sobres. Entre la mesa y la pared, una silla. En lugar
  adecuado, un reloj.

  Es de día. Sobre la pared de la casa frontera da un sol
  espléndido.~


ESCENA PRIMERA

MENÉNDEZ, el criado de enfrente. Luego TITO GUILOYA, MANCHÓN y TORRIJA.

  ~Al levantarse el telón, aparece Menéndez con el uniforme de
  ordenanza del Casino y zapatillas de orillo, durmiendo, sentado
  detrás de la mesita de la derecha. Se escucha en la calle el
  pregón lejano de un vendedor ambulante, y más lejana aún, la
  música de un piano de la vecindad, en el que alguien ejecuta
  estudios primarios. Un criado, en la casa de enfrente, limpia
  los cristales de la ventana de la derecha. La otra permanecerá
  cerrada. El criado, subido a una silla y vistiendo delantal de
  trabajo, canturrea un aire popular mientras hace su faena. Por
  la puerta primera izquierda, aparecen Tito Guiloya, Manchón y
  Torrija. El primero es un sujeto bastante feo, algo corcovado, de
  cara cínica, biliosa y atrabiliaria. Salen riendo.~

Man.

¡Eres inmenso!

Tor.

¡Formidable!

Man.

¡Colosal!

Tor.

¡Estupendo!

Tito

Chits... (~Imponiendo silencio.~) ¡Por Dios, callad! (~Señalándole y
en voz baja. Andan de puntillas.~) Menéndez en el primer sueño.

Tor.

¡Angelito!

Man.

(~Riendo.~) ¿Queréis que le dispare un tiro en el oído para que se
espabile?

Tor.

¡Qué gracioso! Sí, anda, anda...

Tito

(~Deteniendo a Manchón que va a hacerlo.~) Es una idea muy graciosa,
pero para otro día. Hoy no conviene. Y como dice el poeta: ¡Callad,
que no se despierte! Y ahora... (~Se acercan.~) Ved el reloj... (~Se
lo señala.~)

Tor.

Las once menos cuarto.

Tito

Dentro de quince minutos...

Man.

(~Riendo.~) ¡Ja, ja, no me lo digas, que estallo de risa!

Tito

Dentro de quince minutos ocurrirá en esta destartalada habitación el
más famoso y diabólico suceso que pudieron inventar imaginaciones
humanas.

Tor.

¡Ja, ja, ja!... ¡Va a ser terrible!

Man.

¿De manera que todo lo has resuelto?

Tito

Absolutamente todo. Los interesados están prevenidos, las cartas en
su destino, las víctimas convencidas, nuestra retirada cubierta. No
me quedó un cabo suelto.

Tor.

¿De modo que tú crees que esta broma insigne, imaginada por ti?...

Tito

Va a superar a cuantas hemos dado, y las hemos dado inauditas. Va a
ser una broma tan estupenda que quedará en los anales de la ciudad
como la burla más perversa de que haya memoria. Ya lo veréis.

Tor.

Verdaderamente a mí, a medida que se acerca la hora me va dando un
poco de miedo.

Man.

¡Ja, ja!... ¡tú, temores pueriles!

Tor.

¡Hombre, es una burla tan cruel!...

Tito

¡Qué más da! La burla es conveniente siempre; sanea y purifica;
castiga al necio, detiene al osado, asusta al ignorante y previene
al discreto. Y sobre todo, cuando como en esta ocasión escoge sus
víctimas entre la gente ridícula, la burla divierte y corrige.

Man.

Eres un tipo digno de figurar entre los héroes de la literatura
picaresca castellana.

Tor.

¡Viva Tito Guiloya!

Tito

Yo, no, compañeros... Sea toda la gloria para el _Guasa-Club_, del
que soy indigno presidente y vosotros dignísimos miembros.

Man.

¡Silencio!... (~Escucha.~) Alguien se acerca.

Tor.

(~Que ha ido a la puerta derecha.~) ¡Don Marcelino... es don
Marcelino Córcoles!

Tito

¡Ya van llegando! Ya van llegando nuestros hombres. Chits... Salgamos
por la escalera de servicio.

Man.

Vamos.

Tito

Compañeros: Empieza la farsa. Jornada primera.

Todos

¡Ja, ja, ja!...

(~Vanse de puntillas, riendo, por la segunda izquierda.~)


ESCENA II

MENÉNDEZ y DON MARCELINO por primera derecha

Marc.

(~Entrando.~) Nadie. El salón de lectura desierto, como siempre. Es
el Sahara del Casino. Menéndez dormido, como de costumbre; pues,
¡vive Dios! que no veo señal de lo que en este anónimo y misterioso
papel se me previene. Anoche lo recibí, y dice a la letra...
(~Leyendo.~) «Querido Córcoles: Si quieres ser testigo de un ameno
y divertido suceso, no faltes mañana a las once menos cuarto, al
salón de lectura del Casino. Llega y espera. No te impacientes. Los
sucesos se desarrollarán con cierta lentitud, porque la broma es
complicada. Salud y alegría para gozarla.—X.» ¿Qué será esto?... Lo
ignoro; pero está la vida tan falta de amenidad en estos poblachos,
que el más ligero vislumbre de distracción atrae como un imán
poderoso. Esperaré leyendo. Veamos qué dice la noble prensa de la
ilustre ciudad de Villanea. (~Busca.~) Aquí están los periódicos
locales, _El Baluarte_, _La Muralla_, _La Trinchera_. ¡Y todo esto
para defender a un cacique!... _El Grito_, _La Voz_, _El Clamor_, _El
Eco_. Y estotro para decir las cuatro necedades que se le ocurran al
susodicho cacique... (~Deja los periódicos con desprecio.~) ¡Bah! Me
entretendré con las Ilustraciones extranjeras. (~Coge una y lee.~) U,
u, u, u, u... (~Don Marcelino al leer produce un monótono ronroneo
que crece y apiana alternativamente y que no tiene nada que envidiar
al zumbido de cualquier moscón. Menéndez sacude el aire con la mano
como espantándose una mosca. Las primeras veces don Marcelino no
lo advierte y sigue con su ronroneo. Al fin observa el error de
Menéndez.~) ¿Qué hace ese?... (~Llamándole.~) Menéndez... (~Más
fuerte.~) ¡Menéndez!

Men.

(~Despertando.~) ¿Eeeh?...

Marc.

No sacudas, que no te pico.

Men.

¡Caramba, señor Córcoles! Hubiera jurado que era un moscón. (~Se
despereza.~)

Marc.

Pues soy yo. Dispensa.

Men.

Deje usted; es igual.

Marc.

Tantísimas gracias.

Men.

¿Pero cómo tan de mañana? ¿Es que no ha tenido usté clase en el
_Estituto_?

Marc.

Que los chicos no han querido entrar hoy tampoco.

Men.

¿Pues?...

Marc.

Es el cumpleaños del Gobernador civil.

Men.

¡Hombre! ¿Y cuántos cumple?

Marc.

El año pasado cumplió cincuenta y cuatro; este año no sé, porque es
una cuenta que le gusta llevarla a él solo. ¿Ha venido el correo de
Madrid?

Men.

Abajo estará.

Marc.

Pues anda a subirlo, hombre.

Men.

Es que como a mí no me gusta moverme de mi obligación.

Marc.

No, y que además tú, cuando te agarras a la obligación no te
despierta un tiro.

Men.

(~Haciendo mutis.~) ¡Qué don Marcelino, pero cuidao que es usté
_muerdaz_! (~Vase segunda izquierda.~)


ESCENA III

DON MARCELINO. Luego PICAVEA, puerta derecha.

Marc.

Bueno, y cualquiera que me vea a mí con este periódico en la mano
cree que yo sé alemán; pues no, señor. Es que me entretengo en
contar las _pes_, las _cús_ y las _kás_ que hay en cada columna. ¡Un
diluvio! ¡Qué gana de complicar! ¡Para qué tantas consonantes, señor!
Es como añadirle espinas a un pescado.

(~Entra Pablito Picavea, mozo vano y elegante, con una elegancia un
poco provinciana. Entra anheloso, impaciente. Es sujeto rápido de
expresión y de movimientos.~)

Pic.

Buenos días, don Marcelino.

(~Deja el bastón y el sombrero, mira por el balcón de la izquierda,
consulta su reloj, lo confronta con el del salón y empieza a revolver
entre los periódicos.~)

Marc.

Hola, Pablito. ¡Qué raro!... ¡Tú por el gabinete de lectura!

Pic.

Que no tengo más remedio.

Marc.

Ya decía yo.

Pic.

(~Rebuscando entre los periódicos.~) ¿Está _El Baluarte_?

Marc.

Sí, aquí lo tienes. (~Se lo da cada vez más asombrado.~) ¡Pero tú
leyendo un periódico! ¡No salgo de mi asombro!

Pic.

Que no tengo más remedio. Quiero enterarme de una cosa.

Marc.

¿Ciencias, política, literatura?

Pic.

¡Ca, hombre! Que quiero enterarme de una cosa que va a pasar en la
casa de enfrente; y para ello cojo el periódico; ¿entiende usted? le
hago un agujero como la muestra, (~Se la hace.~) y por él, sentado
estratégicamente, averiguo cuándo se asoma Solita, la doncella de
los Trevelez. (~Hace cuanto dice colocándose frente a la ventana de
la derecha y mirando a ella por el roto del periódico.~)

Marc.

¡Ah, granuja! ¡Conque Solita! ¡Buen bocadito!

Pic.

Eso no es un bocadito, don Marcelino, eso es un banquete de cincuenta
cubiertos.

Marc.

Con brindis y todo... Pero lo que no me explico es lo del agujero que
haces en el diario...

Pic.

Muy sencillo. Como Solita tiene relaciones con el criado de la casa,
que es un animal, con un carácter que se pega con su sombra, yo
vengo, agujereo la sección de espectáculos y a la par que atisbo,
evito el peligro de una sorpresa y la probabilidad de un puñetazo,
¿usted me comprende?

Marc.

¡Ah, libertino!

Pic.

¡Si viera usted _Los Baluartes_ que llevo agujereados!

Marc.

Eres un mortero del cuarenta y dos.

Pic.

Calle usté... ¡Ella!... La absorbo como una vorágine, don Marcelino.
¡Verá usté qué demencia!

Marc.

Yo os observaré desde aquí. (~Coge un periódico.~) Me conformaré con
_El Eco_.

Pic.

No, que es muy pequeño, coja usted _La Voz_.

Marc.

Cogeré _La Voz_. (~Coge el periódico «La Voz». Mete los dedos,
arranca un trozo de papel, hace un agujero y mira.~)


ESCENA IV

DICHOS y SOLEDAD, por ventana derecha

  ~Con unos vestidos y una mano de mimbre se asoma a la ventana y
  comienza a sacudir, cantando el couplet de «Ladrón... ladrón...»~

Pic.

(~Por encima de «El Baluarte».~) ¡Chits... Solita!

Sol.

(~Dejando de sacudir y cantar.~) ¡Hola, don Pablito, usted!

Pic.

Perdona que te hable por encima de _El Baluarte_... pero hasta vista
así, por encima, me gustas...

Sol.

Que me mira usted con buenos ojos...

Pic.

Gracias. Oye, eso que cantabas de ladrón... ladrón, digo yo que no
sería por mí, ¿eh?

Sol.

Quiá. Usted no le quita nada a nadie...

Pic.

Eso de que no le quito nada a nadie, es mucho decir.

Sol.

Digo en metálico.

Pic.

En metálico, no te quitaré nada, pero en ropas y efectos no te
descuides. (~Ríen.~)

Sol.

¿Y qué, leyendo la sección de _espetáculos_?

Pic.

Sí, aquí echando una miradita a los teatros.

Sol.

¿Y qué hacen esta noche en el Principal?

Pic.

(~Con gran malicia.~) En el principal no sé lo que hacen. En el
segundo izquierda sé lo que harían.

Marc.

(¡Muy bueno, muy bueno!)

Sol.

¿Y qué harían, vamos a ver?

Pic.

«Locura de amor.»

Sol.

¿Y eso es de risa?

Pic.

Según como se tome. A la larga, casi siempre. Y oye, Solita,
¿vendrías tú conmigo al teatro, una noche?

Sol.

De buena gana, pero donde usté va no podemos ir los pobres, don
Pablito.

Pic.

Es que yo, por acompañarte, soy capaz de ir contigo al gallinero.

Sol.

¡Ay, quite usted, por Dios!... Una criada en el gallinero y con un
pollo... creerían que lo iba a matar...

Marc.

(~Riendo.~) (¡Muy salada, muy salada!)

Sol.

(~Por don Marcelino.~) ¡Ay! ¿pero qué voz es esa?

Marc.

(~Asomando por encima del periódico.~) _La Voz de la Región_... una
cosa de Lerroux, pero no te asustes...

Pic.

Oye, Solita...

Sol.

Mande...

Pic.

No dejes de salir esta tarde, que tengo gana de estrenar dos piropos
que se me han ocurrido.

Sol.

¡Ay, sí!... A ver, adelánteme usté uno al menos.

Pic.

Verás. (~Se asoma y habla en voz baja.~)

Sol.

(~Riendo.~) ¡Ja, ja, ja!...

(~Sale el criado y furioso y violento coge a Soledad de un brazo.~)

Criado

¡Maldita sea!... Adentro.

Sol.

Ay, hijo... ¡Jesús!

Pic.

(~Cubriéndose con «El Baluarte».~) ¡Atiza!

Marc.

(~Idem con «La Voz».~) ¡El novio!

Criado

¡Hale pa dentro!

Sol.

¡Pues hijo, qué modales!

Criado

Y más valía que en vez de estar de palique con los sucios del
Casino...

Marc.

(~Detrás de «La Voz».~) Socios.

Criado

_Sucios_... Te estuvieras en tu obligación. Pa adentro.

Sol.

¡Pero hijo, Jesús, si estaba sacudiendo!

Criado

Ya sacudiré yo, ya... ¡Y menudo que voy a sacudir!

Marc.

¡Qué bruto!

Pic.

(~Sujetándole el periódico.~) No levante usted _La Voz_, que le va a
ver por debajo.

Criado

Y en cuanto yo consiga verle la jeta a uno de esos _letorcitos_, va
a ir pa la Casa de Socorro, pero que deletreando. ¡Ay, cómo voy a
sacudir! ¡A cuatro manos!

(~El criado cierra los cristales. Se les ve discutir acaloradamente.
Él dirige miradas y gestos amenazadores al Casino. Al fin hace una
mueca de ira y cierra maderas y todo.~)

Marc.

¡Qué hombre más bestia!

Pic.

Habrá usted comprendido la utilidad de _El Baluarte_.

Marc.

Como que a mí me ha dado un susto que he perdido _La Voz_.


ESCENA V

DON MARCELINO y PABLITO PICAVEA

Pic.

Bueno, pero al mismo tiempo habrá usted comprendido también, que a
ese monumento de criatura le he puesto verja.

Marc.

¿Cómo verja?

Pic.

Que esa chiquilla es de mi absoluta pertenencia, vamos.

Marc.

(~Sonriendo irónicamente.~) Hombre, Pablito, no quisiera quitarte las
ilusiones, pero tampoco quiero que vivas engañado.

Pic.

¿Yo engañado?

Marc.

Las mismas coqueterías que ha hecho Solita contigo, se las vi hacer
ayer tarde, con el más terrible de tus rivales; con Numeriano Galán,
para que lo sepas.

Pic.

¡Con Numeriano Galán!... ¡Ja, ja, ja! ¡Ella con Galán! ¡Ja, ja, ja!
(~Ríe a todo reír.~) ¡Galán con... ja, ja, ja!

Marc.

¿Pero de qué te ríes?

Pic.

(~Con misterio. Cambiando su actitud jovial por una expresión de gran
seriedad.~) Venga usted acá, don Marcelino. (~Le coge de la mano.~)

Marc.

(~Intrigado.~) ¿Qué pasa?

Pic.

Que esa mujer no puede ser de nadie más que mía. Oigalo usted bien,
¡mía!...

Marc.

¡Caramba!

Pic.

Es un acuerdo de Junta General.

Marc.

¿Cómo de Junta General?... No comprendo...

Pic.

Va usted a comprenderlo en seguida. ¿No nos oirá nadie?

Marc.

Creo que no.

Pic.

Usted sabe, don Marcelino, que yo pertenezco al _Guasa-Club_,
misterioso y secreto Katipunán formado por toda la gente joven y
bullanguera del Casino, para auxiliarnos en nuestras aventuras
galantes, para fomentar francachelas y jolgorios y para organizar
bromas, chirigotas y tomaduras de pelo de todas clases. Como nos
hemos constituído imitando esas sociedades secretas de películas, nos
reunimos con antifaz y nos escribimos con signos.

Marc.

Sí, alguna noticia tenía yo de esas bromas, pero vamos...

Pic.

Pues bien, a Numeriano Galán y a mí nos gustó Solita a un tiempo
mismo y empezamos a hacerla el amor los dos. Yo, como él no es socio
del _Guasa-Club_, denuncié al tribunal secreto su rivalidad para que
me lo quitaran de enmedio, y a la noche siguiente Galán encontró
clavada con un espetón de ensartar riñones, en la cabecera de su
cama, una orden para que renunciara a esa mujer; no hizo caso y se
burló de la amenaza, y en consecuencia ha sido condenado a una broma
tan tremenda que si nos sale bien, no solo abandonará a Solita,
dejándome el campo libre, sino que tendrá que huir de la ciudad
renunciando hasta su destino de oficial de Correos; no le digo a
usted más.

Marc.

¡Demontre! ¿y qué broma es esa?

Pic.

No puedo decirla, pero dentro de unos instantes y en esta misma
habitación, verá usted a Galán debatirse lloroso, angustiado e
indefenso en la tela de araña que le ha tejido el _Guasa-Club_ y lo
comprenderá usted todo.

Marc.

Os tengo miedo. Recuerdo la broma que le disteis al pintor Carrasco
el mes pasado y se me ponen los pelos de punta.

Pic.

Aquello no fué nada; que le hicimos creer que su marina titulada
«Ola, ola»... había sido premiada con segunda medalla en la
Exposición de pinturas.

Marc.

¡Una friolera!... Y el pobre hombre asistió tan satisfecho al
banquete que le disteis para festejar su triunfo. ¡Sois tremendos!

Pic.

¡Damos cada broma!... ¡Ja, ja, ja!... (~Empieza a tocar en la calle,
un cuarteto de músicos ambulantes, la despedida del bajo de «El
Barbero de Sevilla», que canta un individuo con muy mala voz y peor
entonación.~) ¡Hombre, a propósito!

Marc.

¿Qué pasa?

Pic.

¿Oye usted eso?... ¿Oye usted esa música?... Otra broma nuestra.

Marc.

¿También esa música?

Pic.

También. Esa música está dedicada a don Gonzalo de Trevelez, nuestro
vecino. Es la hora en que se afeita, y como se afeita solo, hemos
gratificado a un cuarteto ambulante, para que todos los días a estas
horas, vengan a tocarle una cosa que le recuerde al barbero.

Marc.

Hombre, qué mala intención.

Pic.

Verá usted cómo se asoma indignado.

Marc.

Ya está ahí.

Pic.

(~Riendo.~) Ja, ja... ¡No lo dije!... ¡Y a medio afeitar!... ¡Verá
usted, verá usted!


ESCENA VI

DICHOS y DON GONZALO. Luego MENÉNDEZ.

Gonz.

(~Que se asoma por la ventana de la izquierda de la casa vecina.
Aparece despeinado, con un peinador puesto, media cara llena de
jabón y una navaja en la mano.~) ¡Pero hoy también el _Barbero_!...
¡Caramba, qué latita! ¡Quince días con lo mismo, y a la hora de
afeitarme! Esto parece una burla. (~Mirando a la calle y en voz
alta.~) Chits... ejecutantes... (~Más alto.~) Ejecutantes... Tengan
la bondad de evadirse y continuar el concierto extramuros... ¿Qué?...
¿Que si no me gusta la voz del bajo? No, señor. Eso no es voz de
bajo; ¡es voz de enano, todo lo más! (~Como siguiendo la conversación
con alguien de abajo.~) Y como me estoy afeitando y desentona de una
forma que me crispa, me he dado un tajo que se me ven las muelas...
¿Cómo?... ¿Que si las postizas?... ¡Hombre, si no hubiera señoritas
en los balcones, ya le diría yo a usted!... pero ahora le bajará un
criado el adjetivo que merece esa estupidez para que se lo repartan
entre los cinco del cuarteto. ¡So sinvergüenzas!... ¡No, señor, no
echo de menos al barbero!... ¡Vayan muy enhoramala, rasca intestinos!

Marc.

No les hagas caso, Gonzalo.

Pic.

Desprécielos usted, don Gonzalo.

Men.

(~Que se ha asomado también.~) Ya se van.

Marc.

Y no es el cuarteto de ciegos.

Gonz.

¡No, es un cuarteto de cojos!... Unos cojos que se atreven con todo.
Ayer ejecutaron un andante de Mendelssohn. ¡Figúrate como les saldría
el andante!

Marc.

¡Desprécialos!

Gonz.

(~Gesto de desprecio.~) ¡Aaaah!...

(~Don Marcelino y Pablito entran del balcón. Pablito dando suelta a
una risa contenida, habla en voz baja con don Marcelino.~)

Gonz.

(~A Menéndez y en tono confidencial.~) Chits... Menéndez.

Men.

Mande usted, don Gonzalo.

Gonz.

¿He tenido cartas?

Men.

Cinco.

Gonz.

Masculinas o... (~Gesto picaresco.~)

Men.

Tres masculinas y dos o... (~Imita el gesto.~) Una de ellas perfumada.

Gonz.

¿A qué huele?

Men.

A heno.

Gonz.

Ya sé de quién es. No me la extravíes, que me matas. ¿Y la otra?

Men.

Tiene letra picuda.

Gonz.

De la de Avecilla.

Men.

Viene dirigida al señor Presidente del Real Aero-Club de Villanea.

Gonz.

Sí, sí... ya sé... Esa puedes extraviármela si te place. Es
pidiéndome un donativo para un ropero. El ropero de San Sebastián.
¡Figúrate tú, San Sebastián con ropero! ¡Nada, es la monomanía actual
de las señoras! Empeñadas en hacer mucha ropa a los pobres y ellas
cada vez con menos.

Men.

Que no quieren _pedricar_ con el ejemplo.

Gonz.

Se dice predicar, querido Menéndez; de hablar bien a hablar mal hay
gran _diferiencia_. Hasta luego. (~Entra y cierra la ventana.~)

Men.

Adiós, don Gonzalo. Otro _muerdaz_. (~Vase izquierda.~)


ESCENA VII

DON MARCELINO y PABLITO PICAVEA

Marc.

(~Reanudan su conversación en voz alta.~) Vamos, no seas terco.

Pic.

Nada, que no insista usted. No desplego mis labios.

Marc.

Anda, dime. ¿Qué broma es la que preparáis a Galán? que tengo
impaciencia...

Pic.

¿No dice usted que ha sido invitado misteriosamente a
presenciarla?... pues un poco de calma... (~Atendiendo.~) que poca
será... porque, si no me equivoco... (~Va a mirar hacia la derecha.~)
sí... ¡Él es!... ¡Galán!...

Marc.

¿Galán?...

Pic.

Ya está aquí la víctima. Aquí la tenemos. Va usted a satisfacer su
curiosidad. ¡Pobre Galán, ja, ja!

Marc.

Pero...

Pic.

¡Dejémosle solo!... ¡ay de él!... ¡ay de él!... Por aquí. Pronto.
(~Vase primera izquierda.~)


ESCENA VIII

NUMERIANO GALÁN y MENÉNDEZ

Num.

(~Sale por la derecha. Entra y mira a un lado y a otro.~)
_Personne_... que dicen los franceses cuando no hay ninguna persona.
Faltan tres minutos para la hora: ¡hora suprema y deliciosa! La
ventana frontera cerrada todavía. Me alegro. Colocaré las puertas de
los balcones en forma propicia para la observación. (~Las entorna.~)
¡Ajajá! Y ahora a esperar a mi víctima, como espera el tigre a la
cordera: cauteloso, agazapado y voraz. ¡Manes de don Juan, acorredme!
(~Pausa.~)

Men.

(~Por segunda izquierda.~) ¡Caray! (~Andando a tientas.~) ¿Pero quién
ha cerrao?

Num.

Chits, por Dios, querido Menéndez... (~Deteniéndole.~) que es un plan
estratégico. No me abras el balcón que me lo fraguas.

Men.

¿Pero don Numeriano, y no se puede saber por qué ha entornado usted?

Num.

¿Que por qué he entornado?... ¡Ah, plácido y patriarcal Menéndez!...
tú, sí, tú puedes saberlo. Ven, que voy abrir mi pecho a tu cariñosa
amistad.

Men.

Abra usted.

Num.

Menéndez, yo te debo a ti...

Men.

Trescientas cuarenta y cinco pesetas de bocadillos.

Num.

Y un cariño muy grande, porque si no me quisieras, ¿cómo me ibas a
haber dado tantos bocadillos?...

Men.

Que le tengo a usted ley.

Num.

Pues por eso, como sé que me quieres... y que te alegras de mis
triunfos amorosos...

Men.

Por descontado...

Num.

Voy a hacerte una revelación sensacional.

Men.

¡Carape!

Num.

Sensacionalísima.

Men.

¿Ha caído la viuda?

Num.

Ha tropezado nada más; pero no es eso. Atiende. Muchos días, efusivo
Menéndez, ¿no te ha chocado a ti verme entrar a deshora en este salón
de lectura?

Men.

Mucho, sí, señor.

Num.

Pues bien, ¿al entrar yo en el salón de lectura tú no leías nada en
mis ojos?

Men.

No, señor; yo casi nunca leo nada.

Num.

¿Pero no te chocaba verme huraño, triste y solo, metido en ese rincón?

Men.

Sí, señor; pero yo decía: será que le gusta la soledad.

Num.

Y eso era, perspicaz Menéndez, que me gusta la Soledad... pero no la
de aquí, sino la de ahí enfrente.

Men.

¡La doncellita de los Trevelez!

Num.

La misma que viste y calza... de una manera que conmociona.

Men.

Entonces, ahora me explico por qué teniendo usté tanta ilustración
aquí dentro...

Num.

No hacía más que tonterías ahí fuera... como señas, sonrisitas,
juegos de fisonomía... ¿lo comprendes ahora?

Men.

¡Ya lo creo!... ¡Menudo pimpollo está la niña!

Num.

¡Qué Soledad más apetecible!, ¿verdad, Menéndez?

Men.

Es una Soledad pa no juntarse con nadie, don Numeriano.

Num.

Para no juntarse con nadie más que con ella.

Men.

Natural.

Num.

A mí, Menéndez, esa chiquilla me inspira un sentimiento de deseo, un
sentimiento de pasión, un sentimiento de...

Men.

(~Dándole la mano.~) Acompaño a usted en el sentimiento.

Num.

Muchas gracias, incondicional Menéndez. Pues bien, por conseguir los
favores de esa monada, andábamos a la greña Pablito Picavea y yo.

Men.

¿Y qué?

Num.

Que lo he arrollado... ¡que esa bizcotela ya es mía!

Men.

¡Arrea!

Num.

Aquí tengo los títulos de propiedad. (~Saca una carta.~) Atiende
y deduce. Por la tarde la pedí relaciones y por la noche me trajo
el cartero del interior esta expresiva y seductora cartita. Juzga.
«Señorito Numeriano. De palabra no me he atrevido esta tarde a
darle una contestación aparente porque no me dejó el reparo.» ¡El
reparo!... ¡qué monísima!... «Pero si usted quiere que le diga lo que
sea, estese mañana a las once en el salón de lectura del Casino y si
tiene valor una servidora, se asomará y se lo dirá; aunque sé que
es usted muy mal portao con las mujeres...» ¡Mal portao!... ¡Me ha
cogido el flaco!

Men.

¡La fama que _vola_!

Num.

(~Sigue leyendo.~) «No falte. Saldré a sacudir... No vuelva...»
(~Vuelve la hoja.~) «No vuelva a asomarse hasta mañana, porque
mi señorita está escamada. Sulla. Ese.» ¡Sulla! (~Guardándose la
carta.~) ¡Ah, estupefacto Menéndez, este _sulla_ no lo cambio yo por
una dolora de Campoamor, porque estas cuatro letras quieren decir que
esa fruta sazonada y exquisita ha caído en mi implacable banasta!

Men.

¡Pero qué suerte tiene usté!

Num.

(~Por sus ojos.~) ¡Le llamas suerte a estas dos ametralladoras!

Men.

¡Hombre!...

Num.

Lo que hay es que tengo una mirada que es para sacar patente. La fijo
cuarenta segundos en un puro y lo enciendo. No te digo más. Y hay
días que los enciendo de reojo.

Men.

De modo que viene usted a la cita.

Num.

Di más bien a la toma de posesión.

Men.

Poquito que va a rabiar el señor Picavea.

Num.

El señor Picavea y todos esos imbéciles del _Guasa-Club_, que
hasta me amenazaron con no sé qué venganzas si no abandonaba mi
conquista... ¡abandonarla yo!... Cuando es ella la que... ¡ja, ja, ja!

Men.

¿Y a qué hora es la cita?

Num.

¿No lo has oído? A las once. Faltan solo unos segundos.

Men.

Pues miremos a ver... (~Dan las once en el reloj.~)

Num.

¡Ya dan!... ¡Estoy emocionado!... (~A Menéndez, que mira.~) ¿Ves algo?

Men.

No... aún nada... ¡pero calle!... Sí... los visillos se menean.

Num.

(~Mira.~) Es verdad, algo se mueve detrás.

Men.

¿Será ella?...

Num.

Sí, ella, ella es, veo su silueta hermosísima. Aparta, Menéndez. (~Se
retoca y acicala.~)

Men.

Salga usted.

Num.

Sí, voy a salir; porque hasta que no me vea no se asoma.

Men.

Ya va a abrir, ya va a abrir...

Num.

Ahora verás aparecer su juvenil y linda carita... ahora verás cómo
fulgen sus ojos africanos. ¡Fíjate!... (~Sale.~) ¡Ejem, ejem!...
(~Tose delicadamente. Se abre la ventana poco a poco y asoma entre
las persianas la cara ridícula, pintarrajeada y sonriente de la
señorita de Trevelez.~)


ESCENA IX

DICHOS y FLORITA

Flora

(~Después de mirar con rubor a un lado y a otro.~) Buenos días, amigo
Galán.

Num.

(~Aterrado.~) (¡Cielos!)

Men.

(¡Atiza! ¡Doña Florita!)

Num.

Muy buenos los tenga usted, amiga Flora.

Flora

Es usted cronométrico.

Num.

¿Un servidor?

Flora

Y no tiene usted idea de todo lo que me expresa su puntualidad.

Num.

¿Mi puntualidad?... (¿Sabrá algo?)

Men.

(~Muerto de risa.~) (¡Qué plancha!)

Num.

(~A Menéndez.~) (No te rías, que me azoras.)

Flora

(~Acariciando las flores de un tiesto.~) ¡Galán!

Num.

Florita.

Flora

(~Con rubor.~) He recibido eso.

Num.

¿Que ha recibido usted eso?... (¿Qué será eso?)

Flora

Lo he leído diez veces y a las diez su fina galantería ha vencido mi
natural rubor.

Num.

¿A las diez?... De modo que dice usted que a las diez mi fina...
(¿pero de que me hablará esta señora?) Florita, usted perdone, pero
no comprendo y yo desearía que me dijese de una manera breve y
concreta...

Flora

(~Con vivo rubor.~) ¡Ah, no, no, no, no!... Eso es mucho pedir a una
novicia en estas lides... Hágase usted cargo... mi cortedad es muy
larga, Galán.

Num.

Bueno, pero por muy larga que sea una cortedad, si a uno no le dicen
claramente las cosas...

Flora

Sí, pero repare usted que hay gente en los balcones...

Num.

Ya lo veo, pero qué importa eso para...

Flora

Y como yo presumía que no podríamos hablar sin testigos, le he
escrito en este papel unas líneas que expresarán a usted debidamente
mi gratitud y mi resolución.

Num.

¿Dice usted que su gratitud y su...?

Flora

(~Tirando el papel que cae en la habitación.~) Ahí va mi alma.

Num.

(~Esquivando el golpe.~) (Caray, de poco me deja tuerto.)

Flor

Galán... en el texto de esa carta voy yo misma. Léalo, compréndala y
júzguele. (~Entorna.~)

Num.

Bueno, pero...

Flora

Voy tal cual soy: sin malicia, sin reserva, sin doblez. (~Cierra.~)

Num.

¡Pero Florita!

Flora

(~Abre.~) Sin doblez. Adiós, Galán. (~Cierra.~)


ESCENA X

NUMERIANO GALÁN y MENÉNDEZ

Num.

(~A Menéndez que está muerto de risa en una silla.~) ¡Dios mío!...
Ay, Menéndez, ¿pero qué es esto?

Men.

(~Señalando la carta que está en el suelo.~) Parece un papel.

Num.

No, eso ya lo sé; mi pregunta es abstracta: digo, ¿qué es esto?, ¿qué
me pasa a mí?, ¿por qué en vez de Solita sale ese estafermo y me
arroja una carta?

Men.

¡Qué sé yo! Ábrala, léale y averígüelo.

Num.

Tienes razón. Veamos. (~Coge el papel y empieza a desdoblarlo, tarea
dificilísima por los muchos dobleces que trae.~) ¡Caramba y decía que
sin doblez!... ¿Y qué viene aquí dentro?

Men.

Ella ha dicho que venía su alma.

Num.

Pues es una perra gorda.

Men.

Que la ha metido pa darle impulso al papel.

Num.

Veamos qué trae la perra. (~Leyendo.~) «Apasionado Galán.»

Men.

¡Atiza!

Num.

¡Yo apasionado! (~Lee.~) «Después de leída y releída su declaración
amorosa...»

Men.

¡Repeine!

Num.

¡¡Pero qué dice esta anciana!! (~Lee.~) «Y sus entusiastas elogios
a mi belleza estética, que solo puedo atribuir a una bondad
insólita...» (¡qué tía más esdrújula!) «consultele a mi corazón,
pedile consejo a mi hermano como usted indicome...» ¡cuerno! «y mi
hermano y mi corazón de consuno, decídenme a aceptar las formales
relaciones que usted me ofrenda...» ¡Me ofrenda!... ¡Mi madre!

Men.

¿Pero usted la ha _ofrendido_?

Num.

¡Yo qué la voy a _ofrender_, hombre! (~Lee.~) «¡Ah, Galán! el
amor que usted me brinda es una suerte...» ¡Pero Dios mío, si yo no
la he brindado ninguna suerte a esta señora! «Es una suerte, porque
prendióse en mi alma con tan firmes raíces, que nadie podrá ya
arrancarlo; y si quieren hacer la prueba, háganla cuanto antes; ¡ah,
Galán! ¿Se lo digo todo en esta carta?... Yo creo que sí.»

Men.

Y yo creo que también.

Num.

«Nada reserveme y sepa que al escribirla entreguele mi alma... Adiós.»

Men.

¿Se ha muerto?

Num.

Se ha vuelto loca. (~Lee.~) «Suya hasta la ultratumba. Flora de
Trevelez.» ¡Pero Dios mío, yo me vuelvo loco!... ¿Pero qué es esto?

Men.

(~Señalándole los ojos.~) Las ametralladoras.

Num.

¿A qué viene esta carta?... ¿Pero quién le ha dicho a ese pliego de
aleluyas que yo la amo? ¿Pero qué es esto?... ¡Dios mío, qué es esto!


ESCENA XI

DICHOS, TITO GUILOYA, PICAVEA, TORRIJA y PEPE MANCHÓN. Luego DON
MARCELINO.

  ~Los cuatro primeros salen de la segunda izquierda muertos
  de risa. El último se asoma por la primera izquierda y queda
  presenciando la escena.~

Todos

¡Ja, ja, ja! (~Riendo.~)

Tito

Pues esto es, amigo Galán, que el _Guasa-Club_ ha triunfado.

Tor.

¡Viva el _Guasa-Club_!

Num.

¡Pero vosotros!... ¿Pero es que vosotros?...

Man.

Que sea enhorabuena, Galán; ya eres dueño de esa beldad.

Tito

¡Querías a la doncella y te entregamos a la señora!

Pic.

¡La doncellita para mí!

Num.

¡Ah, pero vosotros!... ¡Pero esta canallada!

Pic.

«Ardides del juego son.»

Todos

(~Vanse riendo por la derecha.~) ¡Ja, ja, ja! (~Menéndez les sigue
estupefacto y haciéndose cruces.~) Hagan la prueba que hagan. ¡Ah,
Galán!... ¡Ja, ja, ja!


ESCENA XII

NUMERIANO GALÁN y DON MARCELINO

Num.

(~Desesperado.~) ¿Pero qué han hecho estos cafres, don Marcelino?

Marc.

¿No lo adivinas, infeliz? Pues que imitando tu letra han escrito una
carta de declaración a Florita de Trevelez firmada por ti.

Num.

¡Dios mío!

Marc.

Que ella, romántica y presumida como un diantre, te ha visto mil
veces al acecho en ese balcón y creyendo que salías por ella ha caído
fácilmente en el engaño, y que te contesta aceptando tu amor.

Num.

¡Cuerno!

Marc.

Y de ese modo te inutilizan para que sigas cortejando a la
doncellita y Picavea se sale con la suya. ¿Ves qué sencillo?

Num.

¡Dios mío, pero esto es una felonía, una canallada, que no estoy
dispuesto a consentir! Yo deshago el error inmediatamente. (~Llamando
desde el balcón.~) ¡Flora... Flora... Florita... amiga Flora!...

Marc.

Aguarda, hombre, aguarda. Así, a voces y desde el balcón, no me
parece procedimiento para deshacer una broma que pone en ridículo a
personas respetables.

Num.

¿Y qué hago yo, don Marcelino? Porque ya conoce usted el carácter de
don Gonzalo.

Marc.

¡Que si le conozco! ¡Pues eso es lo único grave de este asunto!

Num.

Y por lo que aquí dice, se ha enterado.

Marc.

Como que esta burla puede acabar en tragedia: porque Gonzalo, en su
persona, tolera toda clase de chanzas, pero a su hermana, que es todo
su amor... ¡Acuérdate que tuvo a Martínez cuatro meses en cama de
una estocada, sólo porque la llamó la jamona de Trevelez!... ¡Conque
si se entera de que esto es una guasa, hazte cargo de lo que sería
capaz!...

Num.

¡Ay, calle usted, por Dios!... Pero yo le diré que la carta no es
mía, que compruebe la letra.

Marc.

Sí, pero ellos pueden decirle que la has desfigurado para asegurarte
la impunidad, y entre que si sí y que si no, el primer golpe lo
disfrutas tú.

Num.

¡Miserables, canallas!... ¿Y qué hago yo, don Marcelino, qué hago yo?

(~Se oye rumor de voces.~)

Marc.

¡Silencio!... ¿Oyes?...

Num.

¡Madre!... ¡Es don Gonzalo! ¡Don Gonzalo que viene!

Marc.

Y viene con esos bárbaros.

Num.

¡Ay, don Marcelino!... ¡ay! ¿qué hago yo?

Marc.

Ocúltate. En cuanto nos dejen solos, yo procuraré tantearle. Le
dejaré entrever la posibilidad de una broma... Tú oyes detrás de una
puerta, y según oigas, procede.

Num.

Sí, eso haré. ¡Canallas! ¡Bandidos! (~Vase segunda izquierda.~)


ESCENA XIII

DON MARCELINO, DON GONZALO, TITO GUILOYA, MANCHÓN, TORRIJA y PICAVEA.
Salen por la derecha.

  ~El rumor de las voces ha ido creciendo; al fin aparecen por
  la puerta derecha, precediendo a don Gonzalo, Manchón, Picavea
  y Torrija, que bulliciosa y alegremente se forman en fila a la
  parte izquierda de la puerta, y al salir don Gonzalo agitan los
  sombreros aclamándole con entusiasmo.~

Tito

¡Hurra por don Gonzalo!

Todos

¡Hurra!

Gonz.

(~Sale sombrero en mano. Viste con elegancia llamativa y extremada
para sus años. Va teñido y muy peripuesto.~) Gracias, señores,
gracias.

Tito

¡Bravo, don Gonzalo, bravo!

Tor.

¡Elegantísimo! ¡Cada día más elegante!

Man.

¡Deslumbrador!

Pic.

¡Lovelacesco!

Gonz.

(~Riendo.~) ¡Hombre, por Dios, no es para tanto!

Pic.

Inmóvil, y con un letrero debajo, la primera plana del _Pictorial
Revieu_.

Tito

¡Si Roma tuvo un Petronio, Villanea tiene un Trevelez!... ¡Digámoslo
muy alto!

Gonz.

Nada, hombre, nada. Total un trajecillo _higge faeshion_, un
chalequito de fantasía, una corbata bien entonada, una flor bien
elegida, un poquito de _caché_, de _chic_... y vuestro afecto. Nada,
hijos míos, nada. (~Les abraza.~) ¿Y tú, qué tal, Marcelino, cómo
estás?

Marc.

Bien, Gonzalo, ¿y tú?

Gonz.

Ya lo ves; confundido con los elogios de estos tarambanas... ¡Yo!...
¡un pobre viejo!... ¡figúrate!...

Pic.

¿Cómo viejo? Usted es como el buen vino, don Gonzalo; cuantos más
años más fuerza, más aroma, más _bouquet_.

Tito

Y si no que lo digan las mujeres. Ellas acreditan su marca. Le
saborean y se embriagan. ¿Niéguelo usted?

Gonz.

(~Jovialmente.~) ¡Hombre, hombre!... Entono y reconforto... _Voila
tout..._ ¡Ja, ja, ja!

Todos

(~Aplauden.~) ¡Bravo, bravo!

Tor.

¡Y lo que le ocurre a don Gonzalo es rarísimo, cuanto más años pasan,
menos canas tiene!

Tito

Y se le acentúa más ese tinte juvenil... ese tinte de distinción, que
le da toda la arrogancia de un Bayardo.

Gonz.

¡Ah, no, amigos míos, no burlaros de mí! Yo ya no soy nada. Claro
está que las altas cimas de mis ilusiones aún tienen resplandores de
sol, postrera luz de un ocaso espléndido... pero al fin mi vida ya no
es más que un crepúsculo...

Todos

¡Bravo, bravo!

Tito

¡Qué poetazo!

Pic.

Pero usted todavía ama, don Gonzalo, y el amor...

Gonz.

¡Amor, amor!... Eterna poesía. Es el dulce rumor que va cantando en
su marcha hacia el misterio de la muerte, el río caudaloso de la
vida. Esto es de un poema que tengo empezado.

Todos

¡Colosal! ¡Colosal!

Tor.

Gran maestro en amor debe ser usted.

Gonz.

¡Maestro!... ¡Ah, hijo mío, en amor, como las que enseñan son las
mujeres, cuanto más te enseñan... más suspenso te dejan!

Todos

¡Muy bien, muy bien!

Gonz.

Sin embargo, yo tengo mis teorías.

Todos

Veamos, veamos.

Gonz.

La mujer es un misterio.

Man.

Muy nuevo, muy nuevo.

Gonz.

Amar a una mujer es como tirarse al agua sin saber nadar: se ahoga
uno sin remedio. Si le dicen a uno que sí, le ahoga la alegría; si le
dicen que no, le ahoga la pena...

Tito

¿Y si le dan a uno calabazas?

Gonz.

¡Ah, si le dan a uno calabazas, entonces... nada!

Todos

(~Riendo.~) ¡Ja, ja, ja!... ¡Muy bien! ¡Bravo!

Pic.

¡Graciosísimo!

Tito

¡Y se llama viejo un hombre de tan sutil ingenio!

Pic.

¡Viejo, un hombre de contextura tan hercúlea!... ¡Porque fijaos en
este torso!... (~Le golpea la espalda.~) ¡Qué músculos!

Tor.

¡Es el Moisés de Miguel Ángel!

Gonz.

(~Satisfecho.~) ¡Ah, eso sí!... ¡Todavía tuerzo una barra de hierro y
parto un tablero de mármol!... Hundo un tabique...

Tito

¡Mirad qué bíceps!

Man.

¡Enorme!

Tor.

Pues ¿y los sports, cómo los practica?...

Todos

¡¡Oh!!

Gonz.

En fin, pollos, esperadme en la sala de billar, que tengo algo
interesante que decir a don Marcelino, y en seguida corro a vuestro
encuentro y jugaremos ese match prometido.

Tito

Pues allí esperamos.

Pic.

¡Viva don Gonzalo!

Todos

¡Viva!

Tito

_¡Arbiter elegantorum civitatis villanearum, salve!_

Pic.

¡Salve y Padre nuestro! (~Se abrazan.~)

Gonz.

Gracias, gracias.

(~Vanse riendo primera izquierda.~)


ESCENA XIV

DON GONZALO y DON MARCELINO

Gonz.

Marcelino.

Marc.

Gonzalo.

Gonz.

(~Con gran alegría.~) Estaba deseando que nos dejasen solos. He
venido especialmente a hablar contigo.

Marc.

¿Pues?...

Gonz.

Abrázame.

Marc.

¡Hombre!...

Gonz.

Abrázame, Marcelino. (~Se abrazan efusivamente.~) ¿No has notado
desde que traspuse esos umbrales que un júbilo radiante me rebosa
del alma?

Marc.

¿Pero qué te sucede para esa satisfacción?

Gonz.

¡Ah, mi querido amigo, un fausto suceso llena mi casa de alegres
presagios de ventura!

Marc.

¿Pues qué ocurre?

Gonz.

Tú, Marcelino, conoces mejor que nadie este amor, qué digo amor, esta
adoración inmensa que siento por esa noble criatura llena de bondad y
de perfecciones que Dios me dió por hermana.

Marc.

Sé cuánto quieres a Florita.

Gonz.

¡Oh, no!, no puedes imaginarlo, porque en este amor fraternal se han
fundido para mí todos los amores de la vida. De muy niños quedamos
huérfanos. Comprendí que Dios me confiaba la custodia de aquel tesoro
y a ella me consagré por entero; y la quise como padre, como hermano,
como preceptor, como amigo; y desde entonces, día tras día, con una
abnegación y una solicitud maternales, velo su sueño, adivino sus
caprichos, calmo sus dolores, alivio sus inquietudes y soporto sus
puerilidades, porque claro, una juventud defraudada produce acritudes
e impertinencias muy explicables. Pues bien, Marcelino, mi único
dolor, mi único tormento era ver que pasaban los años y que Florita
no encontraba un hombre... un hombre, que estimando los tesoros de
su belleza y de su bondad en lo que valen, quisiera recoger de su
corazón todo el caudal de amor y de ternura que brota de él. ¡Pero
al fin, Marcelino, cuando yo ya había perdido las esperanzas... ese
hombre...!

Marc.

¿Qué?

Gonz.

¡Ese hombre ha llegado!

(~Galán se asoma por la izquierda con cara de terror.~)

Marc.

(~Aparte.~) ¡Dios mío!

Gonz.

Y si lo pintan no lo encontramos ni más simpático, ni más fino,
ni más bondadoso. Edad adecuada, posición decorosa, honorabilidad
intachable... ¡un hallazgo!... ¿Sabes quién es?

Marc.

¿Quién?

Gonz.

Numeriano Galán... ¡Nada menos que Numeriano Galán! (~Galán
manifiesta un pánico creciente.~) ¿Qué te parece?

Marc.

Hombre, bien... me parece bien. (~Galán le hace señas de que no.~)
Buena persona... (~Siguen las señas negativas de Galán.~) Un
individuo honrado... (~Galán sigue diciendo que no.~) pero yo creo
que debías informarte, que antes de aceptarle debías...

Gonz.

(~Contrariado.~) ¿Pero qué estás diciendo?

Marc.

Hombre, se trata de un forastero que apenas conocemos, y por
consecuencia...

Gonz.

¡Bah, bah, bah!... ya empiezas con tus suspicacias, con tus
pesimismos de siempre... ¡Has de leer la carta que le ha escrito a
Florita!... Una carta efusiva, llena de sinceridad, de pasión, modelo
de cortesanía, diciéndola que me entere de sus propósitos y que le
fijemos el día de la boda... Conque ya ves si en un hombre que dice
esto... ¡dudar, por Dios!...

Marc.

(¡Canallas!) No, si yo lo decía porque como es una cosa tan
inopinada, quién no te dice que a veces... como este pueblo es así...
figúrate que alguien... una broma...

Gonz.

(~Le coge de la mano vivamente con expresión trágica.~) ¡Cómo broma!

Marc.

Hombre, quiero decir...

Gonz.

¿Qué quieres decir?

Marc.

No, nada, pero...

Gonz.

(~Sonriendo.~) ¡Una broma!... No sueñes con ese absurdo. Ya sabe todo
el mundo que bromas conmigo, cuantas quieran. Las tolero no con la
inconsciencia que suponen, pero en fin, con esa amable tolerancia
que dan los años; pero una broma de este jaez con mi hermana, sería
trágica para todos. Sería jugarse la vida sin apelación, sin remedio,
sin pretexto. Te lo juro por mi fe de caballero.

Marc.

No, no te pongas así... si te creo, si figúrate, pero vamos...

Gonz.

Además, puedes desechar tus temores, Marcelino, porque esto no es una
cosa tan inopinada como tú supones.

Marc.

¿Ah, no?

Gonz.

Hoy, llena de rubor la pobrecilla, me lo ha confesado todo. Ella ya
tenía ciertos antecedentes. Dudaba entre Picavea y Galán, porque
los dos la han cortejado desde esos balcones; pero su preferido era
Galán, y por eso se ha apresurado a aceptarle loca de entusiasmo...
¡Sí, loca! ¡porque está loca de gozo, Marcelino! Su alegría no tiene
límites... y a ti puedo decírtelo... ¡ya piensa hasta en el traje de
boda!

Marc.

¡Hombre, tan deprisa!...

Gonz.

Quiere que sea liberty... ¡Yo no sé qué es liberty, pero ella
dice que liberty y liberty ha de ser!... ¡Florita es dichosa,
Marcelino!... ¡Mi hermana es feliz!... ¿Comprendes ahora este gozo
que no cambiaría yo por todas las riquezas de la tierra?... ¡Ah,
qué contento estoy! ¡Y es tan buena la pobrecilla que cuando me
hablaba de si al casarse tendríamos que separarnos, una nube de honda
tristeza nubló su alegría! Yo, emocionado, balbuciente, la dije:—«No
te aflijas, debes vivir sola con tu marido. Mucho ha de costarme esta
separación al cabo de los años, pero por verte dichosa, ¿qué amargura
no soportaría yo?...» Nos miramos, nos abrazamos estrechamente y
rompimos a llorar como dos chiquillos. Yo sentí entonces en mi alma,
algo así como una blandura inefable, Marcelino, algo así como si el
espíritu de mi madre hubiera venido a mi corazón para besarla con
mis labios. Y ves... yo... todavía... una lágrima... (~Emocionado se
enjuga los ojos.~) Nada, nada...

Marc.

(¡Dios mío, y quién le dice a este hombre que esos desalmados!...)

Gonz.

¿Comprendes ahora mi felicidad, comprendes ahora mi júbilo?

Marc.

Hombre, claro, pero...

Gonz.

Conque vas a hacerme un favor, un gran favor, Marcelino.

Marc.

Tú dirás...

Gonz.

Que llames a Galán...

Marc.

¿A Galán?

Gonz.

A Galán. Sé que está aquí y quiero, sin aludir para nada el asunto,
claro está, darle un abrazo, un sencillo y discreto abrazo en el que
note mi complacencia y mi conformidad.

Marc.

Es que si no estoy equivocado, me parece que ya se marchó.

Gonz.

No, no... está en el Casino; me lo ha dicho el Conserje. Y tengo
interés, porque además del abrazo, traigo un encargo de Florita:
invitarle a una _suaré_ que daremos dentro de ocho días. (~Toca el
timbre. Aparece Menéndez.~) Menéndez, haz el favor de decir al señor
Galán que venga un instante.

Men.

Sí, señor. (~Vase.~)

Gonz.

¡Qué boda, Marcelino, qué boda!... Voy a echar la casa por la
ventana. Traigo al Obispo de Anatolia para que los case; y digo al de
Anatolia, porque en obispos es el más raro que conozco.

Marc.

(¡Pobre Galán!)


ESCENA XV

DICHOS y NUMERIANO GALÁN por segunda izquierda

Num.

(~Haciendo esfuerzos titánicos para sonreír. Viene pálido,
balbuciente.~) Mi querido don Gon... don Gon...

Gonz.

¡Galán!... ¡Amigo Galán!...

Num.

¡Don Gonzalo!

Gonz.

¡A mis brazos!

Num.

Sí, señor. (~Se abrazan efusivamente.~)

Gonz.

¿No le dice a usted este abrazo mucho más de lo que pudiera
expresarse en un libro?

Num.

Sí, señor... Este abrazo es para mí un diccionario enciclopédico, don
Gonzalo.

Gonz.

Reciba usted con él la expresión de mi afecto sincero y fraternal.
_¡Fra-ter-nal!_

Num.

_Ya lo sé..._ Sí, señor... Gracias... muchas gracias, don Gonzalo.
(~Le suelta.~)

Gonz.

¿Cómo don?... Sin don, sin don...

Num.

Hombre, la verdad, yo, como...

Gonz.

Pero parece usted hondamente preocupado... está usted pálido...

Num.

No, la emoción... la...

Marc.

Hazte cargo; le ha pillado tan de sorpresa... y luego esta acogida...

Num.

Sí, señor... sobre todo la acogida...

Gonz.

¡Pues venga otro abrazo! (~Se abrazan.~)

Num.

(¡Qué bíceps!)

Gonz.

¿Qué dice?

Num.

Nada, nada, nada...

Gonz.

Y después de hecha esta ratificación de afecto, diré a usted que le
he molestado, querido Galán, para invitarle, al mismo tiempo que a
Marcelino, a una _suaré_ que celebraremos en breve en los jardines de
mi casa, que es la de ustedes...

Num.

Con mucho gusto, don Gonzalo.

Gonz.

Allí será usted presentado a nuestras amistades.

Num.

Tanto honor... (Yo salgo esta noche para Villanueva de la Serena.)

Gonz.

Bueno, y ahora vamos a otra cosa.

Num.

Vamos donde usté quiera.

Gonz.

Me ha dicho Torrijita que es usted un entusiasta aficionado a la
caza... ¡Un gran cazador!

Num.

¿Yo?... ¡Por Dios, don Gonzalo, no haga usted caso de esos
guasones!... ¡Yo cazador!... Nada de eso... Que cojo alguna que otra
liebre, una perdicilla, pero nada...

Gonz.

Bueno, bueno... usted es muy modesto; de todos modos, he oído decir
que le gustan a usted mucho mis dos perros _setter_, _Castor_ y
_Polux_... Una buena parejita, ¿eh?...

Num.

Hombre, como gustarme, ya lo creo. Son dos perros preciosos.

Gonz.

Pues bien, a la una los tendrá usted en su casa.

Num.

¡Quiá, por Dios, don Gonzalo, de ninguna manera!...

Gonz.

Le advierto que son muy baratos de mantener. Por cuatro pesetas
diarias los tiene usted como dos cebones.

Num.

¿Cuatro pesetas?... ¿Y dice usted?...

Gonz.

A la una los tiene en su casa.

Num.

Que no me los mande usted, don Gonzalo, que los suelto... ¡No quiero
que usted se prive!...

Gonz.

Pero hombre...

Num.

Además, a mí se me podían morir. Como no me conocen los animalitos,
la hipocondría...

Gonz.

¡Ah, eso no, son muy cariñosos, y dándoles bien de comer!...

Num.

Pues ahí está, que en una casa de huéspedes... Ya ve usted, a
nosotros nos tratan como perros...

Gonz.

Pues conque den a los perros el trato general, arreglado.

Num.

Si ya lo comprendo, pero usted se hará cargo...

Gonz.

A la una los tendrá usted en su casa.

Num.

Bueno...

Gonz.

Además, también le voy a mandar a usted...

Num.

¡No, no, por Dios!... No me mande usted nada más... yo le suplico...

Gonz.

Ah, sí, sí, sí... ha de ser para mi hermana, conque empiece usted a
disfrutarlo. Le voy a mandar mi cuadro, mi célebre cuadro, último
vestigio de mi bohemia artística. Una copia que hice de la Rendición
de Breda, la obra colosal de Velázquez, conocida vulgarmente por el
_cuadro de las lanzas_...

Num.

Sí; ya, ya...

Gonz.

Sino que yo lo engrandecí; el mío tiene muchas más lanzas.

Marc.

Que le sobraba lienzo y se quedó solo pintando lanzas.

Gonz.

Ocho metros de lanzas, ¡calcule usted!

Num.

¡Caramba!... ¡¡Ocho metros!!

Gonz.

Lo que tendrá usted que comprarle es un marquito.

Num.

¿Ocho metros y dice usted que un marquito? ¿Por qué no espera usted a
ver si me cae la Lotería de Navidad y entonces...?

Gonz.

¡Hombre, no exagere usted, no es para tanto!... El marco todo lo más
se llevará...

Num.

Medio kilómetro de moldura. Lo he calculado _grosso modo_. Además, me
parece que no voy a tener donde colocarle, porque como no dispongo
más que de un gabinete y una alcoba...

Gonz.

Puede usted echar un tabique.

Num.

Sí; ¿pero cómo le voy yo a hablar a mi patrona de echar nada... si
está conmigo si me echa o no?

Marc.

Bueno, pero todo puede arreglarse: divides el cuadro en dos partes;
pones la mitad en el gabinete y debajo una mano indicadora señalando
a la alcoba, y el que quiera ver el resto, que pase...

Gonz.

¡Ja, ja!... Muy bien... muy gracioso, Marcelino, muy gracioso...
¡Qué humorista!... Conque, con el permiso de ustedes me marcho,
reiterándoles la invitación a nuestra próxima _suaré_...
(~Tendiéndoles la mano.~) Querido Marcelino...

Marc.

Adiós, Gonzalo.

Gonz.

Simpático Galán...

Num.

Don Gonzalo... (~Le va a dar la mano.~)

Gonz.

No, no... la mano, no... otro efusivo y fraternal abrazo. (~Se
abrazan.~) _¡Fra-ter-nal!_


ESCENA XVI

DICHOS, TORRIJA, MANCHÓN, TITO GUILOYA y PICAVEA

Todos

(~Desde la primera izquierda, aplaudiendo.~) ¡Bravo, bravo!

Tito

¡Abrazo fraternal!

Pic.

¡Preludio de venturas infinitas!

Tor.

¡Hurra!... ¡Tres veces hurra!

Todos

¡Hurra!

Tito

¿Con que era cierto lo que se susurraba?

Gonz.

¡Ah, pero estos saben!...

Tito

¡Estas noticias corren como la pólvora!...

Man.

¡Enhorabuena, don Gonzalo!

Tor.

¡Enhorabuena, Galán!

Marc.

(¡Canallas!)

Num.

(¡Granujas! ¡Por estas que me las pagáis!)

Tito

Y aquí traemos una botella de Champagne, para rociar con el vino de
la alegría los albores de una ventura que todos deseamos inacabable.

Man.

Adelante, Menéndez.

(~Pasa Menéndez, primera izquierda, con servicio de copas de
Champagne.~)

Gonz.

Se acepta y se agradece tan fina y delicada cortesanía. Gracias,
queridos pollos, muchas gracias.

Tito

Escancia, Torrija. (~Se sirve el Champagne.~) Señores: levanto
mi copa para que este glorioso entronque de Galanes y Trevelez,
proporcione a un futuro hogar, horas de bienandanza y a Villanea
hijos preclaros que perpetúen sus glorias y enaltezcan sus
tradiciones.

Todos

(~Con las copas en alto.~) ¡¡Hurra!!

Gonz.

Gracias, señores, gracias... y yo, profundamente emocionado, quiero
corresponder con un breve discurso a la...

(_En este momento se escucha en el piano de enfrente el «Torna
a Surriento» y a poco la voz de Florita que lo canta de un modo
exagerado y ridículo._)

Tito

¡Silencio!

Tor.

¡Callad!... (~Quedan exageradamente atentos.~)

Gonz.

(~Casi con emoción.~) ¡Es ella!... ¡Es ella, Galán!... ¡Es un ángel!

Tito

¡Qué voz! ¡Qué extensión!... (~Suena un timbre.~) ¡Qué timbre!

Tor.

¡Qué timbre más inoportuno!

Gonz.

(~Indignado.~) ¡Pararle, hombre, pararle!

Tor.

¡Ah, don Gonzalo!... Eso es, en una pieza, la Pareto y la Galicursi.

Man.

¡Yo la encuentro más de lo último que de lo primero!

Todos

Mucho más, mucho más...

Gonz.

Silencio... no perder estas notas...

(~Todos callan. Florita acaba con una nota aguda y estalla una
ovación.~)

Todos

¡Bravo, bravo!... (~Aplauden.~)

Marc.

¡Bravo, Florita, bravo!

Flora

(~Levanta la persiana a manera de telón y se asoma saludando.~)
Gracias, gracias. (~Baja la persiana.~)

Todos

(~Volviendo a aplaudir.~) ¡Bravo, bravo!

Gonz.

¡Es un ángel! ¡Es un ángel!

Flora

(~Volviendo a levantar la persiana.~) Gracias, gracias... ¡Muchas
gracias! (~Vuelve a bajarla.~)

Man.

¡Admirable!

Tito

¡Colosal!

Tor.

¡Suprema!

Gonz.

(~Se limpia los ojos.~) ¡Son lágrimas!... ¡Son lágrimas!... ¡Cada vez
que canta me hace llorar!

Tito

(~Fingiendo aflicción.~) ¡Y a todos, y a todos!

Flora

(~Vuelven a aplaudir. Levanta la persiana, sonríe y tira un beso.~)
¡Para Galán! (~Felicitaciones, abrazos y vítores.~)

(~Telón~)


FIN DEL ACTO PRIMERO



[Ilustración]

ACTO SEGUNDO

  ~Jardín en la casa de Trevelez. Es por la noche. Luces
  artísticamente combinadas entre el follaje y las ramas de los
  árboles.

  A la derecha, en primer término, hay un poético rincón
  esclarecido por la luz de la luna y en el que se verá una pequeña
  fuente con un surtidor; a los lados dos banquillos rústicos.

  A la izquierda, hacia el foro, figura que está la casa. En ese
  punto resplandece una mayor iluminación y se escucha la música de
  un sexteto y gran rumor de gente.~


ESCENA PRIMERA

MARUJA, CONCHITA, QUIQUE y NOLO del foro izquierda

Mar.

¡Ay, sí, hija, sí, por Dios!... Vamos hacia este rincón.

Quique

Esto está muy poético.

Con.

Por lo menos muy solo.

Nolo

Solísimo.

Mar.

A mí estas cachupinadas me ponen frenética.

Quique

¡Pero por Dios, qué gente tan cursi hay aquí!

Mar.

No, allí, allí...

Quique

Eso he querido decir.

Mar.

Pues ha dicho usted lo contrario, hijo mío.

Con.

¿Y has visto a Florita?

Nolo

¡Qué esperpento!

Con.

La visten sus enemigos.

Mar.

¡Eso quisiera ella!... Ni eso.

Con.

¡Con ese pelo y con esa figura que me gasta, ponerse un traje
salmón!... ¡Ja, ja!...

Nolo

¡Y hay que ver lo mal que la sienta el salmón!

Mar.

Está como para tomar bicarbonato.

Quique

¿Y qué me dicen ustedes de su amiga inseparable, de Nilita, la de
Palacios?...

Con.

¡Cuidado que es orgullosa!... Acaba de decirme que ella no baila más
que con los muchachos de mucho dinero.

Mar.

Ya lo dice Catalina Ansúrez, que esa es como un trompo, sin guita no
hay quien la baile.

Quique

¡Ja, ja!

Con.

¡Y mire usted que llamarse Nilita!

Nolo

Yo cuando voy a su casa no fumo.

Con.

¿Por qué?

Nolo

Me da miedo. Eso de Nilita me parece un explosivo... ¡La _nilita_!

Mar.

¡No tiene el valor de su Petronila!

Todos

(~Riendo.~) ¡Ja, ja!

Con.

Y habrán comprendido ustedes que esta cachupinada la dan los Trevelez
para presentarnos al novio, a Galán.

Mar.

No lo presentarán como galán joven, ¿eh?

Quique

Ni mucho menos.

(~Ríen todos.~)


ESCENA II

DICHOS, TITO y TORRIJA por la izquierda

Tito

¡Caramba!... ¡Coro de murmuración; como si lo viera!

Mar.

Ay, hijo, ¿en qué lo ha conocido usted?

Tito

Mujeres junto a una fuente, y con cacharros... a murmurar, ya se sabe.

Quique

Oiga usted, señor Guiloya, ¿eso de cacharros, es por nosotros?

Tito

Es por completar la figura retórica.

Quique

¿Y por qué no la completa usted con sus deudos?

Tito

No los tengo.

Quique

Bueno, pues con sus deudas, que esas no dirá usted que no las tiene.

Tor.

¡Ja, ja!... (~Fingiendo una gran risa.~) ¡Pero has visto qué
gracioso!...

Tito

¡Calla, hombre! Si este joven creo que hace unos chistes con los
apellidos, que dice su padre que por qué no será todo el mundo
expósito...

Mar.

Es que si el chico fuera muy gracioso, ¿qué iban a hacer los demás?

Tito

Bueno; pero vamos a ver. ¿Se murmuraba o no se murmuraba?

Mar.

No se murmuraba, hijo; sencillos comentarios.

Tito

No, si no me hubiesen extrañado las represalias, porque hay que oír
cómo las están poniendo a ustedes allí, en aquel cenador precisamente.

Mar.

¡Ay, sí!... ¿y quién se ocupa de nosotros, hijo?

Tor.

Pues Florita, su despiadada, su eterna rival de usted.

Mar.

¿Y qué decía, si puede saberse?

Tor.

Que no puede usted remediarlo, que desde que sabe usted que ella se
casa, que se la come la envidia. Que por eso se han venido ustedes
tan lejos.

Tito

Y que toda la vida se la ha pasado usted poniéndole dos luces a San
Antonio, una para que le dé a usted novio y otra para que se le lo
quite a las amigas.

Tor.

Pero que ya puede usted apagar la segunda.

Tito

Y la primera.

Mar.

¿Y les ha mandado a ustedes a soplar, eh?... ¡Muy bien, muy bien!...
(~Todos ríen.~)

Quique

(Chúpate esa.)

Nolo

(Tiene gracia.)

Tito

Pues si oye usted a Aurorita Méndez... ¡qué horror!... decía que no
sabe qué atractivo tiene usted para que la asedien tantos pipiolos.

Nolo

Oiga usted, señor Guiloya, ¿eso de pipiolos, es por nosotros?

Tito

Es por completar la figura retórica.

Tor.

Y la ha puesto a usted un mote que ha sido un éxito.

Tito

La llama «El Paraíso de los niños».

Mar.

¡Muy gracioso, muy gracioso!... ¿y eso lo ha dicho Aurorita Méndez?
¡Me parece mentira que diga esas cosas la hija de un catedrático!

Con.

Una pobrecita más flaca que un fideo y que lleva un escote hasta aquí.

Mar.

Y no sé para qué, porque enseña menos que su padre...

Quique

¡Que es el colmo!

Mar.

Como que cuando esa marisabia hizo el bachillerato, decían los chicos
que el latín era lo único que tenía sobresaliente.

Con.

¡Déjalas... ya quisieran!

Nolo

No haga usted caso. Siempre ha habido clases.

Mar.

Eso lo dirá el padre, porque ella tiene vacaciones para un rato...
¡El Paraíso de los niños!... Vamos hacia allá, que voy a ver si le
digo dos cositas y me convierto en «El Infierno de los viejos...»

Nolo, Quique

Muy bien, muy bien. ¡Bravo, bravo! (~Vanse izquierda.~)

Tito

Va que trina. (~Riendo.~)

Tor.

¡Esta noche se pegan!...

Tito

Eso voy buscando.

Tor.

¡Eres diabólico!


ESCENA III

DICHOS, PICAVEA y MANCHÓN

Pic.

Oye, ¿qué le habéis hecho a Maruja Peláez, que va echando chispas?

Tor.

Las cosas de éste; ya le conoces.

Tito

¿Y Galán, y Galán?... ¿cómo anda, tú?

Man.

¡Calla, chico, medio muerto!

Pic.

Allí le tenéis al pobre, en brazos de Florita, lívido, sudoroso,
jadeante... Pasan del _Fox trot_ al _Guan step_, y del _Guan step_ al
_tuesten_, sin tomar aliento.

Man.

Y en el tuesten le hemos dejado.

Pic.

Está que echa hollín.

Tito

¡Formidable, hombre, os digo que formidable!...

Pic.

Bueno, tú, pero yo creo que debías ir pensando en buscar una
solución a esta broma, porque el pobre Galán, en estos quince días,
se ha quedado en los huesos.

Man.

¡Está que no se le conoce!

Tor.

¡Da lástima!

Tito

Señor, ¿pero no era esto lo que nos proponíamos? Las bromas, pesadas,
o no darlas.

Man.

Sí, pero es que este hombre está en un estado de excitación, que ya
has visto los dos puntapiés que le ha dado a Picavea en el vestíbulo.

Pic.

¡Qué animal!... ¡Como que si no le sujetáis me tienen que extraer la
bota quirúrgicamente!

Tito

¿Se ha enterado don Gonzalo del jaleo?

Tor.

Creo que no. Pero en fin, yo también temo que Galán, si apuramos
mucho la broma, en su desesperación, confiese la verdad y se produzca
una catástrofe.

Tito

No asustarse, hombre, si le tiene a don Gonzalo más miedo que
nosotros.

Pic.

Bueno, pero es que además, estos pobres ancianos han tomado la cosa
tan en serio, que, según dicen, Florita se está haciendo hasta el
_trousseau_. Y vamos, hasta este extremo, yo creo que...

Tito

Nada, hombre, que no apuraros. Ya me conoceis... ¿Habéis visto la
gracia conque he complicado todo esto?... Pues mucho más gracioso es
lo que estoy tramando para deshacerlo.

Los tres

¿Y qué es? ¿qué es?

Tito

Permitidme que me lo reserve. Lo tengo todavía medio urdido. Os
anticiparé, sin embargo, que es un drama pasional, que voy a
complicar en él nuevos personajes y que tiene un desenlace muy
poético, inesperado y sentimental...

Pic.

Bueno, pero...

Tito

Ni una palabra más. Pronto lo sabréis todo.

Man.

Chits... silencio. Mirad, Galán que viene agonizante en brazos de don
Marcelino.

Tor.

¡Pobrecillo!

Tito

Huyamos. (~Vanse izquierda riendo.~)


ESCENA IV

GALÁN y DON MARCELINO (por la derecha)

Num.

(~Desesperado, deprimido, con cara de fatiga y medio llorando.~) ¡Ay,
que no... ay, que no puedo más, señor Córcoles!... Yo me marcho, yo
huyo, yo me suicido. Todo menos otro _Fox trot_.

Marc.

(~Conteniéndole.~) Pero espera, hombre, por Dios, ten calma.

Num.

No, no puedo. ¡Otro _Guan step_ y fallezco! Esta broma está tomando
para mí proporciones trágicas, espeluznantes, aterradoras... Yo me
voy, me voy... ¡Déjeme usted!...

Marc.

¡Pero, por Dios, Galán, no seas loco! Ten calma...

Num.

No, no puedo más, don Marcelino; porque, aparte del terror que me
inspira don Gonzalo... es que Florita... ¡Florita me inspira mucho
más terror todavía!... (~Se vuelve aterrado.~) ¿Viene?

Marc.

No, no tengas miedo, hombre.

Num.

No, si no es miedo; ¡es pánico!... porque sépalo usted todo, don
Marcelino... ¡Es que la he vuelto loca!

Marc.

¿Loca?

Num.

¡Está loca por mí!... ¡pero loca furiosa!

Marc.

¿Es posible?

Num.

Lo que sintió Eloísa por Abelardo fué casi una antipatía personal
comparado con la pasión que he encendido en el alma volcánica de esta
señorita... y la llamo señorita por no agraviar a ninguna especie
zoológica. Figúrese usted que me obliga a estar a su lado para
hablarme de amor, durante ¡nueve horas diarias!

Marc.

¡¡Nueve!!

Num.

¡Y cuando me voy me escribe!

Marc.

¡Atiza!

Num.

Mientras estoy en la oficina me escribe... Me voy a comer y me
escribe... Me meto en el baño...

Marc.

¿Y te escribe?

Num.

Me cablegrafía. ¡Lleva en el bolsillo una caja de pastillas de
sublimado y una _browning_ por si la abandono! Las pastillas para mí,
la _browning_ para... digo, no... Bueno, no me acuerdo, pero yo en el
reparto salgo muy mal parado. ¡Dice que me mata si la dejo!

Marc.

Eso es lo peor.

Num.

No, quiá. Lo peor es que como sabe usted que pinta, me está haciendo
un retrato.

Marc.

¿Al óleo?

Num.

Al pastel. Y tengo que poner la mirada dulce...

Marc.

Es natural.

Num.

Y estarme hora y media inmóvil, vestido de cazador, con aquellos dos
perros del regalito, que se me están comiendo el sueldo, y una liebre
en la mano, en esta actitud. (~Hace una postura ridícula.~)

Marc.

Como diciendo: ¡ahí va la liebre!

Num.

¡Sí, señor, y así quince días!... ¡¡Quince!!... ¡Figúrese usted cómo
estaré yo y cómo estará la liebre!

Marc.

¡Y cómo estarás de pastel!

Num.

Que paso por una pastelería y me vuelvo de espaldas. No le digo a
usted más. ¡Con lo goloso que yo era!

Marc.

¡Qué horror!

Num.

Bueno, pues mientras me acaba el pictórico, me ha pedido el retrato
fotográfico, ha mandado sacar ocho ampliaciones y dice que me tiene
en el gabinete y en el comedor y en los pasillos... ¡y que me tiene
hasta en la cabecera de la cama!... ¡Y yo no paso de aquí, don
Marcelino, no paso de aquí!

Marc.

¡Pobre Galán!... pero claro, lo que sucede es lógico. Una mujer que
ya había perdido sus ilusiones ve renacer de pronto...

Num.

Lo ve renacer todo. ¡Qué ímpetu, qué fogosidad!... ¡Con decirle a
usted que ya está bordando el juego de novia!

Marc.

¡Hombre, por Dios, procura evitarlo!

Num.

¿Pero cómo?... Si para disuadirla hasta la he dicho que está
prohibido el juego y no me hace caso. Ayer me enseñó dos saltos de
cama—figúrese usted el salto mío—, para preguntarme que cómo me
gustaban más los saltos, si con caídas o sin ellas.

Marc.

Tú le dirías que los saltos sin caídas.

Num.

Yo no sé lo que le dije, don Marcelino, porque yo estoy loco. Puedo
jurarle a usted que en mi desesperación, más de tres veces he venido
a esta casa resuelto a confesarle la verdad a don Gonzalo; pero
claro, le encuentro siempre tirando a las armas, o con los guantes de
boxeo puestos, dándole puñetazos a una pelota que tiene sujeta entre
el techo y el suelo...

Marc.

Un funchimbool.

Num.

No sé cómo se llama, pero como a cada puñetazo la pelota oscila de
un modo terrible y la habitación retiembla, yo me digo: ¡Dios mío,
si le confieso la verdad y se ciega y me da a mí uno de esos en el
balón, (~Por la cabeza.~) pasado mañana estoy prestando servicio en
el Purgatorio!

Marc.

No, hombre, no, por Dios... Ten ánimo, no te apures.

Num.

Sí, no te apures, pero el compromiso va creciendo y esos miserables
burlándose de mí. ¡Maldita sea!...

Marc.

¡Ah!, oye; lo que te aconsejo es que te moderes, porque Gonzalo me
acaba de preguntar que por qué le has dado dos puntapiés a Picavea
en el vestíbulo, y no he sabido qué decirle.

Num.

Y los mato, no lo dude usted, los mato como no busquen a este
conflicto en que me han metido una solución rápida, inmediata. ¡Es
necesario, es urgentísimo!

Marc.

Descuida, que creo lo mismo, y en ese sentido voy a hablarle a Tito
Guiloya.

Num.

¡Sí, porque yo no espero más que esta noche para tomar una resolución
heróica!

Marc.

Aguárdame aquí. Voy a hablarles seriamente. No tardo.

Num.

Oiga usted, don Marcelino; si Florita le pregunta a usted que dónde
estoy, dígale que me he subido a la azotea, hágame el favor. Siquiera
que tarde en encontrarme, porque me andará buscando, de seguro.

Marc.

Descuida. (~Vase izquierda.~)


ESCENA V

NUMERIANO GALÁN; luego FLORITA

Num.

(~Cae desfallecido sobre un banco.~) ¡Ay, Dios mío! Bueno, yo hace
quince días que no duermo, ni como, ni vivo... ¡Y yo que nunca he
debido un céntimo, me he hecho hasta tramposo!... Porque entre los
dos perros y el marco, que lo estoy pagando a plazos, se me va la
mitad del sueldo. ¡Qué cuadrito!... Don Gonzalo le llama _la mancha_,
pero quiá. Es muchísimo más grande. La Mancha y la Alcarria, todo
junto. ¡No le he puesto más que un listón alrededor y me ha subido
a veinticinco duros!... ¡Ay!, yo estoy enfermo, no me cabe duda.
Tengo dolor de cabeza, inquietud, espasmos nerviosos; porque además
de todo esto, esa mujer me tiene loco. Es de una exaltación, de
una vehemencia y de una fealdad que consternan. Y luego tiene unas
indirectas... Ayer me preguntó si yo había leído una novela que se
titula _El primer beso_, y yo no la he leído; pero aunque me la
supiera de memoria... ¡Esas bromitas no! Y para colmo, habla con un
léxico tan empalagoso, que para estar a su altura me veo negro. Aquí
me he venido huyendo de ella... Aquí, siquiera por unos momentos,
estoy libre de esa visión horrenda, de esa visión...

Flora

(~Apartando el ramaje del fondo de la fuente, asoma su cara risueña y
dice melodiosamente.~) ¡Nume!

Num.

(~Levantándose de un salto tremendo.~) (¡Cuerno!... ¡La visión!)

Flora

Adorado Nume...

Num.

(~Con desaliento.~) ¡Florita!

Flora

(~Saliendo. Lo mira.~) ¡Pero cuán pálido! ¡Estás incoloro! ¿Te has
asustado?

Num.

(~Desfallecido.~) Si me sangran no me sacan un coágulo.

Flora

Pues yo, errabunda, hace un rato que de un lado a otro del parterre
vago en tu busca. ¿Y tú, amor mío?

Num.

¡Yo vago también; pero más vago que tú, me había sentado un instante
a delectarme en la contemplación de la noche serena y estrellada!...

Flora

¡Oh, Nume!... Pues yo te buscaba.

Num.

Pues si yo sé que me buscas, te juro que corro, que corro a tu
encuentro.

Flora

Y dime, Nume, ¿qué hacías en este paradisiaco rincón?

Num.

Rememorarte. (Con más elegancia, ni d’Anunzzio.)

Flora

¡Ah, Nume mío, gracias, gracias! Ah, no puedes suponerte cuánto me
alegro encontrarte en este lugar recóndito.

Num.

Bueno, pero, sin embarco, yo creo que debíamos irnos, porque si
alguien nos sorprendiera arrinconados y extáticos, podía macular tu
reputación incólume y eso molestaríame.

Flora

¿Y qué importa, Nume?... ¡La felicidad es un pájaro azul que se posa
en un minuto de nuestra vida y después levanta el vuelo y Dios sabe
en qué otro minuto se volverá a posar!

Num.

Sí, pero figúrate que ahora viene el pájaro y se posa, pero luego
pasa uno y nos lo espanta y encima lo divulga, y ¿qué pasa? Pues que
te pesa. Hay que estar en todo. (~Intenta irse.~)

Flora

(~Deteniéndole.~) Nume, no seas tímido. La dicha es efímera.
Siéntate, Nume.

Num.

No me siento, Florita. (¡A solas la tengo pánico!)

Flora

Anda, siéntate, porque quiero en este rincón de ensueño pedirte una
revelación... (~Le obliga a sentarse.~)

Num.

¡Una revelación!... Bueno; si eres rápida y sintética, atenderéte;
pero si no, alejaréme. Habla.

Flora

Vamos a ver, Nume, con franqueza: ¿por qué te he gustado yo?

Num.

Por nada.

Flora

¿Cómo?

Num.

Quiero decir que no me has gustado por nada y... me has gustado por
todo. Te he encontrado...

Flora

¿Qué?... ¿Qué?...

Num.

Te he encontrado un no sé qué... un qué sé yo... un algo así,
indefinible; un algo raro. ¡Raro, esa es la palabra!

Flora

Bueno; ¿qué te han gustado más, los ojos, la boca, el pie?

Num.

Ah, eso no, no... detallar no he detallado. Me gustas, ¿cómo te lo
diría yo?... En conjunto, en total... Me gustas en globo, vamos...

Flora

¡En globo! ¡Qué concepto tan elevado!

Num.

Sí, elevadísimo; lo más elevado posible... como corresponde a mi
admiración.

Flora

¡Ah, Nume mío, gracias, gracias!

Num.

No hay de qué.

Flora

Y dime, Nume, una simple pregunta; ¿tú has visto por acaso en el Cine
una película que se titula «Luchando en la obscuridad»?...

Num.

¿En la obscuridad?... No; yo en la obscuridad no he visto nada.

Flora

¡Lo decía, porque en una de sus partes hay una escena tan parecida a
ésta!

Num.

(~Aterrado.~) ¿Sí? (~Intenta levantarse. Ella le detiene.~)

Flora

Es un jardín. Un rincón poético, una fontana rumorosa, la luna
discreta, dos amantes apasionados...

Num.

(~Con miedo creciente.~) ¡Qué casualidad!

Flora

De pronto los amantes, yo no sé por qué, se miran, se prenden de las
manos, se atraen.

Num.

(¡Cielos!)

Flora

Y un beso une sus labios; un beso largo, prolongado; uno de esos
besos de Cine, durante los cuales todo se atenúa, se desvanece, se
esfuma, se borra, y... aparece un letrero que dice, Milano Films.
Pues bien, Nume, ese final...

Num.

¡No, no... jamás... Florita!... Cálmate o pido socorro... No quiero
dejarme llevar de la embriaguez. ¡Yo no llego al Milano ni aunque me
emplumen!...

Flora

¡Pero, Nume mío!...

Num.

No, Flora, hay que hacerse fuertes... Vámonos, vida mía. Vámonos o
llamo. (~Se escucha pianísimo el vals de «Eva».~)

Flora

(~Exaltada.~) Espera... atiende... ¡Oh, esto es un paraíso!... ¿No
escuchas?

Num.

Sí; el vals de _Eva_.

Flora

¡Delicioso!

Num.

Delicioso, pero vámonos.

Flora

¡Divina, suave, enloquecedora melodía de amor! ¿Quieres que nos
vayamos como en las operetas?...

Num.

Vámonos, y vámonos como te dé la gana.

Flora

¡Oh, Nume!... (~Se van bailando el vals.~)

Num.

¡Por Dios, Florita, no aprietes que congestionas! (~Hacen mutis
bailando. Vanse por la izquierda.~)


ESCENA VI

DICHOS y DON GONZALO, por la izquierda

Gonz.

(~Los saca cogidos cariñosamente, a ella de una mano y a él de una
oreja. Ella baja la cabeza risueña y ruborosa ocultando la cara tras
el abanico; él aterrado, aunque tratando inútilmente de sonreír.~)
¡Venid, venid acá, picarillos irreflexivos, imprudentes!...

Flora

¡Ay, por Dios, Gonzalo!... ¡Cogiónos!

Gonz.

¡Aquí, en un rincón, y los dos solitos!...

Num.

Don Gonzalo, por Dios, yo neguéme, pero ella insistióme y complacíla,
¿qué iba a hacer?

Gonz.

(~Cambiando la fingida expresión de enfado por otra risueña.~) No,
hombre, no, si lo comprendo. Los enamorados son como los pájaros;
siempre buscando las frondas apartadas, los lugares silenciosos...

Flora

(~Muy digna.~) ¡Pero por Dios, Gonzalo; a pesar de la soledad no
vayas a creer que nosotros!...

Num.

Yo aseguro a usted que ha sido una cosa meramente fortuita.

Gonz.

¿Fortuita?... Cállese el seductor.

Flora

¡Uy, seductor!...

Num.

Don Gonzalo, yo le juro...

Gonz.

Ahora, que yo confío, amigo Galán, en su caballerosidad, y espero que
este tesoro encomendado a su hidalguía...

Num.

¡Por Dios!, ¿quiere usted enmudecer?... ¡Ni aunque nos sorprendiese
usted en el Trópico!

Gonz.

Ya lo sé, ya lo sé... Y vaya, pase esto como una ligereza de
chiquillos, y ahora que estamos los tres juntitos, venid acá,
parejita feliz. Venid y decidme... ¿Sois muy dichosos, muy
dichosos?... La verdad...

Num.

Hombre, don Gonzalo... yo...

Gonz.

No me diga usted más. (~A Flora.~) ¿Y tú?

Flora

Mucho, mucho, mucho. No hay paleta por muy paleta que sea que tenga
colores suficientes para pintar mi felicidad.

Gonz.

¡Oh, qué feliz, qué venturoso me haceis!... ¡Ah, querido Galán, ya lo
ve usted... en ese corazoncito ya no vivo yo solo! (~Con pena.~)

Flora

¡Por Dios, Gonzalo!

Gonz.

Sí. ¡Otro cariñito ha penetrado en él arteramente y apenas queda ya
sitio para el pobre hermano!...

Num.

¡Hombre, don Gonzalo, yo sentiría que por mí!...

Gonz.

¡Ah, pero no me importa!... Ámela usted con este acendrado amor con
que yo la amo, y si la veo dichosa me resignaré contento a la triste
soledad en que voy a quedarme...

Num.

Don Gonzalo, por Dios; si le va a usted a servir esto de un disgusto
tan grande... yo estoy dispuesto incluso a renunciar a...

Flora

¡Pero calla, por Dios!... ¿qué estás diciendo?... Si son tonterías de
éste... Chocheces. ¡Egoísmos de viejo!...

Gonz.

Sí, sí... egoísmos. Pero, por Dios, riquita, no te enfades. Y ¡ea!...
Perdonad a un hermano impertinente esta pequeña molestia... Y venga
usted acá, querido Galán, venga usted acá... ¡Oh, amigo mío, ha
elegido usted tarde, pero ha elegido usted bien!

Flora

Vamos, calla, por favor, Gonzalo.

Gonz.

Yo no digo que físicamente Florita sea una perfección, pero ¡es un
conjunto tan armónico, tan sugestivo, tan atrayente!... Ni es alta,
ni baja, ni rubia, ni morena... es más bien castaña... ¡pero qué
castaña!... Y mirándola... cuántas... cuántas veces he recordado los
versos del jocundo, del galante arcipreste de Hita.

    «Cata, mujer fermosa, donosa e lozana,
    que non sea mucho luenga, otro si nin enana.»

Flora

Estatura regular, vamos. (~Alardeando de la suya.~)

Gonz.

    «Que teña ojos grandes, fermosos, relucientes,
    e de luengas pestañas, bien claros e reyentes.»

Flora

(~Los abre mucho.~) Como por ejemplo...

Gonz.

    «Las orejas pequeñas, delgadas. Para al mientes.
    Si ha el cuello alto, que a tal quieren las gentes.
    La nariz afilada...»

Flora

Bueno, eso...

Gonz.

    «Los dientes menudillos,
    los labios de la boca bermejos, angostillos.
    La su faz sea blanca, sin pelos, clara e lisa.
    Puña de haber mujer que la veas deprisa,
    que la talla del cuerpo te dirá esto a guisa
    e complida de hombros e con seno de peña,
    ancheta de caderas; esta es talla de dueña.»

(~Flora ha ido siguiendo el relato con gestos y actitudes que
demuestran su identidad con los versos.~)

Flora

El señor arcipreste parece que me conocía de toda la vida.

Gonz.

¿Qué tal, qué tal el retratito?

Num.

Un verdadero calco.

Gonz.

(~A Flora.~) Y respecto a ti, vamos, que tampoco te llevas costal de
paja.

Num.

Hombre, tanto como costal...

Flora

(~Riendo coquetonamente.~) ¡Y aunque fuera costal, cargaría con él!

Gonz.

(~Riendo.~) ¿Oyóla usted, afortunado Galán?...

Num.

Oíla, oíla...

Gonz.

Bueno; y ahora, como recuerdo de esta noche memorable, voy a hacerle
a usted un regalito.

Num.

¡No, eso sí que no; regalitos de ninguna manera, don Gonzalo, por lo
que más quiera usted en el mundo!

Gonz.

No, si no nos causa extorsión... Es un retablo gótico, estofado,
siglo XVII, con un tríptico atribuído a Valdés Leal, nueve metros de
altura por seis de ancho; una verdadera joya. Mande usted restaurar
el estofado que es lo que está peor...

Num.

Claro, figúrese usted, un estofado de tantos siglos...

Gonz.

Y por tres mil pesetas...

Num.

Sí, bueno, pero tres mil pesetas por un estofado, comprenderá
usted... Además, que es cosa a la que no he tenido nunca gran
afición...

Gonz.

Entonces nada digo... Y ea, amigo Galán, adelántesenos usted;
evitemos la maledicencia, que no nos vean llegar juntos. Les separo a
ustedes, pero sólo unos minutos. No me guarde usted rencor.

Num.

No, no, quiá... ¡Cómo rencor!... ¡por Dios!... Aprovecharé para ir a
la sala de billar.

Flora

Bueno; pero no tardes, ¿eh?

Num.

Descuida.

Flora

¡Como tardes, te escribo!

Num.

No, no, por Dios... Seguiréte raudo... ¡Adiós! ¡Maldita sea! ¡No sé a
qué sabrá el ácido prúsico, pero esto es cincuenta veces peor! (~Vase
izquierda.~)


ESCENA VII

FLORA y DON GONZALO

Gonz.

Habrás comprendido que, aun a trueque de enojarte, he alejado a Galán
intencionadamente.

Flora

Figurémelo.

Gonz.

¿Te ha dicho al fin por qué le dió las dos punteras a Picavea?

Flora

¡Ay!, ni me he acordado de preguntárselo, ¿querrás creerlo?

Gonz.

¡Pero, mujer!...

Flora

¡No te extrañe, Gonzalo; el amor es tan egoísta!... Pero, ah, yo lo
sospecho todo.

Gonz.

¿Qué sospechas?

Flora

Que Picavea y Galán se han ido a las manos; mejor dicho, se han ido a
los pies por causa mía.

Gonz.

¿Será posible?

Flora

Como sabes que los dos me hacían el amor desde los balcones del
Casino y he preferido a Galán, observo que Picavea está así como
celoso, como sombrío, como despechado. No se aparta de Tito Guiloya.
Los dos miran a Numeriano y se ríen. Y además, hace unos minutos he
visto a Picavea en un rincón del jardín hablando misteriosamente con
Solita.

Gonz.

¿Con tu doncella?

Flora

Con mi doncella. ¿Tratará de comprarla?

Gonz.

¿De comprarla qué?

Flora

De ganar su voluntad para que le ayude, quiero decir... Lo sospecho;
porque al pasar por entre los evónivus, sin que me vieran, le oí
decir a ella: «¡Pero por qué ha hecho usted eso, señorito; qué
locura!» Y él la contestaba: «¡Por derrotar a Galán, haré hasta lo
imposible; llegaré hasta la infamia, no lo dudes!»

Gonz.

¡Oh, qué iniquidad! ¿Pero has oído bien, Florita?

Flora

Relatélo según oílo, Gonzalo. Ni palabra más ni palabra menos. Yo
estoy aterrada, porque en el fondo de todo esto veo palpitar un drama
pasional.

Gonz.

Verdaderamente hemos debido alejar de nuestra casa a Picavea con
cualquier pretexto.

Flora

Al menos no haberle invitado.

Gonz.

Sí, pero a mí me parecía incorrecto sin motivo alguno hacer una
excepción en contra suya.

Flora

Sí, es verdad, pero, ¡ay, Gonzalo! No sé qué me temo. ¿Tramará algo
en la sombra ese hombre?

Gonz.

No temas; descuida. Por todo cuanto has dicho, yo también sospecho
que algo trama. Pero estaré vigilante y a la primera incorrección,
¡ay de él!

Flora

¡Por Dios, Gonzalo, efusión de sangre, no!

Gonz.

Descuida. Sé lo que me cumple. No le perderé de vista. (~Vase
izquierda.~)


ESCENA VIII

DON MARCELINO, NUMERIANO, TITO, TORRIJA, PICAVEA y MANCHÓN, por el
foro izquierda

Marc.

Oye, pero venid, venid en silencio... Venid acá... ¿pero es posible
lo que decís?

Tito

Lo que oye usted, don Marcelino.

Pic.

¡Albricias! ¡Albricias, Galán! ¡Estás salvado!

Num.

Yo no lo creo, no me fío.

Tor.

Que sí, hombre, que se le ha ocurrido a este una solución
ingeniosísima, formidable. ¡No puedes imaginártela!

Pic.

Prodigiosa, estupenda... Ya lo verás...

Man.

Y que lo acaba todo felizmente, sin que nadie sospeche que esto ha
sido una broma.

Num.

(~A don Marcelino.~) ¿Será posible?

Marc.

Veamos de qué se trata.

Tito

Te advierto que es una cosa que requiere algún valor.

Num.

Sacadme de este conflicto en que me habéis metido, y Napoleón a mi
lado es una señorita de compañía.

Marc.

Bueno; decid, decid pronto... ¿Qué es?

Pic.

Cuéntalo tú. Verán ustedes qué colosal.

Tito

Acercaos, no nos oigan. Es una cosa que tiene su asunto.

Num.

¿Asunto? (~Se agrupan con interés.~)

Tito

Se trata de representar un drama romántico. Decoración: este jardín;
la noche, la luna... Argumento: Con cualquier motivo se procura que
la señorita de Trevelez venga hacia aquí. Tras ella aparece Picavea...

Pic.

Aparezco yo...

Tito

Siguiendo solapado y cauteloso sus pasos leves.

Num.

Leves para vosotros, para mí de pronóstico. Adelante.

Tito

Picavea, apelando a un recurso cualquiera, denota su presencia. Ella,
sorprendida al verle, dirá: «¡Ah! ¡Oh!», en fin, la exclamación que
sea de su agrado, y entonces éste, con frase primero emocionada,
luego vibrante y al fin trágica, le da a entender en una forma
discreta, que hace tiempo que la ama de un modo ígneo. Como Florita
le ha visto muchas veces en los balcones del Casino atisbando sus
ventanas, caerá fácilmente en el engaño, como cayó contigo. Y una
vez conseguido esto, Picavea se manifiesta francamente rival tuyo.
Le dice que te confió el secreto de su amor y que tú te anticipaste,
traicionándole, y a partir de esta acusación, te insulta, te injuria,
te calumnia... En esto, surges tú de la enramada, como aparición
trágica, lívido, descompuesto, con los ojos centelleantes, las manos
crispadas, y te increpa, le vituperas, le agredes... Suena un ¡ay!...
dos gritos, y éste te da a ti cuatro bofetadas...

Num.

¿Cuatro bofetadas a mí? Encima de...

Tito

Son indispensables.

Marc.

¿Pero no se podría hacer un reparto más proporcional?

Tito

No, porque las bofetadas han de dar lugar a un duelo, y el duelo es
precisamente la clave de mi solución.

Num.

¿De modo que tras lo uno... lo otro?... (~Acción de pegar.~)

Marc.

Cállate... Sigue.

Tito

Galán, ofendido por la calumnia y por los golpes, le envía a este los
padrinos; pero Picavea se niega en absoluto a batirse, alegando que
éste, encima de robarle el amor de Florita, le quiere quitar la vida,
y que él rendirá la vida a manos de Galán, pero el amor de Florita,
no. Y en consecuencia, que impone como condición precisa para batirse
que los dos han de renunciar a ella, sea cual fuere el resultado del
lance.

Man.

¡Admirable!

Num.

¡Lo de renunciar yo, colosal!

Tito

Tú en seguida la escribes a tu prometida una carta heróica, diciendo
que por no aparecer como un cobarde sacrificas tu inmenso amor, y al
día siguiente se simula el duelo, y tú, fingiéndote herido, te estás
en cama ocho días con una pierna vendada.

Num.

No, las piernas déjamelas libres por lo que pueda suceder.

Marc.

Sí, no metas las piernas en el argumento.

Tito

Las amigas consolarán a Florita, nosotros convenceremos a don Gonzalo
para que vuelva a dedicarse a la aerostación y se distraiga, y _tuti
contenti_. ¿Eh, qué tal?

Man.

¡Estupendo!

Num.

¿Qué le parece a usted, don Marcelino?

Marc.

Mal, hijo; ¿cómo quieres que me parezca?... Ahora, que como yo no veo
solución ninguna, lo que me importa es que termine pronto el engaño
de estas pobres personas, sea como sea. Haced lo que queráis. (~Vase
izquierda.~)

Num.

Entonces, yo debo limitarme a salir cuando éste...

Man.

Tú vienes con nosotros, que ya te diremos.

Tito

¡Callad, Florita, Florita viene hacia aquí... y viene sola!...

Pic.

Como anillo al dedo. Pues no perdamos la ocasión. Cuanto antes mejor.
¿No os parece? Dejadme solo. Marchaos pronto.

Tor.

¡Que te portes como quien eres!

Pic.

Zacconi me envidiaría. ¡Ya me conoceis cuando me pongo lánguido y
persuasivo!

Num.

¡Oye, y a ver cómo me das esas dos bofetadas que no me molesten mucho!

Pic.

¡Cuatro, cuatro!...

Tito

Por aquí... silencio. (~Vanse foro derecha. Picavea se oculta en el
follaje.~)


ESCENA IX

PICAVEA y FLORITA, primera izquierda

Flora

(~Como buscándole.~) ¡Nume!... ¡Nume!... ¡No está! (~Llama otra
vez.~) ¡Nume!... ¿Pero qué ha sido de ese hombre, si dijo que vendría
en seguida?... ¿Estará acaso?... ¡Dios mío, cuando se ama ya no se
vive! (~Llama de nuevo.~) ¡Nume!...

Pic.

(~Apareciendo.~) ¡Florita!

Flora

¡Ah!... ¿quién es?

Pic.

Soy yo.

Flora

(¡¡Él!!) ¡Picavea!... ¿usted?

Pic.

Soy yo que venía siguiéndola.

Flora

¿Siguiéndome?... ¡Qué extraño!... Pues... es la primera vez que no
noto que me siguen...

Pic.

Es que he procurado recatarme todo lo posible.

Flora

¿Recatarse, por qué?

Pic.

Porque deseaba ardientemente una ocasión para poder hablar a solas
con usted.

Flora

¿A solas conmigo?... (~Aparte.~) (¡Ay, lo que yo temíame!) ¿Y dice
usted que a solas?...

Pic.

A solas, sí.

Flora

(~Con gran dignidad.~) Señor Picavea, usted no ignora que en mis
actuales circunstancias yo no puedo hablar a solas con un hombre, sin
infringirle un agravio a otro. Ya no dispongo de mi libre albedrío.
Beso a usted la mano, como suele decirse. (~Hace una reverencia y se
dispone a marchar.~)

Pic.

(~La coge la mano para retenerla.~) ¡Por Dios, Florita, un
instante!...

Flora

He dicho que beso a usted la mano, conque suélteme usted la mano.

Pic.

Yo la ruego que me escuche una palabra, una sola palabra.

Flora

Si no es más que una, oiréla por cortesía. Hable.

Pic.

Florita, yo no ignoro su situación de usted, desgraciadamente.

Flora

¿Cómo desgraciadamente?

Pic.

Desgraciadamente, sí... no quito una letra. Y comprenderá usted que
cuando ni el respeto a las circunstancias en que usted se halla ni el
temor a ninguna otra clase de incidentes me detiene, muy grave y muy
hondo debe ser lo que pretendo decirla.

Flora

(~Aparte.~) (¡Dios mío!) ¡Pero, Picavea!...

Pic.

¡Más bajo... pueden oírnos!

Flora

¡Ay, pero por Dios, Picavea!...

Pic.

¡Más bajo... pueden oírnos!

Flora

¡Ay, pero por Dios, Picavea!... Ese tono, esa emoción... Está usted
pálido, tembloroso... Me asusta usted. ¿De qué se trata? Hable usted
pronto... hable usted deprisa.

Pic.

¿Deprisa?

Flora

Deprisa, sí; me desagradaría que nos sorprendieran. Nume es muy
celoso. Hable.

Pic.

Florita, ¿usted no ha observado nunca que yo, día tras día, me
he estado asomando al gabinete de lectura del Casino, para mirar
melancólicamente a sus ventanas?

Flora

¡Oh, Picavea!

Pic.

Conteste usted... diga usted.

Flora

Pues bien, sí, la verdad, lo he notado. Muchas veces le he visto a
usted con una _Ilustración_ muy deteriorada en la mano, hojeando las
viñetas y soslayando de vez en vez la mirada hacia mi casa; pero yo
atribuílo a mera curiosidad.

Pic.

¿De modo que no ha caído usted en el verdadero motivo?

Flora

No; yo me asomaba a la ventana, pero no caía.

Pic.

Pues ha debido usted caer.

Flora

¡Picavea!

Pic.

Ha debido usted caer. El poema de las miradas saben leerlo todas las
mujeres.

Flora

¡Oh, Dios mío!... ¿De modo, Picavea, que usted también?...

Pic.

¡Sí, Florita, sí... yo también la amo!

Flora

(¡Dios mío! ¿pero qué tendré yo de un mes a esta parte que cada
hombre que miro es un torrezno?)

Pic.

(~Cogiéndola de la mano.~) Y si usted quisiera, Florita, si usted
quisiera, todavía...

Flora

(~Tratando de desasirse.~) ¡Ay, no!, por Dios, Picavea, suélteme
usted; suélteme usted, por compasión, que no me pertenezco.

Pic.

¿Y qué me importa?

Flora

Suélteme usted, por Dios... Repare usted que aún no estoy casada.

Pic.

Sí, es verdad. No sé lo que hago. Usted perdone.

Flora

(¡Pobrecillo!) (~Alto.~) ¡Pero oiga usted, Picavea, por Dios!...
¿Usted por qué ha de amarme?... No tiene usted motivos...

Pic.

¡El amor no se escoge ni se calcula, Florita!

Flora

Olvídeme usted.

Pic.

No es posible.

Flora

Acepte usted una amistad cordial. No puedo ofrecerle más. Déjeme
usted ser dichosa con Galán; le quiero. Es mi primer amor, mi único
amor, y por nada del mundo dejaríale.

Pic.

(Esta señora es un Vesubio ambulante. Tengo que apretar.) (~Alto.~)
¿De modo, Florita, que no aborrecería usted a ese hombre de ninguna
manera?

Flora

Ni aunque me dijesen que era Pasos Largos, ya ve usted.

Pic.

¿Y si fuera tan miserable que hubiese jugado con su amor de usted?...

Flora

¡Oh, eso no es posible!... (~Sonriendo.~) ¡Pero si no vive más que
para mí!... ¡Si no ve más que por mis ojos!... ¿Lo sabré yo?

Pic.

Bueno, pero si a pesar de todo a usted le probaran que ese hombre
había jugado vilmente con su corazón, ¿qué haría?

Flora

¡Oh, entonces mataríale, mataríale, sí, lo juro!

Pic.

Pues bien, Florita, lo que va usted a oir es muy cruel, pero hace
falta que yo lo diga y que usted lo sepa. Galán no es digno del amor
de usted.

Flora

(~Aterrada.~) ¡Picavea!

Pic.

¡Galán es un miserable!

Flora

¡Jesús! ¿Pero qué está usted diciendo? ¡Miente usted! ¡El despecho,
la envidia, los celos, le hacen hablar así!...

Pic.

¡No, no; es un bandido, porque yo le confié el amor que usted me
inspiraba y se me adelantó como un miserable!

Flora

¡Pero eso no puede ser! ¡Sería horrible!

Pic.

Además, ese hombre es un criminal que no merece su cariño, porque
sépalo de una vez... ¡Ese hombre tiene cuatro hijos con otra mujer!

Flora

(~Aterrada, enloquecida.~) ¡¡Ah!!... ¡¡Oh!!... ¡Cuatro hijos!...
¡Falso, eso es falso! ¡Pruebas, pruebas!

Pic.

Sí, lo probaré. Traeré los cuatro hijos si hace falta. Esa mujer se
llama Segunda Martínez.

Flora

¡¡Oh, cuatro hijos de Segunda!!

Pic.

Vive en Madrid, Jacometrezo, 92. Galán es un canalla. Yo lo sostengo.
(~Picavea hace señas con la mano para que salga Galán.~)


ESCENA X

DICHOS, DON GONZALO. Después GALÁN, TORRIJA, GUILOYA y MANCHÓN. Luego
DON MARCELINO.

  ~Don Gonzalo sale cautelosamente y cae de un modo fiero y terrible
  sobre Picavea, cogiéndole por el pescuezo.~

Gonz.

¡Ah, granuja! ¡Te has vendido!

Pic.

(~Trémulo de horror.~) ¡¡Don Gonzalo!!

Flora

¡Por Dios, Gonzalo! ¡No le mates!

Gonz.

Lo que sospechábamos... ¿Lo ves? ¿Lo estás viendo?

Pic.

Pero don Gonzalo, por Dios, que yo...

Gonz.

¡Silencio o te ahogo, miserable!

Flora

¡Ay, Gonzalo, cálmate!

Gonz.

¡Quieres con tus calumnias destrozar la felicidad de dos almas, pero
no te vale, reptil! Te hemos descubierto el juego.

Pic.

¡Don Gonzalo, que yo no he dicho... que no era eso!... ¡Ay, que me
ahoga!

Gonz.

¡Baja la voz, canalla, y escúchame! No mereces honores de caballero,
pero yo no puedo prescindir de mi noble condición. Mañana te mataré
en duelo.

Flora

¡Ay, no, Gonzalo!

Pic.

No, don Gonzalo, eso sí que no... en duelo no, que yo soy inocente.

Gonz.

Te mataré como un perro; y ahora a la calle, en silencio, sin
escándalo, sin ruido... que no se entere nadie... (~Se lo lleva hacia
la izquierda.~)

Pic.

¡Pero don Gonzalo!

Gonz.

(~Dándole un puntapié.~) ¡Largo de aquí, calumniador!...

Pic.

¡Pero atiéndame usted!

Gonz.

¡A la calle!... Ni una palabra más.

(~Picavea vase despavorido primera izquierda.~)

Num.

(~Saliendo aterrado.~) Pero don Gonzalo, ¿qué es esto? ¿Qué pasa?
(~Le siguen Torrija, Guiloya y Manchón.~) ¡Está usted lívido!

Flora

¡Ay, Nume, Nume!... (~Se acerca a él.~)

Marc.

(~Saliendo.~) ¿Qué sucede? ¿Qué ha ocurrido?

Gonz.

Nada, nada, que voy a matar a un calumniador, nada más. Ya lo
explicaré todo. Ahora basta que diga delante de todos que mi hermana
es para usted. Esto nadie tendrá poder para impedirlo. Y ahora, como
desagravio, un abrazo, Galán, un fuerte y fraternal abrazo.

Num.

¡Don Gonzalo!... (~Cae desfallecido en sus brazos.~)

Gonz.

(~Mirándole.~) ¿Pero qué es esto? ¡Esa inercia!... ¡Esa palidez!...
(~Sacudiéndole.~) ¡Galán!... ¡Galán!... ¡Se ha desvanecido!

Flora

Nume, Nume... ¡Ay, que no me oye!... (~Sacudiéndole.~) Nume,
escucha... Nume, mira...

Gonz.

¿Pero qué será esto?

Marc.

La emoción, la sorpresa, el disgusto quizá... Hacedle aire...

Flora

¡Llevémosle a la cama!...

Num.

(~Recobrándose súbitamente.~) No. Nada, nada... ya se me pasa; no es
nada. El sombrero, el bastón... Esto se me pasa a mí corriendo...
vamos, a escape, quiero decir... El sombrero, el bastón.

Gonz.

De ninguna manera. Usted no sale de esta casa. Va usted a tomar
un poco de éter. A mi cuarto, a mi cuarto. Y por Dios, señores...
Confío en su discreción. Ni una palabra de todo esto... Silencio,
silencio... (~Don Gonzalo y Florita se llevan a Galán por la
izquierda.~)

Marc.

(~A los guasones que quedan aterrados.~) ¡Picavea ha subido al cielo!

(~Telón.~)


FIN DEL ACTO SEGUNDO



[Ilustración]

ACTO TERCERO

  ~Cuarto gimnasio en casa de don Gonzalo. Puertas practicables en
  primer término izquierda y segundo derecha. Un balcón grande
  al foro. Por la escena aparatos de gimnasia: escaleras, pesas,
  poleas, en la pared panoplias con armas y caretas de esgrima,
  y por el suelo una tira de linoleum y una colchoneta. Cerca
  del foro un «funchimbool» prendido del techo y del suelo. A
  la izquierda una mesita con una botella de agua y dos vasos.
  En primer término izquierda mesa, y encima algunos libros,
  periódicos, escribanía, carpeta, papel, caja con cigarros, etc.,
  etc. En segundo término izquierda un bargueño, y en uno de sus
  cajones un revólver. Junto a las paredes, divanes; en la pared
  del primer término derecha una percha con dos toallas grandes.
  Sillas y sillón de cuero. Es de día. En el balcón, una gran
  cortina.~


ESCENA PRIMERA

DON GONZALO y DON ARÍSTIDES

  ~Aparecen los dos en traje de esgrima con las caretas de sable
  puestas. Don Arístides da a don Gonzalo una lección de duelo.~

Arís.

Marchar, marchar.—Encima.—En guardia. (~Don Gonzalo va
ejecutando todos estos movimientos de esgrima que el profesor
le manda.~) Marchar.—Batir bajo.—Otra vez.—Uno, dos.—Una, dos,
tres.—Marchar.—Finta de estocada y encima.—En guardia.—Romper.—Romper.
(~La segunda vez que don Gonzalo retrocede obedeciendo la voz de
mando del profesor, tropieza con la mesita que habrá al foro y
derriba los cacharros que habrá en ella.~) Pero no tanto.

Gonz.

¡Demonio, qué contrariedad! En fin, adelante.

Arís.

Marchar cambiando. Estocada. Encima. Otra vez pare y conteste. Otra
vez. Batir. Revés. Pequeño descanso. (~Se quita la careta.~)

Gonz.

(~Quitándosela también.~) ¿Y cómo me encuentra usted, amigo Arístides?

Arís.

¿A qué hora es el duelo?

Gonz.

A las seis de la tarde.

Arís.

Se merienda usted al adversario. Seguro.

Gonz.

¿Estoy fuerte?

Arís.

Superabundantemente fuerte. Pétreo.

Gonz.

Picavea creo que no tira.

Arís.

Ni enganchado. Si se pueden emplear en estos lances los términos
taurinos, diré a usted que en la corridita de esta tarde, más bien
becerrada—por lo que al adversario se refiere,—se viene usted a su
casa con una ovación y una oreja... más las dos suyas, naturalmente.

Gonz.

Pues a mí me habían dicho que Picavea, en cuestión de sable, era un
practicón.

Arís.

Cuando estaba sin destino, sí, señor. Pero ahora... ¿lo sabré yo, que
he sido su maestro?...

Gonz.

En fin, ¿reanudamos?

Arís.

Vamos allá. (~Requieren las armas y vuelven a la lección.~) Finta de
estocada marchando.—Encima.—Romper.—Uno, dos.—Marchar.—Dos llamadas.

Gonz.

Con permiso. Un momento. Voy a llamar al criado que se lleve estos
cacharros. (~Hace que toca un timbre.~)

Arís.

En guardia.—Uno, dos.—Marchar.—Revés.—Romper.—Encima, pare y
conteste.—Marchar.—Batir.—Salto atrás.

Criado

¡Señor!

(~No le hacen caso.~)

Arís.

Marchar.—A ver cómo se para, vivo...

(~Comienza un asalto movidísimo. Las armas chocan con violencia.~)

Criado

(~Vuelve a acercarse temeroso.~) Señor... (~Siguen el asalto,
avanzando y retrocediendo, sin hacerle caso, y el Criado, viéndose en
peligro, se pone una careta de esgrima y se acerca decididamente.~)
Señor...

Gonz.

¿Qué quieres, hombre?

Criado

No, yo es que como me ha llamado el señor...

Gonz.

Sí, hombre, que recojas esos cacharros.

Criado

Está bien, señor. (~Los recoge sin quitarse la careta y luego se
marcha huyendo de los golpes de sable que continúan.~)

Arís.

Tajo.—Uno, dos.—Salto atrás.—Marchar.—Uno, dos, tres.—Salto
atrás.—Marchar.—Estocada.—Bravo. (~Quitándose la careta.~) Con esto
y los padrinitos que tiene usted, no hace falta más, porque creo que
sus padrinos ¿son Lacasa y Peña?

Gonz.

Lacasa y Peña.

Arís.

Entonces las condiciones serán durísimas, estoy seguro.

Gonz.

Imagínese usted.

Arís.

Para intervenir esos, el duelo tiene que ser a muerte. No rebajan ni
tanto así. Los conozco.

Gonz.

Además, las instrucciones que yo les he dado son severísimas: nada de
transigencias, nada de blanduras.

Arís.

Pues no doy veinticinco centavos por la epidermis de Picavea.

(~Se cambian las chaquetas de esgrima, don Arístides por su americana
y don Gonzalo por una chaqueta elegante de caza.~)

Gonz.

¡Oh, ese canalla!... ¿No sabe usted lo que hizo anoche en el Casino a
última hora?

Arís.

Sabe Dios.

Gonz.

Abofeteó e injurió a Galán horriblemente.

Arís.

¡Qué bárbaro!

Gonz.

En tales términos, que Galán me ha escrito agradeciendo la defensa
que hice de su honor pero recabando el derecho de batirse con Picavea
antes que yo.

Arís.

No lo consienta usted de ninguna manera.

Gonz.

Ni soñarlo. Picavea ofendió en mi propia casa a mi hermana,
proponiéndola una indignidad, valido de una calumnia. Yo soy, pues,
el primer ofendido.

Arís.

Sin duda ninguna.

Gonz.

Lacasa y Peña harán valer mis derechos.

Arís.

¡Buenos son ellos!

Gonz.

Y además, cuando Galán le envió los padrinos, ¿sabe usted la
condición que imponía Picavea para batirse?... ¡Pues que fuese cual
fuese el resultado del lance, los dos habían de renunciar a mi
hermana, so pretexto de no sé qué lirismos ridículos!...

Arís.

¡Es un hombre perverso!

Gonz.

Ni más ni menos. Pero figúrese el disgusto de la pobre Flora cuando
supo por Marcelino que Galán quizás tuviese que aceptar la tremenda
condición para que no pueda atribuirse su negativa a cobardía... ¡Un
disgusto de muerte! En vano trato de tranquilizarla. No descansa, no
duerme, no vive. ¡Cuando más feliz se creía!... ¡y todo por culpa de
ese miserable! ¡Ah, no tengo valor para hacer daño a nadie, pero la
vida le hace a uno cruel, y como pueda mato a Picavea! Se lo juro a
usted.

Arís.

Lo merece, lo merece... Pues, nada, don Gonzalo, hágame usted piernas
y hasta luego. (~Poniéndose el sombrero.~) Voy a ver a Valladares,
que está muy grave.

Gonz.

¡Ah, Valladares, sí; ya me han dicho... que se concertó el duelo en
condiciones terribles!

Arís.

A espada francesa. Con todas las agravantes.

Gonz.

¿Y Valladares está en cama?

Arís.

Si se va o no se va. Y el adversario también.

Gonz.

¿También? ¿Y qué es lo que tienen?

Arís.

Gastritis tóxica por indigestión.

Gonz.

¡Ah!, ¿pero no es herida?

Arís.

No, no es herida, porque desoyendo mis consejos, en lugar de batirse,
se fueron a almorzar al Hotel Patrocinio, y claro, les pusieron
unos calamares en tinta que están los dos si se las lían. ¡Mucha
más cuenta les hubiese tenido celebrar un duelo a muerte, como yo
les propuse! A estas horas, los dos en la calle. ¡Pero calamares!
¡Quién calcula las consecuencias!... Son unos temerarios. ¡Le digo a
usted!...

Gonz.

¡Ya, ya!... ¡qué gentes!

Arís.

Conque hasta luego; hágame piernas y no me olvide esa finta de
estocada marchando, ¿eh?... Un, dos... a fondo. Rápido, ¿eh?...
(~Vase derecha.~)

Gonz.

Sí, sí; descuide, descuide... (~Vuelve y toca el timbre.~) Voy a ver
cómo sigue esa criatura. Cree que le ocultamos la verdad; que Galán
es quien va a batirse y está que no vive. ¡Pobre Florita!... ¡Calle!
¡Ella viene hacia aquí!


ESCENA II

DON GONZALO y FLORA

Flora

(~Por la izquierda, con una bata y el pelo medio suelto.~) La
felicidad es un pájaro azul, que se posa en un minuto de nuestra
vida y que cuando levanta el vuelo, ¡Dios sabe en qué otro minuto se
volverá a posar!

Gonz.

¡Florita!

Flora

¡Ay, Gonzalo de mi alma!... (~Llora amargamente abrazada a su
hermano.~)

Gonz.

¡Por Dios, Flora; no llores, que me partes el corazón!

Flora

El hado fatal cebose en mí... Clavome su garra siniestra.

Gonz.

¡Por Dios, Florita; si no hay motivo! No desesperes.

Flora

¿Que no hay motivo? ¿Que no desespere?... ¿Pero no te has enterado de
lo que proyectan?

Gonz.

Me he enterado de todo.

Flora

Picavea ha impuesto la condición de que los dos han de renunciar
a mí, sea cual fuere el resultado del lance, y claro, Galán se
considera en la necesidad de aceptar para que no le crean un
cobarde... ¡Y me dejarán los dos!... Y esto es demasiado, porque
quedarme sin el que sucumba, bueno; pero sin el superviviente, ¿por
qué, Dios mío, por qué?

Gonz.

No llores, Florita; no llores; estate tranquila, ya te he dicho que
no se baten; yo sabré evitarlo.

Flora

¡Qué espantosa tragedia! Toda mi juventud suspirando por un hombre, y
de pronto me surgen dos; venme, inflámanse, insúltanse, péganse y de
repente se me esfuman. ¡Esto es espantoso!... ¡horrible! ¿Qué tendré
yo, Gonzalo, qué tendré que no puedo ser dichosa?

Gonz.

Cálmate, Florita, que yo te juro que lo serás. Cálmate.

Flora

Si no puedo calmarme, Gonzalo, no puedo... porque encima de esta
amargura, Maruja Peláez me ha hecho un chiste, ¡un chiste!... en
esta situación... ¡miserable!... Dice que mi boda era imposible
porque hubiera sido una boda de un Galán con una característica...
¡Figúrate!... (~Llora amargamente.~) ¡Yo característica!...

Gonz.

¡Infame!... ¡Escándalos, ultrajes, burlas... y todo sobre esta
criatura infeliz! ¡No, no, Florita!... No llores, seca tus ojos.
¡Ni una lágrima más! ¡Bandidos!... No, yo te juro que te casas con
Galán, te casas con Galán aunque se hunda el mundo, porque el que
mata a Picavea soy yo... ¡yo!...

Flora

¡No, eso no, Gonzalo; eso tampoco! ¡A costa de tu vida cómo iba yo a
ser dichosa!... No, déjalo; he tenido la desgracia de enloquecer a
dos hombres... ¡lo sufriré yo sola!... Entraré en un convento...

Gonz.

¿Tú en un convento?

Flora

Sí, en un convento; profesaré en las Capuchinas... seré Capuchina...
Ya he escogido hasta el nombre. Sor María de la Luz, creo que para
una Capuchina...

Gonz.

¡Pero qué locuras estás diciendo!... Crees que lejos de ti podría yo
vivir tranquilo... Calla, Florita, calla; ¡no me partas el alma!


ESCENA III

DICHOS, EL CRIADO y luego PEÑA y LACASA

Criado

(~Por la derecha.~) Señor...

Gonz.

¿Quién?

Criado

Los señores Peña y Lacasa.

Flora

¡Peña y Lacasa!... ¿Qué quieren? ¿Qué buscan aquí esos hombres
siniestros?

Gonz.

Nada, nada... Déjame unos instantes. Luego hablaremos. Ten calma.
Todo se resolverá felizmente. ¡Te lo aseguro!...

Flora

¡Ah, no, no!... La felicidad es un pájaro azul que se posa en un
minuto de nuestra vida, pero levanta el vuelo...

Criado

¿Qué?...

Flora

No te digo a ti... ¿eres tú pájaro acaso? ¿O azul, por una
casualidad?...

Criado

Es que creí...

Flora

¡Estúpido!

Gonz.

Que pasen esos señores.

Flora

Pero levanta el vuelo y Dios sabe en qué otro minuto se volverá a
posar. ¡Ah!... (~Vase por la izquierda.~)

Criado

(~Asomándose a la puerta derecha.~) ¡Señores!... (~Les deja pasar y
se retira.~)

Peña

¡Gonzalo!...

Lac.

¡Querido Gonzalo!

Gonz.

Pasad, pasad y hablemos en voz baja. ¿Qué tal?

Lac.

¡Horrible!

Peña

¡Espantoso!

Lac.

¡Trágico!

Peña

¡Funesto!

Gonz.

¿Pero qué sucede?

Peña

¡Un duelo tan bien concebido!...

Lac.

¡Una verdadera obra de arte!

Peña

Tres disparos simultáneos apuntando seis segundos.

Lac.

Y cada disparo avanzando cinco pasos.

Peña

Y en el supuesto desgraciado de que los dos saliesen ilesos,
continuar a sable.

Lac.

Filo, contrafilo y punta; a todo juego, asaltos de seis minutos...
uno de descanso, permitida la estocada...

Peña

¡En fin, que no había escape! Un duelo como para servir a un amigo.

Lac.

¡Oh, qué ira! ¡La primera vez que me sucede!

Peña

¡Y a mí!

Gonz.

¡Bueno, estoy que no respiro!... ¿Queréis decirme al fin qué pasa?

Peña

¡Una desdicha! Que el duelo no puede verificarse.

Lac.

Todo se nos ha venido a tierra.

Gonz.

¿Pues?

Peña

Que no encontramos a Picavea ni vivo ni muerto.

Gonz.

¿Cómo que no?

Lac.

Ni ofreciendo hallazgo. Unos dicen que después de la cuestión le
vieron salir de tu casa y desaparecer por la boca de una alcantarilla.

Peña

Otros aseguran que no fué por la boca, sino que desde que supo que
tenía que batirse contigo, marchó a su casa por un retrato, tomó un
kilométrico de doce mil kilómetros y se metió en el rápido.

Lac.

Corren distintas versiones.

Peña

Pero Picavea, por lo visto, ha corrido mucho más que las versiones,
porque no damos con él por parte alguna; ¡ni con el rastro siquiera!

Lac.

¡Qué fatalidad!

Gonz.

¿Habéis ido a su casa?

Peña

Lo primero que hicimos. Y dice la patrona que la misma noche de la
cuestión llegó lívido, sin apetito y que a instancias suyas lo único
que pudo hacerle tomar fueron unas patas de liebre, unas alas de
pollo y un poco de gaseosa... cosas ligeras como ves, fugitivas...

Lac.

Y tan fugitivas.

Peña

Como que después de lo de las patas y las alas desapareció con un
aviador; sospechan si para emprender el raid Madrid-San Petersburgo.

Gonz.

¡Miserable! Pone tierra por medio.

Lac.

Aire, aire.

Peña

Otros compañeros de hospedaje relatan que le oyeron preguntar qué
punto de Oceanía es el más distante de la Península.

Gonz.

¡Cobarde!... ¡Ha huído!

Peña

¡Los datos son para sospecharlo!

Gonz.

¡Oh!, ¿veis?... Eso prueba que lo de Galán fué una calumnia...
¡Una repugnante calumnia! ¡Oh, qué alegría, qué alegría va a tener
mi hermana!.... ¡Pobre Galán!... Yo que hasta había llegado a
sospechar... ¡Le haré un regalo!

Lac.

¡Gonzalo, ese granuja nos ha privado de complacerte!

Peña

Gonzalo, no hemos podido servirte; pero si a consecuencia de este
asunto tuvieses que matar a otro amigo, acuérdate de nosotros.

Gonz.

Descuidad.

Lac.

Te serviremos con muchísimo placer. Ya nos conoces.

Peña

¡Lances de _menú_ o de papel secante, no!... Ni almuerzos ni actas.
¡Duelos serios, especialidad de Lacasa y mía!

Gonz.

Os estimo en lo que valéis. Gracias por todo. Adiós, Peña... Adiós,
Lacasa.

Lac.

¡A dos pasos de tus órdenes!

Peña

Disparado por servirte. (~Saludan. Vanse por la derecha.~)

Gonz.

Ha huído. Era un calumniador y un envidioso. Voy a contárselo todo
a Florita, se va a volver loca de alegría. ¡Oh! Ya no hay obstáculo
para su felicidad. Dentro de un mes la boda. No la retraso ni un
solo minuto. Y en cuanto a Galán, como compensación, le regalaré la
estatua de Saturno comiéndose a sus hijos que tengo en el jardín. Dos
metros de base por tres de altura. Está algo deteriorada, porque al
hijo que Saturno se está comiendo le falta una pierna... pero en fin,
así está más en carácter. (~Vase por la izquierda.~)


ESCENA IV

CRIADO, DON MARCELINO y NUMERIANO GALÁN, por la derecha

Criado

Pasen los señores. (~Les deja paso y se va.~)

Num.

¿Ha visto usted qué par de chacales esos que salían?

Marc.

Peña y Lacasa. Son los padrinos de Gonzalo. Iban furiosos y con un
juego de pistolas debajo del brazo.

Num.

A cualquier cosa le llaman juego.

Marc.

Bueno, Galancito, ¿y a qué me traes aquí, si puede saberse?

Num.

Pues a que me ayude usted a convencer a don Gonzalo para que me deje
batirme antes con Picavea. Si no, estamos perdidos.

Marc.

Me parece que no conseguimos nada. ¡Tú no sabes cómo está Gonzalo!

Num.

Entonces, ¿qué hacemos, don Marcelino, qué hacemos?

Marc.

A mi juicio, lo primero que hay que hacer es el borrador para la
esquela de Picavea; porque Picavea sube hoy al cielo. A patadas, pero
sube.

Num.

¡Ay, Dios mío!... ¿Y Florita estará?...

Marc.

Medrosa del todo. Desde que supone que Picavea y tú vais a batiros
por ella, se ha puesto mucho más romántica.

Num.

¡Qué horror!

Marc.

Se ha soltado el pelo o por lo menos el añadido, ha extraviado los
ojos en una forma que ni anunciándolos en los periódicos se los
encuentran y anda deshojando flores por el jardín y preguntándoles
unas cosas a las margaritas, que un día le van a contestar mal, lo
vas a ver.

Num.

¡Virgen Santa!

Marc.

Y se ha encerrado en este dilema pavoroso: «O Galán o Capuchina.»

Num.

(~Aterrado.~) ¿Y qué es eso?

Marc.

¡No sé, pero debe ser algo terrible!

Num.

¡Ay, qué miedo! ¡Por Dios, don Marcelino, ayúdeme usted a convencer
a don Gonzalo! ¡Sálveme usted! ¡Estoy desesperado! ¡Maldita sea!...
De algún tiempo a esta parte todo se vuelve contra mí, ¡todo!...
(~Furioso, da un puñetazo al funchimbool, y, naturalmente, la pelota
se vuelve contra él.~) ¡Caray!... ¡Hasta la pelota!...

Marc.

¡Calla, Gonzalo viene!

Num.

¡Elocuencia, Dios mío!


ESCENA V

DICHOS y DON GONZALO, por la izquierda

Gonz.

(~Tendiéndoles las manos.~) ¿Ustedes?

Marc.

Querido Gonzalo, vengo porque no puedes imaginar lo que está
sufriendo este hombre.

Gonz.

¿Pero por qué, amigo Galán, por qué?

Num.

¡Ah, don Gonzalo, una tortura horrible me destroza el alma!
Usted sabe como nadie, que el honor es mi único patrimonio; por
consecuencia, de rodillas suplico a usted me permita que sea yo el
que mate a ese granuja que aquella noche nefasta enlodó mi honradez
acrisolada...

Gonz.

Bueno, Galán, pero...

Num.

¡No olvide usted que el miserable dijo que yo tenía no sé qué de
Segunda, y yo no tengo nada de Segunda, don Gonzalo, se lo juro a
usted!...

Gonz.

No, hombre, si lo creo... Y por mí mátelo usted cuando quiera, amigo
Galán.

Num.

(~Abrazando a don Gonzalo.~) ¡Gracias, gracias! ¡Oh, qué alegría!
¡Ser yo el que le atraviese el corazón!

Gonz.

Lo malo es que no va usted a poder.

Marc.

(~Aterrado.~) ¿Le has matado tú ya?

Gonz.

No me ha sido posible.

Num.

¿Entonces, por qué no voy a ser yo el que le arranque la lengua?

Gonz.

Porque se la ha llevado con todo lo demás.

Num.

¿Cómo que se la ha llevado?

Marc.

¿Qué quieres decir?

Gonz.

(~Riendo francamente.~) Sí, hombre, sí. Sabedlo de una vez. ¡Picavea,
asustado de su crimen, ha huído!

Los dos

(~Con espanto.~) ¿Que ha huído?...

Gonz.

¡Ha huído!

Marc.

¡Pero no es posible!

Num.

¡Eso no puede ser, don Gonzalo!

Gonz.

Y en aeroplano, según me aseguran.

Marc.

¡Atiza!

Num.

¡Que ha huído!... ¡Dios mío, pero está usted oyendo qué canallada!

Marc.

¡Qué sinvergüenza!

Num.

¡Irse y dejarme de esta manera! ¡Es esto formalidad, don Marcelino!

Gonz.

¡Cálmese, amigo Galán!

Num.

¡Qué voy a calmarme, hombre!... ¡Esto no se hace con un amigo...
digo, con un enemigo!... (~A don Marcelino.~) ¡Irse en aeroplano!

Marc.

(~Aparte.~) (¡Y no invitarte!...) Ya, ya... ¡qué canalla!

Gonz.

Calme, calme su justa cólera, amigo Galán. Su honor queda inmaculado,
y puesto que la dicha renace para nosotros, no pensemos ya sino en la
felicidad de Florita y de usted; porque mi deseo es que se casen a
escape.

Num.

Hombre, don Gonzalo, yo a escape, la verdad...

Gonz.

No quiero que surjan otros incidentes. La vida está llena de
asechanzas. Acaba usted de verlo.

Marc.

Bueno, pero Galán lo que desea es un plazo para...

Gonz.

No le pongo un puñal al pecho, naturalmente; pero, vamos, ¿le
parecería a usted bien que para la boda fijáramos el día del Corpus?
Faltan dos meses.

Num.

Hombre, Corpus, Corpus... No tengo yo el Corpus por una fecha
propicia para nupcias... no me hace a mí...

Gonz.

¿Entonces, quiere usted que lo adelantemos para la Pascua?

Num.

¡Qué sé yo!

Gonz.

¿Tampoco le hace a usted la Pascua?

Num.

Como hacerme, sí me hace la Pascua, pero, vamos, es que yo... es que
yo, don Gonzalo, la verdad, quiero serle a usted franco, hablarle con
toda el alma.

Gonz.

Dígame, dígame, amigo Galán.

Num.

¿Dice usted que Picavea ha huído?

Gonz.

Ha huído. Indudable.

Num.

Pues bien, yo tengo que decirle a usted que hasta que ese hombre
parezca y yo le mate, yo no puedo casarme, don Gonzalo.

Gonz.

¡Por Dios, es un escrúpulo exagerado!

Num.

Hágase usted cargo, si yo no vuelvo por los fueros de mi honor, ¿qué
dignidad le llevo a mi esposa?

Marc.

Hombre, en eso el muchacho tiene algo de razón.

Num.

Ahora, eso sí, don Gonzalo, que parece Picavea, y al día siguiente la
boda.

Criado

(~Desde la puerta.~) El señor Picavea.

Gonz.

¿Qué?

Criado

Su tarjeta.

Gonz.

(~La toma y lee.~) ¡Picavea! (~Mostrándoles la tarjeta.~)

Los dos

¡¡Picavea!!

(~Galán cae aterrado sobre una silla.~)

Gonz.

Se conoce que han aterrizado. (~Al Criado.~) ¿Y este hombre?...

Criado

Aguarda en la antesala. Debe encontrarse algo enfermo. Está pálido,
tembloroso. Me ha pedido un vaso de agua con azahar. Por cierto
que al ir a traérsela he visto que escondía todos los bastones del
perchero.

Gonz.

¡Ah, canalla!

Criado

Dice que tiene algo extraordinario y urgente que decirle al señor, y
que le suplica de rodillas si es preciso, que le reciba...

Gonz.

Yo no sé hasta qué punto será correcto...

Criado

Dice que se acoge a la hidalguía del señor.

Gonz.

Basta. Dile que pase.

Num.

¿Pero le va usted a recibir?

Gonz.

¡Qué remedio!... ¿No oye usted cómo lo suplica?

Num.

(~Aparte a don Marcelino.~) ¡Estoy aterrado! ¿A qué vendrá ese bruto?

Marc.

(No me llega la camisa al cuerpo.)

Gonz.

Vosotros pasad a esa habitación y oid. Y por Dios, Galán, conténgase
usted oiga lo que oiga. Marcelino, no le abandones.

Marc.

Descuida. (~Vanse izquierda.~)


ESCENA VI

DON GONZALO y PICAVEA; luego DON MARCELINO y NUMERIANO GALÁN

Pic.

(~Dentro.~) ¿Da... da... da... dada... dada... usted su per... su
permiso?

Gonz.

Adelante. (¡Dame calma, Dios mío, que yo no olvide que estoy en mi
casa! Apartaré este sable, no me dé una mala tentación...) (~Coge un
sable para retirarlo.~)

Pic.

(~Asomando la cabeza.~) Muy bue... ¡Caray! (~Se retira en seguida al
ver a don Gonzalo con el sable.~)

Gonz.

¿Pero qué hace ese hombre? (~Alto.~) Pase usted sin miedo.

Pic.

¡Papa... papa... pa... pasaré, sí, señor; pe... pe... pero sin miedo
es impopo... es imposible!... Com... com... comprendo su... su
indignación, don Gon... don Gonzalo, y por eso...

Gonz.

Sí, señor, mi indignación es mucha y muy justa, pero acogido a la
hospitalidad de estas nobles paredes, nada tiene usted que temer por
ahora. Tranquilícese y diga cuanto quiera.

Pic.

Don Gon... don Gon... don Gonzalo, yo no sé cómo agradecer a usted
que me haya re... re... recibido después de la su... su... susu...

Gonz.

Abrevie usted los períodos; porque entre la tartamudez y la
abundancia retórica no acabaríamos nunca.

Pic.

Lo que quiero decir es que mi gratitud por la bondad de recibirme...

Gonz.

Nada tiene que agradecerme. Cumplo con mi deber de caballero. Hable.

Pic.

(~Cayendo súbitamente de rodillas a los pies de don Gonzalo.~) ¡Ah,
don Gonzalo... escúpame usted, máteme usted!... Coja usted una de
esas nobles tizonas y déme usted una estocada.

Gonz.

Señor mío, eso no sería digno...

Pic.

Pues una media estocada... ¡un bajonazo!... ¡Sí! ¡Lo merezco, don
Gonzalo, lo merezco por buey!

Gonz.

¿Pero qué está usted diciendo?

Pic.

La verdad, don Gonzalo, vengo a decir toda la verdad. Yo seguramente
habré aparecido a los ojos de usted como un canalla.

Gonz.

Se califica usted con una justicia que me ahorra a mí esa molestia.

Pic.

Pues bien, don Gonzalo, de todo esto tiene la culpa...

Gonz.

Ya sé lo que va usted a decirme, ¿que tiene la culpa el que mi
hermana le ha vuelto a usted loco?

Pic.

¡Quiá, no, señor, qué me ha de volver a mí la pobre señora!... Yo
sólo siento por ella una admiración simplemente amistosa.

Gonz.

¿Entonces, por qué dió usted lugar a aquella trágica escena?

Pic.

Yo, don Gonzalo, todo lo que dije y lo que hice, lo hice y lo dije
por salvar a Galán únicamente.

Gonz.

¿Cómo por salvar a Galán?... ¡No comprendo!... Salvar a Galán, ¿de
qué?...

Pic.

Es que Galán—usted perdone—pero a Galán tampoco le gusta su hermana
de usted.

Gonz.

(~Con tremenda sorpresa.~) ¿Eh?... ¿cómo?... ¿qué está usted diciendo?

Pic.

Que no le gusta.

Gonz.

¡Pero este hombre se ha vuelto loco!

Pic.

No, don Gonzalo, no. Ustedes, Galán y yo hemos sido víctimas de un
juego inicuo, y permítame que le suplique toda la calma de que sea
capaz para escucharme hasta el fin.

Gonz.

(~Con ansiedad.~) Hable, hable usted pronto.

Pic.

Don Gonzalo, la declaración amorosa que recibió Florita no era de
Galán.

Gonz.

¿Cómo que no?

Pic.

Fué escrita por Tito Guiloya, imitando su letra para darle una broma
de las que han hecho famoso al _Guasa-Club_.

Gonz.

¿Oh, pero qué dice este necio?... ¿Qué nueva mentira inventa este
canalla?... (~Va a acometerle.~)

Pic.

¡Por Dios, don Gonzalo!...

Gonz.

Yo te juro que vas a pagar ahora mismo...


ESCENA VII

DICHOS, NUMERIANO GALÁN y DON MARCELINO

Num.

(~Saliendo.~) Deténgase usted, don Gonzalo. Este hombre dice la
verdad.

Gonz.

(~Aterrado.~) ¿Qué?

Marc.

Una verdad como un templo, Gonzalo.

Gonz.

¿Pero qué dices?

Marc.

Mátanos, desuéllanos... porque cada uno tiene en esta culpa una parte
proporcional. Este por debilidad, por miedo; éste por inducción; yo
por silencio, por tolerancia... pero lo que oyes es la verdad.

Gonz.

(~Como enloquecido.~) ¿Pero no sueño?... ¿pero es esto cierto,
Marcelino?

Num.

Sí, don Gonzalo; hemos sido víctimas de una burla cruel. Yo no me
he declarado jamás a su hermana de usted. Yo no he tenido nunca
intención de casarme con ella, porque ni mi posición ni mi deseo me
habían determinado a semejante cosa.

Gonz.

¿De modo que es verdad?... ¿de modo que?...

Marc.

Han sido esos bandidos, Tito Guiloya, Manchón y Torrija, los que,
aprovechando hábilmente una situación equívoca que ya te explicaré, y
con propósitos de insano regocijo, de burla indigna, fraguaron esta
iniquidad... ¡Una broma del Casino!

Gonz

¡Dios mío!

Num.

Y yo también soy culpable, don Gonzalo, lo reconozco. Soy culpable,
porque debí, en el primer momento, decir a ustedes lo que pasaba.
Pero me faltó valor. Aparte la condición pusilánime de mi carácter,
la acogida cordial, efusiva, que usted me dispensó, henchido de
gozo por el bien de su hermana, a la que adora en términos tan
conmovedores, me hizo ser cobarde y preferí aguardar a que una
solución imprevista resolviera el conflicto.

Gonz.

(~Repuesto del estupor, se levanta airado, violento, tembloroso.~)
¡Ah!... ¡de modo que una burla!... ¡que todo ha sido una burla!...
¿Y por el placer de una grosera carcajada no han vacilado en amargar
con el ridículo el fracaso de una vida?... ¡Y para este escarnio
cien veces infame, escogen a mi hermana, a mi pobre hermana, alma
sencilla cuyo único delito es que se resiste a perder el derecho a
una felicidad que ha visto disfrutar fácilmente a otras mujeres, sólo
porque la naturaleza ha sido más piadosa con ellas! ¡Pues no, no será!

Marc.

¡Gonzalo!

Gonz.

No será; y a este crimen de la burla, frío, cruel, pérfido,
premeditado... responderé yo con la violencia, con la barbarie, con
la crueldad. ¡Yo mato a uno, mato a uno, Marcelino, te lo juro!...

Marc.

¡Cálmate, cálmate, por Dios, Gonzalo!...

Gonz.

No puedo, no puedo calmarme, Marcelino, no puedo. ¡Burlarse de mi
hermana adorada, de mi hermana querida, a la que yo he consagrado con
mi amor y mi ternura una vida de renunciaciones y de sacrificios! De
sacrificios, sí. Porque vosotros, como todo el mundo, me suponéis un
solterón egoísta, incapaz de sacrificar la comodidad personal a los
desvelos e inquietudes que impone el matrimonio. Pues sabedlo de una
vez: nada más lejos de mi alma. En mi corazón, Marcelino, he ahogado
muchas veces—y algunas Dios sabe con cuánta amargura—el gérmen de
nobles amores que me hubiesen llevado a un hogar feliz, a una vida
fecunda. Pero surgía en mi corazón un dilema pavoroso; u obligaba a
mi hermana a soportar en su propia casa la vida triste de un papel
secundario, o había yo de marcharme dejándola en una orfandad que mis
nuevos afectos hubiesen hecho más triste y más desconsoladora. ¡Y por
su felicidad he renunciado siempre a la mía!

Marc.

Eres un santo, Gonzalo.

Gonz.

Hay más. Esta es para mí una hora amarga de confesión; quiero que lo
sepais todo, todo... Yo he llegado por ella, entiéndelo bien, sólo
por ella hasta el ridículo.

Marc.

¡Gonzalo!...

Gonz.

(~Con profunda amargura.~) Sí, porque yo, yo soy un viejo ridículo,
ya lo sé.

Marc.

¡Hombre!...

Gonz.

Sí, Marcelino, sí; hasta el ridículo. Un ridículo consciente, que es
el más triste de todos. Yo, y perdonadme estas grotescas confesiones,
yo me tiño el pelo; yo, impropiamente, busco entre la juventud mis
amistades. Yo visto con un acicalamiento amanerado, llamativo,
inconveniente a la seriedad de mis años. Y todo esto que ha sido y
es en el pueblo motivo de burla, de chacota, de escarnio, yo lo he
padecido con resignación y lo he tolerado con humildad, porque lo he
sufrido por ella.

Marc.

¿Por ella?

Gonz.

Sí, por ella. Como entre Florita y yo la diferencia de años es poca,
las canas, las arrugas, los achaques en mí la producían un profundo
horror, una espantosa consternación. Veía en mi vejez acercarse la
suya y yo entonces quise parecer joven solamente para que Florita no
se creyese vieja. Y para atenuarla el espectáculo del desastre, puse
sobre esta cabeza que para ser respetada debía ser blanca, y sobre
este cuerpo ya caduco unas ridículas mentiras que conservaran en ella
la pueril ilusión de una falsa juventud. Esto ha sido todo. (~Llora.~)

Marc.

(~Conmovido.~) ¡¡Gonzalo!!...

Pic.

Don Gonzalo, perdón; somos unos miserables.

Num.

Usted es un santo, don Gonzalo, un santo, y si no le pareciese
absurdo lo que voy a decirle, yo me ofrezco a reparar esta broma
infame casándome con Florita, si usted quiere.

Gonz.

No, gracias, amigo Galán; muchas gracias. Pasado ese impulso generoso
de su alma buena, quedaría la realidad; mi hermana con sus años...
usted con su natural desamor... Imagínese el espanto. Quedémonos en
el ridículo, no demos paso a la tragedia.

Num.

Sí, sí, don Gonzalo, lo comprendo; pero por lo que se refiere a Tito
Guiloya, a Manchón, a Torrija... a todos los del _Guasa-Club_, yo
ruego a usted que me conceda el derecho a una venganza bárbara,
ejemplar... a una venganza...


ESCENA VIII

DICHOS, el CRIADO, luego TITO GUILOYA, puerta derecha

Criado

Señor... este caballero.

Gonz.

(~Leyendo la tarjeta.~) ¡Hombre!... ¡Dios le trae! Aquí le tenemos.

Marc.

¿Quién?

Gonz.

Tito Guiloya.


Pic. y Num.

¡¡Él!!

Gonz.

Viene a continuar la burla.

Pic.

(~Coge un sable.~) Pues permítame usted que yo...

Num.

(~Coge una espada.~) Y déjeme usted a mí que le...

Gonz.

Quietos. En mi casa, y en cosas que a mí tan tristemente se refieren,
yo soy quien debo hablar.

Marc.

Pero por Dios, Gonzalo...

Gonz.

Descuida, estoy tranquilo.

Num.

Pero nosotros...

Gonz.

Métanse ustedes ahí. Les suplico un silencio absoluto. (~Al Criado.~)
Que pase ese señor. (~Se meten los tres detrás de las cortinas de la
ventana de modo que al entrar el visitante no los vea.~) Un silencio
absoluto vean lo que vean y oigan lo que oigan.

Tito

(~Desde la puerta.~) ¿Da usted su permiso, queridísimo don Gonzalo?

Gonz.

Adelante.

Tito

Perdone usted, mi predilecto y cordial amigo, que venga a molestarle,
pero... altos dictados de caballerosidad que los hombres de honor no
podemos desatender me impelen a esta lamentable visita.

Gonz.

Tome asiento y dígame lo que guste. (~Se sientan.~)

Tito

Don Gonzalo, usted y yo somos dos hombres de honor.

Gonz.

Uno.

Tito

Usted perdone, dos; o yo no sé matemáticas.

Gonz.

Sabe usted matemáticas. Uno. Adelante.

Tito

Bueno; pues yo vengo con la desagradable misión de convencer a usted,
de que el señor Picavea, mi apadrinado, debe batirse, antes que con
usted, con ese canalla, con ese reptil, con ese bandido de Galán,
cuyas infamias probaremos cumplidamente.

Gonz.

¡Chits!... no levante usted la voz no sea que le oiga.

Tito

¿Pero cómo va a oirme?

Gonz.

Fíjese. (~Galán le saluda con la mano.~)

Tito

(~Dando un salto.~) ¡Carape! (~Lleno de asombro.~) ¿Pero qué es
esto? (~A Picavea.~) ¿Tú aquí?... ¿Y con Galán?... ¿Pero no habíamos
quedado en que yo vendría a buscar una solución honrosa al...?
(~Picavea hace un gesto encogiendo los hombros como el que quiere
expresar: «qué quieres que te diga».~)

Tito

¿Pero cómo se justifica la presencia aquí de Picavea cuando habíamos
quedado en que tú...? (~Galán hace el mismo gesto de Picavea.~)
Don Marcelino, yo ruego a usted que justifique esta situación
inexplicable en que me hallo, porque es preciso que yo quede como
debo. (~Don Marcelino hace el mismo gesto.~) ¿Es decir, que ninguno
de los tres...? Señores, por Dios, que yo necesito que a mí se me
deje en el sitio... (~Los tres indican con la mano que espere, que
no tenga prisa.~) en el sitio que me corresponde, no confundamos.
(~Pausa. Ya muy azorado.~) Bueno, don Gonzalo; en vista de la extraña
actitud de estos señores, yo me atrevería a suplicar a usted unas
ligeras palabras que hicieran más airosa esta anómala situación.
(~Don Gonzalo hace el mismo gesto.~) ¡Tampoco!... ¡Caray!, comparado
con esta casa el colegio de sordomudos es una grillera... ¡Caramba,
don Gonzalo, por Dios... yo ruego a usted... yo suplico a usted...
que acabe esta broma del silencio, si es broma, y que se me abra
siquiera... un portillo por donde yo pueda dar una excusa y oir una
réplica, buena o mala, pero una réplica! Yo hasta ahora no sé qué es
lo que sucede. Hablo y la contestación que se me da es un movimiento
de gimnasia sueca. (~Lo remeda.~) Interrogo y no se me responde.

Gonz.

(~Se levanta y clavándole los ojos se dirige a él. Guiloya retrocede
aterrado. Al fin le coge la mano.~) Y más vale que así sea.

Tito

Don Gonzalo, por Dios, que yo venía aquí...

Gonz.

Usted venía aquí a lo que va a todas partes; a escarnecer a las
personas honradas, a burlar a aquellos infelices que por achaques
de la vida o ingratitudes de la naturaleza considera víctimas
inofensivas de su cinismo.

Tito

(~Aterrado.~) ¿Yo?...

Gonz.

¡Usted!... Y por eso, creyéndonos dos viejos ridículos, ha cogido
usted el corazón de mi hermana y el mío y los ha paseado por la
ciudad entre la rechifla de la gente como un despojo, como un airón
de mofa.

Tito

¿Que yo he hecho eso?... ¡Don Gonzalo, por la Santa Virgen!...
Hombre, decidle, habladle, haced el favor. (~Los tres el gesto.~)

Gonz.

Pero para todos llega en la vida una hora implacable de expiación.
Usted, hombre jovial, cínico, desaprensivo, cruel, no la sentía
venir, ¿verdad?... Pues para usted esa hora ha llegado y es esta.
Siéntese ahí.

Tito

(~Muerto de miedo, tembloroso.~) ¡¡Don Gonzalo!!

Gonz.

Siéntese ahí. Si usted estuviese en mi lugar y mi hermana fuera la
suya y sintiera usted caer sobre su vida adorada ese dolor amargo y
lacerante de la burla de todo un pueblo, ¿qué haría usted conmigo?...

Tito

¡Bueno, don Gonzalo, pero es que yo!... ¡Hombre, por Dios,
salvadme!...

Gonz.

Aquí tiene usted papel, pluma y una pistola...

Tito

(~Dando un salto.~) ¡Don Gonzalo!

Gonz.

Si conserva un resto de caballerosidad, escriba una ligera
exculpación para nosotros y hágase justicia.

Tito

(~Enloquecido de horror coge la pistola tembloroso.~) ¡Ay, por Dios,
don Gonzalo, perdón!

Gonz.

¡Hágase usted justicia!

Marc.

¡Oye, pero hazte justicia hacia aquel lado que nos vas a dar a
nosotros!

Tito

(~Cayendo da rodillas.~) Don Gonzalo, perdón. ¡Yo estoy
arrepentido!... Yo juro a usted que no volveré más...

Gonz.

(~Quitándole la pistola violentamente.~) ¡Cobarde, mal nacido!...
¡Vas a morir!

Tito

(~En el colmo del terror da un salto y se esconde detrás de los
tres.~) ¡Socorro!... ¡Socorro!... ¡Salvadme!

Num.

(~Aterrado.~) ¡Por Dios, don Gonzalo, desvíe el cañón... que está
usted muy tembloroso!

Gonz.

¡Canalla! ¡Miserable!... ¡Que se vaya pronto, que se vaya o le mato!

Marc.

¡A la calle!... ¡a la calle! ¡Fuera de aquí!, ¡granuja!... (~Le da un
puntapié y lo echa puertas afuera.~)

Pic.

Vamos a hacerle los honores de la casa... (~Coge un sable y sale tras
él.~)

Num.

¡De la Casa de Socorro! (~Coge otro sable y sale escapado.~)

Gonz.

(~Todavía excitado.~) ¡Cobarde! ¡Infame! ¡Lo he debido estrangular...
he debido matarlo!

Marc.

Cálmate, Gonzalo, cálmate. ¡No vale la pena! ¿Qué hubieras
conseguido? Matas a Guiloya, ¿y qué?... Guiloya no es un hombre,
es el espíritu de la raza, cruel, agresivo, burlón, que no ríe de
su propia alegría, sino del dolor ajeno. ¡Alegría!... ¿Qué alegría
va a tener esta juventud que se forma en un ambiente de envidia,
de ocio, de miseria moral, en esas charcas de los cafés y de los
casinos barajeros? ¿Qué ideales van a tener estos jóvenes que en vez
de estudiar e ilustrarse se quiebran el magín y consumen el ingenio
buscando una absurda similitud entre las cosas más heterogéneas y
desemejantes?... ¿En qué se parece un membrillo a la catedral de
Burgos? ¿En qué se parece una lenteja a un caballo al galope? Y,
claro, luego surge rápida esta natural pregunta... ¿En qué se parecen
estos muchachos a hombres cultos interesados en el porvenir de la
patria? Y la respuesta es tan desconsoladora como trágica... ¡En
nada, en nada; absolutamente en nada!

Gonz.

¡Tienes razón, Marcelino, tienes razón!

Marc.

Pues si tengo razón, calma tu justa cólera y piensa como yo, que
la manera de acabar con este tipo tan nacional del guasón es
difundiendo la cultura. Es preciso matarlos con libros, no hay otro
remedio. La cultura modifica la sensibilidad, y cuando estos jóvenes
sean inteligentes, ya no podrán ser malos, ya no se atreverán a
destrozar un corazón con un chiste, ni a amargar una vida con una
broma.

Gonz.

¡Ah!, ¡mi pobre hermana! ¡Qué cruel dolor! Pero ¿qué remedio? La
llamaré. La diremos la verdad.

Marc.

No. La burla humilla, degrada. Proyecta un viaje, te la llevas y
estáis ausentes algún tiempo. Y ahora si te parece la diremos que
no has podido evitar el duelo; que Galán está herido; que aceptó la
condición de Picavea; que no vuelva a pensar en él.

Gonz.

Sí, quizá es lo mejor. ¡Pero cómo va a llorar! ¡Ay, mi hermana!; ¡mi
adorada hermana!

Marc.

¡Pobre Florita!

Gonz.

¡Qué amargura, Marcelino! ¡Ver llorar a un ser que tanto quieres, con
unas lágrimas que ha hecho derramar la gente sólo para reírse! ¡No
quiero más venganza, sino que Dios, como castigo, llene de este dolor
mío el alma de todos los burladores!

(~Telón.~)


FIN DE LA OBRA



OBRAS DE CARLOS ARNICHES


Casa editorial.

La verdad desnuda.

Las manías.

Ortografía.

El fuego de San Telmo.

Panorama nacional.

Sociedad secreta.

Las guardillas.

Candidato independiente.

La leyenda del monje.

Calderón.

Nuestra Señora.

Victoria.

Los aparecidos.

Los secuestradores.

Las campanadas.

Vía libre.

Los descamisados.

El brazo derecho.

El reclamo.

Los Mostenses.

Los Puritanos.

El pie izquierdo.

Las amapolas.

Tabardillo.

El cabo primero.

El otro mundo.

El príncipe heredero.

El coche correo.

Las malas lenguas.

La banda de trompetas.

Los bandidos.

Los conejos.

Los camarones.

La guardia amarilla.

El santo de la Isidra.

La fiesta de San Antón.

Instantáneas.

El último chulo.

La Cara de Dios.

El escalo.

María de los Ángeles.

Sandías y melones.

El tío de Alcalá.

Doloretes.

Los niños llorones.

La muerte de Agripina.

La divisa.

Gazpacho andaluz.

San Juan de Luz.

El puñao de rosas.

Los granujas.

La canción del náufrago.

El terrible Pérez.

Colorín colorao...

Los chicos de la escuela.

Los pícaros celos.

El pobre Valbuena.

Las estrellas.

Los guapos.

El perro chico.

La reja de la Dolores.

El iluso Cañizares.

El maldito dinero.

El pollo Tejada.

La pena negra.

El distinguido Sportman.

La noche de Reyes.

La edad de hierro.

La gente seria.

La suerte loca.

Alma de Dios.

La carne flaca.

El hurón.

Felipe segundo.

La alegría del batallón.

El método Górritz.

Mi papá.

La primera conquista.

El amo de la calle.

Genio y figura.

El trust de los Tenorios.

Gente menuda.

El género alegre.

El príncipe Casto.

El fresco de Goya.

El cuarteto Pons.

La pobre niña.

El Premio Nobel.

La gentuza.

La corte de Risalia.

El amigo Melquiades.

La sombra del molino.

La sobrina del cura.

Las aventuras de Max y Mino.

El chico de las Peñuelas.

La casa de Quirós.

La estrella de Olympia.

Café sólo.

Serafín el Pinturero.

La señorita de Trevelez.



ÍNDICE


  REPARTO                       6

  ACTO PRIMERO                  7
    Escena primera              7
    Escena II                   9
    Escena III                 11
    Escena IV                  12
    Escena V                   14
    Escena VI                  17
    Escena VII                 18
    Escena VIII                19
    Escena IX                  22
    Escena X                   23
    Escena XI                  25
    Escena XII                 25
    Escena XIII                27
    Escena XIV                 29
    Escena XV                  33
    Escena XVI                 36

  ACTO SEGUNDO                 39
    Escena primera             39
    Escena II                  40
    Escena III                 42
    Escena IV                  44
    Escena V                   47
    Escena VI                  50
    Escena VII                 53
    Escena VIII                55
    Escena IX                  57
    Escena X                   61

  ACTO TERCERO                 63
    Escena primera             63
    Escena II                  66
    Escena III                 68
    Escena IV                  71
    Escena V                   72
    Escena VI                  75
    Escena VII                 77
    Escena VIII                80

  OBRAS DE CARLOS ARNICHES     85



      *      *      *      *      *      *



NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

  * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su
    detección se ha tenido en cuenta una edición posterior de esta obra.

  * Las inconsistencias ortográficas han sido normalizadas.

  * En las pp. 46, 63 y 72, se respeta la expresión «funchimbool» para
    referirse a lo que en una edición más reciente aparece como
    «punching-ball».

  * Se ha añadido al final un índice de contenidos que no existe en el
    original impreso.





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "La señorita de Trevelez - Farsa cómica en tres actos" ***

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