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Title: Nuevas investigaciones sobre el origen del nombre América
Author: Marcou, Jules
Language: Spanish
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*** Start of this LibraryBlog Digital Book "Nuevas investigaciones sobre el origen del nombre América" ***


produced from images generously made available by The
Internet Archive/American Libraries.)



NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

  * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre
    =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

  * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.

  * Se ha respetado la ortografía del original impreso, que difiere
    algo de la actual.

  * Las páginas en blanco han sido eliminadas.

  * Las notas a pie de página se han renumerado y colocado al final
    del libro.



  NUEVAS INVESTIGACIONES
  SOBRE
  EL ORIGEN DEL NOMBRE AMÉRICA

  POR EL PROFESOR
  JULES MARCOU

  EXTRACTO DEL BOLETÍN DE LA SOCIEDAD DE GEOGRAFÍA DE PARIS

  TRADUCCION
  DE
  J. D. RODRIGUEZ


  MANAGUA
  TIPOGRAFÍA NACIONAL
  1888



  NUEVAS INVESTIGACIONES
  SOBRE
  EL ORIGEN DEL NOMBRE AMÉRICA



I

Introducción


Cuatro hechos dominan y resumen toda la cuestión acerca del origen del
nombre de América: 1.º _Amerrique_ es el nombre indio de unas
montañas existentes entre Juigalpa y La Libertad, Departamento de
Chontales, que separan el lago de Nicaragua de la costa de los
mosquitos. En lengua maya significa “País del viento,” “País donde el
viento sopla siempre.”

2.º El nombre propio de Vespucci es, en italiano y español,
_Alberico_, en latín _Albericus_.

3.º Jamás ha sufrido ningún nombre propio tantas variaciones y
combinaciones, unas de intento, otras inconscientemente, como el de
Vespucci. Semejante confusión es sin ejemplo, es única en la historia de
los hombres célebres. Hecha excepción del nombre _Alberico_, ninguno de
los otros nombres se encuentra en las nomenclaturas y calendarios, á la
sazón tan ricos, de santos italianos y españoles, y esto en tiempo del
mayor fervor religioso, y de la supremacia absoluta del cristianismo
católico romano. Enunciemos algunos de esos nombres: _Americus_,
_Amerrigo_, _Amerigo_, _Amérigo_, _Amergio_, _Americo_, _Almerigo_,
_Albertutio_, _Almerico_, _Morigo_, _Damerrigho_, _Armerico_, _Emeric_,
_Aïmeric_, _Alméric_ y _Améric_. Estos no son diminutivos, ni
alteraciones usuales, sea en italiano, español ó francés, de _Alberico_,
_Albericus_, _Albéric_, _Albert_.

4.º En fin, antes de 1507, fecha de la publicación del nombre
_Americus_ por Jean Basin, en Saint Dié, no se encuentra este nombre en
ningún documento impreso, ni aun manuscrito, de autenticidad reconocida
é incontestable.

Mi primera memoria publicada en 1875, “_Sobre el origen del nombre
América_” (_Bulletin de la Societé de Geographie_, serie 6.ª, tomo
IX, pág. 587, Paris) ha tomado al mundo por sorpresa. Uno se resiste á
cambiar hábitos seculares que se han hecho clásicos. Sin embargo, las
traducciones _in extenso_, y las citas que de ese trabajo se han hecho
en todas las lenguas importantes, ponen de manifiesto el interés que ha
despertado.

Con especialidad en los países en donde se habla la lengua española, se
han dado muestras de haberse aceptado con gusto la solución que yo
ofrezco, y ha sido publicada mi memoria no solo en el _Boletín de la
Sociedad geográfica de Madrid_, correspondiente á Setiembre de 1883, y
en el _Boletín de la Sociedad geográfica argentina_, de Buenos-Aires, en
1884, sino también en periódicos políticos, como el _Diario de la Marina
de la Habana_, en Diciembre de 1882, y el _Diario de Centro-América_ de
Guatemala.

Varios periódicos y revistas de los Estados-Unidos, Francia, Alemania é
Italia, han publicado noticias y extractos de aquel trabajo; y hánse
presentado también no pocas objeciones y dudas.

En general puede decirse, que en España y en la América española, ha
sido bien acogido el origen indígena del nombre del Nuevo Mundo; que lo
mismo lo ha sido en los Estados-Unidos,[1] con cuatro ó cinco
excepciones, habiendo sabios que piensen que su erudición les impone el
deber á unos de manifestar escrúpulos, á otros de responder con sátiras.

En Francia, Alemania é Italia, se ha dejado ver incredulidad, duda, y se
han presentado objeciones, salvo entre un corto número de eruditos, de
los cuales citaré al señor Guido Cora, geógrafo de Turín.

Vamos á pasar en revista las críticas, á examinar todos los documentos
que se relacionan con la cuestión, y abrigamos la esperanza de
demostrar, mediante una acumulación de hechos de los cuales parecen
resultar conclusiones inevitables é irresistibles, cuál es el origen
verdadero del nombre tan apropiado y tan bello de _América_, dado al
Nuevo Mundo.



II

     Sierra _Amerrique_ en Nicaragua--Sus minas de oro--El
     naturalista Thomas Belt--Nuevos nombres de lugares en la
     América Central, terminados en _iqque_, _ique_, ó
     _ic_--Ausencia de nombres de montañas, en los documentos y
     relaciones impresos en el siglo XVI--Dificultad de hallar la
     verdad.


Un geólogo y naturalista de talento, el difunto Thomas Belt, autor de
_The Naturalist in Nicaragua_, Londres, 1874, dice que la cadena de
montañas que forma la línea divisoria de las aguas, entre el lago de
Nicaragua y el río Bluefields, se llama _Sierra Amerrique_, ó
_Cordillera de Amerrique_; que es formada de rocas, sembrada de
precipicios, con alturas verticales como cortadas á pico, de masas de
rocas aisladas y en forma de puntas. Habla de encontrarse con frecuencia
la terminación _tique_ ó _rique_, en los nombres de lugares en Honduras,
y piensa que los indios _Lencas_ fueron los antiguos habitantes de
Chontales. En fin, Thomas Belt dice, que el oro se encuentra en venas ó
filones de cuarzo, en las minas de Santo Domingo, San Benito, San
Antonio y Consuelo, explotadas durante tres años, de 1868 á 1871, por la
Compañía Minera de Chontales, de que él fué ingeniero. Afirma que no hay
placeres que valgan la pena de ser explotados, mostrando con eso, que
anteriormente habían sido agotados por los indios ó los españoles.

En carta datada en Londres á 8 de Abril de 1878, Thomas Belt me dice,
que cuando él vivió en La Libertad, al pié oriental de las montañas de
_Amerrique_, á menudo había llamado su atención la semejanza de ese
nombre con el de todo el Continente; pero que jamás había visto en eso
otra cosa que una coincidencia. Se hace cargo de la pronunciación
indígena del nombre _Amerrique_, con doble _r_: y agrega:--“Las crestas
y picos de esta sierra, son desnudas, y batidas constantemente por los
vientos violentos que vienen del Pacífico.”

El Doctor A. Le Plongeon, de Mérida, Yucatán, que es el erudito que
mejor ha estudiado á los indios de la América Central, y especialmente
la lengua maya, me escribió en 10 de Diciembre de 1881, que el nombre
_América_ ó _Amerrique_, quiere decir, “país donde el viento sopla
siempre con fuerza,” ó “el país del viento,” y que “algunas veces la
terminación _iqque_, _ik_ é _ika_, no solo significa viento, aire, sino
también el espíritu que respira, la vida.”

En mi primera memoria de 1875, he dado una lista de quince nombres de
lugar, indígenas de la América Central, y que terminan todos en
_iqque_, _ique_ ó _ic_. Esta última terminación se escribe
indiferentemente _ic_, _ique_, ó _iqque_, la _ch_ al fin de un nombre se
pronuncia como _k_ ó _c_.

He aquí otros diezinueve nombres de lugares, con la misma terminación:
Tepich, Xoncanich, y Cancabtic, en Yucatán; Tenosique, en Tabasco;
Chirique, Tuquerrique ó Tucurrique, Bruzhik, Brunhik, Izguizhik,
Berbazhik, Tayutique ó Tuyotique y Turiric, en Costa-Rica; cerro de
Cunchique, en el Salvador; Mizquic ó Mizquique, en Méjico; Zapotitlic,
en Jalisco; Pitic y Saric, en Sonora; Tajique, en Nuevo Méjico, y
Munchique, en Colombia. En fin, citemos el nombre Ameralik, distrito de
Groenlandia, cerca de Godthaab, á 64° 5′ latitud Norte, y 51° de
longitud.

Después de las montañas de _Amerrique_, de Nicaragua, tenemos las de
_Lepaterrique_ de Honduras. Observemos, que todos los nombres indígenas
americanos, de lugar, son descriptivos de aquel á que se aplican.

Conviene decir, que de los documentos que poseemos sobre la América, sea
que traten de demarcaciones, concesión ó confiscación de propiedades por
letras patentes ó reales cédulas, ó que contengan descripciones de
provincias ó nuevas exploraciones en ninguno se halla nunca un solo
nombre de cadena de montañas, de mesetas ó llanuras. Encuéntranse
nombres de provincias, villas, pueblos, ríos, puertos de mar, bahías,
cabos, y algunas veces de valles. Esta omisión en la geografía física,
muestra que la ciencia de la descripción exacta y topográfica de un
país, no existía, y explica cómo no se encuentra el nombre de la _Sierra
de Amerrique_, en ningún documento antiguo de la América Central.[2]

Tan numerosas son las incertidumbres y contradicciones, en cuanto
concierne á los navegantes y á los descubrimientos geográficos, de fines
del siglo XV y principios del XVI, que Humboldt dice con justicia:--“En
la cronología de los descubrimientos, confúndense, á la sazón, las
fechas, las naciones y los hombres.”[3] Y si Saint Beuve ha podido
exclamar respecto de los acontecimientos y de los hombres de nuestro
siglo:--“¡Cuánto trabajo cuesta hallar la verdad, y con cuántas
dificultades se tropieza en el camino!” ¿qué sucederá, cuando se trata
de cosas de hace cuatro siglos? ¿Qué deberá hacerse para distinguir lo
verdadero de lo falso, y trasformar en luz vagas vislumbres? Examinar de
cerca, comparar y hacer converger todo lo que se halla á nuestro
alcance: por una parte los datos históricos impresos en la época misma;
y por otra, los manuscritos que vayan encontrándose, ó que hubiesen sido
impresos largo tiempo atrás: en fin; darse cuenta exacta de las
condiciones sociales de la época.



III

     Primer viaje de Vespucci, de 1497 á 1498--Ultimo viaje de
     Colón, de 1502 á 1503--Su permanencia al pié de la Sierra
     _Amerrique_--Espejos de oro de los indios de la costa de
     mosquitos--Razones que impidieron á Colón hacer mérito de la
     Sierra de _Amerrique_ en su _Lettera Rarissima_--Quinto viaje
     de Vespucci en 1505, á la costa de los moscos--El nombre
     _Amerrique_ propalado por la tripulación y oficiales de esta
     expedición--Schöner declara desde 1515, que el nombre
     _Amerrique_ (América) era ya popular.


Comencemos por citar viajes y descubrimientos--Si se acepta la opinión
de Varnhagen[4] de que Vespucci efectuó su primer viaje de 1497 á 1498,
que el navío en que lo hizo tocó en las cercanías del Cabo Gracias á
Dios, y que otros dos días de navegación le llevaron al Cabo Camarón, en
la costa meridional de Honduras; veremos por su relación, que los
caribes tenían oro, pues portaban ornamentos de este metal, que los
indígenas decían haber tomado á sus vecinos, con quienes estaban en
guerra. Esos vecinos son, el día de hoy, los indios de la costa de
mosquitos, situada al pié oriental de las montañas de _Amerrique_. Hay
en esto una especie de luz que permite suponer que Vespucci y sus
compañeros han debido ser los primeros europeos que pronunciaron el
nombre _Amerrique_.

Cristóbal Colón, en su cuarto y último viaje, se detuvo largo tiempo en
Cariai, á la embocadura del río Bluefields, en la costa de los
mosquitos, en frente, y al pié de la Sierra de _Amerrique_. Allí hizo
reparaciones á sus navíos, y dió descanso á sus tripulaciones. Allí
vieron los europeos que los indios portaban como adorno, espejos de oro,
pendientes del cuello--Interrogados con frecuencia, de dónde venía aquel
oro, los indios designaron varios países que lo producían en abundancia.
Colón no cita en su relación más que el de Veraguas; pero dice
expresamente que los indios nombraron otras muchas localidades
abundantísimas en oro.[5] Aquellos indios vivían al pié oriental de los
montes de _Amerrique_, á muy corta distancia de las actuales minas de
oro de La Libertad,[6] y no es posible que el nombre _Amerrique_ no
hubiese sido con frecuencia pronunciado por ellos, en respuesta á las
incesantes preguntas de los europeos, harto ávidos de oro.

En efecto, es bien sabido, que el móvil principal y casi siempre único
de los viajes de descubrimiento, era el oro, y que así los jefes como
las tripulaciones, no tenían casi otra preocupación que la de obtener la
mayor cantidad posible del precioso metal.

Colón no se cansaba de prodigar elogios al oro de los países que había
descubierto. Cada vez que entraba á alguna gran población de España,
hacía colocar al cuello de un indio de Haití que había llevado consigo
en su segundo viaje, una magnífica cadena de oro, con peso de
seiscientos castellanos. En uno de sus informes dijo, “que había
apartado pepitas de oro, tamañas como huevos de gallina ó de pato, que
quería llevar á la Corte de España, intento que le frustró el Comandante
Bobadilla.”

Habiendo dejado la región situada al pié de la Sierra de _Amerrique_,
Colón tocó veinticinco leguas más al Sur, en el país de Veragua, que él
menciona en su relación. A Colón le pareció que esta era la provincia
donde el oro se hallaba en mayor abundancia. Además, fué allí donde hubo
la primera indicación de la existencia de un mar al Oeste (el mar del
Sur). Estas dos consideraciones deben de haber fijado en su espíritu el
nombre de Veragua, que debe de haberse adherido más fuertemente al lugar
que los de las otras regiones de la costa fuera de Gracias á Dios; y
como este último viaje fué descrito por Colón, ya viejo, enfermo,
disgustado de las injusticias de que había sido víctima, no es
sorprendente que en su relación no haya citado todos los nombres nuevos,
cuanto bárbaros, que había oído de boca de los naturales con quienes
estuvo en comunicación.

Por lo tanto, de que el nombre _Amerrique_ no ocurra en la _Lettera
raríssima_, no puede seguirse que Colón y sus compañeros no lo hayan
oído, ni lo hayan repetido con frecuencia á su regreso á Europa: esta
sería una suposición de las menos probables, y contraria á lo que ha
sucedido á todos los navegantes y descubridores de tierras nuevas, ricas
en oro.

Humboldt dice, que en las _Quatuor Navigationes_ de Vespucci casi no se
encuentran indicaciones geográficas; y añade:--“La omisión de los hechos
y sitios más memorables, caracteriza casi en el mismo grado muchas de
las relaciones fragmentarias publicadas en los primeros años del siglo
dieziseis.”[7]

Admitido el quinto viaje de Vespucci en 1505,[8] y que durante él
visitase las costas de Centro-América, y que haya visitado Veragua y la
costa de los mosquitos, es probable que este navegante se detuviese á la
embocadura del río Bluefields, y que se comunicase con los indios “de
los espejos de oro” del pié oriental de la Sierra de _Amerrique_.

Así, de 1497 á 1505, tenemos tres indicaciones históricas, bastante
ciertas, de desembarcos y comunicaciones de los españoles, á las órdenes
de Colón, de Pinzón, de Solís ó de Cosa, en dos de las cuales estuvo
Vespucci. ¡Cuánta razón para que hombres poseídos de la sed de riquezas,
y especialmente de oro, hayan oído y llevado á Europa, y repetido mil y
mil veces en sus conversaciones, el nombre de uno de los lugares más
ricos en oro, esto es, el nombre indígena de _Amerrique_! Tal es la
razón principal que hizo decir á Schöner en 1515, que á la sazón este
nombre era ya popular y generalmente empleado.



IV

     Documentos impresos antes de 1507--Primera carta sobre el
     tercer viaje de Vespucci--Diezinueve ediciones todas con el
     nombre propio _Albericus_--Segunda carta sobre los cuatro
     viajes de Vespucci; edición italiana de 1506, con el nombre
     propio _Amerigo_--Otras ediciones italianas que llegan hasta
     1519, con el nombre propio _Alberico_.


Llegamos ya al examen de documentos impresos. Veamos desde luego los que
aparecieron en 1507, fecha de la famosa _Cosmographiæ Introductio_, del
Gimnasio Vosgense. Aquí sabemos á qué atenernos, al menos en lo tocante
al título de las publicaciones, y al nombre propio dado á _Vespucci_,
pues hasta aquella fecha no hay razón alguna que induzca á suponer la
existencia de alteraciones, voluntarias ó inconscientes, de ese nombre.
A lo sumo podrán invocarse errores tipográficos ó de lectura defectuosa
de los manuscritos, para la creación de un nombre propio renco y
estropeado.

A este propósito dice Varnhagen:--“Desde el momento que se examina á
Vespucci en sus propias obras, comienza el caos, y la duda surge por
todos lados.” Ensayemos á separar lo verdadero de lo falso, comparando
las obras publicadas por aquella misma época.

El señor Henry Harrise, en su excelente y bella obra _Bibliotheca
Americana vetustissima_, en dos volúmenes, publicados el primero en
Nueva York (1866), y el segundo con el nombre de _Additions_, en Paris
(1872) nos da con gran cuidado y loable exactitud, el título de
diezinueve publicaciones, del tercer viaje ó primera carta de Vespucci,
hechas antes de 1507. Ahora bien, en todas se encuentra como nombre
propio de Vespucci, el bien conocido nombre _Albericus_, sin ninguna
variación. El nombre de Vespucci varía de la manera siguiente:
Vespucius, Vesputius, Vespucci, Vespuctius y Vespotius.

Dice el señor Harrise, que del tercer viaje de Vespucci, hecho bajo
bandera portuguesa, existen once ediciones en latín, sin lugar ni fecha
(pero todas publicadas probablemente en el mismo año de 1504 á 1505.) En
este viaje Vespucci por vez primera declara, que las tierras nuevamente
descubiertas deben llamarse _Nuevo Mundo_, “más habitado de pueblos y
animales que nuestra Europa, que el Asia ó el Africa.”[9]

La relación de este viaje, dirigida en idioma que no era el latín sino
probablemente el italiano, á Laurent Pier Francesco de Médicis,
residente entonces en Paris, fué traducida al latín por un arquitecto
italiano, monge de Verona, dominicano que se hallaba empleado en la
construcción del puente Notre Dame, y del Petit Pont, en Paris.
Ciertamente, estos dos compatriotas italianos de Vespucci, sobre todo su
amigo y conciudadano florentino Médicis, deben de haber conocido con
exactitud su nombre propio, y al emplear el de _Albericus_ ó _Alberico_,
debe juzgárseles muy autorizados.

Después de esta carta de 1503, ó quizás de fines de 1502, carta
suficientemente auténtica e indiscutible, en cuanto á su publicación
repetida muchas veces con anterioridad á 1507, tenemos, con referencia
al nombre propio _Albericus_, la segunda carta de 4 de Setiembre de
1504, no menos auténtica, pero sobre la cual es dudosa la fecha de la
primera publicación--Está escrita en italiano bárbaro, españolizado, y
dirigida al gonfaloniero de Florencia, Piero Saderini, amigo de juventud
y de estudios de Vespucci.

Siguiendo á Varnhagen, la edición _princeps_ es italiana, hecha en
Pescia, cerca de Florencia, en 1506--La edición latina de Abril de
1507,[10] es de Saint Dié, por el Gimnasio Vosgense, traducción del
Canónigo Jean Basin, de un texto francés, que hoy es desconocido, y que
fué sacado del original italiano. El título italiano es así: _Lettere di
Amerigo Vespucci delle isole nuovamente trovate in quattro suoi
viaggi_--Sin fecha.

Esa fué la primera vez que un documento impreso en aquella época, dió á
Vespucci el nombre propio de _Amerigo_. Digamos desde luego, que las
publicaciones italianas posteriores á 1506, y que llegan hasta 1519, en
número de cuatro, todas le dan el nombre de _Alberico_; que la de 1521
le da el de _Albertutio_, y que no es sino á partir de 1745, cuando se
publicó el panegírico de Bandini, es decir, más de dos siglos después,
que las publicaciones italianas, al ocuparse particularmente de
Vespucci, le dan por nombre propio el de _Amerigo_.

Estas dos cartas de Vespucci es cuanto nos queda verdaderamente
auténtico, con todo y ser claro que los originales han sido perdidos, ó
han dejado de existir.



V

     Bautismo singular de Saint Dié, Lorena, en
     1507--Investigaciones y opiniones de Alejandro de
     Humboldt--¿Es _Amerigo_ nombre propio, es apelativo ó es
     apodo?--Vespucci primer americano.


Fué en Saint Dié, pequeña población perdida al pié occidental de los
Vosgos, muy lejos de Nancy, de Metz y de Strasburgo, y que no se
distingue por otra cosa que por ser la sede de un obispado que viene
desde el siglo VII, obispado debido á la fundación de un monasterio por
_Sanctus Deodatus_ de Nevers; fué en este Saint Dié, que en Abril de
1507, ocurrió lo que se ha llamado “el singular bautismo del Nuevo
Mundo, descubierto por Cristóbal Colón.”

He aquí como se expresa Alejandro de Humboldt:--“He tenido la felicidad
de descubrir muy poco há, el nombre y los trabajos literarios del
personaje misterioso que propuso el primero, en 1507, el nombre
_América_ para designar el nuevo Continente, y que se oculta á sí mismo
bajo el nombre griego _Hylacomylus_.”.... “Resulta de mis
investigaciones, que el nombre América ha sido, cuando menos, inventado,
y propagado por la ignorancia de este viajero (Vespucci).”[11] En otro
lugar[12] Humboldt dice:--“A mi juicio no hay más que otro ejemplo de
esta peligrosa celebridad, adherida, como la de Vespuce, sea á hombres ó
cosas, por una reunión fortuita de circunstancias.” Y más
adelante:[13]--“Es probable que Vespuce jamás supo la gloria peligrosa
que se le preparaba en Saint Dié, en un lugarejo situado al pié de los
Vosgos, y cuyo nombre verosímilmente le fué desconocido.” Hasta la época
de su muerte (en Sevilla, á 22 de Febrero de 1512), el nombre _América_,
como denominación de un Continente (_America_, _Amerige_, _Americi
terra_) solo se halla en dos obras impresas, la _Cosmographiæ
Introductio_, de Martin Waldseemüller, y el _Globus Mundi_, etc.,
(Argentor: 1509.) Hasta aquí no hay prueba alguna de relación _directa_
entre Waldseemüller, impresor de Saint Dié, y el navegante florentino.
Las _Quatuor Navigationes_ que registra la Cosmografía del primero, son
traducidas de _vulgari gallico in latinum_.

Aceptando la opinión de Varnhagen, de que la segunda carta de Vespucci,
datada en Lisboa el 4 de Setiembre de 1504, fué en seguida publicada en
italiano, á principios de 1506, en Pescia, tendremos por la primera vez,
un documento impreso en la misma época, y que nos da la palabra
_Amerigo_ como nombre propio de Vespucci. Pero hay todavía más: es la
primera vez que el nombre _Amerigo_ se encuentra en un impreso, ya sea
éste ejecutado en Italia, ó en otra parte; nombre completamente
desconocido hasta entonces, y que no existe entre los nombres de santos
que se usaban á la sazón como nombres propios.

Es muy importante observar, que el cuarto y último viaje de Colón fué de
1502 á 1503; que en Setiembre de 1503 fué conocido en Europa el
resultado de este viaje, por la llegada de dos subalternos, Méndez y
Fiesco, enviados de Jamaica por Colón, y que Vespucci, que vivía entre
marineros y pilotos, que eran las gentes de su esfera, tuvo toda ocasión
de conocer los detalles de este viaje. Puede suceder que á la sazón haya
conocido el nombre _Amerrique_, que por segunda vez oía, como el de un
país rico en oro, si en efecto supo en su primer viaje de 1497, de donde
venía el oro que los indios le habían mostrado.

¿Pues cómo puede explicarse que habiendo llevado Vespucci hasta 1504, el
nombre _Alberico_, bien conocido como nombre cristiano, le haya
sustituido con el de _Amerigo_, que era desconocido en Europa? ¿Lo tomó
como sobrenombre?, ó no es más que apodo que los marinos de los puertos
de la Península ibérica le dieron por su persistencia en hablar de
_Amerrique_? Estas son con frecuencia las causas vulgares y familiares
de los apodos[14] entre las gentes de mar, y cuyo origen se oculta
rápidamente con la dispersión de los que los inventan ó usan,
subsistiendo, sin embargo, y trasmitiéndose de boca en boca, y
haciéndose permanentes, sin que pueda saberse el punto de partida.

Mi impresión, después de un dilatado estudio de este asunto, es que, ya
dado por otros, ó tomado por él mismo, el nombre _Amerigo_ pareció á
Vespucci mejor que el común y conocido _Alberico_. En efecto, el nombre
_Amerigo_ parecía recordar, mediante una designación extranjera, y por
el país del Nuevo Mundo que lleva la de _Amerrique_, que entre los
Vespucci de Florencia, era aquel el gran viajero y explorador de países
nuevamente descubiertos. En una palabra, el nombre _Amerigo_ es más bien
un calificativo que un nombre propio; pudiendo decirse que Vespucci fué
el primero á quien se dió un nombre tomado del Nuevo Mundo, y que
fácilmente se trasformó en _Americo_ como más apropiado al del origen,
que es _Amerrique_: y en este sentido puede también asegurarse que
Vespucci fué el primer _Americano_. Es decir, que en lugar de tener el
honor de dar su nombre á la cuarta parte del mundo, de ésta salió el
sobrenombre que lleva, trocado en nombre por el uso, y que lo ha hecho
célebre; siendo además el primer europeo que ha tenido tal honor.

¿No se dice el día de hoy el “Chino Gordon,” para designar al héroe de
Khartoum? ¿No es llamado Congo Stanley, el gran viajero y descubridor
del curso del Congo? ¿Por qué no habría podido decirse _Amerigo
Vespucci_ en 1504? ¿No tuvo Roma á Escipion el Africano y otros por el
estilo?

El cambio del nombre propio de Vespucci efectuado entre la fecha de su
primera carta, que debe ser Marzo ó Abril de 1503, y la de la segunda,
que es de Setiembre de 1504, es un hecho incontestable, sobre el cual
hasta ahora no se ha llamado la atención, pues todo el mundo se ha
contentado con admitir que el nombre propio de Vespucci ha sufrido
numerosas variaciones. ¿Cómo no ha sucedido igual cosa con los nombres
de los otros navegantes? ¿No han sido siempre los mismos los nombres de
Colón, Vasco de Gama, los Cabotas, Cortés, Pizarro, Magallanes, Cartier,
etc., etc. Solo el de Vespucci cambia y es sustituido por otro que no se
conoce en Europa, y que no tiene más analogía que con el de un lugar del
centro del Nuevo Mundo.

Todo lo dicho se funda en documentos impresos en aquella época, y cuya
autenticidad es indiscutible. Más adelante hablaremos de los manuscritos
aparecidos después, impresos ó autografiados, en que no solo se halla el
nombre _Amerigo_, sino también _Americus_: muchos de estos documentos
han sido falsificados (ó llevan al menos graves sospechas de haberlo
sido) para satisfacer á los amantes de autógrafos, ó á los panegiristas
á todo trance, que han creado genealogía y antecedentes á un hombre
oscuro, que fué célebre hasta largo tiempo después de su muerte.



VI

     _Cosmographiæ Introductio_ del Gimnasio vosgense--Citas de los
     nombres _Americo_, _Ame-rige_--Explicación de Alejandro de
     Humboldt, que atribuye al nombre _Americus_ procedencia
     germánica--Etimologías fantásticas--Traducción latina, con el
     nombre de _Quatuor Navigationes_, por el Canónigo Basin, de la
     segunda carta de Vespucci--Rareza del librito de Saint
     Dié--D’Avezac y su libro “Martín Hylacomylus Waltzemüller.”


Hemos llegado al punto más importante, conforme al parecer de los
críticos que se han ocupado de la denominación del Nuevo Mundo, desde
1507, época en que vió la luz en Saint Dié la _Cosmographiæ Introductio_
del Gimnasio vosgense, que contenía “un nombre geográfico inventado
accidentalmente lejos de España, é inscrito en las cartas á falta de
publicaciones sobre los viajes de Colón á las costas del Paria y de
Veragua.”[15]

Me reservo para más tarde citar el pasaje famoso, tantas veces citado y
reproducido, que forma la única partida auténtica de bautismo del Nuevo
Mundo--Digamos solamente, que al margen de este pasaje se halla escrito
el nombre _Americo_. Dos fojas antes, á la décima tercia, marcada =C=,
en la tirada ó edición de 1507, que tengo á la vista,[16] al frente del
pasaje......_et quarta orbis pars (quam quia Americus invenit Amerigen,
etc.)_ el nombre _Ame-rige_ se halla en dos líneas al margen.

Humboldt dice:--“Los contemporáneos de Vespuce han traducido _Amerigo_
en latín, no por _Americus_, como debieron hacerlo, sino por
_Albericus_.” “Gomara, en su _Historia de las Indias_ (Zaragoza, 1551)
reune al nombre italiano el nombre latino, llamándole _Americo_ ó
_Alberico Vespucio_.”[17] Mathurin de Redouer ha confundido _Eméric_,
_Aïmeric_, _Almeric_ y _Alberic_. Y el gran panegirista de Vespucci, el
Abate Bandini, pretende que el tío mismo de Vespucci le designó con el
nombre _Emericus_. (Véase Bandini, pág, XXVIII.)

Y una vez lanzados en el campo de las explicaciones más ó menos
fantásticas, que no han podido ajustarse ni al italiano ni al español; é
ignorando Humboldt, por otra parte, la existencia de una región
geográfica del Nuevo Mundo, que llevaba el nombre indígena _Amerrique_;
se acogió á la lengua alemana, fuente inagotable de erudición, en
tratándose de nombres propios. Humboldt no vaciló en declarar, con su
amigo el sabio lingüista de Berlín, von der Hagen, que el nombre
_Americus_ es _de origen germánico_; lo que, añade ingénuamente, “no
debe dudarse, siendo el cosmógrafo Hylacomylus, nativo de la Alemania
Meridional.”[18] Es necesario leer las páginas, de la 53 á la 59, del
_Examen Crítico de la Historia de la Geografía del Nuevo Continente_,
por Alejandro de Humboldt, para formarse una idea de todo lo que es
posible imaginar en punto á etimologías, donde se hace intervenir las
lenguas germánicas, inclusive el alto alemán antiguo, las lenguas
romanas y hasta el sanscrito. Y toda esta erudición, á efecto de
explicar un nombre usado por los pobres indios de la costa de mosquitos,
para designar la región de _Amerrique_ á los primeros navegantes, ávidos
del oro que de allí provenía.

Las _Quatuor Navigationes_ de la _Cosmographiæ Introductio_, ó sea la
segunda carta de Vespucci, según la clasificación de Varnhagen, fueron
una traducción del francés al latín, por el canónigo Jean Basin de
Sandocourt (_Joannes Basinus Sendacurius_) ó de Sendacour, según
d’Avezac.[19] La primera traducción francesa del original italiano es,
tanto como su autor, desconocida, y es bárbara y españolizada. Si
entonces fué publicada, ya en forma de opúsculo, ó como hojas volantes,
de ello no hemos encontrado rastro alguno.

Observemos de paso, que todo cuanto se hacía camino al docto Gimnasio de
Saint Dié, era de segunda, y aun de tercera mano. De allí la ocasión de
errores, multiplicados por la inexactitud á que siempre fueron propensos
los poetas y cosmógrafos del Renacimiento, y que explica, al menos en
parte, las que brillan en el célebre volumen de Saint Dié.

Jamás se ha publicado librito alguno más preñado de inexactitudes y
errores. En él se encuentra impreso por la primera vez el nombre
latinizado de la mitad de la tierra, el nombre de todo el Hemisferio
Occidental. Y para más rematar la curiosidad, este librejo es una
verdadera obra de aficionado, una bella muestra de trabajo tipográfico,
de los cincuenta primeros años del arte de imprimir. Además, es
rarísimo. Esta obra célebre ha sido la desesperación, el rompecabeza, el
objetivo de la codicia, de todos los bibliófilos americanistas, desde
hace medio siglo.

Alejandro de Humboldt, que fué el primero en reconocer su grande
importancia, dice que es una obra “preparada con el mayor descuido por
un librero (reconocido como muy oscuro) del pueblecito de Saint Dié, en
Lorena.”[20] El vizconde de Santarem, la mira como “fuente de tantas
injusticias, engaños y confusión.”[21]

Humboldt, de Santarem, von Varnhagen, Harrisse, Eyriés, Yéméniz,
Chartener, Firmin-Didot, Brunet, Major, Lenox, Barlow, Brown, de Costa,
Winsor, Deane,[22] Navarrete, Orozco, Uricoechea, etc., etc., todos los
americanistas de los dos mundos han examinado esta edición. Ha sido
vuelta y revuelta en todo sentido. Jamás ninguna joya--y es esta una de
las más raras y magníficas--ha sido vista y estudiada con mayor
atención. Cuando uno ha tenido la fortuna de hacerse con uno de los doce
ó quince ejemplares existentes, lo toca con recelo y con cierto respeto
mezclado de profunda curiosidad, estudiando sus fojas una en pos de
otra. El precio que ha alcanzado en almoneda, por ejemplar de la tercera
edición, que es la menos rara, ha sido de 1,700 y 2,000 francos, que es
bonito dinero por un librejo de cincuenta y dos fojas, cuarto menor. El
único ejemplar de la primera edición, que es el de Eyriés, y que pasó en
seguida á la biblioteca de Yéméniz (de Lyon) si fuese puesto á la venta,
alcanzaría 4,000 ó 5,000 francos, y probablemente aun más.

Pero de todos los geógrafos bibliófilos, el que mejor ha estudiado esta
mal pergeñada obra, es el sabio Marie-Amand-Pascal de Castera Macaya
d’Avezac.

En un libro[23] que le hace el más grande honor, y al que, con modestia
suma, no le puso su nombre, contentándose con el de “Un geógrafo
bibliófilo,” casi ha agotado la materia. Poco menos que temeridad es
abrir nuevamente la discusión sobre cuestiones que deben considerarse
juzgadas por semejante maestro. Es verdad que d’Avezac, como Alejandro
de Humboldt y tantos otros, ignoró la existencia de la Sierra de
_Amerrique_; y eso por la razón muy autorizada, que él mismo da, de que
“Los países primeros en ser descubiertos, como Veragua, etc., etc.,
están el día de hoy olvidados y casi desiertos.”

Es necesario también decir, que d’Avezac, á ejemplo de todos los
investigadores, ha terminado por hacer de Waltzemüller, una especie de
héroe perseguido, ó al menos tratado con injusticia; y que en sus
“discursos y digresiones” se dejó llevar muy lejos acerca de este
dibujante de mapas, con escudos de armas muy elaborados y repulidos, que
se llamó Martin Hylacomylus, de Friburgo en Brisgau. No solo no
participo de su entusiasmo, sino que voy á demostrar que d’Avezac ha
sido inconscientemente injusto en sus críticas contra los miembros del
Gimnasio vosgense, á quienes no hace bastante justicia.



VII

     Variedad de opiniones acerca de la posición que ocupaba
     Waltzemüller en Saint Dié--Él mismo nos dice que era director
     de imprenta y dibujante de cartas adornadas con escudos de
     armas--Imprenta de Saint Dié, llamada de los Luds (Gualterio y
     Nicolás)--Personal del Gimnasio vosgense--Los canónigos
     Gualterio Lud, Pedro de Blarru, Juan Basin y Laurent Pilades,
     y los legos Nicolás Lud, Mathias Ringmann, Sinforiano Champier
     y Jehan Aluys.


La primera cuestión que se ofrece, y que no ha sido resuelta de una
manera satisfactoria, es la siguiente: ¿Cuál era la verdadera posición
de Waltzemüller en Saint Dié?

Ignórase cuál fué, hasta el año de 1507, la vida de este alemán de
ultra-Rhin. En esa época, Waltzemüller, á quien hallamos inscrito en la
matrícula de los estudiantes de Friburgo, bajo el nombre de _Martinus
Waltzemüller, de Friburgo, Constantiensis dyoecesis_, hizo su aparición
en Saint Dié, á donde fué llamado por el canónigo Gualterio Lud,
Secretario del duque de Lorena, Mecenas y jefe reconocido del Gimnasio
vosgense. Pero en calidad de qué llegó allí, qué era?

Alejandro de Humboldt dice:--“Es un _hombre oscuro_ que fué á comer
pasas á Lorena, quien inventó el nombre América.”[24] En esto puede
reconocerse la grande imaginación, con sus ribetes humorísticos del
célebre autor del _Cosmos_. En otra parte le llama “_librero_ del
pueblecito de Saint Dié;”[25] Waltzemüller _impresor_ de Saint Dié[26]
“....la idea que se ocurrió á un _sabio_ de Lorena de aplicar en 1507,
al Nuevo Mundo, el nombre de _Americ Vespucci_;”[27] “Hylacomylus había
establecido poco antes de 1507 una librería” (_libreríam
officinam_);[28] en fin le llama también _profesor_ de Lorena, y _sabio
oscuro_.

Varnhagen llama á Waltzemüller “oscuro geógrafo;”[29] Brunet, el célebre
aficionado á libros, y autor del _Manual del Librero_, dice que
Waltzemüller era _impresor_. Según Mr. Harrisse, Waltzemüller fué
_profesor_ en el Gimnasio de Saint Dié (_who held a professorship in the
Gymnasium of Saint Dié_.)[30] En fin, d’Avezac le convierte en
_matemático_, en _sabio_ laborioso é infatigable.[31]

Títulos le sobran, y calidades tiene muchas, como se puede ver de todo
esto. Pero su verdadero título no está allí mencionado, y Waltzemüller
mismo es quien nos enseña cuál su posición era en Saint Dié.

Al pié de la última página de la _Cosmographiæ Introductio_, hállase la
marca tipográfica del Gimnasio vosgense, en la que constan el lugar y la
fecha de la impresión. Esa marca es una figura muy simple, que se
destaca en blanco en un fondo negro-oscuro, cuyo _fac-simile_ se
encuentra en el _Manual del Librero y del aficionado á los libros_[32]
de J. C. Brunet, indicio cierto de la originalidad y valor de la viñeta.

He aquí su descripción. Un rectángulo levantado en forma de horca, con
orladura blanca, orladura cuyo borde está engazado en negro. En este
rectángulo, y destacándose en blanco, hay una doble cruz de Lorena, en
un círculo de diámetro horizontal, con resplandores que acompañan á la
doble cruz, y que están colocados perpendicularmente en el diámetro.
Entre el palo más grande de la cruz y el círculo, las letras mayúsculas
S. D. (Saint Dié). En el círculo, á cada lado de los resplandores
perpendiculares al diámetro G. L. (Gualterio Lud) y N. L. (Nicolás Lud):
por último, debajo del diámetro, como final muy aparente, las letras M.
I. entrelazadas (Martin Ilacomylus)--En seguida, debajo de la viñeta, la
fecha de la impresión, en caracteres movibles de imprenta.

Para obtener la explicación de esta singular marca tipográfica, cuyos
detalles no han sido estudiados hasta el día de hoy, es necesario
consultar la edición de la _Cosmographiæ Introductio_ que Waltzemüller,
descontento de la que había salido de Saint Dié, en Mayo y Setiembre de
1507, hizo tirar de su cuenta en Strasburgo en 1509. Esta edición
termina al frente de la foja treinta y dos, con la siguiente marca
tipográfica:

  PRESSIT APUD ARGENTORA-
  COS HOC OPUS INGENIOSUS VIR JOHANNES
  GRUNINGER. ANNO POST NATUM SAL-
  VATOREM SUPRA SESQUI MIL-
  LESIMUM NONO.
  JOANNE ADELPHO MULICHO ARGENTINENSI CASTIGATORE.

Este director ó corrector era el médico de Strasburgo Jean Adelffus de
Mühlingen, erudito célebre después como biógrafo de Federico Barbarroja.
Y la marca tipográfica hecha á la vista de Waltzemüller, para su propia
edición, explica el misterio de la de Saint Dié.

Demos aquí de ésta una idea, aunque sea grosera.

    S.  |   D.
  ------+------
  G. L. | N. L.
  ------+------
      M. I.

Las dos últimas letras están entrelazadas.

Ahora comparemos. Primero, el nombre de lugar, Strasburgo en la una;
Saint Dié en la otra. En seguida el nombre del impresor, Jean Grüninger
en Strasburgo, y los de los dos Lud en Saint Dié.

En fin, abajo, á la vista, el nombre del corrector, con su título en la
edición de Strasburgo, como el monograma de Martin Ilacomylus, abajo
también, y á la vista, nos muestra el verdadero lugar de Waltzemüller en
la imprenta de Saint Dié, en la que era corrector, ó sea _castigatore_,
como lo era Mühlingen en la imprenta de Strasburgo.

Esta explicación es incontestable; y yo no he hecho más que una
aplicación legítima del procedimiento de identificación de funciones,
mediante la posición respectiva de dos marcas tipográficas de aquella
época, hechas para una misma obra, por la persona, ó á la vista de la
persona, más interesada en ella.

La imprenta corría bajo el nombre de los Lud, de los cuales, Gualterio
la había instalado, sufragaba los gastos y era el responsable ante el
duque de Lorena. Es esto tan cierto, que en la _Historia de Saint Dié_
por Gravier, jamás se encuentra el nombre de Hylacomylus, mientras el
canónigo Gualterio Lud, es mirado como bienhechor de Saint Dié, por
haber establecido la imprenta que dirigía, y cuyas producciones mostraba
con vanidad, llamándolas _monumentos_, honor de este pueblecito perdido
al pié “de las simas de la montaña de los Vosgos.”

La posición de Waltzemüller en Saint Dié, era de empleado, dependiente
de Lud, primero ó director de la imprenta. No formaba parte del Gimnasio
vosgense. Siendo amigos el profesor Ringmann y Waltzemüller, es posible
que éste haya llegado á Saint Dié, por recomendación de aquel. Buen
corrector, (_castigatore_) como lo prueba la primera edición de la
_Cosmographiæ_ (ejemplar d’Eyriés)[33] hábil dibujador de mapas, que
adornaba con soberbios escudos de armas de diferentes soberanos, conocía
además las matemáticas. Waltzemüller era un auxiliar importante y de
los más útiles de la Sociedad del Gimnasio vosgense, pero no más que un
auxiliar, un ayudante asalariado, empleado en preparar las cartas para
una nueva edición de Ptolomeo, y en corregir pruebas en la imprenta de
los Lud.

Digamos algunas palabras acerca del Gimnasio vosgense. Ya hemos hablado
del canónigo Gualterio Lud, hombre generoso que erigía fundaciones
piadosas, según contista en la Historia de Saint Dié, (Gravier,
_Historia de Saint Dié_, páginas 203, 205, etc., etc.,) y que se
esforzaba en la propagación de las luces y de los conocimientos. Debe de
haber sido rico, ó poseído, al menos, fondos considerables, dádivas
quizás debidas á la liberalidad de René II, duque de Lorena, nieto del
_buen rey_ René, protector de las artes y de la literatura.

El “jocoso canónigo,” Gualterio Lud, era el jefe reconocido, “la clavija
principal, el alma visible del Gimnasio vosgense.”[34] Era lo que hoy
llamaríamos un geógrafo aficionado, y patrono de la geografía.

Vienen en seguida los canónigos Pierre de Blarru, autor del poema
nacional la _Nancéide_, en verso latino; Juan Basin de Sandocourt,
editor póstumo de _Nanocidos_, traductor de las _Quatuor Navigationes_
de Vespucci, y autor del libro rarísimo, _Novus elegansque conficiendar.
epistolar._, etc.; por último, Laurent Pilade, autor de _Rusticiados_
(la Guerra de los campesinos) que más tarde, al disolverse el Cabildo de
Saint Dié, fué cura de Corcieux, cerca de Saint Dié. Todos estos cuatro,
en calidad de canónigos y sacerdotes, formaban parte del Cabildo
colegial de Saint Dié. Vienen después los legos: el rico y docto burgués
Nicolás Lud, padre del canónigo Gualterio, ó, según d’Avezac, su
hermano, y además socio en la imprenta--Debe éste de haber sido un
Mecenas del Gimnasio vosgense, y persona muy erudita, atendido á que
Jean Basin en su _Novus elegansque_, le llama “noble, considerable,
magnífico y clarísimo, Nicolás Lud, burgués de Saint Dié.”[35] Sigue á
éste el profesor de geografía y matemáticas Matías Ringmann (Philesius)
del valle de Orbey, cerca de Schelestadt en Alsacia, autor de la
_Gramática figurada_, y del poema _Vosagus_. Era este el más joven de
los miembros de la Asociación Científico-literaria de Saint Dié, y muy
activo, muy espiritual, jocoso, hasta farsante,--tomando esta palabra en
su sentido bueno;--gustaba de darse el título de hijo de la vertiente
oriental de los vosgos (_Vogesigena_) y no escaseaba las chanzas. En la
elegía publicada por primera vez en 1505, en Strasburgo, al frente de la
edición de la primera carta de Albericus Vespucius á Médicis, y
reproducida en Saint Dié, en 1507, _Philesius_ advierte al lector, no
hacerse “nariz de rinoceronte!” emblema, según Martial, de gran burla,
entre los romanos antiguos y modernos. Ringmann era muy dado á la rima;
era el poeta favorito del Gimnasio, sobre todo después de la muerte de
Jean de Barru, acaecida en 1505. D’Avezac le llama _humanista filólogo_;
Harrisse _poeta y erudito_, (scholar); y muy antes que ellos,
Waltzemüller, en la _Margarita philosophica_ de Gr. Leisch, 1508 y 1513,
le llama “_instruido en matemáticas_, y _profesor_ de _Cosmografía_ en
la Universidad de Bale.” Era el representante activo del Gimnasio, y el
que le comunicaba el carácter alegre.

Citemos, en fin, como miembros de _Gimnasium vosagense_, al médico
Sinforiano Champier, y al biógrafo Jean Aluys, autor de la _Vida de René
II_, _rey de Sicilia_ y _duque de Lorena_.

De esta reunión de latinistas, ocupados en construir la geografía,
aunque tan poco al corriente de los descubrimientos de los últimos
quince años, como ignorantes acerca de los hombres y de los sucesos, y
dispuestos á divertirse con el efecto que su libro produjese á los
lectores; de esta reunión salió la _Cosmographiæ Introductio_.

Ahora que ya conocemos el personal de esta primera “Sociedad de
Geografía francesa,” examinemos la edición.



VIII

     Descripción de la _Cosmographiæ Introductio_: es obra de
     colaboración--Jean Basin no es su principal autor--Parte que
     en ella tomaron Ringmann y Gualterio Lud--Waltzemüller, en su
     calidad de director de imprenta, tuvo á su cargo el arreglo
     material de la obra, y el dibujo de las figuras--Precauciones
     que tomó para asegurar la propiedad, como si fuera autor de la
     obra--Ringmann, con la ligereza del poeta, se hace su
     cómplice--Apropiación de la _Cosmographiæ Introductio_ por
     Waltzemüller--Omisión del nombre de Jean Basin.


Habiendo el duque de Lorena remitido á la Asociación literaria de Saint
Dié la versión francesa de la famosa edición italiana de la _Lettera di
Amerigo Vespucci delle Isole nuovamente trovate in quattro suoi viaggi.
Data in Lisbona a di 4 di septembre 1504_, el canónigo impresor
Gualterio Lud rogó encarecidamente á su colega “el canónigo Jean Basin,
insigne poeta, y no menos diserto prosador,” hiciese una traducción
latina, á causa, le dijo, de “la elegancia característica de su estilo.”

Esta carta, llamada la segunda de Vespucci, fué la pieza importante que
la Asociación determinó publicar, fundando en su publicación una justa
esperanza de celebridad. Pensó Lud que el Gimnasio debía hacer una
especie de introducción, en forma de nociones elementales y
generalidades geográficas, ó Cosmografía como se decía entonces,
introducción que se colocaría, á guisa de primera parte de las _Quatuor
Navigationes_.

En su doble calidad de director de imprenta y cartógrafo para la
preparación de una grande edición que se proyectaba de la _Geografía de
Ptolomeo_; Waltzemüller reunió las contribuciones de los miembros del
Gimnasio; y fué él quien desde luego tuvo á su cargo el arreglo
material, después de haber terminado el de la Introducción. D’Avezac
piensa que él la escribió; sin embargo, no dice que los otros no hayan
colaborado.

El estudio de ese tratadito de geografía, muestra con la mayor
evidencia, que es obra debida á los esfuerzos de muchas personas. Le
falta unidad, y su redacción acusa diversidad de estilos y de forma. Es
verdaderamente cortada á hachazos, sin hilación, y sus partes están mal
hilvanadas entre sí.

Los ocho primeros capítulos, que pudieran mejor llamarse simples
párrafos, son puramente matemática. El noveno es una descripción de la
tierra. Su importancia varía mucho. Los cinco primeros son muy cortos, y
se componen solo de dos á cuatro páginas del texto. Parecen haber sido
escritos por Lud, con la ayuda tal vez de Waltzemüller como secretario.
El sexto es más importante, llena seis páginas, y contiene al fin de la
página C, un pasaje sobre el Nuevo Mundo, con el nombre _Amerige_ al
margen, y citas que descubren la mano elegante de Jean Basin.

El capítulo VIII, sobre los vientos, que no tiene más que tres páginas,
llenas de poesía y citas, deja ver el estilo y el carácter alegre de
Ringmann. En fin, el capítulo IX, con mucho el más largo é importante,
de ocho páginas, más la esfera, indica por su redacción, desde luego,
que la famosa frase tan á menudo citada, debe de haber sido escrita por
la misma mano que tradujo al latín las _Quatuor Navigationes_, pues
tiene elegancia y estilo fácil y poético. Por otra parte, esta
descripción del antiguo mundo, en cinco páginas en verso, de una poesía
un tanto endiablada, recuerda por completo el estilo de Ringmann en su
composición de verso elegiaco y muy chistoso al reverso del título de
las _Quatuor Navigationes_. Hechura, forma y aspecto, todo muestra que
estas cinco páginas son de Philesius.

El _proloquium_ y el apéndice, que forman en junto tres páginas, parecen
ser de los dos Lud. Las cinco figuras matemáticas, muy elementales,
probablemente fueron ejecutadas por el diseñador Waltzemüller.

En fin, la _Introductio_ está compuesta de veinte fojas, de las que
diezinueve son impresas á los dos lados. La última foja es la única que
no está impresa al reverso. Además, tiene la lámina plegada, ó
_Planisferio_, impresa al reverso, formando con esto veintidos fojas.

En este opusculito, ó tratado elemental de geografía, el canónigo Jean
Basin compiló todos los pasajes, en número de cuatro, referentes á los
nuevos descubrimientos, y que mencionan al navegante florentino
Vespucci, lo que no es sino muy natural desde que habiendo traducido las
_Quatuor Navigationes_, estaba más al corriente que ningún otro miembro
del Gimnasio, de todo lo concerniente al Nuevo Mundo. Jean Basin es el
autor del famoso pasaje que ha dado á Waltzemüller toda su celebridad.
No solo la elegancia del estilo lo denota, sino otras pruebas que
presentaremos más tarde.

En esta introducción, Philesius Ringmann escribió todo lo que está en
verso. Los dos Lud son los autores del resto, según está en la edición
de Setiembre de 1507, salvo las cinco figuras, que son trabajo manual
de Waltzemüller. Este último no contribuyó más que con algunas frases
ordenadas por Lud en la primera edición, y que montan á muy poca cosa.
De ellas hablaremos adelante.

Parece que antes de la impresión surgieron dificultades entre
Waltzemüller y los dos Lud, según lo demuestra la dedicatoria de
Hylacomylus, en la segunda foja _Aij._, donde habla de “las intrigas de
sus rivales.” Al admitir que tuvo colaboradores, que sin embargo no
nombra, Waltzemüller no concedió á su amigo Ringmann más paternidad que
la de dos piececitas en verso, firmadas _Philesius_. La primera dirigida
al emperador, al reverso de la carátula de la Introducción, y la
segunda, á los lectores, al reverso de la foja _bij._, que lleva la
carátula de la traducción latina de las _Quatuor Navigationes_. La
primera es un _decastichon_, ampuloso y ridículo, que termina con un
elogio á quemaropa del “autor que con admirable talento ha preparado
este tratado general.” Evidentemente Waltzemüller era vano, desprovisto
de toda modestia. Lo que es Ringmann, siempre chistoso, versificaba á
propósito de todo, y sobre todo asunto. Era poeta fácil, demasiado
fácil. Observemos como tuvo cuidado, en el vago de la poesía, de decir
_preparado_, en lugar de _ejecutado ó escrito este tratado general_. Esa
gradación misma deja ver, que fué más dirección y preparación, que
trabajo original.

La segunda pieza se compone de once dísticos de versos elegiacos,
dirigidos á los geógrafos del siglo XVI. Ringmann la había publicado ya,
dos años antes, en Strasburgo, á la cabeza de la primera carta de
Vespucci á Laurent Pierre François de Médicis, que lleva el título de:
“_De ora antártica_,” etc., etc., _imprim. de Mathias Hupfuff_, 1505.
Solo con la diferencia que entonces dió á Vespucci el nombre propio de
_Albericus_, reemplazado por el de _Americus_ en el libro de Saint Dié.
Él no se paró en esto: su númen satírico y chistoso estaba muy por
encima de las cuestiones ortográficas de los nombres propios; y desde el
momento que el canónigo Jean Basin tuvo por conveniente usar _Americus_,
en lugar de _Albericus_, Ringmann le siguió sin pestañear. Como todos
los amigos de lo jocoso, era hombre de fácil composición.

De Jean Basin, traductor de las _Quatuor Navigationes_, el autor del
_decastichon_ elegantemente versificado, que sigue á la carátula, y de
la extraña equivocación que le hizo poner la segunda carta de Vespucci,
como dirigida al rei René, duque de Lorena;--de Jean Basin, autor del
nombre _Americus_ dado por primera vez á Vespucci, y del nombre
_América_, dado también por primera vez al Nuevo Mundo, no dice una sola
palabra, pero ni siquiera deja lugar á sospechar su presencia. El
verdadero autor, aquel de quien proviene toda la celebridad del librito
de Saint Dié, el que bautizó al Nuevo Mundo, ni siquiera es nombrado!
Tampoco se encuentran en parte alguna sus iniciales--Jean Basin era tan
modesto, como poeta y literato elegante.

En cuanto á los dos Lud, no aparece de ellos en el librito más que sus
monogramas en el _colofon_, y eso solo como impresores.

En fin, para corona de todo, Martin Waltzemüller, con audacia inaudita,
se da por autor de la obra, bajo el nombre cacofónico de Martin
Ilacomylus, teniendo buen cuidado de ponerse bajo la protección del
emperador _Divo Maximiliano Cesari_. He aquí el primer ejemplo, después
de la invención de la imprenta, del robo de los trabajos agenos, tan
frecuentemente repetido después. Lo notable de este caso, es el haber
sido un inferior, un empleado subalterno quien se atribuyó la mayor
parte, así intelectual como material. Ordinariamente sucede lo
contrario; un jefe, un sabio renombrado, se hace ayudar por
colaboradores, y sin el menor empacho se apropia sus trabajos,
contentándose, en cambio de la ayuda que le han prestado, con
nombrarlos, ya en la introducción, ya en el prefacio; y á las veces del
todo no les nombra.

Pero aquí, el director de una imprenta,[36] se arroga, de su propia
autoridad, el derecho de poner su nombre, como si él fuese el solo autor
de la obra--Vanidoso hasta el exceso, jactancioso, pretensioso,
ambicioso de renombre, Waltzemüller ejecutó un triste papel en esta
primera producción tipográfica de Saint Dié. “Hombre oscuro,” habría
hecho mejor de quedarse en la oscuridad. Se creyó suficiente para
asimilarse y “digerir” los trabajos geográficos del Gimnasio vosgense.
Como detentador de los manuscritos de esta Sociedad, compaginador y
arreglador de los materiales que se le habían confiado, se le dejó
atribuirse todo el mérito que podía sacarse.

Yo no puedo participar de la generosa indignación de mi sabio amigo el
difunto d’Avezac, que acusa á los miembros de la Sociedad de haber
“despojado á Waltzemüller, sin la menor vergüenza, si no de la
paternidad misma de su obra, al menos de las señales exteriores que
contienen su pública afirmación.”[37] Hablando de lo que él llama la
edición original, que en realidad no es más que una primera tirada muy
corta, d’Avezac agrega:--“Esta edición original fué pérfidamente capada
(palabra dura, pero muy gálica) y rehecha de suerte que desapareciese de
las primeras fojas toda mención del nombre del autor, sin dejar trazas
que acusasen esta odiosa mutilación.”[38]

D’Avezac fué demasiado lejos, y está completamente equivocado; mas al
presentar excusas, muestra claramente, que, para él también,
Waltzemüller no es más que un simple auxiliar, empleado á sueldo del
canónigo Gualterio Lud. D’Avezac cambia los papeles: constitúyese
defensor del espoliador y del pirata, contra sus víctimas indignamente
burladas, y completamente despojadas. En realidad, los Lud no hicieron
más que reemplazar las designaciones individuales de su director de
imprenta (_castigatore_) hechas sin su aquiescencia, por el nombre
colectivo de la Asociación, el Gimnasio vosgense (_Gimnasium
vosagense_). Simple cuestión de justicia y de honradez literaria.



IX

     Gualterio Lud suprime la primera tirada, despide á
     Waltzemüller, y en la segunda quita el nombre de Ilacomylus y
     pone el del _Gimnasio vosgense_--Alteraciones que se hicieron
     necesarias en la _Cosmographiæ Introductio_--Corto número de
     ejemplares de la primera tirada, ó edición _princeps_--La
     segunda lleva la misma fecha que la anterior, (Mayo de 1507) y
     es muy escasa--Primeros impresores y sus obras--Tercera tirada
     de la edición de Saint Dié, en Setiembre de 1507--Estas tres
     tiradas han sido muy limitadas.


Naturalmente, cuando Gualterio Lud tuvo en sus manos el primer ejemplar
de la edición, puede imaginarse la extrañeza é indignación que
experimentaría. Suspendió desde luego la tirada--lo que explica lo raro
de la primera edición, de la que no se conoce más que un ejemplar--y sea
que no se hubiesen impreso hasta allí más que unos pocos, sea que los
Lud hubiesen secuestrado y destruido la edición, lo que es muy posible,
puede decirse que la primera tirada no fué distribuida, ni, por lo
mismo, puesta en circulación.

Con mucha moderación y justicia, Gualterio Lud se contentó con suprimir
el nombre de su director _Martinus Ilacomylus_, como autor, y
reemplazarle por el nombre colectivo del _Gynnasium (sic) vosagense_,
dejando el monograma del director en la marca tipográfica: además
suprimió el _decastichon_ de Ringmann. De la dedicatoria de Waltzemüller
modificó ciertas partes; en suma, las variaciones son poco numerosas,
teniendo en mira reemplazar al ambicioso y logrero Waltzemüller, por los
asociados del Gimnasio vosgense. Solo las dos primeras fojas fueron
objeto de los cambios que vengo indicando. El resto está todo entero; ni
una palabra de la parte geográfica ni de los viajes de Vespucci se halla
modificada; conserva la fecha primitiva del 7 de Mayo de 1507.

Después de este golpe, Waltzemüller fué inmediatamente despedido; la
ausencia del director de la imprenta se reconoce en los errores
tipográficos: la palabra _Gymnasium_ está impresa _Gynnasium_ (con dos
_enes_) y en ciertos cambios de letras de las páginas quinta y sexta,
que se relacionan con la primera y segunda, y que se reimprimieron por
completo, no como dice d’Avezac para disfrazar la mutilación, sino para
obtener la uniforme reimpresión de las cuatro fojas, facilitando el
pasaje del molde bajo la prensa.

Philesius Vogesigena (Ringmann), debió recibir su parte de culpa, pues
que su _decastichon_ fué suprimido; y era tan buena composición, que
jamás la hizo reaparecer en sus escritos, impresos después, reconociendo
así la justicia del procedimiento de Gualterio Lud, que había
reivindicado los derechos de la Asociación del Gimnasio vosgense,
arrebatados por Ilacomylus.

D’Avezac, que tanto ha contribuido á hacernos conocer las diversas
ediciones del célebre libro de Saint Dié, y los otros trabajos
literarios de los miembros del Gimnasio vosgense, admite que Gualterio
Lud, jefe reconocido del Gimnasio, “editor pagador,” é impresor de Saint
Dié, al hacer las correcciones de la primera tirada, tuvo por “objeto
directo recomendar al público renombre la obra común del Gimnasio
vosgense, en lugar de la obra de Waltzemüller.”[39] Piensa, sin embargo,
que la segunda tirada debió ser forzosamente muy reducida, á
consecuencia, dice, de haberse puesto en circulación anteriormente
ejemplares intactos de la edición original, ó primera tirada, añadiendo
que esto persuadió luego á ejecutar la tercera edición, ó más bien una
tirada, cuya impresión fué acabada el cuatro de las calendas de
Setiembre de 1507.

Esta tercera tirada no es más que una reimpresión de la segunda, con
algunas diferencias en la disposición tipográfica; la única de alguna
importancia es la compaginación de las dos partes de la obra, llevando
cada una su propia serie marcada con letras. Seguramente las planchas se
componían de dos partes distintas y separables, lo que explica la
existencia de algunos ejemplares aislados de la una y de la otra parte,
formando un libreto separado.

Este modo de ver de d’Avezac no resiste un examen atento.

Gualterio Lud que había hecho venir la imprenta, y que se ocupaba en
muchas obras, tanto de sí mismo como de Jean Basin, de Ringmann y de
Jehan Aluys, debía, como impresor responsable, ser muy atento á todo lo
que pasaba en su oficina. Waltzemüller, bajo cualquier pretexto, pudo
haber retardado la impresión del primer pliego, á fin de poder modificar
en su provecho el texto del manuscrito, admitido por el Gimnasio
vosgense; pudo haber producido el primer pliego hasta el último momento,
y cuando toda la plancha estaba ya lista, esperando sacar de ese modo
ventaja del hecho consumado. No obstante, Lud debe haber tenido en sus
manos uno de los primeros ejemplares de la _Cosmographiæ Introductio_.
Admitamos que Ringmann tuviese uno, sea en prueba, sea ya en forma, y
que sucedió lo mismo con Waltzemüller; tenemos tres ejemplares cuya
existencia puede darse como cierta.

Agreguemos tres ejemplares más, que pueden haber sido dados á Jean Basin
ó Nicolás Lud y algún otro miembro del Gimnasio; y ese será el total de
ejemplares puestos en circulación de la edición _princeps_.

Disgustado de la tentativa del director de la imprenta y auxiliar
cartógrafo, de apropiarse la obra común, Lud quitó en el acto las
planchas, y no pudo haber circulación fuera del pequeño grupo del
Gimnasio. Porque es necesario recordar, y esto aun en la suposición de
que Waltzemüller hubiese sustraído algunos ejemplares, que á la sazón no
había correos regulares, y que las comunicaciones de Saint Dié con el
resto del mundo, eran raras y difíciles. Podemos así concluir con una
certeza casi completa, que la primera tirada no fué puesta en
circulación. El canónigo Lud cambió en el acto las dos primeras fojas, y
hecha de este modo la segunda tirada, es como circuló el libro.

¿Cuántos ejemplares se imprimieron? Nada sabemos de esto, careciendo de
datos más detallados relativamente á la imprenta de los Lud; pero
podemos hacer congeturas probables y plausibles.

Los primeros impresores vagaban con su material ambulante, empleados
casi exclusivamente por el clero, clase más rica é instruida que las
otras de la población. Los canónigos y los obispos hacían imprimir sobre
todo, obras religiosas, y como éstos eran gastos enteramente de lujo,
resultaban verdaderas obras de aficionados, en papel muy bueno, y en
corto número de ejemplares, con grandes letras mayúsculas iluminadas á
pincel. Existen ejemplos bien demostrados de libros de los cuales solo
se imprimieron dos ó tres ejemplares. Acabada su obra, los impresores
empacaban su material y se lo llevaban á otra parte. La imprenta de
Saint Dié probablemente no tuvo otro origen. Los Lud deben haberla
comprado á causa del abundante trabajo que el Gimnasio vosgense se
proponía ejecutar. Por el año de 1510 no había traza alguna de esta
imprenta, cuya existencia no duró más de tres años.

Cuando se habla de edición, sobre todo respecto de las imprentas de
ricos aficionados, de las pequeñas poblaciones, no debe tenerse en
cuenta lo que esta expresión quiere decir en nuestros días. No se trata
de centenares, mucho menos de millares, sino solo de medias docenas ó
docenas de ejemplares. Los superiores y grandes señores, obispos,
capítulos colegiados, abadías y órdenes religiosas, no vendían los
libros que imprimían, sino que los daban de regalo á sus amigos y
corresponsales. Gualterio Lud, canónigo del capítulo colegial de Saint
Dié, y además secretario del duque de Lorena, era un gran señor--Así,
este primer libro de la _Cosmographiæ Introductio_, salido de sus
prensas, fué verdaderamente una obra de aficionado; y la suposición de
que las primeras tiradas de Mayo de 1507, montaron á dos ó tres docenas
de ejemplares, no puede andar muy lejos de la verdad. Admitamos que
fueron treinta y seis ejemplares, de los cuales seis quedaron intactos,
y forman la edición original ó _princeps_. De estos treinta y seis
ejemplares ¿cuántos conocemos el día de hoy? Uno solo de la edición
_princeps_, y tres, ó quizás cuatro de la segunda tirada. Citemos de
paso este axioma de los bibliófilos:--“Los libros _verdaderamente raros_
son los que han sido impresos en menor número de ejemplares.” (Guía del
librero anticuario y del bibliófilo, por Jules Richard).

Conforme, pues, á nuestra manera de ver, la segunda tirada de la
_Cosmographiæ_ de Saint Dié, fué la primera puesta en circulación por el
Gimnasio vosgense. Agotada ésta, Gualterio Lud reimprimió, y el 4 de
Setiembre de 1507 dió á luz, una nueva edición compuesta de más
ejemplares, digamos 72, ó seis docenas, cifra muy alta para la época, y
para ser aquel un libro de aficionado;[40] esta tercera edición fué la
más conocida, y constituyó realmente la obra geográfica debida al
pequeño cenáculo de Saint Dié. Esta es la que ha llegado hasta nosotros
en mayor número, conociéndose de ella diez ó doce ejemplares, de los
cuales cuatro se hallan en los Estados-Unidos, y de éstos, dos en
Cambridge, Massachusetts.

En suma, vemos que las tres ediciones de la _Cosmographiæ_ de 1507, no
montaron más que á un centenar de ejemplares, cifra que no autoriza á
decir, como lo ha sostenido uno de nuestros contradictores y críticos,
que un libro que ha tenido tres ediciones en un solo año, no debe ser
raro; y mucho menos puede decirse, con otro crítico, que este libro ha
llenado á Europa.

Si fuera necesario, dos geógrafos é historiadores del siglo XVI nos
servirían para demostrar cuán exagerado y aun ridículo es hablar de la
gran circulación del libro de Saint Dié, comprendiendo en junto todas
las ediciones de Strasburgo y de Lyon (1507, 1509 y 1518). La grande
obra de Oviedo: _Historia general de las Indias_, Sevilla, 1535, no hace
alusión alguna á la famosa obrita del Gimnasio vosgense; jamás menciona
á Vespucci, y esto en Sevilla, donde Vespucci vivió y murió. Por su
parte Abraham Ortelius, quien por general consentimiento es el más
grande de los geógrafos de aquel siglo, aunque cita dos obras de
Ilacomylus, no menciona ni la _Cosmographiæ Introductio_, ni el
mapa-mundi ó planisferio de Waltzemüller. Para él este geógrafo es tan
oscuro, que en la preciosa lista de obras geográficas inserta al
principio de su _Theatrum orbis terrarum_ 1570, dice:--“Martin
Ilacomylus, friburgués, de quien tenemos una Carta de Europa impresa en
parte en Alemania,” y “Martin Waldseemüller, Carta náutica universal, ó,
como vulgarmente se dice, marina, publicada en Alemania. Pienso que este
es el mismo Ilacomylus, que precede.” En ninguna parte hace alusión á la
_Cosmographiæ Introductio_, ni al bautismo geográfico del Nuevo Mundo en
Saint Dié.



X

     Waltzemüller hizo reimprimir en Strasburgo, en 1509, la
     _Cosmographiæ Introductio_--Se la apropia y comete el primer
     acto de falsificación y piratería literaria, conocido después
     de la invención de la imprenta--Ignorancia de los geógrafos de
     Saint Dié y de Strasburgo, respecto de los descubrimientos
     geográficos de la época.


Un hombre audaz, ávido de renombre como Waltzemüller, no podía aceptar
tan fácilmente la pérdida de su empleo en Saint Dié, y el desahucio de
su nombre como solo autor de la obra de la Sociedad del Gimnasio
vosgense. Obstinado y perseverante, á la manera de sus compatriotas del
Schwartzwald, no quiso someterse á estos güelfos de los Vosgos, que
había creído poder trasquilar sin la menor vergüenza; y dos años
después, en 1509, hizo imprimir en Strasburgo, por Jean Grünigen una
edición de la _Cosmographiæ Introductio_, y de las _Quatuor
Navigationes_, tomando la una y las otras, de la primera edición de
Saint Dié, con su nombre á la cabeza de la segunda página con este signo
_Aij_.

El título muy visible, puesto con la mira de llamar la atención, dice:

  ANTELOQUIUM
  DIVO MAXIMILIANO
  LESARI (_sic_) AUGUSTO MARTINUS
  ILACOMILUS FELICITATEM
  OPTAT.

Tiene algunos cambios ligeros, y trasposiciones--Consta de treinta y dos
fojas de las cuales dieziocho ocupan las _Quatuor Navigationes_,
traducción del modesto Jean Basin, cuyo nombre no se encuentra en
ninguna parte.

La parte material está ejecutada con más inteligencia que en las tiradas
ó ediciones de Saint Dié.

Los encabezamientos de los capítulos, que apenas se notan en los
ejemplares de Saint Dié, son muy visibles y salientes en los de
Strasburgo. Además, el capítulo IV, marcado por equivocación _Caput
Quintum_ en la edición de Saint Dié, está designado _Caput IIII_,
distinguiéndose de todos los otros capítulos de la de Strasburgo, en que
está indicado en cifras romanas, mientras los demás lo están en cifras
arábigas. Esta distinción debe ser intencionada.

Las signaturas de las _Quatuor Navigationes_ se entrelazan con las de la
_Cosmographiæ_, al contrario de lo que sucede en la tercera tirada de
Saint Dié. De suerte que la edición de Strasburgo no está formada de dos
partes distintas, que pudieran separarse y formar dos cuadernos
diferentes.

Los tipos empleados en Strasburgo son más pequeños, y muy inferiores á
los de Saint Dié; nótase además que son muy gastados, dejándose ver en
muchos lugares la fuerza de la presión. Las líneas entre sí tienen menor
espacio. El papel es de calidad inferior. En suma, la edición de
Strasburgo indica un trabajo barato, que nada tiene de común con la obra
del aficionado, distintivo característico de las ediciones de Saint Dié.

Waltzemüller tuvo muy en cuenta el gasto: el número de su edición fué
muy limitado, si hemos de juzgar por los ejemplares que han llegado
hasta nosotros, que es el mismo que los de las ediciones de Saint Dié,
aun siendo éstas anteriores á aquella--Waltzemüller debe de haber
distribuido la obra á las mismas personas que ya habían recibido las del
Gimnasio vosgense, que deben de haberle sido conocidas, sea por sí
mismo, ó por medio de su amigo Ringmann; y debe de haberlo hecho así á
fin de contrarrestar á los modestos vosgenses, y sostener su primera
tentativa de apropiarse su trabajo.

Felizmente Waltzemüller tomó el partido de publicar á su costo, ó por sí
mismo, el común trabajo de los asociados de Saint Dié; de otro modo
pudiera llegar á considerársele como víctima, y así lo ha considerado
d’Avezac. Pero á la vista de esta edición, es imposible dejar de
descubrir el espíritu de rapiña literaria que anima á Waltzemüller. En
nuestros días le llamaríamos falsificación, y alguna otra cosa más. En
1509, no existían leyes que protegiesen la propiedad literaria. Al
apropiarse Waltzemüller la obra del Gimnasio vosgense, se convirtió en
un falsificador, un plagiario, un verdadero pirata: y se ve la
injusticia de llamar á la _Cosmographiæ Introductio_, “Cosmographiæ de
Waltzemüller,” ú “obra de Ilacomylus.” Hay en eso un golpe grave,
dirigido á la propiedad literaria y científica, que es importante
señalar.

Próximo á llegar á la consideración de los dos nombres _Americus_ y
_América_, que han hecho tan célebre ese librito, digamos que el pequeño
tratado de geografía que forma su introducción ó primera parte, es un
trabajo muy mediocre, y que muestra el escaso conocimiento que sus
autores poseían del estado en que se hallaban los adelantos geográficos
al comienzo del siglo XVI, y cómo, por otra parte, llegaban éstos á los
eruditos de un lugar pequeño, perdido entre los Vosgos, y muy distante
de los puertos de mar. De Cristóbal Colón, de Cabot, nada sabían, y
también ignoraban los descubrimientos de los portugueses. Respecto de
las nociones ptolomáicas, procuraban ponerse de ellas al corriente,
haciéndose con ejemplares de los textos más completos de Ptolomeo. Nada
de original: era aquello un trabajo elemental, cuyo solo mérito
consistía en la edición latina de la segunda carta de Vespucci, edición
más fácil de leer que la del bárbaro italiano de 1506.



XI

     Jean Basin de Sendacour es el autor de los nombres _Americus_
     y _América_--Razón que tuvo para preferir estos nombres á
     _Albericus_, _Amerigo Amerigonius_ y á _Albericia_,
     _Amerigiu_, y _Amerigonia_--Los franceses han conservado el
     nombre indígena _Amérique_, y han sido los primeros en nombrar
     americanos á los habitantes del Nuevo Mundo--Razones que hay
     contra la suposición de que Waltzemüller y Gualterio Lud hayan
     podido ser los autores de los nombres _Americus_ y _América_.


Henos aquí, pues, llegados á los nombres _Americus_ y _América_. Las
largas digresiones que preceden, no son en manera alguna inútiles, como
vamos ya á verlo. Todo cuanto se encuentra en el documento impreso
contemporáneo que hemos considerado, y que es el único verdaderamente
auténtico, es de importancia para llegar á la verdad.

Durante el invierno de 1506 á 1507, la pequeña Sociedad de Geografía del
Gimnasio vosgense, tuvo en su poder: 1.º, la primera carta de
Vespucci, edición de Strasburgo del impresor Matías Hupfuff, la cual
contiene la composición en verso elegiaco de Philesius, y en la que
Vespucci es conocido con el nombre propio de _Albericus_; 2.º, muy
probablemente la segunda carta de Vespucci, en la que lleva el nombre de
_Amerigo_; en fin, 3.º, una traducción francesa, manuscrita ó
impresa, de esa misma segunda carta, que contiene los cuatro viajes, y
en la cual se llama _Amerige_.

Este nombre _Amerige_, en francés, como traducción de _Amerigo_, se ha
conservado en la traducción latina, conocida con el de _Quatuor
Navigationes_, y ocurre en la introducción, para marcar que es
sinónimo, en la traducción francesa, del nombre italiano _Amerigo_, y
que el nombre latino _Americus_ debe mirarse como su traducción libre,
quizás muy libre.

El canónigo Jean Basin de Sandocourt tuvo el encargo especial--á causa
de la elegancia de su estilo poético--de traducir en latín la versión
francesa de las _Quatuor Navigationes_. Preséntase desde luego el nombre
propio de Vespucci. Jean Basin tuvo ante sí _Albericus_, nombre bien
conocido, y que según Humboldt, “recuerda á muchos hombres célebres de
la edad media que lo han llevado;”[41] en seguida _Amerigo_, ó
_Amerige_, nombre totalmente desconocido, así en italiano como en
español, al menos como nombre propio, de Santo, y eso en la época del
mayor fervor del cristianismo. Traducido en latín _Amerige_ da
_Amerigius_, como Virgilius, etc., ó bien, si se acepta el nombre
italiano _Amerigo_, se tendría _Amerigonius_, ó con más elegancia
_Amerigo_, como Cicero, _Scipio_, etc. Así es que Jean Basin tuvo á su
disposición los cuatro nombres latinos _Albericus_, _Amerigius_,
_Amerigonius_, _Amerigo_, como también _Amerige_;[42] y sin embargo no
empleó ninguno de éstos--Por qué? Uno de mis críticos ha dicho:--“El uso
de la palabra _Americus_, es una corrección más que un error del
geógrafo alemán.”[43]

Corrección quiere decir falta cometida, ó al menos _lapsus linguæ_. Por
medio de la corrección se vuelve la palabra á un sentido del que no
puede desviarse, ni admitir variación, pena de ser incorrecta. Hasta
ahora, á pesar de todas las investigaciones, no hay noticia de la
existencia del nombre _Americus_ en ningún libro ú otro impreso anterior
á 1507. Este nombre tiene tanto de europeo, como Nicaragua, Guatemala,
Niágara, Mississippí, Missouri, Ontario, Chimborazo, etc., etc., todos
tan bellos como peculiares al Nuevo Mundo.

El elegante poeta Basin seguramente gustó mucho del nombre _Amerrique_ ó
_Amérique_, que llegó hasta él, como adelante probaremos, y lo juzgó
admirablemente adaptado para colocarlo frente al de Vespucci, á quien
miraba como descubridor del país de donde provenía este nombre sonoro y
de fácil pronunciación. Y sin más examen, por una licencia poética muy
grata á todos los versificadores y prosadores de gusto, disfrazó á su
héroe Vespucci con un nombre indígena, operando la ingeniosa corrección
de _Amerige_ ó _Amerigius_ por _Amérique_ ó _Americus_. Con esto dió un
golpe de maestro, de docto filólogo y de diserto prosador. Era preciso
un poeta para semejante asimilación, digamos más bien, creación. El
imbécil de Waltzemüller, lleno de importancia como director de imprenta
y diseñador, no pudo ser autor de semejante arranque de vivacidad y de
buen gusto. Por lo demás, Juan Basin no mostró hallar inconveniente en
seguir literal y matemáticamente, cuanto halló en el manuscrito; y sin
pestañear puso como dirigida al rey René, duque de Lorena, la segunda
carta de Vespucci dirigida á su Magnificencia Messire Pierre Sederini,
gonfalonero perpétuo de la República de Florencia. Para él todo esto no
pasaba de ser un juego, una licencia poética. Juan Basin es un hombre á
quien debe juzgarse como poeta, y tomarse por lo que es, á saber, el
editor de la Nancéide, el autor de un tratado séptuplo sobre el arte de
bien decir, (_Novus elegansque conficiendar. epistolar._....Saint Dié,
1507). Era pulcro y elegante en el arte de decir y en el de escribir.

Una vez decidido á dar á Vespucci como nombre propio el de _Americus_,
solo le quedaba un paso para llamar _América_ al Nuevo Mundo. Con igual
facilidad y naturalidad Jean Basin franqueó esa cortísima distancia:
primero en un párrafo de la foja trece, página =C= (tirada de Setiembre
de 1507) que hemos citado al principio del capítulo VI, en donde se
encuentra inscrito al margen el nombre _Ame-rige_ para indicar que
_Americus_ está allí en lugar de _Amerige_; en seguida en el capítulo
IX: _De quibusdam Cosmographiæ rudimentis_, que es el alma de la
Introducción, y que constituye su principal capítulo, al mismo tiempo
que el más largo de toda ella, estando en ocho páginas. Al reverso de la
foja quince, es decir, á la página treinta, que no está marcada, hállase
el famoso y tan repetido pasaje, en estas palabras:

“_Nunc vero et hae partes (Europa, Africa, Asia) sunt latius lustratæ,
et alia quarta pars per Americum Vesputium (ut in sequentibus audietur)
inventa est quam non video cur quis jure vetet ab Americo inventore,
sagacis ingenii viro, Amerigen quasi Americi terram, sive Americam
dicendam: cum et Europa et Asia á mulieribus sua sortita sint nomina.
Ejus situm et gentis mores ex bis binis Americi navigationibus quæ
sequuntur liquide intelligi datur._”

Este capítulo IX que tiene tan grande importancia, y que puede decirse
el primero de toda la obra, presenta las particularidades que voy á
indicar. Desde luego, como para aislarlo y separarlo de todo lo que
precede, tiene al margen y al fin del capítulo VIII, una grande estrella
de seis radios que pasan las líneas y se introducen al mismo margen. En
el _Tractandorum Ordo_ del principio, el título del capítulo IX es
diferente del que lleva en el cuerpo de la obra, y que he citado antes.
En el índice de las materias se lee lo siguiente: _Nono capite quedam de
divisione terræ, de_ _finibus maris, de insulis et locor. ab invicem
distantia dicent._

Después del acta de bautismo del Nuevo Mundo, se encuentra lo que
sigue:--_Hunc in modum terra iam quadripartita cognoscitur: et sunt tres
primæ partes continentes: quarta est insula: cum omni quoque mari
circundata conspiciatur._ Esto indica que para los geógrafos del
Gimnasio vosgense, América, la cuarta parte del mundo, no era continente
sino isla.

Jean Basin, consciente ó inconscientemente, tomó “el nombre de un puerto
por el de un hombre;” y por una serie de equivocaciones, errores, y
falsas suposiciones, el nombre indígena _Amerrique_ vino á ser nombre
propio de Vespucci, nombre de un hemisferio, y propiedad de Martin
Hylacomilus Waltzemüller, que no figuró con otro papel que el de
_castigatore_ ó director de la imprenta de los Lud de Saint Dié.

Hagamos notar que Jean Basin era francés, al menos en el sentido de la
lengua francesa que se hablaba en Lorena; que es en Francia, y solo
allí, de todos los países de Europa, donde la palabra indígena
_Amerrique_ se ha conservado en toda su pureza, suprimiéndole una _r_
que se ha reemplazado con un acento agudo sobre la primera _e_,
_Amérique_,[44] y que suaviza un poco la pronunciación de la palabra
primitiva. Todas las demás lenguas aceptaron y emplearon el nombre
América, latinizado por Jean Basin.

Agreguemos que los franceses designaron desde luego á los indígenas del
Nuevo Mundo con el nombre de _Amériquains_, escrito con las letras _q_
y _u_, como el nombre de lugar _Amérique_, según puede verse de la obra
del Padre Lafiteau: _Moeurs des sauvages Ameriquains, etc._, Paris,
1724.

Conviene acabar de dar las razones que hacen inadmisible la opinión de
que Waltzemüller haya sido autor de los nombres _Americus_ y _América_,
dados á Vespucci y al Nuevo Mundo.

Las correcciones que á la obra del Gimnasio vosgense introdujo Gualterio
Lud, nada tocaron de lo referente á estos nombres. Waltzemüller no
tiene, pues, razón alguna para considerar alterada la parte que puede
pretender pertenecerle, en punto á lo que en este particular se dice del
Nuevo Mundo en dicha obra. Si no hay más correcciones que las de
Gualterio Lud, sería hasta cierto punto fundado sostener que
Waltzemüller pudo ser inspirador de los nombres _Americus_ y _América_,
pero en ese caso, se encontrarían de ello rastros en sus otras obras, es
á saber, el tratadito intitulado _Architecturæ et Perspectivæ
Rudimenta_, de 1508, ó la descripción de su carta itineraria de Europa,
hecha por su amigo Ringmann en 1511 (_Instructio manuductionem prestans
in cartam itinerariam Martini Ilacomili, etc._) y sobre todo la edición
monumental de la Geografía de Ptolomeo, de Strasburgo, año de 1513.
Waltzemüller dibujó todas las cartas y blasones heráldicos de esta
última obra, comenzada en Saint Dié en 1505, bajo el cuidado del
canónigo Gualterio Lud[45] y continuada después durante seis años, es
decir de 1507 á 1513, por dos jurisconsultos de Strasburgo, J. Aeszler y
G. Uebelin: si él hubiese sido autor de los nombres _Americus_ y
_América_, allí tenía una ocasión magnífica y rara, y no habría dejado
de colocarlos en una obra magistral que estuvo toda en su mano. En la
epístola dedicatoria de su tratadito de arquitectura de 1508, nos ha
dejado un ejemplo de sus quejas y la manera ruidosa como sabía reclamar
lo poco que había hecho por el Gimnasio vosgense.

Esta carta está dirigida á Ringmann, y con referencia á ella podemos
hacer notar, que Waltzemüller no llega hasta pretender parte alguna,
como autor, en la obra de Saint Dié de 1507; solo reclama la parte
principal en la hechura, dibujo é impresión de una figura universal de
la tierra en forma de planisferio. De este planisferio, atribuido á lo
que parece á otros, (sin duda alguna al Gimnasio vosgense) y que circuló
con esta designación desagradable para Waltzemüller, obteniendo cierta
celebridad, no queda ningún rastro: Ortelius no la cita en 1570, y al
presente nos es desconocida.

Puede objetarse que si Waltzemüller no hubiese por lo menos aprobado los
nombres _Americus_ y _América_, que los habría suprimido al reimprimir
la obra á su costa en 1509. La respuesta es fácil. No podía hacerlo sin
tocar el trabajo del principal colaborador, Jean Basin, y sin poner en
cuestión el punto de los verdaderos autores del libro, que ante todo,
tenía el mayor interés de evitar. Cuando se roba, no debe dejarse nada.

Por lo demás, si no era admirador ni aprobador de estos nombres, como lo
demuestran sus obras posteriores de cartografía, en las que no se
encuentran mencionados, tampoco fué purista en punto á nombres propios;
y al lado de su sobrenombre _Hylacomylus_, el nombre _Americus_ debió
parecerle una maravilla. D’Avezac ha demostrado, en efecto, que el
nombre Hylacomylus,[46] es una alteración, y al propio tiempo una
creación absolutamente única en su especie. Su verdadero nombre era
Martin Waltzemüller (molino con cilindros revolvedores) que después
cambió en el de Waldseemüller (molino de lago silvestre); luego,
traduciendo en griego la palabra _Wald_ por _Hile_ y _Müller_ por
_Mulos_, amalgama digna de un herrero dado á la fantasía, creó el dulce
nombre _Hylacomylus_, el nombre cacofónico _Hylacomylus_, _Ylacomylus_,
ó _Ilacomilus_.

En fin, el canónigo Gualterio Lud no es tampoco el autor del nombre
_América_. A la verdad, no fué de él ni aun partidario entusiasta, ni
promotor diligente ó interesado, pues en su _Speculi orbis
declaratio...._, de 1507, publicada en Strasburgo, no lo emplea jamás al
hablar de los países nuevamente descubiertos.

En cuanto á Ringmann, si hubiese sido el autor de estos nombres, no
habría dejado de imprimirles la estampa de su _Philesius Vogesigena_;
pues nada salía de su pluma sin su señal, estando poseído, como su amigo
Waltzemüller, de insaciable sed de celebridad, ó al menos de notoriedad.
Como traductor de los textos de Ptolomeo, en 1513, no habría dejado de
ponerlos en ese libro.

El modesto Jean Basin fué el padrino del primer libro, impreso,
conocido, en que se halla el nombre que lleva el Nuevo Mundo.
Preguntemos, sin embargo, le auxiliaría Vespucci? Esto lo examinaremos
más abajo.



XII

     Propagación del nombre _América_--_Globus Mundi_ de 1509--Su
     presunto autor--Carta de Apianus de 1520--Globos de van
     Hauslab y de Schöner--Cartas de Leonardo de Vinci, de Luis
     Boulenger y del Ptolomeo de 1522--Todos los cartógrafos
     inscriben en sus cartas el nombre _América_, sin variación, en
     tanto que los autores de libros hacen todas las variaciones
     imaginables con los nombres _Albericus_ y _Americus_--Errores
     á que han dado ocasión los nombres indígenas de Canadá y
     Labrador.


¿Cómo se propagó el nombre América? En cuanto á documentos impresos en
aquella época, solo tenemos las dos ediciones de la _Cosmographiæ
Introductio_, de 1507, (Saint Dié, tres tiradas) y de 1509, (Strasburgo)
formando un total aproximado de doscientos ejemplares impresos y puestos
en circulación, como antes lo hemos referido. Además, un opusculito
anónimo, de catorce fojas, que lleva el título de: _Globus Mundi.
Declaratio sive descriptio mundi et totius orbis terrarum, etc._,
impreso en 1509 en Strasburgo, en la imprenta de Jean Grüniger,
corregido por el mismo director, (_castigatore_) Adelphus Mulichus.
Según d’Avezac:--“A pesar de las promesas del título, el opúsculo dice
poca cosa de América.”[47] El nombre _Americo_ para designar al
navegante florentino, se encuentra al fin del título, y el nombre
_América_ para designar la cuarta parte del mundo, se ve también una
sola vez, en el capítulo IV, _de Descriptione Terræ_. Alejandro de
Humboldt dice:--“En este opúsculo, rarísimo el día de hoy, he encontrado
por primera vez el nombre _América_ para designar al Nuevo Mundo,
siguiendo la indicación de Hylacomylus, de 1507.”[48]

A la manera que el tratadito de Geografía del libro del Gimnasio
vosgense, _Cosmographiæ Introductio_, este opúsculo impreso en el mismo
formato y con los mismos caracteres que la edición de Strasburgo, no
hace mención alguna de Cristóbal Colón, cuya existencia ignora: hechos
que parecen indicar que esta publicación anónima fué dada con objeto de
explicar el globo ó planisferio, cuya construcción pretendió
Waltzemüller como suya mientras vivió en Saint Dié. Pero es muy poco
probable que sea suya, porque él no era amigo del incógnito, sino todo
lo contrario.

Preciso es presumir que fué Jean Basin, cuya modestia es bien conocida,
y que gustaba de no nombrarse, como lo prueba su traducción latina de
las _Quatuor Navigationes_, quien escribió y publicó este opúsculo. Y lo
que da mayor probabilidad á esta versión, es que introduce los nombres
_Americus_ y _América_, como si los tocase con mano ligera, y con la
discreción del hombre de mundo, que no gusta de repetirse, citando lo ya
dicho en su otro escrito, que evidentemente es el célebre opúsculo del
Gimnasio vosgense.

Según Humboldt y Harrisse, esta obrita es en la actualidad muy rara, de
donde puede congeturarse, que cuando se dió á luz fué en número muy
limitado de ejemplares--digamos unos cien--lo que con la _Cosmographiæ
Introductio_ forma un total de trescientos opúsculos, en que se hallaban
los nombres de _Americus_ y _America_. Pues bien, en 1515, solo ocho
años después de su publicación, Juan Schöner, de Bamberg, asegura en su
obra titulada: _Luculentissima quædam terræ totius descriptio, cum
multis utilissimis cosmographiæ iniciis, etc._, impresa en _Nüremberg_,
que el nombre _América_ estaba generalmente adoptado.

Santarem ve en esto una equivocación de Schöner.[49] El señor B. F. de
Costa, en su explicación del globo de Lenox, de 1511,[50] repite la
misma opinión, esto es, que Schöner se equivocó. Habiendo Schöner sido
contemporáneo de los miembros del Gimnasio vosgense y de los geógrafos
de Strasburgo de los quince primeros años del siglo XVI, tal suposición
es enteramente gratuita y carece de valor. Estamos en presencia de un
hecho incómodo. Negarlo es rehuirlo. La negación absoluta es un
argumento vano, sin fuerza.

¿Cómo admitir que el nombre _América_ hubiese sido generalmente
adoptado, habiéndose limitado la circulación de este opúsculo, á unos
doscientos ó trescientos ejemplares, y eso en una época en que las
comunicaciones eran tan difíciles? Este opúsculo debe haber salido muy
poco fuera de los límites del Rhin y de una región que se extendía del
lago de Constanza á Mayenza. En esa región se han encontrado todos los
ejemplares existentes el día de hoy.

Esta aserción de Schöner es la primera indicación impresa de la
existencia del nombre _América_, como hecho reconocido, y de su uso
general: pues para que una persona que vivía en un pueblecito en el
centro del Continente, pudiese, en 1515, expresarse con la seguridad que
él lo hace, es preciso que este nombre, pasando de boca en boca, hubiese
adquirido popular celebridad.

Lo que principalmente se recomienda á la imaginación de la generalidad
de las gentes, al hablarse de países nuevos, es la riqueza de éstos, su
abundancia en oro. Los aventureros y los tripulantes de los buques,
pronunciaron el nombre _América_, queriendo dar expresión á sus vagas
nociones sobre un país de los más ricos del Nuevo Mundo. Acerca de su
posición, no era para ellos más fija que lo fué en la antigüedad la de
_Chrysé_ (país dorado) con que se expresaban las vagas nociones de una
región del extremo Oriente; ó que lo ha sido la de _El Dorado_, que
tiene la reputación de ser un reino ó país legendario, de riqueza
fabulosa.[51]

Hasta ahora, á pesar de todas las investigaciones, la primera carta que
conocemos, de fecha cierta, constante en ella misma, y que contiene el
nombre _América_, es la de _Apianus_ (Pierre Bienewitz) publicada en el
_Polystor_ de Solinus, en 1520. Muchos globos ó cartas manuscritas ó
impresas contienen el nombre _América_, pero carecen de fecha; y cuando
se ha tratado de fijárselas mediante un atento estudio, apenas si se ha
llegado á lo vago, perdiéndose las congeturas en diferencias de tres,
cuatro ó seis años.

El globo impreso con líneas astronómicas, que se dice del General von
Hauslab, de Viena, y que tiene inscrito el nombre _América_, pertenece,
en opinión de unos, al año de 1509, y en la de otros, al de
1515--Pudiera también sostenerse con igual razón que es de 1505 ó 1506.
En este caso, el nombre _América_ debe de haberlo tomado de otra parte
que de la obrita de Saint Dié, lo que indicaría que se usaba á la sazón
el nombre _América_, para designar una parte del Nuevo Mundo, aun antes
de que lo bautizase Jean Basin.

Schöner trae otro globo impreso, en donde se encuentra el nombre
_América_, que el Dr. Franz Wieser[52] atribuye con certeza al año de
1515, aunque carece de fecha.

La carta manuscrita, que se dice ser de Leonardo de Vinci, y algunos
creen de 1512 á 1514, mientras otros piensan que es de 1515 á 1516,
lleva el nombre _América_ en la región más meridional del Nuevo Mundo.

Una carta francesa, que se atribuye á Ludovicus Boulengier, encontrada
en una edición de la _Cosmographiæ Introductio_, Lyon, 1514, tiene esta
inscripción: _America noviter reperta_, en una parte de la región
meridional del Nuevo Mundo. Sin embargo, no es cosa segura que esta
carta sea de la misma fecha que el librito, y es posible que haya sido
colocada en él posteriormente.

Existe, en fin, la carta de la famosa edición de la Geografía de
Ptolomeo, impresa en Strasburgo, en la imprenta de Jean Grüniger, año de
1522, en la que aparece el nombre _América_. Como la carta de Apiano de
1520, lleva ésta la inscripción de _America provincia_, al propio tiempo
que en ella misma se declara, que el Nuevo Mundo fué descubierto por
Colón y no por Vespucci. Otra prueba de que el nombre _América_ se
empleaba para designar solo una región de estas nuevas tierras sin
intención alguna de atribuirlo á Vespucci.

Debo aquí hacer una observación que no he visto enunciada, y que tiene
su valor en el difícil estudio que nos hemos propuesto. Todos los
cartógrafos han inscrito en los globos ó cartas, el nombre _América_,
sin variación alguna, salvo los franceses que escriben _Amérique_, desde
que en Francia dejaron de ponerse inscripciones latinas á las cartas.
Hay notable uniformidad y corrección perfecta, _ne varietur_ en la
palabra _América_ como nombre de lugar, ó nombre geográfico, en tanto
que el mismo nombre, aplicado á Vespucci, ha tenido muchísimas
variaciones, ofreciendo todas las combinaciones posibles de sonidos
semejantes, tales como: _Amerigo_, _Amerrigo_, _Almerigo_, _Amergio_,
_Morigo_, _Emeric_, _Aïmeric_, _etc._; verdadera cacofonía de prenombres
ó de apelativos, sin igual en la historia, que si los nombres propios,
se escriben con frecuencia de diferentes maneras, no así los siguientes,
entre muchos otros: Cristóbal, Juan, José, Sebastián, Fernando, etc.,
que no varían si no es en su traducción de una lengua á otra.

El nombre de lugar _Amerrique_ se ha mantenido íntegro, siempre que se
ha usado geográficamente, ya en cartas, ya en libros,[53] mientras que,
al quererse dar á un hombre los aires de la fábula, como lo hizo Jean
Basin con Vespucci, se ha llegado á una confusión completa, verdadera
torre de Babel, donde parecen haberse ensayado todas las combinaciones
para hacer armonizar el bello nombre indígena _Amerrique_ con el
prenombre _Alberic_.

Tenemos aquí una nueva prueba de haber sido un nombre de lugar el que se
impuso á un hombre, y no el prenombre de un hombre al nuevo
Continente--El uno es un nombre de lugar conocido de todo el mundo, en
tanto que el otro es un sobrenombre fantástico, que cada uno escribe á
su modo.

Por lo demás, este error es natural y se comprende fácilmente.

En el Nuevo Mundo ocurre con frecuencia, aunque con menos éxito.
Citaremos, por ejemplo, el nombre indígena _Canadá_. Dos historiadores
que gozan de cierta reputación, bien merecida por el uno, declaran, en
1637,[54] y en 1672,[55] que el Canadá fué así llamado en honor de M.
_de Can_ ó _Cane_, señor francés que fué el primero en fundar una
colonia en América, llamada entonces la Nueva Francia. Hubo
efectivamente dos hermanos _de Caen_ (no M. de _Cane_ ó _Cane_) que
llegaron al Canadá en 1621, un siglo después que Jacques Cartier.
Afortunadamente, este último nos dice en su relación del viaje, que
_Canadá_ es palabra de los indios de las riberas del San Lorenzo, y
quiere decir _villa_, ó reunión de chozas de indígenas. Pero supongamos
que Jacques Cartier no hubiese dado tal explicación, y que los dos
hermanos de Caen hubiesen llegado á la región del San Lorenzo cinco ó
seis años después que Cartier, tendríamos un caso semejante al de Colón
con Vespucci, en la cuestión del nombre _América_.

Respecto del _Labrador_, la confusión llega al caos. El bello nombre
_Brador_ ó _Bradaur_, sonoro y admirablemente apropiado, es palabra de
los indios de las orillas del golfo de San Lorenzo. Significa “bahía
estrecha y profunda,” que se introduce á la tierra, y corresponde
exactamente al nombre noruego _fiord_. Toda la costa del Labrador no
es, en efecto, otra cosa que una serie de _fiords_ contrapuestos á los
de la costa noruega.

Demos en pocas palabras otros orígenes imaginarios. Primeramente, _La
tierra de los esclavos_, donde se arrebataban indios para reducirlos á
la esclavitud. Este país es tan pobre y rudo, que nunca ha tenido más
que una escasa población, muy diseminada. En seguida, _La tierra de la
Labor_, ó _tierra del Labrador_, para indicar tierras fértiles donde no
hay otra cosa que rocas, irrisoria etimología![56] En fin, el inevitable
navegante, un ballenero basco, llamado el Capitán Labrador, que penetró
en el estrecho de Bell-Isle, hasta una bahía que nombró Labrador, y esto
á mediados del siglo XV, cuarenta años próximamente antes del
descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón. De esta bahía se
supone haberse extendido á toda la costa.

El bello nombre _Brador_ se ha dado, además, á una bahía particular,
donde se encuentra el pueblo ó establecimiento de pescadores llamado
_Brador_, el antiguo _Brest_ de los franceses. En fin, las dos bahías
profundas que parten en dos la isla de Cabo Bretón, llevan los nombres
de _Grande_ y _Pequeño Brador_, que los franceses, y á su ejemplo, los
ingleses, escriben _Bras-d’or_.



XIII

     Incertidumbres sobre la posición de la provincia ó región
     _América_, como la del Brasil, Cuba, Florida y Terra
     Nova--Mercator en 1541, y Ortelius en 1570, llaman _América_ á
     todo el Nuevo Mundo--Opiniones de Humboldt, Varnhagen y
     d’Avezac sobre la propagación y adopción del nombre
     _América_--Ayudó ó retardó el error de Jean Basin á la
     adopción de este nombre?


La inscripción del nombre _América_ en las primitivas cartas, demuestra
no haberse adoptado del todo la proposición de Jean Basin y del Gimnasio
vosgense, de llamar América á toda la cuarta parte del mundo, sino que
ese nombre se aplicó á una región particular del Nuevo Mundo. Incierto
era el lugar donde debía situarse, y de allí las variables y vagas
posiciones en que se le inscribía, colocándosele acá y allá, sin saber
donde fijarlo definitivamente. Igual cosa sucedía respecto á otros
nombres de regiones del Nuevo Mundo: el Brasil, Cuba, Florida, Terra
Nova, etc.

Encuéntrase el nombre Brasil, (que quiere decir madera de tinte rojo)
dado á la isla de Terceira, en las Azores, desde 1385; en seguida le
hallamos en la América Central, donde el día de hoy son Guatemala y
Honduras; en Méjico, Yucatán y Campeche--luego en la región que ahora es
Colombia; fué por último reducido al país que en la actualidad le lleva.
Cuba comprendió á Méjico, lo mismo que á los Estados-Unidos y el Canadá,
antes de quedar dentro de los modestos límites de una isla.

En cuanto á la Florida, llamóse así toda la costa del Atlántico, desde
Las Tortugas hasta el Cabo Cod en Massachusetts, y no ha sido sino poco
á poco que se ha reducido á los modestos linderos de la península y
Estado de ese nombre. La isla de _Terra Nova_, la hallamos primeramente
al Norte de la América del Sur, (Venezuela y Colombia), y hasta un siglo
después no se concluyó por fijarla á la entrada del golfo de San
Lorenzo.

El nombre _América_ fué atribuido primero á la parte Norte de la América
meridional, (Guayana) y caminó después hacia el Ecuador y el trópico de
Capricornio, á la punta más Sur del lado del polo austral, designando
todo lo hoy comprendido dentro de los límites del Brasil. Remonta
después al Ecuador, abrazando á la actual Bolivia, entre Chile y Perú, y
finalmente, va invadiendo y cubriendo más y más terreno, hasta que por
último, en 1541, Mercator lo puso en una proyección de su Globo
terrestre, y Ortelius, todavía con más ventaja, en 1570, en su Mapa
Mundi llamado _Typus Orbis Terrarum_, abrazó todo el hemisferio
occidental bajo los títulos de _America sive India nova_, y de _Ame Rica
â multis hodie Nova India dicta_. Observemos que en el globo de Mercator
el nombre _América_ está dividido en dos partes, separadas la una de la
otra casi por todo el nuevo Continente. _Ame_ se halla en la parte Norte
frente á frente de _Anuromega_ (Nerembega) y de la _Baccalearum regio_
cerca del lugar ocupado hoy por Manitoba; mientras que _Rica_ está al
otro extremo de la proyección, en la región más meridional, entre el
Plata y Chile.

Esto ocurría treinta y cuatro y sesenta y tres años después de la
proposición de Jean Basin, y de sus asociados del Gimnasio vosgense.

Apresurémonos á añadir, que esta es solo la solución teórica, porque en
la práctica necesitó mucho tiempo, y el día de hoy aun hay localidades
que persisten en dar á la palabra una significación limitada, mostrando
que al principio _América_ designaba solo las regiones centrales del
Continente. El día de hoy para los descendientes de los antiguos colonos
franceses de las riberas del San Lorenzo, _América_ significa todo el
país situado al Sur de Canadá. Estos canadenses dicen que van á
_América_, cuando se dirigen á los Estados-Unidos ó á Méjico.

Tal variedad en la significación de la palabra _América_, aplicada á una
provincia del Nuevo Mundo, y su progresiva invasión al Continente,
demuestran hasta la evidencia, que los cartógrafos no se conformaron
absolutamente con la proposición de Jean Basin, que pasó inadvertida por
la gran mayoría de sus contemporáneos. Su importancia no se dejó ver
hasta después de muchos siglos, gracias á las investigaciones y al gran
nombre de Alejandro de Humboldt. Porque si el bautismo de Jean Basin
hubiese sido aceptado y reconocido, habríase desde luego atribuido el
nombre _América_, que inició el librito del Gimnasio vosgenes, á toda la
cuarta parte del mundo, como se hacía con Europa, Asia y Africa. Pero no
sucedió nada de esto. Y cuando se suscitaron dificultades sobre la
persona á quien debía atribuirse el descubrimiento del Nuevo Mundo, no
se pensó en el Gimnasio vosgense, ni en Hylacomylus, sino en Vespucci
mismo, que fué acusado de colocar su nombre en las cartas, pretendiendo
arrebatar á Colón la gloria del descubrimiento, y el nombre de Nuevo
Mundo.

Schöner fué el primero, en 1535, en acusar á Vespucci de poner su nombre
en las cartas; pero todas las investigaciones ulteriores han demostrado
la falsedad de esta acusación. Cuanto puede decirse es que ese nombre se
había hecho popular, pero no á consecuencia de la publicación de ningún
opúsculo ó carta; y á este punto nos vemos obligados á volver
continuamente.

Humboldt piensa que la propagación del nombre _América_[57] es debida á
las cuatro ediciones de la _Cosmographiæ Introductio_ (1507, 1509, 1535
y 1554) y á la falta de publicaciones sobre los viajes de Colón.[58]

Varnhagen atribuye la adopción y éxito del nombre _América_ á la
imprenta del siglo XVI y “á la opinión pública, juez supremo de estas
cuestiones de bautismo, resueltas por ella y para ella.”[59]

En fin, d’Avezac dice:--“Entre el error temprano y la verdad tardía,
(aludiendo á la ignorancia de los miembros del Gimnasio vosgense,
respecto al descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón, que ellos
atribuían á Vespucci) la elección del vulgo no puede ser dudosa: como
siempre, quedará el error consagrado. Algunos espíritus puros se
sublevan contra él; pero dado el impulso, los carneros de Dindenault
saltan como de costumbre en seguimiento de los de Panurge, balando como
ellos el nombre _América_, y este nombre repetido por toda la gente
carneruna, se hizo general, exclusivo, y de allí en adelante,
indeleble.”[60]

Razones singulares, débiles é insuficientes por demás, pero dadas por
los tres sabios que más y mejor han estudiado la cuestión!

De todo lo anterior puede concluirse, que el nombre _América_ fué
aceptado, no á causa de Vespucci, sino más bien á pesar del trabajo que
en su favor ejecutaron Jean Basin y sus asociados del Gimnasio vosgense.

Rectificado antes de dos años, en la edición de Strasburgo, el error de
atribuir á Vespucci el descubrimiento del Nuevo Mundo, no hubo tiempo
para que llegase á ser rutina, según la expresión de d’Avezac;[61] pues
¿qué era, á la verdad, un espacio de dos años, en aquella época de
comunicaciones difíciles, cuando no había una sola carta impresa que
llevase ese nombre, y con tan pocos ejemplares del opúsculo de Saint Dié
en circulación? Hablar de rutina en tales circunstancias, es pagarse de
palabras, sin la menor apariencia de verdad. No fueron los sabios
quienes impusieron al vulgo el nombre _América_, porque con la
resistencia de Schöner y otros, desde 1535, no habría sido aceptado, ni
menos mantenido: pero ese nombre era tan popular, que el vulgo lo impuso
á los sabios.

A orillas del Rhin, y en el centro de Europa, en general,[62] el error
de Basin puede haber ayudado, dentro de ciertos límites á propagarlo;
pero en España y Portugal, en Génova y en Venecia,[63] sucedía lo
contrario. En todos los puertos de mar era sabido que Vespucci no era el
descubridor del Nuevo Mundo, en donde no había estado más que en la
posición subalterna de pasajero, sobrecargo, ó mayordomo; y cuando se
supo--lo que no fué sino al menos después de treinta años--que se le
atribuía el nombre vulgar y generalmente usado, _América_, la opinión
pública experimentó mucha indignación. En los actos oficiales, en el
Consejo de Indias, en las _Historias de_ _las Indias_ de Oviedo, de
Gomara, de Las Casas, no se emplea este nombre; en España y Portugal, la
resistencia á su adopción duró tres siglos. Pero en el pueblo y entre
las tripulaciones, había echado raíces profundas, seguramente á causa de
su condición de aborígen, que, sin embargo, ya se había olvidado, como
sucede con frecuencia; triunfando de las objeciones, tanto de los
primeros sabios del mundo entero, como de las cancillerías españolas, y
subsistiendo de grado ó por fuerza.

Un autor ha dicho con mucha sagacidad, sin conocer el origen indígena
del nombre _América_, que “el haberse respetado la aseveración que lo
atribuye á Vespucci, había sido, sobre todo, por falta de solución que
oponerle.” En realidad, ha faltado una explicación racional, bien
fundada y verdadera del fenómeno singular de un nombre de lugar, cuya
posición geográfica precisa es desconocida, con el que se quiso revestir
á un hombre, y hacerle navegante italiano.

Nueva prueba del triunfo final de los pequeños, y de la opinión pública,
sobre los errores de los doctos, de los eruditos, y de los panegiristas
patrióticos--Pobres tripulaciones llevaron del Nuevo Mundo el nombre
_Amerrique_, y durante cuatro siglos los sabios y los literatos han
disputado sobre el empleo y origen de ese bello nombre.



XIV

     Documentos publicados después del siglo XVII--Ausencia total
     de huellas de Vespucci en Portugal--Dudas sobre la existencia
     de un solo documento auténtico en Florencia, relativo á
     Vespucci--Fabrícase en Paris, durante el segundo imperio, una
     pretendida carta de Vespucci á su padre, por el falsario
     Vrain-Lucas--Dificultad de leer, con matemática exactitud, los
     nombres ó sobrenombres asignados á Vespucci--Los padres
     católicos rehusan, hasta el día de hoy, dar por único nombre
     de bautismo, uno que no sea de santo.


Hasta la vez no he hecho uso más que de documentos impresos durante el
primer cuarto, ó el primer tercio del siglo XVI, antes que se suscitase
cuestión alguna sobre los méritos ó deméritos de Vespucci, y he tomado
los hechos como los han trasmitido los contemporáneos. Trato ahora de
examinar otros que han aparecido más tarde. Notemos, desde luego, con
Alejandro de Humboldt, que fué hasta después de la publicación del señor
Fernández de Navarrete,[64] en 1825, que hemos tenido materiales
preciosos y verdaderamente dignos de fé acerca de Vespucci. Antes de
eso, habíase puesto en obra todo cuanto podían inventar las pasiones,
las rivalidades, los celos patrióticos y de campanario--sin pararse ni
ante la fabricación de piezas falsas, ni ante los hechos mejor
averiguados. Se inventaron relaciones de viajes, genealogías, cartas; en
fin hasta se ha grabado en mármol en Santa María dell’umiltá, en
Florencia, el año de 1719, la famosa inscripción del abate Anton M.
Salvini.

  AMERICO VESPUCIO PATRICIO FLORENTINO
  OB REPERTAM AMERICAM
  SUI ET PATRIÆ NOMINIS ILLUSTRATORI
  AMPLIFICATORI ORBIS TERRARUM
  IN HAC OLIM VESPUCCIA DOMO
  A TANTO VIRO HABITATA
  PATRES SANTI JOANNIS DE DEO CULTORES
  GRATÆ MEMORIÆ CAUSA.

Con Navarrete, y sobre todo con Humboldt, se pasa del romano legendario
á la realidad, y por vez primera se encuentra uno en el terreno de los
hechos, en una discusión científica un tanto reñida.

En Portugal, y más particularmente en Lisboa, donde Vespucci escribió
sus dos célebres cartas, (1503 y 1504) nada se ha descubierto, ni en los
archivos de la _Torre do Tombo_, ni en ninguna otra parte: no se han
hallado rastros de las letras patentes de que Vespucci habla á Soderini.
Su nombre mismo no ha podido encontrarse en ninguna parte.

En Florencia no ha podido ostentarse hasta el día de hoy ningún
documento de autenticidad absoluta. Nada parecido á las tres célebres
cartas de Cristóbal Colón, conservadas en Génova, ha podido encontrarse
en la ciudad de los Médicis. Todo cuanto se ha hallado son los
panegíricos de Bandini y Canovaï--Y por otra parte, ¿habrá en esto
motivo de sorpresa, cuando personajes más cercanos á nuestros tiempos, y
cuyos escritos y publicaciones han sido enormes, como por ejemplo,
Shakespeare y Moliére, no han dejado tras de sí rastro alguno, ni de sus
manuscritos ni de sus cartas, sino apenas unas dos ó tres firmas cada
uno?

La pretendida carta de Vespucci á su padre, fechada en 1476, en latín,
no tiene carácter de autenticidad. Publicada por el panegirista Bandini,
que tuvo buen cuidando de no dar la firma, debe de haber servido de
tentación á los fabricantes de autógrafos. Uno de estos falsarios,
Vrain, ó Vrin-Lucas, admitió en el proceso[65] que se le siguió al
efecto, haber fabricado cartas de Galileo, de Vespucci, etc., puesto
que, dijo, se las pedían, y el fabricarlas “no cedía en mal de nadie.”
Agregó que no quería más que “recurrir á una forma picante, para
reavivar el gusto por las discusiones literarias é históricas.”

Aparte de esto, el examen, por rápido que sea, de esta pretendida carta
de Vespucci á su padre,[66] comparada con la sola auténtica publicada en
facsimile por el Gobierno español, en las _Cartas de Indias, etc._,
(Madrid, 1878, in folio) muestra la falsedad de dicho documento; todos
los caracteres son diferentes de los de la pieza auténtica: uno solo de
ellos no se parece á éstos. La observación de que Vespucci escribió la
una, á los veinticuatro, y la otra, á los cincuenta y seis años de edad,
es enteramente inadmisible para explicar una diferencia caligráfica tan
grande, que puede decirse absoluta. Es imposible que la misma mano haya
jamás escrito esas dos cartas. Siendo la de 1508 de una autenticidad
cierta, la otra ha debido ser fabricada. Por otra parte, la firma del
nombre indígena latinizado _Americus_, constituye una imposibilidad
material antes de 1507, imposibilidad desconocida á los falsarios.

El árbol genealógico construido por Bandini más de dos siglos después de
la muerte de Vespucci, tiene el valor de todas las piezas de este género
aplicadas á los hombres que llegan á ser célebres. Vespucci necesitó al
menos un predecesor para el nombre _Amerigo_, y Bandini no faltó en
arrimárselo, siendo, según él, su abuelo, á quien llamó _S. Amerigo_,
mientras á su padre le dió el nombre de _Ser Nastagio_. _Ser_ está allí
por _Servitore_, como se encuentra en todos los ejemplares de la segunda
carta de Vespucci á Soderini, al fin _Servitore Amerigo Vespucci in
Lisbona_.

M. de Varnhagen, cuyas simpatías por Vespucci no pueden ponerse en duda,
ha reconocido, en Florencia misma, la falsedad de otra carta atribuida á
Vespucci y publicada por Bandini en 1745. Mira asimismo como falsas
otras dos, publicadas por la vez primera, la una en 1789, por
Bartolozzi, y la otra en 1827, por Baldelli.

Déjase ver por estos ejemplos cuán en guardia es preciso estar contra
las publicaciones hechas en Florencia acerca de Vespucci, pues si el
prenombre de Vespucci no se sujeta á una crítica minuciosa y de mucha
exactitud, pudiera llegar á dudarse si _Alberico_, ó _Amerigo_ es el
verdadero.

La cuestión es de alguna importancia, como ha podido verse por lo que
dejo dicho sobre los documentos impresos de 1504 á 1507, en los que se
encuentran los nombres _Alberico_ y _Amerigo_, sin respicencia á que su
solución toque la parte vital é importante del origen del nombre
_América_, que flota siempre entre la licencia poética de Jean Basin, y
_Amerrique_, nombre de lugar del Nuevo Mundo. Esta solución implicará
más ó menos el apoyo que Vespucci puede haber prestado, sin saberlo
quizás, al bautismo de Saint Dié.

Las piezas que sirvieron á Bandini para establecer el nacimiento y
filiación genealógica de Vespucci--si en realidad existen--debieron ser
examinadas con el mayor cuidado, primero en orden á la lectura exacta de
los prenombres, y en seguida desde el punto de vista de su autenticidad;
sobre todo, era preciso asegurarse de que no habían sufrido
alteraciones ni mutilaciones.

En general, tratándose del prenombre de Vespucci, la lectura aun de
documentos impresos, ha adolecido de mucha inexactitud; y no se ha
pensado en deletrear letra por letra. El mismo d’Avezac, tan exacto en
sus citas de los cambios de letras y errores de los primeros cuadernos
impresos en Saint Dié y Strasburgo, tradujo dos veces el nombre
_Albericus_ por _Americ_, en lugar de _Albert_ ó _Alberic_, á la página
91 de su _Martin Hylacomylus Waltzemüller_.

Humboldt es quien mayor corrección ha observado en la ortografía de
aquel nombre, que siempre tuvo cuidado de escribir con todas sus letras,
según se encuentran en los documentos impresos ó citados en
publicaciones. Sin embargo, cuando habla de Vespucci no vacila en
llamarle _Americ_, y nunca _Alberic_ ó _Albert_.

Cuantos conocen la Italia y la España, saben que es absolutamente
imposible conseguir que un padre católico dé por nombre de pila, uno que
no se halle en el calendario de los santos. Esto es lo mismo aun en
Francia y Bélgica. Los empleados del registro civil en Francia, antes
como ahora, han rehusado frecuentemente inscribir como prenombres, los
que no son nombres de santos. En Italia, en la época de la omnipotencia
de la Iglesia católica, la dificultad debe de haber sido aun mayor, y no
se tiene noticia de excepción alguna de esta regla absoluta, salvo en
los casos de los grandes nombres latinos, como _César_, _Vespasiano_,
_Mario_, _etc._, ó en las designaciones numéricas para indicar el orden
en la serie de los niños, como _Quintino_. Aun estos nombres no los
acepta sino como ocultos entre otros muchos pertenecientes á santos, y
de buena y legítima ortodogía.

Cómo creer, sin un documento de autenticidad indiscutible, exento de
raspaduras y enmiendas, que nos sirviese de prueba, que un padre haya
podido bautizar á Vespucci con el solo nombre de _Amerigo_, sin
acompañarle otros prenombres de santos bien conocidos y de ortodogía
nada sospechosa, cuando su padre y su madre mismos estaban bajo la
advocación de Anastasio y Elizabet?

Tenemos en eso una dificultad material, seria aun para los mismos
italianos, quiero decir, los que de entre ellos son imparciales, y que
no ven la presente cuestión, únicamente y ante todo por el lado del
patriotismo. Por desgracia para muchos italianos, la fibra patriótica
les impide discutir en calma. Hay uno, el marqués Pietro Amat di San
Filippo, que no ha vacilado en acusarme de querer privar á Vespucci del
honor de haber dado su nombre á la cuarta parte del mundo. Declara mi
opinión _sobre el origen del nombre América_, “mal aconsejada y poco
sostenible”--Pero en cuanto á razones, no da ninguna. Véase este curioso
pasaje en la página 21 de la _Biografía dei viaggiatori italiani_, per
P. Amat di S. Filippo, publicada por la _Societá geográfica italiana_,
Roma, 1882, _volume 1.º, edizione seconda_.



XV

     Descubrimiento de documentos referentes á Vespucci en los
     archivos de Sevilla y de Simancas, en España--Mención de
     Vespucci en 1496, sin prenombre--En 1505, Colón, en sus dos
     cartas del mes de Febrero, le nombra _Amerigo_
     Vespucci--Opinión de Alejandro de Humboldt sobre el nombre
     _Amerigo_--Firmas de Vespucci posteriores á 1507--_Amerrigo_
     con doble _r_, como el nombre indio _Amerrique_--Vespucci
     jamás desmintió públicamente ni sus dos cartas á Médicis y
     Soderini, ni el bautismo de Saint Dié--Papel de Pierre Martyr
     d’Anghiera--Descripción de las dos firmas auténticas de
     Vespucci--Son ellas los documentos más graves en su contra.


En España las investigaciones de J. B. Muñoz, y M. F. de Navarrete, en
los archivos de Sevilla y de Simancas,[67] han logrado el éxito de
descubrir las únicas piezas auténticas que poseemos sobre la vida de
Vespucci. Todas se refieren á los últimos seis años de su vida. Antes de
eso nada teníamos de él, ni tocante á él; pues las setenta y cuatro
cartas del _Cartei dei Medici avanti il principato, filza 68_ (Archivos
generales de Florencia) señaladas por Bartolozzi como dirigidas á
Vespucci, de Febrero de 1483, á Noviembre de 1491, por los miembros de
la familia de Vespucci y por Lorenzo de Médicis, dejan lugar por una
parte, á graves dudas sobre su identidad, y por otra, á muy serias sobre
su destino y dirección.

En un inventario de las cuentas de la flota, en la _Casa de
Contratación_ de Sevilla, Muñoz encontró una nota, datada el 12 de Enero
de 1496, que indica que _Vespuche_ (sin otro nombre) había recibido del
tesorero Pinelo diez mil maravedís. Este es el primer documento de
interés para nosotros, en que se encuentra el nombre de Vespucci.

El 5 y 25 de Febrero de 1505, el gran Almirante Cristóbal Colón, en sus
dos cartas á su hijo Diego, habla de _Amerigo_ Vespuchy. La segunda
carta á Soderini, datada en Lisboa á 4 de Setiembre de 1504, le da por
prenombre _Amerigo_. Recordemos, sin embargo, que la primera carta,
igualmente datada en Lisboa en 1503, le da por nombre _Alberico_,
traducido por Lorenzo de Médicis y Giocondo, _Albericus_.

El haber usado Colón el nombre _Amerigo_ se explica con la fecha de sus
cartas, posteriores en tres años á su estadía en la embocadura del río
Bluefields, al pié de las montañas de _Amerrique_, del 16 al 24 de
Setiembre de 1502. El cambio del nombre propio de Vespucci ocurrió entre
1503 y fines de 1504, de modo que Colón, al llamarlo _Amerigo_, no hizo
más que conformarse al uso del sobrenombre adoptado por Vespucci.

Alejandro de Humboldt, que ciertamente conocía bien la España,
dice:--“Este nombre (_Amerigo_) tan raro, puede ser enteramente desusado
en España, y pudo también tomarse por apelativo.”[68] Efectivamente, hay
apelativos españoles que se le acercan, entre otros, por ejemplo,
_Ameghino_. No sabiendo como explicar el nombre _Amerigo_ “elevado á la
celebridad por la extravagante aplicación geográfica que de él se hizo
en 1507,”[69] Humboldt se lanza á explicaciones y contradicciones
inextricables. Dice que “la preferencia dada al nombre propio ó de pila
sobre el de familia, tiene sin duda su origen en el sonido, poco
agradable, de _Vespuccia_, según la costumbre muy común en Italia y
España de designar á las personas notables por su nombre propio
únicamente.”[70] Pero en 1504 y 1505 Vespucci no era persona notable; al
contrario, era un desconocido que no alcanzó cierto realce ni
notoriedad, sino á partir de su nombramiento de _Piloto Mayor_, que fué
el 10 de Junio de 1508. Además, en un país en donde se contaban á la
sazón tantos navegantes célebres, Vespucci no podía hacer más que una
pobre figura, á punto que el historiador Oviedo, en su célebre _Historia
general de las Indias_, publicada en 1535, en Sevilla, que es donde
Vespucci vivió como Piloto Mayor, y donde murió, no lo cita una sola
vez.

La preferencia del nombre propio sobre el apelativo, es única en la
historia de la geografía, con excepción de los de personas
pertenecientes á familias reales. La excepción en favor de Vespucci no
tiene más explicación plausible que el doble error de Jean Basin.

Humboldt añade:--“Siendo muy sonoro, presentaba la ventaja de prestarse
á ser siempre correctamente escrito en los documentos.”[71] Y sin
embargo, Humboldt mismo cita las siguientes variaciones: _Amerrigo_,
_Morigo_, _Alberico_, _Americo_, _Emeric_, _Damerigho_, _Almerigo_,
_Amerigo_ y _Almerico_.

A más de las cartas de Colón, hánse encontrado otros documentos,
pertenecientes á los años de 1505 á 1516, en que se lee el nombre
_Amerigo_: á saber, su carta de naturalización, su nombramiento de
Piloto Mayor, en 1508, y recibos é instrucciones. Los libros de cuentas
del _Archivero de Indias, de Sevilla_, consignan frecuentemente _Ha de
Haber Amerigo_, con el solo título de _Capitán Amerigo_, empleándose
este nombre como apodo, bien conocido y admitido, sin _Vespucci_, el
cual no aparece sino raras veces. En España se ha gustado siempre de
poner apodos, sobre todo á los extranjeros.

La carta patente, que nombra á _Amerigo Despuchi_ Piloto Mayor, está
datada á 22 de Marzo de 1508; y la instrucción de Valladolid lleva la
fecha de 6 de Agosto de 1508.

Navarrete y Muñoz no han encontrado más que dos ó tres firmas de
Vespucci, al pié de recibos, y F. Adolphe de Varnhagen, ha dado el
facsimile de la firma de Vespucci, la cual, dice, es “verdadera.”[72]
Todas estas firmas de Vespucci son referentes á sus funciones de Piloto
Mayor, y posteriores á 1507.

Encontróse poco há una carta entera de Vespucci, y el Gobierno español
la publicó en facsimile entre las _Cartas de Indias publicadas por
primera vez_ magnífico _in folio_, Madrid, 1878. Esta carta está
dirigida al Cardenal de Toledo, datada en Sevilla á 9 de Diciembre de
1508. La firma es parecida á la de los recibos, y dice _Amerigo
Vespucci, Piloto Mayor_.

Hagamos notar acerca de estas firmas, que son las solas auténticas, los
únicos documentos efectivos que poseemos de Vespucci.

La segunda carta del navegante florentino, datada en Lisboa á 4 de
Setiembre de 1504, está firmada _Amerigo_. Verdad es que el manuscrito
es desconocido, y que no podrá recobrarse; pero no hay razón para
suponer que el impresor P. Paccini, de Pescia, no haya copiado la firma
exactamente y á la letra, tanto más que la publicación fué hecha en
Italia, á las puertas de Florencia.

La proposición de Jean Basin y del Gimnasio vosgense, de llamar
_América_ á la cuarta parte del mundo, fué hecha en 1507, y las firmas
auténticas de Vespucci, son de 1508.

Dice Humboldt que “Vespuce estuvo en correspondencia con el duque de
Lorena,”[73] quien puso en manos de su secretario, Gualterio Lud, la
traducción francesa de la carta de las _Quatuor Navigationes_. René,
pues, tuvo tiempo suficiente, antes de su muerte, que fué el 10 de
Diciembre de 1508, de hacer llegar á Vespucci, en Sevilla, un ejemplar
de la edición de Saint Dié. Es además probable, que si no hubiese
llegado á manos de Vespucci, la _Cosmographiæ Introductio_, enviada
directamente por el duque de Lorena, ó por Gualterio Lud ú otro miembro
del Gimnasio vosgense, algún sabio de Metz, con quien Pedro Mártir,
amigo de Vespucci, estuviese en relaciones epistolares, la mandase al
primero, á fines de 1507, ó á más tardar, á principios de 1508.

De todos los contemporáneos de Vespucci que vivieron con él en España,
el italiano Pietro Martire d’Anghiera, es el único que le ayudó
conscientemente en la propagación del nombre _Americus_. Colón y los
demás que se sirvieron del nombre _Amerigo_, no se dieron cuenta del uso
que de él podía llegar á hacerse, ó que se había hecho en Saint Dié; en
tanto que Pedro Mártir, al dar á Vespucci el nombre _Americus_ en su
segunda Década, _Los Oceánicos_, tuvo claramente la intención de
sancionar el bautismo de Saint Dié. Sacerdote y protonotario apostólico,
encargado de la canonización de santos, sabía muy bien que en el
calendario católico no había _Amerigo_, ni _Amerrigo_, ni _Americus_. En
fin, al servirse del nombre inventado por Jean Basin, probó que estaba
al corriente de lo que éste había hecho para atribuir á Vespucci el
descubrimiento del Nuevo Mundo, é identificarlo con el nombre
_Amerrique_.

Nadie fué más activo que Pedro Mártir durante este período. Preceptor y
tutor de los hijos de Fernando é Isabel la Católica, diplomático,
prelado romano, miembro del Consejo de Indias, sostenía correspondencia
seguida con un gran número de personas de diversas partes de Europa. Sus
cartas, de las cuales se publicaron en 1530 arriba de ochocientas,
indican que era hombre que se hallaba muy al corriente de las cosas de
su tiempo. Por su posición en la Corte de España, en el Cuerpo
Diplomático y en el Consejo de Indias, estaba al tanto de todo lo que se
publicaba y decía sobre los países nuevamente descubiertos. Imposible
dudar que conocía el librito de Saint Dié, y por su medio Vespucci debe
de haber sido informado de la existencia de esa publicación, si ya no
fuese que la obtuvo directamente. Pedro Mártir, como Vespucci, nada hizo
para rectificar los errores del Gimnasio vosgense. Al contrario, ayudó á
propagarlos, sirviéndose del nombre _Americus_ como nombre propio de
Vespucci.

Las Repúblicas italianas de Venecia, Génova y Pisa tenían el mayor
interés comercial en conocer todos los descubrimientos marítimos
efectuados en nombre de los Gobiernos español y portugués. Aunque estaba
prohibida, bajo pena de muerte, la salida de las cartas geográficas
relativas á esos descubrimientos, y para impedirla se guardaban dichos
documentos bajo diferentes llaves custodiadas por tres ó cuatro
personas, aquellas Repúblicas hallaron, sin embargo, los medios de
obtener las importantes reseñas que deseaban. Para esto emplearon
agentes y diplomáticos especiales, como Lorenzo Cretico, Vicenco
Quirini, Angelo Trivigiano, Girolamo Priuli, etc., quienes naturalmente
se dirigían, ora en secreto, ora de un modo franco, á sus compatriotas
Colón, Vespucci y Pedro Mártir. Uno de ellos se jacta en sus cartas de
ser grande amigo de Colón, y de obtener de él un mapa de las nuevas
tierras; otro copia secretamente las Décadas _De rebus oceanicis_, de
Pedro Mártir, y suministra los materiales del _Mondo novo é paesi
novamente ritrovati da Alberico Vespuzio fiorentino_, Vicenza, 1507.
Estos agentes italianos se mezclaban, además, con los marinos que
volvían de Indias, y no dejaban de explotar esta fuente viva de
noticias. Vespucci, siempre ocupado, debe de haber sido puesto á
contribución por estos emisarios, sobre todo después de su nombramiento
para el puesto de Piloto Mayor: es imposible que por medio de ellos no
hubiese conocido el libro del Gimnasio vosgense; pues los agentes que
recorrían la Suiza, la Francia y la Inglaterra, antes de llegar á Lisboa
y á Sevilla, tenían una bella ocasión de ganarse su confianza,
mostrándole ese libro que tanto debe de haber lisonjeado su amor propio.

Humboldt dice:--“Resulta de mis investigaciones que, por lo menos, el
nombre _América_, fué inventado y propagado por la ignorancia de
Vespucci.”[74] Y además, “no hay hasta aquí prueba alguna de relación
_directa_, entre Waltzemüller, impresor de Saint Dié, y el navegante
florentino.”[75] Humboldt no conocía á Jean Basin, y creía que
Hylacomylus había traducido las _Quatuor Navigationes_, y que era autor
de la proposición de nombrar _América_ al Nuevo Mundo.

Participo en mucho de esta opinión, y pienso que Vespucci no fué
instigador de la “gloria peligrosa que se le preparó en Saint Dié.”[76]
El vizconde de Santarem fué aun más lejos cuando dijo:--“Esta
denominación (América) dada al nuevo Continente, después de la muerte de
Colón, fué probablemente resultado de un plan concebido y preparado
contra su memoria, sea con designio y conocimiento de causa, sea por
influencias secretas,” etc.[77] Deja con toda la reserva del uso de la
palabra _Amerigo_ como nombre propio, á partir de 1504, en lugar del
nombre _Alberico_, usado ciertamente en 1503, y con mucha probabilidad
más adelante. Es un hecho cierto que el nombre _Alberico_, no tomando en
cuenta más que las publicaciones anteriores á 1745, fué empleado por
los italianos, y sostenido en Italia más largo tiempo que en ninguna
otra parte. Aun el día de hoy italianos hay que no designan á Vespucci
de otro modo. En la biblioteca Magliabechiana de Florencia, intitúlase
_Alberico_ un volumen impreso con copias y notas manuscritas sobre
Vespucci. Este volumen, que data de 1820, fué dispuesto y arreglado por
el abate Follini, entonces bibliotecario; mientras que el nombre
_Amerigo_ ó _Amerrigo_ tuvo origen en la Península ibérica, (Lisboa y
Sevilla) en donde se le encuentra con más persistencia al tratarse de
Vespucci; hecho nada extraño, teniendo su origen dicho nombre en las
tierras de Occidente que acababan de descubrirse. En cuanto al nombre
latino _Americus_, su autor es Jean Basin, prosador elegante de Saint
Dié, y este nombre se localizó en la región del Rhin, antes de
propagarse en otras partes, con excepción de la cita aislada, que hizo
de él Pedro Mártir, en 1516, en España, y en su segunda década, lo que
demuestra la parte que este compatriota de Vespucci tomó en dar
consistencia á la alteración del nombre propio del mismo Vespucci.

Al recibir la _Cosmographiæ Introductio_ del Gimnasio vosgense, Vespucci
debe haberse sentido por extremo lisonjeado con el honor que se le
discernía--Pretensioso, vano, abundando en deseos de celebridad, amigo
de ostentar su erudición, como lo prueban sus dos cartas á Médicis y
Soderini, veía realizarse las más bellas aspiraciones que jamás pudo
alentar, y eso, sin poner nada de su parte.

Si hubiese querido, pudo siempre desconocer esa “gloria peligrosa,” pues
no ocurrió su muerte sino hasta el 22 de Febrero de 1512: pudo al menos
escribir á sus amigos de Florencia, declarándoles que nunca había tenido
la pretensión de suplantar á Colón, ni á los otros primeros
descubridores y exploradores del Nuevo Mundo. No sucedió esto, pero, en
cambio, nos dejó aquellas tres firmas, y su carta al Cardenal Ximénez de
Cisneros, arzobispo de Toledo, todo posterior á 1508.

Una de estas firmas, según el facsimile de Varnhagen,[78] es obra
maestra de caligrafía. El prenombre, ó más propiamente el sobrenombre,
pues está colocado encima del otro de la manera siguiente: {Amerrigo}
está escrito _Amerrigo_ con dos {Vespucci} _rs_. Esta firma tiene una
doble rúbrica, cuadrada y deslumbrante. Pudiera decirse hecha por un
maestro de escritura, calígrafo emérito. Es evidente que para su autor
el prenombre antecede al apellido, y lo puso de relieve, como centinela
avanzado, bien aparte de la palabra Vespucci, á fin de que el lector lo
notase de toda preferencia. ¡Que diferencia con la firma modesta y
rúbrica de Cristóbal Colón!

La segunda firma, al pié de la carta dirigida al Cardenal arzobispo de
Toledo, fechada el 9 de Diciembre de 1508, es también elaborada y
ostentosa, con la sola diferencia de que el prenombre está escrito en la
misma línea que el apellido, ligero cambio que hizo para dar lugar al
título de _Piloto mor._ (mayor) colocado en la siguiente línea.
_Amerrigo_ está escrito con doble _r_, mostrando que Vespucci, en 1508,
y después de esa fecha escribía su prenombre con doble _r_. Las dos
rúbricas cuadradas y deslumbrantes, son las mismas, tal vez más
acentuada la segunda que la primera, que he descrito antes. En fin, hay
un gran rasgo sobre la abreviatura _mor._, del título de Piloto Mayor,
que se destaca bastante del apellido y prenombre, mostrando que Vespucci
hacía de él mucha cuenta.

La letra de toda la carta es clara, aun elegante, é indica que Vespucci
debe haber poseído talentos poco comunes, como calígrafo y dibujante;
talentos que deben haberle servido para alcanzar el puesto de Piloto
Mayor, que quiere decir conservador y diseñador de las cartas marítimas
pertenecientes al Consejo de Indias.

La duplicación de la letra _r_ prueba que Vespucci quiso aproximar
cuanto fué posible su prenombre ó sobrenombre al nombre indio
_Amerrique_, el cual hasta el día de hoy, se pronuncia en Centro-América
con la doble _r_ muy fuerte.[79] Si se trae á la vista el nombre
_Amerigo_, propuesto por el Gimnasio vosgense en 1507, no puede menos
que descubrirse la evidente intención de ayudar á mantener el error,
tanto más cuanto que no habiendo aun sido impreso el nombre en francés,
ignoraba Vespucci que en lugar de escribirlo _Amerrique_ como debían,
los franceses suavizaron el sonido de la doble _r_, dejando una, y
colocando un acento agudo sobre la _e_ que le precede.

Humboldt se hace cargo de la existencia de la doble _r_; pero no
sabiendo cómo explicarla, la atribuye “casi á una prueba de
erudición,”[80] mirándola como una asimilación de dos consonantes
parecidas, en lugar de _Amelrico_, nombre de un obispo de Como, que
vivió por el año de 865, según él asegura, siguiendo la opinión de un
erudito de Berlín, el profesor von der Hagen.

Mientras tanto, sabiendo como sabemos, que en Nicaragua, y especialmente
en los pueblos de La Libertad, Juigalpa y Acoyapa, al pié de la Sierra
de _Amerrique_, se pronuncia fuerte la doble _r_, tenemos la explicación
del cambio operado en cuanto á la escritura del prenombre de Vespucci,
_Amerigo_ en 1504, _Amerrigo_ en 1508, mediando en el intervalo el
bautismo de Saint Dié (1507).

Este cambio, junto con la firma bien evidenciada, es la sola prueba que
tenemos, no de la parte que Vespucci haya tomado en el bautismo de Saint
Dié, sino del auxilio que le prestó para hacerlo válido y eficaz.
Respecto de su silencio en cuanto á que el Nuevo Mundo fuese descubierto
por Colón y no por Vespucci, la prueba es solo negativa, siendo posible
que Vespucci hubiese protestado en carta, y que esta carta hubiese sido
destruida, sin quedar de ella rastro alguno.



XVI

Resumen y conclusiones


En resumen, nos hallamos en presencia de los siguientes hechos,
completamente auténticos.

     1.º--En Enero de 1496, Vespuche recibió 10,000 maravedís.

     2.º--Primera carta de Vespucci á Médicis, escrita durante
     los tres primeros meses del año de 1503, con el prenombre
     _Alberico_ (Albericus).

     3.º--Colón ejecutó su cuarto viaje, del 9 de Mayo de 1502,
     cuando partió de Cádiz, á Junio de 1503, habiendo hecho
     estadía en Setiembre de 1502, al pié de la Sierra _Amerrique_.
     En Julio de 1503 llegaron á Española dos de sus compañeros,
     Méndez y Fiesco, y refirieron su viaje, cuyos resultados
     fueron conocidos en Europa en Setiembre ú Octubre de 1503.

     4.º--Segunda carta de Vespucci á Soderini, datada el 4 de
     Setiembre de 1504, y firmada _Amerigo_.

     5.º--En Febrero de 1505, Colón en dos cartas, escribe
     _Amerigo_ Vespuchi.

     6.º--Jean Basin, en 1507, imprime en Saint Dié los
     prenombres _Amerige_ y _Americus_, y el Gimnasio vosgense
     propone se dé á la cuarta parte del mundo, el nombre
     _América_.

     7.º--Carta de Vespucci al Cardenal arzobispo de Toledo,
     datada el 9 de Diciembre de 1508, firmada _Amerrigo_ con doble
     _r_, conforme al nombre indio _Amerrique_.

     8.º--De 1508 á 1512, fecha de la muerte de Vespucci, dos ó
     tres firmas, con el prenombre _Amerrigo_ sobre el apelativo, y
     muy conspícuamente.

     9.º--Schöner declara en 1515, que el nombre _América_ es
     generalmente usado.

Ante un examen tan prolijo de los textos, los nombres, los lugares y las
fechas, cuál deberá ser la conclusión? Esta conclusión se impone, y si
no es toda la verdad, pues la verdad no podrá jamás saberse, debe
acercársele muchísimo.

Después de un estudio atento de todos los documentos, pienso que si se
ha andado lejos de lo razonable, tratando á Vespucci de “feliz
impostor,” y afirmando como Santarem, que “consintió indirectamente en
la injusticia cometida con Colón,” sus panegiristas, al llamarle “genio
sublime,” “hombre de educación superior, con el prodigioso talento de
Plinio,” no han sido más justos, y han traspasado los límites de lo
verosímil.

Adolphe de Varnhagen, en su deseo de rehabilitación, se dejó llevar por
sus simpatías, y se avanzó demasiado, queriendo, dice, rendir “homenage
á la justicia, á la moralidad y á la verdad histórica, en favor del
nombre americano, y de Amerigo Vespucci.”

El mismo Alejandro de Humboldt, con todo y reconocer los lados flacos
del carácter y escritos de Vespucci, ha creído más bien, que éste es
víctima inocente de acontecimientos en gran parte inexplicables, de
confusiones, de alteraciones fantásticas y de inexactitudes inherentes á
cuanto se refiere á los descubrimientos de los navegantes de fines del
siglo XV, y principios del XVI.

Del estudio que precede puede concluirse que Vespucci fué lo que el día
de hoy se llama un hombre hábil, muy diplomático, muy diestro, en
italiano _tan fino_. Y es bien considerar que se trata de un compatriota
de los Médicis, y del no menos célebre Maquiavelo. Desgraciadamente, en
sus especulaciones comerciales, después de navegar como simple pasajero,
ó empleado subalterno, tuvo el talento de hacerse recomendar por su
compatriota el Almirante Colón, y obtener el puesto de _Piloto Mayor_.
Tomó además sus precauciones para no dejarse olvidar en su patria, y
colocarse ante el mundo como un gran navegante, escribiendo cartas á
personajes de muy elevada posición en Florencia, cartas que se ve claro,
eran destinadas á la publicidad, y que nunca desconoció.

No puede admitirse razonablemente, que no tuviese conocimiento de su
publicación, pues su muerte ocurrió en 1512, y su posición de Piloto
Mayor en Sevilla, lo ponía en relaciones con personajes tales como Pedro
Mártir, Miembro del Consejo de Indias, con el Embajador de la República
de Venecia, y con muchos otros que, ó le pudieron dar ejemplares de los
opúsculos impresos en que se registraban sus cartas, ó bien advertirle
su existencia.

Al concluir, no puedo menos que hacer notar, que el nombre indio
_Amerrique_, fué atribuido á un piloto-cartógrafo, empleado por sus
talentos de calígrafo y dibujante, el florentino Alberico Vespucci, y
que ese singular bautismo fué puesto con no menos falta de razón, bajo
la egida de otro dibujante-cartógrafo, que era al mismo tiempo
_castigatore_, Martin Waltzemüller; que esto sucedió haciendo
primeramente á un lado al navegante que descubrió el Nuevo Mundo, el
genovés Cristóbal Colón, y luego á los soberanos de España que lo
enviaron, desatendiéndose del nombre propio de Vespucci (Alberico) y
pasando, en fin, enteramente en silencio el nombre del fantástico
padrino del Nuevo Mundo, Jean Basin de Sandocourt, autor de la consabida
licencia poética. ¡Qué tejido de errores y confusiones, tan singular en
la historia de las ciencias geográficas! El florentino Alberico Vespucci
tuvo el honor de ser el primer hombre de la raza blanca á quien se
aplicó el sobrenombre de _Americus_, _Ameriquain_ ó _Americaing_. Esta
gloria tan bella, considerados los antecentes de Vespucci, es después de
todo, suficiente, y debería satisfacer á sus compatriotas, aun los más
exigentes, así florentinos como italianos.

Si el día de hoy, con los conocimientos que poseemos en geografía física
y descriptiva, buscásemos un nombre para el Nuevo Mundo, sería imposible
encontrar otro mejor, pero ni siquiera tan bueno. Nombre indígena,
designación descriptiva: _Amerrique, país del viento_, al mismo tiempo
que _país rico en oro_ ¡qué bella definición! Las cuatro quintas de las
tormentas que visitan la Europa occidental, son llevadas allí por los
vientos del Sud-Oeste y del Oeste, originándose todas en la América,
_país de donde viene el viento_. Y el oro que ha entrado á la
circulación después de haber descubierto Cristóbal Colón á Castilla del
Oro,[81] se ha decuplicado más de cuatro veces, gracias á los placeres y
filones de cuarzo aurífero, esparcidos de un extremo á otro de este
nuevo Continente. Estos dos grandes hechos de la geografía física, se
encuentran reunidos y resumidos, entre el lago de Nicaragua y la costa
de los mosquitos, en el centro mismo del Continente, en la Sierra de
_Amerrique_. Alejado de todos los grandes focos de población, y sin
pertenecer á ninguna gran nación, es un punto neutro, que á nadie
provoca á celos por rivalidad de descubrimiento. El gran Colón es
incontestablemente el descubridor, mientras Vespucci no aparece más que
como persona subalterna, cuyo sobrenombre se hizo más célebre que lo que
él mismo pudo pensar, ni aun soñar, cuando le dieron ó tomó tal
sobrenombre.

¡Qué de obstáculos no tuvo que vencer el bello nombre América, que cubre
la mitad del globo terrestre! El día de hoy brilla puro y libre de toda
mancha. Nada debe á ninguna persona en particular, habiendo surgido de
entre las relaciones de los primeros navegantes, tripulantes y
aventureros, y acogídose por general asentimiento, con el concurso de
todos.

Tal como es, fué recibido, sin examen, sin reparo--Es uno de esos
nombres populares, salidos del seno de las masas, que lo lanzaron
inconscientemente; y en seguida sancionado del modo más extraordinario y
de una manera del todo errónea, por los doctos, los sabios, los
cartógrafos y los grandes de la tierra. Poco á poco se extendió de las
regiones equinocciales á las de los dos polos.

Nada tiene de exótico este nombre. Si su nacimiento fué oscuro, su
juventud difícil y borrascosa, el día de hoy no hay cosa que lo empañe
ni rebaje el resplandor de su justo renombre.

  Cambridge, Massachusetts, Setiembre de 1886.



APÉNDICE

(Octubre de 1887)


S. E. don Adán Cárdenas, Presidente de la República de Nicaragua, en
carta datada en Managua á 22 de Mayo de 1886, dirigida á don Manuel M.
Peralta, dice que no solo existe una cadena de montañas llamada
_Amerrique_, sino que además esa cadena está habitada por la tribu de
los indios llamados _Amerriques_, reducida el día de hoy á un corto
número de individuos, y que según las indicaciones que se encuentran en
aquella región, ha de haber sido anteriormente de alguna importancia. El
Presidente Cárdenas agrega que los indios amerriques han estado siempre
en comunicación más ó menos frecuente con el Cabo de Gracias á Dios y
toda la costa de mosquitos. (_Boletín de la Soc. Geogr. Americana_,
1886, número 4, páginas 315 y 516, New York).

Este es un hecho nuevo é importante, que presta el más fuerte apoyo á
las probabilidades en favor de la opinión según la cual Colón y sus
equipajes, cuando estuvieron en Cariai y Caramburu en 1502, y Vespucci
cuando estuvo en el Cabo de Gracias á Dios en 1497, y á lo largo de la
costa de mosquitos en 1505, según la cual, digo, Colón y Vespucci deben
de haber oído mencionar el nombre _Amerrique_ como designación de un
lugar rico en oro, y de los indios de quienes los moscos obtenían ese
metal. Es un nuevo anillo en la cadena de hechos auténticos, relativos á
esta difícil cuestión.

La ortografía del nombre _Amerrique_, en la carta impresa del Presidente
Cárdenas, difiere ligeramente de la que usó Thomas Belt: la primera
tiene una _s_ entre la _i_ y la _q_: _Amerrique_. Es muy probable que
esta variación sea debida á falta del copista, ó bien á una imperfecta
lectura. Belt, que vivió más de tres años al pié de aquella Sierra, la
cual tenía siempre á la vista, que la atravesó muchas veces, y que
empleó á los indios de las inmediaciones en los trabajos de las minas de
oro que dirigía, estuvo en posición excepcionalmente favorable de oír y
escribir correctamente el nombre de esta Sierra. En su libro escribe
_Amerrique_, siempre que la cita, y de la misma manera y en letras muy
claras, en la carta que me escribió.

El nombre de la Sierra de _Lepaterrique_, que se escribe sin _s_, y el
número de nombres terminados en _ique_, es tan considerable en todo
Centro-América (sin un solo caso de la excepción contraria de la
terminación en _isque_) que apenas si puede haber duda sobre el sonido
verdadero de la palabra.

En orden á la objeción que se funda en no encontrarse impreso más que en
el libro de Thomas Belt, y que no existe ninguna carta geográfica, puede
responderse, que esto simplemente prueba cuán desconocida es aquella
parte de Nicaragua, y cuánto se ha descuidado la exploración de las
primeras tierras firmes descubiertas en el Nuevo Mundo. Por lo demás, si
el nombre _Amerrique_ hubiese sido inscrito en alguna carta geográfica,
no sería yo quien diese las explicaciones que preceden. Otros
presentarían después de largo tiempo la cuestión bajo la misma luz, con
más talento y claridad, sin duda, pero no con más deseo de encontrar la
verdad.


FINIS



LAS NOTAS:

[1] El Atlantic Monthly de Marzo de 1875, publica una traducción bajo el
título de, Origin of the name America.

[2] Costa-Rica, Nicaragua y Panamá en el siglo XVI, etc., por don Manuel
M. Peralta, in. 8.º, Paris, 1883.

[3] Examen Critique, vol. IV, pág. 42.

[4] Primer viaje de Amerigo (sic) Vespucci--Viena, 1869.

[5] Conocida es la extrema reserva que Colón acostumbraba á guardar en
sus informes escritos al Gobierno español. Temía sin duda las calumnias,
las falsas interpretaciones, y se ponía en guardia por un sentimiento de
prudencia.

[6] Por otra parte, existen también las minas de oro de Juigalpa, nombre
indígena que debía escribirse Huzgalpa, y significa _patria del oro_. En
fin, el nombre que los indios daban á toda la costa de mosquitos, es
Teguzgalpa, ó Taguzgalpa, nombre que quiere decir _oro_.

[7] Examen Critique, vol. IV, páginas 192 y 193.

[8] Nuevas investigaciones sobre los últimos viajes del navegante
florentino, por F. A. de Varnhagen, pág. 56.

[9] Amerigo Vespucci, por F. A. de Varnhagen--Lima, 1865, folio, pág.
13.

[10] Su fecha es 7 de las calendas de Mayo de 1507, es decir, el 25 de
Abril de dicho año, después de rectificado el calendario.

[11] Examen Critique, vol. IV, páginas 33 y 34.

[12] Examen Critique, vol. V, pág. 179.

[13] Examen Critique, vol. V, páginas 206 y 207.

[14] Uno de estos marinos, amigo suyo, el Capitán Hojeda, le llama
_Morigo_, que quiere decir parecido á moro. Por aquella época fueron
expulsados los moros de España, sin quedar en territorio español más que
aquellos que se hicieron cristianos á la fuerza. ¿Había Vespucci
frecuentado á los moros, ó tenía el tipo morisco?

[15] Examen Crítico, vol. IV, pág. 154.

[16] El bello ejemplar del señor Charles Deane, de Cambridge.

[17] Examen Crítico, pág. 52, tom. IV.

[18] Examen Crítico, tom. IV, páginas 49, 50 y 51.

[19] Entre Neufchateau y Mirecourt, en los Vosgos, muchos de los nombres
de lugar terminan en _court_. Es allí donde se encuentra la villa de
_Sandocourt_, patria de Jean Basin. He adoptado la ortografía de la
carta llamada del Estado Mayor, foja 14 (Metz) escala 11320,000 en lugar
de los tres nombres de _Sandacourt_, _Sandacour_ y _Sendacour_, dados
por d’Avezac.

[20] Examen Crítico, tom. IV, páginas 98 y 99.

[21] Recherches sur Americ Vespucci, Paris, 1842, pág. 70.

[22] El señor Charles Deane ha puesto á mi disposición, con mucha
complacencia, su bello ejemplar de la _Cosm. Int._, edición de
Setiembre, 1507. Y el señor Justin Winsor, con no menor liberalidad, me
ha suministrado todas las reseñas y libros de la rica biblioteca de la
Universidad de Harvard, en Massachusetts.

[23] Martin Hylacomylus Waltzemüller, sus obras y sus
colaboradores--Paris, 1867, in. 8.º

[24] Bol. de la Sociedad Geográfica, Paris, 1855, pág. 411.

[25] Examen Critique, vol. IV, pág. 98.

[26] Examen Critique, vol. V, pág. 207.

[27] Examen Crítico, vol. IV, pág. 106.

[28] Examen Critique, vol. IV, pág. 106.

[29] Primer viaje de Amerigo (sic) Vespucci, pref. pág. 1--Viena, 1869.

[30] Biblioteca Americana (Vetustísima, pág. 94).

[31] Martin Hylacomylus, páginas 18, 23 y 25.

[32] Tom. II, col. 316 de la nueva edición. El editor de la _Bibliotheca
Americana vetustissima_, de Harrisse, ha dado en forma de viñeta una
especie de parodia, de gusto dudoso, sustituyendo sus iniciales y las de
Nueva York, á las de Saint Dié.

En fin, esta notable marca tipográfica, se encuentra dos veces
reproducida en _facsimile_ en _A Catalogue of Books_ (_Bibliotheca
Americana_) de J. C. Brown, por J. R. Bartlett, vol 1.º, páginas 32 y
33, Providence, 1875.

[33] Al decir _Cosmographiæ_, en este y otros lugares de la presente
memoria, entendemos hablar de la _Cosmographiæ Introductio_.

[34] Martin Hylacomylus, pág. 19.

[35] Martin Hylacomylus, pág. 73.

[36] Los primeros impresores tenían, todos, una opinión muy elevada de
su importancia; y los de los pueblos pequeños, como Saint Dié, Salins,
etc., etc., se consideraban genios, comparables á los héroes de la
Fábula. Así, en el primer libro impreso en Salins, en el Franco Condado,
en 1484, se dice en verso latino, de una edición de las más mediocres:

    “La mano del impresor que ejecutó esta obra,
     Fué digna de un Elcides, y dispuso de las armas de Vulcano.
     Siendo casi el Aquiles de este arte verdadero, etc., etc.
     En Salins, valle ilustre (sic) por renombre hercúleo,” etc., etc.

_Primer libro impreso en el Franco Condado, descubierto y descrito por
Augusto Castan_ (Memorias de la Soc. d’Emulation du Doubs) 5.ª serie,
tomo IV, página 52. Besançon, 1880.

He ahí un bello ejemplo de pretensión y vanidad.

[37] Martin Hylacomylus, pág. 50.

[38] Martin Hylacomylus, pág. 51.

[39] Martin Hylacomylus, pág. 54.

[40] Una edición de 500 ejemplares se miraba entonces, lo mismo que un
siglo después, como el máximum á que raramente se llegaba, y que
correspondería hoy á una edición de 25 á 30,000 ejemplares. En geografía
no había más que Ptolomeo, Münster y Ortelius, cuyas ediciones
alcanzaron la cifra de 500 ejemplares, se les citaba como tiradas fuera
de todo límite. Jules Philippe, en su libro _Origines de l’imprimerie à
Paris_, nos dice que las primeras obras no se tiraban más que en número
de 40 ó 50 ejemplares. Cita una edición de Salustio en número de 200
ejemplares, en 1470.

[41] Examen Critique, vol. IV, páginas 49 y 50.

[42] Nicolini de Sabio, en la edición de la _Cosmographiæ Introductio_
que publicó en Venecia en 1535, manifiesta dudas sobre el empleo de la
palabra _América_, y quisiera que se usase _Amerige_.

[43] _The Nation_, 10 de Abril de 1884, New York. El autor cree que
Waltzemüller es el autor del nombre, cuando en verdad lo es Jean Basin.

[44] Asegura M. H. Harrisse que existe en la Biblioteca nacional de
Paris, un manuscrito de Antonio Pigaffeta, caballero de Rodas y
compañero de viaje de Magallanes, manuscrito en viejo francés, en el que
se describe esta célebre navegación al rededor del mundo, y que, en
opinión de los paleógrafos data del primer cuarto de siglo XVI. Al
margen de la foja sétima, hállase en caracteres antiguos el nombre
_Amérique meridionale_, mostrando así que los que hablaban la lengua
francesa empleaban desde el siglo XVI el nombre _Amérique_ en su forma
de nombre indígena de las montañas de la costa de mosquitos.

[45] Hombre de buena educación, Lud no reclamó parte alguna de esta
obra, que comenzó, y después, largamente sostuvo con su dinero é
influencia. Al abandonar su trabajo á los editores de Strasburgo y á
Waltzemüller, dió pruebas de generosidad, modestia y buen juicio. Qué
contraste con la conducta y pretensiones de Waltzemüller!

[46] Martin Hylacomylus, pág. 8.

[47] Martin Hylacomylus. pág. 114.

[48] Examen Critique, vol. IV, pág. 142. Humboldt mira injustamente á
Waltzemüller como autor del nombre América; de Jean Basin no supo nada.

[49] Vespucius and his voyages.

[50] Le globe Lenox, de 1511, traducido del inglés por Gabriel Gravier,
Rouen, 1880, pág. 23.

[51] En una memoria intitulada “The origin of the name of America,”
(Boletín de la Sociedad Geográfica americana, pág. 45, núm. 1, 1883, New
York) el señor T. H. Lambert, colocándose desde el punto de vista
filológico, piensa que el primitivo nombre de la mayor parte del Nuevo
Mundo, era _Amarca_, que quiere decir _la gran tierra del Sol_, y que
era el nombre nacional de los peruanos, conforme á su libro sagrado.
Cita estos nombres de lugares, Cundin-Amarca (más tarde “Ciudad del
Oro,” ó “El Dorado” de los españoles), Caj-Amarca, Yan-Amarca,
Ang-Amarca, Chenpi-Amarca, Vin-Amarca, y el capitolio Amarca. Alvarado
destruyó este capitolio _Patinamit-Amarca_ en 1524. El autor mira la
forma _América_ como una variación del nombre _Amarca_. Dice que los
españoles oyeron este nombre desde su llegada á la embocadura del
Orinoco, en 1499. Evidentemente _Amarca_ debe de haber ayudado á la
propagación del nombre _América_, y es una razón demás en favor de su
origen indígena.

[52] Magalhaes-Strasse und Austral-Continent, auf den Globen des
Johannes Schöner--Innsbruck, 1881, pág. 27.

[53] Grynoeus en 1532, en Bale, bajo el nombre de _Novus Orbis_, cita un
tratadito geográfico de Sebastián Münster, donde en el mismo pasaje
llama á Vespucci _Alberico_, y en seguida, hablando de las tierras
nuevamente descubiertas, le llama _Americo_, y emplea el nombre
_América_;--notable ejemplo de la confusión que introdujo el haberse
atribuido á Vespucci el nombre indígena.

[54] _The New English Canaan, or New Canaan containing an abstract of
New England_, by Thomas Morton, reprinted in Boston, by the Prince
Society, 1883, pág. 235. La edición original es de Amsterdan, 1637.

[55] _New England Rarities_, by John Josselin, London, 1672, pág. 5--En
uno y otro libro, los autores creen que ese nombre fué dado al principio
al río San Lorenzo, que ellos llaman _río Canadá_.

[56] He aquí lo que Jacques Cartier, en su primer viaje al golfo de San
Lorenzo, dice, respecto de toda la costa, desde Blanc-Sablon y Blest
(Brador) hacia el Oeste:--“En toda la tierra hacia el Norte no he visto
tierra suficiente para poder entrar en un _benneau_ (cesto colocado en
un carromato).” (_Viaje de Jacques Cartier al Canadá_ en 1534, por
Michelant--Paris, 1865, pág. 271.)

[57] Examen Critique, tom. IV, pág. 114.

[58] Examen Critique, tom. IV, pág. 154.

[59] Amerigo Vespucci, Nouvelles recherches, (p. 57); Viena, 1870. Esta
opinión es excelente, y no puede estar mejor aplicada. El público
conoció el nombre _América_, no mediante publicaciones aisladas y
raras,--y cuenta que además, el público del siglo XVI no sabía
leer,--sino por el decir que iba de boca en boca, y es así como ha
guardado ese nombre, á pesar de todo.

[60] Martin Hylacomylus, páginas 154 y 155.

[61] Martín Hylacomylus, pág. 62.

[62] Santarem dice con razón:--“La mayor parte de los geógrafos de fines
del siglo XVI y los del siglo XVII, propagaron esta confusión, sin
tomarse jamás el trabajo de profundizarla.” (_Investigaciones
históricas_, pág. 26.)

[63] Con excepción de Florencia y Pisa, el resto de Italia, sobre todo
el Norte (Génova, Piamonte, Lombardía y Venecia) se resistió largo
tiempo á adoptar y emplear los nombres _Americus_ y _América_. Lo
frecuente era que los escritores, en absoluto, no citaban á Vespucci,
como lo hizo Castaldo en su _Ptolomeo_, en 1548; ó, si era asunto de
citarlo, lo llamaban _Alberico_, cuando tenían necesidad de decir que el
Nuevo Mundo (_Terra Nuova_) había sido descubierto por el navegante
genovés Cristóbal Colón.

[64] Colección de los viajes y descubrimientos, etc., vol. III, sección
segunda. Viajes de Americo Vespucci. Noticias exactas de Americo
Vespucci--Madrid.

[65] Audiencia del Tribunal Correccional del Sena, 16 de Febrero de
1870. Asunto de autógrafos, _Gazette des Tribunaux_, y diario _Le
Temps_. Véase también _Faux Autographes. Asunto Vrain-Lucas, estudio
crítico por Ernesto Charavay_, Paris, 1870.

[66] Durante el segundo imperio Mr. Feuillet de Conches publicó en
facsimil esta carta latina que Varnhagen reprodujo en su libro _Americo
Vespucci_, pág. 89.

[67] Si los archivos y bibliotecas de España han sido mal conservados, y
con demasiada frecuencia horriblemente saqueados, estos
establecimientos, al menos, no guardan piezas falsificadas. La honradez
castellana jamás ha permitido la furtiva introducción de piezas falsas
entre los documentos históricos.

[68] Examen Critique, vol. IV, pág. 47.

[69] Examen Critique, vol. IV, pág. 47.

[70] Examen Critique, vol. IV, pág. 47.

[71] Examen Critique, vol. IV, pág. 48.

[72] Amerigo Vespucci, Lima, 1865, pág. 68.

[73] Examen Critique, vol. IV, pág. 107.

[74] Examen Critique, vol. IV, pág. 34.

[75] Examen Critique, vol. V, pág. 207.

[76] Examen Critique, vol. V, pág. 206.

[77] Investigaciones históricas y bibliográficas sobre Americo Vespucci,
Paris, 1842, pág. 133.

[78] Amerrigo Vespucci, pág. 68, Lima, 1865, in folio.

[79] La doble _r_ es también una prueba tan próxima á la certeza
absoluta, como es posible en las condiciones en que nos encontramos, á
la distancia casi de cuatro siglos, de que Vespucci oyó pronunciar el
nombre _Amerrique_ de boca de los indígenas, sea en 1498, sea en 1505,
en el Cabo de Gracias á Dios, ó en la costa de mosquitos.

[80] Examen Critique, vol. IV, páginas 48 y 54.

[81] La _Geografía di Claudio Ptolomeo Allessandrino_, primera edición
italiana por Jacopo Gastaldo, Venecia, 1548; cartas intituladas _Terra
Nova, et Universale novo_, páginas 54 y 59, donde se en cuenta la
Provincia de _Castilla del Oro_.





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