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Title: Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)
Author: Rivarola, Horacio C.
Language: Spanish
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*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Las transformaciones de la sociedad argentina y sus consecuencias institucionales (1853 à 1910)" ***

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(nota del transcriptor)



                          LAS TRANSFORMACIONES

                                 DE LA

                           SOCIEDAD ARGENTINA

                  Y SUS CONSECUENCIAS INSTITUCIONALES

                             (1853 Á 1910)



                          HORACIO C. RIVAROLA

Abogado y doctor en jurisprudencia; doctor en filosofía y letras; profesor
        suplente en las Universidades de Buenos Aires y La Plata

                   *       *       *       *       *

                          LAS TRANSFORMACIONES

                                 DE LA

                           SOCIEDAD ARGENTINA

                  Y SUS CONSECUENCIAS INSTITUCIONALES

                             (1853 Á 1910)

                   *       *       *       *       *

                            ENSAYO HISTÓRICO

                   *       *       *       *       *

                              BUENOS AIRES

                       IMPRENTA DE CONI HERMANOS

                   *       *       *       *       *

                                  1911



                                 ÍNDICE

                   *       *       *       *       *


                              INTRODUCCIÓN

 1. Correspondencia entre las instituciones y la sociedad que las
   adopta.--2. Las transformaciones de la sociedad argentina,
   reveladas por la historia, la sociología y la geografía, y
   su correspondencia con las instituciones.--3. Factores para
   su estudio: a) Concepto moderno de la historia; b) Criterios
   etnológico y económico en sociología: c) Valor de los datos
   geográficos.--4. Planteamiento de la cuestión tratada en este
   libro                                                               1


                               CAPÍTULO I

         1853: LA ÉPOCA DE LA CONSTITUCIÓN DE LA CONFEDERACIÓN
                               ARGENTINA

 1. La sociedad argentina de 1853: su formación étnica é
   histórica; la inmigración.--2. La Capital; la religión;
   educación; prensa; artes y ciencias; las ciudades.--3.
   Las industrias; agricultura; ganadería.--4. Vías de
   comunicación.--5. La situación económica.--6. Propósitos
   enunciados en la Constitución. Conclusión                          27


                              CAPÍTULO II

                     1869: EL PRIMER CENSO NACIONAL

 1. La sociedad argentina de 1869. Medidas protectoras de
   la inmigración.--La formación de la raza y factores que
   contribuyen.--2. Los progresos: la libertad de imprenta;
   la tendencia hacia la _desespañolización_.--3. Cambios
   políticos; situación económica.--4. Vías de comunicación.--5.
   Agricultura; ganadería; otras industrias. Comercio.--6.
   Consecuencias institucionales.--7. Conclusión.                     67


                              CAPÍTULO III

                    1895: EL SEGUNDO CENSO NACIONAL

 1. La sociedad argentina de 1895. Inmigración; medidas
   protectoras. La tendencia anti-extranjera. Los
   naturalizados.--2. Cambios políticos y situación
   económica.--3. Vías de comunicación.--4. Agricultura y
   ganadería; otras industrias.--5. Las ciencias y las artes.--6.
   La educación é instrucción pública.--7. La legislación.--8. El
   socialismo. Conclusión.                                           125


                              CAPÍTULO IV

               1910: CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO

 1. El estado de formación de la raza en 1910. La
   inmigración.--2. Agricultura; ganadería; otras industrias.
   Comercio.--3. Cambios políticos y situación económica.--4.
   Vías de comunicación.--5. La educación é instrucción
   pública.--6. La prensa; bellas artes: religión.--7. El
   socialismo. El anarquismo.--8. Conclusión.                        185


                               CAPÍTULO V

                 TRANSFORMACIÓN SOCIAL É INSTITUCIONES

 1. Factores que deben considerar el historiador y el
   legislador.--2. La transformación material y étnica de la
   República Argentina. La mestización y el hibridismo. Los
   aportes inmigratorios.--3. El carácter del pueblo argentino.
   Afirmaciones de Le Bon. Falta de fundamento. Una opinión de
   Belmar sobre el porvenir del Río de la Plata.--4. Nacimiento
   y transformación de las instituciones. Acuerdo necesario
   entre sociedad é instituciones. El problema respecto de
   la Argentina. Disposiciones constitucionales ó legales de
   relativa permanencia y disposiciones transitorias. Conclusión.    225



                          LAS TRANSFORMACIONES
                                   DE
                         LA SOCIEDAD ARGENTINA
                  Y SUS CONSECUENCIAS INSTITUCIONALES



                              INTRODUCCIÓN

 1. Correspondencia entre las instituciones y la sociedad que las
   adopta.--2. Las transformaciones de la sociedad argentina, reveladas
   por la historia, la sociología y la geografía, y su correspondencia
   con las instituciones.--3. Factores para su estudio: _a_) Concepto
   moderno de la historia; _b_) Criterios etnológico y económico en
   sociología; _c_) Valor de los datos geográficos.--4. Planteamiento
   de la cuestión tratada en este libro.


1. En 1853, la población argentina, sin contar la de indígenas
salvajes, no alcanzaba á 950.000 habitantes, de los cuales sólo 3200
eran extranjeros. En 1910 es próximamente de 6.800.000 habitantes,
comprendiendo 2.300.000 extranjeros. Desde 1853 á 1909, entraron al
país más de 3.400.000 inmigrantes europeos. La primitiva sociedad de
españoles, criollos, indios, negros y mulatos, ha sido aumentada con
el número extraordinario de aportes extraños que revelan estas cifras,
aun descontando las emigraciones y los decesos. Son evidentes los
cambios que simultáneamente se han realizado en la industria, comercio,
agricultura, ganadería ...

Por otra parte, es indiscutible la necesidad de que las instituciones
políticas y las normas legales que se dicten para un pueblo, respondan,
más que á la perfección ideal, á un ideal de adaptación. Sociedad é
instituciones deben acordar y su acuerdo es una ley involucrada en otra
más general que desde Comte, la historia y la sociología aceptan: «Es
que en el fondo de la evolución social, un análisis prolijo descubre
una ley de relación y solidaridad, base indiscutible de todo concepto
científico de las sociedades, un vínculo poderoso que une á las
instituciones, usos, costumbres, ciencias, artes, derecho, religión ...
de tal manera que conociendo una de ellas podrá el sociólogo inducir
sobre las demás; que la modificación sufrida por cualquiera de los
fenómenos repercute en todos, variando su intensidad según los casos.
De ahí el débil poder de los gobiernos para alterar el curso de los
fenómenos sociales, la ineficacia de las leyes, de los congresos, y de
todo el aparato constitucional contemporáneo, que cuando no coincide
con las aspiraciones y sentimientos de los gobernados, se apolilla en
los archivos de las oficinas públicas»[1].

La afirmación no pretende que lo mejor ó más bueno quede en absoluto
relegado porque el pueblo ó el momento no sean propicios para el
cambio. Tal cosa sería afirmar que las instituciones políticas y
legales no son factores en el adelanto de una sociedad, y conclusión
semejante, por exagerada, sería errónea. El principio quiere sólo que
no se proceda por saltos, y que si el ideal de lo bueno absoluto ó
de lo mejor, debe ser guía en las determinaciones, débese también
examinar lo posible antes de aceptar la reforma. No siempre, sin
embargo, la práctica ha correspondido á la teoría. Lo bueno absoluto,
ha intentado disputar el camino á lo mejor y más útil del momento.

Admito como verdad ya adquirida la afirmación de necesaria correlación
entre sociedades é instituciones: cuando un principio se comprueba
en los hechos y en la historia sin que lo contradigan excepciones,
adquiere los contornos y las cualidades de verdad. De otro modo, la
ciencia se hallaría de continuo recomenzando su marcha.


2. Corolario de semejante principio y deducción implícita, es el
reconocimiento de que los cambios que determinada sociedad sufra
en sus elementos componentes, en sus costumbres, en la forma de su
desarrollo, deben llevar como acompañamiento, cambios correspondientes
en sus instituciones, á menos que éstas por su elasticidad, sigan
respondiendo también á los nuevos aspectos de la sociedad.

Nuestro país es ejemplo de una sociedad en que se altera con frecuencia
la proporción de los elementos componentes. Los trasatlánticos
descargan á diario millares de individuos de las más diferentes razas
naturales ó históricas, que llegan con sus mil costumbres diversas,
desde la monogamia estricta hasta la poligamia habitual; con sus
ideas religiosas variables, catolicismo, mahometismo, judaísmo,
budismo, ateísmo ...; con sus grados diversos de educación desde el
pobre inmigrante que no sabe leer ni escribir, que no entiende de
números, atacado de miopía intelectual incurable, hasta un Jacques,
un Burmeister ó un Berg; llegan desde el judío reducido al culto del
centavo y al estudio del tanto por ciento, hasta el músico, el pintor
ó el escultor que lleva en sus venas la sangre de veinte generaciones
de artistas, que tiene ascendientes en los colosos del Renacimiento,
que trabaja todo el día en las faenas más rudas para poder pagar por la
noche un lugar incómodo de algún teatro donde podrá absorberse en los
encantos de las obras de los compositores italianos ó en las energías
y bellezas de la música alemana. Inmigrantes con ideas políticas
distintas, desde el autócrata ruso hasta el anarquista que reniega de
toda patria y que origina en alguno el pensamiento, anárquico también,
de declararlo fuera de toda ley ...

El indio también concurre, y antiguo señor de la tierra se somete
á la civilización que otrora lo venciera: acude á las ciudades y á
los establecimientos de campo. Alguna vez se cruza todavía con los
elementos de la raza superior. Toma ideas, las amolda, las transforma
y obliga al sociólogo argentino á dedicarle capítulos de sus estudios.
Y los negros y mestizos de la época colonial, los criollos y españoles
han impreso también su sello más ó menos débil ó fuerte. La caída de
Rozas abre las puertas á todas las naciones. La avalancha aumenta. No
son los llegados, elementos en reducido número que hagan simplemente
evolucionar ó modificar la sociedad. Pueden serlo en las provincias del
interior, donde los cambios son más lentos. Mas en la capital y en el
litoral son algo más: son elementos que transforman la sociedad, la
superponen, la substituyen. Algunos escritores implícitamente admiten
esta aseveración; otros la manifiestan en términos más concretos. «Si
debiera dar una denominación científica á este fenómeno, le llamaría
substitución de la sociabilidad argentina y no emplearía como muchos
otros, el de _evolución_ argentina, porque éste no expresa con verdad
el hecho, si se ha de respetar el concepto propio de la palabra ...
Las grandes emigraciones de los pueblos no pueden llamarse evolución
del pueblo ó de la raza cuya tierra van á ocupar. A nadie se le ocurre
decir que la raza indígena de esta parte de América, ha evolucionado
hasta constituír nuestra sociedad actual»[2].

La geografía física que preordenó una forma de distribución de
individuos, mantiene su importancia en las nuevas distribuciones: la
económica aporta caudal de conocimientos, que hacen más visible la
transformación: y la inmigración, la ganadería, la agricultura, la
colonización, los ferrocarriles, son factores de primera magnitud en la
solución del problema.

La historia política, depósito de recuerdos en que viven los anhelos,
las luchas, los triunfos ó desengaños de los hombres de estado que
pasaron, concurre con todo su bagaje de enseñanza á la prueba de las
transformaciones producidas.

Y la sociología, en su carácter de ciencia que estudia los fenómenos
sociales, sus relaciones, leyes y consecuencias, adhiere con aquellas
otras enseñanzas á las mismas conclusiones.

Las instituciones políticas y la legislación, no pueden dejar de
considerar todos y cada uno de estos elementos. En la práctica la
cuestión es más difícil. ¿Pueden dictarse instituciones y leyes
permanentes para un pueblo que se transforma en modo diverso en una
región y en otra, que mientras permanece el mismo en Jujuy ó en
Santiago del Estero, cambia desmedidamente en Buenos Aires y en el
litoral? ¿Se pueden dictar para un pueblo cuya raza histórica no se
encuentra constituída aún? ¿Es posible, por el contrario, dejarlo
sin instituciones? Sería caer en la anarquía. ¿Se impondrá sin otras
consideraciones, á todo extranjero una conducta determinada? En caso
tal, sus ideas permanecerán poco menos tales como las trajo, las
transmitirá á sus hijos, y con los años la conducta impuesta será
modificada.

Es de interés nacional el estudio de esos cambios y de aquella
relación. Este ensayo es parte de aquel estudio, indudablemente más
vasto y de la mayor importancia.


3. Así, este trabajo será al mismo tiempo, de historia, de sociología,
de geografía: estas ciencias y otras, contribuyen á la solución del
problema. Indudablemente unas serán de mayor importancia, otras de
menor. Los datos que cada una aporte, deben ser examinados en vista del
fin propuesto.


_a_) Consideraré la historia en el llamado concepto moderno. Sabido
es que esta disciplina científica ha ampliado sus dominios por una
parte, y por otra ha variado en el fin que debe proponerse; la antigua
cronología de los reyes, gobiernos y batallas, deja de ser, con Luis
Vives quizás, con Voltaire sin duda, el único contenido de la historia;
los hombres que á ella se dedican y en ella trabajan se dan cuenta
de la unidad de la vida humana y de la solidaridad de sus aspectos:
verifican que los sucesos políticos no son únicos en la marcha de los
pueblos. Aquellos están relacionados con otros, sufren sus influencias
é influyen á su vez. Los gobiernos no son el pueblo todo, y la historia
de un pueblo no puede en consecuencia limitarse á la de su gobierno y
sus luchas. Se abren paso las descripciones de usos, costumbres, artes,
religión, instituciones. Historiadores subsiguientes encuentran que
aquella ampliación es conveniente y la imitan. Verdad es que no todos
lo hacen en el mismo sentido ni dando igual importancia á idéntico
factor. Para unos las costumbres, el conjunto llamado civilización es
la base de los conocimientos históricos, para otros la religión, para
aquél el arte; mas no importa, el concepto amplio gana terreno, los
escritores lo aceptan, las academias lo admiten y los nombres de Renan,
Taine, Foustel de Coulanges, Altamira, Langlois, Seignobos, Letelier...
responden á otras tantas obras que afirman ó conciben la historia en
aquel sentido.

No obstante, la historia política mantiene su preponderancia: creo que
la razón es de carácter utilitario: ella permite tener en el tiempo un
punto cierto de referencia. Mientras las artes, costumbres, religiones,
varían lentamente, de tal modo que para hallar cambios, débense tomar
momentos algo distantes el uno del otro, los cambios políticos, aunque
sus causas sean remotas, tienen fechas precisas y ciertas. Tomando como
esquema el aspecto político, puede ser éste ampliado luego con los
demás aspectos: ninguno quedará excluído y en cambio las referencias en
el tiempo serán más ciertas.

Abandona también esta disciplina el fin que para muchos ha tenido, fin
que desde antiguo se le daba, ya como principal, ya como secundario, de
presentar cuadros literarios, pasajes hermosos, descripciones llenas
de atracción, afirmando que «una cosa son los sucesos en si mismos y
otra cosa es el arte de presentarlos en la vida con todo el interés
y con toda la animación del drama que ejecutaron. Es preciso ver los
tumultos y sus actores, oir el estruendo de sus voces, sorprenderlos
en las tinieblas de sus conciliábulos, sentir sus triunfos y temblar
al derrumbe de sus cataclismos, como si todo ese bullicio estuviera
removiéndose en el fondo de cada una de las páginas que se escribe.
Este arte no debe confundirse con la mecánica exactitud ni con la
filiación metódica de los hechos. Una y otra cosa tienen su mérito y
su necesidad relativa; pero estas últimas condiciones no son el arte,
sino cuestiones de simple ordenación; mientras que la actualidad de la
acción es cuestión de estética, de más ó menos poder _imaginativo_ para
agrupar los conflictos de la vida social, para restablecer los golpes
de la lucha, para dar movimientos, gesto, ademán y palabra, á las
generaciones desaparecidas que actuaron en la escena de la patria»[3].

Tal fin es indudablemente útil, apto para despertar el patriotismo,
para educar en un género literario: son cuadros escritos que pueden
ser tan ó más preciosos que los pintados. Pero no es el fin de
la historia, como no sería una historia argentina una galería de
grabados representando las escenas guerreras ó políticas sucedidas
en el territorio argentino: la historia en esta forma en que se hace
intervenir la estética, la imaginación, el golpe de teatro, es novela
histórica; es la historia tal cual la ve quien la describe, sin que
pueda tenerse la seguridad de la correspondencia entre lo descripto y
lo real.

Así, pues, en este ensayo, por la parte que de histórico pueda tener,
no primará la descripción literaria, ni el concepto estrecho, y me
referiré sólo á los hechos que tengan comprobación, indicando al hacer
mis afirmaciones, cuáles están corroboradas por documentos ú obras y
cuáles son indicaciones que aquéllos me sugieren.


_b_) La sociología, la ciencia nueva, despreciada unas veces, elevada
á los honores más altos otras, me servirá también y mucho. Tomaré en
cuenta por su aplicación inmediata, y sin olvidar alguna otra, una
de sus teorías, aquella que renovara Gobineau á mitad del siglo XIX,
teoría que pretende explicar la marcha de las sociedades y las causas
de sus transformaciones, evoluciones y decadencias por el estudio
del factor _raza_. Los orígenes de la teoría son remotos: presentida
en un principio, fué más tarde analizada y demostrada en parte. Las
formas que adoptó fueron muchas, más todas tienen de común, bajo los
diversos aspectos en que cada una se plantea, la afirmación de que
es de indispensable necesidad en los estudios histórico-sociales la
consideración del factor raza, de la constitución individual, del
examen de los elementos individuos que son los «actores del drama»
según la expresión de Mougeole.

Podríanse comparar los procedimientos de esta teoría á los de la
química: quiere examinar los elementos para entender el producto:
comparación tal, permite el acuerdo de sus sostenedores y adversarios:
unos afirman que el producto sociedad se puede comprender, conociendo
los elementos: serían partidarios de la explicación química de la
mezcla: otros, niegan la posibilidad de solución parecida: serían
partidarios de la explicación química de la combinación. Ni unos ni
otros niegan,--lo que sería absurdo,--que los hechos sociales sean
producidos por los individuos componentes.

La teoría etno-antropológica tiene antecedentes remotos: como sucede
con la mayor parte de los conocimientos humanos, sus gérmenes pueden
encontrarse en las obras del sabio de Estagira: en efecto, al
justificar Aristóteles en la _Política_ la esclavitud, sin hacer por
ello un estudio de razas habla de la diferencia de clases, idea que
forma parte del desarrollo posterior de la doctrina. Más adelante, y
desde el siglo XVI, es usada como argumento en las luchas políticas de
Francia. Con todas las afirmaciones de uno y otro lado, se forma un
residuo de ideas que serán utilizadas en forma sistemática á mitad del
siglo XIX.

Gobineau en 1853, en su obra _Ensayo sobre la desigualdad de las razas
humanas_, primero, y en varias otras después, desenvuelve y aplica la
idea de que las transformaciones, las formas políticas, los progresos y
las decadencias de los pueblos dependen de la pureza de la raza; que el
cruzamiento arrastra á la decadencia; que los pueblos más puros, están
destinados á dirigir á los menos puros; que el pueblo germano lleva en
sí el sello de la excelencia por ser el menos contaminado. Así formuló
en un principio su teoría, que cambios fundamentales desnaturalizarían
después. Así sirvió de base á las nuevas formas que en adelante tomó:
con Ammon y Lapouge, el factor permanente y característico de la
raza es el antropológico; con Gumplowicz, la raza es susceptible de
evolución; con Bopp, el factor filológico desempeña importante papel;
con Chamberlain, el psicológico es el superior, el verdadero, el nexo
real. Y nuevas obras de Letourneau, Jacoby, Sergi, Vaccaro, siguieron
trabajando el tema, buscando aplicaciones, explicando, haciendo nuevas
conjeturas ...

Pero la humanidad no puede dividirse en fracciones netamente
determinadas, como no puede una biblioteca dividirse de tal modo
que las obras contenidas en un estante correspondan con precisión á
una ciencia determinada con exclusión de toda otra; obras habrá que
correspondan igualmente á ese estante ó á aquél. Las divisiones se
hacen artificialmente porque son útiles, más no porque naturalmente
existan. Y así en la humanidad. La ciencia que es una, no admite una
división natural en fracciones excluyentes. La humanidad, en modo
semejante, se niega á admitir una división parecida.

La teoría llevó á excesos. Se pretendió hacerla indiscutible. Lapouge,
por ejemplo, exageró tanto las cosas que creyó poder determinar de
una manera exacta los caracteres psicológicos que corresponderían á
los antropológicos del _H. Europeus_ y del _H. Alpinus_, llegando á
decir del primero: «Es lógico cuando conviene; su mayor necesidad es
el progreso. En religión es protestante» ... y de este modo veinte
caracteres más. ¿No recuerda la ciencia así expresada, aquellas
afirmaciones de los almanaques anunciadores que al pie de cada mes
llevan un calendario astrológico con palabras más ó menos como éstas:
el varón nacido en este mes, vivirá tranquilo, se casará joven, será
tímido mas no cobarde?...

Pero si la humanidad no admite divisiones perfectas en el sentido
antes indicado, las admite en cuanto, en parte naturales, sean
simultáneamente útiles. Si la división natural de la humanidad en
razas determinadas con fijeza es hoy difícil, no lo es tanto la
división ideada por Le Bon, de razas históricas[4], entendiendo por
tales las razas artificiales formadas en el tiempo por los azares de
la conquista, inmigraciones, cambios políticos, etc. Le Bon afirma
y demuestra que «cada pueblo posee una constitución mental tan fija
como sus caracteres anatómicos y de la cual derivan sus sentimientos,
sus pensamientos, sus instituciones, sus creencias y sus artes».
Esta constitución mental explica las leyes más ciertas de la marcha
general de los pueblos; representa el pasado, los mil sentimientos
heredados desde tantas y tantas generaciones; contribuye con el medio,
la educación, el clima á explicar la formación del carácter de los
individuos. Más adelante establece las condiciones necesarias para
que las razas distintas puedan, mezclándose, formar una nueva. «La
primera de estas condiciones es que las razas sometidas al cruzamiento
no sean muy desiguales en número; la segunda, que no difieran mucho
por sus caracteres; la tercera, que estén sometidas durante largo
tiempo á condiciones de medio idénticas»[5]. Todo este conjunto
forma el alma de los pueblos, que varía de uno á otro y que lleva
variaciones concomitantes en todas sus manifestaciones: ciencia,
arte, religión y con especialidad en las instituciones políticas, que
tanta importancia desempeñan en la historia. Más adelante y antes de
analizar la influencia de algunos factores y las causas y formas de
las decadencias, hace una aplicación de todos los principios expuestos
al estudio comparado de la evolución de los Estados Unidos de América
y de las repúblicas sudamericanas. Oportunamente me ocuparé con mayor
atención de esta parte de su obra, por dos razones: la primera, porque
su interés es grande en un trabajo como éste. La segunda, que es un
buen ejemplo de cómo hasta los sabios se equivocan y corren el riesgo
de decir cosas que no son y no serán, cuando se basan exclusivamente en
afirmaciones ajenas y cuando no se precaven contra el peligro de las
generalizaciones.

De todos modos y dejando para después esta cuestión, puédese admitir
y nadie la discute, la existencia de «razas históricas» en término
en que la palabra raza cambia de sentido y se usa en el de «conjunto
de modalidades comunes á un Estado ó una nación determinada». Así y
solamente de ese modo se puede hablar de razas sin dar lugar á las
ilimitadas discusiones á que llevaría el término, tomado en su sentido
originario.

Admito, pues, sus principios, para hablar de nuestro pueblo; llamaréle
«sociedad argentina» y no «raza argentina» porque si bien la sociedad
está constituída ya como tal, no ha llegado todavía á ser lo que
el término raza expresa, ni aun en el sentido de raza histórica
desarrollado por Le Bon.

No se puede tampoco olvidar aquella otra doctrina que se llama el
materialismo histórico ó con más propiedad, interpretación económica
de la historia, para referirla en cierto modo á nuestro estudio. No es
éste el momento de discutirla ni detallarla, investigar si comenzó con
Marx y Engels, ó si tenía antecedentes remotos: si es más verdadera
en las afirmaciones que contiene el primer volumen de _El Capital_
ó si lo son las que encierra el último. Basta para mi objeto dejar
establecido que en términos generales y libres de las exageraciones,
sostiene que «á las causas económicas, deben referirse, en último
término, todas las transformaciones en la estructura de la sociedad,
las cuales, por sí mismas, condicionan las relaciones de las clases
sociales y las varias manifestaciones de la vida social»[6]. Si bien no
entraré á discutir si el factor económico ha sido ó no preponderante
en el período de que trato, si ha podido ó no ser la causa de las
inmigraciones colosales que transforman la sangre argentina, le tendré
bien en cuenta desde que no se puede dudar de su importancia.

Así, pues, me serviré de la sociología, con sus principios generales y
con las conclusiones á que llegan dos de las más importantes teorías
entre las que tratan de explicar los fenómenos histórico-sociales.


_c_) La geografía será la tercera de las disciplinas científicas que
más me ayudarán en este estudio. La geografía física y la geografía
económica explicarán muchos hechos. Es indispensable recordar la
topografía del suelo donde las transformaciones se verifican, y
tener en cuenta que «la formación de las agrupaciones humanas no
obedece ciertamente á inspiraciones caprichosas, ni reconoce como
causa la casualidad; hay que reconocer que su factor primordial
reside en el _medio físico_; en ésta como en otras manifestaciones
antropogeográficas, domina aun casi por completo á la actual
humanidad»[7] aunque conviene cuidar aquí también del peligro de la
unilateralidad.

La geografía económica contribuirá con el estudio de las relaciones del
individuo con el suelo; de la influencia de la posición geográfica
con relación al comercio; de las causas y modos de desarrollo de la
inmigración, colonización, de las industrias, agricultura, ganadería,
vías de comunicación ...

Y con la historia, sociología, geografía, ayudarán en las soluciones,
el derecho constitucional y administrativo, la estadística toda,
los datos que suministra la ciencia financiera y la economía
política, la práctica de la educación, el desarrollo de las ideas, el
desenvolvimiento de las costumbres, artes, ciencia, religión ... Todos
ellos en relación al tema del trabajo, según he expuesto ya.

Estudio amplio sin duda, lleno de material inexplotado en su mayor
parte, y que es sin embargo, digno de las mayores dedicaciones.


4. Veré cuál era el estado de la sociedad argentina en 1853, cuando
terminada la tiranía se abría la Argentina á la inmigración en grande
escala, al comercio y á la industria de todo el mundo. En aquella época
dictó su código fundamental que, con pequeños cambios, subsiste.
Veré después las transformaciones que esa sociedad sufre en su
constitución étnica y las correspondientes en la industria, ciencia,
etc., tomando como épocas de referencia aquéllas que sean más precisas
por la aparición en ellas de censos, estadísticas ó determinados
acontecimientos. Veré cuál ha sido en esta forma el estado social
argentino al celebrar el primer centenario de la revolución de Mayo:
simultáneamente á este trabajo, la indicación somera de las sanciones
legislativas que la transformación social han hecho de imperiosa
necesidad y que se han dictado. Al término de mi trabajo, estableceré
las conclusiones que el conjunto me sugiere.



                               CAPÍTULO I

    1853: LA ÉPOCA DE LA CONSTITUCIÓN DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA

 1. La sociedad argentina de 1853; su formación étnica é histórica;
   la inmigración.--2. La Capital; la religión; educación; prensa;
   artes y ciencias; las ciudades.--3. Las industrias; agricultura;
   ganadería.--4. Vías de comunicación.--5. La situación económica.--6.
   Propósitos enunciados en la Constitución. Conclusión.


1. El 1^o de mayo de 1853, el congreso general constituyente reunido
en la ciudad de Santa Fe, con asistencia de los representantes de
todas las provincias á excepción de la de Buenos Aires, sancionó la
constitución de la Confederación Argentina, que siete años después,
terminadas las divergencias entre la confederación y el estado de
Buenos Aires, sería la constitución de la nación argentina, cuyas
disposiciones, salvo detalles, rigen en la actualidad.

Este código amplio y generoso fué el primero del mundo que equiparó en
los derechos civiles el extranjero al natural, algunos años antes que
lo hiciera el código civil italiano que le siguió en antigüedad.

Sus antecedentes fueron muchos: los principios de la norteamericana;
las constituciones, estatutos, pactos anteriores; enfín las ideas de
la época y los deseos comunes cuyas aspiraciones habían traducido
Echeverría y Alberdi.

Independientemente de su faz práctica, fué una constitución buena en su
teoría. La libertad, fraternidad, igualdad, que usaron como blasón los
revolucionarios franceses, se encontraban también allí. Código de paz,
llamaba al seno de la patria á todos los extranjeros que con buenas
intenciones quisieran habitarlo; las libertades estaban en su apogeo;
las ideas, el culto, el honor, la imprenta, la propiedad, los derechos
ciudadanos, quedaban tutelados con principios reconocidos como los
mejores.

¿Cuál era la sociedad á la que iba destinada tan sabia reglamentación?

Es inútil discutir si la constitución revelaba el estado contemporáneo
de la civilización nacional ó si aquellos principios se adelantaban á
su época. Discusiones semejantes son posibles cuando existe la duda,
cosa que no ocurre en el caso presente. Los mismos constituyentes
comprendían bien que aquella carta de libertades y garantías,
juntamente con principios de aplicación inmediata, traducía en otros,
aspiraciones para un porvenir, que podía ó no ser cercano. En el
oficio que con fecha 9 de mayo de aquel año, el congreso comunicaba al
excelentísimo señor director, la constitución y las leyes orgánicas
que había sancionado, se decía: «El congreso prevé que la sabiduría
del mal consejo y la prudencia que disfraza á la debilidad, han de
reprochar á la constitución los defectos de su mérito. Poniendo en
contraste _la ignorancia, la escasez de población, y de riqueza, y
hasta la corrupción de los pueblos y provincias_ que componen la
Confederación con las exigencias de la constitución, deducirán de
aquí su inoportunidad y su impertinencia, y muy listos la condenarán
como inadecuada. El tirano ponderó y exageró estos mismos pretextos;
¿y por ventura, él con su omnipotente mano de hierro, ha devuelto á
los pueblos mejorados, después de veinte años de horribles martirios?
¡Decepción y escándalo! Aun cuando esta desgraciada y mísera situación
fuera natural á estos pueblos, aun cuando tuviéramos á la vista la
especie social que se supone desgraciada é ineducable, _el legislador
no podía ni debía emplear su ciencia para disimular y confirmar este
monstruo social_; antes debería consagrar el arte contra la misma
naturaleza para corregirlo. ¡Decepción y escándalo, señor! Dios creó al
hombre bueno y sociable bajo todas las latitudes. El argentino lo es y
por serlo, su sangre generosa ha corrido á torrentes. El sentimiento
de los justos ha hecho reclamar, tal vez con exageración, la justicia;
el sentimiento de su dignidad, los derechos de libertad, seguridad y
propiedad. Sus instintos de progreso lo hacen reclamar con impaciencia,
todas las mejoras y todas las relaciones morales, intelectuales
y comerciales. La constitución llena estos conatos»...[8] Este
interesante documento, prueba, no obstante la justificación y defensa
que hace, que las ideas eran buenas pero que la práctica de la época no
acordaba con ellas: no se desmiente la ignorancia ó la escasez de la
población; si se reclamaba justicia y libertades era á causa de que no
se tenían, pues no se reclama lo que se tiene, y otro tanto pasa con la
impaciencia en el deseo de mejoras y relaciones morales, intelectuales
y comerciales. Verdad es que no otra cosa podía suceder un año después
de terminada la larga tiranía, en que Rozas no tuvo la inteligencia
necesaria para comprender que aun acordando algunas libertades y
ventajas, se puede mantener un pueblo largo tiempo en obediencia.

Examinaré pues, como estaba formada la sociedad argentina en el
comienzo de la organización nacional y qué manifestaciones de progreso
tenía.

       *       *       *       *       *

El suelo, propicio al trabajo, había permitido desde remotos tiempos
la distribución de los individuos venidos con los conquistadores; los
indios amansados, fueron en un tiempo substituídos por los negros, para
ciertos trabajos sin dejar de prestarlos ellos también. Los españoles
se cruzaron con unos y con otros y aquellos entre sí también cruzaron
las razas. La inmigración de españoles continuó; sus descendientes
criollos les discutieron derechos, se formaron partidos, se luchó y los
tiempos pacíficos alternaron con los tiempos de discordia, formas que
en la historia se presentan con frecuencia unidas.

Pero aquellas mismas tres razas históricas estaban formadas de las
más diversas. Los españoles tenían en su sangre la de celtas, iberos,
fenicios, cartagineses, griegos, romanos, godos, árabes. Los indios,
aunque comprendidos en esa denominación general, pertenecían á tantas
razas y subrazas cuantas poblaban estas regiones, desde los guaraníes y
tobas del norte á los yaganes del sur y desde los querandíes y charrúas
del este á los araucanos del oeste; indios distintos en sus caracteres
físicos, en sus idiomas, en sus costumbres. Y los negros traídos
como esclavos, pertenecían también á distintas regiones. De modo que
el pueblo que ocupó esta región sur de América estaba formado por
descendientes de muchos otros diversos en caracteres físicos, morales
é intelectuales. Aparte de los españoles, en la época colonial pocos
europeos llegaron á nuestra región: portugueses, por la proximidad de
sus dominios, y algunos ingleses; mas sabido es que su entrada estaba
prohibida.

Por otra parte, no predominó de una manera exclusiva una raza en
toda esta parte del continente; la distribución de individuos no fué
semejante en todo el país, pues mientras en el norte de Santa Fe
y en el Chaco, por ejemplo, siguió dominando el indio, en algunas
provincias del centro predominaron los mestizos y en la cabeza ciudad
como asimismo en las ciudades importantes, la raza española.

Tal sociedad pasó de la colonia á la nación nueva y con pocos cambios
llegó hasta la fecha de que trata este capítulo, en que aun no había
comenzado la gran corriente de la inmigración transformadora.

Mas, la necesidad de sangre nueva y la conveniencia de la inmigración
no fueron novedades que descubrieran los constituyentes del 53. Desde
mucho antes se hablaba de esa necesidad y conveniencia como asimismo se
tenía la visión precisa de los adelantos que el factor población puede
traer á un pueblo, cuando se elige bien.

En 1812, el triunvirato, juntamente con la afirmación de que la
población es el principio de la industria y el fundamento de
la felicidad de los estados, dictó medidas tendientes á atraer
inmigrantes[9]. El gobierno de Pueyrredón y el de Rodríguez con su
ministro Rivadavia, trataron de convertir aquel principio en acción,
y los más distinguidos vecinos de Buenos Aires formaron parte de la
comisión de inmigración que debía ocuparse de atraer gente europea.
Estas medidas habían comenzado, aunque en términos muy reducidos, á
producir efectos; independientemente de ellas, algunos extranjeros,
ingleses en su mayoría, llegaban, atraídos por las relaciones
comerciales. La tiranía de Rozas, paralizó aquella inmigración aun
cuando ella no cesó en absoluto; en la época de su gobierno, llegó
alguna cantidad de gallegos y canarios, ingleses y franceses; estos
últimos en número considerable ya, formaron colonia y fundaron en 1845,
su hospital.

Estas inmigraciones no tienen mayor importancia en relación al número
de los llegados, pues no modificaron mayormente la constitución étnica
de la población argentina.

La necesidad de poblar, que hizo axioma la frase de Alberdi, unida á
la necesidad, comprendida por muchos de poblar con buenos elementos,
continuó latente y la constitución de 1853 con las disposiciones
pertinentes, no hizo más que enunciar una aspiración general de la
gente sensata.

Los datos numéricos de la población en aquella época aparecen
defectuosos: en primer lugar rara vez se refieren á toda la república;
por otra parte, se usa mucho del procedimiento del cálculo por
aproximación, y generalmente la población india ó no se tiene en
cuenta, ó se establece en un más ó menos, que muchas veces es
arbitrario.

El mismo censo del 69 que es posterior en diez y ocho años á la fecha
que estoy estudiando, al hablar de la población argentina dice: «dadas
nuestras investigaciones, la república _no tomándose en cuenta la
población indígena_», etc., y el censo de 1895, hace en cuanto á ella
un cálculo simplemente de aproximación.

Nada quiere decir esto en contra de sus autores, desde que si
imposible era proceder de otro modo, buscaron un medio para considerar
esa población ó establecieron francamente que no la consideraban. Lo
único que hace esta advertencia, es poner de relieve las dificultades
que se presentan en cuanto á la población india, cuando se desea hacer
un estudio estadístico de la población argentina. No obstante, los
cálculos y descripciones de la época, se acuerdan al afirmar que «la
mayor parte de la población argentina es de origen español y pertenece
á la raza caucásica; sin embargo, en los campos se encuentran muchos
mestizos y algunos indios de pura sangre. Los negros no han sido jamás
numerosos en esta parte de América, pero la mezcla de las diferentes
razas, ha producido todos los matices imaginables en el color de la
piel»[10].

En cuanto al número y distribución por provincias, Belmar, cuya obra
es de 1856, nos da estas cantidades aproximadas:

                       Población     Extranjeros  Indios
 Buenos Aires          171.376          3.369     6.000
 Santa Fe               40.000            --        --
 Entre Ríos             60.000            --        --
 Corrientes             85.000            --        --
 Córdoba               150.000            --        --
 San Luis               35.000            --        --
 Santiago del Estero    80.000            --        --
 Mendoza                60.000            --        --
 Tucumán                60.000            --        --
 Catamarca              35.000            --        --
 La Rioja               30.000            --        --
 Salta                  70.000            --        --
 Jujuy                  35.000            --        --
 Chaco                  30.000            --        --
                       -------          ----      ----
 Total aproximado:     941.376            ?         ?

Si se tiene en cuenta que en estas cifras la población nacional no
india, era en su noventa por ciento mestiza ó de origen español y
que de los que aparecen como extranjeros, un sesenta por ciento eran
también españoles: que por otra parte, el cruzamiento con los indios
había disminuído considerablemente, desde que el crecimiento de la
población blanca lo mostrara innecesario, que todos los antecedentes
eran españoles, desde que la independencia había roto vínculos
políticos, más no los morales, más difíciles de desatar; se podrá
afirmar que la Nación Argentina de 1853 en cuanto raza histórica,
era una derivación de la española, con las modalidades que el suelo,
la mezcla hispano-indo-negra y las circunstancias habían impuesto,
sobre todo en la población de campo. Los sentimientos é ideas de
aquellas gentes se habían modificado poco, y el desprecio de la ley,
el culto del coraje, el deseo inmoderado de fortuna, la creencia en
la grandeza futura del país, de que habla refiriéndolos á la colonia,
un distinguido autor[11],--continuaban á través de los tiempos como
continúan ahora, traduciéndose en el valor de nuestros hombres de
campo, en las fortunas fáciles, y también en los presupuestos de gastos
públicos fuera de proporción con las entradas reales del erario. Del
mismo modo la arrogancia en sus diversas formas, la pereza criolla,
la crueldad de épocas anteriores[12], dejaban traslucir el hecho
bien real de que la colonia continuaba y aparecía bajo el velo de la
nación nueva, como aparecen en las paredes los viejos letreros que
han recibido una mano de pintura para permitir la colocación de otros
nuevos, pintura que los ha atenuado sin borrarlos dejándolos traslucir
cuando las claridades indiscretas del día lo permiten...

Pero en las ciudades, en las ciudades sobre todo, donde no había que
luchar ni con el salvaje ni con el ganado, donde se recibían noticias
frecuentes de Europa, era donde la vida colonial se continuaba y
donde España descubría prolongaciones de si misma. Aun muchos años
después las cosas no pasaban de otro modo; es así que un distinguido
escritor, evocando recuerdos dice que «hasta 1870 Buenos Aires no
era otra cosa que una ciudad de España, reproducida en América con
su gobierno municipal y provincial, su milicia muy poco numerosa, un
ejército cívico, una policía en embrión, sus serenos á estilo antiguo,
su ausencia de tramways y otros medios de transporte, su empedrado
escaso y áspero, sus calles sin cloacas, inundadas al primer aguacero
que suprimía toda comunicación, sus ambiciones de campanario, su
ausencia de telégrafo y su aislamiento que la falta de ferrocarriles
y de caminos de penetración aumentaban. El país era muy estrecho; más
allá del Azul y del Pergamino se estaba fuera de las fronteras. Los
cristianos combatían en esos límites para defender sus ganados. Poco
agradable era entonces vivir ahí donde la vida es hoy tan apacible
y donde los únicos enemigos son la langosta y las autoridades de
campaña»[13].

Se ha escrito, se escribe todavía achacando á aquellas mezclas,
hibridismos y degeneraciones, aumentados quizás por las nuevas
inmigraciones; aspectos que se dicen causas de decadencia y de muchos
males. Yo no veo tal cosa, no creo en la degeneración argentina, ni
estimo peligrosos los cruzamientos; de esas opiniones me ocuparé en un
último capítulo.

Por ahora, dejo establecido que la población y la sociedad en 1853, eran
tal como la he descripto, y veamos cuál era el grado de progreso en que
se encontraba.


2. La Capital, desde tiempos coloniales, era algo así como el Petronio
de la leyenda romana: sus gustos, sus formas, sus ideas llegaban á
través de las pampas y de los desiertos á las ciudades de adentro,
aunque alguna vez la docta Córdoba ó la elegante Tucumán, quisieran
aparecer con aire de pretenciosas rivales.

En todas las ciudades, la religión se conservaba en su apogeo, y el
cura amigo de la familia y consejero eficaz de la época colonial[14],
se mantenía en muchos casos conservando sus prerrogativas.

Las ciudades eran religiosas: las procesiones continuas, las misas
concurridas y respetadas, y los representantes de la iglesia
afectuosamente recibidos en los hogares. Este respeto á la la
religión influyó en los ánimos de los constituyentes, y á pesar de
las oposiciones que se suscitaron, triunfó en la constitución la idea
religiosa.

       *       *       *       *       *

La educación pública y la instrucción tenían necesariamente que
ser defectuosas y escasas: no obstante, pudieron ser peores. La
universidad de Buenos Aires fundada por Rivadavia, había tenido bajo
su dirección la enseñanza primaria y superior. Desde 1838 desapareció
del presupuesto la asignación que se le había acordado hasta entonces,
obligándosele á sostenerse por la acción privada. Sólo en febrero de
1852 se derogó el decreto que había quitado la protección oficial, y
se reglamentó el derecho acordado á colegios particulares, de expedir
certificados que valieran como cursos universitarios, de los que se
había hecho algún abuso. Inicióse también entonces el departamento de
estudios preparatorios. En 1853 se dió una nueva reglamentación á la
facultad de medicina[15].

La Universidad de Córdoba á su vez, había vivido con vida muchas veces
irregular, con cursos excesivamente teóricos unas veces, otras con uso
de anticuados métodos, pero de cualquier modo, había vivido. En 1854 se
puso bajo el gobierno de la confederación, el colegio de Monserrat[16].

Otras provincias tenían colegios más ó menos buenos, según las
direcciones que les tocaran en suerte: Entre Ríos contaba desde 1849 con
su colegio nacional establecido en Paraná, que luego se trasladó á
Concepción del Uruguay, para adquirir la importancia de todos conocida.
Allí se estudiaba latinidad, filosofía, matemáticas, teneduría de
libros, jurisprudencia y música[17]. Catamarca tenía desde 1850 el
colegio de la Merced[18]. En Corrientes subsistía el colegio Argentino,
que años antes fundara el general Virasoro[19]. En Tucumán, el colegio
San Miguel, desde 1852, año en el que en Buenos Aires se estableció la
primera escuela normal de enseñanza elemental.

En cuanto á la enseñanza elemental y de las primeras letras, las
provincias, ciudades, villas y pueblos, contaban con lo que para sí
hubieran podido conseguir: en general los maestros eran españoles,
hecho debido entre otras circunstancias, al conocimiento del idioma que
facilitaba la tarea.

Enfín, débese recordar que de 1836 data la introducción de padres
jesuítas con fines de enseñanza.

       *       *       *       *       *

La prensa amordazada durante tantos años, despertaba: en 1851 se había
fundado en Buenos Aires el _Agente Comercial del Plata_; en 1852
_La Avispa_, _El Español_, _La Revista del Plata_. Diarios de mayor
importancia aparecieron á poco, en Buenos Aires y Córdoba: pertenecen á
la época siguiente.

       *       *       *       *       *

Las artes y las ciencias, no obstante los tiempos de desgracia que
acababan de pasar, tenían algún desarrollo de relativa importancia.
Libros é ideas habían llegado desde la época de la revolución; muchos
naturales habían viajado por Europa, y en los países vecinos de Chile
y Uruguay las relaciones con aquel continente habían sido un tanto
más frecuentes. Por último, la sociedad anglo-argentina desde tiempo
antes existente, había tenido algún influjo: baste recordar el que en
las modas femeninas y en las costumbres de salón desempeñó la señora
Thompson.

Verdad es que en lo que á bellas artes se refiere, trabajo cuesta
encontrar alguna obra que merezca recuerdo; con excepción de los
cuadros de Pellegrini, que no era argentino, la pintura permite
recordar sólo el nombre de Pedro Prilidiano Pueyrredón, hijo del héroe.

Un distinguido artista actual, estudiando la evolución del gusto
artístico en Buenos Aires[20] enumera la lista de los artistas que en
la Argentina tuvieron mayor influencia en el espacio del medio siglo
comprendido entre 1825-1875: fueron Goulú, Pellegrini, Bacle, Fiorini,
D’Hactrel, Monvoisin, Uhl, Manzoni, Veraggi, Noel, Paliere, Chiama,
Novarese, Agujarri, Romero, Blanes, Ramairone: ocho son franceses, ocho
italianos, uno alemán y uno uruguayo. Argentino, ninguno; y hace una
afirmación que no podemos dejar de recordar: «Hay, pues, durante ese
lapso de cincuenta años, ausencia absoluta de artistas españoles, á
pesar de ser tan numerosa la agrupación española entre nosotros.» El
hecho por sí mismo está indicando, en la inmigración no española, el
origen del adelanto posterior de este arte.

La música estaba á altura semejante: sus adelantos pertenecen á época
más reciente: _La muerte de Corina_ de Juan Cruz Varela, música de
S. Somellera, ó _La tórtola viuda_ de Rivera Indarte, con música de
Massini, si pudieron gustar á falta de otra cosa, no debieron ser
mayormente artísticas, desde que sólo se recuerdan ahora en su nombre,
más en ninguna parte se ejecutan.

La escultura y arquitectura carecen de obras que deban ser recordadas.

La poesía en cambio, adelantándose á sus congéneres, llegó con
Echeverría, Mármol, Varela... á composiciones de mérito llenas de
patriotismo y sentimiento.

Las ciencias en 1853, estaban aun en lugar más inferior que las artes:
no he encontrado en parte alguna el recuerdo de un solo descubrimiento
científico. La excepción corresponde, si se acepta la existencia de la
ciencia política ó de las ciencias políticas. _El dogma socialista_
de Echeverría, las obras de Alberdi, todas las de Sarmiento y los
conocimientos en la materia que se demostraron en las sesiones del
congreso constituyente, no están en relación con aquella sociedad. Son
muy superiores, son obras de positivo mérito, que hoy, cincuenta años
después de escritas, son citadas, y con ellas se procura acordar las
propias convicciones, como si llevaran en sí la verdad indiscutible.

       *       *       *       *       *

En cuanto á los adelantos urbanos, la edificación adoptaba la forma de
las casas pompeyanas ó moriscas, que se admiran en la ciudad destruída
ó que se visitan en España en las ciudades de Sevilla ó Córdoba; las
casas macizas con techo de teja, de épocas anteriores, daban modelos á
las nuevas construcciones. El pavimento de las calles era el natural,
excepción hecha de algunos cortos trechos de empedrado: para los
que se utilizaban piedras traídas de Martín García[21]. El alumbrado
confiado aun en su casi totalidad á la lamparilla de aceite. En los
alrededores de Buenos Aires, las quintas á las que conducían caminos
poco cómodos, ofrecían un punto de llegada en las excursiones y paseos
de que tan gratos recuerdos conservan los viejos de nuestro tiempo.


3. En los campos, las circunstancias políticas habían hecho causa común
con el desierto, la tradición y la fácil ganadería para impedir el
desarrollo de la agricultura y favorecer el de aquélla; las quintas
y chacras de los alrededores no alcanzaban á producir todo lo que
las ciudades consumían, dando así lugar á que subsistiera aun la
importación de cereales. Y en cuanto á los procedimientos de cultivo,
eran sólo los que las costumbres habían transmitido: es de fecha
posterior la introducción de máquinas y sistemas.

En cambio, la ganadería se conservaba en su apogeo; aquel trabajo más
arriesgado y más libre de la época colonial, era todavía el predilecto
en la elección que para el despliegue de sus actividades hacía el
hombre de campo. La enorme extensión del territorio no hacía necesaria
la economía del suelo, y ayudaba también en aquel sentido la existencia
de los grandes fundos que adquiridos por medios más ó menos legítimos
é ilegítimos se han perpetuado, y que hasta en la actualidad, ahogan
con su abrazo el desarrollo de muchos pueblos y ciudades, y retardan
el progreso de algunas provincias. Debe recordarse sin embargo, que la
ganadería había dado algunos pasos con las tentativas de refinamiento
que recuerda el general Mitre en la arenga pronunciada en la exposición
agrícola-industrial de Buenos Aires, el 10 de abril de 1859.

Un poco más allá, donde la población escaseaba aun más, los territorios
abandonados al indio, poco ó nada explorados, las tierras fiscales, los
grandes bosques vírgenes, las montañas y las sierras cuyo contenido se
ignoraba y que contribuirán algún día á la riqueza del país.

En cada provincia, sus particularidades: los saladeros en Buenos Aires,
Entre Ríos y Corrientes, los tejidos en el interior y las tantas otras
industrias, muchas de ellas conservadas en la actualidad.


4. Pueblos y ciudades así aislados, tenían una idea, vaga aun, de que
formaban una nación: que además de la patria reducida donde gobernaba
el caudillo, había otra más grande á la que también pertenecían
aquellos otros pueblos á quienes le unían largos caminos y un comercio
continuo. Esas comunicaciones se hacían no obstante las enormes
dificultades y distancias de que apenas se tiene una idea cuando se
atraviesa ahora la república en cómodos ferrocarriles.

Las vías de comunicación actuales en la República Argentina, sin estar
sino en mínima parte trazadas, han alcanzado desarrollo regular,
permitiendo, sobre todo en la región noreste, trasladarse con facilidad
de un punto á otro, comunicarse con relativa rapidez, no vivir cada
población ignorando lo que pasa en su vecina de algunas leguas.

No era así sin duda en la época á que este capítulo se refiere,
teniendo sin embargo ya larga historia el desarrollo de estos medios de
unión entre los hombres. Es necesario hacer un recuerdo de ellos; su
importancia era grande, aunque tan poca pareciera tomando la fecha 1853
sin referirla á otras anteriores.

Como lo afirma Moussy[22], los mismos medios que usaron los
conquistadores en el siglo XVI, debían servir con pocas variantes
para las comunicaciones argentinas á mediados del siglo XIX. Las
naturalezas de hierro podrían resistir las largas travesías; los que
no las tenían, debían perecer. Entre salvajes y animales de toda
especie, sólo podrían resistir los mejor dotados, y á los débiles se
aplicaría la ley de selección natural. La función hizo al órgano
y apareció el baqueano conocedor de todos los lugares, «personaje
eminente y que tiene en sus manos la suerte de los particulares y de
las provincias. El baqueano es un gaucho grave y reservado, que conoce
á palmo veinte mil leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas.
Es el topógrafo más completo, es el único mapa que lleva un general
para dirigir los movimientos de su campaña»[23]. Los ríos se cruzaban
en pequeñas canoas, cuando no se conservaban las antiguas _pelotas_, y
las selvas por las veredas ó sendas heredadas del salvaje ó abiertas
para las nuevas necesidades. Las rutas de Chile y la del norte eran
las más frecuentadas y lo habían sido también en la época colonial
cuando las mercancías que llegaban de Europa á Buenos Aires, debían
ser conducidas á Potosí ó á la intendencia de Cuyo. Y al lado de estas
rutas capitales, las rutas secundarias de Buenos Aires al Rosario, de
Mendoza á San Juan, de San Juan á San Luis. Las rutas intercapitales,
las de la mesopotamia y todas aquellas á que las necesidades del
comercio, ó el interés del conocimiento de lugares, ó cualquier otra
causa importante hubieran dado nacimiento.

En cuanto á los sistemas de transporte, la misma obra de Moussy antes
citada, enumera éstos: _viajes á caballo_, de día, con descansos
nocturnos cuando la existencia de postas lo permitieran, llevando
consigo las mercaderías y la tropilla de caballos que substituyeran
á los ya cansados. _Viajes en coche_, la _galera_ principalmente,
que conserva aún hoy su importancia en los lugares que no han sido
favorecidos por el ferrocarril. Finalmente, _las diligencias_, recién
establecidas en 1853, más grandes, más confortables, más adelantadas.
Y en lo que á transporte de mercaderías se refiere, las carretas
de bueyes y las tropillas de mulas se hacían la competencia y eran
igualmente usadas, siendo preferidas unas ú otras, según la topografía
del suelo y la menor ó mayor urgencia que tuviese el destinante
en hacerlas llegar á su destino. Lo que aquellas eran y el enorme
cambio sufrido desde entonces á aquí, ha podido verse en la reciente
exposición ferroviaria, donde se han exhibido aquellos carruajes y
otros por el mismo estilo, que Moussy no enumera: la _volanta_, la
_catanga_, el _landeau_, á pocos pasos de las colosales máquinas y
elegantes coches de ferrocarril, introducidos en el país ó que prometen
introducirse.

La organización postal, antes del decreto de 8 de junio de 1854 que
instituyó las mensajerías nacionales, conservaba también carácter
cuasi colonial; los dueños de posta desempeñaban gran papel; sus
instituciones eran útiles, más que útiles, necesarias y únicas y
muchas veces más seguras que el actual correo... Existían también los
correos entre muchos puntos del territorio argentino. En cuanto á los
telégrafos, su creación data de época posterior: de 1860.

Á todo ésto se deben agregar las comunicaciones marítimas con Europa,
Brasil, Uruguay, litoral, existiendo desde 1851 la navegación á vapor
que comenzó un navío, el _William Pearce_.

Tales eran los medios de comunicación en 1853, cuando la Constitución
vino á facilitarlos, declarando la libertad de tránsito para los
hombres, las cargas y las bestias, y la libre navegación de los ríos
interiores de la nación para todas las banderas del mundo.


5. La situación económica del país no podía ser superior á la situación
general. Se salía de la época de Rozas en la que la historia financiera
«puede concretarse á la enumeración de los déficits dentro del
presupuesto, de los gastos extraordinarios y de los medios adoptados
para enjugar los primeros y llenar los segundos»[24]. Época de
emisiones de papel moneda en abundancia, que debió ser imitada después,
aun cuando hubiera progresado tanto la nación.

Caído Rozas, en un primer momento no se pudo remediar aquel estado; en
Buenos Aires se emitió por valor de 19.500.000 pesos moneda corriente
en los años 1852 y 1853; en la Confederación la vida financiera fué
precaria y llegó á los resultados que se expondrán en el próximo
capítulo.


6. Tal era el cuadro en que se desarrollaba el pueblo para el que se
dictaba la Constitución de 1853. Tales eran también los adelantos á que
había llegado en los siglos coloniales, y en los años de emancipación.

La Constitución quiso, pues, tomando en cuenta en la medida de lo
posible, el estado del país en aquel momento, promover su adelanto: en
su preámbulo estableció los móviles que la habían originado y los fines
que se proponía; está allí expresado el deseo de dar cumplimiento á
pactos preexistentes que las luchas anteriores habían provocado y cuyo
respeto era necesario para constituír la unión nacional, consolidar la
paz interior y promover el bienestar general; las continuas prácticas
judiciales poco respetuosas de las leyes, y obedeciendo muchas veces á
influencias de toda especie, pedían quizás con exceso, como afirma el
documento antes mencionado y en parte transcripto, que se afianzara la
justicia, y tal cosa prometió aquel preámbulo; y la aspiración general
quedaba satisfecha cuando se ofrecía la libertad que alcanzaría á
nacionales y extranjeros.

En las declaraciones, derechos y garantías, tratábase por todos los
medios de promover y estimular el adelanto del país; el comercio, la
industria, artes, propiedad, vida, libertad, imprenta, educación, el
tránsito libre de hombres, vehículos y bestias, las actividades todas
de los individuos, quedaban protegidas; hasta se recordó al indio
encomendándose al Congreso (art. 29, inc. 15) que vigilara por la
conservación del trato pacífico con ellos y de promover su conversión
al catolicismo. Cierto es,--y el recuerdo es justo, pues poco se tiene
en cuenta,--que esta disposición se encontraba ya en la Constitución
de 1819 y en una forma más amplia; su artículo 128 decía: “Siendo los
indios iguales en dignidad y derechos á los demás ciudadanos, gozarán
de las mismas preeminencias y serán regidos por las mismas leyes.
Queda extinguida toda tasa ó servicio personal bajo cualquier pretexto
ó denominación que sea. El cuerpo legislativo promoverá eficazmente
el bien de los naturales por medio de leyes que mejoren su condición
hasta ponerlos al nivel de las demás clases del estado”[25]. La
Constitución de 1853 al equiparar el indio al civilizado, buscar su
trato, y disponer que se le civilizara, no hacía pues, sino repetir
una disposición anterior que había dado forma á un deseo general de la
población, deseo que continúa subsistente en nuestra época en que á
pesar de los años transcurridos desde la sanción de aquel mandato, poco
se ha hecho por cumplirlo.

Á pesar de los deseos de igualdad y sanciones que pretendían que todo
extranjero se encontrara aquí como en su patria, la Constitución dictó
un principio contrario á tal propósito, aunque en realidad con esa
determinación se marchara más de acuerdo con las ideas de la sociedad
de aquella época. Demasiados españoles había y demasiado española era
la sangre para que fuera posible separar la religión del estado. El
culto católico-apostólico-romano ejercía demasiada influencia para
que no se le recordara en alguna forma. La Constitución llevó en el
artículo 2^o la afirmación de «el gobierno federal sostiene el culto
católico, apostólico, romano» y el artículo 73 (art. 76 de la vigente)
en que se establece como condición para ser presidente ó vicepresidente
de la confederación «pertenecer á la comunión católica, apostólica,
romana». Nótese que la disposición que elige el culto fué concebida en
esos términos como medio de transacción; algunos constituyentes, como
el diputado Zenteno, deseaban que aquella declaración fuera más amplia.
Proponía sancionar el artículo en esta forma: «la religión católica,
apostólica, romana, como única y sóla verdadera, es, exclusivamente
la del estado. El gobierno federal la acata, sostiene y protege,
particularmente, para el libre ejercicio de su culto público, y todos
los habitantes de la confederación le tributan respeto, sumisión y
obediencia»[26].

Estas disposiciones constitucionales que se completan con las de los
artículos 64, incisos 19-20, y 83, inciso 8 (67, inc. 19-20, y 86,
inc. 8 de la actual), han sido combatidas aun por autores de espíritu
religioso como Estrada, que encuentra que á guisa de libertades, el
estado toma á la religión mucho más de lo que da[27]. No hay para qué
recordar todo lo que los enemigos de la iglesia dicen sobre ellas.

Á nuestro fin, baste establecer dos proposiciones: la primera es
que, cualquiera sea la interpretación y el sentido que se dé á las
disposiciones constitucionales, no puede hablarse de religión de
estado, desde que cosa semejante sería sostener el absurdo de una
persona jurídica, sér de abstracción, teniendo conciencia y religión.
La segunda es que, para un país que deseaba inmigración sin distinguir
religiones de los inmigrantes y que prometía la igualdad, convenía
que las disposiciones que á la religión se referían, fueran lo menos
prohibitivas posibles. De ahí resultó que al mismo tiempo que se
imponía el sello de autoridad á los artículos á que hemos referido, el
espíritu de tolerancia, dictara también los artículos 14 y 20 en los
que se declaraba la libertad de cultos para nacionales y extranjeros.

       *       *       *       *       *

En cuanto á su bondad política, la Constitución de 1853 que con
pequeñas modificaciones nos rige, será discutida, tal vez reformada
por errónea ó anticuada, tal vez conservada por acertada y fácil de
acordar con los tiempos actuales. Está ello fuera de nuestro estudio.
Más en lo que á formación de la nacionalidad se refiere, fué buena
por una razón fundamental: no es un código de restricciones; es un
código de libertades y derechos: acordó derechos y libertades como
no los acordaba en esa época constitución alguna; aseguró la paz, la
libertad, los derechos todos á nacionales y extranjeros. Hasta recordó
al indio... Era propicia para ser la ley fundamental del pueblo donde
debían encontrarse representados con el tiempo cien pueblos diversos,
disputándose el derecho de moldear la nueva nacionalidad que nacía.
Tomada desde este punto de vista no se puede dudar de que fué buena,
más aun en teoría que en la práctica; teóricamente, porque es de
sentido común que el individuo que encuentra en el país donde va á
establecerse tantos derechos como en el suyo y más facilidades de
trabajo y vida, servirá de propagandista y atraerá más extranjeros.
Prácticamente, porque á pesar de las irregularidades cometidas en la
aplicación de sus principios, lo cierto es que facilitó, con otras
circunstancias coadyuvantes, la inmigración y que es á la inmigración
que produce y que deja descendientes que producen en todas las esferas
de la actividad á quien se debe en gran parte el adelanto argentino.



                              CAPÍTULO II

                     1869: EL PRIMER CENSO NACIONAL

 1. La sociedad argentina de 1869. Medidas protectoras de la
   inmigración. La formación de la raza y factores que contribuyen.--2.
   Los progresos; la libertad de imprenta; la tendencia hacia la
   _desespañolización_.--3. Cambios políticos; situación económica.--4.
   Vías de comunicación.--5. Agricultura: ganadería: otras industrias.
   Comercio.--6. Consecuencias institucionales.--7. Conclusión.


1. Dieciseis años después de dictada la constitución para la
Confederación Argentina, el primer censo nacional demostró con sus
cifras, el exponente en cuanto á población, del grande adelanto
que dieron á esta tierra las seguridades y libertades ofrecidas á
nacionales y extranjeros, la paz y la justicia para todos.

Ese período de dieciseis años es pequeño, extremadamente pequeño en la
historia de un pueblo cuyos orígenes sean remotos y cuya complexión
orgánica responda á sólidas bases. Mas es un período grande para un
pueblo incipiente, nacido en el ayer. En esos pocos años la nación hace
grandes progresos, sufre transformaciones notables, cambia de traje.
Es verdad que el cambio y los progresos no se presentan en todo su
territorio de un modo semejante. Más aun, es sabido que las diferencias
en los adelantos son grandes entre Buenos Aires y Jujuy, por ejemplo.
No importa; existen progresos que llegan al mayor grado en la capital,
y los progresos de la capital, pueden tomarse como próximos cambios en
toda la nación.

       *       *       *       *       *

La ciudad cabeza aumenta, crece desmesuradamente, y da motivo á la
afirmación tantas veces traída y llevada del peligro é inconveniente de
la cabeza enorme con cuerpo pequeño. Y ya que esta afirmación vulgar se
presenta, diré al pasar dos palabras sobre ella. Se dice que la grande
ciudad con civilización adelantada, con comodidades á que permanece
ajeno el resto del territorio, con abundancia de oficios que retienen
la inmigración impidiéndole desparramarse por los campos, es un grave
inconveniente que retarda el progreso general del país, en beneficio
sólo de la ciudad. Yo no creo en ese inconveniente; más aun, creo que
los males que tal situación acarrea son pasajeros, en tanto que sus
beneficios son positivos. Las grandes ciudades son como los grandes
focos que irradian luz en derredor. La civilización limitada en un
primer momento á un pequeño pedazo de terreno, cuando éste no pueda
contener la población que afluye, la obligará á extenderse, á formar
nuevas ciudades ó nuevos pueblos, los que á su vez facilitarán el
originarse de establecimientos agrícolas y ganaderos en su vecindad.
Sin Buenos Aires no se explicarían La Plata y Bahía Blanca, ni los cien
pueblos que circundan á la gran metrópoli. La civilización se extenderá
de este modo, quizás en una forma más lenta, pero indudablemente de un
modo más firme.

       *       *       *       *       *

Hecha la digresión volvamos á nuestro camino. Veamos el estado de la
formación de la raza, el factor étnico, y relacionémoslo con el estado
general de los progresos argentinos en aquellos años, que estudiaré
sintéticamente.

La convicción de la necesidad de unir la sangre de la nueva nación, á
la sangre de las naciones viejas, y de completar el futuro individuo
argentino agregando elementos de las naciones formadas siglos antes,
permaneció latente como la semilla que espera en tierra propicia, y
tan pronto como la piedra que lo impedía, representada aquí por Rozas,
fué sacada del camino, la semilla fecundó y el nuevo árbol dió frutos
gratos.

Las nuevas medidas tendientes á favorecer la inmigración, partieron del
estado de Buenos Aires por un lado, de la Confederación Argentina por
otro, mientras permanecieron separadas; de la Nación Argentina, cuando
la unión nacional se consolidó.

Del estado de Buenos Aires ó sus habitantes son estas iniciativas[28]:

Ley de 1854, que creó la comisión de inmigración y estableció la
exención de derechos á los buques que trajesen 50 inmigrantes ó más.

En 1856, un grupo de ciudadanos distinguidos se encarga de ayudar á los
inmigrantes en sus primeros días de patria nueva; solicita y obtiene
del gobierno, local para albergar á los inmigrantes recién llegados
que lo necesitaran; por susbcripción reune fondos para alimentarlos,
obtiene una subvención del gobierno, y bajo el nombre de «Asociación
filantrópica de inmigración, auxiliada y bajo la protección del
superior gobierno del estado de Buenos Aires», que adoptó á poco
de constituída, contribuyó grandemente á facilitar y favorecer la
inmigración. Nacionalizada en 1862, llevó su existencia hasta 1869, en
que fué reemplazada por la comisión central de la inmigración.

Las clases no pudientes del pueblo de Buenos Aires tampoco
permanecieron ajenas á las demostraciones en favor del extranjero:
deseaban su venida, le esperaban, le agasajaban; no importaba que el
inmigrante viniera á Buenos Aires ó á la confederación: de cualquier
modo llegaba á la patria próxima á constituirse, á trabajar en
ella, á formar colonias agrícolas. «No son sólo las autoridades
constituídas--dice un autor de la época--y la voz de la prensa
sudamericana que apoyan con todos sus esfuerzos la realización de un
vasto plan de colonización agrícola; la población entera favorece la
ejecución de este proyecto por manifestaciones inequívocas. Hemos sido
testigos de las demostraciones de fraternal simpatía que se prodigaron
á un convoy de doscientas familias destinado á las colonias del señor
Castellanos; á su llegada á Buenos Aires estas valientes personas
se vieron objeto de una verdadera ovación. Por un acuerdo perfecto
de franqueza y amenidad, por completo en las costumbres americanas,
parecía querer borrarse en el espíritu de los recién llegados, las
últimas tristezas que podían alimentar aun en el recuerdo de la
vieja patria. Sería necesario, seguramente, citar el nombre de cada
habitante de la ciudad, si se quisiera mencionar todos los actos de
generosa hospitalidad que señalaron aquel día; nos contentaremos con
recordar en esta obra al del señor Rams, ciudadano de Buenos Aires,
quien haciendo un noble uso de su afortunada posición, hizo distribuír
á los colonos, cigarros, confituras y refrescos de toda especie»[29].

Por su parte, la Confederación Argentina no procedió de otro modo;
la prueba está en los decretos destinados á cumplir los mandatos de
la Constitución al respecto; está en los nombramientos de cónsules,
los tratados comerciales con naciones de América y Europa; está en
la creación de un premio á la mejor memoria sobre clasificación y
distribución de tierras públicas; en la concesión del ferrocarril
del Rosario á Córdoba; está, para no citar más, en el encargo dado
á Moussy, de la descripción de la Confederación Argentina, á fin de
que en todas partes pudieran tenerse noticias de estas tierras; en
la indemnización á los extranjeros de los perjuicios sufridos en las
guerras civiles, y sobre todo en la buena acogida que recibieron los
proyectos colonizadores de Brougues y Anchorena, en los que el gobierno
nacional se responsabilizó por las obligaciones respectivas contraídas
por los de Corrientes y Santa Fe.

Nuevas leyes, decretos, contratos, aparecen con iguales móviles, cuando
Buenos Aires y la confederación formaron un solo país; resoluciones
de esta índole son las leyes de 1862, autorizando el poder ejecutivo
para celebrar contratos sobre inmigración extranjera, con facultad para
conceder beneficios; la de libre introducción de los equipajes de los
inmigrantes, en 1863, que se establece y conserva después en la ley de
aduana; la creación de la «Comisión protectora de la inmigración», y en
fin, muchas otras resoluciones de semejante especie, hasta la creación,
en 1869, de la «Comisión central de inmigración», de cuya obra nos
ocuparemos después.

Es claro que todas estas resoluciones realizadas en los hechos, en
todo ó en parte tenían forzosamente que facilitar la llegada de los
extranjeros que adhiriéndose á la nueva patria, darían á ella su sangre
y su trabajo.

Cada nación, con sus hijos mandaba su espíritu; con su fuerza
económica, su fuerza moral; allí donde ellos llegaban, traducían
sus ideas en hechos y removían el espíritu; las regiones preferidas
cambiaban de aspecto más pronto, las rezagadas cambiarían después. La
entrada de inmigrantes que era de 1500 en 1854, alcanzaba tres años
después á 4950, llegados en 1857; á 6300 en 1861, á 11.600 en 1864; á
29.000 en 1869. En estos totales, los italianos ocuparon durante todo
este período el primer lugar; correspondiendo á aquella nacionalidad,
siete décimos de los llegados cada año; habían desalojado á los
españoles: la ciudad capital les contaba en gran número; en 1856, en
sus 91.395 habitantes, contaba con 10.279 italianos; su número siguió
creciendo y en 1869, el censo dió 41.957 italianos para una ciudad
de 177.787 habitantes, y 71.442 para toda la nación cuya población
era de 1.877.490 habitantes (contados 41.000 argentinos residentes
en el extranjero). En aquel año llegaron de esa nacionalidad 21.419
individuos.

Su número fué proporcionalmente tan grande, que algunos espíritus
timoratos de pocos alcances, creyeron ver en esa abundancia un peligro
que se expresó en el diario de la época _Los intereses argentinos_;
campaña anti-italiana efímera que murió al nacer, siendo destruída en
sus comienzos, entre otras tantas, por la palabra incisiva de Héctor
Varela[30]. El peligro que la educación italiana pudiera traernos y
que las ideas monárquicas pudieran infiltrarse, no fueron más que
alucinaciones; no lo fueron en cambio las colonias agrícolas, la
población numerosa, las artes y las ciencias. Y es desde 1859, dato
curioso, que los compatriotas de Colón monopolizan el cabotaje[31].
Viviendo vida argentina, no olvidaban la patria, y mantenían el
recuerdo y la unión de sus connacionales agrupándose en sociedades y
fundando diarios: en 1869, los italianos tenían dos diarios _La Nazione
Italiana_ y _Eco d’Italia_.

España, no obstante la tendencia á la _desespañolización_, que
mostraban sus antiguas colonias de aquende los mares y de la que más
adelante nos ocuparemos, seguía suministrando hijos á la Argentina,
brazos á la agricultura y... criados á las familias pudientes. Es
un error el que expresa Daireaux[32], cuando al referirse á 1868,
á las grandes afluencias de extranjeros, dice que la inmigración
menos poderosa era la española; lejos de ello, ocupaba el primer
lugar después de la italiana, como lo siguió ocupando en adelante
con excepción de los años 1872, 1881 y 1890 en que fué superada por
la francesa. Es fácil comprobar tal cosa, con las cifras de la
estadística de la oficina de inmigración.

Más, la sangre española no modificó el carácter étnico argentino;
contribuyó más bien á mantenerlo tal cual era, demorando la
transformación; á pesar de la «oposición que los sucesos
revolucionarios debían convertir en aversión y degenerar por
desplazamiento de aquélla, en prurito de imitación excluyente de las
ideas de la metrópoli», también es cierto que «no se elimina por la
sola fuerza de la voluntad lo que arrastra la sangre ó está adherido
á la estructura íntima del nervio»[33]. Y es así que el hispano
continúa su dominio en la raza á pesar de la ruptura de vínculos
políticos, y sus hijos venidos á estas tierras son como los enviados
á mantener las tradiciones seculares de todo género. Y en la pereza,
en la fácil palabra, en el valor, en la tendencia religiosa, en las
formas arquitectónicas de las ciudades, España conserva su poderío que
durará mucho aún, aunque el transcurso del tiempo pueda reducirlo á la
expresión más abreviada del resumen.

En cuanto á las industrias, á las invenciones é ideas que forman la
base de los adelantos del país, forzoso es confesarlo: ni los grandes
establecimientos industriales, ni las artes, ni la ciencia, ni los
ferrocarriles, ni los tramways, ni los puertos deben nada á esta
inmigración, apta para recibir y adoptar los inventos y las máquinas y
las faenas, pero que nada da de por sí en aquella materia. Quizás sea
debido á esta causa y á este factor, que mientras en Europa los grandes
inventos y descubrimientos se hacen comunes por su abundancia, y
Estados Unidos compite con ventaja con la Europa toda, Sud América nada
da de por sí, á pesar de la inteligencia reconocida de sus hijos, y que
el único descubrimiento de importancia realizado por un sudamericano,
la dirección de los globos, pertenezca precisamente á un hijo de la
única nación no hispánica de Sud América.

Los franceses por su parte, habían dado un buen contingente aun en la
época de Rozas, y conservaron en adelante el tercer puesto en cuanto á
número de inmigrantes, llegando á ocupar el segundo en las épocas que
hemos señalado al hablar de la inmigración española; los 276 llegados
en 1857, son en 1869, 1465, es decir casi seis veces más. Muchos de
ellos permanecían en la ciudad de Buenos Aires; en una estadística
de 1856, Buenos Aires tenía 91.395 habitantes, de los cuales 9489
eran franceses, y solamente 5702 españoles. Y las ideas francesas
también se expandían y se expandía su idioma, base de toda enseñanza
adelantada[34]. Los franceses no eran sólo agricultores; los había
también hombres de letras y artistas, hombres de pensamiento y acción,
hombres de comercio é industriales: Bonpland, de todos conocido, y
Moussy autor de la _Geografía de la confederación_, tantas veces citada
en este trabajo, y de la _Memoria histórica sobre la decadencia y
ruina de las misiones jesuíticas del Río de la Plata_; el almirante
Mouchez, autor de las obras náuticas, aunque sólo fuera visitante;
educacionistas como Jacques, Larroque, y Peyret; agricultores como
Brougues y Lelong, é industriales como Hileret, el de los ingenios
tucumanos, Sansinena, Prat, el de la tintorería, Godet, fabricante
de chocolate, Molet, de conservas alimenticias, Berthe, destilero,
Lavigne, fabricante de aceite, Bieckert, cervecero... Y las colonias
de vascos franceses y las tiendas principales, acumulaban materiales
para la nueva nación, por más que durante algún tiempo continuaran
formando colonias separadas del resto de la población, y unidas en el
recuerdo de la lejana patria, y contribuyera á ello, la aparición de
periódicos escritos en la lengua nativa, muchos de éstos suprimidos ó
desaparecidos, otros conservados como el _Courrier de la Plata_, nacido
en 1865 y núcleo de la tradición francesa en el Río de la Plata[35].

Después de Francia, los países que más contribuían á poblar estas
tierras eran Gran Bretaña, Austria, Suiza, Alemania y Bélgica, cada
una trayendo en sus hijos sus caracteres, su inteligencia, sus
particularidades.

La inmigración inglesa y alemana merece recuerdo especial; la inglesa
sobre todo, más que por el número de sus súbditos que es relativamente
insignificante, por los capitales que aportaron y que se fijaron en el
país y por las nuevas industrias que introdujeron; es así que al hablar
de ellas, se puede recordar el establecimiento de los ferrocarriles
norte (1861), sud (1863) y central argentino (1863), la compañía de
minas de San Juan (1863), la fábrica de Liebig (1864), el ferrocarril
Buenos Aires Ensenada (1865), enfín, el nombre del alemán Felipe
Schwarz que establecido en Buenos Aires en 1859, efectúa la primera
construcción en el país, de un navío de vapor, para navegación de los
ríos interiores.

Aunque las estadísticas sean escasas y los datos locales deficientes,
conviene transcribir aquí el cómputo de la población nacional y
extranjera y de la distribución geográfica, que nos da Moussy,
interesante y útil como término de referencia con el de 1869.

                                                   Total
 Provincias             Extranjeros     Cifra    en números
                          en 1857      en 1857    redondos
                                                  en 1860

 Entre Ríos               12.044    79.282        82.000
 Corrientes                2.006    85.447        86.000
 Santa Fe                  4.304    41.261        43.000
 Córdoba                     380   137.079       140.000
 San Luis                    153    37.602        38.000
 Mendoza                   3.181    47.478        49.000
 San Juan                      ?         ?        50.000
 La Rioja                      ?         ?        34.000
 Catamarca                     ?         ?        60.000
 Santiago del Estero           ?    77.575        80.000
 Tucumán                     273    84.044        85.000
 Salta                         ?         ?        70.000
 Jujuy                         ?         ?        33.000
 Buenos Aires                  ?         ?       330.000
                                               ---------
        Total                                  1.180.000

 Indios del Sud                    10.000 ?
   --   del Norte                  20.000 ?       30.000
                                  ---------
 Indios de la Patagonia                                ?
                                                ---------
        Total                                   1.210.000

Todos estos elementos debían traer en el transcurso de algunos años
grandes cambios; un día sería una nueva idea, un edificio de formas
distintas, el de más allá una industria nueva; así de continuo, en
modo que cuando se efectúa el censo de 1869, la población y los
caracteres generales del país habían cambiado; el carácter hospitalario
de la familia colonial, debía continuar, continúa todavía sobre todo
en las provincias; el gaucho con sus caracteres raros, mezcla de
menestral y del peregrino de la edad media, como lo ha considerado
un distinguido autor, atravesaría los años, cambiaría posiciones,
mas seguiría existiendo; la haraganería, que ya en 1853 había hecho
fortaleza principal en los empleados de las oficinas públicas[36],
seguía conservando su sitio inexpugnable en 1869, lo conservaría en
1880, sería dueña de sus hombres en 1895, cuando el censo revelara cómo
había extendido sus fronteras, y el primer centenario de la revolución,
invencible en sus asientos la encontraría.

La cria del ganado, que tanto papel desempeñara anteriormente,
continuaba predilecta, sobre todo en un principio. Los extranjeros
mismos, en algún número se dedicaban á ella, abandonando el
comercio[37].


2. Pero los cambios de costumbres también son grandes aun en los
detalles, y este hecho curioso lo señala: la siesta, la famosa siesta
colonial, desaparece en el Rosario en 1864, debido al trabajo y á las
ideas y costumbres traídas por el elemento extranjero[38]. En las
ciudades en que el incremento de la población extranjera no ha sido
tan considerable, aquélla se ha mantenido más tiempo y en algunas se
mantiene aún.

Se introducen métodos nuevos para el cultivo de los campos: las
colonias de Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires y Corrientes, muestran
las ventajas de la agricultura; los nacionales empiezan á tener afición
á ella; en las ciudades, desde 1856 aparecen las luminarias á gas, los
empedrados adelantan, el valor de la tierra sube, las modificaciones
se propagan al interior, los capitales afluyen; en 1865 los serenos
se declaran en huelga, «signo de progreso»[39]; en 1866, se funda la
sociedad rural, de la que es iniciador con otros, el inglés don Ricardo
Newton que poco antes había inventado los alambrados y ensayado la
introducción de animales finos. Se le llamó loco porque pretendía con
débiles alambres, sujetar la fuerza de formidables toros, y gastaba en
un carnero traído de afuera, cinco veces más de lo que gastaría en el
mejor carnero argentino; no importaba, sabía lo que hacía.

       *       *       *       *       *

De los extranjeros que llegaban, muchos quedaban en las ciudades,
algunos avanzaban sobre el litoral donde otros les habían precedido,
otros pocos se expandían por el resto de la nación; era la mayor ó
menor facilidad de vida lo que determinaba sus movimientos. Algunos
pensarían retornar al país de origen, enriquecidos; otros dejaban
aquel pensamiento, se vinculaban, se casaban con hijas del país, se
establecían definitivamente, daban descendientes argentinos.

Las uniones naturales entre extranjeros é hijas del país, eran muy
comunes; la reproducción era abundante; un cálculo de treinta y ocho
años, hecho considerando los libros parroquiales de Córdoba, ha dado el
resultado de siete hijos para cada matrimonio de blancos[40].

En el cálculo de matrimonios en el litoral se llega á que
aproximadamente, de cada cien extranjeros que contraen matrimonio,
sesenta y seis lo hacen con hijas del país y treinta y cuatro con
extranjeras; en el interior, el porcentaje es mayor.

Algunos documentos antiguos traen noticias interesantes á este
respecto: como muestra y confirmación de lo que digo, puedo recordar
estos datos tomados del registro estadístico para el estado de
Buenos Aires, que dirigió Maeso primero, y luego Trelles: trae el
tomo correspondiente al primer semestre de 1856 una estadística de
matrimonios de la ciudad de Buenos Aires por parroquias, estadística
primitiva, indudablemente con errores y de la que se excluyen
del sistema con que se dan los números, los de la parroquia del
Socorro, «por cuanto el señor cura no los ha enviado en la forma que
correspondía». Para no enumerar todo aquello, he hecho este resumen:

 Matrimonios de argentinos  con argentinas     125
      --            --      con orientales       2
      --        franceses   con argentinas      13
      --            --      con francesas       57
      --            --      con orientales       1
      --            --      con españolas        1
      --        italianos   con argentinas      19
      --            --      con italianas       71
      --            --      con inglesas         1
      --            --      con orientales       2
      --        españoles   con argentinas      23
      --            --      con españolas       25
      --            --      con italianas        1
      --        portugueses con argentinas       8
      --            --      con africanas        1
      --        ingleses    con argentinas       3
      --            --      con inglesas        16
      --        alemanes    con argentinas       2
      --            --      con inglesas         1
      --            --      con francesas        1
      --        austriacos  con argentinas       1
      --        suizos      con argentinas       1
      --        brasileros  con argentinas       1
      --            --      con brasileras       1
      --        paraguayos  con argentinas       1
      --        orientales  con argentinas       7
      --            --      con orientales       5
      --        bolivianos  con argentinas       1
      --        chilenos    con argentinas       1
      --        africanos   con argentinas       1
      --            --      con africanas        5

     En congregaciones extranjeras 26, entre protestantes, ingleses,
     alemanes, americanos y escoceses.

       *       *       *       *       *

Estos datos son sin duda defectuosos, pero interesan del punto de vista
de la cantidad de nacionalidades que comenzaban ya á formar la nueva
nación. Y estos matrimonios tienen hijos que nuestra ley considera
argentinos y que lo son también en sus sentimientos. Pero ¿tienen los
mismos caracteres que tendría la población si hubiera continuado siendo
española ó descendiente de española? ¿no vale entonces de nada la
herencia? Indudablemente son argentinos, pero distintos de los otros;
no son ni parecidos á los primitivos argentinos ni á los compatriotas
de sus padres; tienen de uno y de otro; el medio los modifica: los
cruces los modifican más; no son, serán; son argentinos en un sentido;
tienden á ser, en otro: su unidad como raza no está hecha, será, está
en el futuro.

Así se llegó al censo de 1869, hecho bajo la dirección del señor Diego
G. de la Fuente; obra muy buena; primer censo nacional, cuyo capítulo
de población futura (pág. 22) da esta curiosa previsión, ejemplo de
como el método estadístico puede algunas veces dar resultados para
el futuro. La República Argentina tendrá aproximadamente, dice, en
1879, 2.464.000 habitantes; en 1889, 2.444.000; en 1899, 4.778.000; en
1909, 6.591.000. Como se ve, el error ó no existe ó es pequeño y el
dato curioso. La ilusión se perdería si se leyera como se lee poco más
allá, el cálculo para la ciudad de Buenos Aires en que da para 1909,
650.000 habitantes; por más que dice como condición, «si se conserva
en sus límites», y Buenos Aires se ha excedido y se ha apoderado de los
alrededores; pero con todo, el cálculo resultó reducido en cuanto al
desarrollo de la gran ciudad, como han resultado todos los que se han
hecho sobre dicho crecimiento para épocas más ó menos distantes.

Dejando ésto, veamos la estadística de nacionalidades. Existían dentro
de la nación, en la época del censo, 1.531.360 argentinos y 211.993
extranjeros divididos como lo expresa el cuadro siguiente:

     Clave
 A = Argentinos
 B = Otros hispano americanos
 C = Brasileros
 D = Norteamericanos
 E = Alemanes

 +------------------------------------------------------------------------+
 |Distribución       |  Total  |    A    |   B    |   C   |   D   |  E    |
 |Geográfica         |         |         |        |       |       |       |
 |-------------------+---------+---------+--------+-------+-------+-------|
 |Buenos Aires       | 495.107 | 343.866 | 12.062 | 1.118 |   863 | 3.192 |
 |Santa Fe           |  89.117 |  75.178 |  1.253 |   121 |    76 | 1.146 |
 |Entre Ríos         | 134.271 | 115.963 |  5.379 |   800 |    39 |   358 |
 |Corrientes         | 129.023 | 120.198 |  2.050 | 3.823 |    13 |   118 |
 |Córdoba            | 210.508 | 208.771 |    381 |    22 |    19 |    67 |
 |San Luis           |  53.294 |  52.761 |    399 |     6 |   --- |    20 |
 |S. del Estero      | 132.898 | 132.763 |     35 |     2 |     2 |     5 |
 |Mendoza            |  65.413 |  59.269 |  5.625 |     9 |    23 |    16 |
 |San Juan           |  60.319 |  58.007 |  2.087 |     1 |     8 |    26 |
 |La Rioja           |  48.746 |  48.493 |    216 |     1 |     1 |     3 |
 |Catamarca          |  79.962 |  79.551 |    270 |   --- |    40 |    11 |
 |Tucumán            | 108.953 | 108.602 |    160 |     8 |     4 |    12 |
 |Salta              |  88.933 |  85.959 |  2.784 |     7 |   --- |    15 |
 |Jujuy              |  40.379 |  37.353 |  2.993 |     1 |     1 |     2 |
 |Chaco              |  45.291 |     --- |    --- |   --- |   --- |   --- |
 |Misiones           |   3.000 |     --- |    --- |   --- |   --- |   --- |
 |Pampa              |  21.000 |     --- |    --- |   --- |   --- |   --- |
 |Patagonia          |     153 |      47 |      1 |   --- |   --- |   --- |
 |Id. pobl. ind.     |  23.847 |     --- |    --- |   --- |   --- |   --- |
 |Ejérci^{to} en op^{es}|  --- |   4.579 |    608 |   146 |     5 |     6 |
 |-------------------+---------+---------+--------+-------+-------+-------|
 |                   |1.830.214|1.531.360| 35.663 | 6.065 | 1.095 | 4.997 |
 +------------------------------------------------------------------------+

     Clave
 F = Austriacos
 G = Españoles
 H = Franceses
 I = Ingleses
 J = Italianos

 +--------------------------------------------------------------------+
 |Distribución       |    F    |    G    |    H    |   I    |    J    |
 |Geográfica         |         |         |         |        |         |
 |-------------------+---------+---------+---------+--------+---------+
 |Buenos Aires       |     657 |  28.534 |  27.141 |  9.052 |  60.686 |
 |Santa Fe           |      27 |   1.559 |   1.728 |    690 |   4.223 |
 |Entre Ríos         |      54 |   3.025 |   2.421 |    451 |   4.258 |
 |Corrientes         |      65 |     432 |     462 |    100 |   1.513 |
 |Córdoba            |      17 |     225 |     262 |    174 |     396 |
 |San Luis           |     --- |      35 |      49 |      3 |      19 |
 |S. del Estero      |       1 |      26 |      16 |    --- |      25 |
 |Mendoza            |       2 |      75 |      78 |     11 |      75 |
 |San Juan           |       3 |      38 |      45 |     26 |      54 |
 |La Rioja           |     --- |      10 |      11 |      1 |       8 |
 |Catamarca          |       5 |      21 |      12 |     17 |      27 |
 |Tucumán            |       1 |      39 |      73 |      3 |      43 |
 |Salta              |       2 |      40 |      34 |      5 |      65 |
 |Jujuy              |     --- |       9 |       4 |    --- |      12 |
 |Chaco              |     --- |     --- |     --- |    --- |     --- |
 |Misiones           |     --- |     --- |     --- |    --- |     --- |
 |Pampa              |     --- |     --- |     --- |    --- |     --- |
 |Patagonia          |     --- |     --- |     --- |    104 |     --- |
 |Id. pobl. ind.     |     --- |     --- |     --- |    --- |     --- |
 |Ejérci^{to} en op^{es}|  --- |      12 |      47 |     79 |      39 |
 |-------------------+---------+---------+---------+--------+---------|
 |                   |     834 |  34.080 |  32.382 | 10.709 |  71.442 |
 +--------------------------------------------------------------------+

     Clave
 K = Portugueses
 L = Suizos
 M = Otros estados
 N = Africanos

 +-----------------------------------------------------------+
 |Distribución       |    K    |    L    |    M    |    N    |
 |Geográfica         |         |         |         |         |
 |-------------------+---------+---------+---------+---------+
 |Buenos Aires       |   1.228 |   2.369 |   3.672 |   1.067 |
 |Santa Fe           |     127 |   2.272 |     712 |       5 |
 |Entre Ríos         |     167 |   1.020 |     219 |     117 |
 |Corrientes         |     121 |      62 |      45 |      21 |
 |Córdoba            |      10 |      80 |      81 |       3 |
 |San Luis           |       1 |       1 |     --- |     --- |
 |S. del Estero      |     --- |       7 |      15 |       1 |
 |Mendoza            |     --- |       6 |      20 |       4 |
 |San Juan           |       3 |       6 |      10 |       5 |
 |La Rioja           |     --- |       1 |       1 |     --- |
 |Catamarca          |     --- |       1 |       6 |       1 |
 |Tucumán            |       2 |       6 |     --- |       1 |
 |Salta              |       3 |       9 |       3 |       7 |
 |Jujuy              |     --- |     --- |       1 |       3 |
 |Chaco              |     --- |     --- |     --- |     --- |
 |Misiones           |     --- |     --- |     --- |     --- |
 |Pampa              |     --- |     --- |     --- |     --- |
 |Patagonia          |     --- |     --- |     --- |     --- |
 |Id. pobl. ind.     |     --- |     --- |     --- |     --- |
 |Ejérci^{to} en op^{es}|  304 |      20 |     100 |     338 |
 |-------------------+---------+---------+---------+---------|
 |                   |     834 |  34.080 |  32.382 |  10.709 |
 +-----------------------------------------------------------+

El total de extranjeros que dió aquel censo, correspondía á una
población de 1.830.214. Es así que la proporción fué de 121 por 1000.
Mas, de aquel número de extranjeros, 28.000 aproximadamente son
hispano-americanos no brasileros, es decir, de igual sangre que la que
aquí se iba formando. Este número modifica en algo el porcentaje de
individuos de sangre nueva, pero las líneas generales permanecen las
mismas y los datos citados son suficientes para indicar cuál podría ser
el grado de formación de la raza y cómo la transformación era desigual,
pues mientras en Buenos Aires la población extranjera era tan numerosa
como se ha visto, en algunas provincias, San Luis por ejemplo, su
número era tan reducido que podía considerarse insignificante. Esto
quiere decir, que la superposición ó mejor dicho, la transformación
va en progresión decreciente de la capital al litoral, y del litoral
al interior. No obstante, debe tenerse presente que en cuanto á
industrias, artes y costumbres, llegaban á algunas regiones, aun cuando
el número de extranjeros fuera escaso; las ideas llevadas por unos
pocos, tenían en sí fuerza expansiva y se propagaban.

Hay que tener presente que para establecer la cifra exacta de los
individuos de sangre argentina y los de sangre extranjera, debe
recordarse el número que da la inmigración en los años anteriores,
lo que aumentaría en un 20 por 100 por lo menos, para la ciudad de
Buenos Aires y para el Rosario, el número de los individuos-elemento
extranjero y en un 10 por 100 para toda la nación. Es verdad, también
que en ese elemento hay mucho español que aunque con modificaciones
impuestas por los tiempos, trata en su naturaleza de continuar la
constitución étnica argentina de 1853.

Por otra parte, las condiciones geográficas, físicas y económicas
del país, el camino más corto de Europa, la mayor población desde
siglos establecida en las regiones del Plata, el mayor conocimiento de
las mismas, la facilidad de los cultivos, del abundante riego, eran
todas circunstancias que hacían preferir el establecimiento en las
provincias del litoral con relación á las del interior. Como era con
la inmigración que los progresos se acentuaban, se explica de por sí la
forma en que ellos se desarrollaron.

       *       *       *       *       *

En lo que á educación se refiere, las dos universidades de antaño,
continuaron desempeñando su cometido, y no obstante las deficiencias
y los malos momentos porque á veces pasaran, lo cierto es que de sus
aulas salían la mayor parte de los hombres que con su pensamiento
tuvieron influencia en la marcha del país. En la enseñanza secundaria,
este período cuenta con la fundación del colegio del Uruguay, la
implantación de nuevos métodos, planes y organizaciones, en todo lo
cual descuella la figura de Amadeo Jacques. Se fundan también los
colegios nacionales de Buenos Aires, Mendoza, San Juan, Tucumán, Salta
y Catamarca. La enseñanza primaria, encomendada á las provincias era,
tal vez por aquella misma circunstancia, la más deficiente, aun cuando
su existencia fuera condición para la garantía que la nación daba y da
á las provincias, del libre goce de sus instituciones. Las provincias
llenaron sus deberes como pudieron, y los adelantos en la materia
fueron lentos.


2. La libertad de transmitir ideas había impulsado el desarrollo de las
empresas de diarios: la _Ilustración Argentina_, _Los Debates_, _La
América_, _La Nación Argentina_, _El Nacional_, _La Reforma Pacífica_,
pertenecen á este período; entre los extranjeros, _El Español_, _La
Nazione Italiana_, _L’Eco d’Italia_, _Le Courrier de la Plata_; _The
Standard_, primer periódico inglés que se publicó en sudamérica, y que
tuvo subvención nacional hasta 1891 y provincial hasta 1869. Del mismo
modo, el periodismo se expandía en el interior: Córdoba, por ejemplo,
tenía varios diarios: _El Imparcial_, _La Bandera Católica_, _El Eco_,
_El Diario_. Buenas ó malas, estas publicaciones prueban por lo menos
un hecho: que eran posibles; y gran adelanto es para un pueblo, la
posibilidad de emitir libremente sus opiniones.

       *       *       *       *       *

Las ideas generales también cambiaban y se ansiaba el progreso. La
vista de los adelantos que los extranjeros traían, y las noticias de
que algunos naturales eran portadores á su regreso de Francia, Italia ó
Inglaterra, causaban admiración. Se compararía el hábito de trabajo de
los italianos ó suizos, la inteligencia de los franceses, las máquinas
é inventos de los ingleses, con la nada que el país tenía. Se buscó
la causa de esta inferioridad y se la encontró en aquella España que
no es ciertamente la de hoy. Los escritores de aquella época pensaron
que no le había bastado mantener siglos enteros á las colonias en la
ignorancia y desprecio; su acción continuaba porque los argentinos
llevaban en su sangre mucha sangre española; aconsejaron como supremo
remedio la _desespañolización_. El país se mantendría en la obscuridad
y se revolvería en luchas sin fin si no se _desespañolizaba_: «la
España conquistó la América. Los ingleses conquistaron el norte.
Con la España vino el catolicismo, la monarquía, la feudalidad, la
inquisición, el aislamiento, el silencio, la depravación, y el genio
de la intolerancia exterminadora, la sociabilidad de la obediencia
ciega. Con los ingleses vino la corriente liberal de la reforma: la
ley del individualismo soberano, pensador y trabajador en completa
libertad. ¿Cuál ha sido el resultado? Al norte, los Estados Unidos,
la primera de las naciones antiguas y modernas. Al sur, los Estados
Des-Unidos, cuyo progreso consiste en _desespañolizarse_»[41]. Aquella
obra era cuestión de vida ó muerte. Había que llevarla á los elementos
todos de la vida, al hogar y á la escuela, á la materia y al alma. «Es
necesario tener muy presente que la obra de la _desespañolización_ no
consiste solamente en abolir las leyes é instituciones de la conquista.
No es eso sino una parte, que podemos llamar la desespañolización
exterior. La grande obra, el trabajo magno, consiste en el nuevo
espíritu que debe animar á la nueva personalidad del americano. La
desespañolización del alma, es pues lo principal»[42]. Á España se le
reputaba la culpable, y procurando explicar el fenómeno, se llegó á
ver que no pudo aquella nación proceder de otro modo. España no trató
mal á sus colonias y á los habitantes de ella con un fin de maldad;
aun más, este maltrato no debió parecer tal á los españoles. Y esa
sumisión en cuerpo y alma no era sino la consecuencia de las ideas
dominantes y por hábito convertidas en principios á los que se les
tenía por verdaderos: desde la caída del imperio romano, datan las
guerras religiosas, con la que emprendió Clovis para la conversión de
los visigodos. El clero asumía autoridad importante, que era tomada un
siglo más tarde por el clero católico visigótico; los reyes dieron gran
importancia y autoridad á las decisiones y mandatos de los concilios,
que vinieron á formar parte de la legislación. Y la guerra mora, de
independencia y religión volvió nuevamente á hacer que la autoridad
de los príncipes y de los obispos fuera grande. Para triunfar era
necesaria la sumisión á los jefes, sumisión absoluta; y en cuanto á
la sumisión religiosa se encargaban de mantenerla, la religión unas
veces, el fanatismo y la superstición otras[43]. Esta obediencia y
superstición, este dominio del espíritu se grabó en el alma de los
hijos y los descendientes lo heredaron para hacerlo con el transcurso
del tiempo, parte integrante de su personalidad. El principio dominó en
España y pasó á América donde también dominó. Aquí mezclóse con otras
ideas. Los españoles, aun de peor ralea, creyéronse amos de los nativos
y comenzó la lucha sorda unas veces y tempestuosa otras, que debía,
convertida en factor preponderante, decidir la lucha emancipadora. Mas
la sumisión espiritual dominó, atravesó la época de Rozas y dominaba
después; en las otras naciones de América siguió con mayor ó menor
potencia, según las circunstancias favorables ó contrarias; en algunas,
domina quizás en la actualidad; pero en todas originaba la expresión
de pensamientos é ideas, y adquiría fuerzas la afirmación de que
«_la emancipación del espíritu_, ese es el gran fin de la revolución
hispano-americana... La civilización española consagraba y mantiene
todavía en la península el principio contrario. Toda ella reposaba
sobre la base de la esclavitud del espíritu humano. La política y
la religión, la legislación y las costumbres anonadaban al hombre,
como sér inteligente y como sér moral, porque el poder absoluto no
podía existir sino sobre ese aniquilamiento. Jamás se ha visto en el
mundo cristiano un poder espiritual más fuertemente organizado, más
omnipotente, más completo, más invasor, más voraz, más universal que
el poder constituído en la monarquía española: el hombre le pertenecía
completamente, sin excepción. No tenía iniciativa ni espontaneidad y
sus facultades intelectuales sólo podían concebir las ideas que aquel
poder le transmitía; pero sin dar al hombre el derecho de juzgarlas;
su corazón sólo podía adherir... la verdad estaba prescripta de
antemano... los sentimientos, las afecciones tenían también su ley...
una ley arbitraria, que no era otra que la voluntad de los hombres que
tenían el privilegio de administrar el poder espiritual»[44]. Aquellos
hombres que deseaban un país libre y grande, en quienes la vida del
campo y las luchas civiles habían exaltado el sentimiento del valor,
al ver que los hechos y la historia de los hechos señalaban á España
como causa dominante del malestar, quisieron, no por rencor sino por
patriotismo, _desespañolizarse_; no odiaron á la nación española sino á
los métodos de gobierno, y no tendrían sus hijos inconveniente, cuando
el sistema cambió aun en España, en recibir con los mayores afectos á
la representante del trono español, al que tanta culpa se le daba en
nuestras desgracias.


3. El período político transcurrido desde 1853 á 1869, comprende la
separación de la provincia de Buenos Aires del resto de las provincias;
la sanción de la constitución nacional de 1860, la reforma de 1866, la
presidencia del general Mitre y el comienzo de la de Sarmiento.

El rechazo del acuerdo de San Nicolás por Buenos Aires, dió motivo
á la lucha próxima. Urquiza intentó imponerse; lo consiguió en un
principio. La tea incendió. Mitre levantó las milicias contra «el nuevo
tirano»; se desconoció toda autoridad nacional y se retiró á Urquiza
el encargo de mantener las relaciones exteriores. En 1854 se sancionó
la constitución provincial para Buenos Aires, y la separación se
mantuvo hasta después que las batallas de Cepeda y Pavón, sirviendo de
derivativo á las energías nerviosas y á los enconos, permitieron tratar
la cuestión con razones más estudiadas y en términos más pacíficos.

En 1859 la convención de Buenos Aires propuso las reformas que creía
necesarias á la constitución de 1853.

Las reformas que se sancionaron fueron de poca importancia no alterando
las líneas generales de aquella y consistieron en la determinación de
residencia de las autoridades nacionales en la ciudad que se declarare
Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa
cesión de la provincia á que pertenezca el territorio á federalizarse;
en resoluciones respecto á derechos de exportación y comercio, á la
libertad de los esclavos que por cualquier modo se introdujeren en la
república; á la prohibición de las ejecuciones á lanza y cuchillo; á
la libertad de imprenta, á las cuestiones de competencia de la suprema
corte, y algunas otras más. Se aclararon principios contenidos en la
constitución y se buscaron soluciones á algunos reclamos posibles entre
la provincia de Buenos Aires por un lado y la Confederación Argentina
por el otro.

En cuanto á la reforma de 1866 consistió sólo en la supresión de
la cláusula que determinaba entre los fondos del tesoro nacional
los derechos de importación y exportación sólo hasta 1866; quedó
establecido que aquella contribución correspondiera siempre al tesoro
nacional. Y como consecuencia, la supresión en el inciso 1^o del
artículo 67, la parte en que atribuía al congreso el establecimiento de
«los derechos de exportación hasta 1866, en cuya fecha cesarán como
impuesto nacional, no pudiendo serlo provincial». Quedó redactada esta
parte así: «establecer igualmente los derechos de exportación».

       *       *       *       *       *

La vida financiera de una nación contribuye con notable coeficiente
en sus progresos, como que es la síntesis de la vida económica, base
aceptada por Marx como estructura de la sociedad, de lo que las
instituciones, derecho, religión, son sólo la superestructura variable
con las variaciones de aquella.

La vida financiera argentina, sin embargo, no sería suficiente para
darnos á conocer la marcha de nuestra historia; los progresos y
adelantos argentinos en diversos órdenes de actividad de 1853 á 1869,
avanzaron al movimiento financiero que quedó un tanto en retardo porque
las circunstancias así lo impusieron.

De 1853 hasta el 1860, la historia financiera argentina marcha
desdoblada en dos: el estado rico, el hermano mayor, Buenos Aires, por
este lado: la confederación de los otros, por aquél.

El primero no se arredró por los cuantiosos presupuestos con enormes
déficits; no importaba; las necesidades los exigían y el sentimiento
de la grandeza futura de la patria los autorizaba; las emisiones de
papel moneda y la emisión de fondos públicos eran cosas que á diario
se sucedían y las resoluciones sobre el modo de amortización de todo
aquello, eran más para el papel que para ser cumplidas: la lógica
de los sentimientos y el razonamiento de justificación de que Ribot
nos habla en su obra _La logique des sentiments_, ocuparía un lugar
prominente, dada su utilidad.

No obstante se hicieron adelantos y grandes: bastando para ejemplo, el
Banco de la provincia de Buenos Aires, antigua casa de moneda, que tuvo
gran prosperidad, que prestó grandes servicios al comercio y que ayudó
al estado á desenvolverse en las redes de deudas y fardos de papel
moneda.

La confederación por su parte, debió también pensar en el gran
problema, que se presentaba para ella en las peores condiciones;
los grandes remedios ideados no siempre atacaron en sus raíces los
grandes males, y por eso fué un fracaso la famosa junta que se creó
para regir todo lo económico-financiero de la nación, desempeñando
á un tiempo mismo las funciones de crédito público, contaduría,
tesorería, banco nacional, ministerio de obras públicas, dirección de
correos, intendencia, etc. No dió mayores resultados la ley de derechos
diferenciales, y Buenos Aires siguió dominando la situación comercial.
El gobierno de la confederación se encontraba así sin créditos, sin
dinero, sin bancos, sin recursos para accionar: y no podía ser de
otro modo, desde que hoy mismo Buenos Aires sostiene en gran parte la
nación y ayuda en mucho al sinnúmero de subvenciones que se otorgan á
las provincias. Su aduana, con sus entradas que le dan _diariamente_
sumas que alcanzan y pasan de 500.000 pesos moneda nacional, es una
potencia colosal que mantiene en sus espaldas muchos de los gastos que
el progreso nacional ó el sistema parasitario argentino imponen á los
presupuestos.

De 1860 en adelante, Buenos Aires y la confederación tienen una vida
común y como consecuencia, su historia financiera vuelve á unirse;
hecha la paz, porteños y provincianos juntos pensaron en lo económico;
se reconocieron como una, las deudas respectivas, se nacionalizó la
rica mina de la aduana de Buenos Aires y se consiguió dar alguna
estabilidad al papel moneda, fijándole un precio ó por lo menos
disminuyendo su agio.

Para organizar el tesoro se debió partir literalmente de la nada.
Recuerda el doctor Terry en su trabajo citado, que el doctor Vélez
Sarsfield, ministro de hacienda en la época, manifestaba en sus
conversaciones particulares, que el gobierno había encontrado por único
numerario existente en las cajas de la confederación dos pesos plata.

Entre empréstitos, garantías, impuestos, mejoraba la situación, cuando
la guerra del Paraguay, vino á renovar el desequilibrio, siendo
necesario recurrir á nuevos empréstitos. Más este desequilibrio es
inferior al que las luchas interiores causaban, y los dineros que se
iban para defender á la patria, dejarían recuerdos menos ingratos que
los que se habían ido para estériles luchas intestinas.

Como síntesis y como prueba de que no obstante ésto, la marcha
financiera era buena, tomo de aquel trabajo estos datos bien
demostrativos que nos dan también las cifras del estado económico
argentino al iniciarse el año 1869, época en que se realiza el primer
censo nacional:

             Renta                 Presupuesto
             pesos                    pesos
 1863      6.478.000        1864    8.900.000
 1868     12.496.000        1869    9.620.000

Al iniciarse aquel año se tenía pues, por lo menos dentro de las cosas
probables, un superávit en el presupuesto.


4. En lo referente á vías de comunicación, debe recordarse que en los
primeros años de este período, á las galeras de que hemos hablado en el
capítulo anterior, se agregaron en 1855, las «Mensajerías argentinas».
Prestó esta empresa servicios inmensos, unió lugares y sirvió para la
conducción de pasajeros, correspondencia y noticias con un horario más
ó menos fijo según el tiempo lo permitiera. El sistema se extendió, y
en 1865 eran muchas las empresas de semejante transporte que existían
en la provincia de Buenos Aires, con nombres particulares que querrían
arrancar alguna evocación: «La favorecida», «La brisa del desierto»,
«La protegida», «Los peninsulares», y así muchas otras, que sirvieron
mientras el ferrocarril no las substituyó[45].

Los ferrocarriles, acortando las distancias desalojaban las carretas.
El 30 de julio de 1857, fué el primer día de júbilo que originó á la
Argentina la locomotora; el servicio de trenes inaugurado aquel día,
sólo recorría 24.000 varas, del Once á Floresta; en 1860 el espacio
cruzado por los rieles alcanzó á 36 kilómetros; en 1865 llegaba á
Mercedes, en 1866, Chivilcoy también quedó unido á Buenos Aires y
fué entonces de 134 kilómetros la extensión total de las vías del
ferrocarril del Oeste, al mismo tiempo que el ferrocarril del Norte
permitía desde 1865 trasladarse sobre sus vías de Buenos Aires al
Tigre. Poco después y mientras se acercaba por el lado de Buenos
Aires el momento en que las vías llegaran á Chascomús, un suceso de
importancia mayor para la república entera, de importancia inmensa
para el interior, de lujo para el litoral, acaba de realizarse: en
1870--y llegamos á esta fecha, adelantándonos un tanto al límite de
este capítulo,--Córdoba y Rosario, las dos ciudades poderosas, la
docta y la laboriosa, quedaban unidas para siempre por las cintas
de acero propulsoras del progreso. Indudablemente no todas fueron
rosas en estas empresas; los capitales no siempre abundaron; fué
necesario hacer grandes concesiones de tierras como la que se hizo á
la empresa del ferrocarril de Córdoba al Rosario; el público tardó en
acostumbrarse á los ferrocarriles, y no sólo en las clases bajas, sino
hasta en las cultas; el mismo directorio del primer ferrocarril tuvo
necesidad de ver viajar ensayando, al doctor Vélez Sarsfield, para
animarse á imitarlo, y que los temores no eran infundados lo probó
el descarrilamiento acaecido mientras viajaban las personas que lo
componían[46]. Y recordemos por fin el notable signo de progreso que
dice Onelli[47]: en 1864 acaece el primer choque de trenes.

Á este período pertenece también la instalación de tramways en la
ciudad: el primero, accesorio del ferrocarril del Sud se estableció en
1865; el segundo en 1868, por el ferrocarril del Norte; poco después,
en 1869, don Mariano Billinghurst, inauguraba el primer tramway urbano.

El correo estableció el servicio urbano en 1852; se creó en 1862 la
dirección general de correos de la República. El telégrafo llegaba en
1860 hasta Moreno; en 1869 hasta el Rosario.

En fin, débese recordar que también corresponde á este período, el
desarrollo de las comunicaciones marítimas directas con Europa, debido
á la compañía general de transportes marítimos creada con capitales
franceses.


5. En todas las industrias los cambios verificados en el corto
espacio de años fueron grandes, y puede decirse, en general, que los
progresos seguían á la inmigración, y donde ella se establecía allí se
implantaban aquéllos.

       *       *       *       *       *

En agricultura, la investigación general realizada por la inspección
de colonias, permitió la reconstrucción del cuadro de la superficie
cultivada en la República Argentina en el año 1872. En un total de
580.000 hectáreas cultivadas en la república, Buenos Aires cuenta
117.000, es decir, casi una tercera parte; Santa Fe con 62.548; Entre
Ríos con 34.000; es cierto que Mendoza y San Juan cuentan también con
cifras elevadas, debido al extenso cultivo de la viña que ya entonces
se hacía en aquellas provincias. Por ser estos datos más precisos,
los he tomado para referirlos á la época que trato, pues dos años de
diferencia no pueden alterar profundamente las deducciones que permiten
las cifras comparadas[48].

La agricultura estaba estrechamente relacionada á la fundación de
colonias; Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba vieron surgir
en su territorio numerosas colonias y los gobiernos se apresuraron á
ayudarlas. En Santa Fe se fundaron con franceses, suizos é italianos,
las colonias Esperanza (1856), San Jerónimo (1856) y San Carlos (1857)
para llegar en 1870 á contar 31 colonias agrícolas. Buenos Aires, tuvo
por primera colonia á Baradero, en 1856 con suizos y alemanes y poco
después, nueve pueblos agrícolas, dieron muestra de vida potente. En
Entre Ríos, Urquiza fundó la colonia San José en 1857 con italianos,
franceses, suizos y alemanes y poco después le siguió Villa Urquiza
(1858) en que se establecieron agricultores alemanes, franceses,
españoles, belgas, italianos y suizos juntamente con cincuenta
familias argentinas[49]. En Córdoba, la primera colonia, Tortugas,
es de fecha posterior: fué establecida en 1870; no obstante, la
importancia agrícola de la provincia era ya grande entonces, y mucha
la extensión dedicada á la agricultura; los alfalfares que introdujera
de un modo casual Patricio Oyolas en 1861, se habían extendido y
comenzaban á adquirir el buen nombre que conservan.

En el informe del señor Wilken, sobre las colonias agrícolas que visitó
en 1872[50], se encuentran interesantísimas noticias sobre la vida,
educación, modos y útiles de trabajo de todos aquellos pobladores; y
todas esas gentes de diversas razas históricas, puestas en contacto
y unidas también á los nacionales, debían forzosamente producir
descendientes con nuevos caracteres, que heredarían sus costumbres y
que podrían tener al lado de la inclinación á los trabajos ganaderos
y del sentimiento de desprecio de la ley, los sentimientos de orden y
respeto y la convicción de que la agricultura puede ser también fuente
de riqueza particular y pública.

Todo el desarrollo de las colonias está íntimamente relacionado con las
medidas y propósitos para atraer la inmigración á que antes hemos hecho
referencia.

       *       *       *       *       *

Los productos de la ganadería mejoraban: algunos estancieros renovaron
las iniciativas del tiempo de Rivadavia tendientes á mejorar el
ganado con el cruzamiento de otros de clases superiores, traidos de
Europa. En un principio se tuvo poca confianza y pocos fueron los que
se dedicaron á tal empresa, prefiriendo la mayor parte dejar obrar
á la naturaleza sin preocuparse del mejoramiento. Poco á poco el
ensayo, que correspondió á algunos estancieros ingleses establecidos
en Buenos Aires, tuvo imitadores en los argentinos. Por otra parte,
el ganado lanar, había mejorado desde 1824, con las iniciativas de
Pinto, Capdevila, Bell, Harrat, Sheridan. Todo esto permitió en 1859
al gobernador de Buenos Aires, alabar los adelantos de la Argentina y
alzar en discurso memorable un himno de felicitación á los _pioneers_
de la agricultura y ganadería argentina[51].

       *       *       *       *       *

No hay datos abundantes sobre las industrias de la época. No obstante,
por los nombres de las profesiones que da el censo de 1869, como por
algunas investigaciones particulares en determinadas industrias, puede
llegarse á la conclusión que aun en esa fecha aquellas eran pocas
relativamente y que primaban las que se referían á alimentación,
vestido, construcciones, talabartería y herrería; y en cada región las
que hacían posibles las circunstancias y la mejor condición del suelo:
en Mendoza y San Juan la vinícola, en Tucumán la azucarera, etc. Más
entonces todavía aquellas industrias producían en reducida escala:
así, por ejemplo, hacia la época del censo, la importación de azúcar
alcanzaba á 22.000 toneladas por año; la de vino á 600.000 hectólitros.

       *       *       *       *       *

Con todos esos progresos, con la mayor producción, con las
mayores facilidades para las comunicaciones, con las franquicias
constitucionales, con la afluencia de extranjeros que dejaban lazos
de amistad y relaciones financieras en Europa, fácil es comprender,
que el comercio nacional y extranjero, interior y exterior, aumentó
considerablemente.

Las naciones con quienes se comerciaba en mayor escala, estaban en el
siguiente orden: Inglaterra, Francia, Estados Unidos y España. Es así
que en 1869 pudo considerarse como extremadamente pequeño el movimiento
de navíos efectuado en 1856 y que había asombrado en aquel año por su
cantidad: llegados 616: salidos 613.

La profesión de comerciante, contaba entre las principales, y jóvenes
distinguidos no se ruborizaban porque se les viera midiendo piezas de
género detrás de un mostrador ó dirigiendo las maniobras de desembarque
de los fardos de mercaderías.

Este estado de cosas originó diversas leyes y medidas de gobierno. Dos
hay que deben ser recordadas por su importancia para el comercio del
mundo entero: la ley de 1^o de septiembre de 1863, que hizo obligatoria
la adopción del sistema métrico decimal, tan útil y conveniente que
hace cada vez más risible la terquedad anglo-sajona á su respecto; la
segunda es la ley de 1864 sobre patentes de invención, reglamentada en
1866.


6. La constante transformación del país, la llegada continua
de inmigrantes portadores de ideas, la nueva vida que el país
adquiría, hicieron necesarias nuevas leyes que acordaron con las
nuevas modalidades. Incidentalmente he indicado ya al hablar de la
inmigración, educación, etc., las consecuencias institucionales que los
cambios originaban. Mas, aun debo recordar el hecho de que además de
esas leyes especiales se vió la necesidad de leyes generales, códigos
destinados á regir las relaciones civiles y de comercio.

Desde el gobierno de Urquiza, se comprendió aquella necesidad de
fáciles compilaciones de códigos que reglaran derechos; en 1854, por
ley se determina para aquel fin, el nombramiento de una comisión de
jurisconsultos; la constitución de 1853 y la de 1860, dan al congreso
la facultad de dictar los códigos civil, penal, comercial y de minería.

El único que tuvo sanción en este período fué el de comercio: en 1862
se declaró nacional el vigente en la provincia de Buenos Aires. Sus
reformas, así como la sanción de los otros códigos pertenecen á época
posterior.


7. Entiendo haber aportado suficiente cantidad de datos para que se
admitan como establecidas: en primer término la rápida transformación
del país en el período de que tratamos; en segundo lugar, que aquellos
cambios y adelantos han sido debidos principalmente á la inmigración
europea no española, que llegó en abundancia á nuestras playas.

Se nos presenta el país en 1853 como una nación rutinaria y sin embargo
llena de individuos de grande inteligencia; de sangre ardiente como
lo es la española, llenos de valor y exaltados en el sentimiento del
honor, dispuestos á defenderlo al primer menoscabo real ó supuesto.
Llenos de alma y al mismo tiempo sometidos de espíritu, sin darse
cuenta de ello. Á fuerza de sentirse luchadores, pelean y cuando no
tienen enemigos exteriores, los buscan en otras provincias, en otros
partidos políticos y aun en otra vecindad. Aptos para el trabajo, lo
desprecian y lo dejan á extranjeros, y las ventajas de la industria es
cosa que no los preocupa.

De continuo llegan extranjeros, individuos de otras tierras, más
acostumbrados al trabajo porque en su país la vida es más difícil.
Se insinúan en la sociedad, aportan ideas y sentimientos; la ley de
la imitación ejerce función importante. Se establecen en la capital,
en el litoral y comienzan á llegar al interior. Adquieren vínculos
de familia, con los naturales, transmiten ideas á sus hijos, que
serán modificadas por las de la otra herencia, por las del medio y la
educación. La ciudad empieza á cambiar de aspecto: hay mayor luz, hay
tramways y empedrados; los progresos son continuos; el ferrocarril
substituye á la carreta; se fundan colonias, los campos también cambian
de aspecto: el verde claro de los pastizales, es substituído por el
amarillo de los trigales, ó verde vivo de los campos de alfalfa; los
animales mejoran; las costumbres evolucionan y la transformación
continúa. Arriban inmigrantes y producen argentinos de la nueva raza
que será. El país se pacifica, y los resultados del censo de 1869 y de
las investigaciones en los diversos aspectos de la actividad, traen á
los corazones grandes esperanzas y se cree en la futura realidad de las
mejores ilusiones.



                              CAPÍTULO III

                    1895: EL SEGUNDO CENSO NACIONAL

 1. La sociedad argentina de 1895. Inmigración; medidas protectoras. La
   tendencia anti-extranjera. Los naturalizados.--2. Cambios políticos
   y situación económica.--3. Vías de comunicación.--4. Agricultura
   y ganadería; otras industrias.--5. Las ciencias y las artes.--6.
   La educación é instrucción pública.--7. La legislación.--8. El
   socialismo. Conclusión.


1. El segundo censo nacional se realiza en 1895, bajo la dirección del
mismo doctor Diego G. de la Fuente que veintiseis años antes había
presidido la confección del primero.

En esta época se pudo hacer la operación con mejores elementos: el
país se conocía más, las estadísticas eran llevadas con mayor cuidado,
se habían realizado censos locales en épocas diversas, existía
mayor facilidad de comunicaciones, factores todos que ayudaron en la
obtención de buenos resultados.

Los cambios y transformaciones que el censo tradujo, admiran,
pareciendo imposible que sea sólo la distancia de veintiseis años la
que media entre la nación como era según hemos tratado de comprenderla
en el anterior capítulo, y la que las cifras del segundo censo nos dan.

Para llegar á penetrar estos cambios, no se puede tomar simplemente las
dos épocas y hacer comparaciones. Es necesario seguir el desarrollo
cuanto sea posible. Ver por qué se transforma, cuáles influencias
determinan los cambios, qué orientación dan á las leyes é instituciones
políticas.

       *       *       *       *       *

El factor étnico, al que con preferencia se refiere este trabajo,
impone de la causa de muchos cambios, como afirma el carácter de
nacionalidad por raza en formación. Para que una nacionalidad tal,
adquiera sus modalidades distintivas, son necesarias cantidad de
adaptaciones y de evoluciones.

Comenzaré pues, por el factor étnico, para estudiar luego las
transformaciones materiales, relacionando uno y otras con las
disposiciones legales que ha motivado ó que las han favorecido.

El número total de inmigrantes arribados por año, que en 1869 era
aproximadamente de 38.000, aumentó con variaciones más ó menos grandes;
en 1873 alcanza á 76.000, para disminuir luego y aumentar de nuevo,
pasando por primera vez en 1885 de 100.000; en 1889 llega á la cifra de
220.000 y desciende de nuevo: se cuentan en esta línea los llegados por
vía de Montevideo.

Á los italianos les correspondió siempre el primer lugar: en 1873, de
los 48.000 llegados por vía de ultramar, 27.000 eran italianos; en
1881, de 80.000 eran 63.000; en 1889, 88.000.

Españoles, franceses, ingleses, ocupaban los puestos siguientes y
luego los súbditos de los países que los ocupaban también en la época
anterior.

Á todos ellos se agregó una nueva corriente de rusos, holandeses,
portugueses, norteamericanos en número que obliga á tenerlos en
consideración, pues que cruzándose con nacionales y extranjeros de
otros países residentes aquí, tendrían también su parte en la formación
del tipo argentino.

El gobierno continuó fomentando la inmigración con medidas de índole
diversa: unas veces se creyó que la espontánea era la mejor, más
económica y más verdadera en el sentido de la posibilidad de su
arraigo en el país; otras, en la necesidad de la protección amplia,
con pasajes, alimento, tierra garantida; alguna vez se estimó
necesaria la propaganda en Europa y fueron comisionados con ese fin.
El 10 de agosto de 1869 se creó la Comisión central de inmigración,
que duró en su funciones hasta 1874. Sus proyectos, consejos y
resoluciones encontraron buena acogida y sus planes de colonización
recibieron el apoyo y el concurso de hombres influyentes de todas las
nacionalidades[52].

En 1875 se autoriza al poder ejecutivo para fomentar la inmigración
dando tierras y facilitando el establecimiento de los inmigrantes. En
1876 se dicta la extensa ley de inmigración y colonización en la que
con el convencimiento completo de la necesidad y conveniencia de la
inmigración, como asimismo con la visión clara de los medios propios
para atraerla, se establecen disposiciones referentes al régimen
administrativo y las funciones del departamento de inmigración; á
los agentes en el exterior, á las comisiones de inmigración en las
ciudades capitales de provincia, á las oficinas de trabajo que debían
establecerse en Buenos Aires y en las capitales donde existiera
comisión de inmigración; al desembarco de inmigrantes, á los buques
conductores de inmigrantes, y beneficios que se les acordaban; al
alojamiento y manutención, enfín á la internación y colocación, y los
fondos para realizar tales propósitos.

Nuevas medidas dictadas en 1887 y 1889, completaron aquellas benéficas
disposiciones, con resoluciones sobre construcción de hoteles de
inmigrantes, anticipos de pasajes, propaganda, etc.

Es curioso observar, que aun cuando la Constitución entiende facilitar
el establecimiento de inmigrantes que traigan por objeto no sólo
cultivar la tierra, sino también ejercer las industrias, etc., la mayor
parte de las medidas adoptadas en esta época, en la posterior y hasta
ahora, relacionan de una manera casi exclusiva la inmigración con la
agricultura y establecimiento de colonias. La misma ley de 1876 es ley
de inmigración y colonización. Las provincias á la vez que la nación,
en leyes y decretos tienden á fines semejantes.

La provincia de Buenos Aires dicta la ley de egidos, estableciendo
formas para la venta de tierras, y en 1887 tiene origen la famosa
ley de centros agrícolas, tan discutida, tan buena en abstracto y
desastrosa siempre por las facilidades para negocios pocos limpios.
Surgen así en Buenos Aires pueblos agrícolas que impulsan el adelanto
de la provincia.

La colonización en Entre Ríos, á su vez hace grandes adelantos, y
acertadas medidas de gobierno le permiten presentar en 1895, 176
colonias.

Corrientes también, desde 1869, toma disposiciones respecto de
la inmigración, con la ley de tierras reservando lugares para el
establecimiento de colonias agrícolas; en 1876 con el contrato para el
establecimiento de la colonia agrícola industrial «Corpus», y con el
celebrado en 1877 con los señores Firmat, Napp y Wilken para colonizar
Misiones. En 1895 podían contarse en Corrientes 25 colonias, aunque no
todas hubieran debido su origen á esas disposiciones, y aunque algunas
fueran colonias sólo en el nombre.

Santa Fe más que todas, admira con sus progresos. Sus gobiernos se
preocuparon de inmigrantes y colonias con un empeño digno de los
mejores recuerdos. El señor Alsina en la obra citada, enumera[53] todas
las medidas de gobierno que tienden á la colonización, y á protección
de inmigrantes: desde las medidas anteriores á esta época prohibiendo
la venta de tierra pública en previsión de futuras colonias (1853),
hasta los contratos con Castellanos ó con Romang, cediendo al primero
tierras para que establezca colonias y construya un ferrocarril, y
vendiéndolas al segundo á condición de que las pueble con familias
agricultoras traídas de fuera de la provincia; las medidas de gobierno,
ayudando eficazmente á las condiciones del terreno, han dado á Santa
Fe el rango importante que ocupa como provincia colonizadora por
excelencia y que le permitieron presentar en 1895, 298 colonias.

Á las provincias anteriores sigue en importancia y como consecuencia
de la expansión de las colonias de Santa Fe, la provincia de Córdoba,
que se inició con las fundación de la colonia «Tortugas» en 1879; dictó
en 1871 una ley que destinó 200 leguas para la inmigración espontánea,
exonerándola de impuestos, facilitándo semillas á los agricultores,
etc., ley que se completa con la de 1886, que estableció la formación
de colonias, concesiones de campos y solares, facilidades para la
adquisición de tierras, etc. Córdoba tenía en 1895, cerca de 150
colonias, aunque debamos hacer para esta provincia también la misma
salvedad que hicimos para Corrientes.

Recordemos también como resultado de la expansión santafecina, el
comienzo de colonización en Santiago del Estero, que dió en la época á
que nos referimos, cuatro colonias.

Todas estas medidas provocaron grandes progresos en el país y
convirtieron extensas regiones antes incultas, en hermosos prados,
fuentes de riqueza nacional.

Pero no quiero dejar de repetir mi observación de que la mayor parte
de las medidas gubernamentales han tendido al establecimiento de
colonias agrícolas y que al atraerse la inmigración se ha tenido como
principal punto de mira el cultivo de los campos. Cierto es que ese
cultivo es de valiosísima importancia y que representa un gran factor
de riqueza argentina, el que exige mayores consideraciones, pero es
cierto también que no es el único. El examen de la vida argentina y de
sus progresos, los revela en muchas manifestaciones de la actividad.
El progreso y la riqueza no están sólo en las hectáreas cultivadas. Lo
están también en las artes y en las industrias de toda especie; y bien,
las medidas tendientes á la protección de las industrias son escasas;
para algunas no existen; para otras los impuestos son exorbitantes;
enfín para otras más, como el laboreo de las minas y el cultivo de los
bosques, no sólo no cuentan con ninguna protección, sino, lo que es
peor, se admite que sean combatidas indirectamente, como lo son con los
fletes elevados, á tal punto que se prefiera importar tales productos á
elaborarlos en el país.

Creo que pueden y deben protegerse las industrias nacionales
con disposiciones correspondientes á las que se han tomado para
la agricultura. Hay modos más eficaces de protección, que las
exorbitancias aduaneras á los productos extranjeros, que sólo encarecen
la vida. No son necesarias medidas de proteccionismo aduanero para
que prosperen las industrias. El proteccionismo bien entendido debe
estimular y favorecer la industria dentro del país, eximiendo de
impuestos á las máquinas, rebajando contribuciones, facilitando y
favoreciendo la inmigración apta para esos trabajos, con preferencia al
exceso de impuesto en beneficio de unos pocos industriales.

Además de la inmigración que arroja millares de brazos agricultores é
industriales, futuros padres de individuos argentinos, dos hechos de
suma importancia para la constitución de la raza argentina registra
esta época: el primero es la constante disminución del elemento negro.
Esta época no hace en ello sino continuar la anterior. El elemento
negro tiende á desaparecer con gran rapidez: primero las guerras en que
se les hacía servir, después las enfermedades y pestes que parecían
encontrar en ellos buen material de consumo; los cruces enfín lo han
disminuído hasta casi hacerlo desaparecer. En 1869 era corriente y de
muchas veces al día, ver individuos de color. En la época del segundo
censo, como ahora, se pasan días y semanas sin notar su presencia,
excepto para los _habitués_ á ciertas oficinas públicas, en las que los
restos de la extinguida falange llenan con gravedad las funciones de
porteros.

El segundo hecho á que entiendo referirme, es la conquista del
desierto, la liberación para siempre de territorios inmensos sometidos
á la autoridad del indio semicivilizado, que asolaba sin descanso las
poblaciones vecinas y hacía incómoda y peligrosa la vida en aquellas
apartadas regiones. La conquista del desierto que terminó el 24 de mayo
de 1879, entregó á la civilización extensas regiones que hoy puebla el
elemento blanco en villas, chacras, estancias.

La inmigración que aumentaba el número de habitantes de nuestro
territorio, continuó en este período; la distribución se hizo en la
misma forma y regiones á que hemos referido en el anterior capítulo;
fué así por razones geográficas y climatéricas fáciles de comprender.
Con ella fué el progreso, y en general sólo existió éste donde aquella
llegó. Digo en general, porque hay excepciones, como lo son Mendoza y
Tucumán. En estas provincias los progresos son evidentes, no obstante
que la inmigración europea fuera relativamente escasa. Mendoza con sus
vinos y Tucumán con el azúcar, han alimentado industrias de la mayor
importancia en que el elemento nacional ha trabajado grandemente, aun
cuando ciertos procedimientos, ideas ó reformas correspondan á algunos
extranjeros. Las provincias mencionadas han experimentado así adelantos
que las colocan en el orden del trabajo en igualdad de condiciones á la
capital, provincia de Buenos Aires y provincia de Santa Fe[54].

La población aumentó mucho es verdad, más no todavía en relación
con las posibilidades de su crecimiento. El número absoluto de
población fué en 1869, 1.830.214 habitantes: en 1895, 4.044.911, lo
que representa un aumento de 121 por ciento que si bien es notable en
abstracto, no lo es si se considera que en él está comprendido el
aumento vegetativo de los nacionales, el inmigratorio de una poderosa
corriente y los hijos de los inmigrantes. En cuanto al aumento
proporcional es sumamente irregular: desde Santa Fe con un 346 por mil,
la Capital con 255 por mil, ó Buenos Aires con 199 por mil, hasta Jujuy
con 23 por mil, Santiago con 21 por mil y Catamarca con 13 por mil, lo
cual es realmente poco.

Mas adelante, (pág. 140-141) se encuentra un cuadro semejante al que
hice con los resultados del censo de 1869 (pág. 65).

Sus cifras revelan la desproporción en el aumento de población en
diferentes regiones; la zona litoral tiene un aumento de 1.700.000 en
un total de 2.200.000, desproporción enorme que pone de manifiesto la
influencia de la geografía física en los destinos de un pueblo.

La importancia numérica de las respectivas inmigraciones guarda como
se ha dicho el siguiente orden: italiana, española, francesa, inglesa
(hasta 1881 en que es superada por la alemana, con excepción de alguno
que otro año.) Siguen luego la austriaca, suiza y belga. Á partir de
1890 la inmigración rusa adquiere una importancia grande, tan grande
que en años posteriores lucha hasta con la italiana y española para
lograr los primeros puestos. De tal influencia corresponderá ocuparnos
en el capítulo siguiente. Inmigración de difícil amalgama, puede, si
logra mezclarse con la población ya establecida, introducir profundos
cambios en nuestra constitución étnica, que tal vez sean perjudiciales
más que favorables.

Ya no es posible en la época de que tratamos seguir á cada nacionalidad
para descubrir los progresos que se le deben. Los extranjeros se
incorporan á nuestra vida y ponen á la Argentina en la corriente de la
civilización europea. Las industrias, las ciencias, las artes, no se
presentan como exclusiva pertenencia de una ó dos colonias ó grupos
de extranjeros pertenecientes á algún país: pertenecen á todos, todos
traen algo y los argentinos dan también.

     Clave
 A = Total
 B = Argentinos
 C = Brasileros
 D = Otros hispano americanos
 E = Norte americanos
 F = Alemanes

 +-------------+----------+----------+--------+--------+-------+--------+
 |             |    A     |    B     |   C    |   D    |   E   |    F   |
 +-------------+----------+----------+--------+--------+-------+--------+
 |Capital      |  663.854 |  318.361 |  1.380 | 21.640 |   591 |  5.297 |
 |Buenos Aires |  921.168 |  636.882 |    720 | 13.615 |   330 |  3.154 |
 |Santa Fe     |  397.188 |  130.701 |    546 |  4.617 |   129 |  4.475 |
 |Entre Ríos   |  292.019 |  128.130 |  1.102 | 12.032 |    73 |  1.794 |
 |Corrientes   |  239.618 |  217.677 |  8.977 |  6.003 |    16 |    272 |
 |Córdoba      |  351.223 |  315.706 |     92 |    735 |    31 |  1.061 |
 |San Luis     |   81.450 |   79.327 |     10 |    227 |     4 |     30 |
 |Santiago del |          |          |        |        |       |        |
 |    Estero   |  161.502 |  159.195 |     14 |     98 |     1 |     41 |
 |Mendoza      |  116.136 |  100.240 |     24 |  5.395 |    27 |    227 |
 |San Juan     |   84.251 |   78.929 |      6 |  1.581 |     6 |     52 |
 |Rioja        |   69.502 |   68.666 |      1 |    356 |     2 |     13 |
 |Catamarca    |   90.161 |   89.096 |      1 |    276 |     2 |     30 |
 |Tucumán      |  215.742 |  205.035 |    105 |    652 |    13 |    254 |
 |Salta        |  118.015 |  113.477 |      4 |  3.029 |     8 |     73 |
 |Jujuy        |   49.713 |   45.089 |     23 |  3.870 |     6 |     19 |
 |Misiones     |   33.163 |   16.334 | 11.630 |  4.227 |     3 |    119 |
 |Formosa      |    4.829 |    2.392 |     23 |  1.806 |     3 |     25 |
 |Chaco        |   10.422 |    7.555 |     36 |    804 |     2 |     34 |
 |La Pampa     |   25.914 |   21.373 |     14 |    811 |     3 |     61 |
 |Neuquen      |   14.517 |    5.505 |      1 |  8.881 |     4 |     13 |
 |Río Negro    |    9.241 |    7.614 |      1 |    760 |     3 |     48 |
 |Chubut       |    3.748 |    2.203 |     12 |    130 |    21 |     12 |
 |Santa Cruz   |    1.058 |      556 |      2 |    137 |     1 |     35 |
 |Tierra del   |          |          |        |        |       |        |
 |    Fuego    |      477 |      271 |      1 |     24 |     2 |      4 |
 +-------------+----------+----------+--------+--------+-------+--------+
 |             |3.954.911 |2.950.384 | 24.725 | 92.026 | 1.381|  17.143 |
 +-------------+----------+----------+--------+--------+-------+--------+

     Clave
 G = Austriacos
 H = Españoles
 I = Franceses
 J = Ingleses
 K = Italianos

 +-------------+----------+----------+----------+----------+----------+
 |             |    G     |    H     |    I     |    J     |    K     |
 +-------------+----------+----------+----------+----------+----------+
 |Capital      |    3.057 |   80.352 |   33.185 |    6.838 |  181.693 |
 |Buenos Aires |    2.458 |   70.003 |   35.139 |    8.764 |  140.249 |
 |Santa Fe     |    1.896 |   21.163 |   10.272 |    2.944 |  109.634 |
 |Entre Ríos   |    2.189 |    6.421 |    4.828 |      660 |   21.043 |
 |Corrientes   |      110 |    1.548 |      870 |      162 |    3.456 |
 |Córdoba      |      993 |    5.442 |    2.747 |      365 |   22.230 |
 |San Luis     |       24 |      573 |      257 |       51 |      809 |
 |Santiago del |          |          |          |          |          |
 |    Estero   |       73 |      451 |      278 |       52 |    1.093 |
 |Mendoza      |      249 |    1.851 |    2.467 |      114 |    4.148 |
 |San Juan     |       36 |    1.842 |      737 |       17 |      863 |
 |Rioja        |       12 |       89 |       51 |       11 |      238 |
 |Catamarca    |       21 |      178 |      101 |       14 |      349 |
 |Tucumán      |      176 |    3.985 |    1.353 |      148 |    2.293 |
 |Salta        |       55 |      442 |      130 |       13 |      687 |
 |Jujuy        |       22 |      183 |       84 |       46 |      264 |
 |Misiones     |       12 |      260 |      120 |       23 |      308 |
 |Formosa      |      145 |      118 |       99 |        3 |      196 |
 |Chaco        |      174 |      408 |      306 |       49 |      954 |
 |La Pampa     |       36 |    2.919 |      849 |      102 |      602 |
 |Neuquen      |        1 |       41 |       30 |        5 |       29 |
 |Río Negro    |       15 |      307 |      143 |       32 |      257 |
 |Chubut       |       13 |       55 |       16 |    1.099 |      168 |
 |Santa Cruz   |       12 |       75 |       31 |      148 |       27 |
 |Tierra del   |          |          |          |          |          |
 |    Fuego    |       24 |       69 |        5 |       26 |       36 |
 +-------------+----------+----------+----------+----------+----------+
 |             |   12.803 |  198.685 |   94.098 |   21.788 |  492.636 |
 +-------------+----------+----------+----------+----------+----------+

     Clave
 L = Suizos
 M = Rusos
 N = Otros estados
 O = Asiáticos
 P = Africanos

 +-------------+---------+---------+---------+---------+---------+
 |             |    L    |    M    |    N    |    O    |    P    |
 +-------------+---------+---------+---------+---------+---------+
 |Capital      |   2.829 |   1.257 }         |      64 |     176 |
 |Buenos Aires |   2.699 |   2.039 }         |      66 |      50 |
 |Santa Fe     |   5.522 |   1.099 }         |      29 |     102 |
 |Entre Ríos   |   2.034 |  10.328 }         |      15 |      41 |
 |Corrientes   |      86 |      12 }         |       7 |      13 |
 |Córdoba      |     722 |     290 }         |      11 |      25 |
 |San Luis     |      60 |       1 }         |     --  |      10 |
 |Santiago del |         |         }         |         |         |
 |    Estero   |      68 |       6 }         |      12 |     --  |
 |Mendoza      |     160 |      18 }         |      21 |       9 |
 |San Juan     |      71 |       1 }         |      47 |       8 |
 |Rioja        |       3 |     --  }         |       3 |     --  |
 |Catamarca    |       5 |       2 }  14.778 |       8 |       2 |
 |Tucumán      |     166 |       6 }         |      93 |       5 |
 |Salta        |      21 |       3 }         |      25 |       1 |
 |Jujuy        |       6 |     --  }         |       7 |     --  |
 |Misiones     |      24 |     --  }         {         |         |
 |Formosa      |       5 |     --  }         {         |         |
 |Chaco        |      39 |     --  }         {         |         |
 |La Pampa     |      27 |     --  }         {         |         |
 |Neuquen      |       3 |     --  }         {       6 |      12 |
 |Río Negro    |      25 |     --  }         {         |         |
 |Chubut       |       1 |     --  }         {         |         |
 |Santa Cruz   |       8 |     --  }         {         |         |
 |Tierra del   |         |         }         {         |         |
 |    Fuego    |       5 |     --  }         {         |         |
 +-------------+---------+---------+---------+---------+---------+
 |             |  14.789 |  15.047 |  14.778 |     414 |     454 |
 +-------------+---------+---------+---------+---------+---------+

Los italianos avanzan en número y progresos, incorporándose á nuestra
vida: las colonias agrícolas les cuentan por millares; sus capitales
afluyen y les permiten en 1872 fundar el Banco de Italia y Río de la
Plata. Nuevos diarios les comunican: el _Operaio Italiano_ después
_Patria d’Italia_, _L’Italia Platense_, _La Rassegna Italiana_;
cantidad de sociedades les agrupan, sus artistas invaden los teatros,
enfín, su influencia se revela en la Exposición continental de 1882.

Los hijos de Francia cuentan con la construcción del ferrocarril de la
provincia de Santa Fe, con la acción de Lacroze, Ringuelet, con las
numerosas industrias y colonias. Desde 1884 tienen una sociedad de
protección de inmigrantes franceses que presta grandes servicios. Desde
1883 data la introducción á la República de grandes capitales franceses
y de poco después la colocación en Francia de empréstitos argentinos.

Los ingleses son capitalistas por excelencia: ferrocarriles, tramways,
colegios, industrias de toda especie donde son necesarios fuertes
desembolsos, cuentan á los ingleses como dueños. Muchos de ellos
son también estancieros y algunas de sus costumbres, de todos son
imitadas: los sports y ejercicios físicos tan en boga no tienen otro
origen.

Desde 1880 adquiere importancia la inmigración alemana y aun antes
se introducen grandes capitales que pertenecen á alemanes: en 1872
empieza la navegación alemana con el _Bahía de Hamburgo S. A._; sigue
en 1876 con el establecimiento del Lloyd Alemán, y en 1873 con el de
la compañía Hamburguesa Cosmos. Y entre las grandes industrias, baste
recordar la compañía Trasatlántica de Electricidad, los nombres de
Kraft, Peuser y la Compañía Sudamericana de Billetes de Banco. La
colonización, mucho les debe: Krell, Herland, Norden, Holdz, Goedecken,
Stroeder, son decididos emprendedores. Enfín, Lorenz autor de _Estudio
sistemático de la flora argentina_ y Burmeister, son en esta época los
representantes de la ciencia alemana en la Argentina.

Muchos combaten la inmigración de ingleses y alemanes: se dice no sin
razón que, de sangre diversa, son de difícil adaptación; que fundan
colegios donde se enseña á los hijos que es Inglaterra ó Alemania la
patria y no la Argentina. Sin embargo el peligro es relativo y la
causa de esta actitud débese, más que á sangre distinta, á intenso
amor hacia la patria lejana, que hace desear á los padres que los
hijos sean también de aquélla. Esperanza efímera, sin duda, desde que
si el colegio les conserva alemanes ó ingleses, en cambio, les harán
argentinos la universidad, las amistades, el trabajo, la vida toda.
En este sentido, estoy de acuerdo con el señor Tjarks en su estudio
sobre la actuación de los alemanes en la República Argentina; cree que
ese cariño que los inmigrantes guardan á su país de origen, no sólo no
perjudica, sino que puede ser útil á la nueva patria, «un mal ciudadano
de la antigua patria nunca podrá ser bueno en la nueva. Una buena
educación hará revivir y proseguir en los hijos estas virtudes y formar
buenos ciudadanos que serán hombres útiles á su patria».

El número de uniones entre nacionales y extranjeras, ó viceversa,
también ha aumentado en grande escala. El censo de 1895 no da el
número de argentinos casados con extranjeras ó de extranjeros con
argentinas, pero la simple observación diaria muestra que esas uniones
son completamente comunes y que no tienen nada de particular. Como
los hijos de extranjeros que nacen aquí son argentinos, no es posible
establecer cuál es el origen de sangre de cada ser argentino que se une
con un extranjero. Pero la evidencia de estos hechos es tan grande que
nos eximen de mayor encarecimiento.

No obstante todas estas vinculaciones y armonías entre nacionales
y extranjeros, todas las fusiones que los acercaban cada vez más,
la observación presenta dos hechos que pueden parecer extraños: la
tendencia anti-extranjera recrudece en algunas épocas; el número
de extranjeros naturalizados en la época del censo de 1895 es
insignificante. El sentimiento antiextranjero y con especialidad
antiitaliano tuvo manifestaciones intensas desde 1875 á 1877: en la
capital, en el Rosario, en la provincia de Buenos Aires y Santa Fe,
se cometieron numerosos abusos y arbitrariedades: parte del pueblo,
generalmente la clase distinguida usaba de expedientes poco amables, y
los comisarios de campaña, tantas veces y con tanta razón criticados,
fueron cómplices de hechos vergonzosos[55].

En 1884 nuevamente se repite el hecho, comenzando por la ciudad
de Buenos Aires; el poder ejecutivo propone al congreso nacional
la restricción del voto en las elecciones municipales á solo los
nacionales; se escribe en contra del extranjerismo. Los extranjeros,
sobre todo los italianos, se sienten ofendidos, reaccionan, y como
en todas las reacciones se va más allá de lo justo, se insulta á los
nacionales y se les desconoce la parte que les correspondía en los
progresos nacionales. El desconocimiento se hace con evidente mala
fe. La exaltación continúa con calmas y recrudescencias, hasta que un
acontecimiento de más importancia, natural é inesperado, desviando el
interés hacia otro punto de mira, hace olvidar aquel estado incómodo
de los espíritus. «Se habían hecho grandes preparativos para la
celebración de la fiesta del 20 de septiembre, cuando un terrible
huracán causó daños enormes á toda la parte sur de la provincia de
Buenos Aires. Entonces las fiestas patrióticas fueron transformadas en
fiestas de la caridad y los italianos se unieron á los argentinos para
concurrir á aliviar las terribles consecuencias de la catástrofe»[56].

Indudablemente la causa de estos hechos no puede tener otro origen que
el temor que hubieron de tener los argentinos de verse desalojados de
la patria con tanto trabajo conquistada y organizada. Y el temor pudo
también no ser inmotivado: los hechos posteriores probaron que no tuvo
motivo alguno, pero en los momentos en que una determinada inmigración
afluye en grande escala, no se puede estar en el interior de las
conciencias de los gobiernos que dirigen el país de procedencia, para
saber si hay honradez de propósitos: prueba ésto, las consecuencias
sufridas por Orange y Transvaal que á sus riquezas de diamantes unían
una codiciosa inmigración inglesa.

El otro hecho, la escasez de naturalizados, tiene á mi juicio varias
causas. El artículo 20 de la constitución nacional, facilita la
adquisición de la ciudadanía á los que la soliciten después de dos años
de residencia en el país y aun menos, cuando se prueben servicios á la
república. La ley de ciudadanía fecha 8 de octubre 1869, ha facilitado
esa adquisición é indicado el procedimiento. Sin embargo, el censo de
1895 tiene este guarismo, exponente de los naturalizados: 1638, cifra
tan pequeña que casi no permite tenérsela en cuenta. ¿Cuáles son las
causas?

En primer lugar, el hecho de que los extranjeros tienen tantos derechos
acordados por la constitución que de poco los aumenta el ser ciudadano.

En segundo, la inercia humana: si se estableciera que son considerados
ciudadanos argentinos los extranjeros con residencia de 5, 10, 20 años,
que no manifiesten voluntad contraria, el censo habría revelado muchos
miles de naturalizados.

En tercer término, el poco cuidado con que se conceden las cartas de
ciudadanía; la carta de ciudadanía debe ser acordada como un honor,
como lo era en la antigua Roma: cualquier extranjero honrado que ve la
manera en que, sea por culpa de los hombres ó por culpa de la ley se
conceden cartas de ciudadanía á los elementos extranjeros más bajos é
inconscientes, en las proximidades de las elecciones é inscripciones
cívicas, prefiere no colocarse en igual rango que ese elemento. Y así
se pierden buenos ciudadanos y se adquiere sólo la escoria venal.

Es así que miles de extranjeros son argentinos de corazón, son
padres de argentinos, están vinculados íntimamente á nuestra vida y
sin embargo no tienen carta de ciudadanía, ni la ley los reconoce
ciudadanos.

Las páginas que anteceden dicen á las claras que tampoco en el período
á que este capítulo se refiere, quedó terminada la formación de la
nacionalidad argentina, de la nueva raza histórica. La germinación
continúa, pero falta mucho para que la constitución quede acabada.


2. La vida política, económica é industrial, acompaña las
transformaciones: unas veces con relación á ella, otras veces sin
relación directa.

Encierra el tiempo comprendido entre los dos censos nacionales, casi
todo el período presidencial de Sarmiento, el de Avellaneda, Roca,
Juárez Celman-Pellegrini, Saenz Peña-Uriburu. Época de luchas políticas
cruentas, que tiene en su triste haber, la revolución de López Jordán,
la de Mitre contra Sarmiento, de Tejedor contra Avellaneda y Roca,
que dió Buenos Aires á la nación, deshaciendo el resto de localismos
existentes; la revolución de 1890, las innumerables intervenciones á
las provincias para dar término á revoluciones locales ó á desacuerdos
entre poderes. Hechos todos que demuestran que la conciencia de los
deberes ciudadanos, el respeto á las instituciones y á la patria, eran
desconocidos por pueblos ó gobiernos; en una palabra, que las ideas de
gobierno y administración no habían adquirido fundamentos sólidos y que
la transformación era también necesaria á este respecto.

       *       *       *       *       *

La vida económica debió soportar el contragolpe de aquellas
situaciones, y se tuvo el problema financiero como una de las
cuestiones más graves de que debieron ocuparse los gobiernos.

Durante la presidencia de Sarmiento, los gastos públicos aumentaron en
proporciones considerables, pero la renta pública aumentada también en
proporción parecida, impidió el desequilibrio. Data de esta época la
fundación del Banco Nacional con el principal propósito de dar un corte
á la anarquía monetaria del interior.

En los primeros años del período del doctor Avellaneda, se produce una
violenta crisis: el medio circulante, elevado á grandes cantidades, y
el fácil crédito, su concomitante, produjeron la suba de los valores.
Poco después los billetes de los bancos Nacional y de la Provincia,
eran inconvertibles; el malestar económico denunció los perjuicios que
tal situación acarreaba. Avellaneda con una tenacidad y patriotismo que
no han sido tenidos suficientemente en cuenta, se propuso legar á las
futuras generaciones el recuerdo de un gobierno ejemplar en los manejos
de los dineros públicos; se ahorró por todos los medios; se suspendió
la ejecución de las obras públicas que no se reputaron indispensables,
se disminuyeron los sueldos, se aligeró el presupuesto en todas las
formas imaginables.

No sucedió otro tanto con la presidencia de Roca; del trabajo del
doctor Terry citado, tomo estos y siguientes significativos datos:

 Deuda consolidada  1880            57.079.000
         --         1884           122.603.000
 _Gastos_: Presupuesto  1881        19.836.000
         --             1885        43.000.000
 _Renta_  1881                      24.000.000
   --     1884                      37.000.000

La renta aumenta de continuo, pero ya no existe el equilibrio; los
gastos no están en proporción y como lógica consecuencia, la deuda
continúa en aumento. Comienza la desconfianza; los giros y extracciones
representan enormes sumas, los bancos son impotentes para sostenerse y
se produce de nuevo la inconversión.

Llega luego la presidencia de Juárez Celman: el país próspero hace
que la renta pública aumente cada vez más; en el primer año de este
gobierno ella representa 57.000.000; renace la tranquilidad y se fundan
nuevos bancos. Pero desgraciadamente el fenómeno del desequilibrio en
los gastos se repite. El presupuesto de gastos es enorme, y si es de
47.000.000 de pesos lo que se presupuesta para gastos, esa cifra no
es sino aparente, pues hay cerca de 26.000.000 de pesos que se gastan
fuera de presupuesto. Las circulaciones fiduciarias abundan nuevamente
y los grandes negocios se suceden hasta 1890 en que el presupuesto se
ha elevado á 71.469.000 pesos y la deuda pública á 355.000.000 de
pesos. Vuelve la desconfianza, el malestar y por fin la revolución.

En las dos presidencias siguientes, de Pellegrini y Sáenz Peña, la
situación se remedió en lo que se pudo, y la marcha económica del
país fué regular; no obstante, datan de la época otras emisiones y
empréstitos que se agregaron á los anteriores.

En la misma situación se encontró el país en la presidencia de Uriburu,
en la que los presupuestos tuvieron además que soportar los gastos
impuestos por la necesidad de la provisión de armamentos para una
guerra que se creía próxima.

Á pesar de tantas novedades en materia financiera el país prosperó
mucho, pero el crédito externo se había resentido, y pasarían largos
años antes de que el nombre argentino no despertara irónicos recuerdos
en los hombres de banca de Europa.


3. Entre todas las manifestaciones de progreso ocupan lugar importante
las vías de comunicación, y sobre todo los ferrocarriles. El adelanto
de las ciudades, pueblos y colonias, precedía algunas veces al mayor
desarrollo de aquéllas; otras, iban primero las vías atravesando
soledades, y eran fecundas, pues que pronto surgían á sus lados
colonias y sembradíos, signos del progreso de las regiones.

Hemos visto cuál era el estado de las vías de comunicación en 1869;
desde esa época su desarrollo sigue en progresión geométrica. El mayor
progreso corresponde á los ferrocarriles: En 1880, los ferrocarriles
que cruzan la provincia de Buenos Aires permiten trasladarse hasta
Campana por el norte, por el sur hasta Dolores, por el centro hasta el
Azul y por el oeste hasta Bragado. Buenos Aires se une con Tucumán,
y por el oeste con Villa Mercedes. En la siguiente década, de 1880 á
1890, los ferrocarriles unen la capital á Bahía Blanca, Mar del Plata y
Tres Arroyos, Pehuajó, Pergamino, Junín y San Nicolás. En Santa Fe se
llega hasta Calchaquies, cerca del Chaco; San Luis, Mendoza, San Juan,
Salta, Santiago del Estero tienen este medio de comunicación con la
capital; en el litoral, Ceibo se une á Concordia, Paraná á Concepción
del Uruguay, Villaguay á Gualeguaychú. Todo este conjunto formaba un
total de 9453 kilómetros en explotación.

El segundo censo nacional trae en materia de ferrocarriles cifras
y datos hasta 1898. En 1896, los kilómetros de vías férreas en
explotación sumaban 14.462; el 1^o de enero de 1898 eran 14.799.
Agregándose á esta cantidad la que proporcionaron las líneas
secundarias y tramways á vapor se llegó á un total de 15.245. La
cifra fué pequeña sin duda, en proporción á los inmensos territorios
argentinos, pero de considerable importancia como exponente de progreso
en el espacio de tiempo intercensal. La importancia del capital y del
brazo extranjero en esta materia, es tan evidente que hace innecesaria
cualquier argumentación á su respecto. Es el capital extranjero, sobre
todo el capital inglés el que ha impulsado aquellas construcciones;
son extranjeros en su mayor parte los que las han dirigido y millares
de peones extranjeros se han unido á los argentinos en los trabajos
materiales.

En lo que á tramways se refiere, debo recordar que en 1873 los tuvieron
también Rosario y Paraná; después se establecieron en las otras
ciudades y el censo de 1895 comprobó su existencia en 19 poblaciones
correspondientes á once provincias. Las empresas eran 39: 28 eran
argentinas, teniendo como tales á las sociedades anónimas, y 11
extranjeras.

Las mensajerías eran atendidas por 179 empresas y las galeras y
diligencias cruzaban también innumerables regiones completando los
beneficios del ferrocarril ó reemplazando á éste en aquellas á que aun
no había llegado.

Agréguese á todo esto que las comunicaciones marítimas con
Europa, Uruguay, litoral y Paraguay, habían realizado notables
perfeccionamientos, respondiendo á las exigencias cada vez mayores, del
transporte de pasajeros, del comercio y de la inmigración.

El correo sigue las vías de comunicación: va en los ferrocarriles,
aprovecha los vapores, las mensajerías lo conducen; se desarrolla en
toda la república y una modesta estampilla de pocos centavos permite
enviar noticias á las más apartadas regiones.

Completan estos datos los que se refieren á telégrafos y teléfonos:
en la presidencia de Sarmiento se estableció el cable á Europa. Las
empresas ferrocarrileras colocaron telégrafos á lo largo de las vías;
el segundo censo dió una red telegráfica de 40.814 kilómetros. Las
compañías de teléfonos á su vez, se multiplicaron: en 1896, eran 41: 33
propiedad de argentinos y 8 de extranjeros.

La reflexión sobre tanto progreso y el estudio del origen de cada
empresa, da una lección provechosa del valor que tienen las ideas
y los conocimientos de las viejas civilizaciones para los pueblos
en formación; de cómo el bien entendido patriotismo no consiste en
cerrar las puertas á las industrias, á las ciencias y á los hombres
de otras razas y naciones. Antes bien, consiste--y acordarán en ello
altruistas y egoístas--en aprovecharles, dejándoles que aprovechen.
Las empresas ferrocarrileras habrán extraído muchos millones de pesos
á los argentinos para pasarlos á manos de accionistas ingleses:
es cierto, los extranjeros han venido buscando su interés y no el
nuestro; es innegable y es humano; pero en cambio, han hecho nuestras
comunicaciones más fáciles, han acortado las distancias, han permitido
é impulsado el generar de pueblos; y los adelantos quedan y valen mucho
más que lo que se va. Bienvenidos sean capitales y brazos extranjeros;
bienvenidos sus propósitos de enriquecimiento; que lo consigan, pues
que al hacerlo, facilitan el nuestro!

Unas veces adelantándose á los hechos, otras concomitantes con ellos,
congresos, presidentes y ministros, proyectaron leyes que pronto
obtuvieron sanciones. Aparte de las que ya he citado, conviene recordar
aquí que en materia de comunicaciones, se dictó en 1872 la ley de
ferrocarriles que estuvo en vigencia hasta 1891 en que se dictó la
ley número 2873 que con la reglamentación de 1894 rige actualmente.
De 8 de octubre de 1875 data la ley 750, de telégrafos, reformada
en un artículo en 1889. Además, la República Argentina adhirió á la
convención de la Unión telegráfica internacional. Asimismo forma parte
de la Unión postal universal y ha celebrado diversas convenciones
postales. La ley de correos sancionada en 1876 rige en la actualidad.

       *       *       *       *       *

En materia de comercio, nada tan claro como las cifras para indicar los
progresos. Los datos del censo nacional de 1895, completados con los
estudios y trabajos que publica la división de comercio é industria,
dirigida por don Ricardo Pillado, informan al detalle. Baste establecer
que en 1895 el valor de la importación alcanzó á la suma de 205.154.420
pesos oro; el de la exportación á 322.843.841 pesos oro quedando por
consiguiente un saldo á favor del país de 117.689.421. Débese hacer
constar, sin embargo, por respeto á la verdad, que ese saldo fué
excesivo en relación á los saldos de años anteriores y posteriores,
no porque hubiera en ellos diferencia apreciable en las cifras de
importación sino porque la hubo en las exportaciones. Los principales
capítulos, casi el total de la exportación, los dan los productos de
la ganadería y de la agricultura. Los de la importación, las materias
textiles, los artículos de locomoción y transportes, los materiales de
construcción y los artefactos de hierro.

Como disposiciones legales que al comercio se refieren, recuérdese que
en 1876 se dictó la ley general de marcas de fábrica, que rige aun,
con las modificaciones introducidas en 1900. Desde 1899, la Argentina
adhirió á las disposiciones tomadas en esta materia por el Congreso de
derecho internacional privado, reunido en Montevideo.


4. Hemos hecho ya referencia á las disposiciones tomadas para la
introducción de inmigrantes agricultores, de las medidas puestas en
práctica para conseguir la formación de colonias, y al número de éstas
que existían en la fecha del segundo censo. Débese aquí agregar las
cifras que completan la demostración de los progresos: Hectáreas
cultivadas en 1872, 580.008; en 1888, 2.459.120; en 1895, 4.892.005.
Buenos Aires, el litoral, Córdoba, Mendoza, San Juan y Tucumán, son
los mayores contribuyentes y como expansión de estas, comienza en la
época á adquirir importancia la agricultura de Santiago del Estero,
San Luis y La Pampa. El trigo, maíz, pasto seco y lino, en el orden de
enumeración, son los cultivos predilectos según las estadísticas.

Con el desarrollo de las colonias, con la especialización en los
cultivos, llegaron las mejoras en los instrumentos de labranza, que
disminuyen el trabajo, multiplican los rendimientos, y hacen de este
modo más fácil y agradable la vida del agricultor. Con el desarrollo
de la agricultura vino también la subdivisión de la propiedad. Las
estancias cedieron los lugares vecinos á las grandes ciudades para que
los ocuparan quintas y chacras; aumentó así el número de propietarios
y se facilitó el arraigo de los extranjeros al suelo. Estos se
establecieron de un modo definitivo en general: propiedad y familia
son sólidos vínculos; el tiempo los hace más fuertes y la nación gana
nuevos trabajadores, que serán padres de futuros ciudadanos.

       *       *       *       *       *

Los progresos ganaderos deben entenderse en el sentido de la mejora
del producto: con esto se consigue mejor rendimiento y colocación en
el mercado universal. En 1895, los animales argentinos no se criaban
solo en grandes potreros, sin cuidado alguno. Desde tiempo atrás, en
estancias y cabañas se cuidaban animales seleccionados que servirían
para la reproducción. En ferias y exposiciones se obtenían ya altos
precios y los buenos resultados estimulaban al trabajo. Se combatía
así también la degeneración del ganado criollo, tantas veces afirmada
aunque no probada aún de una manera positiva.

El ganado en las estancias mejoró; es que ya los estancieros no son
sólo los hijos rebeldes de familias pudientes, ó los criollos reacios
á otras faenas, como pudo acaecer en otros tiempos; hay entre ellos
cantidad de individuos que han educado su mente, y la educación en
una disciplina cualquiera, la ha ampliado facilitando la comprensión
de otras ideas. Son hombres pudientes que unen á éstos, otros
conocimientos; más aun, en la fecha comienza la tendencia á encomendar
el cuidado y dirección de las estancias y establecimientos rurales, á
especialistas que harán ciencia del oficio y substituirán los viejos
sistemas por los que los conocimientos científicos, el estudio y la
experiencia proporcionan.

El progreso ha consistido, pues, en el mejoramiento de los animales.
En cuanto al número, las grandes exportaciones no han permitido que la
cifra de existencia en el territorio, aumentara. Más aun, se notaba
en la época, una tendencia á la disminución. El censo de 1895 hace
comparaciones numéricas con los datos de 1888 y contiene estas cifras:

                          1888          1895
 Ganado vacuno         21.961.657    21.701.526
   --   caballar        4.234.032     4.446.212
   --   asnal y mular     417.494       483.369
   --   lanar          66.706.097    74.379.562
   --   porcino           393.758       652.766
   --   cabrío          1.894.386     2.748.860

datos que ponen en evidencia las afirmaciones que acabo de hacer. El
ganado lanar y el cabrío habían aumentado sin embargo á pesar del gran
consumo y exportación que se hace del primero. Inundaciones, secas y
pestes, redujeron después ese número de ganado lanar, haciéndolo entrar
también en la regla de la disminución que se notó en las demás especies
de ganado.

En cambio el mestizaje y la pureza aumentaron; de una fecha á la otra,
el ganado vacuno tuvo un aumento de 1.289.547 en los mestizos y de
34.358 en los puros; el caballar, de 155.976 mestizos y 10,620 puros;
el lanar, de 14.103.316 mestizos y disminución en 45.698 puros; en fin
el porcino, aumentó en 67.041 mestizos y 10.105 puros.

En cuanto á la distribución geográfica de los animales, el este ó
litoral, lleva enormes ventajas al resto de la nación, salvo para el
ganado mular y asnal en los que las del oeste ó andinas ocupan el
primer puesto á causa de la forma territorial que hace indispensable
esa cría en aquellas regiones.

Como resumen, repito, pues, que los progresos en esta materia han
consistido en la aplicación de métodos de cuidado de animales, métodos
unos traídos de fuera, otros de origen nacional, y en la introducción
de animales finos, idea esta última preconizada por Rivadavia y que
sólo daría sus resultados esperados, tantos años después.

       *       *       *       *       *

El estudio de los progresos y mejoras en cada una las industrias,
llevado al detalle, sería fatigoso y en parte extraño á este trabajo.
Me he detenido algo en los de las industrias ganadera y agrícola
por ser éstas las de mayor importancia en nuestro país. Trataré con
brevedad lo que á las otras respecta.

La industria vinícola y la industria azucarera que caracterizan
regiones continuaron sus progresos en cuanto á mejoras en los métodos y
en cuanto á cantidades de productos.

La primera, desde 1890 hizo que la importación de vinos se redujera
considerablemente; la segunda, no solo bastó para el consumo nacional
(no obstante lo cual hubo una pequeña importación) sino que preparó la
plétora que poco después se produjo.

En ambas industrias, los propietarios y trabajadores argentinos, son
más numerosos que los propietarios y trabajadores extranjeros. Tienden
á ser éstas, industria nacionales por excelencia, y las regiones de su
cultivo, muestran al viajero en cuánto adelantan en virtud de tales
producciones.

       *       *       *       *       *

Respecto de las industrias en general, el censo trae un cuadro del que
tomo estos datos.

               RESUMEN DE LAS INDUSTRIAS DE LA REPÚBLICA

      Clave
  A = Argentinos
  B = Extranjeros

  +--------------------------------------------------------------------+
  |                       |        |   Nacionalidad  |    Personal     |
  |                       | Número |      de los     |    empleado     |
  |      Industrias       |   de   |   propietarios  |                 |
  |                       | casas  +--------^-----------------^--------+
  |                       |        |    A   |    B   |    A   |    B   |
  +-----------------------+--------+--------+--------+--------+--------+
  |1. Alimentación        |  4.082 |    508 |  3.574 |  8.345 | 18.726 |
  |2. Vestido y tocador   |  5.713 |    647 |  5.066 | 10.414 | 22.185 |
  |3. Construcciones      |  3.955 |    960 |  2.995 | 12.702 | 17.817 |
  |4. Muebles y anexos    |  2.259 |    326 |  1.933 |  4.123 |  8.598 |
  |5. Artísticos y ornato |    949 |    173 |    776 |    803 |  1.757 |
  |6. Metalurgia y anexos |  3.163 |    389 |  2.774 |  4.018 | 10.613 |
  |7. Productos químicos  |    317 |     56 |    261 |  2.203 |  2.509 |
  |8. Gráficos y anexos   |    427 |    122 |    305 |  2.558 |  2.522 |
  |9. Mixtas y diversas   |  1.339 |    317 |  1.022 |  7.190 |  8.567 |
  |                       +--------+--------+--------+--------+--------|
  |                       | 22.204 |  3.498 | 18.706 | 52.356 | 93.294 |
  +-----------------------+--------+--------+--------+--------+--------+

Este cuadro muestra á las claras que la industria argentina está
en manos de extranjeros. Los propietarios extranjeros de casas
industriales, son seis veces más que los propietarios argentinos.
Del personal empleado es extranjero, dos terceras partes. En ninguno
de los grupos de industrias hay más propietarios argentinos que
extranjeros; y sólo en las artes gráficas y anexos, los trabajadores
nacionales exceden en una pequeña cifra á los extranjeros, y en número
de alguna consideración en el grupo de «mixtas y diversas».

En algunas industrias en particular, la regla anterior tendrá
excepciones; pero en los grupos de industrias, es tal cual se ha
expresado.

Quiere esto decir que la nacionalización de las industrias está en
plena efervescencia; que tiempo pasará todavía para que se pueda hablar
de industria nacional, entendiendo por tal no ya la de productos
exclusivamente argentinos, sino con referencia á la nacionalidad de
los propietarios. Si la industria es factor determinante en la vida
nacional; si propietarios y operarios en la aplicación de los métodos
distintos, seguidos en países diversos dan á los respectivos trabajos
modalidades características, bien puede decirse que también en esta
materia, la nacionalización se prepara, con cantidad de combinaciones
y formas, en que todas las anteriores tienen cabida, para dar con
el tiempo, su carácter propio, á la que será poderosísima industria
nacional.


5. La ciencia en general, no es sino prolongación de la europea, y
por tal motivo no me detendré en su estudio. Sigue los movimientos de
aquélla, disfruta sus triunfos, se plantea los mismos problemas. Acá y
allá es una sola.

El progreso de las bellas artes, en el sentido de nacionalización del
arte, es desigual, en una y en otra.

No se puede hablar de arquitectura argentina con referencia á 1895. Era
permitido, como es ahora, á simples constructores afear la ciudad con
las monótonas casas en forma de tren; les era permitido también, como
ahora, idear los más extravagantes modelos, con frentes arlequinescos,
grutas á la calle, castillos medioevales con adornos renacimiento
ó Luis XV y tantas otras cosas que dañan á la futura arquitectura
nacional y acostumbran á los jóvenes á no horrorizarse ante ellas.
Costumbre peligrosa porque permite que surjan imitadores... Lo
dicho es aplicable á las ciudades grandes: Buenos Aires, Rosario, La
Plata, un poco Córdoba también. En las demás, el sistema colonial
de construcción con amplios y cómodos patios, domina, y es sin duda
preferible á las construcciones á que acabo de referir. Todo esto no
impide que se reconozca que en la época del censo existieran y muchos,
buenos edificios y que hubiera ya, sobre todo en Buenos Aires, muchas
de las hermosas casas que hoy posee.

La escultura, que comenzara con el italiano Camilo Romairone, ha hecho
algo más. Algunos argentinos se trasladaron á Europa, adquirieron
conocimientos, los difundieron después y el progreso en la materia es
evidente.

La pintura, en manos de extranjeros que trabajan acá, tuvo buenas
producciones: Agujari, Chartón, Romero, son nombres de extranjeros que
entre nosotros trabajaron en esta bella arte, Della Valle, Fernández
Villanueva, Rodríguez Etchart, Ballerini y Sivori siguieron sus huellas
y honraron las bellas artes argentinas.

En fin, en música, los nombres de Bernasconi, Hargreaves y Aguirre,
Berutti merecen especial recuerdo como iniciadores y propulsores.

En todas estas manifestaciones no veo nada que pueda llamarse ya
propiamente nacional: son obras de gentes que han hecho estudios en
escuelas extranjeras y en ellas han moldeado su gusto. No es posible,
por otra parte, que las bellas artes tengan considerables adelantos, en
países en formación.

El maestro Williams, en un notable trabajo, afirma que la música
argentina, se orienta hacia las fuentes populares, y hace un llamado
á los jóvenes artistas, herederos del genio estético de nuestros
payadores. No me parece que el ideal del arte argentino sea sólo
«extraer la esencia» de aquellas músicas y cantos, como en arquitectura
no puede ser conservar las líneas generales de los ranchos de la pampa.
Estas primitivas manifestaciones de arte, que la música y cantos de
los payadores nos legaron, pueden y deben ser estudiadas, trabajadas
y conservadas como patrios recuerdos, y porque en verdad encierran
intensas expresiones de sentimientos, pero el ideal debe estar sin duda
en algo más, y el arte nacional nacerá cuando estos restos nacionales
se hayan asimilado y confundido con lo que llega de afuera y toma
patria en nosotros.

En cambio, la poesía sí ha producido obras notables: el genio español,
imaginativo por excelencia, ha derramado siglos de poesía en la
Argentina, que se han confundido en sus hijos con todas las energías
de la poesía italiana y las peculiaridades de las otras, y la nación
Argentina ha podido tener una literatura nacional, con producciones
tan buenas como las más perfectas de cualquier nación. Así pues, esta
literatura que está casi formada y que es argentina, no la constituye
la poesía gauchesca seguramente aunque ella también tenga su parte. Me
refiero para la poesía á lo dicho respecto de la música.

En estas breves palabras creo dejar establecido cuál era el grado de
desarrollo de las bellas artes en 1895, en la Argentina.


6. La educación é instrucción pública en las tres formas ó grados
en que nuestro país la da, recibe la acción benéfica de Sarmiento y
su ministro Avellaneda, ministro durante cinco años y poco después
presidente de la República por seis años más. Deliberadamente hago el
recuerdo de que Avellaneda ejerció acción y dió consistencia á sus
pensamientos durante once años, con la única interrupción del corto
período en que el doctor Albarracin fué ministro de Sarmiento. Para que
los planes de enseñanza den resultados, es condición primordial, que el
experimento sobre su aplicación y conveniencia no se vea trabado por
nuevos planes completamente diversos, creados por otros ministros, con
ideas distintas, que generalmente causas políticas llevan al gobierno,
y causas políticas lo arrojan de él.

La enseñanza secundaria, sometida más que las otras á sufrir las
consecuencias que los cambios ministeriales por el hecho de ser la
única que directamente depende del ministro, ha tenido como carácter
típico, la inestabilidad. En poco más de cuarenta años se han
modificado notablemente los planes de enseñanza secundaria, más de
veinticinco veces, lo que ha perturbado mucho la marcha regular de
tales estudios.

Ahora bien, si Avellaneda pudo impulsar cuanto lo hizo la educación é
instrucción fué en primer lugar, por la feliz circunstancia de haber
permanecido tantos años en el gobierno y por la no menos feliz, de
haber sido compañero, durante muchos de ellos del gran Sarmiento.

Sarmiento, sobre todo en la enseñanza primaria y en la secundaria,
Avellaneda en la secundaria y en la universitaria, ambos en la normal,
pusieron la enseñanza en la vía del progreso completando la obra
anterior de Urquiza y Mitre. El constante desarrollo continúa después,
aun en las malas épocas políticas, y la acción educadora está en todas
partes: está en las esferas universitarias con la ley Avellaneda; está
en la fundación de los colegios nacionales de Jujuy, Rioja, Santiago
del Estero, Corrientes, Santa Fe y San Luis, y las escuelas normales, ó
institutos tales, anexos á los colegios nacionales de Concepción del
Uruguay, Santiago del Estero, Paraná; está en la creación de cátedras
de mineralogía en los de San Juan y Catamarca, de agronomía en los de
Salta, Tucumán y Mendoza, todo ello en la presidencia de Sarmiento:
está en la acción continuada en las presidencias siguientes. Colegios,
escuelas, institutos especiales surgen por todas partes. Está en el
llamado de maestros y maestras norteamericanos y alemanes para que
enseñaran métodos de pedagogía; está, en fin, en las subvenciones á
las provincias,--quizá las únicas subvenciones justas--destinadas á
facilitar el desarrollo de la educación é instrucción. Está en la
preparación de maestros; está en la ley de educación común de 1884,
en la preocupación constante que por la enseñanza mostraron nuestros
hombres de gobierno, ó nuestros escritores de ciencia política.

Es claro que quedó mucho por hacer; que el censo de 1895 reveló un
considerable número de analfabetos, pero tampoco era posible hacer
más en pocos años. No bastan los buenos deseos para instruir una
población, y en cuanto á la educación es muchas veces obra de siglos.
Los progresos en materia de instrucción, son de los más halagadores que
el período encierra.


7. Pasamos á la legislación. Recordé en el capítulo anterior, que desde
1862, existe el código de comercio. Sucesivos proyectos de reforma, de
1870, 1876, 1879, 1887, 1889, este último hecho ley, no revelaron que
los anteriores no fueran buenos: indicaron en primer lugar, que las
actividades cambiaban á diario, que las nuevas situaciones imponían
otras reglas y que preciso era seguir á la costumbre y fundar en
ella las leyes. Debo recordar asimismo, aunque pertenezca á época
posterior, la reforma de 1902, en la parte referente á quiebras, que
responde á causas semejantes. En segundo lugar, revelaron la dificultad
en el dictado de leyes para pueblos en formación, con psicología
poco estudiada y á la vez difícil de estudiar por sus diarias
transformaciones.

El código civil, sancionado en 1872, ha recibido la más buena acogida
en la opinión de quienes, dentro y fuera del país, á tales estudios
se han dedicado, con pocas y no muy justificadas excepciones. Mezcla
de estudio de las costumbres y de aplicaciones de razonamientos
abstractos[57], tiene tal vez muchas disposiciones cuya reforma se hace
á diario más necesaria; pero en general, es obra digna de los mayores
respetos, y que coloca á su autor entre los hombres que con mayor
caudal contribuyen á la formación de nuestras instituciones. Ejemplo
de las reformas que las transformaciones sociales hicieron necesarias
á punto de determinar la modificación de la ley, fué la legislación
sobre el matrimonio. El sistema religioso adoptado por el legislador,
pudo llenar las necesidades en la época en que fué sancionado; pero
las transformaciones del país, impusieron la necesidad del cambio. El
poder ejecutivo en su mensaje de 22 de septiembre de 1887, acompañando
el proyecto de ley de matrimonio civil, decía en su comienzo: «El
creciente aumento de la inmigración europea, ha puesto de manifiesto
la necesidad de reformar nuestra legislación sobre el matrimonio.
El código civil sólo autoriza el matrimonio religioso, celebrado en
conformidad á sus disposiciones y según las leyes y ritos de la Iglesia
á que los contrayentes pertenezcan. Muchos habitantes de la república ó
no tienen en el país sacerdotes de la comunión á que pertenecen, para
que bendiga su unión, ó no profesan culto externo alguno, creyendo en
Dios y adorándolo como autor de lo creado.» La discusión que tuvo lugar
en el siguiente año, fué larga, y quien la lee ve como las nuevas ideas
deben combatir para imponerse á los prejuicios: como de una cuestión de
orden, se hace cuestión de fe, y como al fin, triunfa la reforma. Los
peligros que se presagiaban por los enemigos de la proyectada ley, no
se han producido, y en cambio su sanción ha importado una libertad más
á las que nuestra constitución y nuestras leyes aseguran á todos los
hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino[58].

El código penal ha sido el más desgraciado. El doctor Tejedor redactó
hacia 1865-1867 su conocido proyecto. Veinte años pasaron sin que las
cámaras legislativas lo sancionaran, en tanto que algunas provincias
lo adoptaban. Después de tanto sueño en las carpetas del congreso,
éste sancionó, tomando algunas ideas de él, el código penal, «al
cual por falta de respeto á la verdad, los autores llamarían en la
ley, código del doctor Tejedor»[59]. Nuevo proyecto se redactó en
1881; se sancionó otra reforma en 1886; de 1891 data otro proyecto.
La inercia legislativa malogró siempre estas iniciativas, y cuando
alguna cosa hizo, fué mala. Así, y para encerrar aquí lo que á época
posterior pertenece, recordaré que en 1903 se sancionó la llamada ley
de reformas, tan mala, que á poco andar hizo necesaria la reparación
del mal, y en 1905 se terminó la redacción de un nuevo proyecto que
el congreso aun no ha considerado... Es de esperar que las leyes que
aseguran la propiedad y la vida con la base del estudio del delito y
del delincuente, merezcan en adelante un poco de atención.


8. Al terminar este período un nuevo hecho de orden social, se presenta
en la Argentina; hecho que es también producto de ideas traídas por los
trabajadores de Europa. Es la aparición entre nosotros del socialismo.
Comenzó en la capital, hecho que se explica por cuanto en ella tienen
residencia, la mayor parte de los obreros industriales extranjeros
venidos al país. Afirma que las causas que dieron origen al socialismo
en Europa, existen también en la Argentina; que aquí también hay
oprimidos; que la clase rica aprovecha la fuerza individual de los
trabajadores; que «á pesar de la gran extensión de tierra inexplotada,
la apropiación individual de todo el suelo del país, ha establecido
de lleno las condiciones de la sociedad capitalista... La aspiración
final del partido obrero argentino, es la substitución del régimen
capitalista por la sociedad colectivista, y su programa inmediato tiene
por fin el mejoramiento económico de la clase proletaria»[60].

No me corresponde hacer un juicio sobre este movimiento. Indico el
hecho como demostración general de la influencia determinante en la
nueva forma de ser la vida argentina. El movimiento vago al principio,
toma fuerzas después y llega á constituír un partido con afirmaciones
precisas, que aspira á reformas radicales, netamente determinadas. El
acrecentamiento siempre mayor del número de partidarios es un hecho
que caracteriza una transformación y obliga á orientar los estudios
sociales en el sentido de establecer el grado de justicia y necesidad
que pueda tener tal movimiento en nuestro país.

       *       *       *       *       *

Queda bosquejada la transformación de la Argentina en el tiempo
encerrado en el paréntesis que comprenden los dos censos nacionales.
El cambio rápido indica que no es ella, la que naturalmente sufriría
la nación si estuviera formada. No es el que de un modo natural sufren
todos los países. No es el de la joven mariposa que los días envejecen.
Es anterior: es el de la larva que se convierte en mariposa.



                              CAPÍTULO IV

               1910: CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO

 1. El estado de formación de la raza en 1910. La inmigración.--2.
   Agricultura; ganadería; otras industrias. Comercio.--3. Cambios
   políticos y situación económica--4. Vías de comunicación.--5. La
   educación é instrucción pública.--6. La prensa, bellas artes,
   religión.--7. El socialismo. El anarquismo.--8. Conclusión.


1. Después del largo viaje que hemos hecho á través de los años para
encontrar la formación étnica de la nación nueva y relacionarla con las
causas y formas de sus progresos, entramos á estudiar tales cosas en el
momento en que la nación deja su primera juventud de guerras, luchas y
reconstrucciones, para vivir días más tranquilos: tal es al menos la
esperanza común de todos sus hijos.

El capítulo debe ser breve; no es este trabajo una obra de estadística;
los datos de tal disciplina, han sido tomados como medio de
demostración ó de relación á épocas anteriores; fueron más necesarios
en los capítulos que han precedido por cuanto se necesitaba ver lo que
ya no es; la actualidad la vemos y la comprendemos más fácilmente.

       *       *       *       *       *

Desde 1895, época á que en la materia llegamos en el anterior capítulo,
la inmigración continúa su aporte de individuos en grandes cantidades.
En 1904 la cifra de llegados alcanza á 125.567, con un saldo de 86.644;
dos años después, en 1906 esas cifras son: llegados 252.536; saldo
192.412; hay luego un descenso, para aumentar de nuevo en 1910 en que
la llegada de los primeros meses permite calcular el total del año en
260.000[61]. Esta cifra debe tomarse con las reservas del caso desde
que existe la circunstancia anormal del exceso de trabajo originado
por los preparativos para las exposiciones y fiestas del Centenario.

Pueblos de Europa que antes sólo estaban representados por uno que
otro hijo audaz que se animaba á venir en busca de mejor fortuna, se
encuentran ahora con colonias enteras: tal Rusia, Turquía, etc. Los
rusos, por ejemplo, cuyo número era insignificante en 1890, son, en
octubre de 1909 en la capital solamente, 13.714. Llegan á ocupar el
tercer lugar entre las naciones que dan inmigrantes á la Argentina.
En 1909 arriban cerca de 15.000. En los primeros meses de 1910 esta
inmigración disminuye. Los turcos y sirios desparramados en todas
partes y dedicados casi exclusivamente al comercio del menudeo, forman
legión. Unos y otros se ligan poco á nuestra sociabilidad, son en
cierto modo inadaptables, pero día llegará en que sino ellos, sus
hijos se mezclen y crucen con los hijos de otras razas y naciones
y un nuevo factor de importancia numérica se agregará á los tantos
que ya concurren á la formación social argentina. La inmigración
italiana es la que llega en mayor número; pero en 1910 es desalojada
de su posición por la española, que pasa á ocupar el primer lugar. La
inmigración italiana compensa la entrada con la salida. No ha de ser
causa insignificante en esta disminución la gran propaganda que los
diarios y los escritores de Italia hacen en contra de la inmigración á
la Argentina, atribuyendo á este país falta de justicia y dificultad
para su vida. Por otra parte, el gobierno mismo de Italia tiene interés
en que los hijos de aquellas tierras queden allí para cultivar grandes
zonas del sur.

El aumento numérico de la inmigración española si es bueno en cuanto á
acrecentamiento del número total de la población, no es sin duda, lo
mejor que puede llegarnos. Los motivos de mi opinión los he expresado
ya en el curso de este trabajo.

La inmigración francesa disminuye un tanto también. Las demás continúan
en progresivo aumento.

Los cruces, de que en capítulos anteriores hemos hecho mención, se
presentan en proporciones mayores aún: los cálculos de combinaciones,
podrían resolver todas las formas en que se presentan: todas las razas
se unen y los hijos de extranjeros que se han incorporado á nuestro
suelo vuelven á unirse con otros que proceden de otros pueblos, al
punto de ser grande el número de personas que pueden recordar que sus
ocho bisabuelos pertenecieron á ocho distintas nacionalidades.

También la forma de distribución que adopta es, como fué en épocas
anteriores, señalada por causas geográficas: allí donde el cultivo y la
vida son más fáciles, allí el inmigrante se dirige: los centros en que
sus connacionales están en crecido número, ejercen sobre él invencibles
atracciones y sus esperanzas de fortuna y bienestar le empujan á
trasladarse y establecerse en tales lugares.

La ciudad capital sigue creciendo: hay en ella grandes comodidades y
las dificultades para el trabajo no son muchas: se instalan fábricas,
se adoquinan calles, se trabaja en todas formas. El censo de octubre
de 1909, le da 1.231.698, que es fácilmente 1.300.000 el 1^o de enero
de 1910. Conviene tomar esa fecha y no la del 25 de mayo por cuanto el
número en tal día es anormal: los paseantes argentinos que á fuerza de
vivir en el extranjero han dejado de ser habitantes de estas tierras,
vuelven con ocasión de las fiestas; el interior se desborda sobre
Buenos Aires: las familias pudientes que desde tiempo concertaban un
paseo á la capital, combinan el paseo con el centenario y los hoteles
rechazan pasajeros porque hay plétora. Tal situación anormal no puede
servir para el estudio estadístico, en que se trata de examinar el
conjunto, quitándoles las irregularidades producidas por hechos ajenos
á la marcha general del país.

De aquellos 1.300.000 habitantes, 49 por ciento son argentinos y 51
por ciento extranjeros. Esta proporción no se presenta en ninguna
provincia, pero es signo indicativo de la constante inmigración;
siguen en el orden de importancia Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba,
Entre Ríos, orden idéntico al anterior y que sólo se diferencia en el
aumento de número.

Con los inmigrantes llegan los capitales: las estimaciones de éstos
no pueden ser sino aproximativas y variables todos los días; más de
cualquier modo, son enormes, al punto de que ha podido calcularse
el capital _inglés solamente_, empleado en la Argentina, en
12.500.000.000 de francos. El francés ha sido á su vez valuado en
800.000.000 de francos. En el cálculo del capital inglés, los valores
de los ferrocarriles hacen en gran parte que las cifras sean tan
extraordinarias. _La Nación_ del 15 de noviembre de 1908, traducía un
artículo publicado por el _South American Journal_ de Londres: en él
se estimaba el valor de las acciones de ferrocarriles argentinos en un
total de libras 154.814.472 es decir 3.870.361.800 francos. No sé qué
datos sirvieron á Rigby para hacer el cálculo á que he referido, pero
creo no obstante, que debe haber alguna exageración.

La preferencia de la inmigración en general, está por la agricultura:
los gobiernos se preocupan en dictar medidas, término que no
implica que se cumplan. En efecto, y por desgracia, alguna falta
de cumplimiento en lo prometido, alguna falta de justicia, unida á
algunos desengaños, han hecho como acabamos de decir, que los diarios,
autores y aun autoridades europeas, de Italia é Inglaterra sobre
todo, se expresen en términos poco amables para la Argentina, y que
desgraciadamente parte al menos de tales afirmaciones tengan fundamento
serio.


2. La agricultura, ahora como en anteriores épocas, transforma los
campos. Se calcularon en enero de 1910, en 18.775.672 las hectáreas
destinadas al cultivo: la cifra que dió el censo de 1905 fué 4.892.005;
como se ve la diferencia es notable; la tierra inculta se transforma
en praderas, trigales y sembradíos de toda especie. Existe sin embargo
un hecho, que por lo menos por curiosidad merece ser recordado. No
siempre la agricultura conquista los campos de una manera permanente:
refiriéndose á Córdoba, dice el señor M. E. Río: «La evolución que se
opera en esas fértiles llanuras es interesante y característica. Así
que se tiende un nuevo ferrocarril á través de una zona inculta y antes
aun tan pronto como la traza queda definitivamente establecida, ya
vienen el empresario «colonizador», el comerciante «habilitador» y los
colonos «agricultores». Los ranchos se plantan, se prepara el suelo,
deposítase la semilla y pocos meses más tarde, humean las trilladoras
y corren las chatas, con pirámides de bolsas, hacia la población que
se ha improvisado alrededor del cercano apeadero. La avenida continúa
creciendo, el perímetro del trigal se ensancha, multiplícanse los
comercios, se edifica la capilla, ábrese la escuela; mas de repente, el
movimiento disminuye, las casas del pueblo se vacían y los colonos se
marchan: ha fenecido su usufructo de cuatro ó cinco años y se van en
busca de otra línea nueva y de otra zona virgen. El alfalfar crecido
con el último trigo, ha reemplazado al sembradío, la estancia á la
colonia. En la misma extensión de tierra en que 500 personas hallaron
trabajo y bienestar ó, quizá algunas la fortuna, hase formado el
establecimiento ganadero en que subsistiran 15 ó 20 peones y redondeará
su millón un terrateniente afortunado»[62].

El cuadro no es en verdad consolador, pues implica que la
transformación es ficticia y sólo dura un corto período:
afortunadamente lo que el señor Río encuentra para ciertas regiones
de Córdoba, no es en general; no se vé en Buenos Aires, ni en Santa
Fe, y el número de hectáreas cultivadas es muy grande sin peligro de
retroceso, y los territorios nacionales, La Pampa y Río Negro sobre
todo, atraen inmigrantes y presentan ya extensas zonas cultivadas.

       *       *       *       *       *

La ganadería no puede oponérsele como rival con pretensiones de
revancha, en la época actual: sobrados campos hay en que pueda
ejercitarse la industria ganadera: la tendencia hacia el mayor
desarrollo de la agricultura es general en todo el mundo; en fin, la
creciente exigencia del consumo interno y del pedido del exterior,
hacen que los ganados no aumenten en proporciones grandes. Nuestros
productores prefieren al aumento en cantidad, el aumento en calidad.

De 1908 data el último censo ganadero y aunque al parecer no llenó
todas las exigencias necesarias para que se le considerase un trabajo
sin errores, en conjunto podemos aceptarlo para recordar cifras.

                                Puro       Mestizo      Criollo
                    Total    por ciento  por ciento   por ciento
 Bovino           29.116.625    3.4          51.7        44.9
 Lanar            67.211.754    1.8          82.5        15.7
 Equino            7.531.376    0.7          22.5        76.8
 Mular               465.037     --           --          --
 Asnal               285.088     --           --          --
 Caprino           3.945.086     --           --          --
 Porcino           1.403.591     --           --          --

La poca inmigración que se dedica á la ganadería, y la población
argentina numerosa que tiene en ella su riqueza, ha conseguido mejorar
en cantidad los ganados, sin que sin embargo haya llenado aun su fin de
una manera completa.

En cuanto á las otras industrias, sería simple trabajo de enumeración
tomar cada una de ellas á fines de recordar cantidades: es innecesario
desde que la marcha enunciada en el anterior capítulo, continúa sin
mayores variaciones y sólo agregándose á las ya existentes alguno que
otro ensayo de industria nueva. De cualquier modo recordaré estas
pocas cifras: azúcar, producción, 127.322 toneladas; 20.915.509
litros alcohol; vino: 379.699.708 (segun censo industrial); cerveza,
86.256.062; tabaco, 9.922.286[63].

Pero la industria argentina, exceptuadas la agricultura y la ganadería,
produce sólo para el consumo: la línea de exportación durante 1909
dió un valor total de 397.350.528 pesos oro; pues bien, de esa suma
153.548.356 pesos oro pertenecen á productos de la ganadería, y
230.756.095 pesos oro a productos de la agricultura. En cambio la
importación está distribuída entre cantidad de productos de industrias
distintas; son estas las principales cifras: substancias alimenticias,
23.014.691 pesos oro: materiales textiles y sus artefactos, 59.923.199
pesos oro; hierro y sus artefactos 36.575.232 pesos oro; locomoción
y transportes, 31.711.285 pesos oro; materiales de construcción,
28.365.889 pesos oro.

Con todo, el saldo á favor, que en resumen es índice de riqueza
nacional alcanzó á 94.594.433 pesos oro, notable cifra tratándose de un
país nuevo, y más notable aun si se agrega que la renta aduanera por
tales conceptos sumó 73.455.177 pesos oro.

Las naciones que tienen en la actualidad mayores relaciones comerciales
con la Argentina, en consideración á los valores de importaciones y
exportaciones, están en el siguiente orden: Reino Unido, Alemania,
Estados Unidos de América, Francia, Bélgica, Italia[64].

Tanta cifra de riquezas y de comercio, unido á la escasez de
reclamaciones de orden comercial internacional, supone otra cosa más:
vale decir, que no ha de ser tan malo el régimen económico argentino,
que no ha de ser tan corriente la mala fe y los abusos; de otro modo
los hechos revelarían algunos datos que en la actualidad no revelan.


3. La tranquila vida política de todos estos últimos años ha influído
para que el país prosperara. Sólo un conato de revolución nacional,
el del 4 de febrero de 1905 y el cambio de presidencias en los casos
determinados por la Constitución, son los hechos notables de la vida
política: la interminable serie de revoluciones provinciales y la
correspondiente intervención nacional, no deben considerarse sino como
restos de algo que se extingue, de los cuales renacerán formas nuevas
de organización ó la organización verdadera dentro de la forma actual.

El período de la presidencia del doctor Uriburu, á cuyo final pertenece
el principio de la época que estudiamos, tuvo en lo económico las
dificultades que origina el mantenimiento de la paz armada.

En 1898, por segunda vez ocupó la presidencia argentina el general
Roca: continuaron los gastos y preparativos bélicos que afortunadamente
cesaron sin que tuviera lugar la esperada guerra.

El aumento de la población y el desarrollo de la industria, del
ejército, armada é instrucción pública, obligó á la reforma de la
Constitución nacional, realizada en las postrimerías del anterior
gobierno, de modo que desde el comienzo de éste, el poder ejecutivo
contó con tres ministros más, y la representación nacional se hace con
diferente base.

El agio y la inestabilidad de la moneda dió motivo á que se dictara
la ley de conversión que aún subsiste. En fin, y como medida de honor
nacional, á esta época pertenece también el arreglo de las deudas
externas de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, San
Luis, San Juan y Catamarca.

En 1904 comienza el período presidencial del doctor Quintana, que con
ideas de orden quería dejar honda huella de su paso por el gobierno. El
doctor Quintana falleció poco después de su ascensión al poder.

No me corresponde y no deseo abrir juicio alguno referente á la
presidencia del doctor Figueroa Alcorta. No obstante, si para el
estudio débense tomar en cuenta los datos que llamaré científicos y
los vulgares, ambos parecen demostrar que no podría el juicio ser
favorable. Y esto no sólo en la faz política, en el sentido corriente
del término. También en la faz económica. El doctor Osvaldo M. Piñero,
autoridad insospechable, que en su carácter de presidente de la
contaduría nacional ha podido observar de cerca el manejo de fondos
públicos y los recursos económicos á que se ha acudido, en un artículo
publicado últimamente mostraba cómo la sana práctica gubernativa de
no gastar sino lo que se tiene y dejar el uso del crédito externo é
interno para los casos de suma necesidad, había sido substituída por
la emisión de títulos y colocación de empréstitos, sin ningún cuidado
y por cualquier motivo. Apoyaba sus afirmaciones en hechos y cifras, y
terminaba con estas palabras: «Hay, pues, que reaccionar francamente
contra esta viciosa corruptela á que nos venimos entregando con tanta
irreflexión. Debemos volver á la sana y prudente tradición financiera
del país, que reservaba la autorización para negociar un empréstito,
á casos muy contados; que por eso mismo daban lugar á una amplia
deliberación de la representación nacional, y á un meditado estudio de
los órganos de la opinión. El país tiene el derecho de ser informado
é instruído en todos los casos en que se trate de aumentar el peso de
la deuda pública, que él va á servir con sus ahorros; porque él sabe
que en los días de tribulación financiera, en todo es posible realizar
economías, menos en el servicio íntegro y puntual de la deuda pública.
Y nuestro país, más que ningún otro de Sud América, tiene el deber de
proceder con tacto, desde que le cabe el honor de haber sostenido ante
el concierto de las naciones, en Río Janeiro y en La Haya, el principio
de la abolición del cobro compulsivo de las deudas»[65].

Al mismo tiempo, el doctor Montes de Oca, presentaba en el congreso
nacional un proyecto destinado á limitar la facultad del congreso de
ordenar y autorizar gastos sin estudio ni cuidado alguno.

Quiere ésto decir que ejecutivo y congreso, halagados quizás por la
abundante riqueza nacional han ido más allá de lo justo y necesario,
obligando á los hombres que alcanzan á ver á alguna distancia, á
levantar la voz para detener la corriente.

En cuanto á las manifestaciones diarias de la prensa y del pueblo, que
acusaban al gobierno de malos manejos de fondos, injustas concesiones
de tierras y algunas otras cosas por el estilo, no es posible tomarlas
en cuenta en un trabajo serio, mientras no se consiga reunir los
indispensables elementos de juicio.


4. En lo que á vías de comunicación se refiere, las líneas tendidas
vinculan de continuo, poblaciones é individuos. Los antiguos sistemas
de transporte se alejan cada vez más de los centros de civilización
para ir á regiones más apartadas donde las necesidades los reclaman.
Nuevas concesiones y líneas en proyecto, valorizan las tierras al
solo anuncio de su proximidad. El 1^o de abril de 1910 la superficie
total recorrida por ferrocarriles en territorio argentino alcanza
la cifra de 27.138,1 kilómetros. La red ferrocarrilera toca por el
norte con Bolivia y deja concluído con ello un trozo del ferrocarril
intercontinental proyectado; en Santa Fe llega á Resistencia; de Buenos
Aires se llegará en ferrocarril hasta el Paraguay; por el oeste, Chile
y la Argentina, han vencido y perforado los Andes y el tránsito de
trenes es diario en el inmenso túnel; por el sur, se llega al Río Negro
y en los territorios comienzan las construcciones de ferrocarriles.
Nuevos sistemas se ponen en práctica; el _ferriboat_ atraviesa el
Paraná, y la exposición ferroviaria con la simple y sencilla muestra
de los sistemas nuevos y de los antiguos no solo da á conocer los
adelantos inmensos, sino también el carácter de buenos entre los
mejores que revisten nuestros ferrocarriles.

El telégrafo se extiende en toda la república y alcanza los últimos
adelantos de la materia: el inventor del telégrafo sin hilos visita
la Argentina con el deseo de establecer la comunicación directa con
Europa. Los teléfonos son comunes en todas las ciudades de alguna
importancia.

El correo alcanza las más remotas regiones y necesita para cumplir su
misión el trabajo de 10.121 empleados.

Las ciudades todas tienen líneas de tranvías y la electricidad
substituye paulatinamente á la fuerza animal.


5. La enseñanza primaria, base de toda democracia, ha continuado el
impulso que se le diera en el período anterior: las provincias pobres
no pueden costearla y la nación se ve en la necesidad de socorrerlas
con subvenciones para que puedan llenar esa misión primordial;
desgraciadamente una vez que tienen asegurada una ayuda nacional para
tales fines, olvidan que esa ayuda no debe ser regla, la incorporan
á sus cálculos y no siempre se les da el destino para el que se las
había previsto: la nación entrega las sumas y no interviene en la
repartición de ellas. Olvídase que el artículo 5^o de la Constitución
nacional exige como condición para que el gobierno federal garantice á
cada provincia el goce y ejercicio de sus instituciones, que ellas á su
vez aseguren la administración de justicia, el régimen municipal y la
educación común.

Afortunadamente la ley Láinez invadiendo con suavidad y diplomacia las
jurisdicciones provinciales promete asegurar en ellas la educación con
escuelas y hechos más positivos que sus constituciones[66].

                        ESCUELAS DE LA LEY 4874

     Clave
 A = Alumnos en 1910 según datos estadísticos incompletos
 B = La inscripción anterior corresponde al siguiente número de escuelas
 C = Inscripción calculada para 1910 en noviembre 30
 D = Inscripción en 1909
 E = Aumento habido en 1910

 +--------------------+-----------------------------------------+
 |                    |                Educandos                |
 |     Provincias     | /------------------^-------------------\|
 |                    |    A   |  B  |    C   |    D   |    E   |
 +--------------------+--------+-----+--------+--------+--------+
 |Buenos Aires        |  3.801 |  54 |  3.900 |  1.554 |  2.346 |
 |Santa Fe            |  7.319 |  90 |  7.400 |  2.842 |  4.558 |
 |Entre Ríos          |  5.046 |  49 |  5.100 |  4.485 |    615 |
 |Corrientes          |  4.913 |  39 |  5.000 |  4.783 |    217 |
 |Córdoba             |  4.832 |  47 |  4.900 |  3.604 |  1.296 |
 |San Luis            |  7.708 | 146 |  8.500 |  3.622 |  4.878 |
 |Mendoza             |  3.750 |  34 |  3.750 |  3.674 |     76 |
 |San Juan            |  6.737 |  59 |  6.737 |  4.685 |  2.052 |
 |Santiago del Estero |  7.591 | 104 |  7.600 |  4.677 |  2.923 |
 |Catamarca           |  8.235 |  91 |  8.500 |  3.862 |  4.638 |
 |La Rioja            |  3.824 |  35 |  4.001 |  4.001 |    --  |
 |Tucumán             |  3.899 |  43 |  3.900 |  3.788 |    112 |
 |Salta               |  5.150 |  82 |  5.200 |  3.183 |  2.017 |
 |Jujuy               |  2.134 |  38 |  2.134 |  1.538 |    596 |
 |                    +--------+-----+--------+--------+--------+
 |     Totales        | 74.939 | 911 | 76.622 | 50.298 | 26.324 |
 +--------------------+--------+-----+--------+--------+--------+

     Clave
 F = Escuelas existentes el 31 de diciembre de 1909
 G = Creadas en 1910
 H = Creadas en 1911
 J = Total de escuelas en enero 31 de 1911

 +---------------------------------------------+
 |                    |        Escuelas        |
 |     Provincias     |/----------^-----------\|
 |                    |  F  |  G  |  H  |   J  |
 +--------------------+-----+-----+-----+------+
 |Buenos Aires        |  21 |  77 |  29 |  127 |
 |Santa Fe            |  30 |  66 |  -- |   96 |
 |Entre Ríos          |  44 |  14 |  -- |   58 |
 |Corrientes          |  35 |   7 |  65 |  107 |
 |Córdoba             |  38 |   3 |  47 |   98 |
 |San Luis            |  45 | 138 |  -- |  183 |
 |Mendoza             |  31 |  21 |   1 |   53 |
 |San Juan            |  40 |  29 |  -- |   69 |
 |Santiago del Estero |  58 |  64 |  26 |  148 |
 |Catamarca           |  43 |  57 |  -- |  100 |
 |La Rioja            |  33 |  12 |   7 |   52 |
 |Tucumán             |  40 |  43 |  25 |  108 |
 |Salta               |  40 |  54 |   7 |  101 |
 |Jujuy               |  28 |  10 |   3 |   41 |
 |                    +-----+-----+-----+------+
 |     Totales        | 526 | 605 | 310 | 1341 |
 +--------------------+-----+-----+-----+------+


     «Por la fecha en que nos encontramos, no es posible tener la
     estadística completa del año 1910. Aproximadamente se calcula que
     habrán funcionado 950 escuelas con 76.000 ó 77.000 alumnos».

Son considerables los progresos de la instrucción primaria pero
alejándose de las ciudades grandes, y de los lugares de mayor
población, sobre todo internándose en la república, es todavía muy
deficiente. Hasta se ignora el idioma en algunos lugares apartados: he
tenido oportunidad, en un pueblo de Santiago del Estero, de verificar
el hecho: hombres, criollos al parecer, vestidos á la usanza nuestra,
no han entendido lo que les decía en castellano y alguien que me veía
asombrado, me expresó que aquellas gentes sólo entendían el quichua.
Cosa por el estilo pasa en algunas poblaciones de Corrientes en que
solo entienden guaraní.

La enseñanza secundaria y normal, no obstante todos los perjuicios
que sufre algunas veces por obra de ministros que son políticos, y no
hombres que conozcan los problemas educacionales, ha aumentado si bien
no en intensidad, en cantidad, contándose ahora 27 colegios nacionales
y 44 escuelas normales. Desde algunos años se intenta la formación
del profesorado secundario, aunque hasta ahora sean inciertos sus
resultados, no obstante rumbosidades de institutos especiales.

En fin, completan la educación general los institutos para determinadas
enseñanzas.

La enseñanza superior ha agregado una universidad más, la de La Plata,
y se han dado últimamente grandes ventajas á la universidad provincial
de Santa Fe.

La educación en general, en sus diversas ramas, ya es materia
nacional. Es producto nuestro, hecho por nuestros hombres. Se aceptan
determinados planes extranjeros ó se emplea algunos profesores
contratados en Europa. Pero en general, los hombres que se dedican á
todas las enseñanzas desde el maestro de grado hasta el rector de la
universidad, son argentinos. Y todo podría serlo, aun los institutos
para los cuales se traen de fuera profesores, si no existiera la
tendencia general en nuestros hombres de creer como axiomática verdad
lo que le dice un libro extranjero ó lo que cuenta cualquier _sabio_
ú orador que nos visita, sin fijarse que lo mismo decía uno de los
nuestros de quien no se hacía caso; ha sido así necesario que se
trajera profesores alemanes para que se creyera en la necesidad de
preparar el profesorado secundario, olvidando una de las funciones que
desempeñaba la Facultad de Filosofía y Letras: ha sido necesario que
Clemenceau nos dijera lo que era la democracia para que creyéramos
que nos dábamos cuenta de ello: que Ferri nos repitiera con su mágica
palabra lo que tantos nos dicen; que France cantara, quizás con ironía,
nuestra grandeza, ó la expresara con calor Blasco Ibáñez para que nos
complaciera tal estado. En fin, que Lorini mostrara nuestros vicios
políticos y administrativos para que nos alarmáramos, como si no
estuviéramos á diario sintiendo sus consecuencias.

La educación, decía, se hace nacional, en el sentido de que nos
bastamos para darla. Y es éste uno de nuestros grandes progresos, y un
factor de la transformación social argentina. Creo que el fin de todos
nuestros adelantos debe ser convertir en trabajo nacional todo lo que
pudiendo ser nacional está en manos extranjeras: la fabricación de
máquinas, las faenas agrícolas, las grandes industrias... Hacer que el
pueblo nuevo, transformado, el argentino descendiente de extranjero ó
que aun lleve en su sangre recuerdos del aborígen adapte á sí todo lo
que no ha adaptado hasta ahora y sepa bastarse á sí mismo. Y bien, por
fortuna la educación ha avanzado mucho en ese camino.


6. En esta época, los adelantos periodísticos han colocado á la prensa
argentina entre las mejores del mundo. El desarrollo de las bellas
artes no ha tomado aun carácter nacional y su estado no difiere del que
mencioné en el anterior capítulo. Las diferentes religiones no causan
problema alguno entre nosotros, desde que la libertad de cultos existe
y es una de las mejor aseguradas. Vivimos con las costumbres europeas
y sus modificaciones de adaptación local y las costumbres de tierra
adentro, de todos conocidas, por lo menos de oídas, imprimen algunas
características especiales que tienden á desaparecer.


7. Antes de terminar y como hechos que también entran como factores
en la transformación social que se opera, y que tienen sus raíces
y su fuerza en la inmigración, es deber recordar la existencia del
socialismo, que recién nacido en la época anterior es adulto en ésta, y
del anarquismo, cosa bien distinta aunque á veces se les confunda de la
manera más lamentable.

Respecto del socialismo, he ya referido á su origen en la Argentina
y su foco en la capital: entiendo hablar del socialismo del partido
socialista; no de las asociaciones de obreros que toman nombre
parecido: lo hago así porque es el primero el que se presenta como
movimiento solidario en la Argentina, de los movimientos de la clase
obrera de Europa.

Con la industria, con los deseos y aspiraciones proletarias, con
el constante encarecimiento de la vida, el hecho extraño se hace
cuestión nacional; los obreros son muchos, el partido crece, hombres
intelectuales argentinos se ponen á su cabeza; los pocos socialistas
de la época anterior forman ahora millares, se disciplina el partido
y en las elecciones da ejemplo de civismo y honradez, cumpliendo con
el deber de votar y no comprar electores. Podrá ó no tener razón de
ser el socialismo, considerado como semejante al europeo, y podrán ó
no ser exactas las afirmaciones del profesor Ferri al respecto; mas lo
cierto es que el partido socialista tiene aspiraciones delineadas, muy
distintas de las cartas orgánicas de tantos partidos que mueren después
de un tiempo de parálisis infantil; cierto es que la cuestión obrera,
semejante ó no á la de Europa, se presenta en nuestra tierra, y dentro
de ella con caracteres bien distintos en la capital de los que tiene
en las provincias. En una ú otra forma, resultará siempre cierto que
«las naciones de este continente no podrán impedir que el socialismo
las invada, más temprano á las unas, más tarde á las otras, á todas
cuando las formas productivas nuevas hayan desalojado por completo á
las antiguas y coordinado así el hecho de la propiedad con el modo de
producción»[67].

El partido, formado en un principio con elementos europeos, ha seguido
una orientación fija, luchando sin desfallecimientos, explicando
razones, aunque por desgracia no siempre se hayan mantenido todos sus
elementos en el camino de orden y conquistas paulatinas, que son parte
de su programa. Se ha apoderado de almas argentinas, les ha explicado
cómo el internacionalismo no se opone al patriotismo y como puede
conciliarse con él[68]; en fin, ha fundado diarios que divulgan sus
ideas.

Sea como consecuencia del constante reclamo de los representantes del
elemento obrero, sea por convicción traída por el análisis de hechos,
la legislación argentina ha debido por necesidad ser pródiga en
proyectos y leyes de trabajo. Es de allí que se ha originado notable
proyecto de ley nacional del trabajo, del doctor Joaquín V. González,
y el departamento nacional del trabajo, la ley sobre trabajo de mujeres
y niños, los proyectos sobre accidentes del trabajo, seguros de obreros
y tantos otros. En cuanto á la ley de residencia y la de seguridad
social se refieren á la defensa respecto de elementos perturbadores y
anárquicos, y no á los reclamos de los socialistas.

El socialismo argentino, hecho nuevo llamado á tener grandes
consecuencias, nacido cuando las condiciones generales del país y la
transformación de su vida industrial y de sus elementos étnicos lo
hicieron posible, es uno de los hechos más característicos de la vida
argentina contemporánea.

       *       *       *       *       *

Cosa bien distinta al socialismo es el anarquismo. Hace más de quince
años, el representante argentino en Washington, enviaba á nuestro
gobierno una recopilación é informe sobre los medios de represión del
anarquismo, puestos en práctica en las naciones de Europa. Ni entonces
ni después, por mucho tiempo, se pensó que fuera posible que el
anarquismo echara raíces, y pudiera existir en la Argentina.

Esta tendencia nació con Bakounine á mediados del siglo pasado:
considerando á las clases obreras incapaces de mantenerse emancipadas
una vez que hubieran conseguido tal estado, creía de mayor conveniencia
limitar la propaganda á lo que fuera destrucción y mantener tal orden
ó mejor dicho tal desorden como ideal de situación permanente. _La
Alianza de la democracia socialista_, siguió sus ideas[69]. De allí en
adelante el anarquismo se fué separando cada vez más del socialismo,
hasta ser dos cosas completamente distintas. Sus secuaces han invadido
toda Europa, y han comenzado por las vías de hecho á realizar su
programa final.

La creencia en la imposibilidad de su introducción á nuestra tierra
fué debilitándose cuando se vieron signos inequívocos de su existencia
en ella. Apareció primero un diario, _La Protesta_; se formó después
un partido que las gentes confundieron durante algún tiempo con los
socialistas; un día estalló la primera bomba anarquista que mató
á un niño: la población y la prensa se alarmó llamando á aquél,
día de luto en los anales argentinos. Los gobiernos, no obstante
considerar insuficiente y de aplicación equívoca la ley de residencia
sancionada pocos años antes, nada hicieron, pasado el primer momento de
excitación. Luego, los hechos fueron de más serias consecuencias: el
jefe de policía de la capital y su secretario fueron víctimas de una
bomba anarquista. Después otra bomba anarquista hizo estragos en el
teatro Colón de la misma ciudad; entonces se comprendió la necesidad
de evitar que aquellos hechos se repitieran y á toda prisa se sancionó
una ley de seguridad social, en la que se reprime á todo trance, sin
que á la sanción de ella precediera un estudio serio del problema. No
obstante, no era por falta de datos y conocimiento de la situación que
el estudio no se hacía; era más bien por pereza criolla. Poco tiempo
antes de su muerte, el jefe de policía de la capital, coronel Falcón,
en una nota elevada al ministro del interior exponiendo sus vistas
sobre los acontecimientos socialistas y anarquistas que se sucedían
en el país en esos días,--mayo de 1909,--recordaba entre los factores
de la violencia, el _sectarismo anarquista_: «éste conglomerado el
más peligroso como representación doctrinaria, era ya conocido por la
policía. Guarda en su seno todo lo que tiene de disolvente y destructor
el organismo social, todos sus ideales van á una negación y lo mismo
que en otras partes entre nosotros, su lema es la propaganda por la
acción, acción revolucionaria de destrucción pura y simple. Arrasar con
lo existente por cualquier medio, sin elegir: destruir, porque nada
debe existir organizado... cualquiera que sea la teoría parcial que
profesen los varios grupos en que se divide y disienten, sólo coinciden
en la supresión absoluta de toda entidad social orgánica»[70].

El programa del partido anarquista de la Argentina, lo conoce desde
tiempo el público: en cuarta hoja de _La Protesta_ se han publicado
hasta hace poco los «fundamentos de la idea anarquista». Declarábase
allí: 1^o, los anarquistas son irreligiosos, porque consideran que las
religiones son medios de explotación é hipótesis absurdas; 2^o, el
capital es una explotación; 3^o, el gobierno es una entidad inútil que
sirve sólo para mantener la explotación capitalista; 4^o, la política
es lucha de ambiciones; los anarquistas son impolíticos; 5^o, las leyes
favorecen á los privilegiados; los anarquistas son adversarios de toda
legislación; 6^o, la división de la tierra en patrias, es injusta,
el mundo es de todos; los anarquistas proclaman la abolición de las
patrias. «Síntesis: los anarquistas queremos una sociedad en que cada
hombre se gobierne á sí mismo y en la que los medios de producción
estén al alcance de todos los hombres. Anarquía es la vida libre, sin
que política, ni social ni económicamente un hombre predomine sobre
otro.»

En otro documento explicaban la anarquía como hecho congénito de la
especie, nacida en los primeros tiempos de la humanidad, y ahora cuerpo
de doctrina: independiente de cualquier otro, con límites y caracteres
netamente definidos: agregando: «si bien aceptamos las luchas de clases
como una ineludible fatalidad histórica, somos humanistas, puesto que
vamos á la abolición de todos los privilegios, á la liberación de todos
los hombres en una sociedad de igualdad y de justicia. _Nos oponemos,
pues, á la tendencia_ que en nombre de un mal entendido determinismo
económico ó social nos llevaría solamente á una nueva tiranía obrera
ó anarquista, que _no sería la mejor_ de las tiranías. Por estar
convencidos de que tanto para los individuos como para los pueblos
son necesarios _grandes ideales_ que sirviendo de lenitivo á los
sinsabores de las tremendas luchas del presente, sean también estrellas
directrices en el camino áspero del progreso, propagamos el comunismo
anárquico como forma suprema de la futura convivencia social»[71].
Á continuación, habla el manifiesto, de cómo en la Argentina el
anarquismo tiene razón de ser, y usa de los términos de grueso calibre
habitual en aquella literatura.

De todas estas cosas se desprenden para nuestro estudio diversas
consecuencias: en primer lugar, la existencia en la Argentina de
anarquistas que forman partido y desean la destrucción de todo régimen;
2^o, la existencia, por propia confesión, de anarquistas que buscan
mejoras sociales, sosteniendo que la destrucción de todo régimen es
el ideal que se tiene en vista para la acción, aunque no se crea en
su posible realidad; 3^o, la separación absoluta entre socialistas y
anarquistas, separación que da motivo á la formación de dos partidos
distintos, con métodos é ideas diferentes, y que por error se les
confunde con frecuencia.

Entiendo que el anarquismo es un partido equivocado, cuya existencia
es un peligro para la humanidad: pero entiendo también, que dado
que su existencia en la nación está probada, se impone el estudio
científico de esta manifestación social para encontrar los medios de
prevenirlo; la investigación respecto de la parte de verdad que puedan
tener sus afirmaciones que se refieren á hechos injustos, para evitar
todo reclamo con fundamento, y al mismo tiempo para tener, al aplicar
penalidades, la conciencia de proceder dentro de la más estricta
justicia.

El elemento anarquista es en su mayoría extranjero, pero la constante
propaganda, hace secuaces entre los argentinos. Tengo informes de
que muchos obreros que trabajan en el puerto de la capital, que
son argentinos, sobre todo los naturales de Corrientes, se hacen
anarquistas. La propaganda es certera: pocas ideas vagas, dos ó tres
precisas, que hieren sentimientos comunes: el de la injusticia del
régimen económico sobre todo, el de humillación después; basta entonces
que la idea caiga en el cerebro de un hombre con poco desarrollo
intelectual y de algún carácter, y se tiene allí formado un anarquista.

He tomado con alguna detención estas dos manifestaciones de la vida
argentina contemporánea porque concurren á caracterizar una época. No
sólo en la composición étnica de la población, en los progresos en
todas sus formas, en el estado económico, se nota la transformación
social; se ve también que las ideas traídas por la inmigración fecundan
en esta tierra; que hechos sociales nuevos, de la mayor importancia,
acompañan á la transformación incesante. En 1853 nadie hubiera podido
pensar en la existencia en la Argentina de lo que después sería el
anarquismo, ni siquiera en los socialistas. Hoy, la realidad la
evidencia.


8. Con ello concluyo el bosquejo de nuestra época: que los adelantos
de la industria, del trabajo y de la ciencia, marchen acompañados de
la justicia, del orden, del buen gobierno, para que sean infundadas
las ironías de la Europa respecto de nosotros; que se respeten las
autoridades, y que éstas á su vez ayuden á los trabajadores, eviten
las protestas y mitiguen amarguras. Así podrá la Argentina festejar el
segundo centenario de la revolución de mayo, con un himno verdadero de
victoria!



                               CAPÍTULO V

                 TRANSFORMACIÓN SOCIAL É INSTITUCIONES

 1. Factores que deben considerar el historiador y el legislador.--2.
   La transformación material y étnica de la República Argentina. La
   mestización y el hibridismo. Los aportes inmigratorios.--3. El
   carácter del pueblo argentino. Afirmaciones de Le Bon. Falta de
   fundamento. Una opinión de Belmar sobre el porvenir del Río de la
   Plata.--4. Nacimiento y transformación de las instituciones. Acuerdo
   necesario entre sociedad é instituciones. El problema respecto de
   la Argentina. Disposiciones constitucionales ó legales de relativa
   permanencia y disposiciones transitorias. Conclusión.


1. Las estadísticas, las cifras, los datos geográficos, históricos,
sociológicos, antropológicos, la psicología social, la educación, las
costumbres, las instituciones políticas, leyes, constituciones, todo
es necesario para seguir la trama del desenvolvimiento de un pueblo. El
mayor conocimiento de tantos factores y de todas las situaciones que
su combinación provoca, tiene la mayor utilidad para el historiador
y para el legislador: el uno buscará en la aparente desarmonía de
tantos materiales la ley que rige el conjunto; de este modo los hechos
que se suceden no se le presentarán como al niño que por primera vez
viaja, las hileras interminables de postes del telégrafo que con
abrumadora regularidad pasan delante de sus ojos á lo largo de la vía:
se le mostrarán unidos y relacionados los unos como causas de los
otros ó todos ellos como causas ó efectos de algunos más. Sale así la
historia del primer momento de su formación, la de simple colección
de hechos, para hacer de ellos análisis más prolijo, que permita á
tal disciplina entrar en la categoría de las ciencias. Al otro, al
legislador, facilitará su tarea; convencido por los estudios propios y
ajenos, que las instituciones no son sino el bronce fundido que debe
solidificarse en el molde impuesto de antemano, hará de modo que no
contradigan las ideas, los modos de ser, las situaciones del pueblo
á que van destinadas, y sólo sabrá que cumplen tal cosa cuando tenga
el conocimiento más completo posible de las formas que han presidido
el desarrollo anterior y de los factores de toda clase que continúan
influyendo en la evolución de su pueblo.

De aquí también que para expresar, en el más humilde trabajo,
como éste, la opinión que se tiene sobre la forma en que nuestras
instituciones han acompañado las transformaciones morales y materiales
del pueblo argentino, haya debido tener en cuenta todos aquellos
factores en la medida en que ha sido necesario para tal estudio.


2. La transformación material de los modos de existencia en la
Argentina, es evidente. Se puede discutir, sobre el adelanto ó
retroceso de los argentinos en lo que á moral ó intelectual se refiere,
á su carácter, á su patriotismo, á sus modos de ser en general; pero
nadie discute el hecho manifiesto de la rapidez é importancia de
sus adelantos materiales: por ser un pueblo nuevo, que partió de una
situación cercana á la nada, la magnitud del cambio es más visible.
Desde 1853 á 1910 sólo han transcurrido cincuenta y siete años; período
tan reducido que permite á nuestros hombres de alguna edad, relacionar
mentalmente una y otra época después de haber sido espectadores de
tanta transformación y tanto cambio. En cada capítulo que correspondía
á pocos años, he tomado en cuenta las principales manifestaciones de la
actividad: agricultura, ganadería, industrias, vías de comunicación.
Y el incesante desarrollo febril que allí se revelaba, no ha cesado
todavía y no es posible siquiera vislumbrar cuando disminuirá su
vertiginosa marcha.

Es natural que debemos considerar los cambios refiriéndolos al suelo
y haciendo abstracción de otras consideraciones, pues en este momento
entiendo hablar de ellos solamente. Por eso, recordémoslos por ahora,
sin preguntar en cuanto han sido capitales extranjeros los que han
permitido tales cosas. No preguntemos tampoco cuál es la situación
económica argentina y en cuanto los banqueros extranjeros, pesan sobre
su riqueza actual y futura...

En todo ello el factor económico ha ejercido influencia poderosa y
principal: la idea de la ganancia rápida, de volver á la patria con
ella, ha sido el propulsor eficaz de las corrientes inmigratorias;
la facilidad de la colocación del dinero á alto interés, en otros
lugares penado por usurario, y aquí permitido como justo, ha enviado
ingentes capitales, y ha opuesto la codicia al peligro de la tardía é
hipotética restitución. La creencia en la fortuna fácil ha borrado de
la conciencia de los argentinos, las inquietudes que pudiera provocar
el pensamiento de la carga que en forma de deuda, se echaba sobre hijos
y descendientes.

       *       *       *       *       *

Á la transformación material ha correspondido una transformación étnica
de importancia suma: españoles, indios, negros, mulatos, y mestizos,
han cedido al inmigrante el derecho de moldear el futuro pueblo. Por
condiciones geográficas, han sido vencidos en la capital primero, luego
en el litoral y la lucha dura en el interior todavía. No siempre se ha
producido la substitución; también el mestizaje ha dado sus productos
que no en todas partes han sido malos; productos que han originado
juicios á mi entender, por excluyentes, parciales.

El doctor Ayarragaray en _La anarquía argentina y el caudillismo_ y
en _La constitución étnica argentina_, el doctor Bunge en _Nuestra
América_ y otros autores, consideran el producto del mestizaje como
inferior y elemento malo, y juzgan que necesitará tiempo para que
sus descendientes adquieran la inteligencia y aptitudes de los hijos
de pueblos adelantados. «En el proceso de la mestización se suman
los valores de la misma naturaleza; sólo se ligan las facultades é
instintos comunes y vulgares, que forman el sedimento perenne de toda
alma humana, sea cualquiera la cepa de la cual procede. En el híbrido,
precisamente se combinan los elementos y las aptitudes inferiores; las
cualidades superiores, individuales, antropológicamente incorporadas
á la personalidad de la raza, se extinguen, una vez destruído el
molde originario del tipo. Es la esencia sutil volatilizada, cuando
se mezclan dos perfumes de distinta naturaleza, en un recipiente
común»[72].

Por de pronto, débese convenir que el mote de híbrido con que
caracterizan á tales individuos, es impropio: el término híbrido
«aplícase al animal ó al vegetal procreado por dos individuos de
distinta especie» y nadie sostendrá ya, que el hombre blanco y el
hombre negro sean de especie distinta. En la innumerable gradación
de pigmentaciones, hay de todo, y si los carácteres físicos y aun
morales, son diversos, tal diversidad no es suficiente para que se
llame híbridos á individuos que son simplemente mestizos; los cruces
han producido toda clase de individuos: los hay, es verdad de aquellos
que responden á todos los caracteres que los autores citados les
atribuyen, como los hay que responden al tipo del _coya_ infeliz,
modelo de degeneración. Pero en cambio los hay también que responden á
los caracteres morales de los hombres de mayor civilización, que han
llegado á desempeñar papel importante en la vida argentina, como hay
mujeres que justifican en un todo las amables palabras que les dedica
el señor Ameghino en un reciente artículo, ó los tiernos cantos de
poetas y payadores.

El cruce y la amalgama dió, pues, un producto mestizo con las más
variadas condiciones físicas y morales: muchos fueron los pueblos
existentes en América y diversos entre sí: muchas las especies de
españoles que vinieron: los resultados de sus cruzamientos fueron los
más diversos, aumentando esta diversidad el factor negro.

Con tal amalgama se formó la base étnica argentina sobre la que
vendrían á influír después en formas y cantidades que hemos visto, las
grandes masas de europeos de todas las naciones; cada una de ellas
agregó sus caracteres físicos y sus carácteres morales y continuó la
transformación étnica: mas débese recordar también que el _carácter_ de
una raza ó de un pueblo es un término muy elástico; que los pueblos se
componen de individuos y que en éstos encuéntranse muchos caracteres
distintos. Que sólo con reservas que siempre se tendrán presentes se
puede hablar de la formación del _carácter_ de una raza ó pueblo.

Este moldeamiento del individuo argentino, continúa todavía: á los
italianos, españoles, franceses se agregaron otros factores: ingleses
y alemanes, austro-húngaros y suizos; ahora, Rusia y Turquía ocupan
lugar importante y su presencia origina nuevos problemas étnicos. Se
consideran estos elementos inadaptables, no solubles, por así decirlo.
Su influencia étnica será quizás cuestión de tiempo.


3. Tanta formación y transformación social dió lugar y da aún, á que
toda clase de afirmaciones respecto del carácter de este pueblo, de
esta raza en formación tenga algún fundamento en los hechos, y que
junto á himnos de grandeza que nacen después de un estudio de las
cosas, aparezcan juicios pesimistas nacidos también después de tal
estudio.

Me he referido al principio de este trabajo á las afirmaciones de
Le Bon en su obra _Lois psichologiques de l’évolution des peuples_.
Menester es ahora volver á considerarlo. Tiene mayor valor respecto de
nuestro estudio el libro de Le Bon, por dos razones: la primera, por el
nuevo sentido que da al término raza, retirándolo de las interminables
cuestiones que se suscitaban y suscitan cuando se habla de razas
naturales. Sin afirmar ni negar la existencia de razas naturales, nos
encontramos con razas históricas en pueblos y naciones, más fáciles
de determinar que aquellas otras; la segunda, es que al hablar de la
Argentina no lo hace con ánimo predispuesto en pro ó en contra: no es
su estudio un estudio de la Argentina; ésta llega con otras, sólo como
ejemplo, como aplicación de principios establecidos en la obra, al
estudio comparado de la evolución de los Estados Unidos de América y
de las repúblicas hispano-americanas.

Por ésto, por tratarse de la aplicación de una teoría de ciencia
social, la considero. Por la misma razón no lo hago con otras obras que
ó son alabanzas ó reproches más ó menos fundados ó infundados, ó son
simples descripciones de la vida argentina.

El trabajo de Le Bon, en la parte de aplicación de la teoría á los
hechos, prueba sólo una cosa: la grande dificultad que se tiene
para hacer aplicaciones de ciencia social, cuando no se basan en un
conocimiento completo del pueblo sobre el cual se hace; cuando se toma
una época para caracterizar un pueblo, y cuando se trata de que las
cosas encajen en las teorías y no que las teorías se adapten á las
cosas.

Después de un elogioso estudio de las instituciones y pueblo
norteamericano, que no escapa por eso á algunos tintes sombríos y
presagios de decadencia, se ocupa de las naciones sudamericanas.
«Todas han adoptado la constitución política de los Estados Unidos,
y viven, en consecuencia, bajo idénticas leyes. Y bien, por el
sólo hecho de que la raza es diferente y le faltan las cualidades
fundamentales que posee la que puebla los Estados Unidos, todas estas
repúblicas, sin una sola excepción serán presa perpetuamente, de la
más sangrienta anarquía, y á pesar de las riquezas asombrosas de su
suelo, zozobran las unas después de las otras, en dilapidaciones de
toda especie, en la bancarrota y el despotismo.» Así dice el sabio
autor: y sin embargo, de todos los antecedentes aportados, resulta
que fuera absurda falsedad lo que tales palabras significan si no
fuera sólo un error ó ignorancia de las cosas. Ni es cierto que estas
naciones continúen en sangrienta anarquía, ni que la bancarrota,
dilapidaciones y despotismo las acompañen; y es aventurarse más de lo
justo, atribuír á tales vicios carácter de perpetuidad. Bien es cierto
que á reglón seguido Le Bon se descubre y muestra cuál ha sido el
bagaje de conocimientos que le ha permitido pontificar en aquél modo.
«Es necesario _recorrer_ la notable é imparcial obra de Th. Child,
sobre las repúblicas hispano-americanas para apreciar lo profundo de su
decadencia. Las causas están enteramente en la constitución mental de
una raza que no tiene energía, voluntad ni moralidad. La ausencia de
moralidad sobre todo, sobrepasa lo que de peor conocemos en Europa».
Hace alguna salvedad en favor del Brasil. Citando una de las ciudades
más importantes, Buenos Aires, el autor la declara inhabitable para
cualquiera que tenga alguna delicadeza de conciencia y moralidad[73].
En términos parecidos se refiere al comercio argentino; así también á
las instituciones. En seguida «toda la industria y todo el comercio
están en manos de extranjeros: ingleses, americanos y alemanes».
«La República Argentina cuenta cuatro millones de blancos de origen
español: no sé si se citaría uno solo fuera de los extranjeros, que
esté á la cabeza de una industria importante». Y termina el capítulo
«esta espantosa decadencia de la raza latina, abandonada á sí misma,
puesta en presencia de la prosperidad de la raza inglesa en un país
vecino, es una de las más sombrías, de las más tristes y, al mismo
tiempo, de las más instructivas experiencias que se pueden citar en
apoyo de las leyes psicológicas que he expuesto». Es en la opinión de
Child, viajero en estos pueblos, que Le Bon apoyó sus afirmaciones:
la obra es _imparcial_, sin que sepamos por qué y vale más que
estadísticas, memorias y cuánto pudiera haber tenido á mano. Así, estas
regiones son declaradas inhabitables, sin recordar á sus millares de
compatriotas que en la época vivían en ella. Y así también, con igual
criterio puede hablarnos de falta de moralidad. Olvida la industria
ganadera, desconociendo á los argentinos cualquier intervención en las
industrias, y á fuerza de atacar, sólo cree que lo bueno lo trajeron
ingleses, alemanes y americanos, sin recordar que son los latinos más
latinos, los italianos, los que han producido la mayor transformación
económica y los más grandes adelantos. Y amenaza una espantosa
decadencia, un cataclismo final, basado siempre en ajenas afirmaciones.

El estudio que hemos hecho en todo el trabajo demuestra que toda esa
amenaza es pueril: que la República Argentina, como otras americanas,
marcha en la vida de los mayores progresos, no obstante tantos y tantos
vicios que puedan imputárseles á sus hijos. Que la raza nueva es
fuerte, que asciende y no degenera y que en su estudio, de complejidad
suma, debe tenerse mucha cautela. De otro modo, hasta los sabios
exponen al ridículo su ignorancia.

La parte teórica de la obra de Le Bon es excelente: basta recordar
la síntesis que hiciéramos en el primer capítulo y aplicarla á la
Argentina, después de conocer todos los datos que hemos aportado en los
capítulos anteriores; se verá así que los resultados son bien distintos
de los que expresara aquel autor, fundado en sospechosos juicios ajenos
y con conocimiento incompleto de los hechos.

La formación étnica argentina, no ha terminado, decíamos antes;
continúa. El factor inmigratorio es su gran palanca y la fusión
de todas las razas toma forma en el nuevo individuo. Así se forman
argentinos; el inmigrante se hace argentino de corazón, y sus hijos lo
son también, de corazón y naturaleza: el pilluelo, hijo del inmigrante,
«ese niño vagabundo y curioso, eterno ocupante de la calle, es el que
aplaude con más calor las escuelas de cadetes, que con su encantadora
gravedad desfilan en los días de la patria, el que viva con bullicioso
entusiasmo la bandera haraposa del viejo y glorioso batallón, el que
acompaña á las tropas más lejos, el que no falta á la lista, el que
se asocia con la más candorosa y sincera decisión á todas las cosas
populares en que está el pabellón y el uniforme»[74].

No estaba en un error, pues, el señor Belmar, cuando en su obra escrita
en 1856, decía: «El porvenir del Río de la Plata está en la inmigración
y la colonización... florecientes campos cubiertos de una inmensa
variedad de productos, ciudades, pueblos, usinas, de toda especie,
establecimientos agrícolas ó comerciales que se diría creados por la
varita de algún mago, surgen de todas partes, las selvas se aclaran,
el desierto retrocede con sus huéspedes espantados y los ríos que
arrastraban cocodrilos y camalotes, pasean actualmente rápidos navíos.
Ligados ya por rieles, telégrafo eléctrico, navegación á vapor, _y
quizás un día por la navegación aérea_, las dos Américas, los dos
mundos se darán la mano, para ser sólo y á pesar de los grandes ríos,
cordilleras y océanos, un mismo país donde se desarrolle el vasto
bazar de la industria universal... Acabamos, repitiendo con la más
sincera convicción: un gran camino de bienestar, un camino largo tiempo
esperado, se ha abierto para las clases trabajadoras que llenan el
suelo de Europa, y que manteniendo la llaga del pauperismo inquietan
á los gobiernos y afligen á los gobernados. Esperemos que el buen
sentido de las poblaciones que sufren, y, si necesario es, el sólo
instinto del interés, les harán ver de más en más, en la colonización
de que acabamos de trazar un bosquejo fiel, una providencial tabla de
salvación»[75].


4. Á esta transformación de las cosas é individuos ha respondido el
nacimiento y transformación de las instituciones, que serán después
materia de nuevas transformaciones. Hemos recordado, en cada caso las
nuevas leyes de interés general, así como las reformas constitucionales
que los diversos momentos exigían. El punto de partida fué la
Constitución de 1853 y de allí en adelante la legislación del país se
desarrolló á medida que las necesidades lo reclamaban; la legislación
española que había precedido cedió á la nueva; códigos y leyes
aparecieron, y muchas veces se adelantaron al momento, quizás porque
en la mente de sus autores estuviera concebida en términos precisos
la idea y conocimiento de futuros destinos. Así se llegó á la época
contemporánea, en que los adelantos de la industria y las nuevas
orientaciones sociales de toda clase demandan imperiosamente nuevas
legislaciones; en que la inmigración hecha poderosa exige el estudio
de las condiciones en que mejor se adaptará; en que la tierra elevando
de continuo su precio de costo, reclama también un estudio detenido
necesario para resolver los nuevos problemas que se plantean.

Instituciones y sociedad, deben marchar al unísono; en el primer
capítulo nos ocupábamos de tal axioma y en los subsiguientes vimos
que éste era de aplicación á nuestro estudio. Pero tambien allí nos
planteábamos el problema que resurge ahora; conviene advertir que se
presenta en la Argentina con mayor importancia que en otras naciones,
pues fundado en el estudio social de pueblos cuya vida y sociabilidad
se transforma con lentitud, debe aplicarse á un pueblo cuyas
transformaciones se efectúan con grande rapidez.

Las premisas del problema son las siguientes:

_a_) Las instituciones deben acordar con el modo de ser y con la vida
del pueblo al que se destinan;

_b_) El pueblo argentino, varía continuamente en la formación de su
raza histórica, en el estado de su industria y comercio; la rapidez de
la variación es distinta en una región que en otra.

El problema: ¿pueden dictarse constituciones y leyes más ó menos
permanentes para un pueblo en tales condiciones? ¿se debe dejarlo
con el menor número de ellas, ó sin ellas? ¿se puede imponer á todo
habitante natural ó extranjero una conducta determinada? ¿Cuál puede
ser la solución para la Argentina?

Entiendo que la cuestión exige varias cosas:

En primer lugar, que se recuerde, que no es el pueblo el que
debe adaptarse á las instituciones sino éstas á aquél; siendo
las instituciones limitación de derechos ó preservativos contra
limitaciones traídas por otros individuos, deben ser las precisamente
necesarias y nada más.

En segundo lugar, que ocurre una distinción: unas disposiciones
constitucionales ó legales, responden á modos de ser generales del
individuo humano. Afirman principios y garantizan libertades por las
cuales ha luchado la humanidad en toda la época contemporánea y en
todos los pueblos civilizados; principios concebidos como aspiraciones
unas veces y en otras convertidos en realidad; tales son la idea de la
libertad, el deseo de la intervención de todos en la cosa pública, el
de la libertad de conciencia, el de no ser penado sin juicio previo, y
así muchos más.

Otras, responden á modos de ser de un pueblo en un momento determinado:
no tienen la universalidad de los anteriores; tales son, la religión
adoptada por el Estado, el régimen de gobierno, el régimen de
matrimonio, las instituciones que rigen las relaciones privadas; las
relaciones de comercio libre ó protegido y tantas más, bien fáciles de
determinar.

Las primeras, aspiraciones humanas, pueden y deben ser mantenidas
en constituciones y leyes: si todos los pueblos las desean, en nada
influirá la forma de constitución étnica de la Argentina; serán
buenas en todo momento; más aun: aun cuando el pueblo no estuviera
en condiciones de recibirlas, se pueden mantener como ideales que
se alcanzarán en parte alguna vez; la ley constante de su realidad
hace que esto no esté en pugna con el principio tal como antes lo
formulábamos. Leyes y constituciones argentinas deben mantener aquellos
principios de libertad y justicia, que no son argentinos, son humanos,
y estarán en su lugar en cualquier nación.

Las segundas, las que se refieren á nuestro modo propio de ser, á
un momento de la vida argentina, no pueden tener sino carácter de
transitorias: la forma de gobierno, adoptada como transacción en un
momento dado, que no respondía á todos los antecedentes argentinos,
que no responde á muchas de las ideas que los tiempos han hecho que
se originen, que diariamente se señala como defectuosa, no tiene
carácter de permanencia; el régimen del matrimonio indisoluble y con
derechos distintos de los que otras leyes acuerdan, tampoco puede
ser invariable: la religión sostenida por el Estado, el régimen de la
propiedad, el proteccionismo aduanero, no pueden ser permanentes; mejor
dicho pueden estar sometidas á cambios.

Así las unas serán permanentes y útiles mientras se forma la raza
histórica argentina; las otras serán transitorias, útiles del momento,
variables en el mañana.

La idolatría constitucional y legal que á diario vemos, no tiene
razón de ser: que se sustenten ideales de libertad y grandeza, de
dignidad y justicia, pero que no se considere á disposiciones meramente
transitorias como principios indestructibles, revelados por seres
superiores, libres del error. El respeto á los patriotas conciudadanos
que nos dieron constitución y leyes, consiste en reconocerles el
acierto con que procedieron en el momento en que rindieron sus afanes,
la verdad de los principios humanos que quisieron afirmar. Pero es
irrespetuoso el atribuírles la afirmación de bondad eterna para otros
principios que concibieron sólo como útiles en el momento, pero
variables después. Si ellos revivieran un instante, su indignación
sería magna contra el mundo de idólatras, que desvirtuando sus
intenciones, los convierte en falsos profetas.

     Noviembre de 1910.


                                 NOTAS:

[1] J. A. GARCÍA, _Introducción al estudio de las ciencias sociales
argentinas_, pág. 90. Buenos Aires. P. Igón y C^a, 1899.

[2] R. RIVAROLA, _La nacionalidad argentina_. _Rev. Athenas_, año 1,
número 2, página 108, Buenos Aires, 1901.

[3] V. F. LÓPEZ, _Historia de la República Argentina_, t. I, pág. LVI,
Buenos Aires, C. Casavalle, 1883.

[4] G. LE BON, _Lois psycologiques de l’évolution des peuples_, pág.
41, París, F. Alcan. 1895.

[5] G. LE BON., _bo cit._, pág. 44.

[6] E. R. A. SELIGMAN, _La interpretación económica de la historia_,
Trad. de Posada y Sempere; pág. 77. Madrid. lib. Fernando Fe.

[7] E. A. S. DELACHAUX, _La población de la República Argentina, Rev.
de la Universidad de Buenos Aires_, t. 3. pág. 18. Buenos Aires, 1905.

[8] _Registro nacional de la República Argentina_, t. III, número 3051,
Buenos Aires, imprenta de _La República_, 1882.

[9] _Registro nacional de la República Argentina_, t. I, número 360,
Buenos Aires, imprenta de _La República_, 1879.

[10] M. A. BÉLMAR, _Les provinces de la fédération Argentine et Buenos
Aires_, pág. 3. París, imprenta D’Aubusson et Kugelmann, 1856.

[11] J. A. GARCÍA, _La ciudad indiana_, pág. 13 y sig. Buenos Aires, A.
Estrada, 1900; ID., _Introducción el estudio de las ciencias sociales
argentinas_, pág. 55 y sig.

[12] C. O. Bunge, _Nuestra América_, pág. 193, 196, etc. Buenos Aires.
V. Abeledo, 1905.

[13] E. DAIREAUX, _Aristocracia de antaño. Revista de derecho,
historia_, etc., t. 2, pág. 36. Buenos Aires, 1898.

[14] J. A. GARCÍA, _La ciudad indiana_, pág. 94.

[15] A. ALCORTA, _La instrucción secundaria_, cap. V. Buenos Aires, J.
Lajouane, 1886; N. PIÑERO, E. L. BIDAU, _Historia de la Universidad de
Buenos Aires en los Anales de la Universidad de Buenos Aires_, cap. I,
Buenos Aires, 1888.

[16] J. R. FERNÁNDEZ, _Enseñanza secundaria y normal de la República
Argentina_. Sección 1^a. Buenos Aires, Taller tip. de la Penitenciaría
Nacional. 1903.

[17] J. R. FERNÁNDEZ: _ob. cit._, pág. 39.

[18] _Id._, _id._, pág. 51.

[19] _Id._, _id._, pág. 63.

[20] E. SCHIAFFINO, _La evolución del gusto artístico en Buenos Aires_.
Número de _La Nación_, 25 de mayo de 1910, pág. 187.

[21] M. A. BELMAR, _ob. cit._, pág. 35.

[22] M. DE MOUSSY, _Description géographique et statistique de la
Confédération Argentine_, t. 2, pág. 542. París, Didot frères fils et
C^{ie}, 1860.

[23] D. F. SARMIENTO, _Obras_, t. VII, _Civilización y barbarie_, pág.
41. Santiago de Chile, Imp. Gutenberg. 1889.

[24] J. A. TERRY, _Contribución á la historia financiera de la
República Argentina_. Número de _La Nación_ del 25 de mayo de 1910,
pág. 60.

[25] Reg. nacional, número 1300.

[26] _Convención nacional de 1898. Antecedentes. Congreso constituyente
de 1853 y convenciones reformadoras de 1860 y 1866_. Sesión número 39
del congreso general constituyente de 1853, pág. 299. Buenos Aires.
Comp. Sudamericana de billetes de banco, 1899.

[27] J. M. ESTRADA. Curso de derecho constitucional, federal,
administrativo, pág. 49 y sig., Buenos Aires. Comp. Sudamericana de
billetes de banco, 1875.

[28] J. A. ALSINA, _La inmigración europea en la República Argentina_,
pág. 37 y sig., Buenos Aires, 1900.

[29] M. A. BELMAR, _ob. cit._, pág. 153.

[30] Véase G. PARISI, _Storia degl’italiani nell’ Argentina_. Roma, ed.
Voghera, 1907; B. CITTADINI, _Cuarenta años después_, en _La Nación_,
25 de mayo de 1910, pág. 204.

[31] M. DE MOUSSY, _ob. cit._, t. II, pág. 291.

[32] E. DAIREAUX, _Aristocracia de antaño_, en _Revista de derecho,
historia y letras_, t. I, pág. 36, Buenos Aires, 1898.

[33] O. MAGNASCO, _Nuestro derecho en la centuria_, en _La Nación_, 25
de mayo 1910, pág. 87.

[34] M. DE MOUSSY, _ob. cit._, t. I., pág. 6.

[35] Véase: H. PAPILLAUD, _L’effort français_ en _Argentine_, en número
de _La Nación_, 25 de mayo de 1910, pág. 212; MULHALL, _Las repúblicas
del Plata_. Imprenta del _Standart_. Buenos Aires.

[36] M. DE MOUSSY, _ob. cit._, t. II, pág. 282.

[37] M. DE MOUSSY, _ob. cit._, t. I, pág. 546.

[38] M. DE MOUSSY, _ob. cit._, t. I, pág. 44.

[39] C. ONELLI, _Los progresos argentinos en el siglo_, en número de
_La Nación_, 25 de mayo 1910, pág. 268.

[40] M. DE MOUSSY, _ob. cit._, t. II. pág. 275.

[41] F. BILBAO, _Obras completas_, t. II, pág. 338. Buenos Aires, Imp.
de Buenos Aires. 1865.

[42] ID., t. II, pág. 377.

[43] J. V. LASTARRIA, _La América_, pág. 191 y siguientes. Gante, Imp.
de E. Vanderhaeghen, 1867.

[44] J. V. LASTARRIA, _ob. cit._, pág. 103.

[45] M. BILBAO, _Buenos Aires_, pág. 250 y siguientes. Buenos Aires, J.
A. Alsina. 1902.

[46] M. BILBAO, _ob. cit._, pág. 258 y siguientes.

[47] ONELLI, _art. cit._

[48] Cifras reproducidas por el censo de 1895, pág. XXX.

[49] J. A. ALSINA, _ob. cit._, pág. 238.

[50] G. WILCKEN, _Las colonias_; Buenos Aires, imp. de la Soc. Anónima,
1873.

[51] Véase: B. MITRE, _Arengas_, t. I, pág. 172, Buenos Aires. Ed. de
_La Nación_, 1902.

[52] J. A. ALSINA, _ob. cit._, pág. 73.

[53] J. A. ALSINA, _ob. cit._, pág. 184 á 191.

[54] C. L. FREGEIRO. _Apuntes tomados en su curso de 1902_, en la
Facultad de Filosofía y Letras.

[55] G. PARISI, _ob. cit._, pág. 198.

[56] G. PARISI, _ob. cit._, pág. 375 y 381.

[57] J. A. GARCÍA. _Introducción al estudio de las ciencias sociales
argentinas_, pág. 127.

[58] Véase: _Ley de matrimonio civil_. Discusión en el Congreso
nacional, Buenos Aires, imprenta Tribuna nacional, 1888.

[59] R. RIVAROLA, _Derecho penal argentino_, pág. 5. Buenos Aires.
1910. G. Mendesky é hijo.

[60] E. DEL VALLE IBERLUCEA, _El movimiento socialista en la
república_, en los _Anales de la facultad de derecho de Buenos Aires_,
números 7 y 8, páginas 304 y 306, año 1903.

[61] Informe de la dirección general de inmigración al ministerio de
Agricultura, octubre de 1910.

[62] M. E. RIO. _Córdoba_ en número de _La Nación_, 25 de mayo de 1910,
pág. 310.

[63] R. PILLADO, _El comercio internacional argentino_. Cifras que
revelan su progreso. Buenos Aires. 1910.

[64] R. PILLADO. _ob. cit._

[65] O. M. PIÑERO, _El recurso de emisión de títulos para los gastos
públicos en Revista argentina de ciencias políticas_, año 1, número 1,
página 49 y siguientes, año 1910.

[66] Al corregir las pruebas de imprenta de este trabajo (febrero
de 1911) se ha publicado el siguiente cuadro, que transcribo porque
demuestra lo que aquí afirmo.

[67] E. DEL VALLE IBERLUCEA. _art. cit._, pág. 262.

[68] Véase: A. PALACIOS, _La evolución Argentina y la patria_, Buenos
Aires, 1910.

[69] Véase: CH. SEIGNOBOS, _Histoire politique de l’Europe
contemporaine_, pág. 699. A. Colín. París, 1903.

[70] Nota del coronel Ramón L. Falcón al ministro del interior,
publicada en _La Nación_ de Buenos Aires, del 18 de mayo de 1909.

[71] _La voz de los anarquistas._ Manifiesto secreto publicado bajo el
estado de sitio, en mayo de 1910.

[72] L. AYARRAGARAY, _La anarquía argentina y el caudillismo_, pág.
289. F. Lajouane y C^{ia}, Buenos Aires, 1904.

[73] G. LE BON, _ob. cit._, pág. 116.

[74] J. M. RAMOS MEJÍA, _Las multitudes argentinas_, pag. 299, Buenos
Aires, J. Lajouane, 1899.

[75] M. A. BELMAR, op. cit., pág. 148 y sig.


Errores corregidos por el etext transcriptor:
 Pág. {v} Plantamiento de la cuestión ==> Planteamiento de la cuestión
 Pág. {3} condice con las aspiraciones ==> coincide con las aspiraciones
 Pág. {4} Colorario ==> Corolario
 Pág. {19} representan el pasado ==> representa el pasado
 Pág. {41} de tranways y otros medios de transporte ==> de tramways y
           otros medios de transporte
 Pág. {41} que un ciudad de España ==> que una ciudad de España
 Pág. {42} era tal como ==> eran tal como
 Pág. {43} respeto á la la religión ==> respeto á la religión
 Pág. {44} que les tocara en suerte ==> que les tocaran en suerte
 Pág. {45} es estableció ==> se estableció
 Pág. {69} nuesto camino. ==> nuestro camino.
 Pág. {72} verdadera ovasión ==> verdadera ovación
 Pág. {74} obligacioness ==> obligaciones
 Pág. {78} la tradiciones seculares ==> las tradiciones seculares
 Pág. {83} las distribución geográfica ==> la distribución geográfica
 Pág. {105} de la provincias ==> de la provincia
 Pág. {112} este capípítulo ==> este capítulo
 Pág. {113} accesorio de ferrocarril ==> accesorio del ferrocarril
 Pág. {119} que habían asombrado ==> que había asombrado
 Pág. {122} lo buscan ==> los buscan
 Pág. {125} La ciencias ==> Las ciencias
 Pág. {132} prolección de inmigrantes ==> protección de inmigrantes
 Pág. {135} diminución del elemento ==> disminución del elemento
 Pág. {142} la introdución ==> la introducción
 Pág. {143} no tiene otro origen ==> no tienen otro origen
 Pág. {149} que se concede ==> que se conceden
 Pág. {164} la diminución. ==> la disminución.
 Pág. {165} la diminución que se notó ==> la disminución que se notó
 Pág. {165} y diminución en ==> y disminución en
 Pág. {174} polítiticas ==> políticas
 Pág. {174} la instabilidad ==> la inestabilidad
 Pág. {177} tranformaciones ==> transformaciones
 Pág. {188} esta diminución ==> esta disminución
 Pág. {192} la hectáreas destinadas al cultivo ==> las hectáreas
            destinadas al cultivo
 Pág. {219} un hombre prodomine sobre ==> un hombre predomine sobre
 Pág. {225} porve- del Río ==> porvenir del Río
 Pág. {231} antropológicamente incorparadas ==>antropológicamente
            incorporadas
 Pág. {231} sutilv olatilizada ==> sutil volatilizada
 Pág. {236} antecedentes aportatados ==> antecedentes aportados
 Pág. {239} siempre en en ajenas ==>  siempre en ajenas





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