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Title: Las fiestas de San Juan, reseña histórica de lo que han sido y de lo que son - Relación verídica de las que se celebran en este año de 1868
Author: Asenjo, Federico
Language: Spanish
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*** Start of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Las fiestas de San Juan, reseña histórica de lo que han sido y de lo que son - Relación verídica de las que se celebran en este año de 1868" ***

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  Nota del Transcriptor:


  Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Páginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itálicas son denotadas con _líneas_.

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  han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.

  Ilustraciones han sido eliminadas.

  Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.

  La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio
  público



                       LAS FIESTAS DE SAN JUAN.



                           RESEÑA HISTORICA
                                  de
                   LO QUE HAN SIDO Y DE LO QUE SON;

                                   Y

                           RELACION VERIDICA
              de las que se celebran en este año de 1868,

                                  por

                           Federico Asenjo.


                             PUERTO-RICO.
                       _Imprenta del Comercio._
                                 1868



                        AL EXCMO. AYUNTAMIENTO
                   de la Ciudad de S. Juan Bautista
                            DE PUERTO-RICO.


_A nadie mejor que á V. E., que ha sabido conservar las fiestas
populares de la muy noble y muy leal Ciudad que representa, puede ser
dedicado este librito. Sírvase V. E. aceptarlo como una débil muestra
de la gratitud de aquel á quien ha hecho la honra de elegir para su
Secretario._

                                                 Federico Asenjo.



[Ilustración]



INTRODUCCION.


Cosa sabida es por todo el mundo que los pueblos, como los individuos,
tienen su infancia, su juventud, su edad viril y su vejez; y que en
cada una de estas épocas, lo mismo que el hombre, cambian de faz,
aunque conservando siempre ciertos caracteres que constituyen la
fisonomía especial de cada uno, y tambien el carácter moral que les es
propio.

El hombre tranquilo y circunspecto, que ocupa un lugar distinguido
en sociedad por su juicioso proceder, no deja de ser el mismo niño
jugueton y travieso que en otro tiempo era el disgusto de sus padres;
pero la edad le ha hecho variar de condiciones y sus usos y costumbres
han cambiado, si bien conservan siempre cierto sello particular que
distingue su individualidad. Es el mismo hombre que fué desde que
nació, pero no tiene ya ni la vivacidad de la niñez, ni la impetuosidad
de la juventud: sus impulsos violentos se han calmado, sus mismas
pasiones se han apaciguado algun tanto. Su genio, por mas que un
adagio vulgar diga que

    genio y figura
    hasta la sepultura,

su genio, repito, ha decaido mucho; sin que por todo eso, deje de
reconocerse constantemente el mismo hombre.

Tal es la obra lenta pero segura del tiempo, que todo lo muda y lo
trastorna todo sin permitir, por lo comun, que ni aun nos apercibamos
de ello. Y esa obra se realiza sin intermision, no solo en el hombre,
sino tambien en todo lo que le rodea; desde la tierra que cambia de
naturaleza, sin cambiar de lugar ni de fisonomía, digámoslo así, y
el mineral que acrece y muda de faz sin mudar de naturaleza; hasta
el árbol que tiene en su vida las mismas épocas que el hombre en la
suya y el animal que se aproxima mas á este; y el mar inmenso que
rodea la tierra y que muda sin cesar de aspecto siendo no obstante el
mismo en todos tiempos; y el cielo hermoso que nos cubre y que aparece
frecuentemente á nuestra vista con distintas faces, por mas que sea
siempre el espacio infinito en que se pierde la razon del sábio.

Los pueblos se hallan tambien sugetos á esta ley; y por eso los vemos
cambiar de faz á medida que pasan años; y mudar de condiciones segun
van recorriendo las diferentes épocas de su vida, mucho mas largas por
cierto que las de la vida del hombre. Este pueblo, sencillo y frugal
en otro tiempo, apenas conserva algunos restos de su pasada sobriedad;
aquel otro de carácter alegre y bullicioso, rie todavia y se regocija,
pero con cierta compostura que le era antes desconocida; este otro casi
no conserva nada del carácter melancólico que distinguia á sus hijos,
en medio del estruendo de los negocios que hoy le ocupan; pero en medio
de todos estos cambios y mudanzas, que ya desde la época del célebre
orador romano hacian exclamar á los viejos _¡O tempora! ¡O mores!_ y
que continuan todavia, apesar de los diez y nueve siglos transcurridos,
haciéndoles exclamar _¡Qué tiempos aquellos!_ refiriendose á los de su
juventud; esos cambios y mudanzas, vuelvo á decir, se llevan á cabo sin
que los pueblos dejen de ser los que son y sin que dejen de conservar
siempre algo que distingue á cada cual de ellos de todos los demás que
cubren la superficie de la tierra.

Ese algo, que forma la distincion, lo constituyen los usos y
costumbres, así como tambien las tradiciones.

La tradicion es para un pueblo lo que la memoria para el hombre.

Si la memoria es infiel, el hombre no sabe dar cuenta de los hechos que
ha visto sucederse.

Si la tradicion no es verídica se pierde la memoria de los
acontecimientos que la historia no ha sabido, ó no ha querido, ó no
ha podido conservar; y como que, en tratándose de la vida de un
pueblo, los hechos cambian á medida que la edad de aquel varia, de aquí
el que, á la vuelta de los años que componen la vida de dos ó tres
generaciones, se pierda la memoria de sucesos muy vulgares; ó cambie de
tal modo su recuerdo que ni remotamente pueda nadie darse cuenta de lo
que fueron los hechos en su orígen.

Esto es lo que mas generalmente acontece con los usos y costumbres
populares; porque llamados unos y otras á variar constantemente, en
proporcion de las variaciones que sufre el estado de adelanto ó de
atraso del pueblo á que pertenecen, llegan á alejarse á veces tanto
de lo que fueron en su principio que difícilmente se reconoce su modo
primitivo de existencia.

Por eso yo creo que mientras mas varien los usos y costumbres de
un pueblo, mas empeño debe este poner en conservar incólumes las
tradiciones que á ellos se refieren; y procurar que, á traves de las
alteraciones que esperimentan con el tiempo, se trasluzca siempre
con toda claridad el punto donde nacieron y la forma que tuvieron al
comenzar.

Quizas parecerá á mis lectores que no merecen la pena de que se les
consagre una atencion tan especial los usos y costumbres; pero, si así
pensaran, bastaria para convencerles de lo contrario, recordarles que
por solo las variaciones de los usos y costumbres se puede conocer la
historia entera de un pueblo; y que el carácter y las condiciones de
cualquier pueblo se hallan retratados en sus usos y costumbres.

Ciceron escribió un libro sobre las costumbres en que dejó pintado
el pueblo romano; y Voltaire nos ha dejado un "Ensayo sobre las
costumbres" en que trata de reseñar las diferencias que separan entre
sí á todos los pueblos de la tierra y los puntos de contacto en que se
unen.

Yo voy pues á reseñar algunos usos y costumbres de este hermoso país,
que tan desconocido es hasta para muchos de los mismos que lo habitan;
y no solo reseñaré algunos de los mas culminantes, sino que lo haré
comparándolos en diversas épocas de la vida de este pueblo, para que
pueda formarse juicio de sus progresos ó retrogadaciones; y se conciba
la marcha que ha traido de algunas décadas á esta parte.

Este trabajo, pues, que no me atrevo á llamar libro, no será
simplemente una crónica, por mas que no tenga pretensiones de ser
historia; será sí la tradicion escrita, tal cual la hemos oido de
nuestros padres, segun se la refirieron nuestros abuelos; y segun
consta de algunos documentos incoherentes que la casualidad ha puesto
en mis manos cuando la necesidad ó la ociosidad me han obligado á
revolver algunos archivos.

Empero, para que la tradicion, que he tratado de tomar desde su orígen,
pueda ser continuada sin interrupcion, no solo me concretaré á la
parte histórica de las _Fiestas de San Juan_, sino que trataré de
describir, lo mejor que me sea posible, las que se celebren en este año.

El _San Juan_, como vulgarmente hemos dicho siempre, ha sido en todos
tiempos, una fiesta tan popular en esta ciudad, tan peculiar de esta
poblacion, y ha ofrecido una fisonomía tan especial, que examinándola
con algun detenimiento podriamos concluir por conocer esta localidad.

Así como los juegos olímpicos de la antigua Grecia demostraban la
necesidad que aquel pueblo esperimentaba de tener hombres fuertes y
ágiles para la guerra; las carreras de San Juan ponen de manifiesto la
necesidad que este pueblo ha esperimentado siempre de poseer buenos
caballos que no se arredren ante los frecuentes obstáculos de su
erizado suelo.

Así como los Israelitas y los Romanos y los Normandos y los Francos
celebraban con júbilo y alegría la conmemoracion de hechos de grande
importancia en su vida, así tambien los Puerto-riqueños ven con júbilo
las _alboradas_ que les recuerdan hechos no menos gratos que eran el
consuelo de esta poblacion en épocas tristes y azarosas; como tendrán
ocasion de verlo los lectores mas adelante.

Y aun la suprimida _vela_ tuvo tambien su razon de ser, y hubiera
podido quedar justificada, á no habérsela hecho degenerar en
demostraciones poco dignas de un pueblo que con razon se precia de
culto y de avanzado.

Por lo visto, el lector comprenderá que me prometo hacerle conocer _las
fiestas de San Juan_, tales como han sido en otros tiempos y cuales
son en los presentes. Fáltame solo que mis fuerzas correspondan á mis
prometimientos; que no por ser el asunto alegre y al parecer ligero,
deja siempre de ser difícil en extremo el llenar cumplidamente el papel
de cronista verdadero y no cansado.

Espero que mas que mi poca disposicion, contribuirá á ello en mucha
parte el entusiasmo que por todas partes se nota y que comunicará á mi
tosca pluma la vida y la animacion de que de otro modo careciera.



[Ilustración]



I.

_Ojeada restrospectiva._


San Juan Bautista fué declarado Patron de la Isla, tal vez por el
nombre que á esta habia dado el Almirante Colon al descubrirla en 16 de
Noviembre de 1493, quizás por el de la Reina que entonces se sentaba
en el trono de las Españas, que nada dicen sobre ello las historias;
pero es lo cierto que al expedir su primera pastoral en Sevilla el 26
de Setiembre de 1512 el Sr. D. Alonso Manso, primer Obispo de esta
diócesis, trasladando la bula de ereccion de nuestra Santa Iglesia,
declara que esta se levanta á honra del dicho Sr. San Juan; y como
tal patrono fué desde entonces y ha sido siempre reconocido el Divino
Precursor.

Sin embargo de esta declaratoria, no aparece que, en el primer siglo
transcurrido desde la citada fecha, se celebrara la fiesta del patron
San Juan ni aun con el culto que debiera haberle dado la Iglesia que se
habia puesto bajo su advocacion; y mucho menos con fiesta ni regocijo
alguno público y profano. Verdad es que en aquellos tiempos primitivos
harto tenian que hacer nuestros valientes antepasados con atender
primero á los caribes y despues á los corsarios que constantemente los
tenian en jaque; y el poco tiempo de paz y tranquilidad que podian
gozar lo necesitaban demasiado, ya para el laboreo de las minas, ya
para la labranza de la tierra, ya tambien para construirse las pobres
habitaciones en que se albergaban; sin que pudieran por lo visto pensar
en diversiones.

Así se pasó un siglo ó poco mas, sin que nadie se acordara al parecer
del Santo Patron, ni aun el mismo Obispo que le escogió como tal, ni
su sucesor el Maestro D. Fray Manuel de Mercado, hasta que en 1637
ó 38, que no sabemos á punto fijo la fecha, el Gobernador, de buena
memoria para esta Isla, D. Iñigo de la Mota Sarmiento hizo reconstruir
el crucero de la Santa Iglesia y echar á esta una cerca, solicitando
al efecto la cobranza de deudas que por su antigüedad se creian
incobrables; y el Cabildo eclesiástico, reconocido á estos beneficios,
se obligó perpétuamente á decirle una misa cantada todos los años al
Sr. San Juan Bautista en su dia, en obsequio de la devocion especial
que por él tenia el indicado Gobernador.[1]

       [1] Carta del Sr. Canónigo de esta Santa Iglesia, Don
       Diego de Torres Vargas al Cronista Maestro Gil Gonzalez
       Dávila--23 de Abril de 1647--(Biblioteca histórica de
       Puerto-Rico).

Con la fiesta religiosa de San Juan y tal vez por afecto á D. Iñigo
de la Mota Sarmiento, que fué muy querido y muy llorado por esta
poblacion, nacieron probablemente las fiestas populares de San Juan;
pero nada nos dicen ni la historia ni la tradicion, y solo lo supongo
porque componiéndose las fiestas primitivas de este pueblo de danzas,
toros y cañas, aparece que ya en 1644 se celebraban para San Antonio,
que es en un dia del mes de Junio, como lo atestigua el Sr. Obispo D.
Fray Damian Lopez de Haro en su carta á Juan Diaz de la Calle.[2]

       [2] Biblioteca histórica de Puerto-Rico, pág. 439.

Las corridas de toros y cañas debieron empezar á efectuarse por los
años de 1610 ú 11, y se hacian en su principio solo en honor de
Santiago, por disposicion del Gobernador don Gabriel de Rojas.

En medio de la oscuridad que se sigue á la poquísima luz que sobre las
fiestas de San Juan proporcionan estos ligeros apuntes, únicos que se
encuentran al asunto referentes en los pocos documentos que se conocen
relativos á Puerto-Rico, es sin duda permitido suponer que el orígen
de las carreras de caballos data de la época en que se establecieron
las corridas de toros y cañas; y que probablemente las primeras de
estas se suprimieron, andando el tiempo, por la dificultad de encontrar
animales propios para ellas; y las segundas se convirtieron solo en
carreras para dar mas soltura á la ligereza de los caballos indígenas
que necesitan libre rienda y ancho espacio para lucir su gallardía y
excelente paso.

Y difícil seria salir de una hipótesis cualquiera, mas ó menos fundada,
en lo relativo á la época que hemos pasado, porque el holandés Boduyno
Henrico arrasó con el fuego todos los archivos de la ciudad en 1625.

Continuando el siglo diez y siete, las fiestas de San Juan y algunas
otras notables del año hubieron de regularizarse hasta el extremo de
hacerse fiestas votivas para el Ayuntamiento de la Ciudad, al cual se
le concedió por los años de 1685 ú 87 (que no consta con exactitud la
fecha) el impuesto de un maravedí en cuartillo de aloja y ocho en el
de aguardiente para cubrir, entre otras atenciones, las de las citadas
fiestas: ese impuesto, que solo se concedió en su principio por seis
años, fué prorrogado por igual tiempo en 1693 y volvió á serlo en 1702
y en 1709 y en 1714, como aparece de una carta real fechada en Sevilla
á 13 de Diciembre de 1730 y dirijida al Concejo, Justicias y Regimiento
de esta Ciudad.

Las fiestas votivas á que se ha hecho referencia, eran las de la
Purificacion de Nuestra Señora, el Corpus Christi, San Juan, Santiago
y Santa Rosa; y en tres de ellas se efectuaban sin duda carreras de
caballos, á juzgar por lo que dicen los historiadores que copiaré
dentro de poco; pero un acuerdo del Ayuntamiento de 30 de Junio de
1778, que he tenido ocasion de consultar, hace conocer que las de San
Juan se celebraban con especial solemnidad, desde tiempo inmemorial
(tal vez desde que empezaron, á fines del siglo XVII) no solo como
honor debido al Santo Patron, sino tambien como prueba de feudo
vasallage al Soberano de las Españas. Y en efecto, en dicha fiesta no
solo se celebraba solemne funcion de iglesia con vísperas, rindiéndose
guardia de honor al Santo, en el tabernáculo en que se colocaba; sino
que en los dias 24 y 25 de Junio se llevaban á sus piés las llaves
de la ciudad, "en reconocimiento á su soberana proteccion," como lo
dice el acuerdo consultado. Por su parte los regocijos públicos eran
tambien de un carácter especial que los distinguia completamente de
las demás festividades votivas: efectuábanse carreras de caballos
desde la víspera de San Juan hasta el dia de San Pedro, en que tenian
participacion todos los habitantes, bien como ginetes, bien como
espectadores que se convertian en actores dando ó respondiendo las
chanzas mas ó menos agudas que entre unos y otros se cruzaban.

Oigamos como describe estas carreras el único historiador de la Isla,
Fr. Iñigo Abad de la Sierra, que escribió su historia quizás en el
mismo año en que fué tomado el acuerdo del Cabildo que acaba de citarse.

"Las fiestas principales, dice el ilustrado historiador, las celebran
tambien con corridas de caballos, á que son tan propensos como
diestros. Nadie pierde esta diversion: hasta las niñas mas tiernas, que
no pueden tenerse, las lleva alguno sentadas en el arzon de la silla
de su caballo. En cada pueblo hay fiestas señaladas para correr los
dias mas solemnes. En la Capital son los de San Juan, San Pedro y San
Mateo.[3] La víspera de San Juan al amanecer entra gran multitud de
corredores que vienen de los pueblos de la Isla á lucir sus caballos:
cuando dan las doce del dia salen de las casas hombres y mugeres de
todas edades y clases montados en sus caballos enjaezados con toda la
mayor ostentacion á que puede arribar cada uno. Son muchos los que
llevan las sillas, mantillas y tapafundas de terciopelo bordado ó
galoneado de oro, mosquitero de lo mismo, frenos, estribos y espuelas
de plata: algunos añaden pretales cubiertos de cascabeles del mismo
metal. Los que no tienen caudal para tanto cubren sus caballos de
variedad de cintas, haciéndoles crines, colas y jaeces de este género
adornándolos con todo el primor y gusto que pueden, sin detenerse en
empeñar ó vender lo mejor de su casa para lucir en la corrida.

       [3] Fr. Iñigo fué testigo ocular y hay que creerle
       que se corria para San Mateo, por mas que este dia no
       se encuentre citado en ningun documento. En cambio no
       figuran los dias de la Candelaria y Santiago.

"Esta no tiene órden ni disposicion alguna: luego que dan las doce de
la víspera de San Juan salen por aquellas calles con sus caballos, que
son muy veloces y de una marcha muy cómoda. Corren en pelotones, que
por lo comun son de los amigos ó parientes de una familia; dan vueltas
por toda la Ciudad sin parar ni descansar en toda la noche, hasta que
los caballos se rinden. Entonces toman otros y continúan su corrida con
tanta vehemencia, que parece un pueblo desatado y frenético que corre
por todas partes.

"No obstante la confusion y tropel de la corrida, rara vez sucede
desgracia alguna y si ocurre algun azar es á algun Español que
encontrándose con el peloton de corredores al volver alguna esquina,
no sabe evitar los encuentros con la destreza que los criollos. Estos,
aunque el caballo corra á toda carrera, dejan sueltas las riendas sobre
el arzon de la silla, los brazos cruzados, fumando su cigarro, diciendo
algunas gracias á las de las ventanas y á las que corren. Al llegar á
las esquinas que han de doblar, llaman al caballo con aquella rienda, y
aunque vengan muchos por la misma calle, saben pasar por medio de los
pelotones sin tropezar con nadie. Las mugeres van con igual ó mayor
desembarazo y seguridad que los hombres, sentadas de medio lado sobre
sillas á la gineta, con solo un estribo. Llevan espuela y látigo para
avivar la velocidad de los caballos, de los cuales algunos suelen caer
muertos sin haber manifestado flaqueza en la carrera y todos quedan
estropeados y sin provecho para mucho tiempo; verdad es que todo el año
los cuidan con esmero para lucirlos en estas fiestas[4].

       [4] Perdóneme el respetable Fr. Iñigo, pero temo que
       haya andado algun tanto exagerado en ciertos puntos
       de esta descripcion, probablemente porque su carácter
       sacerdotal no le permitió ver la fiesta de cerca. Ni
       es concebible lo de correr el mismo ginete dia y noche
       sin descanso, ni puede admitirse lo de que los caballos
       estuvieran inútiles todo el año sin servir mas que para
       la fiesta de San Juan.

"No toda la carrera es tumultuosa y confusa: á las nueve del dia sale
el pendon de la ciudad acompañado del Cabildo, Nobleza y Oficialidad,
de la tropa; dos compañías de caballería, presididos del Gobernador;
este paseo se ejecuta con toda pompa y buen órden, y en él lucen las
galas, palafrenes, jaeces, criados y caballos. Va por las calles
principales de la Ciudad, y en una de ellas corren parejas por su
órden, despues de las cuales llevan el pendon á la Catedral, que recibe
el Cabildo eclesiástico y vuelve á despedir despues de la misa mayor,
que lo restituyen á la Casa de la Ciudad con toda la ostentacion
posible, sin que por este acto tan circunspecto y magnífico se
suspendan en las otras calles las carreras, voces y zambra con que las
gentes desahogan su extremado regocijo ó loca pasion, que reina aquel
dia."

Otro escritor,[5] francés de orígen y que no tuvo motivos para conocer
la isla como el historiador que acabo de copiar, de acuerdo sin embargo
en casi todo con él, aunque no pudo conocerle ni es probable que
tuviera noticia de su obra, escribia lo siguiente en 1797.

       [5] Mr. Andrès Pedro Ledru en su obra titulada "Voyage
       aux iles de Teneriffe, la Trinité, Saint-Thomas,
       Saint-Croix et Porto-Rico", traduccion de D. Julio L.
       de Vizcarrondo.

"Sábese cuanto gustan á los Españoles las fiestas y las ceremonias
públicas. En Europa son aficionados á las corridas de toros; en
América á las carreras de caballos. Hacia dos dias[6] que este último
espectáculo ocupaba á la Ciudad entera, que me pareció convertida en
un vasto picadero. Una multitud de habitantes de los campos habian
concurrido para esta diversion. Imagínense tres ó cuatrocientos
caballeros, enmascarados ó vestidos con trages extraños, corriendo sin
órden por las calles, tan pronto solos, tan pronto reunidos en grupos
numerosos. Por aquí muchos petimetres disfrazados de mendigos divertian
á los espectadores con el contraste de los harapos que los cubrian y
el rico arnés de los corceles que oprimian; por allá levantaba una
polvareda un grupo de jóvenes oficiales. Muchos franceses, mezclados
con ellos, eran reconocidos fácilmente por su ligero y bullicioso
talante. Su amable locura, variada bajo mil formas diferentes, esparcia
á su paso la risa y la alegría. Muchas jóvenes entraron en la lid;
todas se llevaron el honor de la carrera, tanto por su gracioso y
seductor porte, como por la velocidad de su palafren. Dudo que nuestras
bellas de Paris puedan disputar con las amazonas de Puerto-Rico el arte
de manejar un caballo con tanta gracia como atrevimiento. La velocidad
de estos caballos indígenas es admirable: no tienen trote ni el galope
ordinario, sino una especie de andadura, un paso tan precipitado que
el ojo mas atento no puede seguir el movimiento de sus patas.

       [6] El 15 y el 16 de Julio de 1797 puesto que el 17 fué
       que llegó Mr. Ledru.

"Los habitantes de Puerto-Rico celebran con semejantes carreras las
principales fiestas del calendario romano, especialmente las de
Páscuas, San Juan, Santiago, San Mateo[7]. Desde la víspera viene á la
Ciudad un gran número de ginetes de todos los puntos de la Isla. Los
juegos comienzan á medio dia precisamente y continúan sin interrupcion
hasta la noche. Es un espectáculo agradable ver las calles y las
plazas llenas de corredores al galope; y los balcones, las puertos y
hasta los techos llenos de curiosos; por todas partes se oyen risas,
provocaciones que recuerdan los picantes placeres del carnaval. Al dia
siguiente la fiesta toma un carácter mas sério. El Gobernador, seguido
de los miembros del Cabildo[8], de la oficialidad, de la nobleza,
escoltado por la guarnicion, todos á caballo y ricamente vestidos, sale
á las nueve de la casa consistorial: el cortejo recorre gravemente
las principales calles, al sonido de una música guerrera, y se dirije
en seguida hácia la Catedral, en donde se celebra una solemne misa,
terminada la cual vuelve en el mismo órden á la casa consistorial; y
entonces dan principio de nuevo las carreras de la víspera, que duran
hasta por la noche, aunque esta no siempre da la señal de retirada."

       [7] Mr. Ledru permaneció un año y un mes en Puerto-Rico
       y debió ver que en efecto se corria en todas estas
       fiestas.

       [8] Ayuntamiento.

Esta última parte de Mr. Ledru, como la última tambien de los párrafos
tomados á Fr. Iñigo, se refiere á un dia en particular, que no era otro
que el de la festividad del Santo Patron.

En medio de la algaraza y gresca generales habia algunas horas de
intérvalo en la mañana del dia de San Juan, en las que la fiesta tomaba
un carácter sério y hasta magestuoso, en tanto que el pendon Real
paseaba las calles de la Ciudad, que con esa demostracion rendia un
tributo de homenage al Soberano, segun la antigua usanza de los tiempos
feudales que todavia se conservaba en todas las provincias de la nacion.

Hallábase el pendon depositado en las Salas Capitulares y el dia
indicado, reunido el Ayuntamiento en el mismo local pasaba en
cuerpo á buscar al Regidor Alférez Real, que era el que levantaba
aquella insignia y despues al Gobernador Superior, Presidente
de la Corporacion, volviendo en seguida á la casa consistorial.
Frente á esta, y de antemano, esperaban en la plaza los principales
funcionarios, la oficialidad de la guarnicion, los escribanos y las
personas mas notables de la poblacion, caballeros en los mas briosos
corceles que podian encontrar, pues era lujo lucir los de mejor paso y
gallardía.

Tomado el pendon por el Alférez Real, á presencia de toda la
Corporacion que le escoltaba, á manera de guardia de honor, montaban
todos los individuos que la componian y se ponia en marcha el cortejo,
seguido de una compañia de milicias de caballería, recorriendo en
forma procesional las principales calles de la Ciudad. Terminado el
paseo, se situaban el Gobernador y Ayuntamiento en un palco ó tribuna
que al efecto se levantaba, lujosamente engalanado, al extremo de una
de dichas calles, que en el siglo pasado era la de la Fortaleza y
posteriormente fué la de San Sebastian; y daban principio las carreras
de caballos, en parejas de á dos, comenzando por los miembros del
Ayuntamiento y concluyendo por los últimos soldados de la escolta.

Escusado es que yo diga que la poblacion entera concurria á presenciar
esta fiesta, agolpándose en las avenidas de las calles que confluian á
la en que aquella se celebraba, y llenando las puertas y balcones de
las casas que ostentaban vistosas colgaduras. Aun recuerdo, tal vez
confusamente si bien con todo el grato placer que producen en el alma
las memorias de los alegres dias de la infancia, que mi casa, situada
en la calle de la fiesta, se llenaba, como todas las del vecindario,
de amigos invitados que compartian aquel dia nuestro almuerzo, y nos
exijian, como de rigor, el tradicional _manjar-blanco_. Y eso que yo
solo alcancé el último de los años en que se celebró la fiesta del
pendon.

Terminadas las carreras, volvia el cortejo á ponerse en marcha y se
dirijia á la Catedral; allí el Alférez Real tomaba su puesto al lado
izquierdo del Preste durante la procesion y despues del Presidente del
Ayuntamiento mientras la misa: en tanto que esta duraba, el pendon
permanecia en el presbiterio, al lado del Evangelio; y concluido, era
tomado de nuevo por el Alférez Real y conducido con la misma pompa á la
casa de Ciudad, en cuyos balcones ondeaba despues por el resto del dia.

Los Alféreces reales y los Regidores que los suplian en vacantes,
ausencias ó enfermedades, competian en dar cada cual mas esplendor
á esta fiesta; y no se reducian á lo oficial, por decirlo así,
sino que, terminado el acto, obsequiaban á los concurrentes con un
espléndido refresco; y en la noche del mismo dia, ó en la del siguiente
generalmente, daban baile en su casa.[9] Este baile era por lo comun
el anuncio de los que despues seguian hasta el 30 de Agosto, en que se
celebraba la fiesta de Santa Rosa, como patrona de las Indias; aunque
aquella diversion no era tan frecuente como lo es en nuestros tiempos,
sin duda porque las gentes de aquella época, aunque aficionadas á
Terpsícore, estaban mas bien que por el _dulce merengue_, como hoy se
dice, por el movimiento del caballo; puesto que si los bailes no eran
frecuentes, las carreras se repetian bien amenudo, como lo dicen los
escritores que he citado.

       [9] Estos detalles están tomados del acta del
       Ayuntamiento, de 14 de Mayo de 1804, que los describe
       minuciosamente á consecuencia de una cuestion de
       ceremonia promovida por el Alférez Real, que lo era
       entonces D. José Power.

Además de estas fiestas, se efectuó indudablemente desde principios ó
mediados del siglo pasado la que se conoce con el nombre de _alborada
de la leche_, que á tan malos términos la hemos visto llegar en la
década anterior á la presente. A juzgar por las medidas de policía que
se tomaron por los años de 1780 y 81, esta fiesta nació de que los
forasteros que concurrian á las carreras llegaban generalmente á la
ciudad en la madrugada de la víspera de San Juan y sus amigos salian á
recibirlos al campo de Puerta de tierra, cosa por cierto bien natural
en tiempo de tanta franqueza y en que era costumbre general dejar el
lecho antes que la aurora derramara sus rosados resplandores.

Pero es el caso que á la misma hora llegaban tambien al mismo sitio
los jíbaros que traian frutos para el mercado y mas especialmente los
espendedores de leche; y detenidos estos unas veces por los ginetes
que se les adelantaban impidiéndoles el paso; y chasqueados otras los
que salian de la Ciudad al ver que no llegaban las personas que iban á
recibir; se amostazaban unos y otros, prorumpiendo los mas fogosos en
dichos agudos é inocentes que eran aplaudidos por toda la concurrencia
y adelantándose algunos á lanzar picantes epígramas que no quedaban sin
contestacion. Y como que el camino de la burla es resbaladizo de suyo,
pronto de los dichos se pasó á los hechos; y se lanzaban de una á otra
parte proyectiles que la decencia no debió permitir siquiera que se
tomaran en las manos, como no permite tampoco el que se nombren.

Andando el tiempo esta diversion llegó á verificarse con música; pero
los que salian no eran ya los amigos que iban á recibir á sus amigos,
sino los chiquillos que iban á impedir, con obstáculos poco limpios,
el paso de los jíbaros; y algunos curiosos que encontraban en ello una
diversion que no lo era desde el momento en que ocasionaba perjuicios á
un número considerable de individuos.

Por fortuna la última vez que recuerdo esta diversion de algunos años
á esta parte, lejos de ofrecer el aspecto repugnante que tenia en el
tiempo que acabo de indicar, fué por el contrario un obsequio hecho á
muchas señoras y señoritas distinguidas que tuvieron la complacencia
de ir á tomar el café en una de las glorietas del paseo de Puerta de
tierra, que estaba preparada para este objeto. Reunióse una numerosa
y escogida concurrencia; y la novedad de esta especie de ribota, así
como el atractivo de la música, distrageron al público de su anterior
costumbre.



[Ilustración]



II.

_Alternativas del San Juan._


Ya los lectores conocen lo que fueron las fiestas del Patron en sus
primeros tiempos y hasta terminar el siglo pasado.

Funcion religiosa, el paseo del pendon y las carreras de caballos.
¿Quién no trasluce á traves de estas tres simples cosas todo el
carácter de aquella sociedad que vivia en nuestro país, como habia
vivido la de Europa en plena edad media? Dios, el Rey y la patria,
tomada esta en la estrecha acepcion de la provincia, (lo que no era
extraño en las prácticas feudales) eran en resúmen el significado de
aquellas tres clases de fiestas que componian el conjunto de las de San
Juan. Imposible era en verdad que gentes, no solo tan religiosas sino
hasta tan respetuosas como las de aquella época, en todos los actos
de su vida, de cualquier género que fueran, no comenzaran por volver
los ojos hácia el cielo y dar gracias ó impetrar la clemencia del que
todo lo rige. Los hombres que entonces dirijian, sinó los destinos,
por lo menos la vida cuotidiana de este pueblo; aquellos que formaban
el respetable cuerpo que se conocia bajo el significativo título
de Concejo, Justicias y Regimiento de Puerto-Rico, juzgaban que su
primera demostracion de homenage debia ser ofrecida al Santo bajo cuya
advocacion se habia levantado la ciudad, para obtener así su favorable
intercesion ante el trono del Omnipotente; por eso se apresuraban
desde la víspera de San Juan á ir á presentar á este las llaves de la
ciudad como el mejor testimonio de que se reconocian colocados bajo su
especial proteccion. Acto sencillo pero solemne que envuelve en sí un
no sé qué de ternura respetuosa que conmueve las fibras del sentimiento
hasta en el alma mas descreida.

Despues venia el acto de vasallage á aquel bajo cuya proteccion vivian
en la tierra; y el paseo del pendon no era mas que un tributo de
homenage rendido al Soberano que regia los destinos de esta Isla.

Por último, le tocaba su vez al país. Apesar de que en mas de una
ocasion y muy generalmente, aun por personas de buen criterio, he
oido criticar las carreras de caballos como una diversion casi
salvaje, creo que las carreras formaban la principal fiesta del pueblo
porque envolvian en sí el remedio de una gran necesidad que aquel
esperimentaba, sobre todo en aquellos tiempos; y la conviccion íntima
de esa necesidad trabajaba quizás mas que la tradicion en conservar el
medio de subvenir á ella, sin darse razon ni aun los mismos que lo
hacian, como amenudo acontece con todo aquello en que interviene el
público.

Mas adelante tendré ocasion de volver á presentar á mis lectores este
asunto que, en mi humilde juicio, constituye la esencia ó por lo menos
la razon de ser de las carreras de San Juan.

Pasemos ahora al objeto de este capítulo.

No obstante el esplendor y realce que se ha visto trataba de dar el
Ayuntamiento á las fiestas de su Santo Patron, no por esto se libraron
estas de sufrir las alternativas que tan propias son de todas las cosas
humanas; y ya en el año de 1778 fué tan grande la desanimacion que
reinó en el público, á consecuencia de la falta de asistencia de los
principales funcionarios, de la oficialidad y de las personas visibles,
que el Ayuntamiento creyó oportuno elevar su voz hasta el Trono y
esponer á S. M. los perjuicios que irrogaria á la poblacion y á la
Isla entera la falta de la fiesta; porque habian quedado "desanimados
estos moradores y naturales y totalmente desmayados en la crianza de
sus caballos, con el esmero que lo habian acostumbrado para lograr una
ventajosa estimacion y utilidad del público, objeto que les obligaba
á encarecer su peticion de que no tan solo no se dejasen decaer las
fiestas de San Juan, sino que, por el contrario, se observara en este
asunto el estilo de tantos años pasados."[10]

       [10] Acuerdo de 30 de Junio de 1778.

El acta capitular en que consta esta peticion, tomada sin duda alguna
en medio de la impresion desagradable que esperimentara la Corporacion,
revela, entre otras cosas, que la desanimacion pública era tal que,
aun la víspera del dia de San Pedro en que tanto se corria antes y se
corrió despues, no habia habido carreras.

El Rey se sirvió declarar obligatoria[11] para todas las Corporaciones
y funcionarios civiles y militares la concurrencia á las fiestas
religiosa y del pendon; pero, sin embargo de esto, las diversiones
decayeron mucho en los años subsecuentes y fué necesario que
transcurrieran algunos y que se presentara un acontecimiento tan
estraordinario como el del sitio puesto por los Ingleses á esta plaza,
para que las carreras volvieran á ser lo que antiguamente fueron y
tuvieran toda la animacion que vió en ellas el naturalista Mr. Ledru.

       [11] No he encontrado disposicion alguna que lo diga;
       pero así se deduce de varias actas de años posteriores.

Al comenzar el siglo XIX las fiestas de San Juan estaban probablemente
decaidas, apesar de que las carreras de caballos fueran siempre
concurridísimas; pero, en cambio, esta clase de diversion iba
concretándose á solo las fiestas del Patron y fué poco á poco dejando
de correrse para San Mateo y aun para Santiago, cesando de hacerse
definitivamente en estos dos últimos dias cuando apenas habian
transcurrido diez ó doce años del presente siglo; y de tal manera se
desistió de ello que no pudo conseguirse el que volviera á correrse en
el dia de Santiago, no obstante los esfuerzos que para ello hicieron
muchos aficionados algunos años mas tarde.

Como era consiguiente, concretadas las carreras de caballos á solo la
fiesta de San Juan, ó mejor dicho á la víspera y dia de este santo y
víspera y dia de San Pedro, notábase mas animacion para ellas; y las
_candeladas_, ú hogueras en las esquinas de las calles, que venian
de tiempo inmemorial y habian caido en desuso casi completamente,
volvieron á encenderse con mas ardor en las noches de aquellos dias;
no pareciendo sino que el deseo con que cada año se esperaba la fiesta
avivaba la llama de aquellas.

En el segundo año de este siglo, ó sea el de 1801, un nuevo motivo,
extraño del todo á las fiestas del Santo Patron, fué sin embargo
causa de que tomaran estas un esplendor cual nunca se habia conocido,
haciendo á la vez que su recuerdo conservara por mucho tiempo vivo el
ardor de estos habitantes para celebrar el San Juan. En dicho año,
y no antes, porque segun aparece de las actas capitulares, no fué
posible efectuarlo, el Ayuntamiento de la Capital dispuso celebrar la
victoria que este pueblo habia obtenido en 1797 sobre los Ingleses
que sitiaron la Ciudad, al mismo tiempo que demostrar su gratitud por
las gracias que el Soberano concedia á la Capital, á consecuencia de
dicha victoria, entre las que se cuenta la del título de MUY NOBLE Y
MUY LEAL con que hoy se distingue. Unióse á estas funciones la de la
inauguracion de la nueva Casa Consistorial que se habia terminado por
la misma fecha y que es la que hoy existe, aunque bastante reformada;
y con tales motivos, designados los dias de Julio que median entre San
Pedro y Santiago para la fiesta de la conmemoracion de la victoria,
hubo sin duda aquel año una fiesta no interrumpida desde los primeros
de Junio hasta los primeros de Agosto, ó quizás hasta los últimos de
este último mes, en que se celebra á Santa Rosa.

No he podido encontrar documento alguno ni crónica que describa estas
fiestas, ni la tradicion conserva, que yo sepa, (y he hecho diligencias
por averiguarlo) recuerdo alguno del éxito que tuvieron; pero es de
suponerse que fueran espléndidas porque la concurrencia de forasteros
á la Ciudad fué tal que hubieron de levantarse viviendas provisionales
en todos los barrios altos de la Capital; y hallándose muy escasos los
artículos de subsistencia, hasta la misma carne, el Gobierno se vió
obligado á disponer que se formara un padron de vecinos y los que no lo
fueran de esta localidad volvieran á la suya en un término que excedia
al de los dias de las fiestas. ¡Medida sensible por lo que afectaba al
ensanche y engrandecimiento futuros de esta poblacion!

En este año tuvo orígen la _vela_, segun los datos que me suministró
un honrado y alegre anciano cuya memoria recuerdo siempre con gusto; la
_vela_, que no pueden menos de recordar todos aquellos que, como yo,
puedan por desgracia hacer memoria de los sucesos acaecidos en las tres
últimas décadas, era, segun yo la conocí, una silva, una demostracion
de burla hecha á las personas que pasaban por la calle y especialmente
á los forasteros que venian á las fiestas y que encontraban un
recibimiento descortés en lugar de la amistosa hospitalidad que debia
dispensárseles, y que se les daba sin duda pero amargándola con
frecuentes y descompasados gritos que casi les impedian salir á la
calle en los dias anteriores á la víspera y festividad del Patron, en
los que por fortuna cesaba semejante demostracion. La _vela_, frase
que en su principio debió tener el verbo en plural y decir por lo
tanto _vedla_, era un espectáculo tan grotesco como original que no
se concibe en un pueblo de tan buenos sentimientos y de tan honrado
corazon como el de Puerto-Rico: hoy que ha pasado completamente, no
se explica que por todas partes se encontraran gentes dispuestas
á burlarse de todo el que veian pasar por delante de la puerta de
su casa, usando para ello de instrumentos desagradables, como el
cuerno, el _fotuto_, los almireces empleados como campanas, matracas
y todo lo que formara ruido inarmónico y descompasado. Con dolor es
necesario confesar que estábamos mal educados todavia; si bien debemos
regocijarnos de lo que en este camino hemos adelantado.

¡Y cuán distinta cosa era esta grosera burla de lo que habia sido en
su principio la _vela_! Acostumbrado este pueblo en aquellos tiempos
á vivir casi en familia, sus actos llevaban un sello de franqueza que
no puede hoy existir, pero que no por eso deja de ser lamentable que
no puedan tenerlo. Aquellas buenas gentes que ya hemos visto que desde
casi mediados del siglo pasado salian á Puerta de tierra á recibir
á sus amigos que venian á las fiestas, conservaban todavia esta
costumbre en 1801; pero como la inmigracion fué estraordinaria en este
año y siendo los medios de locomocion muy escasos no todos hubieron
de ponerse en marcha cuando lo pensaron, sucedia frecuentemente que
los que esperaban se llevaban chasco mas de una vez no viendo llegar
á los que eran esperados; y cuando al fin los descubrian bien en
el sitio designado ó á la puerta de sus casas, eran sorprendidos
agradablemente y prorumpian en aclamaciones de júbilo, en las que casi
siempre tomaban parte los vecinos, porque los vecinos en aquella época
gozaban del derecho de entrar y salir en las casas contiguas como en
la suya propia, tomando parte en las alegrías y en los pesares de la
familia. ¡Qué tiempos y qué costumbres! Verdad es que, echadas en una
balanza las ventajas y los inconvenientes de semejantes franquezas,
no sé en verdad cual de los dos platillos seria el que apareciera
mas recargado, por mas que hoy tronemos contra los abusos de aquella
costumbre, sin tener en cuenta que nuestros abuelos, al contrario de
nosotros que nos movemos mucho, nacian, vivian y morian en una misma
casa; y como de igual modo procedian el que vivia enfrente y los que
vivian á los costados, los vecinos que tenian tanta franqueza no eran
en resúmen mas que cuatro ó seis amigos verdaderos, como quizás no se
encuentran hoy. A esas demostraciones de júbilo solia agregarse de vez
en cuando una música, aunque no fuera muy armoniosa; y hé aquí lo que
engendró la _vela_, que el tiempo y quizás el cambio de costumbres se
encargaron de degenerar, hasta el extremo de convertir en una cosa, por
lo menos inaceptable, lo que en su principio fué sin duda laudable;
una muestra de afecto propia de aquellos tiempos y de aquellas gentes.
Por fortuna nuestro pueblo que, sin perder su natural bondad, va
adquiriendo cada dia mas cultura ha rechazado hace ya muchos años esas
burlas incalificables y nada tendré por tanto que decir de ellas como
cronista.

En los años de 1802 y 1803, las fiestas de San Juan decayeron algun
tanto, por consecuencia de que ni el Ayuntamiento ni el público
concurrieron á las funciones religiosas, á causa del mal estado de
la pequeña parte del templo que hacia de Catedral, por hallarse esta
arruinada á consecuencia de temporales sufridos, y sabido es que el
pueblo de Puerto-Rico ha antepuesto siempre á todo sus sentimientos y
sus prácticas religiosas; pero rehabilitada, aunque no del todo, la
Iglesia, en 1804 volvieron á continuar las fiestas de San Juan, sin
otra innovacion en los años subsiguientes que la de la introduccion de
las _alboradas_, de que tendré ocasion de ocuparme mas adelante; y así
se conservaron con mas ó menos auge, con mas ó menos animacion, hasta
estos últimos treinta años en que han sufrido las variadas peripecias
que se verán en el capítulo siguiente.



[Ilustración]



III.

_El San Juan en el presente siglo._


Poco despues de los años en que quedó el relato al terminar el anterior
capítulo y cuando aun no habian corrido mas que veinte del presente
siglo, la poblacion de la Isla tuvo un aumento repentino y de notable
consideracion, producido por las emigraciones, primero de la parte
francesa de la América del Norte, y despues de los paises situados
á orillas del mar Caribe en la América del Sud. Esas emigraciones
trageron á la vez que capitales y conocimientos, que hicieron tomar
un desarrollo inesperado al trabajo de la Isla, un grado de cultura
superior sin duda al de esta sociedad, que harta tenia en medio del
aislamiento en que se encontraba, y que tuvo el talento de apropiarse
muy pronto los adelantos que se le entraron por las puertas cuando
menos lo imaginaba.

El número de familias que llegó á la Isla, por crecido que fuera y por
mucha influencia que ejerciera en la prosperidad social y material
del país, no fué sin embargo bastante para reformar las costumbres;
y mucho menos los actos oficiales que figuraban como una de las mas
importantes partes de las fiestas populares de esta ciudad, porque
precisamente esos actos representaban principios por los que los
emigrantes acababan de sacrificar su porvenir, su posicion, sus
familias y todo cuanto puede constituir el bienestar del hombre sobre
la tierra. ¡Rasgo sublime de abnegacion en aras del amor patrio, que
me complazco en recordar con admiracion y respeto, por mas que él me
obligue hoy á doblar mi humilde frente para buscar en el trabajo el
alimento de mis hijos y el mio propio! Así pues las costumbres de
este pueblo continuaron siendo lo que eran y las fiestas populares de
San Juan se vieron cada vez mas animadas, merced al mayor número de
individuos que en ellas tomaban parte; y que la tomaban con tanto mayor
gusto cuanto que la diversion de las carreras se amoldaba bastante á
los usos de su país.

El mismo aumento de poblacion y por consecuencia la necesidad de mayor
número de caballerías para facilitar el mayor movimiento que aquel
producia en el interior de la Isla, desprovista de toda clase de
caminos que no fueran los de herradura y aun estos mismos en mal estado
casi siempre, eran un nuevo estímulo para las carreras de San Juan,
que sin propósito determinado y por solo la fuerza de la necesidad
llegaron á ser, sin que nadie lo dijera, una especie de féria anual que
estimulaba la crianza del ganado mejorando constantemente las razas de
caballos.

Así pasaron algunos años, celebrándose en todos ellos las fiestas
del Patron, sin que se introdujeran mas variaciones que aquellas que
sin duda producia en cada año el mejor ó peor humor de los vecinos
y por consiguiente la mas ó menos predisposicion para divertirse.
Llegó empero el año de 1812 y con él la nueva forma constitucional
que el Gobierno Supremo dió á la nacion, inclusas estas sus apartadas
provincias; y variada por completo la organizacion del Ayuntamiento
de esta Ciudad, como la de todos los demás del Reino, cesaron los
actos públicos oficiales que se celebraban para San Juan y las fiestas
tomaron entonces un carácter enteramente popular, al que en nada
contribuyó por de pronto el Municipio, como no fuera en sostener las
funciones religiosas que se efectuaban en obsequio del Santo tutelar.

Pasada la época constitucional volvió el pendon á pasear las calles
de la Capital y los Alféreces Reales volvieron á festejar aquel acto
con refrescos y bailes, como se habia acostumbrado hacerlo en los años
anteriores; y este pueblo, tan sencillo como fiel y respetuoso, vió
de nuevo, con la misma consideracion con que siempre la habia visto,
aquella ceremonia que no era mas que un recuerdo de lo que de hecho
habia dejado de existir.

Por esta época tuvieron orígen las alboradas como parte de las fiestas
de San Juan; y al incluirlas en el número de estas sin duda que fué la
intencion de perpetuar la memoria de acontecimientos que habian sido de
grande importancia en su tiempo.

Sabido es que nuestra Isla fué considerada hasta principios de este
siglo simplemente como un presidio y de consiguiente ni nunca se le
permitió comunicacion de ningun género con los paises estrangeros, ni
aun la misma Madre patria hacia con nuestra provincia otros negocios
que el simple aprovisionamiento de que regularmente estaba encargada
alguna de las compañías marítimas que, por un error económico,
pretendieron ejercer un monopolio con la América, desde los tiempos
de su descubrimiento. En tal estado, no teniendo comercio ni pudiendo
nacer en el interior industria alguna, por carecer de estímulo para la
produccion, la Isla languidecia constantemente, sin ofrecer recursos
de ninguna clase á la poblacion que acrecia sin embargo cada dia,
merced á la abundancia de la tierra; y las atenciones públicas se veian
relegadas al olvido por la falta de medios con que cubrirlas, pues el
país no daba ni podia dar rentas ni aun para las cargas personales mas
perentorias.

De nada valió que allá por los años de 1768 y con motivo de los daños
ocasionados por los terremotos sufridos en 1766, el Gobierno Supremo
concediera franquicias á la importacion de provisiones; ni habia
comerciantes que se hallaran en aptitud de hacer competencia á las
compañías que tenian la esclusiva mercantil de América, ni el consumo
de la Isla ofrecia sumas de suficiente consideracion para estimarse
el beneficio. Penetrado de que no lo habia el Gobierno Supremo y no
queriendo dejar abandonada á la Isla, dispuso que sus atenciones se
cubrieran por las cajas de Méjico, las que hacian al efecto cada tres ó
cuatro meses una remesa de numerario en cantidad suficiente para cubrir
el presupuesto de esta antilla.

Estas remesas, que el pueblo conocia con el nombre de situados, sufrian
casi siempre los retardos propios de las dificultades con que en
aquella época luchaba la navegacion; y como que de ellas dependia el
bienestar de muchas familias, especialmente en esta ciudad, centro de
la administracion general de la provincia, no es extraño que fueran
esperadas con toda la ansiedad propia de quien confia mejorar su
situacion. Desde que se acercaba el tiempo en que se suponia que debia
llegar el buque portador de la moneda, todo el mundo concurria con
excesiva, pero justificada frecuencia, á las alturas de la poblacion,
y se excudriñaba minuciosamente el horizonte, queriendo las miradas
traspasar esa línea imaginaria que nos oculta un mas allá que nada sin
embargo encubre. Y no solamente concurrian todos ó la mayor parte de
los vecinos á interrogar con el deseo al impasible Océano, sino que á
medida que se calculaba mas próximo el dia de la llegada de la nave,
se establecian guardias que pasaban los dias y las noches en constante
vigilancia, hasta que al fin eran coronados los deseos con el feliz
éxito de ver aparecer en el horizonte un punto blanco que á proporcion
que crecia ensanchaba los corazones de los espectadores. Cuando el
buque era reconocido, la ansiedad se convertia en regocijo y grandes
y pequeños, hombres y mugeres, niños y ancianos de todas clases y
condiciones, porque para todos era una verdadera alegría, recorrian
las calles, acompañados de una música y desahogando su entusiasmo
con estrepitosos vivas y bulliciosa algazara. Y como esta escena se
producia casi siempre en las primeras horas de la mañana, cuando la
luz del alba dejaba distinguir la embarcacion, de aquí el orígen y
el nombre de la _alborada_, que se conservó despues, segun he dicho,
como un recuerdo, cuando ya las cajas de la provincia no necesitaron
de auxilio extraño, merced al celo y amor patrio de un hijo ilustre
de este suelo, el Sr. don Ramon Power, Vice-presidente que fué de las
Córtes constituyentes de la Nacion en 1812, y al genio del Intendente
D. Alejandro Ramirez que organizó económicamente la Isla, con un
acierto digno de que nunca deje de tenerse por ejemplo.

Las _alboradas_ quedaron pues reducidas á una especie de aniversarios
festivos; que sin duda debian serlo en mayor grado para aquellas
personas que habian tenido ocasion de apreciar lo que valia una de
aquellas fiestas; y que lo fueron despues aun para aquellos que
solo por tradicion alcanzaron la diversion. Andando el tiempo las
_alboradas_ fueron adelantando su hora de salida y ya no fué al romper
el dia cuando dieron principio sinó que avanzaban á las horas de la
noche, hasta llegar á las primas noches; y como no es posible que
una diversion que solo consiste en recorrer las calles al sonido de
la música y en medio de vivas y gritos de alegría se haga durar sin
cansancio por muchas horas, sucedió y sucede que dando principio en las
primeras horas de la noche no pueden prolongarse mas allá de la media
noche, convirtiéndose así en una antítesis de su nombre.

Al llegar el nuevo período constitucional de los años de 1820 y 21
cesó otra vez la ceremonia del pendon, en solo los años que aquel
duró; y volvió á reproducirse y conservarse desde 1823 hasta 1836
en que concluyó definitivamente, como se verá mas adelante. En este
intérvalo de trece años, las fiestas populares de San Juan presentaron
una progresiva animacion, que deja entrever sin duda la prosperidad
material que tomaba la Isla; y la aficion creciente por las carreras
de caballos, el deseo general de lucir los mejores animales de esta
especie y la facilidad estraordinaria con que por consecuencia de las
fiestas se hacian negocios de caballos, demuestran que cada vez se
hacia sentir mas y mas la necesidad de esos animales para el movimiento
interior de la provincia, que aumentaba rápidamente con el crecimiento
de la poblacion. Esos trece años y algunos pocos mas, posteriores al de
1836, pueden considerarse como el período culminante de las antiguas
fiestas del Patron; la vela, la alborada; los bailes, muchas veces
realizados en algunas calles, bajo el ligero techo de lienzo de las
enramadas que al intento se levantaban; y las carreras de caballos
en las vísperas y dias de San Juan y de San Pedro, estas últimas de
máscaras, formaban el conjunto de diversiones que constituian la fiesta
del Patron, en la que solo intervenia el Ayuntamiento sosteniendo las
funciones religiosas y conservando la ceremonia oficial del pendon
que cada año se celebraba con mas pompa y solemnidad. Todavia existe
una generacion entera que recuerda con gusto aquellos placeres en
los que reinaba la mas franca amistad; y sin duda por el encanto que
comunica á todas las cosas el recuerdo de lo pasado, muchos hay que
nada encuentran capaz de suplir á aquellas fiestas que el tiempo ha
transformado.

Sin embargo de esta opinion y por mas que se reconozca que las carreras
de caballos, tales como se efectuaban, tenian su razon de ser en la
conveniencia pública, preciso es confesar que esta fiesta ofrecia
detalles que se armonizan poco con las condiciones de un pueblo culto.
Refiérome á las gritas que, especialmente por las noches, se daban á
los que iban á caballo; y en las que se proferian palabras y frases que
la decencia no consiente. Y era esto tanto menos dispensable cuanto
que no se reducian á un solo lugar ni á un solo momento, sino que se
reproducia tan poco decorosa escena en todas las horas que duraban las
carreras de la noche y en todos los sitios de la capital; puesto que
los que no montaban sentábanse en sillas á las puertas de las casas y
muchos se reunian en el atrio de la Catedral que metafóricamente se
llamaba _el balcon de los arrancados_, suponiéndose que los que allí
asistian no tenian con qué tomar parte en la fiesta.

La verdad me obliga á consignar con dolor que en esas gritas se hacia
muchas veces figurar la reputacion de familias enteras, que la envidia
ó la maledicencia pretendia deslustrar valiéndose para ello de los
momentos en que ciertamente habia mas expansion, pero expansion de
cordial alegría que fué alterada mas de una vez por aquella causa;
y ninguna persona sensata podia mirar con indiferencia tan odioso
proceder. Por fortuna esos abusos, que nunca pudieron ser usos y
costumbres semejantes faltas, pasaron ya del todo; y me complazco, por
amor á mi país, en dejar tambien consignado que este pueblo ha variado
mucho de entonces acá, merced, mas que á la educacion que se le ha dado
hasta ahora, por desgracia muy escasa, á la que él mismo ha adquirido,
siquiera no sea mas que por el roce frecuente de los forasteros y
estrangeros que todos los dias nos visitan.

Tales eran las antiguas fiestas de San Juan, en su período de mayor
auge, segun las recuerdan todavia muchas personas; y aun cuando no me
atreva yo á calificarlas de locura, como lo hace el respetable Fr.
Iñigo, por mas que en las carreras particularmente hubiera cierto
desenfreno poco compatible con las maneras de un pueblo culto; juzgo sí
que la transformacion social que desde entonces ha tenido la poblacion
hizo imposible que continuaran las fiestas como venian; y por eso se
verán entrar en el período de decadencia que paso á describir.



[Ilustración]



IV.

_El San Juan en los últimos treinta años._


En el año de 1836 volvió á aparecer la forma constitucional en nuestro
sistema político y con ella la transformacion del antiguo Ayuntamiento;
y como era de esperarse desde luego fué suprimida la ceremonia del
pendon, sin que haya vuelto á figurar posteriormente, no obstante
las variaciones gubernamentales que hemos tenido, porque en medio de
estas, los Ayuntamientos conservaron por algunos años la organizacion
constitucional y despues que la perdieron ya se habia perdido la
costumbre de aquellas demostraciones.

Suprimido el paseo del pendon, no tomó parte por de pronto el
Ayuntamiento mas que en lo tocante á la funcion religiosa; pero
corriendo los años y sin duda para que no se perdieran del todo las
costumbres anteriores, se encuentra que pocos años mas tarde, por el de
1841 y 42, la Corporacion municipal costeaba la música de la _alborada
de la leche_, de que ya he dado noticia.

Apesar de esta poca participacion del Cuerpo popular y sin embargo de
la falta de la ceremonia oficial, las fiestas del Patron fueron muy
animadas algunos años; y las variaciones de su mayor ó menor esplendor
dependian regularmente de la mejor ó peor situacion económica de la
Isla. Empero, á medida que pasaban años y en medio mismo de la alegría
con que se veia llegar el mes de San Juan, notóse que las carreras de
caballos iban siendo menos concurridas; y que el número de animales de
aquella especie que venian á alquilarse en las noches de las fiestas
disminuia de un año á otro. El bando burlesco que se acostumbraba
publicar la víspera de San Pedro á medio dia ya no era ni con mucho,
en 1847, lo que solia ser en otros tiempos; y la mascarada que para
él recorria las calles, apenas contaba una docena de ginetes, restos
quizás de la gente de buen humor que á centenares se reunia en otras
épocas.

De qué dependiera la decadencia que cada vez en mayor grado ofrecian
las fiestas populares, es cosa que no creo que nadie pueda decir
terminantemente; pues ni en toda la década de 1836 á 1846 tuvieron
prohibicion alguna, ni se conoció motivo alguno ostensible que
produjera el desaliento. La única razon que á ello puede atribuirse
es el cambio rápido que en aquella época sufrieron las costumbres del
pueblo, en proporcion del desarrollo mercantil que tenia la Isla y
que, aumentando el movimiento marítimo, hacia acrecer de una manera,
extraordinaria para entonces, el número de forasteros y estrangeros
que se encontraban en nuestra ciudad. Tal vez contribuyó tambien algo
á ello la disminucion que hubo en los negocios de caballos, sin duda
porque la poblacion, que antes acudia á desparramarse por los campos,
empezó ya desde 1837 á agruparse en las costas en donde la retenian
los intereses mercantiles que al poco tiempo se vieron desarrollarse.
La verdad es que en 1847 las fiestas de San Juan se encontraban muy
decaidas; y que ni se encendian ya sino en muy corto número, en las
noches de las vísperas y dias de San Juan y San Pedro, las _candeladas_
ú hogueras, que en otro tiempo alumbraban todas las esquinas; ni habia
en verdad motivo para hacerlo, puesto que era muy escaso el número de
ginetes que recorrian las calles.

El San Juan de 1848, que estuvo muy animado por la circunstancia de
que la poblacion quiso obsequiar al Gobernador Superior que entonces
regia la Isla, hubiera sido sin duda la última llamarada de aquella luz
que se apagaba por sí sola y por propia consuncion, á no haber venido
posteriormente á reanimarla causas que pronto verán los lectores. En
dicho año, no obstante, la misma diversion de las carreras tomó un
aspecto que no era el que se le conocia; pues si bien se reunieron
centenares de caballos que montaban ágiles ginetes y elegantes
amazonas, no corrian aquellos desbandados por las calles, como era
la costumbre, sino que formado cerrado escuadron llevaron una gran
_alborada_, ó mejor dicho, una gran serenata al Gefe Superior de la
Provincia; y en el mismo órden con que á su palacio concurrieron,
continuaron la marcha por todas las calles, á la luz de los blandones
que llevaban los lacayos. Y aun en medio mismo de la animacion que esta
fiesta produjo, fué de notarse la decadencia en que ya estaban las
diversiones, por el hecho de que, pasadas las noches de la víspera y
dia de San Juan, en la primera de las cuales tuvo efecto la serenata,
desaparecieron los caballos sin esperar las noches de San Pedro, en que
muy pocos ginetes se vieron por las calles.

Las carreras de por las tardes, que en años anteriores ofrecian un
bonito espectáculo por el crecido número de apuestas damas que, en
ellas tomaban parte, casi no llamaban la atencion; porque ni habia
aficionadas que quisieran conservar la costumbre, ni se traian ya
caballos, como en otro tiempo, notables por su gallardía y escogido
paso.

En tal estado se hallaban las fiestas de San Juan, al llegar el año de
1849; y pocos años mas hubieran tardado en terminarse del todo para no
aparecer en adelante mas que entre los recuerdos de los que vivieron en
aquella época, cuando salió un bando que prohibia las carreras de San
Juan.

La índole del libro que escribo no me permite juzgar esta disposicion,
que necesita además el transcurso del tiempo para serlo con la
imparcialidad que deben considerarse todas las cuestiones históricas,
por pequeña ó grande que sea su importancia. Basta á mi intento
manifestar que todos los deseos se vieron contrariados, por mas que
ya no existieran por sostener las carreras de caballos; y que si poco
empeño se habia mostrado por estas en los últimos años, menos fué el
que hubo en 1849 por las diversiones con que trataron de suplirse;
debido todo, sin duda, á la forma en que se hizo la transicion, puesto
que transicion habia y se iba realizando paulatinamente.

Ni las serenatas, ni los bailes públicos, ni ninguna de las diversiones
inventadas para suplir á las carreras, tuvieron eco en el pueblo, ni
aun llamaron su atencion; y la maledicencia, siempre pronta á morder,
suplió desde el primer momento al dulce y poético nombre de _veladas de
San Juan_, el de _velorio de San Juan_; para representar de este modo
la muerte de las antiguas costumbres.

El buen sentido práctico de este pueblo y su amor al órden, hicieron
que pasaran estos hechos como desapercibidos; y, en los dos años
subsiguientes, bien hubiera podido asegurarse que habia muerto el San
Juan completamente. Sin embargo, el recuerdo de las fiestas populares
subsistia latente en todos los espíritus; tal vez mas que por el deseo
de conservarlas, por la contrariedad que habian esperimentado: así
fué que, apenas llegó á la Isla otro gobernador, una de las primeras
peticiones que tuvo fueron las carreras de caballos; mas como la
prohibicion se extendia para siempre, el Gobernador se vió obligado á
recurrir á S. M. para que resolviese lo que estimase mas conveniente.
Por fortuna la Augusta Reina, á quien no en valde se apellida la
Buena y que tantas pruebas tiene dadas de su amor á estas apartadas
provincias, cedió, como siempre, á la súplica que se le hizo; y no
solo concedió las carreras, sino que, comprendiendo la razon de ser de
estas, ordenó que se celebrara cada dos años una exposicion pública de
los productos de la Isla y un concurso de caballos, que fuera estímulo
bastante para la mejora de las razas: cuyos actos debian efectuarse en
el mes de San Juan, por considerarse que en él habia mayor concurrencia
de forasteros en esta ciudad.

El año de 1854, en que, por primera vez, se cumplió este soberano
mandato, fué una época de plácemes y de alegría durante todo el mes de
Junio; y la afluencia de gentes extrañas, atraidas por la fiesta, la
novedad de la exposicion, y el empeño que mostraron por tomar parte
en el concurso todos aquellos que tenian caballos propios para ello,
produjeron una animacion desconocida hacia ya muchos años y que nadie
se hubiera imaginado en los cuatro anteriores: las carreras de las
vísperas y dias de San Juan y San Pedro estuvieron tan concurridas
como en sus mejores tiempos; los obsequios que se prodigaron al digno
Gobernador fueron tan multiplicados como sinceros y espontáneos; hubo
ruidosas alboradas, á pié y á caballo, entre ellas alguna jibaresca,
en la que en dialecto provincial lució su ingenio algun _trovador_
del país; las diversiones se sucedieron sin interrupcion durante los
treinta dias de Junio; y por último, la _resurreccion del San Juan_,
como se llamó vulgarmente á aquella fiesta fué tan completa que las
antiguas costumbres, muertas ya por los años, volvieron á aparecer
rejuvenecidas, ofreciendo vivir por mucho tiempo. Carreras, alboradas á
pié y á caballo, regatas, concursos de caballos, bailes, y todo cuanto
en los tiempos pasados habia tenido lugar para las fiestas del Patron,
entró en el programa de aquel año, mas las nuevas diversiones que
iban apareciendo poco á poco para encargarse de suplir las antiguas.
Esta circunstancia y la de que la primera exposicion pública de
productos del país se celebró en el mismo mes, atrajo una concurrencia
extraordinaria de gentes de todas las partes de la Isla, que dieron
sin duda mayor realce á aquellas fiestas, en las que tomó ya una parte
mas activa el Ayuntamiento de la Capital, puesto que costeó diferentes
diversiones públicas como las regatas y un baile que dió en los salones
de su casa; fiesta digna de la Corporacion que la ofrecia y del pueblo
al que iba dedicada y que veia ir así cambiándose sus costumbres
antiguas por el camino en que debian encontrarse con las de pueblos mas
cultos.

En el año de 1855 las fiestas de San Juan no ofrecieron ni tanta
variedad de diversiones ni tanta animacion como en 1854; pero en cambio
se introdujo la costumbre de los disparos y detonaciones de todos
calibres, con una abundancia tal que no pareció sino que cada cual
quiso hacer gala de poseer alguna arma de fuego y de saber manejarla.
Puede decirse que las fiestas se reasumieron todas en tiros; pues
apesar de que hubo alboradas y carreras, ni en unas ni en otras se notó
la animacion y la concurrencia que tuvieron en el año anterior. Habia
pasado el motivo que reanimó las diversiones de 1854 y las fiestas de
San Juan volvieron á presentarse en un nuevo período de decadencia que
nada fué capaz de interrumpir durante diez años seguidos. Cada año que
transcurria iba siendo menor el número de ginetes que se presentaban en
las tardes de las vísperas y dias de San Juan y San Pedro; y años hubo
en que ni un solo caballo se veia por las noches, las cuales pasaban
indiferentes, sin mostrar indicio alguno de lo que habian sido en otro
tiempo.

Y no se diga que esto acontecia porque el pueblo no se hallaba en
ánimo de divertirse; ocasiones tubo de probar lo contrario con
distintas causas y particularmente en las fiestas reales celebradas
por el Natalicio de S. A. R. el Serenísimo Sr. Príncipe de Asturias;
en las que hubo la franca y expansiva alegría que caracteriza á estos
habitantes; y en las que se sucedieron sin interrupcion durante diez
ó doce dias las mas variadas diversiones. La verdadera causa era que
ya el pueblo no gustaba, por lo menos en el grado que antes, de las
fiestas tradicionales con que se celebraba al Patron; y ó que habian de
cambiarse aquellas en armonía con las variaciones que en las costumbres
se notaban, ó que concluirian por terminar definitivamente sin dejar
mas que su recuerdo que se estinguiria probablemente con el tiempo.

El Ayuntamiento, que hacia tantos años habia dejado de tomar en las
fiestas la parte activa que en otras épocas tomaba, tuvo el acierto
de no ver con indiferencia la transformacion que se operaba; y sin
intervenir en la voluntad pública, ni para cohartar ni para impulsar
al pueblo á que se divirtiese en la forma que quisiera, ofreció
constantemente en la década á que acabo de referirme bailes y alboradas
que siempre fueron acogidas con gusto por el pueblo; pero el primitivo
San Juan decaia y eran necesarios nuevos esfuerzos para hacerle
revivir, probablemente por un corto tiempo, como ya habia acontecido
diversas veces.

En el año de 1865 se realizaron esos esfuerzos, con motivo de la
invitacion hecha á las señoritas de Cáguas, que estas tuvieron la
amabilidad de aceptar; y su presencia en nuestra ciudad produjo una
animacion de que hacia tiempo no se daba muestras; siendo de notarse
que en todos los dias del mes de Junio salieron _alboradas_ de
cuantos gremios comerciales é industriales contiene la poblacion.
Con tales precedentes y en medio de la alegría general que reinaba,
natural era esperar que revivieran las carreras de caballos y que las
calles volvieran á verse, en las noches de San Juan y San Pedro, tan
concurridas como lo habian estado en otras épocas. ¡Vana esperanza!
Apenas hubo por las tardes algunas jóvenes que, por cortesía sin duda,
acompañaron á correr á las Cagüeñas; por la noche, la misma soledad de
los años anteriores, la misma falta de caballos. No parece sino que
el pueblo habia adquirido ya la conviccion de que era pasada la época
de la diversion favorita de nuestros antepasados; y voluntariamente
abandonaba las costumbres que aquellos le legaran.

El contraste de gustos entre unas y otras generaciones se puso mas
de relieve el año último, en el que el Ayuntamiento comprendiendo
la variacion que el tiempo habia introducido en las costumbres,
sin rechazar las que ya lo han sido por la opinion, ofreció nuevas
diversiones que anteriormente nunca habian formado parte de las
fiestas. Esas diversiones nuevas fueron, sin embargo, aceptadas de muy
buen grado por el público que las favoreció concurriendo á ellas en
número muy considerable; mientras que dejaba pasar indiferente las que
en otro tiempo eran el principal atractivo del San Juan.

Y no se atribuya esta eleccion al encanto que siempre ofrece la
novedad; porque en el presente año hemos vuelto á ver las citadas
diversiones tan favorecidas como en el anterior, y no obstante ya
no eran nuevas. La causa verdadera de la variacion estriba, pues,
indudablemente en la transformacion de los gustos; en la alteracion que
han sufrido las costumbres; y así es de creerse, con mas razon, cuando
se reflexiona sobre las profundas variaciones que han tenido todos
nuestros hábitos y hasta los mas pequeños detalles de la vida en esta
antilla. Y no es extraño que tal acontezca porque lo propio pasa con la
humanidad entera; y esa es la obra lenta pero indefectible del tiempo
que, como he dicho antes, todo lo cambia y lo trastorna todo, sin que
frecuentemente nos apercibamos de ello, ni aun sepamos darnos cuenta de
lo que sucede á nuestra vista.

Ha terminado la ligera reseña que me propuse hacer de la historia de
las fiestas del Patron: antes de pasar á la descripcion de las que
se han efectuado en presente año preciso será que, aunque en breves
palabras, dé una idea de la situacion del país en los momentos en que
aquellas se aproximaban, para que pueda formarse juicio del motivo que,
en mi humilde sentir, ha forzado al Ayuntamiento á verificarlas con la
esplendidez con que las hemos visto efectuarse.



[Ilustración]



V.

_Situacion del país._


Que este mundo es un valle de lágrimas es cosa que por sabida debe
callarse, sobre todo entre los que profesamos la religion, única
verdadera de Jesu-Cristo; y que los dias de la vida son pocos y están
llenos de miserias, hace algunos centenares de siglos que lo dejó
consignado el paciente Job. Desde el instante en que por vez primera
sentimos el aire que alimenta nuestra existencia, hasta los últimos
suspiros que arroja el moribundo, es una série no interrumpida de
impresiones desagradables, que concluirian por matarnos sino fuera
porque llevamos dentro del alma el olvido, bálsamo eficaz que cura las
dolencias del corazon. Por eso el hombre rie y canta y se regocija,
no obstante los pesares que casi sin cesar le abruman. Pero hay
impresiones y hay pesares de tal magnitud que, arrojando el espanto y
la desolacion, lo mismo en los hombres que en los pueblos, dejan tras
sí una huella que tarda mucho en desaparecer: hay momentos y dias y
épocas enteras, tan aciagas en la vida de los hombres y de los pueblos,
que no es dable borrar su memoria, por mas que pasen las sensaciones
desagradables que produjeron mientras su duracion. Puerto-Rico acaba
de pasar por una de esas épocas fatales y no es extraño por tanto
encontrar todavia en estos momentos muchos ánimos contristados que no
saben ni aun darse razon de su profunda tristeza.

La série de males que ha venido afligiendo á esta poblacion y á toda
la Isla desde hace algunos meses no puede menos que dejar un recuerdo
imperecedero en todos los que lo han sufrido y que se trasmitirá, sin
duda alguna, á las generaciones venideras. Aun no habiamos llegado al
último tercio del año último, y ya hacia por lo menos año y medio que
una crísis tan profunda como prolongada habia producido la mas completa
perturbacion en la vida económica de este pueblo y de la antilla
entera. El dinero, agente sostenedor de todas las transacciones,
habia huido precipitadamente de todas partes; y con él desapareció la
animacion, el movimiento de los mercados que constituye la vida de las
poblaciones; todo el mundo se encontraba mal; y así como antiguamente
los físicos decian que la naturaleza tenia horror al vacio, todo el
mundo no decia sino que tenia horror por el vacio de los bolsillos.

No entra en el objeto de este libro indagar las causas que dieron
orígen á esta situacion; y por lo tanto solo diré de ella que el
pueblo, con el buen sentido práctico que muestra tan amenudo, la
llamaba la época de la yuca, aludiendo á lo áspera y amarga que es esta
raiz. Y fué tan larga la época de la YUCA, que de seguro todo el mundo
se indigestó para largo tiempo. Es lo cierto que la situacion era muy
tirante; y que ni el proletario encontraba como ganar el pan, ni el
empleado podia recibir á tiempo su sueldo, ni el casero su mesada, ni
el comerciante salia de su mercancía, ni se cumplian los compromisos
contraidos, ni nadie sabia como habia de seguir viviendo. Solo la usura
levantaba floreciente su cabeza en medio de este campo de ruinas;
concluyendo de devastar, á manera de terrible parásito cuanto quedaba
en pié y cogia entre sus mortíferas ramas.

Así corria el mes de Octubre último y todos esperaban la llegada
de las próximas cosechas para salir algun tanto del malestar que
generalmente se esperimentaba; pero la Providencia, en sus altos
é inescrutables juicios, tenia decretada otra cosa. El pueblo de
Puerto-Rico habia de sufrir mayores pruebas; y la crísis económica no
era mas que un preludio de lo que venia tras ella. El dia 29 de Octubre
terminó en medio del soplo devastador del huracan: en menos de dos
horas, desencadenados los elementos, arrasaron cuanto en su camino se
interpuso; desde los débiles arbustos, que en sus espigas contenian el
alimento de centenares de familias, hasta los árboles seculares, que
proporcionan la materia prima de las habitaciones ó el combustible
que arde diariamente en las casas, fueron arrancados violentamente
y arrastrados por los rios que desencadenados corrian hácia el mar
llevando en su impetuosa corriente cuanto encontraban á su paso.

El sol del dia siguiente alumbró una escena de desolacion que
nadie hubiera imaginado la víspera: los campos que el dia anterior
ostentaban lozanas plantaciones, esperanza del laborioso cultivador,
estaban talados, por el soplo destructor del vendabal, ó anegados
por el desbordamiento de los rios; y los pobres campesinos lloraban
desconsolados la pérdida del hogar en que algunas horas antes se
albergaban. En las costas, el mar habia arrojado á las orillas los
restos de las embarcaciones que no pudieron soportar el empuje de
los vientos. No era posible contemplar con ojos indiferentes tantos
intereses destruidos, tanto trabajo perdido, tantas esperanzas
frustradas en el intérvalo de una sola noche; y en medio del pesar que
embargaba todos los corazones resonó espontánea y pura la voz de la
caridad en favor de los desgraciados que mas habian sufrido en aquella
espantosa catástrofe. Pocos dias bastaron para mitigar las penas y
consolar las aflicciones que dejó tras sí la noche del 29 de Octubre,
gracias al privilegio que para ello tiene la hermosa virtud de la
caridad.

Empero aun no estaba agotada la amarga copa que debia apurar este
pueblo; el porvenir contenia aun para él nuevas amarguras que pronto
debia gustar; y apenas debian transcurrir algunos dias sin que la
desventura llamara de nuevo á nuestras puertas.

Corria el dia 18 de Noviembre en medio de un calor sofocante, extraño
ya para lo avanzado de la estacion; y la calma precursora casi siempre
de los grandes trastornos de la naturaleza, parecia amagar nuestra
existencia. El pueblo, sin embargo, entregado á sus habituales faenas
no podia presentir lo que momentos despues le habia de pasar: de
repente la tierra se estremece, tan fuerte y prolongadamente, que todo
el mundo huye despavorido de las habitaciones, buscando los sitios
despejados en donde evitar las desgracias propias de las ruinas. La
madre llora por su hijo ausente; el esposo busca solícito la esposa;
el hijo corre á encontrar el amparo de su padre; y todos consternados
imploran el auxilio divino: ¡el auxilio divino! que es la fuente
inagotable de todas las verdaderas esperanzas, de todos los consuelos
positivos. Por fortuna la fé se conserva robusta en nuestro suelo; y
el pueblo encuentra en ella un bálsamo que mitiga sus aflicciones, un
poderoso brazo que le sostiene en sus conflictos.

Despues de un minuto de afanosa é interminable angustia, en que la vida
y la muerte lucharon enfurecidamente sobre nuestras cabezas, la tierra
volvió á su estado normal y los habitantes se retiraron á sus casas,
tal vez sin darse cuenta de lo que hacian é impulsados solo por el
poderoso atractivo del hogar doméstico. Bien poco, sin embargo, duró
su reposo, porque la tierra volvió á temblar pocos momentos despues; y
tembló hasta diez ó doce veces mas en el intérvalo de veinte y cuatro
horas. Entonces la poblacion despavorida huyó á los campos y á las
afueras de la ciudad, sin cuidarse de las incomodidades y aun de los
riesgos propios de semejante peregrinacion. La capital, poco antes
bulliciosa y animada se vió reducida á triste soledad; y la dulce paz
doméstica habia desaparecido en breves instantes, sin que nadie pudiera
decirse cuando habria de ser recuperada.

Así pasaron largos dias y prolongadas noches llenos de ansiedad y
de amargura; y mientras tanto la ciudad esperimentaba todos los
fatales resultados de la ausencia de la poblacion; su comercio decaia
rápidamente; su riqueza territorial sufria las consecuencias de las
violentas sacudidas que esperimentaba el suelo; y la desconfianza,
alimentada por la constante repeticion de los temblores durante seis
meses seguidos, retenia á los habitantes fuera de la poblacion,
viniendo solo á ella el tiempo preciso aquellos que tenian obligaciones
que cumplir, los cuales se retiraban diariamente á pasar las noches
donde no les impidiera el sueño el amago constante de los techos.

Inútil es pintar los terribles perjuicios que tan anormal situacion
trajo consigo; los gastos de cada familia se multiplicaron en una
proporcion que distaba mucho de lo que podian dar de sí los recursos,
y la falta de equilibrio se hizo aun mayor por las enfermedades que
pronto entraron á formar parte de aquel cortejo de males que afligía
á la poblacion. Los lazos sociales, si no se rompieron por completo,
estuvieron disueltos largo tiempo, porque cada uno atendia á su propia
conservacion y á la de su familia; y salvo aquellos que tienen el deber
de velar por el público ó aquellos pocos á quienes la caridad mueve
siempre á tender una mano generosa á la desgracia, bajo cualquiera faz
que se presente, los demás no se ocupaban de lo que á su alrededor
pasaba, porque el terror y la angustia en que vivian los embargaban por
completo.

Sin duda alguna que el malestar que produjo la emigracion daba
resultados peores quizás que los de la misma causa que engendró
aquella; y que de prolongarse por poco tiempo mas tan anómala situacion
hubiera decaido la ciudad de tal manera que difícilmente se habria
repuesto en muchos años.

Por fortuna la Providencia se apiadó de este pueblo y despues de seis
meses de penas y disgustos, la confianza apareció otra vez sobre
nuestro horizonte, con débil luz en su principio, pero al fin dejando
entrever mejores dias. Contristados, sin embargo, todavia los ánimos y
mas apesarados por la misma soledad en que se vivia, no todos los que
habian salido de la ciudad se atrevian á volver; y solo la necesidad
obligó á algunos á ocupar sus antiguos hogares. El espíritu público
estaba tan decaido que la ciudad daba pocas muestras de vida; y no ya
diversiones, en las que nadie pensaba, pero ni aun reuniones amistosas
se contaban en que poder esparcir el ánimo abatido: las tiendas de
comercio se veian constantemente desiertas y las mismas calles no
presentaban ni con mucho el movimiento que anteriormente les era propio.

Cada dia que pasaba agravaba mas y mas tan terrible situacion; y ó
era preciso dejar morir de inanicion un pueblo que cuenta elementos
bastantes para vivir y prosperar; ó se necesitaba un remedio pronto
y eficaz que hiciese desaparecer el triste estado en que se hallaba
la ciudad. ¿Quién podia y debia emprender esta obra de regeneracion,
digámoslo así? ¿Quién podia y debia trabajar para levantar el espíritu
público de la postracion en que yacia? ¿Y qué medios debian emplearse
para ello, cuando la mitad de la poblacion aun no habia vuelto á sus
hogares?

Puesta la mano sobre el corazon y con la imparcialidad que siempre debe
reinar cuando se trata de la cosa pública, declaro que, en mi humilde
juicio, el único llamado á realizar esa obra era el Ayuntamiento, como
representante legítimo de ese mismo pueblo que habia de reanimarse; y
por eso me congratulo en declarar que el Ayuntamiento estuvo oportuno y
acertado cuando resolvió emprender la obra; y mas oportuno y acertado
estuvo cuando escogió como medios para ello las fiestas de San Juan.
Siguiendo así su propia tradicion, nunca interrumpida, como lo han
visto los lectores, presentaba al público, á la vez que los placeres
propios de un pueblo culto, los encantos de la tradicion, siempre
agradable y tal vez más cuando ha empezado á entrar en la época de los
recuerdos.

Este doble atractivo era irresistible; y mucho mas lo era al anuncio
de la esplendidez que debian tener las fiestas. Si el Ayuntamiento no
hubiera sido pródigo en las diversiones, no habria tenido que pensar
en conseguir el principal objeto de ellas; y demás hubiera estado que
hubiese realizado algunas de aquellas que ni siquiera habrian merecido
el honor de ser vistas por los que se hallaban fuera de la ciudad. Por
otra parte y bajo el punto de vista económico y tambien social, la
acertada resolucion del Ayuntamiento está justificada por la sentencia
en que se apoya la higiene pública: _Salux populi suprema lex esto._
Si la parte material de la sociedad exige tal ley, con más rigor debe
observarse cuando se trata no solo de intereses materiales, sino
tambien de los morales é intelectuales.

Hoy que, al escribir estas líneas, han pasado ya las fiestas, para
saber si el Ayuntamiento ha conseguido su objeto, basta apelar á los
habitantes todos de la ciudad que han vuelto á sus hogares; basta
contemplar como ha vuelto á existir la confianza que todos tenian,
antes de la terrible época pasada, para entregarse á sus habituales
faenas y tambien para trabajar por el porvenir, que si nadie es capaz
de entrever, por lo menos no se halla envuelto en las opacas nubes que
lo han ocultado largo tiempo.

Si causas agenas completamente á la Corporacion popular han podido
impedir que se levante el espíritu público con todo el empuje que
lo hubiera hecho, no se la culpe á ella de actos en que no ha
intervenido y que tal vez deplora mas que cualquiera otro. Júzguesela
exclusivamente en su obra; y tómese en consideracion su pensamiento,
no bajo la mezquina mira de un egoísmo siempre injustificable, sino
teniendo en cuenta el noble y generoso intento que se propuso, superior
en mucho al exíguo valor de unos pocos millares de escudos.

Tales son las razones que justifican las fiestas de San Juan en el
presente año; como las recibió el público lo verá el lector en los
capítulos que siguen, en que trataré de describirlas de la mejor manera
que le sea posible á mi pobre pluma.



[Ilustración]



VI.

_Principio de las Fiestas._

                                                  Florido mes de Junio,
                                                  Bendito seas......

                                                            (_Trueba._)


He aquí que ha dado principio el alegre mes de Junio, con sus plácidas
noches, sus frescas brisas, sus gratos recuerdos y sus halagadoras
fiestas. El pueblo de Puerto-Rico vuelve á verlo en medio del regocijo
y del bullicio que en otros tiempos animaban á la Ciudad y en el
alborozo general, que por todas partes cunde, con la rapidez del
relámpago, se conoce que estamos en el alegre mes de San Juan. ¡Bendito
mes que, de generacion en generacion, ha sabido ir conservando, siempre
frescos y palpitantes, los recuerdos de nuestros antepasados; por mas
que las eventualidades y los fracasos propios de la vida humana hayan
perturbado mas de una vez las costumbres que de muy antiguo conocemos!

El mes de Junio trae consigo, entre las olas embalsamadas de sus puras
brisas, el misterioso encanto de la tradicion; ese no sé qué que hace
vibrar mas ó menos fuertemente en todos los corazones el sentimiento de
la alegría, de esa alegría melancólica que constituye uno de los mas
gratos y dulces placeres del alma, bien que se halle uno en la soledad
de los campos, ó en el retiro de su habitacion, ó en medio mismo
de las espansiones de una fiesta. Por eso, aun cuando no todos los
habitantes de esta Ciudad desean siempre el mes de San Juan, todos en
general lo ven llegar con ese gozo interior que engendra muy pronto el
regocijo público; y es porque las costumbres tienen en sí un atractivo
irresistible que subyuga todos los corazones, que los predispone para
el placer y que despierta en ellos una tierna simpatía por todo aquello
que nos legaron nuestros antepasados.

¿Quién no recuerda los hermosos dias de la niñez en los que el mes
de Junio conserva un lugar tan predilecto? ¿Quién no hace memoria de
aquellas inocentes alegrías que todos hemos gustado á la luz de los
hachones que alumbraban y aun alumbran las _alboradas_ ó al resplandor
de las hogueras que iluminaban las calles en las noches de las
carreras? ¿Quién, de los que alcanzó San Juan en todo su esplendor,
no guarda con gusto en el fondo de su alma el puro placer de haber
acompañado una elegante _camarracha_, á la que el amor aumentaba los
encantos de los años juveniles? Verdad es que en aquellos tiempos de
franca amistad, en que este pueblo componia por decirlo así una sola
familia, esas fiestas tenian casi el atractivo del hogar doméstico y la
expansion por consecuencia era mas verdadera y mas general; pero aunque
las condiciones sociales de la poblacion hayan cambiado mucho, sus
costumbres se han sostenido á traves de los años y todavia las vemos
subsistir, si bien con las transformaciones propias de los cambios que
ha sufrido esta sociedad.

Prueba de ello la alegría y el júbilo que en todos rebozan desde que
ha comenzado el grato mes de las fiestas. La inauguracion de estas no
ha podido ser mas animada: á medida que se aproximaban las doce del
dia 1º de Junio iban apareciendo en todos los balcones asta-banderas y
cordeles, indicio cierto de que todos los vecinos se preparaban á tomar
parte en el regocijo público; y las calles principales y especialmente
las que afluyen á la plaza en que se halla la Casa Consistorial se
llenaban de gente que con semblante placentero esperaba solo el momento
de dar expansion á la alegría que experimentaba; dejando escapar de vez
en cuando alegres risas ó formando corros en que reinaba bulliciosa
algazara comprimida todavia por no ser la ocasion; los petardos y
detonaciones que, como á hurtadillas, se dejaban oir, completaban aquel
conjunto de emociones que bullian por todas partes sin atreverse á
brotar libremente, á la manera que bulle entre la máquina, buscando
expansion, el vapor que un instante despues la pone en movimiento.

A medio dia en punto la banda de música militar que acompañaba el
piquete para la publicacion del bando tocó la marcha real en señal de
que se enarbolaba en el Ayuntamiento el pabellon nacional, y en seguida
que subieron por los aires los cohetes que lo anunciaban, la ciudad
entera se vió rápidamente empavesada con centenares de banderas que,
batidas por la brisa, animaban las calles con sus variados y brillantes
colores, en los que descollaban con predileccion los hermosos colores
nacionales. Leido el bando frente á los portales de la Casa de la
ciudad se puso en marcha el cortejo, al que seguian millares de
personas de todas clases y condiciones; aumentando progresivamente el
ruido de las detonaciones que se sucedian sin interrupcion, los alegres
ecos de la música que cual rápidos mensageros cruzaban los aires en
todas direcciones para avisar al vecindario el principio de la fiesta y
la bulliciosa y festiva algazara del gentío que llenaba las calles. Aun
no habia recorrido mas que dos ó tres de estas el bando, cuando ya se
dejaron oir los armoniosos sonidos de dos orquestas mas, una en el café
de "La Zaragozana" y otra en la puerta del bonito establecimiento de
"Los Precios fijos"; quemándose en uno y otro punto multitud de cohetes
y petardos, á cuyo ruido concurria la gente ocupando bien pronto las
avenidas de las calles que confluyen en aquellos sitios.

La ciudad entera presentaba un aspecto encantador con sus mil banderas
desplegadas por el viento y el eco de alegría que por todas partes
resonaba á la par de los continuados disparos que sin cesar se oian.
Hombres y mugeres y niños, toda la poblacion en fin, entusiasmada con
el júbilo general acudia á las calles ó á los balcones de las casas
para tomar parte de algun modo en la fiesta pública.

La novedad del adorno que apareció frente al establecimiento antes
citado de "Los Precios Fijos," atrajo por el momento mayor concurrencia
hácia aquel punto; y en efecto presentaba un bonito golpe de vista la
confluencia de las calles de San Justo y la Fortaleza; en el mismo
centro y á conveniente altura pende una caprichosa mongolfiera de
vivos y bien combinados colores y de forma octogona, teniendo en cada
una de sus caras ó facetas un viva al PATRON, á NUESTRA REINA, al
PRÍNCIPE, á la PATRIA, á la PROVINCIA y á su DIGNO GOBERNADOR; y los
escudos nacional y de Puerto-Rico: en la parte inferior cuelga un
bonito canastillo sostenido por elegantes lazos de cintas y exhornado
con pequeñas banderolas; y al rededor, en forma de aspa y en direccion
á las cuatro esquinas de las calles flamean vistosos pabellones
nacionales y banderas provinciales de Cataluña y Puerto-Rico.

Apenas habia terminado la zambra en este lugar y empezaba á dispersarse
la concurrencia, cuando los ecos de una nueva orquesta que avanzaba
por la calle de San Justo, en direccion de sur á norte, volvieron á
hacerla apiñar y seguir el nuevo foco de alegría que se presentaba;
detúvose la música en el trozo de la citada calle que corre desde la
de San Francisco á la Luna y despues de entusiastas vivas y nuevas
detonaciones y cohetes, en medio de los alegres gritos de la multitud,
apareció un hermoso globo que bien pronto se lanzó al espacio seguido
de las miradas de la muchedumbre, que, en su curiosidad, desafiaban los
vívidos resplandores solares.

La fuerza del sol, sin embargo, mas sensible aun cuando reverbera en
el enlozado de nuestras calles, apaciguó algun tanto la animacion que
habia reinado durante tres horas consecutivas; y la gente se retiró
á sus casas hasta que llegada la tarde y refrescada la atmósfera
por la brisa que no cesó de soplar en todo el dia, volvió á notarse
concurrencia, sobre todo en los puntos principales de la poblacion.

Miéntras en la plaza principal se preparaban, ante un público numeroso,
los fuegos de artificio que debian quemarse por la noche, en la calle
de San Francisco una orquesta dejó oir sus primeros acordes y pronto
atrajo hácia aquel punto centenares de espectadores, deseosos de
presenciar todas las fiestas. La que anunciaba la música se reducia,
sin embargo, por esa vez al simple acto de enarbolar las banderas de
algunas casas que no las habian izado á medio dia; y los concurrentes
hubieron de conformarse por tanto con el solo espectáculo del bullicio
propio del caso y de los disparos que abundaron como de costumbre;
siendo agradablemente sorprendidos, cuando al retirarse, ya entrada
la noche, se vieron iluminados de repente por una intensa y brillante
luz roja de Bengala, que ardía frente á la puerta de la farmacia del
sucesor del señor Teillard, y cuya duracion hizo que se prolongara la
permanencia de los espectadores en aquel sitio.

Cuando cesó el efecto producido por la luz, pudo contemplarse una
de esas hermosísimas noches de los trópicos que superan á toda
descripcion: en un cielo de azul puro y transparente, tachonado de
lucientes estrellas, brillaba en todo su esplendor la luna, esa diosa
de los paganos, cantada por todos los poetas y tan querida de todos los
amantes, sin duda porque al ténue resplandor de sus blanquecinos rayos,
la naturaleza se reviste de un encanto indescifrable que hermosea los
objetos bajo el tinte de melancolía en que los envuelve. La ciudad
se hallaba doblemente iluminada y hasta la misma naturaleza parecia
contribuir á la fiesta con la esplendidez propia de todas sus escenas.

Por todas las calles que dan á la plaza principal afluia la gente en
tropel para presenciar los fuegos que dieron principio á las ocho en
punto. Cohetes, ruedas, llamas ardieron sucesivamente, en medio de
los aplausos del público y de los armoniosos acordes de una música
militar que amenizaba el acto; y con intérvalo de una hora se elevaron
dos globos de distintas formas y dimensiones, venciendo el mayor la
contrariedad de haberse roto contra uno de los adornos del salon
de la plaza. Despues de una hora de grato entretenimiento, del que
disfrutaron millares de personas que hacinadas ocupaban la plaza, las
calles de los alrededores y los balcones, puertas y azoteas de las
casas que dan al primer sitio, se dió fuego á un castillo de tres
cuerpos, y unos quince piés de alto, que era la pieza principal de
los fuegos. Empezó á arder por el cuerpo inferior que presentó de
pronto iluminadas con bonitas luces de variados colores las puertas
que adornaban los cuatro frentes; y antes de que esas luces se
estinguieran, comunicándose el fuego á los cuerpos superiores, se
iluminaron de repente, haciendo disparos en todas direcciones y dejando
escapar cohetes. Cuando el fuego era mas intenso, el espectáculo no
podia ser mas hermoso; torrentes de luz entremezclados de torrentes de
fuego aparecian por los cuatro lados, dejando ver de vez en cuando los
fogages de los disparos de mas ó menos intensidad que salian de los
distintos cuerpos del edificio, hasta concluir en el remate superior
por la elevacion de cohetes de gran fuerza.

Un momento despues la ilusion habia desaparecido y solo quedaba un poco
de humo que el perezoso viento de la noche arrastraba lentamente por
los aires. Así pasan todas las ilusiones de la vida, sin dejar mas
que un poco de humo; á veces brillante cuando la luz de la gloria lo
ilumina, á veces denso y opaco cuando lo ennegrece el remordimiento de
lo pasado.

Una llama blanquísima de Bengala que iluminó la plaza por fin de
fiesta, permitió ver la apiñada muchedumbre que se oprimia buscando
salida; aquellos millares de cabezas presentaban en su fluctuacion la
imágen del embravecido mar cuando sus olas encrespadas se precipitan
las unas sobre las otras, amenazando destruir cuanto encuentren á su
paso. El mar humano que allí se movia, nada, sin embargo, destruyó;
y pronto por el contrario desparramada por las calles desapareció la
numerosa concurrencia satisfecha y alegre, narrando cada cual aquello
que mas habia llamado su atencion.

La plaza, no obstante, no quedó desierta; permanecian firmes en ella
todos los que se disponian á acompañar la música que debia recorrer las
calles; y los chiquillos se disputaban acaloradamente el derecho de
convertirse en portadores de las teas con que por costumbre se habia de
iluminar aquel alegre paseo nocturno.

A las diez en punto partió la música acompañada de un numeroso séquito
que no la abandonó ni por un momento en la larga escursion que hizo
por todas las calles de la ciudad. Media noche era cuando todavia se
dejaban oir sus dulces ecos y el alegre bullicio de los acompañantes
que no querian perder ni una sola nota ni tampoco un solo incidente de
los de aquel dia.

Así terminó el 1º. de Junio en medio del contento general de la
poblacion que veia inaugurar las fiestas con un brillo y una animacion
que competia sino excedia á la de los tiempos mas alegres; y todos se
prometieron desde aquel momento un dichoso mes de San Juan.



[Ilustración]



VII.

_Recepcion del Gobernador Superior de la Isla._


Las poblaciones obedecen indudablemente á la misma ley física á que se
hallan sujetos todos los cuerpos de la naturaleza; y una vez impulsados
en un sentido siguen el movimiento mientras no encuentran una
resistencia superior á la fuerza de impulsion. Así acontece con esta
ciudad en las presentes fiestas; dada la señal del principio de estas,
en seguida se hizo notar la animacion que en todos los habitantes
reinaba y que ha venido en _crescendo_ constante, á medida que se
adelantaban los dias; y como generalmente sucede que, despues del
primer impulso, cada paso que se dá no es mas que el estímulo de uno
nuevo; y que suelen improvisarse fiestas, cuando de estas se trata, que
nadie hubiera soñado incluir en el programa; resulta frecuentemente que
este se perturba y aun se anula, porque precisamente lo que no contenia
es lo que mas luce ó llama la atencion, sobre todo si el pensamiento
que encierra merece la aprobacion ó las simpatías del público.

Tal ha acontecido en el presente año con la recepcion hecha el 2
de Junio al Gobernador Superior y á su amable y apreciada familia.
Hallábanse SS. EE. en el pueblo de Cáguas, adonde habian concurrido á
presenciar las fiestas que en su obsequio se celebraron en los dias
de las páscuas de Pentecostes y súpose aquí que debian volver á esta
ciudad el mártes 2 de Junio. Veinte y cuatro horas faltaban para el
momento de la llegada; pero lo corto de este espacio de tiempo no
arredró al Ayuntamiento de la Capital para preparar una recepcion
digna de las elevadas personas que esperaba y digna tambien del afecto
que han sabido despertar en esta poblacion. El representante de ella
supo comprender que era el momento oportuno de hacer conocer al Gefe
Superior de la Isla las simpatías que por él y por su estimable familia
siente la ciudad y con la festinacion que exijia el corto tiempo de que
podia disponerse se preparó todo lo conveniente para la recepcion.

Al dia siguiente á las cuatro y media de la tarde salia el Excmo.
Ayuntamiento en coches de lujo que lo condujeron hasta el puente de
la Aurora, límite de su jurisdiccion municipal: allí se levantaba un
sencillo arco de follage que ostentaba por todos adornos varios frutos
del país y una banda de música militar esperaba el instante en que
se presentaran SS. EE. La marcha de Infantes ejecutada por aquella
anunció la llegada á los pocos momentos; y adelantándose por un lado
el Ayuntamiento y por otro el Excmo. Sr. Gobernador que al efecto
habia bajado del coche, despues de los saludos de cortesía, tomando la
palabra el Presidente de la Corporacion popular expuso al Gobernador,
en breves pero sentidas frases, los sentimientos del Municipio y de
toda la poblacion, que deseaba dar á S. E. aquella prueba de respetuoso
afecto. S. E., impresionado y sorprendido agradablemente, manifestó la
satisfaccion que en aquellos instantes esperimentaba por la deferencia
que hácia él mostraba el Ayuntamiento y que en medio del placer
que sentia al recibir las atenciones de los pueblos que acababa de
visitar y en particular las de la Capital de la Isla, se prometia que,
levantado el espíritu público, podria trabajar con buen éxito en la
prosperidad de esta hermosa provincia.

Ocupado por S. E. el lugar preferente en la hermosa carretela que
se llevaba al efecto dispuesta, en union del General 2º. Cabo y del
Corregidor de la Capital, se puso en marcha la comitiva compuesta de
doce ó catorce coches en que iban en el primer término la señora y
niños de S. E., despues los miembros del Ayuntamiento, los Ayudantes de
SS. EE. y por último algunas personas particulares.

Frente á la subida del pueblo de Cangrejos se levantaba otro arco de
follaje y flores del tiempo, cuyo adorno principal consistia en una
lijera nubecilla que pendia del centro y que al pasar por debajo el
coche en que venia la familia de S. E. se abrió tan oportunamente que
casi cayeron dentro de él las dos palomas que contenia en su seno.

A la entrada del Puente de San Antonio se levantaba otro elegante arco
gótico que lucia á sus costados lozanas matas de plátano; y otra música
militar ejecutó la marcha al aproximarse SS. EE. Dos miembros del
Ayuntamiento que esperaban al efecto, se adelantaron á los estribos del
coche en que venian la señora y la niña de S. E. y ofreciéndoles dos
bonitos _bouquets_, uno de ellos dirigió á la señora las siguientes ó
parecidas palabras: "Excma. Sra.:--En nombre del Excmo. Ayuntamiento de
la ciudad ofrecemos á V. E. estos ramos que en su sencillez simbolizan
la de los habitantes de Puerto-Rico, y en la viveza de sus colores la
alegría de los corazones que hoy victorean al digno esposo de V. E.
Sírvase V. E. aceptarlos, como muestra del afecto que por su Gobernador
siente la ciudad en cuya representacion venimos." La señora contestó
dando las gracias por la muestra de distincion que recibia y suplicó
se hiciera así presente á los habitantes de la ciudad, cuyos buenos
sentimientos ya conocia. En seguida volvió á ponerse en marcha la
comitiva; y despues de pasar por otro arco de ramaje que se levantaba
al terminar el paseo de Puerta de Tierra, en el que se hallaba otra
banda de música; y de haber entrado en la capital, á cuya puerta estaba
otra orquesta, se dirijió á la Casa de Ayuntamiento, por la calle
de San Francisco, cuyos balcones se hallaban vistosamente colgados
y cuajados de gente que victoreaba al Gobernador de la isla, á la
vez que variadas llamas de Bengala alumbraban el trayecto. Delante
de los portales de la Casa capitular se levantaba el último arco
adornado de trofeos militares y superado por las armas de España y
las de Puerto-Rico y apoyándose en sus dos columnas dos maceros de la
Corporacion en trage de gala.

Llegada á este punto, la comitiva bajó de los coches y subió á los
salones del Municipio en donde una mesa sencilla pero bien dispuesta
ofrecia un _lunch_ reparador á los ilustres viageros. Diversas señoras
de las familias de los Concejales recibieron á la familia de S. E. y
despues de los saludos de cortesía todos ocuparon lugar en la mesa y
pronto reinó una franca cuanto digna alegría que animaba aun mas la
música que en la parte exterior ejecutaba preciosas danzas. Al concluir
el _lunch_ y puestos de pié S. E. y demás señores que se hallaban
presentes; el Gobernador tomando la copa brindó por S. M. la Reina (q.
D. g.) á quien ofreció dar cuenta de los nobles y leales sentimientos
de los habitantes de esta antilla; por el Ayuntamiento de la Capital,
al cual no podia menos que agradecer las deferentes atenciones que
recibia y que aceptaba como representante de la Suprema Autoridad de la
nacion, á la vez que agradecia por sí mismo.

Despues de una hora de agradable reunion SS. EE. siguieron para su
palacio acompañados del Excmo. Sr. General 2º. Cabo, y de los Sres.
Corregidor, Teniente-Alcaldes y algunos Concejales; á los cuales volvió
á manifestar su reconocimiento al despedirse de ellos.

La concurrencia que atrajo este acto á las afueras de Puerta de tierra,
á la plaza de Santiago y calle de San Francisco y á la plaza principal
era numerosísima; y sin duda alguna dió la medida de las simpatías que
disfruta el Gefe Superior de la Isla entre los habitantes de la ciudad
el como se apiñaba la gente para verle pasar así como los repetidos
vivas y aclamaciones que por todas partes se oian. Fué una verdadera
fiesta popular tan alegre y animada como bien aceptada por el público;
y digna por todos conceptos de la Autoridad á quien se dirigia y de la
Corporacion que la ofrecia.



[Ilustración]



VIII.

_Las alboradas._


Ya saben los lectores cual fué el orígen de las alboradas y como han
venido á parar en celebrarse en las primas noches en vez de serlo en
los primeros albores del dia. Esta fiesta ha venido á quedar reducida
con el tiempo á no tener otra significacion que la de una manifestacion
pública, dada por los que la efectúan, de su deseo de tomar parte en el
regocijo general.

Por esta razon, sin duda, cuando se trata de las fiestas de San Juan,
es de rigor que todos los que realizan alguna diversion, ó toman
parte en el conjunto de las que constituyen los festejos, saquen una
alborada; y casi siempre tambien ha acontecido que las sacan igualmente
los que impulsados por la alegría quieren hacer partícipes de ella á
sus convecinos, aun cuando para ello no haya precedido programa alguno.

En el presente año, como en todos los demás, no era posible prescindir
de esta diversion peculiar de las fiestas de San Juan; y han celebrado
sus alboradas no solo los gremios que constaban en el apéndice al
programa del Ayuntamiento, sino que tambien las ha habido sin anuncio
de ningun género y con mas ó menos pompa, segun los que las sacaban.

En los dias 3, 6, 7, 8, 10, 11 y 12 celebraron las suyas
respectivamente los gremios de Acarreadores, Albañiles, Detallistas de
provisiones, Zapateros, Músicos, Carpinteros y Barberos; y demás está
que diga que con mas ó menos animacion, con mas ó menos ruido, en todas
ellas hubo reunion de gentes, profusion de disparos, franca y sencilla
algazara y todo lo que constituye esa clase de fiesta popular, que no
por ser vista con indiferencia por las personas que pueden disfrutar
de otra clase de diversiones, deja de ser bien aceptada por el público
en general; y hace bien en aceptarla porque es una diversion sencilla
que en nada ofende á la cultura del pueblo. Esa orquesta que recorre
las calles, acompañada de una multitud mas ó menos numerosa, que marcha
á la luz de los achones y en medio de los gritos de la mas cordial y
alegre espansion, interrumpida solo por el ruido de los cohetes ó por
el silencio que reina mientras se remonta á los aires un globo, es á
no dudarlo un espectáculo que participa mucho de la sencillez de los
tiempos antiguos, pero que en nada se opone á las exigencias de la mas
avanzada civilizacion, ni tiene nada que sea contrario á la moral, ni
que pueda rechazarse por motivo alguno; siquiera no se la considere
mas que como un medio de llevar á todos los ángulos de la poblacion la
animacion y la alegría, que brota siempre con mas expontaneidad entre
la gente de buen humor que se halla dispuesta á divertirse á todas
horas.

Tal ha sido el carácter general de las alboradas que he anotado; y
ninguna de ellas, á excepcion de la de los Detallistas de provisiones,
de que mas adelante me ocuparé, ha ofrecido novedad alguna que merezca
mencionarse; como no sea la de un bonito himno cantado en la de los
Barberos; y cuya letra, lo mismo que las composiciones poéticas
distribuidas en los demás, se hallarán en el apéndice. Pero aunque
ninguna novedad hayan ofrecido estas fiestas para los que saben lo que
siempre han sido, proporcionaron algunas noches de pública animacion,
en que se vieron mas ó menos concurridas las calles y mas ó menos
alegría en las gentes que por ellas paseaban, segun la importancia de
cada una de aquellas diversiones.

La justicia exije que hable especialmente de la de los Detallistas
de provisiones, porque estos dieron lugar no solo á los espectáculos
propios de fiestas, sino que á la vez efectuaron actos que
contribuyendo al mayor realce de aquellas, pusieron de relieve los
sentimientos filantrópicos de los que lo realizaban. Nunca es mas
justificada la alegría y se generaliza mas fácilmente que cuando
procede de causas nobles que contribuyan al alivio de los afligidos;
porque, de ese modo, estos últimos no solo se encuentran favorecidos en
su desgracia y remediados en sus necesidades, sino que se encuentran
en disposicion de tomar parte en los regocijos públicos, tanto porque
á ello se presta la satisfaccion que esperimenta aquel cuya suerte
se mejora, aunque sea momentáneamente, cuánto porque la gratitud los
obliga á unirse á sus bienhechores y participar de sus satisfacciones.

La caridad es una virtud que tiene el don especial de llevar la
alegría, así á los corazones de los que la ejercitan, como á los de
los que la reciben; y por eso no es estraño ver que todos los actos
de caridad que se hacen públicos llevan consigo un sello determinado
de regocijo, tan puro y expontáneo como quizás no se encuentre en
otras fiestas; y por esto tambien se ve generalmente que el público se
apresura á adherirse, aunque solo sea con el deseo, á los actos de ese
género que llegan á su dominio.

Esto es precisamente lo que ha acontecido con la limosna anunciada por
los Detallistas para distribuir el dia de su alborada; y los pobres
á quienes la miseria, sin duda, retenia estraños á las fiestas, se
creyeron desde luego obligados á hacerse partícipes, al ver que no se
les habia olvidado en medio del conjunto de diversiones que á todos
distraian.

Era un espectáculo alegre á la par que conmovedor ver desfilar
cuatrocientas personas cuyos rostros anunciaban la satisfaccion del
que, en medio de la mas absoluta carencia de todo lo que sirve para
cubrir las necesidades comunes de la vida, se encuentra de repente con
que lleva entre sus manos el alimento de dos dias. Aunque la hora en
que se verificó el acto no era la mas apropósito para la reunion, por
ser á las doce del dia, muchas personas lo presenciaron, sin embargo;
y los detallistas pueden conservar además de la dulce satisfaccion que
proporciona siempre el hacer el bien, el grato recuerdo de que cuantos
tuvieron conocimiento de este acto no pudieron menos que aplaudirle de
corazon, y, lo que es mas, sentir el no haber tenido parte en aquella
obra de misericordia, que aunque fuera por un solo dia, llevaba el
contento á tantas familias.

El mismo gremio tuvo por la noche fuegos artificiales en la plaza
principal; pero, ó bien por la lluvia que cayó poco antes de la hora
prefijada para quemarlos y probablemente los humedeció, ó bien por
cualquiera otra causa, tuvieron mal éxito y la numerosa concurrencia
que en aquel sitio se habia reunido hubo de conformarse con disfrutar
de la música que ejecutó entre otras piezas una brillante sinfonía á
toda orquesta.

El gremio de Carpinteros que, como he indicado, tuvo su alborada el dia
11, dedicó al Gefe Superior de la Isla no solo la composicion poética
que es costumbre, sino tambien una alocucion que en el apéndice
encontrarán los lectores y que tiene el mérito de manifestar los
sentimientos de este pueblo sencillo y las esperanzas que ha fundado
en el Gobernador de la provincia. El cielo le ilumine, no para hacer
el bien, que yo no dudo que lo desea y trabajará por ello, sino para
conocer á este pueblo digno sin duda, por mas de una cualidad, de que
se le conduzca por el verdadero camino del progreso.

Si los lectores se detienen algun tanto en los himnos y demás
composiciones poéticas distribuidas en las alboradas, abstraccion hecha
de sus condiciones literarias, sobre las que por desgracia habria mucho
que decir, encontrarán en ellas, sin duda alguna, un indicio cierto
de los deseos, de las aspiraciones de este pueblo sencillo y leal
que lucha por abrirse paso á traves de los obstáculos que impiden su
prosperidad; y que espera, siempre tranquilo y siempre confiado en la
maternal solicitud de Nuestra Augusta Soberana, que medidas salvadoras
le saquen del estacionamiento en que se halla sumido hace ya algunos
años.

Volvamos empero, á las alboradas, que, aparte de lo que acaba de verse,
sinó han tenido el mérito de la novedad en el presente año, preciso
será reconocer que han dado á la poblacion, durante ocho ó diez dias
del mes de Junio, una animacion que puede competir en muchas de ellas
con las de las fiestas mas principales que se han efectuado. Casi todos
los gremios del comercio y de la industria han tenido en ellas su
parte; y así era de esperarse tratándose de una fiesta popular y de una
fiesta que la tradicion viene conservando hace mas de medio siglo; por
mas que, como antes lo he dicho, estemos muy lejos de la causa que le
diera orígen y que de seguro era hasta ignorada por la mayoría de los
lectores y tambien de los mismos que hoy sostienen las alboradas.

Inútil seria que yo tratara de hacer la descripcion de cada una de las
que he enumerado: todas ellas presentan la misma fisonomía, con las
pequeñas variantes de que he hecho mérito; y basta haber visto una
sola vez esos grupos numerosos que, en confusion pero sin desórden,
recorren las calles precedidos por banderas nacionales y farolas de
colores con inscripciones alegóricas á la fiesta, alumbrados por los
hachos de _tabanuco_, animados por la alegre algazara de un enjambre de
chiquillos, que abundan como granos de arroz en la tala del laborioso
_jíbaro_, y seguidos por orquestas mas ó menos importantes, que en
general ejecutan siempre danzas, dando así mayor animacion á la fiesta
y produciendo en una gran parte del público un regocijo siempre nuevo
cuando se trata de este baile provincial, para formarse idea exacta
de lo que es una alborada; y de lo que han sido todas las que hemos
anotado al empezar este capítulo. Fiestas inocentes, mensajeras de la
alegría y que son como las precursoras de las que han de venir tras
ellas; y de que me ocuparé mas adelante.



[Ilustración]



IX.

_Exposicion de pinturas._


El lector me permitirá que por un momento me separe del órden del
programa que he venido observando en la descripcion de las fiestas,
para hablarle de un hecho que en realidad no constituye una diversion,
pero que ha sido de los que mas realce han dado á las fiestas de San
Juan en el presente año. Refiérome á la exposicion de pinturas de mi
querido amigo el jóven artista Puerto-Riqueño D. Francisco Oller, que
ha estado abierta desde el 14 al 30 de Junio y que ha sido favorecida
no solo por la concurrencia de todas las personas de buen gusto y de
sentimiento artístico que han ido á admirar mas de una belleza de las
muchas que ha exhibido el pintor de nuestra isla; sino tambien por
numeroso pueblo que, con menos criterio artístico, pero quizás con
mejor sentimiento á veces, aplaude lo bello sin saberse explicar la
razon de ello.

Así como no hubiera sido justo pasar desapercibida la exposicion de
pinturas, así tambien confieso paladinamente que no me atreveré á
entrar de lleno en un juicio crítico de las obras de mi amigo Oller,
porque reconozco que sería tarea muy superior á mis débiles fuerzas,
por mas que haya oido respetables opiniones y me haya detenido en
estudiar los cuadros presentados. Confórmese, pues, el lector con una
simple opinion _ex cathedra_, formulada dentro del modesto círculo á
que alcanza mi sentimiento estético; y sepa el amigo Oller que no tengo
aquí la pretension de ofrecer una crítica razonada, sino simplemente
hacer una descripcion mas ó menos cierta del hermoso espectáculo que
nos ha dado ocasion de admirar.

Hermoso espectáculo, sí, porque lo son todos aquellos que hablan
á la imaginacion y al sentimiento y tienen el privilegio especial
de conmover los corazones que saben gustar de lo verdadero, de lo
bueno, de lo bello. Solo al arte le es dado brindarnos un conjunto
de procedimientos que hieran el alma en sus mas delicadas fibras,
produciendo sensaciones de dolor ó de placer, con las que tal vez no
sabríamos de otro modo connaturalizarnos.

Entremos en el salon de pinturas y ocupémonos de los cuadros por el
órden mismo con que los presenta el Sr. Oller en su catálogo.

1º--Retrato de S. M. la Reina Doña Isabel II (q. D. g.), copia del que
posee el Excelentísimo Ayuntamiento de la Capital, obra del distinguido
pintor Sr. Madrazo y único original que existe en esta Isla.

En esta copia el artista ha introducido algunas variaciones, sin duda
teniendo en cuenta que el original fué hecho en 1850 y tambien por
ser imposible sugetar la mano de un artista que se encuentra á cierta
altura para ceñirla á hacer una copia servil: todo, sin embargo,
está estudiado en este cuadro y el estilo del Maestro bastante bien
interpretado.

2º.--Retrato de la Excma. Sra. Doña Clementina Buttler de Marchessi.
Este cuadro me ha hecho comprender que cuando en la espresion de una
cabeza predomina un sentimiento cualquiera, el artista se siente
entusiasmado y ejecuta su obra lleno de ardor. La Sra. Marchessi es
buena y esa bondad se demuestra en su rostro, al cual la naturaleza
hizo además hermoso; ambas dotes han contribuido, á no dudarlo, á que
el artista haya sabido aprovechar tan hermoso modelo, como lo prueba
el estilo largo y franco que distingue al cuadro. Los detalles, como
en general todos los de mi amigo Oller, están bien estudiados; la
perspectiva del fondo bien entendida; y las carnes ofrecen tintes mas
suaves que las de otras figuras de que me ocuparé mas adelante.

3º.--Cuadro religioso Santa Cecilia, original.--¡Lástima grande que
mi amigo Oller sea discípulo tan consecuente de esa escuela realista
contemporánea que ha deificado á Proudhon en su estética! Y digo esto
porque se me figura que de no ser así habria mas vaporosidad en el
cuadro que contemplamos; hubiera presentado con mas ligereza ese
conjunto de formas, humanas es verdad, que constituyen el cuadro, pero
que tienden á lo ideal por medio de esa vaguedad indefinible que la
escuela realista no encontrará nunca en la materialidad de sus modelos.

La composicion, sin embargo, está llena de gracia; las figuras y en
particular la de la Santa se destacan bien del fondo, que es un cielo
azul muy transparente; y el conjunto revela el ingenio y el buen
gusto del autor. Las nubes están ejecutadas de tal manera que parecen
moverse; y esto hace que se vea á la Santa como subir lentamente, á
lo que se armoniza del todo la espresion de dulzura de su rostro que
hace un contraste agradable con el movimiento inquieto de las nubes. El
colorido, estudiado con detenimiento, prueba la inteligencia artística
de mi amigo Oller; pues los objetos que se oponen al aire libre y sobre
todo contra una fuerte luz, como la que revela el fondo tan claro del
cuadro, y particularmente las carnes, adquieren un tono mucho mas
fuerte, que las hace en el cuadro aparecer de un rojo muy subido, por
efecto de la oposicion del color azul del cielo. Estas observaciones
que para el público en general suelen pasar desapercibidas por la falta
de costumbre de estudiar los efectos de luz, son muy apreciadas por
los artistas y aun por los profanos que tienen gusto para admirar la
exactitud con que el arte imita los fenómenos de la naturaleza.

Deseo que mi amigo Oller tenga tipos como el de que me ocupo siempre
que haya de hacer cuadros como este; seguro de que concluirá por darles
la idealidad que su artista corazon sabe comprender perfectamente, por
mas que su cabeza y su mano quieran sujetarse á preceptos escolares que
siempre contendrán el vuelo de toda imaginacion entusiasta.

Recuerde mi amigo Oller que en la materialidad de la vida difícil
será que encuentre nunca una sola de esas bellezas infinitas que
únicamente la fé nos revela; y deje á su alma creyente que se lance en
las regiones celestiales, cuyas armonías y delicias estoy seguro sabe
apreciar, sobre todo cuando trate asuntos religiosos.

La primera vez que ví este cuadro (hace año y medio) nada revelaba
que Santa Cecilia habia sido mártir, pues solo estaba representada
su virginidad con flores: hoy he encontrado un bello ángel al lado
izquierdo del cuadro, que lleva la palma del martirio: es una
correccion tanto mas oportuna, en mi humilde juicio, cuanto que además
de no echarse de menos un símbolo indispensable, se ha llenado un vacio
del cuadro que producia mal efecto.

4°—Retrato de D. Manuel Sicardó y Osuna. No he podido pasar por delante
de este cuadro, en las diferentes veces que lo he hecho, sin detenerme
largo rato á contemplar aquella figura noble que tantos recuerdos
despierta en mi imaginacion; y cuyos detalles me traen á la memoria
los alegres dias de la infancia llenos de las travesuras propias de
esa edad en la que solo se piensa en burlar la vigilancia del Maestro:
puede decirse que este retrato es un cuadro de costumbres, por
representar no solo al individuo sino tambien una escena de su vida,
demasiado conocida para los que la veíamos discurrir siempre ocupada de
las áridas operaciones de una proporcion algebráica ó de un problema
geométrico mas ó menos complicado.

El Sr. Oller quiso representar al que á todos nos ha enseñado, al que
tanta actividad y constancia tenia para la enseñanza, á aquel á quien
tantas maldades hemos hecho y al que tan buenos y tan malos ratos pasó
por nosotros; y no encontrando ni el original ni un retrato bueno, el
artista, con mucho tacto, se ha valido de los recuerdos que tenia del
que tambien fuera su Maestro y no siéndole posible hacer el parecido de
la forma, que siempre es insípido cuando no lo acompaña ese _yo no sé
que_ que caracteriza el individuo, lo ha representado moralmente tal
como lo hemos conocido; aquel es en efecto, nuestro querido D. Manuel,
con su indagadora é inquieta mirada, buscando siempre la travesura
de los discípulos y atento siempre á la pizarra de las operaciones;
espresando la viveza de su carácter en la ligereza con que hacia girar
sobre su índice el cordon de que pendian los quevedos. Poco importa que
el contraste de los colores no sea de los mejores y que la entonacion
del colorido adolezca de flojedad por una parte y de tirantez por otra:
la verdad de la figura oculta estas ligeras faltas.

Felicito sinceramente á mi amigo Oller y tambien á la Sociedad
Económica, porque el retrato de D. Manuel Sicardó será, en mi pobre
opinion, uno de los mejores que posea entre su coleccion de hombres
útiles al país.

5º--Retrato del Illmo. Sr. D. Lorenzo de Obregon y Villarroel.--No
puedo juzgar del parecido; pero hay brillantez de color, y movimiento
en armonía con el personaje que representa. Se conoce que el artista ha
frecuentado y comprendido la alta sociedad.

6º--Retrato.--D. Augusto de Cottes es un respetable anciano que todos
conocemos. La mejor crítica que puede hacerse de este cuadro es que
nadie parará la atencion en la pintura por creerse que está delante
del original. Mi amigo Oller me permitirá, no obstante, que le llame
la atencion sobre la entonacion de las carnes; de su inteligencia
artística se debe esperar que haya mas verdad y limpieza en el colorido.

7º--Retrato.--Una señora de hermosa naturaleza y llena de robustez;
el artista ha escogido una de esas posiciones tan naturales en las
hijas de los trópicos, cuyo orígen descubren la vaguedad de la mirada
y la molicie de la mano izquierda que se entretiene con el velo que
la quiere cubrir. Lo que mas llama, en mi sentir, la atencion en
este cuadro, es el pecho de la Sra., cuya perfeccion revela que la
Osteología y la Miología no tienen secretos para mi amigo Oller.

8°--Retrato.--Otra señora á quien no tengo el honor de conocer. En este
cuadro, de algunas dimensiones, parece que el artista ha querido entrar
en lucha con ciertas dificultades; y no ha temido poner en oposicion
la viveza de los colores en los detalles con la del color de la figura
que es lo principal del cuadro; y aunque luchando entre sí, están, sin
embargo, en armonía. El paño de la mesa es de una tela fuerte y doble,
á la par que el vestido transparente y ligero parece que fácilmente
puede moverse con el aire. Sobre la mesa hay un vaso de porcelana
con flores tan naturales, que parecen despedir olor; pero cuya misma
naturalidad me hace daño tratándose de detalles que podrian pasar sin
ser tan atendidos.

La gran dificultad de este cuadro y el escollo para cualquier artista
consiste en la naturaleza fina y delicada de la figura; pero mi amigo
Oller ha sabido armonizarla perfectamente con la posicion que le ha
dado; y solo siento tener que hacer la salvedad de las carnes que antes
de ahora he indicado.

9°--Retrato.--No conozco el original; pero es tal la espresion que lo
caracteriza que me atrevo á suponer debe estar parecido. En contra de
la costumbre de mi amigo Oller, nótase algun descuido en las ropas;
circunstancia que no se puede atribuir á olvido en quien con tanta
predileccion vé los detalles, y por consecuencia hay motivo para
sospechar que se ha hecho apropósito, con el fin de dar mas valor á la
cabeza: es una libertad artística, por decirlo así, patrocinada por
Vandick, el Ticiano y otros Maestros que no hacian mas que indicar los
accesorios para conseguir lo que ha querido Oller; y esto debe servirle
de razon bastante para no detenerse mucho en los detalles, por mas que
á veces nos ofrezca en ellos bellezas dignas de admiracion.

10º.--Retrato.--En una de las veces que tomaba yo apuntes para escribir
este capítulo, hallábase Oller en el salon y le pregunté si en este
retrato habia querido representarse él mismo, á lo cual me contestó
afirmativamente, pero allá en tiempos en que era muy desgraciado y
que sin embargo echaba muy de menos; en una época en que con el pobre
vestido que ostenta el cuadro y un pedazo de pan por todo alimento iba
á visitar á Rafael, al Españoleto, á Veronese y sobre todo al gran
Velazquez, por quien parece tiene nuestro artista una pasion especial,
hasta el estremo de colocarle á la cabeza de toda la série de genios
que cuenta su arte. Díjome tambien que, para él, su retrato era lo
mejor que habia en la exposicion; pero que desgraciadamente no habria
nadie de su opinion en Puerto-Rico.

No me atreveré yo á decir tanto como el artista, cuya opinion en verdad
me parece un tanto arriesgada, no obstante que está bien ejecutada su
cabeza y con el cabello largo y el sombrero chambergo se presta mucho
al estilo flamenco empleado en el cuadro; pero sí me parece que tanto
el capricho de haber escogido este estilo, en lo que se revela la
inteligencia del artista, cuanto el trage que viste y hasta la misma
opinion que ha formado el autor de su obra, encierran un misterio que
yo respeto; y por consecuencia paso á otro cuadro.

11.--Un boceto.--Parece que es el que ha servido para el cuadro de
Santa Cecilia. Está hecho con mucha destreza y el movimiento de los
ángeles es muy bonito: podria llamársele la Vírgen de las flores, tal
es la bien entendida profusion que de ellas hay en todo el cuadro.

12.--Cuadro de costumbres.--Una niña despues de acostada y persuadida
de que nadie la ve, toma la vela y con mucho ahinco lee la carta de
su.... no, no sé de quien sea; pero de seguro que no es ni de su papá
ni de su mamá.

Si me he equivocado, el artista tiene la culpa; pero creo que
positivamente estoy en el secreto y por esta parte paréceme que mi
amigo Oller ha conseguido cumplidamente el objeto que se propuso; tal
es la espresion de aquel bonito rostro juvenil, aun cuando se halla
casi velado por las sombras de la noche que la luz artificial no
alcanza á disipar.

Los efectos de luz artificial son de suma dificultad por los
inconvenientes que ofrece su estudio por lo penoso de la ejecucion, á
causa de los grandes contrastes de mucha luz y de mucha sombra; pero en
este cuadro, sin embargo de sus pequeñas dimensiones, el artista nos ha
revelado su gran inteligencia; y en mi humilde opinion este cuadrito
bien puede figurar entre las obras mas selectas de mi amigo Oller.

13.--Cuadro alegórico.--La Venus de Borínquen.--Pintura decorativa en
que el autor parece que ha querido representarnos la muger primitiva
de este suelo; en medio de la esplendidez de su naturaleza. Si alguna
falta de exactitud puede notarse en el color propio de la raza que ha
querido representar mi amigo Oller; si alguna incorreccion, aunque
pequeña, existe en el dibujo; en cambio el cuadro ofrece bellezas que
no pueden menos de fijar las miradas de todo el que lo contempla;
la figura es tan hermosa como encantador el cielo que le sirve de
fondo; y no parece sino que en aquella orilla del mar se respira la
perfumada brisa de los trópicos. Sensible es que el artista no hubiera
podido colocar sus cuadros en mejores condiciones de luz y tambien de
distancia conveniente, sobre todo en el de que me ocupo; porque de
cierto hubieran podido ser mejor apreciados.

14.--Retrato.--El original, á quien tengo el gusto de conocer, debe
encontrarse mas satisfecho de ver su verdadero rostro mirando el
retrato que contemplándose en un espejo. Aquella cabeza, que se
destaca perfectamente del fondo, tiene no solo las mismas facciones
de mi amigo R. sino que presenta la misma animacion de su fisonomía,
ese _no sé qué_ que distingue á cada cara de todas las demás que se le
parecen. Tanto por esta circunstancia, como por la buena entonacion de
los colores, creo que es uno de los mejores cuadros de nuestro artista.

15.--Retrato de un negrito alegre, no tan alegre como debió quedar el
original al verse representado en el lienzo con la maestria que ha
desplegado mi amigo Oller en este cuadro. Verdad en la figura, armonía
en el colorido, mas difícil tratándose de una piel negra; estilo franco
y desembarazado; y una ligereza que descubre la seguridad del pincel,
son las cualidades que mas resaltan en este retrato y que nos dan á
conocer al artista que hace honor á su país.

16--Retrato.--Nada diré del parecido porque no conozco el original;
pero creo, en mi humilde opinion, que aquella cabeza se destaca poco
del fondo.

17.--La Vírgen de la Providencia.--Hay mas idealidad en esta figura
que en la de Santa Cecilia; y se conoce que el artista podria seguir
á Rafael en su pléyade de Vírgenes, presentándonos no copias serviles
sino imitaciones dignas de un buen Maestro.

18.--Paisage.--Fachada principal de la Casa de Convalescencia en
Rio-piedras. Noto en este cuadro demasiada rigidez; no sé si porque,
poco afecto á los serios estudios matemáticos, no me avengo á las
líneas rectas en las que habrá de todo menos poesía.

19.--Paisage.--Fachada de la misma casa que dá al jardin.--No hay
tanto estudio como en el anterior en los detalles, que son demasiado
minuciosos; pero, por el efecto de luz que ofrece, es superior en
brillantez y en lo bien que ha comprendido el pintor ese efecto del sol
que en las horas del medio dia, en que es mas fuerte, hace perder la
forma á los objetos que ilumina. Las figuras que se pasean en el jardin
están tocadas con habilidad y me atrevería á designar en ellas, aunque
muy pequeñas, las personas que quiso representar el artista. El cuadro
marcado número 18 me parece un poco opaco; y aunque es efecto de mañana
creo que falta por completo la impresion de la naturaleza. Perdone mi
amigo Oller esta opinion á quien se reconoce profano en su arte; pero
le conozco lo bastante para saber que oye los consejos que no carecen
de buen sentido y esto dice mucho en su favor.

20, 21, 22 y 23.--Paisages.--Vistas de Copenhague.--Estos cuatro
paisages presentan la naturaleza fria de aquel clima que no conozco
y cuyas bellezas me considero incompetente para juzgar; permítame
pues el lector que pase á otra cosa susceptible de mas calor; el cual
encontraremos sin duda alguna en los siguientes cuadros de comedor.

24.--Bodegon.--Mi amigo Oller ha comprendido perfectamente, como todos
los pintores de la escuela española á la que pertenece esta clase de
cuadros, que dicho género de pintura debe ser de una gran verdad para
que tenga mérito. Nada quisiera decir de este cuadro y de los demás
de su clase; sino que cada uno de mis lectores lo viera y escribiese
aisladamente su opinion, seguro de que todos dirian lo mismo que yo. La
verdad es tan grande que, al ver la gallina muerta y pelada, la taza de
manteca y el utensilio de cocina que está detrás y al que la cocinera
se olvidó de quitar la grasa del dia anterior, me entran impulsos de
soltar la pluma y mandar preparar una gallina igual, por mas que no
sea muy conveniente cuando se está sufriendo una gastrítis. En segundo
término aparece una hermosa calabaza, tan hermosa que si, en vez de
hombre, fuera yo mujer y por añadidura jóven, y á mi amigo Oller se le
ocurriera regalarme este cuadro, lo tomaría como un epígrama punzante.
No me parece, sin embargo, que al artista se le haya pasado por las
mientes semejante idea.

Tanto este cuadro como los que siguen marcados con los números 25, 26 y
27 son sin duda de indisputable mérito artístico.

25.--Bodegon.--Otra gallina pero viva, huevos, un caldero de cobre
en que se ven manchas de cardenillo y una botella de vidrio. El tono
es mas vigoroso y su ejecucion poderosa demuestra claramente la
firmeza que caracteriza el estilo de Oller y que impide el que en la
generalidad de sus cuadros se encuentre ninguna parte relamida. El
cardenillo adolece de falta de color.

26.--Bodegon.--El canasto de la cocinera, que difícilmente se mejora;
un papel de avichuelas; una naranja agria que da dentera con solo
verla; tomates, unas botellas y unas monedas de cobre; todo lleno de
verdad como en los anteriores.

27.--Bodegon.--A mi amigo Oller debe gustarle mucho el _carato_ de
guanábana, porque en este cuadro ha dispuesto todo lo necesario para
prepararlo y lo ha dispuesto con tal verdad que, á mí por lo menos, me
produce siempre sed la vista del cuadro. Una hermosa guanábana partida
en dos por un cuchillo que casi le incita á uno á sugetarlo para que no
se resbale de la orilla del plato en que se apoya, tal es la exactitud
con que está hecho; una botella de barro que debe hacer muy fresca
el agua y un vaso con su correspondiente azúcar, esperando la madura
tajada de la fruta, son los objetos que contiene el cuadro y en cada
uno de los cuales luchan la inteligencia y la mano del artista por
vencerse á sí propias.

28.--Bodegon.--Una cacerola y un trapo de cocina, que parecen decir que
han sido hechos el uno para la otra; y un queso ya partido colocado
sobre una hoja fresca de plátano, de una verdad tan patente, que de
seguro tratarían de utilizarla todas las pasteleras de este país que
tuvieran ocasion de verla.

29.--Bodegon.--Una cafetera, un medio pan, un plátano y dos mazorcas de
maiz tan hermosas que me hace recordar los versos de Bello.

Gefe altanero, de la espigada tribu.

30 y 31.--Bodegones.--Plátanos y mangos de no tanta verdad como la
guanábana, la calabaza y demás frutos de que he hecho referencia.

32 al 45 inclusives.--Estudios de paisages en que hay bellezas
admirables de imitacion, cielos como solo los ofrece nuestra zona
tropical, perspectivas deliciosas y mucha poesía en algunos de
ellos; en otros, sin embargo, segun mi humilde opinion, hay falta de
entonacion en el colorido y en uno que otro como el 40 y 43 hasta
falta de armonía en los detalles: pero en general son de un efecto
maravilloso y parece imposible que se pueda jugar de esa manera con
los colores y conseguir una impresion tan exacta. En estos estudios
quiere sin duda mi amigo Oller demostrarnos que ha bebido en la
fuente de los grandes Maestros; y que, como el poeta, se deja seducir
por la inspiracion sin detenerse nunca en la materialidad de lo que
vulgarmente se conoce con el nombre de _pincel fino_; gusto amanerado y
ridículo de los que, con poca imaginacion, no son capaces de producir
otra cosa mas que esos cuadros que ciertamente están acabados pero no
están _hechos_. Para convencerse de que no he consignado una paradoja
por mas que lo parezca á primera vista, basta, en mi juicio, recordar
esos cuadros de pinceladas muy iguales, de líneas muy correctas y
hechas con mucha paciencia, que podrian pasar por trabajos perfectos
de caligrafía, pero que distan mucho de ser buenas obras de pintura:
á esos cuadros es á los que me refiero y de los que digo que están
á no dudarlo acabados, pero que les falta lo principal para estar
hechos; les falta armonía, les falta verdad en los tonos, les falta
el aire que rodea todo el cuerpo que representan; y, si se me permite
el atrevimiento, les falta el aire que se mueve entre el pintor y el
objeto que copia y que es lo que constituye un cuadro _hecho_.

Por eso yo creo que los jóvenes puerto-riqueños que se dediquen á la
pintura deben examinar los estudios de mi amigo Oller, para que como él
aprendan á copiar la naturaleza y á sacar de ella reglas invariables
que les sirvan en todos los casos, sabiéndolas aplicar con acierto,
como lo hace nuestro artista; y sepan tambien conocer á tiempo que en
la pintura, como en la música, como en todas las bellas artes, hay algo
que no se aprende, sino que nace con el individuo y que en faltando
debe abandonarse el arte. Por esto los Italianos dicen que solo se
puede ser artista _per dono di Dio_.

Ese don lo ha recibido mi amigo Oller y ha sabido cultivarlo y sabrá
engrandecerlo todavia mucho mas, porque es jóven y su alma sabe sentir
todas las grandezas y todas las bellezas de su divino arte, y no querrá
que esta sublime llama se estinga en medio de la soledad artística en
que hoy se halla sumido; sino que volviendo á la atmósfera en que nunca
se extinguen las auras perfumadas por los recuerdos de los grandes
Maestros y por los ejemplos de los que les han sucedido, respirará de
nuevo el aire vivificador que comunique nuevo impulso á su ardiente
corazon.

El artista que llega á la altura de mi amigo Oller tiene derecho á
aspirar á la gloria; y ésta, por desgracia, no puede dársela nuestra
pobre sociedad, en la que ni siquiera hay una sola cosa que revele
la existencia de las bellas artes; lo único que podemos hacer aquí,
y es muy poco en verdad, es reconocerle como nuestro mejor pintor,
superior al mismo Campeche, cuyos cuadros casi todos relamidos y muchos
de incorrecto dibujo, jamas le hubieran hecho reconocer como genio,
á no ser por la época y las circunstancias en que vivió. Perdóneseme
que juzgue tan sin piedad la gloria, como dice Lamartine, y no se me
tache de inconsecuente; siempre he apreciado y siempre sabré apreciar á
Campeche, pero no por eso dejo de reconocer los defectos de que adolece
y de que no tuvo medios de corregirse.

Despues de escrito lo anterior ha salido á luz en los periódicos de
esta plaza un anuncio de mi amigo Oller manifestando que fija su
residencia en esta ciudad y abre una clase de dibujo, gratis, para
los artesanos. Hé ahí el corazon del artista que no puede menos de
admirarse; pero á traves de la admiracion brota en mi corazon un
sentimiento de dolor que nace al ver oscurecerse el porvenir de
mi amigo. Acuérdate, amigo mio, que aquí no pueden darse bellezas
artísticas,

que las flores no nacen entre el hielo, como dice Martinez de la Rosa;
y tú nada tienes que esperar ni nada que adelantar entre nosotros....

Pero puesto que has hecho el sacrificio, aceptémoslo; y que el país te
sepa agradecer la espontaneidad con que le has consagrado tu primer
pensamiento.

La clase que anuncia Oller, como él mismo lo ha dicho al anunciar su
esposicion; será una verdadera academia de Geometría práctica, de
dibujo lineal, de adorno y natural aplicado á la industria; y en ella
encontrarán los artesanos todos los conocimientos útiles á sus diversas
profesiones y especialmente los decoradores de casas que ejerciendo hoy
su oficio solo por práctica rutinaria y de mal gusto, perpetuan este,
aunque no sea sensible á la vista de la generalidad, pero sí á la de
las personas que en otros paises hayan tenido ocasion de observarlo.

Y sin embargo, el pintor se lamenta de no haber encontrado quien quiera
auxiliarle en tan laudable propósito; no parece sino que se ignora
lo que semejante clase puede influir en el adelanto de las artes
mecánicas, tan atrasadas hoy en nuestro país y contra las que tanto
se clama, culpando generalmente á los que menos responsables son del
atraso. Empero creo que el auxilio que habrá buscado mi amigo Oller
será puramente particular; y en mi juicio los llamados á realizar en
toda su extension su útil pensamiento son los cuerpos que tienen por
objeto el desarrollo de los intereses materiales y el progreso de la
educacion moral é intelectual. Que apele el artista á la Sociedad
Económica y al Ayuntamiento de la Capital y no dudo que será oido con
gusto y secundado con provecho; ambas Corporaciones tienen el deber de
trabajar en la instruccion pública y el Municipio que tan fuertes sumas
consagra á ella, es de esperarse que no titubee en añadir lo poco que
el pintor puede necesitar.

No sé si el amigo Oller estará de acuerdo con estas ideas; pero de
todos modos yo trabajo en favor de esta poblacion, á la que lo debo
todo, y eso justificará mis sentimientos. No obstante esto, deseo que
al leer el artista estas líneas, todo lo que tenga que decir de mí
sea lo que con tan buen estilo, como sentimiento y delicadeza dice La
Fontaine en su bellísima fábula Los DOS AMIGOS:

Qué un ami veritable est une douce chose!



[Ilustración]



X.

_Festividad religiosa, Fuegos, Mascarada, Cabalgata, Regata, Alborada._


Volvamos á las fiestas cuya descripcion interrumpí en el capítulo
anterior para ocuparme de la exposicion de pinturas. A medida que
adelantaba el mes de San Juan íbase notando mayor animacion en la
Ciudad y ya el dia 11, que se celebró la fiesta del Corpus, veíanse
muchos forasteros atraidos por el deseo de disfrutar de las diversiones
con que la Capital celebraba á su Santo Patron.

En los tres dias anteriores á esa gran festividad del Catolicismo
se efectuó otra, tambien religiosa, en la iglesia de los PP. de la
Compañía de Jesus, en honor de los Beatos Mártires del Japon, que
atrajo á aquel templo una concurrencia tan numerosa como lo es siempre
la que asiste á las funciones de los Jesuitas, notables sin duda alguna
por la solemnidad que saben darles y el buen gusto con que adornan la
Iglesia. Esta presentaba un golpe de vista tan nuevo como encantador
en los dias á que me refiero: sus sencillos arcos se habian convertido
en elegantes arcos de estilo gótico, pintados con esquisito gusto y que
se armonizaban perfectamente con las espaciosas bóvedas del hermoso
templo de los antiguos Domínicos; y grandes guirnaldas de flores
exhornaban los macizos de las paredes, en cuya parte baja aparecian
inscripciones en latin, de estilo antiguo, alusivas á la festividad y á
las virtudes de los Santos; del centro de los arcos pendian elegantes
arañas y en el interior de los mismos lucian hermosos ramilletes en
sencillos pero bonitos jarrones.

El altar mayor se elevaba hasta la altura de las cornisas del edificio
por medio de un transparente de grandes dimensiones que representaba
en su parte baja una galería en que figuraban todos los nuevos Santos,
en cuyo honor se hacia la fiesta; y sobre esta galería se descubria la
gloria, en el momento de entrar en ella los mártires; los símbolos de
su martirio completaban este cuadro, que así por su dibujo como los
efectos de luz, revela la inteligencia del artista Mr. Petit para la
pintura decorativa. En las tres noches que duraron las fiestas se hizo
la apología de los Santos por boca de algunos de nuestros mas ilustres
oradores; y en las misas se ejecutaron composiciones de grandes
maestros por una orquesta tan numerosa como escogida. Justicia será
consignar que no fué de las que menos brilló, apesar de la terrible
competencia que hubo de sufrir, la gran misa del Sr. Aruti, artista
italiano que hace algun tiempo reside en este país y que ha revelado
su buen gusto y su inteligencia música en la obra de que me ocupo.
Toda la composicion pero especialmente los kiries son notables por la
brillantez y las bellezas que contienen.

Los PP. Jesuitas no se redujeron solo á las funciones religiosas, sino
que celebraron una academia literaria la noche del 14, en el gran pátio
del Colegio-Seminario, en cuyo testero principal se habia levantado un
bonito escenario de gusto oriental, iluminado como todo el pátio por
arañas y faroles de color. En aquel se colocaron los alumnos que debian
leer composiciones y en el último el numeroso y escogido público que
concurrió al acto.

Dióse principio á este por una prolusion en que se describia la
historia de la canonizacion de los Mártires y la satisfaccion que
experimentara la Iglesia al aumentar el número de sus intercesores en
el Cielo, precisamente cuando tanta necesidad tiene de ellos, por las
aflicciones y los peligros en que se halla. Siguió á esto una sinfonía
ejecutada por una banda de música militar y se leyeron despues siete
composiciones poéticas, entre las que sobresalieron, en mi humilde
juicio, por sus bellezas literarias y la cadencia y armonía de sus
versos una oda alcáica-latina "La Iglesia pidiendo á Dios la conversion
de los Japoneses" y una cancion castellana "Los misioneros fugitivos,"
que leyeron con bastante propiedad, los jóvenes D. Federico Perez y D.
Félix Echavarría.

Un intermedio de canto dió algun descanso á los jóvenes académicos;
concluido el cual se recitaron otras nueve composiciones, siendo
notables entre ellas una elegía francesa "Los fieles lloran la muerte
de los misioneros;" unos tercetos castellanos "La cristiandad del
Japon desolada;" y unos bellísimos exámetros latinos, "Los mártires
glorificados por la Iglesia en su beatificacion." Creo imparcialmente
que la elegía francesa lució mas que todas las otras composiciones por
la pureza de pronunciacion, la buena entonacion y la propiedad en la
expresion con que fué recitada por el jóven D. Calixto Romero, que dió
así una prueba de lo familiarizado que se halla con el idioma francés.

Al terminar esta agradable fiesta, hermosas luces de Bengala, de
variados colores, iluminaron la concurrencia que llenaba el pátio
y las galerías, al mismo tiempo que se quemaron diversos fuegos de
artificio; todos los allí presentes, se retiraron con el sentimiento
de ver terminar un espectáculo que tanto decia al corazon y á la
inteligencia; y satisfechos de las dulces horas que con su reconocidas
ilustracion habian sabido proporcionarles los amables PP. Jesuitas,
que probablemente, sin intencion en lelo, contribuyeron así al mayor
esplendor de las fiestas populares.

Tres dias antes de esto, el 11 por la noche, el Ayuntamiento ofreció
otro espectáculo de los que mas favor gozan en el público, cuales son
los fuegos artificiales. Demás está decir que una apiñada muchedumbre
llenaba no solo la plaza y las calles que la rodean y las avenidas de
las que á ella confluyen, sino tambien los balcones y las azoteas de
las casas de los alrededores, tratando cada cual de buscar el mejor
sitio para gozar de la fiesta. Una banda de música amenizaba el acto
que dió principio á las ocho de la noche.

Quemáronse como en la primera noche arcos, ruedas, cohetes, llamas,
monteros y otras muchas piezas en que lució su habilidad el
pirotécnico; sin embargo de que habria razon para decirle lo que la
abeja dijo al cuclillo, segun nos cuenta Iriarte:

    Pero en obra destinada
    Solo al gusto y diversion,
    Si no es varia la invencion,
    Todo lo demás es nada.

La invencion con todo no dejó de variar algo, pues la pieza principal
de los fuegos era un gran templete con la imágen del Santo Patron
que lucia ornada de brillantes luces de distintos colores, en medio
de caprichosas combinaciones de ruedas, cohetes, velas Romanas y
otros adornos de muy buen gusto y que ofrecian un hermoso conjunto
de fuego, de luz, de movimiento y de colores. El público sorprendido
agradablemente aplaudió al constructor; y transcurrieron dos horas de
sencilla y entretenida diversion, de que disfrutaron todas las clases
de la sociedad, sin que el mas leve incidente desagradable turbase ni
por un momento el órden y la compostura que forman el distintivo de
este pueblo, siempre que se reune en grandes masas.

Despues cada cual se retiró á su hogar contento de haber disfrutado de
una de las fiestas que mas favor gozan hoy entre este público, que sabe
perfectamente amoldarse á todo lo que sea de buen gusto y represente
un progreso; por mas que, como antes lo he dicho, no se le haya dado
hasta ahora educacion, siquiera no sea mas que hasta donde lo exijen la
importancia de su crecida poblacion y de los intereses que representa.

El domingo siguiente, ó sea el dia 14 del mes, hubo otro espectáculo,
si no nuevo porque ya otra vez lo hemos visto efectuar con muy buen
éxito, de mucho gusto tambien y de gran variedad relativamente á lo que
podia esperarse por el programa publicado.

En la tarde del indicado dia, varios jóvenes del comercio de mercería
sacaron una gran mascarada que recorrió todas las calles de la
poblacion. Diez y seis ó diez y ocho coches, precedidos por un gran
carro triunfal, bonitamente exhornado con todos los atributos del
comercio y superado por el dios Mercurio, y seguidos de una brillante
orquesta que ejecutaba preciosas danzas, llevaban cincuenta ó sesenta
máscaras, en las que se hallaban representados desde el chistoso
andaluz con su galana chaquetilla y su calañé hasta el taciturno turco
envuelto en los interminables pliegues del tradicional turbante. Allí
iban mezcladas en alegre confusion todas las naciones y todas las
edades; y no era extraño ver junto á un finchado hidalgo, que de seguro
habria sabido gozar á sus anchas de un feudo si le hubiera pillado
á mano, un hijo del Celeste imperio con toda la estupidez propia de
aquella tierra en que los conocimientos humanos son el privilegio
esclusivo de un número muy reducido de hombres. En otro coche departian
amistosamente Polichinela, ese hijo espureo de la moderna sociedad,
que con solo levantar una pierna en Maville pone en movimiento toda la
policía francesa, y un pensativo Nostradamus que de fijo, lo mismo que
le ha sucedido á todos sus antecesores, se ha quedado sin encontrar la
piedra filosofal.

Por fortuna, en los momentos de la mascarada, no se trataba de vencer
tamañas dificultades, á las que tan inútilmente para sí y con tanto
provecho á veces de la ciencia, ha consagrado su vida entera ese
respetable número de individuos á quienes dice Racine:

Toi qui riche en fumée oh sublime alchimiste!

Tratábase solo de divertirse, lo cual es siempre mas fácil para el
hombre, sin duda en cambio de que las penas vienen por sí solas; y lo
hacian á las mil maravillas moros y cristianos; feudos y vasallos,
chinos y europeos; llevando la alegría á todas partes y repartiendo por
todas dulces y versos con profusion.

La mascarada salió del Teatro y recorriendo la calle de la Fortaleza,
en toda su estension, fué á detenerse en el estremo oeste, en el
palacio del Gobernador Superior, subiendo dos ó tres máscaras á saludar
á S. E. y á su apreciable familia, quienes los recibieron con toda la
finura que los distingue. Hubo _speechs_, aunque cortos, y en ellos
se manifestaron los deseos por la felicidad y bienestar del Gefe de
la provincia, así como por el engrandecimiento del comercio de esta;
á lo que contestó S. E. que por su parte hacia cuanto le era dable
por conseguirlo y que cada dia tenia nuevos motivos para trabajar con
mas empeño en ello; encontrándonos así con que la alegre fiesta, cuyo
objeto era solo la pública diversion, reunia en sí el _utile dulce_, de
que nos habla el viejo poeta latino.

Terminado el acto de cortesía, volvió á ponerse en marcha la mascarada
rodeada de un inmenso concurso de toda clase de gentes, que la acompañó
en su escursion por las demás calles de la ciudad; y se pasó la tarde
alegre y divertida, merced al bonito espectáculo discurrido y ejecutado
por los jóvenes merceros.

A los cuatro dias de esta fiesta nos ofreció otra, no menos alegre,
nueva y favorecida, el gremio de Comisionistas que, deseando tomar
parta en los regocijos públicos, dispuso una diversion digna de la
buena sociedad que en ella tomó parte y digna de los que preciándose
con razon de cultos, no olvidan por lo mismo que los sentimientos
caritativos son uno de los mas sólidos fundamentos en que puede
apoyarse la cultura de cualquier pueblo.

Dió principio esta fiesta por la distribucion de siete limosnas á igual
número de huérfanas pobres, una de cada barrio de la Capital, cuyo acto
se verificó el sábado 20 de Junio por la tarde en el salon de la plaza
principal y ante un concurso numerosísimo que se habia reunido para
presenciar la fiesta. Veinte y cinco duros fueron entregados á cada una
de las favorecidas por la suerte entre las que se habian considerado
acreedoras á gozar de aquel donativo; y al regocijo público que
produjo esta accion benéfica se unió, con mucho mas motivo, el de las
siete familias que se encontraban con un socorro inesperado y de gran
estimacion para las que, luchando con las escaceses de una horfandad
desvalida, no tienen mas esperanzas regularmente que ver una mano
generosa que hácia ellas se extienda.

Esa mano representa un don espléndido de la Providencia, el de la
misericordia; y no puede menos de ser besada con respeto y con
amor por aquellos á quienes favorece. Terminado el acto de caridad
reuniéronse en el mismo salon de la plaza las amazonas y caballeros
que iban á tomar parte en la cabalgata; mientras que en las calles de
los alrededores se colocaban en hileras los coches para las demás
señoras y señores que tambien pertenecian á ella. A poco rato y cuando
ya se hallaban todos reunidos, se puso en marcha la comitiva por la
calle de San Francisco. Rompian aquella diversos criados que llevaban
las banderas contraseñas de las casas comisionistas; seguía detrás
una banda numerosa de música que ejecutaba preciosas danzas; despues
y sobre un pequeño carro preparado para el efecto se levantaba una
pirámide trunca en cuya parte superior ardian mas tarde variadas luces
de Bengala para alumbrar el alegre cortejo; en seguida lucian sus
gracias cincuenta esbeltas ginetas que vestian variados y caprichosos
trages, presentando así un conjunto mas agradable; y junto á ellas
otros tantos apuestos caballeros que hacian los debidos honores á sus
damas, no obstante que junto á cada una de estas marchaba un lacayo.
Por último, venian los coches en que lucian muchas otras señoritas y
señoras, así como tambien numerosos señores.

La elegante comitiva reunia á no dudarlo todo lo principal de la
sociedad puerto-riqueña; y fué un espectáculo, tan nuevo como
agradable, ver tantas jóvenes hermosas y elegantes prestarse con la
amabilidad que les es propia al buen éxito de tan culta diversion;
por eso el gremio de Comisionistas anduvo asaz acertado cuando las
ofreció en justo tributo de su bondad la bellísima serenata escrita
por el distinguido poeta Dr. D. J. G. Padilla, con todas las galas de
su inagotable fantasía, con toda la armonía de su rico laud. Delicada
composicion que tiene en sí tanta ternura como una enamorada hija de
los trópicos, tantas bellezas como los rostros angelicales de aquellas
á quienes ha sido dedicada.

Pero volvamos á la Cabalgata, que la he dejado en marcha por la calle
de San Francisco, la cual recorrió en toda su extension hasta dar
la vuelta por la plazuela de Santiago y tomar la de la Fortaleza en
direccion al palacio del Gobernador Superior, con objeto de presentar
sus respetos al Gefe que tambien tomaba parte en la fiesta, puesto que
su niña era la primera y bien apuesta amazona de la cabalgata.

Una vez terminado este acto de justa deferencia, la comitiva recorrió
las principales calles de la ciudad, encontrando por todas ellas
curiosos espectadores de todos sexos y condiciones que se agrupaban á
las puertas y balcones de las casas, en las avenidas de las calles y
en todos los sitios, desde donde podian admirar aquel bello y alegre
cortejo.

Para terminar la fiesta la comitiva se dirijió á la casa de uno de los
principales comerciantes, cuyos hermosos salones se habian exhornado
con el mejor gusto y despues del descanso necesario y de haberse
servido profusamente dulces escogidos, sorbetes y refrescos, se dió
principio á un animado baile que duró hasta cerca de las once de la
noche, en medio del contento y satisfaccion de todos los que habian
tomado parte en fiesta tan distinguida; haciéndonos conocer que no
siempre están en riña, como á veces tenemos que creer, la primacía
del bolsillo con la del buen gusto y los mas bellos sentimientos. Por
eso, en mi imparcialidad, tengo un verdadero placer en consignar que
la fiesta de los señores comisionistas fué una de las mejores con que
se celebró el San Juan del presente año; y que han correspondido, como
todos los demás gremios, pero en la esfera que les es propia, á la
indicacion hecha por el Ayuntamiento; supliendo la vulgar alborada con
una fiesta que no pudo menos de ser bien aceptada por el público.

En la tarde del dia siguiente al de esta fiesta, el Ayuntamiento
celebró la regata anunciada en el programa, y que tuvo efecto en la
línea de la bahía que corre desde la dársena de los botes hasta la
mitad del trayecto que se hace para llegar á la punta de Cataño.
Frente á la dársena se levantaban dos bonitos palcos, uno para el Gefe
Superior de la provincia y su familia y otro para el Jurado que habia
de dar los premios y delante de ellos se habian colocado asientos para
el público; al otro estremo de la línea que debian recorrer los botes
luchadores hallábase una esbelta goletita empavesada con mil banderas
de todos colores y conteniendo además del Comisionado del jurado una
banda de música militar que recibia alegremente á los contendientes.
Toda la carrera se hallaba limpia de embarcaciones, para que los
regateadores no encontraran obstáculo alguno.

A las cinco de la tarde llegó al sitio designado el Excmo. Sr.
Gobernador Superior Civil, en union de su familia y ayudantes, siendo
recibido por la Comision del Ayuntamiento y saludado por otra música
militar que habia preparada con dicho objeto, y en seguida dió
principio la diversion.

La tarde no podia presentarse mas apropósito. El cielo despejado lucia
ese azul brillante que solo muestra en nuestra zona; una hermosa brisa
rizaba suavemente la superficie transparente del mar y embalsamaba el
ambiente que se respiraba, y la temperatura deliciosa de primavera que
en aquellos momentos se disfrutaba, hacia olvidar que estábamos ya en
la época de los fuertes calores.

Siete ú ocho mil personas se agrupaban en los muelles, en las azoteas
de los almacenes de la Marina, en botes particulares que no habian de
tomar parte en la lucha, en las murallas de todo el recinto que da á la
bahía y en los balcones y azoteas de las casas de la ciudad que tienen
frente al mismo sitio. Contemplado el cuadro que ofrecian desde el
medio de la bahía, era un anfiteatro inmenso, lleno de gentes de todas
clases que, cual en los antiguos circos, se disponian bulliciosas para
gozar de la fiesta que iba á celebrarse, sinó con mas entusiasmo, por
lo menos con mas tranquilidad de espíritu que aquellos romanos que se
congratulaban en ver correr la sangre de los infelices gladiadores.
La lucha que aquí iba á presenciarse era mas pacífica, mas dulce; y
tan provechosa para el adelanto del trabajo y de la industria, como
perjudicial era la de los tiempos antiguos para aquellos pobres seres
que habia degradado la feroz altivez de los que, aun cuando señores del
mundo, profesaban los disolventes y anti-humanitarios principios del
paganismo.

El espectáculo dió comienzo por una regata á remo en que tomaron parte
hasta unos once botes, de diferentes formas y dimensiones y variado
número de remeros. Como sucede siempre en estos espectáculos, en el
momento de partir los contendientes se despierta en los espectadores
un sentimiento de ansiedad, en tanto que alguno de aquellos no toma
una reconocida ventaja sobre los demás; una vez declarada esta, las
simpatías del público se pronuncian en favor del que la obtiene,
porque, desgraciadamente, la humanidad siempre se adhiere al vencedor,
aun cuando no le falte una lágrima de compasion para el vencido y aun
cuando conozca que las circunstancias adversas hayan sido las únicas
que á tal extremo hayan traido al último.

A los diez minutos la partida estaba terminada y el bote _Pájaro_, de
los del tráfico de la bahía, volvia triunfante ostentando la bandera
de premio que habia conseguido al llegar el primero al término de la
carrera.

La segunda regata fué á la vela; y aquí la ansiedad de los espectadores
estribaba especialmente en ver los ligeros botes que casi presentaban
sus quillas al aire, doblados por el escesivo empuje del viento en
el voluminoso velámen de que se habian armado. Pocos fueron los
contendientes, pues si mal no recuerdo apenas conté cinco al partir de
la dársena; y muy pocos momentos tambien fueran bastantes para prever
en favor de quien se decidia la suerte. El bote _Bella Gabriela_,
del tráfico de la bahía, tomó desde luego notable ventaja sobre sus
competidores, y sin esfuerzo alguno alcanzó la bandera de premio que
volvió ostentando al poco rato.

En la tercera regata, el número de los contendientes fué tan numeroso
como en la primera, porque tambien se efectuaba á remo; pero la fortuna
se decidió desde el principio por un elegante botecito del vapor
_Triunfo_, que sin grande lucha volvió al cuarto de hora engalanado con
la banderola de premio.

Estas banderolas fueron despues cangeadas por las que el Gobernador
Superior entregó como premio á los vencedores, las cuales á su vez
debian servirles para recoger los premios pecuniarios que dió el
Ayuntamiento; y numerosos vivas y aclamaciones resonaron por todas
partes, haciendo conocer el contento general de los que presenciaban
tan agradable fiesta.

Aquí debió haber concluido esta, segun el programa, pero estando
poco avanzada la tarde y en consideracion á los buenos servicios de
policía marítima que habian prestado los botes de los buques de guerra
nacionales surtos en el puerto, el Jurado decidió otorgar en aquel
momento otro premio mas que solo habia de disputarse por las citadas
embarcaciones; y prévio el beneplácito del Gefe Superior, diéronse las
órdenes oportunas al efecto, con gran contentamiento por parte del
público que veia así prolongarse la diversion.

Esta nueva lucha presentaba mas igualdad por parte de los
contendientes, puesto que los esquifes, poco mas ó menos, tenian las
mismas condiciones y los remeros eran todos expertos y acostumbrados á
la uniformidad tan necesaria para el rápido y cómodo movimiento. Entre
todos los que tomaron parte en la regata, distinguióse la canoa del
Sr. Comandante del vapor _Blanco de Garay_, que, más rápida que sus
compañeros, llegó antes que ellos al término, ganando el premio que
se disputaba y volviendo á la dársena en medio de las aclamaciones de
la muchedumbre; que viendo terminada la fiesta volvió á entrar en la
ciudad, satisfecha de la agradable tarde que habia pasado.

No tuvo, sin embargo, mucho tiempo para dispersarse; pues apenas habia
cerrado la noche cuando la alborada del gremio de almacenistas, volvió
á llamarla á las calles para concluir aquel dia en medio de la alegría
y la fiesta. Despues de recorrer la música algunas calles hubo fuegos
artificiales en la plaza principal; y como de costumbre se reunió un
gentío inmenso, que pasó algunas horas agradablemente entretenido,
dispersándose enseguida que concluyó la diversion.



[Ilustración]



XI.

_Concurso de Caballos._


"Todos sabemos el furor de corridas, apuestas & que hay en las
principales capitales de Europa; mas no es esto lo que yo pretendo
que pudiera plantearse en Puerto-Rico: porque á mi modo de ver, el
premiar el caballo que corra mas en media hora, no es, como nota muy
bien nuestro festivo Fr. Gerundio, el modo de mejorar la raza: además
aquello de que el mismo dueño no sea el que monte su caballo sino que
sea un _Yokey_, aunque muy bueno para las capitales de Europa, lo
juzgo inoportuno y hasta ridículo en mi país; y así otras muchas cosas
que, atendida la diversidad de costumbres, fuera errado el querer
trasplantar.

"Yo preferiría á todo que hubiese una junta de criadores y aficionados,
que no faltan en la isla, que tienen actividad, buenos deseos y que se
alegrarían mucho de que hubiese para ello un estímulo.

"Que esta junta presidida por la autoridad superior, ú otra que esta
nombrase, hiciese un reglamento sin mas artículos que los precisos,
para señalar á cada uno sus atribuciones y los premios que habian de
darse.

"1º.--A la mejor yegua de vientre.

"2º.--Al caballo mas ligero.

"3º.--Al mas bien domado y enseñado.

"4º.--Al mas corpulento y de mas fuerza.

"5º.--Al de mejor estampa.

"Que cada año por San Juan y San Pedro se reuniesen en la Capital,
como lo verifican ahora, para la prueba, comparacion y adjudicacion de
premios, en cuyo acto se desplegase todo el aparato posible.

"Que se publicasen en los periódicos los nombres del dueño y del
caballo premiados, y que se luciesen algunas otras cosas que son buenas
para dichas en un reglamento, y agenas de un artículo como este."

Esto escribia en el "Cancionero de Borínquen," que vió la luz en 1846
en Barcelona, mi ilustrado amigo el Dr. Médico D. Manuel A. Alonso; y
de seguro que, conociendo las condiciones de nuestro país, muy lejos
estaría de creer al escribirlo que á los ocho años habia de verse
realizado su pensamiento. Sin embargo, este envolvia una reconocida
utilidad para el país; y como toda buena semilla, aun cayendo en
terreno mal preparado, hubo de prender y desarrollarse si bien
lentamente.

Ya el lector ha visto que en el año de 1854 y por disposicion Soberana
fué que se establecieron los concursos de caballos en nuestra ciudad,
como medio eficaz para fomentar las buenas razas de esos animales.
Conocido es de todo el mundo el entusiasmo con que dichos concursos
se celebran en España, Francia é Inglaterra y los valiosos premios
que se dan en los tres puntos á los caballos que salen vencedores
en las carreras; y eso que el caballo es hoy en Europa un animal de
recreo, desde que la locomotora arrastra con mas rapidez y baratura los
vehículos en que el hombre se transporta de un punto á otro, ó en que
hace transportar las mercancías que alimentan el comercio y satisfacen
las necesidades de los pueblos. Pero por lo mismo que el caballo se
ha convertido en un objeto de recreo y por consecuencia de lujo, las
clases ricas sostienen con mas empeño esas luchas del noble animal que
por tan largo espacio de tiempo ha ocupado un lugar tan predilecto en
el hogar doméstico, que tantos y tan distinguidos servicios ha prestado
al hombre y que aun hoy mismo forma parte de la familia entre los
pueblos del oriente que, algo refractarios á la civilizacion, conservan
las costumbres de otros siglos. En Lóndres, como en Paris, como en
Madrid, no solo se celebran carreras de caballos y se dan crecidos
premios de dinero; sino que se saben apreciar las diversas cualidades
de las diferentes razas de caballos y se trata de conservarlas en toda
su pureza, mezclándolas únicamente, con toda precaucion y estudio, para
mejorarlas.

En nuestra Isla, el caballo por desgracia, y digo por desgracia porque
la falta de otros medios de comunicacion revela nuestro atraso, el
caballo no es todavia un artículo de lujo; lejos de eso, es, en
general, el único medio útil de locomocion; porque, desprovisto de
carreteras todo el interior de la provincia, solo el caballo puede
transportar al hombre por los estrechos y quebrados senderos que tienen
que atravesarse en todos sentidos, y solo el caballo pasa con pié firme
las multiplicadas cuestas del montañoso terreno que forma el corazon de
la Isla. Verdad es que de algunos años á esta parte puede recorrerse
en carruage casi todo el litoral; pero sus inconvenientes presenta
todavia este pequeñísimo adelanto en las épocas de lluvia, porque, no
teniendo afirmado la mayor parte de los caminos, se forman prontamente
baches peligrosos que no pueden menos de infundir respeto al transeunte
y obligarle á que en los casos de urgencia prefiera el caballo al
carruage.

No es extraño, pues, en vista de estas condiciones, que el caballo sea
un objeto de preferente atencion, sobre todo para los que residen en
los campos; y preciso será convenir en que si en Europa hay motivo para
que ofrezcan interes los concursos de caballos, mucho mayor es el que
debe existir en nuestra Isla, donde el caballo es un animal de que no
puede prescindir el hombre, si no quiere encontrarse en un momento dado
detenido en medio de los campos, por no tener otros medios de moverse.

Por eso las exposiciones de caballos han sido vistas con cierta
predileccion desde que en 1854 se sirvió S. M. declarar que se
celebraran cada dos años, medida laudable que revela que esa vez al
menos se comprendieron los verdaderos intereses de la provincia; y por
eso hemos visto que siempre que se han celebrado han concurrido mayor
ó menor número de animales de los mas perfectos que produce la raza
indígena; sino en grande escala, porque no lo permiten las condiciones
del país, en proporcion suficiente para demostrar el interes que
inspira ese acto.

Desde 1854, como acabo de decir, vienen celebrándose esas exposiciones
cada dos años, segun lo dispuso S. M.; pero como el concurso de
caballos formaba parte del programa de la Exposicion general de
productos del país y en aquel corto intérvalo de tiempo, estos actos
no podian ofrecer un conjunto tan variado y de tanta utilidad como se
necesitaba para que produjeran á la provincia todos los beneficios que
se habia propuesto nuestra Augusta Soberana; á los diez años, ó sea en
el de 1864, se dispuso que las exposiciones no se celebraran sino cada
cuatro años, á contar desde el último citado y en consecuencia pasó el
de 1866 sin que se celebrara el concurso de caballos.

En 1867, el Ayuntamiento que habia visto el mal éxito de las fiestas
de San Juan, entregadas exclusivamente al pueblo en 1866 y que trató
por tanto de reanimarlas en el año siguiente, queriendo sin duda unir
lo útil á lo agradable, pensó desde luego en el concurso de caballos
y lo incluyó en su programa de fiestas; teniendo la satisfaccion de
ver que el mejor éxito coronó sus laudables deseos, pues un crecido
número de caballos tomaron parte en la competencia y el público acogió
con entusiasmo un acto que, á la par de proporcionarle una diversion
agradable, era útil á la cria de animales que tan necesarios son en el
país.

Animado por tan buen resultado, natural era que en el presente año
no se olvidara la Corporacion popular de incluir tambien en su
programa de fiestas el concurso de caballos; y anunciado para el 22
de Junio, ya con dos dias de anticipacion podia predecirse que el
éxito superaria con mucho al del año anterior, en vista del número de
caballos inscritos. A cincuenta llegaba ese número sin que hubiera
muchos caballos que entraran á disfrutar diferentes premios; y todos
ellos se presentaron en la tarde del indicado dia á sostener la
honrosa lucha que se abría. La carretera de Rio-piedras, en el trozo
que corre al final de la tercera línea de fortificacion del campo de
Puerta de Tierra, era el lugar designado para la exposicion; y en sitio
conveniente y frente el uno del otro se levantaban dos bonitos palcos,
uno para la Autoridad Superior y otro para el Jurado nombrado por el
Ayuntamiento y que habia de apreciar las pruebas de los contendientes
y otorgar los premios.

Estos eran cinco, con los objetos siguientes:

Al caballo de mejor andadura del país.

Al de mas bellas formas.

Al de mas alzada.

Al mas ligero en el escape.

Al de mejor y mas igual paso de camino.

Una concurrencia numerosísima llenaba las dos orillas del camino y
muchos coches particulares llenos de espectadores y otros muchos de
estos á caballo se movian por todos los alrededores para presenciar
la fiesta. A la hora prefijada se presentó el Gobernador Superior que
fué recibido por la Comision del Ayuntamiento, á la vez que una banda
de música le hacia los honores que le corresponden, y en seguida dió
principio el acto.

Apesar de lo largas que son las tardes de verano, el crecido número
de caballos que tomó parte en el concurso hizo que solo pudieran
discernirse tres de los cinco premios anunciados; y al concluir
el crepúsculo vespertino hubo de suspenderse la fiesta para ser
continuada al dia siguiente. Al retirarse la concurrencia bastaba oir
las conversaciones de los diferentes grupos, que en tales casos se
forman siempre, para juzgar no tanto del entusiasmo que generalmente
hay aquí por los caballos, sino mas bien del convencimiento que todos
tienen de la conveniencia de que haya buenos caballos. Uno hablaba de
la rapidez con que haria un viage en tal caballo de los que acababa
de ver; otro preferia la comodidad de aquel que mejor paso de camino
tenia; un tercero, mas amigo de lo bello que de lo bueno, ó quizás
con menos necesidad de movimiento y solo con deseo de lucir, daba la
preferencia al caballo de mas bellas formas; y así de los demás, pero
todos convenian en la indispensable precision de tener buenos caballos.

En la tarde del siguiente dia, otra concurrencia tan numerosa como la
del anterior presenciaba igualmente la terminacion del acto, que tuvo
efecto en medio del contento y de la satisfaccion de los que en él
tomaron parte y de los que solo eran meros espectadores.

Los premios fueron otorgados de la manera siguiente:

  El de _andadura_, por iguales partes á los caballos
  ARROGANTE de D. Baldomero Collazo y COLIBLANCO de D.
  Gerónimo Landró.

  El de _bellas formas_ al caballo GALAN de D. José Berrios.

  El de _alzada_ al caballo L'ECLAIR de D. Juan P. Camy.

  El de _escape_ al caballo GACELA, de D. Agustin Guizul.

  Y el de _paso de camino_ al caballo NENE de D. Lorenzo
  Vizcarrondo.

Cada premio era de cien escudos; y se distinguieron los caballos
premiados con grandes borlas de seda pendientes del cuello y de
diversos colores, segun la cualidad que los habia hecho acreedores al
premio.

Además de la animacion que esta fiesta produjo en la ciudad, atrajo
tambien una numerosa concurrencia de forasteros que vinieron de
distintos puntos de la Isla, unos para presentar sus propios caballos,
otros arrastrados por la aficion y algunos que, dispuestos á venir
á gozar de las otras fiestas, no quisieron perder aquella que
consideraban sin duda de las mas importantes.

La concurrencia al concurso hubiera sido ciertamente mayor, en
particular del bello sexo, á no haberse elegido el mismo dia para las
carreras y para el baile del Ayuntamiento; pues casi todas las señoras
que se disponian para este hubieron de dejar de concurrir á aquellas,
por causa de los cuidados que exije su _toilette_; pero, sin embargo de
esto, la fiesta puede decirse que fué muy buena y una de las que mas
realce dieron al conjunto de las del Patron en el presente año.

El lector me permitirá que, antes de terminar este capítulo y dar
por concluido el concurso de caballos, llame la atencion de quien
corresponda para lo sucesivo sobre un vacio que, en mi humilde juicio,
se nota en los premios que hasta ahora han venido asignándose, y que no
pasó, empero, olvidado para mi amigo Alonso al escribir su ilustrado
artículo sobre las carreras.

Ciertamente que los cinco premios que contenia el programa del
Ayuntamiento corresponden, digámoslo así, á cinco cualidades
indispensables en nuestros caballos, que debe tratarse de conservar y
perfeccionar cada vez mas; pero si esas cinco cualidades en su conjunto
propenden al fomento de la cria caballar, yo creo como el Dr. Alonso,
que no deben olvidarse las yeguas de vientre; y que por el contrario
debieran ser objeto de un premio especial, porque sin ellas nada podrá
conseguirse en el mejoramiento de nuestra raza de caballos.

Tal vez no se ha fijado este premio teniendo en cuenta las dificultades
que habria para asignarlo con justicia, porque no podrian someterse
los animales que se presentaran á una prueba como las que se exijen
para los otros premios; pero me parece que no faltan medios ciertos
de comprobacion, contando con la buena disposicion de todas las
Autoridades locales de la Isla para cuanto se refiera al adelanto del
país; y bien valdría la pena de que se tuviera un poco de trabajo el
conseguir uno de los medios mas eficaces á no dudarlo para mejorar la
raza caballar.

Nada importa, en mi pobre opinion, que solo haya por ahora en toda la
Isla dos ó tres dueños de potreros que puedan presentar animales para
optar al premio á que me refiero; entre ellos solo se disputaria, y
aun cuando en muchos años no se aumentase el número de competidores,
los dueños de buenas yeguas, habiendo estímulo, podrian recurrir á
aquellos y obtener mayor lucro por sus animales al venderlos.

Tratándose de la mejora de la raza no puede prescindirse de la
procreacion; y, para esta, tan importante es el uno como el otro sexo
y los dos deben ser estimulados para que se obtengan buenos frutos. Me
prometo que si esta observacion se encuentra fundada, tendrá el eco
que corresponde en la Comision que haya de ocuparse de este ramo de la
Exposicion pública, para el año entrante; de cuya ilustracion no puede
ponerse en duda que buscará y hallará los medios de que el premio á la
mejor yegua de vientre sea dado con toda la justicia con que el público
ha visto que se han dado los demás en el presente año.



[Ilustración]



XII.

_Bailes._


Siguiendo el órden del programa de fiestas publicado por el
Ayuntamiento, al concurso de caballos sigue el baile dado por la
Corporacion popular en la noche del mismo dia que aquel tuvo lugar;
pero el lector me permitirá que, separándome un poco del rigoroso órden
de fechas con que se celebraron los diferentes bailes efectuados con
motivo de las fiestas del Patron, los comprenda todos en este solo
capítulo, ya para no esponerme á caer en repeticiones que por fuerza
habian de aparecer cansadas, ya tambien para no cansar demasiado la
atencion de los que me favorezcan recorriendo estas líneas; que el
terreno de la fantasía ha de ser vaporoso y sutil como las ilusiones
que engendra y estas desaparecen fugazmente con solo que se trate de
manosearlas algun tanto.

Cuatro fueron los bailes que se efectuaron durante el mes de Junio:
uno en el Casino el dia 15; otro el dia 22 dado por el Ayuntamiento;
otro el 25 por los Gefes y Oficiales de los Cuerpos de la guarnicion; y
otro el 29 por los Empleados Civiles; estos tres últimos en el salon
levantado por el Municipio en la plaza de Santiago.

El baile del Casino fué una de esas bonitas fiestas con que de vez
en cuando obsequia á sus favorecedores aquella galante sociedad; y
los elegantes salones del espacioso edificio, exhornados con el mejor
gusto, contenian lo mas selecto de la sociedad puerto-riqueña. Aun
cuando la concurrencia no era muy numerosa, para la que en otras
fiestas de este género hemos visto en aquel local, habia sin embargo un
número bastante crecido de damas y caballeros; y el baile se mantuvo
animado hasta las primeras horas de la mañana del dia siguiente, y al
eco de las dulces danzas del país y en medio de la cordial franqueza
que distingue nuestras reuniones, vimos brotar y conservarse la
alegría y la animacion que son la vida y el encanto de esta clase de
diversiones.

El servicio de dulces y refrescos fué esmerado y profuso; y los
concurrentes de uno y otro sexo no pudieron menos de salir complacidos
de tan agradable reunion, que sin duda se distinguió entre las que
ordinariamente da aquella Sociedad, tanto por lo que ella misma se
habia esforzado y con buen éxito para dar mas lustre á su fiesta,
cuanto por la mayor concurrencia que á ella asistió comparada con la de
las fiestas ordinarias de la misma sociedad.

Lástima es que esta no pueda hacer mas frecuentes tan agradables
reuniones y que sus secciones lírica y dramática no se organicen
de una manera conveniente para poder proporcionar, á lo menos una
vez por mes, noches de grato y culto solaz, que tanta falta hacen en
nuestra sociedad. Y causa dolor en verdad recordar que ahora veinte
años se sostenia siempre animada una Sociedad filarmónica que en
nuestra capital existió y proporcionó muchas y muy buenas fiestas
lírico-dramáticas á la par de lucidos bailes, y que hoy, con mas
elementos, porque la educacion artística es mayor y el gusto por las
bellas artes se ha desarrollado á no dudarlo mucho mas en las clases
elevadas de nuestra sociedad, con tantos ó mejores deseos por parte de
los directores y sócios del Casino, no pueda este conseguir el objeto
que entonces alcanzaba.

Al ver este y otros fenómenos semejantes que se producen en la vida
pública de nuestro pueblo, se llega hasta pensar que hay en él latentes
motivos de malestar y de disgusto que no alcanzo á explicarme, pero
que neutralizan la expansion y la alegría que caracterizan á los
habitantes de este suelo y que les impiden entregarse á las diversiones
y distracciones propias de toda sociedad con la misma franqueza que en
otros tiempos lo hicieran. Sea de ello lo que quiera, mis deseos son
que el Casino prospere y pueda organizarse de una manera conveniente
á llenar el objeto que sus sostenedores se proponen, como un medio
de cultura digno de toda buena sociedad y que no debemos dejar pasar
desapercibido.

Continuando la reseña de los bailes, tócame ahora ocuparme del que dió
el Ayuntamiento la noche del 22 de Junio. Al redactar el programa de
las fiestas populares, la Corporacion municipal comprendió que no podia
prescindir del baile, tanto por ser una fiesta propia de todo pueblo
culto, cuanto porque ya lo habia hecho en muchos años anteriores con
objeto de suplir las diversiones que el cambio de costumbres venia
suprimiendo; pero al consignar el baile en el programa hubo de tropezar
con la dificultad de que no podia efectuarlo en los salones de su casa,
por el estado de deterioro en que esta se encuentra y cuya reparacion
exije algunos millares de duros, ni tampoco en el teatro porque las
obras que para ello eran indispensables requerian tambien una suma muy
crecida: fuéle necesario pues pensar en otro local y no encontrándolo
en la ciudad, que no cuenta con edificios que puedan ser propios para
el objeto, se decidió á levantar un salon _ad hoc_ en la plazuela de
Santiago, de cuyo modo se hallarian con mas seguridad y confianza los
concurrentes que estuvieran todavia temerosos por la impresion de los
pasados temblores.

La plazuela de Santiago hacia algun tiempo que se hallaba abandonada,
no obstante las nuevas fábricas en ella emprendidas y ya el Municipio
se veia en la necesidad de adoptar una resolucion que diese de nuevo á
aquel lugar la belleza que en otro tiempo tuvo, aun cuando no quedase
del todo despejado como siempre lo habia estado; y esto indudablemente
lo impulsó á elegir aquel sitio, consiguiendo con ello á la vez que
el objeto primordial que se proponia para las fiestas el no menos
atendible de hacer esta mejora en la poblacion.

Pocos dias bastaron para realizar el pensamiento del Municipio, merced
á la festinacion con que se trabajó; y el dia prefijado para el baile
aquella plazuela poco antes abandonada se habia convertido como por
encanto en uno de esos lindos palacios de hadas de que nos hablan las
leyendas orientales. Un elegante edificio cuadrilongo de cincuenta
varas de largo por treinta de ancho, abierto por todos sus costados,
excepto el del textero principal, dejaba ver un espacioso salon de
techo plano, exhornado simplemente con grandes medallones de flores y
alegorías del baile y sostenido por cien esbeltas columnas cuyo único
adorno consistia en brazos de luces de gas y en lindas lámparas de
cristal que daban al centro del salon. En los cuatro ángulos de este se
hallaban cuatro departamentos cerrados que comprendian un gabinete para
la familia del Gobernador Superior y otro para tocador de Sras.; un
salon de descanso para caballeros; otro para café y otro para ropería;
y á los costados del pórtico dos tribunas para la música. Vaporosas
cortinas de gasa era todo lo que cerraba aquel bellísimo templo de
Terpsícore, que adornaban grandes guirnaldas de flores prendidas del
techo y uniendo entre sí las columnas, en cuyos centros y sobre las
balaustradas que circuian el ámbito descollaban grandes jarrones
de flores naturales que hacian juego con otros jarrones de pórfido
que adornaban el textero principal hasta su mismo centro, en el que
descollaba bajo un sencillo pero bonito docel el retrato de nuestra
Augusta Soberana. Los pocos macizos que presenta interiormente el
edificio estaban cubiertos de elegantes espejos de grandes dimensiones
que reproduciendo la luz, el movimiento y las espaciosas naves del
salon, aumentaban todavia más el aspecto fantástico de aquel lugar en
que rivalizaban sin duda la grandiosidad, la sencillez y el buen gusto.

Los dos gabinetes dispuestos para la familia del Gobernador Superior y
para tocador de las damas, figuraban dos tiendas elegantes de ligera
tela, la primera azul con estrellas de oro y la segunda verde salpicada
de pequeños grupos de flores, cerrándose las entradas y ventanas con
grandes biombos y cortinas de damasco carmesí. Ricas y caprichosas
alfombras tapizaban los pisos; perfumadas fuentes embalsamaban el
ambiente, y lujosas consolas y sillones decoraban ambas habitaciones.

Visto desde fuera aquel diáfano salon, al resplandor de los centenares
de brillantes luces que en su interior ardian reproduciéndose hasta el
infinito en los numerosos espejos y dando vida á los vívidos y variados
colores de las flores que en profusion habia por todas partes,
presentaba en verdad un aspecto fantástico y encantador, que ninguna
otra fiesta habia tenido hasta entonces en nuestro pueblo; y animado
por los ecos de la música y el voluptuoso movimiento de centenares de
parejas que lo llenaban sin oprimirse, ofrecia un conjunto tan nuevo y
caprichoso que el público en general ni aun se habia formado idea de
él. Por eso, además del crecidísimo número de personas que visitaron
el salon antes de que diera principio el baile, en cuanto este comenzó
cinco mil personas lo menos, de todas clases y condiciones, se
agruparon en todas las calles de los alrededores para gozar de aquel
bellísimo espectáculo, que salia con mucho de la esfera de todo lo que
se ha realizado hasta ahora entre nosotros.

Si por los motivos que antes he indicado y que indudablemente existian
era necesario que la fiesta fuese expléndida, el Ayuntamiento puede
tener la satisfaccion de que ha superado á todo lo que se esperaba; y
la numerosa concurrencia que á ella asistió y pasó horas tan cortas
como gratas, obsequiada profusa y finamente por la Corporacion popular,
lo mismo que los espectadores que no hicieron mas que ver la diversion
desde fuera, conservarán siempre los mas agradables recuerdos de ella.
Las horas pasaban allí tan rápidamente que sin apercibirse de ello se
agotó el programa del baile y hubo de prorrogarse este hasta que el
nuevo dia llamaba á la gente á la alborada de la leche.

Hoy ya el corazon del cronista no tiene mas que las decepciones hijas
de los años y las tristezas propias de quien ha perdido sus mas caras
afecciones; pero, á traves de este fúnebre crespon, se le presentan
con toda la gala de los años juveniles, con todo el encanto que les
presta el amor, las ilusiones que fascinan á la juventud, dulces como
el primer beso del aura en la mañana, halagadoras como las alegres
esperanzas que en sí llevan; y pasan por la imaginacion como vívidos
relámpagos que iluminan por un momento brillantemente la atmósfera
de nuestros mas hermosos recuerdos. Por eso el corazon del cronista,
aunque no las siente, comprende las ilusiones que transportan á las
almas jóvenes, cuando halagadas por una fiesta como la de que me ocupo,
experimentan las gratas emociones que de ella brotan y que un casto y
puro amor engalana y llena de nuevos encantos.

¡Cuántas y cuán dulces emociones! ¡Cuántos y cuán puros placeres del
alma, que se evaporan con los años ó que la materialidad de la vida
llega á veces á corromper! Aquí, sin embargo, se halla el límite del
cronista, que no debe ir mas allá, reducido como tiene que estar á la
descripcion de lo que vé y cuando mas á sus propias impresiones. Las
agenas deben ser terreno vedado para él; y correría mucho riesgo de
ser impertinente para alguna jóven á quien está muy lejos de querer
disgustar; ó de despertar celos infundados perturbando alguna dicha
que tendria complacencia por el contrario en conservar. Hagamos pues,
lector, punto redondo y continuemos la descripcion de los bailes, no
me atrevo á decir interrumpida, porque las ilusiones forman la parte
principal de aquellas fiestas.

Despues del baile del Ayuntamiento sigue por órden cronológico el que
dieron los Gefes y Oficiales de la guarnicion. Poco ó nada parecia
que podia esperarse en vista de la esplendidez y buen éxito de la
fiesta dada por la Corporacion popular; pero, en obsequio á la verdad,
necesario es reconocer que la de los Militares tuvo ciertamente novedad
respecto á la primera. El local en que se dieron ambas era el mismo,
pero se hallaba completamente transformado. A los costados esteriores
del edificio se habia levantado un parterre adornado con arquerías de
follage é iluminado con farolitos de colores; y en los cuatro ángulos
se habian colocado cuatro lijeros kioscos que servian de cenadores. En
el interior, además de los profusos adornos de luces, flores y espejos
que habia habido la primera noche, exhornaban el salon multitud de
trofeos é insignias militares distribuidos con simétrico gusto y que
daban un aspecto del todo nuevo á aquel lindo local.

La concurrencia en esta noche fué sin duda mucho mas numerosa que en la
anterior, en términos de oprimirse á pesar de lo espacioso del salon;
y si grata le fué la primera fiesta no menos complacida quedó en esta
por la novedad que en ella encontró. Al fulgor de las multiplicadas
luces que iluminaban el salon y de la ardiente languidez de las miradas
propias de las hijas de nuestro suelo, de seguro que brotaron allí
las ilusiones del amor cual lozanas flores, que tal vez marchite mas
tarde el soplo helado del olvido, ó que quizás se conviertan en alegres
realidades que concluirán por brillar á la luz de la antorcha de
Himeneo.

El cronista se guardará muy mucho de adelantar un solo paso en estas
historias íntimas que no pertenecen á las fiestas del S. Juan por mas
que una de estas les haya dado vida; y se concreta por consiguiente
á consignar que el baile de los Militares fué tan espléndido como
lo habia sido el del Ayuntamiento; y que reinaron la animacion y la
alegría haciendo correr dulce é insensiblemente las horas de la noche,
hasta que la luz del nuevo dia vino á anunciar á los concurrentes que
era necesario abandonar aquel sitio de tan grato solaz.

Cuatro dias despues, el 29, tuvo lugar el baile de los Empleados
civiles y no parece sino que por arte mágico se transformaba el salon
de Santiago tan rápida como elegantemente, ofreciendo nuevos y variados
atractivos cuando era de suponerse que se habian agotado todos los
que pudieran emplearse. El golpe de vista que en esta última noche
presentaba aquel bonito local era en efecto completamente distinto del
de las noches anteriores; y si en estas habia reinado buen gusto en los
adornos no lo hubo menos en la que le toca ahora el turno.

Los adornos principales, además de las luces, flores y espejos,
consistian en el revestimiento de las columnas con los colores
nacionales que ostentaban en sus centros los escudos de armas de
todas las provincias españolas de uno y otro lado del Atlántico y del
Pacífico. En la parte superior de la entrada se habia además levantado
un bonito pórtico de follage y flores iluminado profusamente; y en
la parte interior y en el textero principal adornaban los lados del
trono en que se hallaba el retrato de S. M. cuatro alegorías de los
Ministerios de Gracia y Justicia, Hacienda, Gobernacion y Fomento. Los
gabinetes tambien sufrieron su tercera transformacion; y tanto estos,
como el conjunto todo del edificio revelaba no solo el buen gusto sino
el ingenio de los que intervinieron en su ornato.

Una concurrencia, tan alegre, animada y numerosa como la que habia
concurrido á los anteriores bailes, invadió el salon á la hora fijada
para comenzar la fiesta; y el tiempo se deslizó dulce é impensadamente
en medio de las gratas emociones que producen tan agradables
diversiones, sin que ni una sola persona de las que allí se hallaban
tuviera otro pesar que el de ver terminar el baile y con él la série de
festejos con que se obsequiaba al Patron.

Estas tres fiestas dejaron sin duda tan gratas impresiones en todos
los que á ellas concurrieron; causaron en sus almas tan agradable
sorpresa, que conservarán mientras vivan su dulce recuerdo, como la
memoria de uno de esos gratos ensueños que despues de habernos hecho
gozar mientras dormimos nos halagan despiertos aun mas dulcemente.
Horas de alegría pasadas tanto mas agradablemente cuanto que
transcurrieron en medio de una fantástica realidad que ni siquiera
habiamos soñado. Noches de puro placer para la juventud, que rara vez
se reproducen en el curso de la vida, porque el tiempo oscurece la
luz de las ilusiones á cuyo fulgor brillaron. Despues que han pasado
solo le queda al alma el gusto de recordarlas, disfrutando de esa
melancólica alegría que acompaña siempre la memoria de todo lo que nos
ha sido grato.



[Ilustración]



XIII.

_Funcion religiosa._


Tiempo es ya de que nos ocupemos de la verdadera fiesta del Patron; de
lo que en todas épocas ha considerado el Ayuntamiento como un deber
ineludible, puesto que es el representante de un pueblo católico, que
sabe conservar y dar cada dia mayor realce á sus gloriosas tradiciones
y bien cimentadas creencias; y de lo que sin duda dió orígen á las
fiestas y regocijos que, de tiempo inmemorial, viene celebrando
anualmente esta ciudad. Refiérome á la fiesta religiosa de San Juan.

Ya han visto los lectores que, á mediados del siglo pasado, el
Ayuntamiento hacia rendir guardia de honor al Santo Patron en el
tabernáculo que al efecto se levantaba en la Santa Iglesia Catedral y
en los dias 24 y 25 de Junio se llevaban á sus piés las llaves de la
ciudad, en reconocimiento á su soberana proteccion. Estos actos, de un
homenage tan tierno como respetuoso, han desaparecido con los años,
porque no afectando al dogma murieron junto con las costumbres que les
habian dado vida; y hoy que los actos religiosos se verifican, con muy
raras excepciones, únicamente dentro de los templos, se ha suprimido
tambien la procesion que en otros tiempos se efectuaba. Así pues la
fiesta religiosa se reduce al decenario, salve, misa y panegírico del
Santo Precursor.

El Ayuntamiento, no pudiendo ni alterar ni aumentar nada á estas
funciones y deseando sin embargo que, al cumplir con el sagrado deber
que le han legado sus antecesores, se comprendiese que no podia
haberse olvidado de él y antes por el contrario lo habia visto con la
predileccion que exijen las venerandas prácticas de nuestra sacrosanta
religion, acordó dar á dichos actos toda la pompa y solemnidad que
fuera posible y al efecto hizo adornar el altar del Santo con flores
y luces; la orquesta de capilla tocó completa en todo el decenario y
para la misa se aumentaron hasta cincuenta instrumentos entre los que
se contaban casi todos nuestros principales profesores y doce voces;
habiendo pronunciado el panegírico del Patron uno de nuestros mejores
oradores sagrados.

De mas está decir que la concurrencia á todos los actos religiosos
fué cual era de esperarse en un pueblo que tanto gusta de todas las
prácticas de la religion y mucho mas tratándose de San Juan Bautista,
á quien se venera como el especial protector é intercesor en favor de
la Isla; y sobre todo cuando el sentimiento religioso excitado por el
temor que en todos los ánimos habian producido los pasados conflictos,
llevaba á todos los corazones á buscar el consuelo inagotable y puro
que solo se encuentra á los piés de aquel que con su palabra crió
el universo y lo sostiene por su sola voluntad. En especial para la
misa el templo se vió lleno como pocas veces sucede; y no fué esta
circunstancia la que menos contribuyó á que la fiesta quedara tan
solemne como se lo habia prometido el Ayuntamiento y lo deseaba la
poblacion que mitigaba así sus penas todavia no pasadas del todo.

El lector me permitirá que me ocupe por un momento de la música de la
misa; el arte, como antes he tenido ocasion de decirlo, goza del raro
privilegio de herir el alma en sus mas delicadas fibras; y por eso no
es extraño que la religion haga uso de la música que con sus brillantes
armonías nos arrebata á veces entusiasmada y rápidamente hasta las
alturas celestiales en que nuestra fé nos hace contemplar los coros de
alados ángeles y querubines postrados ante el acatamiento del Altísimo;
ó nos conduce dulce y misteriosamente con tiernas melodías hasta las
profundidades mas recónditas de nuestra propia alma para que derramemos
en ella el llanto regenerador del arrepentimiento.

Los ecos melodiosos de la música son un misterioso amuleto, á cuyo
contacto brotan en nuestra alma las ideas de lo bueno, tal vez porque
lo bueno y lo bello son hermanos é hijos de la verdad que nunca nos
hiere con mas fuerza y esplendidez que cuando, en alas de fervorosa
oracion, levantamos el corazon, contrito y humillado, hasta donde se
halla Aquel que es la verdad misma.

La misa ejecutada, por segunda vez, en la festividad de San Juan, es
obra de mi apreciado amigo el Maestro de Capilla D. Felipe Gutierrez
que la escribió en 1861 dedicándola al que era y es todavia dignísimo
Obispo de esta Diócesis, el Excmo. é Illmo. Sr. D. Fr. Benigno Carrion
de Málaga.

El Sr. Gutierrez es demasiado conocido como Músico en la Isla y aun
fuera de ella; pero eso no me excusa de tener la grata complacencia
de reconocerle y proclamarle como un hijo distinguido del arte. Rico
de sentimiento, fecundo en la concepcion y conocedor profundo de los
secretos de la armonía, sus obras brillan con toda la riqueza de una
fantasía ardiente y segura en su vuelo.

La misa de San Juan es sin duda una de sus mejores composiciones y
por esta razon como por el objeto con que fué escrita, que es el
mismo que tiene este libro, he creido deber ocuparme de ella con
algun detenimiento; esperando de mi amigo Gutierrez lo que antes he
esperado de mi amigo Oller, que, en obsequio á mis rectas intenciones,
sabrá disimular á un profano en el arte el que pretenda, no hacer un
juicio crítico, pues no alcanza á tanto mi pretension, sino emitir
una opinion que, aun cuando basada en el buen sentido y en la aficion
decidida por todas las bellas artes, no puede apoyarse en los sólidos
conocimientos que le serian necesarios para no errar tan frecuentemente.

Los kiries de la misa de que me ocupo están basados en un himno que
oimos entonar en la Iglesia en canto llano, y tienen por solo este
motivo esa solemnidad, esa elevacion, esa pureza que distingue á todos
los himnos religiosos, que no por contar muchos años y aun siglos de
existencia han llegado á envejecer; pues, por el contrario, siempre
se oyen con el mismo gusto que la vez primera y como si fuesen cantos
nuevos.

La Gloria es brillante, siendo de sentirse únicamente que no se hagan
desaparecer los primeros compases del _andante_ con que empieza, porque
hay en ellos cierta lasitud que se aviene muy mal con la viveza del
resto de la composicion, que podria dar principio sin inconveniente
alguno por el _allegro_ que sigue inmediatamente. Tanto este aire,
como los demás que continuan hasta llegar al _Quoniam_, revelan el
buen gusto y la fecundidad del compositor, pues abundan los trozos de
melodías originales y del mas exquisito sentimiento. El aria de tenor
que comprende el _Quoniam_ se resiente bastante de falta de novedad;
pero, tal vez temiéndolo, el autor ha estado muy acertado embelleciendo
todo este trozo con una preciosa glosa del primer violin, en que nos
da á conocer su ingenio, á la vez que el perfecto conocimiento que
tiene de la instrumentacion y del valor y partido que puede sacarse de
cada uno de los instrumentos.

La Gloria termina con un _moderato maestoso_ de cantos dulces y
expresivos, en que se revela el alma del poeta, poniendo de manifiesto
sus gustos puros y modestos. Hay en esos cantos un eco ternísimo que
despierta en el corazon de los que conocemos al autor el recuerdo de
sus estimables virtudes, al mismo tiempo que la sencillez que distingue
todos sus actos. Mi amigo Gutierrez además, que tan asíduamente estudia
los grandes maestros músicos, sabe perfectamente que esa sencillez es
la que hace que tanto gusten las obras religiosas de Miné, como gustan
por igual razon en pintura las obras de Velazquez; y conoce muy bien el
partido que debe sacar de tan distinguida cualidad.

Da fin la pieza con un presto final, para el _In gloria Dei patris_.
_Amen_, del género fugado tan propio de la música de Iglesia; y en
el que demuestra Gutierrez sus extensos y seguros conocimientos como
compositor, haciendo gala de su rica imaginacion así en los _motivos_,
como en la _esposicion_ y los _episodios_; cuya variedad y buen gusto
cierran dignamente tan brillante composicion.

El _Credo_ es de un género muy superior al _gloria_, en términos de
que, en mi humilde juicio, se rompe la unidad de mérito que debiera
reinar en el conjunto de la misa; pero probablemente el autor se ha
visto arrastrado á ello por la abundancia de sentimientos que dominan
en el primero, de tan distinto carácter entre sí y de tanta grandeza
todos ellos. El Credo, que contiene los principales misterios de
nuestra Santa Religion, no ha podido menos de conmover profundamente el
alma sensible del músico; y de aquí que su obra haya salido riquísima
de contrastes de grande efecto y de armonías muy variadas, que la hacen
elevar, en mi sentir, al género de música clásica. Sobre todo brilla
en ese sentido el trozo que comprende el _Incarnatus_ y que lleno de
magestad y firmeza produce sin duda en el corazon de los oyentes la
profunda veneracion que tan elevado misterio exige.

El _allegro_ del _Resurrexit_ corresponde perfectamente á la alegría
de la Iglesia y de los fieles por la resurreccion del Salvador, que
envolvia en sí la regeneracion del mundo; y es sorprendente por la
novedad del canto con que concluye, en el que parece se alejan los
sonidos hasta terminar por no percibirse; siguiendo inmediatamente
otro canto que imita, como á igual distancia de aquel, el eco lejano
de un órgano de Iglesia: la primera vez lo ejecutan los instrumentos
de metal; y la segunda, mas cercano al sitio de donde aquellos parten,
lo repiten las voces y todos los instrumentos. El efecto en ambas
veces es prodigioso; y toda esta parte de la obra es de un carácter
tan verdaderamente religioso que al oirla se llena el alma de ese
recogimiento místico que lo acerca á uno á la Divinidad.

La música toda de la misa está llena de muchas y variadas glosas y de
solos de instrumentos que contribuyen á embellecerla: pero, aunque
profano, me atrevo á aconsejar á mi amigo Gutierrez que no prodigue
tanto las unas y los otros, ni prolongue tanto los últimos como lo ha
hecho con el solo de fiscorno que antecede al _Benedictus_, porque
esto no da mas resultado que el distraer á los fieles del verdadero
objeto que los lleva al templo, sobre todo cuando, como esta vez, son
ejecutados por un buen Maestro; y son recursos que no necesita su rica
imaginacion.

La misa es una obra completa y suficiente para formar un juicio
favorable de su autor, quien sin duda alguna está llamado á esperar
la gloria pura y esplendente que guarda el arte para los que saben
gustarlo con la delicadeza de sentimiento que distingue á mi amigo
Gutierrez. Hoy sin embargo que nos ha hecho conocer con otra obra
distinguida, del género dramático, que se ha dado al estudio de
la música clásica alemana, me atrevo no á aconsejarle, pues no me
considero facultado para tanto, sino simplemente á indicarle que tenga
especial cuidado en el estudio de la música alemana moderna porque en
medio de su originalidad y de las infinitas bellezas en que abunda,
sobre todo en armonía, se resiente algun tanto de ese mal que por
desgracia se ha apoderado de todos los conocimientos humanos y que en
literatura se conoce con el nombre de realismo. El buen criterio de mi
amigo Gutierrez y el conocimiento que tiene de los grandes maestros
músicos alemanes del siglo pasado y principios del presente, le deben
servir de guia en sus estudios, y evitarle el que caiga en el defecto
que he indicado.

Por mas que no me lo permita el objeto de este capítulo de mi reseña,
me veo forzado á no terminarlo sin expresar el sentimiento que me
domina al ver que no hay una academia de música en nuestra Ciudad,
apesar de la aficion que en ella se nota por tan bello arte; y gracias
á que la existencia de la orquesta de capilla dé motivo, de tiempo en
tiempo, para que el público se ocupe de alguna obra religiosa que lo
merezca. En lo profano hay sin embargo tambien mucho bueno que estudiar
y que admirar.



[Ilustración]



XIV.

_Carreras de San Juan._


He aquí el punto culminante de las antiguas fiestas populares de
nuestra Ciudad; lo que ha sido causa de alegría y de pesar para el
pueblo; y lo que en otro tiempo constituia la principal diversion
en los festejos del San Juan. Desde esa época á hoy las cosas, no
obstante, han variado mucho, puesto que sin prohibicion de ningun
género vemos que ya no se corre á caballo en las noches de las vísperas
y dias de San Juan y San Pedro, como en otro tiempo se corria; y vemos
que el pueblo, que tan frio se muestra para las carreras, se aficiona y
mucho á otras clases de fiestas que no entraban nunca en el programa de
las que celebraron sus antepasados.

En el presente año apenas veinte caballos recorrian las calles en las
citadas noches; y si no hubiera sido por algunos pocos que se veian
en la plaza dispuestos para ser alquilados, aunque no encontraron
alquiladores, nada hubiera hecho presumir que nos hallábamos en
aquellos dias en que este pueblo corriendo frenéticamente por las
calles parecia un pueblo de locos, como nos dice el historiador Fr.
Iñigo.

¿En qué consiste esta variacion? ¿Por qué se ha perdido la aficion á
las corridas de caballos que eran en otro tiempo la diversion favorita?

El lector recordará que algo he dicho antes de ahora acerca de las
causas que han motivado la variacion; y bien obvias deben ser, en mi
humilde juicio, para todo el que se detenga á estudiar el cambio que ha
sufrido nuestro pueblo en la media centuria últimamente transcurrida.
Hasta principios de este siglo casi estuvo la Isla completamente
incomunicada con el resto del mundo, sin que la visitaran mas que los
poquísimos buques que hacian el monopolio mercantil de América y los
corsarios y piratas que desgraciadamente no eran tan escasos como
aquellos. Mas de una vez fueron incendiadas por estos últimos las
humildes poblaciones que se habian levantado en las costas; y el temor
de que semejantes escenas se reprodujeran, obligó á los habitantes á
desparramarse por el interior de los campos, sin pensar por el momento
en formar grupo alguno de poblacion; y buscando por el contrario cada
cual el sitio mas recóndito donde guarecerse. Pero como no era posible
que de esta manera viviesen gentes que habian gustado de los placeres
de la sociedad, ni era dable tampoco que se concretasen á residir en
determinada porcion de terreno sin pasar nunca mas allá; necesitando
hacer los cambios propios del hombre social y anhelando por las
relaciones que constituyen su trato mas noble, hubieron de encontrarse
en el caso de moverse en todos sentidos, segun la conveniencia de
cada dia y de cada atencion; y para conseguir este objeto en medio
de un terreno escabroso y sin recursos para proporcionarse vias de
comunicacion no habia mas que un animal que pudiera servir al hombre;
este animal era el caballo. El caballo debió llegar á ser por estas
razones una necesidad mas perentoria á veces que el alimento; y no es
extraño que gozara de tanta predileccion entre todos los habitantes
de la Isla: la familia, para establecerse en esta, debia tener la
casa en que albergarse y el caballo en que moverse; sin este último
recurso no se concebia ni podia concebirse la vida en el campo, como no
se concebia ni podia concebirse sin la casa ó choza en que ponerse á
cubierto de la intemperie.

Por eso el caballo fué objeto de tantas distinciones, de tantos
cuidados, de tanta estimacion; y por eso así como casi puede decirse
que formaba parte de la familia, tambien tomaba parte en todas las
fiestas y regocijos. No solo por el animal que en tanta estima se tenia
sino tambien por las personas, que se veian obligadas á saber montarlo
y manejarle con la ligereza y seguridad que exigian los diversos
lances de la vida, el caballo figuraba en todas partes y para todo se
hacia uso de él. No era pues posible que al tratarse de las fiestas
del Patron se olvidase aquel noble animal y mucho menos cuando de él
se necesitaba para concurrir á aquellas. Esta misma circunstancia era
un nuevo motivo para que cada cual tratase de traer su mejor caballo,
ó que cuidase el que poseia con mas esmero al aproximarse la fiesta,
ya por lo que en ello influiría indispensablemente el amor propio, ya
tambien porque en muchos obraria la esperanza de hacer un negocio mas ó
menos lucrativo, segun lo que gustara el animal que presentaba.

Y como de todos los pueblos de la Isla concurria gente á la ciudad, no
debe admirar que se reuniese un número considerable de caballos y que
estos fuesen de los mejores, porque precisamente era aquella la ocasion
de lucirse. Excitados con el espectáculo los habitantes de la Capital,
que no tenian la necesidad de poseer caballos, y animados por la misma
privacion en que estaban todo el año para montar, proporcionaban á los
_jíbaros_, ó campesinos pobres, la ocasion de traer sus jamelgos que
encontraban fácil alquiler; y así se reunia un número prodigioso de
ginetes en las noches antes citadas, porque de tarde no se atrevian á
correr sino los que podian lucir buenos caballos.

En esas carreras tumultuosas y sin órden, preciso será confesar,
aun en contra de la respetable opinion de nuestro historiador, que
acontecian frecuentes desgracias; y algunas personas se encuentran
todavia lisiadas por consecuencia de ellas. Así tenia que suceder
corriéndose á todo escape por las estrechas calles de nuestra ciudad,
en grupos demasiado numerosos y á veces hasta en sentido opuesto, que
nunca faltan en estos casos, imprudentes, que, al pagar su falta, hacen
víctimas de ella á otros que ninguna culpa tuvieron.

Hacian todavia mas peligrosas las carreras las _candeladas_ ú hogueras
que se encendian en las esquinas ó sea en el centro de las confluencias
de las calles, y en las que mas de un caballo, ciego por la velocidad
de la carrera y por el mismo resplandor de las llamas, precipitó alguna
vez ginete y _cumarracha_. Por mas que parezca hasta algo bárbaro
el uso de estas hogueras, preciso será á convenir en que no fueron
invencion de nuestro pueblo, puesto que las han encendido casi todos
los de la tierra y desde la mas remota antigüedad las encendian tambien
muchos pueblos del Oriente, justamente en los mismos dias de San Juan
y de San Pedro, ó sea en el solsticio de verano, aunque lo hacian
en honor del Sol. Aquí, sin duda, siguiendo tan añeja tradicion la
encontraron muy propia para alumbrar las carreras, en aquellos tiempos
en que nada alumbraba las calles de la ciudad.

Uno de los principales atractivos de estas carreras eran á no dudarlo
las _cumarrachas_, que así se llamaban las compañeras que se llevaban
á la grupa y que se sostenian en equilibrio sin mas que sujetarse del
borde de las _banastillas_[12]. No conozco la etimología de la palabra
_cumarracha_, pero si se ha de juzgar por las dos voces de que se
forma, _cuma_ y _racha_, su significacion ofende hasta el pudor del
menos delicado y da una pobre idea de aquella costumbre que muchos
califican de inocente, sin recordar tal vez que en la conciencia
pública existia la conviccion de que nada ganaban con ella ni las
familias ni la moral pública; y que aun cuando hubiera muchos que
gozaran con toda pureza de la extraña impresion de llevar junto á sí
á la amada de su corazon y encontraran un nuevo placer en el mismo
peligro que podia proporcionarles la ocasion de salvarla valerosamente
de él; otros y no pocos por desgracia solo veian un motivo para burlar
la vigilancia materna y sembrar en medio de la fiesta los gérmenes de
un profundo dolor que no tardaba mucho en pronunciarse.

       [12] Especie de montura que forma una banasta de cada
       lado en la parte superior.

El pueblo, que siempre tiene, por decirlo así, frases gráficas para
expresarlo todo, cada vez que veia una _cumarracha_ exclamaba en
seguida: _¡á la cantera!_[13] ó _¡cuidado con la cantera!_, segun el
carácter del que gritaba; y estas simples palabras envolvian la idea de
escenas que yo no permitiria jamas que mi pluma reprodujera, porque
aun á traves de los años y existiendo solo como recuerdos ofenderian al
público.

       [13] Lugar fuera de poblado que se halla en el campo
       del Morro y donde se arrojaban las basuras de la
       poblacion.

En vista de lo expuesto, que estoy cierto nadie podrá rechazar como
falso, creo que las carreras de San Juan eran un espectáculo, no diré
salvage como lo he oido calificar por algunos, pero sí impropio de un
pueblo culto; y esta es la razon porque á medida que el nuestro ha ido
adelantando en el camino de la civilizacion ha ido dejando aquellas
costumbres que no pueden menos de rechazar sus nuevos gustos cada vez
mas cultos; y justo será añadir que de veinte años á esta parte, en
aquellos en que ha habido carreras, han presentado estas una fisonomía
bastante distinta de la que en otras épocas ofrecian; lo cual prueba
la trasformacion de las costumbres, que se efectúa, aquí lo mismo que
todas partes, desapercibida y lentamente.

Lenta y desapercibidamente tambien fueron cesando las carreras
hasta que concluyeron del todo, sin que las contradicciones que
esperimentaron hace algunos años sirvieran mas que para reanimarlas
momentáneamente, cual las últimas llamaradas de una lámpara próxima á
apagarse. Hoy ya no es posible hacer revivir esta diversion, porque
ni las condiciones ni los gustos del pueblo son los que fueron en las
épocas en que tan concurridas y animadas eran las carreras.

Aunque el caballo sea todavia muy necesario por las razones que he
indicado al hablar del concurso de estos animales; la distinta manera
de ser de la poblacion, sino reconcentrada por lo menos agrupada en
su mayor parte en las costas, en donde los intereses mercantiles é
industriales superan á los agrícolas, por mas que no puedan vivir sin
ellos; no teniendo la misma necesidad de moverse que cuando se hallaba
desparramada por el interior; ó aun cuando la tenga, poseyendo la
facilidad de hacerlo por mar; el caballo ha perdido su importancia
en una considerable estension de terreno, en la que casi no figura
mas que como artículo de lujo; y de aquí el que no se le tenga en
ese territorio en la estimacion de que otro tiempo disfrutó y por
consiguiente que se vea con indiferencia la mejora de sus razas: de
donde proviene que no se vean con el mismo interes que antes aquellas
fiestas que no eran en realidad, como ya he tenido ocasion de decirlo,
mas que unas ferias anuales.

Agréguese á esto que, á medida que iba desapareciendo la necesidad
de andar á caballo en todo el territorio del litoral, se iba tambien
perdiendo el gusto y el hábito de montar, como no podia menos de
acontecer; y se comprenderá fácilmente que haya dejado de ser diversion
para el público lo que en otro tiempo lo fué y tan predilecta.

¿Hemos ganado ó hemos perdido con este cambio?

Bajo el punto de vista de la conveniencia nada hay que decir porque
las cuestiones de interes se resuelven por sí solas en el sentido
favorable para este y ya vemos que al paso que se adelanta en las vias
y medios de comunicacion se va relegando el caballo, hasta el estremo
de que en los paises mas adelantados solo sirve hoy para los trabajos
agrícolas ó para solaz de algunas pocas personas que se hallan en
posicion de gastar su tiempo y su dinero en objetos y pasatiempos de
lujo. En general el caballo no se estima en la actualidad mas que como
un motor, aplicable solo en ciertos casos; y es indudable que á este
punto se tenderá tambien en nuestra Isla á proporcion que aumente en
ella el progreso material. Nada hay por consecuencia que justifique la
diversion de las carreras de caballos bajo el punto de vista de los
intereses; si bien creo que deben sostenerse los concursos de esos
animales, no tan solo porgue hay una gran parte de la Isla que los
necesita como medios de locomocion, sino tambien porque, de cualquier
modo que se los considere, debe siempre tenderse á mejorar su raza,
tratando de que predominen en ellos las cualidades que mas útiles
puedan ser.

En el concepto de fiesta solo tengo que exponer que no habiendo nada
que coarte la libertad del pueblo para entregarse á las carreras de
caballos como antes lo hacia, prueba es de que ya no gusta de ellas,
como en otro tiempo gustaba; y entre la diversion en que por lo
menos se corria el peligro de una caida que lo inutilizara á uno y
los sencillos espectáculos de bailes, funciones dramáticas y otros en
que hasta pueden mejorarse las costumbres, nadie podrá titubear en la
eleccion, como no ha titubeado el pueblo al decidirse por los últimos,
dando así una prueba de muy buen sentido.

Creo pues en conciencia y con la lealtad que siempre trato de observar
que hemos ganado con que desaparezcan las carreras de caballos, como
ganaremos todavia mas el dia que se acaben las jugadas de gallos, por
mas que en estos momentos lluevan sobre mí las censuras, que no temo en
verdad porque las ataco por el bien del país y con la confianza de que
han de desaparecer.

Las carreras de caballos y las riñas de gallos eran las dos diversiones
típicas de esta poblacion antiguamente; las primeras han terminado al
dar los primeros pasos en el progreso material; cuando se dén algunos
mas en el progreso moral é intelectual terminarán tambien las segundas
sin que nadie las prohiba y solo porque las ha de rechazar por sí solo
el mismo pueblo que tanto las acoge hoy.

No he tratado de hacer un artículo necrológico sobre las carreras de
San Juan, porque rehuyo siempre el declamar contra lo que puede ser del
gusto de la mayoría; me he concretado á poner de relieve los hechos,
como era necesario lo hiciera, al tratar de escribir una crónica: así
pues, si ha salido una necrología no se me culpe de ello, cúlpese sí á
la misma cosa que ha muerto de puro vieja y extemporánea ya en la época
que atravesamos.

Paréceme, sin embargo, que sobre este cadáver solo tienen que
derramarse lágrimas de alegría y de pura satisfaccion, cual debe
experimentarse siempre que se da un paso de verdadero adelanto.



[Ilustración]



XV.

_Fiesta de los militares.--Concierto._


Deseando la clase militar, como ella misma lo decia en su programa,
coadyuvar á las funciones con que esta poblacion celebraba las fiestas
de su Patron San Juan Bautista; y queriendo todos participar de la
espansiva alegría de aquellos dias, no solo dió el baile que antes
dejo descrito, sino que tomó un dia tanto para el aumento de las
diversiones, cuanto para manifestar sus afectuosas simpatías por los
habitantes de esta Capital.

Ese dia fué el 26 de Junio y además se habian preparado muchos
y variados fuegos artificiales para la noche del 25, pero
desgraciadamente un descuido involuntario hizo que ardieran todos
instantáneamente á las tres de la tarde del dia anterior, en la casa
del pirotécnico que los confeccionaba, quitando la diversion al
vecindario y ocasionando no pequeño susto por la fuerte detonacion
que se sintió en todos los ámbitos de la Ciudad y que en el primer
momento hizo temer á muchas personas que se repitieran los pasados
conflictos. El temor, sin embargo, desapareció bien pronto porque, como
de costumbre, un numeroso concurso se reunió inmediatamente en el punto
de la catástrofe y á los pocos instantes habia cesado el fuego sin
tener que lamentarse desgracia alguna ni otras pérdidas que las de los
fuegos que representaban un valor de quinientos duros próximamente y
las averías sufridas por la casa en que se hallaban.

La alborada del dia siguiente fué anunciada á la poblacion por las
bandas de música y tambores de todos los cuerpos de la guarnicion,
que con sus armoniosos sonidos recordaron á los habitantes, que medio
dormidos se refocilaban en el lecho, que aun no habia terminado el
alegre mes de Junio; y pronto los gratos ecos de la diana llevaron á
todas partes el anuncio de un nuevo dia de fiestas y regocijo públicos.
El sol al levantarse sobre nuestro horizonte iluminó otra vez la ciudad
engalanada con sus mil banderas de vívidos colores, y los alegres
habitantes se dispusieron á gozar por última vez de los festejos del
Patron.

A las tres de la tarde, segun lo anunciaba el programa, diferentes
comparsas representando distintos provinciales de la Madre patria,
salieron á recorrer las calles, ofreciendo un espectáculo, sinó nuevo,
poco comun en nuestro pueblo y que siempre es visto con gusto, así por
aquellos en quienes despierta el recuerdo del suelo natal, como por los
demás que miran como propio todo lo de aquellos con quienes los une el
dulce lazo de una misma nacionalidad. Habia Catalanes, Salamanquinos,
Montañeses, Valencianos, Aragoneses y Gallegos; y todos ellos llevaban
la música propia de sus bailes provinciales que ejecutaban con la
propiedad del que nada tiene que copiar y el gozo del que trae á su
memoria los alegres dias de la juventud, pasados en los atractivos
placeres del hogar doméstico.

La noche anterior los cuerpos sacaron una gran _alborada_, en la que
se cantó el himno cuya letra encontrarán los lectores en el apéndice;
dando esto motivo á que hubiera extraordinaria concurrencia en la
plaza principal y grande animacion en las calles que aquella recorrió.
En esta fiesta fué de notarse, además de la espansiva alegría que en
todas las otras reinó, la franca cordialidad con que se vieron unidos
el pueblo y el ejército, dando así una nueva prueba de que son comunes
sus pensamientos, como es comun en ambos el amor de la patria que ambos
reconocen.

Con las fiestas de los militares que proporcionaron dos dias de
regocijo al pueblo y terminaron con el baile que antes queda descrito,
concluyeron las fiestas del Patron; pero creo justo decir dos palabras
sobre el concierto dado en las Salas de la Sociedad Económica por
algunos jóvenes artistas; pues aunque no entrara en el programa de
aquellas, contribuyó á su mayor lucimiento y ofreció uno de esos
espectáculos puramente artísticos, tan poco comunes por desgracia entre
nosotros.

El salon en que se dió el concierto era el mismo en que se hallaba la
exposicion de pinturas del Sr. Oller, cuya circunstancia daba mayor
realce á la fiesta y ofrecia un enlace entre la música, la poesía y
la pintura que decia al corazon mas que todo lo que hubieran podido
expresar los artistas que llevaron á cabo el espectáculo. Eran dichos
artistas los jóvenes D. Manuel Tavarez, D. Francisco Oller y don
Ignacio Marti, ventajosamente conocidos en nuestro país y fuera de
él, el primero como un notable pianista, el segundo como pintor que
revela el genio en sus obras y el tercero como requinto que no solo
brilla por su maestria en la ejecucion sino por el sentimiento con que
ejecuta. Unióse á ellos además el jóven D. Lorenzo Puente que leyó
una bonita composicion escrita por él mismo y la señorita doña Josefa
Gautier y Benitez que, con voz de timbre mas dulce y puro que las
tiernísimas notas arrancadas por Tavarez al piano para acompañarla,
leyó una melópea escrita por el mismo Puente Acosta. Oller que, como
buen artista, rinde tambien culto á Euterpe, nos hizo gustar, con su
simpática y segura voz de barítono, distintas piezas de diversas óperas
y algunas canciones de muy buen gusto. Tavarez entusiasmó, como de
costumbre, á la concurrencia que, cualquiera que sea, admirará siempre
su genio músico no contenido ni aun por los obstáculos que ha querido
oponerle su naturaleza física, víctima de una terrible enfermedad;
y Marti dió á comprender una vez mas lo que puede el arte sabiendo
arrancar dulcísimas melodías aun al mas ingrato instrumento.

La fiesta de los jóvenes artistas no pudo menos de dejar
agradabilísimas impresiones en todos los que á ella concurrieron; y
cerró de una manera cumplida y digna el largo cortejo de fiestas que,
en obsequio del Santo Patron, se habian sucedido, casi sin intermision,
durante todo el mes de Junio.



CONCLUSION.


He llegado al término de mi trabajo; y si bien no me es posible ni aun
suponer el juicio que de él haya de formar cada uno de los lectores que
encuentre, por pocos que sean; tengo al menos la pretension de creer
que, cualquiera que sea su número, habrán de convenir en que no he
faltado ni en lo mas mínimo á la verdad de los hechos que me propuse
narrar; así como que las apreciaciones que haya podido emitir son
conformes á las que de antemano habia formado la generalidad de los
habitantes.

Justificada como queda la necesidad de las fiestas y consignado el
entusiasmo con que fueron recibidas por el pueblo, así como lo que
benéficamente influyeron en el espíritu público, decaido completamente
por causa de los funestos acontecimientos de que fué testigo el año
de 1867, la historia no podrá menos de aplaudir el pensamiento que en
su realizacion se tuvo por objeto y fallar favorablemente en pro de
aquellos que, guardianes de los intereses de este pueblo, supieron
trabajar en su favor por todos los medios de que pudieron disponer,
teniendo el buen acierto de elegir los mas eficaces.

Si causas que hayan aparecido posteriormente han inutilizado algun
tanto su obra, la responsabilidad será de los que las hayan promovido;
y en esto, como en todo, sabrá tambien ser justiciera la historia.



[Ilustración]



APENDICE.


                                 HIMNO

              DEDICADO AL EXCELENTÍSIMO SEÑOR GOBERNADOR
                           Y CAPITAN GENERAL

                         D. JULIAN JUAN PAVIA,

               EN LA ALBORADA DE LAS CUATRO COMPAÑIAS DE
                  Borriqueros, Caleteros, la Providad
                           y la Borinqueña.


                      CORO.

          Puerto-Rico al Progreso camina,
        Ya vé el sol en su oriente salir,
        Vuestra estrella, Señor, ilumina,
        Su esperanza y feliz porvenir.

      "Borriqueros" de un pueblo tranquilo
    Llegue á vos su leal pensamiento,
    Como un eco del fiel sentimiento
    Que inspirais al país, General.
    "Caleteros" que ven el trabajo
    Como un bello principio en que el hombre,
    Vive honrado y conserva su nombre,
    Hoy os vienen tambien á cantar.

      "Providad" es un lema que ostenta
    Nuestra humilde y feliz compañía;
    Al brillar cada aurora del dia
    Se repite en su centro esa voz.
    "Borinqueña" es la cinta patriótica
    Que nos hace servir con firmeza,
    Conservarla con brillo y nobleza
    Es del alma la grata impresion.

      ¿No es glorioso que un pueblo entusiasta
    Ovaciones de amor os tribute,
    Que se ligue y que unido disfrute,
    Contemplando un Gobierno de paz?
    Vuestro brazo, Señor, lo encamina
    A la senda del bien, de la gloria,
    Puerto-Rico mañana en su historia,
    Vuestro nombre lo hará recordar.

      Esos cambios inciertos del tiempo
    En la triste inaccion nos tenia,
    Triste crísis que el pueblo sufria
    Y que vos combatísteis, Señor.
    Hombres somos del pueblo; el trabajo
    Nuestra clase industriosa lo indica,
    La proteje el "Comercio" y suplica
    PUERTO FRANCO al Gobierno español.


                            AL EXCMO. SEÑOR

                     D. JULIAN JUAN PAVIA Y LACY.

                       EL GREMIO DE DETALLISTAS
                      EN LAS FIESTAS DE SAN JUAN.


      Ya luce en Oriente
    De SAN JUAN el dia,
    De grata armonía
    De plácido ambiente.

      De la verde alfombra
    Que esmaltan las flores,
    La luz y colores
    Destierran la sombra.

      Soltemos al viento
    La patria bandera,
    Que en nuestra ribera
    Ya reina el contento.

      De los astros rey
    Alegra el espacio,
    El campo, el palacio,
    Y la humana grey.

      Un astro radiante
    De paz y alegría,
    El astro es PAVIA
    La enseña, ¡adelante!

      Venid borinqueñas
    De rasgados ojos,
    Las de lábios rojos
    Y trovas risueñas.

      Venid, y diadema
    De rosas y olivas,
    Tejed espresivas
    Del amor emblema.

      Ponedla en la senda
    Del héroe que amamos,
    Al que tributamos
    Nuestra pobre ofrenda.

      De la patria el dia
    Preside la fiesta
    Repita la orquesta
    ¡Que viva PAVIA!


                                 HIMNO
              DEDICADO AL EXCELENTÍSIMO SEÑOR GOBERNADOR
                           Y CAPITAN GENERAL

                         D. JULIAN JUAN PAVIA,

                EN LA ALBORADA DE LA CLASE DE ALBAÑILES
                      EN LAS FIESTAS DE SAN JUAN


                   CORO.

      Salve, salve, cien veces, Señor,
    ¡Que regís este bello País!
    Gloria, gloria al buen hombre español
    ¡Que nos brinda una vida feliz!

      Sólo el hábil piloto que guia
    Hoy la nave del pueblo riqueño,
    Pudo darle un aspecto risueño
    A un país que encontró en el dolor:
    ¿Quién mejor que esos hombres que nunca,
    Con la trama del arte han finjido,
    Son la prueba de un Gefe querido,
    Recto, justo, leal, bienhechor?

      ¡Plegue á Dios que esa estrella de gracia
    Que en el cielo se vé de esta Antilla,
    Que sin mancha y purísima brilla,
    No se llegue mañana á ocultar!
    Estos son nuestros votos fervientes,
    Ecos puros que brotan del alma,
    Cual las notas del ave en la palma
    De esta bella region tropical.

      ¡Ay Señor, Puerto-Rico ya es otro!
    Ya olvidó su pesar, su amargura;
    Ya entre sueños de dicha y ventura
    Vuelve á abrirse su hermosa ilusion:
    Ya hoy un aire de amor se respira,
    ¡Salve, salve, do quiera se aclama,
    Al Gobierno feliz que nos ama
    Y animó nuestro Santo Patron!


                            AL EXCMO. SEÑOR

                         D. JULIAN JUAN PAVIA.

                El Gremio de ZAPATEROS, en su alborada
                 EN LAS FIESTAS DE SAN JUAN.


                   CORO.

      Al alzarse en su carro la aurora
    Le dá el ave su dulce cancion,
    Y una voz de la Patria sonora
    ¡Salve, salve, le dice al PATRON!

      Esa voz, General, es del pueblo
    Que no ha mucho sus ayes lanzaba,
    Que volver á su dicha anhelaba
    Y entregarle al trabajo con paz.
    Quiso Dios inspirar á la Reina
    Y mandaros, Señor, á esta Antilla,
    Y PAVIA es el nombre que brilla
    ¡En la inmensa ovacion popular!

      No tenemos riquezas, ni glorias,
    Que venir á ostentar en Palacio,
    Nuestra esfera, Señor, nuestro espacio
    El trabajo lo indica y el bien.
    Pero en cambio del oro y del lujo
    Es mejor nuestra fiel simpatía,
    Que los hijos del pueblo en el dia,
    Son ovejas que van al PODER.

      Los dos mundos se juntan y ligan
    Por un lazo de amor soberano,
    Vuestra hija es del pueblo cubano,
    Y vos, honra del pueblo español.
    Era ayer nuestra patria un sepulcro,
    Una noche sin luz, sin estrellas,
    Y hoy un grupo de vírgenes bellas
    Van cantando sus himnos de AMOR.

      ¡Bello cambio de un bello Gobierno
    Que nos brinda un raudal de esperanza,
    Y que sábio ha formado esa alianza
    Que promete la paz y la union!
    ¡ARTESANOS! nos toca el obsequio
    Ofreceros, Señor, este dia!
    ¡Viva, viva el ilustre PAVIA!
    ¡Viva, viva SAN JUAN el Patron!


                                 HIMNO

                     AL PATRON SAN JUAN BAUTISTA,

                            POR LOS MUSICOS
                      En la noche de su alborada.


             CORO.

      Los pueblos cristianos,
    Henchidos de amor,
    Celebran contentos
    Al Santo PATRON.

      San Juan el BAUTISTA,
    Por Dios destinado
    A ser denodado
    El nuestro PATRON.
      Sus dones envia
    Del cielo á raudales,
    Y cesan los males
    De nuestra afliccion.

      Su gracia invoquémos
    Con júbilo santo,
    Y en místico canto
    Su nombre ensalzad.
      Porque él nos proteje
    Y bienes derrama
    Humilde al que clama,
    Su dulce piedad.

      Salud y abundancia
    Prodiga al porteño
    Y el timbre halagüeño,
    De noble y leal:
      La MUSICA bella,
    La hermosa PINTURA,
    Le dió por natura
    Con Lira inmortal.

      Sus dones preciosos
    Do quiera los vemos,
    Y mas que tenemos
    Un buen General.
      Que el SANTO le inspira
    Pureza y justicia,
    Cumplida pericia,
    Bondad sin igual.


                            LOS CARPINTEROS

                     FESTEJAN A SAN JUAN BAUTISTA.

    Henchidos de contento
        y entusiasmados
    saludando á vuecencia
        todos cantamos,
        y le traemos
    la gratitud humilde
        de nuestros pechos.

    Entre alegres festines
        la gente salta
    revelando tan solo
        goces del alma;
        y con delirio
    nosotros revelamos
        lo que sentimos.

    A SAN JUAN entonemos
        sencillos cantos,
    porque es el patron nuestro
        que festejamos,
        y que los vivas,
    se repitan por todos
        con alegría.

    Cuando un padre no olvida
        nunca á sus hijos
    siempre le están aquestos
        agradecidos;
        así nosotros
    cuando vuecencia goza;
        gozamos todos.

    Esta alborada inmensa
        que aquí traemos,
    se compone de todos
        los carpinteros,
        y algunos otros
    que al mirarnos alegres
        saltan de gozo.

    Vuecencia abrió la puerta
        á la alegría,
    y hácia ella la gente
        voló en seguida,
        pues es tan bueno,
    que es digno que le siga
        el pueblo entero.

    Se ha llamado bastante
        la atencion vuestra,
    y por eso nos vamos
        con su licencia,
        y le pedimos
    que siempre sea tan bueno
        como ahora ha sido.


                                HIMNO.

               CANTADO EN EL PALACIO DE SANTA CATALINA,
                   LA NOCHE DEL 12 DE JUNIO DE 1868.
                En la Serenata del Gremio de Barberos.

      Todo pueblo sensato y cristiano
    Entusiasta celebra al Patron,
    Que le envia del cielo el Eterno
    Para darle eficaz proteccion.

      Si es Borínquen feraz y salubre;
    Si sus campos se visten de flores;
    Si los pájaros son trovadores,
    Suave y pura la brisa del mar;
    Si apacible, eternal primavera
    Fertiliza dichoso este suelo,
    Bellos dones los trajo del cielo
    El amado Patrono SAN JUAN.

      Celebremos su fiesta, porteños,
    Recordando los años pasados;
    No seamos de aquellos menguados
    Que olvidaron al Santo Patron.
    Elevemos magníficos globos
    Ledo canto resuene do quiera,
    Que figure la hermosa bandera
    Y se adorne con lujo el balcon.

      Vengan luego briosos corceles
    Manejados por lindas cagüeñas,
    Que son lindas las porto-riqueñas,
    Amazonas con gracia gentil.
    Y la bulla, algazara y la vela
    Nos presente al SAN JUAN animado,
    Que gozaban en tiempo pasado
    Desde el viejo hasta el niño infantil.

      Hoy tenemos un Gefe preclaro,
    El ilustre PAVIA querido;
    Que el amor conquistarse ha sabido
    De este pueblo que es digno y muy fiel.
    A su nombre gozamos tranquilos,
    Dulce paz, espansion y contento;
    Apreciemos feliz el momento
    Y al PATRONO pidamos por él.


                               SERENATA.

      Mariposas galanas, tiernas palomas,
    Flores que dan al viento suaves aromas,
    Arreboladas nubes de la mañana
    Que en el espacio vierten nácar y grana;
    Perlas que entretejidas en cien collares,
    Abrillantan la orilla de nuestros mares;
    Angeles hechiceros, hadas risueñas....
    ¡Así son las gallardas Puerto-riqueñas!
                        ¡Preciosas niñas,
    Gala, encanto y orgullo de estas campiñas!
                        ¡Niñas preciosas,
    Angeles, perlas, flores y mariposas!

      De sus ojos brillantes á los fulgores
    Ilumínase el cielo de los amores,
    El carmin de su boca la miel derrama
    En armónico arrullo, que el pecho inflama:
    En su frente trigueña pura luz brilla,
    Los claveles resaltan en su mejilla,
    La delgada cintura con garbo mueve,
    Con lijero abandono la planta breve:
                        ¡Cuánta belleza,
    Cuántas gracias, encantos y gentileza!
                        ¡Cuánta hermosura,
    En ojos y mejillas, boca y cintura!

      ¿Quién al ver tanta dama gentil y apuesta
    Celebrando la grata popular fiesta?
    ¿Quién al verlas reunidas como este dia
    Por do quiera vertiendo dulce alegría,
                        No se enagena,
    Y á la red de sus gracias no se encadena?
                        ¿Quién dejaria
    De exclamar con el alma de gozo llena?
                        ¡Viva el Patrono,
    Pues las niñas Riqueñas son en su abono!
                        ¡El San Juan viva
    Y siempre de las bellas culto reciba!

                                         J. G. P.


                     AL EXCMO. SR. CAPITAN GENERAL

                        DON JULIAN JUAN PAVIA.

                   El Jóven Comercio de Puerto-Rico,
                      EN LAS FIESTAS DE SAN JUAN.


                    CORO.

      Luce el sol en la inmensa estension
    Ostentando su roja diadema,
    Y en su centro fulgura un emblema
    De PAVIA y el SANTO PATRON.

      Como brilla en su carro la aurora,
    Como el ave nos dá su armonía
    De igual modo el Gobierno en PAVIA
    Tiene un eco de amor popular.
    Y nosotros, Señor, entusiastas,
    Recordando de España las glorias,
    Al hacer esas gratas memorias
    Recordamos á España y SAN JUAN.

      El COMERCIO es la vida del pueblo
    El trabaja, se industria, se afana,
    Y es su gloria que brille un mañana
    De un mas bello y feliz porvenir.
    Que entre España, Señor, y esta Antilla
    El Comercio variando de traje,
    Pueda un dia decir ¡¡CABOTAJE!!
    ¡Ya tenemos un mundo feliz!

      Ya MERCURIO desplega sus alas,
    Protejiendo esta fértil Antilla,
    Sea la ola serena que brilla
    Sobre el bello turquí de la mar.
    El Comercio es la voz de ADELANTO
    La VIRTUD y el TRABAJO comprende,
    Y en las fiestas gozoso desprende,
    Cuanto pueda al país alegrar.

    Hay un gozo sublime, del alma,
    Que nos dice ¡GOZAR! ¡ALEGRARSE!
    Y ALGO debe en verdad esperarse
    De la santa bondad del PATRON.
    Y este jóven Comercio reunido
    ¡Salve! ¡salve! le dice á PAVIA,
    Porque ofrece su noble hidalguía
    PUERTO-FRANCO, la PAZ y la UNION.


                                 HIMNO

                   EN LA ALBORADA DE LOS MILITARES.


                       CORO.

          Puerto-Rico entusiasta tributa
        Mil ofrendas al buen General,
        Y nosotros unidos al pueblo
        El afecto del fiel militar.

      Puerto-Rico se ostenta apacible
    Siempre vive tranquilo y contento,
    Arraigando ese leal sentimiento
    Que es el timbre del pueblo español.
    Y nosotros gozando en sus fiestas
    De la mas fraternal alegría,
    De SAN JUAN celebramos el dia,
    De SAN JUAN su divino PATRON.

      Si en la cruda batalla cumplimos
    Con el noble deber del soldado,
    Y la fé que á la Reina ha jurado
    El que acata la ley militar.
    En las horas de dichas y goces
    Llena el goce tambien nuestras almas,
    Y con vivas con cantos y palmas
    Celebramos tambien á SAN JUAN.

      Son los votos fervientes del pueblo,
    Que su paz no se turbe en la vida,
    Dulce paz que al progreso convida
    Y asegura un feliz porvenir.
    Con la paz Puerto-Rico florece
    Y sus dias discurren serenos.
    Como van por el mundo los buenos
    Que supieron del crímen huir.


                                 HIMNO

               Cantado por la Guarnicion de Puerto-Rico
                            EN SU ALBORADA

               CON MOTIVO DE LA FIESTA DEL SANTO PATRON.

        Que viva el Patron San Juan--¡viva!
          Su mediacion asegura,
          En pos de dolor, y afan,
          Riqueza, paz y ventura.

      Esas armas cubiertas de gloria
    Que resuenan de un polo á otro polo,
    Y blandimos, Soldados, tan solo
    De la Reina y la Patria en sosten,
    Depongamos por hoy en memoria
    Del que á Dios elevando sus manos,
    Santa égida de nuestros hermanos
    Bendiciones traerá á Borínquen.

      Pueblo somos, del pueblo salidos,
    Nuestros son su trabajo y pesares,
    Nuestros sean los puros cantares
    Que en el viento se dejan oir.
    Y en su alegre festin confundidos
    Diferencia tan solo encontremos
    En que es deuda y pagarla sabremos,
    Defendiendo á Borínquen, morir.

      Invencible es el pueblo y la hueste
    Que animados por un pensamiento
    De fraterno y leal sentimiento
    Hace eterna su enérgica union.
    Que el peligro do quiera se apreste;
    Abrazados de nuestros hermanos,
    Compañeros, venderle esperamos
    Con la ayuda del SANTO PATRON.

[Ilustración]



INDICE.


                                                 PAGINAS.

  Introduccion                                      7

  I.--Ojeada retrospectiva                         14

  II.--Alternativas del San Juan                   29

  III.--El San Juan en el presente siglo           39

  IV.--El San Juan en los últimos treinta
  años                                             49

  V.--Situacion del país                           60

  VI.--Principio de las fiestas                    70

  VII.--Recepcion del Gobernador Superior
  de la Isla                                       80

  VIII.--Las alboradas                             86

  IX.--Exposicion de pinturas                      93

  X.--Festividad religiosa, Fuegos, Mascarada,
  Cabalgata, Regata, Alborada                     113

  XI.--Concurso de caballos                       130

  XII.--Bailes                                    141

  XIII.--Funcion religiosa                        153

  XIV.--Carreras de San Juan                      162

  XV.--Fiestas militares.--Concierto.             173

  Conclusion                                      177

  Apéndice                                        179





*** End of this Doctrine Publishing Corporation Digital Book "Las fiestas de San Juan, reseña histórica de lo que han sido y de lo que son - Relación verídica de las que se celebran en este año de 1868" ***

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