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Title: Teatro selecto, tomo 2 de 4
Author: Calderón de la Barca, Pedro
Language: Spanish
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Copyright Status: Not copyrighted in the United States. If you live elsewhere check the laws of your country before downloading this ebook. See comments about copyright issues at end of book.

*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Teatro selecto, tomo 2 de 4" ***

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NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

  * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se
    han convertido a MAYÚSCULAS.

  * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su
    detección se han tenido en cuenta otras ediciones de estos dramas.

  * Se ha respetado la ortografía original. También se han respetado las
    inconsistencias en la acentuación.

  * Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración
    e interrogación.

  * Las notas a pie de página se han renumerado y colocado tras el
    párrafo o la estrofa en que se encuentra la llamada.

  * En el original impreso, las indicaciones escénicas se distinguen
    del texto principal por su menor tamaño. En esta transcripción se
    presentan en cursiva.

  * En la Jornada III de «El médico de su honra», se ha respetado la
    numeración de las escenas del original impreso, que salta de la
    escena VI a la escena VIII, omitiendo la escena VII.



  TEATRO SELECTO
  DE
  CALDERON DE LA BARCA.



  BIBLIOTECA CLÁSICA.
  Doce reales cada tomo en toda España.


  OBRAS PUBLICADAS.
                                                                Tomos.

  HOMERO.--_La Ilíada_, traduccion directa del griego en verso
  y con notas de D. José Gomez Hermosilla.                          3

  CERVANTES.--_Novelas ejemplares y viaje del Parnaso._             2

  HERODOTO.--_Los nueve libros de la historia_, traduccion directa
  del griego, del padre Bartolomé Pou.                              2

  ALCALÁ GALIANO.--_Recuerdos de un anciano._                       1

  VIRGILIO.--_La Eneida_, traduccion directa del latin, en verso
  y con notas de D. Miguel Antonio Caro.                            2

  -- _Las églogas_, traduccion en verso, de Hidalgo.--_Las
  geórgicas_, traduccion en verso, de Caro; ambas traducciones
  directas del latin, con un estudio del Sr. Menéndez Pelayo.       1

  MACAULAY.--_Estudios literarios._                                 1

  -- _Estudios históricos._                                         1

  -- _Estudios políticos._                                          1

  -- _Estudios biográficos._                                        1

  -- _Estudios críticos._                                           1

  Traduccion directa del inglés de M. Juderías Bender.

  QUINTANA.--_Vidas de españoles célebres._                         2

  CICERÓN.--_Tratados didácticos de la elocuencia_, traduccion
  directa del latin de D. Marcelino Menéndez Pelayo.                2

  SALUSTIO.--_Conjuracion de Catilina._--_Guerra de Jugurta_,
  traduccion del infante D. Gabriel.--_Fragmentos de la
  grande historia_, traduccion del Sr. Menéndez Pelayo,
  ambas directas del latin.                                         1

  TÁCITO.--_Los anales_, traduccion directa del latin de don
  Cárlos Coloma.                                                    2

  PLUTARCO.--_Las vidas paralelas_, traduccion directa del griego
  por D. Antonio Ranz Romanillos.                                   5

  ARISTÓFANES.--_Teatro completo_, traduccion directa del griego
  por D. Federico Baráibar.                                         2

  POETAS BUCÓLICOS GRIEGOS.--(_Teócrito, Bion y Mosco_).
  Traduccion directa del griego, en verso, por el Ilmo. Sr. D.
  Ignacio Montes de Oca, Obispo de Linares (Méjico).                1

  MANZONI.--_Los Novios_, traduccion de D. Juan Nicasio Gallego.    1

  ESQUILO.--_Teatro completo_, traduccion directa del griego,
  con notas, por D. Fernando Brieva Salvatierra.                    1

  QUEVEDO.--_Obras satíricas y festivas._                           1

  DUQUE DE RIVAS.--_Sublevacion de Nápoles._                        1


  MADRID.--IMP. CENTRAL Á CARGO DE VÍCTOR SAIZ, COLEGIATA, 6



  BIBLIOTECA CLÁSICA
  TOMO XXXVII


  TEATRO SELECTO
  DE
  CALDERON DE LA BARCA

  PRECEDIDO DE UN ESTUDIO CRÍTICO
  DE
  D. MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO


  TOMO II
  DRAMAS TRÁGICOS

  EL MÉDICO DE SU HONRA.
  Á SECRETO AGRAVIO SECRETA VENGANZA.
  EL ALCALDE DE ZALAMEA.
  EL MAYOR MONSTRUO LOS CELOS.
  AMAR DESPUES DE LA MUERTE.


  MADRID
  LUIS NAVARRO, EDITOR
  COLEGIATA, NÚM. 6
  1881



EL MÉDICO DE SU HONRA.



PERSONAS.


  EL REY DON PEDRO.
  EL INFANTE DON ENRIQUE.
  DON GUTIERRE ALFONSO.
  DON ARIAS.
  DON DIEGO.
  COQUIN, _lacayo_.
  DOÑA MENCÍA DE ACUÑA.
  DOÑA LEONOR.
  INÉS, _criada_.
  TEODORA, _criada_.
  JACINTA, _esclava herrada_.
  LUDOVICO, _sangrador_.
  UN SOLDADO.
  UN VIEJO.
  _Pretendientes._
  _Acompañamiento._
  _Música._
  _Criados, criadas._



JORNADA PRIMERA.


_Vista exterior de una quinta de Don Gutierre, inmediata á Sevilla._


ESCENA PRIMERA.

_Suena ruido de caza, y sale cayendo el_ INFANTE DON ENRIQUE, _y algo
despues salen_ DON ARIAS _y_ DON DIEGO, _y el último_ EL REY DON PEDRO.

D. ENR.

  ¡Jesus mil veces! _(Cae sin sentido.)_

D. ARIAS.

                    ¡El cielo
  Te valga!

REY.

            ¿Qué fué?

D. ARIAS.

                       Cayó
  El caballo, y arrojó
  Desde él el Infante al suelo.

REY.

  Si las torres de Sevilla
  Saluda de esa manera,
  ¡Nunca á Sevilla viniera,
  Nunca dejara á Castilla!--
  ¡Enrique, hermano!

D. DIEGO.

                     ¡Señor!

REY.

  ¿No vuelve?

D. ARIAS.

              A un tiempo ha perdido
  Pulso, color y sentido.
  ¡Qué desdicha!

D. DIEGO.

                 ¡Qué dolor!

REY.

  Llegad á esa quinta bella
  Que está del camino al paso,
  Don Arias, á ver si acaso,
  Recogido un poco en ella,
  Cobra salud el Infante.
  Todos os quedad aquí,
  Y dadme un caballo á mí,
  Que he de pasar adelante;
  Que aunque este horror y mancilla
  Mi rémora pudo ser,
  No me quiero detener
  Hasta llegar á Sevilla.
  Allá llegará la nueva
  Del suceso. _(Váse.)_


ESCENA II.

DON ENRIQUE, _desmayado_; DON ARIAS, DON DIEGO.

D. ARIAS.

              Esta ocasion
  De su fiera condicion
  Ha sido bastante prueba.
  ¿Quién á un hermano dejara,
  Tropezando desta suerte
  En los brazos de la muerte?
  ¡Vive Dios!...

D. DIEGO.

                 Calla, y repara
  En que, si oyen las paredes,
  Los troncos, Don Arias, ven,
  Y nada nos está bien.

D. ARIAS.

  Tú, Don Diego, llegar puedes
  A esa quinta: dí que aquí
  El Infante mi señor
  Cayó.--Pero no; mejor
  Será que los dos así
  Le llevemos donde pueda
  Descansar.

D. DIEGO.

  Has dicho bien.

D. ARIAS.

  Viva Enrique, y otro bien
  La suerte no me conceda.

_(Llevan al Infante.)_


       *       *       *       *       *


_Sala en la quinta de Don Gutierre._


ESCENA III.

DOÑA MENCIA, JACINTA.

D.ª MEN.

  Desde la torre lo ví,
  Y aunque quién son no podré
  Distinguir, Jacinta, sé
  Que una gran desdicha allí
  Ha sucedido. Venía
  Un bizarro caballero
  En un bruto tan ligero,
  Que en el viento parecia
  Un pájaro que volaba;
  Y es razon que lo presumas,
  Porque un penacho de plumas
  Matices al aire daba.
  El campo y el sol en ellas
  Compitieron resplandores;
  Que el campo le dió sus flores,
  Y el sol le dió sus estrellas;
  Porque cambiaban de modo,
  Y de modo relucian,
  Que en todo al sol parecian,
  Y á la primavera en todo.
  Corrió, pues, y tropezó
  El caballo, de manera
  Que lo que ave entónces era,
  Cuando en la tierra cayó
  Fué rosa; y así en rigor
  Imitó su lucimiento
  En sol, cielo, tierra y viento,
  Ave, bruto, estrella y flor.

JACINTA.

  ¡Ay señora! en casa ha entrado...

D.ª MEN.

  ¿Quién?

JACINTA.

          Un confuso tropel
  De gente.

D.ª MEN.

            ¿Mas que con él
  A nuestra quinta han llegado?


ESCENA IV.

  DON ARIAS _y_ DON DIEGO, _que sacan en brazos al_ INFANTE _y
  siéntanle en una silla_.--DOÑA MENCIA, JACINTA.

D. DIEGO.

  En las casas de los nobles
  Tiene tan divino imperio
  La sangre del Rey, que ha dado
  En la vuestra atrevimiento
  Para entrar desta manera.

D.ª MEN.

  _(Ap.)_ ¡Qué es esto que miro, cielos!

D. DIEGO.

  El infante Don Enrique,
  Hermano del rey Don Pedro,
  A vuestras puertas cayó,
  Y llega aquí medio muerto.

D.ª MEN.

  ¡Valgame Dios, qué desdicha!

D. ARIAS.

  Decidnos á qué aposento
  Podrá retirarse, en tanto
  Que vuelva al primero aliento
  Su vida.--Pero ¡qué miro!
  ¡Señora!

D.ª MEN.

           ¡Don Arias!

D. ARIAS.

                       Creo
  Que es sueño ó fingido cuanto
  Estoy escuchando y viendo.
  ¿Que el infante Don Enrique,
  Más amante que primero,
  Vuelva á Sevilla, y te halle
  Con tan infeliz encuentro,
  Puede ser verdad?

D.ª MEN.

                    Sí es:
  ¡Ojalá que fuera sueño!

D. ARIAS.

  Pues ¿qué haces aquí?

D.ª MEN.

                        Despacio
  Lo sabrás, que ahora no es tiempo
  Sino sólo de acudir
  A la vida de tu dueño.

D. ARIAS.

  ¡Quién le dijera que así
  Llegara á verte!

D.ª MEN.

                   Silencio,
  Que importa mucho, Don Arias.

D. ARIAS.

  ¿Por qué?

D.ª MEN.

            Va mi honor en ello.
  Entrad en ese retrete,
  Donde está un catre cubierto
  De un cuero turco y de flores;
  Y en él, aunque humilde lecho,
  Podrá descansar.--Jacinta,
  Saca tú ropa al momento,
  Aguas y olores que sean
  Dignos de tan alto empleo. _(Vase Jacinta.)_

D. ARIAS.

  Los dos, miéntras se adereza,
  Aquí al Infante dejemos,
  Y á su remedio acudamos,
  Si hay en desdichas remedio.

_(Vanse los dos.)_


ESCENA V.

DOÑA MENCÍA; DON ENRIQUE, _sin conocimiento, en una silla_.

D.ª MEN.

  Ya se fueron; ya he quedado
  Sola. ¡Oh quién pudiera, cielos,
  Con licencia de su honor
  Hacer aquí sentimientos!
  ¡Oh quién pudiera dar voces,
  Y romper con el silencio
  Cárceles de nieve, donde
  Está aprisionado el fuego,
  Que ya, resuelto en cenizas,
  Es ruina que está diciendo:
  «Aquí fué amor»!--Mas ¿qué digo?
  ¿Qué es esto, cielos, qué es esto?
  Yo soy quien soy. Vuelva el aire
  Los repetidos acentos
  Que llevó; porque áun perdidos,
  No es bien que publiquen ellos
  Lo que yo debo callar;
  Porque ya, con más acuerdo,
  Ni para sentir soy mia;
  y solamente me huelgo
  De tener hoy que sentir,
  Por tener en mis deseos
  Que vencer; pues no hay virtud
  Sin experiencia. Perfecto
  Está el oro en el crisol,
  El iman en el acero,
  El diamante en el diamante,
  Los metales en el fuego;
  Y así mi honor en sí mismo
  Se acrisola, cuando llego
  Á vencerme; pues no fuera
  Sin experiencias perfecto.
  ¡Piedad, divinos cielos!
  ¡Viva callando, pues callando muero!
  ¡Enrique! ¡Señor!

D. ENR.

  _(Volviendo en sí.)_ ¿Quién llama?

D.ª MEN.

  Albricias...

D. ENR.

               ¡Válgame el cielo!

D.ª MEN.

  Que vive tu Alteza.

D. ENR.

                      ¿Dónde
  Estoy?

D.ª MEN.

         En parte, á lo ménos,
  Donde de vuestra salud
  Hay quien se huelgue.

D. ENR.

                        Lo creo,
  Si esta dicha, por ser mia,
  No se deshace en el viento;
  Pues consultando conmigo
  Estoy, si despierto sueño,
  O si dormido discurro,
  Pues á un tiempo duermo y velo.
  ¿Pero para qué averiguo,
  Poniendo á mayores riesgos
  La verdad? Nunca despierte,
  Si es verdad que ahora duermo;
  Y nunca duerma en mi vida,
  Si es verdad que estoy despierto.

D.ª MEN.

  Vuestra Alteza, gran señor,
  Trate, prevenido y cuerdo,
  De su salud, cuya vida,
  Dilate siglos eternos,
  Fénix de su misma fama,
  Imitando al que en el fuego
  Ave, llama, ascua y gusano,
  Urna, pira, voz é incendio,
  Nace, vive, dura y muere,
  Hijo y padre de sí mesmo;
  Que despues sabrá de mí
  Dónde está.

D. ENR.

              No lo deseo;
  Que si estoy vivo y te miro,
  Ya mayor dicha no espero;
  Ni mayor dicha tampoco,
  Si te miro estando muerto;
  Pues es fuerza que sea gloria
  Donde vive ángel tan bello.
  Y así no quiero saber
  Qué acasos ni qué sucesos
  Aquí mi vida guiaron,
  Ni aquí la tuya trajeron;
  Pues con saber que estoy donde
  Estás tú, vivo contento;
  Y así ni tú que decirme,
  Ni yo que escucharte tengo.

D.ª MEN.

  (_Ap._ Presto de tantos favores
  Será desengaño el tiempo.)
  Dígame ahora, ¿cómo está
  Vuestra Alteza?

D. ENR.

                  Estoy tan bueno
  Que nunca estuve mejor;
  Sólo en esta pierna siento
  Un dolor.

D.ª MEN.

            Fué gran caida;
  Pero en descansando, pienso
  Que cobraréis la salud;
  Y ya os están previniendo
  Cama donde descanseis.
  Que me perdoneis, os ruego,
  La humildad de la posada;
  Aunque disculpada quedo...

D. ENR.

  Muy como señora hablais,
  Mencía. ¿Sois vos el dueño
  De esta casa?

D.ª MEN.

                No, señor;
  Pero de quien lo es, sospecho
  Que lo soy.

D. ENR.

              ¿Y quién lo es?

D.ª MEN.

  Un ilustre caballero,
  Gutierre Alfonso Solís,
  Mi esposo y esclavo vuestro.

D. ENR.

  ¡Vuestro esposo! _(Levántase.)_

D.ª MEN.

                   Sí, señor.
  No os levanteis, deteneos;
  Ved que no podeis estar
  En pié.

D. ENR.

          Sí puedo, sí puedo.


ESCENA VI.

DON ARIAS, DON DIEGO.--DICHOS.

D. ARIAS.

  Dame, gran señor, las plantas,
  Que mil veces toco y beso,
  Agradecido á la dicha
  Que en tu salud nos ha vuelto
  La vida á todos.

D. DIEGO.

                   Ya puede
  Vuestra Alteza á este aposento
  Retirarse, donde está
  Prevenido todo aquello
  Que pudo en la fantasía
  Bosquejar el pensamiento.

D. ENR.

  Don Arias, dadme un caballo,
  Dadme un caballo, Don Diego.
  Salgamos presto de aquí.

D. ARIAS.

  ¿Qué decís?

D. ENR.

              Que me deis presto
  Un caballo.

D. DIEGO.

              Pues, señor...

D. ARIAS.

  Mira...

D. ENR.

          Estáse Troya ardiendo,
  Y Eneas de mis sentidos,
  He de librarlos del fuego. _(Vase D. Diego.)_


ESCENA VII.

DON ENRIQUE, DOÑA MENCÍA, DON ARIAS.

D. ENR.

  ¡Ay, Don Arias, la caida
  No fué acaso, sino agüero
  De mi muerte! Y con razon,
  Pues fué divino decreto
  Que viniese á morir yo,
  Con tan justo sentimiento,
  Donde tú estabas casada,
  Porque nos diesen á un tiempo
  Pésames y parabienes
  De tu boda y de mi entierro.
  De verse el bruto á tu sombra,
  Pensé que altivo y soberbio
  Engendró con osadía
  Bizarros atrevimientos,
  Cuando presumiendo de ave,
  Con relinchos cuerpo á cuerpo
  Desafiaba los rayos,
  Despues que venció los vientos.
  Y no fué, sino que al ver
  Tu casa, montes de celos
  Se le pusieron delante
  Porque tropezase en ellos;
  Que áun un bruto se desboca
  Con celos; y no hay tan diestro
  Jinete, que allí no pierda
  Los estribos al correrlos.
  Milagro de tu hermosura
  Presumí el feliz suceso
  De mi vida; pero ya,
  Más desengañado, pienso
  Que no fué sino venganza
  De mi muerte, pues es cierto
  Que muero, y que no hay milagros
  Que se examinen muriendo.

D.ª MEN.

  Quien oyere á vuestra Alteza
  Quejas, agravios, desprecios,
  Podrá formar de mi honor
  Presunciones y conceptos
  Indignos dél. Y yo ahora,
  Por si acaso llevó el viento
  Cabal alguna razon,
  Sin que en partidos acentos
  La trocase, responder
  A tantos agravios quiero,
  Porque donde fueron quejas,
  Vayan con el mismo aliento
  Desengaños. Vuestra Alteza,
  Liberal de sus deseos,
  Generoso de sus gustos,
  Pródigo de sus afectos,
  Puso los ojos en mí:
  Es verdad, yo lo confieso.
  Bien sabe, de tantos años
  De experiencias, el respeto
  Con que constante mi honor
  Fué una montaña de hielo,
  Conquistada de las flores,
  Escuadrones que arma el tiempo.
  Si me casé, ¿de qué engaño
  Se queja, siendo sujeto
  Imposible á sus pasiones,
  Reservado á sus intentos,
  Pues soy para dama más,
  Lo que para esposa ménos?
  Y así, en esta parte ya
  Disculpada, en la que tengo
  De mujer, á vuestros piés
  Humilde, señor, os ruego
  No os ausenteis desta casa
  Poniendo á tan claro riesgo
  La salud.

D. ENR.

            ¿Cuánto mayor
  En esta casa le tengo?


ESCENA VIII.

DON GUTIERRE, COQUIN.--DICHOS.

D. GUT.

  Déme los piés vuestra Alteza,
  Si puedo de tanto sol
  Tocar ¡oh rayo español!
  La majestad y grandeza.
  Con alegría y tristeza
  Hoy á vuestras plantas llego,
  Y mi aliento, lince y ciego,
  Entre asombros y desmayos,
  Es águila á tantos rayos,
  Mariposa á tanto fuego.
  Tristeza de la caida
  Que puso con triste efeto
  A Castilla en tanto aprieto,
  Y alegría de la vida
  Que vuelve restituida
  A su pompa, á su belleza,
  Cuando en gusto vuestra Alteza
  Trueca ya la pena mia:
  ¿Quién vió triste la alegría?
  ¿Quién vió alegre la tristeza?
  Honrad por tan breve espacio
  Esta esfera, aunque pequeña;
  Porque el sol no se desdeña,
  Despues que ilustró un palacio,
  De iluminar el topacio
  De algun pajizo arrebol.
  Y pues sois rayo español,
  Descansad aquí; que es ley
  Hacer el palacio el rey
  Tambien, si hace esfera el sol.

D. ENR.

  El gusto y pesar estimo
  Del modo que le sentís,
  Gutierre Alfonso Solís;
  Y así en el alma le imprimo,
  Donde á tenerle me animo
  Guardado.

D. GUT.

            Sabe tu Alteza
  Honrar.

D. ENR.

          Y aunque la grandeza
  Desta casa fuera aquí
  Grande esfera para mí,
  Pues lo fué de una belleza;
  No me puedo detener;
  Que pienso que esta caida
  Ha de costarme la vida;
  Y no solo por caer,
  Sino tambien por hacer
  Que no pasase adelante
  Mi intento... Y es importante
  Irme; que hasta un desengaño
  Cada minuto es un año,
  Es un siglo cada instante.

D. GUT.

  Señor, ¿vuestra Alteza tiene
  Causa tal, que su inquietud
  Aventure la salud
  De una vida que previene
  Tantos aplausos?

D. ENR.

                   Conviene
  Llegar á Sevilla hoy.

D. GUT.

  Necio en apurar estoy
  Vuestro intento; pero creo
  Que mi lealtad y deseo...

D. ENR.

  Y si yo la causa os doy,
  ¿Qué direis?

D. GUT.

               Yo no os la pido;
  Que á vos, señor, no es bien hecho
  Examinaros el pecho.

D. ENR.

  Pues escuchad. Yo he tenido
  Un amigo tal, que ha sido
  Otro yo.

D. GUT.

           Dichoso fué.

D. ENR.

  A este en ausencia fié
  El alma, la vida, el gusto
  En una mujer. ¿Fué justo
  Que atropellando la fe
  Que debió al respeto mio,
  Faltase en ausencia?

D. GUT.

                       No.

D. ENR.

  Pues á otro dueño le dió
  Llaves de aquel albedrío:
  Al pecho que yo le fio,
  Introdujo otro señor:
  Otro goza su favor:
  ¿Podrá un hombre enamorado
  Sosegar con tal cuidado,
  Descansar con tal dolor?

D. GUT.

  No, señor.

D. ENR.

             Cuando los cielos
  Tanto me fatigan hoy,
  Que en cualquier parte que estoy,
  Estoy mirando mis celos,
  Tan presentes mis desvelos
  Están delante de mí,
  Que aquí los miro, y así
  De aquí ausentarme deseo;
  Que aunque van conmigo, creo
  Que se han de quedar aquí.

D.ª MEN.

  Dicen que el primer consejo
  Ha de ser de la mujer;
  Y así, señor, quiero ser
  (Perdonad si os aconsejo)
  Quien os dé consuelo. Dejo
  Aparte celos, y digo
  Que aguardeis á vuestro amigo
  Hasta ver si se disculpa;
  Que hay calidades de culpa
  Que no merecen castigo.
  No os despeñe vuestro brío:
  Mirad, aunque esteis celoso,
  Que ninguno es poderoso
  En el ajeno albedrío.
  Cuanto al amigo, confío
  Que os he respondido ya;
  Cuanto á la dama, quizá
  Fuerza, y no mudanza fué:
  Oidla vos, que yo sé
  Que ella se disculpará.

D. ENR.

  No es posible.


ESCENA IX.

DON DIEGO.--DICHOS.

D. DIEGO.

                 Ya está allí
  El caballo apercibido.

D. GUT.

  Si es del que hoy habeis caido,
  No subais en él, y aquí
  Recibid, señor, de mí
  Una pia hermosa y bella,
  A quien una palma sella,
  Signo que vuestra la hace:
  Que tambien un bruto nace
  Con mala ó con buena estrella.
  Es este prodigio pues
  Proporcionado y bien hecho,
  Dilatado de anca y pecho,
  De cabeza y cuello es
  Corto, de brazos y piés
  Fuerte, á uno y otro elemento
  Les da en sí lugar y asiento,
  Siendo el bruto de la palma
  Tierra el cuerpo, fuego el alma,
  Mar la espuma, y todo viento.

D. ENR.

  El alma aquí no podria
  Distinguir lo que procura,
  La pia de la pintura,
  O por mejor bizarría,
  La pintura de la pia.

COQUIN.

  Aquí entro yo. A mí me dé
  Vuestra Alteza mano ó pié,
  Lo que está _(que esto es más llano)_
  O más á pié ó más á mano.

D. GUT.

  Aparta, necio.

D. ENR.

                 ¿Por qué?
  Dejadle, su humor le abona.

COQUIN.

  En hablando de la pia,
  Entra la persona mia,
  Que es su segunda persona.

D. ENR.

  Pues ¿quién sois?

COQUIN.

                    ¿No lo pregona
  Mi estilo? Yo soy, en fin,
  Coquin, hijo de Coquin,
  De aquesta casa escudero,
  De la pia despensero,
  Pues la siso al celemin
  La mitad de la comida:
  Y en efecto, señor, hoy,
  Por ser vuestro dia, os doy
  Norabuena muy cumplida.

D. ENR.

  ¿Mi dia?

COQUIN.

           Es cosa sabida.

D. ENR.

  Su dia llama uno aquel
  Que es á sus gustos fïel;
  Si lo fué á la pena mia,
  ¿Cómo pudo ser mi dia?

COQUIN.

  Cayendo, señor, en él;
  Y para que se publique
  En cuantos lunarios hay,
  Desde hoy diré: «A tantos cay
  »San Infante Don Enrique.»

D. GUT.

  Tu Alteza, señor, aplique
  La espuela al ijar; que el dia
  Ya en la tumba helada y fria,
  Huésped del undoso dios,
  Hace noche.

D. ENR.

              Guárdeos Dios,
  Hermosísima Mencía.
  Y porque veais que estimo
  El consejo, buscaré
  A esta dama, y della oiré
  La disculpa. (_Ap._ Mal reprimo
  El dolor, cuando me animo
  A no decir lo que callo.
  Lo que en este lance hallo,
  Ganar y perder se llama;
  Pues él me ganó la dama,
  Y yo le gané el caballo.)

_(Vanse el Infante, D. Arias, D. Diego y Coquin.)_


ESCENA X.

DON GUTIERRE, DOÑA MENCÍA.

D. GUT.

  Bellísimo dueño mio,
  Ya que vive tan unida
  A dos almas una vida,
  Dos vidas á un albedrío,
  De tu amor y ingenio fío
  Hoy, que licencia me dés
  Para ir á besar los piés
  Al Rey, mi señor, que viene
  De Castilla; y le conviene
  A quien caballero es,
  Irle á dar la bienvenida.
  Y fuera desto, ir sirviendo
  Al infante Enrique, entiendo
  Que es accion justa y debida,
  Ya que debí á su caida
  El honor que hoy ha ganado
  Nuestra casa.

D.ª MEN.

                ¿Qué cuidado
  Más te lleva á darme enojos?

D. GUT.

  No otra cosa, ¡por tus ojos!

D. MEN.

  ¿Quién duda que haya causado
  Algun deseo Leonor?

D. GUT.

  ¿Eso dices? No la nombres.

D.ª MEN.

  ¡Oh qué tales sois los hombres!
  ¡Hoy olvido, ayer amor,
  Ayer gusto, y hoy rigor!

D. GUT.

  Ayer, como el sol no via,
  Hermosa me parecia
  La luna; mas hoy, que adoro
  Al sol, ni dudo ni ignoro
  Lo que hay de la noche al dia.
  Escúchame un argumento.
  Una llama en noche oscura
  Arde hermosa, luce pura,
  Cuyos rayos, cuyo aliento
  Dulce ilumina del viento
  La esfera; sale el farol
  Del cielo, y á su arrebol
  Todo á sombra se reduce,
  Ni arde, ni alumbra, ni luce;
  Que es mar de rayos el sol.
  Aplícolo ahora: yo amaba
  Una luz, cuyo esplendor
  Vivió planeta mayor,
  Que sus rayos sepultaba:
  Una llama me alumbraba;
  Pero era una llama aquella,
  Que eclipsas divina y bella,
  Siendo de luces crisol;
  Porque hasta que sale el sol,
  Parece hermosa una estrella.

D.ª MEN.

  ¡Qué lisonjero os escucho!
  Muy metafísico estais.

D. GUT.

  En fin, ¿licencia me dais?

D.ª MEN.

  Pienso que la deseais mucho,
  Por eso cobarde lucho
  Conmigo.

D. GUT.

           ¿Puede en los dos
  Haber engaño, si en vos
  Quedo yo, y vos vais en mí?

D.ª MEN.

  Pues como os quedeis aquí,
  Adios, Don Gutierre.

D. GUT.

                       Adios. _(Vase.)_


ESCENA XI.

JACINTA.--DOÑA MENCÍA.

JACINTA.

  Triste, señora, has quedado.

D.ª MEN.

  Sí, Jacinta, y con razon.

JACINTA.

  No sé qué nueva ocasion
  Te ha suspendido y turbado,
  Que una inquietud, un cuidado
  Te ha divertido.

D.ª MEN.

                   Es así.

JACINTA.

  Bien puedes fiar de mí.

D.ª MEN.

  ¿Quieres ver si de tí fío
  Mi vida y el honor mio?
  Pues escucha atenta.

JACINTA.

                       Dí.

D.ª MEN.

  Nací en Sevilla, y en ella
  Me vió Enrique, festejó
  Mis desdenes, celebró
  Mi nombre... ¡felice estrella!
  Fuése, y mi padre atropella
  La libertad que hubo en mí:
  La mano á Gutierre di,
  Volvió Enrique, y en rigor,
  Tuve amor, y tengo honor.
  Esto es cuanto sé de mí. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Sala en el alcázar de Sevilla._


ESCENA XII.

DOÑA LEONOR É INÉS, _con mantos_.

INÉS.

  Ya sale para entrar en la capilla:
  Aquí le espera, y á sus piés te humilla.

D.ª LEON.

  Lograré mi esperanza,
  Si recibe mi agravio la venganza.


ESCENA XIII.

EL REY, CRIADOS, UN SOLDADO, UN VIEJO, PRETENDIENTES.--DICHAS.

_Voces._

  _(Dentro.)_ ¡Plaza!

PRET. 1.º

                      Tu Majestad aqueste lea.

REY.

  Yo le haré ver.

PRET. 2.º

                  Tu Alteza, señor, vea
  Este.

REY.

        Está bien.

PRET. 2.º

  _(Ap.)_          Pocas palabras gasta.

PRET. 3.º

  Yo soy...

REY.

            El memorial solo me basta.

UN SOLD.

  _(Ap.)_ ¡Turbado estoy! Mal el temor resisto.

REY.

  ¿De qué os turbais?

SOLDADO.

                      ¿No basta haberos visto?

REY.

  Sí basta. ¿Qué pedís?

SOLDADO.

                        Yo soy soldado.
  Una ventaja.

REY.

               Poco habeis pedido
  Para haberos turbado.
  Una jineta os doy.

SOLDADO.

                     ¡Felice he sido!

UN VIEJO.

  Un pobre viejo soy, limosna os pido.

REY.

  Tomad este diamante.

VIEJO.

  ¿Para mí os le quitais?

REY.

                          Y no os espante;
  Que, para darle de una vez, quisiera,
  Sólo un diamante todo el mundo fuera.

D.ª LEON.

  Señor, á vuestras plantas
  Mis piés turbados llegan.
  De parte de mi honor vengo á pediros
  Con voces que se anegan en suspiros,
  Con suspiros que en lágrimas se anegan,
  Justicia: para vos y Dios apelo.

REY.

  Sosegaos, señora, alzad del suelo.

D.ª LEON.

  _(Levántase.)_
  Yo soy...

REY.

            No prosigais de esa manera.
  Salíos todos afuera.

_(Vanse todos ménos la dama.)_


ESCENA XIV.

EL REY, DOÑA LEONOR.

REY.

  Hablad ahora, porque si venísteis
  De parte del honor, como dijísteis,
  Indigna cosa fuera
  Que en público el honor sus quejas diera,
  Y que á tan bella cara
  Vergüenza á la justicia le costara.

D.ª LEON.

  Pedro, á quien llama el mundo Justiciero,
  Planeta soberano de Castilla,
  A cuya luz se alumbra este hemisfero,
  Júpiter español, cuya cuchilla
  Rayos esgrime de templado acero,
  Cuando blandida al aire alumbra y brilla,
  Sangriento giro, que entre nubes de oro
  Corta los cuellos de uno y otro moro:
  Yo soy Leonor, á quien Andalucía
  Llama (lisonja fué) Leonor la bella;
  No porque fuese la hermosura mia
  Quien el nombre adquirió, sino la estrella;
  Que quien decia bella, ya decia
  Infelice; que el nombre incluye y sella
  A la sombra no más de la hermosura
  Poca dicha, señor, poca ventura.
  Puso los ojos, para darme enojos,
  Un caballero en mí, que ¡ojalá fuera
  Basilisco de amor á mis despojos,
  Áspid de celos á mi primavera!
  Luego el deseo sucedió á los ojos,
  El amor al deseo, y de manera
  Mi calle festejó, que en ella via
  Morir la noche y espirar el dia.
  ¿Con qué razones, gran señor, herida
  La voz, diré que á tanto amor postrada,
  Aunque el desden me publicó ofendida
  La voluntad me confesó obligada?
  De obligada pasé á agradecida,
  Luego de agradecida á apasionada;
  Que en la universidad de enamorados
  Dignidades de amor se dan por grados.
  Poca centella incita mucho fuego,
  Poco viento movió mucha tormenta,
  Poca nube al principio arroja luego
  Mucho diluvio, poca luz alienta
  Mucho rayo despues, poco amor ciego
  Descubre mucho engaño; y así intenta
  Siendo centella, viento, nube, ensayo,
  Ser tormenta, diluvio, incendio y rayo.
  Dióme palabra que sería mi esposo;
  Que ese de las mujeres es el cebo
  Con que engaña al honor el cauteloso
  Pescador, cuya pasta es el Erebo,
  Que aduerme los sentidos temeroso.
  El labio aquí fallece, y no me atrevo
  A decir que mintió. No es maravilla.
  ¿Qué palabra se dió para cumplilla?
  Con esta libertad entró en mi casa;
  Si bien siempre el honor fué reservado,
  Porque yo, liberal de amor, y escasa
  De honor, me atuve siempre á este sagrado
  Mas la publicidad á tanto pasa,
  Y tanto esta opinion se ha dilatado,
  Que en secreto quisiera más perderla,
  Que con público escándalo tenerla.
  Pedí justicia; pero soy muy pobre:
  Quejéme dél; pero es muy poderoso:
  Y ya que es imposible que yo cobre,
  Pues se casó, mi honor, Pedro famoso,
  Si sobre tu piedad divina, sobre
  Tu justicia me admites generoso,
  Que me sustente en un convento pido.
  Gutierre Alfonso de Solís ha sido.

REY.

  Señora, vuestros enojos
  Siento con razon, por ser
  Un Atlante, en quien descansa
  Todo el peso de la ley.
  Si Gutierre está casado,
  No podrá satisfacer,
  Como decís, por entero
  Vuestro honor; pero yo haré
  Justicia como convenga
  En esta parte; si bien
  No os debe restituir
  Honor que vos os teneis.
  Oigamos á la otra parte
  Disculpas suyas; que es bien
  Guardar el segundo oido
  Para quien llegue despues;
  Y fiad, Leonor, de mí,
  Que vuestra causa veré
  De suerte, que no os obligue
  A que digais otra vez
  Que sois pobre, él poderoso,
  Siendo yo en Castilla rey.
  Mas Gutierre viene allí.
  Podrá, si conmigo os ve,
  Conocer que me informasteis
  Primero. Aquese cancel
  Os encubra: aquí aguardad,
  Hasta que salgais despues.

D.ª LEON.

  En todo he de obedeceros. _(Escóndese.)_


ESCENA XV.

COQUIN.--EL REY.

COQUIN.

  _(Para sí.)_ De sala en sala, par diez,
  A la sombra de mi amo,
  Que allí se quedó, llegué
  Hasta aquí. ¡El cielo me valga!
  ¡Vive Dios, que está aquí el Rey!
  Él me ha visto, y se mesura.
  Plegue al cielo, que no esté
  Muy alto aqueste balcon,
  Por si me arroja por él.

REY.

  ¿Quién sois?

COQUIN.

               ¿Yo, señor?

REY.

                           Vos.

COQUIN.

                                Yo
  (¡Válgame el cielo!) soy quien
  Vuestra Majestad quisiere,
  Sin quitar y sin poner;
  Porque un hombre muy discreto
  Me dió por consejo ayer,
  No fuese quien en mi vida
  Vos no quisieseis; y fué
  De manera la licion,
  Que ántes, ahora y despues,
  Quien vos quisiéredes solo
  Fuí, quien gustareis seré,
  Quien os place soy; y en esto,
  ¡Mirad con quién y sin quien!
  Y así, con vuestra licencia,
  Por donde vine me iré
  Hoy con mis piés de compas,
  Si no con compas de piés.

REY.

  Aunque me habeis respondido
  Cuanto pudiera saber,
  Quién sois os he preguntado.

COQUIN.

  Y yo os hubiera tambien,
  Al tenor de la pregunta
  Respondido, á no temer
  Que en diciéndôs quien soy, luégo
  Por un balcon me arrojeis,
  Por haberme entrado aquí
  Tan sin qué ni para qué,
  Teniendo un oficio yo
  Que vos no habeis menester.

REY.

  ¿Qué oficio teneis?

COQUIN.

                      Yo soy
  Cierto correo de á pié,
  Portador de todas nuevas,
  Huron de todo interes,
  Sin que se me haya escapado
  Señor profeso ó novel;
  Y del que me ha dado más,
  Digo más, digo más bien.
  Todas las casas son mias,
  Y aunque lo son, esta vez
  La de Don Gutierre Alfonso
  Es mi accesoria, en quien fué
  Mi pasto meridïano
  Un andaluz cordobes.
  Soy cofrade del contento;
  El pesar no sé quién es,
  Ni áun para servirle. En fin,
  Soy, aquí donde me veis,
  Mayordomo de la risa,
  Gentilhombre del placer
  Y camarero del gusto,
  Pues que me visto con él.
  Y por ser esto, he temido
  El darme aquí á conocer;
  Porque un Rey que no se rie,
  Temo que me libre cien
  Esportillas batanadas,
  Con pespuntes al enves,
  Por vagamundo.

REY.

                 ¿En fin, sois
  Hombre que á cargo teneis
  La risa?

COQUIN.

           Sí, mi señor;
  Y porque lo echeis de ver,
  Esto es jugar de gracioso
  En palacio. _(Cúbrese.)_

REY.

              Está muy bien;
  Y pues sé quien sois, hagamos
  Los dos un concierto.

COQUIN.

                        ¿Y es?

REY.

  ¿Hacer reir profesais?

COQUIN.

  Es verdad.

REY.

             Pues cada vez
  Que me hiciéredes reir,
  Cien escudos os daré;
  Y si no me hubiereis hecho
  Reir en término de un mes,
  Os han de sacar los dientes.

COQUIN.

  Testigo falso me haceis,
  Y es ilícito contrato
  De enorme lesion.

REY.

                    ¿Por qué?

COQUIN.

  Porque quedaré lisiado
  Si le acepto, ¿no se ve?
  Dicen, cuando uno se rie,
  Que enseña los dientes; pues
  Enseñarlos yo llorando,
  Será reirme al reves.
  Dicen que sois tan severo,
  Que á todos dientes haceis;
  ¿Qué os hice yo, que á mí solo
  Deshacérmelos quereis?
  Pero vengo en el partido;
  Que porque ahora me dejeis
  Ir libre, no lo rehuso;
  Pues por lo ménos un mes
  Me hallo aquí, como en la calle,
  De vida; y al cabo dél,
  No es mucho que tome postas
  En mi boca la vejez.
  Y así voy á examinarme
  De cosquillas. Voto á diez,
  Que os habeis de reir. Adios,
  Y veámonos despues. _(Vase.)_


ESCENA XVI.

DON ENRIQUE, DON GUTIERRE, DON DIEGO, DON ARIAS, CRIADOS.--EL REY.

D. ENR.

  Déme vuestra Majestad
  La mano.

REY.

           Vengais con bien,
  Enrique. ¿Cómo os sentís?

D. ENR.

  Más, señor, el susto fué
  Que el golpe: estoy bueno.

D. GUT.

                            A mí
  Vuestra Majestad me dé
  La mano, si mi humildad
  Merece tan alto bien;
  Porque el suelo que pisais,
  Es soberano dosel,
  Que ilumina de los vientos
  Uno y otro rosicler.
  Y vengais con la salud
  Que este reino ha menester,
  Para que os adore España
  Coronado de laurel.

REY.

  De vos, Don Gutierre Alfonso...

D. GUT.

  ¿Las espaldas me volveis?

REY.

  Grandes querellas me dan.

D. GUT.

  Injustas deben de ser.

REY.

  ¿Quién es, decidme, Leonor,
  Una principal mujer
  De Sevilla?

D. GUT.

              Una señora
  Bella, ilustre y noble es,
  De lo mejor de esta tierra.

REY.

  ¿Qué obligacion la teneis,
  A que habeis correspondido
  Necio, ingrato y descortés?

D. GUT.

  No os he de mentir en nada;
  Que el hombre, señor, de bien
  No sabe mentir jamás,
  Y más delante del Rey.
  Servíla, y mi intento entónces
  Casarme con ella fué,
  Si no mudara las cosas
  De los tiempos el vaiven.
  Visitéla, entré en su casa
  Públicamente; si bien
  No le debo á su opinion
  De una mano el interes.
  Viéndome desobligado,
  Pude mudarme despues,
  Y así, libre de este amor,
  En Sevilla me casé
  Con Doña Mencía de Acuña,
  Dama principal, con quien
  Vivo, fuera de Sevilla,
  Una casa de placer.
  Leonor, mal aconsejada
  (Que no la aconseja bien
  Quien destruye su opinion),
  Pleitos intentó poner
  A mi desposorio, donde
  El más riguroso juez
  No halló causa contra mí,
  Aunque ella dice que fué
  Diligencia del favor.
  ¡Mirad vos si á una mujer
  Hermosa favor faltara,
  Si le hubiera menester!
  Con este engaño pretende,
  Puesto que vos lo sabeis,
  Valerse de vos; y así
  Yo me pongo á vuestros piés,
  Donde á la justicia vuestra
  Dará la espada mi fe,
  Y mi lealtad la cabeza.

REY.

  ¿Qué causa tuvisteis pues
  Para tan grande mudanza?

D. GUT.

  ¿Novedad tan grande es
  Mudarse un hombre? ¿No es cosa
  Que cada dia se ve?

REY.

  Sí, pero de extremo á extremo
  Pasar el que quiso bien,
  No fué sin grande ocasion.

D. GUT.

  Suplícôs no me apreteis;
  Que soy hombre que, en ausencia
  De las mujeres, daré
  La vida por no decir
  Cosa indigna de su ser.

REY.

  ¿Luego vos causa tuvísteis?

D. GUT.

  Sí, señor; pero creed
  Que si para mí descargo
  Hoy hubiera menester
  Decirlo, cuando importara
  Vida y alma, amante fiel
  De su honor, no lo dijera.

REY.

  Pues yo lo quiero saber.

D GUT.

  Señor...

REY.

           Es curiosidad.

D. GUT.

  Mirad...

REY.

           No me repliqueis;
  Que me enojaré, por vida...

D. GUT.

  Señor, señor, no jureis;
  Que mucho ménos importa
  Que yo deje aquí de ser
  Quien soy, que veros airado.

REY.

  (_Ap._ Que dijese, le apuré,
  El suceso en alta voz,
  Porque pueda responder
  Leonor, si aqueste me engaña,
  Y si habla verdad, porqué
  Convencida con su culpa,
  Sepa Leonor que lo sé.)
  Decid pues.

D. GUT.

              A mi pesar
  Lo digo. Una noche entré
  En su casa, sentí ruido
  En una cuadra, llegué,
  Y al mismo tiempo que fuí
  A entrar, pude el bulto ver
  De un hombre, que se arrojó
  Del balcon; bajé tras él,
  Y sin conocerle, al fin
  Pudo escaparse por piés.

D. ARIAS.

  _(Ap.)_ ¡Válgame el cielo! ¿qué es esto
  Que miro?

D. GUT.

            Y aunque escuché
  Satisfacciones, y nunca
  Di á mi agravio entera fe,
  Fué bastante esta aprension
  A no casarme; porqué
  Si amor y honor son pasiones
  Del ánimo, á mi entender,
  Quien hizo al amor ofensa,
  Se le hace al honor en él;
  Porque el agravio del gusto
  Al alma toca tambien.


ESCENA XVII.

DOÑA LEONOR.--DICHOS.

D.ª LEON.

  Vuestra Majestad perdone;
  Que no puedo detener
  El golpe á tantas desdichas
  Que han llegado de tropel.

REY.

  _(Ap.)_ ¡Vive Dios, que me engañaba!
  La prueba sucedió bien.

D.ª LEON.

  Y oyendo contra mi honor
  Presunciones, fuera ley
  Injusta que yo cobarde
  Dejara de responder;
  Que ménos perder importa
  La vida, cuando me dé
  Este atrevimiento muerte,
  Que vida y honor perder.
  Don Arias entró en mi casa...

D. ARIAS.

  Señora, espera, deten
  La voz. Vuestra Majestad
  Licencia, señor, me dé,
  Porque el honor desta dama
  Me toca á mí defender.
  Esa noche estaba en casa
  De Leonor una mujer
  Con quien me hubiera casado,
  Si de la parca el cruel
  Golpe no cortara fiero
  Su vida. Yo, amante fiel
  De su hermosura, seguí
  Sus pasos, y en casa entré
  De Leonor (atrevimiento
  De enamorado), sin ser
  Parte á estorbarlo Leonor.
  Llegó Don Gutierre pues;
  Temerosa Leonor dijo
  Que me retirase á aquel
  Aposento, yo lo hice,
  ¡Mil veces mal haya, amén,
  Quien de una mujer se rinde
  A admitir el parecer!
  Sintióme, entró, y á la voz
  De marido, me arrojé
  Por el balcon. Y si entónces
  Volví el rostro á su poder
  Porque era marido, hoy
  Que dice que no lo es,
  Vuelvo á ponerme delante.
  Vuestra Majestad me dé
  Campo, en quien defienda altivo
  Que no ha faltado á quien es
  Leonor, pues á un caballero
  Se le concede la ley.

D. GUT.

  Yo saldré donde... _(Empuñan.)_

REY.

                     ¿Qué es esto?
  ¿Cómo las manos teneis
  En las espadas, delante
  De mí? ¿No temblais de ver
  Mi semblante? Donde estoy,
  ¿Hay soberbia ni altivez?--
  Presos los llevad al punto:
  En dos torres los poned;
  Y agradeced que no os pongo
  Las cabezas á los piés. _(Vase.)_

D. ARIAS.

  Si perdió Leonor por mí
  Su opinion, por mí tambien
  La tendrá; que esto se debe
  Al honor de una mujer.

D. GUT.

  _(Ap.)_ No siento en desdicha tal
  Ver riguroso y cruel
  Al Rey; solo siento que hoy,
  Mencía, no te he de ver. _(Llévanlos presos.)_

D. ENR.

  (_Ap._ Con ocasion de la caza,
  Preso Gutierre, podré
  Ver esta tarde á Mencía.)
  Don Diego, conmigo ven;
  Que tengo de porfiar
  Hasta morir, ó vencer. _(Vanse.)_

D.ª LEON.

  ¡Muerta quedo! ¡Plegue á Dios,
  Ingrato, aleve y cruel,
  Falso, engañador, fingido,
  Sin fe, sin Dios y sin ley,
  Que como inocente pierdo
  Mi honor, venganza me dé
  El cielo! ¡El mismo dolor
  Sientas, que siento, y á ver
  Llegues, bañado en tu sangre,
  Deshonras tuyas, porqué
  Mueras con las mismas armas
  Que matas, amén, amén!
  ¡Ay de mí! mi honor perdí.
  ¡Ay de mí! mi muerte hallé.



JORNADA SEGUNDA.


_Jardín de la quinta._


ESCENA PRIMERA.

JACINTA Y DON ENRIQUE, _á oscuras_.

JACINTA.

  Llega con silencio.

D. ENR.

                      Apénas
  Los piés en la tierra puse.

JACINTA.

  Este es el jardin, y aquí
  Pues de la noche le encubre
  El manto, y pues Don Gutierre
  Está preso, no hay que dudes,
  Sino que conseguirás
  Victorias de amor tan dulces.

D. ENR.

  Si la libertad, Jacinta,
  Que te prometí, presumes
  Poco premio á bien tan grande,
  Pide más, y no te excuses
  Por cortedad: vida y alma
  Es bien que por tuyas juzgues.

JACINTA.

  Aquí mi señora siempre
  Viene, y tiene por costumbre
  Pasar un poco la noche.

D. ENR.

  Calla, calla, no pronuncies
  Otra razon, porque temo
  Que los vientos nos escuchen.

JACINTA.

  Yo, para que tanta ausencia
  No me indicie ó no me culpe
  Deste delito, no quiero
  Faltar de allí. _(Vase.)_

D. ENR.

                  Amor ayude
  Mi intento. Estas verdes hojas
  Me escondan y disimulen;
  Que no seré yo el primero
  Que á vuestras espaldas hurte
  Rayos al sol. Acteon
  Con Dïana me disculpe. _(Vase.)_


ESCENA II.

DOÑA MENCÍA, JACINTA, TEODORA, CRIADAS.

D.ª MEN.

  ¡Silvia, Teodora, Jacinta!

JACINTA.

  ¿Qué mandas?

D.ª MEN.

               Que traigas luces,
  Y venid todas conmigo
  A divertir pesadumbres
  De la ausencia de Gutierre,
  Donde el natural presume
  Vencer hermosos países
  Que el arte dibuja y pule.--
  Teodora.

TEODOR.

           Señora mia.

D.ª MEN.

  Divierte con voces dulces
  Esta tristeza.

TEODOR.

                 Holgaréme
  Que de letra y tono gustes.

_(Han puesto luz sobre un bufetillo, y siéntase Doña Mencía en unas
almohadas. Canta Teodora.)_

  _Ruiseñor, que con tu canto
  Alegras este recinto,
  No te ausentes tan aprisa,
  Que me das pena y martirio._

_(Se queda dormida Doña Mencía.)_

JACINTA.

  No cantes más; que parece
  Que ya el sueño al alma infunde
  Sosiego y descanso. Y pues
  Hallaron sus inquietudes
  En él sagrado, nosotras
  No la despertemos.

TEODOR.

                     Huye
  Con silencio la ocasion.

JACINTA.

  _(Ap.)_ Yo lo haré, porque la busque
  Quien la deseó. ¡Oh criadas,
  Y cuántas honras ilustres
  Se han perdido por vosotras!

_(Vanse todas las criadas.)_


ESCENA III.

DON ENRIQUE.--DOÑA MENCÍA, _dormida_.

D. ENR.

  Sola se quedó. No duden
  Mis sentidos tanta dicha.
  Y ya que á esto me dispuse,
  Pues la ventura me falta,
  Tiempo y lugar me aseguren.--
  ¡Hermosísima Mencía!

D.ª MEN.

  _(Despierta.)_
  ¡Válgame Dios!

D. ENR.

                 No te asustes.

D.ª MEN.

  ¿Qué es esto?

D. ENR.

                Un atrevimiento,
  A quien es bien que disculpen
  Tantos años de esperanza.

D.ª MEN.

  ¿Pues, señor, vos...

D. ENR.

                       No te turbes.

D.ª MEN.

  Desta suerte...

D. ENR.

                  No te alteres.

D.ª MEN.

  Entrasteis...

D. ENR.

                No te disgustes.

D.ª MEN.

  En mi casa, sin temer
  Que así á una mujer destruye,
  Y que así ofende á un vasallo
  Tan generoso y ilustre?

D. ENR.

  Esto es tomar tu consejo.
  Tú me aconsejas que escuche
  Disculpas de aquella dama,
  Y vengo á que te disculpes
  Conmigo de mis agravios.

D.ª MEN.

  Es verdad, la culpa tuve;
  Pero si he de disculparme,
  Tu Alteza, señor, no dude
  Que es en órden á mi honor.

D. ENR.

  ¿Que ignoro, acaso presumes,
  El respeto que les debo
  A tu sangre y tus costumbres?
  El achaque de la caza,
  Que en estos campos dispuse,
  No fué fatigar la caza,
  Estorbando que salude
  A la venida del dia,
  Sino á tí, garza, que subes
  Tan remontada, que tocas
  Por las campañas azules
  De los palacios del sol
  Los dorados balaustres.

D.ª MEN.

  Muy bien, señor, vuestra Alteza
  A las garzas atribuye
  Esta lucha; pues la garza
  De tal instinto presume,
  Que volando hasta los cielos,
  Rayo de pluma sin lumbre,
  Ave de fuego con alma,
  Con instinto alada nube,
  Pardo cometa sin fuego,
  Quieren que su intento burlen
  Azores reales; y áun dicen
  Que, cuando de todos huye,
  Conoce al que ha de matarla;
  Y así ántes que con él luche,
  El temor la hace que tiemble,
  Se estremezca y se espeluce.
  Así yo, viendo á tu Alteza,
  Quedé muda, absorta estuve,
  Conocí el riesgo, y temblé,
  Tuve miedo y horror tuve;
  Porque mi temor no ignore,
  Porque mi espanto no dude
  Que es quien me ha de dar la muerte.

D. ENR.

  Ya llegué á hablarte, ya tuve
  Ocasion, no he de perderla.

D.ª MEN.

  ¿Cómo esto los cielos sufren?
  Daré voces.

D. ENR.

              A tí misma
  Te infamas.

D.ª MEN.

              ¿Cómo no acuden
  A darme favor las fieras?

D. ENR.

  Porque de enojarme huyen.


ESCENA IV.

DON GUTIERRE.--DICHOS.

D. GUT.

  _(Dentro.)_ Ten ese estribo, Coquin,
  Y llama á esa puerta.

D.ª MEN.

                        ¡Cielos!
  No mintieron mis recelos,
  Llegó de mi vida el fin.
  Don Gutierre es este, ¡ay Dios!

D. ENR.

  ¡Oh qué infelice nací!

D.ª MEN.

  ¿Qué ha de ser, señor, de mí,
  Si os halla conmigo á vos?

D. ENR.

  ¿Pues qué he de hacer?

D.ª MEN.

                         Retiraros.

D. ENR.

  ¿Yo me tengo de esconder?

D.ª MEN.

  El honor de una mujer
  A más que esto ha de obligaros.
  No podeis salir (¡soy muerta!);
  Que como allá no sabian
  Mis criadas lo que hacian,
  Abrieron luego la puerta.
  Aun salir no podeis ya.

D. ENR.

  ¿Qué haré en tanta confusion?

D.ª MEN.

  Detras de ese pabellon,
  Que en mi misma cuadra está,
  Os esconded.

D. ENR.

               No he sabido,
  Hasta la ocasion presente,
  Qué es temor. ¡Oh qué valiente
  Debe de ser un marido! _(Vase.)_

D.ª MEN.

  Si inocente una mujer,
  No hay desdicha que no aguarde,
  ¡Válgame Dios, qué cobarde
  La culpa debe de ser!


ESCENA V.

DON GUTIERRE, COQUIN, JACINTA, DOÑA MENCÍA.

D. GUT.

  Mi bien, señora, los brazos
  Darme una y mil veces puedes.

D.ª MEN.

  Con envidia de estas redes,
  Que en tan amorosos lazos
  Están inventando abrazos.

D. GUT.

  No dirás que no he venido
  A verte.

D.ª MEN.

           Fineza ha sido
  De amante firme y constante.

D. GUT.

  No dejo de ser amante
  Yo, mi bien, por ser marido;
  Que por propia la hermosura
  No desmerece jamás
  Las finezas; ántes más
  Las alienta y asegura,
  Y así á su riesgo procura
  Los medios, las ocasiones.

D.ª MEN.

  En obligacion me pones.

D. GUT.

  El alcaide que conmigo
  Está, es mi deudo y amigo,
  Y quitándome prisiones
  Al cuerpo, me las echó
  Al alma, porque me ha dado
  Ocasion de haber llegado
  A tan grande dicha yo,
  Como es á verte.

D.ª MEN.

                   ¿Quién vió
  Mayor gloria?...

D. GUT.

                   Que la mia;
  Aunque, si bien advertia,
  Hizo muy poco por mí
  En dejarme que hasta aquí
  Viniese; pues si vivia
  Yo sin alma en la prision
  Por estar en tí, mi bien,
  Darme libertad fué bien,
  Para que en esta ocasion
  Alma y vida con razon
  Otra vez se viese unida;
  Porque estaba dividida,
  Teniendo prolija calma,
  En una prision el alma
  Y en otra prision la vida.

D.ª MEN.

  Dicen que dos instrumentos
  Conformemente templados,
  Por los ecos dilatados
  Comunican los acentos:
  Tocan el uno, y los vientos
  Hiere el otro, sin que allí
  Nadie le toque; y en mí
  Esta experiencia se viera;
  Pues si el golpe allá te hiriera,
  Muriera yo desde aquí.

COQUIN.

  ¿Y no le darás, señora,
  Tu mano por un momento
  A un preso de cumplimiento,
  Pues llora, siente y ignora
  Por qué siente y por qué llora,
  Y está su muerte esperando
  Sin saber por qué ni cuándo?
  Pero...

D.ª MEN.

  Coquin, ¿qué hay en fin?

COQUIN.

  Fin al principio en Coquin
  Hay, que eso estoy contando.
  Mucho el Rey me quiere; pero
  Si el rigor pasa adelante,
  Mi amo será muerto andante,
  Pues irá con escudero.

D.ª MEN.

  _(A D. Gut.)_ Poco regalarte espero,
  Porque como no aguardaba
  Huésped, descuidada estaba.
  Cena os quiero apercibir.

D. GUT.

  Una esclava puede ir.

D.ª MEN.

  Ya, señor, ¿no va una esclava?
  Yo lo soy, y lo he de ser.--
  Jacinta, vénme á ayudar.
  (_Ap._ En salud me he de curar:
  Ved, honor, cómo ha de ser,
  Porque me he de resolver
  A una temeraria accion.) _(Vanse las dos.)_


ESCENA VI.

DON GUTIERRE, COQUIN.

D. GUT.

  Tú, Coquin, á esta ocasion
  Aquí te queda, y extremos
  Olvida, y mira que habemos
  De volver á la prision
  Antes del dia, y ya falta
  Poco: aquí puedes quedarte.

COQUIN.

  Yo quisiera aconsejarte
  Una industria la más alta
  Que el ingenio humano esmalta:
  En ella tu vida está.
  ¡Oh qué industria...

D. GUT.

                       Díla ya.

COQUIN.

  Para salir sin lesion
  Sano y bueno de prision!

D. GUT.

  ¿Cuál es?

COQUIN.

            No volver allá.
  ¿No estás bueno? ¿No estás sano?
  Con no volver, claro ha sido
  Que sano y bueno has salido.

D. GUT.

  ¡Vive Dios, necio, villano,
  Que te mate por mi mano!
  ¿Pues tú me has de aconsejar
  Tan vil accion, sin mirar
  La confianza que aquí
  Hizo el alcaide de mí?

COQUIN.

  Señor, yo llego á dudar
  (Que soy más desconfiado)
  De la condicion del Rey;
  Y así el honor de esa ley
  No se entiende en el criado,
  Y hoy estoy determinado
  A dejarte y no volver.

D. GUT.

  ¿Dejarme tú?

COQUIN.

               ¿Qué he de hacer?

D. GUT.

  Y de tí, ¿qué han de decir?

COQUIN.

  ¿Y heme de dejar morir,
  Por sólo bien parecer?
  Si el morir, señor, tuviera
  Descarte ó enmienda alguna,
  Cosa que, de dos la una,
  Un hombre hacerla pudiera,
  Yo probara la primera
  Por servirte; mas ¿no ves
  Que rifa la vida es?
  Entro en ella, vengo y tomo
  Cartas, y piérdola: ¿cómo
  Me desquitaré despues?
  Perdida se quedará,
  Si la pierdo por tu engaño,
  Desde aquí á ciento y un año.


ESCENA VII.

DOÑA MENCIA, _muy alborotada_.--DICHOS.

D.ª MEN.

  Señor, tu favor me da.

D. GUT.

  ¡Válgame Dios! ¿qué será?
  ¿Qué puede haber sucedido?

D.ª MEN.

  Un hombre...

D. GUT.

               ¡Presto!

D.ª MEN.

                        Escondido
  En mi aposento he encontrado,
  Encubierto y rebozado.
  Favor, Gutierre, te pido.

D. GUT.

  ¿Qué dices? ¡Válgame el cielo!
  Ya es forzoso que me asombre.
  ¿Embozado en casa un hombre?

D.ª MEN.

  Yo le ví.

D. GUT.

            Todo soy hielo.
  Toma esa luz.

COQUIN.

                ¿Yo?

D. GUT.

                     El recelo
  Pierde, pues conmigo vas.

D.ª MEN.

  Villano, ¿cobarde estás?
  Saca tú la espada, y yo
  Iré.--La luz se cayó.

_(Al tomar la luz, la mata disimuladamente.)_


ESCENA VIII.

JACINTA Y DON ENRIQUE, _siguiéndola_.--DICHOS.

D. GUT.

  Esto me faltaba más;
  Pero á obscuras entraré. _(Vase.)_

JACINTA.

  _(Ap. á Don Enrique.)_
  Síguete, señor, por mí.
  Seguro vas por aquí,
  Que toda la casa sé.

_(Miéntras Don Gutierre ha entrado dentro por una puerta, lleva Jacinta
á Don Enrique por otro lado. Vuelve á salir Don Gutierre, y encuentra á
Coquin.)_

COQUIN.

  ¿Donde iré yo?

D. GUT.

  _(Ap.)_          Ya encontré
  El hombre.

COQUIN.

             Señor, advierte...

D. GUT.

  _(Ap.)_ ¡Vive Dios, que desta suerte,
  Hasta que sepa quién es,
  Le he de tener! Que despues
  Le darán mis manos muerte.

COQUIN.

  Mira que yo...

D.ª MEN.

  _(Ap.)_        ¡Qué rigor!
  Si es que con él ha encontrado,
  ¡Ay de mí!

_(Vuelve Jacinta con luz.)_

D. GUT.

             Luz han sacado.--
  ¿Quién eres, hombre?

COQUIN.

                       Señor,
  Yo soy.

D. GUT.

          ¡Qué engaño! ¡Qué error!

COQUIN.

  Pues yo ¿no te lo decia?

D. GUT.

  Que me hablabas presumia,
  Pero no que eras el mismo
  Que tenía. ¡Oh ciego abismo
  Del alma y paciencia mia!

D.ª MEN.

  ¿Salió ya, Jacinta? _(Ap. á ella.)_

JACINTA.

                      Sí.

D.ª MEN.

  ¿Cómo esto en tu ausencia pasa?
  Mira bien toda la casa;
  Que como saben que aquí
  No estás, se atreven así
  Ladrones.

D. GUT.

            A verla voy.
  Suspiros al cielo doy
  Que mis sentimientos lleven,
  Si es que á mi casa se atreven,
  Por ver que en ella no estoy.

_(Vase él y Coquin.)_


ESCENA IX.

DOÑA MENCÍA, JACINTA.

JACINTA.

  Grande atrevimiento fué
  Determinarse, señora,
  A tan grande accion ahora.

D.ª MEN.

  En ella mi vida hallé.

JACINTA.

  ¿Por qué lo hiciste?

D.ª MEN.

                       Porqué
  Si yo no se lo dijera,
  Y Gutierre lo sintiera,
  La presuncion era clara,
  Pues no se desengañara
  De que yo cómplice era;
  Y no fué dificultad
  En ocasion tan cruel,
  Haciendo del ladron fiel,
  Engañar con la verdad.


ESCENA X.

DON GUTIERRE, _que debajo de la capa trae una daga_.--DOÑA MENCÍA,
JACINTA.

D. GUT.

  _(A Doña Mencía.)_ ¿Qué ilusion, qué vanidad
  Desta suerte te burló?
  Toda la casa vi yo;
  Pero en ella no encontré
  Sombra de que verdad fué
  Lo que á tí te pareció.
  (_Ap._ Mas engáñome ¡ay de mí!
  Que esta daga que hallé ¡cielos!
  Con sospechas y recelos
  Previene mi muerte en sí.
  Mas no es esto para aquí.)
  Mi bien, mi esposa, Mencía,
  Ya la noche en sombra fria
  Su manto va recogiendo,
  Y cobardemente huyendo
  De la hermosa luz del dia.
  Mucho siento, claro está,
  El dejarte en esta parte,
  Por dejarte, y por dejarte
  Con este temor; mas ya
  Es hora.

D.ª MEN.

           Los brazos da
  A quien te adora.

D. GUT.

                    El favor
  Estimo.

_(Al ir á abrazarle Doña Mencía, ve la daga.)_

D.ª MEN.

          ¡Tente, señor!
  ¿Tú la daga para mí?
  En mi vida te ofendí,
  Deten la mano al rigor,
  Deten...

D. GUT.

           ¿De qué estás turbada,
  Mi bien, mi esposa, Mencía?

D.ª MEN.

  Al verte así presumia
  Que ya en mi sangre bañada,
  Hoy moria desangrada.

D. GUT.

  Como á ver la casa entré,
  Así esta daga saqué.

D.ª MEN.

  Toda soy una ilusion.

D. GUT.

  ¡Jesus, qué imaginacion!

D.ª MEN.

  En mi vida te he ofendido.

D. GUT.

  ¡Qué necia disculpa ha sido!
  Pero suele una aprension
  Tales miedos prevenir.

D.ª MEN.

  Mis tristezas, mis enojos,
  Vanas quimeras y antojos,
  Suelen mi engaño fingir.

D. GUT.

  Si yo pudiere venir,
  Vendré á la noche, y adios.

D.ª MEN.

  Él vaya, señor, con vos.--
  (_Ap._ ¡Oh qué asombros! ¡Oh qué extremos!)

D. GUT.

  _(Ap.)_ ¡Ay honor, mucho tenemos
  Que hablar á solas los dos! _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Cámara real en el Alcázar._


ESCENA XI.

DON DIEGO Y EL REY _con broquel y capa de color, y miéntras habla, se
muda en traje de negro_.

REY.

  Ten, Don Diego, esa rodela.

D. DIEGO.

  Tarde vienes á acostarte.

REY.

  Toda la noche rondé
  De aquesta ciudad las calles,
  Que quiero saber así
  Sucesos y novedades
  De Sevilla, que es lugar
  Donde cada noche salen
  Cuentos nuevos; y deseo
  Desta manera informarme
  De todo, para saber
  Lo que convenga.

D. DIEGO.

                   Bien haces,
  Que el rey debe ser un Argos
  En su reino, vigilante:
  El emblema de aquel cetro
  Con dos ojos lo declare.
  Mas ¿qué vió tu Majestad?

REY.

  Ví recatados galanes,
  Damas desveladas ví,
  Músicas, fiestas y bailes,
  Muchos garitos, de quien
  Eran siempre voces grandes
  La tablilla, que decia:
  «Aquí hay juego, caminante.»
  Ví valientes infinitos:
  Y no hay cosa que me canse
  Tanto como ver valientes,
  Y que por oficio pase
  Ser uno valiente aquí.
  Mas porque no se me alaben
  Que no doy exámen yo
  A oficio tan importante,
  A una tropa de valientes
  Probé solo en una calle.

D. DIEGO.

  Mal hizo tu Majestad.

REY.

  Antes bien, pues con su sangre
  Llevaron iluminada...

D. DIEGO.

  ¿Qué?

REY.

        La carta del exámen.


ESCENA XII.

COQUIN.--DICHOS.

COQUIN.

  _(Ap.)_ No quise entrar en la torre
  Con mi amo, por quedarme
  A saber lo que se dice
  De su prision. Pero ¡tate!
  (Que es un pero muy honrado
  Del celebrado linaje
  De los tates de Castilla),
  Porque el Rey esta delante.

REY.

  Coquin.

COQUIN.

          Señor.

REY.

                 ¿Cómo va?

COQUIN.

  Responderé á lo estudiante.

REY.

  ¿Cómo?

COQUIN.

         _De corpore bene_,
  Pero _de pecuniis male_.

REY.

  Decid algo, pues sabeis,
  Coquin, que como me agrade,
  Teneis aquí cien escudos.

COQUIN.

  Fuera hacer tú aquesta tarde
  El papel de una comedia
  Que se intitula: _El Rey Angel_.
  Pero con todo eso traigo
  Hoy un cuento que contarte,
  Que remata en epigrama.

REY.

  Si es vuestra, será elegante.
  Vaya el cuento.

COQUIN.

                  Yo ví ayer
  De la cama levantarse
  Un capon con bigotera.
  ¿No te ries de pensarle
  Curándose sobre sano
  Con tan vagamundo parche?
  A esto un epigrama hice.
  (No te pido, Pedro el Grande,
  Casas ni viñas; que solo
  Risa pido: en este guante
  Dad vuestra bendita risa
  A un gracioso vergonzante.)
  «Floro, casa muy desierta
  La tuya debe de ser,
  Porque eso nos da á entender
  La cédula de la puerta:
  Donde no hay carta, ¿hay cubierta?
  ¿Cáscara sin fruta? No,
  No pierdas tiempo; que yo,
  Esperando los provechos,
  He visto labrar barbechos,
  Mas barbi-deshechos no.»

REY.

  ¡Qué frialdad!

COQUIN.

                 No es más caliente.


ESCENA XIII.

DON ENRIQUE.--DICHOS.

D. ENR.

  Dadme vuestra mano.

REY.

                      Infante,
  ¿Cómo estais?

D. ENR.

                Tengo salud,
  Contento de que se halle
  Vuestra Majestad con ella;
  Y esto, señor, á una parte:
  Don Arias...

REY.

               Don Arias es
  Vuestra privanza: sacadle
  De la prision, y haced vos,
  Enrique, esas amistades,
  Que á vos os deben las vidas.

D. ENR.

  La tuya los cielos guarden,
  Y heredero de tí mismo,
  Apuestes eternidades
  Con el tiempo. _(Vase el Rey.)_


ESCENA XIV.

DON ENRIQUE, DON DIEGO, COQUIN.

D. ENR.

                 Iréis, Don Diego,
  A la torre, y al Alcaide
  Le diréis que traiga aquí
  Los dos presos. (_Ap._ ¡Cielos! dadme

_(Vase Don Diego.)_

  Paciencia en tales desdichas
  Y prudencia en tantos males.)
  Coquin, ¿tú estabas aquí?

COQUIN.

  Y más me valiera en Flándes.

D. ENR.

  ¿Cómo?

COQUIN.

         Es el Rey un prodigio
  De todos los animales.

D. ENR.

  ¿Por qué?

COQUIN.

            La naturaleza
  Permite que el toro brame,
  Ruja el leon, muja el buey,
  El asno rebuzne, el ave
  Cante, el caballo relinche,
  Ladre el perro, el gato maye,
  Aulle el lobo, el lechon gruña,
  Y sólo permitió darle
  Risa al hombre, y Aristóteles
  Risible animal le hace
  Por difinicion perfecta;
  Y el Rey, contra el órden y arte,
  No quiere reirse. Déme
  El cielo para sacarle
  Risa, todas las tenazas
  Del buen gusto y del donaire. _(Vase.)_


ESCENA XV.

DON GUTIERRE, DON ARIAS, DON DIEGO.--DON ENRIQUE.

D. DIEGO.

  Ya, señor, están aquí
  Los presos.

D. GUT.

              Dános tus plantas.

D. ARIAS.

  Hoy al cielo nos levantas.

D. ENR.

  El Rey mi señor de mí
  (Porque humilde le pedí
  Vuestras vidas este dia)
  Estas amistades fía.

D. GUT.

  El honrar es dado á vos.--

_(Coteja la daga que se halló, con la espada del Infante.)_

  (_Ap._ ¿Qué es esto que miro? ¡Ay Dios!)

D. ENR.

  Las manos os dad.

D. ARIAS.

                    La mia
  Es esta.

D. GUT.

           Y estos mis brazos,
  Cuyo lazo y nudo fuerte
  No desatará la muerte,
  Sin que los haga pedazos.

D. ARIAS.

  Confirmen estos abrazos
  Firme amistad desde aquí.

D. ENR.

  Esto queda bien así.
  Entrambos sois caballeros,
  En acudir los primeros
  A su obligacion; y así
  Está bien el ser amigo
  Uno y otro; y quien pensare
  Que no queda bien, repare
  En que ha de reñir conmigo.

D. GUT.

  A cumplir, señor, me obligo
  Las amistades que juro:
  Obedeceros procuro,
  Y pienso que me honraréis
  Tanto, que de mi crêréis
  Lo que de mí estais seguro.
  Sois fuerte enemigo vos,
  Y cuando lealtad no fuera,
  Por temor no me atreviera
  A romperlas, vive Dios.
  Vos y yo para otros dos:
  Me estuviera á mí muy bien
  Mostrar entónces tambien
  Que sé cumplir lo que digo;
  Mas con vos por enemigo,
  ¿Quién ha de atreverse? ¿quién?
  Tanto enojaros temiera
  El alma cuerda y prudente,
  Que á miraros solamente
  Tal vez áun no me atreviera;
  Y si en ocasion me viera
  De probar vuestros aceros,
  Cuando yo sin conoceros
  A tal extremo llegara,
  Que se muriera estimara
  La luz del sol por no veros.

D. ENR.

  (_Ap._ De sus quejas y suspiros
  Grandes sospechas prevengo)
  Venid conmigo, que tengo
  Muchas cosas que deciros,
  Don Arias.

D. ARIAS.

             Iré á serviros.

_(Vanse Don Enrique, Don Diego y Don Arias.)_


ESCENA XVI.

DON GUTIERRE.

  Nada Enrique respondió;
  Sin duda se convenció
  De mi razon. ¡Ay de mí!
  ¿Podré ya quejarme? Sí;
  Pero consolarme, no.
  Ya estoy solo, ya bien puedo
  Hablar. ¡Ay Dios! ¡quién pudiera
  Reducir solo á un discurso,
  Medir con sola una idea
  Tantos géneros de agravios,
  Tantos linajes de penas
  Como cobardes me asaltan,
  Como atrevidos me cercan!
  ¡Ahora, ahora, valor,
  Salga repetido en quejas,
  Salga en lágrimas en vuelto
  El corazon á las puertas
  Del alma, que son los ojos!
  Y en ocasion como esta,
  Bien podeis, ojos, llorar:
  No lo dejeis de vergüenza.
  ¡Ahora, valor, ahora
  Es tiempo de que se vea
  Que sabeis medir iguales
  El valor y la prudencia!
  Pero cese el sentimiento,
  Y á fuerza de honor, y á fuerza
  De valor, áun no me dé
  Para quejarme licencia;
  Porque adula sus penas
  El que pide á la voz justicia dellas.
  Pero vengamos al caso,
  Quizá hallarémos respuesta.
  ¡Oh, ruego á Dios que la haya!
  ¡Oh, plegue á Dios que la tenga!--
  Anoche llegué á mí casa,
  Es verdad; pero las puertas
  Me abrieron luego, y mi esposa
  Estaba segura y quieta.
  En cuanto á que me avisaron
  De que estaba un hombre en ella,
  Tengo disculpa en que fué
  La que me avisó ella mesma.
  En cuanto á que se mató
  La luz, ¿qué testigo prueba
  Aquí que no pudo ser
  Un caso de contigencia?
  En cuanto á que hallé esta daga,
  Hay criados de quien pueda
  Ser. En cuanto (¡ay dolor mio!)
  Que con la espada convenga
  Del Infante, puede ser
  Otra espada como ella;
  Que no es labor tan extraña,
  Que no hay mil que la parezcan.
  Y apurando más el caso,
  Confieso (¡ay de mí!) que sea
  Del Infante, y más confieso,
  Que estaba allí, aunque no fuera
  Posible dejar de verle;
  Mas siéndolo, ¿no pudiera
  No estar culpada Mencía?
  Que el oro es llave maestra,
  Que las guardas de criadas
  Por instantes nos falsea.
  ¡Oh! ¡cuánto me estimo haber
  Hallado esta sutileza!
  Y así acortemos discursos,
  Pues todos juntos se cierran
  En que Mencía es quien es,
  Y soy quien soy. No hay quien pueda
  Borrar de tanto esplendor
  La hermosura y la pureza.--
  Pero sí puede, mal digo;
  Que al sol una nube negra,
  Si no le mancha, le turba,
  Si no le eclipsa, le hiela.
  ¿Qué injusta ley condena,
  Que muera el inocente y que perezca?
  A peligro estais, honor,
  No hay hora en vos que no sea
  Crítica, en vuestro sepulcro
  Vivís, puesto que os alienta
  La mujer, en ella estais
  Pisando siempre la huesa.
  Yo os he de curar, honor,
  Y pues al principio muestra
  Este primero accidente
  Tan grave peligro, sea
  La primera medicina
  Cerrar al daño las puertas,
  Atajar al mal los pasos.
  Y así es receta y ordena
  _El Médico de su honra_
  Primeramente la dieta
  Del silencio, que es guardar
  La boca, tener paciencia:
  Luégo dice que apliqueis
  A vuestra mujer finezas,
  Agrados, gustos, amores,
  Lisonjas, que son las fuerzas
  Defensibles, porque el mal
  Con el despego no crezca;
  Que sentimientos, disgustos,
  Celos, agravios, sospechas
  Con la mujer, y más propia,
  Aun más que sanan, enferman.
  Esta noche iré á mi casa,
  De secreto entraré en ella
  Por ver qué malicia tiene
  El mal; y hasta apurar ésta,
  Disimularé, si puedo,
  Esta desdicha, esta pena,
  Este rigor, este agravio,
  Este dolor, esta ofensa,
  Este asombro, este delirio,
  Este cuidado, esta afrenta,
  Estos celos... ¿Celos dije?
  ¡Qué mal hice! Vuelva, vuelva
  Al pecho la voz. Mas no,
  Que si es ponzoña que engendra
  Mi pecho, si no me dió
  La muerte (¡ay de mí!) al verterla,
  Al volverla á mí podrá;
  Que de la víbora cuentan
  Que la mata su ponzoña,
  Si fuera de sí la encuentra.
  ¿Celos dije? ¿Celos dije?
  Pues basta; que cuando llega
  Un marido á saber que hay
  Celos, faltará la ciencia;
  Y es la cura postrera
  Que el médico de honor hacer intenta.

_(Vase.)_


ESCENA XVII.

DON ARIAS, DOÑA LEONOR.

D. ARIAS.

  No penseis, bella Leonor,
  Que el no haberos visto fué
  Porque negar intenté
  Las deudas que á vuestro honor
  Tengo; y acrêdor á quien
  Tanta deuda se previene,
  El deudor buscando viene,
  No á pagar, porque no es bien
  Que necio y loco presuma
  Que pueda jamás llegar
  A satisfacer y dar
  Cantidad que fué tan suma;
  Pero en fin, ya que no pago,
  Que soy el deudor confieso:
  No os vuelvo el rostro, y con eso
  La obligacion satisfago.

D.ª LEON.

  Señor Don Arias, yo he sido
  La que obligada de vos,
  En las cuentas de los dos
  Más interes ha tenido.
  Confieso que me quitasteis
  Un esposo á quien queria;
  Mas quizás la suerte mia
  Por ventura mejorasteis;
  Pues es mejor que sin vida,
  Sin opinion, sin honor
  Viva, que no sin amor,
  De un marido aborrecida.
  Yo tuve la culpa, yo
  La pena siento, y así
  Solo me quejo de mí
  Y de mi estrella.

D. ARIAS.

                    Eso no:
  Quitarme, Leonor hermosa,
  La culpa, es querer negar
  A mis deseos lugar;
  Pues si mi pena amorosa
  Os significo, ella diga
  En cifra sucinta y breve
  Que es vuestro amor quien me mueve,
  Mi deseo quien me obliga
  A deciros, que pues fuí
  Causa de penas tan tristes,
  Si esposo por mí perdistes,
  Tengais esposo por mí.

D.ª LEON.

  Señor Don Arias, estimo,
  Como es razon, la eleccion;
  Y aunque con tanta razon
  Dentro del alma la imprimo,
  Licencia me habeis de dar
  De responderos tambien
  Que no puede estarme bien,
  No, señor, porque á ganar
  No llegaba yo infinito;
  Sino porque si vos fuisteis
  Quien á Gutierre le dísteis
  De un mal formado delito
  La ocasion, y ahora viera
  Que me casaba con vos,
  Fácilmente entre los dos
  De aquella sospecha hiciera
  Evidencia; y disculpado,
  Con demostracion tan clara,
  Con todo el mundo quedara
  De haberme á mí despreciado.
  Y yo estimo de manera
  El quejarme con razon,
  Que no he de darle ocasion
  A la disculpa primera;
  Porque, si en un lance tal
  Le culpan cuantos le ven,
  No han de pensar que hizo bien
  Quien yo pienso que hizo mal.

D. ARIAS.

  Frívola respuesta ha sido
  La vuestra, bella Leonor;
  Pues cuando de antiguo amor
  Os hubiera convencido
  La experiencia, ella tambien
  Disculpa en la enmienda os da.
  ¿Cuánto peor os estará
  Que tenga por cierto, quien
  Le imaginó, vuestro agravio,
  Y no le constó despues
  La satisfaccion?

D.ª LEON.

                   No es
  Amante prudente y sabio,
  Don Arias, quien aconseja
  Lo que en mi daño se ve.
  Pues si agravio entónces fué,
  No por eso ahora deja
  De ser agravio tambien;
  Y peor, cuanto haber sido
  De imaginado á creido.
  Y á vos no os estará bien
  Tampoco.

D. ARIAS.

           Como yo sé
  La inocencia de ese pecho
  En la ocasion, satisfecho
  Siempre de vos estaré.
  En mi vida he conocido
  Galan necio, escrupuloso
  Y con extremo celoso,
  Que en llegando á ser marido,
  No le castiguen los cielos.
  Gutierre pudiera bien
  Decirlo, Leonor; pues quien
  Levantó tantos desvelos
  De un hombre en la ajena casa,
  Extremos pudiera hacer
  Mayores, pues llega á ver
  Lo que en la propia le pasa.

D.ª LEON.

  Señor Don Arias, no quiero
  Escuchar lo que decís,
  Que os engañais, y mentís.
  Don Gutierre es caballero
  Que en todas las ocasiones
  Con obrar y con decir
  Sabrá, vive Dios, cumplir
  Muy bien sus obligaciones;
  Y es hombre cuya cuchilla,
  O cuyo consejo sabio,
  Sabrá no sufrir su agravio
  Ni á un infante de Castilla.
  Si pensais vos que con eso
  Mis enojos adulais,
  Muy mal, Don Arias, pensais:
  Y si la verdad confieso,
  Mucho perdisteis conmigo;
  Pues si fuerais noble vos,
  No hablárades, vive Dios,
  Así de vuestro enemigo.
  Y yo, aunque ofendida estoy,
  Y aunque la muerte le diera
  Con mis manos si pudiera,
  No le murmurara hoy
  En el honor, desleal.
  Sabed, Don Arias, que quien
  Una vez le quiso bien,
  No se vengará en su mal. _(Vase.)_

D. ARIAS.

  No supe qué responder.
  Muy grande ha sido mi error,
  Pues en escuelas de honor
  Arguyendo una mujer
  Me convence. Iré al Infante,
  Y humilde le rogaré
  Que de estos cuidados dé
  Parte ya de aquí adelante
  A otro; y porque no lo yerre,
  Ya que el dia va á morir,
  Me ha de matar, ó no he de ir
  En casa de Don Gutierre. _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Jardin._


ESCENA XVIII.

DON GUTIERRE, _que sale como saltando unas tapias_.--DOÑA MENCIA,
_durmiendo_.

D. GUT.

  En el mudo silencio
  De la noche, que adoro y reverencio,
  Por sombra aborrecida,
  Como sepulcro de la humana vida,
  De secreto he venido
  Hasta mi casa, sin haber querido
  Avisar á Mencía
  De que ya libertad del Rey tenía,
  Para que descuidada
  Estuviese (¡ay de mí!) desta jornada.
  Médico de mi honra
  Me llamo, pues procuro mi deshonra
  Curar; y así he venido
  A visitar mi enfermo á hora que ha sido
  De ayer la misma, (¡cielos!)
  A ver si el accidente de mis celos
  A su tiempo repite:
  El dolor mis intentos facilite.
  Las tapias de la huerta
  Salté, porque no quise por la puerta
  Entrar. ¡Ay Dios! ¡qué introducido engaño
  Es en el mundo, no querer su daño
  Examinar un hombre,
  Sin que el recelo ni el temor le asombre!
  Dice mal quien lo dice;
  Que no es posible, no, que un infelice
  No llore sus desvelos:
  Mintió quien dijo que calló con celos,
  O confiéseme aquí que no los siente;
  Mas ¡sentir y callar! otra vez miente.
  Este es el sitio donde
  Suele de noche estar: áun no responde
  El eco entre estos ramos.
  Vamos pasito, honor, que ya llegamos;
  Que en estas ocasiones
  Tienen los celos pasos de ladrones.--

_(Ve á Doña Mencía.)_

  ¡Ay, hermosa Mencía,
  Qué mal tratas mi amor y la fe mia!
  Volverme otra vez quiero.
  Bueno he hallado mi honor, hacer no quiero
  Por ahora otra cura,
  Pues la salud en él está segura.
  Pero ¿ni una criada
  La acompaña? ¿Si acaso retirada
  Aguarda?...--¡Oh pensamiento
  Injusto! ¡oh vil temor! ¡oh infame aliento!
  Ya con esta sospecha
  No he de volverme; y pues que no aprovecha
  Tan grave desengaño,
  Apuremos de todo en todo el daño.
  Mato la luz, y llego, _(Apaga la luz.)_
  Sin luz y sin razon, dos veces ciego;
  Pues bien encubrir puedo
  El metal de la voz, hablando quedo.--
  ¡Mencía! _(Despiértala.)_

D.ª MEN.

           ¡Ay Dios! ¿qué es esto?

D. GUT.

                                   No des voces.

D.ª MEN.

  ¿Quién es?

D. GUT.

             Mi bien, yo soy: ¿no me conoces?

D.ª MEN.

  Sí, señor; que no fuera
  Otro tan atrevido...

D. GUT.

  _(Ap.)_ Ella me ha conocido.

D.ª MEN.

  Que así hasta aquí viniera.
  ¿Quién hasta aquí llegara,
  Que no fuérades vos, que no dejara
  En mis manos la vida,
  Con valor y con honra defendida?

D. GUT.

  (_Ap._ ¡Qué dulce desengaño!
  ¡Bien haya, amén, el que apuró su daño!)
  Mencía, no te espantes de haber visto
  Tal extremo.

D.ª MEN.

               ¡Qué mal, temor, resisto
  El sentimiento!

D. GUT.

                  Mucha razon tiene
  Tu valor.

D.ª MEN.

            ¿Qué disculpa me previene...

D. GUT.

  Ninguna.

D.ª MEN.

           De venir así tu Alteza?

D. GUT.

  _(Ap.)_ ¡Tu Alteza! No es conmigo. ¡Ay Dios! ¡qué escucho!
  Con nuevas dudas lucho.
  ¡Qué pesar! ¡qué desdicha! ¡qué tristeza!

D.ª MEN.

  ¿Segunda vez pretende ver mi muerte?
  ¿Piensa que cada noche...

D. GUT.

  _(Ap.)_                   ¡Oh trance fuerte!

D.ª MEN.

  Puede esconderse...

D. GUT.

  _(Ap.)_             ¡Cielos!

D.ª MEN.

  Y matando la luz...

D. GUT.

  _(Ap.)_             ¡Matadme, celos!

D.ª MEN.

  Salir á riesgo mio
  Delante de Gutierre?

D. GUT.

  _(Ap.)_              Desconfío
  De mí, pues que dilato
  Morir, y con mi aliento no la mato.
  El venir no ha extrañado
  El Infante, ni dél se ha recatado;
  Sino sólo ha sentido
  Que en ocasion se ponga (¡estoy perdido!)
  De que otra vez se esconda.
  ¡Mi venganza á mi agravio corresponda!

D.ª MEN.

  Señor, vuélvase luégo.

D. GUT.

  _(Ap.)_ ¡Hay Dios! todo soy rabia, todo fuego.

D.ª MEN.

  Tu Alteza así otra vez no llegue á verse.

D. GUT.

  ¿Quién por eso no más ha de volverse?

D.ª MEN.

  Mirad que es hora que Gutierre venga.

D. GUT.

  (_Ap._ ¿Habrá en el mundo quien paciencia tenga?
  Sí, si prudente alcanza
  Oportuna ocasion á su venganza.)
  No vendrá, yo le dejo
  Entretenido; y guárdame un amigo
  Las espaldas el tiempo que conmigo
  Estais: él no vendrá, yo estoy seguro.


ESCENA XIX.

JACINTA.--DICHOS.

JACINTA.

  _(Ap.)_ Temerosa procuro
  Ver quién hablaba aquí.

D.ª MEN.

                          Gente he sentido.

D. GUT.

  ¿Qué haré?

D.ª MEN.

             ¿Qué? Retirarte,
  No á mi aposento, sino á otra parte.

_(Retírase Don Gutierre al paño.)_

  ¡Hola!

JACINTA.

         Señora...

D.ª MEN.

                   El aire que corria
  Entre esos ramos, miéntras yo dormia,
  La luz ha muerto: luego
  Traed luces. _(Vase Jacinta.)_

D. GUT.

  (_Ap._       Encendidas en mi fuego.
  Si aquí estoy escondido,
  Han de verme, y de todos conocido,
  Podrá saber Mencía
  Que he llegado á entender la pena mia.
  Y porque no lo entienda,
  Y dos veces ofenda,
  Una con tal intento,
  Y otra pensando que lo sé y consiento,
  Dilatando su muerte,
  He de hacer la deshecha desta suerte.)

_(Entrase, y dice en voz alta.)_

  ¡Hola! ¿Cómo está aquí desta manera?

D.ª MEN.

  Este es Gutierre: otra desdicha espera
  Mi espíritu cobarde.

D. GUT.

  ¡No han encendido luces, y es tan tarde!

_(Sale Jacinta con luz, y Don Gutierre por otra puerta de donde se
escondió.)_

JACINTA.

  Ya la luz está aquí.

D. GUT.

  ¡Bella Mencía!

D.ª MEN.

  ¡Oh mi esposo, mi bien y gloria mia!

D. GUT.

  _(Ap.)_ ¡Qué fingidos extremos!
  Mas, alma y corazon, disimulemos.

D.ª MEN.

  Señor, ¿por dónde entrasteis?

D. GUT.

                                De esa huerta.
  Con la llave que tengo, abrí la puerta.
  Mi esposa, mi señora,
  ¿En qué te entretenías?

D.ª MEN.

                          Vine ahora
  A este jardin, y entre estas fuentes puras
  Me dejó el aire á obscuras.

D. GUT.

  No me espanto, bien mio;
  Que el aire que mató la luz, tan frio
  Corre, que es un aliento
  Respirado del céfiro violento,
  Y que no sólo advierte
  Muerte á las luces, á las vidas muerte,
  Y pudieras dormida
  A sus soplos perder tambien la vida.

D.ª MEN.

  Entenderte pretendo,
  Y aunque más lo procuro, no te entiendo.

D. GUT.

  ¿No has visto ardiente llama
  Perder la luz al aire que la hiere,
  Y que á este tiempo de otra luz inflama
  La pavesa? Una vive y otra muere
  A solo un soplo. Así, desta manera,
  La lengua de los vientos lisonjera
  Matarte la luz pudo,
  Y darme luz á mí.

D.ª MEN.

  (_Ap._              El sentido dudo.)
  Parece que celoso
  Hablas en dos sentidos.

D. GUT.

  (_Ap._                  Riguroso
  Es el dolor de agravios;
  Mas con celos ningunos fueron sabios.)
  ¡Celoso! ¿Sabes tú lo que son celos?
  Que yo no sé qué son ¡viven los cielos!
  Porque si lo supiera,
  Y celos...

D.ª MEN.

  _(Ap.)_    ¡Ay de mí!

D. GUT.

                        Llegar pudiera
  A tener... ¿qué son celos?
  Atomos, ilusiones y desvelos,
  No más que de una esclava, una criada,
  Por sombra imaginada,
  Con hechos inhumanos
  A pedazos sacara con mis manos
  El corazon, y luégo
  Envuelto en sangre, desatado en fuego,
  El corazon comiera
  A bocados, la sangre me bebiera,
  El alma le sacara,
  Y el alma ¡vive Dios! despedazara,
  Si capaz de dolor el alma fuera.
  Pero ¿cómo hablo yo desta manera?

D.ª MEN.

  Temor al alma ofreces.

D. GUT.

  ¡Jesus, Jesus mil veces!
  Mi bien, mi esposa, cielo, gloria mia,
  Ah mi dueño, ah Mencía,
  Perdona, por tus ojos,
  Esta descompostura, estos enojos;
  Que tanto un fingimiento
  Fuera de mí llevó mi pensamiento:
  Y véte por tu vida; que prometo
  Que te miro con miedo y con respeto,
  Corrido deste exceso.
  ¡Jesus! No estuve en mí, no tuve seso.

D.ª MEN.

  _(Ap.)_ Miedo, espanto, temor y horror tan fuerte
  Parasismos han sido de mi muerte.

D. GUT.

  _(Ap.)_ Pues médico me llamo de mi honra,
  Yo cubriré con tierra mi deshonra.



JORNADA TERCERA.


_Alcázar de Sevilla._


ESCENA PRIMERA.

EL REY, DON GUTIERRE, Y TODO EL ACOMPAÑAMIENTO.

D. GUT.

  Pedro, á quien el indio polo
  Coronar de luz espera,
  Hablarte á solas quisiera.

REY.

  Idos todos.--Ya estoy solo.

_(Vase el acompañamiento.)_

D. GUT.

  Pues á tí, español Apolo,
  A tí, castellano Atlante,
  En cuyos hombros constante
  Se ve durar y vivir
  Todo un orbe de zafir,
  Todo un globo de diamante:
  A tí pues rindo en despojos
  La vida, mal defendida
  De tantas penas, si es vida
  Vida con tantos enojos.
  No te espantes que los ojos
  Tambien se quejen, señor.
  Que dicen que amor y honor
  Pueden, sin que á nadie asombre,
  Permitir que llore un hombre;
  Y yo tengo honor y amor.
  Honor, que siempre he guardado
  Como noble y bien nacido,
  Y amor, que siempre he tenido
  Como esposo enamorado:
  Adquirido y heredado
  Uno y otro en mí se ve,
  Hasta que tirana fué
  La nube que turbar osa
  Tanto esplendor en mi esposa,
  Y tanto lustre en mi fe.
  No sé cómo signifique
  Mi pena... Turbado estoy...
  Y más cuando á decir voy
  Que fué vuestro hermano Enrique
  Contra quien pido se aplique
  Desta justicia el rigor:
  No porque sepa, señor,
  Que el poder mi honor contrasta;
  Pero imaginarlo basta
  Quien sabe que tiene honor.
  La vida de vos espero
  De mi honra: así la curo
  Con prevencion, y procuro
  Que esta la sane primero;
  Porque si en rigor tan fiero
  Malicia en el mal hubiera,
  Junta de agravios hiciera,
  A mi honor desahuciara,
  Con la sangre le lavara,
  Con la tierra le cubriera.--
  No os turbeis: con sangre digo
  Solamente de mi pecho;
  Que Enrique, estad satisfecho,
  Está seguro conmigo.
  Y para esto hable un testigo:
  Esta daga, esta brillante
  Lengua de acero elegante,
  Suya fué; ved este dia
  Si está seguro, pues fía
  De mí su daga el Infante.

REY.

  Don Gutierre, bien está;
  Y quien de tan invencible
  Honor corona las sienes,
  Que con los rayos compiten
  Del sol, satisfecho viva
  De que su honor...

D. GUT.

                     No me obligue
  Vuestra Majestad, señor,
  A que piense que imagine
  Que yo he menester consuelos
  Que mi opinion acrediten.
  ¡Vive Dios, que tengo esposa
  Tan honesta, casta y firme,
  Que deja atras las romanas
  Lucrecia y Porcia, y Tomiris!
  Esta ha sido prevencion
  Solamente.

REY.

             Pues decidme:
  Para tantas prevenciones,
  Gutierre, ¿qué es lo que visteis?

D. GUT.

  Nada: que hombres como yo
  No ven; basta que imaginen,
  Que sospechen, que prevengan,
  Que recelen, que adivinen,
  Que... No sé cómo lo diga;
  Que no hay voz que signifique
  Una cosa, que áun no sea
  Un átomo indivisible.
  Solo á vuestra Majestad
  Di parte, para que evite
  El daño que no hay; porque
  Si le hubiera, de mí fíe
  Que yo le diera el remedio
  En vez, señor, de pedirle.

REY.

  Pues ya que de vuestro honor
  Médico os llamais, decidme,
  Don Gutierre, ¿qué remedios
  Antes del último hicisteis?

D. GUT.

  No pedí á mi mujer celos,
  Y desde entónces la quise
  Más: vivia en una quinta
  Deleitosa y apacible;
  Y para que no estuviera
  En las soledades triste,
  Traje á Sevilla mi casa,
  Y á vivir en ella vine,
  Adonde todo lo goza
  Sin que nada á nadie envidie;
  Porque malos tratamientos
  Son para maridos viles
  Que pierden á sus agravios
  El miedo, cuando los dicen.

REY.

  El Infante viene allí,
  Y si aquí os ve, no es posible
  Que deje de conocer
  Las quejas que dél me disteis.
  Mas acuérdome que un dia
  Me dieron con voces tristes
  Quejas de vos, y yo entónces
  Detras de aquellos tapices
  Escondí á quien se quejaba;
  Y en el mismo caso pide
  El daño el propio remedio,
  Pues al reves lo repite.
  Y así quiero hacer con vos
  Lo mismo que entónces hice;
  Pero con un órden más,
  Y es que nada aquí os obligue
  A descubriros. Callad
  A cuanto viereis.

D. GUT.

                    Humilde
  Estoy, señor, á tus piés.
  Seré el pájaro que fingen
  Con una piedra en la boca. _(Escóndese.)_


ESCENA II.

DON ENRIQUE.--EL REY; DON GUTIERRE, _oculto_.

REY.

  Vengais norabuena, Enrique,
  Aunque mala habrá de ser,
  Pues me hallais...

D. ENR.

                     ¡Ay de mí triste!

REY.

  Enojado.

D. ENR.

           ¿Pues, señor,
  Con quién lo estais, que os obligue?

REY.

  Con vos, Infante, con vos.

D. ENR.

  Será mi vida infelice.
  Si enojado tengo al sol,
  Veré mi mortal eclipse.

REY.

  ¿Vos, Enrique, no sabeis
  Que más de un acero tiñe
  El agravio en sangre real?

D. ENR.

  ¿Pues por quién, señor, lo dice
  Vuestra Majestad?

REY.

                    Por vos
  Lo digo, por vos, Enrique.
  El honor es reservado
  Lugar, donde el alma asiste.
  Yo no soy Rey de las almas:
  Harto en esto sólo os dije.

D. ENR.

  No os entiendo.

REY.

                  Si á la enmienda
  Vuestro amor no se apercibe,
  Dejando vanos intentos
  De bellezas imposibles,
  Donde el alma de un vasallo
  Con ley soberana vive,
  Podrá ser de mi justicia
  Que áun mi sangre no se libre.

D. ENR.

  Señor, aunque tu precepto
  Es ley que tu lengua imprime
  En mi corazon, y en él
  Como en el bronce se escribe,
  Escucha disculpas mias;
  Que no será bien que olvides
  Que con iguales orejas
  Ambas partes han de oirse.
  Yo, señor, quise á una dama
  (Que ya sé por quién lo dices,
  Si bien, con poca ocasion):
  En efecto, yo la quise
  Tanto...

REY.

           ¿Qué importa, si ella
  Es beldad tan imposible...?

D. ENR.

  Es verdad, pero...

REY.

  Callad.

D. ENR.

  Pues, señor, ¿no me permites
  Disculparme?

REY.

               No hay disculpa;
  Que es belleza que no admite
  Objecion.

D. ENR.

            Es cierto, pero
  El tiempo todo lo rinde,
  El amor todo lo puede.

REY.

  (_Ap._ ¡Válgame Dios! ¡qué mal hice
  En esconder á Gutierre!)
  Callad, callad.

D. ENR.

                  No te incites
  Tanto contra mí, ignorando
  La causa que á esto me obligue.

REY.

  Yo lo sé todo muy bien.
  (_Ap._ ¡Oh qué lance tan terrible!)

D. ENR.

  Pues yo, señor, he de hablar:
  En fin, doncella la quise.
  ¿Quién, decid, agravia á quién?
  ¿Yo á un vasallo...

D. GUT.

  _(Ap.)_             ¡Ay infelice!

D. ENR.

  Que ántes que fuese su esposa,
  Fué?...

REY.

          No teneis qué decirme.
  Callad, callad, que ya sé
  Que por disculpa fingisteis
  Tal quimera. Infante, Infante,
  Vamos mediando los fines.
  ¿Conoceis aquesta daga?

D. ENR.

  Sin ella á palacio vine
  Una noche.

REY.

             ¿Y no sabeis
  Dónde la daga perdisteis?

D. ENR.

  No, señor.

REY.

             Yo sí, pues fué
  Adonde fuera posible
  Mancharse con sangre vuestra,
  A no ser el que la rige
  Tan notable y leal vasallo.
  ¿No veis que venganza pide
  El hombre que áun ofendido,
  El pecho y las armas rinde?
  ¿Veis este puñal dorado?
  Jeroglífico es que dice
  Vuestro delito: á quejarse
  Viene de vos, y he de oirle.
  Tomad su acero, y en él
  Os mirad: veréis, Enrique,
  Vuestros defectos.

D. ENR.

                    Señor,
  Considera que me riñes
  Tan severo, que turbado...

REY.

  Toma la daga.--¿Qué hiciste,

_(Dale la daga, y al tomarla, turbado el Infante corta al Rey en la
mano.)_

  Traidor?

D. ENR.

           ¿Yo?

REY.

                ¿Desta manera
  Tu acero en mi sangre tiñes?
  ¿Tú la daga que te di,
  Hoy contra mi pecho esgrimes?
  ¿Tú me quieres dar la muerte?

D. ENR.

  Mira, señor, lo que dices;
  Que yo turbado...

REY.

                    ¿Tú á mí
  Te atreves? ¡Enrique, Enrique!
  Deten el puñal, ya muero.

D. ENR.

  ¡Hay confusiones más tristes!
  Mejor es volver la espalda,
  Y áun ausentarme y partirme
  Donde en mi vida te vea, _(Cáesele la daga.)_
  Porque de mí no imagines
  Que puedo verter tu sangre
  Yo ¡mil veces infelice! _(Vase.)_

REY.

  ¡Válgame el cielo! ¿qué es esto?
  ¡Oh qué aprension insufrible!
  Bañado me vi en mi sangre,
  Muerto estuve. ¿Qué infelice
  Imaginacion me cerca,
  Que con espantos horribles
  Y con helados temores
  El pecho y el alma oprime?
  Ruego á Dios que estos principios
  No lleguen á tales fines,
  Que con diluvios de sangre
  El mundo se escandalice. _(Vase.)_


ESCENA III.

DON GUTIERRE.

  ¡Todo es prodigios el dia!
  Con asombros tan terribles,
  De que yo estaba escondido
  No es mucho que el Rey se olvide.
  ¡Válgame Dios! ¿qué escuché?
  Mas ¿para qué lo repite
  La lengua, cuando mi agravio
  Con mi desdicha se mide?
  Arranquemos de una vez
  De tanto mal las raíces.
  Muera Mencía, su sangre
  Bañe el pecho donde asiste;
  Y pues aqueste puñal
  Hoy segunda vez me rinde
  El Infante, con él muera. _(Levanta la daga.)_
  Mas no es bien que lo publique;
  Porque si sé que el secreto
  Altas victorias consigue,
  Y que agravio que es oculto
  Oculta venganza pide,
  Muera Mencía de suerte
  Que ninguno lo imagine.
  Pero ántes que llegue á esto,
  La vida el cielo me quite,
  Porque no vea tragedias
  De un amor tan infelice.
  ¿Para cuándo, para cuándo
  Esos azules viriles
  Guardan un rayo? ¿No es tiempo
  De que sus puntas se vibren,
  Preciando de tan piadosos?
  ¿No hay, claros cielos, decidme,
  Para un desdichado muerte?
  ¿No hay un rayo para un triste? _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Sala en la casa de Don Gutierre, en Sevilla._


ESCENA IV.

DOÑA MENCÍA, JACINTA.

JACINTA.

  Señora, ¿qué tristeza
  Turba la admiracion á tu belleza,
  Que la noche y el dia
  No haces sino llorar?

D.ª MEN.

                        La pena mia
  No se rinde á razones.
  En una confusion de confusiones,
  Ni medidas, ni cuerdas,
  Desde la noche triste, si te acuerdas,
  Que viviendo en la quinta,
  Te dije que conmigo habia, Jacinta,
  Hablado Don Enrique
  (No sé cómo mi mal te signifique),
  Y tú despues dijiste que no era
  Posible, porque afuera
  A aquella misma hora que yo digo,
  El Infante tambien habló contigo,
  Estoy triste y dudosa,
  Confusa, divertida y temerosa,
  Pensando que no fuese
  Gutierre quien conmigo habló.

JACINTA.

                                ¿Pues ese
  Es engaño que pudo
  Suceder?

D.ª MEN.

           Sí, Jacinta, que no dudo
  Que de noche, y hablando
  Quedo, y yo tan turbada, imaginando
  En él mismo, vendría,
  Bien tal engaño suceder podria.
  Con esto el verle agora
  Conmigo alegre, y que consigo llora
  (Porque al fin los enojos,
  Que son grandes amigos de los ojos,
  No les encubren nada),
  Me tiene en tantas penas anegada.


ESCENA V.

COQUIN.--DICHAS.

COQUIN.

  Señora.

D.ª MEN.

          ¿Qué hay de nuevo?

COQUIN.

  Apénas á contártelo me atrevo.
  Don Enrique, el Infante...

D.ª MEN.

  Tente, Coquin, no pases adelante,
  Que su nombre no más me causa espanto.
  Tanto le temo, ó le aborrezco tanto.

COQUIN.

  No es de amor el suceso,
  Y por eso lo digo.

D.ª MEN.

                     Y yo por eso
  Lo escucharé.

COQUIN.

                El infante
  Que fué, señora, tu imposible amante,
  Con Don Pedro su hermano
  Hoy un lance ha tenido. Pero en vano
  Contártele pretendo,
  Por no saberle bien, ó porque entiendo
  Que no son justas leyes
  Que hombres de burlas hablen de los reyes.
  Esto aparte, en efeto
  Enrique me llamó, y con gran secreto
  Dijo: «A Doña Mencía
  Este recado da de parte mía.
  Que su desden tirano
  Me ha quitado la gracia de mi hermano,
  Y huyendo desta tierra,
  Hoy á la ajena patria me destierra,
  Donde vivir no espero,
  Pues de Mencía aborrecido muero.»

D.ª MEN.

  ¿Por mí el Infante ausente,
  Sin la gracia del Rey? ¡Cosa que intente,
  Con novedad tan grande,
  Que mi opinion en voz del vulgo ande!
  ¿Qué haré? ¡Cielos!

JACINTA.

                      Ahora
  El remedio mejor será, señora,
  Prevenir este daño.

COQUIN.

                      ¿Cómo puede?

JACINTA.

  Rogándole al Infante que se quede;
  Pues si una vez se ausenta,
  Como dicen, por tí, será tu afrenta
  Pública; que no es cosa
  La ausencia de un infante tan dudosa,
  Que no se diga luego
  Cómo y por qué.

COQUIN.

                  ¿Pues cuándo oirá ese ruego
  Si, calzada la espuela,
  Ya en su imaginacion Enrique vuela?

JACINTA.

  Escribiéndole ahora
  Un papel en que diga mi señora
  Que á su opinion conviene
  Que no se ausente; pues para eso tiene
  Lugar, si tú le llevas.

D.ª MEN.

  Pruebas de honor son peligrosas pruebas;
  Pero con todo quiero
  Escribir el papel, pues considero,
  Y no con necio engaño,
  Que es de dos daños este el menor daño,
  Si hay menor en los daños que recibo.
  Quedaos aquí los dos, miéntras yo escribo.

_(Vase.)_


ESCENA VI.

COQUIN, JACINTA.

JACINTA.

  ¿Qué tienes estos dias,
  Coquin, que andas tan triste? ¿No solias
  Ser alegre? ¿Qué efeto
  Te tiene así?

COQUIN.

                Metíme á ser discreto
  Por mi mal, y hame dado
  Tan grande hipocondría en este lado,
  Que me muero.

JACINTA.

                ¿Y qué es hipocondría?

COQUIN.

  Es una enfermedad que no la habia
  Habrá dos años, ni en el mundo era.
  Úsase poco há, y de manera
  Lo que se usa, amiga, no se excusa,
  Que una dama, sabiendo que se usa,
  Le dijo á su galan muy triste un dia:
  «Tráigame un poco uced de hipocondría.»
  Mas señor entra ahora.

JACINTA.

  ¡Ay Dios! Voy á avisar á mi señora.


ESCENA VIII.

DON GUTIERRE.--COQUIN, JACINTA.

D. GUT.

  Tente, Jacinta, espera.
  ¿Dónde corriendo vas de esa manera?

JACINTA.

  Avisar pretendia
  A mi señora de que ya venía
  Tu persona.

D. GUT.

  (_Ap._      ¡Oh criados,
  En efecto, enemigos no excusados!
  Turbados de temor los dos se han puesto.)
  Ven acá, díme tú lo que hay en esto:
  Díme por qué corrias. _(A Jacinta.)_

JACINTA.

  Solo por avisar de que venías,
  Señor, á mi señora.

D. GUT.

                      El labio sella.
  (_Ap._ Mas deste lo sabré mejor que della.)
  Coquin, tú me has servido
  Noble siempre, en mi casa te has criado:
  A tí vuelvo rendido,
  Díme, dime por Dios lo que ha pasado.

COQUIN.

  Señor, si algo supiera,
  De lástima no más te lo dijera.
  ¡Plegue á Dios! mi señor...

D. GUT.

                              ¡No, no des voces!
  ¿De qué aquí te turbaste?

COQUIN.

  Somos de buen turbar; mas esto baste.

D. GUT.

  (_Ap._ Señas los dos se han hecho.
  Ya no son cobardías de provecho.)
  Idos de aquí los dos.--Solos estamos,

_(Vanse los dos.)_

  Honor, lleguemos ya, desdicha, vamos.
  ¿Quién vió en tantos enojos
  Matar las manos y llorar los ojos?

_(Alza una cortina, y descubre á Doña Mencía escribiendo.)_


ESCENA IX.

DOÑA MENCÍA.--DON GUTIERRE.

D. GUT.

  _(Ap.)_ Escribiendo Mencía
  Está: ya es fuerza ver lo que escribia.

_(Llega á ella y quítale el papel.)_

D.ª MEN.

  ¡Ay Dios! ¡Válgame el cielo! _(Se desmaya.)_

D. GUT.

  Estatua viva se quedó de hielo. _(Lee.)_
  _Vuestra Alteza, señor..._ ¡Que por Alteza
  Vino mi honor á dar á tal bajeza!
  _No se ausente..._ Detente,
  Voz; pues le ruega aquí que no se ausente,
  A tanto mal me ofrezco,
  Que casi las desdichas me agradezco.--
  ¿Si aquí la doy la muerte...?
  Mas esto ha de pensarse desta suerte.
  Despediré criadas y criados:
  Solos han de quedarse mis cuidados
  Conmigo; y ya que ha sido
  Mencía la mujer que yo he querido
  Mas en mi vida, quiero
  Que en el último vale, en el postrero
  Parasismo, me deba
  La más nueva piedad, la accion más nueva.
  Ya que la cura he de aplicar postrera,
  No muera el alma, aunque la vida muera.

_(Escribe y vase.--Vuelve en sí Doña Mencía.)_


ESCENA X.

DOÑA MENCÍA.

  ¡Señor, deten la espada,
  No me juzgues culpada:
  El cielo sabe que inocente muero!
  ¿Qué fiera mano, qué sangriento acero
  En mi pecho ejecutas? ¡Tente, tente!
  ¡Una mujer no mates inocente!
  Mas ¿qué es esto? ¡ay de mí! ¿no estaba agora
  Gutierre aquí? ¿No via (¿quién lo ignora?)
  Que en mi sangre bañada,
  Moria en rubias ondas anegada?
  ¡Ay Dios, este desmayo
  Fué de mi vida aquí mortal ensayo!
  ¡Qué ilusion! Por verdad lo dudo y creo.
  El papel romperé.--¡Pero qué veo!
  De mi esposo es la letra, y desta suerte
  La sentencia me intima de mi muerte:

  _(Lee.)_ _El amor te adora, el honor te aborrece; y así el uno
  te mata y el otro te avisa. Dos horas tienes de vida: cristiana
  eres, salva el alma, que la vida es imposible._

  ¡Válgame Dios! ¡Jacinta, hola! ¿Qué es esto?
  ¿Nadie responde? ¡Otro temor funesto!
  ¿No hay alguna criada?
  Mas ¡ay de mí! la puerta está cerrada,
  Nadie en casa me escucha.
  Mucha es mi turbacion, mi pena es mucha.
  Destas ventanas son los hierros rejas,
  Y en vano á nadie le diré mis quejas,
  Que caen á unos jardines, donde apénas
  Habrá quien oiga repetidas penas.
  ¿Dónde iré desta suerte,
  Tropezando en la sombra de mi muerte?

_(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Calle._


ESCENA XI.

EL REY, DON DIEGO.

REY.

  En fin, ¿Enrique se fué?

D. DIEGO.

  Sí, señor: aquesta tarde
  Salió de Sevilla.

REY.

                    Creo
  Que ha presumido arrogante
  Que él solamente de mí
  Podrá en el mundo librarse.
  ¿Y dónde va?

D. DIEGO.

               Yo presumo
  Que á Consuegra.

REY.

                   Está el Infante
  Maestre allí, y querrán los dos
  A mis espaldas vengarse
  De mí.

D. DIEGO.

         Tus hermanos son,
  Y es forzoso que te amen
  Como hermano, y como á rey
  Te adoren: dos naturales
  Obediencias son.

REY.

                   Y Enrique
  ¿Quién lleva que le acompañe?

D. DIEGO.

  Don Arias.

REY.

             Es su privanza.

D. DIEGO.

  Música hay en esta calle.

REY.

  Vámonos llegando á ellos:
  Quizá con lo que cantaren,
  Me templaré.

D. DIEGO.

               La armonía
  Es antídoto á los males.

_(Cantan dentro.)_

  _El infante Don Enrique
  Hoy se despidió del Rey;
  Su pesadumbre y su ausencia
  Quiera Dios que pare en bien._

REY.

  ¡Qué triste voz! Vos, Don Diego,
  Echad por aquesa calle,
  No se nos escape quien
  Canta desatinos tales.

_(Vase cada uno por su parte.)_


       *       *       *       *       *


_Sala en casa de Don Gutierre._


ESCENA XII.

DON GUTIERRE; LUDOVICO, _cubierto el rostro_.

D. GUT.

  Entra, no tengas temor;
  Que ya es tiempo que destape
  Tu rostro y encubra el mio. _(Tápase.)_

LUDOV.

  ¡Válgame Dios!

D. GUT.

                 No te espante
  Nada que vieres.

LUDOV.

                   Señor,
  De mi casa me sacasteis
  Esta noche; pero apénas
  Me tuvisteis en la calle,
  Cuando un puñal me pusisteis
  Al pecho, sin que cobarde
  Vuestro intento resistiese,
  Que fué cubrirme y vendarme
  El rostro, y darme mil vueltas
  Luego á mis propios umbrales.
  Dijísteisme que mi vida
  Estaba en no destaparme;
  Una hora he andado con vos,
  Sin saber por donde ande.
  Y con ser la admiracion
  De aqueste caso tan grave,
  Más me turba y me suspende
  Inpensadamente hallarme
  En una casa tan rica,
  Sin ver que la habite nadie
  Sino vos, habiéndôs visto
  Siempre ese embozo delante.
  ¿Qué me quereis?

D. GUT.

                   Que te esperes
  Aquí solo un breve instante. _(Vase.)_

LUDOV.

  ¡Qué confusiones son estas
  Que á tal extremo me traen!
  ¡Válgame Dios! _(Vuelve Don Gutierre.)_

D. GUT.

                 Tiempo es ya
  De que entres aquí; mas ántes
  Escúchame: aqueste acero
  Será de tu pecho esmalte,
  Si resistes lo que yo
  Tengo ahora de mandarte.
  Asómate á ese aposento.
  ¿Qué ves en él?

LUDOV.

                  Una imágen
  De la muerte, un bulto veo
  Que sobre una cama yace:
  Dos velas tiene á los lados,
  Y un crucifijo delante.
  Quién es, no puedo decir;
  Que con unos tafetanes
  El rostro tiene cubierto.

D. GUT.

  Pues á ese vivo cadáver
  Que ves, has de dar la muerte.

LUDOV.

  ¿Pues qué quieres?

D. GUT.

                     Que la sangres,
  Y la dejes que rendida
  A su violencia, desmaye
  La fuerza, y que en tanto horror
  Tú atrevido la acompañes,
  Hasta que por breve herida
  Ella espire y se desangre.
  No tienes que replicar,
  Si buscas en mí piedades;
  Sino obedecer, si quieres
  Vivir.

LUDOV.

         Señor, tan cobarde
  Te escucho, que no podré
  Obedecerte.

D. GUT.

              Quien hace
  Por consejos rigurosos
  Mayores temeridades,
  Darte la muerte sabrá.

LUDOV.

  Fuerza es que mi vida guarde.

D. GUT.

  Haces bien; que ya en el mundo
  Hay quien viva porque mate.
  Desde aquí te estoy mirando,
  Ludovico: entra adelante.

_(Entrase Ludovico.)_


ESCENA XIII.

DON GUTIERRE.

  Este fué el más sutil medio
  Para que mi afrenta acabe
  Disimulada, supuesto
  Que el veneno fuera fácil
  De averiguar, las heridas
  Imposible de ocultarse.
  Y así, contando la muerte,
  Y diciendo que fué lance
  Forzoso hacer la sangría,
  Ninguno podrá probarme
  Lo contrario, si es posible
  Que una venda se desate.
  Haber traido á este hombre
  Con recato semejante,
  Fué bien; pues si descubierto
  Viniera, y viera sangrarse
  Una mujer, y por fuerza,
  Fuera presuncion notable.
  Éste no podrá decir,
  Cuando refiera este trance,
  Quién fué la mujer; demas,
  Que cuando de aquí le saque,
  Muy léjos ya de mi casa
  Estoy dispuesto á matarle.
  Médico soy de mi honor:
  La vida pretendo darle
  Con una sangría; que todos
  Curan á costa de sangre. _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Calle._


ESCENA XIV.

EL REY Y DON DIEGO, _que vuelven á salir cada uno por su parte_;
MÚSICA, _dentro_.

_(Cantan dentro.)_

  _Para Consuegra camina,_
  _Donde piensa que han de ser_
  _Teatros de mil tragedias_
  _Las montañas de Montiel._

REY.

  ¡Don Diego!

D. DIEGO.

              Señor...

REY.

                       Supuesto
  Que cantan en esta calle,
  ¿No hemos de saber quién es?
  ¿Habla por ventura el aire?

D. DIEGO.

  No te desveles, señor,
  Oir estas necedades;
  Porque á vuestro enojo ya
  Versos en Sevilla se hacen.

REY.

  Dos hombres vienen aquí.

D. DIEGO.

  Es verdad: no hay que esperarles
  Respuesta. Hoy el conocerlos
  Importa.


ESCENA XV.

DON GUTIERRE, _que trae á_ LUDOVICO, _con los ojos vendados_.--DICHOS.

D. GUT.

  _(Ap.)_  ¡Que así me ataje
  El cielo que con la muerte
  Deste hombre eche otra llave
  Al secreto!--Ya me es fuerza
  De aquestos dos retirarme;
  Que nada me está peor
  Que conocerme en tal parte.
  Dejaréle en este puesto. _(Vase.)_


ESCENA XVI.

EL REY, DON DIEGO, LUDOVICO, _con los ojos vendados_.

D. DIEGO.

  De los dos, señor, que ántes
  Venian, se volvió el uno,
  Y el otro se quedó.

REY.

                      A darme
  Confusion; que si le veo
  A la poca luz que esparce
  La luna, no tiene forma
  Su rostro: confusa imágen
  El bulto, mal acabado,
  Parece de un blanco jaspe.

D. DIEGO.

  Téngase tu Majestad,
  Que yo llegaré.

REY.

                  Dejadme,
  Don Diego.--¿Quién eres, hombre?

LUDOV.

  Dos confusiones son parte,
  Señor, á no responderos: _(Descúbrese.)_
  La una, la humildad que trae
  Consigo un pobre oficial,
  Para que con reyes hable
  (Que ya os conocí en la voz,
  Luz que tan notorio os hace);
  La otra, la novedad
  Del suceso más notable
  Que el vulgo, archivo confuso,
  Califica en sus anales.

REY.

  ¿Qué os ha sucedido?

LUDOV.

                       A vos
  Lo diré, escuchadme aparte.

REY.

  Retiraos allí, Don Diego.

D. DIEGO.

  _(Ap.)_ Sucesos son admirables
  Cuantos esta noche veo:
  Dios con bien della me saque.

LUDOV.

  No la ví el rostro, mas solo
  Entre repentidos ayes
  Escuché: «Inocente muero;
  El cielo no te demande
  Mi muerte.» Esto dijo, y luego
  Espiró; y en este instante
  El hombre mató la luz,
  Y por los pasos, que ántes
  Entré, salí. Sintió ruido
  Al llegar á aquesta calle,
  Y dejóme en ella solo.
  Fáltame ahora de avisarte,
  Señor, que saqué bañadas
  Las manos en roja sangre,
  Y que fuí por las paredes,
  Como que quise arrimarme,
  Manchando todas las puertas,
  Por si pueden las señales
  Descubrir la casa.

REY.

                     ¡Bien
  Hicistes! Venid á hablarme
  Con lo que hubiereis sabido,
  Y tomad este diamante,
  Y decid que por las señas
  Dél os permitan hablarme
  A cualquier hora que vais.

LUDOV.

  El cielo, señor, os guarde. _(Vase.)_

REY.

  Vamos, Don Diego.

D. DIEGO.

                    ¿Qué es eso?

REY.

  El suceso más notable
  Del mundo.

D. DIEGO.

             Triste has quedado.

REY.

  Forzoso ha sido asombrarme.

D. DIEGO.

  Vente á acostar, que ya el dia
  Entre dorados celajes
  Asoma.

REY.

         No he de poder
  Sosegar, hasta que halle
  Una cosa que deseo.

D. DIEGO.

  ¿No miras que ya el sol sale,
  Y que podrán conocerte
  Desta suerte?


ESCENA XVII.

COQUIN.--EL REY, DON DIEGO.

COQUIN.

                Aunque me mates,
  Habiéndote conocido,
  ¡Oh señor! tengo de hablarte:
  Escúchame.

REY.

             Pues, Coquin,
  ¿De qué los extremos son?

COQUIN.

  Esta es una honrada accion,
  De hombre bien nacido en fin;
  Que aunque hombre me consideras
  De burlas con loco humor,
  Llegando á véras, señor,
  Soy hombre de muchas véras,
  Oye lo que he de decir,
  Pues de véras vengo á hablar;
  Que quiero hacerte llorar,
  Ya que no puedo reir.
  Gutierre, mal informado
  Por aparentes recelos,
  Llegó á tener viles celos
  De su honor; y hoy obligado
  A tal sospecha, que halló
  Escribiendo (¡error cruel!)
  Para el Infante un papel
  A su esposa, que intentó
  Con él que no se ausentase,
  Porque ella causa no fuese
  De que en Sevilla se viese
  La novedad que causase
  Pensar que ella le ausentaba...
  Con esta inocencia pues
  (Que á mí me consta), con piés
  Cobardes, adonde estaba
  Llegó, y el papel tomó,
  Y, sus celos declarados,
  Despidiendo á los criados,
  Todas las puertas cerró,
  Solo se quedó con ella.
  Yo enternecido de ver
  Una infelice mujer
  Perseguida de su estrella,
  Vengo, señor, á avisarte
  Que tu brazo altivo y fuerte
  Hoy la libre de la muerte.

REY.

  ¿Con qué he de poder pagarte
  Tal piedad?

COQUIN.

              Con darme aprisa
  Libre, sin más accidentes,
  De la accion contra mis dientes.

REY.

  No es ahora tiempo de risa.

COQUIN.

  ¿Cuándo lo fué?

REY.

                  Y pues el dia
  Aun no se muestra, lleguemos,
  Don Diego. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Otra calle, y en ella la casa de Don Gutierre. En la puerta se ve la
señal de una mano sangrienta._


ESCENA XVIII.

LOS MISMOS.

REY.

             Así, pues, daremos
  Color á una industria mia,
  De entrar en casa mejor,
  Diciendo que me ha cogido
  Cerca el dia, y he querido
  Disimular el color
  Del vestido; y una vez
  Allá, el estado veremos
  Del suceso; y así haremos
  Como Rey, supremo juez.

D. DIEGO.

  No hubiera industria mejor.

COQUIN.

  De su casa lo has tratado
  Tan cerca, que ya has llegado;
  Que esta es su casa, señor.

REY.

  Don Diego, espera.

D. DIEGO.

  ¿Qué ves?

REY.

  ¿No ves sangrienta una mano
  Impresa en la puerta?

D. DIEGO.

  Es llano.

REY.

  _(Ap.)_ Gutierre sin duda es
  El cruel que anoche hizo
  Una accion tan inclemente.
  No sé qué hacer. Cuerdamente
  Sus agravios satisfizo.


ESCENA XIX.

DOÑA LEONOR, INÉS, _con mantos_.--DICHOS.

D.ª LEON.

  Salgo á misa ántes del dia,
  Porque ninguno me vea
  En Sevilla, donde crea
  Que olvido la pena mia.
  Mas gente hay aquí. ¡Ay Inés!
  ¿El Rey qué hará en esta casa?

INÉS.

  Tápate en tanto que pasa.

REY.

  Accion excusada es,
  Porque ya estais conocida.

D.ª LEON.

  No fué encubrirme, señor,
  Por excusar el honor
  De dar á tus piés la vida.

REY.

  Esa accion es para mí,
  De recatarme de vos,
  Pues sois acrêdor, por Dios,
  De mis honras; que yo os di
  Palabra, y con gran razon,
  De que he de satisfacer
  Vuestro honor; y lo he de hacer
  En la primera ocasion.


ESCENA XX.

DON GUTIERRE.--DICHOS.

D. GUT.

  _(Dentro)_ ¡Hoy me he de desesperar,
  Cielo airado, si no baja
  Un rayo de esas esferas
  Y en cenizas me desata!

REY.

  ¿Qué es esto?

D. DIEGO.

                Loco furioso
  Don Gutierre de su casa
  Sale.

REY.

        ¿Dónde vais, Gutierre?

D. GUT.

  _(Sale.)_ A besar, señor, tus plantas;
  Y de la mayor desdicha,
  De la tragedia más rara,
  Escucha la admiracion,
  Que eleva, admira y espanta.
  Mencía, mi amada esposa,
  Tan hermosa como casta,
  Virtuosa como bella
  (Dígalo á voces la fama):
  Mencía, á quien adoré
  Con la vida y con el alma,
  Anoche á un grave accidente
  Vió su perfeccion postrada,
  Por desmentirla divina
  Este accidente de humana.
  Un médico, que lo es
  El de mayor nombre y fama,
  Y el que en el mundo merece
  Inmortales alabanzas,
  La recetó una sangría,
  Porque con ella esperaba
  Restituir la salud
  A un mal de tanta importancia.
  Sangróse en fin; que yo mismo,
  Por estar sola la casa,
  Llamé al sangrador, no habiendo
  Ni criados ni criadas.
  A verla en su cuarto, pues,
  Quise entrar esta mañana...
  --Aquí la lengua enmudece,
  Aquí el aliento me falta.
  Veo de funesta sangre
  Teñida toda la cama,
  Toda la ropa cubierta,
  Y que en ella ¡ay Dios! estaba
  Mencía, que se habia muerto
  Esta noche desangrada.
  Ya se ve cuán fácilmente
  Una venda se desata.
  ¿Pero para qué presumo
  Reducir hoy á palabras
  Tan lastimosas desdichas?
  Vuelve á esta parte la cara,
  Y verás sangriento el sol,
  Verás la luna eclipsada,
  Deslucidas las estrellas
  Y las esferas borradas;
  Y verás á la hermosura
  Mas triste y más desdichada,
  Que, por darme mayor muerte,
  No me ha dejado sin alma.

_(Descúbrese á Doña Mencía en la cama.)_[1]

  [1] Esto se haria en tiempo de Calderon descorriendo una cortina,
  suponiéndose que era de una ventana correspondiente á la alcoba
  de Doña Mencía.

REY.

  ¡Notable suceso! (_Ap._ Aquí
  La prudencia es de importancia.
  Mucho en reportarme haré.
  Tomó notable venganza.)
  Cubrid ese horror que asombra,
  Ese prodigio que espanta,
  Espectáculo que admira,
  Símbolo de la desgracia.
  Gutierre, menester es
  Consuelo; y porque le haya
  En pérdida que es tan grande
  Con otra tanta ganancia,
  Dadle la mano á Leonor;
  Que es tiempo que satisfaga
  Vuestro valor lo que debe,
  Y yo cumpla la palabra
  De volver en la ocasion
  Por su valor y su fama.

D. GUT.

  Señor, si de tanto fuego
  Aún las cenizas se hallan
  Calientes, dadme lugar
  Para que llore mis ánsias.
  ¿No quereis que escarmentado
  Quede?

REY.

  Esto ha de ser, y basta.

D. GUT.

  Señor, ¿quereis que otra vez,
  No libre de la borrasca,
  Vuelva al mar? ¿Con qué disculpa?

REY.

  Con que vuestro Rey lo manda.

D. GUT.

  Señor, escuchad aparte
  Disculpas.

REY.

             Son excusadas.
  ¿Cuáles son?

D. GUT.

               ¿Si vuelvo á verme
  En desdichas tan extrañas,
  Que de noche halle embozado
  A vuestro hermano en mi casa...?

REY.

  No dar crédito á sospechas.

D. GUT.

  ¿Y si detras de mi cama
  Hallase tal vez, señor,
  De Don Enrique la daga?

REY.

  Presumir que hay en el mundo
  Mil sobornadas criadas,
  Y apelar á la cordura.

D. GUT.

  A veces, señor, no basta.
  ¿Si veo rondar despues
  De noche y de dia mi casa?

REY.

  Quejárseme á mí.

D. GUT.

                   ¿Y si cuando
  Llego á quejarme, me aguarda
  Mayor desdicha escuchando?

REY.

  ¿Qué importa, si él desengaña
  Que fué siempre su hermosura
  Una constante muralla
  De los vientos defendida?

D. GUT.

  ¿Y si volviendo á mi casa,
  Hallo algun papel que pide
  Que el Infante no se vaya?

REY.

  Para todo habrá remedio.

D. GUT.

  ¿Posible es que á esto le haya?

REY.

  Sí, Gutierre.

D. GUT.

                ¿Cuál, señor?

REY.

  Uno vuestro.

D. GUT.

               ¿Qué es?

REY.

                        Sangrarla.

D. GUT.

  ¿Qué decís?

REY.

              Que hagais borrar
  Las puertas de vuestra casa;
  Que hay mano sangrienta en ellas.

D. GUT.

  Los que de un oficio tratan,
  Ponen, señor, á las puertas
  Un escudo de sus armas;
  Trato en honor, y así pongo
  Mi mano en sangre bañada
  A la puerta; que el honor
  Con sangre, señor, se lava.

REY.

  Dádsela, pues, á Leonor;
  Que yo sé que su alabanza
  La merece.

D. GUT.

             Sí la doy. _(Dale la mano.)_
  Mas mira que va bañada
  En sangre, Leonor.

D.ª LEON.

                     No importa;
  Que no me admira ni espanta.

D. GUT.

  Mira que médico he sido
  De mi honra: no está olvidada
  La ciencia.

D.ª LEON.

              Cura con ella
  Mi vida, en estando mala.

D. GUT.

  Pues con esa condicion
  Te la doy. Con esto acaba
  _El Médico de su honra_,
  Perdonad sus muchas faltas.



A SECRETO AGRAVIO SECRETA VENGANZA.

DRAMA EN TRES JORNADAS.



PERSONAS.


  EL REY DON SEBASTIAN.
  DON LOPE DE ALMEIDA.
  DON JUAN DE SILVA.
  DON LUIS DE BENAVIDES.
  DON BERNARDINO, _viejo_.
  EL DUQUE DE BERGANZA.
  DOÑA LEONOR, _dama_.
  SIRENA, _criada_.
  MANRIQUE, _criado_.
  CECILIO, _criado_.
  UN BARQUERO.
  _Acompañamiento._
  _Soldados._


La escena es en Lisboa, en las cercanías de Aldea Gallega y en otros
puntos.



JORNADA PRIMERA.


_Vista exterior de una quinta del Rey._


ESCENA PRIMERA.

EL REY DON SEBASTIAN, DON LOPE DE ALMEIDA, MANRIQUE, ACOMPAÑAMIENTO.

D. LOPE.

  Otra vez, gran señor, os he pedido
  Esta licencia, y otra habeis tenido
  Por bien mi casamiento;
  Mas yo que siempre, á tanta luz atento,
  Vivo en vuestro semblante, vengo á daros
  Cuenta de mi eleccion, y á suplicaros
  Que en vuestra gracia pueda
  Colgar las armas, y que Marte ceda
  A Amor la gloria, cuando en paz reciba,
  En vez de alto laurel, sagrada oliva.
  Yo os he servido, y solamente espero
  Esta merced por galardon postrero,
  Pues con esta licencia venturosa
  Hoy saldré á recibir mi amada esposa.

REY.

  Yo estimo vuestro gusto y vuestro aumento,
  Y me alegro de vuestro casamiento;
  Y á no estar ocupado
  En la guerra que en Africa he intentado,
  Fuera vuestro padrino.

D. LOPE.

  Eterno dure ese laurel divino
  Que tus sienes corona.

REY.

  Estimo en mucho yo vuestra persona.

_(Vase el Rey y acompañamiento.)_


ESCENA II.

DON LOPE, MANRIQUE.

MANRIQ.

  Contento estás.

D. LOPE.

                  Mal supiera
  La dicha y la gloria mia
  Disimular su alegría.
  ¡Felice yo, si pudiera
  Volar hoy!

MANRIQ.

             Al viento igualas.

D. LOPE.

  Poco aprovecha; que el viento
  Es perezoso elemento.
  Diérame el amor sus alas,
  Volara abrasado y ciego;
  Pues quien al viento se entrega,
  Olas de viento navega,
  Y las de amor son de fuego.

MANRIQ.

  Para que desengañarme
  Pueda, creyendo que tienes
  Causa, dime á lo que vienes
  Con tanta prisa.

D. LOPE.

                   A casarme.

MANRIQ.

  ¿Y no miras que es error,
  Digno de que al mundo asombre,
  Que vaya á casarse un hombre
  Con tanta prisa, señor?
  Si hoy, que te vas á casar,
  Del mismo viento te quejas,
  ¿Qué dejas que hacer, qué dejas,
  Cuando vayas á enviudar?


ESCENA III.

DON JUAN DE SILVA, _en traje pobre_.--DON LOPE, MANRIQUE.

D. JUAN.

  _(Para sí.)_ ¡Cuán diferente pensé
  Volver á tí, patria mia,
  Aquel infelice dia
  Que tus umbrales dejé!
  ¡Quién no te hubiera pisado!
  Pues siempre mejor ha sido,
  Adonde no es conocido,
  Vivir el que es desdichado.
  Gente hay aquí; no es razon
  Verme en el mal que me veo.

D. LOPE.

  Aguárdate. No lo creo.
  ¿Si es verdad? ¿Si es ilusion?
  ¡Don Juan!

D. JUAN.

             ¡Don Lope!

D. LOPE.

                        Dudoso
  De tanta dicha, mis brazos
  Han suspendido sus lazos.

D. JUAN.

  Deteneos, que es forzoso
  Que me defienda de quien
  Tanto honor y valor tiene;
  Que hombre que tan pobre viene,
  Don Lope amigo, no es bien
  Que toque (¡oh suerte importuna!)
  Pecho de riquezas lleno.

D. LOPE.

  Vuestra razones condeno,
  Porque si da la fortuna
  Humanos bienes del suelo,
  El cielo un amigo da
  Como vos: ¡ved lo que va
  Desde la fortuna al cielo!

D. JUAN.

  Aunque haceis que aliento cobre,
  En mí mayor mal está:
  ¡Mirad cuán grande será
  Mal que es mayor que ser pobre!
  Y porque mi sentimiento
  Algun alivio prevenga,
  Si es posible que le tenga,
  Escuchad, Don Lope, atento.
  A la conquista famosa
  De la India, que eligió
  Para su tumba la noche
  Y para su cuna el sol,
  Amigos, y tan amigos,
  Pasamos juntos los dos,
  Que asistieron en dos cuerpos
  Un alma y un corazon.
  No codicia de riqueza,
  Sino codicia de honor
  Obligó nuestros deseos
  A tan atrevida accion,
  Como tocar con bajeles
  La provincia que ignoró
  Por tantos años la ciencia,
  Nunca creida hasta hoy.
  La nobleza lusitana
  De su fortuna fió
  Naves, que ciertas exceden
  Las fingidas de Jason.
  Dejo esta alabanza á quien
  Pueda con más dulce voz
  Contar los famosos hechos
  Desta invencible nacion;
  Porque el gran Luis de Camoens,
  Escribiendo lo que obró,
  Con pluma y espada muestra
  Ya el ingenio y ya el valor
  En esta parte. Despues,
  Don Lope invicto, que vos,
  Por muerte de vuestro padre,
  Volvisteis, me quedé yo,
  Bien sabeis con cuánta fama
  De amigos y de opinion,
  Que ahora perdidos hacen
  El sentimiento mayor.
  Pero en efecto es consuelo:
  ¡Ved si desgraciado soy,
  Que nunca le di, malquisto,
  A la fortuna ocasion!
  Habia en Goa una señora,
  Hija de un hombre á quien dió
  Grande cantidad de hacienda
  Codicia y contratacion.
  Era hermosa, era discreta;
  Que, aunque enemigas las dos,
  En ella hicieron las paces
  Hermosura y discrecion.
  Servíla tan venturoso,
  Que merecí algun favor;
  Pero ¿quién ganó al principio,
  Que á la postre no perdió?
  ¿Quién fué ántes tan felice,
  Que despues no declinó?
  Porque son muy parecidos
  Juego, fortuna y amor.
  Don Manuel de Sosa, un hombre
  (Hijo del gobernador
  Manuel de Sosa) por sí
  De mucha resolucion,
  Muy valiente, muy cortés,
  Bizarro y cuerdo (que yo,
  Aunque le quité la vida,
  No he de quitarle el honor),
  De Violante enamorado
  (Que este es el nombre que dió
  Ocasion á mi ventura
  Y á mi desdicha ocasion),
  En Goa públicamente
  Era mi competidor.
  Poco cuidado me daba
  Su amorosa pretension;
  Porque siendo, como era,
  El favorecido yo,
  La pena del despreciado
  Hizo mi dicha mayor.
  Un dia, que el sol hermoso
  Saliera (¡pluguiera á Dios,
  Sepultara eterna noche
  Su contínuo resplandor!),
  Salió con el sol Violante:
  Bastaba pedirle yo
  Que áun el uno no saliera,
  Para que salieran dos.
  De criados rodeada
  A la marina llegó,
  Donde estaba mucha gente,
  Porque en aquella ocasion
  Habia llegado una nave
  Al puerto, y su admiracion
  Dió causa á aqueste concurso,
  Y á mi desdicha la dió.
  Estábamos en un corro
  De mucha gente los dos,
  Todos soldados y amigos,
  Cuando á la vista paso
  Violante. Iba tan airosa,
  Que allí ninguno dejó
  De poner el alma en ella,
  Porque su planta veloz
  Era el móvil que llevaba
  Tras sí la imaginacion.
  Dijo un capitan:--¡Qué bella
  Mujer!--A quien respondió
  Don Manuel:--Y como tal
  Ha sido la condicion.
  --Será cruel.--No por eso
  Lo digo (le replicó),
  Sino por ver que ha escogido,
  Como hermosa, lo peor.--
  Yo entónces dije: Ninguno
  Sus favores mereció,
  Porque no hay quien los merezca;
  Y si hay alguno, soy yo.
  --Mentís, dijo. Aquí no puedo
  Proseguir, porque la voz
  Muda, la lengua turbada,
  Frio el cuerpo, el corazon
  Palpitante, los sentidos
  Muertos y vivo el dolor,
  Quedan repitiendo aquella
  Afrenta. ¡Oh tirano error
  De los hombres! ¡Oh vil ley
  Del mundo! ¡Que una razon,
  O que una sinrazon pueda
  Manchar el altivo honor
  Tantos años adquirido,
  Y que la antigua opinion
  De honrado quede postrada
  A lo fácil de una voz!
  ¡Que el honor, siendo un diamante,
  Pueda un frágil soplo (¡ay Dios!)
  Abrasarle y consumirle,
  Y que siendo su esplendor
  Más que el sol puro, un aliento
  Sirva de nube á este sol!
  Mucho del caso me aparto,
  Llevado de la pasion.
  Perdonad, vuelvo al suceso.
  Apénas él pronunció
  Tales razones, Don Lope,
  Cuando mi espada veloz
  Pasó de la vaina al pecho,
  Tal que á todos pareció
  Que imitaron trueno y rayo
  Juntas mi espada y su voz.
  Bañado en su misma sangre,
  Muerto en la arena cayó,
  Cuando para mi defensa
  Tomé una iglesia, á quien dió
  En aquel sitio lugar
  La sagrada religion
  De Francisco; que por ser
  Su padre el gobernador,
  Me fué forzoso esconderme
  Con tanto asombro y temor,
  Que tres dias un sepulcro
  Habité vivo. ¿Quién vió
  Que siendo el contrario el muerto,
  Fuese el sepultado yo?
  Al cabo de los tres dias,
  Por amistad y favor,
  El capitan de la nave
  Que á nuestro puerto llegó,
  Y que á Lisboa venía,
  En ella me recibió
  Una noche, cuyo manto
  Fué de mi vida ocasion.
  En esta nave escondido
  Estuve, hasta que el veloz
  Monstruo del viento y del agua
  Los piélagos dividió
  De Neptuno. ¡Injusto engaño
  De la vida! O su pasion
  No dé por infame al hombre
  Que sufre su deshonor,
  O le dé por disculpado
  Si se venga; que es error
  Dar á la afrenta castigo,
  Y no al castigo perdon.
  Hoy he llegado á Lisboa,
  Adonde tan pobre estoy,
  Que no osaba entrar en ella.
  Estas mis fortunas son,
  Ya no tristes, sino alegres,
  Pues me dieron ocasion
  De llegar á vuestros brazos.
  Estos mil veces os doy,
  Si un hombre tan infelice
  Puede merecer de vos,
  Oh gran Don Lope de Almeida,
  Tal merced, honra y favor.

D. LOPE.

  Atentamente escuché,
  Don Juan de Silva, las quejas,
  Que en lágrimas anegadas
  Dais desde el pecho á la lengua,
  Y atentamente he pensado
  Que no hay opinion que pueda,
  Por más sutil que discurra,
  Tener dudosa la vuestra.
  ¿Quién, en naciendo, no vive
  Sujeto á las inclemencias
  Del tiempo y de la fortuna?
  ¿Quién se libra, quién se excepta
  De una intencion mal segura,
  De un pecho doble, que alienta
  La ponzoña de una mano
  Y el veneno de una lengua?
  Ninguno. Solo dichoso
  Puede llamarse el que deja,
  Como vos, limpio su honor
  Y castigada su ofensa.
  Honrado estais: negras sombras
  No deslustren, no oscurezcan
  Vuestro honor antiguo, y hoy
  En nuestra amistad se vea
  La virtud de aquellas plantas
  Tan conformemente opuestas,
  Que una con calor consume,
  Y otra con frialdad penetra,
  Siendo veneno las dos,
  Y estando juntas, se templan
  De suerte, que son entónces
  Salud más segura y cierta.
  Vos estais triste, yo alegre:
  Partamos la diferencia
  Entre los dos, y templando
  El contento y la tristeza,
  Queden en igual balanza
  Mi alegría y vuestra pena,
  Mi gusto y vuestro dolor,
  Mi ventura y vuestra queja,
  Porque el pesar ó el placer
  Matar á ninguno pueda.
  Yo me he casado en Castilla,
  Por poder, con la más bella
  Mujer... (Mas para ser propia
  Es lo ménos la belleza.)
  Con la más noble, más rica,
  Más virtuosa y más cuerda
  Que pudo en el pensamiento
  Hacer dibujos la idea.
  Doña Leonor de Mendoza
  Es su nombre, y hoy con ella
  Don Bernardino mi tio
  Llegará á Aldea Gallega,
  Donde salgo á recibirla
  Con tan venturosas muestras
  Como veis; y un bello barco
  Tan venturoso la espera,
  Que juzga por perezosas
  Hoy del tiempo las ligeras
  Alas; porque el bien que tarda,
  No llega bien cuando llega.
  Esta es mi dicha, mayor
  Por ver cuánto la acrecienta
  Vuestra venida, Don Juan.
  No os dé temor, no os dé pena
  Venir pobre; rico soy:
  Mi casa, amigo, mi mesa,
  Mis caballos, mis criados,
  Mi honor, mi vida, mi hacienda,
  Todo es vuestro. Consolaos
  De que la fortuna os deja
  Un amigo verdadero,
  Y que no ha tenido fuerza
  Contra vos quien no os quitó
  Ese valor que os alienta,
  Esa alma que os anima,
  Y este brazo que os defienda.
  No me respondais, dejad
  Las cortesanas finezas,
  Entre amigos excusadas,
  Y venid adonde sea
  Testigo vuestra persona
  De la dicha que me espera;
  Que hoy en Lisboa ha de entrar
  Mi esposa, y estas tres leguas
  De mar (para mí de fuego)
  Hemos de venir con ella;
  Que de esotra parte está
  Sin duda.

D. JUAN.

            Pues no pretenda
  Con mi humildad deslucirse,
  Don Lope, vuestra nobleza,
  Porque el mundo, no la sangre,
  Sino el vestido, respeta.

D. LOPE.

  Ese es engaño del mundo,
  Que no ve ni considera
  Que al cuerpo le viste el oro,
  Pero al alma la nobleza.
  Venid conmigo. (_Ap._ Suspiros,
  Ofreced viento á las velas,
  Si es que en los mares del fuego
  Bajeles de amor navegan.)

_(Vanse los dos.)_

MANRIQ.

  Yo me quiero adelantar
  En alguna barca destas,
  Que llaman muletes, y hoy
  Siendo cojo con muletas,
  Pediré á mi buena ama
  Las albricias de que llega
  Su esposo; que el primer dia
  Da las albricias cualquiera,
  Porque sale de forzada,
  Si es lo mismo que doncella. _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Campo cercano á Aldea Gallega._


ESCENA IV.

DON BERNARDINO, DOÑA LEONOR, SIRENA.

D. BER.

  En la falda lisonjera
  Deste monte coronado
  De flores, donde ha llamado
  A cortes la primavera,
  Puedes descansar, en tanto,
  Bella Leonor, que dichoso
  Llega Don Lope tu esposo.
  Y perdona al dulce llanto,
  Aunque no es gran maravilla
  Que con sentimiento igual,
  A vista de Portugal
  Te despidas de Castilla.

D.ª LEON.

  Ilustre D. Bernardino
  De Almeida, mi tierno llanto
  No es ingratitud á tanto
  Honor como me previno
  La suerte y la dicha mia.
  Viendo tan cercano el bien,
  Gusto ha sido; que tambien
  Hay lágrimas de alegría.

D. BER.

  Cuerdamente te disculpa
  La discrecion lisonjera;
  Y aunque por disculpa fuera,
  Te agradeciera la culpa.
  Yo quiero dar más lugar
  A divertir la porfía
  De aquesta melancolía.
  Aquí puedes descansar,
  Venciendo el rigor aquí
  Del sol, que en sus rayos arde,
  El cielo tu vida guarde. _(Vase.)_


ESCENA V.

DOÑA LEONOR, SIRENA.

D.ª LEON.

  ¿Fuése ya, Sirena?

SIRENA.

                     Sí.

D.ª LEON.

  ¿Oyenos álguien?

SIRENA.

                   Sospecho
  Que estamos solas las dos.

D.ª LEON.

  Pues salga mi pena (¡ay Dios!)
  De mi vida y de mi pecho.
  Salga en lágrimas deshecho
  El dolor que me provoca,
  El fuego que al alma toca,
  Remitiendo sus enojos
  En lágrimas á los ojos,
  Y en suspiros á la boca.
  Y sin paz y sin sosiego
  Todo lo abrasen veloces,
  Pues son de fuego mis voces
  Y mis lágrimas de fuego.
  Abrasen, cuando navego
  Tanto mar y viento tanto,
  Mi vida y mi fuego cuanto
  Consume el fuego violento,
  Pues mi voz es fuego y viento,
  Mis lágrimas fuego y llanto.

SIRENA.

  ¿Qué dices, señora? Advierte
  En tu peligro y tu honor.

D.ª LEON.

  ¿Tú que sabes mi dolor,
  Tú que conoces mi muerte,
  Me reportas desta suerte?
  ¿Tú de mi llanto me alejas?
  ¿Tú que calle me aconsejas?

SIRENA.

  Tu inútil queja escuchando
  Estoy.

D.ª LEON.

         ¡Ay Sirena! ¿cuándo
  Son inútiles las quejas?
  Quéjase una flor constante
  Si el aura sus hojas hiere,
  Cuando el sol caduco muere
  En túmulos de diamante;
  Quéjase un monte arrogante
  De las injurias del viento,
  Cuando le ofende violento;
  Y el eco, ninfa vocal,
  Quejándose de su mal,
  Responde el último acento.
  Quéjase, porque amar sabe,
  Una hiedra, si perdió
  El duro escollo que amó;
  Y con acento süave
  Se queja una simple ave
  Del que la cogió á traicion[2],
  Y en la dorada prision
  Así aliviarse pretende,
  Que al fin la queja se entiende,
  Si se ignora la cancion.
  Quéjase el mar á la tierra,
  Cuando en lenguas de agua toca
  Los labios de opuesta roca.
  Quéjase el fuego, si encierra
  Rayos, que al mundo hacen guerra:
  ¿Qué mucho, pues, que mi aliento
  Se rinda al dolor violento,
  Si se quejan monte, piedra,
  Ave, flor, eco, sol, hiedra,
  Tronco, rayo, mar y viento?

  [2] Suplido.

SIRENA.

  Sí, mas ¿qué remedio así
  Consigues desesperada?
  Don Luis muerto y tú casada,
  ¿Qué pretendes?

D.ª LEON.

                  ¡Ay de mí!
  Dí, Sirena amiga, dí,
  Don Luis muerto y muerta yo.
  Pues si el cielo me forzó,
  Me verás en esta calma,
  Sin gusto, sin sér, sin alma,
  Muerta sí, casada no.
  Lo que yo una vez amé,
  Lo que una vez aprendí,
  Podré perderlo, ¡ay de mí!
  Olvidarlo no podré.
  ¿Olvido donde hubo fe?
  Miente amor. ¿Cómo se hallara
  Burlada verdad tan clara?
  Pues la que constante fuera,
  No olvidara, si quisiera,
  No quisiera, si olvidara.
  ¡Mira tú lo que sentí
  Cuando su muerte escuché,
  Pues forzada me casé
  Sólo por vengarme en mí!
  Ya la vez última aquí
  Se despida mi dolor.
  Hasta las aras, amor,
  Te acompañé; aquí te quedas,
  Porque atreverte no puedas
  A las aras del honor.


ESCENA VI.

MANRIQUE.--DOÑA LEONOR, SIRENA.

MANRIQ.

  ¡Dichoso yo que he llegado,
  Venturoso yo que he sido,
  Felice yo que he venido,
  Refelice yo que he dado
  El primero labio mio
  A la estampa dese pié,
  Que, lleno de flores, fué
  Primavera del estío!
  Y pues he llegado á vos,
  Beso y vuelvo á rebesar
  Cuanto se puede besar,
  Sin ofender á mi Dios.

D.ª LEON.

  ¿Quién sois?

MANRIQ.

               El menor criado
  De Don Lope, mi señor
  (Mas no el hablador menor),
  Que veloz me he adelantado
  Por albricias de que viene.

D.ª LEON.

  Descuido fué, bien decís[3];
  Tomad. Y ¿de qué servís
  A Don Lope?

  [3] Manrique nada ha hablado de _descuido_ en el razonamiento que
  ha dicho. Deben faltar algunos versos.

MANRIQ.

              Hombre que tiene
  Este humor, ¿ya no os avisa
  Que es gentil-hombre su nombre?

D.ª LEON.

  ¿Y de qué sois gentil-hombre?

MANRIQ.

  De la boca de la risa.
  Criado, á quien le prefieren
  A los mayores cuidados,
  Y es pendanga de criados,
  Hecha del palo que quieren:
  Cuando guardo, mayordomo;
  Cuando algun vestido espero
  De mi amo, camarero;
  Maestresala, cuando tomo
  Para mí el mejor bocado;
  Secretario, poco amigo,
  Cuando sus secretos digo;
  Caballerizo extremado,
  Cuando por no andar á pié,
  Con achaque de pasealle,
  Salgo á caballo á la calle;
  Cuando alguna cosa fué
  Tal que se guarda de mí,
  Soy entónces su vêdor,
  Y despues su contador,
  Pues á todos desde allí
  Lo cuento, á todos lo aviso;
  Cuando hurto lo que quiero
  De la plaza, repostero;
  Despensero, cuando siso;
  Soy valiente cuando huyo;
  Y soy su cochero el dia
  Que sus amores me fia;
  Y así claramente arguyo
  Que soy por tan varios modos,
  Sirviéndole siempre así,
  Cada oficio de por sí,
  Y murmurándole, todos.

_(Hablan aparte Doña Leonor y Sirena.)_


ESCENA VII.

DON BERNARDINO, DON LUIS Y CELIO, _que se quedan léjos de_--DOÑA
LEONOR, SIRENA, MANRIQUE.

D. LUIS.

  Soy mercader, y trato en los diamantes,
  Que hoy son piedras, y rayos fueron ántes
  Del sol, que perficiona y ilumina
  Rústico grano en la abrasada mina.
  Paso desde Lisboa hasta Castilla,
  Y en esta aldea ví la maravilla
  Del cielo, reducida en una dama,
  Que acompañais; y luégo de la fama
  Supe que va casada ó á casarse.
  Y como suele en todas emplearse
  Este caudal más bien, porque las bodas
  En la gala y la joya empiezan todas,
  Enseñaros quisiera algunas dellas,
  Que no son más lucientes las estrellas,
  Por ver si la ocasion con el deseo
  Hacen en el camino algun empleo.

D. BER.

  La prevencion y la advertencia ha sido
  Acertada. A buen tiempo habeis venido,
  Pues yo, por divertirla y alegrarla
  (Que está triste) una joya he de feriarla.
  Aquí esperad, y llegaré primero
  A prevenirla.

D. LUIS.

                Pues ahora quiero
  Que la lleveis, señor, para bastante
  Prueba de mi verdad, este diamante;

_(Dásele.)_

  Que visto su valor y su excelencia,
  No dudo yo, señor, que os dé licencia
  De llegar á sus piés.

D. BER.

                        ¡Es piedra rara!
  ¡Qué fondo! ¡qué caudal! ¡qué limpia y clara!
  Aquí, divina Leonor, _(Llégase á ella.)_
  Ha llegado un mercader,
  En cuya mano has de ver
  Joyas de grande valor,
  Ricas, costosas y bellas.
  Divierte un poco el pesar;
  Que yo te quiero feriar
  Lo que te agradare dellas.
  Este diamante, farol
  Que con luz hermosa y nueva,
  Para su limpieza prueba
  Ser luciente hijo del sol,
  Viene por testigo aquí.
  Toma el diamante. _(Dásele.)_

D.ª LEON.

  _(Ap.)_           ¿Qué veo?
  ¡Cielos!

D. BER.

           Díme...

D.ª LEON.

  _(Ap.)_          Aun no lo creo.

D. BER.

  Si ha de llegar.

D.ª LEON.

  (_Ap._           ¡Ay de mí!
  Este diamante es el mismo...)
  Díle que llegue.--¡Sirena!

_(Apártase Don Bernardino.)_

  (_Ap._ Sáqueme amor desta pena,
  Deste encanto, deste abismo.)
  Este diamante que ves,
  Luz que con el sol la mides,
  Di á Don Luis de Benavides,
  Prenda mia y suya es.
  O mis lágrimas me ciegan,
  O es el mismo. Hoy sabré yo
  Cómo á mis manos volvió.

SIRENA.

  Disimula, que ya llegan.

_(Llega Don Luis.)_

D. LUIS.

  Yo soy, hermosa señora...

D. LEON.

  _(Ap.)_ Alma de la pena mia,
  Cuerpo de mi fantasía.

SIRENA.

  _(Ap. á ella.)_ Disimula y calla ahora;
  Que ya veo la razon
  Que tienes para admirarte.

D. LUIS.

  Yo soy quien en esta parte
  Piensa lograr la ocasion,
  Habiendo á tiempo llegado
  En que pueda mi deseo
  Hacer el feliz empleo
  Tantos años esperado.
  Traigo joyas que vender
  De innumerable riqueza;
  Y entre otras, una firmeza
  Sé que os ha de parecer
  Bien; porque della sospecho
  Que adorne esa bizarría,
  Si es que la firmeza mia
  Llega á verse en vuestro pecho.
  Un Cupido de diamantes
  Traigo de grande valor;
  Que quise hacer al amor
  Yo de piedras semejantes,
  Porque labrándole así,
  Cuando alguno le culpase
  De vário y fácil, le hallase
  Firme solamente en mí.
  Un corazon traigo, en quien
  No hay piedra falsa ninguna:
  Sortijas bellas, y en una
  Unas memorias se ven.
  Una esmeralda que habia,
  Me hurtaron en el camino
  Por el color, imagino,
  Que perfecto le tenía.
  Estaba con un zafiro;
  Mas la esmeralda llevaron
  Solamente, y me dejaron
  Esta azul piedra que miro;
  Y así dije en mis desvelos:
  «¿Cómo con tanta venganza
  Me llevasteis la esperanza
  Para dejarme los celos?»
  Si gusta vuestra belleza,
  Descubriré, por más glorias,
  El corazon, las memorias,
  El amor y la firmeza.

D. BER.

  El mercader es discreto.
  ¡Qué bien á las joyas bellas,
  Para dar gusto de vellas,
  Las fué aplicando su efeto!

D.ª LEON.

  Aunque vuestras joyas son
  Tales como encareceis,
  Para mostrarlas habeis
  Llegado á mala ocasion.
  Y yo, en ver su hermoso alarde,
  Contento hubiera tenido,
  Si ántes hubierais venido;
  Pero habeis venido tarde.
  ¿Qué se dijera de mí,
  Si cuando casada soy,
  Si cuando esperando estoy
  A mi noble esposo, aquí
  Pusiera, no mi tristeza,
  Sino mi imaginacion
  En ver ese corazon,
  Ese amor y esa firmeza?
  No los mostreis; que no es bien
  Que, tan sin tiempo miradas
  Agora, desestimadas
  Memorias vuestras estén.
  Y tomad vuestro diamante;
  Que ya sé que pierdo en él
  Una luz hermosa y fiel,
  Al mismo sol semejante.
  No culpeis la condicion
  Que en mí tan esquiva hallasteis;
  Culpaos á vos, que llegasteis
  Sin tiempo y sin ocasion. _(Ruido dentro.)_

MANRIQ.

  _(Mirando dentro.)_
  Ya Don Lope mi señor
  Llega.

D. LUIS.

  _(Ap.)_ ¿Habrá en desdicha igual
  Mal que compita á mi mal,
  Ni dolor á mi dolor?

D.ª LEON.

  _(Ap.)_ ¡Qué veneno!

D. LUIS.

  _(Ap.)_              ¡Qué crueldad!

D. BER.

  A recibirle lleguemos. _(Vase.)_

MANRIQ.

  Callen todos, y escuchemos
  La primera necedad;
  Porque un novio á quien le place
  La dama y á verla llega,
  Como necedades juega,
  Es tahur que dice y hace. _(Vase.)_


ESCENA VIII.

DOÑA LEONOR, DON LUIS, SIRENA, CELIO.

D. LUIS.

  ¿Qué me podrás responder,
  Mujer tan fácil, liviana,
  Mudable, inconstante y vana,
  Y mujer, en fin, mujer,
  Que pueda satisfacer
  A tu mudanza y tu olvido?

D.ª LEON.

  Haber tu muerte creido,
  Haber tu vida llorado
  Causa á mi mudanza ha dado,
  Que á mi olvido no ha podido;
  Pues cuando te llego á ver,
  A no estar ya desposada,
  Vieras hoy determinada
  Si soy mudable ó mujer.
  Desposéme por poder.

D. LUIS.

  Y bien por poder se advierte:
  Por poder borrar mi suerte,
  Por poder dejarme en calma[4],
  Por poder quitarme el alma,
  Por poder darme la muerte.
  Esta dices que creiste,
  Y no fué vana apariencia;
  Que si creiste mi ausencia,
  Es lo mismo: bien dijiste.

  [4] En postracion, en abatimiento, en soledad y desamparo.

D.ª LEON.

  No puedo, no puedo ¡ay triste!
  Responder; que está conmigo,
  No mi esposo, mi enemigo.
  Mas porque me culpas fiel,
  Lo que le dijere á él,
  Tambien hablaré contigo.

_(Retírase Don Luis á un lado.)_


ESCENA IX.

DON LOPE, DON BERNARDINO, MANRIQUE.--DOÑA LEONOR, SIRENA; DON LUIS Y
CELIO, _retirados_.

D. LOPE.

    Cuando la fama en lenguas dilatada
  Vuestra rara hermosura encarecia,
  Por fe os amaba yo, por fe os tenía,
  Leonor, dentro del alma idolatrada.

    Cuando os mira, suspensa y elevada
  El alma que os amaba y os queria,
  Culpa la imágen de su fantasía,
  Que sois vista mayor que imaginada.

    Vos sola á vos podeis acreditaros:
  ¡Dichoso aquel que llega á mereceros,
  Y más dichoso si acertó á estimaros!

    Mas ¿cómo ha de olvidaros ni ofenderos?
  Que quien ántes de veros pudo amaros,
  Mal os podrá olvidar despues de veros.

D.ª LEON.

    Yo me firmé rendida ántes que os viese,
  Y vivo y muerto sólo en vos estaba,
  Porque sola una sombra vuestra amaba;
  Pero bastó que sombra vuestra fuese.

    ¡Dichosa yo mil veces, si pudiese
  Amaros como el alma imaginaba!
  Que la deuda comun así pagaba
  La vida, cuando humilde me rindiese.

    Disculpa tengo, cuando temeroso
  Y cobarde mi amor, llego á miraros,
  Si no pago un amor tan generoso.

    De vos, y no de mí, podeis quejaros,
  Pues, aunque yo os estime como á esposo,
  Es imposible, como sois, amaros.

D. LOPE.

  Ahora, tio y señor,
  Me dad los invictos brazos.

D. BER.

  Y serán eternos lazos
  De deudo, amistad y amor.
  Y porque no culpe ahora
  La dilacion, á embarcar
  Nos lleguemos.

D. LOPE.

                 Hoy el mar
  Segunda Vénus adora.

MANRIQ.

  Y pues que con tanta gloria
  Dama y galan se han casado,
  Perdonad, noble Senado,
  Que aquí se acaba la historia.

_(Vanse Don Lope, Doña Leonor, Don Bernardino, Manrique y Sirena.)_


ESCENA X.

DON LUIS, CELIO.

CELIO.

  Señor, pues que desta suerte
  Hallaste tu desengaño,
  Vuelve en tí, repara el daño
  De tu vida y de tu muerte.
  Ya no hay estilo ni medio
  Que tú debas elegir.

D. LUIS.

  Sí hay, Celio.

CELIO.

                 ¿Cuál es?

D. LUIS.

                           Morir,
  Que es el último remedio.
  Muera yo, pues vi casada
  A Leonor, pues que Leonor
  Dejó burlado mi amor
  Y mi esperanza burlada.
  Mas ¿qué me podrá matar,
  Si los celos me han dejado
  Con vida? Aunque mi cuidado
  Me pretende consolar
  Dándome alguna esperanza;
  Pues cuando á su esposo habló,
  Conmigo se disculpó
  De su olvido y su mudanza.

CELIO.

  ¿Cómo disculpar contigo?
  A mil locuras te pones.

D. LUIS.

  Estas fueron sus razones,
  Mira si hablaban conmigo:
    «Yo me firmé rendida ántes que os viese,
  Y vivo y muerto sólo en vos estaba,
  Porque sola una sombra vuestra amaba;
  Pero bastó que sombra vuestra fuese.
    »¡Dichosa yo mil veces, si pudiese
  Amaros como el alma imaginaba!
  Que la deuda comun así pagaba
  La vida, cuando humilde me rindiese.
    »Disculpa tengo, cuando temeroso
  Y cobarde mi amor, llego á miraros,
  Si no pago un amor tan generoso.
    »De vos, y no de mí, podeis quejaros,
  Pues, aunque yo os estime como á esposo,
  Es imposible, como sois, amaros.»
  Y puesto que así me ha dado
  Disculpa de su mudanza,
  Sea mi loca esperanza
  Veneno y puñal dorado.
  Si ha de matarme el dolor,
  Mejor es el gusto ¡cielos!
  Y si he de morir de celos,
  Mejor es morir de amor.
  Siga mi suerte atrevida
  Su fin contra tanto honor,
  Porque he de amar á Leonor,
  Aunque me cueste la vida.



JORNADA SEGUNDA.

_Sala en casa de Don Lope en Lisboa._


ESCENA PRIMERA.

SIRENA, MANRIQUE.

MANRIQ.

  Sirena de mis entrañas,
  Que para aumentar mi pena
  Eres la misma Sirena,
  Pues enamoras y engañas:
  Duélate ver el rigor
  Con que tratas mis cuidados;
  Que tambien á los criados
  Hiere de barato amor.
  Dame un favor de tu mano.

SIRENA.

  Pues ¿qué puedo darte yo?

MANRIQ.

  Mucho puedes; pero no
  Quiero bien más soberano
  Que aquese verde liston,
  Con que yaces declarada
  Por dama de la lazada
  O fregona del tuson.

SIRENA.

  ¿Una cinta quieres?

MANRIQ.

                      Sí.

SIRENA.

  Ya aquese tiempo pasó,
  Que un galan se contentó
  Con una cinta.

MANRIQ.

                 Es así;
  Pero si yo la tuviera,
  Desparramando concetos,
  Mil y ciento y un sonetos
  Hoy en tu alabanza hiciera.

SIRENA.

  Por verme tan soneteada
  Te la doy; y véte ahora,
  Porque viene mi señora. _(Vase Manrique.)_


ESCENA II.

DOÑA LEONOR.--SIRENA.

D.ª LEON.

  Ya vuelvo determinada.
  Esto, Sirena, es forzoso:
  Declárese mi rigor,
  Porque mi vida y mi honor
  Ya no es mio, es de mi esposo.
  Díle á Don Luis, que pues es
  Principal, noble y honrado,
  Por español y soldado
  Obligado á ser cortés,
  Que una mujer (no Leonor,
  Porque le basta saber
  A un noble que una mujer)
  Le suplica que su amor
  Olvide; que maravilla
  Cuidado en la calle tal,
  Y no sufre Portugal
  Galanteos de Castilla:
  Que con lágrimas bañada
  Vuelvo á pedirle se vuelva
  A Castilla, y se resuelva
  A no hacerme mal casada;
  Porque fiera y ofendida,
  Si no lo hace, vive Dios,
  Que podrá ser que á los dos
  Nos venga á costar la vida.

SIRENA.

  Desa suerte lo diré,
  Si puedo verle y hablalle.

D.ª LEON.

  ¿Cuándo falta de la calle?
  Mas no hables en ella, ve
  A buscarle á la posada.

SIRENA.

  Mucho, señora, te atreves. _(Vase.)_


ESCENA III.

DON LOPE, DON JUAN, MANRIQUE.--DOÑA LEONOR.

D. LOPE.

  _(Ap.)_ ¡Ay honor, mucho me debes!

D. JUAN.

  Ya se acerca la jornada.

D. LOPE.

  No queda en toda Lisboa
  Fidalgo ni caballero,
  Que ser no piense el primero
  Que merezca eterna loa
  Con su muerte.

MANRIQ.

                 Justo es;
  Mas no pienso de esa suerte
  Tener yo loa en mi muerte,
  Ni comedia ni entremes.

D. LOPE.

  ¿Luego tú no piensas ir
  Al Africa?

MANRIQ.

             Podrá ser
  Que vaya; mas será á ver,
  Por tener más que decir;
  No á matar, quebrando en vano
  La ley en que vivo y creo;
  Pues allí explicar no veo
  Que sea moro ni cristiano.
  _No matar_, dice. Y los dos
  Esto me vereis guardar;
  Que yo no he de interpretar
  Los mandamientos de Dios.

D. LOPE.

  ¡Mi Leonor!

D.ª LEON.

              ¡Esposo mio!
  ¿Vos tanto tiempo sin verme?
  Quejoso vive el amor
  De los instantes que pierde.

D. LOPE.

  ¡Qué castellana que estais!
  Cesen las lisonjas, cesen
  Las repetidas finezas.
  Mirad que los portugueses
  Al sentimiento dejamos
  La razon, porque el que quiere,
  Todo lo que dice quita
  De valor á lo que siente.
  Si en vos es ciego el amor,
  En mí es mudo.

MANRIQ.

                 Y desa suerte
  En mí endemoniado ha sido.

D. LOPE.

  Siempre, Manrique, parece,
  Que al paso que yo estoy triste,
  Tú estás contento y alegre.

MANRIQ.

  Y díme, ¿cuál es mejor,
  En pasiones diferentes,
  La alegría ó la tristeza?

D. LOPE.

  La alegría.

MANRIQ.

              Pues ¿qué quieres?
  ¿Que deje yo lo mejor
  Por lo peor? Tú, que tienes
  La tristeza, que es la mala,
  Eres quien mudarte debes,
  Y pasarte á la alegría;
  Pues será más conveniente,
  Que el ir yo de alegre á triste,
  Venir tú de triste á alegre. _(Vase.)_


ESCENA IV.

DON LOPE, DOÑA LEONOR, DON JUAN.

D.ª LEON.

  ¿Vos estais triste, señor?
  Muy poco mi pecho os debe
  O yo le debo muy poco,
  Pues vuestro dolor no siente.

D. LOPE.

  Forzosas obligaciones,
  Heredadas dignamente
  Con la sangre, á quien obligan
  Divinas y humanas leyes,
  Me dan voces y recuerdan
  Desta blanda paz y deste
  Olvido, en que yacen hoy
  Mis heredados laureles.
  El famoso Sebastian,
  Nuestro rey, que viva siempre,
  Heredero de los siglos
  A la imitacion del fénix,
  Hoy al Africa hace guerra.
  No hay caballero que quede
  En Portugal; que á las voces
  De la fama nadie duerme.
  Quisiérale acompañar
  A la jornada; y por verme
  Casado, no me he ofrecido
  Hasta que licencia lleve
  De tu boca, Leonor mia.
  Esta merced has de hacerme,
  En este caso has de honrarme,
  Y este gusto he de deberte.

D.ª LEON.

  Bien con esas prevenciones
  Fué menester que me hicieseis
  Oraciones que me animen,
  Y discursos que me alienten.
  Vos ausente, dueño mio,
  Y por mi consejo ausente,
  Fuera pronunciar yo misma
  La sentencia de mi muerte.
  Idos vos sin que lo diga
  Mi lengua; pues que no puede
  Negaros la voluntad
  Lo que la vida os concede.
  Mas porque veais que estimo
  Vuestra inclinacion valiente,
  Ya no quiero que el amor
  Sino el valor me aconseje.
  Servid hoy á Sebastian,
  Cuya vida el cielo aumente;
  Que es la sangre de los nobles
  Patrimonio de los reyes;
  Que no quiero que se diga
  Que las cobardes mujeres
  Quitan el valor á un hombre,
  Cuando es razon que le aumenten.
  Esto el alma os aconseja,
  Aunque como el alma os quiere;
  Mas como ajena lo dice,
  Si como propia lo siente. _(Vase.)_


ESCENA V.

DON LOPE, DON JUAN.

D. LOPE.

  ¿Habeis visto en vuestra vida
  Igual valor?

D. JUAN.

               Dignamente
  Es bien que lenguas y plumas
  De la fama la celebren.

D. LOPE.

  Y vos ¿qué me aconsejais?

D. JUAN.

  Yo, Don Lope, de otra suerte
  Os respondiera.

D. LOPE.

                  Decid.

D. JUAN.

  Quien ya colgó los laureles
  De Marte, y en blanda paz
  Ciñe de palma las sienes,
  ¿Para qué otra vez, decidme,
  Ha de limpiar los paveses
  Tomados de orin y polvo
  En que hora yacen y duermen?
  Yo fuera justo que fuera,
  A no estar por esta muerte
  Retirado y escondido;
  Y no es razon ofrecerme,
  Porque á los ojos del Rey
  Llega mal un delincuente.
  Si esto me disculpa á mí,
  Bastante disculpa tiene
  Quien soldado fué soldado.
  No os vais, amigo (y creedme),
  Aunque un hombre os acobarde,
  Y una mujer os aliente. _(Vase.)_


ESCENA VI.

D. LOPE.

  ¡Válgame Dios! ¡quién pudiera
  Aconsejarse prudente,
  Si en la ocasion hay alguno
  Que á sí mismo se aconseje!
  ¿Quién hiciera de sí otra
  Mitad, con quien él pudiese
  Descansar? Pero mal digo:
  ¿Quién hiciera cuerdamente
  De sí mismo otra mitad,
  Porque en partes diferentes,
  Pudiera la voz quejarse
  Sin que el pecho lo supiese?
  ¡Pudiera sentir el pecho
  Sin que la voz lo dijese!
  ¡Pudiera yo, sin que yo
  Llegara á oirme ni á verme,
  Conmigo mismo culparme,
  Y conmigo defenderme!
  Porque unas veces cobarde,
  Como atrevido otras veces,
  Tengo vergüenza de mí.
  ¡Que tal diga! ¡que tal piense!
  ¡Que tenga el honor mil ojos
  Para ver lo que le pese,
  Mil oidos para oirlo,
  Y una lengua solamente
  Para quejarse de todo!
  Fuera todo lenguas, fuese
  Nada oidos, nada ojos,
  Porque oprimido de verse
  Guardado, no rompa el pecho,
  Y como mina reviente.
  Ahora bien, fuerza es quejarme;
  Mas no sé por dónde empiece;
  Que, como en guerra y en paz
  Viví tan honrado siempre,
  Para quejarme ofendido
  No es mucho que no aprendiese
  Razones; porque ninguno
  Previno lo que no teme.
  ¿Osará decir la lengua
  Qué tengo?... Lengua, detente,
  No pronuncies, no articules
  Mi afrenta; que si me ofendes,
  Podrá ser que castigada,
  Con mi vida ó con mi muerte,
  Siendo ofensor y ofendido,
  Yo me agravie y yo me vengue.
  No digas que tengo celos...
  --Ya lo dije, ya no puede
  Volverse al pecho la voz.
  ¿Posible es que tal dijese
  Sin que, desde el corazon
  Al labio, consuma y queme
  El pecho este aliento, esta
  Respiracion fácil, este
  Veneno infame, de todos
  Tan distinto y diferente,
  Que otros desde el labio al pecho
  Hacer sus efectos suelen,
  Y este desde el pecho al labio?
  ¿A qué áspid, á qué serpiente
  Mató su propio veneno?
  A mí ¡cielos! solamente,
  Porque quiere mi dolor
  Que él me mate y yo le engendre.
  Celos tengo, ya lo dije.
  ¡Válgame Dios! ¿Quién es este
  Caballero castellano,
  Que á mis puertas, á mis redes
  Y á mis umbrales clavado,
  Estatua viva parece?
  En la calle, en la visita,
  En la iglesia atentamente
  Es girasol de mi honor,
  Bebiendo sus rayos siempre.
  ¡Válgame Dios! ¿Qué será
  Darme Leonor fácilmente
  Licencia para ausentarme,
  Y con un semblante alegre,
  No sólo darme licencia,
  Sino decirme y hacerme
  Discursos tales, que áun ellos
  Me obligaran á que fuese,
  Cuando yo no lo intentara?
  Y ¿qué será, finalmente,
  Decirme Don Juan de Silva
  Que ni me vaya ni ausente?
  ¿En más razon no estuviera
  Que aquí mudados viniesen
  De mi amigo y de mi esposa
  Consejos y pareceres?
  ¿No fuera mejor, si fuera
  Que se mudaran las suertes,
  Y que Don Juan me animase
  Y Leonor me detuviese?
  Sí, mejor fuera, mejor.
  Pero ya que el cargo es este,
  Hablemos en el descargo:
  Vaya, que el honor no quiere
  Por tan sutiles discursos
  Condenar injustamente.
  ¿No puede ser que Leonor
  Tales consejos me diese,
  Por ser noble como es,
  Varonil, sagaz, prudente,
  Porque quedándome yo,
  Mi opinion no padeciese?
  Bien puede ser, pues que dice
  Que da el consejo, y lo siente.
  ¿No puede ser que Don Juan,
  Que me quedase dijese
  Por parecerle que estaba
  Excusado, y parecerle
  Que es dar disgusto á Leonor?
  Sí, puede ser. Y ¿no puede
  Ser tambien que este galan
  Mire á parte diferente?
  Y apretando más el caso,
  Cuando sirva, cuando espere,
  Cuando mire, cuando quiera,
  ¿En qué me agravia ni ofende?
  Leonor es quien es y yo
  Soy quien soy, y nadie puede
  Borrar fama tan segura
  Ni opinion tan excelente.
  Pero sí puede (¡ay de mí!);
  Que al sol claro y limpio siempre,
  Si una nube no le eclipsa,
  Por lo ménos se le atreve;
  Si no le mancha, le turba,
  Y al fin, al fin le oscurece.
  ¿Hay, honor, más sutilezas
  Que decirme y proponerme?
  ¿Más tormentos que me aflijan,
  Más penas que me atormenten,
  Más sospechas que me maten,
  Más temores que me cerquen,
  Más agravios que me ahoguen
  Y más celos que me afrenten?
  No. Pues no podrás matarme,
  Si mayor poder no tienes;
  Que yo sabré proceder
  Callado, cuerdo, prudente,
  Advertido, cuidadoso,
  Solícito y asistente,
  Hasta tocar la ocasion
  De mi vida y de mi muerte:
  Y en tanto que esta se llega,
  ¡Valedme, cielos, valedme! _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Calle con puerta de casa de Don Lope._


ESCENA VII.

SIRENA, _con manto_; MANRIQUE, _tras ella_.

SIRENA.

  _(Ap.)_ Escaparme no he podido
  De Manrique, para entrar
  En casa; todo el lugar
  Hoy siguiéndome ha venido.
  ¿Qué haré?

MANRIQ.

             Tapada de azar,
  Que mira, camina y calla,
  Con el arte de batalla
  Y el tallazo de picar;
  La de entrecano picote,
  Que con viento en popa vuelas,
  Con el manto de tres suelas
  Y chinelas de anascote,
  Habla ó descúbrete, y sea
  Desengaño tu fachada;
  Porque callando y tapada,
  Dice boba sobre fea.
  Aunque en tu brío, confieso
  Que indicio de todo das.

SIRENA.

  ¿No dice más?

MANRIQ.

                No sé más.

SIRENA.

  ¿Y á cuántas ha dicho eso?

MANRIQ.

  Antes soy muy recatado.
  No he hablado, á fe de quien soy,
  Sino cinco en todo hoy;
  Que ya estoy muy reformado.

SIRENA.

  ¡Gracias al cielo, que veo
  Un hombre firme y constante!
  Yo tampoco soy amante
  De más que nueve.

MANRIQ.

                    Sí creo;
  Y porque me creas á mí,
  De todas mostrarte quiero
  Un favor. Sea el primero _(Sácalos.)_
  El moño que sale aquí.
  Este moño pecador
  Su papel un tiempo hizo,
  Y de rizado y postizo
  Fué mártir y confesor.
  No es de aljófar lo ensartado;
  Liendres son con que me alegro,
  Que desde léjos mirado,
  Parece un penacho negro
  De blancas moscas nevado.
  Aquesta sutil varilla
  Es barba de la ballena,
  Sacada de una cotilla,
  Que fué entregar á mi pena
  Lo mismo que una costilla.
  Vara es de virtudes llena,
  Que hace bueno el pecho y buena
  La espalda más eminente;
  Que ya todo talle miente
  Por la barba de ballena.
  La zapatilla que estás
  Mirando ahora en mis manos,
  Casa fué, donde sabrás
  Que vivieron dos enanos[5]
  Sin encontrarse jamás.
  Este es un guante, y no hay duda
  De que, como ruiseñor,
  Mucho tiempo estuvo en muda:
  Pregúntaselo al olor:
  Sebo de cabrito suda.
  Esta cinta es de una dama
  De gran porte; pero yo
  No la quiero.

  [5] Dos juanetes.

SIRENA.

  ¿Por qué no?

MANRIQ.

  Porque sé que ella me ama.
  ¿No es causa bastante?

SIRENA.

                         Sí.

MANRIQ.

  La que yo tengo de amar,
  Me ha de mentir, engañar,
  Y se ha de burlar de mí,
  Dar celos cada momento,
  Maltratarme, despedirme,
  Y en efecto ha de pedirme,
  Que es la cosa que más siento;
  Porque si al fin es costumbre
  En ellas, tengo por justo
  Hacer desde luego gusto
  Lo que ha de ser pesadumbre.

SIRENA.

  ¿Y es hermosa esa señora?

MANRIQ.

  No, pero es puerca.

SIRENA.

                      En verdad
  Que es muy buena calidad.

MANRIQ.

  Arrope un ojo la llora,
  Y otro aceite.

SIRENA.

                 ¿Es entendida?

MANRIQ.

  Cuanto dice entiendo yo;
  Mas cuanto la dicen, no,
  Que es entendida, entendida.

SIRENA.

  Por muestra de que es verdad,
  Que amarle á su gusto espero,
  Este liston solo quiero.

MANRIQ.

  De muy buena voluntad.

SIRENA.

  ¡Ay triste de mí!

MANRIQ.

                    ¿Qué ha sido?

SIRENA.

  Mi marido viene allí;
  Váyase presto de aquí,
  Que es un diablo mi marido.
  Dé vuelta á la calle presto,
  Que en tanto, señor, que él pasa,
  Le esperaré en esta casa.

MANRIQ.

  En buen sagrado te has puesto;
  Que aquí vivo yo, y vendré
  En estando asegurada. _(Vase.)_

SIRENA.

  A un bellaco, una taimada. _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Sala en casa de Don Lope._


ESCENA VIII.

SIRENA.

  Bien dentro de casa entré
  Sin que fuese conocida.
  Lindamente le he engañado,
  Aunque él más, pues me ha dejado
  Tan afrentada y corrida.
  ¡Que dijera que era fea!
  No importaba, aunque lo fuese,
  Ni importaba que dijese
  Que necia y que sucia sea;
  Pero ¡aceite un ojo á mí,
  Y otro arrope! No, por Dios.
  Y áun si lloraran los dos
  Una cosa, entónces sí
  Que callara; ¿mas que tope
  Un picarón, un taimado,
  Que mis ojos han llorado
  Uno aceite y otro arrope?


ESCENA IX.

DOÑA LEONOR.--SIRENA.

D.ª LEON.

  Sirena.

SIRENA.

          Señora mia.

D.ª LEON.

  ¡Cuánto tu ausencia me cuesta!
  ¿Hablástele?

SIRENA.

               Y la respuesta
  En este papel te envía;
  Y de palabra me dijo,
  Que si él una vez te hablara,
  Él se fuera y te dejara.

D.ª LEON.

  Con mayor causa me aflijo.
  ¿Para qué el papel tomaste?

SIRENA.

  Para traerte el papel.

D.ª LEON.

  _(Ap.)_ ¡Ay, pensamiento cruel,
  Qué fácil entrada hallaste
  En mi pecho!

SIRENA.

               Pues ¿qué importa
  Que le tomes y le leas?

D.ª LEON.

  ¿Eso es bien que de mí creas?
  La voz, Sirena, reporta,
  Con abrasarle y romperle.
  (_Ap._ Entiéndeme, necia, y sea
  Rogándome que le vea;
  Que estoy muerta por leerle.)

SIRENA.

  ¿Qué culpa tiene el papel
  Que viene mandado aquí,
  Señora, para que así
  Vengues tu cólera en él?

D.ª LEON.

  Pues si le tomo, verás
  Que es sólo para rompelle.

SIRENA.

  Rómpele despues de lêlle.

D.ª LEON.

  _(Ap._ Eso sí, ruégame más.)
  Pesada estás, y por tí
  Rompo la nema y le leo,
  Por tí sola.

SIRENA.

               Ya lo veo.
  Abrele pues.

D.ª LEON.

               Dice así:

_(Abre el papel Doña Leonor, y lee.)_
    «Leonor, si yo pudiera obedecerte,
  Y pudiera olvidar, vivir pudiera:
  Fuera contigo liberal, si fuera
  Bastante yo conmigo á no quererte.
    »Mi muerte injusta tu rigor me advierte,
  Si mi vida en amarte persevera,
  ¡Pluguiera á Dios! y de una vez muriera
  Quien de tantas no acierta con su muerte.
    »¿Que te olvide pretendes? ¿Cómo puedo
  Despreciado olvidar y aborrecido?
  ¿No ha de quejarse de dolor el labio?
    »Quiéreme tú; que si obligado quedo,
  Yo olvidaré despues, favorecido;
  Que el bien puede olvidarse, no el agravio.»

SIRENA.

  ¿Lloras, leyendo el papel?
  Son, en fin, pasadas glorias.

D.ª LEON.

  Lloro unas tristes memorias
  Que vienen vivas en él.

SIRENA.

  Quien bien quiere tarde olvida.

D.ª LEON.

  Como el que muerte me dió
  Está presente, brotó
  Reciente sangre la herida.
  Este hombre ha de obligarme,
  Con seguirme y ofenderme,
  A matarme y á perderme
  (Que áun fuera ménos matarme),
  Si no se ausenta de aquí.

SIRENA.

  Pues tú lo puedes hacer.

D.ª LEON.

  ¿Cómo?

SIRENA.

         Oyéndole; que él dice
  Que en oyéndole una vez,
  Se ausentará de Lisboa.

D.ª LEON.

  ¿Cómo, Sirena, podré?
  Que á trueco de que se vaya,
  Imposibles sabré hacer.
  ¿Cómo vendrá?

SIRENA.

                Escucha atenta:
  Ahora es al anochecer,
  Que es la hora más segura,
  Porque ni temprano es
  Para que á un hombre conozcan,
  Ni tarde para temer
  Que la vecindad lo note.
  De mi señor, ya tú ves
  Que nunca viene á esta hora.
  Don Luis, no dudo que esté
  En la calle: podrá entrar
  A esta sala, donde hableis
  Los dos, y entónces podrás
  Decirle tu parecer.
  Óyele lo que dijere,
  Y obre fortuna despues.

D.ª LEON.

  Tan fácilmente lo dices,
  Que no le dejas que hacer
  Al temor, ni áun al honor
  Que dudar ni que temer.
  Vé ya por Don Luis. _(Vase Sirena.)_


ESCENA X.

DOÑA LEONOR.

                      Amor,
  Aunque en la ocasion esté,
  Soy quien soy, vencerme puedo.
  No es liviandad, honra es
  La que á esta ocasion me puso:
  Ella me ha de defender;
  Que cuando ella me faltara,
  Quedara yo, que tambien
  Supiera darme la muerte,
  Si no supiera vencer.--
  Temblando estoy; cada paso
  Que siento, pienso que es
  Don Lope, y el viento mismo
  Se me figura que es él.
  ¿Si me escucha? ¿si me oye?
  ¡Qué propio del miedo fué!
  ¡Que á tales riesgos se ponga
  Una principal mujer!


ESCENA XI.

SIRENA Y DON LUIS.--DOÑA LEONOR.

SIRENA.

  Esta es Leonor.

D. LUIS.

                  ¡Ay de mí!
  ¡Cuantas veces esperé
  Esta ocasion! Ya quisiera
  No haberla llegado á ver.

D.ª LEON.

  Ya, señor Don Luis, estais
  En mi casa, ya teneis
  La ocasion que habeis deseado.
  Hablad aprisa, porqué
  Os volvais; que temerosa
  De mí misma, tengo al pié
  Grillos de hielo, y el alma
  De mi aliento puede hacer
  Al corazon un cuchillo
  Y á la garganta un cordel.

D. LUIS.

  Ya sabeis, Leonor hermosa,
  (Si es que olvidado no habeis
  pasados gustos, y ya
  Ignorais lo que sabeis),
  Que en Toledo, nuestra patria
  (Perdonadme), os quise bien,
  Desde que en la Vega os ví
  Un dia al amanecer,
  Que aumentado nuevas flores
  Al campo hermoso, tal vez
  Lo que las manos robaron,
  Restituyeron los piés.
  Ya sabeis...

D.ª LEON.

               Esperad, yo
  Seré más breve. Ya sé
  Que muchos dias rondasteis
  Mi calle, y á mi desden
  Constante siempre, tuvisteis
  Amor firme, y firme fe.
  Hasta que os favorecí.
  ¿Qué no han llegado á vencer
  Lágrimas de amor, que lloran
  Los hombres que quieren bien?
  Y favorecido ya,
  Siendo tercera fïel
  La noche (¿qué no consiguen
  Una reja y un papel?),
  Tratábamos de casarnos,
  Cuando os hicieron merced
  De una jineta, y fué fuerza
  Iros á servir al Rey.
  Fuisteis á Flándes...

D. LUIS.

                        Si fuí
  (Que aqueso yo lo diré),
  Donde dimos un asalto,
  Y murió valiente en él
  Un Don Juan de Benavides,
  Caballero aragones.
  La equivocacion del nombre
  Dió causa para entender
  Que fuese yo el muerto: ¡cuánto
  Una mentira se crê!
  Llegó la nueva á Toledo...

D.ª LEON.

  Eso diré yo más bien,
  Que sin vida la sentí,
  Y con la vida lloré;
  Pero callo aquí, aunque aquí
  Os pudiera encarecer
  Los sentimientos que hice,
  Las tristezas que pasé.
  En efecto, persuasiones
  De muchos pudieron ser
  Bastantes á que en Toledo
  Me casase por poder.

D. LUIS.

  Yo lo supe en el camino,
  Y pensando deshacer
  El casamiento, corrí
  Hasta que os ví y os hablé,
  Con equívocas razones,
  En traje de mercader.

D.ª LEON.

  Estaba casada ya;
  Y pues os desengañé,
  ¿A qué habeis venido aquí?

D. LUIS.

  Solo he venido por ver
  Si hay ocasion de quejarme;
  Que si culpando tu fe
  Descanso, iré luego á Flándes,
  Donde una bala me dé,
  Porque la pólvora cumpla
  Lo que me ofreció otra vez.

SIRENA.

  Gente sube la escalera.

D.ª LEON.

  ¡Ay cielos! ¿qué puedo hacer?
  Oscura está aquesta sala:
  Que aquí te quedes es bien,
  Porque á tí solo te hallen;
  Y habiendo entrado quien es,
  Podrás irte, no á Castilla;
  Que ocasion habrá despues
  Para acabar de quejarte.

SIRENA.

  Yo voy contigo tambien. _(Vanse las dos.)_


ESCENA XII.

DON LUIS.

  ¿Qué confusion es esta,
  Que á mi desdicha iguala?
  Oscura está la sala,
  Y la noche funesta
  Ya de sombra cubierta
  Baja. No sé la casa ni la puerta;
  Que otra vez no he llegado
  Aquí. ¡Forzosa pena!
  Temerosa Sirena
  Y Leonor, me han dejado
  Confuso y sin sentido.


ESCENA XIII.

DON JUAN, _que andando á oscuras, encuentra con_ DON LUIS.

D. JUAN.

  ¿A estas horas, no hubieran encendido
  Una luz?--Mas ¿qué es esto?
  ¿Quién es? ¿No me responde?

D. LUIS.

  _(Ap.)_ ¡Hallé puerta por donde
  Salir!

D. JUAN.

         Responda presto.
  O ya desenvainada,
  Lengua de acero, lo dirá mi espada.

  _(Al entrarse Don Luis por la puerta que va al cuarto de Doña
  Leonor, alcanzado por Don Juan, saca la espada y la cruza con él,
  retirándose luégo.)_


ESCENA XIV.

DON LOPE Y MANRIQUE.--DON JUAN.

D. LOPE.

  ¡Ruido de cuchilladas,
  Y oscuro el aposento!

D. JUAN.

  Aquí los pasos siento.

MANRIQ.

  Voy por luz. _(Vase.)_

D. LOPE.

               ¡Aquí espadas!
  Ya es fuerza que me asombre.

D. JUAN.

  Ya le he dicho otra vez que diga el nombre.

D. LOPE.

  ¿Quién mi nombre pregunta?

D. JUAN.

  Quien, porque hableis, sospecho
  Que abrirá en vuestro pecho
  Mil bocas con la punta
  Deste acero.


ESCENA XV.

DOÑA LEONOR, SIRENA Y MANRIQUE.--DON LOPE, DON JUAN.

D.ª LEON.

  _(Dentro.)_  ¡Luz, presto!

_(Salen Doña Leonor y Sirena, y Manrique con luz.)_

D. LOPE.

  ¡Don Juan!

D. JUAN.

             ¡Don Lope!

D.ª LEON.

                        ¡Ay cielos!

D. LOPE.

                                    ¿Pues qué es esto?

D. JUAN.

  En esta cuadra entraba,
  Cuando un hombre salía.

D.ª LEON.

  Algun hombre sería,
  Que robarla intentaba.

D. LOPE.

  ¡Hombre!

D. JUAN.

           Sí, y preguntando
  Quién era, la respuesta dió callando.

D. LOPE.

  (_Ap._ Disimular conviene,
  No crea que yo puedo
  Tener tan bajo miedo,
  Que mi valor condene.)
  ¡Bueno fuera, á fe mia,
  Mataros! Yo era el mismo que salia;
  Que (tan desconocida
  La voz) viendo que un hombre
  Me preguntaba el nombre
  En mi casa, ofendida
  La paciencia y turbada,
  Callando doy respuesta con la espada.

SIRENA.

  ¡Por cuánto aquí se viera
  Un infeliz suceso!

D. JUAN.

  ¿Cómo puede ser eso,
  Si el que yo digo que era
  Dentro está, cosa es cierta,
  Pues no pudo salir por esta puerta,
  Que vos entrasteis?

D. LOPE.

                      Digo
  Que era yo.

D. JUAN.

  Es cosa extraña.

D. LOPE.

  (_Ap._ ¡Oh cuánto á un hombre daña
  Un ignorante amigo!
  ¡Que no puedan los cuerdos, los más sabios
  Celar de un necio amigo los agravios!)
  Pues si por cosa cierta
  Teneis que dentro ha entrado,
  Fuerte y determinado
  Guardadme aquella puerta,
  En tanto, si eso pasa,
  Que yo examino toda aquesta casa.

D. JUAN.

  Pues no saldrá por ella.
  Mirar seguro puedes.

D. LOPE.

  Mira que en ella quedes,
  Y no te apartes della.--

_(Vase Don Juan.)_

  (_Ap._ Hoy seré cuerdamente,
  Si es que ofendido soy, el más prudente,
  Y en la venganza mia
  Tendrá ejemplos el mundo,
  Porque en callar la fundo.)
  Ea, Manrique, guia
  Con esa luz.

MANRIQ.

               No oso,
  Que yo de duendes soy poco goloso.

_(Quiere Don Lope entrar en un aposento, y detiénele Doña Leonor.)_

D.ª LEON.

  No entreis, señor, aquí: yo soy testigo
  Que aseguraros este cuarto puedo.

D. LOPE.

  _(A Manrique.)_ Pues ¿de qué tienes miedo?

MANRIQ.

  De todo.

D. LOPE.

  _(A D.ª Leonor.)_ Suelta, digo.--_(A Manrique.)_
  Y tú véte de aquí... (_Ap._ Que ántes es dicha
  Que falte otro testigo á mi desdicha.)

_(Toma la luz y éntrase, y Manrique se va por otra puerta.)_


ESCENA XVI.

DOÑA LEONOR, SIRENA.

D.ª LEON.

  ¡Ay Sirena! ¿qué suerte
  Es esta tan airada?
  Estoy, desesperada,
  Por darme aquí la muerte;
  Pues ya es fuerza que tope
  A Don Luis escondido ¡ay Dios! Don Lope.
  El pensó que salia
  Por la puerta que entraba
  A mi cuarto; allí estaba.
  ¿Mas por qué mi porfia
  Duda lo que ha pasado?
  Ya le ha visto Don Lope, ya le ha hablado.
  ¿Qué haré? Irme no puedo;
  Porque en desdichas tantas,
  Oprimidas las plantas,
  Cadenas pone el miedo
  De cobardes prisiones.
  Toda soy confusion de confusiones.


ESCENA XVII.

DON LUIS, _que sale con la espada desnuda y embozado, y tras él_ DON
LOPE, _con la espada desnuda y luz_.--DOÑA LEONOR, SIRENA.

D. LOPE.

  No os encubrais, caballero.

D. LUIS.

  Detened, señor, la espada;
  Que en la sangre de un rendido
  Más que se ilustra se mancha.
  Yo soy de Castilla, donde
  Por los celos de una dama,
  Di á un caballero la muerte
  Cuerpo á cuerpo en la campaña.
  Vine á ampararme á Lisboa,
  Donde estoy por esta causa
  De Castilla desterrado.
  He sabido esta mañana
  Que aquí un hermano del muerto
  Cautelosamente anda
  Encubierto, por vengarse
  Con traicion y con ventaja.
  Con este cuidado, pues,
  Por esta calle pasaba,
  Cuando tres hombres me embisten
  A las puertas desta casa.
  Viendo que (aunque el corazon
  Algunas veces engaña)
  Era imposible defensa
  Contra tres de mano armada,
  Subíme por la escalera;
  Y ellos, ó por ver que estaba
  En sagrado, ó por no hacer
  Tan dudosa la venganza,
  No me siguieron, y estuve
  En esa primera sala
  Esperando á que se fuesen,
  Y sintiendo sosegada
  La calle, bajarme quise;
  Pero al salir de la cuadra,
  Hallé un hombre que me dijo:
  «¿Quién va?» Yo, que imaginaba
  Que eran mis propios contrarios,
  No le respondo palabra.
  De una sala en otra, entré
  Hasta aquí. Esta es la causa
  De haberme hallado, señor,
  Escondido en vuestra casa.
  Ahora dadme la muerte;
  Que como yo dicho haya
  La verdad, y no padezca
  Alguna virtud sin causa,
  Moriré alegre, rindiendo
  El sér, la vida y el alma
  A un honrado sentimiento,
  Y no á una infame venganza.

D. LOPE.

  (_Ap._ ¿Pueden juntarse en un hombre
  Confusiones más extrañas?
  ¿Tantos asombros y miedos,
  Penas y desdichas tantas?
  Si en la calle este hombre ¡cielos!
  Tantos pesares me daba,
  ¿Qué vendrá á darme escondido
  Dentro de mi misma casa?
  Basta, basta, pensamiento;
  Sufrimiento, basta, basta,
  Que verdad puede ser todo;
  Y cuando no, aquí no hay causa
  Para mayores extremos:
  Sufre, disimula y calla.)
  Caballero castellano,
  Yo me alegro de que haya
  Sido contra una traicion
  Sagrado vuestro mi casa.
  En ella, á ser hoy soltero,
  Os sirviera y hospedara;
  Porque un caballero debe
  Amparar nobles desgracias.
  Lo que podré hacer por vos,
  Será acudiros en cuantas
  Ocasiones se os ofrezcan,
  Porque á ese lado mi espada,
  Contra tres mil, no os suceda
  Otra vez volver la espalda.
  Y ahora, porque salgais
  Más secreto de mi casa,
  Podreis salir del jardin
  Por aquella puerta falsa...
  Yo la abriré... y tambien hago
  Prevencion tan recatada,
  Porque criados, que al fin
  Son enemigos de casa,
  No cuenten que os hallé en ella,
  Y sea fuerza que vaya
  A todos satisfaciendo
  De cuál ha sido la causa.
  Porque aunque es cierto que nadie
  Dude una verdad tan clara,
  Y yo de mí mismo tengo
  La satisfaccion que basta,
  ¿Quién de una malicia huye?
  ¿Quién de una sospecha escapa?
  ¿Quién de una lengua se libra?
  ¿Quién de una intencion se guarda?
  Y si llegara á creer...
  ¿Qué es á creer? si llegara
  A imaginar, á pensar
  Que álguien pudo poner mancha
  En mi honor... ¿qué es mi honor?
  En mi opinion y en mi fama,
  Y en la voz tan solamente
  De una criada, una esclava,
  No tuviera, ¡vive Dios!
  Vida que no le quitara,
  Sangre que no le vertiera,
  Almas que no le sacara;
  Y éstas rompiera despues,
  A ser visibles las almas.
  Venid, iréos alumbrando
  Hasta que salgais.

D. LUIS.

  _(Ap.)_            Helada
  Tengo la voz en el pecho.
  ¡Qué portuguesa arrogancia! _(Vanse los dos.)_


ESCENA XVIII.

DOÑA LEONOR, SIRENA; _despues_ DON LOPE.

D.ª LEON.

  Aun mejor ha sucedido,
  Sirena, que yo pensaba.
  Sola una vez vino el mal
  Menor que el que se esperaba.
  Ya puedo hablar, y ya puedo
  Mover las heladas plantas.
  ¡Ay, Sirena, en qué me ví!
  Vuelva á respirar el alma.

(_Vuelve Don Lope._)

D. LOPE.

  Leonor.

D.ª LEON.

          Señor, ¿pues qué intentas?
  ¿Ya no supiste la causa
  Con que él entró? Ya supiste
  Que yo no he sido culpada.

D. LOPE.

  ¿Tal pudiera imaginar
  Quien te estima y quien te ama?
  No, Leonor; sólo te digo
  Que ya que aquí se declara
  Con nosotros...

D.ª LEON.

                  ¿Ya él no dijo
  Que aquí de Castilla estaba
  Ausente por una muerte?
  Pues yo, señor, no sé nada.

D. LOPE.

  No te disculpes, Leonor.
  Mira... mira que me matas.
  Tú, Leonor, ¿pues de qué habias
  De saberlo? Pero basta
  Que él se fie de nosotros,
  Para que de aquí no salga.
  Y tú, Sirena, no digas
  Lo que entre los tres nos pasa
  A ninguno, ni á Don Juan.


ESCENA XIX.

DON JUAN.--DICHOS.

D. JUAN.

  _(Ap.)_ Tanto Don Lope se tarda,
  Que me ha dado algun cuidado.

D. LOPE.

  ¡Por Dios, Don Juan, linda gracia
  Es hacerme andar así
  Mirando toda la casa,
  Siendo cierto que fuí yo!
  Tomad otro poco el hacha,
  Y andadla vos.

D. JUAN.

                 ¿Para qué,
  Si ya aquí me desengaña
  El saber que fuisteis vos?
  Ya conozco mi ignorancia.

D. LOPE.

  Con todo habemos los dos
  Segunda vez de mirarla.

D.ª LEON.

  _(Ap.)_ ¡Qué prudencia tan notable!

D. JUAN.

  _(Ap.)_ ¡Qué valor y qué arrogancia!

SIRENA.

  _(Ap.)_ ¡Qué temor!

D. LOPE.

  _(Ap.)_             Desta manera,
  El que de vengarse trata,
  Hasta mejor ocasion,
  Sufre, disimula y calla.



JORNADA TERCERA.


_Atrio de un palacio del Rey en Lisboa._


ESCENA PRIMERA.

DON JUAN, MANRIQUE.

D. JUAN.

  ¿Dónde está Don Lope?

MANRIQ.

                        Cuando
  Entró en palacio, yo aquí
  Me quedé.

D. JUAN.

            Búscale, y dí
  Que yo le estoy esperando.

_(Vase Manrique.)_


ESCENA II.

DON JUAN.

  Quedaréme imaginando
  A solas, sin mí y conmigo,
  El dudoso fin que sigo,
  Y la obligacion que tiene
  Quien á hacer discursos viene
  En la opinion de un amigo.
  Yo de Don Lope lo soy
  Tanto, que no ha celebrado
  Amigo más obligado
  La antigüedad hasta hoy.
  Huésped en su casa estoy,
  Su hacienda gasto, y es mia,
  Su vida y alma me fia:
  ¿Pues cómo ¡cielos! podré
  Ser ingrato á tanta fe,
  Amistad y cortesía?
  ¿Podré yo ver y callar
  Que su limpio honor padezca,
  Sin que mi vida le ofrezca
  Para ayudarle á vengar?
  ¿Podré yo ver murmurar
  Que este castellano adore
  A Leonor, que la enamore,
  Y le dé lugar Leonor,
  Y padeciendo su honor,
  Yo lo sepa y él lo ignore?
  No podré; pues si él quedara
  Satisfecho, siendo mia
  La venganza, en este dia
  Al castellano matara.
  A él sin él yo le vengara,
  Prudente, advertido y sabio;
  Mas de la intencion del labio
  Satisfaccion no se alcanza,
  Si el brazo de la venganza
  No es del cuerpo del agravio.
  Yo á Don Lope le diré
  Clara y descubiertamente
  Que no hable al Rey ni se ausente.
  Mas si me dice por qué,
  ¿Cómo le responderé
  La causa? Duda mayor
  Es esta; que al que el valor
  Eterno honor le previene,
  Quien dice que no le tiene
  Es quien le quita el honor.
  ¿Qué debe hacer un amigo
  En tal caso, pues entiendo
  Que si le callo, le ofendo
  Y le ofendo si lo digo,
  Oféndole si castigo
  Su agravio? Yo fuí su espejo:
  ¿Por qué bien no le aconsejo?--
  Mas él mismo viene allí.
  No ha de quejarse de mí.
  Él me ha de dar el consejo.


ESCENA III.

DON LOPE, MANRIQUE.--DON JUAN.

D. LOPE.

  Vuélvete, Manrique, y dí
  Que luégo á la quinta voy;
  Que esperando á hablar estoy
  Al Rey.

MANRIQ.

          Don Juan está allí,
  Y viene á hablarte. _(Vase.)_

D. LOPE.

  (_Ap._              ¡Ay de mí!
  ¿Qué puede haber sucedido?
  ¿A qué puede haber venido?)
  Don Juan, ¿pues qué hay por acá?--
  (_Ap._ ¡Oh, cómo un cobarde está
  Siempre á su temor rendido!)

D. JUAN.

  Don Lope, amigo, yo vengo
  (Si estamos solos los dos)
  A aconsejarme con vos
  En una duda que tengo.

D. LOPE.

  (_Ap._ Ya para oir me prevengo
  Alguna desdicha mia.)
  Decid.

D. JUAN.

         Un caso me envía
  Un amigo á preguntar,
  Y quiérole consultar
  Con vos.

D. LOPE.

           ¿Y es?

D. JUAN.

                  Jugando un dia
  Dos hidalgos, se ofreció
  Una duda, en caso tal
  Forzosa, sobre la cual
  Uno á otro desmintió.
  Con las voces, no lo oyó
  Entónces el desmentido;
  Un amigo lo ha sabido,
  Y que se murmura dél;
  Y por serlo tan fiel,
  Esta duda se ha ofrecido.
  ¿Si éste tendrá obligacion
  De decirlo claramente
  Al otro, que está inocente;
  O si dejar es razon
  Que padezca su opinion,
  Pues él no basta á vengalle?
  Si lo calla es agravialle,
  Y si lo dice es error
  De amigo. ¿Cuál es mejor,
  Que lo diga, ó que lo calle?

D. LOPE.

  Dejadme pensar un poco.
  (_Ap._ Honor, mucho te adelantas;
  Que una duda sobre tantas
  Bastará á volverme loco.
  En otro sujeto toco
  Lo que ha pasado por mí.
  Don Juan pregunta por sí:
  Luego alguna cosa vió.
  ¿Haré que la diga? no;
  Pero que la calle, sí.)
  Don Juan, yo he considerado,
  Si es que mi voto he de dar,
  Que no puede un hombre estar
  Ignorante y agraviado.
  Aquel que ha disimulado
  Su ofensa por no vengalla,
  Es quien culpado se halla;
  Porque en un caso tan grave,
  No yerra el que no lo sabe,
  Sino el que lo sabe y calla.
  Y yo de mí sé decir
  Que si un amigo cual vos
  (Siendo quien somos los dos)
  Tal me llegara á decir,
  Tal pudiera presumir
  De mí, tal imaginara,
  El primero en quien vengara
  Mi desdicha, fuera en él;
  Porque es cosa muy cruel
  Para dicha cara á cara.
  Y no sé que en tal rigor
  Haya razon que no asombre,
  Y que se le pueda á un hombre
  Decir: «No teneis honor.»
  ¡Darme el amigo mayor
  El mayor pesar!--Testigo
  En Dios (otra vez lo digo),
  Que si yo me lo dijera,
  A mí la muerte me diera,
  Y soy mi mayor amigo.

D. JUAN.

  Ya quedo ahora de vos
  Enseñado. Eso diré,
  Y á este amigo avisaré
  Que calle. Quedad con Dios. _(Vase.)_


ESCENA IV.

DON LOPE.

  ¿Quién duda que entre los dos
  Pasa el caso que ponia
  En tercero, y que sabía
  Que Leonor matarme intenta?
  --Pues el que supo mi afrenta,
  Sabrá la venganza mia.
  Y el mundo la ha de saber.
  Basta, honor: no hay que esperar;
  Que quien llega á sospechar,
  No ha de llegar á creer,
  Ni esperar á suceder
  El mal; y pues su mudanza
  Logra tan baja esperanza,
  Volveré donde contemplo
  Que dé su traicion ejemplo,
  Y escarmiento mi venganza.


ESCENA V.

EL REY, ACOMPAÑAMIENTO.--DON LOPE.

REY.

  Aunque en la quinta, que _del Rey_ la llama
  El vulgo, aquesta noche duerma, digo
  Que no me he de quedar hoy en Lisboa.
  Esté la gente toda prevenida,
  Que desde allí saldrá la más lucida
  A competir con plumas y colores
  Del sol los rayos, del Abril las flores.

D. LOPE.

  (_Ap._ Cobarde al Rey me llego;
  Que esta pena, esta rabia y este fuego
  Tan cobarde me tiene, que sospecho,
  Con vergüenza, dolor y cobardía,
  Que todos saben la desdicha mia.)
  Dáme tus piés; será feliz mi boca,
  Si con su aliento esas esferas toca.

REY.

  ¡Ah Don Lope de Almeida! Si tuviera
  En Africa esa espada, yo venciera
  La morisca arrogante bizarría.

D. LOPE.

  ¿Pues pudiera quedar la espada mia
  En la paz, en la vaina que se os muestra,
  Cuando vos, gran señor, sacais la vuestra?
  Con vos voy á morir. ¿Qué causa hubiera
  Que en Portugal, señor, me detuviera
  En aquesta ocasion?

REY.

                      ¿No estais casado?

D. LOPE.

  Sí, señor; mas no el serlo me ha estorbado
  El ser quien soy; porque ántes hoy me llama
  Tener mayor honor á mayor fama.

REY.

  ¿Cómo, recien casada,
  Quedará vuestra esposa?

D. LOPE.

                          Muy honrada
  En ver que os ha ofrecido
  A esta empresa un soldado en su marido;
  Que es noble, es varonil, y más sintiera
  Que á vuestro lado, gran señor, no fuera;
  Pues si ántes por mi fama os acudia,
  Ahora por la suya y por la mia.
  Y no es inconveniente á mi deseo
  El ausentarme della.

REY.

                       Así lo creo;
  Que yo lo dije porque no era justo
  Descasaros tan presto, y desto gusto;
  Que en vuestra casa, aunque la empresa es alta,
  Podreis hacer, Don Lope, mayor falta.

_(Vase el Rey y acompañamiento.)_


ESCENA VI.

DON LOPE.

  ¡Válgame el cielo! ¿qué es esto
  Por que pasan mis sentidos?
  Alma, ¿qué habeis escuchado?
  Ojos, ¿qué es lo que habeis visto?
  ¿Tan pública es ya mi afrenta,
  Que ha llegado á los oidos
  Del Rey? ¿Qué mucho, si es fuerza
  Ser los postreros los mios?
  ¿Hay hombre más infelice?
  ¿No fuera mejor castigo
  ¡Cielos! desatar un rayo,
  Que con mortal precipicio
  Me abrasara, viendo ántes
  El incendio que el aviso,
  Que la palabra del Rey,
  Que grave y severo dijo
  Que yo haré falta en mi casa?
  ¿Pero qué rayo más vivo,
  Si fénix de las desdichas,
  Fuí ceniza de mí mismo?
  Cayeran sobre mis hombros
  Esos montes y obeliscos
  De hiedra, fueran sepulcros
  Que me sepultaran vivo.
  Ménos peso fueran, ménos,
  Que esta afrenta en que he caido,
  A cuya gran pesadumbre
  Ya desmayado me rindo.
  ¡Ay honor, mucho me debes!
  Júntate á cuentas conmigo.
  ¿Qué quejas tienes de mí?
  ¿En qué, dime, te he ofendido?
  Al heredado valor,
  ¿No he juntado el adquirido,
  Haciendo la vida en mí
  Desprecio al mayor peligro?
  ¿Yo, por no ponerte á riesgo,
  Toda mi vida no he sido
  Con el humilde, cortés,
  Con el caballero, amigo,
  Con el pobre, liberal,
  Con el soldado, bienquisto?
  Casado (¡ay de mí!), casado,
  ¿En qué he faltado? ¿en qué he sido
  Culpado? ¿No hice eleccion
  De noble sangre, de antiguo
  Valor? Y ahora á mi esposa,
  ¿No la quiero? ¿no la estimo?
  Pues si yo en nada he faltado,
  Si en mis costumbres no ha habido
  Acciones que te ocasionen,
  Con ignorancia ó con vicio,
  ¿Por qué me afrentas? ¿por qué?
  ¿En qué tribunal se ha visto
  Condenar al inocente?
  ¿Sentencias hay sin delito?
  ¿Informaciones sin cargo?
  Y sin culpas ¿hay castigo?
  ¡Oh locas leyes del mundo!
  ¡Que un hombre, que por sí hizo
  Cuanto pudo para honrado,
  No sepa si está ofendido!
  ¡Que de ajena causa ahora
  Venga el efecto á ser mio
  Para el mal, no para el bien,
  Pues nunca el mundo ha tenido
  Por las virtudes de aquél
  A éste en más! ¿Pues por qué (digo
  Otra vez) han de tener
  A éste en ménos, por los vicios
  De aquélla que fácilmente
  Rindió alcázar tan altivo
  A las fáciles lisonjas
  De su liviano apetito?
  ¿Quién puso el honor en vaso
  Que es tan frágil? ¿Y quién hizo
  Experiencias en redoma,
  No habiendo experiencia en vidrio?
  Pero acortemos discursos;
  Porque será un ofendido
  Culpar las costumbres necias,
  Proceder en infinito.
  Yo no basto á reducirlas,
  (Con tal condicion nacimos)
  Yo vivo para vengarlas
  No para enmendarlas vivo,
  Iré con el Rey, y luégo
  Volviéndome del camino
  (Que ocasion habrá), tambien
  La tendré para el castigo.
  La más pública venganza
  Será, que el mundo haya visto.
  Sabrá el Rey, sabrá D. Juan,
  Sabrá el mundo, y áun los siglos
  Futuros ¡cielos! quién es
  Un portugués ofendido. _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Orillas del mar._


ESCENA VII.

_Óyese ruido de cuchilladas, y sale_ DON JUAN _riñendo con unos_
SOLDADOS; _despues_ DON LOPE.

D. JUAN.

  Cobardes, el satisfecho
  Soy yo, que no el desmentido.

UN SOLD.

  Huye, que es rayo su espada.

_(Entranse Don Juan y sus contrarios.)_

D. LOPE.

  _(Dentro.)_ ¿No es Don Juan aquel que miro?
  A vuestro lado me hallais. _(Sale.)_

OTRO.

  _(Dentro.)_ ¡Muerto soy!

D. JUAN

  _(Volviendo.)_           Si estais conmigo,
  Poco fuera el mundo.

D. LOPE.

                       Ya
  Huyeron. Decid qué ha sido,
  Si la ocasion que teneis
  No nos obliga á seguirlos.

D. JUAN.

  ¡Ay Don Lope, muerto estoy!
  Hoy nuevamente recibo
  La afrenta, que en la venganza
  Pensé que estaba en su olvido.
  Mas ¡ay de mí! ha sido engaño,
  Porque bastante no ha sido
  La venganza á sepultar
  Un agravio recibido.
  Cuando me aparté de vos,
  Llegué hasta este propio sitio
  Que bate el mar, con el fin
  Que vos propio habeis venido,
  Que es de volver á la quinta
  Adonde habeis reducido
  Vuestra casa, previniendo
  Vuestra ausencia. Divertido
  Llegué pues, y en esta parte
  Estaban en un corrillo
  Unos hombres, y al pasar
  El uno á los otros dijo:
  «Aqueste es Don Juan de Silva.»
  Yo, oyendo mi nombre mismo,
  Que es lo que se oye más fácil,
  Apliqué entrambos oidos.
  Otro preguntó: «¿Y quién es
  Este Don Juan?--¿No has oido
  (Le respondió) su suceso?
  Pues este fué desmentido
  De Manuel de Sosa.»--Yo,
  Que ya no pude sufrirlo,
  Saco la espada, y á un tiempo
  Tales razones le digo:
  «Yo soy aquel que maté
  A Don Manuel, mi enemigo,
  Tan presto, que de mi agravio
  La última razon no dijo.
  Yo soy el _desagraviado_,
  Que no soy el _desmentido_;
  Pues con su sangre quedó
  Lavado mi honor y limpio.»
  Dije, y cerrando con todos,
  Siguiéndolos he venido
  Hasta aquí, porque me huyeron
  Luego; que es usado estilo
  Ser cobarde el maldiciente;
  Y así ninguno se ha visto
  Valiente, que todos hacen
  A las espaldas su oficio.
  Esta es mi pena, Don Lope,
  Y ¡vive Dios! que atrevido,
  Que loco y desesperado,
  De aquí no me precipito
  Al mar, ó con esta espada
  Mi propia vida me quito,
  Porque me mate el dolor.
  «¡Este es aquel desmentido,»
  Dijo, no «aquel satisfecho!»
  ¿Quién en el mundo previno
  Su desdicha? ¿No hizo harto
  Aquel que la satisfizo?
  ¿Aquel que puso su vida
  Desesperado al peligro,
  Por quedar muerto y honrado
  Antes que afrentado y vivo?
  Mas no es así; que mil veces,
  Por vengarse uno atrevido,
  Por satisfacerse honrado
  Publicó su agravio mismo,
  Porque dijo la venganza
  Lo que la ofensa no dijo. _(Vase.)_


ESCENA VIII.

DON LOPE.

  «Porque dijo la venganza
  Lo que la ofensa no dijo.»
  Luego si me vengo yo
  De aquella que me ofendió,
  La publico: claro está
  Que la venganza dirá
  Lo que la desdicha no.
  Y despues de haber vengado
  Mis ofensas atrevido,
  El vulgo dirá engañado:
  «Este es aquel ofendido,»
  Y no «aquel desagraviado.»
  Y cuando la mano mia
  Se bañe en sangre este dia,
  Ella mi agravio dirá,
  Pues la venganza sabrá
  Quien la ofensa no sabía.
  Pues ya no quiero buscalla
  (¡Ay cielos!) públicamente,
  Sino encubrilla y celalla;
  Que un ofendido prudente
  Sufre, disimula y calla.
  Que del secreto colijo
  Más honra, más alabanza.
  Callando mi intento rijo,
  Porque dijo la venganza
  Lo que el agravio no dijo.
  Pues de Don Juan, que atrevido
  Su honor ha restituido,
  No dijo el otro soldado:
  «Este es el desagraviado,»
  Sino: «este es el desmentido.»
  Pues tal mi venganza sea,
  Obrando discreto y sabio,
  Que apénas el sol la vea,
  Porque el que creyó mi agravio,
  Me bastará que la crea.
  Y hasta que pueda logralla
  Con más secreta ocasion,
  Ofendido corazon,
  Sufre, disimula y calla.--
  ¡Barquero!


ESCENA IX.

UN BARQUERO.--DON LOPE.

BARQ.

             Señor.

D. LOPE.

                    ¿No tienes
  Un barco aprestado?

BARQ.

                      Sí,
  No faltará para tí,
  Aunque en una ocasion vienes,
  Que siguiendo á Sebastian,
  Nuestro rey, que el cielo guarde,
  Hasta su quinta esta tarde
  Los barcos vienen y van.

D. LOPE.

  Pues prevenle, porque tengo
  De ir hasta mi quinta yo.

BARQ.

  ¿Ha de ser luégo?

D. LOPE.

  ¿Pues no?

BARQ.

  Al momento le prevengo. _(Vase.)_


ESCENA X.

DON LUIS, _que sale leyendo un papel_.--DON LOPE.

D. LUIS.

  _(Para sí.)_ Otra vez quiero leer
  Letras de mi vida jueces;
  Porque ya es placer dos veces
  El repetido placer.

_(Lee.)_ «Esta noche va el Rey á la quinta: entre la gente podeis venir
disimulado, donde habrá ocasion para que acabemos, vos de quejaros, y
yo de disculparme.--Dios os guarde.--LEONOR.»

  ¡Que no haya un barco en que pueda
  Pasar! ¡Oh suerte importuna!
  ¡Plegue á Dios que la fortuna
  Nunca un gusto me conceda!

D. LOPE.

  _(Ap.)_ Leyendo viene un papel
  Quien mi venganza previene,
  ¿Y quién dudará que viene
  Leyendo mi afrenta en él?
  ¡Qué cobarde es el honor!
  Nada escucho, nada veo
  Que ser mi pena no creo.

D. LUIS.

  _(Ap.)_ Don Lope es este.

D. LOPE.

  (_Ap._                    Rigor,
  Disimulemos, y dando
  Rienda á toda la pasion,
  Esperemos ocasion
  Sufriendo y disimulando;
  Y pues la serpiente halaga
  Con pecho de ofensas lleno,
  Yo, hasta verter mi veneno,
  Es bien que lo mismo haga.)
  En muy poco, caballero,
  Mi ofrecimiento estimais,
  Pues que nada me mandais,
  Cuando serviros espero.
  Yo quedé tan obligado
  De vuestra gran cortesía,
  Discrecion y valentía,
  Que en Lisboa os he buscado
  Para que á vuestro valor
  Servir mi espada pudiera,
  Cuando otra vez pretendiera
  Vengarse el competidor,
  Que aquí os busca aventajado,
  Y tanto, que desta suerte
  Pretende daros la muerte
  Cuando esteis más descuidado.

D. LUIS.

  Yo, señor Don Lope, estimo
  Merced que pagar espero;
  Mas hoy, como forastero,
  A pediros no me animo
  Que en esta ocasion me honreis,
  Por no empeñaros, señor,
  Con ese competidor
  De quien vos me defendeis:
  Fuera de que ya los dos
  Que estamos amigos creo;
  Pues ya le hablo y le veo
  Del modo que estoy con vos.

D. LOPE.

  Créolo; pero mirad
  Vuestro riesgo con cuidado;
  Que amistad de hombre agraviado
  No es muy segura amistad.

D. LUIS.

  Yo, al contrario, siento y digo
  Cuando su amistad procuro,
  ¿De quién no estaré seguro,
  Si lo estoy de mi enemigo?

D. LOPE.

  Aunque argüiros podia
  Con razon ó sin razon,
  Seguid vos vuestra opinion,
  Que yo seguiré la mia.
  Y decidme, ¿qué buscais
  Por aquí?

D. LUIS.

            Un barco quisiera;
  En que hasta la quinta fuera
  Del Rey.

D. LOPE.

           A tiempo llegais:
  Que os podré servir creed,
  Que ya le tengo fletado.

D. LUIS.

  Ocasion la gente ha dado
  A recibir tal merced,
  Que siendo tanta, no ha habido
  En qué pasar; y yo quiero
  Ver faccion que considero
  Que otra vez no ha sucedido.

D. LOPE.

  Pues conmigo ireis. (_Ap._ Llegó
  La ocasion de mi venganza.)

D. LUIS.

  _(Ap.)_ ¿Cuál hombre en el mundo alcanza
  Mayor ventura que yo?

D. LOPE.

  _(Ap.)_ A mis manos ha venido,
  Y en ellas ha de morir.

D. LUIS.

  _(Ap.)_ ¡Que me viniese á servir
  De tercero su marido!


ESCENA XI.

EL BARQUERO.--DON LOPE, DON LUIS.

BARQ.

  Ya el barco ha llegado.

D. LOPE.

  _(Al Barquero.)_        Entrad
  Vos en el barco primero,
  Porque yo á un criado espero.
  Pero no, vos le esperad,
  Pues conoceis al criado;
  Que al barco nos vamos ya.

BARQ.

  No entreis en él, porque está
  Solo y á una cuerda atado,
  Que no estará muy segura.

D. LOPE.

  Buscad al criado vos,
  Que allí esperamos los dos.

D. LUIS

  _(Ap.)_ ¿Quién ha visto igual ventura?
  Él me lleva desta suerte
  Adonde á su honor me atrevo.

D. LOPE.

  _(Ap.)_ Yo desta suerte le llevo
  Donde le daré la muerte. _(Vanse los dos.)_

BARQ.

  El criado no vendrá
  En mil horas, segun creo.
  Mas ¿qué es aquello que veo?
  ¡Desasido el barco está,
  Rompida la cuerda! Dios
  Solo los puede librar;
  Que sin duda que en el mar
  Tendrán sepulcro los dos. _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Otro punto de la playa á vista de la quinta de Don Lope._


ESCENA XII.

MANRIQUE, SIRENA.

MANRIQ.

  Sirena, cuyo mirar
  Suspende, enamora, encanta,
  ¿Vienes acaso á escuchar
  A su orilla cómo canta
  La sirena de la mar?
  Oye un soneto oportuno,
  Heroico, grave y discreto:
  No te parezca importuno,
  Porque este es el un soneto
  De los mil y ciento y uno.

_(Saca Manrique un papel y lee.)_

    «Cinta verde, que en término sucinta,
  Su cinta pudo hacerte aquel Dios tinto
  En sangre, que gobierna el globo quinto,
  Para que Vénus estuviese en cinta:
    »La primavera tus colores pinta,
  Por quien yo traigo en este laberinto,
  Tamaño como pasa de Corinto,
  El corazon, más negro que la tinta.
    »Hoy tu esperanza á mi temor se junte,
  Porque en su verde y amarillo tinte
  Amor flemas y cóleras barrunte;
    »Que como á mí de su color me pinte,
  No podrá hacer, aunque en arpon me apunte,
  Que mi esperanza no se encaraminte.»

SIRENA.

  ¡Qué lindo soneto has hecho!
  Pero enseña á ver si es verde
  La cinta.

MANRIQ.

  (_Ap._    En bien se me acuerde
  Lo que la cinta se ha hecho.
  ¡Ah! sí.) Estaba cierto dia
  Junto al Tajo, en su frescura
  Contemplando tu hermosura,
  Sirena, y la dicha mia.
  Saqué aquella cinta bella
  Para aliviar mi esperanza,
  Y culpando tu mudanza,
  Empecé á llorar con ella.
  Besábala con placer,
  Y un águila que me vió
  Llegarla al labio, pensó
  Que era cosa de comer.
  Bajó de una piedra viva,
  Y con gran resolucion
  Arrebatóme el liston,
  Y volvió á subir arriba.
  Yo, aunque con gran ligereza
  Subir á su nido quiero,
  No pude hallar un caldero
  Que ponerme en la cabeza.
  Con esta ocasion se pierde
  De tu liston la memoria.
  Esta es, Sirena, la historia
  Llamada la cinta verde.

SIRENA.

  Pues óyeme lo que á mí
  Despues acá me pasó.
  Estando en el campo yo,
  Volar un águila ví,
  Que era la misma; pues viendo
  No ser cosa de comer,
  La cinta dejó caer
  Junto á mí; y yo, acudiendo
  A ver lo que habia caido,
  Hallé entre las flores puesta
  La cinta: mira si es esta.

MANRIQ.

  ¡Notable suceso ha sido!

SIRENA.

  Más notable será ahora
  La venganza.

MANRIQ.

               Mejor es
  Dejarlo para despues,
  Que sale al campo señora. _(Vase.)_


ESCENA XIII.

DOÑA LEONOR.--SIRENA.

D.ª LEON.

  Sirena.

SIRENA.

          Señora.

D.ª LEON.

                  Mucha
  Es mi tristeza.

SIRENA.

                  ¿Pues no
  Sabré qué es la causa yo?

D.ª LEON.

  Ya la sabes; pero escucha.
  Desde la noche triste
  Que en tantas confusiones, abrasada
  Troya á mi casa viste,
  Quedando yo de todos disculpada,
  Don Juan más engañado,
  Libre Don Luis, Don Lope asegurado;
  Despues que por la ausencia
  Que quiere hacer, en esta hermosa quinta
  Adonde la excelencia
  De la naturaleza borda y pinta
  Campaña y monte altivo,
  Más estimada de Don Lope vivo;
  Perdí, Sirena, el miedo
  Que á mi propio respeto le tenía;
  Pues si escaparme puedo
  De lance tan forzoso, la osadía
  Ya sin freno me alienta;
  Que peligro pasado no escarmienta.
  A aquesto se ha llegado
  Ver á Don Lope más amante ahora;
  Porque desengañado,
  Si algo temió, su desengaño adora,
  Y en amor le convierte.
  ¡Oh cuántos han amado desta suerte!
  ¡Oh cuántos han querido,
  Recibiendo por gracia los agravios!
  Deste error no han podido
  Librarse los más doctos, los más sabios;
  Que la mujer más cuerda,
  De haber amado, amada no se acuerda.
  Cuando Don Luis me amaba,
  Pareció que á Don Luis aborrecia;
  Cuando sin culpa estaba,
  Pareció que temia;
  Y ya (¡qué loco extremo!)
  Ni amo querida, ni culpada temo;
  Antes amo olvidada y ofendida,
  Antes me atrevo, cuando estoy culpada,
  Y pues para mi vida
  Hoy sigue al Rey Don Lope en la jornada,
  Escribo que Don Luis á verme venga,
  Y tenga fin mi amor, porque él le tenga.


ESCENA XIV.

DON JUAN.--DICHAS.

D. JUAN.

  _(Ap.)_ ¡No sé cómo el corazon
  Tan grandes rigores sufre,
  Sin que se rinda á los golpes
  De una y otra pesadumbre!

D.ª LEON.

  Señor Don Juan, ¿pues no viene
  Con vos Don Lope?

D. JUAN.

                    No pude
  Esperarle, aunque él me dijo
  Que ántes que en el mar sepulte
  El sol sus rayos, vendrá.

D.ª LEON.

  ¿Cómo puede, si ya cubren
  Al mundo pálidas sombras,
  Y al cielo lóbregas nubes?

D. JUAN.

  A mí me tuvo violento
  Un gran disgusto que tuve,
  Y esperar no puede á nadie
  El que de sí mismo huye.

D. LUIS.

  _(Dentro.)_ ¡Válgame el cielo!

D.ª LEON.

                                 ¿Qué voz
  Tan lastimosa discurre
  El viento?

D. JUAN.

  En tierra no hay nadie.

D.ª LEON.

  En las ondas se descubre
  Del mar un bulto, que ya
  Siendo trémulas las luces
  Del dia, no se determina
  Quién es.

D. JUAN.

            Osado presume
  Escaparse; pues parece
  Que hácia nosotros le induce
  Piedad del cielo. Lleguemos
  Donde valientes le ayuden
  Nuestros brazos. _(Vase.)_


ESCENA XV.

DON LOPE.--DICHOS.

D. LOPE.

  _(Dentro.)_      ¡Ay de mí!

D. JUAN.

  _(Dentro.)_ ¡Llega!

D. LOPE.

  (_Dentro._)         ¡Oh tierra, patria dulce
  Del hombre!

_(Vuelve Don Juan y con él sale Don Lope, mojado y con una daga en la
mano.)_

D. JUAN.

              ¡Qué es lo que veo!
  ¡Don Lope!

D.ª LEON.

             ¡Esposo!

D. LOPE.

                      No pude
  Hallar puerto más piadoso,
  Que el que en tal favor acude
  A mi fatiga. ¡Oh Leonor!
  ¡Oh mi bien! no es bien que dude
  Que el cielo me ha prevenido
  Con sus favores comunes
  Tan grande dicha, en descuento
  De tan grande pesadumbre.
  ¡Amigo!

D. JUAN.

          ¿Qué ha sido esto?

D. LOPE.

  La mayor lástima incluye
  Aquesta ventura mia,
  Que vió el mundo.

D.ª LEON.

                    Como ayude
  El cielo mis esperanzas,
  Y vivo esteis, no hay quien culpe
  A la fortuna, aunque usase
  De su trágica costumbre.

D. LOPE.

  Hablé al Rey, busquéos á vos.
  Y como hallaros no pude,
  Fleté un barco. Estando ya
  Para hacer que el agua sulque,
  A mí un galan caballero,
  Cuyo nombre apénas supe
  (Que pienso que era un Don Luis
  De Benavides), acude
  Diciéndome que por ser
  Forastero, á quien se suple
  Un cortés atrevimiento,
  Me ruega que no le culpe
  El pedirme que en el barco
  Le traiga; que es bien procure
  Ver en la quinta del Rey
  La gente cuando se junte.
  Obligóme á que le diese
  Un lugar; y apénas hube
  Entrado con él, y el barco
  De los dos el peso sufre
  (Que el barquero áun no habia entrado),
  Cuando el cabo, á quien le pudren
  Las mismas aguas del mar,
  Falta, porque le recude
  Una onda reciamente,
  A cuyo golpe no pude
  Resistir, aunque tomé
  Los remos. Al fin no tuve
  Fuerza, y los dos en el barco
  Entrando por las azules
  Ondas del mar, padecimos
  Mil saladas inquietudes.
  Ya de los montes de agua
  Ocupé las altas cumbres,
  Ya en bóveda de zafir
  Sepulcro en sus arcos tuve;
  Al fin guiado á esta parte,
  A vista ya de las luces
  De tierra, chocando el barco,
  De arena y agua se cubre.
  El gallardo caballero,
  A quien yo librar no pude,
  Por apartarnos la fuerza
  Del golpe, sin que se ayude
  A sí mismo, se rindió
  Al mar, donde le sepulte
  Su olvido.

D.ª LEON.

             ¡Ay de mí! _(Cae desmayada.)_

D. LOPE.

                        ¡Leonor,
  Mi bien, mi esposa, no turbes
  Tu hermosura! ¡Ay cielo mio!
  Un hielo manso discurre
  Por el cristal de sus manos.
  ¡Ay, Don Juan! la pesadumbre
  De verme así, no fué mucho
  Que la rindiese: no sufren
  Corazones de mujer
  Que estas lástimas escuchen.--
  Llevadla al lecho los dos.

_(Llévanla entre Don Juan y Sirena.)_


ESCENA XVI.

DON LOPE.

  ¡Qué bien en un hombre luce
  Que callando sus agravios,
  Aun las venganzas sepulte!
  Desta suerte ha de vengarse
  Quien espera, calla y sufre.
  Bien habemos aplicado,
  Honor, con cuerda esperanza,
  Disimulada venganza
  A agravio disimulado.
  ¡Bien la ocasion advertí
  Cuando la cuerda corté,
  Cuando los remos tomé
  Para apartarme de allí,
  Haciendo que pretendia
  Acercarme! Y ¡bien logré
  Mi intento, pues que maté
  Al que ofenderme queria
  (Testigo es este puñal),
  Al agresor de mi afrenta,
  A quien dí en urna violenta
  Monumento de cristal!
  ¡Bien en la tierra rompí
  El barco, dando á entender
  Que esto pudo suceder
  Sin sospecharse de mí!
  Pues ya que conforme á ley
  De honrado, maté primero
  Al galan, matar espero
  A Leonor: no diga el Rey,
  Viendo que su sangre esmalta
  El lecho que áun no violó,
  Que no vaya, porque yo
  En mi casa no haga falta.
  Pues esta noche ha de ver
  El fin de mi desagravio,
  Medio más prudente y sabio
  Para acabarlo de hacer.
  Leonor (¡ay de mí!), Leonor,
  Bella como licenciosa,
  Tan infeliz como hermosa,
  Ruina fatal de mi honor;
  Leonor, que al dolor rendida,
  Y al sentimiento postrada,
  Dejó la muerte burlada
  En las manos de la vida,
  Ha de morir. Mis intentos
  Solo los he de fiar,
  Porque los sabrán callar,
  De todos cuatro elementos.
  Allí al agua y viento entrego
  La media venganza mia;
  Y aquí la otra mitad fia
  Mi dolor de tierra y fuego;
  Pues esta noche mi casa
  Pienso intrépido abrasar.
  Fuego al cuarto he de pegar,
  Y yo, en tanto que se abrasa,
  Osado, atrevido y ciego
  La muerte á Leonor daré,
  Porque presuman que fué
  Sangriento verdugo el fuego.
  Sacaré acendrado dél
  El honor que me ilustró,
  Ya que la liga ensució
  Una mancha tan cruel;
  Y en una experiencia tal,
  Por los crisoles no ignoro
  Que salga acendrado el oro
  Sin aquel bajo metal
  De la liga que tenía
  Y su valor deslustraba.
  Así el mar las manchas lava
  De la gran desdicha mia:
  El viento la lleve luego,
  Donde no se sepa della;
  La tierra ande por no vella,
  Y cenizas la haga el fuego;
  Porque así el mortal aliento,
  Que á turbar el sol se atreve,
  Consuma, lave, arda y lleve
  Tierra, agua, fuego y viento. _(Vase.)_


ESCENA XVII.

EL REY, EL DUQUE DE BERGANZA, ACOMPAÑAMIENTO.

DUQUE.

  Pensando el mar que dormia
  Segundo sol en su esfera,
  Mansamente retrató
  A sus ondas las estrellas.

REY.

  Vine, Duque, por el mar;
  Que aunque pude por la tierra,
  Me pareció que tardaba,
  Cuanto por aquí es más cerca.
  Y habiendo estado las aguas
  Tan dulces y lisonjeras,
  Que el cielo, Narciso azul,
  Se vió contemplando en ellas,
  Ha sido justo venir
  Donde tantos barcos vea,
  Cuyos fanales parecen
  Mil abrasados cometas,
  Mil alados cisnes, pues
  Formando esta competencia,
  Unos con las alas corren,
  Y otros con los remos vuelan.

DUQUE.

  A todo ofrece ocasion
  La noche apacible y fresca.

REY.

  Entre la tierra y el mar
  Deleitosa vista es esta;
  Porque mirar tantas quintas,
  Cuyas plantas lisonjean
  Ninfas del mar, que obedientes
  Con tanta quietud las cercan,
  Es ver un monte portátil,
  Es ver una errante selva;
  Pues vistas dentro del mar,
  Parece que se menean.
  Adios, dulce patria mia,
  Que en él espero que vuelva
  (Puesto que es la causa suya),
  Donde ceñido me veas
  De laurel entrar triunfante
  De mil victorias sangrientas,
  Dando á mi honor nueva fama,
  Nuevos triunfos á la Iglesia,
  Que espero ver.

_Voces._

  _(Dentro.)_     ¡Fuego, fuego!

REY.

  ¿Qué voces, Duque, son esas?

DUQUE.

  Fuego, dicen; y hácia allí
  La quinta, que está más cerca,
  Y si no me engaño, es
  La de Don Lope de Almeida,
  Se está abrasando.

REY.

                     Ya veo
  En ímpetu salir della,
  Hecha un volcan de humo y fuego,
  Las nubes y las centellas.
  Grande incendio, al parecer,
  De todas partes la cerca:
  Parece imposible cosa
  Que nadie escaparse pueda.
  Acerquémonos á ver
  Si hay contra el fuego defensa.

DUQUE.

  ¡Señor! ¿Tal temeridad?

REY.

  Duque, accion piadosa es esta,
  No temeridad.


ESCENA XVIII.

DON JUAN, _medio desnudo_.--DICHOS.

D. JUAN.

                Aunque
  Cenizas mi vida sea,
  He de sacar á Don Lope,
  Que es su cuarto el que se quema.

REY.

  Detened aquese hombre.

DUQUE.

  Desesperado, ¿qué intentas?

D. JUAN.

  Dejar en el mundo fama
  De una amistad verdadera.
  Y pues que presente estás,
  Es bien que la causa sepas.
  Apénas, oh gran señor,
  Nos recogimos, apénas,
  Cuando en un punto, un instante,
  Creció el fuego de manera,
  Que parece que tomaba
  Venganza de su violencia.
  Don Lope de Almeida está
  Con su esposa, y yo quisiera
  Librarlos.


ESCENA XIX.

MANRIQUE.--DICHOS.

MANRIQ.

             Echando chispas,
  Como diablo de comedia,
  Salgo huyendo de mi casa,
  Que soy desta Troya Eneas.
  Al mar me voy á arrojar,
  Aunque menor daño fuera
  Quemarme, que beber agua.


ESCENA XX.

DON LOPE, _medio desnudo, que saca á_ DOÑA LEONOR, _muerta_.--DICHOS.

D. LOPE.

  ¡Piadosos cielos, clemencia,
  Porque, aunque arriesgue mi vida,
  Escapar la suya pueda!--
  ¡Leonor!

REY.

           ¿Es Don Lope?

D. LOPE.

                         Yo
  Soy, señor, si es que me deja
  El sentimiento, no el fuego,
  Alma y vida, con que pueda
  Conoceros, para hablaros,
  Cuando vida y alma atentas
  A esta desdicha, á este asombro,
  A este horror, á esta tragedia,
  Yacen postradas y mudas.
  Esta muerta beldad, esta
  Flor en tanto fuego helada,
  Que solo el fuego pudiera
  Abrasarla, que de envidia
  Quiso que no resplandezca,
  Esta, señor, fué mi esposa,
  Noble, altiva, honrada, honesta,
  Que en los labios de la fama
  Deja esta alabanza eterna.
  Esta es mi esposa, á quien yo
  Quise con tanta terneza
  De amor, porque sienta más
  El no verla y el perderla
  Con una tan gran desdicha,
  Como en vivo fuego envuelta,
  En humo denso anegada;
  Pues cuando librarla intenta
  Mi valor, rindió la vida
  En mis brazos. ¡Dura pena!
  ¡Triste horror! ¡fuerte suceso!
  Aunque un consuelo me deja,
  Y es, que ya podré serviros;
  Pues libre desta manera,
  En mi casa no haré falta.
  Con vos iré, donde pueda
  Tener mi vida su fin,
  Si hay desdicha que fin tenga.--
  Y vos, valiente Don Juan, _(Ap. á él.)_
  Decid á quien se aconseja
  Con vos, cómo ha de vengarse
  Sin que ninguno lo sepa;
  Y no dirá la venganza
  Lo que no dijo la afrenta.

REY.

  ¡Notable desdicha ha sido!

D. JUAN.

  Pues óigame vuestra Alteza
  A parte; porque es razon
  Que solo este caso sepa.
  Don Lope sospechas tuvo,
  Que pasaron de sospechas
  Y llegaron á verdades;
  Y en resolucion tan cuerda,
  Por dar _á secreto agravio_
  Tambien _venganza secreta_,
  Al galan mató en el mar,
  Porque en un barco se entra
  Con él solo: así el secreto
  Al agua y fuego le entrega,
  Porque el que supo el agravio
  Sólo la venganza sepa.

REY.

  Es el caso más notable
  Que la antigüedad celebra;
  Porque secreta venganza
  Requiere secreta ofensa.

D. JUAN.

  Esta es verdadera historia
  Del gran Don Lope de Almeida,
  Dando con su admiracion
  Fin á la tragicomedia.



EL ALCALDE DE ZALAMEA.

DRAMA EN TRES JORNADAS.



PERSONAS.


  EL REY FELIPE II.
  DON LOPE DE FIGUEROA.
  DON ÁLVARO DE ATAIDE, _capitan_.
  UN SARGENTO.
  LA CHISPA.
  REBOLLEDO, _soldado_.
  PEDRO CRESPO, _labrador viejo_.
  JUAN, _hijo de Pedro Crespo_.
  ISABEL, _hija de Pedro Crespo_.
  INÉS, _prima de Isabel_.
  DON MENDO, _hidalgo_.
  NUÑO, _su criado_.
  UN ESCRIBANO.
  _Soldados._
  _Un tambor._
  _Labradores._
  _Acompañamiento._


_La escena en Zalamea y sus inmediaciones._



JORNADA PRIMERA.


_Campo cercano á Zalamea._


ESCENA PRIMERA.

REBOLLEDO, CHISPA, SOLDADOS.

REBOLL.

  ¡Cuerpo de Cristo con quien
  Desta suerte hace marchar
  De un lugar á otro lugar
  Sin dar un refresco!

TODOS.

                       Amén.

REBOLL.

  ¿Somos gitanos aquí,
  Para andar desta manera?
  Una arrollada bandera
  ¿Nos ha de llevar tras sí,
  Con una caja...

SOLD. 1.º

                  ¿Ya empiezas?

REBOLL.

  Que este rato que calló,
  Nos hizo merced de no
  Rompernos estas cabezas?

SOLD. 2.º

  No muestres deso pesar,
  Si ha de olvidarse, imagino,
  El cansancio del camino
  A la entrada del lugar.

REBOLL.

  ¿A qué entrada, si voy muerto?
  Y aunque llegue vivo allá,
  Sabe mi Dios si será
  Para alojar; pues es cierto
  Llegar luégo al comisario
  Los alcaldes á decir
  Que si es que se pueden ir,
  Que darán lo necesario.
  Responderles, lo primero,
  Que es imposible, que viene
  La gente muerta; y si tiene
  El concejo algun dinero,
  Decir: «Señores soldados,
  Orden hay que no paremos:
  Luégo al instante marchemos.»
  Y nosotros, muy menguados,
  A obedecer al instante
  Orden, que es en caso tal,
  Para él órden monacal,
  Y para mí mendicante.
  Pues ¡voto á Dios! que si llego
  Esta tarde á Zalamea,
  Y pasar de allí desea
  Por diligencia ó por ruego,
  Que ha de ser sin mí la ida;
  Pues no, con desembarazo,
  Será el primer tornillazo
  Que habré yo dado en mi vida.

SOLD. 1.º

  Tampoco será el primero
  Que haya la vida costado
  A un miserable soldado;
  Y más hoy, si considero
  Que es el cabo desta gente
  Don Lope de Figueroa,
  Que si tiene fama y loa
  De animoso y de valiente,
  La tiene tambien de ser
  El hombre más desalmado,
  Jurador y renegado
  Del mundo, y que sabe hacer
  Justicia del más amigo,
  Sin fulminar el proceso.

REBOLL.

  ¿Ven ustedes todo eso?
  Pues yo haré lo que yo digo.

SOLD. 2.º

  ¿Deso un soldado blasona?

REBOLL.

  Por mí muy poco me inquieta;
  Pero por esa pobreta,
  que viene tras la persona...

CHISPA.

  Seor Rebolledo, por mí
  Voacé no se aflija, no;
  Que, como ya sabe, yo,
  Barbada el alma, nací:
  Y ese temor me deshonra;
  Pues no vengo yo á servir
  Ménos que para sufrir
  Trabajos con mucha honra;
  Que para estarme, en rigor,
  Regalada, no dejara
  En mi vida, cosa es clara,
  La casa del regidor,
  Donde todo sobra, pues
  Al mes mil regalos vienen;
  Que hay regidores que tienen
  Mesa franca con el mes.
  Y pues al venir aquí,
  A marchar y padecer
  Con Rebolledo, sin ser
  Postema, me resolví,
  Por mí ¿en qué duda ó repara?

REBOLL.

  ¡Viven los cielos, que eres
  Corona de las mujeres!

SOLD. 2.º

  Aquesa es verdad bien clara.
  ¡Viva la Chispa!

REBOLL.

                   ¡Reviva!
  Y más si por divertir
  Esta fatiga de ir
  Cuesta abajo y cuesta arriba,
  Con su voz al aire inquieta
  Una jácara ó cancion.

CHISPA.

  Responda á esa peticion
  Citada la castañeta.

REBOLL.

  Y yo ayudaré tambien.
  Sentencien los camaradas,
  Todas las partes citadas.

SOLD. 1.º

  ¡Vive Dios, que ha dicho bien!

_(Cantan Rebolledo y la Chispa.)_

CHISPA.

  _Yo soy titiri, titiri, tina,
  Flor de la jacarandina._

REBOLL.

  _Yo soy titiri, titiri, taina,
  Flor de la jacarandaina._

CHISPA.

  _Vaya á la guerra el alférez,
  Y embárquese el capitan._

REBOLL.

  _Mate moros quien quisiere,
  Que á mí no me han hecho mal._

CHISPA.

  _Vaya y venga la tabla al horno,
  Y á mí no me falte pan._

REBOLL.

  _Huéspeda, máteme una gallina;
  Que el carnero me hace mal._

SOLD. 1.º

  Aguarda; que ya me pesa
  (Que íbamos entretenidos
  En nuestros mismos oidos)
  De haber llegado á ver esa
  Torre, pues es necesario
  Que donde paremos sea.

REBOLL.

  ¿Es aquella Zalamea?

CHISPA.

  Dígalo su campanario.
  No sienta tanto voacé,
  Que cese el cántico ya:
  Mil ocasiones habrá
  En que lograrle, porque
  Esto me divierte tanto,
  Que como de otras no ignoran
  Que á cada cosita lloran,
  Yo á cada cosita canto,
  Y oirá uced jácaras ciento.

REBOLL.

  Hagamos alto aquí, pues
  Justo, hasta que venga, es,
  Con la órden el Sargento,
  Por si hemos de entrar marchando
  Y en tropas.

SOLD. 1.º

               Él solo es quien
  Llega ahora; mas tambien
  El Capitan esperando
  Está.


ESCENA II.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.--DICHOS.

CAPITAN.

        Señores soldados,
  Albricias puedo pedir:
  De aquí no hemos de salir,
  Y hemos de estar alojados
  Hasta que Don Lope venga
  Con la gente que quedó
  En Llerena; que hoy llegó
  Orden de que se prevenga
  Toda, y no salga de aquí
  A Guadalupe, hasta que
  Junto todo el tercio esté,
  Y él vendrá luego; y así,
  Del cansancio bien podrán
  Descansar algunos dias.

REBOLL.

  Albricias pedir podias.

TODOS.

  ¡Víctor nuestro Capitan!

CAPITAN.

  Ya está hecho el alojamiento:
  El comisario irá dando
  Boletas, como llegando
  Fueren.

CHISPA.

          Hoy saber intento
  Por qué dijo, voto á tal,
  Aquella jacarandina:
  «Huéspeda, máteme una gallina;
  Que el carnero me hace mal.» _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Calle._


ESCENA III.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.

CAPITAN.

  Señor Sargento, ¿ha guardado
  Las boletas para mí,
  Que me tocan?

SARG.

                Señor, sí.

CAPITAN.

  ¿Y dónde estoy alojado?

SARG.

  En la casa de un villano,
  Que el hombre más rico es
  Del lugar, de quien despues
  He oido que es el más vano
  Hombre del mundo, y que tiene
  Más pompa y más presuncion
  Que un infante de Leon.

CAPITAN.

  Bien á un villano conviene
  Rico aquesa vanidad.

SARG.

  Dicen que esta es la mejor
  Casa del lugar, señor:
  Y si va á decir verdad,
  Yo la escogí para tí,
  No tanto porque lo sea,
  Como porque en Zalamea
  No hay tan bella mujer...

CAPITAN.

                            Dí.

SARG.

  Como una hija suya.

CAPITAN.

                      Pues
  Por muy hermosa y muy vana,
  ¿Será más que una villana
  Con malas manos y piés?

SARG.

  ¿Que haya en el mundo quien diga
  Eso?

CAPITAN.

       ¿Pues no, mentecato?

SARG.

  ¿Hay más bien gastado rato
  (A quien amor no le obliga,
  Sino ociosidad no más)
  Que el de una villana, y ver
  Que no acierta á responder
  A propósito jamás?

CAPITAN.

  Cosa es que en toda mi vida,
  Ni áun de paso, me agradó;
  Porque en no mirando yo
  Aseada y bien prendida
  Una mujer, me parece
  Que no es mujer para mí.

SARG.

  Pues para mí, señor, sí,
  Cualquiera que se me ofrece.
  Vamos allá; que por Dios,
  Que me pienso entretener
  Con ella.

CAPITAN.

            ¿Quieres saber
  Cuál dice bien de los dos?
  El que una belleza adora,
  Dijo, viendo á la que amó:
  «Aquella es mi dama,» y no:
  «Aquella es mi labradora.»
  Luego si dama se llama
  La que se ama, claro es ya
  Que en una villana está
  Vendido el nombre de dama.
  Mas ¿qué ruido es ese?

SARG.

                         Un hombre,
  Que de un flaco rocinante
  A la vuelta desa esquina
  Se apeó, y en rostro y talle
  Parece á aquel Don Quijote,
  De quien Miguel de Cervántes
  Escribió las aventuras.

CAPITAN.

  ¡Qué figura tan notable!

SARG.

  Vamos, señor; que ya es hora.

CAPITAN.

  Lléveme el Sargento ántes
  A la posada la ropa,
  Y vuelva luégo á avisarme. _(Vanse.)_


ESCENA IV.

DON MENDO, NUÑO.

D. MEND.

  ¿Cómo va el rucio?

NUÑO.

                     Rodado,
  Pues no puede menearse.

D. MEND.

  ¿Dijiste al lacayo, dí,
  Que un rato le pasease?

NUÑO.

  ¡Qué lindo pienso!

D. MEND.

                     No hay cosa
  Que tanto á un bruto descanse.

NUÑO.

  Aténgome á la cebada.

D. MEND.

  ¿Y que á los galgos no aten,
  Dijiste?

NUÑO.

           Ellos se holgarán;
  Mas no el carnicero.

D. MEND.

                       Baste;
  Y pues han dado las tres,
  Cálzome palillo y guantes.

NUÑO.

  ¿Si te prenden el palillo
  Por palillo falso?

D. MEND.

                     Si álguien,
  Que no he comido un faisan,
  Dentro de sí imaginare,
  Que allá dentro de sí miente,
  Aquí y en cualquiera parte
  Le sustentaré.

NUÑO.

                 ¿Mejor
  No seria sustentarme
  A mí, que al otro? que en fin
  Te sirvo.

D. MEND.

            ¡Qué necedades!
  --En efecto, ¿que han entrado
  Soldados aquesta tarde
  En el pueblo?

NUÑO.

                Sí, señor.

D. MEND.

  Lástima da el villanaje
  Con los huéspedes que espera.

NUÑO.

  Más lástima da y más grande
  Con los que no espera...

D. MEND.

                           ¿Quién?

NUÑO.

  La hidalguez; y no te espante;
  Que si no alojan, señor,
  En cas de hidalgos á nadie,
  ¿Por qué piensas que es?

D. MEND.

                           ¿Por qué?

NUÑO.

  Porque no se mueran de hambre.

D. MEND.

  En buen descanso esté el alma
  De mi buen señor y padre,
  Pues en fin me dejó una
  Ejecutoria tan grande.
  Pintada de oro y azul,
  Exencion de mi linaje.

NUÑO.

  Tomáramos que dejara
  Un poco del oro aparte.

D. MEND.

  Aunque si reparo en ello,
  Y si va á decir verdades,
  No tengo que agradecerle
  De que hidalgo me engendrase,
  Porque yo no me dejara
  Engendrar, aunque él porfiase,
  Si no fuera de un hidalgo,
  En el vientre de mi madre.

NUÑO.

  Fuera de saber difícil.

D. MEND.

  No fuera, sino muy fácil.

NUÑO.

  ¿Cómo, señor?

D. MEND.

                Tú, en efecto,
  Filosofía no sabes,
  Y así ignoras los principios.

NUÑO.

  Sí, mi señor, y áun los ántes
  Y postres, desde que como
  Contigo; y es, que al instante,
  Mesa divina es tu mesa,
  Sin medios, postres ni ántes.

D. MEND.

  Yo no digo esos principios.
  Has de saber que el que nace,
  Sustancia es del alimento
  Que ántes comieron sus padres.

NUÑO.

  ¿Luego tus padres comieron?
  Esa maña no heredaste.

D MEND.

  Esto despues se convierte
  En su propia carne y sangre:
  Luego si hubiera comido
  El mio cebolla, al instante
  Me hubiera dado el olor,
  Y hubiera dicho yo: «Tate,
  Que no me está bien hacerme
  De excremento semejante.»

NUÑO.

  Ahora digo que es verdad...

D. MEND.

  ¿Qué?

NUÑO.

        Que adelgaza la hambre
  Los ingenios.

D. MEND.

                Majadero,
  ¿Téngola yo?

NUÑO.

               No te enfades;
  Que si no la tienes, puedes
  Tenerla, pues de la tarde
  Son ya las tres, y no hay greda
  Que mejor las manchas saque,
  Que tu saliva y la mia.

D. MEND.

  Pues esa, ¿es causa bastante
  Para tener hambre yo?
  Tengan hambre los gañanes;
  Que no somos todos unos;
  Que á un hidalgo no le hace
  Falta el comer.

NUÑO.

                  ¡Oh, quién fuera
  Hidalgo!

D. MEND.

           Y más no me hables
  Desto, pues ya de Isabel
  Vamos entrando en la calle.

NUÑO.

  ¿Por qué, si de Isabel eres
  Tan firme y rendido amante,
  A su padre no la pides?
  Pues con eso tú y su padre
  Remediaréis de una vez
  Entrambas necesidades:
  Tú comerás, y él hará
  Hidalgos sus nietos.

D. MEND.

                       No hables
  Más, Nuño, en eso. ¿Dineros
  Tanto habian de postrarme,
  Que á un hombre llano por suegro
  Habia de admitir?

NUÑO.

                    Pues ántes
  Pensé que ser hombre llano,
  Para suegro, era importante;
  Pues de otros dicen, que son
  Tropezones, en que caen
  Los yernos. Y si no has
  De casarte, ¿por qué haces
  Tantos extremos de amor?

D. MEND.

  ¿Pues no hay sin que yo me case,
  Huelgas en Búrgos, adonde
  Llevarla, cuando me enfade?
  Mira si acaso la ves.

NUÑO.

  Temo, si acierta á mirarme
  Pedro Crespo...

D. MEND.

                  ¿Qué ha de hacerte,
  Siendo mi criado, nadie?
  Haz lo que manda tu amo.

NUÑO.

  Sí haré, aunque no he de sentarme
  Con él á la mesa.

D. MEND.

                    Es proprio
  De los que sirven, refranes.

NUÑO.

  Albricias, que con su prima
  Inés á la reja sale.

D. MEND.

  Dí que por el bello oriente,
  Coronado de diamantes,
  Hoy, repitiéndose el sol,
  Amanece por la tarde.


ESCENA V.

ISABEL É INÉS, _á una ventana_.--DICHOS.

INÉS.

  Asómate á esa ventana,
  Prima, así el cielo te guarde:
  Verás los soldados que entran
  En el lugar.

ISABEL.

               No me mandes
  Que á la ventana me ponga,
  Estando este hombre en la calle,
  Inés, pues ya cuánto el verle
  En ella me ofende sabes.

INÉS.

  En notable tema ha dado
  De servirte y festejarte.

ISABEL.

  No soy más dichosa yo.

INÉS.

  A mi parecer, mal haces
  De hacer sentimiento desto.

ISABEL.

  ¿Pues qué habia de hacer?

INÉS.

                            Donaire.

ISABEL.

  ¿Donaire de los disgustos?

D. MEND.

  _(Llegando á la ventana.)_
  Hasta aqueste mismo instante,
  Jurara yo á fe de hidalgo
  (Que es juramento inviolable)
  Que no habia amanecido;
  Mas ¿qué mucho que lo extrañe,
  Hasta que á vuestras auroras
  Segundo dia les sale?

ISABEL.

  Ya os he dicho muchas veces,
  Señor Mendo, cuán en balde
  Gastais finezas de amor,
  Locos extremos de amante
  Haciendo todos los dias
  En mi casa y en mi calle.

D. MEND.

  Si las mujeres hermosas
  Supieran cuánto las hace
  Más hermosas el enojo,
  El rigor, desden y ultraje,
  En su vida gastarian
  Más afeite que enojarse.
  Hermosa estais, por mi vida.
  Decid, decid más pesares.

ISABEL.

  Cuando no baste el decirlos,
  Don Mendo, el hacerlos baste
  De aquesta manera.--Inés,
  Éntrate acá dentro, y dale
  Con la ventana en los ojos. _(Vase)_

INÉS.

  Señor caballero andante,
  Que de aventurero entrais
  Siempre en lides semejantes,
  Porque de mantenedor
  No era para vos tan fácil,
  Amor os provea. _(Vase.)_

D. MEND.

                  Inés,
  Las hermosuras se salen
  Con cuanto ellas quieren.--Nuño.

NUÑO.

  ¡Oh que desairados nacen
  Todos los pobres!


ESCENA VI.

PEDRO CRESPO; _despues_ JUAN CRESPO.--DICHOS.

CRESPO.

  _(Ap.)_           ¡Que nunca
  Entre y salga yo en mi calle,
  Que no vea á este hidalgote
  Pasearse en ella muy grave!

NUÑO.

  _(Ap. á su amo.)_ Pedro Crespo viene aquí.

D. MEND.

  Vamos por esotra parte;
  Que es villano malicioso.

_(Sale Juan Crespo.)_

JUAN.

  _(Ap.)_ ¡Que siempre que venga, halle
  Esta fantasma á mi puerta,
  Calzada de frente y guantes!

NUÑO.

  _(Ap. á su amo.)_ Pero acá viene su hijo.

D. MEND.

  No te turbes ni embaraces.

CRESPO.

  _(Ap.)_ Mas Juanico viene aquí.

JUAN.

  _(Ap.)_ Pero aquí viene mi padre.

D. MEND.

  _(Ap. á Nuño._ Disimula.) Pedro Crespo,
  Dios os guarde.

CRESPO.

  Dios os guarde.

_(Vanse Don Mendo y Nuño.)_


ESCENA VII.

PEDRO Y JUAN CRESPO.

CRESPO.

  _(Ap.)_ Él ha dado en porfiar,
  Y alguna vez he de darle
  De manera que le duela.

JUAN.

  (_Ap._ Algun dia he de enojarme.)
  ¿De dónde bueno, señor?

CRESPO.

  De las eras; que esta tarde
  Salí á mirar la labranza,
  Y están las parvas notables
  De manojos y montones,
  Que parecen al mirarse
  Desde léjos montes de oro,
  Y áun oro de más quilates,
  Pues de los granos de aqueste
  Es todo el cielo el contraste.
  Allí el bieldo, hiriendo á soplos
  El viento en ellos süave,
  Deja en esta parte el grano,
  Y la paja en la otra parte;
  Que áun allí lo más humilde
  Da el lugar á lo más grave.
  ¡Oh, quiera Dios que en las trojes
  Yo llegue á encerrarlo, ántes
  Que algun turbion me lo lleve,
  O algun viento me lo tale!
  Tú, ¿qué has hecho?

JUAN.

                      No sé cómo
  Decirlo sin enojarte.
  A la pelota he jugado
  Dos partidos esta tarde,
  Y entrambos los he perdido.

CRESPO.

  Haces bien, si los pagaste.

JUAN.

  No los pagué; que no tuve
  Dineros para ello: ántes
  Vengo á pedirte, señor...

CRESPO.

  Pues escucha ántes de hablarme.
  Dos cosas no has de hacer nunca:
  No ofrecer lo que no sabes
  Que has de cumplir, ni jugar
  Más de lo que está delante;
  Porque si por accidente
  Falta, tu opinion no falte.

JUAN.

  El consejo es como tuyo;
  Y porque debo estimarle,
  He de pagarte con otro.
  En tu vida no has de darle
  Consejo al que ha menester
  Dinero.

CRESPO.

          Bien te vengaste. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Patio ó portal de la casa de Pedro Crespo._


ESCENA VIII.

CRESPO, JUAN, EL SARGENTO.

SARG.

  ¿Vive Pedro Crespo aquí?

CRESPO.

  ¿Hay algo que usted le mande?

SARG.

  Traer á su casa la ropa
  De Don Álvaro de Ataide,
  Que es el capitan de aquesta
  Compañía, que esta tarde
  Se ha alojado en Zalamea.

CRESPO.

  No digais más: eso baste;
  Que para servir á Dios,
  y al Rey en sus capitanes,
  Está mi casa y mi hacienda.
  Y en tanto que se le hace
  El aposento, dejad
  La ropa en aquella parte,
  Y id á decirle que venga
  Cuando su merced mandare
  A que se sirva de todo.

SARG.

  El vendrá luego al instante. _(Vase.)_


ESCENA IX.

CRESPO, JUAN.

JUAN.

  ¿Que quieras, siendo tan rico,
  Vivir á estos hospedajes
  Sujeto?

CRESPO.

          Pues ¿cómo puedo
  Excusarlos ni excusarme?

JUAN.

  Comprando una ejecutoria.

CRESPO.

  Díme por tu vida, ¿hay álguien
  Que no sepa que yo soy,
  Si bien de limpio linaje,
  Hombre llano? No por cierto:
  Pues ¿qué gano yo en comprarle
  Una ejecutoria al Rey,
  Si no le compro la sangre?
  ¿Dirán entónces que soy
  Mejor que ahora? Es dislate.
  Pues ¿qué diran? Que soy noble
  Por cinco ó seis mil reales.
  Y eso es dinero, y no es honra;
  Que honra no la compra nadie.
  ¿Quieres, aunque sea trivial,
  Un ejemplillo escucharme?
  Es calvo un hombre mil años,
  Y al cabo dellos se hace
  Una cabellera. Este
  En opiniones vulgares,
  ¿Deja de ser calvo? No,
  Pues que dicen al mirarle:
  «¡Bien puesta la cabellera
  Trae Fulano!» Pues ¿qué hace,
  Si aunque no le vean la calva,
  Todos que la tiene saben?

JUAN.

  Enmendar su vejacion,
  Remediarse de su parte,
  Y redimir las molestias
  Del sol, del hielo y del aire.

CRESPO.

  Yo no quiero honor postizo,
  Que el defecto ha de dejarme
  En casa. Villanos fueron
  Mis abuelos y mis padres;
  Sean villanos mis hijos.
  Llama á tu hermana.

JUAN.

                      Ella sale.


ESCENA X.

ISABEL, INÉS.--CRESPO, JUAN.

CRESPO.

  Hija, el Rey nuestro señor,
  Que el cielo mil años guarde,
  Va á Lisboa, porque en ella
  Solicita coronarse
  Como legítimo dueño:
  A cuyo efecto marciales
  Tropas caminan con tantos
  Aparatos militares
  Hasta bajar á Castilla
  El tercio viejo de Flándes
  Con un Don Lope, que dicen
  Todos que es español Marte.
  Hoy han de venir á casa
  Soldados, y es importante
  Que no te vean; y así, hija,
  Al punto has de retirarte
  En esos desvanes, donde
  Yo vivia.

ISABEL.

            A suplicarte
  Me dieses esta licencia
  Venía. Yo sé que el estarme
  Aquí, es estar solamente
  A escuchar mil necedades.
  Mi prima y yo en ese cuarto
  Estaremos, sin que nadie,
  Ni áun el mismo sol, hoy sepa
  De nosotras.

CRESPO.

               Dios os guarde.
  Juanito, quédate aquí,
  Recibe á huéspedes tales,
  Miéntras busco en el lugar
  Algo con que regalarles. _(Vase.)_

ISABEL.

  Vamos, Inés.

INÉS.

               Vamos, prima;
  Mas tengo por disparate
  El guardar á una mujer,
  Si ella no quiere guardarse.

_(Vanse Isabel y Juan.)_


ESCENA XI.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.--JUAN.

SARG.

  Esta es, señor, la casa.

CAPITAN.

  Pues del cuerpo de guardia al punto pasa
  Toda mi ropa.

SARG.

  _(Ap. al Capitan.)_ Quiero
  Registrar la villana lo primero. _(Vase.)_

JUAN.

  Vos seais bien venido
  A aquesta casa; que ventura ha sido
  Grande venir á ella un caballero
  Tan noble como en vos le considero.
  (_Ap._ ¡Qué galan! ¡Qué alentado!
  Envidia tengo al traje de soldado.)

CAPITAN.

  Vos seais bien hallado.

JUAN.

  Perdonaréis no estar acomodado;
  Que mi padre quisiera
  Que hoy un alcázar esta casa fuera.
  Él ha ido á buscaros
  Que comais; que desea regalaros,
  Y yo voy á que esté vuestro aposento
  Aderezado.

CAPITAN.

             Agradecer intento
  La merced y el cuidado.

JUAN.

  Estaré siempre á vuestros piés postrado.

_(Vase.)_


ESCENA XII.

EL SARGENTO.--EL CAPITAN.

CAPITAN.

  ¿Qué hay, Sargento? ¿Has ya visto
  A la tal labradora?

SARG.

                      Vive Cristo,
  Que con aquese intento
  No he dejado cocina ni aposento,
  Y no la he encontrado.

CAPITAN.

  Sin duda el villanchon la ha retirado.

SARG.

  Pregunté á una criada
  Por ella, y respondióme que ocupada
  Su padre la tenía
  En ese cuarto alto, y que no habia
  De bajar nunca acá; que es muy celoso.

CAPITAN.

  ¿Qué villano no ha sido malicioso?
  Si acaso aquí la viera,
  Della caso no hiciera;
  Y sólo porque el viejo la ha guardado,
  Deseo, vive Dios, de entrar me ha dado
  Donde está.

SARG.

              Pues ¿qué haremos
  Para que allá, señor, con causa entremos,
  Sin dar sospecha alguna?

CAPITAN.

  Sólo por tema la he de ver, y una
  Industria he de buscar.

SARG.

                          Aunque no sea
  De mucho ingenio, para quien la vea
  Hoy, no importará nada;
  Que con eso será más celebrada.

CAPITAN.

  Óyela, pues, ahora.

SARG.

                      Dí, ¿qué ha sido?

CAPITAN.

  Tú has de fingir...--Mas no; pues ha venido

_(Viendo venir á Rebolledo.)_

  Ese soldado, que es más despejado,
  Él fingirá mejor lo que he trazado.


ESCENA XIII.

REBOLLEDO, LA CHISPA.--DICHOS.

REBOLL.

  _(A la Chispa.)_ Con este intento vengo
  A hablar al Capitan, por ver si tengo
  Dicha en algo.

CHISPA.

                 Pues háblale de modo
  Que le obligues; que en fin no ha de ser todo
  Desatino y locura.

REBOLL.

  Préstame un poco tú de tu cordura.

CHISPA.

  Poco y mucho pudiera.

REBOLL.

  Miéntras hablo con él, aquí me espera.

_(Adelántase.)_

  --Yo vengo á suplicarte...

CAPITAN.

                             En cuanto puedo
  Ayudaré, por Dios, á Rebolledo,
  Porque me ha aficionado
  Su despejo y su brío.

SARG.

                        Es gran soldado.

CAPITAN.

  Pues ¿qué hay que se ofrezca?

REBOLL.

                                Yo he perdido
  Cuanto dinero tengo y he tenido
  Y he de tener, porque de pobre juro
  En presente, pretérito y futuro.
  Hágaseme merced de que, por vía
  De ayudilla de costa, aqueste dia
  El alférez me dé...

CAPITAN.

                      Diga: ¿qué intenta?

REBOLL.

  El juego del boliche por mi cuenta;
  Que soy hombre cargado
  De obligaciones, y hombre al fin honrado.

CAPITAN.

  Digo que eso es muy justo,
  Y el alférez sabrá que ese es mi gusto.

CHISPA.

  _(Ap.)_ Bien le habla el capitan. ¡Oh si me viera
  Llamar de todos yo la Bolichera!

REBOLL.

  Daréle ese recado.

CAPITAN.

                     Oye, primero
  Que le lleves. De tí fiarme quiero
  Para cierta invencion que he imaginado,
  Con que salir espero de un cuidado.

REBOLL.

  Pues ¿qué es lo que se aguarda?
  Lo que tarda en saberse, es lo que tarda
  En hacerse.

CAPITAN.

              Escúchame. Yo intento
  Subir á ese aposento
  Por ver si en él una persona habita,
  Que de mí hoy esconderse solicita.

REBOLL.

  Pues ¿por qué á él no subes?

CAPITAN.

                               No quisiera
  Sin que alguna color para esto hubiera,
  Por disculparlo más; y así, fingiendo
  Que yo riño contigo, has de irte huyendo
  Por ahí arriba. Entónces yo enojado,
  La espada sacaré: tú, muy turbado,
  Has de entrarte hasta donde
  La persona que busco se me esconde.

REBOLL.

  Bien informado quedo.

CHISPA.

  _(Ap.)_ Pues habla el Capitan con Rebolledo
  Hoy de aquella manera,
  Desde hoy me llamarán la Bolichera.

REBOLL.

  _(Alzando la voz.)_ ¡Vive Dios, que han tenido
  Esta ayuda de costa que he pedido,
  Un ladron, un gallina y un cuitado!
  Y ahora que la pide un hombre honrado,
  ¡No se la dan!

CHISPA.

  _(Ap.)_        Ya empieza su tronera.

CAPITAN.

  ¿Pues cómo me habla á mí desa manera?

REBOLL.

  ¿No tengo de enojarme,
  Cuando tengo razon?

CAPITAN.

                      No, ni ha de hablarme.
  Y agradezca que sufro aqueste exceso.

REBOLL.

  Ucé es mi capitan: sólo por eso
  Callaré; mas por Dios, que si tuviera
  La bengala en la mano...

CAPITAN.

  _(Echando mano á la espada.)_ ¿Qué me hiciera?

CHISPA.

  Tente, señor. (_Ap._ Su muerte considero.)

REBOLL.

  Que me hablara mejor.

CAPITAN.

                        ¿Qué es lo que espero,
  Que no doy muerte á un pícaro atrevido?

_(Desenvaina.)_

REBOLL.

  Huyo, por el respeto que he tenido
  A esa insignia.

CAPITAN.

                  Aunque huyas,
  Te he de matar.

CHISPA.

                  Ya él hizo de las suyas.

SARG.

  Tente, señor.

CHISPA.

                Escucha.

SARG.

                         Aguarda, espera.

CHISPA.

  Ya no me llamarán la Bolichera.

_(Vase el Capitan corriendo tras Rebolledo; el Sargento tras el
Capitan: sale Juan con espada, y despues su padre.)_


ESCENA XIV.

JUAN, CRESPO.--LA CHISPA.

JUAN.

  Acudid todos presto.

CRESPO.

  ¿Qué ha sucedido aquí?

JUAN.

                         ¿Qué ha sido esto?

CHISPA.

  Que la espada ha sacado
  El Capitan aquí para un soldado,
  Y, esa escalera arriba,
  Sube tras él.

CRESPO.

                ¿Hay suerte más esquiva?

CHISPA.

  Subid todos tras él.

JUAN.

  _(Ap.)_              Accion fué vana
  Esconder á mi prima y á mi hermana. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Cuarto alto en la misma casa._


ESCENA XV.

REBOLLEDO, _huyendo; y se encuentra con_ ISABEL É INÉS; _despues_, EL
CAPITAN Y EL SARGENTO.

REBOLL.

  Señoras, pues siempre ha sido
  Sagrado el que es templo, hoy
  Sea mi sagrado aqueste,
  Puesto que es templo de amor.

ISABEL.

  ¿Quién á huir desa manera
  Os obliga?

INÉS.

             ¿Qué ocasion
  Teneis de entrar hasta aquí?

ISABEL.

  ¿Quién os sigue ó busca?

_(Salen el Capitan y el Sargento.)_

CAPITAN.

                           Yo,
  Que tengo de dar la muerte
  Al pícaro ¡vive Dios!
  Si pensase...

ISABEL.

                Detenéos,
  Siquiera porque, señor,
  Vino á valerse de mí;
  Que los hombres como vos
  Han de amparar las mujeres,
  Si no por lo que ellas son,
  Porque son mujeres; que esto
  Basta, siendo vos quien sois.

CAPITAN.

  No pudiera otro sagrado
  Librarle de mi furor,
  Sino vuestra gran belleza:
  Por ella vida le doy.
  Pero mirad que no es bien
  En tan precisa ocasion
  Hacer vos el homicidio
  Que no quereis que haga yo.

ISABEL.

  Caballero, si cortés
  Poneis en obligacion
  Nuestras vidas, no zozobre
  Tan presto la intercesion.
  Que dejeis este soldado
  Os suplico; pero no
  Que cobreis de mí la deuda
  A que agradecida estoy.

CAPITAN.

  No sólo vuestra hermosura
  Es de rara perfeccion,
  Pero vuestro entendimiento
  Lo es tambien, porque hoy en vos
  Alïanza están jurando
  Hermosura y discrecion.


ESCENA XVI.

CRESPO Y JUAN, _con espadas desnudas_; LA CHISPA.--DICHOS.

CRESPO.

  ¿Cómo es eso, caballero?
  ¿Cuando pensó mi temor
  Hallaros matando un hombre,
  Os hallo...

ISABEL.

  _(Ap.)_     ¡Válgame Dios!

CRESPO.

  Requebrando una mujer?
  Muy noble, sin duda, sois,
  Pues que tan presto se os pasan
  Los enojos.

CAPITAN.

              Quien nació
  Con obligaciones, debe
  Acudir á ellas, y yo
  Al respeto desta dama
  Suspendí todo el furor.

CRESPO.

  Isabel es hija mia,
  Y es labradora, señor.
  Que no dama.

JUAN.

               (_Ap._ ¡Vive el cielo,
  Que todo ha sido invencion
  Para haber entrado aquí!
  Corrido en el alma estoy
  De que piensen que me engañan,
  Y no ha de ser.) Bien, señor
  Capitan, pudierais ver
  Con más segura atencion
  Lo que mi padre desea
  Hoy serviros, para no
  Haberle hecho este disgusto.

CRESPO.

  ¿Quién os mete en eso á vos,
  Rapaz? ¿Qué disgusto ha habido?
  Si el soldado le enojó,
  ¿No habia de ir tras él? Mi hija
  Estima mucho el favor
  Del haberle perdonado,
  Y el de su respeto yo.

CAPITAN.

  Claro está que no habrá sido
  Otra causa, y ved mejor
  Lo que decís.

JUAN.

                Yo lo he visto
  Muy bien.

CRESPO.

            Pues ¿cómo hablais vos
  Así?

CAPITAN.

       Porque estais delante,
  Más castigo no le doy
  A este rapaz.

CRESPO.

                Detened,
  Señor Capitan; que yo
  Puedo tratar á mi hijo
  Como quisiere, y no vos.

JUAN.

  Y yo sufrirlo á mi padre,
  Mas á otra persona no.

CAPITAN.

  ¿Qué habiais de hacer?

JUAN.

                         Perder
  La vida por la opinion.

CAPITAN.

  ¿Qué opinion tiene un villano?

JUAN.

  Aquella misma que vos;
  Que no hubiera un capitan,
  Si no hubiera un labrador.

CAPITAN.

  ¡Vive Dios, que ya es bajeza
  Sufrirlo!

CRESPO.

            Ved que yo estoy
  De por medio. _(Sacan las espadas.)_

REBOLL.

                ¡Vive Cristo,
  Chispa, que ha de haber hurgon!

CHISPA

  _(Voceando.)_ ¡Aquí del cuerpo de guardia!

REBOLL.

  ¡Don Lope! (_Ap._ Ojo avizor.)


ESCENA XVII.

DON LOPE, _con hábito muy galan y bengala_; SOLDADOS, UN
TAMBOR.--DICHOS.

D. LOPE.

  ¿Qué es aquesto? La primera
  Cosa que he de encontrar hoy,
  Acabado de llegar,
  ¿Ha de ser una cuestion?

CAPITAN.

  _(Ap.)_ ¡A qué mal tiempo Don Lope
  De Figueroa llegó!

CRESPO.

  _(Ap.)_ Por Dios que se las tenía
  Con todos el rapagon.

D. LOPE.

  ¿Qué ha habido? ¿Qué ha sucedido?
  Hablad, porque ¡vive Dios,
  Que á hombres, mujeres y casa
  Eche por un corredor!
  ¿No me basta haber subido
  Hasta aquí, con el dolor
  Desta pierna, que los diablos
  Llevaran, amén, sinó
  No decirme: «Aquesto ha sido?»

CRESPO.

  Todo esto es nada, señor.

D. LOPE.

  Hablad, decid la verdad.

CAPITAN.

  Pues es que alojado estoy
  En esta casa: un soldado...

D. LOPE.

  Decid.

CAPITAN.

         Ocasion me dió
  A que sacase con él
  La espada: hasta aquí se entró
  Huyendo; entréme tras él
  Donde estaban esas dos
  Labradoras; y su padre
  Y su hermano, ó lo que son,
  Se han disgustado de que
  Entrase hasta aquí.

D. LOPE.

                      Pues yo
  A tan buen tiempo he llegado,
  Satisfaré á todos hoy.
  ¿Quién fué el soldado, decid,
  Que á su capitan le dió
  Ocasion de que sacase
  La espada?

REBOLL.

  _(Ap.)_    ¿A que pago yo
  Por todos?

ISABEL.

             Aqueste fué
  El que huyendo hasta aquí entró.

D. LOPE.

  Dénle dos tratos de cuerda.

REBOLL.

  ¿Tra-qué han de darme, señor?

D. LOPE.

  Tratos de cuerda.

REBOLL.

                    Yo hombre
  De aquesos tratos no soy.

CHISPA.

  _(Ap.)_ Desta vez me le estropean.

CAPITAN.

  _(Ap. á él.)_ ¡Ah, Rebolledo! por Dios,
  Que nada digas: yo haré
  Que te libren.

REBOLL.

  (_Ap. al Capitan._ ¿Cómo no
  Lo he de decir, pues si callo,
  Los brazos me pondrán hoy
  Atras como mal soldado?)
  El Capitan me mandó
  Que fingiese la pendencia,
  Para tener ocasion
  De entrar aquí.

CRESPO.

                  Ved ahora
  Si hemos tenido razon.

D. LOPE.

  No tuvisteis para haber
  Así puesto en ocasion
  De perderse este lugar.--
  Hola, echa un bando, tambor,
  Que al cuerpo de guardia vayan
  Los soldados cuantos son,
  Y que no salga ninguno,
  Pena de muerte, en todo hoy.--
  Y para que no quedeis
  Con aqueste empeño vos,
  Y vos con este disgusto,
  Y satisfechos los dos,
  Buscad otro alojamiento;
  Que yo en esta casa estoy
  Desde hoy alojado, en tanto
  Que á Guadalupe no voy,
  Donde está el Rey.

CAPITAN.

                     Tus preceptos
  Ordenes precisas son
  Para mí.

_(Vanse el Capitan, los soldados y la Chispa.)_

CRESPO.

           Entráos allá dentro.

_(Vanse Isabel, Inés y Juan.)_


ESCENA XVIII.

CRESPO, DON LOPE.

CRESPO.

  Mil gracias, señor, os doy
  Por la merced que me hicisteis
  De excusarme la ocasion
  De perderme.

D. LOPE.

               ¿Cómo habiais,
  Decid, de perderos vos?

CRESPO.

  Dando muerte á quien pensara
  Ni áun el agravio menor...

D. LOPE.

  ¿Sabeis, vive Dios, que es
  Capitan?

CRESPO.

           Sí, vive Dios;
  Y aunque fuera el general,
  En tocando á mi opinion,
  Le matara.

D. LOPE.

             A quien tocara,
  Ni áun al soldado menor,
  Solo un pelo de la ropa,
  Viven los cielos, que yo
  Le ahorcara.

CRESPO.

               A quien se atreviera
  A un átomo de mi honor,
  Viven los cielos tambien,
  Que tambien le ahorcara yo.

D. LOPE.

  ¿Sabeis que estais obligado
  A sufrir, por ser quien sois,
  Estas cargas?

CRESPO.

                Con mi hacienda;
  Pero con mi fama no.
  Al Rey la hacienda y la vida
  Se ha de dar; pero el honor
  Es patrimonio del alma,
  Y el alma sólo es de Dios.

D. LOPE.

  ¡Vive Cristo, que parece
  Que vais teniendo razon!

CRESPO.

  Sí, vive Cristo, porque
  Siempre la he tenido yo.

D. LOPE.

  Yo vengo cansado, y esta
  Pierna que el diablo me dió,
  Ha menester descansar.

CRESPO.

  Pues ¿quién os dice que no?
  Ahí me dió el diablo una cama,
  Y servirá para vos.

D. LOPE.

  ¿Y dióla hecha el diablo?

CRESPO.

                            Sí.

D. LOPE.

  Pues á deshacerla voy;
  Que estoy, voto á Dios, cansado.

CRESPO.

  Pues descansad, voto á Dios.

D. LOPE.

  _(Ap.)_ Testarudo es el villano:
  Tan bien jura como yo.

CRESPO.

  _(Ap.)_ Caprichudo es el Don Lope:
  No haremos migas los dos.



JORNADA SEGUNDA.


_Calle._


ESCENA PRIMERA.

DON MENDO, NUÑO.

D. MEND.

  ¿Quién te contó todo eso?

NUÑO.

  Todo esto contó Ginesa,
  Su criada.

D. MEND.

             ¡El Capitan,
  Despues de aquella pendencia
  Que en su casa tuvo (fuese
  Ya verdad ó ya cautela),
  Ha dado en enamorar
  A Isabel!

NUÑO.

            Y de manera,
  Que tan poco humo en su casa
  Él hace como en la nuestra
  Nosotros. En todo el dia
  Se ve apartar de la puerta:
  No hay hora que no la envíe
  Recados: con ellos entra
  Y sale un mal soldadillo,
  Confidente suyo.

D. MEND.

                   Cesa;
  Que es mucho veneno, mucho,
  Para que el alma lo beba
  De una vez.

NUÑO.

              Y más no habiendo
  En el estómago fuerzas
  Con que resistirle.

D. MEND.

                      Hablemos
  Un rato, Nuño, de véras.

NUÑO.

  ¡Pluguiera á Dios fueran burlas!

D. MEND.

  ¿Y qué le responde ella?

NUÑO.

  Lo que á tí, porque Isabel
  Es deidad hermosa y bella,
  A cuyo cielo no empañan
  Los vapores de la tierra.

D. MEND.

  ¡Buenas nuevas te dé Dios!

_(Al hacer la exclamacion da una manotada á Nuño en el rostro.)_

NUÑO.

  A tí te dé mal de muelas;
  Que me has quebrado dos dientes.
  Mas bien has hecho, si intentas
  Reformarlos, por familia
  Que no sirve ni aprovecha.--
  El Capitan.

D. MEND.

              ¡Vive Dios,
  Si por el honor no fuera
  De Isabel, que le matara!

NUÑO.

  _(Ap.)_ Más será por tu cabeza.

D. MEND.

  Escucharé retirado.--
  Aquí á esta parte te llega.


ESCENA II.

EL CAPITAN, EL SARGENTO, REBOLLEDO.--DON MENDO Y NUÑO, _retirados_.

CAPITAN.

  Este fuego, esta pasion,
  No es amor solo, que es tema,
  Es ira, es rabia, es furor.

REBOLL.

  ¡Oh! ¡nunca, señor, hubieras
  Visto á la hermosa villana,
  Que tantas ánsias te cuesta!

CAPITAN.

  ¿Qué te dijo la criada?

REBOLL.

  ¿Ya no sabes sus respuestas?

D. MEND.

  _(Ap. á Nuño.)_ Esto ha de ser: pues ya tiende
  La noche sus sombras negras,
  Antes que se haya resuelto
  A lo mejor mi prudencia,
  Ven á armarme.

NUÑO.

                 ¡Pues qué! ¿tienes
  Más armas, señor, que aquellas
  Que están en un azulejo
  Sobre el marco de la puerta?

D. MEND.

  En mi guadarnes presumo
  Que hay para tales empresas
  Algo que ponerme.

NUÑO.

                    Vamos
  Sin que el Capitan nos sienta. _(Vanse.)_


ESCENA III.

EL CAPITAN, EL SARGENTO, REBOLLEDO.

CAPITAN.

  ¡Que en una villana haya
  Tan hidalga resistencia,
  Que no me haya respondido
  Una palabra siquiera
  Apacible!

SARG.

            Estas, señor,
  No de los hombres se prendan
  Como tú: si otro villano
  La festejara y sirviera,
  Hiciera más caso dél:
  Fuera de que son tus quejas
  Sin tiempo. Si te has de ir
  Mañana, ¿para qué intentas
  Que una mujer en un dia
  Te escuche y te favorezca?

CAPITAN.

  En un dia el sol alumbra
  Y falta; en un dia se trueca
  Un reino todo; en un dia
  Es edificio una peña;
  En un dia una batalla
  Pérdida y victoria ostenta;
  En un dia tiene el mar
  Tranquilidad y tormenta;
  En un dia nace un hombre
  Y muere: luego pudiera
  En un dia ver mi amor
  Sombra y luz como planeta,
  Pena y dicha como imperio,
  Gente y brutos como selva,
  Paz y inquietud como mar,
  Triunfo y ruina como guerra,
  Vida y muerte como dueño
  De sentidos y potencias:
  Y habiendo tenido edad
  En un dia su violencia
  De hacerme tan desdichado,
  ¿Por qué, por qué no pudiera
  Tener edad en un dia
  De hacerme dichoso? ¿Es fuerza
  Que se engendren más despacio
  Las glorias que las ofensas?

SARG.

  Verla una vez solamente
  ¿A tanto extremo te fuerza?

CAPITAN.

  ¿Qué más causa habia de haber,
  Llegando á verla, que verla?
  De sola una vez á incendio
  Crece una breve pavesa;
  De una vez sola un abismo
  Sulfúreo volcan revienta;
  De una vez se enciende el rayo,
  Que destruye cuanto encuentra;
  De una vez escupe horror
  La más reformada pieza;
  ¿De una vez amor, qué mucho,
  Fuego de cuatro maneras,
  Mina, incendio, pieza y rayo,
  Postre, abrase, asombre y hiera?

SARG.

  ¿No decias que villanas
  Nunca tenían belleza?

CAPITAN.

  Y áun aquesa confianza
  Me mató, porque el que piensa
  Que va á un peligro, ya va
  Prevenido á la defensa;
  Quien va á una seguridad,
  Es el que más riesgo lleva,
  Por la novedad que halla,
  Si acaso un peligro encuentra.
  Pensé hallar una villana;
  Si hallé una deidad, ¿no era
  Preciso que peligrase
  En mi misma inadvertencia?
  En toda mi vida ví
  Más divina, más perfecta
  Hermosura. ¡Ay, Rebolledo!
  No sé qué hiciera por verla.

REBOLL.

  En la compañía hay soldado
  Que canta por excelencia,
  Y la Chispa, que es mi alcaida
  Del boliche, es la primera
  Mujer en jacarear.
  Haya, señor, jira y fiesta
  Y música á su ventana;
  Que con esto podrás verla,
  Y áun hablarla.

CAPITAN.

                  Como está
  Don Lope allí, no quisiera
  Despertarle.

REBOLL.

               Pues Don Lope
  ¿Cuándo duerme, con su pierna?
  Fuera, señor, que la culpa,
  Si se entiende, será nuestra,
  No tuya, si de rebozo
  Vas en la tropa.

CAPITAN.

                   Aunque tenga
  Mayores dificultades,
  Pase por todas mi pena.
  Juntáos todos esta noche;
  Mas de suerte que no entiendan
  Que yo lo mando. ¡Ah, Isabel,
  Qué de cuidados me cuestas!

_(Vanse el Capitan y el Sargento.)_


ESCENA IV.

LA CHISPA.--REBOLLEDO.

CHISPA.

  _(Dentro.)_ Tenga esa.

REBOLL.

                         Chispa, ¿qué es eso?

CHISPA.

  Ahí un pobrete, que queda
  Con un rasguño en el rostro.

REBOLL.

  ¿Pues por qué fué la pendencia?

CHISPA.

  Sobre hacerme alicantina
  Del barato de hora y media
  Que estuvo echando las bolas,
  Teniéndome muy atenta
  A si eran pares ó nones:
  Canséme y dile con esta. _(Saca la daga.)_
  Miéntras que con el barbero
  Poniéndose en puntos queda,
  Vamos al cuerpo de guardia;
  Que allá te daré la cuenta.

REBOLL.

  ¡Bueno es estar de mohina,
  Cuando vengo yo de fiesta!

CHISPA.

  Pues ¿qué estorba el uno al otro?
  Aquí está la castañeta:
  ¿Qué se ofrece que cantar?

REBOLL.

  Ha de ser cuando anochezca,
  Y música más fundada.
  Vamos, y no te detengas.
  Anda acá al cuerpo de guardia.

CHISPA.

  Fama ha de quedar eterna
  De mí en el mundo, que soy
  Chispilla la Bolichera. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Sala baja de casa de Crespo, con vistas y salida á un jardin. Ventana á
un lado._


ESCENA V.

DON LOPE, CRESPO.

CRESPO.

  _(Dentro.)_ En este paso, que está
  Más fresco, poned la mesa
  Al señor Don Lope. Aquí
  Os sabrá mejor la cena;
  Que al fin los dias de Agosto
  No tienen más recompensa
  Que sus noches.

D. LOPE.

                  Apacible
  Estancia en extremo es esta.

CRESPO.

  Un pedazo es de jardin,
  En que mi hija se divierta.
  Sentáos; que el viento suave
  Que en las blandas hojas suena
  Destas parras y estas copas,
  Mil cláusulas lisonjeras
  Hace al compas desta fuente,
  Cítara de plata y perlas,
  Porque son en trastes de oro
  Las guijas templadas cuerdas.
  Perdonad si de instrumentos
  Solos la música suena,
  Sin cantores que os deleiten,
  Sin voces que os entretengan;
  Que como músicos son
  Los pájaros que gorjean,
  No quieren cantar de noche,
  Ni yo puedo hacerles fuerza.
  Sentáos, pues, y divertid
  Esa contínua dolencia.

D. LOPE.

  No podré; que es imposible
  Que divertimiento tenga.
  ¡Válgame Dios!

CRESPO.

                 Valga, amén.

D. LOPE.

  Los cielos me den paciencia.
  Sentáos, Crespo.

CRESPO.

                   Yo estoy bien.

D. LOPE.

  Sentáos.

CRESPO.

           Pues me dais licencia,
  Digo, señor, que obedezco.
  Aunque excusarlo pudierais. _(Siéntase.)_

D. LOPE.

  ¿No sabeis qué he reparado?
  Que ayer la cólera vuestra
  Os debió de enajenar
  De vos.

CRESPO.

          Nunca me enajena
  A mí de mí nada.

D. LOPE.

                   Pues
  ¿Cómo ayer, sin que os dijera
  Que os sentarais, os sentasteis,
  Y áun en la silla primera?

CRESPO.

  Porque no me lo dijisteis;
  Y hoy, que lo decís, quisiera
  No hacerlo: la cortesía,
  Tenerla con quien la tenga.

D. LOPE.

  Ayer todo erais reniegos,
  Porvidas, votos y pesias;
  Y hoy estais más apacible.
  Con más gusto y más prudencia.

CRESPO.

  Yo, señor, respondo siempre
  En el tono y en la letra
  Que me hablan: ayer vos
  Así hablabais, y era fuerza
  Que fueran de un mismo tono
  La pregunta y la respuesta.
  Demas de que yo he tomado
  Por política discreta
  Jurar con aquel que jura,
  Rezar con aquel que reza.
  A todo hago compañía;
  Y es aquesto de manera,
  Que en toda la noche pude
  Dormir, en la pierna vuestra
  Pensando, y amanecí
  Con dolor en ambas piernas;
  Que por no errar la que os duele,
  Si es la izquierda ó la derecha,
  Me dolieron á mí entrambas.
  Decidme por vida vuestra
  Cuál es, y sépalo yo,
  Porque una sola me duela.

D. LOPE.

  ¿No tengo mucha razon
  De quejarme, si há ya treinta
  Años que asistiendo en Flándes
  Al servicio de la guerra,
  El invierno con la escarcha,
  Y el verano con la fuerza
  Del sol, nunca descansé,
  Y no he sabido qué sea
  Estar sin dolor un hora?

CRESPO.

  ¡Dios, señor, os dé paciencia!

D. LOPE.

  ¿Para qué la quiero yo?

CRESPO.

  No os la dé.

D. LOPE.

               Nunca acá venga,
  Sino que dos mil demonios
  Carguen conmigo y con ella.

CRESPO.

  Amén, y si no lo hacen,
  Es por no hacer cosa buena.

D. LOPE.

  ¡Jesus mil veces, Jesus!

CRESPO.

  Con vos y conmigo sea.

D. LOPE.

  ¡Vive Cristo, que me muero!

CRESPO.

  ¡Vive Cristo, que me pesa!


ESCENA VI.

JUAN, _que saca la mesa_.--DON LOPE, CRESPO.

JUAN.

  Ya tienes la mesa aquí.

D. LOPE.

  ¿Cómo á servirla no entran
  mis criados?

CRESPO.

               Yo, señor,
  Dije, con vuestra licencia,
  Que no entraran á serviros,
  Y que en mi casa no hicieran
  Prevenciones; que á Dios gracias,
  Pienso que no os falte en ella
  Nada.

D. LOPE.

        Pues no entran criados,
  Hacedme merced que venga
  Vuestra hija aquí á cenar
  Conmigo.

CRESPO.

           Díla que venga
  A tu hermana al punto, Juan. _(Vase Juan.)_

D. LOPE.

  Mi poca salud me deja
  Sin sospecha en esta parte.

CRESPO.

  Aunque vuestra salud fuera,
  Señor, la que yo os deseo,
  Me dejara sin sospecha.
  Agravio haceis á mi amor;
  Que nada deso me inquieta:
  Pues decirla que no entrara
  Aquí, fué con advertencia
  De que no estuviese á oir
  Ociosas impertinencias;
  Que si todos los soldados
  Corteses como vos fueran,
  Ella habia de asistir
  A servirlos la primera.

D. LOPE.

  _(Ap.)_ ¡Qué ladino es el villano,
  O cómo tiene prudencia!


ESCENA VII.

JUAN, INÉS, ISABEL.--DON LOPE, CRESPO.

ISABEL.

  ¿Qué es, señor, lo que me mandas?

CRESPO.

  El señor Don Lope intenta
  Honraros: él es quien llama.

ISABEL.

  Aquí está una esclava vuestra.

D. LOPE.

  Serviros intento yo.
  (_Ap._ ¡Qué hermosura tan honesta!)
  Que ceneis conmigo quiero.

ISABEL.

  Mejor es que á vuestra cena
  Sirvamos las dos.

D. LOPE.

                    Sentáos.

CRESPO.

  Sentáos, haced lo que ordena
  El señor Don Lope.

ISABEL.

                     Esté
  El mérito en la obediencia.

_(Siéntanse.--Tocan dentro guitarras.)_

D. LOPE.

  ¿Qué es aquello?

CRESPO.

                   Por la calle
  Los soldados se pasean
  Tocando y cantando.

D. LOPE.

                      Mal
  Los trabajos de la guerra
  Sin aquesta libertad
  Se llevaran; que es estrecha
  Religion la de un soldado,
  Y darla ensanches es fuerza.

JUAN.

  Con todo eso, es linda vida.

D. LOPE.

  ¿Fuérades con gusto á ella?

JUAN.

  Sí, señor, como llevara
  Por amparo á Vuecelencia.


ESCENA VIII.

SOLDADOS, REBOLLEDO.--DICHOS.

UN SOLD.

  _(Dentro.)_ Mejor se cantará aquí.

REBOLL.

  _(Dentro.)_ Vaya á Isabel una letra,
  Y porque despierte, tira
  A su ventana una piedra.

_(Suena una piedra en una ventana.)_

CRESPO.

  _(Ap.)_ A ventana señalada
  Va la música: paciencia.

UNA VOZ.

  _(Canta dentro.)_
  _Las flores del romero,_
  _Niña Isabel,_
  _Hoy son flores azules,_
  _Y mañana serán miel._

D. LOPE.

  (_Ap._ Música, vaya; mas esto
  De tirar es desvergüenza...
  ¡Y á la casa donde estoy
  Venirse á dar cantaletas!...
  Pero disimularé
  Por Pedro Crespo y por ella.)
  ¡Qué travesuras!

CRESPO.

                   Son mozos.
  (_Ap._ Si por Don Lope no fuera,
  Yo les hiciera...)

JUAN.

  _(Ap.)_            Si yo
  Una rodelilla vieja,
  Que en el cuarto de Don Lope
  Está colgada, pudiera
  Sacar... _(Hace que se va.)_

CRESPO.

  ¿Dónde vais, mancebo?

JUAN.

  Voy á que traigan la cena.

CRESPO.

  Allá hay mozos que la traigan.

SOLDS.

  _(Dentro, cantando.)_
  _Despierta, Isabel, despierta._

ISABEL.

  _(Ap.)_ ¿Qué culpa tengo yo, cielos,
  Para estar á esto sujeta?

D. LOPE.

  Ya no se puede sufrir,
  Porque es cosa muy mal hecha.

_(Arroja la mesa.)_

CRESPO.

  Pues ¡y cómo que lo es!

_(Arroja la silla.)_

D. LOPE.

  (_Ap._ Lléveme de mi impaciencia.)
  ¿No es, decidme, muy mal hecho
  Que tanto una pierna duela?

CRESPO.

  Deso mismo hablaba yo.

D. LOPE.

  Pensé que otra cosa era.
  Como arrojasteis la silla...

CRESPO.

  Como arrojasteis la mesa
  Vos, no tuve que arrojar
  Otra cosa yo más cerca.
  (_Ap._ Disimulemos, honor.)

D. LOPE.

  (_Ap._ ¡Quién en la calle estuviera!)
  Ahora bien, cenar no quiero.
  Retiráos.

CRESPO.

            En hora buena.

D. LOPE.

  Señora, quedad con Dios.

ISABEL.

  El cielo os guarde.

D. LOPE.

  _(Ap.)_             A la puerta
  De la calle ¿no es mi cuarto?
  Y en él ¿no está una rodela?

CRESPO.

  _(Ap.)_ ¿No tiene puerta el corral,
  Y yo una espadilla vieja?

D. LOPE.

  Buenas noches.

CRESPO.

                 Buenas noches.
  (_Ap._ Encerraré por defuera
  A mis hijos.)

D. LOPE.

  _(Ap.)_         Dejaré
  Un poco la casa quieta.

ISABEL.

  _(Ap.)_ ¡Oh qué mal, cielos, los dos
  Disimulan que les pesa!

INÉS.

  _(Ap.)_ Mal el uno por el otro
  Van haciendo la deshecha.

CRESPO.

  ¡Hola, mancebo!...

JUAN.

  Señor.

CRESPO.

  Acá está la cama vuestra. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Calle._


ESCENA IX.

EL CAPITAN, EL SARGENTO; LA CHISPA, Y REBOLLEDO, _con guitarras_;
SOLDADOS.

REBOLL.

  Mejor estamos aquí.
  El sitio es más oportuno:
  Tome rancho cada uno.

CHISPA.

  ¿Vuelve la música?

REBOLL.

                     Sí.

CHISPA.

  Ahora estoy en mi centro.

CAPITAN.

  ¡Que no haya una ventana
  Entreabierto esta villana!

SARG.

  Pues bien lo oyen allá adentro.

CHISPA.

  Espera.

SARG.

          Será á mi costa.

REBOLL.

  No es más de hasta ver quién es
  Quien llega.

CHISPA.

               Pues qué, ¿no ves
  Un jinete de la costa?


ESCENA X.

DON MENDO _con adarga_, NUÑO.--DICHOS.

D. MEND.

  _(Ap. á Nuño.)_ ¿Ves bien lo que pasa?

NUÑO.

                                       No,
  No veo bien; pero bien
  Lo escucho.

D. MEND.

              ¿Quién, cielos, quién
  Esto puede sufrir?

NUÑO.

                     Yo.

D. MEND.

  ¿Abrirá acaso Isabel
  La ventana?

NUÑO.

              Sí abrirá.

D. MEND

  No hará, villano.

NUÑO.

                    No hará.

D. MEND.

  ¡Ah, celos, pena cruel!
  Bien supiera yo arrojar
  A todos á cuchilladas
  De aquí; mas disimuladas
  Mis desdichas han de estar,
  Hasta ver si ella ha tenido
  Culpa dello.

NUÑO.

               Pues aquí
  Nos sentemos.

D. MEND.

                Bien: así
  Estaré desconocido.

REBOLL.

  Pues ya el hombre se ha sentado,
  Si ya no es que ser ordena
  Alguna alma que anda en pena,
  De las cañas que ha jugado,
  Con su adarga á cuestas, da
  Voz al aire. _(A la Chispa.)_

CHISPA.

               Ya él la lleva.

REBOLL.

  Va una jácara tan nueva,
  Que corra sangre.

CHISPA.

                    Sí hará.


ESCENA XI.

DON LOPE Y CRESPO, _á un tiempo, con broqueles, y cada uno por su
lado_.--DICHOS.

CHISPA.

  _(Canta.)_ _Erase cierto Sampayo,_
  _La flor de los andaluces,_
  _El jaque de mayor porte_
  _Y el rufo de mayor lustre._
  _Este, pues, á la Chillona_
  _Halló un dia..._

REBOLL.

                  No le culpen
  La fecha; que el asonante
  Quiere que haya sido en lúnes.

CHISPA.

  _Halló, digo, á la Chillona,_
  _Que brindando entre dos luces,_
  _Ocupaba con el Garlo_
  _La casa de las azumbres._
  _El Garlo, que siempre fué,_
  _En todo lo que le cumple,_
  _Rayo de tejado abajo,_
  _Porque era rayo sin nube,_
  _Sacó la espada, y á un tiempo_
  _De tajo y reves sacude._

CRESPO.

  Sería desta manera.

D. LOPE.

  Que sería así no duden.

_(Acuchillan Don Lope y Crespo á los soldados y á Don Mendo y Nuño;
métenlos, y vuelve Don Lope.)_

  Huyeron, y uno ha quedado
  Dellos, que es el que está aquí.

_(Vuelve Crespo.)_

CRESPO.

  _(Ap.)_ Cierto es que el que queda allí,
  Sin duda es algun soldado.

D. LOPE.

  _(Ap.)_ Ni áun este se ha de escapar
  Sin almagre.

CRESPO.

  _(Ap.)_      Ni este quiero
  Que quede sin que mi acero
  La calle le haga dejar.

D. LOPE.

  Huid con los otros.

CRESPO.

                      Huid vos,
  Que sabreis huir más bien. _(Riñen.)_

D. LOPE.

  _(Ap.)_ ¡Vive Dios, que riñe bien!

CRESPO.

  _(Ap.)_ ¡Bien pelea, vive Dios!


ESCENA XII.

JUAN, _con espada_.--DON LOPE, CRESPO.

JUAN.

  (_Ap._ Quiera el cielo que le tope.)
  Señor, á tu lado estoy.

D. LOPE.

  ¿Es Pedro Crespo?

CRESPO.

                    Yo soy.
  ¿Es Don Lope?

D. LOPE.

                Sí es Don Lope.
  ¿Que no habiais, no dijisteis,
  De salir? ¿Qué hazaña es esta?

CRESPO.

  Sean disculpa y respuesta
  Hacer lo que vos hicisteis.

D. LOPE.

  Aquesta era ofensa mia,
  Vuestra no.

CRESPO.

              No hay que fingir;
  Que yo he salido á reñir
  Por haceros compañía.


ESCENA XIII.

SOLDADOS, EL CAPITAN.--DICHOS.

SOLDS.

  _(Dentro.)_ A dar muerte nos juntemos
  A estos villanos.

CAPITAN.

  _(Dentro.)_       Mirad...

_(Salen los soldados y el Capitan.)_

D. LOPE.

  ¿Adónde vais? Esperad.
  ¿De qué son estos extremos?

CAPITAN.

  Los soldados han tenido
  (Porque se estaban holgando
  En esta calle, cantando
  Sin alboroto y rüido)
  Una pendencia, y yo soy
  Quien los está deteniendo.

D. LOPE.

  Don Álvaro, bien entiendo
  Vuestra prudencia; y pues hoy
  Aqueste lugar está
  En ojeriza, yo quiero
  Excusar rigor más fiero;
  Y pues amanece ya,
  Orden doy que en todo el dia,
  Para que mayor no sea
  El daño, de Zalamea
  Saqueis vuestra compañía:
  Y estas cosas acabadas,
  No vuelvan á ser, porqué
  Otra vez la paz pondré,
  Vive Dios, á cuchilladas.

CAPITAN.

  Digo que por la mañana
  La compañía haré marchar.
  (_Ap._ La vida me has de costar,
  Hermosísima villana.)

CRESPO.

  _(Ap.)_ Caprichudo es el Don Lope;
  Ya haremos migas los dos.

D. LOPE.

  Veníos conmigo vos,
  Y solo ninguno os tope. _(Vanse.)_


ESCENA XIV.

DON MENDO; NUÑO, _herido_.

D. MEND.

  ¿Es algo, Nuño, la herida?

NUÑO.

  Aunque fuera menor, fuera
  De mí muy mal recibida,
  Y mucho más que quisiera.

D. MEND.

  Yo no he tenido en mi vida
  Mayor pena ni tristeza.

NUÑO.

  Yo tampoco.

D. MEND.

              Que me enoje
  Es justo. ¿Que su fiereza
  Luego te dió en la cabeza?

NUÑO.

  Todo este lado me coge. _(Tocan dentro.)_

D. MEND.

  ¿Qué es esto?

NUÑO.

                La compañía
  Que hoy se va.

D. MEND.

                 Y es dicha mia,
  Pues con eso cesarán
  Los celos del Capitan.

NUÑO.

  Hoy se ha de ir en todo el dia.


ESCENA XV.

EL CAPITAN Y EL SARGENTO, _á un lado_.--DON MENDO Y NUÑO, _al otro_.

CAPITAN.

  Sargento, vaya marchando
  Antes que decline el dia
  Con toda la compañía,
  Y con prevencion que cuando
  Se esconda en la espuma fria
  Del océano español
  Ese luciente farol,
  En ese monte le espero,
  Porque hallar mi vida quiero
  Hoy en la muerte del sol.

SARG.

  _(Ap. al Capitan.)_ Calla, que está aquí un figura
  Del lugar.

D. MEND.

  _(Ap. á Nuño.)_ Pasar procura,
  Sin que entienda mi tristeza.
  No muestres, Nuño, flaqueza.

NUÑO.

  ¿Puedo yo mostrar gordura?

_(Vanse Don Mendo y Nuño.)_


ESCENA XVI.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.

CAPITAN.

  Yo he de volver al lugar,
  Porque tengo prevenida
  Una criada, á mirar
  Si puedo por dicha hablar
  A aquesta hermosa homicida.
  Dádivas han granjeado
  Que apadrine mi cuidado.

SARG.

  Pues, señor, si has de volver
  Mira que habrás menester
  Volver bien acompañado;
  Porque al fin no hay que fiar
  De villanos.

CAPITAN.

               Ya lo sé.
  Algunos puedes nombrar
  Que vuelvan conmigo.

SARG.

                       Haré
  Cuanto me quieras mandar.
  Pero si acaso volviese
  Don Lope, y te conociese
  Al volver...

CAPITAN.

               Ese temor
  Quiso tambien que perdiese
  En esta parte mi amor;
  Que Don Lope se ha de ir
  Hoy tambien á prevenir
  Todo el tercio á Guadalupe;
  Que todo lo dicho supe
  Yéndome ahora á despedir
  Dél, porque ya el Rey vendrá,
  Que puesto en camino está.

SARG.

  Voy, señor, á obedecerte.

CAPITAN.

  Que me va la vida advierte.


ESCENA XVII.

REBOLLEDO, LA CHISPA.--EL CAPITAN, EL SARGENTO.

REBOLL.

  Señor, albricias me da.

CAPITAN.

  ¿De qué han de ser, Rebolledo?

REBOLL.

  Muy bien merecerlas puedo,
  Pues solamente te digo...

CAPITAN.

  ¿Qué?

REBOLL.

        Que ya hay un enemigo
  Ménos á quien tener miedo.

CAPITAN.

  ¿Quién es? Dílo presto.

REBOLL.

                          Aquel
  Mozo, hermano de Isabel.
  Don Lope se le pidió
  Al padre, y él se le dió,
  Y va á la guerra con él.
  En la calle le he encontrado
  Muy galan, muy alentado,
  Mezclando á un tiempo, señor,
  Rezagos de labrador
  Con primicias de soldado:
  De suerte que el viejo es ya
  Quien pesadumbre nos da.

CAPITAN.

  Todo nos sucede bien,
  Y más si me ayuda quien
  Esta esperanza me da,
  De que esta noche podré
  Hablarla.

REBOLL.

            No pongas duda.

CAPITAN.

  Del camino volveré;
  Que ahora es razon que acuda
  A la gente que se ve
  Ya marchar. Los dos sereis
  Los que conmigo vendreis. _(Vase.)_

REBOLL.

  Pocos somos, vive Dios,
  Aunque vengan otros dos,
  Otros cuatro y otros seis.

CHISPA.

  Y yo, si tú has de volver,
  Allá ¿qué tengo de hacer?
  Pues no estoy segura yo,
  Si da conmigo el que dió
  Al barbero que coser.

REBOLL.

  No sé qué he de hacer de tí.
  ¿No tendrás ánimo, dí.
  De acompañarme?

CHISPA.

                  ¿Pues no?
  ¿Vestido no tengo yo,
  Animo y esfuerzo?

REBOLL.

                    Sí,
  Vestido no faltará;
  Que ahí otro del paje está
  De jineta, que se fué.

CHISPA.

  Pues yo plaza pasaré
  Por él.

REBOLL.

          Vamos, que se va
  La bandera.

CHISPA.

              Y yo veo ahora
  Por qué en el mundo he cantado:
  «Que el amor del soldado
  No dura un hora.» _(Vanse.)_


ESCENA XVIII.

DON LOPE, CRESPO, JUAN.

D. LOPE.

  A muchas cosas os soy
  En extremo agradecido;
  Pero sobre todas, esta
  De darme hoy á vuestro hijo
  Para soldado, en el alma
  Os la agradezco y estimo.

CRESPO.

  Yo os le doy para criado.

D. LOPE.

  Yo os le llevo para amigo;
  Que me ha inclinado en extremo
  Su desenfado y su brío,
  Y la aficion á las armas.

JUAN.

  Siempre á vuestros piés rendido
  Me tendreis, y vos vereis
  De la manera que os sirvo,
  Procurando obedeceros
  En todo.

CRESPO.

           Lo que os suplico,
  Es que perdoneis, señor,
  Si no acertare á serviros,
  Porque en el rústico estudio,
  Adonde rejas y trillos,
  Palas, azadas y bieldos
  Son nuestros mejores libros,
  No habrá podido aprender
  Lo que en los palacios ricos
  Enseña la urbanidad
  Política de los siglos.

D. LOPE.

  Ya que va perdiendo el sol
  La fuerza, irme determino.

JUAN.

  Veré si viene, señor,
  La litera. _(Vase.)_


ESCENA XIX.

ISABEL, INÉS.--DON LOPE, CRESPO.

ISABEL.

             ¿Y es bien iros,
  Sin que os despidais de quien
  Tanto desea serviros?

D. LOPE.

  _(A Isabel)_ No me fuera sin besaros
  Las manos y sin pediros
  Que liberal perdoneis
  Un atrevimiento digno
  De perdon, porque no el premio
  Hace el don, sino el servicio.
  Esta venera, que aunque
  Está de diamantes ricos
  Guarnecida, llega pobre
  A vuestras manos, suplico
  Que la tomeis y traigais
  Por patena, en nombre mio.

ISABEL.

  Mucho siento que penseis,
  Con tan generoso indicio,
  Que pagais el hospedaje,
  Pues de honra que recibimos,
  Somos los deudores.

D. LOPE.

                      Esto
  No es paga, sino cariño.

ISABEL.

  Por cariño, y no por paga,
  Solamente la recibo.
  A mi hermano os encomiendo,
  Ya que tan dichoso ha sido
  Que merece ir por criado
  Vuestro.

D. LOPE.

           Otra vez os afirmo
  Que podeis descuidar dél;
  Que va, señora, conmigo.


ESCENA XX.

JUAN.--DICHOS.

JUAN.

  Ya está la litera puesta.

D. LOPE.

  Con Dios os quedad.

CRESPO.

                      El mismo
  Os guarde.

D. LOPE.

  ¡Ah buen Pedro Crespo!

CRESPO.

  ¡Ah señor Don Lope invicto!

D. LOPE.

  ¿Quién os dijera aquel dia
  Primero que aquí nos vimos,
  Que habíamos de quedar
  Para siempre tan amigos?

CRESPO.

  Yo lo dijera, señor.
  Si allí supiera, al oiros,
  Que érais... _(Al irse ya.)_

D. LOPE.

  Decid por mi vida.

CRESPO.

  Loco de tan buen capricho.

_(Vase Don Lope.)_


ESCENA XXI.

CRESPO, JUAN, ISABEL, INÉS.

CRESPO.

  En tanto que se acomoda
  El señor Don Lope, hijo,
  Ante tu prima y tu hermana
  Escucha lo que te digo.
  Por la gracia de Dios, Juan,
  Eres de linaje limpio
  Más que el sol, pero villano:
  Lo uno y lo otro te digo,
  Aquello, porque no humilles
  Tanto tu orgullo y tu brío,
  Que dejes, desconfiado,
  De aspirar con cuerdo arbitrio
  A ser más; lo otro, porque
  No vengas, desvanecido,
  A ser ménos: igualmente
  Usa de entrambos designios
  Con humildad; porque siendo
  Humilde, con recto juicio
  Acordarás lo mejor;
  Y como tal, en olvido
  Pondrás cosas que suceden
  Al reves en los altivos.
  ¡Cuántos, teniendo en el mundo
  Algun defecto consigo,
  Le han borrado por humildes!
  Y ¡á cuántos, que no han tenido
  Defecto, se le han hallado,
  Por estar ellos mal vistos!
  Sé cortés sobremanera,
  Sé liberal y esparcido;
  Que el sombrero y el dinero
  Son los que hacen los amigos;
  Y no vale tanto el oro
  Que el sol engendra en el indio
  Suelo y que conduce el mar,
  Como ser uno bienquisto.
  No hables mal de las mujeres:
  La más humilde, te digo
  Que es digna de estimacion,
  Porque, al fin, dellas nacimos.
  No riñas por cualquier cosa;
  Que cuando en los pueblos miro
  Muchos que á reñir enseñan,
  Mil veces entre mí digo:
  «Aquesta escuela no es
  La que ha de ser, pues colijo
  Que no ha de enseñarse á un hombre
  Con destreza, gala y brío
  A reñir, sino á por qué
  Ha de reñir; que yo afirmo
  Que si hubiera un maestro solo
  Que enseñara prevenido,
  No el cómo, el por qué se riña,
  Todos le dieran sus hijos:»
  Con esto, y con el dinero
  Que llevas para el camino,
  Y para hacer, en llegando
  De asiento, un par de vestidos,
  El amparo de Don Lope
  Y mi bendicion, yo fío
  En Dios que tengo de verte
  En otro puesto. Adios, hijo;
  Que me enternezco en hablarte.

JUAN.

  Hoy tus razones imprimo
  En el corazon, adonde
  Vivirán, miéntras yo vivo.
  Dáme tu mano, y tú, hermana,
  Los brazos, que ya ha partido
  Don Lope, mi señor, y es
  Fuerza alcanzarle.

ISABEL.

                     Los mios
  Bien quisieran detenerte.

JUAN.

  Prima, adios.

INÉS.

                Nada te digo
  Con la voz, porque los ojos
  Hurtan á la voz su oficio.
  Adios.

CRESPO.

         Ea, véte presto;
  Que cada vez que te miro,
  Siento más el que te vayas:
  Y haz por ser lo que te he dicho.

JUAN.

  El cielo con todos quede.

CRESPO.

  El cielo vaya contigo. _(Vase Juan.)_


ESCENA XXII.

CRESPO, ISABEL, INÉS.

ISABEL.

  ¡Notable crueldad has hecho!

CRESPO.

  (_Ap._ Ahora que no le miro,
  Hablaré más consolado.)
  ¿Qué habia de hacer conmigo,
  Sino ser toda su vida
  Un holgazan, un perdido?
  Váyase á servir al Rey.

ISABEL.

  Que de noche haya salido,
  Me pesa á mí.

CRESPO.

                Caminar
  De noche por el estío,
  Antes es comodidad
  Que fatiga, y es preciso
  Que á Don Lope alcance luego
  Al instante. (_Ap._ Enternecido
  Me deja, cierto, el muchacho,
  Aunque en público me animo.)

ISABEL.

  Éntrate, señor, en casa.

INÉS.

  Pues sin soldados vivimos,
  Estémonos otro poco
  Gozando á la puerta el frio
  Viento que corre; que luégo
  Saldrán por ahí los vecinos.

CRESPO.

  (_Ap._ A la verdad, no entro dentro,
  Porque desde aquí imagino,
  Como el camino blanquea,
  Que veo á Juan en el camino.)
  Inés, sácame á esta puerta
  Asiento.

INÉS.

  Aquí está un banquillo.

ISABEL.

  Esta tarde diz que ha hecho
  La villa eleccion de oficios.

CRESPO.

  Siempre aquí por el Agosto
  Se hace. _(Siéntanse.)_


ESCENA XXIII.

  EL CAPITAN, EL SARGENTO, REBOLLEDO, LA CHISPA Y SOLDADOS,
  _embozados_.--CRESPO, ISABEL, INÉS.

CAPITAN.

  _(Ap. á los suyos.)_ Pisad sin ruido.
  Llega, Rebolledo, tú,
  Y da á la criada aviso
  De que ya estoy en la calle.

REBOLL.

  Yo voy. Mas ¡qué es lo que miro!
  A su puerta hay gente.

SARG.

                         Y yo
  En los reflejos y visos
  Que la luna hace en el rostro,
  Que es Isabel, imagino,
  Esta.

CAPITAN.

        Ella es: más que la luna,
  El corazon me lo ha dicho.
  A buena ocasion llegamos.
  Si ya, una vez que venimos,
  Nos atrevemos á todo,
  Buena venida habrá sido.

SARG.

  ¿Estás para oir un consejo?

CAPITAN.

  No.

SARG.

      Pues ya no te le digo.
  Intenta lo que quisieres.

CAPITAN.

  Yo he de llegar, y atrevido
  Quitar á Isabel de allí.
  Vosotros á un tiempo mismo
  Impedid á cuchilladas
  El que me sigan.

SARG.

                   Contigo
  Venimos, y á tu órden hemos
  De estar.

CAPITAN.

            Advertid que el sitio
  Donde habemos de juntarnos
  Es ese monte vecino,
  Que está á la mano derecha,
  Como salen del camino.

REBOLL.

  Chispa.

CHISPA.

          ¿Qué?

REBOLL.

                Ten esas capas.

CHISPA.

  Que es del reñir, imagino,
  La gala el guardar la ropa,
  Aunque del nadar se dijo.

CAPITAN.

  Yo he de llegar el primero.

CRESPO.

  Harto hemos gozado el sitio.
  Entrémonos allá dentro.

CAPITAN.

  _(Ap. á los suyos.)_ Ya es tiempo, llegad amigos.

_(Lléganse á los tres los soldados, detienen á Crespo y á Inés, y se
apoderan de Isabel.)_

ISABEL.

  ¡Ah traidor! Señor, ¿qué es esto?

CAPITAN.

  Es una furia, un delirio
  De amor. _(Llévala y vase.)_

ISABEL.

  _(Dentro.)_ ¡Ah traidor!--¡Señor!

CRESPO.

  ¡Ah cobardes!

ISABEL.

  _(Dentro.)_   ¡Padre mio!

INÉS.

  _(Ap.)_ Yo quiero aquí retirarme. _(Vase.)_

CRESPO.

  ¡Cómo echais de ver (¡ah impíos!)
  Que estoy sin espada, aleves,
  Falsos y traidores!

REBOLL.

                      Idos,
  Si no quereis que la muerte
  Sea el último castigo.

_(Vanse los robadores.)_

CRESPO.

  ¿Qué importará, si está muerto
  Mi honor, el quedar yo vivo?
  ¡Ah! ¡quién tuviera una espada!
  Porque sin armas seguirlos
  Es en vano; y si brioso
  A ir por ella me aplico,
  Los he de perder de vista.
  ¿Qué he de hacer, hados esquivos;
  Que de cualquiera manera
  Es uno solo el peligro?


ESCENA XXIV.

INÉS, _con una espada_.--CRESPO.

INÉS.

  Ya tienes aquí la espada.

CRESPO.

  A buen tiempo la has traido.
  Ya tengo honra, pues tengo
  Espada con que seguiros _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Campo._


ESCENA XXV.

CRESPO, _riñendo con_ EL SARGENTO, REBOLLEDO _y los_ SOLDADOS;
_despues_ ISABEL.

CRESPO.

  Soltad la presa, traidores
  Cobardes, que habeis cogido;
  Que he de cobrarla, ó la vida
  He de perder.

SARG.

                Vano ha sido
  Tu intento, que somos muchos.

CRESPO.

  Mis males son infinitos,
  Y riñen todos por mí... _(Cae.)_
  --Pero la tierra que piso,
  Me ha faltado.

REBOLL.

                 Dadle muerte.

SARG.

  Mirad que es rigor impío
  Quitarle vida y honor.
  Mejor es en lo escondido
  Del monte dejarle atado,
  Porque no lleve el aviso.

ISABEL.

  _(Dentro.)_ ¡Padre y señor!

CRESPO.

                              ¡Hija mia!

REBOLL.

  Retírale como has dicho.

CRESPO.

  Hija, solamente puedo
  Seguirte con mis suspiros. _(Llévanle.)_


ESCENA XXVI.

ISABEL Y CRESPO, _dentro; despues_ JUAN.

ISABEL.

  _(Dentro.)_ ¡Ay de mí!

JUAN.

  _(Saliendo.)_          ¡Qué triste voz!

CRESPO.

  _(Dentro.)_ ¡Ay de mí!

JUAN.

                       ¡Mortal gemido!
  A la entrada dese monte
  Cayó mi rocin conmigo,
  Veloz corriendo, y yo ciego
  Por la maleza le sigo.
  Tristes voces á una parte,
  Y á otra míseros gemidos
  Escucho, que no conozco,
  Porque llegan mal distintos.
  Dos necesidades son
  Las que apellidan á gritos
  Mi valor; y pues iguales
  A mi parecer han sido,
  Y uno es hombre, otro mujer,
  A seguir ésta me animo;
  Que así obedezco á mi padre
  En dos cosas que me dijo:
  «Reñir con buena ocasion,
  Y honrar la mujer,» pues miro
  Que así honro las mujeres,
  Y con buena ocasion riño.



JORNADA TERCERA.


_Interior de un monte._

ESCENA PRIMERA.

ISABEL, _llorando_.

  Nunca amanezca á mis ojos
  La luz hermosa del dia,
  Porque á su sombra no tenga
  Vergüenza yo de mí misma.
  ¡Oh tú, de tantas estrellas
  Primavera fugitiva,
  No des lugar á la aurora,
  Que tu azul campaña pisa,
  Para que con risa y llanto
  Borre tu apacible vista,
  O ya que ha de ser, que sea
  Con llanto, mas no con risa!
  Detente, oh mayor planeta,
  Más tiempo en la espuma fria
  Del mar: deja que una vez
  Dilate la noche esquiva
  Su trémulo imperio: deja
  Que de tu deidad se diga,
  Atenta á mis ruegos, que es
  Voluntaria y no precisa.
  ¿Para qué quieres salir
  A ver en la historia mia
  La más enorme maldad,
  La más fiera tiranía,
  Que en vergüenza de los hombres
  Quiere el cielo que se escriba?
  Mas ¡ay de mí! que parece
  Que es crueldad tu tiranía;
  Pues desde que te he rogado
  Que te detuvieses, miran
  Mis ojos tu faz hermosa
  Descollarse por encima
  De los montes. ¡Ay de mí!
  Que acosada y perseguida
  De tantas penas, de tantas
  Ansias, de tantas impías
  Fortunas, contra mi honor
  Se han conjurado tus iras.
  ¿Qué he de hacer? ¿Dónde he de ir?
  Si á mi casa determinan
  Volver mis erradas plantas,
  Será dar nueva mancilla
  Al anciano padre mio,
  Que otro bien, otra alegría
  No tuvo, sino mirarse
  En la clara luna limpia
  De mi honor, que hoy ¡desdichado!
  Tan torpe mancha le eclipsa.
  Si dejo, por su respeto
  Y mi temor afligida,
  De volver á casa, dejo
  Abierto el paso á que digan
  Que fuí cómplice en mi infamia;
  Y ciega y inadvertida
  Vengo hacer de la inocencia
  Acrêdora á la malicia.
  ¡Qué mal hice, qué mal hice
  De escaparme fugitiva
  De mi hermano! ¿No valiera
  Más que su cólera altiva
  Me diera la muerte, cuando
  Llegó á ver la suerte mia?
  Llamarle quiero, que vuelva
  Con saña más vengativa
  Y me dé muerte: confusas
  Voces el eco repita,
  Diciendo...


ESCENA II.

CRESPO.--ISABEL.

CRESPO.

  _(Dentro.)_ Vuelve á matarme.
  Serás piadoso homicida;
  Que no es piedad el dejar
  A un desdichado con vida.

ISABEL.

  ¿Qué voz es esta, que mal
  Pronunciada y poco oida,
  No se deja conocer?

CRESPO.

  _(Dentro.)_ Dadme muerte, si os obliga
  Ser piadosos.

ISABEL.

                ¡Cielos, cielos!
  Otro la muerte apellida,
  Otro desdichado hay más,
  Que hoy á pesar suyo viva.

_(Aparta unas ramas, y descúbrese Crespo atado.)_

  Mas ¿qué es lo que ven mis ojos?

CRESPO.

  Si piedades solicita
  Cualquiera que aqueste monte
  Temerosamente pisa,
  Llegue á dar muerte... Mas ¡cielos!
  ¿Qué es lo que mis ojos miran?

ISABEL.

  Atadas atras las manos
  A una rigurosa encina...

CRESPO.

  Enterneciendo los cielos
  Con las voces que apellida...

ISABEL.

  Mi padre está.

CRESPO.

                 Mi hija veo.

ISABEL.

  ¡Padre y señor!

CRESPO.

                  Hija mia,
  Llégate, y quita estos lazos.

ISABEL.

  No me atrevo; que si quitan
  Los lazos que te aprisionan,
  Una vez las manos mias,
  No me atreveré, señor,
  A contarte mis desdichas,
  A referirte mis penas;
  Porque si una vez te miras
  Con manos, y sin honor,
  Me darán muerte tus iras;
  Y quiero, ántes que lo veas,
  Referirte mis fatigas.

CRESPO.

  Detente, Isabel, detente,
  No prosigas; que hay desdichas,
  Que para contarlas, no
  Es menester referirlas.

ISABEL.

  Hay muchas cosas que sepas,
  Y es forzoso que al decirlas,
  Tu valor se irrite, y quieras
  Vengarlas ántes de oirlas.
  --Estaba anoche gozando
  La seguridad tranquila
  Que al abrigo de tus canas
  Mis años me prometian,
  Cuando aquellos embozados
  Traidores (que determinan
  Que lo que el honor defiende,
  El atrevimiento rinda)
  Me robaron: bien así
  Como de los pechos quita
  Carnicero hambriento lobo
  A la simple corderilla.
  Aquel Capitan, aquel
  Huésped ingrato, que el dia
  Primero introdujo en casa
  Tan nunca esperada cisma
  De traiciones y cautelas,
  De pendencias y rencillas,
  Fué el primero que en sus brazos
  Me cogió, miéntras le hacian
  Espaldas otros traidores,
  Que en su bandera militan.
  Aqueste intrincado, oculto
  Monte, que está á la salida
  Del lugar, fué su sagrado:
  ¿Cuándo de la tiranía
  No son sagrado los montes?
  Aquí ajena de mí misma
  Dos veces me miré, cuando
  Aun tu voz, que me seguia,
  Me dejó; porque ya el viento,
  A quien tus acentos fias,
  Con la distancia, por puntos
  Adelgazándose iba:
  De suerte, que las que eran
  Antes razones distintas,
  No eran voces, sino ruido;
  Luégo, en el viento esparcidas,
  No eran voces, sino ecos
  De unas confusas noticias;
  Como aquel que oye un clarin,
  Que cuando dél se retira,
  Le queda por mucho rato,
  Si no el ruido, la noticia.
  El traidor pues, en mirando
  Que ya nadie hay que le siga,
  Que ya nadie hay que me ampare,
  Porque hasta la luna misma
  Ocultó entre pardas sombras,
  O cruel ó vengativa,
  Aquella ¡ay de mí! prestada
  Luz que del sol participa;
  Pretendió ¡ay de mí otra vez
  Y otras mil! con fementidas
  Palabras, buscar disculpa
  A su amor. ¿A quién no admira
  Querer de un instante á otro
  Hacer la ofensa caricia?
  ¡Mal haya el hombre, mal haya
  El hombre que solicita
  Por fuerza ganar un alma,
  Pues no advierte, pues no mira
  Que las victorias de amor,
  No hay trofeo en que consistan,
  Sino en granjear el cariño
  De la hermosura que estiman!
  Porque querer sin el alma
  Una hermosura ofendida,
  Es querer una mujer
  Hermosa, pero no viva.
  ¡Qué ruegos, qué sentimientos,
  Ya de humilde, ya de altiva,
  No le dije! Pero en vano,
  Pues (calle aquí la voz mia)
  Soberbio (enmudezca el llanto),
  Atrevido (el pecho gima),
  Descortés (lloren los ojos),
  Fiero (ensordezca la envidia),
  Tirano (falte el aliento),
  Osado (luto me vista),
  Y si lo que la voz yerra,
  Tal vez con la accion se explica,
  De vergüenza cubro el rostro,
  De empacho lloro ofendida,
  De rabia tuerzo las manos,
  El pecho rompo de ira:
  Entiende tú las acciones,
  Pues no hay voces que lo digan;
  Baste decir que á las quejas
  De los vientos repetidas,
  En que ya no pedia al cielo
  Socorro, sino justicia,
  Salió el alba, y con el alba,
  Trayendo la luz por guia,
  Sentí ruido entre unas ramas:
  Vuelvo á mirar quién sería,
  Y veo á mi hermano. ¡Ay cielos!
  ¿Cuándo, cuándo ¡ah suerte impía!
  Llegaron á un desdichado
  Los favores mas aprisa?
  Él á la dudosa luz,
  Que, si no alumbra, ilumina,
  Reconoce el daño, ántes
  Que ninguno se le diga;
  Que son linces los pesares,
  Que penetran con la vista.
  Sin hablar palabra, saca
  El acero que aquel dia
  Le ceñiste: el Capitan,
  Que el tardo socorro mira
  En mi favor, contra el suyo
  Saca la blanca cuchilla:
  Cierra el uno con el otro;
  Este repara, aquel tira;
  Y yo, en tanto que los dos
  Generosamente lidian,
  Viendo temerosa y triste
  Que mi hermano no sabía
  Si tenía culpa ó no,
  Por no aventurar mi vida
  En la disculpa, la espalda
  Vuelvo, y por la entretejida
  Maleza del monte huyo;
  Pero no con tanta prisa,
  Que no hiciese de unas ramas
  Intrincadas celosías,
  Porque deseaba, señor,
  Saber lo mismo que huia.
  A poco rato, mi hermano
  Dió al Capitan una herida:
  Cayó, quiso asegundarle,
  Cuando los que ya venian
  Buscando á su capitan,
  En su venganza se irritan.
  Quiere defenderse; pero
  Viendo que era una cuadrilla,
  Corre veloz; no le siguen,
  Porque todos determinan
  Más acudir al remedio
  Que á la venganza que incitan.
  En brazos al Capitan
  Volvieron hácia la villa,
  Sin mirar en su delito;
  Que en las penas sucedidas,
  Acudir determinaron
  Primero á la más precisa.
  Yo pues, que atenta miraba
  Eslabonadas y asidas
  Unas ánsias de otras ánsias,
  Ciega, confusa y corrida,
  Discurrí, bajé, corrí,
  Sin luz, sin norte, sin guia,
  Monte, llano y espesura,
  Hasta que á tus piés rendida,
  Antes que me des la muerte
  Te he contado mis desdichas.
  Ahora que ya las sabes,
  Rigurosamente anima
  Contra mi vida el acero,
  El valor contra mi vida;
  Que ya para que me mates,
  Aquestos lazos te quitan _(Le desata.)_
  Mis manos: alguno dellos
  Mi cuello infeliz oprima.
  Tu hija soy, sin honra estoy
  Y tú libre: solicita
  Con mi muerte tu alabanza,
  Para que de tí se diga
  Que por dar vida á tu honor
  Diste la muerte á tu hija.

CRESPO.

  Álzate, Isabel, del suelo;
  No, no estés más de rodillas;
  Que á no haber estos sucesos
  Que atormenten y que aflijan,
  Ociosas fueran las penas
  Sin estimacion las dichas.
  Para los hombres se hicieron,
  Y es menester que se impriman
  Con valor dentro del pecho.
  Isabel, vamos aprisa:
  Démos la vuelta á mi casa;
  Que este muchacho peligra,
  Y hemos menester hacer
  Diligencias exquisitas
  Por saber dél y ponerle
  En salvo.

ISABEL.

  _(Ap.)_   Fortuna mia,
  O mucha cordura, ó mucha
  Cautela es esta.

CRESPO.

  Camina. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Calle á la entrada del pueblo._


ESCENA III.

CRESPO, ISABEL.

CRESPO.

  ¡Vive Dios!, que si la fuerza
  Y necesidad precisa
  De curarse, hizo volver
  Al Capitan á la villa,
  Que pienso que le está bien
  Morirse de aquella herida,
  Por excusarse de otra
  ¡Y otras mil! que el ánsia mia
  No ha de parar, hasta darle
  La muerte. Ea, vamos, hija,
  A nuestra casa.


ESCENA IV.

EL ESCRIBANO.--CRESPO, ISABEL.

ESCRIB.

                  ¡Oh señor
  Pedro Crespo! dadme albricias.

CRESPO.

  ¡Albricias! ¿De qué, Escribano?

ESCRIB.

  El concejo aqueste dia
  Os ha hecho alcalde, y teneis
  Para estrena de justicia
  Dos grandes acciones hoy:
  La primera, es la venida
  Del Rey, que estará hoy aquí
  O mañana en todo el dia,
  Segun dicen; es la otra,
  Que ahora han traido á la villa
  De secreto unos soldados
  A curarse con gran prisa,
  A aquel Capitan que ayer
  Tuvo aquí su compañía.
  Él no dice quién le hirió;
  Pero si esto se averigua,
  Será una gran causa.

CRESPO.

  (_Ap._               ¡Cielos!
  ¡Cuando vengarse imagina,
  Me hace dueño de mi honor
  La vara de la justicia!
  ¿Cómo podré delinquir
  Yo, si en esta hora misma
  Me ponen á mí por juez,
  Para que otros no delincan?
  Pero cosas como aquestas
  No se ven con tanta prisa.)
  En extremo agradecido
  Estoy á quien solicita
  Honrarme.

ESCRIB.

            Venid á la casa
  Del concejo, y recibida
  La posesion de la vara,
  Hareis en la causa misma
  Averiguaciones.

CRESPO.

                  Vamos.--
  A tu casa te retira.

ISABEL.

  ¡Duélase el cielo de mí!
  ¿No he de acompañarte?

CRESPO.

                         Hija,
  Ya teneis el padre alcalde:
  El os guardará justicia.

_(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Alojamiento del Capitan._


ESCENA V.

EL CAPITAN, _con banda, como herido_; EL SARGENTO.

CAPITAN.

  Pues la herida no era nada,
  ¿Por qué me hicisteis volver
  Aquí?

SARG.

        ¿Quién pudo saber
  Lo que era ántes de curada?
  Ya la cura prevenida,
  Hemos de considerar
  Que no es bien aventurar
  Hoy la vida por la herida.
  ¿No fuera mucho peor
  Que te hubieras desangrado?

CAPITAN.

  Puesto que ya estoy curado,
  Detenernos será error.
  Vámonos, ántes que corra
  Voz de que estamos aquí.
  ¿Están ahí los otros?

SARG.

                        Sí.

CAPITAN.

  Pues la fuga nos socorra
  Del riesgo de estos villanos;
  Que si se llega á saber
  Que estoy aquí, habrá de ser
  Fuerza apelar á las manos.


ESCENA VI.

REBOLLEDO.--EL CAPITAN, EL SARGENTO.

REBOLL.

  La justicia aquí se ha entrado.

CAPITAN.

  ¿Qué tiene que ver conmigo
  Justicia ordinaria?

REBOLL.

                      Digo
  Que ahora hasta aquí ha llegado.

CAPITAN.

  Nada me puede á mí estar
  Mejor: llegando á saber
  Que estoy aquí, no hay temer
  A la gente del lugar;
  Que la justicia, es forzoso
  Remitirme en esta tierra
  A mi consejo de guerra:
  Con que, aunque el lance es penoso,
  Tengo mi seguridad.

REBOLL.

  Sin duda, se ha querellado
  El villano.

CAPITAN.

              Eso he pensado.


ESCENA VII.

CRESPO, EL ESCRIBANO, LABRADORES.--DICHOS.

CRESPO.

  _(Dentro.)_ Todas las puertas tomad,
  Y no me salga de aquí
  Soldado que aquí estuviere;
  Y al que salirse quisiere,
  Matadle.

CAPITAN.

           Pues ¿cómo así
  Entrais? (_Ap._ Mas ¡qué es lo que veo!)

_(Sale Pedro Crespo con vara, y labradores con él.)_

CRESPO.

  ¿Cómo no? A mi parecer,
  La justicia ¿ha menester
  Más licencia?

CAPITAN.

                A lo que creo,
  La justicia (cuando vos
  De ayer acá lo seais)
  No tiene, si lo mirais,
  Que ver conmigo.

CRESPO.

                   Por Dios,
  Señor, que no os altereis;
  Que sólo á una diligencia
  Vengo, con vuestra licencia,
  Aquí, y que solo os quedeis
  Importa.

CAPITAN.

  _(Al Sargento y á Rebolledo.)_
           Salíos de aquí.

CRESPO.

  _(A los labradores.)_
  Salíos vosotros tambien.
  (_Ap. al Escribano._ Con esos soldados ten
  Gran cuidado.)

ESCRIB.

                 Harélo así.

_(Vanse los labradores, el Sargento, Rebolledo y el Escribano.)_


ESCENA VIII.

CRESPO, EL CAPITAN.

CRESPO.

  Ya que yo, como justicia,
  Me valí de su respeto
  Para obligaros á oirme,
  La vara á esta parte dejo,
  Y como un hombre no más,
  Deciros mis penas quiero,

_(Arrima la vara.)_

  Y puesto que estamos solos,
  Señor Don Álvaro, hablemos
  Más claramente los dos,
  Sin que tantos sentimientos
  Como han estado encerrados
  En las cárceles del pecho
  Acierten á quebrantar
  Las prisiones del silencio.
  Yo soy un hombre de bien,
  Que á escoger mi nacimiento,
  No dejara (es Dios testigo)
  Un escrúpulo, un defecto
  En mí, que suplir pudiera
  La ambicion de mi deseo.
  Siempre acá entre mis iguales
  Me he tratado con respeto:
  De mí hacen estimacion
  El cabildo y el concejo.
  Tengo muy bastante hacienda,
  Porque no hay, gracias al cielo,
  Otro labrador más rico
  En todos aquestos pueblos
  De la comarca; mi hija
  Se ha criado, á lo que pienso,
  Con la mejor opinion,
  Virtud y recogimiento
  Del mundo: tal madre tuvo:
  Téngala Dios en el cielo.
  Bien pienso que bastará,
  Señor, para abono desto,
  El ser rico, y no haber quien
  Me murmure; ser modesto,
  Y no haber quien me baldone;
  Y mayormente, viviendo
  En un lugar corto, donde
  Otra falta no tenemos
  Mas que saber unos de otros
  Las faltas y los defectos,
  Y ¡pluguiera á Dios, señor,
  Que se quedara en saberlos!
  Si es muy hermosa mi hija,
  Díganlo vuestros extremos...
  Aunque pudiera, al decirlo,
  Con mayores sentimientos
  Llorarlo, porque esto fué
  Mi desdicha.--No apuremos
  Toda la ponzoña al vaso;
  Quédese algo al sufrimiento.
  --No hemos de dejar, señor,
  Salirse con todo al tiempo;
  Algo hemos de hacer nosotros
  Para encubrir sus defectos.
  Este, ya veis si es bien grande;
  Pues aunque encubrirle quiero,
  No puedo; que sabe Dios
  Que á poder estar secreto
  Y sepultado en mí mismo,
  No viniera á lo que vengo;
  Que todo esto remitiera,
  Por no hablar, al sufrimiento.
  Deseando pues remediar
  Agravio tan manifiesto,
  Buscar remedio á mi afrenta,
  Es venganza, no es remedio:
  Y vagando de uno en otro,
  Uno solamente advierto,
  Que á mí me está bien, y á vos
  No mal; y es, que desde luego
  Os tomeis toda mi hacienda,
  Sin que para mi sustento
  Ni el de mi hijo (á quien yo
  Traeré á echar á los piés vuestros)
  Reserve un maravedí,
  Sino quedarnos pidiendo
  Limosna, cuando no haya
  Otro camino, otro medio
  Con que poder sustentarnos.
  Y si quereis desde luego
  Poner una S y un clavo
  Hoy á los dos y vendernos,
  Será aquesta cantidad
  Más del dote que os ofrezco.
  Restaurad una opinion
  Que habeis quitado. No creo
  Que desluzcais vuestro honor,
  Porque los merecimientos
  Que vuestros hijos, señor,
  Perdieren por ser mis nietos,
  Ganarán con más ventaja,
  Señor, por ser hijos vuestros.
  En Castilla, el refran dice
  Que el caballo (y es lo cierto)
  Lleva la silla.--Mirad _(De rodillas.)_
  Que á vuestros piés os lo ruego
  De rodillas, y llorando
  Sobre estas canas, que el pecho,
  Viendo nieve y agua, piensa
  Que se me están derritiendo.
  ¿Qué os pido? Un honor os pido,
  Que me quitasteis vos mesmo;
  Y con ser mio, parece,
  Segun os le estoy pidiendo
  Con humildad, que no es mio
  Lo que os pido, sino vuestro.
  Mirad que puedo tomarle
  Por mis manos, y no quiero,
  Sino que vos me le deis.

CAPITAN.

  Ya me falta el sufrimiento.
  Viejo cansado y prolijo,
  Agradeced que no os doy
  La muerte á mis manos hoy,
  Por vos y por vuestro hijo;
  Porque quiero que debais
  No andar con vos más cruel,
  A la beldad de Isabel.
  Si vengar solicitais
  Por armas vuestra opinion,
  Poco tengo que temer;
  Si por justicia ha de ser,
  No teneis jurisdiccion.

CRESPO.

  ¿Que en fin, no os mueve mi llanto?

CAPITAN.

  Llanto no se ha de creer
  De viejo, niño y mujer.

CRESPO.

  ¿Que no pueda dolor tanto
  Mereceros un consuelo?

CAPITAN.

  ¿Qué más consuelo quereis,
  Pues con la vida volveis?

CRESPO.

  Mirad que echado en el suelo,
  Mi honor á voces os pido.

CAPITAN.

  ¡Qué enfado!

CRESPO.

               Mirad que soy
  Alcalde en Zalamea hoy.

CAPITAN.

  Sobre mí no habeis tenido
  Jurisdiccion: el consejo
  De guerra enviará por mí.

CRESPO.

  ¿En eso os resolveis?

CAPITAN.

                        Sí,
  Caduco y cansado viejo.

CRESPO.

  ¿No hay remedio?

CAPITAN.

                   Sí, el callar
  Es el mejor para vos.

CRESPO.

  ¿No otro?

CAPITAN.

            No.

CRESPO.

                Pues juro á Dios,
  Que me lo habeis de pagar.--
  ¡Hola! _(Levántase y toma la vara.)_


ESCENA IX.

LABRADORES.--CRESPO, EL CAPITAN.

UN LAB.

  _(Dentro.)_ ¡Señor!

CAPITAN.

  _(Ap.)_             ¿Qué querrán
  Estos villanos hacer?

_(Salen los labradores.)_

LABRADS.

  ¿Qué es lo que mandas?

CRESPO.

                         Prender
  Mando al señor Capitan.

CAPITAN.

  ¡Buenos son vuestros extremos!
  Con un hombre como yo,
  Y en servicio del Rey, no
  Se puede hacer.

CRESPO.

                  Probaremos.
  De aquí, si no es preso ó muerto,
  No saldreis.

CAPITAN.

               Yo os apercibo
  Que soy un capitan vivo.

CRESPO.

  ¿Soy yo acaso alcalde muerto?
  Dáos al instante á prision.

CAPITAN.

  No me puedo defender:
  Fuerza es dejarme prender.
  Al Rey desta sinrazon
  Me quejaré.

CRESPO.

              Yo tambien
  De esotra:--y áun bien que está
  Cerca de aquí, y nos oirá
  A los dos.--Dejar es bien
  Esa espada.

CAPITAN.

              No es razon
  Que...

CRESPO.

  ¿Cómo no, si vais preso?

CAPITAN.

  Tratad con respeto...

CRESPO.

                        Eso
  Está muy puesto en razon.
  Con respeto le llevad
  A las casas, en efeto,
  Del concejo; y con respeto
  Un par de grillos le echad
  Y una cadena; y tened,
  Con respeto, gran cuidado
  Que no hable á ningun soldado;
  Y á esos dos tambien poned
  En la cárcel; que es razon,
  Y aparte, porque despues,
  Con respeto, á todos tres
  Les tomen la confesion.
  Y aquí para entre los dos,
  Si hallo harto paño, en efeto,
  Con muchísimo respeto
  Os he de ahorcar, juro á Dios.

CAPITAN.

  ¡Ah villanos con poder!

_(Vanse los labradores con el Capitan.)_


ESCENA X.

REBOLLEDO, LA CHISPA, EL ESCRIBANO.--CRESPO.

ESCRIB.

  Este paje, este soldado
  Son á los que mi cuidado
  Sólo ha podido prender;
  Que otro se puso en huida.

CRESPO.

  Este el pícaro es que canta:
  Con un paso de garganta
  No ha de hacer otro en su vida.

REBOLL.

  ¿Pues qué delito es, señor,
  El cantar?

CRESPO.

             Que es virtud siento,
  Y tanto, que un instrumento
  Tengo en que canteis mejor.
  Resolveos á decir...

REBOLL.

  ¿Qué?

CRESPO.

        Cuanto anoche pasó...

REBOLL.

  Tu hija mejor que yo
  Lo sabe.

CRESPO.

           O has de morir.

CHISPA.

  _(Ap. á él.)_ Rebolledo, determina
  Negarlo punto por punto:
  Serás, si niegas, asunto
  Para una jacarandina
  Que cantaré.

CRESPO.

               A vos despues
  Tambien os harán cantar.

CHISPA.

  A mí no me pueden dar
  Tormento.

CRESPO.

            Sepamos pues,
  ¿Por qué?

CHISPA.

            Eso es cosa asentada,
  Y que no hay ley que tal mande.

CRESPO.

  ¿Qué causa teneis?

CHISPA.

                     Bien grande.

CRESPO.

  Decid, ¿cuál?

CHISPA.

                Estoy preñada.

CRESPO.

  ¿Hay cosa más atrevida?
  Mas la cólera me inquieta.
  ¿No sois paje de jineta?

CHISPA.

  No, señor, sino de brida.

CRESPO.

  Resolveos á decir
  Vuestros dichos.

CHISPA.

                   Sí diremos
  Aun más de lo que sabemos;
  Que peor será morir.

CRESPO.

  Eso excusará á los dos
  Del tormento.

CHISPA.

                Si es así,
  Pues para cantar nací,
  He de cantar, vive Dios:
  _(Canta.)_ _Tormento me quieren dar._

REBOLL.

  _(Canta.)_ _¿Y qué quieren darme á mí?_

CRESPO.

  ¿Qué haceis?

CHISPA.

               Templar desde aquí,
  Pues que vamos á cantar. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Sala en casa de Crespo._


ESCENA XI.

JUAN.

  Desde que al traidor herí
  En el monte, desde que
  Riñendo con él (porque
  Llegaron tantos) volví
  La espalda, el monte he corrido,
  La espesura he penetrado,
  Y á mi hermana no he encontrado.
  En efecto, me he atrevido
  A venirme hasta el lugar
  Y entrar dentro de mi casa,
  Donde todo lo que pasa
  A mi padre he de contar.
  Veré lo que me aconseja
  Que haga ¡cielos! en favor
  De mi vida y de mi honor.


ESCENA XII.

INÉS, ISABEL, _muy triste_.--JUAN.

INÉS.

  Tanto sentimiento deja;
  Que vivir tan afligida,
  No es vivir, matarte es.

ISABEL.

  ¿Pues quién te ha dicho ¡ay Inés!
  Que no aborrezco la vida?

JUAN.

  Diré á mi padre... (_Ap._ ¡Ay de mí!
  ¿No es esta Isabel? Es llano
  Pues ¿qué espero?) _(Saca la daga.)_

INÉS.

                     ¡Primo!

ISABEL.

                            ¡Hermano!
  ¿Qué intentas?

JUAN.

                 Vengar así
  La ocasion en que hoy has puesto
  Mi vida y mi honor.

ISABEL.

                      Advierte...

JUAN.

  ¡Tengo de darte la muerte,
  Viven los cielos!


ESCENA XIII.

CRESPO, LABRADORES.--DICHOS.

CRESPO.

                    ¿Qué es esto?

JUAN.

  Es satisfacer, señor,
  Una injuria, y es vengar
  Una ofensa y castigar...

CRESPO.

  Basta, basta; que es error
  Que os atrevais á venir...

JUAN.

  ¿Qué es lo que mirando estoy?

CRESPO.

  Delante así de mí hoy,
  Acabando ahora de herir
  En el monte un capitan.

JUAN.

  Señor, si le hice esa ofensa,
  Que fué en honrada defensa,
  De tu honor...

CRESPO.

                 Ea, basta, Juan.--
  Hola, llevadle tambien
  Preso.

JUAN.

         ¿A tu hijo, señor,
  Tratas con tanto rigor?

CRESPO.

  Y áun á mi padre tambien
  Con tal rigor le tratara.
  (_Ap._ Aquesto es asegurar
  Su vida, y han de pensar
  Que es la justicia más rara
  Del mundo.)

JUAN.

              Escucha por qué,
  Habiendo un traidor herido,
  A mi hermana he pretendido
  Matar tambien.

CRESPO.

                 Ya lo sé;
  Pero no basta sabello
  Yo como yo; que ha de ser
  Como alcalde, y he de hacer
  Informacion sobre ello.
  Y hasta que conste qué culpa
  Te resulta del proceso,
  Tengo de tenerte preso.
  (_Ap._ Yo le hallaré la disculpa.)

JUAN.

  Nadie entender solicita
  Tu fin, pues sin honra ya,
  Prendes á quien te la da,
  Guardando á quien te la quita.

_(Llévanle preso.)_


ESCENA XIV.

CRESPO, ISABEL, INÉS.

CRESPO.

  Isabel, entra á firmar
  Esta querella que has dado
  Contra aquel que te ha injuriado.

ISABEL.

  Tú, que quisiste ocultar
  La ofensa que el alma llora,
  ¡Así intentas publicarla!
  Pues no consigues vengarla,
  Consigue el callarla ahora.

CRESPO.

  No: ya que como quisiera,
  Me quita esta obligacion
  Satisfacer mi opinion,
  Ha de ser desta manera. _(Vase Isabel.)_
  Inés, pon ahí esa vara;
  Que pues por bien no ha querido
  Ver el caso concluido,
  Querrá por mal. _(Vase Inés.)_


ESCENA XV.

DON LOPE, SOLDADOS.--CRESPO.

D. LOPE.

  _(Dentro.)_     Pára pára.

CRESPO.

  ¿Qué es aquesto? ¿Quién, quién hoy
  Se apea en mi casa así?
  Pero ¿quién se ha entrado aquí?

_(Salen Don Lope y soldados.)_

D. LOPE.

  ¡Oh Pedro Crespo! Yo soy;
  Que volviendo á este lugar
  De la mitad del camino
  (Donde me trae, imagino,
  Un grandísimo pesar),
  No era bien ir á apearme
  A otra parte, siendo vos
  Tan mi amigo.

CRESPO.

                Guárdeos Dios;
  Que siempre tratais de honrarme.

D. LOPE.

  Vuestro hijo no ha parecido
  Por allá.

CRESPO.

            Presto sabreis
  La ocasion: la que teneis,
  Señor, de haberos venido,
  Me haced merced de contar;
  Que venís mortal, señor.

D. LOPE.

  La desvergüenza es mayor
  Que se puede imaginar.
  Es el mayor desatino
  Que hombre ninguno intentó.
  Un soldado me alcanzó
  Y me dijo en el camino...
  --Que estoy perdido, os confieso,
  De cólera.

CRESPO.

             Proseguí.

D. LOPE.

  Que un alcaldillo de aquí
  Al Capitan tiene preso.--
  Y ¡vive Dios! no he sentido
  En toda aquesta jornada
  Esta pierna excomulgada,
  Sino es hoy, que me ha impedido
  El haber ántes llegado
  Donde el castigo le dé.
  ¡Vive Jesucristo, que
  Al grande desvergonzado
  A palos le he de matar!

CRESPO.

  Pues habeis venido en balde,
  Porque pienso que el alcalde
  No se los dejará dar.

D. LOPE.

  Pues dárselos, sin que deje
  Dárselos.

CRESPO.

            Malo lo veo;
  Ni que haya en el mundo creo
  Quien tan mal os aconseje.
  ¿Sabeis por qué le prendió?

D. LOPE.

  No; mas sea lo que fuere,
  Justicia la parte espere
  De mí; que tambien sé yo
  Degollar, si es necesario.

CRESPO.

  Vos no debeis de alcanzar,
  Señor, lo que en un lugar
  Es un alcalde ordinario.

D. LOPE.

  ¿Será más que un villanote?

CRESPO.

  Un villanote será,
  Que si cabezudo da
  En que ha de darle garrote,
  Par Dios, se salga con ello.

D. LOPE.

  No se saldrá tal, par Dios;
  Y si por ventura vos,
  Si sale ó no, quereis vello,
  Decid dónde vive ó no.

CRESPO.

  Bien cerca vive de aquí.

D. LOPE.

  Pues á decirme vení
  Quién es el alcalde.

CRESPO.

                       Yo.

D. LOPE.

  ¡Vive Dios, que si sospecho!...

CRESPO.

  ¡Vive Dios, como os lo he dicho!

D. LOPE.

  Pues, Crespo, lo dicho dicho.

CRESPO.

  Pues, señor, lo hecho hecho.

D. LOPE.

  Yo por el preso he venido,
  Y á castigar este exceso.

CRESPO.

  Pues yo acá le tengo preso
  Por lo que acá ha sucedido.

D. LOPE.

  ¿Vos sabeis que á servir pasa
  Al Rey, y soy su juez yo?

CRESPO.

  ¿Vos sabeis que me robó
  A mi hija de mi casa?

D. LOPE.

  ¿Vos sabeis que mi valor
  Dueño desta causa ha sido?

CRESPO.

  ¿Vos sabeis cómo atrevido
  Robó en un monte mi honor?

D. LOPE.

  ¿Vos sabeis cuánto os prefiere
  El cargo que he gobernado?

CRESPO.

  ¿Vos sabeis que le he rogado
  Con la paz, y no la quiere?

D. LOPE.

  Que os entrais, es bien se arguya,
  En otra jurisdiccion.

CRESPO.

  Él se me entró en mi opinion,
  Sin ser jurisdiccion suya.

D. LOPE.

  Yo sabré satisfacer,
  Obligándome á la paga.

CRESPO.

  Jamás pedí á nadie que haga
  Lo que yo me puedo hacer.

D. LOPE.

  Yo me he de llevar el preso.
  Ya estoy en ello empeñado.

CRESPO.

  Yo por acá he sustanciado
  El proceso.

D. LOPE.

              ¿Qué es proceso?

CRESPO.

  Unos pliegos de papel
  Que voy juntando, en razon
  De hacer la averiguacion
  De la causa.

D. LOPE.

               Iré por él
  A la cárcel.

CRESPO.

               No embarazo
  Que vais: solo se repare,
  Que hay órden que al que llegare
  Le den un arcabuzazo.

D. LOPE.

  Como esas balas estoy
  Enseñado yo á esperar.
  Mas no se ha de aventurar
  Nada en esta accion de hoy.--
  Hola, soldado, id volando,
  Y á todas las compañías
  Que alojadas estos dias
  Han estado y van marchando,
  Decid que bien ordenadas
  Lleguen aquí en escuadrones,
  Con balas en los cañones
  Y con las cuerdas caladas.

UN SOLD.

  No fué menester llamar
  La gente; que habiendo oido
  Aquesto que ha sucedido,
  Se han entrado en el lugar.

D. LOPE.

  Pues vive Dios, que he de ver
  Si me dan el preso ó no.

CRESPO.

  Pues vive Dios, que ántes yo
  Haré lo que se ha de hacer. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Sala de la cárcel._


ESCENA XVI.

DON LOPE, EL ESCRIBANO, SOLDADOS, CRESPO, _todos dentro_.

_(Suenan cajas.)_

D. LOPE.

  Esta es la cárcel, soldados,
  Adonde está el Capitan:
  Si no os le dan, al momento
  Poned fuego y la abrasad,
  Y si se pone en defensa
  El lugar, todo el lugar.

ESCRIB.

  Ya, aunque la cárcel enciendan,
  No han de darle libertad.

SOLDS.

  Mueran aquestos villanos.

CRESPO.

  ¿Que mueran? Pues ¡qué! ¿no hay más?

D. LOPE.

  Socorro les ha venido.
  Romped la cárcel: llegad,
  Romped la puerta.


ESCENA XVII.

_Salen los_ SOLDADOS Y DON LOPE _por un lado; y por otro,_ EL REY,
CRESPO, LABRADORES Y ACOMPAÑAMIENTO.

REY.

                    ¿Qué es esto?
  Pues ¡desta manera estáis,
  Viniendo yo!

D. LOPE.

               Esta es, señor.
  La mayor temeridad
  De un villano, que vió el mundo.
  Y, vive Dios, que á no entrar
  En el lugar tan aprisa,
  Señor, vuestra Majestad,
  Que habia de hallar luminarias,
  Puestas por todo el lugar.

REY.

  ¿Qué ha sucedido?

D. LOPE.

                    Un alcalde
  Ha prendido un capitan,
  Y viniendo yo por él,
  No le quieren entregar.

REY.

  ¿Quién es el alcalde?

CRESPO.

                        Yo.

REY.

  ¿Y qué disculpa me dais?

CRESPO.

  Este proceso, en quien bien
  Probado el delito está,
  Digno de muerte, por ser
  Una doncella robar,
  Forzarla en un despoblado,
  Y no quererse casar
  Con ella, habiendo su padre
  Rogádole con la paz.

D. LOPE.

  Este es el alcalde, y es
  Su padre.

CRESPO.

            No importa en tal
  Caso, porque si un extraño
  Se viniera á querellar,
  ¿No habia de hacer justicia?
  Sí: pues ¿qué mas se me da
  Hacer por mi hija lo mismo
  Que hiciera por los demas?
  Fuera de que, como he preso
  Un hijo mio, es verdad
  Que no escuchara á mi hija,
  Pues era la sangre igual...[6]
  Mírese si está bien hecha
  La causa, miren si hay
  Quien diga que yo haya hecho
  En ella alguna maldad,
  Si he inducido algun testigo,
  Si está escrito algo de más
  De lo que he dicho, y entónces
  Me den muerte.

  [6] Ha de faltar algo: en otros muchos pasajes de la comedia
  creemos que sucede lo mismo, ó que está viciado el texto.

REY.

                 Bien está
  Sentenciado; pero vos
  No teneis autoridad
  De ejecutar la sentencia
  Que toca á otro tribunal.
  Allá hay justicia, y así
  Remitid el preso.

CRESPO.

                    Mal
  Podré, señor, remitirle,
  Porque como por acá
  No hay más que sola una audiencia,
  Cualquiera sentencia que hay,
  La ejecuta ella, y así
  Está ejecutada ya.

REY.

  ¿Qué decís?

CRESPO.

              Si no creeis
  Que es esto, señor, verdad,
  Volved los ojos, y vedlo.
  Aqueste es el Capitan.

_(Abren una puerta, y aparece dado garrote en una silla el Capitan.)_

REY.

  Pues ¿cómo así os atrevisteis?...

CRESPO.

  Vos habeis dicho que está
  Bien dada aquesta sentencia:
  Luego esto no está hecho mal.

REY.

  El consejo ¿no supiera
  La sentencia ejecutar?

CRESPO.

  Toda la justicia vuestra
  Es solo un cuerpo no más:
  Si éste tiene muchas manos,
  Decid, ¿qué más se me da
  Matar con aquesta un hombre
  Que estotra habia de matar?
  Y ¿qué importa errar lo ménos,
  Quien ha acertado lo más?

REY.

  Pues ya que aquesto es así,
  ¿Por qué, como á capitan
  Y caballero, no hicisteis
  Degollarle?

CRESPO.

              ¿Eso dudais?
  Señor, como los hidalgos
  Viven tan bien por acá,
  El verdugo que tenemos
  No ha aprendido á degollar.
  Y esa es querella del muerto,
  Que toca á su autoridad,
  Y hasta que él mismo se queje,
  No les toca á los demas.

REY.

  Don Lope, aquesto ya es hecho.
  Bien dada la muerte está;
  Que errar lo ménos no importa,
  Si acertó lo principal.
  Aquí no quede soldado
  Alguno, y haced marchar
  Con brevedad; que me importa
  Llegar presto á Portugal.--
  Vos, por alcalde perpétuo
  De aquesta villa os quedad.

CRESPO.

  Solo vos á la justicia
  Tanto supierais honrar.

_(Vase el Rey y el acompañamiento.)_

D. LOPE.

  Agradeced al buen tiempo
  Que llegó su Majestad.

CRESPO.

  Par Dios, aunque no llegara,
  No tenía remedio ya.

D. LOPE.

  ¿No fuera mejor hablarme,
  Dando el preso, y remediar
  El honor de vuestra hija?

CRESPO.

  En un convento entrará;
  Que ha elegido y tiene esposo
  Que no mira en calidad.

D. LOPE.

  Pues dadme los demas presos.

CRESPO.

  Al momento los sacad. _(Vase el Escribano.)_


ESCENA XVIII.

REBOLLEDO, LA CHISPA, SOLDADOS; _despues_, JUAN.--DON LOPE, CRESPO,
SOLDADOS Y LABRADORES.

D. LOPE.

  Vuestro hijo falta, porque
  Siendo mi soldado ya,
  No ha de quedar preso.

CRESPO.

                         Quiero
  Tambien, señor, castigar
  El desacato que tuvo
  De herir á su capitan;
  Que aunque es verdad que su honor
  A esto le pudo obligar,
  De otra manera pudiera.

D. LOPE.

  Pedro Crespo, bien está.
  Llamadle.

CRESPO.

            Ya él está aquí.

_(Sale Juan.)_

JUAN.

  Las plantas, señor, me dad;
  Que á ser vuestro esclavo iré.

REBOLL.

  Yo no pienso ya cantar
  En mi vida.

CHISPA.

              Pues yo sí,
  Cuantas veces á mirar
  Llegue el pasado instrumento.

CRESPO.

  Con que fin el autor da
  A esta historia verdadera:
  Sus defectos perdonad.



EL MAYOR MONSTRUO LOS CELOS.



PERSONAS.


  EL TETRARCA HERODES.
  OTAVIANO.
  ARISTÓBOLO.
  FILIPO, _viejo_.
  TOLOMEO.
  UN CAPITAN.
  POLIDORO, _gracioso_.
  MARIENE.
  SIRENE.
  LIBIA.
  ARMINDA.
  _Soldados romanos._
  _Soldados judíos._
  _Músicos._
  _Criados._
  _Judíos, damas._
  _Acompañamiento._


_La escena es en las cercanías de Joppe, en Ménfis y en Jerusalen._



JORNADA PRIMERA.

_Sala de una quinta á orillas del mar en la playa de Joppe (ó Jafa.)_


ESCENA PRIMERA.

EL TETRARCA, MARIENE, LIBIA, SIRENE, FILIPO, CRIADOS, MÚSICOS.

_(Música.)_

  _La divina Marïene,_
  _El sol de Jerusalen,_
  _Por divertir sus tristezas,_
  _Vió el campo al amanecer._
  _Las aves, fuentes y flores_
  _La dan dulce parabien,_
  _Repitiendo, por servirla,_
  _Al aire una y otra vez:_
  _Sea triunfo de sus manos_
  _Lo que es pompa de sus piés._
  _Fuentes, sus espejos sed,_
  _Corred, corred, corred:_
  _Aves, su luz saludad,_
  _Volad, volad:_
  _Flores, paso prevenid,_
  _Vivid, vivid._

TETRARC.

  Hermosa Marïene,
  Á quien el orbe de zafir previene
  Ya soberano asiento,
  Como estrella añadida al firmamento:
  No con tanta tristeza
  Turbes el rosicler de tu belleza.
  ¿Qué deseas? ¿Qué quieres?
  ¿Qué envidias? ¿Qué te falta? ¿Tú no eres,
  Amada gloria mia,
  Reina en Jerusalen? Su monarquía,
  En cuanto ciñe el sol, el mar abarca,
  ¿No me aclama su ínclito monarca,
  Como dan testimonio
  Letras de Marco Antonio
  Y firmas de Otaviano,
  Porque los dos intentan, aunque en vano,
  Repartir el imperio
  Que dilata y extiende su hemisferio
  Desde el Tíber al Nilo?
  Y yo, con cauto pecho y doble estilo,
  ¿De Antonio no defiendo
  La parte, porque así turbar pretendo
  La paz, y que la guerra
  Dure, porque despues cuando la tierra
  De sus huestes padezca atormentada
  Y el mar cansado de una y otra armada,
  Pueda yo declararme,
  Y en Roma, tú á mi lado, coronarme?
  Tu hermano y Tolomeo,
  ¿No son á quien les fío mi deseo
  Y ley de mi albedrío,
  Pues con los dos socorro á Antonio envío?
  Y en tanto ¡oh cielo hermoso!
  Que al triunfo llega el dia venturoso,
  ¿No estás de mí adorada?
  ¿De mis gentes no estas idolatrada?
  ¿No habitas esta quinta,
  Que sobre el mar de Joppe el cielo pinta?
  Pues no tan fácilmente
  Se postre todo el sol á un accidente;
  Liberal restituya tu alegría
  Su luz al alba, su esplendor al dia,
  Su fragancia á las flores,
  Al campo sus colores,
  Sus matices á Flora,
  Sus perlas á la aurora,
  Su música á las aves,
  Mi vida á mí, pues con discursos graves
  A celos me ocasionan tus desvelos.--
  No sé qué más decir, ya dije celos.

MARIENE.

  Tetrarca generoso,
  Mi dueño amante y mi galan esposo,
  Ingrata al cielo fuera
  Y á mi ventura ingrata, si rindiera
  El sentimiento mio
  A pequeño accidente su albedrío.
  La pena que me aflige,
  De causa ¡ay cielos! superior se rige,
  Tanto, que es todo el cielo
  Depósito infeliz de mi desvelo,
  Pues todo el cielo escribe
  Mi desdicha, que en él grabada vive
  En papel de cristal con letras de oro.
  No con causa menor mi muerte lloro.

TETRARC.

  Ménos entiendo ahora yo y más dudo
  El mio y tu dolor; y si es que pudo
  Tanto mi amor contigo,
  Hazme ya de tu mal, mi bien, testigo.
  Sepa tu pena yo, porque la llore,
  Y más tiempo no ignore
  Muerte, que ya con mis sentidos lucha.

MARIENE.

  Nunca pensé decirlo; pero escucha.
  Un doctísimo hebreo
  Tiene Jerusalen, cuyo deseo
  Siempre ha sido, estudioso
  Apresurar al tiempo presuroso
  La edad, como si fuera
  Menester acordarle que corriera.
  Este, pues, vigilante,
  En láminas leyendo de diamante
  Caracteres de estrellas,
  Hoy los futuros contingentes dellas
  A todos adelanta:
  Tanta es la fuerza de su estudio, tanta,
  Que es oráculo vivo
  De todo ese cuaderno fugitivo
  Que en círculos de nieve
  Un soplo inspira y un aliento bebe.
  Yo, que mujer nací (con esto digo
  Que amiga de saber), docto testigo
  Le hice de tu fortuna y mi fortuna,
  Porque viendo que al orbe de la luna
  Hoy empinas la frente,
  El futuro previne contingente.
  Con el mio juzgó tu nacimiento,
  Y á los delirios de la suerte atento,
  Halló... Aquí el labio mio
  Torpe, muda la voz, el pecho frio,
  Se desmaya, se cansa y desfallece,
  Y aquí todo mi cuerpo se estremece.
  Halló, en fin, que sería
  Trofeo injusto yo ¡qué tiranía!
  De un monstruo el más cruel, horrible y fuerte
  Del mundo: halló tambien que daria muerte
  (¿Qué daño no se teme prevenido?)
  Ese puñal, que ahora traes ceñido,
  A lo que más en este mundo amares.
  ¡Mira si tales penas, si pesares
  Tan grandes, es forzoso
  Que tengan mi discurso temeroso,
  Muerta la vida y vivo el sentimiento!
  Pues infaustos los dos, con fin sangriento,
  Por ley de nuestros hados,
  Vivimos á desdichas destinados:
  Tú, porque ese puñal será homicida
  De lo que más amares en tu vida;
  Y yo, siendo con llanto tan profundo,
  Trofeo del mayor monstruo del mundo.

TETRARC.

  Bellísima Marïene,
  Aunque ese libro inmortal
  En once hojas de cristal
  Nuestros discursos contiene,
  Dar crédito no conviene
  A los secretos que encierra;
  Que es ciencia que tanto yerra,
  Que en un punto solamente
  Mayores distancias miente
  Que hay desde el cielo á la tierra.
  De esa ciencia singular
  Sólo se debe saber
  El mal que se ha de temer,
  Mas no el que se ha de esperar.
  Sentir, padecer, llorar
  Desdichas que no han llegado,
  Ya lo son; pues tu cuidado
  No puede haberte oprimido,
  Despues de haber sucedido,
  A más que haberlas llorado.
  Y si ahora tu desvelo
  Lo que ha de suceder llora,
  Tú haces tu desdicha ahora
  Mucho primero que el cielo;
  Que llorar con desconsuelo,
  Por imaginada ó dicha[7],
  Una distante desdicha,
  Ya es acercarla en rigor;
  Y no hay desdicha mayor
  Que el esperar la desdicha.
  Con otro argumento yo
  Vencer tu dolor quisiera:
  Si ventura acaso fuera
  La que el astrólogo vió,
  ¿Diérasla crédito? No,
  Ni la estimaras ni oyeras;
  ¿Pues por qué en nuestras quimeras
  Han de ser escrupulosas,
  Las venturas mentirosas,
  Las desdichas verdaderas?
  Dé crédito el cauto igual
  Al favor como al desden:
  Ni aquel dudes porque es bien,
  Ni este creas porque es mal:
  Y si en argumento tal
  No estás satisfecha, mira
  Otro que al discurso admira.
  Esta prevista crueldad,
  O es mentira ó es verdad:
  Dejémosla si es mentira
  Pues nada nos asegura,
  Y á que sea verdad vamos,
  Porque siéndolo, arguyamos
  Que es el saberla ventura.
  Ninguna vida hay segura
  Un instante: cuantos viven,
  En un principio perciben
  Tan contados los alientos,
  Que se cumplen por momentos
  Los números que reciben.
  Yo en aqueste instante no
  Sé si mi cuenta cumplí,
  Ni si la debo; tú sí,
  A quien el cielo guardó
  Para un monstruo: luego yo
  Llorar debiera ignorante
  Mi fin; tú no, si este instante
  A ser tan dichosa vienes,
  Que seguro el vivir tienes,
  Pues no está el monstruo delante.
  Y pasando al fundamento
  De lo que sabes de mí,
  ¿Cómo es compatible, dí,
  Que aqueste puñal sangriento
  Dé en ningun tiempo violento
  Muerte á lo que yo más quiero,
  Y á tí un monstruo? Ver no espero
  Cosa de mí más querida;
  Luego amenazan tu vida
  Aquel monstruo y este acero.
  Pues si hoy el hado importuno,
  Que es de los gentiles dios,
  Te ha amenazado con dos
  Fines, no temas ninguno.
  No hay más rigor para el uno
  Que para el otro piedad:
  Luego será necedad
  Temer, al rigor atenta,
  Cuando es fuerza que uno mienta,
  Que el otro diga verdad.
  Y porque veas aquí
  Cómo mienten las estrellas,
  Y que triunfar puedo dellas,
  Mira el puñal... _(Desenváinale.)_

  [7] Predicha, vaticinada.

MARIENE.

                   ¡Ay de mí!
  Tente, señor.

TETRARC.

                ¿De qué así
  Tiemblas, dí?

MARIENE.

                Mi muerte advierte
  Mirarle en tu mano fuerte.

TETRARC.

  Pues porque no temas más,
  Desde hoy inmortal serás,
  Yo haré imposible tu muerte.
  Sea el mar, campo de hielo,
  Sea el orbe de cristal,
  Deste funesto puñal,
  Monstruo acerado del suelo,
  Sepulcro.

_(Arroja el puñal por una ventana.)_


ESCENA II.

TOLOMEO, _dentro_.--DICHOS.

TOLOM.

  _(Dentro.)_ ¡Válgame el cielo!

MARIENE.

  ¡Oh qué voz tan triste he oido!

FILIPO.

  Aire y agua han respondido
  Con asombro ó con desmayo.

LIBIA.

  El trueno fué de aquel rayo
  Un lastimoso gemido.

MARIENE.

  ¿Qué mucho que á mí me asombre
  Acero tan penetrante,
  Que hace heridas en las ondas,
  Y impresiones en los aires?

TETRARC.

  Los pequeños accidentes
  Nunca son prodigios grandes.
  Acaso la voz se queja...
  Y porque te desengañes,
  Iré á saber lo que ha sido,
  Penetrando á todas partes
  Las entrañas de los montes,
  Los cóncavos de los mares.

_(Vanse todos, menos Mariene y sus dos damas.)_


ESCENA III.

MARIENE, LIBIA, SIRENE.

MARIENE.

  Toda soy horror.

LIBIA.

                   El mar
  Es monumento inconstante
  De un mísero, que rendido
  Entre sus espumas trae.

SIRENE.

  Ya tu esposo, el gran Tetrarca,
  Con generosas piedades
  Movido, al bajel humano
  Ha dado puerto en la márgen.

MARIENE.

  El puñal que fué cometa
  De dos esferas errante,
  Arpon del arco del cielo,
  Clavado en un hombro trae.

LIBIA.

  Tolomeo es. ¡Ay de mí!
  (_Ap._ Mas bastaba ser mi amante
  Para ser tan infelice.)
  ¡Qué prodigio tan notable!
  ¡Qué espectáculo tan triste!

MARIENE.

  ¡Qué asombro tan admirable!
  Vamos de aquí, que no tengo
  Animo para mirarle.

_(Vase con sus damas.)_


ESCENA IV.

EL TETRARCA, FILIPO, Y LOS CRIADOS, _que traen á_ TOLOMEO, _con el
puñal clavado en un hombro_.

TETRARC.

  Ya del mar estais seguro,
  Infelice navegante.
  ¡Así la mortal herida
  Diera treguas á mis males!

TOLOM.

  Detente, señor, detente:
  Este puñal no me saques,
  Porque al ver la puerta abierta,
  Sus espíritus no exhale
  El alma. Ya que los cielos
  Solamente en esta parte
  Son piadosos, pues me dan
  Para verte y para hablarte
  Tiempo, no se pierda el tiempo.
  Mi muerte y la tuya sabe.

TETRARC.

  ¿Tolomeo?

TOLOM.

  Sí, señor.

TETRARC.

  Llevadle de aquí, llevadle
  A curar.

TOLOM.

           Aqueso no;
  Que cuando el riesgo es tan grande,
  Ménos importa mi vida
  Que la tuya; y así, ántes
  Que acaben mi poco aliento
  Desdichas que son tan grandes,
  Oye las tuyas, señor;
  Y cuando helado cadáver,
  Me falte tiempo al decirlas,
  Al saberlas no te falte.
  Otaviano en tierra y mar,
  Ondas ocupando y valles,
  Llegó á Egipto: salió Antonio
  Con tu socorro á buscarle,
  De Cleopatra acompañado
  En el _Bucentoro_, nave
  Que labró para él Cleopatra
  De marfiles y corales.
  A los principios fué nuestra
  (¡Fuerte pena, injusto trance!)
  La fortuna; pero ¿cuándo
  Estuvo firme un instante?
  Enojáronse las ondas,
  Y el mar, Nembrot de los aires,
  Montes puso sobre montes,
  Ciudades sobre ciudades.
  La armada del enemigo,
  Como estaba hácia la parte
  Del puerto abrigada, en él
  Quiso el cielo que se ampare.
  Mas la nuestra, dividida,
  Deshecha y sin órden, sale
  A la campaña del mar,
  Donde impelida mi nave,
  Caballo fué desbocado,
  Que no hay freno que le pare.
  Atormentada en efecto,
  Desmantelado el velámen,
  Los árboles destroncados,
  Enmarañados los cables,
  Y trayendo, finalmente,
  Arena y agua por lastre,
  A vista ya de las torres
  De Jerusalen la grande[8],
  Fué rüina en un escollo,
  Y aquí una tabla á los ayes
  Repetidos fué delfin
  Enseñado á sus piedades.
  ¿Quién crêrá que la fortuna,
  En un hombre que se vale
  De la piedad de un fragmento,
  Pudiera hacer otro lance?
  Yo lo afirmo, pues yo ví
  De acero un cometa errante
  Contra este humano bajel,
  Correr la esfera del aire.
  Este pues que de mi vida
  Tasando está los instantes,
  Sólo el decir me permite
  Que tu enemigo triunfante
  Queda en Egipto, y Antonio
  O rendido ó muerto yace;
  Que de Aristóbolo, hermano
  De tu esposa, no se sabe;
  Y en fin, que tus esperanzas
  Como el humo se deshacen.
  Y ya que de tus desdichas,
  Siendo el todo, no soy parte,
  Dáles sepulcro á las mias;
  Aunque las mias son tales,
  Que ellas se harán su sepulcro,
  Pues tienen para labrarle
  Sangre y acero, y podrán
  Enternecer un diamante;
  Que áun los diamantes se rinden
  Al acero y á la sangre.

  [8] En esta composicion se hace á Jerusalen y á Ménfis puertos de
  mar.

TETRARC.

  Ser un hombre desdichado
  Todos han dicho que es fácil,
  Y yo digo que es difícil,
  Porque es estudio tan grande
  Aqueste de las desdichas,
  Que no le ha alcanzado nadie.--
  Quitadme ese asombro, ese
  Funesto horror de delante.
  Llevadle donde le curen...
  Y aquese puñal... guardadle,
  Que importa saber qué debo
  Hacer dél; que ya él me hace
  Tenerle por prodigioso.--
  ¡Ay Filipo! hagan alarde
  Mis suspiros de mis penas,
  Mis lágrimas de mis males.

_(Llévanse los criados á Tolomeo.)_


ESCENA V.

EL TETRARCA, FILIPO.

FILIPO.

  Señor, los grandes sucesos
  Para los sujetos grandes
  Se hicieron, porque el valor
  Es de la fortuna exámen.
  Ensancha el pecho, que en él
  Cabrán todos tus pesares,
  Sin que á la voz ni á los ojos
  Se asomen.

TETRARC.

             ¡Ay! que no sabes,
  Filipo, cuál es mi pena,
  Pues quieres darla esa cárcel.

FILIPO.

  Sí sé, pues sé que has perdido
  Tal república de naves.

TETRARC.

  No es su pérdida la mia.

FILIPO.

  Serálo el mirar triunfante
  A tu enemigo.

TETRARC.

                No tengo
  Miedo á las adversidades.

FILIPO.

  De Aristóbolo tu hermano,
  Ni de Marco Antonio sabes.

TETRARC.

  Cuando sepa que murieron,
  Tendré envidia á bien tan grande.

FILIPO.

  Los prodigios del puñal
  Preñeces[9] son admirables.

  [9] Misterios.

TETRARC.

  Al magnánimo varon
  No hay prodigio que le espante.

FILIPO.

  Pues si prodigios, fortunas,
  Pérdidas y adversidades
  No te rinden, ¿qué te rinde?

TETRARC.

  ¡Ay, Filipo! no te canses
  En adivinarlo, puesto
  Que miéntras no adivinares
  El amor de Marïene,
  Todo es discurrir en balde.
  Todos mis intentos son
  Entrar con ella triunfante
  En Roma, porque no tenga
  Que envidiar mi esposa á nadie.
  ¿Por qué ha de gozar belleza
  Que no hay otra que la iguale
  (Error del mérito), un hombre,
  Que hay otro que le aventaje?
  Piérdase la armada, muera
  El César Antonio, falte
  Aristóbolo, Otaviano
  De un polo á otro polo mande,
  Con trágicas prevenciones
  Hoy los cielos me amenacen,
  Vuelva el prodigioso acero
  A mi poder; que á postrarme
  Nada basta, nada importa,
  Siempre con igual semblante;
  Sino solamente el ver
  Que yo no he sido bastante
  A hacer reina á Marïene
  Del mundo; y en esta parte
  Dirás, y diránlo todos,
  Que es locura: no te espantes,
  Que cuando amor no es locura,
  No es amor; y el mio es tan grande,
  Que temo (advierte, Filipo)
  Que pasando los umbrales
  De la vida, y que llegando
  De la muerte á esotra parte,
  Ha de quedar en el mundo
  Por un prodigio admirable
  De las fortunas de amor
  A las futuras edades. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Sala de un palacio de Ménfis._


ESCENA VI.

OTAVIANO, SOLDADOS ROMANOS.

OTAVIAN.

  Felice es la suerte mia,
  Pues de Egipto victorioso,
  Dilato la monarquía
  De Roma, dueño famoso
  De los términos del dia.
  Cante pues victoria tanta
  La fama, y en testimonio
  De que á todas se adelanta,
  Sean triunfo de mi planta
  Hoy Cleopatra y Marco Antonio.
  Presos á los dos procura
  Llevar mi heroica ventura,
  Porque, lidiador bizarro,
  Sean fieras de mi carro
  El poder y la hermosura.


ESCENA VII.

POLIDORO, ARISTÓBOLO, UN CAPITAN.--OTAVIANO, SOLDADOS.

CAPITAN.

  Aunque habemos discurrido
  De Cleopatra el gran palacio,
  Hallarla no hemos podido,
  Ni á Antonio, porque su espacio
  Laberinto de oro ha sido.
  Solamente hemos hallado
  A Aristóbolo, cuñado
  Del que hoy en Jerusalen
  Tetrarca asiste, de quien
  Nos informó este criado.

_(Señalando á Aristóbolo.)_

  Tu contrario fué; y así,
  Porque averigües aquí
  Sus designios, le traemos
  De la parte en que le habemos
  Hallado. Llega. _(A Polidoro.)_

POLIDOR.

  (_Ap._          ¡Ay de mí!)

_(Ap. á Aristóbolo.)_

  ¿Cuál diablo me metió, cuál,
  Cielos, en engaño igual?
  ¿No son notables errores
  Que otros vivan de traidores,
  Y yo muera de leal?

ARISTÓB.

  _(Ap. á Polidoro.)_
  Si así la vida me das,
  No temas: seguro estás,
  Que yo á tí te la daré.
  Disimula.

POLIDOR.

            Yo lo haré,
  Hasta que no pueda más.

ARISTÓB.

  Grande César Otaviano,
  Cuyo renombre inmortal
  El tiempo asegure ufano
  En láminas de metal,
  Que intente borrar en vano:
  No manches, no, riguroso
  Los aplausos que has tenido
  Con sangre; que es ser piadoso
  Vencedor con el vencido,
  Ser dos veces victorioso.

OTAVIAN.

  _(A Polidoro.)_
  Aunque pudiera ¡oh valiente
  Aristóbolo! vengarme
  En tu vida dignamente
  De tí y tu hermano, mostrarme
  Quiero piadoso y clemente.
  Álzate del suelo, y pues
  El fin de mis glorias es
  Entrar en Roma triunfante
  Con Marco Antonio delante,
  Y con Cleopatra á los piés,
  Díme dónde están; que no
  He sabido de ellos yo
  Desde que aquel _Bucentoro_,
  Armada nave de oro,
  De la batalla salió.

POLIDOR.

  Yo de los dos te dijera,
  Si yo de los dos supiera;
  Pues por mis discursos hallo
  Que hiciera más en callallo
  Yo, que en decírtelo hiciera;
  Mas desde que llegué aquí,
  Nunca más á los dos ví.

OTAVIAN.

  Eso no es agradecer
  Mi piedad. Yo he de saber
  Dellos, y ha de ser así.--
  ¡Hola!

CAPITAN.

         Señor.

OTAVIAN.

                Al infante
  Aristóbolo llevad
  A una torre, y ni un instante
  Goce de la claridad
  Del sol: la noche le espante
  Por eterna.

POLIDOR.

              Aquí llegó,
  Señor, de tu engaño el fin. _(Ap. á él.)_

ARISTÓB.

  _(Ap. á Polidoro.)_
  Sufre.

POLIDOR.

         ¿Torre obscura yo?

OTAVIAN.

  Llevadle.

POLIDOR.

  (_Ap._    El demonio sin
  Duda me Aristoboló.)
  Que yo...

CAPITAN.

            Calla.

POLIDOR.

                   ¿Qué es callar?
  ¡Vive Baco, que he de hablar!
  ¿Yo príncipe? Muy errado,
  Muy cerrado y muy culpado
  Soy...

OTAVIAN.

         ¿Qué teneis que esperar?
  Y ese criado, primero
  Padezca un tormento fiero,
  Ó muera en él de leal.

POLIDOR.

  ¿Qué es tormento? (_Ap._ Mal por mal,
  Torre pido, noche quiero.)
  Vamos á la torre: yo
  Soy Aristóbolo, no
  Príncipe errado, segun
  Decia. (_Ap._ Sin duda que algun
  Ángel me Aristoboló.)

ARISTÓB.

  Enfrena un poco el rigor,
  Sabrás de los dos, señor;
  Y de mi voz advertido,
  Oirás que los dos han sido
  Funestos triunfos de amor.
  Apénas rota su armada
  Vió Antonio, cuando la alada
  Nave, haciéndose á la vela,
  Nada pensando que vuela,
  Vuela pensando que nada;
  Pues con ligereza suma,
  Pez sin escama nadaba,
  Ave volaba sin pluma,
  Tan veloz, que no le ajaba
  Un solo rizo á su espuma.
  A Ménfis en fin llegó,
  Donde rehacerse pensó
  De la pérdida y tornar
  A la campaña del mar,
  Que tantas desdichas vió;
  Mas viendo que le seguias
  A Ménfis, y que traias
  De tu parte á la fortuna,
  Pues al orbe de la luna
  Con alas suyas subias;
  Lamentando mal y tarde
  La pérdida de su gente,
  Sin que á ser despojo aguarde,
  Del extremo de valiente
  Dió al extremo de cobarde;
  Pues ciego y desesperado,
  Al panteon, colocado[10]
  A egipcios reyes, entró
  Y una sepultura abrió,
  Donde vivo y enterrado,
  Dijo, sacando el acero:
  «Nadie ha de triunfar primero
  De mí que yo mismo: así
  Triunfo yo mismo de mí,
  Pues yo mismo mato y muero.»
  Cleopatra que le seguia,
  Viendo que ya agonizaba,
  Bañado en su sangre fria,
  Cuyo aliento pronunciaba
  Más, cuanto ménos decia:
  «Muera (dijo) yo tambien;
  Pues por piedad ó por ira,
  No cumple con ménos quien
  Llega á querer bien, y mira
  Muerto á lo que quiso bien.»
  Y asiendo un áspid mortal
  De las flores de un jardin,
  Dijo: «Si otro de metal
  Dió á Antonio trágico fin,
  Tú serás vivo puñal
  De mi pecho; aunque sospecho
  Que no moriré, á despecho
  De un áspid, pues en rigor,
  No hay áspid como el amor,
  Y há dias que está en mi pecho.»
  Y él con la sed venenosa
  Hidrópicamente bebe,
  Cebado en Cleopatra hermosa,
  Cristal que exprimió la nieve,
  Sangre que vertió la rosa.
  Yo lo ví todo, porqué
  Así como aquí llegué,
  El palacio examinando,
  A Aristóbolo buscando,
  Hasta el sepulcro me entré,
  Donde él rendido al valor,
  Y ella postrada al dolor
  Yacen, porque de esta suerte
  Aun no divida la muerte
  A dos que junta el amor.

  [10] Erigido.

OTAVIAN.

  Aquí dió fin mi esperanza,
  Aquí murió mi alabanza,
  Pues por asombro tan fuerte,
  No ha de pasar mi venganza
  Los umbrales de la muerte.
  Ya triunfar de ellos no espero;
  Que yo solamente quiero
  Saber qué intento ha obligado
  Al Tetrarca tu cuñado
  Para que sañudo y fiero
  Te enviase contra mí.

POLIDOR.

  Si tú estás diciendo aquí
  Que es cuñado, ¿no es error
  Preguntarme qué es, señor,
  Su intento? Pues digo así
  Que lo que á esto le ha obligado,
  Es el verme de esta suerte,
  Pues solo me habrá enviado
  A que tú me des la muerte,
  Propia alhaja de un cuñado.

CAPITAN.

  Si examinar su intencion
  Quieres, yo te la diré,
  Pues con aquesta ocasion
  Este cofre les quité.
  Joyas y papeles son
  Las que hay en él.

OTAVIAN.

                     Muestra á ver.
  --Cifra es del mayor poder
  Su inestimable riqueza;
  Mas la pintada belleza
  De una extranjera mujer

_(Saca del cofrecillo un retrato.)_

  Es la más noble y mejor
  Joya, y la de más valor.
  No ví más viva hermosura,
  Que el alma de la pintura.

ARISTÓB.

  _(Ap.)_ Atento el emperador
  Mira el retrato fiel;
  Mas ¡ay fortuna cruel!
  Ver los papeles porfía.
  ¡Mal haya el hombre que fía
  Sus secretos á un papel!

_(Saca Otaviano del cofrecillo una carta.)_

OTAVIAN.

_(Lee.)_ «En esta faccion está el fin de mis deseos, pues no espero
para declararme emperador de Roma, sino que Otaviano, rendido ó
preso...»

  ¿Qué tengo que saber más?
  Y pues sospechoso estás,
  Y aun convencido conmigo,
  Miéntras pienso tu castigo,
  En una torre estarás.

POLIDOR.

  No son buenos pensamientos
  Andar pensando tormentos.
  ¿No será mucho mejor,
  Que no castigos, señor,
  Pensar gustos y contentos?

OTAVIAN.

  Llevadle de aquí.

POLIDOR.

                    Escuchar
  Debes que...

OTAVIAN.

               No hay que aguardar.

POLIDOR.

  Sí hay.

OTAVIAN.

          Dí.

POLIDOR.

              Solamente digo
  Que no hay que esperar castigo,
  Pues no me dejas hablar.

_(Los soldados se llevan á Polidoro.)_


ESCENA VIII.

OTAVIANO, ARISTÓBOLO, EL CAPITAN.

OTAVIAN.

  _(Al Capitan.)_ Tú partirás al momento
  Con gente y armas, y atento
  A mi cesárea obediencia,
  Traerás preso á mi presencia
  Al Tetrarca; que es mi intento
  Que como á César me dé
  Del tiempo que ha gobernado
  Residencia: y tú, porque
  En efecto eres criado,
  En quien tal lealtad se ve,
  Darte libertad espero;
  Pero por rescate quiero
  Que ya liberal me des
  El decirme cúyo es
  Este retrato.

ARISTÓB.

  (_Ap._        Aquí muero
  De confusion: si le digo
  Quién es, á amarla le obligo;
  Desesperarle es mejor.
  Halle imposible su amor
  Al principio: así consigo
  Su quietud.) Esa pintura,
  Sombra ya de una escultura,
  Ceniza de un rayo ardiente,
  Es memoria solamente
  De una difunta hermosura.

OTAVIAN.

  ¿Muerta es esta mujer?

ARISTÓB.

                         Sí.

OTAVIAN.

  _(Ap.)_ ¿Para qué, amor, ¡ay de mí!
  Sin esperanzas la veo?

ARISTÓB.

  _(Ap.)_ Bien se logró mi deseo.

OTAVIAN.

  Libre estás, véte de aquí. _(Vase Aristóbolo.)_


ESCENA IX.

OTAVIANO.

    La muerte y el amor una lid dura
  Tuvieron sobre cuál era más fuerte,
  Viendo que á sus arpones de una suerte
  Vida ni libertad vivió segura.
    Una hermosura amor divina y pura
  Perficionó, donde su triunfo advierte;
  Pero borrando tanto sol la muerte,
  Triunfó así del amor y la hermosura.
    Viéndose amor entónces excedido,
  La deidad de una lámina apercibe,
  A quien borrar la muerte no ha podido.
    Luego bien el laurel amor recibe,
  Pues de quien vive y muere dueño ha sido,
  Y la muerte lo es sólo de quien vive. _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Campo en las inmediaciones de Jafa._


ESCENA X.

LIBIA.

  Por las faldas lisonjeras
  De estos elevados riscos,
  Que son del puerto de Jafa
  Enamorados Narcisos,
  A divertir mis pesares
  Melancólica he salido,
  Por no escuchar los ajenos,
  Pudiendo llorar los mios.
  Sola estoy, salga del pecho
  En acentos repetidos
  Mi dolor. ¡Ay Tolomeo!
  En tanto que lloro y gimo
  Desdichas tuyas, admite
  Este llanto que te envío.
  Bastaba quererte bien,
  Para que (¡rigor impío!)
  Te sucediese mal todo,
  Tropezando en tus peligros.
  Cuando victorioso (¡ay triste!)
  Te esperaba el pecho mio,
  Dulce fin de tus amores,
  ¡Muerto has llegado y vencido!


ESCENA XI.

MARIENE, SIRENE.--LIBIA.

SIRENE.

  Casta Vénus de estos montes,
  Si á divertir has venido
  Con la música y las flores
  Los ojos y los oidos,
  La atencion vuelve y la vista
  A ese bruto cristalino,
  Pues son flores sus celajes
  Y música sus bramidos.

MARIENE.

  Nada puede para mí
  Servir, Sirene, de alivio.


ESCENA XII.

EL TETRARCA, FILIPO.--DICHOS.

FILIPO.

  Este es, señor, el puñal,
  Que ya una vez despedido
  De tu mano, vuelve á ella.

TETRARC.

  Ya con asombro le miro
  Como á fatal instrumento.
  Mas dí, ¿cómo se ha sentido
  Tolomeo?

FILIPO.

           No es la herida,
  Señor, de tanto peligro,
  Como la falta de sangre.

TETRARC.

  Marïene.

MARIENE.

           Esposo mio.

TETRARC.

  Girasol de tu hermosura,
  La luz de tus rayos sigo,
  Bien como la flor del sol,
  Cuyos celajes y visos,
  Iluminados á rayos,
  Tornasolados á giros,
  Le van siguiendo, porque
  Iman del fuego atractivo,
  Le hallan su vista ó su ausencia,
  Ya luciente, y ya marchito.

MARIENE.

  Ya que del fuego te vales,
  Sea amor ó sea artificio,
  Yo tambien; pues como aquella
  Ave que tuvo por nido
  Y por sepulcro la llama,
  Enamorando el peligro,
  Bajel de púrpura y oro,
  Bate los remos de vidrio;
  Así yo que á tantos rayos
  Vida, muriendo, recibo,
  Hasta que abrasada muera,
  Me parece que no vivo.

TETRARC.

  Dejadnos solos.

_(Vanse Filipo, Libia y Sirene.)_


ESCENA XIII.

EL TETRARCA, MARIENE.

TETRARC.

                  Ya pues
  Que serán mudos testigos
  De mis lágrimas y voces
  Estos mares y estos riscos,
  Salgan, Marïene hermosa,
  Afectos del pecho mio
  En lágrimas á las ondas,
  Y á las peñas en suspiros.
  Este sangriento puñal,
  Sacre de acero bruñido
  (Que no con poca razon
  Sacre de acero le digo,
  Pues cuando desenlazado
  De mi mano le despido,
  Con la presa vuelve á ella,
  En sangre y horror teñido),
  Es aquel que la dudosa
  Ciencia de un astro previno
  Para homicida de quien
  Más adoro y más estimo.
  Y aunque es verdad que constante
  A peligrosos jüicios
  No doy crédito, y desprecio
  Los contingentes delirios
  Del hado y de la fortuna
  (Dioses que coloca[11] el vicio),
  No sé qué nuevo temor
  En mi pecho ha introducido
  Verle volver á mi mano,
  Que ya le temo y le admiro;
  Y entre el miedo y el valor,
  Ya cobarde, ya atrevido,
  Sitiado dentro de mí,
  Me quiero dar á partido.
  Porque aunque bien yo no creo
  Los acasos prevenidos,
  No los dudo; que no ignoro
  Que ese estrellado zafiro,
  República de luceros,
  Vulgo de astros y de signos,
  A quien le sabe leer
  Es encuadernado libro,
  Donde están nuestros alientos
  Asentados por registro.
  Y así, ni dudando bien,
  Ni bien creyendo, imagino
  Que debe el varon perfecto
  A los sucesos previstos
  Darlos al crédito en una
  Parte, y en otra al olvido:
  Aquí para no esperarlos,
  Y allí para prevenirlos;
  Pues señor de las estrellas,
  Por leyes de su albedrío,
  Previniéndose á los riesgos,
  Puede hacer virtud del vicio.
  Yo, pues, entre dos afectos
  Vacilante y discursivo,
  Ni creyendo ni dudando,
  El puñal á tus piés rindo.
  Tú eres, bellísima hebrea,
  La luz hermosa que sigo,
  La beldad que sola adoro,
  La imágen que sola admiro.
  No es posible que yo quiera,
  Si inmortal al tiempo vivo,
  Otra cosa más que á tí;
  Tanto, que mil veces digo
  Que el mayor monstruo del mundo
  Que te amenaza á prodigios,
  Es mi amor, pues por quererte,
  A tantas cosas aspiro,
  Que temo que él ha de ser
  Ruina tuya y blason mio.
  Pues si lo que yo más quiero
  Eres tú, y el cielo mismo
  No puede hacer que no seas,
  Sin borrar lo que ya hizo;
  Tú eres á quien amenaza
  Ese hermoso basilisco,
  Que en tus piés se disimula
  Entre dos cándidos lirios.
  Yo quise hacer imposible
  Tu muerte, cuando atrevido
  Arrojé al mar el puñal;
  Pero habiendo una vez visto
  Que áun en él no está seguro,
  Pues por casos exquisitos
  Podrá llegar donde estés
  Siempre ignorando el peligro:
  Para más seguridad
  Tuya, cuerdo he prevenido
  Que tú, árbitro de tu vida,
  Traigas tu muerte contigo;
  Que mayor felicidad
  Nadie en el mundo ha tenido,
  Que ser, á pesar del hado,
  El juez de su vida él mismo.
  La parca, que nuestras vidas
  Tiene pendientes de un hilo,
  Para que el tuyo no corte
  Pone en tu mano el cuchillo.
  En tu mano está tu suerte:
  Vive tú sola á tu arbitrio,
  Pues si acercas el aliento,
  Podrás embotarle el filo.
  Si es verdad ó si es mentira
  El hado, no lo averiguo,
  Mas prevengo los dos males;
  Pues prudente y advertido,
  Si es mentira la sospecha,
  De que la temas te alivio;
  Si es verdad, con la razon
  A hacerla mentira aspiro.
  Luego, mentira ó verdad,
  Para todo prevenido,
  Yo no puedo darte más
  Que tu vida: esta te rindo.
  Este acero y este amor
  Son hoy tus dos enemigos:
  Pues miéntras yo te corono
  De mil laureles invictos,
  Triunfa tú dese, y al fin
  Dueño tú de tu albedrío,
  Guárdate tu vida tú,
  Huye tú de tu peligro,
  Hazte tú tu duracion,
  Lábrate tú tus designios,
  Cuéntate tú tus alientos,
  Y vive al fin tantos siglos,
  Que este amor y este puñal
  Triunfen de muerte y olvido.

  [11] Erige.

MARIENE.

  Oye, señor, oye, espera;
  Que aunque agradezco y estimo
  El don que á mis plantas pones,
  Ni le acepto ni le admito;
  Que de púrpura manchado
  Y entre flores escondido,
  Tanto me estremezco, tanto
  En verle me atemorizo,
  Que muda y helada creo,
  Torpe el labio, el pecho frio,
  Que soy de aquesos jardines
  Estatua de mármol vivo.
  Mas rompiendo á mi silencio
  Las prisiones y los grillos
  Con que en cárceles de hielo
  El temor los ha tenido,
  Quiero declararme, y quiero
  Argüirte que no ha sido
  Cuerda determinacion
  (Si bien de tu amor indicio)
  La que contigo has tomado
  Y ejecutado conmigo.
  Dejo á una parte si es bien
  El darse por entendido
  Hoy mi amor de que yo sea
  Del tuyo sujeto digno;
  Y creyéndote cortés
  (Pues por amante y marido
  Me está tan bien el creerlo),
  En mi argumento prosigo,
  Sin tocar si es bien ó mal
  Tampoco haberlo creido;
  Pues por verdad ó mentira,
  Ya tú en esta parte has dicho
  Que el prevenirlo es cordura,
  Esperarlo desatino,
  Y providencia discreta
  No esperarlo y prevenirlo.
  Y así, esto aparte dejando,
  Vuelvo á mi argumento, y digo:
  Si ese sangriento puñal
  Es el que cruel y esquivo
  El hado esquivo y cruel
  Contra mi pecho previno,
  ¿Quién te persuadió, Tetrarca,
  Quién te informó, quién te dijo
  Que era la seguridad
  De mi vida traer conmigo
  La ejecucion de mi muerte,
  Y que podrán ser amigos,
  Ni hacer buena compañía
  La vida y el homicidio?
  Si este mi suerte amenaza
  Con asombros, ¿es arbitrio
  Para excusar que se encuentren,
  Hacer que anden un camino
  Los dos, siguiéndose siempre
  El acaso y el peligro?
  ¿Fuera buena prevencion
  En el humano sentido,
  Para estorbar que se abrase
  Este supremo edificio,
  Acompañarle del fuego?
  ¿Fuera acierto conocido
  Para excusar que un espejo
  No se quiebre, junto á él mismo
  Poner piedras en que encuentre?
  Pues piensa que es esto mismo
  Lo que intentas, pues intentas
  Que nunca estén divididos
  Ese puñal y este pecho;
  Y han de ser siempre enemigos,
  Por más que juntos los vea,
  Seguridad y peligro,
  Vida, muerte y impiedad,
  Sombra y luz, virtud y vicio,
  Homicidio y homicida,
  Torre y fuego, piedra y vidrio.
  Confieso que la razon
  Es fuerte, cuando advertido
  Dices que no es ocultarle
  Remedio, cuando le vimos
  Volver del mar á tus manos;
  Y que será gran martirio,
  Confieso tambien, estar
  Dudando siempre afligido
  Un pecho, «¿quién será ahora
  Dueño de los hados mios?»
  Pero entre apartarle tanto
  Que ignore quién habrá sido,
  Y acercarle tanto, que
  Sepa que viene conmigo,
  Hay un medio, que es ponerle
  Con tal dueño y en tal sitio,
  Que lo sepa y no lo tema.
  Tú lo has de traer ceñido;
  Pues si del juicio me acuerdo,
  El mágico no me dijo
  Que tú darias la muerte
  A lo que más has querido
  Con él, sino que con él
  Moriria; y pues colijo
  Que otro podrá aborrecer
  Lo que tú quieres, delito
  Fuera, echándole de tí,
  Dar armas á tu enemigo,
  Pues podrá venir á manos
  De quien me haya aborrecido.
  Y así, señor, yo te ruego,
  Y así, señor, te suplico
  Que tú, alcaide de mi vida,
  Traigas el puñal contigo.
  Con eso seguramente
  Sabré que aquel tiempo vivo
  Que tú le tienes. Que escuches
  El argumento te pido.
  O tú me quieres ó no:
  Si me quieres, no peligro,
  Pues á lo que tú más quieres
  No has de dar muerte tú mismo.
  Si no me quieres, no soy
  A quien arrastra el destino
  De tu amor, y al mismo instante
  De la amenaza me libro.
  Luego olvidada ó querida,
  Mi seguridad te pido,
  Mis temores desvanezco,
  Mis quietudes facilito,
  Mis deseos aseguro,
  Mis contentos solicito,
  Mis recelos acobardo,
  Mis esperanzas animo,
  Cuando tu amor y mi vida
  Triunfen de muerte y olvido.

TETRARC.

  Tanto tu vida deseo,
  Que á ser tu alcaide me obligo.
  ¡Ojalá fuera verdad,
  No prevencion, este estilo,
  Para que nunca murieras!
  Y así á tus voces movido,
  En tu nombre, dulce esposa,
  Segunda vez me le ciño. _(Tocan dentro cajas.)_
  Pero ¡válganme los cielos!
  ¿Qué alboroto, que rüido
  Es este?

MARIENE.

           El cielo parece
  Que se hunde de sus quicios.

TETRARC.

  ¡Qué asombro!

MARIENE.

                ¡Qué confusion!


ESCENA XIV.

FILIPO Y LIBIA, _cada uno por su lado_.--EL TETRARCA, MARIENE.

FILIPO.

  Señor.

LIBIA.

         Señora.

TETRARC.

                 Filipo,
  ¿Qué es esto?

MARIENE.

  ¿Qué es esto, Libia?

LIBIA.

  No sé si sabré decirlo.

FILIPO.

  Gente del emperador
  Otaviano, tu enemigo,
  A Jerusalen ocupa;
  Y ya todos sus vecinos,
  Sabiendo que Antonio es muerto,
  Parciales y divididos
  Te buscan para prenderte,
  Diciendo á voces que has sido
  La causa de sus traiciones.

MARIENE.

  ¡Ay de mí!

TETRARC.

             ¡Pierdo el sentido!

MARIENE.

  Huye, señor: ese monte
  Sea tu sagrado asilo,
  Porque mejor las desdichas
  Se vencen en los principios.

TETRARC.

  ¿Qué es huir? Viven los cielos,
  Que tengo de recibirlos.

MARIENE.

  Mira, señor...

TETRARC.

                 ¿Qué he de ver?

MARIENE.

  Que es un vulgo...

TETRARC.

                     Ya lo miro.

MARIENE.

  Alborotado.

TETRARC.

              ¿Qué importa?

MARIENE.

  Tu vida...

TETRARC.

             Mi vida libro...

MARIENE.

  ¿Cómo?

TETRARC.

         Poniéndome...

MARIENE.

                       ¿Dónde?

TETRARC.

  Delante dél.

MARIENE.

               Es delirio.

TETRARC.

  No es.

MARIENE.

         ¿Por qué?

TETRARC.

                   Porque con verme,
  Verás que su orgullo rindo.

_(Vuelven á tocar.)_

  Adios, esposa, que ya
  Segunda vez dan aviso
  Las cajas.

MARIENE.

             Tente.

TETRARC.

                    ¿Qué temes?

MARIENE.

  Temo, señor, tu peligro,
  Que vas solo.

TETRARC.

                No voy tal:
  Tú vas, señora, conmigo,
  Y este acero, que me basta
  (Si es de la muerte ministro)
  A ser asombro del mundo,
  A ser rayo, á ser prodigio.



JORNADA SEGUNDA.


_Sala del palacio de Ménfis._


ESCENA PRIMERA.

DOS SOLDADOS ROMANOS, _con un retrato grande de Mariene_.

SOLD. 1.°

  Ya que en sus melancolías
  No hay cosa que le divierta
  Más, que en varios trajes ver
  Repetida esta belleza,
  Y este es el primer retrato
  De cuantos de la pequeña
  Lámina al lienzo pasó
  Del noble arte la excelencia,
  Pongámosle de su cuarto
  Sobre el marco de esa puerta,
  Para que cuando entre y salga
  A todas horas le vea.

SOLD. 2.°

  Bien has prevenido.

SOLD. 1.°

                      Pues
  Sea presto, que ya llega. _(Cuélganle.)_

SOLD. 2.°

  Con la prisa que me das,
  No sé si bien puesto queda.
  ¡Quiera Dios que no se caiga,
  Vencido el clavo ó la cuerda!


ESCENA II.

OTAVIANO.--DICHOS.

OTAVIAN.

  _(Para sí.)_ Pasion tan desesperada,
  Que al primer paso tropieza
  En un imposible, y cae
  En otro, queriendo ciega
  Dar una esperanza viva
  En una hermosura muerta,
  Bien se ve que no es pasion,
  Sino locura, y de tema
  Tan invencible, que triunfos,
  Aplausos, lauros y empresas
  No la alivian, puesto que
  Ni todo ni parte sean
  A echar de mí una aprension
  Tan rebeldemente necia.

SOLD. 1.°

  Como mandaste, señor,
  Que en todo Ménfis se hicieran
  De este pequeño retrato

_(Vuélvele el pequeño.)_

  Várias copias, traje esta,

_(Señala el grande.)_

  Por ser la más parecida.

OTAVIAN.

  Dices bien, pues no pudiera
  Haberla mejor sacado
  El pincel, cuando corriera
  Las líneas y los bosquejos
  Al lienzo desde mi idea.
  ¿Que nunca me hayas sabido,
  O con maña ó con cautela,
  De Aristóbolo, quién fuese
  Alma de deidad tan bella?

SOLD. 1.°

  Con ese intento mil veces
  A la torre que le encierra
  De guarda entré; pero nunca
  Lo supe; que de manera
  Aristóbolo ha perdido
  El juicio desde que en ella
  Está, que es en vano ya
  Que á nada en razon atienda.

OTAVIAN.

  ¿Qué dices?

SOLD. 1.°

              Que solamente
  Desatinos dice y piensa.

OTAVIAN.

  No me espanto ¡ay infelice!
  Si la causa que le fuerza
  A perder el juicio ha sido
  Perder esta hermosa prenda.
  ¿Cómo es compatible, ¡oh rara
  Beldad! que un delirio sientan
  Dos, el uno porque te halle,
  Y el otro porque te pierda?
  ¡Qué mal hice cuando necio,
  De amor y de su violencia,
  Culpé á Antonio que adorase
  A aquella gitana,[12] á aquella
  Que en los teatros del mundo
  Hizo la mayor tragedia!
  ¡Oh qué bien vengado está
  De mi altivez y soberbia!
  Pues para mayor trofeo,
  Con instrumento se venga
  Tan fácil como un retrato,
  Y ese de una beldad muerta.

  [12] Egitana (_de Egito ó Egipto_), egipcia.

_(Tocan dentro cajas destempladas.)_

  ¿Pero qué es aquesto? Cuando
  Triste pronuncia mi lengua
  _Muerta beldad_, me responden
  Las cajas y las trompetas
  Destempladas. ¿Si los cielos,
  Si los montes, si las selvas,
  Si los vientos, si los mares,
  Cuando mi voz les acuerda
  De igual pérdida la ruina,
  Compadecidos celebran
  De esa difunta hermosura
  Repetidas las exequias?

_(Vuelven á sonar las cajas.)_

  Otra vez ¡piadosos cielos!
  Suena el rumor de más cerca.
  Ved quién ese pavor causa.

SOLD. 1.°

  Mucho extraño que las señas
  No te lo digan, pues es
  Ceremonia usada esta
  De los bárbaros gitanos,
  Siempre que rendida ó presa
  Alguna persona real
  En su corte sale y entra.

OTAVIAN.

  ¿Pues quién entra ó sale hoy,
  O preso ó rendido en ella?


ESCENA III.

UN CAPITAN.--DICHOS.

CAPITAN.

  _(Que ha oido la pregunta de Otaviano.)_
  El Tetrarca, á quien tú diste
  Orden de que yo le prenda.
  Y viendo cuánto supone
  Virey que por tí gobierna,
  Usando la ceremonia
  De que con sus armas venga,
  Y con salva se reciba,
  Bien que trágica y funesta,
  Llega á tus piés.

_(Vuelven á tocar cajas destempladas.)_


ESCENA IV.

EL TETRARCA, _en medio de_ SOLDADOS.--DICHOS.

OTAVIAN.

                    Más estimo
  Ver postrada esa soberbia,
  Que el alto triunfo con que
  Roma recibirme espera.
  Quede él solo, y los demas
  Salgan, Patricio, allá fuera;
  Que por si acaso mi enojo
  Tras sí mis acciones lleva,
  No quiero que nadie airado
  Con un rendido me vea.
  Templad vos, pues sois mi espejo,
  Mi cólera.

_(Mira el retrato que tiene en la mano.)_

TETRARC.

  (_Ap._     ¡Suerte adversa!
  ¿A qué más pudo llegar
  De tus ceños la influencia?)
  Invicto Otaviano, cuyo
  Nombre en láminas eternas
  El tiempo escriba, dictado
  De las plumas y las lenguas,
  A tus piés llego ofendido,
  Porque para que vinieran
  Mi lealtad y mi valor
  A rendirte esta obediencia,
  No era menester que fuesen
  Por mí; que el que se respeta
  Por fuerza cuando por gusto
  Puede, á sí mismo se afrenta,
  Pues quita á la voluntad
  Lo que le añade á la fuerza.
  Dáme tu mano. (_Ap._ Mas ¡cielos

_(Otaviano le alarga una, y el Tetrarca al ir á besársela repara en el
retrato que Otaviano tiene en la otra.)_

  Divinos! al besar ésta,
  ¿Qué es lo que en la otra miro?
  ¿Habrá en el mundo quien beba
  Dos venenos á dos manos,
  Y á un mismo tiempo los sienta
  En los labios y en los ojos?)

_(Vuelve Otaviano la espalda, y Heródes le sigue de rodillas.)_

OTAVIAN.

  Si informado no estuviera
  De mi razon, á la tuya
  Bastante crédito diera;
  Pero si son destempladas
  Cláusulas, que no concuerdan,
  Esa afectada humildad
  Con tu traidora soberbia;
  No violencia, no rigor
  La prevencion te parezca;
  Que con vasallos que son
  De los de viva quien venza,
  Fuerza es que la voluntad
  Se aproveche de la fuerza.

TETRARC.

  (_Ap._ ¡Mortal estoy! Dadme, dioses,
  Valor, que quizá no es ella.--
  ¡Que agora me la ocultase!)
  Si contra mí te aconseja
  Quien pretende...

OTAVIAN.

                    No presumas
  Que mal advertido hiciera
  Extremos tales; de tí
  Sé la ambicion con que intentas
  Conspirar al sacro imperio,
  A cuyo efecto la guerra
  Mantenias, dando á Antonio
  Los socorros para ella.
  Estas firmas te convencen:
  De ellas lo sé. Llega, llega,
  Míralas bien, tuyas son.
  Míralas.

_(Saca unas cartas, y preséntaselas puestas encima del retrato.)_

TETRARC.

           Ya miro, al verlas,
  Mi muerte más declarada
  De lo que áun tú mismo piensas,
  Pues... yo... si...

OTAVIAN.

                      Esa turbacion
  Es ya segunda evidencia.
  Pero quien á un Idumeo
  Honró, baja estirpe hebrea,
  Rebelada de sus nobles
  Tribus, esto y más merezca.
  Y así, miéntras el castigo
  A los demas escarmienta,
  Sabe que soy Otaviano,
  Que soy el único César
  De Roma, y el Nilo y Tíber
  Humildes mis plantan besan;
  Y que á cuantos contra mí
  Con traiciones, con cautelas
  Quieran conspirar, negando
  A mi poder la obediencia,
  Seré yo quien los corone
  De laurel, para que sean,
  Con un impulso á mis plantas,
  Con una accion á mis huellas,
  Dos trofeos de una vez,
  Mi laurel y su cabeza.

_(Vase Octaviano hácia la puerta sobre la cual está el retrato.)_

TETRARC.

  _(Ap.)_ ¡Que esto escuchen mis oidos,
  Y aquesto mis ojos vean,
  Sin que el dolor me despeñe!
  Yo he de morir, cosa es cierta,
  A sus manos ó á mis celos:
  Pues él á mis celos muera,
  Y á mis manos; que una vida
  Tan grande, no es bien se venda
  A menor precio.

_(Al entrarse Otaviano, va á herirle Heródes; cae el retrato en medio
de los dos, y se queda clavado en él el puñal.)_

OTAVIAN.

  _(Volviendo.)_  ¿Qué es esto?

TETRARC.

  Desesperada impaciencia,
  Que ha de costarme el decirla
  Aun mucho más que el hacerla.

OTAVIAN.

  ¡Tú con el desnudo acero,
  Cuando yo la espalda vuelta,
  Y entre tu acero y mi espalda
  Esta hermosa imágen puesta!
  ¡Turbado tú, yo seguro,
  Y ella herida! ¡Tú con muestras
  De venganzas, yo de agravios,
  Y ella de piedades! ¡Muerta
  Tú la accion, yo vivo al riesgo,
  Y ella ofendida! Vive ella
  (Que como á deidad que adoro,
  Bien puedo este obsequio hacerla),
  Que este sacrílego acero,
  Ya que horrores representa,
  El instrumento ha de ser,
  Pues lo fué de tu violencia,

_(Quita el puñal del retrato.)_

  De tu castigo: vea el mundo
  Que el que me agravia, me venga.
  ¡Hola!


ESCENA V.

EL CAPITAN, SOLDADOS.--OTAVIANO, EL TETRARCA.

CAPITAN.

         Señor.

OTAVIAN.

                A la torre,
  Donde su hermano se encierra,
  Llevad tambien al Tetrarca,
  Donde sólo un criado tenga
  De los que le hayan seguido.

TETRARC.

  Cuando mi sepulcro sea,
  La vida debo á un puñal,
  Yo le pagaré con ella.

OTAVIAN.

  Y yo la vida á un retrato;
  Y pues que de otra manera
  No puedo, con adorarle
  Tambien pagaré mi deuda. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Prision en una torre de Ménfis._


ESCENA VI.

DOS SOLDADOS, Y POLIDORO, _paseándose_.

SOLD. 1.º

  Grande es tu melancolía.

POLIDOR.

  ¿Melancolía decís,
  Bergantonazo? Mentís.

SOLD. 1.º

  Pues ¿qué es eso?

POLIDOR.

                    Hipocondría;
  Que un príncipe como yo
  No habia de adolecer
  Vulgarmente, ni tener
  Mal que tiene un sastre.

SOLD. 1.º

                           No
  Te enojes de eso.

POLIDOR.

                    Sí quiero,
  Que estar triste solamente,
  No es achaque competente
  De un príncipe prisionero:
  Y más si se considera
  La grande superchería
  Con que de noche y de dia
  Me tratan.

SOLD. 2.º

             ¿De qué manera?

POLIDOR.

  ¿De qué manera, picaño?
  ¿Qué príncipe se perdiera,
  Donde una infanta no hubiera
  Que condolida á su daño
  Con músicas le avisara
  Desde el cubo del terrero,
  Y á pagar de su dinero
  Las guardas le sobornara,
  Para que una noche oscura,
  En dos caballos los dos,
  Por parque, á la paz de Dios
  Se fuesen á su ventura?

SOLD. 2.º

  Si estuviera por acá
  (_Ap._ Así saber algo trato)
  La dama de aquel retrato.
  Quizá ella...

POLIDOR.

                Claro está
  Que mirara por su honor;
  Y caso que allá estuviera
  Preso un infante, y no hubiera
  Tenídole mucho amor;
  Las desdichas acabadas
  De esta mi prision cruel,
  Por no haberse ido con él
  La matara yo á patadas,
  Segun la adoro; y sospecho
  Que si donde estoy supiera,
  Estrafalaria viniera
  Por mí.

SOLD. 2.º

          Lo medio está hecho,
  Porque yo compadecido
  Aderezo te traeré
  De escribir. _(Vase.)_

SOLD. 1.º

               Yo un propio haré,
  Al punto que haya sabido
  Dónde se ha de encaminar
  La carta.

POLIDOR.

            ¿Qué dices?

SOLD. 1.º

                        Digo
  Lo que por tí á hacer me obligo.

POLIDOR.

  Mil abrazos te he de dar
  Miéntras, habiendo avisado
  Y librádome mi dama,
  Te hago el hombre de más fama.

SOLD. 1.º

  No es aquese mi cuidado;
  (_Ap._ Que más que espero de tí,
  De Otaviano espero, pues
  Con eso sabrá quién es
  Dueño del retrato.) _(Sale el Soldado 2.º)_

SOLD. 2.º

                      Aquí
  Hay ya de escribir recado.

POLIDOR.

  ¿Con su tinta y pluma?

SOLD. 2.º

                         En él
  Se dice todo.

POLIDOR.

                ¿Hay papel?

SOLD. 2.º

  Tambien.

POLIDOR.

           ¿Batido y cortado?

SOLD. 2.º

  No, pero el que bastará.

POLIDOR.

  ¿Polvos?

SOLD. 2.º

           Polvos hay.

POLIDOR.

                       ¿Oblea,
  Lacre y sello?

SOLD. 2.º

                 Sí.

POLIDOR.

                     Pues ea,
  Llegadme el bufete acá. _(Llégansele.)_
  La silla. _(La llegan.)_

SOLD. 2.º

            Ya está llegada.

POLIDOR.

  ¿Papel, tinta y pluma aquí
  No hay? ¿Polvos y sello?

LOS DOS.

                           Sí.

POLIDOR.

  Pues áun no tenemos nada.

SOLD. 1.º

  ¿Qué falta que prevenir?

POLIDOR.

  Lo mejor.

SOLD. 2.º

            Sepa qué fué,
  Volando por ello iré.

POLIDOR.

  El que yo no sé escribir.

SOLD. 1.º

  ¿Ahora sale con eso
  El tonto...

SOLD. 2.º

              El loco...

SOLD. 1.º

                         El menguado?

_(Maltrátanle y échanle á rodar la capa y el sombrero.)_

POLIDOR.

  ¿Quién vió príncipe aporreado?


ESCENA VII.

EL TETRARCA, EL CAPITAN.--POLIDORO, LOS DOS SOLDADOS.

CAPITAN.

  Esta es la torre en que preso
  Aristóbolo está: en ella
  Dejarte el César mandó.

SOLD. 2.º

  _(Aparte á su compañero.)_
  Gente en la prision entró.

SOLD. 1.º

  No vean que le atropella
  Nuestro enojo; que han mandado
  Con respeto le tratemos.

SOLD. 2.º

  Que le servimos mostremos.

_(Vuelven á poner á Polidoro la capa y el sombrero, fingiendo que le
sirven.)_

CAPITAN.

  ¿Cómo tu Alteza ha pasado
  La noche?

POLIDOR.

            Mal, y peor
  La mañana; que á porrazos
  Aquestos picaronazos
  Me han muerto. _(Da tras ellos.)_

CAPITAN.

                 Tente, señor;
  ¿Qué haces?

POLIDOR.

              Reñir, vive Apolo,
  A manera de valiente
  Al uso, que habla si hay gente,
  Y calla cuando está solo.

CAPITAN.

  Advierte que á estar contigo
  Viene el Tetrarca tu hermano.

POLIDOR.

  ¿El Te... qué?

CAPITAN.

                 El Tetrarca.

POLIDOR.

  _(Ap.)_                     En vano
  Es ya excusarse el castigo De
  haber tal engaño hecho.

CAPITAN.

  _(A Heródes.)_ Llegad: bien podeis llegar
  Con Aristóbolo á hablar.

_(Adelántase Heródes.)_

TETRARC.

  (_Ap._ ¡Qué miro! Mas sospecho
  Que hay algun secreto aquí,
  Pues con su nombre no ignoro
  Que esté preso Polidoro
  Para grande fin; y así,
  Disimular me conviene.)
  Dáme en mis últimos plazos,
  Aristóbolo, los brazos...

POLIDOR.

  _(Ap.)_ Borracho el Tetrarca viene:
  ¡Aristóbolo me llama!

TETRARC.

  Ya que en mis penas el cielo
  No me deja otro consuelo
  Que ver mentida la fama
  Que de tu muerte corrió.

POLIDOR.

  _(Ap.)_ ¡Vive Dios, que insiste en ello!
  ¿Qué fuera que sin sabello[13]
  Fuese Aristóbolo yo?

  [13] _Seroit-ce bien moi qui me tromperois, et serois-je devenu
  médecin sans m’en etre apperçu?_ (¿Si seré yo médico, y no habré
  reparado en ello?) Muchos años ántes que Molière escribiera este
  chiste, corria ya impreso en España el de Calderon, que hoy
  apénas es conocido, cuando todos repiten el del escritor frances.

CAPITAN.

  _(Ap. á los soldados.)_ Dejarlos solos es bien,
  Que hablen los dos, pues es llano
  Que á algun efecto Otaviano
  Quiso que juntos estén.

_(Vanse el Capitan y soldados.)_


ESCENA VIII.

EL TETRARCA, POLIDORO.

TETRARC.

  ¿Estamos ya solos?

POLIDOR.

                     Sí.

TETRARC.

  ¿Qué es aquesto, Polidoro?

POLIDOR.

  Un fingimiento que lloro.

TETRARC.

  ¿De qué suerte?

POLIDOR.

                  Escucha.

TETRARC.

                           Dí.

POLIDOR.

  Porque este traje lucido
  Me dió mi amo, es lo primero;
  Que parece caballero
  Un pícaro bien vestido.
  Lo segundo, porque el dia
  Que el César triunfante entró,
  Y á Antonio y Cleopatra halló
  En su fatal bobería,
  Prisioneros nos hicieron,
  Y como iba galan yo,
  Con la caja en que guardó
  Cartas y joyas, creyeron
  Que era Aristóbolo. Él
  El engaño prosiguió,
  Con que él me Aristoboló,
  Y yo le Polidoré.
  Qué fué dél, no sé; que están
  Mis ánsias con luz tan ciega,
  Sin ver si vienen ni van,
  En un callejon Noruega,
  Aprendiendo á gavilan.

TETRARC.

  Ya que de aqueso informado
  Estoy, á un lado te aparta:
  Que tengo que hablar conmigo.

POLIDOR.

  Esa es la dicha más rara
  De un buen hablador, hallarse
  Con quien no le diga nada,
  Y le oiga cuánto él diga. _(Vase.)_


ESCENA IX.

EL TETRARCA.

  Ya que solo me veo, salgan
  En lágrimas y suspiros,
  Sin estruendo de palabras,
  A los labios y á los ojos
  Tan cautelosas mis ánsias,
  Que saliendo de ella, áun no
  Las eche ménos el alma.
  ¿Qué es esto, cielos, qué es esto,
  ¡Ay de mí! que por mí pasa?
  Que bien será menester
  Que vuestra autoridad valga
  Mi crédito, porque es tal
  El tropel de mis desgracias,
  Que áun pasando á la experiencia,
  Se me queda en la ignorancia.
  Dejo aparte que del sacro
  Laurel pierda la esperanza;
  Dejo haberme convencido
  De mis designios mis cartas;
  Dejo el castigo forzoso
  De accion tan desesperada
  Como que á morir matando
  Me despeñase mi saña;
  Pues la desesperacion,
  Designios y ambicion paran
  Solo en pensar que ya tengo
  El cuchillo á la garganta;
  Y voy á que otro dolor
  Es tal, que el morir no basta
  Para acabar con él, puesto
  Que en mi frase se adelanta
  De _á la garganta el cuchillo_;
  Pues dirá desde hoy mi patria
  Que, _el cuchillo al corazon_,
  Murió su infeliz Tetrarca.
  Al corazon dije, y dije
  Bien; que él es á quien traspasa
  Ver en poder de Otaviano
  A Marïene retratada,
  Y en dos partes, como quien
  Dice que la luna clara
  De un espejo, si está entera,
  Hace un rostro, y si quebrada,
  Dos; mostrando que en abusos
  De supersticiones várias,
  El espejo que se quiebra
  Siempre agüeros amenaza;
  Y es el mayor haber visto
  A Mariene con dos caras.
  Bien discurro yo que en una
  Hermosura soberana,
  Por soberana hermosura
  Solamente la retratan,
  Sin más intencion que el serlo,
  O la excelencia ó la gala
  Del artífice; bien creo
  Que al verla, el no recatarla
  De mí, es ignorar quién sea;
  Que ser mi esposa y mostrarla
  Era cosa muy indigna
  Para hecha cara á cara,
  Cuando no por mí, por ella;
  Pero todo esto no salva
  El que no tenga interior
  Afecto ¡ay de mí! de amarla
  Quien no contento con una
  En la mano, otra en la sala,
  Jura por ella el haber
  De tomar de mí venganza.
  Y pasando á que el puñal
  En su pecho... _(Tocan cajas dentro.)_
                 ¿Mas qué cajas
  A marchar tocan? ¿Habrá
  Quien en esta triste estancia
  Me diga qué marcha es esta?


ESCENA X.

FILIPO.--EL TETRARCA.

FILIPO.

  Sí.

TETRARC.

      ¿Quién?

FILIPO.

              Yo, á quien adelanta
  Su lealtad á ser, señor,
  El criado que se manda
  Que sólo te asista.

TETRARC.

                      ¡Oh, cuánto
  El ser tú quien me acompaña,
  Estimo!

FILIPO.

          No es leal el que
  No lo es hasta las aras;
  Y así, aqueste breve tiempo
  Que le queda á tu esperanza
  De vida (pues se presume
  Que ántes que de Egipto salga
  Otaviano, su rigor
  En tí ejecute), mis canas,
  Mi amor, mi fe, mi alma y vida
  Vienen á ver qué me encargas.

TETRARC.

  ¿Tan breve y tan cierta es
  Mi muerte?

FILIPO.

             El que su jornada
  Apresure, lo adivina.

TETRARC.

  ¿Cómo?

FILIPO.

         Como hace la marcha
  Á Jerusalen, por si hay,
  Muerto tú, novedad.

TETRARC.

                      Calla,
  Filipo, no me lo digas;
  Que tú eres el que me matas
  Antes que él.

FILIPO.

                ¿Yo, señor?

TETRARC.

                            Sí,
  Pues tú el morir me adelantas.
  ¡Á Jerusalen el César,
  Donde (¡los cielos me valgan!)
  Halle á Marïene viva,
  Quien la idolatró pintada!
  ¡Él victorioso, yo muerto,
  Y ella querida! ¿Qué aguarda
  Mi desesperado amor?

_(Quiere quitar la espada á Filipo.)_

FILIPO.

  ¿Qué haces?

TETRARC.

              Quitarte la espada
  Para arrojarme sobre ella;
  Que más valor y más causa
  Tengo yo que Antonio.

FILIPO.

                        Mira...

TETRARC.

  Sí haré, si me das palabra
  De hacer por mí una fineza.

FILIPO.

  No habrá cosa que no haga
  Yo por tí.

TETRARC.

             ¿Si es prodigiosa?

FILIPO.

  Ningun prodigio me espanta.

TETRARC.

  ¿Si es terrible?

FILIPO.

                   Que lo sea.

TETRARC.

  ¿Cruel?

FILIPO.

          ¿Qué importa?

TETRARC.

                        ¿Temeraria?

FILIPO.

  Valor tengo para todo.

TETRARC.

  ¿Fiera?

FILIPO.

          Nada me acobarda.

TETRARC.

  ¿Y si es bárbara?

FILIPO.

                    Tampoco.

TETRARC.

  Pues escucha. Pero aguarda,
  Que es tal la resolucion,
  Que para representarla
  A los teatros del mundo,
  Como al fin trágica farsa,
  Pues hay recado, quiero ántes,
  Con escribirla ensayarla.

_(Pónese á escribir.)_

FILIPO.

  _(Ap.)_ ¿Qué será resolucion,
  Que con prevenciones tantas
  Piensa? Apénas dos renglones
  Escribe y cierra la carta,
  Cuando á mí vuelve.

TETRARC.

                      Oye agora.

FILIPO.

  Sí haré con vida y con alma.

TETRARC.

  Si todas cuantas desdichas,
  Si todas cuantas desgracias
  Ha inventado la fortuna,
  Deidad de los hombres vária,
  Se perdieran, todas juntas
  Hoy en mí solo se hallaran;
  Que soy epílogo y cifra
  De las miserias humanas.
  Yo que ayer de Marïene
  Esposo y galan, con raras
  Muestras de amor coroné
  De victorias mi esperanza;
  Hoy lloro agravios, sospechas,
  Temores, desconfianzas
  Y... celos iba á decir;
  Pero imaginarlos basta.
  Yo que ayer de Palestina
  Gobernador y monarca,
  No cupe ambicioso en cuanto
  El sol dora, y el mar baña;
  Hoy pobre, triste y rendido,
  Entre dos fuertes murallas
  Aprisionándome el vuelo,
  Tengo abatidas las alas.
  Yo que del laurel sagrado
  Ayer pretendí las ramas
  Siempre verdes, á pesar
  De los rayos que las guardan;
  Hoy, segur suya mi acero,
  Veo que sus pompas tala,
  Solamente por llegar
  Embotado á mi garganta.
  ¡Pluguiera al hado! ¡pluguiera
  Al cielo que aquí pararan
  Sus presagios, y que en mí
  Se desmintiera la ingrata
  Indignacion de un destino!
  Pues muriendo yo á la saña
  Del temple infausto, pudiera
  Persuadir á la ignorancia,
  Que ya de lo que más quise
  Ejecutó la amenaza.
  Mas ¡ay triste! ¡ay infelice!
  Que no soy yo á quien más ama
  Mi misma vida, supuesto
  Que tambien ella tirana
  Me aborrece por ser mia;
  Y no con morir acaban
  Mis desdichas, que inmortales
  Mas allá de morir pasan.
  Otaviano... Al pronunciarlo,
  Valor y aliento me faltan.
  Otaviano adora... ¿Cómo
  Lo diré sin que me añada
  Dolor á dolor?--Adora
  A Marïene; pintada
  Dos veces la ví, y dos veces
  A él gentil, pues idolatra
  Una vez á un sol sin luz,
  Y otra á una deidad sin alma.
  ¡Mal haya el hombre infeliz,
  Otra y mil veces mal haya
  El hombre que con mujer
  Hermosa en extremo casa!
  Que no ha de tener la propia
  De nada opinion; pues basta
  Ser perfecta un poco en todo,
  Pero con extremo en nada;
  Que es armiño la hermosura
  Que siempre á riesgo se guarda:
  Si no se defiende, muere;
  Si se defiende, se mancha.
  No pues mi ambicion, Filipo,
  No mi atrevida arrogancia,
  No el ser parcial con Antonio,
  No mi poder, no mis armas,
  Me aflige, me desespera,
  Me precipita y me arrastra;
  Sino el ser de Marïene
  Esposo. ¡Oh caigan, oh caigan
  Sobre mi mares y montes!
  Aunque si de ofensas tantas
  El peso no me derriba,
  No me rinde, no me agrava,
  El de los montes y mares
  No me agobiará la espalda.
  Y así, viendo cuánto á instantes
  Mi vida cuenta la parca,
  Y cuánto á brazo partido
  En esta lóbrega estancia
  Luchando estoy de mi muerte
  Con las sombras y fantasmas;
  Viendo, en fin, que apénas hoy
  En una pública plaza
  Seré horror de la fortuna,
  Seré del amor venganza,
  Cuando él sea ¡ay infeliz!
  (Pues á Jerusalen marcha,
  Donde es fuerza que la vea)
  En tálamos de oro y grana,
  Heredero de mis dichas,
  Dueño de mis esperanzas;
  Muero de agravios y celos
  Que matan, porque no matan.
  Dirásme que ¿qué me importa,
  Pues con la vida se acaban
  Las desdichas? ¡Ay Filipo,
  Cuánto esa opinion engaña!
  Que amor en el alma vive,
  Y si ella á otra vida pasa,
  No muere el amor, sin duda,
  Puesto que no muere el alma.
  El ¿no nace de una estrella,
  Ya propicia ó ya contraria?
  ¿Pues cómo faltará amor,
  Miéntras la estrella no falta?
  ¿Quieres ver cuál es la mia?
  Pues si pudiera apagarla
  Hoy con el último aliento
  Lo hiciera, porque faltara
  Del cielo, y otro ninguno
  En su gracia ó su desgracia
  No naciera como yo,
  Porque como yo no amara.
  Y en fin, ¿para qué discurre
  Mi voz? ¿para qué se cansa?
  Otra pena, otro dolor,
  Otro tormento, otra ánsia
  En el corazon no llevo,
  Sino sólo ver que aguarda
  Marïene á ser empleo
  De otro amor, de otra esperanza.
  Sea barbaridad, sea
  Locura, sea inconstancia,
  Sea desesperacion,
  Sea frenesí, sea rabia,
  Sea ira, sea letargo,
  O cuanto despues mis ánsias
  Quisieren; que todo quiero
  Que sea, pues todo es nada,
  Como no sean mis celos;
  Y así, pues que la palabra
  Me has dado de obedecerme,
  Haz lo que mi amor te encarga.
  Vuelve á Jerusalen, vuelve
  A la esfera soberana
  Del mejor sol de Judea;
  Y en diciéndote la fama
  Que he muerto, en el mismo instante
  Con mortal eclipse apaga
  A la tierra el mejor rayo,
  Al cielo la mejor llama,
  Al campo la mejor flor,
  La mejor estrella al alba.
  Tolomeo, que quedó
  Por capitan de mis guardas,
  Y siempre á Mariene asiste
  Sin poder seguirme, á causa
  De quedar convaleciente
  De aquella herida pasada,
  Dará la ocasion, á cuyo
  Fin, para él es esta carta: _(Dásela.)_
  Dél te fía, pues no dudo,
  Previstas las circunstancias
  De un veneno ó de un dogal,
  Que él te guarde las espaldas.
  Muera yo, y muera sabiendo
  Que Mariene soberana
  Muere conmigo, y que á un tiempo
  Mi vida y la suya acaban;
  Pero no sepa que yo
  Soy el que morir la manda:
  No me aborrezca el instante
  Que pida al cielo venganza.
  No te acobarde lo horrible
  De una historia tan extraña;
  Que cuando murmuren unos
  Que hubo quien dejó por manda
  Un homicidio, creyendo
  Que así sus penas engaña,
  Que así sus quejas desmiente,
  Que así desdice sus ánsias,
  Y que así enmienda sus celos,
  Otros habrá que le aplaudan;
  Pues no hay amante ó marido
  (Salgan todos á esta causa)
  Que no quisiera ver ántes
  Muerta, que ajena su dama.

FILIPO.

  Bien quisiera responderte;
  Mas no es posible, que baja
  Mucha gente á la prision.

TETRARC.

  Por si vienen por mí, salga
  Mi valor á recibirlos.
  Tú, cobrando la ventaja
  Que puedas, parte, Filipo,
  Al instante.

FILIPO.

               Señor...

TETRARC.

                        Calla,
  Que sé que tienes razon;
  Pero no puedo escucharla.

FILIPO.

  Ni yo decirla, que llega
  Ya la gente.

TETRARC.

               Esferas altas,
  Cielo, sol, luna y estrellas,
  Nubes, granizos y escarchas,
  ¿No hay un rayo para un triste?
  Pues si ahora no los gastas,
  ¿Para cuándo, para cuándo
  Son, Júpiter, tus venganzas? _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Playa de Jaffa._


ESCENA XI.

ARISTÓBOLO, MARIENE, LIBIA, DAMAS Y SOLDADOS JUDÍOS.

_(Tocan cajas.)_

ARISTÓB.

  Dáme otra vez los brazos,
  Porque coronen tan hermosos lazos
  Hoy la esperanza mia.

MARIENE.

  Mi vida, hermano, á tu valor se fía:
  Publiquen, pues, tus glorias,
  Que victorias de amor son mis victorias.

ARISTÓB.

  Ya que por la lealtad de Polidoro
  (Como te dije) con mi nombre preso,
  De un infeliz á otro infeliz suceso,
  Pude llegar donde tu luz adoro,
  Y donde á tu obediencia y tu decoro
  Atenta dignamente
  Nuestra nacion, de su alistada gente
  General me ha nombrado,
  Cumpliré la palabra que te he dado
  De morir animoso,
  O traerte libre á tu adorado esposo.

MARIENE.

  ¡Oh, cúmplamela el cielo!
  Y pues el campo de cristal y hielo
  De aquí á Egipto es tan breve
  Por ese pasadizo que de nieve,
  O se encrespa ó se eriza,
  Cuando el copete de su frente riza,
  Presto la nueva espero
  De que mi amor desempeñó tu acero.

ARISTÓB.

  Si tu amor va conmigo,
  Fácil empresa, fácil triunfo sigo.

_(Vuelven á tocar cajas.)_


ESCENA XII.

TOLOMEO.--DICHOS.

TOLOM.

  Ya el campo cristalino
  Tanto pez de madera, ave de lino,
  Admite en sus esferas,
  Que parecen las ondas lisonjeras,
  Ocupando horizontes,
  Una vaga república de montes.
  Y pues noble no queda,
  Que excusarse á tan alta faccion pueda,
  Que me des te suplico
  Licencia...

MARIENE.

              Antes de oirla, la replico.
  Capitan de mis guardas te ha dejado
  Mi esposo; su palacio te ha fiado.
  No es asistirme á mí ménos ufana
  Faccion que esotra.

ARISTÓB.

                      Dice bien mi hermana;
  Y pues el cargo, que os quedeis abona,
  Mirad que me mireis por su persona.

TOLOM.

  Obedecerte espero.

MARIENE.

  Y yo veros partir á todos quiero,
  Porque os den para iros,
  Agua mis ojos, viento mis suspiros.

_(Vuelven á tocar la caja, y vanse Mariene, Aristóbolo, las damas y los
soldados.)_


ESCENA XIII.

TOLOMEO, LIBIA.

LIBIA.

  Permita la ocasion á mi deseo
  El que de tu salud ¡oh Tolomeo!
  El parabien te dé; si bien pudiera
  Dármele á mí mejor de que no hubiera
  Marïene admitido
  La fineza de ir; que hubiera sido
  Doblada la dolencia
  Consolar un dolor con una ausencia.

TOLOM.

  Agradezca, señora,
  El favor toda una alma que te adora;
  Y pues como á milagro
  Suyo, mi vida á tu deidad consagro,
  Crê que el morir sentia,
  No, Libia hermosa, no porque moria,
  Sino porque sin verte,
  Pagaba con dos vidas una muerte.

LIBIA.

  Responderte quisiera;
  Mas la Reina, que ocupa la ribera,
  Me echará ménos: sólo te prevengo
  Que ya falseada para vernos tengo
  Del jardin esta llave.

TOLOM.

  Si ser amor ladron de casa sabe,
  Dáme la llave ahora,
  Y apénas desdoblar verás, señora,
  La falda que arrugó la noche fria,
  Sobre la hermosa variedad del dia,
  Cuando entre en el jardin, y sean sus flores
  Los testigos no más de tus favores,
  Siendo sus pompas bellas,
  Si flores para tí, para mí estrellas.

LIBIA.

  Toma, y advierte no entres (que quejosa
  De tí Sirene, y de mi amor celosa
  Anda) hasta... Mas no puedo
  Proseguir: adios, pues.

TOLOM.

                          Confuso quedo.
  Oye, espera.

LIBIA.

               No faltes desta parte;
  Que yo, si puedo, volveré á informarte.

_(Vase.)_


ESCENA XIV.

TOLOMEO, _y despues_, FILIPO.

TOLOM.

  Aunque en la paz me quedo,
  Temer más guerra en mis sentidos puedo
  Que tienen mar y tierra,
  Pues incluyen más guerra
  Que tierra y mar el ánsia y el cuidado
  Del que aquí aborrecido y allí amado,
  Lidia con su deseo,
  Siendo Sirene y Libia...

FILIPO.

  _(Dentro.)_              Tolomeo.

TOLOM.

  ¡Cielos! ¿Llamáronme?

FILIPO.

                        Sí.

TOLOM.

  ¿Quién?

_(Sale Filipo con una banda en el rostro.)_

FILIPO.

          Un hombre que ha llegado
  En un barco que ha volado
  Desde el mar de Egipto aquí,
  Y que sin ser conocido
  De otro (á cuyo fin cubierto
  El rostro, ha tomado puerto
  En sitio más escondido),
  A solas tiene que hablaros.
  Seguidme.

TOLOM.

            ¿No me direis
  Quién sois?

FILIPO.

              Despues lo sabreis.

TOLOM.

  (_Ap._ ¿Quién vió sucesos más raros?)
  Guiad, pues.

FILIPO.

               Sí haré, que ninguno
  Me ha de ver hablar con vos. _(Vanse.)_

_Otro punto de la costa, más retirado._


ESCENA XV.

TOLOMEO, FILIPO.

TOLOM.

  Ya estamos solos los dos,
  Y el sitio es tan oportuno
  Que es apartado lugar.

FILIPO.

  Pues leed ese papel;
  Que en viendo lo que hay en él,
  Tenemos mucho que hablar.

TOLOM.

  Cada punto, cada instante
  Añadís al corazon
  Otra nueva confusion.

FILIPO.

  Aun más quedan adelante.
  Lêd, que más duda os espera
  Por piadoso ó por cruel.

TOLOM.

  Del Tetrarca es el papel,
  Y dice... _(Lee para sí.)_

FILIPO.

  _(Ap.)_   Desta manera,
  Descubriendo su intencion,
  Lo que hay en él he de ver,
  Para ver qué debo hacer.

TOLOM.

  Notable es mi confusion.
  _(Lee.)_ «A mi servicio conviene,
  »A mi honor y á mi respeto,
  »Que muerto yo, con secreto
  »Deis la muerte á Marïene.»
  Hombre, que de asombros lleno
  Traes en carta tan sucinta,
  Del rejalgar de su tinta,
  Conficionado el veneno;
  Si conjuracion ha sido
  La desta temeridad,
  Y á examinar mi lealtad
  De parte suya has venido;
  No sólo en lo que contiene
  Mi honor convendrá[14]; mas piensa
  Que he de morir en defensa
  De mi reina Marïene.
  Y pues traidor, vive Dios,
  Eres (que no te encubrieras
  El rostro, si noble fueras),
  Y estamos solos los dos,
  Te tengo de hacer pedazos
  Entre mis brazos.

  [14] Si el verbo _contiene_ hace relacion, como parece, á la
  carta, falta una negacion para que diga Filipo: _No solo no
  convendrá mi honor en lo que contiene_, en lo que me previene,
  _esa carta, sino que moriré en defensa de la Reina_.

FILIPO.

                    No harás,
  Que yo no esperaba más
  Para darte mil abrazos. _(Descúbrese.)_

TOLOM.

  ¡Filipo! (¡qué es lo que veo!)
  ¡Tú sospechoso! (¡qué miro!)
  Ya con más causa me admiro,
  Con más razon no lo creo.

FILIPO.

  El Tetrarca para tí
  Con esta carta me envía;
  Que de los dos solos fía
  La accion que contiene en sí.
  Muerto él, nos manda que muera
  Marïene; pero ya
  Que de tu valor está
  Vista la fe verdadera,
  Quédese el caso encubierto;
  Que si él vive, estarlo es bien,
  Y si acaso muere, ¿quién
  Ha de obedecer á un muerto?

TOLOM.

  Dices bien; pero aun es mucha
  Mi duda: sepa qué es esto.
  ¿Quién en tal furor le ha puesto?

FILIPO.

  Si quieres saberlo, escucha.
  Otaviano enamorado
  De un retrato que...

TOLOM.

                       Detente,
  Que por aquí viene gente.

FILIPO.

  A los dos nos ha importado
  Que no me vean, y así,
  Por desmentir la sospecha,
  Quédate á hacer la deshecha,
  Y vénte despues tras mí;
  Que en ese monte te espero,
  Y mil prodigios sabrás. _(Vase.)_


ESCENA XVI.

TOLOMEO.

  ¿Qué tengo que saber más,
  Si ya de lo que sé muero?
  Mariene era, ya torció
  A los jardines el paso;
  Y yo suspenso del caso
  Que me ha sucedido, no
  Sé de una accion tan cruel
  Cuántas cosas anticipo.
  Vuelvo á seguir á Filipo,
  Volviendo á lêr el papel.


ESCENA XVII.

SIRENE.--TOLOMEO.

SIRENE.

  Decidme si por aquí
  Ha pasado Marïene;
  Que en su seguimiento... Pero
  Si hubiera visto quién eres,
  Ni áun esto te preguntara,
  Por no hablarte, por no verte.

TOLOM.

  Espera, Sirene, aguarda.

SIRENE.

  ¿Para qué, tirano aleve,
  Ingrato, falso, inconstante?

TOLOM.

  Para que sepas, Sirene,
  Que los hombres como yo,
  Con principales mujeres
  Bien pueden no ser amantes,
  Pero no el no ser corteses.
  Yo, por soldado, no tuve
  Inclinacion...

SIRENE.

                 Cese, cese
  Tu voz, que áun satisfacciones
  De tí no quiero.


ESCENA XVIII.

LIBIA, _que se queda retirada, escuchando á_ TOLOMEO Y SIRENE.

LIBIA.

  _(Ap.)_          ¡Valedme,
  Cielos! ¡Qué escucho! Mas ¿cómo
  Lo dudo? pues claramente
  Dice que la satisface
  La que dice que no quiere
  Oir satisfacciones.

TOLOM.

                      Ya
  Que aquesta ocasion ofrece
  El acaso de encontrarme,
  Por mí mismo has de oirme: atiende.

SIRENE.

  No haré tal; que cortesana
  Yo tambien, no quiero hacerte
  El pesar de que no leas
  El papel que te divierte
  Tan á solas; y así es bien
  (Porque él sea el que me vengue,
  Mostrando cuán poco ó nada
  Mis vanidades lo sienten)
  Que pues leyéndole te hallo,
  Que leyéndole te deje. _(Vase.)_


ESCENA XIX.

TOLOMEO, LIBIA.

LIBIA.

  _(Ap.)_ ¿Qué papel, cielos, será
  El que la venga y la ofende?

TOLOM.

  Haces bien, pues, aunque vuelva
  A lêrle una y muchas veces,
  Una y muchas volveré
  A dudar lo que contiene.

LIBIA.

  _(Ap.)_ Mi sufrimiento ¿qué aguarda?

TOLOM.

  _(Lee.)_ «A mi servicio conviene...»

LIBIA.

  _(Adelantándose y asiendo á Tolomeo el papel.)_
  Suelta, ingrato.

TOLOM.

                   ¿Qué es aquesto?

LIBIA.

  Saber qué papel es este.

TOLOM.

  Pues no lo has de saber, Libia.

LIBIA.

  ¿Cómo no?

TOLOM.

            Si es que merece
  Algo contigo mi honor,
  Si me estimas, si me quieres,
  Débate yo la fineza
  De no verle.

LIBIA.

               ¿Qué es no verle?
  Si lo que á decirte vuelvo
  Es que en el jardin no entres,
  De cuya puerta la llave
  Mi amor te entregó imprudente,
  Hasta que una seña mia
  Te asegure de Sirene,
  Porque quejosa de tí,
  Y de mí celosa, suele
  Estar en él á deshoras;
  ¿Cómo, dí, ingrato, pretendes,
  Hallándote con la misma
  De quien recatarte debes,
  Dándola satisfaciones,
  Y diciéndola que aqueste
  Papel la venga de tí,
  Que sin mirarle le deje?

TOLOM.

  Aunque tienes razon, Libia,
  Vive Dios, que no la tienes.
  El papel ni á ella ni á tí
  Toca, y en fin no has de verle.

LIBIA.

  He de verle.

TOLOM.

               Mira...

LIBIA.

                       Aparta.

TOLOM.

  Considera...

LIBIA.

               Quita.

TOLOM.

                      Advierte,
  No desatento...

LIBIA.

                  ¿Tú?

TOLOM.

                       Sí.

LIBIA.

  ¿De qué suerte?

TOLOM.

                  Desta suerte.

LIBIA.

  ¿Tú conmigo tan grosero?

TOLOM.

  ¿Tú conmigo tan aleve?

LOS DOS.

  Suelta el papel.

_(Parten entre los dos el papel.)_


ESCENA XX.

MARIENE, TOLOMEO, LIBIA.

MARIENE.

                   ¿Qué papel?

TOLOM.

  _(Ap.)_ ¡Grave mal!

LIBIA.

  _(Ap.)_             ¡Desdicha fuerte!

TOLOM.

  ¿Qué pudiste engendrar, Libia,
  Sino áspides y serpientes?

LIBIA.

  ¿Qué más áspides que celos?

MARIENE.

  ¿Pues qué atrevimiento es este?
  ¿Así mi esplendor se agravia?
  ¿Así mi sombra se ofende?
  ¿Mi decoro se aventura,
  Y mi respeto se pierde?
  ¿En mi casa, y á mis ojos,
  Vuestras acciones se atreven
  A profanar un palacio,
  Templo de honor tal, que á verle
  El sol no entrara, á no entrar
  Con disculpa de que viene
  A darle la luz; que el sol
  Aun no entrara de otra suerte?
  Dáme esa parte tú, y tú
  Esotra: de ellas conviene
  Informar á mi recato.

TOLOM.

  Que es una víbora advierte,
  Que dividida en mitades,
  Con cualquier extremo muerde.

MARIENE.

  Véte tú, Libia, de aquí.

LIBIA.

  _(Ap.)_ Piedad es el que me ausente,
  Por no verla tan airada. _(Vase.)_


ESCENA XXI.

MARIENE, TOLOMEO.

MARIENE.

  Tú tambien, ¿qué aguardas? Véte.

TOLOM.

  Si por ventura han podido
  Mis servicios merecerte
  Sola una merced que sea
  Capaz de muchas mercedes,
  Rompe ese papel, y no
  Le leas, señora: atiende
  Que cuanto por verle ahora,
  Darás despues por no verle.

MARIENE.

  ¿Qué deseo de mujer
  Se rindió al inconveniente?

TOLOM.

  El que advertido de mí
  Sepa que, á fin diferente
  De que llegase á tus manos,
  Está inficionado ese
  Papel de un mortal veneno,
  Tan rigoroso y tan fuerte,
  Que matará á quien le mire,
  Que es la causa porque el lêrle
  A Libia le defendia,
  Viendo que entre estos laureles
  Era ella quien le habia hallado,
  No siendo ella á quien previene
  Matar mi fe en tu servicio;
  Que hay en él algun aleve,
  Con quien se escribe Otaviano.
  Y así, que de tí le eches,
  Con lágrimas á tus piés,
  Te suplico humildemente.

MARIENE.

  Quien advierte de un peligro
  Nunca suplicando advierte,
  Porque el beneficio manda,
  Y no ruega: luego mientes;
  Que si estos extremos haces
  Cuando me acuerdas los bienes,
  ¿Qué dejas que hacer, qué dejas
  Cuando los males acuerdes?
  Letra del Tetrarca es,
  Con que ya se desvanece
  El que fuese tuyo, y ya,
  Que viva ó muera, he de lêrle.

TOLOM.

  ¡Ay infelice de tí!

MARIENE.

  Dice á partes desta suerte:
  _Muerte_ es la primer razon
  Que he hallado: _honor_ contiene
  Esta. _Marïene_ aquí
  Se escribe. ¡Cielos, valedme!
  Que dice mucho en tres voces
  _Marïene, honor y muerte_.
  _Secreto_ aquí, aquí _respeto_,
  _Servicio_ aquí, aquí _conviene_,
  Y aquí, _muerto yo_, prosigue.
  Mas ¿qué dudo? ya me advierten
  Los dobleces del papel
  Adonde están los dobleces,
  Llamándose unos á otros.
  Sé, oh prado, lámina verde,
  En que ajustándolos lea.

_(Pone los pedazos en el suelo, y júntalos.)_

  _(Lee.)_ _A mi servicio conviene,_
  _A mi honor y á mi respeto,_
  _Que muerto yo_, ¡hados crueles!
  _Deis_... ¡con qué temor respiro!
  _Deis la muerte á Marïene._
  Bien dijiste que era fiero
  Tósigo y veneno fuerte,
  Puesto que si no me mata,
  Por lo ménos lo pretende.--
  ¿Quién este papel te dió?

TOLOM.

  Filipo, que con él viene
  De Egipto. Pero, señora,
  Estar satisfecha puedes
  De su lealtad y la mia,
  Pues los dos...

MARIENE.

                  Otra vez mientes;
  Que ni él ni tú sois leales.
  Pues cobardes, pues aleves,
  O viva ó muera, no sois,
  Como debeis, obedientes
  Al precepto de mi esposo.
  ¿Quién más es cómplice en este
  Secreto?

TOLOM.

           Nadie, señora.

MARIENE.

  Pues mira lo que te advierte
  Mi voz, que ninguno sepa,
  Ni áun Filipo, que á entenderle
  Llegué yo.

TOLOM.

             Un mármol seré. _(Vase.)_


ESCENA XXII.

MARIENE.

  ¡Oh infeliz una y mil veces
  La que se ve aborrecida
  De la cosa que más quiere!
  ¿En qué, amado esposo mio,
  En qué mi vida te ofende,
  Que te pesa de que viva
  La que de adorarte muere?
  Cuando yo tu libertad
  Trato, y á imperios de nieve
  Doy, Semíramis de ondas,
  Babilonias de bajeles;
  Cuando en mi imaginacion,
  Despues que vives ausente,
  Adorando estoy tu sombra,
  Y á mis ojos aparente,
  Por burlar mi fantasía,
  Abracé el aire mil veces;
  ¿Tú en una obscura prision,
  Funesto mísero albergue,
  En vez de abrazar mi imágen,
  Estás trazando mi muerte?
  O te quiero ó no. Si no
  Te quiero, ¿no es más decente
  A un noble, que de mujer
  Que le olvida no se acuerde?
  Y si te quiero, ¿por qué,
  Despues de muerto, pretendes
  Que muera? ¿No sabré yo,
  Sin mandarlo, obedecerte?
  Luego olvidando ¡ay de mí!
  O queriendo, de una suerte
  Ofendes tu vanidad,
  O mi gratitud ofendes.
  Si del mundo el mayor monstruo
  Me está amenazando en ese
  Encuadernado volúmen,
  Mentira azul de las gentes,
  Y tú me matas, será
  Bien decirse de tí que eres
  El mayor monstruo del mundo.
  ¡Mas ay! que en llegando á este
  Término, no se qué nuevo
  Espíritu me enfurece;
  Y pues me tocan al alma
  Afectos tan diferentes
  De los mios, ¡plegue al cielo,
  Fementido esposo aleve,
  Que el socorro que te envío
  Nunca á tomar puerto llegue!
  Entre las Sirtes y Scilas
  De Egipto á pique le echen
  Los zozobrados embates,
  Los contrastados vaivenes
  De las ráfagas de Eolo,
  O los sepulcros de Tétis.
  No sólo en tu libertad
  Milite, pero de suerte
  Irrite á Otaviano, que
  Apresurando tu... ¡Tente,
  Lengua! no su muerte digas;
  Basta que él diga mi muerte;
  Que una cosa es ser quien soy,
  Y otra ofenderme él. ¡Oh plegue
  Al cielo que victoriosa
  Tan en su favor navegue
  La armada de tu socorro,
  Que sobre el puerto de Ménfis
  En tan grande estrecho ponga
  La confusion de sus gentes,
  Que temerosa de que
  Las mias sus muros entren
  A sangre y fuego, á partido
  Reducidas, me lo entreguen
  Vivo, para que á mis brazos...!
  Pero ¿qué digo? Suspende,
  Lengua, otra vez el acento,
  Si no es que decir intentes:
  «A mis brazos, para que
  Vengativa é impaciente
  En ellos le haga pedazos.»
  --¡Ay de mí! ¡qué fácilmente
  De un extremo á otro se pasan
  En afectos de mujeres
  Las lástimas á ser iras,
  Y los favores desdenes!
  De mujeres dije; pero
  Dije mal, que excluirse deben
  Las mujeres como yo
  De lo comun de las leyes.
  Y pues piadosas en una
  Parte y en otra crueles
  Mis ánsias lidian, en tanto
  Tropel como me acomete
  De divididos afectos,
  De encontrados pareceres
  Y opuestas obligaciones;
  ¡Déme el cielo industria, déme
  Medio el hado, para que
  Tanto unas como otras temple,
  Que como esposa ofendida,
  Y como reina prudente,
  Cumpla con el mando, y cumpla
  Conmigo, cuando á ver lleguen
  Cielo, sol, luna y estrellas,
  Astros y signos celestes,
  Montes, mares, troncos, plantas,
  Hombres, fieras, aves, peces,
  Que como reina perdone,
  Y como mujer me vengue!



JORNADA TERCERA.


ESCENA PRIMERA.

JUDÍOS, MÚSICOS, _y luego_ MARIENE, SOLDADOS ROMANOS, EL CAPITAN, Y
OTAVIANO.

JUDÍOS.

  _(Dentro.)_ Viva Otaviano.

MÚSICOS.

  _(Dentro.)_                _Viva._

JUDÍOS.

  _(Dentro.)_ Y en los campos de Oriente...

MÚSICOS.

  _(Dentro.)_ _Y en los campos de Oriente..._

JUDÍOS.

  _(Dentro.)_ Ciñan su augusta frente...

MÚSICOS.

  _(Dentro.)_ _Ciñan su augusta frente..._

JUDÍOS.

  Sacro el laurel, pacífica la oliva.

_(Tocan cajas destempladas.)_

MARIENE.

  _(Dentro.)_ La aclamacion festiva
  Convertida en lamento
  De mísero concento,
  Diga en mi pena fiera
  Que muera yo donde mi esposo muera.

SOLDS.

  _(Dentro.)_ A tierra, á tierra.

_(Salva y chirimías dentro.)_

CAPITAN.

  _(Dentro.)_                     Marche,
  Inspirado el clarin, herido el parche,
  A la ciudad en órden nuestra gente.

_(Salen Otaviano, el Capitan y soldados romanos.)_

OTAVIAN.

  Salve, tú, oh gran metrópoli de Oriente,
  Jerusalen divina.
  Salve, oh tú, emperatriz de Palestina
  Y del Asia señora,
  Que en el rosado imperio del aurora,
  Con luciente voz muda
  El sol en su primera edad saluda.
  Salve otra vez, y admite
  Tu César, cuyo nombre, que compite
  Al tiempo y al olvido,
  Dos veces al laurel restituido,
  Pisa tu arena: una
  En favor del poder y la fortuna;
  Y otra, por más blasones,
  A pesar de traidoras sediciones;
  Pues cuando presumias
  Que del romano yugo sacudias
  La cerviz con haber hoy enviado
  A Aristóbolo tanto leño alado
  A librar tu Tetrarca,
  Yo como en fin caudillo de la parca,
  Habiéndole encontrado en el camino,
  Y á fuerza del destino
  Dejádole su armada
  En las costas de Jafa derrotada,
  Llego á tí, donde intento
  Que el primer escarmiento
  Que tu muralla vea,
  De tu Tetrarca la cabeza sea;
  A cuyo fin, por más infeliz suerte,
  Su muerte dilaté, porque su muerte
  Le dé terror más fiero,
  Y más al filo de este infausto acero[15],
  Desagraviando de camino aquella
  Que ofendió, soberana deidad bella.
  De ese, pues, bajel donde
  Más le sepulta el buque que le esconde,
  A tierra le sacad con el criado,
  Que tambien, por haberme á mí engañado,
  Y que él era Aristóbolo fingido,
  Ha de morir. ¿Mas qué confuso ruido

_(Vanse los soldados, y suenan á un lado cajas y á otro música.)_

  De músicas en una
  Parte se escucha? ¿Quién (en otra alguna
  Sedicion) cajas toca destempladas,
  Repitiendo encontradas,
  Allí con voz altiva...?

  [15] El puñal de Heródes, que trae ceñido.

JUDÍOS Y
MÚSICOS.

  _(Dentro.)_ _Viva Otaviano, viva._

OTAVIAN.

  Y allí con voz severa...

MARIENE.

  _(Dentro.)_ Y muera yo donde mi esposo muera.

CAPITAN.

  De la ciudad abiertas
  A tu salva, señor, miro dos puertas
  Que de aquí se divisan,
  Y várias de un extremo en otro avisan;
  Que por una de hombres el festivo
  Vulgo, aclamando tu renombre altivo,
  A recibirte sale;
  Y porque el llanto al regocijo iguale,
  Por otra, negros lutos arrastrando,
  Y haciendo las mujeres nuevo bando,
  Salen tambien diciendo,
  En ambos coros uno y otro estruendo...

JUDÍOS Y
MÚSICOS.

  _Viva Otaviano, viva_;
  _Y en los campos de Oriente_
  _Ciñan su augusta frente_
  _Sacro el laurel, pacífica la oliva._

MARIENE.

  _(Dentro.)_ La aclamacion festiva,
  Convertida en lamento
  De mísero concento,
  Diga de otra manera,
  Que muera yo donde mi esposo muera.


ESCENA II.

  _Salen, por un lado_, FILIPO, _con una fuente y en ella unas
  llaves, y_ TOLOMEO _con otra, y en ella un laurel; y por el lado
  opuesto_, MARIENE Y DAMAS, _vestidas de luto, con un velo en el
  rostro_; JUDÍOS, MÚSICOS.--DICHOS.

TOLOM.

  Pues la ciudad no tiene
  Más medio, aunque lo sienta Marïene,
  Fuerza es rendirnos. Llega,
  Y tú las llaves y el laurel entrega.

FILIPO.

  _(A Otaviano.)_

  En albricias del fin de penas tantas,
  Jerusalen, señor, hoy á tus plantas
  Sus llaves rinde...

TOLOM.

                      Y su laurel y oliva...

LOS DOS.

  Diciendo á voces...

TODOS.

                      Otaviano viva.

MARIENE.

  A tus piés infelice
  Llega tambien quien afligida dice,
  Bien que en cláusula ménos lisonjera,
  Que muera yo donde mi esposo muera.

OTAVIAN.

  En extremos tan raros,
  Que agradeceros tengo y que estimaros
  A vosotros;--mas no que agradeceros

_(A Mariene.)_

  Ni estimaros á vos, llegando á veros
  Con señas tan funestas,
  De mis aplausos perturbar las fiestas.--
  Marche el campo.

_(Vuelve la espalda, y ella le detiene.)_

MARIENE.

                   Primero
  Me has de escuchar.

OTAVIAN.

                      Si enternecer no espero
  Mis iras, ¿para qué con ellas luchas?

MARIENE.

  ¿Para qué tú gobiernas si no escuchas?

OTAVIAN.

  Dices bien, oirte quiero; mas no ignoro
  Que tampoco es respeto ni decoro
  Que tapada escucharte haya, sin verte.

MARIENE.

  Tambien tú dices bien: ahora advierte.

_(Quítase el velo.)_

OTAVIAN.

  _(Ap.)_ ¡Cielos! ¿qué es lo que veo?
  ¿De cuándo acá tomó cuerpo el deseo?

MARIENE.

  _(Ap.)_ ¡Cielos! ¿qué es lo que miro?
  Todo el aliento al corazon retiro
  Al verme en su presencia descubierta.

OTAVIAN.

  _(Ap.)_ ¿No es esta la beldad que adoré muerta?

MARIENE.

  _(Ap.)_ Suspensa al verle quedo.

OTAVIAN.

  _(Ap.)_ Al mirarla, ni crêr ni dudar puedo.

TOLOM.

  _(Ap.)_ ¿Qué extremo es este? ¡Ay infeliz! sin duda
  Viene á que el César á vengarla acuda
  De aquel rigor. ¿No basta, pena mia,
  Presa á Libia tener desde aquel dia,
  Sino querer ahora
  Descubrir el secreto?

FILIPO.

  _(Ap.)_                 Pues ignora
  A qué fué mi venida,
  No hay que temer, segura está mi vida.

MARIENE.

  _(Ap.)_ Mal cobarde me aliento.

OTAVIAN.

  _(Ap.)_ Mal osado me animo.

MARIENE

  _(Ap.)_ Mas ¿por qué me reprimo?

OTAVIAN.

  (_Ap._ ¿Pero por qué lo que he de estimar siento?)
  Mujer, ¿qué quieres?

MARIENE.

  Que me estés atento.

OTAVIAN.

  ¿Qué aguardas pues?

MARIENE.

                     Escucha.
  (_Ap._ Mucha es mi turbacion.)

OTAVIAN.

  _(Ap.)_ Mi pena es mucha,
  Pues la muerta ceniza es viva llama.

MARIENE.

  Inclito César, cuya heroica fama...


ESCENA III.

SOLDADOS _que traen al_ TETRARCA Y Á POLIDORO.--DICHOS.

UN SOLD.

  Con el criado aquí el Tetrarca viene.

TETRARC.

  _(Ap á Polidoro.)_
  ¡Qué miro! ¿con el César Marïene?
  ¿Pues no bastaba ¡cielos!
  Ir á morir, sino á morir de celos?

POLIDOR.

  ¿Qué son celos? ¡pluguiera
  A Baco, para mí celos hubiera,
  Y no hubiera un garrote
  Que anda desde la nuez hasta el cogote,
  Ya haciéndome cosquillas!

OTAVIAN.

                            Su castigo
  Diré despues: prosigue.

MARIENE.

                          Ya prosigo.
  Inclito César cuya heroica fama
  Al alcázar se eleva de la luna,
  Cuando con labios de metal te aclama
  Su Júpiter, y dios de la fortuna:
  Si cuando él á relámpagos se inflama,
  El íris le serena, en mi importuna
  Suerte que eres mi Júpiter se vea,
  Y el íris de mi paz tu laurel sea.
  Y pues tu nombre en láminas se escribe,
  Que el tiempo que más vuela, que más corre,
  Ni con las torpes alas le derribe,
  Ni con las plantas trágicas le borre;
  Vive piadoso, generoso vive.
  Y del sol coronada la alta torre
  Que al águila de Roma le dió nido,
  Verás triunfar del tiempo y del olvido.
  Yo soy la desdichada Marïene...
  Dijera bien la desdichada esposa
  De ese, contra quien ya tu ceño tiene
  Blandida la cuchilla rigorosa.
  Si una línea de púrpura detiene
  Del más noble animal la más furiosa
  Accion, deten tú el paso á tus enojos,
  Pues son líneas de púrpura mis ojos.
  Mas ¡ay! que en vano á tus piedades pido
  La vida que has de darme generoso;
  Que eres Rey, y has de ser compadecido;
  Que eres valiente, y has de ser piadoso;
  Que eres noble, has de ser agradecido;
  Que eres tú, y has de ser tan victorioso
  Que conozcas que alcanza ménos gloria
  El que con sangre mancha la victoria.
  No pues el que te espera heróico asiento
  Construyas en cadalso duro y fuerte,
  No el triunfal carro en triste monumento,
  No el fausto en ceremonias de la muerte,
  No la música en mísero lamento,
  No la felicidad en triste suerte,
  La gala en luto, en pena la alegría.
  No eches á mal tan venturoso dia.
  Entra triunfando, pero no venciendo,
  Entra venciendo, pero no vengando;
  Que más aplausos has de ganar, entiendo,
  Perdonando, señor, que castigando:
  Halle piedad la que lloró pidiendo,
  Halle piedad la que pidió llorando;
  Y pues son dos, siquiera una reciba,
  O que yo muera, ó que mi esposo viva.

TETRARC.

  _(Ap.)_ ¿Quién de dos muertes sitiada
  Vió su vida tan á un tiempo,
  Que negada ó concedida,
  De cualquiera suerte muero?

POLIDOR.

  _(Ap.)_ ¡Hay tal infamia! ¡que llore
  Por su marido, pudiendo
  Llorar por mí, que á estas horas
  Más de sentenciado tengo
  La cara que él!

OTAVIAN.

  (_Ap._          Bien se deja
  Ver que Aristóbolo al trueco
  Del criado, y ver que estaba
  En el retrato suspenso,
  Fingiendo ser muerta, quiso
  Desvanecer mis afectos.
  Por mí, por ella y por él
  Importa que satisfecho
  Viva, pues ha de vivir.
  ¿Adónde hallará el ingenio
  Disculpas para un marido
  Que es plática de tal riesgo,
  Que áun satisfaciendo agravia?
  Mas no hablando con él, puedo
  Darle á él la satisfaccion.)
  Alzad, señora, del suelo.
  Una vida me pedís,
  Y aunque es verdad que lo siento,
  Enmiende el pesar de oiros
  El gusto de obedeceros.
  Mas no me lo agradezcais;
  Que si una vida os ofrezco,
  Es porque os debo una vida,
  Sin saber á quién la debo.
  Vuestro hermano, entre otras joyas,
  Perdió este retrato vuestro,
  Y sin saber cúyo fuese
  (De que hago testigo al cielo,
  Y á cuantos dioses adoro),
  Sólo por ser tan perfecto,
  Mandé á un pintor que me hiciese
  Dél una imágen de Vénus.
  Esta pues, constituida
  Ya una vez en deidad, viendo
  Un peligro en que me hallaba
  (Decir cuál fuese no quiero,
  Porque olvidaré el perdon
  Si del delito me acuerdo),
  Dél me libró; de manera,
  Que aunque Vénus fuese el dueño
  Del acaso, fuisteis vos
  Del acaso el instrumento;
  Y así en términos pagando
  El haberos interpuesto
  Entre otro acero y mi vida,
  He de hacer con vos lo mesmo,
  Hoy que os advierto interpuesta
  Entre otra vida y mi acero.
  Viva vuestro esposo, y no
  Solamente viva, pero
  A su honor restituido;
  Y por no dejar á riesgo
  Vuestros ojos de que lloren
  Otra vez, ni oiros ni veros
  En mi vida... (_Ap._ La voz miente,
  No el alma.) perdon concedo
  A vuestro hermano, y á cuantos
  En este levantamiento
  Cómplices fueron; y en fin,
  Porque ni al llanto ni al ruego
  Quede nada que pedirme,
  Aun vuestro retrato os vuelvo;
  Que no es decoro ser mio,
  El dia que sé que es vuestro.
  Tomad, pues. _(Dásele.)_

MARIENE.

               Vivas los siglos
  Del Fénix.

TETRARC.

             Y tan eternos
  Como deseará esta vida,
  Que ya como tuya ofrezco,
  Porque el ser dádiva tuya
  Le crezca el merecimiento
  A Marïene.

MARIENE.

             ¡Felice,
  Dulce esposo, amado dueño,
  El dia que vuelvo á verte
  En mis brazos! Quien en ellos...
  (_Ap._ Mas no, que el de mi decoro
  No es el de mi sentimiento.)

TETRARC.

  _(Ap.)_ ¡Qué dichosos desengaños!
  Haber sabido, el primero,
  El acaso del retrato,
  Y el segundo hallar secreto
  Aquel rigor que fié
  De Filipo y Tolomeo.

TOLOM.

  _(Ap.)_ Ya ¿qué tengo que temer?
  Pues anda tan fina, es cierto
  Que tener quiere su enojo
  En la cárcel del silencio.
  ¡Y luégo dirán que no hay
  Mujer que guarde secreto!
  Así me sucedan bien
  Los medios que tengo puestos
  En la libertad de Libia,
  De que avisada la tengo
  Con el mismo que esta noche
  Ha de abrir el aposento
  Para que pueda librarla.

OTAVIAN.

  Mi tienda armad; que no quiero
  Entrar en Jerusalen
  Hasta que el recibimiento
  De imperial triunfo aperciba.
  (_Ap._ Hermoso prodigio bello,
  ¿Qué me sirve haberte hallado,
  Si cuando te hallo te pierdo?)

MARIENE.

  Hasta dejarle en su tienda,
  Vamos todos.

TETRARC.

               Yo el primero,
  Como el más interesado,
  Seré quien vaya diciendo:
  ¡Viva Otaviano!

TODOS.

  _(Música.)_       _Viva,_
  _Y en los campos de Oriente
  Ciñan su augusta frente_
  _Sacro el laurel, pacífica la oliva._
  _¡Viva Otaviano, viva!_

_(Vanse todos, menos Polidoro y unos soldados.)_


ESCENA IV.

POLIDORO, SOLDADOS.

SOLD. 1.º

  ¿Por qué vos, pues perdonado
  Estais, en su seguimiento
  No vais, dándole con todos
  Las gracias?

POLIDOR.

               Porque no quiero;
  Que tan gran superchería
  Como conmigo se ha hecho,
  No se hiciera, vive Apolo,
  No digo yo con un negro,
  Pero ni con un capon,
  Que áun es muchísimo ménos,
  Cuanto va desde ser hombre,
  A sólo empezar á serlo.

SOLD. 1.º

  ¿Qué superchería?

POLIDOR.

                    ¿No fuisteis
  Vos quien me dijo, viniendo,
  Que venía á ser ahorcado?

SOLD. 1.º

  Yo lo dije.

POLIDOR.

              ¿Pues qué es ello?
  ¿Es bien hacerme caer
  En falta con todo un pueblo,
  Que estaba ya convidado?
  ¿Es juego de niños esto?
  --Venga usted á ser ahorcado.
  --Vaya usted, que ya está absuelto.--
  ¿Qué ha de decirse de mí,
  Sino que soy un grosero,
  Y no valgo cuatro cuartos
  Para ahorcado? Y fuera desto,
  ¿Qué ahorcado no es como un pino
  De oro, en el comun lamento
  De las viejas que le lloran?
  ¿Está por ventura el tiempo
  Para no ser pino de oro,
  Siquiera por un momento?
  La costa que tenía hecha,
  De más de cuatro mil gestos,
  Para escoger los que habia
  De ir por el camino haciendo,
  ¿Qué he de hacer della? Y despues,
  ¿Qué dirán de mí los ciegos,
  Que la jácara tendrán
  Escrita ya de mis hechos?
  Ello, he de morir ahorcado;
  Que mi honra es lo primero:
  Y así, ustedes no se cansen,
  Que aunque les pese, he de hacerlo.
  Pues luégo ¡es bobo el delito,
  Sino oir al pregonero:
  «Esta es la justicia, á este hombre
  Por príncipe contrahecho!»

SOLD. 1.º

  Ande el menguado.

SOLD. 2.º

                    Este es loco.

POLIDOR.

  Hablemos bien, caballeros;
  Que no es loco ni menguado
  Quien tiene mi entendimiento.

SOLD. 1.º

  Dejarle para quien es.

POLIDOR.

  Han de ahorcarme, ó sobre eso
  Me mataré con mi padre,
  Con mi tio y con mi abuelo:
  Y para satisfacer
  Hoy á todo el universo
  De que no queda por mí,
  A voces iré diciendo:
  «Esta es la justicia, á este hombre
  Por príncipe contrahecho.»

SOLD. 1.º

  Pues por vida...

POLIDOR.

                   ¿Qué me jura?


ESCENA V.

ARISTÓBOLO.--DICHOS.

ARISTÓB.

  Polidoro, pues ¿qué es esto?

SOLD. 2.º

  No es nada.

POLIDOR.

              No sino mucho.

ARISTÓB.

  ¿Qué es, dí?

POLIDOR.

               Un atrevimiento,
  Y un desacato muy grande,
  Que aquí contigo se ha hecho;
  Pues siendo yo tu persona
  Ahorcarme quisieron éstos,
  Y no pudo ser á mí
  Cuando yo no era yo mesmo,
  Porque hacía tu papel.

ARISTÓB.

  Pues si conmigo es el duelo,
  Satisfecho le perdono,
  Porque no te quejes dellos.
  ¿Dónde está el Emperador?

SOLD. 1.º

  En su tienda.

ARISTÓB.

                Pues yo quiero
  Irle á agradecer la vida
  A la piedad de su pecho.

POLIDOR.

  Yo sabré de aquí adelante
  El papel que represento. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Aposento retirado en el palacio de Heródes, en Jerusalen._


ESCENA VI.

EL TETRARCA, MARIENE, ACOMPAÑAMIENTO.

TETRARC.

  Despues de darme la vida,
  Que yo tan á costa compro
  De los agravios que callo,
  De las desdichas que lloro,
  Torciendo las blancas manos,
  Humedeciendo los ojos,
  Turbada la voz del pecho,
  Pálido el color del rostro,
  Hasta el palacio has llegado,
  Y en él á lo más remoto
  De sus cuartos. Pues ¿qué es esto?
  Mira que es afecto impropio
  Del beneficio cobrarle
  Tan presto: no rigoroso
  Tu pecho aquel bruto sea,
  Que viendo el veloz arroyo
  De una fuente inficionado
  Del áspid, noble y piadoso
  La enturbia porque no beba
  El caminante, que absorto
  De ver enturbiar la plata,
  Que le brindó con sonoro
  Acento á beber cristal
  En penada copa de oro,
  Maldice al bruto, ignorando
  El favor: yo así dudoso,
  No agradeceré la vida,
  Si con agravios la logro;
  Que es turbar los beneficios
  Embozarlos con enojos.

MARIENE.

  Ya hemos llegado hasta el cuarto
  Prevenido. Salíos todos.

_(Vase el acompañamiento.)_

  Tú tenme abierta esa puerta,
  En tanto que yo dispongo
  Cerrar esotra.

TETRARC.

  _(Ap.)_          ¿Fortuna,
  Qué es esto?

MARIENE.

               Ya estamos solos.

TETRARC.

  ¿Qué miras?

MARIENE.

              Miro el puñal,
  Que del reloj presuroso
  De mi vida fué el volante.

TETRARC.

  En un peligro notorio
  De mi vida, le perdí.

MARIENE.

  Pues escucha.

TETRARC.

                Ya te oigo.

MARIENE.

  Bien pensarás, oh cobarde
  Amante, oh tirano esposo,
  Aleve, cruel, sangriento,
  Bárbaro, atrevido y loco,
  Bien pensarás que pedir
  A aquel monarca famoso,
  A aquel valiente romano,
  A aquel capitan heróico,
  Cuya vida el ave sea
  Que en sagrado mauseolo
  Nace, vive, dura y muere,
  Hijo y padre de sí propio,
  La tuya, comprada á precio
  De suspiros y sollozos,
  Ha sido piedad y amor
  De mi pecho generoso;
  Pues no ha sido, no, piedad,
  Ni amor, afecto rabioso
  Y venganza sí, porque
  No hay otro estilo, no hay otro
  Camino de castigar
  Un ingrato pecho, como
  Pagarle con beneficios,
  Cuando ofende con enojos;
  Que merced hecha á un ingrato,
  Más que merced es oprobio.
  No pues por librarte, no,
  Del veneno riguroso
  Turbé el cristal, aprendiendo
  Piedades del unicornio;
  Antes, para que le bebas,
  Te le enturbié con embozos;
  Y al reves de la piedad
  De aquel animal piadoso
  Procedí, pues él cubrió
  El beneficio de polvo,
  Y yo de halagos la ofensa:
  ¡Mira lo que hay de uno á otro,
  Que él desdora las piedades,
  Y yo las crueldades doro!
  No me diera, no, venganza
  Verte morir, cuando noto
  Que es la muerte en los afanes
  Ultima línea de todos;
  Verte vivir, sí, ofendido,
  Aborrecido y quejoso;
  Porque en el mundo no hay
  Castigo más riguroso
  Para un ingrato, que verse
  Olvidado de lo propio
  Que se vió amado: el que llega
  Á esto, ¿cómo vive? ¿cómo?
  Fuera desto, por mí misma,
  Por mi honor, por mi decoro,
  Pedí tu vida, encubriendo
  Las causas con que me enojo,
  Que saben todos quién soy,
  Y quién eres uno solo;
  Y no por ganar con uno,
  Habia de perder con todos.
  Tu vida pedí en efecto,
  Porque sepas que no ignoro
  Que has vivido en esta ausencia
  De mi muerte cuidadoso.
  Este papel, esta firma
  Te convenza. ¡Con qué asombro
  Le miras, quedando viva
  Estatua de nieve y plomo!
  En mi mano está: no tienes
  Que examinar estudioso
  Cómo vino á ella, porque
  La tierra, viendo el adorno
  Y la hermosura que debe
  A ese cristalino globo,
  Que parte la luna á giros,
  Que el sol ilumina á tornos,
  Le ofreció de no encubrirle
  Nada en su centro más hondo;
  Que áun los cielos, con ser cielos,
  Dan las mercedes á logro.
  ¿Tú eres (¡aquí de mi aliento!)
  Tú (desmayo al primer soplo,
  Con mis lágrimas me anego,
  Con mis suspiros me ahogo)
  De Jerusalen Tetrarca?
  ¿Tú eres rama de aquel tronco?
  ¡Qué bien dice aquel que dice
  Que eres bajo y afrentoso
  Idumeo, cuya cuna
  Bárbara es! ¿Qué más apoyo
  Desta opinion, que tus celos,
  Infames como alevosos?
  ¿Qué fiera la más cruel,
  Qué bruto el más riguroso,
  Qué pájaro el más aleve,
  Qué bárbaro el mas ignoto
  Mató muriendo? pues ántes
  De hombres, fieras y aves oigo
  Que mueren dando la vida.
  Dígalo en bramidos roncos
  La víbora, que mordiendo
  Sus entrañas, poco á poco
  Se despedaza, sacando
  Muchas vidas de un aborto.
  Dígalo el ave que muestra
  El pecho en mil partes roto,
  Y por dar la vida, muere
  Desangrada entre sus pollos.
  Dígalo el bárbaro, pues
  Que al peligro más notorio
  Expuesto el pecho, á su espalda
  Pone á su esposa, y piadoso
  Es escudo de su vida
  Contra la pluma y el plomo.
  Mas tú, más que todos fiero;
  Mas tú, más bruto que todos;
  Mas tú, más bárbaro, en fin,
  No solo apénas, no solo
  Favoreces lo que amas;
  Pero avaro de los gozos,
  Aun muriendo no los dejas:
  Bien como el que codicioso
  Amante de sus riquezas,
  Porque no las goce otro,
  Manda que despues de muerto
  Le entierren con su tesoro.
  Supongo que fué fineza
  Este decreto, supongo
  Que fué con celos; que nada
  Quiero dejar en tu abono:
  ¿Quién muriendo, pues, previno
  Avariento ó cauteloso,
  Llevar desde aqueste mundo
  Prevenciones para el otro?
  Si es nuestra vida una flor
  Sujeta al más fácil soplo
  De los alientos del austro,
  De los suspiros del noto,
  Que en espirando ella, espira
  Todo cuanto vemos, todo
  Cuanto gozamos; ¿qué error
  Dispuso que tú celoso
  Prevengas para el sepulcro
  Las riquezas y los gozos?
  ¿Qué hazaña de amor es esta?
  Y pues examino y toco
  Que podrá vivir mi pecho
  Más seguro y más dichoso
  Aborrecido que amado,
  Desde aquí á mi cargo tomo
  El hacer que me aborrezcas;
  Que aunque pudiera con otro
  Medio huir de tí, y vivir
  En el clima más remoto
  (Donde el sol avaramente
  Dispensa sus rayos rojos,
  Ú donde pródigo abrasa
  Menudas arenas de oro)
  Más feliz sin tí y conmigo,
  No he de dar con tal divorcio
  Que decir al mundo, y esto
  Se quedará entre nosotros.
  En tu vida, ni en mi vida
  Me has de mirar sin enojos,
  Me has de hablar sin sentimientos,
  Me has de escuchar sin oprobios,
  Ver sin suspiro los labios,
  Ver sin lágrimas los ojos;
  Y este obscuro velo puesto
  Siempre delante del rostro,
  Estorbará el que te vea,
  Siendo mis reales adornos
  Eternamente este luto;
  Y en aquese cuarto solo
  Viviré con mis mujeres
  Guardando viudez en todo.
  Y nunca me entres en él,
  Que por los dioses que adoro,
  Que de la más alta almena
  Me arroje al sepulcro undoso
  Del mar, donde infelizmente
  Me oculte en su centro hondo.
  Y no me sigas, porque
  Te miro con tanto asombro,
  Con tanto temor te hablo,
  Con tanto pavor te oigo,
  Que pienso que ya se cumple
  De aquel judiciario docto
  El hado; pues si él me dijo
  Que tu acero prodigioso,
  Y el mayor monstruo del mundo
  Me amenazan, hoy conozco
  La verdad, pues si entras dentro,
  Huyendo del uno al otro,
  O me ha de matar tu acero,
  O el mar, que es el mayor monstruo.

_(Vase, y cierra la puerta.)_


ESCENA VII.

EL TETRARCA.

  ¡Hasta aquí pudo, hasta aquí
  Llegar un hado cruel!
  El papel mismo, el papel
  Que con Filipo escribí
  A Tolomeo ¡ay de mí!
  ¿Tiene Marïene? ¡fuerte
  Dolor! Y ella ¡injusta suerte!
  De mi rigor ofendida,
  Me ha dilatado la vida,
  Por dilatarme la muerte.
  No me quejo del rigor
  Con que se queja á los cielos:
  Bien lo merecen mis celos,
  Bien lo merecen mi amor.
  Mas quéjome de un traidor
  Tan aleve y tan cruel...
  Mas ¡ay de mí! que no es dél
  La culpa, que sólo es mia,
  Que esto merece quien fía
  Sus secretos de un papel.
  Ni sé qué hacer, ni decir:
  Que entre uno y otro pesar,
  Ya ni me puedo quejar,
  Ni dejarlo de sentir.
  Desenojarla es mentir,
  Porque es mi amor de manera,
  Mi pasion tan dura y fiera,
  Que si en tanta confusion
  Hoy volviera á la prision,
  Hoy al delito volviera.
  Porque ella, al fin, no ha de ser,
  Ni vivo, ni muerto yo,
  De otro nuevo dueño, no;
  Que mi amor se ha de ofender,
  Aunque no lo llegue á ver.
  En parte gusto me ha dado
  El que se haya declarado,
  Pues en esta ocasion ya,
  Sin escándalo estará
  Siempre este cuarto cerrado.
  Cerraréle por de fuera,
  Y yo mismo no entraré
  En él, porque áun yo no sé
  Si á mí otros celos me diera.
  Y sí hiciera, sí, sí hiciera,
  Pues si á mirarme llegara
  En sus brazos, y pensara
  Que era tan dichoso, allí
  Me desconociera á mí,
  Y que era otro imaginara.
  De suerte que mis desvelos,
  Enseñados á desdichas,
  Tuvieran miedo á mis dichas,
  Pues ellas me dieran celos.
  ¿Quién son estos desconsuelos,
  Quién es aqueste rigor,
  Cuya pena, cuyo horror,
  Que no es, discurso prolijo,
  Ni envidia, ni amor, es hijo
  De la envidia y del amor?
  Hecho de heridos despojos,
  Tiene de sirena el canto,
  Y de cocodrilo el llanto,
  De basilisco los ojos,
  Los oidos, para enojos,
  Del áspid: luego bien fundo,
  Siendo monstruo sin segundo
  Esta rabia, esta pasion
  De celos, que celos son
  El mayor monstruo del mundo.


ESCENA VIII.

FILIPO, TOLOMEO.--EL TETRARCA.

FILIPO.

  ¿Cómo te daré, señor,
  El parabien de tu vida?

TETRARC.

  Viendo la tuya rendida
  A manos de mi rigor.

FILIPO.

  ¿En qué te ofendí?

TETRARC.

                     Traidor,
  Poco leal, ménos fiel,
  ¿Qué hiciste, dí, de un papel
  Qué...?

TOLOM.

  _(Ap.)_ Ya mis desdichas creo.

FILIPO.

  ¿No era para Tolomeo?

TETRARC.

  Sí.

FILIPO.

      Pues él te dirá dél.

TOLOM.

  _(Ap.)_ ¡Qué poco duró (¡ay de mí!)
  El secreto en la mujer!

TETRARC.

  Dí tú, traidor.

TOLOM.

  _(Ap.)_         ¿Qué he de hacer?

TETRARC.

  Un papel que te escribí,
  ¿Qué es dél?

TOLOM.

  (_Ap._       La verdad aquí
  Es la disculpa mejor.)
  Una dama...

TETRARC.

              Dí.

TOLOM.

                  Señor,
  A quien sirvo para esposa...

TETRARC.

  Prosigue.

TOLOM.

            De mí celosa
  (Necios delitos de amor),
  Me le quitó de la mano,
  Y ella...

TETRARC.

            No prosigas, no,
  Y castigue ese error yo...

FILIPO.

  Tente, señor.

TETRARC.

                Por mi mano.

TOLOM.

  Ya esperar aquí es en vano.
  La fuga mi vida guarde.

FILIPO.

  Huid, Tolomeo.

TETRARC.

                ¡Ah cobarde!
  Si al mismo cielo te subes,
  Campaña serán las nubes
  Que hagan de mi honor alarde.

_(Huye Tolomeo, y síguele Heródes, á quien procura detener Filipo.)_


       *       *       *       *       *


_Campo, y en él la tienda de Otaviano._


ESCENA IX.

TOLOMEO, _huyendo_, Y FILIPO, _deteniendo al_ TETRARCA.

TOLOM.

  ¿Dónde de tanto rigor
  Estaré seguro? _(Éntrase en la tienda.)_

FILIPO.

                 Advierte
  Que huyendo tu acero fuerte,
  Al campo salió, señor,
  Y ya del Emperador
  Hasta la tienda ha llegado.

TETRARC.

  Pues válgale ese sagrado
  Por ahora; aunque no sé
  Cómo un punto viviré
  Ofendido y no vengado. _(Vanse.)_


ESCENA X.

OTAVIANO Y TOLOMEO, _saliendo de la tienda_.

OTAVIAN.

  Hombre, que turbado y ciego,
  Robado el color, y puesta
  La mano en la espada, osas
  Haber entrado en mi tienda,
  Cuando he mandado que todos
  Solo me dejen en ella
  Con mis pesares: si acaso
  Alguna traicion intentas.
  Buena ocasion has hallado.
  ¿Qué aguardas?

TOLOM.

                 Detente, espera,
  Que es lealtad, y no traicion,
  La que á este trance me fuerza.

OTAVIAN.

  ¿Quién eres?

TOLOM.

               Soy un soldado,
  Hijo infeliz de la guerra,
  Que llegué por mis servicios
  A ser capitan en ella
  De las guardias del Tetrarca,
  Y de Sion en su ausencia
  Gobernador.

OTAVIAN.

              ¿Qué pretendes?

TOLOM.

  No mi vida, aunque pudiera,
  La de Marïene sí,
  Que es mi señora y mi Reina.

OTAVIAN.

  Buenas cartas de favor
  Traes. Dí, y lo que fuere sea.

TOLOM.

  (_Ap._ ¡Oh Libia, cuánto el empeño
  De tu libertad me arriesga,
  Pues por tí de una verdad
  He de hacer una cautela!)
  El Tetrarca enamorado
  Tanto de su esposa bella
  Vivió, que intentó pasar
  A la práctica experiencia,
  De que á amores y privanzas,
  Cuando sus aumentos llegan,
  Es de la felicidad
  Declinacion la tragedia.
  Viendo, pues, que de su muerte
  Pronunciada la sentencia
  Estaba; y viendo que tú,
  Enamorado de verla,
  En dos retratos la amabas
  (Que todo aquesto me cuenta
  Quien trajo una carta), aleve
  Dispuso mandarme en ella
  Que yo, como quien aquí
  La asistia de más cerca,
  La atosigase y matase:
  Cuyos celos de manera,
  Al verla hoy viva y contigo,
  Crecieron con la sospecha
  De que por ella tomaste
  A Jerusalen la vuelta;
  Que en vez de que agradeciese[16]
  El que su vida pidiera
  Con tantas ánsias, llegó[17]
  Con ella á palacio apénas,
  Cuando en un obscuro cuarto
  La encerró, y con saña fiera
  Conmigo embistió á matarme,
  Por no haberla hallado muerta.
  Dél es de quien vengo huyendo
  A darte la infeliz nueva
  De que Marïene está
  Por tí en tanto riesgo puesta,
  Que no tiene de su vida,
  Seguridad; pues es fuerza,
  Quien en ausencia lo manda,
  Que lo ejecute en presencia.
  Pues eres César, señor,
  Y tan generoso César,
  Que para victorias tuyas
  Faltan plumas, faltan lenguas,
  Del poder deste tirano
  La saca, porque te deba
  El sol su mejor aurora,
  La aurora su mejor perla,
  La tierra su mejor sol,
  Y el cielo su...

  [16] Falta algo aquí.

  [17] Falta algo aquí.

OTAVIAN.

                   Cesa, cesa;
  Calla, calla, no prosigas,
  No en la persuasion me ofendas.
  ¡Expuesta Mariene, cielos!
  ¿Y por mi ocasion expuesta
  Á tanto riesgo? ¿Qué aguardo?
  No soy quien soy, si por ella
  No pierdo la vida. Iré
  Donde... (_Ap._ Mas con más prudencia
  Lo he de mirar; que no es bien
  Que la informacion primera
  Me lleve tras sí, y más cuando
  No es cobarde la sospecha
  De todos estos.) Soldado,
  Mira si verdad me cuentas.

TOLOM.

  Tanto, que á la misma torre
  Adonde encerrada, presa
  Y afligida está, señor,
  Te llevaré á que la veas,
  Luego que baje la noche
  De pardas sombras cubierta.

OTAVIAN.

  ¿A la misma torre?

TOLOM.

                     Sí,
  Porque yo tengo...

OTAVIAN.

                     Dí apriesa.

TOLOM.

  (_Ap._ ¡Para qué de cosas sirve
  Hoy mi amor!) Llave maestra
  De sus jardines. Si acaso
  De mi lealtad te recelas,
  Lleva tus guardas contigo
  Y todo el palacio cerca,
  Para que en cualquiera trance,
  Llegando una vez á verla,
  Como he dicho, en su socorro,
  Asegures su defensa.
  (_Ap._ Y yo la vida de Libia,
  Pues que no dudo que puesta
  La ciudad en confusion,
  Podré ir á favorecerla.)

OTAVIAN.

  Tan á los reparos sales,
  Que ya nada dudo; y sea
  En fin lealtad ó traicion,
  Por verte, Mariene bella,
  Iré, y si es á darte vida,
  Quiera amor que lo agradezcas. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Habitacion de Mariene._


ESCENA XI.

MARIENE, SIRENE; DAMAS, _unas con luces, que pondrán en un bufete, y
otras con azafates_.

MARIENE.

  Dejadme morir.

SIRENE.

                 Avierte
  Que esa pena, ese dolor,
  Más que tristeza es furor,
  Y más que furor es muerte.

MARIENE.

  Es tan fuerte
  Mi mal, es tan riguroso,
  Que no me mata de fiel,
  Sin ver él
  Que ser conmigo piadoso,
  No es dejar de ser cruel.

DAMA 1.ª

  Ya que aborreciendo el lecho,
  En el jardin te has estado
  Hasta esta hora, dé el cuidado
  Blandas treguas al despecho.

MARIENE.

  Mal sospecho
  Que pueda el sueño aliviar
  Mi pesar;
  Pero, porque no pagueis
  La culpa que no teneis,
  Empezadme á destocar.

_(Recogen las damas en los azafates los adornos que quita Mariene.)_

SIRENE.

  ¿Quieres, miéntras desafía
  Al sol esplendor tan bello,
  Desobligado el cabello
  De los adornos del dia,
  La voz mia
  Algo te advierta?

MARIENE.

                    No,
  Porque yo
  No quiero que me mejore
  Quien cante, sino quien llore.

SIRENE.

  Filósofo hubo que halló
  Causa en la naturaleza
  Para aumentar la armonía,
  Al alegre la alegría,
  Como al triste la tristeza.

MARIENE.

  Pues empieza,
  Con calidad que el dolor
  Hagas mayor.

SIRENE.

  Con una letra será,
  Que aunque es antigua, podrá
  Conseguir eso mejor.
  _(Canta.)_ _Ven, muerte, tan escondida,_
  _Que no te sienta venir,_
  _Porque el placer del morir_
  _No me vuelva á dar la vida._

MARIENE.

  ¡Bien sentida
  Y declarada pasion!
  ¿Cúyos son
  Esos versos?

SIRENE.

                No lo sé,
  Porque acaso los hallé,
  Estudiando otra cancion.

MARIENE.

  Vuélvelos á repetir,
  Porque yo con ellos pida...

LAS DOS.

  _Ven, muerte, tan escondida_
  _Que no te sienta venir._

MARIENE.

  Mas si á advertir
  Llego mi ansia entretenida,
  El canto impida,
  Que ya no los quiero oir.

LAS DOS.

  _Porque el placer del morir_
  _No me vuelva á dar la vida._


ESCENA XII.

OTAVIANO Y TOLOMEO, _á la puerta, embozados_.--DICHAS.

TOLOM.

  _(Ap. á Otaviano.)_ Pisando las negras sombras
  En el silencio nocturno,
  El jardin has penetrado,
  Al tiempo que al cuarto suyo
  Se iba retirando ella.

OTAVIAN.

  _(Ap. á Tolomeo.)_ Ya tus verdades no dudo,
  Ni su prision, pues tan sola
  Está, y vestida de luto
  Todavía. Tú á la puerta,
  En tanto que me aseguro
  De si es acaso ó malicia.
  Pues ménos ruido hará uno,
  Me espera.

TOLOM.

             Sí haré, teniendo
  La gente que has traido, á punto
  Para cualquier accidente. _(Vase.)_


ESCENA XIII.

DICHOS, _ménos_ TOLOMEO.

OTAVIAN.

  _(Ap.)_ Tanto de verla me turbo,
  Que no sabré discurrir
  Si esto es ya pesar ó gusto.

MARIENE.

  Vuelve, Sirene, pues es
  Tan á mi intento el asunto.--
  Tú, Laura, cierra esas puertas.

SIRENE.

  Obedecerte procuro.
  _(Canta.)_ _Ven, muerte, tan escondida..._

DAMA 1.ª

  Y yo tambien, pues acudo
  A cerrar las puertas.

_(Al ir hácia donde está Otaviano, él la detiene.)_

OTAVIAN.

                        No
  Lo intentes, que es dolor sumo,
  Sin luz y sol quedar ciego
  Dos veces.

DAMA 1.ª

             ¡Qué veo y escucho!
  ¡Ay de mí infeliz!

MARIENE.

                     ¿Qué es eso?

DAMA 1.ª

  El mal embozado bulto
  De un hombre que ha entrado aquí.

MARIENE.

  ¡Hombre aquí!

OTAVIAN.

  _(Ap.)_       Ya hablar no excuso.

MARIENE.

  Dad voces.

SIRENE.

             Yo no podré,
  Que áun cómo respirar dudo.

DAMA 1.ª

  Ni yo, que apénas aliento.

DAMA 2.ª

  Ni yo, que medrosa huyo.

_(Huyen las damas, dejando caer los azafates y adornos.)_


ESCENA XIV.

MARIENE, OTAVIANO.

MARIENE.

  Huya tambien yo.

OTAVIAN.

  _(Desembozándose.)_ Teneos,
  Vos, y reparad el susto;
  Que más que para enojaros,
  Para serviros os busco.

MARIENE.

  ¡Vos, señor! pues... cómo... si...
  Aquí... yo... cuando...

OTAVIAN.

                          Quien pudo
  Antes de veros amaros,
  Despues de veros, mal dudo
  Que dejar de amaros pueda.

MARIENE.

  No son de César Augusto
  Esas razones.

OTAVIAN.

                Sí son,
  Pues más á veros me indujo
  Vuestro daño que mi afecto,
  Vuestro riesgo que mi gusto.
  Yo he sabido que, en poder
  De tirano dueño injusto,
  Estais expuesta al peligro
  De tan sacrílego insulto
  Como que obre por su mano
  Lo que á la ajena dispuso.
  A poner en salvo vengo
  Vuestra vida.

MARIENE.

                El labio mudo
  Quedó al veros, y al oiros
  Su aliento le restituyo,
  Animada para sólo
  Deciros que algun perjuro,
  Aleve y traidor, en tanto
  Malquisto concepto os puso.
  Mi esposo es mi esposo, y cuando
  Me mate algun error suyo,
  No me matará mi error,
  Y lo será si dél huyo.
  Yo estoy segura, y vos mal
  Informado en mis disgustos;
  Y cuando no lo estuviera,
  Matándome un puñal duro,
  Mi error no me diera muerte,
  Sino mi fatal influjo;
  Con que viene á importar ménos
  Morir inocente, juzgo,
  Que vivir culpada á vista
  De las malicias del vulgo.
  Y así si alguna fineza
  He de deberos, presumo
  Que la mayor es volveros.

OTAVIAN.

  Sí haré, si vuestro discurso,
  Como salva mi primero
  Motivo, salva el segundo.
  Un retrato tenía vuestro,
  A cuyo hermoso dibujo,
  Sin saber cúyo era, daba
  Mi humana adoracion culto.
  Por sanear sospechas (ya
  Lo vísteis) sabiendo cúyo
  Fuese, os le dí, y pues sirvió
  Ya en vuestro abono, no dudo
  Que con justicia le pido.

MARIENE.

  No haceis; que tenerle es uno
  Por acaso, y otro es
  Por voluntad; y á este puro
  Fuego abrasará mi mano,

_(Haciendo ademan de acercarla á una de las hachas que alumbran el
cuarto.)_

  Si en ella el menor impulso
  Reconociera de que
  Para volvérosle tuvo.

OTAVIAN.

  No hicierais, porque impidiera
  Yo llegar al ardor suyo,
  Estorbando así la accion.

_(Quiere tomarla la mano, y ella lo resiste.)_

MARIENE.

  Es atrevimiento injusto.

OTAVIAN.

  No es sino justo deseo.

MARIENE.

  Antes á los cielos juro,
  Que con vuestro mismo acero,

_(Quita á Otaviano el puñal que trae, que es el de Herodes.)_

  Que ya en mi mano desnudo
  Está, me atraviese el pecho.

OTAVIAN.

  Ténte, mujer; que confundo
  Mis sentidos al mirar
  No sé qué fatal trasunto,
  Que ví otra vez.

MARIENE.

                   De ese pasmo,
  De ese pavor que en tí infundo,
  El contratiempo gozando,
  Huiré, puesto el iracundo
  Acero al pecho. Mas ¡cielos! _(Conociéndole.)_
  ¿No es el que fiero y sañudo
  Me amenaza? Con más causa
  Ya de dos contrarios huyo.

_(Arroja el puñal, huye, y síguela Otaviano.)_

OTAVIAN.

  Oye, espera. _(Vanse.)_


ESCENA XV.

EL TETRARCA.

               ¿Quién, ladron
  Del mismo tesoro suyo,
  Dentro de su misma casa
  Buscó sus bienes por hurto?
  Hasta ahora la esclava no
  Abrió. ¡Qué triste discurro
  El cuarto á la media luz
  De escaso esplendor nocturno,
  Que allí horrores late, y más
  Si á sus reflejos descubro
  De mujeriles adornos,
  Ajadamente difusos,
  Sembrando el suelo! ¿Qué es esto?
  No me propongas, discurso,
  Que bajel que echa la ropa
  Al mar, padece infortunios;
  Que casa que se despoja
  De las alhajas que tuvo,
  Estragos de fuego corre;
  Pues ni la tormenta dudo
  Ni el incendio ignoro, cuando
  Entre dos aguas fluctúo,
  Entre dos fuegos me hielo,
  Viendo que me embisten juntos,
  Para zozobrar, suspiros,
  Para hacerme llorar, humos.
  Estas arrojadas señas,
  ¿No son de ilustres, de augustos
  Faustos despojos? ¿Aqueste
  No es el fiero puñal duro, _(Levantándolo.)_
  Que registro de los astros
  Es aguja de sus rumbos?
  ¿No es este el que yo á Otaviano
  Dejé? Sí. ¿Pues quién le trujo
  Aquí entre arrastradas pompas?
  Pero ¿para qué lo apuro,
  Si es de los desconfiados
  La imaginacion verdugo?
  ¡Tarde hemos llegado, celos,
  Tarde, tarde! Pues no dudo
  Que quien arrastra despojos,
  Habrá celebrado triunfos.
  Si es dichoso el desdichado,
  Que siéndolo no lo supo;
  ¡Desdichado del dichoso,
  Que ya sin serlo lo tuvo
  Por cierto! Y pues que me ponen
  En mi mano mis influjos,
  A ellos muera, ántes que...


ESCENA XVI.

OTAVIANO, MARIENE.--EL TETRARCA.

OTAVIAN.

  _(Dentro.)_                   Espera,
  Aguarda.

TETRARC.

           Pero ¡Qué escucho!

_(Sale Mariene huyendo, y Otaviano tras ella.)_

MARIENE.

  Será en vano, pues primero
  Que logres... Mas ¡cielos justos!
  ¿Qué es lo que miro?

TETRARC.

                       Turbado
  He quedado.

OTAVIAN.

              Yo confuso.

MARIENE.

  Y yo confusa y turbada,
  Pues entre dos daños, de uno
  Doy en otro, y ya no sé
  Cuál dejo, ni cuál procuro,
  Cuál pierdo, ó cuál solicito,
  Cuál hallo, al fin, ó cuál busco;
  Pues siempre tengo peligro,
  Cuando paro, y cuando huyo.

TETRARC.

  Vista tu fuga, á tu honor
  Este pecho será muro.

OTAVIAN.

  No temas, que de tu vida
  Este pecho será escudo.

TETRARC.

  Cumple, pues, lo que prometes.

OTAVIAN.

  Así verás si lo cumplo.

_(Sacan las espadas.)_

MARIENE.

  ¡Ay de mí! Para salir
  De tan justo ó tan injusto
  Duelo, estas luces apague. _(Apaga las luces.)_

TETRARC.

  ¿Adónde, César perjuro,
  Te escondes?

OTAVIAN.

               Yo no me escondo.

TETRARC.

  No te encuentro, aunque te busco.

MARIENE.

  Tente, esposo. ¡Ay infelice
  De mí! _(Encuéntranse, los dos y riñen.)_

OTAVIAN.

         A mi violento impulso
  Muere, aleve.

TETRARC.

                Aunque la espada
  Perdí, con aqueste agudo
  Puñal morirás.

_(Encuentra con Mariene, y la hiere.)_

MARIENE.

                 ¡Ay triste!
  Tened piedad, dioses justos,
  Pues aquí muero inocente. _(Cae.)_

OTAVIAN.

  ¡Qué es lo que oigo!

TETRARC.

                       ¡Qué escucho!

OTAVIAN.

  Vengaré su muerte.


ESCENA XVII.

TOLOMEO, SOLDADOS, DAMAS, _con luces; y despues_, LIBIA, ARISTÓBOLO,
FILIPO Y POLIDORO.--EL TETRARCA, OTAVIANO.

SOLDS.

                     Entrad
  Todos, que es grande el tumulto.

DAMAS.

  Llegad todas.

LIBIA.

                A tan grande
  Estruendo, romper no excuso
  Mi prision.

ARISTÓB.
Y FILIPO.

              Señor, ¿qué es esto?

POLIDOR.

  No haber gozado el indulto
  Marïene como yo.

OTAVIAN.

  Dar muerte al hombre más bruto,
  Más bárbaro, más sangriento,
  Que ha eclipsado el sol más puro.

TETRARC.

  Yo no la he dado la muerte.

TODOS.

  ¿Pues quién?

TETRARC.

               El destino suyo,
  Pues que muriendo á mis celos,
  Que son sangrientos verdugos,
  Vino á morir á las manos
  Del mayor monstruo del mundo.

ARISTÓB.

  _El mayor monstruo los celos_
  Son siempre.

TETRARC.

               Porque ninguno
  De mí la venganza tome,
  Vengarme de mí procuro,
  Buscando desde esa torre
  En el ancho mar sepulcro. _(Vase.)_

OTAVIAN.

  Seguidle todos, seguidle.

TOLOM.

  Desesperado y confuso
  Se arrojó al mar.

OTAVIAN.

                    Retirad
  Aquese cielo caduco,
  Y diga en su monumento
  Para los siglos futuros
  El epitafio: «Aquí yace,
  Desfigurado su vulto,
  La beldad más milagrosa,
  Muerta por celos injustos.»

TOLOM.

  Libia, tu mano merezca
  Quien al peligro se expuso
  De libertarte.

LIBIA.

                 En llorando
  De Mariene el infortunio.

FILIPO.

  En que acaba la tragedia,
  Donde se cumplió su influjo.

POLIDOR.

  Como la escribió su autor;
  No como la imprimió el hurto
  De quien es su estudio echar
  A perder otros estudios.



AMAR DESPUES DE LA MUERTE.



PERSONAS.


  DON ÁLVARO TUZANÍ.
  DON JUAN MALEC, _viejo_.
  DON FERNANDO DE VÁLOR.
  ALCUZCUZ, _morisco_.
  CADÍ, _morisco viejo_.
  DON JUAN DE MENDOZA.
  EL SEÑOR DON JUAN DE AUSTRIA.
  DON ALONSO DE ZÚÑIGA, _corregidor_.
  DON LOPE DE FIGUEROA.
  GARCÉS, _soldado_.
  DOÑA ISABEL TUZANÍ.
  DOÑA CLARA MALEC.
  BEATRIZ, _criada_.
  INÉS, _criada_.
  _Un criado._
  _Moriscos y moriscas._
  _Soldados cristianos._
  _Soldados moriscos._


_La escena es en Granada y en varios puntos de la Alpujarra._



JORNADA PRIMERA.

_Sala en casa de Cadí, en Granada._


ESCENA PRIMERA.

  MORISCOS, _con casaquillas y calzoncillos, y_ MORISCAS _con
  jubones blancos é instrumentos_; CADÍ Y ALCUZCUZ.

CADÍ.

  ¿Están cerradas las puertas?

ALCUZC.

  Ya el portas estar cerradas.

CADÍ.

  No éntre nadie sin la seña
  Y prosígase la zambra.
  Celebremos nuestro dia,
  Que es el viérnes, á la usanza
  De nuestra nacion, sin que
  Pueda esta gente cristiana,
  Entre quien vivimos hoy
  Presos en miseria tanta,
  Calumniar ni reprender
  Nuestras ceremonias.

TODOS.

                       Vaya.

ALCUZC.

  Mé pensar hacer astilias,
  Sé tambien entrar en danza.

UNO.

  _(Canta.)_ _Aunque en triste cautiverio,_
  _De Alá por justo misterio,_
  _Llore el africano imperio_
  _Su mísera ley esquiva..._

TODOS.

  _(Cantando.)_ _¡Su ley viva!_

UNO.

  _Viva la memoria extraña_
  _De aquella gloriosa hazaña_
  _Que en la libertad de España_
  _A España tuvo cautiva._

TODOS.

  _¡Su ley viva!_

ALCUZC.

  _(Cantando.)_ _Viva aquel escaramuza_
  _Que hacer el jarife Muza,_
  _Cuando darle en caperuza_
  _Al españolilio antigua._

TODOS.

  _¡Su ley viva!_ _(Llaman dentro muy recio.)_

CADÍ.

  ¿Qué es esto?

UNO.

                Las puertas rompen.

CADÍ.

  Sin duda cogernos tratan
  En nuestras juntas; que como
  El Rey por edictos manda
  Que se venden, la justicia,
  Viendo entrar en esta casa
  A tantos moriscos, viene
  Siguiéndonos. _(Llaman.)_

ALCUZC.

                Pues ya escampa.


ESCENA II.

DON JUAN MALEC.--DICHOS.

MALEC.

  _(Dentro.)_ ¿Cómo os tardais en abrir
  A quien desta suerte llama?

ALCUZC.

  En vano llama á la puerta
  Quien no ha llamado en el alma.

UNO.

  ¿Qué haremos?

CADÍ.

                Esconder todos
  Los instrumentos, y abran
  Diciendo que solo á verme
  Venisteis.

OTRO.

             Muy bien lo trazas.

CADÍ.

  Pues todos disimulemos.--
  Alcuzcuz, corre: ¿qué aguardas?

ALCUZC.

  Al abrir del porta, temo
  Que ha de darme con la estaca
  Cien palos el alguacil
  En barriga, é ser desgracia
  Que en barriga de Alcuzcuz
  El leña, y no alcuzcuz haya.

_(Abre Alcuzcuz, y sale Don Juan Malec.)_

MALEC.

  No os receleis.

CADÍ.

                  Pues, señor
  Don Juan, cuya sangre clara
  De Malec os pudo hacer
  Veinticuatro de Granada,
  Aunque de africano orígen,
  ¡Vos desta suerte en mi casa!

MALEC.

  Y no con poca ocasion
  Hoy vengo buscándôs: basta
  Deciros que á ella me traen
  Arrastrando mis desgracias.

CADÍ.

  _(Ap. á los moriscos.)_
  Él sin duda á reprendernos
  Viene.

ALCUZC.

         Eso no perder nada.
  ¿Prender no fuera peor
  Que reprender?

CADÍ.

  ¿Qué nos mandas?

MALEC.

  Reportáos todos, amigos,
  Del susto que el verme os causa,
  Hoy entrando en el cabildo,
  Envió desde la sala
  Del rey Felipe Segundo
  El presidente una carta,
  Para que la ejecucion
  De lo que por ella manda,
  De la ciudad quede á cuenta.
  Abrióse, empezó en voz alta
  A leerla el secretario
  Del cabildo; y todas cuantas
  Instrucciones contenia,
  Todas eran ordenadas
  En vuestro agravio. ¡Qué bien
  Pareja del tiempo llaman
  A la fortuna, pues ambos
  Sobre una rueda y dos alas,
  Para el bien ó para el mal
  Corren siempre y nunca paran!
  Las condiciones, pues, eran
  Algunas de las pasadas
  Y otras nuevas que venian
  Escritas con más instancia,
  En razon de que ninguno
  De la nacion africana,
  Que hoy es caduca ceniza
  De aquella invencible llama
  En que ardió España, pudiese
  Tener fiestas, hacer zambras,
  Vestir sedas, verse en baños,
  Ni oirse en alguna casa
  Hablar en su algarabía,
  Sino en lengua castellana.
  Yo, que por el más antiguo,
  El primero me tocaba
  Hablar, dije que aunque era
  Ley justa y prevencion santa
  Ir haciendo poco á poco
  De la costumbre africana
  Olvido, no era razon
  Que fuese con furia tanta;
  Y así, que se procediese
  En el caso con templanza,
  Porque la violencia sobra
  Donde la costumbre falta.
  Don Juan, Don Juan de Mendoza
  Deudo de la ilustre casa
  Del gran marqués de Mondéjar,
  Dijo entónces: «Don Juan habla
  Apasionado, porque
  Naturaleza le llama
  A que mire por los suyos,
  Y así, remite y dilata
  El castigo á los moriscos,
  Gente vil, humilde y baja.--
  Señor Don Juan de Mendoza
  (Dije), cuando estuvo España
  En la opresion de los moros
  Cautiva en su propria patria,
  Los cristianos, que mezclados
  Con los árabes estaban,
  Que hoy mozárabes se dicen,
  No se ofenden, ni se infaman
  De haberlo estado, porque
  Más engrandece y ensalza
  La fortuna al padecerla
  A veces, que al dominarla.
  Y en cuanto á que son humildes,
  Gente abatida y esclava,
  Los que fueron caballeros
  Moros no debieron nada
  A caballeros cristianos
  El dia que con el agua
  Del bautismo recibieron
  Su fe católica y santa;
  Mayormente los que tienen,
  Como yo, de reyes tanta.--
  Sí; pero de reyes moros,
  Dijo.--Como si dejara
  De ser real, le respondí,
  Por mora, siendo cristiana
  La de Válores, Cegríes,
  De Venegas y Granadas.»
  De una palabra á otra, en fin,
  Como entramos sin espadas,
  Unos y otros se empeñaron...
  ¡Mal haya ocasion, mal haya,
  Sin espadas y con lenguas,
  Que son las peores armas,
  Pues una herida mejor
  Se cura que una palabra!
  Alguna acaso le dije
  Que obligase á su arrogancia
  A que (aquí tiemblo al decirlo)
  Tomándome (¡pena extraña!)
  El báculo de las manos,
  Con él... Pero hasta esto basta;
  Que hay cosas que cuesta más
  El decirlas que el pasarlas.
  Este agravio que en defensa,
  Esta ofensa que en demanda
  Vuestra á mí me ha sucedido,
  A todos juntos alcanza,
  Pues no tengo un hijo yo
  Que desagravie mis canas,
  Sino una hija, consuelo
  Que aflige más que descansa.
  Ea, valientes moriscos,
  Noble reliquia africana,
  Los cristianos solamente
  Haceros esclavos tratan;
  La Alpujarra (aquesa sierra
  Que al sol la cerviz levanta,
  Y que poblada de villas,
  Es mar de peñas y plantas,
  Adonde sus poblaciones
  Ondas navegan de plata,
  Por quien nombres las pusieron
  De Galera, Berja y Gavia)
  Toda es nuestra: retiremos
  A ella bastimentos y armas.
  Elegid una cabeza
  De la antigua estirpe clara
  De vuestros Abenhumeyas,
  Pues hay en Castilla tantas,
  Y hacéos señores, de esclavos;
  Que yo, á costa de mis ánsias,
  Iré persuadiendo á todos
  Que es bajeza, que es infamia
  Que á todos toque mi agravio,
  Y no á todos mi venganza.

CADÍ.

  Yo para el hecho que intentas...

OTRO.

  Yo para la accion que trazas...

CADÍ.

  Mi vida y mi hacienda ofrezco.

OTRO.

  Ofrezco mi vida y alma.

UNO.

  Todos decimos lo mismo.

MORISCA.

  Y yo en el nombre de cuantas
  Moriscas Granada tiene,
  Ofrezco joyas y galas.

_(Vanse Malec y varios moriscos.)_

ALCUZC.

  Mé, que solo tener una
  Tendecilia en Vevarambla
  De aceite, vinagre é higos,
  Nueces, almendras é pasas,
  Cebolias, ajos, pimientos,
  Cintas, escobas de palma,
  Hilo, agujas, faldriqueras,
  Con papel blanco é de estraza,
  Alcamonios, agujetas
  De perro, tabaco, varas,
  Caniones para hacer plumas,
  Hostios para cerrar cartas,
  Ofrecer llevarla á cuestas
  Con todas sus zarandajas,
  Porque me he de ver, si llegan
  A colmo mis esperanzas,
  De todos los Alcuzcuzes
  Marqués, conde ó duque.

UNO.

                          Calla,
  Que estás loco.

ALCUZC.

                  No estar loco.

OTRO.

  Si no loco, es cosa clara
  Que estás borracho.

ALCUZC.

                      No estar,
  Que jonior Mahoma manda
  En su alacran no beber
  Vino, y en mi vida nada
  Lo he bebido... por los ojos;
  Que si alguna vez me agrada,
  Por no quebrar el costumbre,
  Me lo bebo por la barba.

_(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Sala en casa de Malec._


ESCENA III.

DOÑA CLARA, BEATRIZ.

D.ª CLAR.

  Déjame, Beatriz, llorar
  En tantas penas y enojos;
  Débanles algo á mis ojos
  Mi desdicha y mi pesar.
  Ya que no puedo matar
  A quien llegó á deslucir
  Mi honor, déjame sentir
  Las afrentas que le heredo,
  Pues ya que matar no puedo,
  Pueda á lo ménos morir.
  ¡Qué baja naturaleza
  Con nosotras se mostró,
  Pues cuando mucho, nos dió
  Un ingenio, una belleza
  Adonde el honor tropieza,
  Mas no donde pueda estar
  Seguro! ¿Qué más pesar,
  Si á padre y marido vemos
  Que quitar su honor podemos,
  Y no le podemos dar?
  Si hubiera varon nacido,
  Granada y el mundo viera
  Hoy, si con un jóven era
  Tan soberbio y atrevido
  El Mendoza, como ha sido
  Con un viejo... Y por hacer
  Estoy que llegue á entender
  Que no por mujer le dejo;
  Pues quien riñó con un viejo,
  Podrá con una mujer.
  Pero es loca mi esperanza.
  Esto es solamente hablar.
  ¡Oh si pudiera llegar
  A mis manos mi venganza!
  Y mayor pena me alcanza
  Verme ¡ay infelice! así,
  Porque en un dia perdí
  Padre y esposo, pues ya
  Por mujer no me querrá
  Don Álvaro Tuzaní.


ESCENA IV.

DON ÁLVARO.--DOÑA CLARA, BEATRIZ.

D. ÁLV.

  Por mal agüero he tenido,
  Cuando ya en nada repara
  Mi amor, haber, bella Clara,
  Mi nombre en tu boca oido;
  Porque si la voz ha sido
  Eco del pecho, sospecho
  Que él, que en lágrimas deshecho
  Está, sus penas dirá:
  Luego soy tu pena ya,
  Pues que me arrojas del pecho.

D.ª CLAR.

  No puedo negar que llena
  De penas el alma esté,
  Y andas tú en ellas, porqué
  No eres tú mi menor pena.
  De tí el cielo me enajena:
  ¡Mira si eres la mayor!
  Porque es tan grande mi amor,
  Que tu mujer no he de ser,
  Porque no tengas mujer
  Tú, de un padre sin honor.

D. ÁLV.

  Clara, no quiero acordarte
  Cuánto respeto he tenido
  A tu amor, y cuánto ha sido
  Mi respeto en adorarte;
  Sólo quiero en esta parte
  Disculparme de que así
  Haya entrado hoy hasta aquí,
  Antes de haberte vengado;
  Porque haberlo dilatado
  Es lo más que hago por tí.
  Que aunque en las leyes del duelo
  Con mujer no se ha de hablar,
  Y aunque puedo consolar
  Tu pena y tu desconsuelo
  Con decir á tu desvelo
  Que no llore y que no sienta;
  Porque la accion que se intenta
  Sin espada (mayormente
  Cuando hay justicia presente)
  Ni agravia, ofende ni afrenta;
  De uno ni otro me aprovecho,
  Mas de otra disculpa sí,
  Y es decir que entrarme aquí
  Antes de haber satisfecho
  (Pasando al Mendoza el pecho)
  A tu padre, accion ha sido
  Cuerda; porque recibido
  Está que no se vengó
  Bien del ofensor, si no
  Le dió muerte el ofendido,
  Si no es que su hijo sea
  O sea su hermano menor:
  Y así para que su honor
  Hoy imposible no vea
  La venganza que desea,
  Una fineza he de hacer,
  Que es pedirte por mujer
  A Don Juan: y así, colijo
  Que en siendo una vez su hijo,
  Le podré satisfacer.
  Solo á esto, Clara, he venido;
  Y si me tuvo hasta aquí
  Cobarde en pedirte así,
  Haber tan pobre nacido;
  Hoy que esto le ha sucedido,
  Sólo le pida mi labio
  Su agravio en dote: y es sabio
  Acuerdo dármele, pues
  Ya sabe el mundo que es
  Dote de un pobre un agravio.

D.ª CLAR.

  Ni yo, Don Álvaro, espero
  Acordarte, cuando lloro,
  La verdad con que te adoro
  Y la fe con que te quiero.
  No intento decir que muero
  Hoy, dos veces ofendida,
  No que á tu aficion rendida,
  No que en amorosa calma
  Eres vida de mi alma
  Y eres alma de mi vida;
  Que sólo dar á entender
  Quiero en confusion tan brava,
  Que quien fuera ayer tu esclava,
  Hoy no será tu mujer;
  Porque si cobarde ayer
  No me pediste, y hoy sí,
  No quiero yo que de tí,
  Murmurando el mundo, arguya
  Que para ser mujer tuya
  Hubo que suplir en mí.
  Rica y honrada pensé
  Yo que áun no te merecia;
  Mas como era dicha mia,
  Solamente lo dudé:
  Mira cómo hoy te daré
  En vez de favor castigo,
  Haciendo al mundo testigo
  Que fué menester, señor,
  Que me hallases sin honor
  Para casarte conmigo.

D. ÁLV.

  Yo lo intento por vengarte.

D.ª CLAR.

  Yo lo excuso por temerte.

D. ÁLV.

  Esto, Clara, ¿no es quererte?

D.ª CLAR.

  ¿No es esto, Álvaro, estimarte?

D. ÁLV.

  No has de poder excusarte...

D.ª CLAR.

  Darme la muerte podré.

D. ÁLV.

  Que yo á Don Juan le diré
  Mi amor.

D.ª CLAR.

           Diré que es error.

D. ÁLV.

  Y eso ¿es lealtad?

D.ª CLAR.

                     Es honor.

D. ÁLV.

  Y eso ¿es fineza?

D.ª CLAR.

                    Esto es fe;
  Pues á los cielos les juro
  De no ser de otro mujer,
  Como mi honor llegue á ver
  De toda excepcion seguro.
  Solo esto lograr procuro.

D. ÁLV.

  ¿Qué importa si?...

BEATRIZ.

                      Mi señor
  Sube por el corredor
  Con mucho acompañamiento.

D.ª CLAR.

  Retírate á este aposento.

D. ÁLV.

  ¡Qué desdicha!

D.ª CLAR.

                 ¡Qué rigor!

_(Vanse Don Álvaro y Beatriz.)_


ESCENA V.

DON ALONSO DE ZÚÑIGA, DON FERNANDO VÁLOR Y DON JUAN MALEC.--DOÑA CLARA;
DON ÁLVARO, _oculto_.

MALEC.

  Clara...

D.ª CLAR.

           Señor...

MALEC.

  (_Ap._            ¡Ay de mí!
  ¡Con cuánta pena te encuentro!)
  Éntrate, Clara, allá dentro.

D.ª CLAR.

  _(Ap. á su padre.)_
  ¿Qué es esto?

MALEC.

                Oye desde ahí.

_(Vase Doña Clara al cuarto donde está Don Álvaro, quedándose tras la
puerta entreabierta.)_

D. ALON.

  Don Juan de Mendoza preso
  Queda en el Alhambra ya;
  Y así preciso será,
  En tanto que este suceso
  Se compone, que lo esteis
  Vos en vuestra casa.

MALEC.

                       Aceto
  La carcelería, y prometo
  Guardarla.

VÁLOR.

             No lo estareis
  Mucho; que pues me ha dejado
  El señor Corregidor
  (Porque en el duelo de honor
  Nunca la justicia ha entrado)
  A mí hacer las amistades,
  Yo las haré, procurando
  El fin.

D. ALON.

          Señor Don Fernando
  De Válor, con dos verdades
  Se sanea una malicia;
  Pues que no hay agravio, es ley,
  Ni en el palacio del Rey
  Ni en tribunal de justicia.
  Todos lo somos allí,
  Y allí no le puede haber.

VÁLOR.

  El medio pues ha de ser
  Este...

D. ÁLV.

  _(Ap. á D.ª Clara.)_
          ¿Oyeslo todo?

D.ª CLAR.

                        Sí.

VÁLOR.

  Que en este caso no hay medio
  Que le sanee mejor.
  Escuchadme.

MALEC.

             ¡Ay del honor
  Que se cura con remedio!

VÁLOR.

  Don Juan de Mendoza es
  Tan bizarro caballero
  Como ilustre, está soltero,
  Y Don Juan de Malec, pues,
  En quien sangre ilustre dura
  De los reyes de Granada,
  Tiene una hija celebrada
  Por su ingenio y su hermosura.
  A nadie toca tomar,
  Si satisfaccion desea,
  La causa, sino á quien sea
  Su yerno. Pues con casar
  A Don Juan con Doña Clara,
  Estará cierto...

D. ÁLV.

  _(Ap.)_          ¡Ay de mí!

VÁLOR.

  Que no pudiendo por sí
  Vengarse la ofensa rara,
  Pues habiendo á un tiempo sido
  Interesado en su honor,
  Como tercero ofensor,
  Y como su hijo ofendido;
  En no teniendo de quién
  Estar ofendido pueda,
  Por la misma razon queda
  Seguro. Don Juan tambien,
  No habiendo de darse muerte
  A sí mismo en tanto abismo,
  Vendrá á tener en sí mismo
  Su mismo agravio: de suerte
  Que no pudiendo agraviarse
  Un hombre á sí, haciendo sabio
  Dueño á Don Juan del agravio,
  No tiene de quién vengarse,
  Y queda limpio el honor
  De los dos, pues en efeto
  No caben en un sujeto
  Ofendido y ofensor.

D. ÁLV.

  _(Ap. á D.ª Clara.)_
  Yo responderé.

D.ª CLAR.

                 Detente,
  No me destruyas, por Dios.

D. ALON.

  Eso está bien á los dos.

MALEC.

  Hay mayor inconveniente,
  Pues toda nuestra esperanza
  Que Clara deshaga entiendo...

D.ª CLAR.

  _(Ap.)_ El cielo me va trayendo
  A las manos la venganza.

MALEC.

  Que mi hija, no sabré
  Si hombre que aborreció ya
  Con tanta ocasion, querrá
  Por marido. _(Sale D.ª Clara.)_

D.ª CLAR.

              Sí querré;
  Que importa ménos, señor,
  Si aquí tu opinion estriba,
  Que yo sin contento viva,
  Que vivir tú sin honor.
  Porque si fuera tu hijo,
  La ira me estaba llamando,
  Bien muriendo ó bien matando,
  Y siendo tu hija, colijo
  Que en el modo que pudiere
  Te debo satisfacer,
  Y así, seré su mujer:
  De cuyo efecto se infiere
  Que estoy tu honor defendiendo,
  Que estoy tu fama buscando.
  (_Ap._ Y pues no puedo matando,
  Quiero vengarte muriendo.)

D. ALON.

  Vuestro ingenio solo pudo
  En un concepto cifrar
  Conclusion tan singular.

VÁLOR.

  Y ya el efecto no dudo.
  Escríbase en un papel
  Esto que aquí se trató,
  Para que le lleve yo.

D. ALON.

  Ambos iremos con él.

MALEC.

  _(Ap.)_ Quiero usar de aqueste medio,
  Miéntras empieza el motin.

VÁLOR.

  Todo esto tendrá buen fin,
  Pues estoy yo de por medio.

_(Vanse los tres.)_

D.ª CLAR.

  Ahora que á un aposento
  Se han retirado á escribir,
  Podrás, Álvaro, salir.


ESCENA VI.

DON ÁLVARO.--DOÑA CLARA.

D. ÁLV.

  Sí haré, sí haré, y con intento
  De no volver á ver más
  Alma tan mudable en pecho
  Tan noble; y el no haber hecho,
  Cuando la muerte me das,
  Un notable extremo aquí,
  No fué respeto, no fué
  Temor, gusto sí, porqué
  Mujer tan baja...

D.ª CLAR.

                    ¡Ay de mí!

D. ÁLV.

  Que á un tiempo, con vil intento,
  Fe injusta, estilo liviano,
  Ofrece á un hombre la mano
  Y á otro tiene en su aposento,
  No me está bien que se diga
  Que nunca la quise bien.

D.ª CLAR.

  La voz, Álvaro, deten,
  A que un engaño te obliga;
  Que yo te satisfaré
  Con el tiempo.

D. ÁLV.

                 Estas no son
  Cosas de satisfaccion.

D.ª CLAR

  Podrán serlo.

D. ÁLV.

               ¿No escuché
  Yo que la mano darias
  Hoy al de Mendoza?

D.ª CLAR.

                     Sí;
  Pero no sabes de mí
  El fin de las ánsias mias.

D. ÁLV.

  ¿Qué fin? Darme muerte. Advierte
  Si hay disculpa que te cuadre,
  Pues él agravió á tu padre
  Y á mí me ha dado la muerte.

D.ª CLAR.

  El tiempo, Álvaro, podrá
  Desengañarte algun dia
  Que es constante la fe mia,
  Y que esta mudanza está
  Tan de tu parte...

D. ÁLV.

                     ¿Quién vió
  Tan sutil engaño? Dí,
  ¿No le das la mano?

D.ª CLAR.

                      Sí.

D. ÁLV.

  ¿No has de ser su mujer?

D.ª CLAR.

                           No.

D. ÁLV.

  Pues ¿qué medio puede haber...

D.ª CLAR.

  No me preguntes en vano.

D. ÁLV.

  Clara, entre darle la mano
  Y entre no ser su mujer?

D.ª CLAR.

  Darle la mano, quizá
  Será traerle á mis brazos,
  Con que le he de hacer pedazos.
  ¿Estás satisfecho ya?

D. ÁLV.

  No; que si él muere en tus lazos,
  Dejará ¡ay Dios! al morir
  Muy desvalido el vivir,
  Porque son, Clara, tus brazos
  Para verdugos muy bellos.
  Pero ántes que (ya que sea
  Ese tu intento) él se vea
  Ni áun para morir en ellos,
  Curaré de mis desvelos
  Yo con su muerte el rigor.

D.ª CLAR.

  Eso ¿es amor?

D. ÁLV.

                Es honor.

D.ª CLAR.

  Esa ¿es fineza?

D. ÁLV.

                  Son celos.

D.ª CLAR.

  Mira, mi padre escribió.
  ¡Quién detenerte pudiera!

D. ÁLV.

  ¡Qué poco menester fuera
  Para detenerme yo! _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Sala en la Alhambra._


ESCENA VII.

DON JUAN DE MENDOZA, GARCÉS.

MENDOZA.

  Nunca en razon la cólera consiste.

GARCÉS.

  No te disculpes. ¡Qué! Muy bien hiciste
  En ponerle la mano;
  Que no por viejo el que es nuevo cristiano
  Piense que inmunidad el serlo goza
  De atreverse á un Gonzalez de Mendoza.

MENDOZA.

  Hay mil hombres que en fe de sus estados
  Son soberbios, altivos y arrojados.

GARCÉS.

  Para aquestos traia el condestable
  Don Iñigo (el acuerdo era admirable)
  En la cinta una espada,
  Y otra que le servia de cayada.
  Preguntándole un dia,
  Que dos espadas á qué fin traia,
  Dijo: «La de la cinta se prefiere
  Para aquel que en la cinta la trajere.
  Estotra, que de palo me ha servido,
  Para quien no la trae y es atrevido.»

MENDOZA.

  Muy bien mostró deber los caballeros
  Traer para dos acciones dos aceros.
  Ya que el triunfo ha salido
  De espadas, dáme aquesa que has traido,
  Porque á cualquier suceso
  No me halle sin espada aunque esté preso.

GARCÉS.

  Yo me agradezco haber la vuelta dado
  Hoy á tu casa en tiempo que á tu lado
  Puedo servirte, si enemigos tienes.

MENDOZA.

  Y ¿cómo de Lepanto, Garcés, vienes?

GARCÉS.

  Como quien ha tenido
  Fortuna de haber sido
  En ocasion soldado,
  Que haya en faccion tan grande militado
  Debajo de la mano y disciplina
  Del hijo de aquel águila divina,
  Que en vuelo infatigable y sin segundo
  Debajo de sus alas tuvo al mundo.

MENDOZA.

  ¿Cómo el señor Don Juan llegó?

GARCÉS.

                                 Contento
  De la empresa.

MENDOZA.

                 ¿Fué grande?

GARCÉS.

                              Escucha atento.
  Con la liga...

MENDOZA.

                 Detente, porque ha entrado
  Tapada una mujer.

GARCÉS.

                    Soy desdichado,
  Pues á quínola puesto de romance,
  Me entra figura con que pierdo el lance.


ESCENA VIII.

DOÑA ISABEL TUZANÍ, _tapada_.--DICHOS.

D.ª ISAB.

  Señor Don Juan de Mendoza,
  ¿Podrá una mujer que viene
  A veros en la prision,
  Saber de vos solamente
  Cómo en la prision os va?

MENDOZA.

  Pues ¿por qué no?--Garcés, véte.

GARCÉS.

  Mira, señor, que no sea...

MENDOZA.

  En vano dudas y temes;
  Que ya el habla he conocido.

GARCÉS.

  Por eso me voy.

MENDOZA.

                  Bien puedes.

_(Vase Garcés.)_


ESCENA IX.

DOÑA ISABEL, DON JUAN DE MENDOZA.

MENDOZA.

  En igual duda los ojos
  Y los oidos me tienen,
  Porque de los dos no sé
  Cuál dijo verdad ó miente:
  Porque si á los ojos creo,
  No pareces tú lo que eres;
  Y si creo á los oidos,
  No eres tú lo que pareces.
  Merezca, pues, ver corrida
  La sutil nube aparente
  Del negro cendal, porque
  Si una vez la luz la vence,
  Digan mis ojos y oidos
  Que hoy amaneció dos veces.

D.ª ISAB.

  Por no obligaros, Don Juan,
  A que dudeis más quién puede
  Ser quien os busca, es razon
  Descubrirme; que no quieren
  Mis celos que adivineis
  A quién la fineza deben.
  Yo soy...

MENDOZA.

            ¡Isabel, señora!
  Pues ¡tú en mi casa, y tú en este
  Traje, fuera de la tuya!
  ¡Tú á buscarme desta suerte!
  ¿Cómo era posible, cómo
  Que vanas dichas creyese?
  Luego fué fuerza dudarlas.

D.ª ISAB.

  Apénas cuanto sucede
  Supe, y que aquí estabas preso,
  Cuando mi amor no consiente
  Más dilacion en buscarte;
  Y ántes que á casa volviese
  Don Álvaro Tuzaní
  Mi hermano, he venido á verte
  Con una criada sola
  (Mira ya lo que me debes)
  Que á la puerta dejo.

MENDOZA.

                        Pueden
  Hoy con aquesta fineza,
  Isabel, desvanecerse
  Las desdichas, pues por ellas...


ESCENA X.

INÉS, _con manto, asustada_.--DICHOS.

INÉS.

  ¡Ay señora!

D.ª ISAB.

              Inés, ¿qué tienes?

INÉS.

  Don Álvaro mi señor
  Viene aquí.

D.ª ISAB.

              ¿Si conocerme
  Pudo, aunque tan disfrazada
  Vine?

MENDOZA.

        ¡Qué lance tan fuerte!

D.ª ISAB.

  Si me siguió, yo soy muerta.

MENDOZA.

  Si estás conmigo, ¿qué temes?
  Entrate en aquesa sala
  Y cierra; que aunque él intente
  Hallarte, no te hallará,
  Si ántes no me da la muerte.

D.ª ISAB.

  En grande peligro estoy.
  ¡Valedme, cielos, valedme!

_(Escóndense las dos.)_


ESCENA XI.

DON ÁLVARO.--DON JUAN DE MENDOZA; DOÑA ISABEL, _escondida_.

D. ÁLV.

  Señor Don Juan de Mendoza,
  Hablar con vos me conviene
  A solas.

MENDOZA.

           Pues solo estoy.

D.ª ISAB.

  _(Ap. al paño.)_ ¡Qué descolorido viene!

D. ÁLV.

  _(Ap.)_ Pues cerraré aquesa puerta.

MENDOZA.

  Cerradla. (_Ap._ ¡Buen lance es este!)

D. ÁLV.

  Ya pues que cerrada está,
  Escuchadme atentamente.
  En una conversacion
  Supe ahora cómo vienen
  A buscaros...

MENDOZA.

                Es verdad.

D. ÁLV.

  A esta prision...

MENDOZA.

                    Y no os mienten.

D. ÁLV.

  Quien con el alma y la vida
  En aquesta accion me ofende.

D.ª ISAB.

  _(Ap. al paño.)_ ¿Qué más se ha de declarar?

MENDOZA.

  _(Ap.)_ ¡Cielos! ya no hay quien espere.

D. ÁLV.

  Y así, he querido llegar
  (Antes que los otros lleguen,
  Queriendo efectuar con esto
  Amistades indecentes)
  En defensa de mi honor.

MENDOZA.

  Eso mi ingenio no entiende.

D. ÁLV.

  Pues yo me declararé.

D.ª ISAB.

  _(Ap. al paño.)_ Otra vez mi pecho aliente;
  Que no soy yo la que busca.

D. ÁLV.

  El Corregidor pretende,
  Con Don Fernando de Válor,
  De Don Juan Malec pariente,
  Hacer estas amistades,
  Y á mí solo me compete
  Estorbarlas. La razon,
  Aunque muchas darse pueden,
  Yo dárosla á vos no quiero;
  Y en fin, sea lo que fuere,
  Yo vengo á saber de vos,
  Por capricho solamente,
  Si es valiente con un jóven
  Quien con un viejo es valiente,
  Y en efecto, vengo solo
  A darme con vos la muerte.

MENDOZA.

  Merced me hubiérades hecho
  En decirme brevemente
  Lo que pretendeis, porque
  Juzgué, confuso mil veces,
  Que era otra la ocasion
  De más cuidado, porque ese
  No es cuidado para mí.
  Y puesto que no se debe
  Rehusar reñir con cualquiera
  Que reñir conmigo quiere;
  Antes que esas amistades
  Que decís que tratan, lleguen,
  Y que os importa estorbarlas
  Por la ocasion que quisiereis,
  Sacad la espada.

D. ÁLV.

                   A eso vengo;
  Que me importa daros muerte
  Más presto que vos pensais.

MENDOZA.

  Pues campo bien solo es este. _(Riñen.)_

D.ª ISAB.

  _(Ap. al paño.)_ De una confusion en otra,
  Más desdichas me suceden.
  ¿Quién á su amante y su hermano
  Vió reñir, sin que pudiese
  Estorbarlo?

MENDOZA.

  _(Ap.)_       ¡Qué valor!

D. ÁLV.

  _(Ap.)_ ¡Qué destreza!

D.ª ISAB.

  _(Ap. al paño.)_       ¿Qué he de hacerme?
  Que veo jugar á dos,
  Y deseo entrambas suertes,
  Porque van ambos por mí,
  Si me ganan ó me pierden...

_(Tropezando en una silla, cae Don Álvaro: sale Doña Isabel tapada y
detiene á Don Juan.)_

D. ÁLV.

  Tropezando en esta silla,
  He caido.

D.ª ISAB.

            ¡Don Juan, tente!
  (_Ap._ Pero ¿qué hago? El afecto
  Me arrebató desta suerte.) _(Retírase.)_

D. ÁLV.

  Mal hicisteis en callarme
  Que estaba aquí dentro gente.

MENDOZA.

  Si á daros la vida estaba,
  No os quejeis; que más parece
  Que estar conmigo, reñir
  Con dos, si á ampararos viene.
  Aunque hizo mal, porque yo
  De caballero las leyes
  Sé tambien; que habiendo visto
  Que el caer es accidente,
  Os dejara levantar.

D. ÁLV.

  Ya tengo que agradecerle
  Dos cosas á aquesa dama:
  Que á darme la vida llegue,
  Y llegue ántes que de vos
  La reciba, porque quede,
  Sin aquesta obligacion,
  Capaz mi enojo valiente
  Para volver á reñir.

MENDOZA.

  ¿Quién, Don Álvaro, os detiene? _(Riñen.)_

D.ª ISAB.

  _(Ap. al paño.)_ ¡Oh quién pudiera dar voces!

_(Llaman dentro á la puerta.)_

D. ÁLV.

  A la puerta llama gente.

MENDOZA.

  ¿Qué haremos?

D. ÁLV.

                Que muera el uno
  Y abra luégo el que viviere.

MENDOZA.

  Decís bien.

D.ª ISAB.

  _(Saliendo.)_ Primero yo
  Abriré, porque ellos entren.

D. ÁLV.

  No abrais.

MENDOZA.

             No abrais.

_(Abre Doña Isabel.)_


ESCENA XII.

  DON FERNANDO DE VÁLOR, DON ALONSO; _despues_, INÉS.--DOÑA ISABEL,
  _tapada_; DON ÁLVARO, DON JUAN DE MENDOZA.

D.ª ISAB.

                        Caballeros.
  Los dos que mirais presentes
  Se quieren matar.

D. ALON.

                    Teneos,
  Porque hallándôs desta suerte
  Riñendo á ellos y aquí á vos,
  Se dice bien claramente
  Que sois la causa.

D.ª ISAB.

  _(Ap.)_            ¡Ay de mí!
  Que me he entregado á perderme,
  Por donde entendí librarme.

D. ÁLV.

  Porque en ningun tiempo llegue
  A peligrar una dama
  A quien mi vida le debe
  El sér, diré la verdad
  Y la causa que me mueve
  A este duelo. No es de amor,
  Sino que como pariente
  De Don Juan Malec, así
  Pretendí satisfacerle.

MENDOZA.

  Y es verdad, porque esa dama
  Acaso ha venido á verme.

D. ALON.

  Pues que con las amistades
  Que ya concertadas tienen,
  Todo cesa, mejor es
  Que todo acabado quede
  Sin sangre, pues vence más
  Aquel que sin sangre vence.--_(Sale Inés.)_
  Idos, señoras, con Dios.

D.ª ISAB.

  _(Ap.)_ Solo esto bien me sucede.

_(Vanse las dos.)_


ESCENA XIII.

DON ALONSO, DON ÁLVARO, DON JUAN DE MENDOZA, DON FERNANDO DE VÁLOR.

VÁLOR.

  Señor Don Juan de Mendoza,
  A vuestros deudos parece
  Y á los nuestros, que este caso
  Dentro de puertas se quede
  (Como dicen en Castilla),
  Y que con deudo se suelde,
  Pues dando la mano vos
  A Doña Clara, la fénix
  De Granada, como parte
  Entónces...

MENDOZA.

              La lengua cese,
  Señor Don Fernando Válor,
  Que hay muchos inconvenientes.
  Si es el fénix Doña Clara,
  Estarse en Arabia puede;
  Que en montañas de Castilla
  No hemos menester al fénix,
  Y los hombres como yo
  No es bien que deudos concierten
  Por soldar ajenas honras,
  Ni sé que fuera decente
  Mezclar Mendozas con sangre
  De Malec, pues no convienen
  Ni hacen buena consonancia
  Los Mendozas y Maleques.

VÁLOR.

  Don Juan de Malec es hombre...

MENDOZA.

  Como vos.

VÁLOR.

            Sí, pues desciende
  De los reyes de Granada;
  Que todos sus ascendientes
  Y los mios reyes fueron.

MENDOZA.

  Pues los mios, sin ser reyes,
  fueron más que reyes moros,
  Porque fueron montañeses.

D. ÁLV.

  Cuanto el señor Don Fernando
  En esta parte dijere,
  Defenderé yo en campaña.

D. ALON.

  Aquí de ministro cese
  El cargo; que caballero
  Sabré ser cuando conviene;
  Que soy Zúñiga en Castilla
  Antes que Justicia fuese.
  Y así, arrimando esta vara,
  Adónde y como quisiereis,
  Al lado de Don Juan, yo
  Haré...


ESCENA XIV.

UN CRIADO.--DICHOS.


CRIADO.

          En casa se entra gente.

D. ALON.

  Pues todos disimulad;
  Que al cargo mi valor vuelve.
  Vos, Don Juan, aquí os quedad
  Preso.

MENDOZA.

         A todo os obedece
  Mi valor.

D. ALON.

            Los dos os id.

MENDOZA.

  Y si desto os pareciere
  Satisfaceros...

D. ALON.

                  A mí
  Y á Don Juan, donde eligiereis...

MENDOZA.

  Nos hallaréis con la espada...

D. ALON.

  Y la capa solamente.

_(Vase Don Alonso, y Don Juan de Mendoza va acompañándole.)_

VÁLOR.

  ¡Esto consiente mi honor!

D. ÁLV.

  ¡Esto mi valor consiente!

VÁLOR.

  Porque me volví cristiano,
  ¿Este baldon me sucede?

D. ÁLV.

  Porque su ley recibí,
  ¿Ya no hay quien de mí se acuerde?

VÁLOR.

  ¡Vive Dios, que es cobardía
  Que mi venganza no intente!

D. ÁLV.

  ¡Vive el cielo, que es infamia
  Que yo de vengarme deje!

VÁLOR.

  ¡El cielo me dé ocasion...

D. ÁLV.

  ¡Ocasion me dé la suerte...

VÁLOR.

  Que si me la dan los cielos...

D. ÁLV.

  Si el hado me la concede...

VÁLOR.

  Yo haré que veais muy presto...

D. ÁLV.

  Llorar á España mil veces...

VÁLOR.

  El valor...

D. ÁLV.

              El ardimiento
  Deste brazo altivo y fuerte...

VÁLOR.

  De los Válores altivos!

D. ÁLV.

  De los Tuzanís valientes!

VÁLOR.

  ¿Habeis escuchado?

D. ÁLV.

                     Sí.

VÁLOR.

  Pues de hablar la lengua cese
  Y empiecen á hablar las manos.

D. ÁLV.

  Pues ¿quién dice que no empiecen?



JORNADA SEGUNDA.

_Sierra de la Alpujarra.--Cercanías de Galera._


ESCENA PRIMERA.

  _Tocan cajas y trompetas, y salen_ SOLDADOS, DON JUAN DE MENDOZA
  Y EL SEÑOR DON JUAN DE AUSTRIA.

D. JUAN.

  Rebelada montaña,
  Cuya inculta aspereza, cuya extraña
  Altura, cuya fábrica eminente,
  Con el peso, la máquina y la frente
  Fatiga todo el suelo,
  Estrecha el aire y embaraza el cielo:
  Infame ladronera,
  Que de abortados rayos de tu esfera
  Das, preñados de escándalos tus senos,
  Aquí la voz y en Africa los truenos.
  Hoy es, hoy es el dia
  Fatal de tu pasada alevosía,
  Porque vienen conmigo
  Juntos hoy mi venganza y tu castigo;
  Si bien corridos vienen
  De ver el poco aplauso que previenen
  Los cielos á mi fama;
  Que esto matar y no vencer se llama,
  Porque no son blasones
  A mi honor merecidos
  Postrar una canalla de ladrones
  Ni sujetar un bando de bandidos:
  Y así, encargue á los tiempos mi memoria
  Que la llamo castigo y no vitoria.
  Saber deseo el orígen deste ardiente
  Fiero motin.

MENDOZA.

               Pues oye atentamente.
  Esta, austral águila heroica,
  Es el Alpujarra, esta
  Es la rústica muralla,
  Es la bárbara defensa
  De los moriscos, que hoy,
  Mal amparados en ella,
  Africanos montañeses,
  Restaurar á España intentan.
  Es por su altura difícil,
  Fragosa por su aspereza,
  Por su sitio inexpugnable
  É invencible por sus fuerzas.
  Catorce leguas en torno
  Tiene, y en catorce leguas
  Más de cincuenta que añade
  La distancia de las quiebras,
  Porque entre puntas y puntas
  Hay valles que la hermosean,
  Campos que la fertilizan,
  Jardines que la deleitan.
  Toda ella está poblada
  De villajes y de aldeas;
  Tal, que cuando el sol se pone,
  A las vislumbres que deja,
  Parecen riscos nacidos
  Cóncavos entre las breñas,
  Que rodaron de la cumbre,
  Aunque á la falda no llegan.
  De todas las tres mejores
  Son Berja, Gavia y Galera,
  Plazas de armas de los tres
  Que hoy á los demas gobiernan.
  Es capaz de treinta mil
  Moriscos que están en ella,
  Sin las mujeres y niños,
  Y tienen donde apacientan
  Gran cantidad de ganados;
  Si bien los más se sustentan,
  Más que de carnes, de frutas
  Ya silvestres ó ya secas,
  O de plantas que cultivan;
  Porque no sólo á la tierra,
  Pero á los peñascos hacen
  Tributarios de la yerba;
  Que en la agricultura tienen
  Del estudio, tal destreza,
  Que á preñeces de su azada
  Hacen fecundas las piedras.
  La causa del rebelion,
  Por si tuve parte en ella,
  Te suplico que en silencio
  La permitas á mi lengua.
  Aunque mejor es decir
  Que fuí la causa primera,
  Que no decir que lo fueron
  Las pragmáticas severas
  Que tanto los apretaron,
  Que decir esto me es fuerza:
  Si uno ha de tener la culpa,
  Más vale que yo la tenga.
  En fin, sea aquel desaire
  La ocasion, señor, ó sea
  Que á Válor al otro dia
  Que sucedió mi pendencia,
  Llegó el alguacil mayor
  Dél, y le quitó á la puerta
  Del ayuntamiento una
  Daga que traia encubierta;
  O sea que ya oprimidos
  De ver cuánto los aprietan
  Órdenes que cada dia
  Aquí de la corte llegan,
  Los desesperó de suerte,
  Que amotinarse conciertan:
  Para cuyo efecto fueron,
  Sin que ninguno lo entienda,
  Retirando á la Alpujarra
  Bastimento, armas y hacienda
  Tres años tuvo en silencio
  Esta traicion encubierta
  Tanto número de gentes:
  Cosa que admira y eleva,
  Que en más de treinta mil hombres
  Convocados para hacerla,
  No hubiera uno que jamás
  Revelara ni dijera
  Secreto de tantos dias.
  ¡Cuánto ignora, cuánto yerra
  El que dice que un secreto
  Peligra en tres que le sepan!
  Que en treinta mil no peligra,
  Como á todos les convenga.
  El primer trueno que dió
  Este rayo que en la esfera
  Desos peñascos forjaban
  La traicion y la soberbia,
  Fueron hurtos, fueron muertes,
  Robos de muchas iglesias,
  Insultos y sacrilegios
  Y traiciones, de manera
  Que Granada, dando al cielo
  Bañada en sangre las quejas,
  Fué miserable teatro
  De desdichas y tragedias.
  Preciso acudió al remedio
  La justicia; pero apénas
  Se vió atropellada, cuando
  Toda se puso en defensa:
  Trocó la vara en acero,
  Trocó el respeto en la fuerza,
  Y acabó en civil batalla
  Lo que empezó en resistencia.
  Al Corregidor mataron:
  La ciudad, al daño atenta,
  Tocó al arma, convocando
  La milicia de la tierra.
  No bastó; que siempre estuvo
  (Tanto novedades precia)
  De su parte la fortuna:
  De suerte, que todo era
  Desdichas para nosotros.
  ¡Qué pesadas y qué necias
  Son, pues en cuanto porfían,
  Nunca ha quedado por ellas!
  Creció el cuidado en nosotros,
  Creció en ellos la soberbia
  Y creció en todos el daño,
  Porque se sabe que esperan
  Socorro de África, y ya
  Se ve si el socorro llega,
  Que el defenderle la entrada
  Es divertirnos la fuerza:
  Además, que si una vez
  Pujantes se consideran,
  Harán los demas moriscos
  Del acaso consecuencia;
  Pues los de la Extremadura
  Los de Castilla y Valencia,
  Para declararse aguardan
  Cualquier victoria que tengan.
  Y para que veais que son
  Gente, aunque osada y resuelta,
  De políticos estudios,
  Oid cómo se gobiernan;
  Que esto lo habemos sabido
  De algunas espías presas.
  Lo primero que trataron
  Fué elegir una cabeza;
  Y aunque sobre esta eleccion
  Hubo algunas competencias
  Entre Don Fernando Válor
  Y otro hombre de igual nobleza,
  Don Álvaro Tuzaní;
  Don Juan Malec los concierta
  Con que Don Fernando reine,
  Casándose con la bella
  Doña Isabel Tuzaní,
  Su hermana. (_Ap._ ¡Oh cuánto me pesa
  De traer á la memoria
  El Tuzaní, á quien respetan,
  Ya que á él no le hicieron rey,
  Haciendo á su hermana reina!)
  Coronado pues el Válor,
  La primer cosa que ordena,
  Fué, por oponerse en todo
  A las pragmáticas nuestras,
  O por tener por las suyas
  A su gente más contenta,
  Que ninguno se llamara
  Nombre cristiano, ni hiciera
  Ceremonia de cristiano:
  Y porque su ejemplo fuera
  El primero, se firmó
  El nombre de Abenhumeya,
  Apellido de los reyes
  De Córdoba, á quien hereda.
  Que ninguno hablar pudiese,
  Sino en arábiga lengua;
  Vestir sino traje moro,
  Ni guardar sino la secta
  De Mahoma: despues desto,
  Fué repartiendo las fuerzas.
  Galera, que es esa villa
  Que estás mirando primera,
  Cuyas murallas y fosos
  Labró la naturaleza,
  Tan singularmente docta,
  Que no es posible que pueda
  Ganarse sin mucha sangre,
  La dió á Malec en tenencia;
  A Malec, padre de Clara,
  Que ya se llama Maleca.
  Al Tuzaní le dió á Gavia
  La Alta, y él se quedó en Berja,
  Corazon que vivifica
  Ese gigante de piedra.
  Esa es la disposicion
  Que desde aquí se penetra;
  Y esa, señor, la Alpujarra,
  Cuya bárbara eminencia,
  Para postrarse á tus piés,
  Parece que se despeña.

D. JUAN.

  Don Juan, vuestras prevenciones
  Son de Mendoza y son vuestras,
  Que es ser dos veces leales.--

_(Tocan dentro.)_

  Pero ¿qué cajas son estas?

MENDOZA.

  La gente que va llegando,
  Pasando, señor, la muestra.

D. JUAN.

  ¿Qué tropa es esa?

MENDOZA.

                     Esta es
  De Granada, y cuanto riega
  El Genil.

D. JUAN.

            ¿Y quién la trae?

MENDOZA.

  Tráela el marqués de Mondéjar,
  Que es el conde de Tendilla,
  De su Alhambra y de su tierra
  Perpetuo alcaide.

D. JUAN.

                    Su nombre
  El moro en África tiembla.--_(Tocan.)_
  ¿Cuál es esta?

MENDOZA.

                 La de Murcia:

D. JUAN.

  ¿Y quién es quien la gobierna?

MENDOZA.

  El gran marqués de los Vélez.

D. JUAN.

  Su fama y sus hechos sean
  Corónicas de su nombre. _(Tocan.)_

MENDOZA.

  Estos son los de Baeza,
  Y viene por cabo suyo
  Un soldado, á quien debiera
  Hacer estatuas la fama,
  Como su memoria eterna,
  Sancho de Ávila, señor.

D. JUAN.

  Por mucho que se encarezca,
  Será poco, si no dice
  La voz que alabarle intenta,
  Que es discípulo del duque
  De Alba, enseñado en su escuela
  A vencer, no á ser vencido. _(Tocan.)_

MENDOZA.

  Aqueste que ahora llega,
  El tercio viejo de Flándes
  Es, que ha bajado á esta empresa
  Desde el Mosa hasta el Genil,
  Trocando perlas á perlas.

D. JUAN.

  ¿Quién viene con él?

MENDOZA.

                       Un monstruo
  Del valor y la nobleza,
  Don Lope de Figueroa.

D. JUAN.

  Notables cosas me cuentan
  De su gran resolucion
  Y de su poca paciencia.

MENDOZA.

  Impedido de la gota,
  Impacientemente lleva
  El no poder acudir
  Al servicio de la guerra.

D. JUAN.

  Yo deseo conocerle.


ESCENA II.

DON LOPE DE FIGUEROA.--DICHOS.

D. LOPE.

  Voto á Dios, que no me lleva
  En aqueso de ventaja
  Un átomo vuestra Alteza,
  Porque hasta verme á sus piés,
  Sólo he sufrido á mis piernas.

D. JUAN.

  ¿Cómo llegais?

D. LOPE.

                 Como quien,
  Señor, á serviros llega
  De Flándes á Andalucía;
  Y no es mala diligencia,
  Pues vos á Flándes no vais,
  Que Flándes á vos se venga.

D. JUAN.

  Cúmplame el cielo esa dicha.
  ¿Traeis buena gente?

P. LOPE.

                       Y tan buena,
  Que si fuera el Alpujarra
  El infierno, y estuviera
  Mahoma por alcaide suyo,
  Entraran, señor, en ella...
  Si no es los que tienen gota,
  Que no trepan por las peñas,
  Porque vienen...


ESCENA III.

UN SOLDADO, GARCÉS, ALCUZCUZ.--DICHOS.

UN SOLD.

  _(Dentro.)_      Detenéos.

GARCÉS.

  _(Dentro.)_ Tengo de llegar: afuera.

_(Sale Garcés con Alcuzcuz á cuestas.)_

D. JUAN.

  ¿Qué es esto?

GARCÉS.

                De posta estaba
  A la falda desa sierra,
  Sentí ruido entre unas ramas,
  Páreme hasta ver quién era,
  Y ví este galgo que estaba
  Acechando detras dellas,
  Que sin duda era su espía.
  Maniatéle con la cuerda
  Del mosquete, y porque ladre
  Qué hay allá, le traigo á cuestas.

D. LOPE.

  ¡Buen soldado, vive Dios!
  ¿Esto hay acá?

GARCÉS.

                 ¡Pues! ¿qué piensa
  Vueseñoría que todo
  Está en Flándes?

ALCUZC.

  _(Ap.)_            ¡Malo es esta!
  Alcuzcuz, á esparto olelde
  El nuez del gaznato vuestra.

D. JUAN.

  Ya os conozco: no me cogen
  Estas hazañas de nuevas.

GARCÉS.

  ¡Oh cómo premian sin costa
  Príncipes que honrando premian!

D. JUAN.

  Venid acá.

ALCUZC.

             ¿A mé decilde?

D. JUAN.

  Sí.

ALCUZC.

      Ser gran favor tan cerca.
  Bien estalde aquí.

D. JUAN.

                     ¿Quién sois?

ALCUZC.

  (_Ap._ Aquí importar el cautela.)
  Alcuzcuz, un morisquilio,
  A quien lievaron por fuerza
  Al Ampujarro; que mé
  Ser crestiano en me conciencia,
  Saber la trina crestiana,
  El Credo, la Salve Reina,
  El pan nostro, y el catorce
  Mandamientos de la Iglesia.
  Por decir que ser crestiano,
  Darme otros el muerte intentan;
  Yo correr, é hoyendo, dalde
  En manos de quien me prenda.
  Si me dar el vida, yo
  Decilde cuanto allá piensan,
  Y lievaros donde entreis
  Sin alguna resistencia.

D. JUAN.

  _(Ap. á Mendoza.)_ Como presumo que miente,
  Tambien puede ser que sea
  Verdad.

MENDOZA.

          ¿Quién duda que hay muchos
  Que ser cristianos profesan?
  Yo sé una dama que está
  Retirada allá por fuerza.

D. JUAN.

  Pues ni todo lo creamos
  Ni dudemos.--Garcés, tenga
  Ese morisco por preso...

GARCÉS.

  Yo, yo tendré con él cuenta.

D. JUAN.

  Que en lo que luégo dijere,
  Veremos si acierta ó yerra.
  Y ahora vamos, Don Lope,
  Dando á los cuarteles vuelta,
  Y á consultar por qué sitio
  Se ha de empezar.

MENDOZA.

                    Vuestra Alteza
  Lo mire bien, porque aunque
  Parece poca la empresa,
  Importa mucho; que hay cosas,
  Mayormente como estas,
  Que no dan honor ganadas,
  Y perdidas dan afrenta:
  Y así, se debe poner
  Mayor atencion en ellas,
  No tanto para ganarlas,
  Cuanto para no perderlas.

_(Vanse Don Juan de Austria, Don Juan de Mendoza, Don Lope y soldados.)_


ESCENA IV.

GARCÉS, ALCUZCUZ.

GARCÉS.

  Vos ¿cómo os llamais?

ALCUZC.

                         Arroz;
  Que si entre moriscos era
  Alcuzcuz, entre crestianos
  Seré arroz, porque se entienda
  Que menestra mora pasa
  A ser crestiana menestra.

GARCÉS.

  Alcuzcuz, ya sois mi esclavo:
  Decid verdad.

ALCUZC.

                Norabuena.

GARCÉS.

  Vos dijisteis al señor
  Don Juan de Austria...

ALCUZC.

                         ¿Que aquél era?

GARCÉS.

  Que le llevariais por donde
  Entrada tiene esa sierra.

ALCUZC.

  Sí, mi amo.

GARCÉS.

              Aunque es verdad
  Que él á sujetaros venga
  Con el marqués de los Vélez,
  Con el marqués de Mondéjar,
  Sancho de Avila y Don Lope
  De Figueroa, quisiera,
  Yo que la entrada á estos montes
  Solo á mí se me debiera:
  Llévame allá, porque quiero
  Mirarla y reconocerla.

ALCUZC.

  (_Ap._ Engañifa á este crestiano
  He de hacerle, é dar la vuelta
  Al Alpujarra.) Venilde
  Conmigo.

GARCÉS.

           Detente, espera;
  Que en este cuerpo de guardia
  Dejé mi comida puesta
  Cuando salí á hacer la posta,
  Y quiero volver por ella;
  Que en una alforja podré
  (Porque el tiempo no se pierda)
  Llevarla, para ir comiendo
  Por el camino.

ALCUZC.

                 Así sea.

GARCÉS.

  Vamos pues.

ALCUZC.

  _(Ap.)_     Santo Mahoma,
  Pues tú selde mi profeta,
  Lievarme, é á Meca iré,
  Aunque ande de ceca en meca.

_(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Jardin en Berja._


ESCENA V.

MORISCOS Y MÚSICOS; _y detras_, DON FERNANDO VÁLOR Y DOÑA ISABEL TUZANÍ.

VÁLOR.

  A la falda lisonjera
  Dese risco coronado,
  Donde sin duda ha llamado
  A córtes la primavera,
  Porque entre tantos colores
  De su república hermosa
  Quede jurada la rosa
  Por la reina de las flores,
  Puedes, bella esposa mia,
  Sentarte. Cantad, á ver
  Si la música vencer
  Sabe la melancolía.

D.ª ISAB.

  Abenhumeya valiente,
  A cuya altivez bizarra,
  No el roble del Alpujarra
  Dé corona solamente,
  Sino el sagrado laurel,
  Arbol ingrato del sol,
  Cuando llore el español
  Su cautiverio cruel:
  No es desprecio de la dicha
  Deste amor, desta grandeza,
  Mi repetida tristeza,
  Sino pension ó desdicha
  De la suerte; porque es tal
  De la fortuna el desden,
  Que apénas nos hace un bien,
  Cuando le desquita un mal.
  No nace de causa alguna
  Esta pena, (_Ap._ ¡A Dios pluguiera!)
  Sino sólo desta fiera
  Condicion de la fortuna.
  Y si ella es tan envidiosa,
  ¿Cómo puedo yo este miedo
  Perder al mal, si no puedo
  Dejar de ser tan dichosa?

VÁLOR.

  Si la causa de mirarte
  Triste tu dicha ha de ser,
  Pésame de no poder,
  Mi Lidora, consolarte;
  Que habrá tu melancolía
  De ser cada dia mayor,
  Pues que tu imperio y mi amor
  Son mayores cada dia.
  Cantad, cantad, su belleza
  Celebrad, pues bien halladas,
  Siempre traen paces juradas
  La música y la tristeza.

_(Música.)_

  _No es menester que digais_
  _Cúyas sois, mis alegrías;_
  _Que bien se ve que sois mias_
  _En lo poco que durais._


ESCENA VI.

  MALEC, _que llega á hablar á_ DON FERNANDO, _hincada la rodilla;
  y á los lados_, DON ÁLVARO Y DOÑA CLARA, _que salen en traje de
  moros y se quedan á las puertas_; BEATRIZ.--DICHOS.

D.ª CLAR.

  _(Ap.)_ «No es menester que digais
  Cúyas sois, mis alegrías...»

D. ÁLV.

  _(Ap.)_ «Que bien se ve que sois mias
  En lo poco que durais.»

_(Siempre suenan los instrumentos, aunque se represente.)_

D.ª CLAR.

  _(Ap.)_ ¡Cuánto siendo haber oido
  Ahora aquesta cancion!

D. ÁLV.

  _(Ap.)_ ¡Qué notable confusion
  La voz en mí ha introducido!

D.ª CLAR.

  _(Ap.)_ Pues cuando mi casamiento
  A tratar mi padre viene...

D. ÁLV.

  _(Ap.)_ Pues cuando dichas previene
  Amor, á mi amor atento...

D.ª CLAR.

  _(Ap.)_ Glorias mias, escuchais...

D. ÁLV.

  _(Ap.)_ Escuchais mis fantasías...

_(Música.)_

ELLOS.

  _(Ap.)_ _Que bien se ve que sois mias_
  _En lo poco que durais._

MALEC.

  Señor, pues entre el estruendo
  De Marte el amor se ve
  Tan hallado, bien podré
  Decirte cómo pretendo
  Dar á Maleca marido.

VÁLOR.

  Quién fué tan feliz, me dí.

MALEC.

  Tu cuñado Tuzaní.

VÁLOR.

  Muy cuerda eleccion ha sido,
  Pues uno y otro fïel
  A preceptos de su estrella,
  Él no viviera sin ella,
  Y ella muriera sin él.
  ¿Adónde están?

_(Llegan Don Álvaro y Doña Clara.)_

D.ª CLAR.

                 A tus piés
  Alegre llego.

D. ÁLV.

                Y yo ufano,
  Para que nos des tu mano.

VÁLOR.

  Mil brazos tomad, y pues
  En nuestro docto alcoran,
  Ley que ya todos guardamos,
  Más ceremonias no usamos
  Que las prendas que se dan
  Dos, déle á Maleca divina
  Sus arras el Tuzaní.

D. ÁLV.

  Todo es poco para tí,
  A cuya luz peregrina
  Se rinde el mayor farol;
  Y así temo, porque arguyo
  Que es darle al sol lo que es suyo,
  Darle diamantes al sol.
  Aqueste un Cupido es,
  De sus flechas guarnecido;
  Que áun de diamantes Cupido,
  Viene á postrarse á tus piés.
  Esta una sarta de perlas,
  De quien duda quien ignora
  Que las llorara el aurora,
  Si tú habias de cogerlas.
  Esta es un águila bella,
  Del color de mi esperanza;
  Que sólo un águila alcanza
  Ver el sol que mira ella.
  Un clavo para el tocado
  Es este hermoso rubí,
  Que ya no me sirve á mí,
  Pues mi fortuna ha parado.
  Estas memorias... Mas no
  Las tomes; que en tales glorias,
  Quiero que tengas memorias
  Tú, sin traértelas yo.

D.ª CLAR.

  Las arras, Tuzaní, aceto,
  Y á tu amor agradecida,
  Traerlas toda mi vida
  En tu nombre te prometo.

D.ª ISAB.

  Y yo os doy el parabien
  De aqueste lazo inmortal,
  (_Ap._ Que ha de ser para mi mal.)

MALEC.

  Ea, pues, las manos den
  Albricias al alma.

D. ÁLV.

                     Puesto
  A tus piés estoy.

D.ª CLAR.

                    Los brazos
  Conformen eternos lazos.

LOS DOS.

  Yo soy feliz...

_(Al darse las manos, tocan cajas dentro.)_

TODOS.

                  Mas ¿qué es esto?

MALEC.

  Cajas españolas son
  Las que atruenan estos riscos,
  Que no tambores moriscos.

D. ÁLV.

  ¿Quién vió mayor confusion?

VÁLOR.

  Cese la boda, hasta ver
  Qué novedad causa ha sido...

D. ÁLV.

  ¿Ya, señor, no lo has sabido?
  ¿Qué más novedad que ser
  Dichoso yo? Pues el sol
  Mira apénas mi ventura,
  Cuando eclipsan su luz pura
  Las armas del español.

_(Vuelven á tocar.)_


ESCENA VII.

ALCUZCUZ, _con unas alforjas al hombro_.--DICHOS.

ALCUZC.

  ¡Gracias á Mahoma y Alá,
  Que á tus piés haber llegado!

D. ÁLV.

  Alcuzcuz, ¿dónde has estado?

ALCUZC.

  Ya todos estar acá.

VÁLOR.

  ¿Qué te ha sucedido?

ALCUZC.

                       Yo
  Hoy de posta estar, é aposta
  Liego aquí, aunque por la posta,
  Quien por detras me cogió,
  Lievóme con otros dos
  A un Don Juan, que ahora es venido;
  E crestianilio fingido,
  Decirle que crêr en Dios.
  No me dió muerte; cativo
  Ser del soldado crestiano,
  Que no se labará en vano:
  A éste apénas le apercibo
  Que senda saber por donde
  Poder la Alpojarra entrar,
  Cuando la querer mirar.
  De camaradas se esconde,
  E aquesta forja me dando
  Donde venir su comida,
  Por una parte escondida,
  Entrar los dos camenando.
  Apénas solo le ver,
  Cuando, sin que seguir pueda,
  Füí por monte, é se queda
  Sin cativo é sin comer;
  Porque aunque me seguir quiso,
  Una trompa que salir
  De moros, le hacer huir:
  E yo venir con aviso
  De que ya muy cerca dejo
  Don Juan de Andustria en campaña,
  A quien decir que acompaña
  El gran marqués de Mondejo
  Con el marqués de Luzbel,
  El que fremáticos doma,
  Don Lope Figura-roma,
  Y Sancho Débil con él:
  Todos hoy á la Alpojarra
  Venir contra tí.

VÁLOR.

                   No digas
  Más, porque á cólera obligas
  Mi altivez siempre bizarra.

D.ª ISAB.

  Ya desde esa excelsa cumbre
  Donde tropezando el sol,
  O teme ajar su arrebol
  O teme apagar su lumbre,
  Ni bien ni mal se divisan
  Entre várias confusiones
  Los armados escuadrones
  Que nuestros términos pisan.

D.ª CLAR.

  Grande gente ha conducido
  Granada á aquesta faccion.

VÁLOR.

  Pocos muchos mundos son,
  Si á vencerme á mí han venido,
  Aunque fuera el que sujeta
  Ese hermoso laberinto,
  Como hijo de Cárlos Quinto,
  Hijo del quinto planeta;
  Porque aunque estos horizontes
  Cubran de marciales señas,
  Serán su pira estas peñas,
  Serán su tumba estos montes.
  Y pues se viene acercando
  Ya la ocasion, advertidos,
  No ya desapercibidos
  Nos hallen, sino esperando
  Todo su poder; y así,
  Su puesto ocupe cualquiera.
  Malec se vaya á Galera,
  Vaya á Gavia Tuzaní,
  Que yo en Berja me estaré,
  Y á quien Alá deparare
  La suerte, que Alá le ampare,
  Pues suya la causa fué.
  Id á Gavia; que la gloria
  Que hoy es de amor interes,
  Celebrarémos despues
  Que quedemos con victoria.

_(Vanse Don Fernando Válor, Doña Isabel, Malec, moriscos y músicos.)_


ESCENA VIII.

DON ÁLVARO, DOÑA CLARA; ALCUZCUZ Y BEATRIZ, _retirados_.

D.ª CLAR.

  _(Para sí.)_ «No es menester que digais
  Cúyas sois, mis alegrías...»

D. ÁLV.

  _(Para sí.)_ «Qué bien se ve que sois mias
  En lo poco que durais.»

D.ª CLAR.

  _(Para sí.)_ Alegrías mal logradas,
  Antes muertas que nacidas...

D. ÁLV.

  _(Para sí.)_ Rosas sin tiempo cogidas,
  Flores sin sazon cortadas...

D.ª CLAR.

  _(Para sí.)_ Si rendidas, si postradas
  A un ligero soplo estais...

D. ÁLV.

  _(Para sí.)_ No digais que el bien gozais...

D.ª CLAR.

  _(Para sí.)_ Pues siendo para perder,
  Que sintais es menester...

D. ÁLV.

  _(Para sí.)_ _No es menester que digais._

D.ª CLAR.

  _(Para sí.)_ Alegrías de un perdido,
  Aborto sois de un cuidado,
  Puesto que habeis espirado
  Primero que habeis nacido.
  Si acaso, si yerro ha sido
  Hallarme vuestras porfías
  Por otra, no esteis baldías
  Conmigo un rato pequeño:
  Dejadme, y buscad el dueño
  _Cúyas sois, mis alegrías_.

D. ÁLV.

  _(Para sí.)_ Por gran maravilla os toca,
  Dichas: luego bien moristeis;
  Que si maravillas fuisteis,
  Fuerza fué vivir tan poco.
  De contento estuve loco,
  Y ya de melancolías:
  ¡Qué bien, qué bien, alegrías,
  Se ve que sois de otro á quien
  Buscais! Y ¡ay, penas, qué bien,
  _Qué bien se ve que sois mias!_

D.ª CLAR.

  _(Para sí.)_ Aunque si ser pretendeis
  Alegrías, bien hicisteis...

D. ÁLV.

  _(Para sí.)_ Pues que dos veces lo fuisteis,
  En una que os deshaceis.

D.ª CLAR.

  _(Para sí.)_ Dos veces desde hoy sereis
  Venturosas.

LOS DOS.

  _(Para sí.)_ Lo mostrais
  En la prisa con que os vais
  Cuando á mi alivio acudís...

D. ÁLV.

  _(Para sí.)_ En lo tarde que venís...

D.ª CLAR.

  _(Para sí.)_ _En lo poco que durais._

D. ÁLV.

  Hablando estaba conmigo
  A solas, porque no sé
  Si en tantas penas podré
  Hablar, Maleca, contigo.
  Cuando era mi amor testigo
  Desta victoriosa palma,
  Vuelve á suspenderse en calma;
  Y así calla, porque es mengua
  Que quiera alzarse la lengua
  Con los afectos del alma.

D.ª CLAR.

  El hablar es libre accion,
  Pues puede un hombre callar;
  El oir no, porque ha de estar
  Eso en ajena razon;
  Y es tanta mi suspension,
  Que ocupada del sentir,
  No oiré lo que has de decir:
  ¿Qué mucho en tanto pesar
  Que tú no estés para hablar,
  Si yo no estoy para oir?

D. ÁLV.

  El rey á Gavia me envia,
  Tú á Galera vas, y amor,
  Luchando con el honor,
  Se rinde á su tiranía:
  Quédate ahí, esposa mia,
  Y piadoso el cielo quiera
  Que el cerco que nos espera,
  Que el poder que nos agravia,
  Me vaya á buscar á Gavia,
  Porque te deje en Galera.

D.ª CLAR.

  ¿De suerte, que no podré
  Verte, hasta ver acabada
  Esta guerra de Granada?

D. ÁLV.

  Sí podrás; que yo vendré
  Todas las noches, porqué
  Dos leguas que hay en rigor
  De allí á Gavia, será error
  No volarlas mi deseo.

D.ª CLAR.

  Mayores distancias creo
  Que sabe medir amor.
  Yo en el postigo estaré
  Esperándote del muro.

D. ÁLV.

  Y yo, dese amor seguro,
  Cada noche al muro iré.
  Dáme los brazos, en fe. _(Cajas.)_

D.ª CLAR.

  Cajas vuelven á tocar.

D. ÁLV.

  ¡Qué desdicha!

D.ª CLAR.

                 ¡Qué pesar!

D. ÁLV.

  ¡Qué padecer!

D.ª CLAR.

                ¡Qué sentir!
  ¿Esto es amar?

D. ÁLV.

                 Es morir.

D.ª CLAR.

  Pues ¿qué más morir que amar?

_(Vanse los dos.)_


ESCENA IX.

BEATRIZ, ALCUZCUZ.

BEATRIZ.

  Alcuzcuz, llégate aquí,
  Pues solos hemos quedado.

ALCUZC.

  Zarilia, aquese recado
  ¿Ser al alforja, ó á mí?

BEATRIZ.

  ¡Que siempre has de estar de gorja,
  Aunque todo sea tristeza!
  Escúchame.

ALCUZC.

             Esa fineza
  ¿Ser á mí, ó ser al alforja?

BEATRIZ.

  A tí es; pero ya que así
  Ella mi amor atropella,
  Tengo de ver qué hay en ella.

ALCUZC.

  Luego ser á elia, é no á mí.

BEATRIZ.

  Esto es tocino... y condeno

_(Va sacando lo que dicen los versos.)_

  Traerlo tú deste modo.
  Este es vino. ¡Ay de mí! Todo
  Cuanto traes aquí es veneno.
  Yo no lo quiero tocar
  Ni ver, Alcuzcuz: advierte
  Que puede darte la muerte
  Si lo llegas á probar. _(Vase.)_


ESCENA X.

ALCUZCUZ.

  ¿Todos de voneno llenos
  Estar? Sí: ya lo creer,
  Pues Zara decir, que ser
  Sierpe é saber de vonenos.
  Y áun otra razon más clara
  Es de que el voneno vió
  Zara, que no le probó,
  Con ser tan golosa Zara.
  El crestianilio sin duda
  Matar á Alcuzcuz queria.
  ¡Ay tan gran beliaquería!
  Mahoma librarme pudo,
  Porque á Meca le ofrecer
  Ir á ver el zancarron. _(Cajas.)_
  Mas cerca escochar el són,
  Y ya de divisos ver
  En trompas el monte lieno.
  Seguir quiero al Tozaní.
  ¿Haber álguien por ahí
  Que querer deste voneno? _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Cercanías de Galera._


ESCENA XI.

DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE DE FIGUEROA, DON JUAN DE MENDOZA,
SOLDADOS.

MENDOZA.

  Desde aquí se dejan ver
  Mejor las señas, al tiempo
  Que ya declinando el sol,
  Está pendiente del cielo.
  Aquella villa que á mano
  Derecha, sobre el cimiento
  De una dura roca há tantos
  Siglos que se está cayendo,
  Es Gavia la alta: y aquella
  Que tiene á su lado izquierdo,
  De quien las torres y riscos
  Están siempre compitiendo,
  Es Berja; y Galera es esta,
  A quien este nombre dieron
  O porque su fundacion
  Es así, ó ya porque vemos
  Que á piélagos de peñascos
  Ondas de flores batiendo,
  Sujeta al viento, parece
  Que se mueve con el viento.

D. JUAN.

  Destas dos fuerzas la una
  Se ha de sitiar.

D. LOPE.

                   Pues miremos
  Cuál tiene disposicion
  Más al propósito nuestro,
  Y manos á la labor;
  Que piés no están para eso.

D. JUAN.

  Aquel morisco rendido
  Me traed, y dél sabremos
  Si trata verdad ó no
  En lo que fuere diciendo.
  ¿Dónde está Garcés, á quien
  Se le dí por prisionero?

MENDOZA.

  No le he visto desde entónces.


ESCENA XII.

GARCÉS.--DICHOS.

GARCÉS.

  _(Dentro.)_ ¡Ay de mí!

D. JUAN.

                         Mirad qué es eso.

_(Sale Garcés herido, cayendo.)_

GARCÉS.

  Yo soy; que á tus plantas no
  Llegara ménos que muerto.

MENDOZA.

  Garcés es.

D. JUAN.

             ¿Qué ha sucedido?

GARCÉS.

  Tu Alteza perdone un yerro
  Por un aviso.

D. JUAN.

                Decid.

GARCÉS.

  Aquel morisco, aquel preso
  Que me entregaste, te dijo
  Que venía con intento
  De entregarte el Alpujarra:
  Yo, señor, con el deseo
  De saber el paso, y ser
  El que la entrase el primero
  (Que áun la ambicion del honor
  No es ambicion de provecho),
  Dije que me la enseñara.
  Seguíle á solas por esos
  Laberintos donde el sol
  Aun se pierde por momentos,
  Con andarlos cada dia.
  Apénas entre dos cerros
  Él se vió conmigo, cuando
  Por los peñascos subiendo,
  Dió voces, y ya á sus voces
  O á las que le hurtaba el eco,
  Respondieron unas tropas
  De moros, que descendiendo,
  A la presa se avanzaban
  Como quien son, como perros.
  Inútil fué la defensa,
  Y en fin, en mi sangre envuelto,
  Discurrí el monte á ampararme
  De las hojas, cuando veo
  Debajo de las murallas
  De Galera, donde llego,
  Abierta una boca, un
  Melancólico bostezo
  Del peñasco sobre quien
  Estriba, que con el peso
  Del edificio, sin duda
  Gimió, y por quedar gimiendo
  Siempre, no volvió á cerrarle,
  Y se le dejó entreabierto.
  Aquí, pues, me eché, y aquí,
  O bien porque no me vieron,
  O porque ya sepultado
  Me dejaron como muerto,
  De aquesta manera estuve
  El sitio reconociendo;
  Y en fin, Galera minada
  De los ardides del tiempo
  (Que para sitios de peñas
  Es el mejor ingeniero)
  Está: y como tú sobre ella
  Te pongas, podrás con fuego
  Volarla, como esta boca,
  Que es muy posible, ganemos,
  Sin esperar lo prolijo
  De sitiarla; y yo te ofrezco
  Hoy por una vida, cuantas
  Galera contiene dentro;
  Sin que pueda con mi rabia,
  Sin que valgan con mi acero,
  Ni en los niños la piedad,
  Ni la clemencia en los viejos,
  Ni el respeto en las mujeres,
  Que con esto lo encarezco.

D. JUAN.

  Retirad ese soldado. _(Llévanle.)_
  Ya tomo por buen agüero,
  Don Lope de Figueroa,
  Saber de Galera esto;
  Que desde que oí que habia
  En el Alpujarra pueblo
  Que Galera se llamaba,
  La quise poner el cerco,
  Por ver si, como en el mar,
  Dicha en las galeras tengo
  En la tierra.

D. LOPE.

                Pues ¿qué aguardas?
  Vamos á ocupar los puestos;
  Que esta es la hora mejor,
  Pues de noche, sin estruendo
  Podremos llegarnos más.--
  A Galera marche el tercio.

UN SOLD.

  Pase la palabra.

OTRO.

                   Pase.

SOLDADS.

  A Galera.

D. JUAN.

            Dadme, cielos,
  Fortuna, como en el agua,
  En la tierra, porque opuestos
  Aquella naval batalla
  Y este cerco campal, luégo
  Pueda decir que en la tierra
  Y en la mar, tuve en un tiempo
  Dos victorias, que confusas,
  Aun no distinga yo mesmo
  De un cerco y una naval,
  Cuál fué la naval ó el cerco. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Muros de Galera._


ESCENA XIII.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ; _despues_, DOÑA CLARA.

D. ÁLV.

  Vida y honor, Alcuzcuz,
  Hoy á tu cuidado dejo;
  Pues ya ves que si se sabe
  Que falto de Gavia y vengo
  A Galera, honor y vida
  En sólo un instante pierdo.
  Con esa yegua te queda,
  Miéntras yo en el jardin entro;
  Que luégo salgo, y es fuerza
  Que hemos de volvernos luégo
  A entrar en Gavia ántes que
  En Gavia nos echen ménos.

ALCUZC.

  Sempre á te servir me obligo;
  Y aunque con tal prisa vengo
  Que áun no me diste lugar
  De dejalde en mi aposento
  Este alforja, sin menear
  Aquí haliar en este puesto.

D. ÁLV.

  Si de aquí faltas, la vida
  Te he de quitar, vive el cielo.

_(Sale Doña Clara por un postigo.)_

D.ª CLAR.

  ¿Eres tú?

D. ÁLV.

            Pues ¿quién pudiera
  Ser tan fïel?

D.ª CLAR.

                Entra presto;
  No acierten á conocerte,
  Si en el muro te detengo. _(Vanse.)_


ESCENA XIV.

ALCUZCUZ; _despues_, SOLDADOS.

ALCUZC.

  ¡Vive Alá, que me dormir!
  Pesado estar, sonior suenio.
  No haber oficio tan malo
  Como el de ser alcahuetos,
  Porque todos los oficios
  Trabajar para sí mesmos,
  É alcahueto para el otros.--
  Jó, yegua.--A mi cuento vuelvo;
  Que vencer el suenio así.
  Tal vez se hacer zapatero
  Zapatos, tal vez se hacer
  El sastre el vestido nuevo,
  El cocinero probar
  Si estar el guisado bueno,
  Hacer el pastel hechizo
  É comerle el pastelero:
  En fin, alcahueto sólo
  No es para sí de provecho,
  Pues ni calzar lo que cose
  Ni probar lo que está haciendo.
  Jó...--¡Que se tomó ¡ay de mé!
  El yegua, é se me ir corriendo!

_(Éntrase corriendo, y dice dentro.)_

  Jó, yegua, detente é hacer
  Esto que te estar pidiendo;
  Que yo hacer por tí otra cosa
  Que me pedir tú. No puedo
  Alcanzar...--¡Ay, Alcuzcuz! _(Sale.)_
  ¡Muy buena hacienda haber hecho!
  ¿En qué volverse mi amo?
  Que él me ha de matar, ser cierto,
  Pues ser forzoso que á Gavia
  No poder liegar á tiempo.
  Hé aquí que sale é decir:
  «Dar el yegua.--No le tengo.--
  ¿Qué le hacer?--Fuéseme el yegua.--
  ¿Por dónde?--Por esos cerros.--
  Mataréte.» ¡Zas!... é dame
  Con el daga por el pecho.
  Pues si habemos de morer,
  Alcuzcuz, con el acero,
  Y hay mortes en que escoger,
  Murámonos de voneno;
  Que es morte mas dolce. Vaya,
  Pus que ya el vida aborrezco.

_(Saca una bota de la alforja, y bebe.)_

  Mejor ser morer así,
  Pues no morer por el ménos
  Bañado un hombre en su sangre:
  ¿Cómo estar? Bueno me siento:
  No ser el voneno fuerte;
  E si es que morer pretendo,
  Más voneno es menester: _(Bebe.)_
  No ser frio, á lo que bebo,
  El voneno, ser caliente:
  Sí, pues arder acá dentro.
  Más voneno es menester; _(Bebe.)_
  Que muy poco á poco muero.
  Ya parece que se enoja,
  Pues que ya va haciendo efecto;
  Que los ojos se me turbian
  E se me traba el cerebro,
  El lengua ponerse gorda
  E saber el boca á herro.
  Ya que muero, no dejar _(Bebe.)_
  Para otro matar voneno,
  Será piedad. ¿Dónde estar
  Me boca, que no la encuentro?

_(Cajas dentro.)_

SOLDADS.

  _(Dentro.)_ Centinelas de Galera,
  Al arma.

ALCUZC.

           ¿Qué ser aquesto?
  Mas si relámpagos hay,
  ¿Quién duda que ha de haber truenos?


ESCENA XV.

DON ÁLVARO Y DOÑA CLARA, _asustados_.--ALCUZCUZ.

D.ª CLAR.

  Las centinelas, señor,
  Hacen de las torres fuego.

D. ÁLV.

  Sin duda el campo cristiano
  En el nocturno silencio
  Amparado de las sombras,
  Sobre Galera se ha puesto.

D.ª CLAR.

  Véte, señor; que ya ves
  Todo el castillo revuelto.

D. ÁLV.

  ¿Y será gloriosa accion
  Que digan de mí que dejo
  Sitiada á mi dama...

D.ª CLAR.

                       ¡Ay triste!

D. ÁLV.

  Y que las espaldas vuelvo?

D.ª CLAR.

  Sí, que en defender á Gavia
  Está tu honor de por medio,
  Y quizá han ido sobre ella:
  Tambien es de advertir esto.

D. ÁLV.

  ¿Quién vió mayor confusion
  Que yo en un punto padezco?
  Mi honor y mi amor están
  Dándome voces á un tiempo.

D.ª CLAR.

  Responde á las de tu honor.

D. ÁLV.

  Antes responder pretendo
  A las dos.

D.ª CLAR.

             ¿De qué manera?

D. ÁLV.

  En llevarte me resuelvo
  Conmigo; que si en dejarte
  Y en no dejarte me pierdo,
  Corra mi honor y mi amor
  Una fortuna y un riesgo.
  Vénte conmigo: una yegua,
  Veloz injuria del viento,
  Nos llevará.

D.ª CLAR.

               Con mi esposo
  Voy: nada aventuro en esto.
  Tuya soy.

D. ÁLV.

            ¡Hola, Alcuzcuz!

ALCUZC.

  ¿Quién llama?

D. ÁLV.

                Yo soy, trae presto
  La yegua.

ALCUZC.

            ¿El yegua?

D. ÁLV.

                       ¿Qué aguardas?

ALCUZC.

  Aguardo el yegua, que luégo
  Me decir que volvería.

D. ÁLV.

  Pues ¿dónde está?

ALCUZC.

                    Fuése huyendo;
  Mas yegua es de su palabra,
  E volver luego al momento.

D. ÁLV.

  ¡Viven los cielos, traidor!...

ALCUZC.

  No tocar á mé, teneros,
  Porque estar avonenado,
  E matar con el aliento.

D. ÁLV.

  Que tengo de darte muerte.

D.ª CLAR.

  Detente. ¡Ay de mí!

_(Va á detenerle, y se hiere la mano.)_

D. ÁLV.

                      ¿Qué es eso?

D.ª CLAR.

  Por detenerte, la mano
  Me corté con el acero.

D. ÁLV.

  Cueste esa sangre una vida.

D.ª CLAR.

  Pues por la mia te ruego
  Que no le mates.

D. ÁLV.

                   ¿Qué en mí
  No podrá ese juramento?
  ¿Es mucha la sangre?

D.ª CLAR.

                       No.

D. ÁLV.

  Apriétate á ella ese lienzo.

D.ª CLAR.

  Y pues ves que no es posible
  Seguirte ya, véte presto:
  Que no siéndolo en un dia
  Ganar la villa, yo ofrezco
  Irme mañana contigo,
  Pues nos queda el paso abierto
  Siempre por aquesta parte.

D. ÁLV.

  Con esa esperanza acepto
  El partido.

D.ª CLAR.

              Alá te guarde.

D. ÁLV.

  ¿Para qué, si yo aborrezco
  Vivir ya?

ALCUZC.

            Pues aquí haber
  Para la perder remedio:
  Que á mí me sobrar un poco
  De dolcísimo voneno.

D.ª CLAR.

  Véte pues.

D. ÁLV.

             ¡Qué triste voy!

D.ª CLAR.

  Y yo ¡qué afligida quedo!

D. ÁLV.

  Por saber qué opuesta estrella...

D.ª CLAR.

  Por saber qué hado severo...

D. ÁLV.

  Es este que entre mi amor...

D.ª CLAR.

  Es el que entre mis deseos...

D. ÁLV.

  Siempre se pone...

D.ª CLAR.

                     Está siempre...

D. ÁLV.

  A mis desdichas atento.

D.ª CLAR.

  Puesto que un arma cristiana
  Nos estorba por momentos.

ALCUZC.

  ¿Esto es dormer ó morer?
  Mas todo diz que es el mesmo,
  Y ser verdad, pues no sé
  Si me muero ó si me duermo.



JORNADA TERCERA.

_Cercanías de Galera._


ESCENA PRIMERA.

DON ÁLVARO, _sin ver á_ ALCUZCUZ, _que está durmiendo en el suelo_.

D. ÁLV.

  Noche pálida y fria,
  A tu silencio dignamente fia
  Mi esperanza su empleo,
  Mi amor su dicha, mi alma su trofeo;
  Pues en tí (aunque á pesar de tanta estrella)
  Dará más noble luz Maleca bella,
  Cuando redes y lazos
  Robada finja entre mil dulces brazos.
  En alas del cuidado,
  Como á un cuarto de legua ya he llegado
  De Galera. Esta parte
  Donde naturaleza obró sin arte
  Cerrados laberintos
  De hojas, ni bien confusos ni distintos,
  Nocturno albergue sea
  Del caballo; y pues nadie hay que me vea,
  Quede á ese tronco atado,
  Más seguro á las riendas hoy fiado
  Un bruto, que al cuidado ayer de un hombre,

_(Tropieza en Alcuzcuz.)_

  Que... Mas no hay accidente que no asombre
  Un pecho enamorado.
  Si bien este accidente
  Con justa causa mi valor le siente,
  Pues cuando al muro ya á acercarme empiezo,
  Todo cuanto hoy he visto, todo cuanto
  He hallado, es asombro, horror y espanto.
  ¡Ay infelice, ay triste,
  Oh tú, que monumento el monte hiciste!
  Mas no... ¡Ay dichoso, oh tú, que con la muerte
  Mejoraste las ánsias de tu suerte!
  ¡Con qué de sombras lucho!

_(Despierta Alcuzcuz.)_

ALCUZC.

  ¿Quién es que me pisar?

D. ÁLV.

                          ¡Qué veo! ¡Qué escucho!
  ¿Quién va? ¿Quién es?

ALCUZC.

                        Alcuzcuz,
  Que aquí esperar le mandaste
  Con el yegua, y aquí estar,
  Sin que me haber visto nadie.
  Si haber de volver á Gavio
  Hoy, ¿cómo salir tan tarde?
  Mas siempre haber al partirse
  Gran perecilia entre amantes.

D. ÁLV.

  Alcuzcuz, ¿qué haces aquí?

ALCUZC.

  ¿Cómo preguntar qué haces
  A Alcuzcuz, si te esperar
  Desde que por porta entraste
  Del muro á ver á Maleca?

D. ÁLV.

  ¿Quién vió cosa semejante?
  Pues ¿desde anoche, que fué
  Eso, estás aquí?

ALCUZC.

                   ¿Qué hablalde
  Desde anoche, si no haber
  Que me dormir un instante
  Con un mal voneno que
  Tomar porque me matase,
  De miedo de que la yegua
  Ir por esos andurriales?
  Mas pues ya es el yegua vuelta
  Y voneno no matarme
  (Que Alá mejorar el horas),
  Vamos pues.

D. ÁLV.

              ¡Qué disparates!
  Tú estabas borracho anoche.

ALCUZC.

  Si hay vonenos que emborrachen,
  Sí estar... y creerlo ahora
  En que el boca á hierro sabe,
  Estar el lengua é los labios
  Secos como pedernales,
  Ser de yesca el paladar,
  Saberme todo á venagre.

D. ÁLV.

  Véte de aquí; que no es bien
  Que ya otra vez me embaraces
  La dicha, pues por tí anoche
  Perdí la ocasion más grande;
  Y no quiero que por tí
  Aquesta tambien me falte.

ALCUZC.

  No tener el culpa, Zara
  Sí, porque ella asegorarme
  Que era voneno, é beberle
  Por morirme. _(Ruido dentro.)_

D. ÁLV.

               Hácia esta parte
  Siento gente. Entre estas ramas
  Esperemos á que pasen. _(Vanse.)_


ESCENA II.

GARCÉS, SOLDADOS.

GARCÉS.

  Esta de la mina es
  La boca que al muro sale:
  Llegad, llegad con silencio,
  Pues no nos ha visto nadie.
  Ya está dada fuego, y ya
  Esperamos por instantes
  Que reviente el monte, dando
  Nubes de pólvora al aire.
  En volándose la mina,
  Ninguno un minuto aguarde,
  Sino á ir á ocupar el puesto
  Que ella nos desocupare,
  Procurando mantenerle
  Hasta llegar lo restante
  De la gente que emboscada
  En esa espesura yace. _(Vanse.)_


ESCENA III.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ; _despues_, MORISCOS Y DON LOPE.

D. ÁLV.

  ¿Oiste algo?

ALCUZC.

               Nada oir.

D. ÁLV.

  ¿Quién duda que es ronda que ande
  Corriendo el monte? Por eso
  Puse cuidado en guardarme.
  ¿Fuéronse?

ALCUZC.

             ¿Ya no lo ves?

D. ÁLV.

  Ya es bien al muro acercarme.--

_(Disparan dentro.)_

  Mas ¿qué es esto?

ALCUZC.

                    No haber boca
  Que más claramente hable
  Que la boca de una pieza,
  Aunque se ignora el lenguaje.

_(Explosion de una mina.)_

MORISCS.

  _(Dentro.)_ ¡Valedme, cielos!

ALCUZC.

                              ¡Valedme,
  Mahoma! así Alá te guarde.

D. ÁLV.

  Parece que se desquicia
  De sus ejes inmortales
  Todo el orbe de cristal,
  Todo el globo de diamante.

D. LOPE.

  _(Dentro.)_ Ya voló la mina; todos
  A la batería que hace. _(Cajas.)_

D. ÁLV.

  ¿Qué Etnas, qué Mongibelos,
  Qué Vesubios, qué volcanes
  En su vientre concibieron
  Los montes, que así los paren?

ALCUZC.

  ¿Qué monjiles, qué besugos,
  Qué leznas ni qué alacranes?
  Que todo ser humo y fuego.

D. ÁLV.

  ¿Quién vió más terrible trance?
  En confusos laberintos
  De armas ya la villa arde,
  Y para abortar horrores,
  Víbora de alquitran y áspid
  De pólvora, hecha pedazos,
  Todas las entrañas abre.
  Estrago de España es este.
  Ni soy noble, pues, ni amante,
  Si á socorrer á mi dama
  Al fuego no me arrojare,
  Trepando al muro y rompiendo
  Sus almenas de diamante;
  Que como yo entre mis brazos
  A Maleca hermosa saque,
  Galera y el mundo todo
  Mas que se queme y se abrase. _(Vase.)_

ALCUZC.

  Ni ser amante ni noble,
  Si en confusion tan notable
  Quedar Zara. Mas ¿qué importa
  No ser yo noble ni amante?
  Hartos amantes y nobles
  Haber: y como escaparme
  Yo, que Zara y que Galera
  Mas que se queme y se abrase. _(Vase.)_


       *       *       *       *       *


_Ruinas de Galera._


ESCENA IV.

  DON JUAN DE MENDOZA, DON LOPE DE FIGUEROA, GARCÉS, SOLDADOS;
  _despues_, MALEC, MORISCOS Y DOÑA CLARA.

D. LOPE.

  No quede persona á vida:
  Llévese á fuego y á sangre
  La villa.

GARCÉS.

            A pegarla fuego
  Entraré. _(Vase.)_

SOLD. 1.º

           Yo á aprovecharme
  Del saco. _(Salen Malec y moriscos.)_

MALEC.

            Yo basto solo,
  Puesto por muro delante,
  A defenderla. _(Batalla.)_

MENDOZA.

                Señor,
  Este es Ladin el alcaide.

D. LOPE.

  Ríndete ya.

MALEC.

              ¿Qué es rendirme?

D.ª CLAR.

  _(Dentro.)_ ¡Ladin, señor, dueño, padre!

MALEC.

  _(Ap.)_ Maleca es: ¡oh quién pudiera
  Hoy dividirse en dos partes!

D.ª CLAR.

  _(Dentro.)_ Que me da un cristiano muerte.

MALEC.

  Pues á mí estotros me maten
  Sin defenderme, y á un tiempo
  Tu vida y mi vida acaben.

D. LOPE.

  Muere, perro, y á Mahoma
  Da un recado de mi parte.

_(Éntranse los cristianos, retirando á los moriscos.)_


ESCENA V.

  _Despues de haberse concluido la batalla dentro, salen_ SOLDADOS,
  GARCÉS, DON LOPE Y DON JUAN DE MENDOZA.

SOLD. 1.º

  No se ha hecho presa tal
  De joyas y de diamantes.

SOLD. 2.º

  Rico quedo desta vez.

GARCÉS.

  Ninguna vida hoy se guarde
  Que á mi acero, por hermosa
  O por caduca, se escape:
  Sólo me falta de hallar
  Aquel morisquillo infame,
  Para volver bien vengado.

D. LOPE.

  Pues toda Galera arde,
  Manda retirar la gente
  Antes que su incendio llame
  El socorro.

MENDOZA.

              A retirar.
  Pase la palabra.

SOLDADS.

                   Pase. _(Vanse.)_


ESCENA VI.

DON ÁLVARO; _despues_, DOÑA CLARA.

D. ÁLV.

  Por entre montes de llamas,
  Entre piélagos de sangre,
  Tropezando en cuerpos muertos,
  Quiso mi amor que llegase,
  A la casa de Maleca,
  Estrago ya miserable,
  Pues del acero y del fuego
  Pavesa dos veces yace.
  ¡Ay esposa! presto yo
  Moriré, si llego tarde.
  ¿Dónde Maleca estará?
  Que ya no se mira á nadie.

D.ª CLAR.

  _(Dentro.)_ ¡Ay de mí!

D. ÁLV.

                       Esta voz que el viento
  Lastimosamente esparce
  De mal pronunciadas quejas,
  De bien repetidos ayes,
  Es rayo que me penetra.
  ¿Quién vió desdicha más grande?
  A las luces que confusas
  Ya cebado el fuego hace,
  Miro una mujer que está
  Apagándolas con sangre...
  ¡Y es Maleca! ¡Oh santos cielos!
  O dadla vida ó matadme.

_(Entra, y saca á Doña Clara, suelto el cabello, sangriento el rostro,
y medio vestida.)_

D.ª CLAR.

  Soldado español, en quien
  Ni piedad ni rigor cabe:
  Piedad pues que ya me heriste,
  Rigor pues no me acabaste,
  Vuelve á mi pecho el acero:
  Mira que es rigor notable
  Que tus acciones no sean
  Ni rigores ni piedades.

D. ÁLV.

  Deidad infeliz (que ya
  Hay infelices deidades,
  Pues de tí lo aprenden cuantas
  De humanas fortunas saben),
  El que en sus brazos te tiene,
  No solicita matarte;
  Que ántes quisiera su vida
  Dividir en dos mitades.

D.ª CLAR.

  Bien dicen esas razones
  Que eres africano alarbe;
  Y si por mujer y triste,
  Dos veces puedo obligarte,
  Una fineza te deba.
  En Gavia está por alcaide
  El Tuzaní, esposo mio:
  Pártete luego á buscarle,
  Y este estrecho último abrazo
  Le llevarás de mi parte;
  Y dirásle que su esposa,
  Bañada en su propia sangre,
  A manos de un español,
  De sus joyas y diamantes
  Más que de honor ambicioso,
  Hoy muerta en Galera yace.

D. ÁLV.

  El abrazo que me das,
  No, no es menester llevarle
  A tu esposo; que por ser
  Fin de tus felicidades,
  Él le sale á recibir;
  Que no hay desdicha que tarde.

D.ª CLAR.

  Sola una voz ¡ay bien mio!
  Pudo nuevo aliento darme,
  Pudo hacer feliz mi muerte.
  Deja, deja que te abrace.
  Muera en tus brazos y muera... _(Espira.)_

D. ÁLV.

  ¡Oh cuánto, oh cuánto ignorante
  Es quien dice que el amor
  Hacer de dos vidas sabe
  Una vida! pues si fueran
  Esos milagros verdades,
  Ni tú murieras, ni yo
  Viviera; que en este instante,
  Muriendo yo y tú viviendo,
  Estuviéramos iguales.
  Cielos, que visteis mis penas,
  Montes, que mirais mis males,
  Vientos, que oís mis rigores,
  Llamas, que veis mis pesares,
  ¿Cómo todos permitís
  Que la mejor luz se apague,
  Que la mejor flor se os muera,
  Que el mejor suspiro os falte?
  Hombres que sabeis de amor,
  Advertirme en este lance,
  Decidme en esta desdicha,
  ¿Qué debe hacer un amante
  Que viniendo á ver su dama
  La noche que ha de lograrse
  Un amor de tantos dias,
  Bañada la halla en su sangre,
  Azucena guarnecida
  De más peligroso esmalte,
  Oro acrisolado al fuego
  Del más riguroso exámen?
  ¿Qué debe aquí hacer un triste
  Que el tálamo que esperarle
  Pudo, halla túmulo, donde
  La más adorada imágen,
  Que iba siguiendo deidad,
  Vino á conseguir cadáver?
  Mas no, no me respondais,
  No teneis que aconsejarme;
  Que si no obra por dolor
  Un hombre en sucesos tales,
  Mal obrará por consejo.
  ¡Oh montaña inexpugnable
  De la Alpujarra, oh teatro
  De la hazaña más cobarde,
  De la victoria más torpe,
  De la gloria más infame!
  ¡Oh nunca, oh nunca tus montes,
  Oh nunca, oh nunca tus valles
  Hubieran visto en su cumbre
  Hubieran visto en su márgen
  La más infeliz belleza!
  Mas ¿de qué sirve quejarme,
  Si las quejas, con ser quejas,
  Aun no son prendas del aire?


ESCENA VII.

DON FERNANDO VÁLOR, DOÑA ISABEL TUZANÍ, MORISCOS.--DON ÁLVARO; DOÑA
CLARA, _muerta_.

VÁLOR.

  Aunque con lenguas de fuego
  Galera en su ayuda llame,
  Tarde hemos llegado.

D.ª ISAB.

                       Y tanto,
  Que ya sus plazas y calles
  Son abrasadas cenizas,
  Que en llamas piramidales
  Se oponen á las estrellas.

D. ÁLV.

  No os admire, no os espante
  Venir tan tarde vosotros,
  Si yo tambien vine tarde.

VÁLOR.

  ¡Oh qué presagio tan triste!

D.ª ISAB.

  ¡Qué asombro tan miserable!

VÁLOR.

  ¿Qué es esto?

D. ÁLV.

                Esta es la mayor
  Pena, este el dolor más grande,
  La desdicha más cruel,
  La desventura más grave;
  Que ver morir y morir
  Tan triste y tan lamentable-
  Mente lo que se ama, es
  La cifra de los pesares,
  El colmo de las desdichas
  Y el mayor mal de los males:
  Maleca ¡ay triste! mi esposa,
  Es (¡qué pena tan notable!)
  La que (¡qué dolor tan triste!)
  Pálida (¡qué duro trance!)
  Y sangrienta (¡qué cruel!)
  Estáis mirando delante.
  Aleve mano en su pecho
  Hizo herida penetrante
  Entre el fuego. ¿A quién no admira,
  A quién no asombra que apague
  Fuego á fuego, y que al acero
  Se dé á partido un diamante?
  Todos sois testigos, todos,
  Del más sacrílego ultraje,
  La más fiera accion, el más
  Triste horror, costoso exámen
  Del amor y la fortuna,
  Y así, desde aqueste instante
  Todos lo habeis de ser, todos,
  De la mayor, la más grande
  Y la más noble venganza
  Que en sus corónicas guarde
  La eternidad de los bronces,
  La duracion de los jaspes;
  Pues á esta beldad difunta,
  Flor truncada, rosa fácil,
  Que al fin maravilla muere
  Como maravilla nace,
  Hago juramento, hago
  Firme amoroso homenaje
  De vengar su muerte; y puesto
  Que Galera, á quien no en balde
  Dieron este nombre, ya
  Zozobrando sobre mares
  De púrpura que la anegan,
  De llamas que la combaten,
  Se va á pique despeñada
  Desde esta cumbre á ese valle;
  Pues ya de los españoles
  Apénas se escucha el parche,
  Y pues se van retirando,
  Yo iré siguiendo el alcance,
  Hasta que al mismo entre todos
  Homicida suyo halle:
  Vengaré, si no su muerte,
  A lo ménos mi coraje;
  Porque el fuego que lo ve,
  Porque el mundo que lo sabe,
  Porque el viento que lo escucha,
  La fortuna que lo hace,
  El cielo que lo permite,
  Hombres, fieras, peces, aves,
  Sol, luna, estrellas y flores,
  Agua, tierra, fuego, aire
  Sepan, conozcan, publiquen,
  Vean, adviertan, alcancen
  Que hay en un alarbe pecho,
  En un corazon alarbe
  Amor despues de la muerte,
  Porque áun ella no se alabe
  Que dividió su poder
  Los dos más firmes amantes. _(Vase.)_

VÁLOR.

  Detente, espera.

D.ª ISAB.

                   Primero
  Harás que un rayo se pare.

VÁLOR.

  Retirad esa belleza
  Infeliz.--No os acobarde
  Ver que esa bárbara Troya
  Ese rústico homenaje
  Caiga en horror á la tierra,
  Vuele en cenizas al aire,
  Moriscos de la Alpujarra,
  Si para venganzas tales,
  Vuestro rey Abenhumeya
  No ciñe este acero en balde. _(Vase.)_

D.ª ISAB.

  _(Ap.)_ ¡Pluguiera el cielo sus montes,
  Que son soberbios Atlantes
  Del fuego que los consume,
  Del viento que los combate,
  Ya titubear se viesen,
  Ya caducar se mirasen,
  Porque dieran fin en ellos
  Tantas infelicidades! _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Campo inmediato á Berja._


ESCENA VIII.

DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE, DON JUAN DE MENDOZA, SOLDADOS.

D. JUAN.

  Ya que rendida Galera
  En rüinas se eterniza,
  Y que en su propria ceniza
  Es el fénix y la hoguera;
  Ya que del ardiente esfera,
  Entre el escándalo sumo,
  Un fragmento la presumo
  Adonde voraz y ciego
  Es el Minotauro el fuego
  Y es el laberinto el humo;
  No tenemos que esperar,
  Sino ántes que la aurora
  Cuaje las perlas que llora
  Sobre la espuma del mar,
  Empiece el campo á marchar
  A Berja; que mi atrevido
  Corazon, nunca vencido,
  Descanso no ha de tener
  Hasta á Abenhumeya ver
  A mis piés muerto ó vencido.

D. LOPE.

  Si quieres, señor, que hagamos
  De Berja lo que hemos hecho
  De Galera, satisfecho
  Estás de tus armas: vamos.
  Pero si el órden miramos
  Del Rey, no fué su intencion
  Destruir gentes que son
  Sus vasallos, sino dar
  Escarmientos, y templar
  El castigo y el perdon.

MENDOZA.

  Yo lo que Don Lope digo:
  Piadoso y cruel te crean,
  Y la cara al perdon vean,
  Pues vieron la del castigo.
  Sea su perdon testigo
  De tus piedades, señor:
  Témplese ya tu rigor,
  Pues más se suelen mostrar
  El valor en perdonar,
  Porque el matar no es valor.

D. JUAN.

  Mi hermano (es verdad) me envía
  A que esto apacigüe yo;
  Mas rogar sin armas, no
  Sabe la cólera mia.
  Pero ya que de mí fia
  Castigo y perdon, me obligo
  A que el mundo sea testigo
  Que uso en cualquiera ocasion
  Con las armas del perdon,
  Con los ruegos del castigo.--
  Don Juan...

MENDOZA.

              Señor...

D. JUAN.

                       Vos iréis
  A Berja, donde está hoy
  Válor, y que á Berja voy,
  De mi parte le diréis.
  Público el perdon le haréis
  Y el castigo, y con igual
  Providencia al bien y al mal,
  Le diréis que si rendido
  Se quiere dar á partido,
  Daré perdon general
  A todos los rebelados,
  Con que vuelvan á vivir
  Con nosotros y asistir
  En sus oficios y estados;
  Que de los daños pasados
  Hoy mi justicia severa
  Más satisfaccion no espera;
  Que se rinda al fin, porqué,
  Si no, á Berja soplaré
  Las cenizas de Galera.

MENDOZA.

  A servirte voy. _(Vase.)_


ESCENA IX.

DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE, SOLDADOS.

D. LOPE.

                  No ha habido
  Saco jamás que haya dado
  Más provecho: no hay soldado
  Que rico no haya venido.

D. JUAN.

  ¿Tanto tesoro escondido
  Dentro de Galera habia?

D. LOPE.

  Dígatelo la alegría
  De tus soldados.

D. JUAN.

                   Yo quiero,
  Porque presentar espero
  A mi hermana y reina mia
  Desta guerra los trofeos,
  A los soldados feriar
  Cuanto fuere de enviar.

D. LOPE.

  Con esos mismos deseos
  Hice yo algunos empleos,
  Y esta sarta que he comprado
  A un hombre que la ha ganado,
  Te ofrezco por la mejor
  Joya para dar, señor.

D. JUAN.

  Buena es; y no es excusado
  Tomarla, por no excusar
  Lo que me habeis de pedir.
  Enséñeos yo á recibir,
  Pues vos me enseñais á dar.

D. LOPE.

  El precio es más singular
  Que os sirvais della y de mí.


ESCENA X.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ.--DICHOS.

D. ÁLV.

  _(Sin ver á Don Juan.)_ Hoy, Alcuzcuz, sólo á tí
  Quiero, en la empresa que sigo,
  Por compañero y amigo.

ALCUZC.

  Muy bien te fiar de mí;
  Aunque tu esfuerzo, no sé
  Qué ser lo que acá procura.

_(Ap. á Don Álvaro.)_

  Mas quedo; que éste es su Altura.

D. ÁLV.

  ¿Aqueste es Don Juan?

ALCUZC.

                        Sí á fe.

D. ÁLV.

  Con atencion le veré,
  Por su fama y su opinion.

D. JUAN.

  ¡Qué iguales las perlas son!

D. ÁLV.

  _(Ap.)_ Y ya, aunque yo no quisiera
  Con atencion verle, fuera
  Precisa en mí la atencion.
  Aquella sarta ¡ay de mí!
  Que en su mano ¡ay alma! ves,
  Bien la he conocido, es
  La que yo á Maleca di.

D. JUAN.

  Vamos, Don Lope, de aquí.
  ¡Qué admirado este soldado
  De mirarme se ha quedado!

D. LOPE.

  Pues ¿quién, señor, no se admira,
  Cada vez que el rostro os mira?

_(Vanse Don Juan, Don Lope y soldados.)_


ESCENA XI.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ.

D. ÁLV.

  Suspenso y mudo he quedado.

ALCUZC.

  Ya, señor, que solo estás,
  ¿Por qué has bajado, decir,
  De la Alpujarra, y venir
  Aquí?

D. ÁLV.

        Presto lo sabrás.

ALCUZC.

  Mé no querer saber más
  De que hasta aquí haber venido,
  Para ser arrepentido
  De seguirte.

D. ÁLV.

               Pues ¿por qué?

ALCUZC.

  Escuchar, é lo diré.
  Mé, sonior, cativo he sido
  De un cristianilio soldado,
  Que si en el campo me ver,
  Matar.

D. ÁLV.

         ¿Cómo puede ser,
  Si vienes tan disfrazado,
  Conocerte? Y pues mudado
  El traje los dos traemos,
  Pasar entre ellos podemos,
  Sin sospecha averiguada,
  Por cristianos, pues en nada
  Ya moriscos parecemos.

ALCUZC.

  Tú, que bien el lengua hablar,
  Tú, que cativo no ser,
  Tú, que español parecer,
  Seguro poder pasar;
  Mé, que no sé pernunciar,
  Mé, que preso haber estado,
  Mé, que este traje no he usado,
  ¿Cómo excusar el castigo?

D. ÁLV.

  Hablando solo conmigo,
  Pues, en fin, en un criado
  Ninguno reparará.

ALCUZC.

  ¿E si álguien quiere saber
  De mé algo?

D. ÁLV.

              No responder.

ALCUZC.

  ¿Quién no responder podrá?

D. ÁLV.

  Quien mire cuánto le va.

ALCUZC.

  Mahoma solamente pudo
  Hacerme por fuerza mudo,
  Siendo tan grande hablador.

D. ÁLV.

  Necios extremos de amor,
  No dudo ¡ay de mí! no dudo
  Que acuseis mi atrevimiento,
  Pues idólatra gentil
  De un sol puesto, en treinta mil
  Un soldado hallar intento
  A quien sigo por el viento,
  Pues ni señas ni razon
  Traigo dél; mas confusion
  Por admiracion me das:
  ¿Qué importa un prodigio más,
  Adonde tantos lo son?
  Bien sé, bien, que no es posible
  Hallar mi venganza, no;
  Mas ¿qué hiciera yo, si yo
  No intentara lo imposible?
  Pero aunque bien infalible
  Ví la primer seña, en vano
  La creo, porque está llano
  Que es quien es, y es cosa clara
  Que un noble no ensangrentara
  En una mujer la mano;
  Porque valor no asegura,
  Porque no arguye nobleza,
  Quien no admira una belleza,
  Quien no adora una hermosura,
  Que en sí misma está segura:
  Luego no es suyo el rigor.
  Mienten sus señas, amor,
  Tus indicios han mentido;
  Que otro ha sido, que otro ha sido
  El vil, el fiero, el traidor.

ALCUZC.

  ¿Ser eso á qué haber venido?

D. ÁLV.

  Sí.

ALCUZC.

      Pues presto nos volver,
  Porque ¿cómo puede ser
  Sin haberle conocido,
  · · · · · · · · · · ·[18]
  Hallarle?

  [18] Desde la escena VIII hasta el verso _El vil, el fiero, el
  traidor_, está el diálogo escrito en décimas; desde dicho verso
  hasta el de _A tí no te toca más_, hay nueve, que parecen de una
  décima incompleta, á no ser que CALDERON hubiese querido terminar
  este trozo de versificacion aconsonantada con una redondilla y
  una quintilla. Para el sentido nada se echa de ménos.

D. ÁLV.

            Cuando el efeto
  No alcance, me lo prometo.

ALCUZC.

  Esas el cartas serán
  De «En la corte á mi hijo Juan,
  Que andar vestido de prieto.»

D. ÁLV.

  A tí no te toca más...

ALCUZC.

  Ya saber, que hablar por señas
  En álguien viniendo.

D. ÁLV.

                       Sí.

ALCUZC.

  Ponga Alá tiento en mi lengua.


ESCENA XII.

SOLDADOS.--DICHOS.

SOLD. 1.º

  La ganancia está partida
  Bien así, pues el que juega,
  Aunque vaya por dos, siempre
  Algo de ribete lleva.

SOLD. 2.º

  ¿Por qué no ha de ser igual
  La ganancia, si lo fuera
  La pérdida?

SOLD. 3.º

              Eso sí que es justo.

SOLD. 1.º

  Mirad; yo nunca quisiera
  Tener con mis camaradas
  Por intereses pendencias:
  Haya solamente un hombre
  Que diga que es razon esa,
  Y yo no hablaré palabra.

SOLD. 2.º

  ¿Mas que lo dice cualquiera?
  ¡Ah soldado!...

ALCUZC.

  _(Ap.)_         ¡A mé decir,
  E no responder! ¡Paciencia!

SOLD. 2.º

  ¿No respondeis?

ALCUZC.

                  Ha, ha, ha.

SOLD. 3.º

  Mudo es.

ALCUZC.

  _(Ap.)_  ¡Si bien lo supieran!

D. ÁLV.

  (_Ap._ Este ha de echarme á perder
  Si yo no salgo á la enmienda.
  Divertirlo importa.) Hidalgos,
  Perdonad, por vida vuestra,
  Si no entiende ese criado
  Lo que le mandais, pues muestra
  Bien que es mudo.

ALCUZC.

  _(Ap.)_           No ser mudo;
  Mas ser en casion como esta
  Pique, repique y capote,
  Pues que no tiene respuesta.

SOLD. 2.º

  Lo que decirle queria,
  Ha sido suerte que pueda
  Mejorarse en vos, que es duda.

D. ÁLV.

  Yo holgara satisfacerla.

SOLD. 1.º

  Yo he ganado por los dos
  Entre el dinero una prenda,
  Que es este Cupido...

D. ÁLV.

  _(Ap.)_               ¡Ay triste!

SOLD. 1.º

  De diamantes.

D. ÁLV.

  _(Ap.)_      ¡Ay Maleca!
  Las joyas son de tu bodas
  Despojos de tus exequias.
  ¿Cómo he de vengarla, cómo,
  Si van tomando las señas
  Los extremos, pues alcanza
  Desde un soldado á una Alteza?

SOLD. 1.º

  Al partir, pues, la ganancia,
  Le doy el Cupido en cuenta
  En lo que yo le gané;
  Dice él que no quiere prendas:
  Mirad si habiendo ganado
  Yo, no es justo que prefiera
  En la particion.

D. ÁLV.

                   Yo quiero
  Componer la diferencia,
  Ya que he llegado á ocasion,
  Dando el dinero por ella
  En que estuviere jugada;
  Pero con una advertencia,
  Que he de saber yo primero
  Quién la trajo, porque sea
  Segura.

SOLD. 2.º

          Seguras son
  Todas cuantas hoy se juegan;
  Porque todo se ha ganado
  En el saco de Galera
  A esos perros.

D. ÁLV.

  _(Ap.)_        ¡Que yo, cielos,
  Tal escuche y tal consienta!

ALCUZC.

  _(Ap.)_ ¡Qué mé, ya que no matar,
  No poderle hablar siquiera!

SOLD. 1.º

  Yo os pondré con quien la trajo;
  Que él me contó aquí por señas,
  Que entre sus joyas quitado
  La habia á una morisca bella,
  A quien dió muerte.

D. ÁLV.

  _(Ap.)_             ¡Ay de mí!

SOLD. 1.º

  Venid: de su boca mesma
  Lo oiréis.

D. ÁLV.

  (_Ap._     No oiré; que primero,
  Como una vez quién es sepa,
  Le mataré á puñaladas.)
  Vamos. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Vista exterior de un cuerpo de guardia._


ESCENA XIII.

SOLDADOS; _y luego_, GARCÉS, DON ÁLVARO Y ALCUZCUZ.

SOLDADS.

  _(Dentro.)_ Deténganse.

OTROS.

  _(Dentro.)_             Afuera. _(Riñen dentro.)_

UN SOLD.

  _(Dentro.)_ Tengo de darle la muerte,
  Aunque el mundo lo defienda.

OTRO.

  Con nuestro enemigo es.

OTRO.

  Pues, amigo, muera, muera.

GARCÉS.

  _(Dentro.)_ Si yo estoy solo ¿qué importa
  Que todos contra mí sean?

_(Salen riñendo Garcés y soldados, y deteniéndolos Don Álvaro; detras
Alcuzcuz.)_

D. ÁLV.

  Tantos á uno, soldados,
  Es infamia y es bajeza.
  Deténganse, ó haré yo,
  Vive Dios, que se detengan.

ALCUZC.

  _(Ap.)_ ¡A bonas cosas venir,
  A no hablar, é á ver pendencias!

UN SOLD.

  Muerto soy. _(Cae dentro.)_


ESCENA XIV.

DON LOPE, SOLDADOS.--DICHOS.

D. LOPE.

              ¿Qué es esto?

UN SOLD.

                            Muerto
  Está: huyamos, no nos prendan.

_(Huyen todos los que reñian.)_

GARCÉS.

  _(A Don Álvaro.)_ La vida os debo, soldado:
  Yo, yo os pagaré la deuda. _(Vase.)_

D. LOPE.

  Detenéos.

D. ÁLV.

            Ya lo estoy.

D. LOPE.

  De los dos las armas vengan:
  Quitadle la espada.

D. ÁLV.

  (_Ap._              ¡Ay cielo!)
  Mire Usiría y advierta
  Que á poner paz la saqué,
  Sin ser mia la pendencia.

D. LOPE.

  Yo sólo sé que en el cuerpo
  De guardia os hallo, con ella
  Desnuda y un hombre muerto.

D. ÁLV.

  _(Ap.)_ Imposible es mi defensa.
  ¿A quién habrá sucedido
  Que á matar á un hombre venga,
  Y por darle vida á otro,
  En tal peligro se vea?

D. LOPE.

  Y vos, ¿no dais esa espada?
  ¡Bueno! ¿hablador sois de señas?
  Pues yo os he visto otra vez
  Hablar, si bien se me acuerda.
  En ese cuerpo de guardia
  Presos aquestos dos tengan,
  Miéntras sigo á los demas.

ALCUZC.

  _(Ap.)_ Dos cosas me daban pena,
  Pendencia, é caliar; ya ser
  Tres, si bien hacer el cuenta.
  Una, dos, tres: sí, tres ser,
  Prision, caliar é pendencia. _(Llévanlos.)_


ESCENA XV.

DON JUAN DE AUSTRIA.--DON LOPE; _despues_, DON JUAN DE MENDOZA.

D. JUAN.

  ¿Qué ha sido aquesto, Don Lope?

D. LOPE.

  Fué, señor, una pendencia
  En que un hombre muerto ha habido.

D. JUAN.

  Pues si cosas como esas
  No se castigan, habrá
  Cada dia mil tragedias;
  Mas usarse ha con templanza
  De la justicia. _(Sale Don Juan de Mendoza.)_

MENDOZA.

                  Tu Alteza
  Me dé sus piés.

D. JUAN.

                  ¿Qué hay, Mendoza?
  ¿Qué responde Abenhumeya?

MENDOZA.

  Sorda trompeta de paz
  Toqué á la vista de Berja,
  Y muda bandera blanca
  Me respondió á la trompeta.
  Entré con seguro dentro,
  Llegué al dosel ó á la esfera
  De Abenhumeya... Bien dije,
  Si estaba con él la bella
  Doña Isabel Tuzaní,
  Que hoy es Lidora, y su reina.
  A la usanza de su ley
  En una almohada me sienta,
  Gozando de embajador
  En todo la prêminencia,
  (_Ap._ ¡Ay, amor, qué neciamente
  Dormidos gustos despiertas!)
  Y él de rey la autoridad.
  Dí tu embajada; y apénas
  Se divulgó que hoy á todos
  Dabas perdon, cuando empiezan
  Por las plazas y las calles,
  A hacer alegrías y fiestas.
  Pero Abenhumeya, hijo
  Del valor y la soberbia,
  Encendido en saña, viendo
  Cuánto alborota y altera
  A sus gentes el perdon,
  Esto me dió por respuesta:
  «Yo soy rey de la Alpujarra;
  Y aunque es provincia pequeña,
  A mi valor, presto España
  Se verá á mis plantas puesta.
  Si no quieres ver su muerte,
  Díle á Don Juan que se vuelva,
  Y si algun baharí morisco
  Gozar dese indulto piensa,
  Llevátele tú contigo
  A que sirva en esa guerra
  A Felipe, porque así
  Haya ese más á quien venza.»
  Con esto me despidió,
  Dejando ya en arma puesta
  La Alpujarra, porque toda,
  Ya civiles bandos hecha,
  Unos «España» apellidan,
  Otros «Africa» vocean;
  De suerte que su mayor
  Ruina, que su mayor guerra
  Hoy, parciales y divisos,
  Tienen dentro de sus puertas.

D. JUAN.

  Nunca tiene más asiento,
  Más duracion ni más fuerza
  Un rey tirano, porque
  Los primeros que le alientan
  Al principio, son al fin
  Los primeros que le dejan,
  Quizá bañado en su sangre.
  Y pues hoy desa manera
  La Alpujarra está, ántes que ellos
  Víboras humanas sean
  Que se dén muerte á sí mismos,
  Marche el campo todo á Berja,
  Y venzámoslos nosotros
  Primero que ellos se venzan:
  No hagamos suya la hazaña,
  Si hacerla podemos nuestra. _(Vanse.)_


       *       *       *       *       *


_Prision en el cuerpo de guardia._


ESCENA XVI.

ALCUZCUZ Y DON ÁLVARO, _con las manos atadas_.

ALCUZC.

  El rato que estar aquí
  Solos los dos é poder
  Hablar, quijera saber,
  Sonior Tozaní, de tí,
  Ya que Alpojarra dejar
  E á aquesta terra venir,
  Si fué á matar, ó á morir.

D. ÁLV.

  A morir, y no á matar.

ALCUZC.

  Quien poner en paz pendencia,
  El peor parte ha lievado.

D. ÁLV.

  Como yo no era culpado,
  No me puse en resistencia;
  Que este corazon gentil
  Puesto en defensa, mil presto
  Me dejaran.

ALCUZC.

              Con todo esto,
  Yo me atener á los mil.

D. ÁLV.

  En fin, ¿yo dejé de ver
  Al que infame se alabó
  De que las joyas quitó,
  Dando muerte á una mujer?

ALCUZC.

  No ser eso lo peor,
  Si no estar mandados ya
  Confesar. Mas ¿qué será
  Ver venir al confesor,
  Creyendo crestianos ser?

D. ÁLV.

  Ya que todo lo he perdido,
  Me he de vender bien vendido.

ALCUZC.

  Pues ¿qué pensar ahora hacer?

D. ÁLV.

  Con un puñal que escondido
  En la cinta me quedó,
  Que siempre debajo yo
  De la casaca he traido,
  Dar á esa posta la muerte.

ALCUZC.

  ¿Con qué manos?

D. ÁLV.

                  ¿No podrás
  Con los dientes por detras
  Romper ese lazo fuerte?

ALCUZC.

  Por detras... y dientes... no
  Estar muy limpia la traza.

D. ÁLV.

  Llega, rompe ó desenlaza
  El cordel...

ALCUZC.

               Sí haré.

D. ÁLV.

                        Que yo
  Veré si te ven.

ALCUZC.

  _(Desátale.)_   Ya estar:
  Romper tú el mio.

D. ÁLV.

                    No puedo;
  Que entra gente.

ALCUZC.

                   Así me quedo
  Con cordel y sin hablar. _(Retiránse.)_


ESCENA XVII.

UN SOLDADO, _que hace la posta_; GARCÉS, _con prisiones_.--DICHOS.

SOLDADO.

  _(A Garcés.)_ Aquel vuestro camarada
  Y un criado suyo mudo,
  Que animoso sacar pudo
  A vuestro lado la espada,
  Son los que veis.

GARCÉS.

                    Aunque es fuerza
  Sentir que me hayan prendido
  Tantos como me han seguido,
  En una parte me esfuerza
  A no sentirlo el librar
  A quien la vida me dió,
  Pues en su descargo yo
  Me tengo de declarar.
  Vos á Don Juan mi señor
  De Mendoza le decí
  Cómo preso quedo aquí:
  Que merced me haga y favor
  De verme, para que pida
  Mi vida al señor Don Juan,
  Pues mis servicios serán
  Los méritos de mi vida.

SOLDADO.

  Yo le diré que aquí os vea,
  En acabando de hacer
  La posta.

D. ÁLV.

  _(Ap. á Alcuzcuz.)_ Tú puedes ver,
  Como al descuido, quién sea
  El que con la posta ha entrado
  En la prision.

ALCUZC.

                 Sí veré.--
  ¡Ay de mí! _(Repara en Garcés.)_

D. ÁLV.

             ¿Que tienes?

ALCUZC.

                          ¿Qué?
  El haber aquí llegado...

D. ÁLV.

  Prosigue.

ALCUZC.

            Estar de horror lleno.

D. ÁLV.

  Habla.

ALCUZC.

         De temor no vivo.

D. ÁLV.

  Di.

ALCUZC.

      Ser de quien fuí cautivo,
  Ser á quien corrí el vonero.
  Sin duda saber que aquí
  Estar... Mas por sí ó por nó,
  El cara guardaré yo,
  Para que no me vea, así.

_(Échase como que quiere dormir.)_

GARCÉS.

  _(Á Don Álvaro.)_ Puesto que sin conoceros
  Ni haberos servido en nada,
  Me dió vida vuestra espada,
  Bien crêreis que siento el veros
  Desa suerte. Si pudiera
  Tener mi prision consuelo,
  El libraros, vive el cielo,
  Sólo mi consuelo fuera.

D. ÁLV.

  Guardeos Dios.

ALCUZC.

  _(Ap.)_        ¿Preso venir
  Y el de la pendencia ser?
  Sí que entónces no le ver
  Con la prisa del reñir.

GARCÉS.

  En fin, hidalgo, no os dé
  Cuidado vuestra prision;
  Que yo por la obligacion
  En que entónces os quedé,
  La vida pondré, primero
  Que vos, siendo mia, pagueis
  La culpa que no teneis.

D. ÁLV.

  De vuestro valor lo espero;
  Si bien mi prision no ha sido
  Lo que más siento, por Dios,
  Sino que perdí por vos
  La ocasion que me ha traido
  A esta tierra.

SOLDADO.

                 No teneis
  Que temer los dos morir,
  Pues siempre he oido decir,
  Y áun vosotros lo sabeis,
  Que si de una muerte son
  Dos los cómplices, no habiendo
  Más de una herida, y no siendo
  Caso pensado ó traicion,
  Uno muera solamente,
  Y que éste que muere sea
  El de la cara más fea.

ALCUZC.

  _(Ap.)_ El que tal decir revente.

SOLDADO.

  Y así, el tal mudo este dia,
  De todos tres, morirá. _(Vase.)_


ESCENA XVIII.

DON ÁLVARO, GARCÉS, ALCUZCUZ.

ALCUZC.

  _(Ap.)_ Claro estar, porque no habrá
  Cara peor que la mia
  En el mundo.

GARCÉS.

               De vos creo
  Que aquesta merced me haréis,
  Ya que obligado me habeis.

ALCUZC.

  _(Ap.)_ ¡Ley ser morir el más feo!

GARCÉS.

  Sepa á quién debo el vivir.

D. ÁLV.

  Yo no soy más que un soldado,
  Que aventurero he llegado...

ALCUZC.

  _(Ap.)_ ¡Ley el más feo morir!

D. ÁLV.

  Solamente con deseo
  De hallar á un hombre: esta ha sido
  La ocasion que me ha traido.

ALCUZC.

  _(Ap.)_ ¡Ley ser morir el más feo!

GARCÉS.

  Quizá yo os podré decir
  Dél. ¿Cómo se llama?

D. ÁLV.

                       No
  Lo sé.

GARCÉS.

         ¿En qué tercio llegó
  A esta ocasion á servir?

D. ÁLV.

  No lo sé.

GARCÉS.

            ¿Qué señas tiene?

D. ÁLV.

  No sé.

GARCÉS.

         Pues bien le halleréis,
  Si su nombre no sabeis
  Ni señas, ni con quién viene.

D. ÁLV.

  Pues sin saberle las señas,
  Nombre, ni con quién está,
  Le he tenido hallado ya.

GARCÉS.

  No son enigmas pequeñas
  Las vuestras; pero no os dé
  Cuidado, pues en sabiendo
  Su Alteza este caso, entiendo
  Que me dé vida, porque
  Me tiene á mí obligacion
  Tan grande, que si no fuera
  Por mí, no entrara en Galera;
  Y esa perdida ocasion
  Hallar podremos los dos;
  Que de quien sois obligado,
  He de estar á vuestro lado
  Al bien y al mal, vive Dios.

D. ÁLV.

  En efecto, ¿que vos fuisteis
  El que entraisteis en Galera?

GARCÉS.

  ¡Pluguiera á Dios no lo fuera!

D. ÁLV.

  ¿Por qué, si esa hazaña hicisteis?

GARCÉS.

  Porque desde que yo en ella
  El primero puse el pié,
  No sé qué influjo, no sé
  Qué hado, qué rigor, qué estrella
  Me persigue, que no ha habido
  Cosa que á la suerte mia,
  Desde aquel infausto dia
  Mal no me haya sucedido.

D. ÁLV.

  ¿De qué os nace ese recelo?

GARCÉS.

  No sé sino es de que allí
  Muerte á una morisca dí,
  Y se ofendió todo el cielo,
  Porque su hermosura era
  Su traslado.

D. ÁLV.

               ¿Tan hermosa
  Era?

GARCÉS.

       Sí.

D. ÁLV.

  (_Ap._   ¡Ay perdida esposa!)
  ¿Cómo fué?

GARCÉS.

             Desta manera:
  Estando de posta un dia,
  Entre unas espesas ramas.
  Que á los lutos de la noche
  Iban pisando las faldas,
  Prendí á un morisco. No quiero
  (Que estas son cosas muy largas)
  Deciros que me engañó,
  Llevándome entre unas altas
  Peñas, adonde sus voces
  Convocaron la Alpujarra;
  Que huyendo dél, me escondí
  En una gruta; pues basta
  Decir que esta fué la mina,
  Que en una peña cavada,
  Monstruo fué que concibió
  Tanto fuego en sus entrañas.
  Yo fuí quien noticia della
  Traje al señor Don Juan de Austria,
  Y yo fuí quien al ingenio
  La noche estuve de guardia,
  Yo quien de la batería
  Mantuve siempre la entrada
  A la otra gente, y yo, en fin,
  Quien por medio de las llamas
  Penetré la villa, siendo
  Su racional salamandra,
  Hasta que llegué, pasando
  Globos de fuego, á una casa
  Fuerte, que sin duda era
  De la gente plaza de armas,
  Pues allí se avanzó toda.--
  Pero parece que os cansa
  Mi relacion, y que no
  Teneis gusto en escucharla.

D. ÁLV.

  No es sino que divertido
  Acá en mis penas estaba.
  Proseguid.

GARCÉS.

             Llegué, en efecto,
  Lleno de cólera y rabia,
  A la casa de Malec
  (Que era en fin toda mi ánsia
  El palacio ó casa fuerte),
  Al tiempo que ya su alcázar
  Don Lope de Figueroa,
  Lustre y honor de su patria,
  Rendido tenía y sitiado
  Del fuego por partes várias,
  Y muerto al alcaide. Yo
  Que entre el aplauso buscaba
  El provecho, aunque mal juntos
  Provecho y honor se hallan,
  Ambiciosamente osado
  Discurrí todas las salas,
  Penetré todas las piezas,
  Hasta que llegué á una cuadra
  Pequeña, último retrete
  De la más bella africana
  Que vieron jamás mis ojos.
  ¡Ah! ¡quién supiera pintarla!
  Mas no es tiempo de pinturas.
  Confusa, al fin, y turbada
  De verme, como si fueran
  Las cortinas de una cama
  De una muralla cortinas,
  Detras se esconde y ampara.--
  Pero con llanto en los ojos,
  Y sin color en la cara
  Os habeis quedado.

D. ÁLV.

                     Son
  Memorias de mis desgracias,
  Muy parecidas á esas.

GARCÉS.

  Tened, tened confianza,
  Si es por la ocasion perdida:
  Quien no la busca, la halla.

D. ÁLV.

  Decís verdad. Proseguid.

GARCÉS.

  Entré tras ella, y estaba
  Tan alhajada de joyas,
  Tan guarnecida de galas,
  Que más parecia que amante
  Prevenia y esperaba
  Bodas que exequias. Yo viendo
  Tal belleza, quise darla
  La vida, como al rescate
  Saliese fiadora el alma.
  Apénas, pues, me atreví
  A asirla una mano blanca,
  Cuando me dijo: «Cristiano,
  Si es más ambicion que fama
  Mi muerte, pues con la sangre
  De una mujer más se mancha
  Que se acicala el acero,
  Estas joyas satisfagan
  Tu hidrópica sed, y deja
  Limpio el lecho, la fe intacta
  De un pecho, donde se encierran
  Misterios que áun él no alcanza.»
  --Llegué á los brazos...

D. ÁLV.

                           Espera:
  Escucha, detente, aguarda,
  No llegues á ellos.--¿Qué digo?
  Mis discursos me arrebatan
  La voz. Proseguid; que á mí
  Eso no me importa nada.
  (_Ap._ ¡Pluguiera á amor, pues más siento
  Ya el quererla que el matarla!)

GARCÉS.

  Dió voces en la defensa
  De su vida y de su fama:
  Yo, viendo que ya acudia
  Otra gente, y que ya estaba
  Perdida la una vitoria,
  No quise perderlas ambas,
  Ni que los otros soldados
  Conmigo á la parte entraran;
  Y así, trocando el amor
  Entónces en la venganza
  (Que fácilmente al afecto
  De un extremo al otro pasa),
  Arrebatado no sé
  De qué furia, de qué saña
  Que me movió el brazo entónces
  (Aun repetido es infamia),
  O por quitarla una joya
  De diamantes y una sarta
  De perlas, dejando todo
  Un cielo de nieve y grana.
  La atravesé el pecho.

D. ÁLV.

                        ¿Fué
  Como ésta la puñalada?

_(Saca un puñal y hiérele.)_

GARCÉS.

  ¡Ay de mí!

ALCUZC.

             Aquesto estar hecho.

D. ÁLV.

  Muere, traidor.

GARCÉS.

                  ¿Tú me matas?

D. ÁLV.

  Sí, porque esa beldad muerta,
  Esa rosa deshojada,
  El alma fué de mi vida,
  Y hoy es vida de mi alma.
  Tú eres el que busco, tú
  Tras quien me trae mi esperanza
  A vengar á su hermosura.

GARCÉS.

  ¡Ah, que me coges sin armas
  Y con traicion!

D. ÁLV.

                  Nunca consta
  De términos la venganza.
  Don Álvaro Tuzaní,
  Su esposo, es el que te mata.

ALCUZC.

  Y yo ser, perro cristiano,
  Alcuzcuz, que en el pasada
  Ocasion lievar alforja.

GARCÉS.

  ¿Para qué vida me dabas
  Si me habias de dar muerte?--
  ¡Ah posta, posta de guardia! _(Muere.)_


ESCENA XIX.

DON JUAN DE MENDOZA, SOLDADOS.--DON ÁLVARO, ALCUZCUZ; GARCÉS, _muerto_.

MENDOZA.

  _(Dentro.)_ ¿Qué voces son estas? Abre
  La puerta; que Garcés llama,
  A quien yo vengo á buscar.

_(Salen Don Juan de Mendoza y soldados.)_

  ¿Qué es esto?

_(Quita Don Álvaro la espada á un soldado.)_

D. ÁLV.

                Suelta esa espada.
  Señor Don Juan de Mendoza,
  Yo soy, si el verme os espanta,
  Tuzaní, á quien apellidan
  El rayo de la Alpujarra.
  A vengar vine la muerte
  De una beldad soberana;
  Que no ama quien no venga
  Injurias de lo que ama.
  Yo en otra prision á vos
  Os busqué, donde las armas
  Iguales los dos medimos,
  Cuerpo á cuerpo y cara á cara.
  Si en esta prision venís
  A buscarme vos, bastaba
  Venir solo, pues que sois
  Quien sois, que esto sólo basta.
  Pero si es que habeis venido
  Acaso, nobles desgracias
  Defiendan los hombres nobles:
  Hacedme esa puerta franca.

MENDOZA.

  Yo me holgara, Tuzaní,
  Que en ocasion tan extraña
  Con reputacion pudiera
  Guardaros yo las espaldas;
  Mas ya veis que hacer no puedo
  Al servicio del Rey falta,
  Y es su servicio mataros
  Cuando en su ejército os hallan:
  Y así, he de ser el primero
  Que os mate.

D. ÁLV.

               No importa nada
  Que la puerta me cerreis.
  Que yo la haré á cuchilladas... _(Acuchíllanse.)_

UN SOLD.

  Muerto soy. _(Huye, y cae dentro.)_

OTRO.

              De los abismos
  Es furia que se desata.

D. ÁLV.

  Ahora vereis que soy
  El Tuzaní, á quien la fama
  Apellidará en sus triunfos
  El vengador de su dama.

_(Huyen los soldados.)_

MENDOZA.

  Primero verás tu muerte.

ALCUZC.

  Pregunto: el de mala cara
  ¿Es ley morir?


ESCENA XX.

  DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE, Y SOLDADOS.--DON ÁLVARO, DON JUAN
  DE MENDOZA, ALCUZCUZ; GARCÉS, _muerto_.

D. LOPE.

                 ¿Qué es aquesto?
  ¿Quién este alboroto causa?

D. JUAN.

  Don Juan, ¿qué es esto?

MENDOZA.

                          Es, señor,
  Una cosa bien extraña.
  Es un morisco que viene
  Solo desde la Alpujarra
  A matar un hombre, que
  Dice que mató á su dama
  En el saco de Galera,
  Y le ha muerto á puñaladas.

D. LOPE.

  ¿Tu dama habia muerto?

D. ÁLV.

                         Sí.

D. LOPE.

  Bien hiciste.--Señor, manda
  Dejarle; que este delito
  Más es digno de alabanza
  Que de castigo; que tú
  Mataras á quien matara
  A tu dama, vive Dios,
  O no fueras Don Juan de Austria.

MENDOZA.

  Mira que es el Tuzaní,
  Y que será de importancia
  Prenderle.

D. JUAN.

             Date á prision.

D. ÁLV.

  Aunque tu valor lo manda,
  No estoy dese parecer;
  Y por tu respeto basta
  Que la defensa que intento
  Sea volverte la espalda. _(Vase.)_

D. JUAN.

  Seguidle todos, seguidle.

_(Entranse todos siguiendo á Don Álvaro.)_


       *       *       *       *       *


_Vista exterior de los muros de Berja._


ESCENA XXI.

DOÑA ISABEL Y SOLDADOS MORISCOS _en el muro; despues_, DON ÁLVARO, DON
JUAN DE AUSTRIA Y SOLDADOS.

D.ª ISAB.

  Haz con esa seña blanca
  Llamada al campo cristiano.

_(Sale Don Álvaro.)_

D. ÁLV.

  Entre picas y alabardas
  He rompido, hasta llegar
  A los piés desta montaña.

UN SOLD.

  _(Dentro.)_ Antes que éntre en la espesura
  Un mosquete le dispara.

D. ÁLV.

  Todos sois pocos: cercadme.

MORISCO.

  A Berja subid.

D.ª ISAB.

                 Aguarda.
  ¡Tuzaní, señor!

D. ÁLV.

                  Lidora,
  Toda esa gente, esas armas
  Tras mí vienen.

D.ª ISAB.

                  Pues no temas.

_(Vanse del muro ella y los moriscos.)_

D. JUAN.

  _(Dentro.)_ Tronco á tronco y rama á rama
  Talad el campo hasta hallarle.

_(Salen Don Juan de Austria y soldados, y por otro lado Doña Isabel y
moriscos.)_

D.ª ISAB.

  Generoso Don Juan de Austria,
  Hijo del águila hermosa
  Que al sol mira cara á cara,
  Todo ese monte que ves
  Rebelde á tus esperanzas,
  Una mujer, si la escuchas,
  Viene á ponerle á tus plantas.
  Doña Isabel Tuzaní
  Soy, que aquí tiranizada,
  Viví morisca en la voz
  Y católica en el alma.
  Mujer soy de Abenhumeya,
  Cuya muerte desdichada
  Ensangrentó su corona
  Con su sangre y con sus armas;
  Porque viendo los moriscos
  Que general perdon dabas,
  Trataron rendirse: tal
  Es de un vulgo la inconstancia,
  Que los designios de hoy
  Intentan borrar mañana.
  Y viendo que Abenhumeya
  Con valor les afeaba
  Su cobardía, al entrar
  La compañía de guardia,
  Su capitan le tomó
  Las puertas, y hasta la sala
  Del dosel, entró diciendo:
  «Date por el Rey de España.
  --¿Prenderme á mí?» dijo entónces,
  Y al ir á empuñar la espada,
  Diciendo á voces la gente:
  «¡Viva el sacro nombre de Austria!»
  Un soldado en la cabeza
  Empleó la partesana;
  Que como de la corona
  Juzgó vivir adornada,
  Fué capaz sujeto á un tiempo
  De la dicha y la desgracia.
  Cayó en la tierra, y cayeron
  Con él tantas esperanzas
  Como suspenso tenían
  El mundo con sus hazañas;
  Que al amago ántes que al golpe,
  Pudo titubear España.
  Si el venir, señor, adonde,
  Puesta á tus heróicas plantas
  Del valiente Abenhumeya
  La corona ensangrentada,
  Te merece un perdon, puesto
  Que hoy á los demas alcanza;
  Goce de su indulto el noble
  Tuzaní; que yo postrada
  A tus piés, más que el ser reina
  Estimara ser tu esclava.

D. JUAN.

  Poco has pedido en albricias:
  Hermosa Isabel, levanta.
  Viva el Tuzaní, quedando
  La más amorosa hazaña
  Del mundo escrita en los bronces
  Del olvido y de la fama.

D. ÁLV.

  Dame tus piés.

ALCUZC.

                 Y mé ¿estar
  Perdonado?

D. JUAN.

             Sí.

D. ÁLV.

                 Aquí acaba
  _Amar despues de la muerte_
  Y el sitio de la Alpujarra.



ÍNDICE.


                                      Págs.

  El médico de su honra                  1

  A secreto agravio secreta venganza   113

  El alcalde de Zalamea                215

  El mayor monstruo los celos          323

  Amar despues de la muerte            451





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Teatro selecto, tomo 2 de 4" ***

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